« 返回单栏视图
对照:
西班牙语 ⇄
3 对照本
LA PROCLAMACIÓN
DE BAHÁ'U'LLÁH
LA PROCLAMACIÓN DE BAHÁ'U'LLÁH
A LOS REYES Y DIRIGENTES DEL MUNDO
RECOPILADO POR
CASA UNIVERSAL DE JUSTICIA
"El tiempo prefijado
para los pueblos y razas
de la Tierra ya ha llegado."
Título original en inglés:
The Proclamation of Bahá'u'lláh
ÍNDICE
Introducción 9
LLAMAMIENTO A LOS REYES Y
GOBERNANTES DEL MUNDO
Colectivamente 15
A Napoleón III 27
Al zar Alejandro II 35
A la reina Victoria 41
Al káiser Guillermo I 47
Al emperador Francisco José 51
Al sultán 'Abdu'l-Ázíz 55
A Násiri'd-Dín Sháh 65
A los gobernantes de América 71
A los representantes elegidos del pueblo
en todos los países 75
LLAMAMIENTO A LOS DIRIGENTES
RELIGIOSOS DEL MUNDO
Colectivamente 79
Al Papa Pío IX 89
Al clero y a los seguidores de varias religiones 95
EL GRAN ANUNCIO A LA HUMANIDAD 113
No deseamos sino el bien del mundo y la felicidad de las naciones; sin embargo, nos consideran promovedor de sedición y de rivalidades, merecedor de cautiverio y destierro... Que todas las naciones lleguen a ser una en fe, y todos los hombres, como hermanos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la diversidad de religiones y se anulen las diferencias de raza. ¿Qué mal hay en esto?... Y sin embargo, así será; estas guerras estériles y devastadoras pasarán, y la "Más Grande Paz" vendrá... Ello no obstante, vemos a nuestros reyes y gobernantes disipando sus tesoros con más liberalidad en medios de destrucción de la raza humana, que en lo que conduciría a la felicidad de la humanidad. Estas luchas, este derramamiento de sangre y estas discordias deben cesar, y todos los hombres deben ser como una sola raza y una única familia. Que ningún hombre se gloríe en que ama a su país; que más bien se gloríe en que ama a sus semejantes...
INTRODUCCIÓN
Hace cien años1, Bahá'u'lláh, Fundador de la Fe Bahá'í, anunció, en lenguaje claro e inequívoco, a los reyes y gobernantes del mundo, a sus dirigentes religiosos y a la humanidad en general que, por fin, la era de paz y hermandad, prometida desde hace tanto tiempo, había llegado, y que Él Mismo era el Portador del nuevo mensaje y del poder de Dios, que habrían de transformar el sistema vigente de antagonismo y enemistad entre los hombres y crear el espíritu y la forma del orden mundial predestinado.
En aquel tiempo, el esplendor y la pompa de los monarcas reflejaban el amplio poder que ejercían, en su mayoría de forma autocrática, sobre la mayor parte de la Tierra. Bahá'u'lláh, exiliado de Persia, su país natal, por sus enseñanzas religiosas, estaba prisionero del tiránico y todopoderoso Sultán del Imperio Otomano. En esas circunstancias se dirigió Él a los gobernantes del mundo. Sus Tablas dirigidas a determinados reyes y al Papa, aun habiéndoles sido entregadas, fueron ignoradas o rechazadas, no se prestó atención a sus sabios consejos y sus sombríos avisos, y en una ocasión su portador fue torturado y muerto.
Bahá'u'lláh, viendo aquel mundo ya viejo "a merced de gobernantes tan embriagados de orgullo que no pueden discernir claramente lo que más les beneficia a ellos mismos", declaró que "...la disensión que divide y aflige a la raza humana crece día a día. Los signos de convulsiones y caos inminentes pueden ya distinguirse, por cuanto el orden prevaleciente demuestra ser deplorablemente defectuoso." Aun cuando describió en tono sombrío el "castigo divino" que sobrevendría a la mayoría de aquellos gobernantes y sumiría en la ruina a los pueblos del mundo, sin embargo Él no dejó duda alguna acerca de su resultado. "Pronto -declaró Él-, el orden actual será enrollado y uno nuevo desplegado en su lugar." Desde la ascensión de Bahá'u'lláh en Tierra Santa en 1892, el enrollamiento del orden viejo se ha convertido en la experiencia diaria de la humanidad, y no se percibe merma alguna en este proceso. La esencia del Orden Mundial de Bahá'u'lláh es la unidad de la raza humana. "Oh vosotros, hijos de los hombres", escribe Él, "el propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y a Su Religión es salvaguardar los intereses de la raza humana y promover su unidad..." Y advierte: "El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad, son inalcanzables a menos que su unidad sea firmemente establecida." El logro de esta unidad es la misión declarada por Bahá'u'lláh y el objetivo de toda actividad bahá'í. En el siguiente pasaje de los escritos de Shoghi Effendi, bisnieto de Bahá'u'lláh y Guardián de la Fe Bahá'í, se hace un esbozo de esa unidad y se delinea su estructura:
"La unidad de la raza humana, tal como la concibe Bahá'u'lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que todas las naciones, razas, credos y clases estén estrecha y permanentemente unidos, en que se salvaguarden completa y definitivamente la autonomía de sus estados miembros, la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen. Por lo que podemos captar de ella, esta mancomunidad tiene que contar con una asamblea legislativa mundial, cuyos miembros, en calidad de albaceas de toda la humanidad, controlarán definitiva y enteramente los recursos de todas las naciones que la compongan y promulgarán aquellas leyes que sean necesarias para regular la vida, satisfacer las necesidades y ordenar las relaciones de todas las razas y pueblos. Un ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza internacional, llevará a la práctica las decisiones que se tomen, aplicará las leyes aprobadas por esta asamblea legislativa mundial y salvaguardará la unidad orgánica de toda la mancomunidad. Un tribunal mundial juzgará y dictará sentencia firme y vinculante en todas y cada una de las disputas que surjan entre los diversos elementos que componen este sistema universal. Se ideará un mecanismo de intercomunicación mundial, que abarcará todo el planeta, estará libre de las trabas y restricciones nacionales y funcionará con maravillosa rapidez y perfecta regularidad. Una metrópolis mundial actuará como centro nervioso de una civilización mundial, como foco hacia el que convergerán las fuerzas unificadoras de la vida y del que irradiarán las influencias energizantes. Se inventará o se elegirá entre los idiomas existentes un idioma mundial y se enseñará en las escuelas de todas las naciones federadas como auxiliar del idioma materno. Una escritura mundial, una literatura mundial, un sistema monetario, de pesas y medidas uniforme y universal simplificará y facilitará el intercambio y el entendimiento entre las naciones y razas de la humanidad. En una sociedad mundial así, la ciencia y la religión, las dos fuerzas más poderosas de la vida humana, se reconciliarán, cooperarán y se desarrollarán armoniosamente. Bajo tal sistema, la prensa, al mismo tiempo que dará plena libertad a la expresión de los diversos puntos de vista y convicciones de la humanidad, dejará de ser maliciosamente manipulada por intereses creados, sean éstos privados o públicos, y se liberará de la influencia de los gobiernos y pueblos contendientes. Se organizarán los recursos económicos del mundo, se explotarán y utilizarán al completo sus fuentes de materias primas, se coordinarán y desarrollarán sus mercados y se regulará equitativamente la distribución de sus productos.
Las rivalidades, los odios y las intrigas nacionales cesarán, y la animosidad y el prejuicio raciales serán reemplazados por la amistad, el entendimiento y la cooperación interraciales. Las causas de la lucha religiosa serán definitivamente eliminadas, las barreras y restricciones económicas serán completamente abolidas y la excesiva diferencia entre las clases será suprimida. Desaparecerán la pobreza extrema, por una parte, y la exagerada acumulación de bienes por la otra. La enorme energía disipada y derrochada en la guerra, ya sea económica o política, se dedicará a aquellos fines que amplíen el alcance de las invenciones y el desarrollo técnico humano, al aumento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la investigación científica, a la elevación del nivel de salud física, a la agudización y refinamiento del cerebro humano, a la explotación de recursos no utilizados e insospechados del planeta, a la prolongación de la vida humana y al fomento de cualquier otro medio que pueda estimular la vida intelectual, moral y espiritual de toda la raza humana.
Un sistema federal mundial, que gobierne toda la Tierra y que ejerza una autoridad incuestionable sobre sus recursos inimaginablemente vastos y que combine y encarne los ideales de Oriente y Occidente, liberado de la maldición de la guerra y sus miserias y dedicado a la explotación de todos los recursos energéticos disponibles sobre la superficie del planeta; un sistema en el que la Fuerza se transforme en sierva de la Justicia, un sistema cuya vida se base en el reconocimiento universal de un solo Dios y por su lealtad hacia una Revelación común; ésta es la meta hacia la cual avanza la humanidad, impulsada por las fuerzas unificadoras de la vida."
El mensaje de Bahá'u'lláh es un mensaje de esperanza, de amor, de reconstrucción práctica. Hoy cosechamos las pavorosas consecuencias del rechazo de Su llamamiento divino por parte de nuestros antepasados. Pero hoy día hay nuevos gobernantes, nuevas gentes, que quizás oigan y eviten o mitiguen la severidad de una catástrofe inminente. Con esta esperanza, y considerando que es su deber sagrado, la Casa Universal de Justicia, la institución internacional que gobierna la Fe Bahá'í, proclama nuevamente, mediante la publicación de estos pasajes seleccionados, la esencia de aquel poderoso llamamiento hecho hace un siglo. Con la misma esperanza y la misma fe, los bahá'ís de todo el mundo harán todo lo posible, durante este período centenario, para llamar la atención de sus semejantes hacia la característica redentora de esta nueva efusión de guía y amor divinos. Creemos que no se esforzarán en vano.
Haifa, 1967
LLAMAMIENTO A LOS
REYES Y GOBERNANTES
DEL MUNDO
COLECTIVAMENTE
¡Oh reyes de la Tierra! Aquel que es el soberano Señor de todo ha venido. El Reino es de Dios, el Protector omnipotente, el que Subsiste por Sí Mismo. No adoréis a nadie sino a Dios y, con corazones radiantes, alzad vuestros rostros hacia vuestro Señor, el Señor de todos los nombres. Ésta es una Revelación con la que nada de lo que poseéis puede jamás compararse, si sólo lo supierais. Os vemos cómo os regocijáis en las cosas que habéis acumulado a costa de los demás y os apartáis de los mundos que nada salvo Mi Tabla resguardada puede contar. Los tesoros que habéis amasado os han llevado muy lejos de vuestro objetivo último. Esto no es digno de vosotros, si sólo pudierais comprenderlo. Limpiad vuestros corazones de toda corrupción terrenal y apresuraos a entrar en el Reino de vuestro Señor, el Creador del cielo y de la tierra, El que hizo temblar al mundo y lamentarse a todos sus pueblos, salvo a aquellos que han renunciado a todo y se han aferrado a lo que ha ordenado la Tabla Oculta...
¡Oh reyes de la Tierra! La Más Grande Ley ha sido revelada en este Punto, en este Lugar de esplendor trascendente. Toda cosa oculta se ha expuesto a la luz en virtud de la voluntad del Supremo Ordenador, Aquel que ha anunciado la Última Hora, por medio de Quien ha sido hendida la Luna y todo decreto irrevocable explicado.
No sois más que vasallos, ¡oh reyes de la Tierra! Aquel que es el Rey de reyes ha aparecido ataviado con Su maravillosísima gloria, y os llama hacia Sí Mismo, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo. Estad atentos, no sea que el orgullo os prive de reconocer la Fuente de la Revelación, y las cosas de este mundo os separen como por un velo de Aquel que es el Creador del cielo. Levantaos a servir a Aquel que es el Deseo de todas las naciones, que os ha creado mediante una palabra Suya y ha ordenado que seáis, para siempre, los emblemas de Su soberanía.
¡Por la rectitud de Dios! No es Nuestro deseo adueñarnos de vuestros reinos. Nuestra misión es tomar y poseer los corazones de los hombres. En ellos están fijos los ojos de Bahá. Esto lo atestigua el Reino de los Nombres, si sólo pudierais comprenderlo. Quien siga a su Señor, renunciará al mundo y a todo lo que hay en él; entonces, ¡cuánto mayor debe ser el desprendimiento de Aquel que ocupa tan augusta posición! Abandonad vuestros palacios y apresuraos a lograr ser admitidos en Su Reino. De hecho, esto os beneficiará en este mundo y en el venidero. Esto lo atestigua el Señor del dominio de lo alto, si sólo lo supierais.
¡Cuán grande es la bienaventuranza que espera al rey que se levante para ayudar a Mi Causa en Mi Reino, que se desprenda de todo menos de Mí! Tal rey se cuenta entre los compañeros del Arca Carmesí, el Arca que Dios ha preparado para el pueblo de Bahá. Todos deben glorificar su nombre, reverenciar su posición y ayudarle a abrir las puertas de las ciudades con las llaves de Mi Nombre, el omnipotente Protector de todos los que habitan los reinos visibles e invisibles. Tal rey es el ojo mismo de la humanidad, el ornamento luminoso sobre la frente de la creación, la fuente de bendiciones para el mundo entero. Oh pueblo de Bahá, ofrendad en su ayuda vuestra esencia, no vuestras propias vidas.
No hemos pedido nada de vosotros. ¡Ciertamente, Nosotros os exhortamos por amor a Dios, y seremos pacientes como lo hemos sido con lo que Nos ha acontecido a vuestras manos, oh asamblea de reyes!
¡Oh reyes de la Tierra! Prestad oído a la Voz de Dios, que os llama desde este sublime Árbol cargado de frutos, que ha brotado de la Colina Carmesí sobre el Llano santo pronunciando las palabras: "No hay otro Dios sino Él, el Poderoso, el Omnipotente, el Todo Sabio." ...Temed a Dios, oh concurso de reyes, y no permitáis que se os prive de esta muy sublime gracia. Abandonad, pues, las cosas que poseéis, y aferraos al Asidero de Dios, el Exaltado, el Grande. Fijad vuestros corazones en la Faz de Dios y abandonad aquello que vuestros deseos os han ordenado seguir, y no seáis de aquellos que perecen. Relátales, oh siervo, la historia de 'Alí (el Báb), cuando Él vino a ellos con la verdad, llevando Su glorioso y trascendental Libro, y teniendo en Sus manos testimonio y prueba de Dios, así como signos santos y benditos de Él. Sin embargo, vosotros, oh reyes, no habéis prestado atención al Recuerdo de Dios en Sus días ni habéis sido guiados por las luces que se levantaron y brillaron sobre el horizonte de un Cielo resplandeciente. No examinasteis Su Causa cuando hacerlo hubiera sido mejor para vosotros que todo aquello sobre lo cual brilla el sol, si sólo lo comprendierais. Continuasteis siendo negligentes hasta que los sacerdotes de Persia, aquellos crueles, dictaron sentencia contra Él y Le mataron injustamente. Su espíritu ascendió a Dios, y los ojos de los moradores del Paraíso y los ángeles que están cerca de Él lloraron amargamente a causa de esta crueldad. Cuidaos para que en adelante no seáis irreflexivos como lo habéis sido anteriormente. Volved, entonces, a Dios, vuestro Hacedor, y no seáis de los negligentes... Mi rostro ha surgido de los velos, y ha derramado su resplandor sobre todo lo que hay en el cielo y en la tierra; y sin embargo, no os volvisteis hacia Él, a pesar de que fuisteis creados debido a Él, oh asamblea de reyes! Seguid, por tanto, aquello que Yo os digo, escuchadlo con vuestros corazones, y no seáis de los que se han apartado. Pues vuestra gloria no consiste en vuestra soberanía, sino más bien en vuestra proximidad a Dios y en vuestra obediencia a Su mandamiento que ha sido enviado en Sus santas y preservadas Tablas. Si alguno de vosotros gobernara sobre toda la Tierra, y sobre todo lo que se encuentra dentro de ella y encima de ella, sus mares, sus tierras, sus países, sus montañas y sus llanuras, y a pesar de ello no fuese recordado por Dios, todo ello no le serviría de nada, si sólo lo supierais... Levantaos, pues, afianzad vuestros pies, dad cumplida satisfacción a lo que se os ha escapado, y dirigíos hacia Su santa Corte, en la orilla de Su poderoso Océano, para que os puedan ser reveladas las perlas de conocimiento y sabiduría que Dios ha depositado en la concha de Su radiante corazón... Cuidado, no sea que impidáis que la brisa de Dios sople sobre vuestros corazones, brisa mediante la cual los corazones de aquellos que se han vuelto hacia Él pueden ser vivificados...
Cuidad de no actuar injustamente con nadie que recurra a vosotros y se ponga bajo vuestra sombra. Caminad en el temor de Dios y sed de aquellos que llevan una vida piadosa. No os apoyéis en vuestra fuerza, vuestros ejércitos y vuestros tesoros. Poned toda vuestra confianza y vuestra fe en Dios, que os ha creado, y buscad Su ayuda en todos vuestros asuntos. El auxilio viene únicamente de Él. Él socorre a quien quiere con las huestes de los cielos y de la tierra.
Sabed que los pobres son el fideicomiso de Dios en medio de vosotros. Cuidaos de no traicionar su fideicomiso, de no tratarles injustamente y de no andar por los caminos de los pérfidos. Muy ciertamente, seréis llamados a responder de Su fideicomiso el día en que se instaure la Balanza de la Justicia, día en el que a cada cual se le dará su merecido, en el que se pesarán las acciones de todos los hombres, sean ricos o pobres.
Si no prestáis atención a los consejos que, en lenguaje inequívoco y sin par, hemos revelado en esta Tabla, os sobrevendrá el castigo Divino desde todas direcciones, y contra vosotros se dictará la sentencia de Su justicia. Ese día no tendréis poder para resistirle, y reconoceréis vuestra propia impotencia. Tened misericordia de vosotros mismos y de aquellos que están bajo vosotros, y juzgad entre ellos de acuerdo con los preceptos prescritos por Dios en Su muy santa y exaltada Tabla, Tabla en la que Él ha asignado a todas y cada una de las cosas su medida fija, en la cual Él ha dado una explicación clara de todas las cosas, y que es en sí una advertencia para aquellos que creen en Él.
Examinad Nuestra Causa, inquirid las cosas que Nos han acontecido, decidid de forma justa entre Nosotros y Nuestros enemigos y sed de aquellos que actúan con equidad para con sus semejantes. Si no detenéis la mano del opresor, si no salvaguardáis los derechos de los oprimidos, ¿qué derecho tenéis, entonces, a vanagloriaros entre los hombres? ¿De qué podéis jactaros con justicia? ¿Acaso os enorgullecéis de vuestro alimento y vuestra bebida, de las riquezas que acumuláis en vuestros tesoros, de la diversidad y el valor de los ornamentos con que os ataviáis? Si la verdadera gloria consistiese en la posesión de tales cosas perecederas, entonces la tierra sobre la cual camináis debería necesariamente jactarse por encima de vosotros, porque os abastece de estas mismas cosas y os las confiere por decreto del Todopoderoso. En sus entrañas se contiene todo lo que poseéis, de acuerdo con lo que Dios ha ordenado. De ella obtenéis vuestras riquezas, como signo de Su misericordia. ¡Ved, entonces, vuestro estado, aquello de que os gloriáis! ¡Ojalá lo percibierais! ¡No, por Aquel que tiene en sus manos el reino de la creación entera! En ninguna parte se encuentra vuestra verdadera y perdurable gloria excepto en vuestra firme adhesión a los preceptos de Dios, vuestro cumplimiento de Sus leyes de todo corazón, vuestra resolución para cuidar de que no dejen de cumplirse y para seguir firmemente en el camino recto...
Veinte años han pasado, oh reyes, durante los cuales, día a día, hemos probado la agonía de una nueva tribulación. Ninguno de los que fueron antes que Nosotros ha soportado las cosas que Nosotros hemos soportado. ¡Ojalá pudieseis comprenderlo! Aquellos que se levantaron contra Nosotros Nos han matado, han vertido Nuestra sangre, han saqueado Nuestras propiedades y violado Nuestro honor. Aun cuando sabéis de la mayor parte de Nuestras aflicciones, sin embargo no habéis detenido la mano del agresor. ¿Pues acaso no es vuestro claro deber reprimir la tiranía del opresor y actuar equitativamente con vuestros súbditos, para que quede plenamente de manifiesto ante toda la humanidad vuestro alto sentido de la justicia?
Dios ha puesto en vuestras manos las riendas del gobierno del pueblo para que gobernéis sobre él con justicia, salvaguardéis los derechos de los oprimidos y castiguéis a los malhechores. Si descuidáis el deber que Dios os ha prescrito en Su Libro, vuestros nombres serán contados entre los de los injustos a Su vista. Craso, en verdad, será vuestro error. ¿Os aferráis a aquello que han ideado vuestras imaginaciones y dejáis de lado los mandamientos de Dios, el Más Exaltado, el Inaccesible, el que se Impone a Todo, el Todopoderoso? Abandonad las cosas que poseéis y asíos a aquello que Dios os ha ordenado observar. Buscad Su gracia, pues aquel que la busca holla Su recto Sendero...
Se aproxima el día en que Dios habrá exaltado Su Causa y magnificado Su testimonio a los ojos de todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra. En toda circunstancia, pon toda Tu confianza en Tu Señor, fija Tu mirada en Él y apártate de todos aquellos que rechazan Su verdad. Que Dios, Tu Señor, sea el Auxiliador y Asistente que te baste. Nosotros Nos hemos comprometido a asegurar Tu triunfo sobre la Tierra y a exaltar Nuestra Causa sobre todos los hombres, aunque no se encuentre ningún rey que vuelva su rostro hacia Ti.
¡Oh reyes de la Tierra! Vemos que aumentáis cada año vuestros gastos, y colocáis su carga sobre vuestros súbditos. Esto, verdaderamente, es total y gravemente injusto. Temed los suspiros y lágrimas de este Agraviado, y no coloquéis cargas excesivas sobre vuestros pueblos. No les saqueéis para levantar palacios para vosotros mismos; no, más bien, escoged para ellos aquello que escogéis para vosotros mismos. Así desplegamos ante vuestros ojos lo que os beneficia, si sólo percibierais. Vuestros pueblos son vuestro tesoro. Tened cuidado, no sea que vuestro imperio viole los mandamientos de Dios y entreguéis a los que están bajo vuestra tutela en manos del saqueador. Por ellos gobernáis, por medio de ellos subsistís, con su ayuda conquistáis. Sin embargo, ¡con cuánto desdén los miráis! ¡Cuán extraño es, cuán sumamente extraño!
Ahora que habéis rechazado la Más Grande Paz, aferraos a ésta, la Paz Menor, para que quizás podáis mejorar en cierto grado vuestra propia condición y la de quienes dependen de vosotros.
¡Oh gobernantes de la Tierra! Reconciliaos entre vosotros, para que no necesitéis más de armamentos salvo en la medida en que lo exija la protección de vuestros territorios y dominios. Cuidado, no sea que desestiméis el consejo del Omnisciente, el Fiel.
Manteneos unidos, oh reyes de la Tierra, pues con ello la tempestad de la discordia será acallada entre vosotros y vuestros pueblos encontrarán descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si uno de entre vosotros tomare armas contra otro, levantaos todos contra él, pues esto no es sino justicia manifiesta.
El Dios único y verdadero, ¡exaltada sea Su gloria!, siempre ha considerado y continuará considerando a los corazones de los hombres como Su propia y exclusiva posesión. Todo lo demás, ya pertenezca a la tierra o al mar, ya sea riqueza o gloria, Él lo ha legado a los reyes y gobernantes de la Tierra. Desde el principio que no tiene principio, el estandarte que proclama las palabras "Él hace todo lo que es Su voluntad" se ha desplegado en todo su esplendor delante de Su Manifestación. Lo que la humanidad necesita en este día es mostrar obediencia a aquellos que ejercen autoridad y fiel adhesión a la cuerda de la sabiduría. Los instrumentos que son esenciales para la protección inmediata, la seguridad y la salvaguardia de la raza humana han sido confiados a los gobernantes de la sociedad humana, y están en su poder. Éste es el deseo de Dios y Su decreto... Abrigamos la esperanza de que alguno de los reyes de la Tierra se levante, por amor a Dios, por el triunfo de este pueblo agraviado y oprimido. A tal rey se le ensalzará y glorificará eternamente. Dios ha prescrito a este pueblo el deber de ayudar a quienquiera que le ayude, servir sus mejores intereses y demostrarle lealtad perdurable. Aquellos que Me siguen deben esforzarse en todas las circunstancias para promover el bienestar de quienquiera se levante por el triunfo de Mi Causa, y deben demostrarle en todo momento devoción y fidelidad. Feliz es el hombre que escucha Mi consejo y lo observa. Ay de aquel que no cumpla con Mi deseo.
NAPOLEÓN III
¡Oh rey de París! Di a los sacerdotes que no hagan sonar más las campanas. ¡Por Dios, el Verdadero! La Más Poderosa Campana ha aparecido en la forma de Aquel que es el Más Grande Nombre, y los dedos de la Voluntad de tu Señor, el Más Exaltado, el Altísimo, la tañen en Su nombre, el Todo Glorioso, en el cielo de la Inmortalidad. Así, los poderosos versos de tu Señor te han sido enviados nuevamente para que puedas levantarte a recordar a Dios, el Creador del cielo y de la tierra, en estos días en que todas las tribus de la Tierra se han lamentado, los cimientos de las ciudades han temblado y el polvo de la irreligión ha envuelto a todos los hombres, salvo aquellos a quienes a Dios, el Omnisciente, el Todo Sabio, le ha placido eximir. Di: Aquel que es el Incondicionado ya ha llegado, en las nubes de luz, para vivificar a todas las cosas creadas con la brisa de Su Nombre, el Más Misericordioso, unificar al mundo y reunir a todos los hombres alrededor de esta Mesa que ha sido enviada desde el cielo. Cuidaos de no rechazar el favor de Dios después que os ha sido enviado. Esto es mejor para vosotros que todo lo que poseéis; pues aquello que es vuestro perece, en tanto lo que es de Dios perdura. Él, en verdad, ordena lo que Le place. Ciertamente, las brisas del perdón han soplado desde el lugar de vuestro Señor, el Dios de Misericordia; quienquiera se vuelva hacia ellas, será limpiado de sus pecados, y de todo dolor y mal. Feliz el hombre que se vuelve hacia ellas, y ay de aquel que se aparta.
Si inclinases tu oído interior a todas las cosas creadas, escucharías: "¡El Antiguo de los Días ha llegado en Su gran gloria!" Todo celebra la alabanza de su Señor. Algunos han conocido a Dios y Le recuerdan; otros Le recuerdan y, sin embargo, no Le conocen. Así hemos establecido Nuestro decreto en una Tabla claramente comprensible.
Presta oído, oh rey, a la Voz que llama desde el Fuego que arde en este verde Árbol, en este Sinaí que ha sido erigido sobre el Lugar santificado y blanco como la nieve, más allá de la Ciudad Eterna: "¡Verdaderamente, no hay otro Dios sino Yo, el que Siempre Perdona, el Más Misericordioso!" Nosotros, en verdad, hemos enviado a Aquel a Quien ayudamos con el Espíritu Santo (Jesucristo) para que os anuncie esta Luz que ha brillado desde el horizonte de la voluntad de vuestro Señor, el Más Exaltado, el Todo Glorioso, y Cuyos signos han sido revelados en Occidente. Volved vuestros rostros hacia Él (Bahá'u'lláh), en este Día que Dios ha exaltado por sobre todos los otros días, y en el cual el Todo Misericordioso ha derramado el esplendor de Su gloria resplandeciente sobre todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra. Levántate a servir a Dios y a ayudar a Su Causa. Él, ciertamente, te auxiliará con las huestes de lo visible y lo invisible, y te hará rey de todo aquello sobre lo cual se eleva el sol. Tu Señor, en verdad, es el Todopoderoso, el Omnipotente.
Las brisas del Más Misericordioso han pasado sobre todas las cosas creadas; feliz el hombre que ha descubierto su fragancia y se ha vuelto hacia ellas con un corazón sano. Atavía tu templo con el ornamento de Mi Nombre; tu lengua, con el recuerdo de Mí, y tu corazón, con el amor por Mí, el Todopoderoso, el Altísimo. Nada hemos deseado para ti excepto aquello que para ti es mejor que todo lo que posees y que todos los tesoros de la Tierra. Tu Señor, en verdad, es conocedor y está informado de todo. Levántate, en Mi nombre, entre Mis siervos, y di: "¡Oh vosotros, pueblos de la Tierra! Volveos hacia Aquel que se ha vuelto hacia vosotros. Él, ciertamente, es el Rostro de Dios en medio de vosotros, y Su Testimonio y Su Guía para vosotros. Él ha venido a vosotros con signos que nadie puede presentar". La voz de la Zarza Ardiente se ha elevado en el corazón mismo del mundo, y el Espíritu Santo llama en voz alta entre las naciones: "¡He aquí, el Deseado ha llegado con dominio manifiesto!"
¡Oh rey! Han caído las estrellas del cielo del conocimiento, aquellos que aspiran a establecer la verdad de Mi Causa mediante lo que poseen, y que hacen mención de Dios en Mi Nombre. Y sin embargo, cuando vine a ellos en mi gloria, se apartaron. Ellos, de cierto, son de los caídos. Esto es, de hecho, lo que anunció el Espíritu de Dios (Jesucristo), cuando vino a vosotros con la verdad, Aquel con Quien discutieron los doctores judíos, hasta que al fin perpetraron lo que hizo lamentarse al Espíritu Santo y brotar las lágrimas de aquellos que tienen acceso a las proximidades de Dios...
¡Oh rey! Oímos las palabras que dijiste en respuesta al zar de Rusia, en relación con la decisión que se tomó referente a la guerra (Guerra de Crimea). Tu Señor, en verdad, sabe, está informado de todo. Tú dijiste: "Yacía dormido en mi lecho, cuando el llanto de los oprimidos, que se ahogaban en el Mar Negro, me despertó." Esto es lo que te oímos decir, y, verdaderamente, tu Señor es testigo de lo que digo. Atestiguamos que lo que te despertó no fue su clamor, sino la instigación de tus propias pasiones, pues te probamos y te encontramos deficiente. Comprende el significado de Mis palabras y sé de los que disciernen. No es Nuestro deseo dirigirte palabras condenatorias, en consideración a la dignidad que Nosotros te conferimos en esta vida mortal. Nosotros, ciertamente, hemos escogido la cortesía, y hemos hecho de ella el verdadero signo de aquellos que están cerca de Él. La cortesía es, en verdad, un atavío que sienta bien a todos los hombres, ya sean jóvenes o viejos. Bienaventurado aquel que adorna su templo con ella, y ay de aquel que está privado de este gran don. Si hubieras sido sincero en tus palabras, no habrías echado a un lado el Libro de Dios cuando te fue enviado por Aquel que es el Omnipotente, el Todo Sabio. Mediante él te hemos probado, y te hemos encontrado diferente de lo que afirmabas. Levántate, y da cumplida satisfacción por lo que se te escapó. Dentro de poco, el mundo y todo lo que posees perecerá, y el reino seguirá siendo de Dios, tu Señor y Señor de tus padres de antiguo. Te incumbe no conducir tus asuntos de acuerdo con los dictados de tus deseos. Teme los suspiros de este Agraviado, y defiéndele de los dardos de aquellos que actúan injustamente.
Por lo que has hecho, sobre tu reino vendrá confusión, y tu imperio pasará de tus manos, como castigo por lo que has hecho. Entonces sabrás cuán evidentemente has errado. Los disturbios envolverán a todo el pueblo de ese país, a menos que te levantes para ayudar a esta Causa y sigas a Aquel que es el Espíritu de Dios (Jesucristo) en este sendero, el Sendero Recto. ¿Acaso tu pompa te ha vuelto orgulloso? ¡Por Mi Vida! No durará; no, pasará pronto, a menos que tú te aferres firmemente a esta recia Cuerda. Vemos la humillación apresurándose tras de ti, mientras tú eres de los negligentes. Cuando oigas Su Voz llamando desde la sede de gloria, te incumbe abandonar todo lo que posees y exclamar: "Aquí estoy, oh Señor de todo lo que hay en el cielo y todo lo que hay en la tierra!"
¡Oh rey! Estábamos en 'Iráq, cuando llegó la hora de partir. Por orden del rey del Islám (el Sultán de Turquía) dirigimos Nuestros pasos en dirección a él. A Nuestra llegada, a manos de los maliciosos Nos sucedió aquello que los libros del mundo jamás podrán relatar adecuadamente. Entonces, los moradores del Paraíso y aquellos que habitan en los retiros de santidad se lamentaron; ¡y sin embargo el pueblo está envuelto en un espeso velo!...
Nuestra situación se hacía más grave de día en día; no, más bien de hora en hora, hasta que Nos sacaron de Nuestra prisión y Nos hicieron entrar, con injusticia manifiesta, en la Más Gran Prisión...
Sabed en verdad que vuestros súbditos son el depósito de Dios entre vosotros. Guardadlos, por tanto, como os guardáis a vosotros mismos. Cuidaos de no permitir que los lobos se conviertan en pastores del rebaño, ni que el orgullo y la presunción os impidan volveros hacia los pobres y desolados. Levántate, en Mi nombre, sobre el horizonte de la renunciación, y vuelve, pues, tu rostro hacia el Reino, por orden de tu Señor, el Señor de fuerza y poder.
Adorna el cuerpo de tu reino con la vestidura de Mi nombre, y a continuación levántate a enseñar Mi Causa. Esto es mejor para ti que todo lo que posees. De este modo, Dios exaltará tu nombre entre todos los reyes. Potente es Él sobre todas las cosas. Camina entre los hombres en el nombre de Dios y por el poder de Su dominio, para que manifiestes Sus signos entre los pueblos de la Tierra...
Considerad al mundo como el cuerpo de un hombre que está afligido de diversas dolencias, y cuyo alivio depende de la armonización de todos los elementos que lo componen. Reuníos alrededor de lo que os hemos prescrito, y no caminéis por los senderos de aquellos que crean disensión. Meditad acerca del mundo y el estado de sus gentes. Aquel por Cuyo amor fue llamado a la existencia el mundo ha sido encarcelado en la más desolada de las ciudades ('Akká) a causa de lo que las manos de los descarriados han hecho. Desde el horizonte de Su ciudad-prisión, Él emplaza a toda la Humanidad a la Aurora de Dios, el Exaltado, el Grande. ¿Acaso te regocijas por las cosas que posees, sabiendo que han de perecer? ¿Te alborozas acaso porque gobiernas un trozo de tierra, cuando todo el mundo, según la estimación del pueblo de Bahá, vale tanto como la parte negra del ojo de una hormiga muerta? Déjaselo a quienes han puesto sus afectos en él, y vuélvete hacia Aquel que es el Deseo del mundo. ¿Adónde se han ido los orgullosos y sus palacios? Mira en sus tumbas, para que saques provecho de este ejemplo, pues Nosotros hicimos de él una lección para todo observador. Si se apoderaran de ti las brisas de la Revelación, huirías del mundo, te volverías hacia el Reino y gastarías todo lo que posees para aproximarte a esta sublime Visión.
ZAR ALEJANDRO II
¡Oh zar de Rusia! Inclina tu oído a la voz de Dios, el Rey, el Santo, y vuélvete hacia el Paraíso, Lugar en que mora Aquel que, entre el Concurso de lo Alto, lleva los más excelentes títulos, y Aquel a Quien, en el reino de la creación, se Le llama por el nombre de Dios, el Resplandeciente, el Todo Glorioso. Cuida de que tu deseo no te impida volverte hacia el rostro de tu Señor, el Compasivo, el Más Misericordioso. Nosotros, verdaderamente, hemos escuchado aquello por lo cual tú suplicaste a tu Señor mientras comulgabas en secreto con Él. Por lo cual, la brisa de Mi amorosa bondad sopló, el mar de Mi misericordia se agitó y te respondimos en verdad. Tu Señor, ciertamente, es el Omnisciente, el Todo Sabio. Mientras yo estaba encadenado y con grillos, uno de tus ministros Me ofreció su ayuda, por lo cual Dios ha ordenado para ti una posición que no puede comprender el conocimiento de nadie excepto Su conocimiento. Cuidado, no sea que trueques esta sublime posición... Cuida de que tu soberanía no te aparte de Aquel que es el Supremo Soberano. Él, ciertamente, ha venido con Su Reino, y todos los átomos exclaman: "¡He aquí! ¡El Señor ha llegado en su gran majestad!" Aquel que es el Padre ha llegado, y el Hijo (Jesús), en el valle santo, exclama: "¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor, mi Dios!", mientras el Sinaí gira alrededor de la Casa, y la Zarza Ardiente grita: "¡El Todo Munífico ha llegado montado sobre las nubes! Bendito aquel que se aproxima a Él, y ay de aquellos que están lejos."
Levántate en medio de los hombres en nombre de esta Causa que todo lo compele, y luego llama a las naciones hacia Dios, el Exaltado, el Grande. No seas de aquellos que llamaron a Dios por uno de Sus nombres, pero que, cuando apareció Aquel que es el Objeto de todos los nombres, Le negaron y se apartaron de Él, y, al fin, dictaron sentencia contra Él con manifiesta injusticia. Considera y recuerda los días en que apareció el Espíritu de Dios (Jesús), y Herodes dictó sentencia contra Él. Dios, sin embargo, Le ayudó con las huestes de lo invisible, Le protegió con la verdad y Le envió a otro país, de acuerdo con Su promesa. Él, verdaderamente, ordena lo que Le place. Tu Señor, de cierto, preserva a quien quiere, ya sea en medio de los mares, en las fauces de la serpiente o bajo la espada del opresor...
Nuevamente digo: Escucha Mi Voz que llama desde Mi prisión, para que te dé a conocer las cosas que le han sucedido a Mi Belleza a manos de aquellos que son las manifestaciones de Mi Gloria, y para que puedas percibir cuán grande ha sido Mi paciencia, no obstante Mi poder, y cuán inmensa Mi indulgencia, no obstante Mi fuerza. ¡Por Mi Vida! Si tan sólo pudieras conocer las cosas enviadas por Mi Pluma y descubrir los tesoros de Mi Causa y las perlas de Mis misterios que yacen ocultas en los mares de Mis nombres y en las copas de Mis palabras, tú, por amor a Mi nombre y por anhelo de Mi glorioso y sublime Reino, sacrificarías tu vida en Mi sendero. Sabe que aunque Mi cuerpo esté bajo las espadas de Mis enemigos y Mis miembros estén acosados por incalculables aflicciones, sin embargo Mi espíritu está lleno de un gozo con el cual no podrán nunca compararse todas las alegrías de la Tierra.
Dirige tu corazón hacia Aquel que es el Punto de adoración para el mundo, y di: ¡Oh pueblos de la Tierra! ¿Habéis negado a Aquel en Cuyo sendero sufrió martirio, el que vino con la verdad, trayendo el anuncio de vuestro Señor, el Exaltado, el Grande? Di: Éste es un Anuncio en el cual se han regocijado los corazones de los Profetas y Mensajeros. Éste es Aquel a Quien recuerda el corazón del mundo y el que está prometido en los Libros de Dios, el Poderoso, el Todo Sabio. Las manos de los Mensajeros, en su deseo de encontrarme, se elevaron hacia Dios, el Poderoso, el Glorificado... Algunos se lamentaron en su separación de Mí, otros soportaron dificultades en Mi sendero, y aun otros sacrificaron sus vidas por amor a Mi Belleza, si pudieseis saberlo. Di: Yo, verdaderamente, no he buscado ensalzar Mi Propio Ser, sino más bien a Dios Mismo, si juzgaseis imparcialmente. Nada puede verse en Mí excepto Dios y Su Causa, si pudierais percibirlo. Yo soy Aquel a Quien la lengua de Isaías ha ensalzado, Aquel con Cuyo nombre fueron adornados la Torá y el Evangelio... Bendito el rey cuya soberanía no le ha apartado de su Soberano y se ha vuelto hacia Dios con su corazón. Él, ciertamente, se cuenta entre aquellos que han alcanzado lo que ha sido la voluntad de Dios, el Poderoso, el Todo Sabio. Dentro de poco, tal rey se contará entre los monarcas de los dominios del Reino. Tu Señor es, en verdad, potente sobre todas las cosas. Él da lo que quiere a quienquiera Él desea, y retiene lo que Le place a quienquiera Él desea. Él, verdaderamente, es el Omnipotente, el Todopoderoso.
REINA VICTORIA
¡Oh reina de Londres! Inclina tu oído a la voz de tu Señor, el Señor de toda la humanidad, que llama desde el Divino Árbol del Loto: ¡Verdaderamen-te, no hay Dios sino Yo, el Todopoderoso, el Todo Sabio! Abandona todo lo que hay en la Tierra y atavía la cabeza de tu reino con la corona del recuerdo de tu Señor, el Todo Glorioso. Él, en verdad, ha venido al mundo en Su más grande gloria, y todo lo que ha sido mencionado en el Evangelio se ha cumplido. La tierra de Siria ha sido honrada por los pasos de su Señor, el Señor de todos los hombres, y el Norte y el Sur están ambos embriagados con el vino de Su presencia. Bendito el hombre que ha inhalado la fragancia del Más Misericordioso y se ha vuelto hacia el Punto del Amanecer de Su Belleza en esta resplandeciente Aurora. La Mezquita de Aqsá vibra con las brisas de su Señor, en tanto que Bathá (La Meca) tiembla ante la voz de Dios, el Exaltado, el Altísimo, tras lo cual todas y cada una de las piedras de ambas celebran la alabanza del Señor mediante este Gran Nombre.
Deja a un lado tu deseo y dirige tu corazón hacia tu Señor, el Antiguo de los Días. Hacemos mención de ti por amor de Dios, y deseamos que tu nombre sea exaltado por medio de tu recuerdo de Dios, el Creador del cielo y de la tierra. Él, ciertamente, es testigo de lo que digo. Hemos sido informados de que tú has prohibido el comercio de esclavos, tanto de hombres como de mujeres. Esto, en verdad, es lo que Dios ha ordenado en esta maravillosa Revelación. Dios, verdaderamente, ha destinado una recompensa para ti, debido a esto. Él, ciertamente, pagará al que hace el bien la retribución debida, si siguieras lo que te ha sido enviado por Aquel que es el Omnisapiente, el Informado de Todo. En cuanto a aquel que se aparta y se hincha de orgullo después de que las evidentes señales del Revelador de los signos haya venido a él, Dios convertirá su labor en nada. Él, en verdad, tiene poder sobre todas las cosas. Las acciones del hombre son aceptables después de que haya reconocido (a la Manifestación). Aquel que se aparta del Verdadero es de hecho la más velada de Sus criaturas. Así ha sido decretado por Aquel que es el Todopoderoso, el Omnipotente.
También hemos oído que tú has confiado las riendas del consejo en manos de los representantes del pueblo. Tú, por cierto, has hecho bien, pues con ello se reforzarán los cimientos del edificio de tus asuntos y se apaciguarán los corazones de todos los que están bajo tu sombra, sean altos o humildes. Sin embargo, les incumbe ser dignos de confianza entre Sus siervos y considerarse representantes de todos los que habitan la Tierra. Esto es lo que les aconseja, en esta Tabla, Aquel que es el Gobernante, el Omnisciente... Bendito aquel que entra en la asamblea por amor a Dios y juzga entre los hombres con justicia pura. Él, de hecho, es de los bienaventurados...
Vuélvete a Dios y di: ¡Oh mi Soberano Señor! No soy sino una vasalla Tuya, y Tú eres, en verdad, el Rey de reyes. He elevado mis manos suplicantes hacia el cielo de Tu gracia y de Tus dádivas. Derrama, pues, sobre mí desde las nubes de Tu generosidad aquello que me libre de todo salvo de Ti y me acerque a Ti. Te imploro, oh mi Señor, por Tu nombre, que Tú has convertido en el rey de los nombres, y en Tu manifestación ante todos los que están en el cielo y en la tierra, que destruyas los velos que se han interpuesto entre mí y mi reconocimiento del Lugar del Amanecer de Tus signos y la Aurora de Tu Revelación. Tú eres, verdaderamente, el Todopoderoso, el Omnipotente, el Todo Munífico. No me prives, oh mi Señor, de la fragancia del Manto de Tu misericordia en Tus días, y ordena para mí lo que Tú has ordenado para Tus siervas que han creído en Ti y en Tus signos, Te han reconocido y han dirigido sus corazones hacia el horizonte de Tu Causa. Tú eres en verdad el Señor de los mundos y el Más Misericordioso de quienes muestran misericordia. Ayúdame, pues, oh mi Señor, a recordarte en medio de Tus siervas y a auxiliar a Tu Causa en Tus países. Acepta, por tanto, aquello que se me escapó cuando brilló la luz de tu semblante. Tú, desde luego, tienes poder sobre todas las cosas. Gloria sea a Ti, oh Tú en Cuya mano está el reino de los cielos y de la tierra.
KÁISER GUILLERMO I
¡Oh rey de Berlín! Presta oído a la Voz que llama desde este manifiesto Templo: Verdaderamente no hay otro Dios sino Yo, el Eterno, el Sin Par, el Antiguo de los Días. Pon atención, no sea que el orgullo te impida reconocer la Aurora de la Revelación Divina, o que los deseos terrenales te oculten, como por un velo, del Señor del Trono que está en lo alto y de la tierra que está abajo. Así te aconseja la Pluma del Altísimo. Él, ciertamente, es el Más Clemente, el Todo Munífico. ¿Recuerdas a aquel cuyo poder excedía al tuyo (Napoleón III) y cuya posición sobrepasaba a la tuya? ¿Dónde está? ¿Adónde se han ido las cosas que poseía? Date por avisado y no seas de los que están profundamente dormidos. Él fue quien echó a un lado la Tabla de Dios cuando Nosotros le dimos a conocer lo que las huestes de tiranía Nos habían hecho sufrir; por lo cual, la desgracia le acosó de todos lados, y él, en una gran pérdida, se transformó en polvo. Piensa detenidamente, oh rey, en él y en aquellos que, como tú, han conquistado ciudades y gobernado sobre los hombres. El Todo Misericordioso les bajó de sus palacios a sus tumbas. Estáte sobre aviso, sé de aquellos que reflexionan... ¡Oh orillas del Rin! Os hemos visto cubiertas de sangre, por cuanto las espadas del castigo merecido fueron desenvainadas contra vosotras; y tendréis una segunda pasada. Y Nosotros oímos las lamentaciones de Berlín, aunque hoy disfrute de manifiesta gloria.
EMPERADOR FRANCISCO JOSÉ
¡Oh emperador de Austria! Aquel que es la Aurora de la Luz de Dios habitaba en la prisión de 'Akká, cuando tú te dispusiste a visitar la Mezquita de Aqsá (Jerusalén). Tú pasaste de largo y no te informaste acerca de Aquel por el Cual toda casa es exaltada y toda puerta imponente abierta. Nosotros, ciertamente, hicimos de ella (de Jerusalén) un lugar a donde todo el mundo debe volverse, para que Me recuerden, y sin embargo tú rechazaste a Aquel que es Objeto de este recuerdo cuando Él apareció con el Reino de Dios, tu Señor y Señor de los mundos. Hemos estado contigo en todo momento y te hemos encontrado aferrándote a la Rama y no prestando atención a la Raíz. Tu Señor, ciertamente, es testigo de lo que digo. Nos afligió verte andar alrededor de Nuestro Nombre, y al mismo tiempo no ser consciente de Nosotros, aun cuando estábamos ante tu rostro. Abre tus ojos, para que puedas ver esta gloriosa Visión, reconocer a Aquel a Quien tú invocas de día y de noche y contemplar la Luz que brilla sobre este luminoso Horizonte.
SULTÁN 'ABDU'L-'AZÍZ
Escucha, oh rey, las palabras de Aquel que dice la verdad, que no te pide que Le recompenses con las cosas que Dios ha decidido conferirte, que, infaliblemente, holla el recto Sendero. Él es Quien te llama ante Dios, tu Señor, Quien te muestra el rumbo correcto, el camino que lleva a la verdadera felicidad, para que quizás seas de aquellos a quienes les irá bien.
Ten cuidado, oh rey, no te rodees de aquellos ministros que siguen los deseos de una inclinación corrupta, que han hecho caso omiso de aquello que se les ha confiado y han traicionado manifiestamente sus responsabilidades. Sé generoso con los demás como generoso ha sido Dios contigo, y no dejes los intereses de tu pueblo a merced de ministros como éstos. No eches a un lado al temor a Dios, y sé de los que obran con rectitud. Rodéate de ministros de quienes puedas percibir las fragancias de la fe y de la justicia, pídeles consejo, escoge lo que sea mejor a tu vista, y sé de aquellos que obran con generosidad.
Sabe de cierto que quienquiera que no crea en Dios no es digno de confianza ni veraz. Esto es de hecho la verdad, la indudable verdad. Quien obra con traición hacia Dios obrará también con traición hacia su rey. Nada puede apartar a este hombre del mal, nada puede impedirle traicionar a su prójimo, nada puede inducirle a actuar con rectitud.
Pon atención para no entregar las riendas de los asuntos de tu estado en manos de otros, no otorgues tu confianza a ministros indignos de ella, y no seas de aquellos que viven negligentemente. Evita a aquellos cuyos corazones se han apartado de ti, no pongas tu confianza en ellos ni les confíes tus asuntos ni los asuntos de los que profesan tu fe. Está alerta, no sea que permitas que el lobo se convierta en pastor del rebaño de Dios, y no abandones el destino de Sus amados a merced de los malvados. No esperes que aquellos que violan las ordenanzas de Dios sean veraces o sinceros en la fe que profesan. Evítales y mantén guardia estricta en torno a ti, no sea que sus maquinaciones y maldades te dañen. Apártate de ellos y fija tu mirada en Dios, tu Señor, el Todo Glorioso, el Más Generoso. Aquel que se entrega por completo a Dios, Dios, ciertamente, estará con él; y aquel que pone toda su confianza en Dios, verdaderamente Dios le protegerá de todo lo que pueda dañarle y le guardará de la iniquidad de todo aquel que conspire con maldad.
Si prestaras oído a Mis palabras y siguieras Mi consejo, Dios te exaltaría a tan eminente posición que los designios de ningún hombre sobre la Tierra podrán jamás tocarte ni lastimarte. Observa, oh rey, con lo más íntimo de tu corazón y con todo tu ser, los preceptos de Dios, y no camines por las sendas del opresor. Toma las riendas de los asuntos de tu pueblo y sostenlas firmes en la mano de tu poder, y examina personalmente cualquier cosa que les concierna. Que nada se te escape, pues en ello está el bien supremo.
Da gracias a Dios por haberte escogido a ti entre todo el mundo y por haberte hecho rey de aquellos que profesan tu fe. Te corresponde apreciar los maravillosos favores con que Dios te ha favorecido y magnificar continuamente Su nombre. Le alabarás de la mejor manera si amas a Sus amados y resguardas y proteges a Sus siervos de la maldad de los pérfidos, para que nadie los siga oprimiendo. Debes, además, levantarte a hacer cumplir la ley de Dios entre ellos, para que seas de aquellos que están firmemente establecidos en Su ley.
Si tú hicieras que ríos de justicia difundieran sus aguas entre tus súbditos, Dios de seguro te ayudaría con las huestes de lo visible y de lo invisible, y te fortalecería en tus asuntos. No hay Dios sino Él. Toda la creación y su imperio son Suyos. A Él vuelven las obras de los fieles.
No pongas tu confianza en tus tesoros. Pon toda tu fe en la gracia de Dios, tu Señor. Que Él sea tu confianza en todo lo que hagas, y sé de aquellos que se han sometido a Su Voluntad. Deja que Él sea tu auxiliador y enriquécete con Sus tesoros, pues suyos son los tesoros de los cielos y de la tierra. Él los concede a quien quiere, y a quien quiere se los retira. No hay otro Dios sino Él, el Poseedor de Todo, el Todo Alabado. Ninguno somos sino indigentes a la puerta de Su misericordia; todos somos impotentes ante la revelación de Su soberanía e imploramos Sus favores.
No sobrepases los límites de la moderación, y trata con justicia a aquellos que te sirven. Dales según sus necesidades, pero no hasta el punto de que ello les permita acumular riquezas, engalanarse, embellecer sus hogares, adquirir cosas que no les son de ningún beneficio y ser contados entre los extravagantes. Trátales con recta justicia, de modo que ninguno entre ellos sufra necesidades ni se vea mimado con lujos. Esto no es sino justicia manifiesta.
