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Selección de
los Escritos
de 'Abdu'l-Bahá
Recopilado por
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS DE LA
CASA UNIVERSAL DE JUSTICIA
Título original en inglés:
Selections from the Writings of 'Abdu'l-Bahá
Prefacio
La exposición sobre la Revelación Bahá'í que realiza 'Abdu'l-Bahá, está constituida por sus obras escritas, por numerosas recopilaciones de sus disertaciones, y por su correspondencia. Algunas de sus obras escritas, tales como The Secret of Divine Civilization, A Traveller's Narrative, Will and Testament, están disponibles en su traducción inglesa -la primera y la última, también disponibles en castellano con los títulos El Secreto de la Civilización Divina, y Voluntad y Testamento respectivamente-. Así también muchas recopilaciones de sus disertaciones, entre las que pueden mencionarse Some Answered Questions, Memorials of the Faithful, Paris Talks, con varias ediciones en inglés -la primera y la última, también editadas en castellano, con los títulos Contestación a unas Preguntas y La Sabiduría de 'Abdu'l-Bahá respectivamente-. Sin embargo, durante sesenta años, no se había realizado ninguna recopilación extensa de sus innumerables cartas; los tres volúmenes de Tablets of 'Abdu'l-Bahá publicados en los Estados Unidos entre 1909 y 1916, aunque fueron reeditados, hace tiempo que están agotados.
La presente recopilación abarca una selección mucho más amplia que la de aquellos primeros volúmenes, y su lectura dará una idea de la vastedad de temas tratados por el Maestro en su correspondencia. Se incluyen algunas Tablas traducidas -al inglés- por un Comité del Centro Mundial, empleando algunos borradores que Shoghi Effendi realizó en vida de 'Abdu'l-Bahá, y un gran número por Marzieh Gail, remitidas a ella de la colección del Centro Mundial, la cual incluye más de diecinueve mil originales y copias auténticas. Algunas Tablas famosas, como la correspondencia con Auguste Forel, o la mayor parte de la Tabla a La Haya no se han incluido, ya que están disponibles en otras publicaciones.
Los venturosos destinatarios de la vasta mayoría de las Tablas recopiladas aquí fueron los primeros creyentes de Oriente y Occidente, ya se tratara de individuos, grupos, u organizados comités o Asambleas de los amigos, y su valor para las nacientes comunidades de Occidente en aquellos días, cuando la literatura bahá'í en inglés era tan exigua, no puede tan siquiera ser imaginado.
Creemos que la publicación de estos escritos del Maestro servirá para acrecentar el fervor de sus amantes por responder a su llamado, y se sumará a su percepción de aquella maravillosa armonía de lo humano y lo divino que Él, el Misterio de Dios, ejemplificó tan perfectamente.
1
¡Oh pueblos del mundo! El Sol de la Verdad ha aparecido para iluminar la tierra entera, y para espiritualizar a la comunidad del hombre. Loables son sus resultados y sus frutos, abundantes las santas evidencias que proceden de esta gracia. Esta es misericordia pura y la más inmaculada generosidad; es luz para el mundo y todos sus pueblos; es armonía y confraternidad, y amor y solidaridad; en verdad, es compasión y unidad y el fin de la separación; es estar mancomunados, en completa dignidad y libertad, con todos en la tierra.
La Bendita Belleza dice: "Vosotros todos sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama." Así, Él ha comparado a este mundo del ser con un árbol único, y a todos sus pueblos, como las hojas del mismo y sus capullos y sus frutos. Es necesario que la rama florezca y que la hoja y el fruto prosperen, y de la interconexión de todas las partes del árbol del mundo, depende el desarrollo de la hoja y la flor, y la dulzura del fruto.
Por esta razón todos los seres humanos deben apoyarse firmemente unos en otros y buscar la vida sempiterna; y por este motivo, los amantes de Dios, en este mundo contingente, deben llegar a ser las mercedes y las bendiciones enviadas por aquel Rey clemente de los reinos visible e invisibles. Purifiquen su vista y consideren a toda la humanidad como hojas y flores y frutos del árbol del ser. En todo momento ocúpense en hacer una buena obra para alguno de sus congéneres, ofreciendo a alguien amor, consideración, atenta ayuda. No consideren a nadie como a un enemigo, o como deseoso de su mal, sino piensen que toda la humanidad es como sus amigos, contemplando al forastero como a un allegado, al extraño como a un compañero, permaneciendo libres de todo prejuicio, sin hacer distinciones.
En este día, el preferido ante el Umbral del Señor es aquel que hacer circular la copa de la fidelidad; quien concede, aun a sus enemigos, la joya de la munificencia, y presta su ayuda incluso al opresor que ha caído; es aquel que hasta para el más cruel de sus enemigos, ha de ser un amigo cariñoso. Estas son las Enseñanzas de la Bendita Belleza; estos los consejos del Más Grande Nombre.
¡Oh vosotros queridos amigos! El mundo está en guerra, y la raza humana se halla atormentada y combate mortalmente. La negra noche del odio ha prevalecido, y la luz de la buena fe ha sido eclipsada. Los pueblos y linajes de la tierra han aguzado sus garras y se arrojan unos contra otros. El fundamento mismo de la raza humana está siendo destruido. Son miles las familias que deambulas desposeídas, y cada año se ven miles y miles de seres humanos retorciéndose en su propia sangre en polvorientos campos de batalla. Las tiendas de la vida y la alegría están caídas. Los generales practican sus estrategias, jactándose de la sangre que derraman, compitiendo unos con otros en incitación a la violencia. "¡Con esta espada", dice uno de ellos, "decapité a un pueblo!" Y otro más: "¡Derroqué a un gobierno!" ¡De semejantes cosas se enorgullecen los hombres; en tales cosas ellos se glorían! El amor y la rectitud son censurados por doquier, mientras se desprecia la armonía y la devoción a la verdad.
La Fe de la Bendita Belleza está emplazando a la humanidad a la seguridad y al amor, a la amistad y a la paz; ha alzado su tabernáculo en las cumbres de la tierra, y dirige su llamado a todas las naciones. Por tanto, oh vosotros quienes sois los amantes de Dios, conoced la valía de este preciosa Fe, obedeced sus enseñanzas, caminad por este sendero de recto trazado y enseñad este camino a la gente. Alzad vuestra voz y entonad el canto del Reino. Difundid por todas partes los preceptos y consejos del amoroso Señor, para que este mundo se transforme en otro mundo, y esta sombría tierra se inunde de luz, y el cuerpo muerto de la humanidad se levante y viva; para que toda alma clame por la inmortalidad, a través de los santos hálitos de Dios.
En breve vuestros fugaces días habrán pasado, y la fama y las riquezas, las comodidades, las alegrías proporcionadas por este montón de escombros que es el mundo, habrán desaparecido sin dejar rastro. Emplazad, entonces, a las gentes ante Dios, e invitad a la humanidad a seguir el ejemplo de la Compañía en lo alto. Sed padres amorosos para el huérfano, y un refugio para el desamparado, y un tesoro para el pobre, y una cura para el enfermo. Sed los auxiliadores de cada víctima de la opresión, los protectores de los perjudicados. Pensad en todo momento en hacer algún servicio a cada miembro de la raza humana. No prestéis oído a la aversión y al rechazo, al desdén, la hostilidad, la injusticia: actuad del modo contrario. Sed sinceramente amables, no solo en apariencia. Cada uno de los amados de Dios debe poner su atención en esto: ser la misericordia del Señor para el hombre; ser la gracia del Señor. Que haga algún bien a todo aquel que se cruce en su camino, y sea de algún beneficio para él. Que mejore el carácter de todos y cada uno, y reoriente las mentes de los hombres. De este modo, resplandecerá la luz de la guía divina y las bendiciones de Dios acunarán a toda la humanidad; pues el amor es luz, en cualquier morada que habite, y el odio es oscuridad, dondequiera que haga su nido. ¡Oh amigos de Dios! A fin de que el oculto Misterio pueda quedar revelado, y la secreta esencia de todas las cosas pueda ser descubierta, esforzaos por disipar esa oscuridad por siempre jamás.
2
¡Oh mi Señor! Me he acercado a Ti, en las profundidades de esta noche oscura, confiando en Ti con la lengua de mi corazón, estremecido de alegría por las dulces fragancias que soplan desde tu dominio, el Todoglorioso, llamándote y diciendo:
¡Oh mi Señor, no encuentro palabras para glorificarte; no veo manera de que el pájaro de mi mente se remonte hasta tu Reino de Santidad; pues Tú, en tu misma esencia, estás santificado por encima de esos atributos, y en tu propio ser, estás más allá del alcance de esas alabanzas que Te son ofrendadas por la gente que Tú has creado. En la santidad de tu propio ser has sido exaltado por encima de la comprensión de los doctos en medio de la Compañía en lo alto, y por siempre permanecerás envuelto en la beatitud de tu propia realidad, sin ser alcanzado por el conocimiento de aquellos habitantes de tu exaltado Reino, quienes glorifican tu Nombre.
¡Oh Dios, mi Dios! Cómo puedo glorificarte o describirte, inaccesible como Tú eres; inmensamente elevado y santificado eres Tú por encima de toda descripción y alabanza.
¡Oh Dios, mi Dios! Ten misericordia, entonces, de mi desamparo, de mi pobreza, de mi miseria, de mi humillación! Dame de beber del generoso cáliz de tu gracia y tu perdón, anímame con las dulces fragancias de tu amor, regocija mi pecho con la luz de tu conocimiento, purifica mi alma con los misterios de tu unicidad, vivifícame con la suave brisa que proviene de los jardines de tu misericordia, hasta apartarme de todo salvo de Ti, y adherirme al borde de tu vestidura de grandeza, y relegar al olvido todo lo que no seas Tú, y ser acompañado por los perfumados aromas que se esparcen durante éstos, tus días, y alcanzar la fidelidad en tu Umbral de Santidad, y levantarme para servir a tu Causa, y ser humilde ante tus amados, y que, en la presencia de tus favorecidos, llegue a ser la misma nada.
Verdaderamente, Tú eres el Auxiliador, el Sostenedor, el Exaltado, el Más Generoso.
¡Oh Dios, mío Dios! Te ruego, por el amanecer de la luz de tu Belleza que ha iluminado toda la tierra, y por la mirada del ojo de tu divina compasión que examina todas las cosas, y por el agitado mar de tus dádivas en el cual están inmersas todas las cosas, y por tus fluyentes nubes de generosidad que derraman sus dones sobre la esencia de todas las cosas creadas, y por los esplendores de tu misericordia, la cual ya existía antes de que el mundo fuese, que ayudes a tus escogidos a ser fieles, y que asistas a tus amados para que sirvan en tu exaltado Umbral, y les hagas alcanzar la victoria mediante los batallones de tu poder que subyuga todas las cosas, y les fortalezcas con una gran hueste combatiente procedente del Concurso en lo alto.
¡Oh mi Señor! Son almas débiles de pie ante tu puerta; son indigentes en tu atrio, que desesperan de tu gracia, en extrema necesidad de tu socorro, que dirigen sus rostros hacia el reino de tu unicidad, anhelantes de la munificencia de tus dádivas. ¡Oh mi Señor! Inunda sus mentes con tu santa luz; purifica sus corazones con la gracia de tu ayuda; regocija sus pechos con la fragancia de las alegrías, la cual sopla desde tu Compañía en lo alto; ilumina sus ojos con la contemplación de los signos y señales de tu poder; haz que sean emblemas de pureza, banderas de santidad, flameando muy por encima de todas las criaturas en las cumbres de la tierra; haz que sus palabras conmuevan a los pétreos corazones. Que se levanten para servirte y se consagren al Reino de tu divinidad, y dirijan sus rostros hacia el dominio de tu autosuficiencia, y difundan tus signos por doquier, y sean iluminados por tus torrentes de luz, y descubran tus misterios ocultos. Que guíen a tus siervos hacia las aguas tranquilas y a la fuente de tu misericordia, que mana y brinca en el íntimo corazón del Cielo de tu unicidad. Que icen la vela del desprendimiento en el Arca de Salvación, y naveguen en los mares de tu conocimiento; que desplieguen las alas de tu unidad y, con su ayuda, se remonten hacia el Reino de tu singularidad, para llegar a ser los siervos a quienes el Supremo Concurso habrá de aclamar. Cuyas alabanzas los moradores de tu todo glorioso dominio habrán de proferir; que escuchen a los heraldos del mundo invisible pregonar la Mas Grande Buena Nueva; que ellos, en su anhelo por encontrarte, te invoquen y oren entonando maravillosas plegarias al amanecer de la luz -¡ oh mi Señor, Quien dispones todas las cosas!- vertiendo sus lágrimas al alba y al atardecer, ansiando albergarse a la sombre de tu infinita misericordia.
Ayúdales, oh mi Señor, en todas las condiciones, sosténles en todo momento con tus ángeles de santidad, ellos, quienes son tus huestes invisibles, tus batallones celestiales, quienes provocan la derrota de los ejércitos concentrados de este mundo inferior.
En verdad, Tú eres el Poderoso, el Fuerte, el Todoabarcador, Quien ejerce dominio sobre todo lo que existe.
¡Oh sacrosanto Señor! ¡Oh Señor de amorosa bondad! Deambulamos alrededor de tu morada, ansiando contemplar tu Belleza y amando todos tus modos de obrar. Somos desventurados, humildes y de poca importancia. Somos indigentes, muéstranos misericordia, concédenos munificencia; no veas nuestras flaquezas, esconde nuestros pecados sin fin. Seamos lo que seamos, aún somos tuyos, y lo que decimos y lo que oímos es alabanzas a Ti, y es tu rostro el que buscamos, tu sendero el que seguimos. Tú eres el Señor de amorosa bondad; nosotros somos los pecadores, extraviados y lejos de nuestro hogar. Por tanto, ¡oh Nube de Misericordia, concédenos algunas gotas de lluvia! ¡Oh Florido Jardín de gracia, exhala una fragante brisa! ¡Oh Mar de todas las dádivas, haz rodar hacia nosotros una gran ola! ¡O h Sol de Munificencia, envíanos un haz de luz! Concédenos piedad, concédenos gracia. Por tu belleza, no traemos más provisión que nuestros pecados, sin buenas acciones de que hablar, tan solo esperanzas. A menos que nos cubra tu velo ocultador, y nos escude y envuelva tu protección, ¿qué poder tienen esta almas desvalidas para levantarse y servirte? ¿Que hacienda tienen estos seres miserables para hacer un gallardo despliegue? Tú, Quien eres el Poderoso, el Omnipotente, ayúdanos, favorécenos; aunque estemos marchitos, vivifícanos con las lluvias de tus nubes de gracia; aunque humildes, iluminaos con los brillantes rayos del Sol de tu unicidad. Arroja a estos peces sedientos al océano de tu misericordia, guía a esta extraviada caravana al refugio de tu singularidad; conduce a la fuente de guía a quienes se han extraviado tanto y a aquellos que han errado el camino, concédeles un amparo dentro de los recintos de tu poder. Alza hasta los abrasados labios las generosas y fluyentes aguas celestiales, resucita a estos muertos a la vida sempiterna. Concede al ciego ojos que ven. Haz que el sordo oiga, que el mundo hable. Anima al abatido, vuelve atento al negligente, advierte al orgulloso, despierta a quienes duermen.
Tú eres el Fuerte, Tú eres el Donador, Tú eres el Amoroso. Verdaderamente, Tú eres el Benéfico, el Más Exaltado.
¡Oh vosotros amados de Dios, vosotros quienes ayudáis a este evanescente siervo! Cuando el Sol de la Realidad derramó sus ilimitadas munificencias desde el Punto de Amanecer de todos los anhelos, y este mundo del ser se encendió de polo a polo con esa sagrada lumbre, y lanzó sus rayos con tal intensidad que borró por siempre la estigia oscuridad, entonces esta tierra de polvo llegó a ser la envidia de las esferas celestes, y este humilde lugar adquirió la condición y el esplendor del dominio supremo. La apacible brisa de la santidad sopló sobre él, esparciendo los perfumados aromas por doquier; los vientos primaverales del cielo pasaron por él, y sobre él, provenientes de la Fuente de todos los dones, difundiendo fructíferos aires portadores de ilimitada gracia. Entonces surgió la luminosa aurora y llegaron nuevas de gran alegría. La primavera divina estaba allí levantando sus tiendas en este mundo contingente, de modo que toda la creación saltaba y danzaba. La tierra mustia produjo capullos inmortales, el polvo muerto despertó a la vida eterna. Entonces aparecieron las flores de la erudición mística y, revelando el conocimiento de Dios, una nueva lozanía surgió del suelo. El mundo contingente desplegó los generosos dones de Dios, el mundo visible reflejó las glorias de los dominios que estaban ocultos a la vista. El llamado de Dios fue proclamado, la mesa del Convenio Eterno fue dispuesta, el cáliz del Testamento pasó de mano en mano, la invitación universal fue enviada. Entonces, algunos de entre el pueblo se inflamaron con el vino del cielo; y algunos otros se quedaron con su parte de ésta, la más grande entre las dádivas. La vista y la perspicacia de algunos fueron iluminadas por la luz de la gracia, y hubo quienes, oyendo los himnos de unidad, retozaron de alegría. Hubo aves que comenzaron a cantar en los jardines de santidad, y hubo ruiseñores que en las enramadas de la rosaleda del cielo elevaron su quejumbroso pregón. Entonces se ataviaron y adornaron tanto el Reino en lo alto como la tierra abajo. Y este mundo llegó a ser la envidia del encumbrado cielo. Mas, ¡ay! ¡ay!, el negligente ha persistido en su atolondrado sueño, y el necio ha desdeñado ésta, las más sagrada de las dádivas. El ciego permanece envuelto en sus velos, el sordo no participa de lo que ha sucedido, en muerto no tiene esperanza de alcanzarlo, pues como Él dice. "Ellos desesperan de la vida por venir, como los infieles desesperan de que los habitantes de las tumbas se levanten nuevamente."1
En cuanto a vosotros, ¡oh amados de Dios! Desatad vuestras lenguas y ofreced vuestras gracias a Él; alabad y glorificad la belleza del Adorado, pues habéis bebido de éste, el más puro de los cálices y estáis animados y encendidos con ese vino. Habéis descubierto las dulces fragancias de santidad, habéis aspirado el almizcle de la fidelidad de la vestidura de José. Os habéis alimentado con la miel de la lealtad en las manos de Aquel Quien es el solo y único Amado, habéis festejado con manjares inmortales en la munífica mesa de banquetes del Señor. Esta abundancia es un favor especial conferido por un Dios amante; estas son bendiciones y raros dones provenientes de su gracia. En el Evangelio Él dice: "Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos."2 Ello es, a muchos les es ofrecida, pero rara es el alma que es señalada para recibir la gran dádiva de la guía. "Tal es la munificencia de Dios: a quien Le place, Él concede, y de inmensa munificencia es Dios."3
¡Oh amados de Dios! De los pueblos del mundo soplan vientos contrarios que baten la Candela del Convenio. El Ruiseñor de la fidelidad es perseguido por los renegados, quienes son como los cuervos del odio. La Paloma de la rememoración de Dios es hostigada por las insensatas aves de la noche, y la Gacela que mora en los prados del amor de Dios es acosada por las bestias feroces. Mortal es el peligro, torturante el dolor.
Los amados de Dios deben permanecer inconmovibles como las montañas, firmes como murallas inexpugnables. Deben mantenerse imperturbables aun frente a las más terribles adversidades, y no afligirse ni ante el pero de los desastres. Que se aferren a la orla de Dios Todopoderoso y depositen su fe en la Belleza del Altísimo; que confíen en la infalible ayuda que proviene del Antiguo Reino, y dependan de cuidado y protección del generoso Señor. Que en todo momento se refresquen y restablezcan con el rocío de la gracia celestial, y con los hálitos del Espíritu Santo se vivifiquen y renueven continuamente. Que se levanten para servir a su Señor, y hagan todo lo que esté en su poder para esparcir por doquier los hálitos de santidad. Que sean una poderosa fortaleza en defensa de su Fe, una ciudadela inexpugnable para las huestes de la Antigua Belleza. Que guarden fielmente el edificio de la Causa de Dios por todos sus lados; que se conviertan en las estrellas brillantes de sus cielos luminosos. Pues las hordas de la oscuridad arremeten contra su Causa desde todas las direcciones, y los pueblos de la tierra están decididos a extinguir esta Luz manifiesta Y ya que todos los linajes del mundo están lanzando su ataque, ¿como puede distraerse nuestra atención, aunque sea por un momento? Conoced con certeza estas cosas, permaneced vigilantes, y guardad la Causa de Dios.
El deber fundamental es hoy día purificar vuestros caracteres, corregir vuestros modales, y mejorar vuestra conducta. Los amados del Todo Misericordioso deben manifestar tal carácter y conducta entre sus criaturas, que la fragancia de su santidad pueda derramarse sobre el mundo entero, y pueda resucitar a los muertos, dado que el propósito de la Manifestación de Dios y del amanecer de las luces ilimitadas del Invisible, es educar las almas de los hombres y refinar el carácter de todo hombre viviente; para que los seres benditos que se han librado de la lobreguez del mundo animal, se levanten con aquellas cualidades que constituyen el ornamento de la realidad del hombre. El propósito es que las criaturas terrenales se conviertan en la gente del Cielo, y aquellos que caminan en la oscuridad entren en la luz y quienes están excluidos ingresen al círculo íntimo del Reino, y los que son como nada lleguen a ser los confidentes de la Gloria sempiterna. Que los desposeídos obtengan su porción del ilimitado mar, y los ignorantes beban hasta saciarse de la fuente de vida del conocimiento; que aquellos que están sedientos de sangre abandonen su salvajismo, y los que están armados de garras se vuelvan mansos y tolerantes, y quienes aman la guerra que busquen en cambio la verdadera conciliación; que las bestias de afiladas uñas disfruten de los beneficios de la paz perdurable; que los impuros sepan que hay un reino de pureza, y los corrompidos encuentren el camino que conduce a los ríos de santidad.
A menos que estas dádivas divinas sean reveladas desde el propio ser interior de la humanidad, la munificencia de la Manifestación resultará estéril, y los deslumbrantes rayos del Sol de la Verdad no tendrán efecto alguno.
Por tanto, ¡oh amados del Señor!, esforzaos con el corazón y el alma por recibir una parte de sus santos atributos y tomar vuestra porción de las mercedes de su santidad; para que lleguéis a ser las señales de la unidad, los estandartes de la singularidad, y tratéis de descubrir el significado de la unicidad; para que, en este jardín de Dios, elevéis vuestras voces y cantéis los venturosos himnos del espíritu. Llegad a ser como los pájaros que Le ofrendan su gratitud, y que en los florecientes vergeles de la vida entonéis tales melodías que hagan deslumbrar las mentes de aquellos que conocen. Alzad una enseña sobre las más altas cumbres del mundo, una bandera del favor de Dios que ondee y flamee en los vientos de su gracia; plantad en el campo de la vida, en medio de las rosas de este mundo visible, un árbol que produzca un fruto fresco y fragante.
Juro, por el verdadero Maestro, que si actuáis de acuerdo con las admoniciones de Dios, como han sido reveladas en sus luminosas Tablas, este oscuro polvo reflejará el Reino del cielo, y este mundo inferior, el dominio del Todoglorioso.
¡Oh vosotros, amados del Señor! Alabado sea Él; las invisibles y fluyentes mercedes del Sol de la Verdad os rodean por todas partes, y en todas las direcciones están entreabiertos los portales de su misericordia. Ahora es el momento de aprovechar estas dádivas y obtener beneficio de ellas. Conoced la valía de este momento; no dejéis que esta oportunidad se os escape. Permaneced absolutamente libres de lo que atañe a este oscuro mundo, y haced que os conozcan por los atributos de aquellas esencias que construyen su hogar en el Reino. Entonces veréis cuán intensa es la gloria del Sol Celestial, y cuán deslumbrantemente luminosas son las señales de munificencia que provienen del dominio invisible.
3
¡Oh vosotros, amados de Dios! ¡Oh vosotros, hijos de su Reino! En verdad, en verdad, el nuevo cielo y la nueva tierra han llegado. La Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, ha descendido de lo alto en la forma de una doncella del cielo, velada, hermosa y única, y preparada para la reunión con sus amantes en la tierra. La angelical compañía del Concurso Celestial se ha unido en un llamado que se ha extendido por todo el universo, proclamando a todos en voz fuerte y poderosa: "Esta es la ciudad de Dios y su morada, en la cual habitarán los puros y santos entre sus siervos. Él vivirá con ellos, porque ellos son su pueblo, y Él es su Señor."
Él ha enjugado sus lágrimas, encendido su luz, alegrado sus corazones y extasiado sus almas. Nunca más les alcanzará la muerte, ni les afligirá el dolor, el llanto o la tribulación. El Señor Dios Omnipotente ha sido entronizado en su Reino y ha hecho nuevas a todas las cosas. Esta es la verdad y, qué verdad puede ser más grande que aquella anunciada por el Apocalipsis de San Juan el Teólogo?
Él es Alfa y Omega. Él es Quien dará de beber al sediento de las fuentes del agua de vida, y conferirá al enfermo el remedio de la verdadera salvación. Aquel a quien ayude semejante gracia es en verdad quien recibe la más gloriosa herencia de los Profetas de Dios y sus santos. El Señor será su Dios y Él, su amado hijo.
Regocijaos entonces, oh vosotros amados del Señor y sus escogidos; y vosotros, los hijos de Dios y su pueblo, alzad vuestra voz para loar y magnificar al Señor, el Altísimo; pues su luz ha brillado, sus signos han aparecido, y las olas de su creciente océano han diseminado sobre todas las playas numerosas perlas preciosas.
4
La alabanza sea para Aquel Quien ha creado el mundo del ser y ha forjado todo cuanto existe, Aquel que ha elevado a los sinceros a una posición de honor,4 y ha hecho que el mundo invisible surja al plano de lo visible; no obstante, los hombre, en su ebrio estupor,5 vagan extraviados.
Él ha echado los cimientos de la excelsa Ciudadela, Él ha inaugurado el Ciclo de gloria, Él ha originado una nueva creación en este día que es, claramente, el Día del Juicio y, sin embargo, los desatentos persisten en su ebrio sueño.
Ha sonado el Clarín, se ha tocado la trompeta,6 el pregonero ha elevado su llamado, y todos en la tierra se han desvanecido; pero aun así, los muertos, en las tumbas de sus cuerpos, continúan durmiendo.
Y la segunda clarinada7 ha resonado, el segundo toque ha venido a continuación del primero,8 y la espantosa calamidad ha llegado, y toda madre que amamanta ha olvidado a su criatura;9 mas, aun así, la gente, confusa y perturbada, no repara en ello.
La Resurrección ha surgido, y la Hora ha sonado, y el Sendero ha sido rectificado, y la Balanza ha sido establecida, y todos en la tierra han sido reunidos,10 mas, aun así, la gente no ve ningún indicio del camino.
La luz ha brillado y el fulgor inunda el Monte Sinaí, y una suave brisa sopla desde los jardines del Señor Siempre Perdonador; las dulces fragancias del espíritu están pasando, y aquellos que yacían sepultados en sus tumbas se están levantando, mas, no obstante, los desatentos duermen en sus sepulcros.
Las llamas del infierno se han hecho arder, y el cielo se ha acercado; los jardines celestiales están en flor, y rebosan los frescos estanques, y el paraíso resplandece en su belleza, mas, los inconscientes continúan atrapados en sus vanos sueños.
Ha caído el velo, se ha levantado el telón, las nubes se han partido, el Señor de los Señores está a simple vista; mas, no obstante, todo ha pasado inadvertido a los pecadores.
Es Él quien ha hecho para vosotros la nueva creación,11 y ha acarreado la calamidad12 que sobrepasa a todas las demás, y ha reunido a los santos en el reino en lo alto. En verdad, en esto hay signos para aquellos que tienen ojos para ver.
Y entre sus signos está el surgimiento de los augurios y de las jubilosas profecías, de alusiones e indicios, la difusión de muchas y diferentes nuevas, y las predicciones de los justos, quienes ahora han alcanzado su meta.
Y entre sus signos están sus esplendores, surgiendo sobre el horizonte de la unicidad, sus luces fluyendo desde las auroras del poder, y el anuncio de la Más Grande Buena Nueva, por su Heraldo, el Único, el Incomparable. En verdad, en ello hay una brillante prueba para la compañía de aquellos que saben.
Entre sus signos está el haberse manifestado, visto por todos, siendo Él su propia prueba, y está su presencia ante testigos, en todas las regiones, entre pueblos que cayeron sobre Él como si fueran lobos, y Le rodearon desde todas partes.
Entre sus signos está su resistencia ante las naciones poderosas y los Estados que todo lo conquistan, y frente a una hueste de enemigos sedientos de su sangre, en todo momento empeñados en su ruina, dondequiera que Él pudiese estar. Ciertamente, este es un tema que merece el análisis de aquellos que meditan acerca de los signos y las señales de Dios.
Otro de sus signos es la maravilla de su discurso, la elocuencia de su expresión, la rapidez con la que fueron revelados sus Escritos, sus palabras de sabiduría, sus versículos, sus epístolas, sus meditaciones, su desarrollo del Qur'án, tanto de sus versículos abstrusos como de los explícitos. ¡Por tu propia vida! Esto, para cualquiera que lo observe con el ojo de la justicia, es tan manifiesto como el día.
Por otra parte, entre sus signos está el sol naciente de su conocimiento, y la luna surgente de sus artes y habilidades, y su perfección demostrada en todos sus modos de obrar, tal como lo atestiguan los doctos e instruidos de muchas naciones.
Y, por otra parte, entre sus signos está el hecho de que su belleza permaneció inviolada, y su templo humano fue protegido al revelar sus esplendores, quienes Le acometieron por millares con sus afiladas saetas, sus lanzas y espadas. En esto, ciertamente, hay un milagro y una advertencia para cualquier juez imparcial.
Y entre sus signos está su longanimidad, sus tribulaciones y su infortunio, su agonía en las cadenas y grillos, y su exclamación, en todo momento: "¡Venid a Mí, venid a Mí, oh justos! ¡Venid a Mí, venid a Mí, oh vosotros amantes del bien! ¡Venid a Mí, venid a Mí, oh puntos de amanecer de la luz!" En verdad, las puertas del misterio están abiertas de par en par; mas, aun así, ¡los inicuos se distraen con sus vanos reparos!13
Y aún otro de sus signos es la promulgación de su Libro, su Texto Sagrado decisivo, en el cual Él censuró a los reyes, y su grave advertencia a aquel14 cuyo poderoso dominio se hacía sentir alrededor del mundo -y cuyo gran trono se vino abajo en cuestión de unos pocos días-, lo cual es un hecho claramente establecido y ampliamente reconocido.
Y entre sus signos está la sublimidad de su grandeza, su eminente estado, su imponente gloria, y el esplendor de su belleza por encima del horizonte de la Prisión, de modo que las cabezas se inclinaban ante Él, y se bajaban las voces, y humildes eran los rostros que se volvían en su dirección. Esta es una prueba jamás atestiguada en las edades del pasado.
Además, entre sus signos están las cosas extraordinarias que Él hizo continuamente, los milagros que realizo, las maravillas que manaron de Él sin interrupción, como lluvia de sus nubes, y el reconocimiento, hasta de los no-creyente, de su potente luz. ¡Por su propia vida! Esto fue claramente verificado, esto fue demostrado a aquellos de todas las creencias que llegaron a la presencia del Señor viviente, el Autosuficiente.
Y aún otro de sus signos son los rayos ampliamente difundidos del sol de su era, la naciente luna de sus tiempos en el cielo de todas las edades: su día, el cual se halla en la cima de todos los días, por su rango y su poder, sus ciencias y sus artes, llegando a todas partes, las cuales han deslumbrado al mundo y asombrado a las mentes de los hombres.
En verdad, esta es una cuestión establecida y demostrada para siempre.
5
La gran Luz del mundo, otrora resplandeciente sobre toda la humanidad, se ha puesto, para brillar eternamente desde el horizonte de Abhá, su Reino de inmarcesible gloria, y vierte su esplendor sobre sus amados desde lo alto, e inspira en sus corazones y en sus almas el hálito de eterna vida.
Ponderad en vuestro corazón lo que Él ha predicho en su Tabla de la Divina Visión, la cual ha sido desplegada a través del mundo. En la misma Él dice: "Luego ella se lamentó exclamando: 'Que el mundo y todo lo que en él existe sean una redención por tus pesares. ¡Oh Soberano del cielo y de la tierra! ¿Por qué Te has entregado en las manos de los habitantes de esta ciudad prisión de 'Akká? Ve de prisa a otros dominios, a tus retiros en lo alto, donde la vista de los pueblos de los nombres jamás se ha posado.' Sonreímos y no hablamos. Reflexiona acerca de estas exaltadísimas palabras, y comprende el propósito de este oculto y sagrado misterio."
¡Oh vosotros amados del Señor! Cuidado, cuidado, no sea que vaciléis y dudéis. No dejéis que el temor caiga sobre vosotros, ni estéis perturbados o consternados. Prestad atención, no sea que este calamitoso día debilite las llamas de vuestro ardor, y extinga vuestras tiernas esperanzas. Hoy es el día de la tenacidad y la constancia. Bienaventurados aquellos que permanecen firmes e inmutables como la roca y que afrontan la conmoción y la tensión de esta hora tempestuosa. Ellos, ciertamente, serán los recipientes de la gracia de Dios; ellos, ciertamente, recibirán su divina asistencia, y serán en verdad victoriosos. Ellos resplandecerán entre la humanidad con un fulgor que alaban y magnifican los moradores del Pabellón de Gloria. A ellos se les proclama este llamado celestial, revelado en su Libro Más Sagrado: "Que vuestros corazones no se perturben, oh pueblo, cuando se haya retirado la gloria de mi Presencia y acallado el océano de mi Palabra. Hay una sabiduría en mi presencia entre vosotros, y en mi ausencia hay aún otro, inescrutable para todos salvo Dios, el Incomparable, el Omnisciente. En verdad, os contemplamos desde nuestro reino de gloria, y ayudaremos a quienquiera que se levante para el triunfo de nuestra Causa, con las huestes del Concurso en lo alto y una compañía de nuestros ángeles predilectos."
El Sol de la Verdad, aquella Más Grande Luz, se ha puesto sobre el horizonte del mundo, para surgir con imperecedero esplendor por sobre el Reino del Infinito. En su Libro Más Sagrado, Él hace un llamamiento a los firmes y constantes de sus amigos: "No os consternéis, oh pueblos del mundo, cuando el sol de mi belleza se haya puesto, y el cielo de mi tabernáculo esté oculto a vuestros ojos. Levantaos a promover mi Causa y exaltar mi Palabra entre los hombres."
6
¡Oh vosotros pueblos del Reino! Cuántas almas se dedicaron durante todo el transcurso de su vida a la adoración, sufrieron la mortificación de la carne, anhelaron alcanzar la entrada en el Reino y, sin embargo, fracasaron, en tanto que vosotros, sin esfuerzo, ni dolor, ni abnegación, habéis ganado el premio y entrado en él.
Es como en el tiempo del Mesías, cuando los fariseos y los píos se quedaron sin una porción, en tanto que Pedro, Juan y Andrés, quienes no eran dados a la adoración pía ni a la práctica ascética, lograron el triunfo. Por consiguiente, agradeced a Dios por haber colocado sobre vuestras cabezas la corona de la gloria sempiterna, por haberos concedido esta inmensurable gracia.
Ha llegado el momento cuando, en acción de gracias por esta dádiva, debierais crecer en fe y constancia día tras día, y acercaros cada vez más al Señor, vuestro Dios, llegando a estar en tal grado magnetizados e inflamados, que vuestras santas melodías de alabanzas al Bienamado logren ascender hasta la Compañía en lo alto; y que cada uno de vosotros, como un ruiseñor en esta rosaleda de Dios, glorifique al Señor de las Huestes,15 y llegue a se el maestro de todos los que habitan en la tierra.
7
¡Oh vosotros, amigos espirituales de 'Abdu'l-Bahá! Un leal mensajero ha llegado y, en el mundo del espíritu, ha entregado un mensaje de los amados de Dios. Este correo de buen augurio son las emanaciones de gran vehemencia y las brisas vivificadoras del amor de Dios. Hace danzar de alegría al corazón, y colma el alma con un éxtasis de amor y embeleso. Tan intensamente ha penetrado las almas y los corazones la gloria de la Unidad Divina, que todos están ahora ligados los unos a los otros con lazos celestiales, y todos son como un solo corazón, como una sola alma. Por esta razón, las imágenes del espíritu y las impresiones de los Divino se reflejan ahora clara y nítidamente en lo más profundo del corazón. Ruego a Dios que fortalezca estos lazos espirituales con cada día que pasa, y haga que esta mística unidad resplandezca siempre con más brillantez hasta que, al final, todos sean como tropas en formación bajo la bandera del Convenio, a la sombra protectora de la Palabra de Dios; que se esfuercen con todos sus poderes hasta que la confraternidad universal, cercana y afectuosa, y el amor sin impurezas, y las relaciones espirituales, entrelacen a todos los corazones en el mundo. Entonces, la humanidad toda, debido a esta nueva y deslumbrante munificencia, será reunida en un único suelo patrio. Entonces, el conflicto y la disensión de desvanecerán de la faz de la tierra; entonces, la humanidad será acunada en el amor a la belleza del Todoglorioso. La discordia se transmutará en acuerdo; la disensión, en armonía. Las raíces de la malevolencia serán arrancadas, y destruida la base de la agresión. Los brillantes rayos de la unión borrarán la oscuridad de las limitaciones, y los esplendores del cielo harán que el corazón humano legue a ser como una mina ricamente veteada con el amor de Dios.
¡Oh vosotros, amados del Señor! Esta es la hora en la que debéis asociaros con todos los pueblos de la tierra con suma amabilidad y amor, y ser para ellos los signos y señales de la gran misericordia de Dios. Debéis llegar a ser el alma misma del mundo, el espíritu viviente en el cuerpo de los hijos de los hombres. En esta Edad maravillosa, en este tiempo cuando la Antigua Belleza, el Más Grande Nombre, portando innumerables dones, Se ha elevado por sobre el horizonte del mundo, la Palabra de Dios ha infundido tan temible poder en la íntima esencia de la humanidad, que ha hecho que Él haya despojado a las humanas cualidades de los hombre de todo efecto y, con su avasalladora fuerza, haya unificado a los pueblos en un vasto mar de unidad.
Ahora es el tiempo para que los amados de Dios, enarbolando los estandartes de unidad, entonen, en las asambleas del mundo, los versos de amistad y amor, y demuestren a todos que la gracia de Dios es una. Así serán erigidos los tabernáculos de santidad sobre las cumbres de la tierra, reuniendo a todos los pueblos a la sombra protectora de la Palabra de Unicidad. Esta gran munificencia amanecerá sobre el mundo en el momento en que los amantes de Dios se levantes para llevar a cabo sus Enseñanzas, para difundir por doquier las frescas, las dulces fragancias del amor universal.
En toda dispensación ha existido el mandamiento de la confraternidad y el amor, pero ha sido un mandamiento limitado a la comunidad de aquellos en mutuo acuerdo, y no para el enemigo disidente. En esta edad maravillosa, no obstante, alabado sea Dios, los mandamientos no están limitados ni restringidos a algún grupo de personas, sino que, por el contrario, a todos los amigos se les ha impuesto expresar confraternidad y amor, consideración y generosidad, y bondad a toda comunidad sobre la tierra. Ahora, los amantes de Dios deben levantarse para llevar a la práctica éstas sus instrucciones: que sean padres bondadosos para los hijos de la raza humana, y hermanos compasivos para los jóvenes, y abnegados vástagos para aquellos encorvados por los años. El significado de ello es que debéis demostrar ternura y amor a todo ser humano, aun a vuestros enemigos, y acoger a todos con inmaculada amistad, con buen humor y amorosa bondad. Cuando os encontréis con la crueldad y la persecución en manos de otro, tratadle con lealtad; cuando la malevolencia es dirigida a vosotros, responded con un corazón amistoso. A las lanzas y flechas que caen sobre vosotros, exponed vuestro pecho como un blanco que brilla cual un espejo; y a cambio de las maldiciones, las burlas y las palabras hirientes, demostrad abundante amor. De este modo, todos los pueblos presenciarán el poder del Más Grande Nombre, y todas las naciones reconocerán la fuerza de la Antigua Belleza, y verán como Él ha derribado los muros de la discordia y con cuánta seguridad ha guiado hacia la unidad a todos los pueblos de la tierra; cómo Él ha encendido al mundo del hombre, haciendo que esta tierra de polvo irradie haces de luz.
Estas criaturas humanas son como niños, impetuosos y despreocupados. Estos niños deben ser criados con infinito, con amoroso cuidado, y tiernamente nutridos en los brazos de la misericordia, para que puedan gustar la meliflua dulzura espiritual del amor de Dios; para que lleguen a ser como candelas difundiendo sus rayos por todo este oscuro mundo, y perciban claramente cuán deslumbrantes coronas de gloria, el Más Grande Nombre, la Antigua Belleza, ha colocado en la frente de sus amados; qué mercedes ha conferido a los corazones de aquellos a quienes Él guarda su afecto; qué amor ha vertido en el pecho de los seres humanos, y qué tesoros de amistad ha hecho aparecer entre todos los hombres.
¡Oh Dios, mi Dios! Ayuda a tus siervos leales a que posean un corazón amante y sensitivo. Asísteles para que difundan, entre todas las naciones de la tierra, la luz de guía que proviene de la Compañía en lo alto. En verdad, Tú eres el Fuerte, el Potente, el Poderoso, el Todosojuzgador, el Eterno Dador. Verdaderamente, Tú eres el Generoso, el Benévolo, el Afectuoso, el Más Munífico.
8
¡Oh vosotros amados de 'Abdu'l-Bahá, y vosotras siervas del Misericordioso! Es de mañana, muy temprano, y los vivificantes vientos del Paraíso de Abhá soplan sobre toda la creación, mas solo pueden conmover a los puros de corazón, y solo el sentido puro puede percibir su fragancia. Solo el ojo sensible contempla los rayos del sol, y solo el oído atento puede escuchar el canto del Concurso en lo alto. Aunque las copiosas lluvias de la primavera, las dádivas del Cielo, se derraman sobre todas las cosas, ellas solo pueden hacer fructificar el buen suelo; ellas no aman el suelo salobre, donde no puede percibirse ningún resultado de toda esa munificencia.
Hoy en día, las suaves y sagradas brisas del Reino de Abhá pasan por todos los países, pero solo los puros de corazón se acercan y sacan provecho de ello. Es la esperanza de esta alma agraviada que, por la gracia del Autosuficiente y por el manifiesto poder de la Palabra de Dios, se despeje la cabeza de los desatentos, para que puedan percibir estas dulces fragancias provenientes de las secretas rosaledas del espíritu.
¡Oh vosotros, amigos de Dios! Los verdaderos amigos son como los médicos expertos, y las Enseñanzas de Dios son como un bálsamo curativo, una medicina para la conciencia del hombre. Despejan la cabeza, a fin de que un hombres pueda aspirarlas y deleitarse con su perfumada fragancia. Despiertan a los que duermen. Llevan conciencia al desatento, y una ración al indigente, y esperanza al desesperado.
Si un alma en este día actuara de acuerdo a los preceptos y consejos de Dios, sería como un médico divino para la humanidad, y como la trompeta de Isráfíl,16 llamará a la vida a los muertos de este mundo contingente; porque las confirmaciones del Reino de Abhá jamás se interrumpen, y esa alma virtuosa tendrá para asistirle la ayuda infalible de la Compañía en lo alto. De este modo, un miserable mosquito se volverá un águila en la plenitud de su fuerza, y un débil gorrión se transformará en halcón real en las alturas de antigua gloria.
Por tanto, no reparéis en el grado de vuestra capacidad, no preguntéis si sois merecedores de esa tarea: depositad vuestra esperanza en la ayuda y la bondad, en los favores y las dádivas de Bahá'u'lláh, ¡que mi alma sea una ofrenda por sus amigos! Impulsad al corcel del elevado empeño hacia el campo del sacrificio, y obtened en esta vasta arena el premio de la divina gracia.
¡Oh vosotras, siervas del misericordioso Señor! Cuántas reinas de este mundo descansaron su cabeza sobre una almohada de polvo y desaparecieron. No quedó de ellas ningún fruto, ninguna huella, ningún signo, ni tan siquiera sus nombres. Para ellas no hubo más dádivas; para ellas no hubo más vida en absoluto. No así para las siervas que han asistido en el Umbral de Dios; ellas han resplandecido como estrellas rutilantes en los cielos de antigua gloria, derramando sus esplendores a través de toda la extensión del tiempo. Ellas han dado cumplimiento a sus más caras esperanzas en el Paraíso de Abhá; ellas han gustado la miel de la reunión en la congregación del Señor. Almas como éstas aprovecharon su existencia aquí en la tierra; cosecharon el fruto de la vida. En cuanto al resto, "ciertamente, les llegó el tiempo en el que fueron una cosa de la que no se habla."
¡Oh vosotros, amantes de este Agraviado! Purificad vuestros ojos para que no consideréis a ningún hombre como diferente a vosotros mismos. No veáis extraños; más bien, mirad a todos los hombres como amigos, pues el amor y la unidad difícilmente se originan cuando fijáis vuestra mirada en lo que es diferente. Y las Sagradas Escrituras dicen que en esta nueva y maravillosa edad debemos estar unidos con todas las gentes; que no debemos ver crueldad, ni injusticia, ni malevolencia, ni hostilidad, ni odio, sino más bien dirigir nuestra mirada hacia el cielo de antigua gloria. Puesto que cada una de las criaturas es un signo de Dios, y fue por la gracia del Señor y su poder que cada una entró en el mundo; por tanto, no son extraños, sino que pertenecen a la familia; no son ajenos, sino amigos, y deben ser tratados como tales.
Por consiguiente, los amados de Dios deben asociarse en afectuosa camaradería con extraños y amigos por igual, demostrando a todos la mayor bondad, sin tener en cuenta el grado de su capacidad, sin preguntarse nunca si merecen ser amados. Que en todos los casos los amigos sean considerados e infinitamente bondadosos. Que nunca se dejen vencer por la malignidad de la gente, por su agresión y su odio, por muy intensos que fueren. Si otros lanzan sus dardos contra vosotros, ofrecedles a cambio leche y miel; si envenenan vuestra vidas, endulzad sus almas; si os lastiman, enseñadles a consolarse; si os provocan una herida, sed un bálsamo para sus llagas; si os aguijonean, colocad en sus labios una copa refrescante.
¡Oh Dios, mi Dios! Estos son tus débiles siervos; ellos son tus esclavos leales y tus siervas, quienes se han inclinado ante tu exaltada Prolación y se han humillado ante tu Umbral de luz, y han dado testimonio de tu unicidad, mediante el cual se ha hecho brillar el Sol en su esplendor meridiano. Ellos han escuchado el llamado que Tú elevaste desde tu oculto Reino y, con sus corazones vibrando de amor y embeleso, han respondido a tu llamado.
Oh Señor, derrama sobre ellos todas las efusiones de tu misericordia, haz llover sobre ellos todas las aguas de tu gracia. Hazles crecer como hermosas plantas en el jardín del cielo, y de las plenas y desbordantes nubes de tus dádivas y los profundos remansos de tu abundante gracia, has que este jardín florezca, y manténlo siempre verde y brillante, siempre fresco, reluciente y hermoso.
Tú eres, verdaderamente, el Fuerte, el Exaltado, el Poderoso, Aquel Quien, en los cielos y en la tierra, es el único que permanece inmutable. No existe otro Dios fuera de Ti, el Señor de las señales y los signos manifiestos.
9
¡Oh tú, cuyo corazón rebosa con el amor del Señor! Me dirijo a ti, desde este consagrado sitio, para alegrar tu pecho con mi epístola a ti, pues esta es una carta tal que hace que el corazón de quien cree en la unicidad de Dios, alce el vuelo hacia las cumbres de la bienaventuranza.
Agradece a Dios por haberte permitido entrar en su Reino de poder. En breve las dádivas de tu Señor descenderán sobre ti, sucediéndose unas a otras, y Él hará de ti un signo para todo buscador de la verdad.
Aférrate firmemente al Convenio de tu Señor, y a medida que transcurren los días, aumenta tu provisión de amor para con sus amados. Inclínate con ternura ante los servidores del Todomisericordioso, para que puedas izar la vela del amor sobre el arca de paz, la cual surca los mares de la vida. Que nada te apene, y no te enfades con nadie. Te incumbe estar contento con la Voluntad de Dios, y ser un verdadero amante y leal amigo de todos los pueblos de la tierra, sin excepción alguna. Esta es la cualidad de los sinceros, la conducta de los santos, el emblema de aquellos quienes creen en la unidad de Dios, y el atuendo del pueblo de Bahá.
Agradece y glorifica al Señor, pues Él te ha permitido ofrecerle el Derecho de Dios.17 Esto es, ciertamente, un favor especial de su parte, para ti; alábale, entonces, por este mandamiento que está establecido en las Escrituras de tu Señor, Aquel Quien es el Antiguo de los Días.
Él, en verdad, es el Amoroso, el Afectuoso, el Eterno Dador.
10
¡Oh tú, querida sierva de Dios! Tu carta ha sido recibida y nos hemos informado de su contenido. Tú has solicitado una norma para guía de ti vida.
Cree en Dios y mantén tus ojos fijos en el exaltado Reino; permanece enamorada de la Belleza de Abhá; sosténte firme en el Convenio; asía ascender al Cielo de la Luz Universal. Libérate de este mundo y renace mediante las dulces fragancias de santidad que soplan desde el dominio del Altísimo. Sé una convocadora de amor y sé bondadosa con toda la raza humana. Ama a los hijos de los hombres y participa de sus pesares. Sé de aquellos que promueven la paz. Ofrece tu amistad, sé digna de confianza. Sé un bálsamo para toda herida, una medicina para todo mal. Enlaza las almas. Recita los versos de guía. Ocúpate en la adoración de tu Señor, y levántate para conducir rectamente a la gente. Libera tu lengua y enseña, y haz que tu rostro reluzca con el fuego del amor de Dios. No descanses ni por un momento, ni te des respiro. Y así llegarás a ser un signo y un símbolo del amor de Dios, y un estandarte de su gracia.
11
El servicio a los amigos es servicio al Reino de Dios, y mostrar consideración hacia el pobre, es una de las más grandes enseñanzas de Dios.
12
Sabe con certeza que el Amor es el secreto de la sagrada Dispensación de Dios, la manifestación del Todomisericordioso, la fuente de las efusiones espirituales. El Amor es la bondadosa luz del cielo, el eterno hálito del Espíritu Santo que vivifica el alma humana. El Amor es la causa de la revelación de Dios al hombre, el vínculo vital que, de acuerdo con la creación divina, es inherente a las realidades de las cosas. El Amor es el único medio que asegura la verdadera felicidad, tanto en este mundo como en el venidero. El Amor es la luz que guía en la oscuridad, el eslabón viviente que une a Dios con el hombre, que confirma el progreso de toda alma iluminada. El amor es la más grande ley que rige este potente y celestial ciclo, el único poder que une los diversos elementos de este mundo material, la suprema fuerza magnética que dirige los movimientos de las esferas en los dominios celestiales. El Amor revela con infalible e ilimitado poder los misterios latentes en el universo. El Amor es el espíritu de vida para el ataviado cuerpo de la humanidad, el fundador de la verdadera civilización en este mundo mortal, y el derramador de imperecedera gloria sobre toda raza y toda nación altruista.
Cualquier pueblo que sea benevolentemente favorecido por Dios con él, ciertamente, su nombre será magnificado y enaltecido por el Concurso en lo alto, y por la compañía de los ángeles, y por los habitantes del Reino de Abhá. Y cualquier pueblo que aparte su corazón de este Amor Divino -la revelación del Misericordioso- errará gravemente, caerá en la desesperación, y será totalmente destruido. A ese pueblo le será negado todo refugio, llegará a ser hasta como las más viles criaturas de la tierra, víctima de la degradación y la vergüenza.
¡Oh vosotros, amados del Señor! Esforzaos por llegar a ser las manifestaciones del amor de Dios, las lámparas de guía divina brillando en medio de los linajes de la tierra, con la luz del amor y la concordia.
¡Todas las salutaciones sean para los reveladores de esta gloriosa luz!
13
¡Oh tú, hija del Reino! Tu carta fechada el 5 de diciembre de 1918 fue recibida. Ella transmitía las buenas nuevas de que los amigos de Dios y las siervas del Misericordioso se ha reunido en el verano en Green Acre, y han estado ocupados día y noche en la conmemoración de Dios, han servido a la unicidad del mundo de la humanidad, han expresado su amor a todas las religiones, se han mantenido alejados de todo prejuicio religioso, y han sido bondadosos con todos. Las religiones divinas deben ser la causa de unión entre los hombres, y el instrumento de amor y unidad; deben promulgar la paz universal, liberar al hombre de todo prejuicio, conferir alegría y felicidad, practicar la bondad hacia todos los hombres, y suprimir toda diferencia y distinción. Tal como dice Bahá'u'lláh dirigiéndose al mundo de la humanidad: "¡Oh pueblo! Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama". A lo sumo se trata de que algunas almas son ignorantes y deben ser educadas; algunos están enfermos y deben ser sanados; algunos son todavía de tierna edad, y se les debe ayudar a alcanzar la madurez, y debe mostrárseles la mayor bondad. Esta es la conducta del pueblo de Bahá.
Espero que tus hermanos y hermanas lleguen todos a ser los bienquerientes del mundo de la humanidad.
14
¡Oh vosotros dos, benditas almas! Vuestras cartas han sido recibidas. Ellas mostraban que habéis investigado la verdad y que os habéis librado de las imitaciones y las supersticiones, que observáis con vuestros propios ojos y no con los de los demás, que escucháis con vuestros propios oídos y no con los oídos de los demás, y que descubrís los misterios con la ayuda de vuestra propia conciencia, y no con la de los demás. Pues el imitador dice que tal hombre ha visto, que tal hombre ha escuchado, y que tal conciencia ha descubierto; en otras palabras, él depende de la vista, del oído y de la conciencia de los demás, y no tiene voluntad propia.
Ahora bien, alabado sea Dios, vosotros habéis mostrado fuerza de voluntad y os habéis vuelto hacia el Sol de la Verdad. El llano de vuestro corazón ha sido iluminado por las luces del Señor del Reino, y habéis sido guiados al recto sendero, habéis marchado por el camino que conduce al Reino, habéis entrado en el Paraíso de Abhá y obtenido una porción y una participación del fruto del Árbol de la Vida.
Bienaventurados sois, y un buen hogar os aguarda. Salutaciones y alabanzas sean para vosotros.
15
¡Oh tú, cautiva del amor de Dios! La carta que escribiste en el momento de tu partida ha sido recibida. Ella me proporcionó alegría; y es mi esperanza que tu vista interior se abra de par en par, para que te sea descubierta la esencia misma de los misterios divinos.
Comenzaste tu carta con una frase bendita: "¡Yo soy cristiana!" ¡Oh , si todos fuesen realmente cristianos! Es fácil ser un cristiano de palabra, pero es difícil serlo realmente. En la actualidad, alrededor de quinientos millones de almas son cristianas, pero el verdadero cristiano es muy raro; es aquella alma en cuyo donoso rostro reluce el esplendor de Cristo, y que manifiesta las perfecciones del Reino; este es un asunto de gran importancia, ya que ser cristiano es encarnar todas las excelencias que existen. Yo espero que tú también llegues a ser una verdadera cristiana. Alaba a Dios, pues al fin, por medio de las enseñanzas divinas, has obtenido tanto vista como perspicacia en grado sumo, y te has arraigado firmemente en la certidumbre y la fe. Es mi esperanza que otros también lleguen a adquirir ojos iluminados y oídos atentos, y alcancen la vida sempiterna; que estos numerosos ríos, cada uno fluyendo separadamente por distintos cauces, encuentren su curso de regreso al mar que los circunda, y se fusionen y se eleven formando una única ola de ondulante unión; que la unidad de la verdad, mediante el poder de Dios, haga que estas diferencias ilusorias se desvanezcan. Esto es lo esencial, pues si se logra la unidad, todos los demás problemas desaparecerán por sí mismos.
¡Oh tú, honorable dama! Según las enseñanzas divinas, en esta gloriosa dispensación no deberíamos menospreciar a nadie ni llamarle ignorante, diciéndole: "Tú no conoces y yo sí conozco". Más bien deberíamos mirar a los demás con respeto, y al tratar de explicar y demostrar algo, deberíamos hablar como si estuviésemos investigando la verdad, y decir: "He aquí, ante nosotros, estas cosas. Investiguemos para determinar dónde y en qué forma puede hallarse la verdad". El maestro no debería considerarse a sí mismo instruido, y a los demás ignorantes. Tal pensamiento engendra orgullo, y el orgullo no conduce a ejercer influencia. El maestro no debe ver en sí mismo ninguna superioridad; debería hablar con la mayor bondad, con humildad y modestia, pues tales palabras ejercen influencia y educan las almas.
¡Oh tú, honorable dama! Todos y cada uno de los Profetas han sido enviados a la tierra con un único propósito; por esto Cristo Se hizo manifiesto, por esto Bahá'u'lláh elevó el llamado del Señor: que el mundo del hombre llegue a ser el mundo de Dios; que este dominio inferior llegue a ser el Reino; esta oscuridad, la luz; esta perversidad satánica, todas las virtudes del cielo, y que la unidad, la hermandad y el amor sean conquistados por toda la raza humana, que reaparezca la unidad orgánica y las bases de la discordia sean destruidas, y que la vida eterna y la gracia sempiterna se conviertan en la cosecha de la humanidad.
¡Oh tú, honorable dama! Observa el mundo a tu alrededor: aquí, la unidad, la atracción mutua, la reunión, engendran la vida; mas la desunión y la falta de armonía significan la muerte. Cuando consideres todos los fenómenos verás que todas las cosas creadas han venida a la existencia a través de la combinación de muchos elementos, y una vez que esta combinación de elementos es disuelta y esta armonía de componentes es dispersada, la forma de vida se destruye.
¡Oh tú, honorable dama! En los ciclos del pasado, aunque fuera establecida la armonía, no obstante, debido a la falta de medios, no podría haberse logrado la unidad de la humanidad. Los continentes permanecían absolutamente incomunicados; es más, aun entre los pueblos de un mismo continente, la asociación y el intercambio de ideas eran poco menos que imposibles. Por tanto, la intercomunicación, el entendimiento y la unidad entre todos los pueblos y linajes de la tierra, eran inalcanzables. En este día, no obstante, los medios de comunicación se han multiplicado, y los cinco continentes de la tierra, virtualmente, se han convertido en uno solo. Y para todos es ahora fácil viajar a cualquier país, asociarse e intercambiar puntos de vista con sus pueblos, y familiarizarse, a través de las publicaciones, con las condiciones, las creencias religiosas y los pensamientos de todos los hombres. De igual modo, todos los miembros de la familia humana, ya sean pueblos o gobiernos, ciudades o aldeas, han llegado a ser cada vez más interdependientes. A nadie le es posible ya bastarse a sí mismo, por cuanto los lazos políticos unen a todos los pueblos y naciones, y los vínculos del comercio y la industria, de la agricultura y la educación, se fortalecen cada día más. En consecuencia, la unidad de toda la humanidad puede ser alcanzada en este día. En verdad, éste no es sino uno de los portentos de esta edad maravillosa, de este glorioso siglo. De ello han sido excluidas todas las edades del pasado, pues este siglo -el siglo de la luz- ha sido dotado con una gloria, una iluminación y un poder únicos y sin precedentes. De esto el milagroso despliegue de una nueva maravilla cada día. Finalmente, se verá con cuánta luminosidad resplandecerán sus candelas en la comunidad de los hombres.
Contempla cómo su luz está ahora despuntando por sobre el oscuro horizonte del mundo. La primera candela es la unidad en el dominio político, cuyos tempranos destellos pueden discernirse en la actualidad. La segunda candela es la unidad de pensamiento en los emprendimientos mundiales, la consumación de la cual será pronto atestiguada. La tercera candela es la unidad en libertad, la cual sin duda habrá de venir. La cuarta candela es la unidad de religión, la piedra angular del fundamento mismo, la cual, mediante el poder de Dios, será revelada en todo su esplendor. La quinta candela es la unidad de naciones, una unidad que seguramente será establecida en este siglo, haciendo que todos los pueblos del mundo se consideren a sí mismos como ciudadanos de una única patria común. La sexta candela es la unidad de razas, la cual hará de todos los que habitan la tierra, pueblos y linajes de una misma raza. La séptima candela es la unidad de lenguaje, ello es, la elección de una lengua universal en la que serán instruidos y conversarán todos los pueblos. Todas y cada una de ellas inevitablemente habrán de venir, por cuanto el poder del Reino de Dios ayudará y asistirá en su realización.
16
¡Oh vosotros, iluminados amados, y vosotras, siervas del Misericordioso! En una época cuando la sombría noche de la ignorancia, de la negligencia hacia el mundo divino, de estar apartado de Dios como por un velo, se había extendido sobre la tierra, despuntó una luz naciente en una mañana luminosa, la que encendió el cielo de Oriente. Entonces apareció el Sol de la Verdad y los esplendores del Reino fueron derramados sobre el este y el oeste. Aquellos quienes tenían ojos para ver se regocijaron con la buenas nuevas y exclamaron: "¡Oh, bienaventurados, bienaventurados somos!", y presenciaron la realidad interior de todas las cosas, y descubrieron los misterios del Reino. Librados, entonces, de sus fantasías y sus dudas, contemplaron la luz de la verdad y se volvieron tan dichosos al apurar el cáliz del amor de Dios, que se olvidaron completamente del mundo y de sí mismos. Danzando de alegría, se dirigieron presurosos al lugar de su propio martirio y allí, donde los hombres mueren por amor, desdeñaron sus cabezas y sus corazones.
Pero aquellos cuyos ojos no ven, asombrados ante este tumulto, gritaron: "¿Dónde está la luz?", y nuevamente: "¡No vemos ninguna luz! ¡No vemos ningún sol naciente! Aquí no está la verdad. Esto es solo fantasía y nada más." Como murciélagos huyeron a la oscuridad subterránea y allí, para su modo de pensar, encontraron un cierto grado de seguridad y de paz.
Ello, sin embargo, es solo el comienzo del amanecer, y el calor del ascendente Orbe de la Verdad no está aún en la plenitud de su poder. Una vez que el sol se haya elevado a su apogeo, sus fuegos arderán de modo que hasta las cosas que reptan bajo la tierra serán conmovidas; y aunque no les sea posible contemplar la luz, no obstante, serán todas puestas en frenético movimiento por efecto del calor.
Por tanto, oh vosotros amados de Dios, dad las gracias, ya que, en el día del amanecer, habéis vuelto vuestros rostros hacia la Luz del Mundo y contemplado sus esplendores. Habéis recibido una parte de la luz de la verdad, habéis disfrutado de una porción de aquellas bendiciones que perduran por siempre; y, por consiguiente, en agradecimiento por esta merced, no descanséis ni tan solo un momento, ni estéis silenciosos; llevad a los oídos de los hombres las buenas nuevas del Reino, difundid por doquier la Palabra de Dios.
Actuad de acuerdo con los consejos del Señor; ello es, levantaos de tal manera y con tales cualidades, como para dotar al cuerpo de este mundo con un alma viviente, y llevar a este pequeño niño, la humanidad, a su edad adulta. Mientras os sea posible, encended un cirio de amor en cada reunión, y afectuosamente, regocijad y alentad a cada corazón. Cuidad al extraño como a uno de los vuestros; mostrad a sus almas la misma bondad que dispensad a vuestros fieles amigos. Si alguien llega a golpearos, tratad de amigaros con él; su alguien os apuñala el corazón, sed un ungüento curativo para sus llagas; si alguien os insulta o se mofa de vosotros, recibidle con amor. Si alguno os inculpa, alabadle; si os ofrece un veneno mortal, dadle a cambio la escogida miel; y si amenaza vuestra vida, concededle un remedio que lo sane para siempre. Si él es el dolor mismo, sed vosotros su medicina; si es una espina, sed sus rosas y fragantes hierbas. Quizá, tales modales y palabras vuestras hagan que este oscuro mundo pueda al fin brillar; hagan que esta polvorienta tierra se vuelva celestial, que este diabólico lugar de encarcelamiento, se convierta en un palacio real del Señor; así, la guerra y la lucha pasarán y no serán más, y el amor y la confianza podrán levantar sus tiendas en las cumbres del mundo. Tal es la esencia de las admoniciones de Dios; tales, en suma, son las enseñanzas para la Dispensación de Bahá.
17
¡Oh vosotros, quienes sois los escogidos del Reino de Abhá! Alabad al Señor de las Huestes,18 pues Él, cabalgando sobre las nubes, ha bajado a este mundo desde el cielo del dominio invisible, de modo tal que Oriente y Occidente han sido iluminados por la gloria del Sol de la Verdad, y se ha elevado el llamado del Reino, y los pregoneros del dominio celestial, con melodías del Concurso en lo alto, anunciaron las buenas nuevas de la Venida. Entonces, todo el mundo del ser se estremeció de felicidad y, sin embargo, las gentes, tal como dice el Mesías, continuaron durmiendo; pues el día de la Manifestación, cuando el Señor de las Huestes descendió, los encontró sumidos en el sueño de la inconsciencia. Como Él dice en el Evangelio: mi venida es como cuando el ladrón está en la casa, y el amo de la casa no vigila.
De entre toda la humanidad, Él os ha escogido a vosotros, y vuestros ojos han sido abiertos a la luz de guía, y vuestros oídos han sido armonizados con la música de la Compañía en lo alto; y bendecidos por abundante gracia, vuestros corazones y vuestras almas han nacido a una nueva vida. Agradeced y alabad a Dios, pues la mano de los infinitos dones ha colocado sobre vuestras cabezas esta corona guarnecida con piedras preciosas, esta corona cuyas brillantes joyas fulgurarán y emitirán destellos por toda la extensión del tiempo.
En agradecimiento por ello haced un ingente esfuerzo, y escoged para vosotros una noble meta. Mediante el poder de la fe, obedeced las enseñanzas de Dios, y haced que todas vuestras acciones concuerden con sus leyes. Leed Las Palabras Ocultas, ponderad sus íntimos significados, y actuad de acuerdo con ello. Leed, con mucha atención, las Tablas de (r)arázát (Ornamentos), Kalimát (Palabras del Paraíso), Tajallíyyát (Efulgencias), Ishráqát (Esplendores), y Bishárát (Buenas Nuevas), y levantaos como se os demanda en las enseñanzas celestiales. Así, cada uno os demanda en las enseñanzas celestiales. Así, cada uno de vosotros puede ser como una candela que vierte su luz, el centro de atracción dondequiera que la gente se reúna; y que de vosotros, cual un macizo de flores, se esparzan dulces aromas.
Elevad un clamor cual un mar que brama; como una pródiga nube, haced llover la gracia del cielo. Alzad vuestra voz y entonad los cánticos del Reino de Abhá. Extinguid los fuegos de la guerra, enarbolad las banderas de la paz, trabajad por la unidad de la humanidad, y recordad que la religión es el canal del amor para todos los pueblos. Sed conscientes de que los hijos de los hombres son ovejas de Dios, y Él es su amante Pastor que tiernamente cuida de todas sus ovejas, hace que se alimenten en los verdes prados de su gracia, y les da de beber de la fuente de vida. Tal es el sendero del Señor. Tales son sus generosidades. Tal es, de entre sus enseñanzas, su precepto de la unidad de la humanidad.
Los portales de sus bendiciones están abiertos de par en par, y sus signos se dan a conocer ampliamente, y resplandece la gloria de la verdad; inagotables son las bendiciones. Conoced la valía de este tiempo. Esforzaos con todo vuestro corazón, elevad vuestra voz y exclamad, hasta que este oscuro mundo se colme de luz, y este estrecho lugar de sombras se ensanche, y este montón de polvo de un momento efímero se transforme en un espejo de los eternos jardines del cielo, y esta esfera terrenal reciba su porción de gracia celestial.
Entonces la agresión se desintegrará, y todo lo que contribuye a la desunión será destruido, y será erigida la estructura de la unidad; para que el Árbol Bendito despliegue su sombra sobre el este y el oeste, y se establezca en las altas cumbres el Tabernáculo de la singularidad del hombre, y flameen en sus astas las banderas que anuncian en todo el mundo el amor y la camaradería, hasta que el mar de la verdad alce en alto sus olas, y la tierra produzca rosas y perfumadas hiervas de bendiciones sin fin, y se convierta, de polo a polo, en el Paraíso de Abhá.
Estos son los consejos de 'Abdu'l-Bahá. Es mi esperanza que por las dádivas del Señor de las Huestes llegaréis a ser la esencia espiritual y el esplendor mismo de la humanidad, enlazando los corazones de todos con lazos de amor; que a través del poder de la Palabra de Dios deis vida a los muertos que ahora están enterrados en las tumbas de sus deseos sensuales; que con los rayos del Sol de la Verdad restituyáis la vista a aquello cuyo ojo interior está ciego; que llevéis curación espiritual a quienes están espiritualmente enfermos. Estas cosas yo espero, de las munificencias y las dádivas del Amado.
En todo momento hablo de vosotros, y os recuerdo. Ruego al Señor y con lágrimas Le imploro que haga descender todas estas bendiciones sobre vosotros, y alegre vuestros corazones, y haga dichosas vuestras almas, y os conceda grande gozo y delicias celestiales...
¡Oh Tú, amante Proveedor! Estas almas han escuchado los llamados del Reino, y han contemplado la gloria del Sol de la Verdad. Se han elevado hacia los refrescantes cielos del amor; están enamoradas de tu naturaleza, y adoran tu belleza. Se han vuelto hacia Ti, conversando de Ti entre ellas, tratando de encontrar tu morada, y ansiando los arroyos de tu celestial dominio.
Tú eres el Dador, el Conferidor, el Eterno Amante.
18
¡Oh tú, poseedor de un corazón vidente! Aunque materialmente hablando, tú estás privado de la visión física, no obstante, alabado sea Dios, la perspicacia espiritual es tuya. Tu corazón ve y tu espíritu oye. La vista corporal está expuesta a un millar de enfermedades y, con seguridad, finalmente se perderá. Por eso no se le debe atribuir importancia. Pero la vista del corazón es iluminada. Discierne y descubre el Reino Divino. Es perdurable y eterna. Alaba a Dios, entonces, pues la vista de tu corazón está iluminada y el oído de tu mente es sensible.
Cada una de las reuniones que habéis organizado, en las cuales vosotros sentís emociones celestiales y comprendéis realidades y significados, es como el firmamento, y esas almas son como estrellas resplandecientes brillando con la luz de guía.
Feliz es el alma que busca, en esta era radiante, las enseñanzas celestiales, y bendito es el corazón que se siente conmovido y atraído por el amor de Dios.
19
La alabanza sea para Aquel por cuyos esplendores están encendidos los cielos y la tierra, por cuyos fragantes hálitos vibran de alegría los jardines de santidad que engalanan los corazones de los escogidos, Aquel que ha derramado su luz y ha iluminado la faz del firmamento. En verdad, han aparecido luminosas y centelleantes estrellas, rutilantes y resplandecientes, lanzando sus rayos sobre el supremo horizonte. Su gracia y fulgor los han obtenido de la munificencias del Reino de Abhá, y luego, estrellas de guía, derramaron sus luces sobre esta tierra.
La alabanza sea para Aquel Quien ha forjado esta nueva era, esta época de majestuosidad, tal como el despliegue de un espectáculo en que se exponen a la vista las realidades de todas las cosas. Ahora se descargan las nubes de la munificencia y están claramente manifiestas las dádivas del amante Señor; pues tanto el mundo visible como el invisible han sido iluminados, y el Prometido ha venido a la tierra, y la belleza del Adorado ha resplandecido.
Salutaciones, bendiciones y bienvenida a esa Realidad Universal, esa Palabra Perfecta, aquel Libro Manifiesto, ese Esplendor que ha amanecido en el más encumbrado cielo, esa Guía de todas las naciones, esa Luz del mundo, el ondulante océano cuya abundante gracia ha inundado a toda la creación, de tal modo que sus olas han vertido sus brillantes perlas sobre las arenas de este mundo visible. Ahora la Verdad ha aparecido, y la falsedad ha huido; ahora el día ha amanecido y el júbilo ha tomado posesión, por lo cual son santificadas las almas de los hombres, purificados sus espíritus, regocijados sus corazones, clarificadas sus mentes, sus pensamientos secretos se han vuelto saludables, su conciencia, limpia; su íntimo ser se ha hecho santo; pues el Día de la Resurrección se ha cumplido, y las dádivas de tu Señor, el Perdonador, han abarcado todas las cosas. Salutaciones y alabanzas sean para esas estrellas luminosas y resplandecientes que emiten sus rayos desde el más encumbrado cielo, esos cuerpos celestiales del círculo zodiacal del Reino de Abhá. Que la gloria descanse sobre ellos.
Y ahora, oh tú hombre honorable que has escuchado el Gran Anuncio, levántate para servir a la Causa de Dios con el irresistible poder del Reino de Abhá, y los hálitos que provienen del espíritu de la Compañía en lo alto. No te acongojes por lo que los fariseos y quienes suministran falsos rumores de entre los escritores de la prensa, están diciendo sobre Bahá. Recuerda los días de Cristo, y las aflicciones que la gente acumuló sobre Él, y todos los tormentos y tribulaciones infligidos a sus discípulos. Puesto que sois los amantes de la Belleza de Abhá también debéis, por amor a Él, sufrir la reprobación de las gentes, y todo lo que les aconteció a los de aquella época, debe asimismo aconteceros a vosotros. Entonces, los rostros de los escogidos se iluminarán con los esplendores del Reino de Dios, y brillarán a través de las edades, aún más, a través de todos los ciclos del tiempo; en tanto que los negadores permanecerán en su manifiesta pérdida. Será tal como fue dicho por el Señor Jesucristo: os perseguirán a causa de mi nombre.
Recuérdales estas palabras, y diles: "En verdad, los fariseos se alzaron contra el Mesías, a pesar de la radiante belleza de su faz y toda su hermosura, y clamaron que Él no era el Mesías (Masíḥ), sino un monstruo (Masíkh), pues había declarado ser el Dios Todopoderoso, el soberano Señor de todo, y les había dicho: 'Yo soy el Hijo de Dios y, verdaderamente, el Padre está en el íntimo ser de su único Hijo, su poderoso Custodio, claramente revelado con todos sus atributos, con todas sus perfecciones.' Esto, ellos dijeron, era flagrante blasfemia y difamación contra el Señor, en concordia con los claros e irrefutable textos del Antiguo Testamento. Por esta razón pronunciaron sentencia contra Él, decretando que su sangre fuera derramada, y Le colgaron en la cruz, donde exclamó: ¡Oh mi amado Señor, ¿hasta cuándo me abandonarás a ellos? Elévame hacia Ti, cobíjame a tu lado, hazme una morada en tu trono de gloria. ¡En verdad, Tú eres el Respondedor de las oraciones, y Tú eres el Clemente, el Misericordioso! ¡Oh, mi Señor! En verdad, este mundo, con toda su vastedad, ya no puede contenerme, y yo amo esta cruz, por amor a tu belleza, y anhelando por tu Reino en lo alto, y debido a este fuego que, avivado por las ráfagas de tu santidad, arde en mi corazón. ¡Socórreme, oh Señor, para que ascienda a Ti, sosténme para que alcance tu sagrado Umbral, oh mi amoroso Señor! ¡En verdad, Tú eres el Misericordioso, el Poseedor de gran munificencia! ¡En verdad, Tú eres el Generoso! ¡En verdad, Tú eres el Compasivo! ¡En verdad, Tú eres el Omnisciente! ¡No existe otro dios sino Tú, el Fuerte, el Poderoso!'"
Nunca se habrían atrevido los fariseos a calumniarle y acusarle de tan grave pecado, si no hubiera sido por su desconocimiento del centro mismo de los misterios, y por el hecho de que no prestaron atención a sus esplendores, y de que no tomaron en cuenta sus pruebas. De lo contrario, ellos habrían reconocido sus palabras y atestiguado los versículos que Él había revelado, habrían confesado la verdad de sus expresiones, habrían buscado refugio a la sombra protectora de su enseña, habrían tomado conocimiento de sus signos y señales, y regocijado por sus bienaventuradas nuevas.
Has de saber que la Esencia Divina, la cual es llamada el Invisible de los Invisibles, nunca ha de ser descrita, que está más allá del alcance de la mente, que es santificada por encima de toda mención, de toda definición, o insinuación, o alusión, de toda celebración o alabanza. En el sentido de que Él es lo que Él es, el intelecto jamás podrá comprenderle, y el alma que busca el conocimiento de Él no es sino un vagabundo en el desierto, completamente extraviado: "Ninguna visión Le abarca, mas Él abarca toda visión: Él es el Sutil, el Todoinformado."19
No obstante, al contemplar la íntima esencia de todas las cosas y la individualidad de cada una de ellas, contemplarás los signos de la misericordia de tu Señor en todas las cosas creadas, y verás los diseminados rayos de sus nombres y atributos que se difunden en toda la extensión del dominio del ser, con evidencia que nadie habrá de negar, salvo los díscolos y los inconscientes. Entonces observarás que el universo es un pergamino que descubre sus secretos ocultos, los cuales están preservados en la bien guardada Tabla. Y no existe un átomo de entre todos los átomos de la existencia, ni criatura de entre las criaturas, que no exprese su alabanza y hable de sus atributos y nombres, que no revele la gloria de su poder y que no guíe hacia su unicidad y su misericordia; y esto no contradice a nadie que tenga oídos para oír, ojos para ver, y una mente sana.
Y cuando quiera que contemples la creación en su totalidad, y observes sus mismos átomos, distinguirás que los rayos del Sol de la Verdad se extienden sobre todas las cosas y brillan dentro de ellas, y hablan de los esplendores de ese Sol, de sus misterios, y de la difusión de sus luces. Observa los árboles, las flores, y los frutos, y hasta las piedras. También aquí contemplarás los rayos del Sol derramados sobre ellos, claramente visibles dentro de ellos, y manifiestos a través de ellos.
Si, no obstante, volviera tu mirada a un Espejo, bruñido, inmaculado y puro, en el cual se refleje la Divina Belleza, encontrarías allí al Sol brillando con sus rayos, su calor, su disco, y toda su hermosa forma. Pues cada entidad independiente posee la porción de luz solar que le ha sido asignada, y que habla del Sol; mas aquella Realidad Universal en todo su esplendor, ese inmaculado Espejo cuyas cualidades son apropiadas a las cualidades del Sol reveladas dentro de Él, expresa en su totalidad los atributos de la Fuente de Gloria. Y esa Realidad Universal es el Hombre, el Ser divino, la Esencia que perdura por siempre. "Di: invocad a Dios, o invocad al Todomisericordioso; como quiera que Le invoquéis, muy hermosos son sus Nombres."20
Este es el significado de las Palabras del Mesías, acerca de que el Padre está en el Hijo.21 ¿No ves que si un inmaculado espejo proclamase: "En verdad, el sol brilla dentro de mí, conjuntamente con todas sus cualidades, sus señales y sus signos", semejante declaración por un espejo tal no sería ni engañosa ni falsa? ¡No, por Aquel que Le creó, Le formó, Le modeló y Le hizo una entidad acorde con los atributos de la gloria que hay dentro de Él! ¡Alabado sea Aquel que Le creó! ¡Alabado sea Aquel que Le modeló! ¡Alabado sea Aquel que Le hizo manifiesto!
Tales fueron las palabras expresadas por Cristo. Como consecuencia de esta palabras Le pusieron reparos y Le atacaron cuando Él les dijo: "En verdad, el Hijo está en el Padre, y el Padre está en el Hijo."22 Infórmate de ello, y aprende los secretos de tu Señor. En cuanto a los negadores, están separados de Dios por un velo; ellos no ven, no oyen, ni comprenden. "Déjalos que se entretengan en sus cavilaciones."23 Abandónalos a sus divagaciones por lechos de ríos donde no fluye corriente alguna. Como las bestias que pacen no pueden distinguir la imitación de la perla. ¿No están excluidos de los misterios de tu Señor, el Clemente, el Misericordioso?
Por tu parte, regocíjate de ésta, la mejor de todas las buenas nuevas, y levántate para exaltar la Palabra de Dios y esparcir sus dulces fragancias en todo ese vasto e importante país. Sabe con certeza que tu Señor vendrá en tu ayuda con una compañía del Concurso en lo alto y las huestes del Reino de Abhá. Estas prepararán el araque, y furiosamente asaltarán a las fuerzas de los ignorantes, los ciegos. A corto plazo verás el arrebol del alba extendiéndose desde el Más Exaltado Reino, y el amanecer abarcando todas las regiones. Pondrá en fuga a la oscuridad, y la lobreguez de la noche se desvanecerá y pasará, y el luminoso semblante de la Fe resplandecerá, y el Sol surgirá y cubrirá el mundo. En ese día se regocijarán los fieles y los firmes serán dichosos; entonces los difamadores se marcharán, y los vacilantes serán aniquilados, tal como las sombras más profundas desaparecen con la primera luz, al despuntar el alba.
Salutaciones y alabanza sean para ti.
¡Oh Dios, mi Dios! Este es tu radiante siervo, tu cautivo espiritual, quien se ha acercado a Ti y se ha aproximado a tu presencia. Ha vuelto su rostro hacia Ti, reconociendo tu unicidad, confesando tu singularidad, y ha exclamado en tu nombre entre las naciones, y ha conducido a las gentes hacia las fluyentes aguas de tu misericordia. ¡Oh Tú, generosísimo Señor! A quienes lo han pedido, Él les ha dado de beber del cáliz de guía que rebosa con el vino de tu gracia inmensurable.
¡Oh Señor, ayúdale en todas las condiciones, hazle conocer tus bien guardados misterios y derrama sobre él tus perlas ocultas! Has de él una enseña ondeando en la cima de los castillos, a los vientos de tu socorro celestial; haz de él un manantial de aguas cristalinas.
¡Oh mi Señor perdonador! Enciende los corazones con los rayos de una lámpara que vierte sus rayos por doquier, revelando las realidades de todas las cosas a aquellos de entre tu pueblo a quienes muníficamente has favorecido.
¡En verdad, Tú eres el Poderoso, el Potente, el Protector, el Fuerte, el Benéfico! ¡En verdad, Tú eres el Señor de todas las mercedes!
2024
Cuando, hace veinte siglos, apareció Cristo, aunque los judíos esperaban ansiosamente su llegada y rogaban todos los días, con lágrimas en los ojos, diciendo: "¡Oh Dios!, apresura la Revelación del Mesías", con todo, cuando el Sol de la Verdad amaneció, lo negaron y se levantaron contra Él con la más grande saña; crucificaron a ese Divino Espíritu, el Verbo de Dios, y Le llamaron Belcebú, el demonio, como lo relata el Evangelio. La razón de esto fue que ellos pensaron: "La Revelación de Cristo, de acuerdo con los textos de la Tora, debe ser atestiguada por ciertos signos, y en tanto que esos signos no hayan aparecido, aquel que pretenda ser el Mesías será un impostor. Entre esos signos está éste, que el Mesías vendrá de un lugar desconocido. Sin embargo, todos conocemos la casa de este hombre en Nazaret y ¿puede algo bueno salir de Nazaret? Un segundo signo es que Él reinará con vara de hierro, es decir, que traerá la espada, y este Mesías no tiene siquiera un bastón de madera. Otra de las condiciones y signos es que Él deberá sentarse sobre el trono de David y establecer la soberanía de David; pero, lejos de poseer un trono, este hombre no tiene ni siquiera una estera sobre la cual sentarse. Otra de las condiciones es la promulgación de todas las leyes de la Tora, y este hombre ha abrogado esas leyes y hasta ha quebrantado el sábado, y la Tora dice claramente que aquel que se diga profeta, haga milagros y quebrante el sábado, debe ser muerto. Otro de los signos es que en Su reinado la justicia será tan perfecta, que la virtud y la felicidad se extenderán del mundo humano al mundo animal, de tal manera que la serpiente y el ratón compartirán el mismo agujero, la perdiz y el águila el mismo nido, el león y la gacela pacerán juntos y el lobo y el cabrito beberán de la misma fuente. ¡Sin embargo, la injusticia y la tiranía reinan en su tiempo en tal forma que lo han crucificado! Otra de las condiciones es que en los días del Mesías los judíos prosperarán y triunfarán sobre todos los pueblos de la tierra, pero ellos viven en la más grande humillación y esclavitud en el imperio de los romanos. Entonces, ¿cómo podía ser éste el Mesías prometido por la Tora?"
Así fue como ellos rechazaron a ese Sol de la Verdad, a pesar de que ese Espíritu de Dios era en realidad el Prometido en la Tora. Mas como no comprendían el significado de esos signos, crucificaron al Verbo de Dios.
Ahora, los bahá'ís afirman que los signos profetizados existieron en la Manifestación de Cristo, aunque no en el sentido que los judíos entendían, puesto que la descripción de la Tora era alegórica. Por ejemplo, entre los signos está aquel de la soberanía. Los bahá'ís dicen que la soberanía de Cristo era celestial, divina, eterna, no una soberanía napoleónica, pasajera. La soberanía de Cristo se estableció hace poco menos que dos mil años, perdura todavía, y por toda la eternidad ese Santo Ser será exaltado sobre un trono eterno.
De una manera análoga se han manifestado todos los otros signos, pero los judíos no los comprendieron. A pesar de que han transcurrido casi veinte siglos desde que Cristo apareció con divino esplendor, los judíos esperan aún la llegada del Mesías, considerándose a sí mismos como justos y a Cristo como falso.
21
¡Oh tú, distinguida personalidad, oh tú, buscador de la verdad! Tu carta fechada el 4 de abril de 1921 ha sido leída con amor.
La existencia del Ser Divino ha sido claramente establecida sobre la base de pruebas lógicas, pero la realidad de la Deidad está más allá de la captación de la mente. Cuando consideres cuidadosamente este tema verás que un plano inferior jamás puede comprender a uno superior. El reino mineral, por ejemplo, el cual es inferior, está imposibilitado de comprender al reino vegetal; pues para el mineral una comprensión semejante le sería absolutamente imposible. De igual modo, por mucho que pueda desarrollarse el reino vegetal, no logrará concebir el sentido del oído y el de la visión. Y el reino animal, por mucho que pueda evolucionar, nunca puede llegar a ser consciente de la realidad del intelecto, el cual descubre la esencia íntima de todas las cosas, y comprende aquellas realidades que no son visibles; ya que el plano humano, comparado con el del animal, es muy elevado. Y aunque todos estos seres coexisten en el mundo contingente, en cada caso la diferencia en su posición impide la captación de la totalidad; pues ningún grado inferior puede comprender a uno superior, siendo tal comprensión un imposible.
El plano superior, sin embargo, tiene conocimiento del inferior. El animal, por ejemplo, comprende al mineral y al vegetal; el humano comprende los planos animal, vegetal y mineral. Pero al mineral no le es posible entender los dominios del hombre. Y, no obstante el hecho de que estas entidades coexisten en el mundo fenoménico, con todo, ningún grado inferior puede jamás comprender a uno superior.
Entonces, ¿sería posible para una realidad contingente, ello es, el hombre, concebir la naturaleza de aquella Esencia preexistente, el Ser Divino? La diferencia de posición entre el hombre y la Realidad Divina, es miles de miles de veces más grande que la diferencia entre el vegetal y el animal. Y aquello que un ser humano concibiese en su mente no es sino la imagen quimérica de su propia condición humana; ella no abarca la realidad de Dios sino, por el contrario, es abarcada por ella. Es decir, el hombre capta sus propias concepciones ilusorias, pero la realidad de la Divinidad no puede jamás ser captada: ella, por sí sola, abarca todas las cosas creadas, y todas las cosas creadas están en su poder. Esa Divinidad que el hombre imagina en sí mismo existe tan solo en su mente, no en la realidad. El hombre, no obstante, existe tanto en su mente como en la realidad; y es así como el hombre es más grande que esa realidad quimérica que es capaz de imaginar.
Los límites más remotos de esta pájaro de arcilla son estos: puede aletear y avanzar una corta distancia, hacia el vasto infinito; mas nunca podrá remontarse hasta el Sol en los altos cielos. Debemos, no obstante, exponer pruebas racionales o inspiradas acerca de la existencia del Ser Divino, ello es, pruebas en la medida del entendimiento del hombre.
Es obvio que todas las cosas están entrelazadas unas con otras por un vínculo completo y perfecto, así como lo están, por ejemplo, los miembros del cuerpo humano. Observa cómo todos los miembros y partes componentes del cuerpo humano están entrelazados unos con otros. De igual modo, todos los miembros de este universo infinito están vinculados unos con otros. El pie y el paso, por ejemplo, están conectados con el oído y con el ojo; el ojo debe mirar al frente antes de dar el paso. El oído debe oír antes que el ojo observe cuidadosamente. Y cualquier miembro del cuerpo humano que sea deficiente, produce una deficiencia en los demás miembros. El cerebro está vinculado al corazón y al estómago, los pulmones están relacionados con todos los miembros. Y así ocurre con los demás miembros del cuerpo.
Y cada uno de estos miembros tiene su propia función especial. La fuerza de la mente -ya sea que la consideremos preexistente o contingente- dirige y coordina todos los miembros del cuerpo humano, velando porque cada parte o miembro desempeñe debidamente su propia y especial función. Si, no obstante, se produjera alguna interrupción en el poder de la mente, todos los miembros cesarían de ejercer sus funciones esenciales, aparecerían deficiencia en el cuerpo y en el funcionamiento de sus miembros, y el poder resultaría ineficaz.
Asimismo, observa este universo sin fin: inevitablemente, existe un poder universal que todo lo abarca, el cual dirige y regula todas las partes de esta creación infinita; y no fuera por este Director, este Coordinador, el universo sería imperfecto y deficiente. Sería como un demente; en cambio, podéis ver que esta creación infinita lleva a cabo sus funciones en perfecto orden, y cada parte de ella desempeña su propia tarea con absoluta exactitud, sin que se descubra imperfección alguna en todo su funcionamiento. De este modo, es evidente que existe un Poder Universal, que dirige y regula este universo infinito. Toda mente racional puede captar este hecho.
Por otra parte, aunque todas las cosas creadas crecen y se desarrollan, sin embargo, están sometidas a influencias externas. Por ejemplo, el sol brinda calor, la lluvia nutre, el viento trae la vida, y así el hombre puede desarrollarse y crecer. Por tanto, resulta claro que el cuerpo humano se encuentra bajo las influencias externas, y que sin esas influencias el hombre no puede crecer. Y, asimismo, tales influencias externas, a su vez, están sometidas a otras influencias. Por ejemplo, el crecimiento y desarrollo de un ser humano depende de la existencia del agua, y el agua depende de la existencia de la lluvia, y la lluvia depende de la existencia de las nubes, y las nubes dependen de la existencia del sol, el cual hace que el suelo y el mar produzcan vapor, cuya condensación forma las nubes. Y así, cada una de estas entidades ejerce su influencia y, del mismo modo, a su turno es influenciada. Luego, ineludiblemente, el proceso conduce a Aquel Quien todo lo influencia y que, sin embargo, no es influenciado por nada, rompiendo así la cadena. La realidad íntima de ese Ser, no obstante, no es conocida, aunque sus efectos son claros y evidentes.
Y además, todos los seres creados son limitados, y esta misma limitación de todos los seres prueba la realidad del Ilimitado; pues la existencia de un ser limitado denota la existencia de Uno Ilimitado.
Para resumir: existen muchas pruebas similares que establecen la existencia de esa Realidad Universal. Y ya que esa Realidad es preexistente, Ella no es afectada por las condiciones que rigen los fenómenos; pues toda entidad está sometida a circunstancias, y el juego de los acontecimientos es contingente, no preexistente. Luego, has de saber que la divinidad que otras comuniones y otros pueblos han ideado, pertenecen al ámbito de su imaginación, y nada más, en tanto que la realidad de la Deidad está más allá de toda concepción.
En cuanto a las Santas Manifestaciones de Dios, Ellos son los puntos focales donde aparecen en todo su esplendor los signos, las señales y las perfecciones de aquella sagrada, de esa preexistente Realidad. Son una gracia eterna, una gloria celestial, y de Ellos depende la vida perdurable de la humanidad. Para ilustrar el concepto: el Sol de la Verdad habita en un cielo al cual ninguna alma tiene acceso y el cual ninguna mente puede alcanzar, y está mucho más allá de la comprensión de todas las criaturas. Sin embargo, las Santas Manifestaciones de Dios son como un espejo, bruñido y sin mácula, que recoge los haces de luz de aquel Sol, y luego esparce la gloria sobre el resto de la creación. En esa pulida superficie se revela claramente el Sol en toda su majestad. De este modo, si este Sol reflejado proclama: "¡Yo soy el Sol!", esto no es sino la verdad; y si clama: "¡Yo no soy el Sol!", esto también es la verdad. Y aunque el Sol, con toda su gloria, su belleza, sus perfecciones, sea claramente visible en ese espejo sin mácula, no obstante, Él no ha descendido desde su propia sublime posición en los dominios de lo alto, Él no ha entrado en el espejo sino, más bien, continúa morando, como lo hará eternamente, en las supremas alturas de su propia santidad.
Y además, todas las criaturas de la tierra requieren la munificencia del sol, pues su misma existencia depende de la luz y el calor del sol. Si fueran privadas del sol, serían aniquiladas. Esto es lo que significa estar con Dios, como lo mencionan los Libros Sagrados: el hombre debe estar con su Señor.
Es evidente, entonces, que la realidad esencial de Dios se revela en sus perfecciones; y el Sol, con sus perfecciones, al reflejarse en un espejo, es una cosa visible, una entidad que expresa claramente la munificencia de Dios.
Es mi esperanza que tú adquieras un ojo perspicaz, un oído atento, y que los velos sean removidos de tu vista.
22
¡Oh tú que estás volviendo tu rostro hacia Dios! Cierra tus ojos a todas las otras cosas, y ábrelos al reino del Todoglorioso. Pídele a Él solamente todo lo que desees; busca de Él solamente todo lo que busques. Con una mirada Él otorga cien mil esperanzas, de un vistazo Él cura cien mil enfermedades incurables, con una seña Él pone bálsamo en toda herida, con una mirada Él libera los corazones de los grillos del dolor. Él hace lo que hace y, ¿qué recurso tenemos nosotros? Él lleva a cabo su Voluntad, Él ordena lo que Le place. Luego, es mejor para ti inclinar tu cabeza en sumisión, y depositar tu confianza en el Señor Todomisericordioso.
23
¡Oh tú, que buscas la verdad! Tu carta, fechada el 13 de diciembre de 1920 ha llegado.
Desde los días de Adán hasta hoy, las religiones de Dios se han puesto de manifiesto, una detrás de la otra, y cada una de ellas cumplió debidamente su función, revivió a la humanidad, y proveyó educación e ilustración. Ellas libraron a las gentes de la oscuridad del mundo de la naturaleza y les hicieron entrar en el esplendor del Reino. A medida que cada Fe y cada Ley sucesiva se revelaba, permanecía, durante algunos siglos, como un árbol cargado de frutos, y a ella le era encomendada la felicidad de la humanidad. Sin embargo, al ir transcurriendo los siglos, envejecía, ya no florecía ni entregaba frutos , por lo cual era entonces nuevamente rejuvenecida.
La religión de Dios es tan solo una religión, mas debe ser siempre renovada. Moisés, por ejemplo, fue enviado al hombre; Él estableció una Ley, y los hijos de Israel, a través de esa Ley Mosaica, fueron librados de su ignorancia y entraron a la luz; fueron rescatados de su abyección, alcanzando una gloria que no empalidece. Sin embargo, a medida que transcurrieron lentamente los años, aquel esplendor pasó, aquella refulgencia se ocultó, y aquel día luminoso se volvió noche; y una vez que esa noche se hizo triplemente oscura, la estrella del Mesías despuntó, de modo que, nuevamente, una gloria iluminó al mundo.
El significado es este: la religión de Dios es solo una, y es la educadora de la humanidad, mas, no obstante, necesita ser renovada. Cuando plantas un árbol, su altura aumente de día en día. Produce flores, y hojas, y sabrosos frutos. Pero después de un largo tiempo, se vuelve viejo y ya no produce ningún fruto. Entonces, el Labrador de la Verdad recoge la semilla de ese mismo árbol y la siembra en un suelo virgen; y he aquí el primer árbol, tal como era antes.
Observa atentamente que en este mundo de la existencia todas las cosas deben ser permanentemente renovadas. Contempla al mundo material en torno tuyo, y ve cómo ahora ha sido renovado. Los pensamientos han cambiado, los modos de vida han sido modificados, las ciencias y las artes muestran un nuevo vigor, los descubrimientos y las invenciones son nuevos, las percepciones son nuevas. ¿Cómo podría ser entonces que un poder tan vital como la religión -el garante de los grandes progresos de la humanidad, el medio mismo de lograr la vida sempiterna, el promotor de excelencia infinita, la luz de ambos mundos-, no sea renovada? Ellos sería incompatible con la gracia y la amorosa bondad del Señor.
La religión, por otra parte, no es una serie de creencias, un conjunto de costumbres; la religión son las enseñanzas de Dios nuestro Señor, enseñanzas que constituyen la vida misma de la humanidad, que impulsan a la mente hacia pensamientos elevados, refinan el carácter, y establecen el fundamento del honor sempiterno del hombre.
Observa: estas fiebres del mundo de la mente, estos fuegos de guerra y de odio, de resentimiento y de malignidad entre las naciones, esta agresión de pueblos contra pueblos, los cuales han destruido la tranquilidad del mundo entero, ¿pueden alguna vez calmarse por otro medio que no sean las aguas vivientes de las enseñanzas de Dios? ¡No, nunca!
Y además esto es evidente: un poder por encima y más allá de los poderes de la naturaleza debe imponerse, para transformar esta tenebrosa oscuridad en luz, y estos odios y resentimientos, estos aborrecimientos y rencores, estos interminables enfrentamientos y guerras, en confraternidad y amor entre todos los pueblos de la tierra. Este poder no es otro que los hálitos del Espíritu Santo y el poderoso influjo de la Palabra de Dios.
24
¡Oh tú, joven espiritual! Alaba a Dios ya que has encontrado el camino para entrar en el Reino de los Esplendores, y has descorrido el velo de las vanas imaginaciones, y te ha sido dada a conocer la esencia del íntimo misterio.
Estas gentes, todas ellas, han imaginado un Dios en el dominio de su mente, y adoran esa imagen que ellos mismos han creado. Con todo, esa imagen es abarcada, siendo la mente humana su abarcador y, ciertamente, el abarcador es más grande que aquello que está en su poder; pues la imaginación no es más que la rama, mientras que la mente es la raíz y, ciertamente, la raíz es más grande que la rama. Considera entonces sólo los pueblos del mundo doblan la rodilla a una fantasía de su propia invención, cómo han creado a un creador dentro de sus propias mentes, y lo llaman el Modelador de todo lo que es, mientras que en verdad no es más que una ilusión. De este modo, las gentes adoran tan solo a un error de percepción.
Mas aquella Esencia de las Esencias, aquel Invisible de los Invisibles, está santificado por encima de toda especulación humana, y nunca será alcanzado por la mente del hombre. Nunca jamás aquella Realidad inmemorial morará dentro de los límites de un ser contingente. El suyo es otro dominio, y ese dominio nunca podrá ser comprendido. No hay acceso a él; todas entrada está prohibida. A lo sumo se puede decir que su existencia puede ser probada, pero las condiciones de tal existencia son desconocidas.
Que tal Esencia existe, todos los filósofos y eruditos lo han comprendido; mas toda vez que trataron de conocer algo de su Ser, quedaron perplejos y consternados y, al final, desesperados, con sus esperanzas en ruina, continuaron su camino fuera de esta vida. Ya que para comprender el estado y el misterio interior de aquella Esencia de Esencias, de aquel Más Secreto de los Secretos, uno debe necesariamente poseer otro poder y otras facultades; y tal poder y tales facultades serían más de lo que los seres humanos son capaces de sobrellevar; por consiguiente, ni una palabra de Él puede alcanzarles.
Si, por ejemplo, uno está dotado con los sentidos del oído, del gusto, del olfato, del tacto, pero está privado del sentido de la visión, no le será posible contemplar a su alrededor, pues la visión no puede llevarse a cavo a través del oído o del gusto, o del olfato o del tacto. De igual modo, con las facultades que el hombre tiene a su disposición, está más allá del dominio de sus posibilidades la comprensión de aquella Realidad invisible, santa y santificada por encima de todas las dudas de los escépticos. Para ello se requieren otras facultades, otros sentidos; y si tales poderes estuvieran disponibles para él, entonces podría un ser humano recibir algún conocimiento de ese mundo; de lo contrario, jamás.
25
¡Oh tú, sierva de Dios! En historias orientales se registra que Sócrates viajó a Palestina y a Siria, y allí, de hombres versados en las cosas de Dios, adquirió ciertas verdades espirituales; que cuando regresó a Grecia promulgó dos creencias: una, la unidad de Dios, y la otra, la inmortalidad del alma después de su separación del cuerpo; que estos conceptos, tan extraños a su pensamiento, causaron gran conmoción entre los griegos, hasta que, finalmente, lo envenenaron, causándole la muerte.
Y esto es auténtico: pues los griegos creían en muchos dioses, y Sócrates estableció el hecho de que Dios es uno, lo cual, obviamente, se hallaba en conflicto con sus creencias.
El fundador del monoteísmo fue Abraham; a Él se remonta este concepto, y la creencia era corriente entre los hijos de Israel, aun en los días de Sócrates.
Lo dicho, no obstante, no puede ser hallado en las historias judaicas. Existen muchos hechos que no están incluidos en la historia judaica. No todos los acontecimientos de la vida de Cristo están referidos en la historia de Josefo, a pesar de que este historiador judío escribió acerca de la historia de los tiempos de Cristo. Uno no puede, por tanto, rehusar creer en los acontecimientos de los días de Cristo sobre la base de que ellos no se encuentran en la historia de Josefo.
Las historias orientales también relatan que Hipócrates permaneció largo tiempo en la ciudad de Tiro, la cual es una ciudad de Siria.
26
¡Oh tú, quien buscas el Reino del Cielo! Tu carta ha sido recibida, y se ha tomado debida nota de su contenido.
Las Santas Manifestaciones de Dios tienen dos posiciones: una es la posición física, y la otra es la espiritual. En otras palabras, una posición es la de un ser humano, y la otra, la posición de la Realidad Divina. Si las Manifestaciones son sometidas a pruebas, es en su posición humana solamente, no en el esplendor de su Realidad Divina.
Y además, esas pruebas son tales solo desde el punto de vista de la humanidad. Ello es, en apariencia, la condición humana de las Santas Manifestaciones es sometida a pruebas, y cuando por su intermedio se han revelado su fortaleza y paciencia en la plenitud del poder, otros hombres reciben conocimiento de ello y se dan cuenta de cuán grande ha de ser su propia firmeza y su paciencia ante las pruebas y aflicciones. Pues el Divino Educador debe enseñar con la palabra y también con los hechos, revelando a todos, de esta manera, el recto camino de la verdad.
En cuanto a mi posición, es la de siervo de Bahá, 'Abdu'l-Bahá, la expresión visible de la servidumbre en el Umbral de la Belleza de Abhá.
27
En los ciclos del pasado, cada una de las Manifestaciones de Dios ha tenido su propio rango en el mundo de la existencia, y cada una ha representado una etapa en el desarrollo de la humanidad. Pero la Manifestación del Más Grande Nombre -que mi vida sea un sacrifico por sus amados- es la expresión de la llegada a la mayoría de edad, la maduración de la realidad íntima del hombre en este mundo de la existencia. Pues el sol es la fuente y manantial de luz y calor, el punto focal de los esplendores, y contiene todas las perfecciones que son puestas de manifiesto por las demás estrellas que han despuntado sobre el mundo. Haz un esfuerzo para que puedas ocupar tu lugar bajo el sol, y recibir una abundante cantidad de su deslumbradora luz. En verdad te digo que cuando hayas alcanzado esa posición, verás a los santos inclinando, con toda humildad, sus cabezas ante Él. Apresúrate hacia la vida antes de que llegue la muerte; apresúrate hacia la primavera antes de que aparezca el otoño; y antes de que se declare la enfermedad, apresúrate hacia la curación, que llegues a ser un médico del espíritu que, con los hálitos del Espíritu Santo, sabe todo tipo de dolencia, en esta edad afamada y gloriosa.
28
¡Oh tú, hoja del Árbol de la Vida! El Árbol de la Vida, del cual se hace mención en la Biblia, es Bahá'u'lláh, y las hijas del Reino son las hojas de ese bendito Árbol. Luego, agradece a Dios porque has llegado a entroncar con ese Árbol, y floreces tierna y fresca.
Los portales del Reino están abiertos de par en par, y toda alma favorecida está sentada a la mesa del banquete del Señor, recibiendo su porción de esa fiesta celestial. Abalado sea Dios; tú también estás presente en esa mesa, tomando tu parte del munífico alimento del cielo. Tú estás sirviendo al Reino, y te son bien conocidos los fragantes aromas del Paraíso de Abhá.
Empéñate, entonces, con todas tus fuerzas en guiar a la gente, y aliméntate del pan que ha descendido del cielo. Pues este es el significado de las palabras de Cristo: "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo... el que come de este pan, vivirá eternamente."25
29
¡Oh tú quien estás cautivado por la verdad y magnetizado por el Reino Celestial! Tu extensa carta ha llegado, trayendo gran alegría, como claramente lo demuestran tus denodados esfuerzos y tus elevados propósitos. Alabado sea Dios, tú deseas el bien a los hombres, y luego anhelas el Reino de Bahá, y estás deseando ver avanzar a la raza humana. Es mi esperanza que como consecuencia de estos elevados ideales, de estas nobles insinuaciones del corazón y estas nuevas del cielo, llegues a ser tan deslumbrante que la luz de tu amor a Dios derrame su gloria a través de todas las edades.
Te has descrito a ti mismo como un estudiante en la escuela del progreso espiritual. ¡Cuán afortunado eres! Si estas escuelas del progreso conducen a la universidad del cielo, entonces se desarrollarán las ramas del conocimiento, con las cuales la humanidad contemplará la Tabla de la existencia como un pergamino que se despliega interminablemente; y todas las cosas creadas se verán en ese pergamino como letras y palabras. Entonces, los diferentes planos del significado serán adquiridos, y entonces, dentro de cada átomo del universo se observarán los signos de la unicidad de Dios. Entonces, el hombre oirá el llamado del Señor del Reino, y contemplará las confirmaciones del Espíritu Santo viniendo en su socorro. Entonces, sentirá tal dicha, tal éxtasis, que el ancho mundo con toda su vastedad no podrá ya contenerle, y partirá hacia el Reino de Dios, y se dirigirá de prisa al dominio del espíritu. Pues una vez que al ave le han crecido las alas, no permanece más en tierra, sino que se remonta hacia el alto cielo, a excepción de aquellas aves que están atadas de una pata, o aquellas otras cuyas alas están quebradas, o enlodadas.
¡Oh tú, buscador de la verdad! El mundo del Reino es uno solo. La única diferencia es que la primavera regresa una y otra vez, y causa una nueva gran conmoción en todas las cosas creadas. Entonces, el llano y la colina cobran vida, y los árboles se vuelven delicadamente verdes, y las hojas, las flores y los frutos aparecen en toda su infinita y grácil belleza. Por lo cual las Dispensaciones de épocas pasadas están estrechamente vinculadas con aquellas que les suceden: en verdad, son una y la misma, mas a medida que el mundo crece, crece también la luz, crece también la lluvia de gracia celestial, y entonces el Sol brilla en su esplendor meridiano.
¡Oh tú, buscador del Reino! Cada Manifestación Divina es la vida misma del mundo y el médico hábil para toda alma doliente. El mundo del hombre está enfermo, y ese competente médico conoce la curación, siendo que surge con las enseñanzas, los consejos y admoniciones que constituyen el remedio para cada dolor, el bálsamo curativo para toda herida. Es indudable que el médico sabio puede diagnosticar las necesidades de su paciente en cualquier estación, y aplicar el remedio. Por lo cual, relaciona tú las Enseñanzas de la Belleza de Abhá con las urgentes necesidades del presente día, y verás que ellas proveen un remedio instantáneo para el cuerpo doliente del mundo. En efecto, ellas son el elixir que brinda salud eterna.
El tratamiento prescrito por los médicos sabios del pasado, y los que les suceden, no es siempre el mismo, sino que depende más bien de los que aqueja al paciente; y aunque el remedio pueda cambiar, el objetivo es siempre devolver la salud al paciente. En las dispensaciones pasadas, el débil cuerpo del mundo no podía resistir una cura rigurosa o enérgica. Por esta razón, Cristo dijo: "Aún tengo muchas cosas que deciros, asuntos que deben ser comunicados, mas no estáis capacitados para oírlos ahora. Sin embargo, cuando venga el Espíritu Consolador, a Quien el Padre ha de enviar, Él os hará evidente la verdad."26
Por consiguiente, en esta edad de esplendores, las enseñanzas que antes estaban limitadas a unos pocos se hallan ahora en disposición de todos, para que la misericordia del Señor pueda abarcar tanto al Este como al Oeste, que la unidad del mundo de la humanidad pueda surgir en toda su belleza, y que los deslumbrantes rayos de la realidad puedan inundar de luz al reino de la mente.
El descendimiento de la Nueva Jerusalén denota una Ley celestial, aquella Ley que es el garante de la felicidad humana, y la refulgencia del mundo de Dios.
Emanuel27 fue sin duda el Heraldo de la Segunda Venida de Cristo, y un Emplazador hacia el camino del Reino. Es evidente que la Letra es un miembro de la Palabra, y por pertenecer a la Palabra significa que la valía de la Letra depende de la Palabra, ello es, su gracia deriva de la Palabra; tiene una afinidad espiritual con la Palabra, y se le considera una parte integral de la Palabra. Los apóstoles eran como Letras, y Cristo era la esencia de la Palabra misma; y el significado de la Palabra, el cual es gracia sempiterna, arrojaba esplendor sobre esas Letras. Por otra parte, ya que la Letra es un miembro de la Palabra, por consiguiente, en su significado interior está en consonancia con la Palabra.
Es nuestro deseo que te levantes en este día a promover lo que predijo Emanuel. Sabe a ciencia cierta que lograrás hacerlo, puesto que las confirmaciones del Espíritu Santo están descendiendo continuamente, y el poder de la Palabra ejercerá una influencia tal que la Letra llegará a ser el espejo en el cual se reflejará el espléndido Sol -la Palabra misma-, y la gracia y la gloria de la Palabra iluminarán la tierra entera.
En cuanto a la Jerusalén celestial que ha venido a descansar sobre las cumbres del mundo, y el Sanctasanctórum de dios, cuyo pabellón se halla ahora enarbolado en lo alto, esto comprende dentro de sí a todas las perfecciones, todo el conocimiento de las dispensaciones pasadas. Además de esto, anuncia la unidad de los hijos de los hombres. Es la bandera de la paz universal, el espíritu de la vida eterna; es la gloria de las perfecciones de Dios, la gracia abarcadora de toda la existencia, el ornamento que engalana a todas las cosas creadas, la fuente de quietud interior para toda la humanidad.
Dirige tu atención a las Tablas sagradas; lee el Ishráqát, el Tajallíyyát, las Palabras del Paraíso, las Buenas Nuevas, el (r)arázát, el Libro Más Sagrado. Entonces, verás que estas Enseñanzas celestiales son hoy el remedio para un mundo enfermo y doliente, y un bálsamo curativo para los males del cuerpo de la humanidad. Ellas son el espíritu de vida, el arca de salvación, el imán que atrae la eterna gloria, la fuerza dinámica que motiva el íntimo ser del hombre.
30
La existencia es de dos clases: una es la existencia de Dios, la cual está más allá de la comprensión del hombre. Él, el invisible, el excelso y el incomprensible, no es precedido por ninguna causa, sino, más bien, es el Originador de la causa de causas. Él, el Antiguo, no ha tenido principio y es independiente de todo. La segunda clase de existencia es la existencia humana. Es una existencia común, comprensible a la mente humana, no es antigua, es dependiente y tiene una causa. La sustancia mortal no se transforma en eterna, y viceversa; el género humano no se transforma en Creador, y viceversa. La transformación de la sustancia innata es un imposible.
En el mundo de la existencia -la existencia que es comprensible- hay etapas de mortalidad: la primera etapa es el mundo mineral; la siguiente es el mundo vegetal. En este último mundo el mineral existe, pero con un rasgo distintivo, el cual es la característica vegetal. Asimismo, en el mundo animal están presentes las características mineral y vegetal, y agregado a ello se encuentran las características del mundo animal, las cuales son las facultades de la audición y de la visión. En el mundo humano se encuentran las características de los mundos mineral, animal y vegetal, y agregado a ello, la del género humano, a saber, la característica intelectual, la cual descubre las realidades de las cosas y comprende los principios universales.
En el plano del mundo contingente, por tanto, el hombre es el ser más perfecto. Por hombre se quiere decir el individuo perfecto, quien es semejante a un espejo en el cual se manifiestan y reflejan las divinas perfecciones. Pero el sol no desciende desde su altura de santidad para introducirse en el espejo, sino que cuando este se purifica y se vuelve hacia el Sol de la Verdad, las perfecciones de este Sol, que consisten en la luz y el calor, son reflejadas y se manifiestan en ese espejo. Estas almas son las Divinas Manifestaciones de Dios.
31
¡Oh tú, quien eres tan querido y tan sabio! Tu carta fechada el 27 de mayo de 1906 ha sido recibida, y su contenido es muy grato y ha traído gran alegría.
Has preguntado si esta Causa, esta nueva y viviente Causa, podría sustituir a los fenecidos ritos religiosos y ceremonias de Inglaterra; si sería posible, ahora que varios grupos han surgido, cuyos miembros son sacerdotes y teólogos de encumbrada posición, muy superiores en sus logros a los del pasado, que esta nueva Causa impresione a los miembros de tales grupos de un modo que logre reunirlos a ellos y a los demás, bajo su toda protectora sombra.
¡Oh tú, querido amigo! Has de saber que el Ser distinguido de cada época está dotado de acuerdo con las perfecciones de su época. Aquel se que en épocas pasadas fue puesto por encima de sus semejantes estaba agraciado de acuerdo con las virtudes de su tiempo. Pero en esta época de esplendores, en esta era de Dios, el Personaje preeminente, el Orbe luminoso, el Individuo escogido, irradiará tales perfecciones y tal poder que, finalmente, deslumbrará las mentes de toda comunidad y de toda agrupación. Y puesto que tal Personaje es superior a todos los demás en perfecciones espirituales y en logros celestiales, y que es realmente el centro focal de las bendiciones divinas y el eje del círculo de luz, Él abarcará a todos los demás, y no existe duda alguna de que irradiará tal poder que reunirá a todas las almas al amparo de su sombra.
Cuando consideréis este asunto con atención, se hará evidente que esto está de acuerdo con una ley universal, la cual uno puede encontrar actuando en todas las cosas: el todo atrae a la parte, y en el círculo, el centro es el punto de giro del compás. Reflexiona acerca del Espíritu28: debido a que Él era el centro focal del poder espiritual, el manantial de las mercedes divinas, aunque al comienzo reunió consigo tan solo a muy pocas almas, posteriormente, debido a que estaba dotado de ese poder todo subyugador, fue capaz de unir dentro del Tabernáculo protector de la Cristiandad a todas las sectas contendientes. Compara el presente con el pasado, y observa cuán grande es la diferencia; así podrás llegar a la verdad y la certeza.
Las diferencias entre las religiones del mundo se deben a los variados tipos de mente. Mientras los poderes de la mente sean variados, con seguridad los juicios y opiniones de los hombres diferirán unos de otros. Si, no obstante, se introdujera un único poder perceptivo universal -un poder que abarque a todo lo demás- las diferentes opiniones se fusionarían, y se haría evidente una armonía y una unidad espirituales. Por ejemplo, cuando el Cristo Se hizo manifiesto, las mentes de los diversos pueblos contemporáneos, sus puntos de vista, sus actitudes emocionales, tanto fueran romanos, como griegos, sirios, israelitas u otros, estaban en desacuerdo. Mas una vez que se hubo aplicado su poder universal, gradualmente logró, luego de un lapso de trescientos años, reunir a todas esas mentes divergentes bajo la protección y la autoridad de un Punto central, compartiendo todos, en sus corazones, las mismas emociones espirituales.
Empleando una metáfora, cuando un ejército se coloca a las órdenes de varios comandantes, cada cual con su propia estrategia, obviamente diferirán con respecto a los frentes de batalla y a los movimientos de las tropas; pero una vez que asume el Comandante supremo, quien es completamente versado en las artes de la guerra, los demás planes desaparecen, pues el superdotado general tomará al ejército entero bajo su control. Esto es solo una metáfora, no una comparación exacta. Ahora bien, si decís que cada uno de esos otros generales es muy experto en el arte militar, es absolutamente versado y experimentado, y que por tanto no se someterá a la autoridad de ningún individuo, aunque fuere indescriptiblemente grande, vuestra afirmación es insostenible, ya que se puede demostrar que la situación antes descrita es lo que ocurre, y de ello no existe ninguna duda.
Tal es el caso de las Santas Manifestaciones de Dios. Tal es, en particular, el caso de la divina realidad del Más Grande Nombre, la Belleza del Abhá. Una vez que Él se revela a los pueblos congregados del mundo y aparece con tal gracia, con tales encantos -fascinante como un José en el Egipto del espíritu- cautiva a todos los amantes de la tierra.
En cuanto a aquellas almas que nacen a esta vida como etéreas y radiantes entidades y, sin embargo, debido a sus impedimentos y pruebas son privadas de los grandes y reales beneficios, y dejan el mundo sin haber vivido en plenitud, ciertamente, ellos es causa de gran pesar. Esta es la razón por la cual las Manifestaciones universales de Dios descubren su semblante a los hombres, y por la que soportan toda calamidad y dolorosa aflicción, y sacrifican su vida en rescate; es para hacer que estas mismas gentes, los preparados, los que tienen capacidad, se conviertan en puntos de amanecer de la luz, y para conferirles la vida que no se marchita. Este es el verdadero sacrificio: la ofrenda de sí mismo, tal como hizo Cristo, en rescate por la vida del mundo.
En cuanto a la influencia de los Seres santos y la continuación de su gracia para la humanidad luego de desechar su forma humana, ello es para los bahá'ís un hecho irrefutable. En efecto, la inundante gracia, los fluyentes esplendores de las santas Manifestaciones, aparecen después de su ascensión de este mundo. La exaltación de la Palabra, la revelación del poder de Dios, la conversión de las almas temerosas de Dios, el otorgamiento de la vida eterna; todas estas cosas crecieron y se intensificaron después del martirio del Mesías. De igual modo, desde la ascensión de la Bendita Belleza, las dádivas han sido siempre más abundantes, la luz que se difunde es más brillante, las señales del poder del Señor son más intensas, la influencia de la Palabra es más poderosa, y no pasará mucho tiempo antes de que el movimiento, el calor, el esplendor, las bendiciones del Sol de su realidad lleguen a abarcar toda la tierra.
No te aflijas por el lento avance de la Causa Bahá'í en ese país. Estos no son más que los primeros albores. Considera cómo, para la Causa de Cristo, tuvieron que transcurrir trescientos años antes de que se pusiera de manifiesto su gran influencia. En la actualidad, cuando aún no han transcurrido sesenta años desde su nacimiento, la luz de esta Fe ya se ha esparcido alrededor del planeta.
Con respecto a la sociedad para la salud de la cual tú eres miembro, tan pronto como acuda al abrigo de esta Fe, su influencia aumentará un centenar de veces.
Observa cuán grande es el amor entre los bahá'ís, y ese amor es lo más importante. Así como el poder del amor ha sido desarrollado a tan alto grado entre los bahá'ís y es mucho mayor que entre las gentes de otras religiones, así también es con todo lo demás; puesto que el amor es la base de todas las cosas.
Con respecto a la traducción de los Libros y las Tablas de la Bendita Belleza, pronto se harán traducciones a todas las lenguas, con poder, claridad y gracia. Cuando sean traducidos, siguiendo los originales, y con poder y gracia de estilo, los esplendores de sus íntimos significados se esparcirán por doquier, e iluminarán los ojos de toda la humanidad. Da lo mejor de ti para asegurar que la traducción esté en conformidad con el original.
La Bendita Belleza viajó a Haifa en muchas ocasiones, Tú Le viste allí, pero no Le conocías entonces. Es mi esperanza que llegues al verdadero encuentro con Él, el cual es verle con el ojo interior, no con el exterior.
La esencia de la Enseñanza de Bahá'u'lláh es el amor que todo lo abarca, ya que el amor incluye todas las excelencias de la humanidad. Él hace progresar a todas las almas. Confiere a todos, por herencia, la vida inmortal. Dentro de poco atestiguarás que sus celestiales Enseñanzas, al gloria misma de la realidad, iluminarán los cielos del mundo.
La breve oración que transcribiste al término de tu carta es realmente original, conmovedora y hermosa. Recítala en todo momento.
32
¡Oh vosotras, siervas del Señor! En este siglo -el siglo del Todopoderoso Señor- el Sol de los Dominios en lo alto, la Luz de la Verdad, brilla con esplendor meridiano, y sus rayos iluminan todas las regiones. Pues ésta es la edad de la Antigua Belleza, el día de la revelación de la fuerza y el poder del Más Grande Nombre, que mi vida sea una ofrenda en sacrifico por sus amados.
En las edades por venir, aunque la Causa de Dios se eleve y crezca un centenar de veces y la sombra del Sadratu'l-Muntahá cobije a toda la humanidad, con todo, este siglo que transcurre permanecerá sin rival, pues ha presenciado el despuntar de aquella Mañana y la salida de aquel Sol. Es siglo es, en verdad, la fuente de su Luz y la aurora de su Revelación. Las edades y las generaciones futuras contemplarás la difusión de su esplendor y las manifestaciones de sus signos.
Por tanto, esforzaos para que quizá podáis obtener de sus dádivas una porción completa.
33
¡Oh siervo de Dios! Hemos tomado nota de lo que has escrito a Jináb-i-Ibn Abhar, y tu pregunta acerca del versículo: "Quienquiera que sostenga la pretensión de ser una Revelación directa de Dios, antes de la expiración de un lapso de mil años, tal hombre es, con seguridad, un impostor mentiroso."
El significado de ello es que cualquier individuo que antes de que expire un lapso de mil amos -años conocidos y claramente establecidos por el uso corriente y que no requieren interpretación- sostuviere la pretensión de ser una Revelación directa de Dios, aun cuando revelare ciertos signos, tal hombre, con toda seguridad, es un falso e impostor.
Esta no es una referencia a la Manifestación Universal, ya que está claramente expresado en las Sagradas Escrituras que siglos, no, millares de años deben llegar a su término, antes de que aparezca nuevamente una Manifestación semejante a esta Manifestación.
Es posible, no obstante, que después que se complete el lapso de mil años, ciertos Seres Santos sean facultados para transmitir una Revelación; sin embargo, ello no será a través de una Manifestación Universal. Por tanto, cada día del ciclo de la Bendita Belleza es en realidad equivalente a un año, y cada año de él es igual a un millar de años.
Considera, por ejemplo, el sol: su tránsito de un signo zodiacal al siguiente ocurre en un breve período, mas solo después de un largo período llega a alcanzar la plenitud de su refulgencia, de su calor y de su gloria, en el signo de Leo. Primeramente debe completar una revolución entera a través de las demás constelaciones antes de entrar nuevamente en el signo de Leo, para brillar en todo su esplendor. En sus otras estaciones no revela la plenitud de su calor y su luz.
Lo esencial es que antes de que se complete el término de mil años ningún individuo puede atreverse a susurrar una palabra. Todos deben considerarse como pertenecientes a la categoría de súbditos, sumisos y obedientes a los mandamientos de Dios y a las leyes de la Casa de Justicia. Si alguien se desviare tanto como la punta de una aguja de los decretos de la Casa Universal de Justicia, o vacilara en acatarlos, es entonces de los proscritos y excluidos.
En cuando al ciclo de la Bendita Belleza -los tiempos del Más Grande Nombre- no está limitado a mil o a dos mil años...
cuando se dice que el período de un millar de años comienza con la Manifestación de la Bendita Belleza y cada día del mismo es un millar de años, el sentido de ello es con referencia al ciclo de la Bendita Belleza, el cual, en este contexto, se prolongará por muchas épocas en la extensión del tiempo por venir.
34
¡Oh tú que estás al servicio del mundo de la humanidad! Tu carta ha sido recibida y su contenido nos hizo sentir muy felices. Constituyó una prueba decisiva y una evidencia brillante. Es muy apropiado y conveniente que en esta edad iluminada -la edad del progreso del mundo de la humanidad- seamos abnegados y nos pongamos al servicio dela raza humana. Toda causa universal es divina, y toda causa particular es temporal. Los principios de las Divinas Manifestaciones de Dios han sido, por tanto, enteramente universales y absolutamente inclusivos.
Toda alma imperfecta es egocéntrica y solo piensa en su propio bien. Mas a medida que sus pensamientos se expanden un poco, comienza a pensar en el bienestar y el confort de su familia. Si sus ideas se amplían algo más, su preocupación será la felicidad de sus conciudadanos; y si continúan ensanchándose, pensará en la gloria de su país y de su raza. Pero cuando las ideas y opiniones alcanzan el grado más elevado de expansión y llegan a la etapa de perfección, la persona se interesa en la exaltación de la humanidad. Será entonces un bienqueriente de todos los hombres y procurará el bien y la prosperidad de todos los países. Esto es un indicativo de perfección.
Y así, las divinas Manifestaciones de Dios tienen una concepción universal y todo inclusiva. Se han esforzado en aras de la vida de los demás y se han puesto al servicio de la educación universal. El ámbito de sus propósitos no es limitado, no, más bien, es amplio y lo incluye todo.
Por tanto, vosotros también debéis pensar en todos, de modo que la humanidad sea educada, que se modele el carácter y este mundo se convierta en un Jardín del Edén.
Amad a todas las religiones y a todas las razas con un amor que sea verdadero y sincero, y demostrad ese amor a través de los hechos y no a través de la lengua; pues esto no tiene importancia, ya que la mayoría de los hombres son bienquerientes de palabra, en tanto que la acción es lo mejor.
35
¡Oh ejército de Dios! Una carta firmada por todos vosotros ha sido recibida. Es muy elocuente y tiene mucho sabor, y leerla fue un placer.
Escribisteis acerca del mes del ayuno. Afortunados sois por haber obedecido el mandamiento de Dios y observado este ayuno durante la sagrada estación. Pues este ayuno material es un signo exterior del ayuno espiritual; es un símbolo del dominio de sí mismo, las abstención de todos los apetitos del yo, adquiriendo las características del espíritu, y siendo transportados por los hálitos del cielo y encendidos con el amor de Dios.
Vuestra carta también ofrece pruebas de vuestra unidad y de la cercanía de vuestros corazones. Es mi esperanza que el Occidente, a través de la ilimitada gracia que Dios está derramando en esta nueva era, se convierta en el Oriente, el punto de amanecer del Sol de la Verdad, y los creyentes occidentales, en las auroras de luz y las manifestaciones de los signos de Dios; que sean protegidos de las dudas de los negligentes y permanezcan firmes e inamovibles en el Convenio y Testamento; que trabajen con empeño día y noche hasta despertar a los que duermen, y volver atentos a los inconscientes, e incluir a los proscritos, para que sean amigos íntimos del círculo interior, y concedan a los desposeídos su porción de gracia eterna. Que sean los pregoneros del Reino, y convoquen a los habitantes de este mundo inferior, y los exhorten a entrar en el dominio de lo alto.
¡Oh ejército de Dios! En la actualidad, en este mundo, cada pueblo se halla deambulando en su propio desierto, moviéndose de un lado al otro según los dictados de sus fantasías y sus antojos, persiguiendo su propio y particular capricho. Entre todas las profusas masas de la tierra, tan solo esta comunidad del Más Grande Nombre está libre y exenta de estratagemas humanas, y sin propósitos egoístas que promover. Solo entre todas ellas, este pueblo se ha puesto de pie con propósitos purificados del yo, siguiendo las Enseñanzas de Dios, trabajando asiduamente y esforzándose por una única meta: convertir este polvo inferior en el encumbrado cielo, hacer de este mundo un espejo del Reino, transformar este mundo en un mundo diferente, y hacer que toda la humanidad adopte los caminos de la rectitud y una nueva manera de vivir.
¡Oh ejército de Dios! Por medio de la protección y la ayuda concedidas por la Bendita Belleza -que mi vida sea un sacrificio por sus amados- debéis comportaros de un modo tal que podáis descollar entre otras almas, distinguidos y brillantes como el sol. Si alguno de vosotros entrara en una ciudad, debería convertirse en un centro de atracción, por su sinceridad, su lealtad y amor, su honestidad y fidelidad, su veracidad y su amorosa bondad hacia todos los pueblos del mundo, para que los habitantes de esa ciudad puedan exclamar: "Indudablemente, este hombre es un bahá'í, pues sus maneras, su comportamiento, su conducta, su moral, su naturaleza y disposición, reflejan los atributos de los bahá'ís." Hasta que no alcancéis esta posición, no podréis decir que habéis sido fieles al Convenio y Testamento de Dios. Pues Él, mediante irrefutables Textos, ha establecido con todos nosotros un Convenio obligatorio, que nos exige actuar de acuerdo con sus sagradas instrucciones y consejos.
¡Oh ejército de Dios! El tiempo ha llegado cuando los efectos y las perfecciones del Más Grande Nombre han de hacerse manifiestos en esta edad excelente, con el objeto de establecer, fuera de toda duda, que esta era es la era de Bahá'u'lláh, y esta edad es distinguida por sobre todas las demás edades.
¡Oh ejército de Dios! Cuandoquiera que contempléis a un individuo cuya entera atención se halla dirigida hacia la Causa de Dios, cuyo único propósito es hacer que se ponga en vigor la Palabra de Dios, que de día y de noche, con intención pura, está prestando servicios a la Causa, en cuyo proceder no se percibe la menor traza de egoísmo o de motivos personales, quien más bien vaga distraído por el desierto del amor de Dios, y que solo bebe del cáliz del conocimiento de Dios, y que está completamente dedicado a difundir las dulces fragancias de Dios, y enamorado de los santos versículos del Reino de Dios; sabed con certeza que este individuo será sostenido y fortalecido por el cielo; que, como la estrella matutina, por siempre resplandecerá brillantemente en los cielos de la gracia eterna. Mas, si mostrare la más leve mancha de deseos egoístas y de narcisismo, sus esfuerzos no conducirán a nada y, al final, será destruido y abandonado sin esperanza.
¡Oh ejército de Dios! Alabado sea Dios; Bahá'u'lláh ha quitado las cadenas de la cerviz de la humanidad, y ha librado a los hombres de todo lo que les estorbaba, diciéndoles: Vosotros sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama; sed compasivos y bondadosos con toda la raza humana. Tratad a los desconocidos igual que a los amigos, estimad a los demás como si fueran los vuestros. Ved a los enemigos como amigos; a los demonios como ángeles; ofreced al tirano el mismo gran amor que demostráis a los leales y verdaderos, y al igual que gacelas de las fragantes ciudades de Khatá y Khután,29 brindad al lobo voraz el perfumado almizcle. Sed un refugio para el temeroso; llevad descanso y paz al perturbado; proveed al menesteroso; sed un tesoro de riqueza para el pobre; sed una medicina curativa para aquellos que sufren dolor; sed un médico y una enfermera para el doliente; promoved la amistad, y el honor, y la conciliación, y la devoción a Dios, en este mundo de la no-existencia.
¡Oh ejército de Dios! Realizad un vigoroso esfuerzo: tal vez inundéis de luz a esta tierra, para que esta choza de barro que es el mundo, llegue a ser el Paraíso de Abhá. La oscuridad ha enseñoreado y prevalecen los rasgos del bruto. El mundo del hombre es ahora un ruedo de las bestias salvajes, un campo donde los ignorantes, los negligentes, aprovechan su ocasión. Las almas de los hombres son lobos rapaces y animales enceguecidos o bien son veneno mortal, o bien inservible cizaña; todos, salvo unos pocos, quienes en verdad abrigan propósitos y planes altruistas para el bienestar de sus semejantes; mas, en este aspecto, ello es, en el servicio a la humanidad, debéis sacrificar vuestras propias vidas y, al entregaros, sentiros gozosos.
¡Oh ejército de Dios! El Exaltado, el Báb, renunció a la vida. La Bendita Perfección, con cada hálito, renunciaba a cien vidas. Padeció calamidades; sufrió angustia; fue apresado; fue encadenado; fue despojado de su hogar y desterrado a lejanos países. Luego, finalmente, terminó sus días en la Más Grande Prisión. Asimismo, una gran multitud de los amantes de Dios que siguieron su sendero han gustado la miel del martirio, renunciando a todas las cosas: a la vida, a los bienes, a la familia, a todo lo que poseían. Cuántos hogares fueron reducidos a escombros; cuántas moradas fueron violadas y saqueadas; cuántos nobles edificios fueron derribados; cuántos palacios fueron demolidos y convertidos en tumbas. Y todo ello acaeció para que la humanidad pudiese ser iluminada, que la ignorancia ceda al conocimiento, que los hombres de la tierra lleguen a ser hombres del cielo, que la discordia y la disensión sean arrancadas de raíz, y el Reino de Paz llegue a establecerse en todo el mundo. Esforzaos ahora para que esta merced se haga manifiesta y ésta, la más amada de entre todas las esperanzas, se lleve a cabo con gran magnificiencia en toda la comunidad del hombre.
¡Oh ejército de Dios! Cuidado, no sea que hagáis daño a algún alma, o que hagáis entristecer a algún corazón; no sea que con vuestra palabra hiráis a algún hombre, ya sea conocido o desconocido, ya sea amigo o enemigo. Orad por todos; togas que todos sean bendecidos, que todos sean perdonados. Cuidado, cuidado, no sea que alguno de vosotros intente venganza, aunque fuese contra alguien que está sediento de vuestra sangre. Cuidado, cuidado, no sea que hiráis los sentimientos de alguien, aun cuando fuere un malhechor y os deseare el mal. No consideréis a las criaturas, volveos a su Creador. No veáis a la gente como pertinaz, sino al Señor de las Huestes. No contempléis el polvo, contemplad el radiante sol, el cual ha hecho que todo fragmento de tierra oscura resplandezca de luz.
¡Oh ejército de Dios! Cuando irrumpa la calamidad, sed pacientes y estad en calma. Por muy aflictivos que puedan ser vuestros sufrimientos, permaneced impasibles y, con perfecta confianza en la abundante gracia de Dios, afrontad la tempestad de las tribulaciones y las feroces ordalías.
El pasado año, un cierto número de los infieles, tanto de adentro como de afuera, tanto conocidos por nosotros como desconocidos, presentaron al Sul¶án de Turquía cargos calumniosos contra estos exiliados sin hogar, formulando contra nosotros graves acusaciones carentes, de hecho, de base alguna. El gobierno, en conformidad con la prudencia, determinó examinar esos cargos, y envió a una comisión de investigación a esta ciudad. Es obvio qué oportunidad proporcionaba esto a nuestros malquerientes, y qué tormenta desataron, todo lo cual está más allá de la descripción de la lengua o pluma alguna. Tan solo alguien que lo presenciara podría darse cuenta qué tumulto crearon y el terremoto de angustia que trajo como consecuencia. Y, no obstante ello, la respuesta fue una entera dependencia en Dios, y permanecer sereno, confiado, paciente, impasible, a un punto tal que una persona que no supiese nada de la situación nos hubiese creído tranquilo en mente y corazón, perfectamente feliz, próspero y en paz.
Entonces ocurrió que los propios acusadores, aquellos que habían presentado los cargos difamatorios contra nos, se unieron a los miembros de la Comisión para investigar las acusaciones, de modo que demandantes, testigos y el juez eran todos uno y el mismo, y la conclusión estaba predeterminada. No obstante, para ser justos, debe dejarse en claro que hasta ahora Su Majestad el Sul¶án de Turquía no ha prestado atención a estos falsos cargos, a esta difamación, a estas fábulas y calumnias, y ha obrado con justicia...
¡oh Tú, Proveedor! Tú has exhalado sobre los amigos de Occidente la dulce fragancia del Espíritu Santo, y con la luz de guía divina has iluminado el cielo del Oeste. Has hecho que quienes otrora se hallaban alejados se acerquen a Ti; Tú has convertido a los extraños en amigos amantes; Tú has despertado a aquellos que dormían; Tú has hecho conscientes a los desatentos.
¡Oh Tú, Proveedor! Ayuda a estos nobles amigos a obtener tu beneplácito, y hazles bienquerientes de extraños y de amigos por igual. Condúceles al mundo que perdura por siempre, concédeles una porción de la gracia celestial; haz que sean verdaderos bahá'ís, sinceramente de Dios; guárdalos de las apariencias y establécelos firmemente en la verdad. Hazlos signos y señales del Reino, estrellas luminosas sobre los horizontes de este mundo inferior. Haz que sean un consuelo y un solaz para el mundo de la humanidad, y siervos para la paz del mundo. Anímales con el vino de tu consejo, y concede que todos puedan hallar el sendero de tus mandamientos.
¡Oh Tú, Proveedor! El más caro deseo de este siervo de tu Umbral es contemplar a los amigos de Oriente y Occidente en estrecho abrazo; ver a todos los miembros de la sociedad humana amorosamente reunidos en una única gran asamblea, como si fueran individuales gotas de agua reunidas en un grandioso mar; contemplar a todos como si fueran pájaros de un mismo jardín de rosas, colmo perlas de un mismo océano, como hojas de un mismo árbol, como rayos de un mismo sol.
Tú eres el Fuerte, el Poderoso, y Tú eres el Dios de fuerza, el Omnipotente, el Todovidente.
36
¡Oh vosotras dos, favorecidas siervas del Señor! Ha sido recibida la carta de mamá Beecher y, verdaderamente, habla por vosotras dos, por lo cual me dirijo a ambas en conjunto. Esto me parece muy bien, pues vosotras, dos seres puros, sois como una preciosa gema, sois dos ramas que se han bifurcado de un mismo árbol; ambas adoráis al mismo Amado, ambas anheláis el mismo Sol resplandeciente.
Mi esperanza es de que todas las siervas de Dios en esa región se unan como las olas de un mar infinito; pues aunque éstas son impelidas como lo quiere el viento, en sí mismas están separadas; mas, ciertamente, todas ellas están en consonancia con la insondable profundidad.
Cuán bueno es que los amigos estén próximos como haces de luz, que se mantengan unidos lado a lado, en una fila sólida y continua. Pues ahora los rayos de la realidad, provenientes del Sol del mundo de la existencia, han unido en fervor a todos los adoradores de esta luz; y estos rayos, mediante la gracia infinita, han reunido a todos los pueblos en este amplio resguardo; por tanto, todas las almas deben llegar a ser como una sola alma, y todos los corazones, como un solo corazón. Que todos sean librados de las múltiples identidades que nacen de la pasión y el deseo, y en la unidad de su amor a Dios hallen un nuevo modo de vida.
¡Oh vosotras dos, siervas de Dios! Ahora es el momento de que lleguéis a ser como munificentes copas plenas hasta desbordar y, al igual que las vivificantes ráfagas que provienen del Paraíso de Abhá, difundáis la fragancia almizclada a través de todo ese país. Despojaos de la vida de este mundo y, en toda ocasión, anhelad la inexistencia; pues cuando el rayo regresa al sol, es aniquilado, y cuando la gota llega al mar, desaparece, y cuando el verdadero amante encuentra a su Amado, entrega su alma.
Hasta que un ser no asiente su pie en el llano del sacrificio, se hallará privado de todo favor y de toda gracia; y este llano del sacrificio es el dominio de la muerte del yo, para que el resplandor del Dios viviente pueda entonces fulgurar. El campo del mártir es el lugar del desprendimiento del yo, para que los himnos de eternidad puedan ascender. Haced todo cuanto podáis para que lleguéis a estar completamente hastiadas del yo, y vinculadas a aquel Semblante de Esplendores; y en cuanto hayáis alcanzado tales alturas de servidumbre encontraréis, reunidas a vuestra sombra, a todas las cosas creadas. Esta es la gracia ilimitada, esta es la más encumbrada soberanía, esta es la vida que no muere. Todo lo demás, fuera de esto, no es al final sino manifiesta condenación y una gran pérdida.
Loado sea Dios; el portal de la gracia ilimitada está abierto de par en par, la mesa celestial está servida, y presentes en el banquete los siervos y siervas del Misericordioso. Esforzaos por recibir vuestra porción de este alimento eterno, para que seáis amados y apreciados en este mundo y en el venidero.
37
¡Oh vosotros, queridos amigos de 'Abdu'l-Bahá! Se ha recibido vuestra bendita carta, informando de la elección de una Asamblea Espiritual. Mi corazón se ha regocijado al saber que, loado sea Dios, los amigos de esa región, con absoluta unidad, camaradería y amor, han celebrado esta nueva votación, y han logrado elegir a santificadas almas, quienes son favorecidas en el Sagrado Umbral, y son bien conocidas entre los amigos como constantes y firmes en el Convenio.
Los representantes elegidos deben ahora levantarse para servir con espiritualidad y alegría, con pureza de intención, con fuerte atracción hacia las fragancias del Todopoderoso, y sustentados plenamente por el Espíritu Santo. Que enarbolen al estandarte de guía y, como soldados de la Compañía en lo alto, enaltezcan la Palabra de Dios, difundan sus dulces fragancias, eduquen las almas de los hombres, y promuevan la Más Grande Paz.
En verdad, han sido elegidas almas benditas. En el momento en que leí sus nombres sentí un estremecimiento de alegría espiritual, al saber que, loado sea Dios, han surgido en ese país algunas personas que son siervos del Reino, y están dispuestas a entregar sus vidas por Aquel Quien no tiene par ni semejante.
¡Oh queridos amigos míos! Encended a esta Asamblea con el esplendor del amor de Dios. Haced que resuene con la gozosa música de las sagradas esferas, haced que prospere con los alimentos que son servidos en la Cena del Señor, en la celestial mesa de banquetes de Dios. Reuníos con alegría inmaculada y, al comienzo de la reunión, recitad esta plegaria:
¡Oh Tú, Señor del Reino! Aunque nuestros cuerpos están aquí reunidos, nuestros hechizados corazones son arrobados por tu amor, y somos transportados por los rayos de tu faz resplandeciente. Aunque somos débiles, esperamos las revelaciones de tu fuerza y poder. Aunque somos pobres, sin bienes ni medios, obtenemos la riqueza de los tesoros de tu Reino. Aunque somos gotas, buscamos ayuda en las profundidades de tu océano. Aunque somos partículas de polvo, fulguramos en la gloria de tu espléndido Sol.
¡Oh Tú, nuestro Proveedor! Haz descender tu ayuda; que cada uno de los aquí reunidos llegue a ser un cirio encendido; cada uno, un centro de atracción; cada uno, un emplazador ante tus reinos celestiales, hasta que, finalmente, hagamos de este mundo inferior la imagen reflejada de tu Paraíso.
¡Oh queridos amigos míos! Incumbe a las asambleas de esas regiones estar relacionadas unas con otras y mantener correspondencia entre ellas, y además comunicarse con las asambleas de Oriente, para llegar así a ser instrumentos de unión en el mundo entero.
¡Oh vosotros, amigos espirituales! Tal debe ser vuestra constancia que si los malquerientes quitaran la vida a todo creyente y tan solo quedare uno, éste, a solas y sin ayuda, resistirá a todos los pueblos de la tierra y continuará difundiendo por doquier las dulces y santas fragancias de Dios. Por consiguiente, si os llegare de Tierra Santa alguna temible noticia, algún aviso de terribles acontecimientos, procurad no vacilar, no os desconsoléis ni os desalentéis. Más bien, levantaos inmediatamente, con férrea determinación, y servid al Reino de Dios.
Este Siervo del Umbral del Señor ha estado en peligro en todo momento. Está ahora en peligro. En ningún momento ha abrigado esperanza alguna de seguridad, y es mi más caro deseo beber de la generosa y rebosante copa del mártir, y morir en el campo del sacrificio, deleitándome con aquel vino, el cual es el más precioso de los dones de Dios. Esta es mi más elevada esperanza, este es mi más vehemente deseo.
Oímos decir que las Tablas de Ishráqát (Esplendores), (r)arázát (Ornamentos), Bishárát (Buenas Nuevas), Tajallíyyát (Efulgencias), y Kalimát (Palabras del Paraíso), han sido traducidas y publicadas en esas regiones. En estas Tablas hallaréis un modelo de cómo ser y cómo vivir.
38
¡Oh sierva de Dios, quien te estremeces como una fresca y tierna rama con los vientos del amor de Dios! He leído tu carta, la cual habla de tu abundante amor, tu intensa devoción, y de que estás ocupada en la recordación de tu Señor.
Sé dependiente de Dios. Abandona tu propia voluntad y aférrate a la suya, desecha tus propios deseos y arráigate a los de Él, para que llegues a ser, para sus siervas, un ejemplo, santificado, espiritual y perteneciente al Reino.
Sabe tú, oh sierva, que ante la vista de Bahá, las mujeres son consideradas iguales a los hombres, y Dios ha creado a toda la humanidad a su propia imagen y semejanza. Es decir, tanto los hombres como las mujeres son los reveladores de sus nombres y atributos, y desde el punto de vista espiritual no existe diferencia entre ellos. Quienquiera que se acerque a Dios, es el más favorecido, ya sea hombre o mujer. Cuántas siervas, ardientes y devotas, a la sombra protectora de Bahá, han demostrado ser superiores a los hombres, y han sobrepasado a los famosos de la tierra.
La Casa de Justicia, sin embargo, de acuerdo con el texto explícito de la Ley de Dios, está limitada a los hombres; ello, en virtud de una sabiduría de Dios, el Señor, la cual, a corto plazo, será puesta de manifiesto con tanta claridad como la del sol del mediodía.
En cuanto a vosotras, las demás siervas que estáis enamoradas de las fragancias celestiales, organizad reuniones santas y fundad Asambleas Espirituales, pues ellas son las bases para la difusión de los perfumados aromas de Dios, exaltando su Palabra, alzando la lámpara de su gracia, promulgando su religión y promoviendo sus Enseñanzas. ¿Existe una merced más grande que ésta? Estas Asambleas Espirituales son ayudadas por el Espíritu de Dios. Su defensor es 'Abdu'l-Bahá. Sobre ellas Él extiende sus alas. ¿Existe una merced más grande que ésta? Estas Asambleas Espirituales son lámparas encendidas y jardines celestiales, desde los cuales las fragancias de santidad son difundidas sobre todas las regiones, y las luces del conocimiento son derramadas sobre todas las cosas creadas. De ellas fluye el espíritu de vida en todas las direcciones. Ellas son, de hecho, las poderosas fuentes del progreso del hombre, en todo tiempo y en todas las condiciones. ¿Existe una merced más grande que ésta?
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¡Oh sierva de Dios! Tu carta, con la noticia de que se ha establecido una Asamblea en esa ciudad, ha sido recibida.
No consideréis lo escaso de vuestro número, más bien, tratad de hallar corazones puros. Un alma consagrada es preferible a un millar de otras almas. Si un pequeño número de personas se reúnen amorosamente, con pureza y santidad absolutas, con sus corazones, libres del mundo, experimentando las emociones del Reino y las poderosas fuerzas magnéticas de lo divino, y estando unidas en feliz camaradería, esa reunión ejercerá su influencia sobre toda la tierra. La naturaleza de esa asociación, las palabras que expresan, las acciones que realizan, liberarán los dones del cielo, y proveerán un anticipo del deleite eterno. Las huestes de la Compañía en lo alto las defenderán, y los ángeles del Paraíso de Abhá, en continua sucesión, descenderán en su ayuda.
El significado de "ángeles" son las confirmaciones de Dios y sus poderes celestiales. Asimismo, los ángeles son seres benditos, quienes han cortado todos los lazos con este mundo inferior, se han librado de las cadenas del yo y de los deseos de la carne, y han anclado sus corazones en los dominios celestiales del Señor. Éstos son del Reino, celestiales; éstos son de Dios, espirituales; éstos son reveladores de la abundante gracia de Dios; éstos son los puntos de amanecer de sus dádivas espirituales.
¡Oh sierva de Dios! Loado sea Él; tu querido esposo ha percibido las dulces esencias que provienen de los jardines del cielo. Ahora, con cada día que transcurre debes, mediante el amor de Dios y tus propias buenas acciones, acercarle siempre más a la Fe.
En verdad, fueron terribles los acontecimientos de San Francisco.30 Los desastres de esta clase deberían servir para despertar a la gente y disminuir el amor de sus corazones por este mundo inconstante. Es en este mundo inferior donde cosas trágicas como éstas tienen lugar; esta es la copa que entrega amargo vino.
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¡Oh vosotros, quienes sois amados por 'Abdu'l-Bahá! He leído vuestros informes con gran alegría; son de una naturaleza tal que animan y refrescan el corazón y regocijan el alma. Si esa Asamblea, por medio de los santos hálitos del Todomisericordioso y sus divinas confirmaciones, perdura y se mantiene firme e inconmovible, producirá notables resultados y tendrá éxito en emprendimientos de gran importancia.
Las Asambleas Espirituales que han de establecerse en esta Era de Dios, en esta sagrada centuria, no han tenido, indiscutiblemente, ni par ni semejante en los ciclos del pasado. Pues aquellas corporaciones que ejercían el poder están basadas en la sustentación de la Belleza de Abhá. Los defensores y patrocinadores de aquellas otras corporaciones eran ya un príncipe, o un rey, o un sumo sacerdote, o bien la masa del pueblo. Pero estas Asambleas Espirituales tiene por defensor, por sustentador, por auxiliador, por inspirador, al omnipotente Señor.
No tengáis en cuenta el presente, fijad vuestra mirada en los tiempos por venir. Al comienzo, cuán pequeña es la semilla y, sin embargo, al final, es un árbol enorme. No dirijáis la mirada a la semilla, dirigidla al árbol, y a sus flores, y a sus hojas, y a sus frutos. Considerad los días de Cristo, cuando nadie Le siguió, salvo un pequeño grupo; luego observad cuán enorme árbol llegó a ser esa semilla, contemplad sus frutos. Y ahora han de ocurrir cosas aun más grandes que ésas, pues ésta es la convocación del Señor de las Huestes, ésta es la llamada de trompeta del Señor viviente, éste es el himno de la paz mundial, éste es el estandarte de rectitud y confianza y entendimiento enarbolado entre la diversidad de los pueblos del globo, éste es el esplendor del Sol de la Verdad, ésta es la santidad del espíritu de Dios mismos. Ésta, la más poderosa de las dispensaciones, envolverá toda la tierra, y bajo su emblema todos los pueblos se reunirán y encontrarán un abrigo común. Conoced, entonces, la importancia vital de esta minúscula semilla que, con las manos de su misericordia, ha sembrado el verdadero Labrador, en los arados campos del Señor, regándola con la lluvia de las dádivas y mercedes, y que ahora cultiva al calor y a la luz del Sol de la Verdad.
Por tanto, oh vosotros amados de Dios, ofecedle vuestra gratitud, pues Él os ha hecho el objeto de tales mercedes y los depositarios de tales dones. Benditos sois, buenas nuevas para vosotros por esta abundante gracia.
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¡Oh tú, quien eres firme en el Convenio, y constante! Se me ha mostrado la carta que has escrito a... y las opiniones allí expresadas son muy loables. Es de incumbencia de la Asamblea Espiritual Consultiva de Nueva York estar en completo acuerdo con la de Chicago, y estos dos organismos de consulta deben aprobar en conjunto todo cuanto consideren apropiado para ser publicado y distribuido. A continuación deben enviar una copia a 'Akká, para que sea aprobada aquí también, luego de lo cual el material será devuelto para su publicación y circulación.
La cuestión de coordinar y unificar a las dos Asambleas Espirituales, la de Chicago y la de Nueva York, es de la mayor importancia, y una vez que se haya formado debidamente una Asamblea Espiritual en Washington, esas dos Asambleas también deberían establecer lazos de unidad con esta Asamblea. Para resumir, es el deseo de Dios nuestro Señor que los amados de Dios y las siervas del Misericordioso en Occidente, se reúnan más estrechamente en armonía y unidad con cada día que transcurre, y en tanto que ello no se logre, la tarea no avanzará. Las Asambleas Espirituales son, en su conjunto, el más efectivo de todos los medios para el establecimiento de la unidad y la armonía. Este aspecto es de la mayor importancia; es éste el imán que atrae las confirmaciones de Dios. Tan pronto como la belleza de la unidad de los amigos -esa Amada Divina- se atavíe con los ornamentos del Reino de Abhá, es indudable que a breve plazo esos países llegarán a ser el Paraíso del Todoglorioso, y que desde el Oeste los esplendores de la unidad esparcirán sus brillantes rayos sobre toda la tierra.
Nos estamos esforzando con alma y corazón, sin descansar ni de día ni de noche, sin aspirar a un momento de tranquilidad, por hacer de este mundo del hombre el espejo de la unidad de Dios. Luego, ¿cuánto más deben reflejar los amados de Dios esa unidad? Y esta acariciada esperanza, y este nuestro anhelado deseo se cumplirá ostensiblemente, solo el día en que los verdaderos amigos de Dios se levanten para llevar a la prácticas las Enseñanzas de la Belleza de Abhá, ¡sea mi vida una redención para sus amados! Una entre sus Enseñanzas es ésta: que el amor y la buena fe dominen de tal modo el corazón humano que los hombres consideren al desconocido como si fuera un amigo íntimo; al malhechor, como a uno de los suyos; al forastero, como a un ser amado; al enemigo, como a un compañero querido y cercano. A quien les quite la vida le llamarán un conferidor de vida; a quien se aparte de ellos le mirarán como a alguien que se vuelve a ellos; a quien niega su mensaje, le considerarán como uno que reconoce su verdad. El significado de ello es que deben tratar a toda la humanidad como tratarían a sus partidarios, sus correligionarios, sus seres queridos y sus amigos íntimos.
Si una antorcha tal iluminara la comunidad del mundo, encontraríais que la tierra entera exhalaría fragancia, que habría llegado a ser un paraíso de deleites, y su faz sería la imagen del encumbrado cielo. Entonces, la totalidad del mundo sería una única tierra nativa; los diferentes pueblos, una única raza; las naciones de Oriente y Occidente, un único hogar.
Es mi esperanza que tal día llegará, que tal esplendor relucirá, y que tal visión será revelada en toda su plena belleza.
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¡Oh vosotros, mis colaboradores que estáis sostenidos por los ejércitos que provienen de los dominios del Todoglorioso! Bienaventurados sois, pues os habéis reunido a la sombra protectora de la Palabra de Dios, y habéis encontrado un amparo en la gruta de su Convenio; habéis concedido paz a vuestro corazón, construyendo vuestro hogar en el Paraíso de Abhá, y sois arrullados por las leves brisas que soplan desde su origen, en su amorosa bondad; os habéis levantado para servir a la Causa de Dios y difundir su religión por doquier, para promover su Palabra y enarbolar en lo alto las banderas de santidad a través de todas esas regiones.
¡Por la vida de Bahá! Ciertamente, el consumado poder de la Realidad Divina exhalará en vosotros las dádivas del Espíritu Santo, y os asistirá en llevar a cabo una proeza cuyo igual el ojo de la creación jamás ha contemplado.
¡Oh vosotros, Sociedad del Convenio! En verdad, la Belleza de Abhá hizo una promesa a los amados que son firmes en el Convenio: que Él consolidaría sus esfuerzos con el más sólido de los apoyos, y los socorrería con su triunfante poderío. Dentro de poco veréis cómo vuestra iluminada Asamblea habrá dejado signos y señales evidentes en los corazones y en las almas de los hombres. Aferraos a la orla del manto de Dios, y dirigid todos vuestros esfuerzos hacia la promoción de su Convenio y ardiendo cada vez más brillantemente con el fuego de su amor, para que vuestros corazones brinquen de alegría en los hálitos de servidumbre que fluyen del pecho de 'Abdu'l-Bahá. Reanimad vuestro corazón, haced firmes vuestros pasos, confiad en las sempiternas dádivas que serán derramadas sobre vosotros, una detrás de otra, desde el Reino de Abhá. Cuando quiera que os reunáis en esa radiante asamblea, sabed que los esplendores de Bahá estarán brillando sobre vosotros. Os corresponde buscar el acuerdo y ser unidos; os corresponde estar en estrecha comunión los unos con los otros, tanto en cuerpo como en alma, hasta que os asemejéis a las Pléyades o a una hilo de relucientes perlas. Así os estableceréis sólidamente; así vuestras palabras prevalecerán, vuestra estrella brillará y vuestros corazones serán confortados...
Cuando quiera que entréis a la cámara del consejo, recitad esta oración con el corazón palpitante por el amor de Dios y una lengua purificada de todo salvo de su recuerdo, para que el Todopoderoso os ayude bondadosamente a lograr la victoria suprema:
¡Oh Dios, mi Dios! Somos siervos tuyos que nos hemos vuelto con devoción hacia tu sagrado rostro, habiéndonos apartado de todo menos de Ti en este glorioso Día. Nos hemos reunido en esta asamblea espiritual, unidos en nuestros juicios y pensamientos, con nuestros propósitos armonizados para exaltar tu Palabra entre la humanidad. ¡Oh Señor, nuestro Dios! Haz de nosotros los signos de tu guía divina, estandartes de tu exaltada Fe entre los hombres, siervos de tu poderoso Convenio, oh Tú, nuestro altísimo Señor, manifestaciones de tu divina unidad en tu reino de Abhá y estrellas resplandecientes que brillan sobre todas las regiones. ¡Señor! Ayúdanos a convertirnos en mares que se agitan por el oleaje de tu maravillosa gracia; en corrientes que fluyen desde tus alturas todo gloriosas; en frutos excelentes del árbol de tu Causa empírea; como árboles que se mecen en tu viña celestial por las brisas de tu munificencia. ¡Oh Dios! Haz que nuestras almas dependan de los versos de tu divina unidad, que nuestros corazones se regocijen por las efusiones de tu gracia, para que nos unamos como las olas de un solo mar y lleguemos a fundirnos como los rayos de tu luz refulgente; para que nuestros pensamientos, nuestros juicios y nuestros sentimientos se conviertan en una sola realidad que manifieste el espíritu de la unión por todo el mundo. Tú eres el Benévolo, el Munífico, el Conferidor, el Todopoderoso, el Misericordioso, el Compasivo.
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Los requisitos primordiales para aquellos que se reúnen a consultar, son pureza de intención, refulgencia de espíritu, desprendimiento de todo salvo de Dios, atracción a sus Divinas Fragancias, humildad y sumisión entre sus amados, paciencia y longanimidad en las dificultades, y servidumbre en su exaltado Umbral. Si son bondadosamente asistidos en la adquisición de estos atributos, les será concedida la victoria desde el invisible Reino de Bahá.
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Sus miembros31 deben reunirse a consultar de modo tal que no pueda surgir motivo de resentimiento o discordias. Esto puede lograrse cuando cada miembros expresa con absoluta libertad su propia opinión y expone su argumento. Si alguien se le opusiera, no deberá de ninguna manera sentirse ofendido, pues no antes de que los asuntos hayan sido plenamente discutidos, el camino recto puede ser revelado. La brillante chispa de la verdad surge solo después del choque de diferentes opiniones. Si luego de la discusión una decisión es lograda por unanimidad, enhorabuena; mas si, el Señor no lo permita, surgieran diferencias de opinión, deberá prevalecer la mayoría de los votos.
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La primera condición es observar armonía y amor absolutos entre los miembros de la asamblea. Deben estar completamente libres de distanciamiento y manifestar en sí mismos la Unidad de Dios, pues ellos son las olas de un mismo mar, las gotas de un mismo río, las estrellas de un mismo firmamento, los rayos de un mismo sol, los árboles de un mismo huerto, las flores de un mismo jardín. Si la armonía de pensamiento y la más absoluta unidad no existieran, esa reunión sería dispersada y dicha asamblea quedaría reducida a nada. La segunda condición es que los miembros de la asamblea deberían elegir conjuntamente un coordinador, y establecer pautas y estatutos para sus sesiones y deliberaciones. El coordinador debería estar a cargo de tales normas y reglamentos, y protegerlos y hacerlos cumplir; los demás miembros deberían ser obedientes y abstenerse de conversar sobre temas superfluos o extraños. Ellos deben dirigir sus rostros, cuando se reúnen, hacia el Reino en lo alto, y pedir ayuda del Reino de Gloria. Luego, con la mayor devoción, cortesía, dignidad, cuidado y moderación, deben expresar sus puntos de vista. Deben buscar cuidadosamente la verdad en cada asunto, y no insistir en su propia opinión, ya que la terquedad y la persistencia en el propio parecer conducirán en último término a la discordia y a la disputa, y la verdad permanecerá oculta. Los honorables miembros deben expresar sus propios pensamientos con toda libertad, y de ninguna manera está permitido que alguno menosprecie la idea de otro; no, con toda moderación deben exponer la verdad, y si surgen diferencias de opinión, debe prevalecer la voz de la mayoría, y todos deben obedecerla y someterse a ella. Además no es permisible que alguno de los honorables miembros objete o censure, ya sea en la reunión o fuera de ella, cualquier decisión a que se haya arribado previamente, aun cuando tal decisión no sea correcta, pues tales críticas impedirán que se lleva a cabo cualquier decisión. En breve, cualquier cosa que se resuelva en armonía y con amor y pureza de intención, dará como resultado la luz; y si prevaleciera la más leve señal de alejamiento, el resultado será oscuridad de oscuridades... Si ello se considera de esta manera, esa asamblea será de Dios; lo contrario, conducirá al enfriamiento y al distanciamiento, los cuales proceden del Malvado... Si ellos se esfuerzan por cumplir con estas condiciones la Gracia del Espíritu Santo les será conferida, y esa asamblea llegará a ser el centro de las divinas bendiciones, las huestes de la confirmación divina descenderán en su ayuda, y día a día ellos recibirán una nueva efusión de Espíritu.
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¡Oh vosotros quienes sois firmes en el Convenio! 'Abdu'l-Bahá está constantemente ocupado en ideal comunicación con toda Asamblea Espiritual que sea instituida por la divina munificencia, y cuyos miembros, con la mayor devoción, se vuelvan al Reino Divino y sean firmes en el Convenio. Él tiene hacia ellos un afecto de todo corazón y está vinculado con ellos por lazos eternos. De este modo, la correspondencia con esa reunión es sincera, constante e ininterrumpida.
A cada instante pido para vosotros ayuda, munificencia, y un nuevo favor y bendición, para que las confirmaciones de Bahá'u'lláh, como el mar, se agiten constantemente, que las luces del Sol de la Verdad brillen sobre todos vosotros, y seáis confirmados en el servicio, que lleguéis a ser las manifestaciones de la munificencia, y cada uno de vosotros, al amanecer, se vuelva hacia la Tierra Santa y pueda experimentar emociones espirituales en toda su intensidad.
47
¡Oh vosotros, amigos verdaderos! Vuestra carta ha sido recibida, y fue portadora de gran alegría. Alabado sea Dios, habéis preparado un agasajo y establecido la fiesta que debe celebrarse cada diecinueve días. Cualquier reunión que se realice con el más grande amor, y en la que los asistentes vuelven sus rostros hacia el Reino de Dios, y donde la conversación se refiere a las Enseñanzas de Dios, y cuyo propósito es hacer progresar a los presentes, tal reunión es del Señor, y esa mesa festiva ha descendido del cielo.
Es mi esperanza que se celebre esta fiesta un día de cada diecinueve días, puesto que os hace acercaros unos a otros; es la fuente misma de la unidad y la amorosa bondad.
Observad hasta qué punto se halla el mundo en continua confusión y conflicto, y a qué extremo han llegado ahora sus naciones. Quizá, los amantes de Dios logren enarbolar el pabellón de la unidad humana, para que el tabernáculo unicolor del Reino del Cielo proyecte su sombra protectora sobre toda la tierra; que desaparezcan los malentendidos entre los pueblos del mundo; que todas las naciones se mezclen unas con otras, y unos con otros actúen como el amante con su amado.
Es vuestro deber ser bondadosísimos con cada ser humano, y desearle el bien; laborar por la edificación de la sociedad; inspirar en los muertos el hálito de vida; actuar en conformidad con las instrucciones de Bahá'u'lláh, y caminar por su sendero; hasta convertir el mundo del hombre en el mundo de Dios.
48
¡Oh vosotros, leales siervos de la Antigua Belleza! En todo ciclo y dispensación, el festejo ha sido favorecido y apreciado, y disponer la mesa para los amados de Dios ha sido considerado un acto loable. Tal es, en especial, el caso en la actualidad, en esta incomparable dispensación, en ésta la más generosa de las edades, cuando ello es altamente aclamado pues, en verdad, es considerado entre las reuniones que se celebran para adorar y glorificar a Dios. Aquí se entonan los sagrados versículos, las odas y loas celestiales, y el corazón es vivificado y transportado.
El propósito primorcial es encender estas inquietudes del espíritu, pero al mismo tiempo resulta natural que los presentes participen de los alimentos, para que el mundo del cuerpo pueda reflejar al mundo del espíritu, y la carne adquiera las cualidades del alma; y así como los deleites espirituales se hallan aquí en profusión, así también se hallan los deleites materiales.
Dichosos sois, por observar esta norma, con todos sus místicos significados, manteniendo así alertas y atentos a los amigos de Dios, y trayéndoles paz de espíritu, y alegría.
49
Tu carta ha sido recibida. Has escrito acerca de la festividad de los Diecinueve Días, y ello regocijó mi corazón. Estas reuniones hacen que descienda del cielo la mesa divina, y atraen las confirmaciones del Todomisericordioso. Es mi esperanza que los hálitos del Espíritu Santo se difundan sobre ellas, y que cada uno de los presentes, en grandes asambleas, con lengua elocuente y un corazón inundado con el amor de Dios, se dedique a aclamar el surgimiento del Sol de la Verdad, el amanecer del Astro que ilumina todo el mundo.
50
Habéis preguntado acerca de la fiesta de cada mes bahá'í. Esta fiesta se celebra para fomentar la camaradería y el amor, para recordar a Dios y suplicarle con corazones contritos, y para alentar las actividades caritativas.
Es decir, los amigos deberían referirse allí extensamente a Dios y glorificarle, leer las oraciones y los sagrados versículos, y tratarse uno a otro con el mayor afecto y amor.
51
En cuanto a la Fiesta de los Diecinueve Días, ella regocija la mente y el corazón. Si esta fiesta se celebra de manera apropiada, los amigos, cada diecinueve días, se sentirán espiritualmente restablecidos y dotados con un poder que no es de este mundo.
52
¡Oh siervo del único Dios verdadero! Alabado sea el Señor; los amados de Dios se encuentran en todos los países y, todos y cada uno de ellos se hallan a la sombra del Árbol de la Vida y bajo la protección de su buena providencia. Su cuidado y su bondad se agitan como las eternas olas del mar, y sus bendiciones son continuamente derramadas desde su Reino sempiterno.
Debe ser nuestra súplica para que sus bendiciones sean conferidas aún en mayor abundancia, y nos corresponde aferrarnos a aquellos medios que aseguren una más plena efusión de su gracia y una mayor cantidad de su divina asistencia.
Uno de los más grandes de estos medios es el espíritu de verdadera camaradería y amorosa comunión entre los amigos. Recuerda el dicho: "De todos los peregrinajes, el más grande es aliviar el corazón agobiado de dolor."
53
En verdad, 'Abdu'l-Bahá aspira la fragancia de Dios que proviene de todo lugar de reunión en que se expresa la Palabra de Dios, y donde se presentan pruebas y argumentos que vierten sus rayos a través del mundo, y se narran las tribulaciones de 'Abdu'l-Bahá por obra de las perversas manos de aquellos que han violado el Convenio de Dios.
¡Oh sierva del Señor! No expreses ninguna palabra acerca de la política; tu tarea concierne a la vida del ama, pues ello, ciertamente, conduce a la alegría del hombre en el mundo de Dios. A menos que sea para hablar bien de ellos, no hagas mención de los reyes de la tierra, y de sus gobiernos terrenales tampoco. Limita, más bien, tus palabras, a la difusión de las dichosas nuevas del Reino de Dios, y a la santidad de la Causa de Dios. Conversa acerca de la alegría perdurable, y de las delicias espirituales, y de las cualidades divinas, y de cómo el Sol de la Verdad ha surgido por sobre los horizontes de la tierra: conversa de la inspiración del espíritu de vida en el cuerpo del mundo.
54
Habéis escrito acerca de las reuniones de los amigos, y de cuán plenos de paz y de alegría se hallan. Por supuesto que ello es así: pues dondequiera que se reúnen los que tienen inclinaciones espirituales, allí, en su belleza, reina Bahá'u'lláh. Y así, de seguro, dichas reuniones producirán infinita felicidad y paz.
Hoy en día corresponde a todos abstenerse de la mención de todos los demás, y prescindir de todas las cosas. Que su decir y su estado interior puedan resumirse así: "Mantén todas mis palabras de oración y de alabanza limitadas a un único estribillo: haz que mi vida entera sea tan solo en servidumbre a Ti." Ello es, que concentren todos sus pensamientos, todas sus palabras, en la enseñanza de la Causa de Dios y en la difusión de la Fe de Dios, e inspirando a todos para que adopten las características de Dios; en amar a la humanidad; en ser puros y santos en todas las cosas, e inmaculados en su vida pública y privada; en ser rectos y desprendidos, y fervientes, y encendidos. Todo debe ser entregado, con la única excepción de recuerdo de Dios. Todo debe ser menospreciado, salvo su alabanza. Hoy en día, el mundo saltará y danzará con esta melodía de la Compañía en lo alto: "¡Gloria sea a mi Señor, el Todoglorioso!" Mas conoced esto: fuera de este cantar de Dios, ningún cantar conmoverá al mundo, y fuera de este clamor del ruiseñor de la verdad, proveniente del Jardín de Dios, ninguna melodía seducirá el corazón. "¿De dónde proviene este Cantor que menciona el nombre del Amado?"
55
Es conveniente que los amigos celebren una reunión, un encuentro, en el que glorifiquen a Dios, y consoliden en Él sus corazones, y lean y reciten las Sagradas Escrituras de la Bendita Belleza, que mi alma sea en rescate por sus amados. Las luces del Todoglorioso Dominio, los rayos del Supremo Horizonte, serán proyectados sobre tan luminosas asambleas, pues ellas no son sino los Mashriqu'l-Adhkár, los Puntos de Amanecer de la Rememoración de Dios, los cuales deben, por instrucciones de la Más Exaltada Pluma, ser establecidos en toda aldea y en toda ciudad... Estas reuniones espirituales deben celebrarse con la mayor pureza y consagración, para que del sitio mismo, y de su tierra y del aire circundante, se puedan aspirar los fragantes hálitos del Espíritu Santo.
56
Cuando un grupo de personas se reúne en un determinado lugar, dedicando su tiempo en glorificar a Dios, y hablando unos con otros de los misterios de Dios, sin la menor duda los hálitos del Espíritu Santo soplarán suavemente sobre ellos, y cada uno recibirá una parte de los mismos.
57
Hemos oído que te propones embellecer tu casa, de tiempo en tiempo, con una reunión de los bahá'ís, donde algunos de entre ellos se ocuparán en glorificar al Señor Todoglorioso... Has de saber que si llegan a realizarlo, esa casa terrenal se convertirá en una casa celestial, y ese edificio de piedra, en un congreso del espíritu.
58
Has preguntado acerca de los lugares de adoración y la razón fundamental de los mismos. La sabiduría de erigir tales edificios es que, a una hora determinada, la gente sepa que es el momento de reunirse, y que todos se congreguen y, en armoniosa concordancia mutua, estén dedicados a la oración; con el resultado de que, de esta reunión, la unidad y el afecto se desarrollen y florezcan en el corazón humano.
59
Durante mucho tiempo, 'Abdu'l-Bahá ha abrigado el deseo de que en esa región se levante un Mashriqu'l-Adhkár. Alabado sea Dios, gracias a los arduos esfuerzos de los amigos, las gozosas nuevas de ello han sido anunciadas en los últimos días. Este servicio es sumamente aceptable en el Umbral de Dios, pues el Mashriqu'l-Adhkár inspira a los amantes de Dios y deleita sus corazones, haciendo que se vuelvan constantes y firmes.
Esto representa un aspecto de la mayor significación. Si la erección de la Casa de Adoración en un lugar público suscitare la hostilidad de los obradores del mal, entonces, en cada población, el encuentro deberá realizarse en un sitio oculto. Incluso en cada aldea debe reservarse un lugar como Mashriqu'l-Adhkár, aunque fuera bajo tierra.
Ahora, alabado sea Dios, habéis tenido éxito en esto. Ocupaos en la recordación de Dios al amanecer; levantaos para alabarle y glorificarle. Bienaventurados sois, y vuestro es el regocijo, oh vosotros los justos, por haber establecido el Punto de Amanecer de las Alabanzas a Dios. En verdad, pido al Señor que os haga estandartes de salvación y enseñas de redención, ondeando en lo alto sobre valles y colinas.
60
Aunque en su apariencia exterior el Mashriqu'l-Adhkár es una estructura material, sin embargo, tiene un efecto espiritual. Forja vínculos de unidad de corazón a corazón; es un centro colectivo para las almas de los hombres. Toda ciudad en la cual se erigió un Templo durante los días de la Manifestación, ha creado seguridad y constancia y paz, por cuanto tales edificios fueron ofrecidos a la perpetua glorificación de Dios, y solo en la recordación de Dios puede el corazón encontrar descanso. ¡Dios bondadoso! El edificio de la Casa de Adoración tiene una poderosa influencia en cada fase de la vida. La experiencia en Oriente ha demostrado claramente que esto es un hecho. Incluso, si en un pequeño villorrio una casa era designada como Mashriqu'l-Adhkár, ello producía un efecto notable; cuánto mayor habría de ser la repercusión de uno erigido especialmente.
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¡Oh Señor!, oh Tú que bendices a todos aquellos que se mantienen firmes en su Convenio, permitiéndoles, por su amor a la Luz del Mundo, gastar aquello que poseen como ofrenda al Mashriqu'l-Adhkár, la aurora de tus extendidos rayos y el proclamador de tus evidencias; ayúdales, tanto en este mundo como en el mundo venidero, a estos hombres rectos, probos y píos, a acercarse cada vez más a tu Sagrado Umbral, y haz luminosos sus rostros con tus deslumbrantes esplendores.
En verdad, Tú eres el Generoso, el Siempre Otorgador.
62
¡Oh tú, mi bienamada hija del Reino! La carta que habías escrito al Dr. Esslemont fue remitida por él a la Tierra del Deseo (Tierra Santa). La he leído del principio al fin con la mayor atención. Por una parte, me emocioné profundamente, pues tú has cortado tu hermosa cabellera con las tijeras del desprendimiento de este mundo, y de la abnegación en el sendero del Reino de Dios. Y, por otra parte, me sentí muy complacido, pues una hija tan amada ha demostrado tan grande espíritu de abnegación, que ha ofrecido una parte tan preciosa de su cuerpo en el sendero de la Causa de Dios. Si hubieses solicitado mi opinión, de manera alguna habría consentido en que cortases tan siquiera una sola hebra de tus hermosos y ondulados rizos; es más, yo mismo habría contribuido en tu nombre para el Mashriqu'l-Adhkár. Esta acción tuya es, sin embargo, un testimonio elocuente de tu noble espíritu de abnegación. Tú, en verdad, has sacrificado tu vida, y grandes serán los resultados espirituales que habrás de obtener. Ten confianza en que día a día progresarás y te harás grande en firmeza y en constancia. Las mercedes de Bahá'u'lláh te rodearán y las gozosas nuevas provenientes de lo alto te serán concedidas una y otra vez. Y aunque sea tu cabello lo que has sacrificado, sin embargo tú serás colmada con el Espíritu, y aunque sea una parte perecedera de tu cuerpo lo que has ofrendado en el sendero de Dios, con todo, encontrarás la Dádiva Divina, y contemplarás la Belleza Celestial, y obtendrás gloria imperecedera, y alcanzarás la vida sempiterna.
63
¡Oh vosotras almas benditas!32 La carta que habéis escrito a Raḥmatu'lláh ha sido cuidadosamente leída. Muchas y diversas han sido las gozosas nuevas que dio a conocer, ello es, que a través del poder de la fe y la constancia en el Convenio se han convocado numerosas reuniones, y que los amados están en todas partes afanosos y activos.
El ardiente deseo de 'Abdu'l-Bahá ha sido siempre que el suelo de ese reverenciado lugar, el cual en los tempranos días de la Causa ha sido refrescado y reverdecido con las lluvias primaverales de la gracia, florezca y se desarrolle a un punto tal como para colmar de alegría a cada corazón.
Loado sea el Señor; la Causa de Dios ha sido proclamada y promovida a través de Oriente y Occidente, de un modo tal que no existe mente que haya concebido jamás que las dulces fragancias del Señor perfumarían tan rápidamente todas las regiones. Ello, en verdad, se debe solo a las consumadas dádivas de la siempre Bendita Belleza, cuya gracia y cuyo triunfante poder se reciben en abundancia una y otra vez.
Uno de los maravillosos acontecimientos que han sucedido últimamente es que el edificio del Mashriqu'l-Adhkár está siendo erigido en el corazón mismo del continente americano, y que numerosas almas de las regiones vecinas están contribuyendo para la construcción de este Templo sagrado. Entre ellas se encuentra una sumamente estimada dama de la ciudad de Manchester, quien se ha sentido impulsada a ofrecer su parte.
No poseyendo ni bienes ni riqueza materiales, cortó con sus propias manos los delicados, los largos y preciosos cabellos que con tanta gracia adornaban su cabeza, y los ofreció en vente, a fin de que su precio sirviera para promover la causa del Mashriqu'l-Adhkár.
Considerad que aunque a los ojos de las mujeres nada es más precioso que los abundantes y ondulados bucles, no obstante eso, aquella altamente honorable dama ha mostrado tan raro y hermoso espíritu de abnegación.
Y aunque ello era innecesario, no habría consentido 'Abdu'l-Bahá en semejante acción, con todo, al manifestar tan elevado y noble espíritu de devoción, Él se sintió profundamente emocionado por ello. ¡Siendo tan precioso el cabello a la vista de las mujeres de Occidente, aún más precioso que la vida misma, con todo, ella lo ofreció en sacrificio por la causa del Mashriqu'l-Adhkár!
Se dice que cierta vez, en los días del Apóstol de Dios,33 Él expresó su deseo de que un ejército avanzara en una cierta dirección, y se permitió a los fieles recaudar contribuciones para la guerra santa. Entre muchos, había un hombre que donó mil camellos, cada uno cargado con grano; otro que entregó la mitad de sus bienes; y aún otro que ofreció todo lo que tenía. Pero una mujer entrada en años, cuya única posesión era un puñado de dátiles, llegó hasta el Apóstol y puso a sus pies su humilde contribución. Acto seguido, el Profeta de Dios -que mi vida sea ofrendada como un sacrificio hacia Él- ordenó que este puñado de dátiles fuese colocado por encima de todas las contribuciones que se habían reunido, aseverando así el mérito y superioridad de ella por sobre todas las demás. Esto fue hecho porque aquella anciana no tenía otra posesión terrenal más que ésta.
Y de la misma manera, esta estimada dama no tenía nada más para contribuir fuera de sus preciosos cabellos, y los sacrificó gloriosamente por la causa del Mashriqu'l-Adhkár.
¡Ponderad y reflexionad acerca de cuán fuerte y potente ha llegado a ser la Causa de Dios! Una mujer de Occidente ha ofrendado su cabello para la gloria del Mashriqu'l-Adhkár.
Es más, esto no es sino una lección para aquellos que perciben.
En conclusión, estoy gratamente complacido con los amados de Najaf-Ábád, ya que desde los primeros albores de la Causa hasta este día, todos y cada uno de ellos han mostrado, en todas las condiciones, un gran espíritu de abnegación.
Durante toda su vida, Zaynu'l-Muqarrabín ha orado con toda la sinceridad de su alma inmaculada en favor de los creyentes de Najaf-Ábád, y ha implorado para ellos la gracia de Dios y su divina confirmación.
Alabado sea el Señor, pues han sido respondidas las oraciones de esta alma bondadosa, ya que sus efectos se hallan manifiestos por doquier.
64
El Mashriqu'l-Adhkár es una de las instituciones más vitales del mundo, y posee muchas ramas subsidiarias. Aunque es una Casa de Adoración, también está relacionado con un hospital, un dispensario, una hospedería para viajeros, una escuela para huérfanos, y una universidad de estudios avanzados. Todo Mashriqu'l-Adhkár está relacionado con estas cinco cosas. Mi esperanza es que el Mashriqu'l-Adhkár sea ahora establecido en América, y que gradualmente le sigan el hospital, la escuela, la universidad, el dispensario y la hospedería, todo funcionando según los procedimientos más eficientes y ordenados. Haz conocer estos temas a los amados de Dios, para que comprendan cuán grande es la importancia de este "Punto del Amanecer de la Recordación de Dios." El Templo no es solamente un lugar de adoración; más bien, desde todo punto de vista, es completo e integral.
¡Oh tú, querida sierva de Dios! ¡Si tan solo supieras cuán elevada es la posición destinada a esas almas que están alejadas del mundo, y poderosamente atraídas a la Fe, y que están enseñando a la sombra protectora de Bahá'u'lláh! Cómo te alegrarías, cómo extenderías tus alas en exultación y embeleso, y te remontarías hacia el cielo, por ser un caminantes de tal sendero, y un viajero hacia semejante Reino.
En cuanto a los términos empleados en mi carta, proponiéndote que te consagraras al servicio de la Causa de Dios, el significado de ello es éste: limita tus pensamientos a enseñar la Fe. Actúa de día y de noche de acuerdo con las enseñanzas, los consejos y admoniciones de Bahá'u'lláh. Ello no impide el matrimonio. Puedes tener un esposo y al mismo tiempo servir a la Causa de Dios; uno cosa no excluye a la otra. Conoce el valor de estos días; que no se te escape esta oportunidad. Ruega a Dios que haga de ti un cirio encendido, a fin de que guíes a una gran multitud a través de este oscuro mundo.
65
¡Oh tú, agraciada sierva del Reino celestial! Tu carta ha sido recibida. Ella transmite elevadas aspiraciones y nobles metas, diciendo que te propones realizar un viaje al Lejano Oriente y que estás dispuesta a soportar extremas penalidades, con el objeto de guiar a las almas y difundir por doquier las buenas nuevas del Reino de Dios. Este propósito tuyo denota que tú, querida sierva de Dios, abrigas el más noble de todos los objetivos.
Al comunicar las buenas nuevas, exclama y di: el Prometido de todos los pueblos del mundo Se ha hecho ahora manifiesto. Pues todos y cada uno de los pueblos, y todas las religiones, esperan a un Prometido, y Bahá'u'lláh es el esperado por todos; y, por consiguiente, la Causa de Bahá'u'lláh establecerá la unicidad de la humanidad, y el tabernáculo de la unidad será erigido en las cimas del mundo, y los emblemas de la universalidad de todo el género humano serán desplegados en las cumbres de la tierra. Cuando liberes tu lengua para entregar esta gran buena nueva, éste se transformará en el medio de enseñar a la gente.
Tu proyectado viaje, no obstante, es a un país muy lejano, y a menos que un grupo de personas esté dispuesto, las buenas nuevas no tendrán mucho efecto en ese lugar. Si os parece mejor viajad en cambio a Persia, y en el viaje de regreso pasad por Japón y por China. Esto parecería ser mucho mejor, y bastante más agradable. En cualquier caso, hacer lo que os parezca factible, y ello será aprobado.
66
¡Oh tú quien has buscado iluminación de la luz de guía! Alaba a Dios por haberte dirigido hacia la luz de la verdad e invitado a entrar en el Reino de Abhá. Tu vista se ha iluminado y tu corazón se ha vuelto un jardín de rosas. Ruego por ti para que crezcas cada vez más en fe y certidumbre, que brilles como una antorcha en las asambleas, y les confieras la luz de guía.
Cuando quiera que una Asamblea iluminada de los amigos de Dios está reunida, 'Abdu'l-Bahá, aunque físicamente ausente, está sin embargo presente en espíritu y en alma. Yo estoy siempre viajando por América y asociándome ciertamente con los amigos iluminados y espirituales. La distancia desaparece y no impide la cercana e íntima asociación de dos almas que se hallan estrechamente ligadas de corazón, aunque se encuentren en dos países diferentes. Soy, por tanto, tu cercano compañero, en consonancia y en armonía con tu alma.
67
¡Oh tú, señora del Reino! Tu carta, enviada desde Nueva York, ha sido recibida. Su contenido ha infundido gozo y alegría, pues indicaba que con firmeza de propósito y pureza de intención has decidido viajar a París, para que en esa ciudad silente puedan encender el fuego del amor de Dios y, en medio de esa oscuridad de la naturaleza, brilles como un cirio resplandeciente. Este viaje es sumamente loable y conveniente. Cuando llegues a París debes procurar, sin tener en cuenta cuán pequeño pueda ser el número de amigos, instituir la asamblea del Convenio y vivificar las almas por medio del poder del Convenio.
París está sumamente decaída y en un estado de letargo, y hasta ahora no se ha encendido, aun cuando la nación francesa es muy activa y vivaz. Pero el mundo de la naturaleza ha desplegado enteramente su pabellón sobre París, suprimiendo los sentimientos religiosos. Mas este poder del Convenio infundirá calor a toda alma congelada, conferirá luz a todo lo que es oscuro y asegurará, para el que está cautivo en manos de la naturaleza, la verdadera libertad del Reino.
Levántate en París ahora, con un poder del Reino, con una confirmación divina, con un celo y un ardor genuinos, y con una llama del amor de Dios. Ruge como un león y expresa tal éxtasis y amor entre esas pocas almas, que el elogio y la glorificación puedan llegar continuamente desde el Reino divino y las poderosas confirmaciones puedan descender sobre ti. Ten la seguridad. Si actúas en la forma debida y enarbolas el estandarte del Convenio, París estallará en llamas. Permanece constantemente apegada a Bahá'u'lláh y pide siempre sus confirmaciones, pues ellas transforman a la gota en un mar, y convierten al mosquito en un águila.
68
¡Oh vosotros quienes sois firmes en el Convenio y Testamento! Vuestra carta ha sido recibida y vuestros benditos nombres han sido leídos uno por uno. La carta contenía divinas inspiraciones y manifiestas mercedes, por cuanto señalaba la unión de los amigos y la armonía de todos los corazones.
En la actualidad, el más destacable favor de Dios se concentra en torno a la unión y la armonía entre los amigos, a fin de que esta unidad y concordia puedan ser la causa de la promulgación de la unidad del mundo de la humanidad, que puedan emancipar al mundo de esta intensa oscuridad de enemistad y rencor, y que el Sol de la Verdad pueda brillar en plenitud y con perfecto esplendor.
En la actualidad, todos los pueblos del mundo están entregados a su propio provecho y dedican el máximo de su esfuerzo y empeño en la promoción de sus intereses materiales. Se adoran a sí mismos y no a la realidad divina ni al mundo de la humanidad. Buscan diligentemente su propio beneficio y no el bienestar común. Esto se debe a que son cautivos del mundo de la naturaleza y están inconscientes de las enseñanzas divinas, de la munificencia del Reino y del Sol de la Verdad. Mas vosotros, en el presente, alabado sea Dios, habéis llegado a ser de los escogidos, habéis sido informados de los preceptos celestiales, habéis ganado la admisión en el Reino de Dios, habéis llegado a ser los receptáculos de ilimitadas bendiciones, y habéis sido bautizados con el Agua de Vida, con el fuego del amor de Dios y con el Espíritu Santo.
Esforzaos, por tanto, con calma y corazón, para que lleguéis a ser candelas encendidas en la asamblea del mundo, astros rutilantes en el horizonte de la verdad, y que lleguéis a ser la causa de la propagación de la luz del Reino, a fin de que el mundo de la humanidad pueda convertirse en un reino divino, que el mundo inferior llegue a ser el mundo de lo alto, que el amor de Dios y la misericordia del Señor establezcan su dosel sobre la cima del mundo, las almas humanas se transformen en olas del océano de la verdad, el mundo de la humanidad se desarrolle hasta convertirse en un solo árbol bendito, los versos de unidad puedan ser entonados, y las melodías de santidad alcancen el Concurso Supremo.
Noche y día ruego y suplico al Reino de Dios, e imploro para vosotros infinita ayuda y confirmación. No toméis en consideración vuestras propias aptitudes y capacidades; fijad en cambio vuestra mirada en la consumada munificencia, en la divina dádiva y en el poder del Espíritu Santo, el poder que convierte una gota en un mar, y una estrella en un sol.
Alabado sea Dios, las huestes del Concurso Supremo nos aseguran la victoria, y el poder del Reino está presto a ayudar y a apoyar. Aunque a cada instante desatéis vuestra lengua en acción de gracias y en reconocimiento, no podríais cumplir con la obligación de expresar gratitud por estas dádivas.
Considerad: los eminentes personajes cuya fama se ha extendido por todo el mundo, dentro de poco se reducirán a la nada absoluta como consecuencia de hallarse privados de esta munificencia celestial; no dejarán ni nombre ni fama, y de ellos no habrá fruto ni rastro que sobrevivan. Mas como las refulgencias del Sol de la Verdad han amanecido sobre vosotros y habéis alcanzado la vida sempiterna, brillaréis y resplandeceréis por siempre en el horizonte de la existencia.
Pero era un pescador, y María Magdalena una campesina, mas por haber sido especialmente favorecidos por las bendiciones de Jesucristo, el horizonte de su fe se iluminó, y hasta el día de hoy brillan en el firmamento de gloria sempiterna. En esta posición, ni mérito ni capacidad deben ser tomados en consideración; por el contrario, los resplandecientes rayos del Sol de la Verdad, que han iluminado a estos espejos, son los que deben ser tomados en cuenta.
Vosotros me habéis invitado a América. Yo también anhelo contemplar esos iluminados semblantes y conversar y tratar con esos verdaderos amigos. Pero la fuerza magnética que me atraerá a esas playas es la unión y la armonía de los amigos, su comportamiento y su conducta en conformidad con las enseñanzas de Dios, y la firmeza de todos en el Convenio y Testamento.
¡Oh Divina Providencia! Esta asamblea está compuesta por tus amigos, quienes se sienten atraídos por tu belleza y están encendidos con el fuego de tu amor. Convierte a estas almas en ángeles celestiales, resucítales mediante el hálito de tu Espíritu Santo, concédeles lengua elocuente y corazón resuelto, confiéreles poder celestial y sentimientos misericordiosos, haz que lleguen a ser los promulgadores de la unidad del género humano, y la causa de amor y de concordia en el mundo de la humanidad, para que la peligrosa oscuridad del prejuicio ignorante se desvanezca mediante la Luz del Sol de la Verdad, que este lóbrego mundo llegue a ser iluminado, que este reino material absorba los rayos del mundo del espíritu, que estos diferentes colores se confundan en un único color, y que la melodía de alabanza se eleve hacia el reino de tu santidad.
¡En verdad, Tú eres el Omnipotente y el Todopoderoso!
69
Tú has escrito acerca de la organización. Las divinas enseñanzas y las admoniciones y exhortaciones de Bahá'u'lláh son manifiestamente evidentes. Ellas constituyen la organización del Reino y su cumplimiento es obligatorio. La menor desviación de ellas es el más absoluto error.
Tú has escrito acerca de mi viaje a América. Si pudieras ver cómo las olas de constante ocupación se están agitando, habrías considerado que no hay en absoluto tiempo para viajar; en tiempos de residencia fija incluso el descanso parcial es imposible. Dios mediante, confío en que, por medio de la munificencia de Bahá'u'lláh, tan pronto como se provean los medios para la serenidad de la mente y el corazón, decidiré viajar y te informaré al respecto.
70
¡Oh tú, encendido cirio! Tu carta ha sido recibida. Su contenido infundió una gran alegría espiritual, pues se hallaba compenetrado de sentimientos espirituales y expresaba la atracción de tu corazón, la devoción al Reino de Dios y el amor por sus divinas enseñanzas.
En verdad, tu manifiestas un elevado empeño, tienes un propósito puro y santificado, no deseas sino el beneplácito de Dios, no buscas otra cosa que no sea la obtención de ilimitadas dádivas, y estás ocupado en la promulgación de las enseñanzas divinas y en la elucidación de abstrusos problemas metafísicos. Es mi esperanza que, con el favor de Bahá'u'lláh, tú y tu honorable esposa crezcan diariamente en firmeza y en constancia, para que en ese exaltado país lleguéis a ser dos encumbrados estandartes y dos luces resplandecientes.
Sería muy aceptable que se efectuaran extensos viajes en el mes de octubre, hacia el norte, el sur, el este y el oeste, en compañía de ese cirio del amor de Dios, la Sra. Maxwell. Mi esperanza es que ella se recupera completamente; esta amada sierva de Dios es como una llama de fuego y día y noche no piensa en otra cosa que no sea el servicio a Dios. Por ahora viajad a través de los estados del norte, y en el invierno dirigíos con premura hacia los estados del sur. Vuestro servicio debe consistir en elocuentes disertaciones, desarrolladas en reuniones en las que podáis promulgar las enseñanzas divinas. En lo posible emprended en algún momento un viaje a las Islas Hawai.
Los acontecimientos que han ocurrido han sido todos consignados hace cincuenta años en las Tablas de Bahá'u'lláh, Tablas que han sido impresas, publicadas y esparcidas por todo el mundo. Las enseñanzas de Bahá'u'lláh son la luz de esta edad y el espíritu de este siglo. Exponed cada una de ellas en todas las reuniones.
La primera es la investigación de la verdad.
La segunda, la unidad del género humano.
La tercera, la paz universal.
La cuarta, la concordancia entre la ciencia y la revelación divina.
La quinta, el abandono de los prejuicios raciales, religiosos, mundanos y políticos, prejuicios que destruyen los fundamentos de la humanidad.
La sexta, es la rectitud y la justicia.
La séptima, el mejoramiento de la moralidad y la educación celestial.
La octava, la igualdad de los sexos.
La novena, la difusión del conocimiento y la educación.
La décima, las cuestiones económicas.
Y así sucesivamente. Esfuérzate para que las almas alcancen la luz de guía y se aferren a la orla de Bahá'u'lláh.
La carta que incluiste fue leída con detenimiento. Cuando el alma del hombre es refinada y purificada se establecen vínculos espirituales, y de estos lazos se producen sensaciones percibidas por el corazón. El corazón humano se parece a un espejo. Cuando éste se encuentra pulido, los corazones humanos están en consonancia, y se reflejan unos en otros, y de este modo se generan emociones espiritual. Es como el mundo de los sueños, cuando el hombre está desprendido de las cosas tangibles y experimenta aquellas que son del espíritu. ¡Qué asombrosas leyes intervienen y qué notables descubrimientos se realizan! Y puede ser que incluso se registren minuciosas comunicaciones...
Y, finalmente, espero que en Chicago los amigos lleguen a ser unidos y puedan iluminar esa ciudad, pues allí apareció la aurora de la Causa, y en ello reside su preferencia por sobre otras ciudades. Por tanto, debe ser tenida en especial consideración; para que quizá, Dios mediante, sea liberada de todas las aflicciones espirituales, y alcance perfecta salud, y llegue a ser un centro del Convenio y Testamento.
71
¡Oh tú, amada sierva de Dios! Tu carta ha sido recibida y su contenido revela el hecho de que los amigos, con perfecta energía y vitalidad, están ocupados en la propagación de las enseñanzas espirituales. Esta noticia ha causado intensa alegría y felicidad. Pues cada era tiene un espíritu; el espíritu de esta era iluminada radica en las enseñanzas de Bahá'u'lláh. Pues ellas establecen los fundamentos de la unidad del mundo de la humanidad, y promulgan la hermandad universal. Ellas están basadas en la unidad de la ciencia y la religión, y en la investigación de la verdad. Ellas sustentan el principio de que la religión debe ser la causa de amistad, de unión y armonía entre los hombres. Ellas establecen la igualdad de ambos sexos, y proponen los principios económicos, los cuales son en beneficio de la felicidad de los individuos. Ellas difunden la educación universal, para que, tanto como sea posible, todas las almas participen del conocimiento. Ellas abrogan y eliminan los prejuicios religiosos, raciales, políticos, patrióticos y económicos, y otros similares. Aquellas enseñanzas que están diseminadas a través de las Epístolas y Tablas son la causa de la iluminación y la vida del mundo de la humanidad. Quienquiera que las promulgue será, en verdad, asistido por el Reino de Dios.
El Presidente de la República, el Dr. Wilson, está sirviendo ciertamente al Reino de Dios, pues es incansable y se esfuerza de día y de noche para que los derechos de todos los hombres sean preservados, que estén seguros y a salvo, y para que tanto las naciones pequeñas, así como las más grandes, habiten en paz y en confort, bajo la protección de la Rectitud y la Justicia. Este propósito, de hecho, es excelso. Confío en que la incomparable Providencia asistirá y confirmará a tales almas, en todas las condiciones.
72
¡Oh tú, amigo verdadero! Lee, en la escuela de Dios, las lecciones del espíritu, y aprende del Maestro del amor las verdades más recónditas. Indaga los secretos del Cielo y habla acerca de la abundante gracia y favor de Dios.
Aun cuando la adquisición de las ciencias y las artes es la mayor gloria de la humanidad, ello es así solo a condición de que el río del hombre desagüe en el gran mar y obtenga su inspiración del antiguo manantial de Dios. Cuanto esto ocurre, entonces cada maestro es como un océano sin riberas, y cada alumno, una pródiga fuente de conocimiento. Si, entonces, la prosecución del conocimiento conduce a la belleza de Aquel Quien es el Objeto de todo conocimiento, cuán excelente es esta meta; mas, por el contrario, una mera gota podría tal vez excluir al hombre de la anegante gracia, pues con el saber viene la arrogancia y el orgullo, y ello acarrea error e indiferencia hacia Dios.
Las ciencias de hoy en días son puentes hacia la realidad; luego, si ellas no conducen a la realidad, nada queda sino una estéril ilusión. ¡Por el Dios único y verdadero! Si el saber no es un medio de acceso a Él, el Más Manifiesto, entonces no es sino evidente pérdida.
Es de tu incumbencia adquirir las diversas ramas del conocimiento, y dirigir tu rostro hacia la hermosura de la Manifiesta Belleza, para que sean un signo de guía salvadora entre los pueblos del mundo, y un centro focal de entendimiento en esta esfera, de la cual los sabios y su sabiduría están excluidos, a excepción de aquellos que entran en el Reino de las Luces, y llegan a estar informados del velado y oculto misterio, del bien guardado secreto.
73
¡Oh tú, hija del Reino! Tu carta ha llegado y su contenido deja bien en claro el hecho de que has dirigido todos tus pensamientos hacia la adquisición de la luz procedente de los dominios del misterio. Mientras los pensamientos de un individuo se hallen dispersos, él no logrará ningún resultado; mas si su pensamiento se concentra en un único punto, los frutos del mismo serán maravillosos.
Uno no puede obtener toda la fuerza de la luz solar cuando ella es proyectada sobre un espejo plano, mas en cuanto el Sol se refleja sobre un espejo cóncavo o sobre una lente convexa, todo su calor se concentra en un solo punto, y ese único punto arderá al máximo. Así, pues, es necesario enfocar el pensamiento en un único punto, para que llegue a ser una fuerza efectiva.
Tú deseabas celebrar el Día de Ri¤ván con una fiesta, y hacer que los asistentes se ocuparan en ese día en recitar Tablas con deleite y regocijo, y me has pedido que te envíe una carta para ser leída en ese día. Mi carta es ésta:
¡Oh vosotros mis amados, y vosotras siervas del Misericordioso! Este es el día cuando el Sol de la Verdad ha surgido sobre el horizonte de la vida, y se ha esparcido su gloria, y su brillo ha resplandecido con tal poder que ha hendido las densas y acumuladas nubes, ascendiendo por los cielos del mundo en todo su esplendor. De allí que atestigüéis una nueva agitación a través de todas las cosas creadas.
Ved cómo, en este día, el ámbito de las ciencias y de las artes se ha ensanchado, y qué maravillosos adelantos técnicos se han realizado, y en cuán alto grado los poderes de la mente han aumentado, y qué estupendas invenciones han surgido.
Esta época es, de hecho, como un centenar de otras épocas; si reunierais la producción de cien épocas y la cotejarais con el producto acumulado de nuestros tiempos, la producción de esta era resultaría mayor que la de un centenar de las eras pasadas. Tomad, por ejemplo, el conjunto de libros que han sido escritos en todas las épocas pasadas, y comparadlo con los libros y tratados que ha producido nuestra era: estos libros escritos en nuestro día solamente, exceden con mucho la cantidad total de volúmenes que han sido escritos a través de las épocas. ¡Observad cuán poderosa es la influencia ejercida por el Sol del mundo, por sobre la esencia misma de todas las cosas creadas!
Mas, ¡ay!, un millar de veces !ay! Los ojos no lo ven, los oídos están sordos, y los corazones y las mentes no tienen en cuenta esta suprema dádiva. Esforzaos vosotros entonces, con todo vuestro corazón y vuestra alma, por despertar a aquellos que duermen, por hacer que los cielos vean, y que los muertos resuciten.
74
¡Oh tú, ave que cantas dulcemente a la Belleza de Abhá! En esta nueva y maravillosa dispensación, los velos de la superstición han sido rasgados, y los prejuicios de los pueblos orientales se hallan condenados. Entre ciertas naciones del Este, la música era considerada censurable, mas en esta nueva época, la Manifiesta Luz, en sus Sagradas Tablas, ha proclamado específicamente que la música, cantada o instrumental, es alimento espiritual para el alma y el corazón.
El arte del músico está entre aquellas artes dignas de la mayor alabanza, y conmueve los corazones de quienes se hallan acongojados. Por tanto, oh tú Shahnáz,34 toca y canta las santas palabras de Dios con maravillosos tonos en las reuniones de los amigos, para que el oyente sea liberado de las cadenas de la ansiedad y la pena, y su alma salte de alegría, y se humille en oración al reino de Gloria.
75
Esforzaos de alma y corazón para hacer que exista unión y armonía entre los blancos y los negros, y probar con ello la unidad del mundo bahá'í, donde no tienen cabida las distinciones de color, sino que solo se consideran los corazones. Loado sea Dios, los corazones de los amigos están mutuamente unidos y enlazados, ya sean ellos del este o del oeste, del norte o del sur; ya sean alemanes, franceses, japoneses, americanos, o bien pertenecientes a las razas blanca, negra, cobriza, amarilla o malaya. Las variedades de color, de país y de raza no son de ninguna importancia en la Fe Bahá'í; por el contrario, la unidad bahá'í se sobrepone a todas y elimina esas fantasías e imaginaciones.
76
¡Oh tú, quien tienes un corazón iluminado! Tú eres exactamente como la pupila del ojo, el manantial mismo de la luz, pues el amor de Dios ha derramado sus rayos sobre tu íntimo ser y has vuelto tu rostro hacia el Reino de tu Señor.
Es intenso en los Estados Unidos el odio entre negros y blancos, pero mi esperanza es que el Poder del Reino los una en amistad, y les sirva de bálsamo curativo.
Que no consideren el color de un hombre sino su corazón. Si el corazón está lleno de luz, ese hombre está próximo al umbral de su Señor; mas si no lo está, ese hombre es indiferente para con su Señor, ya sea él blanco o negro.
77
¡Oh tú, venerable sierva de Dios! Tu carta desde Los Ángeles ha sido recibida. Agradece a la divina Providencia que te haya ayudado a servir y que hayas sido la causa de la promulgación de la unidad del mundo de la humanidad, para que la oscuridad de las diferencias entre los hombres se disipen, y que el pabellón de la unidad de las naciones proyecte su sombra sobre todas las regiones. Sin tal unidad, la tranquilidad y el confort, la paz y la reconciliación universal, son inalcanzables. Este siglo iluminado necesita y demanda su cumplimiento. En todo siglo, un tema particular y central, en un todo de acuerdo con los requerimientos de tal siglo, es confirmado por Dios. En esta época iluminada, aquello que está confirmado es la unidad del mundo de la humanidad. Toda alma que sirve a esta unidad será indudablemente asistida y confirmada.
Yo espero que en las reuniones tú entones alabanzas con una dulce melodía, y que llegues a ser causa de gozo y alegría para todos.
78
¡Oh tú, quien eres puro de corazón, santificado de espíritu, de carácter incomparable, de hermoso rostro! Se ha recibido tu fotografía, la cual revela tu forma física en la mayor gracia y en el mejor aspecto. Tú eres de semblante oscuro y de carácter luminoso. Tú eres como la pupila del ojo, la cual es de color oscuro, mas es la fuente de luz y la reveladora del mundo contingente.
No te he olvidado ni te olvidaré. Ruego a Dios que bondadosamente te haga el signo de su munificencia entre la humanidad, que ilumine tu rostro con la luz de aquellas bendiciones que son conferidas por el Señor misericordioso, que te escoja a ti para su amor, en esta edad que es distinguida entre todas las edades y centurias del pasado.
79
¡Oh ilustre personaje! He leído la obra suya, The Gospel of Wealth,35 y observado que posee, en verdad, sanas y apropiadas recomendaciones para aliviar la suerte de la humanidad.
Para exponer brevemente el tema, las Enseñanzas de Bahá'u'lláh proponen compartir voluntariamente, y esto es algo más grande que la equiparación de riqueza. Pues la igualdad debe ser impuesta desde afuera, mientras que compartir es un asunto de libre elección.
El hombre alcanza la perfección por medio de las buenas acciones, realizadas voluntariamente, no por las buenas acciones que le son impuestas. Y compartir es una acción justa por decisión personal; ello es, el rico debería conceder su ayuda al pobre, debería gastar sus bienes en favor del pobre, mas por su propio libre albedrío, y no porque el pobre haya obtenido esto por la fuerza. Pues la cosecha de la fuerza es el tumulto y la ruina del orden social. Por el contrario, la partición voluntaria, el libre desembolso de los propios bienes, conducen al confort y la paz de la sociedad. Ello ilumina al mundo, y confiere honor a la humanidad.
He observado los buenos resultados de su filantropía en los Estados Unidos, en varias universidades, en reuniones por la paz, y en asociaciones por la promoción del saber, cuando yo estaba viajando de ciudad en ciudad. Por consiguiente, ruego que siempre se encuentre rodeado de las dádivas y bendiciones del cielo, y que lleve a cabo muchas acciones filantrópicas en Oriente y en Occidente. De este modo, podrá resplandecer como un cirio encendido en el Reino de Dios, podrá alcanzar honor y vida sempiterna, y brillar como una estrella resplandeciente en el horizonte de la eternidad.
80
¡Oh tú, quien vuelves tu rostro hacia Dios! Tu carta ha sido recibida. De su contenido se desprende que tu deseo es servir al pobre. ¡Qué mejor deseo que éste! Las almas del Reino desean ansiosamente servir al pobre, compartir su dolor, expresar su amabilidad al miserable, y hacer que sus vidas fructifiquen. Feliz de ti por tener tal deseo.
Transmite a tus dos hijos mi más grande afecto y amor. Sus cartas han sido recibidas mas, por falta de tiempo, no me es posible por el momento escribir cartas separadamente. Exprésales mi más grande afecto.
81
Aquellas almas que durante la guerra han servido a los pobres y han estado en la tarea de la Misión de la Cruz Roja, sus servicios son aceptados en el Reino de Dios y son la causa de su vida sempiterna. Transmíteles estas buenas nuevas.
82
Oh tú, quien eres firme en el Convenio; tu carta ha sido recibida. Has realizado un gran esfuerzo en favor de ese prisionero; quizá rinda sus frutos. De todos modos, dile: "Los habitantes del mundo están confinados en la prisión de la naturaleza, una prisión que es permanente y eterna. Si tú, en la actualidad, te hallas restringido dentro de los límites de una prisión temporaria, no te apenes por ello; es mi esperanza que sean emancipado de la prisión de la naturaleza y puedas alcanzar la corte de la vida sempiterna. Ruega a Dios de día y de noche, y suplícale indulgencia y perdón. La omnipotencia de Dios resolverá todas las dificultades."
83
Transmite de parte de 'Abdu'l-Bahá mis saludos de Abhá a tu respetada esposa, y dile: "El afecto, el adiestramiento y la educación brindada a los prisioneros es extremadamente importante. Por consiguiente, como tú te has esforzado en ello, has despertado a algunos de ellos, y han sido la causa de que dirijan sus rostros al Reino divino, esta loable acción es sumamente aceptable. Persevera sin vacilación. Transmite de mi parte a los dos prisioneros de San Quintín mi mayor afecto, y diles: 'Esa prisión, a la vista de las almas sabias, es una escuela de adiestramiento y de desarrollo. Debéis esforzaros con alma y corazón para llegar a ser renombrados en carácter y en conocimiento'."
84
¡Oh tú, querida sierva de Dios! Ha sido recibida tu carta, y leído con atención su contenido.
Entre la masa del pueblo el matrimonio es un lazo físico, y esa unión solo puede ser temporaria, pues al final está condenada a una separación física.
Entre el pueblo de Bahá, sin embargo, el matrimonio debe ser la unión del cuerpo como así también del espíritu, pues aquí tanto el esposo como la esposa están encendidos por el mismo vino, ambos están enamorados del mismo incomparable Rostro, ambos viven y se mueven mediante el mismo espíritu, ambos están iluminados por la misma gloria. Esta relación entre ellos es espiritual, en consecuencia, es un lazo que perdurará por siempre. Del mismo modo, ellos gozan de vínculos firmes y duraderos también en el mundo físico, pues si el matrimonio está basado tanto en el espíritu como en el cuerpo, esa unión es verdadera, y por consiguiente perdurará. No obstante, si el vínculo es físico y nada más, con seguridad será temporario, e inexorablemente deberá terminar en separación.
Sin embargo, cuando la gente de Bahá decide unirse en matrimonio, la unión debe ser una relación verdadera, una comunión espiritual así como física, para que a través de todas las etapas de la vida y en todos los mundos de Dios, esa unión perdure; pues esta unicidad real es un destello del amor de Dios.
Del mismo modo, cuando las almas llegar a ser verdaderos creyentes, alcanzan una relación espiritual unos hacia otros, y evidencian una ternura que no es de este mundo. Todos ellos se regocijarán con un sorbo del divino amor, y esa unión entre ellos, esa relación también perdurará por siempre. Es decir, las almas que a sí mismas se releguen al olvido, se despojen de los defectos del género humano y se liberen de la servidumbre humana, serán sin duda alguna iluminadas con los esplendores celestiales de la unicidad, y todas alcanzarán la verdadera unión en el mundo que no muere.
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En cuanto a la cuestión referente al matrimonio según la Ley de Dios: primero debes elegir a alguien que te agrade, y luego el asunto está sujeto al consentimiento de padre y madre. Antes de hacer tu elección, no tienen ellos ningún derecho a interferir.
86
El matrimonio bahá'í es el compromiso de ambas partes, una hacia la otra, y la mutua vinculación de mente y corazón. Cada uno, no obstante, debe poner el máximo cuidado por informarse profundamente del carácter del otro, para que el convenio obligatorio entre ellos sea un lazo que perdure por siempre. El propósito debe ser éste: convertirse en amorosos compañeros y camaradas cada uno para con el otro, por el tiempo y la eternidad...
El verdadero matrimonio de los bahá'ís, es que el esposo y la esposa se unan tanto espiritual como físicamente, para que siempre puedan mejorar mutuamente la vida espiritual de cada uno y puedan gozar de unidad sempiterna a través de los mundos de Dios. Éste es el matrimonio bahá'í.
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¡Oh tú, recordación de aquel que murió por la Bendita Belleza! En los días recientes se han recibido las gozosas nuevas de tu boda con esa luminosa hoja, lo cual ha alegrado infinitamente los corazones del pueblo de Dios. Con toda humildad, se han ofrecido oraciones de súplica ante el Sagrado Umbral, para que este matrimonio sea un precursor de felicidad para los amigos, que sea un vínculo de amor para toda la eternidad, y que produzca beneficios y frutos imperecederos.
De la separación deriva toda clase de perjuicio y de daño, mas la unión de las cosas creadas produce siempre muy loables resultados. Por el apareamiento de hasta las más pequeñas partículas en el mundo de la existencia, la gracia y la munificencia de Dios se han manifiestas; y cuanto mayor sea el grado, más trascendental será la unión. "Glorificado sea Aquel que ha creado todas las parejas, de las cosas que están fuera de su comprensión."36 Y por encima de todas las demás uniones está aquella entre los seres humanos, en especial cuando se realiza en el amor de Dios. Así se hace aparecer la unicidad primordial; así se establecen los fundamentos del amor en el espíritu. Con seguridad que in matrimonio tal como el vuestro hará que las dádivas de Dios sean reveladas. Por tanto, os felicitamos y pedimos bendiciones para vosotros, y rogamos a la Bendita Belleza que, mediante su ayuda y su favor, haga de esa fiesta de bodas un júbilo para todos y que la adorne con la armonía del Cielo.
¡Oh mi Señor, oh mi Señor! Estos dos astros brillantes están desposados en tu amor, juntos en el servicio a tu Sagrado Umbral, unidos en la atención de tu Causa. Haz que este matrimonio sea como una hebra de luz de tu abundante gracia, oh mi Señor, el Todomisericordioso, y rayos luminosos de tus dádivas, oh Tú, el Benéfico, el Siempre Dador, que de este gran árbol crezcan ramas que se vuelvan verdes y florecientes por medio de los dones que descienden en tus nubes de gracia.
En verdad, Tú eres el Generoso; en verdad, Tú eres el Todopoderoso; en verdad, Tú eres el Compasivo, el Todomisericordioso.
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¡Oh vosotros, mis dos amados hijos! La noticia de vuestra unión, tan pronto como me llegó, infundió infinita alegría y gratitud. Loado sea Dios, que esas dos fieles aves hayan buscado refugio en un único nido. Ruego a Dios que les permita establecer una familia honorable, ya que la importancia del matrimonio radica en la crianza de una familia rica en bendiciones, para que con completa felicidad, como si fueran candelas, iluminen el mundo. Pues el esclarecimiento del mundo depende de la existencia del hombre. Si no existiera el hombre, este mundo sería como un árbol sin fruto. Mi esperanza es de que ustedes dos lleguen a ser como un solo árbol y, por medio de las efusiones de la nube del bondadoso afecto, adquieran frescura y encanto, y puedan florecer y rendir sus frutos a fin de que vuestro linaje perdure eternamente.
Sea con vosotros la Gloria del Más Glorioso.
89
¡Oh tú, quien eres firme en el Convenio! La carta que habías escrito el 2 de mayo de 1919 ha sido recibida. Alabado sea Dios, pues eres firme y constante en las pruebas, y te aferras al Reino de Abhá. Ninguna aflicción te afecta ni te perturba calamidad alguna. Hasta que el hombre no es probado, el oro puro ni puede ser claramente separado de la escoria. El tormento es el fuego de la prueba en el cual el oro puro brilla resplandeciente, y la impureza se quema y ennegrece. En el presente, alabado sea Dios, tú eres firme y constante en las pruebas y aflicciones, y no te desconciertas por ellas.
Tu esposa no se halla en armonía contigo mas, gracias a Dios, la Bendita Belleza está complacido contigo y te confiere la más grande munificencia. Pero, a pesar de todo, trata de ser paciente con tu esposa, para que tal vez ella pueda ser transformada, y que su corazón se ilumine. La contribución que has hecho a la enseñanza es sumamente aceptable y será eternamente mencionada en el Reino Divino, pues es la causa de la difusión de las fragancias y de la exaltación de la Palabra de Dios.
90
¡Oh Dios, mi Dios! Ésta tu sierva está invocándote, confiando en Ti, volviendo su rostro hacia Ti, implorando que derrames sobre ella tus favores celestiales, y le descubras tus misterios espirituales, y que viertas sobre ella las luces de tu Deidad.
¡Oh mi Señor! Haz que los ojos de mi esposo vean. Regocija mi corazón con la luz del conocimiento de Ti, atrae su mente hacia tu luminosa belleza, anima su espíritu revelándole tus manifiestos esplendores.
¡Oh mi Señor! Descorre el velo que hay delante de su vista. Haz llover sobre él tu abundante munificencia, embriágale con el vino del amor por Ti, y hazle uno de tus ángeles cuyos pies hollan esta tierra, así como sus almas se remontan a través del encumbrado cielo. Has que llegue a ser una lámpara brillante, resplandeciendo en medio de tu pueblo con la luz de tu sabiduría.
En verdad, Tú eres el Preciado, el Siempre Conferidor, el Dadivoso.
91
¡Oh tú, quien te has prosternado en oración ante el Reino de Dios! Bienaventurada eres, pues la Belleza del Divino Semblante ha arrobado tu corazón, y la luz de la sabiduría interior lo ha colmado por completo, y dentro de él brilla el esplendor del Reino. Has de saber que Dios está contigo en todas las circunstancias, y que Él te guarda de los cambios y azares de este mundo, y que te ha hecho una sierva de su gran viña...
En cuanto a tu estimado esposo: corresponde que le trates con la mayor bondad, que consideres sus deseos y que en todo momento seas conciliadora con él, hasta que él pueda ver que debido a que tú te has dirigido hacia el Reino de Dios, tu ternura hacia él y tu amor a Dios no han sino aumentado, al igual que tu interés por sus deseos en todas las circunstancias.
Ruego al Todopoderoso que te mantenga firmemente establecida en su amor, y difundiendo siempre los dulces hálitos de santidad en todas esas regiones.
92
¡Oh vosotros dos, creyentes en Dios! El Señor, incomparable es Él, ha hecho que la mujer y el hombre vivan juntos en la más estrecha camaradería, y que sean como una sola alma. Ellos son dos compañeros, dos íntimos amigos, cada uno interesado en el bienestar del otro.
Si viven de ese modo, pasarán a través de este mundo en perfecta dicha, felicidad y paz del corazón, y llegarán a ser el objeto de la gracia divina y del favor divino en el Reino del cielo. Mas si lo hacen de otro modo, vivirán su vida en gran amargura, anhelando la muerte en todo momento, y estarán avergonzados en el mundo celestial.
Esforzaos entonces, con alma y corazón, por vivir el uno con el otro como dos palomas en el nido, pues ello es estar bendecidos en ambos mundos.
93
¡Oh tú, sierva de Dios! Toda mujer que llega a ser la sierva de Dios supera en gloria a las emperatrices del mundo, pues se halla en relación con Dios, y su soberanía es sempiterna, en tanto que un puñado de polvo borrará el nombre y la fama de aquellas emperatrices. En otras palabras, tan pronto como descienden a la tumba quedan reducidas a la nada. Las siervas del Reino de Dios, en cambio, gozan de soberanía eterna, la cual no es afectada por el transcurso de las edades y generaciones.
Considera cuántas emperatrices, desde el tiempo de Cristo, han venido y se han ido. Cada una de ellas fue la gobernante de un país, mas ahora todo rastro y nombre de ellas se han perdido, mientras que María Magdalena, quien tan solo era una campesina y una sierva de Dios, aún resplandece desde el horizonte de eterna gloria. Esfuérzate por tanto, por continuar siendo la sierva de Dios.
Tú has encomiado la Convención. Esa Convención alcanzará gran importancia en el futuro, pues sirve al Reino divino y al mundo de la humanidad. Ella promulga la paz universal y sienta las bases de la unidad de la humanidad; libera a las almas de prejuicios religiosos, raciales y mundano, y las reúne bajo la sombra del pabellón unicolor de Dios. Por consiguiente, ofrece alabanzas a Dios, por cuanto has asistido a tal Convención y has escuchado las Enseñanzas divinas.
94
¡Oh vosotras, siervas de la Belleza de Abhá! Vuestra carta ha llegado, y su lectura ha traído un gran regocijo. Loado sea Dios; las mujeres creyentes han organizado reuniones donde aprenderán cómo enseñar la Fe, donde esparcirán los dulces aromas de las Enseñanzas y harán planes para el adiestramiento de los niños.
Esta reunión debe ser completamente espiritual. Ello es, las discusiones deben limitarse a reunir pruebas claras y concluyentes de que el Sol de la Verdad realmente ha aparecido. Y, además, los presentes deben ocuparse con todos los medios a su alcance en la educación de las niñas; en la enseñanza de las diversas ramas del conocimiento, en la buena conducta, en un modo recto de vida, en la cultivación de un buen carácter, en la castidad y la constancia, la perseverancia, la fortaleza, la determinación, la firmeza de propósito, del manejo del hogar, de la educación de los niños, y de todo aquello que sea especialmente aplicable a las necesidades de las niñas, con el objeto de que estas niñas, criadas en la fortaleza de todas las perfecciones y con la protección de un buen carácter, luego, cuando a su vez lleguen a ser madres, críen a sus hijos para que desde la más tierna infancia tengan un buen carácter y se comporten correctamente.
Que estudien además todo lo que promueva la salud del cuerpo y el vigor físico, y cómo proteger a sus hijos de la enfermedad.
Cuando los asuntos están así bien ordenados, cada niño llegará a ser como una planta sin igual en los jardines del Paraíso de Abhá.
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¡Oh siervas del Señor! La reunión espiritual que habéis establecido en esa ciudad iluminada, es de lo más propicia. Habéis dado grandes pasos; habéis superado a otros, os habéis levantado a servir en el Sagrado Umbral, y habéis conquistado las dádivas celestiales. Ahora, con todo el fervor espiritual, debéis congregaros en esa reunión iluminada y recitar las Sagradas Escrituras, y ocupándoos en recordar al Señor. Presentad sus argumentos y pruebas. Trabajad por la guía de las mujeres en esa tierra, enseñad a las jóvenes y a los niños, para que las madres puedan instruir a sus pequeños desde sus tempranos días, educarlos concienzudamente, criarlos para que posean un carácter benigno y buena moral, guiarlos hacia todas las virtudes de la humanidad, impedir el desarrollo de cualquier comportamiento censurable, y criarlos en los brazos de la educación bahá'í. Así, esos tiernos infantes serán nutridos del pecho del conocimiento de Dios y de su amor. Así crecerán y florecerán, y se les enseñará la rectitud y la dignidad humana, la resolución, la determinación y la paciencia. Así aprenderán perseverancia en todos los casos, deseos de progresar, magnanimidad y elevada resolución, castidad y pureza de vida. Así, todos serán capaces de llevar a feliz término cualquier cosa que emprendan.
Que las madres consideren de importancia primordial todo lo concerniente a la educación de sus hijos. Que se esfuercen en este sentido, pues cuando el tallo es verde y tierno crecerá en cualquier forma que se le enseñe. Por tanto, concierne a las madres criar a los pequeños igual que un jardinero cuidad sus tiernas plantas. Que procuren día y noche establecer la fe y la certidumbre en sus hijos, el temor de Dios, el amor por los Bienamados de los mundos, y todas las aptitudes y cualidades buenas. Cuando una madre vea que su hijo se ha portado bien, que le alabe y aliente y alegre su corazón; y si se manifestara el más pequeño rasgo indeseable, que ella lo aconseje y le castigue utilizando medios basados en la razón, incluso un leve castigo verbal si es necesario. Sin embargo, no está permitido golpear o vilipendiar al niño, pues su carácter se pervertirá totalmente si es sometido a golpe o abuso verbal.
96
¡Oh siervas del Misericordioso! Agradeced a la Antigua Belleza, ya que habéis sido creadas y reunidas en éste el más grande de los siglos, en ésta la más iluminada de las edades. En apropiado agradecimiento a tal merced manteneos firmes y resueltas en el Convenio, y siguiendo los preceptos de Dios y de la Sagrada Ley, amamantad a vuestros hijos, desde su más tierna infancia, con la leche de una educación universal, y criadlos de manera que desde sus primeros días, dentro de su íntimo corazón, de su naturaleza misma, se establezca firmemente un modo de vida que se ajuste, en todas las cosas, a las Enseñanzas divinas.
Pues las madres son las primeras educadoras, las primeras guías y, ciertamente, son las madres quienes determinan la felicidad, la futura grandeza, la cortesía y el saber, y el juicio, y el entendimiento, y la fe de sus pequeños.
97
Existen ciertos pilares que han sido establecidos como los fundamentos inconmovibles de la Fe de Dios. El más poderoso de ellos es el conocimiento y el empleo de la mente, la expansión de la conciencia y la comprensión de las realidades del universo y de los misterios ocultos de Dios Todopoderoso.
Promover el conocimiento es, por consiguiente, un deber ineludible asignado a cada uno de los amigos de Dios. Corresponde a esa Asamblea Espiritual, esa congregación de Dios, realizar todos los esfuerzos en la educación de los niños, a fin de que desde la infancia sean instruidos en la conducta bahá'í y en los modos de obras que son de Dios, y al igual que tiernas plantas, prosperen y florezcan en las suaves y fluyentes aguas que constituyen los consejos y admoniciones de la Bendita Belleza.
98
Si no existiese educador, todas las almas permanecerían en estado de salvajismo, y si no fuera por el maestro, los niños serían criaturas ignorantes.
Es por esta razón que en este nuevo ciclo, la educación y la enseñanza están consignadas en el Libro de Dios como obligatorias y no como voluntarias. Es decir, se les impone al padre y a la madre, como un deber, realizar todos los esfuerzos por instruir a la hija y al hijo, amamantarlos con el pecho del conocimiento, y criarlos en el regazo de las ciencias y las artes. Si desatendiesen este aspecto serían considerados responsables y dignos de reproche, en la presencia del severo Señor.
99
Has escrito acerca de los niños: desde el comienzo mismo, los niños deben recibir educación divina, y continuamente debe hacérseles recordar a su Dios. Que el amor de Dios llene su ser interior, mezclado con la leche de la madre.
100
Es mi deseo que estos niños reciban una educación bahá'í, con el objeto de que puedan progresar tanto aquí como en el Reino, y que alegren tu corazón.
En un futuro la moralidad se degradará en extremo. Es esencial que los niños sean criados al modo de ser bahá'í, para que ellos puedan encontrar la felicidad, tanto en este mundo como en el venidero. De lo contrario, serán acosados por las aflicciones y las tribulaciones, pues la felicidad humana está fundada en el comportamiento espiritual.
101
¡Oh vosotros, quienes poseéis la paz del alma! Entre los Textos Divinos expuestos en el Libro Más Sagrado, y también en otras Tablas, se halla éste: es de incumbencia del padre y de la madre adiestrar a sus hijos, tanto en la que respecta a la buena conducta como en el estudio de libros; es decir, en el grado que se requiera tal estudio, de modo que ningún niño, ya sea mujer o varón, permanezca iletrado. Si el padre faltare a su deber, debe ser obligado a afrontar su responsabilidad, y si no fuere capaz de cumplirla, que la Casa de Justicia se haga cargo de la educación de los hijos; en ningún caso ha de dejarse a un niño sin educación. Éste es uno de los mandamientos estrictos e ineludibles que de ser descuidado, atraerá la airada indignación de Dios Omnipotente.
102
¡Oh leales compañeros! Toda la humanidad es como los niños de una escuela; y los Puntos de Amanecer de la Luz, las Fuentes de la revelación divina, son sus maestros, maravillosos y sin igual. En la escuela de las realidades, ellos educan a estos hijos e hijas de acuerdo con las enseñanzas de Dios, y los crían en el regazo de la gracia, para que puedan desarrollarse en todo sentido, que muestren los excelentes dones y bendiciones del Señor, y reúnan las perfecciones humanas; para que puedan progresar en todos los aspectos de los emprendimientos humanos, ya sea en lo externo o interno, en lo oculto o visible, en lo material o espiritual, hasta que hagan de este mundo mortal un amplio espejo que refleje ese otro mundo que no perece.
¡Oh vosotros, amigos de Dios! Dado que en ésta, la más trascendental de las edades, el Sol de la Verdad ha ascendido hasta el punto más elevado del equinoccio de primavera, y ha proyectado sus rayos sobre todos los climas, encenderá tan trémula excitación, desencadenará tales vibraciones en el mundo del ser, estimulará tal crecimiento y desarrollo, emitirá tal gloria de luz, y las nubes de gracia derramarán tan copiosas aguas, y los campos y las planicies estarán cubiertos de tal galaxia de perfumadas plantas y flores, que esta humilde tierra llegará a ser el Reino de Abhá y este mundo inferior, el mundo de lo alto. Entonces, esta partícula de polvo será como el vasto círculo de los cielos; este lugar humano, la corte palaciega de Dios; esta mota de arcilla, la aurora de los interminables favores del Señor de los Señores.
Por lo cual, ¡oh amados de Dios!, haced un gran esfuerzo hasta que vosotros mismos seáis una evidencia de este adelanto y de todas estas confirmaciones, y lleguéis a ser los centros focales de las bendiciones de Dios, las auroras de la luz de su unidad, los promotores de los dones y las mercedes de la vida civilizada. Sed en ese país la vanguardia de las perfecciones de la humanidad; impulsad las diferentes ramas del conocimiento, sed activos y progresistas en el campo de las invenciones y las artes. Esforzaos en rectificar la conducta de los hombres, y buscad sobrepasar a todo el mundo en carácter moral. Mientras los niños se hallen todavía en su infancia, alimentadles del pecho de la gracia celestial, criadles en la cuna de toda excelencia, educadles en el abrazo de la munificencia. Concededles la ventaja de toda clase de conocimiento útil. Dejadles que participen en todo oficio o arte nuevos, extraordinarios y maravillosos. Educadles en el trabajo y el esfuerzo, y acostumbradles a las privaciones. Enseñadles a dedicar la vida a cosas de gran importancia, e inspiradles en el emprendimiento de los estudios que beneficien a la humanidad.
103
La educación e instrucción de los niños, es una de las acciones más meritorias del género humano, y atrae la gracia y el favor del Todomisericordioso, pues la educación es el fundamento indispensable de toda virtud humana, y le permite al hombre abrirse camino hacia las alturas de perdurable gloria. Si un niño es instruido desde su infancia, por medio del amoroso cuidado del Santo Jardinero, beberá de las cristalinas aguas del espíritu y del conocimiento, al igual que un arbolito en medio de fluyente arroyos. Y, ciertamente, reunirá para sí los brillantes rayos del Sol de la Verdad, y por medio de su luz y su calor crecerá siempre fresco y hermoso en el jardín de la vida.
Por consiguiente, el preceptor debe asimismo hacer de doctor, ello es, al instruir al niño él debe además remediar sus faltas; debe conferirle sabiduría y, al mismo tiempo, educarle para que posea una naturaleza espiritual. Que el maestro sea un doctor par el carácter del niño, de este modo él curará los males espirituales de los hijos de los hombres.
Si en esta trascendental tarea se realiza un gran esfuerzo, el mundo de la humanidad brillará con otros ornamentos, y emitirá la más hermosa luz. Entonces, este sitio oscuro se tornará luminoso, y esta morada de tierra se convertirá en el Cielo. Los mismos demonios se transformarán en ángeles, y los lobos en pastores del rebaño, y la manada de perros salvajes en gacelas que pastan en las praderas de unidad, y las bestias voraces en pacíficas manadas, y las aves de rapiña de espolones afilados como cuchillos, en aves canoras trinando sus dulces notas vernáculas.
Pues la íntima realidad del hombres es una línea demarcatoria entre la sombra y la luz, el lugar donde convergen los dos mares,37 el punto más bajo del arco del descenso38 y, por tanto, es capaz de ganar todos los grados superiores. Con la educación él puede alcanzar toda excelencia; desprovisto de educación, se quedará en el punto más bajo de la imperfección.
Potencialmente, cada niño es la luz del mundo y, al mismo tiempo, la oscuridad; por lo cual la cuestión de la educación debe ser considerada como de importancia primordial. Desde su infancia, el niño debe ser amamantado del pecho del amor de Dios y nutrido en el abrazo de su conocimiento, para que pueda irradiar luz, crecer en espiritualidad, colmarse de sabiduría y erudición, y adquirir las características de la hueste angelical.
Ya que vosotros habéis sido asignados para esta sagrada tarea, debéis realizar el mayor esfuerzo para hacer famosa a esta escuela, en todos los aspectos, por todo el mundo, hacer de ella la causa de la exaltación de la Palabra del Señor.
104
¡Oh amados de Dios y siervas del Misericordioso! Un numeroso grupo de eruditos opina que las variaciones entre las mentes y los distintos grados de percepción se deben a diferencias en la educación, la instrucción y la cultura. Es decir, ellos creen que en el comienzo las mentes son iguales, pero que el adiestramiento y la educación dan como resultado las variaciones mentales y los diferentes niveles de inteligencia, y que tales variaciones no forman parte inherente de la individualidad, sino que son el resultado de la educación, que nadie tiene superioridad innata sobre otro...
Las Manifestaciones de Dios están igualmente de acuerdo con el punto de vista de que la educación ejerce la más poderosa influencia posible sobre la humanidad. Ellos afirman, no obstante, que las diferencias en el nivel de inteligencia son innatas; y este hecho es obvio, y no merece discusión. Pues vemos que niños de la misma edad, del mismo país, de la misma raza, aun de la misma familia, e instruidos por la misma persona, son sin embargo diferentes en cuanto al grado de comprensión e inteligencia. Uno progresará rápidamente, otro asimilará la instrucción tan solo gradualmente, y aun otro quedará en el nivel más bajo de todos. Pues por mucho que podáis pulir una ostra no se transformará en una reluciente perla, no podréis convertir un guijarro opaco en una gema cuyos deslumbrantes rayos iluminen el mundo. Nunca, por medio del cuidado y el cultivo, la coloquíntida y el árbol amargo39 se transformarán en el Árbol de la Bienaventuranza.40 Es decir, la educación no puede modificar la esencia íntima del hombre, pero ejerce enorme influencia y, con este poder, es posible que se manifiesten en el individuo cualesquiera perfecciones y capacidades que están depositadas dentro de él. Un grano de trigo, cuando es cultivado por el labrador, produce una cosecha completa, y una semilla, por medio del cuidado del jardinero, crecerá hasta ser un gran árbol. Gracias a los amorosos cuidados de un maestro, los niños de la escuela primaria pueden alcanzar los más altos niveles de realización; de hecho, sus beneficios pueden elevar a un niño insignificante a un exaltado trono. Así queda claramente demostrado que por su naturaleza esencial las mentes tienen capacidades diferentes, mientras que la educación también desempeña un papel importante y ejerce un poderoso efecto en su desarrollo.
105
En cuanto a la diferencia existente entre esa civilización material, ahora prevaleciente, y la civilización divina, la cual será uno de los beneficios derivados de la Casa de Justicia, es la siguiente: la civilización material, mediante el poder de leyes punitivas y coercitivas, restringe a la gente en la perpetración de actos criminales; y a pesar de ello, mientras las leyes para castigar y reprimir a un hombre se hallan en continua proliferación, como podréis ver, no existen leyes para recompensarle. En todas las ciudades de Europa y América se han erigido grandes edificios que sirven como cárceles para los criminales.
Sin embargo, la civilización divina educa de tal manera a cada miembro de la sociedad que nadie, a excepción de unos pocos, intentará cometer un crimen. De este modo, hay una gran diferencia entre la prevención del crimen a través de medidas violentas y coercitivas, y la educación de la gente, mediante su iluminación y espiritualización, a punto tal que sin ningún temor al castigo o a la venganza por venir, evitarán todo acto criminal. En verdad, verán en la perpetración misma del crimen una gran desgracia y en el crimen en sí, el más severo de los castigos. Se enamorarán de las perfecciones humanas y consagrarán sus vidas a todo lo que traiga luz al mundo, y promoverán aquellas cualidades que son aceptables al Santo Umbral de Dios.
Observa entonces cuán amplia es la diferencia entre la civilización material y la divina. Por la fuerza y mediante castigos la civilización material pretende disuadir a la gente de hacer le mal, de infligir daño a la sociedad y de cometer crímenes. Pero en una civilización divina, el individuo está condicionado de tal forma que sin temor al castigo, evitará la perpetración de crímenes, ve en el crimen el más severo de los tormentos y con presteza y alegría se dispone a adquirir las virtudes de la humanidad, a promover el progreso humano, y a esparcir luz a través del mundo.
106
Entre los más grandes de todos los servicios que el hombre tiene posibilidades de ofrecer a Dios Todopoderoso, se halla la educación e instrucción de los niños, tiernas plantas del Paraíso de Abhá, para que estos niños, criados por la gracia en el sendero de la salvación, creciendo como perlas de divina munificencia en la ostra de la educación, enjoyen algún día la corona de gloria perdurable.
Es, no obstante, muy difícil llevar a cabo este servicio, y más aún tener éxito en él. Espero que te desempeñes bien en ésta, la más importante de las tareas, y que salgas adelante, convirtiéndote en enseña de la abundante gracia de Dios; que estos niños, educados todos en las santas Enseñanzas, desarrollen una naturaleza como la de los perfumados aires que soplan a través de los jardines del Todoglorioso, esparciendo su fragancia alrededor del mundo.
107
Es la esperanza de 'Abdu'l-Bahá que estas almas juveniles sean atendidas, en el aula del conocimiento profundo, por alguien que les enseñe a amar. Ojalá que todos ellos, abarcando la extensión del espíritu, aprendan bien los misterios ocultos; tan bien, que en el Reino del Todoglorioso, cada uno de ellos, como un ruiseñor dotado de habla, pregone los secretos del Reino Celestial y, al igual que un amante ansioso, vierta su extrema necesidad y su absoluto afán por el Bienamado.
108
Debéis considerar la cuestión de un buen carácter como de primerísima importancia. Incumbe a todo padre y a toda madre aconsejar a sus hijos durante un largo período, y guiarles hacia aquellas cosas que conducen al honor sempiterno.
Alentad a los escolares, desde sus primeros años, a desarrollar discursos de gran calidad, de modo que en sus momentos libres se ocupen en dar charlas convincentes y efectivas, expresándose con claridad y elocuencia.
