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La Creación De Familias Liberadas De La Violencia
Bahá'í International Community
La Creación De Familias Liberadas De La Violencia
Un Informe Resumido Del Simposio Llevado Acabo
Nueva York
Del 23 Al 25 De Mayo De 1994
La violencia doméstica es un pernicioso problema mundial. Para hacer
frente al desafío que representa este grave asunto, en mayo de 1994 se
llevó a cabo un Simposio de dos días al que asistieron trabajadores
comunitarios de la salud, académicos. profesionales de la salud mental y
representantes de más de 30 organizaciones no gubernamentales (ONG) y de
dos organismos de las Naciones Unidas. El Simposio se debió a la
iniciativa de la Oficina para el Avance de la Mujer de la Comunidad
Internacional Bahá’í, en colaboración con el Fondo de las Naciones Unidas
para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas
para la Mujer (UNIFEM), con motivo del Año Internacional de la Familia
(1994).
Los participantes, que procedían desde China hasta el Caribe, y quienes
aportaron una rica variedad de culturas, profesiones, experiencias y
puntos de vista, colaboraron en un clima de confianza y respeto mutuos. En
un compromiso colectivo destinado a redoblar los esfuerzos para crear
familias liberadas de la violencia, los participantes intercambiaron
opiniones y descubrieron puntos en común.
También estuvieron de acuerdo en que la violencia doméstica se manifiesta
de formas diversas, y afecta todos los aspectos de las sociedades y del
desarrollo humano. Es imposible ignorar los vínculos que existen entre la
violencia en el seno de las familias y la violencia social, estructural y
política. Los participantes del Simposio analizaron estrategias y trataron
temas relacionados con las acciones contra la violencia doméstica y la
prevención de ese fenómeno. ¿Cuál es la mejor manera de concienciar al
público sobre el alcance y la gravedad de la violencia doméstica? ¿Cómo se
interrumpe la espiral intergeneracional y se impide que los niños que han
sido víctimas de abusos se conviertan en adultos que sufren abusos o
someten a otras personas a abusos? Quienes asistieron al Símposio
estudiaron también posibles estrategias para ayudar a que las esposas e
hijas que sufren malos tratos adquieran suficiente confianza en sí mismas
y sentido de su valía para dejar al desnudo la falsedad del poderoso mito
histórico según el cual las mujeres carecen de la misma importancia que el
hombre debido a su sexo, y para tomar medidas en su propio provecho. Tras
dos días de cursillos prácticos y debates, todos los participantes
acordaron que no sólo es necesario sino también posible elaborar una
política multidisciplinaria e integral que haga posible la difícil tarea
de crear familias liberadas de la violencia.
Para que los esfuerzos en ese sentido sean eficaces, es necesaria la
coparticipación de hombres y mujeres y la intervención activa de todos los
estamentos sociales. Las estrategias orientadas a remediar las situaciones
en las que se produce cualquier tipo de violencia deben tener en cuenta a
todos los miembros de las familias, ya que la dinámica de la violencia
doméstica los afecta a todos directamente. Según el orador principal, el
Dr. Hossain Danesh, Director del Instituto de Educación y Desarrollo
Internacional de Weinacht, Suiza, ese esfuerzo debe comenzar con una nueva
definíción del concepto "familia". El Dr. Danesh afirmó que cualquiera que
sea el tamaño y composición de la familia, su existencia no se debe basar
"en el poder sino en la unidad, la igualdad y el respeto mutuo".
Esa visión requiere una amplia gama de acciones, desde la revaluación de
los valores y actitudes hasta la definición y penalización de las
conductas violentas. La toma de conciencia sobre esos delitos y las
medidas para combatirlos y prevenirlos deben ser procesos simultáneos. "La
eliminación de la violencia doméstica no es una cuestión de gusto
personal, de caballerosidad, de gracia o de buen talante’: afirmó en su
discurso de clausura Marjorie Thorpe, Subdirectora de UNIFEM. "Se trata.
en cambio, de una obligación y tina responsabilidad que nos impone nuestra
condición humana y nuestra interdependencia".
Durante el Simposio se llegó por consenso a las siguientes conclusiones:
Es necesario reconocer públicamente el problema de la violencia doméstica.
Uno de los principales obstáculos para la eliminación de la violencia
doméstica es la negación. La necesidad de las víctimas de ser amadas y
aceptadas impide con frecuencia que denuncien los abusos, y a veces las
llevan a negar incluso que los están sufriendo. Hay que ayudar a las
víctimas a reconocer la existencia de esa violencia, va se trate de
violencia contra ellas mismas, contra SUS hermanas, sus hermanos, su tía o
su abuela. Y hay que brindarles también todos los servicios de apoyo
jurídico y emocional que requieran. Asimismo, hay que ayudar a que las
mujeres y niños no entren en connivencia con los hombres ni perpetúen la
violencia al mantener el silencio, excusar esos actos. culparse a sí
mismos y aceptar las justificaciones culturales.
La violencia doméstica tiene un incalculable costo social y económico.
Según Alda Facio, Directora del Programa Mujer, Justicia y Desarrollo del
Instituto Latinoamericano de las Naciones para la Prevención del Delito y
Tratamiento del Delincuente, de Costa Rica, entre esos costos figuran los
de la hospitalización de los lactantes, los niños y las mujeres que han
sufrido abusos físicos y sexuales, los del tratamiento médico de los
abortos peligrosos y las enfermedades venéreas, las costas judiciales y
los fondos destinados a refugios para mujeres agredidas y a hogares
adoptivos para los niños.
Pero Facio comenta que la violencia no sólo es costosa desde el punto de
vista monetario, sino que hay que tener en cuenta el costo enorme de la
productividad pérdida debido a que las víctimas no pueden funcionar
parcial o plenamente, y de la pérdida de la identidad psíquica y aún de
las vidas de las víctimas. "Pensemos en los millones de mujeres que viven
bajo la violencia y temerosas de ésta. Esas mujeres pierden su sentido de
la identidad hasta el punto de que aceptan la validez de la distorsionada
versión de la realidad que les dictan las mismas personas que las someten
a abusos. Pensemos en las mujeres que pagan con sus vidas, ya sea porque
se las quitan con sus propias manos o la pierden a manos de otros".
La violencia doméstica es un tema relacionado con el desarrollo humano.
Esta forma de violencia perjudica a las esposas, madres e hijas que son
golpeadas, violadas, y privadas de su dignidad humana y de los medios para
satisfacer sus necesidades básicas. La violencia también traumatiza a los
niños que viven en los hogares afectados por ella, donde son testigos o
víctimas frecuentes de golpizas, abusos sexuales y verbales, y abandono.
Al comprobar y perpetuar el histórico desequilibrio de poder que existe
entre ambos sexos, la violencia doméstica impone enormes obstáculos al
desarrollo y progreso pleno de los hombres y las mujeres. Y debido a que
pasa de tina generación a la siguiente, la violencia doméstica impone
trabas al desarrollo de sociedades íntegras. Para poder poner en práctica
estrategias eficaces para el desarrollo, los organismos y organizaciones
que trabajan con mujeres y niños deber ser más sensibles al tema de la
violencia y convertirlo en un elemento central de sus tareas.
La violencia doméstica es un tema relacionado con los derechos humanos.
Esta forma de violencia está profundamente enraizada en los prejuicios
culturales y religiosos contra las mujeres, y no sólo la respaldan muchas
sociedades patriarcales, sino que está institucionalizada en ellas. La
violencia doméstica se genera en los sistemas sociales y jurídicos que
"confían" el cuidado de las mujeres y los niños a los hombres, a quienes
otorga licencia ¡limitada para dominarlos, oprimirlos y hasta "poseerlos".