No permitas que el abyecto gobierne y domine a aquellos que son nobles de corazón y merecedores de honor, y no dejes que los magnánimos estén a merced de los despreciables y los inútiles, pues esto es lo que Nosotros observamos a Nuestra llegada a la Ciudad (Constantinopla), y de ello Nosotros somos testigos. Encontramos entre sus habitantes algunos que poseían una gran fortuna y vivían entre excesivas riquezas, en tanto que otros subsistían en medio de una horrible necesidad y en la mayor miseria. Esto es impropio de tu soberanía e indigno de tu rango.
Acepta mi consejo y esfuérzate por gobernar con equidad entre los hombres, para que Dios exalte tu nombre y divulgue la reputación de tu justicia por todo el mundo. Ten cuidado, no sea que engrandezcas a tus ministros a expensas de tus súbditos. Teme los suspiros de los pobres y los rectos de corazón, que al amanecer de cada día deploran su condición, y sé para con ellos un soberano benigno. Ellos, en verdad, son tus tesoros sobre la Tierra. Te atañe, por tanto, proteger tus tesoros de los asaltos de aquellos que desean saquearte. Interésate por sus asuntos e indaga cada año, no, más aún, cada mes, su situación, y no seas de aquellos que son negligentes con sus deberes.
Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios y, como si estuvieras en Su Presencia, pesa tus acciones en esa Balanza cada día, cada momento de tu vida. Pídete cuentas a ti mismo antes que seas llamado a rendirlas en el Día en que ningún hombre tendrá fuerza para sostenerse por temor a Dios, en que se hará que los corazones de los negligentes se estremezcan.
Incumbe a todo rey ser tan generoso como el sol, que favorece el crecimiento de todos los seres y da a cada uno lo que merece, cuyos beneficios no le son inherentes de por sí, sino que son ordenados por Aquel que es el Más Poderoso, el Omnipotente. El rey debería ser tan generoso, tan munífico en su misericordia, como las nubes, que derraman las efusiones de su generosidad sobre todas las tierras por mandato de Aquel que es el Supremo Ordenador, el que Todo lo Sabe.
Ten cuidado de no confiar los asuntos de estado enteramente en manos de otro. Nadie puede cumplir tus funciones mejor que tú mismo. Así te aclaramos Nuestras palabras de sabiduría y te enviamos aquello que te permitirá pasar de la siniestra de la opresión a la diestra de la justicia y aproximarte al resplandeciente océano de Sus favores. Así es el sendero que los reyes que hubo antes que tú han hollado, aquellos que actuaron equitativamente con sus súbditos y caminaron por los senderos de la justicia recta.
Tú eres la sombra de Dios en la Tierra. Por lo tanto, esfuérzate por actuar de manera tal que sea digna de una posición tan eminente y augusta. Si dejas de seguir las cosas que hemos hecho descender sobre ti y te hemos enseñado, ciertamente menoscabarás este grande e inapreciable honor. Vuelve, pues, y aférrate enteramente a Dios, limpia tu corazón del mundo y todas sus vanidades, y no permitas que el amor de un extraño entre y more en él. Mientras no hayas purificado tu corazón de todo vestigio de ese amor, el brillo de la luz de Dios no podrá derramar su resplandor sobre él, porque Dios no ha dado a nadie más que un solo corazón. Verdaderamente, esto ha sido decretado y escrito en Su antiguo Libro. Y ya que el corazón humano, tal y como ha sido modelado por Dios, es uno e indiviso, te incumbe cuidar que su afecto sea también uno e indiviso. Aférrate, por tanto, con todo el afecto de tu corazón a Su amor, y apártalo del amor de cualquier otro excepto Él, para que Él te ayude a sumergirte en el océano de Su unidad y te permita llegar a ser un verdadero defensor de Su unicidad. Dios es Mi Testigo. Mi único propósito al revelarte estas palabras es santificarte de las cosas transitorias de la Tierra y ayudarte a entrar en el reino de gloria sempiterna, para que, con permiso de Dios, seas de los que moran y gobiernan allí...
Que tu oído esté atento, oh rey, a las palabras que te hemos dirigido. Haz que el opresor desista de su tiranía y separa a los perpetradores de injusticia de aquellos que profesan tu fe. ¡Por la rectitud de Dios! Las tribulaciones que hemos soportado son tales, que cualquier pluma que las narre no puede sino verse abrumada por la angustia. Ninguno de aquellos que creen de verdad en la unidad de Dios y la defienden puede soportar el peso de su narración. Tan grandes han sido Nuestros sufrimientos, que hasta los ojos de Nuestros enemigos han llorado por Nosotros, y además de ellos, los de toda persona perspicaz. Y hemos sido sometidos a todas estas pruebas, a pesar de habernos acercado a ti y de exhortar al pueblo a ponerse bajo tu sombra, para que seas una fortaleza para los que creen en la unidad de Dios y la defienden.
¿Acaso alguna vez, oh rey, te he desobedecido? ¿He infringido, en alguna ocasión, cualquiera de tus leyes? ¿Puede alguno de los ministros que te representaban en 'Iráq presentar alguna prueba que demuestre mi deslealtad hacia ti? ¡No, por Aquel que es el Señor de todos los mundos! Ni por un breve instante Nos rebelamos contra ti ni contra ninguno de tus ministros. Si Dios quiere, nunca Nos sublevaremos contra ti, aunque se nos someta a pruebas más severas que ninguna de las que hemos sufrido en el pasado.
De día y de noche, al atardecer y por la mañana, oramos a Dios por ti, para que bondadosamente te ayude a ser obediente a Él y a observar Su mandamiento, para que te proteja de las huestes de los malvados. Haz, por tanto, como te plazca y trátanos como corresponda a tu posición
y sea digno de tu soberanía. No olvides la ley de Dios en todo lo que desees lograr ahora o en los días por venir. Di: ¡Alabado sea Dios, el Señor de todos los mundos!
NÁSIRI'D-DÍN SHÁH
¡Oh rey! Yo no era más que un hombre como los demás; dormía en Mi lecho, cuando he aquí, las brisas del Todo Glorioso soplaron sobre Mí y Me enseñaron el conocimiento de todo lo que ha sido. Esto no es de Mí, sino de Uno que es Todopoderoso y Omnisciente. Y Él Me ordenó elevar Mi voz entre la tierra y el cielo, y por esto Me aconteció lo que ha hecho correr las lágrimas de todo hombre de entendimiento. La erudición corriente entre los hombres no la estudié; en sus escuelas Yo no entré. Pregunta en la ciudad donde habitaba, para que puedas estar bien seguro de que Yo no soy de aquellos que hablan con falsedad. Ésta no es sino una hoja que los vientos de la voluntad de tu Señor, el Todopoderoso, el Todo Alabado, han movido. ¿Puede estarse quieta cuando soplan los vientos tempestuosos? ¡No, por Aquel que es el Señor de todos los Nombres y Atributos! Ellos la mueven de acuerdo con sus cambios de dirección. Lo efímero es como nada ante Aquel que es el que Siempre Perdura. Su llamamiento que se impone a todo Me ha alcanzado, y Me ha hecho declarar Su alabanza entre todos los pueblos. De hecho, yo estaba como muerto cuando se pronunció Su orden. La mano de la voluntad de tu Señor, el Compasivo, el Misericordioso, Me transformó. ¿Puede alguien decir por su propia voluntad aquello por lo cual todos los hombres, tanto los de alto rango como los humildes, han de protestar contra él? Nadie, por Aquel que enseñó a la Pluma los misterios eternos, salvo aquel a quien la gracia del Todopoderoso, el Omnipotente, ha fortalecido. La Pluma del Altísimo se dirige a Mí diciéndome: "No temas. Relata a Su Majestad el Sháh lo que te ha acontecido. Su corazón, ciertamente, está entre los dedos de tu Señor, el Dios de Misericordia, de modo que quizás el sol de la justicia y munificencia brille sobre el horizonte de su corazón." Así ha sido irrevocablemente fijado el decreto por Aquel que es el Todo Sabio.
Mira a este Joven, oh rey, con los ojos de la justicia; juzga, luego, con verdad respecto a lo que Le ha acontecido. De cierto, Dios te ha hecho Su sombra en medio de los hombres y el signo de Su poder para todos los que habitan la Tierra. Juzga entre Nosotros y aquellos que Nos han agraviado sin prueba y sin un libro iluminador. Aquellos que te rodean te aman por sus propios intereses, en tanto que este Joven te ama por tu propio interés, y no ha tenido deseo alguno excepto acercarte a la sede de gracia y volverte hacia la diestra de la justicia. Tu Señor es testigo de lo que afirmo.
¡Oh rey! Si inclinases tu oído al chirrido de la Pluma de Gloria y al arrullo de la Paloma de la Eternidad que, en las ramas del Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso, proclama alabanzas a Dios, Hacedor de todos los nombres y Creador del cielo y de la tierra, alcanzarías una posición desde la cual nada verías en el mundo del ser sino el resplandor del Adorado, considerarías tu soberanía como la más despreciable de tus posesiones, la abandonarías a quienquiera la desease y dirigirías tu rostro hacia el Horizonte encendido con la luz de Su semblante. Y tampoco querrías llevar nunca la carga del dominio salvo con el propósito de ayudar a tu Señor, el Exaltado, el Altísimo. Entonces, el Concurso de lo alto te bendeciría. ¡Oh, cuán excelente es esta muy sublime posición, si pudieras ascender a ella mediante el poder de una soberanía que se reconociera como proveniente del Nombre de Dios!...
¡Oh rey de la época! Los ojos de estos refugiados se han vuelto hacia la misericordia del Más Misericordioso y se han quedado fijos en ella. Sin duda alguna, a estas tribulaciones les seguirán las efusiones de una misericordia suprema, y a estas terribles adversidades les sucederá una desbordante prosperidad. Sin embargo, Nosotros desearíamos de corazón que Su Majestad el Sháh examinase estos asuntos por sí mismo y trajese esperanza a los corazones. Aquello que Nosotros hemos sometido a tu Majestad es de hecho para tu máximo bien. Y Dios, ciertamente, es suficiente testigo de lo que digo...
Ojalá tú me permitieses, oh Sháh, enviarte aquello que reconfortara los ojos, tranquilizara las almas y persuadiera a toda persona imparcial de que Él posee el conocimiento del Libro... Si no hubiera sido por el rechazo de los necios y la connivencia de los religiosos, habría pronunciado un discurso que habría estremecido los corazones y los habría llevado a un reino del susurro de cuyos vientos puede oírse: "¡No hay Dios sino Él!"...
En el sendero de Dios he visto, oh Sháh, lo que ningún ojo ha visto ni ningún oído ha percibido... ¡Cuán numerosas las tribulaciones que han llovido, y pronto han de llover, sobre Mí! Avanzo con Mi rostro dirigido hacia Aquel que es el Todopoderoso, el Todo Munífico, en tanto que tras de Mí repta la serpiente. Mis ojos han vertido tantas lágrimas, que Mi cama se ha empapado. Sin embargo, no Me aflijo por Mí Mismo. ¡Por Dios! Mi cabeza anhela la lanza por amor de su Señor. No paso un árbol sin que Mi corazón se dirija a él diciendo: "¡Ojalá fueses derribado en Mi nombre y Mi cuerpo fuera crucificado sobre ti en el sendero de Mi Señor!"... ¡Por Dios! Aun cuando la fatiga Me venza, el hambre Me consuma, la roca desnuda sea Mi lecho y Mis compañeros las bestias del campo, no Me quejaré, sino que lo soportaré pacientemente, como pacientemente han soportado aquellos dotados de constancia y firmeza, mediante el poder de Dios, Rey Eterno y Creador de las naciones, y daré gracias a Dios en todas las situaciones. Oramos para que Él, por Su munificencia (exaltado sea Él) libere, mediante este encarcelamiento, los cuellos de los hombres de cadenas y trabas, y les haga volverse, con rostros sinceros, hacia Su Rostro, que es el Poderoso, el Munífico. Dispuesto está Él a responder a quienquiera le llame, y cerca está Él de aquellos que con Él comulgan.
A LOS GOBERNANTES
DE AMÉRICA
Escuchad, oh gobernantes de América y presidentes de sus repúblicas, lo que la Paloma gorjea sobre la Rama de la Eternidad: No hay otro Dios sino Yo, el que Siempre Perdura, el Perdonador, el Todo Munífico. Adornad el templo del dominio con el ornamento de la justicia y del temor de Dios, y su cabeza con la corona del recuerdo de vuestro Señor, el Creador de los cielos. Así os aconseja Aquel que es la Aurora de los Nombres, como ha ordenado Aquel que es el Omnisciente, el Todo Sabio. El Prometido ha aparecido en esta glorificada Posición, por lo cual se han regocijado todos los seres, tanto los visibles como los invisibles. Aprovechaos del Día de Dios. Ciertamente, encontrarle es mejor para vosotros que todo aquello sobre lo cual brilla el sol, si sólo lo supierais. ¡Oh concurso de gobernantes! Prestad oído a lo que se ha elevado desde la Aurora de Grandeza: Verdaderamente, no hay otro Dios sino Yo, el Señor de la Prolación, el Omnisapiente. Atad a los quebrantados con las manos de la justicia, y aplastad al opresor que crece rápidamente con la vara de los mandamientos de vuestro Señor, el Ordenador, el Todo Sabio.
A LOS REPRESENTANTES ELEGIDOS DEL PUEBLO EN TODOS LOS PAÍSES
¡Oh vosotros, representantes elegidos del pueblo en todos los países! Reuníos a deliberar, y que vuestro único interés sea lo que beneficie a la humanidad y mejore su condición, si sois de los que analizan con atención. Considerad al mundo como el cuerpo humano que, aunque en el momento de su creación estaba completo y era perfecto, se ha visto afligido, por causas diversas, con graves trastornos y enfermedades. Ni un solo día logró alivio; no, más bien su dolencia se agravó, pues cayó en manos de médicos ignorantes que daban rienda suelta a sus deseos personales y han errado gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un médico hábil, un miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto seguía enfermo, como antes. Así os informa el Omnisciente, el Todo Sabio.
Lo vemos, en este día, a merced de gobernantes tan embriagados de orgullo, que no pueden discernir claramente lo que más les conviene a ellos mismos, cuanto menos aún reconocer una Revelación tan desconcertante y sugestiva como ésta. Y cuando alguno de ellos se ha esforzado por mejorar su condición, su motivo ha sido su propio provecho, lo haya declarado o no; y la indignidad de este motivo ha limitado su poder para curar y sanar.
Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso instrumento para la curación del mundo entero es la unión de todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe común. Esto de ningún modo puede lograrse excepto por el poder de un Médico hábil, todopoderoso e inspirado. Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error...
LLAMAMIENTO A LOS
DIRIGENTES RELIGIOSOS
DEL MUNDO
COLECTIVAMENTE
¡Oh dirigentes de la religión! No peséis el Libro de Dios con las normas y ciencias que son corrientes entre vosotros, pues el propio Libro es la balanza infalible instaurada entre los hombres. En esta, la más perfecta balanza, debe pesarse todo lo que poseen los pueblos y razas de la Tierra, en tanto que la medida de su peso deberá ser comprobada de acuerdo con sus propias normas, si sólo lo supierais.
El ojo de Mi amorosa bondad llora amargamente por vosotros, por cuanto no habéis reconocido a Aquel a Quien habéis estado llamando de día y de noche, al atardecer y por la mañana. Avanzad, oh gentes, con rostros de nívea blancura y corazones radiantes, hacia el bendito Punto carmesí, desde donde llama el Sadratu'l-Muntahá: "¡Verdaderamente, no hay otro Dios excepto Yo, el Protector Omnipotente, el que Subsiste por Sí Mismo!"
¡Oh vosotros, dirigentes de la religión! ¿Quién es el hombre entre vosotros que puede competir conmigo en visión o discernimiento? ¿Dónde se encuentra quien se atreva a sostener que es Mi igual en palabra o en sabiduría? ¡No, por mi Señor, el Todo Misericordioso! Todo lo que hay sobre la Tierra perecerá; y ésta es la faz de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Bienamado.
Hemos decretado, oh gentes, que el fin más alto y último de toda erudición sea el reconocimiento de Aquel que es el Objeto de todo conocimiento; y sin embargo, reflexionad cómo habéis permitido que vuestro saber os haya ocultado, como por un velo, de Aquel que es la Aurora de esta Luz, por medio del Cual ha sido revelada toda cosa oculta. Si sólo pudierais descubrir la fuente desde donde se difunde el esplendor de esta aseveración, abandonaríais a los pueblos del mundo y todo lo que ellos poseen y os acercaríais a esta la más bendita Sede de gloria.
Di: Éste es, verdaderamente, el cielo en el cual se atesora el Libro Madre, si sólo pudierais comprenderlo. Él es Quien ha hecho que la Roca clame, y que la Zarza Ardiente eleve su voz sobre el Monte que se alza sobre la Tierra Santa y proclame: "¡El Reino es de Dios, el soberano Señor de todo, el Omnipotente, el Amoroso!"
Nosotros no hemos asistido a ninguna escuela ni hemos leído ninguna de vuestras disertaciones. Prestad oídos a las palabras de este Iletrado, con las cuales os llama hacia Dios, el que Siempre Perdura. Esto es mejor para vosotros que todos los tesoros de la Tierra, si sólo lo comprendierais.
¡Oh Concurso de religiosos! Cuando se enviaron Mis versos y se manifestaron Mis claros signos, Nosotros os encontramos tras los velos. Esto, en verdad, es una cosa extraña... Nosotros hemos rasgado los velos. Cuidad de que no ocultéis al pueblo con otro velo más. Romped las cadenas de las vanas imaginaciones, en el nombre del Señor de todos los hombres, y no seáis de los falsos. Si os volvéis hacia Dios y abrazáis Su Causa, no propaguéis el desorden dentro de ella ni midáis el Libro de Dios con vuestros deseos egoístas. Éste, verdaderamente, es el consejo de Dios, en el pasado y en el futuro... Si hubieseis creído en Dios cuando Él se reveló a Sí Mismo, el pueblo no se hubiera apartado de Él, ni Nos hubieran sucedido las cosas que presenciáis hoy día. Temed a Dios y no seáis de los negligentes... Ésta es la Causa que ha hecho temblar a todas vuestras supersticiones e ídolos... ¡Oh concurso de religiosos! Cuidado, no sea que seáis causa de disensión en la Tierra, del mismo modo que fuisteis el motivo del rechazo de la Fe en sus primeros días. Reunid al pueblo en torno de esta Palabra que ha hecho que los guijarros exclamen: "¡El Reino es de Dios, el Punto de Amanecer de todos los signos!"... Desgarrad los velos de tal manera que los moradores del Reino oigan cómo se rasgan. Éste es el mandamiento de Dios, en los días pasados y para aquellos por venir. Bendito el hombre que observa aquello que se le ha ordenado, y ay de los negligentes...
Hasta cuándo, oh concurso de religiosos, apuntaréis con las lanzas del odio a la faz de Bahá? Refrenad vuestras plumas. He aquí, la Más Sublime Pluma habla entre el cielo y la tierra. Temed a Dios y no sigáis vuestros deseos, que han alterado la faz de la creación. Purificad vuestros oídos para que puedan escuchar la Voz de Dios. ¡Por Dios! Es como un fuego que consume los velos, y como agua que lava las almas de todos los que están en el universo...
Oh concurso de religiosos! ¿Puede alguno de vosotros competir con el Joven Divino en el terreno de la sabiduría y prolación, o remontarse con Él en el cielo del significado y la explicación internos? ¡No, por Mi Señor, el Dios de misericordia! Todos se han desmayado en este Día ante la Palabra de tu Señor. Ellos están como muertos y sin vida, excepto aquel a quien tu Señor, el Todopoderoso, el Irrestringido, ha querido eximir. Tal persona es de hecho de aquellos dotados de conocimiento a la vista de Aquel que es el que Todo lo Sabe. Los habitantes del Paraíso y los moradores de los sagrados Apriscos le bendicen al atardecer y al amanecer. ¿Puede uno que tiene piernas de madera resistirse a aquel cuyos pies ha hecho Dios de acero? ¡No, por Aquel que ilumina a toda la creación!
Cuando observamos cuidadosamente, descubrimos que Nuestros enemigos son, en su mayoría, los religiosos... Entre la gente hay quienes dijeron: "Él ha repudiado a los religiosos". Di: "¡Sí, por Mi Señor! ¡Yo, ciertamente, fui Aquel que abolió los ídolos!"... Nosotros, en verdad, hemos hecho sonar la Trompeta, que es Nuestra Más Sublime Pluma, y he aquí, los religiosos y los eruditos, los doctores y los gobernantes, se desmayaron excepto aquellos a quienes Dios preservó, como muestra de Su gracia, y Él, verdaderamente, es el Todo Munífico, el Antiguo de los Días...
¡Oh concurso de religiosos! Apartad las ociosas fantasías e imaginaciones, y volveos, luego, hacia el Horizonte de la Certeza. ¡Juro por Dios! Nada de lo que poseéis os beneficiará, ni todos los tesoros de la Tierra, ni el liderazgo que habéis usurpado. Temed a Dios, y no seáis de los perdidos... Di: ¡Oh concurso de religiosos! Dejad de lado todos vuestros velos y envolturas. Prestad oído a aquello a que os llama la Más Sublime Pluma, en este maravilloso Día... El mundo está cargado de polvo en razón de vuestras vanas imaginaciones, y los corazones de aquellos que gozan de proximidad a Dios están inquietos a causa de vuestra crueldad. Temed a Dios, y sed de aquellos que juzgan con equidad.
¡Oh vosotros, los puntos de amanecer del conocimiento! Cuidad para que no os permitáis cambiar, pues como cambiéis, la mayoría de los hombres, igualmente, cambiará. Esto, ciertamente, es una injusticia para con vosotros mismos y para con otros... Sois como un manantial. Si cambia, así cambiarán las corrientes que brotan de él. Temed a Dios, y contaos entre los piadosos. De igual manera, si el corazón del hombre se corrompe, sus extremidades también se corromperán. Y de modo similar, si la raíz de un árbol se corrompe, sus ramas, sus renuevos, sus hojas y sus frutos se corromperán.
¡Oh concurso de religiosos! Sed imparciales, os lo pido por Dios, y no invalidéis la Verdad con las cosas que poseéis. Examinad lo que os hemos enviado con verdad. Ello, verdaderamente, os ayudará y os acercará a Dios, el Poderoso, el Grande. Considerad y recordad cómo cuando apareció Mahoma, el Apóstol de Dios, la gente Le negó. Le atribuyeron lo que hizo que el Espíritu (Jesús) se lamentara en Su Muy Sublime Posición, y el Espíritu Fiel clamara. Considerad, además, las cosas que les sucedieron a los Apóstoles y Mensajeros de Dios antes de Él, a causa de lo que las manos de los injustos han hecho. Nosotros hacemos mención de vosotros por amor a Dios, os recordamos Sus signos y os anunciamos las cosas ordenadas para aquellos que están cerca de Él en el muy sublime Paraíso y en el Cielo supremo, y Yo, verdaderamente, soy el Anunciador, el Omnisciente. Él ha venido para vuestra salvación, y ha soportado tribulaciones para que podáis ascender, por la escalera de la prolación, a la cima del entendimiento... Examinad con honradez y justicia aquello que se ha enviado. Ello, ciertamente, os exaltará por medio de la verdad, os hará ver las cosas de las que se os ha apartado y os permitirá beber Su Vino espumoso...
Aquellos religiosos... que están verdaderamente adornados con el ornamento del conocimiento y de un buen carácter son, ciertamente, como una cabeza para el cuerpo del mundo y como ojos para las naciones. En todo tiempo, la orientación de los hombres ha dependido, y depende, de estas almas benditas.
El religioso cuya conducta es recta y el sabio que es justo son como el espíritu para el cuerpo del mundo. Bienaventurado es aquel religioso cuya cabeza está engalanada con la corona de la justicia y cuyo templo está adornado con el ornamento de la equidad...
El religioso que ha tomado el Vino más santo y ha bebido de él en el nombre del soberano Ordenador es como un ojo para el mundo. Bienaventurados son los que le obedecen y le recuerdan.
Grande es la bienaventuranza del religioso que no ha permitido que el conocimiento se convierta en un velo entre él y Aquel que es el Objeto de todo conocimiento, y que, cuando apareció el que Subsiste por Sí Mismo, se volvió con rostro radiante hacia Él. Él, en verdad, se cuenta entre los eruditos. Los moradores del Paraíso buscan la bendición de su hálito, y su lámpara derrama su resplandor sobre todos los que están en el cielo y en la tierra. Él, verdaderamente, se cuenta entre los herederos de los Profetas. Aquel que le ve, ciertamente, ha visto al Verdadero, y aquel que se vuelve hacia él, ciertamente, se ha vuelto hacia Dios, el Todopoderoso, el Todo Sabio...
Oh concurso de religiosos! En adelante no tendréis ningún poder, por cuanto Nosotros os lo hemos quitado y lo hemos destinado para aquellos que han creído en Dios, el Único, el Todopoderoso, el Omnipotente, el Irrestringido.
PAPA PÍO IX
¡Oh Papa! Rasga los velos. Aquel que es el Señor de los señores ha llegado bajo la sombra de las nubes, y Dios, el Todopoderoso, el Irrestringido, ha cumplido el decreto... Él, ciertamente, ha bajado de nuevo desde el Cielo tal como bajó desde allí la primera vez. Cuida de no discutir con Él, de igual modo que los fariseos discutieron con Él (Jesús) sin prueba o demostración clara. A Su diestra fluyen las aguas vivas de la gracia, y a Su siniestra el Vino escogido de la justicia, en tanto que delante de Él marchan los ángeles del Paraíso llevando los estandartes de Sus signos. Cuida que ningún nombre te aparte de Dios, Creador del cielo y de la tierra. Da la espalda al mundo y vuélvete hacia tu Señor, por medio del Cual se ha iluminado toda la Tierra... ¿Habitas tú en palacios en tanto que Aquel que es el Rey de la revelación vive en la más desolada de las moradas? Déjaselos a aquellos que los deseen, y con alegría y gozo dirige tu rostro hacia el Reino... Levántate en nombre de tu Señor, el Dios de Misericordia, en medio de los pueblos de la Tierra, coge la Copa de la Vida con las manos de la confianza, bebe tú primero de ella, y luego ofrécela a aquellos que se vuelvan hacia ella de entre los pueblos de todas las creencias...
Recuerda a Aquel que era el Espíritu (Jesús), que cuando vino, los más eruditos de Su época dictaron sentencia contra Él en Su propio país, en tanto que aquel que era sólo un pescador creyó en Él. ¡Tened cuidado, entonces, hombres de corazón comprensivo! Tú, en verdad, eres uno de los soles del cielo de Sus nombres. Guárdate, no sea que la oscuridad extienda su velo sobre ti, te envuelva y te aparte de Su luz... Considera a aquellos que se opusieron al Hijo (Jesús), cuando Él vino a ellos con soberanía y poder. ¡Cuántos eran los fariseos que esperaban verle y se lamentaban por su separación de Él! Y sin embargo, cuando la fragancia de Su venida se esparció sobre ellos y se descubrió Su belleza, se apartaron de Él y con Él discutieron... Nadie, salvo muy pocos, que carecían de todo poder entre los hombres, se volvió hacia Su rostro. ¡Y sin embargo, hoy día todo hombre dotado de poder e investido de soberanía se enorgullece de Su Nombre! De igual manera, considera cuán numerosos son en estos días los monjes que, en Mi Nombre, se han recluido en sus iglesias y que, cuando el tiempo fijado se hubo cumplido y Nosotros descubrimos Nuestra belleza, no Nos conocieron, aun cuando Me llaman al atardecer y al alba...
La Palabra que el Hijo ocultó se ha hecho manifiesta. Ha sido enviada en la forma del templo humano en este día. ¡Bendito sea el Señor que es el Padre! Él, verdaderamente, ha venido a las naciones en Su máxima majestad. Volved vuestros rostros hacia Él, oh concurso de los justos... Éste es el día en que la Roca (Pedro) clama y exclama, y celebra la alabanza de su Señor, el Poseedor de Todo, el Altísimo, diciendo: "¡He aquí! El Padre ha venido, y aquello que se os prometió en el Reino se ha cumplido!"... Mi cuerpo anhela la cruz, y Mi cabeza espera el golpe de la lanza en el sendero del Todo Misericordioso, para que el mundo sea purificado de sus transgresiones...
¡Oh Supremo Pontífice! Inclina tu oído a lo que te aconseja el Modelador de huesos carcomidos, tal como lo expresa Aquel que es Su Más Grande Nombre. Vende todos los ornamentos embellecidos que posees y gástalos en el sendero de Dios, que hace que la noche vuelva a continuación del día, y el día vuelva a continuación de la noche. Abandona tu reino a los reyes, sal de tu morada dirigiendo tu rostro hacia el Reino, y, desprendido del mundo, proclama las alabanzas de tu Señor entre el cielo y la tierra. Así te lo ordena Aquel que es el Poseedor de los Nombres, de parte de tu Señor, el Todopoderoso, el que Todo lo Sabe. Exhorta a los reyes y di: "Tratad imparcialmente a los hombres. Cuidado, no sea que sobrepaséis los límites fijados en el Libro." Desde luego, esto es digno de ti. Cuidado, no sea que te apropies de las cosas del mundo y de sus riquezas. Déjaselas a aquellos que las deseen, y aférrate a aquello que te ha sido prescrito por Aquel que es el Señor de la creación. Si alguien te ofreciera todos los tesoros de la Tierra, rehúsa incluso mirarlos. Sé como ha sido tu Señor. Así expresa la Lengua de la Revelación aquello que Dios ha convertido en el ornamento del libro de la creación... Si se apoderase de ti la embriaguez del vino de Mis versos, y decidieras presentarte ante el trono de tu Señor, el Creador del cielo y de la tierra, haz que Mi amor sea tu vestidura, tu escudo, el recuerdo de Mí, y tu provisión, la confianza en Dios, el Revelador de todo poder... Verdaderamente, el día de la cosecha ha llegado, y se han separado todas las cosas unas de otras. Él ha guardado aquello que Él escogió en los recipientes de la justicia, y ha arrojado al fuego aquello que se lo merece. Así ha sido decretado por vuestro Señor, el Poderoso, el Amante, en este Día prometido. Él, ciertamente, ordena lo que Le place. No hay otro Dios salvo Él, el Todopoderoso, el que se Impone a Todo.
AL CLERO Y A LOS
SEGUIDORES DE
VARIAS RELIGIONES
En un tiempo Nos dirigimos al pueblo de la Torá y les llamamos hacia Aquel que es el Revelador de versos, que ha venido de Aquel que hace bajar la cerviz a los hombres... En otro, Nos dirigimos al pueblo del Evangelio y decimos: "El Todo Glorioso ha venido en este Nombre, por el cual la Brisa de Dios ha soplado sobre todas las regiones"... Aun en otro tiempo, Nos dirigimos al pueblo del Corán diciendo: "Temed al Todo Misericordioso, y no Le pongáis reparos a Aquel por medio del Cual fueron fundadas todas las religiones"... Sabe, además, que Nosotros hemos dirigido Nuestras Tablas a los Magos2, y las hemos adornado con Nuestra Ley... Nosotros hemos revelado en ellas la esencia de todas las insinuaciones y alusiones contenidas en sus Libros. El Señor, verdaderamente, es el Todopoderoso, el que Todo lo Sabe.
Llama a Sión, oh Carmelo, y anuncia las gozosas nuevas: ¡El que estaba oculto a los ojos mortales ha venido! Su soberanía que todo lo subyuga está manifiesta; Su esplendor que todo lo abarca se ha revelado. Estáte alerta, no sea que vaciles o te detengas. Apresúrate y circunda la Ciudad de Dios que ha descendido del cielo, la Kaaba celestial alrededor de la cual han circundado en adoración los favorecidos de Dios, los puros de corazón y la compañía de los más excelsos ángeles. ¡Oh!, cuánto ansío anunciar a cada lugar de la superficie de la Tierra y llevar a cada una de sus ciudades las buenas nuevas de esta Revelación, Revelación a la que ha sido atraído el corazón del Sinaí y en cuyo nombre la Zarza Ardiente está proclamando: "Los reinos del cielo y de la tierra pertenecen a Dios, el Señor de señores." En verdad, éste es el Día en que tanto la tierra como el mar se regocijan ante este anuncio, Día para el cual han sido preservadas aquellas cosas que Dios, mediante una generosidad más allá de la comprensión de mente o corazón mortales, ha destinado para ser reveladas. Dentro de poco, Dios hará navegar Su Arca sobre ti y manifestará al pueblo de Bahá que ha sido mencionado en el Libro de los Nombres.
La Más Grande Ley ha venido, y la Antigua Belleza gobierna sobre el trono de David. De este modo expresa Mi Pluma lo que las historias de tiempos pasados han relatado. Sin embargo, en este tiempo, David grita en voz alta y dice: "¡Oh mi amoroso Señor! Cuéntame entre aquellos que se han mantenido firmes en Tu Causa, oh Tú, por medio de Quien se han iluminado los rostros y los pasos se han deslizado."
El Hálito se ha mecido, la Brisa ha soplado, de Sión ha aparecido aquello que estaba oculto, y desde Jerusalén se oye la Voz de Dios, el Único, el Incomparable, el Omnisciente.
Presta oído al cántico de David. Él dice: "¿Quién me traerá a la Ciudad Fuerte?" La Ciudad Fuerte es 'Akká, a la que se ha llamado la Más Grande Prisión, y que posee una fortaleza y murallas poderosas... Examina atentamente lo que Isaías ha dicho en Su Libro. Él dice: "Súbete a un monte alto, oh Sión, que traes buenas nuevas. Levanta tu voz con fuerza, oh Jerusalén, que traes buenas nuevas. Levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que el Señor Dios vendrá con mano fuerte, y Su brazo gobernará por Él." En este Día, todos los signos han aparecido. Una gran Ciudad ha descendido del cielo, y Sión tiembla y se regocija de alegría ante la Revelación de Dios, pues ha oído la Voz de Dios en todas partes.
¡Oh concurso de cristianos! En una ocasión previa Nos hemos revelado a vosotros, y no Me reconocisteis. Esta es otra ocasión más que se os concede. Éste es el Día de Dios; volveos hacia Él... El Amado no quiere que seáis consumidos en el fuego de vuestros deseos. Si fueseis ocultados como por un velo de Él, esto no sería por ninguna otra razón que por vuestro propio descarrío e ignorancia. Hacéis mención de Mí, y no Me conocéis. Me llamáis, y no estáis atentos a Mi Revelación... ¡Oh pueblo del Evangelio! Aquellos que no estaban en el Reino han entrado ahora en él, en tanto que Nosotros os vemos, en este día, demorándoos ante la puerta. Rasgad los velos por el poder de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Todo Munífico, y entrad, a continuación, en Mi Nombre en Mi Reino. Así os lo ordena Aquel que desea para vosotros vida sempiterna... Os vemos, oh hijos del Reino, en tinieblas. Esto, verdaderamente, no es digno de vosotros. ¿Acaso estáis temerosos, ante la Luz, a causa de vuestros actos? Dirigíos hacia Él... Verdaderamente, Él (Jesús) dijo: "Seguidme, y Yo os haré pescadores de hombres." En este día, sin embargo, Nosotros decimos: "Seguidme, para que Nosotros os hagamos vivificadores de la humanidad"...
Nosotros, ciertamente, hemos venido por amor a vosotros, y hemos soportado los infortunios del mundo para vuestra salvación. ¿Huís acaso de Aquel que ha sacrificado Su vida para que seáis vivificados? Temed a Dios, oh seguidores del Espíritu (Jesús), y no sigáis los pasos de los religiosos que se han extraviado gravemente... Abrid las puertas de vuestros corazones. Aquel que es el Espíritu (Jesús), verdaderamente, está ante ellas. ¿Por qué razón os mantenéis lejos de Aquel que se ha propuesto acercaros hacia un Lugar Resplandeciente? Di: Nosotros, en verdad, os hemos abierto las puertas del Reino. ¿Acaso atrancaréis las puertas de vuestras casas ante Mi rostro? Desde luego, esto no es sino un grave error.
¡Oh concurso de patriarcas! Aquel que os fue prometido en las Tablas ha venido. Temed a Dios y no sigáis las vanas imaginaciones de los supersticiosos. Dejad a un lado las cosas que poseéis y asíos firmemente a la Tabla de Dios por Su soberano poder. Esto es mejor para vosotros que todas vuestras posesiones. Esto lo atestigua todo corazón que comprende y todo hombre perspicaz. ¿Os enorgullecéis acaso en Mi Nombre y, sin embargo, os ocultáis como por un velo de Mí? ¡Desde luego, esto es cosa extraña!
¡Oh concurso de arzobispos! Aquel que es el Señor de todos los hombres ha aparecido. ¡En la llanura de la guía Él llama a la humanidad, en tanto que vosotros os contáis entre los muertos! Grande es la bienaventuranza de aquel a quien mueve la Brisa de Dios y se ha alzado de entre los muertos en este claro Nombre.
¡Oh concurso de obispos! El estremecimiento se ha apoderado de todas las razas de la Tierra, y Aquel que es el Padre Eterno llama en voz alta entre la tierra y el cielo. Bendito el oído que escucha, y el ojo que ve, y el corazón que se vuelve hacia Aquel que es el Punto de Adoración de todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra...
¡Oh concurso de obispos! Sois las estrellas del cielo de Mi conocimiento. Mi misericordia no desea que os precipitéis sobre la tierra. Mi justicia, sin embargo, declara: "Esto es lo que el Hijo (Jesús) ha decretado." Y cualquier cosa que salga de Su boca irreprochable, veraz y digna de confianza, no podrá jamás ser alterada. Las campanas, ciertamente, hacen resonar Mi Nombre y se lamentan por Mí, pero Mi espíritu se regocija con manifiesta alegría. El cuerpo del Amado anhela la cruz, y Su cabeza ansía la lanza en el sendero del Todo Misericordioso. El dominio del opresor no puede, en modo alguno, disuadirle de Su propósito... Las estrellas del cielo del conocimiento, aquellos que presentan las pruebas que poseen para demostrar la verdad de Mi Causa y que hacen mención de Dios en Mi nombre, han caído. Sin embargo, cuando Yo vine a ellos en Mi majestad, ellos se apartaron de Mí. Ellos, ciertamente, son de los caídos. Esto es lo que el Espíritu (Jesús) profetizó cuando vino con la verdad, y los doctores judíos Le criticaron, hasta que cometieron lo que hizo que el Espíritu Santo se lamentase y que llorasen los ojos de aquellos que gozan de proximidad a Dios.
¡Oh concurso de sacerdotes! Dejad las campanas y salid, pues, de vuestras iglesias. Os incumbe, en este día, proclamar el Más Grande Nombre en voz alta entre las naciones. ¿Preferís estar callados en tanto que toda piedra y todo árbol proclama: "¡El Señor ha venido en Su gran gloria!"?... Aquel que llama a los hombres en Mi nombre ciertamente es de Mí, y ha de mostrar lo que se encuentra más allá del poder de todos los que están en la tierra... Que la Brisa de Dios os despierte. Verdaderamente, ella ha soplado sobre el mundo. Bien se encuentra aquel que ha descubierto su fragancia y se cuenta entre los bien seguros...
¡Oh concurso de sacerdotes! Ha llegado el Día del Juicio Final, Día en que ha venido Aquel que estaba en el cielo. Él, verdaderamente, es Aquel que os fue prometido en los Libros de Dios, el Santo, el Todopoderoso, el Todo Alabado. ¿Hasta cuándo vagaréis por el desierto de la desidia y la superstición? Volveos con vuestros corazones en dirección a vuestro Señor, el Perdonador, el Generoso.
¡Oh concurso de monjes! No os recluyáis en iglesias y claustros. Salid con Mi permiso, y ocupaos en aquello que beneficie a vuestras almas y a las almas de los hombres. Así os lo ordena el Rey del Día del Juicio Final. Recluíos en la fortaleza de Mi amor. Ésta, ciertamente, es una reclusión digna, si fuerais de aquellos que lo perciben. Aquel que se encierra en una casa es de hecho como un muerto. Le incumbe al hombre mostrar aquello que ha de beneficiar a todas las cosas creadas, y aquel que no da fruto está listo para el fuego. Así os aconseja vuestro Señor, y Él, ciertamente, es el Todopoderoso, el Todo Munífico. Contraed matrimonio, para que después de vosotros alguno ocupe vuestro lugar. Os hemos prohibido cometer actos de deslealtad, y no aquello que ha de expresar fidelidad. ¿Os habéis aferrado a las normas fijadas por vosotros mismos, y dejáis de lado las normas de Dios? Temed a Dios y no seáis de los necios. Si no fuese por el hombre, ¿quién haría mención de Mí en Mi tierra, y cómo podrían haber sido revelados Mis atributos y Mi nombre? Ponderad, y no seáis de aquellos que están velados y profundamente dormidos. Aquel que no se desposó (Jesús) no encontró lugar donde morar o reclinar Su cabeza, por causa de lo que las manos de los traidores habían hecho. Su santidad no consiste en aquello que creéis o imagináis, sino más bien en lo que Nosotros poseemos. Inquirid, para que podáis comprender Su posición, que ha sido exaltada por encima de las imaginaciones de todos los que moran sobre la Tierra. Bienaventurados son quienes lo perciben.
¡Oh concurso de monjes! Si escogéis seguirme, os haré herederos de Mi Reino; y si pecáis contra Mí, Yo, en Mi resignación, lo soportaré pacientemente, y Yo, ciertamente, soy el que Siempre Perdona, el Todo Misericordioso... Belén está conmovida por la Brisa de Dios. Nosotros oímos su voz que dice: "¡Oh generosísimo Señor! ¿Dónde está establecida Tu gran gloria? Los dulces aromas de Tu presencia me han vivificado, después de haberme derretido en mi separación de Ti. Alabado seas Tú porque has levantado los velos y has venido con poder en gloria evidente." La llamamos desde detrás del Tabernáculo de Majestad y Grandeza: "¡Oh Belén! Esta Luz se ha elevado en el oriente y ha viajado hacia occidente, hasta que llegó a ti en el atardecer de su vida. Cuéntame pues: ¿Reconocen acaso los hijos al Padre y Le admiten, o Le niegan, del mismo modo que el pueblo Le negó (a Jesús) en el pasado?" Tras lo cual ella exclamó diciendo: "Tú eres, en verdad, el que Todo lo Sabe, el Mejor Informado."
Considerad, igualmente, cuán numerosos son en este tiempo los monjes que se han recluido en sus iglesias en Mi nombre, y que cuando llegó el tiempo fijado, y Nosotros les revelamos Nuestra belleza, no Me reconocieron, a pesar de que Me llaman al amanecer y al atardecer...
Leéis el Evangelio y a pesar de ello rehusáis reconocer al Señor Todo Glorioso? Esto, desde luego, no es digno de vosotros, ¡oh concurso de hombres eruditos!... Las fragancias del Todo Misericordioso se han esparcido sobre toda la creación. Feliz el hombre que ha abandonado sus deseos y se ha asido firmemente de la guía.
No habéis estudiado el Corán? Leedlo, para que quizás encontréis la Verdad, por cuanto este Libro es ciertamente el Sendero Recto. Éste es el Camino de Dios para todos los que están en el cielo y para todos los que están en la tierra. Si no habéis prestado atención al Corán, no se puede decir que el Bayán os resulte lejano. Vedlo abierto ante vosotros. Leed sus versos, para que quizás desistáis de cometer aquello que haga llorar y lamentarse a los Mensajeros de Dios.
Salid rápidamente de vuestros sepulcros. ¿Cuánto dormiréis? Ha sonado el segundo toque de trompeta. ¿Hacia quién miráis? Éste es vuestro Señor, el Dios de Misericordia. ¡Atestiguad cómo negáis Sus signos! La tierra ha temblado con gran estremecimiento, y ha arrojado su carga. ¿No lo admitiréis? Di: ¿No reconoceréis que las montañas se han convertido en borras de lana, que las gentes están muy contrariadas ante la terrible majestad de la Causa de Dios? Atestiguad cómo sus casas son ruinas vacías y ellos mismos, una multitud ahogada.
Éste es el Día en que el Todo Misericordioso ha descendido en las nubes del conocimiento, revestido de soberanía manifiesta. Él conoce bien las acciones de los hombres. Él es Aquel sobre Cuya gloria nadie puede equivocarse, si pudierais comprenderlo. El cielo de todas las religiones ha sido rasgado, la tierra del entendimiento humano ha sido hendida, y se ve descender a los ángeles de Dios. Di: Éste es el Día del mutuo engaño; ¿hacia dónde huís? Las montañas han desaparecido y los cielos se han replegado, y toda la tierra está asida por Su mano, si pudierais entenderlo. ¿Quién puede protegeros? ¡Nadie, por Aquel que es el Todo Misericordioso! Nadie, salvo Dios, el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Benéfico. Toda mujer que ha llevado una carga en su vientre la ha expulsado. Vemos a los hombres embriagados en este Día, Día en que los hombres y los ángeles se han reunido.
¿Hay alguna duda en lo que se refiere a Dios? Ved que Él ha descendido del cielo de Su gracia, investido con poder y soberanía. ¿Hay alguna duda referente a Sus signos? Abrid vuestros ojos y examinad Su prueba evidente. A vuestra diestra está el Paraíso, y ha sido colocado cerca de vosotros, mientras al Infierno se le ha hecho arder. Presenciad su llama devoradora. Apresuraos a entrar en el Paraíso, como signo de nuestra misericordia para con vosotros, y bebed de las manos del Todo Misericordioso el Vino que es ciertamente la vida.
Por Aquel que es el Gran Anuncio! El Todo Misericordioso ha llegado investido con indiscutible soberanía. Se ha instaurado la Balanza y todos los que moran en la tierra han sido congregados. La Trompeta ha sonado, y he aquí que todos los ojos miran fijamente con terror y los corazones de todos los que están en los cielos y en la tierra se han estremecido, salvo aquellos que han sido vivificados por el hálito de los versos de Dios y los que se han desprendido de todas las cosas.
Éste es el Día en que la Tierra dará a conocer sus nuevas. Los que maquinan iniquidades son su tema principal, si pudierais percibirlo. La luna de la ociosa fantasía ha sido hendida y el cielo ha difundido una palpable humareda. Vemos a la gente postrada, amedrentada por el temor hacia tu Señor, el Todopoderoso, el Más Fuerte. El Pregonero alza Su voz y los hombres son destrozados, tan grande ha sido la furia de Su ira. La gente de la mano izquierda suspira y se lamenta. La gente de la derecha habita en nobles moradas: beben de las manos del Todo Misericordioso el Vino que es en verdad la vida y son, ciertamente, los bienaventurados.
La Tierra ha temblado, las montañas han desaparecido y ante Nosotros se presentan los ángeles, fila tras fila. La mayoría de la gente está perpleja en su embriaguez y muestra en sus rostros los efectos de la ira. Así hemos juntado a los que obran iniquidades. Los vemos abalanzarse hacia su ídolo. Di: Nadie estará protegido en este Día contra el decreto de Dios. Éste es, verdaderamente, un Día doloroso. Les señalamos quiénes les desviaron. Los ven y, sin embargo, no los reconocen. Sus ojos están ebrios; ellos son ciertamente un pueblo ciego. Sus pruebas son las calumnias que profirieron; condenadas están sus calumnias por Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo. El Malvado ha atizado la discordia en sus corazones, y sufren un tormento que ninguno puede apartar. Se apresuran hacia los perversos, llevando el registro de los que obran iniquidades. Tales son sus acciones.
Di: Los cielos han sido replegados, la tierra está en Su poder, a los corruptos se les ha agarrado por los pelos y, sin embargo, no entienden. Beben del agua corrompida y no lo saben. Di: El grito se ha elevado y la gente ha salido de sus tumbas, y al levantarse miran a su alrededor. Algunos se apresuran a alcanzar la corte del Dios de Misericordia, otros han caído de bruces en el fuego del Infierno, mientras que aún otros están perdidos en la perplejidad. Se han revelado los versos de Dios y, no obstante, se han alejado de ellos. Su prueba se ha hecho manifiesta y, a pesar de todo, no se dan cuenta de ella. Y cuando miran la faz del Todo Misericordioso, sus propios rostros se entristecen, mientras ellos se divierten. Se apresuran hacia el fuego del Infierno confundiéndolo con la luz. ¡Lejos de Dios está lo que ardientemente imaginan! Di: Aunque os llenéis de gozo o reventéis de furia, los cielos están hendidos, y Dios ha descendido investido con radiante soberanía. Se oye exclamar a todas las cosas creadas: "El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Todo Sabio."
¡Oh concurso de religiosos persas! En Mi nombre os habéis apoderado de las riendas de los hombres, y ocupáis las sedes de honor por razón de vuestra relación Conmigo. Sin embargo, cuando Me revelé, os apartasteis y cometisteis lo que ha hecho correr las lágrimas de los que Me han reconocido. Dentro de poco todo lo que poseéis perecerá, vuestra gloria se convertirá en la más miserable humillación y veréis el castigo por lo que habéis hecho, tal como ha sido decretado por Dios, el Ordenador, el Todo Sabio.
¡Oh vosotros, religiosos de la Ciudad! Vinimos a vosotros con la verdad, en tanto que vosotros no le prestasteis atención. Me parece que estáis como muertos, envueltos en el ropaje de vuestro propio yo. No buscasteis Nuestra presencia, cuando hacerlo hubiera sido mejor para vosotros que todas vuestras acciones... Sabed que si vuestros dirigentes, a quienes debéis lealtad, de quienes os enorgullecéis, a quienes mencionáis de día y de noche, y en cuyos rastros buscáis orientación, hubiesen vivido en estos días, ellos me habrían circundado y no se habrían separado de Mí, ni al atardecer ni por la mañana. Vosotros, sin embargo, no volvisteis vuestros rostros hacia el mío ni siquiera un momento, y os enorgullecisteis, y no prestasteis atención a este Agraviado, que se ha visto tan afligido por los hombres que Le han tratado como han gustado. No inquiristeis sobre Mi condición, ni os informasteis de las cosas que Me sucedieron. Con ello, habéis apartado de vosotros los vientos de santidad y las brisas de munificencia, que soplan desde este luminoso y claro Lugar. Me parece que os habéis aferrado a cosas exteriores, habéis olvidado las cosas interiores y decís lo que no hacéis. Sois amantes de los nombres, y parece que os habéis entregado a ellos. Por esta razón hacéis mención de los nombres de vuestros dirigentes. Y si uno como ellos, o superior a ellos, viniese a vosotros, huiríais de él. Por sus nombres os habéis exaltado, y habéis asegurado vuestras posiciones, y vivís y prosperáis. Y si reapareciesen vuestros dirigentes, no renunciaríais a vuestro liderazgo, ni os volveríais hacia ellos, ni dirigiríais vuestros rostros hacia ellos. Os encontramos, como encontramos a muchos hombres, adorando nombres que mencionan durante los días de su vida y en los cuales se ocupan. Sin embargo, tan pronto como aparecen los Portadores de estos nombres, ellos les rechazan, y giran sobre sus plantas... Sabed que, en este día, Dios no aceptará vuestros pensamientos, ni vuestro recuerdo de Él, ni que os volváis hacia Él, ni vuestras devociones, ni vuestra vigilancia, a menos que seáis renovados en la estimación de este Siervo, si sólo lo percibierais.
Por vuestra causa se lamentó el Apóstol (Mahoma), y la Casta (Fátimih) gritó, y los países fueron asolados, y cayeron las tinieblas sobre todas las regiones. ¡Oh concurso de religiosos! Por vuestra causa, las gentes fueron humilladas, el estandarte del Islám fue arriado y su poderoso trono perturbado. Cada vez que un hombre de discernimiento quiso mantenerse firme en lo que habría de exaltar al Islám, alzasteis vuestro clamor, y con ello se le impidió lograr Su propósito, mientras el país permanecía sumido en ruina evidente.
De todas las gentes del mundo, quienes han sufrido la mayor pérdida han sido, y aún son, las gentes de Persia. ¡Juro por el Sol de la Prolación, que brilla sobre el mundo en su máxima gloria! En aquel país las lamentaciones de los púlpitos se alzan continuamente. En los primeros días, tales lamentaciones se oían en la Tierra de Tá (Teherán), pues los púlpitos, erigidos con el propósito de recordar al Verdadero -exaltada sea Su gloria-, se han convertido ahora, en Persia, en lugares desde donde se profieren blasfemias contra Aquel que es el Deseo de los mundos...
En este día, el mundo está perfumado con las fragancias del manto de la Revelación del Antiguo Rey... y sin embargo, ellos (los religiosos) se han juntado, se han sentado en sus asientos y han dicho aquello que haría avergonzarse a un animal; ¡cuanto más al hombre! Si se volvieran conscientes de uno solo de sus actos y percibieran la maldad que éste ha ocasionado, ellos, con sus propias manos, se enviarían a su última morada.
