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espanhol — La Importancia de la.txt


LA IMPORTANCIA DE LA
ORACION OBLIGATORIA
Y EL AYUNO





SELECCION DE EXTRACTOS Y ORACIONES DE LOS ESCRITOS BAHÁ'IS COMPILADA POR EL
DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN DE LA CASA UNIVERSAL DE JUSTICIA


CENTRO MUNDIAL BAHA'I













VERSIÓN APROBADA POR EL PANEL INTERNACIONAL DE TRADUCCIÓN DE LITERATURA BAHÁ'Í AL ESPAÑOL


La importancia de la oración obligatoria y el ayuno, Selección de citas y oraciones de los Escritos Bahá'ís, recopilados por el Departamento de Investigación de la Casa Universal de Justicia, Centro Mundial Bahá'í, mayo 2000.
VERSIÓN APROBADA POR EL PANEL INTERNACIONAL DE TRADUCCIÓN DE LITERATURA BAHÁ'Í AL ESPAÑOL


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DE LOS ESCRITOS DE BAHÁ'U'LLÁH

I. Verdaderamente, hemos expuesto todas las cosas en Nuestro Libro, como muestra de gracia para los que han creído en Dios, el Todopoderoso, el Protector, Quien subsiste por Sí mismo. Y hemos dispuesto la oración obligatoria y el ayuno para que por este medio todos puedan acercarse a Dios, el Más Potente, el Bienamado. Hemos escrito estas dos leyes y expuesto todo decreto irrevocable. Hemos prohibido a los hombres seguir todo lo que pueda alejarlos de la Verdad, y les hemos ordenado observar lo que les acercará a Aquel que es el Omnipotente, el Amoroso. Di: Observad los mandamientos de Dios por amor a Su belleza, y no seáis de los que siguen el camino de los abyectos y necios.


II. Toda alabanza sea para Dios, Quien ha revelado la ley de la oración obligatoria como recordatorio para Sus siervos, y les ha impuesto el ayuno para que los que poseen medios sean informados de las penalidades y sufrimientos de los desposeídos.


III. Aquel que no realiza buenas obras ni actos de adoración es como un árbol que no da fruto, y una acción que no deja rastro. Todo el que llegue a sentir el sagrado éxtasis de la adoración rehusará trocar ese acto o cualquier alabanza de Dios por todo lo que existe en el mundo. El ayuno y la oración obligatoria son como dos alas para la vida del hombre. Bienaventurado aquel que con su ayuda se remonta al cielo del amor de Dios, el Señor de todos los mundos.


IV. Aferraos tenazmente a la oración obligatoria y al ayuno. Verdaderamente, la religión de Dios es como el cielo; el ayuno es su sol, la oración obligatoria es su luna. En verdad, son los pilares de la religión mediante los cuales se distinguen los justos de los que transgreden Sus mandamientos. Imploramos a Dios, exaltado y glorificado sea Él, que mediante Su gracia permita a todos observar lo que ha revelado en Su Perpetuo Libro.


V. Has de saber que la religión es como el cielo; y el ayuno y la oración obligatoria son su sol y su luna. Imploramos a Dios, exaltado y glorificado sea, que mediante Su gracia ayude a todo el que actúa de acuerdo con Su voluntad y complacencia.



VI. No desatendáis la oración obligatoria y el ayuno. Aquel que no las observa no ha sido ni será nunca aceptable a los ojos de Dios. Sed prudentes en todas las condiciones. Él, verdaderamente, ha encomendado a todos observar lo que ha sido y será de provecho para ellos. En verdad, Él es el Suficiente, el Altísimo.


VII. En cuanto a la oración obligatoria, ha sido enviada por la Pluma del Altísimo en tal forma que enciende los corazones y cautiva las almas y las mentes de los hombres.


VIII. Concerniente a la oración obligatoria, ésta ha sido revelada de tal suerte que quien la recite, aun tan sólo una vez, con corazón desprendido, se encontrará totalmente desapegado del mundo.


IX. ¡Oh Mi hermano! ¡Cuán grande, cuán sumamente grande puede ser la oración obligatoria, cuando, merced a Su misericordia y amorosa bondad, a uno le es permitido observarla! Cuando comience a recitar la oración obligatoria, debiera verse desapegado de todas las cosas creadas y considerarse como absolutamente nada ante la voluntad y propósito de Dios, de tal manera que no vea nada salvo a Él en el mundo del ser. Esta es la estación de los favorecidos de Dios y de los que están totalmente consagrados a Él. Si alguien realiza la oración obligatoria de esta forma, será contado por Dios y el Concurso de lo alto entre los que verdaderamente han ofrecido la oración.


X. Una de las acciones en cumplimiento de la ley es la oración obligatoria. Aquel que es el Portador de misterios divinos la ha llamado la escala del ascenso. Dice: "La oración obligatoria es una escalera de ascenso para el creyente"i. En ella se esconden y atesoran miríadas de resultados y beneficios. En efecto, son incalculables. Qué grande sería la indolencia de un hombre si abandonara esta escalera de ascenso y se apegara a los tesoros terrenales. Albergamos la esperanza de que se nos ayude a realizar acciones puras y aceptables. Imploramos a Dios, exaltado y glorificado sea Él, que nos confirme en lo que Él desea y Le complace, y en lo que nos acerque hacia Él. Verdaderamente, Él es el Todopoderoso, Quien acostumbra a responder a las oraciones de todos los hombres.


XI. De las nuevas oraciones obligatorias que fueron reveladas posteriormente, la oración obligatoria larga debe decirse cuando uno se sienta con ánimo de rezar. En verdad, ha sido revelada de tal manera que si se recitara a una roca, esa roca se movería y hablaría; y si se recitara a una montaña, esa montaña fluiría y se desplazaría de lugar. Bienaventurado aquel que la recita y cumple los preceptos de Dios. Cualquiera de estas oraciones que se lea será suficiente.


XII. Imploramos a Dios que ayude a Su pueblo a observar el grande y exaltadísimo ayuno, el cual consiste en evitar que el ojo contemple lo que está prohibido y abstenerse de comida, bebida y todo lo que no sea de Él. Suplicamos a Dios que confirme a Sus amados para que puedan lograr cumplir lo que se les ha ordenado en este Día.


XIII. Alabado sea Aquel que ha revelado leyes de acuerdo con Su voluntad. Él, en verdad, es soberano sobre todo lo que Le place. ¡Oh Mis amigos! Actuad de acuerdo con lo que se os ha ordenado en el Libro. Se os ha decretado ayunar en el mes de 'Alá. Ayunad por amor a vuestro Señor, el Poderoso, el Altísimo. Conteneos desde el amanecer hasta la puesta del sol. Así os instruye el Amado de la humanidad por mandato de Dios, el Omnipotente, el Libre. Nadie ha de exceder los límites establecidos por Dios y Su ley, ni nadie debe seguir sus propias ociosas imaginaciones. Bienaventurado el que cumple Mis decretos por amor a Mi Belleza, ¡y ay del que sea negligente con la Fuente del Mandato en los días de su Señor, el Todopoderoso, el Omnipotente!


XIV. Ésta es una de las noches del ayuno, y durante ella la Lengua de Grandeza y Gloria ha proclamado: No hay otro Dios salvo Yo, el Omnipotente Protector, Quien subsiste por Sí mismo. Nos, verdaderamente, hemos ordenado a todos observar el ayuno en estos días como una dádiva de Nuestra parte; pero la gente permanece inconsciente, excepto los que han alcanzado el propósito de Dios como ha sido revelado en Sus leyes y han comprendido Su sabiduría que rodea todo lo visible y lo visible. Di: ¡Por Dios! Su Ley es una fortaleza para vosotros, si lo entendierais. Verdaderamente, con ella Él no tiene otro propósito que beneficiar a las almas de Sus siervos, pero, ¡ay!, la mayoría de la humanidad sigue desatendiéndola. Aferraos a la cuerda de las Leyes de Dios, y no sigáis a los que se han apartado del Libro, pues verdaderamente se han opuesto a Dios, el Poderoso, el Amado.


XV. Éstos son los días del ayuno. Bienaventurado quien mediante el calor generado por el ayuno aumenta su amor, y quien, alegre y radiante, se levanta a realizar acciones dignas. Verdaderamente Él guía a quien le place al camino recto.


XVI. Aunque externamente el ayuno es difícil y laborioso, sin embargo internamente es una dádiva y una tranquilidad. La purificación y la formación dependen sólo de ejercicios rigurosos que estén de acuerdo con el Libro de Dios y sancionados por la ley divina, no aquellos que los ilusos han infligido a la gente. Todo lo que ha sido revelado por Dios es amado por el alma. Le imploramos que nos asista mediante Su gracia para hacer lo que sea agradable y aceptable para Él.


XVII. Verdaderamente, afirmo que el ayuno es el remedio supremo y la más grande curación para la enfermedad del egoísmo y la pasión.


XVIII. Toda alabanza sea para el único Dios verdadero, Quien ha asistido a Sus amados a observar el ayuno y les ha ayudado a cumplir lo que ha sido decretado en el Libro. En verdad, alabanza y gratitud sin límites Le son debidas por haber confirmado a Sus amados mediante Su gracia para realizar lo que es la causa de la exaltación de Su Palabra. Si un hombre poseyera diez mil vidas y las ofreciera todas para establecer la verdad de las leyes y los mandamientos de Dios, estaría todavía en deuda con Él, puesto que cualquier cosa que proceda de Su irresistible decreto sólo sirve para beneficiar a Sus amigos y amados.


XIX. Hay diversas etapas y niveles para el ayuno, e innumerables efectos y beneficios se hallan ocultos en él. Bienaventurados los que los han alcanzado.


XX. En casos claros de debilidad, enfermedad o lesiones, la ley del ayuno no es obligatoria. Este mandato está en conformidad con los preceptos de Dios, eternos en el pasado, eternos en el futuro. Bienaventurados los que actúan correspondientemente.


XXI. La ley del ayuno se prescribe para los que están sanos y saludables; en cuanto a los que estén enfermos o debilitados, esta ley no ha sido nunca ni es ahora aplicable a ellos.


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DE LOS ESCRITOS DE 'ABDU'L-BAHÁ


I. La oración obligatoria y el ayuno están entre los más importantes mandamientos de esta santa Dispensación.


II. En el campo de la adoración, el ayuno y la oración obligatoria constituyen los dos pilares más firmes de la santa Ley de Dios. De ninguna manera es permitido desatenderlos, y no cumplirlos a cabalidad es ciertamente inaceptable. En la Tabla de la Visitación, Él dice: "Suplico a Dios, por Ti y por aquellos cuyos rostros han sido iluminados con los resplandores de la luz de Tu semblante y por amor a Ti han observado todo lo que les fue ordenado"ii. Él declara que la observancia de los mandamientos de Dios se deriva del amor por la belleza del Bienamado. El buscador, cuando esté inmerso en el océano del amor a Dios, será conmovido por un anhelo intenso y se dispondrá a cumplir las leyes de Dios. Así, es imposible que un corazón que contenga la fragancia del amor a Dios deje de adorarle, excepto en condiciones tales que al hacerlo agite a los enemigos y provoque conflicto y daño. De otra manera, el amante de la Belleza de Abhá con seguridad y de forma continua mostrará perseverancia en la adoración del Señor.


III. A Sus siervos les corresponde cumplir totalmente las leyes de Dios que se refieren al ayuno y a la oración obligatoria. Por lo tanto, ellos deben volver sus rostros hacia el punto de adoración del Concurso celestial, aferrarse a la Estación más sublime, y orar y suplicar para que sean liberados de las dudas de las interpretaciones erróneas. Ésta es la forma de proceder de 'Abdu'l-Bahá; ésta es la religión de 'Abdu'l-Bahá; éste es el camino de 'Abdu'l-Bahá. Quien atesore el amor de Bahá, que elija este recto camino. Quien abandone este camino es verdaderamente de los que están separados de Él como por un velo. Si observas un alma que dude sobre este mandamiento o que lo interprete mal sin tener un motivo secreto ni ser desafiante en lo que hace, trátale amistosamente, y con la mayor cordialidad y palabras amables procura apartarle de esas interpretaciones y conducirle hacia el sentido llano de los versículos de Dios.