109
¡Oh vosotros, los recipientes de los favores de Dios! En esta nueva y maravillosa Edad, el basamento inconmovible es la enseñanza de las ciencias y las artes. Según lo especifican los Textos Sagrados todos los niños deben aprender artes y oficios, en la medida de lo necesario. Por lo cual, en toda ciudad y aldea deben establecerse escuelas, y todo niño de esa ciudad y aldea habrá de dedicarse al estudio en el grado que sea necesario.
De lo cual se desprende que toda alma que ofrezca su ayuda para llevar ello a cabo, ciertamente, será aceptada en el Umbral Celestial, y exaltada por la Compañía en lo alto.
Ya que os habéis esforzado con denuedo por lograr este importantísimo objetivo, es mi esperanza que obtendréis vuestra recompensa del Señor de las claras señales y los signos, y que las miradas de la gracia celestial encaminarán vuestro derrotero.
110
En lo que respecta a la organización de las escuelas: de ser posible, los niños deberían usar la misma clase de indumentaria, aunque fuera de distinta tela. Es preferible que la tela sea también uniforme; no obstante, si ello no fuese posible, no sería perjudicial. Cuanto más aseados sean los alumnos, tanto mejor; ellos deberían ser inmaculados. La escuela debería estar ubicada en un lugar donde el aire sea delicado y puro. Los niños deben ser cuidadosamente adiestrados de modo que sean sumamente corteses y bien educados. Debe alentárseles permanentemente y lograr que estén deseosos por alcanzar todas las cimas de las realizaciones humanas, para que desde sus más tempranos años aprendan a tener elevadas metas, a conducirse bien, a ser castos, puros e inmaculados, a tener resolución poderosa y firmeza de propósito en las cosas. No permitáis que bromeen o chanceen, sino que avancen diligentemente hacia sus metas, para que en cualquier situación actúen con resolución y firmeza.
La educación moral y la buena conducta son mucho más importantes que la erudición que se adquiere de los libros. Un niño aseado, afable, de buen carácter, cortés, aunque fuera ignorante, es preferible a un niño rudo, desaseado, avieso y, sin embargo, muy versado en todas las ciencias y las artes. La razón de ello es que un niño que se porta bien, aunque sea ignorante, es de beneficio para los demás, mientras que un niño hosco, de mal comportamiento, está corrompido y es perjudicial para los demás, aunque sea ilustrado. Si, no obstante, el niño es adiestrado para ser tanto ilustrado como bueno, el resultado es luz sobre luz.
Los niños son como una rama fresca y tierna; crecerán según como se les eduque. Hay que tener el mayor cuidado en darles los más elevados ideales y metas, para que cuando lleguen a la mayoría de edad, al igual que cirios brillantes, difundan sus rayos sobre el mundo, y no sean manchados por la lujuria y las pasiones, como si fueran animales, descuidados e inconscientes, sino que, en cambio, dirijan sus corazones hacia el logro del honor eterno y la adquisición de todas las excelencias de la humanidad.
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La razón fundamental de la perversidad es la ignorancia y, por consiguiente, debemos aferrarnos a las herramientas de la percepción y el conocimiento. Debe enseñarse a tener buen carácter. La luz debe esparcirse por doquier, para que, en la escuela de la humanidad, todos puedan adquirir las características celestiales del espíritu, y vean por sí mismos que, más allá de toda duda, no existe infierno más cruel ni abismo más ardiente, que poseer un carácter malvado e insano; no hay fosa más oscura ni tormento más aborrecible, que manifestar cualidades que merecen la condenación.
El individuo debería ser educado en un grado tal como para preferir que le corten la garganta a decir una mentira, y considerar más tolerable ser herido por una espada o traspasado por una lanza antes que decir calumnias o dejarse llevar por la ira.
De este modo se encenderá el sentido de la dignidad y el orgullo humanos, y el fuego consumirá la siega de los apetitos carnales. Entonces, cada uno de los amados de Dios resplandecerá con las cualidades del espíritu como si fuera una luna brillante, y la relación de cada uno con el Sagrado Umbral de su Señor no será ilusoria sino sólida y real, será como el basamiento mismo del edificio, y no algo que embellece su fachada.
Por consiguiente, la escuela para niños debe ser un lugar de la mayor disciplina y orden, la instrucción debe ser completa, y se deben tomar las medidas para la rectificación y el refinamiento del carácter; a fin de que, en sus primeros años, dentro de la misma esencia del niños, sea echado el fundamento divino y sea erigida la estructura de santidad.
Sabed que este tema de la educación, de la rectificación y el refinamiento del carácter, de alentar y estimular al niño, es de la más grande importancia, pues estos son principios básicos de Dios.
Y así, si Dios lo quiere, de estas escuelas espirituales surgirán niños iluminados, engalanados con las más hermosas virtudes de la humanidad, y que no solo irradiarán su luz a través de Persia, sino alrededor del mundo.
Es sumamente difícil enseñar al individuo y refinar su carácter, una vez que ha pasado la pubertad. Para entonces, tal como lo ha demostrado la experiencia, aun cuando se hagan todos los esfuerzos por modificar alguna de sus tendencias, ello no servirá de nada. Quizá pueda mejorar en algo hoy, pero al cabo de algunos días se olvidará y retornará a su condición habitual y a sus modos acostumbrados. Por tanto, es en la primera infancia cuando debe establecerse una base firme. Mientras la rama sea fresca y tierna puede enderezarse fácilmente.
Ello significa que las cualidades del espíritu son el fundamento básico y divino, y que engalanan la verdadera esencia del hombre; y el conocimiento es la causa del progreso humano. Los bienamados de Dios deben dar gran importancia a este tema, y llevarlo adelante con mucho celo y entusiasmo.
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En esta santa Causa la cuestión de los huérfanos tiene la más grande importancia. Debe mostrarse la mayor consideración hacia los huérfanos; deben ser enseñados, adiestrados y educados. En especial, deben proporcionárseles las Enseñanzas de Bahá'u'lláh por todos los medios y todo cuanto sea posible.
Suplico a Dios que puedas llegar a ser un padre bondadoso para con los niños huérfanos, reanimándoles con las fragancias del Espíritu Santo, para que lleguen a la edad de la madurez como verdaderos siervos del mundo del género humano y como brillantes candelas en la asamblea de la humanidad.
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¡Oh sierva de Dios!... A las madres se les deben proporcionar las Enseñanzas divinas y el consejo eficaz, y se les debe alentar y hacer que estén ansiosas por enseñar a sus hijos, ya que la madre es el primer educador del niño. Es ella quien debe, desde el comienzo mismo, amamantar al recién nacido en el pecho de la Fe de Dios y de la Ley de Dios, para que el amor divino ingrese en él junto con la leche de la madre, y le acompañe hasta su último suspiro.
Siempre que la madre deja de enseñar a sus hijos y de ayudarles a adoptar un modo apropiado de vida, la instrucción que reciban posteriormente no ejercerá efecto en forma plena. Es de incumbencia de las Asambleas Espirituales proporcionar a las madres un programa bien planeado para la educación de los niños, que muestre cómo, desde la infancia, se debe vigilar y enseñar al niño. Deben darse estas instrucciones a todas las madres para que sirvan de guía, a fin de que cada una instruya y críe a sus hijos de acuerdo con las Enseñanzas.
De este modo, estas tiernas plantas del jardín del amor de Dios crecerán y florecerán, bajo el calor del Sol de la Verdad, por los suaves vientos primaverales del Cielo, y la mano guiadora de la madre. Así, en el Paraíso de Abhá, cada una llegará a ser un árbol que brinda sus arracimados frutos, y cada una, en esta nueva y maravillosa estación, debido a las dádivas de la primavera, llegará a estar poseída de total belleza y de absoluta gracia.
114
¡Oh vosotras, madres amorosas! Sabed que a la vista de Dios la mejor manera de adorarles es educando a los niños e instruyéndolos en todas las perfecciones de la humanidad; y no puede ser imaginado un hecho más noble que éste.
115
¡Oh vosotras dos, bienamadas siervas de Dios! Sea lo que fuere que la lengua del hombre hable, que lo pruebe con sus acciones. Si sostiene ser creyente, entonces, que actúe de acuerdo con los preceptos del Reino de Abhá.
Loado sea Dios, vosotras dos habéis demostrado la verdad de vuestras palabras por medio de vuestras acciones, y habéis ganado las confirmaciones de Dios nuestro Señor. Cada día, con las primeras luces, vosotras reunís a los niños bahá'ís y les enseñáis acerca de las comuniones y las oraciones. Ésta es una acción muy meritoria, que produce gran alegría en los corazones de los niños: que cada mañana dirijan sus rostros hacia el Reino, haciendo mención del Señor y alabando su Nombre, y con la dulzura de sus voces, que canten y reciten.
Estos niños son como tiernas plantas, y enseñarles las oraciones es como dejar caer la lluvia sobre ellos, para que crezcan benignos y puros, y que soplen sobre ellos las suaves brisas del amor de Dios, haciéndoles estremecer de alegría.
La bienaventuranza y un apacible refugio os aguardan.
116
¡Oh tú, hija del Reino! Tus cartas han sido recibidas. Su contenido indica que tu madre ha ascendido al reino invisible y que tú te has quedado sola. Tu deseo es el de servir a tu padre, a quien quieres mucho, y además servir al Reino de Dios, y están confundida con respecto a cuál de las dos cosas deberías hacer. Sin duda, ocúpate en servir a tu padre e, igualmente, cuandoquiera que dispongas de tiempo, difunde las fragancias divinas.
117
¡Oh tú, ser querido de 'Abdu'l-Bahá! Sé el hijo de tu padre y el fruto de ese árbol. Sé un hijo que ha nacido de su alma y de su corazón, y no solo del agua y de la arcilla. Un hijo verdadero es aquel que ha brotado de la parte espiritual de un hombre. Pido a Dios que seas confirmado y fortalecido en todo momento.
118
¡Oh vosotros, pequeños niños bahá'ís, vosotros, indagadores de la comprensión y el conocimiento verdaderos! Un ser humano se distingue de un animal en varios aspectos. Ante todo, está hecho a imagen de Dios, a semejanza de la Luz Celestial, tal como lo dice la Tora: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza."41Esta imagen divina significa todas las cualidades de perfección, cuyas luces, emanando del Sol de la Verdad, iluminan las realidades del hombre. Y entre los mayores de estos atributos de perfección se hallan la sabiduría y el conocimiento. Vosotros, por tanto, debéis desplegar un gran esfuerzo, empeñándoos día y noche y sin descansar un momento, por adquirir una abundante porción de todas las ciencias y las artes, para que la Imagen Divina, la cual brilla desde el Sol de la Verdad, ilumine el espejo de los corazones de los hombres.
Es el deseo vehemente de 'Abdu'l-Bahá ver que cada uno de vosotros sea considerado como el principal catedrático en las academias, y que en la escuelas de los íntimos significados cada uno llegue a ser un adalid en sabiduría.
119
Incumbe a los niños bahá'ís superar a los demás niños en la adquisición de ciencias y artes, pues ellos han sido acunados en la gracia de Dios.
Lo que otros niños aprenden en una año, que los niños bahá'ís lo aprendan en un mes. El corazón de 'Abdu'l-Bahá, en su amor, anhela comprobar que los jóvenes bahá'ís son, todos y cada uno de ellos, conocidos en el mundo entero por sus logros intelectuales. Indiscutiblemente, han de aplicar todos sus esfuerzos, sus energías, su sentido de la dignidad, en la adquisición de las ciencias y las artes.
120
¡Oh mis queridos niños! Vuestra carta ha sido recibida. Se alcanzó un grado de alegría tan grande que está más allá de las palabras o de la escritura, puesto que, gracias a Dios, el poder del Reino de Dios ha instruido a estos niños, quienes desde su más tierna infancia desean ansiosamente adquirir educación bahá'í, para así estar capacitados, desde el período de su niñez, para ocuparse en servir al mundo de la humanidad.
Mi más grande anhelo y mi mayor deseo es que vosotros, quienes sois mis niños, seáis educados en un todo de acuerdo con las enseñanzas de Bahá'u'lláh, y que podáis recibir una instrucción bahá'í; que cada uno de vosotros llegue a ser un cirio encendido en el mundo de la humanidad, que os dediquéis al servicio de todo el género humano, que renunciéis a vuestro descanso y confort, a fin de que lleguéis a ser la causa de la tranquilidad del mundo de la creación.
Tal es mi esperanza para con vosotros, y confío en que llegaréis a ser la causa de mi alegría, y de regocijo en el Reino de Dios.
121
¡Oh tú, cuyos años son pocos, pero cuyas dotes mentales son muchas! ¡Cuántos niños, aunque de corta edad son, no obstante, maduros y cabales en sus juicios! ¡Cuántas personas de edad son ignorantes y están confundidas! Pues el crecimiento y el desarrollo dependen de los poderes del intelecto y de la razón de uno, y no de su edad o de la extensión de sus días.
Aunque aún te hallas en la etapa de la niñez, no obstante, has reconocido a tu Señor, en tanto que miríadas de mujeres están olvidadas de Él y se hallan excluidas de su Reino Celestial y privadas de sus mercedes. Agradece a tu Señor por esta maravillosa dádiva.
Ruego a Dios que devuelva la salud a tu madre, quien es distinguida en el Reino del cielo.
122
En lo que respecta a tu pregunta referente a la educación de los niños: te corresponde nutrirlos en el seno del amor de Dios, e impulsarlos hacia las cosas del espíritu, para que vuelvan sus rostros hacia Dios; que sus modos de ser concuerden con las reglas de la buena conducta, y que su carácter no sea inferior al de nadie; que hagan suyas todas las virtudes y cualidades meritorias de la humanidad; que adquieran conocimiento profundo de las diversas ramas del saber, a fin de que desde el comienzo mismo de la vida puedan convertirse en seres espirituales, en habitantes del Reino, enamorados de los perfumados hálitos de santidad, y que reciban una educación religiosa, espiritual, y del Dominio Celestial. En verdad, rogaré a Dios que les conceda en esto un resultado feliz.
123
¡Oh tú, quien te diriges en contemplación al Reino de Dios! Tu carta ha sido recibida, y hemos observado que estás ocupado en enseñar a los hijos de los creyentes, que estos tiernos pequeños han estado aprendiendo Las Palabras Ocultas y las oraciones, y qué es lo que significa ser un bahá'í.
La instrucción de estos niños es exactamente como la labor de un esmerado jardinero, que cuida de sus tiernas plantas en los florecientes jardines del Todoglorioso. No cabe duda de que ello producirá los propósitos deseados; en especial esto es cierto en lo que respecta a las obligaciones bahá'ís y a la conducta bahá'í, ya que a los niños pequeños necesariamente debe hacérseles conscientes en sus propios corazones y en sus almas, que "Bahá'í" no es solo un nombre, sino una verdad. Cada niño debe ser adiestrado en las cosas del espíritu, para que encarne todas las virtudes y llegue a ser una fuente de gloria para la Causa de Dios. De otro modo, la mera palabra "Bahá'í", si no produce fruto, se reducirá a nada.
Esfuérzate, entonces, al máximo de tu habilidad, para que estos niños sepan que un "Bahá'í" es alguien que encarna todas las perfecciones, que debe brillar como un cirio encendido, no ser oscuridad sobre oscuridad y aún así llevar el nombre "Bahá'í".
Designa a esta escuela, Escuela Dominical Bahá'í.42
124
La escuela dominical para niños, en la cual se leen las Tablas y Enseñanzas de Bahá'u'lláh, y donde la Palabra de Dios es recitada por los niños es, en verdad, algo bendito. Ciertamente, debéis continuar sin cesar esta actividad organizada, asignarle importancia, a fin de que día a día crezca y se vivifique con los hálitos del Espíritu Santo. Si esta actividad es bien organizada, ten la seguridad de que producirá grandes resultados. No obstante, son necesarias la firmeza y la constancia; de otro modo esta actividad continuará por algún tiempo, pero más tarde será gradualmente olvidada. La perseverancia es una condición esencial. En todo proyecto, la firmeza y la constancia conducirán sin duda a buenos resultados; de otro modo esta actividad existirá durante algunos días, y luego será abandonada.
125
El cambio de maestros no debiera ser demasiado frecuente ni tampoco demasiado infrecuente; la moderación es preferible. Llevar a cabo vuestras reuniones, en el momento de orar, en otras iglesias, no es aconsejable; ello conduciría al alejamiento, ya que los niños bahá'ís, quienes tienen su propia escuela dominical, se verían privados de ella al tratar de asistir a otras escuelas dominicales. Por otra parte, es permisible la admisión de niños de padres no bahá'ís en la escuela para niños bahá'ís. Y si, en esta escuela, se expone una reseña de los principios fundamentales que sustentan todas las religiones, para información de los alumnos, no puede haber ningún mal en ello.
Como el número de niños es pequeño, no es posible tener clases diferentes y, naturalmente, se necesita una sola. Con referencia a la última pregunta acerca de las diferencias entre los niños, actuad como os parezca aconsejable.
126
Tu carta ha sido recibida. Loado sea Dios, comunicaba las buenas nuevas de tu salud y seguridad, e indicaba que estás dispuesto a ingresar en una escuela agrícola. Ello es sumamente conveniente. Esfuérzate todo cuanto te sea posible por llegar a ser un experto en la ciencia de la agricultura, ya que, de acuerdo con las enseñanzas divinas, la adquisición de las ciencias y la perfección de las artes son considerados actos de adoración. Si un hombre emplea toda su capacidad en la adquisición de una ciencia o en la perfección de un arte, es como si hubiese adorado a Dios en iglesias y templos. De este modo, al ingresar en una escuela de agricultura y al esforzarte en la adquisición de esa ciencia, estás día y noche ocupado en actos de adoración, actos que son aceptados en el Umbral del Todopoderoso. Qué merced más grande que ésta, que la ciencia sea considerada como un acto de adoración y el arte como un servicio al Reino de Dios.
127
¡Oh tú, siervo del único y verdadero Dios! En esta dispensación universal, la maravillosa artesanía del hombre es considerada como adoración a la Resplandeciente Belleza. Reflexiona acerca de qué merced y bendición es que la artesanía sea considerada como una adoración. En época anteriores se creía que tales habilidades eran equivalentes a ignorancia, cuando no un infortunio que impedía al hombre acercarse a Dios. Ahora bien, considera cómo sus infinitas dádivas y sus abundantes favores han convertido al fuego del infierno en el venturoso paraíso, y a un montón de oscuro polvo en un luminoso jardín.
Les corresponde a los artesanos del mundo ofrecer a cada momento un millar de muestras de gratitud en el Sagrado Umbral, y poner el mayor empeño y ejercer diligentemente su profesión, para que sus esfuerzos produzcan aquello que habrá de manifestar la más grande belleza y perfección ante los ojos de todos los hombres.
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Tu carta ha sido recibida. Espero que sean protegido y asistido bajo la providencia del Único Verdadero, y que siempre estés ocupado en mencionar al Señor y que despliegues tus esfuerzos por completar tu profesión. Debes poner mucho empeño en llegar a ser único en tu profesión y famoso en esos lugares, pues lograr la perfección en la profesión de uno, en esta época misericordiosa, es considerado adoración a Dios. Y mientras estés ocupado en tu profesión, pueden recordar al Único Verdadero.
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¡Oh amigos del Dios Puro y Omnipotente! Ser puro y santo en todas las cosas es atributo del alma consagrada y característica esencial de la mente no esclavizada. La mejor de las perfecciones es ser inmaculado y librarse a sí mismo de todo defecto. Una vez que el individuo, en todos los aspectos, esté limpio y purificado, entonces llegará a ser un centro focal reflejando la Luz Manifiesta.
Lo primero en el modo de vida de un ser humano debe ser la pureza, luego la frescura, la limpieza y la independencia de espíritu. Primeramente debe ser limpiado el cauce, luego las dulces aguas del río pueden ser conducidas en él. Los ojos castos gozan de la beatífica visión del Señor y saben lo que este encuentro significa; un sentido puro inhala las fragancias que provienen de las rosaledas de su gracia; un corazón bruñido reflejará al donoso rostro de la verdad.
Por ello, en las Sagradas Escrituras, los consejos del cielo son comparados con el agua, tal como dice el Qur'án: "... y envíanos desde el cielo agua purísima,"43 y el Evangelio: "... el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios."44 Luego resulta claro que las Enseñanzas que provienen de Dios son celestiales efusiones de gracia; son como copiosas lluvias de misericordia divina que limpian el corazón humano.
Con ello quiero significar que, en cada aspecto de la vida, la pureza y la santidad, la limpieza y el refinamiento, exaltan la condición humana y promueven el desarrollo de la realidad interior del hombre. Incluso en el dominio físico, la limpieza conduce a la espiritualidad, como lo señalan claramente las Sagradas Escrituras. Y aunque la limpieza corporal es un aspecto físico, tiene, sin embargo, una poderosa influencia en la vida del espíritu. Es como una voz maravillosamente dulce, o una melodía que se interpreta; aunque los sonidos son solo vibraciones del aires que afectan el nervio auditivo del oído, y estas vibraciones no son más que fenómenos accidentales transmitidos por el aire, con todo, ved cómo conmueven el corazón. Una maravillosa melodía es como alas para el espíritu y hace que el alma se estremezca de alegría. El significado es que la limpieza física también produce efecto en el alma humana.
Observa cuán grata es la limpieza a la vista de Dios, y cómo es específicamente enfatizada en los Libros Sagrados de los Profetas; pues las Escrituras prohíben la ingestión o el empleo de cualquier cosa inmunda. Algunas de estas prohibiciones eran absolutas, y obligatorias para todos, y quienquiera que transgrediese la ley dada era aborrecido por Dios y anatematizado por los creyentes. Tales, por ejemplo, eran las cosas categóricamente prohibidas, cuya perpetración era considerada un gravísimo pecado, entre ellas las acciones tan odiosas que hasta en vergonzoso mencionar su nombre.
Pero hay otras prohibidas que no causan un daño inmediato, y cuyos efectos perjudiciales solo se producen gradualmente; tales actos también son repugnantes al Señor, censurables a su vista y repulsivos. Sin embargo, no se ha declarado expresamente en el Texto la absoluta ilicitud de ellos, pero es necesario evitarlos para la pureza, la limpieza, la preservación de la salud, y para estar libres de adicciones.
Entre estos últimos está el de fumar tabaco, el cual es sucio, hediondo, desagradable; un mal hábito, y tal, que su carácter dañino se está haciendo para todos gradualmente manifiesto. Todo médico competente ha dictaminado y ello también ha sido probado por ensayos, que uno de los componentes del tabaco es un veneno mortal, y que el fumador es vulnerable a muchas y diversas enfermedades. Por lo cual, el fumar ha sido declarado francamente repugnante desde el punto de vista de la higiene.
El Báb, al comienzo de su misión, explícitamente prohibía el tabaco, y los amigos en su totalidad abandonaron su empleo. Pero como aquellos eran tiempos en que estaba permitida la disimulación y toda persona que se abstenía de fumar se hallaba expuesta al hostigamiento, la injuria, e incluso la muerte, los amigos, para no llamar la atención sobre sus creencias, fumaban. Posteriormente fue revelado el Libro de Aqdas, y como el fumar tabaco no era prohibido allí expresamente, los amigos no lo dejaron. Sin embargo, la Bendita Belleza siempre expresó repugnancia por él, y aun cuando en los tempranos días, por algunas razones, a veces Él fumaba algo de tabaco, con el tiempo lo abandonó completamente, y aquellas almas santificadas que en todo Le seguían, igualmente abandonaron su uso.
Con ello quiero significar que a la vista de Dios el fumar tabaco es censurable, aborrecible, y sucio en extremo; y, si bien gradualmente, es sumamente dañino para la salud. Es además un despilfarro de dinero y de tiempo, y vuelve al fumador presa de un enviciamiento nocivo. Para aquellos que permanecen firmes en el Convenio, este hábito es, en consecuencia, censurado tanto por la razón como por la experiencia, y renunciar a él trae alivio y tranquilidad de conciencia a todos los hombres. Además, ello hará posible tener la boca fresca y los dedos limpios, y el cabello libre de olor fétido y repulsivo. Luego de recibir esta misiva, los amigos, por todos los medios, y aun dentro de cierto tiempo, seguramente abandonarán este hábito pernicioso. Tal es mi esperanza.
En cuanto al opio, es repugnante y detestable. Dios nos proteja del castigo que inflige a quien lo utiliza. De acuerdo con el texto explícito del Libro Más Sagrado, está prohibido y su consumo es absolutamente condenado. La razón demuestra que fumar opio es un tipo de demencia, y la experiencia atestigua que quien lo utiliza se aísla completamente del reino humano. Quiera Dios proteger a todos de la perpetración de un acto tan horrible como éste, un acto que reduce a ruina el fundamento mismo de lo que es el ser humano, y que hace que el consumidor sea desposeído por siempre jamás. Pues el opio se fija en el alma, de modo que la conciencia del que lo utiliza muere, su mente se destruye y sus percepciones se corroen. Convierto lo vivo en muerto. Apaga el calor natural. No se puede concebir daño mayor que el causado por el opio. Afortunados aquellos que nunca siquiera lo mencionan; pensad entonces cuán miserable es el que lo emplea.
¡Oh vosotros amados de Dios! En éste, el ciclo del Dios Todopoderoso, la violencia y la fuerza, la compulsión y la opresión son todas ellas condenadas. Es forzoso, sin embargo, que el empleo del opio sea impedido por todos los medios, para que tal vez la raza humana pueda ser liberada de ésta, la más poderosa de las plagas. De otro modo, el dolor y la miseria sean para quien falte a su deber para con su Señor.45
¡Oh Divina Providencia! Concede pureza y limpieza en todas las cosas al pueblo de Bahá. Dispensa que sean liberados de toda contaminación, y salvados de toda adicción. Guárdalos de cometer acto repugnante alguno, desátalos de las cadenas de todo mal hábito, para que puedan vivir puros y libres, sanos y limpios, dignos de servir en tu Sagrado Umbral y de ser allegados a su Señor. Líbralos de las bebidas intoxicantes y del tabaco; sálvalos, rescátalos del opio que acarrea demencia, permíteles disfrutar de los fragantes aromas de la santidad, para que beban abundantemente del místico cáliz del amor celestial y conozcan el arrobamiento de aproximarse cada vez más al Dominio del Todoglorioso. Puesto que es tal como Tú lo has dicho: "Todo lo que tú tienes en tu bodega no apagará la sed de mi amor: ¡Tráeme, oh copero, del vino del espíritu una copa llena como el mar!"
¡Oh vosotros amados de Dios! La experiencia ha demostrado hasta qué punto renunciar a fumar, a las bebidas embriagantes y al opio, es conducente a la salud y al vigor, a la expansión y agudeza de la mente, y a la fortaleza corporal. Existe hoy en día un pueblo46 que evita estrictamente el tabaco, los licores embriagantes y el opio. Este pueblo es decididamente superior a los demás, en fortaleza y valentía física, en salud, belleza y donaire. Uno solo de sus hombre puede hacer frente a diez hombres de otra tribu. Esto ha resultado ser cierto para todo el pueblo: es decir, miembro por miembro, cada individuo de esta comunidad es, en todos los aspectos, superior a los individuos de otras comunidades.
Haced entonces un ingente esfuerzo, para que la pureza y la santidad, las cuales son queridas por 'Abdu'l-Bahá por sobre todo lo demás, distingan al pueblo de Bahá; que en todo tupo de excelencia el pueblo de Dios sobrepase a todos los demás seres humanos; que tanto exterior como interiormente sean superiores; que por su pureza, incorrupción, refinamiento, y preservación de la salud, sean guían en la vanguardia de aquellos que conocen. Y que por su liberación de la esclavitud, su sabiduría y dominio de sí mismos, sean los primeros entre los puros, los libres y los sabios.
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¡Oh tú, distinguido médico!... La alabanza sea para Dios, puesto que tú tienes dos poderes: uno, para emprender la curación física y, el otro, la curación espiritual. Los aspectos relacionados con el espíritu del hombre tienen un gran efecto en su condición corporal. Por ejemplo, tú deberías transmitir alegría a tu paciente, proporcionando consuelo y regocijo, y conducirlo al éxtasis y la exultación. Cuántas veces ha ocurrido que esto ha causado una pronta recuperación. Por consiguiente, trata a los enfermos con ambos poderes. Los sentimientos espirituales tienen un efecto sorprendente en la curación de las dolencias nerviosas.
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Al proporcionar tratamiento médico dirígete hacia la Bendita Belleza; luego sigue los dictados de tu corazón. Sana al enfermo por medio del regocijo celestial y la exultación espiritual, cura a quienes están penosamente afligidos impartiéndoles buenas nuevas de bienaventuranza, y sana a los heridos a través de sus resplandecientes dádivas. Cuando estés a la cabecera de un paciente, anima y alegra su corazón y arroba su espíritu mediante el poder celestial. De hecho, semejante hálito celestial vivifica todo corruptible hueso, y hace revivir el espíritu de todos los enfermos y dolientes.
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Aun cuando la mala salud es una de las condiciones inevitables del hombre es, en verdad, difícil de sobrellevar. La dádiva de la buena salud es el más grande de todos los dones.
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Existen dos maneras de curar las enfermedades: por medios materiales y por medios espirituales. La primera se efectúa por el tratamiento de los médicos; la segunda consiste en oraciones que los seres espirituales ofrecen a Dios, y en volverse hacia Él. Ambos medios deben utilizarse y practicarse.
Las dolencias que ocurren como consecuencia de las causas físicas, deberían ser tratadas por los doctores con remedios médicos; aquellas que son debidas a causas espirituales desaparecen a través de los medios espirituales. Así, una dolencia causada por la aflicción, el temor, o impresiones nerviosas, será curada más efectivamente por un tratamiento espiritual que por un tratamiento físico. En consecuencia, deberían seguirse ambas clases de tratamiento; ellas no son contradictorias. Por tanto, debieras aceptar igualmente los remedios físicos, ya que éstos también proceden de la misericordia y el favor de Dios, Quien ha revelado y puesto de manifiesto a la ciencia médica, para que sus siervos puedan también beneficiarse con esta clase de tratamiento. Deberías prestar igual atención a los tratamientos espirituales, puesto que ellos producen efectos maravillosos.
Ahora bien, se deseas conocer el verdadero remedio que sanará al hombre de toda enfermedad y le otorgará la salud del reino divino, has de saber que son los preceptos y enseñanzas de Dios. Concentra en ellos tu atención.
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¡Oh tú quien eres atraído hacia los fragantes hálitos de Dios! He leído la carta que has enviado a la Sra. Lua Getsinger. Tú, en verdad, has examinado cuidadosamente las razones de la enfermedad en el cuerpo humano. Es el caso, ciertamente, que los pecados son una poderosa causa de dolencias físicas. Si la humanidad estuviese libre de la contaminación del pecado y el descarrío, y viviese de acuerdo con un equilibrio natural, innato, sin seguir a dondequiera que le conducen sus pasiones, es innegable que las enfermedades no irían en aumento, ni se diversificarían con tal intensidad.
Mas el hombre, perversamente, ha continuado al servicio de sus apetitos sensuales, y no se ha contentado con alimentos simples. Más bien, he preparado para sí alimentos compuestos de muchos ingredientes, de sustancias que difieran unas de las otras. En ello, y en la perpetración de acciones viles e indignas, ha monopolizado su atención, y ha abandonado la templanza y la moderación de un modo natural de vida. El resultado ha sido la generación de enfermedades tanto violentas como variadas.
Pues el animal, en lo que respecta a su cuerpo, está formado por los mismos elementos constitutivos que el hombre. Sin embargo, como el animal se contenta con alimentos simples y no trata de satisfacer, en una medida exagerada, sus insistentes impulsos, y no comete pecado, en comparación con el hombre sus dolencias son pocas. Vemos claramente, por tanto, cuán poderosos son el pecado y la contumacia como factores patogénicos. Una vez engendradas estas enfermedades, se combinan, se multiplican, y se transmiten a los demás. Tales son las causas espirituales, interiores, de la enfermedad.
El factor causal físico, externo, de la enfermedad, sin embargo, es un trastorno en el balance, en la proporción equilibrada de los elementos de que se compone el cuerpo humano. A modo de ilustración: el cuerpo del hombre es un compuesto de muchas sustancias constitutivas, y cada componente se halla presente en una cantidad prescrita, contribuyendo al equilibrio esencial del conjunto. Siempre que estos constituyentes permanezcan en la proporción debida, conforme al equilibrio natural del conjunto -ello es, que ningún componente sea aumentado no disminuido-, no existirá causa física para la incursión de las enfermedades.
Por ejemplo, las féculas deben estar presentes en una cantidad necesaria y el azúcar también. Siempre que cada uno permanezca en su natural proporción con respecto al conjunto, no habrá motivo para el comienzo de la enfermedad. Cuando, sin embargo, estos elementos constitutivos varían en cuanto a sus debidas cantidades naturales -ello es, cuando aumentan o disminuyen- esto, ciertamente, facilita la irrupción de enfermedades.
Esta cuestión requiera la más cuidadosa investigación. El Báb ha dicho que el pueblo de Bahá debe desarrollar la ciencia de la medicina a un grado tan elevado como para curar las dolencias por medio de los alimentos. La razón fundamental de esto es que si en alguna sustancia componente del cuerpo humano ocurriera un desequilibrio que alterara su correcta proporción con respecto al conjunto, este hecho daría como resultado, inevitablemente, el comienzo de la enfermedad. Si, por ejemplo, se aumentara indebidamente la proporción de féculas, o se disminuyera la proporción de azúcar, la enfermedad tomaría una influencia preponderante. Es función de un médico hábil determinar qué constituyente del cuerpo de su paciente ha sufrido disminución y cuál ha sido aumentado. Una vez que lo haya descubierto, deberá prescribir un alimento que contenga, en cantidad considerable, el elemento disminuido, con el objeto de restablecer el equilibrio esencial del cuerpo. El paciente, una vez que el equilibrio de su constitución se haya restituido, se habrá librado de la enfermedad.
La prueba de esto es que mientras los demás animales nunca han estudiado la ciencia médica, ni han realizado investigaciones acerca de enfermedades o medicina, tratamientos o curaciones, no obstante, cuando uno de ellos es presa de alguna dolencia, la naturaleza lo guía, en los campos o desiertos, hacia la planta precisa que, al ser ingerida, librará al animal de su enfermedad. La explicación de ello es que si, por ejemplo, la proporción de azúcar en el cuerpo del animal ha disminuido, según una ley natural, al animal le apetece una hierba rica en azúcar. Entonces, por un impulso natural, el cual es el apetito, entre un millar de diferentes variedades de plantas del campo, el animal descubrirá e ingerirá aquella hierba que contiene azúcar en gran cantidad. De este modo el equilibrio esencial de las sustancias que componen su cuerpo se restablece, y el animal se libra de su dolencia.
Esta cuestión requiere la más cuidadosa investigación. Cuando los médicos altamente capacitados examinen plenamente este tema, con minuciosidad y perseverancia, claramente se comprenderá que la incursión de la enfermedad se debe a una perturbación en las cantidades relativas a las sustancias componentes del cuerpo, y que el tratamiento consiste en la modificación de esas cantidades relativas, y que esto puede ser logrado y hecho posible por medio de los alimentos.
Es indudable que en esta nueva y maravillosa edad, el desarrollo de la ciencia médica conducirá a que los médicos curen a sus enfermos con alimentos. Pues el sentido de la vista, el sentido del oído, del gusto, del olfato, del tacto, son todos ellos facultades discriminatorias, y su propósito es separar lo que beneficia de lo que daña. Ahora, ¿es posible que el sentido humano del olfato, el sentido que diferencia los olores, encontrara repugnante algún olor, y que ese olor fuera beneficioso al cuerpo humano? ¡Absurdo! ¡Imposible! Del mismo modo, ¿podría el cuerpo humano, a través de la facultad de la vista, la facultad diferenciadora de las coas visibles, beneficiarse con la contemplación de una repugnante masa de excrementos? ¡Nunca! Nuevamente, si el sentido del gusto, el cual es asimismo una facultad que selecciona y rechaza, es ofendido por alguna cosa, ello ciertamente no es beneficioso; y si al principio produjera algún beneficio, a la larga su carácter dañino quedaría establecido.
Y asimismo, cuando la constitución se encuentra en estado de equilibrio, no existe duda de que todo lo que gusta es beneficioso para la salud. Observa cómo un animal pasta en un campo donde existen un centenar de miles de clases de hierbas y pasturas, y cómo, con su sentido del olfato, huele los olores de las plantas, y las prueba con su sentido del gusto; luego consume la hierba que es placentera a esos sentidos y obtiene provecho de ella. Si no fuera por este poder de selectividad, los animales morirían todos en un solo día, pues hay muchísimas plantas venenosas, y los animales nada saben de farmacopea. Y, sin embargo, observa qué confiable balanza de ellos tienen, por medio de la cual distinguen lo bueno de lo perjudicial. Cualquier constituyente de su cuerpo que haya disminuido, pueden restituirlo buscando y consumiendo alguna planta que tenga abundante cantidad de ese elemento disminuido, y así el equilibrio de sus componentes corporales es restablecido, y ellos se libran de su enfermedad.
En el momento en que médicos expertos hayan desarrollado la curación de enfermedades por medio de los alimentos, y prescriban comidas simples, y prohíban a la humanidad vivir como esclavos de sus apetitos sensuales, es seguro que disminuirá la incidencia de males crónicos y diversos, y que la salud general de la humanidad mejorará considerablemente. Esto está destinado a suceder. De igual manera, en el carácter, en la conducta y las costumbres del hombre, se producirán modificaciones universales.
135
De acuerdo con el decreto explícito de Bahá'u'lláh uno no debe apartarse del consejo de un doctor competente. Es imperativo consultarle, incluso si el mismo paciente es un médico famoso y eminente. En resumen, se trata de que debéis conservar vuestra salud consultando a un médico experto.
136
Es de incumbencia de todos tratar de obtener tratamiento médico y seguir las instrucciones del doctor, pues ello está de acuerdo con la ordenanza divina; mas, en realidad, es Dios Quien proporciona la curación.
137
¡Oh tú, que estás expresando las alabanzas a tu Señor! He leído tu carta, en la cual has manifestado asombro por algunas leyes de Dios, tales como aquella referente a la caza de animales inocentes, criaturas que no son culpables de ningún mal.
No te sorprendas por ello. Reflexiona acerca de las realidades intrínsecas del universo, de las secretas sabidurías que comprende, los enigmas, las interrelaciones, las reglas que todo lo gobiernan. Pues cada parte del universo está vinculada con todas las demás partes con lazos que son my poderosos y que no admiten ningún desequilibrio, ni tampoco descuido. En el dominio físico de la creación, todas las cosas se alimentan y sirven de alimento: la planta absorbe al mineral; el animal, al pacer, ingiera la planta; el hombre se alimenta del animal, y el mineral consume el cuerpo del hombre. Los cuerpos físicos son transferidos cruzando una barrera detrás de otra, de una vida a otra, y todas las cosas están sujetas a transformación y cambio, salvo únicamente la esencia de la existencias misma: ya que ésta es constante e inmutable, y en ella se basa la vida de toda especie o género, de toda realidad contingente a través de la totalidad de la creación.
Cuando quiera que examines, por medio de un microscopio, el agua que el hombre bebe, el aire que respira, verás que con cada inspiración el hombre absorbe gran abundancia de vida animal, y que con cada sorbo de agua también ingiere una gran variedad de animales. ¿Cómo habría de ser posible detener alguna vez este proceso? Pues todas las criaturas se alimentan y sirven de alimento, y la estructura misma de la vida se apoya en este hecho. Si no fuera así, se disolverían los vínculos que entrelazan a todas las cosas creadas dentro del universo.
Y además, cuando quiera que una cosa es destruida y se descompone, y es privada de la vida, es impulsada a un mundo que es más grande que el mundo que conocía antes. Deja, por ejemplo, la vida del mineral y avanza hacia la vida de la planta; luego abandona la vida vegetal y asciende hacia la del animal, a continuación de lo cual deja la vida animal y se eleva al dominio de la vida humana, y esto es por gracia de tu Señor, el Misericordioso, el Compasivo.
Ruego a Dios que te ayude a comprender los misterios que yacen en el corazón de la creación, y que descorra el velo que tienes ante tus ojos, y los de tu hermana, para que el bien guardado secreto te sea descubierto, y el misterio oculto se te revele tan claramente como el sol del mediodía; que Él asista a tu hermana y a tu esposo para ingresar en el Reino de Dios, y que te sane de todo mal, ya sea físico o espiritual, que le ataca a uno en esta vida.
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¡Oh vosotros, amados del Señor! El Reino de Dios se basa en la equidad y la justicia y también en la misericordia, en la compasión y la bondad para con toda alma viviente. Esforzaos entonces, de todo corazón, por tratar compasivamente a toda la humanidad, a excepción de aquellos que tienen algún motivo egoísta y oculto, o alguna enfermedad del alma. No se puede mostrar bondad al tirano, o al embustero, o al ladrón, pues, lejos de hacerles ver el error de su comportamiento, les hace continuar en su perversidad, como hasta entonces. Por mucha amabilidad que prodiguéis al mentiroso, mentirá aún más, pues creerá que os ha engañado, mientras que vosotros le comprendéis demasiado bien, y solo por vuestra extrema compasión guardáis silencio.
En breve, no solo a sus semejantes del género humano deben los amados de Dios tratar con misericordia y compasión, sino que deben demostrar la mayor bondad hacia toda criatura viviente. Pues en todos los aspectos físicos, y en lo que concierne al espíritu animal, tanto el animal como el hombre comparten los mismos sentimientos. No obstante, el hombre no ha comprendido esta verdad y cree que las sensaciones físicas están limitadas a los seres humanos, por lo cual es injusto con los animales, y cruel.
Y, sin embargo, en verdad, ¿qué diferencia existe con respecto a las sensaciones físicas? Las percepciones son una y la misma, ya sea que causéis dolor al hombre o a la bestia. Aquí no existe ninguna diferencia. Y, de hecho, es peor que causéis daño al animal, pues el hombre tiene lenguaje; puede presentar una demanda, puede clamar y quejarse; si él es perjudicado puede recurrir a las autoridades, y éstas le protegerán de su agresor. Mas la desventurada bestia es muda, incapaz de expresar su dolor, ni de llevar su caso a las autoridades. Si un hombre inflige un millar de maldades a una bestia, ésta no puede defenderse contra él con palabras ni arrastrarle a la corte. Por tanto, es esencia que demostréis la mayor consideración a los animales, y que seáis con ellos más bondadosos aún que con vuestros semejantes.
Enseñad a vuestros hijos desde sus primeros días a ser infinitamente tiernos y cariñosos con los animales. Si un animal está enfermo, que los niños traten de sanarlo; si tiene hambre, que lo alimenten; si está sediento, que apaguen su sed; si está fatigado, que se preocupen de que descanse.
La mayoría de los seres humanos son pecadores, pero las bestias son inocentes. Ciertamente, los que están libres de pecado deben recibir la mayor bondad y amor, todos, a excepción de los animales que son dañinos, tales como los lobos sanguinarios, las serpientes venenosas y similares criaturas perniciosas, debido a que la bondad para con ellas es una injusticia hacia los seres humanos y también hacia los demás animales. Si sois compasivos con un lobo, por ejemplo, esto no es sino tiranía para con la oveja, pues in lobo destruye una manada entera de ovejas. Si se le permite, un perro rabioso puede matar a un millar de animales y hombres. Por consiguiente, la compasión que se demuestra a las bestias salvajes y voraces es crueldad para con las pacíficas; y así es como debe tratarse a las dañinas. Pero a los animales benditos debe expresárseles la más grande bondad, cuanto más, tanto mejor. La ternura y la bondad son los principios fundamentales del celestial Reino de Dios. Con el mayor cuidado, debéis tener siempre presente esta cuestión.
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¡Oh tú, sierva de Dios! Las buenas nuevas celestiales deben ser transmitidas con la mayor dignidad y magnanimidad. Y hasta que un alma no se levante con las cualidades que son esenciales para el portador de estas nuevas, sus palabras no tendrán ningún efecto.
¡Oh esclava de Dios! El espíritu humano posee poderes maravillosos, mas debe ser fortalecido por el Espíritu Santo. Lo que oigas que sea diferente a esto es pura imaginación. Si, no obstante, es asistido por la munificencia del Espíritu Santo, entonces, su fuerza será algo como para maravillarse. Entonces aquel espíritu humano descubrirá realidades y desentrañará misterios. Vuelve por completo tu corazón hacia el Espíritu Santo, e invita a los demás a que hagan lo mismo; entonces contemplaréis portentosos resultados.
¡Oh sierva de Dios! Las estrellas del cielo no ejercen ninguna influencia espiritual en este mundo de polvo; pero todos los miembros y partes del universo están firmemente vinculados en ese espacio sin límites, y este vínculo produce una reciprocidad en los efectos materiales. Fuera de la munificencia del Espíritu Santo, cualesquiera cosas que oigas acerca del efecto de los trances, o de las trompetas de los médiums que transmitan las voces cantantes de los muertos, es pura y simple imaginación. Sin embargo, acerca de la munificencia del Espíritu Santo refiere todo cuanto desees, no podrá haber en ello exageración; cree, por tanto, en todo cuanto oigas acerca de ello. Mas las personas mencionadas, la gente de la trompeta, se hallan absolutamente excluidas de esta munificencia, y no reciben ninguna porción de ella; su modo de obrar es una ilusión.
¡Oh sierva de Dios! Las súplicas son concedidas por medio de las Manifestaciones Universales de Dios. Con todo, cuando el deseo es obtener cosas materiales, aunque se trate de los desatentos, si suplican implorando humildemente la ayuda de Dios, incluso su oración tendrá efecto.
¡Oh sierva de Dios! A pesar de que la realidad de la Divinidad es santificada e ilimitada, las metas y necesidades de las criaturas son restringidas. La gracia de Dios es como la lluvia que desciende del cielo: el agua no está restringida por limitaciones de forma, mas en el lugar en que llueve, adquiere limitaciones -dimensiones, aspecto, forma- según sean las características de tal lugar. En un estanque cuadrado, el agua, que anteriormente no se hallaban confinada, se convierte en un cuadrado; en un estanque de seis lados, se transformará en un hexágono; en un estanque de ocho lados, en un octágono, y así sucesivamente. La lluvia en sí misma no tiene geometría, ni límites, ni forma, pero adquiere una forma u otra según sean las limitaciones del recipiente. De igual modo, la Santa Esencia de Dios nuestro Señor, es ilimitada, inmensurable, pero su gracia y su esplendor se vuelven finitos en las criaturas, debido a sus limitaciones, por lo cual las oraciones de determinadas personas reciben respuesta favorable en ciertos casos.
¡Oh sierva de Dios! Con el Señor Jesucristo ocurre lo mismo que con Adán. ¿El primer hombre que vino a la existencia en esta tierra, tuvo padre o madre? Ciertamente, él no los tuvo. Mas Cristo solo carecía de padre.
¡Oh sierva de Dios! Las oraciones que han sido reveladas para implorar por la curación, son aplicables a la curación tanto física como espiritual. Recítalas, entonces, para curar tanto al alma como al cuerpo. Si la curación es beneficiosa para el paciente, ciertamente, le será concedida; pero para ciertas personas dolientes, la curación solo sería la causa de otros males y, por tanto, la sabiduría no permite una respuesta afirmativa a la oración.
¡Oh sierva de Dios! El poder del Espíritu Santo sana las dolencias tanto físicas como espirituales.
¡Oh sierva de Dios! Está registrado en la Tora: Y os daré el valle de Acor por puerta de esperanza. Este valle de Acor es la ciudad de 'Akká, y quienquiera que haya interpretado esto de otro modo, es de aquellos que no saben.
140
Has preguntado acerca de la transfiguración de Jesús, con Moisés y Elías y el Padre Celestial, en el Monte Tabor, a la que se refiere la Biblia. Este acontecimiento fue percibido por los discípulos con su ojo interior, por lo cual fue un secreto oculto y un descubrimiento espiritual que ellos hicieron. De otro modo, si el sentido fuera que presenciaron las formas físicas, ello es, que presenciaron aquella transfiguración con sus ojos externos, entonces, se hallaban cerca muchos otros en aquel llano y en aquella montaña, ¿y cómo es que ellos no lo pudieron ver? ¿Y, por qué les encargó el Señor que no se lo contasen a nadie? Es evidente que ésta fue una visión espiritual y una escena del Reino. Por lo cual el Mesías les ordenó guardarlo en secreto "hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos,"47 ello es, hasta que fuese exaltada la Causa de Dios, y la Palabra de Dios prevaleciese, y surgiese la realidad de Cristo.
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¡Oh tú, anhelante llama, tú quien estás encendida con el amor de Dios! He leído tu carta, y su contenido, expresivo y elocuente, ha deleitado mi corazón, y me ha demostrado tu profunda sinceridad en la Causa de Dios, tus pasos perseverantes a lo largo del camino de su Reino, y tu firmeza en su Fe; pues de todas las grandes cosas, ésta es ante Él la más grande.
Cuántas almas se ha vuelto hacia el Señor y han entrado bajo la sombra protectora de su Palabra, y llegado a ser famosas en todo el mundo; Judas Iscariote, por ejemplo. Y luego, cuando las pruebas se hicieron severas y su violencia se intensificó, sus pies resbalaron en el sendero, y dieron su espalda a la Fe, después de haber reconocido su verdad, y la negaron, y apostataron de la armonía y el amor, cayendo en la maldad y el odio. De este modo se volvió visible el poder de las pruebas, el cual hace que los fuertes pilares tiemblen y se sacudan.
Judas Iscariote era el más grande de los discípulos, y emplazaba al pueblo ante Jesús. Entonces a él le pareció que Jesús manifestaba una creciente consideración hacia el apóstol Pedro, y cuando Jesús dijo: "Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia," estas palabras dirigidas a Pedro y esta elección de Pedro para un honor tan especial, tuvieron marcado efecto sobre el apóstol, y despertaron la envidia en el corazón de Judas. Por esta razón aquel que una vez se había acercado, se apartó, y aquel que había creído en la Fe, renegó de ella, y su amor se transformó en odio, hasta que llegó a ser el causante de la crucifixión de ese glorioso Señor, de aquel manifiesto Esplendor. Tal es el resultado de la envidia, la principal razón por la que los hombres se apartan del Recto Sendero. Así ha ocurrido y así ocurrirá, en esta gran Causa. Mas no importa, pues engendra lealtad en los demás y hace que se levanten alma que no vacilan, que son fijas e inamovibles como las montañas, en su amor por la Luz Manifiesta.
Transmite a las siervas del Misericordioso el mensaje acerca de que, cuando una prueba se torna violenta, ellas deben permanecer impasibles y fieles en su amor por Bahá. En invierno vienen las tormentas y los fuertes vientos soplan, mas luego le sigue la primavera en toda su belleza, engalanando los montes y los llanos con sus perfumadas plantas y sus rojas anémonas, tan gratas a la vista. Entonces, sobre las ramas trinan los pájaros sus cantos de alegría, y en tonos melodiosos sermonean desde los púlpitos de los árboles. A corto plazo atestiguaréis que las luces se propagan, que los estandartes del dominio en lo alto están flameando, que las dulces fragancias del Todomisericordioso se difunden por doquier, que las huestes del Reino están descendiendo en formación, que los ángeles del cielo se lanzan hacia adelante, y que el Espíritu Santo está soplando sobre todas esas regiones. En ese día verás a los vacilantes, hombres y mujeres por igual, con sus esperanzas frustradas y en manifiesta pérdida. Esto está decretado por el Señor, el Revelador de los Versículos.
En cuanto a ti, bendita seas, puesto que eres constante en la Causa de Dios, firme en su Convenio. Ruego a Él que te confiera un alma espiritual y la vida del Reino, y que te convierta en una hoja fresca y floreciente en el Árbol de la Vida, que puedas asistir a las siervas del Misericordioso con espiritualidad y alegría.
Tu generoso Señor te ayudará a trabajar en su viña y hará que sea el medio de esparcir el espíritu de unidad entre sus siervas. Hará que tu ojo interior vea con la luz del conocimiento, perdonará tus pecados y los transformará n buenas acciones. En verdad, Él es el Perdonador, el Compasivo, el Señor de inmensurable gracia.
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¡Oh tú, querida sierva de Dios! Alaba a Dios por cuanto eres favorecida en su Santo Umbral, y apreciada en el Reino de su poder. Eres la cabeza de una asamblea que es la huella misma de la Compañía en lo alto, la imagen exacta del todo glorioso dominio. Esfuérzate de alma y corazón, en devota humildad y modestia, por sostener la Ley de Dios y esparcir por doquier sus perfumadas fragancias. Empéñate por llegar a ser la verdadera presidenta de las asambleas de almas espirituales, y una compañera de los ángeles en el dominio del Todomisericordioso.
Tú has preguntado acerca de los versículos décimo a decimoséptimo del vigésimo primer capítulo del Apocalipsis de San Juan el Teólogo. Has de saber que, de acuerdo con los principios matemáticos, el firmamento del brillante sol de esta tierra ha sido dividido en doce constelaciones, a las cuales se las designa los doce signos zodiacales. De igual modo, el Sol de la Verdad resplandece y derrama su munificencia a través de doce posiciones de santidad, y con estos signos celestiales se quiere decir aquellos personajes inmaculados e impolutos quienes son las fuentes mismas de la santidad y los puntos de amanecer que proclaman la unicidad de Dios.
Considera cómo en los días del Interlocutor (Moisés) había doce seres santos quienes eran los líderes de las doce tribus; y asimismo, en la dispensación del Espíritu (Cristo), observa que había doce apóstoles reunidos a la sombra protectora de aquella Luz Celestial, y desde esos espléndidos puntos de amanecer el Sol de la Verdad resplandeció como el sol en el cielo. Y nuevamente, en los días de Muḥammad, observa que hubo doce puntos de amanecer de la santidad, quienes eran las expresiones de la confirmadora asistencia de Dios. Así son las cosas.
En un todo de acuerdo, San Juan el Teólogo habló de doce puertas en su visión, y de doce cimientos. Por "la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios", se quiere decir la santa Ley de Dios, y ello queda expresado en muchas Tablas y aun puede leerse en las Escrituras de los Profetas del pasado, por ejemplo, que se vio a esa Jerusalén adentrarse en el desierto.
El significado del pasaje es que esta Jerusalén celestial tiene doce puertas a través de las cuales los bienaventurados entran en la Ciudad de Dios. Estas puertas son almas que son como estrellas de guía, como portales del conocimiento y la gracia; y dentro de estas puertas se hallan doce ángeles. Por "ángel" se quiere decir el poder de las confirmaciones de Dios, que la candela del poder confirmador de Dios resplandece desde la hornacina de esas almas, significando que a cada uno de esos seres les será conferido el más vehemente sustento confirmador.
Estas doce puertas rodean al mundo entero, ello es, son como un amparo para todas las criaturas. Y además, estas doce puertas son el cimiento de la ciudad de Dios, la Jerusalén celestial, y sobre cada uno de estos cimientos está inscrito el nombre de uno de los apóstoles de Cristo. Es decir, cada uno pone de manifiesto las perfecciones, el gozoso mensaje y la excelencia de ese santo Ser.
En breve, la Escritura dice: "El que hablaba conmigo tenía una caña que medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y sus muros." El significado es que ciertos personajes guiaron al pueblo con un cayado que brotó de la tierra, y los pastorearon con una vara, semejante a la vara de Moisés. Otros enseñaron y pastorearon al pueblo con una vara de hierro, como en la dispensación de Muḥammad. Y en este presente ciclo, debido a que es la más poderosa de las dispensaciones, aquella vara brotada del reino vegetal y esa otra vara de hierro se transformarán en una vara de oro purísimo, extraída de los inagotables tesoros del Reino del Señor. Con esta vara será instruido el pueblo.
Observa bien la diferencia: en una época las Enseñanzas de Dios eran como un cayado, y por este medio las Sagradas Escrituras fueron divulgadas, se promulgó la Ley de Dios y se estableció su Fe. Luego siguió una época en que el cayado del verdadero Pastor era como de hierro. Y hoy en día, en esta nueva y espléndida edad, la cara es como de oro puro. ¡Cuán grande es aquí la diferencia! Has de saber, entonces, cuánto terreno ha sido ganado por la Ley de Dios y sus Enseñanzas en esta dispensación, cómo han alcanzado tales alturas que con mucho trascienden las dispensaciones anteriores; en verdad, esta vara es de oro purísimo, en tanto que aquellas de otros días eran de hierro y de madera.
Esta es una respuesta breve que ha sido escrita par ti, ya que no había tiempo para más. Seguramente tú me perdonarás. Las siervas de Dios deben elevarse a tal posición por sí solas y sin ayuda comprendan estos íntimos significados, y sean capaces de exponer en toda su extensión cada una de las palabras; una posición en la que, de la verdad de sus íntimos corazones, brote un venero de sabiduría y surta como una fuente que fluye impetuosa desde su propio manantial de origen.
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¡Oh tú, quien te has acercado al espíritu de Cristo en el Reino de Dios! En verdad, el cuerpo está compuesto de elementos físicos, y todo lo compuesto debe necesariamente descomponerse. El espíritu, en cambio, es una esencia simple, fina y delicada, incorpórea, sempiterna, y de Dios. Por esta razón, quienquiera que busque a Cristo en su cuerpo físico habrá buscado en vano, y como por interposición de un velo será excluido de Él. Mas quienquiera que anhele encontrarle en el espíritu crecerá, de día en día, en alegría, en deseo y en amor ardiente, en la proximidad a Él, y en contemplarle manifiesto y evidente. En este nuevo y maravilloso día te incumbe ir en busca del espíritu de Cristo.
Verdaderamente, el cielo en el cual apareció el Mesías no era este cielo infinito, sino que su cielo era más bien el Reino de su benéfico Señor. Tal como Él mismo lo ha dicho: "he descendido del cielo,"48 y además: "El Hijo del Hombre que está en el cielo."49 De allí surge con claridad que su cielo está más allá de todos los puntos cardinales; rodea a toda la existencia, y se levanta para aquellos que adoran a Dios. Ruega e implora a tu Señor que te eleve a ese cielo y te dé de comer de su alimento, en esta época de majestad y poder.
Has de saber que las gentes, hasta este día, no han desentrañado los secretos ocultos del Libro. Ellos imaginan que Cristo estaba excluido de su cielo en los días en que caminaba sobre la tierra, que cayó de las alturas de su sublimidad, y que luego ascendió a las extensiones superiores del cielo, un cielo que no existe en absoluto, pues tan solo es espacio. Y esperan que Él descienda de allí nuevamente, cabalgando sobre una nube, e imaginan que existen nubes en ese espacio infinito y que Él cabalgará sobre ellas, y que por ese medio habrá de descender. Mientras que la verdad es que una nube es tan solo vapor que sube de la tierra, y no desciende desde el cielo. Más bien, la nube a la que se refiere el Evangelio es el cuerpo humano, llamado así porque el cuerpo es como un velo para el hombre, el cual, como si fuera una nube, le impide contemplar al Sol de la Verdad que brilla desde el horizonte de Cristo.
Suplico a Dios que abra ante tus ojos los portales de los descubrimientos y las percepciones, a fin de que llegues a estar informado de sus misterios en éste, el más manifiesto de los días.
Estoy muy ansioso por conocerte, pero el momento no es propicio. Dios mediante, te haremos saber de un mejor momento en el que gozoso puedas venir.
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¡Oh amante del género humano! Se ha recibido tu carta, y ella habla, gracias a Dios, de tu salud y bienestar. Por tu respuesta a una carta anterior, se manifiesta que se han establecido sentimientos de afecto entre tú y los amigos.
Uno debe ver en cada ser humano solo aquello que sea digno de alabanza. Cuando se hace esto, se puede ser amigo de toda la raza humana. Sin embargo, si miramos a la gente desde el punto de vista de sus faltas, entonces ser amigo de ellos resulta una tarea formidable.
Sucedió cierto día en el tiempo de Cristo -que la vida del mundo sea un sacrificio por Él- que pasando Él delante de un cuerpo muerto de un perro, unos despojos nauseabundos, repugnantes, con sus miembros en putrefacción, uno de los presentes dijo: "¡Qué fuerte su hediondez!" Otro agregó: "¡Qué nauseabundo! ¡Qué asqueroso!" En resumen, cada uno de ellos agregó algo a la lista.
Pero luego Cristo mismo habló y les dijo: "¡Mirad los dientes de este perro! ¡Cuán blancos lucen!"
La mirada del Mesías, encubridora de los pecados, ni por un momento se detuvo en lo repulsivo de esa carroña. El único elemento de los restos de aquel perro muerto que no era abominable, eran los dientes, y Jesús observó su brillo.
Por tanto, al dirigir la mirada hacia otras personas, corresponde que veamos dónde ellos son excelentes, no donde ellos fallan.
Alabado sea Dios, ya que tu meta es promover el bienestar del género humano y ayudar a las almas a superar sus faltas. Esta buena intención producirá loables resultados.
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Tú has escrito acerca de la cuestión de los descubrimientos espirituales. El espíritu del hombre es un poder que envuelve las realidades de todas las cosas. Todo lo que ves en torno a ti -los productos maravillosos de la pericia humana, las invenciones, los descubrimientos, y evidencias semejantes- cada uno de ellos era antes un secreto oculto en el dominio de lo desconocido. El espíritu humano puso al descubierto ese secreto y lo hizo salir de lo invisible al mundo de la visible. Está, por ejemplo, el poder del vapor, y la fotografía y el fonógrafo, y la telegrafía inalámbrica, y los avances de las matemáticas: todos y cada uno de ellos eran antes un misterios, y un secreto rigurosamente guardado y, sin embargo, el espíritu humano desentrañó esos secretos y los trajo desde lo invisible a la luz del día. Por tanto, es evidente que el espíritu humano es un poder que todo lo rodea y que ejerce su dominio sobre la esencia íntima de todas las cosas creadas, poniendo al descubierto los bien guardados misterios del mundo de los fenómenos.
El espíritu divino, sin embargo, revela las realidades divinas y los misterios universales que yacen dentro del mundo espiritual. Es mi esperanza que tú obtengas este espíritu divino, para que puedas descubrir los secretos del otro mundo, como así también los misterios del mundo terrenal.
Has preguntado acerca del capítulo catorce, versículo treinta, del Evangelio de San Juan, donde el Señor Jesucristo dice: "No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el Príncipe de este mundo, y Él nada tiene en Mí." El Príncipe de este mundo es la Bendita Belleza; "y Él nada tiene en Mí," significa: después de Mí todos obtendrán la gracia de Mí, pero Él es independiente de Mí, y no obtendrá la gracia de Mí. Ello es, Él es rico por encima de toda gracia mía.
En lo que respecta a tu pregunta acerca de los descubrimientos que el alma hace después que se ha despojado de su forma humana; ciertamente., aquel mundo es un mundo de percepciones y descubrimientos, ya que el velo interpuesto será alzado, y el espíritu humano contemplará a las almas que están por encima, por debajo y a la par de él. Es similar a la condición de un ser humano en la matriz, donde sus ojos están velados, y todas las cosas están ocultas para él. Una vez que ha nacido del mundo uterino y entra a esta vida, encuentra que, en relación con aquel de la matriz, este es un lugar de percepciones y descubrimientos, y observa todas las cosas por medio de su ojo exterior. Del mismo modo, una vez que ha partido de esta vida, contemplará en aquel mundo todo lo que aquí estaba oculto para él; pero allí él observará y comprenderá todas las cosas con su ojo interior. Allí contemplará a sus semejantes y sus pares, y a aquellos de rango superior a él, e inferior a él. En cuanto al significado de la igualdad de las almas en el altísimo dominio, es lo siguiente: las almas de los creyentes, en el momento en que por vez primera se hacen manifiestas en el mundo del cuerpo, son iguales, y cada una es santificada y pura. En este mundo, sin embargo, comienzan a diferenciarse unas de otras; algunas, logrando la más alta posición; otras, una posición intermedia, y otras, permaneciendo en el grado más bajo de la existencia. Su condición indistinta es al comienzo de la existencia; la diferencia continúa luego del fallecimiento.
Tú escribiste acerca de Seir. Seir es una localidad cercada a Nazaret, en Galilea.
En cuanto a la afirmación de Job, capítulo 19, versículos 25-27: "Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo", el significado aquí es: No seré humillado, tengo un Sostenedor y un Guardián, y mi Auxiliador, mi Defensor, al final se hará manifiesto. Y aunque ahora mi carne es débil y está ataviada con gusanos, no obstante sanaré, y con éstos mis propios ojos, es decir, con mi vista interior, Le contemplaré. Esto lo dijo Job, luego que le hubieron reprochado, y él mismo había lamentado el daño que le habían infligido sus tribulaciones. Y aun cuando, por la terrible irrupción de la enfermedad, estaba su cuerpo cubierto de gusanos, él procuraba decir a quienes le rodeaban que, no obstante, sanaría completamente, y que en su propio cuerpo y con sus propios ojos él contemplaría a su Redentor.
En cuanto a la mujer del capítulo 12 del Apocalipsis de San Juan, la que huyó al desierto, y el gran prodigio aparecido en los cielos; aquella mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies: lo que se quiere decir por la mujer es la Ley de Dios. Pues de acuerdo con la terminología de los Libros Sagrados, ésta es una referencia a la Ley, y la mujer es aquí su símbolo. Y las dos luminarias, el sol y la luna, son los dos tronos, el de Turquía y el de Persia, los cuales estaban ambos bajo el imperio de la Ley de Dios. El sol es el símbolo del Imperio Persa y la luna, ello es, la media luna, lo es del Imperio Turco. La corona de doce lados son los doce imanes, quienes, al igual que los apóstoles, sostuvieron la Fe de Dios. El Niño recién nacido es la Belleza del Adorado,50 proveniente de la Ley de Dios. Él dice luego que la mujer huyó al desierto, ello es, que la Ley de Dios fue llevada de Palestina al desierto de Æijáz, donde permaneció durante 1260 años, es decir, hasta el advenimiento del Niño prometido. Como es bien sabido, en los Libros Sagrados, cada día se cuenta como un año.
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¡Oh tú, sierva encendida con el amor de Dios! He considerado tu excelente carta, y he agradecido a Dios por tu arribo sana y salva a esa gran ciudad. Ruego a Él que, por medio de su infalible ayuda, haga que este retorno tuyo tenga un enorme efecto. Algo así solo puede realizarse si te deshaces de todo apego a este mundo y te colocas la vestidura de la santidad; si limitas todos tus pensamientos y todas tus palabras a la recordación de Dios y su alabanza; a esparcir por doquier sus dulces fragancias, y llevar a cabo virtuosas acciones, y si te dedicas a despertar a los negligentes y a restaurar la vista a los ciegos, el oído a los sordos, el habla a los mudos y, a través del poder del espíritu, a otorgar vida a los muertos.
Pues tal como dijo Cristo acerca de ellos en el Evangelio, la gente está sorda, está ciega, está muda; y él dijo: "Yo los sanaré."
Sé afectuosa y compasiva con tu debilitada madre, y háblale del Reino para que su corazón se alegre.
Haz llegar mis saludos a la Srta. Ford. Llévale las buenas nuevas de que éstos son los días del Reino de Dios. Dile a ella: bendita eres por tu nobles propósitos, bendita eres por tus buenas obras, bendita eres por tu naturaleza espiritual. Verdaderamente, te amo en virtud de estos tus propósitos, tus cualidades y tus obras. Dile además: recuerda al Mesías, y sus días en la tierra, y su humillación, y su tribulación, y cómo la gente no hacía caso de Él. Recuerda cómo los judíos Le ridiculizaban y se burlaban de Él y se dirigían a Él con estas palabras: "¡La paz sea contigo, Rey de los Judíos! ¡La paz sea contigo, Rey de Reyes!" Cómo decían que estaba loco, y se preguntaban cómo la causa de aquel Crucificado podría extenderse alguna vez a los Orientes del mundo, y a sus Occidentes. Nadie Le siguió entonces, salvo unas pocas almas, unos pescadores, carpinteros y otra gente simple. ¡Ay! ¡Ay, por tales ilusiones!
Y observa lo que sucedió luego: cómo sus poderosas banderas fueron arriadas, y cómo en su lugar, su exaltado estandarte fue enarbolado; cómo las brillantes estrellas de aquel cielo del honor y del orgullo se ocultaron, y cómo se sumieron en el poniente de todo lo que se desvanece, mientras que su brillante Orbe aún resplandece desde los cielos de gloria imperecedera, a medida que transcurren los siglos y las edades. ¡Estad entonces prevenidos, vosotros que tenéis ojos para ver! Dentro de poco contemplaréis cosas aún más grandes que esto.
Has de saber que todos los poderes combinados no tiene el poder de establecer la paz universal, ni de resistir el abrumador dominio, en todo tiempo y en toda época, de estas guerras sin fin. A corto plazo, no obstante, el poder del cielo, el dominio del Espíritu Santo, enarbolarán en las altas cumbres las enseñas de amor y de paz, y allí, sobre los castillos de majestad y poderío, esas enseñas ondearán en los impetuosos vientos que soplan desde la tierna misericordia de Dios.
Transmite mis saludos a la Sra. Florence, y dile: las diferentes congregaciones han abandonado el fundamento de su creencia, y han adoptado doctrinas que a los ojos de Dios no tienen ningún valor. Son como los fariseos que oraban y ayunaban, y que luego condenaron a muerte a Jesucristo. ¡Por la vida de Dios! ¡Esto es algo sumamente extraño!
En cuanto a ti, oh sierva de Dios, recita lentamente esta plegaria a tu Señor, y dile:
¡Oh Dios, mi Dios! Lléname la copa del desprendimiento de todas las cosas y regocíjame con el vino del amor a Ti en la asamblea de tus esplendores y tus dádivas. Líbrame de los asaltos de la pasión y del deseo, arranca de mí los grillos de este mundo inferior, atráeme con arrobamiento a tu reino celestial y vivifícame entre tus siervas con los hálitos de tu santidad.
¡Oh Señor! Haz brillar mi rostro con las luces de tus dádivas, ilumina mis ojos con la contemplación de los signos de tu poder que todo lo subyuga; deleita mi corazón con la gloria de tu conocimiento que abarca todas las cosas, alegra mi alma con tus vivificantes nuevas de gran felicidad, oh Tú, Rey de este mundo y del Reino de lo alto, oh Tú, Señor del dominio y del poder, para que yo pueda difundir tus signos y señales, proclamar tu Causa, promover tus Enseñanzas, servir a tu Ley y exaltar tu Palabra.
Verdaderamente Tú eres el Poderoso, el que siempre otorga, el Capaz, el Omnipotente.
Con respecto a los fundamentos de la enseñanza de la Fe: has de saber que la entrega del Mensaje puede llevarse a cabo solo por medio de las buenas obras y los atributos espirituales, una forma de expresión clara como el cristal, y la felicidad reflejada en el rostro de aquel que expone las Enseñanzas. Es esencial que las acciones del maestro atestigüen la verdad de sus palabras. Tal es el estado de quienquiera que difunde las dulces fragancias de Dios y la cualidad de aquel que es sincero en su fe.
Una vez que el Señor te haya permitido alcanzar dicha condición, te hallarás segura de que Él te inspirará con las palabras de la verdad, y te hará hablar por medio de los hálitos del Espíritu Santo.
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Reflexiona acerca de los acontecimientos de la época de Cristo, y los acontecimientos del presente se harán claros y manifiestos.
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¡Oh hijos e hijas del Reino! Agradecidas, las aves del espíritu solo tratan de volar en los altos cielos y entonar su canto con maravilloso arte. Pero a las lastimosas lombrices solo les gusta horadar el suelo y, ¡qué gran esfuerzo por sumirse en sus profundidades! Exactamente iguales son los hijos de la tierra. Su más elevado objetivo es el de aumentar sus medios para continuar, en este mundo que se desvanece, esta muerte en vida; y ello a pesar del hecho de que están atados de pies y manos por un millar de preocupaciones e infortunios, y nunca a salvo del peligro, ni siquiera por un abrir y cerrar de ojos; en ningún momento están a salvo, ni tan siquiera de una muerte repentina. Por consiguiente, luego de un breve lapso, son borrados totalmente, y no queda ningún signo que hable de ellos, y ninguna palabra de ellos nunca más se escucha.
Empeñaos, entonces, en alabar a Bahá'u'lláh, pues es por medio de su gracia y socorro que habéis llegado a ser los hijos y las hijas del Reino, es gracias a Él que ahora sois aves canoras en los prados de la verdad, y os habéis remontado a las alturas de la gloria que permanece por siempre. Habéis hallado vuestro lugar en el mundo que no muere; los hálitos del Espíritu Santo han soplado sobre vosotros; habéis adoptado otra vida, habéis obtenido el acceso al Umbral de Dios.
Por tanto, con gran alegría, estableced las asambleas espirituales, y dedicaos a manifestar la alabanza y la glorificación del Señor, y en llamarle Santo y el Más Grande. Elevad al dominio del Todoglorioso vuestro suplicante clamor por su ayuda, y expresad en todo momento una miríada de gracias por haber ganado este abundante favor y esta excelsa merced.
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¡Oh tú que tienes ojos para ver! Lo que has presenciado es la más pura verdad, y pertenece al dominio de la visión.
El perfume está íntimamente mezclado y combinado con el capullo, y una vez que el capullo se ha abierto, se difunde su dulce fragancia. La hierba no carece de fruto aunque lo parezca, pues en este jardín de Dios cada plante ejerce su propia influencia y posee sus propios atributos, y cada una puede aun igualar a la festiva rosa de cien pétalos, al alegrar los sentidos con su fragancia. Has de estar seguro de ello. Aun cuando las páginas de un libro no conocen nada acerca de las palabras y los significados registrados en ellas, con todo, debido a su relación con estas palabras, los amigos las hacen pasar de mano en mano reverentemente. Esta relación , por otra parte, es la más pura munificencia.
Cuando el alma humana emprenda su vuelo desde este efímero montón de polvo y se eleve hacia el mundo de Dios, entonces caerán los velos, y saldrán a la luz las realidades, y todas las cosas desconocidas antes se volverán claras, y las verdades ocultas serán comprendidas.
Considera cómo en el mundo de la matriz la criatura estaba sorda, ciega y muda; cómo se hallaba privada de toda percepción. Mas al abandonar ese mundo de oscuridad e ingresar a este mundo de luz, su ojo vio, su oído oyó, su lengua habló. De igual modo, una vez que se haya alejado de este mundo de mortalidad par dirigirse al Reino de Dios, entonces habrá nacido en el espíritu; luego el ojo de su percepción se abrirá, el oído de su alma escuchará, y todas las verdades de las cuales, anteriormente, era ignorante, se harán comprensibles y claras.
Un viajero observador transitando en un camino, ciertamente recordará sus hallazgos, a menos que le ocurra un accidente que borre su memoria.
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¡Oh tú, sierva inflamada con el fuego del amor de Dios! No te aflijas por las dificultades y privaciones de este mundo inferior, no te alegres en los tiempos de holgura y bienestar, pues ambos pasarán. Este vida presente es como una ola que crece, o un espejismo, o como sombras pasajeras. ¿Puede alguna vez una imagen distorsionada, en el desierto, servir de agua refrescante? ¡No, por el Señor de los Señores! Nunca la realidad y la mera apariencia de la realidad podrán ser la misma cosa, y considerable es la diferencia entre la fantasía y el hecho, entre la verdad y el fantasma de la verdad.
Has de saber que el Reino es el mundo real, y que este lugar inferior es tan solo su sombra desplegada. Una sombra no tiene vida propia; su existencia es solo una fantasía, y nada más; no son sino imágenes reflejadas en el agua, y que al ojo parecen una pintura.
Cuenta con Dios; confía en Él. Alábale y recuérdale continuamente. Él, en verdad, troca la dificultad en tranquilidad, y la desgracia en consuelo, y el tráfago en completa paz. Él, verdaderamente, tiene dominio sobre todas las cosas.
Si quieres prestar atención a mis palabras, líbrate de las cadenas de cualquier cosa que ocurra. Es más, en todas las condiciones, agradece a tu amante Señor, y entrega tus asuntos a su Voluntad, la cual procede como a Él Le place. Ello, en verdad, es mejor para ti que todo lo demás, en cualquiera de los mundos.
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¡Oh tú, creyente en la unicidad de Dios! Has de saber que nada aprovecha a un alma salvo el amor del Todomisericordioso; nada enciende un corazón, sino el esplendor que brilla en el dominio del Señor.
Desecha todo otro interés, y que el olvido se lleve el recuerdo de todo lo demás. Limita tus pensamientos a todo cuanto eleve al alma humana hacia el Paraíso de gracia celestial, y haga que toda ave del Reino vuele hacia el Supremo Horizonte, el punto central del honor sempiterno en este mundo contingente.
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En cuanto a la pregunta referente al alma de un homicida, y de cuál sería su castigo, la respuesta es de que el homicida debe expiar su crimen: es decir, si se da muerte al homicida, su muerte es la expiación de su crimen y, a continuación de su muerte, Dios en su justicia no le impondrá una segunda pena, pues la justicia divina no lo admitiría.
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¡Oh tú, sierva de Dios! En este día, agradecer a Dios por sus dádivas consiste en poseer un corazón radiante, y un alma abierta a los impulsos del espíritu. Ésta es la esencia de la acción de gracias.
En cuanto a la gratitud de palabra o por escrito, aunque es de hecho aceptable, no obstante, al comparársele con aquella otra acción de gracias es tan solo una apariencia irreal, pues lo esencial son esta intimaciones del espíritu, esta emanaciones de lo más recóndito del corazón. Es mi esperanza que seas favorecida con ello.
Con respecto a la falta de capacidad y a la propia falta de mérito, en el Día de la Resurrección, esto no es causa de que uno sea excluido de los dones y la munificencia, pues éste no es el Día de la Justicia sino el Día de la Gracia, siendo que la justicia asigna a cada cual según su merecido. Entonces, no consideres el grado de tu capacidad; considera el ilimitado favor de Bahá'u'lláh; su munificencia todo lo abarca, y consumada es su gracia.
Ruego a Dios que con su asistencia y su potente apoyo, puedas enseñar los íntimos significados de la Tora, con elocuencia, con conocimiento, con vigor y habilidad. Vuelve tu rostro hacia el Reino de Dios, suplica por las dádivas del Espíritu Santo, habla, y las confirmaciones del Espíritu vendrán.
En cuanto a ese potente orbe solar que contemplaste en tu sueño, era el Prometido, y los rayos que se esparcían eran sus mercedes, y la traslúcida superficie de la masa de agua significa los corazones inmaculados y puros, mientras que las olas que se elevan denotan la gran agitación de esos corazones y el hecho de que fueron sacudidos y profundamente conmovidos, es decir, las olas son los impulsos del espíritu, y las santas intimaciones del alma. Alaba a Dios, puesto que en ese mundo del sueño has presenciado tales revelaciones.
Con referencia a lo que quiere decirse por un individuo que llega a olvidarse enteramente de sí mismo: el propósito es que debería levantarse y sacrificarse en el verdadero sentido, ello es, debería borrar los impulsos de la condición humana, y librarse de aquellas características que son dignas de censura y que constituyen la lóbrega oscuridad de esta vida en la tierra, y no que debería permitir que su salud física se deteriore y que su cuerpo se debilite.
Suplico intensamente y con humildad ante el Sagrado Umbral que las bendiciones celestiales y el perdón divino rodeen a tu querida madre, al igual que a tus amorosas hermanas y familiares. En especial ruego por tu prometido, quien tan repentinamente ha dejado este mundo por el venidero.
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¡Oh tú, hijo del Reino! Tus gratísimas cartas, con su agradable estilo, siempre alegran nuestro corazón. Cuando el canto es del Reino regocija el alma.
Alaba a Dios porque has viajado a ese país51 con el propósito de hacer oír su Palabra y esparcir por doquier la santa fragancia de su Reino, y porque estás sirviendo como un jardinero en los jardines del cielo. A corto plazo tus esfuerzos serán coronados por el éxito.
¡Oh tú, hijo del Reino! Todas las cosas son beneficiosas si están unidas al amor de Dios; y son su amor todas las cosas son dañinas y actúan como un velo entre el hombre y el Señor del Reino. Cuando su amor existe, toda amargura se vuelve dulce, y toda dádiva produce un saludable placer. Por ejemplo, una melodía dulce al oído, trae el verdadero espíritu de vida al corazón enamorado de Dios; no obstante, mancha de concupiscencia a un alma absorta en los deseos sensuales. Y toda rama del conocimiento, conjuntamente con el amor de Dios, es aprobada y es digna de alabanza; mas privada de su amor la ilustración es estéril y, en verdad, conduce a la demencia. Toda clase de conocimiento, toda ciencia, es como un árbol: si su fruto es el amor de Dios, entonces es un árbol bendito, mas si no lo es, aquel árbol no es más que madera seca, y tan solo alimentará al fuego.
¡Oh tú, leal siervo de Dios y sanador espiritual del hombre! Cuando quiera que atiendas a un paciente dirige tu rostro hacia el Señor del Reino Celestial, pide al Espíritu Santo que venga en tu ayuda, y luego cura la enfermedad.
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¡Oh tú, llama del Amor de Dios! Lo que has escrito ha traído gran alegría, pues tu carta es como un jardín desde el cual las rosas de significados interiores difunden por doquier las fragantes exhalaciones del amor de Dios. Del mismo modo, mis respuestas servirán como la lluvia y el rocío, para conferir a esas plantas espirituales que han florecido en el jardín de tu corazón, la mayor frescura y la más delicada belleza que las palabras puedan expresar.
Tú has escrito acerca de las aflictivas pruebas que te han acosado. Para el alma leal, una prueba no es sino la gracia y el favor de Dios; pues el valiente arremete con alegría en la furiosa batalla en el campo de la angustia, cuando el cobarde, gimoteando de miedo, tiembla y se estremece. Así también el estudiante hábil, que con gran competencia ha llegado a dominar sus materias y las ha aprendido de memoria, en el día de la prueba exhibirá feliz sus habilidades frente a sus examinadores. Y así también el oro sólido brillará esplendorosamente y deslumbrará en el fuego del ensayador.
Es evidente, entonces, que las pruebas y tribulaciones no son, para las almas santificadas, sino la munificencia y la gracia de Dios, mientras que para los débiles, ellas son una calamidad, inesperada y repentina.
Estas pruebas, tales como tú has escrito, no hacen más que limpiar la suciedad del yo del espejo del corazón, hasta que el Sol de la Verdad pueda verter sus rayos sobre él, pues no hay velo más obstructivo que el yo, y por muy tenue que pueda ser ese velo, al final excluirá completamente a una persona, y le privará de su porción de gracia eterna.
¡Oh tú, arrobada sierva del Señor! Cuando los creyentes, hombres y mujeres, pasan en pensamiento ante mi vista, me siento abrigado por el fuego del amor de Dios, y ruego que el Todopoderoso socorra a esas almas santas con sus huestes invisibles. Alabado sea el Señor, ya que las profecías de todas sus Manifestaciones se han cumplido ahora claramente, en éste el más grande de todos los días, esta santa y bendecida época.
¡Oh tú, arrobada sierva de Dios! La cercanía es, en verdad, del alma, no del cuerpo; y la ayuda que se implora, y la ayuda que llega, no es material sino del espíritu; no obstante, es mi esperanza que llegues a obtener la cercanía en todo sentido. Las dádivas de Dios abrazarán verdaderamente a una alma santificada, como la luz del sol lo hace con la luna y las estrellas; ten seguridad de ello.
Transmite a cada uno de los creyentes, hombre y mujeres por igual, de parte de 'Abdu'l-Bahá, los fragantes hálitos de santidad. Inspírales a todos e ínstales a difundir las dulces fragancias del Señor.
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¡Oh tú, siervo del Sagrado Umbral! Hemos leído lo que surgió de tu pluma en tu amor por Dios, y hemos encontrado muy grato el contenido de tu carta. Es mi esperanza que por medio de la munificencia de Dios, los hálitos de Todomisericordioso te renueven y vivifiquen en todo momento.
Tú has escrito acerca de la reencarnación. La creencia en la reencarnación se remonta a la historia antigua de casi todos los pueblos, y la sostenían hasta los filósofos de Grecia, los sabios de Roma, los antiguos egipcios, y los grandes asirios. No obstante, tales supersticiones y dichos no son, a la vista de Dios, más que absurdos.
El mayor argumento de los creyentes en la reencarnación es que de acuerdo con la justicia de Dios, cada cual debe recibir su merecido; cuando quiera que, por ejemplo, un hombre es afligido por alguna calamidad, ello es debido a una injusticia que ha cometido. Mas considera a un niño que aún está en el vientre de su madre, el embrión recién formado, y ese niño es ciego, sordo, inválido, incompleto, ¿qué pecado ha cometido un niño semejante para merecer sus aflicciones? Ellos responden que, si bien en apariencia el niño que aún está en la matriz no es culpable de ningún pecado, no obstante, ha cometido una injusticia cuando se encontraba en su anterior forma y, por consiguiente ha llegado a merecer su castigo.
Estos individuos, sin embargo, han pasado por alto el siguiente aspecto. Si la creación avanzara de acuerdo a una sola regla, ¿cómo podría hacerse sentir el poder que todo lo abarca? ¿Cómo podría el Todopoderoso ser !Aquel que hace lo que Le place y ordena lo que desea?"52
En breve, las Sagradas Escrituras se refieren a un retorno, pero con esto se quiere decir el retorno de las cualidades, de las condiciones, los efectos, las perfecciones, y las realidades interiores de las luces que reaparecen en cada dispensación. La referencia no es a las almas e identidades individuales y específicas.
Se puede decir, por ejemplo, que la luz de esta lámpara es la misma de anoche, que ha regresado, o que la rosa del año anterior ha retornado este año al jardín. Aquí la referencia no es a la realidad individual, a la identidad fija, al ser particular de aquella otra rosa, sino que más bien significa que las cualidades, las características distintivas de aquella otra luz, de aquella otra flor, están presentes ahora en ésta. Aquellas perfecciones, esto es, aquellas gracias y dones de una primavera anterior han vuelto nuevamente este año. Decimos, por ejemplo, que este fruto es el mismo del año pasado; pero estamos pensando solo en su delicadeza, en su lozanía y frescura, y en su dulce sabor; pues es obvio que aquel inexpugnable centro de la realidad, aquella identidad específica, no puede jamás regresar.
¿Qué pasó, que sosiego y qué comodidad encontraron los Seres Santos de Dios durante su estancia en este mundo inferior, como para que continuamente tratasen de regresar para vivir otra vez esta vida? ¿No bastan una sola vez esta angustia, estas aflicciones, estas calamidades, estos apaleamientos, estos graves peligros como para que traten de hacer repetidas visitas a la vida de este mundo? Este cáliz no había sido tan dulce como para que alguno de ellos quisiese beber de él por segunda vez.
Por eso los amados de la Belleza de Abhá no desean otra recompensa que no sea alcanzar aquella posición, desde la cual puedan contemplarle en el Reino de Gloria, y no caminan por otros senderos que no sean las arenas desiertas del anhelo por esas exaltadas alturas. Ellos buscan el sosiego y ese solaz que perduran por siempre, y aquellas dádivas que están exaltadas por encima de la comprensión de la mente mundana.
Cuando observes en torno a ti con el ojo de la percepción, notarás que en esta tierra de polvo toda la humanidad está sufriendo. Aquí no hay ningún hombre en paz como recompensa de lo que realizara en vidas anteriores; ni nadie tan dichoso como para que aparentemente recoja el fruto de una angustia pasada. Y si una vida humana, con su ser espiritual, estuviese limitada a este lapso terrenal, entonces, ¿cuál sería la cosecha de la creación? Es más, ¿cuáles serían los efectos y los resultados de la Divinidad misma? Si tal noción fuese verdadera, entonces, todas las cosas creadas, todas las realidades contingentes, y la totalidad de este mundo de la existencia, carecerían todas de sentido. Dios no permita que alguien sostenga tal ficción y tan craso error.
Pues tal como los efectos y el fruto de la vida uterina no han de hallarse en aquel oscuro y estrecho lugar, y solo cuando el niño es transferido a esta espaciosa tierra recién son revelados los beneficios y la utilidad del crecimiento y desarrollo en ese mundo anterior, de igual manera, la recompensa y el castigo, el cielo y el infierno, la satisfacción y retribución por las acciones realizas en esta vida presente, aparecerán reveladas en ese otro mundo del más allá. Y así como, si la vida en la matriz estuviese limitada a ese mundo uterino, la existencia allí carecería de sentido, sería irrelevante, del mismo modo si la vida de este mundo, las acciones llevadas a cabo aquí y su fruto no se manifestaran en el mundo del más allá, el proceso entero sería irracional y absurdo.
Has de saber que Dios nuestro Señor posee reinos invisibles que el intelecto humano no puede jamás tener la esperanza de penetrar, ni la mente del hombre concebir. Una vez que hayas limpiado el canal de tu sentido espiritual de la contaminación de esta vida terrena, aspirarás las dulces fragancias de santidad que soplan desde las dichosas moradas de aquel país celestial.
Que la Gloria descanse sobre ti y sobre quienquiera que se vuelva y dirija la mirada hacia el Reino del Todoglorioso, el cual el Señor ha santificado por encima de la comprensión de aquellos que son negligentes para con Él, y ha ocultado de los ojos de aquellos que le manifiestan orgullo.
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¡Oh vosotros, quienes estáis poderosamente atraídos! ¡Oh vosotros, quienes sois atentos! ¡Oh vosotros, quienes avanzáis hacia el Reino de Dios! Verdaderamente, con todo mi corazón y mi alma, con toda humildad, suplico a Dios nuestro Señor que haga de vosotros emblemas de guía, estandartes de rectitud, manantiales de comprensión y conocimiento, que por medio de vosotros Él conduzca a los buscadores hacia el recto sendero y les guíe por el ancho camino de la verdad, en ésta la más poderosa de las edades.
¡Oh vosotros, amados de Dios! Sabed que el mundo es como un espejismo que surge entre las arenas, que el sediento confunde con agua. El vino de este mundo no es más que un vapor en el desierto, su piedad y compasión no son sino fatiga y dificultades, el reposo que ofrece es solo cansancio y sufrimiento. Abandonadlo a aquellos que pertenecen a él y volved vuestros rostros hacia el Reino de vuestro Señor, el Todomisericordioso, que su gracia y munificencia viertan sobre vosotros los esplendores del amanecer, y que una mesa celestial descienda para vosotros, y que vuestro Señor os bendiga y derrame sobre vosotros sus riquezas, para alegrar vuestros pechos y colmar de dicha vuestros corazones, atraer vuestras mentes, y limpiar vuestras almas, y consolar vuestros ojos.
¡Oh amados de Dios! ¿Existe algún dador fuera de Dios? Él escoge para su misericordia a quienquiera que Él desea. Dentro de poco, Él abrirá ante vosotros los portales de su conocimiento, y colmará vuestros corazones con su amor. Él regocijará vuestras almas con las suaves brisas de su santidad y hará radiantes vuestros rostros con los esplendores de sus luces, y exaltará la memoria de vosotros entre todos los pueblos. Vuestro Señor es, en verdad, el Compasivo, el Misericordioso.
Él vendrá en vuestra ayuda con las huestes invisibles, y os sostendrá con los ejércitos de la inspiración desde el Concurso en lo alto; os enviará dulces aromas desde el altísimo Paraíso, y hará ondular sobre vosotros los hálitos puros que soplan desde las rosaledas de la Compañía en lo alto. Él infundirá en vuestros corazones el espíritu de vida, os hará entrar en el Arca de salvación, y os revelará sus claras pruebas y señales. Verdaderamente, esto es abundante gracia. Verdaderamente, ésta es la victoria que nadie puede negar.
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No te apenes por la ascensión de mi bienamado Breakwell, pues él se ha elevado a una rosaleda de esplendores en el Paraíso de Abhá, amparado por la misericordia de su poderoso Señor, y está clamando con toda su voz: "¡Oh, si mi pueblos supiese cuán bondadosamente me ha perdonado mi Señor, y ha hecho que sea de aquellos que han alcanzado su Presencia!"53
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
¿Dónde está ahora tu hermoso rostro? ¿Dónde está tu lengua elocuente? ¿Dónde tu clara frente? ¿Dónde tu brillante gracia?
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
¿Dónde está tu fuego, inflamado con el amor de Dios? ¿Dónde está tu embeleso por sus sagrados hálitos? ¿Dónde están tus alabanzas a Él? ¿Dónde está el haberte levantado para servir a su Causa?
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
¿Dónde están tus hermosos ojos? ¿Tus sonrientes labios? ¿La principesca mejilla? ¿La grácil forma?
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Te has ido de este mundo terrenal y ascendido al Reino, has alcanzado la gracia del dominio invisible, y te has ofrendado al umbral de tu Señor.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Tú has dejado aquí la lámpara que era tu cuerpo, el cristal que era tu forma humana, tus elementos terrenales, tu modo de vida en esta tierra.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Tú has encendido una llama en la lámpara de la Compañía en lo alto, has sentado el pie en el Paraíso de Abhá, has encontrado un abrigo a la sombra del Árbol Bendito, has llegado a su encuentro en el refugio del Cielo.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Tú eres ahora un ave del Cielo, tú has abandonado tu nido terrenal, y te has remontado hacia el jardín de la santidad en el reino de tu Señor. Tú has ascendido a una posición plena de luz.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Tu canto es ahora como el canto de los pájaros, prodigas tus versos acerca de la misericordia de tu Señor; de Aquel que siempre perdona, tú fuiste un siervo agradecido, por lo cual has ingresado a la dicha suprema.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
En verdad, tu Señor te ha escogido para su amor, y te ha conducido a sus recintos de santidad, y te ha hecho entrar en el jardín de aquellos que son sus íntimos compañeros, y te ha bendecido con la contemplación de su belleza.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Te has ganado la vida eterna, y la dádiva que nunca falla, y una vida que te complace, y abundante gracia.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Has llegado a ser una estrella en el firmamento celestial y una lámpara entre los ángeles del encumbrado cielo; un espíritu viviente en el más exaltado Reino, entronizado en la eternidad.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Suplico a Dios que te acerque cada vez más, y te sostenga cada vez con mayor firmeza; que regocije tu corazón con la cercanía de su presencia, que te colme de luz y aún más luz, que te confiera aún más belleza, y que te conceda poder y gran gloria.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
Te recuerdo en todo momento. Nunca te olvidaré. Ruego por ti de día, y de noche. Te veo claramente ante mí, como si fuera pleno día.
¡Oh Breakwell, oh querido mío!
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En cuanto a tu pregunta referente a si toda alma, sin excepción, alcanza la vida sempiterna. Has de saber que la inmortalidad pertenece a aquellas almas en quienes ha sido infundido el espíritu de vida que proviene de Dios. Todas, salvo éstas, carecen de vida, son como muertos, tal como Cristo lo ha explicado en el texto del Evangelio. Aquel cuyos ojos ha abierto el Señor, verá después a las almas de los hombres en la posición que habrán de ocupar después de su liberación del cuerpo. A las que viven, las encontrará prosperando en las cercanías de su Señor, y a las muertas, sumidas en el más profundo abismo de la perdición.
Has de saber que toda alma está conformada de acuerdo a la naturaleza de Dios, cada una es pura y santa al nacer. Posteriormente, sin embargo, los individuos varían según las virtudes o vicios que adquieren en este mundo. Aun cuando todos los seres existentes, por su misma naturaleza, son creado en rangos o categorías, dado que su capacidad es diferente, no obstante, todo individuo nace santo y puro, y solo después puede llegar a corromperse.
Además, aun cuando los grados del ser son diferentes, todos son buenos. Observa el cuerpo humano, sus extremidades, sus miembros, el ojo, el oído, los órganos del olfato, del gusto, las manos, las uñas. A pesar de las diferencias entre todas estas partes, cada una, dentro de las limitaciones de su propia existencia, participa en un todo coherente. Si una de ellas falla, debe ser sanada, y si no tiene remedio, esa parte debe ser extirpada.
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¡Oh tú, sincera y leal sierva del Señor! He leído tu carta. Verdaderamente, tú estás apegada al Reino y consagrada al Todoglorioso Horizonte. Ruego a Dios que en su munificencia te haga arder siempre más brillante en el fuego de su amor, con cada día que transcurre.
Al parecer dudabas acerca de si debías escribir o enseñar la Fe. La enseñanza de la Fe es esencial y, en el presente, la enseñanza es preferible para ti. Cuando quiera que encuentres una oportunidad, desata tu lengua para guiar a la raza humana.
Has preguntado acerca de la adquisición de conocimiento: lee los Libros y Tablas de Dios, y los artículos escritos para demostrar la verdad de esta Fe. Entre ellos se encuentra el Íqán, el cual ha sido traducido al inglés, las obras de Mírzá Abdu'l-Fa¤l y de algunos otros entre los creyentes. En los días venideros un gran número de las Tablas sagradas y otros escritos sagrados serán traducidos, y tú deberías leerlos también. Asimismo, pide a Dios que el imán de su amor atraiga hacia ti el conocimiento de Él. Cuando un alma llegue a ser santa en todas las cosas, purificada, santificada, los portales del conocimiento de Dios se abrirán de par en par ante sus ojos.
Tú has escrito acerca de la querida sierva de Dios, la Sra. Goodall. Esa alma extasiada en Dios en verdad sirve a la Fe en todo momento, y hace todo cuanto puede por difundir por doquier los esplendores celestiales. Si ella continúa de ese modo, muy grandes resultados habrán de lograrse en un futuro. Lo más importante es permanecer constante y firmemente arraigado, y perseverar hasta el fin. Es mi esperanza que por medio de los elevados esfuerzos de las siervas del Señor, esas estribaciones y la orilla de ese océano,54 se volverán tan resplandecientes con el amor de Dios, que difundirán sus rayos a los confines de la tierra.
Tú has preguntado si, con el advenimiento del Reino de Dios, todas las almas fueron salvadas. El sol de la Verdad ha brillado en esplendor sobre todo el mundo, y su luminosa aparición es la salvación del hombre, y su vida eterna; mas solo es de los salvados quien haya abierto bien el ojo de su discernimiento y contemplado aquella gloria.
Asimismo has preguntado si, en esta Dispensación Bahá'í, primará finalmente lo espiritual. Es verdad que la espiritualidad derrotará al materialismo, que lo celestial subyugará a lo humano, y que por medio de la educación divina, las masas de la humanidad en su generalidad darán grandes pasos en todos los grados de la vida, a excepción de aquellos que están ciegos y sordos y mudos y muertos. ¿Cómo pueden ellos comprender la luz? Aunque los rayos del sol iluminen los rincones más oscuros del globo, con todo, el ciego no puede participar de la gloria, y aunque la lluvia de la misericordia celestial se derrame en torrentes sobre toda la tierra, ningún arbusto y ninguna flor brotarán de un suelo yermo.
161
¡Oh tú quien buscas el Reino del cielo! Este mundo es como el cuerpo del hombre, y el Reino de Dios es como el espíritu de vida. Observa cuán oscuro y estrecho es el mundo físico del cuerpo del hombre, y cómo es presa de enfermedades y adversidades. Por otra parte, cuán fresco y luminoso es el dominio del espíritu humano. Juzga por esta metáfora cómo ha brillado el mundo del Reino, y cómo se han hecho obrar sus leyes en este dominio inferior. Aun cuando el espíritu está oculto a la vista, no obstante, sus mandamientos resplandecen como los rayos de luz sobre el mundo del cuerpo humano. Del mismo modo, aun cuando el Reino del cielo está oculto a la vista de eta gente inconsciente, no obstante, para aquel que ve con el ojo interior, está claro como el día.
Por consiguiente, habita siempre en el Reino y olvídate de este mundo de aquí abajo. Sé tan absorto en las emanaciones del espíritu que nada del mundo del hombre pueda distraerte.
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¡Oh vosotros, queridos amigos de 'Abdu'l-Bahá! En todo momento me hallo a la espera de vuestras buenas nuevas, anhelando escuchar que estáis haciendo progresos de día en día, y que sois cada vez más iluminados con la luz de guía.
Las bendiciones de Bahá'u'lláh son un mar sin riberas, y aun la vida sempiterna es tan solo una gota del mismo. Las olas de ese mar lamen continuamente los corazones de los amigos, y de esas olas provienen las intimaciones del espíritu y las ardientes pulsaciones del alma, hasta que el corazón cede y, lo quiera o no, se vuelve humilde en oración hacia el Reino del Señor. Por consiguiente, haced todo cuanto podáis por librar vuestro ser interior, para que en todo momento reflejéis los nuevos esplendores el Sol de la Verdad.
Vivid, todos vosotros, en el corazón de 'Abdu'l-Bahá, y con cada aliento vuelvo mi rostro hacia el Umbral de la Unicidad, e invoco bendiciones para todos y cada uno de vosotros.
163
¡Oh vosotros dos, buscadores de la verdad! Vuestra carta ha sido recibida y leído con atención su contenido. En cuanto a las cartas que habíais enviado anteriormente, no todas fueron recibidas, mientras que algunas llegaron aquí en un tiempo cuando la crueldad de los opresores se había vuelto tan intensa, por lo que no era posible enviar una respuesta. Ahora vuestra presente carta está aquí y estamos en condiciones de contestarla y, por tanto, me he dispuesto a escribir acerca de muchos asuntos apremiantes, para que sepáis que sois queridos entre nosotros, y también aceptados en el Reino de Dios.
Vuestras preguntas, sin embargo, solo pueden ser contestadas resumidamente, ya que no hay tiempo para una respuesta detallada. La respuesta a la primera pregunta es: las almas de los hijos del Reino, después de su separación del cuerpo, ascienden al dominio de vida sempiterna. Pero si preguntáis por el lugar, sabed que el mundo de la existencia es un solo mundo, aunque son varias y diferentes sus posiciones. Por ejemplo, la vida mineral ocupa su propio plano, pero un ente mineral no tiene la menor conciencia acerca del reino vegetal y, de hecho, con su lengua interior niega que exista tal Reino. Del mismo modo, un ente vegetal nada sabe del mundo animal, permaneciendo completamente indiferente e ignorante del mismo, pues el grado del animal es superior al del vegetal, y el vegetal está separado como por un velo del mundo animal, e interiormente niega la existencia de ese mundo, y todo ello en circunstancias en que el mineral, el vegetal y el animal habitan todos en un mismo mundo. De igual modo, el animal se mantiene totalmente inconsciente de ese poder de la mente humana que concibe las ideas universales y pone al descubierto los secretos de la creación; de modo que un hombre que vive en el Oriente puede realizar planes y disposiciones para el Occidente; puede desentrañar misterios; aunque resida en el continente europeo, puede descubrir América; aunque esté ubicado en la tierra, puede comprender las realidades interiores de las estrellas de los cielos. De este poder de descubrimiento que pertenece a la mente humana, de este poder que puede captar las ideas universales y abstractas, el animal permanece totalmente ignorante y, de hecho, niega su existencia.
Del mismo modo, los moradores de esta tierra están completamente inconscientes del mundo del Reino, y niegan su existencia. Ellos preguntan, por ejemplo: "¿Dónde está el Reino? ¿Dónde está el Señor del Reino?" Esta gente es como el mineral y el vegetal, que nada saben de los dominios animal y humano; ellos no lo ven; ellos no lo encuentran. Y, sin embargo, el mineral y el vegetal, el animal y el hombre, viven todos juntos aquí en este mundo de la existencia.
En cuanto a la segunda pregunta: las pruebas y aflicciones de Dios tienen lugar en este mundo, no en el mundo del Reino. La respuesta a la tercera pregunta es ésta: que en el otro mundo, la realidad humana no adopta una forma física, sino que más bien adopta una forma celestial, constituida por elementos de aquel dominio celestial.
Y la respuesta a la tercera pregunta es ésta: que en el otro mundo, la realidad humana no adopta una forma física, sino que más bien adopta una forma celestial, constituida por elementos de aquel dominio celestial.
Y la respuesta a la cuarta pregunta: el centro del Sol de la Verdad está en el mundo celestial, el Reino de Dios. Aquellas almas que son puras e inmaculadas, al disolverse su armazón elemental, parten hacia el mundo de Dios, y aquel mundo está dentro de este mundo. Las gentes de este mundo, sin embargo, son inconscientes de aquel mundo, y son como el mineral y el vegetal que nada conocen acerca del mundo animal y del humano.
La respuesta a la quinta pregunta es ésta: Bahá'u'lláh ha erigido el tabernáculo de la unidad de la humanidad. Quienquiera que busque abrigo bajo este techo, ciertamente provendrá de otras moradas.
Y en cuanto a la sexta pregunta: si sobre un aspecto u otro surge algún desacuerdo entre dos grupos en conflicto, que se refieran al Centro del Convenio por una solución al problema.
Y en cuanto a la séptima pregunta: Bahá'u'lláh Se ha hecho manifiesto a toda la humanidad y ha invitado a todos a la mesa de Dios, el banqueta de divina munificencia. En la actualidad, no obstante, la mayor parte de los que están sentados a esa mesa de los pobres, y es por ello que Cristo ha dicho que bienaventurados son los pobres; pues la riqueza impide a los ricos entrar en el Reino; y además él dice: "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios."55 Si, no obstante, la riqueza de este mundo y la gloria y la fama mundanas no obstruyen su entrada, aquel rico será favorecido ante el Sagrado Umbral y aceptado por el Señor del Reino.
En breve, Bahá'u'lláh Se ha hecho manifiesto para educar a todos los pueblos del mundo. Él es el educador Universal, ya sea de los ricos o de los pobres, ya sea de los negros o de los blancos, o de los pueblos del este o del oeste, o del norte o del sur.
Entre aquellos que visitan 'Akká algunos han hecho grandes progresos. Siendo candelas sin luz, se encendieron; estando marchitos, llegaron a florecer; estando muertos, fueron vueltos a la vida, y regresaron a su casa con nuevas de gran felicidad. Pero otros, es verdad, simplemente pasaron; solo dieron un paseo.
Oh vosotros dos, quienes estáis fuertemente atraídos hacia el Reino; agradeced a Dios que hayáis hecho de vuestro hogar un centro bahá'í y un lugar de reunión para los amigos.
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¡Oh vosotras dos, fieles y confirmadas almas! La carta ha sido recibida. Alabado sea Dios, ella comunicaba buenas nuevas. California está preparada para la promulgación de las Enseñanzas de Dios. Mi esperanza es que os esforcéis de alma y corazón para que la dulce esencia perfume el olfato...
Transmitid mis respetuosos saludos a la Sra. Chase, y decidle: "el Señor Chase es una estrella centelleante en el horizonte de la Verdad, mas en la actualidad aún se encuentra detrás de las nubes; pronto éstas se dispersarán y el esplendor de esa estrella iluminará el estado de California. Aprecia esta dádiva de haber sido su esposa y su compañera en la vida."
Todos los años en el aniversario de la ascensión56 de esta alma bendita, los amigos deben visitar su tumbar en el nombre de 'Abdu'l-Bahá, y con la mayor sumisión y humildad y con todo respeto, habrán de colocar en su sepultura coronas de flores y permanecer todo el día en serena oración, mientras vuelven sus rostros hacia el Reino de los Signos, mencionando y alabando los atributos de esa persona ilustre.
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¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! Verdaderamente, tu siervo, humilde ante la majestad de tu divina preeminencia, sumiso ante la puerta de tu unicidad, ha creído en Ti y en tus versos, ha atestiguado tu palabra, ha sido encendido con el fuego de tu amor, ha sido sumergido en las profundidades del océano de tu conocimiento, ha sido atraído por tus brisas, ha confiado en Ti, ha vuelto su rostro hacia Ti, Te ha ofrecido sus súplicas y le han sido asegurados tu perdón y tu clemencia. Ha abandonado esta vida mortal y ha volado hacia el Reino de la inmortalidad, anhelando el favor de encontrarse contigo.
¡Oh Señor! Glorifica su posición, cobíjale en el pabellón de tu suprema misericordia, hazle entrar en tu glorioso paraíso y perpetúa su existencia en tu exaltada rosaleda, para que pueda sumergirse en el mar de luz del mundo de los misterios.
Verdaderamente Tú eres el Generoso, el Poderoso, el Perdonador y el Donador.
¡Oh tú, alma confirmada, tú, sierva del Señor...! No te apenes por el fallecimiento de tu respetado esposo. Él, verdaderamente, ha alcanzado el encuentro de su Señor en la sede de Verdad, en la presencia del poderoso Rey. No supongas que lo has perdido. Se descorrerá el velo y contemplarás su rostro iluminado en el Concurso Supremo. Tal como Dios, el Exaltado, ha dicho: "Ciertamente, le reviviremos a una vida feliz." Por consiguiente, debe concedérsele suprema importancia, no a esta primera creación, sino más bien a la vida futura.
166
¡Oh siervo de Bahá! Sé abnegado en el sendero de Dios, y emprende el vuelo hacia los cielos del amor de la Belleza de Abhá, pues cualquier movimiento que sea animado por el amor se desplaza desde la periferia al centro, desde el espacio al Sol del universo. Tal vez consideres que esto es difícil, pero yo te digo que ese no puede ser el caso, pues cuando el poder que motiva y guía es la fuerza divina del magnetismo, es posible, con su ayuda, atravesar fácil y velozmente el tiempo y el espacio. La gloria sea para con el pueblo de Bahá.
167
Tú has preguntado acerca del destino, la predestinación y la voluntad. El destino y la predestinación consisten en las relaciones necesarias e indispensables, las cuales existen en las realidades de las cosas. Estas relaciones han sido ubicadas en las realidades de los seres existentes por medio del poder de la creación, y todo episodio es una consecuencia de la necesaria relación. Por ejemplo, Dios ha creado una relación entre el sol y el globo terrestre, según la cual los rayos del sol habrán de brillar y el suelo habrá de producir. Estas relaciones constituyen la predestinación, y su manifestación en el plano de la existencia es el destino. La voluntad es aquella fuerza activa que controla estas relaciones y estos episodios. Tal es el resumen de la explicación acerca del destino y la predestinación. No dispongo de tiempo para una explicación más detallada. Medita sobre esto; la realidad del destino, de la predestinación y la voluntad se hará manifiesta.
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¡Oh tú, dama del Reino! Alaba a Dios, pues en esta edad, la edad de la Dispensación de Bahá'u'lláh, tú has sido despertada, has sido hecha consciente de la Manifestación del Señor de las Huestes.57 Todas las gentes del mundo están enterradas en las sepulturas de la naturaleza, o están adormecidas, o son negligentes o inconscientes. Tal como dijo Cristo: "Puedo venir cuando no estéis conscientes. La venida del Hijo del Hombre es como la venida de un ladrón a una casa, cuyo dueño está completamente inconsciente."
En breve, mi esperanza es que por las mercedes de Bahá'u'lláh puedas progresar diariamente en el Reino, que llegues a ser un ángel celestial, confirmado por los hálitos del Espíritu Santo, y puedas erigir una estructura que permanecerá eternamente firme e inconmovible...
¡Estos días son muy preciosos; aprovecha esta oportunidad y enciende una candela que nunca será extinguida, la cual verterá su luz eternamente, iluminando el mundo de la humanidad!
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¡Oh vosotras dos, pacientes almas! Vuestra carta ha sido recibida. El fallecimiento de aquel amado joven y su separación de vosotras ha provocado el más grande dolor y la mayor pena; pues en la flor de la edad y en la lozanía de su juventud emprendió su vuelo hacia el nido celestial. Mas él ha sido librado de este albergue lleno de dolor y ha vuelto su rostro hacia el sempiterno nido del Reino y, liberado de un mundo estrecho y oscuro, se ha dirigido presuroso hacia el santificado dominio de la luz; en ello yace el consuelo de nuestros corazones.
La inescrutable sabiduría divina es la razón fundamental de tan desgarradores sucesos. Es como si un bondadoso jardinero transfiriera a un joven y tierno arbusto, desde un lugar confinado a una amplia área abierta. Esta transferencia no es la causa del marchitamiento, de la decadencia o la destrucción de ese arbusto; más bien, por el contrario, le hace crecer y prosperar, adquirir frescura y delicadeza, volverse verde y producir frutos. Este secreto oculto lo conoce bien el jardinero, pero aquellas almas que no son conscientes de esta misericordia suponen que el jardinero, en su cólera o su ira, ha desarraigado al arbusto. Mas para aquellas que son conscientes, este hecho encubierto se halla manifiesto, y este decreto predestinado es considerado una munificencia. Por consiguiente, no os sintáis tristes o desconsolados por la ascensión de aquella ave de la fidelidad; es más, en todas las circunstancias orad por ese joven, suplicando el perdón para él, y la elevación de su posición.
Espero que alcanzaréis la mayor paciencia, serenidad y resignación, y suplico e imploro ante el Umbral de la Unicidad, pidiendo la remisión y el perdón. Es mi esperanza que Él, de las infinitas mercedes de Dios, otorgue amparo a esta paloma del jardín de la fe, y le haga habitar en la rama del Concurso Supremo, para que en la más hermosa de las melodías pueda cantar la alabanza y la glorificación del Señor de los Nombres y Atributos.
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¡Oh tú, investigadora del Reino! Tu carta ha sido recibida. Tú has escrito acerca de la severa calamidad que te ha sobrevenido, el fallecimiento de tu respetado esposo. Aquel honorable hombre estaba tan sometido a las presiones y tensiones de este mundo, que su mayor deseo era el de ser liberado de él. Así es esta morada mortal, un almacén de penas y sufrimientos. Es la ignorancia lo que ata al hombre a él, pues ningún confort puede asegurarse a ningún alma en este mundo, desde el monarca hasta el más humilde plebeyo. Si alguna vez esta vida ofrece a un hombre un trago dulce, le seguirán un centenar de tragos amargos; tal es la condición de este mundo. El hombre sabio, por consiguiente, no se apega a esta vida mortal y no depende de ella; en algunos momentos, incluso, él ansiosamente desea la muerte, para poder, de ese modo, quedar liberado de estas penas y aflicciones. Así es como se ve que algunos, bajo la extrema presión de la angustia, se han suicidado.
En cuanto a tu esposo, ten certeza. Será sumergido en el océano del perdón y la remisión, y llegará a ser un recipiente de la munificencia y el favor. Haz el mayor esfuerzo por brindar a su hijo una formación bahá'í, para que cuando llegue a la madurez pueda ser misericordioso, iluminado y celestial.
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¡Oh tú, bienamada sierva de Dios! Aunque la pérdida de un hijo es, en verdad, algo desgarrador y está más allá del límite que un ser humano puede soportar, no obstante, alguien que sabe y comprende tiene la seguridad de que el hijo no ha sido perdido sino que, más bien, ha pasado de éste a otro mundo, y que lo encontrará en el dominio divino. Esa reunión será para la eternidad, mientras que en este mundo la separación es inevitable y causa un ardiente dolor.
Loado sea Dios ya que tienes fe, y diriges tu rostro hacia el Reino Sempiterno, y crees en la existencia de un mundo celestial. Por tanto, no te acongojes, no languidezcas, no suspires, no te quejes, no llores; pues la agitación y el duelo afectan profundamente a su alma en el dominio divino.
Ese amado hijo tuyo se dirige a ti desde el oculto mundo: "Oh tú, madre bondadosa, agradece a la divina Providencia por haber sido librado de una jaula pequeña y oscura y, como las aves de las praderas, me he remontado hasta el mundo divino, un mundo que es espacioso, iluminado y siempre alegre y jubiloso. Por tanto, no te lamentes, oh madre, y no te apenes; yo no soy de los que se han perdido, ni he sido aniquilado, ni destruido. Me he librado de la forma mortal y he elevado mi enseña en este mundo espiritual. A continuación de esta separación, está la compañía imperecedera. Tú me encontrarás en el cielo del Señor, inmerso en un océano de luz."
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Alabado sea Dios, pues tu corazón está ocupado en la conmemoración de Dios, tu alma se regocija con las buenas nuevas de Dios, y estás absorta en oración. El estado de oración es la mejor de las condiciones, pues el hombre entonces está en asociación con Dios. La oración verdaderamente confiere vida, en especial cuando es ofrecida en privado y en ciertos momentos, tales como la medianoche, cuando se está libre de las preocupaciones diarias.
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Aquellas almas que, en este día, entran en el Reino divino, y alcanzar la vida sempiterna, aunque materialmente habiten en la tierra, en realidad se remontan en el dominio del cielo. Aunque sus cuerpos permanezcan en la tierra, sus espíritus viajan en la inmensidad del espacio. Ya que a medida que los pensamientos se amplían y se vuelven iluminados, adquieren el poder del vuelo y transportan al hombre al Reino de Dios.
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¡Oh vosotros, amigos espirituales de 'Abdu'l-Bahá! La carta que habéis escrito, ha sido leída con atención; su contenido es muy grato e indica vuestra firmeza y vuestra constancia en la Causa de Dios.
Esa Asamblea descansa a la sombra protectora del Señor de toda munificencia, y es mi esperanza que, como corresponde a ese cuerpo, habrá de ser favorecida y fortalecida por los hálitos del Espíritu Santo, y que día a día amaréis a Dios cada vez en mayor medida, y que llegaréis a estar fuertemente ligados a la Belleza que perdura por siempre, a Aquel quien es la luz del mundo. Pues el amor de Dios y la atracción espiritual limpian y purifican el corazón humano, y lo visten y engalanan con la inmaculada vestidura de la santidad; y una vez que el corazón se halla enteramente unido a Dios, y vinculado a la Bendita Perfección, entonces la gracia de Dios será revelada.
Este amor no es del cuerpo sino enteramente del alma. Y aquellas almas cuyo ser interior está encendido con el amor de Dios son como esparcidores rayos de luz, y resplandecen como estrellas de santidad en un cielo puro y cristalino. Pues el verdadero amor, el amor real, es el amor a Dios, y está santificado por encima de las nociones y la imaginaciones de los hombres.
Que los bienamados de Dios, todos y cada uno de ellos, sean la esencia de la pureza, la vida misma de la beatitud, para que en cada país puedan llegar a ser famosos por su santidad, su independencia de espíritu y su humildad. Que sean animados por los sorbos del cáliz eterno del amor de Dios, y se regocijen al beber de los toneles del vino del Cielo. Que contemplen la Bendita Belleza, y sientan el calor intenso y el éxtasis de ese encuentro, y queden mudos de reverencia y asombro. Ésta es la posición de los sinceros, éste es el sendero de los leales; éste es el esplendor que fulgura en los rostros de quienes se hallan cerca de Dios.
Por consiguiente, los amigos de Dios deben, con la más absoluta santidad, de común acuerdo, elevarse en espíritu, unidos unos con otros, a un grado tal que lleguen a ser como un único ser y una sola alma. En un plano como éste los cuerpos físicos no desempeñan ningún papel, sino, más bien, es el espíritu el que se hace cargo y gobierna; y cuando su poder lo envuelve todo, se logra entonces la unión espiritual. Esforzaos día y noche por cultivar vuestra unidad en el grado más pleno. Que vuestros pensamientos se refieran a vuestro propio desarrollo espiritual, y que cerréis vuestros ojos a las deficiencias de las demás almas. Actuad de este modo, mostrando hechos puros y hermosos, y modestia y humildad, para que seáis la causa del despertar de otros.
Es el deseo de 'Abdu'l-Bahá no ver nunca a ningún ser herido, ni habrá de hacer sufrir a nadie; pues el hombre no puede recibir un don más grande que el de alegrar el corazón de alguien. Ruego a Dios que seáis portadores de alegría, como son los ángeles del Cielo.
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El encanto mortal habrá de desvanecerse, las rosas darán paso a las espinas, la belleza y la juventud vivirán sus días y dejarán de ser. Mas aquello que perdura eternamente es la Belleza del Verdadero, pues su esplendor no parece y su gloria permanece por siempre; su encanto es todo poderoso y su atracción, infinita. ¡Bienaventurado es, entonces, aquel semblante que refleja la Luz del Bienamado! Alabado sea el Señor, pues tú has sido iluminado con esta Luz, has adquirido la perla del verdadero conocimiento, y has expresado la Palabra de Verdad.
176
¡Oh tú, quien estás atraído al Reino de Dios! Toda alma busca un objetivo y abriga un deseo, y día y noche se empeña en alcanzar su meta. Uno ambiciona riquezas, otro anhela la gloria, y otro ansía la fama, el arte, la prosperidad, y cosas semejantes. Sin embargo, al final, todos están condenados a la pérdida y al desengaño. Todos y cada uno de ellos dejan tras de sí todo cuanto es suyo y, con las manos vacías, parten al dominio del más allá, y todos sus esfuerzos serán en vano. Al polvo todos habrán de regresar, desnudos, deprimidos, descorazonados y en completa desesperación.
Pero, loado sea el Señor, tú estás ocupado en lo que te asegura una ganancia que perdurará eternamente; y eso no es sino tu atracción al Reino de Dios, tu fe, y tu conocimiento, la ilustración de tu corazón, y tu fervoroso empeño en promover las Divinas Enseñanzas.
¡En verdad, este don es imperecedero y esta riqueza es un tesoro que proviene de lo alto!
177
¡Oh llama viviente del amor celestial! Tu corazón ha sido tan inflamado de amor a Dios, que a diez mil leguas de distancia se pueden sentir y ver su calor y esplendor. El fuego encendido por la mano mortal proporciona luz y calor tan solo a un pequeño espacio, mientras que esta sagrada llama que ha encendido la mano de Dios, aunque arda en el Este, inflamará al Oeste y proporcionará calor tanto al Norte como al Sur; es más, se elevará desde este mundo y brillará con la llama más abrasadora en los dominios de lo alto, e inundará de luz al Reino de eterna gloria.
Feliz de ti por haber obtenido un don tan celestial, bienaventurado eres por haber sido favorecido con sus divinas dádivas.
La gloria de Dios descanse sobre ti y sobre aquellos que se aferran al firme asidero de su Voluntad y su santo Convenio.
178
¡Oh sierva de Dios! Tu carta fechada el 9 de diciembre de 1918 ha sido recibida. Su contenido fue leído con atención. Nunca pierdas tu confianza en Dios. Ten siempre esperanzas, pues las dádivas de Dios nunca cesan de fluir sobre el hombre. Si observas desde cierta perspectiva, ellas parecieran decrecer, mas desde otra, son plenas y completas. El hombre, en todas las condiciones, está inmerso en un mar de bendiciones de Dios. Por tanto, no desesperes bajo ninguna circunstancia, sino más bien permanece firme en tu esperanza.
La concurrencia a las reuniones de los amigos está destinada específicamente a que se mantengan alertas, vigilantes, amantes y atraídos al Reino divino.
Si tienes el pleno y fervoroso deseo de viajar a Phillsburg, Montana, pueden hacerlo; tal vez te será posible encender una candela en medio de ese grupo de mineros y hagas que despierten, y se vuelvan atentos, de modo que se dirijan a Dios y puedan adquirir una porción de la Munificencia del Reino divino.
179
Esforzaos todo cuanto podáis por volveros enteramente hacia el Reino, a fin de que logréis adquirir coraje innato y poder ideal.
180
Yo espero que en este mundo inferior llegues a obtener la luz celestial, que liberes a las almas de la lobreguez de la naturaleza, la cual es el reino animal, y les hagas alcanzar sublimes posiciones en el reino humano. En la actualidad toda la gente está sumergida en el mundo de la naturaleza. Es por eso por lo que ves celos, avaricia, lucha por la supervivencia, engaño, hipocresía, tiranía, opresión, disputas, contiendas, derramamiento de sangre, saqueo y pillaje, todo lo cual emana del mundo de la naturaleza. Son pocos los que han sido librados de esa oscuridad, que han ascendido del mundo de la naturaleza al mundo del hombre, que han seguido las Enseñanzas divinas, que han servido al mundo de la humanidad, quienes son resplandecientes, misericordiosos, iluminados, y semejantes a un jardín de rosas. Esfuérzate todo cuanto puedas por llegar a ser semejante a Dios, caracterizado con sus atributos, iluminado y misericordioso, para que seas librado de toda atadura y llegues a estar apegado de corazón al Reino del Señor incomparable. Ésta es la munificencia bahá'í, y ésta es la luz celestial.
181
Con respecto a lo expresado en Las Palabras Ocultas, de que el hombre debe renunciar a su propio yo, el significado es que debe renunciar a sus deseos inmoderados, a sus propósitos egoístas y a los impulsos de su yo humano, y tratar de encontrar los santos hálitos del espíritu, y seguir los anhelos de su ser superior, y sumergirse en el mar del sacrificio, con su corazón fijo en la belleza del Todoglorioso.
En cuanto a la referencia de Las Palabras Ocultas al Convenio celebrado en el monte Parán, ello significa que, a la vista de Dios, el pasado, el presente y el futuro son todos uno y el mismo; en tanto que, con respecto al hombre, el pasado se ha ido y está olvidado, el presente es fugaz y el futuro está dentro del dominio de la esperanza. Y es un principio básico de la Ley de Dios que en toda Misión Profética, Él celebra un Convenio con todos los creyentes, un Convenio que perdura hasta el final de esa Misión, hasta el día prometido, cuando el Personaje estipulado al comienzo de la Misión Se hace manifiesto. Considera a Moisés, Aquel Quien conversó con Dios. Verdaderamente, en el monte Sinaí, Moisés celebró un Convenio referente al Mesías, con todas aquellas almas que vivirían en el día del Mesías. Y aunque esas almas aparecieron muchos siglos después de Moisés, no obstante, en lo que concierne al Convenio, el cual se halla fuera del tiempo, estaban presentes allí con Moisés. Los judíos, sin embargo, descuidaron esto y no lo recordaron, y así sufrieron una grande y evidente pérdida.
En cuanto a la referencia en la parte en árabe de Las Palabras Ocultas, en el sentido de que el ser humano debe llegar a desprenderse del yo, también aquí el significado es que, en esta vida que pasa velozmente, no debe buscar nada para sí mismo, sino que debe cercenar el yo, ello es, debe sacrificar el yo y todos sus intereses en el campo del martirio, en el tiempo de la venida del Señor.
182
¡Oh vosotros, quienes os aferráis firmemente al Convenio y Testamento! En este día, desde los dominios del todoglorioso, desde el Reino de Santidad, donde se elevan las hosannas de glorificación y las alabanzas, la Compañía en lo alto dirige su mirada sobre vosotros. Todas las veces que su mirada ilumina las reuniones de aquellos quienes son constantes en el Convenio y Testamento, ellos exclaman: "¡Buenas nuevas, buenas nuevas!" Entonces, exultantes, elevan sus voces y proclaman: "¡Oh, comunión espiritual! ¡Oh, reunión de Dios! ¡Bienaventurados sois! ¡Buenas nuevas a vosotros! Que estén radiantes vuestros rostros, y sed animosos, pues os adherís al Convenio del Amado de todos los mundos, y estáis encendidos con el vino de su Testamento. Habéis empeñado vuestra palabra al Antiguo de los Días, habéis apurado el cáliz de la lealtad. Habéis guardado y defendido la Causa de Dios; no habéis sido la razón de dividir su Palabra; no habéis rebajado su Fe, sino que os habéis esforzado por glorificar su Santo Nombre; no habéis dejado que la Bendita Causa sea expuesta al escarnio de la gente. No habéis permitido que sea humillada la Posición Designada, no habéis deseado ver al Centro de la Autoridad desacreditado o expuesto a la burla y la persecución. Os habéis empeñado en mantener la Palabra íntegra y única. Habéis traspuesto los portales de la misericordia. No habéis dejado que la Bendita Belleza se borre de vuestras mentes, y se desvanezcan sin ser recordada."
La gloria descanse sobre vosotros.
183
¡Oh tú, hija del Reino! Tu carta ha sido recibida. Fue como la melodía del divino ruiseñor cuyo canto deleita los corazones. Y ello porque su contenido expresa fe, seguridad y firmeza en el Convenio y Testamento. Hoy en día el poder dinámico del mundo de la existencia es el poder del Convenio, el cual, como una arteria, late en el cuerpo del mundo contingente y brinda protección a la unidad bahá'í.
A los bahá'ís se les impone establecer la unidad de la humanidad; y si no pueden unirse en torno a un solo punto, ¿cómo habrán de ser capaces de llevar a cabo la unidad de la humanidad?
El propósito de la Bendita Belleza al celebrar este Convenio y Testamento fue el de reunir a todos los seres existentes en torno a un solo punto, para que las almas desconsideradas, quienes en todo ciclo y generación han sido la causa de disensión, no puedan socavar la Causa. Él, por tanto, ha impuesto que todo cuanto emane del Centro del Convenio es correcto y se halla bajo su protección y su amparo, mientras que todo lo demás es error.
Alabado sea Dios, puesto que tú eres firme en el Convenio y el Testamento.
184
¡Oh vosotras, almas benditas! Aunque soportáis cruciales pruebas en razón de los repetidos y asiduos intentos de alguna gente por debilitar la fe de los amigos en Los Ángeles, no obstante, os encontráis bajo la mirada protectora de la munificencia de Bahá'u'lláh y sois asistidos por legiones de ángeles.
Caminad, por consiguiente, con paso seguro, y ocupaos con la mayor seguridad y confianza en la promulgación de las divinas fragancias, en la glorificación de la Palabra de Dios y la firmeza en el Convenio. Estas seguros que si un alma se levanta con extrema perseverancia y eleva el Llamado del Reino y resueltamente proclama el Convenio, si fuese una insignificante hormiga, sería capaz de arrojar lejos del ruedo al formidable elefante, y si fuese una débil polilla, cercenaría en jirones el plumaje del buitre rapaz.
Esforzaos, por tanto, para que podáis desordenar y dispersar al ejército de la duda y el error con el poder de las sagradas expresiones. Ésta es mi exhortación y éste es mi consejo. No disputéis con nadie y evitad toda forma de discordia. Expresad la Palabra de Dios. Si él la acepta, se habrá logrado el propósito deseado, y si se aparta, abandonadle a sí mismo y confiad en Dios.
Tal es el atributo de aquellos que son firmes en el Convenio.
185
¡Oh vosotros, amigos y siervas del Misericordioso! Se ha recibido una carta de la Asamblea Espiritual Local de Los Ángeles. Señalaba el hecho de que las almas benditas de California, como una montaña inconmovible, están resistiendo el vendaval de la violación, como árboles benditos que han sido plantados en el suelo del Convenio, y que son muy firmes y constantes. Por tanto, se tiene la esperanza de que mediante las bendiciones del Sol de la Verdad puedan crecer diariamente en firmeza y en constancia. Las pruebas de cada dispensación están en proporción directa a la grandeza de la Causa, y como hasta ahora no se ha celebrado un Convenio tan manifiesto, escrito por la Pluma Suprema, las pruebas son proporcionalmente más severas. Estas tribulaciones hacen flaquear a las almas débiles, mientras que aquellas que son firmes, no son afectadas. Estas agitaciones de los violadores no son más que la espuma del océano, la cual es uno de sus rasgos inseparables; pero el océano del Convenio se embravecerá y arrojará a la orilla los cuerpos de los muertos, pues no puede retenerlos. Y así se observa que el océano del Convenio se ha embravecido una y otra vez, hasta expeler los cuerpos muertos, almas privadas del Espíritu de Dios y perdidas en la pasión y el yo, y que están buscando el liderazgo. Esta espuma del océano no perdurará y pronto se dispersará y se desvanecerá, mientras que el océano del Convenio se agitará y rugirá eternamente...
Desde los primeros días de la creación hasta el presente, a través de todas las dispensaciones divinas, no se ha celebrado un Convenio tan firme y explícito. En vista de este hecho, ¿es posible que esta espuma permanezca en la superficie del océano del Convenio? ¡No, por Dios! Los violadores están pisoteando su propia dignidad, están desarraigando sus propios cimientos y se sienten orgullosos de ser apoyados por aduladores que realizan un gran esfuerzo por hacer vacilar la fe en las almas débiles. Pero esta acción no tiene ninguna importancia; es un espejismo y no agua, es espuma y no mar, es niebla y no una nube, es ilusión y no realidad. Todo esto pronto lo veréis.
Loado sea Dios, ya que sois firmes y constantes; estad agradecidos, pues al igual que árboles benditos estáis firmemente plantados en el suelo del Convenio. Seguramente, todo aquel que es firme crecerá, producirá nuevos frutos, y diariamente aumentará su frescura y su gracia. Reflexionad acerca de todos los escritos de Bahá'u'lláh, ya sean epístolas u oraciones, y de seguro os encontraréis con un millar de pasajes en los cuales Bahá'u'lláh ruega: "¡Oh Dios! Desbarata a los violadores del Convenio y derrota a los opresores del Testamento." "Aquel que niega el Convenio y Testamento es rechazado por Dios, y aquel que permanece en él firme y constante, es favorecido ante el Umbral de la Unicidad." Semejantes apotegmas y oraciones abundan; referíos a ellos y conoceréis.
Nunca estéis deprimidos. Cuanto más perturbados os encontréis debido a la violación, tanto más ahondaréis en firmeza y en constancia, y estad seguros de que las huestes divinas habrán de triunfar, pues se les ha asegurado la victoria del Reino de Abhá. En todas las regiones, el estandarte de la firmeza y la constancia es izado, y la bandera de la violación es deshonrada, ya que solo unas pocas almas débiles han sido apartadas por la adulación y los engañosos argumentos de los violadores, quienes exteriormente, con el mayor cuidado, exhiben entereza, mas interiormente están dedicados a la agitación de las almas. Solo unos pocos de ellos, quienes son los cabecillas de aquellos que perturban y agitan, son visiblemente conocidos como violadores, mientras que el resto, por los medios más sutiles, engañan a las almas, puesto que en apariencia sostienen su firmeza y constancia en el Convenio, mas cuando encuentran oídos que demuestran interés, secretamente siembran la semilla de la sospecha. El caso de todos ellos se asemeja a la violación del Convenio llevada a cabo por Judas Iscariote y sus seguidores. Considera: ¿ha quedado, después de ellos, algún resultado o algún rastro? Ni tan siquiera un nombre de sus seguidores ha quedado, y aun cuando algunos judíos se pusieron de su parte, es como su no hubiese tenido seguidores en absoluto. Este Judas Iscariote, quien era el líder de los apóstoles, traicionó a Cristo por treinta monedas de plata. ¡Prestad atención, oh vosotros, gente de percepción!
En este tiempo, estos insignificantes violadores seguramente traicionarán al Centro del Convenio, por la cuantiosa suma que por los medios más sutiles han mendigado. Han pasado treinta años desde que ascendió Bahá'u'lláh, y en todo ese tiempo estos violadores se han empeñado a más no poder. ¿Y qué han logrado? En todas las condiciones aquellos que han permanecido firmes en el Convenio han triunfado, mientras que los violadores se han topado con la derrota, con la desilusión y el abatimiento. Después de la ascensión de 'Abdu'l-Bahá no quedará rastro de ellos. Estas almas son ignorantes de lo que habrá de suceder y están orgullosas de sus propias fantasías.
En breve, ¡oh vosotros, amigos de Dios y siervas del Misericordioso! La mano de la munificencia divina ha colocado sobre vuestras cabezas una corona de piedras preciosas, cuyas gemas habrán de brillar eternamente sobre todas las regiones. Apreciad esta dádiva, desatad vuestras lenguas en alabanzas y en acción de gracias, y dedicaos a la promulgación de las Enseñanzas Divinas, pues éste es el espíritu de vida, y el instrumento de la salvación.
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¡Oh tú, quien eres firme en el Convenio! Se han recibido de ti tres cartas consecutivas. Por su contenido se ha tomado conocimiento de que en Cleveland los corazones están afligidos debido a los tenebrosos hálitos de los violadores del Convenio, y que ha disminuido la armonía entre los amigos. ¡Válgame Dios! Un centenar de veces se ha predicho que los violadores están al acecho y que desean por todos los medios provocar disensión entre los amigos, a fin de que esta disensión termine en violación del Convenio. ¿Cómo es que, a pesar de esta advertencia, los amigos han desatendido esta explícita aseveración?
El aspecto en cuestión es claro, directo, y sumamente breve. O bien Bahá'u'lláh era sabio, omnisciente y conocedor de lo que habría de suceder, o bien era ignorante y Se hallaba equivocado. Él, con su pluma suprema, celebró un firme Convenio y Testamento con todos los bahá'ís, primero con los AghÐán, los Afnán y sus parientes, y les ordenó obedecer y volverse hacia Él. Por su pluma suprema Él ha declarado explícitamente que el objeto del siguiente versículo del Kitáb-i-Aqdas es la Más Grande Rama:
"Cuando el océano de mi presencia haya menguado y esté concluido el Libro de mi Revelación, volved vuestros rostros hacia Aquel a Quien Dios ha propuesto, Quien ha brotado de esta Antigua Raíz." Su significado, brevemente, es el siguiente: que luego de mi ascensión incumbe a los AghÐán, los Afnán y los parientes, y a todos los amigos de Dios, volver su rostro hacia Aquel Quien ha brotado de la Antigua Raíz.
Él también dice claramente en el Kitáb-i-Aqdas: "¡Oh vosotros, gentes del mundo! Cuando la Paloma Mística haya levantado vuelo desde su Santuario de Alabanza, buscando su lejano destino, su habitación oculta, remitid lo que no entendáis en el Libro a Aquel Quien ha surgido de este poderoso Tronco." Dirigiéndose a todas las gentes del mundo, él dice: Cuando la Paloma Mística emprenda vuelo desde el huerto de la alabanza hacia la Más Suprema e Invisible Posición, ello es, cuando la Bendita Belleza Se aleje del mundo contingente hacia el dominio invisible, someted todo lo que no entendáis en el Libro a Aquel Quien ha brotado de la Antigua Raíz. Esto es, cualesquier cosas que Él diga es la más pura verdad.
Y en el Libro del Convenio Él explícitamente dice que el objeto de este versículo, "Quien ha brotado de esta Antigua Raíz," es la Más Poderosa Rama. Y Él ordena a todos los AghÐán, los Afnán y los parientes y los bahá'ís que se vuelvan a Él. Ahora bien, o se debe decir que la Bendita Belleza ha cometido un error, o bien debe ser obedecido. 'Abdu'l-Bahá no tiene ningún mandamiento que deban obedecer las gentes, salvo la difusión de las fragancias de Dios, la exaltación de su Palabra, la promulgación de la unidad del mundo de la humanidad, el establecimiento de la paz universal, y otros de entre los mandamientos de Dios. Éstos son mandamientos divinos y nada tienen que ver con 'Abdu'l-Bahá. Quienquiera que lo desee puede aceptarlos, y aquel que los rechace puede hacer lo que le plazca.
Ahora bien, algunos de los promotores de discordia, con muchas estratagemas, están tratando de obtener el liderazgo, y con el objeto de alcanzar esta posición infiltran dudas entre los amigos para causar diferencias, y que estas diferencias les permitan atraerse un grupo para ellos mismos. Los amigos de Dios deben estar despiertos y deben saber que la difusión de estas dudas es motivada por los deseos personales y el logro del liderazgo.
No trastornéis la unidad bahá'í, y sabed que esta unidad no puede mantenerse sino por medio de la fe en el Convenio de Dios.
Tú tienes el deseo de viajar para poder difundir las fragancias de Dios. Esto es muy conveniente. Ciertamente, las confirmaciones divinas te ayudarán, y el poder del Convenio y Testamento te asegurará el triunfo y la victoria.
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¡Oh tú, quien eres firme en el Convenio! Tu carta ha sido recibida. Has manifestado satisfacción con la Convención, y que esa reunión ha sido el instrumento de la elevación de la Causa de Dios y la demostración del poder de su Palabra. La grandeza de la Causa hace desaparecer estas diferencias y puede ser comparada con la salud en el cuerpo de un hombre, la cual, cuando se establece, cura toda enfermedad y debilidad. Es nuestra esperanza que no quede ningún rastro de oposición; pero algunos de los amigos en América están impacientes en sus nuevas ambiciones, y se esfuerzan y buscan bajo tierra y en el aire, con el objeto de descubrir cualquier cosa que pueda engendrar disensión.
Alabado sea Dios, todas esas puertas están cerradas en la Causa de Bahá'u'lláh, pues ha sido designado un Centro especial con autoridad, un Centro que resuelve todas las dificultades y resguarda de todas las diferencias. La Casa Universal de Justicia, asimismo, resguarda de todas las diferencias, y todo cuanto ella prescriba debe ser aceptado, y aquel que comete transgresión es rechazado. Pero esta Casa Universal de Justicia, la cual es el cuerpo legislativo, aún no ha sido instituida.
De este modo se observa que no queda ningún medio para la disensión, mas los deseos carnales son la causa de las diferencias, tal como es el caso de los violadores. Éstos no dudan acerca de la validez del Convenio, pero los motivos egoístas les han arrastrado a esta condición. No es que no sepan lo que hacen; ellos están perfectamente conscientes y a pesar de eso muestran oposición.
En breve, el océano del Convenio es tumultuoso y extenso. Lanza a la orilla la espuma de la violación, y así podéis permanecer seguros. Dedícate a la tarea de adelantar el Mashriqu'l-Adhkár, y a preparar los medios para la difusión de las divinas fragancias. No te dediques a nada fuera de esto, pues de otro modo disiparás tu atención y el trabajo no avanzará.
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¡Oh vosotros, quienes sois tan queridos y amados por 'Abdu'l-Bahá! Hace mucho tiempo que mi oído interior no ha escuchado ninguna dulce melodía de ciertas regiones, ni se ha alegrado mi corazón; y ello, no obstante el hecho de que estáis siempre presentes en mis pensamientos y que os encontráis claramente visibles ante mis ojos. Apunto de rebasar está la copa de mi corazón con el vino del amor por vosotros, y mi anhelo por veros fluye como el espíritu por mis arterias y mis venas. Por ello, es evidente cuán grande es mi aflicción. Actualmente, y durante toda esta tempestad de calamidades que están ahora lanzando sus olas hasta el elevado cielo, crueles e incesantes dardos son arrojados contra mí desde todas direcciones, y en todo momento, aquí en la Tierra Santa, se reciben noticias aterradoras, y cada día aporta su cuota de horror. El Centro de la Sedición había imaginado que bastaba su arrogante rebelión para provocar la ruina del Convenio y Testamento; bastaría esto, pensaba, para desviar a los rectos de la Santa Voluntad. Por ello envió a todas partes sus panfletos de duda, tramando muchos planes secretos. Luego proclamaría que el edificio de Dios había sido destruido, y anulados sus divinos mandamientos, y que, por consiguiente, quedaba abolido el Convenio y Testamento. A continuación se pondría a suspirar y a quejarse de que era mantenido prisionero, sufriendo de hambre y de sed día y noche. Otro día causaría una conmoción diciendo que había sido negada la unicidad de Dios, ya que se había proclamado otra Manifestación antes de la expiración de mil años.
Cuando vio que sus calumnias no tenían efecto, gradualmente concibió un plan para incitar a la conmoción. Empezó a promover injurias, y se puso a llamar a todas las puertas. Comenzó haciendo falsas acusaciones ante los funcionarios del gobierno. Se acercó a algunos de los extranjeros, hizo amistad con ellos y, junto con ellos, preparó un documento y lo presentó a la Sede del Sultanato, causando consternación a las autoridades. Entre las muchas calumniosas imputaciones estaba la que decía que este desdichado había izado el estandarte de la sublevación, una bandera portando las palabras Ya Bahá'u'l-Abhá; que la había desplegado por toda la campiña, llevándola a cada ciudad, a cada pueblo y aldea, e incluso entre las tribus del desierto, y que había emplazado a todos los habitantes a unirse bajo esa bandera.
Oh mi Señor, en verdad, busco un refugio junto a Ti, de solo pensar en semejante acto, el cual es contrario a todos los mandamientos de Bahá'u'lláh, y que de hecho sería un enorme agravio que nadie sino un grave pecador habría jamás de perpetrar. Pues Tú nos has impuesto el deber de obedecer a los reyes y gobernantes.
En otra de sus difamaciones decía que el Santuario del Monte Carmelo era una fortaleza que yo había construido sólida e inexpugnable -cuando el edificio en construcción tiene seis habitaciones- y que lo había llamado Medina la Resplandeciente, mientras que había designado a la Santa Tumba,58 Meca la Glorificada. Otra más de sus calumnias era de que yo había establecido una soberanía independiente y que -¡Dios no lo permita! ¡Dios no lo permita! ¡Dios no lo permita!- había convocado a todos los creyentes a participar conmigo en esta enorme iniquidad. ¡Qué horrenda, oh mi Señor, es su difamación!
Y una vez más él sostiene que, como el Sagrado Santuario ha llegado a ser un sitio visitado por peregrinos de todo el mundo, esto traerá como consecuencia un gran daño para este gobierno y pueblo. Él, el Centro de la Sedición, asegura que él mismo no ha tenido ninguna participación en estos asuntos, que él es el sunní de los sunnitas y un devoto seguidor de Abú-Bakr y de 'Umar, y que considera a Bahá'u'lláh tan solo como un hombre piadoso y un místico; todas estas cosas, él dice, fueron puestas en marcha por este agraviado.
En pocas palabras, fue designada una Comisión Investigadora, por el Sul¶án, que la gloria de su reinado perdure. La Comisión viajó aquí e inmediatamente después de su arribo se trasladó a la casa de uno de los acusadores. Luego citaron al grupo que conjuntamente con mi hermano había preparado el documento acusatorio, y preguntaron a ellos si se trataba de la verdad. El grupo explicó el contenido del documento, declarando que todo lo que había informado en él no era sino la verdad, y agregaron otras acusaciones. De este modo ellos actuaron al mismo tiempo como demandantes, como testigos y como juez.
La Comisión ha regresado ahora a la sede del Califato, y diariamente llegan desde esa ciudad noticias de naturaleza de lo más aterradora. Sin embargo, alabado sea Dios, 'Abdu'l-Bahá permanece sereno e imperturbable. Contra nadie guardo mala voluntad debido a esta difamación. He hecho que todos mis asuntos estén condicionados a su irresistible Voluntad y espero, por cierto, en completa felicidad, ofrendar mi vida, y estoy preparado para soportar cualquier penosa aflicción que me esté reservada. La alabanza sea para Dios, pues los creyentes amorosos también aceptan y permanecen sumisos a la Voluntad de Dios, contentos con ella, radiantemente aquiescentes, ofreciendo gratitud.
El Centro de la Sedición ha imaginado que tan pronto como se haya derramado la sangra de este agraviado, tan pronto como haya sido abandonado en las vastas arenas del desierto o ahogado en el mar Mediterráneo -anónimo, desaparecido sin dejar rastro, sin nadie que hable de mí- tendrá entonces por fin un campo donde impulsar su corcel hacia adelante y, con su hatajo de mentiras y de dudas, dar un fuerte golpe a la pelota de polo de sus ambiciones, y alzarse con el premio.
¡Muy lejos de eso! Pues aun si la dulce y almizclada fragancia de la fidelidad hubiese de pasar, sin dejar el menor rastro, ¿quien se sentiría atraído por el hedor de la perfidia? Y hasta si alguna gacela del cielo fuese despedazada por los perros y los lobos, ¿quién correría en busca de un lobo hambriento? Incluso si hubiese de llegar a su término el día del Místico Ruiseñor, ¿quién prestaría oídos al graznido del cuervo, o al grajeo de la corneja? ¡Qué vana suposición la suya! ¡Qué necia presunción! "Sus obras son como el vapor del desierto, que el sediento imaginará que es agua, hasta que al aproximarse a él, no encuentra nada."59
¡Oh vosotros, amados de Dios! Mantened firmes los pies, y constante el corazón, y por medio del poder de la ayuda de la Bendita Belleza, permaneced empeñados en vuestro propósito. Servid a la Causa de Dios. Enfrentad a todas las naciones del mundo con la constancia y la entereza de la gente de Bahá, que todos los hombres queden asombrados y pregunten cómo puede ser que vuestros corazones sean como manantiales de confianza y de fe, y como minas tan ricas en el amor de Dios. Sed así para que no falléis ni vaciléis debido a estas tragedias en la Tierra Santa; no dejéis que estos terribles sucesos os desconsuelen. Y si todos los creyentes fuesen pasados por la espada y únicamente quedara uno, que ese uno clame en el nombre del Señor y refiera las gozosas nuevas; que ese uno se levante y enfrente a todos los pueblos de la tierra.
No contempléis los lamentables acontecimientos de este Punto Iluminado. La Tierra Santa está en peligro en todo momento, y aquí la marea de las calamidades está siempre alta; pues este llamado ha sido ahora escuchado en todo el mundo, y su fama se ha extendido hasta los confines de la tierra. A ello se debe que los enemigos, tanto de adentro como de afuera, se hayan vuelto, con sutileza y astucia, a difundir calumnias. Es evidente que un lugar como éste ha de estar expuesto al peligro, pues no hay ningún defensor aquí, nadie que se levante, y que tome partido por nosotros frente a la calumnia; aquí solo hay unas pocas almas si hogar, desdichadas, mantenidas en cautiverio en esta fortaleza. Ellas no tienen un paladín; no hay nadie para socorrerlas, nadie para detener las saetas de mentiras, los dardos de difamación que son arrojados contra ellas; nadie excepto Dios.
Os incumbe reflexionar acerca de todos aquellos bienamados que se apresuraron al sagrado campo del sacrificio, aquellas preciosas almas que ofrendaron sus vidas. Recordad qué torrentes de sagrada sangre fueron derramados, cuántos corazones rectos se amalgamaron con su sangre, cuántos pechos fueron el blanco de la lanza de la tiranía, cuántos cuerpos castos fueron destrozados. ¡Cómo entonces podría ser justo que nosotros tan siquiera pensáramos en salvarnos! ¡Pedir favores adulando a extraños y parientes y hacer un simulacro de acuerdo! ¿No debiéramos, más bien, tomar el sendero de los rectos, y seguir los pasos de aquellos grandes que han partido?
Estos pocos y contados días habrán de pasar; esta vida presente se desvanecerá de nuestra vista; las rosas de este mundo no serán ya más frescas ni hermosas; el jardín de los triunfos y delicias de esta tierra habrá de languidecer y desaparecer. La primavera de la vida habrá de convertirse en el otoño de la muerte; el vivaz regocijo de los salones palaciegos habrá de ceder paso a la oscuridad sin luna, del sepulcro. Por consiguiente, nada de esto es digno de ser amado en absoluto, y a esto el sabio no amarra su corazón.
Aquel que tiene conocimiento y poder tratará de encontrar la gloria del cielo, y la distinción espiritual, y la vida imperecedera. Y tal hombre anhela aproximarse al sagrado Umbral de Dios; pues en la taberna de este mundo fugaz el siervo de Dios no se emborracha, ni siquiera se detiene a descansar por un momento, ni se mancha con ningún afecto por esta vida terrenal.
No, es más, los amigos son estrellas en los encumbrados cielos de guía, cuerpos celestiales en los firmamentos de gracia divina, quienes con todos sus poderes ponen en fuga a la oscuridad. Ellos destruyen los basamentos de la malevolencia y el odio. Ellos abrigan solo un deseo para el mundo y todos sus pueblos: bienestar y paz. Por ellos, los baluartes de la guerra y la agresión son demolidos. Poseen veracidad y un proceder honesto, y una amistad en aras de su objetivo, y un trato bondadoso aun para con un enemigo cruel; hasta que al final lleguen a transformar esta cárcel de traición, el mundo, en una mansión de la mayor confianza, y conviertan esta prisión de odio de malevolencia y rencor, en el Paraíso de Dios.
¡Oh vosotros, amorosos amigos! Esforzaos de alma y corazón por hacer de este mundo la imagen reflejada del Reino, que este mundo inferior rebose con las bendiciones del mundo de Dios, que la voces de la Compañía en lo alto se eleven en aclamación, y los signos y las señales de las munificencias y dádivas de Bahá'u'lláh abarquen toda la tierra.
Jináb-i-Amín ha manifestado la más grande admiración por vosotros, hombres honorables y mujeres ilustradas, nombrándoles y alabándoles uno por uno, hablando extensamente de la firmeza y la constancia que todos vosotros habéis mostrado, diciendo que, alabado sea Dios, en Persia, los hombres y las mujeres permanecen unidos, erguidos, fuertes, inconmovibles, como un poderoso edificio sólidamente construido; y que se dedican con amor y alegría a esparcir las dulces fragancias del Señor.
Éstas han sido nuevas de gran felicidad, especialmente porque me han llegado en estos días de extremo peligro. Pues el más caro deseo de este agraviado es que los amigos sean de corazón espiritual y de mente iluminada, y una vez que esta gracia me es conferida, la calamidad, por muy aflictiva que sea, no es sino munificencia que se derrama sobre mí, como una copiosa lluvia.
¡Oh Dios, mi Dios! Tú me ves inmerso en un océano de angustia, encadenado a los fuegos de la tiranía, y llorando en la oscuridad de la noche. Desvelado me revuelvo en mi lecho, mis ojos hacen grandes esfuerzos por ver la luz matinal de la fidelidad y la confianza. Agonizo como si fuera un pez con las entrañas ardiendo al saltar aterrorizado, de un lado a otro, sobre la arena; mas siempre espero que tus dádivas aparezcan desde todos lados.
¡Oh Dios, mi Dios! Haz que los creyentes de otros países participen de tu abundante gracia; redime, por tu infalible ayuda y munificencia, a cualesquiera de tus amados que en los climas más remotos suspiran lamentándose por la amarga crueldad de su enemigo. Oh señor, ellos son cautivos de tu amor, hechos prisioneros por tus tropas. Ellos son aves que vuelan en los cielos de tu guía, ballenas que nadan en el océano de tus dádivas, estrellas que centellean en el horizonte de tus dones. Ellos son los defensores de la fortaleza de tu ley. Ellos son los estandartes de tu recuerdo entre los hombres. Ellos son los profundos pozos de tu divina compasión, las fuentes de tus favores, los manantiales de tu gracia.
Manténlos siempre a salvo bajo tu mirada protectora. Ayúdales a exaltar tu Palabra; haz que sus corazones sean constantes en tu amor; fortalece sus espaldas para que puedan servirte; y en la servidumbre, fortalece sus poderes.
Difunde, a través de ellos, tus fragancias por doquier; expón, a través de ellos, tus Santos Escritos; haz conocer, a través de ellos, tu Prolación; lleva a cabo, a través de ellos, tus Palabras; a través de ellos, derrama tu misericordia.
Tú eres, en verdad, el Fuerte, el Poderoso. Tú eres, en verdad, el Clemente, el Compasivo.
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Hoy en día, toda persona sabia, vigilante y precavida está despierta, y le son revelados los misterios del futuro, los cuales muestran que nada que no sea el Poder del Convenio es capaz de despertar y conmover el corazón de la humanidad, así como el Nuevo y el Antiguo Testamento expusieron por todas las regiones la Causa de Cristo, y fueron el poder que latía en el cuerpo del mundo de la humanidad. Un árbol que tiene raíces dará frutos, mientras que el árbol que nos las tiene, por muy alto y robusto que pueda ser, finalmente se secará, perecerá y llegará a ser tan solo un leño para el fuego.
El Convenio de Dios es como un vasto e insondable océano. De él surgirá y se agitará una ola que arrojará a la orilla toda la espuma acumulada.
La alabanza sea para Dios, pues el más elevado deseo acariciado por las almas atentas, es la exaltación de la Palabra de Dios y la propagación de las fragancias divinas. Éste es, verdaderamente, el fundamento firme y seguro.
Ahora, al igual que en la mañana, la luz del Sol de la Verdad se ha esparcido por doquier. Deben hacerse esfuerzos para que las almas dormidas sean despertadas, que los desatentos se vuelvan cuidadosos y que las enseñanzas divinas, las cuales constituyen el espíritu de esta época, lleguen a los oídos de las gentes del mundo, que puedan ser propagandas por la prensa, y que sean expuestas con brillo y elocuencia en las asociaciones de los hombres.
La propia conducta debe ser como la conducta de Pablo, y la de, como la fe de Pedro. Esta brisa almizclada perfumará el olfato de las gentes del mundo, y este espíritu resucitará a los muertos.
El hedor de la violación ha detenido temporariamente el movimiento progresivo de la Causa, pues, de otro modo, las enseñanzas divinas, como los rayos del sol, inmediatamente se habrían difundido y penetrado en todas las regiones.
Te propones imprimir y publicar las disertaciones de 'Abdu'l-Bahá que tú has compilado. Esto es, ciertamente, muy aconsejable. Este servicio hará que adquieran un rostro refulgente en el Reino de Abhá, y te hará el objeto de la alabanza y gratitud de los amigos, tanto de Oriente como de Occidente. Pero debe ser emprendido con el mayor cuidado, para que sea reproducido el texto exacto y se excluyan todas las desviaciones y alteraciones cometidas por anteriores traductores.
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Tú me ves, oh mi Dios, postrado en sumisión, humillándome ante tus mandamientos, sometiéndome a tu soberanía, temblando ante el poder de tu dominio, huyendo de tu ira, implorando tu gracia, confiando en tu perdón, trémulo de temor ante tu furia. Yo Te imploro, con el corazón estremecido, con un torrente de lágrimas y con el alma anhelante, y completamente desprendido de todas las cosas, que hagas a tus amantes como rayos de luz que atraviesan tus reinos, y que guíes a tus siervos escogidos a exaltar tu Palabra, que sus rostros se vuelvan hermosos y radiantes de esplendor, que sus corazones se llenen con los misterios, y que cada alma deponga su carga de pecados. Protégelos del agresor, de aquel que ha llegado a ser un desvergonzado y blasfemo obrador de mal.
En verdad, tus amantes están sedientos, oh mi Señor; condúceles al manantial de munificencia y de gracia. En verdad, ellos están hambrientos; haz descender tu mesa celestial. En verdad, están desnudos; atavíales con las prendas del saber y el conocimiento.
Héroes ellos son, oh mi Señor, condúceles al campo de batalla. Guías son, hazles expresarse con argumentos y pruebas. Siervos ejecutores son, haz que pasen de uno a otro la copa que rebosa con el vino de la certeza. Oh mi Dios, haz de ellos aves que cantan alegres canciones en los hermosos jardines, haz de ellos leones agazapados en la espesura, ballenas que se sumergen en las vastas profundidades.
En verdad, Tú estas dotado de abundante gracia. No existe otro Dios más que Tú, el Fuerte, el Poderoso, el Siempre Conferidor.
¡Oh vosotros, mis amigos espirituales! De un tiempo a esta parte las presiones han sido muy severas, y las restricciones, como grillos de hierro. Este infeliz agraviado ha quedado completamente solo, pues todos los caminos fueron cerrados. Se les prohibió a los amigos que llegaran hasta mí, los leales fueron excluidos, el enemigo me rodeó, los malvados vigilantes eran feroces y osados. A cada instante, una nueva aflicción. Con cada aliento, una nueva angustia. Tanto los parientes como los extraños al ataque; de hecho, amantes de otrora, carentes de fe y despiadados, eran peores que enemigos cuando se levantaron para acosarme. Nadie había para defender a 'Abdu'l-Bahá, nadie para ayudarle, ni para protegerle, ningún aliado, ni paladín. Yo me ahogaba en un mar sin ribera, y siempre me batían los oídos, como graznidos de cuervos, las voces de los desleales.
A cada amanecer, triple oscuridad. Al atardecer, tiranía implacable. Y nunca un momento de paz, y nunca un bálsamo para las rojas heridas de las lanzas. De un momento a otro llegaría la noticia de mi exilio a las arenas de Fezzán; a cualquier hora sería arrojado al mar infinito. Ahora dirían que estos vagabundos sin hogar estaban por fin arruinados; luego, que la cruz sería pronto utilizada. Este consumido cuerpo mío habría de convertirse en blanco de las balas o las saetas; o bien este débil cuerpo sería cortado en tiras por la espada.
Nuestros conocidos adversarios no podían contenerse de alegría, y nuestros traicioneros amigos se regocijaban. "Alabado sea Dios," exclamaba uno, "he aquí, nuestro sueño se ha hecho realidad." Y otro: "Gracias a Dios, nuestra lanza ha encontrado el corazón."
La aflicción golpeaba a este cautivo como las copiosas lluvias de la primavera, y las victorias de los malévolos se abatían en un torrente implacable y, no obstante, 'Abdu'l-Bahá permanecía feliz y sereno, confiando en la gracia del Todomisericordioso. Aquel dolor, aquella angustia, eran un paraíso de todas las delicias, aquellas cadenas eran el collar de un rey en un trono del cielo. Complacido con la voluntad de Dios, totalmente resignado, mi corazón se rendía a todo cuanto me deparase el destino, y era feliz. Tenía por compañero jovial a una gran alegría.
Finalmente llegó un tiempo cuando los amigos se volvieron inconsolables y abandonaron toda esperanza. Entonces despuntó el alba, e inundó todo con luz infinita. Las dominantes nubes fueron dispersadas, las lúgubres sombras desaparecieron. En ese instante cedieron los grillos, se soltaron las cadenas del cuello de este ser desamparado y fueron colgadas alrededor del cuello del enemigo. Aquellos abrumadores peligros se trocaron en comodidad, y del horizonte de las munificencias de Dios despuntó el sol de la esperanza. Todo esto fue por la gracia de Dios y sus dádivas.
Y sin embargo, desde cierto punto de vista, este errante se hallaba triste y desconsolado. ¿De qué color, en tiempos venideros, habría de buscar consuelo? ¿Ante las noticias de qué deseo concedido habría de regocijarme? No habría ya tiranía, ni aflicción, ni sucesos trágicos, ni tribulaciones. Mi única alegría en este mundo que pasa velozmente, era la de hollar el pedregoso sendero de Dios y soportar las duras pruebas y todos los pesares materiales. Pues de otro modo esta vida terrenal resultaría estéril y vana, y sería mejor la muerte. El árbol del ser no produciría fruto; el campo sembrado de esta existencia no rendiría cosecha. Y así, es mi esperanza que nuevamente alguna circunstancia haga rebosar mi copa de angustia, y que el hermoso Amor, ese Matador de almas, deslumbre nuevamente a los contempladores. Entonces este corazón se sentirá dichoso, esta alma será bienaventurada.
¡Oh Divina Providencia! Alza a los labios de tus amantes una copa rebosante de angustia. Haz que a los anhelantes en tu sendero, la dulzura les cause solo escozor, y que el veneno les sea dulce como la miel. Haz que nuestras cabezas sean el ornamento de las puntas de las lanzas. Haz de nuestros corazones el blanco de las despiadadas saetas y los dardos. Vuelve a la vida a esta alma marchita en el campo del martirio, haz que este corazón mustio beba el trago de la tiranía, y que así se vuelva fresco y hermoso una vez más. Hazle embriagarse con el vino de tu eterno Convenio, haz de él un juerguista sosteniendo en alto su copa. Ayúdale a desechar su vida; concede que sea ofrendado en aras a Ti.
Tú eres el Fuerte, el Poderoso, Tú eres el Conocedor, el Veedor, el Oidor.
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¡Oh tú, quien has sido penosamente afligido en el sendero del Convenio! La angustia y el tormento, al ser sufrido en el sendero del Señor, el de los signos manifiestos, es tan solo favor y gracia; la aflicción no es sino misericordia, y el dolor, una dádiva de Dios. El veneno es azúcar en la lengua, y la ira es bondad, nutriendo el alma.
Luego alábale a Él, el amoroso Proveedor, por haber ordenado esta extrema aflicción, la cual no es sino merced absoluta.
Si, como Abraham, a través de las llamas hubiere de pasar,
o, como Juan,60 un camino ensangrentado recorrer,
si, como a José, a un pozo me arrojaras,
o en una celda me encerraras,
o como al Hijo de María tan pobre me hicieras,
de Ti no me apartaré,
sino que, de cuerpo y alma, inclinado a tu mandato,
siempre me hallaré.
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Hoy, el Señor de las Huestes61 es el defensor del Convenio, las fuerzas del Reino Le protegen, las almas celestiales rinden sus servicios, y los ángeles del cuelo lo promulgan y difunden por doquier. Si se examina con percepción se podrá observar que todas las fuerzas del universo, en último término, sirven al Convenio. En el futuro ello se hará evidente y manifiesto. En vista de este hecho, ¿qué pueden lograr estas débiles y lánguidas almas? Las plantas resistentes desprovistas de raíces y privadas de las efusiones de la nube de misericordia no perduran. ¿Qué puede esperarse de las endebles malezas...?
193
Es el amanecer, y desde el sitio donde despuntan los invisibles dominios de Dios, la luz de la unidad está surgiendo; y desde el oculto mundo del Reino de unicidad, una corriente de abundante gracia se abate torrentosa. Las buenas nuevas del Reino están resonando desde todas partes, y flotando desde todas las direcciones se hallan los primeros signos matinales de la exaltación de la Palabra de Dios y la elevación de su Causa. Se difunde la palabra de unidad, se cantan los versículos de unicidad, el mar de las dádivas de Dios lanza en alto sus olas y, como cataratas que se precipitan, viértense sus bendiciones.
Las confirmaciones de Aquel Quien es el Siempre Perdonador han envuelto en luz a todas las regiones, los ejércitos de la Compañía en lo alto se lanzan a la batalla al lado de los amigos del Señor, y triunfan, la fama de la Antigua Belleza -que mi vida sea ofrendada por sus amados- resuena de polo a polo, y la palabra de la Sagrada Causa se ha difundido a Oriente y Occidente.
Todas estas cosas traen alegría al corazón y, sin embargo, 'Abdu'l-Bahá está profundamente sumido en un océano de pesar, y el dolor y la angustia han afectado a tal punto mis extremidades y mis miembros, que una extrema debilidad se ha apoderado de todo mi cuerpo. Observad que, cuando solo y a solas, sin nadie que me secundara, elevé el llamado de Dios por todo el mundo, sus pueblos se levantaron para oponerse, para disputar, par anegar. Por una parte, es evidente cómo los religiosos del pasado han lanzado su ataque a todos los puntos; por otra parte, se tienen noticias de los mendaces escarnecedores y de los límites extremos a que están llegando por arrancar de raíz al Árbol Divino. ¡Qué maliciosas y calumniosas acusaciones levantan contra la Antigua Belleza, qué panfletos llenos de perversas y depravadas imputaciones están escribiendo afanosamente y propagando en contra del Más Grande Nombre! Y ahora, en el más profundo secreto, están esforzándose al máximo por asestar a esta Fe un temible golpe.
Además, los orgullosos han discurrido todo tipo de conjuras y maquinaciones, para inhabilitar completamente a la Causa de Dios y borrar el nombre de 'Abdu'l-Bahá del Libro de la Vida.
Y ahora, sumada a todas estas tribulaciones, estas miserias, estos ataques enemigos, se ha levantado toda una polvareda de mala voluntad entre los mismos creyentes. Ello, a pesar del hecho de que la Causa de la antigua Belleza es la esencia misma del amor, el canal mismo de la unicidad, y que existe solo para que todos lleguen a ser olas de un solo mar, y brillantes estrellas del mismo cuelo infinito, y perlas dentro de la ostra de la singularidad, y relucientes joyas extraídas de las minas de la unidad; para que lleguen a ser siervos uno de otro, que se adoren uno a otro, que se bendigan uno a otro, que se alaben uno a otro; que cada uno desate su lengua y sin excepción ensalce a los demás; que cada uno proclame su gratitud a todos los demás; que todos eleven su mirada hacia el horizonte de gloria, y que recuerden que están vinculados al Sagrado Umbral; que nada vean sino el bien uno en otro, que nada oigan salvo alabanzas de uno hacia otro, y que no pronuncien palabra, uno con respecto al otro, si no es tan solo para alabar.
Existen, de hecho, algunos que hollan este camino de rectitud y, gracias a Dios, son fortalecidos y sostenidos por el poder celestial en todos los países. Pero otros no se han elevado como debieran a esta gloriosa y exaltada posición, y esto echa sobre el corazón de 'Abdu'l-Bahá una pesada carga de dolor, de inconcebible pesar. Pues ninguna tempestad más peligrosa que ésta podría jamás asaltar a la Causa de Dios, ni podría otra cosa disminuir tanto la influencia de su Palabra.
Incumbe a todos los amados de Dios llegar a ser como uno, reunirse bajo la protección de un único pabellón, abogar por una opinión común, seguir uno y el mismo sendero, permanecer firmes en una misma resolución. Que olviden sus teorías divergentes y que descarten sus puntos de vista contrarios, ya que, alabado sea Dios, nuestro propósito es uno, nuestra meta es una. Somos los siervos de un solo Umbral, todos obtenemos nuestro alimento de la misma y única Fuente, todos estamos reunidos a la sombra del mismo encumbrado Tabernáculo, todos estamos al amparo del único Árbol celestial.
¡Oh amados del Señor! Si algún alma habla mal de un ausente, el único resultado será claramente éste: enfriará la devoción de los amigos y tenderá a volverlos indiferentes. Pues la murmuración divide, es la principal causa, entre los amigos, de la inclinación a apartarse. Si algún individuo hablare mal de otro que está ausente, corresponde a quienes le escuchan, de manera espiritual y amistosa, impedírselo, preguntando al respecto: ¿serviría esta denigración a algún fin útil? ¿Agradaría a la Bendita Belleza, contribuiría al perdurable honor de los amigos, promovería la sagrada Fe, apoyaría el Convenio, o podría ser de provecho alguno para cualquier alma? ¡No, nunca! Por el contrario, haría que el polvo se depositara tan densamente en el corazón, que los oídos ya no oirían, y los ojos no contemplarían más la luz de la verdad.
Si, no obstante, una persona se pone a hablar bien de otra, abriendo sus labios para alabar a otra, tocará una cuerda sensible en quienes le escuchan, los que serán conmovidos por los hálitos de Dios. Sus corazones y sus almas se regocijarán de saber que, gracias a Dios, existe un alma en la Fe que es un centro de perfecciones humanas, la propia personificación de las munificencias del Señor, alguien cuya lengua es elocuente, y cuyo rostro reluce en cualquier reunión en que se halle, alguien que tiene la victoria sobre su frente, quien es sostenido por las dulces fragancias de Dios.
Ahora bien, ¿cuál es el mejor modo de obrar? Juro por la belleza del Señor: cuando quiera que escucho cosas buenas de los amigos, mi corazón se colma de alegría; mas cuando quiera que encuentro el menor indicio de que están en malas relaciones entre ellos, el pesar me abate. Tal es la condición de 'Abdu'l-Bahá. Luego, juzgad por esto cuál es vuestro deber.
Alabado sea Dios; dondequiera que prestemos atención, la Antigua Belleza ha abierto de par en par los portales de la gracia, y ha anunciado en términos inequívocos las buenas nuevas de la victoria, mediante la sostenedora ayuda del Señor. Por medio del amor ha extasiado los corazones de los creyentes, y ha confiado su triunfo a los ejércitos del Concurso en lo alto.
Ahora, entre todos los pueblos del mundo, los bienamados deben levantarse con un corazón como el sol, un poderoso impulso interior, un semblante luminoso, un hálito almizclado, una lengua que siempre habla de Dios, una exposición clara como el cristal, una elevada resolución, un poder nacido del cielo, un carácter espiritual, una confirmación poco menos que divina. Que todos y cada uno de ellos lleguen a ser un solo esplendor sobre el horizonte del cielo, y una estrella deslumbrante en los firmamentos del mundo. Que sean árboles fructíferos en las glorietas celestiales, flores de dulce fragancia en los jardines divinos; que sean versos de perfección en la página del universo, palabras de unicidad en el Libro de la Vida. Ésta es la primera edad, y los tempranos comienzos de la dispensación de la Más Grande Luz, por lo cual, dentro de este siglo, deben ser adquiridas las virtudes, dentro de este espacio de tiempo, deben perfeccionarse las buenas cualidades. En estos mismos días el Paraíso de Abhá debe levantar sus tiendas en las planicies del mundo. Las luces de la realidad deben ser reveladas ahora, y los secretos de las dádivas de Dios deben darse a conocer ahora, y ahora la antigua gracia debe brillar, y este mundo debe convertirse en el placentero recreo celestial, el jardín de Dios. Y por los corazones puros, y a través de las munificencias celestiales, todas las perfecciones, las cualidades y atributos de lo divino, deben hacerse manifiestos ahora.
En todo momento, 'Abdu'l-Bahá suplica e implora con lágrimas al Todopoderoso, ante el Sagrado Umbral, exclamando:
¡Oh Tú, bondadoso Señor! Somos siervos de tu Umbral, que nos ponemos al amparo de tu sagrada Puerta. No buscamos otro refugio que no sea este firme pilar; no recurrimos a ningún abrigo salvo tu resguardo. Protégenos, bendícenos, sosténnos, haznos de un modo tal que no amemos sino tu complacencia, que no manifestemos sino tu alabanza, que solo transitemos el sendero de la verdad, que podamos llegar a ser lo suficientemente ricos como para prescindir de todo salvo de Ti, y recibir nuestros dones del mar de tu beneficencia, que siempre nos esforcemos por exaltar tu Causa y por difundir tus dulces fragancias por doquier, para que lleguemos a olvidarnos del yo y nos ocupemos tan solo de Ti, que reneguemos de todo lo demás y quedemos aprisionados en Ti.
¡Oh Tú, Proveedor, oh Tú, Perdonador! Concédenos tu gracia y tu bondad, tus dones y tus dádivas, y sosténnos, para que alcancemos nuestra meta. Tú eres el Poderoso, el Capaz, el Conocedor, el Veedor; y, verdaderamente, Tú eres el Generoso y, verdaderamente, Tú eres el Todomisericordioso y, verdaderamente, Tú eres el Siempre Perdonador, Aquel a Quien se Le debe arrepentimiento, Aquel que perdona hasta el más grave de los pecados.
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¡Oh vosotros, los sinceros amados de la Belleza de Abhá! En estos días la Causa de Dios, en todo el mundo, está creciendo rápidamente en poder y, día a día, se está extendiendo cada vez más a los confines más apartados de la tierra. Sus enemigos, por ello, proveniente de todos los linajes y pueblos de la tierra, se están volviendo agresivos, malevolentes, envidiosos y enconadamente hostiles. Es de incumbencia de los amados de Dios ejercer el mayor cuidado y prudencia en todas las cosas, ya sean grandes o pequeñas, consultarse entre sí, y resistir unidos el ataque de los agitadores y los que promueven la discordia. Deben poner empeño en asociarse con todos en un espíritu amistoso, deben guardar moderación en su conducta, deben tener respeto y consideración los unos hacia los otros, y mostrar bondad y tierno afecto a todos los pueblos del mundo. Deben ser pacientes y resignados, para que lleguen a convertirse en los divinos imanes del Reino de Abhá, y adquirir el poder dinámico de las huestes del dominio en lo alto.
Las fugaces horas de la vida del hombre en la tierra pasan rápidamente, y lo poco que aún queda habrá de llegar a su fin, mas aquello que permanece y perdura por siempre es el fruto que el hombre cosecha de su servidumbre ante el Divino Umbral. Contemplad la verdad de esta sentencia. ¡Cuán abundantes y gloriosas son las pruebas de esto en el mundo del ser!
¡La gloria de las glorias descanse sobre el pueblo de Bahá!
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¡Oh tú, exaltada rama del divino Árbol del Loto!... Cuando seas desdeñado y rechazado por los obradores de iniquidad, no te sientas abatido; y ante el poder y la altivez de los presuntuosos, no te desazones no te acongojes; pues tal es la manera de ser de las almas desatentas, desde tiempo inmemorial. "¡Oh, la miseria de los hombres! Ningún Mensajero llega a ellos sin que se mofen de Él."62
De hecho, los ataques y obstáculos de los ignorantes solo hacen que sea exaltada la Palabra de Dios, y esparcen sus signos y señales por doquier. Si no fuera por esta oposición de los desdeñosos, esta obstinación de los calumniadores, esta vociferación de los púlpitos, este clamor y lamento de grandes y pequeños por igual, estas acusaciones de descreimiento levantadas por los ignorantes, este alboroto de los necios, ¿cómo podría alguna vez haber llegado a Oriente y a Occidente la noticia del advenimiento del Punto Primordial y del luminoso amanecer del Sol de Bahá? ¿De qué otro modo podría haber sido sacudido el planeta de polo a polo? ¿De qué otro modo podría haber llegado a ser Persia el punto focal de los difundidos esplendores, y el Asia Menor el corazón que irradia la belleza del Señor? ¿De qué otra manera podría haberse extendido hasta el sur la llama de la Manifestación? ¿Por qué medios podrían haberse oído los clamores de Dios en el extremo norte? ¿De qué otro modo podría haber sido escuchado su llamamiento en los continentes de América y del África negra? ¿De qué otro modo podría haber penetrado en esos oídos el canto del gallo del Cielo? ¿De qué otro modo podrían haber encontrado esta azúcar las dulces catitas de la india, o los ruiseñores haber elevados sus gorjeos desde la región de 'Iráq? ¿Qué otra cosa podría haber hecho danzar a Oriente y a Occidente? ¿De qué otro modo podría este Punto Consagrado haber llegado a ser el trono de la Belleza de Dios? ¿De qué otro modo podría el Sinaí contemplar este ardiente resplandor? ¿Cómo podría la llama del Advenimiento engalanar esa montaña? ¿De qué otro modo podría la Tierra Santa convertirse en el escabel de la belleza de Dios, y el santo valle de Towa63 llegar a ser el sitio de excelencia y de gracia, el sagrado punto donde Moisés se quitó sus sandalias? ¿Cómo podrían los hálitos del cielo ser transportados a través del Valle de la Santidad? ¿Cómo podrían ser percibidas alguna vez las perfumadas corrientes de aire que soplan desde los jardines de Abhá, por aquellos que habitan en la Verde Isla? ¿De qué otro modo podrían haberse cumplido jamás los votos de los Profetas, las gozosas nuevas de los santos Videntes de antaño, las conmovedoras promesas dedicadas a este Sagrado Lugar por las Manifestaciones de Dios?
¿De qué otro modo podría haberse plantado aquí el Árbol de Anísá, haber ondeado la bandera del Testamento, haberse llevado a estos labios la embriagadora copa del Convenio? Todas estas bendiciones y estas dádivas, los instrumentos mismos de la proclamación de la Fe, han ocurrido por el escarnio del ignorante, la oposición del necio, la obstinación del insensible, la violencia del agresor. Si no hubiese sido por estas cosas, hasta el día de hoy, las nuevas del advenimiento del Báb no habrían llegado tan siquiera a los países cercanos. Por consiguiente, nunca deberíamos afligirnos por la ceguera de los inconscientes, por lo ataques de los necios, por la hostilidad de los viles y los abyectos, por la negligencia de los sacerdotes, por los cargos de infidelidad levantados contra nosotros por los faltos de entendimiento. Tal ha sido su modo de obrar en épocas pasadas, y no sería así si fueran de aquellos que conocen; pero están sumidos en la ignorancia y no alcanzan a comprender lo que se les dice.64
Por tanto te corresponde, como vástago del Santo Árbol de Dios que ha brotado de ese poderoso Tronco, y también nos corresponde a nosotros mediante la sostenedora gracia de la Antigua Belleza -que mi vida sea una ofrenda por su Más Sagrado Santuario- arder con esta llama proveniente del cielo, como para encender el fuego del amor de Dios de polo a polo. Que nos sirva de ejemplo el grande y sagrado Árbol del exaltado Báb -que mi vida sea ofrendada a Él. Como Él descubramos nuestros pechos a los dardos de la agonía, como Él hagamos que nuestros corazones sean el blando de las lanzas decretadas por Dios. Consumámonos, como si fuéramos candelas; como polillas, chamusquemos nuestras alas; como las alondras del campo, dejemos escapar nuestro canto lastimero; como los ruiseñores, estallemos en lamentaciones.
Como si fuéramos nubes derramemos nuestras lágrimas y, como los destellos del relámpago, riámonos de nuestras cacerías a través de Oriente y Occidente. De día, de noche, pensemos tan solo en esparcir las dulces fragancias de Dios. No nos quedemos para siempre con nuestras fantasías e ilusiones, con nuestro análisis e interpretación, y haciendo circular complicadas dudas. Descartemos todos los pensamientos egoístas. Cerremos los ojos a todo lo que existe sobre la tierra, y no demos a conocer nuestros sufrimientos ni nos quejemos por los agravios. Más bien, que lleguemos a olvidarnos de nosotros mismos y, apurando el vino de la gracia celestial, proclamemos nuestro regocijo y perdámonos en la belleza del Todoglorioso.
¡Oh tú, Afnán del divino Árbol del Loto! Debemos esforzarnos, cada uno de nosotros, por llegar a ser como ramas fecundas y producir un fruto siempre más dulce y saludable, que la rama demuestre ser una continuación de la raíz, y la parte esté en armonía con el todo. Es mi esperanza que por la munificencia del Más Grande Nombre y la bondad del Punto Primordial -que mi alma sea una ofrenda para ambos- nos convirtamos en los instrumentos de la exaltación de la Palabra de Dios por todo el mundo; que siempre rindamos servicio a la Fuente de nuestra Causa y que extendamos sobre todos el dosel del verdadero y sagrado celo del Señor. Que allende los campos de la gracia hagamos soplar los céfiros que traigan al hombre los fragantes aromas provenientes de los jardines de Dios, que podamos hacer de este mundo el Paraíso de Abhá, y transformemos este lugar inferior en el Reino del Cielo.
Es verdad que a cada uno de los siervos de Dios, y en particular, a aquellos que están inflamados con la Fe, les ha sido asignada esta tarea de servidumbre al Dios Todopoderoso; sin embargo, el deber impuesto a nosotros es mayor que aquel que pesa sobre los demás. De Él esperamos gracia y favor y fortaleza.
Toda alabanza y gratitud sean para la Bendita Belleza, por llamar a la acción a los ejércitos de su Reino de Abhá, y enviarnos su ayuda que jamás se ha interrumpido, confiable como el retorno de las estrellas. En cada región de la tierra Él ha sostenido a este aislado, a este solitario siervo; en todo momento Él me ha hecho conocer los signos y señales de su amor. Él ha dejado estupefactos a todos aquellos que se aferran a sus vanas ilusiones y los ha vuelto infames a la vista de los encumbrados y los humildes. Ha hecho que aquellos que persiguen sus manías y fantasías se conviertan en objeto del reproche general, y ha expuesto a los arrogantes a la contemplación pública; Él ha hecho que aquellos de los amigos que demostraron ser frágiles de fe, sirvan de advertencia a todo observador, y ha hecho que los líderes de aquellos que vacilen se amen a sí mismos y se hundan en el engreimiento. Entretanto, con la fuerza de su poder, Él ha hecho que este pájaro de alas rotas se remonte ante todos cuantos habitan en la tierra. Él ha roto las apretadas filas de los rebeldes y ha dado la victoria a las huestes de la salvación, y ha insuflado en los corazones de aquellos que permanecen firmes en el Convenio y Testamento, el hálito de la vida sempiterna.
Transmite los saludos de Abhá a cada uno de los Afnán, surgidos del Árbol Santo. La gloria descanse sobre ti y sobre todos los Afnán que permanecen fieles y leales al Convenio.
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¡Oh tú, quien eres constante en el Convenio! Tu carta fechada el 9 de septiembre de 1909 ha sido recibida. No te sientas afligido ni desconsolado por lo que ha ocurrido. Esta dificultad te sorprendió cuando transitabas en el sendero de Dios, por lo cual debería producirte alegría. Nos hemos dirigido por escrito a los amigos, antes de esto, y realizado además una declaración verbal, en el sentido de que los amigos de Occidente sin duda tendrán su parte de las calamidades que les sobrevienen a los amigos de Oriente. Es inevitable que, hollando el sendero de Bahá'u'lláh, ellos también se conviertan en el blanco de la persecución de los opresores.
Considera cómo, en el comienzo de la era cristiana, fueron afligidos los apóstoles y qué tormentos soportaron en el sendero de Cristo. Cada día de sus vida fueron el blando de los dardos de las mofas, de la difamación y las injurias de los fariseos. Ellos soportaron grandes penas; estuvieron en prisión; y la mayoría de ellos llevaron a sus labios el dulce cáliz del martirio.
Ahora vosotros también debéis llegar ciertamente a ser mis socios en alguna pequeña medida, y aceptar vuestra cuota de pruebas y aflicciones. Pero estos episodios habrán de pasar, mientras que aquella gloria perdurable y esa vida eterna permanecerán por siempre inalterables. Además, estas aflicciones serán la causa de una gran progreso.
Ruego a Dios que tú, su granjero, ares la tierra dura y pedregosa, y que la riegues, y que esparzas semillas en ella, pues eso demostrará cuán diestro es el labriego, pues cualquier hombre puede sembrar y cultivar donde el terreno es blando y se halla libre de zarzas y espinas.
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¡Oh tú, siervo de Dios! No te acongojes por las aflicciones y calamidades que te han sobrevenido. Todas las calamidades y aflicciones han sido creadas para el hombre a fin de que llegue a despreciar a este mundo mortal, un mundo con el cual está él muy encariñado. Cuando experimenta severas pruebas y privaciones, su naturaleza se repliega, y desea el dominio eterno, un dominio que está santificado de todas las aflicciones y calamidades. Tal es el caso del hombre sabio. Él nunca beberá de una copa que al final es repugnante, sino, por el contrario, buscará la copa de agua pura y límpida. No prueba la miel que está mezclada con veneno.
Alaba a Dios, porque has sido sometido a pruebas y experimentado tal vicisitud. Sé paciente y agradecido. Vuelve tu rostro hacia el Reino divino y esfuérzate en adquirir características misericordiosas, en llegar a ser iluminado y alcanzar los atributos del Reino y del Señor. Empéñate en volverte indiferente a los placeres de este mundo y sus comodidades, en permanecer firme y constante en el Convenio y el promulgar la Causa de Dios.
Este es el motivo de la exaltación del hombre, el motivo de su gloria y de su salvación.
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¡Oh tú, quien estás enamorado de los hálitos de Dios! He leído tu carta, la cual proclama tu amor a Dios y tu irresistible atracción a su Belleza, y tan maravilloso tema trajo alegría a mi corazón.
El propósito de lo que te manifesté en mi carta anterior fue que al exaltar la Palabra de Dios habrá de encontrarse con pruebas y calamidades; y que, al amarle, en todo momento habrá penalidades, tormentos, aflicciones.
Corresponde al individuo que primeramente evalúe estas ordalías, que las acepte voluntariamente y que las reciba ansiosamente; solo entonces debería proceder a enseñar la Fe y a exaltar la Palabra de Dios.
En un estado tal, no importa qué pueda sucederle en su amor por Dios -hostigamiento, reproches, vilipendio, imprecaciones, apaleamientos, cárcel, muerte- él nunca se sentirá abatido, y su pasión por la Divina Belleza adquirirá mayor fuerza. Esto es lo que yo quería decir.
¡De otro modo, el dolor y la miseria sean para el alma que busca la comodidad, la riqueza, las delicias terrenales, mientras olvida recordar a Dios! Pues las calamidades con que se tropieza en el sendero de Dios no son, para 'Abdu'l-Bahá, sino un favor y una gracia, y en una de sus Tablas la gloriosísima Belleza ha manifestado: "Nunca he pasado junto a un árbol sin que mi corazón se dirigiese a él, diciendo: '¡Ojalá fueras derribado en mi nombre, y mi cuerpo crucificado sobre ti!'" Éstas fueron las palabras del Más Grande Nombre. Éste es su sendero. Éste es el camino hacia su Dominio de Poder.
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¡Oh vosotros, los sinceros, vosotros, los anhelantes, vosotros, quienes sois atraídos como si estuvieseis magnetizados, vosotros, quienes os habéis levantado a servir a la Causa de Dios, a exaltar su palabra, a esparcir sus dulces fragancias por doquier! He leído vuestra excelente carta, hermosa en el estilo, elocuente en las palabras, profunda en su significado, y alabé a Dios y Le agradecí por haber acudido en vuestra ayuda y por haberos permitido servirle en su extensa viña.
A corto plazo vuestros rostros brillarán con el esplendor de vuestras súplicas y vuestra adoración a Dios, vuestras oraciones a Él, y vuestra humildad y abnegación en la presencia de los amigos. Él hará de vuestra asamblea un imán que atraerá hacia vosotros los brillantes rayos de las confirmaciones divinas que resplandecen desde su Reino de gloria.
Os incumbe ponderar en vuestros corazones y meditar sobre sus palabras, y suplicarle humildemente y deponer el yo en su celestial Causa. Estas son las cosas que harán de vosotros signos de guía para toda la humanidad, y estrellas resplandecientes brillando desde el más sublime horizonte, y majestuosos árboles en el Paraíso de Abhá.
Sabe que 'Abdu'l-Bahá vive en continua delicia. El haber sido alojado en esta remota prisión es para mí una extraordinaria felicidad. ¡Por la vida de Bahá! Esta prisión es mi paraíso celestial; es mi meta acariciada, el consuelo de mi pecho, la dicha de mi corazón; es mi refugio, mi abrigo, mi asilo, mi seguro albergue, y dentro de ella me regocijo en medio de las huestes del cielo y de la Compañía en lo alto.
Alborozaos por mi servidumbre, oh amigos de Dios, pues ella siembra las semillas de libertad; recocijaos por mi encarcelamiento, pues él es el manantial de salvación; alegraos de mi fatiga, pues ella conduce al descanso eterno. ¡Por Dios nuestro Señor! No cambiaría esta prisión por el trono del mundo entero, ni renunciaría a este confinamiento por los placeres y pasatiempos de todos los más bellos jardines de la tierra. Es mi esperanza que por la abundante gracia del Señor, su munificencia y amorosa bondad, sea yo, en su sendero, suspendido de cara al cielo, para que mi corazón llegue a ser el blanco de un millar de balas, o que sea arrojado a las profundidades del mar, o que se me deje perecer en las arenas del desierto. Esto es lo que más anhelo; este es mi supremo deseo; ello refresca mi alma, es un bálsamo para mi pecho, es el solaz mismo de mis ojos.
En cuanto a vosotros, oh amantes de Dios, afirmad vuestros pasos en su Causa, con tal resolución, que no seáis sacudidos aunque la más horrenda de las calamidades arremeta contra el mundo. No seáis perturbados por nada, en condición. Permaneced sólidamente anclados, como las altas montañas, sed estrellas que amanecen sobre el horizonte de la vida, sed lámparas brillantes en las congregaciones de la unidad, sed almas humildes y sumisas en la presencia de los amigos, sed inocentes de corazón. Sed símbolos de guía y luces de piedad, separados del mundo; aferraos al asidero que es fuerte y seguro, esparciendo por doquier el espíritu de vida, navegando en el Arca de Salvación. Sed auroras de generosidad, puntos de amanecer de los misterios de la existencia, sitios donde desciende la inspiración, lugares donde surgen los esplendores, almas sostenidas por el Espíritu Santo, enamoradas del Señor, desprendidas de todo salvo de Él, santas por encima de las características de la humanidad, ataviadas con los atributos de los ángeles del cielo, para que obtengáis para vosotros la mayor dádiva de todas, en este nuevo tiempo, en esta maravillosa edad.
¡Por la vida de Bahá! Sólo aquel que está separado del mundo alcanzará esta gracia final, aquel quien es un cautivo del amor divino, vacío de pasión y de egoísmo es, en todos los aspectos, fiel a su Dios, humilde, sometido, suplicante, en lágrimas, sumiso ante la presencia del Señor.
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¡Oh vosotros, mis amados espirituales! En un tiempo cuando un océano de pruebas y tribulaciones se agitaba y lanzaba sus olas a los cielos, cuando las multitudes nos acosaban y los tiranos nos infligían abrumadores agravios, en un momento tal, una banda de individuos, empeñados en difamarnos, se aliaron con nuestro cruel hermano, publicaron un tratado que estaba lleno de cargos difamatorios, y dirigieron acusaciones y calumnias contra nosotros.
De este modo alarmaron y confundieron a las autoridades gubernamentales, y es obvia cuál llegó a ser la condición de este cautivo, en esta ruinosa fortaleza, y qué terrible daño y perjuicio fue causado, mucho peor de lo que las palabras puedan decir. A pesar de todo, este prisionero sin hogar permaneció interiormente tranquilo y seguro, confiando en el incomparable Señor, anhelando cualesquiera aflicciones con que hubiera de tropezar en el sendero del amor de Dios. Pues las saetas del odio, a nuestra vista, no son más que un regalo de perlas de parte de Él, y el veneno mortal no es sino un sorbo curativo.
Tal era nuestro estado cuando nos llegó una carta de los amigos de América.65 Habían convenido, ellos escribían, permanecer completamente de acuerdo en todo, y los signatarios en su totalidad se habían comprometido en hacer sacrificios en el sendero del amor de Dios, para así alcanzar la vida eterna. En el mismo instante en que fue leída esta carta, junto con las firmas al final de ella, 'Abdu'l-Bahá experimentó un gozo tan vehemente que ninguna pluma podría describirlo, y agradeció a Dios que en ese país se hubieran levantado amigos que habrían de vivir en perfecta armonía, en el mejor compañerismo, en completo acuerdo, estrechamente asociados, unidos en sus esfuerzos.
Cuanto más se fortalezca este pacto tanto más felices y tanto mejores serán todas las cosas, pues él atraerá hacia sí las confirmaciones de Dios. Si los amantes de Dios anhelan la gracia de ganar como amigos a la Compañía en lo alto, deben hacer todo lo posible por fortalecer este pacto, pues una alianza semejante por la hermandad y la unidad es como regar el Árbol de la Vida: es la vida sempiterna.
¡Oh vosotros, amantes de Dios! Afirmad vuestros pasos, cumplid vuestra promesa de unos hacia otros; salid en armonía a esparcir por doquier las dulces fragancias del amor de Dios, y a establecer sus Enseñanzas, hasta que insufléis un alma en el cuerpo muerto de este mundo, y traigáis verdadera curación al doliente, en los reinos físico y espiritual.
¡Oh vosotros, amantes de Dios! El mundo es igual que un ser humano que está enfermo e impotente, cuyos ojos ya no pueden ver, cuyos oídos se han vuelto sordos, la totalidad de cuyos poderes se encuentran carcomidos y desgastados. Por consiguiente, los amigos de Dios deben ser médicos competentes que, siguiendo las santas Enseñanzas, cuiden a este paciente para restaurarle la salud. Quizá, Dios mediante, el mundo mejore, y sus facultades consumidas sean renovadas, y su persona adquiera tal vigor, tal frescura y lozanía, que resplandezca con gracia y donaire.
El primero de todos los remedios es el de guiar rectamente a las gentes, a fin de que se vuelvan a Dios, y escuchen sus consejos, y salgan con oídos que oyen y ojos que ven. Una vez que se les ha suministrado esta poción de rápido efecto, entonces, de acuerdo con las Enseñanzas, ellos deben ser encauzados a adquirir las características y la conducta del Concurso en lo alto, y animarles a buscar todas las munificencias del Reino de Abhá. Deben purificar sus corazones de la más leve huella de odio y rencor, y comenzar a ser veraces y honrados, conciliatorios y amorosos para con todo el género humano, a din de que, como dos amantes, Oriente y Occidente se abracen entre sí, para que el odio y la hostilidad desaparezcan de la tierra y que, en su lugar, se arraigue firmemente la paz universal.
¡Oh vosotros, amantes de Dios! Sed bondadosos con todos los pueblos; cuidad a todas las personas; hacer todo cuanto podáis por purificar los corazones y las mentes de los hombres; esforzaos por llevar alegría a todas las almas. Sed una lluvia de gracia para cada prado; para cada árbol, el agua de vida; sed como perfumado almizcle para los sentidos de la humanidad, y una fresca, una reparadora brisa para el doliente. Sed placenteras aguas para todos los sedientos, un guía cuidadoso para todos aquellos que han perdido el camino; sed un padre y una madre para el huérfano, sed hijos e hijas cariñosos para los ancianos, sed un tesoro abundante para los pobres. Pensad que el amor y la buena camaradería son las delicias del cielo; pensad que la hostilidad y el odio son los tormentos del infierno.
No consintáis el descanso a vuestro cuerpo; por el contrario, trabajad con toda vuestra alma, y con todo vuestro corazón exclamad y rogad a Dios que os conceda su socorro y su gracia. Así podréis hacer de este mundo el Paraíso de Abhá, y de este globo de tierra, la plaza de armas del dominio en lo alto. Siempre que hagáis el esfuerzo, ciertamente, estos esplendores brillarán, esta nubes de misericordia derramarán su lluvia, estos vientos vivificantes se levantarán y soplarán, este perfumado almizcle será difundido por doquier.
¡Oh vosotros, amantes de Dios! No os preocupéis de lo que suceda en este lugar sagrado, ni en modo alguno os alarméis. Todo cuanto pueda suceder es para bien, pues la aflicción no es sino la esencia de la generosidad, y el dolor y la fatiga son la más pura misericordia, y la angustia es paz para la mente, y realizar un sacrificio es recibir un don, y todo cuanto pueda acontecer ha procedido de la gracia de Dios.
Por consiguiente, atended vuestras propias tareas: guiad a las gentes y educadles a la manera de 'Abdu'l-Bahá. Entregad a la humanidad este gozoso mensaje del Dominio de Abhá. No descanséis ni de día ni de noche; no busquéis tranquilidad ni por un instante. Esforzaos con toda vuestra capacidad por llevar a los oídos de los hombres estas felices nuevas. En vuestro amor a Dios y vuestra devoción por 'Abdu'l-Bahá, aceptad toda tribulación, todo dolor. Soportad la mofa del agresor; tolerad los reproches del enemigo. Seguid los pasos de 'Abdu'l-Bahá y, en el sendero de la Belleza de Abhá, anhelad ofrendar vuestra vida en todo momento. Resplandeced como el sol, sed incansables como el mar; al igual que las nubes del cielo, derramad vida sobre campos y colinas y, como los vientos de abril, insuflad el frescor a través de esos árboles humanos, y haced que florezcan.
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¡Oh tú, quien eres transportada por el amor de Dios! El Sol de la Verdad se ha elevado por sobre el horizonte de este mundo y ha vertido sus rayos de guía. La gracia eterna nunca es interrumpida, y un fruto de esa gracia sempiterna es la paz universal. Ten la seguridad de que en esta era del espíritu, el Reino de Paz elevará su tabernáculo sobre las cumbres del mundo, y los mandamientos del Príncipe de Paz dominarán de tal modo las arterias y los nervios de todos los pueblos, que atraerán hacia su sombra protectora a todas las naciones de la tierra. De fuentes de amor, de verdad y unidad dará de beber a sus ovejas el verdadero Pastor.
¡Oh sierva de Dios! La paz debe establecerse primero entre los individuos, hasta que al final conduzca a la paz entre las naciones. Por consiguiente, oh vosotros los bahá'ís, esforzaos todo cuanto podáis por crear, mediante el poder de la Palabra de Dios, amor genuino, comunión espiritual y lazos perdurables entre los individuos. Ésta es vuestra tarea.
202
¡Oh vosotros, amantes de la verdad, vosotros, siervos del género humano! De la floración de vuestros pensamientos y esperanzas, fragantes emanaciones han llegado hasta mí, por lo cual un sentimiento interior de obligación me impulsa a escribir estas palabras.
Observad cómo el mundo está dividido contra sí mismo, cuántos países están ensangrentados y su mismo polvo está amasado con sangre humana. Los fuegos del conflicto han despedido llamas tan altas que nunca, ni en la antigüedad, ni en la Edad Media, ni en los siglos recientes, se ha producido una guerra tan horrenda, una guerra que es como piedras de molino, que tienen por granos a los cráneos de los hombres. No, peor aún, pues florecientes países han sido reducidos a escombros, ciudades enteras han sido arrasadas, y muchas aldeas, otrora prósperas, han sido convertidas en ruinas. Los padres han perdido a sus hijos, y los hijos a sus padres. Las madres han consumido sus corazones llorando por sus niños muertos. Los niños han quedado huérfanos, las mujeres han tenido que vagar errantes, sin un hogar. Desde todo punto de vista, la humanidad se ha sumido en la bajeza. Muy fuertes son los gritos desgarradores de los niños sin padre; muy fuertes, las angustiadas voces de las madres, que llegan hasta los cielos.
Y el criadero de todas estas tragedias es el prejuicio: prejuicio de raza y de nación, de religión, de opinión política; y la causa fundamental del prejuicio es la ciega imitación del pasado, imitación en religión, en actitudes raciales, en tendencias nacionalistas, en intereses políticos. Cuanto más tiempo este remedo del pasado persista, tanto más las bases del orden social serán lanzadas a los cuatro vientos, y tanto más la humanidad estará continuamente expuesta a grave peligro.
Ahora, en una edad tal iluminada como la nuestra, cuando las realidades anteriormente desconocidas para el hombre han sido puestas al descubierto, y han sido revelados los secretos de las cosas creadas, y la alborada de la Verdad ha despuntado e iluminado el mundo, ¿es admisible que los hombres tengan que librar una espantosa guerra que está llevando a la humanidad a la ruina? ¡No, por Dios nuestro Señor!
Jesucristo emplazó a toda la humanidad a la amistad y la paz. A Pedro le dijo: "¡Mete tu espada en la vaina!"66 Ese fue el mandato y el consejo de Cristo su Señor y, sin embargo, hoy todos los cristianos han desenvainado sus espadas. ¡Cuán grande es la discrepancia entre tales actos y el texto explícito del Evangelio!
Hace sesenta años surgió Bahá'u'lláh, como el Sol, sobre Persia. Él manifestó que los cielos del mundo estaban oscuros, que esta oscuridad presagiaba calamidad, y que terribles guerras sobrevendrían. Desde la prisión de 'Akká Se dirigió al Emperador de Alemania en los más claros términos, diciéndole que una gran guerra se acercaba y que su ciudad de Berlín rompería en lamentación y en llanto. Asimismo escribió al soberano de Turquía, aunque Él era víctima de ese Sul¶án y Se hallaba encarcelado en su prisión -ello es, era mantenido como prisionero en la Fortaleza de 'Akká- y afirmó claramente que Constantinopla sería sobrecogida por un cambio repentino y radical tan grande, que las mujeres y los niños de esa ciudad gemirían y sollozarían. En resumen, dirigió tales palabras a todos los monarcas y presidentes, y todo sucedió exactamente como Él lo había profetizado.
De Su poderosa pluma han surgido diferentes enseñanzas para la prevención de la guerra, y estas han sido difundidas a lo largo y a lo ancho.
La primera es la investigación independiente de la verdad; pues la ciega imitación del pasado atrofia la mente. Mas cuando cada alma indague la verdad, la sociedad será librada de la lobreguez de la continua repetición del pasado.
Su segundo principio es la unidad de la humanidad: que todos los hombres son las ovejas de Dios, y Dios es su amoroso Pastor, que a todas cuida con la mayor ternura sin favorecer ni a una ni a otra. "No verás diferencia en la creación del Dios de misericordia,"67 todos son sus siervos, todos imploran su gracia.
Su tercera enseñanza es que la religión constituye una poderosa fortaleza, pero que debe engendrar amor, no malevolencia y odio. Si conduce a la malicia, al rencor y al odio, carece en absoluto de valor. Pues la religión es un remedio, y si el remedio causa enfermedad, entonces descartadlo. Por otra parte, en cuanto a las tendencias religiosas, raciales, nacionalistas y políticas: todos estos prejuicios tratan de cortar de raíz la vida humana; todos generan derramamiento de sangre y la ruina del mundo. Mientras esos prejuicios subsistan, habrá continuas y espantosas guerras.
Para remediar esta condición, debe haber paz universal. Para lograr esto debe establecerse un Tribunal Supremo que represente a todos los gobiernos y pueblos; los asuntos tanto nacionales como internacionales deben ser sometidos a él, y todos deben obedecer los decretos de este Tribunal. Si algún gobierno o pueblo le desobedeciere, todo el mundo debe levantarse contra ese gobierno o ese pueblo.
Aún otra de las enseñanzas de Bahá'u'lláh es la igualdad de hombres y mujeres y su idéntica participación en todos los derechos. Y existen muchos principios similares. Ha llegado a ser evidente ahora que estas enseñanzas son la vida misma y el alma del mundo.
Vosotros quienes sois siervos de la raza humana, esforzaos con todo vuestro corazón por rescatar a la humanidad de esta oscuridad y de estos prejuicios, los cuales pertenecen a la condición humana y al mundo de la naturaleza, para que la humanidad encuentre el camino hacia la luz del mundo de Dios.
La alabanza sea para Él, ya que estáis enterados de las diversas leyes, instituciones y principios del mundo; en la actualidad, nada que no sean estas enseñanzas divinas puede asegurar la paz y tranquilidad de la humanidad. Si no es por estas enseñanzas, esta oscuridad nunca desaparecerá, estas enfermedades crónicas nunca se curarán; es más, se harán más violentas de día en día. Los Balcanes permanecerán descontentos; su inquietud aumentará; las potencias derrotadas continuarán promoviendo la agitación; recurrirán a cualquier medida para volver a encender la llama de la guerra. Los movimientos recientemente surgidos y de alcance mundial harán el mayor esfuerzo para lograr sus propósitos. El movimiento de izquierda adquirirá gran importancia. Su influencia se extenderá.
Esforzaos, por tanto, con la ayuda de Dios, con la mente y el corazón iluminados y una fuerza nacida del cielo, por convertiros en una dádiva de Dios para el hombre, y crear para toda la humanidad, bienestar y paz.
203
¡Oh tú, quien estás enamorado del Convenio! La Bendita Belleza ha prometido a este siervo que surgirían almas que serían las personificaciones mismas de la guía y los estandartes del Concurso en lo alto, antorchas de la unicidad de Dios, y estrellas de su más pura verdad, brillando en los cielos, donde solo Dios reina. Ellos darían vista a los ciegos y harían oír a los sordos; harían resucitar a los muertos. Harían frente a todos los pueblos de la tierra, defendiendo su Causa con las pruebas del Señor de las siete esferas.
Es mi esperanza que Él, en su munificencia, haga pronto surgir a estas almas para que su Causa sea exaltada. La calamita que ha de atraer esta gracia es la constancia en el Convenio. Agradece a Dios pues tú eres el más firme entre los firmes.
Oh mi Dios, ayuda a tu siervo a exaltar la Palabra, y a refutar lo que es vano y falso, a establecer la verdad, a difundir los sagrados versículos, a revelar los esplendores, y hacer alborear la luz de la mañana en los corazones de los rectos.
Tú, verdaderamente, eres el Generoso, el Perdonador.
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¡Oh fénix de aquella llama inmortal encendida en el Árbol Sagrado! Bahá'u'lláh -que mi vida, mi alma, mi espíritu, sean ofrendados en sacrificio por sus humildes siervos- durante sus últimos días en la tierra, ha hecho la más enfática promesa de que mediante las efusiones de la gracia de Dios, y el apoyo y ayuda otorgados desde su Reino en lo alto, se levantarán almas y aparecerán seres santos, quienes, como estrellas, adornarán el firmamento de guía divina, iluminarán la aurora de amorosa bondad y munificencia, manifestarán los signos de la unidad de Dios, brillarán con la luz de la santidad y la pureza, recibirán en su plena medida la inspiración divina, portarán en alto la sagrada antorcha de la fe; se mantendrán firmes como la roca e inamovibles como la montaña; y crecerán hasta llegar a ser lumbreras en los cielos de su Revelación, grandes canales de su gracia, instrumentos para la dádiva del munífico cuidado de Dios, anunciadores que harán manifiesto el nombre del Dios único y verdadero, y constructores del supremo basamento del mundo.
Ellos trabajarán incesantemente, de día y de noche; no harán caso de aflicciones ni de infortunios; no se permitirán tregua en sus esfuerzos, no buscarán descanso, desestimarán toda holgura y comodidad y, desprendidos e impolutos, consagrarán cada fugaz momento de sus vidas a la difusión de la fragancia divina y a la exaltación de la santa Palabra de Dios. Sus rostros irradiarán regocijo celestial, y sus corazones estarán plenos de felicidad. Sus almas estarán inspiradas, y sus cimientos se hallarán seguros. Se dispersarán por el mundo y viajarán por todas las regiones. Elevarán sus voces en todas las asambleas, y adornarán y vivificarán todas las reuniones. Hablarán en todas las lenguas, e interpretarán todos los significados ocultos. Revelarán los misterios del Reino, y manifestarán a todos los signos de Dios. Arderán luminosos como una candela en el corazón de cada asamblea, y fulgurarán como una estrella en cada horizonte. Las suaves brisas provenientes del jardín de sus corazones perfumarán y vivificarán las almas de los hombres, y las revelaciones de sus mentes, al igual que la lluvia, infundirán nuevo rigor a los pueblos y naciones del mundo.
Estoy esperando, esperando ansiosamente que aparezcan estos seres santos; y, sin embargo, ¿cuánto más demorarán en llegar? Mi oración y mi ardiente súplica, al anochecer y al amanecer, es que estas estrellas radiantes derramen pronto su luminosidad sobre el mundo, que sus sagrados semblantes sean descubiertos a los ojos mortales, que las huestes de asistencia divina alcancen su victoria, y que las olas de la gracia, levantándose desde sus océanos de lo alto, se derramen sobre toda la humanidad. Orad vosotros también y suplicadle que, mediante la munífica ayuda de la Antigua Belleza, estas almas sean reveladas a los ojos del mundo.
La gloria de Dios descanse sobre ti, y sobre aquel cuyo rostro es iluminado con esa luz sempiterna que brilla desde su Reino de Gloria.
205
¡Oh vosotras, apreciadas almas! Por la continua imitación de métodos antiguos y desgastados, el mundo se había vuelto oscuro como la noche sombría. Los fundamentos de las Enseñanzas divinas habían caído en el olvido; su médula y su corazón habían sido totalmente olvidados, y la gente estaba aferrada a la cáscara. Las naciones, como harapos completamente desgastados, habían caído en una lamentable condición.
De esta lóbrega oscuridad despuntó el esplendor matinal de las Enseñanzas de Bahá'u'lláh. Él ha engalanado al mundo con una vestidura nueva y hermosa, y esa nueva vestidura son los principios que han descendido de Dios.
Ahora la nueva época está aquí y la creación ha renacido. La humanidad ha adquirido nueva vida. El otoño ha pasado, y la refrescante primavera ha llegado. Todas las cosas son ahora hechas de nuevo. Las artes y las industrias han renacido, existen nuevos descubrimientos en la ciencia y hay nuevas invenciones; hasta los detalles de los asuntos humanos, como la vestimenta y los efectos personales -aun las armas-, todos ellos han sido igualmente renovados. Las leyes y procedimientos de todos los gobiernos han sido revisados. Renovación, es la orden del día.
Y toda esta innovación tiene su origen en las frescas efusiones de maravillosa gracia y en el favor del Señor del Reino, los cuales han renovado el mundo. La gente, por tanto, debe ser completamente liberada de sus viejas formas de pensar, para que toda su atención se concentre en estos nuevos principios, pues ellos son la luz de este tiempo y el espíritu mismo de esta época.
A menos que estas Enseñanzas se difundan con eficacia entre la gente, y hasta que los viejos métodos, los viejos conceptos, no desaparezcan y sean olvidados, este mundo del ser no hallará paz, ni reflejará las perfecciones del Reino Celestial. Esforzaos con todo vuestro corazón por hacer conscientes a los desatentos, por despertar a aquellos que duermen, llevar conocimiento a los ignorantes, hacer ver a los ciegos, oír a los sordos, y devolver la vida a los muertos.
Os incumbe exponer tal poder, tal paciencia que asombren a todos los que observen. Las confirmaciones del Reino están con vosotros. Sea con vosotros la gloria del Todoglorioso.
206
La alabanza sea para Aquel que ha hendido la oscuridad, ha aniquilado la noche, ha rasgado las envolturas y arrancado los velos; cuya luz luego resplandeció, cuyos signos y señales fueron esparcidos por doquier, y sus misterios puestos al descubierto. Luego sus nubes se abrieron y colmaron la tierra con sus munificencias y sus dádivas, y refrescaron todas las cosas con su lluvia, e hicieron que el nuevo verdor del conocimiento y los jacintos de la certeza brotaran, y que temblaran y se estremecieran de júbilo, hasta que el mundo entero fue perfumado por la fragancia de su santidad.
Salutaciones y alabanzas, bendiciones y gloria sean para aquellas realidades divinas, aquellas sagradas anémonas que han emanado de esta suprema dádiva, de esta inundante gracia que ha rugido, como un fogoso mar de dones y mercedes, lanzando sus olas a los encumbrados cielos.
¡Oh Dios, mi Dios! La alabanza sea para Ti, pues has encendido el fuego del divino amor en el Sagrado Árbol que está en la cima del más encumbrado monte: ese Árbol que "no es del este ni del oeste,"68 ese fuego que ardió hasta que su llama se remontó hacia el Concurso en lo alto, y de ella esas realidades recibieron la luz de guía, y clamaron: "Verdaderamente hemos percibido un fuego en la ladera del Monte Sinaí."69
¡oh Dios, mi Dios! Acrecienta este fuego, con cada día que pasa, hasta que su calor ponga en movimiento toda la tierra. ¡Oh Tú, mi Señor! Enciende la luz de tu amor en cada corazón, inspira en las almas de los hombres el espíritu de tu conocimiento, alegra sus pechos con los versículos de tu unicidad. Resucita a aquellos que moran en sus tumbas, amonesta a los orgullosos, has que la felicidad abarque al mundo entero, haz descender tus cristalinas aguas, y en la asamblea de los manifiestos esplendores, haz circular aquella copa que es "templada en la fuente del alcanfor."70
Verdaderamente, Tú eres el Dador, el Perdonador, el Siempre Conferidor. Verdaderamente, Tú eres el Misericordioso, el Compasivo.
¡Oh vosotros, amados de Dios! La copa de vino del Cielo está rebosante, el banquete del Convenio de Dios brilla con luces festivas, despunta la aurora de todas las dádivas, soplan los suaves vientos de la gracia, y del mundo invisible proceden las buenas nuevas de mercedes y dones. En prados rutilantes de flores ha establecido sus tiendas las primavera divina, y los espirituales aspiran las dulces fragancia procedentes de la Saba del espíritu, transportadas por el viento del este. Ahora, el místico ruiseñor entona sus odas y los capullos de íntimo significado se abren y transforman en flores delicadas y hermosas. Las alondras del campo se han convertido en músicos del festival y, alzando sus maravillosas voces, exclaman y cantan con las melodías de la Compañía en lo alto: "¡Bienaventurados sois! ¡Buenas Nuevas! ¡Buenas Nuevas!" E instan a los que tomas parte en la fiesta del Paraíso de Abhá a beber en abundancia, e imploran elocuentemente en el Árbol celestial, y pronuncian su sagrado pregón. Todo esto, para que las almas languidecidas que hollan el desierto de los desatentos, y los seres mustios perdidos en las arenas de la indiferencia, resuciten a la palpitante vida, y se hagan presentes en el festejo y algazara de Dios nuestro Señor.
¡La alabanza sea para Él! La nombradía de su Causa ha llegado al este y al oeste, y la noticia del poder de la Belleza de Abhá ha vivificado al norte y al sur. Ese clamor del continente americano es un coro de santidad, ese grito que, de cerca y de lejos, se eleva hasta la Compañía en lo alto es "¡Ya Bahá'u'l-Abhá!" Ahora, el este está iluminado de gloria, y el oeste está perfumado de rosas, y toda la tierra está fragante de ámbar gris, y los vientos que soplan sobre el Sagrado Santuario están cargados de almizcle. Dentro de poco veréis que aun los países más oscuros brillan resplandecientes, y los continentes de Europa y de África se han convertido en jardines de rosas, y en bosques de floridos árboles.
Mas como el amanecer de este Sol fue en Persia, y como desde ese Oriente el Sol iluminó al Occidente, es nuestra más tierna esperanza que las llamas del fuego del amor brillen aún más vehementemente en ese país y que allí el esplendor de esta Sagrada Fe se haga cada vez más intenso. Que el tumulto de la Causa de Dios sacuda a tal punto a ese país y sus cimentos, y que la fuerza espiritual de su Palabra se manifieste de tal modo que haga de Irán el núcleo y el foco del bienestar y la paz. Que la rectitud y la conciliación, y el amor y la confianza que procedan de Irán llevan inmortalidad a todos en la tierra. Que alcen sobre las más altas cumbres la enseña del orden público, de la más pura espiritualidad, de la paz universal.
¡Oh amados de Dios! En ésta, la Dispensación Bahá'í, la Causa de Dios es espíritu puro. Su Causa no pertenece al mundo material. No viene para la lucha ni para la guerra, ni para los actos de discordia o de oprobio; no es para disputas con otras religiones, ni para conflictos entre las naciones. Su único ejército es el amor de Dios; su única alegría es el transparente vino de su conocimiento; su única lucha, la exposición de la Verdad; su única cruzada es contra el insistente yo, las malas instigaciones del corazón humano. Su victoria es someterse y ceder, y ser desprendido es su sempiterna gloria. En resumen, es espíritu sobre espíritu:
A menos que os sea necesario,
no lastiméis una serpiente en el suelo;
cuanto menos hiráis a un hombre.
Y si os es posible,
no debierais alarmar a una hormiga,
y mucho menos perjudicar a un hermano.
Que todo vuestro empeño sea para esto: llega a ser la fuente de vida e inmortalidad, y de paz, y de consuelo, y de gozo, para toda alma humana, ya os sea conocida o extraña, ya sea opuesta a vosotros o esté de vuestra parte. No consideréis la pureza o la impureza de su naturaleza; considerad la misericordia del Señor que todo lo abarca, la luz de cuya gracia ha envuelto la tierra entera y todos los que habitan en ella, y en la plenitud de cuya munificencia están sumidos tanto los sabios como los ignorantes. Extraño y amigo por igual están sentados a la mesa de su favor. Como el creyente, el negador que se aparta de Dios al mismo tiempo ahueca sus manos y bebe del mar de sus dádivas.
Corresponde a los amados del Señor ser los signos y las señales de su misericordia universal y las personificaciones de su sobresaliente gracia. Como si fueran el sol que dirijan sus rayos sobre jardines y montones de desechos por igual, y hasta como las nubes de la primavera, que dejen caer su lluvia sobre flores y espinas. Que busquen solo amor y fidelidad, que no sigan los senderos de la malignidad, que su decir esté confinado a los secretos de la amistad y la paz. Tales son los atributos de los rectos, tal la marca distintiva de aquellos que sirven en su Umbral.
La Belleza de Abhá sufrió la más aflictiva de las calamidades. Sobrellevó incontables angustias y adversidades. No disfrutó de un solo momento de tranquilidad, no tuvo un instante de respiro. Vagó, sin hogar, por las arenas del desierto y las laderas de las montañas; estuvo recluido en una fortaleza, y en la celda de una prisión. Mas, para Él, su pobre estera de paja era un trono eterno de gloria, y sus pesadas cadenas, la gargantilla de un soberano, de día, de noche, vivía bajo una zumbante espada y estaba listo, de un momento a otro, para morir en la cruz. Sufrió todo esto para poder purificar el mundo y adornarlo con las tiernas mercedes del Señor Dios.; para poder tranquilizarlo; para poner en fuga el conflicto y la agresión; para cambiar la lanza y la hoja afilada en amorosa camaradería, y transformar la malevolencia y la guerra, en seguridad y en mansedumbre y amor; para que los campos de batalla del odio y la ira se conviertan en jardines de delicia, y que los lugares donde otrora se batieran los ejércitos empapados en sangre, sean fragantes parques de esparcimiento; que la contienda se considere un oprobio, y el recurso de las armas, como si fuera una repulsiva enfermedad, sea evitado por todos los pueblos; que la paz universal levante sus tiendas sobre las más sublimes montañas, y que la guerra perezca por siempre en la tierra.
Por consiguiente, los amados de Dios deben, diligentemente, con las aguas de su empeño, vigilar y nutrir y cuidar a este árbol de la esperanza. Que en cualquier país donde residan, de todo corazón acojan y acompañen a aquellos que están, o bien cerca de ellos, o muy lejos. Que con aquellas cualidades, como si fueran del cielo, promuevan las instituciones y la religión de Dios. Que nunca se descorazonen, que nunca se desalienten, que nunca se descorazonen, que nunca se desaliente, que nunca se aflijan. Que mientras más antagonismos encuentren, más muestren su propia buena fe; mientras más tormentos y calamidades tengan que afrontar, más generosamente hagan pasar de mano en mano la munífica copa. Tal es el espíritu que llegará a ser la vida del mundo, tal es, en su esencia, la luz que se está difundiendo, y aquel que sea y haga otra cosa que no sea ésta, no es digno de servir ante el Sagrado Umbral del Señor.
¡Oh vosotros, amados de Dios! El Sol de la Verdad está brillando desde los invisibles cielos; conoced la valía de estos días. Alzad vuestras cabezas, y llegad a ser espigados cipreses, en estas rápidas corrientes. Aspirad la felicidad en la belleza del narciso de Najd, pues la noche caerá, y no será más...
¡Oh vosotros, amados de Dios! La alabanza sea para Él, pues la radiante enseña del Convenio ondea cada día más alto, mientras que la bandera de la perfidia ha sido invertida, y cuelga a media asta. Los belicosos atacantes han sido sacudidos hasta la médula; son ahora como sepulcros en ruinas y, al igual que criaturas ciegas que habitan bajo la tierra, se arrastran y reptan junto a un rincón de la tumba y, desde ese agujero, de tiempo en tiempo, como las bestias salvajes, chillan y aúllan. ¡Gloria sea a Dios! ¿Cómo puede la oscuridad tener esperanzas de vencer a la luz; cómo pueden las cuerdas de un mago sujetar con firmeza a una "serpiente claramente visible para todos"? "Luego, ¡he aquí! Se engulló sus falsas maravillas."71 ¡Ay de ellos! Se han engañado a sí mismos con una fábula y, por entregarse a sus apetitos, se han destruido a sí mismos. Han renunciado a la gloria sempiterna a cambio del orgullo humano, sacrificando la grandeza en ambos mundos por las demandas del insistente yo. Esto es aquello de lo que os hemos prevenido. Dentro de poco veréis a los necios en manifiesta pérdida.
¡Oh mi Señor y mi Esperanza! Ayuda a tus amados a ser firmes en tu poderoso Convenio, a permanecer fieles a tu manifiesta Causa, y a poner en práctica los mandamientos que Tú has registrado para ellos en tu Libro de Esplendores; para que lleguen a ser enseñas de guía y lámparas de la Compañía en lo alto, manantiales de tu infinita sabiduría, y estrellas que guían rectamente, fulgurando desde el firmamento celestial.
Verdaderamente, Tú eres el Invencible, el Todopoderoso, el Omnipotente.
207
¡Oh vosotros, quienes habéis dirigido vuestro rostro hacia la Exaltada Belleza! De noche, de día, al amanecer y al atardecer, cuando oscurece y a las primeras luces, recuerdo y siempre he recordado, en los dominios de mi mente y de mi corazón, a los amados del Señor. Ruego a Él que otorgue sus confirmaciones a esos amados, moradores de esa tierra pura y santa, y les conceda resultados exitosos en todas las cosas; que en su carácter, su comportamiento, sus palabras, su modo de vida, en todo lo que son y hacen, Él les haga adquirir distinción entre los hombres; que los reúna dentro de la comunidad mundial, sus corazones plenos de éxtasis y fervor, anhelando amor, con conocimiento y certeza, con firmeza y unidad, con rostros hermosos y resplandecientes.
¡Oh vosotros, amados del Señor! Este día es el día de la unión, el día de la reunión de toda la humanidad. "Por cierto que Dios ama a aquellos quienes, como si fueran un sólido muro, combaten por su Causa en apretadas filas."72 Observad que Él dice "en apretadas filas," lo cual significa apiñados y estrechados, entrelazados unos con otros, cada cual sosteniendo a sus compañeros. Combatir, tal como se dice en el sagrado versículo, no significa, en ésta la más grande de todas las dispensaciones, salir con lanza y espada, con alabarda y afilada saeta; sino, más bien, armado con intención pura, con motivos justos, con consejos provechosos y eficaces, con atributos piadosos, con obras gratas al Todopoderoso, con las cualidades del cielo. Ello significa educación para toda la humanidad, guía para todos los hombres, la difusión por doquier de los perfumados aromas del espíritu, la promulgación de las pruebas de Dios, la exposición de argumentos concluyentes y divinos, la realización de obras caritativas.
Cuando quiera que almas santas, contando con los poderes del cielo, se levanten con esas cualidades del espíritu, y marchen al unísono, fila tras fila, cada una de esas almas será igual que un millar, y las agitadas olas de ese poderoso océano serán como los batallones del Concurso en lo alto. Qué bendición habrá de ser cuando todos lleguen, hasta entonces como separados torrentes, como ríos y cañadas, como fluyentes arroyos y gotas individuales, y se reúnan en un único lugar, formando un gran mar. Y hasta un punto tal habrá de prevalecer la inherente unidad de todos, que las tradiciones, las reglas, las costumbres y distinciones en la ilusoria vida de estos pueblos, serán borradas y se desvanecerán como gotas aisladas, una vez que el gran mar de la unidad se encrespe, se agite y ondule.
Juro por la Antigua Belleza, que en tal momento una arrolladora gracia envolverá a todo de tal manera, y que el mar de la grandeza rebasará tanto sus orillas, que la más estrecha faja de agua se volverá ancha como un mar sin límites, y cada simple gota será como las profundidades sin riberas.
¡Oh vosotros, amados de Dios! Luchad y esforzaos por alcanzar esa elevada posición, y por hacer que resplandezca una luminosidad tal en estos dominios de la tierra, que sus rayos sean a su vez reflejados desde un punto de amanecer en el horizonte de la eternidad. Este es el basamento mismo de la Causa de Dios. Esta es la esencia misma de la Ley de Dios. Esta es la sólida estructura erigida por las Manifestaciones de Dios. Este es el motivo por el cual despuntó el luminar del mundo de Dios. Esta es la razón por la cual el Señor Se establece a Sí mismo en el trono de su cuerpo humano.
¡Oh vosotros, amados de Dios! Ved cómo el Exaltado73 -que las almas de todos aquellos que están en la tierra sean en redención a Él-, en aras de este elevado propósito, hizo de su bendito corazón el blanco de las lanzas de la aflicción, y cómo la verdadera intención de la Antigua Belleza -que por Él sean ofrendadas las almas del Concurso en lo alto- fue ganar esta misma meta celestial; el Exaltado descubrió su santo pecho haciéndolo blanco de una miríada de balas disparadas por el pueblo de la malevolencia y el odio, y con la mayor mansedumbre sufrió la muerte de un mártir. Sobre el polvo de este sendero manó la sagrada sangre de miles y miles de almas santas, y más de una vez el bendito cuerpo de un leal amante de Dios fue colgado de la horca.
La propia Belleza de Abhá -que el espíritu de toda la existencia sea ofrendado por sus amados- soportó toda clase de ordalías, y voluntariamente aceptó para Sí intensas aflicciones. No hubo tormento al cual no fuese sometida su sagrada figura, ni sufrimiento que no descendiese sobre Él. Cuántas noches, cuando Se hallaba encadenado, estuvo en vela debido al peso de su collar de hierro; cuántos días el ardiente dolor de los cepos y grilletes no Le permitían un momento de tranquilidad. De Níyávarán a (r)ihrán Le hicieron correr -a Él, a ese espíritu personificado, a Él, Quien había sido acostumbrado a reposar en cojines de seda ornamentada- encadenado, descalzo, con su cabeza descubierta, y bajo tierra, en la profunda oscuridad de aquella estrecha mazmorra, Le encerraron con asesinos, con rebeldes y ladrones. Una y otra vez Le acosaron con un nuevo tormento, y todos estaban seguros de que, de un momento a otro, Él sufriría la muerte de un mártir. Después de algún tiempo Le desterraron de su tierra natal, y Le enviaron a países extraños y lejanos. En 'Iráq, durante muchos años, no pasó un momento sin que la saeta de una nueva angustia dejara de penetrar en su santo corazón; con cada suspiro, una espada descendía sobre su sagrado cuerpo, y no tenía ninguna esperanza de un momento de seguridad y reposo. De todos lados sus enemigos lanzaban su ataque con odio implacable; y solo y a solas Él los resistió a todos. Después de todas estas tribulaciones, de estos castigos corporales, Le expulsaron de 'Iráq, en el continente de Asia, al continente de Europa, y en ese lugar de amargo exilio, de miserables penalidades, a los agravios que Le había infligido el pueblo del Qur'án se agregaron ahora las virulentas persecuciones, los poderosos ataques, las maquinaciones, la calumnias, las continuas hostilidades, el odio y la malevolencia del pueblo del Bayán. Mi pluma es impotente para relatar todo eso; mas, seguramente, habéis sido informados de ello. Luego, después de veinticuatro años en ésta, la Más Grande Prisión, en agonía y dolorosa aflicción, concluyeron sus días.
En suma, la Antigua Belleza fue siempre, durante su permanencia en este mundo transitorio, o un cautivo encadenado, o vivió bajo una espada, o estuvo sometido a extremo sufrimiento y tormento, o encarcelado en la Más Grande Prisión. Como consecuencia de su debilidad física, provocada por las aflicciones, su bendito cuerpo se había desgastado hasta llegar a ser un suspiro; y de tanto sufrir, era tan liviano como una telaraña. Y su razón para soportar esta pesada carga y sobrellevar toda esta angustia, la cual era como un océano que lanza sus olas al encumbrado cielo, su razón par colocarse las pesadas cadenas de hierro y llegar a ser la personificación misma de la mayor resignación misma de la mayor resignación y mansedumbre, fue la de conducir a toda alma en la tierra hacia la concordia, el sentimiento de afinidad, la unidad; la de dar a conocer en medio de todos los pueblos el signo de la singularidad de Dios, para que, finalmente, la unidad primordial depositada en el corazón de todas las cosas creadas produzca su destinado fruto, y el esplendor de "No verás diferencia en la creación del Dios de misericordia,"74 derrame sus rayos por doquier.
Ahora es el momento, oh amados del Señor, de ardiente empeño. Esforzaos, y luchad. Y ya que la Antigua Belleza fue expuesto día y noche en el campo del martirio, a nuestro tiempo trabajemos arduamente, y escuchemos y ponderemos los consejos de Dios; desechemos nuestras vidas y renunciemos a nuestros breves y contados días. Apartemos nuestros ojos de las vanas fantasías de las formas divergentes de este mundo, y sirvamos en cambio a este preeminente propósito, este gran designio. No derribemos, a causa de nuestras propias imaginaciones, este árbol que la mano de la gracia celestial ha plantado; no empañemos con las oscuras nubes de nuestras ilusiones, de nuestros intereses egoístas, la gloria que abundante se derrama desde el Reino de Abhá. No seamos como barreras que contengan el ondeante océano de Dios Todopoderoso. No impidamos que soplen por doquier las puras y perfumadas brisas provenientes del jardín de la Gloriosísima Belleza. No excluyamos, en este día de la reunión, la primaveral lluvia de bendiciones que descienden de lo alto. No consintamos que los esplendores del Sol de la Verdad alguna vez se apaguen y desaparezcan. Éstas son las admoniciones de Dios, tal como están expuestas en sus Libros Sagrados, sus Escrituras, sus Tablas que exponen sus consejos a los sinceros.
Descanse sobre vosotros la gloria, y la misericordia de Dios, y las bendiciones de Dios.
208
¡Oh vosotros, siervos del Sagrado Umbral! Las triunfantes huestes del Concurso Celestial, formadas y en orden de batalla en los Reinos de lo alto, permanecen listas y expectantes para ayudar y asegurar la victoria de ese valiente caballero, quien espolea confiado a su corcel dentro del ruedo del servicio. Bienaventurado ese intrépido guerrero, quien armado con el poder del verdadero Conocimiento, se lanza al campo de batalla, dispersa a los ejércitos de la ignorancia y disgrega a las huestes del error, sosteniendo en alto el Emblema de la Guía Divina, y haciendo sonar el Clarín de la Victoria. ¡Por la rectitud del Señor! Él ha logrado un glorioso triunfo y obtenido la verdadera victoria.
209
¡Oh vosotros, siervos de la Bendita Belleza!... Es evidente que en este día, las confirmaciones provenientes del mundo invisible están rodeando a todos aquellos que transmiten el Mensaje Divino. Si la tarea de enseñanza decayese, estas confirmaciones serían completamente interrumpidas, ya que es imposible para los amados de Dios recibir ayuda si no enseñan.
La enseñanza debe llevarse adelante, en todas las condiciones, pero con sabiduría. Si la tarea no puede continuar abiertamente, entonces que enseñen en privado, y así engendrarán espiritualidad y camaradería entre los hijos de los hombres. Si, por ejemplo, cada uno de los creyentes se convirtiese en un verdadero amigo de alguno de los desatentos y, conduciéndose con absoluta rectitud, se asociara con esa alma, la tratara con la máxima amabilidad, si ejemplificara él mismo las divinas instrucciones que ha recibido, las buenas cualidades y las normas de conducta, y en todo momento actuara de acuerdo con las admoniciones de Dios, con certeza lograría despertar poco a poco a ese individuo, antes negligente, y transformar su ignorancia en conocimiento de la verdad.
Las almas se inclinan por el distanciamiento. En primer lugar deben tomarse las medidas para hacer desaparecer ese distanciamiento, pues solo entonces la Palabra tendrá efecto. Si un creyente manifiesta amabilidad hacia algunos de los negligentes y, con gran amor, le conduce gradualmente a una comprensión de la validez de la Santa Causa, de modo que llegue a conocer los fundamentos de la Fe de Dios y sus implicaciones, dicha persona será ciertamente transformada, a excepción de algunos individuos, quienes rara vez se encuentran, que son como cenizas, y cuyos corazones son "duros como la roca o aún más duros."75
Si cada uno de los amigos se esforzara de este modo por guiar rectamente a una sola alma, el número de creyentes se duplicaría cada año; y esto puede lograrse con prudencia y sabiduría, y ningún perjuicio resultaría de ello.
Además, los maestros deben realizar viajes, y si la difusión abierta del Mensaje produce perturbación, entonces, que en su lugar estimulen y enseñen a los creyentes, los inspiren, los deleiten, regocijen sus corazones, los vivifiquen y refresquen con las dulces fragancias de santidad.
210
¡Oh vosotros, rosas en el jardín del amor de Dios! ¡Oh vosotros, luminosas lámparas en la asamblea de su conocimiento! Que los suaves hálitos de Dios soplen sobre vosotros, que la Gloria de Dios ilumine el horizonte de vuestros corazones. Vosotros sois las olas del profundo mar del conocimiento, sois los ejércitos en formación sobre las planicies de la certidumbre, sois las estrellas en los cielos de la compasión de Dios, sois las piedras que ponen en fuga al pueblo de la perdición, sois las nubes de divina compasión sobre los jardines de la vida, sois la abundante gracia de la unicidad de Dios derramada sobre la esencia de todas las cosas creadas.
En la extendida tabla de este mundo, vosotros sois los versículos de su singularidad; y por encima de las encumbradas torres de los palacios, sois los estandartes del Señor. En sus campestres moradas sois las flores y las dulcemente perfumadas hierbas; en el rosedal del espíritu sois los ruiseñores que emiten plañideros cantos. Sois las aves que se remontan hacia los cielos del conocimiento, los halcones reales sobre el brazo de Dios.
¿Por qué entonces estáis apagados, por qué silenciosos, por qué lerdos y embotados? Debéis resplandecer como el rayo, y elevar un clamor como el del gran mar. Al igual que una candela debéis derramar vuestra luz y, como las suaves brisas de Dios, soplar a través del mundo. Como fragantes hálitos de los retiros celestiales, como almizcleros vientos que provienen de los jardines del Señor, debéis perfumar el aire para el pueblo del conocimiento, y al igual que los esplendores derramados por el verdadero Sol, debéis iluminar los corazones de la humanidad. Pues vosotros sois los vientos cargados de vida, sois los aromas del jazmín que provienen de los jardines de los que están a salvo. Llevad, entonces, vida a los muertos y despertad a aquellos que dormitan. En la oscuridad del mundo sed resplandecientes llamas; en las arenas de la perdición, sed manantiales del agua de vida, sed una guía proveniente de Dios nuestro Señor. Ahora es el momento de servir, ahora es el momento de estar encendidos. Conoced el valor de esta oportunidad, de esta favorable circunstancia que es gracia ilimitada, antes de que se os escurra de las manos.
Pronto, nuestro puñado de días, nuestra vida evanescente se habrá ido, y entraremos, con las manos vacías, al foso que ha sido cavado para aquellos que nunca más hablarán; en consecuencia, debemos amarrar nuestros corazones a la manifiesta Belleza y aferrarnos a la cuerda de salvación que nunca falla. Debemos entregarnos al servicio, encender la llama del amor, y calcinarnos en su calor. Debemos desatar nuestras lenguas hasta que hagamos arder el corazón del amplio mundo y, con luminosos rayos de guía, aniquilar los ejércitos de la noche, y entonces, por amor a Él, inmolar nuestras vidas en el campo del sacrificio.
Diseminemos sobre todos los pueblos las atesoradas gemas del reconocimiento de Dios, y con la decisiva espada de la lengua, y las seguras saetas del conocimiento, derrotemos a las huestes del yo y la pasión, y avancemos presurosos hacia el sitio del martirio, el lugar donde moriremos por el Señor. Y entonces, con banderas desplegadas y al son de los tambores, ingresemos al dominio del Todoglorioso, y unámonos a la Compañía en lo alto.
La bienaventuranza sea para con los obradores de los grandes hechos.
211
Cuando los amigos no realizan esfuerzos por difundir el mensaje, dejan de recordar a Dios dignamente, y no atestiguan las señales de la asistencia y confirmación del Reino de Abhá, dejando de comprender los misterios divinos. En cambio, cuando la lengua del maestro está ocupada en la enseñanza, naturalmente se estimulará a sí mismo, transformándose en un imán que atrae la ayuda divina y la munificencia del Reino, y será como el pájaro a la hora del amanecer, el cual se llena de alegría con su propio canto, su gorjeo y su melodía.
212
Es en tales momentos que los amigos de Dios se valen de la ocasión, aprovechan la oportunidad, avanzan presurosos y ganan el premio. Si su tarea estuviere limitada a la buena conducta y a dar consejos, nada se logrará. Deben expresarse con claridad, exponer las pruebas, presentar argumentos claros, sacar conclusiones irrefutables que establezcan la verdad de la manifestación del Sol de la Realidad.
213
La labor de la enseñanza debería proseguirse activamente por parte de los creyentes, en todas las condiciones, puesto que las confirmaciones divinas dependen de ello. Si un bahá'í se abstiene de participar completa, vigorosamente y de todo corazón en la labor de la enseñanza, indudablemente será privado de las bendiciones del Reino de Abhá. Aun así, esta actividad debe ser templada con sabiduría, no con aquella sabiduría que requiere que uno guarde silencio y se olvide de tal obligación, sino de aquella que requiere que uno demuestre divina tolerancia, amor, bondad, paciencia, un buen carácter y hechos santificados. En breve, anima a los amigos individualmente a enseñar la Causa de Dios, y atrae su atención sobre este significado de la sabiduría, mencionado en las Escrituras, el cual es en sí mismo la esencia de la enseñanza de la Fe; mas todo esto debe hacerse con la mayor tolerancia, para que la asistencia celestial y la confirmación divina puedan ayudar a los amigos.
214
Sigue el camino de tu Señor y no digas lo que los oídos no resisten escuchar, pues tales palabras son como comida sabrosa para los niños pequeños. Por muy gustosa, rara y exquisita que llegue a ser la comida, ella no puede ser asimilada por los órganos digestivos de un niño de pecho. Por tanto, que a cada cual que tenga derecho, le sea administrada su medida.
"No todo lo que el hombre sabe puede ser revelado, ni puede todo lo que él puede revelar estimarse oportuno, ni puede toda expresión oportuna considerarse adecuada a la capacidad de aquellos que le escuchan." Tal es la consumada sabiduría que habrá de ser observada en tus actividades. No te olvides de ella si deseas ser un hombre de acción en todas las condiciones. Primero diagnostica la enfermedad e identifica el mal, luego prescribe el remedio, pues tal es el método perfecto del médico experto.
215
Mi esperanza acerca de la gracia del Señor Único y Verdadero es que te sea permitido difundir las fragancias de Dios entre las tribus. Esto es extremadamente importante...
Si logras prestar este servicio sobresaldrás, y en el campo será el líder.
216
Ten la seguridad de que los hálitos del Espíritu Santo desatarán tu lengua. Por tanto, habla; exprésate con gran valentía en todas las reuniones. Cuando estés por comenzar con tu exposición, vuélvete primeramente a Bahá'u'lláh y suplícale por las confirmaciones del Espíritu Santo, luego abre tus labios y di todo lo que sea sugerido a tu corazón; ello, no obstante, con la mayor valentía, dignidad y convicción. Es mi esperanza que día tras día vuestras reuniones se desarrollen y florezcan, y que aquellos que están buscando la verdad escuchen en ellas argumentos basados en la razón y pruebas concluyentes. En cada reunión estoy con vosotros, de alma y corazón; ten la seguridad de ello.
217
El maestro, al enseñar, debe encontrarse él mismo completamente encendido, para que sus palabras, como una llama de fuego, ejerzan influencia y consuman el velo del yo y la pasión. Debe también ser completamente humilde y sumiso, para que otros sean edificados, y totalmente modesto y evanescente para poder enseñar con la melodía del Concurso en lo alto; de otro modo, su enseñanza no tendrá efecto.
218
¡Oh vosotros, cercanos y queridos amigos de 'Abdu'l-Bahá!
Derramad perfumes en Oriente,
y en Occidente esplendor esparcid;
llevad al búlgaro la luz,
y de vida al eslavo investid.
Un año después de la ascensión de Bahá'u'lláh surgió este verso de los labios del Centro del Convenio. Los violadores del Convenio lo encontraron en verdad extraño, y lo trataron con desdén. Sin embargo, gracias a Dios, sus efectos están ahora claramente manifiestos, su poder revelado, evidente es su importancia; pues por la gracia de Dios, hoy en día tanto Oriente como Occidente están trémulos de alegría, y ahora, por los fragantes soplos de santidad, el mundo entero está perfumado de almizcle.
La Bendita Belleza, en lenguaje inequívoco, ha hecho esta promesa en su Libro: "Os contemplamos desde nuestro reino de gloria, y ayudaremos a quienquiera que se levante para el triunfo de nuestra Causa, con las huestes del Concurso en lo alto y una compañía de nuestros ángeles predilectos."76
Gracias a Dios que la ayuda prometida ha sido conferida, como es evidente para todos, y resplandece tan clara como el sol en los cielos.
En consecuencia, oh vosotros amigos de Dios, redoblad vuestros esfuerzos, empeñaos al máximo, hasta que triunféis en vuestro servicio a la Antigua Belleza, la Luz Manifiesta, y lleguéis a ser la causa de la difusión de los rayos del Sol de la Verdad, a lo largo y a lo ancho. Insuflad, en el desgastado y enflaquecido cuerpo del mundo, el fresco hálito de vida, y en los surcos de todas las regiones sembrad las sagradas semillas. Levantaos para abogar por esta Causa; abrid vuestros labios y enseñad. En el lugar de reunión de la vida sed estrellas rutilantes; en los jardines de la unidad sed aves del espíritu, cantando acerca de las verdades y los misterios interiores.
Emplead cada hálito de vuestra vida en esta gran Causa y dedicad todos vuestros días al servicio de Bahá, de modo que al fnal, libres de pérdida y privación, heredéis los tesoros acumulados de los dominios en lo alto. Pues los días de un hombre están llenos de peligro y él no puede contar tan siquiera con un momento más de vida; y, no obstante, las gentes, quienes son como un vacilante espejismo de ilusiones, se dicen a sí mismas que al final llegarán a alcanzar las alturas. ¡Lástima por ellos! Los hombres de tiempos pasados acariciaron esas mismas fantasías, hasta que una ola chasqueó sobre ellos y retornaron al polvo, y se encontraron excluidos y desprovistos; todos, a excepción de aquellas almas que se habían librado del yo y habían desechado su vida en el sendero de Dios. Su brillante estrella resplandeció en los cielos de antigua gloria, y las memorias que se habían transmitido de todas las épocas, constituyen una prueba de lo que digo.
En consecuencia, no descanséis ni de día ni de noche y no busquéis tranquilidad. Relatad los secretos de la servidumbre, seguid el sendero del servicio, hasta que alcancéis el socorro prometido que proviene de los dominios de Dios.
¡Oh amigos! Negras nubes han envuelto a toda esta tierra, y la lobreguez del odio y la malevolencia, de la crueldad y la agresión y la corrupción, se extiende en todas direcciones. Las gentes, todas sin excepción, viven sus vidas en negligente estupor, y se considera que las principales virtudes del hombre son su rapacidad y su sed de sangre. De toda la masa de la humanidad Dios ha escogido a los amigos, y los ha favorecido con su guía y su munífica gracia. Su propósito es éste, que nosotros, todos nosotros, nos esforcemos con todo nuestro corazón en ofrecernos para guiar a los demás hacia su sendero, y educar las almas de los hombres, hasta que estas bestias enloquecidas se transformen en gacelas en los prados de la unidad, y estos lobos en corderos de Dios, y estas criaturas embrutecidas en huestes angelicales; hasta que se extingan los fuegos del odio, y la llama que proviene del amparado valle del Sagrado Santuario derrame sus esplendores; hasta que el fétido hedor del muladar del tirano se disipe, y ceda su lugar a los puros y fragantes aromas que emanan de las eras de rosas de la fe y la confianza. En ese día los débiles de intelecto recurrirán a la munificencia de la Divina Mente Universal, y aquellos cuya vida no es sino abominación, tratarán de encontrar estos santos hálitos purificadores.
Mas, necesariamente, tienen que existir almas que habrán de manifestar tales dádivas, necesariamente tienen que existir labradores que cultives estos campos, jardineros para estos jardines, necesariamente tienen que existir peces que naden en este mar, estrellas que fulguren en estos cielos. Estos dolientes deben ser atendido por médicos espirituales, aquellos que están perdidos necesitan amables guías, para que de tales almas los desprovistos reciban su porción, y los privados puedan obtener su parte, y los pobres descubran en ellas la inmensurable riqueza, y los buscadores escuchen de ellas las irrefutables pruebas.
¡Oh mi Señor, mi Defensor, mi Ayuda en el peligro! Sumiso, Te suplico; enfermo, me acerco a Ti para ser sanado; humildemente, clamo a Ti, con mi lengua, mi alma, mi espíritu:
¡Oh Dios, mi Dios! La lobreguez de la noche ha envuelto a todas las regiones, y toda la tierra está encerrada tras densas nubes. Los pueblos del mundo se encuentran sumidos en las negras profundidades de las vanas ilusiones, mientras que sus tiranos se revuelcan en el odio y la crueldad. No veo nada sino el resplandor de fuegos abrasadores que elevan sus llamas desde el más profundo abismo, nada oigo fuera del atronador estrépito de miles y miles de ígneas armas de combate, mientras todos los países claman en voz alta, en su lengua secreta: "¡Mi riqueza de nada me sirve, y mi soberanía ha fenecido!"
Oh mi Señor, las lámparas de guía se han extinguido. Las llamas de la pasión han trepado a las alturas, y la malevolencia crece cada vez más en el mundo. La maldad y el odio han cubierto la faz de toda la tierra y no encuentro otras almas, salvo tu propio y oprimido y pequeño grupo, que eleva este llamado:
¡Marchad de prisa hacia el amor! ¡Marchad de prisa hacia la confianza! ¡Apresuraos en dar! ¡Venid por guía!
¡Venid en busca de armonía! ¡Venid a contemplar la Estrella del Día! ¡Venid aquí en busca de bondad, de sosiego! ¡Venid aquí por amistad y paz!
¡Venid y deponed vuestras armas de ira, hasta que la unidad se logre! Venid, y en el verdadero sendero del Señor, que cada uno ayude a otro.
Verdaderamente, con desbordante alegría, con alma y corazón, estos oprimidos tuyos se ofrendan por toda la humanidad, en todos los países. Tú los ves, oh mi Señor, llorando sobre las lágrimas que tu pueblo ha derramado, lamentando el dolor de tus hijos, condolidos con la humanidad, sufriendo a causa de las calamidades que acosan a todos los habitantes de la tierra.
Oh mi Señor, dales las alas de la victoria para que se remonten hacia la salvación, fortalece sus hombros en el servicio a tu pueblo, y sus espaldas en la servidumbre en tu Umbral de Santidad.
¡Verdaderamente, Tú eres el Generoso, verdaderamente, Tú eres el Misericordioso! No existe otro Dios salvo Tú, el Clemente, el Compasivo, el Antiguo de los Días!
219
¡Oh vosotros, hijos e hijas del Reino! Vuestra carta, la cual seguramente fue inspirada por el cielo, ha sido recibida. Su contenido es muy grato, con sentimientos que surgen de los corazones luminosos.
Los creyentes de Londres son en verdad firmes y leales, son decididos, son constantes en el servicio; cuando son puestos a prueba no vacilan, ni disminuyen su fuego con el transcurso del tiempo; más bien, ellos son bahá'ís. Ellos son el cielo, están llenos de luz, ellos son de Dios. Sin duda alguna llegarán a ser la causa del enaltecimiento de la Palabra de Dios, y del desarrollo de la unidad del mundo del hombre; de la promoción de las enseñanzas de Dios, y de la difusión por doquier de la igualdad de todos los miembros de la raza humana.
Es fácil aproximarse al Reino del Cielo, mas es difícil permanecer firme y leal dentro de él, pues las pruebas son rigurosas y arduas de soportar. Pero los ingleses se mantienen constantes en todas las condiciones, y sus pies no resbalan al primer indicio de dificultad. No son variables, no proceden con inconstancia en un proyecto, abandonándolo luego. No dejan, por una causa trivial, de tener entusiasmo y celo, ni se retira su interés. No; en todo lo que hacen, ellos son estables, sólidos como roca, y leales.
Aunque habitáis en países occidentales, no obstante, alabado sea Dios, oísteis su llamado que proviene de Oriente y, al igual que Moisés, calentasteis vuestras manos con el fuego que arde en el Árbol de Asia. Hallasteis el verdadero sendero, fuisteis encendidos como lámparas y habéis venido al Reino de Dios. Y ahora os habéis levantado, en gratitud por estas bendiciones, e imploráis la ayuda de Dios para todos los pueblos de la tierra, a fin de que también sus ojos puedan contemplar los esplendores del Reino de Abhá, y sus corazones, como su fueran espejos, puedan reflejar los luminosos rayos del Sol de la Verdad.
Es mi esperanza que los hálitos del Espíritu Santo serán insuflados en vuestros corazones, de modo tal que vuestras lenguas descubran los misterios y exhiban y expongan los íntimos significados de los Libros Sagrados; que los amigos lleguen a ser como médicos y, por medio de la potente medicina de las Enseñanzas celestiales, curen las viejas enfermedades que afligen al cuerpo de este mundo, que hagan ver al ciego, oír al sordo, revivir al muerto; que despierten a aquellos que están profundamente dormidos.
Tened la seguridad de que las confirmaciones del Espíritu Santo descenderán sobre vosotros, y que los ejércitos del Reino de Abhá os concederán la victoria.
220
El Señor de toda la humanidad ha forjado este reino humano para que sea un Jardín del Edén, un paraíso terrenal. Si, como es debido, encuentra el camino de la armonía y la paz, del amor y la confianza mutua, llegará a ser una verdadera morada de dicha, un lugar de múltiples bendiciones e interminables delicias. En él se revelará la excelencia del género humano, en él resplandecerán por doquier los rayos del Sol de la Verdad.
Recuerda cómo Adán y los demás, en otro tiempo, habitaban juntos en el Edén. Sin embargo, tan pronto como se desató una riña entre Adán y Satanás, fueron todos desterrados del Jardín, y esto significa una advertencia a la raza humana, un medio de decir a la humanidad que la disensión -aun con el demonio- conduce a una dolorosa pérdida. Es por esto que, en nuestra edad iluminada Dios enseña que los conflictos y las disputas no son permisibles, ni siquiera con el mismo Satanás.
¡Dios bondadoso! ¡Aun con semejante lección frente a él, cuán desatento es el hombre! Todavía vemos su mundo en guerra de polo a polo. Hay guerra entre las religiones; guerra entre las naciones; guerra entre los pueblos; guerra entre los gobernantes. ¡Qué cambio tan bien venido sería que estas nubes negras se disiparan de los cielos del mundo, para que la luz de la realidad pudiese derramarse por doquier! Si solo se asentara para siempre el oscuro polvo de esta continua lucha y esta matanza, y los fragantes vientos de la bondad de Dios soplaran desde el manantial de paz. Entonces este mundo se transformaría en otro mundo, y la tierra resplandecería con la luz de su Señor.
Si existe alguna esperanza, es únicamente en las generosidades de Dios: que su gracia fortalecedora llegará, y cesarán la lucha y la contienda, y que la ácida mordedura del acero ensangrentado se convertirá en el melifluo rocío de la amista, la probidad y la confianza. Cuán dulce al paladar será ese día, cuán fragante como almizcle su perfume.
Conceda Dios que el nuevo año traiga una promesa de nueva paz. Quiera Él permitir a esa distinguida asamblea firmar un tratado imparcial y establecer un convenio justo, para que seáis bendecidos por siempre, a través de la extensión de tiempo venidero.*
221
¡Oh vosotros, quienes sois constantes en el Convenio! El peregrino ha hecho mención de cada uno de vosotros, y ha solicitado que a cada uno se le dirija una carta por separado, pero este errante en el desierto del amor de Dios está apartado de la correspondencia por un millar de preocupaciones y desvelos; y ya que de los oriente y los ponientes de la tierra se derrama un creciente flujo de cartas sobre él, sería imposible enviar a cada uno una misiva por separado, por lo cual esta sola carta es dirigida a cada uno de vosotros, para que, como sellado vino, regocije vuestras almas y otorgue calor a vuestros corazones.
¡Oh vosotros, amados constantes! La gracia de Dios cae abatiéndose sobre la humanidad, como las lluvias de la primavera, y los rayos de la Luz manifiesta han hecho que esta tierra sea la envidia del cielo. Más, lástima que los ciegos estén privados de esta generosidad, que los desatentos estén excluidos de ella, que de ella desesperen los marchitos, y desfallezcan los mustios, de modo que como aguas torrentosas, esta infinita corriente de gracia retorna a su fuente original, en un oculto mar. Solamente algunos reciben esta gracia y toman de ella su parte. Por tanto, depositemos nuestras esperanzas en lo que el poderoso brazo del Amado puede realizar.
Confiamos que en un tiempo venidero los aletargados despertarán, y los desatentos se harán conscientes, y los excluidos llegarán a ser iniciados en los misterios. Ahora deben los amigos continuar trabajando de alma y corazón, y desplegar un gran esfuerzo, hasta que sean derribados los baluartes de la disensión, y las glorias de la unidad del género humano conduzcan a todos a la unión.
Hoy en día, la imperiosa necesidad es la unidad y la armonía entre los amados del Señor, pues deberían tener entre ellos solamente un corazón y un alma, y deberían, en la medida que de ellos dependa, resistir solidariamente la hostilidad de todos los pueblos del mundo; deben poner fin a los ignorantes prejuicios de todas las naciones y religiones, y deben dar a conocer a todo miembro de la raza humana que todos son las hojas de una sola rama, los frutos de un solo tallo.
Sin embargo, mientras los amigos no establezcan la perfecta unidad entre ellos mismos, ¿cómo pueden emplazar a los demás a la armonía y la paz?
El alma que no ha cobrado vida ella misma,
¿qué esperanza tiene de hacer revivir a otra?
Reflexionad con respecto a otras formas de vida diferentes de la humana, y que os sirvan de advertencia: aquellas nubes que se apartan no pueden producir la munificencia de la lluvia, y pronto se pierden; un rebaño de ovejas, una vez dispersado, es presa del lobo, y las aves que vuelas solitarias son rápidamente atrapadas por las garras del halcón. Qué mayor demostración puede haber de que la unidad conduce a una vida floreciente, mientras que la disensión y el apartarse de los demás solo conducen a la miseria; pues son éstos los caminos seguros al amargo desengaño y la ruina.
Las santas Manifestaciones de Dios han sido enviadas para hacer visible la unidad de la humanidad. Por esto soportaron innumerables adversidades y tribulaciones, que una comunidad de entre los pueblos divergentes de la humanidad pudiese reunirse a la sombra de la Palabra de Dios y vivir como una sola, y pudiese, con deleite y gracia, demostrar en la tierra la unidad de la humanidad. Por consiguiente, el deseo de los amigos debe ser éste: reunir y unificar a todos los pueblos, que todos puedan recibir un trago generoso de este vino puro contenido en esta copa que es "templada en la fuente de alcanfor."77 Que hagan que las diferentes poblaciones sean una, e induzcan a las hostiles y sanguinarias razas de la tierra a amarse unas a otras. Que liberen de sus cadenas a los cautivos de los deseos sensuales y que conviertan a los excluidos en confidentes de los misterios. Que den a los desamparados una porción de las bendiciones de estos días; que guíen a los desposeídos al inagotable tesoro. Esta gracia puede llevarse a cabo por medio de las palabras y maneras y acciones del Reino Invisible; mas si éstas faltan, ello nunca podrá ser.
Las confirmaciones de Dios son la garantía de estas bendiciones; la sagrada munificencia de Dios confiere estos grandes dones. Los amigos de Dios son sostenidos por el Reino en lo alto y obtienen sus victorias mediante los masivos ejércitos de la más grande guía. De este modo, para ellos, toda dificultad será allanada, todo problema será muy fácilmente resuelto.
Observad cuán fácilmente, cuando existe unidad en una determinada familia, se conducen los asuntos de esa familia, cómo progresan sus miembros, cómo prosperan en el mundo. Sus asuntos están en orden, gozan de comodidad y tranquilidad, están a salvo, su posición está afianzada, ellos llegan a ser la envidia de todos. Esas familias no hacen sino acrecentar su situación y su honor perdurable, con cada día que transcurre. Y si ampliamos un poco la esfera de la unidad para incluir a los habitantes de una aldea que buscan ser amables y unidos, que se asocian entre ellos y son bondadosos unos con otros, qué grandes avances se verá que logran, cuán seguros y protegidos estarán. Ampliemos algo más la esfera, tomando a los habitantes de una ciudad, a todos ellos conjuntamente: si establecen los más sólidos lazos de unidad entre ellos, cuán lejos habrán de progresar, incluso en un breve período, y qué poder habrán de ejercer. Y si la esfera de la unidad es ampliada aún más, es decir, si los habitantes de un país entero desarrollan corazones pacíficos y, con todo su corazón y su alma anhelan cooperar mutuamente y vivir en unidad, y si llegan a ser bondadosos y amables unos con otros, ese país obtendrá gozo sempiterno y gloria imperecedera. Tendrá paz, y abundancia, y enorme riqueza.
Observad entonces: si cada clan, tribu o comunidad, si cada nación, país o territorio de la tierra se reunieran bajo el pabellón unicolor de la unidad de la humanidad, y por los deslumbradores rayos del Sol de la Verdad proclamaran la universalidad del hombre; si hiciesen que todas las naciones y todos los credos abran ampliamente sus brazos unos hacia otros, que establezcan un Consejo Mundial y procedan a unir a los miembros de la sociedad unos con otros, por medio de sólidos vínculos recíprocos, ¿qué sucedería entonces? No hay duda alguna de que el Divino Amado, en toda su tierna hermosura, y con Él una numerosa hueste de confirmaciones celestiales, y de bendiciones y dádivas humanas, aparecerían ante la congregación del mundo en su gloria más plena.
Por consiguiente, oh vosotros, los amados del Señor, esforzaos por hacer todo lo que esté en vuestro poder para ser como uno solo, para vivir en paz, cada cual con los demás: pues sois todos las gotas de un único océano, el follaje de un único árbol, las perlas de una misma ostra, las flores y dulces hierbas del mismo y único jardín. Y al lograr eso, esforzaos por unir los corazones de aquellos quienes son los seguidores de otras religiones.
Debéis ofrendar incluso la vida misma unos por otros. Debéis ser infinitamente bondadosos con cada ser humano. A nadie llaméis extraño; a nadie consideréis vuestro enemigo. Sed como si todos los hombres fueran vuestros parientes cercanos y vuestros honorables amigos. Caminad de modo tal que este mundo fugaz sea transformado en esplendor, y este sombrío cúmulo de polvo llegue a ser un palacio de delicias. Tal es el consejo de 'Abdu'l-Bahá, este siervo desventurado.
222
¡Oh vosotros, los errantes sin hogar en el Sendero de Dios! La prosperidad, la complacencia y la libertad, por muy deseadas que sean y por mucho que conduzcan a la alegría del corazón humano, no pueden en modo alguno compararse con las pruebas de la ausencia de un hogar y la adversidad en el camino de Dios; pues tal exilio y destierro son bendecidos con el favor divino, e indudablemente son seguidos por la misericordia de la Providencia. El gozo de la tranquilidad en el propio hogar y la dulzura de la inmunidad contra todas las preocupaciones pasarán, mientras que la bendición de la falta de hogar perdurará por siempre, y sus trascendentes resultados se harán manifiestos.
La migración de Abraham desde su tierra natal hizo que se pusieran de manifiesto los generosos dones del Todoglorioso, y el ocaso de la estrella más brillante de Canaán desplegó ante los ojos el esplendor de José. La huida de Moisés, el Profeta del Sinaí, reveló la Llama del ardiente Fuego del Señor, y el surgimiento de Jesús infundió en el mundo los hálitos del Espíritu Santo. La partida de Muḥammad, el Amado de Dios, de la ciudad de su nacimiento, fue la causa de la exaltación de la Santa Palabra de Dios, y el destierro de la Sagrada Belleza condujo a la difusión de la luz de su Divina Revelación por todas las regiones.
¡Prestad gran atención, oh gentes de perspicacia!
223
¡Oh vosotros, hijos e hijas del Reino! Vuestra carta ha sido recibida. Su contenido dio a conocer que, alabado sea Dios, vuestros corazones se hallan en la mayor pureza y que vuestras almas se regocijan con las buenas nuevas de Dios. La mayoría de la gente está ocupada con el yo y el deseo mundano, e inmersa en el océano del mundo inferior, y cautiva del mundo de la naturaleza, salvo aquellas almas que han sido libradas de las cadenas y los grillos del mundo material y, como los pájaros de raudo vuelo, se remontan en este dominio sin límites. Ellos están despiertos y vigilantes, rehuyen la oscuridad del mundo de la naturaleza; su más elevado deseo se centraliza en la erradicación, de entre los hombres, de la lucha por la existencia, la irradiación de la espiritualidad y el amor del dominio en lo alto, la práctica de la mayor bondad entre los pueblos, el establecimiento de una relación íntima y estrecha entre las religiones, y la realización del ideal del sacrificio de sí mismo. Entonces, el mundo de la humanidad será transformado en el Reino de Dios.
¡Oh amigos, realizad un gran esfuerzo! Todo gasto requiere de un ingreso. En este día, en el mundo de la humanidad, los hombres están todo el tiempo gastando, pues la guerra no es sino la dilapidación de hombres y de riqueza. Al menos ocupaos en una acción de provecho para el mundo de la humanidad, a fin de que podáis compensar parcialmente esa pérdida. Quizá, mediante las confirmaciones divinas, se os ayude a promulgar la amistad y la concordia entre los hombres, a sustituir la enemistad por el amor, a lograr que de la guerra universal resulte la paz universal, y a convertir la pérdida y el rencor, en provecho y amor. Este deseo será realizado por medio del poder del Reino.
224
¡Oh tú, siervo de Dios! Tu carta fue recibida. Su contenido es excelso y sublime, y su objetivo elevado y trascendente. El mundo de la humanidad necesita de un gran mejoramiento, pues es una jungla material donde florecen árboles sin frutos y abundan inútiles malezas. Si en todo esto hay un árbol que produce frutos, es sombreado por los que no producen, y si una flor crece en esta jungla, está oculta y escondida. El mundo de la humanidad se halla en necesidad de jardineros expertos que conviertan estos bosques en deliciosos rosedales, que sustituyan a estos árboles estériles por otros que brinden frutos, y que reemplacen a esta malezas inútiles con rosas y fragantes hierbas. Y así las almas activas y las personas vigilantes no descansan no de día ni de noche; se esfuerzan por estar estrechamente vinculadas al Reino Divino, y por medio de ello llegar a ser las manifestaciones de infinita munificencia y los jardineros ideales para estos bosques. Y así, el mundo de la humanidad será completamente transformado y las misericordiosas dádivas se harán manifiestas.
225
¡Oh vosotros, Concurso del Reino de Abhá! Desde las alturas de la felicidad de la humanidad se elevan dos llamados al éxito y la prosperidad, despertando a los somnolientos, concediendo vista a los ciegos, haciendo que los descuidados se vuelvan atentos, confiriendo oído a los sordos, desatando la lengua a los mudos, y resucitando a los muertos.
Uno es el llamado de la civilización, del progreso del mundo material. Pertenece al mundo de los fenómenos, promueve los principios de la realización material, y es el maestro en los logros físicos del género humano. Comprende las leyes, las ordenanzas, las artes y ciencias mediante las cuales el mundo de la humanidad se ha desarrollado; las leyes y ordenanzas que son el fruto de elevados ideales y el resultado de las mentes sanas, y que han ingresado al ruedo de la existencia a través de los esfuerzos de los sabios y cultos del pasado y de épocas posteriores. El poder ejecutor y el propagados de este llamado es el gobierno justo.
El otro es el llamado de Dios, que conmueve el alma, cuyas enseñanzas espirituales están protegidas por la gloria sempiterna, la felicidad eterna y la iluminación del mundo de la humanidad, y hacen que sean revelados los atributos de la misericordia en el mundo humano y en la vida del más allá.
Este segundo llamado está basado en las instrucciones y exhortaciones del Señor, y en las amonestaciones y emociones altruistas, pertenecientes al dominio de la moralidad, las cuales, al igual que una luz brillante, alumbran e iluminan la lámpara de las realidades del género humano. Su penetrante poder es la Palabra de Dios.
No obstante, mientras los avances materiales, los logros físicos y las virtudes humanas no sean fortalecidos por las perfecciones espirituales, las cualidades brillantes y las características de la misericordia, no saldrá de ellos ningún fruto ni resultado, ni se logrará la felicidad del mundo de la humanidad, lo cual es el objetivo final. Pues aunque, por una parte, los logros materiales y el desarrollo del mundo físico producen prosperidad, lo cual manifiesta exquisitamente sus deseados fines, por otra parte, los peligros, las severas calamidades y las violentas aflicciones son inminentes.
En consecuencia, cuando observas el ordenado diseño de los reinos, de las ciudades y aldeas, con el atractivo de sus ornamentos, con la frescura de sus recursos naturales, el refinamiento de sus dispositivos, la comodidad de sus medios de transporte, la extensión del conocimiento disponible referente al mundo de la naturaleza, las grandes invenciones, los colosales emprendimientos, los nobles descubrimientos e investigaciones científicas, has de concluir que la civilización conduce a la felicidad y al progreso del mundo humano. Mas si vuelves tu mirada al descubrimiento de máquinas destructivas e infernales, al desarrollo de las fuerzas de demolición y la invención de implementos ígneos, los cuales arrancan de raíz al árbol de la vida, se te hará evidente y manifiesto que la civilización está conjurada con la barbarie. El progreso y la barbarie marchan de la mano, a menos que la civilización material sea confirmada por la Guía Divina, por las revelaciones del Todomisericordioso y por virtudes divinas, y sea vigorizada por la conducta espiritual, por los ideales del Reino y las efusiones del Dominio del Poder.
Considera ahora que los países más avanzados y civilizados del mundo se han transformado en arsenales de explosivos, que los continentes del globo han sido convertidos en gigantescos campamentos y campos de batalla, que los pueblos del mundo se han transformado en naciones armadas, y que los gobiernos del mundo compiten unos con otros en dar el primer paso por entrar en el campo de la matanza y el derramamientos de sangre, sometiendo así al género humano al mayor grado de aflicción.
Por tanto, esta civilización y progreso material deben combinarse con la Más Grande Guía, a fin de que este mundo inferior llegue a ser el escenario de la aparición de las dádivas del Reino, y los avances físicos se unan con las efulgencias del Misericordioso. Ello, para que la belleza y la perfección del mundo del hombre sean reveladas y puestas de manifiesto ante todos, con la mayor gracia y esplendor. Así, la gloria y felicidad sempiternas serán reveladas.
Alabado sea Dios, pues a lo largo de sucesivos siglos y edades se ha elevado el llamado de la civilización, ha avanzado y progresado día a día el mundo de la humanidad, se han desarrollado a pasos agigantados varios países, y han aumentado las mejoras materiales, hasta que el mundo de la existencia obtuvo capacidad universal como para recibir las enseñanzas espirituales y escuchar el Llamado Divino. El niño de pecho pasa por varias etapas físicas, creciendo y desarrollándose en cada etapa, hasta que su cuerpo alcanza la edad de la madurez. Habiendo llegado a esta etapa, adquiere la capacidad de manifestar las perfecciones espirituales e intelectuales. Se hacen perceptibles en él las luces de la comprensión, de la inteligencia y el conocimiento, y se desarrollan los poderes de su alma. Asimismo, en el mundo contingente la especie humana ha sufrido progresivos cambios físicos y, por un lento proceso, ha ascendido por la escala de la civilización, realizando en sí misma las maravillas, las excelencias y dones de la humanidad en su forma más gloriosa, hasta adquirir la capacidad de expresar los esplendores de las perfecciones espirituales y los ideales divinos, y llegar a ser capaz de escuchar el llamado de Dios. Entonces, por fin el llamado del Reino se elevó, las virtudes y perfecciones espirituales fueron reveladas, el Sol de la Realidad despuntó y las enseñanzas de la Más Grande Paz, de la unidad del mundo de la humanidad y de la universalidad de los hombre fueron promovidas. Esperamos que la refulgencia de estos rayos se haga cada vez más intensa y las virtudes ideales más resplandecientes, a fin de que la meta de este proceso humano universal sea alcanzada, y que aparezca el amor de Dios en la mayor gracia y belleza deslumbrando a todos los corazones.
¡Oh vosotros amados de Dios! Sabed, ciertamente, que la felicidad de la humanidad descansa en la unidad y la armonía de la raza humana, y que los avances espirituales y materiales dependen del amor y la amistad entre todos los hombres. Considerad las criaturas vivientes, en particular aquellas que se mueven sobre la tierra y aquellas que vuelan, aquellas que pacen y aquellas que devoran. Entre los animales de presa cada clase vive aparte de las otras especies de su género, observando completo antagonismo y hostilidad; y cuando quiera que se encuentran, inmediatamente luchan y se hieren, haciendo rechinar sus dientes y descubriendo sus garras. Éste es el modo como se comportan las bestias feroces y los lobos sanguinarios, animales carnívoros que viven solitarios y luchan por su vida. Pero los animales dóciles, bondadosos y mansos, ya sea que pertenezcan a las especies voladoras o a las herbívoras, se asocian unos con otros en completa afinidad, unidos en sus rebaños, viviendo sus vidas con goce, felicidad y contento. Como tales son las aves que están satisfechas con unos pocos granos; están agradecidas y viven en la más completa alegría, y prorrumpen en rico y melodioso canto mientras se remontan por los prados, los llanos, las colinas y montañas. Asimismo, los animales que pacen, como la oveja, el antílope y la gacela, se asocian en la mayor amistad, intimidad y unidad, mientras viven en sus llanos y praderas, en una condición de absoluta felicidad. Pero los perros, los lobos, los tigres, las hienas y otros animales de presa se alejan mutuamente cuando cazan y vagan a solas. Las criaturas de los campos y las aves del aire nunca se esquivan o molestan unas a otras cuando descubren sus mutuas tierras de pastoreo y descanso, sino que se aceptan unas a otras con amabilidad, a diferencia de las bestias devoradoras que inmediatamente se acometen cuando una se introduce en la cueva o guarida de la otra; es más, basta con que una pase frente a la morada de la otra para que esta última salga velozmente a atacar, y si es posible, matar a aquella.
Por consiguiente, se ha hecho claro y manifiesto que también en el reino animal el amor y la afinidad son los frutos de una disposición benigna, de una naturaleza pura y un carácter loable, mientras que la discordia y el aislamiento son característicos de las fieras de la selva.
El Todopoderoso no ha creado en el hombre las garras y los dientes de los animales feroces sino que, más bien, la forma humana ha sido modelada y engalanada con los más hermosos atributos, y ornada con las más perfectas virtudes. El honor de esta creación y el valor de este atuendo requieren, por tanto, que el hombre tenga amor y afinidad para con su propia especie; no, es más, que actúe con todas las criaturas vivientes con justicia y equidad.
Asimismo, considerad cómo la causa del bienestar, de la felicidad, el gozo y el confort de la humanidad, son la amistas y la unión, mientras que la disensión y las discordia son, en grado sumo, conducentes a las dificultades, la humillación, la agitación y el fracaso.
Pero es de lamentar un millar de veces que el hombre sea negligente e inconsciente de estos hechos, y que diariamente se pasee ufano con las características de una bestia salvaje. ¡He aquí! En un momento se vuelve un tigre feroz; al siguiente se transforma en una reptante, en una venenosa víbora. Mas los logros sublimes del hombre radican en las cualidades y atributos que pertenecen exclusivamente a los ángeles del Concurso Supremo. Por tanto, cuando del hombre emanan las cualidades loables y la conducta elevada, él llega a ser un ser celestial, un ángel del Reino, una realidad divina y una efulgencia de los cielos. En cambio, cuando se dedica a la guerra, a la lucha y al derramamiento de sangre, llega a ser más vil que la más feroz de las criaturas salvajes, puesto que si un lobo sanguinario devora un cordero en una sola noche, el hombre, en el campo de batalla, quita la vida a un centenar de miles de seres humanos, cubriendo el suelo con sus cadáveres y amasando la tierra con su sangre.
En pocas palabras, el hombre está dotado de dos naturalezas: una tiende hacia la sublimidad y la perfección intelectual, mientras que la otra se vuelve hacia la degradación bestial y las imperfecciones de la carne. Si viajáis por los países del globo observaréis por una parte los restos de ruina y destrucción, mientras por una parte los restos de ruina y destrucción, mientras que por otra parte veréis los signos de la civilización y el desarrollo. Tal desolación y ruina son el resultado de la guerra, la contienda y la lucha, mientras que todo desarrollo y progreso son los frutos de las luces de la virtud, de la cooperación y la concordia.
Si uno viajara a través de los desiertos del Asia Central observaría cuántas ciudades, otrora tan grandes y prósperas como París o Londres, se encuentran ahora demolidas y arrasadas. Desde el Mar Caspio al río Oxo se extienden salvajes y desolados llanos, desiertos, páramos y valles. Durante dos días y dos noches el ferrocarril ruso atraviesa las ciudades en ruinas y las aldeas deshabitadas de aquel yermo. Antiguamente esa llanura producía el fruto de las mejores civilizaciones del pasado. Eran evidentes por doquier las señales del desarrollo y el refinamiento; las artes y las ciencias eran bien protegidas y promovidas; las profesiones e industrias florecían; el comercio y la agricultura habían alcanzado un elevado nivel de eficiencia, y los fundamentos del gobierno y del Estado descansaban sobre una base firme y sólida. Hoy en día esa vasta extensión de tierra ha llegado a ser en su mayor parte el abrigo y el asilo de tribus turcomanas, y una arena para el feroz despliegue de las bestias salvajes. Las antiguas ciudades de esa planicie, tales como Gurgán, Nissá, Abívard y Shahristán, famosas en todo el mundo por sus artes, sus ciencias, su cultura, su industria, y reconocidas por si riqueza y grandeza, su prosperidad y distinción, han cedido su lugar a un desierto en el que no escucha voz alguna salvo el rugido de las bestias salvajes, y donde vagan a gusto los sanguinarios lobos. Esta destrucción y desolación fueron acarreadas por la guerra y la contienda, la disensión y la discordia entre los persas y los turcos, quienes discrepaban en su religión y sus costumbres. Tan rígido era el espíritu del prejuicio religioso, que los líderes carentes de fe sancionaron el derramamiento de sangre inocente, la ruina de la propiedad y la profanación del honor de las familias. Esto es solo por citar un ejemplo.
En consecuencia, cuando atravieses las regiones del mundo, llegarás a la conclusión de que todo progreso es el resultado de la asociación y la cooperación, mientras que la ruina es el producto de la animosidad y el odio. No obstante ello, el mundo de la humanidad no hace caso de la advertencia, ni despierta del sueño de la negligencia. El hombre todavía provoca diferencias, disputas y rivalidad, con el objeto de reunir las cohortes de la guerra, y con sus legiones, lanzarse al campo del derramamiento de sangre y la matanza.
Luego, por otra parte, considera el fenómeno de la composición y la descomposición, de la existencia y la no existencia. Cada cosa creada en el mundo contingente está formada por muchos y variados átomos, y su existencia depende de la composición de ellos. En otras palabras, por medio del divino poder creador tiene lugar una conjunción de elementos simples, de modo que de esta composición se produce un organismos diferenciado. La existencia de todas las cosas está basada en este principio. Pero cuando el orden ser rompe se produce la descomposición y comienza la desintegración, y entonces tal cosa cesa de existir. Es decir, la aniquilación de todas las cosas es causada por la descomposición y la desintegración. Por tanto, la atracción y la composición entre los diversos elementos es el instrumento de la vida, y la discordia, la descomposición y la división, producen la muerte. Así, las fuerzas de cohesión y atracción en todas las cosas conducen a la aparición de resultados y efectos fructíferos, mientras que el distanciamiento y el alejamiento de las cosas conducen a la perturbación y aniquilación. A través de la afinidad y la atracción llegan a la existencia todas las cosas vivientes, como las plantas, los animales y el hombre, en tanto que la división y la discordia acarrean descomposición y destrucción.
En consecuencia, aquello que conduce a la asociación y la atracción y la unidad entre los hijos de los hombres, es el instrumento de la vida del mundo de la humanidad, y todo lo que causa división, repulsión y lejanía, conduce a la muerte del género humano.
Y si al pasar por campos y plantaciones observas que las plantas, las flores y las perfumadas hierbas crecen juntas frondosamente, formando un diseño de unidad, ello evidencia el hecho de que esa plantación y ese jardín florecen bajo el cuidado de un hábil jardinero. Mas cuando lo ves en estado de desorden e irregularidad, infieres que le ha faltado el cuidado de un labrador eficiente, habiendo producido así malezas y cizañas.
Se hace por tanto manifiesto que la amistad y la cohesión son indicadores de la enseñanzas del Real Educador, y que la dispersión y la separación son prueba de salvajismo y privación de la educación divina.
Un crítico puede observar que los pueblos, razas, tribus y comunidades del mundo son diferentes y variadas costumbres, hábitos, gustos, carácter, inclinaciones e ideas, que las opiniones y pensamientos son contrarios unos a otros y, por tanto, ¿cómo es posible que se revele la unidad real y exista el perfecto acuerdo entre las almas humanas?
En respuesta decimos que las diferencias son de dos clases. Una de ellas es la causa de aniquilación, y es como la antipatía que existe entre naciones en guerra y tribus en conflicto, que buscan cada cual la destrucción de la otra, desarraigando cada una a las familias de la otra, privándose una a la otra de tranquilidad y comodidad, y desatando la matanza. La otra clase es una expresión de diversidad, es la esencia de la perfección, y la causa de la aparición de las dádivas del Más Glorioso Señor.
Considera las flores de un jardín: aunque difieren en tipo, en color, forma y aspecto, sin embargo, por cuanto son refrescadas por los hálitos de un único viento, vigorizadas por los rayos de un único sol, esta diversidad aumenta su encanto y realza su belleza. Así, cuando esa fuerza unificadora, la penetrante influencia de la Palabra de Dios, tiene efecto, la diferencia de costumbres, maneras, hábitos, ideas, opiniones y disposiciones, embellecen el mundo de la humanidad. Esta diversidad, esta diferencia, es como la naturalmente creada disimilitud y variedad de los miembros y órganos del cuerpo humano, ya que cada uno de ellos contribuye a la belleza, la eficiencia y perfección del todo. Cuando estos diferentes miembros y órganos se someten a la influencia de la soberana alma del hombre, y el poder del alma penetra las extremidades y miembros, las venas y arterias del cuerpo, entonces la diferencia refuerza la armonía, la diversidad fortalece el amor, y la multiplicidad es él más grande factor de coordinación.
¡Qué ingrato a la vista sería si todas las flores y plantas, todas las hojas y capullos, los frutos, las ramas y los árboles de ese jardín fueran todos de la misma forma y color! La diversidad de tonos, de forma y aspecto, enriquece y adorna el jardín, y realza su efecto. De la misma manera, cuando se reúnan diferentes matices de pensamiento, de temperamento y carácter, y se sometan al poder y la influencia de un único organismo central, la belleza y la gloria de la perfección humana se revelarán y pondrán de manifiesto, nada que no sea la potencia celestial de la Palabra de Dios, la cual gobierna y trasciende la realidad de todas las cosas, es capaz de armonizar los divergentes pensamientos, sentimientos, ideas y convicciones de los hijos de los hombres. En verdad, ella es el poder que penetra todas las cosas, el motor de las almas, y el amalgamador y regulador en el mundo de la humanidad.
Alabado sea Dios, hoy en día el esplendor de la Palabra de Dios ha iluminado todos los horizontes, y procedentes de todas las sectas, razas, tribus, naciones y comunidades, las almas se han reunido a la luz de la Palabra, juntas, unidas y de acuerdo, en perfecta armonía. ¡Oh! ¡Qué gran número de reuniones se celebran, adornadas con las almas de varias razas y de diversas sectas! Cualquiera que asista a ellas quedará sorprendido, y podría suponer que estas almas son todas de un mismo país, de una misma nacionalidad, de una misma comunidad, de un mismo pensamiento, de una misma creencia y de una misma opinión; mientras que, de hecho, uno es americano, otro africano, uno proviene de Asia, otro de Europa, uno es nativo de la India, otro de Turquestán, uno es árabe, otro tajik, otro persa, y aun otro griego. No obstante tanta diversidad ellos se asocian en perfecta armonía y unidad, en amor y libertad; tienen una sola voz, un solo pensamiento y un solo propósito. ¡En verdad, ello es debido al penetrante poder de la Palabra de Dios! Si se combinaran todas las fuerzas del universo, aun así no serían capaces de reunir a una sola asamblea tan imbuida con sentimientos de amor, de afecto, de atracción y ardor, como para unir a los miembros de las diferentes razas y hacer surgir del corazón del mundo una voz que disipe la guerra y la contienda, que desarraigue la disensión y la disputa, que inaugure la era dela paz universal y establezca la unidad y la concordia entre los hombres.
¿Existe algún poder que sea capaz de resistir la penetrante influencia de la Palabra de Dios? ¡No, por Dios! ¡La prueba es clara y la evidencia es completa! Si alguien observa con el ojo de la justicia, quedará admirado y sorprendido y atestiguará que todos los pueblos, las sectas y razas del mundo deberían ser felices, estar contentos y agradecidos por las enseñanzas y exhortaciones de Bahá'u'lláh. Pues estos preceptos divinos amansan a toda bestia feroz, transforman al insecto que se arrastra en un ave que alza el vuelo, hacen que las almas humanas lleguen a ser ángeles del Reino, y convierten el mundo humano en un foco de las cualidades de misericordia.
Además, se requiere que todos y cada uno muestren obediencia, sumisión y lealtad a su propio gobierno. Hoy en día ningún Estado en el mundo se halla en situación de paz y tranquilidad, pues la seguridad y la confianza se han desvanecido de entre la gente. Tanto gobernados como gobernantes están en peligro por igual. El único grupo de gente que en la actualidad se somete pacífica y lealmente a la leyes y ordenanzas del gobierno, y que actúa honesta y francamente con los demás, no es otro que esta comunidad agraviada. Pues mientras todas las sectas y razas de Persia y el Turquestán se hallan absortas en promover sus propios intereses y solo obedecen a sus gobiernos con la esperanza de recibir recompensa o por temor al castigo, los bahá'ís son los bienquerientes del gobierno, obedientes a sus leyes y amantes de todos los pueblos.
Tal obediencia y sumisión es forzosa y obligatoria para todos, por el Texto explícito de la Belleza de Abhá. Por tanto, los creyentes, obedeciendo los mandamientos del Único Verdadero, muestran la mayor sinceridad y buena voluntad hacia todas las naciones; y si algún alma actuase contrariamente a las leyes del gobierno, se consideraría a sí misma responsable ante Dios, mereciendo la ira divina y el castigo divino por su pecado e iniquidad. Es sorprendente que, a pesar de ello, algunos de los funcionarios del gobierno consideran que los bahá'ís son malquerientes, mientras que estiman a los miembros de otras comunidades como sus bienquerientes. ¡Dios bondadoso! Recientemente, cuando hubo revolución y agitación general en (r)ihrán y en otras provincias de Persia, se probó que ni un solo bahá'í había participado ni intervenido en esos asuntos. Por esta razón fueron reprochados por los ignorantes, debido a que habían obedecido el mandamiento de la Bendita Perfección y se habían abstenido absolutamente de intervenir en asuntos políticos. Ellos no estaban asociados con ningún partido, sino que se preocupaban de sus propios asuntos y profesiones y cumplían con sus propios deberes.
Todos los amigos de Dios brindan testimonio del hecho de que 'Abdu'l-Bahá es, desde todo punto de vista, el bienqueriente de todos los gobiernos y naciones, y hace votos sinceros por su progreso y adelanto, especialmente por los dos grandes Estados del este, pues estos dos países son la tierra natal y el lugar de exilio de Bahá'u'lláh. En todas las epístolas y escritos Él ha elogiado y alabado a estos dos gobiernos y ha suplicado las confirmaciones divinas para ellos, desde el Umbral del Único Dios Verdadero. La Belleza de Abhá -que mi vida sea un sacrificio para sus amados- ha ofrecido sus oraciones por Sus Majestades Imperiales. ¡Dios bondadoso! Qué extraño es que, a pesar de estas pruebas concluyentes, cada día ocurra algún suceso y surjan dificultades. Pero nosotros, y los amigos de Dios, por ningún motivo debiéramos manifestar nuestra veracidad y sinceridad, es más, habremos de ser constantes en nuestra fidelidad y confiabilidad, y ocuparnos en ofrecer oraciones por el bien de todos.
¡Oh vosotros, bienamados de Dios! Estos son días de constancia, de firmeza y perseverancia en la Causa de Dios. No debéis enfocar vuestra atención en la persona de 'Abdu'l-Bahá, pues dentro de podo él se despedirá de vosotros. Más bien, debéis fijar vuestra mirada en la Palabra de Dios. Si se promueve la Palabra de Dios, regocijaos y sentíos agradecidos y felices, aunque 'Abdu'l-Bahá mismo sea amenazado por la espada o agobiado por el peso de cadenas y grillos. Pues lo importante es el Sagrado Templo de la Causa de Dios, no el cuerpo físico de 'Abdu'l-Bahá. Los amigos de Dios deben levantarse con tal constancia que, si en algún momento un centenar de almas como 'Abdu'l-Bahá llegan a ser el blanco de las flechas de la aflicción, no cederán ni vacilarán en su resolución, en su determinación, su ardor, y su devoción y servicio a la Causa de Dios. 'Abdu'l-Bahá mismo es un siervo ante el Umbral de la Bendita Belleza y una manifestación de pura y total servidumbre ante el Umbral del Todopoderoso. Él no tiene otra posición o título, ni otro rango o poder. Este es mi propósito último, mi eterno Paraíso, mi santísimo Templo y mi Sadratu'l-Muntahá. Con la Bendita Belleza de Abhá y el Exaltado, su Heraldo -que mi vida sea un sacrificio para ambos- se ha completado el surgimiento de la Manifestación universal e independiente de Dios. Y por un millar de años todos serán iluminados por sus luces y sustentados por el océano de sus favores.
¡Oh vosotros, amados de Dios! Esto, verdaderamente, es mi último deseo y mi advertencia a vosotros. Bendito, por tanto, es aquel quien es ayudado por Dios a seguir lo que está grabado en este pergamino, cuyas palabras están santificadas de los símbolos corrientes entre los hombres.
226
¡Oh tú, sierva de Dios! Tu carta fue recibida y ha sido causa de gran alegría. Has expresado tu ardiente deseo de que yo asista al Congreso de Paz. Yo no me presento en tales conferencias políticas, pues el establecimiento de la paz es inalcanzable, salvo a través del poder de la Palabra de Dios. Cuando se convoque a una conferencia que sea representativa de todas las naciones y que opere bajo la influencia de la Palabra de Dios, entonces la paz universal será establecida; de otro modo es imposible.
Es cierto que en la actualidad se halla establecida una paz temporal, pero no es duradera. Todos los gobiernos y naciones están cansados de la guerra, de las dificultades de traslado, de los ingentes gastos, de las pérdidas de vidas, de la aflicción de las mujeres, de la gran cantidad de huérfanos y, por fuerza, son empujados a la paz. Pero esta paz no es permanente, es transitoria.
Esperamos que el poder de la Palabra de Dios establezca una paz que se mantenga eternamente efectiva y segura.
22778
¡Oh vosotros, quienes sois pioneros entre los bienquerientes del mundo de la humanidad!
Las cartas que habéis enviado durante la guerra no fueron recibidas, pero una carta, fechada el 11 de febrero de 1916, acaba de llegar, e inmediatamente estoy escribiendo una respuesta. Vuestra intención merece un millar de alabanzas, pues estáis sirviendo al mundo de la humanidad, y ello conduce a la felicidad y el bienestar de todos. Esta reciente guerra ha demostrado al mundo y las gentes que la guerra es destrucción, mientras que la paz universal es construcción; la guerra es muerte, mientras que la paz en vida; la guerra es rapacidad y sed de sangre, mientras que la paz es beneficencia y compasión; la guerra es una dependencia del mundo de la naturaleza, mientras que la paz es el fundamento de la religión de Dios; la guerra es oscuridad de oscuridades, mientras que la paz es luz celestial; la guerra es la destructora del edificio del género humano, mientras que la paz es la vida sempiterna del mundo de la humanidad; la guerra es como un lobo voraz, mientras que la paz es como los ángeles del cielo; la guerra es la lucha por la existencia, mientras que la paz es ayuda mutua y cooperación entre los pueblos del mundo, y es la causa de la complacencia del Único Verdadero en el dominio celestial.
No existe una sola alma cuya conciencia no atestigüe que en este día no hay en el mundo asunto más importante que la paz universal. Todo hombre justo testifica acerca de ello y glorifica a esa estimada Asamblea, puesto que su objetivo es que esta oscuridad sea transformada en luz, esta sed de sangre en bondad, este tormento en dicha, esta penuria en holgura, y esta enemistad y odio, en camaradería y amor. Por tanto, el esfuerzo de esas estimadas almas es digno de alabanza y encomio.
Pero las almas sabias, quienes son conscientes de las relaciones esenciales que emanan de las realidades de las cosas, consideran que una sola cuestión no puede, por sí sola, influenciar la realidad humana como debiera, pues hasta que las mentes de los hombres no se unan, ninguna cuestión importante podrá llevarse a cabo. En la actualidad, la paz universal es un tema de gran importancia, pero la unidad de conciencia es esencial, a fin de que el basamento de este asunto llegue a ser seguro, su establecimiento firme y su edificio resistente.
Por eso Bahá'u'lláh, cincuenta años atrás, expuso esta cuestión de la paz universal, en una época en la que Él Se encontraba confinado en la fortaleza de 'Akká, y era un agraviado y un prisionero. Él escribió acerca de este importante asunto de la paz universal a todos los grandes soberanos del mundo, y la estableció entre sus amigos en Oriente. El horizonte del Este se hallaba en completa oscuridad, las naciones se demostraban el mayor odio y enemistad unas hacia otras, cada una de las religiones estaba sedienta de la sangre de las otras, y era oscuridad de oscuridades. En una época tal resplandeció Bahá'u'lláh como el sol en el horizonte del Este e iluminó a Persia con la luz de estas enseñanzas.
Entre sus enseñanzas se hallaba la declaración de la paz universal. Gentes de diferentes naciones, de diferentes religiones y sectas, quienes Le siguieron, llegaron a estar juntos a un punto tal, que se instituyeron reuniones extraordinarias compuestas por varias naciones y religiones de Oriente. Toda alma que ingresaba a estas reuniones no veía sino una nación, una enseñanza, un sendero, un orden, pues las enseñanzas de Bahá'u'lláh no estaban limitadas al establecimiento de la paz universal. Abarcaban muchas enseñanzas que complementaban y sostenían a aquella de la paz universal.
Entre estas enseñanzas se hallaba la independiente investigación de la realidad, a fin de que el mundo de la humanidad sea salvado de la oscuridad de la imitación, y alcance la verdad; que desgarre y deseche esta raída indumentaria de hace un millar de años que le ha quedado corta, y se coloque el manto de la mayor pureza y santidad tejido en el telar de la realidad. Por cuanto la realidad es una y no admite multiplicidad, por lo cual las diferentes opiniones deben finalmente fundirse en sólo una.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la unidad del mundo de la humanidad; que todos los seres humanos son las ovejas de Dios y Él es el bondadoso Pastor. Este Pastor es bondadoso para con todas las ovejas, pues Él las creó a todas, les enseñó, les proveyó y las protegió. No existe duda de que el Pastor es bondadoso para con todas las ovejas, y si entre estas ovejas las hubiere ignorantes, ellas deben ser educadas; si hubiere niños, debe enseñárseles hasta que alcancen la madurez; si hubiere enfermos, deben ser curados. No debe existir odio o enemistad, pues estos ignorantes, estos enfermos, han de ser tratados por alguien que sea como un médico bondadoso.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la que dice que la religión debe ser la causa de camaradería y amor. Si se transforma en causa de distanciamiento, entonces no es necesaria, pues la religión es como un remedio; si agrava la dolencia, se vuelve entonces innecesaria.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la que dice que la religión debe estar en conformidad con la ciencia y la razón, a fin de que pueda influenciar en los corazones de los hombres. El basamento debe ser sólido y no debe consistir en imitaciones.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la que dice que los prejuicios religiosos, raciales, políticos, económicos y patrióticos destruyen el edificio de la humanidad. Mientras prevalezcan estos prejuicios, el mundo de la humanidad no tendrá descanso. Durante un período de seis mil años la historia nos informa acerca del mundo de la humanidad. Durante estos seis mil años el mundo de la humanidad no ha estado libre de guerras, de luchas, de homicidios y sed de sangre. En toda época se ha hecho la guerra en un país o en otro, y esa guerra se ha debido ya sea al prejuicio religioso, al prejuicio racial, al prejuicio político, o al prejuicio patriótico. Por tanto, se ha determinado y probado que todos los prejuicios son destructivos para el edificio humano. Mientras estos prejuicios persistan, la lucha por la existencia debe permanecer dominante, y debe continuar la sed de venganza y rapacidad. Por consiguiente, lo mismo que en el pasado, el mundo de la humanidad no puede ser salvado de la oscuridad de la naturaleza, y no puede alcanzar la iluminación si no es por medio del abandono de los prejuicios y la adquisición de la conducta del Reino.
Si este prejuicio y esta enemistad son por cuenta de la religión, considerad que la religión debe ser la causa de camaradería, de lo contrario es infructuosa. Y si este prejuicio es el prejuicio de la nacionalidad, considerad que todo el género humano es de una única nación; todos han brotado del árbol de Adán, y Adán es la raíz del árbol. Ese árbol es tan solo uno, y todas estas naciones son como las ramas, en tanto que los individuos de la humanidad son como hojas, como flores y frutos del mismo. Luego, el establecimiento de las diferentes naciones y el consecuente derramamiento de sangre y destrucción del edificio de la humanidad, son el resultado de la ignorancia humana y de los motivos egoístas.
En cuanto al prejuicio patriótico, esto también es debido a la absoluta ignorancia, pues la superficie de la tierra es un solo país natal. Todos pueden vivir en cualquier punto del globo terráqueo. Por tanto, todo el mundo es el lugar de nacimiento del hombre. Estas fronteras y sus pasos han sido ideados por el hombre. En la creación no han sido asignados tales límites y pasos fronterizos. Europa es un solo continente, Asia es un solo continente, África es un solo continente, Australia es un solo continente, pero algunas almas, por motivos personales e intereses egoístas, han dividido a cada uno de estos continentes y han considerado a cierta parte como su propio país. Dios no ha establecido frontera entre Francia y Alemania; ellas son continuas. En efecto, en las primeras centurias, almas egoístas, por la promoción de sus propios intereses, han señalado límites y pasos y, día a día, han asignado más importancia a los mismos, hasta que ello condujo a intensa enemistad, derramamiento de sangre y rapacidad en los siguientes siglos. De la misma manera, esto continuará indefinidamente, y si esta concepción del patriotismo permanece limitada dentro de un cierto círculo, ello será la causa principal de la destrucción del mundo. Ninguna persona sabia y justa reconoce estas distinciones imaginarias. Cada área limitada a la cual llamamos nuestro país natal la consideramos como nuestra patria, mientras que el globo terráqueo es la patria de todos, y no algún área restringida. En resumen, vivimos en esta tierra durante unos pocos días, y finalmente somos sepultados en ella, ella, nuestro sepulcro eterno. ¿Vale la pena que nos preocupemos en derramar sangre y en hacernos pedazos unos a otros por este sepulcro eterno? No, nada de eso, ni Dios es complacido por tal conducta, ni ningún hombre en su sano juicio lo aprobaría.
Considerad: los animales benditos no se ocupan en disputas patrióticas. Están en la mayor camaradería unos con otros y viven juntos en armonía. Por ejemplo, si una paloma del este y una paloma del oeste, una paloma del norte y una del sur llegan al mismo tiempo a un mismo lugar, inmediatamente se asocian en armonía. Así ocurre con todos los animales y las aves benditas. Pero los animales feroces, tan pronto como se encuentran, se atacan y luchan unos con otros, se despedazan mutuamente y les es imposible vivir en forma pacífica en un mismo sitio. Son todos huraños y fieros, salvajes y combativos luchadores.
Con respecto al prejuicio económico, es evidente que cuando quiera que se fortalezcan los vínculos entre las naciones y se acelere el intercambio de mercancías, y que en algún país se establezca algún principio económico, ello finalmente afectará a los demás países y se obtendrán beneficios universales. Luego, ¿por qué este prejuicio?
En cuanto a los prejuicios políticos, debe seguirse la política de Dios, y es indiscutible que la política de Dios es más grande que la política humana. Debemos seguir la política divina, y ello es aplicable por igual a todos los individuos. Él trata a todos los individuos del mismo modo; no hace distinción, y este es el basamento de las Religiones Divinas.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la creación de un único idioma que se difunda universalmente entre la gente. Esta enseñanza fue revelada por la pluma de Bahá'u'lláh a fin de que ese idioma universal elimine los malentendidos entre la humanidad.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la igualdad de las mujeres y los hombres. El mundo de la humanidad tiene dos alas: una es la mujer y la otra es el hombre. Hasta que ambas alas no se hayan desarrollado igualmente, el pájaro no podrá volar. Si un ala fuera débil el vuelo es imposible. Hasta que el mundo de la mujer no llegue a ser igual al mundo del hombre en la adquisición de virtudes y perfecciones, no se podrá alcanzar el éxito y la prosperidad como debiera ser.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la de compartir voluntariamente los propios bienes con otros, entre la humanidad. Esta partición voluntaria es mayor que la igualdad, y consiste en que el hombre no debiera preferirse a sí mismo antes que a los demás, sino, más bien, debiera sacrificar su vida y sus bienes por los demás. Pero esto no debe ser introducido por coerción, de modo que llegue a ser una ley y que el hombre esté obligado a cumplirla. No, más bien el hombre debería, voluntariamente y por propia elección, sacrificar sus bienes y su vida por los demás, y desembolsar de buena gana para los pobres, tal como se hace en Persia entre los bahá'ís.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la libertad del hombre, quien mediante el Poder ideal debe estar libre y emancipado del cautiverio del mundo de la naturaleza; pues mientras el hombre permanece cautivo de la naturaleza, es un animal feroz, ya que la lucha por la existencia es una de las exigencias del mundo de la naturaleza. Este tema de la lucha por la existencia es el origen de todas las calamidades y es la aflicción suprema.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la que dice que la religión es un poderoso baluarte. Si el edificio de la religión se estremece y tambalea sobreviene la conmoción y el caos, y se trastoca totalmente el orden de las cosas, pues en el mundo de la humanidad hay dos salvaguardas que protegen al hombre de la perversidad. Una es la ley que castiga al criminal; pero la ley previene solo el crimen manifiesto, y no el pecado encubierto; mientras que la salvaguarda ideal es especialmente la religión de Dios, puesto que previene tanto el crimen manifiesto como el encubierto, educa al hombre, enseña la ética, impulsa a la adopción de virtudes, y es el poder omnímodo que garantiza la felicidad del mundo de la humanidad. Pero por religión se quiere decir lo que es descubierto por la investigación, y no aquello que se basa en la mera imitación; los fundamentos de las Religiones Divinas, y no las imitaciones humanas.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la que dice que, aunque la civilización material es uno de los instrumentos para el progreso del mundo de la humanidad, no obstante, mientras no llegue a combinarse con la Civilización Divina, el resultado deseado, el cual es la felicidad de la humanidad, no se logrará. Considerad: estos acorazados que reducen a ruinas una ciudad en el lapso de una hora, son el resultado de la civilización material; asimismo, los cañones Krupp, los rifles Máuser, la dinamita, los submarinos, las lanchas torpederas, los aviones armados y los bombarderos; todas estas armas de guerra son los frutos malignos de la civilización material. Si la civilización material se hubiera combinado con la Civilización Divina, estas armas de fuego nunca se habrían inventado. No, más bien la energía humana habría sido completamente dedicada a las invenciones útiles y se habría concentrado en descubrimientos loables. La civilización material es como el cristal de la lámpara. La Civilización Divina es la lámpara misma, y el cristal sin la luz es oscuro. La civilización material es como el cuerpo. Por infinitamente agraciado, elegante y hermoso que pueda ser, está muerto. La Civilización Divina es como el espíritu, y el cuerpo recibe su vida del espíritu, de lo contrario se convierte en un cadáver. De esta manera, se ha puesto en evidencia que el mundo de la humanidad está en necesidad de los hálitos del Espíritu Santo. Sin el espíritu el mundo de la humanidad carece de vida, y sin esta luz el mundo de la humanidad se halla en la más absoluta oscuridad. Pues el mundo de la naturaleza es un mundo animal. Hasta que el hombre no renazca del mundo de la naturaleza, es decir, que no se desprenda de él, es esencialmente un animal, y son las enseñanzas de Dios las que convierten a este animal en un alma humana.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la promoción de la educación. Todo niño debe ser instruido en las ciencias cuanto sea necesario. Si los padres están en posibilidad de cubrir los gastos de esta educación, ello está bien; de lo contrario, la comunidad debe disponer de los medios para la enseñanza de ese niño.
Y entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh están la justicia y el derecho. Hasta que ellos no se cumplan en el plano de la existencia, todas las cosas estarán en desorden y permanecerán imperfectas. El mundo de la humanidad es un mundo de opresión y crueldad, y un dominio de agresión y error.
En fin, tales enseñanzas son numerosas. Estos múltiples principios, los cuales constituyen la mayor base para la felicidad del género humano y pertenecen a las munificencias del Misericordioso, deben ser adicionados al tema de la paz universal y combinados con él, a fin de que se produzcan resultados. De otro modo, la realización de la paz universal, por sí sola, en el mundo de la humanidad, es muy difícil. Al ser combinadas las enseñanzas de Bahá'u'lláh con la paz universal, ellas son como una mea provista de toda clase de frescos y deliciosos manjares. Cada alma puede encontrar, en esa mesa de infinita munificencia, todo lo que desee. Si la cuestión se limita tan solo a la paz universal, los extraordinarios resultados que se esperan y desean no se lograrán. El alcance de la paz universal debe ser tal que todas las comunidades y religiones puedan encontrar realizado en ella su más elevado deseo. Las enseñanzas de Bahá'u'lláh son tales que todas las comunidades del mundo, ya sean religiosas, políticas o éticas, antiguas o modernas, hallan en ellas la expresión de su más elevado deseo.
Por ejemplo, las gentes de las religiones encuentran en las enseñanzas de Bahá'u'lláh el establecimiento de la Religión Universal, una religión que está en perfecto acuerdo con las condiciones actuales, la cual en realidad produce la curación inmediata de la enfermedad incurable, la cual alivia todo dolor, y confiere el antídoto infalible para todo veneno mortal. Ya que si deseamos ordenar y organizar el mundo de la humanidad en conformidad con las actuales imitaciones religiosas, y por su intermedio establecer la felicidad del mundo de la humanidad, ello es imposible e impracticable; por ejemplo, la puesta en vigor de las leyes de la Tora y también de las demás religiones, de acuerdo con las actuales imitaciones. Pero las bases esenciales de todas las Religiones Divinas, las cuales pertenecen a las virtudes del mundo de la humanidad y que constituyen el basamento del bienestar del mundo del hombre, se encuentran en su más perfecta presentación en las enseñanzas de Bahá'u'lláh.
Asimismo, con respecto a los pueblos que claman por su libertad: la libertad moderada que garantiza el bienestar del mundo de la humanidad, y que mantiene y preserva las relaciones universales, se encuentra en su más pleno poder y extensión en las enseñanzas de Bahá'u'lláh.
Y así también con respecto a los partidos políticos: aquello que constituye la más grande política que dirige el mundo de la humanidad, no, mejor dicho, la Política Divina, se encuentra en las enseñanzas de Bahá'u'lláh.
Igualmente, en lo que respecta al partido de la "igualdad", el cual busca la solución del problema económico: hasta ahora todas las soluciones que se han formulado han probado ser impracticables, a excepción de las propuestas económicas de las enseñanzas de Bahá'u'lláh, las cuales son practicables y no provocan el infortunio de la sociedad.
Y así también con los demás partidos: cuando examinéis profundamente este tema descubriréis que las más elevadas miras de esos partidos se encuentran en las enseñanzas de Bahá'u'lláh. Estas enseñanzas constituyen el poder que todo lo incluye, entre todos los hombres, y son practicables. Pero hay algunas enseñanzas del pasado, como aquellas de la Tora, que no pueden llevarse a la práctica en la actualidad. Lo mismo ocurre con las demás religiones y los dogmas de las diversas sectas y los diferentes partidos.
Por ejemplo, la cuestión de la paz universal, acerca de la cual dice Bahá'u'lláh que debe establecerse el Tribunal Supremo: aun cuando se ha creado la Liga de las Naciones, sin embargo ella es incapaz de establecer la paz universal. Pero el Tribunal Supremo que Bahá'u'lláh describió realizará esta tarea sagrada con el máximo de fuerza y poder. Y su plan es este: que las asambleas nacionales en capa país o nación -es decir, los parlamentos- deberán elegir dos o tres personas entre lo más selecto de esa nación, quienes estarán bien informadas en lo concerniente a leyes internacionales y relaciones entre los gobiernos, y quienes tendrán conocimiento de las necesidades esenciales del mundo de la humanidad en este día. El número de estos representantes debería ser proporcional al número de habitantes de ese país. La elección de estas almas, quienes son escogidas por la asamblea nacional, esto es, el parlamento, debe ser confirmada por la cámara alta, el congreso y al gabinete, así como también por el presidente o monarca, de manera que estas personas puedan ser elegidas por toda la nación y el gobierno. De entre esta gente los miembros del Tribunal Supremo serán elegidos y toda la humanidad tendrá, así, una participación en él, ya que cada uno de estos delegados representará plenamente a su nación. Cuando el Tribunal Supremo emita un fallo sobre cualquier cuestión internacional, ya sea por unanimidad o por mayoría, no habrá pretexto alguno para el demandante o base de objeción para el acusado. En caso de que alguno de los gobiernos o las naciones, en la ejecución de la irrefutable decisión del Tribunal Supremo, se muestre negligente o dilatorio, el resto de las naciones se levantará en su contra, porque todos los gobiernos y naciones del mundo son los que sostienen a este Tribunal Supremo. Considerad qué fundamento tan firme es este. Pero por medio de una Liga limitada y condicionada, el propósito no será realizado como debería serlo. Esta es la verdad acerca de la situación que ha sido expresada...
228
¡Oh tú, siervo del Umbral de Bahá'u'lláh! Tu carta fechada el 14 de junio de 1920 ha sido recibida. También se ha recibido una carta de algunos de los miembros del Comité de Paz y se les ha escrito una respuesta. Entrégasela a ellos.
Es evidente que esa reunión no es lo que se estimó que fuera, y que es incapaz de ordenar y disponer los asuntos de la manera que sería conveniente y necesaria. Sin embargo, sea como fuere, la materia de lo que se ocupan es, con todo, de la mayor importancia. La reunión de La Haya debieran tener tal poder e influencia como para que su palabra ejerciera efecto sobre los gobiernos y naciones. Señalad a los respetados miembros allí reunidos que la Conferencia de La Haya llevada a cabo antes de la guerra, tuvo como su presidente al Emperador de Rusia, y sus miembros fueron hombres de la mayor eminencia. No obstante, ello no impidió tan terrible guerra. ¿Cómo habrá de ser ahora? Pues en el futuro seguramente estallará otra guerra, más feroz que la última; verdaderamente, no cabe duda acerca de ello. ¿Qué puede hacer la reunión de La Haya?
Pero los principios fundamentales formulados por Bahá'u'lláh se extienden día a día. Entrégales la respuesta a su carta y exprésales el más grande amor y amabilidad, y déjales a sus propios asuntos. En todo caso, ellos deberían estar complacidos contigo, y sujeto a su aprobación, tú pueden imprimir y distribuir aquella detallada epístola mía que ya ha sido traducida al inglés.
En cuanto a los esperantistas, asóciate con ellos. Cuando quiera que encuentres a uno de ellos con capacidad, comunícale las fragancias de la Vida. En todas las reuniones conversa acerca de las enseñanzas de Bahá'u'lláh, pues esto será efectivo hoy en día en los países occidentales. Y si te preguntan sobre tu creencia en Bahá'u'lláh, debes responder que Le consideramos como el primer Maestro y Educador del mundo en esta época, y poner en claro, explicándolo detalladamente, que estas enseñanzas sobre la paz universal y otros temas fueron reveladas por la pluma de Bahá'u'lláh cincuenta años atrás, y que ya han sido publicadas en Persia y la India y difundidas por el mundo entero. Al principio todos eran incrédulos con respecto a la idea de la paz universal, considerándola una imposibilidad. Luego, habla de la grandeza de Bahá'u'lláh, de los acontecimientos que tuvieron lugar en Persia y Turquía, de la sorprendente influencia que Él ejerció, del contenido de las Epístolas que dirigió a todos los soberanos, y de su cumplimiento. Habla también de la difusión de la Causa Bahá'í. Asóciate con el Comité de la Paz Universal en La Haya, todo cuanto te sea posible, mostrándoles la mayor cortesía.
Es evidente que los esperantistas son receptivos y tú estás familiarizado con su idioma, y que eres un experto en él. Comunícate también con los esperantistas de Alemania y de otros lugares. La literatura que hagas circular debiera solo tratar sobre las enseñanzas. La diseminación de otra literatura no es recomendable por el momento. Es mi esperanza que las confirmaciones divinas te asistan continuamente...
No te apenes por la apatía y la frialdad de la reunión de la Haya. Deposita tu confianza en Dios. Es nuestra esperanza que en medio de la gente el idioma esperanto tenga en adelante un poderoso efecto. Ahora tú has sembrado la semilla; de seguro ella crecerá. Su crecimiento depende de Dios.
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¡Oh tú, siervo sincero del Único Verdadero! He oído que estás afligido y acongojado por los sucesos del mundo y las vicisitudes de la suerte. ¿Por qué ese temor y ese pesar? Los verdaderos amantes de la Belleza de Abhá y aquellos que han bebido del Cáliz del Convenio no temen ninguna calamidad, ni se sienten deprimidos a la hora de la prueba. Consideran el fuego de la adversidad como su jardín de delicias, y la profundidad del mar como la extensión del cielo.
Tú que te hallas al amparo de Dios y a la sombra del Árbol de su Convenio, ¿por qué apesadumbrarte y desconsolarte? No te preocupes y ten confianza. Observa los mandamientos escritos de tu Señor con regocijo y paz, con seriedad y sinceridad; y sé tú el bienqueriente de tu país y de tu gobierno. Su gracia te asistirá en todo momento, sus bendiciones te serán conferidas, y se hará realidad el deseo de tu corazón.
¡Por la Antigua Belleza!, que mi vida sea un sacrificio por sus amados. Si los amigos comprendieran qué gloriosa soberanía ha destinado para ellos en su Reino el Señor, con seguridad se llenarían de éxtasis, se verían coronados de gloria inmortal y transportados por arrobos de delicias. ¡Dentro de poco se hará manifiesto cuán brillantemente ha resplandecido la luz sobre sus amados, y qué turbulento océano se ha agitado en sus corazones! Entonces gritarán y exclamarán: ¡Felices somos; que todo el mundo se regocije!
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¡Oh respetado personaje! Tu segunda carta, fechada el 19 de diciembre de 1918, ha sido recibida. Ella fue causa de gran regocijo y alegría, pues mostraba tu firmeza y constancia en el Convenio y Testamento, y tu anhelo por elevar el llamado del Reino de Dios. Hoy en día, el llamado del Reino es la fuerza magnética que atrae hacia sí al mundo de la humanidad, pues la capacidad del hombre es muy grande. Las enseñanzas divinas constituyen el espíritu de esta época, no, más bien, el sol de esta época. Cada alma debe esforzarse por hacer que los velos que cubren los ojos de los hombres sean rasgados, y que instantáneamente se vea el sol, y que el corazón y la vista sean iluminados por él.
Ahora, por medio de la ayuda y la munificencia de Dios, se encuentran en ti este poder de guía y esta misericordiosa dádiva. Levántate, por tanto, con el mayor Poder, para que confieras el espíritu a los huesos que se reducen a polvo, que otorgues vista a los ciegos, bálsamo y lozanía a los deprimidos, y vivacidad y gracia a los desanimados. Toda lámpara finalmente se extinguirá, salvo la lámpara del Reino, la cual aumenta su esplendor día tras día. Todo llamado finalmente se debilitará, excepto el llamado del Reino de Dios, el cual se eleva día tras día. Todo sendero al final se torcerá, a excepción del camino del Reino, el cual se endereza día tras día. Indudablemente, la melodía celestial no habrá de medirse con una terrenal, y las luces artificiales no habrán de compararse con el sol Celestial. Luego, uno debe poner su empeño en lo que es duradero y permanente, a fin de que pueda ser más y más iluminado, fortalecido y vivificado...
Ruego y suplico al Divino Reino que tu padre, tu madre y tu hermano puedan, por medio de la luz de guía, entrar en el Reino de Dios.
231
¡Oh tú, flor del Árbol de la Vida! Dichosa eres por haberte ofrecido en su servicio; te has levantado con todo tu poder para promulgar las enseñanzas divinas, has convocado a reuniones y te has esforzado por exaltar la Palabra de Dios.
En este mundo mortal todo asunto importante tiene su fin; y todo logro extraordinario, su término; nada tiene existencia permanente. Por ejemplo, considera cómo los importantes logros del mundo antiguo han sido absolutamente extinguidos, y que ni una huella ha quedado de ellos, salvo la gran Causa del Reino de Dios, la cual no tiene principio ni tendrá fin. A lo sumo es solo renovada. Al comienzo de cada renovación no llama en lo más mínimo la atención a la vista del pueblo, mas una vez que se establece definitivamente, avanza diariamente, y en su diaria exaltación alcanza los cielos supremos.
Por ejemplo, considera el día de Cristo, el cual fue el día de la renovación del Reino de Dios. Las gentes del mundo no le asignaron ninguna importancia ni se dieron cuenta de su significado, a tal punto que el sepulcro de Cristo se mantuvo perdido y desconocido durante trescientos años, hasta que llegó la sierva de Dios, Helena, la madre de Constantino, y descubrió el sitio sagrado.
Es mi propósito en todo esto mostrar cuán poco observadoras son las gentes del mundo, y cuán ignorantes, y que en el día del establecimiento del Reino permanecen desatentas y negligentes.
Dentro de poco el poder del Reino abarcará a todo el mundo, y entonces serán despertados y llorarán y se lamentarán por aquellos que fueron oprimidos y martirizados, y suspirarán y gemirán. Tal es la naturaleza de la gente.
232
En cuanto al Presidente Wilson, los catorce principios que él ha enunciado se encuentran en su mayoría en las enseñanzas de Bahá'u'lláh y, por tanto, espero que sea él confirmado y asistido. Ahora es la alborada de la paz universal; es mi esperanza que despunte su mañana completamente, convirtiendo la oscuridad de la guerra, de la contienda y la lucha, en la luz de la unión, la armonía y el afecto.
233
¡Oh vosotros, fieles amigos, oh vosotros, sinceros siervos de Bahá'u'lláh! Ahora, en medio de la noche, cuando los ojos están cerrados y duermen, y todos han reposado su cabeza en el lecho de la tranquilidad y el sueño profundo, 'Abdu'l-Bahá está despierto dentro de los recintos del Sagrado Santuario y, en el ardor de su invocación, dice ésta, su oración:
¡Oh Tú, bondadosa y amante Providencia! El Oriente está en movimiento y el Occidente se agita como las eternas olas del mar. Se difunden las suaves brisas de la santidad y, desde el Reino Invisible, los rayos del Astro de la Verdad brillan resplandecientes. Se entonan los himnos de la divina unidad y flamean las enseñanzas del poder celestial. Se hace oír la Voz angelical y, al igual que el rugido del leviatán, entona el llamado a la abnegación y a la evanescencia. El grito triunfal de Yá Bahá'u'l´-Abhá resuena por doquier, y en todas las regiones se anuncia el llamado de Alíyyu'l-'Alá. No hay conmoción en el mundo, salvo aquella de la Gloria del Único Conquistador de Corazones, y no hay tumulto salvo el oleaje del amor de Él, el Incomparable, el Bienamado.
Los amados del Señor, con su hálito almizclado, resplandecen como luminosas candelas en todos los climas, y los amigos del Todomisericordioso, como flores que se abren, se encuentran en todas las regiones. Ni por un momento descansan, no respiran sino en la recordación de Ti, y no ansían sino servir a tu Causa. En los prados de la verdad son como ruiseñores de dulce canto, y en el jardín de guía son como capullos de encendidos colores. Con flores místicas adornan los paseos del Jardín de la Realidad; como ondulantes cipreses flanquean las riberas de la Voluntad Divina. Como brillantes estrellas fulguran sobre el horizonte de la existencia; como astros resplandecientes brillan en el firmamento del mundo. Son ellos las manifestaciones de la gracia celestial, y las auroras de luz de la asistencia divina.
Concede, oh Tú amoroso Señor, que todos permanezcan firmes y constantes, brillando con esplendor sempiterno, a fin de que con cada aliento suaves brisas soplen desde las glorietas de tu amorosa bondad, que una niebla se eleve desde el océano de tu gracia, que las bondadosas lluvias de tu amor brinden su frescura, y que el céfiro difunda el perfume proveniente de la rosaleda de la unidad divina.
Confiere, oh Tú el Más Amado del Mundo, un rayo de tu Esplendor. Oh Tú, Bienamado de la humanidad, derrama sobre nosotros la luz de tu Semblante.
Oh Dios Omnipotente, escúdanos y sé nuestro refugio y, oh Señor del Ser, muestra tu fuerza y tu dominio.
Oh Tú amoroso Señor, los promotores de sedición están en movimiento y activos en algunas regiones, y de día y de noche infligen grave daño.
Como si fueran lobos los tiranos yacen al acecho, y el rebaño, agraviado e inocente, no tiene ayuda ni socorro. Una jauría sigue el rastro a las gacelas de los campos de la unidad divina; y el faisán de las montañas de guía divina es perseguido por los cuervos de la envidia.
¡Oh Tú, Divina Providencia, presérvanos y protégenos! ¡Oh Tú Quien eres nuestro Escudo, sálvanos y defiéndenos! Guárdanos en tu Amparo y, con tu Ayuda, líbranos de todos los males. Tú eres, realmente, el Verdadero Protector, el Guardián Invisible, el Preservador Celestial, y el Amoroso Señor del Cielo.
¡Oh vosotros, amados del Señor! Por una parte, el estandarte del Dios Único y Verdadero está desplegado, y se ha elevado la Voz del Reino. La Causa de Dios se está extendiendo y se hallan manifiestas en esplendor las maravillas provenientes de lo alto. El este está iluminado, y perfumado el oeste; fragante de ámbar gris está el norte, y de almizcle el sur.
Por otra parte, los infieles aumentan su odio y su rencor, provocando incesantemente grave sedición y malicia. No pasa un día sin que alguien enarbole el estandarte de la rebelión e incite a su corcel a la arena de la discordia. No pasa una hora sin que la detestable víbora descubra sus colmillos y esparza su mortal ponzoña.
Los amados del Señor están envueltos en la mayor sinceridad y devoción, sin tener en cuenta este rencor y esta malicia. Lisonjeras e insidiosas son estas serpientes, estos susurradores del mal, arteros en sus mañas y en su astucia. ¡Estad en guardia y siempre vigilantes! Rápidos y de intelecto agudo son los fieles, y firmes y constantes son los seguros. ¡Actuad con toda prudencia!
"¡Tened la sagacidad del fiel, pues él ve con la luz divina!"
Cuidado, no sea que algún alma secretamente cause ruptura o promueva la discordia. En la Inexpugnable Fortaleza sed bravos guerreros, y para la Poderosa Mansión, una hueste valerosa. Tened sumo cuidado, y día y noche montad guardia, para que de este modo el tirano no inflija ningún daño.
Estudiad la Tabla del Santo Marinero, para que conozcáis la verdad, y consideréis que la Bendita Belleza ha predicho completamente los futuros acontecimientos. Que aquellos que perciben hagan caso a la advertencia. ¡En verdad, esta es una dádiva para los sinceros!
Como el polvo sobre el Sagrado Umbral, con la más grande humildad y sumisión, 'Abdu'l-Bahá está ocupado en la promulgación de sus signos durante el día y en la noche. Cuando quiera que tiene tiempo, ora fervorosamente y, con lágrimas Le implora diciendo:
¡Oh Tú, divina Providencia! Somos dignos de lástima, concédenos tu socorro; vagabundos sin hogar, danos tu amparo; dispersos, únenos; extraviados, reúnenos en tu rebaño; desposeídos, confiérenos una porción; sedientos, condúcenos al manantial de Vida; débiles, fortalécenos para que nos levantemos a ayudar a tu Causa y nos ofrendemos como un sacrificio viviente en el sendero de guía.
Sin embargo, los infieles, de día y de noche, abierta y ocultamente, hacen todo cuanto pueden por debilitar los cimientos de la Causa, por arrancar de raíz el Árbol Bendito, privar a este siervo de servir, encender la secreta sedición y la contienda, y aniquilar a 'Abdu'l-Bahá. Exteriormente ellos se presentan como ovejas, mas interiormente no son sino lobos voraces. Dulces en palabras, mas en el fondo son un veneno mortal.
¡Oh vosotros mis amados, guardad la Causa de Dios! Que ninguna dulce lengua os engañe; no, es más, considerad el motivo de cada alma y meditad sobre el pensamiento que abriga. Poneos en seguida atentos y en guardia. ¡Evitadle, mas no seáis agresivos! Absteneos de censurar y de difamar, y dejadle en la Mano de Dios. Sobre vosotros descanse la Gloria de las Glorias.
234
¡Oh tú, quien estás arrobada por los fragantes hálitos del Señor! He tomado conocimiento del contenido de tu elocuente carta, y me he enterado de que viertes lágrimas y que tu corazón está ardiendo de dolor por el encarcelamiento de 'Abdu'l-Bahá.
¡Oh tú, sierva de Dios! Esta prisión es para mí más dulce y deseable que un jardín de flores; para mí, esta servidumbre es mejor que la libertad de andar mi camino, y hallo este estrecho lugar más espacioso que las anchurosas y abiertas planicies. No te conduelas de mí. Y si mi Señor decretase que sea bendecido con la dulce copa del martirio, ello tan solo significaría recibir lo que más anhelo.
No temas si esta Rama es arrancada de este mundo material y arrojadas sus hojas; no, es más, sus hojas prosperarán, pues esta Rama crecerá luego de ser separada de este mundo inferior, alcanzará los más sublimes pináculos de gloria, y producirá frutos tales que perfumarán el mundo con su fragancia.
235
¡Oh Dios, mi Dios! Ilumina la frente de tus verdaderos amantes y sosténlos con las huestes angelicales del triunfo seguro. Afirma sus pasos en tu recto sendero y, por tu antigua munificencia, abre ante ellos los portales de tus bendiciones; pues ellos gastan en tu sendero lo que Tú les has conferido, resguardando tu Fe, poniendo su confianza en la recordación de Ti, ofrendando sus corazones por amor a Ti, y sin retener lo que poseen por adoración a tu Belleza y en su búsqueda de las maneras de complacerte.
¡Oh mi Señor! Ordena para ellos una parte abundante, una recompensa especial y un premio seguro.
Verdaderamente, Tú eres el Sostenedor, el Auxiliador, el Generoso, el Munífico, el Eterno Conferidor.
236
Oh Tú mi Dios, Tú, quien guías al buscador hacia el camino que conduce rectamente, Quien libras al alma perdida y ciega de los eriales de la perdición; Tú, Quien confieres a los sinceros grandes dádivas y favores, Quien guardas a los temerosos dentro de tu inexpugnable refugio, Quien respondes, desde tu altísimo horizonte, al lamento de aquellos que claman a Ti. ¡Alabado seas, oh mi Señor! Tú has guiado a los distraídos, arrancándolos de la muerte del descreimiento, y a aquellos que se acercan a Ti les has conducido a la meta del viaje, y a los seguros de entre tus siervos les has regocijado concediéndoles sus más acariciados deseos, y desde tu Reino de Belleza has abierto, ante aquellos que Te anhelan, los portales de la reunión, y los has rescatado de los fuegos de la privación y la pérdida, de modo que se apresuren en ir hacia Ti, y ganaron tu presencia, y arribaron a tu puerta de bienvenida y recibieron una abundante porción de dones.
Oh mi Señor, ellos estaban sedientos, Tú alzaste a sus labios secos las aguas de la reunión. Oh Tú, Compasivo, oh Tú, Conferidor; Tú calmaste su dolor con el bálsamo de tu munificencia y tu gracia, y curaste sus dolencias con la suprema medicina de tu compasión. Oh Señor, haz firmes sus pasos en tu recto sendero, ensancha para ellos el ojo de la aguja, y has que, ataviados con reales vestiduras, marchen en gloria por siempre jamás.
En verdad, Tú eres el Generoso, el Eterno Dador, el Preciado, el Más Generoso. No existe otro Dios más que Tú, el Fuerte, el Poderoso, el Exaltado, el Victorioso.
¡Oh vosotros, mis amados espirituales! Alabado sea Dios, ya que habéis descorrido los velos y reconocido al compasivo Bienamado, y os habéis alejado presurosos desde esta morada al dominio sin lugar. Vosotros habéis levantado vuestras tiendas en el mundo de Dios y, para glorificarle a Él, a Quien Subsiste por Sí Mismo, habéis elevado vuestras dulces voces y entonado cánticos que conmueven el corazón. ¡Bien hecho! ¡Mil veces bien hecho! Pues habéis contemplado la Luz que se ha hecho manifiesta, y en vuestro renacido ser habéis exclamado: "¡Bendito sea el Señor, el mejor de todos los creadores!" Erais tan solo criaturas en la matriz, luego fuisteis lactantes, y de un precioso pecho mamasteis la leche del conocimiento, luego llegasteis al pleno crecimiento y conquistasteis la salvación. Ahora es el tiempo del servicio, y de la servidumbre al Señor. Deshaceos de todo pensamiento que os distraiga, entregad el Mensaje con lengua elocuente, adornad vuestras asambleas con la alabanza al Amado, hasta que la munificencia descienda en arrolladores torrentes y vista al mundo con fresco verdor y nuevas flores. Esta fluyente munificencia son precisamente los consejos, amonestaciones, instrucciones y mandamientos de Dios Todopoderoso.
¡Oh vosotros, mis amados! el mundo está envuelto en la densa oscuridad de la abierta rebelión y es barrido por un torbellino de odio. Son los fuegos de la malevolencia los que lanzan sus llamas hasta las nubes del cielo, es un torrente saturado de sangre el que rueda por las llanuras y desciende por las laderas de los montes, y nadie en la faz de la tierra puede hallar paz alguna. Por consiguiente, los amigos de Dios deben engendrar esa ternura que proviene del Cielo, y conferir amor en el espíritu a todo el género humano. Deben proceder con cada alma de acuerdo a los divinos consejos y admoniciones; deben demostrar a todos bondad y buena fe; deben desear el bien a todos. Deben sacrificarse a sí mismos por sus amigos, y desear buena fortuna a sus enemigos. Deben confortar a los que tienen malas inclinaciones, y tratar a sus opresores con bondadoso afecto. Deben ser como agua refrescante para el sediento y, para el enfermo, un remedio eficaz, un bálsamo curativo para el doliente, y un solaz para todo abrumado corazón. Deben ser una luz de guía para quienes se han extraviado, un seguro líder para los perdidos. Deben ser ojos videntes para el ciego, oídos sensibles para el sordo, y para el muerto, vida eterna, y para el descorazonado, felicidad perpetua.
Que voluntariamente se sometan a todo rey justo, y que sean buenos ciudadanos para todo gobernante generoso. Que obedezcan al gobierno y no se mezclen en asuntos políticos, sino que se dediquen al mejoramiento del carácter y el comportamiento, y fijen su mirada en la Luz del mundo.
237
Aquel que recite esta oración con humildad y fervor traerá alegría y regocijo al corazón de este Siervo; será lo mismo que si se encontrase frente a frente con Él.
¡Oh Dios, mi Dios! Humilde y con lágrimas, levanto mis manos suplicantes hacia Ti y hundo mi rostro en el polvo de tu Umbral, exaltado por encima del conocimiento de los doctos y de la alabanza de todos los que Te glorifican. Mira bondadosamente a tu siervo, humilde y sumiso ante tu puerta, con la mirada del ojo de tu misericordia, y sumérgelo en el océano de tu gracia eterna.
¡Señor! Él es un pobre y humilde siervo tuyo, esclavizado e implorante, cautivo en tu mano, orándote fervorosamente, confiando en Ti, y con lágrimas ante tu rostro, Te llama e implora diciendo:
¡Oh Señor mi Dios! Dame tu gracia para servir a tus amados, fortaléceme en la servidumbre a Ti. Ilumina mi frente con la luz de adoración en tu corte de santidad y de oración a tu Reino de grandeza. Ayúdame a ser desprendido en la entrada celestial de tu puerta, a apartarme de todas las cosas dentro de tus sagrados recintos. ¡Señor! Dame de beber del cáliz del desprendimiento, atavíame con su manto y sumérgeme en su océano. Conviérteme en polvo en el sendero de tus amados, y permite que ofrezca mi alma, en aras de la tierra ennoblecida por los pasos de tus elegidos en tu sendero, oh Señor de Gloria en lo alto.
Con esta oración tu siervo Te llama al amanecer y en la noche. Cumple el deseo de su corazón, ¡oh Señor! Ilumina su corazón, alegra su pecho, enciende su luz, para que pueda servir a tu Causa y a tus siervos.
Tú eres el Conferidor, el Piadoso, el Más Generoso, el Benévolo, el Misericordioso, el Compasivo.
1 Qur'án 60:13.
2 Mt. 22:14.
3 Qur'án 57:21
4 Cf. Qur'án 17:80.
5 Cf. Qur'án 15:72.
6 Cf. Qur'án 39:68; 74:8; Epístola al Hijo del Lobo, pág. 124.
7 Cf. Qur'án 39:68.
8 Cf. Qur'án 79:6.
9 Cf. Qur'án 22:2.
10 Cf. Qur'án 34:40.
11 Cf. Qur'án 29:19.
12 Cf. Qur'án 79:34.
13 Cf. Qur'án 6:91; 52:12.
14 Napoleón III.
15 Jehová de los Ejércitos en la Biblia de las Sociedades Bíblicas Unidas (N. del E.).
16 Se cree que es el ángel designado para hacer sonar la trompeta en el Día de la Resurrección, para resucitar a los muertos por mandato del Señor.
17 Æuqúqu'lláh.
18 Jehová de los Ejércitos en la Biblia de las Sociedades Bíblicas Unidas (N. del E.).
19 Qur'án 6:103.
20 Qur'án 17:110.
21 Cf. Jn. 14:11.
22 Cf. Jn. 14:10.
23 Qur'án 6:91.
24 Escrito especialmente para la inmortal obra del Dr. Esslemont, Bahá'u'lláh y la Nueva Era.
25 Cf. Jn 6:51, 58.
26 Cf. Jn 15:26; 16:12-13.
27 Con referencia a esta Tabla, el 9 de mayo de 1938 la secretaria de Shoghi Effendi escribió de su parte: "...esto obviamente se refiere al Báb, como lo expresa claramente el texto, y de ningún modo es una referencia de Swedenborg."
28 i.e. Jesús.
29 Ciudades de China, célebres por sus animales almizcleros.
30 El terremoto de 1906.
31 De una Asamblea Espiritual.
32 Los bahá'ís de Najaf-Ábád.
33 Muḥammad.
34 Shahnáz, el nombre dado a la destinataria de esta Tabla, es también el nombre de una modalidad musical.
35 Artículo de una obra de Andrew Carnegie titulado The Gospel of Wealth (El Evangelio de la Riqueza), publicado en Inglaterra en el Pall Mall Budget bajo el mismo título. Cf. Autobiography, de Andrew Carnegie, pág. 255n.
36 Cf. Qur'án 36:36; 51:49.
37 Cf. Qur'án 25:53; 35:12; 55:19-25. Cf. además la oración para el matrimonio, revelada por 'Abdu'l-Bahá, la cual comienza: "¡Él es Dios! ¡Oh Señor incomparable! En tu Omnipotente sabiduría has ordenado el matrimonio a los pueblos..."
38 Cf. Respuestas a Algunas Preguntas, Cap. 81, donde 'Abdu'l-Bahá trata acerca del arco del descenso y del ascenso.
39 Cf. Qur'án 37:62 y sigs.
40 Cf. Qur'án 24:35.
41 Gén. 1:26.
42 Una clase para niños en Kenosha, Wisconsin, EE.UU.
43 Cf. Qur'án 25:48.
44 Cf. Jn 3:5.
45 Cf. Qur'án 39:56.
46 Es posible que se refiera a los sikhs; parece ser que la descripción se aplica a ellos.
47 Cf. Mt 17:1-19; Mr 9:2-9; Lc 9:28-36.
48 Cf. Jn 6:38.
49 Cf. Jn 3:13.
50 El Báb, Cf. Respuestas a Algunas Preguntas, Cap. 13.
51 Alemania.
52 Cf. Qur'án 2:253; 3:40.
53 Fc. Qur'án 36:26-27.
54 El Océano Pacífico.
55 Cf. Mt 19:24: Mr 10:25.
56 30 de septiembre de 1912.
57 Id. Nota 15.
58 El sepulcro de Bahá'u'lláh en Bahjí.
59 Cf. Qur'án 24:39.
60 Juan el Bautista.
61 Íd. Nota 15.
62 Cf. Qur'án 36:30.
63 Cf. Qur'án 20:12. Mencionado también como "Valle Sagrado".
64 Cf. Qur'án 4:80-81.
65 Esta carta, fechada el 4 de julio de 1905, fue firmada por cuatrocientos veintidós creyentes de Estados Unidos.
66 Jn 18:11.
67 Cf. Qur'án 67:3.
68 Cf. Qur'án 24:35.
69 Cf. Qur'án 28:29.
70 Cf. Qur'án 76:5.
71 Cf. Qur'án 26:32; 26:45. Se refiere a la vara de Moisés y los encantadores.
72 Cf. Qur'án 61:4.
73 i.e. el Báb.
74 Cf. Qur'án 67:3.
75 Cf. Qur'án 2:74.
76 Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh, LXXII.
* Dirigida a los lectores de The Christian Commonwealth, 1º de enero de 1913.
77 Cf. Qur'án 76:5.
78 Esta es la primera parte de la respuesta de 'Abdu'l-Bahá a la carta que Le dirigiera el Comité Ejecutivo de la Organización Central por una Paz Perdurable. La Tabla, señalada por Shoghi Effendi en Dios Pasa como de "gran importancia," está fechada el 17 de diciembre de 1919, y fue remitida al Comité de La Haya por intermedio de una delegación especial.
Briefe und Botschaften á ‘Abdu’l-Bahá á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 4.01 (O-2021-09-29)
Briefe und Botschaften
‘Abdu’l-Bahá
Vorwort
‘Abdu’l-Bahás Darstellung der Bahá’í-Offenbarung findet sich in Seinen Schriften, in zahlreichen Zusammenstellungen Seiner Reden und Gespräche sowie in Seinen Briefen. Die schriftlichen Werke wie Geheimnis göttlicher Kultur, A Traveller’s Narrative sowie Wille und Testament sind in abendländische Sprachen übersetzt, ebenso Sammlungen Seiner Reden wie Beantwortete Fragen, Vorbilder der Treue, Ansprachen in Paris und Promulgation of Universal Peace. Dagegen wurde in den letzten 70 Jahren keine größere Zusammenstellung aus Seinen unzähligen Briefen in europäischen Sprachen vorgelegt. Die drei Bände Tablets of ‘Abdu’l-Bahá, die in den Vereinigten Staaten zwischen 1909 und 1916 veröffentlicht und 1930 ein zweites Mal aufgelegt wurden, sind längst vergriffen.
Die Auswahl der vorliegenden Zusammenstellung ist viel breiter angelegt als die der früheren Bände; sie zeigt das weitgefächerte Spektrum der Themen, mit denen sich der Meister in Seinen Briefen befasste. Aufgenommen wurden einige Sendbriefe, die ein Ausschuss im Weltzentrum übersetzte; dabei wurden Entwürfe benutzt, die Shoghi Effendi noch zu Lebzeiten ‘Abdu’l-Bahás machte. Viele Briefe hat Marzieh Gail übersetzt; die Auswahl dieser Briefe war ihr aus der 19.000 Originale und bestätigte Kopien umfassenden Sammlung des Weltzentrums zugegangen. Bekannte Sendschreiben wie der Brief an August Forel oder der größere Teil des Sendschreibens nach Den Haag wurden weggelassen, weil sie bereits in gesonderten Veröffentlichungen zugänglich sind.
Die glücklichen, gesegneten Empfänger der meisten hier zusammengetragenen Sendbriefe waren frühe Gläubige in Ost und West: einzelne Gläubige, Gruppen, Ausschüsse oder Versammlungen der Freunde. Die Bedeutung dieser Botschaften für die eben erst entstehenden Gemeinden des Westens zu einer Zeit, als noch kaum Bahá’í-Literatur in europäischen Sprachen zugänglich war, kann nicht überschätzt werden.
Sicherlich wird die Veröffentlichung dieser Schriften des Meisters alle, die Ihn lieben, in ihrem Eifer bestärken, auf Seinen Ruf zu antworten, und wird ihnen ein Gespür für den wundervollen Zusammenklang von Menschlichem und Göttlichem geben, den Er, das Geheimnis Gottes, so vollkommen verkörperte.
Versangaben bei Qur’án-Zitaten erfolgen nach der kufischen Zählung. Bei Qur’án-Ausgaben mit anderer Zählweise können sich geringfügige Verschiebungen ergeben.
Einführung
‘Abdu’l-Bahá (23. Mai 1844 – 28 November 1921) war der älteste überlebende Sohn und ernannte Nachfolger Bahá’u’lláhs, des prophetischen Gründers des Bahá’í-Glaubens. Obgleich er außerhalb der Bahá’í-Gemeinde als ›‘Abbás Effendi‹ bekannt war, bezeichnen die Bahá’í ihn oft als den »Größten Ast«, »das Geheimnis Gottes« und den »Meister« – Titel, die ihm von Bahá’u’lláh verliehen worden waren. Nach dem Hinscheiden Bahá’u’lláhs im Jahre 1892, nannte er sich selbst »‘Abdu’l-Bahá«, den ›Diener Bahás‹.
Der Bahá’í-Glaube stammt aus dem Írán der Mitte des 19. Jahrhunderts und verdankt seinen Ursprung den Bemühungen zweier aufeinanderfolgender Gründerpropheten: des Báb and Bahá’u’lláhs. Wie der erste von ihnen verkündete, bestand seine Mission darin, den Weg zu bereiten für »Den, den Gott offenbaren wird«, dem von den Anhängern aller Glaubensrichtungen erwarteten Offenbarer Gottes. Während der wiederholten, auf diese Verkündigung antwortenden Verfolgungswellen, die das Leben des Báb, sowie etlicher Tausend Seiner Anhänger forderten, erklärte Bahá’u’lláh sich selbst als die Erfüllung dieses göttlichen Versprechens.
‘Abdu’l-Bahá erkannte als Kind die spirituelle Stufe seines Vaters, noch bevor diese öffentlich bekannt gegeben wurde und begleitete Bahá’u’lláh vom 8. Lebensjahr an in Exils und die Verbannung. ‘Abdu’l-Bahá vertrat seinen Vater oft beim Umgang mit Behörden und der Öffentlichkeit. Nach Bahá’u’lláh’s Hinscheiden im Jahre 1892, wurde ‘Abdu’l-Bahá in Übereinstimmung mit in den Schriften Bahá’u’lláhs getroffenen Vorkehrungen das Oberhaupt des Bahá’í-Glaubens.
Als Bahá’u’lláh’s Nachfolger und ernannter Interpret Seiner Schriften kommt ‘Abdu’l-Bahá eine eigene spirituelle Stufe zu. Die Bahá’í betrachten ihn als die vollkommene Verkörperung des Bahá’í-Glaubens, und als mit göttlichem Wissen ausgestattet, nicht jedoch als Propheten.
Während seiner bemerkenswerten Amtszeit korrespondierte ‘Abdu’l-Bahá mit Bahá’ís aus der ganzen Welt und versorgte sie mit einer Fülle praktischer und spiritueller Führung. Obgleich viele der in diesem Band zusammengestellten Briefe an Einzelpersonen addressiert waren und Antworten auf spezifische Fragen darstellen, enthält die in ihnen vermittelte Führung universelle Wahrheiten, die es wert sind von allen studiert zu werden. Die hier zusammengetragene Korrespondenz und schriftlichen Äußerungen decken ein weites Themenfeld ab und enthalten tiefe spirituelle Weisheit, die heute ebenso maßgeblich und unerläßlich ist, wie als sie zu Papier gebracht wurde.
1A1
O Völker der Erde! Die Sonne der Wahrheit ist aufgegangen, um die ganze Welt zu erleuchten und die Gesellschaft der Menschen zu vergeistigen. Lobenswert sind die Ergebnisse und Früchte, reichhaltig die heiligen Beweise, die aus dieser Gnade fließen. Dies bedeutet echte Barmherzigkeit und reinste Großmut, Licht für die Welt und alle ihre Völker, Harmonie und Brüderlichkeit, Liebe und Solidarität; ja es bedeutet Mitleid und Einigkeit und das Ende von Entfremdung, es bedeutet, eins zu sein mit allen auf Erden in vollkommener Würde und Freiheit.
Die Gesegnete Schönheit spricht: »Ihr seid alle die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges.«Q1 Er hat diese Welt des Seins mit einem einzigen Baum verglichen und alle ihre Völker mit dessen Blättern, Blüten und Früchten. Der Zweig muss zum Blühen kommen, Blatt und Frucht müssen wachsen; das Gedeihen von Blatt und Blüte und die Süße der Frucht hängen von der innigen Verbundenheit aller Teile des Weltenbaumes ab.
Deshalb müssen alle Menschen sich gegenseitig äußerst wirksam unterstützen, alle müssen nach dem ewigen Leben trachten; und aus demselben Grunde müssen die, die Gott lieben, in dieser Welt des Zufalls zu Gnadengaben und Segnungen werden, die durch den milden König der sichtbaren und unsichtbaren Reiche ausgestrahlt wurden. Sie sollten ihren Blick läutern und die ganze Menschheit als Blätter, Blüten und Früchte am Baume des Seins erkennen. Sie sollten zu allen Zeiten danach trachten, eine gute Tat für einen Mitmenschen zu tun und ihm Liebe, Beachtung und fürsorgliche Hilfe zu erweisen. Niemanden sollten sie als ihren Feind betrachten noch jemandem etwas Böses wünschen, sondern in jedem Menschen den Freund sehen, den Fremden als Vertrauten, den Unbekannten als Weggefährten betrachten, frei von Vorurteil und ohne Grenzen.
Heute ist der ein Begünstigter an der Schwelle des Herrn, der den Becher der Treue weiterreicht, der den Edelstein der Freigebigkeit sogar seinen Feinden gewährt und selbst seinem gestrauchelten Unterdrücker eine helfende Hand reicht. Er ist selbst seinem erbittertsten Feind ein liebevoller Freund. Dies sind die Lehren der Gesegneten Schönheit, dies die Ratschläge des Größten Namens.
O ihr geliebten Freunde! In der Welt herrscht Krieg, das Menschengeschlecht liegt in Wehen und tödlichem Kampf. Die finstere Nacht des Hasses hat die Überhand gewonnen, das Licht der Vertrauenswürdigkeit ist erloschen. Die Völker und Geschlechter der Erde haben ihre Klauen geschärft und stürzen sich im Kampf aufeinander. Die Menschheit zerstört ihre eigenen Lebensgrundlagen. Tausende von Familien sind ihrer Habe beraubt und irren umher, und jedes Jahr sieht Tausende und Abertausende von Menschen sich auf staubigen Schlachtfeldern in ihrem Blute wälzen. Die Zelte des Lebens und der Freude sind abgebrochen. Generäle üben sich in ihrer Feldherrnkunst, rühmen sich des Blutes, das sie vergießen, und wetteifern miteinander im Anstacheln zu Gewalttaten. »Mit diesem Schwert«, sagt einer von ihnen, »habe ich ein Volk enthauptet!« Und ein anderer sagt: »Ich stürzte eine Nation zu Boden!« Und ein weiterer: »Ich habe eine Regierung zu Fall gebracht!« Solcher Dinge rühmen sich die Menschen, auf solche Dinge sind sie stolz! Liebe – Rechtschaffenheit – überall werden sie gerügt, und Eintracht und Hingabe an die Wahrheit werden verachtet.
Der Glaube der Gesegneten Schönheit ruft die Menschheit auf zu Sicherheit und Liebe, zu Freundschaft und Frieden. Er hat seine Stiftshütte auf den Höhen der Erde errichtet und lässt seinen Ruf an alle Völker ergehen. Seid euch daher des Wertes dieses kostbaren Glaubens bewusst, o ihr, die ihr Gott liebt. Gehorcht seinen Geboten, wandelt auf seinen Wegen, die gerade sind, und weist die Menschheit darauf hin. Erhebt eure Stimme und singt das Lied des Königreiches. Verbreitet die Lehren und Gebote des liebenden Herrn in allen Landen, auf dass diese Welt in eine andere verwandelt und diese dunkle Erde mit Licht überflutet werde und der tote Leib der Menschheit auferstehe und lebe, auf dass jede Seele nach Unsterblichkeit trachte durch den heiligen Odem Gottes.
Bald werden eure schnell dahinfliegenden Tage vergangen sein, und Ruf und Reichtum, Bequemlichkeit und Freude, die dieser Schutthaufen von Welt bereitet hat, werden spurlos verschwunden sein. Ruft deshalb die Menschheit vor Gott und ladet sie ein, dem Beispiel der himmlischen Heerscharen zu folgen. Seid der Waise ein liebevoller Vater, eine Zuflucht dem Hilflosen, ein Schatz dem Armen, dem Kranken Heilung. Seid jedem Opfer der Unterdrückung ein Helfer, ein Beschützer dem Beladenen. Denkt zu allen Zeiten daran, wie ihr jedem Glied der Menschheit einen Dienst erweisen könnt. Schenkt Abneigung und Zurückweisung, Geringschätzung, Feindseligkeit und Ungerechtigkeit keine Beachtung: Tut das Gegenteil. Seid aufrichtig freundlich, nicht nur dem Anschein nach. Jeder der Geliebten Gottes sollte seine Aufmerksamkeit auf das Folgende richten: des Herrn Segen für die Menschen, des Herrn Gnade zu sein. Er sollte jedem, dem er begegnet, einen guten Dienst erweisen und ihm von Nutzen sein. Er sollte jedermanns Charakter veredeln und den Gedanken der Menschen eine neue Richtung geben. So wird das Licht der göttlichen Führung leuchten und der Segen Gottes die ganze Menschheit umfangen, denn Liebe ist Licht, wo immer sie wohnt, und Hass ist Finsternis, wo immer er nistet. O Freunde Gottes! Möge das verborgene Mysterium offenbart und das geheime Wesen aller Dinge enthüllt werden. Strebet danach, das Dunkel auf immer und ewig zu bannen.
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O mein Herr! Dir habe ich mich zugewandt, mitten in dieser finsteren Nacht, und Dir vertraue ich mich an mit der Sprache meines Herzens; ich erbebe vor Freude bei den süßen Düften, die aus Deinem allherrlichen Reich her wehen; ich rufe Dich an und spreche:
O mein Herr, ich finde keine Worte, Dich zu verherrlichen; ich sehe keinen Weg für den Vogel meines Geistes, in Dein Königreich der Heiligkeit aufzusteigen; denn Du bist in Deinem innersten Sein geheiligt über alle Huldigung, Du bist in Deinem innersten Wesen unerreichbar für allen Lobpreis, Dir dargebracht von dem Volke, das Du erschaffen hast. In Deines Wesens Heiligkeit warst Du immer erhaben über das Verständnis der Gelehrten aus den himmlischen Heerscharen, und ewig wirst Du verhüllt bleiben in der Heiligkeit Deiner eigenen Wirklichkeit, unerreicht vom Wissen derer, die in Deinem hehren Königreich wohnen und Deinen Namen verherrlichen.
O Gott, mein Gott! Wie kann ich Dich verherrlichen, wie Dich beschreiben, der Du unerreichbar bist? Unermesslich erhaben und geheiligt bist Du über Beschreibung und Lobpreis.
O Gott, mein Gott! So habe denn Erbarmen mit meiner Hilflosigkeit, meiner Armut, meiner Not, meiner Erniedrigung! Gib mir zu trinken aus dem vollen Kelch Deiner Gnade und Vergebung, erwecke mich mit den süßen Düften Deiner Liebe, weite mir die Brust mit dem Lichte Deiner Erkenntnis, läutere meine Seele mit den Mysterien Deiner Einheit, rufe mich zum Leben mit der sanften Brise aus dem Garten Deiner Barmherzigkeit – bis ich mich löse von allem außer Dir, mich festhalte am Saum des Gewandes Deiner Erhabenheit, bis ich alles, was Du nicht bist, vergesse, ganz umgeben von dem süßen Odem, der Deine Tage durchweht, bis ich Treue erwerbe an der Schwelle Deiner Heiligkeit, bis ich mich erhebe, Deiner Sache zu dienen, bescheiden vor Deinen Geliebten und in der Gegenwart Deiner Begünstigten ein völliges Nichts.
Du wahrlich bist der Helfer, der Erhalter, der Erhabene, der Freigebigste.
O Gott, mein Gott! Ich flehe Dich an beim Morgenlicht Deiner Schönheit, das die ganze Erde erleuchtet, beim Augenlicht Deines göttlichen Erbarmens, das auf allen Dingen ruht, bei der brandenden See Deiner Gnadengaben, in die alle Dinge eingetaucht sind, bei Deinen strömenden Wolken der Großmut, die auf das Wesen alles Erschaffenen ihren Segen herabregnen, und beim Strahlenglanz Deiner Barmherzigkeit, die da war, ehe denn die Welt war: Hilf Deinen Erwählten, treu zu sein, stehe Deinen Geliebten bei, an Deiner erhabenen Schwelle zu dienen, lasse sie siegen durch die Bataillone Deiner alles überwindenden Macht und stärke sie durch zahllose Kämpfer aus den himmlischen Heerscharen.
O mein Herr! Sie sind schwache Seelen vor Deiner Tür, Bettler an Deinem Hof, die nach Deiner Gnade dürsten, verzweifelt Deiner Hilfe bedürfen, ihr Angesicht dem Reiche Deiner Einheit zuwenden und nach Deinen Gnadengaben schmachten. O mein Herr! Gieße Dein heiliges Licht über ihre Seelen aus, läutere ihre Herzen mit der Gunst Deiner Hilfe; weite ihnen die Brust mit dem Duft des Entzückens, der heranweht von Deinen Himmelsscharen; lasse ihre Augen leuchten, wenn sie auf die Zeichen und Beweise Deiner Macht blicken; lasse sie Standarten der Reinheit sein, Banner der Heiligkeit, die hoch über allen Geschöpfen auf den Gipfeln der Erde wehen; lasse ihre Worte Herzen, so hart wie Stein, bewegen. Lasse sie sich erheben, Dir zu dienen, hingegeben an das Königreich Deiner Göttlichkeit; lasse sie ihr Angesicht auf die Höhen Deines Selbstbestehens richten und Deine Zeichen überallhin verbreiten; erleuchte sie mit Deiner Lichtflut; lasse sie Deine verborgenen Geheimnisse enthüllen. Gib, dass sie Deine Diener zu sanften Wassern führen, zum Springquell Deiner Barmherzigkeit, der mitten im Himmel Deiner Einheit wallt und sprudelt. Gib, dass sie auf der Arche des Heils das Segel der Loslösung setzen und über das Meer Deiner Erkenntnis fahren; gib, dass sie die Schwingen der Einigkeit ausbreiten und aufsteigen in das Königreich Deiner Einzigkeit, um Diener zu werden, die das Lob der himmlischen Heerscharen und den Preis der Bewohner Deines allherrlichen Reiches erwerben; lasse sie den Boten der unsichtbaren Welt lauschen, wenn sie den Ruf der mächtigsten frohen Botschaft erheben; gib, dass sie in ihrer Sehnsucht, Dir zu begegnen, zu Dir rufen und flehen, wundersame Gebete im Morgenlicht auf den Lippen – o mein Herr, der Du alle Dinge lenkst – unter Tränen am Morgen und am Abend, voll Verlangen, unter den Schatten Deiner unendlichen Barmherzigkeit zu treten.
Hilf ihnen unter allen Umständen, o mein Herr; stehe ihnen jederzeit bei mit Deinen Engeln der Heiligkeit, die Deine unsichtbaren Heerscharen sind, Deine himmlischen Bataillone, welche die vereinte Streitmacht dieser niederen Welt besiegen.
Wahrlich, Du bist der Mächtige, der Kraftvolle, der Starke, der Allumfassende, der höchste Herr über alles, was ist.
O heiliger Herr! O Herr liebender Gnade! Wir irren um Deinen Wohnsitz, sehnen uns, Deine Schönheit zu schauen, voll Liebe zu all Deinen Wegen. Wir sind unglücklich, gering und bedeutungslos. Wir sind arm; erweise uns Barmherzigkeit und Großmut; sieh nicht auf unsere Verfehlungen, verbirg unsere fortgesetzten Sünden. Was wir auch sind, wir sind immer Dein; was wir sprechen und hören, ist Dein Lobpreis; Dein Antlitz suchen wir, Deinem Pfad folgen wir. Du bist der Herr liebender Gnade, wir sind verirrte Sünder fern unserer Heimat. So spende uns ein paar Regentropfen, Du Wolke der Barmherzigkeit. Sende uns Deinen duftenden Windhauch, Du Blumenbeet der Gnade. Überflute uns mit einer mächtigen Woge, Du Meer aller Güte. Sende einen Lichtstrahl auf uns hernieder, Du Sonne der Freigebigkeit. Hab Erbarmen mit uns, gewähre uns Gnade. Bei Deiner Schönheit, wir kommen mit nichts als unseren Sünden, mit keinen nennenswerten guten Taten, nur Hoffnungen. Wenn Dein verhüllender Schleier uns nicht bedeckt, Dein Schutz uns nicht schirmt und hegt, welche Kraft haben wir hilflosen Seelen, uns zu erheben und Dir zu dienen; wie können wir Elenden uns tapfer erweisen? Du, der Du der Mächtige bist, der Allgewaltige, hilf uns, begünstige uns. Wir sind verdorrt; belebe uns mit Regenschauern aus Deinen Wolken der Gnade. Gering sind wir; erleuchte uns mit den hellen Sonnenstrahlen Deiner Einheit. Wirf diesen dürstenden Fisch in das Meer Deiner Barmherzigkeit, führe diese verlorene Karawane unter das Obdach Deiner Einzigkeit. Zum Brunnquell der Führung leite Du die verirrten Wanderer und gewähre denen, die den Pfad verfehlten, Zuflucht in der Freistatt Deiner Macht. Setze an diese ausgedörrten Lippen die reichen, sanftfließenden Wasser des Himmels, erwecke diese Toten zu ewigem Leben. Gib den Blinden sehende Augen. Lasse die Tauben hören, die Stummen sprechen. Entflamme die Entmutigten, mache die Unbekümmerten achtsam, warne die Hochmütigen, erwecke die Schläfer.
Du bist der Mächtige, Du bist der Schenkende, Du bist der Liebende. Wahrlich, Du bist der Wohltätige, der Erhabenste.
O ihr Geliebten Gottes, ihr Helfer dieses dahinschwindenden Dieners! Als die Sonne der Wirklichkeit ihre unendlichen Gaben vom Aufgangsort aller Sehnsucht ausströmte, als dieses heilige Licht die Welt des Seins von Pol zu Pol erleuchtete, da warf diese Sonne ihre Strahlen mit solcher Kraft hernieder, dass sie das schauerliche Dunkel für alle Zeit tilgte. So wurde unsere Welt des Staubes zum Neid der himmlischen Sphären; dieser niedrige Ort nahm die Pracht und den Schmuck des überirdischen Reiches an. Der Heiligkeit sanfte Lüfte wehten darüber hin und verbreiteten süßen Duft. Die himmlischen Frühlingswinde umfächelten sie. Aus dem Quell aller Segensgaben strömten befruchtende Brisen und brachten grenzenlose Gnade. Dann brach der strahlende Morgen an, und mit ihm kam die Botschaft großer Freude. Die göttliche Frühlingszeit errichtete ihre Zelte in dieser bedingten Welt, so dass alle Schöpfung hüpfte und tanzte. Die welke Erde brachte unsterbliche Blüten hervor. Der tote Staub erwachte zu ewigem Leben. Der Erde entsprossen Blumen mystischer Gelehrsamkeit und frisches Grün voll der Erkenntnis Gottes. Die bedingte Welt offenbarte Gottes großmütige Gaben, die sichtbare Welt spiegelte die ganze Herrlichkeit der Reiche, die den Augen verborgen sind. Gottes Ruf ward verkündet, die Tafel des Ewigen Bündnisses bereitet; der Kelch des Testamentes ging von Hand zu Hand, die Ladung an alle war verkündet. Da ließen sich einige aus dem Volk vom himmlischen Wein entflammen; andere hatten keinen Anteil an diesem größten Geschenk. Sicht und Einsicht einiger wurden erleuchtet vom Licht der Gnade; manche hörten die Hymnen der Einheit und hüpften vor Freude. Vögel stimmten in den Gärten der Heiligkeit ihr Jubellied an, und Nachtigallen sangen in den himmlischen Rosenzweigen ihre wehmütigen Lieder. Sowohl das Reich der Höhe als auch die Erde hienieden waren aufs Schönste geschmückt, und der hohe Himmel beneidete diese Welt. Aber ach, noch immer verharren die Achtlosen unbekümmert in festem Schlaf, und die Narren weisen diesen heiligsten Segen von sich. Die Blinden bleiben in ihre Schleier gehüllt, die Tauben haben keinen Anteil an dem, was vorgegangen ist. Die Toten sind ohne Hoffnung, etwas davon zu erlangen, wie Er sagt: »Sie verzweifeln an dem zukünftigen Leben ebenso, wie die Ungläubigen an der Auferstehung derer verzweifeln, die in den Gräbern liegen.«Q2
Zu euch, o ihr Geliebten Gottes! Löst eure Zunge und bringt Ihm Dank dar, preist und verherrlicht die Schönheit des Angebeteten; denn ihr habt aus diesem reinsten Kelch getrunken, ihr seid begeistert und entflammt von diesem Wein. Ihr habt den süßen Duft der Heiligkeit entdeckt, ihr atmet den Moschus der Treue aus Josefs Gewand. Ihr nährt euch vom Honigtau der Ergebenheit aus der Hand des Einziggeliebten, ihr labt euch an unsterblicher Speise von der üppigen Festtafel des Herrn. Dieser Überfluss ist eine besondere Gunst, die ein liebender Gott euch schenkt; das sind Segnungen und seltene Gaben, die aus Seiner Gnade kommen. Im Evangelium sagt Er: »Denn viele sind berufen, aber wenige sind auserwählt.«Q3 Das bedeutet: Vielen wurde es angetragen, aber nur wenige Seelen sind erwählt, die große Gabe der Führung zu empfangen. »So ist Gottes Großmut: Wem Er geben will, dem gibt Er, und Gott ist von unermesslicher Großmut.«Q4
O ihr Geliebten Gottes! Von den Völkern der Welt stürmen die Winde der Uneinigkeit gegen die Kerze des Bündnisses. Raben des Hasses gleich, setzen Abtrünnige der Nachtigall der Treue zu. Hart bedrängen geistlose Nachtvögel die Taube des Gottesgedenkens, und beutegierige Bestien hetzen die Gazelle, die in den Auen der Gottesliebe wohnt. Tödlich ist die Gefahr, qualvoll der Schmerz.
Die Geliebten des Herrn müssen fest wie Berge sein, standhaft wie unüberwindliche Festungsmauern. Unerschütterlich müssen sie auch in bitterer Not bleiben, unbekümmert auch im schlimmsten Unheil: Lasst sie festhalten am Saum des allmächtigen Gottes, verankert im Glauben an die Schönheit des Allerhöchsten; lasst sie auf die unfehlbare Hilfe aus dem Urewigen Königreich bauen und sich stützen auf die schützende Fürsorge des großmütigen Herrn. Lasst sie allezeit sich erfrischen mit den Tautropfen himmlischer Gnade und sich durch den Odem des Heiligen Geistes in jedem Augenblick wiederbeleben. Lasst sie aufstehen zum Dienste an ihrem Herrn und alles in ihrer Macht Stehende tun, Seine Düfte der Heiligkeit allüberall zu verbreiten. Lasst sie ein mächtiges Bollwerk sein, Seinen Glauben zu verteidigen, eine uneinnehmbare Feste für die Heerscharen der Urewigen Schönheit. Lasst sie über den Bau der Sache Gottes von allen Seiten sorgsam wachen; lasst sie strahlende Sterne werden an Seinen leuchtenden Himmeln. Denn die Horden der Finsternis bestürmen diese Sache von allen Seiten, und die Völker der Erde wollen dieses offenbare Licht ersticken. Und wenn alle Geschlechter der Welt zum Angriff rüsten, wie können wir da unsere Aufmerksamkeit auch nur für einen Augenblick schweifen lassen? Wisst um diese Dinge mit Sicherheit, seid wachsam und beschützt die Sache Gottes.
Eure wichtigste Pflicht ist heute, euren Charakter zu veredeln, eure Sitten zu bessern und euer Verhalten zu ordnen. Die Geliebten Gottes müssen unter Seinen Geschöpfen mit einem Charakter und einem Verhalten hervortreten, dass der Duft ihrer Heiligkeit die ganze Welt umfängt und den toten Seelen das Leben wiedergibt, hat doch die Manifestation Gottes, das grenzenlose Morgenlicht aus dem Unsichtbaren, den Zweck, jeden lebenden Menschen seelisch zu erziehen und seinen Charakter zu läutern – so dass gesegnete Wesen erstehen, losgelöst vom Dunkel der tierischen Welt, mit Eigenschaften, die des Menschen Wirklichkeit zieren. Ziel ist, die Erdenmenschen in das Volk des Himmels zu verwandeln, die Wanderer aus der Finsternis ins Licht zu führen, die Ausgestoßenen in den innersten Kreis des Königreiches treten zu lassen, die Nichtswürdigen zu Vertrauten der ewigen Herrlichkeit zu machen. Die Mittellosen sollen ihren Anteil an der endlosen See erhalten, die Unwissenden sich satt trinken am Lebensquell der Erkenntnis, die Blutdürstigen ihre Barbarei aufgeben. Alle, die ihre Klauen zeigen, sollen freundlich und nachsichtig werden; alle, die den Krieg lieben, sollen wahre Versöhnung suchen; die Unmenschlichen mit messerscharfen Krallen sollen sich der Wohltat dauerhaften Friedens erfreuen; die Unreinen sollen erfahren, dass es ein Reich der Reinheit gibt, die Verderbten ihren Weg finden zu den Strömen der Heiligkeit.
Ehe sich dieser Gottessegen nicht im Wesenskern der Menschlichkeit offenbart, erweist sich die Gabenfülle der Manifestation Gottes als unfruchtbar, und die Sonne der Wahrheit mit all ihrem Strahlenglanz bleibt wirkungslos.
Deshalb bemüht euch mit ganzem Herzen und ganzer Seele, o ihr Geliebten des Herrn, an Seinen himmlischen Eigenschaften teilzuhaben und an den Wohltaten Seiner Heiligkeit euren Anteil zu empfangen, damit ihr Merkmale der Einigkeit und Banner der Einzigkeit werdet, damit ihr die Bedeutung der Einheit erforscht, im Garten Gottes eure Stimme erhebt und selige Hymnen des Geistes singt. Werdet wie die Vögel, die Ihm ihren Dank darbringen, und singt in den blühenden Lauben des Lebens Lieder, welche die Gemüter der Wissenden berücken. Hisst auf den höchsten Gipfeln der Welt die Fahne der Gunst Gottes, damit sie hoch in den Lüften Seiner Gnade flattere und wehe; pflanzt auf dem Felde des Lebens, inmitten der Rosen der sichtbaren Welt, einen Baum, der frische, süße Früchte hervorbringt.
Ich schwöre bei dem wahren Lehrer: Wenn ihr nach den Ermahnungen Gottes handelt, wie sie in Seinen erleuchteten Sendschreiben offenbart sind, dann wird dieser dunkle Staub das Himmelreich widerspiegeln, diese niedere Welt das Reich des Allherrlichen.
O ihr Geliebten des Herrn! Preis sei Ihm, dem Unsichtbaren! Die Sonne der Wahrheit umfängt euch mit überströmenden Gnadengaben, und die Tore Seiner Barmherzigkeit stehen auf allen Seiten offen. Jetzt ist es an der Zeit, diesen Segen anzuwenden und zu nutzen. Seid euch des Wertes dieser Zeit bewusst, lasst euch die Gelegenheit nicht entgehen. Bleibt völlig frei von den Belangen dieser dunklen Welt, zeichnet euch durch solche Wesenszüge aus, die dem Reiche Gottes innewohnen. Dann werdet ihr sehen, wie herrlich das himmlische Tagesgestirn strahlt, wie blendend hell die Zeichen der Großmut sind, die aus dem unsichtbaren Reich erscheinen.
3
O ihr Geliebten Gottes! O ihr Kinder Seines Königreiches! Wahrlich, wahrlich, der neue Himmel und die neue Erde sind erschienen. Die Heilige Stadt, das neue Jerusalem, ist aus der Höhe herniedergestiegen in Gestalt einer himmlischen Jungfrau, verschleiert, wunderschön, einzigartig und bereit, sich mit ihren Liebenden auf Erden zu vereinen. Die Engel der himmlischen Heerscharen stimmen ein in den Ruf, der durch das ganze Weltall schallt. Alle künden laut und machtvoll: »Dies ist die Stadt Gottes und Seine Stätte, darin die Reinen und Heiligen unter Seinen Dienern wohnen sollen. Er wird mit ihnen leben, denn sie sind Sein Volk, und Er ist ihr Herr.«
Er trocknet ihre Tränen, entzündet ihr Licht, erfreut ihre Herzen und entflammt ihre Seelen. Der Tod wird ihnen nichts mehr anhaben, noch werden Kummer, Tränen oder Leid sie betrüben. Gott, der Herr, der Allmächtige hat in Seinem Reich den Thron bestiegen und macht alles neu. Dies ist die Wahrheit, und welche Wahrheit kann größer sein als die Wahrheit, die der heilige Johannes in seiner Offenbarung kündete?
Er ist Alpha und Omega. Er reicht dem Dürstenden das Wasser des Lebens, dem Kranken die Arznei wahrer Erlösung. Wem solche Gnade zuteil wird, der empfängt wahrlich das herrlichste Vermächtnis von Gottes Propheten und Heiligen. Der Herr wird sein Gott sein, und er Sein zärtlich geliebter Sohn.
Frohlocket, o ihr Geliebten des Herrn, ihr Seine Erwählten, ihr Kinder Gottes und Sein Volk. Erhebt eure Stimmen, den höchsten Herrn zu preisen und zu verherrlichen; denn Sein Licht erstrahlt, Seine Zeichen sind offenbar und die Wogen Seiner brandenden See tragen jedem Ufer kostbare Perlen zu.
4
Gelobt sei Er, der die Welt des Daseins erschuf und allem Gestalt gab, Er, der die Aufrichtigen zu einer Stufe der Ehre erhobA2 und die unsichtbare Welt auf der Ebene der sichtbaren erscheinen ließ. – Doch noch immer wandeln die Menschen in trunkenem StumpfsinnA3 und gehen in die Irre.
Er legt die Grundmauern für die hohe Burg, Er leitet den Zyklus der Herrlichkeit ein, Er lässt eine neue Schöpfung erstehen an diesem Tag, der eindeutig der Tag des Gerichts ist – und noch immer verharren die Achtlosen in trunkenem Schlaf.
Die PosauneA4 ertönt, die TrompeteA5 wird geblasen, der Ausrufer lässt seinen Ruf erschallen, allen auf Erden schwinden die Sinne – aber noch immer schlafen die Toten in den Gräbern ihrer Leiber.
Und der zweite TrompetenschallA6 ertönt, der zweite Posaunenstoß folgt dem erstenA7, das gefürchtete Weh tritt ein, jede stillende Mutter vergisst das Kind an ihrer BrustA8 – und dennoch achten die Menschen in ihrer Verwirrung nicht darauf.
Der Tag der Auferstehung ist angebrochen, die Stunde hat geschlagen, der Pfad ist geebnet, die Waage ist aufgestellt und alle auf Erden sind versammeltA9 – aber noch immer sehen die Menschen vom Weg keine Spur.
Das Licht scheint hell, Strahlenglanz umflutet den Berg Sinai, ein zarter Wind weht aus den Gärten des immervergebenden Herrn, der sanfte Hauch des Geistes streift vorbei und die Toten stehen aus ihren Gräbern auf – doch immer noch schlummern die Achtlosen in ihrer Gruft.
Die Flammen der Hölle sind angefacht, der Himmel ist nahe, die Himmelsgärten stehen in Blüte, frische Wasser quellen über, das Paradies erstrahlt in voller Schönheit – aber die Unwissenden sind noch immer versunken im Sumpf ihrer leeren Träume.
Der Schleier ist gefallen, der Vorhang gehoben, die Wolken sind zerteilt, der Herr der Herren ist offenbar – doch den Sündern ist alles entgangen.
Er hat die neue Schöpfung für euch erschaffenA10 und das LeidA11 gebracht, das alles andere Leid übersteigt. Er hat die Heiligen im Reich der Höhe versammelt. Wahrlich, in all dem liegen Zeichen für alle, die Augen haben zu sehen.
Zu Seinen Zeichen gehört das Erscheinen von Vorzeichen und frohen Verheißungen, Andeutungen und Fingerzeigen, die Verbreitung vieler verschiedener Botschaften und die Vorahnungen der Rechtschaffenen, die nunmehr ihr Ziel erreicht haben.
Und zu Seinen Zeichen gehört Sein Strahlenglanz über dem Horizont der Einheit, Sein Licht vom Tagesanbruch der Macht, die Verkündigung der größten frohen Botschaften durch Seinen Herold, den Einen, den Unvergleichlichen. Wahrlich, darin liegt ein leuchtender Beweis für die Schar der Wissenden.
Zu Seinen Zeichen gehört Sein Offenbarsein, Seine Sichtbarkeit für alle, Sein Beweis durch sich selbst, Sein Auftreten vor Zeugen allüberall, unter Völkern, die wie Wölfe über Ihn herfielen und Ihn von allen Seiten umringten.
Zu Seinen Zeichen gehört Sein Widerstand gegen mächtige Nationen und siegreiche Staaten, gegen ein Heer von Feinden, die nach Seinem Blute lechzten und Ihn unablässig zu vernichten suchten, wo immer Er auch weilte. Wahrlich, diese Tatsache verdient die genaue Prüfung derer, die über die Zeichen und Beweise Gottes nachdenken.
Ein weiteres Seiner Zeichen ist das Wunder Seiner Abhandlungen, der Fluss Seiner Rede, die Schnelligkeit, mit der Seine Schriften offenbart wurden, Seine Worte der Weisheit, Seine Verse, Seine Sendschreiben, Seine Andachten, Seine Auslegungen des Qur’áns, der schwerverständlichen wie der klaren Verse. Bei deinem Leben! Das alles ist klar wie der helle Tag für jeden, der es mit dem Auge der Gerechtigkeit betrachtet.
Ferner gehört zu Seinen Zeichen die Morgensonne Seines Wissens, der aufsteigende Mond Seiner Künste und Fähigkeiten, die Art, wie Er auf allen Seinen Wegen Vollkommenheit zeigt. Das wird von den Gelehrten und Gebildeten vieler Nationen bezeugt.
Und weiterhin gehört zu Seinen Zeichen die Tatsache, dass Seine Schönheit unversehrt blieb und Sein menschlicher Tempel geschützt war, da Er Seinen Strahlenglanz offenbarte, trotz der massiven Angriffe Seiner Feinde, die zu Tausenden mit ihren spitzen Pfeilen, Speeren und Schwertern auf Ihn einstürmten. Das ist wahrlich ein Wunder und eine Mahnung für alle, die gerecht urteilen.
Und zu Seinen Zeichen gehört Seine Langmut, Seine Leiden und Schmerzen, Seine Pein in Ketten und Banden, und Sein Ruf zu jeder Stunde: »Kommt zu Mir, kommt zu Mir, ihr Rechtschaffenen! Kommt zu Mir, kommt zu Mir, die ihr das Gute liebt! Kommt zu Mir, kommt zu Mir, ihr Aufgangsorte des Lichtes!« Wahrlich, die Tore des Mysteriums sind weit geöffnet – aber immer noch ergötzen sich die Frevler an ihren sinnlosen Kritteleien.A12
Ein anderes Seiner Zeichen ist die Verkündigung Seines Buches, Sein eindeutiger heiliger Text, darin Er die Könige tadelt, und Seine unheilverkündende Warnung an denA13, dessen mächtige Herrschaft in aller Welt zu spüren war – und dessen hochragender Thron in wenigen Tagen stürzte. Diese Tatsache ist eindeutig bewiesen und weithin bekannt.
Und zu Seinen Zeichen gehören Seine hehre Würde, Seine hohe Stufe, Seine alles überragende Herrlichkeit und die Ausstrahlung Seiner Schönheit hoch über das Gefängnis hinaus, so dass sich die Häupter vor Ihm beugten, die Stimmen sich senkten und nur demütige Gesichter Seinen Weg kreuzten. Das ist ein Beweis, wie er in vorangegangenen Zeitaltern niemals erbracht wurde.
Und weiter gehören zu Seinen Zeichen die fortwährenden, außergewöhnlichen Taten, die vollbrachten Wunder, die Wundertaten, die ohne Unterbrechung von Ihm ausgingen, wie der Regen aus Seinen Wolken fällt – und die Bestätigung Seines gewaltigen Lichtes selbst durch Ungläubige. Bei Seinem Leben! Das ist eindeutig nachgewiesen. Es zeigte sich den Angehörigen jedweder Überzeugung, die in die Gegenwart des lebendigen, des selbstbestehenden Herrn gelangten.
Und schließlich gehören zu Seinen Zeichen die Sonne Seiner Ära mit ihren weitreichenden Strahlen, der aufgehende Mond Seiner Epoche am Himmel aller Zeitalter; Sein Tag, der im Zenit aller Tage steht, was Rang und Macht, allumfassende Wissenschaften und Künste anbelangt, welche die Welt verblüffen und den Geist der Menschen in Erstaunen versetzen.
Wahrlich, dies ist eine Tatsache, die für alle Zeiten unumstößlich feststeht.
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Das große Licht der Welt, das die ganze Menschheit erhellte, ist untergegangen, um ewig vom Horizont Abhá, Seinem Reich unvergänglicher Herrlichkeit, zu strahlen, Seine Pracht aus der Höhe über Seine Geliebten zu ergießen und ihren Herzen und Seelen den Odem ewigen Lebens einzuflößen.
Denket nach in Eurem Herzen über das, was Er in Seinem weltweit verbreiteten Sendbrief von der göttlichen Schau vorausgesagt hat. Er spricht darin: »Daraufhin klagte sie und rief: ›Möge die Welt mit allem darin ein Lösegeld sein für Deine Leiden. O Du Herrscher über Himmel und Erde! Warum hast Du Dich den Bewohnern dieser Gefängnisstadt ‘Akká in die Hände gegeben? Eile in andere Herrschaftsgebiete, zu Deinen überirdischen Zufluchtsorten, die das Volk der Namen noch nie geschaut hat.‹ Wir lächelten und schwiegen. Denke nach über diese höchsterhabenen Worte und begreife den Sinn dieses verborgenen, heiligen Mysteriums.«
O ihr Geliebten des Herrn! Hütet euch, hütet euch, dass ihr weder zögert noch schwankt. Lasst nicht zu, dass Furcht euch ergreift, Unruhe oder Verzweiflung über euch kommt. Nehmt euch in Acht, dass dieser verhängnisvolle Tag nicht die Flammen eurer Begeisterung lösche und eure zarten Hoffnungen ersticke. Heute ist der Tag der Standhaftigkeit und der Treue. Selig sind, die fest und unerschütterlich bleiben wie der Fels, die dem Sturm und Druck dieser aufwühlenden Stunde mutig entgegentreten. Sie werden wahrlich Gottes Gnade empfangen; sie werden wahrlich Seinen göttlichen Beistand erlangen und wahrhaft siegreich sein. Sie werden unter den Menschen mit solchem Glanz aufleuchten, dass die Bewohner des Zeltes der Herrlichkeit sie preisen und rühmen. Ihnen ward dieser himmlische Ruf verkündet, der in Seinem Heiligsten BuchA14 offenbart ist: »Seid nicht verstört im Herzen, o Menschen, wenn die Herrlichkeit Meiner Gegenwart entschwunden und das Meer Meiner Äußerung verebbt sein wird. In Meiner Gegenwart unter euch liegt eine Weisheit, und in Meinem Fernsein liegt eine andere, unergründlich für alle außer Gott, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden. Wahrlich, von Unserem Reiche der Herrlichkeit aus schauen Wir auf euch und werden jedem, der sich für den Sieg Unserer Sache erhebt, mit den himmlischen Heerscharen und einer Schar Unserer begünstigten Engel beistehen.«Q5
Die Sonne der Wahrheit, dieses Größte Licht, ging am Horizont der Welt unter, um mit unsterblichem Glanz über dem Reich des Grenzenlosen aufzugehen. In Seinem Heiligsten Buch ruft Er den Festen und Standhaften unter Seinen Freunden zu: »Seid nicht verzagt, o Völker der Welt, wenn die Sonne Meiner Schönheit untergegangen und der Himmel Meines Heiligtums vor eueren Augen verhüllt sein wird. Erhebt euch, um Meine Sache weiterzutragen und Mein Wort unter den Menschen zu erhöhen.«Q6
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O ihr Völker des Königreiches! Wie viele Seelen verbrachten ihr ganzes Leben in Anbetung, ertrugen die Kasteiung des Fleisches, sehnten sich nach Zutritt zum Reich Gottes und scheiterten dennoch. Ihr aber habt dieses Ziel ohne Mühe, Qual oder Selbstverleugnung erreicht und das Reich betreten.
Es ist wie zur Zeit des Messias, als die Pharisäer und die Frommen leer ausgingen, während Petrus, Johannes und Andreas, die sich weder der frommen Anbetung noch der Askese hingaben, den Sieg davontrugen. Darum danket Gott, dass Er euch die Krone ewiger Herrlichkeit aufs Haupt drückte und euch diese unermessliche Gnade gewährte.
Es ist an der Zeit, dass ihr aus Dankbarkeit für diese Gnadengabe Tag für Tag an Glauben und Standhaftigkeit wachset. Ihr solltet dem Herrn, eurem Gott, immer näher kommen und in solchem Maße angezogen und entflammt werden, dass eure heiligen Melodien zum Lobe des Geliebten die Scharen der Höhe erreichen, dass jeder von euch gleich einer Nachtigall in diesem Rosengarten Gottes den Herrn der Heerscharen verherrliche und zum Lehrer werde für alle, die auf Erden wohnen.
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O ihr geistigen Freunde ‘Abdu’l-Bahás! Ein vertrauter Bote ist angekommen und hat in der Welt des Geistes eine Botschaft von Gottes Geliebten überbracht. Dieser glückverheißende Bote trägt den Duft der Inbrunst und Begeisterung, den Lebenshauch der Liebe Gottes. Er lässt die Herzen vor Freude tanzen und erfüllt die Seelen mit Entzücken und mit überströmender Liebe. So stark hat die Herrlichkeit göttlicher Einheit Herzen und Seelen durchdrungen, dass sie nun alle durch himmlische Bande verbunden sind, ein Herz und eine Seele. So spiegeln sie jetzt aus tiefem Herzensgrund klar und deutlich den Abglanz des Geistigen und den Eindruck des Göttlichen. Ich erbitte von Gott, dass Er diese geistigen Bande Tag für Tag festige und diese mystische Einheit immer heller strahlen lasse, bis schließlich alle zu Heerscharen werden, gesammelt unter dem Banner des Bündnisses, unter dem Schutz und Schirm des Wortes Gottes; dass sie mit ganzer Kraft nach allumfassender, enger, herzlicher Freundschaft streben, und dass echte Liebe und geistige Verbundenheit alle Herzen in der Welt zusammenschmieden. Dann wird die ganze Menschheit durch diese neue hellstrahlende Gnadengabe in einem einzigen Heimatland versammelt. Dann werden Kampf und Streit von der Erdoberfläche verschwinden; dann wird die Menschheit in der Liebe zur Schönheit des Allherrlichen geborgen sein. Missklang wird sich in Einklang wandeln, Streit in Übereinstimmung. Die Wurzeln aller Bosheit werden ausgerissen, die Grundlagen der Angriffswut vernichtet werden. Die hellen Strahlen der Vereinigung werden das Dunkel der Grenzen verscheuchen, und himmlischer Glanz wird das menschliche Herz zu einem Schatzberg machen, der von der Liebe Gottes wie von Goldadern durchzogen ist.
O ihr Geliebten des Herrn! Dies ist die Stunde, da ihr euch mit allen Völkern der Erde in höchster Güte und Liebe verbinden sollt, da ihr die Zeichen und Merkmale von Gottes unermesslicher Barmherzigkeit für sie sein sollt. Ihr müsst die wahre Seele der Welt werden, der Lebenshauch im Leib der Menschenkinder. In diesem wundervollen Zeitalter, da die Urewige Schönheit, der Größte Name mit zahllosen Gaben am Horizont der Welt erschienen ist, flößt Gott durch Sein Wort dem innersten Wesenskern der Menschheit solche erstaunlichen Kräfte ein, dass Er menschlichen Eigenschaften alle Wirkung nimmt und die Völker mit Seiner allbezwingenden Macht in einem weiten Meer der Einheit zusammenführt.
Jetzt ist es Zeit für die Geliebten Gottes, das Banner der Einheit hochzurecken, in den Versammlungen der Welt die Lieder der Liebe und Freundschaft anzustimmen und allen zu zeigen, dass Gottes Gnade einzig ist. Dann werden die Tabernakel der Heiligkeit auf den Gipfeln der Erde errichtet, und alle Völker werden im schützenden Schatten des Wortes der Einheit versammelt. Dieser große Segen wird über der Welt aufgehen, wenn die Geliebten Gottes sich erheben, Seine Lehren auszuführen und den frischen, süßen Duft weltumspannender Liebe nah und fern zu verbreiten.
Das Gebot der Liebe und Freundschaft galt in jeder Sendung; aber dieses Gebot war begrenzt auf die Gemeinschaft derer, die miteinander einig waren. Es galt nicht gegenüber andersdenkenden Feinden. Gelobt sei Gott, denn in diesem wundervollen Zeitalter sind Gottes Gebote nicht abgegrenzt oder auf eine bestimmte Gruppe beschränkt. Vielmehr ist allen Freunden zur Pflicht gemacht, jeder Gemeinschaft auf Erden Liebe und Freundschaft, Rücksicht, Großmut und Wohlwollen entgegenzubringen. Jetzt müssen sich die Geliebten Gottes erheben, Seine Gebote in die Tat umzusetzen: Lasst sie den Menschenkindern gütige Väter sein, der Jugend mitfühlende Brüder, den vom Alter Gebeugten selbstlose Nachkommen. Das bedeutet, dass ihr jedem menschlichen Wesen zarte Liebe erzeigt, selbst euren Feinden, und dass ihr sie alle mit ungetrübter Freundschaft, mit Frohsinn und Güte willkommen heißt. Sollte euch jemand grausam verfolgen, so haltet ihm die Treue. Sollte Bosheit euren Weg kreuzen, so antwortet mit freundlichem Herzen. Wenn Speere und Pfeile auf euch regnen, so bietet eure Brust als spiegelblanke Zielscheibe; und als Antwort auf Fluch, Spott und böse Worte erzeigt überströmende Liebe. So werden alle Völker die Kraft des Größten Namens bezeugen; jedes Volk wird die Macht der Urewigen Schönheit anerkennen und sehen, wie Er die Mauern der Zwietracht niederreißt, wie sicher Er alle Völker auf Erden zur Einheit führt, wie Er die Menschenwelt erleuchtet und diese staubige Erde Lichtströme ausstrahlen lässt.
Diese menschlichen Wesen sind wie Kinder: frech und unbekümmert. Solche Kinder müssen erzogen werden mit grenzenloser Liebe und Fürsorge; sie müssen gütig gehegt werden in den Armen der Gnade, so dass sie die Liebe Gottes in ihrer geistigen Honigsüße kosten, dass sie zu Kerzen werden, die ihre Strahlen in diese finstere Welt ergießen, und deutlich erkennen, welche Flammenkronen der Herrlichkeit Er, der Größte Name, die Urewige Schönheit, Seinen Geliebten auf die Stirne setzt, welche reichen Gaben Er denen, die Er liebt, ins Herz legt, welche Liebe Er der Menschheit in die Brust pflanzt und welche Schätze an Freundschaft Er unter allen Menschen zum Vorschein bringt.
O Gott, mein Gott! Stehe Deinen vertrauten Dienern bei, dass sie liebevolle, empfindsame Herzen haben. Hilf ihnen, der Führung Licht, das von den himmlischen Heerscharen ausgeht, unter allen Erdenvölkern zu verbreiten. Wahrlich, Du bist der Starke, der Gewaltige, der Mächtige, der Allunterwerfende, der Immervergebende. Wahrlich, Du bist der Freigebige, der Sanfte, der Empfindsame, der Großmütigste.
8
O ihr Geliebten ‘Abdu’l-Bahás und ihr Dienerinnen des Barmherzigen! Es ist früh am Morgen, die belebenden Winde des Paradieses Abhá wehen über die ganze Schöpfung. Aber sie können nur jene bewegen, die reinen Herzens sind; nur der reine Sinn kann ihren Duft wahrnehmen. Nur das erkennende Auge erblickt die Sonnenstrahlen; nur das hörende Ohr kann dem Gesang der himmlischen Heerscharen lauschen. Zwar ergießt sich ergiebiger Frühlingsregen, der Segen des Himmels, auf alle Dinge; doch nur gute Erde kann er fruchtbar machen; den versalzenen Boden, auf dem alle Freigebigkeit keine Wirkung hervorbringen kann, den liebt er nicht.
Heute weht der sanfte, heilige Lufthauch des Reiches Abhá über alle Lande, aber nur, die reinen Herzens sind, kommen ihm nahe und können ihn nutzen. Diese unrecht behandelte Seele hofft, dass die Gnade des Selbstbestehenden und die offenbare Kraft des Wortes Gottes die Köpfe der Gedankenlosen freimachen, so dass sie den süßen Duft wahrnehmen, der aus den verborgenen Rosenbeeten des Geistes weht.
O ihr Freunde Gottes! Wahre Freunde sind wie erfahrene Ärzte, und Gottes Lehren sind wie heilender Balsam für das Bewusstsein des Menschen. Sie machen den Kopf klar, so dass der Mensch sie einatmen und sich an ihrem süßen Duft erfreuen kann. Sie erwecken die Schläfer. Sie machen die Achtlosen bewusst, schenken den Ausgestoßenen ihren Anteil und den Entmutigten Hoffnung.
Wenn an diesem Tag ein Mensch in Übereinstimmung mit Gottes Geboten und Ratschlägen handelt, wird er der Menschheit als göttlicher Arzt dienen, und wie die Posaune IsráfílsA15 wird er die Toten dieser bedingten Welt zum Leben rufen. Denn die Bestätigungen des Reiches Abhá strömen ununterbrochen, und eine Seele von solcher Tugend hat die unfehlbare Hilfe der himmlischen Heerscharen zum Beistand. So wird eine winzige Mücke zum machtvollen Adler, ein armseliger Spatz wandelt sich zu einem königlichen Falken in den Höhen urewiger Herrlichkeit.
Schaut deshalb nicht auf eure beschränkten Fähigkeiten, fragt nicht, ob ihr der Aufgabe würdig seid: Setzt eure Hoffnungen auf die Hilfe und Güte, die Gaben und Segnungen Bahá’u’lláhs – möge meine Seele ein Opfer für Seine Freunde sein! Jagt auf dem Kampfross hehren Strebens über das Schlachtfeld des Opfers, traget aus dieser weiten Kampfbahn den Preis göttlicher Güte von dannen.
O ihr Dienerinnen des barmherzigen Herrn! Wieviele Königinnen dieser Welt legten ihr Haupt auf ein Kissen aus Staub und schwanden dahin. Keine Frucht, keine Spur, kein Zeichen, nicht einmal ihre Namen ließen sie zurück. Für sie gibt es keinen Segen, ja kein Leben mehr. Nicht so die Dienerinnen an der Schwelle Gottes! Hell wie glitzernde Sterne leuchten sie an den Himmeln urewiger Herrlichkeit und verströmen ihren Glanz über alle Zeit. Sie haben ihre tiefsten Hoffnungen im Paradies Abhá erfüllt, sie haben den Honig der Wiedervereinigung in der Gemeinde des Herrn gekostet. Seelen wie diese nutzten ihr Erdendasein: Sie pflückten die Frucht des Lebens. Und die anderen? »Über sie brach wahrlich eine Zeit herein, da sie vergessen waren.«
O ihr Geliebten dieses Unterdrückten! Wischt euch die Augen, dass ihr keinen Menschen anders betrachtet als euch selbst. Seht keine Fremden, seht vielmehr alle Menschen als Freunde; denn Liebe und Einheit fallen schwer, wenn ihr den Blick auf das Andersartige heftet. Und in diesem neuen, wunderbaren Zeitalter lehren uns die heiligen Schriften, dass wir mit jedem Volk eins sein müssen, dass wir weder Grobheit noch Unrecht, weder bösen Willen noch Feindschaft oder Hass beachten dürfen. Vielmehr müssen wir unsere Augen auf den Himmel urewiger Herrlichkeit richten; denn jedes Geschöpf ist ein Zeichen Gottes, es kam durch die Gnade des Herrn und durch Seine Macht in die Welt. Deshalb ist keiner ein Fremder, jeder gehört zur Familie. Keiner ist Ausländer, jeder ein Freund, und jeder muss als Freund behandelt werden.
So müssen sich die Geliebten Gottes in herzlicher Verbundenheit Fremden wie Freunden gleicherweise zuwenden und allen das höchste Maß an Wohlwollen entgegenbringen. Dabei dürfen sie nicht auf ihre beschränkten Möglichkeiten achten und niemals fragen, ob es die anderen verdienen, geliebt zu werden. Lasst die Freunde in jedem Fall rücksichtsvoll und unendlich gütig sein. Lasst sie nie den Mut verlieren wegen der Bosheit der Leute, ihrer Angriffslust und ihrem Hass, wie schlimm das auch sei. Wenn andere ihre Speere nach euch schleudern, so bietet ihnen Milch und Honig als Gegengabe. Wenn sie euch das Leben vergiften, versüßt ihnen die Seele. Wenn sie euch schaden, lehrt sie, wie man getröstet wird. Wenn sie euch eine Wunde schlagen, seid Balsam für ihre Schmerzen. Wenn sie nach euch stechen, setzt ihnen einen erfrischenden Becher an die Lippen.
O Gott, mein Gott! Dies sind Deine schwachen Diener, Deine ergebenen Knechte und Mägde, die sich niederbeugen vor Deinem erhabenen Wort, sich demütigen an Deiner strahlenden Schwelle und Deine Einheit bezeugen, welche die Sonne in ihrem Mittagsglanz erstrahlen ließ. Sie lauschen dem Ruf, den Du aus Deinem verborgenen Reich erhebst, und bebenden Herzens, voll Liebe und Entzücken antworten sie darauf.
O Herr, lasse auf sie alle die Schauer Deines Erbarmens, die Wasser Deiner Gnade herabregnen. Lasse sie zu herrlichen Pflanzen des Himmelsgartens heranwachsen. Gib, dass dieser Garten unter den reichen Wolken Deiner Gnadengaben und aus den tiefen Wassern Deiner unendlichen Güte allezeit frisch und prächtig grüne und blühe.
Du bist wahrlich der Mächtige, der Erhabene, der Gewaltige, der allein in den Himmeln und auf Erden unverwandelt bleibt. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Herrn offenbarer Zeichen und Beweise.
9
O du, dessen Herz überfließt vor Liebe zum Herrn! Ich wende mich dir zu an diesem geweihten Ort, um dein Herz mit meinem Sendbrief zu erfreuen; denn dieser Brief lässt das Herz dessen, der an die Einheit Gottes glaubt, seinen Flug zu den Gipfeln der Seligkeit nehmen.
Danke Gott, dass Er dich fähig macht, in Sein Reich der Macht einzutreten. Bald werden die Wohltaten deines Herrn in steter Folge über dich kommen, bald wird Er dich zum Zeichen machen für jeden Wahrheitssucher.
Halte dich fest an das Bündnis deines Herrn, und mit jedem Tag lasse deinen Vorrat an Liebe für Seine Geliebten wachsen. Wende dich in Güte den Dienern des Allbarmherzigen zu, um auf der Arche des Friedens, die über die Meere des Lebens fährt, das Segel der Liebe zu setzen. Lasse dich von nichts betrüben, ärgere dich über niemanden. Dir geziemt es, dem Willen Gottes ergeben allen Völkern auf Erden ohne Ausnahme ein wahrer, liebender, vertrauter Freund zu sein. Dies ist die Tugend der Aufrichtigen, die Art der Heiligen, das Zeichen derer, die an Gottes Einheit glauben, das Gewand des Volkes Bahá.
Danke dem Herrn und preise Ihn, dass Er dir gestattete, Ihm das Recht GottesA16 darzubringen. Das ist wahrlich eine besondere Gunst von Ihm für dich; so preise Ihn für dies Gebot, das in den Schriften deines Herrn niedergelegt wurde vom Altehrwürdigen der Tage.
Er ist wahrlich der Liebende, der Zarte, der Immerschenkende.
10
O du liebe Dienerin Gottes! Deinen Brief habe ich erhalten und seinen Inhalt zur Kenntnis genommen. Du bittest um eine Regel, nach der du dein Leben ausrichten sollst.
Glaube an Gott und richte dein Angesicht auf Sein hehres Reich. Sei verliebt in die Schönheit Abhá, stehe fest im Bündnis, sehne dich danach, zum Himmel allumfassenden Lichts aufzusteigen. Löse dich von dieser Welt und werde wiedergeboren durch den süßen Duft der Heiligkeit, der aus dem Reich des Höchsten weht. Rufe die Menschen zur Liebe, sei gütig zum ganzen Menschengeschlecht. Liebe die Menschenkinder, nimm Anteil an ihrem Leid. Gehöre zu denen, die Frieden stiften. Biete deine Freundschaft an und sei vertrauenswürdig. Sei Balsam für jede Wunde, Arznei für jedes Übel. Bringe die Seelen zusammen. Singe die Verse der Führung. Bete zu deinem Herrn, erhebe dich und führe die Menschen auf den rechten Pfad. Löse deine Zunge, lehre und lasse aus deinem Angesicht das Feuer der Liebe Gottes leuchten. Halte keinen Augenblick inne, suche keinen Atemzug der Ruhe. So wirst du zum Zeichen und Symbol der Liebe Gottes, zum Banner Seiner Gnade.
11
Den Freunden dienen heißt, dem Reiche Gottes dienen, und den Armen Beachtung schenken, ist eine der bedeutendsten Lehren Gottes.
12
Erkenne mit Gewissheit: Liebe ist das Geheimnis von Gottes heiliger Sendung, die Offenbarung des Allbarmherzigen, der Quell geistiger Ausgießung. Liebe ist des Himmels gütiges Licht, ewiger Odem des Heiligen Geistes, der die Menschenseele belebt. Liebe ist der Grund, warum sich Gott dem Menschen offenbart; sie ist im Einklang mit der göttlichen Schöpfung das Lebensband in den Wirklichkeiten der Dinge. Liebe sichert als einziges Mittel echtes Glück in dieser und der zukünftigen Welt. Liebe ist das Licht, das durchs Dunkel führt, das lebendige Bindeglied, das Gott mit dem Menschen vereint und den Fortschritt jeder erleuchteten Seele verbürgt. Liebe ist das größte Gesetz, das diesen mächtigen, himmlischen Zyklus regiert, die einzigartige Kraft, welche die verschiedenen Elemente der stofflichen Welt zusammenhält, die höchste Anziehungskraft, welche die Bewegung der Sphären in den Himmelsreichen regiert. Liebe enthüllt mit unfehlbarer, grenzenloser Kraft die verborgenen Geheimnisse des Weltalls. Liebe ist der Geist des Lebens für den geschmückten Leib der Menschheit. Sie errichtet in dieser vergänglichen Welt wahre Kultur und verströmt unvergänglichen Ruhm über jede Rasse und Nation, die hohe Ziele anstrebt.
Den Namen jedes Volkes, das Gott gnädiglich mit Liebe beschenkt, werden die himmlischen Heerscharen, die Schar der Engel und die Bewohner des Reiches Abhá gewiss preisen und verherrlichen. Jedes Volk jedoch, das sein Herz von dieser göttlichen Liebe, dieser Offenbarung des Barmherzigen, abkehrt, wird in schweren Irrtum absinken, verzweifeln und völlig zerfallen. Dieses Volk wird nirgends mehr Schutz finden; es wird den gemeinsten Kreaturen dieser Erde gleich werden, ein Opfer der Erniedrigung und der Schande.
O ihr Geliebten des Herrn! Bemüht euch, Offenbarungen der Liebe Gottes zu werden, Leuchten göttlicher Führung, die unter allen Geschlechtern auf Erden mit dem Licht der Liebe und Eintracht strahlen.
Heil sei den Offenbarern dieses herrlichen Lichtes!
13
O du Tochter des Königreiches! Dein Brief vom 5. Dezember 1918 erreichte mich. Er enthielt die gute Nachricht, dass die Freunde Gottes und die Dienerinnen des Barmherzigen im Sommer in Green Acre zusammengekommen sind, dass sie Tag und Nacht im Gedenken Gottes zubrachten, der Einheit der Menschenwelt dienten, allen Religionen Liebe bezeigten, frei blieben von jedem religiösen Vorurteil und gütig zu allen Menschen waren. Die göttlichen Religionen müssen Einheit unter den Menschen bewirken, als Mittel zu Einigkeit und Liebe dienen. Sie müssen den Weltfrieden verkünden, den Menschen von allen Vorurteilen befreien, Freude und Frohsinn spenden, Güte gegenüber allen Menschen einüben und alle Unterschiede beiseite räumen. So sagte Bahá’u’lláh, an die Menschenwelt gewandt: »O Menschen! Ihr seid die Früchte eines Baumes, die Blätter eines Zweiges.«Q7 Allenfalls ist es so, dass einige Seelen unwissend sind; sie müssen erzogen werden. Manche sind krank; sie müssen geheilt werden. Einige sind noch wie Kinder; wir müssen ihnen helfen, die Reife zu erreichen, und müssen ihnen gegenüber besonders gütig sein. So verhält sich das Volk Bahás.
Ich hoffe, deine Brüder und Schwestern werden alle zu Förderern der Menschheit werden.
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O ihr beiden gesegneten Seelen! Eure Briefe sind angekommen. Sie zeigten, dass ihr nach der Wahrheit forscht und euch freigemacht habt von Nachahmung und Aberglauben, dass ihr mit eigenen und nicht mit fremden Augen schaut, mit eigenen und nicht mit fremden Ohren hört, dass ihr Geheimnisse mit eigenem und nicht mit fremdem Bewusstsein entdeckt. Wer nachahmt, sagt: Dieser Mensch hat etwas gesehen, dieser Mensch hat etwas gehört, dieser Mensch hat etwas entdeckt. Mit anderen Worten, er hängt von der Sicht, dem Gehör und dem Bewusstsein anderer ab und besitzt keinen eigenen Willen.
Preis sei Gott, denn ihr habt Willenskraft bewiesen und euch der Sonne der Wahrheit zugewandt. Die Gefilde eurer Herzen hat der Herr mit dem Licht des Königreichs erleuchtet; ihr wurdet auf den geraden Pfad geführt und geht die Straße, die zum Reich Gottes führt. Ihr habt das Paradies Abhá betreten und euren Anteil erlangt an der Frucht vom Baum des Lebens.
Selig seid ihr. Eine herrliche Wohnstatt erwartet euch. Gruß und Preis seien mit euch!
15
O du Gefangene der Liebe Gottes!A17 Der Brief, den du bei deiner Abreise geschrieben hast, hat mich erreicht und sehr erfreut. Ich hoffe, dass dir dein inneres Auge weit geöffnet wird, so dass sich dir der Kern göttlicher Geheimnisse erschließt.
Du begannst deinen Brief mit einem gesegneten Satz: »Ich bin Christin.« O wenn doch alle wahre Christen wären! Es ist einfach, sich als Christ zu bekennen; aber ein wirklicher Christ zu sein, ist schwierig. Heute sind etwa fünfhundert Millionen Seelen Christen; aber der wahre Christ ist selten: Er ist die Seele, aus deren anmutigem Gesicht Christi Herrlichkeit strahlt, die Seele, welche die Vollkommenheiten des Königreiches offenbart. Das ist sehr wichtig, denn Christ zu sein, heißt jede vorhandene Vollkommenheit verkörpern. Ich hoffe, dass auch du eine wahre Christin wirst. Danke Gott, dass du durch die göttlichen Lehren zu guter Letzt in höchstem Maße beides erhalten hast, das äußere wie das innere Auge, dass du fest in der Gewissheit und im Glauben wurzelst. Ich hoffe sehr, dass auch andere erleuchtete Augen, hörende Ohren und ewiges Leben erlangen, dass diese vielen Flüsse aus den verschiedenen, verstreuten Flussbetten ihren Weg heimfinden in das alles umspülende Meer, dass sie zusammenfließen und sich zu einer einzigen Woge brandender Einheit erheben, dass die einende Wahrheit durch die Macht Gottes alle eingebildeten Unterschiede verschwinden lasse. Dies ist das einzig Wesentliche; denn wenn Einheit erreicht ist, verschwinden alle anderen Probleme von selbst.
O verehrte Dame! Nach den göttlichen Lehren in dieser ruhmreichen Sendung sollten wir keinen herabsetzen oder unwissend nennen mit den Worten: »Du weißt es nicht, ich aber weiß es.« Vielmehr sollten wir anderen mit Achtung begegnen, und wenn wir etwas erklären und zeigen möchten, sollten wir wie Wahrheitssucher sagen: »Hier liegen uns diese Dinge vor. Lasst uns forschen, damit wir entscheiden können, wo und in welcher Gestalt die Wahrheit zu finden ist.« Der Lehrer darf nicht sich selbst als wissend und die anderen als unwissend betrachten. Solche Gedanken erzeugen nur Stolz, und der Stolz trägt nicht dazu bei, andere zu beeinflussen. Der Lehrer darf sich in keiner Weise als überlegen ansehen. Er muss äußerst freundlich, bescheiden und demütig sprechen; denn diese Sprechweise übt Einfluss aus und erzieht die Seelen.
O verehrte Dame! Alle Propheten wurden nur zu einem einzigen Zweck zur Erde herniedergesandt. Christus wurde zu diesem Zweck offenbart, Bahá’u’lláh erhob dafür den Ruf des Herrn: dass die Menschenwelt zur Welt Gottes werde, diese niedere Welt zum Reich Gottes, dieses Dunkel zu Licht, diese satanische Bosheit zum Kanon himmlischer Tugenden; ferner dass Einheit, Freundschaft und Liebe für das ganze Menschengeschlecht errungen werden, dass organische Einheit wieder erscheine, die Grundlagen der Uneinigkeit zerstört werden und die Menschheit ewiges Leben und ewige Gnade ernte.
O verehrte Dame! Schau dich um in der Welt! Einheit, gegenseitige Anziehung, Zusammensein verursachen Leben; aber Uneinigkeit und Missklang bedeuten Tod. Wenn du alle Erscheinungen bedenkst, wirst du erkennen, wie jedes erschaffene Ding durch die Vermischung vieler Elemente entsteht. Wenn diese Gesamtheit der Elemente aufgelöst wird, wenn der Einklang der Elemente aufgehoben wird, ist damit das Leben in dieser Erscheinungsform ausgelöscht.
O verehrte Dame! Obwohl in vergangenen Religionszyklen Einklang begründet wurde, war in Ermangelung der Mittel die Einheit der Menschheit unerreichbar. Die Kontinente blieben weit voneinander getrennt, ja sogar unter den Völkern ein und desselben Kontinents waren Verbindung und Austausch nahezu unmöglich. Infolgedessen waren Umgang, Verständigung und Einheit zwischen allen Völkern und Geschlechtern der Erde unerreichbar. Heute jedoch haben sich die Kommunikationsmittel vervielfacht, und die fünf Kontinente der Erde sind im Grunde genommen zu einem Ganzen verschmolzen. Jedem Menschen fällt es heute leicht, überallhin zu reisen, mit anderen Völkern zusammenzukommen und Meinungen auszutauschen oder sich durch Veröffentlichungen mit den Lebensbedingungen, Glaubensvorstellungen und Gedanken aller Menschen vertraut zu machen. Ebenso sind alle Glieder der menschlichen Familie, ob Völker oder Regierungen, Städte oder Dörfer, in steigendem Maße voneinander abhängig geworden. Keiner kann mehr in Selbstgenügsamkeit leben, weil politische Bindungen alle Völker und Nationen vereinen, die Bande des Handels und der Industrie, der Landwirtschaft und des Bildungswesens Tag für Tag stärker werden. Folglich ist die Einheit der ganzen Menschheit heutzutage erreichbar geworden. Wahrlich, dies ist nur eines der Wunder dieses wunderbaren Zeitalters, dieses ruhmreichen Jahrhunderts. Die vergangenen Zeitalter waren all dessen beraubt, denn dieses Jahrhundert – das Jahrhundert des Lichtes – ist mit einzigartiger, unvergleichlicher Herrlichkeit, mit Macht und Erleuchtung ausgestattet worden. Darum entfaltet sich mit jedem Tag ein ungeschautes, erstaunliches Wunder. Schließlich wird man sehen, wie hell seine Lichtstrahlen in der Gemeinschaft der Menschen leuchten werden.
Sieh, wie dieses Licht nun am dunklen Horizont der Welt zu dämmern beginnt! Der erste Lichtstrahl ist die Einheit im politischen Bereich; der allererste Schimmer davon lässt sich nunmehr erkennen. Der zweite Lichtstrahl ist die Einheit des Denkens in weltweiten Unternehmungen, die bald vollzogen werden wird. Der dritte Lichtstrahl ist die Einheit in der Freiheit, die sicherlich eintreten wird. Der vierte Lichtstrahl ist die Einheit in der Religion, der Eckstein, auf dem die Grundlage ruht; auch sie wird durch die Macht Gottes in ihrer ganzen Strahlenfülle offenbar werden. Der fünfte Lichtstrahl ist die Einheit der Nationen – eine Einheit, die in diesem Jahrhundert sicher begründet werden wird, so dass sich alle Völker der Welt als Bürger eines gemeinsamen Vaterlandes betrachten. Der sechste Lichtstrahl ist die Einheit der Rassen, die alle Erdenbewohner zu Völkern und Geschlechtern einer Rasse macht. Der siebte Lichtstrahl ist die Einheit der Sprache, das heißt die Wahl einer universalen Sprache, in der alle Menschen unterrichtet werden und miteinander verkehren. All dies wird unausweichlich eintreten, weil die Macht des Reiches Gottes seine Verwirklichung fördern und unterstützen wird.
16
O ihr erleuchteten Geliebten und ihr Dienerinnen des Barmherzigen! Zu einer Zeit, da die finstere Nacht der Unwissenheit, der Missachtung des Göttlichen und die von Gott trennenden Schleier die Erde umhüllten, dämmerte ein strahlender Morgen, und ein Licht stieg am östlichen Himmel empor. Dann erschien die Sonne der Wahrheit, und der strahlende Glanz des Reiches Gottes ergoss sich über Ost und West. Die Augen hatten zu sehen, erfreuten sich der frohen Botschaft und riefen: »O selig, selig sind wir!« Und sie erkannten die geistige Wirklichkeit aller Dinge und entdeckten die Geheimnisse des Gottesreiches. Von ihren Einbildungen und Zweifeln erlöst, schauten sie das Licht der Wahrheit. Sie tranken den Kelch der Liebe Gottes bis zur Neige und wurden so begeistert, dass sie die Welt und ihr eigenes Selbst gänzlich vergaßen. In jauchzender Freude eilten sie zur Stätte ihres Martyriums, und wo die Menschen aus Liebe sterben, da warfen sie Haupt und Herz von sich.
Die aber, deren Augen nicht sahen, wunderten sich über diese Erregung und riefen: »Wo ist denn das Licht?« und wiederum: »Wir sehen kein Licht! Wir sehen keine Sonne aufgehen! Hier gibt es keine Wahrheit. Das ist nur Einbildung und sonst nichts.« Wie Fledermäuse flohen sie ins verborgene Dunkel und fanden dort, wie sie meinten, ein gewisses Maß an Sicherheit und Frieden.
All das ist jedoch erst der Beginn der Morgendämmerung; die Glut der aufgehenden Sonne der Wahrheit ist noch nicht auf dem Höhepunkt ihrer Kraft. Wenn aber die Sonne im Zenit steht, wird sie so heiß brennen, dass sie sogar das Gewürm in der Erde aufschreckt. Und obwohl es kein Licht sehen kann, wird es dennoch durch diese Hitze in rasende Bewegung versetzt.
Darum, o ihr Geliebten Gottes, seid dankbar, dass ihr am Tage der Morgendämmerung euer Angesicht dem Lichte der Welt zuwendet und seine Herrlichkeit schaut. Ihr habt einen Anteil am Lichte der Wahrheit empfangen; ihr erfreut euch einer Vielzahl von Segnungen, die ewig währen. Darum sollt ihr als Dankesgabe für diese Gnade keinen Augenblick ruhen noch rasten. Bringt den Menschen die frohe Botschaft vom Reiche Gottes, verbreitet überall Gottes Wort.
Handelt im Einklang mit dem Willen des Herrn: Erhebt euch also in solcher Weise und mit solchen Tugenden, dass dem Körper dieser Welt eine lebendige Seele geschenkt wird, und bringt dieses zarte Kind, die Menschheit, zur Stufe der Reife. Entzündet, wann immer ihr könnt, bei jeder Begegnung eine Kerze der Liebe, erfreut und ermutigt mitfühlend jedes Herz. Sorgt euch um den Fremden wie um einen der euren, zeigt Ausländern die gleiche Liebe und Güte wie euren treuen Freunden. Sollte jemand Streit mit euch suchen, trachtet danach, ihn zum Freunde zu gewinnen. Sollte jemand euch bis ins Innerste verletzen, seid ein heilender Balsam für seine Wunden. Sollte euch jemand verspotten und verhöhnen, begegnet ihm mit Liebe. Sollte jemand seine Schuld auf euch abwälzen, lobt ihn. Sollte er euch tödliches Gift anbieten, so gebt ihm dafür den besten Honig; und sollte er euer Leben bedrohen, so gewährt ihm eine Arznei, die ihn für immer heilen wird. Sollte er die Qual selbst sein, so seid ihr seine Medizin. Sollte er wie Dornen sein, seid ihr seine Rosen und süßen Kräuter. Vielleicht werden solche Taten und Worte von euch diese finstere Welt schließlich hell erstrahlen lassen, diese staubige Erde himmlisch machen, diesen höllischen Kerker in einen Königspalast des Herrn verwandeln – so dass Krieg und Hader verschwinden und nicht mehr sind, Liebe und Vertrauen ihre Zelte auf den Gipfeln der Welt errichten. Das ist der Wesenskern der Ermahnungen Gottes. Das sind – mit wenigen Worten – die Lehren der Sendung Bahás.
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O ihr Erwählten des Reiches Abhá! Lobet den Herrn der Heerscharen; denn auf den Wolken schwebend ist Er aus dem Himmel des unsichtbaren Reiches in diese Welt herabgekommen, um Ost und West durch die herrliche Sonne der Wahrheit zu erleuchten. Der Ruf des Königreiches erscholl, die Boten aus den Sphären der Höhe sangen nach den Weisen der himmlischen Heerscharen die frohe Botschaft Seines Kommens. Da erzitterte die ganze Welt des Seins vor Freude, doch die Menschen schliefen weiter, wie es der Messias voraussagte; denn der Tag der Manifestation, da der Herr der Heerscharen herabstieg, fand sie verhüllt in den Schlaf der Unwissenheit. Wie Er im Evangelium sagte: »Mein Kommen geschieht, wie wenn der Dieb im Hause ist, und der Hausherr ist nicht auf der Hut.«Q8
Vor allen Menschen hat Er euch erwählt. Eure Augen wurden dem Lichte der Führung eröffnet, eure Ohren auf die Musik der himmlischen Heerscharen eingestimmt. Ihr wurdet mit großer Gnade gesegnet, denn eure Herzen und Seelen sind zu neuem Leben wiedergeboren. Danket und preiset Gott, dass die Hand unermesslicher Segnungen euch diese edelsteinbesetzte Krone aufs Haupt gedrückt hat – eine Krone, deren leuchtende Juwelen bis in alle Ewigkeit glitzern und strahlen werden.
Bemüht euch nach Kräften und erwählt euch ein erhabenes Ziel, um Ihm für all das zu danken. Gehorcht den Lehren Gottes durch die Macht des Glaubens, und lasst all eure Taten mit Seinen Geboten in Einklang sein. Lest die Verborgenen Worte, denkt über ihre innere Bedeutung nach und handelt danach. Lest mit größter Aufmerksamkeit die Sendschreiben ṬarázátA18, KalimátA19, TajallíyátA20, IshráqátA21 und BishárátA22 und erhebt euch, wie in den himmlischen Lehren geboten. So sei jeder von euch wie eine leuchtende Kerze der Anziehungspunkt, wo immer Menschen zusammenkommen, und wie ein Blumenbeet sollt ihr süßen Duft verbreiten.
Tost wie das brüllende Meer, und wie eine schwere Wolke regnet die Gnade des Himmels nieder. Erhebt eure Stimme und singt die Weisen vom Reiche Abhá. Erstickt die Flammen des Krieges, hisst hoch die Banner des Friedens, arbeitet für die Einheit der Menschheit und denkt daran, dass Religion ein Kanal der Liebe zu allen Völkern ist. Wisst, dass die Menschenkinder Gottes Schafe sind und Er ihr liebender Hirte, dass Er zärtlich all Seine Schafe umsorgt, sie auf Seinen grünen Auen der Gnade weidet und sie aus dem Brunnquell des Lebens tränkt. So handelt der Herr. Das sind Seine Segnungen. Das ist aus Seinen Lehren Sein Gebot für die Einheit der Menschheit.
Die Tore Seines Segens sind weit geöffnet, Seine Zeichen sind überall kundgetan, hell leuchtet die Wahrheit in ihrer Herrlichkeit. Gottes Segen ist unerschöpflich. Erkennt den Wert dieser Zeit. Strebet aus ganzem Herzen, erhebt eure Stimme und rufet laut, bis diese dunkle Welt sich mit Licht erfüllt, bis diese enge Schattengruft sich weitet, bis dieser flüchtige Haufen Staub sich in einen Spiegel der ewigen Himmelsgärten verwandelt und dieser Erdball seinen Teil an der himmlischen Gnade erhält.
Dann wird die Angriffslust verpuffen; was zu Uneinigkeit führt, wird ausgerottet, und der Bau der Einheit wird errichtet – auf dass der Gesegnete Baum seinen Schatten über Ost und West breite, die Stiftshütte der Einzigkeit des Menschen auf den höchsten Gipfeln errichtet werde, die Flaggen der Liebe und Freundschaft rund um die Welt an ihren Masten flattern, bis das Meer der Wahrheit hoch aufbraust, die Erde die Rosen und würzigen Kräuter immerwährender Segnungen hervorbringt und von Pol zu Pol zum Paradies Abhá wird.
Dies ist ‘Abdu’l-Bahás Rat. Ich hoffe, dass ihr mit dem Segen des Herrn der Heerscharen zur geistigen Substanz, zum Strahlenglanz des Menschengeschlechts werdet und alle Herzen mit dem Bande der Liebe vereint; dass ihr durch die Macht des Wortes Gottes die Toten zum Leben erweckt, die jetzt in den Gräbern ihrer sinnlichen Wünsche liegen, dass ihr mit den Sonnenstrahlen der Wahrheit denen die Sicht wiedergebt, deren inneres Auge erblindet ist, dass ihr den geistig Kranken geistige Heilung bringt. Auf all das aus den Segnungen und Gnadengaben des Geliebten hoffe ich.
Zu allen Zeiten spreche ich von euch und denke an euch. Ich bete zum Herrn, und unter Tränen flehe ich Ihn an, dass Er all diese Segnungen über euch ausschütte, eure Herzen erfreue, eure Seelen entzücke und euch unermessliche Freude und himmlische Wonne schenke …
O Du liebender Versorger! Diese Seelen hören auf den Ruf des Königreiches und schauen die Sonne der Wahrheit in ihrer Herrlichkeit. Sie erheben sich in die frischen Himmel der Liebe, fühlen sich hingezogen zu Deinem Wesen und beten Deine Schönheit an. Dir wenden sie sich zu, sprechen miteinander von Dir, suchen nach Deiner Wohnstatt und dürsten nach den Wasserläufen Deines himmlischen Reiches.
Du bist der Geber, der Verleiher, der Ewig-Liebende.
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O du, der du ein sehendes Herz hast! Zwar bist du körperlich des Augenlichtes beraubt, doch hast du, gepriesen sei Gott, geistige Einsicht. Dein Herz sieht, dein Geist hört. Das Augenlicht unterliegt tausend Krankheiten und geht schließlich mit Sicherheit verloren. Deshalb sollte ihm keine Bedeutung beigemessen werden. Aber das Auge des Herzens ist erleuchtet. Es entdeckt und erforscht das Gottesreich. Es besteht immer und ewig. So preise Gott, dass deines Herzens Auge erleuchtet ist und deines Geistes Ohr empfänglich.
Jede Zusammenkunft, die ihr organisiert, darin ihr himmlische Regungen fühlt, Wirklichkeiten und Bedeutungen erfasst, ist wie das Sternenzelt, und die Seelen dort sind strahlende Sterne, die mit dem Licht der Führung leuchten.
Glücklich die Seele, die in diesem herrlichen Zeitalter himmlische Lehren sucht, und selig das Herz, das von der Liebe Gottes bewegt und angezogen wird.
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Preis sei Ihm, in Dessen Herrlichkeit Erde und Himmel erglühen, in Dessen Dufthauch die Gärten der Heiligkeit, welche die Herzen der Auserwählten schmücken, vor Freude erzittern. Preis sei Ihm, der Sein Licht verströmt und das Angesicht des Firmaments erhellt. Wahrlich, strahlende, feurige Sterne sind erschienen; sie funkeln, leuchten und senden ihre Strahlen dem höchsten Horizont entgegen. Ihre Anmut und Pracht empfingen sie aus den Gnadengaben des Reiches Abhá. Zu Sternen der Führung geworden, ergossen sie ihr Licht auf diese Erde.
Preis sei Ihm, der diese neue Ära, dieses Zeitalter höchster Würde, gestaltet hat wie ein Festspiel, das aller Dinge Wirklichkeit den Augen enthüllt. Nun regnen die Wolken der Freigebigkeit hernieder, die Gaben des liebenden Herrn sind offenbar; denn die sichtbare wie die unsichtbare Welt wurden erleuchtet, der Verheißene kam zur Erde, die Schönheit des Angebeteten erstrahlte.
Gruß, Segen und Willkomm seien dieser Umfassenden Wirklichkeit, diesem Vollkommenen Wort, diesem Offenbaren Buch, diesem Strahlenglanz, der am höchsten Himmel anbrach, diesem Führer aller Nationen, diesem Licht der Welt – Dessen überströmende Gnade, einem wogenden Meere gleich, die ganze Schöpfung überflutete, so dass seine Wellen schimmernde Perlen an die Gestade der sichtbaren Welt spülten. Jetzt ist die Wahrheit erschienen und die Falschheit geflohen. Jetzt ist der Tag angebrochen, und alles jauchzt. Die Seelen der Menschen werden geheiligt, ihr Geist geläutert, ihr Herz beglückt, ihr Verstand geklärt, ihre geheimen Gedanken gesunden, ihr Gewissen wird reingewaschen, ihr innerstes Selbst geheiligt; denn der Tag der Auferstehung ist gekommen, und die Segnungen deines Herrn, des Vergebenden, umfassen alle Dinge. Heil und Preis seien den glänzenden, prangenden Sternen, die ihre Strahlen aus dem höchsten Himmel herniedersenden, diesen Sternbildern im umgürtenden Tierkreis des Reiches Abhá. Ruhm sei mit ihnen.
Und nun, o du verehrter Freund, der du die Große Verkündigung vernommen hast, erhebe dich, der Sache Gottes zu dienen mit der unwiderstehlichen Macht des Reiches Abhá und mit dem Odem, der aus dem Geiste der himmlischen Heerscharen weht. Sei nicht bekümmert über das, was die Pharisäer und die Gerüchteköche unter den Zeitungsleuten über Bahá sagen. Rufe dir die Tage Christi ins Gedächtnis und die Leiden, mit denen das Volk Ihn überschüttete, und all die Qual und Trübsal, die man Seinen Jüngern zufügte. Da ihr Liebende der Schönheit Abhá seid, müsst auch ihr um Seiner Liebe willen die Schmach der Völker auf euch laden; alles, was den Jüngern einst widerfuhr, muss auch euch treffen. Dann werden die Angesichter der Auserwählten strahlen im Glanz des Gottesreiches in allen Zeitaltern, ja in allen Zyklen der Zukunft. Die Leugner aber verharren in offenkundigem Verlust. Es wird sein, wie es Christus, der Herr, voraussagte: »Sie werden euch verfolgen um Meines Namens willen.«Q9
Rufe ihnen diese Worte ins Gedächtnis und sprich: »Wahrlich, die Pharisäer erhoben sich gegen den Messias, trotz der leuchtenden Schönheit Seines Antlitzes und all Seiner Anmut, und sie schrien, Er sei nicht der Messias,A23 sondern ein UnholdA24 weil Er behauptete, der allmächtige Gott, der unumschränkte Herr über alle zu sein. Und Er sagte ihnen: ›Ich bin Gottes Sohn, und wahrlich, im innersten Sein des einzigen Sohnes, Seines mächtigen Schützlings, stehet der Vater, deutlich offenbart mit allen Seinen Eigenschaften und Vollkommenheiten.‹ Das sei, so sagten sie, nach den klaren, unwiderleglichen Texten des Alten Testaments offene Gotteslästerung und eine Verleumdung des Herrn. Deshalb fällten. sie das Urteil gegen Ihn, bestimmten, dass Sein Blut vergossen werde, und hängten Ihn ans Kreuz, wo Er ausrief: ›O Mein geliebter Herr, wie lange willst Du Mich ihnen überlassen? Erhebe Mich zu Dir, schütze Mich bei Dir, gib Mir eine Wohnstatt bei Deinem Thron der Herrlichkeit. Wahrlich, Du bist der Erhörer der Gebete, und Du bist der Gütige, der Barmherzige. O Mein Herr! Wahrlich, diese weite Welt ist zu klein für Mich; Ich liebe dieses Kreuz aus Liebe zu Deiner Schönheit, aus Sehnsucht nach Deinem Reich der Höhe und um des Feuers willen, das, von den Windstößen Deiner Heiligkeit entfacht, in Meinem Herzen lodert. Hilf Mir, o Herr, zu Dir aufzusteigen, stehe Mir bei, Deine Heilige Schwelle zu erreichen, o Mein liebender Herr! Wahrlich, Du bist der Barmherzige, der Besitzer großer Gabenfülle! Wahrlich, Du bist der Großmütige! Wahrlich, Du bist der Mitleidvolle! Wahrlich, Du bist der Allwissende! Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Mächtigen, dem Kraftvollen!‹«
Nur aus Unwissenheit über den tiefsten Kern der Geheimnisse, nur weil sie Seinen Strahlenglanz nicht schauten und Seine Beweise nicht beachteten, erkühnten sich die Pharisäer, Ihn zu verleumden und dieser schweren Sünde zu beschuldigen. Sonst hätten sie Seine Worte anerkannt und für die von Ihm offenbarten Verse Zeugnis abgelegt. Sie hätten die Wahrheit Seiner Äußerungen bekannt, im schirmenden Schatten Seines Banners Schutz gesucht, von Seinen Zeichen und Beweisen gelernt und über Seine glückselige Botschaft frohlockt.
Wisse, dass Gott in Seinem Wesen – wenn man Ihn den Unsichtbaren des Unsichtbaren nennt, unbeschreiblich und jenseits menschlicher Fassungskraft – erhaben ist über jede Erwähnung oder Begriffsbestimmung, jede Andeutung oder Anspielung, jeden Beifall oder Lobpreis. In dem Sinn, dass Er ist, der Er ist, kann der Verstand Ihn niemals begreifen, und die Seele, die Seine Erkenntnis sucht, ist nur ein Wanderer in der Wüste, weit in die Irre gegangen. »Keine Schau kann Ihn umfassen, aber Er umfasst alle Schau. Er ist der Sinnreiche, der Allwissende.«Q10
Wenn du aber über das innerste Wesen aller Dinge und über die Eigenart eines jeden nachsinnst, wirst du die Zeichen für die Gnade deines Herrn in allem Erschaffenen erblicken und schauen, wie sich Seine Namen und Eigenschaften strahlengleich über das ganze Reich des Seins verbreiten mit Beweisen, die nur die Eigensinnigen und die Achtlosen leugnen können. So wirst du das Weltall als eine Schriftrolle begreifen, die Seine auf wohlbehüteter Tafel verwahrten verborgenen Geheimnisse offenlegt. Und es gibt kein Atom unter allen Atomen, kein Geschöpf unter allen Geschöpfen, das nicht Sein Lob sänge, Seine Namen und Eigenschaften kündete, die Herrlichkeit Seiner Macht offenbarte und den Weg wiese zu Seiner Einheit und Gnade. Niemand mit Ohren zu hören, Augen zu sehen und einem gesunden Menschenverstand wird das leugnen.
Und wenn du auf die Schöpfung als Ganzes blickst und die Atome darin betrachtest, wirst du erkennen, dass die Sonne der Wahrheit ihre Strahlen auf alle Dinge ergießt, in allen Dingen leuchtet und durch alle Dinge ihren Glanz, ihre Geheimnisse und ihre Lichtfülle verkündet. Schaue die Bäume, die Blüten und Früchte, ja selbst die Steine. Überall siehst du, wie sich die Sonnenstrahlen über die Dinge ergießen, in ihnen deutlich sichtbar sind und durch sie sich offenbaren.
Wenn du aber deinen Blick auf einen hell glänzenden, makellos reinen Spiegel richtest, der die göttliche Schönheit wiedergibt, so siehst du darin die Sonne mit ihren Strahlen, ihrer Wärme, ihrer Scheibe, ihrer ganzen erhabenen Gestalt. Jedes einzelne Wesen besitzt den ihm zugemessenen Anteil am Sonnenlicht und kündet von der Sonne; aber jene allumfassende Wirklichkeit in ihrer ganzen Herrlichkeit, jener makellose Spiegel, dessen Eigenschaften denen der darin offenbarten Sonne entsprechen, drückt den Ursprung der Herrlichkeit mit all seinen Merkmalen aus. Und diese universale Wirklichkeit ist Mensch, göttliches Sein, immerwährendes Wesen. »Sprich: Rufet Gott an oder ruft den Allbarmherzigen an; wie ihr Ihn auch anrufet, überaus herrlich sind Seine Namen.«Q11
Das ist die Bedeutung der Worte des Messias, dass der Vater im Sohne ist.A25 Erkennst du es nicht? Sollte ein makelloser Spiegel verkünden: »Wahrlich, die Sonne mit allen ihren Eigenschaften, Beweisen und Zeichen scheint in mir«, so wäre des Spiegels Rede weder irreführend noch falsch. Nein, bei Dem, der den Spiegel erschuf, ihn formte, ihm Gestalt gab und ihn zu einem Wesen machte, das den ihm innewohnenden Merkmalen der Herrlichkeit entspricht! Gelobt sei Er, der ihn erschuf! Gelobt sei Er, der ihm Gestalt gab! Gelobt sei Er, der ihn offenbarte!
Das waren die Worte aus dem Munde Christi. Und wegen dieser Worte wurde Er von ihnen kritisiert und angegriffen, als Er zu ihnen sagte: »Wahrlich, der Sohn ist im Vater und der Vater ist im Sohn.«Q12 Lasse dich darüber belehren und erkenne die Geheimnisse deines Herrn. Die Leugner indes sind durch Schleier von Gott getrennt: Sie sehen nichts, sie hören nichts und verstehen nichts. »Überlass sie dem müßigen Umgang mit ihren Spitzfindigkeiten.«Q13 Überlass sie ihren Wanderungen an Flussbetten, darin kein Wasser fließt. Wie das Vieh auf der Weide können sie buntes Glas nicht von Perlen unterscheiden. Sind sie nicht ausgeschlossen von den Geheimnissen deines Herrn, des Gütigen, des Gnädigen?
Du aber erfreue dich dieser schönsten aller frohen Botschaften! Erhebe dich, Gottes Wort zu preisen und Seinen süßen Duft in jenem weiten, mächtigen Land zu verbreiten. Wisse mit Gewissheit, dein Herr wird dir zu Hilfe eilen mit einer Streitmacht der himmlischen Heerscharen aus dem Reich Abhá. Sie werden zum Angriff übergehen und mit Ungestüm über die Scharen der Unwissenden und Blinden hereinbrechen. Binnen kurzem wirst du sehen, wie die Dämmerröte aus dem erhabensten Reich hervorbricht und das Morgenlicht alle Gebiete umfängt. Es wird das Dunkel in die Flucht schlagen, die Düsternis der Nacht wird vergehen, strahlend wird der Glaube die Stirn erheben, die Sonne wird aufsteigen und die Welt erleuchten. An jenem Tage werden die Getreuen frohlocken und die Standhaften glückselig sein. Dann werden sich die Verleumder aus dem Staub machen; die Unentschlossenen werden ausgelöscht, selbst die dunkelsten Schatten vergehen, wenn das erste Morgenlicht anbricht.
Gegrüßt und gepriesen seiest du.
O Gott, mein Gott! Hier ist Dein strahlender Diener, Dein geistiger Knecht, der sich Dir zukehrt und sich Deiner Gegenwart nähert. Dir wendet er sein Angesicht zu und bekennt Deine Einheit und Einzigkeit. In Deinem Namen ruft er die Völker und führt die Menschen zu den strömenden Wassern Deines Erbarmens, o Du großmütigster Herr! Denen, die darum bitten, gibt er zu trinken aus der Führung Kelch, der überfließt vom Weine Deiner unermesslichen Gnade.
O Herr, stehe ihm bei in jeder Lage, lasse ihn Deine wohlgehüteten Geheimnisse erfahren und regne Deine verborgenen Perlen auf ihn nieder. Mache ihn zu einem Banner, das von des Turmes Zinnen im Winde Deines himmlischen Beistands weht. Mache ihn zu einem Quell kristallklaren Wassers.
O mein vergebender Herr! Erhelle die Herzen mit einer leuchtenden Lampe, die weithin scheint und denen in Deinem Volke, die Du großmütig begünstigst, aller Dinge Wirklichkeit enthüllt.
Wahrlich, Du bist der Mächtige, der Gewaltige, der Beschützer, der Starke, der Wohltäter! Wahrlich, Du bist der Herr allen Erbarmens.
20A26
Obgleich die Juden, als Christus vor zwanzig Jahrhunderten erschien, sehnlichst Sein Kommen erwarteten und jeden Tag unter Tränen beteten und flehten: »O Gott, beschleunige die Offenbarung des Messias«, verleugneten sie Ihn doch, als die Sonne der Wahrheit dämmerte, und erhoben sich gegen Ihn in größter Feindschaft. Schließlich kreuzigten sie diesen göttlichen Geist, das Wort Gottes, und nannten Ihn Beelzebub, den Bösen, wie es das Evangelium berichtet. Der Grund war, dass sie sagten: »Die Offenbarung Christi wird nach dem klaren Text der Thora durch gewisse Zeichen bezeugt werden, und solange diese Zeichen nicht erschienen sind, ist jeder ein Betrüger, der beansprucht, ein Messias zu sein. Eines dieser Zeichen ist, dass der Messias von einem unbekannten Ort kommen wird; wir alle aber kennen dieses Mannes Haus in Nazareth, und was kann von Nazareth Gutes kommen? Das zweite Zeichen ist, dass Er herrschen wird mit einem Stab aus Eisen, das heißt, dass Er mit dem Schwerte Taten verrichten wird. Dieser Messias aber hat nicht einmal einen hölzernen Stab. Eine andere Bedingung und ein anderes Zeichen sind: Er muss sitzen auf dem Throne Davids und Davids Herrschaft aufrichten. Nun aber hat dieser Mann, weit davon entfernt, auf einem Thron zu sitzen, nicht einmal eine Matte, auf der er sich niederlassen könnte. Eine andere Bedingung ist die Verkündigung aller Gesetze der Thora. Dieser Mann aber hat diese Gesetze abgeschafft und sogar den Sabbat gebrochen, obgleich der klare Text der Thora bestimmt, dass, wer den Anspruch erhebt, ein Prophet zu sein, und Wunder tut, aber den Sabbat bricht, getötet werden müsse. Ein anderes Zeichen ist, dass unter Seiner Regierung die Gerechtigkeit so fortgeschritten sein wird, dass rechter Sinn und rechte Tat sich von der menschlichen Welt sogar auf die Tierwelt ausbreiten. Schlange und Maus werden ein Loch miteinander teilen, Adler und Rebhuhn ein Nest. Löwe und Gazelle werden auf einer Wiese weiden, Wolf und Lamm werden trinken aus einem Quell. Nun haben aber zu seiner Zeit Ungerechtigkeit und Tyrannei so überhandgenommen, dass sie ihn gekreuzigt haben. Eine andere Bedingung ist, dass in den Tagen des Messias die Juden zu Wohlstand kommen und über alle Völker der Welt triumphieren werden. Heute aber leben sie in äußerster Erniedrigung und in der Knechtschaft des Römerreiches. Wie kann dieser Mann der in der Thora verheißene Messias sein?«
So verwarfen sie die Sonne der Wahrheit, obgleich dieser Geist Gottes wirklich der in der Thora Verheißene war. Weil sie aber die Bedeutung der Zeichen nicht verstanden, kreuzigten sie das Wort Gottes. Die Bahá’í sind der Ansicht, dass die überlieferten Zeichen in der Manifestation Christi verwirklicht sind, wenn auch nicht in dem Sinne, wie es die Juden verstanden; denn die Beschreibung in der Thora ist sinnbildlich aufzufassen. So ist zum Beispiel eines der Zeichen das der Herrschaft. Die Bahá’í sagen, dass die Herrschaft Christi eine himmlische, göttliche, ewige Herrschaft sei, nicht eine napoleonische, die nur kurze Zeit währt. Denn vor nahezu zwei Jahrtausenden wurde Christi Herrschaft errichtet und dauert noch an, und für alle Ewigkeit wird dieses heilige Wesen erhöht sein auf einem ewigen Throne.
Ebenso sind die anderen Zeichen alle offenbar geworden, aber die Juden verstanden sie nicht. Obgleich nahezu zwanzig Jahrhunderte verflossen sind, seit Christus in göttlichem Glanze erschien, erwarten die Juden noch immer das Kommen des Messias, dünken sich selbst im Recht und halten Christus für einen falschen Propheten.
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O du verehrter Würdenträger, du Sucher nach Wahrheit! Dein Brief vom 4. April 1921 wurde mit Liebe gelesen.
Dass es das Göttliche Wesen gibt, ist durch logische Beweise überzeugend begründet; aber die Wirklichkeit Gottes übersteigt die Fassungskraft des Verstandes. Wenn du darüber sorgsam nachdenkst, wirst du erkennen, dass eine niedrigere Stufe niemals die höhere erfassen kann. Dem Mineralreich, das niedriger ist, ist es beispielsweise versagt, das Pflanzenreich zu erfassen; dem Mineral wäre jedes derartige Verständnis ganz unmöglich. Ebenso erlangt das Pflanzenreich, wie weit es sich auch entwickeln mag, keine Vorstellung vom Tierreich, und jedes derartige Verständnis wäre auf seiner Stufe undenkbar; denn das Tier steht eine Stufe höher als die Pflanze: Dieser Baum hat keine Vorstellung von Hören und Sehen. Das Tierreich, wie weit es sich auch entwickeln mag, begreift niemals die Wirklichkeit des Verstandes, der das innere Wesen aller Dinge entdeckt und unsichtbare Wirklichkeiten erfasst; denn verglichen mit der des Tieres, ist die Stufe des Menschen sehr hoch. Auch wenn all diese Wesen in der bedingten Welt nebeneinander bestehen, verhindert die Verschiedenheit ihrer Stufen, dass sie das Ganze begreifen; denn keine niedrigere Stufe kann eine höhere verstehen. Solches Verständnis ist unmöglich.
Die höhere Stufe aber versteht die niedrigere. Das Tier erfasst zum Beispiel das Mineral und die Pflanze, der Mensch versteht die Stufen des Tieres, der Pflanze und des Minerals. Das Mineral indes kann keinesfalls die Reiche des Menschen verstehen. Und trotz der Tatsache, dass alle diese Wesenheiten in der Welt der Erscheinung nebeneinander bestehen, kann keine niedrigere Stufe jemals eine höhere erfassen.
Wie könnte es da einer bedingten Wirklichkeit – und das ist der Mensch – möglich sein, das präexistente Sein, das Göttliche dem Wesen nach zu verstehen? Der Stufenunterschied zwischen dem Menschen und der göttlichen Wirklichkeit ist abertausendmal größer als der Unterschied zwischen Pflanze und Tier. Und was der Mensch in seinem Geist heraufbeschwören kann, ist nur das ausgeschmückte Phantasiebild seiner menschlichen Beschaffenheit; es umfasst nicht Gottes Wirklichkeit, sondern wird von ihr umfasst. Das heißt, der Mensch begreift seine eigenen Einbildungen, aber die Wirklichkeit des Göttlichen kann niemals begriffen werden. Sie umfasst ihrerseits alles Erschaffene, und alles Erschaffene liegt in ihrer Hand. Das Göttliche, das sich der Mensch vorstellt, besteht nur in seiner Vorstellung, nicht in Wirklichkeit; der Mensch jedoch besteht sowohl in seiner Vorstellung als auch in Wahrheit. Folglich ist der Mensch größer als die eingebildete Wirklichkeit, die er sich vorstellen kann.
Dies sind die äußersten Grenzen für diesen tönernen Vogel: Er kann eine kurze Strecke in die endlose Weite flattern, aber er kann sich niemals hoch in die Himmel zur Sonne emporschwingen. Dennoch müssen wir vernünftige oder inspirierte Beweise für die Existenz des Göttlichen dartun, das heißt Beweise, die dem Verständnis des Menschen entsprechen.
Offensichtlich sind alle erschaffenen Dinge durch vollständige, vollkommene Verknüpfung miteinander verbunden, wie zum Beispiel die Glieder des menschlichen Körpers. Beachte, wie alle Glieder und Bestandteile des Leibes miteinander verbunden sind. Genauso sind alle Teile des endlosen Weltalls miteinander verknüpft. Fuß und Schritt beispielsweise sind mit dem Ohr und dem Auge verbunden. Das Auge muss vorwärts schauen, bevor der Schritt getan wird. Das Ohr muss hören, bevor das Auge genau hinschaut. Und jedes Glied des menschlichen Körpers, das nicht in Ordnung ist, schwächt die anderen Glieder. Das Gehirn ist mit Herz und Magen verbunden, die Lungen mit allen Gliedern. So ist es auch mit den anderen Gliedern des Leibes.
Jedes dieser Glieder hat seine eigene, besondere Aufgabe. Die Kraft des Geistes – einerlei, ob wir sie präexistent oder abhängig nennen – regelt und steuert alle Glieder des Körpers und achtet darauf, dass jedes Teil, jedes Glied seine ihm eigene besondere Aufgabe ordnungsgemäß verrichtet. Wird die Kraft des Geistes jedoch irgendwie unterbrochen, so sind die Glieder nicht mehr in der Lage, ihre eigentlichen Aufgaben auszuführen. Im Körper und im Zusammenwirken seiner Glieder treten Störungen auf; seine Kraft erweist sich als wirkungslos.
Genauso ist das endlose Weltall zu sehen: Auch dort herrscht unausweichlich eine allumfassende Kraft, die alle Teile dieser unendlichen Schöpfung regelt und steuert. Gäbe es diesen Regler und Steuerer nicht, wäre das Weltall voller Mängel und Fehler. Es wäre irrsinnig, während ihr doch erkennt, dass die unendliche Schöpfung ihre Abläufe in vollkommener Ordnung abwickelt, dass jedes Einzelteil seine Aufgaben ganz zuverlässig ausführt. Kein Fehler lässt sich in dem gesamten Ablauf finden. Deshalb ist klar, dass eine allumfassende Kraft herrscht, die dieses unendliche Weltall regelt und steuert. Jeder vernünftige Geist kann diese Tatsache begreifen.
Alle erschaffenen Dinge wachsen und entwickeln sich, sind aber äußeren Einwirkungen ausgesetzt. So gibt die Sonne beispielsweise Wärme, der Regen nährt, der Wind bringt Leben, damit der Mensch sich entwickeln und wachsen kann. Es ist klar, dass der menschliche Körper unter äußeren Einwirkungen steht und ohne solche Einwirkungen nicht wachsen könnte. Und genauso sind jene äußeren Einwirkungen ihrerseits anderen Einwirkungen ausgesetzt. Beispielsweise ist das Wachstum und die Entwicklung eines Menschen von Wasser abhängig; das Wasser kommt vom Regen, der Regen kommt von den Wolken, die Wolken von der Sonne, die Land und Meer Dampf hervorbringen lässt, der sich zu Wolken verdichtet. So übt jede dieser Wesenheiten ihren Einfluss aus und wird ihrerseits beeinflusst. Dieser Prozess führt unausweichlich zu Einem, der alles beeinflusst, selbst aber durch nichts beeinflusst wird und so die Kette durchtrennt. Die innere Wirklichkeit dieses Wesens jedoch ist unbekannt, obwohl Seine Wirkungen klar und augenscheinlich sind.
Weiter sind alle erschaffenen Wesen begrenzt, und gerade diese Begrenzung alles Erschaffenen beweist die Wirklichkeit des Unbegrenzten; denn das Dasein eines begrenzten Wesens zeigt das Dasein eines Unbegrenzten.
Zusammenfassend sei gesagt: Es gibt viele Beweise, die das Dasein der allumfassenden Wirklichkeit begründen. Da diese Wirklichkeit präexistent ist, wird sie von den Verhältnissen der Erscheinungen nicht berührt; denn jede von Umständen und vom Zusammenspiel der Ereignisse abhängige Wesenheit, ist kontingent und nicht präexistent. Deshalb wisse: Die Gottheit, die andere Gemeinschaften und Völker heraufbeschworen haben, bleibt im Rahmen ihres Vorstellungsvermögens und geht nicht darüber hinaus; die Wirklichkeit der Gottheit aber ist jenseits aller Vorstellung.
Was die heiligen Manifestationen Gottes betrifft, so sind sie die Brennpunkte, worin die Zeichen, Beweise und Vollkommenheiten jener heiligen, präexistenten Wirklichkeit in vollem Glanz erscheinen. Sie sind immerwährende Gnade, himmlische Herrlichkeit; von ihnen hängt das ewige Leben der Menschheit ab. Zur Veranschaulichung: Die Sonne der Wahrheit wohnt in einem Himmel, zu dem keine Seele Zugang hat und den kein Geist erreichen kann, und Er ist weit über dem Begriffsvermögen aller Kreaturen. Die Manifestationen Gottes sind wie ein reiner, fleckenloser Spiegel, der die Lichtströme jener Sonne bündelt und dann diese Herrlichkeit auf die übrige Schöpfung ausstrahlt. In diesem reinen Spiegel ist die Sonne mit ihrer ganzen Majestät offenbar. Sollte deshalb die Sonne im Spiegel verkünden »Ich bin die Sonne!« so ist das die Wahrheit; und sollte sie rufen »Ich bin nicht die Sonne!« so ist das gleichfalls die Wahrheit. Und obgleich die Sonne mit all ihrer Herrlichkeit, Schönheit und Vollkommenheit in jenem fleckenlosen Spiegel klar zu sehen ist, ist sie doch von ihrer erhabenen Stufe in den Reichen der Höhe nicht herabgestiegen. Sie ist nicht in den Spiegel eingetreten, sondern sie wird weiterhin bis in alle Ewigkeit in den erhabenen Höhen ihrer Heiligkeit wohnen.
Auch bedürfen alle irdischen Geschöpfe der Sonne und ihrer Wohltaten, denn ihr ganzes Sein ist von der Sonne Licht und Wärme abhängig. Würde ihnen die Sonne entzogen, so wären sie ausgelöscht. Das ist das ›bei Gott sein‹, das die Heiligen Bücher meinen: Der Mensch muss bei seinem Herrn sein.
Daher ist klar, dass die wesenhafte Wirklichkeit Gottes in Seinen Vollkommenheiten offenbar wird; die mit ihren Vollkommenheiten im Spiegel widergespiegelte Sonne ist eine sichtbare Wesenheit, die Gottes Güte klar zum Ausdruck bringt.
Ich hoffe, dass du dir ein scharfes Auge, ein vernehmendes Ohr erwirbst und dass die Schleier vor deinem Auge entfernt werden.
22
O du, der du dein Angesicht Gott zuwendest! Schließe deine Augen für alles andere und öffne sie dem Reiche des Allherrlichen. Nur von Ihm erbitte, was immer du wünschst, nur bei Ihm suche, was immer du suchst. Mit einem Blick erhört Er hunderttausend Hoffnungen, mit einem Lichtstrahl heilt Er hunderttausend unheilbare Krankheiten, mit einem Nicken legt Er Balsam auf jede Wunde, mit einem Augenaufschlag befreit Er die Herzen aus den Ketten des Leids. Er tut, was Er tut, und welche Zuflucht bleibt uns? Er vollzieht Seinen Willen. Er verordnet, was Ihm beliebt. So ist es besser für dich, dein Haupt in Ergebenheit zu beugen und dein Vertrauen in den allbarmherzigen Herrn zu setzen.
23
O du, der du nach Wahrheit suchst! Dein Brief vom 13. Dezember 1920 ist angekommen.
Seit den Tagen Adams bis heute wurden die Religionen Gottes offenbart; eine folgte der andern, und jede erfüllte ihre Aufgabe, belebte die Menschheit, gab ihr Erziehung und Erleuchtung. Sie erlösten das Volk aus dem Dunkel der stofflichen Welt und führten es in den Glanz des Gottesreiches. Jeder nachfolgende Glaube, jedes neu offenbarte Gesetz blieb jahrhundertelang ein überaus fruchtbarer Baum, dem das Glück der Menschheit anvertraut war. Aber im Laufe der Jahrhunderte alterte er, blühte nicht mehr und brachte keine Frucht mehr hervor. Deshalb wurde er wieder verjüngt.
Gottes Religion ist eine einzige Religion, aber sie muss immer wieder erneuert werden. Moses zum Beispiel wurde zu den Menschen gesandt; Er gab ein Gesetz, und durch dieses Mosaische Gesetz wurden die Kinder Israels aus ihrer Unwissenheit befreit und ins Licht geführt. Sie wurden aus ihrem Elend emporgehoben und erlangten unvergängliche Herrlichkeit. Und doch, als die langen Jahre vergingen, verblasste dieser Glanz, die Pracht verschwand, der helle Tag wurde zur Nacht, und als die Nacht stockdunkel war, ging der Stern des Messias auf, so dass wieder eine Herrlichkeit über der Welt leuchtete.
Was wir sagen wollen, ist folgendes: Es gibt nur eine Religion Gottes. Sie ist die Erzieherin der Menschheit, aber sie muss erneuert werden. Wenn du einen Baum pflanzt, wächst er Tag für Tag. Er blüht, bekommt Blätter und saftige Früchte. Nach langer Zeit aber wird er alt und trägt keine Frucht mehr. Dann nimmt der Gärtner der Wahrheit Samen von ebendiesem Baum und legt ihn in unverbrauchte Erde. Und siehe! Bald steht da der erste Baum, genauso wie er vordem war.
Bedenke sorgfältig, dass in dieser Welt des Seins alle Dinge immer wieder erneuert werden müssen. Schau dich um in der stofflichen Welt, sieh, wie sie jetzt erneuert wird. Die Gedankenwelt verändert sich, die Lebensweise wandelt sich, Wissenschaften und Künste zeigen neue Kraft, Entdeckungen und Erfindungen werden gemacht, neue Erkenntnisse gewonnen. Wie könnte da eine so lebensnotwendige Kraft wie die Religion – die Garantin für die großen Fortschritte der Menschheit, das Mittel zur Erlangung ewigen Lebens, die Hebamme unbegrenzter Vollkommenheit, das Licht beider Welten – nicht erneuert werden? Das wäre mit der Gnade und Barmherzigkeit des Herrn unvereinbar.
Religion ist im Übrigen keine Ansammlung von Glaubenssätzen oder Bräuchen; Religion ist die Lehre Gottes, des Herrn, eine Lehre, die das Leben der Menschheit begründet, dem Verstand erhabene Gedanken eingibt, den Charakter veredelt und den Grundstock legt für des Menschen ewige Ehre.
Denke darüber nach: Können diese Fieberschauer in der Welt der Gedanken, diese Feuerstürme des Krieges und des Hasses, der Empörung und Bosheit unter den Nationen, diese gegenseitigen Angriffe der Völker, welche die Ruhe der ganzen Welt zerstören, jemals mit einem anderen Mittel beseitigt werden als mit den Lebenswassern der Lehren Gottes? Nein, niemals!
Und das ist klar: Eine Kraft, hoch über den Naturkräften, muss notwendigerweise wirksam werden, damit dieses schwarze Dunkel in Licht, dieser Hass und diese Bosheit, dieser Neid und Groll, diese endlosen Kämpfe und Kriege in Freundschaft und Liebe unter den Völkern der Erde verwandelt werden. Solche Kraft ist nichts anderes als der Odem des Heiligen Geistes und der mächtige Zustrom von Gottes Wort.
24
O du geistiger Jüngling! Preise Gott, dass du den Weg zum Reich des Strahlenglanzes gefunden, den Schleier leeren Wahns zerrissen und den Kern des verborgenen Geheimnisses erkannt hast.
Das ganze Erdenvolk hat sich im Reich des Verstandes einen eigenen Gott ausgemalt, und dieses selbstgemachte Bildnis beten sie an. Aber dieses Bildnis wird begriffen; der menschliche Verstand begreift es, und gewiss ist das Begreifende größer als das, was in seinem Begriffsvermögen liegt; denn das Vorstellungsvermögen ist nur der Ast, der Verstand aber die Wurzel, und die Wurzel ist wahrlich bedeutender als der Ast. Bedenke, wie alle Völker der Welt das Knie beugen vor einem Trugbild, das sie selbst ersonnen haben, wie sie in ihrem eigenen Verstand einen Schöpfer geschaffen haben, den sie Gestalter alles Seienden nennen; in Wahrheit ist er bloße Einbildung. So beten die Menschen nur eine irrige Wahrnehmung an.
Aber jenes Wesen aller Wesen, jener Unsichtbarste aller Unsichtbaren ist geheiligt über alle menschliche Spekulation und kann niemals vom Verstand des Menschen erreicht werden. Niemals wird diese urewige Wirklichkeit in der Sphäre eines abhängigen Wesens wohnen. Sein ist ein anderes Reich, und dieses Reich kann keiner begreifen. Keinen Zugang gibt es; jeglicher Eintritt ist verboten. Als Äußerstes kann man sagen, dass Seine Existenz beweisbar ist, aber die Bedingungen Seines Daseins sind unbekannt.
Dass es ein solches Wesen gibt, haben die Philosophen und Gelehrten allesamt erkannt; aber wenn sie versuchten, etwas über Sein Wesen zu erfahren, wurden sie bestürzt und entmutigt, um schließlich hoffnungslos verzweifelt ihrer Wege zu gehen und aus diesem Leben zu scheiden. Denn um den Zustand und das innere Mysterium dieses Wesens aller Wesen, dieses geheimsten aller Geheimnisse zu begreifen, muss man andere Kräfte und Fähigkeiten besitzen. Solche Kräfte und Fähigkeiten wären mehr, als das Menschengeschlecht tragen könnte. Deshalb kann kein Wort von Ihm zu den Menschen gelangen.
Wenn beispielsweise jemandem die Sinne des Gehörs, Geschmacks, Geruchs und Gefühls verliehen sind, ihm aber das Augenlicht fehlt, wird es ihm nicht möglich sein umherzublicken. Denn man kann nicht sehen, indem man hört oder schmeckt, riecht oder tastet. So ist es auch dem Menschen mit seinen Fähigkeiten unmöglich, die unsichtbare Wirklichkeit zu begreifen, die heilig und erhaben ist über alle Zweifel der Skeptiker. Dafür sind andere Fähigkeiten, andere Sinne vonnöten. Wenn der Mensch solche Kräfte erlangt, kann er von jener Welt Kenntnisse erhalten, andernfalls nie.
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O du Dienerin Gottes! Die östliche Geschichtsschreibung berichtet, dass Sokrates Palästina und Syrien bereiste und sich dort von gotteskundigen Männern bestimmte geistige Wahrheiten aneignete; nach Griechenland zurückgekehrt, verkündete er zwei Glaubenswahrheiten: zum einen die Einheit Gottes, zum anderen die Unsterblichkeit der Seele nach ihrer Trennung vom Leibe. Wie weiter berichtet wird, waren diese Vorstellungen den Griechen und ihrer Gedankenwelt so fremd, dass große Verwirrung entstand, bis sie ihm schließlich Gift gaben und ihn töteten.
Das ist authentisch; denn die Griechen glaubten an viele Götter. Sokrates wies nach, dass Gott einzig ist, und das stand offensichtlich in Widerspruch zu griechischen Glaubenslehren.
Der Begründer des Monotheismus war Abraham. Bis zu Ihm kann diese Vorstellung zurückverfolgt werden, und der Glaube daran herrschte unter den Kindern Israels auch in den Tagen des Sokrates.
Diese Ausführungen finden sich jedoch nicht in den jüdischen Geschichtsquellen; es gibt viele Tatsachen, die die jüdische Geschichte nicht wiedergibt. Nicht alle Ereignisse aus dem Leben Christi sind in der Chronik des Juden JosephusA27 dargestellt, obwohl er die Geschichte der Zeit Christi niederschrieb. Deshalb kann man es aber nicht ablehnen, die Ereignisse in den Tagen Christi für wahr zu halten, mit der Begründung, dass sie in der Darstellung des Josephus nicht erwähnt werden.
Östliche Geschichtswerke führen auch aus, dass Hippokrates lange Zeit in Tyrus, einer Stadt in Syrien, weilte.
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O du, der du das Himmelreich suchst! Dein Brief ist angekommen, sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen.
Die heiligen Manifestationen Gottes nehmen zwei Stufen ein: Die eine ist ihre leibliche Stufe, die andere ihre geistige. Mit anderen Worten, eine Stufe ist die eines menschlichen Wesens, die andere die der göttlichen Wirklichkeit. Wenn die Manifestationen Prüfungen unterworfen sind, betrifft das nur ihre menschliche Stufe, nicht den Glanz ihrer göttlichen Wirklichkeit.
Auch handelt es sich nur aus dem Blickwinkel der Menschen um Prüfungen. Das heißt, dem äußeren Anschein nach ist das Menschliche der heiligen Manifestation Prüfungen ausgesetzt, und wenn dadurch ihre Stärke und Ausdauer in aller Kraftfülle offenbar werden, ziehen andere Menschen daraus Lehren; es wird ihnen bewusst, wie groß ihre eigene Standfestigkeit und ihre Geduld in Prüfungen und Drangsalen sein müssen. Denn der göttliche Erzieher muss durch Wort und Tat lehren, um allen den geraden Pfad der Wahrheit vor Augen zu führen.
Was meine Stufe betrifft, ist es die des Dieners Bahás: ‘Abdu’l-Bahá, der sichtbare Ausdruck der Dienstbarkeit an der Schwelle der Schönheit Abhá.
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In den vergangenen Zyklen hatte jede Manifestation Gottes in der Welt des Daseins ihren eigenen Rang; jede vertrat eine Stufe der Menschheitsentwicklung. Die Manifestation des Größten Namens jedoch – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – war Ausdruck für das Mündigwerden, die Reife der innersten Wirklichkeit des Menschen in dieser Welt des Seins, ist doch die Sonne Quell und Ursprung von Licht und Wärme, Brennpunkt des Strahlenglanzes, umfasst sie doch alle Vollkommenheiten der anderen über der Welt aufgegangenen Sterne. Bemühe dich, deinen Platz unter der Sonne einzunehmen und reichen Anteil an ihrem blendenden Lichte zu empfangen. Wahrlich, ich sage dir: Hast du diese Stufe erreicht, so wirst du die Heiligen schauen, wie sie ihr Haupt voll Demut vor Ihm beugen. Eile zum Leben, bevor der Tod kommt, eile dem Frühling entgegen, bevor der Herbst einzieht, und bevor die Krankheit zuschlägt, eile du zur Heilkunst – auf dass du ein Arzt des Geistes werdest, der in diesem gepriesenen, diesem herrlichen Zeitalter alle Arten von Krankheiten mit dem Odem des Heiligen Geistes heilt.
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O du Blatt am Baume des Lebens! Der in der Bibel erwähnte Baum des Lebens ist Bahá’u’lláh, und die Töchter des Königreiches sind die Blätter an diesem gesegneten Baum. Darum danke Gott, dass du mit diesem Baum verbunden bist und zart und frisch heranwächst.
Weit stehen die Tore des Königreiches offen; jede begnadete Seele sitzt an der Festtafel des Herrn und empfängt ihren Anteil an dem himmlischen Festmahl. Gelobt sei Gott, auch du bist an dieser Tafel zugegen und nimmst deinen Anteil von der gnadenreichen Speise des Himmels. Du dienst dem Reiche Gottes und bist wohl vertraut mit den süßen Düften des Paradieses Abhá.
So strebe denn mit aller Kraft danach, die Menschen zu führen, und iss vom Brot, das vom Himmel herabkam. Denn dies ist die Bedeutung der Worte Christi: »Ich bin das lebendige Brot, welches herabkam vom Himmel…; wer von diesem Brote isst, wird ewig leben.«Q14
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O du, den die Wahrheit fesselt und das Himmelreich wie ein Magnet anzieht! Dein langer Brief kam an und brachte große Freude, weil er deine eifrigen Bemühungen und hohen Absichten klar zum Ausdruck bringt. Preis sei Gott, du wünschst den Menschen Gutes, verlangst nach dem Reiche Bahás und sehnst dich, das Menschengeschlecht vorwärtsdrängen zu sehen. Ich hoffe, du wirst durch diese hohen Ideale, diese edlen Regungen des Herzens und diese frohen Botschaften des Himmels so hell erstrahlen, dass deine Liebe zu Gott durch alle Zeitalter hindurch das Licht ihrer Herrlichkeit verströmen wird.
Du hast dich als Schüler in der Schule geistigen Fortschritts bezeichnet. Wie glücklich bist du! Wenn diese Schulen des Fortschritts zur Universität des Himmels hinführen, dann werden Wissenszweige entwickelt, die der Menschheit die Tafel des Seins als eine sich endlos entfaltende Schriftrolle enthüllen werden. Und alle erschaffenen Dinge werden auf dieser Rolle als Buchstaben und Wörter erscheinen. Dann werden die verschiedenen Ebenen der Bedeutung erlernt; in jedem Atom des Weltalls werden die Zeichen der Einheit Gottes bezeugt. Dann wird der Mensch den Herrn des Königreiches rufen hören und erfahren, wie die Bestätigungen des Heiligen Geistes ihm zu Hilfe eilen. Dann wird er solche Seligkeit fühlen, solches Entzücken, dass ihn die große, weite Welt nicht länger fassen kann; er wird sich vielmehr aufmachen in das Reich Gottes und zu den Gefilden des Geistes eilen. Denn wenn einem Vogel die Flügel gewachsen sind, bleibt er nicht länger auf dem Boden sitzen, sondern schwingt sich auf in den hohen Himmel – ausgenommen die Vögel, die am Bein festgebunden sind, deren Flügel gebrochen oder mit Schlamm besudelt sind.
O du Wahrheitssucher! Die Welt des Königreiches ist nur eine Welt. Der einzige Unterschied ist, dass der Frühling immer wiederkehrt und bei allem Erschaffenen eine große neue Erregung bewirkt. Dann beleben sich Ebenen und Hügel, die Bäume grünen zart, Blätter, Blüten und Früchte kommen in ihrer Schönheit zum Vorschein, in unendlicher Fülle und Feinheit. So sind die Sendungen vergangener Zeitalter eng verbunden mit denen, die ihnen folgen: Sie sind in der Tat ein und dieselbe. Aber wie die Welt wächst, so wächst auch das Licht und der Regenguss himmlischer Gnade; und dann scheint die Sonne im mittäglichen Glanz.
O du Sucher nach dem Königreich! Jede göttliche Manifestation ist das Leben der Welt, der erfahrene Arzt jeder leidenden Seele. Die Menschenwelt ist krank, der tüchtige Arzt kennt das Heilmittel. Er erscheint mit Ratschlägen, Lehren und Ermahnungen – Arznei für jedes Leiden, heilender Balsam für jede Wunde. Gewiss kann der weise Arzt die Nöte seines Patienten zu jeder Jahreszeit erkennen und das Heilverfahren anwenden. Deshalb setze die Lehren der Schönheit Abhá in Beziehung zu den dringenden Bedürfnissen des heutigen Tages. Du wirst sehen, sie bieten das sofort wirkende Heilmittel für den leidenden Körper der Welt. Sie sind wahrlich das Elixier, das ewiges Heil bringt.
Die weisen Ärzte der Vergangenheit und diejenigen, die ihnen folgten, haben nicht ein und dieselbe Behandlung verordnet. Die Behandlung hängt vielmehr davon ab, was dem Patienten fehlt. Mag auch das Heilmittel anders sein, ist doch das Ziel immer, den Patienten wieder gesunden zu lassen. In den vorangegangenen Sendungen konnte der schwache Körper der Welt keine strenge, gewaltige Kur ertragen. Aus diesem Grund sagte Christus: »Ich habe euch noch viel zu sagen, was gesagt werden muss; aber ihr könnt es jetzt noch nicht tragen. Wenn aber jener Geist der Wahrheit kommt, den der Vater senden wird, der wird euch in alle Wahrheit leiten.«Q15
Deshalb sind in diesem Zeitalter des Strahlenglanzes die Lehren, die früher nur den wenigen galten, allen zugänglich gemacht, damit die Gnade des Herrn Osten und Westen umfange, die Einheit der Menschenwelt in ihrer ganzen Schönheit aufleuchte und die hellen Strahlen der Wirklichkeit das Reich des Verstandes mit Licht überfluten.
Die Herabkunft des Neuen Jerusalem bezeichnet ein himmlisches Gesetz, das Gesetz, das die Gewähr für menschliches Glück bietet und aus der Welt Gottes hervorleuchtet.
EmmanuelA28 war tatsächlich der Vorläufer des zweiten Kommens Christi, ein Rufer zum Pfade des Königreiches. Es ist offenkundig, dass der Buchstabe ein Teil des Wortes ist, und dieser Anteil am Wort bedeutet, dass der Buchstabe in seinem Wert vom Worte abhängt. Das heißt, er bezieht seine Gnade vom Wort; er hat eine geistige Verwandtschaft mit dem Wort und ist als wesentlicher Teil des Wortes anzusehen. Die Apostel waren wie Buchstaben, Christus war das Wesen des Wortes. Die Bedeutung des Wortes, nämlich ewige Gnade, wirft einen Glanz auf jene Buchstaben. Noch einmal: Weil der Buchstabe Teil des Wortes ist, steht er in seiner inneren Bedeutung in Einklang mit dem Wort.
Wir hoffen, dass du dich an diesem Tage erheben wirst, um das voranzutragen, was Emmanuel vorhersagte. Wisse mit Sicherheit, dass du damit Erfolg haben wirst, denn die Bestätigungen des Heiligen Geistes steigen ständig hernieder, und die Kraft des Wortes übt solchen Einfluss aus, dass der Buchstabe zum Spiegel wird, der die herrliche Sonne – das Wort selbst – widerspiegelt, und die Gnade und Herrlichkeit des Wortes werden die ganze Erde erleuchten.
Das himmlische Jerusalem aber, das herabkam auf die Gipfel der Welt, und Gottes Allerheiligstes, dessen Banner jetzt hoch in den Lüften schwebt, umfassen alle Vollkommenheiten, alle Erkenntnis der vorangegangenen Sendungen. Darüber hinaus verkündet es die Einheit der Menschenkinder. Es ist das Banner des Weltfriedens, der Geist ewigen Lebens; es ist die Herrlichkeit der Vollkommenheiten Gottes, die umfassende Gnade für alles Sein, der alles Erschaffene zierende Schmuck, der Quell innerer Ruhe für die ganze Menschheit.
Richte deine Aufmerksamkeit auf die heiligen Sendschreiben. Lies Ishráqát, Tajallíyát, die Worte des Paradieses, die Frohen Botschaften, Ṭarázát, das Heiligste Buch. Dann wirst du sehen, dass diese himmlischen Lehren heutzutage das Heilmittel für eine kranke, leidende Welt, heilender Balsam für die Wunden am Körper der Menschheit sind. Sie sind der Geist des Lebens, die Arche der Erlösung, der Magnet, der ewige Herrlichkeit anzieht, die bewegende Kraft des Ansporns für des Menschen innerstes Wesen.
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Das Sein ist von zweierlei Art: Die eine ist das Sein Gottes; es übersteigt des Menschen Verständnis. Ihm, dem Unsichtbaren, Erhabenen, Unfassbaren, geht keine Ursache voraus. Er ist selbst Urheber der Ursache aller Ursachen. Er, der Urewige, hatte keinen Anfang und ist der All-Unabhängige. Die zweite Art des Seins ist das menschliche Sein. Es ist gewöhnliches Sein, dem menschlichen Verstand begreifbar. Es ist nicht urewig, es ist abhängig und hat eine Ursache. Die sterbliche Substanz wird nicht ewig und umgekehrt. Das Menschengeschlecht wird nicht Schöpfer und umgekehrt. Die Wandlung der angeborenen Substanz ist unmöglich.
In der Welt des Seins – der begreiflichen Welt – gibt es Stufen der Vergänglichkeit: die erste Stufe ist die Mineralwelt, die nächste die Pflanzenwelt. Darin ist das Mineral vorhanden, aber in einer besonderen, den Pflanzen eigenen Art. So ist es auch in der Tierwelt: Die Eigenschaften des Minerals und der Pflanze sind darin vorhanden und darüber hinaus die besonderen Eigenschaften der Tierwelt, die Fähigkeiten des Hörens und des Sehens. In der Menschenwelt sind die Eigenschaften der Mineral-, Pflanzen- und Tierwelt zu finden und darüber hinaus die der menschlichen Gattung, nämlich die Eigenschaft des Verstandes, der die Wirklichkeiten der Dinge entdeckt und allgemeingültige Prinzipien erfasst.
Der Mensch ist deshalb auf der Ebene der bedingten Welt das vollkommenste Wesen. ›Mensch‹ bedeutet hier das vollkommene Individuum: Es ist wie ein Spiegel, der die göttlichen Vollkommenheiten offenbart und widerspiegelt. Zwar steigt die Sonne von den Höhen ihrer Heiligkeit nicht herab, um in den Spiegel einzutreten. Ist aber der Spiegel gereinigt und der Sonne der Wahrheit zugewandt, so reflektieren und offenbaren sich in diesem Spiegel die Vollkommenheiten der Sonne, Licht und Wärme. Solche Seelen sind die Manifestationen Gottes.
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O du geliebter, weiser Freund! Dein Brief vom 27. Mai 1906 ist angekommen. Sein Inhalt hat sehr gefallen und große Freude gebracht.
Du fragst, ob diese Sache, diese neue, lebensprühende Sache, an die Stelle der toten religiösen Riten und Zeremonien Englands treten könne, ob diese neue Sache jetzt, da vielerlei Gruppen auftreten, zu denen hochstehende Geistliche und Theologen zählen, die weit befähigter sind als in der Vergangenheit, die Mitglieder solcher Gruppen derart beeindrucken könne, dass sie und alle anderen sich in ihrem allbeschützenden Schatten vereinen.
O du lieber Freund! Wisse, dass Er, die überragende Persönlichkeit, zu allen Zeiten mit den Vollkommenheiten Seines jeweiligen Zeitalters begabt ist. Er stand in vergangenen Zeiten über Seinen Mitmenschen und besaß Gaben entsprechend den Tugenden Seiner Zeit. Aber in diesem Zeitalter des Strahlenglanzes, in dieser Ära Gottes, wird die überragende Persönlichkeit, das leuchtende Gestirn, der Auserwählte, mit solchen Vollkommenheiten und solcher Kraft strahlen, dass der Geist jeder Gemeinschaft und Gruppe am Ende geblendet ist. Und weil Er an geistigen Vollkommenheiten und himmlischen Errungenschaften allen anderen überlegen ist, weil Er fürwahr der Brennpunkt göttlicher Segnungen, die Achse des Lichtkreises ist, wird Er alle anderen umfassen. Ohne jeden Zweifel wird Er mit solcher Macht aufleuchten, dass Er alle Seelen in Seinem schützenden Schatten versammeln wird.
Wenn du dies alles sorgfältig bedenkst, stellst du fest, dass hier ein allumfassendes Gesetz waltet, das man in allen Dingen vorfindet: Das Ganze zieht den Teil an, und in einem Kreis dreht sich alles um die Achse. Denke über den GeistA29 nach: Weil Er der Brennpunkt geistiger Kraft war, der Quell geistiger Gnadengaben, gelang es Ihm, unter dem schützenden Tabernakel des Christentums alle widerstreitenden Sekten zu vereinen, obgleich Er am Anfang nur ein paar Seelen um sich scharte. Das geschah durch die Ihm gegebene allunterwerfende Kraft. Vergleiche Gegenwart und Vergangenheit und beachte den großen Unterschied; so kannst du Wahrheit und Gewissheit erlangen.
Die Unterschiede zwischen den Religionen der Welt sind auf die unterschiedlichen Geisteshaltungen zurückzuführen. Solange sich die Geisteskräfte unterscheiden, werden mit Sicherheit auch die Urteile und Meinungen der Menschen auseinandergehen. Wird aber eine einzige, allumfassende Wahrnehmungskraft eingebracht, eine Kraft, die alles andere einschließt, so werden diese unterschiedlichen Meinungen verschmelzen; geistige Harmonie und Einheit werden sichtbar werden. Als beispielsweise Christus offenbart wurde, standen die verschiedenen Völker der damaligen Zeit – Römer, Griechen, Syrer, Israeliten und andere – mit ihren Ansichten und Gefühlsregungen im Widerspruch zueinander. Sobald jedoch Seine allumfassende Kraft zum Tragen kam, gelang es ihr im Laufe von dreihundert Jahren allmählich, alle diese auseinanderstrebenden Geister unter dem Schutz und der Herrschaft eines Sammelpunktes zusammenzuführen, und alle hegten die gleichen geistigen Gefühle im Herzen.
Um mit einem Gleichnis zu sprechen: Wenn eine Armee verschiedenen Befehlshabern unterstellt wird, von denen jeder seinen eigenen Kriegsplan verfolgt, werden diese Befehlshaber sicherlich mit ihren Gefechtslinien und Truppenbewegungen voneinander abweichen. Sobald aber der oberste Heerführer, der die Kriegskunst gründlich beherrscht, die Führung übernimmt, werden die anderen Pläne verschwinden, denn der besonders befähigte Feldmarschall wird die gesamte Armee unter seine Kontrolle bringen. Das soll nur ein Gleichnis sein, kein genaues Abbild. Wolltest du nun sagen, alle anderen Generäle seien in der Kriegskunst ebenfalls bewandert, erprobt und erfahren, und würden sich deshalb nicht der Befehlsgewalt eines einzelnen unterstellen, wie unbeschreiblich groß er auch sei, so ist deine Behauptung unhaltbar; denn was oben geschildert ist, wird genauso geschehen, daran gibt es keinen Zweifel.
So verhält es sich auch mit den heiligen Manifestationen Gottes, im Besonderen mit der göttlichen Wirklichkeit des Größten Namens, der Schönheit Abhá. Ist Er erst einmal vor den versammelten Völkern der Welt offenbar, erscheint Er mit solcher Schönheit, solchem Zauber, so anziehend wie ein Josef im Ägypten des Geistes, dann schlägt Er alle Liebenden auf Erden in Seinen Bann.
Wenn Seelen als vergeistigte, strahlende Wesen in dieses Leben geboren werden, dann aber durch Belastungen und Versuchungen wahrhafter Vorzüge verlustig gehen und schließlich die Welt verlassen, ohne ihr Leben ausgeschöpft zu haben, so ist dies wahrlich ein Grund, traurig zu sein. Die allumfassenden Manifestationen Gottes enthüllen dem Menschen ihr Antlitz, nehmen jedes Elend, jede Heimsuchung auf sich und bringen ihr Leben zum Opfer, damit gerade diese vorbereiteten, aufnahmefähigen Menschen zu Aufgangsorten des Lichtes werden und das unvergängliche Leben erlangen. Das ist das wahre Opfer: sich selbst hinzugeben, wie es Christus tat, als ein Lösegeld für das Leben der Welt.
Der Einfluss heiliger Wesen und die Fortdauer ihrer Gnade für die Menschheit, nachdem sie die menschliche Hülle abgelegt haben, ist für die Bahá’í eine unumstößliche Tatsache, erscheinen doch die überflutenden Gnadengaben, die strömenden Segnungen der heiligen Manifestationen erst nach ihrem Aufstieg aus dieser Welt. Die Erhöhung des Wortes, die Enthüllung der Macht Gottes, die Bekehrung gottesfürchtiger Seelen, die Verleihung ewigen Lebens – all dies wuchs verstärkt nach dem Martyrium des Messias. So mehrten sich auch nach dem Hinscheiden der Gesegneten Schönheit die Gnadengaben, das Licht breitete sich noch strahlender aus, die Zeichen des Herrn und Seiner Macht wurden noch kraftvoller, der Einfluss des Wortes ist viel stärker, und es währt nicht mehr lange, bis die Sonne Seiner Wirklichkeit die ganze Erde mit ihrem Antrieb, ihrer Glut, ihrem Glanz und Segen umfassen wird.
Sei nicht traurig über den langsamen Fortschritt der Bahá’í-Sache dortzulande. Heute ist erst die frühe Morgendämmerung. Bedenke, wie in der Sache Christi dreihundert Jahre vergehen mussten, ehe ihr großer Einfluss offenkundig wurde. Heute, knapp sechzig Jahre nach seiner Geburt, ist das Licht dieses Glaubens bereits über den Planeten verbreitet.
Wenn die Gesundheitsorganisation, deren Mitglied du bist, unter den Schutz dieses Glaubens kommt, wird ihr Einfluss hundertfach zunehmen.
Du siehst, dass die Liebe unter den Bahá’í sehr groß ist, und diese Liebe ist die Hauptsache. Wie die Kraft der Liebe unter den Bahá’í in so hohem Maß entwickelt wurde und viel stärker ist als unter den Angehörigen anderer Religionen, so ist es mit allem anderen; denn die Liebe ist die Grundlage aller Dinge.
Was die Übersetzung der Bücher und Sendbriefe der Gesegneten Schönheit angeht, werden sie bald in jede Sprache mit Kraft, Klarheit und Anmut übersetzt werden. Sobald sie den Originalen entsprechend übersetzt sind, mit ihrer ganzen Kraft und der Anmut ihres Stils, wird der Strahlenglanz ihrer inneren Bedeutungen sich allenthalben verbreiten und die Augen der ganzen Menschheit erleuchten. Gib dein Bestes, um sicherzustellen, dass die Übersetzung dem Original entspricht.
Die Gesegnete Schönheit begab sich zu vielen Gelegenheiten nach Haifa. Du hast Ihn dort gesehen, aber du hast Ihn damals noch nicht erkannt. Ich hoffe, du erreichst die wahre Begegnung mit Ihm. Das bedeutet, Ihn mit dem inneren, nicht mit dem äußeren Auge zu sehen.
Das Wesen der Lehre Bahá’u’lláhs ist allumfassende Liebe; denn die Liebe begreift jede Vortrefflichkeit des Menschengeschlechtes in sich. Sie bewirkt, dass jede Seele voranschreitet. Sie schenkt jedem Menschen als Erbgut das ewige Leben. Bald wirst du Zeuge sein, dass Seine himmlischen Lehren, die Wahrheit in ihrer größten Herrlichkeit, die Himmel dieser Welt erhellen.
Das kurze Gebet, das du an den Schluss deines Briefes setztest, war in der Tat unverwechselbar, bewegend und schön. Sprich dieses Gebet zu allen Zeiten.
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O ihr Dienerinnen des Herrn! In diesem Jahrhundert, dem Jahrhundert des allmächtigen Herrn, scheint die Sonne aus den Reichen der Höhe, das Licht der Wahrheit, in ihrem Mittagsglanz, und ihre Strahlen erleuchten alle Gefilde, denn heute ist das Zeitalter der Urewigen Schönheit, der Tag der Offenbarung des Größten Namens in all seiner Kraft und Macht – möge mein Leben Seinen Geliebten zum Opfer gebracht sein.
Wenn sich auch die Sache Gottes in den kommenden Zeitaltern entfalten und zur hundertfachen Stärke anwachsen wird, wenn auch der Sadratu’l-MuntaháA30 der ganzen Menschheit in seinem Schatten Schutz bieten wird, bleibt doch dieses gegenwärtige Jahrhundert unerreicht; denn es war Zeuge, wie dieser Morgen angebrochen und diese Sonne aufgegangen ist. Dieses Jahrhundert ist wahrlich der Quell Seines Lichtes, der Tagesanbruch Seiner Offenbarung. Künftige Zeitalter und Geschlechter werden die Verbreitung seines Glanzes und die Offenbarungen seiner Zeichen schauen.
Bemüht euch deshalb, dass ihr euren vollen Anteil an Seinen Segnungen erlangt.
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O Diener Gottes! Wir haben zur Kenntnis genommen, was du an Jináb-i-ibn-i-Abhar geschrieben hast, ebenso deine Frage zu dem Vers: »Wer vor Ablauf eines vollen Jahrtausends den Anspruch auf eine unmittelbare Offenbarung von Gott erhebt, ist gewiss ein Lügner und Betrüger.«Q16
Dies bedeutet, dass jeder, der vor Ablauf eines vollen Jahrtausends – tausend Jahre wie bekannt, durch allgemeinen Brauch eindeutig festgelegt und keiner Erläuterung bedürftig – den Anspruch auf eine Offenbarung unmittelbar von Gott erhebt, mit Sicherheit falsch und ein Betrüger ist, selbst wenn er bestimmte Zeichen kundtut.
Dies bezieht sich nicht auf die Universale Manifestation; denn in den Heiligen Schriften ist deutlich dargelegt, dass Jahrhunderte, nein Jahrtausende sich vollenden müssen, ehe eine Manifestation wie diese wieder erscheint.
Es ist zwar möglich, dass nach Ablauf eines vollen Jahrtausends heilige Wesen ermächtigt werden, eine Offenbarung mitzuteilen; dies wird aber nicht durch eine Universale Manifestation geschehen. Deshalb entspricht jeder Tag im Zyklus der Gesegneten Schönheit in Wirklichkeit einem Jahr und jedes Jahr einem Jahrtausend.
Betrachte zum Beispiel die Sonne: Ihr Übergang von einem Tierkreiszeichen zum nächsten vollzieht sich in einer kurzen Zeitspanne, doch erst nach einer langen Zeit erreicht sie die ganze Fülle ihres Glanzes, ihrer Hitze und Pracht im Zeichen des Löwen. Sie muss den ganzen Umlauf durch die anderen Sternbilder vollenden, ehe sie wieder ins Zeichen des Löwen eintritt, um in vollem Glanz zu leuchten. In den anderen Häusern zeigt sie nicht die Fülle ihrer Hitze und ihres Lichtes.
Kern der Aussage ist, dass vor Ablauf von tausend Jahren kein Mensch sich erkühnen kann, auch nur ein Wort davon zu erwähnen. Alle müssen sich zur Klasse der Untertanen rechnen, den Geboten Gottes und den Gesetzen des Hauses der Gerechtigkeit ergeben und gehorsam. Sollte jemand auch nur um Haaresbreite von den Verordnungen des Universalen Hauses der Gerechtigkeit abweichen oder in seiner Ergebenheit zu ihm schwanken, so gehört er zu den Ausgestoßenen und Verworfenen.
Was den Zyklus der Gesegneten Schönheit betrifft, das Zeitalter des Größten Namens, so ist es nicht auf tausend oder zweitausend Jahre beschränkt…
Wenn gesagt wird, dass die Zeitspanne von tausend Jahren mit der Offenbarung der Gesegneten Schönheit beginnt und jeder Tag dieser Zeit tausend Jahre währt, soll sich dies auf den Zyklus der Gesegneten Schönheit beziehen, der sich in diesem Sinn über viele Zeitalter in die noch ungeborene Zukunft hinein erstrecken wird.
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O du, der du der Menschenwelt dienst! Dein Brief ist angekommen, und sein Inhalt machte uns außerordentlich froh. Er war ein schlüssiger Beweis, ein prachtvolles Zeugnis. Es ist angemessen und richtig, dass wir in diesem erleuchteten Zeitalter – dem Zeitalter des Fortschritts der Menschenwelt – uns aufopfern und dem Menschengeschlecht dienen sollen. Jede allumfassende Sache ist göttlich, jede begrenzte ist zeitlich. Die Grundsätze der heiligen Manifestationen Gottes waren demnach allumfassend und allumschließend.
Die unvollkommene Seele ist ichsüchtig und denkt nur an ihr eigenes Wohl. Aber wenn sich ihre Gedanken ein bisschen weiten, beginnt sie, an das Wohl und die Bequemlichkeit ihrer Familie zu denken. Wenn die Vorstellungen noch weiter gerichtet sind, kümmert sich der Mensch um das Glück seiner Mitbürger. Und wenn er noch weiter denkt, hat er den Ruhm seines Landes und seiner Rasse im Sinn. Wenn jedoch die Gedanken und Einsichten sich im höchsten Grade weiten, die Stufe der Vollkommenheit erreichen, wird sich der Mensch die Erhöhung des Menschengeschlechts angelegen sein lassen. Er wünscht dann allen Menschen das Beste und müht sich um Wohlergehen und Wohlfahrt aller Länder. Das ist ein Zeichen der Vollkommenheit.
So hatten die heiligen Manifestationen Gottes einen umfassenden, allumschließenden Plan. Sie mühten sich um das Leben eines jeden und stellten sich in den Dienst allgemeiner Erziehung. Ihr Betätigungsfeld war nicht begrenzt, nein, es war weit und allumfassend.
Deshalb musst auch du an alle denken, damit die Menschheit erzogen werde, ihr Charakter sich mäßige und diese Welt sich in einen Garten Eden verwandle.
Liebe alle Religionen und alle Rassen mit wahrer, aufrichtiger Liebe und zeige diese Liebe durch Taten, nicht durch Worte; denn letztere sind unbedeutend, da die meisten Menschen dem Wort nach schon Menschenfreunde sind. Die Tat aber ist das Beste.
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O Heerschar Gottes! Ein Brief, von euch allen unterschrieben, ist angekommen. Er war sehr beredt und voll Duft; es war eine Freude, ihn zu lesen.
Ihr schreibt über den Fastenmonat. Glücklich seid ihr, dass ihr dem Gebote Gottes gehorcht und das Fasten in der heiligen Zeit gehalten habt; denn körperliches Fasten ist äußeres Zeichen geistigen Fastens, es ist ein Symbol für Selbstzucht, dafür, dass man sich aller Triebe des Selbstes enthält, die Merkmale des Geistes annimmt, vom Himmelsodem weggetragen wird und an der Liebe Gottes Feuer fängt.
Euer Brief zeigt auch eure Einheit und Herzensverbundenheit. Ich hoffe, dass der Westen durch die grenzenlose Gnade, die Gott in diesem Zeitalter vergießt, zum Osten wird, zum Aufgangsort für die Sonne der Wahrheit, und dass die westlichen Gläubigen Morgenlichter werden, Offenbarer der Zeichen Gottes, dass sie vor den Zweifeln der Achtlosen beschützt bleiben, fest und unverrückbar im Bund und Testament; dass sie sich Tag und Nacht mühen, bis sie die Schlafenden erwecken, die Ahnungslosen achtsam machen, die Verstoßenen als vertraute Freunde in den engsten Kreis einbeziehen und den Mittellosen ihren Anteil an der ewigen Gnade geben. Lasst sie Rufer des Königreiches sein, laut die Bewohner dieser niederen Welt herbeirufen und zum Eintritt in das Reich der Höhe auffordern.
O Heerschar Gottes! In dieser Welt irrt jedes Volk durch seine eigene Wüste, kreuz und quer, wie es ihm Wahn und Launen eingeben, jeder seiner eigenen Grille folgend. Im Menschengewimmel der Erde ist allein die Gemeinde des Größten Namens los und frei von menschlichen Ränken; nur sie verfolgt keine eigennützigen Zwecke. Allein dieses Volk hat sich vor allen anderen mit Vorsätzen erhoben, die von der Selbstsucht gereinigt sind. So folgt es den Lehren Gottes, so schafft es und müht sich um das eine Ziel: diesen niedrigen Staub in den höchsten Himmel zu verwandeln, diese Welt zum Spiegel des Gottesreiches zu machen, sie zu verändern in eine andere Welt, damit die ganze Menschheit den Pfad der Rechtschaffenheit wandle und sich eine neue Lebensart zu eigen mache.
O Heerschar Gottes! Unter dem Schutz und mit der Hilfe der Gesegneten Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – sollt ihr euch so verhalten, dass ihr vornehm und leuchtend wie die Sonne unter den Menschenseelen hervorragt. Wenn einer von euch in eine Stadt kommt, soll er durch seine Aufrichtigkeit, seine Lauterkeit und Liebe, seine Ehrlichkeit und Treue, seine Wahrheitsliebe und Güte gegenüber allen Völkern der Welt zu einem Brennpunkt der Anziehungskraft werden, so dass die Menschen dieser Stadt ausrufen und sagen: »Dieser Mann ist ohne Zweifel ein Bahá’í, denn sein Benehmen, seine Haltung, seine Lebensweise, seine Sitten, seine Art und sein Wesen spiegeln die Eigenschaften der Bahá’í wider.« Bevor ihr diese Stufe erreicht, kann man nicht sagen, dass ihr dem Bund und Testament Gottes treu ergeben seid. Denn Er ist mit uns allen in unwiderleglichen Texten ein festes Bündnis eingegangen; es fordert von uns, dass wir nach Seinen heiligen Geboten und Ratschlägen handeln.
O Heerschar Gottes! Jetzt ist die Zeit, die Wirkungen und Vollkommenheiten des Größten Namens in diesem herrlichen Zeitalter offenbar zu machen, um über alle Zweifel erhaben zu beweisen, dass dies das Zeitalter Bahá’u’lláhs ist, vor allen anderen Zeitaltern ausgezeichnet.
O Heerschar Gottes! Wenn ihr einen Menschen seht, dessen ganze Aufmerksamkeit auf die Sache Gottes gerichtet ist, dessen einziges Bestreben es ist, dem Worte Gottes zur Wirkung zu verhelfen, der Tag und Nacht aus reiner Absicht der Sache Gottes dient, in dessen Verhalten nicht die geringste Spur von Egoismus oder eigensüchtigen Motiven zu erkennen ist, der vielmehr wie von Sinnen durch die Wildnis der Liebe Gottes wandert, nur aus dem Kelch der Gotterkenntnis trinkt und völlig darin aufgeht, Gottes süße Düfte zu verbreiten, verliebt in die heiligen Verse des Gottesreiches – so wisset fürwahr, dass dieser Mensch den Beistand und die Kraft des Himmels erhalten wird. Wie der Morgenstern wird er immerdar hell vom Firmament ewiger Gnade leuchten. Aber wenn er auch nur den geringsten Anflug von selbstischen Wünschen und Eigenliebe zeigt, werden seine ganzen Anstrengungen zunichte; er wird zerstört und bleibt hoffnungslos zurück.
O Heerschar Gottes! Preis sei Gott! Bahá’u’lláh löst der Menschheit die Ketten vom Nacken. Er befreit den Menschen von allem, was ihn fesselte, und sagt ihm: Ihr seid alle die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges. Seid mitleidsvoll und gütig zum ganzen Menschengeschlecht! Behandelt Fremde wie Freunde! Haltet andere so lieb wie euer eigen Fleisch und Blut! Betrachtet Feinde als Freunde, Dämonen als Engel! Bezeugt dem Tyrannen die gleiche große Liebe wie den Ergebenen und Getreuen, und wie Gazellen aus den duftenden Städten Khaṭá und KhutanA31 bietet dem reißenden Wolf süßen Moschus. Seid den Furchtsamen eine Zuflucht, bringt den Verstörten Ruhe und Frieden, versorgt die Mittellosen, seid eine volle Schatzkammer für die Armen, eine Arznei für die Leidenden, Arzt und Pfleger für die Gebrechlichen, fördert Freundschaft, Ehre, Aussöhnung und Hingabe an Gott in dieser nichtigen Welt.
O Heerschar Gottes! Strengt euch mächtig an; dann könnt ihr diese Erde so mit Licht überfluten, dass diese Lehmhütte, die Welt, zum Paradies Abhá wird. Dunkel hat sich ausgebreitet, tierische Triebe gewinnen die Oberhand. Die Menschenwelt ist jetzt eine Kampfbahn wilder Bestien, ein Schlachtfeld, auf dem die Unwissenden und die Achtlosen ihre Gelegenheit ergreifen. Die Menschenseelen sind reißende Wölfe, Tiere mit verblendeten Augen; sie sind tödliches Gift oder nutzloses Unkraut – bis auf ganz wenige, die tatsächlich selbstlose Ziele und Pläne für das Wohl ihrer Mitmenschen hegen. Ihr aber müsst in dieser Sache, im Dienst an der Menschheit, euer ganzes Leben opfern, und wenn ihr euch so hingebt, müsst ihr frohlocken.
O Heerschar Gottes! Der Erhabene, der Báb, gab Sein Leben hin. Bahá’u’lláh, die Gesegnete Vollkommenheit, gab hundert Leben hin mit jedem Atemzug. Er trug Elend, Er litt Qualen, Er war eingekerkert, Er lag in Ketten. Er verlor Sein Heim und wurde in ferne Länder verbannt. Schließlich lebte Er bis ans Ende Seiner Tage im Größten Gefängnis. Ebenso hat eine große Anzahl der Geliebten Gottes, die Seinem Wege folgten, den Honig des Martyriums gekostet. Sie gaben alles hin: Leben, Besitz, Verwandtschaft, alles, was sie hatten. Wie viele Häuser wurden dem Erdboden gleichgemacht, wie viele Wohnungen wurden aufgebrochen und ausgeraubt, wie viele herrliche Gebäude liegen in Schutt und Asche, wie viele Paläste wurden zu Gräbern zerschlagen! Und all dies geschah, damit die Menschheit erleuchtet werde, damit Unwissenheit der Erkenntnis weiche, damit die Erdenmenschen zu Himmelsmenschen werden, Zwietracht und Uneinigkeit mit den Wurzeln ausgerissen werden, das Reich des Friedens auf der ganzen Welt errichtet werde. Nun strebet danach, dass diese Segensgabe sich zeige und diese höchste aller Hoffnungen in der Gemeinschaft aller Menschen glanzvoll verwirklicht werde.
O Heerschar Gottes! Hütet euch, eine Seele zu kränken, ein Herz zu betrüben oder einen Menschen mit euren Worten zu verletzen, sei er euer Bekannter oder ein Fremdling, Freund oder Feind. Betet für alle; bittet, dass alle selig werden und Vergebung finden. Hütet euch, hütet euch, Rache zu nehmen, selbst dann, wenn jemand nach eurem Blut dürstet. Hütet euch, hütet euch, die Gefühle eines anderen zu verletzen, auch wenn er ein Übeltäter ist und euch Böses wünscht. Schaut nicht auf die Geschöpfe, wendet euch ihrem Schöpfer zu. Überseht die nichtsnutzigen Leute, seht nur den Herrn der Heerscharen. Starrt nicht nieder in den Staub, schauet empor zur strahlenden Sonne, die jeden Flecken dunkler Erde im Lichte glühen lässt.
O Heerschar Gottes! Widerfährt euch Unheil, so seid geduldig und gelassen. Wie quälend euer Leid auch sei, bleibt ruhig, und mit vollkommenem Vertrauen auf Gottes überströmende Gnade trotzet dem Sturm der Trübsal und des feurigen Gottesgerichts.
Im vergangenen Jahr brachte eine Anzahl Ungläubiger von drinnen und draußen, altbekannte und fremde, vor dem Sultan der Türkei Verleumdungen gegen uns heimatlos Verbannte vor, schwere Anschuldigungen ohne jede Grundlage. Nach den Regeln der Klugheit entschloss sich die Regierung, diese Vorwürfe zu prüfen, und entsandte eine Untersuchungskommission in unsere Stadt. Es ist offenkundig, welche Möglichkeit sich damit den uns übel Gesinnten bot und welchen Sturm sie entfesselten; all dies übersteigt jede Schilderung durch die Zunge oder die Feder. Nur ein Augenzeuge kann wissen, welchen Aufruhr sie entfesselten, welches Erdbeben an Schmerzen die Folge war. Aber trotz alledem war die Antwort, sich ganz auf Gott zu verlassen und gelassen, vertrauensvoll, langmütig und ungestört in solchem Maße zu bleiben, dass ein Uneingeweihter uns für behaglich an Leib und Seele, vollkommen glücklich, blühend und friedevoll gehalten hätte.
Dann kam es soweit, dass die Denunzianten selbst, welche die verleumderischen Behauptungen gegen uns vorgebracht hatten, mit den Kommissionsmitgliedern gemeinsame Sache machten, um die Beschuldigungen zu ermitteln, so dass Kläger, Zeugen und Richter alle dieselben waren und das Ergebnis von vornherein ausgemacht war. Dennoch muss fairerweise festgestellt werden, dass bis jetzt Seine Majestät der Sultan der Türkei diesen falschen Anschuldigungen, dieser üblen Nachrede, dieser Schmach, diesen Fabeln und Verleumdungen keine Beachtung geschenkt und mit Gerechtigkeit gehandelt hat…
O Du unser Versorger! Du hast über die Freunde im Westen die Düfte des Heiligen Geistes gehaucht und den Himmel im Westen mit dem Lichte göttlicher Führung erleuchtet. Du hast zu Dir hingezogen, die einstmals fern von Dir waren. Fremde hast Du in liebreiche Freunde verwandelt, die Schlafenden erweckt und die Nachlässigen achtsam gemacht.
O Du unser Versorger! Steh diesen edlen Freunden bei, Dein Wohlgefallen zu gewinnen und Fremden wie Freunden wohlgesonnen zu sein. Geleite sie in die ewige Welt, lasse sie himmlischer Gnade teilhaftig sein und wirkliche Bahá’í werden, aufrichtig vor Gott. Bewahre sie vor Äußerlichkeit, gründe sie fest in der Wahrheit. Mache sie zu Zeichen und Beweisen für Dein Reich, zu funkelnden Sternen hoch über den Niederungen dieses Lebens. Lasse sie Hilfe und Trost für die Menschheit, Diener des Weltfriedens sein. Entzücke sie mit dem Wein Deines Ratschlusses und gib, dass sie alle auf dem Pfade Deiner Gebote wandeln.
O Du unser Versorger! Es ist dieses Dieners Herzenswunsch an Deiner Schwelle, die Freunde des Westens und des Ostens in fester Umarmung zu schauen, alle Mitglieder der menschlichen Gesellschaft voll Liebe in einer großen Gemeinde vereint zu sehen, wie die in einem mächtigen Meere versammelten Tropfen, wie die Vögel eines einzigen Rosengartens, die Perlen eines Ozeans, die Blätter eines Baumes, die Strahlen einer Sonne.
Du bist der Mächtige, der Gewaltige, und Du bist der Gott der Stärke, der Allmächtige, der Allsehende.
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O ihr beiden begünstigten Mägde des Herrn! Der Brief von Mutter Beecher ist eingetroffen. Er spricht in Wahrheit für euch beide. Deshalb schreibe ich euch beiden zusammen. Das ist für mich wundervoll; denn ihr beiden reinen Wesen seid wie ein einziger wertvoller Juwel, ihr seid zwei Zweige desselben Baumes, ihr betet beide denselben Geliebten an, ihr sehnt euch beide nach derselben strahlenden Sonne.
Es ist meine Hoffnung, dass sich alle Mägde Gottes dortzulande vereinen wie die Wellen einer unendlichen See. Der Wind bewegt sie nach seinem Belieben, jede ist von den andern getrennt, aber in Wahrheit sind sie alle eins mit der grenzenlosen Tiefe.
Wie gut ist es doch, wenn die Freunde sich so nahe sind wie ein Bündel Strahlen, wenn sie Seite an Seite stehen in einer starken, ungebrochenen Front. Denn jetzt vereint die Sonne der Welt des Seins mit ihren Strahlen der Wirklichkeit alle, die dieses Licht anbeten; in unendlicher Gnade sammeln diese Strahlen alle Völker unter diesem breiten Obdach. Deshalb müssen alle Seelen wie eine einzige Seele werden, alle Herzen wie ein Herz. Lasst alle frei werden von den vielfältigen Eigenarten, die aus Lust und Leidenschaft geboren sind, und lasst sie in der Einheit ihrer Liebe zu Gott eine neue Lebensbahn finden.
O ihr beiden Mägde Gottes! Jetzt ist es Zeit für euch, dass ihr segenspendende Kelche werdet, gefüllt bis zum Rand, belebende Winde aus dem Paradies Abhá, Moschusduft über euer Land verbreitend. Macht euch frei vom Leben dieser Welt. Sehnt euch auf jeder Stufe nach dem Nichtsein; denn wenn der Strahl zur Sonne zurückkehrt, wird er ausgelöscht; wenn der Tropfen zum Meer zurückkommt, verschwindet er, und wenn der aufrichtig Liebende seinen Geliebten findet, gibt er seine Seele auf.
Solange ein Wesen seinen Fuß nicht auf das Feld des Opfers setzt, ist es jeder Gunst und Gnade beraubt. Das Feld des Opfers aber ist der Zustand, da das Selbst stirbt, damit der strahlende Glanz des lebendigen Gottes hervorbrechen kann. Das Feld des Martyriums ist der Ort der Loslösung vom Selbst, der Ort, wo die Hymnen der Ewigkeit emporsteigen können. Tut, was ihr vermögt, um eures Selbstes völlig überdrüssig zu werden, und bindet euch an jenes strahlende Antlitz. Sowie ihr diese Höhen der Dienstbarkeit erreicht habt, werdet ihr alle erschaffenen Dinge in eurem Schatten versammelt finden. Das ist grenzenlose Gnade; das ist die höchste Souveränität. Das ist das Leben, das nicht vergeht. Alles andere ist letztlich nur offenbare Verdammnis und schlimmer Verlust.
Preis sei Gott, das Tor grenzenloser Gnade ist weit geöffnet, die himmlische Tafel ist gedeckt, die Diener des Barmherzigen und Seine Mägde sind zum Fest versammelt. Strebt danach, euren Anteil an diesem ewigen Mahl zu erhalten, damit ihr in dieser und der zukünftigen Welt geliebt und geachtet seid.
37
O ihr lieben Freunde ‘Abdu’l-Bahás! Ein gesegneter Brief von euch ist eingegangen; er berichtet über die Wahl eines Geistigen Rates. Mein Herz wurde sehr froh, als ich hörte, dass die Freunde jenes Gebietes – gelobt sei Gott – in vollkommener Einheit, Freundschaft und Liebe die neue Wahl abgehalten haben und dass es ihnen gelungen ist, Seelen zu wählen, die geheiligt sind, begünstigt an der Heiligen Schwelle, bekannt unter den Freunden für ihre Standhaftigkeit und Festigkeit im Bündnis.
Jetzt müssen sich diese gewählten Vertreter erheben, in Geistigkeit und Freude zu dienen, in reiner Absicht, stark angezogen vom Duft des Allmächtigen, kraftvoll gestützt vom Heiligen Geist. Lasst sie das Banner der Führung hissen, und als Soldaten der himmlischen Heerscharen lasst sie Gottes Wort erhöhen, Seinen süßen Duft verbreiten, die Menschenseelen erziehen und den Größten Frieden fördern.
Wahrlich, es wurden gesegnete Seelen gewählt. Im Augenblick, als ich ihre Namen las, überlief mich ein Schauer geistiger Freude, weil ich erkannte, dass dortzulande – gelobt sei Gott – Menschen erweckt wurden, welche Diener des Königreiches und bereit sind, ihr Leben für Ihn, der Seinesgleichen nicht hat, hinzugeben.
O meine lieben Freunde! Erleuchtet diesen Rat mit dem Glanz der Gottesliebe. Lasst ihn laut die freudigen Weisen der Himmelssphären anstimmen. Lasst ihn gedeihen durch die Speisen beim Abendmahl des Herrn, an der himmlischen Festtafel Gottes. Versammelt euch in ungetrübter Freude und sprecht zu Beginn eurer Zusammenkunft dieses Gebet:
O Du Herr des Königreiches! Leiblich sind wir hier versammelt, doch unsere verzückten Herzen sind von Deiner Liebe fortgetragen. Hingerissen sind wir vom Strahlenglanz Deines Antlitzes. Schwach, wie wir sind, harren wir der Offenbarungen Deiner Macht und Gewalt. Arm sind wir und mittellos, doch aus Deines Reiches Schatzkammern erhalten wir Wohlstand die Fülle. Nur Tropfen sind wir, doch speisen wir uns aus den Tiefen Deines Meeres. Nur Staubkörner sind wir, doch leuchten wir in Deiner Sonne herrlichem Strahlenglanz.
O Du unser Versorger! Sende Deine Hilfe auf uns nieder, so dass jeder von uns hier eine leuchtende Kerze werde, ein Anziehungspunkt, ein Bote, der zu Deinen himmlischen Reichen ruft, bis wir schließlich die Welt hienieden zum Spiegelbild Deines Paradieses machen.
O ihr meine lieben Freunde! Es ist die Pflicht der Räte jener Gebiete, miteinander in Verbindung und Briefverkehr zu stehen. Auch sollen sie sich mit den Räten im Osten austauschen, so dass sie Mittler für die Vereinigung der ganzen Welt werden.
O ihr geistigen Freunde! Eure Standhaftigkeit muss so groß sein, dass – sollten die Böswilligen alle Gläubigen töten und nur einen einzigen übrig lassen – der letzte Überlebende allein allen Völkern der Erde widerstünde und weiterhin nah und fern die heiligen Düfte Gottes verbreitete. Wenn euch eine Schreckensnachricht, ein Wort über schlimme Begebenheiten aus dem Heiligen Land erreicht, so sorgt dafür, dass ihr nicht wankt; seid nicht niedergeschlagen vor Kummer, seid nicht erschüttert. Vielmehr erhebt euch sofort mit eiserner Entschlossenheit und dient dem Reiche Gottes.
Dieser Diener an der Schwelle des Herrn war stets in Gefahr. Er ist auch jetzt in Gefahr. Zu keiner Zeit gab es für mich die geringste Hoffnung auf Sicherheit. Mein höchster Wunsch ist, aus dem gnadenreichen, randvollen Becher des Martyriums zu trinken, auf dem Feld des Opfers sterben zu dürfen und mich an jenem Wein zu laben, der das kostbarste Geschenk Gottes ist. Dies ist meine höchste Hoffnung, mein innigstes Sehnen.
Wir hören, dass die Sendschreiben IshráqátA32, ṬarázátA33, BishárátA34, TajallíyátA35 und KalimátA36 übersetzt und dortzulande veröffentlicht worden sind. In diesen Sendschreiben findet ihr ein Modell dafür, wie man sein und wie man leben soll.
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O Dienerin Gottes, die du dich wie ein frischer, zarter Zweig im Windhauch der Liebe Gottes bewegst! Ich habe deinen Brief gelesen, der von deiner grenzenlosen Liebe, deiner tiefen Ergebenheit und deinem steten Gedenken an deinen Herrn kündet.
Verlasse dich auf Gott. Gib deinen eigenen Willen auf und halte an dem Seinen fest, lasse deine Wünsche beiseite und nimm die Seinen an, auf dass du Seinen Dienerinnen ein heiliges, geistiges Vorbild aus Gottes Reich werdest.
Wisse, o Dienerin, dass vor dem Antlitz Bahás die Frauen so viel gelten wie die Männer und dass Gott die ganze Menschheit nach Seinem Ebenbild erschaffen hat. Dies bedeutet, dass Männer und Frauen gleichermaßen die Verkünder Seiner Namen und Eigenschaften sind und vom geistigen Standpunkt aus keinen Unterschied zwischen ihnen besteht. Wer sich Gott nähert, ob Mann oder Frau, hat die größte Gunst erlangt. Wie viele glühend ergebene Dienerinnen haben sich im schützenden Schatten Bahás den Männern überlegen erwiesen und selbst die Berühmten der Erde überflügelt.
Das Haus der Gerechtigkeit jedoch ist gemäß dem ausdrücklichen Text des Gesetzes Gottes nur für Männer bestimmt; dies ist eine der Weisheiten Gottes, des Herrn, welche in absehbarer Zeit so klar wie die Sonne am Mittag offenbar werden wird.
Was nun euch betrifft, o ihr anderen Dienerinnen, die ihr die himmlischen Düfte liebt, haltet heilige Versammlungen ab und gründet Geistige Räte, denn sie sind die Grundlage für die Verbreitung der süßen Düfte Gottes; sie erhöhen Sein Wort, halten die Lampe Seiner Gnade hoch, verkünden Seine Religion und verbreiten Seine Lehren – und welche Gnade ist größer als diese? Diese Geistigen Räte werden vom Geist Gottes unterstützt. Ihr Verteidiger ist ‘Abdu’l-Bahá. Über sie breitet Er Seine Flügel aus. Welche Gnade ist größer als diese? Diese Geistigen Räte sind strahlende Leuchten und himmlische Gärten, aus denen die Düfte der Heiligkeit über alle Regionen wehen und die Leuchten der Erkenntnis über alles Erschaffene strahlen. Von ihnen strömt der Geist des Lebens nach allen Richtungen. Sie sind wahrlich zu allen Zeiten und unter allen Umständen die mächtigen Quellen des Fortschritts für den Menschen. Welche Gnade ist größer als diese?
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O Magd Gottes! Dein Brief ist angekommen mit der Nachricht, dass in jener Stadt ein Rat errichtet wurde.
Schaut nicht auf eure geringe Zahl, sucht vielmehr nach Herzen, die rein sind. Eine geheiligte Seele ist tausend anderen Seelen vorzuziehen. Wenn eine Handvoll Menschen sich in Liebe, in völliger Reinheit und Heiligkeit mit von der Welt gelösten Herzen versammelt, wenn sie dabei die Empfindungen des Königreiches und die machtvoll anziehende Kraft des Göttlichen verspürt, wenn sie eins ist in froher Gemeinschaft, so wird diese Versammlung ihren Einfluss über die ganze Erde breiten. Das Wesen dieser Menschen, die Worte, die sie sprechen, die Taten, die sie tun, setzen die Segnungen des Himmels frei und lassen einen Schimmer der ewigen Seligkeit ahnen. Die himmlischen Heerscharen werden sie verteidigen, die Engel des Paradieses Abhá werden ohne Unterlass zu ihrer Hilfe herabsteigen.
»Engel« bedeuten die Bestätigungen Gottes und Seine himmlischen Kräfte. Auch sind Engel gesegnete Wesen, die alle Bindungen zur niederen Welt gelöst haben, befreit von den Ketten des Selbstes und den Wünschen des Fleisches, die Herzen verankert in den himmlischen Gefilden des Herrn. Sie sind aus dem Königreich und himmlisch, sie sind von Gott und geistig, sie offenbaren Gottes reiche Gnade, sie sind Aufgangsorte Seiner geistigen Segnungen.
O Dienerin Gottes! Gepriesen sei Gott, dein lieber Mann verspürt die süßen Düfte, die aus den Gärten des Himmels wehen. Nun musst du ihn Tag für Tag durch die Liebe Gottes und deine guten Taten immer näher zum Glauben hinziehen.
Das waren wahrhaftig schreckliche Geschehnisse in San Franzisko.A37 Katastrophen dieser Art sollen dazu dienen, die Menschen wachzurütteln und die Liebe ihrer Herzen zu dieser unbeständigen Welt zu schwächen. Nur in dieser niederen Welt geschehen so tragische Dinge: Dies ist der Becher, der bitteren Wein bietet.
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O ihr Geliebten ‘Abdu’l-Bahás! Ich habe eure Berichte mit großer Freude gelesen; sie sind von einer Art, die das Herz ermuntert und erfrischt, die Seele glücklich macht. Wenn euer Rat durch den heiligen Hauch des Allbarmherzigen und durch Seine göttlichen Bestätigungen beharrlich, fest und standhaft bleibt, wird er beachtliche Ergebnisse hervorbringen und mit Unternehmungen von großer Tragweite Erfolg haben.
Die Geistigen Räte, die in diesem Zeitalter Gottes, in diesem heiligen Jahrhundert, zu errichten sind, hatten unbestreitbar nicht ihresgleichen in den vergangenen Zyklen, waren doch Ratsversammlungen, die Macht ausübten, bisher auf die Unterstützung kraftvoller Führerpersönlichkeiten angewiesen, während diese Räte auf die Hilfe der Schönheit Abhá gegründet sind. Verteidiger und Schutzherr jener anderen Ratsversammlungen war ein Fürst, ein König, ein Hohepriester oder die Masse des Volkes. Doch diese Geistigen Räte haben als Beschützer, Erhalter, Helfer und Beleber den allgewaltigen Herrn.
Schaut nicht auf die Gegenwart. Richtet euren Blick auf künftige Zeiten. Wie klein ist der Same zu Beginn, aber am Ende ist er ein mächtiger Baum. Schaut nicht auf den Samen, schaut auf den Baum, auf seine Blüten, Blätter und Früchte. Denkt an die Zeit Christi, als nur ein kleines Häuflein Ihm nachfolgte, und seht, was für ein mächtiger Baum aus diesem Samen wurde, seht seine Früchte. Nun werden noch größere Ereignisse eintreten; denn dies ist die Vorladung des Herrn der Heerscharen, dies ist der Posaunenstoß des lebendigen Herrn, dies ist die Hymne des Weltfriedens, dies ist das Banner der Redlichkeit, des Vertrauens und der Verständigung, aufgepflanzt inmitten all der vielfarbigen Völker des Erdballs. Dies ist die Sonne der Wahrheit mit ihrem Strahlenglanz; dies ist der Geist Gottes in all Seiner Heiligkeit. Diese mächtigste Sendung wird die ganze Erde umspannen; unter ihrem Banner werden sich alle Völker versammeln und Schutz finden. Deshalb wisset um die lebensnotwendige Bedeutung dieses zarten Samens, den der wahre Landmann mit den Händen Seines Erbarmens in die gepflügten Felder des Herrn säte und mit den Schauern der Segnungen und Gnadengaben wässerte; nun lässt Er ihn wachsen und gedeihen in der Wärme und im Lichte der Sonne der Wahrheit.
Deshalb, o ihr Geliebten Gottes, bringt Ihm euren Dank dar, denn Er lässt euch solchen Segen zukommen, solche Gaben empfangen. Selig seid ihr, mit dieser reichen Gnade wird euch frohe Botschaft zuteil.
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O du, der du treu und standhaft im Bündnis bist! Der Brief, den du geschrieben hast,… wurde mir gezeigt; die darin ausgedrückten Ansichten sind sehr lobenswert. Es ist die Pflicht des Geistigen Beratungsgremiums von New York, mit dem von Chikago voll übereinzustimmen. Beide Beratungsgremien müssen gemeinsam gutheißen, was sie für die Veröffentlichung und Verteilung geeignet finden. Anschließend mögen sie eine Kopie nach ‘Akká schicken, damit es auch hier gebilligt werde. Sodann wird das Material zurückgeschickt, damit es veröffentlicht und verbreitet werden kann.
Die Frage des Zusammenwirkens und der Übereinkunft der beiden Geistigen Räte von Chikago und New York ist von allergrößter Wichtigkeit, und sobald in Washington ordnungsgemäß ein Geistiger Rat gebildet ist, sollten jene beiden Räte auch zu diesem Geistigen Rat Bande der Einheit knüpfen. Zusammengefasst: Es ist der Wunsch Gottes, des Herrn, dass die Geliebten Gottes und die Dienerinnen des Barmherzigen im Westen Tag für Tag in Harmonie und Einheit enger zusammenkommen. Solange das nicht erreicht ist, wird die Arbeit nicht voranschreiten. Die Geistigen Räte sind vereint das wirksamste Werkzeug, um Einheit und Harmonie zu bewirken. Diese Angelegenheit hat höchste Bedeutung; dies ist der Magnet, der die Bestätigungen Gottes anzieht. Wenn dereinst die Einheit zwischen den Freunden – diese göttliche Geliebte – in all ihrer Schönheit mit dem Schmuck des Reiches Abhá angetan ist, werden jene Länder sicherlich in kurzer Zeit zum Paradies des Allherrlichen werden, und vom Westen her wird der Strahlenglanz der Einheit sein helles Licht auf die ganze Erde werfen.
Wir bemühen uns mit Herz und Seele, ohne Rast bei Tag und Nacht, ohne auch nur einen Augenblick der Ruhe, die Menschenwelt zum Spiegel der Einheit Gottes zu machen. Wie viel mehr müssen also die Geliebten des Herrn diese Einheit widerspiegeln? Und diese sehnliche Hoffnung, dieser unser brennender Wunsch wird erst dann sichtbar erfüllt sein, wenn sich die wahren Freunde Gottes erheben, die Lehren der Schönheit Abhá – möge mein Leben ein Lösegeld für Seine Geliebten sein – in die Tat umzusetzen. Eine Seiner Lehren lautet, dass Liebe und gute Absicht das Menschenherz so beherrschen müssen, dass die Menschen den Fremden als vertrauten Freund sehen, den Übeltäter als einen der ihren, den Ausländer als einen Angehörigen, den Feind als einen teuren, engen Gefährten. Wer sie tötet, den werden sie einen Lebensspender nennen; wer sich von ihnen abwendet, dem werden sie begegnen, als kehrte er sich ihnen zu; wer ihre Botschaft ablehnt, den werden sie betrachten, als anerkenne er die Wahrheit. Das bedeutet, sie müssen die ganze Menschheit so behandeln, wie sie die ihnen Wohlgesonnenen behandeln, ihre Mitgläubigen, ihre Angehörigen und ihre vertrauten Freunde.
Sollte diese Fackel die Weltgemeinschaft erleuchten, so werdet ihr bemerken, dass die ganze Erde einen Duft hervorbringt, dass sie ein wonnevolles Paradies geworden ist, dass ihre Oberfläche des höchsten Himmels Ebenbild ist. Dann wird die ganze Welt ein einziges Heimatland, ihre verschiedenen Völker ein einziges Geschlecht, die Nationen des Ostens und des Westens eine Hausgemeinschaft.
Ich hoffe sehr, dass dieser Tag kommen wird, dass dieser Glanz aufleuchtet, dass diese Schau in ihrer ganzen Schönheit enthüllt wird.
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O ihr Mitarbeiter, gestützt von Heerscharen aus dem Reich des Allherrlichen! Selig seid ihr, denn ihr seid im schützenden Schatten des Wortes Gottes zusammengekommen und habt Zuflucht gefunden in der Grotte Seines Bundes; ihr habt euren Herzen Frieden gebracht, indem ihr euch im Paradiese Abhá eingerichtet habt und von den sanften Winden aus dem Quell Seiner Güte wiegen lasset. Ihr habt euch erhoben, der Sache Gottes zu dienen, Seinen Glauben nah und fern zu verbreiten, Sein Wort zu künden und hoch die Banner der Heiligkeit aufzurichten in allen jenen Landen.
Beim Leben Bahás! Wahrlich, die vollkommene Kraft der Göttlichen Wirklichkeit wird euch die Segnungen des Heiligen Geistes einhauchen und euch helfen, eine Heldentat zu vollbringen, wie sie das Auge der Schöpfung noch nie geschaut hat.
O Gemeinschaft des Bundes! Wahrlich, die Schönheit Abhá gab den im Bündnis standhaften Geliebten das Versprechen, dass Er ihre Bestrebungen stärke mit dem stärksten Beistand und ihnen helfe mit Seiner siegreichen Macht. In kurzer Zeit werdet ihr sehen, wie eure erleuchtete Versammlung deutliche Zeichen und Merkmale in die Herzen und Seelen der Menschen prägt. Fasst Gottes Gewand fest am Saum und lenkt all euren Eifer darauf, Seinen Bund zu fördern und im Feuer Seiner Liebe immer heller zu lodern, auf dass eure Herzen vor Freude tanzen im Odem der Dienstbarkeit, der ‘Abdu’l-Bahás Brust entströmt. Sammelt eure Herzen, macht eure Schritte fest, vertraut auf die nie endenden Segensgaben, die eine nach der anderen aus dem Reich Abhá über euch kommen. Wann immer ihr in dieser strahlenden Versammlung zusammenkommt, seid gewiss, dass Bahás Strahlenglanz über euch leuchtet. Ihr müsst Übereinstimmung suchen und einig sein; ihr müsst in enger Verbindung zueinander stehen, eins sein mit Leib und Seele, bis ihr den Plejaden gleicht oder einer Kette glänzender Perlen. So werdet ihr fest stehen, so wird euer Wort gelten, euer Stern wird strahlen, und eure Herzen werden getröstet sein…
Wenn ihr den Beratungsraum betretet, sprecht dieses Gebet mit einem Herzen, das pocht aus Liebe zu Gott, und mit einer Zunge, die geläutert ist von allem außer Seinem Gedenken, auf dass der Allmächtige euch gnädiglich helfe, den höchsten Sieg zu erringen:
O Gott, mein Gott! Wir sind Deine Diener, die sich in Ergebenheit Deinem heiligen Antlitz zuwenden und sich an diesem herrlichen Tag von allem außer Dir loslösen. Wir sind zusammengekommen in diesem Geistigen Rat, einig in unseren Ansichten und Gedanken, und wir stimmen überein in dem Vorsatz, Dein Wort vor aller Menschheit zu erhöhen. O Herr, unser Gott! Mache uns zu Zeichen Deiner göttlichen Führung, zu Bannern Deines erhabenen Glaubens unter den Menschen, zu Dienern Deines mächtigen Bündnisses, o Du unser höchster Herr, zu Offenbarungen Deiner göttlichen Einheit in Deinem Reich Abhá und zu strahlenden Sternen, die über alle Regionen scheinen. Herr, hilf uns, dass wir Meeren gleichen, die in den Wogen Deiner wundersamen Gnade branden, Wassern, die von Deinen allherrlichen Höhen fließen, guten Früchten am Baume Deiner himmlischen Sache, Bäumen, die der Windhauch Deiner Großmut in Deinem himmlischen Weinberg bewegt. O Gott, lasse unsere Seelen dürsten nach den Versen Deiner göttlichen Einheit, unsere Herzen fröhlich sein durch den Strom Deiner Gnade, damit wir zusammenfließen wie die Wellen eines Meeres und ineinanderschmelzen wie die Strahlen Deines glänzenden Lichtes, bis unsere Gedanken, unsere Ansichten, unsere Gefühle eine Wirklichkeit werden, die den Geist der Eintracht über die ganze Welt hin kündet! Du bist der Gnädige, der Gütige, der Schenkende, der Allmächtige, der Barmherzige, der Mitleidvolle.
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Die Haupterfordernisse für jene, die miteinander beraten, sind Reinheit des Beweggrundes, strahlender Geist, Loslösung von allem außer Gott, Hingezogensein zu Seinen göttlichen Düften, Bescheidenheit und Demut vor Seinen Geliebten, Geduld und Langmut in Schwierigkeiten, Dienstbarkeit an Seiner erhabenen Schwelle. Wenn sie mit gnädigem Beistand diese Eigenschaften erlangen, wird ihnen vom unsichtbaren Reiche Bahás der Sieg gewährt.
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Seine MitgliederA38 müssen so miteinander beraten, dass sich kein Anlass für Unmut oder Zwietracht ergibt. Dies ist erreichbar, wenn jedes Mitglied in vollkommener Freiheit seine Meinung äußert und seine Argumente vorbringt. Es darf sich, sollte jemand widersprechen, auf keinen Fall verletzt fühlen; denn erst wenn eine Angelegenheit vollständig erörtert ist, kann sich der richtige Weg zeigen. Der zündende Funke der Wahrheit erscheint erst nach dem Zusammenprall verschiedener Meinungen. Wenn nach der Beratung ein Beschluss einstimmig gefasst wird, ist dies schön und gut; sollten aber, was der Herr verhüten möge, voneinander abweichende Meinungen bestehen bleiben, muss die Stimmenmehrheit gelten.
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Die erste Bedingung ist vollkommene Liebe und Harmonie unter den Mitgliedern des Rates. Sie müssen völlig frei sein von Entfremdung und in sich selbst Gottes Einheit offenbaren, denn sie sind die Wellen eines Meeres, die Tropfen eines Stromes, die Sterne eines Himmels, die Strahlen einer Sonne, die Bäume eines Obsthains, die Blumen eines Gartens. So keine Harmonie im Denken, keine vollkommene Einheit herrschen, wird jene Versammlung sich auflösen und jener Rat scheitern. Die zweite Bedingung ist, dass die Mitglieder des Rates vereint einen Vorsitzenden wählen und Richtlinien sowie eine Satzung für ihre Zusammenkünfte und Beratungen aufstellen. Der Vorsitzende soll für die Beachtung solcher Regeln und Bestimmungen sorgen, sie schützen und durchsetzen. Die anderen Mitglieder sollten ihnen Gehorsam leisten; sie sollten es unterlassen, sich über nebensächliche, nicht zur Sache gehörende Dinge zu unterhalten. Sie müssen, wenn sie zusammenkommen, ihr Angesicht dem Königreich der Höhe zuwenden und Hilfe erbitten aus dem Reiche der Herrlichkeit. Dann müssen sie mit höchster Hingabe, Höflichkeit, Würde, Sorgfalt und Mäßigung ihre Ansichten vortragen. Sie müssen in jeder Angelegenheit die Wahrheit erforschen und dürfen nicht auf ihrer eigenen Meinung bestehen; denn Starrsinn und Beharren auf der eigenen Ansicht führen schließlich zu Zank und Streit; die Wahrheit aber bleibt verborgen. Die verehrten Mitglieder müssen in aller Freiheit ihre eigenen Gedanken ausdrücken; es ist in keiner Weise erlaubt, dass einer die Gedanken des anderen herabsetzt. Nein, er muss die Wahrheit mit Augenmaß darlegen, und sollten sich Meinungsverschiedenheiten ergeben, so muss die Stimmenmehrheit gelten; alle müssen dann gehorchen und sich der Mehrheit fügen. Es ist auch nicht erlaubt, dass eines der verehrten Mitglieder innerhalb oder außerhalb der Sitzung gegen eine zuvor getroffene Entscheidung Einwände erhebt oder sie tadelt, selbst wenn die Entscheidung falsch wäre; denn solche Kritik würde verhindern, dass irgendeine Entscheidung in Kraft tritt. Kurz gesagt, was immer in Harmonie, Liebe und reiner Absicht getan wird, bewirkt Licht; wenn aber die geringste Spur von Entfremdung herrscht, wird das in schwarzes Dunkel führen… Wird dies beachtet, so ist jener Rat von Gott; andernfalls führt er zu Kälte und Entfremdung, die vom Bösen ausgehen… Wenn sie sich bemühen, diese Bedingungen zu erfüllen, wird ihnen die Gnade des Heiligen Geistes gewährt, und jener Rat wird zum Mittelpunkt göttlichen Segens. Die Heerscharen göttlicher Bestätigung werden seinen Mitgliedern zu Hilfe kommen, und Tag für Tag werden sie eine neue Ausgießung des Geistes erfahren.
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O ihr, die ihr fest im Bündnis steht! ‘Abdu’l-Bahá ist ständig in gedanklicher Verbindung mit jedem Geistigen Rat, der durch die göttliche Großmut errichtet ward, dessen Mitglieder sich in völliger Hingabe zum göttlichen Königreich wenden und fest im Bündnis sind. Ihnen ist er aus ganzem Herzen zugetan, verbunden durch unvergängliche Bande. So ist der Austausch mit jener Versammlung aufrichtig, dauerhaft und ununterbrochen.
In jedem Augenblick bitte ich für euch um Hilfe, Gnade, neue Gunst und neuen Segen, damit Bahá’u’lláhs Bestätigungen wie ein Meer immerfort branden, das Sonnenlicht der Wahrheit über euch leuchte und ihr, gefestigt in eurem Dienst, Offenbarungen göttlicher Gabenfülle werdet, jeder zur Morgendämmerung dem Heiligen Lande zugewandt, zutiefst bewegt durch geistige Erfahrung.
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O ihr wahren Freunde! Euer Brief kam an und brachte große Freude. Preis sei Gott, ihr habt Freunde bewirtet und das Fest eingeführt, das alle neunzehn Tage abgehalten werden soll. Wenn eine Versammlung mit größter Liebe vorbereitet wird, wenn die Anwesenden ihr Angesicht dem Reiche Gottes zuwenden, wenn das Gespräch die Lehren Gottes betrifft und die Anwesenden Fortschritte machen lässt – dann ist dies eine Versammlung des Herrn, und die festliche Tafel kommt vom Himmel hernieder.
Ich hoffe, dieses Fest wird alle neunzehn Tage gefeiert, denn es bringt euch enger zusammen; es ist der wahre Quell der Einheit und der Herzensgüte.
Ihr seht, in welchem Maße die Welt ständigen Unruhen und Kämpfen ausgesetzt ist und wie sich die Lage ihrer Völker zuspitzt. Hoffentlich gelingt es den Geliebten Gottes, das Banner menschlicher Einheit zu hissen, so dass das einfarbige Thronzelt des Himmelreichs seine schützenden Schatten über die ganze Erde wirft, dass die Missverständnisse zwischen den Völkern der Erde verschwinden, dass alle Nationen sich vermischen und einander behandeln wie Liebende.
Es ist eure Pflicht, zu jedem menschlichen Wesen überaus freundlich zu sein und jedem Gutes zu wünschen, für die geistige Erneuerung der Gesellschaft zu arbeiten, den Toten den Odem des Lebens einzuhauchen, nach den Geboten Bahá’u’lláhs zu handeln und auf Seinem Pfade zu wandeln – bis ihr die Welt des Menschen in die Welt Gottes verwandelt habt.
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O ihr getreuen Diener der Urewigen Schönheit! In jedem Zyklus, in jeder Sendung war das Fest etwas Hochgeschätztes und Geliebtes. Denen, die Gott lieben, den Tisch zu bereiten, galt als löblich. Heute, in dieser unvergleichlichen Sendung, diesem Zeitalter der Großmut, trifft dies besonders zu. Heute wird ein Fest jubelnd begrüßt, denn es gehört wahrlich zu den Versammlungen, die dem Lobe Gottes und Seiner Verherrlichung dienen. Hier werden die heiligen Verse, die himmlischen Oden und Lobgesänge angestimmt, das Herz wird belebt und über sich selbst emporgehoben.
Die vornehmste Absicht ist, diese geistigen Regungen zu entflammen; aber zugleich ergibt es sich ganz natürlich, dass die Anwesenden zusammen etwas essen, so dass die Welt des Leibes die geistige Welt widerspiegelt und das Fleisch die Merkmale der Seele annimmt. Wie es hier geistige Freuden in Fülle gibt, so gibt es auch stoffliche Freuden.
Glücklich seid ihr, die ihr dieser Regel mit all ihrer mystischen Bedeutung folgt. So haltet ihr die Freunde Gottes munter und achtsam; ihr bringt ihnen Seelenfrieden und Freude.
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Dein Brief ist eingetroffen. Du schreibst über das Neunzehntagefest, und das erfreut mein Herz. Diese Versammlungen lassen die göttliche Tafel vom Himmel herniederkommen und ziehen die Bestätigungen des Allerbarmers an. Ich hoffe, der Odem des Heiligen Geistes weht über sie hin, und jeder Anwesende schickt sich an, in großen Versammlungen mit beredter Zunge, mit einem vor Gottesliebe überströmenden Herzen den Sonnenaufgang der Wahrheit, das Morgenlicht des die ganze Welt erleuchtenden Tagesgestirns zu verkünden.
50
Ihr habt nach dem Fest in jedem Bahá’í-Monat gefragt. Dieses Fest wird gefeiert, Freundschaft und Liebe zu fördern, Gottes zu gedenken, Ihn mit bußfertigem Herzen anzuflehen und wohltätige Unternehmungen anzuregen.
Das heißt, die Freunde sollten dort bei Gott verweilen und Ihn verherrlichen, die Gebete und heiligen Verse lesen und einander in äußerster Zuneigung und Liebe begegnen.
51
Was das Neunzehntagefest betrifft, so erfreut es Geist und Herz. Wird dieses Fest angemessen gefeiert, so werden sich die Freunde alle neunzehn Tage einmal geistig erneuert finden, begabt mit einer Macht, die nicht von dieser Welt ist.
52
O Diener des einen wahren Gottes! Gepriesen sei der Herr! In jedem Land gibt es die Geliebten Gottes, und allesamt stehen sie im Schatten des Lebensbaumes, im Schutze Seiner Vorsehung. Seine Fürsorge und Gnade branden wie die ewigen Wogen der See, Seine Segnungen regnen ohne Unterlass aus Seinem ewigen Reich.
Wir sollten darum beten, dass Sein Segen uns in noch größerem Überfluss gewährt wird, und uns an den Mitteln festhalten, die eine noch mächtigere Ausgießung Seiner Gnade, ein noch volleres Maß Seines göttlichen Beistandes sichern.
Eines der wichtigsten Mittel ist der Geist wahrer Zusammengehörigkeit und liebevoller Gemeinschaft unter den Freunden. Erinnert euch des Wortes: »Von allen Pilgerfahrten die größte ist, ein sorgenbeladenes Herz zu erleichtern.«
53
Wahrlich, ‘Abdu’l-Bahá atmet den Duft der Liebe Gottes von jedem Versammlungsort, wo das Wort Gottes verkündet und schlüssige Beweise vorgebracht werden, die ihre Strahlen über die ganze Welt verbreiten, und wo über ‘Abdu’l-Bahás Not und Leid in den bösen Händen der Bündnisbrecher berichtet wird.
O Dienerin des Herrn! Sprich kein Wort über Politik; deine Aufgabe betrifft das Leben der Seele; denn dies führt wahrlich zur Freude des Menschen in Gottes Welt. Erwähne die Könige der Erde und die weltlichen Regierungen nur, um Gutes über sie zu sagen. Beschränke deine Rede darauf, die frohe Botschaft vom Reiche Gottes zu verbreiten, den Einfluss des Wortes Gottes und die Heiligkeit der Sache Gottes darzutun. Sprich über ewige Freude, geistiges Ergötzen und göttliche Eigenschaften; sprich darüber, wie die Sonne der Wahrheit über den Horizonten der Erde aufstrahlt und wie dem Körper der Welt der Geist des Lebens eingehaucht wird.
54
Ihr schreibt über die Zusammenkünfte der Freunde, und wie sie voll Friede und Freude sind. Natürlich ist das so, denn wo sich die geistig Gesinnten auch versammeln, regiert Bahá’u’lláh in all Seiner Schönheit. Deshalb bringen solche Begegnungen gewisslich grenzenloses Glück und Frieden hervor.
Heute ziemt es allen, nichts anderes mehr zu erwähnen und alle Dinge außer Acht zu lassen. Ihre Rede, ihr innerer Zustand seien zusammengefasst in den Worten: »Lasse alle meine Worte des Gebetes und des Lobpreises auf einen einzigen Kehrreim beschränkt sein; lasse mein ganzes Leben nur Dienst an Dir sein.« Das bedeutet: Lasst sie alle ihre Gedanken und Worte darauf konzentrieren, dass sie die Sache Gottes lehren, den Glauben Gottes verbreiten und alle dafür begeistern, sich mit den Eigenschaften Gottes auszuzeichnen; dass sie die Menschheit lieben, dass sie in jeder Hinsicht rein und heilig seien, makellos in ihrem öffentlichen und privaten Leben; dass sie aufrecht und losgelöst seien, voller Inbrunst und Glut. Alles muss aufgegeben werden außer dem Gedenken Gottes. Alles muss gering geachtet werden außer Seinem Lobpreis. Zu dieser Melodie der himmlischen Heerscharen will die Welt heute springen und tanzen: »Herrlichkeit sei meinem Herrn, dem Allherrlichen!« Aber wisset: Außer diesem Gesang Gottes wird kein Gesang die Welt aufrütteln, außer diesem Nachtigallenruf der Wahrheit aus dem Garten Gottes wird keine Melodie das Herz bezaubern. »Woher kommt dieser Sänger, der den Geliebten beim Namen nennt?«
55
Es ziemt den Freunden, ein Treffen abzuhalten, eine Versammlung, in der sie Gott verherrlichen, ihr Herz an Ihn binden, die heiligen Schriften der Gesegneten Schönheit lesen und vortragen – möge meine Seele das Lösegeld für Seine Liebenden sein! Das Licht aus dem allherrlichen Reich, die Strahlen des höchsten Horizontes ergießen sich über solch leuchtende Versammlungen; denn sie sind nichts anderes als die Mashriqu’l-Adhkár, die Aufgangsorte der Erwähnung Gottes, die nach dem Gebot der Erhabensten Feder in jedem Dorf und jeder Stadt errichtet werden müssen… Mit der höchsten Reinheit und Weihe müssen diese geistigen Versammlungen abgehalten werden, so dass der Versammlungsort, seine Erde und die Luft um ihn her den duftenden Hauch des Heiligen Geistes verströmen.
56
Wann immer eine Gruppe Menschen an einem Versammlungsort zusammenkommt, Gott zu verherrlichen, wann immer sie über die Geheimnisse Gottes sprechen, wird ohne Zweifel der Odem des Heiligen Geistes sanft über sie wehen, und jeder wird sein Teil davon empfangen.
57
Wir hören von deiner Absicht, dein Haus von Zeit zu Zeit mit einem Treffen von Bahá’í zu zieren, wobei einige den Allherrlichen Herrn verherrlichen werden… Wisse: Wenn du dies zustande bringst, wird jenes irdische Haus ein Haus des Himmels, dieser Haufen Steine ein Versammlungsort des Geistes.
58
Du fragst nach den Stätten der Andacht und ihrem tieferen Sinn. Die Weisheit der Errichtung solcher Bauwerke liegt darin, dass das Volk wissen soll: Zu einer bestimmten Stunde ist es Zeit, sich zu versammeln. Alle sollten dann zusammenkommen und sich, einträchtig aufeinander eingestimmt, im Gebet vertiefen, mit dem Ergebnis, dass aus dieser Versammlung Einheit und Liebe in den Menschenherzen wachsen und blühen.
59
‘Abdu’l-Bahá hegt seit langem den Wunsch, dass dortzulande ein Mashriqu’l-Adhkár errichtet wird. Preis sei Gott, dank der tatkräftigen Bemühungen der Freunde ist vor kurzem die glückliche Nachricht darüber eingegangen. Dieser Dienst wird an der Schwelle Gottes hoch geschätzt; denn der Mashriqu’l-Adhkár begeistert die Liebenden Gottes, erleuchtet ihre Herzen und lässt sie fest und standhaft werden.
Die Sache hat größte Bedeutung. Wenn die Errichtung des Hauses der Andacht an einem öffentlichen Platz die Feindseligkeit von Übeltätern wachruft, muss die Versammlung dort an einem verborgenen Platz abgehalten werden. Selbst in jedem Dorf muss ein Platz als Mashriqu’l-Adhkár vorgesehen werden, sogar dann, wenn er unter der Erde läge.
Gelobt sei Gott! Euch war Erfolg beschieden. So gedenket Gottes zur Morgendämmerung; erhebt euch, Ihn zu preisen und zu verherrlichen. Selig seid ihr, und Freude sei mit euch, o ihr Rechtschaffenen, weil ihr den Aufgangsort des Lobpreises Gottes errichtet habt. Wahrlich, ich bitte den Herrn, dass Er euch zu Standarten des Heils, zu Bannern der Erlösung mache, hoch im Wind über Berg und Tal.
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Obwohl der Mashriqu’l-Adhkár, äußerlich betrachtet, ein stoffliches Gefüge ist, hat er geistige Wirkung. Er schmiedet Bande der Einheit von Herz zu Herz; er ist ein Sammelpunkt für die Menschenseelen. Jede Stadt, wo in den Tagen der Manifestation ein Tempel errichtet ward, hat Sicherheit, Beständigkeit und Frieden verbreitet; denn diese Gebäude waren der immerwährenden Verherrlichung Gottes geweiht, und nur im Gedenken Gottes kann das Herz Ruhe finden. Gütiger Gott! Der Bau des Hauses der Andacht hat gewaltigen Einfluss auf jeden Lebensabschnitt. Erfahrungen im Osten haben dies zur Tatsache gemacht. Selbst wenn in einem kleinen Dorf ein Haus zum Mashriqu’l-Adhkár bestimmt wurde, brachte es eine deutliche Wirkung hervor. Wie viel größer ist der Einfluss, wenn ein Mashriqu’l-Adhkár eigens erbaut wird!
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O Herr, der Du alle segnest, die fest im Bündnis stehen, indem Du sie fähig machst, aus Liebe zum Licht der Welt all ihren Besitz als Opfer hinzugeben für den Mashriqu’l-Adhkár, den Tagesanbruch Deines weitreichenden Lichtes und Verkünder Deiner Zeugnisse! Hilf Du diesen Gerechten, diesen Aufrichtigen und Gottesfürchtigen in dieser und der künftigen Welt, dass sie Deiner heiligen Schwelle immer näher kommen, und erleuchte ihre Angesichter mit Deinem Strahlenglanz.
Wahrlich, Du bist der Großmütige, der Ewig-Schenkende.
62
O meine inniggeliebte Tochter im Königreich! Dr. Esslemont hat deinen Brief an ihn ins Land der SehnsuchtA39 weitergereicht. Ich las ihn mit größter Aufmerksamkeit vom Anfang bis zum Ende. Einerseits war ich zutiefst gerührt, weil du deine schönen Locken abgeschnitten hast mit der Schere der Loslösung von dieser Welt und der Selbstopferung auf dem Pfade des Königreiches. Andererseits war ich hoch erfreut; denn diese inniggeliebte Tochter hat einen solchen Geist der Selbsthingabe bewiesen, dass sie einen so teuren Teil ihres Leibes auf dem Pfade der Sache Gottes darbrachte. Hättest du mich gefragt, so wäre ich auf keinen Fall damit einverstanden gewesen, dass du auch nur ein einziges Haar deiner anmutigen Lockenpracht abgeschnitten hättest; nein, ich selbst hätte in deinem Namen für den Mashriqu’l-Adhkár gespendet. Deine Tat ist jedoch ein beredtes Zeugnis für deinen hehren Geist der Selbsthingabe. Du hast wahrlich dein Leben geopfert, und groß werden die geistigen Wirkungen für dich selber sein. Vertraue allezeit darauf, dass du Tag für Tag fortschreiten und weiter an Festigkeit und Beständigkeit wachsen wirst. Bahá’u’lláhs Gnadengaben werden dich umfangen, die frohe Botschaft aus der Höhe wird dir immer neu zuteil werden. Ist es auch dein Haar, das du geopfert hast, so wirst du doch vom Geist erfüllt sein, und ist es auch dieses vergängliche Stück deines Leibes, das du auf dem Pfade Gottes hingegeben hast, so wirst du doch die Gottesgabe entdecken, die himmlische Schönheit schauen, unvergängliche Herrlichkeit erwerben und ewiges Leben erlangen.
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O ihr gesegneten Seelen!A40 Euer Brief an Raḥmatu’lláh wurde zur Kenntnis genommen. Er enthielt vielerlei frohe Botschaften, vor allem die, dass durch die Kraft des Glaubens und die Beständigkeit im Bündnis zahlreiche Zusammenkünfte einberufen wurden und dass die Geliebten überall rege und aktiv sind.
Es war immer ‘Abdu’l-Bahás brennender Wunsch, dass die Gefilde jenes geheiligten Ortes, bereits in den frühesten Tagen der Sache Gottes neu belebt und grünend unter den Frühlingsschauern der Gnade, immerfort so leuchten und blühen, dass jedes Herz sich mit Freude füllt.
Gepriesen sei der Herr! Überall in Ost und West wurde Gottes Sache so verkündet und vorangetragen, dass sich niemand je vorstellen konnte, wie rasch der süße Duft des Herrn alle Bereiche durchdringt. Dies geschah wahrlich nur durch die vollendeten Gnadengaben der ewiggesegneten Schönheit, deren Gunst und siegreiche Macht immer wieder in überreichem Maß empfangen ward.
Eines der wunderbaren Ereignisse, das erst kürzlich eintrat, ist die Errichtung des Mashriqu’l-Adhkár im Herzen des amerikanischen Kontinents sowie die Tatsache, dass zahllose Seelen im Umkreis für die Errichtung dieses heiligen Tempels spenden. Unter ihnen ist eine hochgeschätzte Dame aus der Stadt Manchester, die auch gerne ihren Beitrag leisten wollte.
Da sie weder Gut noch Geld besaß, schnitt sie mit eigener Hand die schönen, langen, kostbaren Locken ab, die ihr Haupt anmutig zierten, und bot sie zum Verkauf an, um mit dem Erlös das Vorhaben des Mashriqu’l-Adhkár zu unterstützen.
Bedenkt: Obwohl in den Augen der Frauen nichts kostbarer ist als volles, langes, lockiges Haar, hat diese hochverehrte Dame dessen ungeachtet einen so seltenen, wundervollen Geist der Selbstaufopferung bekundet.
Und obgleich diese Tat nicht verlangt war und ‘Abdu’l-Bahá ihr nicht zugestimmt hätte, zeigt sie doch einen so hehren, edlen Geist der Hingabe, dass er zutiefst gerührt war. Wie kostbar das Haar in den Augen westlicher Frauen auch sei, kostbarer selbst als das Leben, gab sie es hin als ein Opfer für die Sache des Mashriqu’l-Adhkár!
Wie berichtet wird, tat einst der Gesandte GottesA41 Seinen Wunsch kund, dass eine Streitmacht in eine bestimmte Richtung vorstoßen solle. Den Gläubigen wurde die Erlaubnis gewährt, für den heiligen Krieg Beiträge einzuziehen. Unter den vielen Spendern war ein Mann, der tausend Kamele gab, jedes beladen mit Getreide, ein anderer stiftete die Hälfte seines Vermögens, wieder einer bot alles, was er hatte. Aber eine hochbetagte Frau, deren ganzer Besitz eine Handvoll Datteln war, kam zum Gesandten und legte Ihm ihren bescheidenen Beitrag zu Füßen. Daraufhin befahl der Prophet Gottes – möge mein Leben ein Opfer für Ihn sein –, dass diese Handvoll Datteln zuoberst auf alle gesammelten Spenden gelegt werde, damit ihr Wert und Vorrang vor allem anderen zum Ausdruck komme. Dies geschah, weil die alte Frau keinen anderen irdischen Besitz hatte.
In ähnlicher Weise hatte diese geschätzte Dame nichts zu geben als ihre kostbaren Locken, die sie ruhmreich für die Sache des Mashriqu’l-Adhkár opferte.
Denkt darüber nach, wie mächtig und stark die Sache Gottes geworden ist! Eine Frau aus dem Westen gibt ihr Haar für die Herrlichkeit des Mashriqu’l-Adhkár.
Das ist wahrlich eine Lektion für diejenigen, die begreifen.
Ich möchte noch sagen, ich bin sehr zufrieden mit den Geliebten in Najaf-Ábád; denn sie haben vom ersten Dämmerlicht der Sache Gottes bis zum heutigen Tage ausnahmslos unter allen Bedingungen einen großartigen Geist der Selbsthingabe bewiesen.
Zaynu’l-Muqarrabín hat sein Leben lang mit der ganzen Aufrichtigkeit seiner makellosen Seele für die Gläubigen in Najaf-Ábád gebetet und Gottes Gnade und Seine göttliche Bestätigung für sie erfleht.
Dem Herrn sei Dank, dass die Gebete dieser gütigen Seele erhört wurden; die Wirkungen sind überall offenkundig.
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Der Mashriqu’l-Adhkár ist eine der wichtigsten Institutionen auf der Welt. Er hat viele ergänzende Einrichtungen. Zwar ist er ein Haus der Andacht, ihm sind aber ein Krankenhaus, eine Apotheke, ein Hospiz für Reisende, eine Schule für Waisen und eine Universität für fortgeschrittene Studien angeschlossen. Zu jedem Mashriqu’l-Adhkár gehören diese fünf Dinge. Es ist meine Hoffnung, dass in Amerika jetzt der Mashriqu’l-Adhkár errichtet werde und dass dann allmählich das Krankenhaus, die Schule, die Universität, die Apotheke und das Hospiz folgen werden, alle nach dem wirksamsten, zweckmäßigsten Verfahren arbeitend. Macht dies alles unter den Geliebten des Herrn bekannt, so dass sie verstehen, wie überragend groß die Bedeutung dieses ›Aufgangsortes des Gedenkens Gottes‹ ist. Der Tempel ist nicht nur ein Ort der Anbetung. Er ist vielmehr in jeder Hinsicht ein umfassendes Ganzes.
O du liebe Magd Gottes! Wenn du nur erkennen könntest, welch hohe Stufe denjenigen Seelen bestimmt ist, die sich von der Welt lösen, mit aller Macht zum Glauben hingezogen sind und unter dem schützenden Schatten Bahá’u’lláhs lehren! Wie würdest du jubeln, wie würdest du voll Begeisterung und Entzücken die Flügel breiten und himmelwärts steigen – weil du ein Jünger auf diesem Pfad, ein Wanderer zu diesem Königreich bist.
Die Bedeutung der Worte, die ich in meinem Brief gebrauchte, als ich dich hieß, dich dem Dienst an der Sache Gottes zu weihen, ist: Richte deine Gedanken allein auf das Lehren des Glaubens. Handle Tag und Nacht nach den Lehren, Ratschlägen und Ermahnungen Bahá’u’lláhs. Das schließt eine Ehe nicht aus. Du kannst dir einen Mann nehmen und zugleich der Sache Gottes dienen; das eine schließt das andere nicht aus. Erkenne den Wert dieser Tage; lasse diese Gelegenheit nicht verstreichen. Bitte Gott, dich zu einer leuchtenden Kerze zu machen, damit du eine große Schar durch diese dunkle Welt führest.
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O du begünstigte Magd des Himmelreiches! Dein Brief ist eingetroffen. Er zeigt hohes Streben und edle Ziele, denn du möchtest eine Reise in den Fernen Osten unternehmen und bist bereit, große Mühsal auf dich zu laden, um die Seelen zu führen und weit und breit die frohe Botschaft vom Reich Gottes zu verkünden. Dieses Vorhaben zeigt, dass du, liebe Magd Gottes, das edelste aller Ziele im Herzen trägst.
Wenn du die frohe Botschaft überbringst, sprich gerade heraus und sage: Der Verheißene aller Völker der Welt ist jetzt offenbar. Denn alle Völker und Religionen erwarten einen Verheißenen, und Bahá’u’lláh ist der Eine, den alle erwarten; deshalb wird die Sache Bahá’u’lláhs die Einheit der Menschheit zustande bringen. Das Thronzelt der Einheit wird auf den Höhen der Welt errichtet werden, die Fahnen der einen Menschheit werden auf den Gipfeln der Erde gehisst. Wenn du deine Zunge lösest, diese große, frohe Botschaft zu künden, ist dies das Mittel, die Menschen zu lehren.
Deine geplante Reise geht allerdings in ein sehr fernes Land, und wenn nicht eine ganze Gruppe Menschen zur Verfügung steht, werden die frohen Botschaften dort nicht viel bewirken. Wenn du es für das beste hältst, reise stattdessen nach Persien und nimm den Rückweg über Japan und China. Dies scheint viel besser zu sein und weit vergnüglicher. In jedem Fall tu, was möglich erscheint, und es wird gutgeheißen.
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O du, der du Erleuchtung suchst beim Licht der Führung! Preise Gott, dass Er dich zum Licht der Wahrheit leitet und dich einlädt, das Reich Abhá zu betreten. Dein Blick ward erleuchtet, dein Herz in einen Rosengarten verwandelt. Ich bete für dich, dass du immerdar an Glauben und Gewissheit wachsest, einer Fackel gleich in den Versammlungen strahlest und ihnen das Licht der Führung spendest.
Sooft die Freunde Gottes zu einer erleuchteten Versammlung zusammentreten, ist ‘Abdu’l-Bahá, obzwar körperlich abwesend, mit Geist und Seele dabei. Ich bin immer auf der Reise nach Amerika und gewisslich mit durchgeistigten, erleuchteten Freunden vereint. Die Entfernung ist aufgehoben. Sie kann die enge, innige Verbindung zweier Seelen, die sich von Herzen nah sind, selbst dann nicht verhindern, wenn sie in zwei verschiedenen Ländern sind. So bin ich dein enger Gefährte, ganz auf dich eingestimmt und im Einklang mit deiner Seele.
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O du Herrin des Königreiches! Dein Brief aus New York ist angekommen. Sein Inhalt schenkt Freude und Glück, denn er zeigt, dass du mit festem Sinn und reiner Absicht entschlossen bist, nach Paris zu reisen, damit du in dieser stummen Stadt das Feuer der Liebe Gottes entzündest und mitten im Dunkel der stofflichen Welt wie eine strahlende Kerze leuchtest. Diese Reise ist sehr lobenswert und angebracht. Wenn du Paris erreichst, musst du dich bemühen, wie klein die Anzahl der Freunde auch sei, die Versammlung des Bündnisses zu errichten und die Seelen durch die Macht des Bündnisses zu beleben.
Paris ist tief entmutigt, in einem Zustand der Starre und bis jetzt nicht entflammt, obwohl die französische Nation aktiv und lebhaft ist. Die Stoffwelt hat Paris mit ihrem großen Zelt zugedeckt und religiöse Empfindungen beseitigt. Aber die Kraft des Bündnisses wird jede fröstelnde Seele erwärmen, wird auf alles Dunkle Licht verströmen und dem Gefangenen in den Klauen der stofflichen Welt Gottes Reich mit seiner wahren Freiheit bringen.
Erhebe dich jetzt in Paris mit der Kraft des Königreiches, mit göttlicher Bestätigung, mit echtem Eifer und Inbrunst, mit der Flamme der Liebe Gottes. Brülle wie eine Löwin, zeige solche Begeisterung und Liebe unter diesen wenigen Seelen, dass dir der Preis und Ruhm aus dem Gottesreich ständig zufließe und machtvolle Bestätigung auf dich herniederkomme. Bleibe gewiss! Wenn du entsprechend handelst und das Banner des Bündnisses hissest, wird Paris in Flammen stehen. Halte dich ständig an die Bestätigungen Bahá’u’lláhs und suche sie immerdar; denn sie verwandeln den Tropfen in ein Meer, die Mücke in einen Adler.
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O ihr, die ihr fest seid im Bund und Testament! Euer Brief kam an, und jeder eurer gesegneter Namen wurde zur Kenntnis genommen. Dieser Brief hatte göttliche Eingebungen und offenbare Gnadengaben zum Inhalt, denn er zeigte die Einheit der Freunde und den Einklang aller Herzen.
Heute kreist Gottes ganz besondere Gunst um Einheit und Einklang unter den Freunden, auf dass diese Einheit und dieser Einklang die Einheit der Menschenwelt verkünden, die Erde aus dem tiefen Dunkel des Hasses und der Feindschaft befreien und die Sonne der Wahrheit in hellem, vollkommenem Mittagsglanz erstrahlen lassen.
Alle Völker der Welt geben sich heute dem Eigennutz hin und bieten alles auf, ihre materiellen Interessen voranzutreiben. Sie beten sich selbst an, statt die göttliche Wirklichkeit und die Welt der Menschheit anzubeten. Mit Bedacht suchen sie ihren eigenen Vorteil und nicht das Gemeinwohl; denn sie sind Gefangene der stofflichen Welt, ohne Bewusstsein für die göttlichen Lehren, die Gaben des Königreiches und die Sonne der Wahrheit. Ihr aber, Preis sei Gott, seid derzeit mit dieser Gabenfülle besonders gesegnet: Ihr seid unter die Erwählten aufgenommen, ihr seid über den himmlischen Befehl im Bilde, ihr habt Einlass ins Reich Gottes erlangt, ihr wurdet Empfänger grenzenlosen Segens, getauft mit dem Wasser des Lebens, dem Feuer der Liebe Gottes und dem Heiligen Geist.
Strebet deshalb mit Herz und Seele danach, brennende Kerzen in der Versammlung der Welt zu werden, funkelnde Sterne am Horizont der Wahrheit, Sprachrohre für die Verkündigung des strahlenden Gottesreiches, damit die Menschenwelt verwandelt werde in ein Reich des Himmels, die niedere Welt in die Welt der Höhe, damit die Liebe Gottes und die Gnade des Herrn ihren Baldachin hoch über der Welt aufrichten, die Menschenseelen zu Meereswellen der Wahrheit werden, die Welt der Menschheit zu einem gesegneten Baum zusammenwachse, die Verse der Einheit erklingen und die Lieder der Heiligkeit bis zu den himmlischen Heerscharen aufsteigen.
Tag und Nacht flehe ich demütig zum Reiche Gottes und erbitte für euch grenzenlosen Beistand und Bestätigung. Schaut nicht auf eure eigenen Fähigkeiten und Möglichkeiten, sondern richtet euren Blick auf die vollendete Gnade, die göttlichen Segnungen und die Macht des Heiligen Geistes – die Macht, die den Tropfen zur See, den Stern zur Sonne werden lässt.
Preis sei Gott, die himmlischen Heerscharen sichern den Sieg, die Macht des Königreiches ist bereit zu helfen und beizustehen. Wolltet ihr jeden Augenblick eure Zunge lösen, um Dank zu sagen, ihr wäret dennoch unfähig, eurer Dankespflicht für diese Gaben gerecht zu werden.
Bedenkt: Wichtige Persönlichkeiten, deren Ruf über die ganze Welt verbreitet ist, werden binnen kurzem zu völliger Bedeutungslosigkeit dahinwelken, weil sie von dieser himmlischen Gabenfülle ausgeschlossen sind. Weder Ruf noch Namen lassen sie zurück, keine Frucht und keine Spur wird von ihnen bleiben. Aber über euch ist die Sonne der Wahrheit mit all ihrem Glanz aufgegangen, ihr habt ewiges Leben erlangt, ihr werdet immerdar am Horizont des Seins funkeln und strahlen.
Petrus war ein Fischer, Maria Magdalena eine Bäuerin. Aber weil ihnen Christi Segen zuteil ward, erstrahlte der Horizont ihres Glaubens, und sie leuchten bis zum heutigen Tage vom Himmel ewigwährender Herrlichkeit. Auf dieser Stufe zählen Verdienste und Fähigkeiten nicht. Nein, die Sonne der Wahrheit muss mit ihrem Strahlenglanz, der diese Spiegel erleuchtet, in Betracht gezogen werden.
Ihr ladet mich nach Amerika ein. Ich sehne mich selbst danach, dort in die strahlenden Angesichter zu schauen, mich mit den treuen Freunden zu unterhalten und mit ihnen zusammen zu sein. Aber die Magnetkraft, die mich an jene Gestade ziehen wird, ist die Einheit und Eintracht der Freunde, ihr Verhalten und Betragen im Einklang mit den Lehren Gottes, ihrer aller Standhaftigkeit im Bund und Testament.
O göttliche Vorsehung! Diese Versammlung Deiner Freunde ist von Deiner Schönheit angezogen und vom Feuer Deiner Liebe entflammt. Mache aus diesen Seelen himmlische Engel, erwecke sie zu neuem Leben durch den Odem Deines Heiligen Geistes, verleihe ihnen beredte Zungen und mutige Herzen, gib ihnen himmlische Kraft und barmherzige Empfindsamkeit. Mache sie zu Wegbereitern für die Einheit der Menschheit, zur Wirkkraft der Liebe und Eintracht in der Menschenwelt, so dass die gefährliche Finsternis dummer Vorurteile dem Sonnenlicht der Wahrheit weiche, diese düstere Welt erleuchtet werde, das stoffliche Reich die Strahlen der Geisteswelt aufnehme, die Farbenvielfalt zu einer Farbe verschmelze und das Loblied sich erhebe im Königreich Deiner Heiligkeit.
Wahrlich, Du bist der Allmächtige, der Allgewaltige!
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Du schreibst über Organisation. Bahá’u’lláhs göttliche Lehren, Warnungen und Ermahnungen sind offenkundig und klar. Sie bilden die Organisation des Gottesreiches, ihre Anwendung ist Pflicht. Die geringste Abweichung davon ist völliger Irrtum.
Du schreibst über meine Reise nach Amerika. Könntest du sehen, wie die Wogen der Arbeit ständig branden, so wüsstest du, dass die Zeit zum Reisen einfach nicht da ist. Selbst zu Zeiten eines festen Wohnsitzes ist stundenweise Ruhe fast unmöglich. So Gott will, hoffe ich, dass ich mich durch Bahá’u’lláhs Segen zur Reise entschließen kann, sobald Möglichkeiten vorhanden sind, Sinn und Herz zu beruhigen. Ich werde dir dann Nachricht geben.
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O du entzündete Kerze! Dein Brief ist angekommen. Sein Inhalt brachte geistige Freude, denn er war erfüllt von geistigen Gefühlen und zeigte, wie hingezogen dein Herz ist, wie hingegeben an das Reich Gottes und die Liebe zu Seinen göttlichen Lehren.
Wahrlich, du zeigst hehres Mühen, hast reine, heilige Vorsätze, wünschst nichts als Gottes Wohlgefallen, suchst nur grenzenlose Gnadengaben zu erreichen und bist bemüht, die göttlichen Lehren zu verbreiten und schwierige metaphysische Fragen zu erklären. Ich hoffe, dass du und deine verehrte Gemahlin durch die Gunst Bahá’u’lláhs täglich an Festigkeit und Standhaftigkeit wachsen werden, bis ihr in jenem gepriesenen Land zwei hoch flatternde Fahnen und zwei strahlende Leuchten werdet.
Ausgedehnte Reisen im Oktober nach Norden, Süden, Osten und Westen in Begleitung von Frau Maxwell, jener Kerze der Liebe Gottes, wären sehr zu begrüßen. Ich hoffe, dass sie sich vollständig erholen wird. Diese geliebte Dienerin Gottes gleicht einer Feuerflamme; Tag und Nacht denkt sie nur daran, Gott zu dienen. Einstweilen reist durch die nördlichen Staaten, und im Winter eilt in die Staaten des Südens. Euer Dienst sollte in beredten Vorträgen bei Versammlungen bestehen, in denen ihr die göttlichen Lehren verkündigt. Wenn möglich, unternehmt irgendwann eine Reise auf die Hawaii-Inseln.
Die Ereignisse, die bekannt geworden sind, wurden alle vor fünfzig Jahren aufgezeichnet in Bahá’u’lláhs Sendschreiben, die gedruckt, veröffentlicht und in aller Welt verbreitet wurden. Bahá’u’lláhs Lehren sind das Licht des Zeitalters und der Geist des Jahrhunderts. Erklärt sie einzeln bei jeder Zusammenkunft. Die erste ist das Suchen nach Wahrheit, die zweite die Einheit der Menschheit, die dritte der Weltfrieden, die vierte die Übereinstimmung zwischen Wissenschaft und göttlicher Offenbarung, die fünfte das Ablegen rassischer, religiöser, weltlicher und politischer Vorurteile, welche die Grundlage der Menschheit zerstören, die sechste ist Rechtschaffenheit und Gerechtigkeit, die siebte ist die Hebung der Sittlichkeit und himmlische Erziehung, die achte ist die Gleichwertigkeit der beiden Geschlechter, die neunte ist die Verbreitung von Wissen und Erziehung, die zehnte betrifft wirtschaftliche Fragen und so weiter und so fort. Strebet danach, dass die Seelen zum Lichte der Führung gelangen und sich an den Saum Bahá’u’lláhs klammern.
Der Brief, den du beigelegt hast, wurde durchgelesen. Wenn des Menschen Seele geläutert und gereinigt ist, werden geistige Bande geknüpft, und von diesen Banden kommen Empfindungen, die das Herz fühlt. Das Herz des Menschen gleicht einem Spiegel. Ist der Spiegel rein, so stellen sich die Herzen aufeinander ein und spiegeln sich gegenseitig; so werden geistige Gefühle erzeugt. Das ist wie in der Traumwelt, wenn der Mensch vom Greifbaren gelöst ist und Geistiges erfährt. Was für erstaunliche Gesetze wirken da, was für einzigartige Entdeckungen werden gemacht! Es kann sogar sein, dass ausführliche Botschaften empfangen werden…
Zum Schluss hoffe ich, dass die Freunde in Chikago vereint werden und jene Stadt erleuchten; denn in ihr ist das erste Morgenlicht der Sache Gottes erschienen, und darin liegt ihr Vorzug vor anderen Städten. Deshalb gebührt ihr besondere Achtung; vielleicht kann sie – so Gott will – von aller geistigen Not befreit werden, vollkommene Gesundheit erlangen und für Bund und Testament ein Mittelpunkt sein.
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O du geliebte Dienerin Gottes! Dein Brief ist angekommen. Sein Inhalt belegt die Tatsache, dass die Freunde sich mit vollendeter Ausdauer und Lebenskraft um die Verbreitung der himmlischen Lehren mühen. Diese Nachricht macht sehr froh und glücklich, hat doch jedes Zeitalter einen besonderen Geist, und liegt doch der Geist dieses erleuchteten Zeitalters in den Lehren Bahá’u’lláhs; denn sie begründen die Einheit der Menschenwelt und verbreiten weltumspannende Brüderschaft. Sie beruhen auf der Einheit von Wissenschaft und Religion sowie auf dem Forschen nach Wahrheit. Sie vertreten den Grundsatz, dass die Religion Freundschaft, Einheit und Einklang unter den Menschen bewirken muss. Sie begründen die Gleichwertigkeit beider Geschlechter und vertreten wirtschaftliche Grundsätze für das Glück jedes Menschen. Sie verbreiten Erziehung, so dass jede Seele möglichst hohen Anteil am Wissen hat. Sie tilgen und beseitigen Vorurteile religiöser, rassischer, politischer, patriotischer, wirtschaftlicher und anderer Art. Diese Lehren sind überall in den Schriften und Sendschreiben zu finden; sie bringen der Menschenwelt Erleuchtung und Leben. Wer sie verbreitet, dem steht wahrlich das Reich Gottes bei.
Der Präsident der Republik, Dr. Wilson, dient in der Tat dem Reich Gottes, denn er gönnt sich keine Ruhe und bemüht sich Tag und Nacht darum, dass die Rechte aller Menschen gewahrt und gesichert seien, dass die kleinen Nationen wie die größeren in Frieden und Wohlfahrt unter dem Schutz von Recht und Gerechtigkeit leben. Dies ist in der Tat eine edle Absicht. Ich vertraue darauf, dass die unvergleichliche Vorsehung solche Seelen in jeder Lage unterstützt und bestätigt.
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O du wahrer Freund! Lies in der Schule Gottes die Lektionen des Geistes und lerne vom Lehrer der Liebe die tiefsten Wahrheiten. Suche nach den Geheimnissen des Himmels und sprich über Gottes überströmende Gunst und Gnade.
Zwar bedeutet es den höchsten Ruhm der Menschheit, Wissenschaften und Künste zu erwerben, aber nur unter der Bedingung, dass des Menschen Strom in die mächtige See mündet und aus Gottes urewigem Quell Gottes Eingebung schöpft. Sobald das geschieht, ist jeder Lehrer ein uferloses Meer, jeder Schüler ein üppiger Springquell des Wissens. Wenn so das Streben nach Wissen zur Schönheit Dessen führt, der das Ziel allen Wissens ist, wie wunderbar ist dann die Absicht! Andernfalls mag vielleicht ein winziger Tropfen den Menschen vom Strom der Gnade fernhalten, denn mit Gelehrsamkeit gehen Hochmut und Stolz einher; das aber führt zu Irrtum und Gleichgültigkeit gegen Gott.
Die Wissenschaften von heute sind Brücken zur Wirklichkeit. Wenn sie also nicht zur Wirklichkeit führen, bleibt nur nutzlose Einbildung. Bei dem einen wahren Gott! Wenn Wissenserwerb nicht den Zugang bahnt zu Ihm, dem Alloffenbarsten, ist er nur offensichtlicher Verlust.
Es ist deine Pflicht, dir die verschiedenen Wissenszweige anzueignen und dein Antlitz der offenbaren Schönheit zuzuwenden, auf dass du ein Zeichen rettender Führung unter den Völkern der Welt seist, ein Brennpunkt des Verstehens in dieser Sphäre, von der die Weisen mit all ihrer Weisheit ausgeschlossen sind, außer denen, die das Reich des Lichtes betreten und Kunde erhalten von dem verschleierten, verborgenen Mysterium, dem wohlgehüteten Geheimnis.
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O Tochter des Gottesreiches! Dein Brief ist angekommen. Er zeigt, dass du alle deine Gedanken darauf richtest, Licht aus den Reichen des Geheimnisses zu empfangen. Solange der Mensch seine Gedanken verzettelt, erreicht er nichts; wenn sich aber sein Denken auf einen Punkt konzentriert, werden die Früchte wundervoll sein.
Die volle Kraft des Sonnenlichts kann man nicht erhalten, wenn es auf einen flachen Spiegel fällt. Scheint die Sonne aber auf einen konkaven Spiegel oder auf eine konvexe Linse, wird ihre ganze Hitze auf einen einzigen Punkt konzentriert, und dieser eine Punkt wird am heißesten brennen. So ist es auch notwendig, unser Denken auf einen Brennpunkt zu richten, damit es zu einer wirksamen Kraft wird.
Du möchtest den Riḍván-Tag mit einem Fest begehen und die Anwesenden in Frohsinn und Freude Sendschreiben vortragen lassen. Du bittest mich, dir einen Brief zu senden, der an diesem Tag verlesen werden soll. Hier ist mein Brief:
O ihr Geliebten und ihr Dienerinnen des Gnadenvollen! Dies ist der Tag, da die Sonne der Wahrheit am Horizont des Lebens aufging, ihre Herrlichkeit verbreitete und ihren Glanz mit solcher Macht verströmte, dass sie die dichten, hochgetürmten Wolken spaltete und an den Himmeln der Welt in ihrer ganzen Lichtfülle emporstieg. So seid ihr Zeugen, wie alles Erschaffene neu sich regt.
Seht, wie an diesem Tag Wissenschaften und Künste ihren Wirkkreis ausdehnen, welche wunderbaren technischen Fortschritte gemacht werden, zu welcher Höhe sich die Verstandeskräfte erheben und was für erstaunliche Erfindungen erscheinen.
Dieses Zeitalter ist in der Tat wie hundert andere Zeitalter zusammengenommen. Wenn ihr den Gewinn von hundert Zeitaltern zusammentragt und das Gesamtergebnis unserer Zeit dagegensetzt, wird der Gewinn dieses einen Zeitalters sich größer erweisen als der von hundert vergangenen. Nehmt zum Beispiel alle Bücher zusammen, die in vergangenen Zeitaltern geschrieben wurden, und vergleicht sie mit den Büchern und Abhandlungen unserer Zeit: Die Bücher, die allein in unseren Tagen geschrieben werden, übersteigen bei weitem die Gesamtzahl der Bände aller Jahrhunderte. Seht, welch mächtigen Einfluss die Sonne der Welt auf das innerste Wesen alles Erschaffenen ausübt.
Aber weh und ach, tausendmal weh und ach! Die Augen sehen es nicht, die Ohren sind taub, die Herzen und Gemüter vergessen diese höchste Gnadengabe. Strebt mit ganzem Herzen und ganzer Seele danach, die Schlafenden zu erwecken, die Blinden sehen und die Toten auferstehen zu lassen.
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O du Vöglein, das so lieblich die Schönheit Abhá besingt! In dieser neuen, wunderbaren Sendung wurden die Schleier des Aberglaubens zerrissen und die Vorurteile der östlichen Völker missbilligt. Die Musik wurde bei einigen östlichen Völkern als verwerflich angesehen, aber in diesem neuen Zeitalter hat das Licht der Offenbarung in Seinen heiligen Sendbriefen besonders dargelegt, dass Musik, gesungen oder gespielt, geistige Nahrung für Herz und Seele ist.
Die Musik gehört zu den Künsten, die höchstes Lob verdienen. Sie bewegt alle Herzen, die traurig sind. O Shahnáz,A42 spiele und singe darum die heiligen Worte Gottes in den Versammlungen der Freunde mit herrlichen Tönen, so dass die Ketten des Kummers und der Sorge von den Hörern abfallen, ihre Seelen sich vor Freude erheben und sich demütig im Gebet dem Reiche der Herrlichkeit zuwenden.
75
Strebe mit Herz und Seele danach, Einigkeit und Harmonie zwischen Schwarz und Weiß zu schaffen; zeige damit die Einheit der Bahá’í-Welt, in der es keine Unterscheidung nach Rassen gibt, sondern nur auf die Herzen geachtet wird. Preis sei Gott, denn die Herzen der Freunde sind vereint und miteinander verbunden, seien sie vom Osten oder Westen, Norden oder Süden, seien sie Deutsche, Franzosen, Japaner oder Amerikaner, gehören sie der weißen, schwarzen, roten, gelben oder braunen Rasse an. Unterschiede der Hautfarbe, der Herkunft oder Rasse haben in der Bahá’í-Religion keine Bedeutung, im Gegenteil, die Bahá’í-Einheit überwindet sie alle und lässt all diese Einbildungen verschwinden.
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O du, der du ein erleuchtetes Herz besitzt! Du bist wie die Pupille des Auges, der wirkliche Quell des Lichtes, denn Gottes Liebe hat ihre Strahlen auf dein innerstes Sein gerichtet, und du hast dein Antlitz dem Reich deines Herrn zugewandt.
Der Hass zwischen Schwarz und Weiß sitzt in Amerika sehr tief, aber ich hoffe, dass die Macht des Königreiches diese beiden Rassen in Freundschaft verbinden und ihnen als heilender Balsam dienen wird.
Führt sie dazu, nicht auf die Hautfarbe eines Menschen zu achten, sondern auf sein Herz. Ist des Menschen Herz von Licht erfüllt, so ist er der Schwelle seines Herrn nahe, wenn nicht, ist er seinem Herrn gegenüber gleichgültig, sei er weiß oder schwarz.
77
O du verehrte Dienerin Gottes! Dein Brief aus Los Angeles ist angekommen. Danke der göttlichen Vorsehung, dass du im Dienen Beistand fandest und die Einheit der Menschenwelt verkünden konntest, so dass die düsteren Unterschiede zwischen den Menschen verschwinden und die Einheit der Nationen wie ein Festzelt alle Bereiche überschattet. Ohne diese Einheit sind Ruhe und Behagen, Frieden und weltweite Aussöhnung unerreichbar. Unser erleuchtetes Jahrhundert braucht diese Erfüllung und verlangt danach. In jedem Jahrhundert wird nach den Bedürfnissen der Zeit ein besonderes, zentrales Thema von Gott bestätigt. In unserem erleuchteten Zeitalter ist es die Einheit der Menschenwelt. Jede Seele, die dieser Einheit dient, wird zweifelsohne unterstützt und bestätigt.
Ich hoffe, dass du in den Versammlungen mit einer süßen Melodie Lobpreisungen singen und allen damit Glück und Freude bringen wirst.
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O du, der du reinen Herzens, geheiligten Geistes, unvergleichlichen Charakters und strahlenden Antlitzes bist! Dein Lichtbild ist angekommen und zeigt deine leibliche Gestalt in höchster Anmut und vollendeter Erscheinung. Du bist dunkel im Angesicht und hell im Charakter. Du bist wie die Pupille des Auges: dunkel an Farbe und doch Urquell des Lichtes und Offenbarer der abhängigen Welt.
Ich habe dich nicht vergessen, noch werde ich dich je vergessen. Ich flehe zu Gott, Er möge dich in Seiner Gnade zum Zeichen Seiner Gaben unter der Menschheit machen, dein Antlitz erleuchten mit dem Lichte solcher Segnungen, wie sie der barmherzige Herr verleiht, und dich damit für Seine Liebe auswählen in dieser Zeit, die vor allen vergangenen Jahrhunderten und Zeitaltern ausgezeichnet ist.
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O verehrte Persönlichkeit! Ich habe Ihr Werk The Gospel of WealthA43 gelesen und darin sehr zutreffende, vernünftige Empfehlungen gefunden.
Um es kurz zu fassen: Die Lehren Bahá’u’lláhs empfehlen freiwilliges Teilen, und das bedeutet mehr als den Ausgleich des Wohlstands; denn der Ausgleich muss von außen auferlegt werden, Teilen aber ist Sache der freien Wahl.
Der Mensch vervollkommnet sich durch gute Taten, die er freiwillig ausführt, nicht durch gute Taten, zu denen er gezwungen wird. Teilen ist ein persönlich gewählter Akt der Gerechtigkeit. Das heißt, die Reichen sollten den Armen Hilfe gewähren, sollten ihre Mittel für die Armen ausgeben, aber aus freien Stücken und nicht deshalb, weil die Armen dieses Ziel durch Gewalt erreichen. Denn die Ernte der Gewalt ist Aufruhr und der Zerfall der Gesellschaftsordnung. Andererseits führt freiwilliges Teilen, die frei gewählte Ausgabe der eigenen Mittel, zu Wohlfahrt und Frieden der Gesellschaft. Es erleuchtet die Welt; es verleiht der Menschheit Ehre.
Ich habe die edlen Wirkungen Ihrer Menschenfreundlichkeit in Amerika an verschiedenen Universitäten, in Friedensversammlungen und Vereinigungen zur Bildungsförderung gesehen, als ich dort von Stadt zu Stadt reiste. Deshalb bete ich für Sie, dass Sie allezeit von den Gnadengaben und Segnungen des Himmels umfangen sein mögen, um viele menschendienliche Werke in Ost und West zu vollbringen. Mögen Sie wie eine flammende Kerze im Reiche Gottes leuchten, mögen Sie Ehre und ewiges Leben erlangen, strahlend wie ein heller Stern am Horizonte der Ewigkeit.
80
O du, der du dein Angesicht Gott zuwendest! Dein Brief ist angekommen. Seinem Inhalt entnehme ich, dass du den Armen zu dienen wünschst. Welcher Wunsch könnte edler sein! Seelen, die aus dem Reich Gottes stammen, wünschen sich sehnsüchtig, den Armen dienen zu können, mit ihnen zu fühlen, freundlich zu den Unglücklichen zu sein und ihr Leben fruchtbar zu machen. Glücklich bist du, dass du diesen Wunsch hegst.
Übermittle deinen beiden Kindern meine innige Liebe und Güte. Ihre Briefe sind angekommen, aber weil ich keine Zeit habe, kann ich keine besonderen Briefe schreiben. Zeige ihnen in meinem Namen höchste Güte.
81
Die Dienste der Seelen, die während des Krieges für die Armen sorgten und in der Rot-Kreuz-Mission tätig waren, werden im Reiche Gottes angenommen und verhelfen ihnen zu ewigem Leben. Übermittle ihnen diese frohe Botschaft.
82
O du, der du fest im Bündnis stehst! Dein Brief ist angekommen. Du hast dir um jenen Gefangenen große Mühe gemacht, vielleicht trägt das Früchte. Sage ihm aber: »Die Bewohner dieser Welt sind eingesperrt im Gefängnis der Natur – einem Gefängnis, das immer währt und ewig ist. Wenn du derzeit in einem vergänglichen Gefängnis festgehalten wirst, sei nicht bekümmert. Es ist meine Hoffnung, dass du aus dem Gefängnis der Natur befreit werdest und zum Hofe des ewigen Lebens gelangest. Bete Tag und Nacht zu Gott, bitte um Vergebung und Verzeihung. Die Allmacht Gottes wird jede Schwierigkeit lösen.«
83
Übermittle im Namen ‘Abdu’l-Bahás deiner verehrten Frau meine Abhá-Grüße und sage ihr: »Güte, Ausbildung und Erziehung für die Gefangenen sind äußerst wichtig. Du hast dich bemüht, hast einige von ihnen erweckt und veranlasst, ihr Angesicht dem Reiche Gottes zuzuwenden. Diese edle Tat ist höchst annehmbar. Fahre voller Zuversicht damit fort. Übermittle den beiden Gefangenen in San Quentin meine freundlichsten Grüße und sage ihnen: ›Dieses Gefängnis ist in den Augen weiser Seelen eine Schule der Übung und der Entwicklung. Ihr müsst mit Herz und Seele danach streben, dass ihr für euren Charakter und eure Erkenntnis berühmt werdet.‹«
84
O du geliebte Magd Gottes! Dein Brief kam an und sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen.
Für die Masse des Volkes ist die Ehe ein leibliches Band, und diese Verbindung kann nur vorübergehend sein, weil sie von vornherein dazu verurteilt ist, in einer körperlichen Trennung zu enden.
Unter dem Volk Bahás jedoch muss die Ehe sowohl eine leibliche als auch eine geistige Verbindung sein, da Mann und Frau vom selben Weine berauscht sind. Beide sind vom selben unvergleichlichen Antlitz bezaubert, beide leben und entwickeln sich durch den gleichen Geist, beide werden von der gleichen Herrlichkeit erleuchtet. Diese Verbindung ist geistiger Natur, und darum wird dieser Bund ewig bestehen. Ebenso werden sie sich in der stofflichen Welt einer starken, dauerhaften Verbindung erfreuen; denn wenn die Ehe auf Geist und Leib gegründet ist, ist sie eine echte Vereinigung, die überdauern wird. Ist die Verbindung jedoch nur eine leibliche, so ist sie gewiss nur vorübergehend und muss unvermeidlich zur Trennung führen.
Wenn daher das Volk Bahás zu heiraten gedenkt, muss dieser Bund eine echte Beziehung, ein geistiges wie körperliches Zusammenfinden sein, so dass diese Verbindung in allen Lebensabschnitten und Welten Gottes fortdauert, denn diese wahre Einheit ist ein Lichtstrahl der Liebe Gottes.
Ebenso werden die Seelen, wenn sie zu wahren Gläubigen heranwachsen, geistige Verwandtschaft erlangen und eine Zartheit aufweisen, die nicht von dieser Welt ist. Alle werden sie durch einen Hauch der göttlichen Liebe erhoben, und ihre Vereinigung, ihre Verbindung wird ebenfalls ewig bestehen. Seelen, die ihr Selbst dem Vergessen preisgeben, die menschliche Schwächen ablegen und sich von irdischen Bindungen lösen, werden zweifellos mit dem himmlischen Glanz der Einheit erleuchtet und in der unvergänglichen Welt alle zur wahren Vereinigung gelangen.
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Was die Frage der Heirat im Einklang mit dem Gesetz Gottes betrifft: Zunächst musst du jemanden finden, der dir gefällt, und dann unterliegt die Sache der Zustimmung von Vater und Mutter. Ehe du nicht gewählt hast, haben sie kein Recht, sich einzumischen.
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Bahá’í-Ehe bedeutet die Bindung zweier Partner aneinander, ihre gegenseitige Zuneigung mit Kopf und Herz. Jeder von beiden muss sich jedoch voller Sorgfalt bemühen, mit der Wesensart des anderen gründlich vertraut zu werden, so dass der feste Bund zwischen ihnen eine ewige Bindung werde. Ihr Bestreben muss sein, liebevolle Gefährten und für immer und ewig miteinander eins zu sein…
Die wahre Bahá’í-Ehe bedeutet, dass Mann und Frau leiblich und geistig eins sein sollen, dass sie einander ständig in ihrem geistigen Leben vervollkommnen und sich in allen Welten Gottes ewiger Einheit erfreuen. Dies ist die Bahá’í-Ehe.
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O du Zeichen der Erinnerung an den, der für die Gesegnete Schönheit starb! Kürzlich kam die glückliche Nachricht deiner Vermählung mit jenem leuchtenden Blatt und hat die Herzen des Volkes Gottes ungemein erfreut. Voller Bescheidenheit wurden Fürbitten an der Heiligen Schwelle dargebracht, dass diese Ehe den Freunden ein Freudenbote sei, dass sie ein Liebesband werde für alle Ewigkeit, dass sie ewigwährende Gaben und Früchte hervorbringe.
Aus der Trennung kommt alle Art Schaden und Leid, aber die Vereinigung von Erschaffenem führt zu höchst löblichen Ergebnissen. In der Paarung selbst der kleinsten Teilchen aus der Welt des Seins offenbart sich Gottes Güte und Gnade, und je höher die Stufe, umso bedeutender ist die Vereinigung. »Ehre sei Ihm, der alle Paare erschaffen hat aus den Dingen, welche die Erde hervorbringt, aus den Menschen selbst und aus den Dingen jenseits ihres Gesichtskreises.«Q17 Und erhaben über jede andere Verbindung ist die Verbindung der Menschen miteinander, besonders wenn sie in der Liebe Gottes zustande kommt. So wird die Ureinheit sichtbar, so wird die Grundlage der Liebe im Geiste gelegt. Es ist gewiss, dass eine Heirat wie die eure zur Offenbarung göttlichen Segens führt. So wünschen wir euch Glück und himmlischen Segen und bitten Ihn, die Gesegnete Schönheit, durch Seine Hilfe und Gnade dieses Hochzeitsfest zu einer großen Freude für alle zu machen und es mit der Harmonie des Himmels zu schmücken.
O mein Herr, o mein Herr! Diese beiden hellen Gestirne sind in Deiner Liebe vermählt, vereint in der Dienstbarkeit an Deiner heiligen Schwelle, in der Arbeit für Deine Sache. Mache diese Ehe zum Leitstern Deiner überreichen Gnade, o mein Herr, Du Allbarmherziger, und zum leuchtenden Strahl Deines Segens, Du Wohltäter, Du Immergebender, auf dass von diesem großen Baum Zweige sprießen, die grünen und blühen durch die Gaben, die wie der Regen aus den Wolken Deiner Gnade fallen.
Wahrlich, Du bist der Freigebige, wahrlich, Du bist der Allmächtige, wahrlich, Du bist der Mitleidvolle, der Allbarmherzige.
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O meine beiden geliebten Kinder! Als mich die Nachricht eurer Verbindung erreichte, brachte sie mir große Freude und Dankbarkeit. Preis sei Gott, diese beiden treuen Vögel suchen Schutz im gleichen Nest. Ich flehe zu Gott, dass Er sie befähige, eine ehrbare Familie zu gründen, denn die Bedeutung der Ehe liegt darin, eine reich gesegnete Familie aufzuziehen, damit sie voller Freude wie Kerzen die Welt erleuchte. Denn die Erleuchtung der Welt hängt von des Menschen Dasein ab. Gäbe es in dieser Welt den Menschen nicht, so wäre sie ein Baum ohne Frucht. Ich hoffe, dass ihr beide wie ein Baum werdet, anmutig frisch durch den Regen aus der Wolke der Güte, blühend und fruchtbar, so dass euer Geschlecht ewig fortdauert.
Auf euch sei die Herrlichkeit des Allherrlichen.
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O du, der du standhaft im Bündnis bist! Dein Brief vom 2. Mai 1919 ist eingetroffen. Danke Gott, dass du in Prüfungen fest und standhaft bist und dich an das Reich Abhá hältst. Keine Betrübnis kann dich wankend machen, kein Unheil dich verwirren. Erst wenn der Mensch geprüft wird, trennt sich das reine Gold deutlich von der Schlacke. Schmerzenspein ist das Feuer der Prüfung, darin das reine Gold prächtig glänzt, alles Unreine jedoch schwarz wird und verbrennt. Du bist jetzt, Dank sei Gott, fest und standhaft in Prüfungen und Heimsuchungen. Sie erschüttern dich nicht.
Deine Frau ist nicht im Einklang mit dir, doch – Gott sei gelobt – die Gesegnete Schönheit ist zufrieden mit dir und verleiht dir reiche Segensgaben. Bemühe dich aber auch weiterhin, geduldig mit deiner Frau zu sein; vielleicht wird sie verwandelt und ihr Herz erleuchtet. Dein Beitrag für die Lehrarbeit ist hoch anzuerkennen. Er wird im Reich Gottes ewig erwähnt werden; denn er führt zur Verbreitung der Düfte und zur Erhöhung von Gottes Wort.
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O Gott, mein Gott! Deine Magd ruft Dich an, wendet vertrauensvoll ihr Angesicht Dir zu mit Bitten und Flehen: Ergieße über sie Deine himmlischen Gnadengaben, enthülle ihr Deine geistigen Geheimnisse und wirf auf sie das Licht Deiner Göttlichkeit.
O mein Herr! Mache die Augen meines Gemahls sehend, erfreue sein Herz mit dem Lichte Deiner Erkenntnis, ziehe sein Gemüt hin zu Deiner strahlenden Schönheit und erheitere seinen Geist mit der Enthüllung Deiner offenbaren Herrlichkeit.
O mein Herr! Nimm den Schleier von seinen Augen, lasse Deine reichen Gnadengaben auf ihn herabregnen, berausche ihn mit dem Wein der Liebe zu Dir, mache ihn zu einem Deiner Engel, deren Füße über die Erde wandeln, während ihre Seelen sich in die höchsten Himmel aufschwingen. Mache ihn zu einer strahlenden Lampe, die mit dem Licht Deiner Weisheit inmitten Deines Volkes scheint.
Wahrlich, Du bist der Kostbare, der Immergewährende, der Freigebige.
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O du, der du dich im Gebet vor dem Reiche Gottes niederbeugst. Selig bist du, denn die Schönheit des göttlichen Antlitzes hat dein Herz entzückt, das Licht innerer Weisheit hat es ganz erfüllt, und der Glanz des Gottesreiches leuchtet darin. Wisse, dass Gott in allen Lebenslagen mit dir ist, dass Er dich schützt vor den Wechselfällen dieser Welt und dich zu einer Dienerin in Seinem großen Weinberg gemacht hat…
Was deinen verehrten Gemahl betrifft, so musst du ihn voller Güte behandeln, auf seine Wünsche Rücksicht nehmen und stets auf Ausgleich bedacht sein, bis er sieht, dass deine Zuneigung zu ihm, deine Liebe zu Gott und auch deine Rücksicht auf seine Wünsche in allen Lebenslagen nur zugenommen haben, weil du dich dem Reiche Gottes zugewandt hast.
Ich bitte den Allmächtigen, dich fest in Seiner Liebe zu bewahren und dich immerdar die süßen Düfte der Heiligkeit in alle jene Bereiche verströmen zu lassen.
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O ihr, die ihr beide an Gott glaubt! Der Herr, einzig ist Er, hat Mann und Frau erschaffen, damit sie in engster Gemeinschaft miteinander leben und wie eine einzige Seele seien. Sie sind zwei Gefährten, zwei nahe Freunde, die gegenseitig auf ihr Wohl bedacht sein sollten.
Wenn sie so leben, werden sie diese Welt vollkommen zufrieden, glückselig und heiteren Gemüts durchschreiten, um im Himmelreich zum Ziel göttlicher Gnade und Gunst zu werden. Aber wenn sie sich anders verhalten, wird sich ihr Leben in großer Bitterkeit verzehren, jeden Augenblick werden sie den Tod herbeisehnen, und im Himmelreich werden sie beschämt sein.
Seid daher bemüht, mit Leib und Seele wie zwei Tauben in einem Nest miteinander zu wohnen, denn dies bedeutet Segen in beiden Welten.
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O du Dienerin Gottes! Jede Frau, die Gottes Dienerin wird, überstrahlt in ihrer Herrlichkeit die Kaiserinnen der Welt, denn sie ist Gott verbunden, und ihre Souveränität währt ewiglich. Dagegen wird eine Handvoll Staub Namen und Ruf jener Kaiserinnen auslöschen. Mit anderen Worten: Sobald sie ins Grab sinken, werden sie zunichte. Die Dienerinnen des Königreichs Gottes dagegen genießen ewige Souveränität, unangetastet von der Vergänglichkeit der Jahrhunderte und der Geschlechterfolgen.
Denke darüber nach, wie viele Kaiserinnen seit der Zeit Christi kamen und gingen. Jede herrschte über ein Land; aber heute sind alle Spuren und Namen von ihnen verloren, während Maria Magdalena, die nur eine Bäuerin und Gottes Dienerin war, noch immer vom Horizonte ewiger Herrlichkeit strahlt. Strebe deshalb danach, Gottes Dienerin zu bleiben.
Du hast die Tagung gelobt. Diese Jahrestagung wird in Zukunft große Bedeutung erlangen, denn sie dient dem Reiche Gottes und der Menschenwelt. Sie verkündet den Weltfrieden und legt den Grund für die Einheit der Menschheit. Sie befreit die Seelen von religiösen, rassischen und weltlichen Vorurteilen und versammelt sie im Schatten von Gottes einfarbigem Thronzelt. So preise denn Gott, dass du solch einer Tagung beiwohnen und den göttlichen Lehren lauschen durftest.
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O Dienerinnen der Schönheit Abhá! Euer Brief kam an, und ihn zu lesen, brachte große Freude. Gelobt sei Gott, die Frauen unter den Gläubigen haben Treffen veranstaltet, um zu lernen, wie man den Glauben verbreitet, die süßen Düfte der Lehren verströmt und Pläne für die Erziehung der Kinder aufstellt.
Diese Zusammenkunft muss durch und durch geistig sein. Das bedeutet, die Diskussionen müssen sich darauf beschränken, klare und schlüssige Beweise aufzustellen, dass die Sonne der Wahrheit in der Tat aufgegangen ist. Weiterhin sollten sich die Anwesenden mit allen Möglichkeiten der Mädchenerziehung beschäftigen, mit dem Mädchenunterricht auf verschiedenen Wissensgebieten: Wohlverhalten und ordentliche Lebensführung, Charakterbildung, Keuschheit und Treue, Standhaftigkeit, Kraft, Entschlossenheit, fester Vorsatz; ferner Haushaltsführung, Kindererziehung und was sonst Mädchen besonders brauchen. Aufgezogen in der Hochburg aller Vollkommenheiten, versehen mit dem Schutz eines edlen Charakters, werden diese Mädchen, wenn sie selbst Mütter sind, ihre Kinder von frühester Jugend an zu einem edlen Charakter und zu rechtem Verhalten erziehen.
Lasst sie auch lernen, was der leiblichen Gesundheit dient und wie sie ihre Kinder vor Krankheit schützen können.
Wenn so alles wohl geordnet ist, wird jedes Kind zu einer unvergleichlichen Pflanze in den Gärten des Paradieses Abhá.
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O Dienerinnen des Herrn! Die geistige Versammlung, die ihr in jener erleuchteten Stadt einberufen habt, ist überaus segensreich. Ihr habt große Anstrengungen unternommen, habt die anderen übertroffen, euch erhoben, an der Heiligen Schwelle zu dienen, und himmlische Gnadengaben erlangt. Nun müsst ihr euch mit allem geistigen Eifer in dieser erleuchteten Versammlung treffen, die Heiligen Schriften vorlesen und des Herrn gedenken. Legt Seine Zeugnisse und Beweise dar. Arbeitet für die Führung der Frauen in jenem Lande, lehrt die jungen Mädchen und Kinder, damit die Mütter ihre Kleinen von frühester Kindheit an sorgfältig erziehen, sie zu einem guten Charakter und hoher Sittlichkeit anleiten, sie zu allen Tugenden der Menschheit führen, die Entwicklung tadelnswerten Betragens verhindern und sie im Schoße der Bahá’í-Erziehung fördern. So sollen diese zarten Kinder am Busen der Erkenntnis und Liebe Gottes genährt werden. So sollen sie wachsen und gedeihen, erzogen in Rechtschaffenheit, menschlicher Würde, Entschlossenheit und im Willen zu Strebsamkeit und Ausdauer. So sollen sie Beständigkeit in allen Dingen lernen, den Willen, voranzukommen, Hochherzigkeit und edle Entschlossenheit, Keuschheit und Reinheit des Lebens. So sollen sie fähig werden, was immer sie unternehmen, zu einem erfolgreichen Ende zu führen.
Die Mütter sollten daran denken, dass alles, was Kindererziehung berührt, den Vorrang hat. Sie sollten in dieser Hinsicht jede Anstrengung unternehmen, denn wenn der Zweig grün und zart ist, wird er in jede vorgegebene Richtung wachsen. Darum ist es die Pflicht der Mütter, ihre Kleinen so heranzuziehen, wie ein Gärtner seine jungen Pflanzen pflegt. Tag und Nacht sollen sie sich bemühen, in ihren Kindern Glauben und Gewissheit, Gottesfurcht, Liebe zu dem Geliebten der Welten sowie alle guten Eigenschaften und Charakterzüge zu verankern. Wann immer eine Mutter sieht, dass ihr Kind etwas gut gemacht hat, soll sie es loben, ihre Anerkennung äußern und sein Herz erfreuen. Und wenn sich der kleinste unerwünschte Zug zeigt, soll sie dem Kind raten, die Mittel der Vernunft gebrauchen und erforderlichenfalls das Kind auch durch sanften mündlichen Tadel strafen. Es ist jedoch nicht erlaubt, ein Kind zu schlagen oder es verächtlich zu machen, denn der Charakter des Kindes wird durch Prügel oder Beschimpfung völlig verdorben.
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O Dienerinnen des Barmherzigen! Bringt der Urewigen Schönheit euren Dank dar, dass ihr erhoben und versammelt wurdet in diesem mächtigsten Jahrhundert, diesem erleuchtetsten Zeitalter. Als angemessenen Dank für diesen Segen bleibt fest und stark im Bündnis, folgt den Geboten Gottes und dem heiligen Gesetz und säugt eure Kinder vom ersten Tag an mit der Milch allumfassender Erziehung! Erzieht sie so, dass von frühester Kindheit an tief in ihren Herzen, in ihrem ureigensten Wesen, eine Lebensart fest begründet wird, die mit den göttlichen Lehren völlig übereinstimmt.
Mütter sind die ersten Erzieher, die ersten Berater; sie sind es wahrlich, die das Glück, die zukünftige Bedeutung, die Liebenswürdigkeit, Bildung und Urteilskraft, das Verständnis und den Glauben ihrer Kleinen vorherbestimmen.
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Es gibt bestimmte Pfeiler, die als unerschütterliche Stützen des Glaubens Gottes errichtet sind. Die mächtigsten Pfeiler sind Bildung, der Gebrauch des Verstandes, die Erweiterung des Bewusstseins, die Einsicht in die Wirklichkeiten des Weltalls und in die verborgenen Geheimnisse des allmächtigen Gottes.
Wissen zu fördern, ist somit eine unausweichliche Pflicht für jeden einzelnen Freund Gottes. Es obliegt jenem Geistigen Rat, jener Versammlung Gottes, alle Mühe für die Erziehung der Kinder auf sich zu nehmen, damit sie sich von frühester Kindheit in der Lebensführung als Bahá’í auf Gottes Wegen üben, um wie junge Pflanzen an den sanft fließenden Wassern der Ratschläge und Ermahnungen der Gesegneten Schönheit zu gedeihen und zu blühen.
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Gäbe es keinen Erzieher, blieben alle Seelen roh und wild, und gäbe es keinen Lehrer, so wären die Kinder unwissende Geschöpfe.
Deshalb sind in diesem neuen Zyklus Erziehung und Ausbildung im Buche Gottes als Pflicht verzeichnet, nicht als freiwillige Angelegenheit. Das bedeutet, Vater und Mutter sind verpflichtet, Tochter und Sohn mit größter Anstrengung auszubilden, sie an der Brust der Erkenntnis zu nähren und sie aufzuziehen am Busen der Wissenschaften und Künste. Wer diese Aufgabe vernachlässigt, der wird in Gegenwart des gestrengen Herrn zur Rechenschaft gezogen und mit Vorwürfen überhäuft werden.
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Du schreibst über die Kinder: Von allem Anfang an müssen die Kinder göttliche Erziehung erhalten und ständig erinnert werden, ihres Gottes zu gedenken. Lasse die Liebe Gottes mit der Muttermilch ihr tiefstes Wesen durchdringen.
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Es ist mein Wunsch, dass diese Kinder eine Bahá’í-Erziehung erhalten, so dass sie hienieden wie im Gottesreich Fortschritte machen und dein Herz erfreuen.
In nächster Zeit werden die Sitten auf eine sehr niedere Stufe sinken. Es ist wichtig, dass die Kinder nach Bahá’í-Art erzogen werden, damit sie in dieser und der zukünftigen Welt glücklich werden. Gelingt das nicht, so werden sie von Kummer und Mühsal umgeben sein; denn menschliches Glück gründet sich auf geistiges Verhalten.
101
O ihr, die ihr Seelenfrieden habt! In den göttlichen Versen des Heiligsten Buches wie auch in anderen Sendschreiben steht: Es ist Pflicht des Vaters und der Mutter, ihre Kinder sowohl zu rechtem Verhalten als auch zum Studium der Bücher zu erziehen. Studium bedeutet im erforderlichen Umfang, so dass kein Kind, ob Mädchen oder Junge, Analphabet bleibt. Wenn der Vater seine Pflicht versäumt, muss er gezwungen werden, seiner Verantwortung nachzukommen, und wenn ihm das nicht möglich ist, hat das Haus der Gerechtigkeit die Erziehung der Kinder zu übernehmen; in keinem Fall darf ein Kind ohne Erziehung bleiben. Das ist eines der bindenden, unumstößlichen Gebote. Seine Missachtung würde den zornigen Unwillen des allmächtigen Gottes hervorrufen.
102
O ihr wahren Gefährten! Die ganze Menschheit gleicht Kindern in der Schule, und die Aufgangsorte des Lichtes, die Quellen göttlicher Offenbarung, sind die Lehrer, wundersam und ohnegleichen. In der Schule der Wirklichkeiten erziehen sie diese Söhne und Töchter nach Gottes Lehren und nähren sie an der Brust der Gnade, damit sie sich in jeder Hinsicht entwickeln, die vortrefflichen Gnadengaben des Herrn dartun und menschliche Vollkommenheiten in sich vereinen, damit sie ferner auf allen Gebieten menschlichen Bemühens, äußerlich wie innerlich, erkennbar oder verborgen, stofflich oder geistig, Fortschritte machen, bis sie diese vergängliche Welt zu einem großflächigen Spiegel machen, der die andere, die unsterbliche Welt, widerspiegelt.
O ihr Freunde Gottes! Weil die Sonne der Wahrheit in diesem bedeutendsten aller Zeitalter zum höchsten Punkt der Frühlings-Tagundnachtgleiche emporgestiegen ist und ihre Strahlen auf alle Landstriche wirft, wird sie in der Welt des Seins solch prickelnde Erregung entfachen, solche Schwingungen auslösen, solches Wachstum und solche Entwicklung in Gang setzen, mit solcher Herrlichkeit ihr Licht verströmen, die Wolken der Gnade in solcher Fülle ergießen, Felder und Auen mit einer solchen Myriade süßduftender Pflanzen und Blumen übersäen, dass diese bescheidene Erde zum Reich Abhá, diese niedere Welt zur Welt der Höhe erhoben wird. Dann wird dieser kleine Staubfleck wie der weite Himmelskreis, diese menschliche Stätte wird Gottes Königshof, diese Handvoll Lehm wird zum Morgen unendlicher Gunstbeweise des Herrn der Herren.
So strengt euch denn mächtig an, ihr Geliebten Gottes, damit ihr diesen Fortschritt und alle diese Bestätigungen an euch selber zeigt und Brennpunkte für Gottes Gnadengaben, Aufgangsorte Seiner lichtvollen Einheit, Förderer aller Segnungen und Gunstbeweise kultivierten Lebens werdet! Werdet dortzulande zur Vorhut menschlicher Vollkommenheit, tragt die verschiedenen Wissenszweige voran, seid aktiv und fortschrittlich auf dem Gebiet der Erfindungen und Künste. Bemüht euch, das menschliche Verhalten zu verbessern, und trachtet danach, die ganze Welt sittlich zu übertreffen. Solange die Kinder noch klein sind, nährt sie an der Brust himmlischer Gnade, hegt sie in der Wiege aller Vollkommenheiten, zieht sie groß in den Armen der Gabenfülle. Gönnt ihnen den Vorzug alles brauchbaren Wissens. Lasst sie teilhaben an jedem neuen, trefflichen, wundersamen Handwerk und Kunstgewerbe. Erzieht sie zu Arbeit und Einsatz, gewöhnt sie an Mühsal. Lehrt sie, ihr Leben wichtigen Dingen zu widmen, begeistert sie zu Studien, die der Menschheit nützen.
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Die Erziehung und Ausbildung der Kinder gehört zu den verdienstvollsten Taten der Menschheit. Sie zieht die Gnade und den Segen des Allbarmherzigen auf sich; denn Erziehung ist die unentbehrliche Grundlage jeder herausragenden menschlichen Leistung und erlaubt dem Menschen, sich seinen Weg zu den Höhen immerwährender Herrlichkeit zu bahnen. Wird ein Kind vom Säuglingsalter an erzogen, so trinkt es durch die liebende Fürsorge des heiligen Gärtners aus den kristallenen Wassern des Geistes und der Erkenntnis, wie ein junger Baum an plätschernden Bächen. Es wird gewiss die hellen Sonnenstrahlen der Wahrheit auf sich ziehen; durch der Sonne Licht und Wärme wird es allzeit frisch und schön im Garten des Lebens gedeihen.
Deshalb muss der treue Ratgeber zugleich Arzt sein, das heißt, er muss das Kind beim Unterricht von Fehlern heilen, ihm Wissen vermitteln und es gleichzeitig zu geistiger Wesensart erziehen. Lasst den Lehrer Arzt sein für den Charakter des Kindes. Damit wird er die geistigen Leiden der Menschenkinder heilen.
Wenn große Mühe auf diese wichtige Aufgabe verwandt wird, erstrahlt die Menschenwelt in neuem Schmuck und verströmt helles Licht. Dann wird dieser dunkle Ort erleuchtet, dieser irdene Wohnsitz in den Himmel verwandelt. Selbst Teufel werden dann zu Engeln, Wölfe zu Hirten, die Meute wilder Hunde zu Gazellen, die auf den Auen der Einheit grasen; reißende Bestien werden zu friedlichen Herden, Greifvögel mit messerscharfen Krallen werden zu Sängern, die ihre süßen Lieder trillern.
Denn die innere Wirklichkeit des Menschen ist eine Grenzlinie zwischen Schatten und Licht, der Ort, an dem die beiden Meere aufeinandertreffen.A44 Sie ist der niedrigste Punkt des absteigenden BogensA45 und deshalb fähig, alle Stufen darüber zu erreichen. Durch Erziehung kann sie jeden Vorzug gewinnen; ohne Erziehung bleibt sie dem niedersten Punkt der Unvollkommenheit verhaftet.
Jedes Kind hat die Möglichkeit in sich, das Licht der Welt zu sein – und genauso ihre Dunkelheit. Deshalb muss der Frage der Erziehung höchste Bedeutung beigemessen werden. Vom Säuglingsalter an muss das Kind an der Brust der Liebe Gottes genährt und in den Armen Seiner Erkenntnis gehegt werden, damit es Licht verströme, in der Geistigkeit wachse, erfüllt sei von Weisheit und Bildung und die Eigenschaften der Engelsschar annehme.
Euch ist diese heilige Aufgabe übertragen. So müsst ihr euch Mühe geben, jene Schule in jeder Hinsicht auf der ganzen Welt berühmt zu machen. Sorgt dafür, dass durch sie das Wort des Herrn verherrlicht wird.
104
O ihr Geliebten Gottes und Dienerinnen des Barmherzigen! Ein großer Teil der Gelehrten ist der Ansicht, dass Abweichungen bei den Verstandeskräften und verschiedenartige Stufen der Wahrnehmungsfähigkeit auf Unterschiede der Erziehung, Ausbildung und Kultur zurückgehen. Sie glauben also, dass die Verstandeskräfte anfangs gleich sind, dass jedoch Ausbildung und Erziehung geistige Unterschiede und Abstufungen der Intelligenz hervorbringen und dass solche Unterschiede kein angeborener Teil der Person, sondern Ergebnis der Erziehung sind, dass also niemand von Geburt an anderen überlegen ist…
Die Manifestationen Gottes stimmen darin überein, dass die Erziehung den größtmöglichen Einfluss auf die Menschheit ausübt. Sie betonen jedoch, dass Unterschiede im Grad der Intelligenz angeboren sind. Diese Tatsache ist offensichtlich, sie braucht nicht diskutiert zu werden. Wir sehen, wie Kinder desselben Alters, desselben Landes, derselben Rasse, ja sogar derselben Familie, die durch dieselbe Person ausgebildet werden, trotzdem verschieden in ihrer Aufnahmefähigkeit und Intelligenz sind. Der eine macht schnelle Fortschritte, der zweite nimmt die Anleitungen nur allmählich auf, ein dritter bleibt auf der niedersten Stufe stehen. Wie sehr man auch eine Muschelschale poliert, es wird keine glänzende Perle daraus. Auch kann man keinen stumpfen Kiesel in einen Edelstein verwandeln, dessen reines Funkeln die Welt erleuchtet. Niemals wird sich der Bitterapfel und der HöllenbaumA46 durch Erziehung und Kultivierung in den Baum des SegensA47 verwandeln. Das heißt, Erziehung kann das innere Wesen des Menschen nicht ändern; aber sie übt gewaltigen Einfluss aus, und mit dieser Kraft kann sie aus dem einzelnen hervorbringen, was an Vollkommenheiten und Fähigkeiten in ihm angelegt ist. Ein Weizenkorn wird eine ganze Ernte bringen, wenn es vom Bauern kultiviert wird, und ein Samenkorn wird durch die Pflege des Gärtners zu einem großen Baum heranwachsen. Dank den liebevollen Bemühungen eines Lehrers können Grundschulkinder die höchsten Stufen der Vollendung erreichen; seine Wohltat kann tatsächlich manches unscheinbare Kind auf einen hehren Thron heben. Das zeigt klar, dass die Verstandeskräfte von Natur aus in ihrer Leistungsfähigkeit voneinander abweichen, die Erziehung aber für ihre Entwicklung eine große Rolle spielt und machtvollen Einfluss ausübt.
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Der Unterschied zwischen der heute herrschenden materiellen Zivilisation und der göttlichen Kultur, die eine der vom Haus der Gerechtigkeit ausgehenden Wohltaten sein wird, besteht im Folgenden: Die materielle Zivilisation schreckt das Volk durch den Zwang vergeltender Strafgesetze von Verbrechen ab, und obwohl diese vergeltenden Strafgesetze ständig weiter wuchern, gibt es, wie ihr seht, keine Gesetze, die den Menschen belohnen. In allen Städten Europas und Amerikas wurden riesige Gebäude errichtet, die als Gefängnisse für Straffällige dienen.
Die göttliche Kultur indessen erzieht jedes Glied der Gesellschaft so, dass außer ganz wenigen niemand ein Verbrechen begeht. Es besteht daher ein großer Unterschied zwischen der Verbrechensverhütung durch gewalttätige, vergeltende Maßnahmen und derartiger Erziehung, Aufklärung und Vergeistigung, dass die Menschen ohne Angst vor Strafe oder Rache Verbrechen unterlassen. Sie werden fürwahr schon das Begehen eines Verbrechens als eine große Schande und als die härteste Strafe ansehen. Sie werden sich in die menschlichen Vollkommenheiten verlieben und ihr Leben dem weihen, was der Welt Licht bringt und die an der heiligen Schwelle Gottes annehmbaren Tugenden fördert.
Sieh nun, wie groß der Unterschied zwischen der materiellen Zivilisation und der göttlichen Kultur ist. Die materielle Zivilisation will das Volk durch Gewalt und Strafe abschrecken, Unheil zu stiften, der Gesellschaft Schaden zuzufügen und Verbrechen zu begehen. In einer göttlichen Kultur wird der Mensch jedoch so erzogen sein, dass er ohne Angst vor Strafe vor dem Verbrechen zurückschaudert, das Verbrechen als die größte Pein ansieht und sich mit freudiger Dienstbereitschaft anschickt, die Tugenden der Menschheit zu erwerben, den menschlichen Fortschritt zu fördern und Licht über die Welt zu verbreiten.
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Zu den größten Diensten, die der Mensch dem allmächtigen Gott je erweisen kann, gehört die Erziehung und Ausbildung von Kindern, jungen Pflanzen im Paradies Abhá, so dass diese Kinder wie Perlen göttlicher Großmut in der Muschel der Erziehung wachsen, gehegt in Gnade auf dem Pfade des Heils, bis sie schließlich juwelengleich die Krone ewiger Herrlichkeit schmücken.
Es ist jedoch sehr schwierig, diesen Dienst zu leisten, und noch schwerer ist es, darin Erfolg zu haben. Ich hoffe, du wirst dich bei dieser wichtigsten Aufgabe bewähren, den Sieg davontragen und zum Banner der überfließenden Gnade Gottes werden. Auch hoffe ich, dass diese Kinder, allesamt in den heiligen Lehren gehegt und behütet, Charaktere wie die süßen Lüfte aus den Gärten des Allherrlichen entwickeln und ihren Duft über die ganze Welt verbreiten.
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‘Abdu’l-Bahá hofft, dass jene jungen Seelen im Schulsaal vertieften Wissens von einem Lehrer geführt werden, der sie lieben lehrt. Mögen sie in allen Bereichen des Geistes viel über die verborgenen Geheimnisse lernen, so viel, dass jeder im Königreich des Allherrlichen wie eine sprachbegabte Nachtigall die Geheimnisse des Himmelreiches kündet und wie ein sehnsüchtig Liebender seine brennende Not, sein heißes Verlangen nach dem Geliebten hervorstößt.
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Der Charakterfrage solltet ihr die größte Bedeutung zumessen. Es ist die Pflicht jeden Vaters und jeder Mutter, ihre Kinder lange Zeit zu beraten und sie zu den Dingen zu führen, die zu ewiger Ehre gereichen.
Ermutigt die Schulkinder von Jugend auf, wohlgesetzte Reden zu halten, so dass sie in ihrer Freizeit damit beschäftigt sind, überzeugende, wirksame Ansprachen zu halten und sich dabei klar und beredt auszudrücken.
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O ihr, die ihr Gottes Gunst empfanget! Die unerschütterliche Grundlage dieses neuen, wunderbaren Zeitalters ist das Lehren der Wissenschaften und Künste. Nach den ausdrücklichen Heiligen Worten muss jedes Kind in ausreichendem Maß in Kunst und Handwerk unterwiesen werden. Deshalb müssen in jeder Stadt und jedem Dorf Schulen errichtet werden, und jedes Kind dieser Stadt oder dieses Dorfes muss im nötigen Umfang lernen.
Es folgt daraus, dass jede Seele, die mithilft, das zu verwirklichen, an der himmlischen Schwelle mit Sicherheit aufgenommen und von den himmlischen Heerscharen gepriesen wird.
Da ihr euch um dieses überragend wichtige Ziel so sehr bemüht habt, hoffe ich, dass ihr euren Lohn vom Herrn klarer Zeichen und Beweise erntet und die Blicke himmlischer Gnade sich auf euch richten.
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Was die Organisation der Schulen betrifft: Wenn möglich, sollten die Kinder alle dieselbe Art Kleidung tragen, selbst wenn der Stoff verschieden ist. Am besten wäre auch der Stoff einheitlich; ist das aber unmöglich, so schadet es auch nicht. Je sauberer die Schüler sind, desto besser. Sie sollten makellos sein. Die Schule muss an einem Ort mit guter, reiner Luft sein. Die Kinder müssen sorgfältig dazu erzogen werden, äußerst höflich zu sein und sich gut zu betragen. Sie müssen fortwährend ermutigt und begeistert werden, zu den Gipfeln menschlicher Vervollkommnung zu streben, so dass sie von frühester Kindheit an gelehrt werden, sich hohe Ziele zu setzen, sich richtig zu verhalten, keusch, rein und makellos zu sein, und dass sie lernen, in jeder Hinsicht starke Entschlusskraft und festen Vorsatz zu zeigen. Lasst sie nicht spaßen und tändeln, sondern ihre Ziele gewissenhaft verfolgen, dass sie in jeder Lage entschlossen und gefestigt sind.
Moralische Erziehung und gutes Benehmen sind viel wichtiger als Bücherwissen. Ein sauberes, anmutiges Kind mit gutem Charakter und richtigem Benehmen ist – selbst dann, wenn es nicht viel weiß – einem Kind vorzuziehen, das unhöflich, ungewaschen und boshaft, doch in allen Künsten und Wissenschaften bewandert ist. Der Grund ist, dass das Kind, das sich gut benimmt, auch wenn es nicht viel weiß, für andere zum Gewinn wird, während das boshafte, ungezogene Kind verderbt ist und anderen schadet, selbst wenn es viel weiß. Wenn jedoch das Kind so erzogen wird, dass es beides ist, gebildet und gut, so führt das zum strahlendsten Licht.
Kinder sind wie ein frischer, grüner Zweig; sie werden in diejenige Richtung wachsen, in die ihr sie biegt. Verwendet die allergrößte Sorgfalt darauf, ihnen hohe Ideale und Ziele zu vermitteln, so dass sie als Erwachsene ihre Lichtstrahlen wie leuchtende Kerzen über die Welt ergießen und sich nicht achtlos-unwissend durch tierische Gelüste und Leidenschaften entehren. Sie sollen stattdessen ihre Herzen darauf richten, ewigwährende Ehre zu erlangen und sich alle Vollkommenheiten der Menschheit anzueignen.
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Die Wurzel schlechter Taten ist Unwissenheit; wir müssen uns deshalb fest an die Werkzeuge der Wahrnehmung und Erkenntnis halten. Ein guter Charakter muss gelehrt werden. Das Licht muss weithin verbreitet werden, damit alle in der Schule der Menschlichkeit die himmlischen Eigenschaften des Geistes erwerben und zweifelsfrei erkennen, dass es keine heißere Hölle, keinen feurigeren Abgrund gibt als einen unzuverlässigen, verderbten Charakter. Es gibt keine dunklere Grube, keine abscheulichere Qual als verdammungswürdige Eigenschaften.
Jeder Mensch muss zu einer so hohen Stufe erzogen werden, dass er sich lieber die Kehle durchschneiden lässt, als eine Lüge auszusprechen, und dass es für ihn leichter ist, vom Schwert geteilt oder vom Speer durchbohrt zu werden, als eine Verleumdung zu äußern oder dem Jähzorn zu verfallen.
So wird der Sinn für Würde und Stolz entzündet, damit er die Ernten wollüstiger Begierden verbrenne. Dann wird jeder Geliebte Gottes wie ein leuchtender Mond mit den Tugenden des Geistes erstrahlen, und die Beziehung jedes einzelnen zur Heiligen Schwelle seines Herrn wird kein Trug sein, sondern echt und wahr; sie wird die Grundmauer des Bauwerks sein, kein Zierrat an der Fassade.
Daraus folgt, die Schule für Kinder sollte eine Stätte höchster Disziplin und Ordnung sein, eine gründliche Unterweisung bieten und für die Verbesserung und Verfeinerung des Charakters Sorge tragen, so dass von klein auf im Wesen des Kindes die göttliche Grundlage gelegt und das Bauwerk der Heiligkeit errichtet wird.
Wisse, dass diese Fragen des Unterrichts, der Charakterformung und -bildung, der Freude und Ermutigung des Kindes von allergrößter Bedeutung sind; denn sie sind Leitgrundsätze Gottes.
So werden, wenn Gott will, aus diesen geistigen Schulen erleuchtete Kinder hervorgehen, geschmückt mit den herrlichsten Tugenden der Menschheit. Nicht nur auf Persien werden sie ihr Licht ergießen, sondern auf die ganze Welt.
Es ist äußerst schwierig, nach der Pubertät den Menschen zu lehren und seinen Charakter zu verbessern. Dann nämlich, so zeigt uns die Erfahrung, nützt alles nichts mehr, auch wenn noch so große Anstrengungen unternommen werden, seine Neigungen zu verändern. Er wird sich heute vielleicht etwas bessern. Aber einige Tage später vergisst er alles wieder und fällt zurück in seinen gewohnten Trott, seine eingefahrenen Geleise. Deshalb muss in frühester Kindheit eine feste Grundlage gelegt werden. Solange der Zweig grün und zart ist, kann er leicht gerade gebogen werden.
Unserer Meinung nach sind die Eigenschaften des Geistes die erste, die göttliche Grundlage. Sie schmücken das wahre Wesen des Menschen, und Wissen ist die Ursache menschlichen Fortschritts. Die Geliebten Gottes müssen dieser Angelegenheit große Bedeutung beimessen und sie mit Eifer und Begeisterung vorantreiben.
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In dieser heiligen Sache hat die Frage der Waisen besondere Bedeutung. Waisen muss größte Beachtung geschenkt werden. Sie müssen gelehrt, ausgebildet und erzogen werden. Insbesondere müssen ihnen, soweit möglich, die Lehren Bahá’u’lláhs vermittelt werden.
Ich flehe zu Gott, dass du den Waisenkindern eine gütige Mutter werdest und sie mit den Düften des Heiligen Geistes belebst, so dass sie das Alter der Reife als wahrhafte Diener der Menschenwelt, als leuchtende Kerzen in der Versammlung der Menschheit erreichen werden.
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O Dienerin Gottes! … Den Müttern müssen die göttlichen Lehren und wirksame Ratschläge gegeben werden, sie müssen ermutigt und begeistert werden, ihre Kinder auszubilden, denn die Mutter ist die erste Erzieherin des Kindes. Sie ist es, die zunächst das Neugeborene an der Brust des Gottesglaubens und des Gottesgesetzes stillt. So soll das Kind göttliche Liebe schon mit der Muttermilch saugen und bis zum letzten Atemzug bewahren.
Wenn die Mutter in der Erziehung ihrer Kinder versagt und sie nicht auf eine ordentliche Lebensbahn lenkt, wird auch alle spätere Erziehung nicht voll zur Wirkung kommen. Es obliegt den Geistigen Räten, den Müttern ein wohldurchdachtes Programm für die Kindererziehung zu vermitteln und ihnen zu zeigen, wie das Kind vom Säuglingsalter an behütet und belehrt werden muss. Diese Anweisungen müssen jeder Mutter gegeben werden, so dass sie sich danach richten und ihre Kinder nach den göttlichen Lehren bilden und hegen kann.
So werden diese jungen Pflanzen im Garten der Liebe Gottes in der warmen Sonne der Wahrheit, den sanften Frühlingswinden des Himmels und an der führenden Hand ihrer Mutter wachsen und blühen, bis jede im Paradies Abhá zu einem Baum wird, der reiche Frucht trägt und in dieser neuen, wundersamen Jahreszeit durch den Frühlingssegen alle Schönheit und Anmut empfängt.
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Wisset, o ihr liebenden Mütter: In den Augen Gottes ist der beste Weg, Ihn zu verherrlichen, die Erziehung der Kinder und ihre Bildung in allen Vollkommenheiten der Menschheit. Keine edlere Tat ist denkbar.
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O ihr beiden innig geliebten Dienerinnen Gottes! Was immer des Menschen Zunge verkündet, soll er durch seine Taten beweisen. Wenn er behauptet, ein Gläubiger zu sein, so handle er nach den Geboten des Reiches Abhá.
Gelobt sei Gott! Ihr beide habt die Wahrheit eurer Worte durch eure Taten erwiesen und habt die Bestätigungen Gottes, des Herrn, erlangt. Täglich im Morgengrauen versammelt ihr die Bahá’í-Kinder; ihr lehrt sie, zu beten und sich Gott zuzuwenden. Das ist sehr lobenswert und bringt den Herzen der Kinder Freude. So sollten sie jeden Morgen ihr Angesicht dem Königreich zuwenden, den Herrn anrufen, Seinen Namen preisen und mit der süßesten Stimme Gottes Verse singen und aufsagen.
Die Kinder sind wie junge Pflanzen. Sie die Gebete zu lehren, gleicht dem Regen, der auf sie niedergeht, damit sie zart und frisch heranwachsen, damit die sanften Winde der Liebe Gottes über sie hinwehen und sie vor Freude erschauern lassen.
Glückseligkeit erwartet euch und eine sichere Zuflucht.
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O du Tochter des Königreichs! Deine Briefe sind angekommen. Sie besagen, dass deine Mutter in das unsichtbare Reich emporgestiegen ist und dich zurückließ. Du möchtest deinem Vater dienen, der dir teuer ist, gleichzeitig aber auch dem Reich Gottes, und weißt nicht, wie du dich entscheiden sollst. Gewiss sollst du deinem Vater dienen und, sooft du Zeit findest, die göttlichen Düfte verbreiten.
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O du Freund ‘Abdu’l-Bahás! Sei der Sohn deines Vaters und die Frucht jenes Baumes. Sei ein Sohn, geboren aus seiner Seele und seinem Herzen, nicht nur aus Wasser und Lehm. Der ist ein wahrer Sohn, der aus dem geistigen Sein eines Menschen entsprossen ist. Ich bitte Gott, dass du zu allen Zeiten bestätigt und gestärkt werdest.
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O ihr jungen Bahá’í-Kinder, ihr Sucher nach Wahrheit, Verständnis und Wissen! Ein menschliches Wesen unterscheidet sich von einem Tier auf vielerlei Art. Vor allen Dingen ist der Mensch nach dem Bilde Gottes erschaffen, in der Gestalt des himmlischen Lichtes, wie die Thora sagt: »Lasset uns Menschen machen, ein Bild, das uns gleich sei.«Q18 Dieses göttliche Bild bezeichnet alle Eigenschaften der Vollkommenheit, deren Licht von der Sonne der Wahrheit ausgeht und die Wirklichkeit der Menschen erleuchtet. Zu den höchsten dieser Eigenschaften gehören Weisheit und Wissen. Ihr müsst euch deshalb gewaltig anstrengen, Tag und Nacht streben und keinen Augenblick rasten, damit ihr einen großen Anteil an allen Wissenschaften und Künsten erwerbt und damit Gottes Bild, aus der Sonne der Wahrheit strahlend, den Spiegel der Menschenherzen erleuchte.
Es ist ‘Abdu’l-Bahás sehnlichster Wunsch, jeden von euch als vorzüglichen Lehrer an den Akademien und den Schulen innerer Bedeutungen anerkannt zu sehen, jeder ein Führer der Weisheit.
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Die Bahá’í-Kinder müssen die anderen Kinder beim Studium der Wissenschaften und Künste übertreffen, denn sie werden in der Gnade Gottes aufgezogen.
Was andere Kinder in einem Jahr lernen, sollen Bahá’í-Kinder in einem Monat lernen. ‘Abdu’l-Bahás Herz sehnt sich voller Liebe danach mitzuerleben, wie alle jungen Bahá’í wegen ihrer intellektuellen Fähigkeiten in der ganzen Welt bekannt werden. Es besteht kein Zweifel daran, dass sie all ihre Mühe, ihre Kraft und ihren Stolz darauf verwenden werden, sich Wissenschaften und Künste anzueignen.
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O meine lieben Kinder! Euer Brief ist angekommen. Er brachte so große Freude, dass Wort und Schrift sie nicht ausdrücken können, hat doch, gelobt sei Gott, die Macht des Gottesreiches Kinder herangebildet, die von frühester Jugend an sehnsüchtig eine Bahá’í-Erziehung erlangen möchten, damit sie sich von Kindesbeinen an dem Dienst an der Menschenwelt widmen können.
Es ist mein höchster Wunsch und mein größtes Verlangen, dass ihr, die ihr meine Kinder seid, nach den Lehren Bahá’u’lláhs erzogen werdet und eine Bahá’í-Ausbildung erhaltet, auf dass jeder von euch eine brennende Kerze in der Menschenwelt werde, sich dem Dienst an der ganzen Menschheit widme, Ruhe und Behagen aufgebe, um für die Befriedung der erschaffenen Welt zu wirken.
Das ist meine Hoffnung für euch. Ich glaube fest, dass ihr mir Grund zur Freude und zum Glück im Reiche Gottes geben werdet.
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O du, der du erst wenige Jahre zählst und schon viele Geistesgaben hast! Wie ist so manches Kind noch jung an Jahren und doch schon reif und sicher in seinem Urteil! Und wie ist so mancher betagte Mensch unwissend und verwirrt! Denn Wachstum und Entwicklung hängen von den Verstandeskräften und der Vernunft eines Menschen ab, nicht von seinem Alter oder der Dauer seiner Erdentage.
Du befindest dich noch in der Zeit der Kindheit und hast doch bereits deinen Herrn erkannt, während zahllose Frauen Ihn vergessen haben und ausgeschlossen sind aus Seinem Himmelreich, Seiner Segnungen beraubt. Danke deinem Herrn für diese wundersame Gabe.
Ich bitte Gott, dass Er deine Mutter heile; sie ist hochverehrt im himmlischen Königreich.
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Zu deiner Frage über die Kindererziehung: Du hast die Pflicht, die Kinder an der Brust der Liebe Gottes zu nähren und sie an das Geistige heranzuführen, damit sie ihr Angesicht Gott zuwenden, damit ihre Lebensführung den Maßstäben rechten Verhaltens entspricht und ihr Charakter unübertroffen sei, damit sie sich alle Anmut, alle löblichen Eigenschaften der Menschheit zu eigen machen, damit sie auf den verschiedenen Wissensgebieten gründliche Kenntnisse erwerben, vom ersten Atemzug an geistige Wesen werden, Bewohner des Königreiches, verliebt in den süßen Duft der Heiligkeit, und damit sie eine religiöse, geistige Erziehung empfangen, geboren aus dem himmlischen Reich. Ich will wahrlich Gott bitten, ihnen ein glückhaftes Ergebnis dieser Bemühungen zu schenken.
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O du, die du deinen Blick fest auf das Reich Gottes richtest! Dein Brief ist angekommen; wir entnehmen ihm, dass du dich bemühst, die Kinder der Gläubigen zu lehren, und dass die Kleinen die Verborgenen Worte, die Gebete sowie die Bedeutung des Bahá’í-Seins gelernt haben.
Die Unterweisung dieser Kinder ist der Arbeit eines liebenden Gärtners zu vergleichen, der seine jungen Pflanzen auf den blühenden Feldern des Allherrlichen pflegt. Das wird zweifellos die gewünschten Ergebnisse bringen. Dies gilt besonders für die Unterweisung in den Bahá’í-Pflichten und in der Lebensführung als Bahá’í, denn die kleinen Kinder müssen tief in Herz und Seele erkennen, dass ›Bahá’í‹ nicht nur ein Name, sondern eine Wahrheit ist. Jedes Kind muss in geistigen Dingen erzogen werden, so dass es alle Tugenden verkörpert und ein Quell des Ruhmes für die Sache Gottes wird. Das bloße Wort ›Bahá’í‹ führt zu nichts, wenn es keine Frucht hervorbringt.
Bemühe dich, so gut du irgend kannst, und lehre diese Kinder, dass ein Bahá’í ein Mensch ist, der alle Vollkommenheiten verkörpert, strahlend wie eine entzündete Kerze – keine schwarze Finsternis und doch ›Bahá’í‹ dem Namen nach.
Nenne diese Schule die Bahá’í-Sonntagsschule.A48
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Die Sonntagsschule für Kinder, in der die Sendbriefe und Lehren Bahá’u’lláhs gelesen werden und das Wort Gottes den Kindern vorgetragen wird, ist fürwahr ein Segen. Du musst diese organisierte Tätigkeit unaufhörlich fortsetzen und wichtig nehmen, so dass sie Tag für Tag wachse und vom Hauch des Heiligen Geistes gestärkt werde. Sei ganz sicher, dass diese Tätigkeit große Ergebnisse zeitigen wird, wenn sie gut organisiert ist. Festigkeit und Standhaftigkeit sind jedoch nötig; sonst wird sie nur kurz bestehen und allmählich in Vergessenheit geraten. Ausdauer ist eine wesentliche Voraussetzung. Bei jedem Vorhaben werden Festigkeit und Standhaftigkeit zweifelsohne zu guten Ergebnissen führen; sonst besteht es nur ein paar Tage und wird dann wieder aufgegeben.
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Die Lehrer sollten weder zu häufig wechseln, noch sollte man dies zu lange hinauszögern. Das rechte Maß ist vorzuziehen. Es ist nicht ratsam, dass ihr eure Versammlungen zu einer Zeit abhaltet, da in anderen Kirchen Gebetszeit ist. Das würde zu Entfremdung führen, weil Bahá’í-Kinder, die ihre eigene Sonntagsschule haben, nicht dabei sein könnten, wenn sie gerne andere Sonntagsschulen besuchen möchten. Auch ist es statthaft, Kinder, deren Eltern nicht Bahá’í sind, zur Schule für Bahá’í-Kinder zuzulassen. Und wenn in dieser Schule die Hauptgrundsätze aller Religionen im Überblick zur Unterrichtung der Kinder dargelegt werden, kann das nicht schaden.
Da nur wenige Kinder teilnehmen, ist es nicht möglich, verschiedene Klassen einzurichten. So ist natürlich nur eine Klasse notwendig. Was die letzte Frage zu Streitigkeiten zwischen den Kindern betrifft, handelt so, wie es euch ratsam erscheint.
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Dein Brief ist angekommen. Gelobt sei Gott, er enthält die gute Nachricht, dass du gesund und sicher bist und in eine Landwirtschaftsschule eintreten willst. Das ist sehr gut. Bemühe dich, so sehr du kannst, in der Agrarwissenschaft gut bewandert zu sein, denn nach den göttlichen Lehren ist der Erwerb von Wissen und die Vervollkommnung in den Künsten als Gottesdienst zu betrachten. Wenn ein Mensch sich mit ganzer Kraft müht, eine Wissenschaft zu erlernen oder sich in einer Kunst zu vervollkommnen, so ist es, als bete er Gott in Kirchen und Tempeln an. Da du nun in eine Landwirtschaftsschule eintrittst und danach strebst, dir diese Wissenschaft anzueignen, hältst du Tag und Nacht Gottesdienst ab – ein Dienst, der an der Schwelle des Allmächtigen angenommen wird. Welcher Segen ist größer als der, dass Wissenschaft als Gottesdienst und Kunst als Dienst am Reiche Gottes zu betrachten sind!
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O du Diener des einen wahren Gottes! In dieser allumfassenden Sendung wird des Menschen wundersame Kunstfertigkeit als Anbetung der Strahlenden Schönheit gewertet. Bedenke, welche Gabe, welchen Segen es bedeutet, dass Handwerk als Gottesdienst gilt. Früher glaubte man, solche Fähigkeiten seien gleichbedeutend mit Unwissenheit oder gar ein Unglück, weil sie den Menschen daran hindern, Gott näherzukommen. Nun überlege, wie Seine unendlichen Gnadengaben, Seine reichen Segnungen das Höllenfeuer in ein glückseliges Paradies, einen Haufen grauen Staub in einen leuchtenden Garten verwandelten.
Den Künstlern und Handwerkern dieser Welt geziemt es, in jedem Augenblick an der Heiligen Schwelle tausend Beweise der Dankbarkeit darzubringen, sich größte Mühe zu geben und fleißig ihrem Beruf nachzugehen, so dass aus ihrem Bemühen erstehe, was vor den Augen aller Menschen die höchste Schönheit und Vollkommenheit offenbar werden lässt.
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Dein Brief ist angekommen. Ich hoffe auf Schutz und Hilfe für dich unter der Fürsorge des Wahrhaftigen. Ich hoffe, du bist allezeit damit befasst, den Herrn zu erwähnen, und du bemühst dich, deine Berufsausbildung abzurunden. Du musst dich sehr anstrengen, damit du in deinem Fach einzigartig wirst und berühmt für deine Fähigkeiten; denn in diesem begnadeten Zeitalter gilt die Vervollkommnung im Beruf als Gottesdienst. Und während du deinen Beruf ausübst, kannst du des Wahrhaftigen gedenken.
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O ihr Freunde des reinen, allmächtigen Gottes! Reinheit und Heiligkeit in allen Dingen sind Kennzeichen der gesegneten Seele und Wesensmerkmale edlen Denkens. Die höchste Vervollkommnung besteht aus Makellosigkeit und der Befreiung von jeder Unzulänglichkeit. Ist der Mensch in jeder Beziehung gereinigt und geläutert, so wird er zum Brennpunkt, der das Offenbare Licht widerstrahlt.
Das erste im Lebenswandel eines Menschen muss Reinheit sein, sodann Frische, Sauberkeit und Unabhängigkeit des Denkens. Das Bachbett muss zuerst gereinigt werden, dann mag das frische Wasser hineinfließen. Das keusche Auge erfreut sich der glückseligen Schau Gottes und versteht, was diese Begegnung bedeutet; der klare Sinn atmet die Düfte, die dem Rosengarten Seiner Großmut entströmen; das geläuterte Herz wird zum Spiegel für das liebliche Antlitz der Wahrheit.
Das ist der Grund, weshalb in den himmlischen Büchern die göttlichen Ratschläge mit Wasser verglichen werden. So wird im Qur’án gesagt: »Und wir lassen reines Wasser vom Himmel herabkommen«Q19, und im Evangelium heißt es: »Es sei denn, dass jemand getauft werde mit Wasser und Geist, so kann er nicht in das Reich Gottes kommen.«Q20 Daraus wird klar, dass die göttlichen Lehren himmlische Ausflüsse der Gnade, Regenschauer göttlicher Barmherzigkeit sind und das Menschenherz reinigen.
Damit will ich sagen, dass Reinheit und Heiligkeit, Sauberkeit und feine Sitten in jeder Hinsicht den Zustand des Menschen verbessern und die Entwicklung seiner inneren Wirklichkeit fördern. Selbst im stofflichen Reich führt Reinlichkeit zu Geistigkeit, wie die Heiligen Schriften eindeutig bezeugen. Obwohl körperliche Sauberkeit nur etwas Stoffliches ist, hat sie großen Einfluss auf das geistige Leben. Sie wirkt wie eine wundervolle Stimme oder ein schöner Klang. Obwohl Töne nur Schwingungen der Luft sind, die auf den Hörnerv wirken, obwohl diese Schwingungen nur von der Luft transportierte Zufallserscheinungen sind – sieh, wie sie das Herz bewegen! Eine wundersame Melodie beflügelt den Geist und lässt die Seele vor Freude erschauern. Damit soll gesagt werden, dass auch körperliche Reinheit Einfluss auf die Seele des Menschen hat.
Sieh nun, wie willkommen die Reinlichkeit vor Gott ist, wie ausdrücklich sie in den heiligen Büchern der Propheten betont wird; denn die Heiligen Schriften verbieten den Verzehr und den Gebrauch alles Unreinen. Manche dieser Verbote waren absolut und für alle bindend; wer das gegebene Gesetz übertrat, wurde von Gott verabscheut und aus der Gemeinschaft der Gläubigen ausgeschlossen. Gewisse Dinge waren zum Beispiel kategorisch verboten und als besonders schwere Sünden bewertet, darunter so abscheuliche Taten, dass ihre Erwähnung schon schändlich ist.
Es gibt aber andere verbotene Dinge, die keinen sofortigen Schaden verursachen und deren verderbliche Wirkungen erst allmählich zutage treten. Auch diese Taten werden vom Herrn verabscheut, getadelt und zurückgewiesen. Ihre absolute Gesetzwidrigkeit ist jedoch in den Heiligen Schriften nicht niedergelegt, obwohl Reinheit und Makellosigkeit, der Schutz der Gesundheit und die Freiheit von Sucht erfordern, dass man sie meidet.
Zu diesen letzteren zählt das Tabakrauchen, das schmutzig, übelriechend und anstößig ist – ein übler Brauch, dessen Schädlichkeit allmählich allen offenkundig wird. Jeder fähige Arzt bestätigt – und Versuche zeigen –, dass einer der Bestandteile des Tabaks ein tödliches Gift ist und dass sich der Raucher vielerlei Krankheiten aussetzt. Deshalb wird das Rauchen vom hygienischen Standpunkt aus für rundum verabscheuungswürdig erklärt.
Der Báb verbot den Tabak zu Beginn Seiner Sendung ausdrücklich, und die Freunde hörten allesamt auf zu rauchen. Da es aber zu jener Zeit gestattet war, den Glauben zu verbergen, und jeder, der nicht rauchte, geplagt, misshandelt und sogar zu Tode gebracht werden konnte, haben die Freunde wiederum geraucht, um ihren Glauben nicht allgemein kundzutun. Später wurde der Kitáb-i-Aqdas offenbart, und weil dort das Tabakrauchen nicht ausdrücklich verboten war, gaben die Freunde es nicht auf. Doch die Gesegnete Schönheit zeigte immer eine Abneigung dagegen; obwohl Er früher aus bestimmten Gründen ein wenig geraucht hatte, stellte Er es später gänzlich ein, und die reinen Seelen, die in allem Seinem Vorbild folgten, gaben es ebenfalls auf.
Nach meinem Urteil ist das Tabakrauchen in den Augen Gottes verwerflich, anstößig und äußerst schmutzig; es richtet langsam, aber sicher die Gesundheit zugrunde. Außerdem ist es eine Geld- und Zeitvergeudung und lässt den Raucher einer schädlichen Sucht zum Opfer fallen. Diese Gewohnheit wird von den im Bündnis Standhaften aus Gründen der Vernunft und der Erfahrung für tadelnswert erachtet. Sie aufzugeben, wird allen Menschen Erleichterung und inneren Frieden bringen. Sie werden überdies den Mund frisch, die Finger sauber und die Haare frei von abstoßendem Gestank halten. Sicherlich werden die Freunde Gottes, sobald dieses Sendschreiben sie erreicht, diese schädliche Gewohnheit unter allen Umständen, wenn auch Schritt für Schritt, aufgeben. Dies ist meine Hoffnung.
Was jedoch die Frage des Opiums betrifft: Es ist abscheulich und verflucht, und Gott möge uns vor Seiner Strafe für den, der es gebraucht, beschützen! Der Text des Heiligsten Buches verbietet es ausdrücklich und verurteilt seinen Gebrauch in höchstem Maße. Die Vernunft sieht im Opiumrauchen eine Wahnsinnstat, und die Erfahrung zeigt, dass der Opiumraucher aus der menschlichen Gesellschaft völlig ausgeschlossen wird. Möge Gott alle beschützen vor einer so abscheulichen Tat, welche die Grundlage des Menschseins zerstört und den Süchtigen für Zeit und Ewigkeit zugrunde richtet. Opium ergreift Besitz von der Seele des Menschen, so dass sein Gewissen stirbt, sein Verstand besudelt und sein Wahrnehmungsvermögen zerfressen wird. Es tötet das Leben und löscht die natürliche Wärme. Kein größerer Schaden ist vorstellbar als der durch Opium. Wohl denen, die nicht einmal das Wort Opium über die Lippen bringen; bedenkt somit, wie erbärmlich derjenige ist, der es gebraucht!
O ihr Freunde Gottes! Zwang, Gewalt, Nötigung und Unterdrückung sind in diesem Zeitalter Gottes, des Allmächtigen, allesamt verurteilt. Aber um den Opiumgebrauch zu verhindern, müssen alle erdenklichen Maßnahmen ergriffen werden, damit die Menschheit von dieser schlimmsten Seuche erlöst werde. Ansonsten: Wehe und Elend einem jeden, der seine Pflicht vor Gott versäumt!A49
O göttliche Vorsehung! Verleihe dem Volke Bahás in allen Dingen Reinheit und Makellosigkeit. Gib, dass die Bahá’í von jeder Befleckung und Sucht befreit werden. Bewahre sie vor jeder anstößigen Tat; mache sie frei von den Fesseln jeder schlechten Gewohnheit, so dass sie rein und frei, gesund und geläutert leben, würdig des Dienstes an Deiner heiligen Schwelle und der Verbindung zu ihrem Herrn. Befreie sie von berauschendem Trank und vom Tabak, rette und befreie sie vom Opium, das Wahnsinn bringt. Lasse sie sich freuen an den süßen Düften der Heiligkeit, in vollen Zügen trinken aus dem mystischen Kelch himmlischer Liebe und die Verzückung des Hingezogenseins zum Reich des Allherrlichen erfahren. Ist es doch, wie Du sagst: »Alles, was du in deinem Weinkeller hast, wird meiner Liebe Durst nicht stillen – bring mir, o Mundschenk, vom Wein des Geistes einen Kelch, voll wie das Meer!«
O ihr Geliebten Gottes! Die Erfahrung zeigt, wie nachhaltig die Enthaltsamkeit von Tabak, berauschenden Getränken und Opium zu Gesundheit und Lebenskraft, zu klarem, geschliffenem Denken und zu Körperkräften führt. Es gibt heute ein Volk,A50 das Tabak, berauschende Getränke und Opium strikt ablehnt. Dieses Volk übertrifft bei weitem alle anderen an Kraft, Tapferkeit, Gesundheit, Schönheit und Anmut. Ein einziger seiner Männer kann es mit zehn Männern eines anderen Stammes aufnehmen. Dies trifft für das ganze Volk zu und bedeutet, dass alle Angehörigen dieser Gemeinschaft, Mann für Mann, den Angehörigen anderer Gemeinschaften überlegen sind.
Strengt euch deshalb kräftig an, damit Reinheit und Heiligkeit, wie sie ‘Abdu’l-Bahá über alles schätzt, das Volk Bahás auszeichnen, damit Gottes Volk die anderen Menschen in allen Vortrefflichkeiten überrage, damit es sich äußerlich wie innerlich vor den anderen auszeichne, an Reinheit, Makellosigkeit, Vornehmheit und Gesundheit führend unter den Wissenden sei. Und durch ihre Freiheit von Sklaverei, ihre Erkenntnis und Selbstbeherrschung sollen die Bahá’í die ersten unter den Reinen, Freien und Weisen sein.
130
O du vortrefflicher Arzt! … Dank sei Gott, dass du zwei Kräfte besitzest: zum einen, körperlich zu heilen, zum andern, geistig zu heilen. Was den menschlichen Geist betrifft, hat großen Einfluss auf seine körperliche Verfassung. So solltest du beispielsweise deinem Patienten Fröhlichkeit schenken, ihm Wohlbehagen und Freude vermitteln, ihn begeistern und frohlocken lassen. Wie oft schon hat dies baldige Genesung bewirkt. Deshalb behandle die Kranken mit beiden Kräften.
131
Wenn du als Arzt Menschen behandelst, wende dich der Gesegneten Schönheit zu, dann folge den Eingebungen deines Herzens. Hilf den Kranken durch himmlische Freude und geistiges Frohlocken, heile die schwer Leidenden, indem du ihnen frohe, glückselige Botschaften enthüllst, und versorge die Verletzten mit Seinen strahlenden Gnadengaben. Wenn du am Bett eines Patienten stehst, ermutige und erfreue sein Herz, entzücke seinen Geist durch himmlische Kraft. Solch ein himmlischer Hauch stärkt in der Tat jedes modernde Gebein und belebt den Geist jedes Kranken und Leidenden.
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Obwohl Krankheit zu den unvermeidlichen Bedingungen des Menschseins gehört, ist sie doch wahrlich schwer zu tragen. Die Gabe guter Gesundheit ist das größte Geschenk.
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Es gibt zweierlei Mittel, Krankheiten zu heilen: stoffliche und geistige. Das erste ist ärztliche Behandlung, das zweite sind Gebete, die geistige Menschen an Gott richten, und Hinwendung zu Ihm. Beide Mittel sollten angewandt werden.
Erkrankungen, die auf stofflichen Ursachen beruhen, sollten von den Ärzten mit medizinischen Heilmitteln behandelt werden; solche, die geistige Ursachen haben, verschwinden durch geistige Mittel. So lässt sich eine von Kummer, Angst und nervösen Einflüssen verursachte Krankheit eher durch geistige als durch körperliche Behandlung heilen. Es sollten also beide Heilmethoden Anwendung finden; sie stehen nicht im Widerspruch zueinander. Du solltest deshalb auch die körperlichen Heilmittel annehmen, zumal auch sie der Barmherzigkeit und Gunst Gottes entspringen, der die ärztliche Wissenschaft offenbart hat und ins Dasein treten ließ, damit Seine Diener auch aus dieser Heilweise Nutzen ziehen. Die gleiche Beachtung solltest du auch den geistigen Heilverfahren schenken, denn sie bringen wunderbare Wirkungen hervor.
Wenn du nun das wahre Heilmittel wissen willst, das den Menschen von jeglicher Krankheit heilt und ihm die Gesundheit des göttlichen Reiches verleiht, so wisse, dass dies die Gebote und Lehren Gottes sind. Richte deine ganze Aufmerksamkeit auf sie!
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O du, der du hingezogen bist zu Gottes duftendem Hauch! Ich habe deinen Brief an Frau Lua Getsinger gelesen. Du hast in der Tat mit großer Sorgfalt die Gründe geprüft, warum Krankheit den menschlichen Körper befällt. Sicher sind Sünden eine mächtige Ursache körperlicher Leiden. Wäre die Menschheit frei vom Makel der Sünde und des kindischen Eigensinns, lebte sie nach ihrem natürlichen, eingeborenen Gleichgewicht, ohne sich von ihren Leidenschaften verführen zu lassen, so nähmen Krankheiten zweifelsohne nicht länger zu und verbreiteten sich nicht mit solcher Heftigkeit.
Aber der Mensch frönt seit je widernatürlich seinen lüsternen Begierden und gibt sich nicht mit einfacher Nahrung zufrieden. Vielmehr bereitet er sich Mahlzeiten, aus vielen Zutaten zusammengesetzt, aus Substanzen, die völlig verschieden voneinander sind. Dies und gemeine, widerliche Laster, nahmen seine Aufmerksamkeit völlig in Anspruch, so dass er die Selbstbeherrschung und Mäßigung einer natürlichen Lebensweise aufgab. Das führte zu Krankheiten, die zugleich heftig und vielschichtig sind.
Das Tier ist leiblich aus den gleichen Bestandteilen erschaffen wie der Mensch. Weil sich aber das Tier mit einfacher Nahrung zufrieden gibt, in keinem nennenswerten Umfang drängenden Gelüsten nachzugeben sucht und keine Sünden begeht, hat es, verglichen mit dem Menschen, nur wenige Gebrechen. Daraus sehen wir deutlich, wie machtvoll sich Sünde und Aufsässigkeit als krankheitserregende Faktoren auswirken. Und sind sie erst einmal da, dann verbinden sich diese Krankheiten miteinander; sie vermehren sich und werden auf andere übertragen. Das sind die geistigen, inneren Ursachen der Krankheit.
Die äußere, stoffliche Ursache der Krankheit ist eine Störung der Ausgewogenheit, des rechten Gleichgewichts all der Bausteine, aus denen der menschliche Körper zusammengesetzt ist. Um das zu veranschaulichen: Der Menschenleib ist eine Mischung aus vielen Substanzen; jeder Bestandteil ist in vorgeschriebener Menge vorhanden und trägt zum lebensnotwendigen Gleichgewicht des Ganzen bei. Solange diese Bestandteile im richtigen Verhältnis zueinander bleiben, im Einklang mit dem natürlichen Gleichgewicht des Ganzen – das heißt, solange kein Bestandteil eine Veränderung in seinem natürlichen Anteil, Maß und Gleichgewicht erleidet, solange kein Bestandteil vermehrt oder vermindert wird – gibt es keine körperliche Ursache für das Eindringen einer Krankheit.
Zum Beispiel muss der Bestandteil Stärke in vorgegebener Menge vorhanden sein, auch Zucker in vorgegebener Menge. Solange jedes in seinem natürlichen Verhältnis zum Ganzen verbleibt, hat die Krankheit keinen Angriffspunkt. Wenn jedoch diese Bestandteile von ihren natürlichen, richtigen Mengen abweichen – das heißt, wenn sie vermehrt oder vermindert werden – ebnet dies sicherlich der Krankheit den Weg.
Diese Frage bedarf der gründlichsten Untersuchung. Der Báb sagt, das Volk Bahá müsse die ärztliche Wissenschaft zu einer so hohen Stufe entwickeln, dass es Krankheiten durch die Ernährung heilt. Die Grundüberlegung ist: Wenn in einer Teilsubstanz des menschlichen Körpers ein Ungleichgewicht entsteht, das ihr richtiges Verhältnis zum Ganzen verändert, wird dies unausweichlich zum Ausbruch einer Krankheit führen. Wird beispielsweise der Stärkeanteil übermäßig erhöht oder der Zuckeranteil gesenkt, so tritt eine Krankheit ein. Ein erfahrener Arzt hat herauszufinden, welcher Bestandteil im Körper seines Patienten vermindert und welcher vermehrt wurde. Wenn er das entdeckt hat, muss er ein Nahrungsmittel verschreiben, das den herabgesetzten Bestandteil in hohem Maße enthält, um so das lebensnotwendige Gleichgewicht des Körpers wiederherzustellen. Der Patient ist seine Krankheit los, sobald seine leibliche Verfassung wieder im Gleichgewicht ist.
Der Beweis dafür ist, dass die anderen Lebewesen niemals die medizinische Wissenschaft studieren, niemals Krankheiten, Arzneien, Behandlungen oder Heilverfahren erforschen; aber, wenn eines von ihnen der Krankheit zum Opfer fällt, führt es die Natur auf den Weiden und Wüsten gerade zu der Pflanze hin, die das Tier, das davon frisst, von seiner Krankheit befreit. Ist zum Beispiel der Zuckeranteil im Körper des Tieres abgesunken, so verlangt das Tier, einem Naturgesetz folgend, nach einem Kraut, das reich an Zucker ist. Dann entdeckt und frisst es durch seinen Appetit als einen natürlichen Trieb unter den tausend verschiedenen Pflanzen der Steppe gerade das Kraut mit einem hohen Anteil Zucker. So wird das lebensnotwendige Gleichgewicht der Substanzen, die seinen Körper ausmachen, wiederhergestellt, und das Tier ist seine Krankheit los.
Diese Frage erfordert die sorgfältigste Untersuchung. Wenn erfahrene Ärzte sich diesen Dingen mit der nötigen Sorgfalt und Ausdauer widmen, wird sich herausstellen, dass eine Krankheit dann in den Körper eindringt, wenn die relativen Mengen der Körperbestandteile durcheinandergebracht sind, und dass die Behandlung darin besteht, diese relativen Anteile richtig einzustellen. Es wird sich auch zeigen, dass dies erkennbar und durch die Ernährung möglich ist.
Ganz sicher wird sich in diesem wundervollen neuen Zeitalter die medizinische Wissenschaft so weit entwickeln, dass die Ärzte ihre Patienten durch Nahrungsmittel heilen; denn Gesicht, Gehör, Geschmack, Geruch und Tastsinn sind Unterscheidungsfähigkeiten mit dem Zweck, Nützliches und Schädliches auseinanderzuhalten. Ist es möglich, dass des Menschen Geruchssinn, der die Düfte unterscheidet, einen bestimmten Geruch widerlich findet und dieser Geruch heilsam für den menschlichen Körper ist? Absurd! Unmöglich! Oder könnte dem menschlichen Körper etwa durch die Fähigkeit des Sehens, die Sichtbares unterscheidet, der Anblick einer ekelhaften Masse Kot nützen? Niemals! Und wenn nun der Geschmack, gleichfalls eine Fähigkeit, die aussondert und zurückweist, an etwas Anstoß nimmt, ist es bestimmt nicht nützlich. Selbst wenn es anfangs Vorteile brächte, erwiese sich auf die Dauer seine Schädlichkeit.
Zweifellos dient alles, was mit Appetit genossen wird, der Gesundheit, sofern die Körperbeschaffenheit im Gleichgewicht ist. Beobachte, wie ein Tier auf der Wiese grast, wo hunderttausend verschiedene Kräuter und Gräser wachsen, wie es mit seinem Geruchssinn den Duft der Pflanzen aufnimmt und sie mit seinem Geschmackssinn kostet. Dann frisst es die Gräser, die diesen Sinnen gefallen, und das tut ihm gut. Gäbe es nicht diese Fähigkeit des Auswählens, verendeten alle Tiere an einem einzigen Tag; denn es gibt viele giftige Pflanzen und die Tiere wissen nichts über das Arzneibuch. Doch beobachte nur, was für verlässliche Maßstäbe sie haben, um Gutes von Schädlichem zu unterscheiden. Welcher Bestandteil ihres Körpers auch abnimmt, sie können das wiedergutmachen, indem sie eine Pflanze, in der dieses verminderte Element reichlich vorhanden ist, aussuchen und fressen. So wird das Gleichgewicht ihrer Körperbestandteile wiederhergestellt, und sie sind ihre Krankheiten los.
Sobald erfahrene Ärzte die Heilkunst durch Nahrung entwickelt haben, sobald sie für einfache Speisen sorgen und die Menschheit hindern, als Sklaven ihrer Lüste und Süchte zu leben, werden die Fälle chronischer, vielschichtiger Krankheiten mit Sicherheit drastisch vermindert und das Allgemeinbefinden der ganzen Menschheit stark verbessert. Es wird bestimmt soweit kommen. Ebenso werden im Charakter, in der Lebensführung und den Sitten der Menschen umfassende Veränderungen eintreten.
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Nach dem ausdrücklichen Gebot Bahá’u’lláhs darf man sich vom Rat eines fähigen Arztes nicht abwenden. Es ist Pflicht, solch einen Arzt beizuziehen, selbst wenn der Patient seinerseits ein bekannter, angesehener Arzt ist. Kurz, du sollst deine Gesundheit bewahren, indem du einen sehr erfahrenen Arzt zu Rate ziehst.
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Es ist jedermanns Pflicht, sich in ärztliche Behandlung zu begeben und den Anweisungen des Arztes Folge zu leisten, denn das entspricht dem göttlichen Gebot, aber in Wirklichkeit ist es Gott, der Heilung gewährt.
137
O du, der du den Lobpreis deines Herrn in Worte fassest! Ich habe deinen Brief gelesen, in dem du dein Erstaunen über einige Gesetze Gottes ausdrückst, beispielsweise über die Gesetze betreffend die Jagd auf unschuldige Tiere, Geschöpfe, die nichts Böses getan haben.
Sei darüber nicht erstaunt. Sinne nach über die inneren Wirklichkeiten des Weltalls, seine geheimen Weisheiten, seine Rätsel und Wechselbeziehungen, seine alles steuernden Regeln; denn jeder Teil des Weltalls ist mit jedem anderen Teil verknüpft durch mächtige Bande, die kein Ungleichgewicht zulassen und nicht erschlaffen. Im Reich der natürlichen Schöpfung sind alle Fresser oder Gefressene: die Pflanze saugt das Mineral auf, das Tier frisst und schluckt die Pflanze, der Mensch ernährt sich vom Tier und das Mineral zersetzt den Menschenleib. Die stofflichen Leiber überschreiten eine Schranke nach der anderen, durchmessen ein Leben nach dem anderen. Alle Dinge unterliegen dem Wandel und Wechsel. Ausgenommen ist nur das eigentliche Wesen des Seins; denn es ist beständig und unwandelbar, und auf ihm beruht das Leben jeder Gattung und Art, jeder abhängigen Wirklichkeit in der ganzen Schöpfung.
Wenn du unter dem Mikroskop das Wasser untersuchst, das der Mensch trinkt, oder die Luft, die er atmet, wirst du sehen, dass der Mensch mit jedem Atemzug eine Fülle tierischen Lebens in sich aufnimmt, und dass er mit jedem Schluck Wasser eine Vielzahl von Tieren aufnimmt. Wie könnte es jemals möglich sein, diesem Vorgang Einhalt zu gebieten? Alle Geschöpfe sind Fresser oder Gefressene, das ganze System des Lebens ist auf dieser Tatsache aufgebaut. Wäre dem nicht so, würden die Bindungen aufgelöst, die alles Erschaffene miteinander verflechten.
Überdies wird ein Ding, das zugrunde geht, zerfällt und vom Leben abgeschnitten wird, in eine Welt versetzt, die größer ist als die Welt, die es vorher kannte. Es verlässt beispielsweise das Leben des Minerals und schreitet fort in das Leben der Pflanze; dann verlässt es das pflanzliche Leben und steigt auf in das des Tieres. Schließlich gibt es das Tierleben auf und steigt in das Reich des Menschenlebens empor. Und dies geschieht durch die Gnade deines Herrn, des Barmherzigen, des Mitleidvollen.
Ich bitte Gott, dass Er dir beistehe, die Mysterien im Herzen der Schöpfung zu erfassen, dass Er den Schleier vor deinen und deiner Schwester Augen hinwegnehme, damit dir das wohlgehütete Geheimnis enthüllt und das verborgene Mysterium klar wie die Mittagssonne offenbart werde, dass Er deiner Schwester und deinem Mann helfe, das Gottesreich zu betreten, und dich heile von jeder Krankheit körperlicher oder geistiger Art, die uns in diesem Leben befällt.
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O ihr Geliebten des Herrn! Das Reich Gottes ist auf Unparteilichkeit und Gerechtigkeit, auf Erbarmen, Mitleid und Güte für jede lebendige Seele gegründet. So bemühet euch denn aus ganzem Herzen, alle Menschen voll Mitleid zu behandeln – die ausgenommen, die selbstische Beweggründe hegen oder an der Seele krank sind. Dem Menschenschinder, dem Betrüger oder dem Dieb kann keine Güte entgegengebracht werden; denn Güte würde ihnen keinesfalls ihren Irrtum vor Augen führen, sie vielmehr in ihrem falschen Tun fortfahren lassen. Wie viel Güte ihr auch dem Lügner bezeigt, er wird weiterlügen; denn er glaubt, ihr hättet euch täuschen lassen, auch wenn ihr ihn nur zu gut durchschaut habt und aus Übermaß an Mitleid schweigt.
Kurz, nicht nur ihren Mitmenschen müssen die Geliebten Gottes voll Erbarmen und Mitleid begegnen; sie müssen vielmehr jedem Lebewesen höchste Güte bezeigen, hegen doch in allen körperlichen Vorgängen, wo immer der Tiergeist betroffen ist, Mensch und Tier dieselben Gefühle. Der Mensch hat diese Wahrheit allerdings nicht begriffen. Er wähnt, dass sich körperliche Empfindungen auf menschliche Wesen beschränken. Deshalb ist er zu den Tieren ungerecht und grausam.
Und doch: Welcher Unterschied besteht denn wirklich, wenn es um körperliche Empfindungen geht? Die Gefühle sind dieselben, ob man einem Menschen oder einem Tier Schmerz zufügt. Da gibt es keinerlei Unterschied. Tatsächlich ist es schlimmer, einem Tier zu schaden; denn der Mensch hat Sprache, er kann sich beklagen, kann schreien und jammern. Wenn ihm Unrecht geschieht, kann er sich an die Behörden wenden, und sie werden ihn vor seinem Angreifer schützen. Aber das unglückliche Tier ist stumm. Es kann weder seinen Schmerz ausdrücken noch seinen Fall vor die Behörden bringen. Wenn ein Mensch einem Tiere tausend Übel zufügt, kann es ihn weder mit Worten abwehren noch vor Gericht ziehen. Deshalb ist es besonders wichtig, dass ihr den Tieren die größte Rücksicht erweist und zu ihnen eher noch gütiger seid als zu euren Mitmenschen.
Erzieht eure Kinder von den frühesten Tagen an, unendlich zart und liebevoll zu Tieren zu sein. Ist ein Tier krank, lasst die Kinder es zu heilen versuchen; ist es hungrig, lasst sie es füttern; ist es durstig, lasst sie es tränken; ist es schwach, lasst sie dafür sorgen, dass es ausruht.
Die meisten Menschen sind Sünder; aber die Tiere sind schuldlos. Wer ohne Sünde ist, sollte gewiss die größte Güte und Liebe empfangen – alle Tiere außer den Schädlingen wie reißende Wölfe, Giftschlangen oder andere gefährliche Geschöpfe. Der Grund für diese Ausnahme: Würden Schädlinge dieselbe Güte erfahren, so wäre das ein Unrecht gegen die Menschen und die anderen Tiere. Ist man beispielsweise dem Wolf gegenüber weichherzig, so bedeutet dies Grausamkeit für das Schaf; denn der Wolf wird eine ganze Schafherde vernichten. Ein tollwütiger Hund kann tausend Menschen und Tiere umbringen, wenn man ihn lässt. Deshalb ist Mitleid mit wilden, beutegierigen Bestien Grausamkeit gegenüber den sanften Tieren; die schädlichen müssen richtig behandelt werden. Aber den gesegneten Tieren muss man große Güte erweisen – je mehr, desto besser. Zartheit und Güte sind grundlegende Leitlinien für Gottes himmlisches Reich. Das solltet ihr besonders sorgsam im Herzen tragen.
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O du Magd Gottes! Die himmlische frohe Botschaft muss mit höchster Würde und Großmut verkündet werden. Ehe die Seele, die sich erhebt, nicht die für den Träger dieser Botschaft wesentlichen Eigenschaften besitzt, werden ihre Worte ohne Wirkung sein.
O du Leibeigene Gottes! Der Menschengeist birgt wundersame Kräfte, aber er muss durch den Heiligen Geist verstärkt werden. Was du anderes hörst, ist reine Einbildung. Jedoch von der Gnade des Heiligen Geistes unterstützt, wird seine Kraft erstaunlich sein. Dann wird dieser Menschengeist Wirklichkeiten aufdecken und Geheimnisse enthüllen. Wende dein Herz ganz dem Heiligen Geist zu und fordere andere auf, dasselbe zu tun; so wirst du wunderbare Ergebnisse schauen.
O Magd Gottes! Die Sterne am Himmel üben keinerlei geistigen Einfluss auf diese Welt des Staubes aus. Aber alle Glieder und Teile des Weltalls sind in diesem endlosen Raum eng miteinander verbunden, und diese Verbindung schafft materielle Wirkungen auf Gegenseitigkeit. Was du jenseits der Gnade des Heiligen Geistes über die Wirkungen von Entrückungszuständen oder über Medien als Sprachrohr hörst, welche die singenden Stimmen der Toten vermitteln, ist reine, schlichte Einbildung. Über die Gabenfülle des Heiligen Geistes erzähle, was du willst; es kann nicht übertrieben sein. Glaube deshalb, was immer du darüber hörst. Die Menschen hingegen, auf die du dich beziehst, diese Sprachrohrleute, sind von jener Gabenfülle völlig ausgeschlossen und erhalten keinen Anteil; ihr Weg ist ein Hirngespinst.
O Magd Gottes! Gebete werden durch die allumfassenden Offenbarer Gottes erhört. Selbst wenn der Wunsch auf Stoffliches gerichtet ist, selbst wenn Achtlose beten, hat es eine Wirkung, so sie nur flehentlich und demütig Gottes Hilfe erbitten.
O Magd Gottes! Während die göttliche Wirklichkeit geheiligt und grenzenlos ist, sind die Ziele und Bedürfnisse der Geschöpfe beschränkt. Gottes Gnade ist wie der Regen, der vom Himmel fällt: Das Wasser ist nicht durch eine Form begrenzt; sobald es jedoch auf einen Ort herabströmt, nimmt es Begrenzungen an – Ausmaße, Aussehen, Gestalt – entsprechend den Besonderheiten dieses Ortes. In einem quadratischen Becken wird das vorher formlose Wasser zum Quadrat; in einem sechseckigen Becken wird es ein Sechseck, in einem achteckigen Becken ein Achteck, und so fort. Der Regen selbst hat keine geometrische Gestalt, keine Begrenzungen, aber er nimmt je nach den Begrenzungen des Gefäßes diese oder jene Gestalt an. Genauso ist das Heilige Wesen Gottes, des Herrn, schrankenlos und unermesslich, aber Seine Gnadengaben und Lichtstrahlen werden in den Geschöpfen wegen deren Begrenztheit eingeschränkt, weshalb die Gebete gewisser Personen in bestimmten Fällen eine günstige Antwort erhalten.
O Magd Gottes! Mit dem Herrn Christus ist es wie mit Adam. Hatte der erste Mensch, der auf dieser Erde entstand, einen Vater oder eine Mutter? Es ist sicher, dass er keinen von beiden hatte. Aber Christus hatte nur keinen Vater.
O Magd Gottes! Die Gebete, die offenbart wurden, Heilung zu erbitten, sind für leibliche wie geistige Heilung anwendbar. Sprich sie also, um Leib und Seele zu heilen. Wenn die Heilung für den Kranken das Rechte ist, wird sie sicher gewährt; aber für manche Kranke wäre die Heilung nur die Ursache anderer Leiden, und daher erlaubt die Weisheit nicht, dass das Gebet erhört wird.
O Magd Gottes! Die Macht des Heiligen Geistes heilt körperliche wie geistige Gebrechen.
O Magd Gottes! In der Thora steht geschrieben: Und ich werde dir das Tal Achor als ein Tor der Hoffnung geben. Dieses Tal Achor ist die Stadt ‘Akká, und wer immer dies anders auslegt, gehört zu den Unwissenden.
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Du fragst nach der Verklärung Jesu mit Moses, Elias und dem himmlischen Vater auf dem Berg Tabor, wie in der Bibel erwähnt. Dieses Ereignis nahmen die Jünger mit ihrem inneren Auge wahr; deshalb war es ein verborgenes Geheimnis und ihre geistige Entdeckung. Wäre die Bedeutung nämlich, dass sie leibliche Gestalten sahen, das heißt, diese Verklärung mit ihren äußeren Augen wahrnahmen, warum sahen es dann nicht die vielen anderen, die auf dem Berg und in der Ebene zugegen waren? Und warum verlangte dann der Herr von ihnen, niemandem davon zu erzählen? Es ist eindeutig, dass es eine geistige Schau war, ein Aufzug des Gottesreiches. Warum sonst gebot ihnen der Messias, es verborgen zu halten, »bis der Menschensohn von den Toten auferweckt worden ist«Q21, – das heißt, bis die Sache Gottes verherrlicht würde, das Wort Gottes sich durchsetzte und die Wirklichkeit Christi sichtbar wäre?
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O du sehnsuchtsvolle Flamme, die du in der Liebe zu Gott loderst! Ich habe deinen Brief gelesen; sein beredter, wohlgesetzter Inhalt erfreute mein Herz, weil er deine tiefe Aufrichtigkeit in der Sache Gottes zeigt, deine ausdauernden Schritte auf dem Pfade Seines Königreiches und deine Treue zu Seinem Glauben – und von allen großen Dingen ist dies in Seinen Augen das bedeutendste.
Wie viele Seelen wandten sich doch dem Herrn zu, betraten Seines Wortes schützenden Schatten und wurden auf der ganzen Welt berühmt – zum Beispiel Judas Ischariot. Doch dann, als die Prüfungen härter und heftiger wurden, glitten ihre Füße auf dem Pfade aus. Sie wandten sich vom Glauben ab, nachdem sie seine Wahrheit anerkannt hatten, und verleugneten ihn; von Einklang und Liebe fielen sie ab in Unheil und Hass. So zeigte sich die Macht der Prüfungen, die starke Pfeiler zittern macht.
Judas Ischariot war der bedeutendste der Jünger; er rief die Menschen zu Christus. Dann schien es ihm, als ob Jesus dem Apostel Petrus zunehmend mehr Aufmerksamkeit schenkte. Als Jesus sagte: »Du bist Petrus, und auf diesen Felsen will ich meine Kirche bauen«Q22, hatten diese an Petrus gerichteten Worte, die Auserwählung des Petrus zu besonderer Ehre, deutliche Wirkung auf den Apostel – und sie entfachten Neid im Herzen des Judas. So wandte sich der einst Nahegekommene ab, der vormals Glaubende verleugnete nun seinen Glauben; seine Liebe wurde zu Hass, bis er die Kreuzigung dieses herrlichen Herrn, dieses offenbarten Lichtes herbeiführte. Solches bewirkt der Neid. Deshalb wenden sich die Menschen vom geraden Pfad ab. So geschah es früher, so wird es auch in dieser großen Sache geschehen. Aber es macht nichts, denn bei den übrigen bewirkt es Treue und lässt Seelen erstehen, die nicht zaudern, die wie Berge so fest und unerschütterlich sind in ihrer Liebe zu dem offenbaren Licht.
Übermittle den Dienerinnen des Barmherzigen die Botschaft, dass sie standhaft und treu in ihrer Liebe zu Bahá bleiben müssen, wenn eine Prüfung schwer wird. Im Winter kommen die Stürme, heftige Winde blasen. Aber dann folgt der Frühling in all seiner Schönheit, lieblich anzusehen mit geschmückten Hügeln und Tälern, mit duftenden Blumen und roten Anemonen. Dann werden die Vögel in den Zweigen ihre Freudengesänge schmettern und mit beschwingten Weisen von den Kanzeln der Bäume predigen. Bald werdet ihr schauen, wie die Lichter fluten, die Banner des Himmelreichs flattern, die süßen Düfte des Allbarmherzigen sich überallhin verbreiten, die Heerscharen des Königreiches herniederkommen, die Himmelsengel vorwärtsstürmen und der Heilige Geist über alle jene Lande weht. Dann werdet ihr die Zauderer sehen, Männer wie Frauen, enttäuscht in ihren Hoffnungen und in offensichtlichem Verlust. So ist es verordnet vom Herrn, dem Offenbarer der Verse.
Du aber bist selig, denn du bist standhaft in der Sache Gottes, fest in Seinem Bund. Ich bete zu Ihm, dir eine geistige Seele und das Leben des Gottesreiches zu verleihen und dich als ein grünes Blatt am Baum des Lebens gedeihen zu lassen, damit du vergeistigt und frohgemut den Mägden des Barmherzigen dienst.
Dein freigebiger Herr wird dir bei der Arbeit in Seinem Weinberg beistehen und dich zum Werkzeug machen, den Geist der Einheit unter Seinen Dienerinnen zu verbreiten. Er wird dein inneres Auge sehend machen mit dem Licht der Erkenntnis, deine Sünden vergeben und sie in gute Taten wandeln. Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Mitleidige, der Herr unermesslicher Gnade.
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O du liebe Dienerin Gottes! Preise Gott, denn du bist begünstigt an Seiner Heiligen Schwelle, gehegt im Reiche Seiner Macht. Du bist Vorsitzende eines Rates, der geprägt ist von den himmlischen Heerscharen und das allherrliche Reich widerspiegelt. Strebe mit Herz und Seele, in demütigem Gebet und in Selbstauslöschung, Gottes Gesetz zu vertreten und Seine süßen Düfte allenthalben zu verbreiten. Mühe dich, den Versammlungen geistiger Seelen die wahre Vorsitzende zu sein, eine Gefährtin der Engel im Reich des Allbarmherzigen.
Du fragst nach dem zehnten bis siebzehnten Vers im einundzwanzigsten Kapitel der Johannes-Offenbarung. Wisse, dass das Firmament der strahlenden Sonne über unserer Erde nach mathematischen Regeln in zwölf Sternbilder eingeteilt wird, die man die zwölf Tierkreiszeichen nennt. Genauso scheint und ergießt die Sonne der Wahrheit ihre Gnadengaben in zwölf Stufen der Heiligkeit; mit diesen himmlischen Zeichen sind makellose, unbefleckte Menschen gemeint, Quellen der Heiligkeit, Dämmerorte für die Verkündung der Einheit Gottes.
Beachte, wie es in den Tagen Dessen, der Zwiesprache hielt,A51 zwölf heilige Wesen gab, welche die Führer der zwölf Stämme waren. Ebenso findest du in der Sendung des GeistesA52 zwölf Apostel im schirmenden Schatten jenes erhabenen Lichtes versammelt; von diesen leuchtenden Dämmerorten strahlte die Sonne der Wahrheit wie die Sonne am Himmel hervor. Sieh, wie es in den Tagen Muḥammads wieder zwölf Dämmerorte der Heiligkeit gab, Offenbarer der bestätigenden Hilfe Gottes. So geht das zu.
Demgemäß berichtete der heilige Johannes von zwölf Toren in seiner Vision und von zwölf Grundsteinen. Mit der »großen Stadt, dem heiligen Jerusalem, das aus dem Himmel von Gott herabkommt«Q23 ist das heilige Gesetz Gottes gemeint: Dies ist in vielen Tablets erklärt und bei den Propheten der Vergangenheit in den Schriften zu lesen, zum Beispiel, dass Jerusalem gesehen wurde, als es in die Wüste zog.
Die Bedeutung dieses Abschnitts ist, dass das göttliche Jerusalem zwölf Tore hat, durch welche die Seligen in die Stadt Gottes einziehen. Diese Tore sind Seelen, die Leitsternen gleichen, Tore des Wissens und der Gnade; unter diesen Toren stehen zwölf Engel. Mit ›Engel‹ ist die Macht der Bestätigungen Gottes gemeint – die Kerze der bestätigenden Macht Gottes scheint aus der Lampennische jener Seelen hervor –; es bedeutet, dass jedem dieser Wesen die gewaltigste Bestätigung und Hilfe zuteilwird.
Diese zwölf Tore umgeben die ganze Welt, das heißt, sie sind eine Zuflucht für alle Geschöpfe. Darüber hinaus sind diese zwölf Tore die Grundsteine der Stadt Gottes, des himmlischen Jerusalems, und auf jedem dieser Grundsteine steht der Name eines Apostels Christi geschrieben. Das bedeutet, jeder offenbart die Vollkommenheiten, die frohe Botschaft und die Vortrefflichkeit jenes heiligen Wesens.
Kurz, die Schrift sagt: »Und der mit mir redete, hatte ein gülden Rohr, einen Maßstab, dass er die Stadt, ihre Tore und Türme messe.«Q24 Die Bedeutung ist, dass bestimmte Persönlichkeiten das Volk mit einem Stecken, der aus der Erde gewachsen war, führten und sie mit einem Stab gleich dem des Mose hüteten. Andere erzogen und führten das Volk mit einem eisernen Stab wie in der Sendung Muḥammads. Im gegenwärtigen Zyklus wird, da es die mächtigste Sendung ist, der Stab, der aus dem Pflanzenreich wuchs, und der Stab aus Eisen in ein Rohr aus reinstem Gold verwandelt, den unermesslichen Schatzkammern des Reiches Gottes entnommen. Durch dieses Rohr werden die Menschen erzogen.
Achte auf den Unterschied: Einst waren die Lehren Gottes wie ein Stecken, durch den die Heiligen Schriften überallhin verbreitet, das Gesetz Gottes verkündet und Sein Glaube errichtet wurde. Dann folgte eine Zeit, in der der Stab des wahren Hirten wie aus Eisen war. Heute, in diesem neuen, herrlichen Zeitalter, ist der Stab wie reines Gold. Welcher Unterschied! Erkenne daraus, wie weit das Gesetz Gottes und Seine Lehren in dieser Sendung fortgeschritten sind, wie sie solche Höhen erreicht haben, dass sie die vorangegangenen Sendungen weit überragen. Dieser Stab ist wahrlich aus reinstem Gold, während die Stäbe früherer Tage aus Eisen und Holz waren.
Das ist eine kurze Antwort, für dich verfasst; für mehr fehlt die Zeit. Sicherlich wirst du mir vergeben. Gottes Dienerinnen müssen sich auf eine solche Stufe erheben, dass sie von selbst und ohne Hilfe diese inneren Bedeutungen begreifen und fähig werden, jedes Wort in allen Einzelheiten zu erläutern – eine Stufe, auf der aus der Wahrheit ihres tiefsten Herzens ein Quell der Weisheit sprudelt, wie sich ein Springbrunnen aus seinem eigenen Urgrund ergießt.
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O du, der du im Reiche Gottes dem Geiste Christi nahegekommen bist! Wahrlich, der Leib ist aus stofflichen Elementen zusammengesetzt, und alles Zusammengesetzte muss sich auflösen. Der Geist jedoch ist eine einzige Wesenheit, zart und fein, körperlos, ewig und göttlich. Wer deshalb Christus in Seinem stofflichen Leib erwartet, der hält vergebliche Ausschau und wird wie durch einen Schleier von Ihm ausgeschlossen sein. Wer sich aber sehnt, Ihn im Geiste zu finden, wird Tag für Tag wachsen vor freudigem Verlangen und brennender Liebe, weil er Ihm nahekommt und Ihn klar und deutlich erkennt. An diesem neuen, wundersamen Tag steht dir an, nach Christi Geist zu suchen.
Wahrlich, der Himmel, in den sich der Messias erhob, war nicht dieses unendliche Firmament; vielmehr war Sein Himmel das Reich Seines gütigen Herrn. So sagt Er selbst: »Ich bin vom Himmel gekommen«Q25, und ein andermal: »Des Menschen Sohn ist im Himmel«Q26. Daraus erhellt, dass Sein Himmel jenseits aller Himmelsrichtungen ist, das ganze Sein umschließt und für diejenigen errichtet ist, die Gott anbeten. Bete und flehe zu deinem Herrn, dass Er dich in diesen Himmel emporhebe und dir von seiner Nahrung in diesem Zeitalter der Macht und Majestät zu essen gebe.
Wisse, dass das Volk bis auf den heutigen Tag die Geheimnisse des Buches nicht entwirrt hat. Sie wähnen, Christus sei während Seines Erdenwandels von Seinem Himmel ausgeschlossen gewesen, sei vom Gipfel Seiner Erhabenheit abgefallen und hinterher in die höheren Gefilde des Himmels aufgestiegen, zu dem Himmel, der überhaupt nicht existiert, da er nur Weltraum ist. Sie warten darauf, dass Er von dort auf einer Wolke reitend wiederkomme. Sie bilden sich ein, dass es in diesem unendlichen All Wolken gebe, dass Er auf ihnen reite und so herniederfahre. Die Wahrheit ist indessen, dass eine Wolke nur Dampf ist, der von der Erde aufsteigt; sie kommt nicht vom Himmel herab. Vielmehr ist die Wolke, auf die sich das Evangelium bezieht, der Menschenleib. Er wird so bezeichnet, weil für den Menschen der Körper ein Schleier ist, der ihn wie eine Wolke daran hindert, die Sonne der Wahrheit zu erkennen, die vom Horizonte Christi scheint.
Ich bitte Gott, deinen Augen die Tore der Entdeckungen und Wahrnehmungen zu öffnen, damit du an diesem offenbarsten Tag Seine Geheimnisse erkennst.
Ich bin sehr begierig, dich zu treffen, aber die Zeiten sind ungünstig. So Gott will, werden wir dich wissen lassen, wann du zu einer besseren Zeit frohlockend kommen kannst.
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O du, der du die Menschen liebst! Dein Brief ist angekommen, und er berichtet, Gott sei gepriesen, über deine Gesundheit und dein Wohlbefinden. Aus deiner Antwort auf einen früheren Brief geht hervor, dass zwischen dir und den Freunden Gefühle der Zuneigung entstanden sind.
Man darf in jedem menschlichen Wesen nur das sehen, was des Lobes würdig ist. Wenn man so handelt, kann man der ganzen Menschheit Freund sein. Betrachten wir die Menschen jedoch vom Standpunkt ihrer Fehler aus, dann ist es eine äußerst schwierige Aufgabe, mit ihnen Freundschaft zu pflegen.
Es geschah eines Tages zur Zeit Christi – möge das Leben der ganzen Welt ein Opfer für Ihn sein – dass Er an einem toten Hund vorbeikam, einem übelriechenden Kadaver, widerlich anzusehen, mit faulenden Gliedern. Einer Seiner Begleiter sagte: »Wie faul ist sein Gestank!« Ein anderer meinte: »Wie ekelerregend, wie abscheulich!« Kurzum, jeder hatte etwas hinzuzufügen.
Aber dann sprach Christus, und Er sagte ihnen: »Sehet die Zähne des Hundes! Wie strahlend weiß sie sind!«
Der sündenbedeckende Blick des Messias verweilte keinen Augenblick lang auf dem Widerwärtigen des Aases. Der einzige Teil des Kadavers, der keine Abscheu erregte, waren seine Zähne, und Jesus schaute auf ihren Glanz.
So sollten wir, wenn wir unseren Blick auf andere Menschen richten, das sehen, worin sie sich auszeichnen, und nicht das, worin sie versagen.
Preis sei Gott! Dein Ziel ist, das Wohlbefinden der Menschheit zu fördern und den Seelen zu helfen, ihre Fehler zu überwinden. Diese gute Absicht wird löbliche Früchte zeitigen.
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Du schriebst über die Frage geistiger Entdeckungen. Des Menschen Geist ist eine Kraft, welche alle Dinge umkreist und ihre Wirklichkeiten umfängt. Was immer du um dich her erblickst – wunderbare Ergebnisse menschlicher Kunstfertigkeit, Erfindungen, Entdeckungen und ähnliche Erscheinungen –, all dies war einmal ein Geheimnis, das im Reiche des Unbekannten verborgen lag. Der Menschengeist deckte dieses Geheimnis auf, holte es aus der unsichtbaren in die sichtbare Welt. So steht es zum Beispiel mit der Dampfkraft, der Photographie und dem Phonographen, der drahtlosen Telegraphie und den Fortschritten in der Mathematik: Alles war einst ein Mysterium, ein streng bewachtes Geheimnis; der Menschengeist enthüllte jedoch diese Geheimnisse und brachte sie aus dem Unsichtbaren ans Tageslicht. So ist deutlich, dass der menschliche Geist eine alles umfangende Kraft ist, die ihre Herrschaft über das innere Wesen alles Erschaffenen ausübt und die wohlverwahrten Mysterien der Erscheinungswelt aufdeckt.
Der göttliche Geist hingegen enthüllt göttliche Wirklichkeiten und allumfassende Geheimnisse, die in der geistigen Welt liegen. Ich hoffe, dass du diesen göttlichen Geist erlangen wirst, so dass du die Geheimnisse der anderen Welt ebenso entdeckst wie die Mysterien der Welt hienieden.
Du fragst hinsichtlich des 14. Kapitels, Vers 30, des Johannes-Evangeliums, wo Christus, der Herr, sagt: »Ich werde nicht mehr viel mit euch reden, denn es kommt der Fürst dieser Welt, und hat nichts an Mir.«Q27 Der Fürst dieser Welt ist die Gesegnete Schönheit; und »hat nichts an Mir« bedeutet: Nach Mir werden alle Gnade von Mir empfangen, aber Er ist von Mir unabhängig und wird keine Gnade von Mir empfangen. Das bedeutet, dass Er reich ist über Meine Gnade hinaus.
Zu deiner Frage über Entdeckungen, welche die Seele macht, nachdem sie ihre menschliche Hülle abgelegt hat: Sicherlich ist jene Welt eine Welt der Wahrnehmungen und Entdeckungen; denn der dazwischenliegende Schleier wird weggenommen werden, und der menschliche Geist wird auf Seelen schauen, die sich über ihm, unter ihm und auf gleicher Stufe mit ihm befinden. Man kann es mit dem Zustand des Menschen im Mutterleib vergleichen, wo seine Augen verschleiert und alle Dinge vor ihm verborgen sind. Wenn er aus der Welt des Mutterleibs geboren wird und ins Leben tritt, empfindet er dieses Leben, verglichen mit dem im Mutterleib, als einen Ort der Wahrnehmungen und Entdeckungen, nimmt er doch alle Dinge mit seinem äußeren Auge wahr. Genauso wird er, wenn er dieses Leben hinter sich lässt, in jener Welt alles sehen, was ihm hier verborgen war; aber dort wird er alles mit seinem inneren Auge sehen und verstehen. Dort wird er seine Gefährten und Ebenbürtigen schauen und diejenigen, die sich auf den Stufen über und unter ihm befinden. Was die Gleichheit der Seelen in dem allerhöchsten Reich betrifft, so bedeutet sie: Die Seelen der Gläubigen sind zu der Zeit, da sie zuerst in der Welt des Leibes erscheinen, gleich; jede ist heilig und rein. In dieser Welt jedoch fangen sie an, sich voneinander zu unterscheiden. Einige erreichen die höchste Stufe, manche eine mittlere, andere bleiben auf der untersten Stufe des Seins. Ihre Gleichstellung besteht am Anfang ihrer Existenz; die Unterscheidung folgt ihrem Hinscheiden.
Du schriebst wegen Seir. Seir ist ein Ort bei Nazareth in Galilea.
Was die Stelle bei Hiob, 19. Kapitel, Vers 25-27, betrifft: »Ich weiß, dass mein Erlöser lebt und dass Er am Jüngsten Tage auf Erden weilen wird«Q28, so bedeutet sie: Ich werde nicht erniedrigt werden, denn ich habe einen Erhalter und Hüter; und mein Helfer, mein Verteidiger wird schließlich offenbart werden. Obwohl mein Fleisch jetzt schwach und von Würmern bedeckt ist, werde ich geheilt werden, und mit diesen meinen eigenen Augen, das heißt mit meiner inneren Wahrnehmung, werde ich Ihn schauen. Dies sagte Hiob, nachdem ihm die anderen Vorwürfe gemacht hatten, und er selbst über das Leid seiner Prüfungen geklagt hatte. Selbst als sein Körper durch den unbarmherzigen Würgegriff der Krankheit mit Würmern bedeckt war, versuchte er noch, denen um ihn her zu sagen, dass er vollständig geheilt werde und in seinem Leib mit eigenen Augen seinen Erlöser schauen werde.
Was die Frau in der Offenbarung des Johannes, 12. Kapitel, anbelangt, die in die Wüste floh, und das große Wunder, das am Himmel erschien – die Frau, mit der Sonne bekleidet und dem Mond unter den Füßen: Mit der Frau ist Gottes Gesetz gemeint; denn nach der Begriffswelt der Heiligen Bücher bezieht sich diese Stelle auf das Gesetz, dessen Symbol hier die Frau ist. Die zwei Leuchten, Sonne und Mond, sind zwei Throne, der türkische und der persische, die beide unter der Herrschaft des Gesetzes Gottes stehen. Die Sonne ist das Symbol des persischen Reiches, und der Mond ist der Halbmond des türkischen Reiches. Die zwölffache Krone sind die zwölf Imame, die wie die Apostel den Gottesglauben unterstützten. Das neugeborene Kind ist die Schönheit des AngebetetenA53, die aus dem Gesetz Gottes hervorkam. Er sagt dann, dass die Frau in die Wüste floh, das heißt, das Gesetz Gottes wurde aus Palästina in die Wüste Ḥijáz getragen und blieb dort 1260 Jahre – also bis zur Ankunft des verheißenen Kindes. Wie wohl bekannt ist, wird in den Heiligen Büchern jeder Tag als ein Jahr gezählt.
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O Dienerin, entflammt in der Liebe zu Gott! Ich habe deinen ausgezeichneten Brief gründlich gelesen und Gott für deine sichere Ankunft in jener großen Stadt gedankt. Ich bitte Ihn, durch Seine unfehlbare Hilfe deine Rückkehr dorthin mit machtvoller Wirkung auszustatten. Das kann nur dann geschehen, wenn du dich aller Bindungen an diese Welt entledigst und dich in das Gewand der Heiligkeit kleidest, wenn du all deine Gedanken und Worte auf das Gedenken Gottes und Seinen Lobpreis beschränkst, auf die Verbreitung Seiner süßen Düfte überallhin und auf die Verrichtung guter Taten, wenn du dich der Aufgabe widmest, die Achtlosen zu erwecken, die Blinden sehend zu machen, die Tauben hörend, die Stummen sprechend, und wenn du durch die Macht des Geistes den Toten belebst.
Denn die Menschen sind blind, wie Jesus im Evangelium von ihnen sprach, sie sind taub und stumm; und Er sagte: »Ich werde sie heilen.«
Sei freundlich und mitleidig zu deiner schwachen Mutter. Sprich mit ihr über das Gottesreich, damit ihr Herz frohlocke.
Richte Fräulein Ford Grüße von mir aus. Übermittle ihr die frohe Botschaft, dass dies die Tage des Gottesreiches sind. Sage ihr: Gesegnet bist du ob deiner erhabenen Ziele, gesegnet bist du ob deiner guten Werke, gesegnet bist du ob deines geistigen Wesens. Wahrlich, ich liebe dich wegen dieser deiner Ziele, Eigenschaften und Taten. Sprich weiter zu ihr: Denke an den Messias, an Seine Tage auf Erden, Seine Erniedrigung, Seine Heimsuchung und wie die Menschen Ihm keine Aufmerksamkeit schenkten. Denke daran, wie die Juden Ihn dem Spott preisgaben, sich über Ihn lustig machten und zu Ihm sprachen: »Friede sei mit dir, König der Juden! Friede sei mit dir, König der Könige!«A54 Wie sie sagten, Er sei verrückt, und fragten, wie sich die Sache dieses Gekreuzigten jemals im Osten und Westen der Welt verbreiten könne. Keiner folgte Ihm außer ein paar Seelen: Fischer, Zimmerleute und andere aus dem gemeinen Volk. Wehe, wehe ob der Verblendung!
Und siehe, was dann geschah: wie ihre mächtigen Fahnen eingeholt wurden und stattdessen Sein erhabenes Banner gehisst wurde, wie all die hellen Sterne an jenem Himmel der Ehre und des Stolzes versanken, wie sie im Westen der Vergänglichkeit untergingen – und wie Sein Lichtgestirn von den Himmeln unsterblichen Ruhmes strahlt, während die Jahrhunderte und Zeitalter verrinnen. Seid also gewarnt, ihr, die ihr Augen habt zu sehen! Bald werdet ihr noch größere Dinge schauen als diese.
Wisse, dass alle Mächte vereint nicht die Kraft haben, den Weltfrieden zu errichten oder zu allen Zeiten der überwältigenden Vorherrschaft dieser endlosen Kriege standzuhalten. Bald jedoch wird die Macht des Himmels, die Vorherrschaft des Heiligen Geistes, auf den hohen Gipfeln die Fahnen der Liebe und des Friedens hissen; hoch über den Burgen der Majestät und Macht werden diese Fahnen wehen in den rauschenden Winden, die Gottes liebender Gnade entströmen.
Richte Frau Florence meine Grüße aus und sage ihr: Die verschiedenen Kirchengemeinschaften haben das Fundament ihres Glaubens aufgegeben und Lehren angenommen, die in den Augen Gottes keinerlei Bedeutung haben. Sie sind wie die Pharisäer, die beteten, fasteten und dann Christus zum Tode verurteilten. Beim Leben Gottes! Es ist eine eigenartige Sache!
Und du, o Dienerin Gottes, lies du liebevoll dieses Gebet zu deinem Herrn und sprich zu Ihm:
O Gott, mein Gott! Fülle mir den Kelch völliger Loslösung, und umgeben von Deinen herrlichen Gaben, erfreue mich mit dem Wein der Liebe zu Dir. Befreie mich vom Angriff der Leidenschaft und Begierde und löse mich aus den Fesseln der niederen Welt. Ziehe mich verzückt hinan zu Deinem hehren Reich, und belebe mich im Kreis Deiner Mägde mit dem Odem Deiner Heiligkeit.
O Herr, erleuchte mein Angesicht mit dem Lichte Deiner Gaben. Lass meine Augen strahlen, wenn sie die Zeichen Deiner allbeherrschenden Macht schauen. Ergötze mein Herz mit der Herrlichkeit Deines allumfassenden Wissens, mache meine Seele froh mit Deiner belebenden Freudenbotschaft, o Du König dieser Welt und des Reiches droben, o Du Herr der Herrschaft und Macht, damit ich Deine Beweise und Zeichen verbreite, Deine Sache verkünde, Deine Lehren fördere, Deinem Gesetz diene und Dein Wort erhöhe.
Du bist wahrlich der Machtvolle, der Immervergebende, der Fähige, der Allmächtige.
Was die grundlegenden Lehren des Glaubens angeht: Wisse, dass die Botschaft nur durch gute Taten und geistige Eigenschaften verbreitet werden kann, durch eine kristallklare Sprache und durch die Freude, die sich im Antlitz dessen widerspiegelt, der die Lehren darlegt. Es ist grundlegend, dass die Taten des Lehrers die Wahrheit seiner Worte bezeugen müssen. Dies ist der Zustand dessen, der die süßen Düfte Gottes allenthalben verbreitet, und die Eigenschaft dessen, der aufrichtig in seinem Glauben ist.
Hat der Herr dich dazu befähigt, diesen Zustand zu erreichen, so sei versichert, dass Er dir Worte der Wahrheit eingeben und dich durch den Odem des Heiligen Geistes sprechen lassen wird.
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Denke über die Ereignisse zur Zeit Christi nach; dann werden die gegenwärtigen Ereignisse verständlich und offenbar werden.
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O ihr Söhne und Töchter des Gottesreiches! In ihrer Dankbarkeit streben die Vögel des Geistes nur danach, zu den Himmelshöhen emporzufliegen und mit wundersamer Kunst ihre Lieder zu singen. Die jämmerlichen Regenwürmer jedoch wollen sich nur in die Erde graben. Wie heftig sie sich mühen, in die tiefsten Tiefen zu gelangen! Genauso sind die Erdensöhne. Ihr höchstes Ziel ist, in dieser vergänglichen Welt, diesem Tod im Leben, ihren Unterhalt zu mehren. Und dies trotz des Umstandes, dass ihnen Hand und Fuß durch tausend Kümmernisse und Sorgen gebunden sind und sie keinen Augenblick vor Gefahren geschützt sind; niemals sind sie sicher, nicht einmal vor plötzlichem Tod. So werden sie nach kurzer Zeit völlig ausgelöscht; keine Spur bleibt, die von ihnen berichtet, keines ihrer Worte wird jemals wieder vernommen.
Darum lobet und preiset Bahá’u’lláh; denn durch Seine Gnade und Hilfe seid ihr Söhne und Töchter des Gottesreiches, dank Ihm seid ihr nun Singvögel auf den Auen der Wahrheit und schwingt euch himmelwärts zu den Höhen des Ruhmes, der nie vergeht. Ihr habt euren Platz gefunden in der unsterblichen Welt; der Hauch des Heiligen Geistes weht über euch; ihr habt ein anderes Leben erwählt, ihr habt Zutritt zur Schwelle Gottes erlangt.
So errichtet denn freudevoll Geistige Räte; befasst euch mit dem Lobpreis und dem Ruhm des Herrn, nennt Ihn den Heiligen und den Größten. Richtet eure flehenden Hilferufe zum Reich des Allherrlichen, und stimmt jeden Augenblick eine Myriade Danksagungen an, dass ihr diese überreiche Gunst, diese überragende Gnade erlangt habt.
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O du, der du Augen hast zu sehen! Was du erlebt hast, ist die reine Wahrheit und gehört ins Reich der geistigen Schau.
Der Duft ist mit der Knospe eng verbunden und verschmolzen; sobald die Knospe sich öffnet, verbreitet sich ihr süßer Geruch weithin. Das Kraut ist nicht ohne Frucht, auch wenn es so scheint; denn in diesem Gottesgarten übt jede Pflanze ihren Einfluss aus, jede hat ihre Sonderheiten, jede kann es sogar mit der lachenden, hundertblättrigen Rose aufnehmen, wenn sie mit ihrem Duft die Sinne erfreut. Sei dessen gewiss! Wenngleich die Buchseiten nichts von den Worten und Bedeutungen auf ihnen wissen, werden sie doch wegen ihrer Verbindung mit diesen Worten von den Freunden ehrfürchtig von Hand zu Hand gereicht. Diese Verbindung ist überdies die reinste Gnadengabe.
Schwingt sich die Seele aus diesem vergänglichen Haufen Staub empor, erhebt sie sich in die Welt Gottes, dann fallen die Schleier ab, alle Wahrheiten treten ans Licht, alles Unbekannte wird klar, und verborgene Einsichten werden verstanden.
Bedenke, wie ein Wesen in der Welt des Mutterleibes taube Ohren, blinde Augen und eine stumme Zunge hat, wie es jeglicher Wahrnehmung beraubt ist. Doch sobald es aus jener dunklen Welt in diese Welt des Lichtes tritt, sehen seine Augen, hören seine Ohren und spricht seine Zunge. So wird es auch, wenn es von diesem sterblichen Ort in das Reich Gottes eilt, im Geiste wiedergeboren. Dann öffnet sich seiner Wahrnehmung Auge, seiner Seele Ohr horcht auf, und alle ihm bisher unbekannten Wahrheiten werden offenkundig.
Ein aufmerksamer Reisender wird sich seiner Entdeckungen unterwegs sicher wieder erinnern, es sei denn, er hätte einen Unfall, der seine Erinnerung auslöscht.
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O Magd, entflammt im Feuer der Liebe Gottes! Gräme dich weder über die Misslichkeiten und die Not dieser niederen Welt noch freue dich in Zeiten ruhigen Behagens; denn beides wird vergehen. Das gegenwärtige Leben ist wie eine auflaufende Welle, eine Fata Morgana oder ein flüchtiger Schatten. Kann ein Zerrbild in der Wüste je als erquickendes Wasser dienen? Nein, bei dem Herrn der Herren! Niemals können die Wirklichkeit und ihr bloßer Schein dasselbe sein; groß ist der Unterschied zwischen Wahn und Tatsache, zwischen der Wahrheit und ihrem Trugbild.
Wisse, dass das Reich Gottes die wirkliche Welt, diese Welt hienieden aber nur sein vorausgeworfener Schatten ist. Ein Schatten hat kein eigenes Leben; sein Vorhandensein ist nur ein Hirngespinst und nichts mehr; es sind nur Bilder, vom Wasser gespiegelt, die dem Auge als Gemälde erscheinen.
Verlasse dich auf Gott. Vertraue Ihm. Preise Ihn und gedenke Seiner ständig. Er verwandelt wahrlich Kummer in Wohlbefinden, Sorge in Trost, Mühsal in vollkommenen Frieden. Er hat wahrlich Herrschaft über alle Dinge.
Wenn du auf meine Worte hörst, löse dich von den Fesseln allen Geschehens. Nein, danke deinem liebenden Herrn in allen Lebenslagen und stelle deine Angelegenheiten Seinem Willen anheim, der bewirkt, was Ihm gefällt. Dies ist wahrlich besser für dich als alles andere in beiden Welten.
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O du, der du an die Einzigkeit Gottes glaubst! Wisse, dass nichts der Seele nützt außer der Liebe zum Allgütigen, nichts erleuchtet das Herz außer dem Glanz, der vom Reiche des Herrn scheint.
Sage dich los von allen anderen Sorgen, lass das Vergessen die Erinnerung an alles andere überwinden. Beschränke deine Gedanken auf das, was die Menschenseele zum Paradiese himmlischer Gnade erhebt, und lasse jeden Vogel des Gottesreiches zum höchsten Horizonte fliegen, zum Mittelpunkt ewiger Ehre in dieser vergänglichen Welt.
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Zu der Frage nach der Seele eines Mörders und nach seiner Strafe ist die Antwort, dass der Mörder sein Verbrechen sühnen muss. Das heißt, wenn man den Mörder tötet, ist sein Tod die Sühne für sein Verbrechen, und nach seinem Tod wird Gott in Seiner Gerechtigkeit ihm keine zweite Strafe auferlegen, denn die göttliche Gerechtigkeit ließe dies nicht zu.
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O du Dienerin Gottes! An diesem Tage besteht der Dank an Gott für Seine Gnadengaben darin, ein strahlendes Herz und eine Seele zu besitzen, die den Eingebungen des Geistes offensteht. Dies ist das Wesen des Dankes.
Was die Danksagung durch Wort oder Schrift angeht, so ist sie fürwahr annehmbar, verglichen mit jenem anderen Dank aber nur unwirklicher Schein; denn wesentlich ist, was der Geist dir eingibt, die Ausstrahlungen aus der Tiefe des Herzens. Ich hoffe, dass du damit begnadet wirst.
Was des Menschen Mangel an Fähigkeiten und Verdiensten am Tag der Auferstehung anbelangt, so schließt ihn dies nicht von Gaben und Gnadenerweisen aus; denn es ist nicht der Tag der Gerechtigkeit, sondern der Tag der Gnade, während die Gerechtigkeit jedem das zuteilt, was ihm gebührt. Schaue daher nicht auf den Grad deiner Fähigkeit, sondern schaue auf die grenzenlose Gunst Bahá’u’lláhs. Allumfassend ist Seine Gnade, vollkommen Seine Güte.
Ich bitte Gott darum, dass du mit Seiner Hilfe und kraftvollen Unterstützung die tiefe Bedeutung der Thora mit Beredsamkeit, Verständnis, Nachdruck und Geschick lehrst. Wende dein Angesicht dem Reich Gottes zu, bitte um die Gaben des Heiligen Geistes, rede, und die Bestätigungen des Geistes werden sich zeigen.
Die mächtige Sonnenkugel, die du in deinem Traum sahst, war der Verheißene, ihre sich ausbreitenden Strahlen waren Seine Gnadengaben. Die lichtdurchlässige Wasseroberfläche bedeutet unbefleckte, reine Herzen, während die wogenden Wellen die große Erregung dieser Herzen und die Tatsache kennzeichnen, dass sie erschüttert und tief bewegt wurden; das heißt, die Wellen sind die Bewegungen des Geistes und die heiligen Eingebungen der Seele. Preise Gott, dass du in der Traumwelt solche Enthüllungen wahrnahmst.
Zur Bedeutung eines Menschen, der sich selbst völlig vergisst: Die Absicht ist, dass er sich erheben und sich im wahren Sinne opfern soll; das heißt, er soll die Antriebe des menschlichen Zustands auslöschen und sich solcher Merkmale entledigen, die tadelnswert sind und das trübe Dunkel dieses Erdenlebens ausmachen. Der Sinn ist nicht, seine Gesundheit zu vernachlässigen und seinen Leib zu schwächen.
Ich flehe inständig und demütig an der Heiligen Schwelle, dass deine liebe Mutter, deine lieben Schwestern und Verwandten himmlische Segnungen und göttliche Vergebung umfangen. Besonders bete ich für deinen Verlobten, der so plötzlich von dieser in die nächste Welt eilte.
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O du Sohn des Königreiches! Deine höchst liebenswürdigen Briefe erfreuen allezeit mit ihrem gefälligen Stil unsere Herzen. Wenn das Lied vom Gottesreich handelt, frohlockt das Herz.
Preise Gott, dass du in jenes LandA55 gereist bist, Sein Wort zu erhöhen und den heiligen Duft Seines Reiches zu verbreiten, dass du als Gärtner in den Himmelsgärten dienst. Bald werden deine Anstrengungen von Erfolg gekrönt sein.
O du Sohn des Königreiches! Alles mit der Liebe Gottes Verbundene ist nützlich; ohne Seine Liebe sind alle Dinge schädlich und treten als Schleier zwischen den Menschen und den Herrn des Königreiches. Wo Seine Liebe ist, wird jede Bitternis süß und jede Gnadengabe bringt wohltuende Freude. So bringt zum Beispiel eine dem Ohr süße Melodie dem in Gott verliebten Herzen den wahren Geist des Lebens, die in sinnlichem Verlangen versunkene Seele jedoch besudelt sie mit Begierde. Jedes Wissensgebiet wird gebilligt und ist rühmenswert, wenn es mit der Liebe Gottes verbunden ist; Seiner Liebe beraubt, ist Wissen jedoch unfruchtbar – es führt fürwahr zum Wahnsinn. Jede Art von Erkenntnis, jede Wissenschaft ist wie ein Baum: Ist seine Frucht die Liebe zu Gott, so ist es ein gesegneter Baum; wo nicht, ist dieser Baum vertrocknetes Holz und nährt nur das Feuer.
O du treuer Diener Gottes, du geistiger Heiler der Menschen! Wann immer du einen Patienten behandelst, wende dein Antlitz dem Herrn des Himmelreiches zu, bitte den Heiligen Geist, dir beizustehen, und heile dann die Krankheit.
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O du Flamme der Gottesliebe! Was du geschrieben hast, bereitete große Freude, denn dein Brief war wie ein Garten, aus dem die Rosen tiefer Bedeutungen den süßen Duft der Liebe Gottes verbreiten. So dienen meine Antworten als Regenschauer und Tau, um den geistigen Pflanzen, im Garten deines Herzens erblüht, mehr Frische und zarte Schönheit zu verleihen, als Worte ausdrücken können.
Du schriebst von schmerzlichen Prüfungen, die dich heimgesucht haben. Für die treue Seele ist eine Prüfung nur Gottes Gunst und Gnade; denn auf dem Feld des Schmerzes stürmt der Mutige freudig in die wilde Schlacht, während der Feigling vor Furcht winselt, zittert und bebt. So wird auch der tüchtige Student, der den Stoff mit großem Geschick beherrscht und seinem Gedächtnis einverleibt, den Prüfern am Tage der Prüfung froh sein Können vorführen; gediegenes Gold wird im Feuer des Münzprüfers wundersam glänzen und leuchten.
Es liegt auf der Hand, dass Prüfungen und Heimsuchungen für geheiligte Seelen nur Gottes Gunst und Gabe sind, während sie für den Schwachen ein unerwartetes, plötzlich auftretendes Unheil bedeuten.
Diese Prüfungen waschen nur, wie auch du schriebst, den Makel des Selbstes vom Spiegel des Herzens, bis die Sonne der Wahrheit ihre Strahlen darauf werfen kann; denn es gibt keinen schlimmeren Schleier als das Selbst, und wie fein dieser Schleier auch sei, wird er zuletzt einen Menschen vollständig ausschließen und ihn seines Anteils an der ewigen Gnade berauben.
O du entzückte Dienerin des Herrn! Wenn die Gläubigen, Männer wie Frauen, an meinem geistigen Auge vorüberziehen, fühle ich mich durch das Feuer der Gottesliebe erwärmt und flehe, dass der Allmächtige diesen heiligen Seelen mit Seinen unsichtbaren Heerscharen beistehe. Gepriesen sei der Herr, dass die Verheißungen all Seiner Manifestationen nun deutlich erfüllt sind an diesem größten aller Tage, in diesem heiligen, gesegneten Zeitalter!
O du entzückte Dienerin Gottes! Die Nähe ist wahrlich etwas Geistiges, nichts Leibliches; die Hilfe, nach der es uns verlangt, und die Hilfe, die kommt, ist nicht stofflicher, sondern geistiger Art. Trotzdem hoffe ich, dass du in jeder Hinsicht Nähe erlangst. Gottes Gnadengaben werden wahrlich eine geheiligte Seele umgeben, wie das Sonnenlicht den Mond und die Sterne einschließt: Sei dessen versichert.
Trage im Namen ‘Abdu’l-Bahás zu allen Gläubigen, Männern wie Frauen, den duftenden Hauch der Heiligkeit. Begeistere sie alle und bewege sie dazu, die süßen Düfte des Herrn zu verbreiten.
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O du Diener an der Heiligen Schwelle. Wir haben gelesen, was deiner Feder entfloss in deiner Liebe zu Gott, und der Inhalt deines Briefes gefiel uns sehr. Ich hoffe, dass dich durch Gottes Güte der Hauch des Allbarmherzigen allzeit beleben und erneuern wird.
Du schriebst über die Reinkarnation. Der Glaube an die Reinkarnation geht weit zurück in die Vorgeschichte der meisten Völker; er behauptete sich sogar bei den griechischen Philosophen, den römischen Weisen, den alten Ägyptern und den großen Assyrern. Trotzdem sind dieser Aberglaube und solche Redensarten in der Sicht Gottes barer Unsinn.
Das Hauptargument der Anhänger der Reinkarnation war, dass nach Gottes Gerechtigkeit jeder seinen Verdienst erhalten muss: Sooft zum Beispiel ein Mensch von einem Unheil bedrückt wird, ist dies wegen eines Unrechts, das er begangen hat. Doch nimm ein Kind, das noch im Mutterleib ist. Der Embryo sei eben erst geformt, das Kind sei blind, taub, lahm und unvollkommen – welche Sünde hat ein solches Kind begangen, dass es seine Leiden verdient? Sie antworten: Obwohl das Kind im Mutterleib äußerem Anschein nach keiner Sünde schuldig ist, hat es doch in seiner früheren Gestalt Unrecht begangen, und deshalb verdient es jetzt Strafe.
Diese Leute übersehen jedoch folgenden Punkt: Wenn die Schöpfung nur nach einer einzigen Regel voranschritte, wie könnte die allumfassende Macht sich wahrnehmbar machen? Wie könnte der Allmächtige Der sein, »der tut, was Ihm gefällt, und befiehlt, was Er will«Q29?
Kurz, die Heiligen Schriften sprechen von einer Wiederkehr, aber damit ist die Wiederkehr der Eigenschaften, Bedingungen, Wirkungen, Vollkommenheiten und inneren Wirklichkeiten der Geistesleuchten gemeint, die in jeder Sendung wieder auftreten. Der Hinweis bezieht sich nicht auf bestimmte Seelen und Persönlichkeiten.
Man kann zum Beispiel sagen, dass dieses Lampenlicht die Wiederkehr des Lichtes des vergangenen Abends ist oder dass die Rose des vergangenen Jahres heuer in den Garten zurückgekommen ist. Hier bezieht man sich nicht auf die individuelle Wirklichkeit, die fest umrissene Identität, das besondere Wesen jener anderen Rose, vielmehr bedeutet es, dass die Eigenschaften, die Unterscheidungsmerkmale jenes anderen Lichtes, jener anderen Blume, jetzt in diesem Licht, dieser Blume gegenwärtig sind. Die Vollkommenheiten, das heißt, die Gnadengaben eines vergangenen Frühlings sind dieses Jahr zurückgekehrt. Wir sagen zum Beispiel, diese Frucht ist die gleiche wie die des letzten Jahres; wir denken dabei aber nur an die Feinheit, Schönheit, Frische und Süße; denn offensichtlich kann der unerschütterliche Kern der Wirklichkeit, die besondere Wesenheit, niemals wiederkehren.
Welchen Frieden, welches Behagen, welche Annehmlichkeit entdeckten Gottes Heilige während ihres Verweilens in dieser niederen Welt, dass sie immerfort danach streben sollten, zurückzukommen und dieses Leben noch einmal zu führen? Genügt nicht ein einziger Blick auf diese Angst, diese Heimsuchungen, dieses Unheil, diese Schläge, diese grässlichen Schwierigkeiten? Sollten sie da eine mehrfache Rückkehr ins Erdenleben wünschen? Dieser Becher ist nicht so süß, dass man Lust hätte, ihn ein zweites Mal zu leeren.
Deshalb ersehnt, wer die Schönheit Abhá liebt, keinen anderen Trost als den, die Stufe zu erreichen, wo er Ihn im Reiche der Herrlichkeit schauen kann. Keinen anderen Pfad wandert er als den Pfad durch die Wüste der Sehnsucht nach diesen erhabenen Höhen. Er sucht das Behagen und den Trost, die immerdar bleiben; er sucht jene Gaben, die geheiligt sind über alle weltliche Gesinnung.
Wenn du dich scharfsichtigen Auges umschaust, merkst du, dass in dieser Welt des Staubes alle Menschen leiden. Hier findet kein Mensch Ruhe als Entschädigung für das, was er in früheren Leben begangen hat; auch ist hier niemand so selig, dass er vor aller Augen die Früchte vergangener Qualen pflückt. Fürwahr, wozu führte dann das Wirken und Walten der Gottheit? Wäre ein Menschenleben mit seinem geistigen Sein auf diese irdische Zeitspanne beschränkt, was wäre dann die Frucht der Schöpfung? Wäre solch eine Auffassung richtig, so wären alle erschaffenen Dinge, alle abhängigen Wirklichkeiten, ja die ganze Welt des Seins ohne jede Bedeutung. Gott behüte, dass jemand an solch einem Hirngespinst, solch einem schweren Irrtum festhält!
Wie die Wirkungen und der Nutzen des Lebens im Mutterleib nicht an jenem dunklen, engen Ort zu suchen sind, wie der Zweck und Nutzen des Wachstums und der Entwicklung in jener vorherigen Welt erst dann offenbar werden, wenn das Kind in unsere weite Welt eintritt, so werden Lohn und Strafe, Himmel und Hölle, Vergeltung und ausgleichende Gerechtigkeit für die im gegenwärtigen Leben begangenen Taten in jener anderen Welt offenbar werden. Und wie das Leben im Mutterleib, für sich genommen, ein unsinniges Leben ohne Bedeutung wäre, so wäre der gesamte Vorgang des Lebens sinnlos und töricht, trügen das Dasein in dieser Welt und die hier vollbrachten Taten nicht in der jenseitigen Welt ihre Frucht.