¡Oh concurso de religiosos!... Dejad de lado lo que poseéis, sosegaos y a continuación, prestad oído a lo que dice la Lengua de Grandeza y Majestad. ¡Cuántas son las siervas veladas que se volvieron hacia Mí, y creyeron, y cuán numerosos los portadores de turbante que fueron excluidos de Mí, y siguieron los pasos de generaciones pasadas!
¡Oh altos sacerdotes! Se os han dado oídos para que escuchen el misterio de Aquel que es el que Depende de Sí Mismo y ojos para que Le vean. ¿Por qué huís? El Amigo Incomparable está manifiesto. Él expresa aquello en lo que está la salvación. Si vosotros, oh altos sacerdotes, descubrierais el perfume del rosedal del entendimiento, no buscaríais a ningún otro salvo a Él, reconoceríais al Todo Sabio y Sin Par en Su nuevo atavío, apartaríais vuestros ojos del mundo y de todos los que lo buscan, y os levantaríais a ayudarle.
Se ha revelado y aclarado todo lo que se anunció en los Libros. En todas direcciones se han manifestado los signos. En este Día llama el Omnipotente, y anuncia la aparición del Cielo Supremo.
Éste no es el día en que los altos sacerdotes puedan mandar y ejercer su autoridad. En vuestro Libro se afirma que, en ese Día, los altos sacerdotes extraviarán gravemente a los hombres y les impedirán acercarse a Él. Es, de hecho, un alto sacerdote quien ha visto la luz y se ha apresurado hacia el camino que lleva al Amado.
¡Oh altos sacerdotes! La Mano de la Omnipotencia está extendida desde detrás de las nubes; vedla con nuevos ojos. Las muestras de Su majestad y Su grandeza están al descubierto; miradlas con ojos puros... Di: ¡Oh altos sacerdotes! ¡Os reverencian a causa de Mi nombre, y sin embargo Me huís! Sois los altos sacerdotes del Templo. Si hubieseis sido los altos sacerdotes del Omnipotente, estaríais unidos a Él y Le habríais reconocido... Di: ¡Oh altos sacerdotes! En este Día, los actos de hombre alguno serán aceptables, a menos que abandone a la humanidad y todo lo que los hombres poseen, y dirija su rostro hacia el Omnipotente.
EL GRAN ANUNCIO
A LA HUMANIDAD
El tiempo prefijado para los pueblos y naciones de la Tierra ya ha llegado. Todas las promesas de Dios, según están registradas en las Sagradas Escrituras, se han cumplido. De Sión ha salido la Ley de Dios, y Jerusalén y sus montañas y sus campos están llenos de la gloria de Su Revelación. Feliz el hombre que pondera en su corazón aquello que ha sido revelado en los Libros de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo. Meditad sobre esto, oh amados de Dios, y que vuestros oídos estén atentos a Su Palabra, para que, por Su gracia y misericordia, bebáis cuanto podáis de las cristalinas aguas de la constancia y seáis firmes e inamovibles en Su Causa como la montaña.
En verdad os digo, éste es el Día en que la humanidad puede contemplar el Rostro y oír la Voz del Prometido. Se ha proclamado el Llamamiento de Dios, y la luz de Su semblante se ha levantado sobre los hombres. Incumbe a todos los hombres borrar de la tabla de su corazón hasta la última huella de toda palabra ociosa y contemplar con mente abierta e imparcial los signos de Su Revelación, las pruebas de Su Misión y las señales de Su Gloria.
¡Grande, en verdad, es este Día! Las alusiones que se hacen a Él en las Sagradas Escrituras como el Día de Dios atestiguan su grandeza. El alma de todos los Profetas de Dios, de todos los Mensajeros Divinos, ha añorado este maravilloso Día. Asimismo, todos los diferentes pueblos de la Tierra han ansiado llegar a él. Sin embargo, en cuanto se manifestó el Sol de Su Revelación en el cielo de la Voluntad de Dios, a todos, excepto a aquellos a quienes el Todopoderoso quiso guiar, se les encontró confundidos y negligentes.
¡Oh tú que Me has recordado! El más cruel de los velos ha ocultado Su gloria a los pueblos de la Tierra y ha impedido que escuchen Su llamada. Conceda Dios que la luz de la unidad envuelva a toda la Tierra y que el sello "El Reino es de Dios", sea estampado en la frente de todos sus pueblos.
¡Oh vosotros, hijos de los hombres! El propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y a Su Religión es salvaguardar los intereses de la raza humana, promover su unidad y estimular el espíritu de amor y fraternidad entre los hombres. No dejéis que se convierta en fuente de disensión y de discordia, de odio y de enemistad. Éste es el Sendero Recto, el cimiento fijo e inamovible. Todo lo que sea erigido sobre este cimiento, los cambios y azares del mundo nunca podrán minar su resistencia, ni el transcurso de incontables siglos podrá socavar su estructura. Abrigamos la esperanza de que los dirigentes religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten unidos para reformar esta edad y rehabilitar su destino. Que reflexionen juntos después de haber meditado sobre sus necesidades, y proporcionen a un mundo enfermo y penosamente afligido el remedio que requiere mediante una deliberación ferviente y plena... Incumbe a quienes tienen autoridad observar moderación en todo. Todo lo que sobrepase los límites de la moderación dejará de ejercer una influencia beneficiosa. Considerad, por ejemplo, cosas como la libertad, la civilización y otras similares. Por muy favorablemente que los hombres de entendimiento las consideren, éstas, si son llevadas a exceso, ejercerán una influencia perniciosa sobre los hombres... Quiera Dios que los pueblos del mundo sean guiados a reconocer lo que más les conviene, como resultado de los elevados esfuerzos hechos por sus gobernantes y por los sabios y eruditos de entre los hombres. ¿Hasta cuándo persistirá la humanidad en su descarrío? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo reinarán el caos y la confusión entre los hombres? ¿Hasta cuándo agitará la discordia la faz de la sociedad? Los vientos de la desesperación, lamentablemente, soplan desde todas direcciones, y la disensión que divide y aflige a la raza humana aumenta día a día. Ya se perciben los signos de convulsiones y caos inminentes, por cuanto el orden prevaleciente demuestra ser deplorablemente defectuoso. Suplico a Dios, exaltada sea Su gloria, que benévolamente despierte a los pueblos de la Tierra, que conceda que el resultado de su conducta les sea provechoso, y les ayude a realizar lo que es digno de su posición.
¡Oh pueblos y razas contendientes de la Tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Congregaos y, por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros. Entonces, el resplandor del gran Lucero del mundo envolverá a toda la Tierra y sus habitantes se convertirán en ciudadanos de una sola ciudad y ocupantes de un solo y mismo trono. Desde los primeros días de Su vida, este Agraviado nunca ha tenido ningún deseo más que este, y no abrigará ningún deseo más que éste. No cabe ninguna duda en absoluto de que los pueblos del mundo, de cualquier raza o religión, toman su inspiración de una sola Fuente celestial y son súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas bajo las que viven debe atribuirse a las diferentes condiciones y exigencias de la época en que fueron reveladas. Todas ellas, excepto unas pocas, que son resultado de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son reflejo de Su Voluntad y Su Propósito. Levantaos, y armados con el poder de la fe, haced añicos los dioses de vuestras vanas imaginaciones, sembradores de disensión entre vosotros. Aferraos a lo que os aproxime y os una. Ésta es, en verdad, la más exaltada Palabra que el Libro Madre os ha enviado y revelado. Esto lo atestigua la Lengua de Grandeza desde Su morada de gloria.
El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para la paz y tranquilidad del mundo y el progreso de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el tiempo en que la imperiosa necesidad de celebrar una vasta y omnímoda reunión de los hombres será universalmente comprendida. Los gobernantes y reyes de la Tierra deben necesariamente concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, deben examinar el modo y la manera de poner los cimientos de la Gran Paz mundial entre los hombres. Tal paz exige que las Grandes Potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la Tierra, estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey se alzase en armas contra otro, todos deben levantarse unidos e impedírselo; si se hace así, las naciones del mundo ya no necesitarán armamentos, salvo con el fin de preservar la seguridad de sus dominios y mantener el orden interno dentro de sus territorios. Esto asegurará la paz y la serenidad de todos los pueblos, gobiernos y naciones. Esperamos que los reyes y gobernantes de la Tierra, los espejos del clemente y omnipotente nombre de Dios, alcancen esta posición y protejan a la humanidad del ataque de la tiranía... Se aproxima el día en que todos los pueblos de la Tierra habrán adoptado un idioma universal y una escritura común. Cuando se haya logrado esto, a cualquier ciudad que uno viaje será como llegar a su propio hogar. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales. Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión, esforzarse por llevar lo que se ha escrito a la realidad y la acción... Es de hecho un hombre quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta a promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la Tierra. En otro pasaje Él ha proclamado: No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo entero. La Tierra es un solo país, y la humanidad, sus ciudadanos.
El Médico Omnisciente tiene puesto Su dedo en el pulso de la humanidad. Percibe la enfermedad y, en Su infalible sabiduría, prescribe el remedio. Cada época tiene su propio problema y cada alma su aspiración particular. El remedio que el mundo necesita para sus aflicciones actuales no puede ser nunca el mismo que el que exija una edad posterior. Preocupaos fervientemente de las necesidades de la edad en que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y necesidades.
Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de grandes, de incalculables aflicciones. La vemos languidecer en el lecho de la enfermedad, penosamente afligida y desilusionada. Los que están llenos de presunción se han interpuesto entre ella y el Médico Divino e infalible. Atestiguad cómo han envuelto a todos los hombres, incluidos ellos mismos, en la red de sus estratagemas. No pueden descubrir la causa de la enfermedad, y tampoco poseen ningún conocimiento del remedio. Se han formado la idea de que lo recto es torcido y han imaginado que su amigo es un enemigo.
Inclinad vuestros oídos a la dulce melodía de este Prisionero. Levantaos y alzad vuestras voces, para que quizás aquellos que están profundamente dormidos se despierten. Di: ¡Oh vosotros que estáis como muertos! La Mano de la munificencia divina os brinda el Agua de Vida. Apresuraos y tomad lo que podáis. Quien haya nacido de nuevo en este Día, nunca morirá; quien permanezca muerto, nunca vivirá.
¡Oh pueblos de la Tierra! Dios, la Verdad Eterna, atestigua que mansas y frescas corrientes de agua han brotado de las rocas por la dulzura de las palabras pronunciadas por vuestro Señor, Aquel a quien Nada Obliga, y a pesar de ello seguís dormidos. Abandonad todo lo que poseéis y, con las alas del desprendimiento, remontaos más allá de todas las cosas creadas. Así os lo ordena el Señor de la creación, el movimiento de Cuya Pluma ha revolucionado el alma de la humanidad.
¿Sabéis desde qué alturas os llama vuestro Señor, el Todo Glorioso? ¿Pensáis vosotros que habéis reconocido la Pluma con la cual vuestro Señor, el Señor de todos los nombres, os ordena? ¡No, por Mi vida! Si tan sólo lo supierais, renunciaríais al mundo y os apresuraríais de todo corazón a la presencia del Bienamado. Vuestros espíritus serían extasiados de tal modo por Su Palabra, que alborotarían el Mundo Mayor, ¡cuánto más aún este mundo pequeño e insignificante! Así, las lluvias de Mi generosidad se han derramado desde el cielo de Mi amorosa bondad, como signo de Mi gracia, para que seáis de los agradecidos...
Guardaos, no sea que los deseos de la carne y de una inclinación corrupta provoquen divisiones entre vosotros. Sed como los dedos de una sola mano y los miembros de un mismo cuerpo. Así os aconseja la Pluma de la Revelación, si sois de los que creen.
Considerad la misericordia de Dios y Sus dádivas. Él os ordena lo que os beneficiará, aunque Él Mismo puede prescindir perfectamente de Sus criaturas. Vuestras malas acciones nunca pueden hacernos daño, ni vuestras buenas obras beneficiarnos. Os emplazamos solamente por amor de Dios. Esto lo atestigua todo hombre perspicaz y con entendimiento.
El equilibrio del mundo ha sido alterado por la vibrante influencia de este grandioso, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por la acción de este Sistema único y maravilloso, nada semejante al cual han presenciado jamás ojos mortales.
Sumergíos en el océano de Mis palabras para que descifréis sus secretos y descubráis todas las perlas de sabiduría que yacen ocultas en sus profundidades. Cuidaos, y no vaciléis en vuestra determinación de abrazar la verdad de esta Causa, Causa por la cual las potencialidades del poder de Dios han sido reveladas y Su soberanía ha sido instaurada. Apresuraos hacia Él con rostros radiantes de gozo. Ésta es la inmutable Fe de Dios, eterna en el pasado, eterna en el futuro. Que aquel que busca, la alcance; y en cuanto a aquel que rehúse buscarla, ciertamente Dios se basta a Sí Mismo, por encima de toda necesidad de Sus criaturas.
Di: Ésta es la Balanza infalible sostenida por la Mano de Dios, en la que se pesa a todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra y se determina su destino, si sois de aquellos que creen y reconocen esta verdad. Di: Por ella los pobres han sido enriquecidos, los eruditos han sido iluminados y a los buscadores se les ha permitido ascender a la presencia de Dios. Cuidaos, no la convirtáis en causa de disensión entre vosotros. Estad firmemente asentados, como una montaña inamovible, en la Causa de vuestro Señor, el Poderoso, el Amante.
¡Oh vosotros, pueblos del mundo! Sabed con seguridad que Mis mandamientos son las lámparas de Mi amorosa providencia entre Mis siervos, y las llaves de Mi misericordia para Mis criaturas. Esto es lo que se ha enviado desde el cielo de la Voluntad de vuestro Señor, el Señor de la Revelación. Si algún hombre probara la dulzura de las palabras que los labios del Todo Misericordioso han querido pronunciar, aunque los tesoros de la Tierra estuvieran en su poder, renunciaría a todos y cada uno de ellos para reivindicar la verdad de siquiera uno de Sus mandamientos, que brillan sobre la Aurora de Su generoso cuidado y amorosa bondad.
De Mis leyes puede aspirarse el dulce aroma de Mi vestidura, y con su ayuda los estandartes de la victoria serán plantados sobre las más elevadas cumbres. La lengua de Mi poder ha dirigido a Mi creación estas palabras desde el cielo de Mi omnipotente gloria: "Observa Mis mandamientos por amor a Mi belleza." Feliz es el amante que de estas palabras, cargadas con el perfume de una gracia que ninguna lengua puede describir, aspira la divina fragancia de su Bienamado. ¡Por Mi vida! Aquel que ha bebido el vino escogido de la imparcialidad de las manos de Mi munífico favor, circundará Mis mandamientos, que brillan sobre la Aurora de Mi creación.
No penséis que os hemos revelado un mero código de leyes. No, más bien hemos roto el sello del Vino escogido con los dedos del poder y de la fuerza. Esto lo atestigua lo que ha revelado la Pluma de la Revelación. ¡Meditad sobre esto, oh hombres perspicaces!...
Cada vez que Mis leyes aparecen como el sol en el cielo de Mi prolación, deben ser fielmente obedecidas por todos, aunque Mi decreto sea tal que haga hendirse el cielo de toda religión. Él hace lo que es su voluntad. Él elige, y nadie puede objetar Su elección. Todo lo que Él, el Bienamado, ordena, eso mismo es, ciertamente, amado. De esto, Aquel que es el Señor de toda la creación es Mi testigo. Quienquiera haya aspirado la dulce fragancia del Todo Misericordioso y reconocido el Origen de estas palabras, recibirá con sus propios ojos los dardos del enemigo para demostrar la verdad de las leyes de Dios entre los hombres. Bienaventurado aquel que se ha vuelto hacia ellas y ha comprendido el significado de Su decreto terminante.
Este es el Día en que los más excelentes favores de Dios se han derramado sobre los hombres, el Día en que se ha infundido Su poderosísima gracia en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferencias y morar bajo la sombra del Árbol de Su cuidado y amorosa bondad en perfecta unidad y paz. Les incumbe aferrarse a todo aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación de su posición y a la promoción de sus mejores intereses. Dichosos aquellos a quienes la gloriosísima Pluma se sintió inclinada a recordar, y benditos aquellos hombres cuyos nombres, en virtud de Nuestro inescrutable decreto, hemos preferido ocultar.
Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que todos los hombres sean misericordiosamente auxiliados para que lleven a cabo aquello que sea aceptable a Nuestra vista. Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo extendido en su lugar. De cierto, vuestro Señor habla la verdad y es el Conocedor de cosas invisibles.
1 En 1967.
2 Se refiere a los sacerdotes zoroastrianos, no a los Reyes Magos. (N. del traductor).
Die Verkündigung Bahá’u’lláhs á Bahá’u’lláh á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 2.03 (O-2021-06-12)
Die Verkündigung Bahá’u’lláhs
Bahá’u’lláh
Einleitung
»Wir wünschen nur das Wohl der Welt und das Glück der Völker, dennoch hält man Uns für Anstifter von Streit und Aufruhr, die Gefangenschaft und Verbannung verdienen… Wir wünschen, daß alle Völker in einem Glauben vereint und alle Menschen Brüder werden, daß das Band der Liebe und Einigkeit zwischen den Menschenkindern gestärkt werde, daß Religionsverschiedenheit zu einem Ende komme und die Unterschiede, welche zwischen den Rassen gemacht werden, aufhören – was ist nun Schlimmes hieran? … Aber trotz all dem wird es dahin kommen: diese fruchtlosen Kämpfe, diese zerstörenden Kriege werden beendet werden, und der ›Größte Friede‹ wird kommen… Aber dennoch sehen Wir eure Könige und Regenten die Schätze ihrer Länder mehr auf die Zerstörung der menschlichen Rasse verwenden als darauf, was zum Glück der Menschheit führen würde … Diese Kämpfe, dieses Blutvergießen und diese Zwietracht müssen aufhören, alle Menschen müssen sein, als ob sie einem Geschlecht und einer Familie angehörten… Es rühme sich kein Mensch dessen, daß er sein Land liebt, sondern eher dessen, daß er das ganze Menschengeschlecht liebt …« Q1
Bahá’u’lláh, der Begründer des Bahá’í-Glaubens, verkündete vor einhundert Jahren den Königen und Herrschern der Welt, den religiösen Führern und der gesamten Menschheit in klarer und unmißverständlicher Sprache, daß das seit langem verheißene Zeitalter des Weltfriedens und der Brüderschaft endlich erschienen und Er selbst der Träger der neuen Botschaft und Kraft Gottes sei, die das heute vorherrschende System voll Streit und Feindschaft unter den Menschen umwandeln und den Geist und die Form der vorherbestimmten Weltordnung schaffen werden.
Glanz und Pracht kennzeichneten damals die gewaltige Macht, die die Herrscher, im allgemeinen in autokratischer Weise, über den größten Teil der Erde ausübten. Bahá’u’lláh, aus Seinem Geburtsland Persien wegen Seiner religiösen Lehren verbannt, war der Gefangene des tyrannischen und mächtigen Sulṭáns des Osmanischen Reiches. In dieser Lage wandte Er sich an die Herrscher der Welt. Obgleich Seine Tablets an einzelne Könige und den Papst übergeben wurden, sind sie entweder absichtlich übersehen oder zurückgewiesen worden, ihr weiser Rat und ihre unheilverkündenden Warnungen blieben unbeachtet, und in einem Falle wurde sogar der Überbringer grausam gefoltert und getötet.
Nachdem Bahá’u’lláh diese alte Welt geprüft hatte und zu der Erkenntnis gekommen war, daß sie »der Gnade solcher Herrscher ausgeliefert (war), die, von Hochmut trunken, ihren eigenen wirklichen Vorteil nicht mehr deutlich wahrnehmen können«Q2, erklärte Er: »Der Hader, der die menschliche Rasse zerspaltet und peinigt, nimmt täglich zu. Die Zeichen drohender Schwäche und des nahen Chaos sind heute zu erkennen, da die bestehende Ordnung bejammernswert unvollkommen erscheint.«Q3 Obgleich Er in düsteren Farben diese »göttliche Züchtigung«Q4 malte, welche über die meisten jener Herrscher kommen und die Völker der Welt zerstörerisch überwältigen würde, hat Bahá’u’lláh doch keinen Zweifel an dem Ergebnis gelassen. »Bald«, so erklärte Er, »wird die heutige Ordnung aufgerollt und eine neue an ihrer Statt entfaltet werden«Q5. Seit dem Heimgang Bahá’u’lláhs im Heiligen Land im Jahre 1892 ist das ›Aufrollen‹ der alten Ordnung eine tägliche Erfahrungstatsache der Menschheit geworden, und kein Ende ist in diesem Vorgang abzusehen.
Der Kern der Weltordnung Bahá’u’lláhs ist die Einheit der menschlichen Rasse. »O ihr Menschenkinder!«, schreibt Er. »Die grundlegende Absicht, die den Glauben Gottes und Seine Religion beseelt, ist, die Belange der menschlichen Rasse zu schützen und ihre Einheit zu fördern …«Q6 Und Er warnt: »Das Wohlergehen der Menschheit, ihr Friede und ihre Sicherheit sind unerreichbar, sofern nicht und ehe nicht ihre Einheit fest begründet ist.«Q7 Diese Einheit zu verwirklichen ist Bahá’u’lláhs ausdrückliche Aufgabe und das Ziel aller Bahá’í-Tätigkeit. Ihre Umrisse und ihr Aufbau sind in den folgenden Auszügen aus den Schriften Shoghi Effendis, des Urenkels von Bahá’u’lláh und Hüters des Bahá’í-Glaubens, aufgezeigt:
»Die Einheit des Menschengeschlechts, wie sie Bahá’u’lláh vorausschaut, umschließt die Begründung eines Weltgemeinwesens, in welchem alle Nationen, Rassen, Glaubensbekenntnisse und Klassen eng und dauerhaft vereint, die Selbständigkeit ihrer Staatsglieder und die persönliche Freiheit und Tatbereitschaft der Einzelwesen, die sie bilden, endgültig und vollständig gesichert sind. Dieses Gemeinwesen muß, so weit wir es uns vorstellen können, aus einer Weltlegislative bestehen, deren Mitglieder als die Bevollmächtigten der ganzen Menschheit die gesamten Hilfsquellen aller sie zusammensetzenden Nationen beaufsichtigen. Es müssen Gesetze erlassen werden, die geeignet sind, das Leben in geregelte Bahnen zu leiten, alle Nöte zu befriedigen und die Beziehungen sämtlicher Rassen und Völker zu ordnen. Eine Weltexekutive, gestützt auf eine internationale Polizeitruppe, wird die Beschlüsse der Weltlegislative ausführen, die erlassenen Gesetze anwenden und die organische Einheit des ganzen Gemeinwesens schützen. Ein Weltschiedsgerichtshof wird seine bindende und endgültige Entscheidung in sämtlichen Streitfragen erlassen und abgeben, die zwischen den verschiedenen Gliedern dieses allumfassenden Systems entstehen. Das Netzwerk eines alle verbindenden Weltverkehrssystems wird ersonnen werden, das den ganzen Erdball umspannt und, befreit von allen nationalen Hindernissen und Beschränkungen, mit wunderbarer Schnelligkeit und absoluter Pünktlichkeit abläuft. Eine Welthauptstadt wird als Nervenzentrum einer Weltzivilisation und als Brennpunkt wirken, in dem die einigenden Lebenskräfte zusammenlaufen und von dem ihre kraftbringenden Einflüsse ausstrahlen werden. Eine Welthilfssprache wird entweder geschaffen oder unter den bestehenden Sprachen ausgewählt und in den Schulen aller verbündeten Nationen als ein Hilfsmittel neben der jeweiligen Muttersprache gelehrt werden. Eine Weltschrift, eine Weltliteratur, ein einheitliches und allumfassendes Währungs-, Gewichts- und Maßsystem werden den Verkehr und die Verständigung unter den Nationen und Rassen der Menschheit vereinfachen und erleichtern. In dieser Weltgemeinschaft werden Wissenschaft und Religion, die beiden gewaltigsten Kräfte im menschlichen Leben, in Einklang gebracht, zusammenwirken und sich harmonisch entwickeln. Die Presse wird in einem solchen System, in dem sie der Darlegung der verschiedenen Ansichten und Überzeugungen der Menschheit vollen Spielraum gewährt, nicht mehr durch althergebrachte Interessen, seien sie persönlicher oder allgemeiner Natur, unheilvoll gelenkt werden, und sie wird vom Einfluß streitender Regierungen und Völker befreit werden. Die wirtschaftlichen Hilfsmittel der Welt werden organisiert, ihre Rohstoffquellen erschlossen und restlos nutzbar gemacht, ihre Märkte aufeinander abgestimmt und entwickelt und die Verteilung ihrer Erzeugnisse unparteiisch geregelt werden.
Nationale Rivalität, Haß und Machenschaften werden aufhören, und Feindseligkeiten und Vorurteile der Rassen werden durch Freundschaft, Verständigung und Zusammenarbeit ersetzt werden. Die Ursachen religiöser Zwistigkeiten werden für immer aus dem Weg geräumt werden; wirtschaftliche Schranken und Hindernisse werden völlig beseitigt und der maßlose Klassenunterschied verwischt werden. Mangel auf der einen Seite und unmäßige Besitzanhäufung auf der anderen Seite werden verschwinden. Die ungeheuren Kräfte, die für den Krieg, wirtschaftlicher oder politischer Art, verzettelt und vergeudet werden, sollen solchen Zwecken zugeführt werden, die den Bereich der menschlichen Erfindungen und der technischen Entwicklung erweitern, der Steigerung der Produktionskraft, der Beseitigung von Krankheiten, der Ausdehnung wissenschaftlicher Forschungen, der Hebung des körperlichen Gesundheitszustands, der Belebung und Verfeinerung des menschlichen Verstandes, der Ausbeutung ungenutzter und ungeahnter Hilfsquellen dieser Erde, der Verlängerung des menschlichen Lebens und der Förderung aller jener Tätigkeiten dienen, die das verstandesmäßige, sittliche und geistige Leben des ganzen Menschengeschlechtes anzuregen vermögen.
Ein Weltbundsystem, das die ganze Erde beherrscht und eine unanfechtbare Befugnis über ihre unvorstellbar großen Hilfsquellen hat, das die Ideale sowohl des Ostens wie auch des Westens verkörpert und in Einklang bringt, vom Fluch des Krieges und des mit ihm verbundenen Elends befreit ist und sich auf die Ausnützung aller verfügbaren Kraftquellen auf der Erdoberfläche erstreckt, ein System, in dem die Stärke zur Dienerin der Gerechtigkeit gemacht ist, dessen Dasein durch seine allumfassende Anerkennung eines Gottes und durch seinen Gehorsam gegen eine gemeinsame Offenbarung getragen wird – dies ist das Ziel, dem die Menschheit, durch die vereinenden Lebenskräfte angetrieben, zustrebt.« Q8
Bahá’u’lláhs Botschaft ist eine Botschaft der Hoffnung, der Liebe und der praktischen Erneuerung. Heute ernten wir die erschreckenden Ergebnisse der Zurückweisung Seines göttlichen Rufes durch unsere Vorfahren. Doch gibt es heute andere Herrscher und Menschen, die vielleicht hören und die Schwere der drohenden Katastrophe aufheben oder mildern können. Aus dieser Hoffnung und aus dem Gefühl einer heiligen Verpflichtung heraus verkündet das Universale Haus der Gerechtigkeit, die international leitende Körperschaft des Bahá’í-Glaubens, mit der Veröffentlichung dieser ausgewählten Texte erneut den Geist dieses mächtigen Rufes von vor einhundert Jahren. Mit derselben Hoffnung und Überzeugung werden die Bahá’í in der ganzen Welt während dieser Periode der Jahrhundertfeier ihr Äußerstes tun, um die erlösende Tatsache dieser erneuten Ausgießung göttlicher Führung und Liebe dem Bewußtsein ihrer Mitmenschen nahezubringen. Wir sind überzeugt, daß ihre Mühe nicht vergeblich sein wird.
Haifa, Israel, 1967
Aufrufe an die Könige und Herrscher der Welt
Aufrufe an die Könige und Herrscher der Welt in ihrer Gesamtheit
***
»O Könige der Erde! Er, der höchste Herr über alle, ist gekommen. Das Reich ist Gottes, des allmächtigen Beschützers, des Selbstbestehenden. Betet niemanden an außer Gott und erhebt euer Angesicht mit strahlendem Herzen zu eurem Herrn, dem Herrn aller Namen. Dies ist eine Offenbarung, welcher nichts, was immer ihr besitzt, gleichgestellt werden kann – könntet ihr es doch erkennen! Wir sehen, daß ihr euch über das freut, was ihr von anderen angesammelt habt, und daß ihr euch ausschließt von den Welten, die nichts außer Meinem Verwahrten Tablet ermessen kann. Die Schätze, die ihr gesammelt habt, lenken euch weit ab von eurem letzten Ziel. Dies ziemt euch schlecht – o könntet ihr das doch verstehen! Reinigt eure Herzen von allen irdischen Verunreinigungen und eilt, einzutreten in das Königreich eures Herrn, des Schöpfers von Erde und Himmel, der die Welt erzittern und alle ihre Völker wehklagen ließ, ausgenommen jene, die auf alle Dinge verzichtet haben und sich an dem festhielten, was im Verborgenen Tablet verordnet wurde…« Q9
»O Könige der Erde! Das Größte Gesetz ist an diesem Ort geoffenbart worden, auf diesem Schauplatz höchsten Glanzes. Alles Verborgene ist ans Licht gebracht worden kraft des Willens des Höchsten Gesetzgebers, Dessen, der die letzte Stunde angekündigt hat, durch welchen der Mond gespalten und jeder unwiderrufliche Befehl gedeutet worden ist.
Ihr seid nur Vasallen, o Könige der Erde! Er, der König der Könige, ist im Gewande Seiner wunderbarsten Herrlichkeit erschienen und lädt euch vor sich, den Helfer in der Gefahr, den Selbstbestehenden. Hütet euch, daß euch nicht der Hochmut davon abhalte, den Quell der Offenbarung zu erkennen, daß die Dinge dieser Welt euch nicht wie mit einem Schleier von Ihm, dem Schöpfer des Himmels, ausschließen. Erhebt euch und dient Ihm, der Sehnsucht aller Völker, der euch durch ein Wort erschuf und verordnete, daß ihr für alle Zeiten die Wahrzeichen Seiner Herrschaft sein sollt.
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Es ist nicht Unser Wunsch, Hand an eure Königreiche zu legen. Unsere Bestimmung ist, die Herzen der Menschen zu ergreifen und zu besitzen. Auf sie sind die Augen Bahás gerichtet. Dies bezeugt das Königreich der Namen – könntet ihr es doch verstehen! Wer seinem Herrn nachfolgt, wird der Welt und allem, was darinnen ist, entsagen. Wieviel größer muß dann die Loslösung Dessen sein, der eine so erhabene Stufe innehat! Verlaßt eure Paläste und eilt, Einlaß in Sein Königreich zu gewinnen. Dies wird euch in dieser und in der nächsten Welt von Nutzen sein. Das bezeugt der Herr des Reiches in der Höhe – würdet ihr es doch erkennen!
Wie groß ist die Glückseligkeit, die den König erwartet, der sich erheben wird, Meiner Sache in Meinem Königreich zu helfen, und der sich von allem außer Mir loslösen wird! Solch ein König wird zu den Gefährten der Roten Arche gezählt, der Arche, die Gott dem Volk von Bahá bereitet hat. Alle müssen seinen Namen verherrlichen, seine Stufe ehren und ihm helfen, die Städte aufzuschließen mit den Schlüsseln Meines Namens, der allmächtige Beschützer aller, die die sichtbaren und unsichtbaren Reiche bewohnen. Solch ein König ist das wahre Auge der Menschheit, der leuchtende Schmuck auf der Stirn der Schöpfung, der Urquell von Segnungen für die ganze Welt. O Volk von Bahá, opfere deinen Besitz, ja selbst dein Leben, um ihm beizustehen.
Wir haben nichts von euch erbeten. Wahrlich, um der Sache Gottes willen ermahnen Wir euch und werden Wir Uns gedulden, wie Wir es in dem taten, was Uns in. euren Händen, o Schar der Könige, befallen hat!« Q10
***
»O Könige der Erde! Hört auf die Stimme Gottes, die von diesem erhabenen, früchtebeladenen Baume aus ruft, der den Karminroten Hügeln auf der heiligen Ebene entsprossen ist, und die die Worte anstimmt: ›Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Mächtigen, dem Allvermögenden, dem Allweisen‹ … Fürchtet Gott, o ihr Könige, und laßt euch diese erhabenste Gnade nicht entgehen. So werft denn euren Besitz hinweg und klammert euch an den Halt Gottes, des Erhabenen, des Großen. Wendet eure Herzen dem Antlitz Gottes zu, gebt auf, wonach euch eure Wünsche trachten ließen, und seid nicht bei denen, die zugrunde gehen. O Diener, berichtet ihnen die Geschichte ‘AlísA1, wie Er zu ihnen kam mit der Wahrheit, mit Seinem herrlichen und gewichtigen Buch, in Seinen Händen ein Zeugnis und einen Beweis von Gott und mit heiligen und gesegneten Zeichen von Ihm. Ihr jedoch, o Könige, habt versäumt, auf die Erwähnung Gottes in Seinen Tagen zu achten und euch von den Lichtern führen zu lassen, die aufgingen und aufleuchteten über dem Horizonte eines strahlenden Himmels. Ihr erforschtet nicht Seine Sache, wo dies zu tun doch besser für euch gewesen wäre als alles, was die Sonne bescheint – o könntet ihr es doch verstehen! Ihr bliebt unachtsam, bis die Geistlichen Persiens, diese Grausamen, das Urteil über Ihn fällten und Ihn zu Unrecht töteten. Sein Geist stieg zu Gott empor, und die Augen der Bewohner des Paradieses und die Engel, die Ihm nahe sind, weinten schmerzlich über diese Grausamkeit. Hütet euch, weiterhin so nachlässig zu sein, wie ihr es ehedem wart. So kehrt denn zu Gott, eurem Schöpfer, zurück und gesellt euch nicht zu den Achtlosen … Mein Antlitz kam aus den Schleiern hervor und goß seine Strahlen auf alles, was im Himmel und auf Erden ist. Dennoch habt ihr euch Ihm nicht zugewandt, obwohl ihr für Ihn geschaffen seid, o ihr Könige! Befolgt daher, was Ich euch sage, hört darauf mit euren Herzen und gehört nicht zu denen, die sich abgewandt haben. Denn euer Ruhm besteht nicht in eurer Herrschaft, sondern vielmehr in eurer Nähe zu Gott und im Befolgen Seines Gebotes, wie es in Seinen heiligen und verwahrten Tablets herniedergesandt wurde. Sollte einer von euch über die ganze Erde herrschen und über alles, was darinnen und darauf besteht, ihre Meere, ihre Länder, ihre Berge und ihre Ebenen, und doch nicht von Gott erwähnt werden, so würde ihm all dies nichts nützen – o könntet ihr es doch erkennen! … So erhebt euch denn, seid standhaft, macht wieder gut, was euch entgangen ist, und geht Seinem heiligen Hofe, am Strande Seines mächtigen Ozeans, entgegen, auf daß die Perlen der Erkenntnis und Weisheit,. die Gott für euch in der Hülle Seines strahlenden Herzens aufgespeichert hat, euch offenbart werden mögen … Hütet euch, daß ihr den Odem Gottes nicht hindert, über eure Herzen zu wehen, den Odem, durch welchen die Herzen derer, die sich Ihm zugewandt haben, belebt werden können …« Q11
»Hütet euch, ungerecht zu handeln an jemandem, der euch anruft und unter eurem Schutze steht. Wandelt in der Furcht Gottes und seid unter denen, die ein gottgefälliges Leben führen. Verlaßt euch nicht auf eure Macht, eure Waffen und Schätze. Setzt euer ganzes Vertrauen und eure Zuversicht in Gott, der euch erschaffen hat; sucht Seine Hilfe in allen euren Angelegenheiten. Beistand kommt von Ihm allein. Er hilft, wem Er will, mit den Heerscharen der Himmel und der Erde.
Wißt, daß die Armen das Pfand Gottes in eurer Mitte sind. Seid achtsam, daß ihr Sein Pfand nicht veruntreut, daß ihr nicht ungerecht an ihnen handelt und daß ihr nicht auf den Wegen der Verräter wandelt. Ihr werdet ganz sicherlich zur Rechenschaft über Sein Pfand gerufen werden an dem Tage, da die Waage der Gerechtigkeit aufgestellt ist, an dem Tage, da jedermann das Seinige zugeteilt wird, da die Taten aller Menschen, ob reich oder arm, gewogen werden.
Wenn ihr den Ratschlägen, die Wir in unvergleichlicher und unzweideutiger Sprache in diesem Tablet geoffenbart haben, keine Beachtung schenkt, dann wird von allen Seiten göttliche Züchtigung über euch kommen, und der Urteilsspruch Seiner Gerechtigkeit wird gegen euch verkündet werden. An jenem Tage werdet ihr keine Macht haben, Ihm zu widerstehen, und ihr werdet eure eigene Ohnmacht erkennen. Habt Erbarmen mit euch selbst und mit denen, die euch unterstellt sind, und richtet sie nach den von Gott in Seinem heiligsten und erhabenen Tablet verordneten Geboten, einem Tablet, in dem Er allem und jedem Sein das festgesetzte Maß zugewiesen hat, in dem Er deutlich eine Erklärung aller Dinge gegeben hat, die in sich selbst schon eine Ermahnung ist an alle, die an Ihn glauben.
Prüft Unsere Sache, erforscht die Dinge, die Uns befallen haben, entscheidet gerecht zwischen Uns und Unseren Feinden und gesellt euch zu jenen, die ihren Nächsten unparteiisch behandeln. Wenn ihr dem Unterdrücker nicht in den Arm fallt, wenn ihr versäumt, die Rechte der Niedergetretenen zu schützen, welches Recht habt ihr dann, euch unter den Menschen zu rühmen? Worauf könnt ihr mit Recht stolz sein? Ist es euer Essen und Trinken, auf das ihr stolz seid, sind es die Reichtümer, die in euren Schatzkammern lagern, die Buntheit und der Wert des Schmuckes, mit dem ihr euch bedeckt? Wenn wahrer Ruhm im Besitz solch vergänglicher Dinge bestünde, dann müßte notwendigerweise die Erde, auf der ihr wandelt, sich vor euch rühmen, denn sie versorgt und beschenkt euch nach dem Ratschluß des Allmächtigen gerade mit diesen Dingen. In ihrem Innern ist alles, was ihr besitzt, enthalten, so wie Gott es verordnet hat. Von ihr leitet ihr eure Reichtümer als ein Zeichen Seiner Gnade her. So schaut denn euren Zustand, dessen ihr euch so rühmt. Könntet ihr ihn doch erkennen! Nein, bei Ihm, der das Königreich der ganzen Schöpfung in Seiner Gewalt hält! Euer wahrer und dauernder Ruhm liegt nur in eurem Festhalten an den Geboten Gottes, im Befolgen Seiner Gesetze aus ganzem Herzen, in eurem Entschluß, sie erfüllt zu sehen und unbeirrt den rechten Weg zu wandeln.« Q12
»Zwanzig Jahre sind verronnen,. o Könige, während derer Wir jeden Tag die herben Qualen einer neuen Trübsal empfunden haben. Keiner vor Uns hat das erduldet, was Wir erduldet haben. Könntet ihr es doch fassen! Die sich gegen Uns erhoben, haben Uns hingerichtet, Unser Blut vergossen, Unseren Besitz geplündert und Unsere Ehre verletzt. Obwohl der meisten Unserer Leiden gewahr, habt ihr es dennoch unterlassen, dem Angreifer in den Arm zu fallen. Ist es denn nicht eure klare Pflicht, der Tyrannei des Unterdrückers Einhalt zu gebieten und eure Untertanen unparteiisch zu behandeln, auf daß euer hoher Gerechtigkeitssinn der ganzen Menschheit voll bewiesen werde?
Gott hat euren Händen die Zügel der Regierung des Volkes übergeben, daß ihr in Gerechtigkeit über die Menschen herrschen, die Rechte der Niedergetretenen schützen und die Übeltäter strafen möget. Wenn ihr die Pflicht vernachlässigt, die Gott euch in Seinem Buche vorgeschrieben hat, so werden eure Namen in Seinen Augen zu denen der Ungerechten gezählt werden. Schmerzlich, in der Tat, wird euer Irrtum für euch sein. Wollt ihr euch an das hängen, was euch eure Einbildung vorgespiegelt hat, und die Gebote Gottes, des Erhabensten, des Unerreichbaren, des Allbezwingers, des Allmächtigen, verwerfen? Werft die Dinge, die ihr besitzt, hinweg und haltet euch an das, was Gott euch zu tun geboten hat. Sucht Seine Gnade, denn wer sie sucht, der wandelt auf Seinem geraden Pfad. …
… Der Tag naht heran, da Gott Seine Sache erhöht und Sein Zeugnis verherrlicht haben wird vor den Augen aller, die in den Himmeln und auf Erden sind. Setze dein ganzes Vertrauen in allen Lebenslagen auf deinen Herrn, richte deinen Blick auf Ihn und wende dich ab von all denen, die Seine Wahrheit verschmähen. Lasse Gott, deinen Herrn, dir als Beistand und Helfer genügen. Wir haben gelobt, deinen Triumph auf Erden zu sichern und Unsere Sache über alle Menschen zu erheben, auch wenn kein König zu finden wäre, der dir seinen Blick zuwendete.« Q13
***
»O Könige der Erde! Wir sehen euch jedes Jahr eure Ausgaben vermehren und deren Lasten euren Untertanen aufbürden. Das ist, wahrlich, höchst ungerecht. Fürchtet die Seufzer und Tränen dieses Unterdrückten und ladet nicht übermäßige Lasten auf eure Völker. Beraubt sie nicht, um für euch selbst Paläste zu errichten. Nein, wählt vielmehr für sie das, was ihr für euch selbst wählt. So entrollen Wir vor euren Augen das, was euch nützt – würdet ihr es doch erkennen! Eure Völker sind eure Schätze. Hütet euch, durch eure Herrschaft die Gebote Gottes zu verletzen und eure Mündel den Händen der Räuber auszuliefern! Durch sie herrscht ihr, durch sie besteht ihr, mit ihrer Hilfe siegt ihr. Und doch, wie verächtlich schaut ihr auf sie herab! Wie seltsam, wie höchst seltsam!
Nun, da ihr den Größten Frieden zurückgewiesen habt, haltet euch an den Geringeren Frieden, auf daß ihr wenigstens einigermaßen eure eigene Lage und die der von euch Abhängigen bessern möget.
O Herrscher der Erde! Versöhnt euch miteinander, so daß ihr nicht mehr Kriegsrüstungen benötigt, als dem Schutze eurer Gebiete und Länder angemessen ist. Hütet euch, den Rat des Allwissenden, des Glaubwürdigen zu mißachten.
Seid einig, o Könige der Erde, denn dadurch wird der Sturm des Haders gestillt und eure Völker finden Ruhe – wenn ihr doch unter denen wäret, die das verstehen! Sollte einer unter euch gegen einen anderen die Waffen ergreifen, so erhebt euch alle gegen ihn, denn dies ist nichts als offenbare Gerechtigkeit.« Q14
***
»Der eine, wahre Gott – erhaben sei Seine Herrlichkeit – hat immer die Herzen der Menschen als Seinen eigenen, ausschließlichen Besitz angesehen und wird dies immer tun. Alles andere, ob zu Land oder zur See, ob Reichtum oder Ruhm, hat Er den Königen und Herrschern der Erde gegeben. Vom Anfang an, der keinen Anfang hat, wurde das Banner, das die Worte verkündet: ›Er tut, was Er will‹Q15 in all seinem Glanz. vor Seiner Offenbarung entfaltet. Heute muß die Menschheit Gehorsam gegenüber den Mächtigen erzeigen und treu am Seile der Weisheit festhalten. Die Mittel zum unmittelbaren Schutz, zur Ruhe und Sicherheit des Menschengeschlechts sind den Führern der menschlichen Gesellschaft anvertraut und liegen in ihrer Hand. So lauten der Wunsch Gottes und Seine Verordnung … Wir hoffen, daß sich einer der Könige der Erde um Gottes willen für den Triumph dieses gequälten und unterdrückten Volkes erheben wird. Dieser König wird ewig gepriesen und verherrlicht werden. Gott hat Seinem Volk zur Pflicht gemacht, den zu unterstützen, der Ihm beisteht, seinem besten Wohle zu dienen und ihm Untertanentreue zu erweisen. Wer Mir folgt, muß unter allen Umständen danach streben, das Wohlergehen dessen zu fördern, der für den Sieg Meiner Sache kämpft, und ihm allezeit Ergebenheit und Aufrichtigkeit bezeigen. Glücklich der Mensch, der Meinen Rat beherzigt und befolgt! Wehe dem, der Meinen Wunsch nicht erfüllt!« Q16
An Napoleon III.
»O König in Paris! Sage den Priestern, sie sollen nicht länger die Glocken läuten. Bei Gott, dem Wahren! Die Mächtigste Glocke ist erschienen in der Gestalt Dessen, welcher der Größte Name ist, und die Finger des Willens deines Herrn, des Erhabensten, des Höchsten, läuten sie im Himmel der Unsterblichkeit in Seinem Namen ›der Allherrliche‹. So sind die mächtigen Verse deines Herrn aufs neue zu dir herabgesandt worden, auf daß du dich erheben mögest, Gottes zu gedenken, des Schöpfers von Erde und Himmel, in diesen Tagen, da alle Geschlechter der Erde trauern, da die Grundmauern der Städte erzittern und der Staub des Unglaubens alle Menschen einhüllt, ausgenommen jene, die dein Herr, der Allwissende, der Allweise, zu verschonen beliebte. Sprich: Er, der. Unbedingte, ist in den Wolken des Lichts gekommen, um alles Erschaffene mit dem Odem Seines Namens ›der Allbarmherzige‹ zu beleben, um die Welt zu vereinen und alle Menschen an dieser Tafel zu versammeln, die vom Himmel herabgesandt wurde. Hüte dich, die Gunst Gottes von dir zu weisen, nachdem sie zu dir herniederkam. Sie ist besser für dich als alles, was du besitzest; denn was dein ist, vergeht, aber was von Gott ist, besteht fort. Er verfügt in der Tat, was Ihm gefällt. Wahrlich,. der Odem der Vergebung weht von der Stätte deines Herrn, des Gottes der Gnade. Wer sich Ihm zukehrt, wird von seinen Sünden, von aller Pein und Krankheit gereinigt. Glücklich der Mensch, der sich diesem Odem zuwendet, und wehe dem, der sich abkehrt!
Würdest du dein inneres Ohr allem Erschaffenen neigen, dann würdest du hören: ›Der Urewige ist in Seiner großen Herrlichkeit gekommen!‹ Alle Dinge feiern das Lob ihres Herrn. Manche Menschen haben Gott erkannt und gedenken Seiner; andere erwähnen Ihn, aber kennen Ihn nicht. Deshalb haben Wir Unser Geheiß in einem deutlichen Tablet niedergelegt.
O König, lausche der Stimme, die aus dem Feuer ruft, das in diesem grünenden Baume brennt, auf dem Sinai, der sich über dem geheiligten, schneeweißen Ort jenseits der Ewigen Stadt erhob: ›Wahrlich, es gibt keinen anderen Gott außer Mir, dem Ewigvergebenden, dem Barmherzigsten!‹ Wahrlich, Wir haben Ihn gesandt, dem Wir mit dem Heiligen GeisteA2 beistanden, damit Er euch dieses Licht ankünde, das ausstrahlt vom Horizont des Willens eures Herrn, des Erhabensten, des Allherrlichen, Ihn, dessen Zeichen im Westen offenbar sind. Richtet nun euer Angesicht auf IhnA3 an diesem Tag, den Gott über alle anderen Tage erhöht und an dem der Allbarmherzige den Glanz Seiner strahlenden Herrlichkeit auf alle ergossen hat, die im Himmel und auf Erden sind. Erhebe dich, Gott zu dienen und Seiner Sache beizustehen! Er, wahrlich, wird mit den Heerscharen des Sichtbaren und des Unsichtbaren dir zur Seite sein und dich zum König über alles einsetzen, was die Sonne bescheint. Dein Herr ist wahrlich der Allgewaltige, der Allmächtige.
Die Winde des Allbarmherzigen wehen über alles Erschaffene hin; glücklich der Mensch, der ihren Duft entdeckt und reinen Herzens ihnen entgegeneilt. Schmücke deinen Tempel mit der Zier Meines Namens, deine Zunge mit Meinem Gedenken und dein Herz mit der Liebe zu Mir, dem Allmächtigen, dem Höchsten. Wir wünschen nichts für dich als das, was besser für dich ist als dein Besitz und alle Schätze der Erde. Wahrlich, dein Herr ist allwissend, und Er kennt alles. Erhebe dich in Meinem Namen unter Meinen Dienern und sprich: ›O ihr Völker der Erde! Wendet euch Ihm zu, der sich euch zuwandte. Wahrlich, Er ist das Antlitz Gottes unter euch, Sein Zeugnis und Seine Führung für euch. Er kam zu euch mit Zeichen, wie sie keiner sonst aufweisen kann.‹ Mitten im Herzen der Welt erschallt die Stimme des Brennenden Busches, und laut ruft der Heilige Geist vor den Nationen: ›Seht, der Ersehnte ist mit offenbarer Herrschaft gekommen!‹
O König! Die Sterne am Himmel des Wissens sind herabgefallen, sie, die die Wahrheit Meiner Sendung durch ihren Besitz begründen wollen und die Gott in Meinem Namen anrufen. Dennoch haben sie sich abgewandt, als Ich in Meiner Herrlichkeit zu ihnen kam. In der Tat, sie zählen zu den Gefallenen. Dies ist wahrlich das, was der Geist GottesA4 ankündigte, als Er mit der Wahrheit zu euch kam, Er, mit dem sich die jüdischen Gelehrten stritten, bis sie schließlich taten, was den Heiligen Geist klagen und die Tränen jener, die Gott nahe sind, strömen ließ …« Q17
»O König! Wir vernahmen die Worte, die du dem Zaren von Rußland bezüglich deines Entschlusses zum KriegA5 zur Antwort gabst. Wahrlich, dein Herr ist allwissend und kennt alles. Du sagtest: ›Ich lag schlafend auf meinem Bette, als der Schrei der Unterdrückten, die in das Schwarze Meer gestürzt wurden, mich weckte.‹ Solches hörten Wir dich sprechen, und wahrlich, dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich sage.. Wir bezeugen, daß das, was dich weckte, nicht ihr Schrei war, sondern die Einflüsterungen deiner eigenen Leidenschaften. Denn Wir prüften dich und fanden dich fehlerhaft. Erfasse die Bedeutung Meiner Worte und gehöre zu den Einsichtsvollen. Mit Rücksicht auf die Würde, die Wir dir in diesem vergänglichen Dasein verliehen, wünschen Wir keineswegs, dich zu verdammen. Wahrlich, Wir wählten die Höflichkeit und machten sie zum Kennzeichen für solche, die Ihm nahe sind. Höflichkeit ist in der Tat ein Gewand, das alle Menschen, jung oder alt, kleidet. Wohl steht es um den, der seinen Tempel mit ihr schmückt, und wehe denen, die dieser großen Gabe verlustig gehen. •Wärest du aufrichtig in deinen Worten gewesen, so hättest du das Buch Gottes nicht beiseite geworfen, als es dir von Ihm, dem Allmächtigen, dem Allweisen, zugesandt wurde. Wir haben dich damit geprüft und fanden dich anders, als du vorgibst. Erhebe dich und suche nachzuholen, was du versäumt hast. Binnen kurzem werden die Welt und all dein Besitz untergehen, und das Reich wird Gottes bleiben, deines Herrn und des Herrn deiner Väter. Es geziemt dir nicht, deine Geschäfte nach den Befehlen deiner Leidenschaften zu führen. Fürchte die Seufzer dieses Unterdrückten und schirme Ihn vor den Speeren derer, die Unrecht tun.