IV. Las leyes de Dios, como la del ayuno, la oración obligatoria y otras semejantes, así como Sus consejos relativos a las virtudes, buenas acciones y conducta apropiada, deben cumplirse en todas partes, al mayor grado posible, a menos que se presente algún obstáculo insuperable o gran peligro, o fuera contrario a los dictados de la prudencia. Porque la indolencia y la dejadez impiden que las nubes de la misericordia divina viertan lluvias de amor, y con ello la gente permanece privada de las mismas.


V. ¡Oh amados de Dios! En gratitud por la firmeza en la Alianza eterna, disponeos a servir en el umbral del Señor omnipotente, observad la oración obligatoria y el ayuno, y ocupad vuestro tiempo en difundir los fragantes aromas de Dios y en esparcir los Versículos divinos. Rasgad los velos, quitad los obstáculos, ofreced las aguas vivificantes y señalad el camino de la salvación. Eso es lo que 'Abdu'l Bahá os aconseja cada mañana y cada anochecer.


VI. ¡Oh hija del Reino! Las oraciones obligatorias son preceptivas por cuanto conducen a la humildad y la sumisión, a dirigir el rostro hacia Dios y a expresarle devoción. Con estas oraciones, el ser humano mantiene comunión con Dios, busca acercarse a Él, conversa con el verdadero Amado de su corazón y alcanza estados espirituales.


VII. ¡Oh amigo espiritual! Has preguntado sobre la sabiduría de la oración obligatoria. Has de saber que esa oración es preceptiva e imperativa. Ningún pretexto excusa al hombre de cumplir con la oración, a menos de que sea incapaz de hacerla o se interponga un gran obstáculo. La sabiduría de la oración obligatoria es ésta: crea un nexo entre el siervo y el Verdadero, porque en ese momento el hombre con toda su alma y corazón dirige el rostro hacia el Omnipotente, buscando Su amistad y deseando Su amor y Su compañía. Para el amante no hay mayor placer que conversar con su amado y para el buscador no hay merced más grande que la intimidad con el objeto de su deseo. El mayor anhelo de toda alma atraída al Reino de Dios es hallar tiempo para volverse con entera devoción hacia su Bienamado, para buscar Su favor y Su bendición y sumergirse en el océano de la comunión, el ruego y la súplica. Más aún, la oración obligatoria y el ayuno despiertan y hacen consciente al ser humano y conducen a su protección y resguardo contra las pruebas.


VIII. Fortalece los cimientos de la Fe de Dios y adora al Omnipotente. Sé constante en ofrecer la oración obligatoria y ten en cuenta el ayuno. Día y noche dedícate a rezar, suplicar e implorar, especialmente a las horas fijadas.


IX. Las oraciones obligatorias han sido consignadas por la Pluma del Altísimo y se ha hecho mención de ellas en las "Preguntas y Respuestas" en persa, que complementan el Kitáb-i-Aqdas. Son claramente preceptivas y sin duda todos deben llevar a cabo una de estas tres oraciones ...
Con la adoración, el hombre se torna espiritual, su corazón es atraído, su alma y su ser interior logran tal ternura y júbilo que la oración obligatoria le infunde nueva vida. Por eso en la Tabla de Visitación se ha revelado: "Suplico a Dios, por Ti y por aquellos cuyos rostros han sido iluminados con los resplandores de la luz de Tu semblante y que, por amor a Ti, han observado todo lo que les fue ordenado"iii. Está claro, entonces, que el amor a la belleza del Todomisericordioso mueve a adorar a Dios Omnipotente.


X. ¡Oh siervo de Dios! Cada mañana la infinita gracia de Dios confirma las ardorosas e implorantes súplicas de 'Abdu'l-Bahá. Por tanto, que cada alma despierta obtenga, en la medida de su capacidad, parte de esta gracia espiritual. Esto se logra ofreciéndole fervorosamente a Dios oraciones y súplicas a cada amanecer y observando la ley de la oración obligatoria. Que su olfato se deleite así con los fragantes aromas que se difunden desde el jardín de la generosidad de Dios, alcance su alma una nueva vida y su ser interior refleje los resplandores del Todo Misericordioso.


XI. La oración obligatoria hace que el corazón se vuelva receptivo al Reino divino. Se está a solas con Dios, se conversa con Él y se adquieren dones. De igual manera, si se lleva a cabo la oración obligatoria con el corazón en estado de suprema pureza, se obtienen las confirmaciones del Espíritu Santo, lo cual hace desaparecer completamente el amor a uno mismo. Espero que perseveres en la recitación de la oración obligatoria y llegues así a ser testigo del poder del ruego y de la súplica.


XII. Has escrito acerca de la oración obligatoria. Esa oración es preceptiva e imperativa para todos. Sin lugar a dudas, guía a todos a observarla. Porque es como una escalera para el alma, una lámpara para el corazón del justo y el agua de vida proveniente del jardín del paraíso. Es un deber claro, prescrito por el Todomisericordioso, y de ninguna manera se permite retrasar o descuidar su cumplimiento.


XIII. La oración obligatoria y las súplicas hacen que el hombre llegue al reino de los misterios y a la adoración del Supremo. Otorgan cercanía a Su umbral. Hay un placer en la ofrenda de oraciones que es superior a todos los demás placeres y hay una dulzura en la recitación y el cantar de los versículos de Dios que es el mayor deseo de todos los creyentes, tanto hombres como mujeres. Cuando se recita la oración obligatoria, se conversa íntimamente y se comparten secretos con el verdadero Amado. No hay placer mayor que éste, si se procede con el alma desprendida, con lágrimas desbordantes, con corazón confiado y espíritu anhelante. Todo gozo es terrenal salvo éste, cuya dulzura es divina.


XIV. La oración obligatoria es la base misma de la Causa de Dios. A través de ella, el corazón se llena de vitalidad y júbilo. Aunque me encuentre rodeado de todas las penas, en cuanto entablo conversación con Dios a través de la oración obligatoria, todas mis tristezas desaparecen y alcanzo regocijo y alegría. Me sobreviene un estado que soy incapaz de describir o expresar. Cuando, con total consciencia y humildad, nos dispongamos a hacer la oración obligatoria ante Dios, y la recitemos con ternura de corazón, sentiremos una dulzura tal como para dotar de vida eterna a toda la existencia.


XV. Cumple la oración obligatoria que tienes disponible, para que se abra la puerta de la generosidad y se alcance plena espiritualidad, se presencien grandes signos y se logre ascenso espiritual.


XVI. Persevera en el uso de la oración obligatoria y las súplicas matutinas para que día a día crezca tu consciencia, y con el poder del conocimiento de Dios puedas disipar los velos de error de los que dudan y conducirlos a Su guía infalible. En toda reunión, al igual que una vela, debieras emitir la luz del Conocimiento divino.


XVII. Recita la oración obligatoria y las súplicas tanto como puedas para que, día a día, adquieras mayor firmeza y constancia y aumente tu regocijo y alegría. De esta forma se ensanchará en ti el círculo del conocimiento divino y crecerá dentro de ti el fuego del amor a Dios.


XVIII. Las oraciones obligatorias y las súplicas son la verdadera agua de vida. Son la causa de la existencia, del refinamiento del alma y de que ésta alcance el máximo regocijo. Ten mucho cuidado en relación con esto y anima a los demás a recitar las oraciones obligatorias y las súplicas.


XIX. ¡Oh siervo del Señor Verdadero! La oración obligatoria y las demás súplicas son esenciales para la servidumbre hacia el Suficiente. ... Cuando se unen las oraciones obligatorias con otras oraciones, una después de otra, se perfecciona la devoción. Se puede ver que las dos son compañeras espirituales y como un alma en dos cuerpos. Que Dios os ayude a todos a crecer en el amor y el compañerismo.


XX. Al rezar la oración obligatoria, uno debe volverse hacia la Santa Realidad de Bahá'u'lláh, Realidad que abarca a todas las cosas.


XXI. En cuanto a la oración obligatoria, ésta tiene una Alquibla fija, determinada, santa y bendita. Pido a Dios que abra a tu corazón la puerta del conocimiento de esta estación para que puedas comprender lo que es necesario y apropiado, adquirir dones espirituales del cielo del Todomisericordioso, obtener los resplandores del conocimiento del Sol de la Realidad y llegar a ser una manifestación de inspiración del Invisible y una fuente de buenas nuevas del Todomisericordioso.


XXII. En cuanto a la oración obligatoria, ésta debe recitarse individualmente, pero no necesita ser en un lugar privado.


XXIII. ¡Oh siervo del santo umbral! Has preguntado sobre las oraciones que se hacen además de las que han sido prescritas, es decir las que se recomiendan, las invocaciones y las súplicas honradas por la tradición. En esta Dispensación, lo que ha sido expresamente prescrito es obligatorio. Pero el culto individual, las invocaciones, las oraciones voluntarias y las recomendadas especialmente no son preceptivas. No obstante, el recitar cualquier oración individualmente después de la oraciones obligatorias es agradable y aceptable, pero no se ha señalado ninguna en particular.


XXIV. Las disposiciones que son obligatorias y los decretos que son preceptivos son los que han procedido de la Pluma Suprema o que proceden de una decisión de la Casa Universal de Justicia. Pues nosotros somos quienes recibimos órdenes, no quienes las damos; nosotros somos a quienes se les imponen deberes, no los que imponen deberes. Ésa es la realidad de la ley de Dios y la base de la religión de Dios. En cuanto a las súplicas y las invocaciones, quien lo desee puede, después de las oraciones obligatorias, recitar otras súplicas de la Bendita Perfección.


XXV. Has preguntado acerca del ayuno. Éste es un asunto de suma importancia y debes hacer el máximo esfuerzo por observarlo. Es un principio básico de la ley divina y uno de los pilares de la religión de Dios.


XXVI. Bienaventurados sois, pues habéis seguido la Ley de Dios y os habéis levantado para observar el ayuno durante estos benditos días, porque este ayuno físico es símbolo del ayuno espiritual. Este ayuno conduce a limpiar el alma de todos los deseos egoístas, a adquirir atributos espirituales, a ser atraído por las brisas del Todomisericordioso y a encenderse con el fuego del amor divino.


XXVII. El ayuno es la causa de la elevación de la estación espiritual de la persona.



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ORACIONES DE BAHÁ'U'LLÁH PARA EL AYUNO


I. Éste es, oh mi Dios, el primero de los días en los que has ordenado a Tus amados observar el ayuno. Yo Te pido por Ti mismo y por quien haya ayunado por amor a Ti y a Tu complacencia - y no por egoísmo ni deseo, ni por temor de Tu ira - y por Tus muy excelentes nombres y augustos atributos, que purifiques a Tus siervos del amor a nadie salvo a Ti y que los atraigas hacia el Punto de Amanecer de las luces de Tu semblante y la Sede del trono de Tu unicidad. Ilumina sus corazones, oh mi Dios, con la luz de Tu conocimiento y alumbra sus rostros con los rayos del Sol que brilla en el horizonte de Tu Voluntad. Potente eres para hacer lo que Te place. No hay otro Dios sino Tú, el Todoglorioso, Cuya ayuda todos los hombres imploran.
Ayúdales, oh mi Dios, a hacerte victorioso y a exaltar Tu Palabra. Permite, entonces, que se conviertan en manos de Tu Causa entre Tus siervos, y haz que sean reveladores de Tu religión y de Tus signos entre la humanidad, de tal forma que todo el mundo se llene con Tu recuerdo y alabanza, y con Tus pruebas y evidencias. Tú eres, verdaderamente, el Munífico, el Más Exaltado, el Potente, el Poderoso y el Misericordioso.