So wisse denn, dass Gott, der Herr, über unsichtbare Reiche gebietet, die des Menschen Verstand niemals erfassen, des Menschen Geist niemals begreifen kann. Hast du erst den Kanal deiner geistigen Wahrnehmung vom Schmutz des weltlichen Lebens gereinigt, so wirst du die süßen Düfte der Heiligkeit atmen, die aus den seligen Gemächern des Himmelreichs wehen.
Die Herrlichkeit sei mit dir und jedem, der sich dem Königreich des Allherrlichen zuwendet und es erschaut – das Reich, das der Herr geheiligt hat über das Verstehen derer, die Ihn vergessen, und das Er vor denen verbirgt, die stolz sind vor Ihm.
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O ihr, die ihr mächtig hingezogen seid! O ihr Achtsamen! O ihr, die ihr dem Reiche Gottes nahekommt! Wahrlich, ich flehe aus vollem Herzen, mit ganzer Seele und in aller Demut zum Herrn, dass Er euch zu Zeichen der Führung mache, zu Bannern der Rechtschaffenheit, zu Quellen des Verstehens und Wissens, um durch euch die Sucher auf den geraden Pfaden zu leiten und sie auf den breiten Weg der Wahrheit in diesem mächtigsten Zeitalter zu führen.
O ihr Geliebten Gottes! Wisset, dass die Welt wie eine Fata Morgana ist, die sich über dem Sand erhebt und die der Dürstende für Wasser hält. Der Wein dieser Welt ist nur Dunst in der Wüste, ihr Mitleid und Erbarmen nur Mühe und Arbeit, alle Erholung, die sie bietet, nur Müdigkeit und Sorge. Überlasst sie denen, die ihr angehören, und wendet euer Angesicht zum Reich eures Herrn, des Allgütigen, damit Seine Gnade und Großmut ihr Morgenlicht auf euch strahle, damit eine himmlische Tafel zu euch herabgesandt werde, euer Herr euch segne und Seine Reichtümer über euch ergieße, um eure Brust zu erfreuen, euer Herz mit Wonne zu erfüllen, euren Geist hinanzuziehen, eure Seelen zu reinigen und eure Augen zu trösten.
O ihr Geliebten Gottes! Gibt es einen Geber außer Gott? Er erwählt für Seine Gnadengaben, wen immer Er will. Bald wird Er vor euch die Tore Seines Wissens öffnen und Euer Herz mit Seiner Liebe erfüllen. Er wird eure Seelen erfreuen mit den sanften Winden Seiner Heiligkeit, euer Angesicht erleuchten mit dem Glanz Seines Lichtes und das Gedenken an euch unter allen Völkern erhöhen. Euer Herr ist wahrlich der Mitleidige, der Barmherzige.
Mit unsichtbaren Heerscharen wird Er euch zu Hilfe kommen und euch mit der himmlischen Streitmacht göttlicher Eingebung unterstützen; Er wird süße Düfte aus dem höchsten Paradies auf euch herabsenden und den reinen Hauch aus dem Rosengarten der höchsten Versammlung über euch wehen lassen. Ins Herz wird Er euch den Geist des Lebens hauchen, euch einlassen in die Arche des Heils und euch Seine klaren Zeichen und Beweise offenbaren. Wahrlich, dies ist überreiche Gnade. Wahrlich, dies ist der unleugbare Sieg.
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Trauere nicht über das Hinscheiden meines geliebten Breakwell, denn er ist aufgestiegen zu einem Rosengarten der Herrlichkeit im Paradies Abhá, beschirmt von der Barmherzigkeit seines mächtigen Herrn, und mit lauter Stimme ruft er: »O wüsste doch mein Volk, wie barmherzig mein Herr mir vergeben und mich zu denen gesellt hat, die in Seine Gegenwart gelangt sind!«Q30
O mein geliebter Breakwell! Wo ist dein schönes Antlitz, wo deine beredte Zunge? Wo deine leuchtende Stirn und wo deine strahlende Schönheit?
O mein geliebter Breakwell! Wo ist dein Feuer, lodernd in Gottes Liebe? Wo deine Verzückung bei Seinem heiligen Hauch? Wo ist dein Lobpreis, den du zu Ihm erhobst? Machst du dich auf, Seiner Sache zu dienen?
O mein geliebter Breakwell! Wo sind deine strahlenden Augen, wo deine lächelnden Lippen? Wo ist deine edle Wange, wo deine anmutige Gestalt?
O mein geliebter Breakwell! Du hast diese irdische Welt verlassen, hast dich aufgeschwungen in das Gottesreich, du hast die Gnade der unsichtbaren Welt erlangt und dich geopfert an der Schwelle ihres Herrn!
O mein geliebter Breakwell! Zurückgelassen hast du die Lampe, die dein Erdenleib war, das Glas deiner Menschengestalt, deine irdischen Elemente, deine Lebensart hienieden.
O mein geliebter Breakwell! Du hast eine Flamme entfacht im Leuchter der himmlischen Heerscharen, bist eingetreten in das Paradies Abhá, hast Schutz gefunden im Schatten des Gesegneten Baumes, bist im himmlischen Hafen Ihm begegnet.
O mein geliebter Breakwell! Nun bist du ein Himmelsvogel, hast dein irdisches Nest aufgegeben, bist weggeflogen zu einem Garten der Heiligkeit im Reich deines Herrn. Du hast dich erhoben auf eine Stufe voll des Lichts.
O mein geliebter Breakwell! Dein Lied ist jetzt wie Nachtigallenschlag, üppig ergießest du Verse zum Lob der Gnade deines Herrn, der immer vergibt. Du warst ein dankbarer Diener, so gelangtest du zur seligsten Wonne.
O mein geliebter Breakwell! Wahrlich, dein Herr hat dich auserwählt für Seine Liebe, hat dich in den Hof Seiner Heiligkeit geführt, hat dich den Paradiesesgarten Seiner Gefährten betreten lassen und dich damit gesegnet, Seine Schönheit zu schauen.
O mein geliebter Breakwell! Du hast das ewige Leben erlangt, die unverbrüchliche Gnadengabe, ein Leben, das dir wohlgefällt, und Gottes Gunst die Fülle.
O mein geliebter Breakwell! Du wurdest zu einem Stern am himmlischen Firmament, zu einer Lampe unter den Engeln des Himmels. Du wurdest zu einem lebendigen Geist im erhabensten Reich, thronend in Ewigkeit.
O mein geliebter Breakwell! Ich bitte Gott, dich immer näher zu sich hinzuziehen, fest dich zu fassen, dein Herz mit der Nähe Seiner Gegenwart zu erfreuen, mit immer mehr Licht dich zu erfüllen, dir noch mehr Schönheit zu verleihen und dich mit Kraft und großer Herrlichkeit auszustatten.
O mein geliebter Breakwell! Unablässig denke ich an dich, nie werde ich dich vergessen. Tag und Nacht bete ich für dich. Deutlich, wie im hellen Sonnenlicht, stehst du vor meinen Augen.
O mein geliebter Breakwell!
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Zu deiner Frage, ob alle Seelen ausnahmslos ewiges Leben erlangen: Wisse, dass die Unsterblichkeit den Seelen eigen ist, denen von Gott der Geist des Lebens eingehaucht ward. Alle anderen sind leblos – sie sind tot, wie Christus im Evangelium erklärt hat. Wem der Herr die Augen öffnet, der wird die Menschenseelen in dem Rang sehen, den sie nach ihrer Befreiung aus dem Leib einnehmen werden. Er wird die Lebenden in der Nähe ihres Herrn blühen sehen, die Toten versunken in den tiefsten Abgrund der Verdammnis.
Wisse, dass jede Seele nach Gottes Wesen erschaffen, jede bei der Geburt rein und heilig ist. Später jedoch unterscheiden sich die Menschen je nach den Tugenden oder Lastern, die sie in der Welt erwerben. Wenn auch alles seinem Wesen nach in Rängen oder Stufen erschaffen wird, weil die Fähigkeiten verschieden sind, wird doch jeder einzelne heilig und rein geboren, und erst hernach kann er verderbt werden.
Im Übrigen ist alles gut, wenn auch die Daseinsstufen verschieden sind. Betrachte den menschlichen Körper, seine Gliedmaßen, das Auge, das Ohr, den Geruchs- und Geschmackssinn, die Hände, die Fingernägel. Ungeachtet der Unterschiede zwischen diesen Teilen wirkt jeder innerhalb der ihm eigenen Grenzen am zusammenhängenden Ganzen mit. Versagt einer, so muss er geheilt werden; hilft kein Heilmittel, so muss dieser Teil entfernt werden.
160
O du treue, ergebene Dienerin des Herrn! Ich habe deinen Brief gelesen. Du bist wahrhaftig vom Königreich angezogen und hast dich dem allherrlichen Horizont geweiht. Ich bitte Gott, dich in Seiner Güte mit jedem neuen Tag im Feuer Seiner Liebe noch leuchtender brennen zu lassen.
Du warst, scheint es, im Zweifel darüber, ob du schreiben oder den Glauben lehren sollst. Es ist äußerst wichtig, den Glauben zu lehren, und Lehren ist im Augenblick besser für dich. Wann immer du eine Gelegenheit findest, löse deine Zunge und führe das Menschengeschlecht.
Du fragst mich über den Erwerb von Wissen: Lies die Bücher und Sendschreiben Gottes und die Aufsätze, die geschrieben wurden, um die Wahrheit dieses Glaubens darzulegen. Zu ihnen gehören der Íqán, der ins Englische übersetzt ist, die Werke von MírzáAbu’l-Faḍl und einigen anderen Gläubigen. In Zukunft wird eine große Anzahl heiliger Sendschreiben und anderer heiliger Schriften übersetzt werden, du solltest sie gut lesen. Desgleichen erbitte von Gott, dass der Magnet Seiner Liebe das Wissen um Ihn auf dich ziehe. Ist eine Seele in allen Dingen geheiligt, geläutert und geweiht, so werden sich die Tore der Erkenntnis Gottes weit vor ihren Augen öffnen.
Du schreibst über die liebe Dienerin Gottes, Frau Goodall. Diese von Gott begeisterte Seele dient wahrhaftig stets dem Glauben und tut alles, was ihr nur möglich ist, um den himmlischen Strahlenglanz zu verbreiten. Wenn sie so fortfährt, werden in künftigen Zeiten sehr große Wirkungen daraus folgen. Das wichtigste ist, standhaft und festverwurzelt zu bleiben und bis zum Ende auszuharren. Ich hoffe, dass die Dienerinnen des Herrn mit ihren hochherzigen Bemühungen jene Berge und jenes MeerA56 so hell in der Liebe Gottes erstrahlen lassen, dass sie ihren Widerschein bis ans Ende der Erde werfen.
Du fragst, ob mit dem Kommen des Gottesreiches jede Seele gerettet werde. Die Sonne der Wahrheit strahlt in ihrer Herrlichkeit über die ganze Welt; ihr lichtvoller Aufgang ist des Menschen Heil und sein ewiges Leben; aber nur der gehört zu den Geretteten, der das Auge seiner Einsicht weit öffnet und diese Herrlichkeit erblickt.
Du hast auch gefragt, ob im Bahá’í-Zeitalter das Geistige schließlich den Sieg davontrage. Es ist gewiss, dass Geistigkeit den Materialismus überwinden wird, dass der göttliche Wille den menschlichen bezwingen wird, dass die Massen der Menschheit durch göttliche Erziehung große Fortschritte auf allen Lebensstufen machen werden – ausgenommen jene, die blind und taub, stumm und tot sind. Wie könnten sie das Licht verstehen? Selbst wenn die Sonnenstrahlen jeden noch so dunklen Winkel des Erdballs erhellen, haben die Blinden doch keinen Anteil an dieser Herrlichkeit, und selbst wenn der Regen göttlicher Barmherzigkeit in Strömen auf die ganze Erde fällt, blüht doch auf unfruchtbarem Boden kein Strauch und keine Blume.
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O du, der du nach dem Reich des Himmels trachtest! Diese Welt ist wie des Menschen Leib, und Gottes Reich ist wie der Geist des Lebens. Sieh, wie eng und dunkel die stoffliche Welt des Leibes ist, wie sie Leiden und Krankheiten zum Opfer fällt. Wie frisch und strahlend ist dagegen das Reich des menschlichen Geistes. Schließe aus diesem Gleichnis, wie die Welt des Königreichs herniederstrahlt, wie ihre Gesetze geschaffen sind, in diesem niederen Reich zu wirken. Zwar ist der Geist dem Blick verborgen, doch strahlen seine Befehle wie der Sonnenschein auf die Welt des Menschenleibs. So ist auch für den, der mit dem inneren Auge schaut, das Himmelreich klar wie der Tag, obgleich es dem Blick dieses unwissenden Volkes verborgen bleibt.
Wohne du deshalb für immer im Reich Gottes und vergiss diese niedere Welt. Gehe völlig auf in der Ausstrahlung des Geistes, so dass nichts in der Menschenwelt dich ablenkt.
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O ihr lieben Freunde ‘Abdu’l-Bahás! Immerzu warte ich auf gute Nachrichten von euch und sehne mich danach zu hören, dass ihr täglich Fortschritte macht und immer heller vom Lichte der Führung erleuchtet werdet.
Bahá’u’lláhs Segnungen sind ein uferloses Meer, und selbst ewiges Leben ist nur ein Tautropfen daraus. Die Wogen dieser See branden ohne Unterlass gegen die Herzen der Freunde, und aus diesen Wellen rühren die Eingebungen des Geistes und die inbrünstigen Pulsschläge der Seele, bis das Herz nachgibt und, ob es will oder nicht, sich demütig im Gebet dem Königreich des Herrn zuwendet. Deshalb tut, was ihr könnt, und befreit euer innerstes Selbst, damit ihr jeden Augenblick neuen Strahlenglanz von der Sonne der Wahrheit widerspiegelt.
Ihr wohnt allesamt im Herzen ‘Abdu’l-Bahás; mit jedem Atemzug wende ich mein Angesicht der Schwelle der Einheit zu und rufe Segnungen auf jeden einzelnen von euch hernieder.
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O ihr beiden Wahrheitssucher! Euer Brief ist angekommen; sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen. Die früheren Briefe sind nicht alle eingetroffen. Einige kamen an, als die Grausamkeit der Unterdrücker so überhandnahm, dass es unmöglich war, eine Antwort abzusenden. Jetzt ist dieser Brief hier, und wir können ihn beantworten. Trotz dringender Geschäfte schreibe ich euch jetzt, damit ihr wisst, dass ihr von uns allen geliebt werdet und im Reich Gottes angenommen seid.
Eure Fragen können allerdings nur kurz behandelt werden; für eine ausführliche Antwort fehlt die Zeit. Zur ersten Frage: Die Seelen der Kinder des Königreiches erheben sich nach ihrer Trennung vom Leib in das Reich ewigen Lebens. Aber wenn ihr nach dem Ort fragt, so wisst, dass die Welt des Seins eine einzige Welt ist, wenn auch ihre Stufen verschiedenartig und voneinander getrennt sind. Zum Beispiel nimmt das mineralische Leben seine eigene Stufe ein; aber mineralisches Dasein ist sich des Pflanzenreiches in keiner Weise bewusst. Ja, es leugnet mit seiner inwendigen Zunge, dass es überhaupt so ein Reich gibt. Genauso weiß pflanzliches Dasein nichts über die tierische Welt. Es kümmert sich nicht um sie, und sie bleibt ihm verborgen; denn die Stufe des Tieres ist höher als die der Pflanze. Vor der Pflanze ist die Tierwelt verschleiert, und inwendig leugnet sie das Dasein jener Welt – das alles, obwohl Tier, Pflanze und Mineral in derselben Welt wohnen. Völlig unbewusst bleibt auch dem Tier die Macht des menschlichen Verstandes, der weltumfassende Ideen aufnimmt und die Geheimnisse der Schöpfung enthüllt, so dass ein Mensch, der im Osten lebt, Pläne und Vorkehrungen für den Westen entwickeln und Geheimnisse enträtseln kann. Er kann Amerika entdecken und befindet sich doch auf dem europäischen Kontinent; er kann die innersten Wirklichkeiten der Himmelssterne erfassen und ist doch auf der Erde. Diese dem menschlichen Verstand eigene Entdeckerkraft, diese Macht, abstrakte, weltumfassende Ideen aufzunehmen, bleibt dem Tier völlig verborgen; das Tier leugnet in der Tat ihr Vorhandensein.
Genauso können die Erdenbewohner die Welt des Reiches Gottes nicht erkennen und leugnen ihr Vorhandensein. Sie fragen zum Beispiel: »Wo ist das Königreich? Wo ist der Herr des Königreiches?« Diese Menschen sind wie das Mineral und die Pflanze, die über das Tierreich und das Menschenreich nichts wissen. Sie sehen es nicht, sie finden es nicht. Und doch leben sie alle, das Mineral und die Pflanze, das Tier und der Mensch, zusammen in dieser Welt des Seins.
Zur zweiten Frage: Prüfungen und Heimsuchungen von Gott finden auf dieser Welt statt, nicht in der Welt des Gottesreichs.
Die Antwort auf die dritte Frage lautet, dass des Menschen Wirklichkeit in der anderen Welt keine leibliche Gestalt anlegt; vielmehr nimmt sie eine himmlische Gestalt an, die aus Elementen jenes himmlischen Reiches gemacht ist.
Und die Antwort auf die vierte Frage: Die Sonne der Wahrheit hat ihren Mittelpunkt in der überirdischen Welt, im Reich Gottes. Reine, makellose Seelen eilen bei der Auflösung ihrer stofflichen Gestalt hin zur Welt Gottes, und jene Welt ist inmitten dieser Welt. Nur sind sich die Menschen dieser Welt nicht bewusst. Sie sind wie das Mineral und die Pflanze, die über die Tierwelt und die Menschenwelt nichts wissen.
Die Antwort auf die fünfte Frage lautet: Bahá’u’lláh hat das Königszelt der Einheit der Menschheit errichtet. Wer immer unter diesem Dach Schutz sucht, wird gewiss aus anderen Behausungen herauskommen.
Zur sechsten Frage: Ergeben sich zu irgendwelchen Fragen Meinungsunterschiede zwischen zwei widerstreitenden Gruppen, so mögen sie sich zur Lösung des Problems an den Mittelpunkt des Bündnisses wenden.
Und zur siebten Frage: Bahá’u’lláh ist der ganzen Menschheit offenbart. Er lädt alle an Gottes Tafel, zum Festmahl göttlicher Großmut. Heute gehören jedoch die meisten, die an dieser Tafel sitzen, zu den Armen, und darum sagte Christus: »Selig sind die Armen«; denn die Reichen hält der Reichtum davon ab, das Königreich zu betreten. Und wiederum sagte Er: »Es ist leichter, dass ein Kamel durch ein Nadelöhr gehe, denn dass ein Reicher ins Reich Gottes komme.«Q31 Wenn jedoch der Reichtum dieser Welt, irdischer Ruhm und Ansehen den Reichen nicht am Eintritt in das Gottesreich hindern, wird er an der Heiligen Schwelle begünstigt und vom Herrn des Königreiches angenommen.
Kurz gesagt, Bahá’u’lláh wurde offenbar, um alle Völker der Welt zu erziehen. Er ist der weltumfassende Erzieher, für Reiche und Arme, Schwarze und Weiße, für die Völker des Ostens wie des Westens, des Nordens wie des Südens.
Einige von denen, die ‘Akká besucht haben, machen große Fortschritte. Sie waren erloschene Kerzen und wurden entzündet; sie waren verwelkt und begannen zu blühen, sie waren tot, wurden zum Leben erweckt und kehrten heim mit der Botschaft großer Freude. Andere jedoch, das ist wahr, gingen, wie sie gekommen waren. Es war nur ein Ausflug für sie.
O ihr beiden, die ihr euch so stark vom Gottesreich angezogen fühlt. Danket Gott, dass ihr euer Heim zu einem Bahá’í-Zentrum und zum Versammlungsort für die Freunde macht.
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O ihr beiden gläubigen, überzeugten Seelen! Der Brief ist angekommen. Gelobt sei Gott, er brachte gute Nachrichten. Kalifornien ist bereit für die Verkündigung der Lehren Gottes. Ich hoffe, ihr müht euch mit Herz und Seele, damit der süße Duft den Menschen in die Nase steige…
Überbringt Frau Chase meine ergebenen Grüße und sagt ihr: »Herr Chase ist ein funkelnder Stern am Horizont der Wahrheit; aber derzeit noch hinter den Wolken verborgen. Bald werden diese Wolken vertrieben, und der Strahlenglanz jenes Sterns wird das Land Kalifornien erleuchten. Würdige die Gnadengabe, dass du seine Frau und Lebensgefährtin warst.«
Jedes Jahr müssen die Freunde im Namen ‘Abdu’l-Bahás am TodestagA57 das Grabmal dieser gesegneten Seele besuchen, in tiefster Demut und Bescheidenheit voll Ehrerbietung Blumengebinde auf ihr Grab legen, den ganzen Tag in stillem Gebet verbringen, das Antlitz dem Königreich der Zeichen zugewandt, die Tugenden dieser ruhmreichen Persönlichkeit lobpreisend.
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O mein Gott! O mein Gott! Wahrlich, Dein Diener, der demütig vor der Majestät Deiner höchsten, göttlichen Gewalt und bescheiden am Tor Deiner Einzigartigkeit steht, hat an Dich und Deine Verse geglaubt. Er hat für Dein Wort gezeugt und war entflammt vom Feuer Deiner Liebe. Tief war er in das Meer Deiner Erkenntnis eingetaucht und angezogen von Deinem Windhauch. Auf Dich hat er sich verlassen, Dir sein Angesicht zugewandt und Dir seine Gebete dargebracht, Deiner Vergebung und Verzeihung gewiss. Nun hat er dieses vergängliche Leben verlassen und sich emporgeschwungen ins Reich der Unsterblichkeit, voll Sehnsucht nach der Gnade, Dir zu begegnen.
O Herr, verherrliche seine Stufe, beherberge ihn unter dem Thronzelt Deines höchsten Erbarmens, gewähre ihm Einlass in Dein herrliches Paradies und lass ihn immerdar leben in Deinem erhabenen Rosengarten, eingetaucht in die Welt der Mysterien wie in ein Lichtermeer.
Wahrlich, Du bist der Freigebige, der Gewaltige, der Vergebende und der Schenkende.
O du überzeugte Seele, du Dienerin Gottes…! Sei nicht traurig über den Tod deines verehrten Gatten. Er hat wahrlich die Begegnung mit seinem Herrn an der Stätte der Wahrheit in des mächtigen Königs Gegenwart erlangt. Wähne nicht, du hättest ihn verloren. Der Schleier wird hinweggetan, und du wirst sein Antlitz inmitten der höchsten Heerscharen leuchten sehen, wie Gott, der Erhabene, spricht: »Wir werden ihn gewiss zu einem glücklichen Leben erwecken.«Q32 Höchste Bedeutung ist deshalb nicht dieser ersten Erschaffung beizumessen, sondern dem künftigen Leben.
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O Diener Bahás! Opfere dich auf dem Pfade Gottes, nimm deinen Flug zum Himmel der Liebe zur Schönheit Abhá; denn von Liebe beseelte Bewegung zielt vom Umkreis zum Mittelpunkt hin, aus dem Raum zur Sonne des Alls. Vielleicht hältst du das für schwierig; aber ich sage dir, dass dem nicht so ist, denn wenn die bewegende, führende Kraft die göttliche Kraft der Anziehung ist, kann man mit ihrer Hilfe Zeit und Raum leicht und schnell durchmessen. Ruhm sei dem Volk Bahás.
167
Du fragst nach Schicksal, Vorherbestimmung und Willen. Schicksal und Vorherbestimmung bestehen aus den zwangsläufigen, unumgänglichen Beziehungen in den Wirklichkeiten der Dinge. Diese Beziehungen sind durch die Schöpferkraft in die Wirklichkeiten der bestehenden Wesen hineingelegt, und jedes Geschehnis ist eine Folge der zwangsläufigen Beziehung. Zum Beispiel hat Gott eine Beziehung zwischen der Sonne und der Erdkugel geschaffen, nach der die Sonnenstrahlen scheinen und der Erdboden Frucht tragen soll. Diese Beziehungen bedeuten Vorherbestimmung; ihre Offenbarung auf der Ebene des Daseins ist Schicksal. Der Wille ist die Wirkkraft, die diese Beziehungen und diese Geschehnisse überwacht. Das ist die kurze Erklärung des Schicksals und der Vorherbestimmung. Ich habe keine Zeit für eine ausführliche Erklärung. Denke darüber nach; der Zusammenhang von Schicksal, Vorherbestimmung und Willen wird dann offenbar werden.
168
O du hohe Dame im Königreich! Preise Gott, dass du in diesem Zeitalter, im Zeitalter der Sendung Bahá’u’lláhs, erweckt und des Herrn der Heerscharen in Seiner Offenbarung bewusst wurdest. Alle Bewohner der Welt liegen in den Gräbern der Natur oder schlummern, achtlos und unbewusst, wie Christus sagte: »Ich werde kommen, wenn ihr es nicht gewahr seid. Der Menschensohn kommt, wie ein Dieb ins Haus kommt, und der Eigentümer ist sich dessen nicht bewusst.«
Kurz, ich hoffe, du schreitest durch Bahá’u’lláhs Gnadengaben täglich im Gottesreich voran und wirst ein himmlischer Engel, bestätigt vom Odem des Heiligen Geistes, ein Bauwerk errichtend, das ewig fest und unerschüttert steht…
Diese Tage sind überaus kostbar; ergreife die Gelegenheit und entzünde eine Kerze, die nie verlöscht und ihr Licht ewig auf die Menschenwelt ergießt.
169
O ihr beiden geduldigen Seelen! Euer Brief traf ein. Der Tod dieses jungen Menschen und seine Trennung von euch haben Kummer und große Trauer über euch gebracht; denn in der Blüte seiner Jugend nahm er seinen Flug zum himmlischen Nest. Aber er wurde befreit aus dieser kummervollen Stätte und wandte sein Antlitz seinem ewigen Nest im Königreich zu. Befreit aus einer dunklen, engen Welt, eilte er ins geheiligte Reich des Lichtes. Darin liegt der Trost für unsere Herzen.
Solche herzzerreißenden Geschehnisse unterliegen Gottes unerforschlicher Weisheit. Es ist, als pflanze ein liebevoller Gärtner einen jungen, zarten Busch von einem engen Platz weg in ein weites, offenes Feld. Diese Verpflanzung bedeutet nicht, dass der Busch welkt, schrumpft oder eingeht. Im Gegenteil, sie lässt ihn wachsen und gedeihen, verleiht ihm köstliche Frische, lässt ihn ergrünen und Frucht tragen. Dieses verborgene Geheimnis ist dem Gärtner wohlbekannt; nur Seelen, die solcher Gnadengaben unbewusst sind, wähnen, der Gärtner entwurzele den Busch aus Ärger und Zorn. Allen Verständigen jedoch ist die verborgene Tatsache offenkundig; der vorherbestimmte Ratschluss gilt ihnen als ein Segen. Seid darum nicht traurig und verzweifelt über den Aufstieg dieses Vogels der Treue; nein, betet unter allen Umständen für diesen jungen Menschen. Bittet, dass er Vergebung finde und seine Stufe erhöht werde.
Ich hoffe, dass ihr höchste Geduld, Gelassenheit und Ergebenheit erlanget, und an der Schwelle der Einheit bitte ich flehentlich um Vergebung und Verzeihung. Von Gottes ewigen Gnadengaben erhoffe ich, dass Er diese Taube aus dem Garten des Glaubens beschütze und sie auf dem Zweig der himmlischen Heerscharen herberge, damit sie zum Ruhm und Preis des Herrn der Namen und Tugenden ihr schönstes Lied singe.
170
O du Sucherin nach dem Reich Gottes! Dein Brief traf ein. Du schreibst über den großen Kummer, der dich getroffen hat – den Tod deines verehrten Gatten. Dieser ehrenhafte Mann unterlag dem Druck und der Spannung dieser Welt derart, dass es sein größter Wunsch war, daraus befreit zu werden. Das ist die sterbliche Wohnstatt: ein Vorratslager voll Kummer und Leid. Was den Menschen daran bindet, ist Unwissenheit; denn keine Seele vom Monarchen bis hinunter zum einfachsten Untertanen kann in dieser Welt Genüge finden. So dieses Leben dem Menschen einmal einen süßen Becher reicht, werden sicher hundert bittere folgen. Das ist der Zustand dieser Welt. Der Weise bindet sich deshalb nicht an dieses vergängliche Leben und macht sich nicht davon abhängig. Manchmal wünscht er sich sogar sehnsüchtig den Tod, damit er frei werde von diesen Leiden und Heimsuchungen. So kommt es auch, dass manche unter starker Seelenqual Selbstmord verüben.
Was deinen Gatten angeht, so sei ganz sicher. Er wird in das Meer der Vergebung getaucht; er wird Gnade und Gunst empfangen. Bemühe dich sehr, seinem Kind eine Bahá’í-Erziehung zu geben, damit es als Erwachsener barmherzig, erleuchtet und himmlisch sei.
171
O du geliebte Dienerin Gottes! Der Verlust eines Sohnes bricht einem Menschen das Herz und ist unerträglich. Wer aber Erkenntnis und Verständnis hat, ist sicher, dass der Sohn nicht verloren ging, vielmehr aus dieser Welt in eine andere ging und im Reich Gottes wiederzufinden ist. Die Wiedervereinigung wird für die Ewigkeit sein; nur in dieser Welt ist die Trennung unvermeidlich und bringt brennenden Schmerz.
Preis sei Gott, dass du Gewissheit hast, dein Angesicht dem ewigen Königreich zuwendest und an die Existenz einer himmlischen Welt glaubst. Sei deshalb nicht verzweifelt, lass dich nicht niederdrücken, seufze nicht, wehklage und weine nicht; denn aufbegehrendes Klagen beeinträchtigt seine Seele im himmlischen Reich zutiefst.
Aus der verborgenen Welt spricht dieses geliebte Kind zu dir: »O du liebe Mutter, danke der göttlichen Vorsehung, dass ich befreit wurde aus einem engen, dunklen Käfig und mich wie die Vögel auf den Feldern aufgeschwungen habe in die göttliche Welt – eine Welt, die weit, erleuchtet, allzeit froh und jauchzend ist. Deshalb, o Mutter, wehklage nicht und sei nicht traurig. Ich bin weder verloren, noch bin ich zuschanden und ausgelöscht. Ich habe meine sterbliche Gestalt abgeschüttelt und mein Banner in dieser geistigen Welt gehisst. Dieser Trennung folgt ewige Vereinigung. Du wirst mich im Himmel des Herrn wiederfinden, versunken in einem Meer von Licht.«
172
Gelobt sei Gott! Dein Herz ist mit dem Gedenken Gottes befasst, deine Seele ist erfreut durch die frohen Botschaften Gottes, und du bist im Gebet versunken. Die Gebetshaltung ist der beste Zustand, denn da hat der Mensch Verbindung mit Gott. Wahrlich, das Gebet verleiht Leben, besonders wenn man es allein und zurückgezogen darbringt, zu Zeiten wie um Mitternacht, wenn man der täglichen Pflichten ledig ist.
173
Die Seelen, die an diesem Tage in das Reich Gottes eintreten und ewiges Leben erlangen, schweben, obwohl körperlich auf Erden, in Wirklichkeit in himmlischen Gefilden. Ihr Leib mag auf Erden weilen, aber ihr Geist schweift in der Unendlichkeit des Raumes. Denn wenn die Gedanken sich weiten und erleuchtet sind, werden sie beflügelt und tragen den Menschen in das Reich Gottes.
174
O ihr geistigen Freunde ‘Abdu’l-Bahás. Euer Brief ist angekommen. Sein Inhalt brachte große Freude, zeigt er doch eure Festigkeit und Standhaftigkeit in der Sache Gottes.
Der dortige Rat steht im schützenden Schatten des Herrn aller Segnungen, und ich hoffe, dass er, wie es einer solchen Körperschaft zukommt, vom Odem des Heiligen Geistes begünstigt und bestärkt werde, dass ihr alle Gott jeden Tag in noch größerem Maße liebt und noch fester verbunden werdet mit Ihm, der ewigwährenden Schönheit, dem Licht der Welt. Denn Gottesliebe und geistige Anziehung reinigen und heiligen des Menschen Herz; sie kleiden und schmücken es mit dem makellosen Gewand der Heiligkeit. Und wenn das Herz ganz dem Herrn zugewandt ist, wenn es der Gesegneten Vollkommenheit verpflichtet ist, dann wird die Gnade Gottes offenbar.
Diese Liebe kommt nicht vom Leibe, sondern ganz aus der Seele. Und Seelen, deren inneres Sein von der Liebe Gottes erleuchtet ist, breiten sich aus wie Lichtstrahlen, leuchten wie Sterne der Heiligkeit an einem reinen, kristallklaren Himmel. Denn die wahre, die wirkliche Liebe ist die Liebe zu Gott; sie ist geheiligt über menschliche Begriffe und Einbildungen.
Lasst die Geliebten Gottes allesamt das Wesen der Reinheit verkörpern, das Leben wahrer Heiligkeit, so dass sie überall für ihre Lauterkeit, ihre geistige Unabhängigkeit und ihre Sanftmut bekannt werden. Lasst sie ermuntert sein durch den Trunk aus dem ewigen Kelch der Liebe Gottes und fröhlich werden, wenn sie aus den Weinkellern des Himmels trinken. Lasst sie die Gesegnete Schönheit schauen, die flammende Begeisterung dieser Zusammenkunft spüren, stumm vor Ehrfurcht und Staunen. Das ist die Stufe der Aufrichtigen; das ist der Weg der treu Ergebenen; das ist der Strahlenglanz im Antlitz derer, die Gott nahe sind.
Deshalb müssen sich die Freunde Gottes hochheilig und einhellig im Geiste erheben, eins miteinander in solchem Maße, dass sie ein Wesen und eine Seele werden. Auf dieser Ebene spielen die stofflichen Leiber keine Rolle mehr, vielmehr übernimmt der Geist die Führung und regiert; wenn seine Macht alle umschließt, ist die geistige Vereinigung erreicht. Strebt Tag und Nacht danach, eure Einheit voll zu veredeln. Lenkt eure Gedanken auf eure geistige Entwicklung, schließt eure Augen vor den Fehlern anderer Seelen. Handelt so, dass andere durch euch erweckt werden; bringt reine und gute Taten hervor, zeigt Bescheidenheit und Demut!
Niemals ist es der Wunsch ‘Abdu’l-Bahás, ein Wesen verletzt zu sehen, noch will er jemandem Kummer bereiten; denn kein größeres Geschenk kann der Mensch empfangen, als eines anderen Herz zu erfreuen. Ich bitte Gott, dass ihr Freudenspender werdet wie die Engel im Himmel.
175
Sterblicher Liebreiz schwindet, die Rosen weichen den Dornen; Schönheit und Jugend haben ihre Zeit und gehen dahin. Was aber ewig währt, ist die Schönheit des Einen Wahren, denn ihr Glanz vergeht nie, ihre Herrlichkeit dauert ewig; ihr Liebreiz ist allmächtig, ihre Anziehung grenzenlos. Gut ist es um das Antlitz bestellt, das den Lichtglanz des Geliebten widerspiegelt. Der Herr sei gelobt, du bist von diesem Licht erleuchtet, du hast die Perle wahrer Erkenntnis erworben und das Wort der Wahrheit ausgesprochen.
176
O du, der du vom Reiche Gottes angezogen bist! Jede Seele sucht etwas, hegt einen bestimmten Wunsch und müht sich Tag und Nacht, ihr Ziel zu erreichen. Der eine sehnt sich nach Reichtum, ein anderer dürstet nach Ehre, wieder andere schmachten nach Ruhm, Kunst, Wohlstand und so weiter. Am Ende jedoch sind Verlust und Enttäuschung ihr Los. Alle lassen sie zurück, was ihnen gehört; mit leeren Händen eilen sie in das jenseitige Reich, und all ihre Mühe war vergebens. Alle kehren sie zum Staub zurück, entblößt, erniedrigt, entmutigt und voller Verzweiflung.
Du aber, gelobt sei der Herr, befassest dich mit dem, was dir ewigen Nutzen bringt, und das ist nichts anderes als dein Hingezogensein zum Reiche Gottes, es ist dein Glaube, deine Erkenntnis, die Erleuchtung deines Herzens und dein ernstes Bemühen, Gottes Lehren zu verbreiten.
Wahrlich, diese Gabe ist unvergänglich, dieser Reichtum ist ein Schatz aus der Höhe.
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O du lebendige Flamme himmlischer Liebe! Dein Herz brennt in Gottes Liebe so lichterloh, dass seine Wärme und sein Glanz zehntausend Meilen weit zu fühlen und zu sehen sind. Das Feuer, das sterbliche Hände entfachen, spendet nur einem kleinen Raum Licht und Wärme; aber die heilige Flamme, die Gottes Hand entzündet hat, setzt den Westen in Flammen, auch wenn sie im Osten brennt, und Nord und Süd spendet sie ihre Wärme. Mehr noch, sie erhebt sich von dieser Welt, glüht mit heißester Flamme in den Gefilden der Höhe, und überflutet mit ihrem Licht das Reich ewiger Herrlichkeit.
Glücklich bist du, dass du ein so himmlisches Geschenk empfangen hast. Selig bist du, begnadet mit Seinen göttlichen Gaben.
Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und allen, die sich fest an den sicheren Griff Seines Willens und an das heilige Bündnis halten.
178
O Magd Gottes! Dein Brief vom 9. Dezember 1918 ist eingetroffen; sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen. Verliere niemals dein Vertrauen in Gott. Sei immer voller Hoffnung; denn unablässig strömen Gottes Segnungen auf den Menschen herab. Aus einem bestimmten Blickwinkel betrachtet, scheinen sie schwächer zu werden, aber aus einem anderen sind sie reich und vollendet. Der Mensch ist unter allen Lebensbedingungen in ein Meer göttlichen Segens getaucht. Deshalb sei unter keinen Umständen mutlos, sondern sei fest in deinem Hoffen.
Anwesenheit bei Zusammenkünften der Freunde ist wichtig, damit sie bereit und wachsam bleiben, liebevoll und zum himmlischen Königreich hingezogen.
Wenn du unbedingt sehnsüchtig danach verlangst, nach Phillsburg in Montana zu reisen, so sei dir das erlaubt. Vielleicht kannst du in dieser Gruppe von Bergleuten eine Kerze entzünden, sie erwecken und wachsam machen, so dass sie sich Gott zuwenden und einen Anteil an den Gnadengaben des himmlischen Reiches empfangen.
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Strebt, so sehr ihr könnt, euch ganz dem Reich Gottes zuzuwenden, damit ihr aus eurem innersten Wesen heraus mutig werdet und geistige Macht erlangt.
180
Ich hoffe, dass du in dieser niederen Welt zum himmlischen Licht gelangst, die Seelen aus dem Dunkel der Natur, dem Tierreich, befreist und sie zu hohen Stufen im Reich des Menschen führst. Heutzutage sind alle Menschen in der Welt der Natur versunken. So siehst du Neid, Habsucht, Kampf ums Dasein, Betrug, Heuchelei, Gewaltherrschaft, Unterdrückung, Zank, Streit, Blutvergießen, Raub und Plünderung: All dies kommt aus der Welt der Natur. Nur wenige sind aus diesem Dunkel befreit und steigen aus der Welt der Natur in die Welt des Menschen empor, den göttlichen Lehren folgend, der Menschheit dienend, strahlend, barmherzig, erleuchtet, einem Rosengarten gleich. Bemühe dich bis zum äußersten, Gott ähnlich zu werden, Seine Eigenschaften in deinem Charakter zu verwirklichen, erleuchtet und barmherzig zu sein, so dass du frei werdest von jeder Bindung, im Herzen hingezogen zum Reich des unvergleichlichen Herrn. Das ist die Bahá’í-Gnadengabe, das ist himmlisches Licht.
181
Was die Aussage in den Verborgenen Worten betrifft, dass der Mensch seinem Selbst entsagen muss, so bedeutet dies, dass er seine zügellosen Wünsche, seine selbstsüchtigen Ziele und die Einflüsterungen seines menschlichen Ichs aufgeben, des Geistes heiligen Odem suchen, den Sehnsüchten seines höheren Ichs folgen und in das Meer des Opfers tauchen soll, das Herz ganz auf die Schönheit des Allherrlichen gerichtet.
Die Anspielung in den Verborgenen Worten auf den Bund vom Berge PáránA58 bedeutet, dass in Gottes Augen Vergangenheit, Gegenwart und Zukunft ein und dasselbe sind, aber in Bezug auf den Menschen ist die Vergangenheit vorüber und vergessen, die Gegenwart flüchtig, und die Zukunft liegt im Reich der Hoffnung. Und es ist ein Hauptgrundsatz im Gesetz Gottes, dass Er in jeder prophetischen Sendung mit allen Gläubigen einen Bund schließt, der bis ans Ende dieser Sendung währt, bis zu dem verheißenen Tag, da die bereits zu Anbeginn der Sendung vorherbestimmte Persönlichkeit offenbar wird. Denke an Moses, der mit Gott Zwiesprache hielt. Wahrlich, auf dem Berg Sinai schloss Moses ein Bündnis, den Messias betreffend, mit allen Seelen, die am Tage des Messias leben würden. Diese Seelen, die erst viele Jahrhunderte nach Moses erschienen, waren dennoch dort mit Moses zusammen, was das über die Zeit erhabene Bündnis anbelangt. Die Juden allerdings achteten nicht darauf; sie erinnerten sich nicht daran, und so erlitten sie einen schweren, deutlichen Verlust.
Die Stellen in den arabischen Verborgenen Worten, nach denen sich der Mensch von seinem Selbst lösen muss, bedeuten ebenfalls, dass der Mensch in diesem schnell dahinschwindenden Leben nichts, was es auch sei, für das eigene Ich erstreben soll. Vielmehr soll er sein Ich abtrennen; das heißt, er soll sein Ich und alles, was das Ich betrifft, zu der Zeit, da der Herr kommt, auf dem Felde des Martyriums hingeben.
182
O ihr, die ihr euch fest an den Bund und das Testament haltet! An diesem Tage richten die himmlischen Heerscharen den Blick auf euch aus den Gefilden des Allherrlichen, aus dem Reich der Heiligkeit, von dem Lobgesänge der Verherrlichung und des Lobpreises aufsteigen. Wann immer ihr Blick auf die Zusammenkünfte der Standhaften im Bund und Testament fällt, erschallt ihr Ruf: »Frohe Botschaft! Frohe Botschaft!« Triumphierend erheben sie ihre Stimmen und rufen: »O du geistige Gemeinde! O du Versammlung Gottes! Selig seid ihr! Frohe Botschaften seien euch! Hell sei euer Angesicht! Seid guten Mutes, denn ihr seid dem Bündnis des Geliebten aller Welten treu, ihr seid entflammt vom Wein Seines Testamentes. Ihr habt euch dem Altehrwürdigen der Tage verschrieben, habt tief aus dem Kelch der Treue getrunken. Ihr habt die Sache Gottes behütet und verteidigt; ihr wurdet nicht zur Ursache für die Spaltung Seines Wortes; ihr habt Seinen Glauben nicht erniedrigt, sondern strebt danach, Seinen Heiligen Namen zu verherrlichen, ihr habt nicht gestattet, dass die Gesegnete Sache dem Gespött der Leute ausgesetzt sei. Ihr habt nicht zugelassen, dass die Auserwählte Stufe erniedrigt werde, noch seid ihr willens, den Mittelpunkt der Amtsgewalt in einen schlechten Ruf gebracht oder Hohn und Verfolgung ausgesetzt zu sehen. Ihr seid bemüht, das Wort Gottes vollständig und ganz zu bewahren. Ihr habt die Tore der Barmherzigkeit durchschritten. Ihr ließet die Gesegnete Schönheit nicht eurem Gedächtnis entschwinden, vergangen und vergessen.«
Die Herrlichkeit ruhe auf euch.
183
O du Tochter des Königreiches! Dein Brief ist angekommen. Er war wie das Lied der göttlichen Nachtigall, die mit ihrem Gesang das Herz entzückt; denn sein Inhalt zeigt Glauben, Zuversicht und Standhaftigkeit im Bund und Testament. Heutzutage ist die treibende Kraft in der Welt des Seins die Macht des Bündnisses, die der bedingten Welt wie eine Schlagader im Leibe pocht und den Bahá’í die Einheit sichert.
Die Bahá’í stehen unter dem Befehl, die Einheit der Menschheit zu errichten. Wenn sie sich nicht um einen Mittelpunkt vereinigen können, wie sind sie dann fähig, die Einheit der Menschheit zustandezubringen?
Als die Gesegnete Schönheit dieses Bündnis und Testament besiegelte, hatte Sie das Ziel, alle Lebewesen um einen Punkt zu sammeln, damit die gedankenlosen Seelen, die in jedem Zeit- und Menschenalter Zwietracht bewirken, die Sache Gottes nicht zugrunderichten können. Er hat deshalb befohlen, dass alles, was vom Mittelpunkt des Bündnisses ausgeht, rechtens ist und unter Seinem Schutz und Seiner Gnade steht, während alles andere Irrtum ist.
Preis sei Gott! Du bist fest im Bund und Testament.
184
O ihr gesegneten Seelen! Obwohl ihr ständigen Feuerproben ausgesetzt seid, da einige wiederholt und ausdauernd versuchen, den Glauben der Freunde in Los Angeles zu erschüttern, steht ihr dabei doch unter dem wachsamen Auge der Großmut Bahá’u’lláhs, und Legionen von Engeln kommen euch zu Hilfe.
Geht deshalb sicheren Schritts voran und befasst euch voll Vertrauen und Zuversicht damit, Gottes Düfte zu verbreiten, Sein Wort zu verherrlichen und im Bündnis standhaft zu sein. Seid versichert, dass eine Seele, die sich in äußerster Standhaftigkeit erhebt, den Ruf zum Gottesreich anstimmt und entschlossen vom Bündnis kündet, befähigt wird, selbst als winzige Ameise den gewaltigen Elefanten aus dem Feld zu jagen und als zarter Nachtfalter das Gefieder des räuberischen Geiers zu zerfetzen.
Bemüht euch deshalb, dass ihr das Heer des Zweifels und des Irrtums mit der Macht des heiligen Wortes versprengt und auseinandertreibt. Das ist meine Ermahnung und mein Rat. Streitet mit niemandem, meidet Wortgefechte aller Art. Sprecht das Wort Gottes. Nimmt es der Hörer an, ist das ersehnte Ziel erreicht; wendet er sich ab, so überlasst ihn sich selbst und vertraut auf Gott.
Das sind die Eigenschaften derer, die fest im Bündnis stehen.
185
O ihr Freunde und Dienerinnen des Barmherzigen! Ein Brief des Geistigen Rates von Los Angeles ist angekommen. Er war ein Beweis dafür, dass die gesegneten Seelen in Kalifornien einem unerschütterlichen Berge gleich dem Sturm des Bündnisbruchs widerstehen und wie gesegnete Bäume fest und unverrückbar im Boden des Bündnisses verwurzelt sind. Das berechtigt zu der Hoffnung, dass sie durch die Segnungen der Sonne der Wahrheit täglich an Festigkeit und Standhaftigkeit zunehmen. In jeder Sendung stehen die Prüfungen im direkten Verhältnis zur Größe der Sache, und da in der Vergangenheit solch ein offenbares Bündnis, wie es die Erhabenste Feder geschrieben hat, noch nie geschlossen wurde, sind die Prüfungen heute entsprechend heftiger. Diese Prüfungen lassen die schwachen Seelen erzittern, die festen Seelen aber bleiben unberührt. Die Machenschaften der Bündnisbrecher sind nicht mehr als Wellenschaum, eine vom Meer untrennbare Erscheinung. Das Meer des Bündnisses wird branden und die Leiber der Toten an den Strand werfen; denn es kann sie nicht halten. So sehen wir, dass das Meer des Bündnisses wogte und wogte, bis es die Leichen an Land warf, Seelen, die des Geistes Gottes beraubt sind, verloren in Leidenschaft und Selbstsucht, nach Führerschaft dürstend. Dieser Gischt ist nicht von Dauer. Bald wird er zerflattern und verschwinden, während das Meer des Bündnisses ewiglich brandet und tost…
Seit Anbeginn der Schöpfung bis auf den heutigen Tag wurde in keiner göttlichen Sendung solch ein fester, klarer Bund geschlossen. Kann angesichts dieser Tatsache der Gischt überhaupt auf der Meeresoberfläche des Bündnisses verbleiben? Nein, bei Gott! Die Bündnisbrecher treten ihr Ansehen mit Füßen, sie reißen ihre eigenen Grundmauern aus und sind stolz darauf, von Schmeichlern gestützt zu werden, die mit großer Mühe den Glauben schwacher Seelen ins Wanken bringen. Aber ihr Tun bewirkt nichts; es ist ein Dunstbild und kein Wasser, Gischt und kein Meer, Nebel und keine Wolke, Wahn und keine Wirklichkeit. Das alles werdet ihr bald erkennen.
Preis sei Gott, ihr seid fest und standhaft. Seid dankbar, dass ihr wie gesegnete Bäume fest in den Boden des Bündnisses hineingepflanzt seid. Gewiss wird jeder fest Verwurzelte wachsen, neue Früchte hervorbringen und Tag für Tag an Frische und Anmut gewinnen. Denkt nach über alle Schriften Bahá’u’lláhs, ob Sendschreiben oder Gebete: Ihr werdet sicher tausend Stellen finden, in denen Bahá’u’lláh betet: »O Gott! Bringe die Bündnisbrecher zum Scheitern, besiege die Unterdrücker des Testaments.« »Wer Bund und Testament leugnet, ist von Gott verworfen, und wer fest und standhaft darin bleibt, ist an der Schwelle der Einheit begnadet.« Solche Aussprüche und Gebete gibt es zuhauf. Befasst euch damit, dann werdet ihr es erkennen.
Seid niemals niedergeschlagen. Je mehr euch der Bündnisbruch erregt, desto mehr vertieft euch in Festigkeit und Standhaftigkeit. Seid sicher, dass die göttlichen Heerscharen siegen werden, denn ihnen ist der Triumph des Reiches Abhá verheißen. Überall wird das Banner der Festigkeit und Standhaftigkeit gehisst, die Fahne des Bündnisbruchs jedoch gesenkt; denn nur eine Handvoll schwacher Seelen ließ sich von den Schmeicheleien und Scheinargumenten der Bündnisbrecher verführen, die nach außen hin mit aller Sorgfalt ihre Festigkeit zeigen, im Innern aber darauf aus sind, die Seelen ins Wanken zu bringen. Nur einige wenige, nämlich die Anführer der Unruhestifter, sind auch nach außen hin als Bündnisbrecher bekannt. Der Rest aber täuscht die Seelen durch Hinterlist; denn nach außen beteuern sie ihre Festigkeit und Standhaftigkeit im Bündnis, aber wenn sie auf offene Ohren stoßen, säen sie heimlich die Saat des Misstrauens. Ihr Fall gleicht dem Bündnisbruch durch Judas Ischariot und seinen Anhang. Bedenket: Blieb von ihnen irgendein Erfolg oder die geringste Spur? Nicht mal ein Name blieb von seinen Nachfolgern, und obwohl eine Reihe von Juden zu ihm hielten, war es, als hätte er keinerlei Gefolgsleute gehabt. Dieser Judas Ischariot war der Führer, der Apostel, und doch verriet er Christus für dreißig Silberlinge. Hüte dich, o Volk der Einsicht!
Dieses Mal werden jene bedeutungslosen Bündnisbrecher den Mittelpunkt des Bündnisses sicherlich für die große Summe verraten, die sie durch Hinterlist aller Art erbettelt haben. Es sind nun dreißig Jahre seit Bahá’u’lláhs Hinscheiden vergangen, und während dieser ganzen Zeit haben sich diese Verräter mit aller Kraft angestrengt. Was haben sie erreicht? Die Standhaften im Bündnis haben unter allen Bedingungen gesiegt, während die Bündnisbrecher Niederlagen, Enttäuschungen und Trübsinn erfahren haben. Nach dem Heimgang ‘Abdu’l-Bahás wird keine Spur von ihnen übrig bleiben. Diese Seelen wissen nicht, was kommen wird, und brüsten sich in ihrem Wahn.
Kurz gesagt, o ihr Freunde Gottes und Dienerinnen des Barmherzigen, die Hand der göttlichen Freigebigkeit hat euch eine juwelengeschmückte Krone aufs Haupt gesetzt; ihre Edelsteine strahlen ewig über die ganze Welt. Schätzt diese Gnadengabe, löst eure Zungen in Preis und Danksagung und setzt euch ein für die Verbreitung der göttlichen Lehren, denn dies ist der Geist des Lebens und das Mittel der Erlösung.
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O du, der du fest im Bündnis stehst! Drei aufeinanderfolgende Briefe von dir sind hier eingegangen. Ihr Inhalt zeigt, dass in Cleveland der schwarze Odem der Bündnisbrecher die Herzen heimsucht und der Einklang zwischen den Freunden gelitten hat. Gnädiger Gott! Hundert Mal wurde vorhergesagt, dass die Bündnisbrecher auf der Lauer liegen und mit allen Mitteln Zwietracht unter den Freunden säen wollen, damit diese Zwietracht schließlich zum Bündnisbruch führt. Wie kommt es, dass die Freunde, allen Warnungen zum Trotz, diese ausdrückliche Erklärung nicht beachtet haben?
Der Streitpunkt ist klar, kurz und bündig: Entweder war Bahá’u’lláh weise, allwissend und vorausschauend, oder Er war unwissend und irrte sich. Er schloss durch Seine erhabene Feder ein festes Bündnis und Testament mit allen Bahá’í; allen voran mit den Aghṣán, den Afnán und Seinen Verwandten. Ihnen befahl Er, Ihm zu gehorchen und sich Ihm zuzuwenden. Durch Seine erhabene Feder hat Er ausdrücklich erklärt, dass das Objekt des folgenden Verses aus dem Kitáb-i-Aqdas der Größte Zweig ist:
»Wenn das Meer Meiner Gegenwart verebbt und das Buch Meiner Offenbarung geschlossen ist, so wendet euer Angesicht Ihm zu, den Gott bestimmt hat, Ihm, der aus dieser Urewigen Wurzel kam.«Q33 Die Bedeutung ist kurz folgende: Nach Meinem Hinscheiden obliegt es den Aghṣán, den Afnán, den Verwandten und allen Freunden Gottes, ihr Antlitz Ihm zuzuwenden, der aus der Altehrwürdigen Wurzel entsproß.
Er sagte auch klar im Kitáb-i-Aqdas: »O Volk der Welt! Wenn sich die Mystische Taube auf ihrem Tempel des Lobpreises emporgeschwungen und ihr fernes Ziel, ihre verborgene Wohnstatt, erreicht hat, dann legt alles, was ihr im Buche nicht versteht, Ihm vor, der diesem mächtigen Stamm entsproß.«Q34 Er wendet sich an alle Menschen der Welt und sagt: Wenn die Mystische Taube aus dem Garten des Lobpreises zu der höchsterhabenen, unsichtbaren Stufe emporfliegt, das heißt, wenn die Gesegnete Schönheit aus der bedingten Welt zu den unsichtbaren Gefilden aufsteigt, dann wendet euch in allem, was ihr im Buch nicht versteht, an Ihn, der als Zweig aus der Urewigen Wurzel entsprang. Das heißt, alles was Er sagt, ist die volle Wahrheit.
Und im Buch des Bundes sagt Er ausdrücklich, dass der Vers »Der aus der Urewigen Wurzel kam«Q35 sich auf den Mächtigsten Zweig bezieht. Er befiehlt allen Aghṣán, Afnán, Verwandten und Bahá’í, sich Ihm zuzuwenden. Nun muss man entweder sagen, Er, die Gesegnete Schönheit, habe einen Fehler gemacht, oder man muss Ihm gehorchen. ‘Abdu’l-Bahá bringt dem Volk kein Gebot, dem es gehorchen muss, außer der Verbreitung der Düfte Gottes, der Erhöhung Seines Wortes, der Verkündung der Einheit der Menschenwelt, der Errichtung des Weltfriedens und anderen Geboten Gottes. Das sind göttliche Gebote; sie haben mit ‘Abdu’l-Bahá nichts zu tun. Wer immer es wünscht, der nehme sie an, und wer sie ablehnt, soll tun, was er will.
Nun trachten manche Unheilstifter mit allerlei Kunstgriffen nach der Führerschaft, und um diese Stellung zu erreichen, flößen sie den Freunden Zweifel ein. Die sollen Streit bewirken, und dieser Streit soll dazu führen, dass sie selbst eine Gruppe an sich ziehen. Aber die Freunde Gottes müssen wachsam sein; sie müssen erkennen, dass die Beweggründe für die Aussaat dieser Zweifel persönliche Wünsche und das Verlangen nach Führerschaft sind.
Zerreißt nicht die Bahá’í-Einheit und wisst, dass diese Einheit nicht anders erhalten werden kann als durch den Glauben an den Bund Gottes.
Du möchtest gerne reisen, um die Düfte Gottes zu verbreiten. Das ist höchst willkommen. Göttliche Bestätigungen werden dir gewisslich helfen. Die Macht des Bunds und Testaments wird dir den Triumph und den Sieg sichern.
187
O du, der du fest im Bündnis stehst! Dein Brief kam an. Du drückst darin deine Zufriedenheit mit der Nationaltagung aus; durch diese Zusammenkunft sei die Sache Gottes erhöht, die Macht Seines Wortes sichtbar geworden. Die Größe der Sache wird die bestehenden Meinungsverschiedenheiten wegräumen. Man kann sie mit der Gesundheit im Menschenleib vergleichen. Ist sie erlangt, heilt sie alle Krankheiten und Schwächen. Wir hoffen, dass keine Spur von Gegnerschaft zurückbleiben wird. Aber einige der amerikanischen Freunde sind ruhelos in ihrem neugeweckten Ehrgeiz; sie mühen sich und suchen unter der Oberfläche und in der Luft etwas zu entdecken, was Zwietracht stiften könnte.
Preis sei Gott, alle diese Türen sind in der Sache Bahá’u’lláhs verschlossen, denn ein Mittelpunkt der Amtsgewalt wurde eigens ernannt – ein Mittelpunkt, der alle Schwierigkeiten löst und alle Streitigkeiten abwendet. Auch das Universale Haus der Gerechtigkeit wird alle Streitigkeiten abwenden. Was immer es vorschreibt, muss angenommen werden, und wer dagegen verstößt, ist verworfen. Aber dieses Universale Haus der Gerechtigkeit, das die Gesetze gibt, wurde noch nicht errichtet.
Es zeigt sich also, dass keine Waffe der Zwietracht geblieben ist; aber fleischliche Begierden führen zu Meinungsverschiedenheiten, wie das bei den Bündnisbrechern der Fall ist. Sie zweifeln nicht an der Gültigkeit des Bündnisses, aber selbstsüchtige Beweggründe haben sie in diese Lage gebracht. Es ist nicht so, dass sie nicht wüssten, was sie tun – sie wissen es ganz genau, und trotzdem lehnen sie sich auf.
Kurz gesagt, das Meer des Bündnisses ist stürmisch und weit. Es wirft den Gischt des Bündnisbruchs an die Küsten. Bleibe darum ruhig und sicher. Arbeite für den Bau des Mashriqu’l-Adhkár und ebne den Weg, die göttlichen Düfte zu verbreiten. Kümmere dich um nichts anderes; denn sonst verzettelst du dich, und die Arbeit schreitet nicht voran.
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O ihr innig Geliebten ‘Abdu’l-Bahás! Es ist schon lange her, dass mein inneres Ohr eine süße Melodie aus gewissen Landen hörte oder mein Herz erfreut ward – trotz der Tatsache, dass ihr in meinen Gedanken immer gegenwärtig seid und mir deutlich sichtbar vor Augen steht. Meines Herzens Kelch ist zum Überfließen gefüllt mit dem Wein der Liebe, die ich für euch hege, und mein Verlangen, die Augen auf euch zu richten, pulst wie der Geist durch meine Adern. Daran seht ihr, wie groß mein Kummer ist. In dieser Zeit, in diesem Sturm der Trübsale, der seine Wogen hoch in den Himmel wirft, schießt man von allen Seiten unablässig spitze Pfeile gegen mich; in jedem Augenblick gehen hier im Heiligen Land Schreckensnachrichten ein, und jeder neue Tag bringt sein Teil an Greueln. Der Mittelpunkt des Aufruhrs wähnte, seine anmaßende Auflehnung genüge, das Bündnis und Testament zugrundezurichten; es brauchte weiter nichts, dachte er, um die Gerechten von dem Heiligen Willen abzubringen. So sandte er seine Flugblätter des Zweifels überall hin und dachte sich allerhand Ränke aus. Einmal klagt er, das Haus Gottes sei erschüttert, Seine göttlichen Gebote aufgehoben; demnach sei auch das Bündnis und Testament abgeschafft. Dann wieder verlegt er sich aufs Seufzen und Stöhnen, er werde als Gefangener gehalten, müsse Tag und Nacht hungern und dürsten. Ein andermal erhebt er ein Geschrei, die Einheit Gottes sei verleugnet worden, weil vor Ablauf von tausend Jahren eine neue Manifestation verkündet worden sei.
Als er sah, dass seine Verleumdungen keinen Erfolg hatten, entwickelte er Schritt für Schritt den Plan, zum Aufruhr aufzuwiegeln. Er begann, Zwietracht zu säen und klopfte an jede Tür. Er fing an, den Beamten der Regierung gegenüber falsche Anschuldigungen zu machen. Er machte sich an einige Ausländer heran, schmeichelte sich bei ihnen ein, und setzte mit ihnen ein Dokument auf, das er der Hohen Pforte vorlegte, wo es die Behörden in Bestürzung versetzte. Unter den vielen verleumderischen Beschuldigungen war die, ich Unglücklicher hätte das Banner des Aufruhrs gehisst, eine Flagge mit den Worten Yá Bahá’u’l-Abhá. Ich sei damit durchs ganze Land gezogen, in jede Stadt, in jedes Dorf, selbst unter die Wüstenstämme, und hätte alle Bewohner aufgerufen, sich unter dieser Flagge zu vereinen.
O mein Herr! Wahrlich, ich suche Zuflucht bei Dir vor dem bloßen Gedanken an eine solche Tat, die im Gegensatz zu allen Geboten Bahá’u’lláhs steht und fürwahr ein großes Unrecht wäre, das nur ein arger Sünder beginge, hast Du uns doch die Pflicht auferlegt, den Herrschern und Königen zu gehorchen.
Eine weitere Verleumdung von ihm war, dass der Schrein am Berg Karmel eine Festung sei, die ich gewaltig und uneinnehmbar erbaut hätte – und das, als der Rohbau ganze sechs Räume umfasste – und dass ich den Schrein Medina, die Prächtige, genannt hätte, während ich das Heilige GrabA59 als Mekka, das Herrliche, bezeichnet hätte. Eine andere seiner Verleumdungen war, ich hätte eine unabhängige Staatsgewalt errichtet und – Gott behüte! Gott behüte! Gott behüte! – alle Gläubigen aufgerufen, bei dieser schweren Sünde mitzuwirken. Wie grauenhaft, o mein Herr, ist seine Verleumdung!
Und weiter behauptet er, da der Heilige Schrein zu einem Ort wurde, den Pilger aus aller Welt besuchen, erwachse dieser Regierung und ihrem Volk großer Schaden. Er, der Mittelpunkt des Aufruhrs, versichert, er selbst habe bei all diesen Dingen niemals die Hand im Spiel gehabt, er sei ein Sunnit unter Sunniten, ergebener Anhänger von Abú-Bakr und ‘Umar; er sehe in Bahá’u’lláh nur einen frommen Mann und Mystiker. Alles Erwähnte, sagt er, sei nur durch mich Unterdrückten in Gang gesetzt worden.
Um es kurz zu machen: Der Sulṭán – möge der Glanz seiner Regentschaft dauern – ernannte eine Untersuchungskommission. Diese Kommission reiste hierher und begab sich nach der Ankunft sogleich zum Hause eines der Ankläger. Dann rief man die Gruppe zusammen, die mit meinem Bruder die Anklageschrift verfasst hatte, und fragten sie, ob diese Anzeige stimme. Die Gruppe erläuterte den Inhalt des Dokuments, behauptete, alles Aufgeführte sei nichts als die Wahrheit und fügte weitere Anschuldigungen hinzu. So waren sie zur gleichen Zeit Ankläger, Zeugen und Richter.
Die Kommission ist jetzt zum Sitz des Kalifats zurückgekehrt. Täglich kommen aus jener Stadt bedrohliche Berichte. Trotz allem bleibt ‘Abdu’l-Bahá, gelobt sei Gott, ruhig und gelassen. Keinem will ich übel wegen dieser Verleumdung. Ich habe alle meine Angelegenheiten gänzlich Seinem unwiderstehlichen Willen anheimgegeben und warte in vollkommener Glückseligkeit darauf, mein Leben hinzugeben. Welche schrecklichen Leiden mir auch bevorstehen mögen, ich bin dazu bereit. Gelobt sei Gott, auch die liebevollen Gläubigen nehmen das hin; zufrieden unterwerfen sie sich Gottes Willen, strahlend ergeben und voll Dankbarkeit.
Der Mittelpunkt des Aufruhrs wähnt, sobald das Blut dieses Unterdrückten vergossen sei, sobald ich in die Weite des Wüstensandes verbannt oder im Mittelmeer ertränkt sei – namenlos verschwunden ohne Spur, ohne jemanden, der von mir spricht, hätte er endlich ein Feld, auf dem er sein Ross antreiben, mit seinem Schlagholz aus Lügen und Zweifeln den Poloball seiner Leidenschaften hart schlagen und den Preis gewinnen könne.
Weit gefehlt! Selbst wenn der Moschusduft der Treue verwehte und keine Spur davon bliebe, wer würde schon vom Gestank des Verrats angezogen? Und selbst wenn die Hunde und Wölfe eine Gazelle des Himmels rissen, wer würde sich zu einem beutegierigen Wolf flüchten? Selbst wenn sich der Tag der Mystischen Nachtigall zu Ende neigt, wer würde je sein Ohr dem Krächzen des Raben oder der Krähe leihen? Welch leere Einbildung hegt er doch! Was für eine törichte Annahme! »Ihre Werke gleichen dem Dunst in der Wüste, von dem der Dürstende wähnt, er sei Wasser, bis er hingelangt und nichts findet.«Q36
O ihr Geliebten Gottes! Steht festgegründet und von Herzen treu, und durch die helfende Macht der Gesegneten Schönheit bleibt eurem Vorhaben verpflichtet. Dient der Sache Gottes. Begegnet allen Völkern der Welt mit der Beständigkeit und Ausdauer des Volkes Bahás, so dass die Menschen erstaunt fragen, wie es möglich sei, dass eure Herzen Quellen gläubigen Vertrauens gleichen und wie Erzgruben so reich an Liebe zu Gott sind. Verhaltet euch so, dass euch diese Trauerspiele im Heiligen Land weder schwächen noch ins Wanken bringen; lasst diese schrecklichen Ereignisse euch nicht den Mut rauben. Und sollten alle Gläubigen dem Schwert anheimfallen und nur ein einziger überleben, so lasst diesen einen laut im Namen des Herrn rufen und die frohe Botschaft verkünden; lasst ihn aufstehen und allen Völkern der Erde gegenübertreten.
Richtet euren Blick nicht auf das Unheil an diesem erleuchteten Ort. Das Heilige Land ist allezeit in Gefahr, und die Flut der Trübsal steht hier immer hoch, nachdem dieser Ruf nunmehr auf der ganzen Welt vernommen wurde und sein Ruhm in den letzten Winkel der Erde gedrungen ist. Das ist der Grund, warum sich die Feinde von innen und außen mit Scharfsinn und Hinterlist aufgemacht haben, Verleumdungen zu verbreiten. Es ist klar, dass ein Ort wie dieser der Gefahr ausgesetzt ist; denn hier gibt es keinen Verteidiger, keinen, der sich angesichts der Verleumdung erhebt und uns zur Seite stellt: Hier gibt es nur eine Handvoll Seelen, heimatlose, unglückliche Gefangene in dieser Feste. Sie haben keinen, der ihre Sache verficht, keinen Helfer, der den Lügenpfeilen wehrt, den Speeren der Verleumdung, die gegen sie geschleudert werden – keinen außer Gott.
Ihr solltet über all die Geliebten nachdenken, die auf das heilige Feld des Opfers eilten, diese edlen Seelen, die ihr Leben hingaben. Seid euch immer bewusst, welche Ströme heiligen Blutes vergossen wurden, wie so manches redliche Herz in seinem roten Saft ertrank, wie so manche Brust zur Zielscheibe für Tyrannenspeere wurde, wie viele unbefleckte Leiber man in Stücke riss. Wie könnte es da für uns angemessen sein, an unsere eigene Sicherheit auch nur zu denken, sich bei Fremden oder Freunden einzuschmeicheln, Kompromissbereitschaft zur Schau zu tragen? Sollten wir nicht eher den Pfad der Rechtschaffenen einschlagen und in die Fußstapfen dieser großen, uns vorangegangenen Seelen treten?
Unsere wenigen kurzen Tage gehen dahin, unser Leben schwindet vor unseren Augen. Die Rosen dieser Welt bleiben nicht frisch und schön; der Garten dieser Erde, wo Siegesfreude und Vergnügen blühen, verdorrt und verwelkt. Die Frühlingszeit des Lebens verwandelt sich in den Herbst des Todes, der helle Jubel der Palastsäle weicht dem Neumond des Grabes. Deshalb verdient nichts von alledem unsere Liebe, und der Weise hängt sein Herz nicht daran.
Wer Erkenntnis und Kraft hat, sucht weit eher des Himmels Herrlichkeit, geistigen Adel und unvergängliches Leben. Er sehnt sich danach, der heiligen Schwelle Gottes näherzukommen. Denn der Gottesmann liegt nicht trunken in der Schenke dieser flüchtigen Welt, nicht einen Augenblick lang gibt er sich seinem Behagen hin oder befleckt sich mit dem Hang zum irdischen Leben.
Nein, die Freunde sind vielmehr Sterne hoch am Himmel der Führung, Himmelskörper am Firmament göttlicher Gnade, die mit ihrer ganzen Kraft das Dunkel vertreiben. Sie brechen die Mauern der Böswilligkeit und des Hasses. Sie hegen nur eine Sehnsucht für die Welt und all ihre Völker: Wohlergehen und Frieden. Die Wälle des Kampfes und der Angriffslust reißen sie nieder. Wahrhaftigkeit, ehrbares Handeln und Freundschaft sind ihr Ziel, Freundlichkeit, selbst zu einem böswilligen Feind, bis sie schließlich die Welt, dieses Gefängnis des Verrats, in eine Heimstatt völligen Vertrauens, diesen Kerker des Hasses, der Bosheit und der Gemeinheit in Gottes Paradies verwandeln.
O ihr liebenden Freunde! Strebt mit Herz und Seele danach, diesen Erdball zum Spiegelbild des Gottesreiches zu machen, auf dass diese niedere Welt an Segnungen aus der Welt Gottes überquelle, die Stimmen der himmlischen Heerscharen in Jubel ausbrechen, und die Wohltat und Gnadengaben Bahá’u’lláhs mit ihren Zeichen und Beweisen die ganze Erde umfassen.
Jináb-i-Amín hat für euch, ihr verehrten Männer und erleuchteten Frauen, größte Bewunderung zum Ausdruck gebracht; er hat jeden von euch namentlich erwähnt und gelobt. Ausführlich berichtete er von eurer Standhaftigkeit und Beständigkeit und sagte, dass – Gott sei gedankt – in Persien die Männer und Frauen zusammenhalten – zuverlässig, sicher, unerschütterlich, ein mächtiges, festgegründetes Bauwerk –, und dass ihr mit Liebe und Freude die süßen Düfte des Herrn verbreitet.
Das waren Botschaften, die große Freude brachten, zumal sie mich in diesen Tagen höchster Gefahr erreichten, ist es doch der teuerste Wunsch dieses Unterdrückten, dass die Freunde ein geistiges Herz und einen erleuchteten Sinn erlangen. Wird mir diese Gnade gewährt, so ist jedes Unheil, wie quälend es auch sei, nichts als Wohltat, die sich über mich ergießt wie üppiger Regen.
O Gott, mein Gott! Du siehst mich in ein Meer von Qualen gestürzt, in die Feuer der Tyrannei geworfen, weinend im Dunkel der Nacht. Schlaflos wälze ich mich auf meinem Lager, angestrengt schaue ich aus nach dem Morgenlicht der Ehrbarkeit und Treue. Wie ein Fisch mit Feuer im Leibe verschmachtend auf dem Sandstrand zappelt, so winde ich mich in Todesqual, und doch blicke ich mich unentwegt um nach Deinen Gnadengaben.
O Gott, mein Gott! Lasse Du die Gläubigen in anderen Landen an Deiner reichen Gnade teilhaben. Befreie durch Deine unfehlbare Hilfe und Großmut jeden unter Deinen Geliebten, der in den entlegensten Gefilden über die bitteren Gräuel seines Feindes seufzt. O Herr, sie sind gefesselt von Deiner Liebe, Gefangene Deiner Heerscharen. Sie sind Vögel, die in die Himmel Deiner Führung fliegen, Wale, die im Ozean Deiner Segnungen schwimmen, Sterne, die am Horizont Deiner Gaben funkeln. Sie sind die Verteidiger in der Feste Deines Gesetzes. Sie sind die Banner Deiner Erwähnung unter den Menschen. Sie sind die tiefen Brunnen Deines göttlichen Erbarmens, die Fontänen Deiner Gunst, die Quellen Deiner Gnade.
Bewahre sie immerdar sicher unter Deinem allbeschützenden Auge. Stehe ihnen bei, Dein Wort zu erhöhen; mache ihre Herzen beständig in Deiner Liebe, stärke ihnen den Rücken, damit sie Dir aufrichtig dienen können; festige ihre Kräfte in ihrer Dienstbarkeit.
Verbreite durch sie Deine süßen Düfte überallhin, erkläre durch sie Deine Heilige Schrift; lasse durch sie Deine Rede bekannt werden; durch sie erfülle Dein Wort; durch sie ergieße Deine Gnade.
Wahrlich, Du bist der Mächtige, der Machtvolle. Wahrlich, Du bist der Gnädige, der Mitleidvolle.
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Heute wird jeder weise, wachsame, weitblickende Mensch erweckt. Die Geheimnisse der Zukunft werden ihm enthüllt; sie zeigen, dass nur die Macht des Bündnisses der Menschheit Herz aufzurütteln und zu bewegen vermag, wie einst das Neue und Alte Testament die Sache Christi allenthalben verfocht und so die pulsierende Kraft im Körper der Menschenwelt war. Ein Baum mit Wurzel wird Früchte tragen, aber ein wurzelloser Baum, und sei er noch so groß und stark, wird schließlich welken, absterben und nur ein Scheit fürs Feuer sein.
Das Bündnis Gottes ist wie ein unendliches, unergründliches Meer. Die Woge steigt und brandet und wirft allen angesammelten Gischt ans Ufer.
Preis sei Gott, der höchste Wunsch achtsamer Seelen ist, das Wort Gottes zu erhöhen und die göttlichen Düfte zu verbreiten. Das ist in Wahrheit die sichere, feste Grundlage.
Das Sonnenlicht der Wahrheit breitet sich wie der Morgen über alle Lande. Bemühen tut not, damit die schlummernden Seelen erwachen, damit die Achtlosen aufmerken und die göttlichen Lehren, die den Geist dieses Zeitalters verkörpern, die Ohren des Erdenvolkes erreichen, in der Presse verkündet und in den Versammlungen der Menschen klar und beredt dargelegt werden.
Des Menschen Verhalten muss wie das von Paulus sein, des Menschen Glaube wie der von Petrus. Diesen Moschusduft soll das Volk der Welt atmen, dieser Geist soll die Toten auferwecken.
Der widerwärtige Geruch des Bündnisbruchs hat den Vormarsch der Sache Gottes vorübergehend aufgehalten; sonst würden sich die göttlichen Lehren wie Sonnenstrahlen unmittelbar ausbreiten und alle Lande durchdringen.
Du willst ‘Abdu’l-Bahás Ansprachen, die du zusammengetragen hast, drucken und veröffentlichen. Das ist fürwahr sehr ratsam. Durch diesen Dienst wirst du im Reich Abhá ein strahlendes Antlitz erwerben; die Freunde im Osten wie im Westen werden dich preisen und dir dankbar sein. Aber es muss mit größter Sorgfalt geschehen, so dass der genaue Text wiedergegeben wird und alle Abweichungen und Verfälschungen durch frühere Übersetzer ausschließt.
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Du siehst mich, o mein Gott, wie ich in Demut niederknie, mich beuge vor Deinem Gebot, mich Deiner Souveränität unterwerfe, vor der Macht Deiner Herrschaft erzittere, Deinen Zorn fliehe, Deine Gnade erflehe, auf Deine Vergebung vertraue, ehrfürchtig schaudernd vor Deiner Wut. Ich flehe Dich an mit pochendem Herzen und strömenden Tränen, die Seele voll Sehnsucht, in vollkommener Loslösung von allen Dingen: Mache Deine Liebenden zu Lichtstrahlen über all Deinen Reichen und hilf Deinen erwählten Dienern, Dein Wort zu erhöhen, auf dass ihr Antlitz in Schönheit und Herrlichkeit leuchte, ihr Herz der Geheimnisse voll sei und jede Seele ihre Sündenlast niederlege. Alsdann beschütze sie vor dem Angreifer, vor dem, der zum schamlosen, lästerlichen Übeltäter wurde.
Wahrlich, Deine Liebenden dürsten, o mein Herr, führe sie zum Brunnquell der Güte und Gnade. Wahrlich, sie hungern; sende Deine himmlische Tafel zu ihnen hernieder. Wahrlich, sie sind nackt; kleide sie in das Gewand der Gelehrsamkeit und Erkenntnis.
Sie sind Helden, o mein Herr, führe sie auf das Schlachtfeld. Wegweiser sind sie; lass sie laut reden mit Gründen und Beweisen. Sie sind Messdiener, lass sie den Kelch umherreichen, der vom Wein der Gewissheit überquillt. O mein Gott, mache sie zu Singvögeln, die in lieblichen Gärten jubilieren, mache sie zu Löwen, die im Dickicht lagern, zu Walen, die sich in gewaltige Tiefen stürzen.
Wahrlich, Du bist der Gnadenreiche. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Mächtigen, dem Machtvollen, dem Immerschenkenden.
O ihr meine geistigen Freunde! Lange Zeit war die Drangsal sehr hart, waren die Beschränkungen wie eherne Ketten. Dieser Unglückliche, dem Unrecht geschieht, war einsam und verlassen, denn alle Wege waren versperrt. Den Freunden wurde der Zutritt zu mir verboten, die Vertrauten waren ausgeschlossen; der Feind umzingelte mich, die Wachposten des Bösen waren wild und aufsässig. Jeder Augenblick brachte neuen Kummer, jeder Atemzug neue Qual. Verwandte wie Fremde griffen mich an. Die einst mich liebten, waren nunmehr treulos und ohne Erbarmen; schlimmer als Feinde erhoben sie sich, mich zu peinigen. Keiner war da, ‘Abdu’l-Bahá zu verteidigen, kein Helfer, kein Beschützer, kein Verbündeter, kein Mitstreiter. Ich ertrank in einem uferlosen Meer, und immerzu dröhnte das Gekrächze der Treulosen in meinen Ohren.
Jeder Tagesanbruch brachte dreifaches Dunkel, jeder Abend hartherzige Grausamkeit. Kein Augenblick des Friedens, kein Balsam für die blutenden Wunden der Speere. Jeden Augenblick konnte der Befehl zu meiner Verbannung in die Sandwüste Fezzan kommen, stündlich konnte es geschehen, dass ich in das endlose Meer geworfen würde. Dann wieder hieß es, diese heimatlosen Wanderer wären bald vollends vernichtet, und das Kreuz käme demnächst wieder in Gebrauch. Meine abgezehrte Gestalt sollte Zielscheibe sein für Kugel oder Pfeil; oder dieser schwindende Leib sollte durch das Schwert in Stücke gehauen werden.
Unsere falschen Bekannten konnten sich vor Freude nicht halten, unsere verräterischen Freunde verfielen in Begeisterung. »Gepriesen sei Gott!« rief man aus. »Hier wird unser Traum endlich wahr.« Und ein anderer: »Gott sei gedankt! Unsere Speerspitze traf ihn ins Herz.«
Das Leid prasselte auf diesen Gefangenen hernieder wie der heftige Frühlingsregen, und die Siege der Böswilligen ergossen sich zu einer erbarmungslosen Flut. Doch ‘Abdu’l-Bahá blieb glücklich und gelassen. Er verließ sich auf die Gnade des Allbarmherzigen. Diese Qual, dieser Schmerz war ein Paradies mit all seinen Freuden; diese Ketten waren das Geschmeide eines Königs auf himmlischem Thron. Zufrieden mit Gottes Willen und Ihm ganz ergeben nahm mein Herz alles hin, was das Schicksal brachte, und ich war glücklich. Unbändige Freude war mein Zechkumpan.
Schließlich kam eine Zeit, da die Freunde nicht mehr zu trösten waren und alle Hoffnung aufgaben. Da aber brach der Morgen an und überflutete alles mit unendlicher Lichtfülle. Die Wolkentürme zerstreuten sich, die düsteren Schatten flohen. In diesem Augenblick fielen die Fesseln ab, die Ketten wurden diesem Heimatlosen vom Nacken genommen und dem Feind um den Hals gehängt. Grauenhafte Not wandelte sich in Ruhe, am Horizont der Gottesgaben stieg die Sonne der Hoffnung empor. Das alles kam aus Gottes Gnade und durch Seinen Segen.
Und doch, von einem bestimmten Standpunkt aus betrachtet, war dieser Wanderer traurig und bekümmert. Für welche Qual könnte ich künftig Linderung suchen? Wie könnte mich noch die Nachricht erfreuen, mein Wunsch sei mir gewährt? Tyrannei, Leid, Schicksalsschläge und Trübsal waren vorüber. Meine einzige Freude in dieser flüchtigen Welt war, den steinigen Pfad Gottes zu betreten, harte Prüfungen und alle materiellen Sorgen zu erdulden. Sonst wäre dieses irdische Leben wertlos und vergeblich; der Tod wäre besser. Der Baum des Lebens trüge keine Frucht. Das bestellte Feld dieses Daseins brächte keine Ernte ein. So hoffe ich, dass irgendein Ergebnis meinen Schmerzenskelch wiederum zum Überfließen bringe und dieser schöne Geliebte, dieser Seelentöter die Zuschauer aufs Neue blende. Dann wird dies Herz glückselig, wird diese Seele gesegnet sein.
O göttliche Vorsehung! Führe Deinen Liebenden den bis zum Rand gefüllten Kelch des Schmerzes an die Lippen. Mache den Sehnsuchtsvollen auf Deinem Pfad die Süße zum Stachel, das Gift zum süßen Honig. Lass unsere Häupter die Speerspitzen zieren. Mache unsere Herzen zu Zielscheiben für die erbarmungslosen Pfeile und Spieße. Erwecke Du diese welke Seele zum Leben auf dem Feld des Martyriums, lass Du dies schwache Herz den Trank der Tyrannei kosten, der es wieder frisch und schön macht. Lass ihn trunken sein vom Wein Deines Ewigen BundesA60, mache ihn zu einem Zecher, der hoch den Becher hält. Hilf ihm, sein Leben fahren zu lassen; gewähre, dass er sich um Deinetwillen darbringt.
Du bist der Mächtige, der Kraftvolle. Du bist der Wissende, der Sehende, der Hörende.
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O du, der du schwer betrübt bist auf dem Pfad des Bundes! Schmerz und Qual, erduldet auf dem Pfad des Herrn offenbarer Zeichen, sind nichts als Gnade und Gunst. Das Leid ist reine Barmherzigkeit, der Kummer ein Geschenk Gottes. Gift ist Zucker auf der Zunge; Zorn ist Güte und stärkt die Seele.
So preise Ihn, die liebende Vorsehung, dass Er dir dieses bittere Leid verordnete, das lautere Wohltat ist.
Muss ich wie Abraham durch Flammen schreiten, – JohannesA61 gleich die blutige Straße ziehn, – Wirfst Du wie Josef mich in einen Brunnen, – Schließt Du mich tief in einen Kerker ein, – Machst Du mich arm wie einst Mariens Sohn – Ich werde dennoch nimmer von Dir lassen. – Fest will ich stehn; – So neig’ ich Leib und Seel’ vor Deinem Willen.
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Der Herr der Heerscharen ist heute der Verteidiger des Bündnisses; die Streitmacht des Gottesreiches ist sein Beschützer. Himmlische Seelen bieten ihre Dienste, die Engel der Höhe verkünden und verbreiten das Bündnis in allen Landen. Wer es mit Einsicht betrachtet, der sieht alle Kräfte des Weltalls letzten Endes dem Bündnis dienen. In Zukunft wird sich das in aller Deutlichkeit zeigen. Was können angesichts dieser Tatsache jene schwachen, kraftlosen Seelen erreichen? Selbst widerstandsfähige Pflanzen überdauern nicht, wenn sie ihrer Wurzeln und der Regengüsse aus den Wolken der Gnade beraubt sind. Was kann man da von schwachem Unkraut erwarten?…
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Der Tag bricht an; am Aufgangsort der unsichtbaren Gefilde Gottes dämmert das Licht der Einheit, und aus dem verborgenen Reich der Einzigkeit strömt reiche Gnade wie eine Sturzflut hernieder. Von allen Seiten erschallen die frohen Botschaften des Gottesreichs, und aus allen Richtungen wehen an diesem Morgen die ersten Zeichen, dass Gottes Wort erhöht und Seine Sache aufgerichtet wird. Das Wort der Einheit verbreitet sich, die Verse der Einzigkeit werden gesungen, das Meer der Gottesgaben schlägt hohe Wellen; Sein Segen strömt in stürzenden Wasserfällen hernieder.
Des Allvergebenden Zeugnis hat alle Lande in Licht gehüllt, die Heere der himmlischen Schar stürmen voran, um an der Seite der Freunde des Herrn in die Schlacht zu ziehen und den Sieg davonzutragen. Der Ruf der Altehrwürdigen Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – erschallt von Pol zu Pol, und das Wort der Heiligen Sache verbreitet sich in Ost und West.
Das alles schenkt dem Herzen Freude, und doch ist ‘Abdu’l-Bahá tief in einem Meer des Leids versunken. Qual und Pein wirken derart auf meine Glieder, dass mich lähmende Schwäche am ganzen Leib ergriffen hat. Denkt daran, wie ich allein und ohne Hilfe den Ruf Gottes rund um die Welt kündete, wie die Völker sich erhoben, um sich zu widersetzen, zu streiten und zu leugnen. Einerseits weiß man, wie ewiggestrige Eiferer ihren Angriff in jeder Hinsicht vorantreiben; andererseits hört man von Lügnern und Spöttern, wie sie bis zum äußersten gehen, um den Göttlichen Baum mit den Wurzeln auszureißen. Welche gehässigen, verleumderischen Beschuldigungen bringen sie gegen die Urewige Schönheit vor, was für Schmähschriften voll boshafter, abartiger Behauptungen über den Größten Namen schreiben und verbreiten sie emsig! Und jetzt bieten sie in strengster Verschwiegenheit alles auf, um diesem Glauben einen furchtbaren Schlag zu versetzen.
Wieder haben die Hochmütigen alle möglichen Intrigen und Machenschaften ersonnen, um die Sache Gottes völlig lahm zu legen und um ‘Abdu’l-Bahás Namen aus dem Buch des Lebens zu tilgen.
Und jetzt hat sich zu all diesen Trübsalen, diesem Elend, diesen Angriffen der Feinde unter den Gläubigen selbst eine Staubwolke des Grolls erhoben, ungeachtet der Tatsache, dass die Sache der Urewigen Schönheit geradezu das Wesen der Liebe, der Kanal der Einheit ist, nur dazu da, dass alle zu Wellen eines Meeres werden, zu strahlenden Sternen am selben unendlichen Firmament, zu Perlen in der Muschel der Einzigkeit, zu funkelnden Edelsteinen aus den Bergwerken der Einheit, dass alle der anderen Diener werden, einander verehren, segnen und lobpreisen; dass jeder seine Zunge löse und alle anderen ohne Ausnahme in den Himmel hebe, jeder den anderen seinen Dank darbringe, dass alle die Augen zum Horizont der Herrlichkeit heben und eingedenk bleiben, wie sie der Heiligen Schwelle verbunden sind; dass sie nur das Gute im anderen sehen, nur Lob voneinander hören und kein Wort übereinander sprechen, es sei denn Lob und Preis.
Tatsächlich gibt es manche, die diesen Weg der Rechtschaffenheit beschreiten, und Gott sei Dank, sie empfangen durch himmlische Macht allüberall Kraft und Hilfe. Aber andere haben sich nicht so, wie sie sollten, zu dieser herrlichen, erhabenen Stufe erhoben, und das legt ‘Abdu’l-Bahá eine schwere Bürde Leid, unvorstellbares Leid aufs Herz. Denn kein gefährlicherer Sturm als dieser könnte jemals die Sache Gottes angreifen, nichts anderes könnte je den Einfluss Seines Wortes in solcher Weise mindern.
Es geziemt allen Geliebten Gottes, eins zu werden, sich im Schutz desselben Banners zu scharen, ein einheitliches Weltbild zu vertreten, demselben Pfad zu folgen, sich fest an einen einzigen Entschluss zu halten. Lasst sie ihre auseinandergehenden Theorien vergessen, ihre widersprüchlichen Ansichten beiseitelegen, denn – gelobt sei Gott! – unsere Absicht ist nur eine, unser Ziel ist eins. Wir sind die Diener an der einen Schwelle, wir nähren uns aus derselben Quelle, wir alle sind im Schatten desselben hehren Königszeltes versammelt, wir alle stehen im Schutz des einen himmlischen Baumes.
O ihr Geliebten des Herrn! Wenn jemand über einen Abwesenden Schlechtes sagt, führt das nur zu dem einen Ergebnis: Er dämpft die Begeisterung der Freunde und macht sie gleichgültig. Denn üble Nachrede entzweit und ist der Hauptgrund dafür, dass sich Freunde zurückziehen. Wenn jemand Schlechtes über einen Abwesenden sagt, haben seine Zuhörer die Pflicht, ihm auf geistige, freundliche Art Einhalt zu gebieten und ihm etwa folgendes zu sagen: Könnte diese Herabsetzung einem guten Zweck dienen? Würde sie die Gesegnete Schönheit erfreuen, zur bleibenden Ehre der Freunde beitragen, den heiligen Glauben voranbringen, das Bündnis stärken, oder irgendeiner Seele nützen? Nein, niemals! Im Gegenteil, dieses Gerede würde so dicke Lagen Staub auf die Herzen häufen, dass die Ohren nichts mehr hören, und die Augen das Licht der Wahrheit nicht mehr sehen.
Wenn sich aber jemand anschickt, Gutes über einen anderen zu sagen, wenn er seine Lippen zum Lob eines anderen öffnet, bringt er bei seinen Hörern eine Saite zum Schwingen, und Gottes Odem regt sie an. Ihre Herzen und Seelen jubeln über die Erfahrung, dass hier, Gott sei gedankt, dem Glauben eine Seele angehört, die ein Brennpunkt menschlicher Vollkommenheiten ist, eine Verkörperung der Gnadengaben des Herrn, ein Mensch von beredter Zunge und strahlendem Antlitz, in welcher Versammlung er auch sei, ein Wesen, dem der Sieg auf die Stirn geschrieben steht, den Gottes süße Düfte bestätigen.
Welches ist nun der bessere Weg? Ich schwöre bei der Schönheit des Herrn: Wann immer ich Gutes von den Freunden höre, wird mir das Herz voll vor Freude; wenn ich aber auch nur andeutungsweise erfahre, dass sie schlecht miteinander auskommen, übermannt mich der Kummer. So geht es ‘Abdu’l-Bahá. Urteilt selbst, was eure Pflicht ist.
Gott sei gelobt! Wohin wir uns auch wenden, überall öffnet die Urewige Schönheit weit die Tore der Gnade und verkündet in unmissverständlichen Worten frohe Botschaften des Sieges durch die Hilfe des Herrn. Durch Liebe gewinnt Er die Herzen der Gläubigen; ihren Sieg hat Er den himmlischen Heerscharen anvertraut.
Jetzt müssen sich die Geliebten inmitten aller Völker dieser Welt erheben, mit einem Herzen, so hell wie der Morgenstern, mit starkem inneren Verlangen, strahlendem Angesicht, moschusduftendem Atem, mit einer Zunge, die unaufhörlich von Gott spricht, mit kristallklarer Darlegung, hohem Entschluss, himmlischer Kraft, geistigem Charakter, mit geradezu göttlicher Bestätigung. Lasst sie alle am Horizont des Himmels erglänzen und am Firmament der Welt zu strahlenden Sternen werden. Lasst sie fruchttragende Bäume im himmlischen Hain, süßduftende Blüten im göttlichen Garten sein. Lasst sie vollendete Verse auf der Tafel des Weltalls, Worte der Einheit im Buch des Lebens sein. Dies ist die Anfangszeit, Anbeginn der Offenbarung des Größten Lichtes. Deshalb müssen in diesem Jahrhundert Tugenden erworben werden, edle Eigenschaften müssen in dieser Zeitspanne vervollkommnet werden. Jetzt in diesen Tagen muss das Paradies Abhá seine Zelte in den Gefilden der Welt errichten. Das Licht der Wirklichkeit muss jetzt enthüllt, die Geheimnisse der Segnungen Gottes müssen jetzt bekannt gemacht werden; jetzt muss die alte Gnade wieder scheinen, muss diese Welt sich wandeln in die Au des Himmels, in den Garten Gottes. Und aus reinen Herzen, durch himmlische Gnadengaben müssen jetzt alle Vollkommenheiten, Eigenschaften und Kennzeichen des Göttlichen offenbar gemacht werden.
Zu allen Zeiten betet und fleht ‘Abdu’l-Bahá demütig unter Tränen zum Allmächtigen an der Heiligen Schwelle, laut rufend:
O Du gütiger Herr! Wir sind Diener an Deiner Schwelle, die an Deinem heiligen Tor Obdach nehmen. Wir suchen keine Zuflucht als zu dieser starken Säule und wenden uns nach keinem Port als Deinem sicheren Gewahrsam. Beschütze uns, segne uns, hilf uns; lass uns nur Dein Wohlgefallen lieben, nur Dein Lob anstimmen, nur auf dem Pfad der Wahrheit wandeln, bis wir so reich werden, dass wir alles außer Dir entbehren können, unsere Gaben aus dem Meer Deiner Wohltätigkeit empfangen und allezeit danach trachten, Deine Sache zu erheben und Deine süßen Düfte nah und fern zu verbreiten, auf dass wir unser Selbst vergessen und, nur mit Dir befasst, alles für wertlos erachten und ganz in Dir aufgehen.
O Du Versorger, o Du Vergeber! Gewähre uns Deine Güte und Gnade, Deine Gaben und Spenden, und gib uns die Kraft, unser Ziel zu erreichen. Du bist der Gewaltige, der Fähige, der Wissende, der Sehende; wahrlich, Du bist der Freigebige, wahrlich, Du bist der Allerbarmer, wahrlich, Du bist der Immervergebende, dem Reue geschuldet wird, der selbst die schwersten Sünden vergibt.
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O ihr aufrichtigen Geliebten der Schönheit Abhá! Auf der ganzen Erde wächst in dieser Zeit die Sache Gottes an Macht. Tag für Tag verbreitet sie sich immer weiter, bis ans Ende der Welt. Deshalb werden auch ihre Gegner aus allen Völkern und Geschlechtern der Welt angriffslustig, böswillig, neidisch und überaus feindselig. Die Geliebten Gottes müssen daher in allen Dingen, bedeutend oder nicht, die größte Sorgfalt und Besonnenheit walten lassen; sie müssen miteinander beraten und vereint dem Angriff derer widerstehen, die zum Streit aufhetzen und Unheil stiften. Sie müssen sich bemühen, mit jedermann freundlich zu verkehren, sie müssen bescheiden auftreten, einander Achtung und Rücksicht bezeigen, allen Völkern der Welt Güte und einfühlsame Aufmerksamkeit entgegenbringen. Geduldig und langmütig müssen sie sein, so dass sie göttliche Magneten des Reiches Abhá werden und die Tatkraft der himmlischen Heerscharen erwerben.
Des Menschen flüchtige Stunden auf Erden vergehen rasch, und das wenige, was bleibt, wird ein Ende haben; was aber kein Ende hat und immer währen wird, ist die Frucht seiner Dienstbarkeit an der göttlichen Schwelle. Bedenket die Wahrheit dieses Spruches. Wie überaus viele herrliche Beweise gibt es dafür in der Welt des Seins!
Die Herrlichkeit der Herrlichkeiten sei auf dem Volk Bahás!
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O du erhabener Zweig am göttlichen Lotosbaum! … Wirst du von denen, die Unrecht tun, geschmäht und zurückgewiesen, so sei nicht entmutigt. Lass die Gewaltsamkeit und Halsstarrigkeit der Anmaßenden dir weder die Ruhe nehmen noch das Herz brechen; denn das ist die Art achtloser Seelen seit undenklichen Zeiten. »O das Elend der Menschen! Kein Gesandter kommt zu ihnen, ohne dass sie ihn verlachen!«Q37
Tatsächlich führt der Unwissenden Angriff und Widerstand nur dazu, dass Gottes Wort erhöht wird und Seine Zeichen und Beweise sich weithin verbreiten. Gäbe es nicht die Gegnerschaft der Verächter, die Verstocktheit der Verleumder, das Geschrei von den Kanzeln, das Rufen und Klagen von groß und klein gleichermaßen, den Vorwurf des Unglaubens aus dem Munde der Unwissenden, den Aufruhr der Toren – wie hätte dann wohl die Nachricht vom Kommen des Ersten Punktes und vom strahlenden Aufgang des Tagesgestirns Bahás Ost und West jemals erreicht? Wie sonst wäre der Planet von Pol zu Pol erschüttert worden? Wie sonst wäre Persien zum Lichtquell strahlenden Glanzes geworden, Kleinasien zum leuchtenden Herzen für die Schönheit des Herrn? Wie sonst hätte sich die Flamme der Offenbarung gen Süden verbreiten können? Wodurch sonst wäre Gottes Ruf im fernen Norden zu vernehmen gewesen? Wie sonst wäre Seine Vorladung im Erdteil Amerika und im dunklen Afrika gehört worden? Wie sonst hätte der Hahnenschrei des Himmels in die Ohren dringen können? Wie sonst hätten Indiens süße Papageien diesen Zucker kosten, wie hätten Iraks Nachtigallen ihren Jubel erheben können? Was sonst hätte Ost und West zum Tanze gebracht, wie hätte dieser Geheiligte Ort zum Thron der Schönheit Gottes werden können? Wie sonst hätte Sinai diesen lodernden Glanz erblicken, wie die Flamme der Wiederkunft jenen Berg schmücken können? Wie wäre das Heilige Land der Schönheit Gottes zum Schemel gemacht worden? Wie wäre das heilige Tal von TuváA62 zum Sitz überwältigender Gnade geworden, der geheiligte Ort, da Moses die Schuhe ablegte? Was sonst hätte den Himmelshauch durch das Tal der Heiligkeit getragen? Wie wären die süßen Lüfte aus den Gärten Abhás von den Bewohnern der Grünen Insel je wahrgenommen worden? Wie hätten sonst die Versprechen der Propheten, die frohen Botschaften der heiligen Seher vergangener Zeiten, die begeisternden Verheißungen der Manifestationen Gottes für diesen Heiligen Ort jemals erfüllt werden können?
Wie sonst hätte der Baum Anísá hier gepflanzt, des Testamentes Banner hier gehisst, der berauschende Kelch des Bündnisses an diese Lippen gesetzt werden können? All diese Segnungen und Gnadengaben, die Hauptwerkzeuge für die Verbreitung des Glaubens, sind durch den Spott der Unwissenden, die Gegnerschaft der Toren, den Starrsinn der Stumpfsinnigen, die Gewalt der Angreifer zustande gekommen. Anders hätte die Nachricht vom Kommen des Báb bis zum heutigen Tag noch nicht einmal die Nachbarländer erreicht. Deshalb sollten die Blindheit der Unwissenden, die Angriffe der Toren, die Feindseligkeit der Niederträchtigen, die Achtlosigkeit der Geistlichen, der Vorwurf des Unglaubens aus dem Munde der Gedankenlosen uns niemals betrüben. So handelten sie auch in vergangener Zeit. Dem wäre nicht so, wenn sie zu den Wissenden zählten. Sie aber sind umnachtet und kommen dem Verständnis dessen, was ihnen gesagt wird, nicht nahe.A63
So ziemt es dir, dem Spross aus Gottes Heiligem Baum, dem Zweig des mächtigen Stamms, wie es auch uns geziemt, durch die stärkende Gnade der Urewigen Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seinen Heiligsten Schrein sein – mit der im Himmel entfachten Flamme zu lodern, damit wir von Pol zu Pol das Feuer der Liebe Gottes entzünden. Lass uns den großen, heiligen Baum des erhabenen Báb – möge mein Leben ein Opfer für Ihn sein – zum Vorbild nehmen. Wie Er lass uns die Brust entblößen für die Pfeile des Todeskampfes, wie Er unsere Herzen zu Zielscheiben für die Speere machen, die Gott uns bestimmt hat. Lass uns wie Kerzen niederbrennen, wie Motten lass uns die Flügel versengen, wie Lerchen unsere Klagerufe ausstoßen, wie Nachtigallen in Trauerlieder ausbrechen.
Wie Wolken lass uns Tränen vergießen, wie der flammende Blitz lass uns auflachen auf unserer Hetzjagd durch Ost und West. Bei Tag und bei Nacht lass uns nur daran denken, wie wir Gottes süße Düfte verbreiten. Lass uns nicht immer fortfahren in unseren Phantastereien und Illusionen, mit unserem unaufhörlichen Zergliedern und Interpretieren und Weiterverbreiten vielschichtiger Unsicherheiten und Zweifel. Lass uns alle selbstischen Gedanken beiseiteschieben; lass uns die Augen schließen für alles auf dieser Erde, lass uns weder bekanntmachen, was wir erdulden, noch uns über erlittenes Unrecht beklagen. Lass uns vielmehr unser eigenes Ich vergessen, und den Wein himmlischer Gnade trinkend, wollen wir unseren Jubel laut hinausrufen und uns in der Schönheit des Allherrlichen verlieren.
O du Afnán des göttlichen Lotosbaumes! Wir müssen uns alle darum bemühen, wie beladene Äste zu werden, die immer süßere, immer bekömmlichere Früchte tragen, so dass im Zweig die Wurzel weiterwirkt und der Teil mit dem Ganzen in Einklang steht. Es ist meine Hoffnung, dass wir durch die Freigebigkeit des Größten Namens und durch die Güte des Ersten Punktes – möge meine Seele für sie beide ein Opfer sein – Werkzeuge für die Verherrlichung von Gottes Wort auf der ganzen Welt werden, dass wir immerfort dem Ursprung unserer Sache dienen und über alle Menschen den Baldachin des wahren, heiligen Eifers für den Herrn ausspannen, dass wir über den Gefilden der Gnade die linden Lüfte wecken, die den Menschen die süßen Düfte aus Gottes Gärten zutragen, dass wir diese Erde zum Paradies Abhá machen, diese niedrige Welt in das Königreich des Himmels verwandeln.
Allen Dienern Gottes, ganz besonders den vom Glauben Entflammten, ward diese Aufgabe des Dienstes für den allmächtigen Gott wahrlich zuteil; aber die uns auferlegte Pflicht ist noch größer als die der anderen. Bei Gott suchen wir Gnade, Gunst und Kraft.
Aller Lob und Dank sei Ihm, der Gesegneten Schönheit, dass Er die Streitmacht Seines Reiches Abhá zum Kampfe ruft und uns Seine nie versagende Hilfe sendet, zuverlässig wie die aufgehenden Sterne. In jedem Winkel dieser Erde stützt Er diesen einsamen, auf sich gestellten Diener, in jedem Augenblick lässt Er mich um die Zeichen und Beweise Seiner Liebe wissen. Die ihrem eitlen Wahn anhangen, macht Er stumpf und starr, ehrlos vor hoch und niedrig. Wer Wahn und Launen nachläuft, den setzt Er dem Schimpf des Volkes aus; den Anmaßenden stellt Er an den Pranger. Die Freunde, die in ihrem Glauben wankend wurden, lässt Er zur Warnung werden für jedes offene Auge; die Führer der Wankelmütigen, gefangen in Eigenliebe, lässt Er in Eitelkeit ertrinken. Doch durch die Kraft Seiner Macht lässt Er diesen flügellahmen Vogel sich aufschwingen vor den Augen aller Erdenbewohner. Er zerschlägt die geschlossene Front der Empörer, den Heerscharen der Erlösung verleiht Er den Sieg, Er haucht den Herzen der im Bund und Testament Standhaften den Odem ewigen Lebens ein.
Gib die Grüße Abhás jedem Afnán weiter, der den Zweigen des Heiligen Baumes entsprossen ist. Die Herrlichkeit sei mit dir und allen Afnán, die dem Bündnis gläubig und treu verbunden sind.
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O du, der du standhaft im Bündnis bist! Dein Brief vom 9. September 1909 ist angekommen. Sei weder traurig noch verzweifelt über das, was geschehen ist. Dieses Unheil brach über dich als Wanderer auf dem Pfade Gottes herein; deshalb soll es dir Freude bringen. Wir wandten uns bereits früher schriftlich an die Freunde und erklärten ihnen auch mündlich, dass die Freunde im Westen zweifellos ihren Anteil an den Schicksalsschlägen der Freunde im Osten werden tragen müssen. Unvermeidlich werden auch sie, die sie auf dem Pfad Bahá’u’lláhs wandeln, zur Zielscheibe für die Verfolgung der Unterdrücker.
Bedenke, wie zu Beginn der christlichen Zeit die Apostel heimgesucht wurden, welche Qualen sie auf dem Pfad Christi erduldeten. Jeden Tag ihres Lebens dienten sie den Pharisäern als Zielscheibe für die Pfeile des Spottes, der Verleumdung und Beschimpfung. Sie trugen großes Ungemach, kamen ins Gefängnis, und die meisten von ihnen führten den süßen Kelch des Martyriums an die Lippen.
Nun müsst ihr gewiss ebenfalls in kleinem Umfang meine Teilhaber werden und euer Maß an Kummer und Prüfungen auf euch nehmen. Aber diese Stunden gehen vorüber, während bleibende Herrlichkeit und ewiges Leben unverändert bestehen. Mehr noch, dieses Leid führt zu großem Fortschritt.
Ich flehe zu Gott, dass du als Sein Ackerknecht den harten, steinigen Boden pflügst, wässerst und die Saat ausbringst – denn das wird zeigen, wie fähig der Bauer ist. Die lockere Erde, frei von Dorngestrüpp, kann jeder bestellen.
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O du Diener Gottes! Gräme dich nicht wegen der Heimsuchungen und Trübsale, die über dich gekommen sind. Alle Trübsale und Heimsuchungen werden dem Menschen zuteil, damit er diese sterbliche Welt verschmähe – eine Welt, der er sehr verhaftet ist. Wenn er schwere Prüfungen und Nöte erfährt, wird sein Wesen vor dieser Verhaftung zurückschrecken und sich nach dem ewigen Reiche sehnen – einem Reich, das über alle Heimsuchungen und Trübsale geheiligt ist. So ergeht es dem weisen Menschen. Er wird nie aus einem Becher trinken, der einen widerlichen Nachgeschmack hat, im Gegenteil, er wird den Becher reinen und klaren Wassers suchen. Er wird nicht den Honig kosten, der mit Gift gemischt ist.
Preise Gott, dass du versucht wurdest und eine solche Prüfung erfahren hast. Sei geduldig und dankbar. Wende dein Angesicht dem Reiche Gottes zu und strebe danach, barmherzig und erleuchtet zu werden, die Kennzeichen des Gottesreiches und des Herrn zu erlangen. Bemühe dich, gegen die Vergnügungen dieser Welt und ihre Bequemlichkeit gleichgültig zu werden, fest und standhaft im Bündnis zu bleiben und die Sache Gottes zu verkünden.
Darauf beruht die Erhöhung des Menschen, seine Herrlichkeit und sein Heil.
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O du, der du in den Hauch Gottes verliebt bist! Ich las den Brief, der deine Liebe zu Gott, dein unwiderstehliches Hingezogensein zu Seiner Schönheit laut hinausruft. Die wundersame Melodie dieses Briefes machte mir das Herz froh.
Mit meinem vorangegangenen Brief wollte ich dir sagen, dass wir uns Prüfungen und Trübsalen unterziehen müssen, wenn wir das Wort Gottes verherrlichen wollen, und dass es jeden Augenblick Ungemach, Kummer und Qualen gibt, wenn wir Ihn lieben.
Zunächst muss der Mensch diese Gottesurteile schätzen lernen; er muss sie bereitwillig annehmen und voll Eifer willkommen heißen; erst dann sollte er die Lehrarbeit für den Glauben beginnen und Gottes Wort verherrlichen.
In diesem Zustand wird er niemals entmutigt werden, einerlei was ihm in seiner Liebe zu Gott zustoßen sollte: Belästigung, Vorwurf, Verleumdung, Fluch, Misshandlung, Kerker, Tod. Seine Leidenschaft für die Göttliche Schönheit wird nur an Stärke gewinnen. Das war, was ich sagen wollte.
Wehe andererseits der elenden Seele, die Bequemlichkeit, Reichtümer und irdische Freuden sucht und dabei versäumt, an Gott zu denken! Denn für ‘Abdu’l-Bahá ist Trübsal auf dem Pfade Gottes nur Gunst und Gnade, und die Allherrliche Schönheit erklärt in einem Sendbrief: »Nie ging Ich an einem Baum vorbei, ohne dass Mein Herz ihn anredete und sprach: ›O würdest du doch in Meinem Namen gefällt und Mein Leib an dir gekreuzigt!‹«Q38 Das waren die Worte des Größten Namens. Das ist Sein Pfad. Das ist der Weg zu Seinem Reich der Macht.
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O ihr Aufrichtigen, ihr Sehnsüchtigen, die ihr wie von einem Magneten angezogen seid und euch erhoben habt, der Sache Gottes zu dienen, Sein Wort zu verherrlichen und Seine süßen Düfte überall zu verbreiten! Ich las euren vortrefflichen Brief, wunderschön im Stil, ausdrucksvoll in der Wortwahl, tief an Bedeutung, und ich pries Gott und dankte Ihm, dass Er euch zu Hilfe kommt und euch befähigt, Ihm in Seinem weiten Weinberg zu dienen.
Bald werden eure Angesichter strahlen im Widerschein eurer demütigen Bitten, eurer Andacht vor Gott, eurer Gebete zu Ihm und eurer selbstlosen Bescheidenheit in der Gegenwart der Freunde. Er wird eure Versammlung zu einem Magneten machen, der die lichten Strahlen göttlicher Bestätigung aus Seinem Reich der Herrlichkeit auf euch herniederzieht.
Es ist eure Pflicht, tief im Herzen nachzusinnen und Seine Worte zu bedenken, Ihn demütig anzurufen und in Seiner himmlischen Sache euer Selbst beiseitezulegen. Dies wird euch zu Zeichen der Führung für die ganze Menschheit machen, zu strahlenden Sternen, die vom allhöchsten Horizont scheinen, zu mächtigen Bäumen im Paradies Abhá.
Wisset, dass ‘Abdu’l-Bahá in immerwährender Freude lebt. In diesem entlegenen Gefängnis zu wohnen, bedeutet mir größte Freude. Beim Leben Bahás! Dieses Gefängnis ist mein himmlisches Paradies, mein ersehntes Ziel, Trost meiner Brust, die Seligkeit meines Herzens; es ist meine Zuflucht, mein Schutz, mein Asyl, mein sicherer Hafen, und in diesem Gefängnis frohlocke ich inmitten der himmlischen Heerscharen.
Freut euch meiner Knechtschaft, o ihr Freunde Gottes, denn sie sät den Samen der Freiheit; freut euch meiner Kerkerhaft, denn sie ist der Quell der Erlösung; seid froh über meine Mühe und Plage, denn sie führen zu ewigem Behagen. Bei Gott, dem Herrn! Nicht für den Thron der ganzen Welt würde ich dieses Gefängnis tauschen, nicht für Vergnügen und Kurzweil in all den lieblichen Gärten auf Erden will ich diese Haft aufgeben. Es ist meine Hoffnung, dass ich durch die reiche Güte des Herrn, durch Seine Freigebigkeit und Gnade auf Seinem Pfade den Galgen ziere, dass mein Herz zur Zielscheibe werde für tausend Kugeln, dass ich in die Meerestiefen versenkt oder im Wüstensand dem Verschmachten preisgegeben werde. Danach sehne ich mich am meisten, das ist mein höchstes Verlangen; es erquickt meine Seele, ist Balsam für meine Brust, der Trost meiner Augen.
Und ihr, o ihr Geliebten Gottes, macht eure Schritte sicher in Seiner Sache mit so festem Entschluss, dass ihr nicht erschüttert werdet, selbst wenn die schrecklichsten Trübsale die Welt bestürmen. Lasst euch unter keinen Umständen und durch nichts verwirren. Seid fest verankert wie die hohen Berge, seid Sterne, die am Horizont des Lebens aufleuchten, strahlende Lichter in den Versammlungen der Einheit, bescheidene, demütige Seelen in der Gegenwart der Freunde, unschuldig in eurem Herzen. Seid Sinnbilder der Führung und Leuchten der Frömmigkeit, losgelöst von der Welt, fest an den sicheren, starken Griff geklammert, den Geist des Lebens verbreitend, geborgen in der Arche der Erlösung. Seid Morgenstrahlen der Freigebigkeit, Dämmerorte der Geheimnisse des Seins, Stätten, aus denen die Erleuchtung steigt, Aufgangsorte des Strahlenglanzes; seid Seelen, denen der Heilige Geist Kraft verleiht, den Herrn innig liebend, gelöst von allem außer Ihm, geheiligt über die Wesenszüge des Menschlichen, geschmückt mit den Eigenschaften der Engel im Himmel, so dass ihr in dieser neuen Zeit, diesem wundervollen Jahrhundert, den höchsten Segen erlanget.
Beim Leben Bahás! Nur wer losgelöst ist von der Welt, wird diese Gnadenfülle erlangen, nur wer gefangen ist in Gottes Liebe, frei von Leidenschaft, frei vom Ich, seinem Gott in jeder Hinsicht treu, bescheiden, demütig, nur wer flehentlich unter Tränen darum bittet und völlig ergeben ist in der Gegenwart des Herrn.
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O meine geistig Geliebten! Zu einer Zeit, da hoch ein Meer von Prüfungen und Leiden brandete und seine Wellen bis zum Himmel warf, da ganze Scharen uns angriffen und die Tyrannen uns drückendes Unrecht zufügten – zu einer solchen Zeit waren einige darauf aus, uns zu verleumden. Sie taten sich mit unserem lieblosen Bruder zusammen, brachten eine Abhandlung voll lügnerischer Anschuldigungen heraus und erhoben Anklagen und Verleumdungen gegen uns.
Auf diese Weise alarmierten sie die Regierungsbehörden und brachten sie durcheinander. Es ist deutlich zu sehen, wie sich daraufhin die Lage dieses Gefangenen in der verfallenen Festung entwickelte, welch schreckliches Unrecht und Unheil angerichtet wurde, schlimmer als es Worte ausdrücken können. Trotz allem blieb dieser heimatlose Gefangene innerlich sicher und ruhig, im Vertrauen auf den unvergleichlichen Herrn, voll Sehnsucht nach all den Leiden, die auf dem Pfade der Gottesliebe zu bestehen sein mögen. Denn des Hasses Pfeile sind in unseren Augen wie ein Perlenband als Geschenk von Ihm, und tödliches Gift ist wie ein Heiltrank.
In dieser Lage befanden wir uns, als uns ein Brief der amerikanischen FreundeA64 erreichte. Sie hatten sich geschworen, so schrieben sie, in allen Dingen einig zu bleiben. Die Unterzeichnenden hatten allesamt gelobt, auf dem Pfade der Liebe Gottes Opfer zu bringen, um ewiges Leben zu gewinnen. In dem Augenblick, als dieser Brief mit all den Unterschriften am Ende verlesen wurde, überkam ‘Abdu’l-Bahá so große Freude, dass keine Feder sie zu beschreiben vermag. Er dankte Gott, dass sich dortzulande Freunde erhoben haben, die in vollkommener Eintracht zusammenleben wollen, in der schönsten Gemeinschaft, in voller Übereinstimmung, eng miteinander verbunden und vereint in ihren Bemühungen.
Je mehr ihr an dieser Übereinkunft festhaltet, desto glücklicher und gedeihlicher wird sich alles gestalten; denn dieser Bund zieht Gottes Bestätigungen auf sich. Hoffen die Liebenden Gottes auf die Gnade, die himmlischen Heerscharen zu Freunden zu gewinnen, so müssen sie alles in ihrer Macht Stehende tun, diese Übereinkunft zu stärken; denn eine solche Verbindung der Bruderschaft und Einigkeit bedeutet, den Baum des Lebens zu bewässern: Sie ist das ewige Leben.
O ihr, die ihr Gott liebt! Macht eure Schritte fest. Erfüllt das Versprechen, das ihr einander gabt. Schreitet einträchtig voran, damit ihr den süßen Duft der Gottesliebe verbreitet und Seine Lehren aufrichtet, bis ihr dem Leichnam dieser Welt eine Seele einhaucht und im Reich des Stoffes wie des Geistes jedem Kranken wahre Heilung bringt.
O ihr, die ihr Gott liebt! Die Welt gleicht einem Menschen, der krank und schwach ist, dessen Augen nichts mehr sehen und dessen Ohren taub wurden. Seine ganze Kraft ist zerstört und verbraucht. Deshalb müssen die Freunde Gottes fähige Ärzte sein, die diesen Kranken nach den heiligen Lehren pflegen, bis er wieder gesund ist. So Gott will, wird die Welt genesen und auf Dauer heil bleiben. Ihre erschöpften Fähigkeiten werden wiederhergestellt, ihr Leib wird solche Lebenskraft und Frische annehmen, dass er in heiterer Anmut erstrahlt.
Das erste Heilmittel ist, das Volk rechtzuleiten, so dass es sich Gott zuwendet, auf Seinen Rat hört und alsdann mit hörenden Ohren und sehenden Augen voranschreitet. Hat man den Menschen diesen rasch wirkenden Trunk verabreicht, dann muss man sie nach den Lehren dazu führen, sich die Eigenschaften und Verhaltensweisen der himmlischen Heerscharen anzueignen, und muss sie ermutigen, die Gnadengaben des Reiches Abhá zu suchen. Sie müssen die letzte Spur von Hass und Groll aus ihren Herzen tilgen und sich anschicken, wahrhaftig und ehrlich zu sein, versöhnungsbereit und liebevoll gegenüber allen Menschen, damit sich Ost und West wie zwei Liebende umschlungen halten, Hass und Feindseligkeit von dieser Erde verschwinden und an ihrer Statt der Weltfriede fest verwurzelt wird.
O ihr, die ihr Gott liebt! Seid freundlich zu allen Völkern, kümmert euch um jeden Menschen, tut, was ihr könnt, um die Herzen und Gemüter der Menschen zu läutern, und bemüht euch, jede Seele zu erfreuen. Seid für jede Au ein Regenschauer der Gnade, für jeden Baum das Wasser des Lebens, seid wie süßer Moschus für den Sinn der Menschen, und für die Kranken seid eine frische, belebende Brise. Seid schmackhaftes Wasser für alle Dürstenden, ein behutsamer Führer für alle, die ihren Weg verloren haben; seid den Waisen Vater und Mutter, den Alten liebevolle Söhne und Töchter, ein reicher Schatz den Armen. Erachtet Liebe und Brüderlichkeit als des Himmels Wonnen, Feindseligkeit und Hass als Höllenqual.
Verwöhnt euren Leib nicht mit Ruhe, sondern arbeitet mit ganzer Seele, und aus vollem Herzen ruft und bittet Gott, dass Er euch Seine Hilfe und Gnade gewähre. So verwandelt ihr diese Welt in das Paradies Abhá, diesen Erdball in den Paradeplatz für das Reich der Höhe. Wenn ihr nur die Mühe auf euch nehmt, wird diese Pracht sicherlich leuchten, diese Wolken der Barmherzigkeit werden ihren Regen verströmen, diese lebenspendenden Winde werden sich erheben und wehen, dieser süßduftende Moschus wird sich allenthalben verbreiten.
O ihr, die ihr Gott liebt! Denkt nicht weiter darüber nach, was an diesem heiligen Ort noch geschehen mag, und seid in keiner Weise beunruhigt. Was immer geschieht, gereicht zum besten; denn Leid ist nur der innerste Kern der Gnadengabe, Sorge und Plage sind lautere Barmherzigkeit, Schmerz ist Seelenfrieden, und ein Opfer zu bringen, bedeutet, ein Geschenk zu empfangen. Was auch immer geschehen wird, es kommt aus Gottes Gnade.
Richtet euren Blick deshalb auf eure eigenen Aufgaben: Führt das Volk und erzieht es auf den Wegen ‘Abdu’l-Bahás. Überbringt der Menschheit diese frohe Botschaft aus dem Reich Abhá. Rastet weder bei Tag noch bei Nacht. Sucht keinen Augenblick der Ruhe. Bemüht euch mit ganzer Kraft und bringt den Menschen diese frohe Botschaft zu Gehör. In eurer Liebe zu Gott und eurer Bindung an ‘Abdu’l-Bahá nehmt jede Drangsal, jede Sorge auf euch. Erduldet des Angreifers Hohn, nehmt des Feindes Vorwurf hin. Folgt den Fußstapfen ‘Abdu’l-Bahás auf dem Pfade der Schönheit Abhá und sehnt euch jeden Augenblick danach, euer Leben hinzugeben. Strahlt wie die Sonne, seid ruhelos wie das Meer, vergießt wie die Wolken des Himmels Leben über Feld und Flur, und den Aprilwinden gleich blast Frische durch den Menschenwald und bringt ihn zum Blühen.
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O du, die Gottes Liebe mitreißt! Die Sonne der Wahrheit ist über dem Horizont dieser Welt aufgegangen und wirft ihre Lichtstrahlen der Führung hernieder. Die ewige Gnade wird nie unterbrochen, und eine Frucht dieser ewigen Gnade ist der Weltfrieden. Sei deshalb gewiss: In diesem Zeitalter des Geistes wird das Reich des Friedens sein Königszelt auf den Gipfeln der Welt errichten. Das Gebot des Friedefürsten wird die Adern und die Nerven jedes Volkes so beherrschen, dass es alle Nationen auf Erden in Seinen schützenden Schatten zieht. An den Quellen der Liebe, der Wahrheit und der Einheit wird der wahre Hirte Seine Schafe tränken.
O du Dienerin Gottes! Der Friede muss zuerst unter den einzelnen Menschen gestiftet werden, bis er schließlich zum Frieden unter den Nationen führt. O ihr Bahá’í! Strebt deshalb mit ganzer Kraft danach, durch die Macht des Gotteswortes echte Liebe, geistige Gemeinschaft und dauerhafte Bande zwischen den Menschen zu schaffen. Das ist eure Aufgabe.
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O ihr Liebenden der Wahrheit, ihr Diener der Menschheit! Herrliche Düfte strömten aus den Blüten eurer Gedanken und Hoffnungen. Deshalb treibt mich ein tiefes Pflichtgefühl, diese Worte niederzuschreiben.
Ihr seht, wie diese Welt in sich zerstritten ist, wie viele Länder rot sind von Blut, wie ihr Staub zu Klumpen gebacken ist mit geronnenem Menschenblut. Die Feuer des Streites lodern so hoch, dass zu keiner früheren Zeit, weder im Mittelalter noch in der Neuzeit, jemals ein so grauenhafter Krieg herrschte, ein Krieg, der die Schädel der Menschen zermalmt wie Mühlsteine das Korn. Noch viel schrecklicher, denn reiche Länder fielen in Schutt und Asche, ganze Städte wurden dem Erdboden gleichgemacht, viele blühende Dörfer sind jetzt Ruinen. Väter verloren ihre Söhne und Söhne ihre Väter, Mütter zerfließen in Tränen über ihre toten Kinder, Kinder wurden zu Waisen, Frauen irren vertrieben und heimatlos umher. In jeder Hinsicht ist die Menschheit tief gesunken. Laut gellen die Schreie vaterloser Kinder, laut die schmerzerfüllten Stimmen der Mütter zum Himmel.
Der Nährboden all dieser Tragödien ist das Vorurteil: das Vorurteil der Rasse und Nation, der Religion, der politischen Meinung; und die Wurzel des Vorurteils ist die blinde Nachahmung der Vergangenheit – die Nachahmung in der Religion, bei Einstellungen zu anderen Rassen, bei nationalen Vorlieben, in der Politik. Solange dieses Nachäffen der Vergangenheit anhält, werden die Grundlagen der Gesellschaftsordnung in alle Winde verweht, und die Menschheit wird ständig den schrecklichsten Gefahren ausgesetzt sein.
Ist es heutzutage, in unserem erleuchteten Zeitalter, da vormals unbekannte Wirklichkeiten aufgedeckt und die Geheimnisse der Schöpfung dem Menschen enthüllt sind, da der Morgen der Wahrheit angebrochen ist und die Welt erleuchtet hat – ist es da überhaupt statthaft, dass die Menschen einen so fürchterlichen Krieg führen, der die Menschheit ins Verderben stürzt? Nein, bei Gott, dem Herrn!
Jesus Christus rief die ganze Menschheit zu Freundschaft und Frieden auf. Zu Petrus sprach Er: »Stecke dein Schwert in die Scheide.«Q39 Das war das Gebot und der Rat Christi, des Herrn; und doch haben heutzutage alle Christen ihre Schwerter aus der Scheide gezogen. Wie groß ist der Widerspruch zwischen solchem Tun und dem klaren Wortlaut des Evangeliums!
Vor sechzig Jahren erhob sich Bahá’u’lláh wie die Sonne über Persien. Er erklärte, dass die Himmel der Welt verdunkelt sind, dass dieses Dunkel Unheil verkündet und schreckliche Kriege bevorstehen. Aus dem Gefängnis von ‘Akká wandte Er sich an den deutschen Kaiser in deutlicher Sprache und sagte ihm, dass ein großer Krieg bevorstehe und seine Stadt Berlin in Jammern und Wehklagen ausbrechen werde. So schrieb Er auch an den türkischen Herrscher, obwohl Er selbst ein Opfer dieses Sulṭáns, ein Gefangener in dessen Gefängnis war; Er war in der Festung ‘Akká eingekerkert. Klar führte Er aus, dass Konstantinopel von einem plötzlichen, radikalen Umschwung überrascht würde, so heftig, dass die Frauen und Kinder der Stadt jammern und laut klagen würden. Kurz gesagt, solche Worte richtete Er an alle Monarchen und Präsidenten, und alles ereignete sich genauso, wie Er vorhersagte.
Aus Seiner machtvollen Feder ergingen vielseitige Lehren, wie Krieg zu verhindern sei; diese Lehren wurden überallhin verbreitet.
Die erste Lehre ist das unabhängige Forschen nach der Wahrheit; denn blinde Nachahmung des Vergangenen lässt den Geist verkümmern. Sobald aber jede Seele nach der Wahrheit forscht, ist die Gesellschaft befreit vom Dunkel des ständigen Wiederholens der Vergangenheit.
Sein zweites Prinzip ist die Einheit der Menschheit: Alle Menschen sind Gottes Herde, und Gott ist ihr liebender Hirte, der zärtlich für alle sorgt, ohne den einen oder anderen vorzuziehen. »Keinen Unterschied kannst du sehen in der Schöpfung des Gottes der Barmherzigkeit.«Q40 Alle sind Seine Diener, alle erbitten Seine Gnade.
Seine dritte Lehre ist, dass die Religion eine mächtige Feste ist, dass sie aber Liebe hervorbringen muss, nicht Böswilligkeit und Hass. Führt sie zu Bosheit, Groll und Hass, so hat sie keinerlei Wert. Denn die Religion ist ein Heilmittel; wenn aber das Heilmittel krank macht, lässt man es besser weg. Noch einmal zu den religiösen, rassischen, nationalen und politischen Voreingenommenheiten: Alle diese Vorurteile treffen menschliches Leben an der Wurzel. Sie alle ziehen Blutvergießen nach sich, sie zerstören die Welt. Solange diese Vorurteile bestehen, wird es beständig schreckliche Kriege geben.
Um diesen Zustand zu heilen, brauchen wir den Weltfrieden, und um ihn zustandezubringen, muss ein höchster Gerichtshof, in welchem alle Regierungen und Völker vertreten sind, errichtet werden. Nationale wie internationale Streitfragen müssen ihm unterbreitet werden, und alle müssen die Entscheidungen dieses Gerichtshofes durchführen. Sollte eine Regierung oder ein Volk nicht gehorchen, so lasst die ganze Welt sich gegen diese Regierung oder dieses Volk erheben.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist die Gleichheit von Mann und Frau und ihre völlige Gleichberechtigung. Es gibt noch viele ähnliche Grundsätze. Bereits heute ist offensichtlich, dass diese Lehren Leben und Seele der Welt sind.
O ihr Diener des Menschengeschlechts! Strebt aus ganzem Herzen danach, die Menschheit zu erlösen von den dunklen Vorurteilen, die den menschlichen Lebensumständen und der Naturwelt angehören, damit die Menschenwelt ihren Weg in das Licht der Welt Gottes finde.
Preis sei Ihm! Ihr kennt die vielfältigen Gesetze, Institutionen und Grundsätze der Welt. Nur die göttlichen Lehren können heutzutage den Frieden und die Ruhe der Menschheit sichern. Ohne diese Lehren hört das Dunkel nicht auf, werden die chronischen Krankheiten nie geheilt. Nein, sie werden sich von Tag zu Tag verschlimmern. Der Balkan wird unzufrieden bleiben. Seine Ruhelosigkeit wird wachsen. Die besiegten Mächte werden weiterwühlen. Sie werden zu jedem Mittel greifen, die Flamme des Krieges wieder zu entzünden. Neugeschaffene Bewegungen von weltweiter Bedeutung werden alle Kräfte für den Fortschritt ihrer Pläne aufbieten. Die Bewegung der Linken wird große Bedeutung erlangen. Ihr Einfluss wird sich ausbreiten.
Bemüht euch deshalb mit Gottes Hilfe, erleuchtetem Verstand, mit Herz und Hand, mit einer Kraft, die aus dem Himmel geboren ist, dass ihr Gottes Gnadengabe für die Menschen werdet und der ganzen Menschheit Frieden und Wohlfahrt bringt.
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O du, der du den Bund Gottes innig liebst! Die Gesegnete Schönheit hat diesem Diener prophezeit, dass sich Seelen erheben werden, die wahre Verkörperungen der Führung sind, Banner der himmlischen Heerscharen, Fackeln der Einheit Gottes und Sterne Seiner reinen Wahrheit, strahlend in den Himmeln, wo Gott allein regiert. Sie werden die Blinden sehend und die Tauben hörend machen; sie werden die Toten zum Leben erwecken. Allen Völkern der Erde werden sie entgegentreten und ihre Sache mit den Beweisen des Herrn der sieben Sphären vertreten.
Ich hoffe, dass Er in Seiner Güte diese Seelen bald erwecken wird, auf dass Seine Sache erhöht werde. Der Magnet, der diese Gnade anziehen wird, ist Festigkeit im Bündnis. Danke du Gott, dass du der Festeste der Festen bist.
O mein Gott! Hilf Du Deinem Diener, das Wort zu erhöhen und zu widerlegen, was falsch und eitel ist, die Wahrheit fest zu begründen, die heiligen Verse überallhin zu verbreiten, die Herrlichkeit zu enthüllen und das Morgenlicht in den Herzen der Rechtschaffenen anbrechen zu lassen.
Du bist wahrlich der Großmütige, der Vergebende.
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O Phönix aus der unsterblichen Flamme, die im geheiligten Baume brennt! Bahá’u’lláh – mögen mein Leben, meine Seele, mein Geist Opfer für Seine demütigen Diener sein – hat in Seinen letzten Tagen auf Erden eindrücklich verheißen, die Gnadenströme Gottes und die hilfreiche Unterstützung aus Seinem Reich in der Höhe werden dazu führen, dass sich Seelen erheben und heilige Wesen erscheinen, die sternengleich das Himmelszelt göttlicher Führung schmücken, den Tagesanbruch der liebevollen Güte und Gnadengaben erleuchten, die Zeichen der Einheit Gottes offenbaren, Seelen, die mit dem Licht der Heiligkeit und Reinheit strahlen, ihr volles Maß göttlicher Eingebung empfangen, hoch die heilige Fackel des Glaubens recken, fest stehen wie der Fels und unverrückbar wie der Berg und wachsen, um Leuchten in den Himmeln Seiner Offenbarung zu werden, breite Kanäle Seiner Gnade, Werkzeuge für die Segnungen von Gottes wohltätiger Fürsorge, Herolde, die den Namen des einen wahren Gottes ausrufen, und Bauleute an der Welt größtem Ordnungsgefüge.
Unablässig werden sie Tag und Nacht tätig sein, weder Prüfung noch Schmerz achten, keinen Aufschub in ihren Anstrengungen dulden, keine Ruhe suchen, Wohlstand und Behagen verschmähen und losgelöst und unbefleckt jeden flüchtigen Augenblick ihres Lebens der Verbreitung der Düfte Gottes, der Verherrlichung Seines heiligen Wortes weihen. Himmlische Freude wird ihr Angesicht ausstrahlen, und ihr Herz wird von Frohlocken erfüllt sein. Ihre Seelen werden erleuchtet sein, ihre Grundlagen fest verankert. In alle Welt hin werden sie sich zerstreuen, durch alle Regionen werden sie reisen. Ihre Stimme werden sie in jeder Versammlung erheben, jede Zusammenkunft werden sie schmücken und beleben. In jeder Sprache werden sie reden und alle verborgenen Bedeutungen erklären. Die Geheimnisse des Reiches Gottes werden sie offenbaren und jedem Menschen die Zeichen Gottes enthüllen. Wie helle Kerzen werden sie im Herzen jeder Versammlung brennen, wie Sterne von allen Horizonten strahlen. Die linden Lüfte aus den Gärten ihrer Herzen werden die Seelen der Menschen erwecken und durchduften, und die Enthüllungen ihres Geistes werden wie Regenschauer die Völker und Nationen der Welt neu beleben.
Ich warte, ich warte voll Ungeduld auf das Erscheinen dieser Heiligen. Wie lange werden sie noch säumen? Mein Gebet, meine flehende Bitte des Abends und des Morgens ist, diese strahlenden Sterne mögen bald ihren Glanz über die Welt ergießen, ihr gesegnetes Angesicht möge sterblichen Augen entschleiert werden, die Heerscharen göttlichen Beistands mögen ihren Sieg sichern, und die Wogen der Gnade, die aus Seinen himmlischen Meeren steigen, mögen sich über die ganze Menschheit ergießen. Betet auch ihr und fleht zu Ihm, dass durch die helfende Gunst der Altehrwürdigen Schönheit diese Seelen den Augen der Welt enthüllt werden.
Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und mit dem, dessen Antlitz von diesem ewigen Licht aus Seinem Reiche der Herrlichkeit erleuchtet ist.
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O ihr verehrten Seelen! Die fortgesetzte Nachahmung veralteter, überlebter Gewohnheiten machte die Welt finster wie die schwarze Nacht. Die Grundlagen der göttlichen Lehren gingen dem Gedächtnis verloren; ihr Herz und Mark gerieten ganz und gar in Vergessenheit; die Menschen hielten sich an die Schalen. Die Nationen waren in einen jämmerlichen Zustand verfallen, wie zerrissene, längst abgetragene Kleider.
Aus dieser schwarzen Finsternis dämmerten die Lehren Bahá’u’lláhs wie der Morgenglanz. Er legte der Welt ein neues, lichtes Gewand an, und dieses neue Gewand sind die Grundsätze, die von Gott herniederkamen.
Jetzt ist das neue Zeitalter angebrochen, die Schöpfung wiedergeboren. Die Menschheit ist zu neuem Leben erwacht. Der Herbst ist vorüber, der belebende Frühling ist gekommen. Alles ist neu gemacht. Künste und Gewerbe sind wiedergeboren, es gibt neue Entdeckungen in der Wissenschaft und neue Erfindungen. Selbst Einzelheiten des täglichen Lebens, wie Bekleidung und persönliche Habe – sogar Waffen: Alles dies wurde gleichfalls erneuert. Die Gesetze und Verfahren jeder Regierung wurden überarbeitet. Erneuerung ist an der Tagesordnung.
Und all dieses Neue hat seinen Ursprung in den frischen Ausgießungen wundersamer Gunst und Gnade vom Herrn des Gottesreiches. Sie haben die Welt erneuert. Deshalb müssen die Menschen gänzlich frei werden von ihren alten Denkmustern, so dass sie ihre ganze Aufmerksamkeit auf diese neuen Grundsätze richten können, sind sie doch das Licht des Zeitalters und sein wahrer Geist.
Solange diese Lehren nicht wirksam unter den Menschen verbreitet sind, solange die alten Bahnen und Konzepte nicht verlassen und vergessen sind, wird die Welt des Seins keinen Frieden finden, geschweige denn die Vollkommenheiten des Himmelreichs widerspiegeln. Bemüht euch aus ganzem Herzen, die Achtlosen bewusst zu machen, die Schlafenden zu wecken, den Unwissenden Erkenntnis zu bringen, die Blinden sehend, die Tauben hörend zu machen und die Toten dem Leben zurückzugeben.
Ihr müsst eine solche Kraft und Beharrlichkeit zeigen, dass alle Beobachter staunen. Die Bestätigungen des Gottesreiches sind mit euch. Auf euch sei die Herrlichkeit des Allherrlichen.
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Gepriesen sei Er, der das Dunkel zerrissen und die Nacht vertrieben, die Hüllen beseitigt und die Schleier entfernt hat, dessen Licht daraufhin erstrahlte, dessen Zeichen und Beweise verbreitet und dessen Geheimnisse aufgedeckt sind. Daraufhin teilten sich Seine Wolken, überschütteten die Erde mit Seinen Segnungen und Gnadengaben, machten mit ihrem Regen alle Dinge süß und saftig, ließen das frische Grün der Erkenntnis und die Hyazinthen der Gewissheit sprießen und vor Freude erzittern, bis die ganze Welt vom Duft Seiner Heiligkeit erfüllt war.
Gruß und Preis, Segen und Ruhm seien auf den göttlichen Wirklichkeiten, den heiligen Anemonen, die aus dieser höchsten Gnadengabe hervorkamen, dieser überströmenden Gunst, brausend wie ein brandendes Meer der Geschenke und Segnungen, das seine Wogen hoch in den Himmel wirft.
O Gott, mein Gott! Preis sei Dir, da Du das Feuer göttlicher Liebe im Heiligen Baum auf den Gipfeln des erhabensten Berges entzündet hast: jenem Baum, der »weder des Ostens noch des Westens ist«Q41, und jenes Feuer, das lichterloh brannte, bis seine Flamme die himmlischen Heerscharen erreichte, bis jene Wirklichkeiten das Licht der Führung daraus einfingen und ausriefen: »Wahrlich, wir gewahrten ein Feuer am Hang des Berges Sinai.«Q42
O Gott, mein Gott! Lass dieses Feuer wachsen Tag für Tag, bis seine Glut die ganze Erde bewegt. O Du mein Herr! Entzünde das Licht Deiner Liebe in jedem Herzen, hauche den Geist Deiner Erkenntnis den Menschen in die Seele und weite ihnen die Brust mit den Versen Deiner Einheit. Rufe die ins Leben zurück, die in ihren Gräbern wohnen, warne Du die Hoffärtigen, lass weltweit Glückseligkeit herrschen, sende Deine kristallklaren Wasser hernieder, und in der Versammlung offenbaren Strahlenglanzes lass den Kelch kreisen, der »gemischt ist an der Kampferquelle«Q43.
Wahrlich, Du bist der Gebende, der Verzeihende, der Ewigschenkende. Wahrlich, Du bist der Barmherzige, der Mitleidvolle.
O ihr Geliebten Gottes! Der Kelch himmlischen Weines quillt über, der Festsaal des Gottesbundes strahlt in feierlichem Lichterglanz, der Morgen allen Segens bricht an, sanft wehen die Winde der Gnade, und aus der unsichtbaren Welt kommt frohe Botschaft über reiche Gnadengaben. Auf blumengeschmückten Auen hat die göttliche Frühlingszeit ihre Zelte aufgeschlagen, und die geistig Gesinnten atmen die süßen Düfte aus dem Saba des Geistes, die der Ostwind zu ihnen trägt. Da flötet die mystische Nachtigall ihre Lieder, und Knospen tiefer Bedeutung brechen auf zu zarten, anmutigen Blüten. Die Lerchen des Feldes sind die Festmusikanten; hoch heben sie ihre wundersamen Stimmen und singen nach den Weisen der himmlischen Heerscharen: »Selig seid ihr! Frohe Botschaft! Frohe Botschaft!« Und sie drängen alle Zecher im Paradies Abhá, sich satt zu trinken. Auf dem Himmelsbaum halten sie lange Reden und stoßen ihre heiligen Rufe aus, damit die verwelkten Seelen in der Wüste der Achtlosigkeit und die Dahingeschwundenen im Sande der Gleichgültigkeit pulsierendes Leben gewinnen und sich einfinden bei den Festen und Lustbarkeiten Gottes, des Herrn.
Gelobt sei Er! Der Ruhm Seiner Sache erreicht Ost und West, die Nachricht von der Schönheit Abhá und ihrer Macht belebt Nord und Süd. Nah und fern ertönt jener Ruf vom amerikanischen Erdteil, ein Chorgesang der Heiligkeit steigt auf zu den Scharen der Höhe: »Yá Bahá’u’l-Abhá!« Jetzt ist der Osten erleuchtet in Herrlichkeit, der Westen duftet süß nach Rosen, die ganze Erde riecht nach Ambra, und die Winde, die über den Heiligen Schrein wehen, sind mit Moschus beladen. Bald werdet ihr sehen, wie die dunkelsten Länder hell erstrahlen, wie die Erdteile Europa und Afrika in Blumengärten, in Haine mit blühenden Bäumen verwandelt sind.
Weil aber diese Sonne in Persien aufging und vom Orient aus den Westen beschien, ist es unsere liebste Hoffnung, dass die Flammen der Liebesglut dortzulande noch heftiger lodern und der Strahlenglanz dieses heiligen Glaubens noch stärker leuchte. Möge der Aufruhr um die Sache Gottes dieses Land in seinen Grundmauern erschüttern, möge die geistige Kraft Seines Wortes sich solcherart offenbaren, dass der Írán zum Kern und Brennpunkt der Wohlfahrt und des Friedens wird. Mögen Rechtschaffenheit und Versöhnungsbereitschaft, Liebe und Vertrauen vom Írán ausgehen und allen auf Erden Unsterblichkeit verleihen. Möge der Írán die Banner der Staatsordnung, der reinsten Geistigkeit und des Weltfriedens auf die höchsten Gipfel pflanzen.
O ihr Geliebten Gottes! In der Bahá’í-Sendung ist die Sache Gottes reiner, unvermischter Geist. Seine Sache gehört nicht der Welt des Stoffes an. Sie steht nicht für Streit und Krieg, stiftet kein Unheil und bereitet keine Schande. Sie wünscht weder Zank mit anderen Glaubensbekenntnissen noch Hader mit den Nationen. Ihre einzige Heeresmacht ist die Gottesliebe, ihre einzige Freude der klare Wein Seiner Erkenntnis, ihr einziger Kampf die Darlegung der Wahrheit, ihr einziger Kreuzzug geht gegen das beharrende Selbst, die bösen Einflüsterungen des Menschenherzens. Ihr Sieg ist Unterwerfung und Ergebung, und Selbstlosigkeit ist ihre ewige Herrlichkeit. Kurz gesagt, die Sache Gottes ist Geist über Geist: – Nur in der Not – tritt du die Natter tot, – zu jeder Zeit erspar’ dem andern Leid – Sei stets bereit, – die Ameis’ selbst zu schützen; – um wie viel mehr sollst du dem Bruder nützen!
Lasst euer ganzes Streben dahin gehen, für jede Menschenseele, bekannt oder fremd, Gegner oder Mitstreiter, der Quell des Lebens und der Unsterblichkeit, des Friedens, des Wohlergehens und der Freude zu werden. Schaut nicht auf die Lauterkeit oder Unlauterkeit des Charakters; schaut auf die allumfassende Barmherzigkeit des Herrn, auf das Licht Seiner Gnade, das die ganze Erde mit allen, die darin wohnen, umschließt, auf die Fülle Seiner Freigebigkeit, in die alle eingetaucht sind, die Weisen wie die Unwissenden. An der Tafel Seiner Gunst sitzen Fremde und Freunde. Wie der Gläubige, so schöpft auch der Leugner, der sich von Gott abwendet, mit beiden Händen den Trank aus dem Meer Seines Segens.
Es ziemt den Geliebten des Herrn, Zeichen und Beweise Seiner allumfassenden Barmherzigkeit zu sein, Verkörperungen Seiner alles überragenden Gnade. Wie die Sonne sollen sie ihre Strahlen auf Gärten wie Schutthalden werfen, wie die Frühlingswolken ihren Regenschauer vergießen auf Blumen und Dornen. Lasst sie nur nach Liebe und Treue streben, lasst sie den Pfad der Unfreundlichkeit meiden, lasst ihre Rede beschränkt sein auf die Geheimnisse der Freundschaft und des Friedens. Das sind die Merkmale der Rechtschaffenen, das ist das Erkennungszeichen der Diener an Seiner Schwelle.
Die Schönheit Abhá erduldete die qualvollsten Trübsale. Er trug Pein und Unglück ohne Grenzen. Keinen Augenblick lebte Er in Frieden, keinen Atemzug lang fand Er Erleichterung. Heimatlos zog Er durch den Wüstensand und über Berghänge. Er war eingekerkert in einer Festung, einer Gefängniszelle. Aber für Ihn war Seine armselige Strohmatte ein unvergänglicher Thron der Herrlichkeit, Seine schweren Ketten waren Ihm Herrschergeschmeide. Tag und Nacht lebte Er unter einem sausenden Schwert, und jeden Augenblick war Er bereit, den Kreuzestod zu sterben. Er ertrug das alles, um die Welt zu läutern, um sie zu schmücken mit der sanften Gnade Gottes, des Herrn, um sie zu befrieden, um Kampf und Streit zu bannen, die Lanze und das scharfe Schwert gegen liebende Bruderschaft zu tauschen, Bosheit und Krieg in Sicherheit, Sanftmut und Liebe zu verwandeln, bis die Schlachtfelder des Hasses und des Zorns Gärten der Freude werden und dort, wo einst Heere blutig aufeinanderprallten, duftende Lustgärten entstehen, bis alle Kriegsführung als Schande gilt, jede Anwendung von Waffengewalt als widerliche Krankheit, gemieden von jedem Volk, bis der Weltfriede seine Zelte auf den höchsten Bergen errichtet und der Krieg auf ewig von der Erde verschwindet.
Deshalb müssen die Geliebten Gottes diesen Baum der Hoffnung mit den Wassern ihres ganzen Strebens fleißig nähren und pflegen. In welchem Land sie auch leben, lasst sie aus ganzem Herzen Freunde und Gefährten sein für alle, die ihnen nahe stehen oder ferne sind. Lasst sie mit himmelsgleichen Eigenschaften die Institutionen Gottes und Seine Religion fördern. Lasst sie nie den Mut verlieren, nie verzweifeln, nie sich niedergeschlagen fühlen. Je mehr Widerstand sie begegnen, desto mehr lasst sie ihren festen Glauben zeigen; je mehr Schmerz und Trübsal auf sie zukommen, desto freigebiger lasst sie allen den Kelch der Großmut reichen. Das ist der Geist, der der Welt neues Leben gibt, das ist das weithin strahlende Licht in seinem Wesenskern. Wer anders ist oder anders handelt, ist es nicht wert, an der Heiligen Schwelle des Herrn zu dienen.
O ihr Geliebten Gottes! Die Sonne der Wahrheit scheint aus unsichtbaren Himmeln hernieder. Seid euch des Wertes dieser Tage bewusst. Erhebt das Haupt und wachst, Zypressen gleich, an diesen strömenden Wassern. Freut euch der Narzisse von Najd und ihrer Schönheit; denn die Nacht wird kommen, und sie wird nicht mehr sein…
O ihr Geliebten Gottes! Gelobt sei Er, das leuchtende Banner des Bundes weht höher mit jedem Tag, wogegen die Flagge des Verrats niedergeholt wurde und auf Halbmast hängt. Die umnachteten Angreifer wurden bis ins Innerste erschüttert. Sie sind nunmehr wie zerstörte Grabstätten. Wie blinde Kreaturen, die unter der Erde hausen, kriechen und krabbeln sie um eine Ecke des Grabes; von Zeit zu Zeit kläffen und brüllen sie aus ihrem Loch heraus wie wilde Tiere. Ruhm sei Gott! Wie kann die Dunkelheit je das Licht besiegen? Wie kann der Strick des Zauberers »eine Schlange« binden, »für alle deutlich sichtbar«? »Sieh da! Sie verschlang ihre verlogenen Wunder.« Wehe ihnen! Sie haben sich selbst mit einer Lüge getäuscht, und um ihrer Begierde zu frönen, haben sie ihr Ich aufgegeben. Ewige Herrlichkeit gaben sie preis für menschlichen Hochmut, die Erhabenheit beider Welten opferten sie den Wünschen des beharrenden Selbstes. Davor haben Wir euch gewarnt. Binnen kurzem werdet ihr die Toren in offensichtlichem Verlust sehen.
O mein Herr und meine Hoffnung! Hilf Du Deinen Geliebten, standhaft in Deinem mächtigen Bunde zu sein, Deiner offenbaren Sache treu zu bleiben und die Befehle auszuführen, die Du für sie in Deinem Buche der Herrlichkeit verzeichnet hast, damit sie Banner der Führung, Leuchten der himmlischen Heerscharen werden, Quellen Deiner unendlichen Weisheit und Sterne, die den rechten Weg weisen, aus Deinem überirdischen Himmel herniederstrahlend.
Du bist wahrlich der Unbesiegbare, der Allmächtige, der Allgewaltige.
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O ihr, die ihr euer Antlitz der Erhabenen Schönheit zuwendet! Bei Tag und Nacht, im Morgengrauen und bei Sonnenuntergang, wenn die Dunkelheit hereinbricht und wenn das erste Licht dämmert, gedenke ich wie eh und je in den Reichen meines Geistes und meines Herzens der Geliebten des Herrn. Ich bitte Ihn, Er möge Seine Bestätigungen ergießen über die Geliebten, die in jenem reinen, heiligen Lande wohnen, und ihnen in jeder Hinsicht Erfolg gewähren: Er helfe ihnen, sich mit ihrem Charakter, ihrem Verhalten, ihren Worten, ihrer Lebensweise, mit allem, was sie sind und tun, vor den Menschen auszuzeichnen; Er führe sie in die Weltgemeinde ein, mit Herzen voller Begeisterung, Eifer und sehnsüchtiger Liebe, mit Erkenntnis und Gewissheit, mit Standhaftigkeit und Einigkeit, mit Angesichtern von strahlender Schönheit.
O ihr Geliebten des Herrn! Dies ist der Tag der Vereinigung, der Tag der Ernte für die ganze Menschheit. »Wahrlich, Gott liebt die, welche in geschlossener Front für Seine Sache kämpfen, als wären sie ein fester Wall.«Q44 – Beachtet, dass Er sagt: »in geschlossener Front«. Das bedeutet dichtgedrängt, jeder dem anderen untergehakt, jeder seinen Gefährten beistehend. Kämpfen, wie es in dem heiligen Vers heißt, bedeutet in dieser größten aller Sendungen nicht, mit Schwert und Speer, mit Lanze und durchbohrenden Pfeilen voranzustürmen, sondern bewaffnet zu sein mit reiner Absicht, mit rechtschaffenen Motiven, mit hilfreichen, wirksamen Ratschlägen, mit göttlichen Eigenschaften, mit Taten, die dem Allmächtigen wohlgefallen, mit den Tugenden des Himmels. Es bedeutet: die ganze Menschheit erziehen, alle Menschen führen, die süßen Düfte des Geistes weltweit verbreiten, die Beweise Gottes darlegen, schlüssige göttliche Argumente vorbringen sowie barmherzige Taten verüben.
Wann immer heilige Seelen, gestärkt von den Kräften des Himmels, sich mit solchen Tugenden des Geistes erheben und Reihe um Reihe geschlossen vorwärtsstreben, wird jede dieser Seelen gleich einem Tausend, und die brausenden Wogen dieses mächtigen Meeres werden den Bataillonen der himmlischen Heerscharen gleich. Was für ein Segen wird das sein – wenn alle zusammenkommen wie vormals getrennte Wildwasser, Flüsse und Bäche, Rinnsale und einzelne Tropfen. Sammeln sie sich an einem Platz, so bilden sie ein mächtiges Meer. In solchem Ausmaß wird sich da die Ureinheit aller Menschen durchsetzen, dass die Überlieferungen, Gewohnheiten, Gebräuche und Verschiedenheiten in dem wunderlichen Leben aller Völkerschaften in den Hintergrund treten und verschwinden, wie einzelne Tropfen vergehen, sobald das große Meer der Einheit braust und wallt und wogt.
Ich schwöre bei der Urewigen Schönheit: Überwältigende Gnade wird zu jener Zeit alle umschließen. Das Meer der Herrlichkeit wird so über die Ufer treten, dass die kleinste Pfütze zu einer endlosen See anschwillt und der winzigste Tropfen zur uferlosen Tiefe wächst.
O ihr Geliebten Gottes! Bemüht euch und strebt danach, diese hohe Stufe zu erreichen und so viel Glanz über die Erdenreiche zu verbreiten, dass seine Strahlen zurückgeworfen werden von einem Aufgangsort am Horizont der Ewigkeit. Dies ist die wahre Grundlage der Sache Gottes. Dies ist das Mark des Gesetzes Gottes. Dies ist das mächtige Bauwerk, das Gottes Manifestationen errichtet haben. Dafür geht die Sonne der Welt Gottes auf. Dafür setzt sich der Herr selbst auf den Thron Seines Menschenleibs.
O ihr Geliebten Gottes! Seht, wie der ErhabeneA66 – mögen die Seelen aller auf Erden ein Lösegeld für Ihn sein – um dieser hehren Absicht willen Sein gesegnetes Herz zur Zielscheibe für die Speere des Leides machte. Und weil es der wahre Vorsatz der Urewigen Schönheit war – mögen die Seelen der himmlischen Heerscharen Opfer für Ihn sein – dieses selbe himmlische Ziel zu erreichen, entblößte der Erhabene Seine heilige Brust als Zielscheibe für eine Myriade Kugeln, die das Volk der Bosheit und des Hasses auf Ihn feuerte, und so starb Er in größter Demut den Märtyrertod. Im Staube dieses Pfades verströmten Tausende und Abertausende geheiligter Seelen ihr heiliges Blut, und unzählige Male ward der gesegnete Leib eines treu Liebenden Gottes am Galgen aufgehängt.
Die Schönheit Abhá – möge der Geist allen Seins für Seine Geliebten ein Opfer sein – ertrug alle Arten von Heimsuchungen und nahm schwere Leiden bereitwillig auf sich. Keine Qual, der Seine heilige Gestalt nicht ausgesetzt war, kein Leid, das nicht über Ihn gekommen wäre. Wie viele Nächte verbrachte Er schlaflos, als Er in Ketten lag, unter der Last des eisernen Ringes um Seinen Hals. Wie viele Tage ließ Ihm der brennende Schmerz der Pflöcke und Fesseln keinen Augenblick der Ruhe. Von Níyávarán nach Ṭihrán zwang man Ihn zu laufen – Ihn, den verkörperten Geist, der gewohnt war, auf bestickten Seidenkissen zu ruhen – in Ketten, ohne Schuhe und ohne Kopfbedeckung. Und tief unter der Erde, im undurchdringlichen Dunkel des engen Verlieses, kerkerte man Ihn ein, zusammen mit Mördern, Aufrührern und Dieben. Immer wieder überfiel man Ihn mit einer neuen Folter, und alle waren sicher, dass Er früher oder später den Märtyrertod erleiden würde. Später verbannte man Ihn aus Seiner Heimat und sandte Ihn in ferne, fremde Lande. Viele Jahre lang verging im ‘Iráq kein Augenblick, ohne dass der Pfeil eines neuen Leides Sein heiliges Herz durchbohrte. Mit jedem Atemzug senkte sich ein Schwert auf Seinen heiligen Leib, und keinen Augenblick konnte Er auf Sicherheit und Ruhe hoffen. Von allen Seiten richteten Seine Feinde ihren Angriff mit unstillbarem Hass gegen Ihn. Einsam und allein widerstand Er ihnen. Nach all den Verfolgungen und vernichtenden Schlägen vertrieben sie Ihn aus dem ‘Iráq, von Asien nach Europa, und dort, im bitteren Exil, in elender Not, kamen zu dem ganzen Unrecht, das Ihm das Volk des Qur’án antat, noch die boshaften Verfolgungen, die heftigen Angriffe, die Anschläge, Verleumdungen, ständigen Feindseligkeiten, der Hass und die Bosheit des Volkes des Bayán. Meiner Feder fehlt die Kraft, das alles zu beschreiben; aber ihr seid sicher davon unterrichtet. Und dann, nach vierundzwanzig Jahren im Größten Gefängnis, in großer Pein und schlimmem Leid, gingen Seine Tage zu Ende.
Fassen wir zusammen: Er, die Urewige Schönheit, war immer, während Seiner ganzen Tage in dieser vergänglichen Welt, entweder ein Gefangener in Ketten, oder Er lebte unter einem Schwert, war großem Leid und Schmerz ausgesetzt und im Größten Gefängnis eingekerkert. Durch Seine körperliche Schwäche, die Seine Leiden hervorgerufen hatten, war Sein gesegneter Leib nur noch ein Schatten; über dem anhaltenden Kummer war Er leicht geworden wie ein Spinnengewebe. Und der Grund, warum Er diese schwere Last auf sich nahm und all die Qual ertrug, die einem Meere gleich ihre Wellen hoch zum Himmel warf – der Grund, warum Er die schweren Eisenketten anlegte und die Verkörperung völliger Ergebung und Demut wurde, war, jede Seele auf Erden zu Eintracht, Mitgefühl und Einheit zu führen, unter allen Völkern das Zeichen der Einzigkeit Gottes kundzutun, damit endlich die ursprüngliche Einheit im Herzen aller erschaffenen Dinge ihre vorherbestimmte Frucht trage und der Glanz des »Keinen Unterschied kannst du in der Schöpfung des Gottes der Barmherzigkeit erkennen«Q45 seine Strahlen allüberall verbreite.
Jetzt ist die Zeit für eifriges Bemühen, o ihr Geliebten des Herrn! Ringt und strebt! Und weil die Urewige Schönheit Tag und Nacht auf dem Felde des Martyriums allen Angriffen ausgesetzt war, lasst auch uns hart arbeiten, auf den Rat Gottes hören und darüber nachdenken; lasst uns das Leben hingeben und unserer kurzen, abgezählten Tage entsagen. Lasst uns den Blick wenden vom leeren Trug der bunten Formen dieser Welt, lasst uns stattdessen diesem überragenden Ziel, diesem großen Plan dienen. Lasst uns nicht unseres eigenen Wahnes wegen den Baum fällen, den die Hand himmlischer Gnade gepflanzt hat. Lasst uns nicht mit den dunklen Wolken unserer Trugbilder, unseren selbstischen Interessen, die Herrlichkeit löschen, die aus dem Reiche Abhá strömt. Lasst uns nicht Hindernisse sein, welche die brandende See des allmächtigen Gottes aufhalten. Lasst uns nicht die reinen, süßen Düfte aus dem Garten der allherrlichen Schönheit hindern, überallhin zu verströmen. Lasst uns nicht an diesem Tag der Wiedervereinigung den Frühlingsregen himmlischer Segnungen fernhalten. Lassen wir es nicht zu, dass der Sonnenglanz der Wahrheit jemals abnehme und verschwinde. So lauten die Ermahnungen Gottes, wie Er sie in Seinen Heiligen Büchern, Schriften und Sendschreiben niedergelegt hat, um Seine Ratschläge den Aufrichtigen bekanntzugeben.
Die Herrlichkeit, die Barmherzigkeit Gottes und Sein Segen seien mit euch.
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O ihr Diener an der heiligen Schwelle! Die siegreichen Scharen der himmlischen Heere stehen in den Reichen der Höhe bereit zum Streite. Sie warten darauf, dem tapferen Ritter, der sein Streitross voll Vertrauen auf das Feld des Dienens drängt, zum sicheren Sieg zu verhelfen. Wohl dem furchtlosen Kämpen, der, gerüstet mit der Macht wahrer Erkenntnis, auf das Schlachtfeld stürmt, die Heerhaufen der Unwissenheit zerstreut und die Truppen des Irrtums auseinanderjagt, das Banner göttlicher Führung emporhält und den Fanfarenstoß des Sieges erschallen lässt. Bei der Gerechtigkeit des Herrn! Er erringt einen herrlichen Triumph und den wahren Sieg.
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O ihr Diener der Gesegneten Schönheit! … Es ist klar, dass an diesem Tag Bestätigungen aus der unsichtbaren Welt alle jene umfangen, welche die göttliche Botschaft weitergeben. Sollte die Lehrarbeit aufhören, würden diese Bestätigungen gänzlich abgeschnitten; denn wenn sie nicht lehren, können die Geliebten Gottes keinen Beistand finden.
Unter allen Bedingungen muss die Lehrarbeit vorangetragen werden, aber es muss mit Weisheit sein. Kann die Arbeit nicht öffentlich geschehen, so lehrt privat und bewirkt auf diese Weise Geistigkeit und Bruderschaft unter den Menschenkindern. Wird beispielsweise jeder einzelne Gläubige einem gleichgültigen Menschen zum wahren Freund, indem er sich absolut rechtschaffen benimmt, mit dieser Seele Umgang pflegt, sie mit äußerster Freundlichkeit behandelt und selbst ein Beispiel gibt für die göttlichen Lehren, die guten Eigenschaften und Verhaltensmuster, die er empfangen, handelt er zu jeder Zeit in Übereinstimmung mit den Ermahnungen Gottes, so wird er sicher nach und nach Erfolg haben, diesen vormals achtlosen Menschen erwecken und seine Unwissenheit in die Erkenntnis der Wahrheit verwandeln.
Die Seelen neigen zur Entfremdung. Zuerst sollten Schritte unternommen werden, diese Entfremdung zu beseitigen; nur dann wird das Wort wirken. Wenn ein Gläubiger einem Gleichgültigen freundlich begegnet, wenn er ihm mit großer Liebe langsam zum Verständnis der Heiligen Sache und ihrer Gültigkeit verhilft, so dass er allmählich über die Grundlagen des Gottesglaubens und über die Folgerungen daraus Wissen erlangt, so wird sich dieser Mensch bestimmt verändern – ausgenommen einige selten anzutreffende Personen, die wie Asche sind, mit Herzen »hart wie Stein oder noch härter«Q46.
Bemüht sich jeder der Freunde in dieser Weise, eine einzige Seele rechtzuleiten, so verdoppelt sich die Zahl der Gläubigen jedes Jahr. Das kann durch Klugheit und Weisheit vollbracht werden; keinerlei Schaden kann daraus entstehen.
Außerdem müssen die Lehrer umherreisen. Sollte die öffentliche Verbreitung der Botschaft zu Unruhen führen, so lasst sie stattdessen die Gläubigen anspornen und schulen, sie begeistern und entzücken, ihre Herzen erfreuen, sie beleben und mit dem süßen Duft der Heiligkeit erquicken.
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O ihr Rosen im Garten der Liebe Gottes! O ihr strahlenden Leuchten in der Versammlung Seiner Erkenntnis! Gottes sanfter Atem wehe über euch, Gottes Herrlichkeit erleuchte den Horizont eurer Herzen! Ihr seid die Wogen der tiefen See des Wissens, ihr seid die vereinigte Streitmacht auf dem Schlachtfeld der Gewissheit, ihr seid die Sterne am Himmel göttlichen Erbarmens, ihr seid die Steine, die das Volk der Verdammnis in die Flucht schlagen, ihr seid Regenwolken göttlichen Mitleids über den Gärten des Lebens, ihr seid die unendliche Gnade der Einheit Gottes, die über die Wirklichkeiten alles Erschaffenen verströmt ward.
Auf der enthüllten Tafel dieser Welt seid ihr die Verse Seiner Einzigkeit, auf den hohen Zinnen der Paläste seid ihr die Banner des Herrn. In Seinen Lauben seid ihr die Blüten und süßduftenden Kräuter, im Rosengarten des Geistes die Nachtigallen, die ihre Klagelieder flöten. Ihr seid die Vögel, die sich aufschwingen zum Firmament der Erkenntnis, die königlichen Falken auf Gottes Arm.
Warum seid ihr da bedrückt und stumm, warum träge und schwerfällig? Ihr müsst aufleuchten wie der Blitz und donnern wie die mächtige See. Wie eine Kerze müsst ihr euer Licht verströmen, wie Gottes sanfte Brise müsst ihr über die Welt wehen. Wie süßer Duft aus himmlischen Gemächern, wie moschusschwere Winde aus den Gärten des Herrn müsst ihr die Atemluft für das Volk der Erkenntnis würzen, wie der Glanz der wahren Sonne müsst ihr der Menschheit Herz erleuchten; denn ihr seid die lebenspendenden Winde, ihr seid der Jasminduft aus den Gärten der Erlösten. So bringt den Toten Leben, erweckt die Schlummernden. Seid leuchtende Flammen im Dunkel der Welt; seid Quellen des Lebenswassers, seid göttliche Führung in der Wüste des Verderbens. Jetzt ist die Zeit des Dienens, jetzt ist die Zeit, entflammt zu sein. Erkennt den Wert dieser Gelegenheit, dieses günstigen Augenblicks, bevor er euch aus den Händen gleitet.
Bald wird unsere Handvoll Tage, unser vergängliches Leben, vorüber sein. Mit leeren Händen fahren wir in die Grube, die für die Verstummten ausgehoben wird. Deshalb müssen wir unsere Herzen an die offenbare Schönheit binden und uns klammern an die Rettungsleine, die nie versagt. Wir müssen uns zum Dienste rüsten, die Flamme der Liebe entzünden und in ihrer Glut verbrennen. Wir müssen unsere Zungen lösen, bis wir das Herz der weiten Welt in Brand setzen, mit den leuchtenden Strahlen der Führung die Heere der Nacht vertilgen und um Seinetwillen unser Leben auf dem Feld des Opfers von uns werfen.
So lasst uns die Juwelenschätze der Gotterkenntnis über alle Völker ausstreuen, mit der scharfen Klinge der Zunge, mit des Wissens zielsicheren Pfeilen lasst uns die Scharen des Selbstes und der Leidenschaft überwinden und vorwärts stürmen zur Stätte des Martyriums, dem Ort, wo wir für den Herrn sterben. Und mit fliegenden Fahnen, unter Trommelwirbel lasst uns sodann hinüberschreiten ins Reich des Allherrlichen und uns den himmlischen Heerscharen anschließen.
Wohl denen, die große Taten vollbringen!
211
Wenn die Freunde sich nicht bemühen, die Botschaft zu verbreiten, gedenken sie Gottes nicht auf angemessene Weise; sie werden die Zeichen des Beistands und der Bestätigung aus dem Reich Abhá nicht sehen und die göttlichen Geheimnisse nicht verstehen. Wenn jedoch die Zunge lehrt, wird auf natürliche Weise der Lehrer selbst angeregt; er wird zum Magneten für die göttliche Hilfe und die Gnadengaben des Königreiches. Es ergeht ihm wie dem Vogel, der zur Stunde der Morgendämmerung durch seinen eigenen Gesang, sein Trillern und sein Lied hochgestimmt wird.
212
Bei solchen Gelegenheiten nutzen die Freunde Gottes die Gunst der Stunde, sie erfassen ihre Chance, stürmen vorwärts und gewinnen den Siegespreis. Wird ihre Aufgabe auf gutes Benehmen und Ratschläge beschränkt, so kommt nichts zustande. Sie müssen frei heraus reden, die Beweise darlegen, klare Argumente vorbringen, unwiderlegbare Schlüsse ziehen und damit die Wahrheit untermauern, dass die Sonne der Wirklichkeit sich offenbart hat.
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Unter allen Umständen sollten die Gläubigen die Lehrarbeit aktiv vorantreiben, weil die göttlichen Bestätigungen davon abhängen. Wenn sich ein Bahá’í nicht gänzlich, nachhaltig und aus vollem Herzen der Lehrarbeit widmet, bleibt er zweifelsohne des Segens aus dem Reich Abhá beraubt. Allerdings sollte diese Tätigkeit durch Weisheit gezügelt werden – nicht durch jene Weisheit, die verstummen und die hohe Pflicht vergessen lässt, vielmehr durch die Weisheit, welche göttliche Toleranz, Liebe, Güte, Geduld, guten Charakter, und geheiligte Taten darzutun gebietet. Kurz gesagt, ermutigt jeden einzelnen Freund, Gottes Sache zu lehren, und lenkt ihre Aufmerksamkeit auf diese in den Schriften dargelegte Bedeutung der Weisheit; sie ist das Wesen des Lehrens. Aber all das muss mit größter Toleranz geschehen, damit die Freunde himmlischen Beistand und göttliche Bestätigung erfahren.
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Folge dem Wege deines Herrn und sprich nicht, was die Ohren nicht ertragen können, denn solche Rede ist wie eine köstliche Speise, die man kleinen Kindern gibt. Wie wohlschmeckend, erlesen und nahrhaft die Speise auch sein mag, kann sie doch nicht von den Verdauungsorganen eines Säuglings aufgenommen werden. Daher sollte jedem, der ein Anrecht hat, das ihm bestimmte Maß gegeben werden.
»Nicht alles, was ein Mensch weiß, kann enthüllt werden, noch kann alles, was er enthüllen kann, als zeitgemäß angesehen werden, noch kann jede zeitgemäße Äußerung als tauglich für die Fassungskraft der Hörer erachtet werden.«A67 Diese höchste Weisheit solltest du in deinem Streben beachten. Lasse sie nicht außer Acht, wenn du unter allen Umständen ein Mensch der Tat sein willst. Stelle zuerst das Leiden fest und bestimme die Krankheit, dann verschreibe das Heilmittel, denn dies ist die vollkommene Methode des fähigen Arztes.
215
Von der Gnade unseres wahren Herrn erhoffe ich, dass du befähigt werdest, Gottes Düfte unter den Volksstämmen zu verbreiten. Das ist ungemein wichtig…
Hast du in diesem Dienst Erfolg, so zeichnest du dich aus und bist im Felde der Führer.
216
Sei sicher, dass dir der Odem des Heiligen Geistes die Zunge lösen wird. Rede deshalb; rede in jeder Versammlung frei und voller Mut! Wenn du dich anschickst, deine Ansprache zu halten, dann wende dich zuerst Bahá’u’lláh zu und bitte um die Bestätigungen des Heiligen Geistes; sodann öffne deine Lippen, sprich aus, was deinem Herzen eingegeben wird, und zwar mit höchstem Mut, voll Würde und Überzeugung. Ich hoffe sehr, dass eure Versammlungen Tag für Tag wachsen und gedeihen und die Wahrheitssucher darin vernünftigen Argumenten und schlüssigen Beweisen lauschen. Mit Herz und Seele bin ich zu jedem Treffen unter euch; sei dessen gewiss.
217
Beim Lehren muss der Lehrer selbst in Flammen stehen, damit seine Rede wie ein loderndes Feuer wirkt und den Schleier selbstsüchtiger Leidenschaft verbrennt. Er muss aber auch völlig ergeben und demütig sein, damit andere erbaut werden; völlig ausgelöscht und dahingeschwunden, damit er mit dem Lied der himmlischen Heerscharen lehrt – sonst bleibt sein Lehren ohne Wirkung.
218
O ihr lieben, vertrauten Freunde ‘Abdu’l-Bahás! – Verbreitet Duft im Orient – und Strahlenglanz im Westen. – Bringt Bulgarien das Licht – und den Slawen das Leben.
Ein Jahr nach dem Hinscheiden Bahá’u’lláhs kam dieser Vers dem Mittelpunkt des Bündnisses über die Lippen. Die Bündnisbrecher fanden ihn wunderlich und taten ihn mit Spott ab. Preis sei Gott, jetzt zeigt sich seine Wirkung, seine Kraft ist offenbar, seine Bedeutung klar; denn durch Gottes Gnade beben heute Ost und West vor Freude. Die ganze Erde duftet nach Moschus im süßen Hauch der Heiligkeit.
Die Gesegnete Schönheit hat in Seinem Buch mit unmissverständlichen Worten dieses Versprechen gegeben. »Wahrlich, von Unserem Reich der Herrlichkeit schauen Wir auf euch und werden jedem, der sich für den Sieg Unserer Sache erhebt, mit den himmlischen Heerscharen und einer Schar Unserer begünstigten Engel beistehen.«Q47
Gott sei Dank! Die versprochene Hilfe wurde gewährt. Alle können es sehen, sie strahlt hell wie die Sonne am Himmel.
Deshalb, o ihr Freunde Gottes, verstärkt euer Bemühen, bietet alles auf, bis ihr in eurem Dienst für die Urewige Schönheit, das Offenbare Licht, den Sieg davontragt und bewirkt, dass sich die Sonnenstrahlen der Wahrheit überallhin verbreiten. Haucht dem erschöpften, ausgelaugten Leib der Welt den frischen Lebensodem ein und legt die heilige Saat in die Ackerfurchen aller Länder. Erhebt euch, diese Sache zu verfechten. Öffnet die Lippen und lehrt. Am Versammlungsort des Lebens seid wegweisende Kerzen; an den Himmeln dieser Welt seid funkelnde Sterne; in den Gärten der Einheit seid Singvögel des Geistes, die von tiefen Wahrheiten und Geheimnissen künden.
Verströmt euren ganzen Lebensodem für diese große Sache und widmet all eure Tage dem Dienst an Bahá, so dass ihr am Ende, sicher vor schmerzlichem Verlust, die unermesslichen Schätze des Himmelreichs erbt. Denn des Menschen Tage sind voller Gefahr; er kann sich nicht darauf verlassen, auch nur einen Augenblick weiterzuleben. Und doch erzählen sich jene, die selbst nur schwankende Trugbilder sind, dass sie am Ende die Gipfel erreichen werden. Wehe ihnen! Ihre Vorfahren hegten dieselben Einbildungen in der Brust, bis eine Welle über ihnen zusammenschlug, bis sie zum Staub zurückkehrten und sich ausgestoßen sahen in schmerzlichem Verlust – alle außer den Seelen, die sich vom eigenen Ich befreit und ihr Leben hingegeben hatten auf dem Pfade Gottes. Ihr leuchtender Stern erstrahlte am Himmel urewiger Herrlichkeit, und die Überlieferungen aller Zeiten sind Beweis für meine Worte.
Deshalb ruht weder bei Tag noch bei Nacht, trachtet nicht nach Bequemlichkeit. Sprecht über die Geheimnisse der Dienstbarkeit, beschreitet den Pfad des Dienens, bis ihr den verheißenen Beistand aus den Reichen Gottes erlangt.
O Freunde! Schwarze Wolken haben die ganze Erde umhüllt. Das Dunkel des Hasses und der Bosheit, der Grausamkeit, Angriffslust und Schande verbreitet sich allenthalben. Die Menschen verbringen allesamt ihr Leben in achtloser Stumpfheit. Als höchste menschliche Tugenden gelten Raubgier und Blutdurst. Aus der ganzen Masse der Menschheit hat Gott die Freunde erwählt; ihnen gewährt Er Seine Führung und grenzenlose Gnade. Seine Absicht ist, dass wir alle uns aus ganzem Herzen bemühen, uns selbst darzubringen, andere auf Seinen Pfad zu führen und die Menschenseelen zu erziehen – bis diese rasenden Bestien sich in Gazellen auf den Auen der Einheit verwandeln, diese Wölfe in Lämmer Gottes, diese viehischen Geschöpfe in Engelsscharen, bis die Feuer des Hasses gelöscht sind und die Flamme aus dem geschützten Tal des Heiligen Schreines ihren Strahlenglanz verströmt, bis der Gestank vom Misthaufen des Tyrannen verweht und an seiner Statt der reine, süße Duft aus den Rosenbeeten des Glaubens und der Treue sich verbreitet. Dann werden die geistig Armen des göttlichen Weltgeistes in Fülle teilhaftig, und die, deren Leben schiere Gemeinheit ist, werden nach diesem läuternden, heiligen Odem trachten.
Aber es bedarf der Seelen, die solche Segnungen kundtun. Es bedarf der Bauern, diese Felder zu bestellen, der Gärtner für diese Gärten. Es muss Fische geben, die in diesem Meere schwimmen, Sterne, die an diesem Himmel leuchten. Die Kranken müssen von geistigen Ärzten behandelt werden, die Verlorenen bedürfen liebevoller Führung, so dass die Beraubten von solchen Seelen ihren Anteil erhalten, die Ausgeschlossenen bei ihnen teilhaben, die Armen unermesslichen Reichtum bei ihnen entdecken, die Sucher unwiderlegliche Beweise von ihnen hören.
O mein Herr, mein Beschützer, mein Beistand in Gefahr! Bescheiden wende ich mich an Dich, leidend komme ich zu Dir, um geheilt zu werden, demütig rufe ich Dich an mit meiner Zunge, meiner Seele, meinem Geist:
O Gott, mein Gott! Das Dunkel der Nacht hat alles verhüllt, die ganze Erde ist unter dichten Wolken begraben. In schwarze Tiefen eitlen Wahns sind die Völker der Welt versunken; ihre Gewaltherrscher schwelgen in Hass und Gräueln. Ich sehe nur das grelle Licht sengenden Feuers aus dem niedersten Abgrund aufflammen, ich höre nur das donnernde Tosen aus abertausend feurig glühenden Angriffswaffen aufheulen, während jedes Land in seiner verborgenen Sprache laut aufschreit: »Meine Reichtümer nützen mir nichts, meine Staatsgewalt ist zerfallen!«
O mein Herr, die Lampen der Führung sind verloschen. Hoch lodern die Flammen der Leidenschaft, und Bosheit breitet sich über die Welt. Hass und Heimtücke haben die ganze Erde überzogen, und außer Deiner kleinen unterdrückten Schar kann ich keine Seelen finden, die diesen Ruf erheben:
Eilt zur Liebe! Eilt zu Treu und Glauben! Eilt und spendet Gaben! Kommt, lasst euch führen!
Kommt und werdet einig! Schaut den Morgenstern! Kommt zu Herzensgüte und Seelenruhe! Kommt zu Freundschaft und Frieden!
Kommt und werft eure Waffen des Zornes von euch, damit die Einheit errungen werde! Kommt und lasst auf dem wahren Pfade des Herrn einen des anderen Helfer sein.
Wahrlich, mit größter Freude, mit Herz und Seele opfern sich Deine unterdrückten Diener für alle Menschen in jedem Land. Du siehst sie, o mein Herr, wie sie weinen über die Tränen Deines Volkes, wie sie klagen über den Schmerz Deiner Kinder, wie sie mitfühlen mit der ganzen Menschheit und mitleiden an dem Elend, das die Erdenbewohner bedrängt.
O mein Herr, beflügle sie zum Sieg, dass sie aufsteigen zum Heil, stärke ihnen die Lenden in der Arbeit für Dein Volk und den Rücken im Dienst an Deiner Schwelle der Heiligkeit.
Wahrlich, Du bist der Großmütige, wahrlich, Du bist der Barmherzige! Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Gnädigen, dem Mitleidvollen, dem Altehrwürdigen der Tage!
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O ihr Söhne und Töchter des Gottesreichs! Euer Brief, der euch wahrhaftig vom Himmel eingegeben wurde, ist eingetroffen. Sein Inhalt hat sehr gefallen, steigen doch seine Empfindungen aus erleuchteten Herzen empor.
Die Gläubigen in London sind in der Tat standhaft und treu; sie sind entschlossen und beständig in ihrem Dienst. In Prüfungen versagen sie nicht, noch erlischt ihr Feuer im Verlauf der Zeit. Ja, sie sind Bahá’í! Sie sind vom Himmel, sie sind voll des Lichtes, sie sind von Gott. Ohne jeden Zweifel wird durch sie Gottes Wort erhoben und die Einheit der Menschenwelt vorangetrieben; die Lehren Gottes werden durch sie verkündet, die Gleichheit aller Angehörigen des Menschengeschlechts wird überallhin verbreitet.
Es ist leicht, dem Himmelreich zu nahen, aber mühselig, fest und standhaft darin zu bleiben; denn die Prüfungen sind hart und schwer zu ertragen. Die Engländer indes bleiben standhaft unter allen Bedingungen, ihr Schritt schwankt nicht beim ersten Anzeichen von Schwierigkeiten. Sie sind nicht wankelmütig; mit einem Vorhaben gehen sie nicht leichtfertig um und geben es nicht bald wieder auf. Sie verlieren nicht ihre Begeisterung und ihren Eifer aus nichtigem Anlass, wenn ihr Interesse erlahmt. Nein, in allem, was sie tun, sind sie standhaft, felsenfest und zuverlässig.
Obwohl ihr in westlichen Ländern wohnt, habt ihr doch – Gott sei gedankt – Seinen Ruf aus dem Osten vernommen. Wie Moses habt ihr die Hände gewärmt an dem Feuer, das im asiatischen Busch entzündet ward. Ihr habt den wahren Pfad gefunden, und wie Lampen erleuchtet, seid ihr eingetreten in das Gottesreich. Jetzt habt ihr euch zum Dank für diesen Segen erhoben und erbittet Gottes Hilfe für alle Völker der Erde, damit auch deren Augen die Herrlichkeit des Reiches Abhá schauen und ihre Herzen wie Spiegel die hellen Sonnenstrahlen der Wahrheit wiedergeben.
Ich hoffe, der Odem des Heiligen Geistes wird euren Herzen so eingehaucht, dass eure Zungen die Geheimnisse der Heiligen Bücher enthüllen und deren innere Bedeutungen auslegen werden, dass die Freunde zu Ärzten werden und durch die wirksame Arznei der himmlischen Lehren die alten Krankheiten heilen, die den Leib dieser Welt quälen, dass sie die Blinden sehend, die Tauben hörend, die Toten lebendig machen und alle wecken, die tief schlafen.
Seid sicher, dass die Bestätigungen des Heiligen Geistes auf euch kommen und die Heerscharen des Reiches Abhá euch den Sieg erringen.
220A68
Der Herr der ganzen Menschheit hat das Menschenreich zum Garten Eden, zum irdischen Paradies gestaltet. Findet das Menschenreich den Weg, den es finden muss, zu Eintracht und Frieden, zu Liebe und allseitigem Vertrauen, so wird es ein wahres Gefilde der Seligkeit, eine Stätte vielfältigen Segens und unendlicher Wonne. Dann wird die Menschheit ihre Vortrefflichkeit offenbaren, dann wird die Sonne der Wahrheit ihre Strahlen auf alle Lande werfen.
Erinnert euch, wie Adam und die andern einst zusammen in Eden lebten. Kaum war jedoch ein Streit zwischen Adam und Satan ausgebrochen, da wurden sie allesamt aus dem Garten verbannt. Das sollte dem Menschengeschlecht eine Warnung sein, ein Hinweis an die Menschheit, dass aller Zwist – selbst mit dem Teufel – zu herbem Verlust führt. Deshalb lehrt Gott in unserem erleuchteten Zeitalter, dass Zank und Streit, selbst mit dem Satan, unzulässig sind.
Gnädiger Gott! Wie achtlos ist doch der Mensch, selbst mit einer solchen Lektion vor Augen! Noch immer sehen wir seine Welt im Kriegszustand von Pol zu Pol. Da gibt es Krieg zwischen den Religionen, Krieg zwischen den Nationen, Krieg zwischen den Völkern, Krieg zwischen den Herrschern. Welch eine willkommene Veränderung wäre es, zögen diese schwarzen Wolken vom Himmel der Welt hinweg, so dass der Wirklichkeit Licht überallhin strömte! Legte sich doch nur der schwarze Staub dieses fortwährenden Kämpfens und Tötens für immerdar, bliesen doch nur die linden Lüfte der Gottesgüte vom Urquell des Friedens her! So würde diese Welt zu einer anderen Welt, die Erde erstrahlte im Lichte ihres Herrn.
Wenn es eine Hoffnung gibt, so liegt sie einzig und allein in Gottes Großmut: dass Seine bestärkende Gnade komme, dass Kampf und Streit aufhören, dass die beißende Schärfe bluttriefenden Stahls in den Honigtau der Freundschaft, der Redlichkeit und des Vertrauens verwandelt werde. Wie süß läge dieser Tag auf der Zunge, wie moschusgleich wäre sein Duft!
Gebe Gott, dass das neue Jahr die Verheißung des neuen Friedens bringe. Möge Er diese erlesene Versammlung befähigen, einen gerechten Vertrag zu schließen und ein wahres Bündnis zu errichten, damit ihr für immer gesegnet seid, bis in die fernste Zukunft hinein.
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O ihr, die ihr im Bündnis standhaft seid! Der Pilger hat jeden von euch erwähnt; er bat um einen besonderen Brief für jeden von euch, aber tausend Sorgen und Belange hindern diesen Wanderer in der Wildnis der Gottesliebe, und weil aus dem Osten und Westen der Erde eine Sturzflut von Briefen auf ihn herabregnet, wäre es unmöglich, jedem eine besondere Botschaft zu schicken. Deshalb ist dieser eine Brief an jeden von euch gerichtet. Möge er wie versiegelter Wein eure Seelen erfreuen und eure Herzen erwärmen.
O ihr standhaften Geliebten! Wie Frühlingsregen geht Gottes Gnade auf die Menschheit nieder. Der Strahlenglanz des offenbaren Lichtes lässt den Himmel die Erde beneiden. Aber ach! Die Blinden erkennen diesen Segen nicht, den Achtlosen ist er verschlossen, die Ausgemergelten verlieren die Hoffnung, die Dahinsiechenden sterben hinweg, so dass dieser endlose Gnadenstrom wie flutendes Wasser zurück zu seinem Ursprung in einem verborgenen Meer fließt. Nur einige wenige empfangen diese Gnade und nehmen ihren Anteil. Deshalb wollen wir unsere Hoffnung auf alles setzen, was der starke Arm des Geliebten hervorbringen kann.
Wir vertrauen darauf, dass die Zeit kommen wird, da die Schläfer erwachen, die Achtlosen bewusst und die Ausgeschlossenen in die Geheimnisse eingeweiht werden. Jetzt müssen die Freunde mit Herz und Seele weiterarbeiten. Sie müssen große Anstrengungen unternehmen, bis die Mauern der Zwietracht geschleift sind und die Einheit der Menschheit in ihrer Herrlichkeit alle Menschen zur Einigkeit führt.
Die allüberragende Notwendigkeit ist heutzutage Einheit und Eintracht unter den Geliebten des Herrn. Sie müssen untereinander ein Herz und eine Seele sein. Sie müssen, soweit es in ihren Kräften steht, der Feindseligkeit aller Völker der Welt vereint widerstehen. Sie müssen die dummen Vorurteile aller Nationen und Religionen beseitigen und jedem Mitglied der menschlichen Gattung bekannt machen, dass alle die Blätter eines Zweiges, die Früchte eines Astes sind.
Wie aber können die Freunde andere zu Eintracht und Frieden rufen, ehe sie selbst untereinander nicht vollkommen einig sind? – Wie kann je hoffen, wer nicht sucht noch strebt, – dass andre im Glauben er neu belebt?
Denkt über andere, nichtmenschliche Lebensformen nach und lasst euch ermahnen: Wolken, die auseinanderdriften, können den Segen des Regens nicht erbringen; sie sind bald verloren. Eine verstreute Schafherde fällt dem Wolf zur Beute. Alleinfliegende Vögel fängt schnell der Habicht. Was gibt es für eine bessere Beweisführung, dass Einheit zu blühendem Leben führt, während Uneinigkeit und Abkehr von den anderen nur ins Elend stürzt, denn das ist der sichere Weg zu bitterer Enttäuschung und Vernichtung.
Gottes heilige Manifestationen wurden herniedergesandt, die Einheit der Menschheit sichtbar zu machen. Sie erduldeten unzählige Übel und grenzenloses Leid, damit sich eine Gemeinde aus den auseinanderstrebenden Völkern der Menschheit im Schatten des Gotteswortes sammle, als ein Ganzes bestehe und auf Erden voll Freude und Anmut die Einheit der Menschheit vorlebe. Deshalb muss es das Verlangen der Freunde sein, alle Völker zusammenzubringen und zu vereinen, auf dass alle einen tiefen Zug reinen Weines aus dem Kelch tun, der »gekühlt ward an der Kampferquelle«Q48. Lasst sie die unterschiedlichen Volksgruppen zu einem Ganzen verschmelzen und die feindlichen, mordlustigen Geschlechter auf Erden dazu bringen, dass sie einander lieben. Lasst sie die Sklaven sinnlicher Wünsche aus ihren Fesseln lösen und die Ausgestoßenen mit den Geheimnissen vertraut machen. Lasst sie den Beraubten ihren Anteil an dem Segen dieser Tage geben, lasst sie die Mittellosen zu dem unerschöpflichen Schatz führen. Zustandekommen kann diese Gnade durch Worte, Lebensweisen und Taten, die dem Unsichtbaren Gottesreich zugehören; anders wird nichts daraus.
Gottes Bestätigungen sind die Bürgschaft für diesen Segen. Gottes heilige Freigebigkeit schenkt diese großen Gaben. Die Freunde Gottes werden vom Reich der Höhe unterstützt; sie erringen ihre Siege durch die Heeresmacht der höchsten Führung. So wird für sie jede Schwierigkeit erleichtert, jedes Problem einfach zu lösen.
Beachtet, wie leicht sich die Angelegenheiten einer Familie regeln lassen, wenn Einheit herrscht, welche Fortschritte die Familienmitglieder dann machen, wie erfolgreich sie in der Welt sind. Ihre Beziehungen sind geordnet, sie erfreuen sich behaglicher Ruhe. Sie sind ohne Sorge, ihre Stellung ist gesichert, sie werden von allen beneidet. Mit jedem Tag festigt eine solche Familie ihre Stellung und mehrt ihre dauernde Ehre. Und wenn wir den Bereich der Einheit ein wenig ausweiten, um die Bewohner eines Dorfes einzubeziehen, die sich bemühen, liebevoll und einig zu sein, die miteinander verkehren und freundlich zueinander sind, was für große Fortschritte werden sie machen, wie sicher und behütet werden sie sein! Dann lasst uns den Kreis noch ein bisschen weiter ziehen, lasst uns die Bewohner einer Stadt nehmen, alle zusammen: Wenn sie untereinander starke Bande der Einheit aufrichten, wie groß werden dann selbst in kurzer Zeit ihre Fortschritte sein! Welche Macht werden sie ausüben! Wird der Bereich der Einheit noch weiter ausgedehnt, stimmen also die Einwohner eines ganzen Landes ihre Herzen friedvoll, sehnen sie sich mit Herz und Seele danach, zusammenzuarbeiten und in Einheit zu leben, werden sie zueinander freundlich und liebevoll, so wird dieses Land unvergängliche Freude und bleibenden Ruhm erlangen. Es wird Frieden haben und Wohlstand im Überfluss.
Beachtet: Kämen alle Sippen, Stämme, Gemeinden, Nationen, Länder und Gebiete auf Erden im einfarbigen Zelt der Einheit der Menschheit zusammen, verkündeten sie im blendend hellen Sonnenlicht der Wahrheit die Welteinheit der Menschen, könnten sie alle Nationen und Glaubensgemeinschaften dazu bringen, weit die Arme füreinander zu öffnen, einen Weltrat einzuberufen und dazu überzugehen, die Gesellschaftsmitglieder durch feste gegenseitige Bande aneinanderzubinden, was würde dann geschehen? Ohne jeden Zweifel erschiene dann der göttliche Geliebte in all Seiner liebreizenden Schönheit, in all Seiner Herrlichkeit vor der Versammlung der Welt, und in Seinem Gefolge eine starke Heerschar himmlischer Bestätigungen sowie menschlicher Segnungen und Gnadengaben.
Deshalb, o ihr Geliebten des Herrn, strengt euch an, tut alles, was in eurer Macht steht, damit ihr eins seid und jeder mit den anderen in Frieden lebt; denn ihr seid alle Tropfen eines Meeres, Blätter eines Baumes, Perlen einer Muschel, Blumen und Kräuter eines Gartens. Und während ihr das erreicht, bemüht euch, die Herzen der Anhänger anderer Glaubensrichtungen zu vereinen.
Selbst das Leben müsst ihr füreinander geben. Zu jedem menschlichen Wesen müsst ihr unendlich freundlich sein. Nennt keinen einen Fremdling, haltet keinen für euren Feind. Verhaltet euch, als wären alle Menschen eure engen Verwandten und verehrten Freunde. Wandelt in einer Weise, dass sich diese vergängliche Welt in Herrlichkeit verklärt, dieser elende Haufen Staub zum Palast der Freude wird. Das ist der Rat ‘Abdu’l-Bahás, des unglücklichen Dieners.
222
O ihr heimatlosen Wanderer auf dem Pfade Gottes! Wohlstand, Zufriedenheit und Freiheit, so wünschenswert und förderlich sie für das Glück des Menschenherzens auch sind, lassen sich auf keine Weise mit den Prüfungen der Heimatlosigkeit und des Ungemachs auf dem Pfade Gottes vergleichen; denn solche Vertreibung und Verbannung sind mit göttlicher Gnade gesegnet und ziehen sicherlich die Barmherzigkeit der Vorsehung nach sich. Das Wohlbefinden im eigenen Heim und die süße Freiheit von allen Sorgen werden vergehen, aber der Segen der Heimatlosigkeit wird ewig währen; seine weitreichenden Folgen werden eines Tages offenbar.
Abrahams Auszug aus Seinem Heimatland offenbarte die segensreichen Gaben des Allherrlichen, und der Untergang von Kanaans hellstem Stern enthüllte Josefs Strahlenglanz vor aller Augen. Die Flucht Mose, des Propheten am Sinai, offenbarte die Feuerflamme des Herrn, und Jesu Aufstieg hauchte der Welt den Odem des Heiligen Geistes ein. Der Aufbruch Muḥammads, des Geliebten Gottes, aus Seiner Geburtsstadt führte zur Erhöhung von Gottes heiligem Wort, und die Verbannung der Geheiligten Schönheit bewirkte, dass das Licht Seiner göttlichen Offenbarung sich allenthalben ausbreitete.
Merke auf, o Volk der Einsicht!
223
O ihr Söhne und Töchter des Königreichs! Euer Brief ist angekommen. Sein Inhalt zeigt, dass eure Herzen – Preis sei Gott – überaus rein sind und eure Seelen sich Gottes froher Botschaft erfreuen. Die Masse des Volkes ist mit ihrem Selbst und mit weltlichen Wünschen beschäftigt, eingetaucht in das Meer der niederen Welt, gefangen in der Welt der Natur. Ausgenommen sind die Seelen, die von den Ketten und Fesseln der stofflichen Welt befreit sind und pfeilschnell wie die Vögel in dieses Reich grenzenloser Weite emporsteigen. Sie sind erweckt und achtsam; sie meiden das Dunkel der Naturwelt. Ihr höchster Wunsch ist darauf gerichtet, den Kampf ums Dasein zwischen den Menschen auszurotten, Geistigkeit und Liebe zum Reich der Höhe auszustrahlen, innigste Zuneigung unter den Völkern zu üben, eine enge, vertraute Verbindung zwischen den Religionen zu verwirklichen und das Ideal der Selbstaufopferung in die Tat umzusetzen. So wird die Menschenwelt in das Reich Gottes verwandelt.
O ihr Freunde! Bemüht euch mit ganzer Kraft! Jede Ausgabe setzt eine Einnahme voraus. In der heutigen Menschenwelt machen die Leute unaufhörlich nur Ausgaben; denn Krieg ist nichts als fortwährender Verbrauch an Menschen und Wohlstand. Ihr aber sollt euch mit dem befassen, was der Menschenwelt Gewinn einbringt, damit ihr diesen großen Verlust zu einem Teil ausgleicht. Durch die göttlichen Bestätigungen werdet ihr von ungefähr Beistand erhalten, wenn ihr Freundschaft und Eintracht unter den Menschen verbreitet, Feindschaft durch Liebe ersetzt, dem Weltkrieg den Weltfrieden folgen lasst und Verlust und Hass in Gewinn und Liebe umformt. Dieser Wunsch wird durch die Macht des Gottesreiches verwirklicht werden.
224
O du Diener Gottes! Dein Brief ist angekommen. Sein Inhalt war edel und erhaben, sein Ziel hochgesteckt und weitreichend. Die Menschenwelt bedarf umfassender Verbesserungen; denn sie ist ein materieller Urwald, in dem Bäume ohne Frucht und nutzlose Unkräuter wuchern. Wenn es darin überhaupt einen fruchtbaren Baum gibt, überschatten ihn die fruchtlosen Bäume, und wenn eine Blume in diesem Urwald wächst, ist sie versteckt und verborgen. Die Welt der Menschheit braucht fachkundige Gärtner, die diese Wälder in herrliche Rosengärten verwandeln, die wilden Bäume durch fruchtbare ersetzen und statt des nutzlosen Unkrauts Rosen und duftende Kräuter pflanzen. Diese tatkräftigen, umsichtigen Seelen ruhen weder bei Tag noch bei Nacht; sie streben danach, eng mit dem Reich Gottes verbunden zu sein. So werden sie für diese Wälder zu Offenbarungen grenzenloser Wohltat und zu idealen Gärtnern. Auf diese Weise wird die Menschenwelt völlig verwandelt, und die segensreichen Gnadengaben werden sichtbar.
225
O Heerscharen des Reiches Abhá! Zwei Aufrufe zu Erfolg und Wohlfahrt erschallen von den Höhen des Glücks für die Menschheit. Sie erwecken die Schläfer, sie verleihen den Blinden Sehkraft, den Achtlosen Bewusstheit, den Tauben Gehör, sie lösen den Stummen die Zunge und rufen die Toten ins Leben zurück.
Der eine ist der Ruf der Zivilisation, des Fortschritts in der stofflichen Welt. Er betrifft die Welt der Erscheinung; er fördert die Grundlagen materieller Errungenschaften und ist der Lehrmeister für die naturwissenschaftlichen Kenntnisse der Menschheit. Er umfasst die Gesetze, Ordnungen, Künste und Wissenschaften, durch die sich die Menschenwelt entwickelt. Diese Gesetze und Ordnungen sind die Folge edler Ideale und das Ergebnis des gesunden Menschenverstands; auf das Feld des Daseins sind sie durch die Bemühungen der Weisen und Gebildeten aus früher und späterer Zeit getreten. Verkünder und Vollstrecker dieses Rufes ist die gerechte Staatsmacht.
Das andere ist der seelenbewegende Ruf Gottes, dessen geistige Lehren die ewige Herrlichkeit, das ewige Glück und die ewige Erleuchtung der Menschenwelt sichern und die Eigenschaften der Barmherzigkeit in der Menschenwelt wie auch im jenseitigen Leben offenbaren.
Dieser zweite Ruf beruht auf den Lehren und Ermahnungen des Herrn, auf den Warnungen und selbstlosen Empfindungen aus dem Reich der Sittlichkeit, die wie ein helles Licht die Lampe menschlicher Wirklichkeiten zum Strahlen bringen. Seine durchdringende Kraft ist das Wort Gottes.
Solange jedoch materielle Errungenschaften, naturwissenschaftliche Kenntnisse und menschliche Tugenden noch nicht durch geistige Vollkommenheiten, strahlende Eigenschaften und Kennzeichen der Barmherzigkeit verstärkt sind, bringen sie keine Frucht und kein Ergebnis; auch bewirken sie nicht der Menschheit Glück, welches doch das letzte Ziel ist. Denn obwohl einerseits die materiellen Errungenschaften und die Entwicklung der stofflichen Welt zu einem Wohlstand führen, der die gesteckten Ziele vorzüglich offenbart, drohen daraus doch andererseits Gefahren, schweres Unheil und gewaltige Not.
Wenn du demnach dein Augenmerk auf das geordnete Muster der Königreiche, Städte und Dörfer richtest und siehst, wie reizvoll sie geschmückt sind, wie frisch ihre natürlichen Hilfsquellen sind, wie hoch ihre Technik entwickelt ist, wie leicht ihr Verkehr fließt, welch umfangreiches Wissen über die Welt der Natur verfügbar ist, wie groß die Erfindungen, wie riesig die Unternehmen, wie vortrefflich die Entdeckungen und wissenschaftlichen Forschungen sind, so magst du daraus schließen, dass die Zivilisation der Menschenwelt zu Glück und Fortschritt gereicht. Wendest du die Augen jedoch darauf, dass Höllenmaschinen entwickelt, Zerstörungskräfte entfaltet und Kriegsgeräte erfunden werden, die den Baum des Lebens mit der Wurzel ausreißen, so wird dir klar und offenbar, wie eng die Zivilisation mit der Barbarei verbunden ist. Fortschritt und Barbarei gehen Hand in Hand, es sei denn, die materielle Zivilisation wird bestätigt durch göttliche Führung, durch die Offenbarungen des Allbarmherzigen und durch göttliche Tugenden, verstärkt durch geistiges Verhalten, durch die Ideale des Gottesreiches und die Ausgießungen aus dem Reich der Macht.
Überlege, dass heute die fortschrittlichsten, zivilisiertesten Länder der Welt in Pulverfässer, die Kontinente des Erdballs in riesige Heerlager und Schlachtfelder verwandelt sind, dass die Völker der Welt sich zu waffenstarrenden Nationen formiert haben, dass die Regierungen der Welt miteinander wetteifern, wer den ersten Schritt auf das Feld des Gemetzels und Blutvergießens tut und so die Menschheit ins tiefste Elend stürzt.
Deshalb müssen Zivilisation und materieller Fortschritt mit der Größten Führung verbunden sein, so dass diese niedere Welt der Schauplatz für die Segnungen des Gottesreiches werde und die stofflichen Errungenschaften sich mit dem Glanz des Barmherzigen vereinigen, damit die Menschenwelt ihre Schönheit und Vollkommenheit enthülle und in hell strahlender Anmut vor allen offenbare. So wird sich immerwährende Herrlichkeit und Glückseligkeit zeigen.
Preis sei Gott, im Verlauf vieler Jahrhunderte und Zeitalter wurde der Ruf der Zivilisation erhoben. Die Menschenwelt machte täglich Fortschritte. Manche Länder entwickelten sich in gewaltigen Sprüngen. Materielle Verbesserungen nahmen ständig zu, bis die Welt des Daseins die umfassende Fähigkeit erlangte, die geistigen Lehren aufzunehmen und auf den göttlichen Ruf zu hören. Der Säugling durchläuft verschiedene Entwicklungsstufen. Er wächst und entwickelt sich auf jeder Stufe, bis sein Körper das Reifealter erreicht. Auf dieser Stufe erwirbt er die Fähigkeit, geistige und intellektuelle Vollkommenheiten zu offenbaren. Das Licht des Begreifens, des Verstandes und der Erkenntnis wird an ihm sichtbar; seine Seelenkräfte entfalten sich. So hat in der bedingten Welt auch die Gattung Mensch fortschreitend körperliche Veränderungen durchgemacht und ist in einem langsamen Prozess die Leiter der Zivilisation emporgestiegen. Sie verkörperte somit die Wunder, Vortrefflichkeiten und Gaben des Menschseins in ihrer herrlichsten Gestalt, bis sie die Fähigkeit erlangte, die Pracht geistiger Vollkommenheiten und göttlicher Ideale auszudrücken, und den Ruf Gottes vernehmen konnte. Der Ruf zum Reich Gottes wurde schließlich erhoben, die geistigen Tugenden und Vollkommenheiten wurden offenbart, die Sonne der Wirklichkeit ist aufgegangen, die Lehren über den Größten Frieden, die Einheit der Menschheit und die Allgemeingültigkeit alles Menschlichen wurden verkündet. Wir hoffen, dass diese Strahlen ihren Glanz immer stärker verbreiten, dass vollkommene Tugenden diesen Strahlenglanz immer mehr widerspiegeln, bis das Ziel dieses allumfassenden menschlichen Entwicklungsprozesses erreicht ist, bis die Liebe Gottes in höchster Anmut und Schönheit erscheint und alle Herzen in ihren Bann schlägt.
O ihr Geliebten Gottes! Wisst wahrlich, dass der Menschheit ganzes Glück in der Einheit und Eintracht des Menschengeschlechts beschlossen liegt, dass die geistigen wie materiellen Entwicklungen von Liebe und Freundschaft zwischen allen Menschen abhängen. Betrachtet die Lebewesen: die Tiere, die sich auf der Erde fortbewegen und jene, die fliegen; solche, die weiden, und solche, die andere verschlingen. Bei den Raubtieren lebt jede Art getrennt von den anderen Arten ihrer Gattung; sie beobachten einander mit größter Feindseligkeit und Gegnerschaft. Wenn sie aufeinandertreffen, kämpfen sie sofort bis aufs Blut, fletschen die Zähne und zeigen ihre Krallen. So benehmen sich wilde Bestien und blutrünstige Wölfe, fleischfressende Tiere, Einzelgänger, die um ihr Leben kämpfen. Aber die gelehrigen, gutmütigen, freundlichen Tiere, ob sie nun zu den fliegenden oder zu den grasenden Arten gehören, gesellen sich voll Zutrauen zueinander; sie sind vereint in ihren Herden, sie leben froh, glücklich und zufrieden. So etwa die Vögel, die mit ein paar Körnern zufrieden und dafür dankbar sind; sie leben in vollkommener Freude und stimmen herrliche Lieder an, wenn sie sich aufschwingen über Fluren und Steppen, Hügel und Berge. Genauso gesellen sich Weidetiere wie Schafe, Antilopen und Gazellen in größtem Einvernehmen, Vertrautheit und Eintracht zueinander. Sie leben zusammen auf Ebenen, im Zustand völliger Zufriedenheit. Hunde, Wölfe, Tiger, Hyänen und die anderen Raubtiere hingegen wenden sich voneinander ab; denn sie jagen und streifen allein umher. Die Tiere auf dem Felde und die Vögel in den Lüften meiden sich weder noch belästigen sie einander, wenn sie auf ihren Weiden oder Rastplätzen zusammentreffen; sie nehmen sich gegenseitig in Freundlichkeit an, ganz anders als die reißenden Bestien, die sich sofort zerfleischen, wenn einer in des anderen Höhle oder Lager eindringt. Ja, wenn einer nur an der Behausung des anderen vorbeigeht, stürzt dieser sofort heraus, um jenen anzugreifen und möglichst zu töten.
Hier wird deutlich, dass auch im Tierreich Liebe und Einvernehmen die Früchte einer freundlichen Gesinnung, eines reinen Wesens und eines lobenswerten Charakters sind, Uneinigkeit und Abgrenzung dagegen Kennzeichen der Raubtiere in der Wildnis.
Der Allmächtige hat den Menschen nicht mit den Klauen und Zähnen wilder Tiere erschaffen, vielmehr wurde die menschliche Gestalt mit den anmutigsten Eigenschaften versehen und mit den vollkommensten Tugenden geschmückt. Aus Ehrerbietung vor dieser Schöpfung, aus Wertschätzung für dieses Gewand muss der Mensch Liebe und Zuneigung für seine eigene Art aufbringen, nein, alle Lebewesen muss er gerecht und unparteiisch behandeln.
Überlegt, wie Freundschaft und Eintracht bei der Menschheit zu Wohlergehen, Glück, Freude und Behagen führen, wogegen Streit und Missklang fast immer Not, Erniedrigung, Unruhe und Versagen bewirken.
Aber wehe, tausendmal wehe! Der Mensch ist gleichgültig und dieser Tatsache unbewusst. Täglich brüstet er sich mit den Merkmalen einer wilden Bestie. Siehe! Plötzlich verwandelt er sich in einen grausamen Tiger; im nächsten Augenblick wird er zur kriechenden Giftschlange! Doch die erhabenen menschlichen Errungenschaften liegen in solchen Tugenden und Eigenschaften, die ausschließlich den Engeln der himmlischen Heerscharen zugehören. So wird der Mensch, wenn lobenswerte Eigenschaften und hohe sittliche Werte von ihm ausgehen, ein himmlisches Wesen, ein Engel des Gottesreichs, eine göttliche Wirklichkeit von überirdischem Glanz. Befasst er sich hingegen mit Kriegsführung, Streit und Blutvergießen, so wird er gemeiner als das grausamste Raubtier; denn ein blutrünstiger Wolf frisst in einer Nacht nur ein Lamm, der Mensch aber mordet Hunderttausende auf dem Schlachtfeld, übersät den Boden mit ihren Leibern und tränkt die Erde mit ihrem Blut.
Kurz gesagt, dem Menschen sind zwei Wesensarten gegeben: Die eine strebt nach Verfeinerung der Sitten und geistiger Vollkommenheit, während die andere zu tierischer Erniedrigung und fleischlichen Unvollkommenheiten neigt. Wenn ihr durch die Länder dieses Erdballs reist, seht ihr einerseits die Überreste von Verfall und Zerstörung, andererseits die Zeichen der Kultur und der Entwicklung. Verfall und Zerstörung sind das Ergebnis von Krieg, Zank und Streit, Entwicklung und Fortschritt hingegen die glänzenden Früchte der Tugend, der Zusammenarbeit und der Eintracht.
Wer durch die Wüsten Mittelasiens reist, der sieht, wie viele Städte, die einst groß und blühend waren wie Paris und London, heute zerstört und dem Erdboden gleichgemacht sind. Vom Kaspischen Meer bis zum Oxus erstrecken sich wilde, öde Steppen, Wüsten, Einöden und Täler. Zwei Tage und zwei Nächte lang fährt die russische Eisenbahn an den zerstörten Städten und unbewohnten Dörfern dieses Ödlandes vorbei. Früher trugen in dieser Ebene die vortrefflichsten Zivilisationen der Vergangenheit ihre Frucht. Die Zeichen der Entwicklung und Verfeinerung waren überall zu erkennen, Künste und Wissenschaften wurden geschützt und gefördert, Berufe und Gewerbe blühten auf, Handel und Landwirtschaft hatten einen hohen Leistungsgrad erreicht, Verwaltung und Regierungskunst fußten auf starker, kraftvoller Grundlage. Heute ist der größte Teil dieses ausgedehnten Landes Zuflucht für turkmenische Stämme und Kampfbahn für wilde Tiere. Die alten Städte dieser Ebene wie Gurgán, Nissá, Ábívard und Shahristán waren in der ganzen Welt berühmt für ihre Künste, Wissenschaften, Kultur und Gewerbe, bekannt für ihren Wohlstand, ihre Größe und Vornehmheit. Sie sind einer Wildnis gewichen, in der sich keine Stimme erhebt außer dem Brüllen wilder Tiere, und in der blutrünstige Wölfe frei umherziehen. Diese Zerstörung und Verwüstung hatte ihre Ursache in Krieg und Streit, Zwietracht und Uneinigkeit zwischen Persern und Türken, die sich in Religion und Sitten unterschieden. So unnachgiebig war der Geist religiösen Vorurteils, dass die Führer ohne wahren Glauben es richtig fanden, unschuldiges Blut zu vergießen, Eigentum zu vernichten und Familienehre zu schänden. Das ist nur ein Beispiel von vielen.
Wenn du die Weltgegenden durchstreifst, wirst du zu dem Ergebnis kommen, dass aller Fortschritt auf Vereinigung und Zusammenarbeit beruht, Niedergang jedoch von Feindseligkeit und Hass herrührt. Trotzdem lässt sich die Menschenwelt nicht belehren, sie erwacht auch nicht aus dem Schlummer der Achtlosigkeit. Nach wie vor verursacht der Mensch Zwietracht, Zank und Streit, damit er Kriegsscharen aufstellen und sich dann mit Heeresmacht auf das Schlachtfeld des Blutvergießens stürzen kann.
Betrachte sodann die Erscheinungen der Verbindung und der Auflösung, des Seins und des Nichtseins. Alles Erschaffene in der bedingten Welt ist aus vielen verschiedenartigen Atomen zusammengesetzt. Sein Dasein hängt von der Verbindung dieser Atome ab. Mit anderen Worten, durch Gottes Schöpferkraft werden einfache Urstoffe zusammengefügt, so dass aus dieser Verbindung ein bestimmter Organismus entsteht. Das Dasein aller Dinge beruht auf diesem Prinzip. Wenn aber die Ordnung gestört wird, bewirkt dies Auflösung, und Verfall setzt ein. Dann hört das betroffene Ding zu bestehen auf. Das bedeutet, die Vernichtung aller Dinge hat ihre Ursache im Zerfall und in der Auflösung. Deshalb bewirkt Anziehung und Verbindung zwischen den verschiedenen Elementen Leben; Uneinigkeit, Zerfall und Teilung verursachen Tod. So führen die Kräfte des Zusammenhalts und der Anziehung dazu, dass ertragreiche Ergebnisse und Wirkungen entstehen, während Entfremdung und Abkehr zur Verwirrung und Vernichtung der Dinge führen. Durch Verbindungsfähigkeit und Anziehung wird alles Lebendige – Pflanzen, Tiere und Menschen – ins Dasein gerufen, während Teilung und Uneinigkeit Zerfall und Zerstörung herbeiführen.
Deshalb ist alles, was der Vereinigung, Anziehung und Einheit unter den Menschenkindern dient, Mittel zum Lebenserhalt für die Menschenwelt; alles, was Teilung, Abneigung und Entfremdung bewirkt, führt die Menschheit in den Tod.
Und wenn du an Feldern und Anpflanzungen vorbeikommst, siehst du die Pflanzen, Blumen und duftenden Kräuter reich und fruchtbar zusammen wachsen und ein Muster für die Einheit abgeben. Das ist ein Beweis dafür, dass diese Anpflanzung, dieser Garten unter der Fürsorge eines erfahrenen Gärtners gedeiht. Siehst du diesen Garten aber in einem Zustand der Unordnung und Verwahrlosung, so schließest du daraus, dass ihm die Pflege eines erfahrenen Landmanns fehlt und er demzufolge Wicken und Unkraut hervorbringt.
Das zeigt, dass Freundschaft und Zusammenhalt auf die Ausbildung durch einen wahren Erzieher hindeuten, Auflösung und Trennung jedoch Beweise für Barbarei und Mangel an göttlicher Erziehung sind.
Ein Kritiker mag einwenden, die Völker, Rassen, Stämme und Gemeinden der Welt hätten verschiedene, voneinander abweichende Gebräuche, Gewohnheiten, Geschmacksrichtungen, Charaktere, Neigungen und Ideen; ihre Ansichten und Gedanken seien gegensätzlich. Wie könnte da wahre Einheit offenbar werden und vollkommener Gleichklang zwischen den Menschenseelen eintreten?
Wir antworten, dass es zwei Arten von Verschiedenheit gibt. Die eine Art bewirkt Vernichtung und gleicht der Abneigung zwischen kriegführenden Nationen und kämpfenden Stämmen, die sich gegenseitig zerstören, die Familien entwurzeln, einander die Ruhe und den Wohlstand rauben und ein Blutbad anrichten wollen. Die andere Art ist ein Zeichen der Mannigfaltigkeit; sie ist das Wesen der Vollkommenheit und bewirkt, dass die Segnungen des Allherrlichsten Herrn erscheinen.
Betrachte die Blumen eines Gartens. Obwohl sie nach Art, Farbe, Form und Gestalt verschieden sind, werden sie doch vom Wasser einer Quelle erfrischt, vom selben Windhauch belebt, von den Strahlen einer Sonne gestärkt, und so erhöht die Vielfalt ihren Reiz und steigert ihre Schönheit. Wenn die vereinende Kraft, der durchdringende Einfluss von Gottes Wort dergestalt wirkt, verschönern die unterschiedlichen Gebräuche, Verhaltensweisen, Ideen, Ansichten und Veranlagungen die Menschenwelt. Diese Mannigfaltigkeit, diese Verschiedenheit entspricht der naturgeschaffenen Ungleichheit und Vielfalt der Glieder und Organe des Menschenleibs; denn jedes trägt zur Schönheit, Wirksamkeit und Vollkommenheit des Ganzen bei. Wenn diese verschiedenen Körperteile und Organe unter den Einfluss der souveränen Seele des Menschen kommen, wenn die Macht der Seele die Gliedmaßen und Körperteile, die Venen und Schlagadern des Körpers durchpulst, dann verstärkt die Unterschiedlichkeit den Einklang, die Verschiedenartigkeit vermehrt die Liebe und die Vielfalt ist der wichtigste Antrieb für das Zusammenwirken.
Wie unerfreulich wäre es für das Auge, wenn alle Blumen und Pflanzen, Blätter und Blüten, Früchte, Zweige und Bäume jenes Gartens die gleiche Form und Farbe hätten! Vielfalt in Farbe, Form und Gestalt bereichert und verschönert den Garten und erhöht dessen Ausdruck. Werden verschiedene Schattierungen von Gedanken, Temperamenten und Charakteren unter der Macht und dem Einfluss einer zentralen Kraftquelle zusammengeführt, so wird in gleicher Weise die Schönheit und der Glanz menschlicher Vollkommenheit offenbar und sichtbar. Nur die himmlische Macht des Wortes Gottes, die die Wirklichkeit aller Dinge beherrscht und übersteigt, ist fähig, die auseinandergehenden Gedanken, Gefühle, Ideen und Überzeugungen der Menschenkinder in Einklang zu bringen. Wahrlich, sie ist die durchdringende Kraft in allen Dingen, die die Seelen bewegt und in der Welt der Menschheit alles verbindet und steuert.
Preis sei Gott! Heute erleuchtet Gottes Wort alle Horizonte mit seinem Strahlenglanz. Aus allen Religionsgemeinschaften, Rassen, Stämmen, Nationen und Gemeinden sind Seelen im Lichte des Wortes zusammengekommen. Sie haben sich in vollkommener Eintracht versammelt und vereinigt. Oh! Wie viele Treffen werden abgehalten, geschmückt mit Seelen aus verschiedenen Rassen und Glaubensgemeinschaften! Wer dabei ist, staunt darüber und meint, dass diese Seelen einem einzigen Land angehören, einer Nationalität, einer Gemeinschaft, einem Gedanken, einem Glauben und einer Meinung. In Wirklichkeit ist der eine Amerikaner, der andere Afrikaner; einer kommt aus Asien, ein anderer aus Europa, einer ist aus Indien, ein anderer aus Turkestan; einer ist Araber, ein anderer Tadschike, einer ist Perser und wieder ein anderer Grieche. Ungeachtet dieser Verschiedenheit, sind sie in vollkommener Eintracht und Einigkeit, Liebe und Freiheit beisammen. Sie haben nur eine Stimme, einen Gedanken, eine Absicht. Wahrlich, das bewirkt die durchdringende Macht des Gotteswortes! Alle vereinten Kräfte des Weltalls wären außerstande, auch nur eine einzige Versammlung zusammenzubringen, die von den Gefühlen der Liebe, der Zuneigung, der Anziehung und Begeisterung derart durchdrungen ist, dass sie die Angehörigen der verschiedenen Rassen einigen und aus dem Herzen der Welt eine Stimme erheben könnte, die Krieg und Hader vertreibt, Zank und Streit ausrottet, das Zeitalter des Weltfriedens einführt sowie Einheit und Eintracht unter den Menschen errichtet.
Kann irgendeine Macht dem durchdringenden Einfluss des Gotteswortes widerstehen? Nein, bei Gott! Der Beweis ist klar, das Zeugnis vollkommen! Wer mit dem Auge der Gerechtigkeit schaut, wird verblüfft sein und staunen. Er wird bezeugen, dass alle Völker, Religionsgemeinschaften und Rassen der Welt über die Lehren und Ermahnungen Bahá’u’lláhs froh, zufrieden und dankbar sein sollten; denn diese göttlichen Verfügungen zähmen jedes wilde Tier, sie verwandeln das krabbelnde Insekt in einen hochfliegenden Vogel, machen die Menschenseelen zu Engeln des Gottesreiches und die Menschenwelt zum Brennpunkt für die Tugenden der Barmherzigkeit.
Des Weiteren ist jedermann gehalten, seiner Regierung Gehorsam, Unterordnung und Loyalität zu erweisen. Heutzutage befindet sich kein Staat der Welt in einem Zustand des Friedens und der inneren Ruhe; denn im Volk sind Sicherheit und Vertrauen verschwunden. Regierte und Regierende sind gleichermaßen in Gefahr. Die einzige Gruppe, die sich heute friedlich und loyal den Gesetzen und Verordnungen der Regierung unterordnet und die Menschen ehrlich und offen behandelt, ist diese misshandelte Gemeinde. Alle Religionsgemeinschaften und Volksgruppen in Persien und Turkestan sind damit beschäftigt, ihre eigenen Interessen zu verfolgen, und gehorchen ihrer Regierung nur in der Hoffnung auf einen Vorteil oder aus Angst vor Strafe. Die Bahá’í dagegen stehen der Regierung wohlwollend gegenüber, gehorchen den Gesetzen und hegen Liebe für alle Völker.
Dieser Gehorsam und diese Unterordnung sind im deutlichen Buch der Schönheit Abhá allen zur Pflicht gemacht. Weil die Gläubigen dem Gebot des Einen Wahren Gehorsam leisten, bezeigen sie allen Nationen größte Aufrichtigkeit und guten Willen. Eine Seele, die den Gesetzen der Regierung zuwiderhandelt, betrachtet sich vor Gott als verantwortlich und glaubt, dass sie für ihre Sünde Gottes Zorn und Strafe verdient. Seltsamerweise meinen einige Regierungsbeamte trotz dieser Tatsache, die Bahá’í seien ihnen schlecht gesonnen, während sie die Mitglieder anderer Gemeinschaften als ihre Freunde betrachten. Gütiger Gott! Als neulich in Ṭihrán und anderen Provinzen Persiens allgemein Umsturz und Aufruhr herrschten, erwies es sich, dass nicht ein einziger Bahá’í beteiligt war oder sich eingemischt hätte. Die Unwissenden machten deshalb den Bahá’í Vorwürfe, weil diese dem Gebot der Gesegneten Schönheit folgten und sich von jeglicher Einmischung in politische Angelegenheiten fernhielten. Sie schlossen sich keiner Partei an, sondern gingen, mit ihren eigenen Angelegenheiten und ihren Berufen beschäftigt, ihren Pflichten nach.
Alle Freunde Gottes bezeugen die Tatsache, dass ‘Abdu’l-Bahá für alle Regierungen und Nationen von jedem Standpunkt aus nur das Beste will und aufrichtig für ihren Fortschritt betet, ganz besonders für die beiden großen Staaten des Ostens; denn diese beiden Länder sind das Geburtsland und der Verbannungsort Bahá’u’lláhs. In allen Botschaften und Schriften hat Er diese beiden Regierungen lobend erwähnt und göttliche Bestätigungen von der Schwelle des einen wahren Gottes für sie erfleht. Die Schönheit Abhá – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – brachte für Ihre Kaiserlichen Majestäten Gebete dar. Gnädiger Gott! Wie seltsam: Ungeachtet dieser schlüssigen Beweise bringt jeder neue Tag irgendein Geschehnis, und Schwierigkeiten treten auf. Aber wir und die Freunde Gottes sollten unter keinen Umständen nachlassen in unserem Bemühen, loyal, aufrichtig und wohlwollend zu sein. Wir sollten allezeit unsere Wahrhaftigkeit und Aufrichtigkeit zeigen. Mehr noch: Wir müssen unerschütterlich bleiben in unserer Ehrlichkeit und Vertrauenswürdigkeit und uns damit befassen, Gebete zum Wohle aller darzubringen.
O ihr Geliebten Gottes, dies sind die Tage der Standhaftigkeit, der Festigkeit und der Ausdauer in der Sache Gottes. Ihr dürft eure Aufmerksamkeit nicht auf die Person ‘Abdu’l-Bahás richten, denn binnen kurzem wird er euch Lebewohl sagen. Ihr müsst euer Augenmerk vielmehr fest auf Gottes Wort richten. Wenn das Wort Gottes gefördert wird, seid froh, glücklich und dankbar, selbst wenn ‘Abdu’l-Bahá vom Schwert bedroht oder von Ketten und Fesseln niedergedrückt ist. Denn wichtig ist der heilige Tempel der Sache Gottes, nicht ‘Abdu’l-Bahás leibliche Gestalt. Die Freunde Gottes müssen sich mit solcher Standhaftigkeit erheben, dass sie auch dann, wenn einmal hundert Seelen wie ‘Abdu’l-Bahá zur Zielscheibe für die Schmerzenspfeile werden, in ihrem Entschluss, ihrer Entschiedenheit, ihrer Begeisterung, ihrer Hingabe und ihrem Dienst an der Sache Gottes nicht wanken. ‘Abdu’l-Bahá selbst ist ein Diener an der Schwelle der Gesegneten Schönheit, ein Ausdruck reiner, gänzlicher Dienstbarkeit an der Schwelle des Allmächtigen. Er hat keine andere Stufe und keinen anderen Titel, keinen anderen Rang und keine Macht. Das ist mein höchstes Ziel, mein ewiges Paradies, mein heiligster Tempel, mein Sadratu’l-MuntaháA69. Mit der Gesegneten Schönheit Abhá und mit dem Erhabenen, Seinem Herold – möge mein Leben ein Opfer für beide sein – endete die Erscheinung von Gottes unabhängiger, allumfassender Manifestation. In den nächsten tausend Jahren werden alle von Seinem Licht erleuchtet und vom Meer Seiner Gnadengaben belebt.
O ihr Geliebten Gottes! Dies ist in Wahrheit mein letzter Wunsch und meine Ermahnung an euch. Selig ist, wer mit Gottes Hilfe dem folgt, was verzeichnet ist auf dieser Schriftrolle, deren Worte geheiligt sind über die Sinnbilder, die bei den Menschen im Schwange sind.
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O du Diener Gottes! Dein Brief kam an und brachte Freude. Du hast darin deinen heißen Wunsch geäußert, dass ich dem Friedenskongress beiwohnen soll. Ich erscheine nicht zu solchen politischen Konferenzen; denn der Frieden kann nur durch die Macht des Wortes Gottes errichtet werden. Wenn eine Konferenz einberufen wird, die alle Nationen vertritt und unter dem Einfluss des Wortes Gottes arbeitet, dann wird der Weltfriede errichtet; andernfalls ist das unmöglich.
Gegenwärtig wird mit Sicherheit ein vorläufiger Friede errichtet, aber er wird nicht von Dauer sein. Alle Regierungen und Nationen sind den Krieg leid, die Reisebeschränkungen, die unermesslichen Ausgaben, den Verlust an Menschenleben, den Schmerz der Frauen, die vielen Waisenkinder. So sind sie zum Frieden gezwungen. Aber dieser Friede ist nicht von Dauer, er ist zeitlich begrenzt.
Wir hoffen, dass die Macht des Gotteswortes einen Frieden errichten wird, der ewig wirksam und sicher bleibt.
227A70
O ihr Hochgeehrten, die ihr Pioniere seid unter den Wohltätern der Menschenwelt!
Die Briefe, die ihr während des Kriegs abgesandt habt, sind nicht eingetroffen, aber ein Brief vom 11. Februar 1916 hat mich soeben erreicht, und darauf folgt sofort eine Antwort. Eure Absicht verdient tausendfältiges Lob; denn ihr dient der Menschenwelt, und dies führt zu aller Glück und Wohlergehen. Dieser jüngstvergangene Krieg hat der Welt und dem Volk bewiesen, dass Krieg Vernichtung ist, Weltfrieden dagegen Aufbau. Krieg ist Tod, Frieden hingegen Leben. Krieg ist Raubsucht und Blutgier, Frieden indessen Wohltat und Menschlichkeit; Krieg gehört der Welt der Natur an, Frieden aber zur Grundlage der Religion Gottes; Krieg ist Finsternis über Finsternis, während Frieden himmlisches Licht ist; Krieg zerstört den Bau der Menschheit, während Frieden der Menschenwelt ewiges Leben ist; Krieg ist wie ein reißender Wolf, Frieden aber den Engeln des Himmels gleich; Krieg ist Kampf ums Dasein, während Frieden gegenseitige Hilfe und Zusammenarbeit unter den Völkern der Welt ist und das Wohlgefallen des Einen Wahren im himmlischen Reiche herbeiführt.
Es gibt keine Seele, deren Gewissen nicht bezeugte, dass es heutigen Tages nichts Wichtigeres auf der Welt gibt als den Weltfrieden. Jeder Gerechte bestätigt dies und bewundert jene geehrte Versammlung; denn sie verfolgt das Ziel, diese Finsternis in Licht, diesen Blutdurst in Güte, diese Folter in Wonne, diese Mühsal in Behagen und diese Feindschaft, diesen Hass in Freundschaft und Liebe zu verwandeln. Daher ist die Bemühung jener geachteten Seelen des Preises und des Lobes wert.
Der wesenhaften Beziehungen gewahr, die von den Wirklichkeiten der Dinge ausgehen, bedenken weise Seelen jedoch, dass eine einzelne Sache für sich die menschliche Wirklichkeit nicht so beeinflussen kann, wie es sein sollte und müsste; denn ehe die Menschen in ihrer Gesinnung geeinigt werden, lässt sich nichts Wichtiges bewerkstelligen. Heute ist der Weltfriede von großer Bedeutung, aber die Einheit des Gewissens ist dabei wesentlich, damit des Friedens Grundlage gesichert, sein Gefüge fest und sein Bau stark sei.
Darum erläuterte Bahá’u’lláh vor fünfzig Jahren die Frage des Weltfriedens zu einer Zeit, als Er in der Festung ‘Akká in strenger Haft Unrecht erduldete und eingekerkert war. Er schrieb über diese wichtige Angelegenheit, den Weltfrieden, an alle großen Herrscher der Welt und verwirklichte ihn im Kreise Seiner Freunde im Orient. Des Ostens Horizont war in tiefes Dunkel gehüllt, die Völker standen sich in Hass und Feindschaft gegenüber, die religiösen Gruppen lechzten nach dem Blut der anderen – es herrschte Finsternis über Finsternis. Zu solcher Zeit erstrahlte Bahá’u’lláh der Sonne gleich vom Horizont des Ostens und erhellte Persien mit dem Licht dieser Lehren.
Eine Seiner Lehren war die Erklärung des Weltfriedens. Menschen verschiedener Völker, Religionen und Sekten, die Ihm nachfolgten, kamen sich derart nahe, dass bemerkenswerte Versammlungen zustande kamen, die aus den verschiedenen Völkern und Religionen des Ostens zusammengesetzt waren. Wer solche Versammlungen besuchte, sah nur ein Volk, eine Lehre, einen Pfad, eine Ordnung; denn Bahá’u’lláhs Lehren waren ja nicht auf die Errichtung des Weltfriedens beschränkt; sie umfassten viele Lehren, welche die des Weltfriedens ergänzten und stützten.
Eine dieser Lehren ist das selbständige Erforschen der Wirklichkeit, so dass die Menschenwelt aus dem Dunkel der Nachahmung errettet werde und zur Wahrheit gelange, dass sie das zerlumpte, abgetragene Kleid von vor tausend Jahren abreiße und wegwerfe und ein Gewand anlege, welches in höchster Reinheit und Heiligkeit auf dem Webstuhl der Wirklichkeit gewoben ist. Da es nur eine Wirklichkeit gibt, die keine Vieldeutigkeit zulässt, müssen unterschiedliche Ansichten schließlich in einer aufgehen.
Eine der Lehren Bahá’u’lláhs ist die Einheit der Menschenwelt. Alle Menschen sind Gottes Schafe, und Er ist der gütige Hirte. Dieser Hirte ist gut zu allen Schafen, denn Er schuf sie alle, erzog sie, sorgte für sie und beschützte sie. Es besteht kein Zweifel, dass der Hirte gütig zu allen Schafen ist; sind Unwissende darunter, so müssen sie belehrt werden; sind Kinder darunter, so müssen sie erzogen werden, bis sie die Reife erlangen; sind Kranke darunter, so müssen sie geheilt werden. Hass und Feindschaft darf es nicht geben. Wie von einem gütigen Arzt müssen diese Unwissenden, diese Kranken behandelt werden.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist, dass Religion zu Freundschaft und Liebe führen muss. Bewirkt sie Entfremdung, dann bedarf man ihrer nicht; denn Religion ist wie eine Arznei: Verschlimmert sie das Leiden, dann wird sie unnötig.
Unter Bahá’u’lláhs Lehren finden wir ferner, dass Religion mit Wissenschaft und Vernunft in Einklang sein muss, so dass sie auf die Menschenherzen wirkt. Die Grundlage muss festgefügt sein und darf nicht auf Nachahmung beruhen.
Eine andere Lehre Bahá’u’lláhs ist, dass religiöse, rassische, politische, wirtschaftliche und vaterländische Vorurteile den Bau der Menschheit zerstören. Solange diese Vorurteile herrschen, wird die Menschenwelt keine Ruhe finden. Über einen Zeitraum von sechstausend Jahren berichtet uns die Weltgeschichte. Während dieser sechstausend Jahre war die Menschenwelt nie frei von Krieg, Streit, Mord und Blutgier. Zu jeder Zeit wurde in diesem oder jenem Land Krieg geführt; der Krieg entstand entweder aus religiösem Vorurteil oder aus rassischem Vorurteil, aus politischem Vorurteil oder aus vaterländischem Vorurteil. So ist gesichert und erwiesen, dass alle Vorurteile den Bau der Menschheit zerstören. Solange diese Vorurteile weiterbestehen, muss der Kampf ums Dasein vorherrschen, müssen Blutdurst und Raubgier fortdauern. Deshalb kann die Menschheit, wie in der Vergangenheit so auch heute, nur dann aus der Finsternis der Erdgebundenheit errettet werden und Erleuchtung empfangen, wenn sie Vorurteile ablegt und die Tugenden des Gottesreiches erwirbt.
Gehen Vorurteile und Feindseligkeiten auf das Konto der Religion, so bedenkt, dass die Religion zu Freundschaft führen muss; andernfalls ist sie unnütz. Und ist das Vorurteil nationaler Art, so bedenkt, dass alle Menschen einer Nation angehören. Alle sind dem Baume Adams entsprossen; Adam ist die Wurzel des Baumes. Der Baum ist einer, alle Völker sind wie Äste, während die einzelnen Menschen den Blättern, Blüten und Früchten daran gleichen. So sind die Bildung verschiedener Nationen und in der Folge alles Blutvergießen und alle Zerstörung am Bau der Menschheit nur menschlicher Unwissenheit und eigennützigen Beweggründen entsprungen.
Was das vaterländische Vorurteil betrifft, so entstammt auch dieses völliger Unwissenheit, denn der Erdkreis ist ein Heimatland. Jeder Mensch kann an jedem beliebigen Ort des Erdballs leben. Darum ist die ganze Welt des Menschen Vaterstadt. Grenzlinien und Grenzübergänge wurden durch den Menschen ersonnen. In der Schöpfung sind keine solchen Grenzen und Hoheitsgebiete festgeschrieben. Europa ist ein einziger Erdteil, Asien ist ein Erdteil, Afrika ist ein Erdteil, Australien ist ein Erdteil, aber einige Seelen haben aus persönlichen Beweggründen, aus Eigennutz, jeden dieser Erdteile zerteilt und einen bestimmten Teil als ihr eigenes Land betrachtet. Gott hat keine Grenze zwischen Frankreich und Deutschland gezogen: Sie gehen ineinander über. Fürwahr, in den ersten Jahrhunderten haben selbstsüchtige Seelen um ihrer eigenen Vorteile willen Grenzen und Übergänge geschaffen und ihnen Tag für Tag mehr Gewicht beigelegt, bis dies schließlich in den späteren Jahrhunderten zu heftiger Feindschaft, zu Blutvergießen und Raubgier führte. So wird es unaufhörlich weitergehen, und wenn der Gedanke der Vaterlandsliebe auf einen engen Kreis beschränkt bleibt, wird er die Hauptursache der Weltzerstörung sein. Kein kluger, gerechter Mensch wird diese eingebildeten Unterscheidungen anerkennen. Eine begrenzte Fläche, welche wir unser Vaterland nennen, betrachten wir als unsere Heimat, wo doch der ganze Erdball, nicht eine begrenzte Fläche, die Heimat aller ist. Kurz gesagt: Nur wenige Tage leben wir auf dieser Erde; schließlich werden wir darin bestattet, sie ist unser ewiges Grab. Ist dieses ewige Grab es wert, dass wir Menschenblut vergießen und einander in Stücke reißen? Nein, keineswegs: Weder ist Gott erfreut über ein solches Verhalten, noch kann es ein Mensch mit gesundem Verstand gutheißen.
Überlegt: Die glückseligen Tiere lassen sich nie in einen vaterländischen Streit ein, sie leben in bester Kameradschaft einmütig miteinander. Kommen zum Beispiel eine Taube aus dem Osten, eine Taube aus dem Westen, eine Taube aus dem Norden und eine Taube aus dem Süden zufällig zur gleichen Zeit an einem Platze zusammen, so gesellen sie sich alsbald einträchtig zueinander. So ist es bei allen glückseligen Tieren und Vögeln. Die Raubtiere aber greifen einander an, sobald sie sich treffen, kämpfen miteinander und reißen sich in Stücke. Es ist ihnen unmöglich, friedlich am selben Ort zusammenzuleben. Sie sind alle ungesellig, grausam, wild und kampflustig.