Für das, was du getan hast, soll dein Reich in Verwirrung gestürzt werden; deine Herrschaft, soll deinen Händen zur Strafe für das, was du verübtest, entgleiten. Dann wirst du erkennen, wie sehr du dich geirrt hast. Aufruhr wird das ganze Volk des Landes ergreifen, es sei denn, du hilfst dieser Sache und folgst Ihm, dem Geist GottesA6, auf diesem, dem Geraden Pfad. Hat dich dein Pomp stolz gemacht? Bei Meinem Leben! Er soll nicht von Dauer sein, nein, er soll bald dahinschwinden, es sei denn, du hältst dich standhaft an dieses feste Seil. Wir sehen Erniedrigung dich verfolgen, während du zu den Achtlosen gehörst. Es geziemt dir, wenn du Seine Stimme vom Throne der Herrlichkeit rufen hörst, alles wegzuwerfen, was du besitzest, und laut zu antworten: ›Hier bin ich, o Du Herr all dessen, was im Himmel und auf Erden ist!‹
O König! Wir waren im ‘Iráq, als die Stunde des Abschieds kam. Auf Befehl des Königs des IslámA7 lenkten Wir Unseren Fuß in seiner Richtung. Bei Unserer Ankunft fügten Uns die Böswilligen zu, was die Bücher der Welt niemals angemessen wiedergeben können. Die Bewohner des Paradieses und alle, die an den Stätten der Heiligkeit weilen, klagten laut darüber, und doch sind die Menschen in dichte Schleier gehüllt! …
Unsere Lage wurde von Tag zu Tag, ja von Stunde zu Stunde schlimmer, bis man Uns aus Unserem Gefängnis nahm und Uns – ein schreiendes Unrecht – in das Größte Gefängnis brachte…« Q18
»Sei dir bewußt, daß deine Untertanen Gottes Lehen an dich sind. Beschütze sie darum wie dein eigenes Selbst. Sieh dich vor, daß nicht Wölfe zu Hirten der Herde werden oder daß Stolz und Eitelkeit dich hindern, dich der Armen und Verlassenen anzunehmen. Erhebe dich in Meinem Namen am Horizont der Entsagung und richte sodann dein Angesicht auf das Königreich, wie es dein Herr, der Herr der Stärke und Macht, dir befiehlt …
Schmücke den Körper deines Reiches mit dem Gewande Meines Namens; alsdann mache dich auf, Meine Sache zu lehren. Dies ist besser für dich als alles, was du besitzest. Gott wird dadurch deinen Namen unter allen Königen erhöhen. Er ist über alle Dinge mächtig. Wandle unter den Menschen im Namen Gottes und in der Kraft Seiner Macht, damit du Seine Zeichen unter den Völkern auf Erden kundtust …« Q19
»Betrachtet die Welt wie einen menschlichen Körper, der von verschiedenen Leiden befallen wurde und dessen Genesung davon abhängt, daß alle Elemente, aus denen er sich zusammensetzt, aufeinander abgestimmt werden. Haltet euch an das, was Wir für euch verordneten, und wandelt nicht auf den Wegen jener, die Zwietracht stiften. Sinnt nach über die Welt und den Zustand ihrer Völker. Er, um dessentwillen die Welt ins Sein gerufen wurde, ist in der trostlosesten aller Städte wegen der Untaten der Verstockten eingekerkert. Vom Horizont Seiner Gefängnisstadt lädt Er die Menschheit zum Anbruch des Tages Gottes, des Erhabenen, des Großen. Frohlockst du über die Schätze, die du besitzest, wo du doch weißt, daß sie vergehen werden? Freust du dich darüber, daß du ein Stückchen Erde beherrschst, während die ganze Welt nach der Schätzung des Volkes Bahás soviel wert ist wie das Schwarze im Auge einer toten Ameise? Überlasse dies denen, die ihre Lust dareinsetzten, und wende dich Ihm, der Sehnsucht der Welt, zu. Wohin sind die Stolzen und ihre Paläste gekommen? Blicke in ihre Gräber, damit du an diesem Beispiel lernst, denn Wir machten es zur Lehre für jeden Betrachter. Würde der Windhauch der Offenbarung dich erfassen, du würdest die Welt fliehen, würdest dich dem Reiche Gottes zuwenden und alles hingeben, was du besitzest, um dieser erhabenen Schau nahezukommen.« Q20
An Zar Alexander II.
»O Zar von Rußland! Neige dein Ohr der Stimme Gottes, des Königs, des Heiligen, und wende dich dem Paradiese zu, der Stätte, wo Er wohnt, der unter den himmlischen Scharen die erhabensten Titel trägt und dem im Reiche der Schöpfung der Name Gott, der Strahlende, der Glorreiche, beigelegt wird. Hüte dich, daß dich deine Begierde nicht hindere, dich dem Angesichte deines Herrn, des Mitleidigen, des Barmherzigsten, zuzuwenden. Wir haben wahrlich die Sache vernommen, um die du deinen Herrn in heimlicher Zwiesprache angefleht hast. Darum wehten die Winde Meiner liebevollen Güte und wogte das Meer Meiner Barmherzigkeit, und Wir antworteten dir in Wahrheit. Dein Herr ist der Allwissende, der Allweise. Als Ich gefesselt und angekettet im Kerker lag, bot Mir einer deiner Gesandten seine Hilfe an. Deshalb hat Gott einen Rang für dich verordnet, welchen keine Erkenntnis begreifen kann, ausgenommen Seine Erkenntnis. Hüte dich, daß du diesen erhabenen Rang nicht verscherzest … Hüte dich, daß dich deine Herrschaft nicht von Ihm, dem höchsten Herrscher, fernhält. Wahrlich, Er ist mit Seinem Reiche gekommen, und alle Atome rufen laut: ›Seht, der Herr ist in Seiner erhabenen Majestät gekommen!‹ Er, der Vater, ist gekommen, und der SohnA8 im heiligen Tale ruft aus: ›Hier bin Ich, hier bin Ich, o Herr, Mein Gott!‹, während der Sinai das Haus umkreist und der Brennende Busch laut ausruft: ›Der Freigebigste ist gekommen auf den Wolken thronend! Gesegnet ist, wer sich Ihm nähert, und wehe denen, die weit entfernt sind!‹
Erhebe dich inmitten der Menschen im Namen dieser allbezwingenden Sache und rufe sodann die Nationen zu Gott, dem Erhabenen, dem Großen. Gehöre nicht zu denen, die Gott bei einem Seiner Namen angerufen haben, die aber, als Er, der Gegenstand aller Namen, erschien, Ihn verleugneten, sich von Ihm abwandten und schließlich mit offenbarer Ungerechtigkeit das Urteil über Ihn fällten. Bedenke und rufe dir die Tage ins Gedächtnis zurück, da der Geist GottesA9 erschien und Herodes das Urteil über Ihn sprach. Gott aber half Ihm mit den unsichtbaren Heerscharen, beschützte Ihn in Wahrheit und sandte Ihn nach Seiner Verheißung in ein anderes Land. Wahrlich, Er verordnet, was Ihm gefällt. Dein Herr behütet sicher, wen Er will, sei er auch in der Mitte der Meere oder im Bauch der Schlange oder unter dem Schwerte des Tyrannen…
Wiederum sage Ich: Höre auf Meine Stimme, die aus Meinem Gefängnis ruft, daß sie dir künde, was Meiner Schönheit widerfahren ist von der Hand derer, die die Offenbarungen Meiner Herrlichkeit sind, und damit du verstehen mögest, wie groß Meine Geduld gewesen ist, ungeachtet Meiner Macht, und wie unermeßlich Meine Nachsicht, ungeachtet Meiner Stärke. Bei Meinem Leben! Könntest du nur die Dinge erkennen, die durch Meine Feder herabgesandt wurden, und die Reichtümer Meiner Sache entdecken und die Perlen Meiner Geheimnisse, welche in den Meeren Meiner Namen und in den Bechern Meiner Worte verborgen liegen – du würdest in deiner Liebe zu Meinem Namen und in deiner Sehnsucht nach Meinem herrlichen und erhabenen Reich dein Leben auf Meinem Pfade hingeben. Wisse, daß, wenn auch das Schwert Meiner Feinde über Mir hängt und Meine Glieder von unermeßlichen Leiden befallen sind, Mein Geist doch von einer Freude erfüllt ist, mit der alle Freuden der Erde nimmermehr verglichen werden können.
Wende dein Herz Ihm, dem Ziel der Anbetung der Welt, zu und sprich: O Völker der Erde! Habt ihr Den verleugnet, auf dessen Pfad Er den Märtyrertod erlitt, der mit der Wahrheit kam und die Ankündigung eures Herrn, des Erhabenen, des Großen, überbrachte? Sprich: Dies ist eine Verkündigung, über die die Herzen der Propheten und Boten frohlockten. Dies ist der Eine, dessen das Herz der Welt gedenkt und der in den Büchern Gottes, des Mächtigen, des Allweisen, verheißen ist. Die Hände der Boten waren im Verlangen, Mir zu begegnen, zu Gott erhoben, dem Mächtigen, dem Verherrlichten … Einige wehklagten über ihre Trennung von Mir, andere erduldeten Ungemach auf Meinem Pfade und wieder andere gaben ihr Leben hin um Meiner Schönheit willen – o könntet ihr das doch erkennen! Sprich: Ich habe wahrlich nicht danach getrachtet, Mich selbst zu rühmen, vielmehr Gott selbst tat es – würdet ihr doch gerecht urteilen! Nichts kann in Mir gesehen werden außer Gott und Seiner Sache – könntet ihr es doch gewahr werden! Ich bin Der, den die Zunge Jesajas pries, Der, mit dessen Namen sowohl die Thora wie das Evangelium geschmückt wurden … Gesegnet sei der König, dessen Herrschaft ihn nicht von seinem Herrscher fernhielt und der sich mit seinem Herzen Gott zuwandte. Er, wahrlich, wird zu jenen gezählt, die das erreichten, was Gott, der Mächtige, der Allweise, wünschte. Binnen kurzem wird sich ein solcher unter die Monarchen der Reiche des Königreiches eingereiht finden. Dein Herr ist mächtig über alle Dinge. Er gibt, was Er will, wem immer Er will, und versagt, was Ihm beliebt, wem immer Er will. Er, wahrlich, ist der Allgewaltige, der Allmächtige!« Q21
An Königin Viktoria
»O Königin in London! Neige dein Ohr der Stimme deines Herrn, des Herrn des ganzen Menschengeschlechts, die vom göttlichen Lotosbaum ruft: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allmächtigen, dem Allweisen! Wirf alles hinweg, was auf Erden ist, und schmücke das Haupt deines Königreichs mit der Krone des Gedenkens deines Herrn, des Glorreichsten. Er, wahrlich, ist in die Welt in Seiner größten Herrlichkeit gekommen, und alles, was im Evangelium verkündet ist, hat sich erfüllt. Das Land Syrien ist geehrt worden durch die Fußspuren seines Herrn, des Herrn aller Menschen, und Nord und Süd sind beide trunken vom Wein Seiner Gegenwart. Gesegnet ist der Mensch, der den Duft des Barmherzigsten einatmete und sich dem Aufgangsort Seiner Schönheit in dieser strahlenden Morgendämmerung zuwandte. Die Moschee von Aqsá bebt im Windhauch ihres Herrn, des Allherrlichen, während BaṭḥáA10 vor der Stimme Gottes, des Erhabenen, des Höchsten, erzittert. Und so feiert jeder Stein von ihnen den Lobpreis des Herrn durch diesen Großen Namen.
Gib dein Begehren auf und wende sodann dein Herz deinem Herrn, dem Altehrwürdigen der Tage, zu. Wir erwähnen dich um der Sache Gottes willen und wünschen, daß dein Name erhöht werde durch dein Gedenken an Gott, den Schöpfer von Erde und Himmel. Er, wahrlich, ist Zeuge dessen, was Ich sage. Wir haben erfahren, daß du den Handel mit Sklaven, Männern sowohl wie Frauen, verboten hast. Wahrlich, dies ist, was Gott in dieser wundervollen Offenbarung zur Pflicht gemacht hat. Gott hat dir dafür eine Belohnung bestimmt. Er wird dem, der Gutes tut, seinen gerechten Lohn geben – möchtest du doch dem folgen, was dir zugesandt ward durch Ihn, den Allwissenden, den alles Durchschauenden. Was aber den betrifft, der sich abwendet und sich vor Stolz bläht, nachdem klare Zeichen zu ihm gekommen sind von dem Offenbarer der Zeichen, dessen Werk wird Gott zunichte machen. Er, wahrlich, hat Gewalt über alle Dinge. Des Menschen Taten sind annehmbar, nachdem erA11 anerkannt hat. Wer sich von dem Wahren abwendet, ist in der Tat am tiefsten unter Seinen Geschöpfen verschleiert. So ist es durch Ihn, den Allmächtigen, den Gewaltigsten, bestimmt worden.
Wir haben auch gehört, daß du die Zügel der Beratung den Händen der Volksvertreter anvertraut hast. Du hast fürwahr gut daran getan, denn dadurch werden der Grund des Gebäudes. deiner Angelegenheiten gestärkt und die Herzen aller, die unter deinem Schutze stehen, ob hoch oder niedrig, beruhigt werden. Es geziemt diesen jedoch, vertrauenswürdig zu sein unter Seinen Dienern und sich als die Vertreter aller zu betrachten, die auf Erden wohnen. – Dies ist es, was Er ihnen in diesem Tablet rät, Er, der Herrscher, der Allweise … Gesegnet ist, wer die Versammlung besucht um Gottes willen und aus reiner Gerechtigkeit zwischen den Menschen entscheidet. Er gehört fürwahr zu den Glückseligen …
Wende dich Gott zu und sprich: O mein höchster Herr! Ich bin nur Dein Vasall, und Du bist in Wahrheit der König der Könige. Ich habe meine flehenden Hände zum Himmel Deiner Gnade und Deiner Gaben erhoben. So sende denn aus den Wolken Deiner Großmut auf mich herab, was mich von allem außer Dir befreien wird, und ziehe mich näher zu Dir hin. Ich bitte Dich, o mein Herr, bei Deinem Namen, den Du zum König der Namen gemacht hast und zu Deiner Offenbarung für alle, die im Himmel und auf Erden sind, zerreiße die Schleier, die zwischen mich und meine Erkenntnis des Aufgangsortes Deiner Zeichen und des Tagesanbruchs Deiner Offenbarung getreten sind. Du bist, wahrlich, der Mächtigste, der Gewaltigste, der Gütigste. O Herr, beraube mich nicht der Düfte des Gewandes Deiner Barmherzigkeit in Deinen Tagen und schreibe nieder für mich, was Du für Deine Dienerinnen niedergeschrieben hast, die an Dich und Deine Zeichen geglaubt und Dich erkannt und ihre Herzen dem Horizonte Deiner Sache zugewandt haben. Du bist wahrlich der Herr der Welten und der Barmherzigste derer, die Barmherzigkeit erzeigen. So stehe mir bei, o mein Gott, Deiner inmitten Deiner Dienerinnen zu gedenken und Deiner Sache in Deinen Ländern zu helfen. Nimm an, was von mir ausging, als das Licht Deines Antlitzes aufstrahlte. Du hast fürwahr die Macht über alle Dinge. Ruhm sei Dir, o Du, in dessen Hand das Reich der Himmel und der Erde ruht.« Q22
An Kaiser Wilhelm I.
»O König von Berlin! Höre auf die Stimme, die aus diesem offenbaren Tempel ruft: ›Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Immerwährenden, dem Unvergleichlichen, dem Altehrwürdigen der Tage.‹ Hüte dich, daß dich nicht Stolz hindere, den Tagesanbruch göttlicher Offenbarung zu erkennen, daß irdische Wünsche dich nicht wie durch einen Schleier trennen von dem Herrn des Thrones im Himmel und auf Erden hienieden. Dies rät dir die Feder des Höchsten. Er, wahrlich, ist der Gnadenvollste, der Gütigste. Denke an denA12, dessen Macht deine Macht überragte und dessen Rang deinen Rang übertraf. Wo ist er? Wohin ist entschwunden, was er besaß? Sei gewarnt und sei nicht einer der tief Schlafenden. Er warf das Tablet Gottes beiseite, als Wir ihm kundtaten, was die Scharen der Tyrannen Uns erdulden ließen. Darum überfiel ihn Unglück von allen Seiten, und er starb in großem Verlust. Denke gut über ihn nach, o König, und über solche, die gleich dir Städte erobert und über Menschen geherrscht haben. Der Barmherzigste brachte sie herab von ihren Palästen in das Grab. Sei gewarnt! Sei einer von denen, die überlegen! … O Ufer des Rheins! Wir haben euch mit Blut bedeckt gesehen, denn die Schwerter der Vergeltung wurden gegen euch gezückt; und es soll noch einmal geschehen. Und Wir hören das Wehklagen Berlins, obgleich es heute in sichtbarem Ruhme strahlt.« Q23
An Kaiser Franz Joseph
»O Kaiser von Österreich! Er, der Tagesanbruch des göttlichen Lichtes, weilte im Gefängnis von ‘Akká zu der Zeit, da du dich aufmachtest, die Aqṣá-MoscheeA13 zu besuchen. Du zogst an Ihm vorüber und forschtest nicht nach Ihm, durch den jedes Haus erhöht und jede erhabene Pforte geöffnet wurde. Wir, wahrlich, machten esA14 zu einem Platz, wohin die Welt sich wenden soll, um Meiner zu gedenken. Doch du hast Ihn, das Ziel dieses Gedenkens, verschmäht, als Er erschien mit dem Reiche Gottes, deines Herrn und des Herrn der Welten. Wir sind allezeit mit dir gewesen und fanden dich an einen Zweig geklammert, der Wurzel nicht achtend. Wahrlich, dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich sage. Wir waren bekümmert, dich um Unseren Namen kreisen zu sehen, ohne Unser gewahr zu werden, obgleich Wir vor deinem Angesicht waren. Öffne deine Augen, diese herrliche Erscheinung zu betrachten und Ihn, den du des Tages und zur Nachtzeit anrufst, zu erkennen und das Licht zu erschauen, das von diesem Horizont ausstrahlt.« Q24
An Sulṭán ‘Abdu’l-‘Azíz
»O König! Höre auf die Rede Dessen, der die Wahrheit spricht, der nicht von dir verlangt, daß du Ihn mit dem entlohnst, was Gott dir zu schenken beliebte, und der unbeirrbar auf dem geraden Pfade wandelt. Er lädt dich vor Gott, deinen Herrn, und weist dir die rechte Bahn und den Weg, der zu wirklichem Glück führt, damit du vielleicht zu den Wohlgelittenen gehören mögest.
Hüte dich, o König, daß du nicht solche Minister um dich sammelst, die dem Verlangen einer bösen Neigung folgen, die das ihnen Anvertraute fortwerfen und offenkundig das ihnen geschenkte Vertrauen mißbrauchen. Sei freigebig gegen andere, wie Gott freigebig gegen dich war, und überlasse das Wohl deines Volkes nicht der Gnade solcher Minister. Vergiß nicht die Gottesfurcht und zähle zu den rechtschaffen Handelnden. Sammle Minister um dich, bei denen du den Wohlgeruch des Glaubens und der Gerechtigkeit verspürst, pflege Rat mit ihnen, wähle immer, was in deinen Augen das beste ist, und sei unter denen, die edelmütig handeln.
Wisse, daß der, der nicht an Gott glaubt, weder vertrauenswürdig noch wahrhaftig ist. Das ist in der Tat die Wahrheit, die unbestrittene Wahrheit. Wer treulos an Gott handelt, wird auch treulos an seinem König handeln. Nichts kann einen solchen Menschen vom Bösen abhalten, nichts kann ihn daran hindern, seinen Nächsten zu verraten, nichts kann ihn bestimmen, ehrlich zu handeln.
Hüte dich, die Zügel der Angelegenheiten deines Staates den Händen anderer zu überlassen, lasse dein Vertrauen nicht auf Ministern ruhen, die deines Vertrauens unwürdig sind, und zähle nicht zu denen, die in Nachlässigkeit dahinleben. Weiche denen aus, deren Herzen sich von dir abgewendet haben, setze dein Vertrauen nicht in sie und vertraue ihnen deine Angelegenheiten und die Angelegenheiten derer nicht an, die sich zu deinem Glauben bekennen. Hüte dich, dem Wolf zu gestatten, der Hirte der Herde Gottes zu werden, und überlasse das Schicksal Seiner Geliebten nicht der Gnade der Bösen. Erwarte nicht, daß die, welche die Gesetze Gottes übertreten, vertrauenswürdig und aufrichtig in dem Glauben sein werden, zu dem sie sich bekennen. Meide sie und wache streng über dich selbst, damit ihre List und ihr übelwollen dir nicht schaden. Wende dich von ihnen ab und richte deinen Blick auf Gott, deinen Herrn, den Allherrlichen, den Freigebigsten. Gott wird wahrlich mit dem sein, der sich Ihm ganz hingibt. Er wird gewißlich den, der sein ganzes Vertrauen in Gott setzt, vor allem behüten, was ihm schaden könnte, und ihn vor der Schlechtigkeit jedes üblen Ränkeschmieds beschirmen.
Wenn du dein Ohr Meiner Rede neigst und Meinen Rat befolgst, wird Gott dich zu einer so hohen Stellung erheben, daß dich auf der ganzen Erde keines Menschen Anschlag jemals erreichen und schädigen kann. O König, folge mit deinem innersten Herzen und deinem ganzen Sein den Geboten Gottes und wandle nicht auf den Wegen des Unterdrückers. Ergreife die Zügel der Angelegenheiten deines Volkes, halte sie sicher in der Hand deiner Macht und prüfe persönlich die Belange des Volkes. Lasse dir nichts entgehen, denn darin liegt das höchste Gut.
Danke Gott, daß Er dich vor der ganzen Welt auserwählte und dich zum König über die gemacht hat, die deinen Glauben bekennen. Es geziemt dir wohl, die wunderbaren Gunstbeweise zu würdigen, mit denen Gott dich bevorzugt hat, und fortwährend Seinen Namen zu erhöhen. Du kannst Ihn dann am besten verherrlichen, wenn du Seine Geliebten liebst und Seine Diener vor dem übelwollen der Treulosen schirmst und schützest, damit niemand sie länger unterdrücke. Du solltest dich ferner erheben, um das Gesetz Gottes unter ihnen zu errichten, damit du zu denen zählst, die sicher in Seinem Gesetz stehen.
Solltest du Ströme der Gerechtigkeit mit ihren Wassern deine Untertanen umfluten lassen, so würde Gott dir gewißlich mit den Heerscharen des Unsichtbaren und des Sichtbaren helfen und dich in deinen Angelegenheiten stärken. Kein Gott ist außer Ihm. Die ganze Schöpfung und ihr Reich sind Sein. Zu Ihm kehren die Werke der Gläubigen zurück.
Verlasse dich nicht auf deine Schätze. Setze dein ganzes Vertrauen in die Gnade Gottes, deines Herrn. Laß Ihn deine Zuversicht sein in allem, was du tust, und zähle zu denen, die sich in Seinen Willen ergeben haben. Lasse Ihn dein Helfer sein und bereichere dich an Seinen Schätzen, denn bei Ihm sind die Schatzkammern der Himmel und der Erde. Er schenkt sie, wem Er will, und vorenthält sie, wem Er will. Es ist kein Gott außer Ihm, dem Allbesitzenden, dem Allgepriesenen. Alle sind nur Almosenempfänger am Tor Seines Erbarmens. Alle sind hilflos vor der Offenbarung Seiner Herrschaft und flehen um die Beweise Seiner Gunst.
Überschreite nicht die Grenzen der Mäßigung und verfahre gerecht mit denen, die dir dienen. Gib ihnen ihren Nöten entsprechend und nicht in einem Ausmaß, das sie befähigt, Reichtümer für sich anzuhäufen, ihr Äußeres zu schmücken, ihr Heim zu verschönern, Dinge zu erwerben, die von keinerlei Nutzen für sie sind und sie zu den Verschwendern zählen läßt. Handle an ihnen mit unwandelbarer Gerechtigkeit, so daß keiner unter ihnen Mangel leide oder durch Überfluß übersättigt werde. Das ist offenbare Gerechtigkeit.
Gestatte den Verworfenen nicht, über die Edlen und Ehrenwerten zu herrschen, und lasse es nicht zu, daß die Hochgesinnten der Gnade der Gemeinen und Nichtswürdigen ausgeliefert werden – denn solches haben Wir bei Unserer Ankunft in der StadtA15 beobachtet. Das bezeugen Wir. Wir fanden unter ihren Bewohnern einige, die Vermögen im Überfluß besaßen und inmitten eines übermäßigen Reichtums lebten, während andere sich in bitterer Not und niederster Armut befanden. Das geziemt deiner Herrschaft nicht und ist deines Ranges unwürdig.
Lasse dir Meinen Rat angenehm sein und strebe danach, unparteiisch unter den Menschen zu herrschen, damit Gott deinen Namen erhöhe und den Ruf deiner Gerechtigkeit in aller Welt verbreite. Hüte dich, deine Minister auf Kosten deiner Untertanen zu mächtig werden zu lassen. Fürchte die Seufzer der Armen und der Aufrechten im Herzen, die bei jedem Tagesanbruch ihre Lage beklagen, und sei ihnen ein liebreicher Herrscher. Wahrlich, sie allein sind deine Schätze auf Erden. Es geziemt dir daher, deine Schätze vor den Angriffen derer zu bewahren, die danach trachten, dich zu berauben: Untersuche eingehend ihre Angelegenheiten, erforsche jedes Jahr, nein, jeden Monat ihre Lage und zähle nicht zu denen, die ihrer Pflicht nicht nachkommen.
Halte dir Gottes unfehlbare Waage vor Augen und wäge damit wie einer, der in Seiner Gegenwart steht, deine Handlungen jeden Tag, jeden Augenblick deines Lebens ab. Ziehe dich selbst zur Verantwortung, ehe du zur Rechenschaft gezogen wirst an dem Tag, da kein Mensch die Kraft haben wird, aufrecht zu stehen; aus Furcht vor Gott, an dem Tag, da die Herzen der Achtlosen erzittern werden.
Es geziemt jedem König, so freigebig zu sein wie die Sonne, die das Wachstum aller Wesen fördert und jedem seinen Anteil gibt, deren Wohltaten ihr nicht innewohnen, sondern von Ihm bestimmt sind, dem Machtvollsten, dem Allmächtigen. Der König sollte so freispendend, so großzügig in seinem Erbarmen sein, wie die Wolken, deren Schauer der Freigebigkeit sich über jedes Land auf. Befehl Dessen ergießen, der der Höchste Verordner, der Allwissende ist.
Hüte dich, deine Staatsangelegenheiten völlig den Händen anderer anzuvertrauen. Niemand kann deine Amtstätigkeit besser ausüben als du selbst. Deshalb erklären Wir dir Unsere Worte der Weisheit und senden auf dich hernieder, was dich befähigen kann, von der linken Hand der Unterdrückung zur rechten Hand der Gerechtigkeit hinüberzuwechseln und dich dem leuchtenden Meer Seiner Gunst zu nähern. Das ist der Weg, den die Könige, die vor dir waren, gegangen sind, diejenigen, die gerecht an ihren Untertanen gehandelt haben und auf den Pfaden unwandelbarer Gerechtigkeit vorangeschritten sind.
Du bist Gottes Schatten auf Erden. So strebe danach, in einer Weise zu handeln, wie es einer so hervorragenden und erhabenen Stufe geziemt. Wenn du nicht das befolgst, was Wir auf dich herabkommen ließen und dich lehrten, wirst du dich jener großen und unschätzbaren Ehre berauben. Kehre daher um, halte dich allein an Gott, reinige dein Herz von der Welt und allen ihren Nichtigkeiten und dulde nicht, daß die Liebe irgendeines Fremdlings hineinkomme und darin wohne. Wenn du dein Herz nicht von jeglicher Spur einer solchen Liebe läuterst, kann der Glanz des Lichtes Gottes seinen Strahlenschimmer nicht darüber ausgießen, denn niemandem hat Gott mehr als ein Herz gegeben. Das, wahrlich, wurde angeordnet und niedergeschrieben in Seinem altehrwürdigen Buch. Da das menschliche Herz, wie es von Gott gebildet wurde, eins und unteilbar ist, geziemt es dir, seine Zuneigung auch eins und unteilbar sein zu lassen. Halte dich darum mit der ganzen Zuneigung deines Herzens an Seine Liebe und bewahre es vor der Liebe irgendeines anderen außer Ihm, damit Er dir helfe, dich in das Meer Seiner Einigkeit zu versenken, und dich befähige, eine wahre Stütze Seiner Einheit zu werden. Gott ist Mein Zeuge – Ich offenbarte dir diese Worte in der alleinigen Absicht, dich von den vergänglichen Dingen der Erde zu heiligen und dir zu helfen, das Reich ewigwährender Herrlichkeit zu betreten, damit du mit der Erlaubnis Gottes unter denen seiest, die darin bleiben und herrschen…« Q25
»O König! Höre auf die Worte, die Wir an dich gerichtet haben. Gebiete dem Unterdrücker, von seiner Tyrannei abzulassen, und sondere die, welche Ungerechtigkeiten begehen, von denen ab, die deinen Glauben bekennen. Bei der Gerechtigkeit Gottes – die Heimsuchungen, die Wir erlitten haben, sind so groß, daß die Feder bei ihrer Wiedergabe von Schmerz überwältigt ist. Keiner von denen, die wirklich glauben und die Einheit Gottes aufrechterhalten, kann die Last ihres Berichtes ertragen. So groß waren Unsere Leiden, daß selbst die Augen Unserer Feinde und darüber hinaus die eines jeden erkennenden Menschen über Uns geweint haben. Allen diesen Prüfungen wurden Wir unterworfen, obwohl Wir versuchten, dir nahezukommen, und Wir dem Volke befahlen, in deinen Schatten zu treten, damit du ein Bollwerk für die werdest, die an die Einheit Gottes glauben und sie hochhalten.
O König! War Ich dir jemals ungehorsam? Habe Ich jemals eines deiner Gesetze übertreten? Kann irgendeiner deiner Minister, die dich im ‘Iráq vertraten, einen Beweis erbringen, der Meine Untreue gegen dich belegen könnte? Nein, bei Ihm, dem Herrn aller Welten! Auch nicht einen kurzen Augenblick lang lehnten Wir Uns gegen dich oder gegen irgendeinen deiner Minister auf. Niemals, so Gott will, werden Wir Uns gegen dich empören, obgleich Wir schwereren Prüfungen ausgesetzt sind, als Wir sie jemals in der Vergangenheit erlitten haben.
Am Tage und in der Nacht, am Abend und am Morgen beten Wir zu Gott um deinetwillen, damit Er dir gnädig helfe, Ihm zu gehorchen und Seine Gebote zu halten, damit Er dich schirme vor der Menge der Bösen. Verfahre daher nach deinem Wohlgefallen und behandle Uns, wie es deiner Stufe und deiner Herrschaft geziemt. Vergiß nicht das Gesetz Gottes bei allem, was du jetzt oder in kommenden Tagen zu vollbringen wünschst. Sprich: Preis sei Gott, dem Herrn aller Welten!« Q26
An Náṣiri’d-Dín Sháh
»O König! Ich war nur ein Mensch wie andere und schlief auf Meinem Lager – siehe, da wehten die Winde des Herrlichsten über Mich und gaben Mir Kenntnis von allem, was war. Diese Sache ist nicht von Mir, sondern von Dem, welcher allmächtig und allwissend ist. Und Er gebot Mir, Meine Stimme zu erheben zwischen Erde und Himmel, und um dessentwillen befiel Mich, worüber ein jeder Mensch mit Einsicht weinte. Die allgemein übliche Gelehrsamkeit der Menschen studierte Ich nicht; ihre Schulen betrat Ich nicht. Frage nach in der Stadt, wo Ich wohnte, auf daß du wohl versichert seiest, daß Ich nicht zu denen gehöre, die falsch reden. Dies ist nur ein Blatt, das die Winde des Willens deines Herrn, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, bewegt haben. Kann es ruhig bleiben, wenn der Sturmwind weht? Nein, bei Ihm, dem Herrn aller Namen und Eigenschaften! Er bewegt es, wie Er will. Das Vorübergehende ist wie ein Nichts vor Ihm, dem Ewigen. Sein allbezwingender Ruf hat Mich erreicht und ließ Mich Seinen Lobpreis unter allem Volke anstimmen. Fürwahr, Ich war wie ein Toter, als Sein Befehl erscholl. Die Hand des Willens deines Herrn, des Mitleidigen, des Barmherzigen, verwandelte Mich. Kann irgend jemand aus eigenem Willen das aussprechen, weswegen alle Menschen, hoch und niedrig, sich gegen ihn erheben werden? Nein, bei Ihm, der die Feder die ewigen Geheimnisse lehrte: das kann nur, wem die Gnade des Allmächtigen, des Allgewaltigen Kraft gab. Die Feder des Höchsten wandte sich Mir zu und sprach: Fürchte dich nicht! Berichte Seiner Majestät dem Sháh, was über dich gekommen ist. Wahrlich, sein Herz ist in der Hand deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, damit vielleicht die Sonne der Gerechtigkeit und Freigebigkeit über dem Horizonte seines Herzens aufstrahlt. So wurde die Verordnung unwiderruflich festgesetzt durch Ihn, den. Allweisen.
O König, blicke, auf diesen Jüngling mit den Augen der Gerechtigkeit. Urteile sodann aufrichtig über das, was Ihn befallen hat. Wahrhaftig, Gott hat dich zu Seinem Schatten gemacht unter den Menschen und zum Zeichen Seiner Macht für alle, die auf Erden wohnen. Urteile zwischen Uns und denen, die Uns Unrecht taten ohne Beweis und ohne ein erleuchtendes Buch. Sie, die um dich sind, lieben dich um ihres eigenen Vorteils willen, wogegen dieser Jüngling dich um deines Vorteils willen liebt und keinen Wunsch hat, als dich dem Sitze der Gnade näher zu bringen und dich der rechten Hand der Gerechtigkeit zuzuführen. Dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich erkläre.
O König! Wenn du dein Ohr dem Laut der Feder der Herrlichkeit und dem Gurren der Taube der Ewigkeit zuneigtest, die auf den Zweigen des Lotosbaumes, über den es kein Hinausgehen gibt, den Lobpreis Gottes, des Schöpfers aller Namen, der Erde und des Himmels, singt, so würdest du auf eine solche Stufe gelangen, von welcher aus du in der Welt des Daseins nichts als den Glanz des Angebeteten schautest und deine Herrschaft als das Unwürdigste deines Besitzes ansähest; du würdest sie jedem überlassen, der sie gerade begehrt, und dein Angesicht dem Horizont zuwenden, der im Lichte Seines Antlitzes erglüht. Auch würdest du die Bürde der Herrschaft nur noch tragen wollen, um damit deinem Herrn, dem Erhabenen, dem Höchsten, zu helfen. Dann würden dich die Himmelsbewohner segnen. Ach, wie herrlich ist diese erhabenste Stufe – könntest du doch zu ihr gelangen durch die Macht einer Herrschaft, die erkannt wird als vom Namen Gottes hergeleitet!…
O König des Zeitalters! Die Augen dieser Flüchtlinge sind der Barmherzigkeit des Barmherzigsten zugewandt und auf sie geheftet. Es besteht kein Zweifel, daß diesen Trübsalen die Ausgießungen höchster Barmherzigkeit folgen werden und daß nach diesen schrecklichen Anfeindungen ein überströmendes Glück kommen wird. Wir hoffen sehr, daß Seine Majestät der Sháh diese Dinge selbst untersuchen und den Herzen Hoffnung bringen wird. Was Wir deiner Majestät unterbreiteten, ist fürwahr zu deinem höchsten Nutzen. Und Gott, wahrlich, ist für Mich hinreichend Zeuge…
O Sháh, geschähe es doch, daß du Mir gestattetest, dir das zu senden, was die Augen ergötzt, die Seelen beruhigt und jeden ehrlich gesinnten Menschen überzeugt, daß bei Ihm die Erkenntnis des Buches ist … Wäre die Zurückweisung durch die Narren und die falsche Nachsicht der Geistlichen nicht gewesen, so hätte Ich eine Rede gehalten, welche die Herzen durchschauert und in ein Reich entführt hätte, wo im Rauschen der Winde zu hören wäre: ›Keinen Gott gibt es außer Ihm‹…
O Sháh, Ich habe auf dem Pfade Gottes geschaut, was noch kein Auge schaute und kein Ohr hörte … Wie zahlreich sind die Trübsale, welche auf Mich herabströmten und bald noch herabströmen werden! Ich schreite voran, den Blick auf Ihn gerichtet, den Allmächtigen, den Allgütigen, während hinter Mir die Schlange gleitet. Meine Augen haben Tränen vergossen, bis Mein Bett von ihnen getränkt war. Aber Ich gräme Mich nicht um Mich. Bei Gott! Mein Haupt sehnt sich nach dem Speer aus Liebe zu seinem Herrn. Ich ging nie an einem Baum vorbei, ohne daß Mein Herz ihn anredete und sprach: ›O würdest du doch in Meinem Namen abgehauen und Mein Leib an dir auf dem Pfade Meines Herrn gekreuzigt!‹ … Bei Gott! Obgleich Müdigkeit Mich niederdrückt, Hunger Mich verzehrt, der nackte Fels Mein Bett ist und die Tiere des Feldes Meine Gefährten sind, will Ich nicht klagen, sondern geduldig ausharren, wie jene mit Standhaftigkeit und Festigkeit Begabten durch die Kraft Gottes, des ewigen Königs und Schöpfers der Nationen, ausgeharrt haben. Gott will Ich Dank in allen Lebenslagen darbringen. Wir bitten, Er möge in Seiner Güte – gepriesen sei Er! – durch diese Kerkerhaft den Menschen die Nacken von Ketten und Fesseln befreien und sie mit aufrichtigem Angesicht sich Seinem Antlitz zuwenden lassen, Ihm, dem Mächtigen, dem Freigebigen. Er ist bereit, jedem zu antworten, der Ihn anruft, und Er ist denen nahe, die mit Ihm Umgang pflegen.« Q27
An die Führer Amerikas
»O Herrscher in Amerika und Präsidenten seiner Republiken! Hört auf das, was die Taube auf dem Zweig der Ewigkeit singt: Es gibt keinen anderen Gott außer Mir, dem Selbstbestehenden, dem Vergebenden, dem Allgütigen. Schmückt den Tempel der Herrschaft mit der Zier der Gerechtigkeit und der. Gottesfurcht und ihr Haupt mit der Krone des Gedenkens eures Herrn, des Schöpfers der Himmel. Dies rät euch der Tagesanbruch der Namen, wie es Ihm von dem Allwissenden, dem Allweisen befohlen wurde. Der Verheißene ist in dieser herrlichen Stufe erschienen, und alle Wesen, sichtbar und unsichtbar, freuten sich darüber. Nutzt den Tag Gottes. Wahrlich, Ihm zu begegnen ist besser für euch als alles, worauf die Sonne scheint – würdet ihr es doch erkennen. O Schar der Herrscher! Hört auf das, was vom Tagesanbruch der Größe laut geworden ist: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Herrn der Äußerung, dem Allwissenden. Helft dem Zerbrochenen mit der Hand der Gerechtigkeit und werft den überall tätigen Bedrücker mit der Rute der Gesetze eures Herrn, des Verordners, des Allweisen, nieder.« Q28
An die gewählten Vertreter des Volkes in allen Ländern
»O ihr gewählten Volksvertreter in allen Ländern! Beratet miteinander und laßt euch nur das angelegen sein, was der Menschheit nützt und ihre Lage bessert – so ihr zu denen gehört, die achtsam prüfen. Betrachtet die Welt wie einen menschlichen Körper. Obwohl er bei seiner Erschaffung gesund und vollkommen war, ist er aus verschiedenen Ursachen von schweren Störungen und Krankheiten befallen worden. Keinen einzigen Tag lang wurde ihm Linderung zuteil, nein, im Gegenteil, sein Übel verschlimmerte sich, weil er in die Behandlung unwissender Ärzte fiel, die ihren persönlichen Wünschen nachgaben und sich schmählich irrten. Wenn einmal durch die Sorgfalt eines fähigen Arztes ein Glied des Körpers geheilt wurde, so blieb dennoch der übrige Teil so leidend wie zuvor. So unterrichtet euch der Allwissende, der Allweise.
Wir sehen ihn an diesem Tage der Gnade solcher Herrscher ausgeliefert, die, von Hochmut trunken, ihren eigenen wirklichen Vorteil nicht mehr deutlich wahrnehmen können, wieviel weniger eine so verwirrende und herausfordernde Offenbarung wie diese zu erkennen vermögen. Wenn je einer unter ihnen bestrebt gewesen ist, den Zustand jenes Körpers zu bessern, so lag sein Beweggrund; ob er es eingestand oder nicht, im eigenen Gewinn. Die Unwürdigkeit dieses Beweggrundes hat seine Heilkraft begrenzt.
Was der Herr als höchstes Mittel und mächtigstes Werkzeug für die Heilung der ganzen Welt bestimmt hat, ist die Vereinigung aller ihrer Völker in einer allumfassenden Sache, einem gemeinsamen Glauben. Dies kann nicht anders erreicht werden als durch die Kraft eines erfahrenen, allgewaltigen und erleuchteten Arztes. Wahrlich, das ist die Wahrheit und alles andere nichts als Irrtum.« Q29
Aufrufe an die religiösen Führer der Welt
Aufrufe an die religiösen Führer der Welt in ihrer Gesamtheit
***
»O Führer der Religion! Meßt das Buch Gottes nicht mit solchen Maßen und Wissenschaften, die euch geläufig sind, denn das Buch selbst ist die untrügliche Waage, die unter den Menschen aufgestellt worden ist. Auf dieser vollkommenen Waage soll alles gewogen werden, was die Völker und Geschlechter der Erde besitzen, während das Maß ihres Gewichtes nach ihrer Maßeinheit geprüft werden sollte – würdet ihr es doch erkennen!
Das Auge Meiner liebenden Güte weint bitterlich über euch, weil ihr den Einen nicht erkannt habt, nach dem ihr Tag und Nacht, abends und morgens, gerufen habt. O Menschen, schreitet mit blütenweißem Antlitz und strahlendem Herzen voran zu dem seligen, purpurnen OrtA16, in dem der Sadratu’l-MuntaháA17 ruft: ›Wahrlich, es ist kein Gott außer Mir, dem allmächtigen Beschirmer, dem Selbstbestehenden!‹
O ihr Religionsführer! Wo ist einer unter euch, der sich an Sehkraft und Einsicht mit Mir messen könnte? Wo ist einer zu finden, der behaupten dürfte, Mir an Sprache oder Weisheit zu gleichen? Nein, bei Meinem Herrn, dem Allbarmherzigen! Alles auf Erden wird vergehen, dieses aber ist das Antlitz eures Herrn, des Allmächtigen, des Vielgeliebten
Wir haben verordnet, ihr Menschen, daß das höchste und letzte Ziel aller Gelehrsamkeit sein soll, Ihn als Gegenstand alles Wissens zu erkennen; aber seht, wie ihr es dennoch eurer Gelehrsamkeit gestattet habt, euch wie durch einen Schleier von Ihm, dem Tagesanbruch dieses Lichtes, durch den alles Verborgene geoffenbart worden ist,. zu trennen! Könntet ihr den Quell entdecken, woraus die Herrlichkeit dieser Sprache strömt, so würdet ihr die Völker der Welt und alles, was sie besitzen, verwerfen und euch um diesen gesegnetsten Thron der Herrlichkeit scharen!
Sprecht: Dies ist wahrlich der Himmel, in dem das UrbuchA18 verwahrt wird – könntet ihr es doch verstehen! Er allein ließ den Felsen rufen und den Brennenden Busch auf dem das Heilige Land überragenden Berge seine Stimme erheben und verkünden: ›Das Reich ist Gottes, des allerhöchsten Herrn, des Allmächtigen, des Liebenden!‹
Wir haben weder eine Schule besucht noch eine eurer Abhandlungen gelesen. Neigt euer Ohr den Worten dieses Ungelehrten, womit Er euch vor. Gott, den Ewigbestehenden, ruft! Dies ist für euch bester als alle Schätze der Erde. Könntet ihr es doch begreifen!« Q30
***
»O Schar der Geistlichen! Als Meine Verse herabgesandt und Meine klaren Zeichen enthüllt wurden, fanden Wir euch hinter Schleiern. Dies, wahrlich, ist etwas Seltsames … Wir haben die Schleier zerrissen. Hütet euch, daß ihr das Volk nicht durch noch einen anderen Schleier ausschließt. Zerbrecht die Ketten eitler Einbildungen im Namen des Herrn aller Menschen und gehört nicht zu den Betrügern. Solltet ihr euch Gott zuwenden und Seine Sache annehmen, so sät keine Unordnung in sie und meßt nicht das Buch Gottes mit euren selbstsüchtigen Wünschen. Wahrlich, dies ist Gottes Rat ehedem und immerdar … Hättet ihr an Gott geglaubt, als Er sich offenbarte, so hätte sich das Volk nicht von Ihm abgewandt, noch hätte Uns das befallen, dessen ihr heute Zeuge seid. Fürchtet Gott und gesellt euch nicht zu den Achtlosen! … Dies ist die Sache, die alle eure abergläubischen Meinungen und eure Götzenbilder ins Wanken brachte … O Schar der Geistlichen! Hütet euch, zur Ursache des Streites im Lande zu werden, so wie ihr in seinen frühen Tagen zur Ursache der Zurückweisung des Glaubens wurdet. Sammelt das Volk um dieses Wort, das die Steine ausrufen ließ: ›Das Reich ist Gottes, des Aufgangsortes aller Zeichen!‹ … Zerreißt die Schleier in einer solchen Weise, daß es die Bewohner des Königreiches hören. Dies ist der Befehl Gottes in den vergangenen Tagen und für die kommenden. Gesegnet der Mensch, der befolgt, was ihm befohlen wurde, und wehe den Nachlässigen …« Q31
***
»O Schar der Geistlichen! Wie lange wollt ihr die Speere des Hasses auf das Antlitz Bahás richten? Zügelt eure Feder! Seht, die Erhabenste Feder spricht zwischen Erde und Himmel. Fürchtet Gott und folgt nicht euren Wünschen, die das Antlitz der Schöpfung entstellt haben! Reinigt eure Ohren, auf daß sie der Stimme Gottes lauschen. Bei Gott! Sie ist wie ein Feuer, das die Schleier verzehrt, und wie Wasser, das die Seelen all derer reinigt, die im Weltall sind …
***
O Schar der Geistlichen! Kann sich einer von euch mit dein göttlichen Jüngling in der Arena der Weisheit und der Verkündung messen oder sich mit Ihm in den Himmel der inneren Bedeutung und der Auslegung erheben? Nein, bei Meinem Herrn, dem Gott der Barmherzigkeit! Alle wurden am heutigen Tage durch das Wort deines Herrn ohnmächtig. Sie sind sogar wie tot und leblos außer dem, den dein Herr, der Allmächtige, der Unbeschränkte, zu verschonen gewillt ist. Ein solcher Mensch gehört wahrlich zu den mit Erkenntnis Begabten in den Augen Dessen, der der Allwissende ist. Die Insassen des Paradieses und die Bewohner der geheiligten Stätten segnen ihn zur Abendzeit und zur Morgendämmerung. Kann einer mit Holzbeinen demjenigen Widerstand leisten, dessen Füße Gott aus Stahl gemacht hat? Nein, bei Ihm, der das All der Schöpfung erleuchtet! …
***
Als Wir genau darauf achteten, entdeckten Wir, daß Unsere Feinde zum größten Teil Geistliche sind … Unter dem Volke sind welche, die sagten: ›Er hat die Geistlichen verworfen.‹ Sprich: ›Ja, bei Meinem Herrn! Ich war gewißlich Der, welcher die Götzenbilder zerschlug.‹ … Wahrlich, Wir haben die Posaune, die Unsere Erhabenste Feder ist, erschallen lassen, und siehe, die Geistlichen und die Gelehrten, die Doktoren und die Herrscher fielen betäubt nieder, ausgenommen solche, die Gott als Zeichen Seiner Gnade bewahrte, und Er, wahrlich, ist der Allgütige, der Urewige aller Tage…
O Schar der Geistlichen! Werft eitle Phantasiegebilde und Einbildungen beiseite und wendet euch dann dem Horizonte der Gewißheit zu. Ich schwöre bei Gott: Alles, was ihr besitzt, wird euch nichts nützen, weder alle Schätze der Erde noch die Führerschaft, die ihr euch angeeignet habt. Fürchtet Gott und gehört nicht zu den Verlorenen! … Sprich: O Schar der Geistlichen! Legt alle eure Schleier und Hüllen beiseite. Schenkt euer. Ohr dem, wozu euch. die Erhabenste Feder an diesem wunderbaren Tage ruft … Die Welt ist durch eure eitlen Einbildungen mit Staub beladen, und die Herzen der Gott. Nahen werden von eurer Grausamkeit gequält. Fürchtet Gott und gesellt euch zu denen, die gerecht urteilen …
***
O ihr Dämmerungsorte der Erkenntnis! Hütet euch davor, daß man euch ändere. Denn wenn ihr euch ändert, werden sich die meisten Menschen desgleichen ändern. Wahrlich, dies ist ein Unrecht an euch und an anderen … Ihr gleicht einer Quelle. Wenn sie sich verändert, werden die Ströme, die ihr entstammen, sich verändern. Fürchtet Gott und gesellt euch zu den Gottesfürchtigen! Wenn das Herz des Menschen verdorben wird, werden seine Glieder gleicherweise verdorben werden. Und ähnlich, wenn die Wurzel eines Baumes verdorben wird, so werden seine Äste, seine Triebe, seine Blätter und seine Früchte verdorben werden …
O Schar der Geistlichen! Seid ehrlich, Ich beschwöre euch bei Gott, und vernichtet nicht die Wahrheit durch die Dinge, die ihr besitzt. Prüft genau, was Wir in Wahrheit herabgesandt haben. Wahrlich, es wird euch helfen und wird euch Gott, dem Mächtigen, dem Großen, nahe bringen. Bedenkt und ruft euch ins Gedächtnis, wie das Volk Muḥammad, den Apostel Gottes, verleugnete, als Er erschien. Sie beschuldigten Ihn derart, daß der GeistA19 auf Seiner Erhabensten Stufe wehklagte und der Geist des Glaubens aufschrie. Bedenkt weiter, was vor Ihm die Apostel und Gottgesandten durch die Hände der Ungerechten befallen hat. Wir erwähnen euch um Gottes willen, erinnern euch an Seine Zeichen und verkünden euch die Dinge, die denen verordnet sind, die Ihm im erhabensten Paradiese und im allerhöchsten Himmel nahe sind. Wahrlich, Ich bin der Verkünder, der Allwissende. Er ist um eurer Erlösung willen gekommen und hat die Leiden ertragen, damit ihr auf der Leiter der Äußerungen zum Gipfel des Verstehens emporsteigen mögt … Prüft mit Aufrichtigkeit und Gerechtigkeit, was herabgesandt wurde. Wahrlich, es wird euch durch die Wahrheit erhöhen und Dinge schauen lassen, die euch verschlossen waren, und es wird euch befähigen, Seinen perlenden Wein zu trinken …« Q32
***
»Jene Geistlichen …, die wahrhaft mit dem Schmuck der Erkenntnis geziert sind und einen rechtschaffenen Charakter besitzen, sind wahrlich wie ein Haupt für den Körper der Welt lind wie Augen für die Völker. Die Führung der Menschheit ist allezeit von diesen gesegneten Seelen abhängig gewesen und ist es noch …
***
Der Geistliche, dessen Betragen rechtschaffen ist, und der Weise, der gerecht ist, sind wie der Geist für den Körper der Welt. Wohl dem Geistlichen, dessen. Haupt mit der Krone der Gerechtigkeit geschmückt und dessen TempelA20 mit dem Schmucke der Rechtschaffenheit geziert ist…
***
Der Geistliche, der den heiligsten Wein im Namen des höchsten Verordners ergriffen und getrunken hat, ist wie ein Auge für die Welt. Wohl denen, die ihm gehorchen und seiner gedenken …
***
Groß ist die Glückseligkeit jenes Geistlichen, der die Erkenntnis nicht zum Schleier werden ließ zwischen sich und dem Einen, der das Ziel aller Erkenntnis ist, und der, als der Selbstbestehende erschien, sich Ihm mit strahlendem Antlitz zugewandt hat. Er wird in Wahrheit zu den Gelehrten gezählt. Die Bewohner des Paradieses suchen die Segnung seines Odems, und seine Leuchte ergießt ihren Glanz über alle, die im Himmel und auf Erden sind. Wahrlich, er wird unter die Erben der Offenbarer gezählt. Wer ihn erschaut, hat fürwahr den Einen Wahren erschaut, und wer sich ihm zuwendet, hat sich fürwahr Gott zugewandt, dem Allmächtigen, dem Allweisen …« Q33
***
»O Schar der Geistlichen! Ihr werdet euch künftighin nicht mehr im Besitze irgendeiner Macht sehen, denn Wir haben sie von euch genommen und für solche bestimmt, die an Gott geglaubt haben, den Einen, den Allgewaltigen, den Allmächtigen, den Unbeschränkten.« Q34
An Papst Pius IX.