II. ¡En el Nombre de Quien ha sido prometido en los Libros de Dios, el Omnisciente, el Informado de todo! Han llegado los días de ayuno, en que los siervos que circulan alrededor de Tu trono han ayunado y han alcanzado Tu presencia. Di: ¡Oh Dios de los nombres y creador del cielo y de la tierra! Te suplico por Tu Nombre, el Todoglorioso, que aceptes el ayuno de quienes han ayunado por amor a Ti y por Tu complacencia y han realizado lo que les has ordenado en Tus Libros y Tablas. Te imploro por ellos que me asistas en la promoción de Tu Causa y me hagas firme en Tu amor, para que mis pasos no vacilen ante el clamor de Tus criaturas. En verdad, Tú eres potente para hacer lo que desees. No hay otro Dios más que Tú, el Vivificador, el Omnipotente, el Más Generoso, el Anciano de Días.


III. ¡Alabanzas a Ti, oh Señor mi Dios! Hemos observado el ayuno en conformidad con Tu mandato y lo rompemos ahora mediante Tu amor y complacencia. Dígnate aceptar, oh mi Dios, las acciones que hemos realizado en Tu camino enteramente por Tu belleza con nuestros rostros vueltos hacia Tu Causa, libres de cuanto no seas Tú. Concédenos, pues, Tu perdón, a nosotros, a nuestros padres y a todos los que han creído en Ti y en Tus poderosos signos en esta muy grande y gloriosísima Revelación. Potente eres para hacer lo que elijas. Tú, verdaderamente, eres el Más Exaltado, el Omnipotente, el Libre.


IV. ¡Oh mi Dios y mi Maestro! Tú me ves entre Tus criaturas que se han rebelado y han transgredido contra Ti. Cada vez que los invito al océano de Tu conocimiento, aumenta su repudio de Tu Causa y crece su rechazo al Punto de Amanecer de Tu Voluntad. Te suplico, oh mi Dios, por los que han ayunado por amor a Ti y han bebido de las aguas vivas de la sumisión de las manos de Tu generosidad, que ordenes para Tus amados, quienes bajo el ardor del astro de Tus pruebas se han aferrado a la cuerda de la paciencia, todo lo bueno que has dispuesto en Tus Libros y Tus Tablas. Decreta, pues, para los que han sido afligidos con adversidades por amor a Ti la recompensa de los que han sufrido el martirio en el camino de Tu complacencia. Envía, además, para ellos, oh Señor, lo que regocije sus corazones, dé solaz a sus ojos y deleite sus almas. Tú, verdaderamente, eres el Omnipotente, el Más Exaltado, Quien ayuda en el peligro, el Omnisciente, el Sapientísimo.


V. ¡Alabado seas, oh Dios, mi Dios! Éstos son los días en que has ordenado a Tus elegidos, Tus amados y Tus siervos observar el ayuno, el cual has hecho que sea una luz para los moradores de Tu reino, tal como hiciste que la oración obligatoria sea una escala de ascenso para los que reconocen Tu unidad. Te suplico, oh mi Dios, por estos dos poderosos pilares, que has ordenado ser gloria y honor para toda la humanidad, que guardes a Tu religión de las intrigas de los infieles y de las conspiraciones de los malvados. Oh Señor, no ocultes la luz que has revelado mediante Tu fuerza y Tu omnipotencia. Ayuda, pues, a los que verdaderamente creen en Ti con las huestes de lo visible y lo invisible mediante Tu mandato y Tu soberanía. No hay más Dios que Tú, el Omnipotente, el Más Poderoso.


VI. ¡Exaltado eres Tú, oh Señor mi Dios! Te imploro por aquellos a quienes has ordenado observar el ayuno por Tu amor y complacencia, quienes han demostrado su lealtad a Tu ley y han seguido Tus versículos y preceptos, y quienes han roto su ayuno mientras disfrutaban de Tu cercanía y veían Tu semblante. ¡Por Tu gloria! Ya que se vuelven a la corte de Tu complacencia, todos sus días son días de ayuno. Si la boca de Tu voluntad se dirigiere a ellos diciendo: "Observad, por Mi belleza, el ayuno, oh pueblo, y no fijéis límite alguno a su duración", juro por la majestad de Tu gloria que cada uno de ellos lo observará fielmente, se abstendrá de todo lo que viole Tu ley y continuará haciéndolo hasta que entregue su alma a Tiiv; pues han probado la dulzura de Tu llamamiento y se han embriagado con Tu recuerdo y alabanza y con las palabras procedentes de los labios de Tu mandato.
Te imploro, oh Señor, por Ti mismo, el Exaltado, el Altísimo, y por Tu Más Reciente Manifestación, mediante Quien se convulsionó el reino de los nombres y el dominio de los atributos, y se embriagaron los habitantes de la tierra y del cielo, y temblaron todos los que habitan en los reinos de la Revelación y la creación excepto los que han ayunado absteniéndose de todo lo que es repugnante a Tu complacencia y se han contenido de dirigirse a otro que no seas Tú, que nos incluyas entre ellos y que consignes nuestros nombres en la Tabla en la que has inscrito sus nombres. Oh Dios, a través de las maravillas de Tu poder y los signos de Tu soberanía y grandeza hiciste salir sus nombres del mar de Tus nombres, creaste su esencia interior de la sustancia de Tu amor, y su íntimo ser del espíritu de Tu Causa. Su reunión no va seguida de separación, su cercanía no conoce la lejanía, y su perpetuidad no tiene fin. Verdaderamente, éstos son siervos que siempre hablan de Ti, eternamente circulan a Tu alrededor, y giran en torno del santuario de Tu presencia y de la Caaba de la reunión contigo. Tú has ordenado, oh mi Dios, que no haya distinción entre ellos y Tú, excepto que cuando vieron las luces de Tu semblante, volvieron sus rostros hacia Ti, y se postraron ante Tu belleza, sumisos ante Tu grandeza y desprendidos de todas las cosas salvo de Ti.
Hemos ayunado en este día, oh mi Dios, por Tu orden y Tu mandato de acuerdo con lo que has revelado en Tu Libro manifiesto. Hemos resguardado nuestras almas de la pasión y de todo lo que aborreces hasta que terminó el día y llegó la hora de romper el ayuno. Por ello, Te imploro, oh Deseo de los corazones de los ardientes amantes y Bienamado de las almas de los que están dotados de entendimiento, oh Éxtasis del corazón de los que Te anhelan y Objeto del deseo de los que Te buscan, que hagas que nos remontemos a la atmósfera de Tu cercanía y el cielo de Tu presencia, y que aceptes de nosotros lo que hemos realizado en el camino de Tu amor y complacencia. Escribe, pues, nuestros nombres, entre los que han reconocido Tu unicidad y han confesado Tu singularidad y se han humillado ante las evidencias de Tu majestad y las señales de Tu grandeza, los que se han refugiado en Tu cercanía y buscado Tu protección, quienes han consumido sus vidas en su anhelo de reunirse contigo y alcanzar la corte de Tu presencia y quienes han dado la espalda al mundo por amor a Ti y han cortado el lazo con todo lo que no seas Tú en su anhelo de acercarse a Ti. Éstos son siervos cuyos corazones se derriten de ardiente deseo por Tu belleza al mencionar Tu Nombre y cuyos ojos se inundan de lágrimas en sus ansias de encontrarte y entrar en los recintos de Tu corte.
Ésta es, oh mi Señor, mi lengua que da testimonio de Tu unicidad e incomparabilidad; éstos, mis ojos que ven la sede de Tu generosidad y múltiples gracias; y éstos, mis oídos que están listos para escuchar Tu llamamiento y Tu expresión; pues tengo la seguridad, oh mi Dios, de que has decretado que sean inagotables las palabras que proceden de la boca de Tu voluntad, y a ellas están siempre atentos los oídos que has santificado para oír Tus palabras y versículos. Y éstas son mis manos, oh mi Señor, levantadas hacia el cielo de Tu favor y tierna misericordia. ¿Vas a rechazar, entonces, a este pobre que no ha tomado para sí otro amado que no seas Tú, a ningún donador salvo a Ti, ni rey alguno sino Tú, ni protección alguna salvo a la sombra de Tu misericordia, ni refugio alguno excepto ante Tu puerta, la cual has abierto para todos los que habitan en Tu cielo y en Tu tierra? ¡No, por Tu gloria! Soy aquel cuya confianza en Tu amorosa bondad seguirá igual aunque me afligieras con tormentos a lo largo de todo Tu dominio; y si alguien me preguntara sobre Ti, cada miembro de mi cuerpo proclamaría: "¡Él es amado en Sus actos y obedecido en Su decreto, misericordioso en Su naturaleza y compasivo con Sus criaturas!"
Tu poder me atestigua, oh Bienamado de los corazones de los que Te anhelan, que si me echaras de Tu puerta y me abandonaras a las espadas de los tiranos de entre Tus siervos y a las varas de los impíos entre Tus criaturas, y si alguien me preguntara sobre Ti, cada vello de mi cuerpo aún declararía: "¡Él es, en verdad, el Más Amado de los mundos; Él es el Más Munífico; Él es el Sempiterno! Él me atrae al tiempo que me distancia de Sí; Él me otorga Su santuario al tiempo que me priva de Su presencia. A nadie he encontrado más misericordioso que Él, por Quien he llegado a ser independiente de todo salvo de Él y he sido elevado por encima de todo excepto de Él".
Bienaventurado aquel, oh mi Dios, que ha sido tan enriquecido por Ti como para volverse independiente de los reinos de la tierra y del cielo. Rico es aquel que se ha aferrado firmemente a la cuerda de Tu riqueza, es sumiso ante Tu rostro, y para quien Tú eres suficiente por encima de todas las cosas. Pobre es aquel que ha prescindido de Ti, se ha vuelto orgulloso ante Ti, se ha apartado de Tu presencia y no ha creído en Tus signos. Haz, pues, oh mi Dios y mi Bienamado, que yo sea contado entre quienes las brisas de Tu voluntad mueven a su arbitrio; no entre los que el viento del yo y la pasión mueve y dirige a su antojo. No hay otro Dios sino Tú, el Omnipotente, el Exaltado, el Más Generoso.
Toda gloria sea para Ti, oh mi Dios, pues mediante Tu gracia me has permitido ayunar durante este mes que has relacionado con Tu Nombre, el Más Exaltado, y has llamado 'Alá (Sublimidad). Tú has ordenado que durante él ayunen Tus siervos y Tu pueblo y así procuren acercarse más a Ti. Los días y los meses del año han culminado con el ayuno, al igual que el primer mes empezó con Tu Nombre, Bahá, para que todos den testimonio de que Tú eres el Primero y el Último, el Manifiesto y el Oculto, y estén bien seguros de que la gloria de todos los nombres sólo se confiere mediante la gloria de Tu Causa y la palabra expuesta por Tu voluntad y revelada mediante Tu propósito. Tú has ordenado que este mes sea un recuerdo y un honor de Tu parte, y un signo de Tu presencia entre ellos, para que no olviden Tu grandeza y Tu majestad, Tu soberanía y Tu gloria, y estén bien seguros de que desde tiempo inmemorial siempre has sido y siempre serás el Soberano de toda la creación. Ninguna cosa creada en los cielos o en la tierra puede impedirte gobernar, ni tampoco puede nadie de los reinos de la Revelación y la creación impedir que cumplas Tu propósito.
Te imploro, oh mi Dios, por Tu nombre mediante el cual todos los linajes de la tierra se han lamentado, excepto los que has cobijado con Tu infalible protección y resguardado a la sombra de Tu trascendente misericordia, que nos hagas tan firmes en Tu Causa y constantes en Tu amor que si Tus siervos se alzaran contra Ti y Tu pueblo se apartara de Ti, y no quedara nadie en Tu tierra que invocase Tu nombre o volviera su rostro hacia el santuario de la comunión contigo y la Caaba de Tu santidad, aun así me levantaría, a solas y sin compañía, para hacer victoriosa a Tu Causa, para exaltar Tu palabra, proclamar Tu soberanía y celebrar la alabanza de Tu augusto Ser. Y ello, oh Señor, a pesar de que cada vez que me aventuro a ensalzarte con cualquier nombre, me inunda la perplejidad, pues estoy plenamente consciente de que todos Tus exaltados atributos y todos los muy excelentes nombres que asocio contigo y por los que Te suplico en Tu sagrada presencia no reflejan otra cosa que la medida de mi propio entendimiento, pues siempre que he considerado un nombre loable, lo he asociado contigo.
Inmensamente exaltado es Tu verdadero estado por encima de la descripción o el conocimiento de nadie salvo de Ti, y santificado eres por encima de la glorificación de Tus criaturas y la alabanza de Tus siervos en sus intentos de ascender a Ti. Todo lo que surja de Tus siervos está limitado por las limitaciones de su propio ser y es creado por sus propias vanas fantasías e imaginaciones.
¡Ay, oh mi Bienamado, ay de mi incapacidad para alabarte adecuadamente y de mis faltas durante Tus días! Si Te aclamo, oh mi Dios, como Aquel que sabe todas las cosas, al momento percibo que si señalaras a una roca muda con un solo dedo de Tu voluntad, la capacitarías para desentrañar el conocimiento de todas las edades pasadas y futuras; y si Te ensalzo como el Omnipotente, encuentro que una sola palabra procedente de la boca de Tu propósito es suficiente para convulsionar los cielos y la tierra.
Tu gloria me lo atestigua, oh Bienamado de todos los que Te reconocen: si un erudito no confesara su ignorancia ante las revelaciones de Tu conocimiento, se le contaría como el más ignorante de Tu pueblo; y si alguno de los poderosos se negara a admitir su debilidad ante las evidencias de Tu poder, se le consideraría la más débil y desatenta de Tus criaturas. Dado mi conocimiento y certeza de que esto es así, ¿cómo puedo ensalzarte o describirte y alabarte? Por ello, conociendo mi debilidad, me he apresurado en ir hacia el amparo de Tu fuerza; y viendo mi pobreza, he buscado refugio a la sombra de Tu riqueza; y reconociendo mi impotencia, me he levantado para presentarme ante el tabernáculo de Tu poder y fuerza. ¿Vas a rechazar a este pobre después de que él no ha acudido a otro más que a Ti como su auxiliador, y vas a abandonar a este extraño después de que él no ha encontrado a otro más que a Ti como su verdadero amado?
Tú conoces todo lo que hay en mí, oh Señor, pero yo no conozco lo que hay en Ti. Ten, pues, misericordia de mí mediante Tu amorosa providencia e inspírame con lo que traerá paz a mi corazón durante Tus días y tranquilizará mi alma mediante las revelaciones de Tu sagrada presencia. Todas las cosas creadas han sido iluminadas con los esplendores de las luces de Tu semblante, oh Señor, y los moradores de la tierra y del cielo brillan resplandecientes en virtud de las manifestaciones de Tu incomparable majestad, de tal modo que no veo nada sin antes percibir en ello la revelación de Ti mismo, una revelación que está oculta a la vista de aquellos siervos Tuyos que yacen profundamente dormidos.
No me prives, oh mi Señor, de Tu gracia que ha abarcado todos los reinos de la existencia, ya sea visible o invisible. ¿Vas a permanecer alejado, oh mi Dios, después de haber invitado a toda la humanidad a volver y acercarse a Ti, y de haberla instado a aferrarse a Tu cuerda? ¿Vas a rechazarme, oh mi Amado, cuando en Tu Libro incorruptible y en Tus maravillosos versículos has prometido reunir a todos los que Te anhelan dentro del pabellón de Tu bondadosa providencia, y a los que Te desean, al amparo de Tu bondadoso favor, y a los que Te buscan, bajo el dosel de Tu misericordia y amorosa bondad?
¡Juro por Tu poder, oh mi Dios, que mis lamentos me han detenido el corazón y sus gemidos me han quitado las riendas de las manos! Siempre que me tranquilizo y se alegra mi alma con las maravillas de Tu misericordia, con los signos de Tu magnánima providencia y las evidencias de Tu generosidad, tiemblo ante las manifestaciones de Tu justicia y los signos de Tu ira. Reconozco que eres conocido por estos dos nombres y descrito por estos dos atributos, sin embargo, Te es igual si Te invocan por Tu nombre "Quien siempre perdona" o por Tu nombre "el Iracundo". Por Tu gloria, si no fuera por mi conocimiento de que Tu misericordia sobrepasa todas las cosas, los miembros de mi cuerpo habrían dejado de existir, mi realidad se habría extinguido y mi ser interior se habría reducido a la nada absoluta. Pero cuando veo que Tu gracia abarca todas las cosas y Tu misericordia abraza a toda la creación, mi alma y mi ser interior alcanzan total confianza.
¡Ay, oh mi Dios, ay por las cosas que he dejado pasar durante Tus días! y, otra vez, ¡ay, oh Deseo de mi corazón, ay por lo que he dejado sin hacer en Tu servicio y obediencia durante estos días, nada semejante a los cuales han presenciado jamás los ojos de Tus elegidos y fiduciarios! Te imploro, oh mi Señor, por Ti mismo y por la Manifestación de Tu Causa, Quien está sentado en el trono de Tu misericordia, que me confirmes en Tu servicio y complacencia. Protégeme, pues, de los que se han apartado de Ti y no han creído en Tus versículos, quienes han negado Tu verdad, se han resistido a Tus evidencias y han violado Tu Alianza y testamento.
Toda alabanza, oh Señor mi Dios, sea para Quien es la Manifestación de Tu Esencia, la Aurora de Tu unicidad, la Mina de Tu conocimiento, la Fuente de Tu Revelación, el Depósito de Tu inspiración, la Sede de Tu soberanía y el Punto de Amanecer de Tu Divinidad, Quien es el Punto Primordial, el Más Exaltado Semblante, la Antigua Raíz y el Vivificador de las naciones; y la gloria sea con aquel que fue el primero en creer en Élv y en Sus versículos, a quien hiciste que fuera un trono para el ascenso de Tu muy sublime Palabra, un punto focal para la manifestación de Tus muy excelentes nombres, una aurora para el brillo del Sol de Tu providencia, un punto de amanecer para la aparición de Tus nombres y atributos y un tesoro de perlas de Tu sabiduría y Tus mandamientos. Y todo honor sea para quienvi fue el último en llegar a Él, cuya llegada fue como Su llegada, y Tu manifestación en élvii como Tu manifestación en Élviii, salvo que él fue iluminado con las luces de Su rostro y se postró ante Él y dio testimonio de su servidumbre a Él; y la gloria sea con los que fueron martirizados en Su camino y ofrecieron su vida por amor a Su belleza.
Damos testimonio, oh mi Dios, de que éstos son siervos que han creído en Ti y en Tus signos, han buscado el santuario de Tu presencia y se han vuelto hacia Tu semblante, han dirigido sus rostros hacia la corte de Tu cercanía y han recorrido el camino de Tu complacencia, Te han adorado según Tu deseo y se han desprendido de todo salvo de Ti. Oh Señor, confiere en todo tiempo a sus espíritus y sus cuerpos una porción de las maravillas de Tu misericordia que abarca todas las cosas. Tú, verdaderamente, eres poderoso para hacer lo que Te place. No hay Dios salvo Tú, el Omnipotente, el Todoglorioso, Cuya ayuda imploran todos los hombres.
Te suplico, oh Señor, por Él y por ellos, y por Aquel a Quien has establecido en el trono de Tu Fe y has hecho que predomine por encima de todos los moradores de la tierra y del cielo, que nos purifiques de nuestras transgresiones, que ordenes para nosotros una sede de verdad en Tu presencia y hagas que nos asociemos con aquellos a quienes las adversidades y contratiempos del mundo no han impedido que se vuelvan hacia Ti. Tú eres, verdaderamente, el Omnipotente, el Más Exaltado, el Protector, Quien siempre perdona, el Más Misericordioso.