En las sociedades donde se coartan abiertamente los derechos de las
mujeres, la violencia doméstica puede ser un elemento culturalmente
connatural de la crianza de los niños, y, a fuerza de haber sido inculcado
en la conciencia de los miembros de la familia, resultar algo "aceptable"
y "normal" Contrariamente a la creencia generalizada, la elevación de la
situación de las mujeres no suele conllevar una disminución sino un
aumento de los casos de violencia, ya que los hombres se sienten
amenazados por la pérdida de poder.
"El primer paso para poner fin a la violencia doméstica" afirmó la Dra.
Nahid Toubia, del Consejo de Población (Population Council), "es el
reconocimiento de que determinadas prácticas, como la mutilación genital y
la incineración de las viudas a la muerte de sus maridos, pueden ser
motivos de orgullo cultural e instrumentos para mantener el orden social
existente" Agregó que en otros casos, la gente cree que las golpizas a las
esposas, los castigos excesivos contra los niños y el infanticidio de
niñas son "realidades desagradables pero inevitables."
En muchos países, la violencia doméstica se ignora o tolera en nombre de
la religión, la cultura y un "culto a la familia", en el que la santidad
de esa unidad social adquiere más importancia que la seguridad o sanidad
de sus integrantes. En los círculos de poder político, a menudo se
considera que la violencia doméstica es tina cuestión privada, y en muchos
países ni siquiera es un delito penado por la ley En algunos países, las
leyes prohiben que un miembro de la familia denuncie a otros, aun en los
casos en que se hayan cometido actos graves y violentos. Y en los sitios
en que existen normas jurídicas que prohiben la violencia doméstica, a
menudo se hacen pocos esfuerzos por ponerlas en práctica. Con frecuencia,
la ley es el último recurso al que apelan las víctimas de esos abusos.
El empleo eficaz de un marco de derechos humanos para crear familias
libres de violencia requerirá que se pongan en vigor los convenios
internacionales como la Convención sobre la eliminación de todas las
formas de discriminación contra las mujeres y la Convención sobre los
Derechos del Niño. También será necesario que los estados tomen medidas
para proteger a las mujeres y los niños de los abusos y para prevenir que
esas violaciones ocurran. Se deben adoptar medidas para que los dirigentes
religiosos y políticos, los educadores y las autoridades policiales sean
más sensibles a este problema y se movilicen en apoyo de los nuevos
valores culturales de respeto entre los sexos, que reemplazarían los
antiguos conceptos de dominio de un sexo sobre el otro.
Las sociedades violentas producen familias violentas. De la misma forma en
que la violencia doméstica afecta a segmentos más amplios de la sociedad,
las sociedades violentas refuerzan o crean un clima propicio para la
violencia en el seno de las familias. La violencia institucionalizada, la
opresión y las injusticias económicas y sociales rígidamente mantenidas
pueden no sólo convertir en sus víctimas a los hombres, sino también
llevarlos a ejercer la violencia contra quienes, en tina sociedad basada
en la autoridad masculina y la discriminación sexual, están aun más
desvalidos que ellos, como sus mujeres e hijos. Hlengiwe Mkhize, Directora
del Children in Violence Project (Proyecto sobre los Niños Víctimas de la
Violencia) de la Universidad de Witwatersrand, de Johanesburgo, presentó
pruebas de que en su país existe una clara relación entre la opresión
provocada por el Estado y la violencia doméstica. Agregó que la unidad
familiar se convierte en un centro de tensión y terreno fértil para
diversas formas de violencia doméstica, desde la tortura y el asesinato
hasta los ataques físicos contra las esposas, las agresiones sexuales, y
los abusos psíquicos y físicos que sufren los niños que crecen en familias
alcohólicas y violentas.
La comunidad mundial debe hacer frente a la violencia doméstica. Estos
actos de violencia no son una cuestión privada, sino que han adquirido
proporciones de pandemia mundial. La comunidad internacional no puede
ignorar ni permitir que se protejan como si fueran asuntos familiares
privados. Se trata de un mal que azota a todas las regiones del mundo, a
sectores de la población mundial de los más diversos niveles económicos y
educacionales, y a familias de todo tipo. La familia es el ámbito
principal de intercambio social y desarrollo humano. Si se impide o
tergiversa ese proceso de desarrollo, las consecuencias negativas podrían
resultar irreversibles. Las conductas que se aprenden en el hogar se
repiten luego en los círculos sociales más amplios. "En el sistema de las
Naciones Unidas", afirmó en su declaración inaugural Karin Sham Poo,
Subdirectora Ejecutiva de Operaciones del UNICEF "hemos reconocido por fin
que la violencia en el seno de la familia representa un obstáculo
formidable para el desarrollo socioeconómico, y un obstáculo aun mayor
para la paz y la justicia universales".
Es necesario movilizar a las comunidades y los gobiernos. Estos deben
crear redes y líneas de comunicaciones de emergencia que disminuyan el
aislamiento y brinden protección a las víctimas que deseen denunciar la
violencia. Una forma eficaz para concienciar a las comunidades sobre el
tema de la violencia es mediante investigaciones en las que participen los
integrantes de las mismas. lo que hace posible que éstos elaboren sus
propias definiciones y soluciones. También hay que establecer una
definición practica de la violencia doméstica y una lista (le síntomas que
sirva de material de consulta a maestros, enfermeras, padres, terapeutas y
médicos. Los gobiernos deben sancionar y poner en vigencia leyes referidas
a la violencia, fijar políticas, elaborar programas adecuados, y tornar
medidas para la protección de las víctimas, además de asignar fondos de
los presupuestos y llevar a cabo vastas campañas de creación de conciencia
pública orientadas a eliminar la violencia doméstica.
Las ONG pueden desempeñar un importante papel, y ya lo están haciendo. Los
participantes en el Simposio reconocieron que la naturaleza intimidante de
la violencia doméstica es un problema mundial que exige una solución
mundial. También se sintieron inspirados y motivados por el alto grado de
interés general y el gran número de estrategias concretas de origen
Popular que va se están poniendo en práctica desde Kenya hasta el Canadá,
y que abarcan desde proyectos de familias modelos hasta líneas telefónicas
de emergencia para adolescentes, Cuando se las pone en práctica a nivel
mundial, las innovadoras labores de las ONG en materia de capacitación,
rehabilitación o defensa de las víctimas pueden resultar Lin gran aporte
en pro de la reducción de la violencia doméstica. Para poder crear
familias libres de la violencia, la amplia comunidad del desarrollo debe
crear estrategias eficaces que tengan carácter multidisciplinario y
cooperativo y que consideren las condiciones culturales y sociales
específicas en que se desarrolla la violencia.
Los medios de comunicación deben eliminar las imágenes estereotipados de
las niñas y mujeres, que deben ser presentadas en condiciones de igualdad
con los hombres. La explosión de las comunicaciones durante este siglo ha
dado lugar a una industria multimillonaria que glorifica la violencia por
medio del cine, la televisión, las revistas y la música. Esos medios
perpetúan el concepto erróneo de que las víctimas provocan, y hasta
desean, la violencia doméstica. Es necesario que los medios dejen de
transmitir mensajes que exaltan la guerra y la violencia social, a las que
presentan como manifestaciones naturales de la potencia masculina,
mientras refuerzan la impresión de que las mujeres son los objetos
impotentes y asequibles de los deseos sexuales masculinos.
El sistema educacional debe elaborar nuevos programas de estudios y
deportes, nuevas actividades y nuevos textos que promuevan la igualdad
entre los sexos. Cuando una escuela secundaria de una comunidad caribeña
ofreció un curso optativo sobre desarrollo infantil y aptitudes de
crianza, más de la mitad de quienes se inscribieron en el mismo fueron
varones. Las organizaciones juveniles también deben dedicarse a educar a
los niños para que adquieran conductas y actitudes no violentas. Esto
puede lograrse mediante el asesoramiento por parte de otros jóvenes de
edades similares, nuevos métodos de resolución de conflictos, y con nuevos
símbolos y modelos de masculinidad.