»O Papst! Zerreiße die Schleier! Er, der Herr der Herren, ist gekommen, von Wolken überschattet, und der Ratschluß ist erfüllt worden durch Gott, den Allmächtigen, den Unendlichen … Wahrlich, Er ist wieder vom Himmel herniedergekommen, wie Er von dort zum ersten Male herniedergekommen war. Hüte dich, mit Ihm zu streiten, wie es die Pharisäer mit IhmA21 taten ohne ein klares Zeichen oder einen Beweis. Zu Seiner Rechten strömen die lebendigen Wasser der Gnade und zu Seiner Linken der auserlesene Wein der Gerechtigkeit, während vor Ihm die Engel des Paradieses einhergehen und das Banner Seiner Zeichen tragen. Hüte dich, daß dich nicht irgendein Name von Gott ausschließe, dem Schöpfer von Himmel und Erde. Lasse die Welt hinter dir und wende dich deinem Herrn zu, durch welchen die ganze Erde erleuchtet worden ist … Wohnst du in Palästen, während Er, der König der Offenbarung, in der, trostlosesten Behausung lebt? Überlasse sie denen, die sie begehren, und wende dein Antlitz mit Freude und Wonne dem Reiche Gottes zu … Erhebe dich im Namen deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, inmitten der Völker der Erde und ergreife den Kelch des Lebens mit den Händen des Vertrauens; trinke du zuerst davon und biete ihn sodann solchen an, die sich Ihm inmitten der Völker allen Glaubens zuwenden …
Rufe dir Ihn, den GeistA22, ins Gedächtnis zurück, wie bei Seinem Kommen die Gelehrtesten Seiner Zeit in Seinem eigenen Lande das Urteil gegen Ihn fällten, während einer, der nur ein Fischer war, an Ihn glaubte. Gebt darum acht, ihr Menschen mit einsichtsvollen Herzen! Du bist in Wahrheit eine der Sonnen am Himmel Seiner Namen. Hüte dich, daß die Finsternis nicht ihre Schleier über dich breite und dich fernab von Seinem Lichte verhülle … Betrachte jene, die sich dem SohneA23 widersetzten, als Er zu ihnen mit Macht und Herrschaft kam. Wie viele von den Pharisäern warteten darauf, Ihn zu schauen, und wehklagten, weil sie von Ihm getrennt waren! Und doch, als der Duft Seines Kommens über sie wehte und Seine Schönheit sich enthüllte, da wandten sie sich von Ihm ab und stritten mit Ihm … Keiner, außer ganz wenigen, die jeglicher Macht bei den Menschen ermangelten, wandte sich Seinem Antlitz zu. Heute aber ist jeder mit Macht ausgestattete und mit Herrschaft bekleidete Mensch stolz auf Seinen Namen! Ebenso beachte, wie zahlreich heutzutage die Mönche sind, die sich in Meinem Namen in ihren Kirchen abgeschlossen haben und die, als die festgesetzte Zeit erfüllt war und Wir Unsere Schönheit enthüllten, Uns nicht erkannten, obwohl sie zur Abendzeit und zur Morgendämmerung nach Mir rufen …
Das Wort, das, der Sohn verbarg, ist offenbar geworden. Es wurde in Gestalt des Menschentempels am heutigen Tage herabgesandt. Gesegnet sei der Herr, welcher der Vater ist! Wahrlich, Er ist zu den Völkern in Seiner größten Majestät gekommen. Wende dein Angesicht Ihm zu, o Schar der Rechtschaffenen! … Dies ist der Tag, da der FelsA24 ausruft und jauchzt und den Lobpreis seines Herrn, des Allbesitzenden, des Höchsten, verherrlicht mit den Worten: ›Seht, der Vater ist gekommen, und was euch verheißen ward in Seinem Reich ist erfüllt!‹ … Mein Leib sehnt sich nach dem Kreuze, und Mein Haupt erwartet den Wurf des Speeres auf dem Pfade des Allbarmherzigen, auf daß die Welt von ihren Übertretungen geläutert werde…
O höchster Priester! Neige dein Ohr dem zu, was der Gestalter modernden Gebeins dir rät, wie es von Ihm, der Sein Größter Name ist, verkündet wird. Verkaufe den reich verzierten Kirchenschmuck, den du besitzest, und opfere ihn auf dem Pfade Gottes, der die Nacht auf den Tag und den Tag auf die Nacht folgen läßt. Übergib dein Königreich den Königen und tritt hervor aus deiner Wohnung, dein Angesicht zum Reich Gottes erhoben, dann verkünde, losgelöst von der Welt, das Lob deines Herrn zwischen Erde und Himmel. Dies gebot dir Er, der Besitzer aller Namen, von seiten deines Herrn, des Allmächtigen, des Allwissenden. Ermahne die Könige und sprich: ›Verfahrt gerecht mit den Menschen. Hütet euch, die im Buche festgesetzten Grenzen zu überschreiten.‹ Dies, wahrlich, geziemt dir. Hüte dich, dir die Dinge der Welt und ihre Reichtümer anzueignen. Überlasse sie denen, die sie begehren, und halte fest an dem, was dir von Ihm, dem Herrn der Schöpfung, befohlen ist. Sollte irgend jemand dir alle Schätze der Erde anbieten, so gönne ihnen nicht einmal einen Blick. Sei so, wie dein Herr gewesen ist. Also hat die Zunge der Offenbarung ausgesprochen, was Gott zum Schmucke des Buches der Schöpfung gemacht hat… Sollte die Trunkenheit des Weines Meiner Verse dich überkommen, und solltest du dich entschließen, vor dem Throne deines Herrn, des Schöpfers von Himmel und Erde zu erscheinen, so mache Meine Liebe zu deinem Gewande, Meine Erwähnung zu deinem Schilde und dein Vertrauen auf Gott, den Offenbarer aller Macht, zu deiner Wegzehrung. Wahrlich, der Tag der Ernte ist gekommen, und alle Dinge sind voneinander geschieden worden. Er hat das, was Er wollte, in den Gefäßen der Gerechtigkeit verwahrt und hat ins Feuer geworfen, was diesem verfallen ist. So ist es von deinem Herrn, dem Mächtigen, dem Liebevollen, an diesem verheißenen Tage beschlossen worden. Wahrlich, Er verordnet, was Ihm gefällt. Es gibt keinen anderen Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Allbezwingenden.« Q35
An die Geistlichkeit und die Anhänger der verschiedenen Religionen
***
»Einmal wenden Wir Uns an das Volk der Thora und laden es vor Ihn, den Offenbarer von Versen, der gekommen ist von Dem, der die Nacken der Menschen beugt … Ein anderes Mal wenden Wir Uns an das Volk des Evangeliums und sprechen: ›Der Allherrliche ist gekommen in diesem Namen, durch den der Odem Gottes über alle Bereiche wehte.‹ … Und wieder ein anderes Mal wenden Wir Uns an das Volk des Qur’án und sagen: ›Fürchtet den Allbarmherzigen und verspottet nicht Ihn, durch den alle Religionen begründet wurden.‹ … Wisse des weiteren, daß Wir an die MagierA25 Tablets gerichtet und sie mit Unserem Gesetze geschmückt haben … Wir haben darin das Wesen aller in ihren Büchern enthaltenen Hinweise und Gleichnisse geoffenbart. Wahrlich, der Herr ist der Allmächtige, der Allwissende.« Q36
***
»Rufe aus gen Zion, o Karmel, und künde die frohe Botschaft: Er, der den sterblichen Augen verborgen war, ist gekommen! Seine allbezwingende Herrschaft ist offenbar, Sein allumfassender Glanz enthüllt worden. Hüte dich nun, daß du nicht zögerst oder schwankst. Eile und umschreite die Stadt Gottes, die vom Himmel herabkam, die himmlische Ka‘bah, die die Begünstigten Gottes, die Reinen im Herzen und die Gesellschaft der erhabensten Engel in Anbetung umschritten. O, wie sehne Ich Mich danach, die frohe Botschaft dieser Offenbarung an jeder Stelle des Erdkreises zu verkünden und sie in jede seiner Städte zu tragen, eine Botschaft, die das Herz des Sinai angezogen und in deren Namen es aus dem Brennenden Busch ruft: ›Gottes, des Herrn der Herren, sind die Reiche der Erde und des Himmels.‹ Wahrlich, dies ist der Tag, an dem Land und Meer über diese Verkündigung frohlocken, der Tag, für den aufbewahrt wurde, was Gott aus einer jenseits der Fassungskraft des sterblichen Verstandes und Herzens liegenden Großmut zu offenbaren auserkor. Bald wird Gott Seine Arche auf dich zusteuern und das Volk Bahás ankündigen, das im Buch der Namen erwähnt ist.« Q37
***
»Das Größte Gesetz ist gekommen, und die Urewige Schönheit herrscht auf dem Throne Davids. So hat Meine Feder gesprochen, was die Chroniken vergangener Zeitalter berichtet haben. Heute aber ruft David laut und spricht: ›O mein liebreicher Herr! Zähle Du mich zu denen, die standhaft geblieben sind in Deiner Sache, o Du, durch den die Angesichter erleuchtet wurden und die Schritte gestrauchelt sind!‹
***
Der Odem wurde ausgesandt, und der Windhauch hat geweht, und von Zion ist erschienen, was verborgen war, und von Jerusalem ist die Stimme, Gottes, des Einen, des Unvergleichlichen, des Allwissenden, gehört worden…
***
Lausche dem Gesang Davids. Er sagt: ›Wer wird mich in die feste Stadt bringen?‹Q38 Die feste Stadt ist ‘Akká, welches das Größte Gefängnis genannt wurde und welches eine Festung und mächtige Wälle besitzt …
Lies genau, was Jesaja in seinem Buche gesprochen hat. Er sagt: ›Steige auf den hohen Berg, o Zion, die du frohe Botschaften bringest; erhebe deine Stimme mit Macht, o Jerusalem, die du frohe Botschaften bringest. Erhebe sie und fürchte dich nicht. Sprich unter den Städten Judas: Schauet auf euren Gott! Sehet, der Herr Gott wird kommen mit starker Hand und Sein Arm soll für Ihn herrschen.‹Q39 Heute sind alle Zeichen erschienen. Eine große Stadt ist vom Himmel herabgestiegen und Zion bebt und jubelt vor Freude über die Offenbarung Gottes, denn er hat die Stimme Gottes auf allen Seiten vernommen.« Q40
***
»O Schar der Christen! Wir haben Uns euch schon zu einem früheren Zeitpunkt offenbart, und ihr habt Mich nicht erkannt. Dies ist noch einmal eine günstige Gelegenheit, die euch gewährt wird. Dies ist der Tag Gottes, wendet euch Ihm zu … Der Geliebte wünscht nicht, daß ihr vom Feuer eurer Leidenschaften verzehrt werdet. Wäret ihr von Ihm wie durch einen Schleier getrennt, so wäre dies aus keinem anderen Grunde als eurer eigenen Widerspenstigkeit und Unwissenheit. Ihr erwähnt Mich und kennt Mich doch nicht. Ihr ruft Mich an, aber ihr achtet nicht auf Meine Offenbarung … O Völker des Evangeliums! Sie, die nicht im Königreich waren, sind jetzt eingetreten, während Wir euch an diesem Tage zögernd am Tore stehen sehen. Zerreißt die Schleier durch die Kraft eures Herrn, des Allmächtigen, des Allgütigen, und tretet dann in Meinem Namen ein in Mein Königreich. So befiehlt euch Er, der euch ewiges Leben wünscht … O Kinder des Königreiches! Wir sehen euch in Finsternis. Wahrlich, dies geziemt euch nicht. Habt ihr angesichts des Lichtes Furcht wegen eurer Taten? Wendet euch Ihm zu … Wahrlich, ErA26 sagte: ›Folget Mir nach, und Ich will euch zu Menschenfischern machen.‹Q41 Am heutigen Tage jedoch sagen Wir: ›Folget Mir nach, auf daß Wir euch zu Lebensspendern der Menschheit machen.‹
***
Wahrlich, Wir sind um euretwillen gekommen und haben die Trübsal der Welt um eurer Rettung willen getragen. Flieht ihr Den, der Sein Leben aufopferte, damit ihr belebt werdet? Fürchtet Gott, o ihr Anhänger des GeistesA27, und wandelt nicht in den Fußstapfen eines jeden Geistlichen, der weit in die Irre gegangen ist … Öffnet die Türen eurer Herzen. Wahrlich, Er, der GeistA28, steht davor. Warum haltet ihr euch fern von Ihm, der euch zu einer strahlenden Höhe bringen will? Sprich: Wahrlich, Wir haben euch die Pforten des Königreiches geöffnet. Wollt ihr vor Meinem Antlitz die Türen eurer Häuser verriegeln? Wahrlich, dies ist nichts als ein schmerzlicher Irrtum.« Q42
***
»O Schar der Patriarchen! Er, der euch in den Schriften verheißen wurde, ist gekommen. Fürchtet Gott und folgt nicht den eitlen Einbildungen der Abergläubischen. Legt die Dinge, die ihr besitzt, beiseite und haltet euch am Tablet Gottes durch Seine höchste Macht fest. Dies ist besser für euch als alle eure Besitztümer. Dies bezeugt jedes verständige Herz und jeder einsichtsvolle Mensch. Seid ihr stolz auf Meinen Namen und sondert euch doch von Mir ab wie mit einem Schleier? Wahrlich, das ist seltsam.
***
O Schar der Erzbischöfe! Er, der Herr aller Menschen, ist erschienen. Auf dem Felde der Führung ruft Er die Menschheit, während ihr zu den Toten gezählt werdet! Groß ist die Glückseligkeit dessen, der durch Gottes Hauch erweckt wird und in diesem klaren Namen von den Toten aufersteht.
***
O Schar der Bischöfe! Furcht hat alle Geschlechter der Erde ergriffen, und Er, der ewige Vater, ruft laut zwischen Erde und Himmel. Gesegnet das Ohr, das gehört hat, und das Auge, das gesehen hat, und das Herz, das sich Ihm zugewandt hat, dem Punkte der Anbetung aller, die in den Himmeln und auf Erden sind …
***
O Schar der Bischöfe! Ihr seid die Sterne des Himmels Meiner Erkenntnis. Meine Barmherzigkeit wünscht nicht, daß ihr auf die Erde fallt. Meine Gerechtigkeit aber erklärt: ›Dies ist, was der Sohn A29 bestimmt hat.‹ Und was immer aus Seinem untadeligen, die Wahrheit sprechenden, glaubwürdigen Munde kam, kann niemals geändert werden. Wahrlich, die Glocken verkünden Meinen Namen und wehklagen über Mich, aber Mein Geist jubelt in offenkundiger Freude. Der Körper des Geliebten sehnt sich nach dem Kreuz, und Sein Haupt begehrt den Speer auf dem Pfade des Allbarmherzigen. Die Gewalt des Unterdrückers kann Ihn in keiner Weise von Seinem Ziel abhalten. … Die Sterne am Himmel der Erkenntnis sind gefallen, sie, die ihre Beweise anführen, um die Wahrheit Meiner Sache zu beweisen, und die von Gott in Meinem Namen reden. Als Ich zu ihnen in Meiner Majestät kam, wandten sie sich dennoch von Mir ab. Wahrlich, sie gehören zu den Gefallenen. Das ist es, was der GeistA30 weissagte, als Er in der Wahrheit kam und Ihn die jüdischen Gelehrten schmähten, bis sie begingen, was den Heiligen Geist wehklagen und die Augen derer, die Gott nahe sind, weinen ließ.
***
O Schar der Priester! Laßt die Glocken und kommt dann aus euren Kirchen. Es geziemt euch, an diesem Tage den Größten Namen laut unter den Völkern zu verkünden. Zieht ihr vor, stille zu sein, während jeder Stein und jeder Baum laut aufjauchzt: ›Der Herr ist in Seiner größten Herrlichkeit gekommen!‹ … Er, der die Menschen in Meinem Namen versammelt, ist wahrlich von Mir lind wird verkünden, was die Macht aller übersteigt, die auf Erden sind … Laßt den Odem Gottes euch erwecken. Wahrlich, er hat über die Welt geweht. Wohl dem, der seinen Duft empfunden hat und unter die ganz Sicheren gezählt worden ist! …
***
O Schar der Priester! Der Tag der Abrechnung ist gekommen, der Tag, da Er, der im Himmel war, erschienen ist. Wahrlich, Er ist der Eine, der euch verheißen wurde in den Büchern Gottes, des Heiligen, des Allmächtigen, des Allgepriesenen. Wie lange werdet ihr in der Wildnis der Achtlosigkeit und des Aberglaubens wandern? Wendet euch mit euren Herzen eurem Herrn zu, dem Vergebenden, dem Großmütigen.
***
O Schar der Mönche! Schließt euch nicht ab in Kirchen und Klöstern. Kommt mit Meiner Erlaubnis hervor und befaßt euch mit dem, was euren Seelen und den Seelen der Menschen nützen wird. Dies befiehlt euch der König des Tages. der Abrechnung. Schließt euch in die Feste Meiner Liebe ein. Wahrlich, dies ist eine angemessene Abgeschlossenheit wäret ihr doch unter denen, die dies wahrnehmen. Wer sich in einem Haus abschließt, ist fürwahr wie ein Toter. Es geziemt dem Menschen, das aufzuweisen, was allem. Erschaffenen Nutzen bringt; und wer keine Frucht hervorbringt, der taugt für das Feuer. Solches rät euch euer Herr, und Er, wahrlich, ist der Allmächtige, der Allgütige. Schließt die Ehe, damit nach euch ein anderer euren Platz ausfüllen möge. Wir haben euch treulose Taten verboten, nicht aber das, was Treue beweisen wird. Habt ihr euch an die Normen geklammert, die euer eigenes Selbst aufgestellt hat, und das Richtmaß Gottes von euch geworfen? Fürchtet Gott und gesellt euch nicht zu den Narren. Wenn nicht der Mensch, wer könnte Mich auf Meiner Erde erwähnen, und wie könnten Meine Merkmale und Mein Name geoffenbart worden sein? Denkt darüber nach und gehört nicht zu denen, die verhüllt sind und fest schlafen. Er, der nicht heirateteA31, fand keinen Platz, wo Er wohnen oder Sein Haupt niederlegen konnte um dessentwillen, was die Hände der Verräter Ihm angetan haben. Seine Heiligkeit besteht nicht in dem, was ihr glaubt oder euch einbildet, sondern vielmehr in dem, was Wir besitzen. Bittet, auf daß ihr Seine Stufe begreifen möget, die erhöht wurde über die Vorstellung aller, die auf Erden wohnen. Gesegnet sind, die dies verstehen…
***
O Schar der Mönche! Wenn ihr Mir folgen werdet, dann werde Ich euch zu Erben Meines Königreiches machen. Und wenn ihr gegen Mich fehlt, so werde Ich es in Meiner Langmut geduldig ertragen, denn Ich bin wahrlich der Ewigvergebende, der Allbarmherzige … Bethlehem ist in Bewegung durch den Odem Gottes. Wir hören seine Stimme sprechen: ›O großmütiger Herr! Wo ist Deine große Herrlichkeit aufgerichtet? Die süßen Düfte Deiner Gegenwart haben mich erquickt, nachdem ich durch meine Trennung von Dir verzagt war: Gepriesen seist Du, daß Du die Schleier gehoben hast und mit Macht in offenbarer Herrlichkeit gekommen bist.‹ Wir riefen ihm zu aus dem Heiligtum der Hoheit und Größe: ›O Bethlehem! Dieses Licht ist im Osten aufgegangen und nach dem Westen gezogen, bis es dich am Abend seines Lebens erreicht hat. So sage Mir: Erkennen die Söhne den Vater und anerkennen sie Ihn, oder verleugnen sie Ihn, wie IhnA32 ehemals das Volk verleugnete?‹ Darauf schrie es auf und sprach: ›Du bist in Wahrheit der Allwissende, der Bestunterrichtete.‹
***
Bedenkt gleicherweise, wie zahlreich heutzutage die Mönche sind, die sich in den Kirchen in Meinem Namen abgeschlossen haben und die, als die festgesetzte Zeit gekommen war und Wir ihnen Unsere Schönheit enthüllten, verfehlten, Mich zu erkennen, obwohl sie nach Mir in der Morgendämmerung und zur Abendzeit rufen…
***
Lest ihr das Evangelium … und weigert euch dennoch, den allherrlichen Herrn anzuerkennen? Wahrlich, dies geziemt dir nicht, o Schar gelehrter Männer! … Die Düfte des Allbarmherzigen haben über alle Schöpfung geweht. Glücklich der Mensch, der seinen Wünschen entsagt und an der Führung festgehalten hat.« Q43
***
»Habt ihr nicht den Qur’án gelesen? Lest ihn, damit ihr die Wahrheit erkennen möget, denn dieses Buch ist wahrhaftig der gerade Pfad. Es ist der Weg Gottes für alle, die in den Himmeln und auf der Erde sind. Habt ihr den Qur’án nicht beachtet, so könnt ihr doch nicht den Bayán als euch ferne ansehen. Offen ist er vor euren Augen! Lest seine Verse, damit ihr vielleicht davon absteht, das zu tun, was die Boten Gottes trauern und wehklagen läßt.
Eilt hervor aus euren Gräbern! Wie lange noch wollt ihr schlafen? Zum zweitenmal ist die Posaune erschallt. Auf wen schaut ihr? Dies ist euer Herr, der Gott des Erbarmens. Seht selbst, wie ihr Seine Zeichen verleugnet! Die Erde hat mit gewaltigem Beben gezittert und ihre Last von sich geworfen. Wollt ihr es nicht gestehen? Sprich: Wollt ihr nicht erkennen, daß die Berge wie WollflockenA33 wurden, daß die Menschen vor der ehrfurchtgebietenden Erhabenheit der Sache Gottes schlimm in Bedrängnis gerieten? So bezeugt denn, daß ihre Häuser leere Trümmer und sie selbst ein erstickter Schwarm sind.
Dies ist der Tag, da der Allerbarmer in den Wolken des Wissens mit sichtbarer Herrschaft bekleidet herabkam. Er weiß sehr wohl um das Tun der Menschen, und niemand vermag, Seine Herrlichkeit zu mißdeuten, könntet ihr es doch begreifen! Die Himmel aller Religionen wurden gespalten, die Erde menschlichen Begreifens klafft auseinander, und ihr seht die Engel Gottes herniedersteigen. Sprich: Dies ist der Tag, da sie sich gegenseitig betrügen, wohin willst du entfliehen? Die Berge sind dahingesunken, und die Himmel wurden zusammengefaltet,A34 das ganze Erdenrund ist in Seiner Hand, vermöchtet ihr nur, dies zu verstehen. Wer ist es, der euch zu schützen vermöchte? Niemand, bei Ihm, der der Allbarmherzige ist! Niemand, außer Gott, dem Allmächtigen, dem Allherrlichen, dem Wohltätigen. Jedes Weib, das eine Last unter dem Herzen trug, hat sie ausgestoßen. Wir sehen die Männer trunken an diesem Tag, dem Tag, an welchem Menschen und Engel miteinander versammelt wurden.
Bleibt da noch irgendein Zweifel über Gott? Sieh, wie Er vom Himmel Seiner Gnade herabgefahren ist, gegürtet mit Macht und mit Herrschaft bekleidet! Ist irgendein Zweifel an Seinen Zeichen? Öffnet eure Augen und seht Seinen klaren Beweis. Zu eurer Rechten ist euch das Paradies nahe gebracht, während zugleich die Hölle entfacht wurde. Schaut ihre fressende Flamme! Eilt, daß ihr in das Paradies kommt, als Zeichen Unserer Gnade für euch, und trinkt aus den Händen des Allbarmherzigen den Wein, der wahres Leben bedeutet.« Q44
***
»Bei Ihm, der großen Offenbarung! Der Allbarmherzige ist mit unbezweifelbarer Herrschaft gekommen. Die WaageA35 ist bereit, und alle auf der Erde wurden versammelt. Der PosaunenrufA36 ist erschallt, und siehe, die Augen aller sind erstarrt vor Entsetzen, und die Herzen aller in den Himmeln und auf der Erde haben gebebt, mit Ausnahme derer, die der Hauch der göttlichen Verse mit neuem Leben erfüllt hat und die sich von allem lösten.
Dies ist der Tag, da die Erde ihre Botschaft kundtut. Die Übeltäter sind ihr zur Last – vermöchtet ihr es zu erkennen! Der Mond der eitlen Einbildung ist gespalten, und der Himmel hat sich sichtlich umzogen. Wir sehen das Volk zu Boden geworfen, voller Angst vor deinem Herrn, dem Allmächtigen, dem Machtvollen. Der Rufer hat gerufen, und die Menschen wurden hinweggerafft, so groß war die Kraft Seines Zornes. Das Volk zur Linken jammert und seufzt, während das Volk zur Rechten in herrlichen Wohnungen weilt. Es empfängt aus den Händen des Allbarmherzigen den Wein, der in Wahrheit Leben bedeutet, und ist wahrhaft selig.
Die Erde wurde geschüttelt, die Gebirge verschwanden, und die Engel sind Reihe um Reihe vor Uns erschienen. Die meisten Menschen wurden in ihrer Trunkenheit verwirrt und tragen auf ihren Gesichtern die Zeichen des Zornes. Also haben Wir die Missetäter versammelt. Wir sehen sie, wie sie sich auf ihre Trugbilder stürzen. Sprich: Niemand wird an diesem Tage vor Gottes Ratschluß sicher sein. Dieser Tag ist in der Tat ein Tag des Schreckens. Wir zeigen ihnen die, die sie verführt haben, und sie sehen sie und erkennen sie doch nicht, denn ihre Augen sind trunken. Sie sind wahrlich ein blindes Volk. Ihre Beweise sind die Verleumdungen, die sie geäußert haben. Verdammt sind ihre Verleumdungen vor Gott, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden. Der Böse hat in ihren Herzen Unheil angestiftet, und sie wurden von einer Qual befallen, die keiner von ihnen abwenden kann. Sie eilen zu den Gottlosen und mehren die Übeltäter. Dies sind ihre Taten.
Sprich: Die Himmel wurden zusammengefaltet, und die Erde ist in Seinem Griff, die Verderbten wurden bei ihrem StirnhaarA37 erfaßt, und noch immer verstehen sie nicht. Sie trinken vom verfaulten Wasser und wissen es nicht. Sprich: Der Ruf ist erklungen, und die Menschen sind aus ihren Gräbern hervorgekommen und schauen auferstehend um sich. Einige von ihnen haben sich beeilt, um in den Hof des Gottes des Erbarmens zu kommen, andere sind im Höllenfeuer auf ihr Antlitz gefallen, während sich wieder andere bestürzt verloren haben. Die Verse Gottes wurden enthüllt, und doch haben sie sich von ihnen abgewendet. Sein Beweis ist erbracht, und doch beachten sie ihn nicht. Wenn sie das Angesicht des Allerbarmenden sehen, wird ihr eigenes Gesicht trüb, während sie sich unbesorgt tummeln. Sie eilen dem Feuer der Hölle zu und halten es für Licht. Ferne sei von Gott, was sie gerne erträumen! Sprich: Ob ihr euch freut oder im Zorn vergeht, die Himmel sind gespalten, und Gott ist herabgefahren, ausgestattet mit strahlender Herrschaft. Alles Erschaffene ruft vernehmbar: ›Gottes ist das Reich, des Allmächtigen, des Allwissenden, des Allweisen!‹« Q45
***
»O Schar persischer Geistlicher! In Meinem Namen habt ihr die Zügel der Macht über die Menschen ergriffen, und durch eure Beziehung zu Mir nehmt ihr die Ehrensitze ein. Als Ich Mich aber offenbarte, wandtet ihr euch ab und begingt, was die Tränen derer, die Mich erkannten, fließen ließ. Binnen kurzem wird alles, was ihr besitzt, zugrunde gehen, und euer Ruhm wird sich in jämmerlichste Erniedrigung verwandeln, und ihr werdet die Strafe sehen für das, was ihr getan habt, wie es von Gott, dem Verordner, dem Allweisen, beschlossen wurde.« Q46
***
»O ihr Geistlichen der Stadt! Wir kamen zu euch mit der Wahrheit, ihr aber achtetet ihrer nicht. Mich dünkt, ihr gleicht Toten, eingewickelt in die Hüllen eures eigenen Selbstes. Ihr suchtet nicht Unsere Gegenwart, als dies zu tun besser für euch gewesen wäre als alle eure Taten … So wißt: Wenn eure Führer, denen ihr Treue schuldet, auf die ihr stolz seid, die ihr bei Tag und Nacht erwähnt und in deren Fußspuren ihr Führung sucht –, wenn sie in diesen Tagen gelebt hätten, so wären sie um Mich gewesen und hätten sich nimmer von Mir getrennt, weder am Abend noch am Morgen. Ihr jedoch wandtet euer Antlitz, auch nicht für einen einzigen Augenblick, Meinem Antlitz zu, und ihr wurdet hochmütig und achtetet nicht auf diesen Mißhandelten, der von den Menschen so gequält wurde, da sie mit Ihm verfuhren, wie es ihnen beliebte. Ihr habt es unterlassen, über Meine Lage nachzuforschen, auch unterrichtetet ihr euch nicht über das, was Mir zustieß. Dadurch habt ihr das Wehen der Heiligkeit und die Lüfte der Güte, die von diesem leuchtenden und sichtbaren Orte ausgehen, von euch abgehalten. Mich dünkt, ihr habt euch an Äußerlichkeiten gehängt und das Innere vergessen, und ihr sagt, was ihr nicht tut. Ihr liebt Namen und scheint euch ihnen ganz hingegeben zu haben. Aus diesem Grunde erwähnt ihr die Namen eurer Führer. Und würde irgendeiner wie sie, oder ein Besserer als sie, zu euch kommen, so würdet ihr ihn fliehen. Durch jene Namen habt ihr euch erhöht und euch eure Stellung gesichert, und ihr lebt und gedeiht durch sie. Und würden eure Führer wieder erscheinen, so würdet ihr weder auf eure Führerschaft verzichten, noch würdet ihr euch ihnen zuwenden oder euer Antlitz auf sie richten. Wir fanden, daß ihr, wie die meisten Menschen, Namen anbetet, die sie alle Tage ihres Lebens erwähnen und mit denen sie sich befassen. Kaum jedoch erscheinen die Träger dieser Namen, da verwerfen sie sie und kehren ihnen den Rücken… Wißt, daß Gott an diesem Tage weder eure Gedanken annehmen wird noch euer Gedenken an Ihn, auch nicht eure Haltung Ihm gegenüber, eure Andachtsübungen und eure Wachsamkeit, es sei denn, ihr werdet neuerschaffen in der hohen Achtung diesem Diener gegenüber könntet ihr es doch begreifen.« Q47
***
»Um euretwillen klagte der ApostelA38, und die ReineA39 schrie auf, und die Länder wurden verwüstet, und Finsternis fiel auf alle Regionen. O Schar der Geistlichen! Um euretwillen wurde das Volk erniedrigt, das Banner des Islám niedergeholt und sein mächtiger Thron umgestürzt. Jedesmal, wenn ein Mensch mit Verstand an dem festzuhalten suchte, was den Islám erhöhen würde, habt ihr ein Geschrei erhoben, und dadurch wurde er verhindert, seinen Plan auszuführen, während das Land offensichtlich dem Verderben preisgegeben war.« Q48
***
»Von allen Völkern der Welt ist dasjenige, das den größten Verlust erlitten hat, das Volk Persiens gewesen und ist es noch. Ich schwöre bei der Sonne der Äußerungen, die in ihrem Mittagsglanze auf die Welt scheint! Das Wehklagen der Kanzeln in diesem Lande ertönt immerfort. Schon in den ersten Tagen wurden solche Wehklagen im Lande ṬáA40 gehört, denn Kanzeln, die zur Erwähnung des Einen Wahren errichtet wurden – erhaben sei Seine Herrlichkeit – sind jetzt in Persien zu Orten geworden, von denen aus Lästerungen gegen Ihn, die Sehnsucht der Welt, ausgesprochen werden.
***
An diesem Tage ist die Welt mit den Wohlgerüchen vom Gewande der Offenbarung des altehrwürdigen Königs erfüllt …, und doch haben sieA41 sich versammelt und sich auf ihren Sitzen breitgemacht und gesprochen, was ein Tier Scham empfinden ließe, wieviel mehr noch den Menschen selbst. Würden sie sich einer ihrer Taten bewußt werden und das Unheil erkennen, das sie angerichtet haben, so würden sie sich mit eigener Hand zu ihrem endgültigen Wohnort befördern.
***
O Schar der Geistlichen! … Legt beiseite, was ihr besitzt, haltet Frieden und hört sodann auf das, was die Zunge der Größe und Erhabenheit spricht. Wie viele verschleierte Dienerinnen wandten sich Mir zu und glaubten; und wie viele Turbanträger waren von Mir ausgeschlossen und folgten den Fußstapfen vergangener Geschlechter!« Q49
***
»O Hohepriester! Ohren sind euch gegeben worden, damit sie dem Geheimnis Dessen, welcher der Selbstbestehende ist, lauschen, und Augen, damit sie Ihn erschauen. Wovor flieht ihr? Der unvergleichliche Freund ist offenbar. Er spricht Worte, in denen Erlösung ruht. O Hohepriester!. Würdet ihr den Duft vom Rosengarten des Verstehens wahrnehmen, so würdet ihr keinen anderen außer Ihm suchen, und ihr würdet den Allweisen und Unvergleichlichen in Seinem neuen Gewande entdecken und eure Augen von der Welt und von allen, die sie suchen, abwenden, und euch erheben, ihm zu helfen…
***
Was immer in den Büchern verkündet wurde, ist enthüllt und erklärt worden. Überall, wurden die Zeichen geoffenbart. Der Allmächtige ruft an diesem Tage und kündet das Erscheinen des Erhabensten Himmels an …
***
Dies ist nicht der Tag, an dem die Hohepriester noch befehlen und ihre Amtsgewalt ausüben können. In, eurem Buche ist dargelegt, daß die Hohepriester an jenem Tage die Menschen irreführen und daran hindern werden, Ihm zu nahen. Wahrlich, nur der ist ein Hoherpriester, der das Licht geschaut hat und auf dem Wege vorangeeilt ist, der zu dem Geliebten führt…
***
Sprecht, o Hohepriester! Die Hand der Allmacht ist aus den Wolken hervor ausgestreckt. Betrachtet sie mit neuen Augen. Die Zeichen Seiner Erhabenheit und Größe sind enthüllt. Blickt auf sie mit reinen Augen … Sprecht, o Hohepriester! Ihr genießt Verehrung um Meines Namens willen und doch flieht ihr Mich. Ihr seid die Hohepriester des Tempels. Wäret ihr die Hohepriester des Allmächtigen gewesen, so wäret ihr mit Ihm vereint worden und ihr hättet Ihn erkannt … Sprecht, o Hohepriester! Keines Menschen Taten werden angenommen werden an diesem Tage, es sei denn, er entsage der Menschheit und allem, was Menschen besitzen, und wende sein Antlitz dem Allmächtigen zu.« Q50
Die grosse Verkündigung an die Menschheit
***
»Die den Völkern und Geschlechtern der Erde vorherbestimmte Zeit ist nun gekommen. Die Verheißungen Gottes, wie sie die Heiligen Schriften überliefert haben, sind alle erfüllt. Aus Zion ist Gottes Gesetz hervorgegangen, und Jerusalem mit seinen Hügeln und seinem Land ist voll der Herrlichkeit Seiner Offenbarung. Selig, wer in seinem Herzen bewegt, was in den Büchern Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, geoffenbart ist. Sinnt darüber nach, o ihr Geliebten Gottes, und lauscht Seinem Worte, damit ihr euch durch Seine Gunst und Gnade aus den kristallenen Wassern der Beständigkeit satt trinkt und in Seiner Sache so unerschütterlich wie die Berge werdet.« Q51
***
»Wahrlich, Ich sage: Dies ist der Tag, da das Menschengeschlecht das Angesicht des Verheißenen schauen und Seine Stimme vernehmen wird. Gott hat Seinen Ruf erhoben, und das Licht Seines Antlitzes ist über den Menschen aufgegangen. Es ziemt einem jeden, die Spuren aller eitlen Worte von der Tafel seines Herzens zu löschen und mit offenen, unvoreingenommenen Sinnen auf die Merkmale Seiner Offenbarung, die Beweise Seiner Sendung und die Zeichen Seines Glanzes zu schauen.
Groß fürwahr ist dieser Tag! Die Andeutungen aller Heiligen Schriften als dem ›Tag Gottes‹A42 zeugen von seiner Größe. Die Seele jeder Manifestation Gottes und jedes göttlichen Boten hat nach diesem wunderbaren Tag gedürstet, und die mannigfachen Geschlechter der Erde haben sich danach gesehnt, ihn zu erreichen. Doch kaum hatte sich der Morgenstern Seiner Offenbarung am Himmel des Willens Gottes kundgetan, wurden alle außer jenen, die der Allmächtige zu führen beliebte, als stumm und nachlässig befunden.
O du, der du dich Meiner erinnert hast! Der dichteste Schleier hat die Völker der Erde von Seiner Herrlichkeit getrennt und sie gehindert, Seinem Ruf zu lauschen. Gott gebe, daß das Licht der Einheit die gesamte Erde umleuchte und daß das Siegel des ›Das Reich ist Gottes‹A43 allen ihren Völkern auf die Stirn gedrückt werde.« Q52
***
»… O ihr Menschenkinder! Die grundlegende Absicht, die den Glauben Gottes und Seine Religion beseelt, ist, die Belange der menschlichen Rasse zu schützen, ihre Einheit zu fördern und den Geist der Liebe und Kameradschaft unter den Menschen zu pflegen. Laßt sie nicht zu einem Quell der Uneinigkeit und des Mißklangs, des Hasses und der Feindschaft werden. Dies ist der rechte Pfad, die festgelegte und unverrückbare Grundlage. Was sich auf dieser Grundlage erhebt, kann durch die Wechselfälle der Welt niemals in seiner Kraft geschwächt werden, noch können die Umwälzungen zahlloser Jahrhunderte seinen Bau untergraben. Unsere Hoffnung ist, daß sich die religiösen Führer der Welt und ihre Herrscher vereint für die Neugestaltung dieses Zeitalters und die Wiederherstellung seines Friedens erheben mögen. Laßt sie, nachdem sie über seine Nöte nachgedacht haben, zusammen beratschlagen und in bedachtsamer und voller Überlegung einer kranken und schwer heimgesuchten Welt das Heilmittel darreichen, das sie erheischt. … Es geziemt denen, die an der Macht sind, Mäßigung in allen Dingen zu üben. Wer die Grenzen der Mäßigung überschreitet, wird aufhören, einen wohltätigen Einfluß auszuüben. Betrachtet zum Beispiel solche Dinge, wie Freiheit, Zivilisation und dergleichen mehr. Wie günstig verständige Menschen sie auch anschauen mögen, so werden sie doch,. im Übermaß, einen verderblichen Einfluß auf die Menschen ausüben. … So Gott will, werden die Völker der Welt als Ergebnis der hohen Bemühungen ihrer Herrscher und der Weisen und Gelehrten unter den Menschen dahin geführt werden, ihr wahres Wohl zu erkennen. Wie lange wird die Menschheit in ihrem Eigensinn verharren und Ungerechtigkeit fortbestehen? Wie lange sollen Chaos und Verwirrung unter den Menschen herrschen und Uneinigkeit das Antlitz der Gesellschaft zerwühlen? … Die Winde der Verzweiflung wehen aus jeder Richtung, und der Hader, der die menschliche Rasse zerspaltet und peinigt, nimmt täglich zu. Die Zeichen drohender Schwäche und des nahen Chaos sind heute zu erkennen, da die bestehende Ordnung bejammernswert unvollkommen erscheint. Ich flehe zu Gott – erhaben sei Seine Herrlichkeit –, daß Er die Völker der Welt gnädig erwecke, ihnen gewähre, daß das Ergebnis ihres Verhaltens nutzbringend für sie sei, und ihnen helfe, das zu vollbringen, was ihrer Stufe geziemt.« Q53
***
»O ihr einander bekämpfenden Völker und Geschlechter der Erde! Wendet euer Angesicht der Einheit zu und laßt den Glanz ihres Lichtes auf euch scheinen. Versammelt euch und beschließt um der Sache Gottes willen, all das auszurotten, was die Quelle des Streites unter euch ist. Alsdann wird der Glanz der erhabenen Leuchte die ganze Erde umhüllen, und ihre Bewohner werden die Bürger einer Stadt werden und einen und denselben Sitz einnehmen. Dieser Unterdrückte hat seit den frühen Tagen Seines Lebens keinen anderen Wunsch als diesen gehegt und wird auch künftig keinen anderen Wunsch als diesen nähren. Die Völker der Welt, welcher Rasse oder Religion sie auch angehören mögen, leiten ihre Erkenntnis unzweifelhaft aus einer himmlischen Quelle her, und alle sind die Geschöpfe eines Gottes. Die Verschiedenheit ihrer Lebensordnungen muß den wechselnden Anforderungen und Bedürfnissen des Zeitalters zugeschrieben werden, in dem diese geoffenbart wurden. Alle, außer wenigen, die das Ergebnis menschlicher Verderbtheit sind, traten auf Gottes Geheiß in Erscheinung, und sie sind ein Abglanz Seines Willens und Seiner Absicht. Erhebt euch, ausgestattet mit der Kraft des Glaubens; und reißt die Götter eurer eitlen Einbildungen, die Zwietracht unter euch säten, in Stücke. Haltet euch an das, was euch zusammenführt und einigt. Dies ist das erhabenste Wort, das das Mutterbuch auf euch herabgesandt und euch geoffenbart hat. Das bezeugt die Zunge der Größe aus ihrer Wohnung der Herrlichkeit.« Q54
***
»In dem Wunsche, die Vorbedingungen für den Frieden und die Ruhe der Welt und für den Fortschritt ihrer Völker zu offenbaren, hat das Erhabene Wesen geschrieben: Die Zeit muß kommen, da die gebieterische Notwendigkeit zur Abhaltung einer ausgedehnten und allumfassenden Versammlung der Menschen universal erkannt wird. Die Herrscher und Könige der Erde müssen ihr unbedingt beiwohnen und, an ihren Beratungen teilnehmend, solche Wege und Mittel erwägen, die den Grund zum Größten Weltfrieden unter den Menschen legen. Ein solcher Friede erfordert, um der Ruhe der Völker der Erde willen, daß die Großmächte sich zu völliger Versöhnung untereinander entschließen. Sollte ein König die Waffen gegen einen anderen ergreifen, so müssen sich alle vereint erheben und ihn daran hindern. Wenn dies geschieht, benötigen die Nationen der Welt nicht länger irgendeine Bewaffnung, es sei denn zur Wahrung der Sicherheit ihrer Reiche und der inneren Ordnung in ihren Gebieten. Das wird den Frieden und die Ruhe jedes Volkes, jeder Regierung und Nation verbürgen. Wir hoffen sehr, daß die Könige und Herrscher der Erde, die Spiegel des gnädigen und allmächtigen Namens Gottes, diese Stufe erreichen und die Menschheit vor dem Angriff der Gewaltherrschaft beschirmen mögen. … Der Tag ist nahe, da alle Völker der Welt eine universale Sprache und eine gemeinsame Schrift annehmen werden. Wenn dies erreicht wird, ist es für jedermann, welche Stadt er auch bereisen mag, als betrete er sein eigenes Haus. Diese Dinge sind verbindlich und durchaus wesentlich. Es ist die Pflicht eines jeden Einsichtigen und Verständigen, danach zu streben, das hier Niedergeschriebene in die Wirklichkeit und in die Tat umzusetzen. … Wer sich heute dem Dienst an der ganzen menschlichen Rasse hingibt, der ist wirklich ein Mensch. Das Erhabene Wesen spricht: Gesegnet und glücklich ist, wer sich erhebt, um dem Wohl der Völker und Geschlechter der Erde zu dienen. An anderer Stelle hat Er verkündet: Es rühme sich nicht der, der sein Vaterland liebt, sondern der, der die ganze Welt liebt. Die Erde ist nur eine Heimat und die Menschheit ihre Bürger.« Q55
***
»Der allwissende Arzt legt Seinen Finger an den Puls der Menschheit. Er erkennt die Krankheit und verschreibt in Seiner unfehlbaren Weisheit das Heilmittel. Jedes Zeitalter hat seine eigenen Probleme, jede Seele ihre besondere Sehnsucht. Das Heilmittel, das die Welt in ihren gegenwärtigen Nöten braucht, kann nicht das gleiche sein, das ein späteres Zeitalter erfordern wird. Beachtet genau die Nöte eures Zeitalters und legt den Schwerpunkt eurer Überlegungen auf seine Bedürfnisse und Forderungen.
Wir sehen, wie die ganze menschliche Rasse von großen, unberechenbaren Nöten umgeben ist. Wir fühlen, wie sie auf ihrem Krankenbett dahinsiecht, schmerzlich geprüft und ernüchtert. Jene, die von Eigendünkel trunken sind, haben sich zwischen sie und den göttlichen unfehlbaren Arzt gedrängt. Bezeuge, wie sie alle Menschen, sich selbst mit eingeschlossen, in das Netzwerk ihrer List verstrickt haben. Sie können weder die Ursache der Krankheit entdecken, noch kennen sie irgendein Heilmittel. Sie denken, das Gerade sei krumm, und bilden sich ein, ihr Freund sei ihr Feind.
Neigt euer Ohr der süßen Weise dieses Gefangenen. Steht auf und erhebt eure Stimme, damit die fest Schlafenden erwachen mögen. Sprecht: O ihr, die ihr wie tot seid! Die Hand göttlicher Freigebigkeit reicht euch das Wasser des Lebens. Beeilt euch und trinkt zur Genüge. Wer an diesem Tag wiedergeboren wird, soll niemals sterben; wer tot bleibt, soll niemals leben.« Q56
***
»O Völker der Erde! Gott, die ewige Wahrheit, ist Mein Zeuge, daß die Süße der Worte eures Herrn, des Unbezwungenen, Bäche frischen und sanftfließenden Wassers aus den Felsen quellen ließ – dennoch schlummert ihr. Werft von euch, was ihr besitzt, und erhebt euch auf den Flügeln der Loslösung über alles Erschaffene! So gebietet euch der Herr der Schöpfung, der mit der Bewegung Seiner Feder die Seele der Menschheit in Wallung gebracht hat.
Wißt ihr, aus welchen Höhen euer Herr, der Allherrliche, ruft? Glaubt ihr, die Feder erkannt zu haben, womit euer Herr, der Herr aller Namen, euch befiehlt? Nein, bei Meinem Leben! Wenn ihr es wüßtet, würdet ihr der Welt entsagen und mit ganzem Herzen zum Vielgeliebten eilen. Eure Seelen wären von Seinem Wort so hingerissen, daß sie jene große Welt in Erregung versetzten – wieviel mehr diese kleine und geringe! So sind die Regengüsse Meiner Freigebigkeit zum Zeichen der Gnade vom Himmel Meiner Huld herabgeströmt, damit ihr dankbar seid …
Hütet euch, daß nicht Fleischeslust und böse Neigung euch entzweien! Seid wie die Finger einer Hand und die Glieder eines Körpers! So rät es euch die alles offenbarende Feder – möchtet ihr doch daran glauben!
Betrachtet die Gnade und die Gaben Gottes! Er auferlegt euch, was euch nützt, obschon Er selbst alle Geschöpfe entbehren kann. Eure bösen Werke können Uns niemals scha-den, noch eure guten Uns nützen. Allein um Gottes willen ermahnen Wir euch. Jeder Klarsehende und Einsichtige wird dies bezeugen.« Q57
***
»Das Gleichgewicht der Welt schwankt infolge der ausstrahlenden Schwingungen dieser größten und neuen WeltordnungA44. Die Lebensweise der Menschheit ist in Aufruhr geraten durch das Wirken dieses einzigartigen und wundersamen Planes, desgleichen menschliche Augen noch nie geschaut haben.
Versenkt euch in das Meer Meiner Worte, damit ihr seine Geheimnisse ergründen und die Perlen der Weisheit entdecken möget, die in seinen Tiefen schlummern! Hütet euch, in eurem Entschluß wankend zu werden und die Wahrheit dieser Sache nicht anzunehmen – einer Sache, welche die Möglichkeiten der Macht Gottes enthüllt und Seine höchste Herrschaft errichtet hat! Eilt freudestrahlend zu Ihm! Dies ist der unveränderliche Glaube Gottes, ewig in der Vergangenheit, ewig in der Zukunft. Laßt den, der sucht, zu Ihm gelangen! Wenn Ihn aber jemand zu suchen verschmäht, so genügt sich wahrlich Gott selbst, und Er ist über jede Abhängigkeit von Seinen Geschöpfen erhaben:
Sprecht: Dies ist die untrügliche Waage, die Gott in Händen hält, worauf alle, die im Himmel und auf Erden sind, gewogen werden und ihr Schicksal bestimmt wird – möchtet ihr zu denen gehören, die glauben und diese Wahrheit erkennen! Sprecht: Sie hat die Armen bereichert, die Gelehrten erleuchtet und den Suchern den Weg gewiesen, zur Gegenwart Gottes aufzusteigen. Hütet euch, sie zur Ursache des Zankes unter euch zu machen! Steht fest wie ein unverrückbarer Berg in der Sache eures Herrn, des Mächtigen, des Liebenden!« Q58
***
»O ihr Völker der Welt! Wißt, daß Meine Gebote die Lampen Meiner liebevollen Vorsehung unter Meinen Dienern und die Schlüssel Meines Erbarmens für Meine Geschöpfe sind. So wurde es aus dem Himmel des Willens eures Herrn, des Herrn der Offenbarung, herabgesandt. Könnte ein Mensch die Süße der Worte kosten, welche die Lippen des Allbarmherzigen zu künden beliebten, so würde er, und wären die Schätze der Erde in seinem Besitz, ihnen gänzlich entsagen, damit er die Wahrheit auch nur eines Seiner Gebote, die über dem Tagesanbruch Seiner gütigen Fürsorge und liebevollen Zuneigung leuchten, rechtfertigte.
In Meinen Gesetzen könnt ihr den süßen Duft Meines Gewandes wahrnehmen, und mit ihrer Hilfe werden die Banner des Sieges auf den höchsten Bergesgipfeln errichtet werden. Die Zunge Meiner Kraft hat aus dem Himmel Meiner allmächtigen Herrlichkeit diese Worte an Meine Schöpfung gerichtet: ›Befolgt Meine Gebote aus Liebe zu Meiner Schönheit!‹ Glücklich ist der Liebende, der den göttlichen Wohlgeruch seines Meistgeliebten aus diesen mit einem solchen Gnadenduft ausgestatteten Worten eingeatmet hat – einen Duft, den keine Zunge schildern kann. Bei Meinem Leben! Wer den erlesenen Wein der Reinheit aus den Händen Meiner gütigen Gewogenheit getrunken hat, wird Meine über dem Tagesanbruch Meiner Schöpfung leuchtenden Gebote umkreisen.
Glaubt nicht, daß Wir euch ein bloßes Gesetzbuch offenbarten. Nein, Wir haben vielmehr den erlesenen Wein mit den Fingern der Macht und Kraft entsiegelt. Dafür zeugt, was die Feder der Offenbarung enthüllte. Denkt darüber nach, o ihr mit Einsicht Begabten! …
Wenn Meine Gesetze wie die Sonne am Himmel Meiner Äußerung erscheinen, müssen sie von allen gewissenhaft befolgt werden, auch wenn Mein Gebot so ist, daß es den Himmel jeder Religion auseinanderspaltet. Er tut, was Ihm gefällt. Er wählt, und niemand kann Seine Wahl in Frage stellen. Was Er, der Vielgeliebte, verordnet, das ist wahrlich geliebt. Das bezeugt Mir Der, der der Herr aller Schöpfung ist. Wer den zarten Wohlgeruch des Allerbarmers eingeatmet und den Ursprung dieser Äußerung erkannt hat, wird bereitwillig die Pfeile der Feinde willkommen heißen, damit er so die Wahrheit der Gesetze Gottes unter den Menschen begründe. Wohl ist es um den bestellt, der sich ihnen zugewandt und den Sinn dieses entschiedenen Gebotes erfaßt hat.« Q59
***
»Dies ist der Tag, an dem Gottes erhabenste Segnungen den Menschen zugeströmt sind, der Tag, an dem sich Seine größte Gnade über alles Erschaffene ergossen hat. Allen Völkern der Welt obliegt es, ihre Gegensätze auszugleichen und in vollkommener Einigkeit und in Frieden unter dem Schatten des Baumes Seiner Hut und Güte zu verweilen. Es geziemt ihnen, sich an das zu halten, was an diesem Tag der Erhöhung ihrer Stufe und der Förderung ihres eigenen Besten dienen kann. Glücklich die, zu deren Gedächtnis die allherrliche Feder sich bewegt hat, und gesegnet, wessen Namen Wir nach Unserem unerforschlichen Ratschluß zu verschweigen beliebten.