* * *






NOTAS

i Tradición atribuida al Imám 'Alí
ii "Suplico a Dios ... les fue ordenado", traducido al inglés por Shoghi Effendi; véase Prayers and Meditations by Bahá'u'lláh, CLXXX
iii Ibíd.
iv "'Observad, por Mi belleza, el ayuno ... entregue su alma a Ti", traducido al inglés por Shoghi Effendi; véase Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh, CLX
v Mullá ?usayn
vi Quddús
vii Ídem
viii El Báb


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Die Bedeutung von Pflichtgebet und Fasten á Textzusammenstellung á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 1.03 (O-2021-06-12)

Die Bedeutung von Pflichtgebet und Fasten
Textzusammenstellung

Vorwort

Das Universale Haus der Gerechtigkeit hat in den vergangenen vier Jahren die erweiterte Anwendbarkeit der Gesetze Bahá’u’lláhs geprüft und beschlossen, dass es für alle Bahá’í unerlässlich ist, »ihr Bewusstsein dafür zu vertiefen, welche Segnungen die Gesetze zur Förderung des spirituellen Lebens des Gläubigen und damit der Gemeinde verleihen.«A1 Zu diesen Gesetzen gehören Pflichtgebet und Fasten, die von der Gesegneten Schönheit als »zwei Schwingen für des Menschen Leben«A2 charakterisiert wurden.
Für die vorliegende Auswahl neuer autorisierter Übersetzungen wurde das unendliche Meer der Originalschriften von Bahá’u’lláh und ‘Abdu’l-Bahá in Anspruch genommen. Sie beabsichtigt, das Verständnis der Gläubigen für die weitreichende Bedeutung dieser beiden großen Gesetze zu stärken.
Mai 2000

Aus den Schriften Bahá’u’lláhs

1.

Alles, was Wir in Unserem Buch niederlegten, ist fürwahr ein Beweis der Gnade für die, so an Gott, den Allmächtigen, den Beschützer, den Selbstbestehenden, glauben. Und Wir verordneten Pflichtgebet und Fasten damit alle Gott, dem Mächtigsten, dem Inniggeliebten, näher kommen. Diese beiden Gesetze haben Wir niedergeschrieben und jedes unumstößliche Gebot erläutert. Den Menschen verboten Wir, was sie weg von der Wahrheit leite und Wir geboten ihnen, was sie Ihm nahen lässt, dem Allmächtigen, dem Allliebenden. Sprich: Befolgt Gottes Gebote aus Liebe zu Seiner Schönheit und zählt nicht zu denen, die den Törichten und Verworfenen folgen.

2.

Aller Preis sei Gott, der das Gesetz des Pflichtgebets Seinen Dienern zur Mahnung offenbarte und ihnen das Fasten auferlegte, damit, wer sein Auskommen hat, vertraut werde mit dem Leid der Bedürftigen.

3.

Wer weder gute Werke vollbringt noch die Andacht verrichtet, der gleicht einem Baum, der keine Frucht trägt, und einem Tun, das keine Spuren hinterlässt. Wer die heilige Verzückung des Gebets kennt, wird nicht bereit sein, Andacht und Gotteslob für alle Schätze der Welt einzutauschen. Fasten und Pflichtgebet sind wie zwei Flügel für des Menschen Leben. Selig, wer sich mit ihrer Hilfe aufschwingt in den Himmel der Liebe Gottes, des Herrn aller Welten.

4.

Haltet euch an Pflichtgebet und Fasten. Wahrlich, die Religion Gottes gleicht dem Himmel: das Fasten ist seine Sonne und das Pflichtgebet sein Mond. Sie sind fürwahr die Pfeiler der Religion. Durch sie werden die Rechtschaffenen von denen unterschieden, die Sein Gebot übertreten. Wir flehen zu Gott, gepriesen und verherrlicht sei Er, alle gnädiglich zu befähigen das zu befolgen, was Er in Seinem urewigen Buch offenbarte.

5.

Wisse, die Religion gleicht dem Himmel, Fasten und Pflichtgebet der Sonne und dem Mond. Wir flehen zu Gott, gepriesen und verherrlicht sei Er, einem jeden gnädig zu helfen, der nach Seinem Willen und Wohlgefallen handelt.

6.

Seid nicht nachlässig mit Pflichtgebet und Fasten. Wer sie versäumt, war nie annehmbar in den Augen Gottes, noch wird er es jemals sein. Folgt unbedingt der Weisheit. Er hat wahrlich allen geboten das zu befolgen, was ihnen nützlich war und sein wird. Er ist in Wahrheit der Allgenügende, der Höchste.

7.

Solcherart ward das Pflichtgebet von der Feder des Allhöchsten herab gesandt, dass es die Herzen auflodern lässt und die Seelen und Gedanken der Menschen gefangen nimmt.