Sobre la base de los debates del cursillo prático, los participantes del
Simposio propusieron las siguientes recomendaciones escogidas:
Investigación
Recoger y analizar los datos ya existentes y nuevos sobre los tipos y el
alcance de los abusos que brinden las víctimas, los hospitales, los
informes policiales y las organizaciones comunitarias, que serán
empleados en las tareas de difusión y de toma de decisiones políticas.
Consolidar y difundir la información sobre modelos de acciones prácticas
contra la violencia doméstica y programas exitosos de prevención de la
misma.
Realizar investigaciones cualitativas en las que tengan participación
las comunidades para evaluar la naturaleza, la frecuencia y las
consecuencias de la violencia doméstica, y para ayudar a elaborar
estrategias para combatir y prevenir ese problema.
Educación, Capacitación y Difusión
Brindar apoyo y capacitación a los agentes de salud infantil de primera
línea, como las familias, los trabajadores sociales y las comadronas
tradicionales, sobre el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de
la violencia doméstica.
Aumentar la sensibilidad de la policía, el sistema judicial, y los
dirigentes políticos y religiosos con respecto a las consecuencias
psicológicas, económicas y sociales de la violencia doméstica, y
capacitarlos para poner en práctica estrategias de prevención.
Elaborar materiales, textos y juguetes que tengan en cuenta las
disparidades entre los sexos y que sean distribuidos en los consultorios
médicos, los centros comunitarios, las guarderías infantiles y otros
sitios a los que acuden las familias.
Brindar capacitación especial a los docentes sobre métodos de mediación
y resolución de conflictos entre los propies estudiantes, para que los
educadores puedan enseñar cooperación en las aulas.
Concienciar al público mediante el empleo de todos los medios y redes
comunitarias disponibles, para presentar la violencia doméstica como un
problema grave con consecuencias graves.
Organizar clases mixtas para desarrollar una política igualitaria con
respecto a la crianza de los niños y otras actividades familiares. Esa
política se pone en practica, por ejemplo, con la división justa de las
tareas y los recursos domésticos, y dando oportunidades a las niñas
fuera del hogar, incluso en materia de educación y capacitación
profesional.
Instruir a las mujeres y los niños acerca de sus derechos y facilitar la
creación de estrategias para que puedan protegerse a sí mismos.
Servicios
Ofrecer a las víctimas de la violencia doméstica apoyo y programas que
deberían incluir asesoramiento, albergue, centros de emergencia y apoyo
jurídico.
Ofrecer a las familias programas de enriquecimiento orientados a
potenciar a sus integrantes más vulnerables y a reforzar los recursos y
las cualidades de las familias.
Exigir que se brinde asesoramiento a quienes cometen abusos, para
ayudarlos a reflexionar sobre sus experiencias y sobre las razones
profundas de sus actos, y para que aprendan a adquirir más respeto por
sí mismos y a controlar su ira.
Leyes Nacionales o Internacionales
Difundir los convenios internacionales y las partes pertinentes de la
Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la
eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres,
con notas simples sobre cómo emplear esos documentos. Aprobar y difundir
las normas jurídicas nacionales que penalicen todas las formas de
violencia doméstica y contemplen mecanismos de vigilancia y ejecución.
Exigir un mayor grado de responsabilidad a los funcionarios policiales,
al sistema judicial, los establecimientos médicos y psiquiátricos y los
servicios sociales respecto a cómo se tratan los casos de violencia
doméstica.
Documento BIC #94-0526S
Traducido del original en inglés
Statements Home Page / Indice Principal
Sobre la Comunidad Internacional Bahá'í Oficina de las Naciones Unidas...
©1998 — La Oficinas de la Comunidad Internacional Bahá’í ante las Naciones
Unidas
Bahá'í International Community
La Creación De Familias Liberadas De La Violencia
Un Informe Resumido Del Simposio Llevado Acabo
Nueva York
Del 23 Al 25 De Mayo De 1994
La violencia doméstica es un pernicioso problema mundial. Para hacer
frente al desafío que representa este grave asunto, en mayo de 1994 se
llevó a cabo un Simposio de dos días al que asistieron trabajadores
comunitarios de la salud, académicos. profesionales de la salud mental y
representantes de más de 30 organizaciones no gubernamentales (ONG) y de
dos organismos de las Naciones Unidas. El Simposio se debió a la
iniciativa de la Oficina para el Avance de la Mujer de la Comunidad
Internacional Bahá’í, en colaboración con el Fondo de las Naciones Unidas
para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas
para la Mujer (UNIFEM), con motivo del Año Internacional de la Familia
(1994).
Los participantes, que procedían desde China hasta el Caribe, y quienes
aportaron una rica variedad de culturas, profesiones, experiencias y
puntos de vista, colaboraron en un clima de confianza y respeto mutuos. En
un compromiso colectivo destinado a redoblar los esfuerzos para crear
familias liberadas de la violencia, los participantes intercambiaron
opiniones y descubrieron puntos en común.
También estuvieron de acuerdo en que la violencia doméstica se manifiesta
de formas diversas, y afecta todos los aspectos de las sociedades y del
desarrollo humano. Es imposible ignorar los vínculos que existen entre la
violencia en el seno de las familias y la violencia social, estructural y
política. Los participantes del Simposio analizaron estrategias y trataron
temas relacionados con las acciones contra la violencia doméstica y la
prevención de ese fenómeno. ¿Cuál es la mejor manera de concienciar al
público sobre el alcance y la gravedad de la violencia doméstica? ¿Cómo se
interrumpe la espiral intergeneracional y se impide que los niños que han
sido víctimas de abusos se conviertan en adultos que sufren abusos o
someten a otras personas a abusos? Quienes asistieron al Símposio
estudiaron también posibles estrategias para ayudar a que las esposas e
hijas que sufren malos tratos adquieran suficiente confianza en sí mismas
y sentido de su valía para dejar al desnudo la falsedad del poderoso mito
histórico según el cual las mujeres carecen de la misma importancia que el
hombre debido a su sexo, y para tomar medidas en su propio provecho. Tras
dos días de cursillos prácticos y debates, todos los participantes
acordaron que no sólo es necesario sino también posible elaborar una
política multidisciplinaria e integral que haga posible la difícil tarea
de crear familias liberadas de la violencia.
Para que los esfuerzos en ese sentido sean eficaces, es necesaria la
coparticipación de hombres y mujeres y la intervención activa de todos los
estamentos sociales. Las estrategias orientadas a remediar las situaciones
en las que se produce cualquier tipo de violencia deben tener en cuenta a
todos los miembros de las familias, ya que la dinámica de la violencia
doméstica los afecta a todos directamente. Según el orador principal, el
Dr. Hossain Danesh, Director del Instituto de Educación y Desarrollo
Internacional de Weinacht, Suiza, ese esfuerzo debe comenzar con una nueva
definíción del concepto "familia". El Dr. Danesh afirmó que cualquiera que
sea el tamaño y composición de la familia, su existencia no se debe basar
"en el poder sino en la unidad, la igualdad y el respeto mutuo".
Esa visión requiere una amplia gama de acciones, desde la revaluación de
los valores y actitudes hasta la definición y penalización de las
conductas violentas. La toma de conciencia sobre esos delitos y las
medidas para combatirlos y prevenirlos deben ser procesos simultáneos. "La
eliminación de la violencia doméstica no es una cuestión de gusto
personal, de caballerosidad, de gracia o de buen talante’: afirmó en su
discurso de clausura Marjorie Thorpe, Subdirectora de UNIFEM. "Se trata.
en cambio, de una obligación y tina responsabilidad que nos impone nuestra
condición humana y nuestra interdependencia".