Bitte den einen, wahren Gott, daß Er allen Menschen gnädig beistehe, damit sie das erfüllen, was Unsere Augen billigen können. Bald wird die heutige Ordnung aufgerollt und eine neue an ihrer Statt entfaltet werden. Wahrlich, dein Herr spricht die Wahrheit, und Er weiß um das Ungeschaute.« Q60
Quellenangaben
Q1 Auszug aus dem Bericht des Orientalisten Prof. E. G. Browne mit den Worten, die Bahá’u’lláh bei seinem Besuch in Bahjí 1890 an ihn richtete. (Vgl. Browne, A Traveller’s Narrative, Einleitung S. XL, Cambridge University Press 1891), zitiert aus: Esslemont, Bahá’u’lláh und das Neue Zeitalter, S. 56.
Q2 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, in: Ährenlese 120:2, – Anm. d. Hrsg.
Q3 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:26, zitiert aus: Ährenlese 110 – Anm. d. Hrsg.
Q4 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:12, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 44 – Anm. d. Hrsg.
Q5 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ghulám-Ḥusayn, in: Ährenlese 4:2 – Anm. d. Hrsg.
Q6 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:14, zitiert aus: Ährenlese 110 – Anm. d. Hrsg.
Q7 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 131:2 – Anm. d. Hrsg.
Q8 Shoghi Effendi, Botschaft von 1934-02-08, an die Geliebten Gottes und die Dienerinnen des Barmherzigen überall im Westen, in: Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 7:109–111 – Anm. d. Hrsg.
Q9 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:78–79, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 51 – Anm. d. Hrsg.
Q10 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:81–84, 1:87, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 52–56 – Anm. d. Hrsg.
Q11 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:2–4, 5:6, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 40 – Anm. d. Hrsg.
Q12 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:10–14, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 42–45 – Anm. d. Hrsg.
Q13 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:20–21, 5:23, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 46–49 – Anm. d. Hrsg.
Q14 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 58–61, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:179–182 – Anm. d. Hrsg.
Q15 vgl. Qur’án 2:253, 3:40, 14:27, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q16 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 102:1.
Q17 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 78–82, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:131–135 – Anm. d. Hrsg.
Q18 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 84–87, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:137–140 – Anm. d. Hrsg.
Q19 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 89–90, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:143–145 – Anm. d. Hrsg.
Q20 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 93, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:152, 1:156 – Anm. d. Hrsg.
Q21 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malik-i-Rús–1, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 74–77, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:158–160, 1:162–163, 1:170 – Anm. d. Hrsg.
Q22 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 78–81, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:171–173, 1:185 – Anm. d. Hrsg.
Q23 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:86, 5:117:1, 5:118:1–3, 1:90, 5:121:1–2, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 82–83, – Anm. d. Hrsg.
Q24 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:85, 5:116:1–2, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 84, – Anm. d. Hrsg.
Q25 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:58–72, zitiert aus: Ährenlese 114:1–15. – Anm. d. Hrsg
Q26 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:81–83, zitiert aus: Ährenlese 114:19–21 – Anm. d. Hrsg.
Q27 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Sulṭán, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 96–101, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:192–195, 1:230, 1:249, 1:265–266, 1:268 – Anm. d. Hrsg.
Q28 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:88, zitiert aus: Shoghi Effendi, Citadel of Faith: Messages to America, 1947–1957, p. 18f – Anm. d. Hrsg.
Q29 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, zitiert aus: Ährenlese 120:1–3, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:174–176 – Anm. d. Hrsg.
Q30 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:99–104, zitiert aus: Ährenlese 98:1–6 – Anm. d. Hrsg.
Q31 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:165, 166, 167, 169, 171, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 202, – Anm. d. Hrsg.
Q32 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 203–208, – Anm. d. Hrsg.
Q33 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 270, – Anm. d. Hrsg.
Q34 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 200, – Anm. d. Hrsg.
Q35 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Páp, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 70–73 , vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:102–103, 105–106, 108, 112–114, 118, 120, 126 – Anm. d. Hrsg.
Q36 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 190, – Anm. d. Hrsg.
Q37 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Karmil, in: Botschaften aus ‘Akká 1:4, zitiert aus: Ährenlese 11:4 – Anm. d. Hrsg.
Q38 Ps. 60:9, 108:10 – Anm. d. Hrsg.
Q39 Jes. 40:9–10 – Anm. d. Hrsg.
Q40 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 191, – Anm. d. Hrsg.
Q41 Mk. 1:17 – Anm. d. Hrsg.
Q42 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Páp, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 260, – Anm. d. Hrsg.
Q43 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 251–255 – Anm. d. Hrsg.
Q44 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 18:4–7 – Anm. d. Hrsg.
Q45 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 17:1–4 – Anm. d. Hrsg.
Q46 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 222, – Anm. d. Hrsg.
Q47 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:108–111, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 223, – Anm. d. Hrsg.
Q48 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Burhán, in: Botschaften aus ‘Akká 14:12, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 121, – Anm. d. Hrsg.
Q49 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 217–219 – Anm. d. Hrsg.
Q50 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 192, – Anm. d. Hrsg.
Q51 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 10:1 – Anm. d. Hrsg.
Q52 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 7:1–3 – Anm. d. Hrsg.
Q53 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:14, 11:18, 11:25, 11:26, zitiert aus: Ährenlese 110 – Anm. d. Hrsg.
Q54 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ittiḥád, zitiert aus: Ährenlese 111 – Anm. d. Hrsg.
Q55 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:7, 11:9, 11:12, zitiert aus: Ährenlese 117 – Anm. d. Hrsg.
Q56 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Mánikchí-Ṣáḥib, in Tabernakel der Einheit 1:4–6, zitiert aus: Ährenlese 106:1–3 – Anm. d. Hrsg.
Q57 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:54–55, 1:58–59, zitiert aus: Ährenlese 72:2–5 – Anm. d. Hrsg.
Q58 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:181–183, zitiert aus: Ährenlese 70:1–3 – Anm. d. Hrsg.
Q59 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:3–5, 1:7, zitiert aus: Ährenlese 155:3–6 – Anm. d. Hrsg.
Q60 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ghulám-Ḥusayn, zitiert aus: Ährenlese 4:1–2 – Anm. d. Hrsg.
Anmerkungen
A1 des Báb
A2 Jesus Christus
A3 Bahá’u’lláh
A4 Jesus Christus
A5 Krimkrieg
A6 Jesus
A7 des Sulṭáns der Türkei
A8 Jesus
A9 Jesus
A10 Mekka
A11 die Manifestation
A12 Napoleon III.
A13 in Jerusalem
A14 Jerusalem
A15 Konstantinopel
A16 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:127:1 – Anm. d. Hrsg.
A17 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:128:1 – Anm. d. Hrsg.
A18 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:129:1 – Anm. d. Hrsg.
A19 Jesus
A20 Körper – Anm. d. Hrsg.
A21 Jesus
A22 Jesus
A23 Jesus
A24 Petrus
A25 Zoroastrier – Anm. d. Hrsg.
A26 Jesus
A27 Jesus
A28 Jesus
A29 Jesus
A30 Jesus
A31 Jesus
A32 Jesus
A33 vgl. Qur’án 101:5 – Anm. d. Hrsg.
A34 vgl. Qur’án 39:67 – Anm. d. Hrsg.
A35 vgl. Offb. 6:5, Qur’án 55:7–8, 57:25, 21:47, 7:8–9, 23:102–103, 101:6–9, 18:105 – Anm. d. Hrsg.
A36 vgl. Qur’án 50:20, 50:42 – Anm. d. Hrsg.
A37 vgl. Qur’án 55:41 – Anm. d. Hrsg.
A38 Muḥammad
A39 Fáṭimih
A40 Ṭihrán
A41 die Geistlichen
A42 vgl. Qur’án 19:37, 24:64, 28:61, 28:65–66, 75, 40:16–18, 41:47, 83:5–6 – Anm. d. Hrsg.
A43 vgl. Qur’án 6:73, 22:56, 25:26, 35:13, 39:6, 40:16, 64:1, 67:1 – Anm. d. Hrsg.
A44 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:189 – Anm. d. Hrsg.
Die Verkündigung Bahá’u’lláhs
Bahá’u’lláh
Einleitung
»Wir wünschen nur das Wohl der Welt und das Glück der Völker, dennoch hält man Uns für Anstifter von Streit und Aufruhr, die Gefangenschaft und Verbannung verdienen… Wir wünschen, daß alle Völker in einem Glauben vereint und alle Menschen Brüder werden, daß das Band der Liebe und Einigkeit zwischen den Menschenkindern gestärkt werde, daß Religionsverschiedenheit zu einem Ende komme und die Unterschiede, welche zwischen den Rassen gemacht werden, aufhören – was ist nun Schlimmes hieran? … Aber trotz all dem wird es dahin kommen: diese fruchtlosen Kämpfe, diese zerstörenden Kriege werden beendet werden, und der ›Größte Friede‹ wird kommen… Aber dennoch sehen Wir eure Könige und Regenten die Schätze ihrer Länder mehr auf die Zerstörung der menschlichen Rasse verwenden als darauf, was zum Glück der Menschheit führen würde … Diese Kämpfe, dieses Blutvergießen und diese Zwietracht müssen aufhören, alle Menschen müssen sein, als ob sie einem Geschlecht und einer Familie angehörten… Es rühme sich kein Mensch dessen, daß er sein Land liebt, sondern eher dessen, daß er das ganze Menschengeschlecht liebt …« Q1
Bahá’u’lláh, der Begründer des Bahá’í-Glaubens, verkündete vor einhundert Jahren den Königen und Herrschern der Welt, den religiösen Führern und der gesamten Menschheit in klarer und unmißverständlicher Sprache, daß das seit langem verheißene Zeitalter des Weltfriedens und der Brüderschaft endlich erschienen und Er selbst der Träger der neuen Botschaft und Kraft Gottes sei, die das heute vorherrschende System voll Streit und Feindschaft unter den Menschen umwandeln und den Geist und die Form der vorherbestimmten Weltordnung schaffen werden.
Glanz und Pracht kennzeichneten damals die gewaltige Macht, die die Herrscher, im allgemeinen in autokratischer Weise, über den größten Teil der Erde ausübten. Bahá’u’lláh, aus Seinem Geburtsland Persien wegen Seiner religiösen Lehren verbannt, war der Gefangene des tyrannischen und mächtigen Sulṭáns des Osmanischen Reiches. In dieser Lage wandte Er sich an die Herrscher der Welt. Obgleich Seine Tablets an einzelne Könige und den Papst übergeben wurden, sind sie entweder absichtlich übersehen oder zurückgewiesen worden, ihr weiser Rat und ihre unheilverkündenden Warnungen blieben unbeachtet, und in einem Falle wurde sogar der Überbringer grausam gefoltert und getötet.
Nachdem Bahá’u’lláh diese alte Welt geprüft hatte und zu der Erkenntnis gekommen war, daß sie »der Gnade solcher Herrscher ausgeliefert (war), die, von Hochmut trunken, ihren eigenen wirklichen Vorteil nicht mehr deutlich wahrnehmen können«Q2, erklärte Er: »Der Hader, der die menschliche Rasse zerspaltet und peinigt, nimmt täglich zu. Die Zeichen drohender Schwäche und des nahen Chaos sind heute zu erkennen, da die bestehende Ordnung bejammernswert unvollkommen erscheint.«Q3 Obgleich Er in düsteren Farben diese »göttliche Züchtigung«Q4 malte, welche über die meisten jener Herrscher kommen und die Völker der Welt zerstörerisch überwältigen würde, hat Bahá’u’lláh doch keinen Zweifel an dem Ergebnis gelassen. »Bald«, so erklärte Er, »wird die heutige Ordnung aufgerollt und eine neue an ihrer Statt entfaltet werden«Q5. Seit dem Heimgang Bahá’u’lláhs im Heiligen Land im Jahre 1892 ist das ›Aufrollen‹ der alten Ordnung eine tägliche Erfahrungstatsache der Menschheit geworden, und kein Ende ist in diesem Vorgang abzusehen.
Der Kern der Weltordnung Bahá’u’lláhs ist die Einheit der menschlichen Rasse. »O ihr Menschenkinder!«, schreibt Er. »Die grundlegende Absicht, die den Glauben Gottes und Seine Religion beseelt, ist, die Belange der menschlichen Rasse zu schützen und ihre Einheit zu fördern …«Q6 Und Er warnt: »Das Wohlergehen der Menschheit, ihr Friede und ihre Sicherheit sind unerreichbar, sofern nicht und ehe nicht ihre Einheit fest begründet ist.«Q7 Diese Einheit zu verwirklichen ist Bahá’u’lláhs ausdrückliche Aufgabe und das Ziel aller Bahá’í-Tätigkeit. Ihre Umrisse und ihr Aufbau sind in den folgenden Auszügen aus den Schriften Shoghi Effendis, des Urenkels von Bahá’u’lláh und Hüters des Bahá’í-Glaubens, aufgezeigt:
»Die Einheit des Menschengeschlechts, wie sie Bahá’u’lláh vorausschaut, umschließt die Begründung eines Weltgemeinwesens, in welchem alle Nationen, Rassen, Glaubensbekenntnisse und Klassen eng und dauerhaft vereint, die Selbständigkeit ihrer Staatsglieder und die persönliche Freiheit und Tatbereitschaft der Einzelwesen, die sie bilden, endgültig und vollständig gesichert sind. Dieses Gemeinwesen muß, so weit wir es uns vorstellen können, aus einer Weltlegislative bestehen, deren Mitglieder als die Bevollmächtigten der ganzen Menschheit die gesamten Hilfsquellen aller sie zusammensetzenden Nationen beaufsichtigen. Es müssen Gesetze erlassen werden, die geeignet sind, das Leben in geregelte Bahnen zu leiten, alle Nöte zu befriedigen und die Beziehungen sämtlicher Rassen und Völker zu ordnen. Eine Weltexekutive, gestützt auf eine internationale Polizeitruppe, wird die Beschlüsse der Weltlegislative ausführen, die erlassenen Gesetze anwenden und die organische Einheit des ganzen Gemeinwesens schützen. Ein Weltschiedsgerichtshof wird seine bindende und endgültige Entscheidung in sämtlichen Streitfragen erlassen und abgeben, die zwischen den verschiedenen Gliedern dieses allumfassenden Systems entstehen. Das Netzwerk eines alle verbindenden Weltverkehrssystems wird ersonnen werden, das den ganzen Erdball umspannt und, befreit von allen nationalen Hindernissen und Beschränkungen, mit wunderbarer Schnelligkeit und absoluter Pünktlichkeit abläuft. Eine Welthauptstadt wird als Nervenzentrum einer Weltzivilisation und als Brennpunkt wirken, in dem die einigenden Lebenskräfte zusammenlaufen und von dem ihre kraftbringenden Einflüsse ausstrahlen werden. Eine Welthilfssprache wird entweder geschaffen oder unter den bestehenden Sprachen ausgewählt und in den Schulen aller verbündeten Nationen als ein Hilfsmittel neben der jeweiligen Muttersprache gelehrt werden. Eine Weltschrift, eine Weltliteratur, ein einheitliches und allumfassendes Währungs-, Gewichts- und Maßsystem werden den Verkehr und die Verständigung unter den Nationen und Rassen der Menschheit vereinfachen und erleichtern. In dieser Weltgemeinschaft werden Wissenschaft und Religion, die beiden gewaltigsten Kräfte im menschlichen Leben, in Einklang gebracht, zusammenwirken und sich harmonisch entwickeln. Die Presse wird in einem solchen System, in dem sie der Darlegung der verschiedenen Ansichten und Überzeugungen der Menschheit vollen Spielraum gewährt, nicht mehr durch althergebrachte Interessen, seien sie persönlicher oder allgemeiner Natur, unheilvoll gelenkt werden, und sie wird vom Einfluß streitender Regierungen und Völker befreit werden. Die wirtschaftlichen Hilfsmittel der Welt werden organisiert, ihre Rohstoffquellen erschlossen und restlos nutzbar gemacht, ihre Märkte aufeinander abgestimmt und entwickelt und die Verteilung ihrer Erzeugnisse unparteiisch geregelt werden.
Nationale Rivalität, Haß und Machenschaften werden aufhören, und Feindseligkeiten und Vorurteile der Rassen werden durch Freundschaft, Verständigung und Zusammenarbeit ersetzt werden. Die Ursachen religiöser Zwistigkeiten werden für immer aus dem Weg geräumt werden; wirtschaftliche Schranken und Hindernisse werden völlig beseitigt und der maßlose Klassenunterschied verwischt werden. Mangel auf der einen Seite und unmäßige Besitzanhäufung auf der anderen Seite werden verschwinden. Die ungeheuren Kräfte, die für den Krieg, wirtschaftlicher oder politischer Art, verzettelt und vergeudet werden, sollen solchen Zwecken zugeführt werden, die den Bereich der menschlichen Erfindungen und der technischen Entwicklung erweitern, der Steigerung der Produktionskraft, der Beseitigung von Krankheiten, der Ausdehnung wissenschaftlicher Forschungen, der Hebung des körperlichen Gesundheitszustands, der Belebung und Verfeinerung des menschlichen Verstandes, der Ausbeutung ungenutzter und ungeahnter Hilfsquellen dieser Erde, der Verlängerung des menschlichen Lebens und der Förderung aller jener Tätigkeiten dienen, die das verstandesmäßige, sittliche und geistige Leben des ganzen Menschengeschlechtes anzuregen vermögen.
Ein Weltbundsystem, das die ganze Erde beherrscht und eine unanfechtbare Befugnis über ihre unvorstellbar großen Hilfsquellen hat, das die Ideale sowohl des Ostens wie auch des Westens verkörpert und in Einklang bringt, vom Fluch des Krieges und des mit ihm verbundenen Elends befreit ist und sich auf die Ausnützung aller verfügbaren Kraftquellen auf der Erdoberfläche erstreckt, ein System, in dem die Stärke zur Dienerin der Gerechtigkeit gemacht ist, dessen Dasein durch seine allumfassende Anerkennung eines Gottes und durch seinen Gehorsam gegen eine gemeinsame Offenbarung getragen wird – dies ist das Ziel, dem die Menschheit, durch die vereinenden Lebenskräfte angetrieben, zustrebt.« Q8
Bahá’u’lláhs Botschaft ist eine Botschaft der Hoffnung, der Liebe und der praktischen Erneuerung. Heute ernten wir die erschreckenden Ergebnisse der Zurückweisung Seines göttlichen Rufes durch unsere Vorfahren. Doch gibt es heute andere Herrscher und Menschen, die vielleicht hören und die Schwere der drohenden Katastrophe aufheben oder mildern können. Aus dieser Hoffnung und aus dem Gefühl einer heiligen Verpflichtung heraus verkündet das Universale Haus der Gerechtigkeit, die international leitende Körperschaft des Bahá’í-Glaubens, mit der Veröffentlichung dieser ausgewählten Texte erneut den Geist dieses mächtigen Rufes von vor einhundert Jahren. Mit derselben Hoffnung und Überzeugung werden die Bahá’í in der ganzen Welt während dieser Periode der Jahrhundertfeier ihr Äußerstes tun, um die erlösende Tatsache dieser erneuten Ausgießung göttlicher Führung und Liebe dem Bewußtsein ihrer Mitmenschen nahezubringen. Wir sind überzeugt, daß ihre Mühe nicht vergeblich sein wird.
Haifa, Israel, 1967
Aufrufe an die Könige und Herrscher der Welt
Aufrufe an die Könige und Herrscher der Welt in ihrer Gesamtheit
***
»O Könige der Erde! Er, der höchste Herr über alle, ist gekommen. Das Reich ist Gottes, des allmächtigen Beschützers, des Selbstbestehenden. Betet niemanden an außer Gott und erhebt euer Angesicht mit strahlendem Herzen zu eurem Herrn, dem Herrn aller Namen. Dies ist eine Offenbarung, welcher nichts, was immer ihr besitzt, gleichgestellt werden kann – könntet ihr es doch erkennen! Wir sehen, daß ihr euch über das freut, was ihr von anderen angesammelt habt, und daß ihr euch ausschließt von den Welten, die nichts außer Meinem Verwahrten Tablet ermessen kann. Die Schätze, die ihr gesammelt habt, lenken euch weit ab von eurem letzten Ziel. Dies ziemt euch schlecht – o könntet ihr das doch verstehen! Reinigt eure Herzen von allen irdischen Verunreinigungen und eilt, einzutreten in das Königreich eures Herrn, des Schöpfers von Erde und Himmel, der die Welt erzittern und alle ihre Völker wehklagen ließ, ausgenommen jene, die auf alle Dinge verzichtet haben und sich an dem festhielten, was im Verborgenen Tablet verordnet wurde…« Q9
»O Könige der Erde! Das Größte Gesetz ist an diesem Ort geoffenbart worden, auf diesem Schauplatz höchsten Glanzes. Alles Verborgene ist ans Licht gebracht worden kraft des Willens des Höchsten Gesetzgebers, Dessen, der die letzte Stunde angekündigt hat, durch welchen der Mond gespalten und jeder unwiderrufliche Befehl gedeutet worden ist.
Ihr seid nur Vasallen, o Könige der Erde! Er, der König der Könige, ist im Gewande Seiner wunderbarsten Herrlichkeit erschienen und lädt euch vor sich, den Helfer in der Gefahr, den Selbstbestehenden. Hütet euch, daß euch nicht der Hochmut davon abhalte, den Quell der Offenbarung zu erkennen, daß die Dinge dieser Welt euch nicht wie mit einem Schleier von Ihm, dem Schöpfer des Himmels, ausschließen. Erhebt euch und dient Ihm, der Sehnsucht aller Völker, der euch durch ein Wort erschuf und verordnete, daß ihr für alle Zeiten die Wahrzeichen Seiner Herrschaft sein sollt.
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Es ist nicht Unser Wunsch, Hand an eure Königreiche zu legen. Unsere Bestimmung ist, die Herzen der Menschen zu ergreifen und zu besitzen. Auf sie sind die Augen Bahás gerichtet. Dies bezeugt das Königreich der Namen – könntet ihr es doch verstehen! Wer seinem Herrn nachfolgt, wird der Welt und allem, was darinnen ist, entsagen. Wieviel größer muß dann die Loslösung Dessen sein, der eine so erhabene Stufe innehat! Verlaßt eure Paläste und eilt, Einlaß in Sein Königreich zu gewinnen. Dies wird euch in dieser und in der nächsten Welt von Nutzen sein. Das bezeugt der Herr des Reiches in der Höhe – würdet ihr es doch erkennen!
Wie groß ist die Glückseligkeit, die den König erwartet, der sich erheben wird, Meiner Sache in Meinem Königreich zu helfen, und der sich von allem außer Mir loslösen wird! Solch ein König wird zu den Gefährten der Roten Arche gezählt, der Arche, die Gott dem Volk von Bahá bereitet hat. Alle müssen seinen Namen verherrlichen, seine Stufe ehren und ihm helfen, die Städte aufzuschließen mit den Schlüsseln Meines Namens, der allmächtige Beschützer aller, die die sichtbaren und unsichtbaren Reiche bewohnen. Solch ein König ist das wahre Auge der Menschheit, der leuchtende Schmuck auf der Stirn der Schöpfung, der Urquell von Segnungen für die ganze Welt. O Volk von Bahá, opfere deinen Besitz, ja selbst dein Leben, um ihm beizustehen.
Wir haben nichts von euch erbeten. Wahrlich, um der Sache Gottes willen ermahnen Wir euch und werden Wir Uns gedulden, wie Wir es in dem taten, was Uns in. euren Händen, o Schar der Könige, befallen hat!« Q10
***
»O Könige der Erde! Hört auf die Stimme Gottes, die von diesem erhabenen, früchtebeladenen Baume aus ruft, der den Karminroten Hügeln auf der heiligen Ebene entsprossen ist, und die die Worte anstimmt: ›Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Mächtigen, dem Allvermögenden, dem Allweisen‹ … Fürchtet Gott, o ihr Könige, und laßt euch diese erhabenste Gnade nicht entgehen. So werft denn euren Besitz hinweg und klammert euch an den Halt Gottes, des Erhabenen, des Großen. Wendet eure Herzen dem Antlitz Gottes zu, gebt auf, wonach euch eure Wünsche trachten ließen, und seid nicht bei denen, die zugrunde gehen. O Diener, berichtet ihnen die Geschichte ‘AlísA1, wie Er zu ihnen kam mit der Wahrheit, mit Seinem herrlichen und gewichtigen Buch, in Seinen Händen ein Zeugnis und einen Beweis von Gott und mit heiligen und gesegneten Zeichen von Ihm. Ihr jedoch, o Könige, habt versäumt, auf die Erwähnung Gottes in Seinen Tagen zu achten und euch von den Lichtern führen zu lassen, die aufgingen und aufleuchteten über dem Horizonte eines strahlenden Himmels. Ihr erforschtet nicht Seine Sache, wo dies zu tun doch besser für euch gewesen wäre als alles, was die Sonne bescheint – o könntet ihr es doch verstehen! Ihr bliebt unachtsam, bis die Geistlichen Persiens, diese Grausamen, das Urteil über Ihn fällten und Ihn zu Unrecht töteten. Sein Geist stieg zu Gott empor, und die Augen der Bewohner des Paradieses und die Engel, die Ihm nahe sind, weinten schmerzlich über diese Grausamkeit. Hütet euch, weiterhin so nachlässig zu sein, wie ihr es ehedem wart. So kehrt denn zu Gott, eurem Schöpfer, zurück und gesellt euch nicht zu den Achtlosen … Mein Antlitz kam aus den Schleiern hervor und goß seine Strahlen auf alles, was im Himmel und auf Erden ist. Dennoch habt ihr euch Ihm nicht zugewandt, obwohl ihr für Ihn geschaffen seid, o ihr Könige! Befolgt daher, was Ich euch sage, hört darauf mit euren Herzen und gehört nicht zu denen, die sich abgewandt haben. Denn euer Ruhm besteht nicht in eurer Herrschaft, sondern vielmehr in eurer Nähe zu Gott und im Befolgen Seines Gebotes, wie es in Seinen heiligen und verwahrten Tablets herniedergesandt wurde. Sollte einer von euch über die ganze Erde herrschen und über alles, was darinnen und darauf besteht, ihre Meere, ihre Länder, ihre Berge und ihre Ebenen, und doch nicht von Gott erwähnt werden, so würde ihm all dies nichts nützen – o könntet ihr es doch erkennen! … So erhebt euch denn, seid standhaft, macht wieder gut, was euch entgangen ist, und geht Seinem heiligen Hofe, am Strande Seines mächtigen Ozeans, entgegen, auf daß die Perlen der Erkenntnis und Weisheit,. die Gott für euch in der Hülle Seines strahlenden Herzens aufgespeichert hat, euch offenbart werden mögen … Hütet euch, daß ihr den Odem Gottes nicht hindert, über eure Herzen zu wehen, den Odem, durch welchen die Herzen derer, die sich Ihm zugewandt haben, belebt werden können …« Q11
»Hütet euch, ungerecht zu handeln an jemandem, der euch anruft und unter eurem Schutze steht. Wandelt in der Furcht Gottes und seid unter denen, die ein gottgefälliges Leben führen. Verlaßt euch nicht auf eure Macht, eure Waffen und Schätze. Setzt euer ganzes Vertrauen und eure Zuversicht in Gott, der euch erschaffen hat; sucht Seine Hilfe in allen euren Angelegenheiten. Beistand kommt von Ihm allein. Er hilft, wem Er will, mit den Heerscharen der Himmel und der Erde.
Wißt, daß die Armen das Pfand Gottes in eurer Mitte sind. Seid achtsam, daß ihr Sein Pfand nicht veruntreut, daß ihr nicht ungerecht an ihnen handelt und daß ihr nicht auf den Wegen der Verräter wandelt. Ihr werdet ganz sicherlich zur Rechenschaft über Sein Pfand gerufen werden an dem Tage, da die Waage der Gerechtigkeit aufgestellt ist, an dem Tage, da jedermann das Seinige zugeteilt wird, da die Taten aller Menschen, ob reich oder arm, gewogen werden.
Wenn ihr den Ratschlägen, die Wir in unvergleichlicher und unzweideutiger Sprache in diesem Tablet geoffenbart haben, keine Beachtung schenkt, dann wird von allen Seiten göttliche Züchtigung über euch kommen, und der Urteilsspruch Seiner Gerechtigkeit wird gegen euch verkündet werden. An jenem Tage werdet ihr keine Macht haben, Ihm zu widerstehen, und ihr werdet eure eigene Ohnmacht erkennen. Habt Erbarmen mit euch selbst und mit denen, die euch unterstellt sind, und richtet sie nach den von Gott in Seinem heiligsten und erhabenen Tablet verordneten Geboten, einem Tablet, in dem Er allem und jedem Sein das festgesetzte Maß zugewiesen hat, in dem Er deutlich eine Erklärung aller Dinge gegeben hat, die in sich selbst schon eine Ermahnung ist an alle, die an Ihn glauben.
Prüft Unsere Sache, erforscht die Dinge, die Uns befallen haben, entscheidet gerecht zwischen Uns und Unseren Feinden und gesellt euch zu jenen, die ihren Nächsten unparteiisch behandeln. Wenn ihr dem Unterdrücker nicht in den Arm fallt, wenn ihr versäumt, die Rechte der Niedergetretenen zu schützen, welches Recht habt ihr dann, euch unter den Menschen zu rühmen? Worauf könnt ihr mit Recht stolz sein? Ist es euer Essen und Trinken, auf das ihr stolz seid, sind es die Reichtümer, die in euren Schatzkammern lagern, die Buntheit und der Wert des Schmuckes, mit dem ihr euch bedeckt? Wenn wahrer Ruhm im Besitz solch vergänglicher Dinge bestünde, dann müßte notwendigerweise die Erde, auf der ihr wandelt, sich vor euch rühmen, denn sie versorgt und beschenkt euch nach dem Ratschluß des Allmächtigen gerade mit diesen Dingen. In ihrem Innern ist alles, was ihr besitzt, enthalten, so wie Gott es verordnet hat. Von ihr leitet ihr eure Reichtümer als ein Zeichen Seiner Gnade her. So schaut denn euren Zustand, dessen ihr euch so rühmt. Könntet ihr ihn doch erkennen! Nein, bei Ihm, der das Königreich der ganzen Schöpfung in Seiner Gewalt hält! Euer wahrer und dauernder Ruhm liegt nur in eurem Festhalten an den Geboten Gottes, im Befolgen Seiner Gesetze aus ganzem Herzen, in eurem Entschluß, sie erfüllt zu sehen und unbeirrt den rechten Weg zu wandeln.« Q12
»Zwanzig Jahre sind verronnen,. o Könige, während derer Wir jeden Tag die herben Qualen einer neuen Trübsal empfunden haben. Keiner vor Uns hat das erduldet, was Wir erduldet haben. Könntet ihr es doch fassen! Die sich gegen Uns erhoben, haben Uns hingerichtet, Unser Blut vergossen, Unseren Besitz geplündert und Unsere Ehre verletzt. Obwohl der meisten Unserer Leiden gewahr, habt ihr es dennoch unterlassen, dem Angreifer in den Arm zu fallen. Ist es denn nicht eure klare Pflicht, der Tyrannei des Unterdrückers Einhalt zu gebieten und eure Untertanen unparteiisch zu behandeln, auf daß euer hoher Gerechtigkeitssinn der ganzen Menschheit voll bewiesen werde?
Gott hat euren Händen die Zügel der Regierung des Volkes übergeben, daß ihr in Gerechtigkeit über die Menschen herrschen, die Rechte der Niedergetretenen schützen und die Übeltäter strafen möget. Wenn ihr die Pflicht vernachlässigt, die Gott euch in Seinem Buche vorgeschrieben hat, so werden eure Namen in Seinen Augen zu denen der Ungerechten gezählt werden. Schmerzlich, in der Tat, wird euer Irrtum für euch sein. Wollt ihr euch an das hängen, was euch eure Einbildung vorgespiegelt hat, und die Gebote Gottes, des Erhabensten, des Unerreichbaren, des Allbezwingers, des Allmächtigen, verwerfen? Werft die Dinge, die ihr besitzt, hinweg und haltet euch an das, was Gott euch zu tun geboten hat. Sucht Seine Gnade, denn wer sie sucht, der wandelt auf Seinem geraden Pfad. …
… Der Tag naht heran, da Gott Seine Sache erhöht und Sein Zeugnis verherrlicht haben wird vor den Augen aller, die in den Himmeln und auf Erden sind. Setze dein ganzes Vertrauen in allen Lebenslagen auf deinen Herrn, richte deinen Blick auf Ihn und wende dich ab von all denen, die Seine Wahrheit verschmähen. Lasse Gott, deinen Herrn, dir als Beistand und Helfer genügen. Wir haben gelobt, deinen Triumph auf Erden zu sichern und Unsere Sache über alle Menschen zu erheben, auch wenn kein König zu finden wäre, der dir seinen Blick zuwendete.« Q13
***
»O Könige der Erde! Wir sehen euch jedes Jahr eure Ausgaben vermehren und deren Lasten euren Untertanen aufbürden. Das ist, wahrlich, höchst ungerecht. Fürchtet die Seufzer und Tränen dieses Unterdrückten und ladet nicht übermäßige Lasten auf eure Völker. Beraubt sie nicht, um für euch selbst Paläste zu errichten. Nein, wählt vielmehr für sie das, was ihr für euch selbst wählt. So entrollen Wir vor euren Augen das, was euch nützt – würdet ihr es doch erkennen! Eure Völker sind eure Schätze. Hütet euch, durch eure Herrschaft die Gebote Gottes zu verletzen und eure Mündel den Händen der Räuber auszuliefern! Durch sie herrscht ihr, durch sie besteht ihr, mit ihrer Hilfe siegt ihr. Und doch, wie verächtlich schaut ihr auf sie herab! Wie seltsam, wie höchst seltsam!
Nun, da ihr den Größten Frieden zurückgewiesen habt, haltet euch an den Geringeren Frieden, auf daß ihr wenigstens einigermaßen eure eigene Lage und die der von euch Abhängigen bessern möget.
O Herrscher der Erde! Versöhnt euch miteinander, so daß ihr nicht mehr Kriegsrüstungen benötigt, als dem Schutze eurer Gebiete und Länder angemessen ist. Hütet euch, den Rat des Allwissenden, des Glaubwürdigen zu mißachten.
Seid einig, o Könige der Erde, denn dadurch wird der Sturm des Haders gestillt und eure Völker finden Ruhe – wenn ihr doch unter denen wäret, die das verstehen! Sollte einer unter euch gegen einen anderen die Waffen ergreifen, so erhebt euch alle gegen ihn, denn dies ist nichts als offenbare Gerechtigkeit.« Q14
***
»Der eine, wahre Gott – erhaben sei Seine Herrlichkeit – hat immer die Herzen der Menschen als Seinen eigenen, ausschließlichen Besitz angesehen und wird dies immer tun. Alles andere, ob zu Land oder zur See, ob Reichtum oder Ruhm, hat Er den Königen und Herrschern der Erde gegeben. Vom Anfang an, der keinen Anfang hat, wurde das Banner, das die Worte verkündet: ›Er tut, was Er will‹Q15 in all seinem Glanz. vor Seiner Offenbarung entfaltet. Heute muß die Menschheit Gehorsam gegenüber den Mächtigen erzeigen und treu am Seile der Weisheit festhalten. Die Mittel zum unmittelbaren Schutz, zur Ruhe und Sicherheit des Menschengeschlechts sind den Führern der menschlichen Gesellschaft anvertraut und liegen in ihrer Hand. So lauten der Wunsch Gottes und Seine Verordnung … Wir hoffen, daß sich einer der Könige der Erde um Gottes willen für den Triumph dieses gequälten und unterdrückten Volkes erheben wird. Dieser König wird ewig gepriesen und verherrlicht werden. Gott hat Seinem Volk zur Pflicht gemacht, den zu unterstützen, der Ihm beisteht, seinem besten Wohle zu dienen und ihm Untertanentreue zu erweisen. Wer Mir folgt, muß unter allen Umständen danach streben, das Wohlergehen dessen zu fördern, der für den Sieg Meiner Sache kämpft, und ihm allezeit Ergebenheit und Aufrichtigkeit bezeigen. Glücklich der Mensch, der Meinen Rat beherzigt und befolgt! Wehe dem, der Meinen Wunsch nicht erfüllt!« Q16
An Napoleon III.
»O König in Paris! Sage den Priestern, sie sollen nicht länger die Glocken läuten. Bei Gott, dem Wahren! Die Mächtigste Glocke ist erschienen in der Gestalt Dessen, welcher der Größte Name ist, und die Finger des Willens deines Herrn, des Erhabensten, des Höchsten, läuten sie im Himmel der Unsterblichkeit in Seinem Namen ›der Allherrliche‹. So sind die mächtigen Verse deines Herrn aufs neue zu dir herabgesandt worden, auf daß du dich erheben mögest, Gottes zu gedenken, des Schöpfers von Erde und Himmel, in diesen Tagen, da alle Geschlechter der Erde trauern, da die Grundmauern der Städte erzittern und der Staub des Unglaubens alle Menschen einhüllt, ausgenommen jene, die dein Herr, der Allwissende, der Allweise, zu verschonen beliebte. Sprich: Er, der. Unbedingte, ist in den Wolken des Lichts gekommen, um alles Erschaffene mit dem Odem Seines Namens ›der Allbarmherzige‹ zu beleben, um die Welt zu vereinen und alle Menschen an dieser Tafel zu versammeln, die vom Himmel herabgesandt wurde. Hüte dich, die Gunst Gottes von dir zu weisen, nachdem sie zu dir herniederkam. Sie ist besser für dich als alles, was du besitzest; denn was dein ist, vergeht, aber was von Gott ist, besteht fort. Er verfügt in der Tat, was Ihm gefällt. Wahrlich,. der Odem der Vergebung weht von der Stätte deines Herrn, des Gottes der Gnade. Wer sich Ihm zukehrt, wird von seinen Sünden, von aller Pein und Krankheit gereinigt. Glücklich der Mensch, der sich diesem Odem zuwendet, und wehe dem, der sich abkehrt!
Würdest du dein inneres Ohr allem Erschaffenen neigen, dann würdest du hören: ›Der Urewige ist in Seiner großen Herrlichkeit gekommen!‹ Alle Dinge feiern das Lob ihres Herrn. Manche Menschen haben Gott erkannt und gedenken Seiner; andere erwähnen Ihn, aber kennen Ihn nicht. Deshalb haben Wir Unser Geheiß in einem deutlichen Tablet niedergelegt.
O König, lausche der Stimme, die aus dem Feuer ruft, das in diesem grünenden Baume brennt, auf dem Sinai, der sich über dem geheiligten, schneeweißen Ort jenseits der Ewigen Stadt erhob: ›Wahrlich, es gibt keinen anderen Gott außer Mir, dem Ewigvergebenden, dem Barmherzigsten!‹ Wahrlich, Wir haben Ihn gesandt, dem Wir mit dem Heiligen GeisteA2 beistanden, damit Er euch dieses Licht ankünde, das ausstrahlt vom Horizont des Willens eures Herrn, des Erhabensten, des Allherrlichen, Ihn, dessen Zeichen im Westen offenbar sind. Richtet nun euer Angesicht auf IhnA3 an diesem Tag, den Gott über alle anderen Tage erhöht und an dem der Allbarmherzige den Glanz Seiner strahlenden Herrlichkeit auf alle ergossen hat, die im Himmel und auf Erden sind. Erhebe dich, Gott zu dienen und Seiner Sache beizustehen! Er, wahrlich, wird mit den Heerscharen des Sichtbaren und des Unsichtbaren dir zur Seite sein und dich zum König über alles einsetzen, was die Sonne bescheint. Dein Herr ist wahrlich der Allgewaltige, der Allmächtige.
Die Winde des Allbarmherzigen wehen über alles Erschaffene hin; glücklich der Mensch, der ihren Duft entdeckt und reinen Herzens ihnen entgegeneilt. Schmücke deinen Tempel mit der Zier Meines Namens, deine Zunge mit Meinem Gedenken und dein Herz mit der Liebe zu Mir, dem Allmächtigen, dem Höchsten. Wir wünschen nichts für dich als das, was besser für dich ist als dein Besitz und alle Schätze der Erde. Wahrlich, dein Herr ist allwissend, und Er kennt alles. Erhebe dich in Meinem Namen unter Meinen Dienern und sprich: ›O ihr Völker der Erde! Wendet euch Ihm zu, der sich euch zuwandte. Wahrlich, Er ist das Antlitz Gottes unter euch, Sein Zeugnis und Seine Führung für euch. Er kam zu euch mit Zeichen, wie sie keiner sonst aufweisen kann.‹ Mitten im Herzen der Welt erschallt die Stimme des Brennenden Busches, und laut ruft der Heilige Geist vor den Nationen: ›Seht, der Ersehnte ist mit offenbarer Herrschaft gekommen!‹
O König! Die Sterne am Himmel des Wissens sind herabgefallen, sie, die die Wahrheit Meiner Sendung durch ihren Besitz begründen wollen und die Gott in Meinem Namen anrufen. Dennoch haben sie sich abgewandt, als Ich in Meiner Herrlichkeit zu ihnen kam. In der Tat, sie zählen zu den Gefallenen. Dies ist wahrlich das, was der Geist GottesA4 ankündigte, als Er mit der Wahrheit zu euch kam, Er, mit dem sich die jüdischen Gelehrten stritten, bis sie schließlich taten, was den Heiligen Geist klagen und die Tränen jener, die Gott nahe sind, strömen ließ …« Q17
»O König! Wir vernahmen die Worte, die du dem Zaren von Rußland bezüglich deines Entschlusses zum KriegA5 zur Antwort gabst. Wahrlich, dein Herr ist allwissend und kennt alles. Du sagtest: ›Ich lag schlafend auf meinem Bette, als der Schrei der Unterdrückten, die in das Schwarze Meer gestürzt wurden, mich weckte.‹ Solches hörten Wir dich sprechen, und wahrlich, dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich sage.. Wir bezeugen, daß das, was dich weckte, nicht ihr Schrei war, sondern die Einflüsterungen deiner eigenen Leidenschaften. Denn Wir prüften dich und fanden dich fehlerhaft. Erfasse die Bedeutung Meiner Worte und gehöre zu den Einsichtsvollen. Mit Rücksicht auf die Würde, die Wir dir in diesem vergänglichen Dasein verliehen, wünschen Wir keineswegs, dich zu verdammen. Wahrlich, Wir wählten die Höflichkeit und machten sie zum Kennzeichen für solche, die Ihm nahe sind. Höflichkeit ist in der Tat ein Gewand, das alle Menschen, jung oder alt, kleidet. Wohl steht es um den, der seinen Tempel mit ihr schmückt, und wehe denen, die dieser großen Gabe verlustig gehen. •Wärest du aufrichtig in deinen Worten gewesen, so hättest du das Buch Gottes nicht beiseite geworfen, als es dir von Ihm, dem Allmächtigen, dem Allweisen, zugesandt wurde. Wir haben dich damit geprüft und fanden dich anders, als du vorgibst. Erhebe dich und suche nachzuholen, was du versäumt hast. Binnen kurzem werden die Welt und all dein Besitz untergehen, und das Reich wird Gottes bleiben, deines Herrn und des Herrn deiner Väter. Es geziemt dir nicht, deine Geschäfte nach den Befehlen deiner Leidenschaften zu führen. Fürchte die Seufzer dieses Unterdrückten und schirme Ihn vor den Speeren derer, die Unrecht tun.
Für das, was du getan hast, soll dein Reich in Verwirrung gestürzt werden; deine Herrschaft, soll deinen Händen zur Strafe für das, was du verübtest, entgleiten. Dann wirst du erkennen, wie sehr du dich geirrt hast. Aufruhr wird das ganze Volk des Landes ergreifen, es sei denn, du hilfst dieser Sache und folgst Ihm, dem Geist GottesA6, auf diesem, dem Geraden Pfad. Hat dich dein Pomp stolz gemacht? Bei Meinem Leben! Er soll nicht von Dauer sein, nein, er soll bald dahinschwinden, es sei denn, du hältst dich standhaft an dieses feste Seil. Wir sehen Erniedrigung dich verfolgen, während du zu den Achtlosen gehörst. Es geziemt dir, wenn du Seine Stimme vom Throne der Herrlichkeit rufen hörst, alles wegzuwerfen, was du besitzest, und laut zu antworten: ›Hier bin ich, o Du Herr all dessen, was im Himmel und auf Erden ist!‹
O König! Wir waren im ‘Iráq, als die Stunde des Abschieds kam. Auf Befehl des Königs des IslámA7 lenkten Wir Unseren Fuß in seiner Richtung. Bei Unserer Ankunft fügten Uns die Böswilligen zu, was die Bücher der Welt niemals angemessen wiedergeben können. Die Bewohner des Paradieses und alle, die an den Stätten der Heiligkeit weilen, klagten laut darüber, und doch sind die Menschen in dichte Schleier gehüllt! …
Unsere Lage wurde von Tag zu Tag, ja von Stunde zu Stunde schlimmer, bis man Uns aus Unserem Gefängnis nahm und Uns – ein schreiendes Unrecht – in das Größte Gefängnis brachte…« Q18
»Sei dir bewußt, daß deine Untertanen Gottes Lehen an dich sind. Beschütze sie darum wie dein eigenes Selbst. Sieh dich vor, daß nicht Wölfe zu Hirten der Herde werden oder daß Stolz und Eitelkeit dich hindern, dich der Armen und Verlassenen anzunehmen. Erhebe dich in Meinem Namen am Horizont der Entsagung und richte sodann dein Angesicht auf das Königreich, wie es dein Herr, der Herr der Stärke und Macht, dir befiehlt …
Schmücke den Körper deines Reiches mit dem Gewande Meines Namens; alsdann mache dich auf, Meine Sache zu lehren. Dies ist besser für dich als alles, was du besitzest. Gott wird dadurch deinen Namen unter allen Königen erhöhen. Er ist über alle Dinge mächtig. Wandle unter den Menschen im Namen Gottes und in der Kraft Seiner Macht, damit du Seine Zeichen unter den Völkern auf Erden kundtust …« Q19
»Betrachtet die Welt wie einen menschlichen Körper, der von verschiedenen Leiden befallen wurde und dessen Genesung davon abhängt, daß alle Elemente, aus denen er sich zusammensetzt, aufeinander abgestimmt werden. Haltet euch an das, was Wir für euch verordneten, und wandelt nicht auf den Wegen jener, die Zwietracht stiften. Sinnt nach über die Welt und den Zustand ihrer Völker. Er, um dessentwillen die Welt ins Sein gerufen wurde, ist in der trostlosesten aller Städte wegen der Untaten der Verstockten eingekerkert. Vom Horizont Seiner Gefängnisstadt lädt Er die Menschheit zum Anbruch des Tages Gottes, des Erhabenen, des Großen. Frohlockst du über die Schätze, die du besitzest, wo du doch weißt, daß sie vergehen werden? Freust du dich darüber, daß du ein Stückchen Erde beherrschst, während die ganze Welt nach der Schätzung des Volkes Bahás soviel wert ist wie das Schwarze im Auge einer toten Ameise? Überlasse dies denen, die ihre Lust dareinsetzten, und wende dich Ihm, der Sehnsucht der Welt, zu. Wohin sind die Stolzen und ihre Paläste gekommen? Blicke in ihre Gräber, damit du an diesem Beispiel lernst, denn Wir machten es zur Lehre für jeden Betrachter. Würde der Windhauch der Offenbarung dich erfassen, du würdest die Welt fliehen, würdest dich dem Reiche Gottes zuwenden und alles hingeben, was du besitzest, um dieser erhabenen Schau nahezukommen.« Q20
An Zar Alexander II.
»O Zar von Rußland! Neige dein Ohr der Stimme Gottes, des Königs, des Heiligen, und wende dich dem Paradiese zu, der Stätte, wo Er wohnt, der unter den himmlischen Scharen die erhabensten Titel trägt und dem im Reiche der Schöpfung der Name Gott, der Strahlende, der Glorreiche, beigelegt wird. Hüte dich, daß dich deine Begierde nicht hindere, dich dem Angesichte deines Herrn, des Mitleidigen, des Barmherzigsten, zuzuwenden. Wir haben wahrlich die Sache vernommen, um die du deinen Herrn in heimlicher Zwiesprache angefleht hast. Darum wehten die Winde Meiner liebevollen Güte und wogte das Meer Meiner Barmherzigkeit, und Wir antworteten dir in Wahrheit. Dein Herr ist der Allwissende, der Allweise. Als Ich gefesselt und angekettet im Kerker lag, bot Mir einer deiner Gesandten seine Hilfe an. Deshalb hat Gott einen Rang für dich verordnet, welchen keine Erkenntnis begreifen kann, ausgenommen Seine Erkenntnis. Hüte dich, daß du diesen erhabenen Rang nicht verscherzest … Hüte dich, daß dich deine Herrschaft nicht von Ihm, dem höchsten Herrscher, fernhält. Wahrlich, Er ist mit Seinem Reiche gekommen, und alle Atome rufen laut: ›Seht, der Herr ist in Seiner erhabenen Majestät gekommen!‹ Er, der Vater, ist gekommen, und der SohnA8 im heiligen Tale ruft aus: ›Hier bin Ich, hier bin Ich, o Herr, Mein Gott!‹, während der Sinai das Haus umkreist und der Brennende Busch laut ausruft: ›Der Freigebigste ist gekommen auf den Wolken thronend! Gesegnet ist, wer sich Ihm nähert, und wehe denen, die weit entfernt sind!‹
Erhebe dich inmitten der Menschen im Namen dieser allbezwingenden Sache und rufe sodann die Nationen zu Gott, dem Erhabenen, dem Großen. Gehöre nicht zu denen, die Gott bei einem Seiner Namen angerufen haben, die aber, als Er, der Gegenstand aller Namen, erschien, Ihn verleugneten, sich von Ihm abwandten und schließlich mit offenbarer Ungerechtigkeit das Urteil über Ihn fällten. Bedenke und rufe dir die Tage ins Gedächtnis zurück, da der Geist GottesA9 erschien und Herodes das Urteil über Ihn sprach. Gott aber half Ihm mit den unsichtbaren Heerscharen, beschützte Ihn in Wahrheit und sandte Ihn nach Seiner Verheißung in ein anderes Land. Wahrlich, Er verordnet, was Ihm gefällt. Dein Herr behütet sicher, wen Er will, sei er auch in der Mitte der Meere oder im Bauch der Schlange oder unter dem Schwerte des Tyrannen…
Wiederum sage Ich: Höre auf Meine Stimme, die aus Meinem Gefängnis ruft, daß sie dir künde, was Meiner Schönheit widerfahren ist von der Hand derer, die die Offenbarungen Meiner Herrlichkeit sind, und damit du verstehen mögest, wie groß Meine Geduld gewesen ist, ungeachtet Meiner Macht, und wie unermeßlich Meine Nachsicht, ungeachtet Meiner Stärke. Bei Meinem Leben! Könntest du nur die Dinge erkennen, die durch Meine Feder herabgesandt wurden, und die Reichtümer Meiner Sache entdecken und die Perlen Meiner Geheimnisse, welche in den Meeren Meiner Namen und in den Bechern Meiner Worte verborgen liegen – du würdest in deiner Liebe zu Meinem Namen und in deiner Sehnsucht nach Meinem herrlichen und erhabenen Reich dein Leben auf Meinem Pfade hingeben. Wisse, daß, wenn auch das Schwert Meiner Feinde über Mir hängt und Meine Glieder von unermeßlichen Leiden befallen sind, Mein Geist doch von einer Freude erfüllt ist, mit der alle Freuden der Erde nimmermehr verglichen werden können.