8.

Das Pflichtgebet wurde so offenbart, dass der, der es mit losgelöstem Herzen spricht, und sei es auch nur ein einziges Mal, sich der Welt gänzlich entrückt finden wird.

9.

O Mein Bruder! Wie erhaben, wie unermesslich erhaben kann das Gebot des täglichen Pflichtgebetes sein, wenn man durch Seine Gnade und liebende Güte fähig wird, es zu erfüllen. Wer das Pflichtgebet zu sprechen wünscht, der betrachte sich als von allem Erschaffenen gelöst, als völliges Nichts vor Gottes Willen. Nichts sehe er in der Welt des Seins, als Ihn allein. Dies ist der Zustand der Begünstigten Gottes und derer, die Ihm ganz ergeben sind. Wer solcherart das Pflichtgebet spricht, den zählen Gott und die erhabene Schar zu denen, die wahrhaft das Gebet darbringen.

10.

Zum Gehorsam gegenüber dem Gesetz gehört die Verrichtung des Pflichtgebets. Er, der Überbringer göttlicher Geheimnisse, hat es die Leiter zum Himmel genannt. Er sprach: »Das Pflichtgebet ist eine Leiter des Aufstiegs für den Gläubigen.«A3 In ihm sind unzählige Wirkungen und Gunstbezeigungen verborgen. In der Tat, es sind mehr, als man je zählen kann. Wie gleichgültig wäre ein Mensch, wie ungerecht sich selbst gegenüber, ließe er diese Himmelsleiter fahren und hielte sich fest an irdischen Schätzen. Wir hoffen, dass uns geholfen wird, reine und annehmbare Taten zu vollbringen. Wir flehen zu Gott, erhaben und verherrlicht sei Er, uns in dem zu bestätigen, was Er wünscht und was Ihm wohlgefällt und in allem, was uns Ihm nahe bringt. Wahrlich, Er ist der Starke, der Allmächtige, der die Gebete aller Menschen erhört.

11.

Später wurden neue Pflichtgebete offenbart, darunter das lange Pflichtgebet. Dieses sollte dann gesprochen werden, wenn man in Gebetsstimmung ist. Fürwahr, es ward solcherart offenbart, dass, spräche man es zu einem Felsen, sich dieser regte und begänne zu reden; und spräche man es zu einem Berg, dass der Berg sich bewegte und zerflösse. Wohl dem, der es spricht und Gottes Gebote erfüllt. Es genügt, eines dieser Gebete zu lesen.

12.

Wir flehen zu Gott Seinem Volk beizustehen, das größte und erhabenste Fasten zu halten. Es ward dazu bestimmt, ihre Augen vor Verbotenem zu schützen und sich Speise, Trank und all dessen zu enthalten, was nicht von Ihm ist. Wir beten zu Gott, Seine Geliebten zu bestätigen, damit sie erreichen, was ihnen an diesem Tage geboten ward.

13.

Gepriesen sei Er, der nach Seinem Wohlgefallen Gesetze offenbarte. Wahrlich, Er herrscht uneingeschränkt über alles, was Er wünscht. O Meine Freunde! Handelt nach dem, was euch im Buche verordnet ward. Das Fasten wurde euch bestimmt im Monat ‘Alá. Fastet um eures Herrn willen, des Mächtigen, des Höchsten. Zügelt euch von Sonnenaufgang bis Sonnenuntergang. So lehrt euch der Geliebte der Menschheit, wie von Gott, dem Allmächtigen, dem Ungehinderten geheißen. Niemand darf die Grenzen überschreiten, die Gott und Sein Gesetz gezogen haben, keiner soll seinem eitlen Wahn folgen. Wohl dem, der Meine Gebote befolgt aus Liebe zu Meiner Schönheit, und wehe dem, der den Morgen der Befehlsgewalt missachtet in den Tagen seines Herrn, des Allmächtigen, des Allbezwingenden.

14.

Diese Nacht ist eine der Nächte der Fasten und die Zunge der Größe und Herrlichkeit verkündet zu dieser Stunde: Es ist kein Gott außer Mir, dem allmächtigen Beschützer, dem Selbstbestehenden. Wir haben wahrlich allen befohlen, in diesen Tagen das Fasten zu halten als Gnade für euch. Die Menschen aber bemerken es nicht, außer jenen, die Gottes Absicht begreifen, wie sie sich in Seinen Gesetzen offenbart, und Seine Weisheit erkennen, die alle Dinge durchdringt, sichtbar und unsichtbar. Sprich: Bei Gott! Sein Gesetz ist deine feste Burg, könntest du es doch verstehen. Wahrlich, Er hat dabei kein anderes Ziel, als die Seelen Seiner Diener zu erheben. Doch ach, die meisten Menschen bemerken es in ihrer Achtlosigkeit nicht. Haltet euch fest am Seil der Gesetze Gottes und folgt nicht jenen, die sich vom Buche abgewandt haben, denn wahrlich, sie haben sich Gott, dem Mächtigen, dem Geliebten, widersetzt.

15.

Dies sind die Tage des Fastens. Selig ist, wessen Liebe durch die Inbrunst des Fastens wächst und wer sich mit strahlender Freude erhebt, um würdige Taten zu vollbringen. Wahrlich, Er führt, wen immer Er will, auf den geraden Pfad.

16.

Fasten ist äußerlich betrachtet schwierig und mühsam; doch in Wirklichkeit ist es eine Gnade und führt zu innerer Ruhe. Läuterung und Erziehung sind nur die Folge solcher Exerzitien, die dem Buche Gottes entsprechen und durch das göttliche Gesetz bestätigt wurden, und nicht von dem, was Irregleitete dem Volke auferlegt haben. Was immer Gott offenbarte, entspricht der Seele. Wir bitten Ihn, dass Er uns gnädig beistehe zu tun, was Ihm gefällt.

17.

Wahrlich, ich sage, Fasten ist das beste Mittel und die größte Heilung für die Krankheit des Selbstes und der Leidenschaft.

18.

Aller Lobpreis sei dem einen wahren Gott, der Seine Geliebten befähigte, die Fasten einzuhalten und ihnen half, zu erfüllen, was im Buche bestimmt ward. Fürwahr, unablässiges Lob und Dank gebührt Ihm, denn Er hat Seine Geliebten gnädig darin bestätigt, zu befolgen, was Sein Wort erhöht. Besäße ein Mensch auch zehntausend Leben und opferte sie alle, um die Wahrheit von Gottes Gesetz und Gebot zu bezeugen, so wäre er Ihm immer noch verpflichtet, denn was immer Seinem unwiderstehlichen Ratschluss entströmt, ist nur dazu da, Seinen Freunden und Geliebten zu nützen.

19.

Für das Fasten gibt es viele Stufen und zahllose Wirkungen und Segnungen sind darin verborgen. Wohl dem, der sie erlangt.

20.

In eindeutigen Fällen von Schwäche oder Krankheit muss man nicht fasten. Dies entspricht Gottes Gebot, ewig in der Vergangenheit, ewig in der Zukunft. Wohl dem, der danach handelt.

21.

Das Gesetz des Fastens ist denen bestimmt, die gesund und kräftig sind. Für den, der krank ist oder schwach, galt diese Pflicht zu keiner Zeit noch gilt sie heute.

Aus den Schriften ‘Abdu’l-Bahás

1.

Pflichtgebet und Fasten gehören zu den erhabensten Geboten dieser heiligen Sendung.

2.

Im Reiche der Anbetung sind Fasten und Pflichtgebet die beiden mächtigsten Pfeiler von Gottes heiligem Gesetz. Sie zu missachten, ist nicht erlaubt, und dabei nachlässig zu sein, ist nicht annehmbar. Im Besuchsgebet spricht Er: »Ich flehe zu Gott bei Dir und bei denen, deren Angesicht durch den Lichterglanz Deines Antlitzes erleuchtet wird und die aus Liebe zu Dir alles tun, was ihnen befohlen ist...«A4 Er verkündet: Das Befolgen von Gottes Geboten entspringt der Liebe zur Schönheit des Meistgeliebten. Wenn der Sucher in das Meer der Liebe Gottes taucht, wird ihn starkes Verlangen ergreifen, und er wird sich erheben, um die Gesetze Gottes zu befolgen. Es ist daher unmöglich für ein Herz, das den Duft von Gottes Liebe in sich trägt, Ihm seine Anbetung nicht darzubringen, außer in Situationen, in denen dies die Feinde reizen und Aufruhr und Bosheit hervorrufen würde. Andernfalls wird ein Liebender der Schönheit Abhá niemals davon ablassen, zum Herrn zu beten.

3.

Es ziemt Seinen Dienern, die Gesetze Gottes bezüglich Fasten und Pflichtgebet zu befolgen. Sie müssen ihr Antlitz dem Anbetungsort der himmlischen Heerscharen zuwenden, sich fest an diese erhabenste Stufe halten und flehentlich darum bitten, dass sie von den Zweifeln der Fehlinterpretation verschont werden. Dies ist die Methode ‘Abdu’l-Bahás. Dies ist die Religion ‘Abdu’l-Bahás. Dies ist der Pfad ‘Abdu’l-Bahás. Wer immer die Liebe Bahás sucht, der wähle diesen geraden Pfad. Wer immer diesen Pfad verlässt, der gehört wahrlich zu jenen, die wie durch einen Schleier von ihm getrennt sind. Solltest du sehen, dass eine Seele Zweifel an diesem Gebot hat oder es falsch interpretiert, dabei aber nicht aus verborgenen Motiven oder Trotz handelt, dann sei freundlich und bemühe dich mit größter Herzlichkeit und durch freundliche Worte, ihn vom Pfade solcher Auslegung abzubringen und zu der offensichtlichen Bedeutung der Verse Gottes zu führen.

4.

Die Gesetze Gottes wie Fasten, Pflichtgebet und dergleichen sowie Seine Ratschläge zu Tugenden, guten Taten und richtigem Verhalten müssen immer so weit wie möglich befolgt werden, es sei denn, es bestünde ein unüberwindliches Hindernis, eine drohende Gefahr oder dies verstieße gegen das Gebot der Weisheit. Denn Nachlässigkeit und Gleichgültigkeit hindern die Liebe daran, sich aus den Wolken göttlicher Freigebigkeit zu ergießen; und so bleiben die Menschen ihrer beraubt.

5.

O ihr Geliebten Gottes! Erhebt euch aus Dankbarkeit für eure Standhaftigkeit im ewigen Bund, um dem allmächtigen Herrn an Seiner Schwelle zu dienen, haltet euch an Pflichtgebet und Fasten und verbringt eure Zeit damit, Gottes süße Düfte zu verbreiten und die göttlichen Verse bekannt zu machen. Zerreißt die Schleier, entfernt die Hindernisse, bietet die Leben spendenden Wasser an und weist den Pfad der Erlösung. Dazu ermahnt euch ‘Abdu’l-Bahá jeden Morgen und Abend.

6.

O du Tochter des Gottesreichs! Die Pflichtgebete sind bindende Pflicht, da sie Demut und Unterwerfung bewirken, uns unser Angesicht Gott zuwenden lassen, als Ausdruck unserer Hingabe an Ihn. Durch diese Gebete hält der Mensch Zwiesprache mit Gott, bemüht sich, Ihm nahe zu kommen, spricht mit dem wahren Geliebten seines Herzens und erreicht geistige Stufen.

7.

O du geistiger Freund! Du hast nach der Weisheit des Pflichtgebets gefragt. Wisse, dass diese Art Gebet verpflichtend und verbindlich ist. Nichts entschuldigt, das Gebet nicht zu sprechen, es sei denn, man ist nicht dazu imstande oder irgendein anderes Hindernis käme dazwischen. Die Weisheit des Pflichtgebetes ist: Es bewirkt eine Verbindung zwischen dem Diener und Gott, dem Wahren, denn in diesem Moment wendet der Mensch sein Angesicht mit ganzem Herzen und ganzer Seele dem Allmächtigen zu, sucht Gemeinschaft mit Ihm und sehnt sich nach Seiner Liebe und Seiner Gegenwart. Für einen Liebenden gibt es keine größere Freude, als mit seinem Geliebten zu sprechen, und für einen Sucher gibt es keine größere Gnade als die innige Verbundenheit mit dem Ziel seiner Sehnsucht. Es ist das größte Verlangen jeder Seele, die sich zum Reiche Gottes hingezogen fühlt, Zeit zu finden, um sich voll und ganz ihrem Geliebten zuzuwenden, um Seine Gnade und Seinen Segen zu erbitten und sich in das Meer der Verbundenheit, des Flehens und der Anbetung zu versenken. Überdies bewirken Pflichtgebet und Fasten im Menschen Bewusstheit und Wachheit und schützen und schirmen ihn vor Prüfungen.