Durante el Simposio se llegó por consenso a las siguientes conclusiones:
Es necesario reconocer públicamente el problema de la violencia doméstica.
Uno de los principales obstáculos para la eliminación de la violencia
doméstica es la negación. La necesidad de las víctimas de ser amadas y
aceptadas impide con frecuencia que denuncien los abusos, y a veces las
llevan a negar incluso que los están sufriendo. Hay que ayudar a las
víctimas a reconocer la existencia de esa violencia, va se trate de
violencia contra ellas mismas, contra SUS hermanas, sus hermanos, su tía o
su abuela. Y hay que brindarles también todos los servicios de apoyo
jurídico y emocional que requieran. Asimismo, hay que ayudar a que las
mujeres y niños no entren en connivencia con los hombres ni perpetúen la
violencia al mantener el silencio, excusar esos actos. culparse a sí
mismos y aceptar las justificaciones culturales.
La violencia doméstica tiene un incalculable costo social y económico.
Según Alda Facio, Directora del Programa Mujer, Justicia y Desarrollo del
Instituto Latinoamericano de las Naciones para la Prevención del Delito y
Tratamiento del Delincuente, de Costa Rica, entre esos costos figuran los
de la hospitalización de los lactantes, los niños y las mujeres que han
sufrido abusos físicos y sexuales, los del tratamiento médico de los
abortos peligrosos y las enfermedades venéreas, las costas judiciales y
los fondos destinados a refugios para mujeres agredidas y a hogares
adoptivos para los niños.
Pero Facio comenta que la violencia no sólo es costosa desde el punto de
vista monetario, sino que hay que tener en cuenta el costo enorme de la
productividad pérdida debido a que las víctimas no pueden funcionar
parcial o plenamente, y de la pérdida de la identidad psíquica y aún de
las vidas de las víctimas. "Pensemos en los millones de mujeres que viven
bajo la violencia y temerosas de ésta. Esas mujeres pierden su sentido de
la identidad hasta el punto de que aceptan la validez de la distorsionada
versión de la realidad que les dictan las mismas personas que las someten
a abusos. Pensemos en las mujeres que pagan con sus vidas, ya sea porque
se las quitan con sus propias manos o la pierden a manos de otros".
La violencia doméstica es un tema relacionado con el desarrollo humano.
Esta forma de violencia perjudica a las esposas, madres e hijas que son
golpeadas, violadas, y privadas de su dignidad humana y de los medios para
satisfacer sus necesidades básicas. La violencia también traumatiza a los
niños que viven en los hogares afectados por ella, donde son testigos o
víctimas frecuentes de golpizas, abusos sexuales y verbales, y abandono.
Al comprobar y perpetuar el histórico desequilibrio de poder que existe
entre ambos sexos, la violencia doméstica impone enormes obstáculos al
desarrollo y progreso pleno de los hombres y las mujeres. Y debido a que
pasa de tina generación a la siguiente, la violencia doméstica impone
trabas al desarrollo de sociedades íntegras. Para poder poner en práctica
estrategias eficaces para el desarrollo, los organismos y organizaciones
que trabajan con mujeres y niños deber ser más sensibles al tema de la
violencia y convertirlo en un elemento central de sus tareas.
La violencia doméstica es un tema relacionado con los derechos humanos.
Esta forma de violencia está profundamente enraizada en los prejuicios
culturales y religiosos contra las mujeres, y no sólo la respaldan muchas
sociedades patriarcales, sino que está institucionalizada en ellas. La
violencia doméstica se genera en los sistemas sociales y jurídicos que
"confían" el cuidado de las mujeres y los niños a los hombres, a quienes
otorga licencia ¡limitada para dominarlos, oprimirlos y hasta "poseerlos".
En las sociedades donde se coartan abiertamente los derechos de las
mujeres, la violencia doméstica puede ser un elemento culturalmente
connatural de la crianza de los niños, y, a fuerza de haber sido inculcado
en la conciencia de los miembros de la familia, resultar algo "aceptable"
y "normal" Contrariamente a la creencia generalizada, la elevación de la
situación de las mujeres no suele conllevar una disminución sino un
aumento de los casos de violencia, ya que los hombres se sienten
amenazados por la pérdida de poder.
"El primer paso para poner fin a la violencia doméstica" afirmó la Dra.
Nahid Toubia, del Consejo de Población (Population Council), "es el
reconocimiento de que determinadas prácticas, como la mutilación genital y
la incineración de las viudas a la muerte de sus maridos, pueden ser
motivos de orgullo cultural e instrumentos para mantener el orden social
existente" Agregó que en otros casos, la gente cree que las golpizas a las
esposas, los castigos excesivos contra los niños y el infanticidio de
niñas son "realidades desagradables pero inevitables."
En muchos países, la violencia doméstica se ignora o tolera en nombre de
la religión, la cultura y un "culto a la familia", en el que la santidad
de esa unidad social adquiere más importancia que la seguridad o sanidad
de sus integrantes. En los círculos de poder político, a menudo se
considera que la violencia doméstica es tina cuestión privada, y en muchos
países ni siquiera es un delito penado por la ley En algunos países, las
leyes prohiben que un miembro de la familia denuncie a otros, aun en los
casos en que se hayan cometido actos graves y violentos. Y en los sitios
en que existen normas jurídicas que prohiben la violencia doméstica, a
menudo se hacen pocos esfuerzos por ponerlas en práctica. Con frecuencia,
la ley es el último recurso al que apelan las víctimas de esos abusos.
El empleo eficaz de un marco de derechos humanos para crear familias
libres de violencia requerirá que se pongan en vigor los convenios
internacionales como la Convención sobre la eliminación de todas las
formas de discriminación contra las mujeres y la Convención sobre los
Derechos del Niño. También será necesario que los estados tomen medidas
para proteger a las mujeres y los niños de los abusos y para prevenir que
esas violaciones ocurran. Se deben adoptar medidas para que los dirigentes
religiosos y políticos, los educadores y las autoridades policiales sean
más sensibles a este problema y se movilicen en apoyo de los nuevos
valores culturales de respeto entre los sexos, que reemplazarían los
antiguos conceptos de dominio de un sexo sobre el otro.
Las sociedades violentas producen familias violentas. De la misma forma en
que la violencia doméstica afecta a segmentos más amplios de la sociedad,
las sociedades violentas refuerzan o crean un clima propicio para la
violencia en el seno de las familias. La violencia institucionalizada, la
opresión y las injusticias económicas y sociales rígidamente mantenidas
pueden no sólo convertir en sus víctimas a los hombres, sino también
llevarlos a ejercer la violencia contra quienes, en tina sociedad basada
en la autoridad masculina y la discriminación sexual, están aun más
desvalidos que ellos, como sus mujeres e hijos. Hlengiwe Mkhize, Directora
del Children in Violence Project (Proyecto sobre los Niños Víctimas de la
Violencia) de la Universidad de Witwatersrand, de Johanesburgo, presentó
pruebas de que en su país existe una clara relación entre la opresión
provocada por el Estado y la violencia doméstica. Agregó que la unidad
familiar se convierte en un centro de tensión y terreno fértil para
diversas formas de violencia doméstica, desde la tortura y el asesinato
hasta los ataques físicos contra las esposas, las agresiones sexuales, y
los abusos psíquicos y físicos que sufren los niños que crecen en familias
alcohólicas y violentas.
La comunidad mundial debe hacer frente a la violencia doméstica. Estos
actos de violencia no son una cuestión privada, sino que han adquirido
proporciones de pandemia mundial. La comunidad internacional no puede
ignorar ni permitir que se protejan como si fueran asuntos familiares
privados. Se trata de un mal que azota a todas las regiones del mundo, a
sectores de la población mundial de los más diversos niveles económicos y
educacionales, y a familias de todo tipo. La familia es el ámbito
principal de intercambio social y desarrollo humano. Si se impide o
tergiversa ese proceso de desarrollo, las consecuencias negativas podrían
resultar irreversibles. Las conductas que se aprenden en el hogar se
repiten luego en los círculos sociales más amplios. "En el sistema de las
Naciones Unidas", afirmó en su declaración inaugural Karin Sham Poo,
Subdirectora Ejecutiva de Operaciones del UNICEF "hemos reconocido por fin
que la violencia en el seno de la familia representa un obstáculo
formidable para el desarrollo socioeconómico, y un obstáculo aun mayor
para la paz y la justicia universales".
Es necesario movilizar a las comunidades y los gobiernos. Estos deben
crear redes y líneas de comunicaciones de emergencia que disminuyan el
aislamiento y brinden protección a las víctimas que deseen denunciar la
violencia. Una forma eficaz para concienciar a las comunidades sobre el
tema de la violencia es mediante investigaciones en las que participen los
integrantes de las mismas. lo que hace posible que éstos elaboren sus
propias definiciones y soluciones. También hay que establecer una
definición practica de la violencia doméstica y una lista (le síntomas que
sirva de material de consulta a maestros, enfermeras, padres, terapeutas y
médicos. Los gobiernos deben sancionar y poner en vigencia leyes referidas
a la violencia, fijar políticas, elaborar programas adecuados, y tornar
medidas para la protección de las víctimas, además de asignar fondos de
los presupuestos y llevar a cabo vastas campañas de creación de conciencia
pública orientadas a eliminar la violencia doméstica.
Las ONG pueden desempeñar un importante papel, y ya lo están haciendo. Los
participantes en el Simposio reconocieron que la naturaleza intimidante de
la violencia doméstica es un problema mundial que exige una solución
mundial. También se sintieron inspirados y motivados por el alto grado de
interés general y el gran número de estrategias concretas de origen
Popular que va se están poniendo en práctica desde Kenya hasta el Canadá,
y que abarcan desde proyectos de familias modelos hasta líneas telefónicas
de emergencia para adolescentes, Cuando se las pone en práctica a nivel
mundial, las innovadoras labores de las ONG en materia de capacitación,
rehabilitación o defensa de las víctimas pueden resultar Lin gran aporte
en pro de la reducción de la violencia doméstica. Para poder crear
familias libres de la violencia, la amplia comunidad del desarrollo debe
crear estrategias eficaces que tengan carácter multidisciplinario y
cooperativo y que consideren las condiciones culturales y sociales
específicas en que se desarrolla la violencia.
Los medios de comunicación deben eliminar las imágenes estereotipados de
las niñas y mujeres, que deben ser presentadas en condiciones de igualdad
con los hombres. La explosión de las comunicaciones durante este siglo ha
dado lugar a una industria multimillonaria que glorifica la violencia por
medio del cine, la televisión, las revistas y la música. Esos medios
perpetúan el concepto erróneo de que las víctimas provocan, y hasta
desean, la violencia doméstica. Es necesario que los medios dejen de
transmitir mensajes que exaltan la guerra y la violencia social, a las que
presentan como manifestaciones naturales de la potencia masculina,
mientras refuerzan la impresión de que las mujeres son los objetos
impotentes y asequibles de los deseos sexuales masculinos.
El sistema educacional debe elaborar nuevos programas de estudios y
deportes, nuevas actividades y nuevos textos que promuevan la igualdad
entre los sexos. Cuando una escuela secundaria de una comunidad caribeña
ofreció un curso optativo sobre desarrollo infantil y aptitudes de
crianza, más de la mitad de quienes se inscribieron en el mismo fueron
varones. Las organizaciones juveniles también deben dedicarse a educar a
los niños para que adquieran conductas y actitudes no violentas. Esto
puede lograrse mediante el asesoramiento por parte de otros jóvenes de
edades similares, nuevos métodos de resolución de conflictos, y con nuevos
símbolos y modelos de masculinidad.
Sobre la base de los debates del cursillo prático, los participantes del
Simposio propusieron las siguientes recomendaciones escogidas:
Investigación
Recoger y analizar los datos ya existentes y nuevos sobre los tipos y el
alcance de los abusos que brinden las víctimas, los hospitales, los
informes policiales y las organizaciones comunitarias, que serán
empleados en las tareas de difusión y de toma de decisiones políticas.
Consolidar y difundir la información sobre modelos de acciones prácticas
contra la violencia doméstica y programas exitosos de prevención de la
misma.
Realizar investigaciones cualitativas en las que tengan participación
las comunidades para evaluar la naturaleza, la frecuencia y las
consecuencias de la violencia doméstica, y para ayudar a elaborar
estrategias para combatir y prevenir ese problema.
Educación, Capacitación y Difusión
Brindar apoyo y capacitación a los agentes de salud infantil de primera
línea, como las familias, los trabajadores sociales y las comadronas
tradicionales, sobre el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de
la violencia doméstica.
Aumentar la sensibilidad de la policía, el sistema judicial, y los
dirigentes políticos y religiosos con respecto a las consecuencias
psicológicas, económicas y sociales de la violencia doméstica, y
capacitarlos para poner en práctica estrategias de prevención.
Elaborar materiales, textos y juguetes que tengan en cuenta las
disparidades entre los sexos y que sean distribuidos en los consultorios
médicos, los centros comunitarios, las guarderías infantiles y otros
sitios a los que acuden las familias.
Brindar capacitación especial a los docentes sobre métodos de mediación
y resolución de conflictos entre los propies estudiantes, para que los
educadores puedan enseñar cooperación en las aulas.
Concienciar al público mediante el empleo de todos los medios y redes
comunitarias disponibles, para presentar la violencia doméstica como un
problema grave con consecuencias graves.
Organizar clases mixtas para desarrollar una política igualitaria con
respecto a la crianza de los niños y otras actividades familiares. Esa
política se pone en practica, por ejemplo, con la división justa de las
tareas y los recursos domésticos, y dando oportunidades a las niñas
fuera del hogar, incluso en materia de educación y capacitación
profesional.
Instruir a las mujeres y los niños acerca de sus derechos y facilitar la
creación de estrategias para que puedan protegerse a sí mismos.
Servicios
Ofrecer a las víctimas de la violencia doméstica apoyo y programas que
deberían incluir asesoramiento, albergue, centros de emergencia y apoyo
jurídico.
Ofrecer a las familias programas de enriquecimiento orientados a
potenciar a sus integrantes más vulnerables y a reforzar los recursos y
las cualidades de las familias.
Exigir que se brinde asesoramiento a quienes cometen abusos, para
ayudarlos a reflexionar sobre sus experiencias y sobre las razones
profundas de sus actos, y para que aprendan a adquirir más respeto por
sí mismos y a controlar su ira.
Leyes Nacionales o Internacionales
Difundir los convenios internacionales y las partes pertinentes de la
Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la
eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres,
con notas simples sobre cómo emplear esos documentos. Aprobar y difundir
las normas jurídicas nacionales que penalicen todas las formas de
violencia doméstica y contemplen mecanismos de vigilancia y ejecución.
Exigir un mayor grado de responsabilidad a los funcionarios policiales,
al sistema judicial, los establecimientos médicos y psiquiátricos y los
servicios sociales respecto a cómo se tratan los casos de violencia
doméstica.
Documento BIC #94-0526S
Traducido del original en inglés
Statements Home Page / Indice Principal
Sobre la Comunidad Internacional Bahá'í Oficina de las Naciones Unidas...