Wende dein Herz Ihm, dem Ziel der Anbetung der Welt, zu und sprich: O Völker der Erde! Habt ihr Den verleugnet, auf dessen Pfad Er den Märtyrertod erlitt, der mit der Wahrheit kam und die Ankündigung eures Herrn, des Erhabenen, des Großen, überbrachte? Sprich: Dies ist eine Verkündigung, über die die Herzen der Propheten und Boten frohlockten. Dies ist der Eine, dessen das Herz der Welt gedenkt und der in den Büchern Gottes, des Mächtigen, des Allweisen, verheißen ist. Die Hände der Boten waren im Verlangen, Mir zu begegnen, zu Gott erhoben, dem Mächtigen, dem Verherrlichten … Einige wehklagten über ihre Trennung von Mir, andere erduldeten Ungemach auf Meinem Pfade und wieder andere gaben ihr Leben hin um Meiner Schönheit willen – o könntet ihr das doch erkennen! Sprich: Ich habe wahrlich nicht danach getrachtet, Mich selbst zu rühmen, vielmehr Gott selbst tat es – würdet ihr doch gerecht urteilen! Nichts kann in Mir gesehen werden außer Gott und Seiner Sache – könntet ihr es doch gewahr werden! Ich bin Der, den die Zunge Jesajas pries, Der, mit dessen Namen sowohl die Thora wie das Evangelium geschmückt wurden … Gesegnet sei der König, dessen Herrschaft ihn nicht von seinem Herrscher fernhielt und der sich mit seinem Herzen Gott zuwandte. Er, wahrlich, wird zu jenen gezählt, die das erreichten, was Gott, der Mächtige, der Allweise, wünschte. Binnen kurzem wird sich ein solcher unter die Monarchen der Reiche des Königreiches eingereiht finden. Dein Herr ist mächtig über alle Dinge. Er gibt, was Er will, wem immer Er will, und versagt, was Ihm beliebt, wem immer Er will. Er, wahrlich, ist der Allgewaltige, der Allmächtige!« Q21
An Königin Viktoria
»O Königin in London! Neige dein Ohr der Stimme deines Herrn, des Herrn des ganzen Menschengeschlechts, die vom göttlichen Lotosbaum ruft: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allmächtigen, dem Allweisen! Wirf alles hinweg, was auf Erden ist, und schmücke das Haupt deines Königreichs mit der Krone des Gedenkens deines Herrn, des Glorreichsten. Er, wahrlich, ist in die Welt in Seiner größten Herrlichkeit gekommen, und alles, was im Evangelium verkündet ist, hat sich erfüllt. Das Land Syrien ist geehrt worden durch die Fußspuren seines Herrn, des Herrn aller Menschen, und Nord und Süd sind beide trunken vom Wein Seiner Gegenwart. Gesegnet ist der Mensch, der den Duft des Barmherzigsten einatmete und sich dem Aufgangsort Seiner Schönheit in dieser strahlenden Morgendämmerung zuwandte. Die Moschee von Aqsá bebt im Windhauch ihres Herrn, des Allherrlichen, während BaṭḥáA10 vor der Stimme Gottes, des Erhabenen, des Höchsten, erzittert. Und so feiert jeder Stein von ihnen den Lobpreis des Herrn durch diesen Großen Namen.
Gib dein Begehren auf und wende sodann dein Herz deinem Herrn, dem Altehrwürdigen der Tage, zu. Wir erwähnen dich um der Sache Gottes willen und wünschen, daß dein Name erhöht werde durch dein Gedenken an Gott, den Schöpfer von Erde und Himmel. Er, wahrlich, ist Zeuge dessen, was Ich sage. Wir haben erfahren, daß du den Handel mit Sklaven, Männern sowohl wie Frauen, verboten hast. Wahrlich, dies ist, was Gott in dieser wundervollen Offenbarung zur Pflicht gemacht hat. Gott hat dir dafür eine Belohnung bestimmt. Er wird dem, der Gutes tut, seinen gerechten Lohn geben – möchtest du doch dem folgen, was dir zugesandt ward durch Ihn, den Allwissenden, den alles Durchschauenden. Was aber den betrifft, der sich abwendet und sich vor Stolz bläht, nachdem klare Zeichen zu ihm gekommen sind von dem Offenbarer der Zeichen, dessen Werk wird Gott zunichte machen. Er, wahrlich, hat Gewalt über alle Dinge. Des Menschen Taten sind annehmbar, nachdem erA11 anerkannt hat. Wer sich von dem Wahren abwendet, ist in der Tat am tiefsten unter Seinen Geschöpfen verschleiert. So ist es durch Ihn, den Allmächtigen, den Gewaltigsten, bestimmt worden.
Wir haben auch gehört, daß du die Zügel der Beratung den Händen der Volksvertreter anvertraut hast. Du hast fürwahr gut daran getan, denn dadurch werden der Grund des Gebäudes. deiner Angelegenheiten gestärkt und die Herzen aller, die unter deinem Schutze stehen, ob hoch oder niedrig, beruhigt werden. Es geziemt diesen jedoch, vertrauenswürdig zu sein unter Seinen Dienern und sich als die Vertreter aller zu betrachten, die auf Erden wohnen. – Dies ist es, was Er ihnen in diesem Tablet rät, Er, der Herrscher, der Allweise … Gesegnet ist, wer die Versammlung besucht um Gottes willen und aus reiner Gerechtigkeit zwischen den Menschen entscheidet. Er gehört fürwahr zu den Glückseligen …
Wende dich Gott zu und sprich: O mein höchster Herr! Ich bin nur Dein Vasall, und Du bist in Wahrheit der König der Könige. Ich habe meine flehenden Hände zum Himmel Deiner Gnade und Deiner Gaben erhoben. So sende denn aus den Wolken Deiner Großmut auf mich herab, was mich von allem außer Dir befreien wird, und ziehe mich näher zu Dir hin. Ich bitte Dich, o mein Herr, bei Deinem Namen, den Du zum König der Namen gemacht hast und zu Deiner Offenbarung für alle, die im Himmel und auf Erden sind, zerreiße die Schleier, die zwischen mich und meine Erkenntnis des Aufgangsortes Deiner Zeichen und des Tagesanbruchs Deiner Offenbarung getreten sind. Du bist, wahrlich, der Mächtigste, der Gewaltigste, der Gütigste. O Herr, beraube mich nicht der Düfte des Gewandes Deiner Barmherzigkeit in Deinen Tagen und schreibe nieder für mich, was Du für Deine Dienerinnen niedergeschrieben hast, die an Dich und Deine Zeichen geglaubt und Dich erkannt und ihre Herzen dem Horizonte Deiner Sache zugewandt haben. Du bist wahrlich der Herr der Welten und der Barmherzigste derer, die Barmherzigkeit erzeigen. So stehe mir bei, o mein Gott, Deiner inmitten Deiner Dienerinnen zu gedenken und Deiner Sache in Deinen Ländern zu helfen. Nimm an, was von mir ausging, als das Licht Deines Antlitzes aufstrahlte. Du hast fürwahr die Macht über alle Dinge. Ruhm sei Dir, o Du, in dessen Hand das Reich der Himmel und der Erde ruht.« Q22
An Kaiser Wilhelm I.
»O König von Berlin! Höre auf die Stimme, die aus diesem offenbaren Tempel ruft: ›Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Immerwährenden, dem Unvergleichlichen, dem Altehrwürdigen der Tage.‹ Hüte dich, daß dich nicht Stolz hindere, den Tagesanbruch göttlicher Offenbarung zu erkennen, daß irdische Wünsche dich nicht wie durch einen Schleier trennen von dem Herrn des Thrones im Himmel und auf Erden hienieden. Dies rät dir die Feder des Höchsten. Er, wahrlich, ist der Gnadenvollste, der Gütigste. Denke an denA12, dessen Macht deine Macht überragte und dessen Rang deinen Rang übertraf. Wo ist er? Wohin ist entschwunden, was er besaß? Sei gewarnt und sei nicht einer der tief Schlafenden. Er warf das Tablet Gottes beiseite, als Wir ihm kundtaten, was die Scharen der Tyrannen Uns erdulden ließen. Darum überfiel ihn Unglück von allen Seiten, und er starb in großem Verlust. Denke gut über ihn nach, o König, und über solche, die gleich dir Städte erobert und über Menschen geherrscht haben. Der Barmherzigste brachte sie herab von ihren Palästen in das Grab. Sei gewarnt! Sei einer von denen, die überlegen! … O Ufer des Rheins! Wir haben euch mit Blut bedeckt gesehen, denn die Schwerter der Vergeltung wurden gegen euch gezückt; und es soll noch einmal geschehen. Und Wir hören das Wehklagen Berlins, obgleich es heute in sichtbarem Ruhme strahlt.« Q23
An Kaiser Franz Joseph
»O Kaiser von Österreich! Er, der Tagesanbruch des göttlichen Lichtes, weilte im Gefängnis von ‘Akká zu der Zeit, da du dich aufmachtest, die Aqṣá-MoscheeA13 zu besuchen. Du zogst an Ihm vorüber und forschtest nicht nach Ihm, durch den jedes Haus erhöht und jede erhabene Pforte geöffnet wurde. Wir, wahrlich, machten esA14 zu einem Platz, wohin die Welt sich wenden soll, um Meiner zu gedenken. Doch du hast Ihn, das Ziel dieses Gedenkens, verschmäht, als Er erschien mit dem Reiche Gottes, deines Herrn und des Herrn der Welten. Wir sind allezeit mit dir gewesen und fanden dich an einen Zweig geklammert, der Wurzel nicht achtend. Wahrlich, dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich sage. Wir waren bekümmert, dich um Unseren Namen kreisen zu sehen, ohne Unser gewahr zu werden, obgleich Wir vor deinem Angesicht waren. Öffne deine Augen, diese herrliche Erscheinung zu betrachten und Ihn, den du des Tages und zur Nachtzeit anrufst, zu erkennen und das Licht zu erschauen, das von diesem Horizont ausstrahlt.« Q24
An Sulṭán ‘Abdu’l-‘Azíz
»O König! Höre auf die Rede Dessen, der die Wahrheit spricht, der nicht von dir verlangt, daß du Ihn mit dem entlohnst, was Gott dir zu schenken beliebte, und der unbeirrbar auf dem geraden Pfade wandelt. Er lädt dich vor Gott, deinen Herrn, und weist dir die rechte Bahn und den Weg, der zu wirklichem Glück führt, damit du vielleicht zu den Wohlgelittenen gehören mögest.
Hüte dich, o König, daß du nicht solche Minister um dich sammelst, die dem Verlangen einer bösen Neigung folgen, die das ihnen Anvertraute fortwerfen und offenkundig das ihnen geschenkte Vertrauen mißbrauchen. Sei freigebig gegen andere, wie Gott freigebig gegen dich war, und überlasse das Wohl deines Volkes nicht der Gnade solcher Minister. Vergiß nicht die Gottesfurcht und zähle zu den rechtschaffen Handelnden. Sammle Minister um dich, bei denen du den Wohlgeruch des Glaubens und der Gerechtigkeit verspürst, pflege Rat mit ihnen, wähle immer, was in deinen Augen das beste ist, und sei unter denen, die edelmütig handeln.
Wisse, daß der, der nicht an Gott glaubt, weder vertrauenswürdig noch wahrhaftig ist. Das ist in der Tat die Wahrheit, die unbestrittene Wahrheit. Wer treulos an Gott handelt, wird auch treulos an seinem König handeln. Nichts kann einen solchen Menschen vom Bösen abhalten, nichts kann ihn daran hindern, seinen Nächsten zu verraten, nichts kann ihn bestimmen, ehrlich zu handeln.
Hüte dich, die Zügel der Angelegenheiten deines Staates den Händen anderer zu überlassen, lasse dein Vertrauen nicht auf Ministern ruhen, die deines Vertrauens unwürdig sind, und zähle nicht zu denen, die in Nachlässigkeit dahinleben. Weiche denen aus, deren Herzen sich von dir abgewendet haben, setze dein Vertrauen nicht in sie und vertraue ihnen deine Angelegenheiten und die Angelegenheiten derer nicht an, die sich zu deinem Glauben bekennen. Hüte dich, dem Wolf zu gestatten, der Hirte der Herde Gottes zu werden, und überlasse das Schicksal Seiner Geliebten nicht der Gnade der Bösen. Erwarte nicht, daß die, welche die Gesetze Gottes übertreten, vertrauenswürdig und aufrichtig in dem Glauben sein werden, zu dem sie sich bekennen. Meide sie und wache streng über dich selbst, damit ihre List und ihr übelwollen dir nicht schaden. Wende dich von ihnen ab und richte deinen Blick auf Gott, deinen Herrn, den Allherrlichen, den Freigebigsten. Gott wird wahrlich mit dem sein, der sich Ihm ganz hingibt. Er wird gewißlich den, der sein ganzes Vertrauen in Gott setzt, vor allem behüten, was ihm schaden könnte, und ihn vor der Schlechtigkeit jedes üblen Ränkeschmieds beschirmen.
Wenn du dein Ohr Meiner Rede neigst und Meinen Rat befolgst, wird Gott dich zu einer so hohen Stellung erheben, daß dich auf der ganzen Erde keines Menschen Anschlag jemals erreichen und schädigen kann. O König, folge mit deinem innersten Herzen und deinem ganzen Sein den Geboten Gottes und wandle nicht auf den Wegen des Unterdrückers. Ergreife die Zügel der Angelegenheiten deines Volkes, halte sie sicher in der Hand deiner Macht und prüfe persönlich die Belange des Volkes. Lasse dir nichts entgehen, denn darin liegt das höchste Gut.
Danke Gott, daß Er dich vor der ganzen Welt auserwählte und dich zum König über die gemacht hat, die deinen Glauben bekennen. Es geziemt dir wohl, die wunderbaren Gunstbeweise zu würdigen, mit denen Gott dich bevorzugt hat, und fortwährend Seinen Namen zu erhöhen. Du kannst Ihn dann am besten verherrlichen, wenn du Seine Geliebten liebst und Seine Diener vor dem übelwollen der Treulosen schirmst und schützest, damit niemand sie länger unterdrücke. Du solltest dich ferner erheben, um das Gesetz Gottes unter ihnen zu errichten, damit du zu denen zählst, die sicher in Seinem Gesetz stehen.
Solltest du Ströme der Gerechtigkeit mit ihren Wassern deine Untertanen umfluten lassen, so würde Gott dir gewißlich mit den Heerscharen des Unsichtbaren und des Sichtbaren helfen und dich in deinen Angelegenheiten stärken. Kein Gott ist außer Ihm. Die ganze Schöpfung und ihr Reich sind Sein. Zu Ihm kehren die Werke der Gläubigen zurück.
Verlasse dich nicht auf deine Schätze. Setze dein ganzes Vertrauen in die Gnade Gottes, deines Herrn. Laß Ihn deine Zuversicht sein in allem, was du tust, und zähle zu denen, die sich in Seinen Willen ergeben haben. Lasse Ihn dein Helfer sein und bereichere dich an Seinen Schätzen, denn bei Ihm sind die Schatzkammern der Himmel und der Erde. Er schenkt sie, wem Er will, und vorenthält sie, wem Er will. Es ist kein Gott außer Ihm, dem Allbesitzenden, dem Allgepriesenen. Alle sind nur Almosenempfänger am Tor Seines Erbarmens. Alle sind hilflos vor der Offenbarung Seiner Herrschaft und flehen um die Beweise Seiner Gunst.
Überschreite nicht die Grenzen der Mäßigung und verfahre gerecht mit denen, die dir dienen. Gib ihnen ihren Nöten entsprechend und nicht in einem Ausmaß, das sie befähigt, Reichtümer für sich anzuhäufen, ihr Äußeres zu schmücken, ihr Heim zu verschönern, Dinge zu erwerben, die von keinerlei Nutzen für sie sind und sie zu den Verschwendern zählen läßt. Handle an ihnen mit unwandelbarer Gerechtigkeit, so daß keiner unter ihnen Mangel leide oder durch Überfluß übersättigt werde. Das ist offenbare Gerechtigkeit.
Gestatte den Verworfenen nicht, über die Edlen und Ehrenwerten zu herrschen, und lasse es nicht zu, daß die Hochgesinnten der Gnade der Gemeinen und Nichtswürdigen ausgeliefert werden – denn solches haben Wir bei Unserer Ankunft in der StadtA15 beobachtet. Das bezeugen Wir. Wir fanden unter ihren Bewohnern einige, die Vermögen im Überfluß besaßen und inmitten eines übermäßigen Reichtums lebten, während andere sich in bitterer Not und niederster Armut befanden. Das geziemt deiner Herrschaft nicht und ist deines Ranges unwürdig.
Lasse dir Meinen Rat angenehm sein und strebe danach, unparteiisch unter den Menschen zu herrschen, damit Gott deinen Namen erhöhe und den Ruf deiner Gerechtigkeit in aller Welt verbreite. Hüte dich, deine Minister auf Kosten deiner Untertanen zu mächtig werden zu lassen. Fürchte die Seufzer der Armen und der Aufrechten im Herzen, die bei jedem Tagesanbruch ihre Lage beklagen, und sei ihnen ein liebreicher Herrscher. Wahrlich, sie allein sind deine Schätze auf Erden. Es geziemt dir daher, deine Schätze vor den Angriffen derer zu bewahren, die danach trachten, dich zu berauben: Untersuche eingehend ihre Angelegenheiten, erforsche jedes Jahr, nein, jeden Monat ihre Lage und zähle nicht zu denen, die ihrer Pflicht nicht nachkommen.
Halte dir Gottes unfehlbare Waage vor Augen und wäge damit wie einer, der in Seiner Gegenwart steht, deine Handlungen jeden Tag, jeden Augenblick deines Lebens ab. Ziehe dich selbst zur Verantwortung, ehe du zur Rechenschaft gezogen wirst an dem Tag, da kein Mensch die Kraft haben wird, aufrecht zu stehen; aus Furcht vor Gott, an dem Tag, da die Herzen der Achtlosen erzittern werden.
Es geziemt jedem König, so freigebig zu sein wie die Sonne, die das Wachstum aller Wesen fördert und jedem seinen Anteil gibt, deren Wohltaten ihr nicht innewohnen, sondern von Ihm bestimmt sind, dem Machtvollsten, dem Allmächtigen. Der König sollte so freispendend, so großzügig in seinem Erbarmen sein, wie die Wolken, deren Schauer der Freigebigkeit sich über jedes Land auf. Befehl Dessen ergießen, der der Höchste Verordner, der Allwissende ist.
Hüte dich, deine Staatsangelegenheiten völlig den Händen anderer anzuvertrauen. Niemand kann deine Amtstätigkeit besser ausüben als du selbst. Deshalb erklären Wir dir Unsere Worte der Weisheit und senden auf dich hernieder, was dich befähigen kann, von der linken Hand der Unterdrückung zur rechten Hand der Gerechtigkeit hinüberzuwechseln und dich dem leuchtenden Meer Seiner Gunst zu nähern. Das ist der Weg, den die Könige, die vor dir waren, gegangen sind, diejenigen, die gerecht an ihren Untertanen gehandelt haben und auf den Pfaden unwandelbarer Gerechtigkeit vorangeschritten sind.
Du bist Gottes Schatten auf Erden. So strebe danach, in einer Weise zu handeln, wie es einer so hervorragenden und erhabenen Stufe geziemt. Wenn du nicht das befolgst, was Wir auf dich herabkommen ließen und dich lehrten, wirst du dich jener großen und unschätzbaren Ehre berauben. Kehre daher um, halte dich allein an Gott, reinige dein Herz von der Welt und allen ihren Nichtigkeiten und dulde nicht, daß die Liebe irgendeines Fremdlings hineinkomme und darin wohne. Wenn du dein Herz nicht von jeglicher Spur einer solchen Liebe läuterst, kann der Glanz des Lichtes Gottes seinen Strahlenschimmer nicht darüber ausgießen, denn niemandem hat Gott mehr als ein Herz gegeben. Das, wahrlich, wurde angeordnet und niedergeschrieben in Seinem altehrwürdigen Buch. Da das menschliche Herz, wie es von Gott gebildet wurde, eins und unteilbar ist, geziemt es dir, seine Zuneigung auch eins und unteilbar sein zu lassen. Halte dich darum mit der ganzen Zuneigung deines Herzens an Seine Liebe und bewahre es vor der Liebe irgendeines anderen außer Ihm, damit Er dir helfe, dich in das Meer Seiner Einigkeit zu versenken, und dich befähige, eine wahre Stütze Seiner Einheit zu werden. Gott ist Mein Zeuge – Ich offenbarte dir diese Worte in der alleinigen Absicht, dich von den vergänglichen Dingen der Erde zu heiligen und dir zu helfen, das Reich ewigwährender Herrlichkeit zu betreten, damit du mit der Erlaubnis Gottes unter denen seiest, die darin bleiben und herrschen…« Q25
»O König! Höre auf die Worte, die Wir an dich gerichtet haben. Gebiete dem Unterdrücker, von seiner Tyrannei abzulassen, und sondere die, welche Ungerechtigkeiten begehen, von denen ab, die deinen Glauben bekennen. Bei der Gerechtigkeit Gottes – die Heimsuchungen, die Wir erlitten haben, sind so groß, daß die Feder bei ihrer Wiedergabe von Schmerz überwältigt ist. Keiner von denen, die wirklich glauben und die Einheit Gottes aufrechterhalten, kann die Last ihres Berichtes ertragen. So groß waren Unsere Leiden, daß selbst die Augen Unserer Feinde und darüber hinaus die eines jeden erkennenden Menschen über Uns geweint haben. Allen diesen Prüfungen wurden Wir unterworfen, obwohl Wir versuchten, dir nahezukommen, und Wir dem Volke befahlen, in deinen Schatten zu treten, damit du ein Bollwerk für die werdest, die an die Einheit Gottes glauben und sie hochhalten.
O König! War Ich dir jemals ungehorsam? Habe Ich jemals eines deiner Gesetze übertreten? Kann irgendeiner deiner Minister, die dich im ‘Iráq vertraten, einen Beweis erbringen, der Meine Untreue gegen dich belegen könnte? Nein, bei Ihm, dem Herrn aller Welten! Auch nicht einen kurzen Augenblick lang lehnten Wir Uns gegen dich oder gegen irgendeinen deiner Minister auf. Niemals, so Gott will, werden Wir Uns gegen dich empören, obgleich Wir schwereren Prüfungen ausgesetzt sind, als Wir sie jemals in der Vergangenheit erlitten haben.
Am Tage und in der Nacht, am Abend und am Morgen beten Wir zu Gott um deinetwillen, damit Er dir gnädig helfe, Ihm zu gehorchen und Seine Gebote zu halten, damit Er dich schirme vor der Menge der Bösen. Verfahre daher nach deinem Wohlgefallen und behandle Uns, wie es deiner Stufe und deiner Herrschaft geziemt. Vergiß nicht das Gesetz Gottes bei allem, was du jetzt oder in kommenden Tagen zu vollbringen wünschst. Sprich: Preis sei Gott, dem Herrn aller Welten!« Q26
An Náṣiri’d-Dín Sháh
»O König! Ich war nur ein Mensch wie andere und schlief auf Meinem Lager – siehe, da wehten die Winde des Herrlichsten über Mich und gaben Mir Kenntnis von allem, was war. Diese Sache ist nicht von Mir, sondern von Dem, welcher allmächtig und allwissend ist. Und Er gebot Mir, Meine Stimme zu erheben zwischen Erde und Himmel, und um dessentwillen befiel Mich, worüber ein jeder Mensch mit Einsicht weinte. Die allgemein übliche Gelehrsamkeit der Menschen studierte Ich nicht; ihre Schulen betrat Ich nicht. Frage nach in der Stadt, wo Ich wohnte, auf daß du wohl versichert seiest, daß Ich nicht zu denen gehöre, die falsch reden. Dies ist nur ein Blatt, das die Winde des Willens deines Herrn, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, bewegt haben. Kann es ruhig bleiben, wenn der Sturmwind weht? Nein, bei Ihm, dem Herrn aller Namen und Eigenschaften! Er bewegt es, wie Er will. Das Vorübergehende ist wie ein Nichts vor Ihm, dem Ewigen. Sein allbezwingender Ruf hat Mich erreicht und ließ Mich Seinen Lobpreis unter allem Volke anstimmen. Fürwahr, Ich war wie ein Toter, als Sein Befehl erscholl. Die Hand des Willens deines Herrn, des Mitleidigen, des Barmherzigen, verwandelte Mich. Kann irgend jemand aus eigenem Willen das aussprechen, weswegen alle Menschen, hoch und niedrig, sich gegen ihn erheben werden? Nein, bei Ihm, der die Feder die ewigen Geheimnisse lehrte: das kann nur, wem die Gnade des Allmächtigen, des Allgewaltigen Kraft gab. Die Feder des Höchsten wandte sich Mir zu und sprach: Fürchte dich nicht! Berichte Seiner Majestät dem Sháh, was über dich gekommen ist. Wahrlich, sein Herz ist in der Hand deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, damit vielleicht die Sonne der Gerechtigkeit und Freigebigkeit über dem Horizonte seines Herzens aufstrahlt. So wurde die Verordnung unwiderruflich festgesetzt durch Ihn, den. Allweisen.
O König, blicke, auf diesen Jüngling mit den Augen der Gerechtigkeit. Urteile sodann aufrichtig über das, was Ihn befallen hat. Wahrhaftig, Gott hat dich zu Seinem Schatten gemacht unter den Menschen und zum Zeichen Seiner Macht für alle, die auf Erden wohnen. Urteile zwischen Uns und denen, die Uns Unrecht taten ohne Beweis und ohne ein erleuchtendes Buch. Sie, die um dich sind, lieben dich um ihres eigenen Vorteils willen, wogegen dieser Jüngling dich um deines Vorteils willen liebt und keinen Wunsch hat, als dich dem Sitze der Gnade näher zu bringen und dich der rechten Hand der Gerechtigkeit zuzuführen. Dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich erkläre.
O König! Wenn du dein Ohr dem Laut der Feder der Herrlichkeit und dem Gurren der Taube der Ewigkeit zuneigtest, die auf den Zweigen des Lotosbaumes, über den es kein Hinausgehen gibt, den Lobpreis Gottes, des Schöpfers aller Namen, der Erde und des Himmels, singt, so würdest du auf eine solche Stufe gelangen, von welcher aus du in der Welt des Daseins nichts als den Glanz des Angebeteten schautest und deine Herrschaft als das Unwürdigste deines Besitzes ansähest; du würdest sie jedem überlassen, der sie gerade begehrt, und dein Angesicht dem Horizont zuwenden, der im Lichte Seines Antlitzes erglüht. Auch würdest du die Bürde der Herrschaft nur noch tragen wollen, um damit deinem Herrn, dem Erhabenen, dem Höchsten, zu helfen. Dann würden dich die Himmelsbewohner segnen. Ach, wie herrlich ist diese erhabenste Stufe – könntest du doch zu ihr gelangen durch die Macht einer Herrschaft, die erkannt wird als vom Namen Gottes hergeleitet!…
O König des Zeitalters! Die Augen dieser Flüchtlinge sind der Barmherzigkeit des Barmherzigsten zugewandt und auf sie geheftet. Es besteht kein Zweifel, daß diesen Trübsalen die Ausgießungen höchster Barmherzigkeit folgen werden und daß nach diesen schrecklichen Anfeindungen ein überströmendes Glück kommen wird. Wir hoffen sehr, daß Seine Majestät der Sháh diese Dinge selbst untersuchen und den Herzen Hoffnung bringen wird. Was Wir deiner Majestät unterbreiteten, ist fürwahr zu deinem höchsten Nutzen. Und Gott, wahrlich, ist für Mich hinreichend Zeuge…
O Sháh, geschähe es doch, daß du Mir gestattetest, dir das zu senden, was die Augen ergötzt, die Seelen beruhigt und jeden ehrlich gesinnten Menschen überzeugt, daß bei Ihm die Erkenntnis des Buches ist … Wäre die Zurückweisung durch die Narren und die falsche Nachsicht der Geistlichen nicht gewesen, so hätte Ich eine Rede gehalten, welche die Herzen durchschauert und in ein Reich entführt hätte, wo im Rauschen der Winde zu hören wäre: ›Keinen Gott gibt es außer Ihm‹…
O Sháh, Ich habe auf dem Pfade Gottes geschaut, was noch kein Auge schaute und kein Ohr hörte … Wie zahlreich sind die Trübsale, welche auf Mich herabströmten und bald noch herabströmen werden! Ich schreite voran, den Blick auf Ihn gerichtet, den Allmächtigen, den Allgütigen, während hinter Mir die Schlange gleitet. Meine Augen haben Tränen vergossen, bis Mein Bett von ihnen getränkt war. Aber Ich gräme Mich nicht um Mich. Bei Gott! Mein Haupt sehnt sich nach dem Speer aus Liebe zu seinem Herrn. Ich ging nie an einem Baum vorbei, ohne daß Mein Herz ihn anredete und sprach: ›O würdest du doch in Meinem Namen abgehauen und Mein Leib an dir auf dem Pfade Meines Herrn gekreuzigt!‹ … Bei Gott! Obgleich Müdigkeit Mich niederdrückt, Hunger Mich verzehrt, der nackte Fels Mein Bett ist und die Tiere des Feldes Meine Gefährten sind, will Ich nicht klagen, sondern geduldig ausharren, wie jene mit Standhaftigkeit und Festigkeit Begabten durch die Kraft Gottes, des ewigen Königs und Schöpfers der Nationen, ausgeharrt haben. Gott will Ich Dank in allen Lebenslagen darbringen. Wir bitten, Er möge in Seiner Güte – gepriesen sei Er! – durch diese Kerkerhaft den Menschen die Nacken von Ketten und Fesseln befreien und sie mit aufrichtigem Angesicht sich Seinem Antlitz zuwenden lassen, Ihm, dem Mächtigen, dem Freigebigen. Er ist bereit, jedem zu antworten, der Ihn anruft, und Er ist denen nahe, die mit Ihm Umgang pflegen.« Q27
An die Führer Amerikas
»O Herrscher in Amerika und Präsidenten seiner Republiken! Hört auf das, was die Taube auf dem Zweig der Ewigkeit singt: Es gibt keinen anderen Gott außer Mir, dem Selbstbestehenden, dem Vergebenden, dem Allgütigen. Schmückt den Tempel der Herrschaft mit der Zier der Gerechtigkeit und der. Gottesfurcht und ihr Haupt mit der Krone des Gedenkens eures Herrn, des Schöpfers der Himmel. Dies rät euch der Tagesanbruch der Namen, wie es Ihm von dem Allwissenden, dem Allweisen befohlen wurde. Der Verheißene ist in dieser herrlichen Stufe erschienen, und alle Wesen, sichtbar und unsichtbar, freuten sich darüber. Nutzt den Tag Gottes. Wahrlich, Ihm zu begegnen ist besser für euch als alles, worauf die Sonne scheint – würdet ihr es doch erkennen. O Schar der Herrscher! Hört auf das, was vom Tagesanbruch der Größe laut geworden ist: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Herrn der Äußerung, dem Allwissenden. Helft dem Zerbrochenen mit der Hand der Gerechtigkeit und werft den überall tätigen Bedrücker mit der Rute der Gesetze eures Herrn, des Verordners, des Allweisen, nieder.« Q28
An die gewählten Vertreter des Volkes in allen Ländern
»O ihr gewählten Volksvertreter in allen Ländern! Beratet miteinander und laßt euch nur das angelegen sein, was der Menschheit nützt und ihre Lage bessert – so ihr zu denen gehört, die achtsam prüfen. Betrachtet die Welt wie einen menschlichen Körper. Obwohl er bei seiner Erschaffung gesund und vollkommen war, ist er aus verschiedenen Ursachen von schweren Störungen und Krankheiten befallen worden. Keinen einzigen Tag lang wurde ihm Linderung zuteil, nein, im Gegenteil, sein Übel verschlimmerte sich, weil er in die Behandlung unwissender Ärzte fiel, die ihren persönlichen Wünschen nachgaben und sich schmählich irrten. Wenn einmal durch die Sorgfalt eines fähigen Arztes ein Glied des Körpers geheilt wurde, so blieb dennoch der übrige Teil so leidend wie zuvor. So unterrichtet euch der Allwissende, der Allweise.
Wir sehen ihn an diesem Tage der Gnade solcher Herrscher ausgeliefert, die, von Hochmut trunken, ihren eigenen wirklichen Vorteil nicht mehr deutlich wahrnehmen können, wieviel weniger eine so verwirrende und herausfordernde Offenbarung wie diese zu erkennen vermögen. Wenn je einer unter ihnen bestrebt gewesen ist, den Zustand jenes Körpers zu bessern, so lag sein Beweggrund; ob er es eingestand oder nicht, im eigenen Gewinn. Die Unwürdigkeit dieses Beweggrundes hat seine Heilkraft begrenzt.
Was der Herr als höchstes Mittel und mächtigstes Werkzeug für die Heilung der ganzen Welt bestimmt hat, ist die Vereinigung aller ihrer Völker in einer allumfassenden Sache, einem gemeinsamen Glauben. Dies kann nicht anders erreicht werden als durch die Kraft eines erfahrenen, allgewaltigen und erleuchteten Arztes. Wahrlich, das ist die Wahrheit und alles andere nichts als Irrtum.« Q29
Aufrufe an die religiösen Führer der Welt
Aufrufe an die religiösen Führer der Welt in ihrer Gesamtheit
***
»O Führer der Religion! Meßt das Buch Gottes nicht mit solchen Maßen und Wissenschaften, die euch geläufig sind, denn das Buch selbst ist die untrügliche Waage, die unter den Menschen aufgestellt worden ist. Auf dieser vollkommenen Waage soll alles gewogen werden, was die Völker und Geschlechter der Erde besitzen, während das Maß ihres Gewichtes nach ihrer Maßeinheit geprüft werden sollte – würdet ihr es doch erkennen!
Das Auge Meiner liebenden Güte weint bitterlich über euch, weil ihr den Einen nicht erkannt habt, nach dem ihr Tag und Nacht, abends und morgens, gerufen habt. O Menschen, schreitet mit blütenweißem Antlitz und strahlendem Herzen voran zu dem seligen, purpurnen OrtA16, in dem der Sadratu’l-MuntaháA17 ruft: ›Wahrlich, es ist kein Gott außer Mir, dem allmächtigen Beschirmer, dem Selbstbestehenden!‹
O ihr Religionsführer! Wo ist einer unter euch, der sich an Sehkraft und Einsicht mit Mir messen könnte? Wo ist einer zu finden, der behaupten dürfte, Mir an Sprache oder Weisheit zu gleichen? Nein, bei Meinem Herrn, dem Allbarmherzigen! Alles auf Erden wird vergehen, dieses aber ist das Antlitz eures Herrn, des Allmächtigen, des Vielgeliebten
Wir haben verordnet, ihr Menschen, daß das höchste und letzte Ziel aller Gelehrsamkeit sein soll, Ihn als Gegenstand alles Wissens zu erkennen; aber seht, wie ihr es dennoch eurer Gelehrsamkeit gestattet habt, euch wie durch einen Schleier von Ihm, dem Tagesanbruch dieses Lichtes, durch den alles Verborgene geoffenbart worden ist,. zu trennen! Könntet ihr den Quell entdecken, woraus die Herrlichkeit dieser Sprache strömt, so würdet ihr die Völker der Welt und alles, was sie besitzen, verwerfen und euch um diesen gesegnetsten Thron der Herrlichkeit scharen!
Sprecht: Dies ist wahrlich der Himmel, in dem das UrbuchA18 verwahrt wird – könntet ihr es doch verstehen! Er allein ließ den Felsen rufen und den Brennenden Busch auf dem das Heilige Land überragenden Berge seine Stimme erheben und verkünden: ›Das Reich ist Gottes, des allerhöchsten Herrn, des Allmächtigen, des Liebenden!‹
Wir haben weder eine Schule besucht noch eine eurer Abhandlungen gelesen. Neigt euer Ohr den Worten dieses Ungelehrten, womit Er euch vor. Gott, den Ewigbestehenden, ruft! Dies ist für euch bester als alle Schätze der Erde. Könntet ihr es doch begreifen!« Q30
***
»O Schar der Geistlichen! Als Meine Verse herabgesandt und Meine klaren Zeichen enthüllt wurden, fanden Wir euch hinter Schleiern. Dies, wahrlich, ist etwas Seltsames … Wir haben die Schleier zerrissen. Hütet euch, daß ihr das Volk nicht durch noch einen anderen Schleier ausschließt. Zerbrecht die Ketten eitler Einbildungen im Namen des Herrn aller Menschen und gehört nicht zu den Betrügern. Solltet ihr euch Gott zuwenden und Seine Sache annehmen, so sät keine Unordnung in sie und meßt nicht das Buch Gottes mit euren selbstsüchtigen Wünschen. Wahrlich, dies ist Gottes Rat ehedem und immerdar … Hättet ihr an Gott geglaubt, als Er sich offenbarte, so hätte sich das Volk nicht von Ihm abgewandt, noch hätte Uns das befallen, dessen ihr heute Zeuge seid. Fürchtet Gott und gesellt euch nicht zu den Achtlosen! … Dies ist die Sache, die alle eure abergläubischen Meinungen und eure Götzenbilder ins Wanken brachte … O Schar der Geistlichen! Hütet euch, zur Ursache des Streites im Lande zu werden, so wie ihr in seinen frühen Tagen zur Ursache der Zurückweisung des Glaubens wurdet. Sammelt das Volk um dieses Wort, das die Steine ausrufen ließ: ›Das Reich ist Gottes, des Aufgangsortes aller Zeichen!‹ … Zerreißt die Schleier in einer solchen Weise, daß es die Bewohner des Königreiches hören. Dies ist der Befehl Gottes in den vergangenen Tagen und für die kommenden. Gesegnet der Mensch, der befolgt, was ihm befohlen wurde, und wehe den Nachlässigen …« Q31
***
»O Schar der Geistlichen! Wie lange wollt ihr die Speere des Hasses auf das Antlitz Bahás richten? Zügelt eure Feder! Seht, die Erhabenste Feder spricht zwischen Erde und Himmel. Fürchtet Gott und folgt nicht euren Wünschen, die das Antlitz der Schöpfung entstellt haben! Reinigt eure Ohren, auf daß sie der Stimme Gottes lauschen. Bei Gott! Sie ist wie ein Feuer, das die Schleier verzehrt, und wie Wasser, das die Seelen all derer reinigt, die im Weltall sind …
***
O Schar der Geistlichen! Kann sich einer von euch mit dein göttlichen Jüngling in der Arena der Weisheit und der Verkündung messen oder sich mit Ihm in den Himmel der inneren Bedeutung und der Auslegung erheben? Nein, bei Meinem Herrn, dem Gott der Barmherzigkeit! Alle wurden am heutigen Tage durch das Wort deines Herrn ohnmächtig. Sie sind sogar wie tot und leblos außer dem, den dein Herr, der Allmächtige, der Unbeschränkte, zu verschonen gewillt ist. Ein solcher Mensch gehört wahrlich zu den mit Erkenntnis Begabten in den Augen Dessen, der der Allwissende ist. Die Insassen des Paradieses und die Bewohner der geheiligten Stätten segnen ihn zur Abendzeit und zur Morgendämmerung. Kann einer mit Holzbeinen demjenigen Widerstand leisten, dessen Füße Gott aus Stahl gemacht hat? Nein, bei Ihm, der das All der Schöpfung erleuchtet! …
***
Als Wir genau darauf achteten, entdeckten Wir, daß Unsere Feinde zum größten Teil Geistliche sind … Unter dem Volke sind welche, die sagten: ›Er hat die Geistlichen verworfen.‹ Sprich: ›Ja, bei Meinem Herrn! Ich war gewißlich Der, welcher die Götzenbilder zerschlug.‹ … Wahrlich, Wir haben die Posaune, die Unsere Erhabenste Feder ist, erschallen lassen, und siehe, die Geistlichen und die Gelehrten, die Doktoren und die Herrscher fielen betäubt nieder, ausgenommen solche, die Gott als Zeichen Seiner Gnade bewahrte, und Er, wahrlich, ist der Allgütige, der Urewige aller Tage…
O Schar der Geistlichen! Werft eitle Phantasiegebilde und Einbildungen beiseite und wendet euch dann dem Horizonte der Gewißheit zu. Ich schwöre bei Gott: Alles, was ihr besitzt, wird euch nichts nützen, weder alle Schätze der Erde noch die Führerschaft, die ihr euch angeeignet habt. Fürchtet Gott und gehört nicht zu den Verlorenen! … Sprich: O Schar der Geistlichen! Legt alle eure Schleier und Hüllen beiseite. Schenkt euer. Ohr dem, wozu euch. die Erhabenste Feder an diesem wunderbaren Tage ruft … Die Welt ist durch eure eitlen Einbildungen mit Staub beladen, und die Herzen der Gott. Nahen werden von eurer Grausamkeit gequält. Fürchtet Gott und gesellt euch zu denen, die gerecht urteilen …
***
O ihr Dämmerungsorte der Erkenntnis! Hütet euch davor, daß man euch ändere. Denn wenn ihr euch ändert, werden sich die meisten Menschen desgleichen ändern. Wahrlich, dies ist ein Unrecht an euch und an anderen … Ihr gleicht einer Quelle. Wenn sie sich verändert, werden die Ströme, die ihr entstammen, sich verändern. Fürchtet Gott und gesellt euch zu den Gottesfürchtigen! Wenn das Herz des Menschen verdorben wird, werden seine Glieder gleicherweise verdorben werden. Und ähnlich, wenn die Wurzel eines Baumes verdorben wird, so werden seine Äste, seine Triebe, seine Blätter und seine Früchte verdorben werden …
O Schar der Geistlichen! Seid ehrlich, Ich beschwöre euch bei Gott, und vernichtet nicht die Wahrheit durch die Dinge, die ihr besitzt. Prüft genau, was Wir in Wahrheit herabgesandt haben. Wahrlich, es wird euch helfen und wird euch Gott, dem Mächtigen, dem Großen, nahe bringen. Bedenkt und ruft euch ins Gedächtnis, wie das Volk Muḥammad, den Apostel Gottes, verleugnete, als Er erschien. Sie beschuldigten Ihn derart, daß der GeistA19 auf Seiner Erhabensten Stufe wehklagte und der Geist des Glaubens aufschrie. Bedenkt weiter, was vor Ihm die Apostel und Gottgesandten durch die Hände der Ungerechten befallen hat. Wir erwähnen euch um Gottes willen, erinnern euch an Seine Zeichen und verkünden euch die Dinge, die denen verordnet sind, die Ihm im erhabensten Paradiese und im allerhöchsten Himmel nahe sind. Wahrlich, Ich bin der Verkünder, der Allwissende. Er ist um eurer Erlösung willen gekommen und hat die Leiden ertragen, damit ihr auf der Leiter der Äußerungen zum Gipfel des Verstehens emporsteigen mögt … Prüft mit Aufrichtigkeit und Gerechtigkeit, was herabgesandt wurde. Wahrlich, es wird euch durch die Wahrheit erhöhen und Dinge schauen lassen, die euch verschlossen waren, und es wird euch befähigen, Seinen perlenden Wein zu trinken …« Q32
***
»Jene Geistlichen …, die wahrhaft mit dem Schmuck der Erkenntnis geziert sind und einen rechtschaffenen Charakter besitzen, sind wahrlich wie ein Haupt für den Körper der Welt lind wie Augen für die Völker. Die Führung der Menschheit ist allezeit von diesen gesegneten Seelen abhängig gewesen und ist es noch …
***
Der Geistliche, dessen Betragen rechtschaffen ist, und der Weise, der gerecht ist, sind wie der Geist für den Körper der Welt. Wohl dem Geistlichen, dessen. Haupt mit der Krone der Gerechtigkeit geschmückt und dessen TempelA20 mit dem Schmucke der Rechtschaffenheit geziert ist…
***
Der Geistliche, der den heiligsten Wein im Namen des höchsten Verordners ergriffen und getrunken hat, ist wie ein Auge für die Welt. Wohl denen, die ihm gehorchen und seiner gedenken …
***
Groß ist die Glückseligkeit jenes Geistlichen, der die Erkenntnis nicht zum Schleier werden ließ zwischen sich und dem Einen, der das Ziel aller Erkenntnis ist, und der, als der Selbstbestehende erschien, sich Ihm mit strahlendem Antlitz zugewandt hat. Er wird in Wahrheit zu den Gelehrten gezählt. Die Bewohner des Paradieses suchen die Segnung seines Odems, und seine Leuchte ergießt ihren Glanz über alle, die im Himmel und auf Erden sind. Wahrlich, er wird unter die Erben der Offenbarer gezählt. Wer ihn erschaut, hat fürwahr den Einen Wahren erschaut, und wer sich ihm zuwendet, hat sich fürwahr Gott zugewandt, dem Allmächtigen, dem Allweisen …« Q33
***
»O Schar der Geistlichen! Ihr werdet euch künftighin nicht mehr im Besitze irgendeiner Macht sehen, denn Wir haben sie von euch genommen und für solche bestimmt, die an Gott geglaubt haben, den Einen, den Allgewaltigen, den Allmächtigen, den Unbeschränkten.« Q34
An Papst Pius IX.
»O Papst! Zerreiße die Schleier! Er, der Herr der Herren, ist gekommen, von Wolken überschattet, und der Ratschluß ist erfüllt worden durch Gott, den Allmächtigen, den Unendlichen … Wahrlich, Er ist wieder vom Himmel herniedergekommen, wie Er von dort zum ersten Male herniedergekommen war. Hüte dich, mit Ihm zu streiten, wie es die Pharisäer mit IhmA21 taten ohne ein klares Zeichen oder einen Beweis. Zu Seiner Rechten strömen die lebendigen Wasser der Gnade und zu Seiner Linken der auserlesene Wein der Gerechtigkeit, während vor Ihm die Engel des Paradieses einhergehen und das Banner Seiner Zeichen tragen. Hüte dich, daß dich nicht irgendein Name von Gott ausschließe, dem Schöpfer von Himmel und Erde. Lasse die Welt hinter dir und wende dich deinem Herrn zu, durch welchen die ganze Erde erleuchtet worden ist … Wohnst du in Palästen, während Er, der König der Offenbarung, in der, trostlosesten Behausung lebt? Überlasse sie denen, die sie begehren, und wende dein Antlitz mit Freude und Wonne dem Reiche Gottes zu … Erhebe dich im Namen deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, inmitten der Völker der Erde und ergreife den Kelch des Lebens mit den Händen des Vertrauens; trinke du zuerst davon und biete ihn sodann solchen an, die sich Ihm inmitten der Völker allen Glaubens zuwenden …
Rufe dir Ihn, den GeistA22, ins Gedächtnis zurück, wie bei Seinem Kommen die Gelehrtesten Seiner Zeit in Seinem eigenen Lande das Urteil gegen Ihn fällten, während einer, der nur ein Fischer war, an Ihn glaubte. Gebt darum acht, ihr Menschen mit einsichtsvollen Herzen! Du bist in Wahrheit eine der Sonnen am Himmel Seiner Namen. Hüte dich, daß die Finsternis nicht ihre Schleier über dich breite und dich fernab von Seinem Lichte verhülle … Betrachte jene, die sich dem SohneA23 widersetzten, als Er zu ihnen mit Macht und Herrschaft kam. Wie viele von den Pharisäern warteten darauf, Ihn zu schauen, und wehklagten, weil sie von Ihm getrennt waren! Und doch, als der Duft Seines Kommens über sie wehte und Seine Schönheit sich enthüllte, da wandten sie sich von Ihm ab und stritten mit Ihm … Keiner, außer ganz wenigen, die jeglicher Macht bei den Menschen ermangelten, wandte sich Seinem Antlitz zu. Heute aber ist jeder mit Macht ausgestattete und mit Herrschaft bekleidete Mensch stolz auf Seinen Namen! Ebenso beachte, wie zahlreich heutzutage die Mönche sind, die sich in Meinem Namen in ihren Kirchen abgeschlossen haben und die, als die festgesetzte Zeit erfüllt war und Wir Unsere Schönheit enthüllten, Uns nicht erkannten, obwohl sie zur Abendzeit und zur Morgendämmerung nach Mir rufen …
Das Wort, das, der Sohn verbarg, ist offenbar geworden. Es wurde in Gestalt des Menschentempels am heutigen Tage herabgesandt. Gesegnet sei der Herr, welcher der Vater ist! Wahrlich, Er ist zu den Völkern in Seiner größten Majestät gekommen. Wende dein Angesicht Ihm zu, o Schar der Rechtschaffenen! … Dies ist der Tag, da der FelsA24 ausruft und jauchzt und den Lobpreis seines Herrn, des Allbesitzenden, des Höchsten, verherrlicht mit den Worten: ›Seht, der Vater ist gekommen, und was euch verheißen ward in Seinem Reich ist erfüllt!‹ … Mein Leib sehnt sich nach dem Kreuze, und Mein Haupt erwartet den Wurf des Speeres auf dem Pfade des Allbarmherzigen, auf daß die Welt von ihren Übertretungen geläutert werde…
O höchster Priester! Neige dein Ohr dem zu, was der Gestalter modernden Gebeins dir rät, wie es von Ihm, der Sein Größter Name ist, verkündet wird. Verkaufe den reich verzierten Kirchenschmuck, den du besitzest, und opfere ihn auf dem Pfade Gottes, der die Nacht auf den Tag und den Tag auf die Nacht folgen läßt. Übergib dein Königreich den Königen und tritt hervor aus deiner Wohnung, dein Angesicht zum Reich Gottes erhoben, dann verkünde, losgelöst von der Welt, das Lob deines Herrn zwischen Erde und Himmel. Dies gebot dir Er, der Besitzer aller Namen, von seiten deines Herrn, des Allmächtigen, des Allwissenden. Ermahne die Könige und sprich: ›Verfahrt gerecht mit den Menschen. Hütet euch, die im Buche festgesetzten Grenzen zu überschreiten.‹ Dies, wahrlich, geziemt dir. Hüte dich, dir die Dinge der Welt und ihre Reichtümer anzueignen. Überlasse sie denen, die sie begehren, und halte fest an dem, was dir von Ihm, dem Herrn der Schöpfung, befohlen ist. Sollte irgend jemand dir alle Schätze der Erde anbieten, so gönne ihnen nicht einmal einen Blick. Sei so, wie dein Herr gewesen ist. Also hat die Zunge der Offenbarung ausgesprochen, was Gott zum Schmucke des Buches der Schöpfung gemacht hat… Sollte die Trunkenheit des Weines Meiner Verse dich überkommen, und solltest du dich entschließen, vor dem Throne deines Herrn, des Schöpfers von Himmel und Erde zu erscheinen, so mache Meine Liebe zu deinem Gewande, Meine Erwähnung zu deinem Schilde und dein Vertrauen auf Gott, den Offenbarer aller Macht, zu deiner Wegzehrung. Wahrlich, der Tag der Ernte ist gekommen, und alle Dinge sind voneinander geschieden worden. Er hat das, was Er wollte, in den Gefäßen der Gerechtigkeit verwahrt und hat ins Feuer geworfen, was diesem verfallen ist. So ist es von deinem Herrn, dem Mächtigen, dem Liebevollen, an diesem verheißenen Tage beschlossen worden. Wahrlich, Er verordnet, was Ihm gefällt. Es gibt keinen anderen Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Allbezwingenden.« Q35
An die Geistlichkeit und die Anhänger der verschiedenen Religionen
***
»Einmal wenden Wir Uns an das Volk der Thora und laden es vor Ihn, den Offenbarer von Versen, der gekommen ist von Dem, der die Nacken der Menschen beugt … Ein anderes Mal wenden Wir Uns an das Volk des Evangeliums und sprechen: ›Der Allherrliche ist gekommen in diesem Namen, durch den der Odem Gottes über alle Bereiche wehte.‹ … Und wieder ein anderes Mal wenden Wir Uns an das Volk des Qur’án und sagen: ›Fürchtet den Allbarmherzigen und verspottet nicht Ihn, durch den alle Religionen begründet wurden.‹ … Wisse des weiteren, daß Wir an die MagierA25 Tablets gerichtet und sie mit Unserem Gesetze geschmückt haben … Wir haben darin das Wesen aller in ihren Büchern enthaltenen Hinweise und Gleichnisse geoffenbart. Wahrlich, der Herr ist der Allmächtige, der Allwissende.« Q36
***
»Rufe aus gen Zion, o Karmel, und künde die frohe Botschaft: Er, der den sterblichen Augen verborgen war, ist gekommen! Seine allbezwingende Herrschaft ist offenbar, Sein allumfassender Glanz enthüllt worden. Hüte dich nun, daß du nicht zögerst oder schwankst. Eile und umschreite die Stadt Gottes, die vom Himmel herabkam, die himmlische Ka‘bah, die die Begünstigten Gottes, die Reinen im Herzen und die Gesellschaft der erhabensten Engel in Anbetung umschritten. O, wie sehne Ich Mich danach, die frohe Botschaft dieser Offenbarung an jeder Stelle des Erdkreises zu verkünden und sie in jede seiner Städte zu tragen, eine Botschaft, die das Herz des Sinai angezogen und in deren Namen es aus dem Brennenden Busch ruft: ›Gottes, des Herrn der Herren, sind die Reiche der Erde und des Himmels.‹ Wahrlich, dies ist der Tag, an dem Land und Meer über diese Verkündigung frohlocken, der Tag, für den aufbewahrt wurde, was Gott aus einer jenseits der Fassungskraft des sterblichen Verstandes und Herzens liegenden Großmut zu offenbaren auserkor. Bald wird Gott Seine Arche auf dich zusteuern und das Volk Bahás ankündigen, das im Buch der Namen erwähnt ist.« Q37
***
»Das Größte Gesetz ist gekommen, und die Urewige Schönheit herrscht auf dem Throne Davids. So hat Meine Feder gesprochen, was die Chroniken vergangener Zeitalter berichtet haben. Heute aber ruft David laut und spricht: ›O mein liebreicher Herr! Zähle Du mich zu denen, die standhaft geblieben sind in Deiner Sache, o Du, durch den die Angesichter erleuchtet wurden und die Schritte gestrauchelt sind!‹
***
Der Odem wurde ausgesandt, und der Windhauch hat geweht, und von Zion ist erschienen, was verborgen war, und von Jerusalem ist die Stimme, Gottes, des Einen, des Unvergleichlichen, des Allwissenden, gehört worden…
***
Lausche dem Gesang Davids. Er sagt: ›Wer wird mich in die feste Stadt bringen?‹Q38 Die feste Stadt ist ‘Akká, welches das Größte Gefängnis genannt wurde und welches eine Festung und mächtige Wälle besitzt …
Lies genau, was Jesaja in seinem Buche gesprochen hat. Er sagt: ›Steige auf den hohen Berg, o Zion, die du frohe Botschaften bringest; erhebe deine Stimme mit Macht, o Jerusalem, die du frohe Botschaften bringest. Erhebe sie und fürchte dich nicht. Sprich unter den Städten Judas: Schauet auf euren Gott! Sehet, der Herr Gott wird kommen mit starker Hand und Sein Arm soll für Ihn herrschen.‹Q39 Heute sind alle Zeichen erschienen. Eine große Stadt ist vom Himmel herabgestiegen und Zion bebt und jubelt vor Freude über die Offenbarung Gottes, denn er hat die Stimme Gottes auf allen Seiten vernommen.« Q40
***
»O Schar der Christen! Wir haben Uns euch schon zu einem früheren Zeitpunkt offenbart, und ihr habt Mich nicht erkannt. Dies ist noch einmal eine günstige Gelegenheit, die euch gewährt wird. Dies ist der Tag Gottes, wendet euch Ihm zu … Der Geliebte wünscht nicht, daß ihr vom Feuer eurer Leidenschaften verzehrt werdet. Wäret ihr von Ihm wie durch einen Schleier getrennt, so wäre dies aus keinem anderen Grunde als eurer eigenen Widerspenstigkeit und Unwissenheit. Ihr erwähnt Mich und kennt Mich doch nicht. Ihr ruft Mich an, aber ihr achtet nicht auf Meine Offenbarung … O Völker des Evangeliums! Sie, die nicht im Königreich waren, sind jetzt eingetreten, während Wir euch an diesem Tage zögernd am Tore stehen sehen. Zerreißt die Schleier durch die Kraft eures Herrn, des Allmächtigen, des Allgütigen, und tretet dann in Meinem Namen ein in Mein Königreich. So befiehlt euch Er, der euch ewiges Leben wünscht … O Kinder des Königreiches! Wir sehen euch in Finsternis. Wahrlich, dies geziemt euch nicht. Habt ihr angesichts des Lichtes Furcht wegen eurer Taten? Wendet euch Ihm zu … Wahrlich, ErA26 sagte: ›Folget Mir nach, und Ich will euch zu Menschenfischern machen.‹Q41 Am heutigen Tage jedoch sagen Wir: ›Folget Mir nach, auf daß Wir euch zu Lebensspendern der Menschheit machen.‹
***
Wahrlich, Wir sind um euretwillen gekommen und haben die Trübsal der Welt um eurer Rettung willen getragen. Flieht ihr Den, der Sein Leben aufopferte, damit ihr belebt werdet? Fürchtet Gott, o ihr Anhänger des GeistesA27, und wandelt nicht in den Fußstapfen eines jeden Geistlichen, der weit in die Irre gegangen ist … Öffnet die Türen eurer Herzen. Wahrlich, Er, der GeistA28, steht davor. Warum haltet ihr euch fern von Ihm, der euch zu einer strahlenden Höhe bringen will? Sprich: Wahrlich, Wir haben euch die Pforten des Königreiches geöffnet. Wollt ihr vor Meinem Antlitz die Türen eurer Häuser verriegeln? Wahrlich, dies ist nichts als ein schmerzlicher Irrtum.« Q42
***
»O Schar der Patriarchen! Er, der euch in den Schriften verheißen wurde, ist gekommen. Fürchtet Gott und folgt nicht den eitlen Einbildungen der Abergläubischen. Legt die Dinge, die ihr besitzt, beiseite und haltet euch am Tablet Gottes durch Seine höchste Macht fest. Dies ist besser für euch als alle eure Besitztümer. Dies bezeugt jedes verständige Herz und jeder einsichtsvolle Mensch. Seid ihr stolz auf Meinen Namen und sondert euch doch von Mir ab wie mit einem Schleier? Wahrlich, das ist seltsam.