8.

Stärke du die Grundlage des Glaubens Gottes und bete zum Allmächtigen. Verrichte treulich das Pflichtgebet und halte das Fasten aufmerksam ein. Bete, bitte und flehe Tag und Nacht, vor allem zu den vorgeschriebenen Zeiten.

9.

Die Pflichtgebete wurden von der Feder des Allhöchsten herniedergesandt und wurden in den persischen »Fragen und Antworten«, dem Anhang zum Kitáb-i-Aqdas, behandelt. Sie sind verbindlich, und ohne Zweifel muss jeder eines dieser drei Gebete sprechen…
Durch das Gebet wird der Mensch geistig, sein Herz wird angezogen und seine Seele wie sein inneres Sein erreichen eine solche Empfindsamkeit und freudige Erregung, dass das Pflichtgebet ihn mit neuem Leben erfüllt. Daher ist im Besuchsgebet offenbart worden: »Ich flehe zu Gott bei Dir und bei denen, deren Angesicht durch den Lichterglanz Deines Antlitzes erleuchtet ward und die aus Liebe zu Dir alles tun, was ihnen befohlen ist.«A5 Fraglos wird die Liebe zur Schönheit des Allgütigen uns dazu veranlassen, Gott, den Allmächtigen, anzubeten.

10.

O Diener Gottes! Gottes unendliche Gnade bestätigt jeden Morgen ‘Abdu’l-Bahás inbrünstiges Bitten und Flehen. So lasst denn jede erweckte Seele entsprechend ihrem Fassungsvermögen einen Teil dieser geistigen Gnade empfangen. Durch hingebungsvolles Beten und Flehen zu Gott beim Anbruch eines jeden Tags und durch die Befolgung des Pflichtgebets kann dies erreicht werden. So wird er voll Wonne die süßen Düfte einatmen, die vom Garten der Gnade Gottes wehen, seine Seele wird neu belebt und seine Wirklichkeit zum Spiegel für die Ausgießungen des Allbarmherzigen.

11.

Das Pflichtgebet bewirkt, dass das Herz achtsam wird gegenüber dem Gottesreich. Man ist mit Gott allein, hält Zwiesprache mit Ihm und wird Seiner Gnaden teilhaftig. Spricht man das Pflichtgebet in einem Zustand äußerster Reinheit, so wird man die Bestätigungen des Heiligen Geistes empfangen, sodass die Eigenliebe völlig ausgelöscht wird. Ich hoffe, dass ihr euch beharrlich müht, das Pflichtgebet zu sprechen, und auf diese Weise zu Zeugen der Macht des Flehens und Betens werdet.

12.

Du fragst nach dem Pflichtgebet. Dieses Gebet ist für jedermann verbindlich. Ja, leite alle an, es zu befolgen, denn es ist wie eine Leiter für die Seelen, eine Lampe für die Herzen der Rechtschaffenen und Lebenswasser vom Garten des Paradieses. Es ist eine eindeutige Pflicht, die der Allbarmherzige den Menschen auferlegte; es ist keinesfalls erlaubt, nachlässig mit ihr umzugehen.

13.

Pflichtgebet und inständiges Flehen ermöglichen dem Menschen, das Reich der Geheimnisse und die Anbetung des Höchsten zu erreichen. Sie gewähren Nähe zu Seiner Schwelle. Gebete darzubringen ist eine Freude, die sich mit keiner anderen Freude vergleichen lässt, und die Süße beim Singen der göttlichen Verse zu schmecken, ist der sehnlichste Wunsch aller Gläubigen, von Männern wie Frauen. Sprechen wir das Pflichtgebet, so halten wir in unserem Innersten Zwiesprache mit dem wahren Geliebten und teilen unsere Geheimnisse mit Ihm. Es gibt keine größere Freude als diese, wenn es mit gelöster Seele, unter Tränen, mit vertrauendem Herzen und begierigem Geist geschieht. Jede Freude ist irdisch, außer dieser, deren Süße göttlich ist.

14.

Das Pflichtgebet ist das Fundament der Sache Gottes. Es füllt das Herz mit Freude und Lebenskraft. Selbst wenn Mich Sorgen von allen Seiten bedrängen, sobald Ich im Pflichtgebet zu Gott spreche, weichen alle Sorgen von Mir und Freude und Glück strömen Mir zu. Mich ergreift ein Zustand, den Ich nicht beschreiben kann. Wann immer wir das Pflichtgebet bewusst und demütig vor Gott darbringen und aus tiefstem Herzen sprechen, werden wir eine Süße kosten, die allem Sein ewiges Leben schenkt.

15.

Halte das Pflichtgebet ein, das zu deiner Verfügung steht, auf dass sich das Tor der Gnade öffne und du höchste Geistigkeit erlangst. So wirst du mächtige Zeichen sehen und geistig wachsen.

16.

Lass nicht davon ab, das Pflichtgebet zu sprechen und zur Morgendämmerung zu beten, damit deine Achtsamkeit Tag für Tag wachse und du durch die Macht der Gotteserkenntnis befähigt wirst, den Schleier des Irrtums beim Volk der Zweifler zu zerreißen und sie zu Seiner unfehlbaren Führung zu geleiten. In jeder Versammlung sollst du wie eine Kerze das Licht göttlichen Wissens verbreiten.

17.

Sprich das Pflichtgebet und die Bittgebete so oft du nur kannst, damit deine Festigkeit und Standhaftigkeit Tag für Tag wachse und du immer mehr Freude und Glück findest. Dadurch wird das göttliche Wissen in dir wachsen und das Feuer der Liebe Gottes noch strahlender in dir brennen.

18.

Pflichtgebet und Bittgebete sind das wahre Wasser des Lebens. Ihnen verdankt die Seele ihr Leben, ihre Veredelung und das höchste Glück. Sei achtsam in dieser Beziehung, und ermutige andere darin, die Pflichtgebete und Bittgebete zu sprechen.

19.

O du Diener des wahren Herrn! Das Pflichtgebet und andere Bittgebete sind unerlässlich beim Dienst für Ihn, den Allgenügenden… Werden das Pflichtgebet und andere Gebete miteinander verknüpft und folgen aufeinander, dann wird die Andacht vollkommen. Es wird klar, dass diese beiden geistige Gefährten sind, gleich einer Seele in zwei Körpern. Möge Gott euch allen beistehen, in Liebe und Gemeinschaft zu gedeihen.

20.

Wenn man das Pflichtgebet spricht, muss man sich der heiligen Wirklichkeit Bahá’u’lláhs zuwenden, jener Wirklichkeit, die alle Dinge umfasst.

21.

Das Pflichtgebet hat eine QiblihA6, die festgelegt, vorgeschrieben, heilig und gesegnet ist. Ich bete zu Gott, dass Er das Tor des Wissens um seine Stufe in deinem Herzen öffne, sodass du verstehst, was notwendig und angemessen ist, geistige Gnadengaben aus dem Himmel des Allbarmherzigen sammelst, den Strahlenglanz des Wissens von der Sonne der Wirklichkeit erlangst und dass Du ein Zeichen der Inspiration des Unsichtbaren und eine Quelle der frohen Botschaften des Allbarmherzigen wirst.

22.

Das Pflichtgebet sollte man für sich allein sprechen, aber es muss nicht an einem abgeschiedenen Ort sein.

23.

O Diener an der heiligen Schwelle! Du fragst nach Gebeten, die über das Verordnete hinausgehen, also empfohlene Gebete, Anrufungen und traditionelle Andachtsübungen. In dieser Sendung ist das, was ausdrücklich vorgeschrieben ist, Pflicht. Aber individuelle Andacht, Anrufungen, zusätzliche Gebete und besonders empfohlene Gebete sind nicht bindend. Dennoch ist das Sprechen eines Gebetes, das man persönlich nach dem Pflichtgebet sprechen möchte, wohlgefällig und annehmbar, aber hierfür wurden keine speziellen Gebete ausgewählt.

24.

Verpflichtende Gebote und verbindliche Anordnungen sind solche, die der Höchsten Feder entströmten oder durch eine Entscheidung des Universalen Hauses der Gerechtigkeit verkündet wurden. Denn wir sind die Befehlsempfänger, nicht die Befehlenden. Wir sind die, denen Pflichten auferlegt werden, nicht die, welche Pflichten auferlegen. Dies ist die Wirklichkeit des göttlichen Gesetzes und die Grundlage der Religion Gottes. Was Andachten und Bittgebete betrifft, wer dies möchte, darf nach den Pflichtgebeten andere Gebete der Gesegneten Vollkommenheit sprechen.

25.

Du hast über das Fasten geschrieben. Dies ist eine sehr gewichtige Frage und du solltest alles daransetzen, die Fasten einzuhalten. Es ist ein Grundprinzip des göttlichen Gesetzes und einer der Pfeiler der Religion Gottes.

26.

Gut steht es um dich, da du das Gesetz Gottes befolgt und dich erhoben hast, das Fasten während dieser gesegneten Tage einzuhalten, denn das leibliche Fasten ist ein Symbol für das geistige Fasten. Dieses Fasten führt dazu, die Seele von allen selbstischen Wünschen zu reinigen, geistige Eigenschaften zu erwerben, sich zu den Brisen des Allbarmherzigen hingezogen zu fühlen und vom Feuer der göttlichen Liebe entzündet zu werden.

27.

Fasten ist die Ursache der Erhöhung unserer geistigen Stufe.

Fastengebete von Bahá’u’lláh

1.

Dies, o mein Gott, ist der erste der Tage, an denen Du Deinen Geliebten zu fasten gebotest. Ich flehe zu Dir, bei Dir Selbst und bei ihm, der aus Liebe zu Dir und Deinem Wohlgefallen fastet – und nicht aus selbstischem Begehren oder aus Furcht vor Deinem Zorn – und bei Deinen vortrefflichsten Namen und erhabensten Eigenschaften, reinige Deine Diener von der Liebe zu allem außer Dir und gib, dass sie dem Morgenlicht Deines Antlitzes und dem Thron Deiner Einzigkeit nahen. Erleuchte ihre Herzen, o mein Gott, mit dem Licht Deines Wissens und erhelle ihr Angesicht mit den Strahlen der Sonne, die vom Horizonte Deines Willens scheint. Mächtig bist Du zu tun, was Dir gefällt. Es ist kein Gott außer Dir, dem Allherrlichen, dessen Hilfe alle Menschen erflehen.
Stehe ihnen bei, o mein Gott, damit sie Dich siegreich machen und Dein Wort erhöhen. Lass sie dann wie Hände Deiner Sache unter Deinen Dienern werden und mache sie zu Verkörperungen Deiner Religion und Deiner Zeichen unter den Menschen, auf dass die ganze Welt mit deinem Gedenken und Deinem Lobpreis erfüllt werde, mit Deinen Beweisen und Deinen Zeichen. Du bist wahrlich der Allgütige, der Erhabenste, der Kraftvolle, der Mächtige und der Barmherzige.

2.

Im Namen dessen, der in den Büchern Gottes, des Allwissenden, des Allkennenden verheißen ward. Die Tage des Fastens sind angebrochen, die Tage, da jene Diener fasten, die Deinen Thron umkreisen und Deine Gegenwart erlangten. Sprich: O Gott der Namen und Schöpfer des Himmels und der Erde! Ich bitte Dich bei Deinem Namen, der Allherrliche, nimm das Fasten derer an, die aus Liebe zu Dir fasten und um Dein Wohlgefallen zu erlangen. Sie tun, was Du ihnen befohlen hast in Deinen Büchern und auf Deinen Tafeln. Bei ihnen bitte ich Dich: Hilf mir Deine Sache zu fördern und standhaft zu sein in Deiner Liebe, damit das Geschrei Deiner Geschöpfe meine Füße nicht straucheln lässt. Wahrlich, Deine Macht umfasst alles, was Du willst. Kein Gott ist außer Dir, dem Belebenden, dem Allmächtigen, dem Allgütigen, dem Urewigen.