©1998 — La Oficinas de la Comunidad Internacional Bahá’í ante las Naciones
Unidas
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<meta name="Author" content="Baha'i International Community">
<meta name="Title" content="1994 May 26, Creating Violence-Free Families">
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<meta name="SearchTerm" content="1994 May 26, Creating Violence-Free Families">
<meta name="ISBN" content="">
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<body>
*** CREATING VIOLENCE-FREE FAMILIES
-------------------------------------
A Symposium Summary Report.
New York, New York
23-25 May 1994
* * * * *
Family violence is a global and pernicious problem. To meet the challenge of this critical issue, grassroots practitioners, academics, mental health professionals and representatives from more than 30 non-governmental organizations (NGOs) and two UN agencies held a two-day Symposium in May 1994. The Symposium was initiated by the Baha'i International Community's Office for the Advancement of Women in collaboration with the United Nations Children's Fund (UNICEF) and the United Nations Development Fund for Women
(UNIFEM) on the occasion of the International Year of the Family, (1994).
Building on a diversity of cultures, professions, experiences and perspectives, participants from China to the Caribbean worked together in an environment of trust and respect. They exchanged points of view and found common ground in a collective commitment to expand their efforts to create violence-free families.
Domestic violence, participants agreed, takes many forms, affects all spheres of society and all aspects of human development. The links between violence in the family and social, structural and political violence are inescapable. Participants explored strategies and raised questions that focused on prevention as well as intervention. What is the best way to raise public awareness about the scope and seriousness of family violence? How does one break the intergenerational spiral and prevent abused children from becoming abused or abusive adults? They explored strategies to help battered wives and daughters develop self-esteem and self-worth, enabling them to expose the historic and powerful myth of their own gender-based worthlessness and to take action on their own behalf. After two days of workshops and discussions, participants reached a consensus that developing a holistic and multi-disciplinary approach to the challenging task of creating violence-free families was not only a necessity, but an achievable reality.
Effective efforts to create violence-free families require a partnership between men and women and the active participation of all social sectors. Strategies for redress and remedies must be designed to include the whole family, because the dynamics of family violence directly affect all its members. That effort must begin, said keynote speaker Dr. Hossain Danesh, Director of the Institute for International Education and Development, in Weinacht, Switzerland, with a new vision of the "family." Whatever its size or composition, he said, that family must be raised questions that focused on prevention as well as based on "unity, equality and mutual respect rather intervention. What is the best way to raise public than power."
This vision requires a range of actions, from the re-examination of values and attitudes to the definition and criminalization of violent behavior. Awareness-raising, intervention and prevention must be simultaneous processes. "Eradicating violence in the family is not a matter of choice or chivalry or grace or good nature," said Marjorie Thorpe, Deputy Director of UNIFEM, in her closing comments. "It is an obligation and a responsibility imposed on us by our humanity and our interdependence."
The following conclusions emerged in consensus from the Symposium:
Family violence must be publicly acknowledged as a problem. Denial, on every level, is one of the greatest obstacles to eradicating family violence. The human need for love and acceptance often prevents victims from speaking out or even admitting that the abuse is taking place. They must be helped to recognize violence when it occurs — to them, or to a sister, brother, aunt, or grandmother — and be provided with the necessary legal and emotional support services. Women and children must be helped to avoid collusion with men in perpetuating violence by remaining silent, excusing violence, blaming themselves, and accepting cultural rationales.
The social and economic costs of family violence are incalculable. According to Alda Facio, Director of the Women, Gender and Justice Programme at the Latin American Crime Prevention Institute in Costa Rica, these costs range from hospitalization for sexually and physically abused infants, children and women. medical treatment for unsafe abortions and sexually transmitted diseases, to legal fees and support for battered-women's shelters, and foster homes for children.
But the price of violence is not only monetary, said Facio. The inestimable cost of lost productivity by damaged individuals unable to function fully, if at all. of lost psychic identities, and even loss of lives must also be considered. "Think of the millions of women who live with violence and the fear of violence. They lose their sense of identity which has been eroded to the point where they accept the contaminated version of reality dictated by their abusers. Think of the women who pay with their lives, either by their own hands or the hands of others."
Family violence is a human development issue. It damages wives, mothers and daughters who are battered. raped. deprived of human dignity and the means to meet their basic needs. It also traumatizes the children living in these homes, where they witness or are subjected routinely to beatings, sexual and verbal abuse, and neglect. Demonstrating and perpetuating the historically unequal power relations between genders, family violence severely impedes the full development and advancement of both men and women; replicating itself in generation after generation, it stunts the growth and development of whole societies. To pursue effective development strategies, agencies and organizations that work with women and children must increase their sensitivity to the issue of violence and make it central to their work.
Family violence is a human rights issue. Deeply rooted in cultural and religious gender bias, it is supported, even institutionalized, by many patriarchal societies. Family violence arises from social and legal systems that "entrust" the care of women and children to men, in fact, granting them unlimited license to dominate, oppress, even "own" them. In societies where women's rights are overtly thwarted, family violence can be a culturally inbred part of upbringing, embedded in the consciousness of all family members as "acceptable" and "normal" Moreover, contrary to conventional wisdom, a gain in status for women often brings an increase, not a decrease, in reported cases of violence as men feel threatened by a loss of power.
"The first step in ending family violence," said Dr. Nahid Toubia, of the Population Council, "is recognizing that certain practices, such as genital mutilation and widow burning, can be sources of cultural pride and serve to maintain the existing social order." In other cases, she said, people consider wife battering, excessive punishment of children and infanticide of baby girls as "an unpleasant but unavoidable reality."
In many countries, family violence is ignored or condoned in the name of religion, of culture, and of "familism" in which the sanctity of the family unit takes rigid precedence over the safety or sanity of its individual members. At policy-making levels, family violence is often considered a private matter and in many countries, it is not a punishable offense. In some countries, one family member is prohibited by law from denouncing another, even for the most serious and violent acts. And where laws prohibiting family violence do exist, there is often little effort to implement them; in fact, the law is often the last resort for victims of abuse.
Effective use of a human rights framework to create violence-free families will require enforcement of international conventions such as the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women and the Convention on thc Rights of the Child. It will also require state interventions that protect women and children from abuse and prevent such violations from occurring. Religious and political leaders, educators and law enforcement officials must be sensitized and mobilized to support new cultural values of mutual respect rather than domination of one gender over the other.
A violent society produces violent families. Just as family violence affects the wider society, a violent society reinforces and even creates a ripe climate for family violence. Institutionalized violence, oppression, and rigidly maintained economic and social inequalities can simultaneously victimize men and turn them into perpetrators of violence against those even more helpless — their wives and children — in a society already built upon male authority and gender bias. In South Africa, for example, Hlengiwe Mkhize, Director of the Children in Violence Project at the University of Witwatersrand in Johannesburg, cited evidence from her country that reveals a clear link between state-initiated oppression and domestic violence. The family unit, she said, becomes the focus of accumulated stress and a fertile ground for multiple acts of domestic violence from family torture and murder, to wife battering, sexual molestation, and the daily mental and physical abuse suffered by children growing up in alcoholic and violent families.
Family violence must be addressed by the world community. It is not a private matter, but has become a global pandemic that the international community can neither ignore nor allow to be protected within the privacy of the family. It is an affliction that ravages all regions of the world, all economic and educational strata and all types of families. The family is the primary locus of human socialization and development. If that development process is denied or distorted, the adverse consequences can be irreversible. Behaviours learned in the home are replicated in the wider society. "We in the United Nations system," said Karin Sham Poo, UNICEF Deputy Executive Director for Operations, in her opening statement "have at last recognized violence in the family as a formidable obstacle to socio-economic development. to say nothing of universal peace and justice."
Communities and governments must be mobilized for action. They must establish networks and hotlines to reduce isolation and provide safety for victims to spear; out. Participatory research is an effective way to sensitize communities to the existence of violence, enabling them to develop their own definitions and their own solutions. A working definition of family violence and a simple checklist of symptoms for use by teachers, nurses, parents, therapists and doctors needs to be developed. Governments must enact and implement laws; develop policies, adequate programmes, and assertive protective measures for victims; provide budget allocations; and mount major public awareness campaigns for the purpose of eradicating family violence.
NGOs have a major role to play — and they are already playing it. Symposium participants acknowledged the daunting nature of family violence as a global affliction that requires a global solution. They were also inspired and motivated by the degree of common concern and the number of concrete grassroots strategies already in place — from Kenya to Canada, from model family projects to teen hotlines. Multiplied worldwide, innovative NGO work in training, rehabilitation, or advocacy can have a powerful impact on reducing family violence. To create violence-free families, the broader development community must develop effective strategies that are multidisciplinary, collaborative and sensitive to the specific cultural and social conditions in which violence occurs.
The media must eliminate stereotyped images of girls and women and portray them in egalitarian relationships with men. The explosion of communications in this century has unleashed a multi-billion dollar violence industry of films, television programmes, magazines and music, which glorify violence. They perpetuate the misperception that domestic violence is provoked, even desired by its victims. Media messages that glorify war or social violence as natural expressions of male potency and reinforce the image of women as helpless and available objects of male sexual drives need to be stopped.
Educational systems need to redesign curricula, texts, sports programmes and other activities to promote gender equality. In one Caribbean community, when a secondary school offered an elective course on child development and parenting, the class was composed of more than 50% boys. Youth-oriented organizations, as well, need to focus on educating boys to develop non-violent attitudes through peer counselling, new forms of conflict-resolution, new symbols and role models of masculinity.
Drawing from the workshop discussions, Symposium participants proposed the following selected set of recommendations:
Research
- Gather and analyze new and existing data on types and scope of abuse from victims, hospitals, police reports, and community agencies for use in advocacy and policy-making.
- Consolidate and disseminate information on successful intervention models and preventive programmes.
- Conduct qualitative participatory research at the community level to assess the nature, frequency and consequences of family violence and help design intervention and prevention strategies.
Education, Training, Advocacy
- Provide support and training for front-line childcare givers — families, social workers, and traditional birth attendants (TBAs) — in the diagnosis, treatment and prevention of family violence.
-
Sensitize police, judiciary, policy makers, and religious leaders regarding the mental health, economic and social consequences of family violence and train them in preventive strategies.
-
Develop gender-sensitive materials, texts, toys, etc. for dissemination in doctors' offices, community and daycare centers, and wherever families are present.
-
Provide special training for teachers in peer mediation and conflict resolution so that they can teach cooperation in the classroom.
-
Create public awareness through all forms of media and existing community networks, presenting family violence as a serious problem with serious consequences.
-
Organize classes for boys and girls to develop an egalitarian approach to parenting and other roles — i.e. sharing of chores and resources; providing opportunities for girls outside the home, including education and job training.
-
Educate women and children about their rights and facilitate the development of strategies to protect themselves.
Services
-
Provide intervention and support for victims of family violence, including counselling, shelters, crisis centres, and financial and legal support.
-
Offer enrichment programmes for families aimed at empowering the most vulnerable members and reinforcing existing family strengths and resources.
-
Require counselling for abusers, to help them reflect on their own experience and the root causes of their acts, and to learn new ways to build self-esteem and handle rage.
International and National legislation
-
Disseminate international conventions and specific relevant sections of the Convention on the Rights of the Child and the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women, with simple notations on the use of these documents.
-
Enact and promote national legislation that criminalizes all forms of domestic violence and provides monitoring and enforcement mechanisms.
-
Require greater accountability of law enforcement officials, judicial systems, medical and psychiatric facilities, and social services regarding their handling of domestic violence cases.
* * * * *
<meta name="Author" content="Baha'i International Community">
<meta name="Title" content="1994 May 26, Creating Violence-Free Families">
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<meta name="ISBN" content="">
</head>
<body>
*** CREATING VIOLENCE-FREE FAMILIES
-------------------------------------
A Symposium Summary Report.
New York, New York
23-25 May 1994
* * * * *
Family violence is a global and pernicious problem. To meet the challenge of this critical issue, grassroots practitioners, academics, mental health professionals and representatives from more than 30 non-governmental organizations (NGOs) and two UN agencies held a two-day Symposium in May 1994. The Symposium was initiated by the Baha'i International Community's Office for the Advancement of Women in collaboration with the United Nations Children's Fund (UNICEF) and the United Nations Development Fund for Women
(UNIFEM) on the occasion of the International Year of the Family, (1994).
Building on a diversity of cultures, professions, experiences and perspectives, participants from China to the Caribbean worked together in an environment of trust and respect. They exchanged points of view and found common ground in a collective commitment to expand their efforts to create violence-free families.
Domestic violence, participants agreed, takes many forms, affects all spheres of society and all aspects of human development. The links between violence in the family and social, structural and political violence are inescapable. Participants explored strategies and raised questions that focused on prevention as well as intervention. What is the best way to raise public awareness about the scope and seriousness of family violence? How does one break the intergenerational spiral and prevent abused children from becoming abused or abusive adults? They explored strategies to help battered wives and daughters develop self-esteem and self-worth, enabling them to expose the historic and powerful myth of their own gender-based worthlessness and to take action on their own behalf. After two days of workshops and discussions, participants reached a consensus that developing a holistic and multi-disciplinary approach to the challenging task of creating violence-free families was not only a necessity, but an achievable reality.
Effective efforts to create violence-free families require a partnership between men and women and the active participation of all social sectors. Strategies for redress and remedies must be designed to include the whole family, because the dynamics of family violence directly affect all its members. That effort must begin, said keynote speaker Dr. Hossain Danesh, Director of the Institute for International Education and Development, in Weinacht, Switzerland, with a new vision of the "family." Whatever its size or composition, he said, that family must be raised questions that focused on prevention as well as based on "unity, equality and mutual respect rather intervention. What is the best way to raise public than power."
This vision requires a range of actions, from the re-examination of values and attitudes to the definition and criminalization of violent behavior. Awareness-raising, intervention and prevention must be simultaneous processes. "Eradicating violence in the family is not a matter of choice or chivalry or grace or good nature," said Marjorie Thorpe, Deputy Director of UNIFEM, in her closing comments. "It is an obligation and a responsibility imposed on us by our humanity and our interdependence."
The following conclusions emerged in consensus from the Symposium:
Family violence must be publicly acknowledged as a problem. Denial, on every level, is one of the greatest obstacles to eradicating family violence. The human need for love and acceptance often prevents victims from speaking out or even admitting that the abuse is taking place. They must be helped to recognize violence when it occurs — to them, or to a sister, brother, aunt, or grandmother — and be provided with the necessary legal and emotional support services. Women and children must be helped to avoid collusion with men in perpetuating violence by remaining silent, excusing violence, blaming themselves, and accepting cultural rationales.
The social and economic costs of family violence are incalculable. According to Alda Facio, Director of the Women, Gender and Justice Programme at the Latin American Crime Prevention Institute in Costa Rica, these costs range from hospitalization for sexually and physically abused infants, children and women. medical treatment for unsafe abortions and sexually transmitted diseases, to legal fees and support for battered-women's shelters, and foster homes for children.
But the price of violence is not only monetary, said Facio. The inestimable cost of lost productivity by damaged individuals unable to function fully, if at all. of lost psychic identities, and even loss of lives must also be considered. "Think of the millions of women who live with violence and the fear of violence. They lose their sense of identity which has been eroded to the point where they accept the contaminated version of reality dictated by their abusers. Think of the women who pay with their lives, either by their own hands or the hands of others."
Family violence is a human development issue. It damages wives, mothers and daughters who are battered. raped. deprived of human dignity and the means to meet their basic needs. It also traumatizes the children living in these homes, where they witness or are subjected routinely to beatings, sexual and verbal abuse, and neglect. Demonstrating and perpetuating the historically unequal power relations between genders, family violence severely impedes the full development and advancement of both men and women; replicating itself in generation after generation, it stunts the growth and development of whole societies. To pursue effective development strategies, agencies and organizations that work with women and children must increase their sensitivity to the issue of violence and make it central to their work.
Family violence is a human rights issue. Deeply rooted in cultural and religious gender bias, it is supported, even institutionalized, by many patriarchal societies. Family violence arises from social and legal systems that "entrust" the care of women and children to men, in fact, granting them unlimited license to dominate, oppress, even "own" them. In societies where women's rights are overtly thwarted, family violence can be a culturally inbred part of upbringing, embedded in the consciousness of all family members as "acceptable" and "normal" Moreover, contrary to conventional wisdom, a gain in status for women often brings an increase, not a decrease, in reported cases of violence as men feel threatened by a loss of power.
"The first step in ending family violence," said Dr. Nahid Toubia, of the Population Council, "is recognizing that certain practices, such as genital mutilation and widow burning, can be sources of cultural pride and serve to maintain the existing social order." In other cases, she said, people consider wife battering, excessive punishment of children and infanticide of baby girls as "an unpleasant but unavoidable reality."
In many countries, family violence is ignored or condoned in the name of religion, of culture, and of "familism" in which the sanctity of the family unit takes rigid precedence over the safety or sanity of its individual members. At policy-making levels, family violence is often considered a private matter and in many countries, it is not a punishable offense. In some countries, one family member is prohibited by law from denouncing another, even for the most serious and violent acts. And where laws prohibiting family violence do exist, there is often little effort to implement them; in fact, the law is often the last resort for victims of abuse.
Effective use of a human rights framework to create violence-free families will require enforcement of international conventions such as the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women and the Convention on thc Rights of the Child. It will also require state interventions that protect women and children from abuse and prevent such violations from occurring. Religious and political leaders, educators and law enforcement officials must be sensitized and mobilized to support new cultural values of mutual respect rather than domination of one gender over the other.
A violent society produces violent families. Just as family violence affects the wider society, a violent society reinforces and even creates a ripe climate for family violence. Institutionalized violence, oppression, and rigidly maintained economic and social inequalities can simultaneously victimize men and turn them into perpetrators of violence against those even more helpless — their wives and children — in a society already built upon male authority and gender bias. In South Africa, for example, Hlengiwe Mkhize, Director of the Children in Violence Project at the University of Witwatersrand in Johannesburg, cited evidence from her country that reveals a clear link between state-initiated oppression and domestic violence. The family unit, she said, becomes the focus of accumulated stress and a fertile ground for multiple acts of domestic violence from family torture and murder, to wife battering, sexual molestation, and the daily mental and physical abuse suffered by children growing up in alcoholic and violent families.
Family violence must be addressed by the world community. It is not a private matter, but has become a global pandemic that the international community can neither ignore nor allow to be protected within the privacy of the family. It is an affliction that ravages all regions of the world, all economic and educational strata and all types of families. The family is the primary locus of human socialization and development. If that development process is denied or distorted, the adverse consequences can be irreversible. Behaviours learned in the home are replicated in the wider society. "We in the United Nations system," said Karin Sham Poo, UNICEF Deputy Executive Director for Operations, in her opening statement "have at last recognized violence in the family as a formidable obstacle to socio-economic development. to say nothing of universal peace and justice."
Communities and governments must be mobilized for action. They must establish networks and hotlines to reduce isolation and provide safety for victims to spear; out. Participatory research is an effective way to sensitize communities to the existence of violence, enabling them to develop their own definitions and their own solutions. A working definition of family violence and a simple checklist of symptoms for use by teachers, nurses, parents, therapists and doctors needs to be developed. Governments must enact and implement laws; develop policies, adequate programmes, and assertive protective measures for victims; provide budget allocations; and mount major public awareness campaigns for the purpose of eradicating family violence.
NGOs have a major role to play — and they are already playing it. Symposium participants acknowledged the daunting nature of family violence as a global affliction that requires a global solution. They were also inspired and motivated by the degree of common concern and the number of concrete grassroots strategies already in place — from Kenya to Canada, from model family projects to teen hotlines. Multiplied worldwide, innovative NGO work in training, rehabilitation, or advocacy can have a powerful impact on reducing family violence. To create violence-free families, the broader development community must develop effective strategies that are multidisciplinary, collaborative and sensitive to the specific cultural and social conditions in which violence occurs.
The media must eliminate stereotyped images of girls and women and portray them in egalitarian relationships with men. The explosion of communications in this century has unleashed a multi-billion dollar violence industry of films, television programmes, magazines and music, which glorify violence. They perpetuate the misperception that domestic violence is provoked, even desired by its victims. Media messages that glorify war or social violence as natural expressions of male potency and reinforce the image of women as helpless and available objects of male sexual drives need to be stopped.
Educational systems need to redesign curricula, texts, sports programmes and other activities to promote gender equality. In one Caribbean community, when a secondary school offered an elective course on child development and parenting, the class was composed of more than 50% boys. Youth-oriented organizations, as well, need to focus on educating boys to develop non-violent attitudes through peer counselling, new forms of conflict-resolution, new symbols and role models of masculinity.
Drawing from the workshop discussions, Symposium participants proposed the following selected set of recommendations:
Research
- Gather and analyze new and existing data on types and scope of abuse from victims, hospitals, police reports, and community agencies for use in advocacy and policy-making.
- Consolidate and disseminate information on successful intervention models and preventive programmes.
- Conduct qualitative participatory research at the community level to assess the nature, frequency and consequences of family violence and help design intervention and prevention strategies.
Education, Training, Advocacy
- Provide support and training for front-line childcare givers — families, social workers, and traditional birth attendants (TBAs) — in the diagnosis, treatment and prevention of family violence.
-
Sensitize police, judiciary, policy makers, and religious leaders regarding the mental health, economic and social consequences of family violence and train them in preventive strategies.
-
Develop gender-sensitive materials, texts, toys, etc. for dissemination in doctors' offices, community and daycare centers, and wherever families are present.
-
Provide special training for teachers in peer mediation and conflict resolution so that they can teach cooperation in the classroom.
-
Create public awareness through all forms of media and existing community networks, presenting family violence as a serious problem with serious consequences.
-
Organize classes for boys and girls to develop an egalitarian approach to parenting and other roles — i.e. sharing of chores and resources; providing opportunities for girls outside the home, including education and job training.
-
Educate women and children about their rights and facilitate the development of strategies to protect themselves.
Services
-
Provide intervention and support for victims of family violence, including counselling, shelters, crisis centres, and financial and legal support.
-
Offer enrichment programmes for families aimed at empowering the most vulnerable members and reinforcing existing family strengths and resources.
-
Require counselling for abusers, to help them reflect on their own experience and the root causes of their acts, and to learn new ways to build self-esteem and handle rage.
International and National legislation
-
Disseminate international conventions and specific relevant sections of the Convention on the Rights of the Child and the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women, with simple notations on the use of these documents.
-
Enact and promote national legislation that criminalizes all forms of domestic violence and provides monitoring and enforcement mechanisms.
-
Require greater accountability of law enforcement officials, judicial systems, medical and psychiatric facilities, and social services regarding their handling of domestic violence cases.
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