***
O Schar der Erzbischöfe! Er, der Herr aller Menschen, ist erschienen. Auf dem Felde der Führung ruft Er die Menschheit, während ihr zu den Toten gezählt werdet! Groß ist die Glückseligkeit dessen, der durch Gottes Hauch erweckt wird und in diesem klaren Namen von den Toten aufersteht.
***
O Schar der Bischöfe! Furcht hat alle Geschlechter der Erde ergriffen, und Er, der ewige Vater, ruft laut zwischen Erde und Himmel. Gesegnet das Ohr, das gehört hat, und das Auge, das gesehen hat, und das Herz, das sich Ihm zugewandt hat, dem Punkte der Anbetung aller, die in den Himmeln und auf Erden sind …
***
O Schar der Bischöfe! Ihr seid die Sterne des Himmels Meiner Erkenntnis. Meine Barmherzigkeit wünscht nicht, daß ihr auf die Erde fallt. Meine Gerechtigkeit aber erklärt: ›Dies ist, was der Sohn A29 bestimmt hat.‹ Und was immer aus Seinem untadeligen, die Wahrheit sprechenden, glaubwürdigen Munde kam, kann niemals geändert werden. Wahrlich, die Glocken verkünden Meinen Namen und wehklagen über Mich, aber Mein Geist jubelt in offenkundiger Freude. Der Körper des Geliebten sehnt sich nach dem Kreuz, und Sein Haupt begehrt den Speer auf dem Pfade des Allbarmherzigen. Die Gewalt des Unterdrückers kann Ihn in keiner Weise von Seinem Ziel abhalten. … Die Sterne am Himmel der Erkenntnis sind gefallen, sie, die ihre Beweise anführen, um die Wahrheit Meiner Sache zu beweisen, und die von Gott in Meinem Namen reden. Als Ich zu ihnen in Meiner Majestät kam, wandten sie sich dennoch von Mir ab. Wahrlich, sie gehören zu den Gefallenen. Das ist es, was der GeistA30 weissagte, als Er in der Wahrheit kam und Ihn die jüdischen Gelehrten schmähten, bis sie begingen, was den Heiligen Geist wehklagen und die Augen derer, die Gott nahe sind, weinen ließ.
***
O Schar der Priester! Laßt die Glocken und kommt dann aus euren Kirchen. Es geziemt euch, an diesem Tage den Größten Namen laut unter den Völkern zu verkünden. Zieht ihr vor, stille zu sein, während jeder Stein und jeder Baum laut aufjauchzt: ›Der Herr ist in Seiner größten Herrlichkeit gekommen!‹ … Er, der die Menschen in Meinem Namen versammelt, ist wahrlich von Mir lind wird verkünden, was die Macht aller übersteigt, die auf Erden sind … Laßt den Odem Gottes euch erwecken. Wahrlich, er hat über die Welt geweht. Wohl dem, der seinen Duft empfunden hat und unter die ganz Sicheren gezählt worden ist! …
***
O Schar der Priester! Der Tag der Abrechnung ist gekommen, der Tag, da Er, der im Himmel war, erschienen ist. Wahrlich, Er ist der Eine, der euch verheißen wurde in den Büchern Gottes, des Heiligen, des Allmächtigen, des Allgepriesenen. Wie lange werdet ihr in der Wildnis der Achtlosigkeit und des Aberglaubens wandern? Wendet euch mit euren Herzen eurem Herrn zu, dem Vergebenden, dem Großmütigen.
***
O Schar der Mönche! Schließt euch nicht ab in Kirchen und Klöstern. Kommt mit Meiner Erlaubnis hervor und befaßt euch mit dem, was euren Seelen und den Seelen der Menschen nützen wird. Dies befiehlt euch der König des Tages. der Abrechnung. Schließt euch in die Feste Meiner Liebe ein. Wahrlich, dies ist eine angemessene Abgeschlossenheit wäret ihr doch unter denen, die dies wahrnehmen. Wer sich in einem Haus abschließt, ist fürwahr wie ein Toter. Es geziemt dem Menschen, das aufzuweisen, was allem. Erschaffenen Nutzen bringt; und wer keine Frucht hervorbringt, der taugt für das Feuer. Solches rät euch euer Herr, und Er, wahrlich, ist der Allmächtige, der Allgütige. Schließt die Ehe, damit nach euch ein anderer euren Platz ausfüllen möge. Wir haben euch treulose Taten verboten, nicht aber das, was Treue beweisen wird. Habt ihr euch an die Normen geklammert, die euer eigenes Selbst aufgestellt hat, und das Richtmaß Gottes von euch geworfen? Fürchtet Gott und gesellt euch nicht zu den Narren. Wenn nicht der Mensch, wer könnte Mich auf Meiner Erde erwähnen, und wie könnten Meine Merkmale und Mein Name geoffenbart worden sein? Denkt darüber nach und gehört nicht zu denen, die verhüllt sind und fest schlafen. Er, der nicht heirateteA31, fand keinen Platz, wo Er wohnen oder Sein Haupt niederlegen konnte um dessentwillen, was die Hände der Verräter Ihm angetan haben. Seine Heiligkeit besteht nicht in dem, was ihr glaubt oder euch einbildet, sondern vielmehr in dem, was Wir besitzen. Bittet, auf daß ihr Seine Stufe begreifen möget, die erhöht wurde über die Vorstellung aller, die auf Erden wohnen. Gesegnet sind, die dies verstehen…
***
O Schar der Mönche! Wenn ihr Mir folgen werdet, dann werde Ich euch zu Erben Meines Königreiches machen. Und wenn ihr gegen Mich fehlt, so werde Ich es in Meiner Langmut geduldig ertragen, denn Ich bin wahrlich der Ewigvergebende, der Allbarmherzige … Bethlehem ist in Bewegung durch den Odem Gottes. Wir hören seine Stimme sprechen: ›O großmütiger Herr! Wo ist Deine große Herrlichkeit aufgerichtet? Die süßen Düfte Deiner Gegenwart haben mich erquickt, nachdem ich durch meine Trennung von Dir verzagt war: Gepriesen seist Du, daß Du die Schleier gehoben hast und mit Macht in offenbarer Herrlichkeit gekommen bist.‹ Wir riefen ihm zu aus dem Heiligtum der Hoheit und Größe: ›O Bethlehem! Dieses Licht ist im Osten aufgegangen und nach dem Westen gezogen, bis es dich am Abend seines Lebens erreicht hat. So sage Mir: Erkennen die Söhne den Vater und anerkennen sie Ihn, oder verleugnen sie Ihn, wie IhnA32 ehemals das Volk verleugnete?‹ Darauf schrie es auf und sprach: ›Du bist in Wahrheit der Allwissende, der Bestunterrichtete.‹
***
Bedenkt gleicherweise, wie zahlreich heutzutage die Mönche sind, die sich in den Kirchen in Meinem Namen abgeschlossen haben und die, als die festgesetzte Zeit gekommen war und Wir ihnen Unsere Schönheit enthüllten, verfehlten, Mich zu erkennen, obwohl sie nach Mir in der Morgendämmerung und zur Abendzeit rufen…
***
Lest ihr das Evangelium … und weigert euch dennoch, den allherrlichen Herrn anzuerkennen? Wahrlich, dies geziemt dir nicht, o Schar gelehrter Männer! … Die Düfte des Allbarmherzigen haben über alle Schöpfung geweht. Glücklich der Mensch, der seinen Wünschen entsagt und an der Führung festgehalten hat.« Q43
***
»Habt ihr nicht den Qur’án gelesen? Lest ihn, damit ihr die Wahrheit erkennen möget, denn dieses Buch ist wahrhaftig der gerade Pfad. Es ist der Weg Gottes für alle, die in den Himmeln und auf der Erde sind. Habt ihr den Qur’án nicht beachtet, so könnt ihr doch nicht den Bayán als euch ferne ansehen. Offen ist er vor euren Augen! Lest seine Verse, damit ihr vielleicht davon absteht, das zu tun, was die Boten Gottes trauern und wehklagen läßt.
Eilt hervor aus euren Gräbern! Wie lange noch wollt ihr schlafen? Zum zweitenmal ist die Posaune erschallt. Auf wen schaut ihr? Dies ist euer Herr, der Gott des Erbarmens. Seht selbst, wie ihr Seine Zeichen verleugnet! Die Erde hat mit gewaltigem Beben gezittert und ihre Last von sich geworfen. Wollt ihr es nicht gestehen? Sprich: Wollt ihr nicht erkennen, daß die Berge wie WollflockenA33 wurden, daß die Menschen vor der ehrfurchtgebietenden Erhabenheit der Sache Gottes schlimm in Bedrängnis gerieten? So bezeugt denn, daß ihre Häuser leere Trümmer und sie selbst ein erstickter Schwarm sind.
Dies ist der Tag, da der Allerbarmer in den Wolken des Wissens mit sichtbarer Herrschaft bekleidet herabkam. Er weiß sehr wohl um das Tun der Menschen, und niemand vermag, Seine Herrlichkeit zu mißdeuten, könntet ihr es doch begreifen! Die Himmel aller Religionen wurden gespalten, die Erde menschlichen Begreifens klafft auseinander, und ihr seht die Engel Gottes herniedersteigen. Sprich: Dies ist der Tag, da sie sich gegenseitig betrügen, wohin willst du entfliehen? Die Berge sind dahingesunken, und die Himmel wurden zusammengefaltet,A34 das ganze Erdenrund ist in Seiner Hand, vermöchtet ihr nur, dies zu verstehen. Wer ist es, der euch zu schützen vermöchte? Niemand, bei Ihm, der der Allbarmherzige ist! Niemand, außer Gott, dem Allmächtigen, dem Allherrlichen, dem Wohltätigen. Jedes Weib, das eine Last unter dem Herzen trug, hat sie ausgestoßen. Wir sehen die Männer trunken an diesem Tag, dem Tag, an welchem Menschen und Engel miteinander versammelt wurden.
Bleibt da noch irgendein Zweifel über Gott? Sieh, wie Er vom Himmel Seiner Gnade herabgefahren ist, gegürtet mit Macht und mit Herrschaft bekleidet! Ist irgendein Zweifel an Seinen Zeichen? Öffnet eure Augen und seht Seinen klaren Beweis. Zu eurer Rechten ist euch das Paradies nahe gebracht, während zugleich die Hölle entfacht wurde. Schaut ihre fressende Flamme! Eilt, daß ihr in das Paradies kommt, als Zeichen Unserer Gnade für euch, und trinkt aus den Händen des Allbarmherzigen den Wein, der wahres Leben bedeutet.« Q44
***
»Bei Ihm, der großen Offenbarung! Der Allbarmherzige ist mit unbezweifelbarer Herrschaft gekommen. Die WaageA35 ist bereit, und alle auf der Erde wurden versammelt. Der PosaunenrufA36 ist erschallt, und siehe, die Augen aller sind erstarrt vor Entsetzen, und die Herzen aller in den Himmeln und auf der Erde haben gebebt, mit Ausnahme derer, die der Hauch der göttlichen Verse mit neuem Leben erfüllt hat und die sich von allem lösten.
Dies ist der Tag, da die Erde ihre Botschaft kundtut. Die Übeltäter sind ihr zur Last – vermöchtet ihr es zu erkennen! Der Mond der eitlen Einbildung ist gespalten, und der Himmel hat sich sichtlich umzogen. Wir sehen das Volk zu Boden geworfen, voller Angst vor deinem Herrn, dem Allmächtigen, dem Machtvollen. Der Rufer hat gerufen, und die Menschen wurden hinweggerafft, so groß war die Kraft Seines Zornes. Das Volk zur Linken jammert und seufzt, während das Volk zur Rechten in herrlichen Wohnungen weilt. Es empfängt aus den Händen des Allbarmherzigen den Wein, der in Wahrheit Leben bedeutet, und ist wahrhaft selig.
Die Erde wurde geschüttelt, die Gebirge verschwanden, und die Engel sind Reihe um Reihe vor Uns erschienen. Die meisten Menschen wurden in ihrer Trunkenheit verwirrt und tragen auf ihren Gesichtern die Zeichen des Zornes. Also haben Wir die Missetäter versammelt. Wir sehen sie, wie sie sich auf ihre Trugbilder stürzen. Sprich: Niemand wird an diesem Tage vor Gottes Ratschluß sicher sein. Dieser Tag ist in der Tat ein Tag des Schreckens. Wir zeigen ihnen die, die sie verführt haben, und sie sehen sie und erkennen sie doch nicht, denn ihre Augen sind trunken. Sie sind wahrlich ein blindes Volk. Ihre Beweise sind die Verleumdungen, die sie geäußert haben. Verdammt sind ihre Verleumdungen vor Gott, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden. Der Böse hat in ihren Herzen Unheil angestiftet, und sie wurden von einer Qual befallen, die keiner von ihnen abwenden kann. Sie eilen zu den Gottlosen und mehren die Übeltäter. Dies sind ihre Taten.
Sprich: Die Himmel wurden zusammengefaltet, und die Erde ist in Seinem Griff, die Verderbten wurden bei ihrem StirnhaarA37 erfaßt, und noch immer verstehen sie nicht. Sie trinken vom verfaulten Wasser und wissen es nicht. Sprich: Der Ruf ist erklungen, und die Menschen sind aus ihren Gräbern hervorgekommen und schauen auferstehend um sich. Einige von ihnen haben sich beeilt, um in den Hof des Gottes des Erbarmens zu kommen, andere sind im Höllenfeuer auf ihr Antlitz gefallen, während sich wieder andere bestürzt verloren haben. Die Verse Gottes wurden enthüllt, und doch haben sie sich von ihnen abgewendet. Sein Beweis ist erbracht, und doch beachten sie ihn nicht. Wenn sie das Angesicht des Allerbarmenden sehen, wird ihr eigenes Gesicht trüb, während sie sich unbesorgt tummeln. Sie eilen dem Feuer der Hölle zu und halten es für Licht. Ferne sei von Gott, was sie gerne erträumen! Sprich: Ob ihr euch freut oder im Zorn vergeht, die Himmel sind gespalten, und Gott ist herabgefahren, ausgestattet mit strahlender Herrschaft. Alles Erschaffene ruft vernehmbar: ›Gottes ist das Reich, des Allmächtigen, des Allwissenden, des Allweisen!‹« Q45
***
»O Schar persischer Geistlicher! In Meinem Namen habt ihr die Zügel der Macht über die Menschen ergriffen, und durch eure Beziehung zu Mir nehmt ihr die Ehrensitze ein. Als Ich Mich aber offenbarte, wandtet ihr euch ab und begingt, was die Tränen derer, die Mich erkannten, fließen ließ. Binnen kurzem wird alles, was ihr besitzt, zugrunde gehen, und euer Ruhm wird sich in jämmerlichste Erniedrigung verwandeln, und ihr werdet die Strafe sehen für das, was ihr getan habt, wie es von Gott, dem Verordner, dem Allweisen, beschlossen wurde.« Q46
***
»O ihr Geistlichen der Stadt! Wir kamen zu euch mit der Wahrheit, ihr aber achtetet ihrer nicht. Mich dünkt, ihr gleicht Toten, eingewickelt in die Hüllen eures eigenen Selbstes. Ihr suchtet nicht Unsere Gegenwart, als dies zu tun besser für euch gewesen wäre als alle eure Taten … So wißt: Wenn eure Führer, denen ihr Treue schuldet, auf die ihr stolz seid, die ihr bei Tag und Nacht erwähnt und in deren Fußspuren ihr Führung sucht –, wenn sie in diesen Tagen gelebt hätten, so wären sie um Mich gewesen und hätten sich nimmer von Mir getrennt, weder am Abend noch am Morgen. Ihr jedoch wandtet euer Antlitz, auch nicht für einen einzigen Augenblick, Meinem Antlitz zu, und ihr wurdet hochmütig und achtetet nicht auf diesen Mißhandelten, der von den Menschen so gequält wurde, da sie mit Ihm verfuhren, wie es ihnen beliebte. Ihr habt es unterlassen, über Meine Lage nachzuforschen, auch unterrichtetet ihr euch nicht über das, was Mir zustieß. Dadurch habt ihr das Wehen der Heiligkeit und die Lüfte der Güte, die von diesem leuchtenden und sichtbaren Orte ausgehen, von euch abgehalten. Mich dünkt, ihr habt euch an Äußerlichkeiten gehängt und das Innere vergessen, und ihr sagt, was ihr nicht tut. Ihr liebt Namen und scheint euch ihnen ganz hingegeben zu haben. Aus diesem Grunde erwähnt ihr die Namen eurer Führer. Und würde irgendeiner wie sie, oder ein Besserer als sie, zu euch kommen, so würdet ihr ihn fliehen. Durch jene Namen habt ihr euch erhöht und euch eure Stellung gesichert, und ihr lebt und gedeiht durch sie. Und würden eure Führer wieder erscheinen, so würdet ihr weder auf eure Führerschaft verzichten, noch würdet ihr euch ihnen zuwenden oder euer Antlitz auf sie richten. Wir fanden, daß ihr, wie die meisten Menschen, Namen anbetet, die sie alle Tage ihres Lebens erwähnen und mit denen sie sich befassen. Kaum jedoch erscheinen die Träger dieser Namen, da verwerfen sie sie und kehren ihnen den Rücken… Wißt, daß Gott an diesem Tage weder eure Gedanken annehmen wird noch euer Gedenken an Ihn, auch nicht eure Haltung Ihm gegenüber, eure Andachtsübungen und eure Wachsamkeit, es sei denn, ihr werdet neuerschaffen in der hohen Achtung diesem Diener gegenüber könntet ihr es doch begreifen.« Q47
***
»Um euretwillen klagte der ApostelA38, und die ReineA39 schrie auf, und die Länder wurden verwüstet, und Finsternis fiel auf alle Regionen. O Schar der Geistlichen! Um euretwillen wurde das Volk erniedrigt, das Banner des Islám niedergeholt und sein mächtiger Thron umgestürzt. Jedesmal, wenn ein Mensch mit Verstand an dem festzuhalten suchte, was den Islám erhöhen würde, habt ihr ein Geschrei erhoben, und dadurch wurde er verhindert, seinen Plan auszuführen, während das Land offensichtlich dem Verderben preisgegeben war.« Q48
***
»Von allen Völkern der Welt ist dasjenige, das den größten Verlust erlitten hat, das Volk Persiens gewesen und ist es noch. Ich schwöre bei der Sonne der Äußerungen, die in ihrem Mittagsglanze auf die Welt scheint! Das Wehklagen der Kanzeln in diesem Lande ertönt immerfort. Schon in den ersten Tagen wurden solche Wehklagen im Lande ṬáA40 gehört, denn Kanzeln, die zur Erwähnung des Einen Wahren errichtet wurden – erhaben sei Seine Herrlichkeit – sind jetzt in Persien zu Orten geworden, von denen aus Lästerungen gegen Ihn, die Sehnsucht der Welt, ausgesprochen werden.
***
An diesem Tage ist die Welt mit den Wohlgerüchen vom Gewande der Offenbarung des altehrwürdigen Königs erfüllt …, und doch haben sieA41 sich versammelt und sich auf ihren Sitzen breitgemacht und gesprochen, was ein Tier Scham empfinden ließe, wieviel mehr noch den Menschen selbst. Würden sie sich einer ihrer Taten bewußt werden und das Unheil erkennen, das sie angerichtet haben, so würden sie sich mit eigener Hand zu ihrem endgültigen Wohnort befördern.
***
O Schar der Geistlichen! … Legt beiseite, was ihr besitzt, haltet Frieden und hört sodann auf das, was die Zunge der Größe und Erhabenheit spricht. Wie viele verschleierte Dienerinnen wandten sich Mir zu und glaubten; und wie viele Turbanträger waren von Mir ausgeschlossen und folgten den Fußstapfen vergangener Geschlechter!« Q49
***
»O Hohepriester! Ohren sind euch gegeben worden, damit sie dem Geheimnis Dessen, welcher der Selbstbestehende ist, lauschen, und Augen, damit sie Ihn erschauen. Wovor flieht ihr? Der unvergleichliche Freund ist offenbar. Er spricht Worte, in denen Erlösung ruht. O Hohepriester!. Würdet ihr den Duft vom Rosengarten des Verstehens wahrnehmen, so würdet ihr keinen anderen außer Ihm suchen, und ihr würdet den Allweisen und Unvergleichlichen in Seinem neuen Gewande entdecken und eure Augen von der Welt und von allen, die sie suchen, abwenden, und euch erheben, ihm zu helfen…
***
Was immer in den Büchern verkündet wurde, ist enthüllt und erklärt worden. Überall, wurden die Zeichen geoffenbart. Der Allmächtige ruft an diesem Tage und kündet das Erscheinen des Erhabensten Himmels an …
***
Dies ist nicht der Tag, an dem die Hohepriester noch befehlen und ihre Amtsgewalt ausüben können. In, eurem Buche ist dargelegt, daß die Hohepriester an jenem Tage die Menschen irreführen und daran hindern werden, Ihm zu nahen. Wahrlich, nur der ist ein Hoherpriester, der das Licht geschaut hat und auf dem Wege vorangeeilt ist, der zu dem Geliebten führt…
***
Sprecht, o Hohepriester! Die Hand der Allmacht ist aus den Wolken hervor ausgestreckt. Betrachtet sie mit neuen Augen. Die Zeichen Seiner Erhabenheit und Größe sind enthüllt. Blickt auf sie mit reinen Augen … Sprecht, o Hohepriester! Ihr genießt Verehrung um Meines Namens willen und doch flieht ihr Mich. Ihr seid die Hohepriester des Tempels. Wäret ihr die Hohepriester des Allmächtigen gewesen, so wäret ihr mit Ihm vereint worden und ihr hättet Ihn erkannt … Sprecht, o Hohepriester! Keines Menschen Taten werden angenommen werden an diesem Tage, es sei denn, er entsage der Menschheit und allem, was Menschen besitzen, und wende sein Antlitz dem Allmächtigen zu.« Q50
Die grosse Verkündigung an die Menschheit
***
»Die den Völkern und Geschlechtern der Erde vorherbestimmte Zeit ist nun gekommen. Die Verheißungen Gottes, wie sie die Heiligen Schriften überliefert haben, sind alle erfüllt. Aus Zion ist Gottes Gesetz hervorgegangen, und Jerusalem mit seinen Hügeln und seinem Land ist voll der Herrlichkeit Seiner Offenbarung. Selig, wer in seinem Herzen bewegt, was in den Büchern Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, geoffenbart ist. Sinnt darüber nach, o ihr Geliebten Gottes, und lauscht Seinem Worte, damit ihr euch durch Seine Gunst und Gnade aus den kristallenen Wassern der Beständigkeit satt trinkt und in Seiner Sache so unerschütterlich wie die Berge werdet.« Q51
***
»Wahrlich, Ich sage: Dies ist der Tag, da das Menschengeschlecht das Angesicht des Verheißenen schauen und Seine Stimme vernehmen wird. Gott hat Seinen Ruf erhoben, und das Licht Seines Antlitzes ist über den Menschen aufgegangen. Es ziemt einem jeden, die Spuren aller eitlen Worte von der Tafel seines Herzens zu löschen und mit offenen, unvoreingenommenen Sinnen auf die Merkmale Seiner Offenbarung, die Beweise Seiner Sendung und die Zeichen Seines Glanzes zu schauen.
Groß fürwahr ist dieser Tag! Die Andeutungen aller Heiligen Schriften als dem ›Tag Gottes‹A42 zeugen von seiner Größe. Die Seele jeder Manifestation Gottes und jedes göttlichen Boten hat nach diesem wunderbaren Tag gedürstet, und die mannigfachen Geschlechter der Erde haben sich danach gesehnt, ihn zu erreichen. Doch kaum hatte sich der Morgenstern Seiner Offenbarung am Himmel des Willens Gottes kundgetan, wurden alle außer jenen, die der Allmächtige zu führen beliebte, als stumm und nachlässig befunden.
O du, der du dich Meiner erinnert hast! Der dichteste Schleier hat die Völker der Erde von Seiner Herrlichkeit getrennt und sie gehindert, Seinem Ruf zu lauschen. Gott gebe, daß das Licht der Einheit die gesamte Erde umleuchte und daß das Siegel des ›Das Reich ist Gottes‹A43 allen ihren Völkern auf die Stirn gedrückt werde.« Q52
***
»… O ihr Menschenkinder! Die grundlegende Absicht, die den Glauben Gottes und Seine Religion beseelt, ist, die Belange der menschlichen Rasse zu schützen, ihre Einheit zu fördern und den Geist der Liebe und Kameradschaft unter den Menschen zu pflegen. Laßt sie nicht zu einem Quell der Uneinigkeit und des Mißklangs, des Hasses und der Feindschaft werden. Dies ist der rechte Pfad, die festgelegte und unverrückbare Grundlage. Was sich auf dieser Grundlage erhebt, kann durch die Wechselfälle der Welt niemals in seiner Kraft geschwächt werden, noch können die Umwälzungen zahlloser Jahrhunderte seinen Bau untergraben. Unsere Hoffnung ist, daß sich die religiösen Führer der Welt und ihre Herrscher vereint für die Neugestaltung dieses Zeitalters und die Wiederherstellung seines Friedens erheben mögen. Laßt sie, nachdem sie über seine Nöte nachgedacht haben, zusammen beratschlagen und in bedachtsamer und voller Überlegung einer kranken und schwer heimgesuchten Welt das Heilmittel darreichen, das sie erheischt. … Es geziemt denen, die an der Macht sind, Mäßigung in allen Dingen zu üben. Wer die Grenzen der Mäßigung überschreitet, wird aufhören, einen wohltätigen Einfluß auszuüben. Betrachtet zum Beispiel solche Dinge, wie Freiheit, Zivilisation und dergleichen mehr. Wie günstig verständige Menschen sie auch anschauen mögen, so werden sie doch,. im Übermaß, einen verderblichen Einfluß auf die Menschen ausüben. … So Gott will, werden die Völker der Welt als Ergebnis der hohen Bemühungen ihrer Herrscher und der Weisen und Gelehrten unter den Menschen dahin geführt werden, ihr wahres Wohl zu erkennen. Wie lange wird die Menschheit in ihrem Eigensinn verharren und Ungerechtigkeit fortbestehen? Wie lange sollen Chaos und Verwirrung unter den Menschen herrschen und Uneinigkeit das Antlitz der Gesellschaft zerwühlen? … Die Winde der Verzweiflung wehen aus jeder Richtung, und der Hader, der die menschliche Rasse zerspaltet und peinigt, nimmt täglich zu. Die Zeichen drohender Schwäche und des nahen Chaos sind heute zu erkennen, da die bestehende Ordnung bejammernswert unvollkommen erscheint. Ich flehe zu Gott – erhaben sei Seine Herrlichkeit –, daß Er die Völker der Welt gnädig erwecke, ihnen gewähre, daß das Ergebnis ihres Verhaltens nutzbringend für sie sei, und ihnen helfe, das zu vollbringen, was ihrer Stufe geziemt.« Q53
***
»O ihr einander bekämpfenden Völker und Geschlechter der Erde! Wendet euer Angesicht der Einheit zu und laßt den Glanz ihres Lichtes auf euch scheinen. Versammelt euch und beschließt um der Sache Gottes willen, all das auszurotten, was die Quelle des Streites unter euch ist. Alsdann wird der Glanz der erhabenen Leuchte die ganze Erde umhüllen, und ihre Bewohner werden die Bürger einer Stadt werden und einen und denselben Sitz einnehmen. Dieser Unterdrückte hat seit den frühen Tagen Seines Lebens keinen anderen Wunsch als diesen gehegt und wird auch künftig keinen anderen Wunsch als diesen nähren. Die Völker der Welt, welcher Rasse oder Religion sie auch angehören mögen, leiten ihre Erkenntnis unzweifelhaft aus einer himmlischen Quelle her, und alle sind die Geschöpfe eines Gottes. Die Verschiedenheit ihrer Lebensordnungen muß den wechselnden Anforderungen und Bedürfnissen des Zeitalters zugeschrieben werden, in dem diese geoffenbart wurden. Alle, außer wenigen, die das Ergebnis menschlicher Verderbtheit sind, traten auf Gottes Geheiß in Erscheinung, und sie sind ein Abglanz Seines Willens und Seiner Absicht. Erhebt euch, ausgestattet mit der Kraft des Glaubens; und reißt die Götter eurer eitlen Einbildungen, die Zwietracht unter euch säten, in Stücke. Haltet euch an das, was euch zusammenführt und einigt. Dies ist das erhabenste Wort, das das Mutterbuch auf euch herabgesandt und euch geoffenbart hat. Das bezeugt die Zunge der Größe aus ihrer Wohnung der Herrlichkeit.« Q54
***
»In dem Wunsche, die Vorbedingungen für den Frieden und die Ruhe der Welt und für den Fortschritt ihrer Völker zu offenbaren, hat das Erhabene Wesen geschrieben: Die Zeit muß kommen, da die gebieterische Notwendigkeit zur Abhaltung einer ausgedehnten und allumfassenden Versammlung der Menschen universal erkannt wird. Die Herrscher und Könige der Erde müssen ihr unbedingt beiwohnen und, an ihren Beratungen teilnehmend, solche Wege und Mittel erwägen, die den Grund zum Größten Weltfrieden unter den Menschen legen. Ein solcher Friede erfordert, um der Ruhe der Völker der Erde willen, daß die Großmächte sich zu völliger Versöhnung untereinander entschließen. Sollte ein König die Waffen gegen einen anderen ergreifen, so müssen sich alle vereint erheben und ihn daran hindern. Wenn dies geschieht, benötigen die Nationen der Welt nicht länger irgendeine Bewaffnung, es sei denn zur Wahrung der Sicherheit ihrer Reiche und der inneren Ordnung in ihren Gebieten. Das wird den Frieden und die Ruhe jedes Volkes, jeder Regierung und Nation verbürgen. Wir hoffen sehr, daß die Könige und Herrscher der Erde, die Spiegel des gnädigen und allmächtigen Namens Gottes, diese Stufe erreichen und die Menschheit vor dem Angriff der Gewaltherrschaft beschirmen mögen. … Der Tag ist nahe, da alle Völker der Welt eine universale Sprache und eine gemeinsame Schrift annehmen werden. Wenn dies erreicht wird, ist es für jedermann, welche Stadt er auch bereisen mag, als betrete er sein eigenes Haus. Diese Dinge sind verbindlich und durchaus wesentlich. Es ist die Pflicht eines jeden Einsichtigen und Verständigen, danach zu streben, das hier Niedergeschriebene in die Wirklichkeit und in die Tat umzusetzen. … Wer sich heute dem Dienst an der ganzen menschlichen Rasse hingibt, der ist wirklich ein Mensch. Das Erhabene Wesen spricht: Gesegnet und glücklich ist, wer sich erhebt, um dem Wohl der Völker und Geschlechter der Erde zu dienen. An anderer Stelle hat Er verkündet: Es rühme sich nicht der, der sein Vaterland liebt, sondern der, der die ganze Welt liebt. Die Erde ist nur eine Heimat und die Menschheit ihre Bürger.« Q55
***
»Der allwissende Arzt legt Seinen Finger an den Puls der Menschheit. Er erkennt die Krankheit und verschreibt in Seiner unfehlbaren Weisheit das Heilmittel. Jedes Zeitalter hat seine eigenen Probleme, jede Seele ihre besondere Sehnsucht. Das Heilmittel, das die Welt in ihren gegenwärtigen Nöten braucht, kann nicht das gleiche sein, das ein späteres Zeitalter erfordern wird. Beachtet genau die Nöte eures Zeitalters und legt den Schwerpunkt eurer Überlegungen auf seine Bedürfnisse und Forderungen.
Wir sehen, wie die ganze menschliche Rasse von großen, unberechenbaren Nöten umgeben ist. Wir fühlen, wie sie auf ihrem Krankenbett dahinsiecht, schmerzlich geprüft und ernüchtert. Jene, die von Eigendünkel trunken sind, haben sich zwischen sie und den göttlichen unfehlbaren Arzt gedrängt. Bezeuge, wie sie alle Menschen, sich selbst mit eingeschlossen, in das Netzwerk ihrer List verstrickt haben. Sie können weder die Ursache der Krankheit entdecken, noch kennen sie irgendein Heilmittel. Sie denken, das Gerade sei krumm, und bilden sich ein, ihr Freund sei ihr Feind.
Neigt euer Ohr der süßen Weise dieses Gefangenen. Steht auf und erhebt eure Stimme, damit die fest Schlafenden erwachen mögen. Sprecht: O ihr, die ihr wie tot seid! Die Hand göttlicher Freigebigkeit reicht euch das Wasser des Lebens. Beeilt euch und trinkt zur Genüge. Wer an diesem Tag wiedergeboren wird, soll niemals sterben; wer tot bleibt, soll niemals leben.« Q56
***
»O Völker der Erde! Gott, die ewige Wahrheit, ist Mein Zeuge, daß die Süße der Worte eures Herrn, des Unbezwungenen, Bäche frischen und sanftfließenden Wassers aus den Felsen quellen ließ – dennoch schlummert ihr. Werft von euch, was ihr besitzt, und erhebt euch auf den Flügeln der Loslösung über alles Erschaffene! So gebietet euch der Herr der Schöpfung, der mit der Bewegung Seiner Feder die Seele der Menschheit in Wallung gebracht hat.
Wißt ihr, aus welchen Höhen euer Herr, der Allherrliche, ruft? Glaubt ihr, die Feder erkannt zu haben, womit euer Herr, der Herr aller Namen, euch befiehlt? Nein, bei Meinem Leben! Wenn ihr es wüßtet, würdet ihr der Welt entsagen und mit ganzem Herzen zum Vielgeliebten eilen. Eure Seelen wären von Seinem Wort so hingerissen, daß sie jene große Welt in Erregung versetzten – wieviel mehr diese kleine und geringe! So sind die Regengüsse Meiner Freigebigkeit zum Zeichen der Gnade vom Himmel Meiner Huld herabgeströmt, damit ihr dankbar seid …
Hütet euch, daß nicht Fleischeslust und böse Neigung euch entzweien! Seid wie die Finger einer Hand und die Glieder eines Körpers! So rät es euch die alles offenbarende Feder – möchtet ihr doch daran glauben!
Betrachtet die Gnade und die Gaben Gottes! Er auferlegt euch, was euch nützt, obschon Er selbst alle Geschöpfe entbehren kann. Eure bösen Werke können Uns niemals scha-den, noch eure guten Uns nützen. Allein um Gottes willen ermahnen Wir euch. Jeder Klarsehende und Einsichtige wird dies bezeugen.« Q57
***
»Das Gleichgewicht der Welt schwankt infolge der ausstrahlenden Schwingungen dieser größten und neuen WeltordnungA44. Die Lebensweise der Menschheit ist in Aufruhr geraten durch das Wirken dieses einzigartigen und wundersamen Planes, desgleichen menschliche Augen noch nie geschaut haben.
Versenkt euch in das Meer Meiner Worte, damit ihr seine Geheimnisse ergründen und die Perlen der Weisheit entdecken möget, die in seinen Tiefen schlummern! Hütet euch, in eurem Entschluß wankend zu werden und die Wahrheit dieser Sache nicht anzunehmen – einer Sache, welche die Möglichkeiten der Macht Gottes enthüllt und Seine höchste Herrschaft errichtet hat! Eilt freudestrahlend zu Ihm! Dies ist der unveränderliche Glaube Gottes, ewig in der Vergangenheit, ewig in der Zukunft. Laßt den, der sucht, zu Ihm gelangen! Wenn Ihn aber jemand zu suchen verschmäht, so genügt sich wahrlich Gott selbst, und Er ist über jede Abhängigkeit von Seinen Geschöpfen erhaben:
Sprecht: Dies ist die untrügliche Waage, die Gott in Händen hält, worauf alle, die im Himmel und auf Erden sind, gewogen werden und ihr Schicksal bestimmt wird – möchtet ihr zu denen gehören, die glauben und diese Wahrheit erkennen! Sprecht: Sie hat die Armen bereichert, die Gelehrten erleuchtet und den Suchern den Weg gewiesen, zur Gegenwart Gottes aufzusteigen. Hütet euch, sie zur Ursache des Zankes unter euch zu machen! Steht fest wie ein unverrückbarer Berg in der Sache eures Herrn, des Mächtigen, des Liebenden!« Q58
***
»O ihr Völker der Welt! Wißt, daß Meine Gebote die Lampen Meiner liebevollen Vorsehung unter Meinen Dienern und die Schlüssel Meines Erbarmens für Meine Geschöpfe sind. So wurde es aus dem Himmel des Willens eures Herrn, des Herrn der Offenbarung, herabgesandt. Könnte ein Mensch die Süße der Worte kosten, welche die Lippen des Allbarmherzigen zu künden beliebten, so würde er, und wären die Schätze der Erde in seinem Besitz, ihnen gänzlich entsagen, damit er die Wahrheit auch nur eines Seiner Gebote, die über dem Tagesanbruch Seiner gütigen Fürsorge und liebevollen Zuneigung leuchten, rechtfertigte.
In Meinen Gesetzen könnt ihr den süßen Duft Meines Gewandes wahrnehmen, und mit ihrer Hilfe werden die Banner des Sieges auf den höchsten Bergesgipfeln errichtet werden. Die Zunge Meiner Kraft hat aus dem Himmel Meiner allmächtigen Herrlichkeit diese Worte an Meine Schöpfung gerichtet: ›Befolgt Meine Gebote aus Liebe zu Meiner Schönheit!‹ Glücklich ist der Liebende, der den göttlichen Wohlgeruch seines Meistgeliebten aus diesen mit einem solchen Gnadenduft ausgestatteten Worten eingeatmet hat – einen Duft, den keine Zunge schildern kann. Bei Meinem Leben! Wer den erlesenen Wein der Reinheit aus den Händen Meiner gütigen Gewogenheit getrunken hat, wird Meine über dem Tagesanbruch Meiner Schöpfung leuchtenden Gebote umkreisen.
Glaubt nicht, daß Wir euch ein bloßes Gesetzbuch offenbarten. Nein, Wir haben vielmehr den erlesenen Wein mit den Fingern der Macht und Kraft entsiegelt. Dafür zeugt, was die Feder der Offenbarung enthüllte. Denkt darüber nach, o ihr mit Einsicht Begabten! …
Wenn Meine Gesetze wie die Sonne am Himmel Meiner Äußerung erscheinen, müssen sie von allen gewissenhaft befolgt werden, auch wenn Mein Gebot so ist, daß es den Himmel jeder Religion auseinanderspaltet. Er tut, was Ihm gefällt. Er wählt, und niemand kann Seine Wahl in Frage stellen. Was Er, der Vielgeliebte, verordnet, das ist wahrlich geliebt. Das bezeugt Mir Der, der der Herr aller Schöpfung ist. Wer den zarten Wohlgeruch des Allerbarmers eingeatmet und den Ursprung dieser Äußerung erkannt hat, wird bereitwillig die Pfeile der Feinde willkommen heißen, damit er so die Wahrheit der Gesetze Gottes unter den Menschen begründe. Wohl ist es um den bestellt, der sich ihnen zugewandt und den Sinn dieses entschiedenen Gebotes erfaßt hat.« Q59
***
»Dies ist der Tag, an dem Gottes erhabenste Segnungen den Menschen zugeströmt sind, der Tag, an dem sich Seine größte Gnade über alles Erschaffene ergossen hat. Allen Völkern der Welt obliegt es, ihre Gegensätze auszugleichen und in vollkommener Einigkeit und in Frieden unter dem Schatten des Baumes Seiner Hut und Güte zu verweilen. Es geziemt ihnen, sich an das zu halten, was an diesem Tag der Erhöhung ihrer Stufe und der Förderung ihres eigenen Besten dienen kann. Glücklich die, zu deren Gedächtnis die allherrliche Feder sich bewegt hat, und gesegnet, wessen Namen Wir nach Unserem unerforschlichen Ratschluß zu verschweigen beliebten.
Bitte den einen, wahren Gott, daß Er allen Menschen gnädig beistehe, damit sie das erfüllen, was Unsere Augen billigen können. Bald wird die heutige Ordnung aufgerollt und eine neue an ihrer Statt entfaltet werden. Wahrlich, dein Herr spricht die Wahrheit, und Er weiß um das Ungeschaute.« Q60
Quellenangaben
Q1 Auszug aus dem Bericht des Orientalisten Prof. E. G. Browne mit den Worten, die Bahá’u’lláh bei seinem Besuch in Bahjí 1890 an ihn richtete. (Vgl. Browne, A Traveller’s Narrative, Einleitung S. XL, Cambridge University Press 1891), zitiert aus: Esslemont, Bahá’u’lláh und das Neue Zeitalter, S. 56.
Q2 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, in: Ährenlese 120:2, – Anm. d. Hrsg.
Q3 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:26, zitiert aus: Ährenlese 110 – Anm. d. Hrsg.
Q4 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:12, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 44 – Anm. d. Hrsg.
Q5 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ghulám-Ḥusayn, in: Ährenlese 4:2 – Anm. d. Hrsg.
Q6 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:14, zitiert aus: Ährenlese 110 – Anm. d. Hrsg.
Q7 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 131:2 – Anm. d. Hrsg.
Q8 Shoghi Effendi, Botschaft von 1934-02-08, an die Geliebten Gottes und die Dienerinnen des Barmherzigen überall im Westen, in: Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 7:109–111 – Anm. d. Hrsg.
Q9 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:78–79, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 51 – Anm. d. Hrsg.
Q10 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:81–84, 1:87, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 52–56 – Anm. d. Hrsg.
Q11 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:2–4, 5:6, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 40 – Anm. d. Hrsg.
Q12 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:10–14, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 42–45 – Anm. d. Hrsg.
Q13 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:20–21, 5:23, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 46–49 – Anm. d. Hrsg.
Q14 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 58–61, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:179–182 – Anm. d. Hrsg.
Q15 vgl. Qur’án 2:253, 3:40, 14:27, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q16 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 102:1.
Q17 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 78–82, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:131–135 – Anm. d. Hrsg.
Q18 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 84–87, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:137–140 – Anm. d. Hrsg.
Q19 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 89–90, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:143–145 – Anm. d. Hrsg.
Q20 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún-2, zitiert aus: Brief an den Sohn des Wolfes 93, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:152, 1:156 – Anm. d. Hrsg.
Q21 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malik-i-Rús–1, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 74–77, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:158–160, 1:162–163, 1:170 – Anm. d. Hrsg.
Q22 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 78–81, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:171–173, 1:185 – Anm. d. Hrsg.
Q23 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:86, 5:117:1, 5:118:1–3, 1:90, 5:121:1–2, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 82–83, – Anm. d. Hrsg.
Q24 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:85, 5:116:1–2, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 84, – Anm. d. Hrsg.
Q25 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:58–72, zitiert aus: Ährenlese 114:1–15. – Anm. d. Hrsg
Q26 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:81–83, zitiert aus: Ährenlese 114:19–21 – Anm. d. Hrsg.
Q27 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Sulṭán, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 96–101, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:192–195, 1:230, 1:249, 1:265–266, 1:268 – Anm. d. Hrsg.
Q28 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:88, zitiert aus: Shoghi Effendi, Citadel of Faith: Messages to America, 1947–1957, p. 18f – Anm. d. Hrsg.
Q29 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Malikih, zitiert aus: Ährenlese 120:1–3, vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:174–176 – Anm. d. Hrsg.
Q30 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:99–104, zitiert aus: Ährenlese 98:1–6 – Anm. d. Hrsg.
Q31 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:165, 166, 167, 169, 171, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 202, – Anm. d. Hrsg.
Q32 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 203–208, – Anm. d. Hrsg.
Q33 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 270, – Anm. d. Hrsg.
Q34 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 200, – Anm. d. Hrsg.
Q35 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Páp, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 70–73 , vgl. Súratu’l-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:102–103, 105–106, 108, 112–114, 118, 120, 126 – Anm. d. Hrsg.
Q36 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 190, – Anm. d. Hrsg.
Q37 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Karmil, in: Botschaften aus ‘Akká 1:4, zitiert aus: Ährenlese 11:4 – Anm. d. Hrsg.
Q38 Ps. 60:9, 108:10 – Anm. d. Hrsg.
Q39 Jes. 40:9–10 – Anm. d. Hrsg.
Q40 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 191, – Anm. d. Hrsg.
Q41 Mk. 1:17 – Anm. d. Hrsg.
Q42 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Páp, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 260, – Anm. d. Hrsg.
Q43 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 251–255 – Anm. d. Hrsg.
Q44 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 18:4–7 – Anm. d. Hrsg.
Q45 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 17:1–4 – Anm. d. Hrsg.
Q46 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 222, – Anm. d. Hrsg.
Q47 Bahá’u’lláh, Súratu’l-Mulúk, in: Anspruch und Verkündigung 5:108–111, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 223, – Anm. d. Hrsg.
Q48 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Burhán, in: Botschaften aus ‘Akká 14:12, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 121, – Anm. d. Hrsg.
Q49 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 217–219 – Anm. d. Hrsg.
Q50 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Shoghi Effendi, Der Verheißene Tag ist gekommen 192, – Anm. d. Hrsg.
Q51 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 10:1 – Anm. d. Hrsg.
Q52 Bahá’u’lláh, zitiert aus: Ährenlese 7:1–3 – Anm. d. Hrsg.
Q53 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:14, 11:18, 11:25, 11:26, zitiert aus: Ährenlese 110 – Anm. d. Hrsg.
Q54 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ittiḥád, zitiert aus: Ährenlese 111 – Anm. d. Hrsg.
Q55 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:7, 11:9, 11:12, zitiert aus: Ährenlese 117 – Anm. d. Hrsg.
Q56 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Mánikchí-Ṣáḥib, in Tabernakel der Einheit 1:4–6, zitiert aus: Ährenlese 106:1–3 – Anm. d. Hrsg.
Q57 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:54–55, 1:58–59, zitiert aus: Ährenlese 72:2–5 – Anm. d. Hrsg.
Q58 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:181–183, zitiert aus: Ährenlese 70:1–3 – Anm. d. Hrsg.
Q59 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:3–5, 1:7, zitiert aus: Ährenlese 155:3–6 – Anm. d. Hrsg.
Q60 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ghulám-Ḥusayn, zitiert aus: Ährenlese 4:1–2 – Anm. d. Hrsg.
Anmerkungen
A1 des Báb
A2 Jesus Christus
A3 Bahá’u’lláh
A4 Jesus Christus
A5 Krimkrieg
A6 Jesus
A7 des Sulṭáns der Türkei
A8 Jesus
A9 Jesus
A10 Mekka
A11 die Manifestation
A12 Napoleon III.
A13 in Jerusalem
A14 Jerusalem
A15 Konstantinopel
A16 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:127:1 – Anm. d. Hrsg.
A17 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:128:1 – Anm. d. Hrsg.
A18 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:129:1 – Anm. d. Hrsg.
A19 Jesus
A20 Körper – Anm. d. Hrsg.
A21 Jesus
A22 Jesus
A23 Jesus
A24 Petrus
A25 Zoroastrier – Anm. d. Hrsg.
A26 Jesus
A27 Jesus
A28 Jesus
A29 Jesus
A30 Jesus
A31 Jesus
A32 Jesus
A33 vgl. Qur’án 101:5 – Anm. d. Hrsg.
A34 vgl. Qur’án 39:67 – Anm. d. Hrsg.
A35 vgl. Offb. 6:5, Qur’án 55:7–8, 57:25, 21:47, 7:8–9, 23:102–103, 101:6–9, 18:105 – Anm. d. Hrsg.
A36 vgl. Qur’án 50:20, 50:42 – Anm. d. Hrsg.
A37 vgl. Qur’án 55:41 – Anm. d. Hrsg.
A38 Muḥammad
A39 Fáṭimih
A40 Ṭihrán
A41 die Geistlichen
A42 vgl. Qur’án 19:37, 24:64, 28:61, 28:65–66, 75, 40:16–18, 41:47, 83:5–6 – Anm. d. Hrsg.
A43 vgl. Qur’án 6:73, 22:56, 25:26, 35:13, 39:6, 40:16, 64:1, 67:1 – Anm. d. Hrsg.
A44 vgl. Kitáb-i-Aqdas 5:189 – Anm. d. Hrsg.
选择另一文本
对照本: