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VIVIR LA VIDA
Selección de las Escrituras Bahá'ís
Preparada por el Departamento de Investigación
de la Casa Universal de Justicia
Título en inglés:
Living the Life
VIVIR LA VIDA
Con cuánta frecuencia se le escuchó decir al Maestro: Si cada uno de los
amigos se encargara de poner en práctica, en toda su integridad y con todas
sus consecuencias, una sola de las enseñanzas de la Fe, con devoción,
desprendimiento, constancia y perseverancia, y de dar ejemplo de ella en
todos los actos y propósitos de su vida, el mundo se convertiría en otro mundo
y la faz de la tierra reflejaría los esplendores del Paraíso de Abhá. Pensad qué
maravillosos cambios se llevarían a cabo si los amados del Misericordioso se
condujeran, tanto en su aspecto individual como colectivo, de acuerdo a los
consejos y exhortaciones que han brotado de la Pluma de Gloria.1
El deseo de 'Abdu'l-Bahá, el que Le causa agrado y, de hecho, Su mandato
obligatorio, es que los bahá'ís actúen en conformidad con las enseñanzas
divinas en todos los asuntos, incluso en las pequeñas operaciones y
relaciones cotidianas con los demás. Él nos ha ordenado que no nos
contentemos con la modestia, la humildad y la mansedumbre, sino que, por el
contrario, nos convirtamos en expresiones del altruismo y la nada absoluta.
Desde antiguo, a todos se nos ha exhortado a practicar la lealtad y la fidelidad,
la compasión y el amor; en esta Dispensación suprema, a las gentes de Bahá
se les llama a sacrificar su propia vida. Fijaos hasta qué punto se les ha
pedido a los amigos, en las Epístolas y Tablas Sagradas, así como en el
testamento de nuestro Bienamado, que sean íntegros, que deseen el bien, que
sean tolerantes, santificados, puros, que se desprendan de todo excepto de
Dios, que se aparten de las pompas de este mundo y que se adornen con el
manto de un carácter bondadoso y unos atributos piadosos.
En primer lugar y principalmente, uno debe emplear todos los medios a su
alcance para purificar su corazón y sus motivos; si no es así, sería inútil tomar
iniciativas de cualquier tipo. También es esencial abstenerse de la hipocresía y
la imitación ciega, por cuanto su olor nauseabundo es rápidamente percibido
por todo hombre de entendimiento y sabiduría. Además, los amigos tienen que
observar las horas concretas para recordar a Dios, para meditar, para la
devoción y la oración, ya que es muy improbable, digo, imposible, que ninguna
iniciativa prospere y se desarrolle si está privada de los dones y
confirmaciones divinas. Difícilmente se puede imaginar uno la gran influencia
que el auténtico amor, veracidad y pureza de motivos tienen sobre el alma de
los hombres. Pero ningún creyente puede adquirir estas cualidades a menos
que a diario se esfuerce por conseguirlas...
Fundamentalmente, es mediante la potencia de las acciones nobles y el
carácter altruista, más que por el poder de la exposición y las pruebas, como
los amigos de Dios han de demostrarle al mundo que lo que Dios ha prometido
tarde o temprano ha de cumplirse, que ya está produciéndose y que las
buenas nuevas divinas son claras, evidentes y completas. Pues a menos que
algunas almas insignes den un paso adelante en el campo del servicio y brillen
resplandecientes entre el conjunto de los hombres, la tarea de reivindicar la
verdad de esta Causa ante los ojos de las gentes ilustradas sería harto
formidable. Sin embargo, si los amigos se transforman en la encarnación de la
virtud y el carácter bondadoso, las palabras y las discusiones serán
superfluas. Sus propias acciones servirán como elocuente testimonio, y su
noble conducta asegurará la preservación, integridad y gloria de la Causa de
Dios.2
Los elegidos de Dios... no deben fijarse en la depravada situación de la
sociedad en que viven, ni en las pruebas de degradación moral y de conducta
frívola que da la gente a su alrededor. No deben contentarse simplemente con
una distinción y una excelencia relativas. Más bien, deben fijar su mirada en
alturas más nobles, poniéndose como objetivo supremo los consejos y
exhortaciones de la Pluma de Gloria. Entonces se darán cuenta rápidamente
de lo numerosas que son las etapas que aún quedan por pasar y lo lejos que
queda su deseado objetivo, un objetivo que no es otro sino dar ejemplo de una
moralidad y unas virtudes celestiales.3
Es nuestro deber y nuestro privilegio transformar el amor y la devoción que le
tenemos a nuestra amada Causa en actos y acciones que sean conducentes al
máximo bien de la humanidad.4
Si usted lee con desprendimiento y con cuidado las palabras de Bahá'u'lláh y
de 'Abdu'l-Bahá y se concentra en ellas, descubrirá verdades anteriormente
desconocidas para usted y obtendrá una percepción de los problemas que han
desconcertado a los grandes pensadores del mundo.5
Lo grande es "vivir la vida": tener nuestra vida tan saturada con las
Enseñanzas Bahá'ís y el espíritu bahá'í que la gente no pueda evitar ver en
nuestro carácter y nuestro trabajo un júbilo, un poder, un amor, una pureza,
una irradiación, una eficiencia que nos distingan de las personas con una
mentalidad mundana y haga que la gente se pregunte cuál es el secreto de
esta nueva vida que tenemos en nosotros. Tenemos que volvernos
completamente altruistas y consagrarnos a Dios, de manera que todos los días
y en todo momento busquemos hacer únicamente lo que Dios quiere que
hagamos y de la manera que Él quiere que lo hagamos. Si hacemos esto
sinceramente, conseguiremos una unidad y armonía perfectas los unos con los
otros. Donde hay necesidad de armonía, hay falta del auténtico espíritu bahá'í.
A menos que podamos mostrar esta transformación, este nuevo poder, este
amor recíproco y esta armonía en nuestra vida, para nosotros las Enseñanzas
Bahá'ís no serán más que un nombre.6
Si nosotros los bahá'ís no podemos alcanzar una unidad profunda entre
nosotros, entonces no conseguiremos captar el propósito principal por el que
el Báb, Bahá'u'lláh y el amado Maestro vivieron y sufrieron.
Uno de los primeros requisitos esenciales para conseguir esta unidad profunda
sobre los que insistieron Bahá'u'lláh y 'Abdu'l-Bahá, es que nos resistamos a la
tendencia natural de dejar que nuestra atención se centre en las faltas y
defectos de los demás más que en las nuestras propias. Cada uno de nosotros
es responsable únicamente de una sola vida, que es la nuestra. Cada uno de
nosotros se encuentra inmensamente lejos de ser "perfecto como nuestro
padre celestial es perfecto", y la tarea de perfeccionar nuestra propia vida y
nuestro propio carácter exige de nosotros toda nuestra atención, toda nuestra
fuerza de voluntad y toda nuestra energía. Si permitimos que nuestra atención
y energía se consuman en nuestros intentos por enderezar a los demás y
poner remedio a sus faltas, estamos malgastando un tiempo precioso.
Nosotros somos como labradores, y cada uno de nosotros tenemos unos
empleados que administrar y un arado que dirigir, y para mantener el surco
derecho, cada uno tenemos que mantener la vista fija en nuestro objetivo y
concentrarnos en nuestra propia tarea. Si miramos a este lado y a aquel otro
para ver qué tal les va a Pepe y a Juan y para criticar su forma de arar,
entonces con seguridad nuestro surco se torcerá.
Sobre ningún otro asunto hacen las Enseñanzas Bahá'ís más hincapié que
sobre la necesidad de que nos abstengamos de buscar los defectos de los
demás y de murmurar, al tiempo que permanecemos impacientes por descubrir
y eliminar de raíz nuestras faltas y superar nuestros defectos.
Si profesamos lealtad a Bahá'u'lláh, a nuestro amado Maestro y a nuestro
querido Guardián, tenemos que demostrar nuestro amor mediante la
obediencia a estas enseñanzas categóricas. Obras, que no palabras, es lo que
éstas exigen, y todo el fervor que pongamos en el empleo de expresiones de
lealtad y de adulación no compensará el hecho de que no vivamos en el
espíritu de las Enseñanzas.7
Por lo que se refiere a la cuestión de si es correcto decir una falsedad para
salvar a otro, él considera que en ninguna circunstancia debemos decir una
falsedad, sino al propio tiempo intentar ayudar a la persona de manera más
legítima. Por supuesto, no hace falta que seamos demasiado francos mientras
la pregunta no se nos haga directamente a nosotros.8
No obstante, no debemos olvidar que una característica fundamental de este
mundo es la dificultad y la tribulación, y que superándolas es como
conseguimos desarrollarnos moral y espiritualmente. Como dice el Maestro, la
tristeza es como los surcos: cuanto más profundos son, más abundantes son
los frutos que obtenemos.9
En el Bayán dice el Báb que todas las religiones del pasado estaban
preparadas para llegar a ser universales. La única razón de que no llegaran a
ese punto ha sido la incompetencia de sus seguidores. A continuación, pasa a
hacer una promesa clara en el sentido de que no sería tal el destino de la
revelación de "Aquel a quien Dios manifestará", sino que llegaría a ser
universal y abarcaría a todas las gentes del mundo. Esto viene a demostrar
que en última instancia lograremos el éxito. Pero ¿no podríamos retardar el
cumplimiento de ese ideal, con nuestras deficiencias, nuestra incapacidad para
sacrificarnos y nuestra resistencia a concentrar nuestros esfuerzos en la
difusión de la Causa? Y eso ¿qué querría decir? Supondría que se nos va a
considerar responsables ante Dios, que la raza permanecerá durante más
tiempo en su estado de rebeldía, que las guerras no se van a impedir tan
pronto, que el sufrimiento del hombre va a durar más.10
Todos los días hay ciertas necesidades. En aquellos primeros tiempos, la
Causa necesitaba Mártires y personas que soportaran todo tipo de torturas y
persecuciones al manifestar su fe y difundir el mensaje enviado por Dios. Sin
embargo, esos días se han terminado. En la actualidad la Causa no necesita
mártires que mueran por su fe, sino servidores que deseen enseñar la Causa y
establecerla en todo el mundo. En estos tiempos, vivir para enseñar es como
ser martirizado en aquellos primeros tiempos. Lo que cuenta es el espíritu que
nos mueve, no el acto mediante el cual se expresa ese espíritu; y ese espíritu
consiste en servir a la Causa de Dios con nuestro corazón y nuestra alma.11
Él espera sinceramente que, mediante estos sacrificios, ese edificio se termine
y se convierta en un centro fundamental para el espíritu y las enseñanzas de la
Causa en ese país; que desde él se difunda la luz de guía y traiga júbilo y
esperanza al corazón de esta humanidad deprimida.
Si usted estudia la historia de Nabíl, verá que la Fe se ha nutrido de los
constantes sacrificios de los amigos. El Mensaje de Bahá'u'lláh se ha
establecido en todo el mundo en medio de dificultades, persecuciones y
preocupaciones constantes.12
El consejo que le dio Shoghi Effendi respecto a la división de su tiempo entre
el servicio a la Causa y la atención a sus otros deberes también le fue dado
por Bahá'u'lláh y el Maestro a muchos otros amigos. Es un compromiso entre
los dos versos del Aqdas, el que obliga a todos los bahá'ís a servir a la
promoción de la Fe, y el otro que dice que todas las almas deben dedicarse a
algún tipo de ocupación que beneficie a la sociedad. En una de Sus Tablas,
Bahá'u'lláh dice que en este día la forma más elevada de desprendimiento es
dedicarse a alguna profesión y ser autosuficiente. Por lo tanto, un buen bahá'í
es aquel que organiza su vida de manera que dedica tiempo tanto a sus
necesidades materiales como al servicio de la Causa.13
No hace falta que le diga cuán penosamente deplora él el hecho de que
existan tantas fuerzas negativas imperantes en las reuniones bahá'ís, y
especialmente en una reunión tan importante como la Convención. Ahora más
que nunca deben recordarse cuidadosa y reflexivamente las tan repetidas
palabras del Maestro relativas a la unidad y la cooperación armoniosa entre
los amigos. Nada es más contrario al espíritu de la Causa que la discordia y el
conflicto, que son el inevitable resultado del egoísmo y la codicia. El
desprendimiento puro y el servicio altruista, éstos deben ser los únicos motivos
de todo creyente verdadero. Y a menos que todos y cada uno de los amigos
consigan transformar esas cualidades en acciones vivas, no se puede abrigar
esperanza alguna de hacer nuevos progresos. Ahora es cuando más se
necesita la unidad de pensamiento y de acción. Ahora, cuando la Causa está
entrando en una nueva fase de desarrollo, cuando su Administración se está
consolidando paulatinamente entre el maremágnum y el caos de una
civilización que se tambalea, es cuando los amigos deben formar un frente
unido ante esas fuerzas de la disensión interna que, si no son eliminadas por
completo, llevarán a nuestro trabajo hacia una destrucción irremediable.14
Desde luego, él deplora grandemente el hecho de que los representantes de la
máxima institución administrativa de su país hayan permitido que esas
diferencias y malos entendidos hayan adquirido semejantes proporciones,
especialmente cuando él ha proclamado todos y cada uno de los principios y
leyes de la Administración de manera clara y enfática en tantas
comunicaciones y en todo momento desde el fallecimiento del Maestro. Esas
dificultades, si no se superan inmediatamente y de manera enérgica, pueden
hacer un daño incalculable al cuerpo de la Causa, y puede, retrasar no
solamente la fluidez sino también la eficacia de su espíritu en el mundo. Si se
analiza en profundidad y con desapasionamiento el origen de todos estos
problemas y disputas, hay que encontrarlo invariablemente en los sentimientos
de egoísmo y egocentrismo. Y a menos que se superen completamente estos
sentimientos ponzoñosos, no puede haber esperanza de que la maquinaria
administrativa de la Causa funcione eficazmente y progrese.15
Al propio tiempo que le insta a hacer frente valerosamente a los múltiples
obstáculos que se interponen en su camino y a superarlos, le aconsejaría que
en caso de que fracasase, e independientemente de lo que le ocurra,
permanezca usted radiantemente satisfecho con la Voluntad divina y
totalmente sumiso ante ella. En ocasiones, nuestras aflicciones, pruebas y
padecimientos son bendiciones disfrazadas, puesto que nos enseñan a tener
más fe y confianza en Dios y nos acercan más a Él.16
¿No nos ha asegurado Bahá'u'lláh que los sufrimientos y las privaciones son
bendiciones disfrazadas, que mediante ellas se estimulan, purifican y
ennoblecen nuestras fuerzas espirituales internas? Por lo tanto, continúe
confiando en que sus dificultades materiales, lejos de obstaculizar sus
actividades para la Causa, proporcionarán a su corazón un impulso poderoso
para servir y promover sus intereses de una mejor manera.17
El esfuerzo personal es de hecho una condición previa vital para reconocer y
aceptar la Causa de Dios. Independientemente de lo grande que pueda ser la
gracia divina, a menos que se vea complementada por un esfuerzo personal
sostenido e inteligente, no puede llegar a ser plenamente eficaz y proporcionar
un beneficio real y duradero.18
Estos obstáculos, independientemente de lo graves e insuperables que
puedan parecer a primera vista, pueden y deben superarse eficientemente
mediante el poder combinado y sostenido de la oración y el esfuerzo decidido
y continuado. Pues, ¿no nos han asegurado en repetidas ocasiones tanto
Bahá'u'lláh como 'Abdu'l-Bahá que las huestes divinas e invisibles de la
victoria siempre van a reforzar y fortalecer a aquellos que trabajan en Su
nombre valientemente y con confianza? De hecho, esta seguridad debe
permitirle superar cualquier sentimiento de minusvalía, de incapacidad para
servir, así como cualquier limitación interior o exterior que amenace con
perjudicar a sus trabajos para la Causa. Por lo tanto, debe levantarse y debe
esforzarse, con un corazón lleno de gozo y de confianza, por aportar lo que
esté en su mano para lograr una más amplia difusión y una mayor
consolidación de nuestra amada Fe.
Cualquiera que sea la área de servicio concreto que elija, ya se trate de la
área de la enseñanza o de la administrativa, lo esencial es que usted
persevere, y que no permita que cualquier conciencia que pueda tener de sus
limitaciones extinga su celo, y mucho menos le disuada de servir gozosa y
activamente.19
Cuanto mayores sean sus pruebas y sufrimientos, más fuerte debe hacerse su
adhesión y su devoción por la Causa. Pues únicamente mediante unas
tribulaciones y pruebas continuadas prueba Dios a Sus siervos, y por ello
éstos deben considerarlas como bendiciones disfrazadas y como
oportunidades mediante las cuales pueden adquirir una conciencia más plena
de la Voluntad y el Propósito Divinos.20
El Guardián considera que el curso sobre formación del carácter que dirigirá la
Srta. Flora Hottes es especialmente importante y se le debe dar la debida
trascendencia y debe estudiarse atentamente y por completo, especialmente
por parte de los creyentes jóvenes que asisten a la escuela. Estos criterios de
conducta bahá'í, que él mismo ha expuesto en su última epístola general "El
advenimiento de la justicia divina", y cuya defensa y promoción deben ser el
deber primordial de todo creyente leal y serio, merecen un estudio y una
meditación profundos, y deben constituir el tema principal del programa de
este año en las tres escuelas bahá'ís de verano de los Estados Unidos.21
Respecto a la apelación que hizo..., el Guardián considera que la mejor línea
de actuación en este caso es pedirles a los dos creyentes afectados que
perdonen y que se olviden de todo el asunto. Él no quiere que los amigos
adquieran el hábito de dedicarse a una especie de litigios bahá'ís de unos
contra otros. Sus deberes para con la humanidad son demasiado sagrados y
urgentes en estos tiempos en que la Causa está luchando por expandirse y por
afirmar su independencia, como para que empleen su precioso tiempo, y el de
él, de esta manera. Pídanles, por lo tanto, que se unan, que se olviden del
pasado y que sirvan como nunca lo han hecho antes.22
Ciertamente, los creyentes no han aprendido del todo a recurrir al amor de los
demás para recuperar la fuerza y tener consuelo en momentos de necesidad.
La Causa de Dios está dotada de tremendos poderes, y la razón de que los
creyentes no obtengan más de ella es porque no han aprendido del todo a
hacer uso de estas poderosas fuerzas de amor, energía y armonía que genera
la Fe.
Él le aconsejaría que por el momento dejara a su amiga... consigo misma y
orara por ella. Como por ahora ella no desea su ayuda, usted sólo puede
ayudarle internamente.
Usted ha prestado múltiples y valiosos servicios a la Causa, y aún continúa
prestándolos, y éste debe ser su mayor consuelo...23
Los amigos deben tener paciencia los unos con los otros, y tienen que darse
cuenta de que la Causa está todavía en su infancia y sus instituciones todavía
no funcionan perfectamente. Cuanto mayor sea la paciencia, la comprensión
afectuosa y la tolerancia que los creyentes se muestren los unos hacia los
otros y hacia sus defectos, tanto mayor será el progreso de toda la Comunidad
Bahá'í en general.24
Tenemos que darnos cuenta de nuestra imperfección y no permitir que las
cosas desgraciadas que nos ocurren, a veces en las Convenciones, en
ocasiones en las Asambleas o Comités, etc., nos afecten demasiado. Estas
cosas son esencialmente superficiales y con el tiempo irán quedando atrás.25
No todos nosotros somos capaces de servir del mismo modo, pero la única
manera en que todos los bahá'ís podemos difundir la Fe es mediante el
ejemplo. Esto conmueve los corazones de la gente mucho más profundamente
de lo que lo pueden hacer las palabras.
El amor que mostramos a los demás, la hospitalidad y la comprensión, el
deseo de ayudarles, éstos son los mejores anuncios de la Fe. Los demás
quieren oír acerca de ella cuando ven estas cosas en nuestra vida.26
Se ha quejado de las poco satisfactorias condiciones imperantes en la
Comunidad Bahá'í de...; el Guardián conoce bien la situación de la Causa allí,
pero confía en que cualquiera que sea la naturaleza de los obstáculos a los
que se enfrenta la Fe, con el tiempo serán superados. En circunstancia alguna
debe usted sentirse desalentado y permitir que esas dificultades le hagan
vacilar en su fe y en su lealtad esencial a la Causa, aunque sean
consecuencia de la mala conducta de determinados miembros de la
Comunidad o de su falta de capacidad y visión. Con toda seguridad, a los
creyentes, independientemente de lo cualificados que puedan estar, ya sea
como profesores o como administradores, y de lo elevados que puedan ser sus
méritos intelectuales y espirituales, no se les debe considerar como un criterio
por el cual se valora y se mide la autoridad divina y la misión de la Fe. Es
hacia las Enseñanzas mismas y hacia las vidas de los Fundadores de la
Causa hacia donde los creyentes deben mirar en busca de guía e inspiración,
y únicamente manteniendo estrictamente una actitud auténtica de este tipo
pueden esperar construir su lealtad a Bahá'u'lláh sobre una base duradera e
inexpugnable. Por tanto, usted debe levantar el ánimo y esforzarse, sin bajar la
guardia y sin tregua, por llevar a cabo por completo su papel en el
desenvolvimiento de este Divino Orden Mundial.27
Efectivamente, éstos son los días en que el heroísmo es necesario por parte
de los creyentes. El sacrificio de uno mismo, el valor, la esperanza indomable
y la confianza son las características que deben mostrar, porque estos mismos
atributos no pueden sino llamar la atención de la gente e impulsarle a
preguntar qué lleva a esta gente, en un mundo tan desesperadamente caótico
y desconcertado, a estar tan segura, a tener tanta confianza, a estar tan llena
de devoción. Según vaya pasando el tiempo, las características de los bahá'ís
serán, cada vez en mayor medida, lo que llame la atención de sus
conciudadanos. Ellos tienen que mostrar su distanciamiento de los odios y
reproches que están desgarrando el corazón de la humanidad y demostrar de
palabra y de obra su profunda creencia en la futura unificación pacífica de toda
la raza humana.28
Tenemos que mirar siempre hacia adelante y aspirar a lograr en el futuro lo
que puede que no hayamos conseguido hacer en el pasado. Los fracasos, las
pruebas y los padecimientos, si los empleamos correctamente, pueden
convertirse en medios para purificar nuestro espíritu, fortalecer nuestro
carácter, y pueden permitirnos elevarnos hasta alturas aún mayores de
servicio.29
Respecto a las cuestiones que menciona en su carta: La completa y total
eliminación del ego supondría llegar a la perfección, que el hombre nunca
podrá alcanzar por completo; pero el ego puede y debe subordinarse cada vez
más al alma iluminada del hombre. Esto es lo que conlleva el progreso
espiritual.30
A él le alegró mucho escuchar que a la Convención asistió tanta gente, y que
los creyentes se mostraron tan entusiastas y unidos. Una de las necesidades
primordiales de la Causa en... es que los amigos deben unirse, deben ser muy
conscientes del hecho de que son una sola familia espiritual, unida por
vínculos más sagrados y eternos que aquellos lazos físicos que hacen que las
personas sean de la misma familia. Si los amigos olvidan todas las diferencias
personales y abren sus corazones a un gran amor por el otro en nombre de
Bahá'u'lláh, se encontrarán con que sus poderes se verán grandemente
incrementados, atraerán los corazones de la gente y presenciarán un rápido
crecimiento de la Fe Santa en... La Asamblea Espiritual Nacional debe hacer
todo lo que esté en su mano para fomentar la unidad entre los creyentes y
para educarles en la Administración, ya que éste es el canal por el que tiene
que fluir su vida comunitaria y el que, si se le entiende y se practica
correctamente, permitirá que el trabajo de la Causa avance a pasos
agigantados.31
En última instancia, la batalla de la vida tiene lugar toda ella dentro de la
persona. Ningún tipo de organización puede solucionar los problemas internos
ni provocar o impedir, según los casos, la victoria o el fracaso en un momento
crucial. Especialmente en tiempos como éstos, las personas se ven
desgarradas por grandes fuerzas que operan libremente en la sociedad, y
súbitamente vemos a algunas personas débiles volverse milagrosamente
fuertes, y vemos fracasar a los fuertes; nosotros únicamente podemos
provocar aquel acto por parte del creyente que suponga el bien más elevado
para la Causa, mediante unas orientaciones afectuosas, como ha hecho su
Comité; pues, evidentemente, algo malo para la Causa no puede constituir el
bien más elevado de un bahá'í concreto.32
Lo que el mundo necesita hoy es el espíritu bahá'í. La gente anhela el amor,
ansía tener un modelo elevado en el que fijarse, así como encontrar solución a
sus muchos y graves problemas. Los bahá'ís deberían derramar sobre
aquellos con quienes se encuentren el cálido espíritu viviente de la Causa, y
esto, unido a la enseñanza, no puede sino atraer a la Fe a los buscadores
sinceros de la verdad.33
Respecto a su pregunta acerca de la necesidad de una mayor unidad entre los
amigos, no hay duda de que esto es así, y el Guardián considera que uno de
los principales instrumentos para promocionarla es enseñar a los propios
bahá'ís, en las clases y mediante una serie de preceptos, que el amor de Dios,
y por consiguiente de los hombres, es la base esencial de toda religión,
incluida la nuestra. Un mayor grado de amor dará lugar a una unidad más
grande, porque permite que la gente soporte a los demás, sea paciente e
indulgente.34
Él espera que os desarrolléis hasta convertiros en bahá'ís tanto en vuestro
carácter como en vuestra fe. Todo el propósito de Bahá'u'lláh es que nos
convirtamos en una nueva clase de personas, unas personas que son rectas,
amables, inteligentes, veraces y honestas, que viven de acuerdo a las grandes
leyes que Él ha dictado para esta nueva época del desarrollo del hombre. No
es suficiente con llamarnos bahá'ís, nuestro más íntimo ser debe ennoblecerse
e iluminarse viviendo una vida bahá'í.35
Muchos malentendidos tienen su origen en el apasionado apego de los amigos
a la Fe, así como en su inmadurez. Por lo tanto, tenemos que ser muy
pacientes y afectuosos los unos con los otros, y hemos de procurar crear
unidad en la familia bahá'í. Él considera que las diferencias... que usted relata
en su carta son producidas por lo anteriormente mencionado y no por la
enemistad hacia la Fe o por la falta de sinceridad.36
Le hizo muy feliz saber de usted, y saber que este año Green Acre ha sido
impregnado de un amor y una armonía que fueron decisivos para confirmar a
muchas nuevas almas en la Fe. Este amor entre los creyentes es el imán que,
sobre todas las cosas, atraerá los corazones y aportará nuevas almas a la
Causa, pues evidentemente las enseñanzas, por maravillosas que sean, no
pueden cambiar el mundo, a menos que el Espíritu del amor de Bahá'u'lláh se
refleje en las Comunidades Bahá'ís.37
Desde luego, si los amigos pudieran aspirar a convertirse en bahá'ís al 100% e
hicieran un gran esfuerzo por conseguirlo, verían cuán grandemente
aumentaría su influencia sobre otras personas y cuán rápidamente se
extendería la Causa. El mundo no busca un acuerdo, sino la personificación de
un ideal elevado y brillante. Cuanto más estén los amigos a la altura de
nuestras enseñanzas en todos los aspectos de su vida, en su hogar, en los
negocios, en sus relaciones sociales, mayor será la atracción que ejercerán
sobre los corazones de los demás.