3.

Preis sei Dir, o Herr mein Gott! Wir haben gefastet nach Deinem Gebot und brechen das Fasten nun durch Deine Liebe und Dein Wohlgefallen. Geruhe, o mein Gott, anzunehmen, was wir auf Deinem Pfad aus tiefster Liebe zu Deiner Schönheit vollbrachten, unser Antlitz auf Deine Sache gerichtet, losgelöst von allem außer Dir. Gewähre uns, unseren Vorfahren und allen, die an Dich und Deine mächtigen Zeichen in dieser größten, herrlichsten Offenbarung glauben, Deine Vergebung. Mächtig bist Du zu tun, was Dir beliebt. Du bist wahrlich, der Erhabenste, der Allmächtige, der Unbeschränkte.

4.

O mein Gott und mein Meister! Du siehst mich unter Deinen Geschöpfen, die sich gegen Dich empört und versündigt haben. Mit jedem Mal, da ich sie zum Meere Deines Wissens lade, wird ihre Ablehnung Deines Glaubens stärker, und die Zurückweisung des Tagesanbruchs Deines Willens nimmt zu. Ich flehe dich an, o mein Gott, bei jenen, die aus Liebe zu Dir gefastet und aus den Händen Deiner Gnade von den lebendigen Wassern der Unterwerfung getrunken haben, Du mögest für Deine Geliebten, die sich unter der sengenden Sonne Deiner Prüfungen fest an das Seil der Geduld hielten, all das Gute bestimmen, das Du in Deinen Büchern und Tafeln aufgezählt hast. Sehe dann für jene, die Unbill erduldet haben um Deinetwillen, den Lohn derer vor, die auf dem Pfade Deines Wohlwollens das Martyrium erduldeten. Sende auf sie nieder, o Herr, was ihre Herzen erfreut, ihre Augen tröstet und ihre Seelen erheitert. Du bist wahrlich der Mächtigste, der Erhabenste, der Helfer in Gefahr, der Allwissende, der Allweise.

5.

Gepriesen seiest Du, o Gott, mein Gott! Dies sind die Tage, in denen Du Deinen Erwählten, Deinen Geliebten und Deinen Dienern geboten hast, das Fasten zu halten. Du hast es zu einem Licht für die Bewohner Deines Reiches gemacht, so wie Du das Pflichtgebet zu einer Leiter machtest, auf der die emporsteigen können, die Deine Einheit bezeugen. Ich flehe Dich an, o mein Gott, bei diesen beiden mächtigen Säulen, die Du der ganzen Menschheit zu Ruhm und Ehre verordnet hast, bewahre Deine Religion vor dem Unheil der Gottlosen und den Ränken der Frevler. O Herr, verbirg nicht das Licht, das Du durch Deine Kraft und Deine Allmacht offenbart hast. Hilf sodann denen, die wahrlich an Dich glauben, mit den Heerscharen des Sichtbaren und des Unsichtbaren durch Deinen Befehl und Deine Herrschaft. Es ist kein Gott außer Dir, dem Machtvollen, dem Allmächtigen.

6.

Verherrlicht seiest Du, o Herr, mein Gott. Ich flehe Dich an bei denen, denen Du geboten hast, das Fasten um Deiner Liebe und Deines Wohlgefallens willen einzuhalten. Sie haben ihre Ergebenheit gegenüber Deinem Gesetz bewiesen, sind Deinen Versen und Verordnungen gefolgt und haben ihr Fasten gebrochen, Dir nahe und Deinem Angesicht zugewandt. Bei Deiner Herrlichkeit! Da sie sich zum Hofe Deines Wohlgefallens wenden, sind all ihre Tage Fastentage. Sollte der Mund Deines Willens sich an sie wenden und sprechen: »Haltet das Fasten um Meiner Schönheit willen, o Menschen, und setzt seiner Dauer kein Ende«, so schwöre ich bei der Majestät Deiner Herrlichkeit, dass es jeder von ihnen getreulich befolgen und von allem absehen wird, was gegen Dein Gesetz verstößt, und dass sie damit fortfahren werden, bis sie ihre Seelen zu Dir aufgeben,A7 denn sie haben die Süße Deines Rufes gekostet, sind berauscht von Deinem Gedenken und Deinem Lobpreis und den Worten, die den Lippen Deines Befehls entströmen.
Ich flehe Dich an, o Herr, bei Dir selbst, dem Erhabenen, dem Höchsten, und bei Deiner jüngsten Manifestation, durch die das Reich der Namen und Attribute erschüttert und die Bewohner von Erde und Himmel berauscht wurden. Alle in den Reichen der Offenbarung und der Schöpfung erzitterten darob, außer denen, die in allem gefastet haben, was Deinem Wohlgefallen zuwider ist, und die vermieden haben, sich anderem zuzuwenden als Dir. – Bei alledem flehe ich Dich an, rechne uns zu ihnen und schreibe unsere Namen auf dieselbe Tafel wie ihre Namen. O Gott, durch die Wunder Deiner Macht und die Zeichen Deiner Herrschaft und Größe hast Du ihre Namen aus dem Meer Deiner Namen hernieder gesandt und hast ihre innere Wesenheit erschaffen aus dem Stoff Deiner Liebe, ihr innerstes Sein aus dem Geist Deiner Sache. Sie haben eine Vereinigung erfahren, auf die keine Trennung folgt, eine Nähe, die keine Ferne kennt, und eine Dauer, die kein Ende hat. Wahrlich, dies sind Diener, die unablässig von Dir künden, die Dich in Ewigkeit umkreisen und die das Heiligtum Deiner Gegenwart umschreiten, die Kaaba der Wiedervereinigung mit Dir. Du hast verordnet, o mein Gott, dass kein Unterschied sei zwischen ihnen und Dir, außer dass sie, als sie die Lichter Deines Antlitzes sahen, ihr Angesicht Dir zuwandten und sich vor Deiner Schönheit niederwarfen, Deiner Größe untertan und gelöst von allem außer Dir.
Wir haben heute gefastet, o mein Herr, wie Du es befohlen hast, so, wie Du es in Deinem deutlichen Buche offenbartest. Wir haben unsere Seelen ferngehalten von jeglicher Leidenschaft und allem, was Dir zuwider ist, bis der Tag sich neigte und die Zeit kam, das Fasten zu brechen. Daher flehe ich Dich an, o Du Sehnsucht der Herzen derer, die Dich leidenschaftlich lieben, Du Geliebter der Seelen der Verständigen, o Du, der Du die Brust derer, die sich nach Dir sehnen, vor Entzücken weitest, Du Ziel des Verlangens derer, die Dich suchen – gib, dass wir uns in die Sphäre Deiner Nähe und in den Himmel Deiner Gegenwart erheben, und nimm von uns an, was wir auf dem Pfade Deiner Liebe und Deines Wohlgefallens getan. Reihe alsdann unsere Namen zu denen, die Deine Einheit anerkannten und Deine Einzigkeit bekannten, und die sich vor den Zeichen Deiner Majestät und den Beweisen Deiner Größe beugten. Sie suchten Zuflucht in Deiner Nähe und Schutz bei Dir. In ihrer Sehnsucht, Dir zu begegnen, verbrachten sie ihr Leben damit, den Hof Deiner Gegenwart zu erreichen, ließen die Welt hinter sich aus Liebe zu Dir und lösten in ihrer Sehnsucht, Dir nahe zu kommen, jegliche Bindung außer an Dich. Dies sind Diener, deren Herzen bei der Erwähnung Deines Namens in sehnsüchtigem Verlangen nach Deiner Schönheit schmelzen und deren Augen von Tränen überfließen in ihrem Sehnen, Dich zu finden und in die Nähe Deines Hofes zu gelangen.
Meine Zunge, o mein Herr, bezeugt Deine Einheit und Einzigkeit, mein Auge schaut den Sitz Deiner Großmut und mannigfacher Gnaden und mein Ohr ist bereit, auf Dein Wort und Deinen Ruf zu hören. Denn ich bin sicher, o mein Gott, dass Du bestimmt hast, dass die Worte aus dem Munde Deines Willens unerschöpflich sind, und dass die Ohren, die Du gereinigt hast, damit sie Deine Worte und Verse hören, ihnen alle Zeit lauschen. Und dies sind meine Hände, o mein Herr, die sich zum Himmel Deiner Gunst und liebevollen Gnade recken. Willst Du diesen Armen abweisen, der keinen Geliebten erwählt hat als Dich, keinen Gönner oder König außer Dir, keinen Schutz als den Schatten Deiner Gnade, keine Zuflucht, als die vor Deinem Tor, das Du aufgetan hast für alle, die in Deinem Himmel und auf Deiner Erde wohnen? Nein, bei Deiner Herrlichkeit! Mein Vertrauen in Deine liebende Güte bleibt ungebrochen, solltest du mir auch Qualen und Heimsuchungen bereiten solange Deine Herrschaft währt. Sollte mich jemand nach Dir fragen, so kündete ein jedes Glied meines Körpers: »Er wird geliebt in Seinen Taten und Ihm wird gehorcht in Seinem Befehl, Er ist gnädig in Seinem Wesen und barmherzig gegenüber Seinen Geschöpfen!«
Deine Macht ist mein Zeuge, o Geliebter der Herzen derer, die sich nach Dir sehnen, würdest Du mich von Deiner Tür abweisen und mich den Schwertern der Unterdrücker unter Deinen Dienern und den Ruten der Gottlosen unter Deinen Geschöpfen überlassen, und sollte jemand mich nach Dir fragen, dann würde immer noch jedes Haar meines Körpers verkünden: »Er ist in Wahrheit der Meistgeliebte der Welten. Er ist der Gnädigste. Er ist der Ewig-Bestehende! Er zieht mich zu sich hin, während Er mich von sich fern hält. Er gewährt mir Schutz in Seinem Heiligtum, während Er mich Seiner Gegenwart beraubt. Keinen Gnädigeren habe ich gefunden denn Ihn, durch den ich unabhängig wurde von allem außer Ihm und erhaben über alles außer Ihm selbst.«
Wohl steht es um den, o mein Gott, der durch Dich so reich wurde, dass er unabhängig ist von den Reichen der Erde und des Himmels. Reich ist, wer sich festhält am Seil Deines Reichtums, sich beugt vor Deinem Angesicht und dem Du genügst über alle Dinge. Arm ist, wer meint, ohne Dich auszukommen, sich stolz vor Dir brüstet, sich von Deiner Gegenwart abwendet und Deinen Zeichen nicht glaubt. Erlaube dann, o mein Gott und mein Geliebter, dass ich zu denen zähle, die bewegt werden von den Brisen Deines Willens, ganz, wie es ihnen gefällt, und lass mich nicht zu denen zählen, die der Sturm des Selbstes und der Leidenschaft nach Belieben mit sich reißt. Es ist kein Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Erhabenen, dem Allgütigen.
Alle Herrlichkeit ruhe auf Dir, o mein Gott, denn Du hast mir gnädiglich geholfen zu fasten, in diesem Monat, den Du mit Deinem Namen »der Erhabenste« verbunden hast, indem Du ihn ‘AláA8 nanntest. Du hast verordnet, dass Deine Diener und Dein Volk in diesem Monat fasten und sich so mühen, Dir näher zu kommen. Mit dem Fasten haben die Tage und Monate des Jahres ihren Höhepunkt erreicht; so wie der erste Monat mit Deinem Namen »Bahá« das Jahr eröffnete, damit alle bezeugen, dass Du der Erste und der Letzte bist, der Offenbare und der Verborgene, und alle wissen, dass allen Namen ihre Herrlichkeit nur durch die Herrlichkeit Deiner Sache verliehen wird, durch das Wort, das Dein Wille verkündet, und das offenbart ward durch Deine Absicht. Du hast verordnet, dass dieser Monat Deinem Gedenken und Deiner Ehre gewidmet sei, ein Zeichen Deiner Gegenwart unter ihnen, damit sie Deine Größe und Majestät, Deine Herrschaft und Herrlichkeit nicht vergessen, und dass sie versichert seien, dass Du seit aller Ewigkeit über die gesamte Schöpfung herrschtest und immerdar herrschen wirst. Nichts, was im Himmel oder auf Erden geschaffen ist, kann Dich an Deiner Herrschaft hindern, noch kann jemand aus den Reichen der Offenbarung und der Schöpfung Dich daran hindern, Deinen Plan zu erfüllen.
Ich flehe Dich an, o mein Gott, bei Deinem Namen, durch den alle Geschlechter der Erde wehklagten, außer denen, die Du unter Deinen unfehlbaren Schutz gestellt und im Schatten Deiner grenzenlosen Güte beschirmt hast, mache mich so standhaft in Deinem Glauben und in Deiner Liebe, dass ich mich erhebe, um Deine Sache siegreich zu machen, Dein Wort zu erhöhen, Deine Herrschaft zu verkünden und das Lob Deines erhabenen Selbstes zu preisen, selbst wenn ich ganz auf mich allein gestellt wäre, wenn sich auch alle Deine Diener gegen Dich erhöben, Dein Volk sich von Dir abwendete und keiner auf Erden übrig bliebe, Deinen Namen anzurufen oder sein Antlitz dem Heiligtum der Vereinigung mit Dir und der Kaaba Deiner Heiligkeit zuzuwenden. Und dies, o Herr, obgleich mich Verwirrung ergreift, wann immer ich es wage, Dich unter gleich welchem Namen zu preisen. Denn ich bin mir wohl bewusst, dass all Deine erhabenen Eigenschaften und all die wunderbarsten Namen, die ich mit Dir verbinde und bei denen ich Dich in Deiner heiligen Gegenwart anflehe, lediglich das Maß meines eigenen Verständnisses widerspiegeln, da ich jeden Namen, den ich des Lobes wert erachtete, nur Dir beigesellt habe.
Unermesslich erhaben über die Beschreibung oder Kenntnis eines jeden außer Dir ist Deine wahre Stufe und geheiligt bist Du über die Verherrlichung Deiner Geschöpfe und das Lob Deiner Diener in ihrem Bemühen Dir zu nahen. Was immer Deine Diener ersinnen ist begrenzt durch die Schranken ihres eigenen Selbstes und geschaffen von ihren eigenen müßigen Vorstellungen und Wahngebilden.
Weh mir, mein Geliebter, ob meiner Unfähigkeit, Dich gebührend zu preisen und ob meiner Unvollkommenheiten in Deinen Tagen! Wenn ich Dich preise, o mein Gott, als Den, der um alle Dinge weiß, bekenne ich sogleich: Wolltest Du mit einem Finger Deines Wissens auf einen stummen Felsen deuten, so wäre er imstande, das Wissen aller vergangenen und künftigen Zeitalter zu enthüllen. Und sollte ich Dich als den Allmächtigen preisen, so weiß ich, dass ein einziges Wort aus dem Mund Deiner Absicht genügt, um die Himmel und die Erde zu erschüttern.
Deine Herrlichkeit ist mein Zeuge, o Geliebter aller, die Dich erkennen: Ein Gelehrter, der es versäumen sollte, seine Unwissenheit angesichts der Offenbarungen Deines Wissens zu bekennen, zählt zu den Unwissendsten Deines Volkes. Und sollte ein Mächtiger sich weigern, seine Schwäche zuzugeben angesichts der klaren Zeichen Deiner Macht, dann würde er als das Schwächste und Nachlässigste Deiner Geschöpfe gelten. Da ich dies weiß und dessen gewiss bin, wie kann ich Dich also preisen oder beschreiben oder von Dir künden? Im Bewusstsein meiner Schwäche eile ich zu Deinem machvollen Schutz. Und angesichts meiner Armut suche ich Zuflucht im Schatten Deines Reichtums. Meine Ohnmacht vor Augen, habe ich mich erhoben, um am Heiligtum Deiner Kraft und Macht zu stehen. Wirst Du diesen Armen vertreiben, nachdem er Dich allein als Beschützer erkoren hat, wirst Du diesen Fremdling abweisen, nachdem er in Dir allein seinen wahren Geliebten fand?
Du kennst alles, was in mir ist, o Herr, ich aber weiß nicht, was in Dir ist. So erbarme Dich meiner durch Deine liebende Vorsehung und lass mich erkennen, was in Deinen Tagen meinem Herzen Frieden und meiner Seele Ruhe verleiht durch die Offenbarungen Deiner heiligen Gegenwart. Alles Erschaffene ist erleuchtet vom Glanz des Lichtes Deines Antlitzes, o Herr, und die Bewohner von Erde und Himmel erstrahlen durch die Manifestationen Deiner unvergleichlichen Majestät, sodass ich nichts erkenne, ohne darin zuvor die Offenbarung Deiner Selbst zu erkennen – eine Offenbarung, die verborgen ist vor den Augen derer Deiner Diener, die von tiefem Schlummer umfangen sind.
Beraube mich nicht Deiner Gnade, o mein Herr, die alle Reiche der Schöpfung umfasst, seien sie sichtbar oder unsichtbar. Wirst Du o mein Gott, fern von mir bleiben, nachdem Du die gesamte Menschheit eingeladen hast, umzukehren und Dir nahe zu kommen, und sie ermahntest, sich an Dein Seil zu halten? Wirst Du mich von Dir weisen, o mein Geliebter, da Du doch in Deinem unvergänglichen Buche und Deinen wundersamen Versen versprochen hast, all jene, die sich nach Dir verzehren, im Heiligtum Deiner gnädigen Vorsehung zu versammeln, und die sich nach Dir sehnen, unter dem Schatten Deiner gütigen Gnadengaben zu einen, und die nach Dir suchen, unter dem Zelt Deiner Gnade und liebenden Güte zusammenzuführen?
Ich schwöre bei Deiner Macht, o mein Gott: Bei meiner Klage stockte mir das Herz, und sein Seufzen riss mir die Zügel aus der Hand. Sobald ich zur Ruhe komme und meine Seele erfreue mit den Wundern Deiner Gnade, mit den Zeichen Deiner gütigen Vorsehung und den Beweisen Deiner Freigebigkeit, zittere ich vor den Offenbarungen Deiner Gerechtigkeit und den Zeichen Deines Zorns. Ich anerkenne, dass Du unter beiden Namen bekannt bist, und beide diese Attribute Dich beschreiben – Dich aber kümmert nicht, ob Du unter dem Namen der Ewig-Vergebende angerufen wirst oder mit dem Namen der Strafende. Bei Deiner Herrlichkeit, wüsste ich nicht, dass Deine Gnade alles übertrifft, dann hörten die Glieder meines Körpers auf zu bestehen, mein Sein würde ausgelöscht und mein inneres Wesen zu bloßem Nichts. Aber wenn ich sehe, dass Deine Gnade alles umfasst, und Dein Erbarmen die ganze Schöpfung umfängt, kommt meine Seele und mein innerstes Wesen zur Ruhe.
Wehe, wehe, o mein Gott, ob der Dinge, die mir während Deiner Tage entgangen sind, und wiederum, o Du Verlangen meines Herzens, wehe, wehe ob der Dinge, die ungetan blieben in Deinem Dienst und im Gehorsam zu Dir während dieser Tage, dergleichen die Augen Deiner Erwählten und Vertrauten nie zuvor geschaut haben! Ich flehe Dich an, o mein Herr, bei Deinem Selbst und bei der Manifestation Deiner Sache, bei Ihm, der auf dem Thron Deiner Gnade ruht, bestätige mich in Deinem Dienst und Deinem Wohlgefallen. Behüte mich alsdann vor denen, die sich von Dir abgewandt haben, Deinen Versen nicht glauben und Deine Wahrheit leugnen, die Deine klaren Zeichen von sich weisen und Deinen Bund und Dein Testament verletzen.
Aller Lobpreis, o Herr, mein Gott, ruhe auf Ihm, der Manifestation Deines Wesens, dem Tagesanbruch Deiner Einheit, dem Hort Deines Wissens, dem Ursprung Deiner Offenbarung, der Quelle Deiner Eingebung, dem Sitz Deiner Souveränität und dem Aufgangsort Deiner Göttlichkeit – Er, der Erste Punkt, das Erhabenste Antlitz, die Urewige Wurzel und der Erwecker der Völker. Und Ruhm sei ihm, dem ersten,A9 der an Ihn und Seine Verse glaubte, den Du zum Thron für die Vorherrschaft Deines erhabenen Wortes machtest, zum sichtbaren Brennpunkt Deiner hervorragendsten Namen, zum Morgenlicht der Sonne Deiner Vorsehung, zum Dämmerungsort für das Erscheinen Deiner Namen und Eigenschaften und zur Schatzkammer für die Perlen Deiner Weisheit und Deiner Gebote. Und alle Ehre sei ihmA10, dem letzten, der Ihn erreichte, dessen Kommen gleich Seinem Kommen war und demA11 Du Dich ebenso offenbartest wie in IhmA12, nur dass er mit dem Licht Seines Antlitzes erleuchtet ward, sich vor Ihm niederwarf und Ihm seine Dienstbarkeit bezeugte. Und alle Herrlichkeit ruhe auf denen, die den Märtyrertod auf Seinem Pfade erlitten und die ihr Leben aufopferten aus Liebe zu Seiner Schönheit.
Wir bezeugen, o mein Gott, dass dies Diener sind, die an Dich und Deine Zeichen glaubten, die zum Heiligtum Deiner Gegenwart strebten und sich Deinem Antlitz zuwandten, die ihr Angesicht zum Hof Deiner Nähe richteten und auf dem Pfade Deines Wohlgefallens wandelten, die Dich anbeteten wie Du es wünschest und sich von allem außer Dir loslösten. O Herr, verleihe ihrem Geist und ihrem Leib allezeit einen Anteil an den Wundern Deines allumfassenden Erbarmens. Du bist wahrlich mächtig zu tun, was Du wünschest. Kein Gott ist außer Dir, dem Allmächtigen, dem Allherrlichen, dessen Hilfe alle Menschen erflehen.
Ich flehe zu Dir, o Herr, bei Ihm und bei ihnen, und bei Ihm, den Du auf den Thron Deines Glaubens gesetzt und alle Bewohner der Erde und des Himmels überschatten ließest, reinige uns von unseren Übertretungen, bestimme uns einen Sitz der Wahrheit in Deiner Gegenwart und lass uns mit denen Umgang pflegen, die von den Widrigkeiten der Welt und ihren Schicksalsschlägen nicht gehindert wurden, sich Dir zuzuwenden. Du bist wahrlich der Allmächtige, der Erhabenste, der Beschützer, der Immervergebende, der Allgütige.

Quellenangaben

Anmerkungen

A1 Universal House of Justice, 28. Dezember 1999, to the Bahá’ís of the World
A2 Bahá’u’lláh, siehe Auszug 3:1
A3 Eine Tradition, Imám ‘Alí zugeschrieben
A4 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Zíyárih, in: Gebete und Meditationen 180:6
A5 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Zíyárih, in: Gebete und Meditationen 180:6
A6 Ort, dem man sich beim Gebet zuwendet, Gebetsrichtung
A7 Die folgende Passage wurde von Shoghi Effendi (Ährenlese 160:2) ins Englische übertragen: „,Haltet das Fasten um Meiner Schönheit willen, o Menschen, und setzt seiner Dauer keine Grenze‘, so schwöre ich bei der Majestät Deiner Herrlichkeit, dass es jeder von ihnen getreulich befolgen und von allem absehen wird, was gegen Dein Gesetz verstößt, und dass sie damit fortfahren werden, bis sie ihre Seelen zu Dir aufgeben...“
A8 Erhabenheit
A9 Mullá Ḥusayn
A10 Quddús
A11 Quddús
A12 der Báb