Betrachtet man das wirtschaftliche Vorurteil, so tritt klar zu Tage, dass dann, wenn man die Verbindungen zwischen den Völkern festigt und den Warenaustausch beschleunigt, jedes wirtschaftliche Prinzip, das man in einem Land durchsetzt, schließlich die anderen Länder beeinflusst und allgemeinen Nutzen stiftet. Wozu also dieses Vorurteil?
Was nun das politische Vorurteil betrifft, so muss Gottes Politik befolgt werden, und es ist unbestreitbar, dass Gottes Politik größer ist denn menschliche Politik. Wir müssen der göttlichen Politik folgen, sie gilt gleichermaßen für alle. Gott behandelt alle Menschen gleich: Kein Unterschied wird gemacht. Dies ist die Grundlage der göttlichen Religionen.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist die Schaffung einer Sprache, die weltweit im Volk verbreitet werden kann. Die Feder Bahá’u’lláhs offenbarte diese Lehre, damit die Weltsprache Missverständnisse zwischen den Menschen beseitige.
Eine Lehre Bahá’u’lláhs ist ferner die Wesensgleichheit von Frauen und Männern. Die Menschenwelt hat zwei Flügel: Den einen bilden die Frauen, den anderen die Männer. Erst wenn beide Flügel gleichmäßig entwickelt sind, kann der Vogel fliegen. Bleibt ein Flügel schwächlich, so ist kein Flug möglich. Erst wenn die Frauenwelt der Männerwelt im Erwerb von Tugenden und Vollkommenheiten gleichkommt, sind Erfolg und Gedeihen so erreichbar, wie es sein soll.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist das freiwillige Teilen des Eigentums mit anderen unter der ganzen Menschheit. Dieses freiwillige Teilen übertrifft die Wesensgleichheit; es bedeutet, dass der Mensch sich selbst nicht anderen vorziehen, vielmehr sein Leben und sein Eigentum für andere opfern soll. Dies soll aber nicht zwangsweise eingeführt und ein Gesetz werden, das der Mensch gezwungenermaßen befolgen muss. Im Gegenteil soll der Mensch aus freiem Antrieb, auf selbstgewähltem Opfergang, Eigentum und Leben für andere hingeben und willig den Armen spenden, wie es in Persien unter den Bahá’í geschieht.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist des Menschen Freiheit: Durch die geistige Macht soll er frei werden und sich der Verhaftung in der natürlichen Welt entledigen. Denn solange der Mensch in der Natur gefangen liegt, ist er ein Raubtier, da der Kampf ums Dasein zu den Bedürfnissen der Naturwelt gehört. Dieser Kampf ums Dasein ist der Ursprung allen Elends und die höchste Not.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs besagt, dass die Religion ein mächtiges Bollwerk ist. Wenn das Gebäude der Religion erzittert und schwankt, folgen Aufruhr und Chaos, und die Ordnung der Dinge wird völlig umgestürzt; denn in der Menschenwelt gibt es zwei Wächter, die den Menschen vor dem Unrechttun bewahren: Der eine ist das Gesetz, das den Verbrecher bestraft; aber das Gesetz verhindert nur das offenkundige Verbrechen, nicht jedoch die geheime Sünde. Hingegen verhütet der ideale Wächter, die Religion Gottes, sowohl das offenkundige wie das geheime Verbrechen. Er erzieht den Menschen, entwickelt Sittlichkeit, nötigt zur Tugend und ist die allumfassende Macht, die für das Glück der Menschenwelt die Gewähr bietet. Unter Religion aber ist das zu verstehen, was durch Forschen nach Wahrheit gesichert ist, nicht was lediglich auf Nachahmung beruht – also die Grundlagen der göttlichen Religionen, nicht menschliche Nachahmungen.
Zu den Lehren Bahá’u’lláhs gehört ferner, dass die materielle Zivilisation zwar ein Mittel zum Fortschritt der Menschenwelt ist, dass jedoch der gewünschte Erfolg – das Glück der Menschheit – erst dann zu erreichen ist, wenn die materielle Zivilisation mit der göttlichen Kultur vereinigt wird. Bedenkt! Diese Schlachtschiffe, welche eine Stadt innerhalb einer Stunde in ein Trümmerfeld verwandeln, sind das Ergebnis der materiellen Zivilisation; ebenso die Kruppkanonen, die Mausergewehre, das Dynamit, die Unterseeboote, die Torpedoboote, die Jagdflieger und Bomber. Alle diese Kriegswerkzeuge sind die bösen Früchte der materiellen Zivilisation. Wäre die materielle Zivilisation mit der göttlichen Kultur verbunden worden, so hätte man diese fürchterlichen Waffen niemals erfunden. Im Gegenteil, die menschliche Tatkraft hätte sich ganz und gar nützlichen Erfindungen zugewandt und auf rühmliche Entdeckungen konzentriert. Die materielle Zivilisation ist wie das Glas um die Lampe, die göttliche Kultur ist die Lampe selbst. Das Glas ohne Licht ist dunkel. Die materielle Zivilisation ist wie der Leib. Sei er auch noch so anmutig, elegant und schön, so ist er dennoch tot. Die göttliche Kultur ist wie der Geist; der Leib erhält sein Leben durch den Geist, sonst ist er ein Leichnam. So ist es klar, dass die Menschenwelt den Odem des Heiligen Geistes braucht. Ohne den Geist ist die Menschenwelt leblos; ohne dieses Licht verbleibt die Menschenwelt in tiefster Finsternis. Denn die Naturwelt ist eine tierische Welt. Ehe der Mensch wiedergeboren wird aus der Welt der Natur, das heißt, ehe er sich von der Naturwelt loslöst, ist er seinem Wesen nach ein Tier, und es sind die Lehren Gottes, die dieses Tier in eine menschliche Seele umwandeln.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist die Förderung der Erziehung. Jedes Kind muss im erforderlichen Umfang in den Wissenschaften unterrichtet werden. Können die Eltern die Kosten dieser Erziehung tragen, so ist es gut; andernfalls muss die Gemeinde die Mittel für den Unterricht des Kindes aufbringen.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs handelt von Recht und Gerechtigkeit. Ehe nicht Recht und Gerechtigkeit auf der Ebene des Daseins verwirklicht sind, werden alle Dinge in Unordnung sein und unvollkommen bleiben. Die Menschenwelt ist dann eine Welt der Unterdrückung und der Grausamkeit, ein Reich der Angriffslust und des Irrtums.
Kurz, es gibt viele derartige Lehren. Diese mannigfaltigen Prinzipien – die mächtigste Grundlage für der Menschen Glück, eine Gnadengabe des Barmherzigen – müssen die Sache des Weltfriedens ergänzen und damit verbunden werden, so dass Erfolge eintreten. Auf andere Art, für sich allein ist der Weltfrieden in der Menschenwelt nur schwer zu verwirklichen. So wie Bahá’u’lláhs Lehren mit dem Weltfrieden verknüpft sind, gleichen sie einer Tafel mit frischen, köstlichen Speisen aller Art. An dieser Tafel unermesslicher Gaben kann jede Seele finden, was sie ersehnt. Bleibt aber die Frage allein auf den Weltfrieden beschränkt, so sind die herausragenden Erfolge, die man erwartet und erhofft, nicht zu erzielen. Die Perspektive des Weltfriedens muss so sein, dass alle Gemeinschaften und Religionen ihre höchste Sehnsucht darin verwirklicht finden. Bahá’u’lláhs Lehren sind so beschaffen, dass alle Gemeinschaften der Welt, religiöse, politische oder ethische, althergebrachte oder neuzeitliche, den Ausdruck ihrer höchsten Wünsche darin finden.
Zum Beispiel finden die Gläubigen der Religionen in Bahá’u’lláhs Lehren die Begründung der allumfassenden Religion, einer Religion, die vollkommen auf die gegenwärtigen Verhältnisse passt, echte, rasche Heilung der unheilbaren Krankheit schafft, alle Schmerzen stillt und das unfehlbare Gegenmittel für jedes tödliche Gift bietet. Denn wollten wir die Menschenwelt nach den derzeit herrschenden religiösen Nachahmungen einrichten und organisieren, wollten wir darauf der Menschheit Glück aufbauen, so wäre dies unmöglich und undurchführbar. Zum Beispiel wäre es unmöglich, die Gesetze der Thora und der anderen Religionen so durchzuführen, wie es heutiger Nachahmung entspricht. Den Wesensgrund aller göttlichen Religionen aber, der auf die Tugenden der Menschenwelt gerichtet ist und ihrer Wohlfahrt zugrundeliegt, findet man in den Lehren Bahá’u’lláhs in der vollkommensten Darstellung.
Ähnlich steht es um die Menschen, die nach Freiheit schreien. Die gemäßigte Freiheit, welche die Gewähr für die Wohlfahrt der Menschheit bietet und allumfassende Beziehungen aufrechterhält, findet ihre kraftvolle Ausprägung in den Lehren Bahá’u’lláhs.
So ist es auch bei den politischen Parteien: Die höchste Staatskunst, die Menschenwelt zu lenken, ja die Göttliche Politik findet sich in den Lehren Bahá’u’lláhs.
Desgleichen die Partei der ›Gleichheit‹, welche die Wirtschaftsprobleme zu lösen sucht: Bis heute haben sich alle vorgeschlagenen Lösungen als undurchführbar erwiesen, außer den wirtschaftlichen Vorschlägen in den Lehren Bahá’u’lláhs, die durchführbar sind und der Gesellschaft nicht schaden.
Und so ist es auch mit anderen Interessengruppen. Wenn ihr euch in die Sache vertieft, werdet ihr die höchsten Ziele dieser Parteien in Bahá’u’lláhs Lehren finden. Diese Lehren bilden die allumschließende Macht unter den Menschen und sind durchführbar. Es gibt aber manche Lehren aus der Vergangenheit wie die aus der Thora, die heute nicht mehr anwendbar sind. Das gleiche gilt von den anderen Religionen sowie den Lehrsätzen der verschiedenen Sekten und Parteien.
Zum Beispiel sagte Bahá’u’lláh über den Weltfrieden, dass der Höchste Gerichtshof begründet werden muss. Obgleich der Völkerbund geschaffen worden ist, ist er doch unfähig, den Weltfrieden zu errichten. Der Höchste Gerichtshof aber, den Bahá’u’lláh beschrieben hat, wird diese heilige Aufgabe mit größter Macht und Kraft erfüllen. Sein Plan geht dahin, dass die Nationalversammlungen jedes Landes und jeder Nation, das heißt, die Parlamente, zwei oder drei Personen auswählen, die Edelsten ihres Volkes, Kenner des internationalen Rechts sowie der Beziehungen zwischen den Regierungen, dazuhin vertraut mit den wesentlichen Bedürfnissen der heutigen Menschheit. Die Zahl dieser Abgeordneten sollte im Verhältnis zu der Bevölkerungszahl des Landes stehen. Die Wahl dieser Seelen durch die Nationalversammlung, das heißt, durch das Parlament, ist vom Oberhaus, vom Kongress, vom Kabinett und ebenso vom Präsidenten oder Monarchen zu bestätigen, damit diese Persönlichkeiten die Gewählten des ganzen Volkes und der Regierung sind. Aus diesem Personenkreis sind die Mitglieder des Höchsten Gerichtshofes zu wählen. Die ganze Menschheit hat somit Anteil daran; denn jeder Abgeordnete vertritt die ganze Nation. Wenn der Höchste Gerichtshof zu einer internationalen Frage ein Urteil fällt, entweder einmütig oder durch Mehrheitsbeschluss, so gibt es keinen Einwand mehr für den Kläger und keine Ausflucht für den Beklagten. Falls eine Regierung oder Nation die unwiderlegliche Entscheidung des Höchsten Gerichtshofs missachtet oder die Ausführung verschleppt, werden die übrigen Nationen dagegen auftreten; denn alle Regierungen und Nationen der Welt sind die Stützen dieses Höchsten Gerichtshofs. Überlegt, wie fest diese Grundlage ist! Ein beschränkter, eingeengter Bund jedoch erfüllt den Zweck nicht angemessen. Dies ist die Wahrheit über die erwähnte Lage. …
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O Diener an der Schwelle Bahá’u’lláhs!A71 Dein Brief vom 14. Juni 1920 ist angekommen. Ein Brief von einigen Mitgliedern des Friedensausschusses ging ebenfalls zu; ihnen wurde eine Antwort erteilt. Händige sie ihnen aus.
Es ist klar, dass dieses Treffen nicht das ist, wofür es gehalten wird, ist es doch außerstande, die Angelegenheiten so zu ordnen, wie es richtig und nötig wäre. Wie dem auch sei: Die Sache, um die man sich bemüht, ist von höchster Wichtigkeit. Das Treffen im Haag sollte so viel Macht und Einfluss haben, dass sein Wort auf die Regierungen und Nationen wirkt. Weise die verehrten dort versammelten Mitglieder darauf hin, dass die vor dem Krieg abgehaltene Haager Konferenz den Zaren von Russland zum Präsidenten hatte und dass ihre Mitglieder Männer von höchstem Rang waren. Dennoch hat das diesen schrecklichen Krieg nicht verhindert. Wie wird es weitergehen? In der Zukunft wird mit Sicherheit ein weiterer Krieg ausbrechen, schrecklicher als der letzte. Wahrlich, daran gibt es keinerlei Zweifel. Was kann das Treffen im Haag ausrichten?
Aber die von Bahá’u’lláh niedergelegten Grundsätze verbreiten sich Tag für Tag. Übergib ihnen die Antwort auf ihren Brief, zeige ihnen die größte Liebe und Güte; dann überlasse sie ihren eigenen Angelegenheiten. Auf jeden Fall solltest du ihr Wohlwollen erlangen, und wenn sie zustimmen, kannst du meinen ausführlichen Lehrbrief, der bereits ins Englische übersetzt ist, drucken lassen und verbreiten.
Was die Esperantisten betrifft, so pflege mit ihnen Umgang. Wann immer du unter ihnen jemanden aufnahmebereit findest, überbringe ihm den Duft des Lebens. Sprich bei allen Treffen über die Lehren Bahá’u’lláhs; denn das führt heutzutage in den westlichen Ländern zum Erfolg. Und wenn sie Fragen stellen über deinen Glauben an Bahá’u’lláh, so antworte, dass wir Ihn als der Welt höchsten Lehrer und Erzieher in diesem Zeitalter betrachten. Stelle sodann klar heraus und erkläre im Einzelnen, dass diese Lehren über den Weltfrieden und andere Themen durch Bahá’u’lláhs Feder schon vor fünfzig Jahren offenbart wurden, dass sie bereits in Persien und Indien veröffentlicht und über die ganze Welt verbreitet sind. Anfangs standen alle der Idee des Weltfriedens skeptisch gegenüber und betrachteten sie als Unmöglichkeit. Sprich des Weiteren über Bahá’u’lláhs Größe, über die Ereignisse in Persien und der Türkei, über Bahá’u’lláhs erstaunlichen Einfluss, über den Inhalt Seiner an alle Herrscher gerichteten Sendschreiben und über deren Erfüllung. Sprich auch über die Verbreitung der Bahá’í-Sache. Arbeite mit dem Ausschuss für den Weltfrieden im Haag so eng wie möglich zusammen und erweise ihnen alle Höflichkeit.
Es zeigt sich, dass die Esperantisten aufnahmebereit sind; du kennst ihre Sprache und bist darin bewandert. Setze dich auch mit den Esperantisten in Deutschland und anderswo in Verbindung. Das Schrifttum, das du verbreitest, sollte sich ausschließlich mit den Lehren beschäftigen. Die Verbreitung anderer Schriften ist derzeit nicht ratsam. Es ist meine Hoffnung, dass die göttlichen Bestätigungen dich ständig unterstützen…
Sei nicht traurig über die Gleichgültigkeit und Kälte der Haager Versammlung. Setze dein Vertrauen in Gott. Wir hoffen, dass die Esperanto-Sprache in Zukunft machtvoll auf das Volk wirkt. Du hast jetzt den Samen gesät. Sicherlich wird er wachsen. Sein Wachstum hängt von Gott ab.
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O du aufrichtiger Diener des Wahrhaftigen! Ich höre, du bist traurig und niedergeschlagen über die Ereignisse in der Welt und die Wechselfälle des Schicksals. Wozu diese Furcht und Besorgnis? Wer die Schönheit Abhá wahrhaft liebt, wer den Kelch des Bündnisses leert, der fürchtet kein Unglück, noch fühlt er sich niedergeschlagen in der Stunde der Prüfung. Das Feuer der Not ist sein Lustgarten, und in den Tiefen der See erlebt er die Weiten des Himmels.
Du stehst unter dem Obdach Gottes, im Schatten des Baumes Seines Bündnisses. Warum sorgst du dich? Warum klagst du? Bleibe ruhig und habe Vertrauen! Halte freudig und friedevoll, ernst und aufrichtig die Gebote, die dein Herr niedergeschrieben hat. Wünsche deinem Land und deiner Regierung das Beste. Seine Gnade wird dir allzeit beistehen, Sein Segen wird dir gewährt, und die Sehnsucht deines Herzens wird gestillt werden.
Bei der Altehrwürdigen Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein! Würden die Freunde erkennen, welche ruhmreiche Souveränität ihnen der Herr in Seinem Königreich bestimmt hat, sie wären gewiss von Entzücken erfüllt; sie sähen sich gekrönt mit unsterblicher Herrlichkeit und gerieten vor Begeisterung außer sich. Binnen kurzem wird sich erweisen, wie prächtig das Licht Seiner gütigen Sorge und Barmherzigkeit auf Seine Geliebten strahlt, welch stürmische See in ihren Herzen aufgewühlt ward! Dann werden sie laut ausrufen: Glücklich sind wir, lasst alle Welt frohlocken!
230
O du verehrte Persönlichkeit! Dein zweiter Brief vom 19. Dezember 1918 ist eingegangen. Er brachte große Freude, denn er zeigt deine Festigkeit und Standhaftigkeit im Bund und Testament wie auch dein Verlangen, den Ruf zum Reich Gottes zu erheben. Heute ist der Ruf zum Gottesreich der Magnet, welcher die Menschenwelt zu sich hinzieht; denn groß ist die Fassungskraft des Menschen. Göttliche Lehren bilden den Geist dieses Zeitalters, mehr noch, sie sind die Sonne dieses Zeitalters. Jede Seele muss sich mühen, die Schleier vor dem menschlichen Auge zu zerreißen. Dann ist sofort die Sonne zu sehen; Auge und Herz werden von ihr erleuchtet.
Nun ruhen durch Gottes Hilfe und Großmut diese Kraft der Führung und diese barmherzige Gnadengabe in dir. Erhebe dich deshalb mit höchster Macht, damit du den modernden Gebeinen den Geist schenkst, den Blinden die Sehkraft, den Bedrückten Balsam und Frische, den Mutlosen lebendige Anmut. Jede Lampe verlöscht zuguterletzt, außer der Lampe des Gottesreichs; ihr Glanz wächst von Tag zu Tag. Jeder Ruf verhallt schließlich, außer dem Ruf zum Reich Gottes; er erschallt Tag für Tag. Jeder Pfad windet sich, außer der Straße des Königreichs; sie wird täglich bequemer. Das Himmelslied lässt sich ohne Zweifel nicht an einem irdischen Lied messen, das Kunstlicht nicht mit der himmlischen Sonne vergleichen. So muss sich der Mensch um das bemühen, was fortdauert und ewig währt, damit er in wachsendem Maße erleuchtet, gestärkt und neu belebt werde…
Ich bete und flehe zum himmlischen Reich, dass dein Vater, deine Mutter und dein Bruder durch das Licht der Führung das Reich Gottes betreten.
231
O du Blüte am Baum des Lebens! Glücklich bist du, denn du hast deine Lenden im Dienste gegürtet, hast dich mit ganzer Kraft für die Verkündung der göttlichen Lehren erhoben, Versammlungen einberufen und dich um die Verherrlichung des Gotteswortes bemüht.
In dieser sterblichen Welt hat alles Wichtige ein Ende, und jede noch so außergewöhnliche Errungenschaft findet ihren Abschluss. Nichts ist von Dauer. Betrachte zum Beispiel die wichtigen Errungenschaften der Antike, sie sind gänzlich verschwunden und keine Spur blieb von ihnen zurück, außer der großen Sache des Gottesreiches, die keinen Anfang und kein Ende hat. Sie wird allenfalls erneuert. Zu Beginn einer jeden Erneuerung schauen die Menschen darüber hinweg; wenn aber die Sache Gottes endgültig errichtet ist, schreitet sie täglich voran, und ihre tägliche Verherrlichung erreicht die höchsten Himmel.
Betrachte zum Beispiel den Tag Christi, den Tag der Erneuerung des Gottesreiches. Das Volk der Welt schenkte ihm keine Beachtung und erkannte seine Bedeutung so wenig, dass die Grabstätte Christi für die folgenden dreihundert Jahre vergessen und unbekannt blieb, bis Gottes Magd Helena, die Mutter Konstantins, kam und den heiligen Ort entdeckte.
Meine Absicht bei alledem ist zu zeigen, wie schlecht das Volk der Welt beobachtet, wie unwissend es ist, wie achtlos und gleichgültig es an dem Tag verharrt, da das Gottesreich errichtet wird.
Binnen kurzem wird die Macht des Gottesreiches die ganze Welt umfassen. Dann werden die Menschen auferweckt; sie werden schreien und wehklagen über all jene, die unterdrückt wurden und den Märtyrertod fanden, und sie werden seufzen und jammern. So ist der Menschen Wesensart.
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Was Präsident Wilson betrifft, so finden sich die vierzehn Prinzipien, die er aufgestellt hat, zum größten Teil in den Lehren Bahá’u’lláhs. Deshalb hoffe ich, dass er bestätigt und unterstützt werde. Heute dämmert der Weltfrieden am Horizont; ich hoffe, dass sein Morgen vollends anbricht und das Dunkel des Krieges, des Zanks und Streits unter den Menschen in das Licht der Einheit, der Eintracht und Zuneigung verwandelt.
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O ihr treuen Freunde, ihr aufrichtigen Diener Bahá’u’lláhs! Zur Zeit der Mitternachtswache, da alle Augen im Schlummer geschlossen sind und alle in tiefem Schlaf ihr Haupt auf das Ruhelager betten, wacht ‘Abdu’l-Bahá in der Umfriedung des Heiligen Schreines, und in glühender Beschwörung spricht er dieses sein Bittgebet:
O du gütige, liebende Vorsehung! Der Osten bebt, der Westen brandet wie die ewigen Wogen der See. Weithin wehen der Heiligkeit sanfte Winde, und aus dem Unsichtbaren Königreich strahlt die Sonne der Wahrheit in hellem Glanz. Die Hymnen göttlicher Einheit erklingen, die Banner himmlischer Macht wehen. Die Engelsstimme erschallt, und wie Leviathans Gebrüll dröhnt der Ruf nach Selbstlosigkeit und Selbstauslöschung. ›Yá Bahá’u’l-Abhá‹ hallt der Siegesruf von allen Seiten, und ›Yá ‘Alíyyu’l-A‘lá‹ erschallt es durch alle Lande. Nichts bewegt sich in der Welt, es sei denn durch die Herrlichkeit des großen Verzückers der Herzen, und kein Aufruhr tritt ein, außer im Wogen der Liebe zu Ihm, dem Unvergleichlichen, dem Heißgeliebten.
Mit ihrem moschusduftenden Odem brennen die Geliebten des Herrn in allen Landen wie leuchtende Kerzen, und allüberall trifft man auf die Freunde des Allbarmherzigen, die sich wie Blumen entfalten. Keinen Augenblick rasten sie, keinen Atemzug tun sie, ohne Deiner zu gedenken, und nichts erflehen sie als den Dienst an Deiner Sache. In den Fluren der Wahrheit sind sie wie süß flötende Nachtigallen, im Blumengarten der Führung sind sie wie leuchtend bunte Blüten. Mit mystischen Blumen schmücken sie die Pfade im Garten der Wirklichkeit, wie wogende Zypressen säumen sie die Ufer am Strom des göttlichen Willens. Hoch über dem Horizont des Seins leuchten sie wie strahlende Sterne; am Firmament der Welt glänzen sie wie helle Sonnen. Manifestationen himmlischer Gnade sind sie, Morgenröten des Lichtes göttlichen Beistands.
Gib, o Du liebender Herr, dass alle fest und standhaft bleiben, in ewiger Herrlichkeit so strahlend, dass mit jedem Atemzug sanfte Winde aus den Gemächern Deiner Gnade wehen, dass aus dem Meer Deiner Gunst ein belebender Sprühregen aufsteige, dass Deiner Liebe wohltätige Schauer Frische schenken und der Zephir seinen Duft aus dem Rosengarten göttlicher Einheit herbeitrage.
Gewähre uns, o Meistgeliebter der Welt, einen Strahl Deiner Herrlichkeit! O Du Heißgeliebter der Menschheit, ergieße das Licht Deines Antlitzes auf uns!
O Du allmächtiger Gott, beschütze uns und sei unsere Zuflucht! Zeige Du, o Herr des Seins, Deine Macht und Deine Herrschaft!
O Du liebender Herr, die Aufwiegler regen und rühren sich mancherorts; Tag und Nacht tun sie schweres Unrecht.
Wie Wölfe lauern die Tyrannen; der Unterdrückten arglose Herde hat weder Hilfe noch Beistand. Hetzhunde setzen den Gazellen auf den Auen göttlicher Einheit nach, und den Fasan in den Bergen himmlischer Führung verfolgen die Raben des Neides.
O Du göttliche Vorsehung, bewahre und beschütze uns! O Du unser Schild, errette und verteidige uns! Birg uns unter Deinem Obdach, behüte uns durch Deine Hilfe vor allem Übel. Du bist in der Tat der wahre Beschützer, der unsichtbare Hüter, der himmlische Erhalter, der liebende Herr des Himmels.
O ihr Geliebten des Herrn! Einerseits ist des einen wahren Gottes Banner entfaltet, die Stimme des Gottesreiches erschallt. Gottes Sache breitet sich aus, die Wunder aus der Höhe sind in ihrer Herrlichkeit offenbar. Der Osten ist erleuchtet, der Westen voll Wohlgeruch, der Norden duftet nach Ambra, der Süden nach Moschus.
Andererseits steigern die Treulosen ihren Hass und Groll; ständig schüren sie Aufruhr und Unheil. Täglich hisst jemand das Banner der Auflehnung und prescht mit seinem Schlachtross in die Arena der Zwietracht. Stündlich zeigt die niederträchtige Natter ihre Zähne und verspritzt ihr tödliches Gift.
Die Geliebten des Herrn sind ganz von Aufrichtigkeit und Ergebenheit umfangen; sie achten dieser bösen Tücke nicht. Schlüpfrig und hinterhältig sind diese Schlangen, die das Böse flüstern, geschickt in ihrer Kunst und Arglist. Seid auf der Hut und bleibt wachsam! Schlagfertig und scharf von Verstand sind die Getreuen, fest und standhaft sind die Überzeugten. Handelt wohlüberlegt!
»Fürchtet den Scharfblick des Getreuen, denn er sieht durch Gottes Licht.«
Hütet euch, dass keine Seele insgeheim Spaltung bewirkt oder Streit entfacht. Seid tapfere Krieger in der uneinnehmbaren Feste, eine heldenhafte Schar in der mächtigen Burg. Handelt mit äußerster Sorgfalt und seid Tag und Nacht auf der Hut, damit der Tyrann keinen Schaden anrichten kann.
Studiert das Tablet des Heiligen Seefahrers,A72 damit ihr die Wahrheit erkennt, und denkt darüber nach, wie die Gesegnete Schönheit künftige Ereignisse klar voraussagte. Lasst alle Erkennenden gewarnt sein. Wahrlich, das ist ein Segen für die Aufrichtigen!
Wie der Staub auf der Heiligen Schwelle, mit ganzer Demut und Ergebenheit, weiht sich ‘Abdu’l-Bahá Tag und Nacht der Verkündung Seiner Zeichen. Wann immer er Zeit findet, betet er inbrünstig, fleht heißen Herzens unter Tränen zu Ihm und spricht:
O Du göttliche Vorsehung, wir sind erbärmlich, gewähre uns Deinen Beistand; wir sind heimatlose Wanderer, gib uns Deinen Schutz; auseinandergerissen sind wir, vereinige Du uns; wir sind vom rechten Wege abgeirrt, führe uns zu Deiner Herde; beraubt sind wir, gewähre uns einen Anteil; wir dürsten, führe uns zum Urquell des Lebens; schwach sind wir, mache uns stark, damit wir uns erheben, Deiner Sache zu helfen und uns als lebendige Opfer auf dem Pfade der Führung darbringen.
Die Treulosen aber mühen sich Tag und Nacht, offen und insgeheim, mit ganzer Kraft, die Grundmauern der Sache zu erschüttern, den Gesegneten Baum mit der Wurzel auszureißen, diesen Diener von seinem Dienst abzuhalten, geheimen Aufruhr und Streit anzuzetteln und ‘Abdu’l-Bahá zu vernichten. Äußerlich erscheinen sie als Schafe, aber inwendig sind sie nichts als reißende Wölfe. Mit süßen Worten auf den Lippen sind sie im Herzen tödliches Gift.
O ihr Geliebten, beschützt die Sache Gottes! Lasst euch nicht von süßen Zungen betören, seht vielmehr auf den Beweggrund jeder Seele, sinnt nach über die Gedanken, die sie hegt. Gebt sofort Acht und seid auf der Hut. Meidet sie, aber greift sie nicht an! Enthaltet euch der Kritik und der üblen Nachrede, überlasst sie der Hand Gottes. Die Herrlichkeit der Herrlichkeiten sei mit euch.
234
O du, die der süße Hauch des Herrn verzückt! Den Inhalt deines beredten Briefes habe ich zur Kenntnis genommen und erfahren, dass du Tränen vergießest und dein Herz vor Kummer brennt über ‘Abdu’l-Bahás Gefangenschaft.
O du Magd Gottes! Dieses Gefängnis ist mir süßer und willkommener als ein Blumengarten, diese Gefangenschaft ist besser als die Freiheit, meiner Wege zu gehen, und dieses enge Gelass bietet mir mehr Raum als weite, offene Auen. Sei meinetwegen nicht bekümmert. Und sollte mein Herr bestimmen, dass ich mit dem Kelch des Martyriums gesegnet werde, so bedeutet das nur, dass ich bekomme, was ich am meisten ersehne.
Fürchtet euch nicht, wenn dieser Zweig von der stofflichen Welt getrennt wird und seine Blätter abwirft. Nein, seine Blätter sollen grünen, denn dieser Zweig wird wachsen, nachdem er von der Welt hienieden abgeschnitten ist. Die höchsten Gipfel der Herrlichkeit soll er erreichen und Früchte tragen, welche die Welt mit ihrem Wohlgeruch erfüllen.
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O Gott, mein Gott! Erleuchte die Stirn derer, die Dich wahrhaft lieben, und stehe ihnen bei mit dem siegesgewissen Heer Deiner Engel. Setze ihre Schritte sicher auf Deinen geraden Pfad und öffne ihnen aus Deiner urewigen Großmut die Tore Deines Segens; denn auf Deinem Pfad, zum Schutz Deines Glaubens, geben sie aus, was Du ihnen verliehen hast. In Dein Gedenken setzen sie ihr Vertrauen, aus Liebe zu Dir geben sie ihre Herzen hin, und im Gebet zu Deiner Schönheit, auf der Suche nach Deinem Wohlgefallen, halten sie nicht zurück, was sie besitzen.
O mein Herr! Bestimme ihnen reichen Anteil, genaues Entgelt, sicheren Lohn!
Wahrlich, Du bist der Erhalter, der Helfer, der Großmütige, der Freigebige, der Ewig-Schenkende.
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O Du mein Gott, der Du den Sucher auf den geraden Pfad führest, die verlorene, verblendete Seele aus den Wüsten der Verdammnis erlösest, dem Aufrichtigen große Gnadengaben verleihest, dem Verängstigten Schutz an uneinnehmbarer Stätte gewährest und von Deinem höchsten Horizont denen antwortest, die Dich anrufen. Gepriesen seiest Du, o mein Herr! Du führst die Irregeleiteten aus den Todesfängen des Unglaubens, Du bringst jene, die sich Dir nähern, zu ihrer Reise Ziel. Die Standhaften unter Deinen Dienern lässest Du frohlocken, weil Du ihre tiefste Sehnsucht stillst, und öffnest in Deiner Schönheit Reich die Tore der Wiedervereinigung vor den Augen derer, die nach Dir verlangen. Du errettest sie aus den Feuern des Verlusts und Verderbens, so dass sie zu Dir eilen, in Deine Gegenwart gelangen, an Deinem einladenden Tor anlangen und Deine Gaben überreich empfangen.
O mein Gott, sie waren durstig, Du reichtest ihren ausgedörrten Lippen die Wasser der Wiedervereinigung. O Du Zärtlicher, Du Schenkender, Du stillst ihren Schmerz mit dem Balsam Deiner Gunst und Gnade, Du heilst ihre Gebrechen mit der allmächtigen Arznei Deines Mitleids. O Herr, mache ihre Schritte fest auf Deinem geraden Pfad, weite ihnen das Nadelöhr und lass sie in königlichen Gewändern allezeit in Herrlichkeit wandeln.
Wahrlich, Du bist der Freigebige, der Immergebende, der Kostbare, der Großmütigste. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Mächtigen, dem Gewaltigen, dem Erhabenen, dem Siegreichen.
O meine Geliebten im Geiste! Preis sei Gott, ihr habt die Schleier beiseitegeschoben, habt den mitfühlenden Geliebten erkannt und seid von dieser Wohnstätte ins Reich des Raumlosen geeilt. Ihr habt eure Zelte in Gottes Welt aufgeschlagen, ihr habt eure süße Stimme erhoben, Ihn, den Selbst-Bestehenden, zu verherrlichen, und Lieder angestimmt, die tief ins Herz dringen. Wohlgetan, tausendmal wohlgetan! Ihr habt das offenbarte Licht geschaut, und in eurem wiedergeborenen Sein habt ihr den Ruf erhoben: »Gesegnet sei der Herr, der beste der Schöpfer!«Q49 Ihr wart zuerst wie Ungeborene im Mutterschoß, dann wart ihr Säuglinge und habt aus kostbarer Brust die Milch der Erkenntnis gesogen, später seid ihr zu voller Größe herangewachsen und habt das Heil erlangt. Nun ist die Zeit des Dienstes, der Dienstbarkeit für den Herrn. Befreit euch von jedem Gedanken an Zerstreuung, überbringt die Botschaft mit beredter Zunge, schmückt eure Zusammenkünfte mit dem Lobpreis des Geliebten, bis des Segens überwältigende Flut herabströmt, die Welt in frisches Grün und Blütenpracht zu kleiden. Dieser Segensstrom besteht in den Ratschlägen, Ermahnungen, Anweisungen und Geboten Gottes, des Allmächtigen.
O meine Geliebten! Die Welt ist eingehüllt in das dichte Dunkel offenen Aufruhrs, aufgewühlt von einem Wirbelsturm des Hasses. Darin lodern die Feuer der Feindseligkeit bis zu den Wolken des Himmels, ein Strom von Blut rollt über die Ebenen und die Berghänge hinab. Kein Mensch auf Erden kann Frieden finden. Deshalb müssen Gottes Freunde jene zärtliche Güte hervorbringen, die vom Himmel kommt, und der ganzen Menschheit geistige Liebe spenden. Jede Seele müssen sie nach den göttlichen Ratschlägen und Ermahnungen behandeln; allen müssen sie Freundlichkeit und guten Glauben entgegenbringen, allen müssen sie wohlgesonnen sein. Sie müssen sich für ihre Freunde aufopfern und ihren Feinden alles Gute wünschen. Sie müssen den Boshaften trösten und ihre Unterdrücker mit Güte behandeln. Für die Dürstenden müssen sie frisches Wasser sein, für die Kranken eine rasch wirkende Arznei, heilender Balsam für die Leidenden, ein Trost für jedes beladene Herz. Sie müssen ein Licht der Rechtleitung sein für die Irrenden, verlässliche Führer für den Verlorenen. Den Blinden müssen sie Auge, den Tauben Ohr, den Toten ewiges Leben, den Verzweifelten immerwährende Freude sein.
Aus freien Stücken müssen sie sich jedem gerechten König unterwerfen und jedem großmütigen Herrscher gute Bürger sein. Sie müssen der Regierung gehorchen und dürfen sich nicht in politische Angelegenheiten einmischen, vielmehr müssen sie sich der Besserung des Charakters und des Verhaltens widmen und ihre Augen auf das Licht der Welt richten.
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Wer immer dieses Gebet demütig und inbrünstig spricht, wird das Herz dieses Dieners mit Freude und Glück erfüllen:: Es wird sein, als begegne er Ihm von Angesicht zu Angesicht.
Er ist der Allherrliche!
O Gott, mein Gott! Demütig und unter Tränen erhebe ich meine flehenden Hände zu Dir und bedecke mein Angesicht im Staub Deiner Schwelle, die erhaben ist über das Wissen der Gelehrten und das Lob aller, die Dich verherrlichen. Schaue gnädiglich mit dem Auge Deines Erbarmens auf Deinen Diener, der bescheiden und demütig an Deiner Pforte steht, und tauche ihn ein in das Meer Deiner ewigen Gnade.
Herr! Er ist Dein armer, demütiger Diener, der, von Dir bezaubert, Dich anfleht, der, gefangen in Deiner Hand, inbrünstig zu Dir betet, der, Dir vertrauend, mit Tränen vor Deinem Angesicht zu Dir ruft und flehend zu Dir spricht:
O Herr, mein Gott! Schenke mir Deine Gnade, Deinen Geliebten zu dienen, stärke mich in meiner Dienstbarkeit vor Dir, erleuchte meine Stirn mit dem Licht der Anbetung an Deinem Hof der Heiligkeit und des Gebets zu Deinem Reich der Größe. Hilf mir, selbstlos zu sein am himmlischen Zugang zu Deinem Tor, und stehe mir bei, in Deinen heiligen Gefilden von allem losgelöst zu sein. Herr! Gib mir zu trinken aus dem Kelch der Selbstlosigkeit, hülle mich in ihr Gewand, tauche mich ein in ihr Meer. Mache mich zu Staub auf dem Pfade Deiner Geliebten und gib, dass ich meine Seele opfere für die Erde, die durch die Spur Deiner Erwählten auf Deinem Pfad geadelt ist, o Du Herr der Herrlichkeit in der höchsten Höhe.
Mit diesem Gebet ruft Dein Diener zu Dir im Morgengrauen und zur Nachtzeit. Erfülle seines Herzens Wunsch, o Herr! Erleuchte sein Herz, erheitere seine Brust, entzünde sein Licht, dass er Deiner Sache und Deinen Dienern diene.
Du bist der Schenkende, der Mitleidige, der Allgütige, der Gnadenreiche, der Barmherzige, der Erbarmer.
Quellenangaben
Q1 vgl. Bahá’u’lláh, in: Tabernakel der Einheit 1:15, 2:36, in: Botschaften aus ‘Akká 11:5 – Anm. d. Hrsg.
Q2 Qur’án 60:13.
Q3 Mt. 22:14.
Q4 Qur’án 57:21.
Q5 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 72:1 – Anm. d. Hrsg.
Q6 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 71:1 – Anm. d. Hrsg.
Q7 vgl. Bahá’u’lláh, in: Tabernakel der Einheit 1:15, 2:36, in: Botschaften aus ‘Akká 11:5 – Anm. d. Hrsg.
Q8 vgl. Mt. 24:43–44; Lk. 12:39–40; Thomasevangelium 21 – Anm. d. Hrsg.
Q9 vgl. Lk. 21:12; siehe auch Mt. 5:11, 13:9; Lk. 6:22 – Anm. d. Hrsg.
Q10 Qur’án 6:103.
Q11 Qur’án 17:110.
Q12 Joh. 14:10.
Q13 Qur’án 6:91.
Q14 Joh. 6:51, 6:58.
Q15 vgl. Joh. 15:26, 16:12–13.
Q16 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:37, in: Ährenlese 166 – Anm. d. Hrsg.
Q17 Qur’án 36:36; vgl. 51:49.
Q18 Gen. 1:26.
Q19 Qur’án 25:48.
Q20 vgl. Joh. 3:5.
Q21 Mt. 17:1–19; Mk. 9:2–9; Lk. 9:28–36.
Q22 Mt. 16:18 – Anm. d. Hrsg.
Q23 Offb. 21:10 – Anm. d. Hrsg.
Q24 vgl. Offb. 21:15 – Anm. d. Hrsg.
Q25 Joh. 6:38.
Q26 Joh. 3:13.
Q27 Joh. 14:30.
Q28 Hi. 19:25.
Q29 vgl. Qur’án 3:40; 2:253.
Q30 vgl. Qur’án 36:26–27.
Q31 Mt. 19:24; Mk. 10:25.
Q32 Qur’án 16:97 – Anm. d. Hrsg.
Q33 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-‘Ahd, in: Botschaften aus ‘Akká 15:9 – Anm. d. Hrsg.
Q34 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:174 – Anm. d. Hrsg.
Q35 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:121 – Anm. d. Hrsg.
Q36 Qur’án 24:39.
Q37 Qur’án 36:30.
Q38 Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká 2:22.
Q39 Joh. 18:11.
Q40 Qur’án 67:3.
Q41 Qur’án 24:35.
Q42 vgl. Qur’án 28:29.
Q43 Qur’án 76:5.
Q44 Qur’án 61:4.
Q45 Qur’án 67:3.
Q46 Qur’án 2:74.
Q47 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:53, in: Ährenlese 72:1.
Q48 Qur’án 76:5.
Q49 Qur’án 23:14 – Anm. d. Hrsg.
Anmerkungen
A1 Von ‘Abdu’l-Bahá während des Ersten Weltkrieges niedergeschrieben und dem Sendbrief an die Zentralorganisation für einen dauernden Frieden im Haag beigefügt; vgl. Kap. 227 sowie ‘Abdu’l-Bahá, Der Weltfriedensvertrag, Hofheim-Langenhain 1988 – Anm. d. Hrsg.
A2 Qur’án 17:79.
A3 Qur’án 15:72.
A4 Qur’án 39:68; Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká 8:37; Brief an den Sohn des Wolfes 192, S. 117.
A5 Qur’án 74:8.
A6 Qur’án 39:68.
A7 Qur’án 79:6–7.
A8 Qur’án 22:2.
A9 Qur’án 34:40.
A10 Qur’án 29:19.
A11 Qur’án 79:34.
A12 Qur’án 6:91; 52:12.
A13 Napoleon III.
A14 Kitáb-i-Aqdas – Anm. d. Hrsg.
A15 Isráfíl ist der Engel, der nach der Überlieferung am Tag der Auferstehung in die Posaune stößt, um auf Befehl des Herrn die Toten zu erwecken.
A16 Ḥuqúqu’lláh.
A17 Jane Elizabeth Whyte, Edinburg, vgl. Anjam Khursheed, The Seven Candles of Unity, Bahá’í Publishing Trust, London 1991, p. 45 – Anm. d. Hrsg.
A18 Der Schmuck, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 4].
A19 Worte des Paradieses, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 6].
A20 Der Strahlenglanz, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 5].
A21 Die Pracht, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 8].
A22 Die frohen Botschaften, [siehe Bahá’u’lláh, Botschaften aus ‘Akká, Kap. 3].
A23 Masíḥ.
A24 Masíkh.
A25 Joh. 14:11.
A26 Als Beitrag zu John E. Esslemont, Bahá’u’lláh und das neue Zeitalter, geschrieben.
A27 Flavius Josephus (37/38–100 n.Chr.) schrieb eine zwanzigbändige Geschichte der Juden in griechischer Sprache – Anm. d. Hrsg.
A28 Über diesen Sendbrief schrieb Shoghi Effendis Sekretär am 9. Mai 1938 in seinem Auftrag: »… Dies bezieht sich offenkundig, wie der Text deutlich zeigt, auf den Báb und ist keineswegs ein Hinweis auf Swedenborg.«.
A29 Jesus Christus.
A30 der »Baum, über den hinaus keiner gehen kann«, ein Symbol für die Manifestation Gottes; vgl. Qur’án 53:8–18, Shoghi Effendi, Gott Geht Vorüber 132 – Anm. d. Hrsg.
A31 Chinesische Städte, bekannt für ihre moschusproduzierenden Tiere.
A32 Die Pracht, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 8].
A33 Der Schmuck, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 4].
A34 Die frohen Botschaften, [siehe Bahá’u’lláh, Botschaften aus ‘Akká, Kap. 3].
A35 Der Strahlenglanz, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 5].
A36 Worte des Paradieses, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká Kap. 6].
A37 das Erdbeben von 1906.
A38 des Geistigen Rats.
A39 das Heilige Land.
A40 die Bahá’í von Najaf-Ábád.
A41 Muhammad.
A42 Shahnáz, der Name der Empfängerin dieses Sendbriefes, ist auch die Bezeichnung einer musikalischen Tonart.
A43 Ein Aufsatz aus dem Buch The Gospel of Wealth von Andrew Carnegie (1835–1919) wurde in England im Pall Mall Budget unter der Überschrift The Gospel of Wealth wiedergegeben; vgl. Andrew Carnegie, Autobiography, p. 255, [deutsch Geschichte meines Lebens (1921)].
A44 Qur’án 25:53, 35:12, 55:19–25. Vgl. auch das Hochzeitsgebet ‘Abdu’l-Bahás in: Gebete, Hofheim-Langenhain 1984, Nr. 224.
A45 Siehe ‘Abdu’l-Bahá, in: Beantwortete Fragen, 81:6–9, S. 275 zur Erläuterung des absteigenden und des aufsteigenden Bogens.
A46 Koloquinte und Baum Zaqqúm (vgl. Qur’án 37:62).
A47 vgl. Qur’án 24:35.
A48 Bahá’í-Kinderklasse in Kenosha, Wisconsin, USA.
A49 vgl. Qur’án 39:56.
A50 Möglicherweise bezieht sich ‘Abdu’l-Bahá auf die Sikhs; die Schilderung scheint auf sie zuzutreffen.
A51 Moses.
A52 Jesus.
A53 der Báb, siehe ‘Abdu’l-Bahá, in: Beantwortete Fragen, Kap. 13.
A54 vgl. Mt. 27:29, Mk. 15:18, – Anm. d. Hrsg.
A55 Deutschland.
A56 den Pazifischen Ozean.
A57 30. September 1912.
A58 Bahá’u’lláh, Verborgene Worte, pers. 71 – Anm. d. Hrsg.
A59 in Bahjí.
A60 vgl. Qur’án 7:172 – Anm. d. Hrsg.
A61 Johannes der Täufer.
A62 Qur’án 20:12 – wird auch als »Heiliges Tal« bezeichnet.
A63 vgl. Qur’án 4:78.
A64 Dieser Brief trug die Unterschriften von 422 amerikanischen Gläubigen und das Datum vom 4. Juli 1905.
A65 Dieser Sendbrief wurde im Januar 1920 verfaßt; vgl. Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 3:6, S. 51 – Anm. d. Hrsg.
A66 der Báb.
A67 von Bahá’u’lláh zitierte Überlieferung, vgl. Ährenlese 89:3; dazu A. Taherzadeh, Die Offenbarung Bahá’u’lláhs, I. Baghdád 1853–1863, 1981—138, S. 53 ff.
A68 An die Leser der Zeitschrift The Christian Commonwealth vom 1. Januar 1913.
A69 siehe Anm. 50 zu 32:2 – Anm. d. Hrsg.
A70 Dies ist der erste Teil der Antwort ‘Abdu’l-Bahás auf einen Brief, den der Exekutivausschuß der Zentralorganisation für einen dauernden Frieden [, eine private, 1915 im Haag gegründete Initiative engagierter Friedensfreunde, an Ihn gerichtet hatte]. ‘Abdu’l-Bahás Brief vom 17. Dezember 1919, den Shoghi Effendi als ein »Sendschreiben von weittragender Bedeutung« bezeichnet (Gott geht vorüber, 1974–131, S. 350), wurde 1920 von einer besonderen Bahá’í-Delegation im Haag übergeben. [Vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Der Weltfrieden-Vertrag. Ein Brief an die Zentralorganisation für einen dauernden Frieden, Hofheim-Langenhain 1988–145.
A71 MírzáAḥmadKhánYazdání (1891–1977), der Überbringer von ‘Abdu’l-Bahás Brief an die Zentralorganisation für einen dauernden Frieden im Haag; vgl. Abschnitt 227 – Anm. d. Hrsg.
A72 vgl. Adib Taherzadeh, Die Offenbarung Bahá’u’lláhs, I. Baghdád 1853–1863, Hofheim-Langenhain 1981–138, S. 273 ff.
A73 Munájátu’l-Liqá’ (Tablet der Begegnung). Dieses Gebet wird an ‘Abdu’l-Bahás Schrein gelesen; es wird auch als privates Gebet gebraucht.
Briefe und Botschaften
‘Abdu’l-Bahá
Vorwort
‘Abdu’l-Bahás Darstellung der Bahá’í-Offenbarung findet sich in Seinen Schriften, in zahlreichen Zusammenstellungen Seiner Reden und Gespräche sowie in Seinen Briefen. Die schriftlichen Werke wie Geheimnis göttlicher Kultur, A Traveller’s Narrative sowie Wille und Testament sind in abendländische Sprachen übersetzt, ebenso Sammlungen Seiner Reden wie Beantwortete Fragen, Vorbilder der Treue, Ansprachen in Paris und Promulgation of Universal Peace. Dagegen wurde in den letzten 70 Jahren keine größere Zusammenstellung aus Seinen unzähligen Briefen in europäischen Sprachen vorgelegt. Die drei Bände Tablets of ‘Abdu’l-Bahá, die in den Vereinigten Staaten zwischen 1909 und 1916 veröffentlicht und 1930 ein zweites Mal aufgelegt wurden, sind längst vergriffen.
Die Auswahl der vorliegenden Zusammenstellung ist viel breiter angelegt als die der früheren Bände; sie zeigt das weitgefächerte Spektrum der Themen, mit denen sich der Meister in Seinen Briefen befasste. Aufgenommen wurden einige Sendbriefe, die ein Ausschuss im Weltzentrum übersetzte; dabei wurden Entwürfe benutzt, die Shoghi Effendi noch zu Lebzeiten ‘Abdu’l-Bahás machte. Viele Briefe hat Marzieh Gail übersetzt; die Auswahl dieser Briefe war ihr aus der 19.000 Originale und bestätigte Kopien umfassenden Sammlung des Weltzentrums zugegangen. Bekannte Sendschreiben wie der Brief an August Forel oder der größere Teil des Sendschreibens nach Den Haag wurden weggelassen, weil sie bereits in gesonderten Veröffentlichungen zugänglich sind.
Die glücklichen, gesegneten Empfänger der meisten hier zusammengetragenen Sendbriefe waren frühe Gläubige in Ost und West: einzelne Gläubige, Gruppen, Ausschüsse oder Versammlungen der Freunde. Die Bedeutung dieser Botschaften für die eben erst entstehenden Gemeinden des Westens zu einer Zeit, als noch kaum Bahá’í-Literatur in europäischen Sprachen zugänglich war, kann nicht überschätzt werden.
Sicherlich wird die Veröffentlichung dieser Schriften des Meisters alle, die Ihn lieben, in ihrem Eifer bestärken, auf Seinen Ruf zu antworten, und wird ihnen ein Gespür für den wundervollen Zusammenklang von Menschlichem und Göttlichem geben, den Er, das Geheimnis Gottes, so vollkommen verkörperte.
Versangaben bei Qur’án-Zitaten erfolgen nach der kufischen Zählung. Bei Qur’án-Ausgaben mit anderer Zählweise können sich geringfügige Verschiebungen ergeben.
Einführung
‘Abdu’l-Bahá (23. Mai 1844 – 28 November 1921) war der älteste überlebende Sohn und ernannte Nachfolger Bahá’u’lláhs, des prophetischen Gründers des Bahá’í-Glaubens. Obgleich er außerhalb der Bahá’í-Gemeinde als ›‘Abbás Effendi‹ bekannt war, bezeichnen die Bahá’í ihn oft als den »Größten Ast«, »das Geheimnis Gottes« und den »Meister« – Titel, die ihm von Bahá’u’lláh verliehen worden waren. Nach dem Hinscheiden Bahá’u’lláhs im Jahre 1892, nannte er sich selbst »‘Abdu’l-Bahá«, den ›Diener Bahás‹.
Der Bahá’í-Glaube stammt aus dem Írán der Mitte des 19. Jahrhunderts und verdankt seinen Ursprung den Bemühungen zweier aufeinanderfolgender Gründerpropheten: des Báb and Bahá’u’lláhs. Wie der erste von ihnen verkündete, bestand seine Mission darin, den Weg zu bereiten für »Den, den Gott offenbaren wird«, dem von den Anhängern aller Glaubensrichtungen erwarteten Offenbarer Gottes. Während der wiederholten, auf diese Verkündigung antwortenden Verfolgungswellen, die das Leben des Báb, sowie etlicher Tausend Seiner Anhänger forderten, erklärte Bahá’u’lláh sich selbst als die Erfüllung dieses göttlichen Versprechens.
‘Abdu’l-Bahá erkannte als Kind die spirituelle Stufe seines Vaters, noch bevor diese öffentlich bekannt gegeben wurde und begleitete Bahá’u’lláh vom 8. Lebensjahr an in Exils und die Verbannung. ‘Abdu’l-Bahá vertrat seinen Vater oft beim Umgang mit Behörden und der Öffentlichkeit. Nach Bahá’u’lláh’s Hinscheiden im Jahre 1892, wurde ‘Abdu’l-Bahá in Übereinstimmung mit in den Schriften Bahá’u’lláhs getroffenen Vorkehrungen das Oberhaupt des Bahá’í-Glaubens.
Als Bahá’u’lláh’s Nachfolger und ernannter Interpret Seiner Schriften kommt ‘Abdu’l-Bahá eine eigene spirituelle Stufe zu. Die Bahá’í betrachten ihn als die vollkommene Verkörperung des Bahá’í-Glaubens, und als mit göttlichem Wissen ausgestattet, nicht jedoch als Propheten.
Während seiner bemerkenswerten Amtszeit korrespondierte ‘Abdu’l-Bahá mit Bahá’ís aus der ganzen Welt und versorgte sie mit einer Fülle praktischer und spiritueller Führung. Obgleich viele der in diesem Band zusammengestellten Briefe an Einzelpersonen addressiert waren und Antworten auf spezifische Fragen darstellen, enthält die in ihnen vermittelte Führung universelle Wahrheiten, die es wert sind von allen studiert zu werden. Die hier zusammengetragene Korrespondenz und schriftlichen Äußerungen decken ein weites Themenfeld ab und enthalten tiefe spirituelle Weisheit, die heute ebenso maßgeblich und unerläßlich ist, wie als sie zu Papier gebracht wurde.
1A1
O Völker der Erde! Die Sonne der Wahrheit ist aufgegangen, um die ganze Welt zu erleuchten und die Gesellschaft der Menschen zu vergeistigen. Lobenswert sind die Ergebnisse und Früchte, reichhaltig die heiligen Beweise, die aus dieser Gnade fließen. Dies bedeutet echte Barmherzigkeit und reinste Großmut, Licht für die Welt und alle ihre Völker, Harmonie und Brüderlichkeit, Liebe und Solidarität; ja es bedeutet Mitleid und Einigkeit und das Ende von Entfremdung, es bedeutet, eins zu sein mit allen auf Erden in vollkommener Würde und Freiheit.
Die Gesegnete Schönheit spricht: »Ihr seid alle die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges.«Q1 Er hat diese Welt des Seins mit einem einzigen Baum verglichen und alle ihre Völker mit dessen Blättern, Blüten und Früchten. Der Zweig muss zum Blühen kommen, Blatt und Frucht müssen wachsen; das Gedeihen von Blatt und Blüte und die Süße der Frucht hängen von der innigen Verbundenheit aller Teile des Weltenbaumes ab.
Deshalb müssen alle Menschen sich gegenseitig äußerst wirksam unterstützen, alle müssen nach dem ewigen Leben trachten; und aus demselben Grunde müssen die, die Gott lieben, in dieser Welt des Zufalls zu Gnadengaben und Segnungen werden, die durch den milden König der sichtbaren und unsichtbaren Reiche ausgestrahlt wurden. Sie sollten ihren Blick läutern und die ganze Menschheit als Blätter, Blüten und Früchte am Baume des Seins erkennen. Sie sollten zu allen Zeiten danach trachten, eine gute Tat für einen Mitmenschen zu tun und ihm Liebe, Beachtung und fürsorgliche Hilfe zu erweisen. Niemanden sollten sie als ihren Feind betrachten noch jemandem etwas Böses wünschen, sondern in jedem Menschen den Freund sehen, den Fremden als Vertrauten, den Unbekannten als Weggefährten betrachten, frei von Vorurteil und ohne Grenzen.
Heute ist der ein Begünstigter an der Schwelle des Herrn, der den Becher der Treue weiterreicht, der den Edelstein der Freigebigkeit sogar seinen Feinden gewährt und selbst seinem gestrauchelten Unterdrücker eine helfende Hand reicht. Er ist selbst seinem erbittertsten Feind ein liebevoller Freund. Dies sind die Lehren der Gesegneten Schönheit, dies die Ratschläge des Größten Namens.
O ihr geliebten Freunde! In der Welt herrscht Krieg, das Menschengeschlecht liegt in Wehen und tödlichem Kampf. Die finstere Nacht des Hasses hat die Überhand gewonnen, das Licht der Vertrauenswürdigkeit ist erloschen. Die Völker und Geschlechter der Erde haben ihre Klauen geschärft und stürzen sich im Kampf aufeinander. Die Menschheit zerstört ihre eigenen Lebensgrundlagen. Tausende von Familien sind ihrer Habe beraubt und irren umher, und jedes Jahr sieht Tausende und Abertausende von Menschen sich auf staubigen Schlachtfeldern in ihrem Blute wälzen. Die Zelte des Lebens und der Freude sind abgebrochen. Generäle üben sich in ihrer Feldherrnkunst, rühmen sich des Blutes, das sie vergießen, und wetteifern miteinander im Anstacheln zu Gewalttaten. »Mit diesem Schwert«, sagt einer von ihnen, »habe ich ein Volk enthauptet!« Und ein anderer sagt: »Ich stürzte eine Nation zu Boden!« Und ein weiterer: »Ich habe eine Regierung zu Fall gebracht!« Solcher Dinge rühmen sich die Menschen, auf solche Dinge sind sie stolz! Liebe – Rechtschaffenheit – überall werden sie gerügt, und Eintracht und Hingabe an die Wahrheit werden verachtet.
Der Glaube der Gesegneten Schönheit ruft die Menschheit auf zu Sicherheit und Liebe, zu Freundschaft und Frieden. Er hat seine Stiftshütte auf den Höhen der Erde errichtet und lässt seinen Ruf an alle Völker ergehen. Seid euch daher des Wertes dieses kostbaren Glaubens bewusst, o ihr, die ihr Gott liebt. Gehorcht seinen Geboten, wandelt auf seinen Wegen, die gerade sind, und weist die Menschheit darauf hin. Erhebt eure Stimme und singt das Lied des Königreiches. Verbreitet die Lehren und Gebote des liebenden Herrn in allen Landen, auf dass diese Welt in eine andere verwandelt und diese dunkle Erde mit Licht überflutet werde und der tote Leib der Menschheit auferstehe und lebe, auf dass jede Seele nach Unsterblichkeit trachte durch den heiligen Odem Gottes.
Bald werden eure schnell dahinfliegenden Tage vergangen sein, und Ruf und Reichtum, Bequemlichkeit und Freude, die dieser Schutthaufen von Welt bereitet hat, werden spurlos verschwunden sein. Ruft deshalb die Menschheit vor Gott und ladet sie ein, dem Beispiel der himmlischen Heerscharen zu folgen. Seid der Waise ein liebevoller Vater, eine Zuflucht dem Hilflosen, ein Schatz dem Armen, dem Kranken Heilung. Seid jedem Opfer der Unterdrückung ein Helfer, ein Beschützer dem Beladenen. Denkt zu allen Zeiten daran, wie ihr jedem Glied der Menschheit einen Dienst erweisen könnt. Schenkt Abneigung und Zurückweisung, Geringschätzung, Feindseligkeit und Ungerechtigkeit keine Beachtung: Tut das Gegenteil. Seid aufrichtig freundlich, nicht nur dem Anschein nach. Jeder der Geliebten Gottes sollte seine Aufmerksamkeit auf das Folgende richten: des Herrn Segen für die Menschen, des Herrn Gnade zu sein. Er sollte jedem, dem er begegnet, einen guten Dienst erweisen und ihm von Nutzen sein. Er sollte jedermanns Charakter veredeln und den Gedanken der Menschen eine neue Richtung geben. So wird das Licht der göttlichen Führung leuchten und der Segen Gottes die ganze Menschheit umfangen, denn Liebe ist Licht, wo immer sie wohnt, und Hass ist Finsternis, wo immer er nistet. O Freunde Gottes! Möge das verborgene Mysterium offenbart und das geheime Wesen aller Dinge enthüllt werden. Strebet danach, das Dunkel auf immer und ewig zu bannen.
2
O mein Herr! Dir habe ich mich zugewandt, mitten in dieser finsteren Nacht, und Dir vertraue ich mich an mit der Sprache meines Herzens; ich erbebe vor Freude bei den süßen Düften, die aus Deinem allherrlichen Reich her wehen; ich rufe Dich an und spreche:
O mein Herr, ich finde keine Worte, Dich zu verherrlichen; ich sehe keinen Weg für den Vogel meines Geistes, in Dein Königreich der Heiligkeit aufzusteigen; denn Du bist in Deinem innersten Sein geheiligt über alle Huldigung, Du bist in Deinem innersten Wesen unerreichbar für allen Lobpreis, Dir dargebracht von dem Volke, das Du erschaffen hast. In Deines Wesens Heiligkeit warst Du immer erhaben über das Verständnis der Gelehrten aus den himmlischen Heerscharen, und ewig wirst Du verhüllt bleiben in der Heiligkeit Deiner eigenen Wirklichkeit, unerreicht vom Wissen derer, die in Deinem hehren Königreich wohnen und Deinen Namen verherrlichen.
O Gott, mein Gott! Wie kann ich Dich verherrlichen, wie Dich beschreiben, der Du unerreichbar bist? Unermesslich erhaben und geheiligt bist Du über Beschreibung und Lobpreis.
O Gott, mein Gott! So habe denn Erbarmen mit meiner Hilflosigkeit, meiner Armut, meiner Not, meiner Erniedrigung! Gib mir zu trinken aus dem vollen Kelch Deiner Gnade und Vergebung, erwecke mich mit den süßen Düften Deiner Liebe, weite mir die Brust mit dem Lichte Deiner Erkenntnis, läutere meine Seele mit den Mysterien Deiner Einheit, rufe mich zum Leben mit der sanften Brise aus dem Garten Deiner Barmherzigkeit – bis ich mich löse von allem außer Dir, mich festhalte am Saum des Gewandes Deiner Erhabenheit, bis ich alles, was Du nicht bist, vergesse, ganz umgeben von dem süßen Odem, der Deine Tage durchweht, bis ich Treue erwerbe an der Schwelle Deiner Heiligkeit, bis ich mich erhebe, Deiner Sache zu dienen, bescheiden vor Deinen Geliebten und in der Gegenwart Deiner Begünstigten ein völliges Nichts.
Du wahrlich bist der Helfer, der Erhalter, der Erhabene, der Freigebigste.
O Gott, mein Gott! Ich flehe Dich an beim Morgenlicht Deiner Schönheit, das die ganze Erde erleuchtet, beim Augenlicht Deines göttlichen Erbarmens, das auf allen Dingen ruht, bei der brandenden See Deiner Gnadengaben, in die alle Dinge eingetaucht sind, bei Deinen strömenden Wolken der Großmut, die auf das Wesen alles Erschaffenen ihren Segen herabregnen, und beim Strahlenglanz Deiner Barmherzigkeit, die da war, ehe denn die Welt war: Hilf Deinen Erwählten, treu zu sein, stehe Deinen Geliebten bei, an Deiner erhabenen Schwelle zu dienen, lasse sie siegen durch die Bataillone Deiner alles überwindenden Macht und stärke sie durch zahllose Kämpfer aus den himmlischen Heerscharen.
O mein Herr! Sie sind schwache Seelen vor Deiner Tür, Bettler an Deinem Hof, die nach Deiner Gnade dürsten, verzweifelt Deiner Hilfe bedürfen, ihr Angesicht dem Reiche Deiner Einheit zuwenden und nach Deinen Gnadengaben schmachten. O mein Herr! Gieße Dein heiliges Licht über ihre Seelen aus, läutere ihre Herzen mit der Gunst Deiner Hilfe; weite ihnen die Brust mit dem Duft des Entzückens, der heranweht von Deinen Himmelsscharen; lasse ihre Augen leuchten, wenn sie auf die Zeichen und Beweise Deiner Macht blicken; lasse sie Standarten der Reinheit sein, Banner der Heiligkeit, die hoch über allen Geschöpfen auf den Gipfeln der Erde wehen; lasse ihre Worte Herzen, so hart wie Stein, bewegen. Lasse sie sich erheben, Dir zu dienen, hingegeben an das Königreich Deiner Göttlichkeit; lasse sie ihr Angesicht auf die Höhen Deines Selbstbestehens richten und Deine Zeichen überallhin verbreiten; erleuchte sie mit Deiner Lichtflut; lasse sie Deine verborgenen Geheimnisse enthüllen. Gib, dass sie Deine Diener zu sanften Wassern führen, zum Springquell Deiner Barmherzigkeit, der mitten im Himmel Deiner Einheit wallt und sprudelt. Gib, dass sie auf der Arche des Heils das Segel der Loslösung setzen und über das Meer Deiner Erkenntnis fahren; gib, dass sie die Schwingen der Einigkeit ausbreiten und aufsteigen in das Königreich Deiner Einzigkeit, um Diener zu werden, die das Lob der himmlischen Heerscharen und den Preis der Bewohner Deines allherrlichen Reiches erwerben; lasse sie den Boten der unsichtbaren Welt lauschen, wenn sie den Ruf der mächtigsten frohen Botschaft erheben; gib, dass sie in ihrer Sehnsucht, Dir zu begegnen, zu Dir rufen und flehen, wundersame Gebete im Morgenlicht auf den Lippen – o mein Herr, der Du alle Dinge lenkst – unter Tränen am Morgen und am Abend, voll Verlangen, unter den Schatten Deiner unendlichen Barmherzigkeit zu treten.
Hilf ihnen unter allen Umständen, o mein Herr; stehe ihnen jederzeit bei mit Deinen Engeln der Heiligkeit, die Deine unsichtbaren Heerscharen sind, Deine himmlischen Bataillone, welche die vereinte Streitmacht dieser niederen Welt besiegen.
Wahrlich, Du bist der Mächtige, der Kraftvolle, der Starke, der Allumfassende, der höchste Herr über alles, was ist.
O heiliger Herr! O Herr liebender Gnade! Wir irren um Deinen Wohnsitz, sehnen uns, Deine Schönheit zu schauen, voll Liebe zu all Deinen Wegen. Wir sind unglücklich, gering und bedeutungslos. Wir sind arm; erweise uns Barmherzigkeit und Großmut; sieh nicht auf unsere Verfehlungen, verbirg unsere fortgesetzten Sünden. Was wir auch sind, wir sind immer Dein; was wir sprechen und hören, ist Dein Lobpreis; Dein Antlitz suchen wir, Deinem Pfad folgen wir. Du bist der Herr liebender Gnade, wir sind verirrte Sünder fern unserer Heimat. So spende uns ein paar Regentropfen, Du Wolke der Barmherzigkeit. Sende uns Deinen duftenden Windhauch, Du Blumenbeet der Gnade. Überflute uns mit einer mächtigen Woge, Du Meer aller Güte. Sende einen Lichtstrahl auf uns hernieder, Du Sonne der Freigebigkeit. Hab Erbarmen mit uns, gewähre uns Gnade. Bei Deiner Schönheit, wir kommen mit nichts als unseren Sünden, mit keinen nennenswerten guten Taten, nur Hoffnungen. Wenn Dein verhüllender Schleier uns nicht bedeckt, Dein Schutz uns nicht schirmt und hegt, welche Kraft haben wir hilflosen Seelen, uns zu erheben und Dir zu dienen; wie können wir Elenden uns tapfer erweisen? Du, der Du der Mächtige bist, der Allgewaltige, hilf uns, begünstige uns. Wir sind verdorrt; belebe uns mit Regenschauern aus Deinen Wolken der Gnade. Gering sind wir; erleuchte uns mit den hellen Sonnenstrahlen Deiner Einheit. Wirf diesen dürstenden Fisch in das Meer Deiner Barmherzigkeit, führe diese verlorene Karawane unter das Obdach Deiner Einzigkeit. Zum Brunnquell der Führung leite Du die verirrten Wanderer und gewähre denen, die den Pfad verfehlten, Zuflucht in der Freistatt Deiner Macht. Setze an diese ausgedörrten Lippen die reichen, sanftfließenden Wasser des Himmels, erwecke diese Toten zu ewigem Leben. Gib den Blinden sehende Augen. Lasse die Tauben hören, die Stummen sprechen. Entflamme die Entmutigten, mache die Unbekümmerten achtsam, warne die Hochmütigen, erwecke die Schläfer.
Du bist der Mächtige, Du bist der Schenkende, Du bist der Liebende. Wahrlich, Du bist der Wohltätige, der Erhabenste.
O ihr Geliebten Gottes, ihr Helfer dieses dahinschwindenden Dieners! Als die Sonne der Wirklichkeit ihre unendlichen Gaben vom Aufgangsort aller Sehnsucht ausströmte, als dieses heilige Licht die Welt des Seins von Pol zu Pol erleuchtete, da warf diese Sonne ihre Strahlen mit solcher Kraft hernieder, dass sie das schauerliche Dunkel für alle Zeit tilgte. So wurde unsere Welt des Staubes zum Neid der himmlischen Sphären; dieser niedrige Ort nahm die Pracht und den Schmuck des überirdischen Reiches an. Der Heiligkeit sanfte Lüfte wehten darüber hin und verbreiteten süßen Duft. Die himmlischen Frühlingswinde umfächelten sie. Aus dem Quell aller Segensgaben strömten befruchtende Brisen und brachten grenzenlose Gnade. Dann brach der strahlende Morgen an, und mit ihm kam die Botschaft großer Freude. Die göttliche Frühlingszeit errichtete ihre Zelte in dieser bedingten Welt, so dass alle Schöpfung hüpfte und tanzte. Die welke Erde brachte unsterbliche Blüten hervor. Der tote Staub erwachte zu ewigem Leben. Der Erde entsprossen Blumen mystischer Gelehrsamkeit und frisches Grün voll der Erkenntnis Gottes. Die bedingte Welt offenbarte Gottes großmütige Gaben, die sichtbare Welt spiegelte die ganze Herrlichkeit der Reiche, die den Augen verborgen sind. Gottes Ruf ward verkündet, die Tafel des Ewigen Bündnisses bereitet; der Kelch des Testamentes ging von Hand zu Hand, die Ladung an alle war verkündet. Da ließen sich einige aus dem Volk vom himmlischen Wein entflammen; andere hatten keinen Anteil an diesem größten Geschenk. Sicht und Einsicht einiger wurden erleuchtet vom Licht der Gnade; manche hörten die Hymnen der Einheit und hüpften vor Freude. Vögel stimmten in den Gärten der Heiligkeit ihr Jubellied an, und Nachtigallen sangen in den himmlischen Rosenzweigen ihre wehmütigen Lieder. Sowohl das Reich der Höhe als auch die Erde hienieden waren aufs Schönste geschmückt, und der hohe Himmel beneidete diese Welt. Aber ach, noch immer verharren die Achtlosen unbekümmert in festem Schlaf, und die Narren weisen diesen heiligsten Segen von sich. Die Blinden bleiben in ihre Schleier gehüllt, die Tauben haben keinen Anteil an dem, was vorgegangen ist. Die Toten sind ohne Hoffnung, etwas davon zu erlangen, wie Er sagt: »Sie verzweifeln an dem zukünftigen Leben ebenso, wie die Ungläubigen an der Auferstehung derer verzweifeln, die in den Gräbern liegen.«Q2
Zu euch, o ihr Geliebten Gottes! Löst eure Zunge und bringt Ihm Dank dar, preist und verherrlicht die Schönheit des Angebeteten; denn ihr habt aus diesem reinsten Kelch getrunken, ihr seid begeistert und entflammt von diesem Wein. Ihr habt den süßen Duft der Heiligkeit entdeckt, ihr atmet den Moschus der Treue aus Josefs Gewand. Ihr nährt euch vom Honigtau der Ergebenheit aus der Hand des Einziggeliebten, ihr labt euch an unsterblicher Speise von der üppigen Festtafel des Herrn. Dieser Überfluss ist eine besondere Gunst, die ein liebender Gott euch schenkt; das sind Segnungen und seltene Gaben, die aus Seiner Gnade kommen. Im Evangelium sagt Er: »Denn viele sind berufen, aber wenige sind auserwählt.«Q3 Das bedeutet: Vielen wurde es angetragen, aber nur wenige Seelen sind erwählt, die große Gabe der Führung zu empfangen. »So ist Gottes Großmut: Wem Er geben will, dem gibt Er, und Gott ist von unermesslicher Großmut.«Q4
O ihr Geliebten Gottes! Von den Völkern der Welt stürmen die Winde der Uneinigkeit gegen die Kerze des Bündnisses. Raben des Hasses gleich, setzen Abtrünnige der Nachtigall der Treue zu. Hart bedrängen geistlose Nachtvögel die Taube des Gottesgedenkens, und beutegierige Bestien hetzen die Gazelle, die in den Auen der Gottesliebe wohnt. Tödlich ist die Gefahr, qualvoll der Schmerz.
Die Geliebten des Herrn müssen fest wie Berge sein, standhaft wie unüberwindliche Festungsmauern. Unerschütterlich müssen sie auch in bitterer Not bleiben, unbekümmert auch im schlimmsten Unheil: Lasst sie festhalten am Saum des allmächtigen Gottes, verankert im Glauben an die Schönheit des Allerhöchsten; lasst sie auf die unfehlbare Hilfe aus dem Urewigen Königreich bauen und sich stützen auf die schützende Fürsorge des großmütigen Herrn. Lasst sie allezeit sich erfrischen mit den Tautropfen himmlischer Gnade und sich durch den Odem des Heiligen Geistes in jedem Augenblick wiederbeleben. Lasst sie aufstehen zum Dienste an ihrem Herrn und alles in ihrer Macht Stehende tun, Seine Düfte der Heiligkeit allüberall zu verbreiten. Lasst sie ein mächtiges Bollwerk sein, Seinen Glauben zu verteidigen, eine uneinnehmbare Feste für die Heerscharen der Urewigen Schönheit. Lasst sie über den Bau der Sache Gottes von allen Seiten sorgsam wachen; lasst sie strahlende Sterne werden an Seinen leuchtenden Himmeln. Denn die Horden der Finsternis bestürmen diese Sache von allen Seiten, und die Völker der Erde wollen dieses offenbare Licht ersticken. Und wenn alle Geschlechter der Welt zum Angriff rüsten, wie können wir da unsere Aufmerksamkeit auch nur für einen Augenblick schweifen lassen? Wisst um diese Dinge mit Sicherheit, seid wachsam und beschützt die Sache Gottes.
Eure wichtigste Pflicht ist heute, euren Charakter zu veredeln, eure Sitten zu bessern und euer Verhalten zu ordnen. Die Geliebten Gottes müssen unter Seinen Geschöpfen mit einem Charakter und einem Verhalten hervortreten, dass der Duft ihrer Heiligkeit die ganze Welt umfängt und den toten Seelen das Leben wiedergibt, hat doch die Manifestation Gottes, das grenzenlose Morgenlicht aus dem Unsichtbaren, den Zweck, jeden lebenden Menschen seelisch zu erziehen und seinen Charakter zu läutern – so dass gesegnete Wesen erstehen, losgelöst vom Dunkel der tierischen Welt, mit Eigenschaften, die des Menschen Wirklichkeit zieren. Ziel ist, die Erdenmenschen in das Volk des Himmels zu verwandeln, die Wanderer aus der Finsternis ins Licht zu führen, die Ausgestoßenen in den innersten Kreis des Königreiches treten zu lassen, die Nichtswürdigen zu Vertrauten der ewigen Herrlichkeit zu machen. Die Mittellosen sollen ihren Anteil an der endlosen See erhalten, die Unwissenden sich satt trinken am Lebensquell der Erkenntnis, die Blutdürstigen ihre Barbarei aufgeben. Alle, die ihre Klauen zeigen, sollen freundlich und nachsichtig werden; alle, die den Krieg lieben, sollen wahre Versöhnung suchen; die Unmenschlichen mit messerscharfen Krallen sollen sich der Wohltat dauerhaften Friedens erfreuen; die Unreinen sollen erfahren, dass es ein Reich der Reinheit gibt, die Verderbten ihren Weg finden zu den Strömen der Heiligkeit.
Ehe sich dieser Gottessegen nicht im Wesenskern der Menschlichkeit offenbart, erweist sich die Gabenfülle der Manifestation Gottes als unfruchtbar, und die Sonne der Wahrheit mit all ihrem Strahlenglanz bleibt wirkungslos.
Deshalb bemüht euch mit ganzem Herzen und ganzer Seele, o ihr Geliebten des Herrn, an Seinen himmlischen Eigenschaften teilzuhaben und an den Wohltaten Seiner Heiligkeit euren Anteil zu empfangen, damit ihr Merkmale der Einigkeit und Banner der Einzigkeit werdet, damit ihr die Bedeutung der Einheit erforscht, im Garten Gottes eure Stimme erhebt und selige Hymnen des Geistes singt. Werdet wie die Vögel, die Ihm ihren Dank darbringen, und singt in den blühenden Lauben des Lebens Lieder, welche die Gemüter der Wissenden berücken. Hisst auf den höchsten Gipfeln der Welt die Fahne der Gunst Gottes, damit sie hoch in den Lüften Seiner Gnade flattere und wehe; pflanzt auf dem Felde des Lebens, inmitten der Rosen der sichtbaren Welt, einen Baum, der frische, süße Früchte hervorbringt.
Ich schwöre bei dem wahren Lehrer: Wenn ihr nach den Ermahnungen Gottes handelt, wie sie in Seinen erleuchteten Sendschreiben offenbart sind, dann wird dieser dunkle Staub das Himmelreich widerspiegeln, diese niedere Welt das Reich des Allherrlichen.
O ihr Geliebten des Herrn! Preis sei Ihm, dem Unsichtbaren! Die Sonne der Wahrheit umfängt euch mit überströmenden Gnadengaben, und die Tore Seiner Barmherzigkeit stehen auf allen Seiten offen. Jetzt ist es an der Zeit, diesen Segen anzuwenden und zu nutzen. Seid euch des Wertes dieser Zeit bewusst, lasst euch die Gelegenheit nicht entgehen. Bleibt völlig frei von den Belangen dieser dunklen Welt, zeichnet euch durch solche Wesenszüge aus, die dem Reiche Gottes innewohnen. Dann werdet ihr sehen, wie herrlich das himmlische Tagesgestirn strahlt, wie blendend hell die Zeichen der Großmut sind, die aus dem unsichtbaren Reich erscheinen.
3
O ihr Geliebten Gottes! O ihr Kinder Seines Königreiches! Wahrlich, wahrlich, der neue Himmel und die neue Erde sind erschienen. Die Heilige Stadt, das neue Jerusalem, ist aus der Höhe herniedergestiegen in Gestalt einer himmlischen Jungfrau, verschleiert, wunderschön, einzigartig und bereit, sich mit ihren Liebenden auf Erden zu vereinen. Die Engel der himmlischen Heerscharen stimmen ein in den Ruf, der durch das ganze Weltall schallt. Alle künden laut und machtvoll: »Dies ist die Stadt Gottes und Seine Stätte, darin die Reinen und Heiligen unter Seinen Dienern wohnen sollen. Er wird mit ihnen leben, denn sie sind Sein Volk, und Er ist ihr Herr.«
Er trocknet ihre Tränen, entzündet ihr Licht, erfreut ihre Herzen und entflammt ihre Seelen. Der Tod wird ihnen nichts mehr anhaben, noch werden Kummer, Tränen oder Leid sie betrüben. Gott, der Herr, der Allmächtige hat in Seinem Reich den Thron bestiegen und macht alles neu. Dies ist die Wahrheit, und welche Wahrheit kann größer sein als die Wahrheit, die der heilige Johannes in seiner Offenbarung kündete?
Er ist Alpha und Omega. Er reicht dem Dürstenden das Wasser des Lebens, dem Kranken die Arznei wahrer Erlösung. Wem solche Gnade zuteil wird, der empfängt wahrlich das herrlichste Vermächtnis von Gottes Propheten und Heiligen. Der Herr wird sein Gott sein, und er Sein zärtlich geliebter Sohn.
Frohlocket, o ihr Geliebten des Herrn, ihr Seine Erwählten, ihr Kinder Gottes und Sein Volk. Erhebt eure Stimmen, den höchsten Herrn zu preisen und zu verherrlichen; denn Sein Licht erstrahlt, Seine Zeichen sind offenbar und die Wogen Seiner brandenden See tragen jedem Ufer kostbare Perlen zu.
4
Gelobt sei Er, der die Welt des Daseins erschuf und allem Gestalt gab, Er, der die Aufrichtigen zu einer Stufe der Ehre erhobA2 und die unsichtbare Welt auf der Ebene der sichtbaren erscheinen ließ. – Doch noch immer wandeln die Menschen in trunkenem StumpfsinnA3 und gehen in die Irre.
Er legt die Grundmauern für die hohe Burg, Er leitet den Zyklus der Herrlichkeit ein, Er lässt eine neue Schöpfung erstehen an diesem Tag, der eindeutig der Tag des Gerichts ist – und noch immer verharren die Achtlosen in trunkenem Schlaf.
Die PosauneA4 ertönt, die TrompeteA5 wird geblasen, der Ausrufer lässt seinen Ruf erschallen, allen auf Erden schwinden die Sinne – aber noch immer schlafen die Toten in den Gräbern ihrer Leiber.
Und der zweite TrompetenschallA6 ertönt, der zweite Posaunenstoß folgt dem erstenA7, das gefürchtete Weh tritt ein, jede stillende Mutter vergisst das Kind an ihrer BrustA8 – und dennoch achten die Menschen in ihrer Verwirrung nicht darauf.
Der Tag der Auferstehung ist angebrochen, die Stunde hat geschlagen, der Pfad ist geebnet, die Waage ist aufgestellt und alle auf Erden sind versammeltA9 – aber noch immer sehen die Menschen vom Weg keine Spur.
Das Licht scheint hell, Strahlenglanz umflutet den Berg Sinai, ein zarter Wind weht aus den Gärten des immervergebenden Herrn, der sanfte Hauch des Geistes streift vorbei und die Toten stehen aus ihren Gräbern auf – doch immer noch schlummern die Achtlosen in ihrer Gruft.
Die Flammen der Hölle sind angefacht, der Himmel ist nahe, die Himmelsgärten stehen in Blüte, frische Wasser quellen über, das Paradies erstrahlt in voller Schönheit – aber die Unwissenden sind noch immer versunken im Sumpf ihrer leeren Träume.
Der Schleier ist gefallen, der Vorhang gehoben, die Wolken sind zerteilt, der Herr der Herren ist offenbar – doch den Sündern ist alles entgangen.
Er hat die neue Schöpfung für euch erschaffenA10 und das LeidA11 gebracht, das alles andere Leid übersteigt. Er hat die Heiligen im Reich der Höhe versammelt. Wahrlich, in all dem liegen Zeichen für alle, die Augen haben zu sehen.
Zu Seinen Zeichen gehört das Erscheinen von Vorzeichen und frohen Verheißungen, Andeutungen und Fingerzeigen, die Verbreitung vieler verschiedener Botschaften und die Vorahnungen der Rechtschaffenen, die nunmehr ihr Ziel erreicht haben.
Und zu Seinen Zeichen gehört Sein Strahlenglanz über dem Horizont der Einheit, Sein Licht vom Tagesanbruch der Macht, die Verkündigung der größten frohen Botschaften durch Seinen Herold, den Einen, den Unvergleichlichen. Wahrlich, darin liegt ein leuchtender Beweis für die Schar der Wissenden.
Zu Seinen Zeichen gehört Sein Offenbarsein, Seine Sichtbarkeit für alle, Sein Beweis durch sich selbst, Sein Auftreten vor Zeugen allüberall, unter Völkern, die wie Wölfe über Ihn herfielen und Ihn von allen Seiten umringten.
Zu Seinen Zeichen gehört Sein Widerstand gegen mächtige Nationen und siegreiche Staaten, gegen ein Heer von Feinden, die nach Seinem Blute lechzten und Ihn unablässig zu vernichten suchten, wo immer Er auch weilte. Wahrlich, diese Tatsache verdient die genaue Prüfung derer, die über die Zeichen und Beweise Gottes nachdenken.
Ein weiteres Seiner Zeichen ist das Wunder Seiner Abhandlungen, der Fluss Seiner Rede, die Schnelligkeit, mit der Seine Schriften offenbart wurden, Seine Worte der Weisheit, Seine Verse, Seine Sendschreiben, Seine Andachten, Seine Auslegungen des Qur’áns, der schwerverständlichen wie der klaren Verse. Bei deinem Leben! Das alles ist klar wie der helle Tag für jeden, der es mit dem Auge der Gerechtigkeit betrachtet.
Ferner gehört zu Seinen Zeichen die Morgensonne Seines Wissens, der aufsteigende Mond Seiner Künste und Fähigkeiten, die Art, wie Er auf allen Seinen Wegen Vollkommenheit zeigt. Das wird von den Gelehrten und Gebildeten vieler Nationen bezeugt.
Und weiterhin gehört zu Seinen Zeichen die Tatsache, dass Seine Schönheit unversehrt blieb und Sein menschlicher Tempel geschützt war, da Er Seinen Strahlenglanz offenbarte, trotz der massiven Angriffe Seiner Feinde, die zu Tausenden mit ihren spitzen Pfeilen, Speeren und Schwertern auf Ihn einstürmten. Das ist wahrlich ein Wunder und eine Mahnung für alle, die gerecht urteilen.
Und zu Seinen Zeichen gehört Seine Langmut, Seine Leiden und Schmerzen, Seine Pein in Ketten und Banden, und Sein Ruf zu jeder Stunde: »Kommt zu Mir, kommt zu Mir, ihr Rechtschaffenen! Kommt zu Mir, kommt zu Mir, die ihr das Gute liebt! Kommt zu Mir, kommt zu Mir, ihr Aufgangsorte des Lichtes!« Wahrlich, die Tore des Mysteriums sind weit geöffnet – aber immer noch ergötzen sich die Frevler an ihren sinnlosen Kritteleien.A12
Ein anderes Seiner Zeichen ist die Verkündigung Seines Buches, Sein eindeutiger heiliger Text, darin Er die Könige tadelt, und Seine unheilverkündende Warnung an denA13, dessen mächtige Herrschaft in aller Welt zu spüren war – und dessen hochragender Thron in wenigen Tagen stürzte. Diese Tatsache ist eindeutig bewiesen und weithin bekannt.
Und zu Seinen Zeichen gehören Seine hehre Würde, Seine hohe Stufe, Seine alles überragende Herrlichkeit und die Ausstrahlung Seiner Schönheit hoch über das Gefängnis hinaus, so dass sich die Häupter vor Ihm beugten, die Stimmen sich senkten und nur demütige Gesichter Seinen Weg kreuzten. Das ist ein Beweis, wie er in vorangegangenen Zeitaltern niemals erbracht wurde.
Und weiter gehören zu Seinen Zeichen die fortwährenden, außergewöhnlichen Taten, die vollbrachten Wunder, die Wundertaten, die ohne Unterbrechung von Ihm ausgingen, wie der Regen aus Seinen Wolken fällt – und die Bestätigung Seines gewaltigen Lichtes selbst durch Ungläubige. Bei Seinem Leben! Das ist eindeutig nachgewiesen. Es zeigte sich den Angehörigen jedweder Überzeugung, die in die Gegenwart des lebendigen, des selbstbestehenden Herrn gelangten.
Und schließlich gehören zu Seinen Zeichen die Sonne Seiner Ära mit ihren weitreichenden Strahlen, der aufgehende Mond Seiner Epoche am Himmel aller Zeitalter; Sein Tag, der im Zenit aller Tage steht, was Rang und Macht, allumfassende Wissenschaften und Künste anbelangt, welche die Welt verblüffen und den Geist der Menschen in Erstaunen versetzen.
Wahrlich, dies ist eine Tatsache, die für alle Zeiten unumstößlich feststeht.
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Das große Licht der Welt, das die ganze Menschheit erhellte, ist untergegangen, um ewig vom Horizont Abhá, Seinem Reich unvergänglicher Herrlichkeit, zu strahlen, Seine Pracht aus der Höhe über Seine Geliebten zu ergießen und ihren Herzen und Seelen den Odem ewigen Lebens einzuflößen.
Denket nach in Eurem Herzen über das, was Er in Seinem weltweit verbreiteten Sendbrief von der göttlichen Schau vorausgesagt hat. Er spricht darin: »Daraufhin klagte sie und rief: ›Möge die Welt mit allem darin ein Lösegeld sein für Deine Leiden. O Du Herrscher über Himmel und Erde! Warum hast Du Dich den Bewohnern dieser Gefängnisstadt ‘Akká in die Hände gegeben? Eile in andere Herrschaftsgebiete, zu Deinen überirdischen Zufluchtsorten, die das Volk der Namen noch nie geschaut hat.‹ Wir lächelten und schwiegen. Denke nach über diese höchsterhabenen Worte und begreife den Sinn dieses verborgenen, heiligen Mysteriums.«
O ihr Geliebten des Herrn! Hütet euch, hütet euch, dass ihr weder zögert noch schwankt. Lasst nicht zu, dass Furcht euch ergreift, Unruhe oder Verzweiflung über euch kommt. Nehmt euch in Acht, dass dieser verhängnisvolle Tag nicht die Flammen eurer Begeisterung lösche und eure zarten Hoffnungen ersticke. Heute ist der Tag der Standhaftigkeit und der Treue. Selig sind, die fest und unerschütterlich bleiben wie der Fels, die dem Sturm und Druck dieser aufwühlenden Stunde mutig entgegentreten. Sie werden wahrlich Gottes Gnade empfangen; sie werden wahrlich Seinen göttlichen Beistand erlangen und wahrhaft siegreich sein. Sie werden unter den Menschen mit solchem Glanz aufleuchten, dass die Bewohner des Zeltes der Herrlichkeit sie preisen und rühmen. Ihnen ward dieser himmlische Ruf verkündet, der in Seinem Heiligsten BuchA14 offenbart ist: »Seid nicht verstört im Herzen, o Menschen, wenn die Herrlichkeit Meiner Gegenwart entschwunden und das Meer Meiner Äußerung verebbt sein wird. In Meiner Gegenwart unter euch liegt eine Weisheit, und in Meinem Fernsein liegt eine andere, unergründlich für alle außer Gott, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden. Wahrlich, von Unserem Reiche der Herrlichkeit aus schauen Wir auf euch und werden jedem, der sich für den Sieg Unserer Sache erhebt, mit den himmlischen Heerscharen und einer Schar Unserer begünstigten Engel beistehen.«Q5
Die Sonne der Wahrheit, dieses Größte Licht, ging am Horizont der Welt unter, um mit unsterblichem Glanz über dem Reich des Grenzenlosen aufzugehen. In Seinem Heiligsten Buch ruft Er den Festen und Standhaften unter Seinen Freunden zu: »Seid nicht verzagt, o Völker der Welt, wenn die Sonne Meiner Schönheit untergegangen und der Himmel Meines Heiligtums vor eueren Augen verhüllt sein wird. Erhebt euch, um Meine Sache weiterzutragen und Mein Wort unter den Menschen zu erhöhen.«Q6
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O ihr Völker des Königreiches! Wie viele Seelen verbrachten ihr ganzes Leben in Anbetung, ertrugen die Kasteiung des Fleisches, sehnten sich nach Zutritt zum Reich Gottes und scheiterten dennoch. Ihr aber habt dieses Ziel ohne Mühe, Qual oder Selbstverleugnung erreicht und das Reich betreten.
Es ist wie zur Zeit des Messias, als die Pharisäer und die Frommen leer ausgingen, während Petrus, Johannes und Andreas, die sich weder der frommen Anbetung noch der Askese hingaben, den Sieg davontrugen. Darum danket Gott, dass Er euch die Krone ewiger Herrlichkeit aufs Haupt drückte und euch diese unermessliche Gnade gewährte.
Es ist an der Zeit, dass ihr aus Dankbarkeit für diese Gnadengabe Tag für Tag an Glauben und Standhaftigkeit wachset. Ihr solltet dem Herrn, eurem Gott, immer näher kommen und in solchem Maße angezogen und entflammt werden, dass eure heiligen Melodien zum Lobe des Geliebten die Scharen der Höhe erreichen, dass jeder von euch gleich einer Nachtigall in diesem Rosengarten Gottes den Herrn der Heerscharen verherrliche und zum Lehrer werde für alle, die auf Erden wohnen.
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O ihr geistigen Freunde ‘Abdu’l-Bahás! Ein vertrauter Bote ist angekommen und hat in der Welt des Geistes eine Botschaft von Gottes Geliebten überbracht. Dieser glückverheißende Bote trägt den Duft der Inbrunst und Begeisterung, den Lebenshauch der Liebe Gottes. Er lässt die Herzen vor Freude tanzen und erfüllt die Seelen mit Entzücken und mit überströmender Liebe. So stark hat die Herrlichkeit göttlicher Einheit Herzen und Seelen durchdrungen, dass sie nun alle durch himmlische Bande verbunden sind, ein Herz und eine Seele. So spiegeln sie jetzt aus tiefem Herzensgrund klar und deutlich den Abglanz des Geistigen und den Eindruck des Göttlichen. Ich erbitte von Gott, dass Er diese geistigen Bande Tag für Tag festige und diese mystische Einheit immer heller strahlen lasse, bis schließlich alle zu Heerscharen werden, gesammelt unter dem Banner des Bündnisses, unter dem Schutz und Schirm des Wortes Gottes; dass sie mit ganzer Kraft nach allumfassender, enger, herzlicher Freundschaft streben, und dass echte Liebe und geistige Verbundenheit alle Herzen in der Welt zusammenschmieden. Dann wird die ganze Menschheit durch diese neue hellstrahlende Gnadengabe in einem einzigen Heimatland versammelt. Dann werden Kampf und Streit von der Erdoberfläche verschwinden; dann wird die Menschheit in der Liebe zur Schönheit des Allherrlichen geborgen sein. Missklang wird sich in Einklang wandeln, Streit in Übereinstimmung. Die Wurzeln aller Bosheit werden ausgerissen, die Grundlagen der Angriffswut vernichtet werden. Die hellen Strahlen der Vereinigung werden das Dunkel der Grenzen verscheuchen, und himmlischer Glanz wird das menschliche Herz zu einem Schatzberg machen, der von der Liebe Gottes wie von Goldadern durchzogen ist.
O ihr Geliebten des Herrn! Dies ist die Stunde, da ihr euch mit allen Völkern der Erde in höchster Güte und Liebe verbinden sollt, da ihr die Zeichen und Merkmale von Gottes unermesslicher Barmherzigkeit für sie sein sollt. Ihr müsst die wahre Seele der Welt werden, der Lebenshauch im Leib der Menschenkinder. In diesem wundervollen Zeitalter, da die Urewige Schönheit, der Größte Name mit zahllosen Gaben am Horizont der Welt erschienen ist, flößt Gott durch Sein Wort dem innersten Wesenskern der Menschheit solche erstaunlichen Kräfte ein, dass Er menschlichen Eigenschaften alle Wirkung nimmt und die Völker mit Seiner allbezwingenden Macht in einem weiten Meer der Einheit zusammenführt.
Jetzt ist es Zeit für die Geliebten Gottes, das Banner der Einheit hochzurecken, in den Versammlungen der Welt die Lieder der Liebe und Freundschaft anzustimmen und allen zu zeigen, dass Gottes Gnade einzig ist. Dann werden die Tabernakel der Heiligkeit auf den Gipfeln der Erde errichtet, und alle Völker werden im schützenden Schatten des Wortes der Einheit versammelt. Dieser große Segen wird über der Welt aufgehen, wenn die Geliebten Gottes sich erheben, Seine Lehren auszuführen und den frischen, süßen Duft weltumspannender Liebe nah und fern zu verbreiten.
Das Gebot der Liebe und Freundschaft galt in jeder Sendung; aber dieses Gebot war begrenzt auf die Gemeinschaft derer, die miteinander einig waren. Es galt nicht gegenüber andersdenkenden Feinden. Gelobt sei Gott, denn in diesem wundervollen Zeitalter sind Gottes Gebote nicht abgegrenzt oder auf eine bestimmte Gruppe beschränkt. Vielmehr ist allen Freunden zur Pflicht gemacht, jeder Gemeinschaft auf Erden Liebe und Freundschaft, Rücksicht, Großmut und Wohlwollen entgegenzubringen. Jetzt müssen sich die Geliebten Gottes erheben, Seine Gebote in die Tat umzusetzen: Lasst sie den Menschenkindern gütige Väter sein, der Jugend mitfühlende Brüder, den vom Alter Gebeugten selbstlose Nachkommen. Das bedeutet, dass ihr jedem menschlichen Wesen zarte Liebe erzeigt, selbst euren Feinden, und dass ihr sie alle mit ungetrübter Freundschaft, mit Frohsinn und Güte willkommen heißt. Sollte euch jemand grausam verfolgen, so haltet ihm die Treue. Sollte Bosheit euren Weg kreuzen, so antwortet mit freundlichem Herzen. Wenn Speere und Pfeile auf euch regnen, so bietet eure Brust als spiegelblanke Zielscheibe; und als Antwort auf Fluch, Spott und böse Worte erzeigt überströmende Liebe. So werden alle Völker die Kraft des Größten Namens bezeugen; jedes Volk wird die Macht der Urewigen Schönheit anerkennen und sehen, wie Er die Mauern der Zwietracht niederreißt, wie sicher Er alle Völker auf Erden zur Einheit führt, wie Er die Menschenwelt erleuchtet und diese staubige Erde Lichtströme ausstrahlen lässt.
Diese menschlichen Wesen sind wie Kinder: frech und unbekümmert. Solche Kinder müssen erzogen werden mit grenzenloser Liebe und Fürsorge; sie müssen gütig gehegt werden in den Armen der Gnade, so dass sie die Liebe Gottes in ihrer geistigen Honigsüße kosten, dass sie zu Kerzen werden, die ihre Strahlen in diese finstere Welt ergießen, und deutlich erkennen, welche Flammenkronen der Herrlichkeit Er, der Größte Name, die Urewige Schönheit, Seinen Geliebten auf die Stirne setzt, welche reichen Gaben Er denen, die Er liebt, ins Herz legt, welche Liebe Er der Menschheit in die Brust pflanzt und welche Schätze an Freundschaft Er unter allen Menschen zum Vorschein bringt.
O Gott, mein Gott! Stehe Deinen vertrauten Dienern bei, dass sie liebevolle, empfindsame Herzen haben. Hilf ihnen, der Führung Licht, das von den himmlischen Heerscharen ausgeht, unter allen Erdenvölkern zu verbreiten. Wahrlich, Du bist der Starke, der Gewaltige, der Mächtige, der Allunterwerfende, der Immervergebende. Wahrlich, Du bist der Freigebige, der Sanfte, der Empfindsame, der Großmütigste.
8
O ihr Geliebten ‘Abdu’l-Bahás und ihr Dienerinnen des Barmherzigen! Es ist früh am Morgen, die belebenden Winde des Paradieses Abhá wehen über die ganze Schöpfung. Aber sie können nur jene bewegen, die reinen Herzens sind; nur der reine Sinn kann ihren Duft wahrnehmen. Nur das erkennende Auge erblickt die Sonnenstrahlen; nur das hörende Ohr kann dem Gesang der himmlischen Heerscharen lauschen. Zwar ergießt sich ergiebiger Frühlingsregen, der Segen des Himmels, auf alle Dinge; doch nur gute Erde kann er fruchtbar machen; den versalzenen Boden, auf dem alle Freigebigkeit keine Wirkung hervorbringen kann, den liebt er nicht.
Heute weht der sanfte, heilige Lufthauch des Reiches Abhá über alle Lande, aber nur, die reinen Herzens sind, kommen ihm nahe und können ihn nutzen. Diese unrecht behandelte Seele hofft, dass die Gnade des Selbstbestehenden und die offenbare Kraft des Wortes Gottes die Köpfe der Gedankenlosen freimachen, so dass sie den süßen Duft wahrnehmen, der aus den verborgenen Rosenbeeten des Geistes weht.
O ihr Freunde Gottes! Wahre Freunde sind wie erfahrene Ärzte, und Gottes Lehren sind wie heilender Balsam für das Bewusstsein des Menschen. Sie machen den Kopf klar, so dass der Mensch sie einatmen und sich an ihrem süßen Duft erfreuen kann. Sie erwecken die Schläfer. Sie machen die Achtlosen bewusst, schenken den Ausgestoßenen ihren Anteil und den Entmutigten Hoffnung.
Wenn an diesem Tag ein Mensch in Übereinstimmung mit Gottes Geboten und Ratschlägen handelt, wird er der Menschheit als göttlicher Arzt dienen, und wie die Posaune IsráfílsA15 wird er die Toten dieser bedingten Welt zum Leben rufen. Denn die Bestätigungen des Reiches Abhá strömen ununterbrochen, und eine Seele von solcher Tugend hat die unfehlbare Hilfe der himmlischen Heerscharen zum Beistand. So wird eine winzige Mücke zum machtvollen Adler, ein armseliger Spatz wandelt sich zu einem königlichen Falken in den Höhen urewiger Herrlichkeit.
Schaut deshalb nicht auf eure beschränkten Fähigkeiten, fragt nicht, ob ihr der Aufgabe würdig seid: Setzt eure Hoffnungen auf die Hilfe und Güte, die Gaben und Segnungen Bahá’u’lláhs – möge meine Seele ein Opfer für Seine Freunde sein! Jagt auf dem Kampfross hehren Strebens über das Schlachtfeld des Opfers, traget aus dieser weiten Kampfbahn den Preis göttlicher Güte von dannen.
O ihr Dienerinnen des barmherzigen Herrn! Wieviele Königinnen dieser Welt legten ihr Haupt auf ein Kissen aus Staub und schwanden dahin. Keine Frucht, keine Spur, kein Zeichen, nicht einmal ihre Namen ließen sie zurück. Für sie gibt es keinen Segen, ja kein Leben mehr. Nicht so die Dienerinnen an der Schwelle Gottes! Hell wie glitzernde Sterne leuchten sie an den Himmeln urewiger Herrlichkeit und verströmen ihren Glanz über alle Zeit. Sie haben ihre tiefsten Hoffnungen im Paradies Abhá erfüllt, sie haben den Honig der Wiedervereinigung in der Gemeinde des Herrn gekostet. Seelen wie diese nutzten ihr Erdendasein: Sie pflückten die Frucht des Lebens. Und die anderen? »Über sie brach wahrlich eine Zeit herein, da sie vergessen waren.«
O ihr Geliebten dieses Unterdrückten! Wischt euch die Augen, dass ihr keinen Menschen anders betrachtet als euch selbst. Seht keine Fremden, seht vielmehr alle Menschen als Freunde; denn Liebe und Einheit fallen schwer, wenn ihr den Blick auf das Andersartige heftet. Und in diesem neuen, wunderbaren Zeitalter lehren uns die heiligen Schriften, dass wir mit jedem Volk eins sein müssen, dass wir weder Grobheit noch Unrecht, weder bösen Willen noch Feindschaft oder Hass beachten dürfen. Vielmehr müssen wir unsere Augen auf den Himmel urewiger Herrlichkeit richten; denn jedes Geschöpf ist ein Zeichen Gottes, es kam durch die Gnade des Herrn und durch Seine Macht in die Welt. Deshalb ist keiner ein Fremder, jeder gehört zur Familie. Keiner ist Ausländer, jeder ein Freund, und jeder muss als Freund behandelt werden.
So müssen sich die Geliebten Gottes in herzlicher Verbundenheit Fremden wie Freunden gleicherweise zuwenden und allen das höchste Maß an Wohlwollen entgegenbringen. Dabei dürfen sie nicht auf ihre beschränkten Möglichkeiten achten und niemals fragen, ob es die anderen verdienen, geliebt zu werden. Lasst die Freunde in jedem Fall rücksichtsvoll und unendlich gütig sein. Lasst sie nie den Mut verlieren wegen der Bosheit der Leute, ihrer Angriffslust und ihrem Hass, wie schlimm das auch sei. Wenn andere ihre Speere nach euch schleudern, so bietet ihnen Milch und Honig als Gegengabe. Wenn sie euch das Leben vergiften, versüßt ihnen die Seele. Wenn sie euch schaden, lehrt sie, wie man getröstet wird. Wenn sie euch eine Wunde schlagen, seid Balsam für ihre Schmerzen. Wenn sie nach euch stechen, setzt ihnen einen erfrischenden Becher an die Lippen.
O Gott, mein Gott! Dies sind Deine schwachen Diener, Deine ergebenen Knechte und Mägde, die sich niederbeugen vor Deinem erhabenen Wort, sich demütigen an Deiner strahlenden Schwelle und Deine Einheit bezeugen, welche die Sonne in ihrem Mittagsglanz erstrahlen ließ. Sie lauschen dem Ruf, den Du aus Deinem verborgenen Reich erhebst, und bebenden Herzens, voll Liebe und Entzücken antworten sie darauf.
O Herr, lasse auf sie alle die Schauer Deines Erbarmens, die Wasser Deiner Gnade herabregnen. Lasse sie zu herrlichen Pflanzen des Himmelsgartens heranwachsen. Gib, dass dieser Garten unter den reichen Wolken Deiner Gnadengaben und aus den tiefen Wassern Deiner unendlichen Güte allezeit frisch und prächtig grüne und blühe.
Du bist wahrlich der Mächtige, der Erhabene, der Gewaltige, der allein in den Himmeln und auf Erden unverwandelt bleibt. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Herrn offenbarer Zeichen und Beweise.
9
O du, dessen Herz überfließt vor Liebe zum Herrn! Ich wende mich dir zu an diesem geweihten Ort, um dein Herz mit meinem Sendbrief zu erfreuen; denn dieser Brief lässt das Herz dessen, der an die Einheit Gottes glaubt, seinen Flug zu den Gipfeln der Seligkeit nehmen.
Danke Gott, dass Er dich fähig macht, in Sein Reich der Macht einzutreten. Bald werden die Wohltaten deines Herrn in steter Folge über dich kommen, bald wird Er dich zum Zeichen machen für jeden Wahrheitssucher.
Halte dich fest an das Bündnis deines Herrn, und mit jedem Tag lasse deinen Vorrat an Liebe für Seine Geliebten wachsen. Wende dich in Güte den Dienern des Allbarmherzigen zu, um auf der Arche des Friedens, die über die Meere des Lebens fährt, das Segel der Liebe zu setzen. Lasse dich von nichts betrüben, ärgere dich über niemanden. Dir geziemt es, dem Willen Gottes ergeben allen Völkern auf Erden ohne Ausnahme ein wahrer, liebender, vertrauter Freund zu sein. Dies ist die Tugend der Aufrichtigen, die Art der Heiligen, das Zeichen derer, die an Gottes Einheit glauben, das Gewand des Volkes Bahá.
Danke dem Herrn und preise Ihn, dass Er dir gestattete, Ihm das Recht GottesA16 darzubringen. Das ist wahrlich eine besondere Gunst von Ihm für dich; so preise Ihn für dies Gebot, das in den Schriften deines Herrn niedergelegt wurde vom Altehrwürdigen der Tage.
Er ist wahrlich der Liebende, der Zarte, der Immerschenkende.
10
O du liebe Dienerin Gottes! Deinen Brief habe ich erhalten und seinen Inhalt zur Kenntnis genommen. Du bittest um eine Regel, nach der du dein Leben ausrichten sollst.
Glaube an Gott und richte dein Angesicht auf Sein hehres Reich. Sei verliebt in die Schönheit Abhá, stehe fest im Bündnis, sehne dich danach, zum Himmel allumfassenden Lichts aufzusteigen. Löse dich von dieser Welt und werde wiedergeboren durch den süßen Duft der Heiligkeit, der aus dem Reich des Höchsten weht. Rufe die Menschen zur Liebe, sei gütig zum ganzen Menschengeschlecht. Liebe die Menschenkinder, nimm Anteil an ihrem Leid. Gehöre zu denen, die Frieden stiften. Biete deine Freundschaft an und sei vertrauenswürdig. Sei Balsam für jede Wunde, Arznei für jedes Übel. Bringe die Seelen zusammen. Singe die Verse der Führung. Bete zu deinem Herrn, erhebe dich und führe die Menschen auf den rechten Pfad. Löse deine Zunge, lehre und lasse aus deinem Angesicht das Feuer der Liebe Gottes leuchten. Halte keinen Augenblick inne, suche keinen Atemzug der Ruhe. So wirst du zum Zeichen und Symbol der Liebe Gottes, zum Banner Seiner Gnade.
11
Den Freunden dienen heißt, dem Reiche Gottes dienen, und den Armen Beachtung schenken, ist eine der bedeutendsten Lehren Gottes.
12
Erkenne mit Gewissheit: Liebe ist das Geheimnis von Gottes heiliger Sendung, die Offenbarung des Allbarmherzigen, der Quell geistiger Ausgießung. Liebe ist des Himmels gütiges Licht, ewiger Odem des Heiligen Geistes, der die Menschenseele belebt. Liebe ist der Grund, warum sich Gott dem Menschen offenbart; sie ist im Einklang mit der göttlichen Schöpfung das Lebensband in den Wirklichkeiten der Dinge. Liebe sichert als einziges Mittel echtes Glück in dieser und der zukünftigen Welt. Liebe ist das Licht, das durchs Dunkel führt, das lebendige Bindeglied, das Gott mit dem Menschen vereint und den Fortschritt jeder erleuchteten Seele verbürgt. Liebe ist das größte Gesetz, das diesen mächtigen, himmlischen Zyklus regiert, die einzigartige Kraft, welche die verschiedenen Elemente der stofflichen Welt zusammenhält, die höchste Anziehungskraft, welche die Bewegung der Sphären in den Himmelsreichen regiert. Liebe enthüllt mit unfehlbarer, grenzenloser Kraft die verborgenen Geheimnisse des Weltalls. Liebe ist der Geist des Lebens für den geschmückten Leib der Menschheit. Sie errichtet in dieser vergänglichen Welt wahre Kultur und verströmt unvergänglichen Ruhm über jede Rasse und Nation, die hohe Ziele anstrebt.
Den Namen jedes Volkes, das Gott gnädiglich mit Liebe beschenkt, werden die himmlischen Heerscharen, die Schar der Engel und die Bewohner des Reiches Abhá gewiss preisen und verherrlichen. Jedes Volk jedoch, das sein Herz von dieser göttlichen Liebe, dieser Offenbarung des Barmherzigen, abkehrt, wird in schweren Irrtum absinken, verzweifeln und völlig zerfallen. Dieses Volk wird nirgends mehr Schutz finden; es wird den gemeinsten Kreaturen dieser Erde gleich werden, ein Opfer der Erniedrigung und der Schande.
O ihr Geliebten des Herrn! Bemüht euch, Offenbarungen der Liebe Gottes zu werden, Leuchten göttlicher Führung, die unter allen Geschlechtern auf Erden mit dem Licht der Liebe und Eintracht strahlen.
Heil sei den Offenbarern dieses herrlichen Lichtes!
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O du Tochter des Königreiches! Dein Brief vom 5. Dezember 1918 erreichte mich. Er enthielt die gute Nachricht, dass die Freunde Gottes und die Dienerinnen des Barmherzigen im Sommer in Green Acre zusammengekommen sind, dass sie Tag und Nacht im Gedenken Gottes zubrachten, der Einheit der Menschenwelt dienten, allen Religionen Liebe bezeigten, frei blieben von jedem religiösen Vorurteil und gütig zu allen Menschen waren. Die göttlichen Religionen müssen Einheit unter den Menschen bewirken, als Mittel zu Einigkeit und Liebe dienen. Sie müssen den Weltfrieden verkünden, den Menschen von allen Vorurteilen befreien, Freude und Frohsinn spenden, Güte gegenüber allen Menschen einüben und alle Unterschiede beiseite räumen. So sagte Bahá’u’lláh, an die Menschenwelt gewandt: »O Menschen! Ihr seid die Früchte eines Baumes, die Blätter eines Zweiges.«Q7 Allenfalls ist es so, dass einige Seelen unwissend sind; sie müssen erzogen werden. Manche sind krank; sie müssen geheilt werden. Einige sind noch wie Kinder; wir müssen ihnen helfen, die Reife zu erreichen, und müssen ihnen gegenüber besonders gütig sein. So verhält sich das Volk Bahás.
Ich hoffe, deine Brüder und Schwestern werden alle zu Förderern der Menschheit werden.
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O ihr beiden gesegneten Seelen! Eure Briefe sind angekommen. Sie zeigten, dass ihr nach der Wahrheit forscht und euch freigemacht habt von Nachahmung und Aberglauben, dass ihr mit eigenen und nicht mit fremden Augen schaut, mit eigenen und nicht mit fremden Ohren hört, dass ihr Geheimnisse mit eigenem und nicht mit fremdem Bewusstsein entdeckt. Wer nachahmt, sagt: Dieser Mensch hat etwas gesehen, dieser Mensch hat etwas gehört, dieser Mensch hat etwas entdeckt. Mit anderen Worten, er hängt von der Sicht, dem Gehör und dem Bewusstsein anderer ab und besitzt keinen eigenen Willen.
Preis sei Gott, denn ihr habt Willenskraft bewiesen und euch der Sonne der Wahrheit zugewandt. Die Gefilde eurer Herzen hat der Herr mit dem Licht des Königreichs erleuchtet; ihr wurdet auf den geraden Pfad geführt und geht die Straße, die zum Reich Gottes führt. Ihr habt das Paradies Abhá betreten und euren Anteil erlangt an der Frucht vom Baum des Lebens.
Selig seid ihr. Eine herrliche Wohnstatt erwartet euch. Gruß und Preis seien mit euch!
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O du Gefangene der Liebe Gottes!A17 Der Brief, den du bei deiner Abreise geschrieben hast, hat mich erreicht und sehr erfreut. Ich hoffe, dass dir dein inneres Auge weit geöffnet wird, so dass sich dir der Kern göttlicher Geheimnisse erschließt.
Du begannst deinen Brief mit einem gesegneten Satz: »Ich bin Christin.« O wenn doch alle wahre Christen wären! Es ist einfach, sich als Christ zu bekennen; aber ein wirklicher Christ zu sein, ist schwierig. Heute sind etwa fünfhundert Millionen Seelen Christen; aber der wahre Christ ist selten: Er ist die Seele, aus deren anmutigem Gesicht Christi Herrlichkeit strahlt, die Seele, welche die Vollkommenheiten des Königreiches offenbart. Das ist sehr wichtig, denn Christ zu sein, heißt jede vorhandene Vollkommenheit verkörpern. Ich hoffe, dass auch du eine wahre Christin wirst. Danke Gott, dass du durch die göttlichen Lehren zu guter Letzt in höchstem Maße beides erhalten hast, das äußere wie das innere Auge, dass du fest in der Gewissheit und im Glauben wurzelst. Ich hoffe sehr, dass auch andere erleuchtete Augen, hörende Ohren und ewiges Leben erlangen, dass diese vielen Flüsse aus den verschiedenen, verstreuten Flussbetten ihren Weg heimfinden in das alles umspülende Meer, dass sie zusammenfließen und sich zu einer einzigen Woge brandender Einheit erheben, dass die einende Wahrheit durch die Macht Gottes alle eingebildeten Unterschiede verschwinden lasse. Dies ist das einzig Wesentliche; denn wenn Einheit erreicht ist, verschwinden alle anderen Probleme von selbst.
O verehrte Dame! Nach den göttlichen Lehren in dieser ruhmreichen Sendung sollten wir keinen herabsetzen oder unwissend nennen mit den Worten: »Du weißt es nicht, ich aber weiß es.« Vielmehr sollten wir anderen mit Achtung begegnen, und wenn wir etwas erklären und zeigen möchten, sollten wir wie Wahrheitssucher sagen: »Hier liegen uns diese Dinge vor. Lasst uns forschen, damit wir entscheiden können, wo und in welcher Gestalt die Wahrheit zu finden ist.« Der Lehrer darf nicht sich selbst als wissend und die anderen als unwissend betrachten. Solche Gedanken erzeugen nur Stolz, und der Stolz trägt nicht dazu bei, andere zu beeinflussen. Der Lehrer darf sich in keiner Weise als überlegen ansehen. Er muss äußerst freundlich, bescheiden und demütig sprechen; denn diese Sprechweise übt Einfluss aus und erzieht die Seelen.
O verehrte Dame! Alle Propheten wurden nur zu einem einzigen Zweck zur Erde herniedergesandt. Christus wurde zu diesem Zweck offenbart, Bahá’u’lláh erhob dafür den Ruf des Herrn: dass die Menschenwelt zur Welt Gottes werde, diese niedere Welt zum Reich Gottes, dieses Dunkel zu Licht, diese satanische Bosheit zum Kanon himmlischer Tugenden; ferner dass Einheit, Freundschaft und Liebe für das ganze Menschengeschlecht errungen werden, dass organische Einheit wieder erscheine, die Grundlagen der Uneinigkeit zerstört werden und die Menschheit ewiges Leben und ewige Gnade ernte.
O verehrte Dame! Schau dich um in der Welt! Einheit, gegenseitige Anziehung, Zusammensein verursachen Leben; aber Uneinigkeit und Missklang bedeuten Tod. Wenn du alle Erscheinungen bedenkst, wirst du erkennen, wie jedes erschaffene Ding durch die Vermischung vieler Elemente entsteht. Wenn diese Gesamtheit der Elemente aufgelöst wird, wenn der Einklang der Elemente aufgehoben wird, ist damit das Leben in dieser Erscheinungsform ausgelöscht.
O verehrte Dame! Obwohl in vergangenen Religionszyklen Einklang begründet wurde, war in Ermangelung der Mittel die Einheit der Menschheit unerreichbar. Die Kontinente blieben weit voneinander getrennt, ja sogar unter den Völkern ein und desselben Kontinents waren Verbindung und Austausch nahezu unmöglich. Infolgedessen waren Umgang, Verständigung und Einheit zwischen allen Völkern und Geschlechtern der Erde unerreichbar. Heute jedoch haben sich die Kommunikationsmittel vervielfacht, und die fünf Kontinente der Erde sind im Grunde genommen zu einem Ganzen verschmolzen. Jedem Menschen fällt es heute leicht, überallhin zu reisen, mit anderen Völkern zusammenzukommen und Meinungen auszutauschen oder sich durch Veröffentlichungen mit den Lebensbedingungen, Glaubensvorstellungen und Gedanken aller Menschen vertraut zu machen. Ebenso sind alle Glieder der menschlichen Familie, ob Völker oder Regierungen, Städte oder Dörfer, in steigendem Maße voneinander abhängig geworden. Keiner kann mehr in Selbstgenügsamkeit leben, weil politische Bindungen alle Völker und Nationen vereinen, die Bande des Handels und der Industrie, der Landwirtschaft und des Bildungswesens Tag für Tag stärker werden. Folglich ist die Einheit der ganzen Menschheit heutzutage erreichbar geworden. Wahrlich, dies ist nur eines der Wunder dieses wunderbaren Zeitalters, dieses ruhmreichen Jahrhunderts. Die vergangenen Zeitalter waren all dessen beraubt, denn dieses Jahrhundert – das Jahrhundert des Lichtes – ist mit einzigartiger, unvergleichlicher Herrlichkeit, mit Macht und Erleuchtung ausgestattet worden. Darum entfaltet sich mit jedem Tag ein ungeschautes, erstaunliches Wunder. Schließlich wird man sehen, wie hell seine Lichtstrahlen in der Gemeinschaft der Menschen leuchten werden.
Sieh, wie dieses Licht nun am dunklen Horizont der Welt zu dämmern beginnt! Der erste Lichtstrahl ist die Einheit im politischen Bereich; der allererste Schimmer davon lässt sich nunmehr erkennen. Der zweite Lichtstrahl ist die Einheit des Denkens in weltweiten Unternehmungen, die bald vollzogen werden wird. Der dritte Lichtstrahl ist die Einheit in der Freiheit, die sicherlich eintreten wird. Der vierte Lichtstrahl ist die Einheit in der Religion, der Eckstein, auf dem die Grundlage ruht; auch sie wird durch die Macht Gottes in ihrer ganzen Strahlenfülle offenbar werden. Der fünfte Lichtstrahl ist die Einheit der Nationen – eine Einheit, die in diesem Jahrhundert sicher begründet werden wird, so dass sich alle Völker der Welt als Bürger eines gemeinsamen Vaterlandes betrachten. Der sechste Lichtstrahl ist die Einheit der Rassen, die alle Erdenbewohner zu Völkern und Geschlechtern einer Rasse macht. Der siebte Lichtstrahl ist die Einheit der Sprache, das heißt die Wahl einer universalen Sprache, in der alle Menschen unterrichtet werden und miteinander verkehren. All dies wird unausweichlich eintreten, weil die Macht des Reiches Gottes seine Verwirklichung fördern und unterstützen wird.
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O ihr erleuchteten Geliebten und ihr Dienerinnen des Barmherzigen! Zu einer Zeit, da die finstere Nacht der Unwissenheit, der Missachtung des Göttlichen und die von Gott trennenden Schleier die Erde umhüllten, dämmerte ein strahlender Morgen, und ein Licht stieg am östlichen Himmel empor. Dann erschien die Sonne der Wahrheit, und der strahlende Glanz des Reiches Gottes ergoss sich über Ost und West. Die Augen hatten zu sehen, erfreuten sich der frohen Botschaft und riefen: »O selig, selig sind wir!« Und sie erkannten die geistige Wirklichkeit aller Dinge und entdeckten die Geheimnisse des Gottesreiches. Von ihren Einbildungen und Zweifeln erlöst, schauten sie das Licht der Wahrheit. Sie tranken den Kelch der Liebe Gottes bis zur Neige und wurden so begeistert, dass sie die Welt und ihr eigenes Selbst gänzlich vergaßen. In jauchzender Freude eilten sie zur Stätte ihres Martyriums, und wo die Menschen aus Liebe sterben, da warfen sie Haupt und Herz von sich.
Die aber, deren Augen nicht sahen, wunderten sich über diese Erregung und riefen: »Wo ist denn das Licht?« und wiederum: »Wir sehen kein Licht! Wir sehen keine Sonne aufgehen! Hier gibt es keine Wahrheit. Das ist nur Einbildung und sonst nichts.« Wie Fledermäuse flohen sie ins verborgene Dunkel und fanden dort, wie sie meinten, ein gewisses Maß an Sicherheit und Frieden.
All das ist jedoch erst der Beginn der Morgendämmerung; die Glut der aufgehenden Sonne der Wahrheit ist noch nicht auf dem Höhepunkt ihrer Kraft. Wenn aber die Sonne im Zenit steht, wird sie so heiß brennen, dass sie sogar das Gewürm in der Erde aufschreckt. Und obwohl es kein Licht sehen kann, wird es dennoch durch diese Hitze in rasende Bewegung versetzt.
Darum, o ihr Geliebten Gottes, seid dankbar, dass ihr am Tage der Morgendämmerung euer Angesicht dem Lichte der Welt zuwendet und seine Herrlichkeit schaut. Ihr habt einen Anteil am Lichte der Wahrheit empfangen; ihr erfreut euch einer Vielzahl von Segnungen, die ewig währen. Darum sollt ihr als Dankesgabe für diese Gnade keinen Augenblick ruhen noch rasten. Bringt den Menschen die frohe Botschaft vom Reiche Gottes, verbreitet überall Gottes Wort.
Handelt im Einklang mit dem Willen des Herrn: Erhebt euch also in solcher Weise und mit solchen Tugenden, dass dem Körper dieser Welt eine lebendige Seele geschenkt wird, und bringt dieses zarte Kind, die Menschheit, zur Stufe der Reife. Entzündet, wann immer ihr könnt, bei jeder Begegnung eine Kerze der Liebe, erfreut und ermutigt mitfühlend jedes Herz. Sorgt euch um den Fremden wie um einen der euren, zeigt Ausländern die gleiche Liebe und Güte wie euren treuen Freunden. Sollte jemand Streit mit euch suchen, trachtet danach, ihn zum Freunde zu gewinnen. Sollte jemand euch bis ins Innerste verletzen, seid ein heilender Balsam für seine Wunden. Sollte euch jemand verspotten und verhöhnen, begegnet ihm mit Liebe. Sollte jemand seine Schuld auf euch abwälzen, lobt ihn. Sollte er euch tödliches Gift anbieten, so gebt ihm dafür den besten Honig; und sollte er euer Leben bedrohen, so gewährt ihm eine Arznei, die ihn für immer heilen wird. Sollte er die Qual selbst sein, so seid ihr seine Medizin. Sollte er wie Dornen sein, seid ihr seine Rosen und süßen Kräuter. Vielleicht werden solche Taten und Worte von euch diese finstere Welt schließlich hell erstrahlen lassen, diese staubige Erde himmlisch machen, diesen höllischen Kerker in einen Königspalast des Herrn verwandeln – so dass Krieg und Hader verschwinden und nicht mehr sind, Liebe und Vertrauen ihre Zelte auf den Gipfeln der Welt errichten. Das ist der Wesenskern der Ermahnungen Gottes. Das sind – mit wenigen Worten – die Lehren der Sendung Bahás.
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O ihr Erwählten des Reiches Abhá! Lobet den Herrn der Heerscharen; denn auf den Wolken schwebend ist Er aus dem Himmel des unsichtbaren Reiches in diese Welt herabgekommen, um Ost und West durch die herrliche Sonne der Wahrheit zu erleuchten. Der Ruf des Königreiches erscholl, die Boten aus den Sphären der Höhe sangen nach den Weisen der himmlischen Heerscharen die frohe Botschaft Seines Kommens. Da erzitterte die ganze Welt des Seins vor Freude, doch die Menschen schliefen weiter, wie es der Messias voraussagte; denn der Tag der Manifestation, da der Herr der Heerscharen herabstieg, fand sie verhüllt in den Schlaf der Unwissenheit. Wie Er im Evangelium sagte: »Mein Kommen geschieht, wie wenn der Dieb im Hause ist, und der Hausherr ist nicht auf der Hut.«Q8
Vor allen Menschen hat Er euch erwählt. Eure Augen wurden dem Lichte der Führung eröffnet, eure Ohren auf die Musik der himmlischen Heerscharen eingestimmt. Ihr wurdet mit großer Gnade gesegnet, denn eure Herzen und Seelen sind zu neuem Leben wiedergeboren. Danket und preiset Gott, dass die Hand unermesslicher Segnungen euch diese edelsteinbesetzte Krone aufs Haupt gedrückt hat – eine Krone, deren leuchtende Juwelen bis in alle Ewigkeit glitzern und strahlen werden.
Bemüht euch nach Kräften und erwählt euch ein erhabenes Ziel, um Ihm für all das zu danken. Gehorcht den Lehren Gottes durch die Macht des Glaubens, und lasst all eure Taten mit Seinen Geboten in Einklang sein. Lest die Verborgenen Worte, denkt über ihre innere Bedeutung nach und handelt danach. Lest mit größter Aufmerksamkeit die Sendschreiben ṬarázátA18, KalimátA19, TajallíyátA20, IshráqátA21 und BishárátA22 und erhebt euch, wie in den himmlischen Lehren geboten. So sei jeder von euch wie eine leuchtende Kerze der Anziehungspunkt, wo immer Menschen zusammenkommen, und wie ein Blumenbeet sollt ihr süßen Duft verbreiten.
Tost wie das brüllende Meer, und wie eine schwere Wolke regnet die Gnade des Himmels nieder. Erhebt eure Stimme und singt die Weisen vom Reiche Abhá. Erstickt die Flammen des Krieges, hisst hoch die Banner des Friedens, arbeitet für die Einheit der Menschheit und denkt daran, dass Religion ein Kanal der Liebe zu allen Völkern ist. Wisst, dass die Menschenkinder Gottes Schafe sind und Er ihr liebender Hirte, dass Er zärtlich all Seine Schafe umsorgt, sie auf Seinen grünen Auen der Gnade weidet und sie aus dem Brunnquell des Lebens tränkt. So handelt der Herr. Das sind Seine Segnungen. Das ist aus Seinen Lehren Sein Gebot für die Einheit der Menschheit.
Die Tore Seines Segens sind weit geöffnet, Seine Zeichen sind überall kundgetan, hell leuchtet die Wahrheit in ihrer Herrlichkeit. Gottes Segen ist unerschöpflich. Erkennt den Wert dieser Zeit. Strebet aus ganzem Herzen, erhebt eure Stimme und rufet laut, bis diese dunkle Welt sich mit Licht erfüllt, bis diese enge Schattengruft sich weitet, bis dieser flüchtige Haufen Staub sich in einen Spiegel der ewigen Himmelsgärten verwandelt und dieser Erdball seinen Teil an der himmlischen Gnade erhält.
Dann wird die Angriffslust verpuffen; was zu Uneinigkeit führt, wird ausgerottet, und der Bau der Einheit wird errichtet – auf dass der Gesegnete Baum seinen Schatten über Ost und West breite, die Stiftshütte der Einzigkeit des Menschen auf den höchsten Gipfeln errichtet werde, die Flaggen der Liebe und Freundschaft rund um die Welt an ihren Masten flattern, bis das Meer der Wahrheit hoch aufbraust, die Erde die Rosen und würzigen Kräuter immerwährender Segnungen hervorbringt und von Pol zu Pol zum Paradies Abhá wird.
Dies ist ‘Abdu’l-Bahás Rat. Ich hoffe, dass ihr mit dem Segen des Herrn der Heerscharen zur geistigen Substanz, zum Strahlenglanz des Menschengeschlechts werdet und alle Herzen mit dem Bande der Liebe vereint; dass ihr durch die Macht des Wortes Gottes die Toten zum Leben erweckt, die jetzt in den Gräbern ihrer sinnlichen Wünsche liegen, dass ihr mit den Sonnenstrahlen der Wahrheit denen die Sicht wiedergebt, deren inneres Auge erblindet ist, dass ihr den geistig Kranken geistige Heilung bringt. Auf all das aus den Segnungen und Gnadengaben des Geliebten hoffe ich.
Zu allen Zeiten spreche ich von euch und denke an euch. Ich bete zum Herrn, und unter Tränen flehe ich Ihn an, dass Er all diese Segnungen über euch ausschütte, eure Herzen erfreue, eure Seelen entzücke und euch unermessliche Freude und himmlische Wonne schenke …
O Du liebender Versorger! Diese Seelen hören auf den Ruf des Königreiches und schauen die Sonne der Wahrheit in ihrer Herrlichkeit. Sie erheben sich in die frischen Himmel der Liebe, fühlen sich hingezogen zu Deinem Wesen und beten Deine Schönheit an. Dir wenden sie sich zu, sprechen miteinander von Dir, suchen nach Deiner Wohnstatt und dürsten nach den Wasserläufen Deines himmlischen Reiches.
Du bist der Geber, der Verleiher, der Ewig-Liebende.
18
O du, der du ein sehendes Herz hast! Zwar bist du körperlich des Augenlichtes beraubt, doch hast du, gepriesen sei Gott, geistige Einsicht. Dein Herz sieht, dein Geist hört. Das Augenlicht unterliegt tausend Krankheiten und geht schließlich mit Sicherheit verloren. Deshalb sollte ihm keine Bedeutung beigemessen werden. Aber das Auge des Herzens ist erleuchtet. Es entdeckt und erforscht das Gottesreich. Es besteht immer und ewig. So preise Gott, dass deines Herzens Auge erleuchtet ist und deines Geistes Ohr empfänglich.
Jede Zusammenkunft, die ihr organisiert, darin ihr himmlische Regungen fühlt, Wirklichkeiten und Bedeutungen erfasst, ist wie das Sternenzelt, und die Seelen dort sind strahlende Sterne, die mit dem Licht der Führung leuchten.
Glücklich die Seele, die in diesem herrlichen Zeitalter himmlische Lehren sucht, und selig das Herz, das von der Liebe Gottes bewegt und angezogen wird.
19
Preis sei Ihm, in Dessen Herrlichkeit Erde und Himmel erglühen, in Dessen Dufthauch die Gärten der Heiligkeit, welche die Herzen der Auserwählten schmücken, vor Freude erzittern. Preis sei Ihm, der Sein Licht verströmt und das Angesicht des Firmaments erhellt. Wahrlich, strahlende, feurige Sterne sind erschienen; sie funkeln, leuchten und senden ihre Strahlen dem höchsten Horizont entgegen. Ihre Anmut und Pracht empfingen sie aus den Gnadengaben des Reiches Abhá. Zu Sternen der Führung geworden, ergossen sie ihr Licht auf diese Erde.
Preis sei Ihm, der diese neue Ära, dieses Zeitalter höchster Würde, gestaltet hat wie ein Festspiel, das aller Dinge Wirklichkeit den Augen enthüllt. Nun regnen die Wolken der Freigebigkeit hernieder, die Gaben des liebenden Herrn sind offenbar; denn die sichtbare wie die unsichtbare Welt wurden erleuchtet, der Verheißene kam zur Erde, die Schönheit des Angebeteten erstrahlte.
Gruß, Segen und Willkomm seien dieser Umfassenden Wirklichkeit, diesem Vollkommenen Wort, diesem Offenbaren Buch, diesem Strahlenglanz, der am höchsten Himmel anbrach, diesem Führer aller Nationen, diesem Licht der Welt – Dessen überströmende Gnade, einem wogenden Meere gleich, die ganze Schöpfung überflutete, so dass seine Wellen schimmernde Perlen an die Gestade der sichtbaren Welt spülten. Jetzt ist die Wahrheit erschienen und die Falschheit geflohen. Jetzt ist der Tag angebrochen, und alles jauchzt. Die Seelen der Menschen werden geheiligt, ihr Geist geläutert, ihr Herz beglückt, ihr Verstand geklärt, ihre geheimen Gedanken gesunden, ihr Gewissen wird reingewaschen, ihr innerstes Selbst geheiligt; denn der Tag der Auferstehung ist gekommen, und die Segnungen deines Herrn, des Vergebenden, umfassen alle Dinge. Heil und Preis seien den glänzenden, prangenden Sternen, die ihre Strahlen aus dem höchsten Himmel herniedersenden, diesen Sternbildern im umgürtenden Tierkreis des Reiches Abhá. Ruhm sei mit ihnen.
Und nun, o du verehrter Freund, der du die Große Verkündigung vernommen hast, erhebe dich, der Sache Gottes zu dienen mit der unwiderstehlichen Macht des Reiches Abhá und mit dem Odem, der aus dem Geiste der himmlischen Heerscharen weht. Sei nicht bekümmert über das, was die Pharisäer und die Gerüchteköche unter den Zeitungsleuten über Bahá sagen. Rufe dir die Tage Christi ins Gedächtnis und die Leiden, mit denen das Volk Ihn überschüttete, und all die Qual und Trübsal, die man Seinen Jüngern zufügte. Da ihr Liebende der Schönheit Abhá seid, müsst auch ihr um Seiner Liebe willen die Schmach der Völker auf euch laden; alles, was den Jüngern einst widerfuhr, muss auch euch treffen. Dann werden die Angesichter der Auserwählten strahlen im Glanz des Gottesreiches in allen Zeitaltern, ja in allen Zyklen der Zukunft. Die Leugner aber verharren in offenkundigem Verlust. Es wird sein, wie es Christus, der Herr, voraussagte: »Sie werden euch verfolgen um Meines Namens willen.«Q9
Rufe ihnen diese Worte ins Gedächtnis und sprich: »Wahrlich, die Pharisäer erhoben sich gegen den Messias, trotz der leuchtenden Schönheit Seines Antlitzes und all Seiner Anmut, und sie schrien, Er sei nicht der Messias,A23 sondern ein UnholdA24 weil Er behauptete, der allmächtige Gott, der unumschränkte Herr über alle zu sein. Und Er sagte ihnen: ›Ich bin Gottes Sohn, und wahrlich, im innersten Sein des einzigen Sohnes, Seines mächtigen Schützlings, stehet der Vater, deutlich offenbart mit allen Seinen Eigenschaften und Vollkommenheiten.‹ Das sei, so sagten sie, nach den klaren, unwiderleglichen Texten des Alten Testaments offene Gotteslästerung und eine Verleumdung des Herrn. Deshalb fällten. sie das Urteil gegen Ihn, bestimmten, dass Sein Blut vergossen werde, und hängten Ihn ans Kreuz, wo Er ausrief: ›O Mein geliebter Herr, wie lange willst Du Mich ihnen überlassen? Erhebe Mich zu Dir, schütze Mich bei Dir, gib Mir eine Wohnstatt bei Deinem Thron der Herrlichkeit. Wahrlich, Du bist der Erhörer der Gebete, und Du bist der Gütige, der Barmherzige. O Mein Herr! Wahrlich, diese weite Welt ist zu klein für Mich; Ich liebe dieses Kreuz aus Liebe zu Deiner Schönheit, aus Sehnsucht nach Deinem Reich der Höhe und um des Feuers willen, das, von den Windstößen Deiner Heiligkeit entfacht, in Meinem Herzen lodert. Hilf Mir, o Herr, zu Dir aufzusteigen, stehe Mir bei, Deine Heilige Schwelle zu erreichen, o Mein liebender Herr! Wahrlich, Du bist der Barmherzige, der Besitzer großer Gabenfülle! Wahrlich, Du bist der Großmütige! Wahrlich, Du bist der Mitleidvolle! Wahrlich, Du bist der Allwissende! Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Mächtigen, dem Kraftvollen!‹«
Nur aus Unwissenheit über den tiefsten Kern der Geheimnisse, nur weil sie Seinen Strahlenglanz nicht schauten und Seine Beweise nicht beachteten, erkühnten sich die Pharisäer, Ihn zu verleumden und dieser schweren Sünde zu beschuldigen. Sonst hätten sie Seine Worte anerkannt und für die von Ihm offenbarten Verse Zeugnis abgelegt. Sie hätten die Wahrheit Seiner Äußerungen bekannt, im schirmenden Schatten Seines Banners Schutz gesucht, von Seinen Zeichen und Beweisen gelernt und über Seine glückselige Botschaft frohlockt.
Wisse, dass Gott in Seinem Wesen – wenn man Ihn den Unsichtbaren des Unsichtbaren nennt, unbeschreiblich und jenseits menschlicher Fassungskraft – erhaben ist über jede Erwähnung oder Begriffsbestimmung, jede Andeutung oder Anspielung, jeden Beifall oder Lobpreis. In dem Sinn, dass Er ist, der Er ist, kann der Verstand Ihn niemals begreifen, und die Seele, die Seine Erkenntnis sucht, ist nur ein Wanderer in der Wüste, weit in die Irre gegangen. »Keine Schau kann Ihn umfassen, aber Er umfasst alle Schau. Er ist der Sinnreiche, der Allwissende.«Q10
Wenn du aber über das innerste Wesen aller Dinge und über die Eigenart eines jeden nachsinnst, wirst du die Zeichen für die Gnade deines Herrn in allem Erschaffenen erblicken und schauen, wie sich Seine Namen und Eigenschaften strahlengleich über das ganze Reich des Seins verbreiten mit Beweisen, die nur die Eigensinnigen und die Achtlosen leugnen können. So wirst du das Weltall als eine Schriftrolle begreifen, die Seine auf wohlbehüteter Tafel verwahrten verborgenen Geheimnisse offenlegt. Und es gibt kein Atom unter allen Atomen, kein Geschöpf unter allen Geschöpfen, das nicht Sein Lob sänge, Seine Namen und Eigenschaften kündete, die Herrlichkeit Seiner Macht offenbarte und den Weg wiese zu Seiner Einheit und Gnade. Niemand mit Ohren zu hören, Augen zu sehen und einem gesunden Menschenverstand wird das leugnen.
Und wenn du auf die Schöpfung als Ganzes blickst und die Atome darin betrachtest, wirst du erkennen, dass die Sonne der Wahrheit ihre Strahlen auf alle Dinge ergießt, in allen Dingen leuchtet und durch alle Dinge ihren Glanz, ihre Geheimnisse und ihre Lichtfülle verkündet. Schaue die Bäume, die Blüten und Früchte, ja selbst die Steine. Überall siehst du, wie sich die Sonnenstrahlen über die Dinge ergießen, in ihnen deutlich sichtbar sind und durch sie sich offenbaren.
Wenn du aber deinen Blick auf einen hell glänzenden, makellos reinen Spiegel richtest, der die göttliche Schönheit wiedergibt, so siehst du darin die Sonne mit ihren Strahlen, ihrer Wärme, ihrer Scheibe, ihrer ganzen erhabenen Gestalt. Jedes einzelne Wesen besitzt den ihm zugemessenen Anteil am Sonnenlicht und kündet von der Sonne; aber jene allumfassende Wirklichkeit in ihrer ganzen Herrlichkeit, jener makellose Spiegel, dessen Eigenschaften denen der darin offenbarten Sonne entsprechen, drückt den Ursprung der Herrlichkeit mit all seinen Merkmalen aus. Und diese universale Wirklichkeit ist Mensch, göttliches Sein, immerwährendes Wesen. »Sprich: Rufet Gott an oder ruft den Allbarmherzigen an; wie ihr Ihn auch anrufet, überaus herrlich sind Seine Namen.«Q11
Das ist die Bedeutung der Worte des Messias, dass der Vater im Sohne ist.A25 Erkennst du es nicht? Sollte ein makelloser Spiegel verkünden: »Wahrlich, die Sonne mit allen ihren Eigenschaften, Beweisen und Zeichen scheint in mir«, so wäre des Spiegels Rede weder irreführend noch falsch. Nein, bei Dem, der den Spiegel erschuf, ihn formte, ihm Gestalt gab und ihn zu einem Wesen machte, das den ihm innewohnenden Merkmalen der Herrlichkeit entspricht! Gelobt sei Er, der ihn erschuf! Gelobt sei Er, der ihm Gestalt gab! Gelobt sei Er, der ihn offenbarte!
Das waren die Worte aus dem Munde Christi. Und wegen dieser Worte wurde Er von ihnen kritisiert und angegriffen, als Er zu ihnen sagte: »Wahrlich, der Sohn ist im Vater und der Vater ist im Sohn.«Q12 Lasse dich darüber belehren und erkenne die Geheimnisse deines Herrn. Die Leugner indes sind durch Schleier von Gott getrennt: Sie sehen nichts, sie hören nichts und verstehen nichts. »Überlass sie dem müßigen Umgang mit ihren Spitzfindigkeiten.«Q13 Überlass sie ihren Wanderungen an Flussbetten, darin kein Wasser fließt. Wie das Vieh auf der Weide können sie buntes Glas nicht von Perlen unterscheiden. Sind sie nicht ausgeschlossen von den Geheimnissen deines Herrn, des Gütigen, des Gnädigen?
Du aber erfreue dich dieser schönsten aller frohen Botschaften! Erhebe dich, Gottes Wort zu preisen und Seinen süßen Duft in jenem weiten, mächtigen Land zu verbreiten. Wisse mit Gewissheit, dein Herr wird dir zu Hilfe eilen mit einer Streitmacht der himmlischen Heerscharen aus dem Reich Abhá. Sie werden zum Angriff übergehen und mit Ungestüm über die Scharen der Unwissenden und Blinden hereinbrechen. Binnen kurzem wirst du sehen, wie die Dämmerröte aus dem erhabensten Reich hervorbricht und das Morgenlicht alle Gebiete umfängt. Es wird das Dunkel in die Flucht schlagen, die Düsternis der Nacht wird vergehen, strahlend wird der Glaube die Stirn erheben, die Sonne wird aufsteigen und die Welt erleuchten. An jenem Tage werden die Getreuen frohlocken und die Standhaften glückselig sein. Dann werden sich die Verleumder aus dem Staub machen; die Unentschlossenen werden ausgelöscht, selbst die dunkelsten Schatten vergehen, wenn das erste Morgenlicht anbricht.
Gegrüßt und gepriesen seiest du.
O Gott, mein Gott! Hier ist Dein strahlender Diener, Dein geistiger Knecht, der sich Dir zukehrt und sich Deiner Gegenwart nähert. Dir wendet er sein Angesicht zu und bekennt Deine Einheit und Einzigkeit. In Deinem Namen ruft er die Völker und führt die Menschen zu den strömenden Wassern Deines Erbarmens, o Du großmütigster Herr! Denen, die darum bitten, gibt er zu trinken aus der Führung Kelch, der überfließt vom Weine Deiner unermesslichen Gnade.
O Herr, stehe ihm bei in jeder Lage, lasse ihn Deine wohlgehüteten Geheimnisse erfahren und regne Deine verborgenen Perlen auf ihn nieder. Mache ihn zu einem Banner, das von des Turmes Zinnen im Winde Deines himmlischen Beistands weht. Mache ihn zu einem Quell kristallklaren Wassers.
O mein vergebender Herr! Erhelle die Herzen mit einer leuchtenden Lampe, die weithin scheint und denen in Deinem Volke, die Du großmütig begünstigst, aller Dinge Wirklichkeit enthüllt.
Wahrlich, Du bist der Mächtige, der Gewaltige, der Beschützer, der Starke, der Wohltäter! Wahrlich, Du bist der Herr allen Erbarmens.
20A26
Obgleich die Juden, als Christus vor zwanzig Jahrhunderten erschien, sehnlichst Sein Kommen erwarteten und jeden Tag unter Tränen beteten und flehten: »O Gott, beschleunige die Offenbarung des Messias«, verleugneten sie Ihn doch, als die Sonne der Wahrheit dämmerte, und erhoben sich gegen Ihn in größter Feindschaft. Schließlich kreuzigten sie diesen göttlichen Geist, das Wort Gottes, und nannten Ihn Beelzebub, den Bösen, wie es das Evangelium berichtet. Der Grund war, dass sie sagten: »Die Offenbarung Christi wird nach dem klaren Text der Thora durch gewisse Zeichen bezeugt werden, und solange diese Zeichen nicht erschienen sind, ist jeder ein Betrüger, der beansprucht, ein Messias zu sein. Eines dieser Zeichen ist, dass der Messias von einem unbekannten Ort kommen wird; wir alle aber kennen dieses Mannes Haus in Nazareth, und was kann von Nazareth Gutes kommen? Das zweite Zeichen ist, dass Er herrschen wird mit einem Stab aus Eisen, das heißt, dass Er mit dem Schwerte Taten verrichten wird. Dieser Messias aber hat nicht einmal einen hölzernen Stab. Eine andere Bedingung und ein anderes Zeichen sind: Er muss sitzen auf dem Throne Davids und Davids Herrschaft aufrichten. Nun aber hat dieser Mann, weit davon entfernt, auf einem Thron zu sitzen, nicht einmal eine Matte, auf der er sich niederlassen könnte. Eine andere Bedingung ist die Verkündigung aller Gesetze der Thora. Dieser Mann aber hat diese Gesetze abgeschafft und sogar den Sabbat gebrochen, obgleich der klare Text der Thora bestimmt, dass, wer den Anspruch erhebt, ein Prophet zu sein, und Wunder tut, aber den Sabbat bricht, getötet werden müsse. Ein anderes Zeichen ist, dass unter Seiner Regierung die Gerechtigkeit so fortgeschritten sein wird, dass rechter Sinn und rechte Tat sich von der menschlichen Welt sogar auf die Tierwelt ausbreiten. Schlange und Maus werden ein Loch miteinander teilen, Adler und Rebhuhn ein Nest. Löwe und Gazelle werden auf einer Wiese weiden, Wolf und Lamm werden trinken aus einem Quell. Nun haben aber zu seiner Zeit Ungerechtigkeit und Tyrannei so überhandgenommen, dass sie ihn gekreuzigt haben. Eine andere Bedingung ist, dass in den Tagen des Messias die Juden zu Wohlstand kommen und über alle Völker der Welt triumphieren werden. Heute aber leben sie in äußerster Erniedrigung und in der Knechtschaft des Römerreiches. Wie kann dieser Mann der in der Thora verheißene Messias sein?«
So verwarfen sie die Sonne der Wahrheit, obgleich dieser Geist Gottes wirklich der in der Thora Verheißene war. Weil sie aber die Bedeutung der Zeichen nicht verstanden, kreuzigten sie das Wort Gottes. Die Bahá’í sind der Ansicht, dass die überlieferten Zeichen in der Manifestation Christi verwirklicht sind, wenn auch nicht in dem Sinne, wie es die Juden verstanden; denn die Beschreibung in der Thora ist sinnbildlich aufzufassen. So ist zum Beispiel eines der Zeichen das der Herrschaft. Die Bahá’í sagen, dass die Herrschaft Christi eine himmlische, göttliche, ewige Herrschaft sei, nicht eine napoleonische, die nur kurze Zeit währt. Denn vor nahezu zwei Jahrtausenden wurde Christi Herrschaft errichtet und dauert noch an, und für alle Ewigkeit wird dieses heilige Wesen erhöht sein auf einem ewigen Throne.
Ebenso sind die anderen Zeichen alle offenbar geworden, aber die Juden verstanden sie nicht. Obgleich nahezu zwanzig Jahrhunderte verflossen sind, seit Christus in göttlichem Glanze erschien, erwarten die Juden noch immer das Kommen des Messias, dünken sich selbst im Recht und halten Christus für einen falschen Propheten.
21
O du verehrter Würdenträger, du Sucher nach Wahrheit! Dein Brief vom 4. April 1921 wurde mit Liebe gelesen.
Dass es das Göttliche Wesen gibt, ist durch logische Beweise überzeugend begründet; aber die Wirklichkeit Gottes übersteigt die Fassungskraft des Verstandes. Wenn du darüber sorgsam nachdenkst, wirst du erkennen, dass eine niedrigere Stufe niemals die höhere erfassen kann. Dem Mineralreich, das niedriger ist, ist es beispielsweise versagt, das Pflanzenreich zu erfassen; dem Mineral wäre jedes derartige Verständnis ganz unmöglich. Ebenso erlangt das Pflanzenreich, wie weit es sich auch entwickeln mag, keine Vorstellung vom Tierreich, und jedes derartige Verständnis wäre auf seiner Stufe undenkbar; denn das Tier steht eine Stufe höher als die Pflanze: Dieser Baum hat keine Vorstellung von Hören und Sehen. Das Tierreich, wie weit es sich auch entwickeln mag, begreift niemals die Wirklichkeit des Verstandes, der das innere Wesen aller Dinge entdeckt und unsichtbare Wirklichkeiten erfasst; denn verglichen mit der des Tieres, ist die Stufe des Menschen sehr hoch. Auch wenn all diese Wesen in der bedingten Welt nebeneinander bestehen, verhindert die Verschiedenheit ihrer Stufen, dass sie das Ganze begreifen; denn keine niedrigere Stufe kann eine höhere verstehen. Solches Verständnis ist unmöglich.
Die höhere Stufe aber versteht die niedrigere. Das Tier erfasst zum Beispiel das Mineral und die Pflanze, der Mensch versteht die Stufen des Tieres, der Pflanze und des Minerals. Das Mineral indes kann keinesfalls die Reiche des Menschen verstehen. Und trotz der Tatsache, dass alle diese Wesenheiten in der Welt der Erscheinung nebeneinander bestehen, kann keine niedrigere Stufe jemals eine höhere erfassen.
Wie könnte es da einer bedingten Wirklichkeit – und das ist der Mensch – möglich sein, das präexistente Sein, das Göttliche dem Wesen nach zu verstehen? Der Stufenunterschied zwischen dem Menschen und der göttlichen Wirklichkeit ist abertausendmal größer als der Unterschied zwischen Pflanze und Tier. Und was der Mensch in seinem Geist heraufbeschwören kann, ist nur das ausgeschmückte Phantasiebild seiner menschlichen Beschaffenheit; es umfasst nicht Gottes Wirklichkeit, sondern wird von ihr umfasst. Das heißt, der Mensch begreift seine eigenen Einbildungen, aber die Wirklichkeit des Göttlichen kann niemals begriffen werden. Sie umfasst ihrerseits alles Erschaffene, und alles Erschaffene liegt in ihrer Hand. Das Göttliche, das sich der Mensch vorstellt, besteht nur in seiner Vorstellung, nicht in Wirklichkeit; der Mensch jedoch besteht sowohl in seiner Vorstellung als auch in Wahrheit. Folglich ist der Mensch größer als die eingebildete Wirklichkeit, die er sich vorstellen kann.
Dies sind die äußersten Grenzen für diesen tönernen Vogel: Er kann eine kurze Strecke in die endlose Weite flattern, aber er kann sich niemals hoch in die Himmel zur Sonne emporschwingen. Dennoch müssen wir vernünftige oder inspirierte Beweise für die Existenz des Göttlichen dartun, das heißt Beweise, die dem Verständnis des Menschen entsprechen.
Offensichtlich sind alle erschaffenen Dinge durch vollständige, vollkommene Verknüpfung miteinander verbunden, wie zum Beispiel die Glieder des menschlichen Körpers. Beachte, wie alle Glieder und Bestandteile des Leibes miteinander verbunden sind. Genauso sind alle Teile des endlosen Weltalls miteinander verknüpft. Fuß und Schritt beispielsweise sind mit dem Ohr und dem Auge verbunden. Das Auge muss vorwärts schauen, bevor der Schritt getan wird. Das Ohr muss hören, bevor das Auge genau hinschaut. Und jedes Glied des menschlichen Körpers, das nicht in Ordnung ist, schwächt die anderen Glieder. Das Gehirn ist mit Herz und Magen verbunden, die Lungen mit allen Gliedern. So ist es auch mit den anderen Gliedern des Leibes.
Jedes dieser Glieder hat seine eigene, besondere Aufgabe. Die Kraft des Geistes – einerlei, ob wir sie präexistent oder abhängig nennen – regelt und steuert alle Glieder des Körpers und achtet darauf, dass jedes Teil, jedes Glied seine ihm eigene besondere Aufgabe ordnungsgemäß verrichtet. Wird die Kraft des Geistes jedoch irgendwie unterbrochen, so sind die Glieder nicht mehr in der Lage, ihre eigentlichen Aufgaben auszuführen. Im Körper und im Zusammenwirken seiner Glieder treten Störungen auf; seine Kraft erweist sich als wirkungslos.
Genauso ist das endlose Weltall zu sehen: Auch dort herrscht unausweichlich eine allumfassende Kraft, die alle Teile dieser unendlichen Schöpfung regelt und steuert. Gäbe es diesen Regler und Steuerer nicht, wäre das Weltall voller Mängel und Fehler. Es wäre irrsinnig, während ihr doch erkennt, dass die unendliche Schöpfung ihre Abläufe in vollkommener Ordnung abwickelt, dass jedes Einzelteil seine Aufgaben ganz zuverlässig ausführt. Kein Fehler lässt sich in dem gesamten Ablauf finden. Deshalb ist klar, dass eine allumfassende Kraft herrscht, die dieses unendliche Weltall regelt und steuert. Jeder vernünftige Geist kann diese Tatsache begreifen.
Alle erschaffenen Dinge wachsen und entwickeln sich, sind aber äußeren Einwirkungen ausgesetzt. So gibt die Sonne beispielsweise Wärme, der Regen nährt, der Wind bringt Leben, damit der Mensch sich entwickeln und wachsen kann. Es ist klar, dass der menschliche Körper unter äußeren Einwirkungen steht und ohne solche Einwirkungen nicht wachsen könnte. Und genauso sind jene äußeren Einwirkungen ihrerseits anderen Einwirkungen ausgesetzt. Beispielsweise ist das Wachstum und die Entwicklung eines Menschen von Wasser abhängig; das Wasser kommt vom Regen, der Regen kommt von den Wolken, die Wolken von der Sonne, die Land und Meer Dampf hervorbringen lässt, der sich zu Wolken verdichtet. So übt jede dieser Wesenheiten ihren Einfluss aus und wird ihrerseits beeinflusst. Dieser Prozess führt unausweichlich zu Einem, der alles beeinflusst, selbst aber durch nichts beeinflusst wird und so die Kette durchtrennt. Die innere Wirklichkeit dieses Wesens jedoch ist unbekannt, obwohl Seine Wirkungen klar und augenscheinlich sind.
Weiter sind alle erschaffenen Wesen begrenzt, und gerade diese Begrenzung alles Erschaffenen beweist die Wirklichkeit des Unbegrenzten; denn das Dasein eines begrenzten Wesens zeigt das Dasein eines Unbegrenzten.
Zusammenfassend sei gesagt: Es gibt viele Beweise, die das Dasein der allumfassenden Wirklichkeit begründen. Da diese Wirklichkeit präexistent ist, wird sie von den Verhältnissen der Erscheinungen nicht berührt; denn jede von Umständen und vom Zusammenspiel der Ereignisse abhängige Wesenheit, ist kontingent und nicht präexistent. Deshalb wisse: Die Gottheit, die andere Gemeinschaften und Völker heraufbeschworen haben, bleibt im Rahmen ihres Vorstellungsvermögens und geht nicht darüber hinaus; die Wirklichkeit der Gottheit aber ist jenseits aller Vorstellung.
Was die heiligen Manifestationen Gottes betrifft, so sind sie die Brennpunkte, worin die Zeichen, Beweise und Vollkommenheiten jener heiligen, präexistenten Wirklichkeit in vollem Glanz erscheinen. Sie sind immerwährende Gnade, himmlische Herrlichkeit; von ihnen hängt das ewige Leben der Menschheit ab. Zur Veranschaulichung: Die Sonne der Wahrheit wohnt in einem Himmel, zu dem keine Seele Zugang hat und den kein Geist erreichen kann, und Er ist weit über dem Begriffsvermögen aller Kreaturen. Die Manifestationen Gottes sind wie ein reiner, fleckenloser Spiegel, der die Lichtströme jener Sonne bündelt und dann diese Herrlichkeit auf die übrige Schöpfung ausstrahlt. In diesem reinen Spiegel ist die Sonne mit ihrer ganzen Majestät offenbar. Sollte deshalb die Sonne im Spiegel verkünden »Ich bin die Sonne!« so ist das die Wahrheit; und sollte sie rufen »Ich bin nicht die Sonne!« so ist das gleichfalls die Wahrheit. Und obgleich die Sonne mit all ihrer Herrlichkeit, Schönheit und Vollkommenheit in jenem fleckenlosen Spiegel klar zu sehen ist, ist sie doch von ihrer erhabenen Stufe in den Reichen der Höhe nicht herabgestiegen. Sie ist nicht in den Spiegel eingetreten, sondern sie wird weiterhin bis in alle Ewigkeit in den erhabenen Höhen ihrer Heiligkeit wohnen.
Auch bedürfen alle irdischen Geschöpfe der Sonne und ihrer Wohltaten, denn ihr ganzes Sein ist von der Sonne Licht und Wärme abhängig. Würde ihnen die Sonne entzogen, so wären sie ausgelöscht. Das ist das ›bei Gott sein‹, das die Heiligen Bücher meinen: Der Mensch muss bei seinem Herrn sein.
Daher ist klar, dass die wesenhafte Wirklichkeit Gottes in Seinen Vollkommenheiten offenbar wird; die mit ihren Vollkommenheiten im Spiegel widergespiegelte Sonne ist eine sichtbare Wesenheit, die Gottes Güte klar zum Ausdruck bringt.
Ich hoffe, dass du dir ein scharfes Auge, ein vernehmendes Ohr erwirbst und dass die Schleier vor deinem Auge entfernt werden.
22
O du, der du dein Angesicht Gott zuwendest! Schließe deine Augen für alles andere und öffne sie dem Reiche des Allherrlichen. Nur von Ihm erbitte, was immer du wünschst, nur bei Ihm suche, was immer du suchst. Mit einem Blick erhört Er hunderttausend Hoffnungen, mit einem Lichtstrahl heilt Er hunderttausend unheilbare Krankheiten, mit einem Nicken legt Er Balsam auf jede Wunde, mit einem Augenaufschlag befreit Er die Herzen aus den Ketten des Leids. Er tut, was Er tut, und welche Zuflucht bleibt uns? Er vollzieht Seinen Willen. Er verordnet, was Ihm beliebt. So ist es besser für dich, dein Haupt in Ergebenheit zu beugen und dein Vertrauen in den allbarmherzigen Herrn zu setzen.
23
O du, der du nach Wahrheit suchst! Dein Brief vom 13. Dezember 1920 ist angekommen.
Seit den Tagen Adams bis heute wurden die Religionen Gottes offenbart; eine folgte der andern, und jede erfüllte ihre Aufgabe, belebte die Menschheit, gab ihr Erziehung und Erleuchtung. Sie erlösten das Volk aus dem Dunkel der stofflichen Welt und führten es in den Glanz des Gottesreiches. Jeder nachfolgende Glaube, jedes neu offenbarte Gesetz blieb jahrhundertelang ein überaus fruchtbarer Baum, dem das Glück der Menschheit anvertraut war. Aber im Laufe der Jahrhunderte alterte er, blühte nicht mehr und brachte keine Frucht mehr hervor. Deshalb wurde er wieder verjüngt.
Gottes Religion ist eine einzige Religion, aber sie muss immer wieder erneuert werden. Moses zum Beispiel wurde zu den Menschen gesandt; Er gab ein Gesetz, und durch dieses Mosaische Gesetz wurden die Kinder Israels aus ihrer Unwissenheit befreit und ins Licht geführt. Sie wurden aus ihrem Elend emporgehoben und erlangten unvergängliche Herrlichkeit. Und doch, als die langen Jahre vergingen, verblasste dieser Glanz, die Pracht verschwand, der helle Tag wurde zur Nacht, und als die Nacht stockdunkel war, ging der Stern des Messias auf, so dass wieder eine Herrlichkeit über der Welt leuchtete.
Was wir sagen wollen, ist folgendes: Es gibt nur eine Religion Gottes. Sie ist die Erzieherin der Menschheit, aber sie muss erneuert werden. Wenn du einen Baum pflanzt, wächst er Tag für Tag. Er blüht, bekommt Blätter und saftige Früchte. Nach langer Zeit aber wird er alt und trägt keine Frucht mehr. Dann nimmt der Gärtner der Wahrheit Samen von ebendiesem Baum und legt ihn in unverbrauchte Erde. Und siehe! Bald steht da der erste Baum, genauso wie er vordem war.
Bedenke sorgfältig, dass in dieser Welt des Seins alle Dinge immer wieder erneuert werden müssen. Schau dich um in der stofflichen Welt, sieh, wie sie jetzt erneuert wird. Die Gedankenwelt verändert sich, die Lebensweise wandelt sich, Wissenschaften und Künste zeigen neue Kraft, Entdeckungen und Erfindungen werden gemacht, neue Erkenntnisse gewonnen. Wie könnte da eine so lebensnotwendige Kraft wie die Religion – die Garantin für die großen Fortschritte der Menschheit, das Mittel zur Erlangung ewigen Lebens, die Hebamme unbegrenzter Vollkommenheit, das Licht beider Welten – nicht erneuert werden? Das wäre mit der Gnade und Barmherzigkeit des Herrn unvereinbar.
Religion ist im Übrigen keine Ansammlung von Glaubenssätzen oder Bräuchen; Religion ist die Lehre Gottes, des Herrn, eine Lehre, die das Leben der Menschheit begründet, dem Verstand erhabene Gedanken eingibt, den Charakter veredelt und den Grundstock legt für des Menschen ewige Ehre.
Denke darüber nach: Können diese Fieberschauer in der Welt der Gedanken, diese Feuerstürme des Krieges und des Hasses, der Empörung und Bosheit unter den Nationen, diese gegenseitigen Angriffe der Völker, welche die Ruhe der ganzen Welt zerstören, jemals mit einem anderen Mittel beseitigt werden als mit den Lebenswassern der Lehren Gottes? Nein, niemals!
Und das ist klar: Eine Kraft, hoch über den Naturkräften, muss notwendigerweise wirksam werden, damit dieses schwarze Dunkel in Licht, dieser Hass und diese Bosheit, dieser Neid und Groll, diese endlosen Kämpfe und Kriege in Freundschaft und Liebe unter den Völkern der Erde verwandelt werden. Solche Kraft ist nichts anderes als der Odem des Heiligen Geistes und der mächtige Zustrom von Gottes Wort.
24
O du geistiger Jüngling! Preise Gott, dass du den Weg zum Reich des Strahlenglanzes gefunden, den Schleier leeren Wahns zerrissen und den Kern des verborgenen Geheimnisses erkannt hast.
Das ganze Erdenvolk hat sich im Reich des Verstandes einen eigenen Gott ausgemalt, und dieses selbstgemachte Bildnis beten sie an. Aber dieses Bildnis wird begriffen; der menschliche Verstand begreift es, und gewiss ist das Begreifende größer als das, was in seinem Begriffsvermögen liegt; denn das Vorstellungsvermögen ist nur der Ast, der Verstand aber die Wurzel, und die Wurzel ist wahrlich bedeutender als der Ast. Bedenke, wie alle Völker der Welt das Knie beugen vor einem Trugbild, das sie selbst ersonnen haben, wie sie in ihrem eigenen Verstand einen Schöpfer geschaffen haben, den sie Gestalter alles Seienden nennen; in Wahrheit ist er bloße Einbildung. So beten die Menschen nur eine irrige Wahrnehmung an.
Aber jenes Wesen aller Wesen, jener Unsichtbarste aller Unsichtbaren ist geheiligt über alle menschliche Spekulation und kann niemals vom Verstand des Menschen erreicht werden. Niemals wird diese urewige Wirklichkeit in der Sphäre eines abhängigen Wesens wohnen. Sein ist ein anderes Reich, und dieses Reich kann keiner begreifen. Keinen Zugang gibt es; jeglicher Eintritt ist verboten. Als Äußerstes kann man sagen, dass Seine Existenz beweisbar ist, aber die Bedingungen Seines Daseins sind unbekannt.
Dass es ein solches Wesen gibt, haben die Philosophen und Gelehrten allesamt erkannt; aber wenn sie versuchten, etwas über Sein Wesen zu erfahren, wurden sie bestürzt und entmutigt, um schließlich hoffnungslos verzweifelt ihrer Wege zu gehen und aus diesem Leben zu scheiden. Denn um den Zustand und das innere Mysterium dieses Wesens aller Wesen, dieses geheimsten aller Geheimnisse zu begreifen, muss man andere Kräfte und Fähigkeiten besitzen. Solche Kräfte und Fähigkeiten wären mehr, als das Menschengeschlecht tragen könnte. Deshalb kann kein Wort von Ihm zu den Menschen gelangen.
Wenn beispielsweise jemandem die Sinne des Gehörs, Geschmacks, Geruchs und Gefühls verliehen sind, ihm aber das Augenlicht fehlt, wird es ihm nicht möglich sein umherzublicken. Denn man kann nicht sehen, indem man hört oder schmeckt, riecht oder tastet. So ist es auch dem Menschen mit seinen Fähigkeiten unmöglich, die unsichtbare Wirklichkeit zu begreifen, die heilig und erhaben ist über alle Zweifel der Skeptiker. Dafür sind andere Fähigkeiten, andere Sinne vonnöten. Wenn der Mensch solche Kräfte erlangt, kann er von jener Welt Kenntnisse erhalten, andernfalls nie.
25
O du Dienerin Gottes! Die östliche Geschichtsschreibung berichtet, dass Sokrates Palästina und Syrien bereiste und sich dort von gotteskundigen Männern bestimmte geistige Wahrheiten aneignete; nach Griechenland zurückgekehrt, verkündete er zwei Glaubenswahrheiten: zum einen die Einheit Gottes, zum anderen die Unsterblichkeit der Seele nach ihrer Trennung vom Leibe. Wie weiter berichtet wird, waren diese Vorstellungen den Griechen und ihrer Gedankenwelt so fremd, dass große Verwirrung entstand, bis sie ihm schließlich Gift gaben und ihn töteten.
Das ist authentisch; denn die Griechen glaubten an viele Götter. Sokrates wies nach, dass Gott einzig ist, und das stand offensichtlich in Widerspruch zu griechischen Glaubenslehren.
Der Begründer des Monotheismus war Abraham. Bis zu Ihm kann diese Vorstellung zurückverfolgt werden, und der Glaube daran herrschte unter den Kindern Israels auch in den Tagen des Sokrates.
Diese Ausführungen finden sich jedoch nicht in den jüdischen Geschichtsquellen; es gibt viele Tatsachen, die die jüdische Geschichte nicht wiedergibt. Nicht alle Ereignisse aus dem Leben Christi sind in der Chronik des Juden JosephusA27 dargestellt, obwohl er die Geschichte der Zeit Christi niederschrieb. Deshalb kann man es aber nicht ablehnen, die Ereignisse in den Tagen Christi für wahr zu halten, mit der Begründung, dass sie in der Darstellung des Josephus nicht erwähnt werden.
Östliche Geschichtswerke führen auch aus, dass Hippokrates lange Zeit in Tyrus, einer Stadt in Syrien, weilte.
26
O du, der du das Himmelreich suchst! Dein Brief ist angekommen, sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen.
Die heiligen Manifestationen Gottes nehmen zwei Stufen ein: Die eine ist ihre leibliche Stufe, die andere ihre geistige. Mit anderen Worten, eine Stufe ist die eines menschlichen Wesens, die andere die der göttlichen Wirklichkeit. Wenn die Manifestationen Prüfungen unterworfen sind, betrifft das nur ihre menschliche Stufe, nicht den Glanz ihrer göttlichen Wirklichkeit.
Auch handelt es sich nur aus dem Blickwinkel der Menschen um Prüfungen. Das heißt, dem äußeren Anschein nach ist das Menschliche der heiligen Manifestation Prüfungen ausgesetzt, und wenn dadurch ihre Stärke und Ausdauer in aller Kraftfülle offenbar werden, ziehen andere Menschen daraus Lehren; es wird ihnen bewusst, wie groß ihre eigene Standfestigkeit und ihre Geduld in Prüfungen und Drangsalen sein müssen. Denn der göttliche Erzieher muss durch Wort und Tat lehren, um allen den geraden Pfad der Wahrheit vor Augen zu führen.
Was meine Stufe betrifft, ist es die des Dieners Bahás: ‘Abdu’l-Bahá, der sichtbare Ausdruck der Dienstbarkeit an der Schwelle der Schönheit Abhá.
27
In den vergangenen Zyklen hatte jede Manifestation Gottes in der Welt des Daseins ihren eigenen Rang; jede vertrat eine Stufe der Menschheitsentwicklung. Die Manifestation des Größten Namens jedoch – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – war Ausdruck für das Mündigwerden, die Reife der innersten Wirklichkeit des Menschen in dieser Welt des Seins, ist doch die Sonne Quell und Ursprung von Licht und Wärme, Brennpunkt des Strahlenglanzes, umfasst sie doch alle Vollkommenheiten der anderen über der Welt aufgegangenen Sterne. Bemühe dich, deinen Platz unter der Sonne einzunehmen und reichen Anteil an ihrem blendenden Lichte zu empfangen. Wahrlich, ich sage dir: Hast du diese Stufe erreicht, so wirst du die Heiligen schauen, wie sie ihr Haupt voll Demut vor Ihm beugen. Eile zum Leben, bevor der Tod kommt, eile dem Frühling entgegen, bevor der Herbst einzieht, und bevor die Krankheit zuschlägt, eile du zur Heilkunst – auf dass du ein Arzt des Geistes werdest, der in diesem gepriesenen, diesem herrlichen Zeitalter alle Arten von Krankheiten mit dem Odem des Heiligen Geistes heilt.
28
O du Blatt am Baume des Lebens! Der in der Bibel erwähnte Baum des Lebens ist Bahá’u’lláh, und die Töchter des Königreiches sind die Blätter an diesem gesegneten Baum. Darum danke Gott, dass du mit diesem Baum verbunden bist und zart und frisch heranwächst.
Weit stehen die Tore des Königreiches offen; jede begnadete Seele sitzt an der Festtafel des Herrn und empfängt ihren Anteil an dem himmlischen Festmahl. Gelobt sei Gott, auch du bist an dieser Tafel zugegen und nimmst deinen Anteil von der gnadenreichen Speise des Himmels. Du dienst dem Reiche Gottes und bist wohl vertraut mit den süßen Düften des Paradieses Abhá.
So strebe denn mit aller Kraft danach, die Menschen zu führen, und iss vom Brot, das vom Himmel herabkam. Denn dies ist die Bedeutung der Worte Christi: »Ich bin das lebendige Brot, welches herabkam vom Himmel…; wer von diesem Brote isst, wird ewig leben.«Q14
29
O du, den die Wahrheit fesselt und das Himmelreich wie ein Magnet anzieht! Dein langer Brief kam an und brachte große Freude, weil er deine eifrigen Bemühungen und hohen Absichten klar zum Ausdruck bringt. Preis sei Gott, du wünschst den Menschen Gutes, verlangst nach dem Reiche Bahás und sehnst dich, das Menschengeschlecht vorwärtsdrängen zu sehen. Ich hoffe, du wirst durch diese hohen Ideale, diese edlen Regungen des Herzens und diese frohen Botschaften des Himmels so hell erstrahlen, dass deine Liebe zu Gott durch alle Zeitalter hindurch das Licht ihrer Herrlichkeit verströmen wird.
Du hast dich als Schüler in der Schule geistigen Fortschritts bezeichnet. Wie glücklich bist du! Wenn diese Schulen des Fortschritts zur Universität des Himmels hinführen, dann werden Wissenszweige entwickelt, die der Menschheit die Tafel des Seins als eine sich endlos entfaltende Schriftrolle enthüllen werden. Und alle erschaffenen Dinge werden auf dieser Rolle als Buchstaben und Wörter erscheinen. Dann werden die verschiedenen Ebenen der Bedeutung erlernt; in jedem Atom des Weltalls werden die Zeichen der Einheit Gottes bezeugt. Dann wird der Mensch den Herrn des Königreiches rufen hören und erfahren, wie die Bestätigungen des Heiligen Geistes ihm zu Hilfe eilen. Dann wird er solche Seligkeit fühlen, solches Entzücken, dass ihn die große, weite Welt nicht länger fassen kann; er wird sich vielmehr aufmachen in das Reich Gottes und zu den Gefilden des Geistes eilen. Denn wenn einem Vogel die Flügel gewachsen sind, bleibt er nicht länger auf dem Boden sitzen, sondern schwingt sich auf in den hohen Himmel – ausgenommen die Vögel, die am Bein festgebunden sind, deren Flügel gebrochen oder mit Schlamm besudelt sind.
O du Wahrheitssucher! Die Welt des Königreiches ist nur eine Welt. Der einzige Unterschied ist, dass der Frühling immer wiederkehrt und bei allem Erschaffenen eine große neue Erregung bewirkt. Dann beleben sich Ebenen und Hügel, die Bäume grünen zart, Blätter, Blüten und Früchte kommen in ihrer Schönheit zum Vorschein, in unendlicher Fülle und Feinheit. So sind die Sendungen vergangener Zeitalter eng verbunden mit denen, die ihnen folgen: Sie sind in der Tat ein und dieselbe. Aber wie die Welt wächst, so wächst auch das Licht und der Regenguss himmlischer Gnade; und dann scheint die Sonne im mittäglichen Glanz.
O du Sucher nach dem Königreich! Jede göttliche Manifestation ist das Leben der Welt, der erfahrene Arzt jeder leidenden Seele. Die Menschenwelt ist krank, der tüchtige Arzt kennt das Heilmittel. Er erscheint mit Ratschlägen, Lehren und Ermahnungen – Arznei für jedes Leiden, heilender Balsam für jede Wunde. Gewiss kann der weise Arzt die Nöte seines Patienten zu jeder Jahreszeit erkennen und das Heilverfahren anwenden. Deshalb setze die Lehren der Schönheit Abhá in Beziehung zu den dringenden Bedürfnissen des heutigen Tages. Du wirst sehen, sie bieten das sofort wirkende Heilmittel für den leidenden Körper der Welt. Sie sind wahrlich das Elixier, das ewiges Heil bringt.
Die weisen Ärzte der Vergangenheit und diejenigen, die ihnen folgten, haben nicht ein und dieselbe Behandlung verordnet. Die Behandlung hängt vielmehr davon ab, was dem Patienten fehlt. Mag auch das Heilmittel anders sein, ist doch das Ziel immer, den Patienten wieder gesunden zu lassen. In den vorangegangenen Sendungen konnte der schwache Körper der Welt keine strenge, gewaltige Kur ertragen. Aus diesem Grund sagte Christus: »Ich habe euch noch viel zu sagen, was gesagt werden muss; aber ihr könnt es jetzt noch nicht tragen. Wenn aber jener Geist der Wahrheit kommt, den der Vater senden wird, der wird euch in alle Wahrheit leiten.«Q15
Deshalb sind in diesem Zeitalter des Strahlenglanzes die Lehren, die früher nur den wenigen galten, allen zugänglich gemacht, damit die Gnade des Herrn Osten und Westen umfange, die Einheit der Menschenwelt in ihrer ganzen Schönheit aufleuchte und die hellen Strahlen der Wirklichkeit das Reich des Verstandes mit Licht überfluten.
Die Herabkunft des Neuen Jerusalem bezeichnet ein himmlisches Gesetz, das Gesetz, das die Gewähr für menschliches Glück bietet und aus der Welt Gottes hervorleuchtet.
EmmanuelA28 war tatsächlich der Vorläufer des zweiten Kommens Christi, ein Rufer zum Pfade des Königreiches. Es ist offenkundig, dass der Buchstabe ein Teil des Wortes ist, und dieser Anteil am Wort bedeutet, dass der Buchstabe in seinem Wert vom Worte abhängt. Das heißt, er bezieht seine Gnade vom Wort; er hat eine geistige Verwandtschaft mit dem Wort und ist als wesentlicher Teil des Wortes anzusehen. Die Apostel waren wie Buchstaben, Christus war das Wesen des Wortes. Die Bedeutung des Wortes, nämlich ewige Gnade, wirft einen Glanz auf jene Buchstaben. Noch einmal: Weil der Buchstabe Teil des Wortes ist, steht er in seiner inneren Bedeutung in Einklang mit dem Wort.
Wir hoffen, dass du dich an diesem Tage erheben wirst, um das voranzutragen, was Emmanuel vorhersagte. Wisse mit Sicherheit, dass du damit Erfolg haben wirst, denn die Bestätigungen des Heiligen Geistes steigen ständig hernieder, und die Kraft des Wortes übt solchen Einfluss aus, dass der Buchstabe zum Spiegel wird, der die herrliche Sonne – das Wort selbst – widerspiegelt, und die Gnade und Herrlichkeit des Wortes werden die ganze Erde erleuchten.
Das himmlische Jerusalem aber, das herabkam auf die Gipfel der Welt, und Gottes Allerheiligstes, dessen Banner jetzt hoch in den Lüften schwebt, umfassen alle Vollkommenheiten, alle Erkenntnis der vorangegangenen Sendungen. Darüber hinaus verkündet es die Einheit der Menschenkinder. Es ist das Banner des Weltfriedens, der Geist ewigen Lebens; es ist die Herrlichkeit der Vollkommenheiten Gottes, die umfassende Gnade für alles Sein, der alles Erschaffene zierende Schmuck, der Quell innerer Ruhe für die ganze Menschheit.
Richte deine Aufmerksamkeit auf die heiligen Sendschreiben. Lies Ishráqát, Tajallíyát, die Worte des Paradieses, die Frohen Botschaften, Ṭarázát, das Heiligste Buch. Dann wirst du sehen, dass diese himmlischen Lehren heutzutage das Heilmittel für eine kranke, leidende Welt, heilender Balsam für die Wunden am Körper der Menschheit sind. Sie sind der Geist des Lebens, die Arche der Erlösung, der Magnet, der ewige Herrlichkeit anzieht, die bewegende Kraft des Ansporns für des Menschen innerstes Wesen.
30
Das Sein ist von zweierlei Art: Die eine ist das Sein Gottes; es übersteigt des Menschen Verständnis. Ihm, dem Unsichtbaren, Erhabenen, Unfassbaren, geht keine Ursache voraus. Er ist selbst Urheber der Ursache aller Ursachen. Er, der Urewige, hatte keinen Anfang und ist der All-Unabhängige. Die zweite Art des Seins ist das menschliche Sein. Es ist gewöhnliches Sein, dem menschlichen Verstand begreifbar. Es ist nicht urewig, es ist abhängig und hat eine Ursache. Die sterbliche Substanz wird nicht ewig und umgekehrt. Das Menschengeschlecht wird nicht Schöpfer und umgekehrt. Die Wandlung der angeborenen Substanz ist unmöglich.
In der Welt des Seins – der begreiflichen Welt – gibt es Stufen der Vergänglichkeit: die erste Stufe ist die Mineralwelt, die nächste die Pflanzenwelt. Darin ist das Mineral vorhanden, aber in einer besonderen, den Pflanzen eigenen Art. So ist es auch in der Tierwelt: Die Eigenschaften des Minerals und der Pflanze sind darin vorhanden und darüber hinaus die besonderen Eigenschaften der Tierwelt, die Fähigkeiten des Hörens und des Sehens. In der Menschenwelt sind die Eigenschaften der Mineral-, Pflanzen- und Tierwelt zu finden und darüber hinaus die der menschlichen Gattung, nämlich die Eigenschaft des Verstandes, der die Wirklichkeiten der Dinge entdeckt und allgemeingültige Prinzipien erfasst.
Der Mensch ist deshalb auf der Ebene der bedingten Welt das vollkommenste Wesen. ›Mensch‹ bedeutet hier das vollkommene Individuum: Es ist wie ein Spiegel, der die göttlichen Vollkommenheiten offenbart und widerspiegelt. Zwar steigt die Sonne von den Höhen ihrer Heiligkeit nicht herab, um in den Spiegel einzutreten. Ist aber der Spiegel gereinigt und der Sonne der Wahrheit zugewandt, so reflektieren und offenbaren sich in diesem Spiegel die Vollkommenheiten der Sonne, Licht und Wärme. Solche Seelen sind die Manifestationen Gottes.
31
O du geliebter, weiser Freund! Dein Brief vom 27. Mai 1906 ist angekommen. Sein Inhalt hat sehr gefallen und große Freude gebracht.
Du fragst, ob diese Sache, diese neue, lebensprühende Sache, an die Stelle der toten religiösen Riten und Zeremonien Englands treten könne, ob diese neue Sache jetzt, da vielerlei Gruppen auftreten, zu denen hochstehende Geistliche und Theologen zählen, die weit befähigter sind als in der Vergangenheit, die Mitglieder solcher Gruppen derart beeindrucken könne, dass sie und alle anderen sich in ihrem allbeschützenden Schatten vereinen.
O du lieber Freund! Wisse, dass Er, die überragende Persönlichkeit, zu allen Zeiten mit den Vollkommenheiten Seines jeweiligen Zeitalters begabt ist. Er stand in vergangenen Zeiten über Seinen Mitmenschen und besaß Gaben entsprechend den Tugenden Seiner Zeit. Aber in diesem Zeitalter des Strahlenglanzes, in dieser Ära Gottes, wird die überragende Persönlichkeit, das leuchtende Gestirn, der Auserwählte, mit solchen Vollkommenheiten und solcher Kraft strahlen, dass der Geist jeder Gemeinschaft und Gruppe am Ende geblendet ist. Und weil Er an geistigen Vollkommenheiten und himmlischen Errungenschaften allen anderen überlegen ist, weil Er fürwahr der Brennpunkt göttlicher Segnungen, die Achse des Lichtkreises ist, wird Er alle anderen umfassen. Ohne jeden Zweifel wird Er mit solcher Macht aufleuchten, dass Er alle Seelen in Seinem schützenden Schatten versammeln wird.
Wenn du dies alles sorgfältig bedenkst, stellst du fest, dass hier ein allumfassendes Gesetz waltet, das man in allen Dingen vorfindet: Das Ganze zieht den Teil an, und in einem Kreis dreht sich alles um die Achse. Denke über den GeistA29 nach: Weil Er der Brennpunkt geistiger Kraft war, der Quell geistiger Gnadengaben, gelang es Ihm, unter dem schützenden Tabernakel des Christentums alle widerstreitenden Sekten zu vereinen, obgleich Er am Anfang nur ein paar Seelen um sich scharte. Das geschah durch die Ihm gegebene allunterwerfende Kraft. Vergleiche Gegenwart und Vergangenheit und beachte den großen Unterschied; so kannst du Wahrheit und Gewissheit erlangen.
Die Unterschiede zwischen den Religionen der Welt sind auf die unterschiedlichen Geisteshaltungen zurückzuführen. Solange sich die Geisteskräfte unterscheiden, werden mit Sicherheit auch die Urteile und Meinungen der Menschen auseinandergehen. Wird aber eine einzige, allumfassende Wahrnehmungskraft eingebracht, eine Kraft, die alles andere einschließt, so werden diese unterschiedlichen Meinungen verschmelzen; geistige Harmonie und Einheit werden sichtbar werden. Als beispielsweise Christus offenbart wurde, standen die verschiedenen Völker der damaligen Zeit – Römer, Griechen, Syrer, Israeliten und andere – mit ihren Ansichten und Gefühlsregungen im Widerspruch zueinander. Sobald jedoch Seine allumfassende Kraft zum Tragen kam, gelang es ihr im Laufe von dreihundert Jahren allmählich, alle diese auseinanderstrebenden Geister unter dem Schutz und der Herrschaft eines Sammelpunktes zusammenzuführen, und alle hegten die gleichen geistigen Gefühle im Herzen.
Um mit einem Gleichnis zu sprechen: Wenn eine Armee verschiedenen Befehlshabern unterstellt wird, von denen jeder seinen eigenen Kriegsplan verfolgt, werden diese Befehlshaber sicherlich mit ihren Gefechtslinien und Truppenbewegungen voneinander abweichen. Sobald aber der oberste Heerführer, der die Kriegskunst gründlich beherrscht, die Führung übernimmt, werden die anderen Pläne verschwinden, denn der besonders befähigte Feldmarschall wird die gesamte Armee unter seine Kontrolle bringen. Das soll nur ein Gleichnis sein, kein genaues Abbild. Wolltest du nun sagen, alle anderen Generäle seien in der Kriegskunst ebenfalls bewandert, erprobt und erfahren, und würden sich deshalb nicht der Befehlsgewalt eines einzelnen unterstellen, wie unbeschreiblich groß er auch sei, so ist deine Behauptung unhaltbar; denn was oben geschildert ist, wird genauso geschehen, daran gibt es keinen Zweifel.
So verhält es sich auch mit den heiligen Manifestationen Gottes, im Besonderen mit der göttlichen Wirklichkeit des Größten Namens, der Schönheit Abhá. Ist Er erst einmal vor den versammelten Völkern der Welt offenbar, erscheint Er mit solcher Schönheit, solchem Zauber, so anziehend wie ein Josef im Ägypten des Geistes, dann schlägt Er alle Liebenden auf Erden in Seinen Bann.
Wenn Seelen als vergeistigte, strahlende Wesen in dieses Leben geboren werden, dann aber durch Belastungen und Versuchungen wahrhafter Vorzüge verlustig gehen und schließlich die Welt verlassen, ohne ihr Leben ausgeschöpft zu haben, so ist dies wahrlich ein Grund, traurig zu sein. Die allumfassenden Manifestationen Gottes enthüllen dem Menschen ihr Antlitz, nehmen jedes Elend, jede Heimsuchung auf sich und bringen ihr Leben zum Opfer, damit gerade diese vorbereiteten, aufnahmefähigen Menschen zu Aufgangsorten des Lichtes werden und das unvergängliche Leben erlangen. Das ist das wahre Opfer: sich selbst hinzugeben, wie es Christus tat, als ein Lösegeld für das Leben der Welt.
Der Einfluss heiliger Wesen und die Fortdauer ihrer Gnade für die Menschheit, nachdem sie die menschliche Hülle abgelegt haben, ist für die Bahá’í eine unumstößliche Tatsache, erscheinen doch die überflutenden Gnadengaben, die strömenden Segnungen der heiligen Manifestationen erst nach ihrem Aufstieg aus dieser Welt. Die Erhöhung des Wortes, die Enthüllung der Macht Gottes, die Bekehrung gottesfürchtiger Seelen, die Verleihung ewigen Lebens – all dies wuchs verstärkt nach dem Martyrium des Messias. So mehrten sich auch nach dem Hinscheiden der Gesegneten Schönheit die Gnadengaben, das Licht breitete sich noch strahlender aus, die Zeichen des Herrn und Seiner Macht wurden noch kraftvoller, der Einfluss des Wortes ist viel stärker, und es währt nicht mehr lange, bis die Sonne Seiner Wirklichkeit die ganze Erde mit ihrem Antrieb, ihrer Glut, ihrem Glanz und Segen umfassen wird.
Sei nicht traurig über den langsamen Fortschritt der Bahá’í-Sache dortzulande. Heute ist erst die frühe Morgendämmerung. Bedenke, wie in der Sache Christi dreihundert Jahre vergehen mussten, ehe ihr großer Einfluss offenkundig wurde. Heute, knapp sechzig Jahre nach seiner Geburt, ist das Licht dieses Glaubens bereits über den Planeten verbreitet.
Wenn die Gesundheitsorganisation, deren Mitglied du bist, unter den Schutz dieses Glaubens kommt, wird ihr Einfluss hundertfach zunehmen.
Du siehst, dass die Liebe unter den Bahá’í sehr groß ist, und diese Liebe ist die Hauptsache. Wie die Kraft der Liebe unter den Bahá’í in so hohem Maß entwickelt wurde und viel stärker ist als unter den Angehörigen anderer Religionen, so ist es mit allem anderen; denn die Liebe ist die Grundlage aller Dinge.
Was die Übersetzung der Bücher und Sendbriefe der Gesegneten Schönheit angeht, werden sie bald in jede Sprache mit Kraft, Klarheit und Anmut übersetzt werden. Sobald sie den Originalen entsprechend übersetzt sind, mit ihrer ganzen Kraft und der Anmut ihres Stils, wird der Strahlenglanz ihrer inneren Bedeutungen sich allenthalben verbreiten und die Augen der ganzen Menschheit erleuchten. Gib dein Bestes, um sicherzustellen, dass die Übersetzung dem Original entspricht.
Die Gesegnete Schönheit begab sich zu vielen Gelegenheiten nach Haifa. Du hast Ihn dort gesehen, aber du hast Ihn damals noch nicht erkannt. Ich hoffe, du erreichst die wahre Begegnung mit Ihm. Das bedeutet, Ihn mit dem inneren, nicht mit dem äußeren Auge zu sehen.
Das Wesen der Lehre Bahá’u’lláhs ist allumfassende Liebe; denn die Liebe begreift jede Vortrefflichkeit des Menschengeschlechtes in sich. Sie bewirkt, dass jede Seele voranschreitet. Sie schenkt jedem Menschen als Erbgut das ewige Leben. Bald wirst du Zeuge sein, dass Seine himmlischen Lehren, die Wahrheit in ihrer größten Herrlichkeit, die Himmel dieser Welt erhellen.
Das kurze Gebet, das du an den Schluss deines Briefes setztest, war in der Tat unverwechselbar, bewegend und schön. Sprich dieses Gebet zu allen Zeiten.
32
O ihr Dienerinnen des Herrn! In diesem Jahrhundert, dem Jahrhundert des allmächtigen Herrn, scheint die Sonne aus den Reichen der Höhe, das Licht der Wahrheit, in ihrem Mittagsglanz, und ihre Strahlen erleuchten alle Gefilde, denn heute ist das Zeitalter der Urewigen Schönheit, der Tag der Offenbarung des Größten Namens in all seiner Kraft und Macht – möge mein Leben Seinen Geliebten zum Opfer gebracht sein.
Wenn sich auch die Sache Gottes in den kommenden Zeitaltern entfalten und zur hundertfachen Stärke anwachsen wird, wenn auch der Sadratu’l-MuntaháA30 der ganzen Menschheit in seinem Schatten Schutz bieten wird, bleibt doch dieses gegenwärtige Jahrhundert unerreicht; denn es war Zeuge, wie dieser Morgen angebrochen und diese Sonne aufgegangen ist. Dieses Jahrhundert ist wahrlich der Quell Seines Lichtes, der Tagesanbruch Seiner Offenbarung. Künftige Zeitalter und Geschlechter werden die Verbreitung seines Glanzes und die Offenbarungen seiner Zeichen schauen.
Bemüht euch deshalb, dass ihr euren vollen Anteil an Seinen Segnungen erlangt.
33
O Diener Gottes! Wir haben zur Kenntnis genommen, was du an Jináb-i-ibn-i-Abhar geschrieben hast, ebenso deine Frage zu dem Vers: »Wer vor Ablauf eines vollen Jahrtausends den Anspruch auf eine unmittelbare Offenbarung von Gott erhebt, ist gewiss ein Lügner und Betrüger.«Q16
Dies bedeutet, dass jeder, der vor Ablauf eines vollen Jahrtausends – tausend Jahre wie bekannt, durch allgemeinen Brauch eindeutig festgelegt und keiner Erläuterung bedürftig – den Anspruch auf eine Offenbarung unmittelbar von Gott erhebt, mit Sicherheit falsch und ein Betrüger ist, selbst wenn er bestimmte Zeichen kundtut.
Dies bezieht sich nicht auf die Universale Manifestation; denn in den Heiligen Schriften ist deutlich dargelegt, dass Jahrhunderte, nein Jahrtausende sich vollenden müssen, ehe eine Manifestation wie diese wieder erscheint.
Es ist zwar möglich, dass nach Ablauf eines vollen Jahrtausends heilige Wesen ermächtigt werden, eine Offenbarung mitzuteilen; dies wird aber nicht durch eine Universale Manifestation geschehen. Deshalb entspricht jeder Tag im Zyklus der Gesegneten Schönheit in Wirklichkeit einem Jahr und jedes Jahr einem Jahrtausend.
Betrachte zum Beispiel die Sonne: Ihr Übergang von einem Tierkreiszeichen zum nächsten vollzieht sich in einer kurzen Zeitspanne, doch erst nach einer langen Zeit erreicht sie die ganze Fülle ihres Glanzes, ihrer Hitze und Pracht im Zeichen des Löwen. Sie muss den ganzen Umlauf durch die anderen Sternbilder vollenden, ehe sie wieder ins Zeichen des Löwen eintritt, um in vollem Glanz zu leuchten. In den anderen Häusern zeigt sie nicht die Fülle ihrer Hitze und ihres Lichtes.
Kern der Aussage ist, dass vor Ablauf von tausend Jahren kein Mensch sich erkühnen kann, auch nur ein Wort davon zu erwähnen. Alle müssen sich zur Klasse der Untertanen rechnen, den Geboten Gottes und den Gesetzen des Hauses der Gerechtigkeit ergeben und gehorsam. Sollte jemand auch nur um Haaresbreite von den Verordnungen des Universalen Hauses der Gerechtigkeit abweichen oder in seiner Ergebenheit zu ihm schwanken, so gehört er zu den Ausgestoßenen und Verworfenen.
Was den Zyklus der Gesegneten Schönheit betrifft, das Zeitalter des Größten Namens, so ist es nicht auf tausend oder zweitausend Jahre beschränkt…
Wenn gesagt wird, dass die Zeitspanne von tausend Jahren mit der Offenbarung der Gesegneten Schönheit beginnt und jeder Tag dieser Zeit tausend Jahre währt, soll sich dies auf den Zyklus der Gesegneten Schönheit beziehen, der sich in diesem Sinn über viele Zeitalter in die noch ungeborene Zukunft hinein erstrecken wird.
34
O du, der du der Menschenwelt dienst! Dein Brief ist angekommen, und sein Inhalt machte uns außerordentlich froh. Er war ein schlüssiger Beweis, ein prachtvolles Zeugnis. Es ist angemessen und richtig, dass wir in diesem erleuchteten Zeitalter – dem Zeitalter des Fortschritts der Menschenwelt – uns aufopfern und dem Menschengeschlecht dienen sollen. Jede allumfassende Sache ist göttlich, jede begrenzte ist zeitlich. Die Grundsätze der heiligen Manifestationen Gottes waren demnach allumfassend und allumschließend.
Die unvollkommene Seele ist ichsüchtig und denkt nur an ihr eigenes Wohl. Aber wenn sich ihre Gedanken ein bisschen weiten, beginnt sie, an das Wohl und die Bequemlichkeit ihrer Familie zu denken. Wenn die Vorstellungen noch weiter gerichtet sind, kümmert sich der Mensch um das Glück seiner Mitbürger. Und wenn er noch weiter denkt, hat er den Ruhm seines Landes und seiner Rasse im Sinn. Wenn jedoch die Gedanken und Einsichten sich im höchsten Grade weiten, die Stufe der Vollkommenheit erreichen, wird sich der Mensch die Erhöhung des Menschengeschlechts angelegen sein lassen. Er wünscht dann allen Menschen das Beste und müht sich um Wohlergehen und Wohlfahrt aller Länder. Das ist ein Zeichen der Vollkommenheit.
So hatten die heiligen Manifestationen Gottes einen umfassenden, allumschließenden Plan. Sie mühten sich um das Leben eines jeden und stellten sich in den Dienst allgemeiner Erziehung. Ihr Betätigungsfeld war nicht begrenzt, nein, es war weit und allumfassend.
Deshalb musst auch du an alle denken, damit die Menschheit erzogen werde, ihr Charakter sich mäßige und diese Welt sich in einen Garten Eden verwandle.
Liebe alle Religionen und alle Rassen mit wahrer, aufrichtiger Liebe und zeige diese Liebe durch Taten, nicht durch Worte; denn letztere sind unbedeutend, da die meisten Menschen dem Wort nach schon Menschenfreunde sind. Die Tat aber ist das Beste.
35
O Heerschar Gottes! Ein Brief, von euch allen unterschrieben, ist angekommen. Er war sehr beredt und voll Duft; es war eine Freude, ihn zu lesen.
Ihr schreibt über den Fastenmonat. Glücklich seid ihr, dass ihr dem Gebote Gottes gehorcht und das Fasten in der heiligen Zeit gehalten habt; denn körperliches Fasten ist äußeres Zeichen geistigen Fastens, es ist ein Symbol für Selbstzucht, dafür, dass man sich aller Triebe des Selbstes enthält, die Merkmale des Geistes annimmt, vom Himmelsodem weggetragen wird und an der Liebe Gottes Feuer fängt.
Euer Brief zeigt auch eure Einheit und Herzensverbundenheit. Ich hoffe, dass der Westen durch die grenzenlose Gnade, die Gott in diesem Zeitalter vergießt, zum Osten wird, zum Aufgangsort für die Sonne der Wahrheit, und dass die westlichen Gläubigen Morgenlichter werden, Offenbarer der Zeichen Gottes, dass sie vor den Zweifeln der Achtlosen beschützt bleiben, fest und unverrückbar im Bund und Testament; dass sie sich Tag und Nacht mühen, bis sie die Schlafenden erwecken, die Ahnungslosen achtsam machen, die Verstoßenen als vertraute Freunde in den engsten Kreis einbeziehen und den Mittellosen ihren Anteil an der ewigen Gnade geben. Lasst sie Rufer des Königreiches sein, laut die Bewohner dieser niederen Welt herbeirufen und zum Eintritt in das Reich der Höhe auffordern.
O Heerschar Gottes! In dieser Welt irrt jedes Volk durch seine eigene Wüste, kreuz und quer, wie es ihm Wahn und Launen eingeben, jeder seiner eigenen Grille folgend. Im Menschengewimmel der Erde ist allein die Gemeinde des Größten Namens los und frei von menschlichen Ränken; nur sie verfolgt keine eigennützigen Zwecke. Allein dieses Volk hat sich vor allen anderen mit Vorsätzen erhoben, die von der Selbstsucht gereinigt sind. So folgt es den Lehren Gottes, so schafft es und müht sich um das eine Ziel: diesen niedrigen Staub in den höchsten Himmel zu verwandeln, diese Welt zum Spiegel des Gottesreiches zu machen, sie zu verändern in eine andere Welt, damit die ganze Menschheit den Pfad der Rechtschaffenheit wandle und sich eine neue Lebensart zu eigen mache.
O Heerschar Gottes! Unter dem Schutz und mit der Hilfe der Gesegneten Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – sollt ihr euch so verhalten, dass ihr vornehm und leuchtend wie die Sonne unter den Menschenseelen hervorragt. Wenn einer von euch in eine Stadt kommt, soll er durch seine Aufrichtigkeit, seine Lauterkeit und Liebe, seine Ehrlichkeit und Treue, seine Wahrheitsliebe und Güte gegenüber allen Völkern der Welt zu einem Brennpunkt der Anziehungskraft werden, so dass die Menschen dieser Stadt ausrufen und sagen: »Dieser Mann ist ohne Zweifel ein Bahá’í, denn sein Benehmen, seine Haltung, seine Lebensweise, seine Sitten, seine Art und sein Wesen spiegeln die Eigenschaften der Bahá’í wider.« Bevor ihr diese Stufe erreicht, kann man nicht sagen, dass ihr dem Bund und Testament Gottes treu ergeben seid. Denn Er ist mit uns allen in unwiderleglichen Texten ein festes Bündnis eingegangen; es fordert von uns, dass wir nach Seinen heiligen Geboten und Ratschlägen handeln.
O Heerschar Gottes! Jetzt ist die Zeit, die Wirkungen und Vollkommenheiten des Größten Namens in diesem herrlichen Zeitalter offenbar zu machen, um über alle Zweifel erhaben zu beweisen, dass dies das Zeitalter Bahá’u’lláhs ist, vor allen anderen Zeitaltern ausgezeichnet.
O Heerschar Gottes! Wenn ihr einen Menschen seht, dessen ganze Aufmerksamkeit auf die Sache Gottes gerichtet ist, dessen einziges Bestreben es ist, dem Worte Gottes zur Wirkung zu verhelfen, der Tag und Nacht aus reiner Absicht der Sache Gottes dient, in dessen Verhalten nicht die geringste Spur von Egoismus oder eigensüchtigen Motiven zu erkennen ist, der vielmehr wie von Sinnen durch die Wildnis der Liebe Gottes wandert, nur aus dem Kelch der Gotterkenntnis trinkt und völlig darin aufgeht, Gottes süße Düfte zu verbreiten, verliebt in die heiligen Verse des Gottesreiches – so wisset fürwahr, dass dieser Mensch den Beistand und die Kraft des Himmels erhalten wird. Wie der Morgenstern wird er immerdar hell vom Firmament ewiger Gnade leuchten. Aber wenn er auch nur den geringsten Anflug von selbstischen Wünschen und Eigenliebe zeigt, werden seine ganzen Anstrengungen zunichte; er wird zerstört und bleibt hoffnungslos zurück.
O Heerschar Gottes! Preis sei Gott! Bahá’u’lláh löst der Menschheit die Ketten vom Nacken. Er befreit den Menschen von allem, was ihn fesselte, und sagt ihm: Ihr seid alle die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges. Seid mitleidsvoll und gütig zum ganzen Menschengeschlecht! Behandelt Fremde wie Freunde! Haltet andere so lieb wie euer eigen Fleisch und Blut! Betrachtet Feinde als Freunde, Dämonen als Engel! Bezeugt dem Tyrannen die gleiche große Liebe wie den Ergebenen und Getreuen, und wie Gazellen aus den duftenden Städten Khaṭá und KhutanA31 bietet dem reißenden Wolf süßen Moschus. Seid den Furchtsamen eine Zuflucht, bringt den Verstörten Ruhe und Frieden, versorgt die Mittellosen, seid eine volle Schatzkammer für die Armen, eine Arznei für die Leidenden, Arzt und Pfleger für die Gebrechlichen, fördert Freundschaft, Ehre, Aussöhnung und Hingabe an Gott in dieser nichtigen Welt.
O Heerschar Gottes! Strengt euch mächtig an; dann könnt ihr diese Erde so mit Licht überfluten, dass diese Lehmhütte, die Welt, zum Paradies Abhá wird. Dunkel hat sich ausgebreitet, tierische Triebe gewinnen die Oberhand. Die Menschenwelt ist jetzt eine Kampfbahn wilder Bestien, ein Schlachtfeld, auf dem die Unwissenden und die Achtlosen ihre Gelegenheit ergreifen. Die Menschenseelen sind reißende Wölfe, Tiere mit verblendeten Augen; sie sind tödliches Gift oder nutzloses Unkraut – bis auf ganz wenige, die tatsächlich selbstlose Ziele und Pläne für das Wohl ihrer Mitmenschen hegen. Ihr aber müsst in dieser Sache, im Dienst an der Menschheit, euer ganzes Leben opfern, und wenn ihr euch so hingebt, müsst ihr frohlocken.
O Heerschar Gottes! Der Erhabene, der Báb, gab Sein Leben hin. Bahá’u’lláh, die Gesegnete Vollkommenheit, gab hundert Leben hin mit jedem Atemzug. Er trug Elend, Er litt Qualen, Er war eingekerkert, Er lag in Ketten. Er verlor Sein Heim und wurde in ferne Länder verbannt. Schließlich lebte Er bis ans Ende Seiner Tage im Größten Gefängnis. Ebenso hat eine große Anzahl der Geliebten Gottes, die Seinem Wege folgten, den Honig des Martyriums gekostet. Sie gaben alles hin: Leben, Besitz, Verwandtschaft, alles, was sie hatten. Wie viele Häuser wurden dem Erdboden gleichgemacht, wie viele Wohnungen wurden aufgebrochen und ausgeraubt, wie viele herrliche Gebäude liegen in Schutt und Asche, wie viele Paläste wurden zu Gräbern zerschlagen! Und all dies geschah, damit die Menschheit erleuchtet werde, damit Unwissenheit der Erkenntnis weiche, damit die Erdenmenschen zu Himmelsmenschen werden, Zwietracht und Uneinigkeit mit den Wurzeln ausgerissen werden, das Reich des Friedens auf der ganzen Welt errichtet werde. Nun strebet danach, dass diese Segensgabe sich zeige und diese höchste aller Hoffnungen in der Gemeinschaft aller Menschen glanzvoll verwirklicht werde.
O Heerschar Gottes! Hütet euch, eine Seele zu kränken, ein Herz zu betrüben oder einen Menschen mit euren Worten zu verletzen, sei er euer Bekannter oder ein Fremdling, Freund oder Feind. Betet für alle; bittet, dass alle selig werden und Vergebung finden. Hütet euch, hütet euch, Rache zu nehmen, selbst dann, wenn jemand nach eurem Blut dürstet. Hütet euch, hütet euch, die Gefühle eines anderen zu verletzen, auch wenn er ein Übeltäter ist und euch Böses wünscht. Schaut nicht auf die Geschöpfe, wendet euch ihrem Schöpfer zu. Überseht die nichtsnutzigen Leute, seht nur den Herrn der Heerscharen. Starrt nicht nieder in den Staub, schauet empor zur strahlenden Sonne, die jeden Flecken dunkler Erde im Lichte glühen lässt.
O Heerschar Gottes! Widerfährt euch Unheil, so seid geduldig und gelassen. Wie quälend euer Leid auch sei, bleibt ruhig, und mit vollkommenem Vertrauen auf Gottes überströmende Gnade trotzet dem Sturm der Trübsal und des feurigen Gottesgerichts.
Im vergangenen Jahr brachte eine Anzahl Ungläubiger von drinnen und draußen, altbekannte und fremde, vor dem Sultan der Türkei Verleumdungen gegen uns heimatlos Verbannte vor, schwere Anschuldigungen ohne jede Grundlage. Nach den Regeln der Klugheit entschloss sich die Regierung, diese Vorwürfe zu prüfen, und entsandte eine Untersuchungskommission in unsere Stadt. Es ist offenkundig, welche Möglichkeit sich damit den uns übel Gesinnten bot und welchen Sturm sie entfesselten; all dies übersteigt jede Schilderung durch die Zunge oder die Feder. Nur ein Augenzeuge kann wissen, welchen Aufruhr sie entfesselten, welches Erdbeben an Schmerzen die Folge war. Aber trotz alledem war die Antwort, sich ganz auf Gott zu verlassen und gelassen, vertrauensvoll, langmütig und ungestört in solchem Maße zu bleiben, dass ein Uneingeweihter uns für behaglich an Leib und Seele, vollkommen glücklich, blühend und friedevoll gehalten hätte.
Dann kam es soweit, dass die Denunzianten selbst, welche die verleumderischen Behauptungen gegen uns vorgebracht hatten, mit den Kommissionsmitgliedern gemeinsame Sache machten, um die Beschuldigungen zu ermitteln, so dass Kläger, Zeugen und Richter alle dieselben waren und das Ergebnis von vornherein ausgemacht war. Dennoch muss fairerweise festgestellt werden, dass bis jetzt Seine Majestät der Sultan der Türkei diesen falschen Anschuldigungen, dieser üblen Nachrede, dieser Schmach, diesen Fabeln und Verleumdungen keine Beachtung geschenkt und mit Gerechtigkeit gehandelt hat…
O Du unser Versorger! Du hast über die Freunde im Westen die Düfte des Heiligen Geistes gehaucht und den Himmel im Westen mit dem Lichte göttlicher Führung erleuchtet. Du hast zu Dir hingezogen, die einstmals fern von Dir waren. Fremde hast Du in liebreiche Freunde verwandelt, die Schlafenden erweckt und die Nachlässigen achtsam gemacht.
O Du unser Versorger! Steh diesen edlen Freunden bei, Dein Wohlgefallen zu gewinnen und Fremden wie Freunden wohlgesonnen zu sein. Geleite sie in die ewige Welt, lasse sie himmlischer Gnade teilhaftig sein und wirkliche Bahá’í werden, aufrichtig vor Gott. Bewahre sie vor Äußerlichkeit, gründe sie fest in der Wahrheit. Mache sie zu Zeichen und Beweisen für Dein Reich, zu funkelnden Sternen hoch über den Niederungen dieses Lebens. Lasse sie Hilfe und Trost für die Menschheit, Diener des Weltfriedens sein. Entzücke sie mit dem Wein Deines Ratschlusses und gib, dass sie alle auf dem Pfade Deiner Gebote wandeln.
O Du unser Versorger! Es ist dieses Dieners Herzenswunsch an Deiner Schwelle, die Freunde des Westens und des Ostens in fester Umarmung zu schauen, alle Mitglieder der menschlichen Gesellschaft voll Liebe in einer großen Gemeinde vereint zu sehen, wie die in einem mächtigen Meere versammelten Tropfen, wie die Vögel eines einzigen Rosengartens, die Perlen eines Ozeans, die Blätter eines Baumes, die Strahlen einer Sonne.
Du bist der Mächtige, der Gewaltige, und Du bist der Gott der Stärke, der Allmächtige, der Allsehende.
36
O ihr beiden begünstigten Mägde des Herrn! Der Brief von Mutter Beecher ist eingetroffen. Er spricht in Wahrheit für euch beide. Deshalb schreibe ich euch beiden zusammen. Das ist für mich wundervoll; denn ihr beiden reinen Wesen seid wie ein einziger wertvoller Juwel, ihr seid zwei Zweige desselben Baumes, ihr betet beide denselben Geliebten an, ihr sehnt euch beide nach derselben strahlenden Sonne.
Es ist meine Hoffnung, dass sich alle Mägde Gottes dortzulande vereinen wie die Wellen einer unendlichen See. Der Wind bewegt sie nach seinem Belieben, jede ist von den andern getrennt, aber in Wahrheit sind sie alle eins mit der grenzenlosen Tiefe.
Wie gut ist es doch, wenn die Freunde sich so nahe sind wie ein Bündel Strahlen, wenn sie Seite an Seite stehen in einer starken, ungebrochenen Front. Denn jetzt vereint die Sonne der Welt des Seins mit ihren Strahlen der Wirklichkeit alle, die dieses Licht anbeten; in unendlicher Gnade sammeln diese Strahlen alle Völker unter diesem breiten Obdach. Deshalb müssen alle Seelen wie eine einzige Seele werden, alle Herzen wie ein Herz. Lasst alle frei werden von den vielfältigen Eigenarten, die aus Lust und Leidenschaft geboren sind, und lasst sie in der Einheit ihrer Liebe zu Gott eine neue Lebensbahn finden.
O ihr beiden Mägde Gottes! Jetzt ist es Zeit für euch, dass ihr segenspendende Kelche werdet, gefüllt bis zum Rand, belebende Winde aus dem Paradies Abhá, Moschusduft über euer Land verbreitend. Macht euch frei vom Leben dieser Welt. Sehnt euch auf jeder Stufe nach dem Nichtsein; denn wenn der Strahl zur Sonne zurückkehrt, wird er ausgelöscht; wenn der Tropfen zum Meer zurückkommt, verschwindet er, und wenn der aufrichtig Liebende seinen Geliebten findet, gibt er seine Seele auf.
Solange ein Wesen seinen Fuß nicht auf das Feld des Opfers setzt, ist es jeder Gunst und Gnade beraubt. Das Feld des Opfers aber ist der Zustand, da das Selbst stirbt, damit der strahlende Glanz des lebendigen Gottes hervorbrechen kann. Das Feld des Martyriums ist der Ort der Loslösung vom Selbst, der Ort, wo die Hymnen der Ewigkeit emporsteigen können. Tut, was ihr vermögt, um eures Selbstes völlig überdrüssig zu werden, und bindet euch an jenes strahlende Antlitz. Sowie ihr diese Höhen der Dienstbarkeit erreicht habt, werdet ihr alle erschaffenen Dinge in eurem Schatten versammelt finden. Das ist grenzenlose Gnade; das ist die höchste Souveränität. Das ist das Leben, das nicht vergeht. Alles andere ist letztlich nur offenbare Verdammnis und schlimmer Verlust.
Preis sei Gott, das Tor grenzenloser Gnade ist weit geöffnet, die himmlische Tafel ist gedeckt, die Diener des Barmherzigen und Seine Mägde sind zum Fest versammelt. Strebt danach, euren Anteil an diesem ewigen Mahl zu erhalten, damit ihr in dieser und der zukünftigen Welt geliebt und geachtet seid.
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O ihr lieben Freunde ‘Abdu’l-Bahás! Ein gesegneter Brief von euch ist eingegangen; er berichtet über die Wahl eines Geistigen Rates. Mein Herz wurde sehr froh, als ich hörte, dass die Freunde jenes Gebietes – gelobt sei Gott – in vollkommener Einheit, Freundschaft und Liebe die neue Wahl abgehalten haben und dass es ihnen gelungen ist, Seelen zu wählen, die geheiligt sind, begünstigt an der Heiligen Schwelle, bekannt unter den Freunden für ihre Standhaftigkeit und Festigkeit im Bündnis.
Jetzt müssen sich diese gewählten Vertreter erheben, in Geistigkeit und Freude zu dienen, in reiner Absicht, stark angezogen vom Duft des Allmächtigen, kraftvoll gestützt vom Heiligen Geist. Lasst sie das Banner der Führung hissen, und als Soldaten der himmlischen Heerscharen lasst sie Gottes Wort erhöhen, Seinen süßen Duft verbreiten, die Menschenseelen erziehen und den Größten Frieden fördern.
Wahrlich, es wurden gesegnete Seelen gewählt. Im Augenblick, als ich ihre Namen las, überlief mich ein Schauer geistiger Freude, weil ich erkannte, dass dortzulande – gelobt sei Gott – Menschen erweckt wurden, welche Diener des Königreiches und bereit sind, ihr Leben für Ihn, der Seinesgleichen nicht hat, hinzugeben.
O meine lieben Freunde! Erleuchtet diesen Rat mit dem Glanz der Gottesliebe. Lasst ihn laut die freudigen Weisen der Himmelssphären anstimmen. Lasst ihn gedeihen durch die Speisen beim Abendmahl des Herrn, an der himmlischen Festtafel Gottes. Versammelt euch in ungetrübter Freude und sprecht zu Beginn eurer Zusammenkunft dieses Gebet:
O Du Herr des Königreiches! Leiblich sind wir hier versammelt, doch unsere verzückten Herzen sind von Deiner Liebe fortgetragen. Hingerissen sind wir vom Strahlenglanz Deines Antlitzes. Schwach, wie wir sind, harren wir der Offenbarungen Deiner Macht und Gewalt. Arm sind wir und mittellos, doch aus Deines Reiches Schatzkammern erhalten wir Wohlstand die Fülle. Nur Tropfen sind wir, doch speisen wir uns aus den Tiefen Deines Meeres. Nur Staubkörner sind wir, doch leuchten wir in Deiner Sonne herrlichem Strahlenglanz.
O Du unser Versorger! Sende Deine Hilfe auf uns nieder, so dass jeder von uns hier eine leuchtende Kerze werde, ein Anziehungspunkt, ein Bote, der zu Deinen himmlischen Reichen ruft, bis wir schließlich die Welt hienieden zum Spiegelbild Deines Paradieses machen.
O ihr meine lieben Freunde! Es ist die Pflicht der Räte jener Gebiete, miteinander in Verbindung und Briefverkehr zu stehen. Auch sollen sie sich mit den Räten im Osten austauschen, so dass sie Mittler für die Vereinigung der ganzen Welt werden.
O ihr geistigen Freunde! Eure Standhaftigkeit muss so groß sein, dass – sollten die Böswilligen alle Gläubigen töten und nur einen einzigen übrig lassen – der letzte Überlebende allein allen Völkern der Erde widerstünde und weiterhin nah und fern die heiligen Düfte Gottes verbreitete. Wenn euch eine Schreckensnachricht, ein Wort über schlimme Begebenheiten aus dem Heiligen Land erreicht, so sorgt dafür, dass ihr nicht wankt; seid nicht niedergeschlagen vor Kummer, seid nicht erschüttert. Vielmehr erhebt euch sofort mit eiserner Entschlossenheit und dient dem Reiche Gottes.
Dieser Diener an der Schwelle des Herrn war stets in Gefahr. Er ist auch jetzt in Gefahr. Zu keiner Zeit gab es für mich die geringste Hoffnung auf Sicherheit. Mein höchster Wunsch ist, aus dem gnadenreichen, randvollen Becher des Martyriums zu trinken, auf dem Feld des Opfers sterben zu dürfen und mich an jenem Wein zu laben, der das kostbarste Geschenk Gottes ist. Dies ist meine höchste Hoffnung, mein innigstes Sehnen.
Wir hören, dass die Sendschreiben IshráqátA32, ṬarázátA33, BishárátA34, TajallíyátA35 und KalimátA36 übersetzt und dortzulande veröffentlicht worden sind. In diesen Sendschreiben findet ihr ein Modell dafür, wie man sein und wie man leben soll.
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O Dienerin Gottes, die du dich wie ein frischer, zarter Zweig im Windhauch der Liebe Gottes bewegst! Ich habe deinen Brief gelesen, der von deiner grenzenlosen Liebe, deiner tiefen Ergebenheit und deinem steten Gedenken an deinen Herrn kündet.
Verlasse dich auf Gott. Gib deinen eigenen Willen auf und halte an dem Seinen fest, lasse deine Wünsche beiseite und nimm die Seinen an, auf dass du Seinen Dienerinnen ein heiliges, geistiges Vorbild aus Gottes Reich werdest.
Wisse, o Dienerin, dass vor dem Antlitz Bahás die Frauen so viel gelten wie die Männer und dass Gott die ganze Menschheit nach Seinem Ebenbild erschaffen hat. Dies bedeutet, dass Männer und Frauen gleichermaßen die Verkünder Seiner Namen und Eigenschaften sind und vom geistigen Standpunkt aus keinen Unterschied zwischen ihnen besteht. Wer sich Gott nähert, ob Mann oder Frau, hat die größte Gunst erlangt. Wie viele glühend ergebene Dienerinnen haben sich im schützenden Schatten Bahás den Männern überlegen erwiesen und selbst die Berühmten der Erde überflügelt.
Das Haus der Gerechtigkeit jedoch ist gemäß dem ausdrücklichen Text des Gesetzes Gottes nur für Männer bestimmt; dies ist eine der Weisheiten Gottes, des Herrn, welche in absehbarer Zeit so klar wie die Sonne am Mittag offenbar werden wird.
Was nun euch betrifft, o ihr anderen Dienerinnen, die ihr die himmlischen Düfte liebt, haltet heilige Versammlungen ab und gründet Geistige Räte, denn sie sind die Grundlage für die Verbreitung der süßen Düfte Gottes; sie erhöhen Sein Wort, halten die Lampe Seiner Gnade hoch, verkünden Seine Religion und verbreiten Seine Lehren – und welche Gnade ist größer als diese? Diese Geistigen Räte werden vom Geist Gottes unterstützt. Ihr Verteidiger ist ‘Abdu’l-Bahá. Über sie breitet Er Seine Flügel aus. Welche Gnade ist größer als diese? Diese Geistigen Räte sind strahlende Leuchten und himmlische Gärten, aus denen die Düfte der Heiligkeit über alle Regionen wehen und die Leuchten der Erkenntnis über alles Erschaffene strahlen. Von ihnen strömt der Geist des Lebens nach allen Richtungen. Sie sind wahrlich zu allen Zeiten und unter allen Umständen die mächtigen Quellen des Fortschritts für den Menschen. Welche Gnade ist größer als diese?
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O Magd Gottes! Dein Brief ist angekommen mit der Nachricht, dass in jener Stadt ein Rat errichtet wurde.
Schaut nicht auf eure geringe Zahl, sucht vielmehr nach Herzen, die rein sind. Eine geheiligte Seele ist tausend anderen Seelen vorzuziehen. Wenn eine Handvoll Menschen sich in Liebe, in völliger Reinheit und Heiligkeit mit von der Welt gelösten Herzen versammelt, wenn sie dabei die Empfindungen des Königreiches und die machtvoll anziehende Kraft des Göttlichen verspürt, wenn sie eins ist in froher Gemeinschaft, so wird diese Versammlung ihren Einfluss über die ganze Erde breiten. Das Wesen dieser Menschen, die Worte, die sie sprechen, die Taten, die sie tun, setzen die Segnungen des Himmels frei und lassen einen Schimmer der ewigen Seligkeit ahnen. Die himmlischen Heerscharen werden sie verteidigen, die Engel des Paradieses Abhá werden ohne Unterlass zu ihrer Hilfe herabsteigen.
»Engel« bedeuten die Bestätigungen Gottes und Seine himmlischen Kräfte. Auch sind Engel gesegnete Wesen, die alle Bindungen zur niederen Welt gelöst haben, befreit von den Ketten des Selbstes und den Wünschen des Fleisches, die Herzen verankert in den himmlischen Gefilden des Herrn. Sie sind aus dem Königreich und himmlisch, sie sind von Gott und geistig, sie offenbaren Gottes reiche Gnade, sie sind Aufgangsorte Seiner geistigen Segnungen.
O Dienerin Gottes! Gepriesen sei Gott, dein lieber Mann verspürt die süßen Düfte, die aus den Gärten des Himmels wehen. Nun musst du ihn Tag für Tag durch die Liebe Gottes und deine guten Taten immer näher zum Glauben hinziehen.
Das waren wahrhaftig schreckliche Geschehnisse in San Franzisko.A37 Katastrophen dieser Art sollen dazu dienen, die Menschen wachzurütteln und die Liebe ihrer Herzen zu dieser unbeständigen Welt zu schwächen. Nur in dieser niederen Welt geschehen so tragische Dinge: Dies ist der Becher, der bitteren Wein bietet.
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O ihr Geliebten ‘Abdu’l-Bahás! Ich habe eure Berichte mit großer Freude gelesen; sie sind von einer Art, die das Herz ermuntert und erfrischt, die Seele glücklich macht. Wenn euer Rat durch den heiligen Hauch des Allbarmherzigen und durch Seine göttlichen Bestätigungen beharrlich, fest und standhaft bleibt, wird er beachtliche Ergebnisse hervorbringen und mit Unternehmungen von großer Tragweite Erfolg haben.
Die Geistigen Räte, die in diesem Zeitalter Gottes, in diesem heiligen Jahrhundert, zu errichten sind, hatten unbestreitbar nicht ihresgleichen in den vergangenen Zyklen, waren doch Ratsversammlungen, die Macht ausübten, bisher auf die Unterstützung kraftvoller Führerpersönlichkeiten angewiesen, während diese Räte auf die Hilfe der Schönheit Abhá gegründet sind. Verteidiger und Schutzherr jener anderen Ratsversammlungen war ein Fürst, ein König, ein Hohepriester oder die Masse des Volkes. Doch diese Geistigen Räte haben als Beschützer, Erhalter, Helfer und Beleber den allgewaltigen Herrn.
Schaut nicht auf die Gegenwart. Richtet euren Blick auf künftige Zeiten. Wie klein ist der Same zu Beginn, aber am Ende ist er ein mächtiger Baum. Schaut nicht auf den Samen, schaut auf den Baum, auf seine Blüten, Blätter und Früchte. Denkt an die Zeit Christi, als nur ein kleines Häuflein Ihm nachfolgte, und seht, was für ein mächtiger Baum aus diesem Samen wurde, seht seine Früchte. Nun werden noch größere Ereignisse eintreten; denn dies ist die Vorladung des Herrn der Heerscharen, dies ist der Posaunenstoß des lebendigen Herrn, dies ist die Hymne des Weltfriedens, dies ist das Banner der Redlichkeit, des Vertrauens und der Verständigung, aufgepflanzt inmitten all der vielfarbigen Völker des Erdballs. Dies ist die Sonne der Wahrheit mit ihrem Strahlenglanz; dies ist der Geist Gottes in all Seiner Heiligkeit. Diese mächtigste Sendung wird die ganze Erde umspannen; unter ihrem Banner werden sich alle Völker versammeln und Schutz finden. Deshalb wisset um die lebensnotwendige Bedeutung dieses zarten Samens, den der wahre Landmann mit den Händen Seines Erbarmens in die gepflügten Felder des Herrn säte und mit den Schauern der Segnungen und Gnadengaben wässerte; nun lässt Er ihn wachsen und gedeihen in der Wärme und im Lichte der Sonne der Wahrheit.
Deshalb, o ihr Geliebten Gottes, bringt Ihm euren Dank dar, denn Er lässt euch solchen Segen zukommen, solche Gaben empfangen. Selig seid ihr, mit dieser reichen Gnade wird euch frohe Botschaft zuteil.
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O du, der du treu und standhaft im Bündnis bist! Der Brief, den du geschrieben hast,… wurde mir gezeigt; die darin ausgedrückten Ansichten sind sehr lobenswert. Es ist die Pflicht des Geistigen Beratungsgremiums von New York, mit dem von Chikago voll übereinzustimmen. Beide Beratungsgremien müssen gemeinsam gutheißen, was sie für die Veröffentlichung und Verteilung geeignet finden. Anschließend mögen sie eine Kopie nach ‘Akká schicken, damit es auch hier gebilligt werde. Sodann wird das Material zurückgeschickt, damit es veröffentlicht und verbreitet werden kann.
Die Frage des Zusammenwirkens und der Übereinkunft der beiden Geistigen Räte von Chikago und New York ist von allergrößter Wichtigkeit, und sobald in Washington ordnungsgemäß ein Geistiger Rat gebildet ist, sollten jene beiden Räte auch zu diesem Geistigen Rat Bande der Einheit knüpfen. Zusammengefasst: Es ist der Wunsch Gottes, des Herrn, dass die Geliebten Gottes und die Dienerinnen des Barmherzigen im Westen Tag für Tag in Harmonie und Einheit enger zusammenkommen. Solange das nicht erreicht ist, wird die Arbeit nicht voranschreiten. Die Geistigen Räte sind vereint das wirksamste Werkzeug, um Einheit und Harmonie zu bewirken. Diese Angelegenheit hat höchste Bedeutung; dies ist der Magnet, der die Bestätigungen Gottes anzieht. Wenn dereinst die Einheit zwischen den Freunden – diese göttliche Geliebte – in all ihrer Schönheit mit dem Schmuck des Reiches Abhá angetan ist, werden jene Länder sicherlich in kurzer Zeit zum Paradies des Allherrlichen werden, und vom Westen her wird der Strahlenglanz der Einheit sein helles Licht auf die ganze Erde werfen.
Wir bemühen uns mit Herz und Seele, ohne Rast bei Tag und Nacht, ohne auch nur einen Augenblick der Ruhe, die Menschenwelt zum Spiegel der Einheit Gottes zu machen. Wie viel mehr müssen also die Geliebten des Herrn diese Einheit widerspiegeln? Und diese sehnliche Hoffnung, dieser unser brennender Wunsch wird erst dann sichtbar erfüllt sein, wenn sich die wahren Freunde Gottes erheben, die Lehren der Schönheit Abhá – möge mein Leben ein Lösegeld für Seine Geliebten sein – in die Tat umzusetzen. Eine Seiner Lehren lautet, dass Liebe und gute Absicht das Menschenherz so beherrschen müssen, dass die Menschen den Fremden als vertrauten Freund sehen, den Übeltäter als einen der ihren, den Ausländer als einen Angehörigen, den Feind als einen teuren, engen Gefährten. Wer sie tötet, den werden sie einen Lebensspender nennen; wer sich von ihnen abwendet, dem werden sie begegnen, als kehrte er sich ihnen zu; wer ihre Botschaft ablehnt, den werden sie betrachten, als anerkenne er die Wahrheit. Das bedeutet, sie müssen die ganze Menschheit so behandeln, wie sie die ihnen Wohlgesonnenen behandeln, ihre Mitgläubigen, ihre Angehörigen und ihre vertrauten Freunde.
Sollte diese Fackel die Weltgemeinschaft erleuchten, so werdet ihr bemerken, dass die ganze Erde einen Duft hervorbringt, dass sie ein wonnevolles Paradies geworden ist, dass ihre Oberfläche des höchsten Himmels Ebenbild ist. Dann wird die ganze Welt ein einziges Heimatland, ihre verschiedenen Völker ein einziges Geschlecht, die Nationen des Ostens und des Westens eine Hausgemeinschaft.
Ich hoffe sehr, dass dieser Tag kommen wird, dass dieser Glanz aufleuchtet, dass diese Schau in ihrer ganzen Schönheit enthüllt wird.
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O ihr Mitarbeiter, gestützt von Heerscharen aus dem Reich des Allherrlichen! Selig seid ihr, denn ihr seid im schützenden Schatten des Wortes Gottes zusammengekommen und habt Zuflucht gefunden in der Grotte Seines Bundes; ihr habt euren Herzen Frieden gebracht, indem ihr euch im Paradiese Abhá eingerichtet habt und von den sanften Winden aus dem Quell Seiner Güte wiegen lasset. Ihr habt euch erhoben, der Sache Gottes zu dienen, Seinen Glauben nah und fern zu verbreiten, Sein Wort zu künden und hoch die Banner der Heiligkeit aufzurichten in allen jenen Landen.
Beim Leben Bahás! Wahrlich, die vollkommene Kraft der Göttlichen Wirklichkeit wird euch die Segnungen des Heiligen Geistes einhauchen und euch helfen, eine Heldentat zu vollbringen, wie sie das Auge der Schöpfung noch nie geschaut hat.
O Gemeinschaft des Bundes! Wahrlich, die Schönheit Abhá gab den im Bündnis standhaften Geliebten das Versprechen, dass Er ihre Bestrebungen stärke mit dem stärksten Beistand und ihnen helfe mit Seiner siegreichen Macht. In kurzer Zeit werdet ihr sehen, wie eure erleuchtete Versammlung deutliche Zeichen und Merkmale in die Herzen und Seelen der Menschen prägt. Fasst Gottes Gewand fest am Saum und lenkt all euren Eifer darauf, Seinen Bund zu fördern und im Feuer Seiner Liebe immer heller zu lodern, auf dass eure Herzen vor Freude tanzen im Odem der Dienstbarkeit, der ‘Abdu’l-Bahás Brust entströmt. Sammelt eure Herzen, macht eure Schritte fest, vertraut auf die nie endenden Segensgaben, die eine nach der anderen aus dem Reich Abhá über euch kommen. Wann immer ihr in dieser strahlenden Versammlung zusammenkommt, seid gewiss, dass Bahás Strahlenglanz über euch leuchtet. Ihr müsst Übereinstimmung suchen und einig sein; ihr müsst in enger Verbindung zueinander stehen, eins sein mit Leib und Seele, bis ihr den Plejaden gleicht oder einer Kette glänzender Perlen. So werdet ihr fest stehen, so wird euer Wort gelten, euer Stern wird strahlen, und eure Herzen werden getröstet sein…
Wenn ihr den Beratungsraum betretet, sprecht dieses Gebet mit einem Herzen, das pocht aus Liebe zu Gott, und mit einer Zunge, die geläutert ist von allem außer Seinem Gedenken, auf dass der Allmächtige euch gnädiglich helfe, den höchsten Sieg zu erringen:
O Gott, mein Gott! Wir sind Deine Diener, die sich in Ergebenheit Deinem heiligen Antlitz zuwenden und sich an diesem herrlichen Tag von allem außer Dir loslösen. Wir sind zusammengekommen in diesem Geistigen Rat, einig in unseren Ansichten und Gedanken, und wir stimmen überein in dem Vorsatz, Dein Wort vor aller Menschheit zu erhöhen. O Herr, unser Gott! Mache uns zu Zeichen Deiner göttlichen Führung, zu Bannern Deines erhabenen Glaubens unter den Menschen, zu Dienern Deines mächtigen Bündnisses, o Du unser höchster Herr, zu Offenbarungen Deiner göttlichen Einheit in Deinem Reich Abhá und zu strahlenden Sternen, die über alle Regionen scheinen. Herr, hilf uns, dass wir Meeren gleichen, die in den Wogen Deiner wundersamen Gnade branden, Wassern, die von Deinen allherrlichen Höhen fließen, guten Früchten am Baume Deiner himmlischen Sache, Bäumen, die der Windhauch Deiner Großmut in Deinem himmlischen Weinberg bewegt. O Gott, lasse unsere Seelen dürsten nach den Versen Deiner göttlichen Einheit, unsere Herzen fröhlich sein durch den Strom Deiner Gnade, damit wir zusammenfließen wie die Wellen eines Meeres und ineinanderschmelzen wie die Strahlen Deines glänzenden Lichtes, bis unsere Gedanken, unsere Ansichten, unsere Gefühle eine Wirklichkeit werden, die den Geist der Eintracht über die ganze Welt hin kündet! Du bist der Gnädige, der Gütige, der Schenkende, der Allmächtige, der Barmherzige, der Mitleidvolle.
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Die Haupterfordernisse für jene, die miteinander beraten, sind Reinheit des Beweggrundes, strahlender Geist, Loslösung von allem außer Gott, Hingezogensein zu Seinen göttlichen Düften, Bescheidenheit und Demut vor Seinen Geliebten, Geduld und Langmut in Schwierigkeiten, Dienstbarkeit an Seiner erhabenen Schwelle. Wenn sie mit gnädigem Beistand diese Eigenschaften erlangen, wird ihnen vom unsichtbaren Reiche Bahás der Sieg gewährt.
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Seine MitgliederA38 müssen so miteinander beraten, dass sich kein Anlass für Unmut oder Zwietracht ergibt. Dies ist erreichbar, wenn jedes Mitglied in vollkommener Freiheit seine Meinung äußert und seine Argumente vorbringt. Es darf sich, sollte jemand widersprechen, auf keinen Fall verletzt fühlen; denn erst wenn eine Angelegenheit vollständig erörtert ist, kann sich der richtige Weg zeigen. Der zündende Funke der Wahrheit erscheint erst nach dem Zusammenprall verschiedener Meinungen. Wenn nach der Beratung ein Beschluss einstimmig gefasst wird, ist dies schön und gut; sollten aber, was der Herr verhüten möge, voneinander abweichende Meinungen bestehen bleiben, muss die Stimmenmehrheit gelten.
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Die erste Bedingung ist vollkommene Liebe und Harmonie unter den Mitgliedern des Rates. Sie müssen völlig frei sein von Entfremdung und in sich selbst Gottes Einheit offenbaren, denn sie sind die Wellen eines Meeres, die Tropfen eines Stromes, die Sterne eines Himmels, die Strahlen einer Sonne, die Bäume eines Obsthains, die Blumen eines Gartens. So keine Harmonie im Denken, keine vollkommene Einheit herrschen, wird jene Versammlung sich auflösen und jener Rat scheitern. Die zweite Bedingung ist, dass die Mitglieder des Rates vereint einen Vorsitzenden wählen und Richtlinien sowie eine Satzung für ihre Zusammenkünfte und Beratungen aufstellen. Der Vorsitzende soll für die Beachtung solcher Regeln und Bestimmungen sorgen, sie schützen und durchsetzen. Die anderen Mitglieder sollten ihnen Gehorsam leisten; sie sollten es unterlassen, sich über nebensächliche, nicht zur Sache gehörende Dinge zu unterhalten. Sie müssen, wenn sie zusammenkommen, ihr Angesicht dem Königreich der Höhe zuwenden und Hilfe erbitten aus dem Reiche der Herrlichkeit. Dann müssen sie mit höchster Hingabe, Höflichkeit, Würde, Sorgfalt und Mäßigung ihre Ansichten vortragen. Sie müssen in jeder Angelegenheit die Wahrheit erforschen und dürfen nicht auf ihrer eigenen Meinung bestehen; denn Starrsinn und Beharren auf der eigenen Ansicht führen schließlich zu Zank und Streit; die Wahrheit aber bleibt verborgen. Die verehrten Mitglieder müssen in aller Freiheit ihre eigenen Gedanken ausdrücken; es ist in keiner Weise erlaubt, dass einer die Gedanken des anderen herabsetzt. Nein, er muss die Wahrheit mit Augenmaß darlegen, und sollten sich Meinungsverschiedenheiten ergeben, so muss die Stimmenmehrheit gelten; alle müssen dann gehorchen und sich der Mehrheit fügen. Es ist auch nicht erlaubt, dass eines der verehrten Mitglieder innerhalb oder außerhalb der Sitzung gegen eine zuvor getroffene Entscheidung Einwände erhebt oder sie tadelt, selbst wenn die Entscheidung falsch wäre; denn solche Kritik würde verhindern, dass irgendeine Entscheidung in Kraft tritt. Kurz gesagt, was immer in Harmonie, Liebe und reiner Absicht getan wird, bewirkt Licht; wenn aber die geringste Spur von Entfremdung herrscht, wird das in schwarzes Dunkel führen… Wird dies beachtet, so ist jener Rat von Gott; andernfalls führt er zu Kälte und Entfremdung, die vom Bösen ausgehen… Wenn sie sich bemühen, diese Bedingungen zu erfüllen, wird ihnen die Gnade des Heiligen Geistes gewährt, und jener Rat wird zum Mittelpunkt göttlichen Segens. Die Heerscharen göttlicher Bestätigung werden seinen Mitgliedern zu Hilfe kommen, und Tag für Tag werden sie eine neue Ausgießung des Geistes erfahren.