A él le complace comprobar que, de una forma natural, con convicción y buena
voluntad, usted se ha relacionado con la gente de color y les ha enseñado.
Cuando los bahá'ís vivan de acuerdo con sus enseñanzas como deberían,
aunque puede que provoquen la oposición de algunos, suscitarán aún en
mayor medida la admiración de las personas imparciales.38
De hecho, cuando vemos el actual aumento de la oscuridad en el mundo,
podemos darnos perfecta cuenta de que a menos que el Mensaje de
Bahá'u'lláh llegue a los corazones de los hombres y los transforme, no puede
haber paz y progreso espiritual en el futuro.
Él tiene la permanente esperanza de que los creyentes se comporten, tanto
individualmente como en su vida en la Comunidad Bahá'í, de tal manera que
llame la atención de otras personas a la Causa. El mundo no solamente está
hambriento de principios e ideales elevados: sobre todo, tiene hambre de un
luminoso ejemplo que los bahá'ís pueden y tienen que dar.39
En todas partes del mundo, dentro y fuera de la Fe, hay gran necesidad de que
una auténtica conciencia espiritual impregne la vida de la gente y la motive.
Ningún procedimiento administrativo y ninguna observancia de las reglas
puede ocupar el lugar de esta característica propia del alma, de esta
espiritualidad que es la esencia del Hombre. A él le alegra ver que usted está
haciendo hincapié en este punto y ayudando a los amigos a captar su suprema
importancia.40
Respecto a la cuestión de... y la falta de armonía que parece existir entre
determinados amigos... cuando los bahá'ís permiten que las fuerzas oscuras
del mundo entren en sus propias relaciones dentro de la Fe, están poniendo
en grave peligro su progreso; es deber primordial de los creyentes, de las
Asambleas Locales, y especialmente de la Asamblea Espiritual Nacional,
fomentar la armonía, la comprensión y el amor entre los amigos. Todos deben
estar listos y dispuestos a poner a un lado su propia sensación de agravio,
justificada o injustificada, por el bien de la Causa, porque la gente nunca la
abrazará a menos que vea reflejado en su vida comunitaria lo que de manera
tan evidente falta en el mundo: el amor y la unidad.41
Lo más importante de todo es que el amor y la unidad prevalezcan en la
Comunidad Bahá'í, ya que esto es lo que más anhela la gente en la sombría
condición actual del mundo. Las palabras, sin el ejemplo vivo, nunca serán
suficientes para infundir esperanza a los corazones de una generación
desilusionada y a menudo cínica.42
Puesto que ha recurrido usted a él en busca de orientación, le da su opinión
de manera bien franca.
Él considera que la actual falta de armonía que impera entre ustedes... es muy
perjudicial para el avance de la Causa, y sólo puede dar lugar a
perturbaciones y a que se apague el interés de los nuevos creyentes.
Ustedes... deben olvidarse de sus quejas personales y deben unirse para
proteger a la Fe, a la que él bien sabe que están lealmente consagrados y por
la que están dispuestos a sacrificarse.
Quizás la mayor prueba a la que los bahá'ís pueden estar sometidos provenga
de los otros bahá'ís; pero, por amor al Maestro, deben estar siempre
dispuestos a pasar por alto los errores de los demás, pedir perdón por las
palabras ásperas que hayan pronunciado, perdonar y olvidar. Él les
recomienda encarecidamente esta línea de actuación.
También considera que usted y... no deben permanecer ausentes de las
reuniones y Fiestas que se celebren en...; ahora tienen un entusiasta grupo de
creyentes jóvenes en..., y deben darles un claro ejemplo de la disciplina bahá'í
y la unidad que pueden y tienen que prevalecer entre la Comunidad del Más
Grande Nombre.43
Pregunta usted por la "indigestión espiritual": Los bahá'ís deben aspirar a ser
polifacéticos, normales y equilibrados mental y espiritualmente. No podemos
dar la sensación de ser fanáticos, pero al propio tiempo tenemos que vivir de
acuerdo con nuestros principios.44
Puede usted estar seguro de que él orará por la unidad de los creyentes..., ya
que esto es de primordial importancia, y de ello depende el desarrollo de la
Causa allí y el éxito de cualquier labor de enseñanza. Lo que los amigos
necesitan (en todas partes) es un mayor amor los unos por los otros; y esto
puede conseguirse mediante un mayor amor por Bahá'u'lláh; pues si Le
amamos con la suficiente profundidad, nunca permitiremos que los
sentimientos y opiniones personales sean un obstáculo para la Causa; por
amor a la Causa estaremos dispuestos a sacrificarnos ante los demás y a ser,
como dijo el Maestro, una única alma en muchos cuerpos.45
Él está totalmente de acuerdo con usted en que, a menos que practiquemos
las Enseñanzas, no podemos esperar en modo alguno que la Fe crezca,
porque el propósito fundamental de todas las religiones, incluida la nuestra, es
acercar el hombre a Dios y cambiar su carácter, lo cual es de la máxima
importancia. Con frecuencia se pone demasiado énfasis en los aspectos
sociales y económicos de las Enseñanzas, pero en el aspecto moral nunca se
pondrá excesivo énfasis.46
El que hayáis seguido un curso sobre "carácter bahá'í" le ha agradado mucho,
pues considera que una de las mayores obligaciones de vuestra generación de
creyentes es vivir una vida bahá'í; vosotros tenéis que demostrar, con vuestras
elevadas normas morales, vuestra cortesía, vuestra integridad y vuestra
nobleza, que nuestra Fe no se queda en palabras sino que verdaderamente
cambia el corazón y la conducta de sus seguidores.47
Él considera que la juventud, en particular, tiene que esforzarse
constantemente y con determinación por dar ejemplo de vida bahá'í. En el
mundo que nos rodea, vemos que hay deterioro moral, promiscuidad, falta de
decencia, vulgaridad, mala educación...; los jóvenes bahá'ís tienen que ser lo
contrario de todo esto, y atraer a otras personas, jóvenes y mayores, por su
castidad, su rectitud, su decencia, su consideración y sus buenas maneras. El
mundo está cansado de palabras; quiere un ejemplo, y a los jóvenes bahá'ís
les toca darlo.48
Los amigos tienen que tener en cuenta en todo momento que, en cierto modo,
son como soldados que están siendo atacados. Actualmente, el mundo está en
una situación extremadamente sombría desde el punto de vista espiritual; el
odio y el prejuicio de todas clases lo están haciendo literalmente añicos. Por
nuestra parte, nosotros somos los custodios de las fuerzas contrarias, las
fuerzas del amor, de la unidad, de la paz y de la integración, y constantemente
tenemos que estar en guardia, tanto en nuestra calidad de personas
individuales, como en cuanto Asamblea o comunidad, para que estas fuerzas
destructivas y negativas no lleguen a estar entre nosotros por intermedio
nuestro. Dicho de otro modo, tenemos que tener cuidado para que la
lobreguez de la sociedad no se refleje en nuestros actos y comportamiento,
aunque sea inconscientemente. El amor de los unos para con los otros, la
sensación íntima de que somos un organismo nuevo, de que somos los
rompedores del alba de un Nuevo Orden Mundial, tienen que animar
constantemente nuestra vida bahá'í, y tenemos que orar para que se nos
proteja de la contaminación de la sociedad, que está tan aquejada de
prejuicios.49
La Causa está creciendo muy rápidamente en..., y cuanto más se extienda,
más se centrará en ella la atención del público. Esto hace que sobre los
creyentes recaiga una gran responsabilidad, pues tienen que mostrar un
espíritu de amor y unidad entre ellos tal que atraiga los corazones de los
demás y les anime a entrar en la Fe en grandes cantidades. Debemos recordar
siempre que las Enseñanzas son perfectas, y que la única razón de que
todavía no las haya abrazado un número mayor de nuestros congéneres es
que nosotros los bahá'ís de todo el mundo no somos aún unos espejos tan
desprendidos y tan radiantes de la Verdad de Bahá'u'lláh como podríamos y
deberíamos serlo. Constantemente tenemos que esforzarnos por dar un mejor
ejemplo de Sus Enseñanzas.50
Tenemos que concentrarnos en perfeccionar nuestro carácter como bahá'ís
individuales, en madurar nuestro Orden Mundial, aún embriónico y todavía no
bien entendido; en difundir el Mensaje, de acuerdo a lo establecido en el Plan
Divino; y en erigir una Comunidad mundial bahá'í estrechamente entrelazada.