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O ihr, die ihr fest im Bündnis steht! ‘Abdu’l-Bahá ist ständig in gedanklicher Verbindung mit jedem Geistigen Rat, der durch die göttliche Großmut errichtet ward, dessen Mitglieder sich in völliger Hingabe zum göttlichen Königreich wenden und fest im Bündnis sind. Ihnen ist er aus ganzem Herzen zugetan, verbunden durch unvergängliche Bande. So ist der Austausch mit jener Versammlung aufrichtig, dauerhaft und ununterbrochen.
In jedem Augenblick bitte ich für euch um Hilfe, Gnade, neue Gunst und neuen Segen, damit Bahá’u’lláhs Bestätigungen wie ein Meer immerfort branden, das Sonnenlicht der Wahrheit über euch leuchte und ihr, gefestigt in eurem Dienst, Offenbarungen göttlicher Gabenfülle werdet, jeder zur Morgendämmerung dem Heiligen Lande zugewandt, zutiefst bewegt durch geistige Erfahrung.
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O ihr wahren Freunde! Euer Brief kam an und brachte große Freude. Preis sei Gott, ihr habt Freunde bewirtet und das Fest eingeführt, das alle neunzehn Tage abgehalten werden soll. Wenn eine Versammlung mit größter Liebe vorbereitet wird, wenn die Anwesenden ihr Angesicht dem Reiche Gottes zuwenden, wenn das Gespräch die Lehren Gottes betrifft und die Anwesenden Fortschritte machen lässt – dann ist dies eine Versammlung des Herrn, und die festliche Tafel kommt vom Himmel hernieder.
Ich hoffe, dieses Fest wird alle neunzehn Tage gefeiert, denn es bringt euch enger zusammen; es ist der wahre Quell der Einheit und der Herzensgüte.
Ihr seht, in welchem Maße die Welt ständigen Unruhen und Kämpfen ausgesetzt ist und wie sich die Lage ihrer Völker zuspitzt. Hoffentlich gelingt es den Geliebten Gottes, das Banner menschlicher Einheit zu hissen, so dass das einfarbige Thronzelt des Himmelreichs seine schützenden Schatten über die ganze Erde wirft, dass die Missverständnisse zwischen den Völkern der Erde verschwinden, dass alle Nationen sich vermischen und einander behandeln wie Liebende.
Es ist eure Pflicht, zu jedem menschlichen Wesen überaus freundlich zu sein und jedem Gutes zu wünschen, für die geistige Erneuerung der Gesellschaft zu arbeiten, den Toten den Odem des Lebens einzuhauchen, nach den Geboten Bahá’u’lláhs zu handeln und auf Seinem Pfade zu wandeln – bis ihr die Welt des Menschen in die Welt Gottes verwandelt habt.
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O ihr getreuen Diener der Urewigen Schönheit! In jedem Zyklus, in jeder Sendung war das Fest etwas Hochgeschätztes und Geliebtes. Denen, die Gott lieben, den Tisch zu bereiten, galt als löblich. Heute, in dieser unvergleichlichen Sendung, diesem Zeitalter der Großmut, trifft dies besonders zu. Heute wird ein Fest jubelnd begrüßt, denn es gehört wahrlich zu den Versammlungen, die dem Lobe Gottes und Seiner Verherrlichung dienen. Hier werden die heiligen Verse, die himmlischen Oden und Lobgesänge angestimmt, das Herz wird belebt und über sich selbst emporgehoben.
Die vornehmste Absicht ist, diese geistigen Regungen zu entflammen; aber zugleich ergibt es sich ganz natürlich, dass die Anwesenden zusammen etwas essen, so dass die Welt des Leibes die geistige Welt widerspiegelt und das Fleisch die Merkmale der Seele annimmt. Wie es hier geistige Freuden in Fülle gibt, so gibt es auch stoffliche Freuden.
Glücklich seid ihr, die ihr dieser Regel mit all ihrer mystischen Bedeutung folgt. So haltet ihr die Freunde Gottes munter und achtsam; ihr bringt ihnen Seelenfrieden und Freude.
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Dein Brief ist eingetroffen. Du schreibst über das Neunzehntagefest, und das erfreut mein Herz. Diese Versammlungen lassen die göttliche Tafel vom Himmel herniederkommen und ziehen die Bestätigungen des Allerbarmers an. Ich hoffe, der Odem des Heiligen Geistes weht über sie hin, und jeder Anwesende schickt sich an, in großen Versammlungen mit beredter Zunge, mit einem vor Gottesliebe überströmenden Herzen den Sonnenaufgang der Wahrheit, das Morgenlicht des die ganze Welt erleuchtenden Tagesgestirns zu verkünden.
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Ihr habt nach dem Fest in jedem Bahá’í-Monat gefragt. Dieses Fest wird gefeiert, Freundschaft und Liebe zu fördern, Gottes zu gedenken, Ihn mit bußfertigem Herzen anzuflehen und wohltätige Unternehmungen anzuregen.
Das heißt, die Freunde sollten dort bei Gott verweilen und Ihn verherrlichen, die Gebete und heiligen Verse lesen und einander in äußerster Zuneigung und Liebe begegnen.
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Was das Neunzehntagefest betrifft, so erfreut es Geist und Herz. Wird dieses Fest angemessen gefeiert, so werden sich die Freunde alle neunzehn Tage einmal geistig erneuert finden, begabt mit einer Macht, die nicht von dieser Welt ist.
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O Diener des einen wahren Gottes! Gepriesen sei der Herr! In jedem Land gibt es die Geliebten Gottes, und allesamt stehen sie im Schatten des Lebensbaumes, im Schutze Seiner Vorsehung. Seine Fürsorge und Gnade branden wie die ewigen Wogen der See, Seine Segnungen regnen ohne Unterlass aus Seinem ewigen Reich.
Wir sollten darum beten, dass Sein Segen uns in noch größerem Überfluss gewährt wird, und uns an den Mitteln festhalten, die eine noch mächtigere Ausgießung Seiner Gnade, ein noch volleres Maß Seines göttlichen Beistandes sichern.
Eines der wichtigsten Mittel ist der Geist wahrer Zusammengehörigkeit und liebevoller Gemeinschaft unter den Freunden. Erinnert euch des Wortes: »Von allen Pilgerfahrten die größte ist, ein sorgenbeladenes Herz zu erleichtern.«
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Wahrlich, ‘Abdu’l-Bahá atmet den Duft der Liebe Gottes von jedem Versammlungsort, wo das Wort Gottes verkündet und schlüssige Beweise vorgebracht werden, die ihre Strahlen über die ganze Welt verbreiten, und wo über ‘Abdu’l-Bahás Not und Leid in den bösen Händen der Bündnisbrecher berichtet wird.
O Dienerin des Herrn! Sprich kein Wort über Politik; deine Aufgabe betrifft das Leben der Seele; denn dies führt wahrlich zur Freude des Menschen in Gottes Welt. Erwähne die Könige der Erde und die weltlichen Regierungen nur, um Gutes über sie zu sagen. Beschränke deine Rede darauf, die frohe Botschaft vom Reiche Gottes zu verbreiten, den Einfluss des Wortes Gottes und die Heiligkeit der Sache Gottes darzutun. Sprich über ewige Freude, geistiges Ergötzen und göttliche Eigenschaften; sprich darüber, wie die Sonne der Wahrheit über den Horizonten der Erde aufstrahlt und wie dem Körper der Welt der Geist des Lebens eingehaucht wird.
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Ihr schreibt über die Zusammenkünfte der Freunde, und wie sie voll Friede und Freude sind. Natürlich ist das so, denn wo sich die geistig Gesinnten auch versammeln, regiert Bahá’u’lláh in all Seiner Schönheit. Deshalb bringen solche Begegnungen gewisslich grenzenloses Glück und Frieden hervor.
Heute ziemt es allen, nichts anderes mehr zu erwähnen und alle Dinge außer Acht zu lassen. Ihre Rede, ihr innerer Zustand seien zusammengefasst in den Worten: »Lasse alle meine Worte des Gebetes und des Lobpreises auf einen einzigen Kehrreim beschränkt sein; lasse mein ganzes Leben nur Dienst an Dir sein.« Das bedeutet: Lasst sie alle ihre Gedanken und Worte darauf konzentrieren, dass sie die Sache Gottes lehren, den Glauben Gottes verbreiten und alle dafür begeistern, sich mit den Eigenschaften Gottes auszuzeichnen; dass sie die Menschheit lieben, dass sie in jeder Hinsicht rein und heilig seien, makellos in ihrem öffentlichen und privaten Leben; dass sie aufrecht und losgelöst seien, voller Inbrunst und Glut. Alles muss aufgegeben werden außer dem Gedenken Gottes. Alles muss gering geachtet werden außer Seinem Lobpreis. Zu dieser Melodie der himmlischen Heerscharen will die Welt heute springen und tanzen: »Herrlichkeit sei meinem Herrn, dem Allherrlichen!« Aber wisset: Außer diesem Gesang Gottes wird kein Gesang die Welt aufrütteln, außer diesem Nachtigallenruf der Wahrheit aus dem Garten Gottes wird keine Melodie das Herz bezaubern. »Woher kommt dieser Sänger, der den Geliebten beim Namen nennt?«
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Es ziemt den Freunden, ein Treffen abzuhalten, eine Versammlung, in der sie Gott verherrlichen, ihr Herz an Ihn binden, die heiligen Schriften der Gesegneten Schönheit lesen und vortragen – möge meine Seele das Lösegeld für Seine Liebenden sein! Das Licht aus dem allherrlichen Reich, die Strahlen des höchsten Horizontes ergießen sich über solch leuchtende Versammlungen; denn sie sind nichts anderes als die Mashriqu’l-Adhkár, die Aufgangsorte der Erwähnung Gottes, die nach dem Gebot der Erhabensten Feder in jedem Dorf und jeder Stadt errichtet werden müssen… Mit der höchsten Reinheit und Weihe müssen diese geistigen Versammlungen abgehalten werden, so dass der Versammlungsort, seine Erde und die Luft um ihn her den duftenden Hauch des Heiligen Geistes verströmen.
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Wann immer eine Gruppe Menschen an einem Versammlungsort zusammenkommt, Gott zu verherrlichen, wann immer sie über die Geheimnisse Gottes sprechen, wird ohne Zweifel der Odem des Heiligen Geistes sanft über sie wehen, und jeder wird sein Teil davon empfangen.
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Wir hören von deiner Absicht, dein Haus von Zeit zu Zeit mit einem Treffen von Bahá’í zu zieren, wobei einige den Allherrlichen Herrn verherrlichen werden… Wisse: Wenn du dies zustande bringst, wird jenes irdische Haus ein Haus des Himmels, dieser Haufen Steine ein Versammlungsort des Geistes.
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Du fragst nach den Stätten der Andacht und ihrem tieferen Sinn. Die Weisheit der Errichtung solcher Bauwerke liegt darin, dass das Volk wissen soll: Zu einer bestimmten Stunde ist es Zeit, sich zu versammeln. Alle sollten dann zusammenkommen und sich, einträchtig aufeinander eingestimmt, im Gebet vertiefen, mit dem Ergebnis, dass aus dieser Versammlung Einheit und Liebe in den Menschenherzen wachsen und blühen.
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‘Abdu’l-Bahá hegt seit langem den Wunsch, dass dortzulande ein Mashriqu’l-Adhkár errichtet wird. Preis sei Gott, dank der tatkräftigen Bemühungen der Freunde ist vor kurzem die glückliche Nachricht darüber eingegangen. Dieser Dienst wird an der Schwelle Gottes hoch geschätzt; denn der Mashriqu’l-Adhkár begeistert die Liebenden Gottes, erleuchtet ihre Herzen und lässt sie fest und standhaft werden.
Die Sache hat größte Bedeutung. Wenn die Errichtung des Hauses der Andacht an einem öffentlichen Platz die Feindseligkeit von Übeltätern wachruft, muss die Versammlung dort an einem verborgenen Platz abgehalten werden. Selbst in jedem Dorf muss ein Platz als Mashriqu’l-Adhkár vorgesehen werden, sogar dann, wenn er unter der Erde läge.
Gelobt sei Gott! Euch war Erfolg beschieden. So gedenket Gottes zur Morgendämmerung; erhebt euch, Ihn zu preisen und zu verherrlichen. Selig seid ihr, und Freude sei mit euch, o ihr Rechtschaffenen, weil ihr den Aufgangsort des Lobpreises Gottes errichtet habt. Wahrlich, ich bitte den Herrn, dass Er euch zu Standarten des Heils, zu Bannern der Erlösung mache, hoch im Wind über Berg und Tal.
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Obwohl der Mashriqu’l-Adhkár, äußerlich betrachtet, ein stoffliches Gefüge ist, hat er geistige Wirkung. Er schmiedet Bande der Einheit von Herz zu Herz; er ist ein Sammelpunkt für die Menschenseelen. Jede Stadt, wo in den Tagen der Manifestation ein Tempel errichtet ward, hat Sicherheit, Beständigkeit und Frieden verbreitet; denn diese Gebäude waren der immerwährenden Verherrlichung Gottes geweiht, und nur im Gedenken Gottes kann das Herz Ruhe finden. Gütiger Gott! Der Bau des Hauses der Andacht hat gewaltigen Einfluss auf jeden Lebensabschnitt. Erfahrungen im Osten haben dies zur Tatsache gemacht. Selbst wenn in einem kleinen Dorf ein Haus zum Mashriqu’l-Adhkár bestimmt wurde, brachte es eine deutliche Wirkung hervor. Wie viel größer ist der Einfluss, wenn ein Mashriqu’l-Adhkár eigens erbaut wird!
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O Herr, der Du alle segnest, die fest im Bündnis stehen, indem Du sie fähig machst, aus Liebe zum Licht der Welt all ihren Besitz als Opfer hinzugeben für den Mashriqu’l-Adhkár, den Tagesanbruch Deines weitreichenden Lichtes und Verkünder Deiner Zeugnisse! Hilf Du diesen Gerechten, diesen Aufrichtigen und Gottesfürchtigen in dieser und der künftigen Welt, dass sie Deiner heiligen Schwelle immer näher kommen, und erleuchte ihre Angesichter mit Deinem Strahlenglanz.
Wahrlich, Du bist der Großmütige, der Ewig-Schenkende.
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O meine inniggeliebte Tochter im Königreich! Dr. Esslemont hat deinen Brief an ihn ins Land der SehnsuchtA39 weitergereicht. Ich las ihn mit größter Aufmerksamkeit vom Anfang bis zum Ende. Einerseits war ich zutiefst gerührt, weil du deine schönen Locken abgeschnitten hast mit der Schere der Loslösung von dieser Welt und der Selbstopferung auf dem Pfade des Königreiches. Andererseits war ich hoch erfreut; denn diese inniggeliebte Tochter hat einen solchen Geist der Selbsthingabe bewiesen, dass sie einen so teuren Teil ihres Leibes auf dem Pfade der Sache Gottes darbrachte. Hättest du mich gefragt, so wäre ich auf keinen Fall damit einverstanden gewesen, dass du auch nur ein einziges Haar deiner anmutigen Lockenpracht abgeschnitten hättest; nein, ich selbst hätte in deinem Namen für den Mashriqu’l-Adhkár gespendet. Deine Tat ist jedoch ein beredtes Zeugnis für deinen hehren Geist der Selbsthingabe. Du hast wahrlich dein Leben geopfert, und groß werden die geistigen Wirkungen für dich selber sein. Vertraue allezeit darauf, dass du Tag für Tag fortschreiten und weiter an Festigkeit und Beständigkeit wachsen wirst. Bahá’u’lláhs Gnadengaben werden dich umfangen, die frohe Botschaft aus der Höhe wird dir immer neu zuteil werden. Ist es auch dein Haar, das du geopfert hast, so wirst du doch vom Geist erfüllt sein, und ist es auch dieses vergängliche Stück deines Leibes, das du auf dem Pfade Gottes hingegeben hast, so wirst du doch die Gottesgabe entdecken, die himmlische Schönheit schauen, unvergängliche Herrlichkeit erwerben und ewiges Leben erlangen.
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O ihr gesegneten Seelen!A40 Euer Brief an Raḥmatu’lláh wurde zur Kenntnis genommen. Er enthielt vielerlei frohe Botschaften, vor allem die, dass durch die Kraft des Glaubens und die Beständigkeit im Bündnis zahlreiche Zusammenkünfte einberufen wurden und dass die Geliebten überall rege und aktiv sind.
Es war immer ‘Abdu’l-Bahás brennender Wunsch, dass die Gefilde jenes geheiligten Ortes, bereits in den frühesten Tagen der Sache Gottes neu belebt und grünend unter den Frühlingsschauern der Gnade, immerfort so leuchten und blühen, dass jedes Herz sich mit Freude füllt.
Gepriesen sei der Herr! Überall in Ost und West wurde Gottes Sache so verkündet und vorangetragen, dass sich niemand je vorstellen konnte, wie rasch der süße Duft des Herrn alle Bereiche durchdringt. Dies geschah wahrlich nur durch die vollendeten Gnadengaben der ewiggesegneten Schönheit, deren Gunst und siegreiche Macht immer wieder in überreichem Maß empfangen ward.
Eines der wunderbaren Ereignisse, das erst kürzlich eintrat, ist die Errichtung des Mashriqu’l-Adhkár im Herzen des amerikanischen Kontinents sowie die Tatsache, dass zahllose Seelen im Umkreis für die Errichtung dieses heiligen Tempels spenden. Unter ihnen ist eine hochgeschätzte Dame aus der Stadt Manchester, die auch gerne ihren Beitrag leisten wollte.
Da sie weder Gut noch Geld besaß, schnitt sie mit eigener Hand die schönen, langen, kostbaren Locken ab, die ihr Haupt anmutig zierten, und bot sie zum Verkauf an, um mit dem Erlös das Vorhaben des Mashriqu’l-Adhkár zu unterstützen.
Bedenkt: Obwohl in den Augen der Frauen nichts kostbarer ist als volles, langes, lockiges Haar, hat diese hochverehrte Dame dessen ungeachtet einen so seltenen, wundervollen Geist der Selbstaufopferung bekundet.
Und obgleich diese Tat nicht verlangt war und ‘Abdu’l-Bahá ihr nicht zugestimmt hätte, zeigt sie doch einen so hehren, edlen Geist der Hingabe, dass er zutiefst gerührt war. Wie kostbar das Haar in den Augen westlicher Frauen auch sei, kostbarer selbst als das Leben, gab sie es hin als ein Opfer für die Sache des Mashriqu’l-Adhkár!
Wie berichtet wird, tat einst der Gesandte GottesA41 Seinen Wunsch kund, dass eine Streitmacht in eine bestimmte Richtung vorstoßen solle. Den Gläubigen wurde die Erlaubnis gewährt, für den heiligen Krieg Beiträge einzuziehen. Unter den vielen Spendern war ein Mann, der tausend Kamele gab, jedes beladen mit Getreide, ein anderer stiftete die Hälfte seines Vermögens, wieder einer bot alles, was er hatte. Aber eine hochbetagte Frau, deren ganzer Besitz eine Handvoll Datteln war, kam zum Gesandten und legte Ihm ihren bescheidenen Beitrag zu Füßen. Daraufhin befahl der Prophet Gottes – möge mein Leben ein Opfer für Ihn sein –, dass diese Handvoll Datteln zuoberst auf alle gesammelten Spenden gelegt werde, damit ihr Wert und Vorrang vor allem anderen zum Ausdruck komme. Dies geschah, weil die alte Frau keinen anderen irdischen Besitz hatte.
In ähnlicher Weise hatte diese geschätzte Dame nichts zu geben als ihre kostbaren Locken, die sie ruhmreich für die Sache des Mashriqu’l-Adhkár opferte.
Denkt darüber nach, wie mächtig und stark die Sache Gottes geworden ist! Eine Frau aus dem Westen gibt ihr Haar für die Herrlichkeit des Mashriqu’l-Adhkár.
Das ist wahrlich eine Lektion für diejenigen, die begreifen.
Ich möchte noch sagen, ich bin sehr zufrieden mit den Geliebten in Najaf-Ábád; denn sie haben vom ersten Dämmerlicht der Sache Gottes bis zum heutigen Tage ausnahmslos unter allen Bedingungen einen großartigen Geist der Selbsthingabe bewiesen.
Zaynu’l-Muqarrabín hat sein Leben lang mit der ganzen Aufrichtigkeit seiner makellosen Seele für die Gläubigen in Najaf-Ábád gebetet und Gottes Gnade und Seine göttliche Bestätigung für sie erfleht.
Dem Herrn sei Dank, dass die Gebete dieser gütigen Seele erhört wurden; die Wirkungen sind überall offenkundig.
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Der Mashriqu’l-Adhkár ist eine der wichtigsten Institutionen auf der Welt. Er hat viele ergänzende Einrichtungen. Zwar ist er ein Haus der Andacht, ihm sind aber ein Krankenhaus, eine Apotheke, ein Hospiz für Reisende, eine Schule für Waisen und eine Universität für fortgeschrittene Studien angeschlossen. Zu jedem Mashriqu’l-Adhkár gehören diese fünf Dinge. Es ist meine Hoffnung, dass in Amerika jetzt der Mashriqu’l-Adhkár errichtet werde und dass dann allmählich das Krankenhaus, die Schule, die Universität, die Apotheke und das Hospiz folgen werden, alle nach dem wirksamsten, zweckmäßigsten Verfahren arbeitend. Macht dies alles unter den Geliebten des Herrn bekannt, so dass sie verstehen, wie überragend groß die Bedeutung dieses ›Aufgangsortes des Gedenkens Gottes‹ ist. Der Tempel ist nicht nur ein Ort der Anbetung. Er ist vielmehr in jeder Hinsicht ein umfassendes Ganzes.
O du liebe Magd Gottes! Wenn du nur erkennen könntest, welch hohe Stufe denjenigen Seelen bestimmt ist, die sich von der Welt lösen, mit aller Macht zum Glauben hingezogen sind und unter dem schützenden Schatten Bahá’u’lláhs lehren! Wie würdest du jubeln, wie würdest du voll Begeisterung und Entzücken die Flügel breiten und himmelwärts steigen – weil du ein Jünger auf diesem Pfad, ein Wanderer zu diesem Königreich bist.
Die Bedeutung der Worte, die ich in meinem Brief gebrauchte, als ich dich hieß, dich dem Dienst an der Sache Gottes zu weihen, ist: Richte deine Gedanken allein auf das Lehren des Glaubens. Handle Tag und Nacht nach den Lehren, Ratschlägen und Ermahnungen Bahá’u’lláhs. Das schließt eine Ehe nicht aus. Du kannst dir einen Mann nehmen und zugleich der Sache Gottes dienen; das eine schließt das andere nicht aus. Erkenne den Wert dieser Tage; lasse diese Gelegenheit nicht verstreichen. Bitte Gott, dich zu einer leuchtenden Kerze zu machen, damit du eine große Schar durch diese dunkle Welt führest.
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O du begünstigte Magd des Himmelreiches! Dein Brief ist eingetroffen. Er zeigt hohes Streben und edle Ziele, denn du möchtest eine Reise in den Fernen Osten unternehmen und bist bereit, große Mühsal auf dich zu laden, um die Seelen zu führen und weit und breit die frohe Botschaft vom Reich Gottes zu verkünden. Dieses Vorhaben zeigt, dass du, liebe Magd Gottes, das edelste aller Ziele im Herzen trägst.
Wenn du die frohe Botschaft überbringst, sprich gerade heraus und sage: Der Verheißene aller Völker der Welt ist jetzt offenbar. Denn alle Völker und Religionen erwarten einen Verheißenen, und Bahá’u’lláh ist der Eine, den alle erwarten; deshalb wird die Sache Bahá’u’lláhs die Einheit der Menschheit zustande bringen. Das Thronzelt der Einheit wird auf den Höhen der Welt errichtet werden, die Fahnen der einen Menschheit werden auf den Gipfeln der Erde gehisst. Wenn du deine Zunge lösest, diese große, frohe Botschaft zu künden, ist dies das Mittel, die Menschen zu lehren.
Deine geplante Reise geht allerdings in ein sehr fernes Land, und wenn nicht eine ganze Gruppe Menschen zur Verfügung steht, werden die frohen Botschaften dort nicht viel bewirken. Wenn du es für das beste hältst, reise stattdessen nach Persien und nimm den Rückweg über Japan und China. Dies scheint viel besser zu sein und weit vergnüglicher. In jedem Fall tu, was möglich erscheint, und es wird gutgeheißen.
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O du, der du Erleuchtung suchst beim Licht der Führung! Preise Gott, dass Er dich zum Licht der Wahrheit leitet und dich einlädt, das Reich Abhá zu betreten. Dein Blick ward erleuchtet, dein Herz in einen Rosengarten verwandelt. Ich bete für dich, dass du immerdar an Glauben und Gewissheit wachsest, einer Fackel gleich in den Versammlungen strahlest und ihnen das Licht der Führung spendest.
Sooft die Freunde Gottes zu einer erleuchteten Versammlung zusammentreten, ist ‘Abdu’l-Bahá, obzwar körperlich abwesend, mit Geist und Seele dabei. Ich bin immer auf der Reise nach Amerika und gewisslich mit durchgeistigten, erleuchteten Freunden vereint. Die Entfernung ist aufgehoben. Sie kann die enge, innige Verbindung zweier Seelen, die sich von Herzen nah sind, selbst dann nicht verhindern, wenn sie in zwei verschiedenen Ländern sind. So bin ich dein enger Gefährte, ganz auf dich eingestimmt und im Einklang mit deiner Seele.
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O du Herrin des Königreiches! Dein Brief aus New York ist angekommen. Sein Inhalt schenkt Freude und Glück, denn er zeigt, dass du mit festem Sinn und reiner Absicht entschlossen bist, nach Paris zu reisen, damit du in dieser stummen Stadt das Feuer der Liebe Gottes entzündest und mitten im Dunkel der stofflichen Welt wie eine strahlende Kerze leuchtest. Diese Reise ist sehr lobenswert und angebracht. Wenn du Paris erreichst, musst du dich bemühen, wie klein die Anzahl der Freunde auch sei, die Versammlung des Bündnisses zu errichten und die Seelen durch die Macht des Bündnisses zu beleben.
Paris ist tief entmutigt, in einem Zustand der Starre und bis jetzt nicht entflammt, obwohl die französische Nation aktiv und lebhaft ist. Die Stoffwelt hat Paris mit ihrem großen Zelt zugedeckt und religiöse Empfindungen beseitigt. Aber die Kraft des Bündnisses wird jede fröstelnde Seele erwärmen, wird auf alles Dunkle Licht verströmen und dem Gefangenen in den Klauen der stofflichen Welt Gottes Reich mit seiner wahren Freiheit bringen.
Erhebe dich jetzt in Paris mit der Kraft des Königreiches, mit göttlicher Bestätigung, mit echtem Eifer und Inbrunst, mit der Flamme der Liebe Gottes. Brülle wie eine Löwin, zeige solche Begeisterung und Liebe unter diesen wenigen Seelen, dass dir der Preis und Ruhm aus dem Gottesreich ständig zufließe und machtvolle Bestätigung auf dich herniederkomme. Bleibe gewiss! Wenn du entsprechend handelst und das Banner des Bündnisses hissest, wird Paris in Flammen stehen. Halte dich ständig an die Bestätigungen Bahá’u’lláhs und suche sie immerdar; denn sie verwandeln den Tropfen in ein Meer, die Mücke in einen Adler.
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O ihr, die ihr fest seid im Bund und Testament! Euer Brief kam an, und jeder eurer gesegneter Namen wurde zur Kenntnis genommen. Dieser Brief hatte göttliche Eingebungen und offenbare Gnadengaben zum Inhalt, denn er zeigte die Einheit der Freunde und den Einklang aller Herzen.
Heute kreist Gottes ganz besondere Gunst um Einheit und Einklang unter den Freunden, auf dass diese Einheit und dieser Einklang die Einheit der Menschenwelt verkünden, die Erde aus dem tiefen Dunkel des Hasses und der Feindschaft befreien und die Sonne der Wahrheit in hellem, vollkommenem Mittagsglanz erstrahlen lassen.
Alle Völker der Welt geben sich heute dem Eigennutz hin und bieten alles auf, ihre materiellen Interessen voranzutreiben. Sie beten sich selbst an, statt die göttliche Wirklichkeit und die Welt der Menschheit anzubeten. Mit Bedacht suchen sie ihren eigenen Vorteil und nicht das Gemeinwohl; denn sie sind Gefangene der stofflichen Welt, ohne Bewusstsein für die göttlichen Lehren, die Gaben des Königreiches und die Sonne der Wahrheit. Ihr aber, Preis sei Gott, seid derzeit mit dieser Gabenfülle besonders gesegnet: Ihr seid unter die Erwählten aufgenommen, ihr seid über den himmlischen Befehl im Bilde, ihr habt Einlass ins Reich Gottes erlangt, ihr wurdet Empfänger grenzenlosen Segens, getauft mit dem Wasser des Lebens, dem Feuer der Liebe Gottes und dem Heiligen Geist.
Strebet deshalb mit Herz und Seele danach, brennende Kerzen in der Versammlung der Welt zu werden, funkelnde Sterne am Horizont der Wahrheit, Sprachrohre für die Verkündigung des strahlenden Gottesreiches, damit die Menschenwelt verwandelt werde in ein Reich des Himmels, die niedere Welt in die Welt der Höhe, damit die Liebe Gottes und die Gnade des Herrn ihren Baldachin hoch über der Welt aufrichten, die Menschenseelen zu Meereswellen der Wahrheit werden, die Welt der Menschheit zu einem gesegneten Baum zusammenwachse, die Verse der Einheit erklingen und die Lieder der Heiligkeit bis zu den himmlischen Heerscharen aufsteigen.
Tag und Nacht flehe ich demütig zum Reiche Gottes und erbitte für euch grenzenlosen Beistand und Bestätigung. Schaut nicht auf eure eigenen Fähigkeiten und Möglichkeiten, sondern richtet euren Blick auf die vollendete Gnade, die göttlichen Segnungen und die Macht des Heiligen Geistes – die Macht, die den Tropfen zur See, den Stern zur Sonne werden lässt.
Preis sei Gott, die himmlischen Heerscharen sichern den Sieg, die Macht des Königreiches ist bereit zu helfen und beizustehen. Wolltet ihr jeden Augenblick eure Zunge lösen, um Dank zu sagen, ihr wäret dennoch unfähig, eurer Dankespflicht für diese Gaben gerecht zu werden.
Bedenkt: Wichtige Persönlichkeiten, deren Ruf über die ganze Welt verbreitet ist, werden binnen kurzem zu völliger Bedeutungslosigkeit dahinwelken, weil sie von dieser himmlischen Gabenfülle ausgeschlossen sind. Weder Ruf noch Namen lassen sie zurück, keine Frucht und keine Spur wird von ihnen bleiben. Aber über euch ist die Sonne der Wahrheit mit all ihrem Glanz aufgegangen, ihr habt ewiges Leben erlangt, ihr werdet immerdar am Horizont des Seins funkeln und strahlen.
Petrus war ein Fischer, Maria Magdalena eine Bäuerin. Aber weil ihnen Christi Segen zuteil ward, erstrahlte der Horizont ihres Glaubens, und sie leuchten bis zum heutigen Tage vom Himmel ewigwährender Herrlichkeit. Auf dieser Stufe zählen Verdienste und Fähigkeiten nicht. Nein, die Sonne der Wahrheit muss mit ihrem Strahlenglanz, der diese Spiegel erleuchtet, in Betracht gezogen werden.
Ihr ladet mich nach Amerika ein. Ich sehne mich selbst danach, dort in die strahlenden Angesichter zu schauen, mich mit den treuen Freunden zu unterhalten und mit ihnen zusammen zu sein. Aber die Magnetkraft, die mich an jene Gestade ziehen wird, ist die Einheit und Eintracht der Freunde, ihr Verhalten und Betragen im Einklang mit den Lehren Gottes, ihrer aller Standhaftigkeit im Bund und Testament.
O göttliche Vorsehung! Diese Versammlung Deiner Freunde ist von Deiner Schönheit angezogen und vom Feuer Deiner Liebe entflammt. Mache aus diesen Seelen himmlische Engel, erwecke sie zu neuem Leben durch den Odem Deines Heiligen Geistes, verleihe ihnen beredte Zungen und mutige Herzen, gib ihnen himmlische Kraft und barmherzige Empfindsamkeit. Mache sie zu Wegbereitern für die Einheit der Menschheit, zur Wirkkraft der Liebe und Eintracht in der Menschenwelt, so dass die gefährliche Finsternis dummer Vorurteile dem Sonnenlicht der Wahrheit weiche, diese düstere Welt erleuchtet werde, das stoffliche Reich die Strahlen der Geisteswelt aufnehme, die Farbenvielfalt zu einer Farbe verschmelze und das Loblied sich erhebe im Königreich Deiner Heiligkeit.
Wahrlich, Du bist der Allmächtige, der Allgewaltige!
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Du schreibst über Organisation. Bahá’u’lláhs göttliche Lehren, Warnungen und Ermahnungen sind offenkundig und klar. Sie bilden die Organisation des Gottesreiches, ihre Anwendung ist Pflicht. Die geringste Abweichung davon ist völliger Irrtum.
Du schreibst über meine Reise nach Amerika. Könntest du sehen, wie die Wogen der Arbeit ständig branden, so wüsstest du, dass die Zeit zum Reisen einfach nicht da ist. Selbst zu Zeiten eines festen Wohnsitzes ist stundenweise Ruhe fast unmöglich. So Gott will, hoffe ich, dass ich mich durch Bahá’u’lláhs Segen zur Reise entschließen kann, sobald Möglichkeiten vorhanden sind, Sinn und Herz zu beruhigen. Ich werde dir dann Nachricht geben.
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O du entzündete Kerze! Dein Brief ist angekommen. Sein Inhalt brachte geistige Freude, denn er war erfüllt von geistigen Gefühlen und zeigte, wie hingezogen dein Herz ist, wie hingegeben an das Reich Gottes und die Liebe zu Seinen göttlichen Lehren.
Wahrlich, du zeigst hehres Mühen, hast reine, heilige Vorsätze, wünschst nichts als Gottes Wohlgefallen, suchst nur grenzenlose Gnadengaben zu erreichen und bist bemüht, die göttlichen Lehren zu verbreiten und schwierige metaphysische Fragen zu erklären. Ich hoffe, dass du und deine verehrte Gemahlin durch die Gunst Bahá’u’lláhs täglich an Festigkeit und Standhaftigkeit wachsen werden, bis ihr in jenem gepriesenen Land zwei hoch flatternde Fahnen und zwei strahlende Leuchten werdet.
Ausgedehnte Reisen im Oktober nach Norden, Süden, Osten und Westen in Begleitung von Frau Maxwell, jener Kerze der Liebe Gottes, wären sehr zu begrüßen. Ich hoffe, dass sie sich vollständig erholen wird. Diese geliebte Dienerin Gottes gleicht einer Feuerflamme; Tag und Nacht denkt sie nur daran, Gott zu dienen. Einstweilen reist durch die nördlichen Staaten, und im Winter eilt in die Staaten des Südens. Euer Dienst sollte in beredten Vorträgen bei Versammlungen bestehen, in denen ihr die göttlichen Lehren verkündigt. Wenn möglich, unternehmt irgendwann eine Reise auf die Hawaii-Inseln.
Die Ereignisse, die bekannt geworden sind, wurden alle vor fünfzig Jahren aufgezeichnet in Bahá’u’lláhs Sendschreiben, die gedruckt, veröffentlicht und in aller Welt verbreitet wurden. Bahá’u’lláhs Lehren sind das Licht des Zeitalters und der Geist des Jahrhunderts. Erklärt sie einzeln bei jeder Zusammenkunft. Die erste ist das Suchen nach Wahrheit, die zweite die Einheit der Menschheit, die dritte der Weltfrieden, die vierte die Übereinstimmung zwischen Wissenschaft und göttlicher Offenbarung, die fünfte das Ablegen rassischer, religiöser, weltlicher und politischer Vorurteile, welche die Grundlage der Menschheit zerstören, die sechste ist Rechtschaffenheit und Gerechtigkeit, die siebte ist die Hebung der Sittlichkeit und himmlische Erziehung, die achte ist die Gleichwertigkeit der beiden Geschlechter, die neunte ist die Verbreitung von Wissen und Erziehung, die zehnte betrifft wirtschaftliche Fragen und so weiter und so fort. Strebet danach, dass die Seelen zum Lichte der Führung gelangen und sich an den Saum Bahá’u’lláhs klammern.
Der Brief, den du beigelegt hast, wurde durchgelesen. Wenn des Menschen Seele geläutert und gereinigt ist, werden geistige Bande geknüpft, und von diesen Banden kommen Empfindungen, die das Herz fühlt. Das Herz des Menschen gleicht einem Spiegel. Ist der Spiegel rein, so stellen sich die Herzen aufeinander ein und spiegeln sich gegenseitig; so werden geistige Gefühle erzeugt. Das ist wie in der Traumwelt, wenn der Mensch vom Greifbaren gelöst ist und Geistiges erfährt. Was für erstaunliche Gesetze wirken da, was für einzigartige Entdeckungen werden gemacht! Es kann sogar sein, dass ausführliche Botschaften empfangen werden…
Zum Schluss hoffe ich, dass die Freunde in Chikago vereint werden und jene Stadt erleuchten; denn in ihr ist das erste Morgenlicht der Sache Gottes erschienen, und darin liegt ihr Vorzug vor anderen Städten. Deshalb gebührt ihr besondere Achtung; vielleicht kann sie – so Gott will – von aller geistigen Not befreit werden, vollkommene Gesundheit erlangen und für Bund und Testament ein Mittelpunkt sein.
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O du geliebte Dienerin Gottes! Dein Brief ist angekommen. Sein Inhalt belegt die Tatsache, dass die Freunde sich mit vollendeter Ausdauer und Lebenskraft um die Verbreitung der himmlischen Lehren mühen. Diese Nachricht macht sehr froh und glücklich, hat doch jedes Zeitalter einen besonderen Geist, und liegt doch der Geist dieses erleuchteten Zeitalters in den Lehren Bahá’u’lláhs; denn sie begründen die Einheit der Menschenwelt und verbreiten weltumspannende Brüderschaft. Sie beruhen auf der Einheit von Wissenschaft und Religion sowie auf dem Forschen nach Wahrheit. Sie vertreten den Grundsatz, dass die Religion Freundschaft, Einheit und Einklang unter den Menschen bewirken muss. Sie begründen die Gleichwertigkeit beider Geschlechter und vertreten wirtschaftliche Grundsätze für das Glück jedes Menschen. Sie verbreiten Erziehung, so dass jede Seele möglichst hohen Anteil am Wissen hat. Sie tilgen und beseitigen Vorurteile religiöser, rassischer, politischer, patriotischer, wirtschaftlicher und anderer Art. Diese Lehren sind überall in den Schriften und Sendschreiben zu finden; sie bringen der Menschenwelt Erleuchtung und Leben. Wer sie verbreitet, dem steht wahrlich das Reich Gottes bei.
Der Präsident der Republik, Dr. Wilson, dient in der Tat dem Reich Gottes, denn er gönnt sich keine Ruhe und bemüht sich Tag und Nacht darum, dass die Rechte aller Menschen gewahrt und gesichert seien, dass die kleinen Nationen wie die größeren in Frieden und Wohlfahrt unter dem Schutz von Recht und Gerechtigkeit leben. Dies ist in der Tat eine edle Absicht. Ich vertraue darauf, dass die unvergleichliche Vorsehung solche Seelen in jeder Lage unterstützt und bestätigt.
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O du wahrer Freund! Lies in der Schule Gottes die Lektionen des Geistes und lerne vom Lehrer der Liebe die tiefsten Wahrheiten. Suche nach den Geheimnissen des Himmels und sprich über Gottes überströmende Gunst und Gnade.
Zwar bedeutet es den höchsten Ruhm der Menschheit, Wissenschaften und Künste zu erwerben, aber nur unter der Bedingung, dass des Menschen Strom in die mächtige See mündet und aus Gottes urewigem Quell Gottes Eingebung schöpft. Sobald das geschieht, ist jeder Lehrer ein uferloses Meer, jeder Schüler ein üppiger Springquell des Wissens. Wenn so das Streben nach Wissen zur Schönheit Dessen führt, der das Ziel allen Wissens ist, wie wunderbar ist dann die Absicht! Andernfalls mag vielleicht ein winziger Tropfen den Menschen vom Strom der Gnade fernhalten, denn mit Gelehrsamkeit gehen Hochmut und Stolz einher; das aber führt zu Irrtum und Gleichgültigkeit gegen Gott.
Die Wissenschaften von heute sind Brücken zur Wirklichkeit. Wenn sie also nicht zur Wirklichkeit führen, bleibt nur nutzlose Einbildung. Bei dem einen wahren Gott! Wenn Wissenserwerb nicht den Zugang bahnt zu Ihm, dem Alloffenbarsten, ist er nur offensichtlicher Verlust.
Es ist deine Pflicht, dir die verschiedenen Wissenszweige anzueignen und dein Antlitz der offenbaren Schönheit zuzuwenden, auf dass du ein Zeichen rettender Führung unter den Völkern der Welt seist, ein Brennpunkt des Verstehens in dieser Sphäre, von der die Weisen mit all ihrer Weisheit ausgeschlossen sind, außer denen, die das Reich des Lichtes betreten und Kunde erhalten von dem verschleierten, verborgenen Mysterium, dem wohlgehüteten Geheimnis.
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O Tochter des Gottesreiches! Dein Brief ist angekommen. Er zeigt, dass du alle deine Gedanken darauf richtest, Licht aus den Reichen des Geheimnisses zu empfangen. Solange der Mensch seine Gedanken verzettelt, erreicht er nichts; wenn sich aber sein Denken auf einen Punkt konzentriert, werden die Früchte wundervoll sein.
Die volle Kraft des Sonnenlichts kann man nicht erhalten, wenn es auf einen flachen Spiegel fällt. Scheint die Sonne aber auf einen konkaven Spiegel oder auf eine konvexe Linse, wird ihre ganze Hitze auf einen einzigen Punkt konzentriert, und dieser eine Punkt wird am heißesten brennen. So ist es auch notwendig, unser Denken auf einen Brennpunkt zu richten, damit es zu einer wirksamen Kraft wird.
Du möchtest den Riḍván-Tag mit einem Fest begehen und die Anwesenden in Frohsinn und Freude Sendschreiben vortragen lassen. Du bittest mich, dir einen Brief zu senden, der an diesem Tag verlesen werden soll. Hier ist mein Brief:
O ihr Geliebten und ihr Dienerinnen des Gnadenvollen! Dies ist der Tag, da die Sonne der Wahrheit am Horizont des Lebens aufging, ihre Herrlichkeit verbreitete und ihren Glanz mit solcher Macht verströmte, dass sie die dichten, hochgetürmten Wolken spaltete und an den Himmeln der Welt in ihrer ganzen Lichtfülle emporstieg. So seid ihr Zeugen, wie alles Erschaffene neu sich regt.
Seht, wie an diesem Tag Wissenschaften und Künste ihren Wirkkreis ausdehnen, welche wunderbaren technischen Fortschritte gemacht werden, zu welcher Höhe sich die Verstandeskräfte erheben und was für erstaunliche Erfindungen erscheinen.
Dieses Zeitalter ist in der Tat wie hundert andere Zeitalter zusammengenommen. Wenn ihr den Gewinn von hundert Zeitaltern zusammentragt und das Gesamtergebnis unserer Zeit dagegensetzt, wird der Gewinn dieses einen Zeitalters sich größer erweisen als der von hundert vergangenen. Nehmt zum Beispiel alle Bücher zusammen, die in vergangenen Zeitaltern geschrieben wurden, und vergleicht sie mit den Büchern und Abhandlungen unserer Zeit: Die Bücher, die allein in unseren Tagen geschrieben werden, übersteigen bei weitem die Gesamtzahl der Bände aller Jahrhunderte. Seht, welch mächtigen Einfluss die Sonne der Welt auf das innerste Wesen alles Erschaffenen ausübt.
Aber weh und ach, tausendmal weh und ach! Die Augen sehen es nicht, die Ohren sind taub, die Herzen und Gemüter vergessen diese höchste Gnadengabe. Strebt mit ganzem Herzen und ganzer Seele danach, die Schlafenden zu erwecken, die Blinden sehen und die Toten auferstehen zu lassen.
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O du Vöglein, das so lieblich die Schönheit Abhá besingt! In dieser neuen, wunderbaren Sendung wurden die Schleier des Aberglaubens zerrissen und die Vorurteile der östlichen Völker missbilligt. Die Musik wurde bei einigen östlichen Völkern als verwerflich angesehen, aber in diesem neuen Zeitalter hat das Licht der Offenbarung in Seinen heiligen Sendbriefen besonders dargelegt, dass Musik, gesungen oder gespielt, geistige Nahrung für Herz und Seele ist.
Die Musik gehört zu den Künsten, die höchstes Lob verdienen. Sie bewegt alle Herzen, die traurig sind. O Shahnáz,A42 spiele und singe darum die heiligen Worte Gottes in den Versammlungen der Freunde mit herrlichen Tönen, so dass die Ketten des Kummers und der Sorge von den Hörern abfallen, ihre Seelen sich vor Freude erheben und sich demütig im Gebet dem Reiche der Herrlichkeit zuwenden.
75
Strebe mit Herz und Seele danach, Einigkeit und Harmonie zwischen Schwarz und Weiß zu schaffen; zeige damit die Einheit der Bahá’í-Welt, in der es keine Unterscheidung nach Rassen gibt, sondern nur auf die Herzen geachtet wird. Preis sei Gott, denn die Herzen der Freunde sind vereint und miteinander verbunden, seien sie vom Osten oder Westen, Norden oder Süden, seien sie Deutsche, Franzosen, Japaner oder Amerikaner, gehören sie der weißen, schwarzen, roten, gelben oder braunen Rasse an. Unterschiede der Hautfarbe, der Herkunft oder Rasse haben in der Bahá’í-Religion keine Bedeutung, im Gegenteil, die Bahá’í-Einheit überwindet sie alle und lässt all diese Einbildungen verschwinden.
76
O du, der du ein erleuchtetes Herz besitzt! Du bist wie die Pupille des Auges, der wirkliche Quell des Lichtes, denn Gottes Liebe hat ihre Strahlen auf dein innerstes Sein gerichtet, und du hast dein Antlitz dem Reich deines Herrn zugewandt.
Der Hass zwischen Schwarz und Weiß sitzt in Amerika sehr tief, aber ich hoffe, dass die Macht des Königreiches diese beiden Rassen in Freundschaft verbinden und ihnen als heilender Balsam dienen wird.
Führt sie dazu, nicht auf die Hautfarbe eines Menschen zu achten, sondern auf sein Herz. Ist des Menschen Herz von Licht erfüllt, so ist er der Schwelle seines Herrn nahe, wenn nicht, ist er seinem Herrn gegenüber gleichgültig, sei er weiß oder schwarz.
77
O du verehrte Dienerin Gottes! Dein Brief aus Los Angeles ist angekommen. Danke der göttlichen Vorsehung, dass du im Dienen Beistand fandest und die Einheit der Menschenwelt verkünden konntest, so dass die düsteren Unterschiede zwischen den Menschen verschwinden und die Einheit der Nationen wie ein Festzelt alle Bereiche überschattet. Ohne diese Einheit sind Ruhe und Behagen, Frieden und weltweite Aussöhnung unerreichbar. Unser erleuchtetes Jahrhundert braucht diese Erfüllung und verlangt danach. In jedem Jahrhundert wird nach den Bedürfnissen der Zeit ein besonderes, zentrales Thema von Gott bestätigt. In unserem erleuchteten Zeitalter ist es die Einheit der Menschenwelt. Jede Seele, die dieser Einheit dient, wird zweifelsohne unterstützt und bestätigt.
Ich hoffe, dass du in den Versammlungen mit einer süßen Melodie Lobpreisungen singen und allen damit Glück und Freude bringen wirst.
78
O du, der du reinen Herzens, geheiligten Geistes, unvergleichlichen Charakters und strahlenden Antlitzes bist! Dein Lichtbild ist angekommen und zeigt deine leibliche Gestalt in höchster Anmut und vollendeter Erscheinung. Du bist dunkel im Angesicht und hell im Charakter. Du bist wie die Pupille des Auges: dunkel an Farbe und doch Urquell des Lichtes und Offenbarer der abhängigen Welt.
Ich habe dich nicht vergessen, noch werde ich dich je vergessen. Ich flehe zu Gott, Er möge dich in Seiner Gnade zum Zeichen Seiner Gaben unter der Menschheit machen, dein Antlitz erleuchten mit dem Lichte solcher Segnungen, wie sie der barmherzige Herr verleiht, und dich damit für Seine Liebe auswählen in dieser Zeit, die vor allen vergangenen Jahrhunderten und Zeitaltern ausgezeichnet ist.
79
O verehrte Persönlichkeit! Ich habe Ihr Werk The Gospel of WealthA43 gelesen und darin sehr zutreffende, vernünftige Empfehlungen gefunden.
Um es kurz zu fassen: Die Lehren Bahá’u’lláhs empfehlen freiwilliges Teilen, und das bedeutet mehr als den Ausgleich des Wohlstands; denn der Ausgleich muss von außen auferlegt werden, Teilen aber ist Sache der freien Wahl.
Der Mensch vervollkommnet sich durch gute Taten, die er freiwillig ausführt, nicht durch gute Taten, zu denen er gezwungen wird. Teilen ist ein persönlich gewählter Akt der Gerechtigkeit. Das heißt, die Reichen sollten den Armen Hilfe gewähren, sollten ihre Mittel für die Armen ausgeben, aber aus freien Stücken und nicht deshalb, weil die Armen dieses Ziel durch Gewalt erreichen. Denn die Ernte der Gewalt ist Aufruhr und der Zerfall der Gesellschaftsordnung. Andererseits führt freiwilliges Teilen, die frei gewählte Ausgabe der eigenen Mittel, zu Wohlfahrt und Frieden der Gesellschaft. Es erleuchtet die Welt; es verleiht der Menschheit Ehre.
Ich habe die edlen Wirkungen Ihrer Menschenfreundlichkeit in Amerika an verschiedenen Universitäten, in Friedensversammlungen und Vereinigungen zur Bildungsförderung gesehen, als ich dort von Stadt zu Stadt reiste. Deshalb bete ich für Sie, dass Sie allezeit von den Gnadengaben und Segnungen des Himmels umfangen sein mögen, um viele menschendienliche Werke in Ost und West zu vollbringen. Mögen Sie wie eine flammende Kerze im Reiche Gottes leuchten, mögen Sie Ehre und ewiges Leben erlangen, strahlend wie ein heller Stern am Horizonte der Ewigkeit.
80
O du, der du dein Angesicht Gott zuwendest! Dein Brief ist angekommen. Seinem Inhalt entnehme ich, dass du den Armen zu dienen wünschst. Welcher Wunsch könnte edler sein! Seelen, die aus dem Reich Gottes stammen, wünschen sich sehnsüchtig, den Armen dienen zu können, mit ihnen zu fühlen, freundlich zu den Unglücklichen zu sein und ihr Leben fruchtbar zu machen. Glücklich bist du, dass du diesen Wunsch hegst.
Übermittle deinen beiden Kindern meine innige Liebe und Güte. Ihre Briefe sind angekommen, aber weil ich keine Zeit habe, kann ich keine besonderen Briefe schreiben. Zeige ihnen in meinem Namen höchste Güte.
81
Die Dienste der Seelen, die während des Krieges für die Armen sorgten und in der Rot-Kreuz-Mission tätig waren, werden im Reiche Gottes angenommen und verhelfen ihnen zu ewigem Leben. Übermittle ihnen diese frohe Botschaft.
82
O du, der du fest im Bündnis stehst! Dein Brief ist angekommen. Du hast dir um jenen Gefangenen große Mühe gemacht, vielleicht trägt das Früchte. Sage ihm aber: »Die Bewohner dieser Welt sind eingesperrt im Gefängnis der Natur – einem Gefängnis, das immer währt und ewig ist. Wenn du derzeit in einem vergänglichen Gefängnis festgehalten wirst, sei nicht bekümmert. Es ist meine Hoffnung, dass du aus dem Gefängnis der Natur befreit werdest und zum Hofe des ewigen Lebens gelangest. Bete Tag und Nacht zu Gott, bitte um Vergebung und Verzeihung. Die Allmacht Gottes wird jede Schwierigkeit lösen.«
83
Übermittle im Namen ‘Abdu’l-Bahás deiner verehrten Frau meine Abhá-Grüße und sage ihr: »Güte, Ausbildung und Erziehung für die Gefangenen sind äußerst wichtig. Du hast dich bemüht, hast einige von ihnen erweckt und veranlasst, ihr Angesicht dem Reiche Gottes zuzuwenden. Diese edle Tat ist höchst annehmbar. Fahre voller Zuversicht damit fort. Übermittle den beiden Gefangenen in San Quentin meine freundlichsten Grüße und sage ihnen: ›Dieses Gefängnis ist in den Augen weiser Seelen eine Schule der Übung und der Entwicklung. Ihr müsst mit Herz und Seele danach streben, dass ihr für euren Charakter und eure Erkenntnis berühmt werdet.‹«
84
O du geliebte Magd Gottes! Dein Brief kam an und sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen.
Für die Masse des Volkes ist die Ehe ein leibliches Band, und diese Verbindung kann nur vorübergehend sein, weil sie von vornherein dazu verurteilt ist, in einer körperlichen Trennung zu enden.
Unter dem Volk Bahás jedoch muss die Ehe sowohl eine leibliche als auch eine geistige Verbindung sein, da Mann und Frau vom selben Weine berauscht sind. Beide sind vom selben unvergleichlichen Antlitz bezaubert, beide leben und entwickeln sich durch den gleichen Geist, beide werden von der gleichen Herrlichkeit erleuchtet. Diese Verbindung ist geistiger Natur, und darum wird dieser Bund ewig bestehen. Ebenso werden sie sich in der stofflichen Welt einer starken, dauerhaften Verbindung erfreuen; denn wenn die Ehe auf Geist und Leib gegründet ist, ist sie eine echte Vereinigung, die überdauern wird. Ist die Verbindung jedoch nur eine leibliche, so ist sie gewiss nur vorübergehend und muss unvermeidlich zur Trennung führen.
Wenn daher das Volk Bahás zu heiraten gedenkt, muss dieser Bund eine echte Beziehung, ein geistiges wie körperliches Zusammenfinden sein, so dass diese Verbindung in allen Lebensabschnitten und Welten Gottes fortdauert, denn diese wahre Einheit ist ein Lichtstrahl der Liebe Gottes.
Ebenso werden die Seelen, wenn sie zu wahren Gläubigen heranwachsen, geistige Verwandtschaft erlangen und eine Zartheit aufweisen, die nicht von dieser Welt ist. Alle werden sie durch einen Hauch der göttlichen Liebe erhoben, und ihre Vereinigung, ihre Verbindung wird ebenfalls ewig bestehen. Seelen, die ihr Selbst dem Vergessen preisgeben, die menschliche Schwächen ablegen und sich von irdischen Bindungen lösen, werden zweifellos mit dem himmlischen Glanz der Einheit erleuchtet und in der unvergänglichen Welt alle zur wahren Vereinigung gelangen.
85
Was die Frage der Heirat im Einklang mit dem Gesetz Gottes betrifft: Zunächst musst du jemanden finden, der dir gefällt, und dann unterliegt die Sache der Zustimmung von Vater und Mutter. Ehe du nicht gewählt hast, haben sie kein Recht, sich einzumischen.
86
Bahá’í-Ehe bedeutet die Bindung zweier Partner aneinander, ihre gegenseitige Zuneigung mit Kopf und Herz. Jeder von beiden muss sich jedoch voller Sorgfalt bemühen, mit der Wesensart des anderen gründlich vertraut zu werden, so dass der feste Bund zwischen ihnen eine ewige Bindung werde. Ihr Bestreben muss sein, liebevolle Gefährten und für immer und ewig miteinander eins zu sein…
Die wahre Bahá’í-Ehe bedeutet, dass Mann und Frau leiblich und geistig eins sein sollen, dass sie einander ständig in ihrem geistigen Leben vervollkommnen und sich in allen Welten Gottes ewiger Einheit erfreuen. Dies ist die Bahá’í-Ehe.
87
O du Zeichen der Erinnerung an den, der für die Gesegnete Schönheit starb! Kürzlich kam die glückliche Nachricht deiner Vermählung mit jenem leuchtenden Blatt und hat die Herzen des Volkes Gottes ungemein erfreut. Voller Bescheidenheit wurden Fürbitten an der Heiligen Schwelle dargebracht, dass diese Ehe den Freunden ein Freudenbote sei, dass sie ein Liebesband werde für alle Ewigkeit, dass sie ewigwährende Gaben und Früchte hervorbringe.
Aus der Trennung kommt alle Art Schaden und Leid, aber die Vereinigung von Erschaffenem führt zu höchst löblichen Ergebnissen. In der Paarung selbst der kleinsten Teilchen aus der Welt des Seins offenbart sich Gottes Güte und Gnade, und je höher die Stufe, umso bedeutender ist die Vereinigung. »Ehre sei Ihm, der alle Paare erschaffen hat aus den Dingen, welche die Erde hervorbringt, aus den Menschen selbst und aus den Dingen jenseits ihres Gesichtskreises.«Q17 Und erhaben über jede andere Verbindung ist die Verbindung der Menschen miteinander, besonders wenn sie in der Liebe Gottes zustande kommt. So wird die Ureinheit sichtbar, so wird die Grundlage der Liebe im Geiste gelegt. Es ist gewiss, dass eine Heirat wie die eure zur Offenbarung göttlichen Segens führt. So wünschen wir euch Glück und himmlischen Segen und bitten Ihn, die Gesegnete Schönheit, durch Seine Hilfe und Gnade dieses Hochzeitsfest zu einer großen Freude für alle zu machen und es mit der Harmonie des Himmels zu schmücken.
O mein Herr, o mein Herr! Diese beiden hellen Gestirne sind in Deiner Liebe vermählt, vereint in der Dienstbarkeit an Deiner heiligen Schwelle, in der Arbeit für Deine Sache. Mache diese Ehe zum Leitstern Deiner überreichen Gnade, o mein Herr, Du Allbarmherziger, und zum leuchtenden Strahl Deines Segens, Du Wohltäter, Du Immergebender, auf dass von diesem großen Baum Zweige sprießen, die grünen und blühen durch die Gaben, die wie der Regen aus den Wolken Deiner Gnade fallen.
Wahrlich, Du bist der Freigebige, wahrlich, Du bist der Allmächtige, wahrlich, Du bist der Mitleidvolle, der Allbarmherzige.
88
O meine beiden geliebten Kinder! Als mich die Nachricht eurer Verbindung erreichte, brachte sie mir große Freude und Dankbarkeit. Preis sei Gott, diese beiden treuen Vögel suchen Schutz im gleichen Nest. Ich flehe zu Gott, dass Er sie befähige, eine ehrbare Familie zu gründen, denn die Bedeutung der Ehe liegt darin, eine reich gesegnete Familie aufzuziehen, damit sie voller Freude wie Kerzen die Welt erleuchte. Denn die Erleuchtung der Welt hängt von des Menschen Dasein ab. Gäbe es in dieser Welt den Menschen nicht, so wäre sie ein Baum ohne Frucht. Ich hoffe, dass ihr beide wie ein Baum werdet, anmutig frisch durch den Regen aus der Wolke der Güte, blühend und fruchtbar, so dass euer Geschlecht ewig fortdauert.
Auf euch sei die Herrlichkeit des Allherrlichen.
89
O du, der du standhaft im Bündnis bist! Dein Brief vom 2. Mai 1919 ist eingetroffen. Danke Gott, dass du in Prüfungen fest und standhaft bist und dich an das Reich Abhá hältst. Keine Betrübnis kann dich wankend machen, kein Unheil dich verwirren. Erst wenn der Mensch geprüft wird, trennt sich das reine Gold deutlich von der Schlacke. Schmerzenspein ist das Feuer der Prüfung, darin das reine Gold prächtig glänzt, alles Unreine jedoch schwarz wird und verbrennt. Du bist jetzt, Dank sei Gott, fest und standhaft in Prüfungen und Heimsuchungen. Sie erschüttern dich nicht.
Deine Frau ist nicht im Einklang mit dir, doch – Gott sei gelobt – die Gesegnete Schönheit ist zufrieden mit dir und verleiht dir reiche Segensgaben. Bemühe dich aber auch weiterhin, geduldig mit deiner Frau zu sein; vielleicht wird sie verwandelt und ihr Herz erleuchtet. Dein Beitrag für die Lehrarbeit ist hoch anzuerkennen. Er wird im Reich Gottes ewig erwähnt werden; denn er führt zur Verbreitung der Düfte und zur Erhöhung von Gottes Wort.
90
O Gott, mein Gott! Deine Magd ruft Dich an, wendet vertrauensvoll ihr Angesicht Dir zu mit Bitten und Flehen: Ergieße über sie Deine himmlischen Gnadengaben, enthülle ihr Deine geistigen Geheimnisse und wirf auf sie das Licht Deiner Göttlichkeit.
O mein Herr! Mache die Augen meines Gemahls sehend, erfreue sein Herz mit dem Lichte Deiner Erkenntnis, ziehe sein Gemüt hin zu Deiner strahlenden Schönheit und erheitere seinen Geist mit der Enthüllung Deiner offenbaren Herrlichkeit.
O mein Herr! Nimm den Schleier von seinen Augen, lasse Deine reichen Gnadengaben auf ihn herabregnen, berausche ihn mit dem Wein der Liebe zu Dir, mache ihn zu einem Deiner Engel, deren Füße über die Erde wandeln, während ihre Seelen sich in die höchsten Himmel aufschwingen. Mache ihn zu einer strahlenden Lampe, die mit dem Licht Deiner Weisheit inmitten Deines Volkes scheint.
Wahrlich, Du bist der Kostbare, der Immergewährende, der Freigebige.
91
O du, der du dich im Gebet vor dem Reiche Gottes niederbeugst. Selig bist du, denn die Schönheit des göttlichen Antlitzes hat dein Herz entzückt, das Licht innerer Weisheit hat es ganz erfüllt, und der Glanz des Gottesreiches leuchtet darin. Wisse, dass Gott in allen Lebenslagen mit dir ist, dass Er dich schützt vor den Wechselfällen dieser Welt und dich zu einer Dienerin in Seinem großen Weinberg gemacht hat…
Was deinen verehrten Gemahl betrifft, so musst du ihn voller Güte behandeln, auf seine Wünsche Rücksicht nehmen und stets auf Ausgleich bedacht sein, bis er sieht, dass deine Zuneigung zu ihm, deine Liebe zu Gott und auch deine Rücksicht auf seine Wünsche in allen Lebenslagen nur zugenommen haben, weil du dich dem Reiche Gottes zugewandt hast.
Ich bitte den Allmächtigen, dich fest in Seiner Liebe zu bewahren und dich immerdar die süßen Düfte der Heiligkeit in alle jene Bereiche verströmen zu lassen.
92
O ihr, die ihr beide an Gott glaubt! Der Herr, einzig ist Er, hat Mann und Frau erschaffen, damit sie in engster Gemeinschaft miteinander leben und wie eine einzige Seele seien. Sie sind zwei Gefährten, zwei nahe Freunde, die gegenseitig auf ihr Wohl bedacht sein sollten.
Wenn sie so leben, werden sie diese Welt vollkommen zufrieden, glückselig und heiteren Gemüts durchschreiten, um im Himmelreich zum Ziel göttlicher Gnade und Gunst zu werden. Aber wenn sie sich anders verhalten, wird sich ihr Leben in großer Bitterkeit verzehren, jeden Augenblick werden sie den Tod herbeisehnen, und im Himmelreich werden sie beschämt sein.
Seid daher bemüht, mit Leib und Seele wie zwei Tauben in einem Nest miteinander zu wohnen, denn dies bedeutet Segen in beiden Welten.
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O du Dienerin Gottes! Jede Frau, die Gottes Dienerin wird, überstrahlt in ihrer Herrlichkeit die Kaiserinnen der Welt, denn sie ist Gott verbunden, und ihre Souveränität währt ewiglich. Dagegen wird eine Handvoll Staub Namen und Ruf jener Kaiserinnen auslöschen. Mit anderen Worten: Sobald sie ins Grab sinken, werden sie zunichte. Die Dienerinnen des Königreichs Gottes dagegen genießen ewige Souveränität, unangetastet von der Vergänglichkeit der Jahrhunderte und der Geschlechterfolgen.
Denke darüber nach, wie viele Kaiserinnen seit der Zeit Christi kamen und gingen. Jede herrschte über ein Land; aber heute sind alle Spuren und Namen von ihnen verloren, während Maria Magdalena, die nur eine Bäuerin und Gottes Dienerin war, noch immer vom Horizonte ewiger Herrlichkeit strahlt. Strebe deshalb danach, Gottes Dienerin zu bleiben.
Du hast die Tagung gelobt. Diese Jahrestagung wird in Zukunft große Bedeutung erlangen, denn sie dient dem Reiche Gottes und der Menschenwelt. Sie verkündet den Weltfrieden und legt den Grund für die Einheit der Menschheit. Sie befreit die Seelen von religiösen, rassischen und weltlichen Vorurteilen und versammelt sie im Schatten von Gottes einfarbigem Thronzelt. So preise denn Gott, dass du solch einer Tagung beiwohnen und den göttlichen Lehren lauschen durftest.
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O Dienerinnen der Schönheit Abhá! Euer Brief kam an, und ihn zu lesen, brachte große Freude. Gelobt sei Gott, die Frauen unter den Gläubigen haben Treffen veranstaltet, um zu lernen, wie man den Glauben verbreitet, die süßen Düfte der Lehren verströmt und Pläne für die Erziehung der Kinder aufstellt.
Diese Zusammenkunft muss durch und durch geistig sein. Das bedeutet, die Diskussionen müssen sich darauf beschränken, klare und schlüssige Beweise aufzustellen, dass die Sonne der Wahrheit in der Tat aufgegangen ist. Weiterhin sollten sich die Anwesenden mit allen Möglichkeiten der Mädchenerziehung beschäftigen, mit dem Mädchenunterricht auf verschiedenen Wissensgebieten: Wohlverhalten und ordentliche Lebensführung, Charakterbildung, Keuschheit und Treue, Standhaftigkeit, Kraft, Entschlossenheit, fester Vorsatz; ferner Haushaltsführung, Kindererziehung und was sonst Mädchen besonders brauchen. Aufgezogen in der Hochburg aller Vollkommenheiten, versehen mit dem Schutz eines edlen Charakters, werden diese Mädchen, wenn sie selbst Mütter sind, ihre Kinder von frühester Jugend an zu einem edlen Charakter und zu rechtem Verhalten erziehen.
Lasst sie auch lernen, was der leiblichen Gesundheit dient und wie sie ihre Kinder vor Krankheit schützen können.
Wenn so alles wohl geordnet ist, wird jedes Kind zu einer unvergleichlichen Pflanze in den Gärten des Paradieses Abhá.
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O Dienerinnen des Herrn! Die geistige Versammlung, die ihr in jener erleuchteten Stadt einberufen habt, ist überaus segensreich. Ihr habt große Anstrengungen unternommen, habt die anderen übertroffen, euch erhoben, an der Heiligen Schwelle zu dienen, und himmlische Gnadengaben erlangt. Nun müsst ihr euch mit allem geistigen Eifer in dieser erleuchteten Versammlung treffen, die Heiligen Schriften vorlesen und des Herrn gedenken. Legt Seine Zeugnisse und Beweise dar. Arbeitet für die Führung der Frauen in jenem Lande, lehrt die jungen Mädchen und Kinder, damit die Mütter ihre Kleinen von frühester Kindheit an sorgfältig erziehen, sie zu einem guten Charakter und hoher Sittlichkeit anleiten, sie zu allen Tugenden der Menschheit führen, die Entwicklung tadelnswerten Betragens verhindern und sie im Schoße der Bahá’í-Erziehung fördern. So sollen diese zarten Kinder am Busen der Erkenntnis und Liebe Gottes genährt werden. So sollen sie wachsen und gedeihen, erzogen in Rechtschaffenheit, menschlicher Würde, Entschlossenheit und im Willen zu Strebsamkeit und Ausdauer. So sollen sie Beständigkeit in allen Dingen lernen, den Willen, voranzukommen, Hochherzigkeit und edle Entschlossenheit, Keuschheit und Reinheit des Lebens. So sollen sie fähig werden, was immer sie unternehmen, zu einem erfolgreichen Ende zu führen.
Die Mütter sollten daran denken, dass alles, was Kindererziehung berührt, den Vorrang hat. Sie sollten in dieser Hinsicht jede Anstrengung unternehmen, denn wenn der Zweig grün und zart ist, wird er in jede vorgegebene Richtung wachsen. Darum ist es die Pflicht der Mütter, ihre Kleinen so heranzuziehen, wie ein Gärtner seine jungen Pflanzen pflegt. Tag und Nacht sollen sie sich bemühen, in ihren Kindern Glauben und Gewissheit, Gottesfurcht, Liebe zu dem Geliebten der Welten sowie alle guten Eigenschaften und Charakterzüge zu verankern. Wann immer eine Mutter sieht, dass ihr Kind etwas gut gemacht hat, soll sie es loben, ihre Anerkennung äußern und sein Herz erfreuen. Und wenn sich der kleinste unerwünschte Zug zeigt, soll sie dem Kind raten, die Mittel der Vernunft gebrauchen und erforderlichenfalls das Kind auch durch sanften mündlichen Tadel strafen. Es ist jedoch nicht erlaubt, ein Kind zu schlagen oder es verächtlich zu machen, denn der Charakter des Kindes wird durch Prügel oder Beschimpfung völlig verdorben.
96
O Dienerinnen des Barmherzigen! Bringt der Urewigen Schönheit euren Dank dar, dass ihr erhoben und versammelt wurdet in diesem mächtigsten Jahrhundert, diesem erleuchtetsten Zeitalter. Als angemessenen Dank für diesen Segen bleibt fest und stark im Bündnis, folgt den Geboten Gottes und dem heiligen Gesetz und säugt eure Kinder vom ersten Tag an mit der Milch allumfassender Erziehung! Erzieht sie so, dass von frühester Kindheit an tief in ihren Herzen, in ihrem ureigensten Wesen, eine Lebensart fest begründet wird, die mit den göttlichen Lehren völlig übereinstimmt.
Mütter sind die ersten Erzieher, die ersten Berater; sie sind es wahrlich, die das Glück, die zukünftige Bedeutung, die Liebenswürdigkeit, Bildung und Urteilskraft, das Verständnis und den Glauben ihrer Kleinen vorherbestimmen.
97
Es gibt bestimmte Pfeiler, die als unerschütterliche Stützen des Glaubens Gottes errichtet sind. Die mächtigsten Pfeiler sind Bildung, der Gebrauch des Verstandes, die Erweiterung des Bewusstseins, die Einsicht in die Wirklichkeiten des Weltalls und in die verborgenen Geheimnisse des allmächtigen Gottes.
Wissen zu fördern, ist somit eine unausweichliche Pflicht für jeden einzelnen Freund Gottes. Es obliegt jenem Geistigen Rat, jener Versammlung Gottes, alle Mühe für die Erziehung der Kinder auf sich zu nehmen, damit sie sich von frühester Kindheit in der Lebensführung als Bahá’í auf Gottes Wegen üben, um wie junge Pflanzen an den sanft fließenden Wassern der Ratschläge und Ermahnungen der Gesegneten Schönheit zu gedeihen und zu blühen.
98
Gäbe es keinen Erzieher, blieben alle Seelen roh und wild, und gäbe es keinen Lehrer, so wären die Kinder unwissende Geschöpfe.
Deshalb sind in diesem neuen Zyklus Erziehung und Ausbildung im Buche Gottes als Pflicht verzeichnet, nicht als freiwillige Angelegenheit. Das bedeutet, Vater und Mutter sind verpflichtet, Tochter und Sohn mit größter Anstrengung auszubilden, sie an der Brust der Erkenntnis zu nähren und sie aufzuziehen am Busen der Wissenschaften und Künste. Wer diese Aufgabe vernachlässigt, der wird in Gegenwart des gestrengen Herrn zur Rechenschaft gezogen und mit Vorwürfen überhäuft werden.
99
Du schreibst über die Kinder: Von allem Anfang an müssen die Kinder göttliche Erziehung erhalten und ständig erinnert werden, ihres Gottes zu gedenken. Lasse die Liebe Gottes mit der Muttermilch ihr tiefstes Wesen durchdringen.
100
Es ist mein Wunsch, dass diese Kinder eine Bahá’í-Erziehung erhalten, so dass sie hienieden wie im Gottesreich Fortschritte machen und dein Herz erfreuen.
In nächster Zeit werden die Sitten auf eine sehr niedere Stufe sinken. Es ist wichtig, dass die Kinder nach Bahá’í-Art erzogen werden, damit sie in dieser und der zukünftigen Welt glücklich werden. Gelingt das nicht, so werden sie von Kummer und Mühsal umgeben sein; denn menschliches Glück gründet sich auf geistiges Verhalten.
101
O ihr, die ihr Seelenfrieden habt! In den göttlichen Versen des Heiligsten Buches wie auch in anderen Sendschreiben steht: Es ist Pflicht des Vaters und der Mutter, ihre Kinder sowohl zu rechtem Verhalten als auch zum Studium der Bücher zu erziehen. Studium bedeutet im erforderlichen Umfang, so dass kein Kind, ob Mädchen oder Junge, Analphabet bleibt. Wenn der Vater seine Pflicht versäumt, muss er gezwungen werden, seiner Verantwortung nachzukommen, und wenn ihm das nicht möglich ist, hat das Haus der Gerechtigkeit die Erziehung der Kinder zu übernehmen; in keinem Fall darf ein Kind ohne Erziehung bleiben. Das ist eines der bindenden, unumstößlichen Gebote. Seine Missachtung würde den zornigen Unwillen des allmächtigen Gottes hervorrufen.
102
O ihr wahren Gefährten! Die ganze Menschheit gleicht Kindern in der Schule, und die Aufgangsorte des Lichtes, die Quellen göttlicher Offenbarung, sind die Lehrer, wundersam und ohnegleichen. In der Schule der Wirklichkeiten erziehen sie diese Söhne und Töchter nach Gottes Lehren und nähren sie an der Brust der Gnade, damit sie sich in jeder Hinsicht entwickeln, die vortrefflichen Gnadengaben des Herrn dartun und menschliche Vollkommenheiten in sich vereinen, damit sie ferner auf allen Gebieten menschlichen Bemühens, äußerlich wie innerlich, erkennbar oder verborgen, stofflich oder geistig, Fortschritte machen, bis sie diese vergängliche Welt zu einem großflächigen Spiegel machen, der die andere, die unsterbliche Welt, widerspiegelt.
O ihr Freunde Gottes! Weil die Sonne der Wahrheit in diesem bedeutendsten aller Zeitalter zum höchsten Punkt der Frühlings-Tagundnachtgleiche emporgestiegen ist und ihre Strahlen auf alle Landstriche wirft, wird sie in der Welt des Seins solch prickelnde Erregung entfachen, solche Schwingungen auslösen, solches Wachstum und solche Entwicklung in Gang setzen, mit solcher Herrlichkeit ihr Licht verströmen, die Wolken der Gnade in solcher Fülle ergießen, Felder und Auen mit einer solchen Myriade süßduftender Pflanzen und Blumen übersäen, dass diese bescheidene Erde zum Reich Abhá, diese niedere Welt zur Welt der Höhe erhoben wird. Dann wird dieser kleine Staubfleck wie der weite Himmelskreis, diese menschliche Stätte wird Gottes Königshof, diese Handvoll Lehm wird zum Morgen unendlicher Gunstbeweise des Herrn der Herren.
So strengt euch denn mächtig an, ihr Geliebten Gottes, damit ihr diesen Fortschritt und alle diese Bestätigungen an euch selber zeigt und Brennpunkte für Gottes Gnadengaben, Aufgangsorte Seiner lichtvollen Einheit, Förderer aller Segnungen und Gunstbeweise kultivierten Lebens werdet! Werdet dortzulande zur Vorhut menschlicher Vollkommenheit, tragt die verschiedenen Wissenszweige voran, seid aktiv und fortschrittlich auf dem Gebiet der Erfindungen und Künste. Bemüht euch, das menschliche Verhalten zu verbessern, und trachtet danach, die ganze Welt sittlich zu übertreffen. Solange die Kinder noch klein sind, nährt sie an der Brust himmlischer Gnade, hegt sie in der Wiege aller Vollkommenheiten, zieht sie groß in den Armen der Gabenfülle. Gönnt ihnen den Vorzug alles brauchbaren Wissens. Lasst sie teilhaben an jedem neuen, trefflichen, wundersamen Handwerk und Kunstgewerbe. Erzieht sie zu Arbeit und Einsatz, gewöhnt sie an Mühsal. Lehrt sie, ihr Leben wichtigen Dingen zu widmen, begeistert sie zu Studien, die der Menschheit nützen.
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Die Erziehung und Ausbildung der Kinder gehört zu den verdienstvollsten Taten der Menschheit. Sie zieht die Gnade und den Segen des Allbarmherzigen auf sich; denn Erziehung ist die unentbehrliche Grundlage jeder herausragenden menschlichen Leistung und erlaubt dem Menschen, sich seinen Weg zu den Höhen immerwährender Herrlichkeit zu bahnen. Wird ein Kind vom Säuglingsalter an erzogen, so trinkt es durch die liebende Fürsorge des heiligen Gärtners aus den kristallenen Wassern des Geistes und der Erkenntnis, wie ein junger Baum an plätschernden Bächen. Es wird gewiss die hellen Sonnenstrahlen der Wahrheit auf sich ziehen; durch der Sonne Licht und Wärme wird es allzeit frisch und schön im Garten des Lebens gedeihen.
Deshalb muss der treue Ratgeber zugleich Arzt sein, das heißt, er muss das Kind beim Unterricht von Fehlern heilen, ihm Wissen vermitteln und es gleichzeitig zu geistiger Wesensart erziehen. Lasst den Lehrer Arzt sein für den Charakter des Kindes. Damit wird er die geistigen Leiden der Menschenkinder heilen.
Wenn große Mühe auf diese wichtige Aufgabe verwandt wird, erstrahlt die Menschenwelt in neuem Schmuck und verströmt helles Licht. Dann wird dieser dunkle Ort erleuchtet, dieser irdene Wohnsitz in den Himmel verwandelt. Selbst Teufel werden dann zu Engeln, Wölfe zu Hirten, die Meute wilder Hunde zu Gazellen, die auf den Auen der Einheit grasen; reißende Bestien werden zu friedlichen Herden, Greifvögel mit messerscharfen Krallen werden zu Sängern, die ihre süßen Lieder trillern.
Denn die innere Wirklichkeit des Menschen ist eine Grenzlinie zwischen Schatten und Licht, der Ort, an dem die beiden Meere aufeinandertreffen.A44 Sie ist der niedrigste Punkt des absteigenden BogensA45 und deshalb fähig, alle Stufen darüber zu erreichen. Durch Erziehung kann sie jeden Vorzug gewinnen; ohne Erziehung bleibt sie dem niedersten Punkt der Unvollkommenheit verhaftet.
Jedes Kind hat die Möglichkeit in sich, das Licht der Welt zu sein – und genauso ihre Dunkelheit. Deshalb muss der Frage der Erziehung höchste Bedeutung beigemessen werden. Vom Säuglingsalter an muss das Kind an der Brust der Liebe Gottes genährt und in den Armen Seiner Erkenntnis gehegt werden, damit es Licht verströme, in der Geistigkeit wachse, erfüllt sei von Weisheit und Bildung und die Eigenschaften der Engelsschar annehme.
Euch ist diese heilige Aufgabe übertragen. So müsst ihr euch Mühe geben, jene Schule in jeder Hinsicht auf der ganzen Welt berühmt zu machen. Sorgt dafür, dass durch sie das Wort des Herrn verherrlicht wird.
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O ihr Geliebten Gottes und Dienerinnen des Barmherzigen! Ein großer Teil der Gelehrten ist der Ansicht, dass Abweichungen bei den Verstandeskräften und verschiedenartige Stufen der Wahrnehmungsfähigkeit auf Unterschiede der Erziehung, Ausbildung und Kultur zurückgehen. Sie glauben also, dass die Verstandeskräfte anfangs gleich sind, dass jedoch Ausbildung und Erziehung geistige Unterschiede und Abstufungen der Intelligenz hervorbringen und dass solche Unterschiede kein angeborener Teil der Person, sondern Ergebnis der Erziehung sind, dass also niemand von Geburt an anderen überlegen ist…
Die Manifestationen Gottes stimmen darin überein, dass die Erziehung den größtmöglichen Einfluss auf die Menschheit ausübt. Sie betonen jedoch, dass Unterschiede im Grad der Intelligenz angeboren sind. Diese Tatsache ist offensichtlich, sie braucht nicht diskutiert zu werden. Wir sehen, wie Kinder desselben Alters, desselben Landes, derselben Rasse, ja sogar derselben Familie, die durch dieselbe Person ausgebildet werden, trotzdem verschieden in ihrer Aufnahmefähigkeit und Intelligenz sind. Der eine macht schnelle Fortschritte, der zweite nimmt die Anleitungen nur allmählich auf, ein dritter bleibt auf der niedersten Stufe stehen. Wie sehr man auch eine Muschelschale poliert, es wird keine glänzende Perle daraus. Auch kann man keinen stumpfen Kiesel in einen Edelstein verwandeln, dessen reines Funkeln die Welt erleuchtet. Niemals wird sich der Bitterapfel und der HöllenbaumA46 durch Erziehung und Kultivierung in den Baum des SegensA47 verwandeln. Das heißt, Erziehung kann das innere Wesen des Menschen nicht ändern; aber sie übt gewaltigen Einfluss aus, und mit dieser Kraft kann sie aus dem einzelnen hervorbringen, was an Vollkommenheiten und Fähigkeiten in ihm angelegt ist. Ein Weizenkorn wird eine ganze Ernte bringen, wenn es vom Bauern kultiviert wird, und ein Samenkorn wird durch die Pflege des Gärtners zu einem großen Baum heranwachsen. Dank den liebevollen Bemühungen eines Lehrers können Grundschulkinder die höchsten Stufen der Vollendung erreichen; seine Wohltat kann tatsächlich manches unscheinbare Kind auf einen hehren Thron heben. Das zeigt klar, dass die Verstandeskräfte von Natur aus in ihrer Leistungsfähigkeit voneinander abweichen, die Erziehung aber für ihre Entwicklung eine große Rolle spielt und machtvollen Einfluss ausübt.
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Der Unterschied zwischen der heute herrschenden materiellen Zivilisation und der göttlichen Kultur, die eine der vom Haus der Gerechtigkeit ausgehenden Wohltaten sein wird, besteht im Folgenden: Die materielle Zivilisation schreckt das Volk durch den Zwang vergeltender Strafgesetze von Verbrechen ab, und obwohl diese vergeltenden Strafgesetze ständig weiter wuchern, gibt es, wie ihr seht, keine Gesetze, die den Menschen belohnen. In allen Städten Europas und Amerikas wurden riesige Gebäude errichtet, die als Gefängnisse für Straffällige dienen.
Die göttliche Kultur indessen erzieht jedes Glied der Gesellschaft so, dass außer ganz wenigen niemand ein Verbrechen begeht. Es besteht daher ein großer Unterschied zwischen der Verbrechensverhütung durch gewalttätige, vergeltende Maßnahmen und derartiger Erziehung, Aufklärung und Vergeistigung, dass die Menschen ohne Angst vor Strafe oder Rache Verbrechen unterlassen. Sie werden fürwahr schon das Begehen eines Verbrechens als eine große Schande und als die härteste Strafe ansehen. Sie werden sich in die menschlichen Vollkommenheiten verlieben und ihr Leben dem weihen, was der Welt Licht bringt und die an der heiligen Schwelle Gottes annehmbaren Tugenden fördert.
Sieh nun, wie groß der Unterschied zwischen der materiellen Zivilisation und der göttlichen Kultur ist. Die materielle Zivilisation will das Volk durch Gewalt und Strafe abschrecken, Unheil zu stiften, der Gesellschaft Schaden zuzufügen und Verbrechen zu begehen. In einer göttlichen Kultur wird der Mensch jedoch so erzogen sein, dass er ohne Angst vor Strafe vor dem Verbrechen zurückschaudert, das Verbrechen als die größte Pein ansieht und sich mit freudiger Dienstbereitschaft anschickt, die Tugenden der Menschheit zu erwerben, den menschlichen Fortschritt zu fördern und Licht über die Welt zu verbreiten.
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Zu den größten Diensten, die der Mensch dem allmächtigen Gott je erweisen kann, gehört die Erziehung und Ausbildung von Kindern, jungen Pflanzen im Paradies Abhá, so dass diese Kinder wie Perlen göttlicher Großmut in der Muschel der Erziehung wachsen, gehegt in Gnade auf dem Pfade des Heils, bis sie schließlich juwelengleich die Krone ewiger Herrlichkeit schmücken.
Es ist jedoch sehr schwierig, diesen Dienst zu leisten, und noch schwerer ist es, darin Erfolg zu haben. Ich hoffe, du wirst dich bei dieser wichtigsten Aufgabe bewähren, den Sieg davontragen und zum Banner der überfließenden Gnade Gottes werden. Auch hoffe ich, dass diese Kinder, allesamt in den heiligen Lehren gehegt und behütet, Charaktere wie die süßen Lüfte aus den Gärten des Allherrlichen entwickeln und ihren Duft über die ganze Welt verbreiten.
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‘Abdu’l-Bahá hofft, dass jene jungen Seelen im Schulsaal vertieften Wissens von einem Lehrer geführt werden, der sie lieben lehrt. Mögen sie in allen Bereichen des Geistes viel über die verborgenen Geheimnisse lernen, so viel, dass jeder im Königreich des Allherrlichen wie eine sprachbegabte Nachtigall die Geheimnisse des Himmelreiches kündet und wie ein sehnsüchtig Liebender seine brennende Not, sein heißes Verlangen nach dem Geliebten hervorstößt.
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Der Charakterfrage solltet ihr die größte Bedeutung zumessen. Es ist die Pflicht jeden Vaters und jeder Mutter, ihre Kinder lange Zeit zu beraten und sie zu den Dingen zu führen, die zu ewiger Ehre gereichen.
Ermutigt die Schulkinder von Jugend auf, wohlgesetzte Reden zu halten, so dass sie in ihrer Freizeit damit beschäftigt sind, überzeugende, wirksame Ansprachen zu halten und sich dabei klar und beredt auszudrücken.
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O ihr, die ihr Gottes Gunst empfanget! Die unerschütterliche Grundlage dieses neuen, wunderbaren Zeitalters ist das Lehren der Wissenschaften und Künste. Nach den ausdrücklichen Heiligen Worten muss jedes Kind in ausreichendem Maß in Kunst und Handwerk unterwiesen werden. Deshalb müssen in jeder Stadt und jedem Dorf Schulen errichtet werden, und jedes Kind dieser Stadt oder dieses Dorfes muss im nötigen Umfang lernen.
Es folgt daraus, dass jede Seele, die mithilft, das zu verwirklichen, an der himmlischen Schwelle mit Sicherheit aufgenommen und von den himmlischen Heerscharen gepriesen wird.
Da ihr euch um dieses überragend wichtige Ziel so sehr bemüht habt, hoffe ich, dass ihr euren Lohn vom Herrn klarer Zeichen und Beweise erntet und die Blicke himmlischer Gnade sich auf euch richten.
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Was die Organisation der Schulen betrifft: Wenn möglich, sollten die Kinder alle dieselbe Art Kleidung tragen, selbst wenn der Stoff verschieden ist. Am besten wäre auch der Stoff einheitlich; ist das aber unmöglich, so schadet es auch nicht. Je sauberer die Schüler sind, desto besser. Sie sollten makellos sein. Die Schule muss an einem Ort mit guter, reiner Luft sein. Die Kinder müssen sorgfältig dazu erzogen werden, äußerst höflich zu sein und sich gut zu betragen. Sie müssen fortwährend ermutigt und begeistert werden, zu den Gipfeln menschlicher Vervollkommnung zu streben, so dass sie von frühester Kindheit an gelehrt werden, sich hohe Ziele zu setzen, sich richtig zu verhalten, keusch, rein und makellos zu sein, und dass sie lernen, in jeder Hinsicht starke Entschlusskraft und festen Vorsatz zu zeigen. Lasst sie nicht spaßen und tändeln, sondern ihre Ziele gewissenhaft verfolgen, dass sie in jeder Lage entschlossen und gefestigt sind.
Moralische Erziehung und gutes Benehmen sind viel wichtiger als Bücherwissen. Ein sauberes, anmutiges Kind mit gutem Charakter und richtigem Benehmen ist – selbst dann, wenn es nicht viel weiß – einem Kind vorzuziehen, das unhöflich, ungewaschen und boshaft, doch in allen Künsten und Wissenschaften bewandert ist. Der Grund ist, dass das Kind, das sich gut benimmt, auch wenn es nicht viel weiß, für andere zum Gewinn wird, während das boshafte, ungezogene Kind verderbt ist und anderen schadet, selbst wenn es viel weiß. Wenn jedoch das Kind so erzogen wird, dass es beides ist, gebildet und gut, so führt das zum strahlendsten Licht.
Kinder sind wie ein frischer, grüner Zweig; sie werden in diejenige Richtung wachsen, in die ihr sie biegt. Verwendet die allergrößte Sorgfalt darauf, ihnen hohe Ideale und Ziele zu vermitteln, so dass sie als Erwachsene ihre Lichtstrahlen wie leuchtende Kerzen über die Welt ergießen und sich nicht achtlos-unwissend durch tierische Gelüste und Leidenschaften entehren. Sie sollen stattdessen ihre Herzen darauf richten, ewigwährende Ehre zu erlangen und sich alle Vollkommenheiten der Menschheit anzueignen.
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Die Wurzel schlechter Taten ist Unwissenheit; wir müssen uns deshalb fest an die Werkzeuge der Wahrnehmung und Erkenntnis halten. Ein guter Charakter muss gelehrt werden. Das Licht muss weithin verbreitet werden, damit alle in der Schule der Menschlichkeit die himmlischen Eigenschaften des Geistes erwerben und zweifelsfrei erkennen, dass es keine heißere Hölle, keinen feurigeren Abgrund gibt als einen unzuverlässigen, verderbten Charakter. Es gibt keine dunklere Grube, keine abscheulichere Qual als verdammungswürdige Eigenschaften.
Jeder Mensch muss zu einer so hohen Stufe erzogen werden, dass er sich lieber die Kehle durchschneiden lässt, als eine Lüge auszusprechen, und dass es für ihn leichter ist, vom Schwert geteilt oder vom Speer durchbohrt zu werden, als eine Verleumdung zu äußern oder dem Jähzorn zu verfallen.
So wird der Sinn für Würde und Stolz entzündet, damit er die Ernten wollüstiger Begierden verbrenne. Dann wird jeder Geliebte Gottes wie ein leuchtender Mond mit den Tugenden des Geistes erstrahlen, und die Beziehung jedes einzelnen zur Heiligen Schwelle seines Herrn wird kein Trug sein, sondern echt und wahr; sie wird die Grundmauer des Bauwerks sein, kein Zierrat an der Fassade.
Daraus folgt, die Schule für Kinder sollte eine Stätte höchster Disziplin und Ordnung sein, eine gründliche Unterweisung bieten und für die Verbesserung und Verfeinerung des Charakters Sorge tragen, so dass von klein auf im Wesen des Kindes die göttliche Grundlage gelegt und das Bauwerk der Heiligkeit errichtet wird.
Wisse, dass diese Fragen des Unterrichts, der Charakterformung und -bildung, der Freude und Ermutigung des Kindes von allergrößter Bedeutung sind; denn sie sind Leitgrundsätze Gottes.
So werden, wenn Gott will, aus diesen geistigen Schulen erleuchtete Kinder hervorgehen, geschmückt mit den herrlichsten Tugenden der Menschheit. Nicht nur auf Persien werden sie ihr Licht ergießen, sondern auf die ganze Welt.
Es ist äußerst schwierig, nach der Pubertät den Menschen zu lehren und seinen Charakter zu verbessern. Dann nämlich, so zeigt uns die Erfahrung, nützt alles nichts mehr, auch wenn noch so große Anstrengungen unternommen werden, seine Neigungen zu verändern. Er wird sich heute vielleicht etwas bessern. Aber einige Tage später vergisst er alles wieder und fällt zurück in seinen gewohnten Trott, seine eingefahrenen Geleise. Deshalb muss in frühester Kindheit eine feste Grundlage gelegt werden. Solange der Zweig grün und zart ist, kann er leicht gerade gebogen werden.
Unserer Meinung nach sind die Eigenschaften des Geistes die erste, die göttliche Grundlage. Sie schmücken das wahre Wesen des Menschen, und Wissen ist die Ursache menschlichen Fortschritts. Die Geliebten Gottes müssen dieser Angelegenheit große Bedeutung beimessen und sie mit Eifer und Begeisterung vorantreiben.
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In dieser heiligen Sache hat die Frage der Waisen besondere Bedeutung. Waisen muss größte Beachtung geschenkt werden. Sie müssen gelehrt, ausgebildet und erzogen werden. Insbesondere müssen ihnen, soweit möglich, die Lehren Bahá’u’lláhs vermittelt werden.
Ich flehe zu Gott, dass du den Waisenkindern eine gütige Mutter werdest und sie mit den Düften des Heiligen Geistes belebst, so dass sie das Alter der Reife als wahrhafte Diener der Menschenwelt, als leuchtende Kerzen in der Versammlung der Menschheit erreichen werden.
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O Dienerin Gottes! … Den Müttern müssen die göttlichen Lehren und wirksame Ratschläge gegeben werden, sie müssen ermutigt und begeistert werden, ihre Kinder auszubilden, denn die Mutter ist die erste Erzieherin des Kindes. Sie ist es, die zunächst das Neugeborene an der Brust des Gottesglaubens und des Gottesgesetzes stillt. So soll das Kind göttliche Liebe schon mit der Muttermilch saugen und bis zum letzten Atemzug bewahren.
Wenn die Mutter in der Erziehung ihrer Kinder versagt und sie nicht auf eine ordentliche Lebensbahn lenkt, wird auch alle spätere Erziehung nicht voll zur Wirkung kommen. Es obliegt den Geistigen Räten, den Müttern ein wohldurchdachtes Programm für die Kindererziehung zu vermitteln und ihnen zu zeigen, wie das Kind vom Säuglingsalter an behütet und belehrt werden muss. Diese Anweisungen müssen jeder Mutter gegeben werden, so dass sie sich danach richten und ihre Kinder nach den göttlichen Lehren bilden und hegen kann.
So werden diese jungen Pflanzen im Garten der Liebe Gottes in der warmen Sonne der Wahrheit, den sanften Frühlingswinden des Himmels und an der führenden Hand ihrer Mutter wachsen und blühen, bis jede im Paradies Abhá zu einem Baum wird, der reiche Frucht trägt und in dieser neuen, wundersamen Jahreszeit durch den Frühlingssegen alle Schönheit und Anmut empfängt.
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Wisset, o ihr liebenden Mütter: In den Augen Gottes ist der beste Weg, Ihn zu verherrlichen, die Erziehung der Kinder und ihre Bildung in allen Vollkommenheiten der Menschheit. Keine edlere Tat ist denkbar.
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O ihr beiden innig geliebten Dienerinnen Gottes! Was immer des Menschen Zunge verkündet, soll er durch seine Taten beweisen. Wenn er behauptet, ein Gläubiger zu sein, so handle er nach den Geboten des Reiches Abhá.
Gelobt sei Gott! Ihr beide habt die Wahrheit eurer Worte durch eure Taten erwiesen und habt die Bestätigungen Gottes, des Herrn, erlangt. Täglich im Morgengrauen versammelt ihr die Bahá’í-Kinder; ihr lehrt sie, zu beten und sich Gott zuzuwenden. Das ist sehr lobenswert und bringt den Herzen der Kinder Freude. So sollten sie jeden Morgen ihr Angesicht dem Königreich zuwenden, den Herrn anrufen, Seinen Namen preisen und mit der süßesten Stimme Gottes Verse singen und aufsagen.
Die Kinder sind wie junge Pflanzen. Sie die Gebete zu lehren, gleicht dem Regen, der auf sie niedergeht, damit sie zart und frisch heranwachsen, damit die sanften Winde der Liebe Gottes über sie hinwehen und sie vor Freude erschauern lassen.
Glückseligkeit erwartet euch und eine sichere Zuflucht.
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O du Tochter des Königreichs! Deine Briefe sind angekommen. Sie besagen, dass deine Mutter in das unsichtbare Reich emporgestiegen ist und dich zurückließ. Du möchtest deinem Vater dienen, der dir teuer ist, gleichzeitig aber auch dem Reich Gottes, und weißt nicht, wie du dich entscheiden sollst. Gewiss sollst du deinem Vater dienen und, sooft du Zeit findest, die göttlichen Düfte verbreiten.
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O du Freund ‘Abdu’l-Bahás! Sei der Sohn deines Vaters und die Frucht jenes Baumes. Sei ein Sohn, geboren aus seiner Seele und seinem Herzen, nicht nur aus Wasser und Lehm. Der ist ein wahrer Sohn, der aus dem geistigen Sein eines Menschen entsprossen ist. Ich bitte Gott, dass du zu allen Zeiten bestätigt und gestärkt werdest.
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O ihr jungen Bahá’í-Kinder, ihr Sucher nach Wahrheit, Verständnis und Wissen! Ein menschliches Wesen unterscheidet sich von einem Tier auf vielerlei Art. Vor allen Dingen ist der Mensch nach dem Bilde Gottes erschaffen, in der Gestalt des himmlischen Lichtes, wie die Thora sagt: »Lasset uns Menschen machen, ein Bild, das uns gleich sei.«Q18 Dieses göttliche Bild bezeichnet alle Eigenschaften der Vollkommenheit, deren Licht von der Sonne der Wahrheit ausgeht und die Wirklichkeit der Menschen erleuchtet. Zu den höchsten dieser Eigenschaften gehören Weisheit und Wissen. Ihr müsst euch deshalb gewaltig anstrengen, Tag und Nacht streben und keinen Augenblick rasten, damit ihr einen großen Anteil an allen Wissenschaften und Künsten erwerbt und damit Gottes Bild, aus der Sonne der Wahrheit strahlend, den Spiegel der Menschenherzen erleuchte.
Es ist ‘Abdu’l-Bahás sehnlichster Wunsch, jeden von euch als vorzüglichen Lehrer an den Akademien und den Schulen innerer Bedeutungen anerkannt zu sehen, jeder ein Führer der Weisheit.
119
Die Bahá’í-Kinder müssen die anderen Kinder beim Studium der Wissenschaften und Künste übertreffen, denn sie werden in der Gnade Gottes aufgezogen.
Was andere Kinder in einem Jahr lernen, sollen Bahá’í-Kinder in einem Monat lernen. ‘Abdu’l-Bahás Herz sehnt sich voller Liebe danach mitzuerleben, wie alle jungen Bahá’í wegen ihrer intellektuellen Fähigkeiten in der ganzen Welt bekannt werden. Es besteht kein Zweifel daran, dass sie all ihre Mühe, ihre Kraft und ihren Stolz darauf verwenden werden, sich Wissenschaften und Künste anzueignen.
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O meine lieben Kinder! Euer Brief ist angekommen. Er brachte so große Freude, dass Wort und Schrift sie nicht ausdrücken können, hat doch, gelobt sei Gott, die Macht des Gottesreiches Kinder herangebildet, die von frühester Jugend an sehnsüchtig eine Bahá’í-Erziehung erlangen möchten, damit sie sich von Kindesbeinen an dem Dienst an der Menschenwelt widmen können.
Es ist mein höchster Wunsch und mein größtes Verlangen, dass ihr, die ihr meine Kinder seid, nach den Lehren Bahá’u’lláhs erzogen werdet und eine Bahá’í-Ausbildung erhaltet, auf dass jeder von euch eine brennende Kerze in der Menschenwelt werde, sich dem Dienst an der ganzen Menschheit widme, Ruhe und Behagen aufgebe, um für die Befriedung der erschaffenen Welt zu wirken.
Das ist meine Hoffnung für euch. Ich glaube fest, dass ihr mir Grund zur Freude und zum Glück im Reiche Gottes geben werdet.
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O du, der du erst wenige Jahre zählst und schon viele Geistesgaben hast! Wie ist so manches Kind noch jung an Jahren und doch schon reif und sicher in seinem Urteil! Und wie ist so mancher betagte Mensch unwissend und verwirrt! Denn Wachstum und Entwicklung hängen von den Verstandeskräften und der Vernunft eines Menschen ab, nicht von seinem Alter oder der Dauer seiner Erdentage.
Du befindest dich noch in der Zeit der Kindheit und hast doch bereits deinen Herrn erkannt, während zahllose Frauen Ihn vergessen haben und ausgeschlossen sind aus Seinem Himmelreich, Seiner Segnungen beraubt. Danke deinem Herrn für diese wundersame Gabe.
Ich bitte Gott, dass Er deine Mutter heile; sie ist hochverehrt im himmlischen Königreich.
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Zu deiner Frage über die Kindererziehung: Du hast die Pflicht, die Kinder an der Brust der Liebe Gottes zu nähren und sie an das Geistige heranzuführen, damit sie ihr Angesicht Gott zuwenden, damit ihre Lebensführung den Maßstäben rechten Verhaltens entspricht und ihr Charakter unübertroffen sei, damit sie sich alle Anmut, alle löblichen Eigenschaften der Menschheit zu eigen machen, damit sie auf den verschiedenen Wissensgebieten gründliche Kenntnisse erwerben, vom ersten Atemzug an geistige Wesen werden, Bewohner des Königreiches, verliebt in den süßen Duft der Heiligkeit, und damit sie eine religiöse, geistige Erziehung empfangen, geboren aus dem himmlischen Reich. Ich will wahrlich Gott bitten, ihnen ein glückhaftes Ergebnis dieser Bemühungen zu schenken.
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O du, die du deinen Blick fest auf das Reich Gottes richtest! Dein Brief ist angekommen; wir entnehmen ihm, dass du dich bemühst, die Kinder der Gläubigen zu lehren, und dass die Kleinen die Verborgenen Worte, die Gebete sowie die Bedeutung des Bahá’í-Seins gelernt haben.
Die Unterweisung dieser Kinder ist der Arbeit eines liebenden Gärtners zu vergleichen, der seine jungen Pflanzen auf den blühenden Feldern des Allherrlichen pflegt. Das wird zweifellos die gewünschten Ergebnisse bringen. Dies gilt besonders für die Unterweisung in den Bahá’í-Pflichten und in der Lebensführung als Bahá’í, denn die kleinen Kinder müssen tief in Herz und Seele erkennen, dass ›Bahá’í‹ nicht nur ein Name, sondern eine Wahrheit ist. Jedes Kind muss in geistigen Dingen erzogen werden, so dass es alle Tugenden verkörpert und ein Quell des Ruhmes für die Sache Gottes wird. Das bloße Wort ›Bahá’í‹ führt zu nichts, wenn es keine Frucht hervorbringt.
Bemühe dich, so gut du irgend kannst, und lehre diese Kinder, dass ein Bahá’í ein Mensch ist, der alle Vollkommenheiten verkörpert, strahlend wie eine entzündete Kerze – keine schwarze Finsternis und doch ›Bahá’í‹ dem Namen nach.
Nenne diese Schule die Bahá’í-Sonntagsschule.A48
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Die Sonntagsschule für Kinder, in der die Sendbriefe und Lehren Bahá’u’lláhs gelesen werden und das Wort Gottes den Kindern vorgetragen wird, ist fürwahr ein Segen. Du musst diese organisierte Tätigkeit unaufhörlich fortsetzen und wichtig nehmen, so dass sie Tag für Tag wachse und vom Hauch des Heiligen Geistes gestärkt werde. Sei ganz sicher, dass diese Tätigkeit große Ergebnisse zeitigen wird, wenn sie gut organisiert ist. Festigkeit und Standhaftigkeit sind jedoch nötig; sonst wird sie nur kurz bestehen und allmählich in Vergessenheit geraten. Ausdauer ist eine wesentliche Voraussetzung. Bei jedem Vorhaben werden Festigkeit und Standhaftigkeit zweifelsohne zu guten Ergebnissen führen; sonst besteht es nur ein paar Tage und wird dann wieder aufgegeben.
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Die Lehrer sollten weder zu häufig wechseln, noch sollte man dies zu lange hinauszögern. Das rechte Maß ist vorzuziehen. Es ist nicht ratsam, dass ihr eure Versammlungen zu einer Zeit abhaltet, da in anderen Kirchen Gebetszeit ist. Das würde zu Entfremdung führen, weil Bahá’í-Kinder, die ihre eigene Sonntagsschule haben, nicht dabei sein könnten, wenn sie gerne andere Sonntagsschulen besuchen möchten. Auch ist es statthaft, Kinder, deren Eltern nicht Bahá’í sind, zur Schule für Bahá’í-Kinder zuzulassen. Und wenn in dieser Schule die Hauptgrundsätze aller Religionen im Überblick zur Unterrichtung der Kinder dargelegt werden, kann das nicht schaden.
Da nur wenige Kinder teilnehmen, ist es nicht möglich, verschiedene Klassen einzurichten. So ist natürlich nur eine Klasse notwendig. Was die letzte Frage zu Streitigkeiten zwischen den Kindern betrifft, handelt so, wie es euch ratsam erscheint.
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Dein Brief ist angekommen. Gelobt sei Gott, er enthält die gute Nachricht, dass du gesund und sicher bist und in eine Landwirtschaftsschule eintreten willst. Das ist sehr gut. Bemühe dich, so sehr du kannst, in der Agrarwissenschaft gut bewandert zu sein, denn nach den göttlichen Lehren ist der Erwerb von Wissen und die Vervollkommnung in den Künsten als Gottesdienst zu betrachten. Wenn ein Mensch sich mit ganzer Kraft müht, eine Wissenschaft zu erlernen oder sich in einer Kunst zu vervollkommnen, so ist es, als bete er Gott in Kirchen und Tempeln an. Da du nun in eine Landwirtschaftsschule eintrittst und danach strebst, dir diese Wissenschaft anzueignen, hältst du Tag und Nacht Gottesdienst ab – ein Dienst, der an der Schwelle des Allmächtigen angenommen wird. Welcher Segen ist größer als der, dass Wissenschaft als Gottesdienst und Kunst als Dienst am Reiche Gottes zu betrachten sind!
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O du Diener des einen wahren Gottes! In dieser allumfassenden Sendung wird des Menschen wundersame Kunstfertigkeit als Anbetung der Strahlenden Schönheit gewertet. Bedenke, welche Gabe, welchen Segen es bedeutet, dass Handwerk als Gottesdienst gilt. Früher glaubte man, solche Fähigkeiten seien gleichbedeutend mit Unwissenheit oder gar ein Unglück, weil sie den Menschen daran hindern, Gott näherzukommen. Nun überlege, wie Seine unendlichen Gnadengaben, Seine reichen Segnungen das Höllenfeuer in ein glückseliges Paradies, einen Haufen grauen Staub in einen leuchtenden Garten verwandelten.
Den Künstlern und Handwerkern dieser Welt geziemt es, in jedem Augenblick an der Heiligen Schwelle tausend Beweise der Dankbarkeit darzubringen, sich größte Mühe zu geben und fleißig ihrem Beruf nachzugehen, so dass aus ihrem Bemühen erstehe, was vor den Augen aller Menschen die höchste Schönheit und Vollkommenheit offenbar werden lässt.
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Dein Brief ist angekommen. Ich hoffe auf Schutz und Hilfe für dich unter der Fürsorge des Wahrhaftigen. Ich hoffe, du bist allezeit damit befasst, den Herrn zu erwähnen, und du bemühst dich, deine Berufsausbildung abzurunden. Du musst dich sehr anstrengen, damit du in deinem Fach einzigartig wirst und berühmt für deine Fähigkeiten; denn in diesem begnadeten Zeitalter gilt die Vervollkommnung im Beruf als Gottesdienst. Und während du deinen Beruf ausübst, kannst du des Wahrhaftigen gedenken.
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O ihr Freunde des reinen, allmächtigen Gottes! Reinheit und Heiligkeit in allen Dingen sind Kennzeichen der gesegneten Seele und Wesensmerkmale edlen Denkens. Die höchste Vervollkommnung besteht aus Makellosigkeit und der Befreiung von jeder Unzulänglichkeit. Ist der Mensch in jeder Beziehung gereinigt und geläutert, so wird er zum Brennpunkt, der das Offenbare Licht widerstrahlt.
Das erste im Lebenswandel eines Menschen muss Reinheit sein, sodann Frische, Sauberkeit und Unabhängigkeit des Denkens. Das Bachbett muss zuerst gereinigt werden, dann mag das frische Wasser hineinfließen. Das keusche Auge erfreut sich der glückseligen Schau Gottes und versteht, was diese Begegnung bedeutet; der klare Sinn atmet die Düfte, die dem Rosengarten Seiner Großmut entströmen; das geläuterte Herz wird zum Spiegel für das liebliche Antlitz der Wahrheit.
Das ist der Grund, weshalb in den himmlischen Büchern die göttlichen Ratschläge mit Wasser verglichen werden. So wird im Qur’án gesagt: »Und wir lassen reines Wasser vom Himmel herabkommen«Q19, und im Evangelium heißt es: »Es sei denn, dass jemand getauft werde mit Wasser und Geist, so kann er nicht in das Reich Gottes kommen.«Q20 Daraus wird klar, dass die göttlichen Lehren himmlische Ausflüsse der Gnade, Regenschauer göttlicher Barmherzigkeit sind und das Menschenherz reinigen.
Damit will ich sagen, dass Reinheit und Heiligkeit, Sauberkeit und feine Sitten in jeder Hinsicht den Zustand des Menschen verbessern und die Entwicklung seiner inneren Wirklichkeit fördern. Selbst im stofflichen Reich führt Reinlichkeit zu Geistigkeit, wie die Heiligen Schriften eindeutig bezeugen. Obwohl körperliche Sauberkeit nur etwas Stoffliches ist, hat sie großen Einfluss auf das geistige Leben. Sie wirkt wie eine wundervolle Stimme oder ein schöner Klang. Obwohl Töne nur Schwingungen der Luft sind, die auf den Hörnerv wirken, obwohl diese Schwingungen nur von der Luft transportierte Zufallserscheinungen sind – sieh, wie sie das Herz bewegen! Eine wundersame Melodie beflügelt den Geist und lässt die Seele vor Freude erschauern. Damit soll gesagt werden, dass auch körperliche Reinheit Einfluss auf die Seele des Menschen hat.
Sieh nun, wie willkommen die Reinlichkeit vor Gott ist, wie ausdrücklich sie in den heiligen Büchern der Propheten betont wird; denn die Heiligen Schriften verbieten den Verzehr und den Gebrauch alles Unreinen. Manche dieser Verbote waren absolut und für alle bindend; wer das gegebene Gesetz übertrat, wurde von Gott verabscheut und aus der Gemeinschaft der Gläubigen ausgeschlossen. Gewisse Dinge waren zum Beispiel kategorisch verboten und als besonders schwere Sünden bewertet, darunter so abscheuliche Taten, dass ihre Erwähnung schon schändlich ist.
Es gibt aber andere verbotene Dinge, die keinen sofortigen Schaden verursachen und deren verderbliche Wirkungen erst allmählich zutage treten. Auch diese Taten werden vom Herrn verabscheut, getadelt und zurückgewiesen. Ihre absolute Gesetzwidrigkeit ist jedoch in den Heiligen Schriften nicht niedergelegt, obwohl Reinheit und Makellosigkeit, der Schutz der Gesundheit und die Freiheit von Sucht erfordern, dass man sie meidet.
Zu diesen letzteren zählt das Tabakrauchen, das schmutzig, übelriechend und anstößig ist – ein übler Brauch, dessen Schädlichkeit allmählich allen offenkundig wird. Jeder fähige Arzt bestätigt – und Versuche zeigen –, dass einer der Bestandteile des Tabaks ein tödliches Gift ist und dass sich der Raucher vielerlei Krankheiten aussetzt. Deshalb wird das Rauchen vom hygienischen Standpunkt aus für rundum verabscheuungswürdig erklärt.
Der Báb verbot den Tabak zu Beginn Seiner Sendung ausdrücklich, und die Freunde hörten allesamt auf zu rauchen. Da es aber zu jener Zeit gestattet war, den Glauben zu verbergen, und jeder, der nicht rauchte, geplagt, misshandelt und sogar zu Tode gebracht werden konnte, haben die Freunde wiederum geraucht, um ihren Glauben nicht allgemein kundzutun. Später wurde der Kitáb-i-Aqdas offenbart, und weil dort das Tabakrauchen nicht ausdrücklich verboten war, gaben die Freunde es nicht auf. Doch die Gesegnete Schönheit zeigte immer eine Abneigung dagegen; obwohl Er früher aus bestimmten Gründen ein wenig geraucht hatte, stellte Er es später gänzlich ein, und die reinen Seelen, die in allem Seinem Vorbild folgten, gaben es ebenfalls auf.
Nach meinem Urteil ist das Tabakrauchen in den Augen Gottes verwerflich, anstößig und äußerst schmutzig; es richtet langsam, aber sicher die Gesundheit zugrunde. Außerdem ist es eine Geld- und Zeitvergeudung und lässt den Raucher einer schädlichen Sucht zum Opfer fallen. Diese Gewohnheit wird von den im Bündnis Standhaften aus Gründen der Vernunft und der Erfahrung für tadelnswert erachtet. Sie aufzugeben, wird allen Menschen Erleichterung und inneren Frieden bringen. Sie werden überdies den Mund frisch, die Finger sauber und die Haare frei von abstoßendem Gestank halten. Sicherlich werden die Freunde Gottes, sobald dieses Sendschreiben sie erreicht, diese schädliche Gewohnheit unter allen Umständen, wenn auch Schritt für Schritt, aufgeben. Dies ist meine Hoffnung.
Was jedoch die Frage des Opiums betrifft: Es ist abscheulich und verflucht, und Gott möge uns vor Seiner Strafe für den, der es gebraucht, beschützen! Der Text des Heiligsten Buches verbietet es ausdrücklich und verurteilt seinen Gebrauch in höchstem Maße. Die Vernunft sieht im Opiumrauchen eine Wahnsinnstat, und die Erfahrung zeigt, dass der Opiumraucher aus der menschlichen Gesellschaft völlig ausgeschlossen wird. Möge Gott alle beschützen vor einer so abscheulichen Tat, welche die Grundlage des Menschseins zerstört und den Süchtigen für Zeit und Ewigkeit zugrunde richtet. Opium ergreift Besitz von der Seele des Menschen, so dass sein Gewissen stirbt, sein Verstand besudelt und sein Wahrnehmungsvermögen zerfressen wird. Es tötet das Leben und löscht die natürliche Wärme. Kein größerer Schaden ist vorstellbar als der durch Opium. Wohl denen, die nicht einmal das Wort Opium über die Lippen bringen; bedenkt somit, wie erbärmlich derjenige ist, der es gebraucht!
O ihr Freunde Gottes! Zwang, Gewalt, Nötigung und Unterdrückung sind in diesem Zeitalter Gottes, des Allmächtigen, allesamt verurteilt. Aber um den Opiumgebrauch zu verhindern, müssen alle erdenklichen Maßnahmen ergriffen werden, damit die Menschheit von dieser schlimmsten Seuche erlöst werde. Ansonsten: Wehe und Elend einem jeden, der seine Pflicht vor Gott versäumt!A49
O göttliche Vorsehung! Verleihe dem Volke Bahás in allen Dingen Reinheit und Makellosigkeit. Gib, dass die Bahá’í von jeder Befleckung und Sucht befreit werden. Bewahre sie vor jeder anstößigen Tat; mache sie frei von den Fesseln jeder schlechten Gewohnheit, so dass sie rein und frei, gesund und geläutert leben, würdig des Dienstes an Deiner heiligen Schwelle und der Verbindung zu ihrem Herrn. Befreie sie von berauschendem Trank und vom Tabak, rette und befreie sie vom Opium, das Wahnsinn bringt. Lasse sie sich freuen an den süßen Düften der Heiligkeit, in vollen Zügen trinken aus dem mystischen Kelch himmlischer Liebe und die Verzückung des Hingezogenseins zum Reich des Allherrlichen erfahren. Ist es doch, wie Du sagst: »Alles, was du in deinem Weinkeller hast, wird meiner Liebe Durst nicht stillen – bring mir, o Mundschenk, vom Wein des Geistes einen Kelch, voll wie das Meer!«
O ihr Geliebten Gottes! Die Erfahrung zeigt, wie nachhaltig die Enthaltsamkeit von Tabak, berauschenden Getränken und Opium zu Gesundheit und Lebenskraft, zu klarem, geschliffenem Denken und zu Körperkräften führt. Es gibt heute ein Volk,A50 das Tabak, berauschende Getränke und Opium strikt ablehnt. Dieses Volk übertrifft bei weitem alle anderen an Kraft, Tapferkeit, Gesundheit, Schönheit und Anmut. Ein einziger seiner Männer kann es mit zehn Männern eines anderen Stammes aufnehmen. Dies trifft für das ganze Volk zu und bedeutet, dass alle Angehörigen dieser Gemeinschaft, Mann für Mann, den Angehörigen anderer Gemeinschaften überlegen sind.
Strengt euch deshalb kräftig an, damit Reinheit und Heiligkeit, wie sie ‘Abdu’l-Bahá über alles schätzt, das Volk Bahás auszeichnen, damit Gottes Volk die anderen Menschen in allen Vortrefflichkeiten überrage, damit es sich äußerlich wie innerlich vor den anderen auszeichne, an Reinheit, Makellosigkeit, Vornehmheit und Gesundheit führend unter den Wissenden sei. Und durch ihre Freiheit von Sklaverei, ihre Erkenntnis und Selbstbeherrschung sollen die Bahá’í die ersten unter den Reinen, Freien und Weisen sein.
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O du vortrefflicher Arzt! … Dank sei Gott, dass du zwei Kräfte besitzest: zum einen, körperlich zu heilen, zum andern, geistig zu heilen. Was den menschlichen Geist betrifft, hat großen Einfluss auf seine körperliche Verfassung. So solltest du beispielsweise deinem Patienten Fröhlichkeit schenken, ihm Wohlbehagen und Freude vermitteln, ihn begeistern und frohlocken lassen. Wie oft schon hat dies baldige Genesung bewirkt. Deshalb behandle die Kranken mit beiden Kräften.
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Wenn du als Arzt Menschen behandelst, wende dich der Gesegneten Schönheit zu, dann folge den Eingebungen deines Herzens. Hilf den Kranken durch himmlische Freude und geistiges Frohlocken, heile die schwer Leidenden, indem du ihnen frohe, glückselige Botschaften enthüllst, und versorge die Verletzten mit Seinen strahlenden Gnadengaben. Wenn du am Bett eines Patienten stehst, ermutige und erfreue sein Herz, entzücke seinen Geist durch himmlische Kraft. Solch ein himmlischer Hauch stärkt in der Tat jedes modernde Gebein und belebt den Geist jedes Kranken und Leidenden.
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Obwohl Krankheit zu den unvermeidlichen Bedingungen des Menschseins gehört, ist sie doch wahrlich schwer zu tragen. Die Gabe guter Gesundheit ist das größte Geschenk.
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Es gibt zweierlei Mittel, Krankheiten zu heilen: stoffliche und geistige. Das erste ist ärztliche Behandlung, das zweite sind Gebete, die geistige Menschen an Gott richten, und Hinwendung zu Ihm. Beide Mittel sollten angewandt werden.
Erkrankungen, die auf stofflichen Ursachen beruhen, sollten von den Ärzten mit medizinischen Heilmitteln behandelt werden; solche, die geistige Ursachen haben, verschwinden durch geistige Mittel. So lässt sich eine von Kummer, Angst und nervösen Einflüssen verursachte Krankheit eher durch geistige als durch körperliche Behandlung heilen. Es sollten also beide Heilmethoden Anwendung finden; sie stehen nicht im Widerspruch zueinander. Du solltest deshalb auch die körperlichen Heilmittel annehmen, zumal auch sie der Barmherzigkeit und Gunst Gottes entspringen, der die ärztliche Wissenschaft offenbart hat und ins Dasein treten ließ, damit Seine Diener auch aus dieser Heilweise Nutzen ziehen. Die gleiche Beachtung solltest du auch den geistigen Heilverfahren schenken, denn sie bringen wunderbare Wirkungen hervor.
Wenn du nun das wahre Heilmittel wissen willst, das den Menschen von jeglicher Krankheit heilt und ihm die Gesundheit des göttlichen Reiches verleiht, so wisse, dass dies die Gebote und Lehren Gottes sind. Richte deine ganze Aufmerksamkeit auf sie!
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O du, der du hingezogen bist zu Gottes duftendem Hauch! Ich habe deinen Brief an Frau Lua Getsinger gelesen. Du hast in der Tat mit großer Sorgfalt die Gründe geprüft, warum Krankheit den menschlichen Körper befällt. Sicher sind Sünden eine mächtige Ursache körperlicher Leiden. Wäre die Menschheit frei vom Makel der Sünde und des kindischen Eigensinns, lebte sie nach ihrem natürlichen, eingeborenen Gleichgewicht, ohne sich von ihren Leidenschaften verführen zu lassen, so nähmen Krankheiten zweifelsohne nicht länger zu und verbreiteten sich nicht mit solcher Heftigkeit.
Aber der Mensch frönt seit je widernatürlich seinen lüsternen Begierden und gibt sich nicht mit einfacher Nahrung zufrieden. Vielmehr bereitet er sich Mahlzeiten, aus vielen Zutaten zusammengesetzt, aus Substanzen, die völlig verschieden voneinander sind. Dies und gemeine, widerliche Laster, nahmen seine Aufmerksamkeit völlig in Anspruch, so dass er die Selbstbeherrschung und Mäßigung einer natürlichen Lebensweise aufgab. Das führte zu Krankheiten, die zugleich heftig und vielschichtig sind.
Das Tier ist leiblich aus den gleichen Bestandteilen erschaffen wie der Mensch. Weil sich aber das Tier mit einfacher Nahrung zufrieden gibt, in keinem nennenswerten Umfang drängenden Gelüsten nachzugeben sucht und keine Sünden begeht, hat es, verglichen mit dem Menschen, nur wenige Gebrechen. Daraus sehen wir deutlich, wie machtvoll sich Sünde und Aufsässigkeit als krankheitserregende Faktoren auswirken. Und sind sie erst einmal da, dann verbinden sich diese Krankheiten miteinander; sie vermehren sich und werden auf andere übertragen. Das sind die geistigen, inneren Ursachen der Krankheit.
Die äußere, stoffliche Ursache der Krankheit ist eine Störung der Ausgewogenheit, des rechten Gleichgewichts all der Bausteine, aus denen der menschliche Körper zusammengesetzt ist. Um das zu veranschaulichen: Der Menschenleib ist eine Mischung aus vielen Substanzen; jeder Bestandteil ist in vorgeschriebener Menge vorhanden und trägt zum lebensnotwendigen Gleichgewicht des Ganzen bei. Solange diese Bestandteile im richtigen Verhältnis zueinander bleiben, im Einklang mit dem natürlichen Gleichgewicht des Ganzen – das heißt, solange kein Bestandteil eine Veränderung in seinem natürlichen Anteil, Maß und Gleichgewicht erleidet, solange kein Bestandteil vermehrt oder vermindert wird – gibt es keine körperliche Ursache für das Eindringen einer Krankheit.
Zum Beispiel muss der Bestandteil Stärke in vorgegebener Menge vorhanden sein, auch Zucker in vorgegebener Menge. Solange jedes in seinem natürlichen Verhältnis zum Ganzen verbleibt, hat die Krankheit keinen Angriffspunkt. Wenn jedoch diese Bestandteile von ihren natürlichen, richtigen Mengen abweichen – das heißt, wenn sie vermehrt oder vermindert werden – ebnet dies sicherlich der Krankheit den Weg.
Diese Frage bedarf der gründlichsten Untersuchung. Der Báb sagt, das Volk Bahá müsse die ärztliche Wissenschaft zu einer so hohen Stufe entwickeln, dass es Krankheiten durch die Ernährung heilt. Die Grundüberlegung ist: Wenn in einer Teilsubstanz des menschlichen Körpers ein Ungleichgewicht entsteht, das ihr richtiges Verhältnis zum Ganzen verändert, wird dies unausweichlich zum Ausbruch einer Krankheit führen. Wird beispielsweise der Stärkeanteil übermäßig erhöht oder der Zuckeranteil gesenkt, so tritt eine Krankheit ein. Ein erfahrener Arzt hat herauszufinden, welcher Bestandteil im Körper seines Patienten vermindert und welcher vermehrt wurde. Wenn er das entdeckt hat, muss er ein Nahrungsmittel verschreiben, das den herabgesetzten Bestandteil in hohem Maße enthält, um so das lebensnotwendige Gleichgewicht des Körpers wiederherzustellen. Der Patient ist seine Krankheit los, sobald seine leibliche Verfassung wieder im Gleichgewicht ist.
Der Beweis dafür ist, dass die anderen Lebewesen niemals die medizinische Wissenschaft studieren, niemals Krankheiten, Arzneien, Behandlungen oder Heilverfahren erforschen; aber, wenn eines von ihnen der Krankheit zum Opfer fällt, führt es die Natur auf den Weiden und Wüsten gerade zu der Pflanze hin, die das Tier, das davon frisst, von seiner Krankheit befreit. Ist zum Beispiel der Zuckeranteil im Körper des Tieres abgesunken, so verlangt das Tier, einem Naturgesetz folgend, nach einem Kraut, das reich an Zucker ist. Dann entdeckt und frisst es durch seinen Appetit als einen natürlichen Trieb unter den tausend verschiedenen Pflanzen der Steppe gerade das Kraut mit einem hohen Anteil Zucker. So wird das lebensnotwendige Gleichgewicht der Substanzen, die seinen Körper ausmachen, wiederhergestellt, und das Tier ist seine Krankheit los.
Diese Frage erfordert die sorgfältigste Untersuchung. Wenn erfahrene Ärzte sich diesen Dingen mit der nötigen Sorgfalt und Ausdauer widmen, wird sich herausstellen, dass eine Krankheit dann in den Körper eindringt, wenn die relativen Mengen der Körperbestandteile durcheinandergebracht sind, und dass die Behandlung darin besteht, diese relativen Anteile richtig einzustellen. Es wird sich auch zeigen, dass dies erkennbar und durch die Ernährung möglich ist.
Ganz sicher wird sich in diesem wundervollen neuen Zeitalter die medizinische Wissenschaft so weit entwickeln, dass die Ärzte ihre Patienten durch Nahrungsmittel heilen; denn Gesicht, Gehör, Geschmack, Geruch und Tastsinn sind Unterscheidungsfähigkeiten mit dem Zweck, Nützliches und Schädliches auseinanderzuhalten. Ist es möglich, dass des Menschen Geruchssinn, der die Düfte unterscheidet, einen bestimmten Geruch widerlich findet und dieser Geruch heilsam für den menschlichen Körper ist? Absurd! Unmöglich! Oder könnte dem menschlichen Körper etwa durch die Fähigkeit des Sehens, die Sichtbares unterscheidet, der Anblick einer ekelhaften Masse Kot nützen? Niemals! Und wenn nun der Geschmack, gleichfalls eine Fähigkeit, die aussondert und zurückweist, an etwas Anstoß nimmt, ist es bestimmt nicht nützlich. Selbst wenn es anfangs Vorteile brächte, erwiese sich auf die Dauer seine Schädlichkeit.
Zweifellos dient alles, was mit Appetit genossen wird, der Gesundheit, sofern die Körperbeschaffenheit im Gleichgewicht ist. Beobachte, wie ein Tier auf der Wiese grast, wo hunderttausend verschiedene Kräuter und Gräser wachsen, wie es mit seinem Geruchssinn den Duft der Pflanzen aufnimmt und sie mit seinem Geschmackssinn kostet. Dann frisst es die Gräser, die diesen Sinnen gefallen, und das tut ihm gut. Gäbe es nicht diese Fähigkeit des Auswählens, verendeten alle Tiere an einem einzigen Tag; denn es gibt viele giftige Pflanzen und die Tiere wissen nichts über das Arzneibuch. Doch beobachte nur, was für verlässliche Maßstäbe sie haben, um Gutes von Schädlichem zu unterscheiden. Welcher Bestandteil ihres Körpers auch abnimmt, sie können das wiedergutmachen, indem sie eine Pflanze, in der dieses verminderte Element reichlich vorhanden ist, aussuchen und fressen. So wird das Gleichgewicht ihrer Körperbestandteile wiederhergestellt, und sie sind ihre Krankheiten los.
Sobald erfahrene Ärzte die Heilkunst durch Nahrung entwickelt haben, sobald sie für einfache Speisen sorgen und die Menschheit hindern, als Sklaven ihrer Lüste und Süchte zu leben, werden die Fälle chronischer, vielschichtiger Krankheiten mit Sicherheit drastisch vermindert und das Allgemeinbefinden der ganzen Menschheit stark verbessert. Es wird bestimmt soweit kommen. Ebenso werden im Charakter, in der Lebensführung und den Sitten der Menschen umfassende Veränderungen eintreten.
135
Nach dem ausdrücklichen Gebot Bahá’u’lláhs darf man sich vom Rat eines fähigen Arztes nicht abwenden. Es ist Pflicht, solch einen Arzt beizuziehen, selbst wenn der Patient seinerseits ein bekannter, angesehener Arzt ist. Kurz, du sollst deine Gesundheit bewahren, indem du einen sehr erfahrenen Arzt zu Rate ziehst.
136
Es ist jedermanns Pflicht, sich in ärztliche Behandlung zu begeben und den Anweisungen des Arztes Folge zu leisten, denn das entspricht dem göttlichen Gebot, aber in Wirklichkeit ist es Gott, der Heilung gewährt.
137
O du, der du den Lobpreis deines Herrn in Worte fassest! Ich habe deinen Brief gelesen, in dem du dein Erstaunen über einige Gesetze Gottes ausdrückst, beispielsweise über die Gesetze betreffend die Jagd auf unschuldige Tiere, Geschöpfe, die nichts Böses getan haben.
Sei darüber nicht erstaunt. Sinne nach über die inneren Wirklichkeiten des Weltalls, seine geheimen Weisheiten, seine Rätsel und Wechselbeziehungen, seine alles steuernden Regeln; denn jeder Teil des Weltalls ist mit jedem anderen Teil verknüpft durch mächtige Bande, die kein Ungleichgewicht zulassen und nicht erschlaffen. Im Reich der natürlichen Schöpfung sind alle Fresser oder Gefressene: die Pflanze saugt das Mineral auf, das Tier frisst und schluckt die Pflanze, der Mensch ernährt sich vom Tier und das Mineral zersetzt den Menschenleib. Die stofflichen Leiber überschreiten eine Schranke nach der anderen, durchmessen ein Leben nach dem anderen. Alle Dinge unterliegen dem Wandel und Wechsel. Ausgenommen ist nur das eigentliche Wesen des Seins; denn es ist beständig und unwandelbar, und auf ihm beruht das Leben jeder Gattung und Art, jeder abhängigen Wirklichkeit in der ganzen Schöpfung.
Wenn du unter dem Mikroskop das Wasser untersuchst, das der Mensch trinkt, oder die Luft, die er atmet, wirst du sehen, dass der Mensch mit jedem Atemzug eine Fülle tierischen Lebens in sich aufnimmt, und dass er mit jedem Schluck Wasser eine Vielzahl von Tieren aufnimmt. Wie könnte es jemals möglich sein, diesem Vorgang Einhalt zu gebieten? Alle Geschöpfe sind Fresser oder Gefressene, das ganze System des Lebens ist auf dieser Tatsache aufgebaut. Wäre dem nicht so, würden die Bindungen aufgelöst, die alles Erschaffene miteinander verflechten.
Überdies wird ein Ding, das zugrunde geht, zerfällt und vom Leben abgeschnitten wird, in eine Welt versetzt, die größer ist als die Welt, die es vorher kannte. Es verlässt beispielsweise das Leben des Minerals und schreitet fort in das Leben der Pflanze; dann verlässt es das pflanzliche Leben und steigt auf in das des Tieres. Schließlich gibt es das Tierleben auf und steigt in das Reich des Menschenlebens empor. Und dies geschieht durch die Gnade deines Herrn, des Barmherzigen, des Mitleidvollen.
Ich bitte Gott, dass Er dir beistehe, die Mysterien im Herzen der Schöpfung zu erfassen, dass Er den Schleier vor deinen und deiner Schwester Augen hinwegnehme, damit dir das wohlgehütete Geheimnis enthüllt und das verborgene Mysterium klar wie die Mittagssonne offenbart werde, dass Er deiner Schwester und deinem Mann helfe, das Gottesreich zu betreten, und dich heile von jeder Krankheit körperlicher oder geistiger Art, die uns in diesem Leben befällt.
138
O ihr Geliebten des Herrn! Das Reich Gottes ist auf Unparteilichkeit und Gerechtigkeit, auf Erbarmen, Mitleid und Güte für jede lebendige Seele gegründet. So bemühet euch denn aus ganzem Herzen, alle Menschen voll Mitleid zu behandeln – die ausgenommen, die selbstische Beweggründe hegen oder an der Seele krank sind. Dem Menschenschinder, dem Betrüger oder dem Dieb kann keine Güte entgegengebracht werden; denn Güte würde ihnen keinesfalls ihren Irrtum vor Augen führen, sie vielmehr in ihrem falschen Tun fortfahren lassen. Wie viel Güte ihr auch dem Lügner bezeigt, er wird weiterlügen; denn er glaubt, ihr hättet euch täuschen lassen, auch wenn ihr ihn nur zu gut durchschaut habt und aus Übermaß an Mitleid schweigt.
Kurz, nicht nur ihren Mitmenschen müssen die Geliebten Gottes voll Erbarmen und Mitleid begegnen; sie müssen vielmehr jedem Lebewesen höchste Güte bezeigen, hegen doch in allen körperlichen Vorgängen, wo immer der Tiergeist betroffen ist, Mensch und Tier dieselben Gefühle. Der Mensch hat diese Wahrheit allerdings nicht begriffen. Er wähnt, dass sich körperliche Empfindungen auf menschliche Wesen beschränken. Deshalb ist er zu den Tieren ungerecht und grausam.
Und doch: Welcher Unterschied besteht denn wirklich, wenn es um körperliche Empfindungen geht? Die Gefühle sind dieselben, ob man einem Menschen oder einem Tier Schmerz zufügt. Da gibt es keinerlei Unterschied. Tatsächlich ist es schlimmer, einem Tier zu schaden; denn der Mensch hat Sprache, er kann sich beklagen, kann schreien und jammern. Wenn ihm Unrecht geschieht, kann er sich an die Behörden wenden, und sie werden ihn vor seinem Angreifer schützen. Aber das unglückliche Tier ist stumm. Es kann weder seinen Schmerz ausdrücken noch seinen Fall vor die Behörden bringen. Wenn ein Mensch einem Tiere tausend Übel zufügt, kann es ihn weder mit Worten abwehren noch vor Gericht ziehen. Deshalb ist es besonders wichtig, dass ihr den Tieren die größte Rücksicht erweist und zu ihnen eher noch gütiger seid als zu euren Mitmenschen.
Erzieht eure Kinder von den frühesten Tagen an, unendlich zart und liebevoll zu Tieren zu sein. Ist ein Tier krank, lasst die Kinder es zu heilen versuchen; ist es hungrig, lasst sie es füttern; ist es durstig, lasst sie es tränken; ist es schwach, lasst sie dafür sorgen, dass es ausruht.
Die meisten Menschen sind Sünder; aber die Tiere sind schuldlos. Wer ohne Sünde ist, sollte gewiss die größte Güte und Liebe empfangen – alle Tiere außer den Schädlingen wie reißende Wölfe, Giftschlangen oder andere gefährliche Geschöpfe. Der Grund für diese Ausnahme: Würden Schädlinge dieselbe Güte erfahren, so wäre das ein Unrecht gegen die Menschen und die anderen Tiere. Ist man beispielsweise dem Wolf gegenüber weichherzig, so bedeutet dies Grausamkeit für das Schaf; denn der Wolf wird eine ganze Schafherde vernichten. Ein tollwütiger Hund kann tausend Menschen und Tiere umbringen, wenn man ihn lässt. Deshalb ist Mitleid mit wilden, beutegierigen Bestien Grausamkeit gegenüber den sanften Tieren; die schädlichen müssen richtig behandelt werden. Aber den gesegneten Tieren muss man große Güte erweisen – je mehr, desto besser. Zartheit und Güte sind grundlegende Leitlinien für Gottes himmlisches Reich. Das solltet ihr besonders sorgsam im Herzen tragen.
139
O du Magd Gottes! Die himmlische frohe Botschaft muss mit höchster Würde und Großmut verkündet werden. Ehe die Seele, die sich erhebt, nicht die für den Träger dieser Botschaft wesentlichen Eigenschaften besitzt, werden ihre Worte ohne Wirkung sein.
O du Leibeigene Gottes! Der Menschengeist birgt wundersame Kräfte, aber er muss durch den Heiligen Geist verstärkt werden. Was du anderes hörst, ist reine Einbildung. Jedoch von der Gnade des Heiligen Geistes unterstützt, wird seine Kraft erstaunlich sein. Dann wird dieser Menschengeist Wirklichkeiten aufdecken und Geheimnisse enthüllen. Wende dein Herz ganz dem Heiligen Geist zu und fordere andere auf, dasselbe zu tun; so wirst du wunderbare Ergebnisse schauen.
O Magd Gottes! Die Sterne am Himmel üben keinerlei geistigen Einfluss auf diese Welt des Staubes aus. Aber alle Glieder und Teile des Weltalls sind in diesem endlosen Raum eng miteinander verbunden, und diese Verbindung schafft materielle Wirkungen auf Gegenseitigkeit. Was du jenseits der Gnade des Heiligen Geistes über die Wirkungen von Entrückungszuständen oder über Medien als Sprachrohr hörst, welche die singenden Stimmen der Toten vermitteln, ist reine, schlichte Einbildung. Über die Gabenfülle des Heiligen Geistes erzähle, was du willst; es kann nicht übertrieben sein. Glaube deshalb, was immer du darüber hörst. Die Menschen hingegen, auf die du dich beziehst, diese Sprachrohrleute, sind von jener Gabenfülle völlig ausgeschlossen und erhalten keinen Anteil; ihr Weg ist ein Hirngespinst.
O Magd Gottes! Gebete werden durch die allumfassenden Offenbarer Gottes erhört. Selbst wenn der Wunsch auf Stoffliches gerichtet ist, selbst wenn Achtlose beten, hat es eine Wirkung, so sie nur flehentlich und demütig Gottes Hilfe erbitten.
O Magd Gottes! Während die göttliche Wirklichkeit geheiligt und grenzenlos ist, sind die Ziele und Bedürfnisse der Geschöpfe beschränkt. Gottes Gnade ist wie der Regen, der vom Himmel fällt: Das Wasser ist nicht durch eine Form begrenzt; sobald es jedoch auf einen Ort herabströmt, nimmt es Begrenzungen an – Ausmaße, Aussehen, Gestalt – entsprechend den Besonderheiten dieses Ortes. In einem quadratischen Becken wird das vorher formlose Wasser zum Quadrat; in einem sechseckigen Becken wird es ein Sechseck, in einem achteckigen Becken ein Achteck, und so fort. Der Regen selbst hat keine geometrische Gestalt, keine Begrenzungen, aber er nimmt je nach den Begrenzungen des Gefäßes diese oder jene Gestalt an. Genauso ist das Heilige Wesen Gottes, des Herrn, schrankenlos und unermesslich, aber Seine Gnadengaben und Lichtstrahlen werden in den Geschöpfen wegen deren Begrenztheit eingeschränkt, weshalb die Gebete gewisser Personen in bestimmten Fällen eine günstige Antwort erhalten.
O Magd Gottes! Mit dem Herrn Christus ist es wie mit Adam. Hatte der erste Mensch, der auf dieser Erde entstand, einen Vater oder eine Mutter? Es ist sicher, dass er keinen von beiden hatte. Aber Christus hatte nur keinen Vater.
O Magd Gottes! Die Gebete, die offenbart wurden, Heilung zu erbitten, sind für leibliche wie geistige Heilung anwendbar. Sprich sie also, um Leib und Seele zu heilen. Wenn die Heilung für den Kranken das Rechte ist, wird sie sicher gewährt; aber für manche Kranke wäre die Heilung nur die Ursache anderer Leiden, und daher erlaubt die Weisheit nicht, dass das Gebet erhört wird.
O Magd Gottes! Die Macht des Heiligen Geistes heilt körperliche wie geistige Gebrechen.
O Magd Gottes! In der Thora steht geschrieben: Und ich werde dir das Tal Achor als ein Tor der Hoffnung geben. Dieses Tal Achor ist die Stadt ‘Akká, und wer immer dies anders auslegt, gehört zu den Unwissenden.
140
Du fragst nach der Verklärung Jesu mit Moses, Elias und dem himmlischen Vater auf dem Berg Tabor, wie in der Bibel erwähnt. Dieses Ereignis nahmen die Jünger mit ihrem inneren Auge wahr; deshalb war es ein verborgenes Geheimnis und ihre geistige Entdeckung. Wäre die Bedeutung nämlich, dass sie leibliche Gestalten sahen, das heißt, diese Verklärung mit ihren äußeren Augen wahrnahmen, warum sahen es dann nicht die vielen anderen, die auf dem Berg und in der Ebene zugegen waren? Und warum verlangte dann der Herr von ihnen, niemandem davon zu erzählen? Es ist eindeutig, dass es eine geistige Schau war, ein Aufzug des Gottesreiches. Warum sonst gebot ihnen der Messias, es verborgen zu halten, »bis der Menschensohn von den Toten auferweckt worden ist«Q21, – das heißt, bis die Sache Gottes verherrlicht würde, das Wort Gottes sich durchsetzte und die Wirklichkeit Christi sichtbar wäre?
141
O du sehnsuchtsvolle Flamme, die du in der Liebe zu Gott loderst! Ich habe deinen Brief gelesen; sein beredter, wohlgesetzter Inhalt erfreute mein Herz, weil er deine tiefe Aufrichtigkeit in der Sache Gottes zeigt, deine ausdauernden Schritte auf dem Pfade Seines Königreiches und deine Treue zu Seinem Glauben – und von allen großen Dingen ist dies in Seinen Augen das bedeutendste.
Wie viele Seelen wandten sich doch dem Herrn zu, betraten Seines Wortes schützenden Schatten und wurden auf der ganzen Welt berühmt – zum Beispiel Judas Ischariot. Doch dann, als die Prüfungen härter und heftiger wurden, glitten ihre Füße auf dem Pfade aus. Sie wandten sich vom Glauben ab, nachdem sie seine Wahrheit anerkannt hatten, und verleugneten ihn; von Einklang und Liebe fielen sie ab in Unheil und Hass. So zeigte sich die Macht der Prüfungen, die starke Pfeiler zittern macht.
Judas Ischariot war der bedeutendste der Jünger; er rief die Menschen zu Christus. Dann schien es ihm, als ob Jesus dem Apostel Petrus zunehmend mehr Aufmerksamkeit schenkte. Als Jesus sagte: »Du bist Petrus, und auf diesen Felsen will ich meine Kirche bauen«Q22, hatten diese an Petrus gerichteten Worte, die Auserwählung des Petrus zu besonderer Ehre, deutliche Wirkung auf den Apostel – und sie entfachten Neid im Herzen des Judas. So wandte sich der einst Nahegekommene ab, der vormals Glaubende verleugnete nun seinen Glauben; seine Liebe wurde zu Hass, bis er die Kreuzigung dieses herrlichen Herrn, dieses offenbarten Lichtes herbeiführte. Solches bewirkt der Neid. Deshalb wenden sich die Menschen vom geraden Pfad ab. So geschah es früher, so wird es auch in dieser großen Sache geschehen. Aber es macht nichts, denn bei den übrigen bewirkt es Treue und lässt Seelen erstehen, die nicht zaudern, die wie Berge so fest und unerschütterlich sind in ihrer Liebe zu dem offenbaren Licht.
Übermittle den Dienerinnen des Barmherzigen die Botschaft, dass sie standhaft und treu in ihrer Liebe zu Bahá bleiben müssen, wenn eine Prüfung schwer wird. Im Winter kommen die Stürme, heftige Winde blasen. Aber dann folgt der Frühling in all seiner Schönheit, lieblich anzusehen mit geschmückten Hügeln und Tälern, mit duftenden Blumen und roten Anemonen. Dann werden die Vögel in den Zweigen ihre Freudengesänge schmettern und mit beschwingten Weisen von den Kanzeln der Bäume predigen. Bald werdet ihr schauen, wie die Lichter fluten, die Banner des Himmelreichs flattern, die süßen Düfte des Allbarmherzigen sich überallhin verbreiten, die Heerscharen des Königreiches herniederkommen, die Himmelsengel vorwärtsstürmen und der Heilige Geist über alle jene Lande weht. Dann werdet ihr die Zauderer sehen, Männer wie Frauen, enttäuscht in ihren Hoffnungen und in offensichtlichem Verlust. So ist es verordnet vom Herrn, dem Offenbarer der Verse.
Du aber bist selig, denn du bist standhaft in der Sache Gottes, fest in Seinem Bund. Ich bete zu Ihm, dir eine geistige Seele und das Leben des Gottesreiches zu verleihen und dich als ein grünes Blatt am Baum des Lebens gedeihen zu lassen, damit du vergeistigt und frohgemut den Mägden des Barmherzigen dienst.
Dein freigebiger Herr wird dir bei der Arbeit in Seinem Weinberg beistehen und dich zum Werkzeug machen, den Geist der Einheit unter Seinen Dienerinnen zu verbreiten. Er wird dein inneres Auge sehend machen mit dem Licht der Erkenntnis, deine Sünden vergeben und sie in gute Taten wandeln. Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Mitleidige, der Herr unermesslicher Gnade.
142
O du liebe Dienerin Gottes! Preise Gott, denn du bist begünstigt an Seiner Heiligen Schwelle, gehegt im Reiche Seiner Macht. Du bist Vorsitzende eines Rates, der geprägt ist von den himmlischen Heerscharen und das allherrliche Reich widerspiegelt. Strebe mit Herz und Seele, in demütigem Gebet und in Selbstauslöschung, Gottes Gesetz zu vertreten und Seine süßen Düfte allenthalben zu verbreiten. Mühe dich, den Versammlungen geistiger Seelen die wahre Vorsitzende zu sein, eine Gefährtin der Engel im Reich des Allbarmherzigen.
Du fragst nach dem zehnten bis siebzehnten Vers im einundzwanzigsten Kapitel der Johannes-Offenbarung. Wisse, dass das Firmament der strahlenden Sonne über unserer Erde nach mathematischen Regeln in zwölf Sternbilder eingeteilt wird, die man die zwölf Tierkreiszeichen nennt. Genauso scheint und ergießt die Sonne der Wahrheit ihre Gnadengaben in zwölf Stufen der Heiligkeit; mit diesen himmlischen Zeichen sind makellose, unbefleckte Menschen gemeint, Quellen der Heiligkeit, Dämmerorte für die Verkündung der Einheit Gottes.
Beachte, wie es in den Tagen Dessen, der Zwiesprache hielt,A51 zwölf heilige Wesen gab, welche die Führer der zwölf Stämme waren. Ebenso findest du in der Sendung des GeistesA52 zwölf Apostel im schirmenden Schatten jenes erhabenen Lichtes versammelt; von diesen leuchtenden Dämmerorten strahlte die Sonne der Wahrheit wie die Sonne am Himmel hervor. Sieh, wie es in den Tagen Muḥammads wieder zwölf Dämmerorte der Heiligkeit gab, Offenbarer der bestätigenden Hilfe Gottes. So geht das zu.
Demgemäß berichtete der heilige Johannes von zwölf Toren in seiner Vision und von zwölf Grundsteinen. Mit der »großen Stadt, dem heiligen Jerusalem, das aus dem Himmel von Gott herabkommt«Q23 ist das heilige Gesetz Gottes gemeint: Dies ist in vielen Tablets erklärt und bei den Propheten der Vergangenheit in den Schriften zu lesen, zum Beispiel, dass Jerusalem gesehen wurde, als es in die Wüste zog.
Die Bedeutung dieses Abschnitts ist, dass das göttliche Jerusalem zwölf Tore hat, durch welche die Seligen in die Stadt Gottes einziehen. Diese Tore sind Seelen, die Leitsternen gleichen, Tore des Wissens und der Gnade; unter diesen Toren stehen zwölf Engel. Mit ›Engel‹ ist die Macht der Bestätigungen Gottes gemeint – die Kerze der bestätigenden Macht Gottes scheint aus der Lampennische jener Seelen hervor –; es bedeutet, dass jedem dieser Wesen die gewaltigste Bestätigung und Hilfe zuteilwird.
Diese zwölf Tore umgeben die ganze Welt, das heißt, sie sind eine Zuflucht für alle Geschöpfe. Darüber hinaus sind diese zwölf Tore die Grundsteine der Stadt Gottes, des himmlischen Jerusalems, und auf jedem dieser Grundsteine steht der Name eines Apostels Christi geschrieben. Das bedeutet, jeder offenbart die Vollkommenheiten, die frohe Botschaft und die Vortrefflichkeit jenes heiligen Wesens.
Kurz, die Schrift sagt: »Und der mit mir redete, hatte ein gülden Rohr, einen Maßstab, dass er die Stadt, ihre Tore und Türme messe.«Q24 Die Bedeutung ist, dass bestimmte Persönlichkeiten das Volk mit einem Stecken, der aus der Erde gewachsen war, führten und sie mit einem Stab gleich dem des Mose hüteten. Andere erzogen und führten das Volk mit einem eisernen Stab wie in der Sendung Muḥammads. Im gegenwärtigen Zyklus wird, da es die mächtigste Sendung ist, der Stab, der aus dem Pflanzenreich wuchs, und der Stab aus Eisen in ein Rohr aus reinstem Gold verwandelt, den unermesslichen Schatzkammern des Reiches Gottes entnommen. Durch dieses Rohr werden die Menschen erzogen.
Achte auf den Unterschied: Einst waren die Lehren Gottes wie ein Stecken, durch den die Heiligen Schriften überallhin verbreitet, das Gesetz Gottes verkündet und Sein Glaube errichtet wurde. Dann folgte eine Zeit, in der der Stab des wahren Hirten wie aus Eisen war. Heute, in diesem neuen, herrlichen Zeitalter, ist der Stab wie reines Gold. Welcher Unterschied! Erkenne daraus, wie weit das Gesetz Gottes und Seine Lehren in dieser Sendung fortgeschritten sind, wie sie solche Höhen erreicht haben, dass sie die vorangegangenen Sendungen weit überragen. Dieser Stab ist wahrlich aus reinstem Gold, während die Stäbe früherer Tage aus Eisen und Holz waren.
Das ist eine kurze Antwort, für dich verfasst; für mehr fehlt die Zeit. Sicherlich wirst du mir vergeben. Gottes Dienerinnen müssen sich auf eine solche Stufe erheben, dass sie von selbst und ohne Hilfe diese inneren Bedeutungen begreifen und fähig werden, jedes Wort in allen Einzelheiten zu erläutern – eine Stufe, auf der aus der Wahrheit ihres tiefsten Herzens ein Quell der Weisheit sprudelt, wie sich ein Springbrunnen aus seinem eigenen Urgrund ergießt.
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O du, der du im Reiche Gottes dem Geiste Christi nahegekommen bist! Wahrlich, der Leib ist aus stofflichen Elementen zusammengesetzt, und alles Zusammengesetzte muss sich auflösen. Der Geist jedoch ist eine einzige Wesenheit, zart und fein, körperlos, ewig und göttlich. Wer deshalb Christus in Seinem stofflichen Leib erwartet, der hält vergebliche Ausschau und wird wie durch einen Schleier von Ihm ausgeschlossen sein. Wer sich aber sehnt, Ihn im Geiste zu finden, wird Tag für Tag wachsen vor freudigem Verlangen und brennender Liebe, weil er Ihm nahekommt und Ihn klar und deutlich erkennt. An diesem neuen, wundersamen Tag steht dir an, nach Christi Geist zu suchen.
Wahrlich, der Himmel, in den sich der Messias erhob, war nicht dieses unendliche Firmament; vielmehr war Sein Himmel das Reich Seines gütigen Herrn. So sagt Er selbst: »Ich bin vom Himmel gekommen«Q25, und ein andermal: »Des Menschen Sohn ist im Himmel«Q26. Daraus erhellt, dass Sein Himmel jenseits aller Himmelsrichtungen ist, das ganze Sein umschließt und für diejenigen errichtet ist, die Gott anbeten. Bete und flehe zu deinem Herrn, dass Er dich in diesen Himmel emporhebe und dir von seiner Nahrung in diesem Zeitalter der Macht und Majestät zu essen gebe.
Wisse, dass das Volk bis auf den heutigen Tag die Geheimnisse des Buches nicht entwirrt hat. Sie wähnen, Christus sei während Seines Erdenwandels von Seinem Himmel ausgeschlossen gewesen, sei vom Gipfel Seiner Erhabenheit abgefallen und hinterher in die höheren Gefilde des Himmels aufgestiegen, zu dem Himmel, der überhaupt nicht existiert, da er nur Weltraum ist. Sie warten darauf, dass Er von dort auf einer Wolke reitend wiederkomme. Sie bilden sich ein, dass es in diesem unendlichen All Wolken gebe, dass Er auf ihnen reite und so herniederfahre. Die Wahrheit ist indessen, dass eine Wolke nur Dampf ist, der von der Erde aufsteigt; sie kommt nicht vom Himmel herab. Vielmehr ist die Wolke, auf die sich das Evangelium bezieht, der Menschenleib. Er wird so bezeichnet, weil für den Menschen der Körper ein Schleier ist, der ihn wie eine Wolke daran hindert, die Sonne der Wahrheit zu erkennen, die vom Horizonte Christi scheint.
Ich bitte Gott, deinen Augen die Tore der Entdeckungen und Wahrnehmungen zu öffnen, damit du an diesem offenbarsten Tag Seine Geheimnisse erkennst.
Ich bin sehr begierig, dich zu treffen, aber die Zeiten sind ungünstig. So Gott will, werden wir dich wissen lassen, wann du zu einer besseren Zeit frohlockend kommen kannst.
144
O du, der du die Menschen liebst! Dein Brief ist angekommen, und er berichtet, Gott sei gepriesen, über deine Gesundheit und dein Wohlbefinden. Aus deiner Antwort auf einen früheren Brief geht hervor, dass zwischen dir und den Freunden Gefühle der Zuneigung entstanden sind.
Man darf in jedem menschlichen Wesen nur das sehen, was des Lobes würdig ist. Wenn man so handelt, kann man der ganzen Menschheit Freund sein. Betrachten wir die Menschen jedoch vom Standpunkt ihrer Fehler aus, dann ist es eine äußerst schwierige Aufgabe, mit ihnen Freundschaft zu pflegen.
Es geschah eines Tages zur Zeit Christi – möge das Leben der ganzen Welt ein Opfer für Ihn sein – dass Er an einem toten Hund vorbeikam, einem übelriechenden Kadaver, widerlich anzusehen, mit faulenden Gliedern. Einer Seiner Begleiter sagte: »Wie faul ist sein Gestank!« Ein anderer meinte: »Wie ekelerregend, wie abscheulich!« Kurzum, jeder hatte etwas hinzuzufügen.
Aber dann sprach Christus, und Er sagte ihnen: »Sehet die Zähne des Hundes! Wie strahlend weiß sie sind!«
Der sündenbedeckende Blick des Messias verweilte keinen Augenblick lang auf dem Widerwärtigen des Aases. Der einzige Teil des Kadavers, der keine Abscheu erregte, waren seine Zähne, und Jesus schaute auf ihren Glanz.
So sollten wir, wenn wir unseren Blick auf andere Menschen richten, das sehen, worin sie sich auszeichnen, und nicht das, worin sie versagen.
Preis sei Gott! Dein Ziel ist, das Wohlbefinden der Menschheit zu fördern und den Seelen zu helfen, ihre Fehler zu überwinden. Diese gute Absicht wird löbliche Früchte zeitigen.
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Du schriebst über die Frage geistiger Entdeckungen. Des Menschen Geist ist eine Kraft, welche alle Dinge umkreist und ihre Wirklichkeiten umfängt. Was immer du um dich her erblickst – wunderbare Ergebnisse menschlicher Kunstfertigkeit, Erfindungen, Entdeckungen und ähnliche Erscheinungen –, all dies war einmal ein Geheimnis, das im Reiche des Unbekannten verborgen lag. Der Menschengeist deckte dieses Geheimnis auf, holte es aus der unsichtbaren in die sichtbare Welt. So steht es zum Beispiel mit der Dampfkraft, der Photographie und dem Phonographen, der drahtlosen Telegraphie und den Fortschritten in der Mathematik: Alles war einst ein Mysterium, ein streng bewachtes Geheimnis; der Menschengeist enthüllte jedoch diese Geheimnisse und brachte sie aus dem Unsichtbaren ans Tageslicht. So ist deutlich, dass der menschliche Geist eine alles umfangende Kraft ist, die ihre Herrschaft über das innere Wesen alles Erschaffenen ausübt und die wohlverwahrten Mysterien der Erscheinungswelt aufdeckt.
Der göttliche Geist hingegen enthüllt göttliche Wirklichkeiten und allumfassende Geheimnisse, die in der geistigen Welt liegen. Ich hoffe, dass du diesen göttlichen Geist erlangen wirst, so dass du die Geheimnisse der anderen Welt ebenso entdeckst wie die Mysterien der Welt hienieden.
Du fragst hinsichtlich des 14. Kapitels, Vers 30, des Johannes-Evangeliums, wo Christus, der Herr, sagt: »Ich werde nicht mehr viel mit euch reden, denn es kommt der Fürst dieser Welt, und hat nichts an Mir.«Q27 Der Fürst dieser Welt ist die Gesegnete Schönheit; und »hat nichts an Mir« bedeutet: Nach Mir werden alle Gnade von Mir empfangen, aber Er ist von Mir unabhängig und wird keine Gnade von Mir empfangen. Das bedeutet, dass Er reich ist über Meine Gnade hinaus.
Zu deiner Frage über Entdeckungen, welche die Seele macht, nachdem sie ihre menschliche Hülle abgelegt hat: Sicherlich ist jene Welt eine Welt der Wahrnehmungen und Entdeckungen; denn der dazwischenliegende Schleier wird weggenommen werden, und der menschliche Geist wird auf Seelen schauen, die sich über ihm, unter ihm und auf gleicher Stufe mit ihm befinden. Man kann es mit dem Zustand des Menschen im Mutterleib vergleichen, wo seine Augen verschleiert und alle Dinge vor ihm verborgen sind. Wenn er aus der Welt des Mutterleibs geboren wird und ins Leben tritt, empfindet er dieses Leben, verglichen mit dem im Mutterleib, als einen Ort der Wahrnehmungen und Entdeckungen, nimmt er doch alle Dinge mit seinem äußeren Auge wahr. Genauso wird er, wenn er dieses Leben hinter sich lässt, in jener Welt alles sehen, was ihm hier verborgen war; aber dort wird er alles mit seinem inneren Auge sehen und verstehen. Dort wird er seine Gefährten und Ebenbürtigen schauen und diejenigen, die sich auf den Stufen über und unter ihm befinden. Was die Gleichheit der Seelen in dem allerhöchsten Reich betrifft, so bedeutet sie: Die Seelen der Gläubigen sind zu der Zeit, da sie zuerst in der Welt des Leibes erscheinen, gleich; jede ist heilig und rein. In dieser Welt jedoch fangen sie an, sich voneinander zu unterscheiden. Einige erreichen die höchste Stufe, manche eine mittlere, andere bleiben auf der untersten Stufe des Seins. Ihre Gleichstellung besteht am Anfang ihrer Existenz; die Unterscheidung folgt ihrem Hinscheiden.
Du schriebst wegen Seir. Seir ist ein Ort bei Nazareth in Galilea.
Was die Stelle bei Hiob, 19. Kapitel, Vers 25-27, betrifft: »Ich weiß, dass mein Erlöser lebt und dass Er am Jüngsten Tage auf Erden weilen wird«Q28, so bedeutet sie: Ich werde nicht erniedrigt werden, denn ich habe einen Erhalter und Hüter; und mein Helfer, mein Verteidiger wird schließlich offenbart werden. Obwohl mein Fleisch jetzt schwach und von Würmern bedeckt ist, werde ich geheilt werden, und mit diesen meinen eigenen Augen, das heißt mit meiner inneren Wahrnehmung, werde ich Ihn schauen. Dies sagte Hiob, nachdem ihm die anderen Vorwürfe gemacht hatten, und er selbst über das Leid seiner Prüfungen geklagt hatte. Selbst als sein Körper durch den unbarmherzigen Würgegriff der Krankheit mit Würmern bedeckt war, versuchte er noch, denen um ihn her zu sagen, dass er vollständig geheilt werde und in seinem Leib mit eigenen Augen seinen Erlöser schauen werde.
Was die Frau in der Offenbarung des Johannes, 12. Kapitel, anbelangt, die in die Wüste floh, und das große Wunder, das am Himmel erschien – die Frau, mit der Sonne bekleidet und dem Mond unter den Füßen: Mit der Frau ist Gottes Gesetz gemeint; denn nach der Begriffswelt der Heiligen Bücher bezieht sich diese Stelle auf das Gesetz, dessen Symbol hier die Frau ist. Die zwei Leuchten, Sonne und Mond, sind zwei Throne, der türkische und der persische, die beide unter der Herrschaft des Gesetzes Gottes stehen. Die Sonne ist das Symbol des persischen Reiches, und der Mond ist der Halbmond des türkischen Reiches. Die zwölffache Krone sind die zwölf Imame, die wie die Apostel den Gottesglauben unterstützten. Das neugeborene Kind ist die Schönheit des AngebetetenA53, die aus dem Gesetz Gottes hervorkam. Er sagt dann, dass die Frau in die Wüste floh, das heißt, das Gesetz Gottes wurde aus Palästina in die Wüste Ḥijáz getragen und blieb dort 1260 Jahre – also bis zur Ankunft des verheißenen Kindes. Wie wohl bekannt ist, wird in den Heiligen Büchern jeder Tag als ein Jahr gezählt.
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O Dienerin, entflammt in der Liebe zu Gott! Ich habe deinen ausgezeichneten Brief gründlich gelesen und Gott für deine sichere Ankunft in jener großen Stadt gedankt. Ich bitte Ihn, durch Seine unfehlbare Hilfe deine Rückkehr dorthin mit machtvoller Wirkung auszustatten. Das kann nur dann geschehen, wenn du dich aller Bindungen an diese Welt entledigst und dich in das Gewand der Heiligkeit kleidest, wenn du all deine Gedanken und Worte auf das Gedenken Gottes und Seinen Lobpreis beschränkst, auf die Verbreitung Seiner süßen Düfte überallhin und auf die Verrichtung guter Taten, wenn du dich der Aufgabe widmest, die Achtlosen zu erwecken, die Blinden sehend zu machen, die Tauben hörend, die Stummen sprechend, und wenn du durch die Macht des Geistes den Toten belebst.
Denn die Menschen sind blind, wie Jesus im Evangelium von ihnen sprach, sie sind taub und stumm; und Er sagte: »Ich werde sie heilen.«
Sei freundlich und mitleidig zu deiner schwachen Mutter. Sprich mit ihr über das Gottesreich, damit ihr Herz frohlocke.
Richte Fräulein Ford Grüße von mir aus. Übermittle ihr die frohe Botschaft, dass dies die Tage des Gottesreiches sind. Sage ihr: Gesegnet bist du ob deiner erhabenen Ziele, gesegnet bist du ob deiner guten Werke, gesegnet bist du ob deines geistigen Wesens. Wahrlich, ich liebe dich wegen dieser deiner Ziele, Eigenschaften und Taten. Sprich weiter zu ihr: Denke an den Messias, an Seine Tage auf Erden, Seine Erniedrigung, Seine Heimsuchung und wie die Menschen Ihm keine Aufmerksamkeit schenkten. Denke daran, wie die Juden Ihn dem Spott preisgaben, sich über Ihn lustig machten und zu Ihm sprachen: »Friede sei mit dir, König der Juden! Friede sei mit dir, König der Könige!«A54 Wie sie sagten, Er sei verrückt, und fragten, wie sich die Sache dieses Gekreuzigten jemals im Osten und Westen der Welt verbreiten könne. Keiner folgte Ihm außer ein paar Seelen: Fischer, Zimmerleute und andere aus dem gemeinen Volk. Wehe, wehe ob der Verblendung!
Und siehe, was dann geschah: wie ihre mächtigen Fahnen eingeholt wurden und stattdessen Sein erhabenes Banner gehisst wurde, wie all die hellen Sterne an jenem Himmel der Ehre und des Stolzes versanken, wie sie im Westen der Vergänglichkeit untergingen – und wie Sein Lichtgestirn von den Himmeln unsterblichen Ruhmes strahlt, während die Jahrhunderte und Zeitalter verrinnen. Seid also gewarnt, ihr, die ihr Augen habt zu sehen! Bald werdet ihr noch größere Dinge schauen als diese.
Wisse, dass alle Mächte vereint nicht die Kraft haben, den Weltfrieden zu errichten oder zu allen Zeiten der überwältigenden Vorherrschaft dieser endlosen Kriege standzuhalten. Bald jedoch wird die Macht des Himmels, die Vorherrschaft des Heiligen Geistes, auf den hohen Gipfeln die Fahnen der Liebe und des Friedens hissen; hoch über den Burgen der Majestät und Macht werden diese Fahnen wehen in den rauschenden Winden, die Gottes liebender Gnade entströmen.
Richte Frau Florence meine Grüße aus und sage ihr: Die verschiedenen Kirchengemeinschaften haben das Fundament ihres Glaubens aufgegeben und Lehren angenommen, die in den Augen Gottes keinerlei Bedeutung haben. Sie sind wie die Pharisäer, die beteten, fasteten und dann Christus zum Tode verurteilten. Beim Leben Gottes! Es ist eine eigenartige Sache!
Und du, o Dienerin Gottes, lies du liebevoll dieses Gebet zu deinem Herrn und sprich zu Ihm:
O Gott, mein Gott! Fülle mir den Kelch völliger Loslösung, und umgeben von Deinen herrlichen Gaben, erfreue mich mit dem Wein der Liebe zu Dir. Befreie mich vom Angriff der Leidenschaft und Begierde und löse mich aus den Fesseln der niederen Welt. Ziehe mich verzückt hinan zu Deinem hehren Reich, und belebe mich im Kreis Deiner Mägde mit dem Odem Deiner Heiligkeit.
O Herr, erleuchte mein Angesicht mit dem Lichte Deiner Gaben. Lass meine Augen strahlen, wenn sie die Zeichen Deiner allbeherrschenden Macht schauen. Ergötze mein Herz mit der Herrlichkeit Deines allumfassenden Wissens, mache meine Seele froh mit Deiner belebenden Freudenbotschaft, o Du König dieser Welt und des Reiches droben, o Du Herr der Herrschaft und Macht, damit ich Deine Beweise und Zeichen verbreite, Deine Sache verkünde, Deine Lehren fördere, Deinem Gesetz diene und Dein Wort erhöhe.
Du bist wahrlich der Machtvolle, der Immervergebende, der Fähige, der Allmächtige.
Was die grundlegenden Lehren des Glaubens angeht: Wisse, dass die Botschaft nur durch gute Taten und geistige Eigenschaften verbreitet werden kann, durch eine kristallklare Sprache und durch die Freude, die sich im Antlitz dessen widerspiegelt, der die Lehren darlegt. Es ist grundlegend, dass die Taten des Lehrers die Wahrheit seiner Worte bezeugen müssen. Dies ist der Zustand dessen, der die süßen Düfte Gottes allenthalben verbreitet, und die Eigenschaft dessen, der aufrichtig in seinem Glauben ist.
Hat der Herr dich dazu befähigt, diesen Zustand zu erreichen, so sei versichert, dass Er dir Worte der Wahrheit eingeben und dich durch den Odem des Heiligen Geistes sprechen lassen wird.
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Denke über die Ereignisse zur Zeit Christi nach; dann werden die gegenwärtigen Ereignisse verständlich und offenbar werden.
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O ihr Söhne und Töchter des Gottesreiches! In ihrer Dankbarkeit streben die Vögel des Geistes nur danach, zu den Himmelshöhen emporzufliegen und mit wundersamer Kunst ihre Lieder zu singen. Die jämmerlichen Regenwürmer jedoch wollen sich nur in die Erde graben. Wie heftig sie sich mühen, in die tiefsten Tiefen zu gelangen! Genauso sind die Erdensöhne. Ihr höchstes Ziel ist, in dieser vergänglichen Welt, diesem Tod im Leben, ihren Unterhalt zu mehren. Und dies trotz des Umstandes, dass ihnen Hand und Fuß durch tausend Kümmernisse und Sorgen gebunden sind und sie keinen Augenblick vor Gefahren geschützt sind; niemals sind sie sicher, nicht einmal vor plötzlichem Tod. So werden sie nach kurzer Zeit völlig ausgelöscht; keine Spur bleibt, die von ihnen berichtet, keines ihrer Worte wird jemals wieder vernommen.
Darum lobet und preiset Bahá’u’lláh; denn durch Seine Gnade und Hilfe seid ihr Söhne und Töchter des Gottesreiches, dank Ihm seid ihr nun Singvögel auf den Auen der Wahrheit und schwingt euch himmelwärts zu den Höhen des Ruhmes, der nie vergeht. Ihr habt euren Platz gefunden in der unsterblichen Welt; der Hauch des Heiligen Geistes weht über euch; ihr habt ein anderes Leben erwählt, ihr habt Zutritt zur Schwelle Gottes erlangt.
So errichtet denn freudevoll Geistige Räte; befasst euch mit dem Lobpreis und dem Ruhm des Herrn, nennt Ihn den Heiligen und den Größten. Richtet eure flehenden Hilferufe zum Reich des Allherrlichen, und stimmt jeden Augenblick eine Myriade Danksagungen an, dass ihr diese überreiche Gunst, diese überragende Gnade erlangt habt.
149
O du, der du Augen hast zu sehen! Was du erlebt hast, ist die reine Wahrheit und gehört ins Reich der geistigen Schau.
Der Duft ist mit der Knospe eng verbunden und verschmolzen; sobald die Knospe sich öffnet, verbreitet sich ihr süßer Geruch weithin. Das Kraut ist nicht ohne Frucht, auch wenn es so scheint; denn in diesem Gottesgarten übt jede Pflanze ihren Einfluss aus, jede hat ihre Sonderheiten, jede kann es sogar mit der lachenden, hundertblättrigen Rose aufnehmen, wenn sie mit ihrem Duft die Sinne erfreut. Sei dessen gewiss! Wenngleich die Buchseiten nichts von den Worten und Bedeutungen auf ihnen wissen, werden sie doch wegen ihrer Verbindung mit diesen Worten von den Freunden ehrfürchtig von Hand zu Hand gereicht. Diese Verbindung ist überdies die reinste Gnadengabe.
Schwingt sich die Seele aus diesem vergänglichen Haufen Staub empor, erhebt sie sich in die Welt Gottes, dann fallen die Schleier ab, alle Wahrheiten treten ans Licht, alles Unbekannte wird klar, und verborgene Einsichten werden verstanden.
Bedenke, wie ein Wesen in der Welt des Mutterleibes taube Ohren, blinde Augen und eine stumme Zunge hat, wie es jeglicher Wahrnehmung beraubt ist. Doch sobald es aus jener dunklen Welt in diese Welt des Lichtes tritt, sehen seine Augen, hören seine Ohren und spricht seine Zunge. So wird es auch, wenn es von diesem sterblichen Ort in das Reich Gottes eilt, im Geiste wiedergeboren. Dann öffnet sich seiner Wahrnehmung Auge, seiner Seele Ohr horcht auf, und alle ihm bisher unbekannten Wahrheiten werden offenkundig.
Ein aufmerksamer Reisender wird sich seiner Entdeckungen unterwegs sicher wieder erinnern, es sei denn, er hätte einen Unfall, der seine Erinnerung auslöscht.
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O Magd, entflammt im Feuer der Liebe Gottes! Gräme dich weder über die Misslichkeiten und die Not dieser niederen Welt noch freue dich in Zeiten ruhigen Behagens; denn beides wird vergehen. Das gegenwärtige Leben ist wie eine auflaufende Welle, eine Fata Morgana oder ein flüchtiger Schatten. Kann ein Zerrbild in der Wüste je als erquickendes Wasser dienen? Nein, bei dem Herrn der Herren! Niemals können die Wirklichkeit und ihr bloßer Schein dasselbe sein; groß ist der Unterschied zwischen Wahn und Tatsache, zwischen der Wahrheit und ihrem Trugbild.
Wisse, dass das Reich Gottes die wirkliche Welt, diese Welt hienieden aber nur sein vorausgeworfener Schatten ist. Ein Schatten hat kein eigenes Leben; sein Vorhandensein ist nur ein Hirngespinst und nichts mehr; es sind nur Bilder, vom Wasser gespiegelt, die dem Auge als Gemälde erscheinen.
Verlasse dich auf Gott. Vertraue Ihm. Preise Ihn und gedenke Seiner ständig. Er verwandelt wahrlich Kummer in Wohlbefinden, Sorge in Trost, Mühsal in vollkommenen Frieden. Er hat wahrlich Herrschaft über alle Dinge.
Wenn du auf meine Worte hörst, löse dich von den Fesseln allen Geschehens. Nein, danke deinem liebenden Herrn in allen Lebenslagen und stelle deine Angelegenheiten Seinem Willen anheim, der bewirkt, was Ihm gefällt. Dies ist wahrlich besser für dich als alles andere in beiden Welten.
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O du, der du an die Einzigkeit Gottes glaubst! Wisse, dass nichts der Seele nützt außer der Liebe zum Allgütigen, nichts erleuchtet das Herz außer dem Glanz, der vom Reiche des Herrn scheint.
Sage dich los von allen anderen Sorgen, lass das Vergessen die Erinnerung an alles andere überwinden. Beschränke deine Gedanken auf das, was die Menschenseele zum Paradiese himmlischer Gnade erhebt, und lasse jeden Vogel des Gottesreiches zum höchsten Horizonte fliegen, zum Mittelpunkt ewiger Ehre in dieser vergänglichen Welt.
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Zu der Frage nach der Seele eines Mörders und nach seiner Strafe ist die Antwort, dass der Mörder sein Verbrechen sühnen muss. Das heißt, wenn man den Mörder tötet, ist sein Tod die Sühne für sein Verbrechen, und nach seinem Tod wird Gott in Seiner Gerechtigkeit ihm keine zweite Strafe auferlegen, denn die göttliche Gerechtigkeit ließe dies nicht zu.
153
O du Dienerin Gottes! An diesem Tage besteht der Dank an Gott für Seine Gnadengaben darin, ein strahlendes Herz und eine Seele zu besitzen, die den Eingebungen des Geistes offensteht. Dies ist das Wesen des Dankes.
Was die Danksagung durch Wort oder Schrift angeht, so ist sie fürwahr annehmbar, verglichen mit jenem anderen Dank aber nur unwirklicher Schein; denn wesentlich ist, was der Geist dir eingibt, die Ausstrahlungen aus der Tiefe des Herzens. Ich hoffe, dass du damit begnadet wirst.
Was des Menschen Mangel an Fähigkeiten und Verdiensten am Tag der Auferstehung anbelangt, so schließt ihn dies nicht von Gaben und Gnadenerweisen aus; denn es ist nicht der Tag der Gerechtigkeit, sondern der Tag der Gnade, während die Gerechtigkeit jedem das zuteilt, was ihm gebührt. Schaue daher nicht auf den Grad deiner Fähigkeit, sondern schaue auf die grenzenlose Gunst Bahá’u’lláhs. Allumfassend ist Seine Gnade, vollkommen Seine Güte.
Ich bitte Gott darum, dass du mit Seiner Hilfe und kraftvollen Unterstützung die tiefe Bedeutung der Thora mit Beredsamkeit, Verständnis, Nachdruck und Geschick lehrst. Wende dein Angesicht dem Reich Gottes zu, bitte um die Gaben des Heiligen Geistes, rede, und die Bestätigungen des Geistes werden sich zeigen.
Die mächtige Sonnenkugel, die du in deinem Traum sahst, war der Verheißene, ihre sich ausbreitenden Strahlen waren Seine Gnadengaben. Die lichtdurchlässige Wasseroberfläche bedeutet unbefleckte, reine Herzen, während die wogenden Wellen die große Erregung dieser Herzen und die Tatsache kennzeichnen, dass sie erschüttert und tief bewegt wurden; das heißt, die Wellen sind die Bewegungen des Geistes und die heiligen Eingebungen der Seele. Preise Gott, dass du in der Traumwelt solche Enthüllungen wahrnahmst.
Zur Bedeutung eines Menschen, der sich selbst völlig vergisst: Die Absicht ist, dass er sich erheben und sich im wahren Sinne opfern soll; das heißt, er soll die Antriebe des menschlichen Zustands auslöschen und sich solcher Merkmale entledigen, die tadelnswert sind und das trübe Dunkel dieses Erdenlebens ausmachen. Der Sinn ist nicht, seine Gesundheit zu vernachlässigen und seinen Leib zu schwächen.
Ich flehe inständig und demütig an der Heiligen Schwelle, dass deine liebe Mutter, deine lieben Schwestern und Verwandten himmlische Segnungen und göttliche Vergebung umfangen. Besonders bete ich für deinen Verlobten, der so plötzlich von dieser in die nächste Welt eilte.
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O du Sohn des Königreiches! Deine höchst liebenswürdigen Briefe erfreuen allezeit mit ihrem gefälligen Stil unsere Herzen. Wenn das Lied vom Gottesreich handelt, frohlockt das Herz.
Preise Gott, dass du in jenes LandA55 gereist bist, Sein Wort zu erhöhen und den heiligen Duft Seines Reiches zu verbreiten, dass du als Gärtner in den Himmelsgärten dienst. Bald werden deine Anstrengungen von Erfolg gekrönt sein.
O du Sohn des Königreiches! Alles mit der Liebe Gottes Verbundene ist nützlich; ohne Seine Liebe sind alle Dinge schädlich und treten als Schleier zwischen den Menschen und den Herrn des Königreiches. Wo Seine Liebe ist, wird jede Bitternis süß und jede Gnadengabe bringt wohltuende Freude. So bringt zum Beispiel eine dem Ohr süße Melodie dem in Gott verliebten Herzen den wahren Geist des Lebens, die in sinnlichem Verlangen versunkene Seele jedoch besudelt sie mit Begierde. Jedes Wissensgebiet wird gebilligt und ist rühmenswert, wenn es mit der Liebe Gottes verbunden ist; Seiner Liebe beraubt, ist Wissen jedoch unfruchtbar – es führt fürwahr zum Wahnsinn. Jede Art von Erkenntnis, jede Wissenschaft ist wie ein Baum: Ist seine Frucht die Liebe zu Gott, so ist es ein gesegneter Baum; wo nicht, ist dieser Baum vertrocknetes Holz und nährt nur das Feuer.
O du treuer Diener Gottes, du geistiger Heiler der Menschen! Wann immer du einen Patienten behandelst, wende dein Antlitz dem Herrn des Himmelreiches zu, bitte den Heiligen Geist, dir beizustehen, und heile dann die Krankheit.
155
O du Flamme der Gottesliebe! Was du geschrieben hast, bereitete große Freude, denn dein Brief war wie ein Garten, aus dem die Rosen tiefer Bedeutungen den süßen Duft der Liebe Gottes verbreiten. So dienen meine Antworten als Regenschauer und Tau, um den geistigen Pflanzen, im Garten deines Herzens erblüht, mehr Frische und zarte Schönheit zu verleihen, als Worte ausdrücken können.
Du schriebst von schmerzlichen Prüfungen, die dich heimgesucht haben. Für die treue Seele ist eine Prüfung nur Gottes Gunst und Gnade; denn auf dem Feld des Schmerzes stürmt der Mutige freudig in die wilde Schlacht, während der Feigling vor Furcht winselt, zittert und bebt. So wird auch der tüchtige Student, der den Stoff mit großem Geschick beherrscht und seinem Gedächtnis einverleibt, den Prüfern am Tage der Prüfung froh sein Können vorführen; gediegenes Gold wird im Feuer des Münzprüfers wundersam glänzen und leuchten.
Es liegt auf der Hand, dass Prüfungen und Heimsuchungen für geheiligte Seelen nur Gottes Gunst und Gabe sind, während sie für den Schwachen ein unerwartetes, plötzlich auftretendes Unheil bedeuten.
Diese Prüfungen waschen nur, wie auch du schriebst, den Makel des Selbstes vom Spiegel des Herzens, bis die Sonne der Wahrheit ihre Strahlen darauf werfen kann; denn es gibt keinen schlimmeren Schleier als das Selbst, und wie fein dieser Schleier auch sei, wird er zuletzt einen Menschen vollständig ausschließen und ihn seines Anteils an der ewigen Gnade berauben.
O du entzückte Dienerin des Herrn! Wenn die Gläubigen, Männer wie Frauen, an meinem geistigen Auge vorüberziehen, fühle ich mich durch das Feuer der Gottesliebe erwärmt und flehe, dass der Allmächtige diesen heiligen Seelen mit Seinen unsichtbaren Heerscharen beistehe. Gepriesen sei der Herr, dass die Verheißungen all Seiner Manifestationen nun deutlich erfüllt sind an diesem größten aller Tage, in diesem heiligen, gesegneten Zeitalter!
O du entzückte Dienerin Gottes! Die Nähe ist wahrlich etwas Geistiges, nichts Leibliches; die Hilfe, nach der es uns verlangt, und die Hilfe, die kommt, ist nicht stofflicher, sondern geistiger Art. Trotzdem hoffe ich, dass du in jeder Hinsicht Nähe erlangst. Gottes Gnadengaben werden wahrlich eine geheiligte Seele umgeben, wie das Sonnenlicht den Mond und die Sterne einschließt: Sei dessen versichert.
Trage im Namen ‘Abdu’l-Bahás zu allen Gläubigen, Männern wie Frauen, den duftenden Hauch der Heiligkeit. Begeistere sie alle und bewege sie dazu, die süßen Düfte des Herrn zu verbreiten.
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O du Diener an der Heiligen Schwelle. Wir haben gelesen, was deiner Feder entfloss in deiner Liebe zu Gott, und der Inhalt deines Briefes gefiel uns sehr. Ich hoffe, dass dich durch Gottes Güte der Hauch des Allbarmherzigen allzeit beleben und erneuern wird.
Du schriebst über die Reinkarnation. Der Glaube an die Reinkarnation geht weit zurück in die Vorgeschichte der meisten Völker; er behauptete sich sogar bei den griechischen Philosophen, den römischen Weisen, den alten Ägyptern und den großen Assyrern. Trotzdem sind dieser Aberglaube und solche Redensarten in der Sicht Gottes barer Unsinn.
Das Hauptargument der Anhänger der Reinkarnation war, dass nach Gottes Gerechtigkeit jeder seinen Verdienst erhalten muss: Sooft zum Beispiel ein Mensch von einem Unheil bedrückt wird, ist dies wegen eines Unrechts, das er begangen hat. Doch nimm ein Kind, das noch im Mutterleib ist. Der Embryo sei eben erst geformt, das Kind sei blind, taub, lahm und unvollkommen – welche Sünde hat ein solches Kind begangen, dass es seine Leiden verdient? Sie antworten: Obwohl das Kind im Mutterleib äußerem Anschein nach keiner Sünde schuldig ist, hat es doch in seiner früheren Gestalt Unrecht begangen, und deshalb verdient es jetzt Strafe.
Diese Leute übersehen jedoch folgenden Punkt: Wenn die Schöpfung nur nach einer einzigen Regel voranschritte, wie könnte die allumfassende Macht sich wahrnehmbar machen? Wie könnte der Allmächtige Der sein, »der tut, was Ihm gefällt, und befiehlt, was Er will«Q29?
Kurz, die Heiligen Schriften sprechen von einer Wiederkehr, aber damit ist die Wiederkehr der Eigenschaften, Bedingungen, Wirkungen, Vollkommenheiten und inneren Wirklichkeiten der Geistesleuchten gemeint, die in jeder Sendung wieder auftreten. Der Hinweis bezieht sich nicht auf bestimmte Seelen und Persönlichkeiten.
Man kann zum Beispiel sagen, dass dieses Lampenlicht die Wiederkehr des Lichtes des vergangenen Abends ist oder dass die Rose des vergangenen Jahres heuer in den Garten zurückgekommen ist. Hier bezieht man sich nicht auf die individuelle Wirklichkeit, die fest umrissene Identität, das besondere Wesen jener anderen Rose, vielmehr bedeutet es, dass die Eigenschaften, die Unterscheidungsmerkmale jenes anderen Lichtes, jener anderen Blume, jetzt in diesem Licht, dieser Blume gegenwärtig sind. Die Vollkommenheiten, das heißt, die Gnadengaben eines vergangenen Frühlings sind dieses Jahr zurückgekehrt. Wir sagen zum Beispiel, diese Frucht ist die gleiche wie die des letzten Jahres; wir denken dabei aber nur an die Feinheit, Schönheit, Frische und Süße; denn offensichtlich kann der unerschütterliche Kern der Wirklichkeit, die besondere Wesenheit, niemals wiederkehren.
Welchen Frieden, welches Behagen, welche Annehmlichkeit entdeckten Gottes Heilige während ihres Verweilens in dieser niederen Welt, dass sie immerfort danach streben sollten, zurückzukommen und dieses Leben noch einmal zu führen? Genügt nicht ein einziger Blick auf diese Angst, diese Heimsuchungen, dieses Unheil, diese Schläge, diese grässlichen Schwierigkeiten? Sollten sie da eine mehrfache Rückkehr ins Erdenleben wünschen? Dieser Becher ist nicht so süß, dass man Lust hätte, ihn ein zweites Mal zu leeren.
Deshalb ersehnt, wer die Schönheit Abhá liebt, keinen anderen Trost als den, die Stufe zu erreichen, wo er Ihn im Reiche der Herrlichkeit schauen kann. Keinen anderen Pfad wandert er als den Pfad durch die Wüste der Sehnsucht nach diesen erhabenen Höhen. Er sucht das Behagen und den Trost, die immerdar bleiben; er sucht jene Gaben, die geheiligt sind über alle weltliche Gesinnung.
Wenn du dich scharfsichtigen Auges umschaust, merkst du, dass in dieser Welt des Staubes alle Menschen leiden. Hier findet kein Mensch Ruhe als Entschädigung für das, was er in früheren Leben begangen hat; auch ist hier niemand so selig, dass er vor aller Augen die Früchte vergangener Qualen pflückt. Fürwahr, wozu führte dann das Wirken und Walten der Gottheit? Wäre ein Menschenleben mit seinem geistigen Sein auf diese irdische Zeitspanne beschränkt, was wäre dann die Frucht der Schöpfung? Wäre solch eine Auffassung richtig, so wären alle erschaffenen Dinge, alle abhängigen Wirklichkeiten, ja die ganze Welt des Seins ohne jede Bedeutung. Gott behüte, dass jemand an solch einem Hirngespinst, solch einem schweren Irrtum festhält!
Wie die Wirkungen und der Nutzen des Lebens im Mutterleib nicht an jenem dunklen, engen Ort zu suchen sind, wie der Zweck und Nutzen des Wachstums und der Entwicklung in jener vorherigen Welt erst dann offenbar werden, wenn das Kind in unsere weite Welt eintritt, so werden Lohn und Strafe, Himmel und Hölle, Vergeltung und ausgleichende Gerechtigkeit für die im gegenwärtigen Leben begangenen Taten in jener anderen Welt offenbar werden. Und wie das Leben im Mutterleib, für sich genommen, ein unsinniges Leben ohne Bedeutung wäre, so wäre der gesamte Vorgang des Lebens sinnlos und töricht, trügen das Dasein in dieser Welt und die hier vollbrachten Taten nicht in der jenseitigen Welt ihre Frucht.
So wisse denn, dass Gott, der Herr, über unsichtbare Reiche gebietet, die des Menschen Verstand niemals erfassen, des Menschen Geist niemals begreifen kann. Hast du erst den Kanal deiner geistigen Wahrnehmung vom Schmutz des weltlichen Lebens gereinigt, so wirst du die süßen Düfte der Heiligkeit atmen, die aus den seligen Gemächern des Himmelreichs wehen.
Die Herrlichkeit sei mit dir und jedem, der sich dem Königreich des Allherrlichen zuwendet und es erschaut – das Reich, das der Herr geheiligt hat über das Verstehen derer, die Ihn vergessen, und das Er vor denen verbirgt, die stolz sind vor Ihm.
157
O ihr, die ihr mächtig hingezogen seid! O ihr Achtsamen! O ihr, die ihr dem Reiche Gottes nahekommt! Wahrlich, ich flehe aus vollem Herzen, mit ganzer Seele und in aller Demut zum Herrn, dass Er euch zu Zeichen der Führung mache, zu Bannern der Rechtschaffenheit, zu Quellen des Verstehens und Wissens, um durch euch die Sucher auf den geraden Pfaden zu leiten und sie auf den breiten Weg der Wahrheit in diesem mächtigsten Zeitalter zu führen.
O ihr Geliebten Gottes! Wisset, dass die Welt wie eine Fata Morgana ist, die sich über dem Sand erhebt und die der Dürstende für Wasser hält. Der Wein dieser Welt ist nur Dunst in der Wüste, ihr Mitleid und Erbarmen nur Mühe und Arbeit, alle Erholung, die sie bietet, nur Müdigkeit und Sorge. Überlasst sie denen, die ihr angehören, und wendet euer Angesicht zum Reich eures Herrn, des Allgütigen, damit Seine Gnade und Großmut ihr Morgenlicht auf euch strahle, damit eine himmlische Tafel zu euch herabgesandt werde, euer Herr euch segne und Seine Reichtümer über euch ergieße, um eure Brust zu erfreuen, euer Herz mit Wonne zu erfüllen, euren Geist hinanzuziehen, eure Seelen zu reinigen und eure Augen zu trösten.
O ihr Geliebten Gottes! Gibt es einen Geber außer Gott? Er erwählt für Seine Gnadengaben, wen immer Er will. Bald wird Er vor euch die Tore Seines Wissens öffnen und Euer Herz mit Seiner Liebe erfüllen. Er wird eure Seelen erfreuen mit den sanften Winden Seiner Heiligkeit, euer Angesicht erleuchten mit dem Glanz Seines Lichtes und das Gedenken an euch unter allen Völkern erhöhen. Euer Herr ist wahrlich der Mitleidige, der Barmherzige.
Mit unsichtbaren Heerscharen wird Er euch zu Hilfe kommen und euch mit der himmlischen Streitmacht göttlicher Eingebung unterstützen; Er wird süße Düfte aus dem höchsten Paradies auf euch herabsenden und den reinen Hauch aus dem Rosengarten der höchsten Versammlung über euch wehen lassen. Ins Herz wird Er euch den Geist des Lebens hauchen, euch einlassen in die Arche des Heils und euch Seine klaren Zeichen und Beweise offenbaren. Wahrlich, dies ist überreiche Gnade. Wahrlich, dies ist der unleugbare Sieg.
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Trauere nicht über das Hinscheiden meines geliebten Breakwell, denn er ist aufgestiegen zu einem Rosengarten der Herrlichkeit im Paradies Abhá, beschirmt von der Barmherzigkeit seines mächtigen Herrn, und mit lauter Stimme ruft er: »O wüsste doch mein Volk, wie barmherzig mein Herr mir vergeben und mich zu denen gesellt hat, die in Seine Gegenwart gelangt sind!«Q30
O mein geliebter Breakwell! Wo ist dein schönes Antlitz, wo deine beredte Zunge? Wo deine leuchtende Stirn und wo deine strahlende Schönheit?
O mein geliebter Breakwell! Wo ist dein Feuer, lodernd in Gottes Liebe? Wo deine Verzückung bei Seinem heiligen Hauch? Wo ist dein Lobpreis, den du zu Ihm erhobst? Machst du dich auf, Seiner Sache zu dienen?
O mein geliebter Breakwell! Wo sind deine strahlenden Augen, wo deine lächelnden Lippen? Wo ist deine edle Wange, wo deine anmutige Gestalt?
O mein geliebter Breakwell! Du hast diese irdische Welt verlassen, hast dich aufgeschwungen in das Gottesreich, du hast die Gnade der unsichtbaren Welt erlangt und dich geopfert an der Schwelle ihres Herrn!
O mein geliebter Breakwell! Zurückgelassen hast du die Lampe, die dein Erdenleib war, das Glas deiner Menschengestalt, deine irdischen Elemente, deine Lebensart hienieden.
O mein geliebter Breakwell! Du hast eine Flamme entfacht im Leuchter der himmlischen Heerscharen, bist eingetreten in das Paradies Abhá, hast Schutz gefunden im Schatten des Gesegneten Baumes, bist im himmlischen Hafen Ihm begegnet.
O mein geliebter Breakwell! Nun bist du ein Himmelsvogel, hast dein irdisches Nest aufgegeben, bist weggeflogen zu einem Garten der Heiligkeit im Reich deines Herrn. Du hast dich erhoben auf eine Stufe voll des Lichts.
O mein geliebter Breakwell! Dein Lied ist jetzt wie Nachtigallenschlag, üppig ergießest du Verse zum Lob der Gnade deines Herrn, der immer vergibt. Du warst ein dankbarer Diener, so gelangtest du zur seligsten Wonne.
O mein geliebter Breakwell! Wahrlich, dein Herr hat dich auserwählt für Seine Liebe, hat dich in den Hof Seiner Heiligkeit geführt, hat dich den Paradiesesgarten Seiner Gefährten betreten lassen und dich damit gesegnet, Seine Schönheit zu schauen.
O mein geliebter Breakwell! Du hast das ewige Leben erlangt, die unverbrüchliche Gnadengabe, ein Leben, das dir wohlgefällt, und Gottes Gunst die Fülle.
O mein geliebter Breakwell! Du wurdest zu einem Stern am himmlischen Firmament, zu einer Lampe unter den Engeln des Himmels. Du wurdest zu einem lebendigen Geist im erhabensten Reich, thronend in Ewigkeit.
O mein geliebter Breakwell! Ich bitte Gott, dich immer näher zu sich hinzuziehen, fest dich zu fassen, dein Herz mit der Nähe Seiner Gegenwart zu erfreuen, mit immer mehr Licht dich zu erfüllen, dir noch mehr Schönheit zu verleihen und dich mit Kraft und großer Herrlichkeit auszustatten.
O mein geliebter Breakwell! Unablässig denke ich an dich, nie werde ich dich vergessen. Tag und Nacht bete ich für dich. Deutlich, wie im hellen Sonnenlicht, stehst du vor meinen Augen.
O mein geliebter Breakwell!
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Zu deiner Frage, ob alle Seelen ausnahmslos ewiges Leben erlangen: Wisse, dass die Unsterblichkeit den Seelen eigen ist, denen von Gott der Geist des Lebens eingehaucht ward. Alle anderen sind leblos – sie sind tot, wie Christus im Evangelium erklärt hat. Wem der Herr die Augen öffnet, der wird die Menschenseelen in dem Rang sehen, den sie nach ihrer Befreiung aus dem Leib einnehmen werden. Er wird die Lebenden in der Nähe ihres Herrn blühen sehen, die Toten versunken in den tiefsten Abgrund der Verdammnis.
Wisse, dass jede Seele nach Gottes Wesen erschaffen, jede bei der Geburt rein und heilig ist. Später jedoch unterscheiden sich die Menschen je nach den Tugenden oder Lastern, die sie in der Welt erwerben. Wenn auch alles seinem Wesen nach in Rängen oder Stufen erschaffen wird, weil die Fähigkeiten verschieden sind, wird doch jeder einzelne heilig und rein geboren, und erst hernach kann er verderbt werden.
Im Übrigen ist alles gut, wenn auch die Daseinsstufen verschieden sind. Betrachte den menschlichen Körper, seine Gliedmaßen, das Auge, das Ohr, den Geruchs- und Geschmackssinn, die Hände, die Fingernägel. Ungeachtet der Unterschiede zwischen diesen Teilen wirkt jeder innerhalb der ihm eigenen Grenzen am zusammenhängenden Ganzen mit. Versagt einer, so muss er geheilt werden; hilft kein Heilmittel, so muss dieser Teil entfernt werden.
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O du treue, ergebene Dienerin des Herrn! Ich habe deinen Brief gelesen. Du bist wahrhaftig vom Königreich angezogen und hast dich dem allherrlichen Horizont geweiht. Ich bitte Gott, dich in Seiner Güte mit jedem neuen Tag im Feuer Seiner Liebe noch leuchtender brennen zu lassen.
Du warst, scheint es, im Zweifel darüber, ob du schreiben oder den Glauben lehren sollst. Es ist äußerst wichtig, den Glauben zu lehren, und Lehren ist im Augenblick besser für dich. Wann immer du eine Gelegenheit findest, löse deine Zunge und führe das Menschengeschlecht.
Du fragst mich über den Erwerb von Wissen: Lies die Bücher und Sendschreiben Gottes und die Aufsätze, die geschrieben wurden, um die Wahrheit dieses Glaubens darzulegen. Zu ihnen gehören der Íqán, der ins Englische übersetzt ist, die Werke von MírzáAbu’l-Faḍl und einigen anderen Gläubigen. In Zukunft wird eine große Anzahl heiliger Sendschreiben und anderer heiliger Schriften übersetzt werden, du solltest sie gut lesen. Desgleichen erbitte von Gott, dass der Magnet Seiner Liebe das Wissen um Ihn auf dich ziehe. Ist eine Seele in allen Dingen geheiligt, geläutert und geweiht, so werden sich die Tore der Erkenntnis Gottes weit vor ihren Augen öffnen.
Du schreibst über die liebe Dienerin Gottes, Frau Goodall. Diese von Gott begeisterte Seele dient wahrhaftig stets dem Glauben und tut alles, was ihr nur möglich ist, um den himmlischen Strahlenglanz zu verbreiten. Wenn sie so fortfährt, werden in künftigen Zeiten sehr große Wirkungen daraus folgen. Das wichtigste ist, standhaft und festverwurzelt zu bleiben und bis zum Ende auszuharren. Ich hoffe, dass die Dienerinnen des Herrn mit ihren hochherzigen Bemühungen jene Berge und jenes MeerA56 so hell in der Liebe Gottes erstrahlen lassen, dass sie ihren Widerschein bis ans Ende der Erde werfen.
Du fragst, ob mit dem Kommen des Gottesreiches jede Seele gerettet werde. Die Sonne der Wahrheit strahlt in ihrer Herrlichkeit über die ganze Welt; ihr lichtvoller Aufgang ist des Menschen Heil und sein ewiges Leben; aber nur der gehört zu den Geretteten, der das Auge seiner Einsicht weit öffnet und diese Herrlichkeit erblickt.
Du hast auch gefragt, ob im Bahá’í-Zeitalter das Geistige schließlich den Sieg davontrage. Es ist gewiss, dass Geistigkeit den Materialismus überwinden wird, dass der göttliche Wille den menschlichen bezwingen wird, dass die Massen der Menschheit durch göttliche Erziehung große Fortschritte auf allen Lebensstufen machen werden – ausgenommen jene, die blind und taub, stumm und tot sind. Wie könnten sie das Licht verstehen? Selbst wenn die Sonnenstrahlen jeden noch so dunklen Winkel des Erdballs erhellen, haben die Blinden doch keinen Anteil an dieser Herrlichkeit, und selbst wenn der Regen göttlicher Barmherzigkeit in Strömen auf die ganze Erde fällt, blüht doch auf unfruchtbarem Boden kein Strauch und keine Blume.
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O du, der du nach dem Reich des Himmels trachtest! Diese Welt ist wie des Menschen Leib, und Gottes Reich ist wie der Geist des Lebens. Sieh, wie eng und dunkel die stoffliche Welt des Leibes ist, wie sie Leiden und Krankheiten zum Opfer fällt. Wie frisch und strahlend ist dagegen das Reich des menschlichen Geistes. Schließe aus diesem Gleichnis, wie die Welt des Königreichs herniederstrahlt, wie ihre Gesetze geschaffen sind, in diesem niederen Reich zu wirken. Zwar ist der Geist dem Blick verborgen, doch strahlen seine Befehle wie der Sonnenschein auf die Welt des Menschenleibs. So ist auch für den, der mit dem inneren Auge schaut, das Himmelreich klar wie der Tag, obgleich es dem Blick dieses unwissenden Volkes verborgen bleibt.
Wohne du deshalb für immer im Reich Gottes und vergiss diese niedere Welt. Gehe völlig auf in der Ausstrahlung des Geistes, so dass nichts in der Menschenwelt dich ablenkt.
162
O ihr lieben Freunde ‘Abdu’l-Bahás! Immerzu warte ich auf gute Nachrichten von euch und sehne mich danach zu hören, dass ihr täglich Fortschritte macht und immer heller vom Lichte der Führung erleuchtet werdet.
Bahá’u’lláhs Segnungen sind ein uferloses Meer, und selbst ewiges Leben ist nur ein Tautropfen daraus. Die Wogen dieser See branden ohne Unterlass gegen die Herzen der Freunde, und aus diesen Wellen rühren die Eingebungen des Geistes und die inbrünstigen Pulsschläge der Seele, bis das Herz nachgibt und, ob es will oder nicht, sich demütig im Gebet dem Königreich des Herrn zuwendet. Deshalb tut, was ihr könnt, und befreit euer innerstes Selbst, damit ihr jeden Augenblick neuen Strahlenglanz von der Sonne der Wahrheit widerspiegelt.
Ihr wohnt allesamt im Herzen ‘Abdu’l-Bahás; mit jedem Atemzug wende ich mein Angesicht der Schwelle der Einheit zu und rufe Segnungen auf jeden einzelnen von euch hernieder.
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O ihr beiden Wahrheitssucher! Euer Brief ist angekommen; sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen. Die früheren Briefe sind nicht alle eingetroffen. Einige kamen an, als die Grausamkeit der Unterdrücker so überhandnahm, dass es unmöglich war, eine Antwort abzusenden. Jetzt ist dieser Brief hier, und wir können ihn beantworten. Trotz dringender Geschäfte schreibe ich euch jetzt, damit ihr wisst, dass ihr von uns allen geliebt werdet und im Reich Gottes angenommen seid.
Eure Fragen können allerdings nur kurz behandelt werden; für eine ausführliche Antwort fehlt die Zeit. Zur ersten Frage: Die Seelen der Kinder des Königreiches erheben sich nach ihrer Trennung vom Leib in das Reich ewigen Lebens. Aber wenn ihr nach dem Ort fragt, so wisst, dass die Welt des Seins eine einzige Welt ist, wenn auch ihre Stufen verschiedenartig und voneinander getrennt sind. Zum Beispiel nimmt das mineralische Leben seine eigene Stufe ein; aber mineralisches Dasein ist sich des Pflanzenreiches in keiner Weise bewusst. Ja, es leugnet mit seiner inwendigen Zunge, dass es überhaupt so ein Reich gibt. Genauso weiß pflanzliches Dasein nichts über die tierische Welt. Es kümmert sich nicht um sie, und sie bleibt ihm verborgen; denn die Stufe des Tieres ist höher als die der Pflanze. Vor der Pflanze ist die Tierwelt verschleiert, und inwendig leugnet sie das Dasein jener Welt – das alles, obwohl Tier, Pflanze und Mineral in derselben Welt wohnen. Völlig unbewusst bleibt auch dem Tier die Macht des menschlichen Verstandes, der weltumfassende Ideen aufnimmt und die Geheimnisse der Schöpfung enthüllt, so dass ein Mensch, der im Osten lebt, Pläne und Vorkehrungen für den Westen entwickeln und Geheimnisse enträtseln kann. Er kann Amerika entdecken und befindet sich doch auf dem europäischen Kontinent; er kann die innersten Wirklichkeiten der Himmelssterne erfassen und ist doch auf der Erde. Diese dem menschlichen Verstand eigene Entdeckerkraft, diese Macht, abstrakte, weltumfassende Ideen aufzunehmen, bleibt dem Tier völlig verborgen; das Tier leugnet in der Tat ihr Vorhandensein.
Genauso können die Erdenbewohner die Welt des Reiches Gottes nicht erkennen und leugnen ihr Vorhandensein. Sie fragen zum Beispiel: »Wo ist das Königreich? Wo ist der Herr des Königreiches?« Diese Menschen sind wie das Mineral und die Pflanze, die über das Tierreich und das Menschenreich nichts wissen. Sie sehen es nicht, sie finden es nicht. Und doch leben sie alle, das Mineral und die Pflanze, das Tier und der Mensch, zusammen in dieser Welt des Seins.
Zur zweiten Frage: Prüfungen und Heimsuchungen von Gott finden auf dieser Welt statt, nicht in der Welt des Gottesreichs.
Die Antwort auf die dritte Frage lautet, dass des Menschen Wirklichkeit in der anderen Welt keine leibliche Gestalt anlegt; vielmehr nimmt sie eine himmlische Gestalt an, die aus Elementen jenes himmlischen Reiches gemacht ist.
Und die Antwort auf die vierte Frage: Die Sonne der Wahrheit hat ihren Mittelpunkt in der überirdischen Welt, im Reich Gottes. Reine, makellose Seelen eilen bei der Auflösung ihrer stofflichen Gestalt hin zur Welt Gottes, und jene Welt ist inmitten dieser Welt. Nur sind sich die Menschen dieser Welt nicht bewusst. Sie sind wie das Mineral und die Pflanze, die über die Tierwelt und die Menschenwelt nichts wissen.
Die Antwort auf die fünfte Frage lautet: Bahá’u’lláh hat das Königszelt der Einheit der Menschheit errichtet. Wer immer unter diesem Dach Schutz sucht, wird gewiss aus anderen Behausungen herauskommen.
Zur sechsten Frage: Ergeben sich zu irgendwelchen Fragen Meinungsunterschiede zwischen zwei widerstreitenden Gruppen, so mögen sie sich zur Lösung des Problems an den Mittelpunkt des Bündnisses wenden.
Und zur siebten Frage: Bahá’u’lláh ist der ganzen Menschheit offenbart. Er lädt alle an Gottes Tafel, zum Festmahl göttlicher Großmut. Heute gehören jedoch die meisten, die an dieser Tafel sitzen, zu den Armen, und darum sagte Christus: »Selig sind die Armen«; denn die Reichen hält der Reichtum davon ab, das Königreich zu betreten. Und wiederum sagte Er: »Es ist leichter, dass ein Kamel durch ein Nadelöhr gehe, denn dass ein Reicher ins Reich Gottes komme.«Q31 Wenn jedoch der Reichtum dieser Welt, irdischer Ruhm und Ansehen den Reichen nicht am Eintritt in das Gottesreich hindern, wird er an der Heiligen Schwelle begünstigt und vom Herrn des Königreiches angenommen.
Kurz gesagt, Bahá’u’lláh wurde offenbar, um alle Völker der Welt zu erziehen. Er ist der weltumfassende Erzieher, für Reiche und Arme, Schwarze und Weiße, für die Völker des Ostens wie des Westens, des Nordens wie des Südens.
Einige von denen, die ‘Akká besucht haben, machen große Fortschritte. Sie waren erloschene Kerzen und wurden entzündet; sie waren verwelkt und begannen zu blühen, sie waren tot, wurden zum Leben erweckt und kehrten heim mit der Botschaft großer Freude. Andere jedoch, das ist wahr, gingen, wie sie gekommen waren. Es war nur ein Ausflug für sie.
O ihr beiden, die ihr euch so stark vom Gottesreich angezogen fühlt. Danket Gott, dass ihr euer Heim zu einem Bahá’í-Zentrum und zum Versammlungsort für die Freunde macht.
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O ihr beiden gläubigen, überzeugten Seelen! Der Brief ist angekommen. Gelobt sei Gott, er brachte gute Nachrichten. Kalifornien ist bereit für die Verkündigung der Lehren Gottes. Ich hoffe, ihr müht euch mit Herz und Seele, damit der süße Duft den Menschen in die Nase steige…
Überbringt Frau Chase meine ergebenen Grüße und sagt ihr: »Herr Chase ist ein funkelnder Stern am Horizont der Wahrheit; aber derzeit noch hinter den Wolken verborgen. Bald werden diese Wolken vertrieben, und der Strahlenglanz jenes Sterns wird das Land Kalifornien erleuchten. Würdige die Gnadengabe, dass du seine Frau und Lebensgefährtin warst.«
Jedes Jahr müssen die Freunde im Namen ‘Abdu’l-Bahás am TodestagA57 das Grabmal dieser gesegneten Seele besuchen, in tiefster Demut und Bescheidenheit voll Ehrerbietung Blumengebinde auf ihr Grab legen, den ganzen Tag in stillem Gebet verbringen, das Antlitz dem Königreich der Zeichen zugewandt, die Tugenden dieser ruhmreichen Persönlichkeit lobpreisend.
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O mein Gott! O mein Gott! Wahrlich, Dein Diener, der demütig vor der Majestät Deiner höchsten, göttlichen Gewalt und bescheiden am Tor Deiner Einzigartigkeit steht, hat an Dich und Deine Verse geglaubt. Er hat für Dein Wort gezeugt und war entflammt vom Feuer Deiner Liebe. Tief war er in das Meer Deiner Erkenntnis eingetaucht und angezogen von Deinem Windhauch. Auf Dich hat er sich verlassen, Dir sein Angesicht zugewandt und Dir seine Gebete dargebracht, Deiner Vergebung und Verzeihung gewiss. Nun hat er dieses vergängliche Leben verlassen und sich emporgeschwungen ins Reich der Unsterblichkeit, voll Sehnsucht nach der Gnade, Dir zu begegnen.
O Herr, verherrliche seine Stufe, beherberge ihn unter dem Thronzelt Deines höchsten Erbarmens, gewähre ihm Einlass in Dein herrliches Paradies und lass ihn immerdar leben in Deinem erhabenen Rosengarten, eingetaucht in die Welt der Mysterien wie in ein Lichtermeer.
Wahrlich, Du bist der Freigebige, der Gewaltige, der Vergebende und der Schenkende.
O du überzeugte Seele, du Dienerin Gottes…! Sei nicht traurig über den Tod deines verehrten Gatten. Er hat wahrlich die Begegnung mit seinem Herrn an der Stätte der Wahrheit in des mächtigen Königs Gegenwart erlangt. Wähne nicht, du hättest ihn verloren. Der Schleier wird hinweggetan, und du wirst sein Antlitz inmitten der höchsten Heerscharen leuchten sehen, wie Gott, der Erhabene, spricht: »Wir werden ihn gewiss zu einem glücklichen Leben erwecken.«Q32 Höchste Bedeutung ist deshalb nicht dieser ersten Erschaffung beizumessen, sondern dem künftigen Leben.
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O Diener Bahás! Opfere dich auf dem Pfade Gottes, nimm deinen Flug zum Himmel der Liebe zur Schönheit Abhá; denn von Liebe beseelte Bewegung zielt vom Umkreis zum Mittelpunkt hin, aus dem Raum zur Sonne des Alls. Vielleicht hältst du das für schwierig; aber ich sage dir, dass dem nicht so ist, denn wenn die bewegende, führende Kraft die göttliche Kraft der Anziehung ist, kann man mit ihrer Hilfe Zeit und Raum leicht und schnell durchmessen. Ruhm sei dem Volk Bahás.
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Du fragst nach Schicksal, Vorherbestimmung und Willen. Schicksal und Vorherbestimmung bestehen aus den zwangsläufigen, unumgänglichen Beziehungen in den Wirklichkeiten der Dinge. Diese Beziehungen sind durch die Schöpferkraft in die Wirklichkeiten der bestehenden Wesen hineingelegt, und jedes Geschehnis ist eine Folge der zwangsläufigen Beziehung. Zum Beispiel hat Gott eine Beziehung zwischen der Sonne und der Erdkugel geschaffen, nach der die Sonnenstrahlen scheinen und der Erdboden Frucht tragen soll. Diese Beziehungen bedeuten Vorherbestimmung; ihre Offenbarung auf der Ebene des Daseins ist Schicksal. Der Wille ist die Wirkkraft, die diese Beziehungen und diese Geschehnisse überwacht. Das ist die kurze Erklärung des Schicksals und der Vorherbestimmung. Ich habe keine Zeit für eine ausführliche Erklärung. Denke darüber nach; der Zusammenhang von Schicksal, Vorherbestimmung und Willen wird dann offenbar werden.
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O du hohe Dame im Königreich! Preise Gott, dass du in diesem Zeitalter, im Zeitalter der Sendung Bahá’u’lláhs, erweckt und des Herrn der Heerscharen in Seiner Offenbarung bewusst wurdest. Alle Bewohner der Welt liegen in den Gräbern der Natur oder schlummern, achtlos und unbewusst, wie Christus sagte: »Ich werde kommen, wenn ihr es nicht gewahr seid. Der Menschensohn kommt, wie ein Dieb ins Haus kommt, und der Eigentümer ist sich dessen nicht bewusst.«
Kurz, ich hoffe, du schreitest durch Bahá’u’lláhs Gnadengaben täglich im Gottesreich voran und wirst ein himmlischer Engel, bestätigt vom Odem des Heiligen Geistes, ein Bauwerk errichtend, das ewig fest und unerschüttert steht…
Diese Tage sind überaus kostbar; ergreife die Gelegenheit und entzünde eine Kerze, die nie verlöscht und ihr Licht ewig auf die Menschenwelt ergießt.
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O ihr beiden geduldigen Seelen! Euer Brief traf ein. Der Tod dieses jungen Menschen und seine Trennung von euch haben Kummer und große Trauer über euch gebracht; denn in der Blüte seiner Jugend nahm er seinen Flug zum himmlischen Nest. Aber er wurde befreit aus dieser kummervollen Stätte und wandte sein Antlitz seinem ewigen Nest im Königreich zu. Befreit aus einer dunklen, engen Welt, eilte er ins geheiligte Reich des Lichtes. Darin liegt der Trost für unsere Herzen.
Solche herzzerreißenden Geschehnisse unterliegen Gottes unerforschlicher Weisheit. Es ist, als pflanze ein liebevoller Gärtner einen jungen, zarten Busch von einem engen Platz weg in ein weites, offenes Feld. Diese Verpflanzung bedeutet nicht, dass der Busch welkt, schrumpft oder eingeht. Im Gegenteil, sie lässt ihn wachsen und gedeihen, verleiht ihm köstliche Frische, lässt ihn ergrünen und Frucht tragen. Dieses verborgene Geheimnis ist dem Gärtner wohlbekannt; nur Seelen, die solcher Gnadengaben unbewusst sind, wähnen, der Gärtner entwurzele den Busch aus Ärger und Zorn. Allen Verständigen jedoch ist die verborgene Tatsache offenkundig; der vorherbestimmte Ratschluss gilt ihnen als ein Segen. Seid darum nicht traurig und verzweifelt über den Aufstieg dieses Vogels der Treue; nein, betet unter allen Umständen für diesen jungen Menschen. Bittet, dass er Vergebung finde und seine Stufe erhöht werde.
Ich hoffe, dass ihr höchste Geduld, Gelassenheit und Ergebenheit erlanget, und an der Schwelle der Einheit bitte ich flehentlich um Vergebung und Verzeihung. Von Gottes ewigen Gnadengaben erhoffe ich, dass Er diese Taube aus dem Garten des Glaubens beschütze und sie auf dem Zweig der himmlischen Heerscharen herberge, damit sie zum Ruhm und Preis des Herrn der Namen und Tugenden ihr schönstes Lied singe.
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O du Sucherin nach dem Reich Gottes! Dein Brief traf ein. Du schreibst über den großen Kummer, der dich getroffen hat – den Tod deines verehrten Gatten. Dieser ehrenhafte Mann unterlag dem Druck und der Spannung dieser Welt derart, dass es sein größter Wunsch war, daraus befreit zu werden. Das ist die sterbliche Wohnstatt: ein Vorratslager voll Kummer und Leid. Was den Menschen daran bindet, ist Unwissenheit; denn keine Seele vom Monarchen bis hinunter zum einfachsten Untertanen kann in dieser Welt Genüge finden. So dieses Leben dem Menschen einmal einen süßen Becher reicht, werden sicher hundert bittere folgen. Das ist der Zustand dieser Welt. Der Weise bindet sich deshalb nicht an dieses vergängliche Leben und macht sich nicht davon abhängig. Manchmal wünscht er sich sogar sehnsüchtig den Tod, damit er frei werde von diesen Leiden und Heimsuchungen. So kommt es auch, dass manche unter starker Seelenqual Selbstmord verüben.
Was deinen Gatten angeht, so sei ganz sicher. Er wird in das Meer der Vergebung getaucht; er wird Gnade und Gunst empfangen. Bemühe dich sehr, seinem Kind eine Bahá’í-Erziehung zu geben, damit es als Erwachsener barmherzig, erleuchtet und himmlisch sei.
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O du geliebte Dienerin Gottes! Der Verlust eines Sohnes bricht einem Menschen das Herz und ist unerträglich. Wer aber Erkenntnis und Verständnis hat, ist sicher, dass der Sohn nicht verloren ging, vielmehr aus dieser Welt in eine andere ging und im Reich Gottes wiederzufinden ist. Die Wiedervereinigung wird für die Ewigkeit sein; nur in dieser Welt ist die Trennung unvermeidlich und bringt brennenden Schmerz.
Preis sei Gott, dass du Gewissheit hast, dein Angesicht dem ewigen Königreich zuwendest und an die Existenz einer himmlischen Welt glaubst. Sei deshalb nicht verzweifelt, lass dich nicht niederdrücken, seufze nicht, wehklage und weine nicht; denn aufbegehrendes Klagen beeinträchtigt seine Seele im himmlischen Reich zutiefst.
Aus der verborgenen Welt spricht dieses geliebte Kind zu dir: »O du liebe Mutter, danke der göttlichen Vorsehung, dass ich befreit wurde aus einem engen, dunklen Käfig und mich wie die Vögel auf den Feldern aufgeschwungen habe in die göttliche Welt – eine Welt, die weit, erleuchtet, allzeit froh und jauchzend ist. Deshalb, o Mutter, wehklage nicht und sei nicht traurig. Ich bin weder verloren, noch bin ich zuschanden und ausgelöscht. Ich habe meine sterbliche Gestalt abgeschüttelt und mein Banner in dieser geistigen Welt gehisst. Dieser Trennung folgt ewige Vereinigung. Du wirst mich im Himmel des Herrn wiederfinden, versunken in einem Meer von Licht.«
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Gelobt sei Gott! Dein Herz ist mit dem Gedenken Gottes befasst, deine Seele ist erfreut durch die frohen Botschaften Gottes, und du bist im Gebet versunken. Die Gebetshaltung ist der beste Zustand, denn da hat der Mensch Verbindung mit Gott. Wahrlich, das Gebet verleiht Leben, besonders wenn man es allein und zurückgezogen darbringt, zu Zeiten wie um Mitternacht, wenn man der täglichen Pflichten ledig ist.
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Die Seelen, die an diesem Tage in das Reich Gottes eintreten und ewiges Leben erlangen, schweben, obwohl körperlich auf Erden, in Wirklichkeit in himmlischen Gefilden. Ihr Leib mag auf Erden weilen, aber ihr Geist schweift in der Unendlichkeit des Raumes. Denn wenn die Gedanken sich weiten und erleuchtet sind, werden sie beflügelt und tragen den Menschen in das Reich Gottes.
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O ihr geistigen Freunde ‘Abdu’l-Bahás. Euer Brief ist angekommen. Sein Inhalt brachte große Freude, zeigt er doch eure Festigkeit und Standhaftigkeit in der Sache Gottes.
Der dortige Rat steht im schützenden Schatten des Herrn aller Segnungen, und ich hoffe, dass er, wie es einer solchen Körperschaft zukommt, vom Odem des Heiligen Geistes begünstigt und bestärkt werde, dass ihr alle Gott jeden Tag in noch größerem Maße liebt und noch fester verbunden werdet mit Ihm, der ewigwährenden Schönheit, dem Licht der Welt. Denn Gottesliebe und geistige Anziehung reinigen und heiligen des Menschen Herz; sie kleiden und schmücken es mit dem makellosen Gewand der Heiligkeit. Und wenn das Herz ganz dem Herrn zugewandt ist, wenn es der Gesegneten Vollkommenheit verpflichtet ist, dann wird die Gnade Gottes offenbar.
Diese Liebe kommt nicht vom Leibe, sondern ganz aus der Seele. Und Seelen, deren inneres Sein von der Liebe Gottes erleuchtet ist, breiten sich aus wie Lichtstrahlen, leuchten wie Sterne der Heiligkeit an einem reinen, kristallklaren Himmel. Denn die wahre, die wirkliche Liebe ist die Liebe zu Gott; sie ist geheiligt über menschliche Begriffe und Einbildungen.
Lasst die Geliebten Gottes allesamt das Wesen der Reinheit verkörpern, das Leben wahrer Heiligkeit, so dass sie überall für ihre Lauterkeit, ihre geistige Unabhängigkeit und ihre Sanftmut bekannt werden. Lasst sie ermuntert sein durch den Trunk aus dem ewigen Kelch der Liebe Gottes und fröhlich werden, wenn sie aus den Weinkellern des Himmels trinken. Lasst sie die Gesegnete Schönheit schauen, die flammende Begeisterung dieser Zusammenkunft spüren, stumm vor Ehrfurcht und Staunen. Das ist die Stufe der Aufrichtigen; das ist der Weg der treu Ergebenen; das ist der Strahlenglanz im Antlitz derer, die Gott nahe sind.
Deshalb müssen sich die Freunde Gottes hochheilig und einhellig im Geiste erheben, eins miteinander in solchem Maße, dass sie ein Wesen und eine Seele werden. Auf dieser Ebene spielen die stofflichen Leiber keine Rolle mehr, vielmehr übernimmt der Geist die Führung und regiert; wenn seine Macht alle umschließt, ist die geistige Vereinigung erreicht. Strebt Tag und Nacht danach, eure Einheit voll zu veredeln. Lenkt eure Gedanken auf eure geistige Entwicklung, schließt eure Augen vor den Fehlern anderer Seelen. Handelt so, dass andere durch euch erweckt werden; bringt reine und gute Taten hervor, zeigt Bescheidenheit und Demut!
Niemals ist es der Wunsch ‘Abdu’l-Bahás, ein Wesen verletzt zu sehen, noch will er jemandem Kummer bereiten; denn kein größeres Geschenk kann der Mensch empfangen, als eines anderen Herz zu erfreuen. Ich bitte Gott, dass ihr Freudenspender werdet wie die Engel im Himmel.
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Sterblicher Liebreiz schwindet, die Rosen weichen den Dornen; Schönheit und Jugend haben ihre Zeit und gehen dahin. Was aber ewig währt, ist die Schönheit des Einen Wahren, denn ihr Glanz vergeht nie, ihre Herrlichkeit dauert ewig; ihr Liebreiz ist allmächtig, ihre Anziehung grenzenlos. Gut ist es um das Antlitz bestellt, das den Lichtglanz des Geliebten widerspiegelt. Der Herr sei gelobt, du bist von diesem Licht erleuchtet, du hast die Perle wahrer Erkenntnis erworben und das Wort der Wahrheit ausgesprochen.
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O du, der du vom Reiche Gottes angezogen bist! Jede Seele sucht etwas, hegt einen bestimmten Wunsch und müht sich Tag und Nacht, ihr Ziel zu erreichen. Der eine sehnt sich nach Reichtum, ein anderer dürstet nach Ehre, wieder andere schmachten nach Ruhm, Kunst, Wohlstand und so weiter. Am Ende jedoch sind Verlust und Enttäuschung ihr Los. Alle lassen sie zurück, was ihnen gehört; mit leeren Händen eilen sie in das jenseitige Reich, und all ihre Mühe war vergebens. Alle kehren sie zum Staub zurück, entblößt, erniedrigt, entmutigt und voller Verzweiflung.
Du aber, gelobt sei der Herr, befassest dich mit dem, was dir ewigen Nutzen bringt, und das ist nichts anderes als dein Hingezogensein zum Reiche Gottes, es ist dein Glaube, deine Erkenntnis, die Erleuchtung deines Herzens und dein ernstes Bemühen, Gottes Lehren zu verbreiten.
Wahrlich, diese Gabe ist unvergänglich, dieser Reichtum ist ein Schatz aus der Höhe.
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O du lebendige Flamme himmlischer Liebe! Dein Herz brennt in Gottes Liebe so lichterloh, dass seine Wärme und sein Glanz zehntausend Meilen weit zu fühlen und zu sehen sind. Das Feuer, das sterbliche Hände entfachen, spendet nur einem kleinen Raum Licht und Wärme; aber die heilige Flamme, die Gottes Hand entzündet hat, setzt den Westen in Flammen, auch wenn sie im Osten brennt, und Nord und Süd spendet sie ihre Wärme. Mehr noch, sie erhebt sich von dieser Welt, glüht mit heißester Flamme in den Gefilden der Höhe, und überflutet mit ihrem Licht das Reich ewiger Herrlichkeit.
Glücklich bist du, dass du ein so himmlisches Geschenk empfangen hast. Selig bist du, begnadet mit Seinen göttlichen Gaben.
Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und allen, die sich fest an den sicheren Griff Seines Willens und an das heilige Bündnis halten.
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O Magd Gottes! Dein Brief vom 9. Dezember 1918 ist eingetroffen; sein Inhalt wurde zur Kenntnis genommen. Verliere niemals dein Vertrauen in Gott. Sei immer voller Hoffnung; denn unablässig strömen Gottes Segnungen auf den Menschen herab. Aus einem bestimmten Blickwinkel betrachtet, scheinen sie schwächer zu werden, aber aus einem anderen sind sie reich und vollendet. Der Mensch ist unter allen Lebensbedingungen in ein Meer göttlichen Segens getaucht. Deshalb sei unter keinen Umständen mutlos, sondern sei fest in deinem Hoffen.
Anwesenheit bei Zusammenkünften der Freunde ist wichtig, damit sie bereit und wachsam bleiben, liebevoll und zum himmlischen Königreich hingezogen.
Wenn du unbedingt sehnsüchtig danach verlangst, nach Phillsburg in Montana zu reisen, so sei dir das erlaubt. Vielleicht kannst du in dieser Gruppe von Bergleuten eine Kerze entzünden, sie erwecken und wachsam machen, so dass sie sich Gott zuwenden und einen Anteil an den Gnadengaben des himmlischen Reiches empfangen.
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Strebt, so sehr ihr könnt, euch ganz dem Reich Gottes zuzuwenden, damit ihr aus eurem innersten Wesen heraus mutig werdet und geistige Macht erlangt.
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Ich hoffe, dass du in dieser niederen Welt zum himmlischen Licht gelangst, die Seelen aus dem Dunkel der Natur, dem Tierreich, befreist und sie zu hohen Stufen im Reich des Menschen führst. Heutzutage sind alle Menschen in der Welt der Natur versunken. So siehst du Neid, Habsucht, Kampf ums Dasein, Betrug, Heuchelei, Gewaltherrschaft, Unterdrückung, Zank, Streit, Blutvergießen, Raub und Plünderung: All dies kommt aus der Welt der Natur. Nur wenige sind aus diesem Dunkel befreit und steigen aus der Welt der Natur in die Welt des Menschen empor, den göttlichen Lehren folgend, der Menschheit dienend, strahlend, barmherzig, erleuchtet, einem Rosengarten gleich. Bemühe dich bis zum äußersten, Gott ähnlich zu werden, Seine Eigenschaften in deinem Charakter zu verwirklichen, erleuchtet und barmherzig zu sein, so dass du frei werdest von jeder Bindung, im Herzen hingezogen zum Reich des unvergleichlichen Herrn. Das ist die Bahá’í-Gnadengabe, das ist himmlisches Licht.
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Was die Aussage in den Verborgenen Worten betrifft, dass der Mensch seinem Selbst entsagen muss, so bedeutet dies, dass er seine zügellosen Wünsche, seine selbstsüchtigen Ziele und die Einflüsterungen seines menschlichen Ichs aufgeben, des Geistes heiligen Odem suchen, den Sehnsüchten seines höheren Ichs folgen und in das Meer des Opfers tauchen soll, das Herz ganz auf die Schönheit des Allherrlichen gerichtet.
Die Anspielung in den Verborgenen Worten auf den Bund vom Berge PáránA58 bedeutet, dass in Gottes Augen Vergangenheit, Gegenwart und Zukunft ein und dasselbe sind, aber in Bezug auf den Menschen ist die Vergangenheit vorüber und vergessen, die Gegenwart flüchtig, und die Zukunft liegt im Reich der Hoffnung. Und es ist ein Hauptgrundsatz im Gesetz Gottes, dass Er in jeder prophetischen Sendung mit allen Gläubigen einen Bund schließt, der bis ans Ende dieser Sendung währt, bis zu dem verheißenen Tag, da die bereits zu Anbeginn der Sendung vorherbestimmte Persönlichkeit offenbar wird. Denke an Moses, der mit Gott Zwiesprache hielt. Wahrlich, auf dem Berg Sinai schloss Moses ein Bündnis, den Messias betreffend, mit allen Seelen, die am Tage des Messias leben würden. Diese Seelen, die erst viele Jahrhunderte nach Moses erschienen, waren dennoch dort mit Moses zusammen, was das über die Zeit erhabene Bündnis anbelangt. Die Juden allerdings achteten nicht darauf; sie erinnerten sich nicht daran, und so erlitten sie einen schweren, deutlichen Verlust.
Die Stellen in den arabischen Verborgenen Worten, nach denen sich der Mensch von seinem Selbst lösen muss, bedeuten ebenfalls, dass der Mensch in diesem schnell dahinschwindenden Leben nichts, was es auch sei, für das eigene Ich erstreben soll. Vielmehr soll er sein Ich abtrennen; das heißt, er soll sein Ich und alles, was das Ich betrifft, zu der Zeit, da der Herr kommt, auf dem Felde des Martyriums hingeben.
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O ihr, die ihr euch fest an den Bund und das Testament haltet! An diesem Tage richten die himmlischen Heerscharen den Blick auf euch aus den Gefilden des Allherrlichen, aus dem Reich der Heiligkeit, von dem Lobgesänge der Verherrlichung und des Lobpreises aufsteigen. Wann immer ihr Blick auf die Zusammenkünfte der Standhaften im Bund und Testament fällt, erschallt ihr Ruf: »Frohe Botschaft! Frohe Botschaft!« Triumphierend erheben sie ihre Stimmen und rufen: »O du geistige Gemeinde! O du Versammlung Gottes! Selig seid ihr! Frohe Botschaften seien euch! Hell sei euer Angesicht! Seid guten Mutes, denn ihr seid dem Bündnis des Geliebten aller Welten treu, ihr seid entflammt vom Wein Seines Testamentes. Ihr habt euch dem Altehrwürdigen der Tage verschrieben, habt tief aus dem Kelch der Treue getrunken. Ihr habt die Sache Gottes behütet und verteidigt; ihr wurdet nicht zur Ursache für die Spaltung Seines Wortes; ihr habt Seinen Glauben nicht erniedrigt, sondern strebt danach, Seinen Heiligen Namen zu verherrlichen, ihr habt nicht gestattet, dass die Gesegnete Sache dem Gespött der Leute ausgesetzt sei. Ihr habt nicht zugelassen, dass die Auserwählte Stufe erniedrigt werde, noch seid ihr willens, den Mittelpunkt der Amtsgewalt in einen schlechten Ruf gebracht oder Hohn und Verfolgung ausgesetzt zu sehen. Ihr seid bemüht, das Wort Gottes vollständig und ganz zu bewahren. Ihr habt die Tore der Barmherzigkeit durchschritten. Ihr ließet die Gesegnete Schönheit nicht eurem Gedächtnis entschwinden, vergangen und vergessen.«
Die Herrlichkeit ruhe auf euch.
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O du Tochter des Königreiches! Dein Brief ist angekommen. Er war wie das Lied der göttlichen Nachtigall, die mit ihrem Gesang das Herz entzückt; denn sein Inhalt zeigt Glauben, Zuversicht und Standhaftigkeit im Bund und Testament. Heutzutage ist die treibende Kraft in der Welt des Seins die Macht des Bündnisses, die der bedingten Welt wie eine Schlagader im Leibe pocht und den Bahá’í die Einheit sichert.
Die Bahá’í stehen unter dem Befehl, die Einheit der Menschheit zu errichten. Wenn sie sich nicht um einen Mittelpunkt vereinigen können, wie sind sie dann fähig, die Einheit der Menschheit zustandezubringen?
Als die Gesegnete Schönheit dieses Bündnis und Testament besiegelte, hatte Sie das Ziel, alle Lebewesen um einen Punkt zu sammeln, damit die gedankenlosen Seelen, die in jedem Zeit- und Menschenalter Zwietracht bewirken, die Sache Gottes nicht zugrunderichten können. Er hat deshalb befohlen, dass alles, was vom Mittelpunkt des Bündnisses ausgeht, rechtens ist und unter Seinem Schutz und Seiner Gnade steht, während alles andere Irrtum ist.
Preis sei Gott! Du bist fest im Bund und Testament.
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O ihr gesegneten Seelen! Obwohl ihr ständigen Feuerproben ausgesetzt seid, da einige wiederholt und ausdauernd versuchen, den Glauben der Freunde in Los Angeles zu erschüttern, steht ihr dabei doch unter dem wachsamen Auge der Großmut Bahá’u’lláhs, und Legionen von Engeln kommen euch zu Hilfe.
Geht deshalb sicheren Schritts voran und befasst euch voll Vertrauen und Zuversicht damit, Gottes Düfte zu verbreiten, Sein Wort zu verherrlichen und im Bündnis standhaft zu sein. Seid versichert, dass eine Seele, die sich in äußerster Standhaftigkeit erhebt, den Ruf zum Gottesreich anstimmt und entschlossen vom Bündnis kündet, befähigt wird, selbst als winzige Ameise den gewaltigen Elefanten aus dem Feld zu jagen und als zarter Nachtfalter das Gefieder des räuberischen Geiers zu zerfetzen.
Bemüht euch deshalb, dass ihr das Heer des Zweifels und des Irrtums mit der Macht des heiligen Wortes versprengt und auseinandertreibt. Das ist meine Ermahnung und mein Rat. Streitet mit niemandem, meidet Wortgefechte aller Art. Sprecht das Wort Gottes. Nimmt es der Hörer an, ist das ersehnte Ziel erreicht; wendet er sich ab, so überlasst ihn sich selbst und vertraut auf Gott.
Das sind die Eigenschaften derer, die fest im Bündnis stehen.
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O ihr Freunde und Dienerinnen des Barmherzigen! Ein Brief des Geistigen Rates von Los Angeles ist angekommen. Er war ein Beweis dafür, dass die gesegneten Seelen in Kalifornien einem unerschütterlichen Berge gleich dem Sturm des Bündnisbruchs widerstehen und wie gesegnete Bäume fest und unverrückbar im Boden des Bündnisses verwurzelt sind. Das berechtigt zu der Hoffnung, dass sie durch die Segnungen der Sonne der Wahrheit täglich an Festigkeit und Standhaftigkeit zunehmen. In jeder Sendung stehen die Prüfungen im direkten Verhältnis zur Größe der Sache, und da in der Vergangenheit solch ein offenbares Bündnis, wie es die Erhabenste Feder geschrieben hat, noch nie geschlossen wurde, sind die Prüfungen heute entsprechend heftiger. Diese Prüfungen lassen die schwachen Seelen erzittern, die festen Seelen aber bleiben unberührt. Die Machenschaften der Bündnisbrecher sind nicht mehr als Wellenschaum, eine vom Meer untrennbare Erscheinung. Das Meer des Bündnisses wird branden und die Leiber der Toten an den Strand werfen; denn es kann sie nicht halten. So sehen wir, dass das Meer des Bündnisses wogte und wogte, bis es die Leichen an Land warf, Seelen, die des Geistes Gottes beraubt sind, verloren in Leidenschaft und Selbstsucht, nach Führerschaft dürstend. Dieser Gischt ist nicht von Dauer. Bald wird er zerflattern und verschwinden, während das Meer des Bündnisses ewiglich brandet und tost…
Seit Anbeginn der Schöpfung bis auf den heutigen Tag wurde in keiner göttlichen Sendung solch ein fester, klarer Bund geschlossen. Kann angesichts dieser Tatsache der Gischt überhaupt auf der Meeresoberfläche des Bündnisses verbleiben? Nein, bei Gott! Die Bündnisbrecher treten ihr Ansehen mit Füßen, sie reißen ihre eigenen Grundmauern aus und sind stolz darauf, von Schmeichlern gestützt zu werden, die mit großer Mühe den Glauben schwacher Seelen ins Wanken bringen. Aber ihr Tun bewirkt nichts; es ist ein Dunstbild und kein Wasser, Gischt und kein Meer, Nebel und keine Wolke, Wahn und keine Wirklichkeit. Das alles werdet ihr bald erkennen.
Preis sei Gott, ihr seid fest und standhaft. Seid dankbar, dass ihr wie gesegnete Bäume fest in den Boden des Bündnisses hineingepflanzt seid. Gewiss wird jeder fest Verwurzelte wachsen, neue Früchte hervorbringen und Tag für Tag an Frische und Anmut gewinnen. Denkt nach über alle Schriften Bahá’u’lláhs, ob Sendschreiben oder Gebete: Ihr werdet sicher tausend Stellen finden, in denen Bahá’u’lláh betet: »O Gott! Bringe die Bündnisbrecher zum Scheitern, besiege die Unterdrücker des Testaments.« »Wer Bund und Testament leugnet, ist von Gott verworfen, und wer fest und standhaft darin bleibt, ist an der Schwelle der Einheit begnadet.« Solche Aussprüche und Gebete gibt es zuhauf. Befasst euch damit, dann werdet ihr es erkennen.
Seid niemals niedergeschlagen. Je mehr euch der Bündnisbruch erregt, desto mehr vertieft euch in Festigkeit und Standhaftigkeit. Seid sicher, dass die göttlichen Heerscharen siegen werden, denn ihnen ist der Triumph des Reiches Abhá verheißen. Überall wird das Banner der Festigkeit und Standhaftigkeit gehisst, die Fahne des Bündnisbruchs jedoch gesenkt; denn nur eine Handvoll schwacher Seelen ließ sich von den Schmeicheleien und Scheinargumenten der Bündnisbrecher verführen, die nach außen hin mit aller Sorgfalt ihre Festigkeit zeigen, im Innern aber darauf aus sind, die Seelen ins Wanken zu bringen. Nur einige wenige, nämlich die Anführer der Unruhestifter, sind auch nach außen hin als Bündnisbrecher bekannt. Der Rest aber täuscht die Seelen durch Hinterlist; denn nach außen beteuern sie ihre Festigkeit und Standhaftigkeit im Bündnis, aber wenn sie auf offene Ohren stoßen, säen sie heimlich die Saat des Misstrauens. Ihr Fall gleicht dem Bündnisbruch durch Judas Ischariot und seinen Anhang. Bedenket: Blieb von ihnen irgendein Erfolg oder die geringste Spur? Nicht mal ein Name blieb von seinen Nachfolgern, und obwohl eine Reihe von Juden zu ihm hielten, war es, als hätte er keinerlei Gefolgsleute gehabt. Dieser Judas Ischariot war der Führer, der Apostel, und doch verriet er Christus für dreißig Silberlinge. Hüte dich, o Volk der Einsicht!
Dieses Mal werden jene bedeutungslosen Bündnisbrecher den Mittelpunkt des Bündnisses sicherlich für die große Summe verraten, die sie durch Hinterlist aller Art erbettelt haben. Es sind nun dreißig Jahre seit Bahá’u’lláhs Hinscheiden vergangen, und während dieser ganzen Zeit haben sich diese Verräter mit aller Kraft angestrengt. Was haben sie erreicht? Die Standhaften im Bündnis haben unter allen Bedingungen gesiegt, während die Bündnisbrecher Niederlagen, Enttäuschungen und Trübsinn erfahren haben. Nach dem Heimgang ‘Abdu’l-Bahás wird keine Spur von ihnen übrig bleiben. Diese Seelen wissen nicht, was kommen wird, und brüsten sich in ihrem Wahn.
Kurz gesagt, o ihr Freunde Gottes und Dienerinnen des Barmherzigen, die Hand der göttlichen Freigebigkeit hat euch eine juwelengeschmückte Krone aufs Haupt gesetzt; ihre Edelsteine strahlen ewig über die ganze Welt. Schätzt diese Gnadengabe, löst eure Zungen in Preis und Danksagung und setzt euch ein für die Verbreitung der göttlichen Lehren, denn dies ist der Geist des Lebens und das Mittel der Erlösung.
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O du, der du fest im Bündnis stehst! Drei aufeinanderfolgende Briefe von dir sind hier eingegangen. Ihr Inhalt zeigt, dass in Cleveland der schwarze Odem der Bündnisbrecher die Herzen heimsucht und der Einklang zwischen den Freunden gelitten hat. Gnädiger Gott! Hundert Mal wurde vorhergesagt, dass die Bündnisbrecher auf der Lauer liegen und mit allen Mitteln Zwietracht unter den Freunden säen wollen, damit diese Zwietracht schließlich zum Bündnisbruch führt. Wie kommt es, dass die Freunde, allen Warnungen zum Trotz, diese ausdrückliche Erklärung nicht beachtet haben?
Der Streitpunkt ist klar, kurz und bündig: Entweder war Bahá’u’lláh weise, allwissend und vorausschauend, oder Er war unwissend und irrte sich. Er schloss durch Seine erhabene Feder ein festes Bündnis und Testament mit allen Bahá’í; allen voran mit den Aghṣán, den Afnán und Seinen Verwandten. Ihnen befahl Er, Ihm zu gehorchen und sich Ihm zuzuwenden. Durch Seine erhabene Feder hat Er ausdrücklich erklärt, dass das Objekt des folgenden Verses aus dem Kitáb-i-Aqdas der Größte Zweig ist:
»Wenn das Meer Meiner Gegenwart verebbt und das Buch Meiner Offenbarung geschlossen ist, so wendet euer Angesicht Ihm zu, den Gott bestimmt hat, Ihm, der aus dieser Urewigen Wurzel kam.«Q33 Die Bedeutung ist kurz folgende: Nach Meinem Hinscheiden obliegt es den Aghṣán, den Afnán, den Verwandten und allen Freunden Gottes, ihr Antlitz Ihm zuzuwenden, der aus der Altehrwürdigen Wurzel entsproß.
Er sagte auch klar im Kitáb-i-Aqdas: »O Volk der Welt! Wenn sich die Mystische Taube auf ihrem Tempel des Lobpreises emporgeschwungen und ihr fernes Ziel, ihre verborgene Wohnstatt, erreicht hat, dann legt alles, was ihr im Buche nicht versteht, Ihm vor, der diesem mächtigen Stamm entsproß.«Q34 Er wendet sich an alle Menschen der Welt und sagt: Wenn die Mystische Taube aus dem Garten des Lobpreises zu der höchsterhabenen, unsichtbaren Stufe emporfliegt, das heißt, wenn die Gesegnete Schönheit aus der bedingten Welt zu den unsichtbaren Gefilden aufsteigt, dann wendet euch in allem, was ihr im Buch nicht versteht, an Ihn, der als Zweig aus der Urewigen Wurzel entsprang. Das heißt, alles was Er sagt, ist die volle Wahrheit.
Und im Buch des Bundes sagt Er ausdrücklich, dass der Vers »Der aus der Urewigen Wurzel kam«Q35 sich auf den Mächtigsten Zweig bezieht. Er befiehlt allen Aghṣán, Afnán, Verwandten und Bahá’í, sich Ihm zuzuwenden. Nun muss man entweder sagen, Er, die Gesegnete Schönheit, habe einen Fehler gemacht, oder man muss Ihm gehorchen. ‘Abdu’l-Bahá bringt dem Volk kein Gebot, dem es gehorchen muss, außer der Verbreitung der Düfte Gottes, der Erhöhung Seines Wortes, der Verkündung der Einheit der Menschenwelt, der Errichtung des Weltfriedens und anderen Geboten Gottes. Das sind göttliche Gebote; sie haben mit ‘Abdu’l-Bahá nichts zu tun. Wer immer es wünscht, der nehme sie an, und wer sie ablehnt, soll tun, was er will.
Nun trachten manche Unheilstifter mit allerlei Kunstgriffen nach der Führerschaft, und um diese Stellung zu erreichen, flößen sie den Freunden Zweifel ein. Die sollen Streit bewirken, und dieser Streit soll dazu führen, dass sie selbst eine Gruppe an sich ziehen. Aber die Freunde Gottes müssen wachsam sein; sie müssen erkennen, dass die Beweggründe für die Aussaat dieser Zweifel persönliche Wünsche und das Verlangen nach Führerschaft sind.
Zerreißt nicht die Bahá’í-Einheit und wisst, dass diese Einheit nicht anders erhalten werden kann als durch den Glauben an den Bund Gottes.
Du möchtest gerne reisen, um die Düfte Gottes zu verbreiten. Das ist höchst willkommen. Göttliche Bestätigungen werden dir gewisslich helfen. Die Macht des Bunds und Testaments wird dir den Triumph und den Sieg sichern.
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O du, der du fest im Bündnis stehst! Dein Brief kam an. Du drückst darin deine Zufriedenheit mit der Nationaltagung aus; durch diese Zusammenkunft sei die Sache Gottes erhöht, die Macht Seines Wortes sichtbar geworden. Die Größe der Sache wird die bestehenden Meinungsverschiedenheiten wegräumen. Man kann sie mit der Gesundheit im Menschenleib vergleichen. Ist sie erlangt, heilt sie alle Krankheiten und Schwächen. Wir hoffen, dass keine Spur von Gegnerschaft zurückbleiben wird. Aber einige der amerikanischen Freunde sind ruhelos in ihrem neugeweckten Ehrgeiz; sie mühen sich und suchen unter der Oberfläche und in der Luft etwas zu entdecken, was Zwietracht stiften könnte.
Preis sei Gott, alle diese Türen sind in der Sache Bahá’u’lláhs verschlossen, denn ein Mittelpunkt der Amtsgewalt wurde eigens ernannt – ein Mittelpunkt, der alle Schwierigkeiten löst und alle Streitigkeiten abwendet. Auch das Universale Haus der Gerechtigkeit wird alle Streitigkeiten abwenden. Was immer es vorschreibt, muss angenommen werden, und wer dagegen verstößt, ist verworfen. Aber dieses Universale Haus der Gerechtigkeit, das die Gesetze gibt, wurde noch nicht errichtet.
Es zeigt sich also, dass keine Waffe der Zwietracht geblieben ist; aber fleischliche Begierden führen zu Meinungsverschiedenheiten, wie das bei den Bündnisbrechern der Fall ist. Sie zweifeln nicht an der Gültigkeit des Bündnisses, aber selbstsüchtige Beweggründe haben sie in diese Lage gebracht. Es ist nicht so, dass sie nicht wüssten, was sie tun – sie wissen es ganz genau, und trotzdem lehnen sie sich auf.
Kurz gesagt, das Meer des Bündnisses ist stürmisch und weit. Es wirft den Gischt des Bündnisbruchs an die Küsten. Bleibe darum ruhig und sicher. Arbeite für den Bau des Mashriqu’l-Adhkár und ebne den Weg, die göttlichen Düfte zu verbreiten. Kümmere dich um nichts anderes; denn sonst verzettelst du dich, und die Arbeit schreitet nicht voran.
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O ihr innig Geliebten ‘Abdu’l-Bahás! Es ist schon lange her, dass mein inneres Ohr eine süße Melodie aus gewissen Landen hörte oder mein Herz erfreut ward – trotz der Tatsache, dass ihr in meinen Gedanken immer gegenwärtig seid und mir deutlich sichtbar vor Augen steht. Meines Herzens Kelch ist zum Überfließen gefüllt mit dem Wein der Liebe, die ich für euch hege, und mein Verlangen, die Augen auf euch zu richten, pulst wie der Geist durch meine Adern. Daran seht ihr, wie groß mein Kummer ist. In dieser Zeit, in diesem Sturm der Trübsale, der seine Wogen hoch in den Himmel wirft, schießt man von allen Seiten unablässig spitze Pfeile gegen mich; in jedem Augenblick gehen hier im Heiligen Land Schreckensnachrichten ein, und jeder neue Tag bringt sein Teil an Greueln. Der Mittelpunkt des Aufruhrs wähnte, seine anmaßende Auflehnung genüge, das Bündnis und Testament zugrundezurichten; es brauchte weiter nichts, dachte er, um die Gerechten von dem Heiligen Willen abzubringen. So sandte er seine Flugblätter des Zweifels überall hin und dachte sich allerhand Ränke aus. Einmal klagt er, das Haus Gottes sei erschüttert, Seine göttlichen Gebote aufgehoben; demnach sei auch das Bündnis und Testament abgeschafft. Dann wieder verlegt er sich aufs Seufzen und Stöhnen, er werde als Gefangener gehalten, müsse Tag und Nacht hungern und dürsten. Ein andermal erhebt er ein Geschrei, die Einheit Gottes sei verleugnet worden, weil vor Ablauf von tausend Jahren eine neue Manifestation verkündet worden sei.
Als er sah, dass seine Verleumdungen keinen Erfolg hatten, entwickelte er Schritt für Schritt den Plan, zum Aufruhr aufzuwiegeln. Er begann, Zwietracht zu säen und klopfte an jede Tür. Er fing an, den Beamten der Regierung gegenüber falsche Anschuldigungen zu machen. Er machte sich an einige Ausländer heran, schmeichelte sich bei ihnen ein, und setzte mit ihnen ein Dokument auf, das er der Hohen Pforte vorlegte, wo es die Behörden in Bestürzung versetzte. Unter den vielen verleumderischen Beschuldigungen war die, ich Unglücklicher hätte das Banner des Aufruhrs gehisst, eine Flagge mit den Worten Yá Bahá’u’l-Abhá. Ich sei damit durchs ganze Land gezogen, in jede Stadt, in jedes Dorf, selbst unter die Wüstenstämme, und hätte alle Bewohner aufgerufen, sich unter dieser Flagge zu vereinen.
O mein Herr! Wahrlich, ich suche Zuflucht bei Dir vor dem bloßen Gedanken an eine solche Tat, die im Gegensatz zu allen Geboten Bahá’u’lláhs steht und fürwahr ein großes Unrecht wäre, das nur ein arger Sünder beginge, hast Du uns doch die Pflicht auferlegt, den Herrschern und Königen zu gehorchen.
Eine weitere Verleumdung von ihm war, dass der Schrein am Berg Karmel eine Festung sei, die ich gewaltig und uneinnehmbar erbaut hätte – und das, als der Rohbau ganze sechs Räume umfasste – und dass ich den Schrein Medina, die Prächtige, genannt hätte, während ich das Heilige GrabA59 als Mekka, das Herrliche, bezeichnet hätte. Eine andere seiner Verleumdungen war, ich hätte eine unabhängige Staatsgewalt errichtet und – Gott behüte! Gott behüte! Gott behüte! – alle Gläubigen aufgerufen, bei dieser schweren Sünde mitzuwirken. Wie grauenhaft, o mein Herr, ist seine Verleumdung!
Und weiter behauptet er, da der Heilige Schrein zu einem Ort wurde, den Pilger aus aller Welt besuchen, erwachse dieser Regierung und ihrem Volk großer Schaden. Er, der Mittelpunkt des Aufruhrs, versichert, er selbst habe bei all diesen Dingen niemals die Hand im Spiel gehabt, er sei ein Sunnit unter Sunniten, ergebener Anhänger von Abú-Bakr und ‘Umar; er sehe in Bahá’u’lláh nur einen frommen Mann und Mystiker. Alles Erwähnte, sagt er, sei nur durch mich Unterdrückten in Gang gesetzt worden.
Um es kurz zu machen: Der Sulṭán – möge der Glanz seiner Regentschaft dauern – ernannte eine Untersuchungskommission. Diese Kommission reiste hierher und begab sich nach der Ankunft sogleich zum Hause eines der Ankläger. Dann rief man die Gruppe zusammen, die mit meinem Bruder die Anklageschrift verfasst hatte, und fragten sie, ob diese Anzeige stimme. Die Gruppe erläuterte den Inhalt des Dokuments, behauptete, alles Aufgeführte sei nichts als die Wahrheit und fügte weitere Anschuldigungen hinzu. So waren sie zur gleichen Zeit Ankläger, Zeugen und Richter.
Die Kommission ist jetzt zum Sitz des Kalifats zurückgekehrt. Täglich kommen aus jener Stadt bedrohliche Berichte. Trotz allem bleibt ‘Abdu’l-Bahá, gelobt sei Gott, ruhig und gelassen. Keinem will ich übel wegen dieser Verleumdung. Ich habe alle meine Angelegenheiten gänzlich Seinem unwiderstehlichen Willen anheimgegeben und warte in vollkommener Glückseligkeit darauf, mein Leben hinzugeben. Welche schrecklichen Leiden mir auch bevorstehen mögen, ich bin dazu bereit. Gelobt sei Gott, auch die liebevollen Gläubigen nehmen das hin; zufrieden unterwerfen sie sich Gottes Willen, strahlend ergeben und voll Dankbarkeit.
Der Mittelpunkt des Aufruhrs wähnt, sobald das Blut dieses Unterdrückten vergossen sei, sobald ich in die Weite des Wüstensandes verbannt oder im Mittelmeer ertränkt sei – namenlos verschwunden ohne Spur, ohne jemanden, der von mir spricht, hätte er endlich ein Feld, auf dem er sein Ross antreiben, mit seinem Schlagholz aus Lügen und Zweifeln den Poloball seiner Leidenschaften hart schlagen und den Preis gewinnen könne.
Weit gefehlt! Selbst wenn der Moschusduft der Treue verwehte und keine Spur davon bliebe, wer würde schon vom Gestank des Verrats angezogen? Und selbst wenn die Hunde und Wölfe eine Gazelle des Himmels rissen, wer würde sich zu einem beutegierigen Wolf flüchten? Selbst wenn sich der Tag der Mystischen Nachtigall zu Ende neigt, wer würde je sein Ohr dem Krächzen des Raben oder der Krähe leihen? Welch leere Einbildung hegt er doch! Was für eine törichte Annahme! »Ihre Werke gleichen dem Dunst in der Wüste, von dem der Dürstende wähnt, er sei Wasser, bis er hingelangt und nichts findet.«Q36
O ihr Geliebten Gottes! Steht festgegründet und von Herzen treu, und durch die helfende Macht der Gesegneten Schönheit bleibt eurem Vorhaben verpflichtet. Dient der Sache Gottes. Begegnet allen Völkern der Welt mit der Beständigkeit und Ausdauer des Volkes Bahás, so dass die Menschen erstaunt fragen, wie es möglich sei, dass eure Herzen Quellen gläubigen Vertrauens gleichen und wie Erzgruben so reich an Liebe zu Gott sind. Verhaltet euch so, dass euch diese Trauerspiele im Heiligen Land weder schwächen noch ins Wanken bringen; lasst diese schrecklichen Ereignisse euch nicht den Mut rauben. Und sollten alle Gläubigen dem Schwert anheimfallen und nur ein einziger überleben, so lasst diesen einen laut im Namen des Herrn rufen und die frohe Botschaft verkünden; lasst ihn aufstehen und allen Völkern der Erde gegenübertreten.
Richtet euren Blick nicht auf das Unheil an diesem erleuchteten Ort. Das Heilige Land ist allezeit in Gefahr, und die Flut der Trübsal steht hier immer hoch, nachdem dieser Ruf nunmehr auf der ganzen Welt vernommen wurde und sein Ruhm in den letzten Winkel der Erde gedrungen ist. Das ist der Grund, warum sich die Feinde von innen und außen mit Scharfsinn und Hinterlist aufgemacht haben, Verleumdungen zu verbreiten. Es ist klar, dass ein Ort wie dieser der Gefahr ausgesetzt ist; denn hier gibt es keinen Verteidiger, keinen, der sich angesichts der Verleumdung erhebt und uns zur Seite stellt: Hier gibt es nur eine Handvoll Seelen, heimatlose, unglückliche Gefangene in dieser Feste. Sie haben keinen, der ihre Sache verficht, keinen Helfer, der den Lügenpfeilen wehrt, den Speeren der Verleumdung, die gegen sie geschleudert werden – keinen außer Gott.
Ihr solltet über all die Geliebten nachdenken, die auf das heilige Feld des Opfers eilten, diese edlen Seelen, die ihr Leben hingaben. Seid euch immer bewusst, welche Ströme heiligen Blutes vergossen wurden, wie so manches redliche Herz in seinem roten Saft ertrank, wie so manche Brust zur Zielscheibe für Tyrannenspeere wurde, wie viele unbefleckte Leiber man in Stücke riss. Wie könnte es da für uns angemessen sein, an unsere eigene Sicherheit auch nur zu denken, sich bei Fremden oder Freunden einzuschmeicheln, Kompromissbereitschaft zur Schau zu tragen? Sollten wir nicht eher den Pfad der Rechtschaffenen einschlagen und in die Fußstapfen dieser großen, uns vorangegangenen Seelen treten?
Unsere wenigen kurzen Tage gehen dahin, unser Leben schwindet vor unseren Augen. Die Rosen dieser Welt bleiben nicht frisch und schön; der Garten dieser Erde, wo Siegesfreude und Vergnügen blühen, verdorrt und verwelkt. Die Frühlingszeit des Lebens verwandelt sich in den Herbst des Todes, der helle Jubel der Palastsäle weicht dem Neumond des Grabes. Deshalb verdient nichts von alledem unsere Liebe, und der Weise hängt sein Herz nicht daran.
Wer Erkenntnis und Kraft hat, sucht weit eher des Himmels Herrlichkeit, geistigen Adel und unvergängliches Leben. Er sehnt sich danach, der heiligen Schwelle Gottes näherzukommen. Denn der Gottesmann liegt nicht trunken in der Schenke dieser flüchtigen Welt, nicht einen Augenblick lang gibt er sich seinem Behagen hin oder befleckt sich mit dem Hang zum irdischen Leben.
Nein, die Freunde sind vielmehr Sterne hoch am Himmel der Führung, Himmelskörper am Firmament göttlicher Gnade, die mit ihrer ganzen Kraft das Dunkel vertreiben. Sie brechen die Mauern der Böswilligkeit und des Hasses. Sie hegen nur eine Sehnsucht für die Welt und all ihre Völker: Wohlergehen und Frieden. Die Wälle des Kampfes und der Angriffslust reißen sie nieder. Wahrhaftigkeit, ehrbares Handeln und Freundschaft sind ihr Ziel, Freundlichkeit, selbst zu einem böswilligen Feind, bis sie schließlich die Welt, dieses Gefängnis des Verrats, in eine Heimstatt völligen Vertrauens, diesen Kerker des Hasses, der Bosheit und der Gemeinheit in Gottes Paradies verwandeln.
O ihr liebenden Freunde! Strebt mit Herz und Seele danach, diesen Erdball zum Spiegelbild des Gottesreiches zu machen, auf dass diese niedere Welt an Segnungen aus der Welt Gottes überquelle, die Stimmen der himmlischen Heerscharen in Jubel ausbrechen, und die Wohltat und Gnadengaben Bahá’u’lláhs mit ihren Zeichen und Beweisen die ganze Erde umfassen.
Jináb-i-Amín hat für euch, ihr verehrten Männer und erleuchteten Frauen, größte Bewunderung zum Ausdruck gebracht; er hat jeden von euch namentlich erwähnt und gelobt. Ausführlich berichtete er von eurer Standhaftigkeit und Beständigkeit und sagte, dass – Gott sei gedankt – in Persien die Männer und Frauen zusammenhalten – zuverlässig, sicher, unerschütterlich, ein mächtiges, festgegründetes Bauwerk –, und dass ihr mit Liebe und Freude die süßen Düfte des Herrn verbreitet.
Das waren Botschaften, die große Freude brachten, zumal sie mich in diesen Tagen höchster Gefahr erreichten, ist es doch der teuerste Wunsch dieses Unterdrückten, dass die Freunde ein geistiges Herz und einen erleuchteten Sinn erlangen. Wird mir diese Gnade gewährt, so ist jedes Unheil, wie quälend es auch sei, nichts als Wohltat, die sich über mich ergießt wie üppiger Regen.
O Gott, mein Gott! Du siehst mich in ein Meer von Qualen gestürzt, in die Feuer der Tyrannei geworfen, weinend im Dunkel der Nacht. Schlaflos wälze ich mich auf meinem Lager, angestrengt schaue ich aus nach dem Morgenlicht der Ehrbarkeit und Treue. Wie ein Fisch mit Feuer im Leibe verschmachtend auf dem Sandstrand zappelt, so winde ich mich in Todesqual, und doch blicke ich mich unentwegt um nach Deinen Gnadengaben.
O Gott, mein Gott! Lasse Du die Gläubigen in anderen Landen an Deiner reichen Gnade teilhaben. Befreie durch Deine unfehlbare Hilfe und Großmut jeden unter Deinen Geliebten, der in den entlegensten Gefilden über die bitteren Gräuel seines Feindes seufzt. O Herr, sie sind gefesselt von Deiner Liebe, Gefangene Deiner Heerscharen. Sie sind Vögel, die in die Himmel Deiner Führung fliegen, Wale, die im Ozean Deiner Segnungen schwimmen, Sterne, die am Horizont Deiner Gaben funkeln. Sie sind die Verteidiger in der Feste Deines Gesetzes. Sie sind die Banner Deiner Erwähnung unter den Menschen. Sie sind die tiefen Brunnen Deines göttlichen Erbarmens, die Fontänen Deiner Gunst, die Quellen Deiner Gnade.
Bewahre sie immerdar sicher unter Deinem allbeschützenden Auge. Stehe ihnen bei, Dein Wort zu erhöhen; mache ihre Herzen beständig in Deiner Liebe, stärke ihnen den Rücken, damit sie Dir aufrichtig dienen können; festige ihre Kräfte in ihrer Dienstbarkeit.
Verbreite durch sie Deine süßen Düfte überallhin, erkläre durch sie Deine Heilige Schrift; lasse durch sie Deine Rede bekannt werden; durch sie erfülle Dein Wort; durch sie ergieße Deine Gnade.
Wahrlich, Du bist der Mächtige, der Machtvolle. Wahrlich, Du bist der Gnädige, der Mitleidvolle.
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Heute wird jeder weise, wachsame, weitblickende Mensch erweckt. Die Geheimnisse der Zukunft werden ihm enthüllt; sie zeigen, dass nur die Macht des Bündnisses der Menschheit Herz aufzurütteln und zu bewegen vermag, wie einst das Neue und Alte Testament die Sache Christi allenthalben verfocht und so die pulsierende Kraft im Körper der Menschenwelt war. Ein Baum mit Wurzel wird Früchte tragen, aber ein wurzelloser Baum, und sei er noch so groß und stark, wird schließlich welken, absterben und nur ein Scheit fürs Feuer sein.
Das Bündnis Gottes ist wie ein unendliches, unergründliches Meer. Die Woge steigt und brandet und wirft allen angesammelten Gischt ans Ufer.
Preis sei Gott, der höchste Wunsch achtsamer Seelen ist, das Wort Gottes zu erhöhen und die göttlichen Düfte zu verbreiten. Das ist in Wahrheit die sichere, feste Grundlage.
Das Sonnenlicht der Wahrheit breitet sich wie der Morgen über alle Lande. Bemühen tut not, damit die schlummernden Seelen erwachen, damit die Achtlosen aufmerken und die göttlichen Lehren, die den Geist dieses Zeitalters verkörpern, die Ohren des Erdenvolkes erreichen, in der Presse verkündet und in den Versammlungen der Menschen klar und beredt dargelegt werden.
Des Menschen Verhalten muss wie das von Paulus sein, des Menschen Glaube wie der von Petrus. Diesen Moschusduft soll das Volk der Welt atmen, dieser Geist soll die Toten auferwecken.
Der widerwärtige Geruch des Bündnisbruchs hat den Vormarsch der Sache Gottes vorübergehend aufgehalten; sonst würden sich die göttlichen Lehren wie Sonnenstrahlen unmittelbar ausbreiten und alle Lande durchdringen.
Du willst ‘Abdu’l-Bahás Ansprachen, die du zusammengetragen hast, drucken und veröffentlichen. Das ist fürwahr sehr ratsam. Durch diesen Dienst wirst du im Reich Abhá ein strahlendes Antlitz erwerben; die Freunde im Osten wie im Westen werden dich preisen und dir dankbar sein. Aber es muss mit größter Sorgfalt geschehen, so dass der genaue Text wiedergegeben wird und alle Abweichungen und Verfälschungen durch frühere Übersetzer ausschließt.
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Du siehst mich, o mein Gott, wie ich in Demut niederknie, mich beuge vor Deinem Gebot, mich Deiner Souveränität unterwerfe, vor der Macht Deiner Herrschaft erzittere, Deinen Zorn fliehe, Deine Gnade erflehe, auf Deine Vergebung vertraue, ehrfürchtig schaudernd vor Deiner Wut. Ich flehe Dich an mit pochendem Herzen und strömenden Tränen, die Seele voll Sehnsucht, in vollkommener Loslösung von allen Dingen: Mache Deine Liebenden zu Lichtstrahlen über all Deinen Reichen und hilf Deinen erwählten Dienern, Dein Wort zu erhöhen, auf dass ihr Antlitz in Schönheit und Herrlichkeit leuchte, ihr Herz der Geheimnisse voll sei und jede Seele ihre Sündenlast niederlege. Alsdann beschütze sie vor dem Angreifer, vor dem, der zum schamlosen, lästerlichen Übeltäter wurde.
Wahrlich, Deine Liebenden dürsten, o mein Herr, führe sie zum Brunnquell der Güte und Gnade. Wahrlich, sie hungern; sende Deine himmlische Tafel zu ihnen hernieder. Wahrlich, sie sind nackt; kleide sie in das Gewand der Gelehrsamkeit und Erkenntnis.
Sie sind Helden, o mein Herr, führe sie auf das Schlachtfeld. Wegweiser sind sie; lass sie laut reden mit Gründen und Beweisen. Sie sind Messdiener, lass sie den Kelch umherreichen, der vom Wein der Gewissheit überquillt. O mein Gott, mache sie zu Singvögeln, die in lieblichen Gärten jubilieren, mache sie zu Löwen, die im Dickicht lagern, zu Walen, die sich in gewaltige Tiefen stürzen.
Wahrlich, Du bist der Gnadenreiche. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Mächtigen, dem Machtvollen, dem Immerschenkenden.
O ihr meine geistigen Freunde! Lange Zeit war die Drangsal sehr hart, waren die Beschränkungen wie eherne Ketten. Dieser Unglückliche, dem Unrecht geschieht, war einsam und verlassen, denn alle Wege waren versperrt. Den Freunden wurde der Zutritt zu mir verboten, die Vertrauten waren ausgeschlossen; der Feind umzingelte mich, die Wachposten des Bösen waren wild und aufsässig. Jeder Augenblick brachte neuen Kummer, jeder Atemzug neue Qual. Verwandte wie Fremde griffen mich an. Die einst mich liebten, waren nunmehr treulos und ohne Erbarmen; schlimmer als Feinde erhoben sie sich, mich zu peinigen. Keiner war da, ‘Abdu’l-Bahá zu verteidigen, kein Helfer, kein Beschützer, kein Verbündeter, kein Mitstreiter. Ich ertrank in einem uferlosen Meer, und immerzu dröhnte das Gekrächze der Treulosen in meinen Ohren.
Jeder Tagesanbruch brachte dreifaches Dunkel, jeder Abend hartherzige Grausamkeit. Kein Augenblick des Friedens, kein Balsam für die blutenden Wunden der Speere. Jeden Augenblick konnte der Befehl zu meiner Verbannung in die Sandwüste Fezzan kommen, stündlich konnte es geschehen, dass ich in das endlose Meer geworfen würde. Dann wieder hieß es, diese heimatlosen Wanderer wären bald vollends vernichtet, und das Kreuz käme demnächst wieder in Gebrauch. Meine abgezehrte Gestalt sollte Zielscheibe sein für Kugel oder Pfeil; oder dieser schwindende Leib sollte durch das Schwert in Stücke gehauen werden.
Unsere falschen Bekannten konnten sich vor Freude nicht halten, unsere verräterischen Freunde verfielen in Begeisterung. »Gepriesen sei Gott!« rief man aus. »Hier wird unser Traum endlich wahr.« Und ein anderer: »Gott sei gedankt! Unsere Speerspitze traf ihn ins Herz.«
Das Leid prasselte auf diesen Gefangenen hernieder wie der heftige Frühlingsregen, und die Siege der Böswilligen ergossen sich zu einer erbarmungslosen Flut. Doch ‘Abdu’l-Bahá blieb glücklich und gelassen. Er verließ sich auf die Gnade des Allbarmherzigen. Diese Qual, dieser Schmerz war ein Paradies mit all seinen Freuden; diese Ketten waren das Geschmeide eines Königs auf himmlischem Thron. Zufrieden mit Gottes Willen und Ihm ganz ergeben nahm mein Herz alles hin, was das Schicksal brachte, und ich war glücklich. Unbändige Freude war mein Zechkumpan.
Schließlich kam eine Zeit, da die Freunde nicht mehr zu trösten waren und alle Hoffnung aufgaben. Da aber brach der Morgen an und überflutete alles mit unendlicher Lichtfülle. Die Wolkentürme zerstreuten sich, die düsteren Schatten flohen. In diesem Augenblick fielen die Fesseln ab, die Ketten wurden diesem Heimatlosen vom Nacken genommen und dem Feind um den Hals gehängt. Grauenhafte Not wandelte sich in Ruhe, am Horizont der Gottesgaben stieg die Sonne der Hoffnung empor. Das alles kam aus Gottes Gnade und durch Seinen Segen.
Und doch, von einem bestimmten Standpunkt aus betrachtet, war dieser Wanderer traurig und bekümmert. Für welche Qual könnte ich künftig Linderung suchen? Wie könnte mich noch die Nachricht erfreuen, mein Wunsch sei mir gewährt? Tyrannei, Leid, Schicksalsschläge und Trübsal waren vorüber. Meine einzige Freude in dieser flüchtigen Welt war, den steinigen Pfad Gottes zu betreten, harte Prüfungen und alle materiellen Sorgen zu erdulden. Sonst wäre dieses irdische Leben wertlos und vergeblich; der Tod wäre besser. Der Baum des Lebens trüge keine Frucht. Das bestellte Feld dieses Daseins brächte keine Ernte ein. So hoffe ich, dass irgendein Ergebnis meinen Schmerzenskelch wiederum zum Überfließen bringe und dieser schöne Geliebte, dieser Seelentöter die Zuschauer aufs Neue blende. Dann wird dies Herz glückselig, wird diese Seele gesegnet sein.
O göttliche Vorsehung! Führe Deinen Liebenden den bis zum Rand gefüllten Kelch des Schmerzes an die Lippen. Mache den Sehnsuchtsvollen auf Deinem Pfad die Süße zum Stachel, das Gift zum süßen Honig. Lass unsere Häupter die Speerspitzen zieren. Mache unsere Herzen zu Zielscheiben für die erbarmungslosen Pfeile und Spieße. Erwecke Du diese welke Seele zum Leben auf dem Feld des Martyriums, lass Du dies schwache Herz den Trank der Tyrannei kosten, der es wieder frisch und schön macht. Lass ihn trunken sein vom Wein Deines Ewigen BundesA60, mache ihn zu einem Zecher, der hoch den Becher hält. Hilf ihm, sein Leben fahren zu lassen; gewähre, dass er sich um Deinetwillen darbringt.
Du bist der Mächtige, der Kraftvolle. Du bist der Wissende, der Sehende, der Hörende.
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O du, der du schwer betrübt bist auf dem Pfad des Bundes! Schmerz und Qual, erduldet auf dem Pfad des Herrn offenbarer Zeichen, sind nichts als Gnade und Gunst. Das Leid ist reine Barmherzigkeit, der Kummer ein Geschenk Gottes. Gift ist Zucker auf der Zunge; Zorn ist Güte und stärkt die Seele.
So preise Ihn, die liebende Vorsehung, dass Er dir dieses bittere Leid verordnete, das lautere Wohltat ist.
Muss ich wie Abraham durch Flammen schreiten, – JohannesA61 gleich die blutige Straße ziehn, – Wirfst Du wie Josef mich in einen Brunnen, – Schließt Du mich tief in einen Kerker ein, – Machst Du mich arm wie einst Mariens Sohn – Ich werde dennoch nimmer von Dir lassen. – Fest will ich stehn; – So neig’ ich Leib und Seel’ vor Deinem Willen.
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Der Herr der Heerscharen ist heute der Verteidiger des Bündnisses; die Streitmacht des Gottesreiches ist sein Beschützer. Himmlische Seelen bieten ihre Dienste, die Engel der Höhe verkünden und verbreiten das Bündnis in allen Landen. Wer es mit Einsicht betrachtet, der sieht alle Kräfte des Weltalls letzten Endes dem Bündnis dienen. In Zukunft wird sich das in aller Deutlichkeit zeigen. Was können angesichts dieser Tatsache jene schwachen, kraftlosen Seelen erreichen? Selbst widerstandsfähige Pflanzen überdauern nicht, wenn sie ihrer Wurzeln und der Regengüsse aus den Wolken der Gnade beraubt sind. Was kann man da von schwachem Unkraut erwarten?…
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Der Tag bricht an; am Aufgangsort der unsichtbaren Gefilde Gottes dämmert das Licht der Einheit, und aus dem verborgenen Reich der Einzigkeit strömt reiche Gnade wie eine Sturzflut hernieder. Von allen Seiten erschallen die frohen Botschaften des Gottesreichs, und aus allen Richtungen wehen an diesem Morgen die ersten Zeichen, dass Gottes Wort erhöht und Seine Sache aufgerichtet wird. Das Wort der Einheit verbreitet sich, die Verse der Einzigkeit werden gesungen, das Meer der Gottesgaben schlägt hohe Wellen; Sein Segen strömt in stürzenden Wasserfällen hernieder.
Des Allvergebenden Zeugnis hat alle Lande in Licht gehüllt, die Heere der himmlischen Schar stürmen voran, um an der Seite der Freunde des Herrn in die Schlacht zu ziehen und den Sieg davonzutragen. Der Ruf der Altehrwürdigen Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – erschallt von Pol zu Pol, und das Wort der Heiligen Sache verbreitet sich in Ost und West.
Das alles schenkt dem Herzen Freude, und doch ist ‘Abdu’l-Bahá tief in einem Meer des Leids versunken. Qual und Pein wirken derart auf meine Glieder, dass mich lähmende Schwäche am ganzen Leib ergriffen hat. Denkt daran, wie ich allein und ohne Hilfe den Ruf Gottes rund um die Welt kündete, wie die Völker sich erhoben, um sich zu widersetzen, zu streiten und zu leugnen. Einerseits weiß man, wie ewiggestrige Eiferer ihren Angriff in jeder Hinsicht vorantreiben; andererseits hört man von Lügnern und Spöttern, wie sie bis zum äußersten gehen, um den Göttlichen Baum mit den Wurzeln auszureißen. Welche gehässigen, verleumderischen Beschuldigungen bringen sie gegen die Urewige Schönheit vor, was für Schmähschriften voll boshafter, abartiger Behauptungen über den Größten Namen schreiben und verbreiten sie emsig! Und jetzt bieten sie in strengster Verschwiegenheit alles auf, um diesem Glauben einen furchtbaren Schlag zu versetzen.
Wieder haben die Hochmütigen alle möglichen Intrigen und Machenschaften ersonnen, um die Sache Gottes völlig lahm zu legen und um ‘Abdu’l-Bahás Namen aus dem Buch des Lebens zu tilgen.
Und jetzt hat sich zu all diesen Trübsalen, diesem Elend, diesen Angriffen der Feinde unter den Gläubigen selbst eine Staubwolke des Grolls erhoben, ungeachtet der Tatsache, dass die Sache der Urewigen Schönheit geradezu das Wesen der Liebe, der Kanal der Einheit ist, nur dazu da, dass alle zu Wellen eines Meeres werden, zu strahlenden Sternen am selben unendlichen Firmament, zu Perlen in der Muschel der Einzigkeit, zu funkelnden Edelsteinen aus den Bergwerken der Einheit, dass alle der anderen Diener werden, einander verehren, segnen und lobpreisen; dass jeder seine Zunge löse und alle anderen ohne Ausnahme in den Himmel hebe, jeder den anderen seinen Dank darbringe, dass alle die Augen zum Horizont der Herrlichkeit heben und eingedenk bleiben, wie sie der Heiligen Schwelle verbunden sind; dass sie nur das Gute im anderen sehen, nur Lob voneinander hören und kein Wort übereinander sprechen, es sei denn Lob und Preis.
Tatsächlich gibt es manche, die diesen Weg der Rechtschaffenheit beschreiten, und Gott sei Dank, sie empfangen durch himmlische Macht allüberall Kraft und Hilfe. Aber andere haben sich nicht so, wie sie sollten, zu dieser herrlichen, erhabenen Stufe erhoben, und das legt ‘Abdu’l-Bahá eine schwere Bürde Leid, unvorstellbares Leid aufs Herz. Denn kein gefährlicherer Sturm als dieser könnte jemals die Sache Gottes angreifen, nichts anderes könnte je den Einfluss Seines Wortes in solcher Weise mindern.
Es geziemt allen Geliebten Gottes, eins zu werden, sich im Schutz desselben Banners zu scharen, ein einheitliches Weltbild zu vertreten, demselben Pfad zu folgen, sich fest an einen einzigen Entschluss zu halten. Lasst sie ihre auseinandergehenden Theorien vergessen, ihre widersprüchlichen Ansichten beiseitelegen, denn – gelobt sei Gott! – unsere Absicht ist nur eine, unser Ziel ist eins. Wir sind die Diener an der einen Schwelle, wir nähren uns aus derselben Quelle, wir alle sind im Schatten desselben hehren Königszeltes versammelt, wir alle stehen im Schutz des einen himmlischen Baumes.
O ihr Geliebten des Herrn! Wenn jemand über einen Abwesenden Schlechtes sagt, führt das nur zu dem einen Ergebnis: Er dämpft die Begeisterung der Freunde und macht sie gleichgültig. Denn üble Nachrede entzweit und ist der Hauptgrund dafür, dass sich Freunde zurückziehen. Wenn jemand Schlechtes über einen Abwesenden sagt, haben seine Zuhörer die Pflicht, ihm auf geistige, freundliche Art Einhalt zu gebieten und ihm etwa folgendes zu sagen: Könnte diese Herabsetzung einem guten Zweck dienen? Würde sie die Gesegnete Schönheit erfreuen, zur bleibenden Ehre der Freunde beitragen, den heiligen Glauben voranbringen, das Bündnis stärken, oder irgendeiner Seele nützen? Nein, niemals! Im Gegenteil, dieses Gerede würde so dicke Lagen Staub auf die Herzen häufen, dass die Ohren nichts mehr hören, und die Augen das Licht der Wahrheit nicht mehr sehen.
Wenn sich aber jemand anschickt, Gutes über einen anderen zu sagen, wenn er seine Lippen zum Lob eines anderen öffnet, bringt er bei seinen Hörern eine Saite zum Schwingen, und Gottes Odem regt sie an. Ihre Herzen und Seelen jubeln über die Erfahrung, dass hier, Gott sei gedankt, dem Glauben eine Seele angehört, die ein Brennpunkt menschlicher Vollkommenheiten ist, eine Verkörperung der Gnadengaben des Herrn, ein Mensch von beredter Zunge und strahlendem Antlitz, in welcher Versammlung er auch sei, ein Wesen, dem der Sieg auf die Stirn geschrieben steht, den Gottes süße Düfte bestätigen.
Welches ist nun der bessere Weg? Ich schwöre bei der Schönheit des Herrn: Wann immer ich Gutes von den Freunden höre, wird mir das Herz voll vor Freude; wenn ich aber auch nur andeutungsweise erfahre, dass sie schlecht miteinander auskommen, übermannt mich der Kummer. So geht es ‘Abdu’l-Bahá. Urteilt selbst, was eure Pflicht ist.
Gott sei gelobt! Wohin wir uns auch wenden, überall öffnet die Urewige Schönheit weit die Tore der Gnade und verkündet in unmissverständlichen Worten frohe Botschaften des Sieges durch die Hilfe des Herrn. Durch Liebe gewinnt Er die Herzen der Gläubigen; ihren Sieg hat Er den himmlischen Heerscharen anvertraut.
Jetzt müssen sich die Geliebten inmitten aller Völker dieser Welt erheben, mit einem Herzen, so hell wie der Morgenstern, mit starkem inneren Verlangen, strahlendem Angesicht, moschusduftendem Atem, mit einer Zunge, die unaufhörlich von Gott spricht, mit kristallklarer Darlegung, hohem Entschluss, himmlischer Kraft, geistigem Charakter, mit geradezu göttlicher Bestätigung. Lasst sie alle am Horizont des Himmels erglänzen und am Firmament der Welt zu strahlenden Sternen werden. Lasst sie fruchttragende Bäume im himmlischen Hain, süßduftende Blüten im göttlichen Garten sein. Lasst sie vollendete Verse auf der Tafel des Weltalls, Worte der Einheit im Buch des Lebens sein. Dies ist die Anfangszeit, Anbeginn der Offenbarung des Größten Lichtes. Deshalb müssen in diesem Jahrhundert Tugenden erworben werden, edle Eigenschaften müssen in dieser Zeitspanne vervollkommnet werden. Jetzt in diesen Tagen muss das Paradies Abhá seine Zelte in den Gefilden der Welt errichten. Das Licht der Wirklichkeit muss jetzt enthüllt, die Geheimnisse der Segnungen Gottes müssen jetzt bekannt gemacht werden; jetzt muss die alte Gnade wieder scheinen, muss diese Welt sich wandeln in die Au des Himmels, in den Garten Gottes. Und aus reinen Herzen, durch himmlische Gnadengaben müssen jetzt alle Vollkommenheiten, Eigenschaften und Kennzeichen des Göttlichen offenbar gemacht werden.
Zu allen Zeiten betet und fleht ‘Abdu’l-Bahá demütig unter Tränen zum Allmächtigen an der Heiligen Schwelle, laut rufend:
O Du gütiger Herr! Wir sind Diener an Deiner Schwelle, die an Deinem heiligen Tor Obdach nehmen. Wir suchen keine Zuflucht als zu dieser starken Säule und wenden uns nach keinem Port als Deinem sicheren Gewahrsam. Beschütze uns, segne uns, hilf uns; lass uns nur Dein Wohlgefallen lieben, nur Dein Lob anstimmen, nur auf dem Pfad der Wahrheit wandeln, bis wir so reich werden, dass wir alles außer Dir entbehren können, unsere Gaben aus dem Meer Deiner Wohltätigkeit empfangen und allezeit danach trachten, Deine Sache zu erheben und Deine süßen Düfte nah und fern zu verbreiten, auf dass wir unser Selbst vergessen und, nur mit Dir befasst, alles für wertlos erachten und ganz in Dir aufgehen.
O Du Versorger, o Du Vergeber! Gewähre uns Deine Güte und Gnade, Deine Gaben und Spenden, und gib uns die Kraft, unser Ziel zu erreichen. Du bist der Gewaltige, der Fähige, der Wissende, der Sehende; wahrlich, Du bist der Freigebige, wahrlich, Du bist der Allerbarmer, wahrlich, Du bist der Immervergebende, dem Reue geschuldet wird, der selbst die schwersten Sünden vergibt.
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O ihr aufrichtigen Geliebten der Schönheit Abhá! Auf der ganzen Erde wächst in dieser Zeit die Sache Gottes an Macht. Tag für Tag verbreitet sie sich immer weiter, bis ans Ende der Welt. Deshalb werden auch ihre Gegner aus allen Völkern und Geschlechtern der Welt angriffslustig, böswillig, neidisch und überaus feindselig. Die Geliebten Gottes müssen daher in allen Dingen, bedeutend oder nicht, die größte Sorgfalt und Besonnenheit walten lassen; sie müssen miteinander beraten und vereint dem Angriff derer widerstehen, die zum Streit aufhetzen und Unheil stiften. Sie müssen sich bemühen, mit jedermann freundlich zu verkehren, sie müssen bescheiden auftreten, einander Achtung und Rücksicht bezeigen, allen Völkern der Welt Güte und einfühlsame Aufmerksamkeit entgegenbringen. Geduldig und langmütig müssen sie sein, so dass sie göttliche Magneten des Reiches Abhá werden und die Tatkraft der himmlischen Heerscharen erwerben.
Des Menschen flüchtige Stunden auf Erden vergehen rasch, und das wenige, was bleibt, wird ein Ende haben; was aber kein Ende hat und immer währen wird, ist die Frucht seiner Dienstbarkeit an der göttlichen Schwelle. Bedenket die Wahrheit dieses Spruches. Wie überaus viele herrliche Beweise gibt es dafür in der Welt des Seins!
Die Herrlichkeit der Herrlichkeiten sei auf dem Volk Bahás!
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O du erhabener Zweig am göttlichen Lotosbaum! … Wirst du von denen, die Unrecht tun, geschmäht und zurückgewiesen, so sei nicht entmutigt. Lass die Gewaltsamkeit und Halsstarrigkeit der Anmaßenden dir weder die Ruhe nehmen noch das Herz brechen; denn das ist die Art achtloser Seelen seit undenklichen Zeiten. »O das Elend der Menschen! Kein Gesandter kommt zu ihnen, ohne dass sie ihn verlachen!«Q37
Tatsächlich führt der Unwissenden Angriff und Widerstand nur dazu, dass Gottes Wort erhöht wird und Seine Zeichen und Beweise sich weithin verbreiten. Gäbe es nicht die Gegnerschaft der Verächter, die Verstocktheit der Verleumder, das Geschrei von den Kanzeln, das Rufen und Klagen von groß und klein gleichermaßen, den Vorwurf des Unglaubens aus dem Munde der Unwissenden, den Aufruhr der Toren – wie hätte dann wohl die Nachricht vom Kommen des Ersten Punktes und vom strahlenden Aufgang des Tagesgestirns Bahás Ost und West jemals erreicht? Wie sonst wäre der Planet von Pol zu Pol erschüttert worden? Wie sonst wäre Persien zum Lichtquell strahlenden Glanzes geworden, Kleinasien zum leuchtenden Herzen für die Schönheit des Herrn? Wie sonst hätte sich die Flamme der Offenbarung gen Süden verbreiten können? Wodurch sonst wäre Gottes Ruf im fernen Norden zu vernehmen gewesen? Wie sonst wäre Seine Vorladung im Erdteil Amerika und im dunklen Afrika gehört worden? Wie sonst hätte der Hahnenschrei des Himmels in die Ohren dringen können? Wie sonst hätten Indiens süße Papageien diesen Zucker kosten, wie hätten Iraks Nachtigallen ihren Jubel erheben können? Was sonst hätte Ost und West zum Tanze gebracht, wie hätte dieser Geheiligte Ort zum Thron der Schönheit Gottes werden können? Wie sonst hätte Sinai diesen lodernden Glanz erblicken, wie die Flamme der Wiederkunft jenen Berg schmücken können? Wie wäre das Heilige Land der Schönheit Gottes zum Schemel gemacht worden? Wie wäre das heilige Tal von TuváA62 zum Sitz überwältigender Gnade geworden, der geheiligte Ort, da Moses die Schuhe ablegte? Was sonst hätte den Himmelshauch durch das Tal der Heiligkeit getragen? Wie wären die süßen Lüfte aus den Gärten Abhás von den Bewohnern der Grünen Insel je wahrgenommen worden? Wie hätten sonst die Versprechen der Propheten, die frohen Botschaften der heiligen Seher vergangener Zeiten, die begeisternden Verheißungen der Manifestationen Gottes für diesen Heiligen Ort jemals erfüllt werden können?
Wie sonst hätte der Baum Anísá hier gepflanzt, des Testamentes Banner hier gehisst, der berauschende Kelch des Bündnisses an diese Lippen gesetzt werden können? All diese Segnungen und Gnadengaben, die Hauptwerkzeuge für die Verbreitung des Glaubens, sind durch den Spott der Unwissenden, die Gegnerschaft der Toren, den Starrsinn der Stumpfsinnigen, die Gewalt der Angreifer zustande gekommen. Anders hätte die Nachricht vom Kommen des Báb bis zum heutigen Tag noch nicht einmal die Nachbarländer erreicht. Deshalb sollten die Blindheit der Unwissenden, die Angriffe der Toren, die Feindseligkeit der Niederträchtigen, die Achtlosigkeit der Geistlichen, der Vorwurf des Unglaubens aus dem Munde der Gedankenlosen uns niemals betrüben. So handelten sie auch in vergangener Zeit. Dem wäre nicht so, wenn sie zu den Wissenden zählten. Sie aber sind umnachtet und kommen dem Verständnis dessen, was ihnen gesagt wird, nicht nahe.A63
So ziemt es dir, dem Spross aus Gottes Heiligem Baum, dem Zweig des mächtigen Stamms, wie es auch uns geziemt, durch die stärkende Gnade der Urewigen Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seinen Heiligsten Schrein sein – mit der im Himmel entfachten Flamme zu lodern, damit wir von Pol zu Pol das Feuer der Liebe Gottes entzünden. Lass uns den großen, heiligen Baum des erhabenen Báb – möge mein Leben ein Opfer für Ihn sein – zum Vorbild nehmen. Wie Er lass uns die Brust entblößen für die Pfeile des Todeskampfes, wie Er unsere Herzen zu Zielscheiben für die Speere machen, die Gott uns bestimmt hat. Lass uns wie Kerzen niederbrennen, wie Motten lass uns die Flügel versengen, wie Lerchen unsere Klagerufe ausstoßen, wie Nachtigallen in Trauerlieder ausbrechen.
Wie Wolken lass uns Tränen vergießen, wie der flammende Blitz lass uns auflachen auf unserer Hetzjagd durch Ost und West. Bei Tag und bei Nacht lass uns nur daran denken, wie wir Gottes süße Düfte verbreiten. Lass uns nicht immer fortfahren in unseren Phantastereien und Illusionen, mit unserem unaufhörlichen Zergliedern und Interpretieren und Weiterverbreiten vielschichtiger Unsicherheiten und Zweifel. Lass uns alle selbstischen Gedanken beiseiteschieben; lass uns die Augen schließen für alles auf dieser Erde, lass uns weder bekanntmachen, was wir erdulden, noch uns über erlittenes Unrecht beklagen. Lass uns vielmehr unser eigenes Ich vergessen, und den Wein himmlischer Gnade trinkend, wollen wir unseren Jubel laut hinausrufen und uns in der Schönheit des Allherrlichen verlieren.
O du Afnán des göttlichen Lotosbaumes! Wir müssen uns alle darum bemühen, wie beladene Äste zu werden, die immer süßere, immer bekömmlichere Früchte tragen, so dass im Zweig die Wurzel weiterwirkt und der Teil mit dem Ganzen in Einklang steht. Es ist meine Hoffnung, dass wir durch die Freigebigkeit des Größten Namens und durch die Güte des Ersten Punktes – möge meine Seele für sie beide ein Opfer sein – Werkzeuge für die Verherrlichung von Gottes Wort auf der ganzen Welt werden, dass wir immerfort dem Ursprung unserer Sache dienen und über alle Menschen den Baldachin des wahren, heiligen Eifers für den Herrn ausspannen, dass wir über den Gefilden der Gnade die linden Lüfte wecken, die den Menschen die süßen Düfte aus Gottes Gärten zutragen, dass wir diese Erde zum Paradies Abhá machen, diese niedrige Welt in das Königreich des Himmels verwandeln.
Allen Dienern Gottes, ganz besonders den vom Glauben Entflammten, ward diese Aufgabe des Dienstes für den allmächtigen Gott wahrlich zuteil; aber die uns auferlegte Pflicht ist noch größer als die der anderen. Bei Gott suchen wir Gnade, Gunst und Kraft.
Aller Lob und Dank sei Ihm, der Gesegneten Schönheit, dass Er die Streitmacht Seines Reiches Abhá zum Kampfe ruft und uns Seine nie versagende Hilfe sendet, zuverlässig wie die aufgehenden Sterne. In jedem Winkel dieser Erde stützt Er diesen einsamen, auf sich gestellten Diener, in jedem Augenblick lässt Er mich um die Zeichen und Beweise Seiner Liebe wissen. Die ihrem eitlen Wahn anhangen, macht Er stumpf und starr, ehrlos vor hoch und niedrig. Wer Wahn und Launen nachläuft, den setzt Er dem Schimpf des Volkes aus; den Anmaßenden stellt Er an den Pranger. Die Freunde, die in ihrem Glauben wankend wurden, lässt Er zur Warnung werden für jedes offene Auge; die Führer der Wankelmütigen, gefangen in Eigenliebe, lässt Er in Eitelkeit ertrinken. Doch durch die Kraft Seiner Macht lässt Er diesen flügellahmen Vogel sich aufschwingen vor den Augen aller Erdenbewohner. Er zerschlägt die geschlossene Front der Empörer, den Heerscharen der Erlösung verleiht Er den Sieg, Er haucht den Herzen der im Bund und Testament Standhaften den Odem ewigen Lebens ein.
Gib die Grüße Abhás jedem Afnán weiter, der den Zweigen des Heiligen Baumes entsprossen ist. Die Herrlichkeit sei mit dir und allen Afnán, die dem Bündnis gläubig und treu verbunden sind.
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O du, der du standhaft im Bündnis bist! Dein Brief vom 9. September 1909 ist angekommen. Sei weder traurig noch verzweifelt über das, was geschehen ist. Dieses Unheil brach über dich als Wanderer auf dem Pfade Gottes herein; deshalb soll es dir Freude bringen. Wir wandten uns bereits früher schriftlich an die Freunde und erklärten ihnen auch mündlich, dass die Freunde im Westen zweifellos ihren Anteil an den Schicksalsschlägen der Freunde im Osten werden tragen müssen. Unvermeidlich werden auch sie, die sie auf dem Pfad Bahá’u’lláhs wandeln, zur Zielscheibe für die Verfolgung der Unterdrücker.
Bedenke, wie zu Beginn der christlichen Zeit die Apostel heimgesucht wurden, welche Qualen sie auf dem Pfad Christi erduldeten. Jeden Tag ihres Lebens dienten sie den Pharisäern als Zielscheibe für die Pfeile des Spottes, der Verleumdung und Beschimpfung. Sie trugen großes Ungemach, kamen ins Gefängnis, und die meisten von ihnen führten den süßen Kelch des Martyriums an die Lippen.
Nun müsst ihr gewiss ebenfalls in kleinem Umfang meine Teilhaber werden und euer Maß an Kummer und Prüfungen auf euch nehmen. Aber diese Stunden gehen vorüber, während bleibende Herrlichkeit und ewiges Leben unverändert bestehen. Mehr noch, dieses Leid führt zu großem Fortschritt.
Ich flehe zu Gott, dass du als Sein Ackerknecht den harten, steinigen Boden pflügst, wässerst und die Saat ausbringst – denn das wird zeigen, wie fähig der Bauer ist. Die lockere Erde, frei von Dorngestrüpp, kann jeder bestellen.
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O du Diener Gottes! Gräme dich nicht wegen der Heimsuchungen und Trübsale, die über dich gekommen sind. Alle Trübsale und Heimsuchungen werden dem Menschen zuteil, damit er diese sterbliche Welt verschmähe – eine Welt, der er sehr verhaftet ist. Wenn er schwere Prüfungen und Nöte erfährt, wird sein Wesen vor dieser Verhaftung zurückschrecken und sich nach dem ewigen Reiche sehnen – einem Reich, das über alle Heimsuchungen und Trübsale geheiligt ist. So ergeht es dem weisen Menschen. Er wird nie aus einem Becher trinken, der einen widerlichen Nachgeschmack hat, im Gegenteil, er wird den Becher reinen und klaren Wassers suchen. Er wird nicht den Honig kosten, der mit Gift gemischt ist.
Preise Gott, dass du versucht wurdest und eine solche Prüfung erfahren hast. Sei geduldig und dankbar. Wende dein Angesicht dem Reiche Gottes zu und strebe danach, barmherzig und erleuchtet zu werden, die Kennzeichen des Gottesreiches und des Herrn zu erlangen. Bemühe dich, gegen die Vergnügungen dieser Welt und ihre Bequemlichkeit gleichgültig zu werden, fest und standhaft im Bündnis zu bleiben und die Sache Gottes zu verkünden.
Darauf beruht die Erhöhung des Menschen, seine Herrlichkeit und sein Heil.
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O du, der du in den Hauch Gottes verliebt bist! Ich las den Brief, der deine Liebe zu Gott, dein unwiderstehliches Hingezogensein zu Seiner Schönheit laut hinausruft. Die wundersame Melodie dieses Briefes machte mir das Herz froh.
Mit meinem vorangegangenen Brief wollte ich dir sagen, dass wir uns Prüfungen und Trübsalen unterziehen müssen, wenn wir das Wort Gottes verherrlichen wollen, und dass es jeden Augenblick Ungemach, Kummer und Qualen gibt, wenn wir Ihn lieben.
Zunächst muss der Mensch diese Gottesurteile schätzen lernen; er muss sie bereitwillig annehmen und voll Eifer willkommen heißen; erst dann sollte er die Lehrarbeit für den Glauben beginnen und Gottes Wort verherrlichen.
In diesem Zustand wird er niemals entmutigt werden, einerlei was ihm in seiner Liebe zu Gott zustoßen sollte: Belästigung, Vorwurf, Verleumdung, Fluch, Misshandlung, Kerker, Tod. Seine Leidenschaft für die Göttliche Schönheit wird nur an Stärke gewinnen. Das war, was ich sagen wollte.
Wehe andererseits der elenden Seele, die Bequemlichkeit, Reichtümer und irdische Freuden sucht und dabei versäumt, an Gott zu denken! Denn für ‘Abdu’l-Bahá ist Trübsal auf dem Pfade Gottes nur Gunst und Gnade, und die Allherrliche Schönheit erklärt in einem Sendbrief: »Nie ging Ich an einem Baum vorbei, ohne dass Mein Herz ihn anredete und sprach: ›O würdest du doch in Meinem Namen gefällt und Mein Leib an dir gekreuzigt!‹«Q38 Das waren die Worte des Größten Namens. Das ist Sein Pfad. Das ist der Weg zu Seinem Reich der Macht.
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O ihr Aufrichtigen, ihr Sehnsüchtigen, die ihr wie von einem Magneten angezogen seid und euch erhoben habt, der Sache Gottes zu dienen, Sein Wort zu verherrlichen und Seine süßen Düfte überall zu verbreiten! Ich las euren vortrefflichen Brief, wunderschön im Stil, ausdrucksvoll in der Wortwahl, tief an Bedeutung, und ich pries Gott und dankte Ihm, dass Er euch zu Hilfe kommt und euch befähigt, Ihm in Seinem weiten Weinberg zu dienen.
Bald werden eure Angesichter strahlen im Widerschein eurer demütigen Bitten, eurer Andacht vor Gott, eurer Gebete zu Ihm und eurer selbstlosen Bescheidenheit in der Gegenwart der Freunde. Er wird eure Versammlung zu einem Magneten machen, der die lichten Strahlen göttlicher Bestätigung aus Seinem Reich der Herrlichkeit auf euch herniederzieht.
Es ist eure Pflicht, tief im Herzen nachzusinnen und Seine Worte zu bedenken, Ihn demütig anzurufen und in Seiner himmlischen Sache euer Selbst beiseitezulegen. Dies wird euch zu Zeichen der Führung für die ganze Menschheit machen, zu strahlenden Sternen, die vom allhöchsten Horizont scheinen, zu mächtigen Bäumen im Paradies Abhá.
Wisset, dass ‘Abdu’l-Bahá in immerwährender Freude lebt. In diesem entlegenen Gefängnis zu wohnen, bedeutet mir größte Freude. Beim Leben Bahás! Dieses Gefängnis ist mein himmlisches Paradies, mein ersehntes Ziel, Trost meiner Brust, die Seligkeit meines Herzens; es ist meine Zuflucht, mein Schutz, mein Asyl, mein sicherer Hafen, und in diesem Gefängnis frohlocke ich inmitten der himmlischen Heerscharen.
Freut euch meiner Knechtschaft, o ihr Freunde Gottes, denn sie sät den Samen der Freiheit; freut euch meiner Kerkerhaft, denn sie ist der Quell der Erlösung; seid froh über meine Mühe und Plage, denn sie führen zu ewigem Behagen. Bei Gott, dem Herrn! Nicht für den Thron der ganzen Welt würde ich dieses Gefängnis tauschen, nicht für Vergnügen und Kurzweil in all den lieblichen Gärten auf Erden will ich diese Haft aufgeben. Es ist meine Hoffnung, dass ich durch die reiche Güte des Herrn, durch Seine Freigebigkeit und Gnade auf Seinem Pfade den Galgen ziere, dass mein Herz zur Zielscheibe werde für tausend Kugeln, dass ich in die Meerestiefen versenkt oder im Wüstensand dem Verschmachten preisgegeben werde. Danach sehne ich mich am meisten, das ist mein höchstes Verlangen; es erquickt meine Seele, ist Balsam für meine Brust, der Trost meiner Augen.
Und ihr, o ihr Geliebten Gottes, macht eure Schritte sicher in Seiner Sache mit so festem Entschluss, dass ihr nicht erschüttert werdet, selbst wenn die schrecklichsten Trübsale die Welt bestürmen. Lasst euch unter keinen Umständen und durch nichts verwirren. Seid fest verankert wie die hohen Berge, seid Sterne, die am Horizont des Lebens aufleuchten, strahlende Lichter in den Versammlungen der Einheit, bescheidene, demütige Seelen in der Gegenwart der Freunde, unschuldig in eurem Herzen. Seid Sinnbilder der Führung und Leuchten der Frömmigkeit, losgelöst von der Welt, fest an den sicheren, starken Griff geklammert, den Geist des Lebens verbreitend, geborgen in der Arche der Erlösung. Seid Morgenstrahlen der Freigebigkeit, Dämmerorte der Geheimnisse des Seins, Stätten, aus denen die Erleuchtung steigt, Aufgangsorte des Strahlenglanzes; seid Seelen, denen der Heilige Geist Kraft verleiht, den Herrn innig liebend, gelöst von allem außer Ihm, geheiligt über die Wesenszüge des Menschlichen, geschmückt mit den Eigenschaften der Engel im Himmel, so dass ihr in dieser neuen Zeit, diesem wundervollen Jahrhundert, den höchsten Segen erlanget.
Beim Leben Bahás! Nur wer losgelöst ist von der Welt, wird diese Gnadenfülle erlangen, nur wer gefangen ist in Gottes Liebe, frei von Leidenschaft, frei vom Ich, seinem Gott in jeder Hinsicht treu, bescheiden, demütig, nur wer flehentlich unter Tränen darum bittet und völlig ergeben ist in der Gegenwart des Herrn.
200
O meine geistig Geliebten! Zu einer Zeit, da hoch ein Meer von Prüfungen und Leiden brandete und seine Wellen bis zum Himmel warf, da ganze Scharen uns angriffen und die Tyrannen uns drückendes Unrecht zufügten – zu einer solchen Zeit waren einige darauf aus, uns zu verleumden. Sie taten sich mit unserem lieblosen Bruder zusammen, brachten eine Abhandlung voll lügnerischer Anschuldigungen heraus und erhoben Anklagen und Verleumdungen gegen uns.
Auf diese Weise alarmierten sie die Regierungsbehörden und brachten sie durcheinander. Es ist deutlich zu sehen, wie sich daraufhin die Lage dieses Gefangenen in der verfallenen Festung entwickelte, welch schreckliches Unrecht und Unheil angerichtet wurde, schlimmer als es Worte ausdrücken können. Trotz allem blieb dieser heimatlose Gefangene innerlich sicher und ruhig, im Vertrauen auf den unvergleichlichen Herrn, voll Sehnsucht nach all den Leiden, die auf dem Pfade der Gottesliebe zu bestehen sein mögen. Denn des Hasses Pfeile sind in unseren Augen wie ein Perlenband als Geschenk von Ihm, und tödliches Gift ist wie ein Heiltrank.
In dieser Lage befanden wir uns, als uns ein Brief der amerikanischen FreundeA64 erreichte. Sie hatten sich geschworen, so schrieben sie, in allen Dingen einig zu bleiben. Die Unterzeichnenden hatten allesamt gelobt, auf dem Pfade der Liebe Gottes Opfer zu bringen, um ewiges Leben zu gewinnen. In dem Augenblick, als dieser Brief mit all den Unterschriften am Ende verlesen wurde, überkam ‘Abdu’l-Bahá so große Freude, dass keine Feder sie zu beschreiben vermag. Er dankte Gott, dass sich dortzulande Freunde erhoben haben, die in vollkommener Eintracht zusammenleben wollen, in der schönsten Gemeinschaft, in voller Übereinstimmung, eng miteinander verbunden und vereint in ihren Bemühungen.
Je mehr ihr an dieser Übereinkunft festhaltet, desto glücklicher und gedeihlicher wird sich alles gestalten; denn dieser Bund zieht Gottes Bestätigungen auf sich. Hoffen die Liebenden Gottes auf die Gnade, die himmlischen Heerscharen zu Freunden zu gewinnen, so müssen sie alles in ihrer Macht Stehende tun, diese Übereinkunft zu stärken; denn eine solche Verbindung der Bruderschaft und Einigkeit bedeutet, den Baum des Lebens zu bewässern: Sie ist das ewige Leben.
O ihr, die ihr Gott liebt! Macht eure Schritte fest. Erfüllt das Versprechen, das ihr einander gabt. Schreitet einträchtig voran, damit ihr den süßen Duft der Gottesliebe verbreitet und Seine Lehren aufrichtet, bis ihr dem Leichnam dieser Welt eine Seele einhaucht und im Reich des Stoffes wie des Geistes jedem Kranken wahre Heilung bringt.
O ihr, die ihr Gott liebt! Die Welt gleicht einem Menschen, der krank und schwach ist, dessen Augen nichts mehr sehen und dessen Ohren taub wurden. Seine ganze Kraft ist zerstört und verbraucht. Deshalb müssen die Freunde Gottes fähige Ärzte sein, die diesen Kranken nach den heiligen Lehren pflegen, bis er wieder gesund ist. So Gott will, wird die Welt genesen und auf Dauer heil bleiben. Ihre erschöpften Fähigkeiten werden wiederhergestellt, ihr Leib wird solche Lebenskraft und Frische annehmen, dass er in heiterer Anmut erstrahlt.
Das erste Heilmittel ist, das Volk rechtzuleiten, so dass es sich Gott zuwendet, auf Seinen Rat hört und alsdann mit hörenden Ohren und sehenden Augen voranschreitet. Hat man den Menschen diesen rasch wirkenden Trunk verabreicht, dann muss man sie nach den Lehren dazu führen, sich die Eigenschaften und Verhaltensweisen der himmlischen Heerscharen anzueignen, und muss sie ermutigen, die Gnadengaben des Reiches Abhá zu suchen. Sie müssen die letzte Spur von Hass und Groll aus ihren Herzen tilgen und sich anschicken, wahrhaftig und ehrlich zu sein, versöhnungsbereit und liebevoll gegenüber allen Menschen, damit sich Ost und West wie zwei Liebende umschlungen halten, Hass und Feindseligkeit von dieser Erde verschwinden und an ihrer Statt der Weltfriede fest verwurzelt wird.
O ihr, die ihr Gott liebt! Seid freundlich zu allen Völkern, kümmert euch um jeden Menschen, tut, was ihr könnt, um die Herzen und Gemüter der Menschen zu läutern, und bemüht euch, jede Seele zu erfreuen. Seid für jede Au ein Regenschauer der Gnade, für jeden Baum das Wasser des Lebens, seid wie süßer Moschus für den Sinn der Menschen, und für die Kranken seid eine frische, belebende Brise. Seid schmackhaftes Wasser für alle Dürstenden, ein behutsamer Führer für alle, die ihren Weg verloren haben; seid den Waisen Vater und Mutter, den Alten liebevolle Söhne und Töchter, ein reicher Schatz den Armen. Erachtet Liebe und Brüderlichkeit als des Himmels Wonnen, Feindseligkeit und Hass als Höllenqual.
Verwöhnt euren Leib nicht mit Ruhe, sondern arbeitet mit ganzer Seele, und aus vollem Herzen ruft und bittet Gott, dass Er euch Seine Hilfe und Gnade gewähre. So verwandelt ihr diese Welt in das Paradies Abhá, diesen Erdball in den Paradeplatz für das Reich der Höhe. Wenn ihr nur die Mühe auf euch nehmt, wird diese Pracht sicherlich leuchten, diese Wolken der Barmherzigkeit werden ihren Regen verströmen, diese lebenspendenden Winde werden sich erheben und wehen, dieser süßduftende Moschus wird sich allenthalben verbreiten.
O ihr, die ihr Gott liebt! Denkt nicht weiter darüber nach, was an diesem heiligen Ort noch geschehen mag, und seid in keiner Weise beunruhigt. Was immer geschieht, gereicht zum besten; denn Leid ist nur der innerste Kern der Gnadengabe, Sorge und Plage sind lautere Barmherzigkeit, Schmerz ist Seelenfrieden, und ein Opfer zu bringen, bedeutet, ein Geschenk zu empfangen. Was auch immer geschehen wird, es kommt aus Gottes Gnade.
Richtet euren Blick deshalb auf eure eigenen Aufgaben: Führt das Volk und erzieht es auf den Wegen ‘Abdu’l-Bahás. Überbringt der Menschheit diese frohe Botschaft aus dem Reich Abhá. Rastet weder bei Tag noch bei Nacht. Sucht keinen Augenblick der Ruhe. Bemüht euch mit ganzer Kraft und bringt den Menschen diese frohe Botschaft zu Gehör. In eurer Liebe zu Gott und eurer Bindung an ‘Abdu’l-Bahá nehmt jede Drangsal, jede Sorge auf euch. Erduldet des Angreifers Hohn, nehmt des Feindes Vorwurf hin. Folgt den Fußstapfen ‘Abdu’l-Bahás auf dem Pfade der Schönheit Abhá und sehnt euch jeden Augenblick danach, euer Leben hinzugeben. Strahlt wie die Sonne, seid ruhelos wie das Meer, vergießt wie die Wolken des Himmels Leben über Feld und Flur, und den Aprilwinden gleich blast Frische durch den Menschenwald und bringt ihn zum Blühen.
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O du, die Gottes Liebe mitreißt! Die Sonne der Wahrheit ist über dem Horizont dieser Welt aufgegangen und wirft ihre Lichtstrahlen der Führung hernieder. Die ewige Gnade wird nie unterbrochen, und eine Frucht dieser ewigen Gnade ist der Weltfrieden. Sei deshalb gewiss: In diesem Zeitalter des Geistes wird das Reich des Friedens sein Königszelt auf den Gipfeln der Welt errichten. Das Gebot des Friedefürsten wird die Adern und die Nerven jedes Volkes so beherrschen, dass es alle Nationen auf Erden in Seinen schützenden Schatten zieht. An den Quellen der Liebe, der Wahrheit und der Einheit wird der wahre Hirte Seine Schafe tränken.
O du Dienerin Gottes! Der Friede muss zuerst unter den einzelnen Menschen gestiftet werden, bis er schließlich zum Frieden unter den Nationen führt. O ihr Bahá’í! Strebt deshalb mit ganzer Kraft danach, durch die Macht des Gotteswortes echte Liebe, geistige Gemeinschaft und dauerhafte Bande zwischen den Menschen zu schaffen. Das ist eure Aufgabe.
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O ihr Liebenden der Wahrheit, ihr Diener der Menschheit! Herrliche Düfte strömten aus den Blüten eurer Gedanken und Hoffnungen. Deshalb treibt mich ein tiefes Pflichtgefühl, diese Worte niederzuschreiben.
Ihr seht, wie diese Welt in sich zerstritten ist, wie viele Länder rot sind von Blut, wie ihr Staub zu Klumpen gebacken ist mit geronnenem Menschenblut. Die Feuer des Streites lodern so hoch, dass zu keiner früheren Zeit, weder im Mittelalter noch in der Neuzeit, jemals ein so grauenhafter Krieg herrschte, ein Krieg, der die Schädel der Menschen zermalmt wie Mühlsteine das Korn. Noch viel schrecklicher, denn reiche Länder fielen in Schutt und Asche, ganze Städte wurden dem Erdboden gleichgemacht, viele blühende Dörfer sind jetzt Ruinen. Väter verloren ihre Söhne und Söhne ihre Väter, Mütter zerfließen in Tränen über ihre toten Kinder, Kinder wurden zu Waisen, Frauen irren vertrieben und heimatlos umher. In jeder Hinsicht ist die Menschheit tief gesunken. Laut gellen die Schreie vaterloser Kinder, laut die schmerzerfüllten Stimmen der Mütter zum Himmel.
Der Nährboden all dieser Tragödien ist das Vorurteil: das Vorurteil der Rasse und Nation, der Religion, der politischen Meinung; und die Wurzel des Vorurteils ist die blinde Nachahmung der Vergangenheit – die Nachahmung in der Religion, bei Einstellungen zu anderen Rassen, bei nationalen Vorlieben, in der Politik. Solange dieses Nachäffen der Vergangenheit anhält, werden die Grundlagen der Gesellschaftsordnung in alle Winde verweht, und die Menschheit wird ständig den schrecklichsten Gefahren ausgesetzt sein.
Ist es heutzutage, in unserem erleuchteten Zeitalter, da vormals unbekannte Wirklichkeiten aufgedeckt und die Geheimnisse der Schöpfung dem Menschen enthüllt sind, da der Morgen der Wahrheit angebrochen ist und die Welt erleuchtet hat – ist es da überhaupt statthaft, dass die Menschen einen so fürchterlichen Krieg führen, der die Menschheit ins Verderben stürzt? Nein, bei Gott, dem Herrn!
Jesus Christus rief die ganze Menschheit zu Freundschaft und Frieden auf. Zu Petrus sprach Er: »Stecke dein Schwert in die Scheide.«Q39 Das war das Gebot und der Rat Christi, des Herrn; und doch haben heutzutage alle Christen ihre Schwerter aus der Scheide gezogen. Wie groß ist der Widerspruch zwischen solchem Tun und dem klaren Wortlaut des Evangeliums!
Vor sechzig Jahren erhob sich Bahá’u’lláh wie die Sonne über Persien. Er erklärte, dass die Himmel der Welt verdunkelt sind, dass dieses Dunkel Unheil verkündet und schreckliche Kriege bevorstehen. Aus dem Gefängnis von ‘Akká wandte Er sich an den deutschen Kaiser in deutlicher Sprache und sagte ihm, dass ein großer Krieg bevorstehe und seine Stadt Berlin in Jammern und Wehklagen ausbrechen werde. So schrieb Er auch an den türkischen Herrscher, obwohl Er selbst ein Opfer dieses Sulṭáns, ein Gefangener in dessen Gefängnis war; Er war in der Festung ‘Akká eingekerkert. Klar führte Er aus, dass Konstantinopel von einem plötzlichen, radikalen Umschwung überrascht würde, so heftig, dass die Frauen und Kinder der Stadt jammern und laut klagen würden. Kurz gesagt, solche Worte richtete Er an alle Monarchen und Präsidenten, und alles ereignete sich genauso, wie Er vorhersagte.
Aus Seiner machtvollen Feder ergingen vielseitige Lehren, wie Krieg zu verhindern sei; diese Lehren wurden überallhin verbreitet.
Die erste Lehre ist das unabhängige Forschen nach der Wahrheit; denn blinde Nachahmung des Vergangenen lässt den Geist verkümmern. Sobald aber jede Seele nach der Wahrheit forscht, ist die Gesellschaft befreit vom Dunkel des ständigen Wiederholens der Vergangenheit.
Sein zweites Prinzip ist die Einheit der Menschheit: Alle Menschen sind Gottes Herde, und Gott ist ihr liebender Hirte, der zärtlich für alle sorgt, ohne den einen oder anderen vorzuziehen. »Keinen Unterschied kannst du sehen in der Schöpfung des Gottes der Barmherzigkeit.«Q40 Alle sind Seine Diener, alle erbitten Seine Gnade.
Seine dritte Lehre ist, dass die Religion eine mächtige Feste ist, dass sie aber Liebe hervorbringen muss, nicht Böswilligkeit und Hass. Führt sie zu Bosheit, Groll und Hass, so hat sie keinerlei Wert. Denn die Religion ist ein Heilmittel; wenn aber das Heilmittel krank macht, lässt man es besser weg. Noch einmal zu den religiösen, rassischen, nationalen und politischen Voreingenommenheiten: Alle diese Vorurteile treffen menschliches Leben an der Wurzel. Sie alle ziehen Blutvergießen nach sich, sie zerstören die Welt. Solange diese Vorurteile bestehen, wird es beständig schreckliche Kriege geben.
Um diesen Zustand zu heilen, brauchen wir den Weltfrieden, und um ihn zustandezubringen, muss ein höchster Gerichtshof, in welchem alle Regierungen und Völker vertreten sind, errichtet werden. Nationale wie internationale Streitfragen müssen ihm unterbreitet werden, und alle müssen die Entscheidungen dieses Gerichtshofes durchführen. Sollte eine Regierung oder ein Volk nicht gehorchen, so lasst die ganze Welt sich gegen diese Regierung oder dieses Volk erheben.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist die Gleichheit von Mann und Frau und ihre völlige Gleichberechtigung. Es gibt noch viele ähnliche Grundsätze. Bereits heute ist offensichtlich, dass diese Lehren Leben und Seele der Welt sind.
O ihr Diener des Menschengeschlechts! Strebt aus ganzem Herzen danach, die Menschheit zu erlösen von den dunklen Vorurteilen, die den menschlichen Lebensumständen und der Naturwelt angehören, damit die Menschenwelt ihren Weg in das Licht der Welt Gottes finde.
Preis sei Ihm! Ihr kennt die vielfältigen Gesetze, Institutionen und Grundsätze der Welt. Nur die göttlichen Lehren können heutzutage den Frieden und die Ruhe der Menschheit sichern. Ohne diese Lehren hört das Dunkel nicht auf, werden die chronischen Krankheiten nie geheilt. Nein, sie werden sich von Tag zu Tag verschlimmern. Der Balkan wird unzufrieden bleiben. Seine Ruhelosigkeit wird wachsen. Die besiegten Mächte werden weiterwühlen. Sie werden zu jedem Mittel greifen, die Flamme des Krieges wieder zu entzünden. Neugeschaffene Bewegungen von weltweiter Bedeutung werden alle Kräfte für den Fortschritt ihrer Pläne aufbieten. Die Bewegung der Linken wird große Bedeutung erlangen. Ihr Einfluss wird sich ausbreiten.
Bemüht euch deshalb mit Gottes Hilfe, erleuchtetem Verstand, mit Herz und Hand, mit einer Kraft, die aus dem Himmel geboren ist, dass ihr Gottes Gnadengabe für die Menschen werdet und der ganzen Menschheit Frieden und Wohlfahrt bringt.
203
O du, der du den Bund Gottes innig liebst! Die Gesegnete Schönheit hat diesem Diener prophezeit, dass sich Seelen erheben werden, die wahre Verkörperungen der Führung sind, Banner der himmlischen Heerscharen, Fackeln der Einheit Gottes und Sterne Seiner reinen Wahrheit, strahlend in den Himmeln, wo Gott allein regiert. Sie werden die Blinden sehend und die Tauben hörend machen; sie werden die Toten zum Leben erwecken. Allen Völkern der Erde werden sie entgegentreten und ihre Sache mit den Beweisen des Herrn der sieben Sphären vertreten.
Ich hoffe, dass Er in Seiner Güte diese Seelen bald erwecken wird, auf dass Seine Sache erhöht werde. Der Magnet, der diese Gnade anziehen wird, ist Festigkeit im Bündnis. Danke du Gott, dass du der Festeste der Festen bist.
O mein Gott! Hilf Du Deinem Diener, das Wort zu erhöhen und zu widerlegen, was falsch und eitel ist, die Wahrheit fest zu begründen, die heiligen Verse überallhin zu verbreiten, die Herrlichkeit zu enthüllen und das Morgenlicht in den Herzen der Rechtschaffenen anbrechen zu lassen.
Du bist wahrlich der Großmütige, der Vergebende.
204
O Phönix aus der unsterblichen Flamme, die im geheiligten Baume brennt! Bahá’u’lláh – mögen mein Leben, meine Seele, mein Geist Opfer für Seine demütigen Diener sein – hat in Seinen letzten Tagen auf Erden eindrücklich verheißen, die Gnadenströme Gottes und die hilfreiche Unterstützung aus Seinem Reich in der Höhe werden dazu führen, dass sich Seelen erheben und heilige Wesen erscheinen, die sternengleich das Himmelszelt göttlicher Führung schmücken, den Tagesanbruch der liebevollen Güte und Gnadengaben erleuchten, die Zeichen der Einheit Gottes offenbaren, Seelen, die mit dem Licht der Heiligkeit und Reinheit strahlen, ihr volles Maß göttlicher Eingebung empfangen, hoch die heilige Fackel des Glaubens recken, fest stehen wie der Fels und unverrückbar wie der Berg und wachsen, um Leuchten in den Himmeln Seiner Offenbarung zu werden, breite Kanäle Seiner Gnade, Werkzeuge für die Segnungen von Gottes wohltätiger Fürsorge, Herolde, die den Namen des einen wahren Gottes ausrufen, und Bauleute an der Welt größtem Ordnungsgefüge.
Unablässig werden sie Tag und Nacht tätig sein, weder Prüfung noch Schmerz achten, keinen Aufschub in ihren Anstrengungen dulden, keine Ruhe suchen, Wohlstand und Behagen verschmähen und losgelöst und unbefleckt jeden flüchtigen Augenblick ihres Lebens der Verbreitung der Düfte Gottes, der Verherrlichung Seines heiligen Wortes weihen. Himmlische Freude wird ihr Angesicht ausstrahlen, und ihr Herz wird von Frohlocken erfüllt sein. Ihre Seelen werden erleuchtet sein, ihre Grundlagen fest verankert. In alle Welt hin werden sie sich zerstreuen, durch alle Regionen werden sie reisen. Ihre Stimme werden sie in jeder Versammlung erheben, jede Zusammenkunft werden sie schmücken und beleben. In jeder Sprache werden sie reden und alle verborgenen Bedeutungen erklären. Die Geheimnisse des Reiches Gottes werden sie offenbaren und jedem Menschen die Zeichen Gottes enthüllen. Wie helle Kerzen werden sie im Herzen jeder Versammlung brennen, wie Sterne von allen Horizonten strahlen. Die linden Lüfte aus den Gärten ihrer Herzen werden die Seelen der Menschen erwecken und durchduften, und die Enthüllungen ihres Geistes werden wie Regenschauer die Völker und Nationen der Welt neu beleben.
Ich warte, ich warte voll Ungeduld auf das Erscheinen dieser Heiligen. Wie lange werden sie noch säumen? Mein Gebet, meine flehende Bitte des Abends und des Morgens ist, diese strahlenden Sterne mögen bald ihren Glanz über die Welt ergießen, ihr gesegnetes Angesicht möge sterblichen Augen entschleiert werden, die Heerscharen göttlichen Beistands mögen ihren Sieg sichern, und die Wogen der Gnade, die aus Seinen himmlischen Meeren steigen, mögen sich über die ganze Menschheit ergießen. Betet auch ihr und fleht zu Ihm, dass durch die helfende Gunst der Altehrwürdigen Schönheit diese Seelen den Augen der Welt enthüllt werden.
Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und mit dem, dessen Antlitz von diesem ewigen Licht aus Seinem Reiche der Herrlichkeit erleuchtet ist.
205
O ihr verehrten Seelen! Die fortgesetzte Nachahmung veralteter, überlebter Gewohnheiten machte die Welt finster wie die schwarze Nacht. Die Grundlagen der göttlichen Lehren gingen dem Gedächtnis verloren; ihr Herz und Mark gerieten ganz und gar in Vergessenheit; die Menschen hielten sich an die Schalen. Die Nationen waren in einen jämmerlichen Zustand verfallen, wie zerrissene, längst abgetragene Kleider.
Aus dieser schwarzen Finsternis dämmerten die Lehren Bahá’u’lláhs wie der Morgenglanz. Er legte der Welt ein neues, lichtes Gewand an, und dieses neue Gewand sind die Grundsätze, die von Gott herniederkamen.
Jetzt ist das neue Zeitalter angebrochen, die Schöpfung wiedergeboren. Die Menschheit ist zu neuem Leben erwacht. Der Herbst ist vorüber, der belebende Frühling ist gekommen. Alles ist neu gemacht. Künste und Gewerbe sind wiedergeboren, es gibt neue Entdeckungen in der Wissenschaft und neue Erfindungen. Selbst Einzelheiten des täglichen Lebens, wie Bekleidung und persönliche Habe – sogar Waffen: Alles dies wurde gleichfalls erneuert. Die Gesetze und Verfahren jeder Regierung wurden überarbeitet. Erneuerung ist an der Tagesordnung.
Und all dieses Neue hat seinen Ursprung in den frischen Ausgießungen wundersamer Gunst und Gnade vom Herrn des Gottesreiches. Sie haben die Welt erneuert. Deshalb müssen die Menschen gänzlich frei werden von ihren alten Denkmustern, so dass sie ihre ganze Aufmerksamkeit auf diese neuen Grundsätze richten können, sind sie doch das Licht des Zeitalters und sein wahrer Geist.
Solange diese Lehren nicht wirksam unter den Menschen verbreitet sind, solange die alten Bahnen und Konzepte nicht verlassen und vergessen sind, wird die Welt des Seins keinen Frieden finden, geschweige denn die Vollkommenheiten des Himmelreichs widerspiegeln. Bemüht euch aus ganzem Herzen, die Achtlosen bewusst zu machen, die Schlafenden zu wecken, den Unwissenden Erkenntnis zu bringen, die Blinden sehend, die Tauben hörend zu machen und die Toten dem Leben zurückzugeben.
Ihr müsst eine solche Kraft und Beharrlichkeit zeigen, dass alle Beobachter staunen. Die Bestätigungen des Gottesreiches sind mit euch. Auf euch sei die Herrlichkeit des Allherrlichen.
206
Gepriesen sei Er, der das Dunkel zerrissen und die Nacht vertrieben, die Hüllen beseitigt und die Schleier entfernt hat, dessen Licht daraufhin erstrahlte, dessen Zeichen und Beweise verbreitet und dessen Geheimnisse aufgedeckt sind. Daraufhin teilten sich Seine Wolken, überschütteten die Erde mit Seinen Segnungen und Gnadengaben, machten mit ihrem Regen alle Dinge süß und saftig, ließen das frische Grün der Erkenntnis und die Hyazinthen der Gewissheit sprießen und vor Freude erzittern, bis die ganze Welt vom Duft Seiner Heiligkeit erfüllt war.
Gruß und Preis, Segen und Ruhm seien auf den göttlichen Wirklichkeiten, den heiligen Anemonen, die aus dieser höchsten Gnadengabe hervorkamen, dieser überströmenden Gunst, brausend wie ein brandendes Meer der Geschenke und Segnungen, das seine Wogen hoch in den Himmel wirft.
O Gott, mein Gott! Preis sei Dir, da Du das Feuer göttlicher Liebe im Heiligen Baum auf den Gipfeln des erhabensten Berges entzündet hast: jenem Baum, der »weder des Ostens noch des Westens ist«Q41, und jenes Feuer, das lichterloh brannte, bis seine Flamme die himmlischen Heerscharen erreichte, bis jene Wirklichkeiten das Licht der Führung daraus einfingen und ausriefen: »Wahrlich, wir gewahrten ein Feuer am Hang des Berges Sinai.«Q42
O Gott, mein Gott! Lass dieses Feuer wachsen Tag für Tag, bis seine Glut die ganze Erde bewegt. O Du mein Herr! Entzünde das Licht Deiner Liebe in jedem Herzen, hauche den Geist Deiner Erkenntnis den Menschen in die Seele und weite ihnen die Brust mit den Versen Deiner Einheit. Rufe die ins Leben zurück, die in ihren Gräbern wohnen, warne Du die Hoffärtigen, lass weltweit Glückseligkeit herrschen, sende Deine kristallklaren Wasser hernieder, und in der Versammlung offenbaren Strahlenglanzes lass den Kelch kreisen, der »gemischt ist an der Kampferquelle«Q43.
Wahrlich, Du bist der Gebende, der Verzeihende, der Ewigschenkende. Wahrlich, Du bist der Barmherzige, der Mitleidvolle.
O ihr Geliebten Gottes! Der Kelch himmlischen Weines quillt über, der Festsaal des Gottesbundes strahlt in feierlichem Lichterglanz, der Morgen allen Segens bricht an, sanft wehen die Winde der Gnade, und aus der unsichtbaren Welt kommt frohe Botschaft über reiche Gnadengaben. Auf blumengeschmückten Auen hat die göttliche Frühlingszeit ihre Zelte aufgeschlagen, und die geistig Gesinnten atmen die süßen Düfte aus dem Saba des Geistes, die der Ostwind zu ihnen trägt. Da flötet die mystische Nachtigall ihre Lieder, und Knospen tiefer Bedeutung brechen auf zu zarten, anmutigen Blüten. Die Lerchen des Feldes sind die Festmusikanten; hoch heben sie ihre wundersamen Stimmen und singen nach den Weisen der himmlischen Heerscharen: »Selig seid ihr! Frohe Botschaft! Frohe Botschaft!« Und sie drängen alle Zecher im Paradies Abhá, sich satt zu trinken. Auf dem Himmelsbaum halten sie lange Reden und stoßen ihre heiligen Rufe aus, damit die verwelkten Seelen in der Wüste der Achtlosigkeit und die Dahingeschwundenen im Sande der Gleichgültigkeit pulsierendes Leben gewinnen und sich einfinden bei den Festen und Lustbarkeiten Gottes, des Herrn.
Gelobt sei Er! Der Ruhm Seiner Sache erreicht Ost und West, die Nachricht von der Schönheit Abhá und ihrer Macht belebt Nord und Süd. Nah und fern ertönt jener Ruf vom amerikanischen Erdteil, ein Chorgesang der Heiligkeit steigt auf zu den Scharen der Höhe: »Yá Bahá’u’l-Abhá!« Jetzt ist der Osten erleuchtet in Herrlichkeit, der Westen duftet süß nach Rosen, die ganze Erde riecht nach Ambra, und die Winde, die über den Heiligen Schrein wehen, sind mit Moschus beladen. Bald werdet ihr sehen, wie die dunkelsten Länder hell erstrahlen, wie die Erdteile Europa und Afrika in Blumengärten, in Haine mit blühenden Bäumen verwandelt sind.
Weil aber diese Sonne in Persien aufging und vom Orient aus den Westen beschien, ist es unsere liebste Hoffnung, dass die Flammen der Liebesglut dortzulande noch heftiger lodern und der Strahlenglanz dieses heiligen Glaubens noch stärker leuchte. Möge der Aufruhr um die Sache Gottes dieses Land in seinen Grundmauern erschüttern, möge die geistige Kraft Seines Wortes sich solcherart offenbaren, dass der Írán zum Kern und Brennpunkt der Wohlfahrt und des Friedens wird. Mögen Rechtschaffenheit und Versöhnungsbereitschaft, Liebe und Vertrauen vom Írán ausgehen und allen auf Erden Unsterblichkeit verleihen. Möge der Írán die Banner der Staatsordnung, der reinsten Geistigkeit und des Weltfriedens auf die höchsten Gipfel pflanzen.
O ihr Geliebten Gottes! In der Bahá’í-Sendung ist die Sache Gottes reiner, unvermischter Geist. Seine Sache gehört nicht der Welt des Stoffes an. Sie steht nicht für Streit und Krieg, stiftet kein Unheil und bereitet keine Schande. Sie wünscht weder Zank mit anderen Glaubensbekenntnissen noch Hader mit den Nationen. Ihre einzige Heeresmacht ist die Gottesliebe, ihre einzige Freude der klare Wein Seiner Erkenntnis, ihr einziger Kampf die Darlegung der Wahrheit, ihr einziger Kreuzzug geht gegen das beharrende Selbst, die bösen Einflüsterungen des Menschenherzens. Ihr Sieg ist Unterwerfung und Ergebung, und Selbstlosigkeit ist ihre ewige Herrlichkeit. Kurz gesagt, die Sache Gottes ist Geist über Geist: – Nur in der Not – tritt du die Natter tot, – zu jeder Zeit erspar’ dem andern Leid – Sei stets bereit, – die Ameis’ selbst zu schützen; – um wie viel mehr sollst du dem Bruder nützen!
Lasst euer ganzes Streben dahin gehen, für jede Menschenseele, bekannt oder fremd, Gegner oder Mitstreiter, der Quell des Lebens und der Unsterblichkeit, des Friedens, des Wohlergehens und der Freude zu werden. Schaut nicht auf die Lauterkeit oder Unlauterkeit des Charakters; schaut auf die allumfassende Barmherzigkeit des Herrn, auf das Licht Seiner Gnade, das die ganze Erde mit allen, die darin wohnen, umschließt, auf die Fülle Seiner Freigebigkeit, in die alle eingetaucht sind, die Weisen wie die Unwissenden. An der Tafel Seiner Gunst sitzen Fremde und Freunde. Wie der Gläubige, so schöpft auch der Leugner, der sich von Gott abwendet, mit beiden Händen den Trank aus dem Meer Seines Segens.
Es ziemt den Geliebten des Herrn, Zeichen und Beweise Seiner allumfassenden Barmherzigkeit zu sein, Verkörperungen Seiner alles überragenden Gnade. Wie die Sonne sollen sie ihre Strahlen auf Gärten wie Schutthalden werfen, wie die Frühlingswolken ihren Regenschauer vergießen auf Blumen und Dornen. Lasst sie nur nach Liebe und Treue streben, lasst sie den Pfad der Unfreundlichkeit meiden, lasst ihre Rede beschränkt sein auf die Geheimnisse der Freundschaft und des Friedens. Das sind die Merkmale der Rechtschaffenen, das ist das Erkennungszeichen der Diener an Seiner Schwelle.
Die Schönheit Abhá erduldete die qualvollsten Trübsale. Er trug Pein und Unglück ohne Grenzen. Keinen Augenblick lebte Er in Frieden, keinen Atemzug lang fand Er Erleichterung. Heimatlos zog Er durch den Wüstensand und über Berghänge. Er war eingekerkert in einer Festung, einer Gefängniszelle. Aber für Ihn war Seine armselige Strohmatte ein unvergänglicher Thron der Herrlichkeit, Seine schweren Ketten waren Ihm Herrschergeschmeide. Tag und Nacht lebte Er unter einem sausenden Schwert, und jeden Augenblick war Er bereit, den Kreuzestod zu sterben. Er ertrug das alles, um die Welt zu läutern, um sie zu schmücken mit der sanften Gnade Gottes, des Herrn, um sie zu befrieden, um Kampf und Streit zu bannen, die Lanze und das scharfe Schwert gegen liebende Bruderschaft zu tauschen, Bosheit und Krieg in Sicherheit, Sanftmut und Liebe zu verwandeln, bis die Schlachtfelder des Hasses und des Zorns Gärten der Freude werden und dort, wo einst Heere blutig aufeinanderprallten, duftende Lustgärten entstehen, bis alle Kriegsführung als Schande gilt, jede Anwendung von Waffengewalt als widerliche Krankheit, gemieden von jedem Volk, bis der Weltfriede seine Zelte auf den höchsten Bergen errichtet und der Krieg auf ewig von der Erde verschwindet.
Deshalb müssen die Geliebten Gottes diesen Baum der Hoffnung mit den Wassern ihres ganzen Strebens fleißig nähren und pflegen. In welchem Land sie auch leben, lasst sie aus ganzem Herzen Freunde und Gefährten sein für alle, die ihnen nahe stehen oder ferne sind. Lasst sie mit himmelsgleichen Eigenschaften die Institutionen Gottes und Seine Religion fördern. Lasst sie nie den Mut verlieren, nie verzweifeln, nie sich niedergeschlagen fühlen. Je mehr Widerstand sie begegnen, desto mehr lasst sie ihren festen Glauben zeigen; je mehr Schmerz und Trübsal auf sie zukommen, desto freigebiger lasst sie allen den Kelch der Großmut reichen. Das ist der Geist, der der Welt neues Leben gibt, das ist das weithin strahlende Licht in seinem Wesenskern. Wer anders ist oder anders handelt, ist es nicht wert, an der Heiligen Schwelle des Herrn zu dienen.
O ihr Geliebten Gottes! Die Sonne der Wahrheit scheint aus unsichtbaren Himmeln hernieder. Seid euch des Wertes dieser Tage bewusst. Erhebt das Haupt und wachst, Zypressen gleich, an diesen strömenden Wassern. Freut euch der Narzisse von Najd und ihrer Schönheit; denn die Nacht wird kommen, und sie wird nicht mehr sein…
O ihr Geliebten Gottes! Gelobt sei Er, das leuchtende Banner des Bundes weht höher mit jedem Tag, wogegen die Flagge des Verrats niedergeholt wurde und auf Halbmast hängt. Die umnachteten Angreifer wurden bis ins Innerste erschüttert. Sie sind nunmehr wie zerstörte Grabstätten. Wie blinde Kreaturen, die unter der Erde hausen, kriechen und krabbeln sie um eine Ecke des Grabes; von Zeit zu Zeit kläffen und brüllen sie aus ihrem Loch heraus wie wilde Tiere. Ruhm sei Gott! Wie kann die Dunkelheit je das Licht besiegen? Wie kann der Strick des Zauberers »eine Schlange« binden, »für alle deutlich sichtbar«? »Sieh da! Sie verschlang ihre verlogenen Wunder.« Wehe ihnen! Sie haben sich selbst mit einer Lüge getäuscht, und um ihrer Begierde zu frönen, haben sie ihr Ich aufgegeben. Ewige Herrlichkeit gaben sie preis für menschlichen Hochmut, die Erhabenheit beider Welten opferten sie den Wünschen des beharrenden Selbstes. Davor haben Wir euch gewarnt. Binnen kurzem werdet ihr die Toren in offensichtlichem Verlust sehen.
O mein Herr und meine Hoffnung! Hilf Du Deinen Geliebten, standhaft in Deinem mächtigen Bunde zu sein, Deiner offenbaren Sache treu zu bleiben und die Befehle auszuführen, die Du für sie in Deinem Buche der Herrlichkeit verzeichnet hast, damit sie Banner der Führung, Leuchten der himmlischen Heerscharen werden, Quellen Deiner unendlichen Weisheit und Sterne, die den rechten Weg weisen, aus Deinem überirdischen Himmel herniederstrahlend.
Du bist wahrlich der Unbesiegbare, der Allmächtige, der Allgewaltige.
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O ihr, die ihr euer Antlitz der Erhabenen Schönheit zuwendet! Bei Tag und Nacht, im Morgengrauen und bei Sonnenuntergang, wenn die Dunkelheit hereinbricht und wenn das erste Licht dämmert, gedenke ich wie eh und je in den Reichen meines Geistes und meines Herzens der Geliebten des Herrn. Ich bitte Ihn, Er möge Seine Bestätigungen ergießen über die Geliebten, die in jenem reinen, heiligen Lande wohnen, und ihnen in jeder Hinsicht Erfolg gewähren: Er helfe ihnen, sich mit ihrem Charakter, ihrem Verhalten, ihren Worten, ihrer Lebensweise, mit allem, was sie sind und tun, vor den Menschen auszuzeichnen; Er führe sie in die Weltgemeinde ein, mit Herzen voller Begeisterung, Eifer und sehnsüchtiger Liebe, mit Erkenntnis und Gewissheit, mit Standhaftigkeit und Einigkeit, mit Angesichtern von strahlender Schönheit.
O ihr Geliebten des Herrn! Dies ist der Tag der Vereinigung, der Tag der Ernte für die ganze Menschheit. »Wahrlich, Gott liebt die, welche in geschlossener Front für Seine Sache kämpfen, als wären sie ein fester Wall.«Q44 – Beachtet, dass Er sagt: »in geschlossener Front«. Das bedeutet dichtgedrängt, jeder dem anderen untergehakt, jeder seinen Gefährten beistehend. Kämpfen, wie es in dem heiligen Vers heißt, bedeutet in dieser größten aller Sendungen nicht, mit Schwert und Speer, mit Lanze und durchbohrenden Pfeilen voranzustürmen, sondern bewaffnet zu sein mit reiner Absicht, mit rechtschaffenen Motiven, mit hilfreichen, wirksamen Ratschlägen, mit göttlichen Eigenschaften, mit Taten, die dem Allmächtigen wohlgefallen, mit den Tugenden des Himmels. Es bedeutet: die ganze Menschheit erziehen, alle Menschen führen, die süßen Düfte des Geistes weltweit verbreiten, die Beweise Gottes darlegen, schlüssige göttliche Argumente vorbringen sowie barmherzige Taten verüben.
Wann immer heilige Seelen, gestärkt von den Kräften des Himmels, sich mit solchen Tugenden des Geistes erheben und Reihe um Reihe geschlossen vorwärtsstreben, wird jede dieser Seelen gleich einem Tausend, und die brausenden Wogen dieses mächtigen Meeres werden den Bataillonen der himmlischen Heerscharen gleich. Was für ein Segen wird das sein – wenn alle zusammenkommen wie vormals getrennte Wildwasser, Flüsse und Bäche, Rinnsale und einzelne Tropfen. Sammeln sie sich an einem Platz, so bilden sie ein mächtiges Meer. In solchem Ausmaß wird sich da die Ureinheit aller Menschen durchsetzen, dass die Überlieferungen, Gewohnheiten, Gebräuche und Verschiedenheiten in dem wunderlichen Leben aller Völkerschaften in den Hintergrund treten und verschwinden, wie einzelne Tropfen vergehen, sobald das große Meer der Einheit braust und wallt und wogt.
Ich schwöre bei der Urewigen Schönheit: Überwältigende Gnade wird zu jener Zeit alle umschließen. Das Meer der Herrlichkeit wird so über die Ufer treten, dass die kleinste Pfütze zu einer endlosen See anschwillt und der winzigste Tropfen zur uferlosen Tiefe wächst.
O ihr Geliebten Gottes! Bemüht euch und strebt danach, diese hohe Stufe zu erreichen und so viel Glanz über die Erdenreiche zu verbreiten, dass seine Strahlen zurückgeworfen werden von einem Aufgangsort am Horizont der Ewigkeit. Dies ist die wahre Grundlage der Sache Gottes. Dies ist das Mark des Gesetzes Gottes. Dies ist das mächtige Bauwerk, das Gottes Manifestationen errichtet haben. Dafür geht die Sonne der Welt Gottes auf. Dafür setzt sich der Herr selbst auf den Thron Seines Menschenleibs.
O ihr Geliebten Gottes! Seht, wie der ErhabeneA66 – mögen die Seelen aller auf Erden ein Lösegeld für Ihn sein – um dieser hehren Absicht willen Sein gesegnetes Herz zur Zielscheibe für die Speere des Leides machte. Und weil es der wahre Vorsatz der Urewigen Schönheit war – mögen die Seelen der himmlischen Heerscharen Opfer für Ihn sein – dieses selbe himmlische Ziel zu erreichen, entblößte der Erhabene Seine heilige Brust als Zielscheibe für eine Myriade Kugeln, die das Volk der Bosheit und des Hasses auf Ihn feuerte, und so starb Er in größter Demut den Märtyrertod. Im Staube dieses Pfades verströmten Tausende und Abertausende geheiligter Seelen ihr heiliges Blut, und unzählige Male ward der gesegnete Leib eines treu Liebenden Gottes am Galgen aufgehängt.
Die Schönheit Abhá – möge der Geist allen Seins für Seine Geliebten ein Opfer sein – ertrug alle Arten von Heimsuchungen und nahm schwere Leiden bereitwillig auf sich. Keine Qual, der Seine heilige Gestalt nicht ausgesetzt war, kein Leid, das nicht über Ihn gekommen wäre. Wie viele Nächte verbrachte Er schlaflos, als Er in Ketten lag, unter der Last des eisernen Ringes um Seinen Hals. Wie viele Tage ließ Ihm der brennende Schmerz der Pflöcke und Fesseln keinen Augenblick der Ruhe. Von Níyávarán nach Ṭihrán zwang man Ihn zu laufen – Ihn, den verkörperten Geist, der gewohnt war, auf bestickten Seidenkissen zu ruhen – in Ketten, ohne Schuhe und ohne Kopfbedeckung. Und tief unter der Erde, im undurchdringlichen Dunkel des engen Verlieses, kerkerte man Ihn ein, zusammen mit Mördern, Aufrührern und Dieben. Immer wieder überfiel man Ihn mit einer neuen Folter, und alle waren sicher, dass Er früher oder später den Märtyrertod erleiden würde. Später verbannte man Ihn aus Seiner Heimat und sandte Ihn in ferne, fremde Lande. Viele Jahre lang verging im ‘Iráq kein Augenblick, ohne dass der Pfeil eines neuen Leides Sein heiliges Herz durchbohrte. Mit jedem Atemzug senkte sich ein Schwert auf Seinen heiligen Leib, und keinen Augenblick konnte Er auf Sicherheit und Ruhe hoffen. Von allen Seiten richteten Seine Feinde ihren Angriff mit unstillbarem Hass gegen Ihn. Einsam und allein widerstand Er ihnen. Nach all den Verfolgungen und vernichtenden Schlägen vertrieben sie Ihn aus dem ‘Iráq, von Asien nach Europa, und dort, im bitteren Exil, in elender Not, kamen zu dem ganzen Unrecht, das Ihm das Volk des Qur’án antat, noch die boshaften Verfolgungen, die heftigen Angriffe, die Anschläge, Verleumdungen, ständigen Feindseligkeiten, der Hass und die Bosheit des Volkes des Bayán. Meiner Feder fehlt die Kraft, das alles zu beschreiben; aber ihr seid sicher davon unterrichtet. Und dann, nach vierundzwanzig Jahren im Größten Gefängnis, in großer Pein und schlimmem Leid, gingen Seine Tage zu Ende.
Fassen wir zusammen: Er, die Urewige Schönheit, war immer, während Seiner ganzen Tage in dieser vergänglichen Welt, entweder ein Gefangener in Ketten, oder Er lebte unter einem Schwert, war großem Leid und Schmerz ausgesetzt und im Größten Gefängnis eingekerkert. Durch Seine körperliche Schwäche, die Seine Leiden hervorgerufen hatten, war Sein gesegneter Leib nur noch ein Schatten; über dem anhaltenden Kummer war Er leicht geworden wie ein Spinnengewebe. Und der Grund, warum Er diese schwere Last auf sich nahm und all die Qual ertrug, die einem Meere gleich ihre Wellen hoch zum Himmel warf – der Grund, warum Er die schweren Eisenketten anlegte und die Verkörperung völliger Ergebung und Demut wurde, war, jede Seele auf Erden zu Eintracht, Mitgefühl und Einheit zu führen, unter allen Völkern das Zeichen der Einzigkeit Gottes kundzutun, damit endlich die ursprüngliche Einheit im Herzen aller erschaffenen Dinge ihre vorherbestimmte Frucht trage und der Glanz des »Keinen Unterschied kannst du in der Schöpfung des Gottes der Barmherzigkeit erkennen«Q45 seine Strahlen allüberall verbreite.
Jetzt ist die Zeit für eifriges Bemühen, o ihr Geliebten des Herrn! Ringt und strebt! Und weil die Urewige Schönheit Tag und Nacht auf dem Felde des Martyriums allen Angriffen ausgesetzt war, lasst auch uns hart arbeiten, auf den Rat Gottes hören und darüber nachdenken; lasst uns das Leben hingeben und unserer kurzen, abgezählten Tage entsagen. Lasst uns den Blick wenden vom leeren Trug der bunten Formen dieser Welt, lasst uns stattdessen diesem überragenden Ziel, diesem großen Plan dienen. Lasst uns nicht unseres eigenen Wahnes wegen den Baum fällen, den die Hand himmlischer Gnade gepflanzt hat. Lasst uns nicht mit den dunklen Wolken unserer Trugbilder, unseren selbstischen Interessen, die Herrlichkeit löschen, die aus dem Reiche Abhá strömt. Lasst uns nicht Hindernisse sein, welche die brandende See des allmächtigen Gottes aufhalten. Lasst uns nicht die reinen, süßen Düfte aus dem Garten der allherrlichen Schönheit hindern, überallhin zu verströmen. Lasst uns nicht an diesem Tag der Wiedervereinigung den Frühlingsregen himmlischer Segnungen fernhalten. Lassen wir es nicht zu, dass der Sonnenglanz der Wahrheit jemals abnehme und verschwinde. So lauten die Ermahnungen Gottes, wie Er sie in Seinen Heiligen Büchern, Schriften und Sendschreiben niedergelegt hat, um Seine Ratschläge den Aufrichtigen bekanntzugeben.
Die Herrlichkeit, die Barmherzigkeit Gottes und Sein Segen seien mit euch.
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O ihr Diener an der heiligen Schwelle! Die siegreichen Scharen der himmlischen Heere stehen in den Reichen der Höhe bereit zum Streite. Sie warten darauf, dem tapferen Ritter, der sein Streitross voll Vertrauen auf das Feld des Dienens drängt, zum sicheren Sieg zu verhelfen. Wohl dem furchtlosen Kämpen, der, gerüstet mit der Macht wahrer Erkenntnis, auf das Schlachtfeld stürmt, die Heerhaufen der Unwissenheit zerstreut und die Truppen des Irrtums auseinanderjagt, das Banner göttlicher Führung emporhält und den Fanfarenstoß des Sieges erschallen lässt. Bei der Gerechtigkeit des Herrn! Er erringt einen herrlichen Triumph und den wahren Sieg.
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O ihr Diener der Gesegneten Schönheit! … Es ist klar, dass an diesem Tag Bestätigungen aus der unsichtbaren Welt alle jene umfangen, welche die göttliche Botschaft weitergeben. Sollte die Lehrarbeit aufhören, würden diese Bestätigungen gänzlich abgeschnitten; denn wenn sie nicht lehren, können die Geliebten Gottes keinen Beistand finden.
Unter allen Bedingungen muss die Lehrarbeit vorangetragen werden, aber es muss mit Weisheit sein. Kann die Arbeit nicht öffentlich geschehen, so lehrt privat und bewirkt auf diese Weise Geistigkeit und Bruderschaft unter den Menschenkindern. Wird beispielsweise jeder einzelne Gläubige einem gleichgültigen Menschen zum wahren Freund, indem er sich absolut rechtschaffen benimmt, mit dieser Seele Umgang pflegt, sie mit äußerster Freundlichkeit behandelt und selbst ein Beispiel gibt für die göttlichen Lehren, die guten Eigenschaften und Verhaltensmuster, die er empfangen, handelt er zu jeder Zeit in Übereinstimmung mit den Ermahnungen Gottes, so wird er sicher nach und nach Erfolg haben, diesen vormals achtlosen Menschen erwecken und seine Unwissenheit in die Erkenntnis der Wahrheit verwandeln.
Die Seelen neigen zur Entfremdung. Zuerst sollten Schritte unternommen werden, diese Entfremdung zu beseitigen; nur dann wird das Wort wirken. Wenn ein Gläubiger einem Gleichgültigen freundlich begegnet, wenn er ihm mit großer Liebe langsam zum Verständnis der Heiligen Sache und ihrer Gültigkeit verhilft, so dass er allmählich über die Grundlagen des Gottesglaubens und über die Folgerungen daraus Wissen erlangt, so wird sich dieser Mensch bestimmt verändern – ausgenommen einige selten anzutreffende Personen, die wie Asche sind, mit Herzen »hart wie Stein oder noch härter«Q46.
Bemüht sich jeder der Freunde in dieser Weise, eine einzige Seele rechtzuleiten, so verdoppelt sich die Zahl der Gläubigen jedes Jahr. Das kann durch Klugheit und Weisheit vollbracht werden; keinerlei Schaden kann daraus entstehen.
Außerdem müssen die Lehrer umherreisen. Sollte die öffentliche Verbreitung der Botschaft zu Unruhen führen, so lasst sie stattdessen die Gläubigen anspornen und schulen, sie begeistern und entzücken, ihre Herzen erfreuen, sie beleben und mit dem süßen Duft der Heiligkeit erquicken.
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O ihr Rosen im Garten der Liebe Gottes! O ihr strahlenden Leuchten in der Versammlung Seiner Erkenntnis! Gottes sanfter Atem wehe über euch, Gottes Herrlichkeit erleuchte den Horizont eurer Herzen! Ihr seid die Wogen der tiefen See des Wissens, ihr seid die vereinigte Streitmacht auf dem Schlachtfeld der Gewissheit, ihr seid die Sterne am Himmel göttlichen Erbarmens, ihr seid die Steine, die das Volk der Verdammnis in die Flucht schlagen, ihr seid Regenwolken göttlichen Mitleids über den Gärten des Lebens, ihr seid die unendliche Gnade der Einheit Gottes, die über die Wirklichkeiten alles Erschaffenen verströmt ward.
Auf der enthüllten Tafel dieser Welt seid ihr die Verse Seiner Einzigkeit, auf den hohen Zinnen der Paläste seid ihr die Banner des Herrn. In Seinen Lauben seid ihr die Blüten und süßduftenden Kräuter, im Rosengarten des Geistes die Nachtigallen, die ihre Klagelieder flöten. Ihr seid die Vögel, die sich aufschwingen zum Firmament der Erkenntnis, die königlichen Falken auf Gottes Arm.
Warum seid ihr da bedrückt und stumm, warum träge und schwerfällig? Ihr müsst aufleuchten wie der Blitz und donnern wie die mächtige See. Wie eine Kerze müsst ihr euer Licht verströmen, wie Gottes sanfte Brise müsst ihr über die Welt wehen. Wie süßer Duft aus himmlischen Gemächern, wie moschusschwere Winde aus den Gärten des Herrn müsst ihr die Atemluft für das Volk der Erkenntnis würzen, wie der Glanz der wahren Sonne müsst ihr der Menschheit Herz erleuchten; denn ihr seid die lebenspendenden Winde, ihr seid der Jasminduft aus den Gärten der Erlösten. So bringt den Toten Leben, erweckt die Schlummernden. Seid leuchtende Flammen im Dunkel der Welt; seid Quellen des Lebenswassers, seid göttliche Führung in der Wüste des Verderbens. Jetzt ist die Zeit des Dienens, jetzt ist die Zeit, entflammt zu sein. Erkennt den Wert dieser Gelegenheit, dieses günstigen Augenblicks, bevor er euch aus den Händen gleitet.
Bald wird unsere Handvoll Tage, unser vergängliches Leben, vorüber sein. Mit leeren Händen fahren wir in die Grube, die für die Verstummten ausgehoben wird. Deshalb müssen wir unsere Herzen an die offenbare Schönheit binden und uns klammern an die Rettungsleine, die nie versagt. Wir müssen uns zum Dienste rüsten, die Flamme der Liebe entzünden und in ihrer Glut verbrennen. Wir müssen unsere Zungen lösen, bis wir das Herz der weiten Welt in Brand setzen, mit den leuchtenden Strahlen der Führung die Heere der Nacht vertilgen und um Seinetwillen unser Leben auf dem Feld des Opfers von uns werfen.
So lasst uns die Juwelenschätze der Gotterkenntnis über alle Völker ausstreuen, mit der scharfen Klinge der Zunge, mit des Wissens zielsicheren Pfeilen lasst uns die Scharen des Selbstes und der Leidenschaft überwinden und vorwärts stürmen zur Stätte des Martyriums, dem Ort, wo wir für den Herrn sterben. Und mit fliegenden Fahnen, unter Trommelwirbel lasst uns sodann hinüberschreiten ins Reich des Allherrlichen und uns den himmlischen Heerscharen anschließen.
Wohl denen, die große Taten vollbringen!
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Wenn die Freunde sich nicht bemühen, die Botschaft zu verbreiten, gedenken sie Gottes nicht auf angemessene Weise; sie werden die Zeichen des Beistands und der Bestätigung aus dem Reich Abhá nicht sehen und die göttlichen Geheimnisse nicht verstehen. Wenn jedoch die Zunge lehrt, wird auf natürliche Weise der Lehrer selbst angeregt; er wird zum Magneten für die göttliche Hilfe und die Gnadengaben des Königreiches. Es ergeht ihm wie dem Vogel, der zur Stunde der Morgendämmerung durch seinen eigenen Gesang, sein Trillern und sein Lied hochgestimmt wird.
212
Bei solchen Gelegenheiten nutzen die Freunde Gottes die Gunst der Stunde, sie erfassen ihre Chance, stürmen vorwärts und gewinnen den Siegespreis. Wird ihre Aufgabe auf gutes Benehmen und Ratschläge beschränkt, so kommt nichts zustande. Sie müssen frei heraus reden, die Beweise darlegen, klare Argumente vorbringen, unwiderlegbare Schlüsse ziehen und damit die Wahrheit untermauern, dass die Sonne der Wirklichkeit sich offenbart hat.
213
Unter allen Umständen sollten die Gläubigen die Lehrarbeit aktiv vorantreiben, weil die göttlichen Bestätigungen davon abhängen. Wenn sich ein Bahá’í nicht gänzlich, nachhaltig und aus vollem Herzen der Lehrarbeit widmet, bleibt er zweifelsohne des Segens aus dem Reich Abhá beraubt. Allerdings sollte diese Tätigkeit durch Weisheit gezügelt werden – nicht durch jene Weisheit, die verstummen und die hohe Pflicht vergessen lässt, vielmehr durch die Weisheit, welche göttliche Toleranz, Liebe, Güte, Geduld, guten Charakter, und geheiligte Taten darzutun gebietet. Kurz gesagt, ermutigt jeden einzelnen Freund, Gottes Sache zu lehren, und lenkt ihre Aufmerksamkeit auf diese in den Schriften dargelegte Bedeutung der Weisheit; sie ist das Wesen des Lehrens. Aber all das muss mit größter Toleranz geschehen, damit die Freunde himmlischen Beistand und göttliche Bestätigung erfahren.
214
Folge dem Wege deines Herrn und sprich nicht, was die Ohren nicht ertragen können, denn solche Rede ist wie eine köstliche Speise, die man kleinen Kindern gibt. Wie wohlschmeckend, erlesen und nahrhaft die Speise auch sein mag, kann sie doch nicht von den Verdauungsorganen eines Säuglings aufgenommen werden. Daher sollte jedem, der ein Anrecht hat, das ihm bestimmte Maß gegeben werden.
»Nicht alles, was ein Mensch weiß, kann enthüllt werden, noch kann alles, was er enthüllen kann, als zeitgemäß angesehen werden, noch kann jede zeitgemäße Äußerung als tauglich für die Fassungskraft der Hörer erachtet werden.«A67 Diese höchste Weisheit solltest du in deinem Streben beachten. Lasse sie nicht außer Acht, wenn du unter allen Umständen ein Mensch der Tat sein willst. Stelle zuerst das Leiden fest und bestimme die Krankheit, dann verschreibe das Heilmittel, denn dies ist die vollkommene Methode des fähigen Arztes.
215
Von der Gnade unseres wahren Herrn erhoffe ich, dass du befähigt werdest, Gottes Düfte unter den Volksstämmen zu verbreiten. Das ist ungemein wichtig…
Hast du in diesem Dienst Erfolg, so zeichnest du dich aus und bist im Felde der Führer.
216
Sei sicher, dass dir der Odem des Heiligen Geistes die Zunge lösen wird. Rede deshalb; rede in jeder Versammlung frei und voller Mut! Wenn du dich anschickst, deine Ansprache zu halten, dann wende dich zuerst Bahá’u’lláh zu und bitte um die Bestätigungen des Heiligen Geistes; sodann öffne deine Lippen, sprich aus, was deinem Herzen eingegeben wird, und zwar mit höchstem Mut, voll Würde und Überzeugung. Ich hoffe sehr, dass eure Versammlungen Tag für Tag wachsen und gedeihen und die Wahrheitssucher darin vernünftigen Argumenten und schlüssigen Beweisen lauschen. Mit Herz und Seele bin ich zu jedem Treffen unter euch; sei dessen gewiss.
217
Beim Lehren muss der Lehrer selbst in Flammen stehen, damit seine Rede wie ein loderndes Feuer wirkt und den Schleier selbstsüchtiger Leidenschaft verbrennt. Er muss aber auch völlig ergeben und demütig sein, damit andere erbaut werden; völlig ausgelöscht und dahingeschwunden, damit er mit dem Lied der himmlischen Heerscharen lehrt – sonst bleibt sein Lehren ohne Wirkung.
218
O ihr lieben, vertrauten Freunde ‘Abdu’l-Bahás! – Verbreitet Duft im Orient – und Strahlenglanz im Westen. – Bringt Bulgarien das Licht – und den Slawen das Leben.
Ein Jahr nach dem Hinscheiden Bahá’u’lláhs kam dieser Vers dem Mittelpunkt des Bündnisses über die Lippen. Die Bündnisbrecher fanden ihn wunderlich und taten ihn mit Spott ab. Preis sei Gott, jetzt zeigt sich seine Wirkung, seine Kraft ist offenbar, seine Bedeutung klar; denn durch Gottes Gnade beben heute Ost und West vor Freude. Die ganze Erde duftet nach Moschus im süßen Hauch der Heiligkeit.
Die Gesegnete Schönheit hat in Seinem Buch mit unmissverständlichen Worten dieses Versprechen gegeben. »Wahrlich, von Unserem Reich der Herrlichkeit schauen Wir auf euch und werden jedem, der sich für den Sieg Unserer Sache erhebt, mit den himmlischen Heerscharen und einer Schar Unserer begünstigten Engel beistehen.«Q47
Gott sei Dank! Die versprochene Hilfe wurde gewährt. Alle können es sehen, sie strahlt hell wie die Sonne am Himmel.
Deshalb, o ihr Freunde Gottes, verstärkt euer Bemühen, bietet alles auf, bis ihr in eurem Dienst für die Urewige Schönheit, das Offenbare Licht, den Sieg davontragt und bewirkt, dass sich die Sonnenstrahlen der Wahrheit überallhin verbreiten. Haucht dem erschöpften, ausgelaugten Leib der Welt den frischen Lebensodem ein und legt die heilige Saat in die Ackerfurchen aller Länder. Erhebt euch, diese Sache zu verfechten. Öffnet die Lippen und lehrt. Am Versammlungsort des Lebens seid wegweisende Kerzen; an den Himmeln dieser Welt seid funkelnde Sterne; in den Gärten der Einheit seid Singvögel des Geistes, die von tiefen Wahrheiten und Geheimnissen künden.
Verströmt euren ganzen Lebensodem für diese große Sache und widmet all eure Tage dem Dienst an Bahá, so dass ihr am Ende, sicher vor schmerzlichem Verlust, die unermesslichen Schätze des Himmelreichs erbt. Denn des Menschen Tage sind voller Gefahr; er kann sich nicht darauf verlassen, auch nur einen Augenblick weiterzuleben. Und doch erzählen sich jene, die selbst nur schwankende Trugbilder sind, dass sie am Ende die Gipfel erreichen werden. Wehe ihnen! Ihre Vorfahren hegten dieselben Einbildungen in der Brust, bis eine Welle über ihnen zusammenschlug, bis sie zum Staub zurückkehrten und sich ausgestoßen sahen in schmerzlichem Verlust – alle außer den Seelen, die sich vom eigenen Ich befreit und ihr Leben hingegeben hatten auf dem Pfade Gottes. Ihr leuchtender Stern erstrahlte am Himmel urewiger Herrlichkeit, und die Überlieferungen aller Zeiten sind Beweis für meine Worte.
Deshalb ruht weder bei Tag noch bei Nacht, trachtet nicht nach Bequemlichkeit. Sprecht über die Geheimnisse der Dienstbarkeit, beschreitet den Pfad des Dienens, bis ihr den verheißenen Beistand aus den Reichen Gottes erlangt.
O Freunde! Schwarze Wolken haben die ganze Erde umhüllt. Das Dunkel des Hasses und der Bosheit, der Grausamkeit, Angriffslust und Schande verbreitet sich allenthalben. Die Menschen verbringen allesamt ihr Leben in achtloser Stumpfheit. Als höchste menschliche Tugenden gelten Raubgier und Blutdurst. Aus der ganzen Masse der Menschheit hat Gott die Freunde erwählt; ihnen gewährt Er Seine Führung und grenzenlose Gnade. Seine Absicht ist, dass wir alle uns aus ganzem Herzen bemühen, uns selbst darzubringen, andere auf Seinen Pfad zu führen und die Menschenseelen zu erziehen – bis diese rasenden Bestien sich in Gazellen auf den Auen der Einheit verwandeln, diese Wölfe in Lämmer Gottes, diese viehischen Geschöpfe in Engelsscharen, bis die Feuer des Hasses gelöscht sind und die Flamme aus dem geschützten Tal des Heiligen Schreines ihren Strahlenglanz verströmt, bis der Gestank vom Misthaufen des Tyrannen verweht und an seiner Statt der reine, süße Duft aus den Rosenbeeten des Glaubens und der Treue sich verbreitet. Dann werden die geistig Armen des göttlichen Weltgeistes in Fülle teilhaftig, und die, deren Leben schiere Gemeinheit ist, werden nach diesem läuternden, heiligen Odem trachten.
Aber es bedarf der Seelen, die solche Segnungen kundtun. Es bedarf der Bauern, diese Felder zu bestellen, der Gärtner für diese Gärten. Es muss Fische geben, die in diesem Meere schwimmen, Sterne, die an diesem Himmel leuchten. Die Kranken müssen von geistigen Ärzten behandelt werden, die Verlorenen bedürfen liebevoller Führung, so dass die Beraubten von solchen Seelen ihren Anteil erhalten, die Ausgeschlossenen bei ihnen teilhaben, die Armen unermesslichen Reichtum bei ihnen entdecken, die Sucher unwiderlegliche Beweise von ihnen hören.
O mein Herr, mein Beschützer, mein Beistand in Gefahr! Bescheiden wende ich mich an Dich, leidend komme ich zu Dir, um geheilt zu werden, demütig rufe ich Dich an mit meiner Zunge, meiner Seele, meinem Geist:
O Gott, mein Gott! Das Dunkel der Nacht hat alles verhüllt, die ganze Erde ist unter dichten Wolken begraben. In schwarze Tiefen eitlen Wahns sind die Völker der Welt versunken; ihre Gewaltherrscher schwelgen in Hass und Gräueln. Ich sehe nur das grelle Licht sengenden Feuers aus dem niedersten Abgrund aufflammen, ich höre nur das donnernde Tosen aus abertausend feurig glühenden Angriffswaffen aufheulen, während jedes Land in seiner verborgenen Sprache laut aufschreit: »Meine Reichtümer nützen mir nichts, meine Staatsgewalt ist zerfallen!«
O mein Herr, die Lampen der Führung sind verloschen. Hoch lodern die Flammen der Leidenschaft, und Bosheit breitet sich über die Welt. Hass und Heimtücke haben die ganze Erde überzogen, und außer Deiner kleinen unterdrückten Schar kann ich keine Seelen finden, die diesen Ruf erheben:
Eilt zur Liebe! Eilt zu Treu und Glauben! Eilt und spendet Gaben! Kommt, lasst euch führen!
Kommt und werdet einig! Schaut den Morgenstern! Kommt zu Herzensgüte und Seelenruhe! Kommt zu Freundschaft und Frieden!
Kommt und werft eure Waffen des Zornes von euch, damit die Einheit errungen werde! Kommt und lasst auf dem wahren Pfade des Herrn einen des anderen Helfer sein.
Wahrlich, mit größter Freude, mit Herz und Seele opfern sich Deine unterdrückten Diener für alle Menschen in jedem Land. Du siehst sie, o mein Herr, wie sie weinen über die Tränen Deines Volkes, wie sie klagen über den Schmerz Deiner Kinder, wie sie mitfühlen mit der ganzen Menschheit und mitleiden an dem Elend, das die Erdenbewohner bedrängt.
O mein Herr, beflügle sie zum Sieg, dass sie aufsteigen zum Heil, stärke ihnen die Lenden in der Arbeit für Dein Volk und den Rücken im Dienst an Deiner Schwelle der Heiligkeit.
Wahrlich, Du bist der Großmütige, wahrlich, Du bist der Barmherzige! Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Gnädigen, dem Mitleidvollen, dem Altehrwürdigen der Tage!
219
O ihr Söhne und Töchter des Gottesreichs! Euer Brief, der euch wahrhaftig vom Himmel eingegeben wurde, ist eingetroffen. Sein Inhalt hat sehr gefallen, steigen doch seine Empfindungen aus erleuchteten Herzen empor.
Die Gläubigen in London sind in der Tat standhaft und treu; sie sind entschlossen und beständig in ihrem Dienst. In Prüfungen versagen sie nicht, noch erlischt ihr Feuer im Verlauf der Zeit. Ja, sie sind Bahá’í! Sie sind vom Himmel, sie sind voll des Lichtes, sie sind von Gott. Ohne jeden Zweifel wird durch sie Gottes Wort erhoben und die Einheit der Menschenwelt vorangetrieben; die Lehren Gottes werden durch sie verkündet, die Gleichheit aller Angehörigen des Menschengeschlechts wird überallhin verbreitet.
Es ist leicht, dem Himmelreich zu nahen, aber mühselig, fest und standhaft darin zu bleiben; denn die Prüfungen sind hart und schwer zu ertragen. Die Engländer indes bleiben standhaft unter allen Bedingungen, ihr Schritt schwankt nicht beim ersten Anzeichen von Schwierigkeiten. Sie sind nicht wankelmütig; mit einem Vorhaben gehen sie nicht leichtfertig um und geben es nicht bald wieder auf. Sie verlieren nicht ihre Begeisterung und ihren Eifer aus nichtigem Anlass, wenn ihr Interesse erlahmt. Nein, in allem, was sie tun, sind sie standhaft, felsenfest und zuverlässig.
Obwohl ihr in westlichen Ländern wohnt, habt ihr doch – Gott sei gedankt – Seinen Ruf aus dem Osten vernommen. Wie Moses habt ihr die Hände gewärmt an dem Feuer, das im asiatischen Busch entzündet ward. Ihr habt den wahren Pfad gefunden, und wie Lampen erleuchtet, seid ihr eingetreten in das Gottesreich. Jetzt habt ihr euch zum Dank für diesen Segen erhoben und erbittet Gottes Hilfe für alle Völker der Erde, damit auch deren Augen die Herrlichkeit des Reiches Abhá schauen und ihre Herzen wie Spiegel die hellen Sonnenstrahlen der Wahrheit wiedergeben.
Ich hoffe, der Odem des Heiligen Geistes wird euren Herzen so eingehaucht, dass eure Zungen die Geheimnisse der Heiligen Bücher enthüllen und deren innere Bedeutungen auslegen werden, dass die Freunde zu Ärzten werden und durch die wirksame Arznei der himmlischen Lehren die alten Krankheiten heilen, die den Leib dieser Welt quälen, dass sie die Blinden sehend, die Tauben hörend, die Toten lebendig machen und alle wecken, die tief schlafen.
Seid sicher, dass die Bestätigungen des Heiligen Geistes auf euch kommen und die Heerscharen des Reiches Abhá euch den Sieg erringen.
220A68
Der Herr der ganzen Menschheit hat das Menschenreich zum Garten Eden, zum irdischen Paradies gestaltet. Findet das Menschenreich den Weg, den es finden muss, zu Eintracht und Frieden, zu Liebe und allseitigem Vertrauen, so wird es ein wahres Gefilde der Seligkeit, eine Stätte vielfältigen Segens und unendlicher Wonne. Dann wird die Menschheit ihre Vortrefflichkeit offenbaren, dann wird die Sonne der Wahrheit ihre Strahlen auf alle Lande werfen.
Erinnert euch, wie Adam und die andern einst zusammen in Eden lebten. Kaum war jedoch ein Streit zwischen Adam und Satan ausgebrochen, da wurden sie allesamt aus dem Garten verbannt. Das sollte dem Menschengeschlecht eine Warnung sein, ein Hinweis an die Menschheit, dass aller Zwist – selbst mit dem Teufel – zu herbem Verlust führt. Deshalb lehrt Gott in unserem erleuchteten Zeitalter, dass Zank und Streit, selbst mit dem Satan, unzulässig sind.
Gnädiger Gott! Wie achtlos ist doch der Mensch, selbst mit einer solchen Lektion vor Augen! Noch immer sehen wir seine Welt im Kriegszustand von Pol zu Pol. Da gibt es Krieg zwischen den Religionen, Krieg zwischen den Nationen, Krieg zwischen den Völkern, Krieg zwischen den Herrschern. Welch eine willkommene Veränderung wäre es, zögen diese schwarzen Wolken vom Himmel der Welt hinweg, so dass der Wirklichkeit Licht überallhin strömte! Legte sich doch nur der schwarze Staub dieses fortwährenden Kämpfens und Tötens für immerdar, bliesen doch nur die linden Lüfte der Gottesgüte vom Urquell des Friedens her! So würde diese Welt zu einer anderen Welt, die Erde erstrahlte im Lichte ihres Herrn.
Wenn es eine Hoffnung gibt, so liegt sie einzig und allein in Gottes Großmut: dass Seine bestärkende Gnade komme, dass Kampf und Streit aufhören, dass die beißende Schärfe bluttriefenden Stahls in den Honigtau der Freundschaft, der Redlichkeit und des Vertrauens verwandelt werde. Wie süß läge dieser Tag auf der Zunge, wie moschusgleich wäre sein Duft!
Gebe Gott, dass das neue Jahr die Verheißung des neuen Friedens bringe. Möge Er diese erlesene Versammlung befähigen, einen gerechten Vertrag zu schließen und ein wahres Bündnis zu errichten, damit ihr für immer gesegnet seid, bis in die fernste Zukunft hinein.
221
O ihr, die ihr im Bündnis standhaft seid! Der Pilger hat jeden von euch erwähnt; er bat um einen besonderen Brief für jeden von euch, aber tausend Sorgen und Belange hindern diesen Wanderer in der Wildnis der Gottesliebe, und weil aus dem Osten und Westen der Erde eine Sturzflut von Briefen auf ihn herabregnet, wäre es unmöglich, jedem eine besondere Botschaft zu schicken. Deshalb ist dieser eine Brief an jeden von euch gerichtet. Möge er wie versiegelter Wein eure Seelen erfreuen und eure Herzen erwärmen.
O ihr standhaften Geliebten! Wie Frühlingsregen geht Gottes Gnade auf die Menschheit nieder. Der Strahlenglanz des offenbaren Lichtes lässt den Himmel die Erde beneiden. Aber ach! Die Blinden erkennen diesen Segen nicht, den Achtlosen ist er verschlossen, die Ausgemergelten verlieren die Hoffnung, die Dahinsiechenden sterben hinweg, so dass dieser endlose Gnadenstrom wie flutendes Wasser zurück zu seinem Ursprung in einem verborgenen Meer fließt. Nur einige wenige empfangen diese Gnade und nehmen ihren Anteil. Deshalb wollen wir unsere Hoffnung auf alles setzen, was der starke Arm des Geliebten hervorbringen kann.
Wir vertrauen darauf, dass die Zeit kommen wird, da die Schläfer erwachen, die Achtlosen bewusst und die Ausgeschlossenen in die Geheimnisse eingeweiht werden. Jetzt müssen die Freunde mit Herz und Seele weiterarbeiten. Sie müssen große Anstrengungen unternehmen, bis die Mauern der Zwietracht geschleift sind und die Einheit der Menschheit in ihrer Herrlichkeit alle Menschen zur Einigkeit führt.
Die allüberragende Notwendigkeit ist heutzutage Einheit und Eintracht unter den Geliebten des Herrn. Sie müssen untereinander ein Herz und eine Seele sein. Sie müssen, soweit es in ihren Kräften steht, der Feindseligkeit aller Völker der Welt vereint widerstehen. Sie müssen die dummen Vorurteile aller Nationen und Religionen beseitigen und jedem Mitglied der menschlichen Gattung bekannt machen, dass alle die Blätter eines Zweiges, die Früchte eines Astes sind.
Wie aber können die Freunde andere zu Eintracht und Frieden rufen, ehe sie selbst untereinander nicht vollkommen einig sind? – Wie kann je hoffen, wer nicht sucht noch strebt, – dass andre im Glauben er neu belebt?
Denkt über andere, nichtmenschliche Lebensformen nach und lasst euch ermahnen: Wolken, die auseinanderdriften, können den Segen des Regens nicht erbringen; sie sind bald verloren. Eine verstreute Schafherde fällt dem Wolf zur Beute. Alleinfliegende Vögel fängt schnell der Habicht. Was gibt es für eine bessere Beweisführung, dass Einheit zu blühendem Leben führt, während Uneinigkeit und Abkehr von den anderen nur ins Elend stürzt, denn das ist der sichere Weg zu bitterer Enttäuschung und Vernichtung.
Gottes heilige Manifestationen wurden herniedergesandt, die Einheit der Menschheit sichtbar zu machen. Sie erduldeten unzählige Übel und grenzenloses Leid, damit sich eine Gemeinde aus den auseinanderstrebenden Völkern der Menschheit im Schatten des Gotteswortes sammle, als ein Ganzes bestehe und auf Erden voll Freude und Anmut die Einheit der Menschheit vorlebe. Deshalb muss es das Verlangen der Freunde sein, alle Völker zusammenzubringen und zu vereinen, auf dass alle einen tiefen Zug reinen Weines aus dem Kelch tun, der »gekühlt ward an der Kampferquelle«Q48. Lasst sie die unterschiedlichen Volksgruppen zu einem Ganzen verschmelzen und die feindlichen, mordlustigen Geschlechter auf Erden dazu bringen, dass sie einander lieben. Lasst sie die Sklaven sinnlicher Wünsche aus ihren Fesseln lösen und die Ausgestoßenen mit den Geheimnissen vertraut machen. Lasst sie den Beraubten ihren Anteil an dem Segen dieser Tage geben, lasst sie die Mittellosen zu dem unerschöpflichen Schatz führen. Zustandekommen kann diese Gnade durch Worte, Lebensweisen und Taten, die dem Unsichtbaren Gottesreich zugehören; anders wird nichts daraus.
Gottes Bestätigungen sind die Bürgschaft für diesen Segen. Gottes heilige Freigebigkeit schenkt diese großen Gaben. Die Freunde Gottes werden vom Reich der Höhe unterstützt; sie erringen ihre Siege durch die Heeresmacht der höchsten Führung. So wird für sie jede Schwierigkeit erleichtert, jedes Problem einfach zu lösen.
Beachtet, wie leicht sich die Angelegenheiten einer Familie regeln lassen, wenn Einheit herrscht, welche Fortschritte die Familienmitglieder dann machen, wie erfolgreich sie in der Welt sind. Ihre Beziehungen sind geordnet, sie erfreuen sich behaglicher Ruhe. Sie sind ohne Sorge, ihre Stellung ist gesichert, sie werden von allen beneidet. Mit jedem Tag festigt eine solche Familie ihre Stellung und mehrt ihre dauernde Ehre. Und wenn wir den Bereich der Einheit ein wenig ausweiten, um die Bewohner eines Dorfes einzubeziehen, die sich bemühen, liebevoll und einig zu sein, die miteinander verkehren und freundlich zueinander sind, was für große Fortschritte werden sie machen, wie sicher und behütet werden sie sein! Dann lasst uns den Kreis noch ein bisschen weiter ziehen, lasst uns die Bewohner einer Stadt nehmen, alle zusammen: Wenn sie untereinander starke Bande der Einheit aufrichten, wie groß werden dann selbst in kurzer Zeit ihre Fortschritte sein! Welche Macht werden sie ausüben! Wird der Bereich der Einheit noch weiter ausgedehnt, stimmen also die Einwohner eines ganzen Landes ihre Herzen friedvoll, sehnen sie sich mit Herz und Seele danach, zusammenzuarbeiten und in Einheit zu leben, werden sie zueinander freundlich und liebevoll, so wird dieses Land unvergängliche Freude und bleibenden Ruhm erlangen. Es wird Frieden haben und Wohlstand im Überfluss.
Beachtet: Kämen alle Sippen, Stämme, Gemeinden, Nationen, Länder und Gebiete auf Erden im einfarbigen Zelt der Einheit der Menschheit zusammen, verkündeten sie im blendend hellen Sonnenlicht der Wahrheit die Welteinheit der Menschen, könnten sie alle Nationen und Glaubensgemeinschaften dazu bringen, weit die Arme füreinander zu öffnen, einen Weltrat einzuberufen und dazu überzugehen, die Gesellschaftsmitglieder durch feste gegenseitige Bande aneinanderzubinden, was würde dann geschehen? Ohne jeden Zweifel erschiene dann der göttliche Geliebte in all Seiner liebreizenden Schönheit, in all Seiner Herrlichkeit vor der Versammlung der Welt, und in Seinem Gefolge eine starke Heerschar himmlischer Bestätigungen sowie menschlicher Segnungen und Gnadengaben.
Deshalb, o ihr Geliebten des Herrn, strengt euch an, tut alles, was in eurer Macht steht, damit ihr eins seid und jeder mit den anderen in Frieden lebt; denn ihr seid alle Tropfen eines Meeres, Blätter eines Baumes, Perlen einer Muschel, Blumen und Kräuter eines Gartens. Und während ihr das erreicht, bemüht euch, die Herzen der Anhänger anderer Glaubensrichtungen zu vereinen.
Selbst das Leben müsst ihr füreinander geben. Zu jedem menschlichen Wesen müsst ihr unendlich freundlich sein. Nennt keinen einen Fremdling, haltet keinen für euren Feind. Verhaltet euch, als wären alle Menschen eure engen Verwandten und verehrten Freunde. Wandelt in einer Weise, dass sich diese vergängliche Welt in Herrlichkeit verklärt, dieser elende Haufen Staub zum Palast der Freude wird. Das ist der Rat ‘Abdu’l-Bahás, des unglücklichen Dieners.
222
O ihr heimatlosen Wanderer auf dem Pfade Gottes! Wohlstand, Zufriedenheit und Freiheit, so wünschenswert und förderlich sie für das Glück des Menschenherzens auch sind, lassen sich auf keine Weise mit den Prüfungen der Heimatlosigkeit und des Ungemachs auf dem Pfade Gottes vergleichen; denn solche Vertreibung und Verbannung sind mit göttlicher Gnade gesegnet und ziehen sicherlich die Barmherzigkeit der Vorsehung nach sich. Das Wohlbefinden im eigenen Heim und die süße Freiheit von allen Sorgen werden vergehen, aber der Segen der Heimatlosigkeit wird ewig währen; seine weitreichenden Folgen werden eines Tages offenbar.
Abrahams Auszug aus Seinem Heimatland offenbarte die segensreichen Gaben des Allherrlichen, und der Untergang von Kanaans hellstem Stern enthüllte Josefs Strahlenglanz vor aller Augen. Die Flucht Mose, des Propheten am Sinai, offenbarte die Feuerflamme des Herrn, und Jesu Aufstieg hauchte der Welt den Odem des Heiligen Geistes ein. Der Aufbruch Muḥammads, des Geliebten Gottes, aus Seiner Geburtsstadt führte zur Erhöhung von Gottes heiligem Wort, und die Verbannung der Geheiligten Schönheit bewirkte, dass das Licht Seiner göttlichen Offenbarung sich allenthalben ausbreitete.
Merke auf, o Volk der Einsicht!
223
O ihr Söhne und Töchter des Königreichs! Euer Brief ist angekommen. Sein Inhalt zeigt, dass eure Herzen – Preis sei Gott – überaus rein sind und eure Seelen sich Gottes froher Botschaft erfreuen. Die Masse des Volkes ist mit ihrem Selbst und mit weltlichen Wünschen beschäftigt, eingetaucht in das Meer der niederen Welt, gefangen in der Welt der Natur. Ausgenommen sind die Seelen, die von den Ketten und Fesseln der stofflichen Welt befreit sind und pfeilschnell wie die Vögel in dieses Reich grenzenloser Weite emporsteigen. Sie sind erweckt und achtsam; sie meiden das Dunkel der Naturwelt. Ihr höchster Wunsch ist darauf gerichtet, den Kampf ums Dasein zwischen den Menschen auszurotten, Geistigkeit und Liebe zum Reich der Höhe auszustrahlen, innigste Zuneigung unter den Völkern zu üben, eine enge, vertraute Verbindung zwischen den Religionen zu verwirklichen und das Ideal der Selbstaufopferung in die Tat umzusetzen. So wird die Menschenwelt in das Reich Gottes verwandelt.
O ihr Freunde! Bemüht euch mit ganzer Kraft! Jede Ausgabe setzt eine Einnahme voraus. In der heutigen Menschenwelt machen die Leute unaufhörlich nur Ausgaben; denn Krieg ist nichts als fortwährender Verbrauch an Menschen und Wohlstand. Ihr aber sollt euch mit dem befassen, was der Menschenwelt Gewinn einbringt, damit ihr diesen großen Verlust zu einem Teil ausgleicht. Durch die göttlichen Bestätigungen werdet ihr von ungefähr Beistand erhalten, wenn ihr Freundschaft und Eintracht unter den Menschen verbreitet, Feindschaft durch Liebe ersetzt, dem Weltkrieg den Weltfrieden folgen lasst und Verlust und Hass in Gewinn und Liebe umformt. Dieser Wunsch wird durch die Macht des Gottesreiches verwirklicht werden.
224
O du Diener Gottes! Dein Brief ist angekommen. Sein Inhalt war edel und erhaben, sein Ziel hochgesteckt und weitreichend. Die Menschenwelt bedarf umfassender Verbesserungen; denn sie ist ein materieller Urwald, in dem Bäume ohne Frucht und nutzlose Unkräuter wuchern. Wenn es darin überhaupt einen fruchtbaren Baum gibt, überschatten ihn die fruchtlosen Bäume, und wenn eine Blume in diesem Urwald wächst, ist sie versteckt und verborgen. Die Welt der Menschheit braucht fachkundige Gärtner, die diese Wälder in herrliche Rosengärten verwandeln, die wilden Bäume durch fruchtbare ersetzen und statt des nutzlosen Unkrauts Rosen und duftende Kräuter pflanzen. Diese tatkräftigen, umsichtigen Seelen ruhen weder bei Tag noch bei Nacht; sie streben danach, eng mit dem Reich Gottes verbunden zu sein. So werden sie für diese Wälder zu Offenbarungen grenzenloser Wohltat und zu idealen Gärtnern. Auf diese Weise wird die Menschenwelt völlig verwandelt, und die segensreichen Gnadengaben werden sichtbar.
225
O Heerscharen des Reiches Abhá! Zwei Aufrufe zu Erfolg und Wohlfahrt erschallen von den Höhen des Glücks für die Menschheit. Sie erwecken die Schläfer, sie verleihen den Blinden Sehkraft, den Achtlosen Bewusstheit, den Tauben Gehör, sie lösen den Stummen die Zunge und rufen die Toten ins Leben zurück.
Der eine ist der Ruf der Zivilisation, des Fortschritts in der stofflichen Welt. Er betrifft die Welt der Erscheinung; er fördert die Grundlagen materieller Errungenschaften und ist der Lehrmeister für die naturwissenschaftlichen Kenntnisse der Menschheit. Er umfasst die Gesetze, Ordnungen, Künste und Wissenschaften, durch die sich die Menschenwelt entwickelt. Diese Gesetze und Ordnungen sind die Folge edler Ideale und das Ergebnis des gesunden Menschenverstands; auf das Feld des Daseins sind sie durch die Bemühungen der Weisen und Gebildeten aus früher und späterer Zeit getreten. Verkünder und Vollstrecker dieses Rufes ist die gerechte Staatsmacht.
Das andere ist der seelenbewegende Ruf Gottes, dessen geistige Lehren die ewige Herrlichkeit, das ewige Glück und die ewige Erleuchtung der Menschenwelt sichern und die Eigenschaften der Barmherzigkeit in der Menschenwelt wie auch im jenseitigen Leben offenbaren.
Dieser zweite Ruf beruht auf den Lehren und Ermahnungen des Herrn, auf den Warnungen und selbstlosen Empfindungen aus dem Reich der Sittlichkeit, die wie ein helles Licht die Lampe menschlicher Wirklichkeiten zum Strahlen bringen. Seine durchdringende Kraft ist das Wort Gottes.
Solange jedoch materielle Errungenschaften, naturwissenschaftliche Kenntnisse und menschliche Tugenden noch nicht durch geistige Vollkommenheiten, strahlende Eigenschaften und Kennzeichen der Barmherzigkeit verstärkt sind, bringen sie keine Frucht und kein Ergebnis; auch bewirken sie nicht der Menschheit Glück, welches doch das letzte Ziel ist. Denn obwohl einerseits die materiellen Errungenschaften und die Entwicklung der stofflichen Welt zu einem Wohlstand führen, der die gesteckten Ziele vorzüglich offenbart, drohen daraus doch andererseits Gefahren, schweres Unheil und gewaltige Not.
Wenn du demnach dein Augenmerk auf das geordnete Muster der Königreiche, Städte und Dörfer richtest und siehst, wie reizvoll sie geschmückt sind, wie frisch ihre natürlichen Hilfsquellen sind, wie hoch ihre Technik entwickelt ist, wie leicht ihr Verkehr fließt, welch umfangreiches Wissen über die Welt der Natur verfügbar ist, wie groß die Erfindungen, wie riesig die Unternehmen, wie vortrefflich die Entdeckungen und wissenschaftlichen Forschungen sind, so magst du daraus schließen, dass die Zivilisation der Menschenwelt zu Glück und Fortschritt gereicht. Wendest du die Augen jedoch darauf, dass Höllenmaschinen entwickelt, Zerstörungskräfte entfaltet und Kriegsgeräte erfunden werden, die den Baum des Lebens mit der Wurzel ausreißen, so wird dir klar und offenbar, wie eng die Zivilisation mit der Barbarei verbunden ist. Fortschritt und Barbarei gehen Hand in Hand, es sei denn, die materielle Zivilisation wird bestätigt durch göttliche Führung, durch die Offenbarungen des Allbarmherzigen und durch göttliche Tugenden, verstärkt durch geistiges Verhalten, durch die Ideale des Gottesreiches und die Ausgießungen aus dem Reich der Macht.
Überlege, dass heute die fortschrittlichsten, zivilisiertesten Länder der Welt in Pulverfässer, die Kontinente des Erdballs in riesige Heerlager und Schlachtfelder verwandelt sind, dass die Völker der Welt sich zu waffenstarrenden Nationen formiert haben, dass die Regierungen der Welt miteinander wetteifern, wer den ersten Schritt auf das Feld des Gemetzels und Blutvergießens tut und so die Menschheit ins tiefste Elend stürzt.
Deshalb müssen Zivilisation und materieller Fortschritt mit der Größten Führung verbunden sein, so dass diese niedere Welt der Schauplatz für die Segnungen des Gottesreiches werde und die stofflichen Errungenschaften sich mit dem Glanz des Barmherzigen vereinigen, damit die Menschenwelt ihre Schönheit und Vollkommenheit enthülle und in hell strahlender Anmut vor allen offenbare. So wird sich immerwährende Herrlichkeit und Glückseligkeit zeigen.
Preis sei Gott, im Verlauf vieler Jahrhunderte und Zeitalter wurde der Ruf der Zivilisation erhoben. Die Menschenwelt machte täglich Fortschritte. Manche Länder entwickelten sich in gewaltigen Sprüngen. Materielle Verbesserungen nahmen ständig zu, bis die Welt des Daseins die umfassende Fähigkeit erlangte, die geistigen Lehren aufzunehmen und auf den göttlichen Ruf zu hören. Der Säugling durchläuft verschiedene Entwicklungsstufen. Er wächst und entwickelt sich auf jeder Stufe, bis sein Körper das Reifealter erreicht. Auf dieser Stufe erwirbt er die Fähigkeit, geistige und intellektuelle Vollkommenheiten zu offenbaren. Das Licht des Begreifens, des Verstandes und der Erkenntnis wird an ihm sichtbar; seine Seelenkräfte entfalten sich. So hat in der bedingten Welt auch die Gattung Mensch fortschreitend körperliche Veränderungen durchgemacht und ist in einem langsamen Prozess die Leiter der Zivilisation emporgestiegen. Sie verkörperte somit die Wunder, Vortrefflichkeiten und Gaben des Menschseins in ihrer herrlichsten Gestalt, bis sie die Fähigkeit erlangte, die Pracht geistiger Vollkommenheiten und göttlicher Ideale auszudrücken, und den Ruf Gottes vernehmen konnte. Der Ruf zum Reich Gottes wurde schließlich erhoben, die geistigen Tugenden und Vollkommenheiten wurden offenbart, die Sonne der Wirklichkeit ist aufgegangen, die Lehren über den Größten Frieden, die Einheit der Menschheit und die Allgemeingültigkeit alles Menschlichen wurden verkündet. Wir hoffen, dass diese Strahlen ihren Glanz immer stärker verbreiten, dass vollkommene Tugenden diesen Strahlenglanz immer mehr widerspiegeln, bis das Ziel dieses allumfassenden menschlichen Entwicklungsprozesses erreicht ist, bis die Liebe Gottes in höchster Anmut und Schönheit erscheint und alle Herzen in ihren Bann schlägt.
O ihr Geliebten Gottes! Wisst wahrlich, dass der Menschheit ganzes Glück in der Einheit und Eintracht des Menschengeschlechts beschlossen liegt, dass die geistigen wie materiellen Entwicklungen von Liebe und Freundschaft zwischen allen Menschen abhängen. Betrachtet die Lebewesen: die Tiere, die sich auf der Erde fortbewegen und jene, die fliegen; solche, die weiden, und solche, die andere verschlingen. Bei den Raubtieren lebt jede Art getrennt von den anderen Arten ihrer Gattung; sie beobachten einander mit größter Feindseligkeit und Gegnerschaft. Wenn sie aufeinandertreffen, kämpfen sie sofort bis aufs Blut, fletschen die Zähne und zeigen ihre Krallen. So benehmen sich wilde Bestien und blutrünstige Wölfe, fleischfressende Tiere, Einzelgänger, die um ihr Leben kämpfen. Aber die gelehrigen, gutmütigen, freundlichen Tiere, ob sie nun zu den fliegenden oder zu den grasenden Arten gehören, gesellen sich voll Zutrauen zueinander; sie sind vereint in ihren Herden, sie leben froh, glücklich und zufrieden. So etwa die Vögel, die mit ein paar Körnern zufrieden und dafür dankbar sind; sie leben in vollkommener Freude und stimmen herrliche Lieder an, wenn sie sich aufschwingen über Fluren und Steppen, Hügel und Berge. Genauso gesellen sich Weidetiere wie Schafe, Antilopen und Gazellen in größtem Einvernehmen, Vertrautheit und Eintracht zueinander. Sie leben zusammen auf Ebenen, im Zustand völliger Zufriedenheit. Hunde, Wölfe, Tiger, Hyänen und die anderen Raubtiere hingegen wenden sich voneinander ab; denn sie jagen und streifen allein umher. Die Tiere auf dem Felde und die Vögel in den Lüften meiden sich weder noch belästigen sie einander, wenn sie auf ihren Weiden oder Rastplätzen zusammentreffen; sie nehmen sich gegenseitig in Freundlichkeit an, ganz anders als die reißenden Bestien, die sich sofort zerfleischen, wenn einer in des anderen Höhle oder Lager eindringt. Ja, wenn einer nur an der Behausung des anderen vorbeigeht, stürzt dieser sofort heraus, um jenen anzugreifen und möglichst zu töten.
Hier wird deutlich, dass auch im Tierreich Liebe und Einvernehmen die Früchte einer freundlichen Gesinnung, eines reinen Wesens und eines lobenswerten Charakters sind, Uneinigkeit und Abgrenzung dagegen Kennzeichen der Raubtiere in der Wildnis.
Der Allmächtige hat den Menschen nicht mit den Klauen und Zähnen wilder Tiere erschaffen, vielmehr wurde die menschliche Gestalt mit den anmutigsten Eigenschaften versehen und mit den vollkommensten Tugenden geschmückt. Aus Ehrerbietung vor dieser Schöpfung, aus Wertschätzung für dieses Gewand muss der Mensch Liebe und Zuneigung für seine eigene Art aufbringen, nein, alle Lebewesen muss er gerecht und unparteiisch behandeln.
Überlegt, wie Freundschaft und Eintracht bei der Menschheit zu Wohlergehen, Glück, Freude und Behagen führen, wogegen Streit und Missklang fast immer Not, Erniedrigung, Unruhe und Versagen bewirken.
Aber wehe, tausendmal wehe! Der Mensch ist gleichgültig und dieser Tatsache unbewusst. Täglich brüstet er sich mit den Merkmalen einer wilden Bestie. Siehe! Plötzlich verwandelt er sich in einen grausamen Tiger; im nächsten Augenblick wird er zur kriechenden Giftschlange! Doch die erhabenen menschlichen Errungenschaften liegen in solchen Tugenden und Eigenschaften, die ausschließlich den Engeln der himmlischen Heerscharen zugehören. So wird der Mensch, wenn lobenswerte Eigenschaften und hohe sittliche Werte von ihm ausgehen, ein himmlisches Wesen, ein Engel des Gottesreichs, eine göttliche Wirklichkeit von überirdischem Glanz. Befasst er sich hingegen mit Kriegsführung, Streit und Blutvergießen, so wird er gemeiner als das grausamste Raubtier; denn ein blutrünstiger Wolf frisst in einer Nacht nur ein Lamm, der Mensch aber mordet Hunderttausende auf dem Schlachtfeld, übersät den Boden mit ihren Leibern und tränkt die Erde mit ihrem Blut.
Kurz gesagt, dem Menschen sind zwei Wesensarten gegeben: Die eine strebt nach Verfeinerung der Sitten und geistiger Vollkommenheit, während die andere zu tierischer Erniedrigung und fleischlichen Unvollkommenheiten neigt. Wenn ihr durch die Länder dieses Erdballs reist, seht ihr einerseits die Überreste von Verfall und Zerstörung, andererseits die Zeichen der Kultur und der Entwicklung. Verfall und Zerstörung sind das Ergebnis von Krieg, Zank und Streit, Entwicklung und Fortschritt hingegen die glänzenden Früchte der Tugend, der Zusammenarbeit und der Eintracht.
Wer durch die Wüsten Mittelasiens reist, der sieht, wie viele Städte, die einst groß und blühend waren wie Paris und London, heute zerstört und dem Erdboden gleichgemacht sind. Vom Kaspischen Meer bis zum Oxus erstrecken sich wilde, öde Steppen, Wüsten, Einöden und Täler. Zwei Tage und zwei Nächte lang fährt die russische Eisenbahn an den zerstörten Städten und unbewohnten Dörfern dieses Ödlandes vorbei. Früher trugen in dieser Ebene die vortrefflichsten Zivilisationen der Vergangenheit ihre Frucht. Die Zeichen der Entwicklung und Verfeinerung waren überall zu erkennen, Künste und Wissenschaften wurden geschützt und gefördert, Berufe und Gewerbe blühten auf, Handel und Landwirtschaft hatten einen hohen Leistungsgrad erreicht, Verwaltung und Regierungskunst fußten auf starker, kraftvoller Grundlage. Heute ist der größte Teil dieses ausgedehnten Landes Zuflucht für turkmenische Stämme und Kampfbahn für wilde Tiere. Die alten Städte dieser Ebene wie Gurgán, Nissá, Ábívard und Shahristán waren in der ganzen Welt berühmt für ihre Künste, Wissenschaften, Kultur und Gewerbe, bekannt für ihren Wohlstand, ihre Größe und Vornehmheit. Sie sind einer Wildnis gewichen, in der sich keine Stimme erhebt außer dem Brüllen wilder Tiere, und in der blutrünstige Wölfe frei umherziehen. Diese Zerstörung und Verwüstung hatte ihre Ursache in Krieg und Streit, Zwietracht und Uneinigkeit zwischen Persern und Türken, die sich in Religion und Sitten unterschieden. So unnachgiebig war der Geist religiösen Vorurteils, dass die Führer ohne wahren Glauben es richtig fanden, unschuldiges Blut zu vergießen, Eigentum zu vernichten und Familienehre zu schänden. Das ist nur ein Beispiel von vielen.
Wenn du die Weltgegenden durchstreifst, wirst du zu dem Ergebnis kommen, dass aller Fortschritt auf Vereinigung und Zusammenarbeit beruht, Niedergang jedoch von Feindseligkeit und Hass herrührt. Trotzdem lässt sich die Menschenwelt nicht belehren, sie erwacht auch nicht aus dem Schlummer der Achtlosigkeit. Nach wie vor verursacht der Mensch Zwietracht, Zank und Streit, damit er Kriegsscharen aufstellen und sich dann mit Heeresmacht auf das Schlachtfeld des Blutvergießens stürzen kann.
Betrachte sodann die Erscheinungen der Verbindung und der Auflösung, des Seins und des Nichtseins. Alles Erschaffene in der bedingten Welt ist aus vielen verschiedenartigen Atomen zusammengesetzt. Sein Dasein hängt von der Verbindung dieser Atome ab. Mit anderen Worten, durch Gottes Schöpferkraft werden einfache Urstoffe zusammengefügt, so dass aus dieser Verbindung ein bestimmter Organismus entsteht. Das Dasein aller Dinge beruht auf diesem Prinzip. Wenn aber die Ordnung gestört wird, bewirkt dies Auflösung, und Verfall setzt ein. Dann hört das betroffene Ding zu bestehen auf. Das bedeutet, die Vernichtung aller Dinge hat ihre Ursache im Zerfall und in der Auflösung. Deshalb bewirkt Anziehung und Verbindung zwischen den verschiedenen Elementen Leben; Uneinigkeit, Zerfall und Teilung verursachen Tod. So führen die Kräfte des Zusammenhalts und der Anziehung dazu, dass ertragreiche Ergebnisse und Wirkungen entstehen, während Entfremdung und Abkehr zur Verwirrung und Vernichtung der Dinge führen. Durch Verbindungsfähigkeit und Anziehung wird alles Lebendige – Pflanzen, Tiere und Menschen – ins Dasein gerufen, während Teilung und Uneinigkeit Zerfall und Zerstörung herbeiführen.
Deshalb ist alles, was der Vereinigung, Anziehung und Einheit unter den Menschenkindern dient, Mittel zum Lebenserhalt für die Menschenwelt; alles, was Teilung, Abneigung und Entfremdung bewirkt, führt die Menschheit in den Tod.
Und wenn du an Feldern und Anpflanzungen vorbeikommst, siehst du die Pflanzen, Blumen und duftenden Kräuter reich und fruchtbar zusammen wachsen und ein Muster für die Einheit abgeben. Das ist ein Beweis dafür, dass diese Anpflanzung, dieser Garten unter der Fürsorge eines erfahrenen Gärtners gedeiht. Siehst du diesen Garten aber in einem Zustand der Unordnung und Verwahrlosung, so schließest du daraus, dass ihm die Pflege eines erfahrenen Landmanns fehlt und er demzufolge Wicken und Unkraut hervorbringt.
Das zeigt, dass Freundschaft und Zusammenhalt auf die Ausbildung durch einen wahren Erzieher hindeuten, Auflösung und Trennung jedoch Beweise für Barbarei und Mangel an göttlicher Erziehung sind.
Ein Kritiker mag einwenden, die Völker, Rassen, Stämme und Gemeinden der Welt hätten verschiedene, voneinander abweichende Gebräuche, Gewohnheiten, Geschmacksrichtungen, Charaktere, Neigungen und Ideen; ihre Ansichten und Gedanken seien gegensätzlich. Wie könnte da wahre Einheit offenbar werden und vollkommener Gleichklang zwischen den Menschenseelen eintreten?
Wir antworten, dass es zwei Arten von Verschiedenheit gibt. Die eine Art bewirkt Vernichtung und gleicht der Abneigung zwischen kriegführenden Nationen und kämpfenden Stämmen, die sich gegenseitig zerstören, die Familien entwurzeln, einander die Ruhe und den Wohlstand rauben und ein Blutbad anrichten wollen. Die andere Art ist ein Zeichen der Mannigfaltigkeit; sie ist das Wesen der Vollkommenheit und bewirkt, dass die Segnungen des Allherrlichsten Herrn erscheinen.
Betrachte die Blumen eines Gartens. Obwohl sie nach Art, Farbe, Form und Gestalt verschieden sind, werden sie doch vom Wasser einer Quelle erfrischt, vom selben Windhauch belebt, von den Strahlen einer Sonne gestärkt, und so erhöht die Vielfalt ihren Reiz und steigert ihre Schönheit. Wenn die vereinende Kraft, der durchdringende Einfluss von Gottes Wort dergestalt wirkt, verschönern die unterschiedlichen Gebräuche, Verhaltensweisen, Ideen, Ansichten und Veranlagungen die Menschenwelt. Diese Mannigfaltigkeit, diese Verschiedenheit entspricht der naturgeschaffenen Ungleichheit und Vielfalt der Glieder und Organe des Menschenleibs; denn jedes trägt zur Schönheit, Wirksamkeit und Vollkommenheit des Ganzen bei. Wenn diese verschiedenen Körperteile und Organe unter den Einfluss der souveränen Seele des Menschen kommen, wenn die Macht der Seele die Gliedmaßen und Körperteile, die Venen und Schlagadern des Körpers durchpulst, dann verstärkt die Unterschiedlichkeit den Einklang, die Verschiedenartigkeit vermehrt die Liebe und die Vielfalt ist der wichtigste Antrieb für das Zusammenwirken.
Wie unerfreulich wäre es für das Auge, wenn alle Blumen und Pflanzen, Blätter und Blüten, Früchte, Zweige und Bäume jenes Gartens die gleiche Form und Farbe hätten! Vielfalt in Farbe, Form und Gestalt bereichert und verschönert den Garten und erhöht dessen Ausdruck. Werden verschiedene Schattierungen von Gedanken, Temperamenten und Charakteren unter der Macht und dem Einfluss einer zentralen Kraftquelle zusammengeführt, so wird in gleicher Weise die Schönheit und der Glanz menschlicher Vollkommenheit offenbar und sichtbar. Nur die himmlische Macht des Wortes Gottes, die die Wirklichkeit aller Dinge beherrscht und übersteigt, ist fähig, die auseinandergehenden Gedanken, Gefühle, Ideen und Überzeugungen der Menschenkinder in Einklang zu bringen. Wahrlich, sie ist die durchdringende Kraft in allen Dingen, die die Seelen bewegt und in der Welt der Menschheit alles verbindet und steuert.
Preis sei Gott! Heute erleuchtet Gottes Wort alle Horizonte mit seinem Strahlenglanz. Aus allen Religionsgemeinschaften, Rassen, Stämmen, Nationen und Gemeinden sind Seelen im Lichte des Wortes zusammengekommen. Sie haben sich in vollkommener Eintracht versammelt und vereinigt. Oh! Wie viele Treffen werden abgehalten, geschmückt mit Seelen aus verschiedenen Rassen und Glaubensgemeinschaften! Wer dabei ist, staunt darüber und meint, dass diese Seelen einem einzigen Land angehören, einer Nationalität, einer Gemeinschaft, einem Gedanken, einem Glauben und einer Meinung. In Wirklichkeit ist der eine Amerikaner, der andere Afrikaner; einer kommt aus Asien, ein anderer aus Europa, einer ist aus Indien, ein anderer aus Turkestan; einer ist Araber, ein anderer Tadschike, einer ist Perser und wieder ein anderer Grieche. Ungeachtet dieser Verschiedenheit, sind sie in vollkommener Eintracht und Einigkeit, Liebe und Freiheit beisammen. Sie haben nur eine Stimme, einen Gedanken, eine Absicht. Wahrlich, das bewirkt die durchdringende Macht des Gotteswortes! Alle vereinten Kräfte des Weltalls wären außerstande, auch nur eine einzige Versammlung zusammenzubringen, die von den Gefühlen der Liebe, der Zuneigung, der Anziehung und Begeisterung derart durchdrungen ist, dass sie die Angehörigen der verschiedenen Rassen einigen und aus dem Herzen der Welt eine Stimme erheben könnte, die Krieg und Hader vertreibt, Zank und Streit ausrottet, das Zeitalter des Weltfriedens einführt sowie Einheit und Eintracht unter den Menschen errichtet.
Kann irgendeine Macht dem durchdringenden Einfluss des Gotteswortes widerstehen? Nein, bei Gott! Der Beweis ist klar, das Zeugnis vollkommen! Wer mit dem Auge der Gerechtigkeit schaut, wird verblüfft sein und staunen. Er wird bezeugen, dass alle Völker, Religionsgemeinschaften und Rassen der Welt über die Lehren und Ermahnungen Bahá’u’lláhs froh, zufrieden und dankbar sein sollten; denn diese göttlichen Verfügungen zähmen jedes wilde Tier, sie verwandeln das krabbelnde Insekt in einen hochfliegenden Vogel, machen die Menschenseelen zu Engeln des Gottesreiches und die Menschenwelt zum Brennpunkt für die Tugenden der Barmherzigkeit.
Des Weiteren ist jedermann gehalten, seiner Regierung Gehorsam, Unterordnung und Loyalität zu erweisen. Heutzutage befindet sich kein Staat der Welt in einem Zustand des Friedens und der inneren Ruhe; denn im Volk sind Sicherheit und Vertrauen verschwunden. Regierte und Regierende sind gleichermaßen in Gefahr. Die einzige Gruppe, die sich heute friedlich und loyal den Gesetzen und Verordnungen der Regierung unterordnet und die Menschen ehrlich und offen behandelt, ist diese misshandelte Gemeinde. Alle Religionsgemeinschaften und Volksgruppen in Persien und Turkestan sind damit beschäftigt, ihre eigenen Interessen zu verfolgen, und gehorchen ihrer Regierung nur in der Hoffnung auf einen Vorteil oder aus Angst vor Strafe. Die Bahá’í dagegen stehen der Regierung wohlwollend gegenüber, gehorchen den Gesetzen und hegen Liebe für alle Völker.
Dieser Gehorsam und diese Unterordnung sind im deutlichen Buch der Schönheit Abhá allen zur Pflicht gemacht. Weil die Gläubigen dem Gebot des Einen Wahren Gehorsam leisten, bezeigen sie allen Nationen größte Aufrichtigkeit und guten Willen. Eine Seele, die den Gesetzen der Regierung zuwiderhandelt, betrachtet sich vor Gott als verantwortlich und glaubt, dass sie für ihre Sünde Gottes Zorn und Strafe verdient. Seltsamerweise meinen einige Regierungsbeamte trotz dieser Tatsache, die Bahá’í seien ihnen schlecht gesonnen, während sie die Mitglieder anderer Gemeinschaften als ihre Freunde betrachten. Gütiger Gott! Als neulich in Ṭihrán und anderen Provinzen Persiens allgemein Umsturz und Aufruhr herrschten, erwies es sich, dass nicht ein einziger Bahá’í beteiligt war oder sich eingemischt hätte. Die Unwissenden machten deshalb den Bahá’í Vorwürfe, weil diese dem Gebot der Gesegneten Schönheit folgten und sich von jeglicher Einmischung in politische Angelegenheiten fernhielten. Sie schlossen sich keiner Partei an, sondern gingen, mit ihren eigenen Angelegenheiten und ihren Berufen beschäftigt, ihren Pflichten nach.
Alle Freunde Gottes bezeugen die Tatsache, dass ‘Abdu’l-Bahá für alle Regierungen und Nationen von jedem Standpunkt aus nur das Beste will und aufrichtig für ihren Fortschritt betet, ganz besonders für die beiden großen Staaten des Ostens; denn diese beiden Länder sind das Geburtsland und der Verbannungsort Bahá’u’lláhs. In allen Botschaften und Schriften hat Er diese beiden Regierungen lobend erwähnt und göttliche Bestätigungen von der Schwelle des einen wahren Gottes für sie erfleht. Die Schönheit Abhá – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein – brachte für Ihre Kaiserlichen Majestäten Gebete dar. Gnädiger Gott! Wie seltsam: Ungeachtet dieser schlüssigen Beweise bringt jeder neue Tag irgendein Geschehnis, und Schwierigkeiten treten auf. Aber wir und die Freunde Gottes sollten unter keinen Umständen nachlassen in unserem Bemühen, loyal, aufrichtig und wohlwollend zu sein. Wir sollten allezeit unsere Wahrhaftigkeit und Aufrichtigkeit zeigen. Mehr noch: Wir müssen unerschütterlich bleiben in unserer Ehrlichkeit und Vertrauenswürdigkeit und uns damit befassen, Gebete zum Wohle aller darzubringen.
O ihr Geliebten Gottes, dies sind die Tage der Standhaftigkeit, der Festigkeit und der Ausdauer in der Sache Gottes. Ihr dürft eure Aufmerksamkeit nicht auf die Person ‘Abdu’l-Bahás richten, denn binnen kurzem wird er euch Lebewohl sagen. Ihr müsst euer Augenmerk vielmehr fest auf Gottes Wort richten. Wenn das Wort Gottes gefördert wird, seid froh, glücklich und dankbar, selbst wenn ‘Abdu’l-Bahá vom Schwert bedroht oder von Ketten und Fesseln niedergedrückt ist. Denn wichtig ist der heilige Tempel der Sache Gottes, nicht ‘Abdu’l-Bahás leibliche Gestalt. Die Freunde Gottes müssen sich mit solcher Standhaftigkeit erheben, dass sie auch dann, wenn einmal hundert Seelen wie ‘Abdu’l-Bahá zur Zielscheibe für die Schmerzenspfeile werden, in ihrem Entschluss, ihrer Entschiedenheit, ihrer Begeisterung, ihrer Hingabe und ihrem Dienst an der Sache Gottes nicht wanken. ‘Abdu’l-Bahá selbst ist ein Diener an der Schwelle der Gesegneten Schönheit, ein Ausdruck reiner, gänzlicher Dienstbarkeit an der Schwelle des Allmächtigen. Er hat keine andere Stufe und keinen anderen Titel, keinen anderen Rang und keine Macht. Das ist mein höchstes Ziel, mein ewiges Paradies, mein heiligster Tempel, mein Sadratu’l-MuntaháA69. Mit der Gesegneten Schönheit Abhá und mit dem Erhabenen, Seinem Herold – möge mein Leben ein Opfer für beide sein – endete die Erscheinung von Gottes unabhängiger, allumfassender Manifestation. In den nächsten tausend Jahren werden alle von Seinem Licht erleuchtet und vom Meer Seiner Gnadengaben belebt.
O ihr Geliebten Gottes! Dies ist in Wahrheit mein letzter Wunsch und meine Ermahnung an euch. Selig ist, wer mit Gottes Hilfe dem folgt, was verzeichnet ist auf dieser Schriftrolle, deren Worte geheiligt sind über die Sinnbilder, die bei den Menschen im Schwange sind.
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O du Diener Gottes! Dein Brief kam an und brachte Freude. Du hast darin deinen heißen Wunsch geäußert, dass ich dem Friedenskongress beiwohnen soll. Ich erscheine nicht zu solchen politischen Konferenzen; denn der Frieden kann nur durch die Macht des Wortes Gottes errichtet werden. Wenn eine Konferenz einberufen wird, die alle Nationen vertritt und unter dem Einfluss des Wortes Gottes arbeitet, dann wird der Weltfriede errichtet; andernfalls ist das unmöglich.
Gegenwärtig wird mit Sicherheit ein vorläufiger Friede errichtet, aber er wird nicht von Dauer sein. Alle Regierungen und Nationen sind den Krieg leid, die Reisebeschränkungen, die unermesslichen Ausgaben, den Verlust an Menschenleben, den Schmerz der Frauen, die vielen Waisenkinder. So sind sie zum Frieden gezwungen. Aber dieser Friede ist nicht von Dauer, er ist zeitlich begrenzt.
Wir hoffen, dass die Macht des Gotteswortes einen Frieden errichten wird, der ewig wirksam und sicher bleibt.
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O ihr Hochgeehrten, die ihr Pioniere seid unter den Wohltätern der Menschenwelt!
Die Briefe, die ihr während des Kriegs abgesandt habt, sind nicht eingetroffen, aber ein Brief vom 11. Februar 1916 hat mich soeben erreicht, und darauf folgt sofort eine Antwort. Eure Absicht verdient tausendfältiges Lob; denn ihr dient der Menschenwelt, und dies führt zu aller Glück und Wohlergehen. Dieser jüngstvergangene Krieg hat der Welt und dem Volk bewiesen, dass Krieg Vernichtung ist, Weltfrieden dagegen Aufbau. Krieg ist Tod, Frieden hingegen Leben. Krieg ist Raubsucht und Blutgier, Frieden indessen Wohltat und Menschlichkeit; Krieg gehört der Welt der Natur an, Frieden aber zur Grundlage der Religion Gottes; Krieg ist Finsternis über Finsternis, während Frieden himmlisches Licht ist; Krieg zerstört den Bau der Menschheit, während Frieden der Menschenwelt ewiges Leben ist; Krieg ist wie ein reißender Wolf, Frieden aber den Engeln des Himmels gleich; Krieg ist Kampf ums Dasein, während Frieden gegenseitige Hilfe und Zusammenarbeit unter den Völkern der Welt ist und das Wohlgefallen des Einen Wahren im himmlischen Reiche herbeiführt.
Es gibt keine Seele, deren Gewissen nicht bezeugte, dass es heutigen Tages nichts Wichtigeres auf der Welt gibt als den Weltfrieden. Jeder Gerechte bestätigt dies und bewundert jene geehrte Versammlung; denn sie verfolgt das Ziel, diese Finsternis in Licht, diesen Blutdurst in Güte, diese Folter in Wonne, diese Mühsal in Behagen und diese Feindschaft, diesen Hass in Freundschaft und Liebe zu verwandeln. Daher ist die Bemühung jener geachteten Seelen des Preises und des Lobes wert.
Der wesenhaften Beziehungen gewahr, die von den Wirklichkeiten der Dinge ausgehen, bedenken weise Seelen jedoch, dass eine einzelne Sache für sich die menschliche Wirklichkeit nicht so beeinflussen kann, wie es sein sollte und müsste; denn ehe die Menschen in ihrer Gesinnung geeinigt werden, lässt sich nichts Wichtiges bewerkstelligen. Heute ist der Weltfriede von großer Bedeutung, aber die Einheit des Gewissens ist dabei wesentlich, damit des Friedens Grundlage gesichert, sein Gefüge fest und sein Bau stark sei.
Darum erläuterte Bahá’u’lláh vor fünfzig Jahren die Frage des Weltfriedens zu einer Zeit, als Er in der Festung ‘Akká in strenger Haft Unrecht erduldete und eingekerkert war. Er schrieb über diese wichtige Angelegenheit, den Weltfrieden, an alle großen Herrscher der Welt und verwirklichte ihn im Kreise Seiner Freunde im Orient. Des Ostens Horizont war in tiefes Dunkel gehüllt, die Völker standen sich in Hass und Feindschaft gegenüber, die religiösen Gruppen lechzten nach dem Blut der anderen – es herrschte Finsternis über Finsternis. Zu solcher Zeit erstrahlte Bahá’u’lláh der Sonne gleich vom Horizont des Ostens und erhellte Persien mit dem Licht dieser Lehren.
Eine Seiner Lehren war die Erklärung des Weltfriedens. Menschen verschiedener Völker, Religionen und Sekten, die Ihm nachfolgten, kamen sich derart nahe, dass bemerkenswerte Versammlungen zustande kamen, die aus den verschiedenen Völkern und Religionen des Ostens zusammengesetzt waren. Wer solche Versammlungen besuchte, sah nur ein Volk, eine Lehre, einen Pfad, eine Ordnung; denn Bahá’u’lláhs Lehren waren ja nicht auf die Errichtung des Weltfriedens beschränkt; sie umfassten viele Lehren, welche die des Weltfriedens ergänzten und stützten.
Eine dieser Lehren ist das selbständige Erforschen der Wirklichkeit, so dass die Menschenwelt aus dem Dunkel der Nachahmung errettet werde und zur Wahrheit gelange, dass sie das zerlumpte, abgetragene Kleid von vor tausend Jahren abreiße und wegwerfe und ein Gewand anlege, welches in höchster Reinheit und Heiligkeit auf dem Webstuhl der Wirklichkeit gewoben ist. Da es nur eine Wirklichkeit gibt, die keine Vieldeutigkeit zulässt, müssen unterschiedliche Ansichten schließlich in einer aufgehen.
Eine der Lehren Bahá’u’lláhs ist die Einheit der Menschenwelt. Alle Menschen sind Gottes Schafe, und Er ist der gütige Hirte. Dieser Hirte ist gut zu allen Schafen, denn Er schuf sie alle, erzog sie, sorgte für sie und beschützte sie. Es besteht kein Zweifel, dass der Hirte gütig zu allen Schafen ist; sind Unwissende darunter, so müssen sie belehrt werden; sind Kinder darunter, so müssen sie erzogen werden, bis sie die Reife erlangen; sind Kranke darunter, so müssen sie geheilt werden. Hass und Feindschaft darf es nicht geben. Wie von einem gütigen Arzt müssen diese Unwissenden, diese Kranken behandelt werden.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist, dass Religion zu Freundschaft und Liebe führen muss. Bewirkt sie Entfremdung, dann bedarf man ihrer nicht; denn Religion ist wie eine Arznei: Verschlimmert sie das Leiden, dann wird sie unnötig.
Unter Bahá’u’lláhs Lehren finden wir ferner, dass Religion mit Wissenschaft und Vernunft in Einklang sein muss, so dass sie auf die Menschenherzen wirkt. Die Grundlage muss festgefügt sein und darf nicht auf Nachahmung beruhen.
Eine andere Lehre Bahá’u’lláhs ist, dass religiöse, rassische, politische, wirtschaftliche und vaterländische Vorurteile den Bau der Menschheit zerstören. Solange diese Vorurteile herrschen, wird die Menschenwelt keine Ruhe finden. Über einen Zeitraum von sechstausend Jahren berichtet uns die Weltgeschichte. Während dieser sechstausend Jahre war die Menschenwelt nie frei von Krieg, Streit, Mord und Blutgier. Zu jeder Zeit wurde in diesem oder jenem Land Krieg geführt; der Krieg entstand entweder aus religiösem Vorurteil oder aus rassischem Vorurteil, aus politischem Vorurteil oder aus vaterländischem Vorurteil. So ist gesichert und erwiesen, dass alle Vorurteile den Bau der Menschheit zerstören. Solange diese Vorurteile weiterbestehen, muss der Kampf ums Dasein vorherrschen, müssen Blutdurst und Raubgier fortdauern. Deshalb kann die Menschheit, wie in der Vergangenheit so auch heute, nur dann aus der Finsternis der Erdgebundenheit errettet werden und Erleuchtung empfangen, wenn sie Vorurteile ablegt und die Tugenden des Gottesreiches erwirbt.
Gehen Vorurteile und Feindseligkeiten auf das Konto der Religion, so bedenkt, dass die Religion zu Freundschaft führen muss; andernfalls ist sie unnütz. Und ist das Vorurteil nationaler Art, so bedenkt, dass alle Menschen einer Nation angehören. Alle sind dem Baume Adams entsprossen; Adam ist die Wurzel des Baumes. Der Baum ist einer, alle Völker sind wie Äste, während die einzelnen Menschen den Blättern, Blüten und Früchten daran gleichen. So sind die Bildung verschiedener Nationen und in der Folge alles Blutvergießen und alle Zerstörung am Bau der Menschheit nur menschlicher Unwissenheit und eigennützigen Beweggründen entsprungen.
Was das vaterländische Vorurteil betrifft, so entstammt auch dieses völliger Unwissenheit, denn der Erdkreis ist ein Heimatland. Jeder Mensch kann an jedem beliebigen Ort des Erdballs leben. Darum ist die ganze Welt des Menschen Vaterstadt. Grenzlinien und Grenzübergänge wurden durch den Menschen ersonnen. In der Schöpfung sind keine solchen Grenzen und Hoheitsgebiete festgeschrieben. Europa ist ein einziger Erdteil, Asien ist ein Erdteil, Afrika ist ein Erdteil, Australien ist ein Erdteil, aber einige Seelen haben aus persönlichen Beweggründen, aus Eigennutz, jeden dieser Erdteile zerteilt und einen bestimmten Teil als ihr eigenes Land betrachtet. Gott hat keine Grenze zwischen Frankreich und Deutschland gezogen: Sie gehen ineinander über. Fürwahr, in den ersten Jahrhunderten haben selbstsüchtige Seelen um ihrer eigenen Vorteile willen Grenzen und Übergänge geschaffen und ihnen Tag für Tag mehr Gewicht beigelegt, bis dies schließlich in den späteren Jahrhunderten zu heftiger Feindschaft, zu Blutvergießen und Raubgier führte. So wird es unaufhörlich weitergehen, und wenn der Gedanke der Vaterlandsliebe auf einen engen Kreis beschränkt bleibt, wird er die Hauptursache der Weltzerstörung sein. Kein kluger, gerechter Mensch wird diese eingebildeten Unterscheidungen anerkennen. Eine begrenzte Fläche, welche wir unser Vaterland nennen, betrachten wir als unsere Heimat, wo doch der ganze Erdball, nicht eine begrenzte Fläche, die Heimat aller ist. Kurz gesagt: Nur wenige Tage leben wir auf dieser Erde; schließlich werden wir darin bestattet, sie ist unser ewiges Grab. Ist dieses ewige Grab es wert, dass wir Menschenblut vergießen und einander in Stücke reißen? Nein, keineswegs: Weder ist Gott erfreut über ein solches Verhalten, noch kann es ein Mensch mit gesundem Verstand gutheißen.
Überlegt: Die glückseligen Tiere lassen sich nie in einen vaterländischen Streit ein, sie leben in bester Kameradschaft einmütig miteinander. Kommen zum Beispiel eine Taube aus dem Osten, eine Taube aus dem Westen, eine Taube aus dem Norden und eine Taube aus dem Süden zufällig zur gleichen Zeit an einem Platze zusammen, so gesellen sie sich alsbald einträchtig zueinander. So ist es bei allen glückseligen Tieren und Vögeln. Die Raubtiere aber greifen einander an, sobald sie sich treffen, kämpfen miteinander und reißen sich in Stücke. Es ist ihnen unmöglich, friedlich am selben Ort zusammenzuleben. Sie sind alle ungesellig, grausam, wild und kampflustig.
Betrachtet man das wirtschaftliche Vorurteil, so tritt klar zu Tage, dass dann, wenn man die Verbindungen zwischen den Völkern festigt und den Warenaustausch beschleunigt, jedes wirtschaftliche Prinzip, das man in einem Land durchsetzt, schließlich die anderen Länder beeinflusst und allgemeinen Nutzen stiftet. Wozu also dieses Vorurteil?
Was nun das politische Vorurteil betrifft, so muss Gottes Politik befolgt werden, und es ist unbestreitbar, dass Gottes Politik größer ist denn menschliche Politik. Wir müssen der göttlichen Politik folgen, sie gilt gleichermaßen für alle. Gott behandelt alle Menschen gleich: Kein Unterschied wird gemacht. Dies ist die Grundlage der göttlichen Religionen.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist die Schaffung einer Sprache, die weltweit im Volk verbreitet werden kann. Die Feder Bahá’u’lláhs offenbarte diese Lehre, damit die Weltsprache Missverständnisse zwischen den Menschen beseitige.
Eine Lehre Bahá’u’lláhs ist ferner die Wesensgleichheit von Frauen und Männern. Die Menschenwelt hat zwei Flügel: Den einen bilden die Frauen, den anderen die Männer. Erst wenn beide Flügel gleichmäßig entwickelt sind, kann der Vogel fliegen. Bleibt ein Flügel schwächlich, so ist kein Flug möglich. Erst wenn die Frauenwelt der Männerwelt im Erwerb von Tugenden und Vollkommenheiten gleichkommt, sind Erfolg und Gedeihen so erreichbar, wie es sein soll.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist das freiwillige Teilen des Eigentums mit anderen unter der ganzen Menschheit. Dieses freiwillige Teilen übertrifft die Wesensgleichheit; es bedeutet, dass der Mensch sich selbst nicht anderen vorziehen, vielmehr sein Leben und sein Eigentum für andere opfern soll. Dies soll aber nicht zwangsweise eingeführt und ein Gesetz werden, das der Mensch gezwungenermaßen befolgen muss. Im Gegenteil soll der Mensch aus freiem Antrieb, auf selbstgewähltem Opfergang, Eigentum und Leben für andere hingeben und willig den Armen spenden, wie es in Persien unter den Bahá’í geschieht.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist des Menschen Freiheit: Durch die geistige Macht soll er frei werden und sich der Verhaftung in der natürlichen Welt entledigen. Denn solange der Mensch in der Natur gefangen liegt, ist er ein Raubtier, da der Kampf ums Dasein zu den Bedürfnissen der Naturwelt gehört. Dieser Kampf ums Dasein ist der Ursprung allen Elends und die höchste Not.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs besagt, dass die Religion ein mächtiges Bollwerk ist. Wenn das Gebäude der Religion erzittert und schwankt, folgen Aufruhr und Chaos, und die Ordnung der Dinge wird völlig umgestürzt; denn in der Menschenwelt gibt es zwei Wächter, die den Menschen vor dem Unrechttun bewahren: Der eine ist das Gesetz, das den Verbrecher bestraft; aber das Gesetz verhindert nur das offenkundige Verbrechen, nicht jedoch die geheime Sünde. Hingegen verhütet der ideale Wächter, die Religion Gottes, sowohl das offenkundige wie das geheime Verbrechen. Er erzieht den Menschen, entwickelt Sittlichkeit, nötigt zur Tugend und ist die allumfassende Macht, die für das Glück der Menschenwelt die Gewähr bietet. Unter Religion aber ist das zu verstehen, was durch Forschen nach Wahrheit gesichert ist, nicht was lediglich auf Nachahmung beruht – also die Grundlagen der göttlichen Religionen, nicht menschliche Nachahmungen.
Zu den Lehren Bahá’u’lláhs gehört ferner, dass die materielle Zivilisation zwar ein Mittel zum Fortschritt der Menschenwelt ist, dass jedoch der gewünschte Erfolg – das Glück der Menschheit – erst dann zu erreichen ist, wenn die materielle Zivilisation mit der göttlichen Kultur vereinigt wird. Bedenkt! Diese Schlachtschiffe, welche eine Stadt innerhalb einer Stunde in ein Trümmerfeld verwandeln, sind das Ergebnis der materiellen Zivilisation; ebenso die Kruppkanonen, die Mausergewehre, das Dynamit, die Unterseeboote, die Torpedoboote, die Jagdflieger und Bomber. Alle diese Kriegswerkzeuge sind die bösen Früchte der materiellen Zivilisation. Wäre die materielle Zivilisation mit der göttlichen Kultur verbunden worden, so hätte man diese fürchterlichen Waffen niemals erfunden. Im Gegenteil, die menschliche Tatkraft hätte sich ganz und gar nützlichen Erfindungen zugewandt und auf rühmliche Entdeckungen konzentriert. Die materielle Zivilisation ist wie das Glas um die Lampe, die göttliche Kultur ist die Lampe selbst. Das Glas ohne Licht ist dunkel. Die materielle Zivilisation ist wie der Leib. Sei er auch noch so anmutig, elegant und schön, so ist er dennoch tot. Die göttliche Kultur ist wie der Geist; der Leib erhält sein Leben durch den Geist, sonst ist er ein Leichnam. So ist es klar, dass die Menschenwelt den Odem des Heiligen Geistes braucht. Ohne den Geist ist die Menschenwelt leblos; ohne dieses Licht verbleibt die Menschenwelt in tiefster Finsternis. Denn die Naturwelt ist eine tierische Welt. Ehe der Mensch wiedergeboren wird aus der Welt der Natur, das heißt, ehe er sich von der Naturwelt loslöst, ist er seinem Wesen nach ein Tier, und es sind die Lehren Gottes, die dieses Tier in eine menschliche Seele umwandeln.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs ist die Förderung der Erziehung. Jedes Kind muss im erforderlichen Umfang in den Wissenschaften unterrichtet werden. Können die Eltern die Kosten dieser Erziehung tragen, so ist es gut; andernfalls muss die Gemeinde die Mittel für den Unterricht des Kindes aufbringen.
Eine weitere Lehre Bahá’u’lláhs handelt von Recht und Gerechtigkeit. Ehe nicht Recht und Gerechtigkeit auf der Ebene des Daseins verwirklicht sind, werden alle Dinge in Unordnung sein und unvollkommen bleiben. Die Menschenwelt ist dann eine Welt der Unterdrückung und der Grausamkeit, ein Reich der Angriffslust und des Irrtums.
Kurz, es gibt viele derartige Lehren. Diese mannigfaltigen Prinzipien – die mächtigste Grundlage für der Menschen Glück, eine Gnadengabe des Barmherzigen – müssen die Sache des Weltfriedens ergänzen und damit verbunden werden, so dass Erfolge eintreten. Auf andere Art, für sich allein ist der Weltfrieden in der Menschenwelt nur schwer zu verwirklichen. So wie Bahá’u’lláhs Lehren mit dem Weltfrieden verknüpft sind, gleichen sie einer Tafel mit frischen, köstlichen Speisen aller Art. An dieser Tafel unermesslicher Gaben kann jede Seele finden, was sie ersehnt. Bleibt aber die Frage allein auf den Weltfrieden beschränkt, so sind die herausragenden Erfolge, die man erwartet und erhofft, nicht zu erzielen. Die Perspektive des Weltfriedens muss so sein, dass alle Gemeinschaften und Religionen ihre höchste Sehnsucht darin verwirklicht finden. Bahá’u’lláhs Lehren sind so beschaffen, dass alle Gemeinschaften der Welt, religiöse, politische oder ethische, althergebrachte oder neuzeitliche, den Ausdruck ihrer höchsten Wünsche darin finden.
Zum Beispiel finden die Gläubigen der Religionen in Bahá’u’lláhs Lehren die Begründung der allumfassenden Religion, einer Religion, die vollkommen auf die gegenwärtigen Verhältnisse passt, echte, rasche Heilung der unheilbaren Krankheit schafft, alle Schmerzen stillt und das unfehlbare Gegenmittel für jedes tödliche Gift bietet. Denn wollten wir die Menschenwelt nach den derzeit herrschenden religiösen Nachahmungen einrichten und organisieren, wollten wir darauf der Menschheit Glück aufbauen, so wäre dies unmöglich und undurchführbar. Zum Beispiel wäre es unmöglich, die Gesetze der Thora und der anderen Religionen so durchzuführen, wie es heutiger Nachahmung entspricht. Den Wesensgrund aller göttlichen Religionen aber, der auf die Tugenden der Menschenwelt gerichtet ist und ihrer Wohlfahrt zugrundeliegt, findet man in den Lehren Bahá’u’lláhs in der vollkommensten Darstellung.
Ähnlich steht es um die Menschen, die nach Freiheit schreien. Die gemäßigte Freiheit, welche die Gewähr für die Wohlfahrt der Menschheit bietet und allumfassende Beziehungen aufrechterhält, findet ihre kraftvolle Ausprägung in den Lehren Bahá’u’lláhs.
So ist es auch bei den politischen Parteien: Die höchste Staatskunst, die Menschenwelt zu lenken, ja die Göttliche Politik findet sich in den Lehren Bahá’u’lláhs.
Desgleichen die Partei der ›Gleichheit‹, welche die Wirtschaftsprobleme zu lösen sucht: Bis heute haben sich alle vorgeschlagenen Lösungen als undurchführbar erwiesen, außer den wirtschaftlichen Vorschlägen in den Lehren Bahá’u’lláhs, die durchführbar sind und der Gesellschaft nicht schaden.
Und so ist es auch mit anderen Interessengruppen. Wenn ihr euch in die Sache vertieft, werdet ihr die höchsten Ziele dieser Parteien in Bahá’u’lláhs Lehren finden. Diese Lehren bilden die allumschließende Macht unter den Menschen und sind durchführbar. Es gibt aber manche Lehren aus der Vergangenheit wie die aus der Thora, die heute nicht mehr anwendbar sind. Das gleiche gilt von den anderen Religionen sowie den Lehrsätzen der verschiedenen Sekten und Parteien.
Zum Beispiel sagte Bahá’u’lláh über den Weltfrieden, dass der Höchste Gerichtshof begründet werden muss. Obgleich der Völkerbund geschaffen worden ist, ist er doch unfähig, den Weltfrieden zu errichten. Der Höchste Gerichtshof aber, den Bahá’u’lláh beschrieben hat, wird diese heilige Aufgabe mit größter Macht und Kraft erfüllen. Sein Plan geht dahin, dass die Nationalversammlungen jedes Landes und jeder Nation, das heißt, die Parlamente, zwei oder drei Personen auswählen, die Edelsten ihres Volkes, Kenner des internationalen Rechts sowie der Beziehungen zwischen den Regierungen, dazuhin vertraut mit den wesentlichen Bedürfnissen der heutigen Menschheit. Die Zahl dieser Abgeordneten sollte im Verhältnis zu der Bevölkerungszahl des Landes stehen. Die Wahl dieser Seelen durch die Nationalversammlung, das heißt, durch das Parlament, ist vom Oberhaus, vom Kongress, vom Kabinett und ebenso vom Präsidenten oder Monarchen zu bestätigen, damit diese Persönlichkeiten die Gewählten des ganzen Volkes und der Regierung sind. Aus diesem Personenkreis sind die Mitglieder des Höchsten Gerichtshofes zu wählen. Die ganze Menschheit hat somit Anteil daran; denn jeder Abgeordnete vertritt die ganze Nation. Wenn der Höchste Gerichtshof zu einer internationalen Frage ein Urteil fällt, entweder einmütig oder durch Mehrheitsbeschluss, so gibt es keinen Einwand mehr für den Kläger und keine Ausflucht für den Beklagten. Falls eine Regierung oder Nation die unwiderlegliche Entscheidung des Höchsten Gerichtshofs missachtet oder die Ausführung verschleppt, werden die übrigen Nationen dagegen auftreten; denn alle Regierungen und Nationen der Welt sind die Stützen dieses Höchsten Gerichtshofs. Überlegt, wie fest diese Grundlage ist! Ein beschränkter, eingeengter Bund jedoch erfüllt den Zweck nicht angemessen. Dies ist die Wahrheit über die erwähnte Lage. …
228
O Diener an der Schwelle Bahá’u’lláhs!A71 Dein Brief vom 14. Juni 1920 ist angekommen. Ein Brief von einigen Mitgliedern des Friedensausschusses ging ebenfalls zu; ihnen wurde eine Antwort erteilt. Händige sie ihnen aus.
Es ist klar, dass dieses Treffen nicht das ist, wofür es gehalten wird, ist es doch außerstande, die Angelegenheiten so zu ordnen, wie es richtig und nötig wäre. Wie dem auch sei: Die Sache, um die man sich bemüht, ist von höchster Wichtigkeit. Das Treffen im Haag sollte so viel Macht und Einfluss haben, dass sein Wort auf die Regierungen und Nationen wirkt. Weise die verehrten dort versammelten Mitglieder darauf hin, dass die vor dem Krieg abgehaltene Haager Konferenz den Zaren von Russland zum Präsidenten hatte und dass ihre Mitglieder Männer von höchstem Rang waren. Dennoch hat das diesen schrecklichen Krieg nicht verhindert. Wie wird es weitergehen? In der Zukunft wird mit Sicherheit ein weiterer Krieg ausbrechen, schrecklicher als der letzte. Wahrlich, daran gibt es keinerlei Zweifel. Was kann das Treffen im Haag ausrichten?
Aber die von Bahá’u’lláh niedergelegten Grundsätze verbreiten sich Tag für Tag. Übergib ihnen die Antwort auf ihren Brief, zeige ihnen die größte Liebe und Güte; dann überlasse sie ihren eigenen Angelegenheiten. Auf jeden Fall solltest du ihr Wohlwollen erlangen, und wenn sie zustimmen, kannst du meinen ausführlichen Lehrbrief, der bereits ins Englische übersetzt ist, drucken lassen und verbreiten.
Was die Esperantisten betrifft, so pflege mit ihnen Umgang. Wann immer du unter ihnen jemanden aufnahmebereit findest, überbringe ihm den Duft des Lebens. Sprich bei allen Treffen über die Lehren Bahá’u’lláhs; denn das führt heutzutage in den westlichen Ländern zum Erfolg. Und wenn sie Fragen stellen über deinen Glauben an Bahá’u’lláh, so antworte, dass wir Ihn als der Welt höchsten Lehrer und Erzieher in diesem Zeitalter betrachten. Stelle sodann klar heraus und erkläre im Einzelnen, dass diese Lehren über den Weltfrieden und andere Themen durch Bahá’u’lláhs Feder schon vor fünfzig Jahren offenbart wurden, dass sie bereits in Persien und Indien veröffentlicht und über die ganze Welt verbreitet sind. Anfangs standen alle der Idee des Weltfriedens skeptisch gegenüber und betrachteten sie als Unmöglichkeit. Sprich des Weiteren über Bahá’u’lláhs Größe, über die Ereignisse in Persien und der Türkei, über Bahá’u’lláhs erstaunlichen Einfluss, über den Inhalt Seiner an alle Herrscher gerichteten Sendschreiben und über deren Erfüllung. Sprich auch über die Verbreitung der Bahá’í-Sache. Arbeite mit dem Ausschuss für den Weltfrieden im Haag so eng wie möglich zusammen und erweise ihnen alle Höflichkeit.
Es zeigt sich, dass die Esperantisten aufnahmebereit sind; du kennst ihre Sprache und bist darin bewandert. Setze dich auch mit den Esperantisten in Deutschland und anderswo in Verbindung. Das Schrifttum, das du verbreitest, sollte sich ausschließlich mit den Lehren beschäftigen. Die Verbreitung anderer Schriften ist derzeit nicht ratsam. Es ist meine Hoffnung, dass die göttlichen Bestätigungen dich ständig unterstützen…
Sei nicht traurig über die Gleichgültigkeit und Kälte der Haager Versammlung. Setze dein Vertrauen in Gott. Wir hoffen, dass die Esperanto-Sprache in Zukunft machtvoll auf das Volk wirkt. Du hast jetzt den Samen gesät. Sicherlich wird er wachsen. Sein Wachstum hängt von Gott ab.
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O du aufrichtiger Diener des Wahrhaftigen! Ich höre, du bist traurig und niedergeschlagen über die Ereignisse in der Welt und die Wechselfälle des Schicksals. Wozu diese Furcht und Besorgnis? Wer die Schönheit Abhá wahrhaft liebt, wer den Kelch des Bündnisses leert, der fürchtet kein Unglück, noch fühlt er sich niedergeschlagen in der Stunde der Prüfung. Das Feuer der Not ist sein Lustgarten, und in den Tiefen der See erlebt er die Weiten des Himmels.
Du stehst unter dem Obdach Gottes, im Schatten des Baumes Seines Bündnisses. Warum sorgst du dich? Warum klagst du? Bleibe ruhig und habe Vertrauen! Halte freudig und friedevoll, ernst und aufrichtig die Gebote, die dein Herr niedergeschrieben hat. Wünsche deinem Land und deiner Regierung das Beste. Seine Gnade wird dir allzeit beistehen, Sein Segen wird dir gewährt, und die Sehnsucht deines Herzens wird gestillt werden.
Bei der Altehrwürdigen Schönheit – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein! Würden die Freunde erkennen, welche ruhmreiche Souveränität ihnen der Herr in Seinem Königreich bestimmt hat, sie wären gewiss von Entzücken erfüllt; sie sähen sich gekrönt mit unsterblicher Herrlichkeit und gerieten vor Begeisterung außer sich. Binnen kurzem wird sich erweisen, wie prächtig das Licht Seiner gütigen Sorge und Barmherzigkeit auf Seine Geliebten strahlt, welch stürmische See in ihren Herzen aufgewühlt ward! Dann werden sie laut ausrufen: Glücklich sind wir, lasst alle Welt frohlocken!
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O du verehrte Persönlichkeit! Dein zweiter Brief vom 19. Dezember 1918 ist eingegangen. Er brachte große Freude, denn er zeigt deine Festigkeit und Standhaftigkeit im Bund und Testament wie auch dein Verlangen, den Ruf zum Reich Gottes zu erheben. Heute ist der Ruf zum Gottesreich der Magnet, welcher die Menschenwelt zu sich hinzieht; denn groß ist die Fassungskraft des Menschen. Göttliche Lehren bilden den Geist dieses Zeitalters, mehr noch, sie sind die Sonne dieses Zeitalters. Jede Seele muss sich mühen, die Schleier vor dem menschlichen Auge zu zerreißen. Dann ist sofort die Sonne zu sehen; Auge und Herz werden von ihr erleuchtet.
Nun ruhen durch Gottes Hilfe und Großmut diese Kraft der Führung und diese barmherzige Gnadengabe in dir. Erhebe dich deshalb mit höchster Macht, damit du den modernden Gebeinen den Geist schenkst, den Blinden die Sehkraft, den Bedrückten Balsam und Frische, den Mutlosen lebendige Anmut. Jede Lampe verlöscht zuguterletzt, außer der Lampe des Gottesreichs; ihr Glanz wächst von Tag zu Tag. Jeder Ruf verhallt schließlich, außer dem Ruf zum Reich Gottes; er erschallt Tag für Tag. Jeder Pfad windet sich, außer der Straße des Königreichs; sie wird täglich bequemer. Das Himmelslied lässt sich ohne Zweifel nicht an einem irdischen Lied messen, das Kunstlicht nicht mit der himmlischen Sonne vergleichen. So muss sich der Mensch um das bemühen, was fortdauert und ewig währt, damit er in wachsendem Maße erleuchtet, gestärkt und neu belebt werde…
Ich bete und flehe zum himmlischen Reich, dass dein Vater, deine Mutter und dein Bruder durch das Licht der Führung das Reich Gottes betreten.
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O du Blüte am Baum des Lebens! Glücklich bist du, denn du hast deine Lenden im Dienste gegürtet, hast dich mit ganzer Kraft für die Verkündung der göttlichen Lehren erhoben, Versammlungen einberufen und dich um die Verherrlichung des Gotteswortes bemüht.
In dieser sterblichen Welt hat alles Wichtige ein Ende, und jede noch so außergewöhnliche Errungenschaft findet ihren Abschluss. Nichts ist von Dauer. Betrachte zum Beispiel die wichtigen Errungenschaften der Antike, sie sind gänzlich verschwunden und keine Spur blieb von ihnen zurück, außer der großen Sache des Gottesreiches, die keinen Anfang und kein Ende hat. Sie wird allenfalls erneuert. Zu Beginn einer jeden Erneuerung schauen die Menschen darüber hinweg; wenn aber die Sache Gottes endgültig errichtet ist, schreitet sie täglich voran, und ihre tägliche Verherrlichung erreicht die höchsten Himmel.
Betrachte zum Beispiel den Tag Christi, den Tag der Erneuerung des Gottesreiches. Das Volk der Welt schenkte ihm keine Beachtung und erkannte seine Bedeutung so wenig, dass die Grabstätte Christi für die folgenden dreihundert Jahre vergessen und unbekannt blieb, bis Gottes Magd Helena, die Mutter Konstantins, kam und den heiligen Ort entdeckte.
Meine Absicht bei alledem ist zu zeigen, wie schlecht das Volk der Welt beobachtet, wie unwissend es ist, wie achtlos und gleichgültig es an dem Tag verharrt, da das Gottesreich errichtet wird.
Binnen kurzem wird die Macht des Gottesreiches die ganze Welt umfassen. Dann werden die Menschen auferweckt; sie werden schreien und wehklagen über all jene, die unterdrückt wurden und den Märtyrertod fanden, und sie werden seufzen und jammern. So ist der Menschen Wesensart.
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Was Präsident Wilson betrifft, so finden sich die vierzehn Prinzipien, die er aufgestellt hat, zum größten Teil in den Lehren Bahá’u’lláhs. Deshalb hoffe ich, dass er bestätigt und unterstützt werde. Heute dämmert der Weltfrieden am Horizont; ich hoffe, dass sein Morgen vollends anbricht und das Dunkel des Krieges, des Zanks und Streits unter den Menschen in das Licht der Einheit, der Eintracht und Zuneigung verwandelt.
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O ihr treuen Freunde, ihr aufrichtigen Diener Bahá’u’lláhs! Zur Zeit der Mitternachtswache, da alle Augen im Schlummer geschlossen sind und alle in tiefem Schlaf ihr Haupt auf das Ruhelager betten, wacht ‘Abdu’l-Bahá in der Umfriedung des Heiligen Schreines, und in glühender Beschwörung spricht er dieses sein Bittgebet:
O du gütige, liebende Vorsehung! Der Osten bebt, der Westen brandet wie die ewigen Wogen der See. Weithin wehen der Heiligkeit sanfte Winde, und aus dem Unsichtbaren Königreich strahlt die Sonne der Wahrheit in hellem Glanz. Die Hymnen göttlicher Einheit erklingen, die Banner himmlischer Macht wehen. Die Engelsstimme erschallt, und wie Leviathans Gebrüll dröhnt der Ruf nach Selbstlosigkeit und Selbstauslöschung. ›Yá Bahá’u’l-Abhá‹ hallt der Siegesruf von allen Seiten, und ›Yá ‘Alíyyu’l-A‘lá‹ erschallt es durch alle Lande. Nichts bewegt sich in der Welt, es sei denn durch die Herrlichkeit des großen Verzückers der Herzen, und kein Aufruhr tritt ein, außer im Wogen der Liebe zu Ihm, dem Unvergleichlichen, dem Heißgeliebten.
Mit ihrem moschusduftenden Odem brennen die Geliebten des Herrn in allen Landen wie leuchtende Kerzen, und allüberall trifft man auf die Freunde des Allbarmherzigen, die sich wie Blumen entfalten. Keinen Augenblick rasten sie, keinen Atemzug tun sie, ohne Deiner zu gedenken, und nichts erflehen sie als den Dienst an Deiner Sache. In den Fluren der Wahrheit sind sie wie süß flötende Nachtigallen, im Blumengarten der Führung sind sie wie leuchtend bunte Blüten. Mit mystischen Blumen schmücken sie die Pfade im Garten der Wirklichkeit, wie wogende Zypressen säumen sie die Ufer am Strom des göttlichen Willens. Hoch über dem Horizont des Seins leuchten sie wie strahlende Sterne; am Firmament der Welt glänzen sie wie helle Sonnen. Manifestationen himmlischer Gnade sind sie, Morgenröten des Lichtes göttlichen Beistands.
Gib, o Du liebender Herr, dass alle fest und standhaft bleiben, in ewiger Herrlichkeit so strahlend, dass mit jedem Atemzug sanfte Winde aus den Gemächern Deiner Gnade wehen, dass aus dem Meer Deiner Gunst ein belebender Sprühregen aufsteige, dass Deiner Liebe wohltätige Schauer Frische schenken und der Zephir seinen Duft aus dem Rosengarten göttlicher Einheit herbeitrage.
Gewähre uns, o Meistgeliebter der Welt, einen Strahl Deiner Herrlichkeit! O Du Heißgeliebter der Menschheit, ergieße das Licht Deines Antlitzes auf uns!
O Du allmächtiger Gott, beschütze uns und sei unsere Zuflucht! Zeige Du, o Herr des Seins, Deine Macht und Deine Herrschaft!
O Du liebender Herr, die Aufwiegler regen und rühren sich mancherorts; Tag und Nacht tun sie schweres Unrecht.
Wie Wölfe lauern die Tyrannen; der Unterdrückten arglose Herde hat weder Hilfe noch Beistand. Hetzhunde setzen den Gazellen auf den Auen göttlicher Einheit nach, und den Fasan in den Bergen himmlischer Führung verfolgen die Raben des Neides.
O Du göttliche Vorsehung, bewahre und beschütze uns! O Du unser Schild, errette und verteidige uns! Birg uns unter Deinem Obdach, behüte uns durch Deine Hilfe vor allem Übel. Du bist in der Tat der wahre Beschützer, der unsichtbare Hüter, der himmlische Erhalter, der liebende Herr des Himmels.
O ihr Geliebten des Herrn! Einerseits ist des einen wahren Gottes Banner entfaltet, die Stimme des Gottesreiches erschallt. Gottes Sache breitet sich aus, die Wunder aus der Höhe sind in ihrer Herrlichkeit offenbar. Der Osten ist erleuchtet, der Westen voll Wohlgeruch, der Norden duftet nach Ambra, der Süden nach Moschus.
Andererseits steigern die Treulosen ihren Hass und Groll; ständig schüren sie Aufruhr und Unheil. Täglich hisst jemand das Banner der Auflehnung und prescht mit seinem Schlachtross in die Arena der Zwietracht. Stündlich zeigt die niederträchtige Natter ihre Zähne und verspritzt ihr tödliches Gift.
Die Geliebten des Herrn sind ganz von Aufrichtigkeit und Ergebenheit umfangen; sie achten dieser bösen Tücke nicht. Schlüpfrig und hinterhältig sind diese Schlangen, die das Böse flüstern, geschickt in ihrer Kunst und Arglist. Seid auf der Hut und bleibt wachsam! Schlagfertig und scharf von Verstand sind die Getreuen, fest und standhaft sind die Überzeugten. Handelt wohlüberlegt!
»Fürchtet den Scharfblick des Getreuen, denn er sieht durch Gottes Licht.«
Hütet euch, dass keine Seele insgeheim Spaltung bewirkt oder Streit entfacht. Seid tapfere Krieger in der uneinnehmbaren Feste, eine heldenhafte Schar in der mächtigen Burg. Handelt mit äußerster Sorgfalt und seid Tag und Nacht auf der Hut, damit der Tyrann keinen Schaden anrichten kann.
Studiert das Tablet des Heiligen Seefahrers,A72 damit ihr die Wahrheit erkennt, und denkt darüber nach, wie die Gesegnete Schönheit künftige Ereignisse klar voraussagte. Lasst alle Erkennenden gewarnt sein. Wahrlich, das ist ein Segen für die Aufrichtigen!
Wie der Staub auf der Heiligen Schwelle, mit ganzer Demut und Ergebenheit, weiht sich ‘Abdu’l-Bahá Tag und Nacht der Verkündung Seiner Zeichen. Wann immer er Zeit findet, betet er inbrünstig, fleht heißen Herzens unter Tränen zu Ihm und spricht:
O Du göttliche Vorsehung, wir sind erbärmlich, gewähre uns Deinen Beistand; wir sind heimatlose Wanderer, gib uns Deinen Schutz; auseinandergerissen sind wir, vereinige Du uns; wir sind vom rechten Wege abgeirrt, führe uns zu Deiner Herde; beraubt sind wir, gewähre uns einen Anteil; wir dürsten, führe uns zum Urquell des Lebens; schwach sind wir, mache uns stark, damit wir uns erheben, Deiner Sache zu helfen und uns als lebendige Opfer auf dem Pfade der Führung darbringen.
Die Treulosen aber mühen sich Tag und Nacht, offen und insgeheim, mit ganzer Kraft, die Grundmauern der Sache zu erschüttern, den Gesegneten Baum mit der Wurzel auszureißen, diesen Diener von seinem Dienst abzuhalten, geheimen Aufruhr und Streit anzuzetteln und ‘Abdu’l-Bahá zu vernichten. Äußerlich erscheinen sie als Schafe, aber inwendig sind sie nichts als reißende Wölfe. Mit süßen Worten auf den Lippen sind sie im Herzen tödliches Gift.
O ihr Geliebten, beschützt die Sache Gottes! Lasst euch nicht von süßen Zungen betören, seht vielmehr auf den Beweggrund jeder Seele, sinnt nach über die Gedanken, die sie hegt. Gebt sofort Acht und seid auf der Hut. Meidet sie, aber greift sie nicht an! Enthaltet euch der Kritik und der üblen Nachrede, überlasst sie der Hand Gottes. Die Herrlichkeit der Herrlichkeiten sei mit euch.
234
O du, die der süße Hauch des Herrn verzückt! Den Inhalt deines beredten Briefes habe ich zur Kenntnis genommen und erfahren, dass du Tränen vergießest und dein Herz vor Kummer brennt über ‘Abdu’l-Bahás Gefangenschaft.
O du Magd Gottes! Dieses Gefängnis ist mir süßer und willkommener als ein Blumengarten, diese Gefangenschaft ist besser als die Freiheit, meiner Wege zu gehen, und dieses enge Gelass bietet mir mehr Raum als weite, offene Auen. Sei meinetwegen nicht bekümmert. Und sollte mein Herr bestimmen, dass ich mit dem Kelch des Martyriums gesegnet werde, so bedeutet das nur, dass ich bekomme, was ich am meisten ersehne.
Fürchtet euch nicht, wenn dieser Zweig von der stofflichen Welt getrennt wird und seine Blätter abwirft. Nein, seine Blätter sollen grünen, denn dieser Zweig wird wachsen, nachdem er von der Welt hienieden abgeschnitten ist. Die höchsten Gipfel der Herrlichkeit soll er erreichen und Früchte tragen, welche die Welt mit ihrem Wohlgeruch erfüllen.
235
O Gott, mein Gott! Erleuchte die Stirn derer, die Dich wahrhaft lieben, und stehe ihnen bei mit dem siegesgewissen Heer Deiner Engel. Setze ihre Schritte sicher auf Deinen geraden Pfad und öffne ihnen aus Deiner urewigen Großmut die Tore Deines Segens; denn auf Deinem Pfad, zum Schutz Deines Glaubens, geben sie aus, was Du ihnen verliehen hast. In Dein Gedenken setzen sie ihr Vertrauen, aus Liebe zu Dir geben sie ihre Herzen hin, und im Gebet zu Deiner Schönheit, auf der Suche nach Deinem Wohlgefallen, halten sie nicht zurück, was sie besitzen.
O mein Herr! Bestimme ihnen reichen Anteil, genaues Entgelt, sicheren Lohn!
Wahrlich, Du bist der Erhalter, der Helfer, der Großmütige, der Freigebige, der Ewig-Schenkende.
236
O Du mein Gott, der Du den Sucher auf den geraden Pfad führest, die verlorene, verblendete Seele aus den Wüsten der Verdammnis erlösest, dem Aufrichtigen große Gnadengaben verleihest, dem Verängstigten Schutz an uneinnehmbarer Stätte gewährest und von Deinem höchsten Horizont denen antwortest, die Dich anrufen. Gepriesen seiest Du, o mein Herr! Du führst die Irregeleiteten aus den Todesfängen des Unglaubens, Du bringst jene, die sich Dir nähern, zu ihrer Reise Ziel. Die Standhaften unter Deinen Dienern lässest Du frohlocken, weil Du ihre tiefste Sehnsucht stillst, und öffnest in Deiner Schönheit Reich die Tore der Wiedervereinigung vor den Augen derer, die nach Dir verlangen. Du errettest sie aus den Feuern des Verlusts und Verderbens, so dass sie zu Dir eilen, in Deine Gegenwart gelangen, an Deinem einladenden Tor anlangen und Deine Gaben überreich empfangen.
O mein Gott, sie waren durstig, Du reichtest ihren ausgedörrten Lippen die Wasser der Wiedervereinigung. O Du Zärtlicher, Du Schenkender, Du stillst ihren Schmerz mit dem Balsam Deiner Gunst und Gnade, Du heilst ihre Gebrechen mit der allmächtigen Arznei Deines Mitleids. O Herr, mache ihre Schritte fest auf Deinem geraden Pfad, weite ihnen das Nadelöhr und lass sie in königlichen Gewändern allezeit in Herrlichkeit wandeln.
Wahrlich, Du bist der Freigebige, der Immergebende, der Kostbare, der Großmütigste. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Mächtigen, dem Gewaltigen, dem Erhabenen, dem Siegreichen.
O meine Geliebten im Geiste! Preis sei Gott, ihr habt die Schleier beiseitegeschoben, habt den mitfühlenden Geliebten erkannt und seid von dieser Wohnstätte ins Reich des Raumlosen geeilt. Ihr habt eure Zelte in Gottes Welt aufgeschlagen, ihr habt eure süße Stimme erhoben, Ihn, den Selbst-Bestehenden, zu verherrlichen, und Lieder angestimmt, die tief ins Herz dringen. Wohlgetan, tausendmal wohlgetan! Ihr habt das offenbarte Licht geschaut, und in eurem wiedergeborenen Sein habt ihr den Ruf erhoben: »Gesegnet sei der Herr, der beste der Schöpfer!«Q49 Ihr wart zuerst wie Ungeborene im Mutterschoß, dann wart ihr Säuglinge und habt aus kostbarer Brust die Milch der Erkenntnis gesogen, später seid ihr zu voller Größe herangewachsen und habt das Heil erlangt. Nun ist die Zeit des Dienstes, der Dienstbarkeit für den Herrn. Befreit euch von jedem Gedanken an Zerstreuung, überbringt die Botschaft mit beredter Zunge, schmückt eure Zusammenkünfte mit dem Lobpreis des Geliebten, bis des Segens überwältigende Flut herabströmt, die Welt in frisches Grün und Blütenpracht zu kleiden. Dieser Segensstrom besteht in den Ratschlägen, Ermahnungen, Anweisungen und Geboten Gottes, des Allmächtigen.
O meine Geliebten! Die Welt ist eingehüllt in das dichte Dunkel offenen Aufruhrs, aufgewühlt von einem Wirbelsturm des Hasses. Darin lodern die Feuer der Feindseligkeit bis zu den Wolken des Himmels, ein Strom von Blut rollt über die Ebenen und die Berghänge hinab. Kein Mensch auf Erden kann Frieden finden. Deshalb müssen Gottes Freunde jene zärtliche Güte hervorbringen, die vom Himmel kommt, und der ganzen Menschheit geistige Liebe spenden. Jede Seele müssen sie nach den göttlichen Ratschlägen und Ermahnungen behandeln; allen müssen sie Freundlichkeit und guten Glauben entgegenbringen, allen müssen sie wohlgesonnen sein. Sie müssen sich für ihre Freunde aufopfern und ihren Feinden alles Gute wünschen. Sie müssen den Boshaften trösten und ihre Unterdrücker mit Güte behandeln. Für die Dürstenden müssen sie frisches Wasser sein, für die Kranken eine rasch wirkende Arznei, heilender Balsam für die Leidenden, ein Trost für jedes beladene Herz. Sie müssen ein Licht der Rechtleitung sein für die Irrenden, verlässliche Führer für den Verlorenen. Den Blinden müssen sie Auge, den Tauben Ohr, den Toten ewiges Leben, den Verzweifelten immerwährende Freude sein.
Aus freien Stücken müssen sie sich jedem gerechten König unterwerfen und jedem großmütigen Herrscher gute Bürger sein. Sie müssen der Regierung gehorchen und dürfen sich nicht in politische Angelegenheiten einmischen, vielmehr müssen sie sich der Besserung des Charakters und des Verhaltens widmen und ihre Augen auf das Licht der Welt richten.
237A73
Wer immer dieses Gebet demütig und inbrünstig spricht, wird das Herz dieses Dieners mit Freude und Glück erfüllen:: Es wird sein, als begegne er Ihm von Angesicht zu Angesicht.
Er ist der Allherrliche!
O Gott, mein Gott! Demütig und unter Tränen erhebe ich meine flehenden Hände zu Dir und bedecke mein Angesicht im Staub Deiner Schwelle, die erhaben ist über das Wissen der Gelehrten und das Lob aller, die Dich verherrlichen. Schaue gnädiglich mit dem Auge Deines Erbarmens auf Deinen Diener, der bescheiden und demütig an Deiner Pforte steht, und tauche ihn ein in das Meer Deiner ewigen Gnade.
Herr! Er ist Dein armer, demütiger Diener, der, von Dir bezaubert, Dich anfleht, der, gefangen in Deiner Hand, inbrünstig zu Dir betet, der, Dir vertrauend, mit Tränen vor Deinem Angesicht zu Dir ruft und flehend zu Dir spricht:
O Herr, mein Gott! Schenke mir Deine Gnade, Deinen Geliebten zu dienen, stärke mich in meiner Dienstbarkeit vor Dir, erleuchte meine Stirn mit dem Licht der Anbetung an Deinem Hof der Heiligkeit und des Gebets zu Deinem Reich der Größe. Hilf mir, selbstlos zu sein am himmlischen Zugang zu Deinem Tor, und stehe mir bei, in Deinen heiligen Gefilden von allem losgelöst zu sein. Herr! Gib mir zu trinken aus dem Kelch der Selbstlosigkeit, hülle mich in ihr Gewand, tauche mich ein in ihr Meer. Mache mich zu Staub auf dem Pfade Deiner Geliebten und gib, dass ich meine Seele opfere für die Erde, die durch die Spur Deiner Erwählten auf Deinem Pfad geadelt ist, o Du Herr der Herrlichkeit in der höchsten Höhe.
Mit diesem Gebet ruft Dein Diener zu Dir im Morgengrauen und zur Nachtzeit. Erfülle seines Herzens Wunsch, o Herr! Erleuchte sein Herz, erheitere seine Brust, entzünde sein Licht, dass er Deiner Sache und Deinen Dienern diene.
Du bist der Schenkende, der Mitleidige, der Allgütige, der Gnadenreiche, der Barmherzige, der Erbarmer.
Quellenangaben
Q1 vgl. Bahá’u’lláh, in: Tabernakel der Einheit 1:15, 2:36, in: Botschaften aus ‘Akká 11:5 – Anm. d. Hrsg.
Q2 Qur’án 60:13.
Q3 Mt. 22:14.
Q4 Qur’án 57:21.
Q5 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 72:1 – Anm. d. Hrsg.
Q6 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 71:1 – Anm. d. Hrsg.
Q7 vgl. Bahá’u’lláh, in: Tabernakel der Einheit 1:15, 2:36, in: Botschaften aus ‘Akká 11:5 – Anm. d. Hrsg.
Q8 vgl. Mt. 24:43–44; Lk. 12:39–40; Thomasevangelium 21 – Anm. d. Hrsg.
Q9 vgl. Lk. 21:12; siehe auch Mt. 5:11, 13:9; Lk. 6:22 – Anm. d. Hrsg.
Q10 Qur’án 6:103.
Q11 Qur’án 17:110.
Q12 Joh. 14:10.
Q13 Qur’án 6:91.
Q14 Joh. 6:51, 6:58.
Q15 vgl. Joh. 15:26, 16:12–13.
Q16 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:37, in: Ährenlese 166 – Anm. d. Hrsg.
Q17 Qur’án 36:36; vgl. 51:49.
Q18 Gen. 1:26.
Q19 Qur’án 25:48.
Q20 vgl. Joh. 3:5.
Q21 Mt. 17:1–19; Mk. 9:2–9; Lk. 9:28–36.
Q22 Mt. 16:18 – Anm. d. Hrsg.
Q23 Offb. 21:10 – Anm. d. Hrsg.
Q24 vgl. Offb. 21:15 – Anm. d. Hrsg.
Q25 Joh. 6:38.
Q26 Joh. 3:13.
Q27 Joh. 14:30.
Q28 Hi. 19:25.
Q29 vgl. Qur’án 3:40; 2:253.
Q30 vgl. Qur’án 36:26–27.
Q31 Mt. 19:24; Mk. 10:25.
Q32 Qur’án 16:97 – Anm. d. Hrsg.
Q33 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-‘Ahd, in: Botschaften aus ‘Akká 15:9 – Anm. d. Hrsg.
Q34 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:174 – Anm. d. Hrsg.
Q35 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:121 – Anm. d. Hrsg.
Q36 Qur’án 24:39.
Q37 Qur’án 36:30.
Q38 Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká 2:22.
Q39 Joh. 18:11.
Q40 Qur’án 67:3.
Q41 Qur’án 24:35.
Q42 vgl. Qur’án 28:29.
Q43 Qur’án 76:5.
Q44 Qur’án 61:4.
Q45 Qur’án 67:3.
Q46 Qur’án 2:74.
Q47 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:53, in: Ährenlese 72:1.
Q48 Qur’án 76:5.
Q49 Qur’án 23:14 – Anm. d. Hrsg.
Anmerkungen
A1 Von ‘Abdu’l-Bahá während des Ersten Weltkrieges niedergeschrieben und dem Sendbrief an die Zentralorganisation für einen dauernden Frieden im Haag beigefügt; vgl. Kap. 227 sowie ‘Abdu’l-Bahá, Der Weltfriedensvertrag, Hofheim-Langenhain 1988 – Anm. d. Hrsg.
A2 Qur’án 17:79.
A3 Qur’án 15:72.
A4 Qur’án 39:68; Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká 8:37; Brief an den Sohn des Wolfes 192, S. 117.
A5 Qur’án 74:8.
A6 Qur’án 39:68.
A7 Qur’án 79:6–7.
A8 Qur’án 22:2.
A9 Qur’án 34:40.
A10 Qur’án 29:19.
A11 Qur’án 79:34.
A12 Qur’án 6:91; 52:12.
A13 Napoleon III.
A14 Kitáb-i-Aqdas – Anm. d. Hrsg.
A15 Isráfíl ist der Engel, der nach der Überlieferung am Tag der Auferstehung in die Posaune stößt, um auf Befehl des Herrn die Toten zu erwecken.
A16 Ḥuqúqu’lláh.
A17 Jane Elizabeth Whyte, Edinburg, vgl. Anjam Khursheed, The Seven Candles of Unity, Bahá’í Publishing Trust, London 1991, p. 45 – Anm. d. Hrsg.
A18 Der Schmuck, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 4].
A19 Worte des Paradieses, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 6].
A20 Der Strahlenglanz, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 5].
A21 Die Pracht, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 8].
A22 Die frohen Botschaften, [siehe Bahá’u’lláh, Botschaften aus ‘Akká, Kap. 3].
A23 Masíḥ.
A24 Masíkh.
A25 Joh. 14:11.
A26 Als Beitrag zu John E. Esslemont, Bahá’u’lláh und das neue Zeitalter, geschrieben.
A27 Flavius Josephus (37/38–100 n.Chr.) schrieb eine zwanzigbändige Geschichte der Juden in griechischer Sprache – Anm. d. Hrsg.
A28 Über diesen Sendbrief schrieb Shoghi Effendis Sekretär am 9. Mai 1938 in seinem Auftrag: »… Dies bezieht sich offenkundig, wie der Text deutlich zeigt, auf den Báb und ist keineswegs ein Hinweis auf Swedenborg.«.
A29 Jesus Christus.
A30 der »Baum, über den hinaus keiner gehen kann«, ein Symbol für die Manifestation Gottes; vgl. Qur’án 53:8–18, Shoghi Effendi, Gott Geht Vorüber 132 – Anm. d. Hrsg.
A31 Chinesische Städte, bekannt für ihre moschusproduzierenden Tiere.
A32 Die Pracht, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 8].
A33 Der Schmuck, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 4].
A34 Die frohen Botschaften, [siehe Bahá’u’lláh, Botschaften aus ‘Akká, Kap. 3].
A35 Der Strahlenglanz, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká, Kap. 5].
A36 Worte des Paradieses, [siehe Bahá’u’lláh, in: Botschaften aus ‘Akká Kap. 6].
A37 das Erdbeben von 1906.
A38 des Geistigen Rats.
A39 das Heilige Land.
A40 die Bahá’í von Najaf-Ábád.
A41 Muhammad.
A42 Shahnáz, der Name der Empfängerin dieses Sendbriefes, ist auch die Bezeichnung einer musikalischen Tonart.
A43 Ein Aufsatz aus dem Buch The Gospel of Wealth von Andrew Carnegie (1835–1919) wurde in England im Pall Mall Budget unter der Überschrift The Gospel of Wealth wiedergegeben; vgl. Andrew Carnegie, Autobiography, p. 255, [deutsch Geschichte meines Lebens (1921)].
A44 Qur’án 25:53, 35:12, 55:19–25. Vgl. auch das Hochzeitsgebet ‘Abdu’l-Bahás in: Gebete, Hofheim-Langenhain 1984, Nr. 224.
A45 Siehe ‘Abdu’l-Bahá, in: Beantwortete Fragen, 81:6–9, S. 275 zur Erläuterung des absteigenden und des aufsteigenden Bogens.
A46 Koloquinte und Baum Zaqqúm (vgl. Qur’án 37:62).
A47 vgl. Qur’án 24:35.
A48 Bahá’í-Kinderklasse in Kenosha, Wisconsin, USA.
A49 vgl. Qur’án 39:56.
A50 Möglicherweise bezieht sich ‘Abdu’l-Bahá auf die Sikhs; die Schilderung scheint auf sie zuzutreffen.
A51 Moses.
A52 Jesus.
A53 der Báb, siehe ‘Abdu’l-Bahá, in: Beantwortete Fragen, Kap. 13.
A54 vgl. Mt. 27:29, Mk. 15:18, – Anm. d. Hrsg.
A55 Deutschland.
A56 den Pazifischen Ozean.
A57 30. September 1912.
A58 Bahá’u’lláh, Verborgene Worte, pers. 71 – Anm. d. Hrsg.
A59 in Bahjí.
A60 vgl. Qur’án 7:172 – Anm. d. Hrsg.
A61 Johannes der Täufer.
A62 Qur’án 20:12 – wird auch als »Heiliges Tal« bezeichnet.
A63 vgl. Qur’án 4:78.
A64 Dieser Brief trug die Unterschriften von 422 amerikanischen Gläubigen und das Datum vom 4. Juli 1905.
A65 Dieser Sendbrief wurde im Januar 1920 verfaßt; vgl. Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 3:6, S. 51 – Anm. d. Hrsg.
A66 der Báb.
A67 von Bahá’u’lláh zitierte Überlieferung, vgl. Ährenlese 89:3; dazu A. Taherzadeh, Die Offenbarung Bahá’u’lláhs, I. Baghdád 1853–1863, 1981—138, S. 53 ff.
A68 An die Leser der Zeitschrift The Christian Commonwealth vom 1. Januar 1913.
A69 siehe Anm. 50 zu 32:2 – Anm. d. Hrsg.
A70 Dies ist der erste Teil der Antwort ‘Abdu’l-Bahás auf einen Brief, den der Exekutivausschuß der Zentralorganisation für einen dauernden Frieden [, eine private, 1915 im Haag gegründete Initiative engagierter Friedensfreunde, an Ihn gerichtet hatte]. ‘Abdu’l-Bahás Brief vom 17. Dezember 1919, den Shoghi Effendi als ein »Sendschreiben von weittragender Bedeutung« bezeichnet (Gott geht vorüber, 1974–131, S. 350), wurde 1920 von einer besonderen Bahá’í-Delegation im Haag übergeben. [Vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Der Weltfrieden-Vertrag. Ein Brief an die Zentralorganisation für einen dauernden Frieden, Hofheim-Langenhain 1988–145.
A71 MírzáAḥmadKhánYazdání (1891–1977), der Überbringer von ‘Abdu’l-Bahás Brief an die Zentralorganisation für einen dauernden Frieden im Haag; vgl. Abschnitt 227 – Anm. d. Hrsg.
A72 vgl. Adib Taherzadeh, Die Offenbarung Bahá’u’lláhs, I. Baghdád 1853–1863, Hofheim-Langenhain 1981–138, S. 273 ff.
A73 Munájátu’l-Liqá’ (Tablet der Begegnung). Dieses Gebet wird an ‘Abdu’l-Bahás Schrein gelesen; es wird auch als privates Gebet gebraucht.
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