Somos relativamente pocos en número, y tenemos una tarea preciosa, singular
y responsable que llevar a cabo. Tenemos que concentrar todas nuestras
fuerzas en ella.51
Del creyente individual, que constituye la unidad fundamental de la estructura
del frente interno, tienen que depender, en última instancia, la revitalización, la
expansión y el enriquecimiento del frente interno. Cuanto más agotador sea el
esfuerzo que se haga a diario y metódicamente, por parte de aquella persona
que está trabajando en el frente interno, para elevarse a alturas más sublimes
de consagración y de abnegación, por contribuir a la multiplicación de centros,
grupos y Asambleas bahá'ís aisladas mediante el pioneraje en su propio país,
y por aumentar el número de sus seguidores activos y entusiastas mediante un
esfuerzo diligente, concienzudo y continuado por convertir a las almas
receptivas a la Fe que él ha abrazado, más pronto se les proporcionará a las
vastas y múltiples empresas iniciadas más allá de los confines de la patria, y
que ahora están pidiendo desesperadamente un mayor aporte de hombres y
medios, el necesario apoyo que garantice su desarrollo ininterrumpido y
apresure su final llegada a término...52
Respecto a las preguntas que formuló: En realidad, el yo tiene dos
significados, o se emplea en dos sentidos, en las Escrituras Bahá'ís: uno es el
yo, la identidad de la persona creada por Dios. Éste es el yo que se cita en
pasajes como "él había conocido al Dios que se había conocido a sí mismo",
etc. El otro yo es el ego, la herencia oscura y animal que cada uno tenemos, la
naturaleza inferior que puede transformarse en un monstruo de egoísmo,
brutalidad, concupiscencia, etc. Éste es el ego, o el aspecto de nuestra
naturaleza, contra el que tenemos que luchar para fortalecer y liberar el
espíritu que está dentro de nosotros y ayudarle a alcanzar la perfección.
El sacrificio de uno mismo significa subordinar esta naturaleza inferior y sus
deseos al aspecto más piadoso y noble de nuestro ser. En última instancia, en
su sentido más elevado, el sacrificio de uno mismo significa entregar nuestra
voluntad y todo nuestro ser a Dios y hacer lo que sea de Su agrado. Luego, Él
purifica y glorifica nuestro auténtico ser hasta que se convierte en una realidad
brillante y maravillosa.53
Lo que proporciona recompensas en el servicio a esta Fe es la calidad de la
devoción y el sacrificio de uno mismo, no los medios, la capacidad o el apoyo
económico.54
Nunca debemos darle demasiadas vueltas a las actitudes y sentimientos de
nuestros correligionarios hacia nosotros. Lo más importante es promover el
amor y la armonía, así como ignorar cualquier rechazo que se nos pueda
hacer; de esta manera no se agrandan las debilidades de la naturaleza
humana ni las rarezas o comportamientos de ninguna persona concreta, sino
que parecen insignificantes en comparación con nuestro servicio conjunto a la
Fe que todos amamos.55
Con frecuencia nos resulta difícil hacer cosas porque son muy diferentes de
aquello a lo que estamos acostumbrados, no porque la cosa en sí sea
especialmente difícil. A usted, y de hecho a la mayoría de los bahá'ís que
aceptan ahora esta gloriosa Fe siendo ya adultos, algunas de las ordenanzas,
como el ayuno y la oración diaria, le resultan sin duda difíciles de entender y
obedecer al principio. Pero tenemos que pensar siempre que estas cosas se
nos dan a todos los hombres para los próximos mil años. Para los niños
bahá'ís que vean que estas cosas se practican en casa, serán algo tan natural
y necesario como lo era ir a la iglesia los domingos para la generación más
devota de cristianos. Bahá'u'lláh no nos habría dado estas cosas si no fueran
de mucho beneficio para nosotros, y tenemos que aceptar obedecer estas
ordenanzas como aquellos hijos que son suficientemente sensatos como para
darse cuenta de que su padre es sabio y hace lo que es bueno para ellos,
incluso aunque al principio no veamos ninguna necesidad de las mismas.
Según las vayamos obedeciendo, con el tiempo llegaremos a ver en nosotros
los beneficios que otorgan.56
... según vamos sufriendo estos infortunios, tenemos que recordar que los
propios Profetas de Dios no eran inmunes a estas cosas que padecen los
hombres. Ellos también conocieron la tristeza, la enfermedad y el dolor. Ellos
se elevaron por encima de estas cosas por medio de Su espíritu, y esto es lo
que tenemos que procurar hacer también nosotros cuando estemos afligidos.
Los problemas de este mundo pasan, y lo que nos queda es lo que nosotros
hayamos hecho con nuestra alma; así que en esto es en lo que debemos
fijarnos: en hacernos más espirituales, en acercarnos más a Dios, con
independencia de lo que les ocurra a nuestra mente y cuerpo humanos.57
A él le apenó escuchar algunas de las cosas que usted cuenta. Demuestran
una gran inmadurez espiritual por parte de algunos de los bahá'ís y una
increíble falta de comprensión y estudio de las Enseñanzas. Estar a la altura
de las enseñanzas morales de nuestra Fe es una tarea mucho más ardua que
vivir de acuerdo con los nobles principios que inculca el Rearme Moral, ¡por
sutiles y amplios que sean! Cualquier palabra de los Escritos de Bahá'u'lláh y
'Abdu'l-Bahá es un sermón sobre conducta moral y ética; todo lo demás es la
forma, el cáliz en el que hay que derramar el espíritu puro; sin el espíritu y la
acción que lo tiene que demostrar, es una forma sin vida.
Él estima, por lo que usted dice, que en un principio a los amigos, o al menos a
muchos de ellos, no se les enseñó adecuadamente.
Desde luego, no hay objeción en que se destaquen las "cuatro reglas" del
Rearme Moral, aunque cualquier enseñanza de nuestra preciosa Fe llegaría a
una profundidad mucho mayor en estos temas y los ampliaría.
Cuando nos damos cuenta de que Bahá'u'lláh dice que el adulterio retrasa el
progreso del alma en la vida futura (tan grave es) y que la bebida destruye la
mente, y que no debemos ni acercarnos a ella, vemos lo claras que son
nuestras Enseñanzas acerca de estos temas.
Usted no debe cometer el gran error de juzgar nuestra Fe por una comunidad
que evidentemente necesita estudiar y obedecer las Enseñanzas Bahá'ís. Las
debilidades y rarezas humanas pueden ser una gran prueba. Pero la única
manera (o quizás yo debiera decir la primera y mejor manera) de poner
remedio a estas situaciones es que uno mismo haga lo correcto. Un alma
puede ser la causa de la iluminación espiritual de un continente. Ahora que
usted ha visto una gran falta en su propia vida y le ha puesto remedio, ahora
que ve más claramente lo que falta en su propia comunidad, nada le impide
levantarse y dar tal ejemplo, mostrar tal amor y espíritu de servicio que
encienda los corazones de los demás bahá'ís.
Él le insta a que estudie las Enseñanzas en profundidad, a que enseñe a otras
personas, estudie las enseñanzas más profundas de nuestra Fe con aquellos
bahá'ís deseosos de hacerlo así, y producir un cambio mediante el ejemplo, el
esfuerzo y la oración.58
Sin el espíritu del auténtico amor por Bahá'u'lláh, por Su Fe y Sus
instituciones, y de unos creyentes por otros, realmente la Causa nunca puede
atraer a grandes cantidades de personas. Pues lo que el mundo quiere no es
predicar y dar reglas, sino amor y acción.59
Sin embargo, él cree firmemente que si... se encuentra en la situación que su
carta parece indicar, desde luego está llevando sus asuntos por el camino
equivocado. Y con esto no se refiere a la Asamblea, se refiere a todo el
mundo. Porque ¿dónde está el amor bahá'í? ¿Dónde está poner en primer
lugar la unidad y la armonía? ¿Dónde está la voluntad de sacrificar los
sentimientos y opiniones personales para alcanzar el amor y la armonía? ¿Qué
lleva a los bahá'ís a pensar que cuando sacrifican las leyes espirituales las
leyes administrativas van a funcionar?
...
Él le insta a esforzarse al máximo para conseguir que los bahá'ís... abandonen
términos tan detestables como "radical", "conservador", "progresista",
"enemigos de la Causa", "ahogar las Enseñanzas", etc. Si se pararan a pensar
un momento en el propósito por el que el Báb y los Mártires dieron su vida y
Bahá'u'lláh y el Maestro aceptaron tanto sufrimiento, nunca permitirían que
esas definiciones y acusaciones salieran de sus labios cuando hablaran unos
de otros. Mientras los amigos se peleen entre ellos, sus esfuerzos no se verán
recompensados, pues están desobedeciendo a Dios.60
Se puede decir que hay dos clases de bahá'ís: aquellos cuya religión es la
Bahá'í y aquellos que viven para la Fe. Ni que decir tiene que si uno puede
pertenecer a la última categoría, si uno puede estar a la vanguardia de los
héroes, los mártires y los santos, eso es más meritorio a la vista de Dios...61
...
tenemos que llegar a un plano espiritual en el que Dios sea lo primero y las
grandes pasiones humanas sean incapaces de desviarnos de Él. A todas
horas vemos personas que, bien por la fuerza del odio o por el apasionado
apego que sienten por otra persona, sacrifican los principios o se apartan del
Sendero de Dios.
...
Tenemos que amar a Dios, y en esta situación se hace posible amar a todos
los hombres en general. No podemos amar a todos los seres humanos por
ellos mismos, pero nuestros sentimientos hacia la humanidad deberían estar
motivados por nuestro amor hacia el Padre que creó a todos los hombres.62
Él le insta a que haga todo lo que pueda por promover la unidad y el amor
entre los miembros de la Comunidad, ya que ésta parece ser su necesidad
más grande.
Con mucha frecuencia las comunidades jóvenes, en su deseo de administrar la
Causa, pierden de vista el hecho de que estas relaciones espirituales son
mucho más importantes y fundamentales que las reglas y las normas que
tienen que regir la manera como se llevan los asuntos de la Comunidad.63
La mayor necesidad que parece existir por todas partes en la Fe es inculcar en
los amigos la necesidad de que se amen los unos a los otros. Existe una
tendencia a confundir las funciones de la Administración y aplicarlas en las
relaciones personales, lo que resulta frustrante, porque la Asamblea es una
Casa de Justicia incipiente y se supone que ha de administrar los asuntos de
la Comunidad de acuerdo con las Enseñanzas. Pero las personas se rigen
entre sí por el amor, la unidad, el perdón y un ojo que tapa el pecado. Una vez
que los amigos entiendan esto, se llevarán mucho mejor, pero siguen jugando
a ser cada uno la Asamblea Espiritual para el otro, y esperan que la Asamblea
se comporte como una persona...64
Cuando en una Comunidad Bahá'í aparecen las críticas y las palabras duras,
no hay más remedio que dejar atrás el pasado, persuadir a todos los
interesados para que pasen página y se abstengan, por amor a Dios y a Su
Fe, de referirse a estas cuestiones que han llevado a los malentendidos y a la
falta de armonía. Cuanto más discutan los amigos y mantengan cada uno que
su punto de vista es el correcto, peor se hace toda la situación.
Cuando vemos la situación en que actualmente se encuentra el mundo, con
toda seguridad tenemos que olvidar estas perturbaciones internas totalmente
insignificantes y correr, unidos, al rescate de la humanidad. Usted debe instar
a los amigos bahá'ís a adoptar este punto de vista y a apoyarles en un gran
esfuerzo por eliminar cualquier pensamiento crítico y cualquier palabra dura, a
fin de permitir que el espíritu de Bahá'u'lláh fluya en toda la Comunidad y la
una en Su amor y en Su servicio.65
El Guardián está seguro de que la aportación que ha hecho su amiga, que
durante un corto período de tiempo no ha estado activa en la Causa, será el
medio para estimularla para hacer un servicio renovado. Nada produce en la
Fe éxitos como el servicio. El servicio es el imán que atrae las confirmaciones
divinas. Así pues, cuando una persona está activa, es bendecida por el
Espíritu Santo. Cuando la persona es inactiva, el Espíritu Santo no puede
encontrar un lugar en su ser donde reposar, y de esta manera se ve privada de
sus rayos curativos y vivificadores.66
El Guardián considera que su actitud hacia la corrupta práctica de aceptar
comisiones de sus colegas médicos y farmacéuticos es muy admirable. Cuanto
más íntegros y nobles sean los bahá'ís en su conducta, tanto más inculcarán
en el público la vitalidad espiritual de la Fe en que creen.67
Sin duda, a este desafío tan difícil y tan persistente, y sin embargo tan
glorioso, se enfrenta, ante todo, el creyente, del que en última instancia
depende el destino de toda la Comunidad. Es él quien constituye el entramado
del que tiene que depender la calidad y el patrón de toda la estructura. Es él el
que actúa como uno de los infinitos eslabones de la poderosa cadena que
actualmente circunda al globo. Él es el que funciona como uno de la multitud
de ladrillos que soportan la estructura del edificio administrativo que en la
actualidad se está erigiendo en todas las partes del mundo y garantizan su
estabilidad. Sin su apoyo, al tiempo entusiasta, continuado y generoso,
cualquier medida que se adopte y cualquier plan que se elabore por parte del
organismo que actúe como representante a nivel nacional de la Comunidad a
la que pertenezca de antemano está condenado al fracaso. El propio Centro
Mundial de la Fe se paralizaría si las bases de la Comunidad le negaran su
apoyo. El propio Autor del Plan Divino vería obstaculizado Su propósito si
faltaran los instrumentos adecuados para llevar a cabo Su designio. La fuerza
sostenedora del mismo Bahá'u'lláh, el Fundador de la Fe, se apartará de todas
y cada una de las personas que a la larga no se levante y desempeñe su
papel.68
Cuando una persona se hace bahá'í, lo que en realidad ocurre es que la
semilla del espíritu comienza a crecer en el alma humana. Hay que regar esta
semilla con las efusiones del Espíritu Santo. Estos dones del espíritu se
reciben mediante la oración, la meditación, el estudio de la Palabra Sagrada y
el servicio a la Causa de Dios. Lo cierto es que el servicio en la Causa es
como el arado que labra el suelo físico cuando se siembran las semillas. Es
necesario labrar el suelo para que se enriquezca y así haga crecer más a la
semilla. Exactamente de este mismo modo tiene lugar la evolución del espíritu
mediante la labranza de la tierra del corazón de manera que haya una
constante reflexión del Espíritu Santo. De esta manera, el espíritu humano
crece y se desarrolla a pasos agigantados.
Naturalmente, habrá períodos de aflicciones y dificultades, e incluso de
pruebas duras; pero si la persona se vuelve firmemente hacia la Manifestación
divina, estudia atentamente Sus enseñanzas espirituales y recibe las
bendiciones del Espíritu Santo, se encontrará con que en realidad estas
pruebas y dificultades han sido dones de Dios para permitirle crecer y
desarrollarse.
Usted puede considerar sus propias dificultades en el sendero del servicio de
esta manera. Ellas son instrumentos de su espíritu que está creciendo y se
está desarrollando. De repente, se encontrará con que ha superado muchos
de los problemas que le perturbaban, y luego se preguntará por qué le
preocupaban. Una persona tiene que concentrar todo su corazón y su mente
en el servicio de la Causa, de acuerdo con las elevadas normas establecidas
por Bahá'u'lláh. Cuando se haga esto, las Huestes del Concurso Supremo
vendrán en ayuda de la persona, y con el tiempo se superarán todas las
dificultades y pruebas.69
El camino es pedregoso y hay muchas pruebas, pero, como dice usted, si los
amigos aprenden a vivir de acuerdo a las Enseñanzas de Bahá'u'lláh,
descubrirán que, en realidad, éstas operan de maneras misteriosas y
contundentes, y que la ayuda siempre está a mano, que los obstáculos se
superan y que al final el éxito está asegurado.70
La persona tiene que valorar ella sola su carácter, consultar a su conciencia,
analizar todos sus aspectos desde una actitud de oración, luchar
valientemente contra la inercia natural que le agobia en sus esfuerzos por
levantarse, desprenderse heroicamente y de manera irrevocable de los apegos
triviales y superfluos que le retienen, vaciarse de cualquier pensamiento que
tienda a obstruir su camino, mezclarse con hombres y mujeres de todas clases,
obedeciendo los consejos del Autor de Su Fe y, a imitación de Aquel que es su
Modelo genuino, aspirar a tocar sus corazones mediante la distinción que
caracteriza su pensamiento, sus palabras y sus actos, y ganarles para la Fe
que él mismo ha abrazado con tacto, afectuosamente, con una actitud de
oración y con persistencia.71
A él le apenó mucho saber de la falta de armonía existente entre los amigos de
allí, y cree que la única línea de acción prudente es que todos los creyentes se
dediquen a enseñar la Fe y a cooperar con su institución nacional.
Con frecuencia, estas pruebas y sufrimientos por las que inevitablemente
pasan todas las Comunidades Bahá'ís parecen terribles en su momento, pero,
mirando hacia atrás, comprendemos que eran debidas a la debilidad de la
naturaleza humana, a malentendidos y a los dolores cada vez mayores que
toda Comunidad Bahá'í tiene que experimentar.72
A él le hace muy feliz ver que usted ha puesto en práctica uno de los más
estimulantes preceptos de 'Abdu'l-Bahá, en el cual Él decía que debemos
procurar transformar todos los escollos en peldaños hacia el progreso. En el
transcurso de su vida pasada todos ustedes han tropezado de forma grave,
pero, lejos de amargarse o sentirse derrotados por esta experiencia, están
decididos a hacer de ella un instrumento que purifique su naturaleza, mejore
su carácter y les permita convertirse en mejores ciudadanos en el futuro. Esto
es verdaderamente agradable a los ojos de Dios.73
... a la vista de la situación actual del mundo, los bahá'ís tienen que
mantenerse firme y valientemente como seguidores de Bahá'u'lláh,
obedeciendo Sus leyes, aspirando a construir Su Orden Mundial. Mediante el
compromiso nunca vamos a ser capaces de establecer nuestra Fe ni de ganar
para ella el corazón de los demás. A menudo, esto implica un gran sacrificio
personal, pero sabemos que, cuando hacemos lo correcto, Dios nos da la
fuerza para llevarlo a cabo y atraemos Su bendición. En esos momentos
aprendemos que nuestra calamidad es realmente una bendición.74
No es suficiente con que los amigos pongan la excusa de que sus mejores
maestros y sus creyentes ejemplares se han levantado y han respondido a la
llamada a marchar de pioneros. En última instancia, un "mejor maestro" y un
"creyente ejemplar" no son ni más ni menos que un bahá'í normal y corriente
que se ha consagrado al trabajo de la Fe, ha profundizado su conocimiento y
comprensión de Sus Enseñanzas, ha puesto su confianza en Bahá'u'lláh y se
ha levantado para servirle al máximo de su capacidad. Se nos asegura que
esta puerta se abrirá ante todo seguidor de la Fe que, por así decirlo, golpee
suficientemente fuerte. Cuando la voluntad y el deseo son suficientemente
fuertes, se encontrarán los medios y el camino se abrirá, ya sea para hacer
más trabajo a nivel local, para ir a una nueva ciudad meta dentro de los
Estados Unidos, o para entrar en el campo del pioneraje en el extranjero...
Su institución no sólo tiene que proporcionar el estímulo y el liderazgo que se
requiera, y animar a los amigos a levantarse y desempeñar su papel, sino que
igualmente las Asambleas Locales tienen que hacer todo lo que esté en su
mano para ayudar a los amigos para seguir adelante y alcanzar sus objetivos.
De igual modo, cada uno de los bahá'ís tiene que sentir que en este momento
éste es su deber personal hacia la Causa y su mayor privilegio, y tiene que
preguntarse a sí mismo qué puede hacer él durante los próximos seis años, a
partir de ahora, para acelerar la consecución de los objetivos de la Cruzada
Mundial. Los bahá'ís son la levadura de Dios, que tiene que fermentar la masa
de su nación. La protección que se otorgue, tanto a ellos mismos como a su
país, estará en proporción directa a su éxito. Éstas son las leyes inmutables de
Dios, de las cuales no hay escapatoria: "Pues a quien mucho se le da, mucho
se le pedirá."75
Notas:
1 De una carta escrita por Shoghi Effendi a los bahá'ís de Persia, de fecha 12
de enero de 1923, traducida del persa.
2 De una carta escrita por Shoghi Effendi a los bahá'ís de Oriente, de fecha 19
de diciembre de 1923, traducida del persa.
3 De una carta escrita por Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual Local de
Teherán, de fecha 30 de octubre de 1924.
4 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 20
de noviembre de 1924.
5 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 30
de enero de 1925.
6 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 14
de febrero de 1925.
7 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 12
de mayo de 1925.
8 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 21
de diciembre de 1927.
9 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 5
de noviembre de 1931.
10 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
20 de febrero de 1932.
11 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 3
de agosto de 1932, citada en Bahá'í News, 68 (noviembre de 1932), pág. 3.
12 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
30 de noviembre de 1932.
13 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
26 de febrero de 1933.
14 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
24 de septiembre de 1933.
15 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 9
de mayo de 1934.
16 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
28 de abril de 1936.
17 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
22 de noviembre de 1936.
18 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
27 de febrero de 1938.
19 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 6
de febrero de 1939.
20 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
23 de febrero de 1939.
21 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
20 de mayo de 1939.
22 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de Australia y Nueva Zelanda, de fecha 22 de julio de 1947.
23 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 8
de mayo de 1942.
24 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
27 de febrero de 1943.
25 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
17 de marzo de 1943.
26 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
14 de octubre de 1943.
27 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
23 de agosto de 1939.
28 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
26 de octubre de 1941.
29 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
14 de diciembre de 1941.
30 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
14 de diciembre de 1941.
31 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
26 de octubre de 1943.
32 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
17 de diciembre de 1943.
33 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
18 de diciembre de 1943.
34 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 7
de julio de 1944, citada en Bahá'í News, 173 (febrero de 1945), pág. 3.
35 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi al Curso de Jóvenes de
la Escuela Louhelen, de fecha 25 de agosto de 1944.
36 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
17 de octubre de 1944.
37 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
27 de octubre de 1944.
38 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
23 de enero de 1945.
39 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
22 de febrero de 1945.
40 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
22 de febrero de 1945.
41 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de Australia y Nueva Zelanda, de fecha 13 de mayo de 1945.
42 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
20 de octubre de 1945.
43 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
18 de diciembre de 1945.
44 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
12 de marzo de 1946.
45 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 5
de septiembre de 1946.
46 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 6
de septiembre de 1946.
47 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi al Curso de
Adolescentes de la Escuela Louhelen, de fecha 19 de septiembre de 1946.
48 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Escuela de Green
Acre, de fecha 19 de septiembre de 1946.
49 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Local de Atlanta, Georgia, de fecha 5 de febrero de 1947.
50 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
18 de febrero de 1947.
51 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de los Estados Unidos y Canadá, de fecha 9 de mayo de 1947.
52 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de los Estados Unidos, de fecha 21 de septiembre de 1957.
53 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
10 de diciembre de 1947.
54 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de Australia y Nueva Zelanda, de fecha 11 de mayo de 1948.
55 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
19 de septiembre de 1948.
56 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
16 de marzo de 1949.
57 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 5
de agosto de 1949.
58 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
30 de septiembre de 1949.
59 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
25 de octubre de 1949.
60 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
24 de febrero de 1950.
61 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
16 de abril de 1950.
62 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 4
de octubre de 1950.
63 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 4
de octubre de 1950.
64 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 5
de octubre de 1950, citada en Bahá'í News, 241 (marzo de 1951), pág. 2.
65 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
16 de febrero de 1951.
66 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
12 de julio de 1952.
67 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
20 de octubre de 1953.
68 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de los Estados Unidos, de fecha 20 de junio de 1954.
69 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha 6
de octubre de 1954.
70 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
23 de abril de 1956.
71 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de los Estados Unidos, de fecha 19 de julio de 1956.
72 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a un creyente, de fecha
25 de noviembre de 1956.
73 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a los creyentes de la
Granja-Prisión de Kitalya, de fecha 26 de marzo de 1957.
74 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a dos creyentes, de
fecha 5 de mayo de 1957.
75 De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi a la Asamblea Espiritual
Nacional de los Estados Unidos, de fecha 21 de septiembre de 1957.
SHOGHI EFFENDI
ZUM WIRKLICHEN LEBEN
Auszüge aus Briefen und Schriften
1923-1957
Herausgegeben vom
Universalen Haus der Gerechtigkeit
BAHA'l VERLAG
Wie oft hörte man den geliebten Meister sagen: Wenn jeder der Freunde auf sich nähme, nur
eine einzige Lehre des Glaubens voll und ganz und mit allen Konsequenzen, in Hingabe und Los-
lösung, mit Beständigkeit und Ausdauer zu befolgen und in allen Taten und Unternehmungen sei-
nes Lebens ein Beispiel dafür zu geben, dann würde die Welt sich völlig verändern, und das Antlitz
der Erde würde die Herrlichkeit des Paradieses Abhá widerspiegeln. Bedenkt, welch wunderbare
Veränderung erzielt würde, wenn sich die Geliebten des Barmherzigen im persönlichen Bereich
wie auch als Gemeindeglieder gemäß den Ratschlägen und Ermahnungen verhielten, die aus der
Feder des Ruhmes geflossen sind. (Shoghi Effendi, aus einem Brief vom
12. Januar 1923 an die Bahá’í von Persien, aus dem Persischen übersetzt)
Bedenkt, wie sehr die Geliebten Gottes in Wille und Testament ebenso wie in den heiligen Send-
schreiben und Schriften dazu gedrängt und ermahnt wurden, Geradheit, guten Willen, Duldsam-
keit, Heiligkeit, Loslösung von allem außer Gott und Trennung von allem, was zu dieser Welt ge-
hört, an den Tag zu legen, Beispiel für himmlische Eigenschaften und Wesenszüge zu sein. Zu
allererst sollten sie jedes nur mögliche Mittel anwenden, um ihr Herz und ihre inneren Antriebe zu
reinigen; andernfalls wäre es nutzlos, sich für Unternehmungen irgendwelcher Art einzusetzen.
Ebenso notwendig ist es, sich der Heuchelei und der blinden Nachahmung zu enthalten, denn ihr
übler Geruch wird von jedem verständigen und weisen Menschen sehr bald entdeckt werden. Dar-
über hinaus müssen die Freunde die fest gesetzten Zeiten für die Erwähnung Gottes, für Meditati-
on, Andacht und Gebet einhalten, da es höchst unwahrscheinlich, ja, so gut wie unmöglich ist, daß
irgendeine Unternehmung ohne die göttlichen Gnadengaben und Bestätigungen Erfolg und Frucht
bringen kann. Man kann sich kaum vorstellen, welch großen Einfluß aufrichtige Liebe, Wahrhaftig-
keit und Reinheit der Motive auf die Seelen der Menschen ausüben. Aber diese Eigenschaften
können nicht erworben werden, solange nicht jeder Gläubige sich tagtäglich bemüht, sie zu erlan-
gen . . .
Die Geliebten Gottes sollten in erster Linie durch die Macht edlen Handelns und eines edlen
Charakters, außerdem kraft Darlegung und Beweises der Welt die Tatsache vor Augen führen,
daß die Verheißungen Gottes sich notwendigerweise erfüllen, daß sich diese Erfüllung schon jetzt
vollzieht und daß die frohen Botschaften klar, einleuchtend und vollständig sind. In der Tat, wenn
nicht einige hervorragende Seelen die Arena des Dienens beträten und ein strahlendes Licht in der
Gesellschaft der Menschen würden, dann würde es zu einer ungeheuerlichen Aufgabe, vor den
Augen der Weltweisen die Wahrheit dieser Sache zu vertreten. Aber wenn die Freunde Verkörpe-
rungen glänzender Eigenschaften und Tugenden werden, bedarf es der Worte und Argumente
nicht mehr. Ihre Taten selbst dienen dann als beredtes Zeugnis, ihr edles Verhalten sichert den
Schutz, die Unversehrtheit und den Ruhm der Sache Gottes.
(Shoghi Effendi, aus einem Brief vom 19. Dezember 1923 an die Bahá’í' des Ostens, aus dem
Persischen übersetzt)
Die Erwählten Gottes ... sollten nicht auf den verderbten Zustand der Gesellschaft schauen, in der
sie leben, oder auf die Beweise der Entartung und der Leichtfertigkeit, die die Menschen um sie
her an den Tag legen. Sie sollten sich nicht damit zufriedengeben, daß sie bloß im Vergleich zu
den anderen abstechen und herausragen. Vielmehr sollten sie den Blick auf erhabenere Gipfel
richten, indem sie sich die Ratschläge und Ermahnungen der Erhabensten Feder zum höchsten
Ziel setzen. Dann werden sie alsbald erkennen, wie zahlreich die Stufen sind, die noch durch
schritten werden müssen, und wie weit entfernt das ersehnte Ziel liegt -, kein anderes Ziel als das,
Beispiel zu sein für himmlische Verhaltensnormen und Tugenden.
(Shoghi Effendi, aus eitlem Brief vom 30. Oktober 1924 an den Geistigen Rat von Teheran, aus
dem Persischen übersetzt)
Es ist unsere Pflicht und unser Vorrecht, die Liebe und Hingabe, die wir für unsere geliebte Sa-
che empfinden, in Taten und Handlungen umzusetzen, die dem höchsten Wohl der Menschheit
dienlich sind. (Shoghi Effendi, aus eitlem Brief vom 20. November 1924 an einen Gläubigen)
Wenn Sie die Äußerungen Bahá’u’lláhs und ‘Abdu’l-Bahás selbstlos und aufmerksam lesen und
sich ganz darauf konzentrieren, werden Sie Wahrheiten entdecken, die Ihnen bislang unbekannt
sind, und Einsicht in die Probleme gewinnen, vor denen die großen Philosophen der Welt ratlos
standen. (Shoghi Effendi, aus einem Brief vom 30. Januar 1925 all einen Gläubigen)
Die Hauptsache ist, das wir das Leben führen - daß unser Leben mit den göttlichen Lehren und
dem Bahá’í-Geist so sehr gesättigt ist, daß die Menschen nicht umhin können, in unserem Charak-
ter und in unserer Tätigkeit eine Freude, eine Kraft, Liebe und Reinheit, eine Ausstrahlung und
Tüchtigkeit wahrzunehmen, die uns von weltlich gesinnten Menschen abheben, so daß die Leute
sich fragen, was denn wohl das Geheimnis dieses neuen Lebens in uns ist. Wir müssen völlig
selbstlos werden und uns Gott ergeben, so daß wir an jedem Tag und in jedem Augenblick be-
strebt sind, nur das zu tun, was Gott von uns getan haben will in der Art und Weise, wie Er es von
uns getan haben will. Wenn wir das aufrichtig tun, dann werden vollkommene Einheit und Eintracht
unter uns herrschen. Wo es an Eintracht mangelt, da fehlt der wahre Bahá’í-Geist. Wenn wir nicht
diese Umwandlung unseres Lebens, diese neue Kraft, diese gegenseitige Liebe und Eintracht zei-
gen, dann sind die Bahá’í-Lehren für uns nur ein Name. (Aus einem Brief vom 14. Februar 1925 im
Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Wenn wir Bahá’í untereinander nicht herzliches Einvernehmen erreichen, dann haben wir den
Hauptzweck verkannt, der Leben und Leiden des Báb, Bahá’u’lláhs und des geliebten Meisters
bestimmte.
Eine der Grundvoraussetzungen für diese Einheit der Herzen, so haben Bahá’u’lláh und 'Ab-
du'I-Bahá immer wieder betont, ist es, daß wir dem natürlichen Hang widerstehen, unsere Auf-
merksamkeit auf die Fehler und Schwächen anderer zu richten und nicht auf unsere eigenen. Je-
der von uns hat nur ein einziges Leben zu verantworten, und ist sein eigenes. Jeder ist unmeßbar
weit davon entfernt "vollkommen" zu sein, "wie unser himmlischer Vater vollkommen ist", die Auf-
gabe, unser eigenes Leben und unseren eigenen Charakter zu vervollkommnen, erfordert unsere
ganze Aufmerksamkeit, Willenskraft und Energie. Wenn wir unsere Aufmerksamkeit und Energie
auf Bemühungen verwenden, an anderen herumzubessern und ihre Fehler zu korrigieren, vergeu-
den wir kostbare Zeit. Wir sind wie Pflüger, von denen jeder sein Gespann zu führen und seinen
Pflug zu lenken hat. Um seine Furche gerade zu halten, muß jeder seinen Blick auf sein Ziel rich-
ten und sich auf seine eigene Aufgabe konzentrieren. Wenn er da - oder dorthin schaut, um zu
sehen, wie Hans und Gustav zurechtkommen, um ihre Arbeit zu kritisieren, dann wird seine eigene
Furche bestimmt krumm werden.
Keine Aussage wird in den Bahá’í-Schriften nachdrücklicher unterstrichen als die Notwendigkeit,
daß wir alles Herumkritisieren, alle üble Nachrede vermeiden, vielmehr immer daran arbeiten müs-
sen, unsere eigenen Fehler zu entdecken und auszumerzen und unser eigenes Versagen zu ü-
berwinden.
Wenn wir unsere Treue zu Bahá’u’lláh, zu unserem Geliebten Meister und zu unserem lieben
Hüter bekennen, dann müssen wir unsere Liebe dadurch zeigen, daß wir diesen klaren Lehren
gehorchen. Taten, nicht Worte sind es, was sie verlangen, und kein noch so großer Eifer bei Loya-
litätsbekenntnissen und Schmeicheleien wird das Versäumnis aufwiegen, im Geist der Lehren zu
leben. (Aus einem Brief vom 12. Mai 1925 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Auf die Frage, ob es gestattet sei, eine Unwahrheit zu sagen, um einem anderen aus Gefahr zu
helfen, äußert er die Meinung, daß wir unter keinen Umständen eine Unwahrheit sagen, aber
gleichzeitig versuchen sollten, dem Betreffenden auf etwas legitimere Weise zu helfen. Gewiß ist
es nicht nötig, daß wir uns allzu deutlich äußern, bevor nicht die Frage direkt an uns gerichtet wur-
de. (Aus einem Brief vom 21. Dezember 1927 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Wir sollten aber nicht vergessen, daß ein Wesensmerkmal dieser Welt Leid und Drangsal ist und
daß wir, indem wir diese überwinden, uns moralisch und geistig weiterentwickeln. Wie der Meister
sagt: "Leid ist mit Furchen zu vergleichen; je tiefer diese gehen, desto reichere Ernte werden wir
einbringen". (Aus einem Brief vom 5. November 1931 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubi-
gen)
Im Bayán sagt der Báb daß alle Religionen der Vergangenheit geeignet wären, die Weltreligion
zu werden. Der einzige Grund, warum sie dieses Ziel nicht erreichten, sei die Unfähigkeit ihrer An-
hänger. Er fährt dann fort mit der klaren und bestimmten Verheißung, daß dies nicht das Schicksal
der Offenbarung Dessen sei, 'den Gott offenbaren werde', daß diese Offenbarung vielmehr zur
Weltreligion werde und alle Völker der Erde umfassen würde. Dies zeigt, daß wir letzten Endes
unser Ziel erreichen werden. Aber könnten wir nicht durch unsere Unterlassungen, durch man-
gelnde Opferbereitschaft, durch den Widerwillen dagegen, daß wir unser Bemühen auf die Verbrei-
tung der Sache konzentrieren, die Verwirklichung dieses Ideals hinauszögern? Und was würde das
bedeuten? Es bedeutet, daß wir vor Gott zur Rechenschaft gezogen werden, daß die Menschheit
noch länger in ihrem Zustand des Eigensinns verharrt, daß Kriege nicht schnell abgewendet wer-
den können, daß die Leiden der Menschen länger dauern. (Aus einem Brief vom 20. Februar 1932
im Auftrag Skogki Effendis an einen Gläubigen)
Jeder Tag hat seine bestimmten Erfordernisse. In den frühen Tagen brauchte der Glaube Märtyrer
und Menschen, die alle Arten von Grausamkeit und Verfolgung ertragen mußten, wenn sie ihren
Glauben kundtaten und die Botschaft Gottes verbreiteten. Diese Tage sind jedoch vorüber. Zum
gegenwärtigen Zeitpunkt braucht der Glaube keine Märtyrer, die für ihren Glauben sterben, son-
dern Diener, deren Sehnsucht es ist, den Glauben in der ganzen Welt zu lehren und aufzurichten.
Leben, um lehren zu können, das bedeutet heute so viel wie in jenen frühen Tagen der Märtyrer-
tod. Was zählt, ist der Geist, der uns treibt, nicht die Handlung, durch die dieser Geist sich aus-
drückt; und dieser Geist muß der Sache Gottes mit Herz und Seele dienen. (Aus einem Brief vom
3. August 1932 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen, zitiert in "Bahá’í News", Nr. 68,
November 1932, S. 3)
Es ist seine aufrichtige Hoffnung, daß durch diese Opfer das Gebäude vollendet werde und zu
einem Brennpunkt für den Geist und für die Verbreitung der Sache dortzulande werden möge; daß
das Licht der Führung von ihm ausgehe und der niedergedrückten Menschheit Freude und Hoff-
nung ins Herz lege.
Wenn Sie das Geschichtswerk Nabils studieren, werden Sie sehen, wie der Glaube durch das
ständige Opfer der Freunde gespeist worden ist. Unter Entbehrungen, Verfolgungen und ständigen
Leiden ist die Botschaft Bahá’u’lláhs überall in der Welt aufgerichtet worden. (Aus einem Brief vom
30. November 1932 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen, zitiert in "Bahá’í News", Nr.
77, September 1933, S. 1)
Der Rat, den Ihnen Shoghi Effendi gab, daß Sie Ihre Zeit zwischen dem Dienst an der Sache und
der Erfüllung Ihrer übrigen Verpflichtungen aufteilen sollten, wurde vielen von Bahá’u’lláh und vom
Meister gegeben. Er stellt einen Kompromiß dar zwischen zwei Versen des Aqdas, von denen der
eine jeden Bahá’í verpflichtet, der Verbreitung des Glaubens zu dienen, während der andere be-
sagt, daß jede Seele einer Beschäftigung nachgehen soll, die der Gesellschaft nützt. In einem Sei-
ner Tablets sagt Bahá’u’lláh, daß es an diesem Tag die höchste Form der Loslösung ist, einem
Beruf nachzugehen und für seinen Unterhalt selbst aufzukommen. Ein guter Bahá’í ist also der-
jenige, der sein Leben so gestaltet, daß er Zeit für die Befriedigung seiner materiellen Bedürfnisse
aufwendet, aber auch für den Dienst an der Sache. (Aus einem Brief vom 21. Februar 1933 im
Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Ich brauche Ihnen nicht zu sagen, wie tief er es beklagt, daß in Bahá’í-Versammlungen und ganz
besonders auf einem so wichtigen Treffen wie der Nationaltagung so viele negative Kräfte am
Werk sind. Die oft wiederholten Worte des Meisters in bezug auf Einheit und einmütige Zusam-
menarbeit unter den Freunden sollten sorgsam und gewissenhaft beherzigt werden, heute mehr
denn je. Nichts steht dem Geist der Sache mehr entgegen als Zwietracht und Streit, die die un-
vermeidliche Folge von Selbstsucht und Gier sind. Reine Loslösung und selbstloser Dienst sollten
die alleinigen Motive jedes wahren Gläubigen sein. Und solange es nicht jedem einzelnen Freund
gelingt, diese Eigenschaften in lebendiges Handeln umzusetzen, können wir keinen weiteren Fort-
schritt erhoffen. Gerade jetzt sind Einheit des Denkens und Handelns am allernötigsten. Gerade
jetzt, da der Glaube in eine neue Entwicklungsphase eintritt, da sich seine Verwaltungsordnung
allmählich festigt inmitten des Aufruhrs und Chaos einer zusammenbrechenden Zivilisation, sollten
sich die Freunde in geschlossener Front den Kräften der inneren Uneinigkeit entgegenstellen, die,
wenn sie nicht vollständig ausgelöscht werden, unser Werk unweigerlich zerstören werden. (Aus
einem Brief vom 24. September 1933 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Er beklagt die Tatsache außerordentlich, daß die Vertreter des höchsten administrativen Organs
in Ihrem Land Meinungsverschiedenheiten und Mißverständnissen gestattet haben, ein derartiges
Ausmaß anzunehmen, wiewohl alle Prinzipien und Gesetze der Administration von ihm mit aller
Klarheit und allem Nachdruck in vielen Botschaften seit dem Hinscheiden des Meisters dargelegt
worden sind. Wenn solchen Schwierigkeiten nicht sofort und mit aller Energie Einhalt geboten wird,
können sie dem Organismus der Sache Gottes unermeßlichen Schaden zufügen und nicht nur
verhindern, daß sie ihren Geist verströmt, sondern mehr noch, daß dieser Geist der Sache Gottes
auf die Welt einwirkt. Bei eingehender und leidenschaftsloser Prüfung findet man die Ursache für
solche Schwierigkeiten und Auseinandersetzungen stets in Egoismus und Selbstsucht. Und wenn
diese giftigen Gefühle nicht vollkommen überwunden werden, kann es keine Hoffnung geben, daß
das Verwaltungssystem der Sache Gottes wirksam arbeiten und fortschreiten kann. (Aus einem
Brief vom 9. Mai 1934 im Auftrag Shoghi Effendis an den Nationalen Geistigen Rat von Indien und
Burma)
Er bittet Sie dringend, den vielen Hindernissen, die Ihnen im Weg stehen, mutig zu begegnen
und sie zu überwinden, rät Ihnen aber gleichzeitig, im Fall eines Fehlschlags und ganz gleich, was
Ihnen zustößt, freudig und zufrieden zu bleiben und sich dem Göttlichen Willen voll und ganz zu
unterwerfen. Unsere Trübsale, Prüfungen und Leiden sind manchmal verhüllte Segnungen, da sie
uns lehren, mehr Glauben und Vertrauen in Gott zu haben, und uns Ihm näherbringen. (Aus einem
Brief vom 28. April 1936 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Hat uns Bahá’u’lláh nicht versichert, daß Leiden und Entbehrungen verhüllte Segnungen sind,
daß durch sie unsere inneren, geistigen Kräfte angeregt, gereinigt und veredelt werden? Bleiben
Sie deshalb zuversichtlich, daß Ihre materiellen Schwierigkeiten Sie keineswegs in Ihrem Einsatz
für die Sache Gottes behindern, daß sie vielmehr Ihrem Herzen einen mächtigen Antrieb geben
werden, die Interessen des Glaubens wahrzunehmen und zu fördern. (Aus einem Brief vom 22.
November 1936 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Persönliches Bemühen ist in der Tat eine lebenswichtige Voraussetzung für die Anerkennung
und Annahme der Sache Gottes. Gleichgültig, wie stark das Ausmaß göttlicher Gnade ist -, wenn
sie nicht durch persönliche, anhaltende, intelligente Bemühung ergänzt wird, kann sie nicht voll
wirksam werden und einen wirklichen, bleibenden Nutzen erbringen. (Aus eitlem Brief vom 27.
Februar 1938 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Solche Hindernisse (d. h. Krankheit und äußere Schwierigkeiten), so schwer und unüberwindlich
sie zuerst scheinen mögen, können und sollten durch die vereinte, anhaltende Macht des Gebets
und entschlossenen, fortgesetzten Bemühens gänzlich überwunden werden. Denn haben uns
nicht Bahá’u’lláh und ‘Abdu’l-Bahá beide wiederholt versichert, daß die göttlichen, unsichtbaren,
siegreichen Heerscharen immer diejenigen bestätigen und bestärken werden, die sich tapfer und
voller Zuversicht in ihrem Namen bemühen? Diese Versicherung sollte es Ihnen in der Tat ermög-
lichen, jedes Gefühl des Unwerts und der Unfähigkeit zum Dienst, jede innere oder äußere Hem-
mung zu überwinden, die Ihre Anstrengungen für den Bahá’í-Glauben zu behindern droht. Sie soll-
ten sich daher erheben und sollten sich mit einem freudevollen, zuversichtlichen Herzen bemühen,
jeden Beitrag zur weiteren Verbreitung und größeren Festigung unseres geliebten Glaubens zu
leisten, der nur irgend in Ihrer Macht liegt. Welches Feld des Dienstes Sie auch immer auswählen,
ob Lehrarbeit oder Verwaltungstätigkeit, es ist von entscheidender Wichtigkeit für Sie, durch-
zuhalten und es keinem Bewußtsein Ihrer Unzulänglichkeiten zu gestatten, Ihren Eifer zu dämpfen,
noch viel weniger, Sie vom freudigen, aktiven Dienen abzuhalten. (Aus einem Brief vom 6. Februar
1939 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Je größer Ihre Prüfungen und Leiden, desto stärker soll Ihre Bindung und Ihre Hingabe an die
Sache Gottes werden. Denn nur durch wiederholte Trübsale und Anfechtungen prüft Gott Seine
Diener, und darum sollten Sie diese als verhüllte Segnungen ansehen, als Gelegenheiten, durch
die Sie ein umfassendes Bewußtsein vom Willen und Plan Gottes erlangen können. (Aus einem
Brief vom 23. Februar 1939 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Der Lehrgang über Charakterschulung, den . . . geben wird, ist nach Meinung des Hüters beson-
ders wichtig ; er sollte gebührenden Nachdruck erhalten und besonders von jüngeren Gläubigen,
die an der Schule teilnehmen, sorgfältig und gründlich studiert werden. Die Maßstäbe des Ba-
há’í-Verhaltens, die er selbst in seinem letzten allgemeinen Rundschreiben über das Kommen
göttlicher Gerechtigkeit dargelegt hat, und die einzuhalten und durchzusetzen die höchste Pflicht
jedes ergebenen und gewissenhaften Gläubigen sein sollte, verdienen ernste Studien und Medi-
tationen; sie sollten das zentrale Thema des Jahresprogramms an allen drei Ba-
há’í-Sommerschulen in den Vereinigten Staaten sein. (Aus einem Brief vom 20. Mai 1939 im Auf-
trag Shoghi Effendis an den Ausschuß der Louhelen Summer School)
Sie haben sich über die unbefriedigenden Zustände in der Bahá’í-Gemeinde von . . . beklagt.
Dem Hüter ist die Situation des Glaubens dort wohl bekannt, aber er ist zuversichtlich, daß die
Hindernisse welcher Art auch immer, die dem Glauben entgegenstehen, letzten Endes überwun-
gen werden. Sie sollten sich unter keinen Umständen entmutigen lassen; niemals sollten Sie es
solchen Schwierigkeiten, auch wenn sie aus falschem Verhalten, aus mangelnder Fähigkeit oder
Einsicht gewisser Gemeindemitglieder herrühren, gestatten, Ihren Glauben oder Ihre Ergebenheit
gegenüber der Bahá’í-Sache ins Wanken zu bringen. Ganz sicher dürfen wir einzelne Gläubige, so
fähig sie auch in der Lehrarbeit oder in der Verwaltung, so hoch ihre intellektuellen und geistigen
Verdienste auch sein mögen, niemals als den Maßstab ansehen, mit dem wir die göttliche Autorität
und die Sendung des Glaubens bewerten und messen. Vielmehr sollten die Gläubigen immer auf
die Lehren selbst und auf das Leben der Begründer der Sache Gottes blicken, um Führung und
Inspiration zu empfangen, und nur wenn sie diese wahre Haltung streng beachten, können sie die
Hoffnung haben, ihre Treue zu Bahá’u’lláh auf eine dauernde, unangreifbare Grundlage zu stellen.
Sie sollten daher Mut fassen und mit unermüdlicher Wachsamkeit, mit unaufhörlichem Eifer da-
nach streben, Ihren vollen Anteil an der allmählichen Entfaltung dieser göttlichen Weltordnung
wahrzunehmen. (Aus einem Brief vom 23. August 1939 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläu-
bigen)
Dies sind wirklich die Tage, in denen von den Gläubigen Heldentum verlangt wird. Selbstaufop-
ferung, Mut, unbeirrbare Hoffnung und Zuversicht sind die Merkmale, die sie ausstrahlen sollten,
denn genau diese Eigenschaften werden unweigerlich die Aufmerksamkeit der Öffentlichkeit erre-
gen und die Frage herausfordern, was denn in einer so hoffnungslos verwirrten und chaotischen
Welt diese Menschen dazu bringt, so sicher, so zuversichtlich und hingebungsvoll zu sein. Im Lau-
fe der Zeit werden die Eigenschaften der Bahá’í zunehmend das sein, was die Aufmerksamkeit
ihrer Mitbürger erregt. Sie müssen zeigen, daß sie über dem Haß und den gegenseitigen Anschul-
digungen stehen, die am Herzen der Menschheit nagen; durch Taten und Worte müssen sie ihren
tiefverwurzelten Glauben an die künftige friedliche Vereinigung der ganzen Menschheit beweisen.
(Aus einem Brief vom 26. Oktober 1941 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Wir müssen immer nach vorn schauen und danach streben, in der Zukunft das zu vollbringen,
was wir vielleicht in der Vergangenheit versäumt haben. Mißerfolge, Prüfungen und Schicksals-
schläge können, wenn wir den richtigen Gebrauch davon machen, ein Mittel werden, unseren
Geist zu reinigen, unseren Charakter zu stärken. Sie können uns befähigen, zu höheren Stufen
des Dienstes aufzusteigen. (Aus einem Brief vom 14. Dezember 1941 im Auftrag Shoghi Effendis
an einen Gläubigen)
Zu den Punkten, die Sie in Ihrem Brief anschneiden: Die völlige, gänzliche Auslöschung des Ich
würde Vollkommenheit bedeuten - die der Mensch nie ganz erreichen kann -, aber das Ich kann
und sollte in steigendem Maß der erleuchteten Seele des Menschen untergeordnet werden. Das
ist mit geistigem Fortschritt gemeint. (Aus einem Brief vom 19. Dezember 1941 im Auftrag Shoghi
Effendis an einen Gläubigen)
Zu der Beschwerde von . . . meint der Hüter, daß es in diesem Fall das beste ist, die beiden be-
troffenen Gläubigen zu bitten, die ganze Angelegenheit zu vergeben und zu vergessen. Er will
nicht, daß die Freunde damit anfangen, eine Art Bahá’í-Rechtsweg gegeneinander zu beschreiten.
Ihre Pflichten gegenüber der Menschheit sind in diesen Tagen, in denen die Sache Gottes um ihre
Verbreitung und um die Sicherung ihrer Unabhängigkeit kämpft, zu heilig und zu drängend, als daß
sie ihre kostbare Zeit - auch seine kostbare Zeit - in dieser Weise verbrauchen sollten. Fordern Sie
die beiden deshalb auf, sich zu verbinden, das Vergangene zu vergessen und der Sache zu die-
nen wie nie zuvor. (Aus einem Brief vom 26. Dezember 1941 im Auftrag Shoghi Effendis an einen
Gläubigen)
Die Gläubigen haben es noch nicht ganz gelernt, in Zeiten der Not aus ihrer gegenseitigen Liebe
Kraft und Trost zu schöpfen. Die Sache Gottes ist mit ungeheuren Kräften ausgestattet, und der
Grund, warum die Gläubigen daraus nicht mehr Nutzen ziehen, ist, daß sie es noch nicht gelernt
haben, diese mächtigen Kräfte der Liebe, der Stärke und Harmonie, die der Bahá’í-Glaube hervor-
ruft, ganz auszuschöpfen. Er rät Ihnen, Ihre Freundin ... zunächst einmal allein zu lassen und für
sie zu beten. Da sie im gegenwärtigen Zeitpunkt Ihre Hilfe nicht wünscht, können Sie ihr nur inner-
lich helfen. Sie haben dem Bahá’í-Glauben viele wertvolle Dienste erwiesen und tun das noch im-
mer, und dies sollte Ihr größter Trost sein. (Aus einem Brief vom 8. Mai 1942 im Auftrag Shoghi
Effendis an einen Gläubigen)
Die Freunde müssen Geduld miteinander haben und sich darüber im klaren sein, daß die Sache
Gottes noch im Stadium der Kindheit steht und ihre Institutionen noch nicht fehlerfrei arbeiten. Je
größer die Geduld, das liebevolle Verstehen und die Nachsicht sind, die die Freunde miteinander
und mit ihren Unzulänglichkeiten haben, desto größer wird der Fortschritt der Bahá’í-Weltgemein-
schaft sein. (Aus einem Brief vom 27. Februar 1943 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubi-
gen)
Wir müssen uns unsere Unvollkommenheit vor Augen halten und dürfen es uns nicht leisten,
wegen der unglücklichen Dinge, die manchmal auf Nationaltagungen, manchmal in Geistigen Rä-
ten oder Ausschüssen usw. vorkommen, aus der Fassung zu geraten. Solche Dinge gehören ih-
rem Wesen nach zur Oberfläche; im Laufe der Zeit wird die Gemeinde daraus hinauswachsen.
(Aus einem Brief vom 17. März 1943 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Nicht jeder von uns kann in der gleichen Weise dienen, aber die Art und Weise, wie jeder Bahá’í
den Glauben verbreiten kann, ist das gute Beispiel. Dieses beeinflußt die Herzen der Menschen
viel tiefer, als Worte es jemals vermögen. Die Liebe, die wir anderen erzeigen, die Gastfreund-
schaft, das Verständnis und die Hilfsbereitschaft den Menschen gegenüber sind die allerbeste
Werbung für den Glauben. Die anderen werden etwas davon erfahren wollen, wenn sie diese Din-
ge in unserem Leben sehen. (Aus einem Brief vom 14. Oktober 1943 im Auftrag Shoghi Effendis
an einen Gläubigen)
Es hat ihn sehr gefreut zu hören, daß die Nationaltagung so gut besucht war, und daß die
Freunde voller Begeisterung und in Einigkeit zusammengekommen sind. Eines der Haupterforder-
nisse der Sache Gottes in . . . ist, daß die Freunde sich vereinen, daß sie es sich ganz deutlich
bewußt machen, daß sie eine geistige Familie sind, die durch heiligere, weit weniger vergängliche
Bande zusammengehalten wird als die körperlichen Bindungen, die zwischen Familien-
angehörigen bestehen. Wenn die Freunde alle persönlichen Unterschiede vergessen und ihre
Herzen einer großen gegenseitigen Liebe um Bahá’u’lláhs willen öffnen, dann werden sie finden,
daß ihre Kräfte ungeheuer wachsen; sie werden die Herzen ihrer Umgebung anziehen und eine
rasche Ausbreitung des heiligen Glaubens in . . . erleben. Der Nationale Geistige Rat sollte alles,
was in seiner Macht steht, unternehmen, um die Einheit unter den Gläubigen zu stärken, und um
sie in der Verwaltungsordnung zu erziehen; denn sie ist der Kanal, durch den das Gemein-
schaftsleben fließen muß, und der, wenn er richtig verstanden und benutzt wird, die Möglichkeit
schafft, daß die Arbeit an der Bahá’í-Sache in gewaltigen Sprüngen voranschreitet. (Aus einem
Brief vom 26. Oktober 1943 im Auftrag Shoghi Effendis an den Nationalen Geistigen Rat von In-
dien und Burma)
Letzten Endes spielt sich der ganze Lebenskampf in jedem einzelnen ab. Keine noch so große
Organisation kann die inneren Probleme lösen, keine kann in kritischen Augenblicken Siege und
Niederlagen herbeiführen oder abwenden. Besonders in Zeiten wie der gegenwärtigen steht jeder
einzelne unter einer Zerreißprobe durch starke Mächte in der Welt, und wir sehen, wie Schwache
plötzlich wie durch ein Wunder stark werden und wie Starke scheitern. Wir können nur versuchen,
so wie Ihr Ausschuß es getan hat, durch liebevollen Rat bei dem einzelnen Gläubigen die Hand-
lung herbeizuführen, die der Sache Gottes am meisten dient. Denn selbstverständlich kann etwas,
was für die Bahá’í-Sache schlecht ist, für den einzelnen Bahá’í nicht das beste sein. (Aus einem
Brief vom 17. Dezember 1943 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Was die Welt heute braucht, ist der Bahá’í-Geist. Die Menschen haben Sehnsucht nach Liebe,
nach einem hohen sittlichen Maßstab, zu dem sie aufschauen können, aber auch nach einer Lö-
sung ihrer vielen schweren Probleme. Die Bahá’í sollten die Menschen, denen sie begegnen, mit
dem warmen, lebenspendenden Bahá’í-Geist überschütten. Dies wird, verbunden mit der Lehrar-
beit, unweigerlich die aufrichtigen Wahrheitssucher zum Glauben hinziehen. (Aus einem Brief vom
18. Dezember 1943 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Zu Ihrer Frage nach der Notwendigkeit größerer Einheit unter den Freunden; diese trifft zweifellos
zu, und der Hüter meint, daß ein Hauptmittel, diese Einheit zu fördern, darin besteht, daß wir die
Bahá’í selbst in Bahá’í-Klassen und durch schriftliche Unterweisungen lehren, daß die Liebe zu
Gott und folglich auch die Liebe zu den Menschen die wesentliche Grundlage jeder Religion ist,
unsere eigene eingeschlossen. Ein größeres Maß an Liebe wird größere Einheit hervorbringen,
weil es den Menschen die Fähigkeit gibt, miteinander auszukommen, Geduld zu haben und
einander zu vergeben. (Aus einem Brief vom 7. Juli 19 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläu-
bigen, zitiert ' Bahá’í News" Nr. 173, Februar 1945)
Er hofft, daß Sie sich in Ihrem Charakter wie in Ihrem Glauben zu richtigen Bahá’í entwickeln.
Das ganze Ziel Bahá’u’lláhs ist, daß wir uns zu einem neuen Volk entwickeln, zu aufrechten,
freundlichen, intelligenten, wahrhaftigen und ehrlichen Menschen, die im Einklang mit Seinen gro-
ßen Gesetzen leben, wie sie für dieses neue Zeitalter in der Entwicklung der Menschheit niederge-
schrieben worden sind. Es ist nicht genug, daß wir uns Bahá’í nennen; unser innerstes Wesen
muß durch ein wahres Bahá’í-Leben geadelt und erleuchtet werden. (Aus einem Brief vom 25.
August 1944 im Auftrag Shoghi Effendis an die Jugendklasse der Louhelen School, U.S.A.)
So viele Mißverständnisse entstehen durch die leidenschaftliche Verbundenheit der Freunde mit
deren Glauben und auch durch ihre Unreife. Wir müssen deshalb sehr viel Geduld und Liebe zu-
einander haben und versuchen, in der Bahá’í-Familie Einheit zu schaffen. Die Mißhelligkeiten . . .,
die Sie in Ihrem Brief beschrieben, sind nach seiner Meinung auf die obengenannten Gründe zu-
rückzuführen und nicht auf feindliche Haltung gegenüber dem Glauben oder auf Unaufrichtigkeit.
Er bittet Sie dringend, Ihr Äußerstes zu tun, um größere Liebe und Eintracht in der Gemeinde her-
zustellen und beharrlich fortzufahren, den Heiligen Glauben zu lehren. (Aus einem Brief vom 17.
Oktober 1944 im Auftrag Shoghi Effendi an einen Gläubigen)
Er war sehr glücklich, von Ihnen zu hören und zu erfahren, daß Green Acre in diesem Jahr von
einer Liebe und Harmonie erfüllt war, die es bewirkt haben, daß viele neue Seelen im Glauben
gefestigt wurden. Diese Liebe unter den Gläubigen ist der Magnet, der mehr als alles andere die
Herzen anziehen und dem Glauben neue Seelen zuführen wird. Denn es ist klar: die Lehren - so
wunderbar sie sind - können die Welt nicht verändern, solange sich nicht der Geist der Liebe Ba-
há’u’lláhs in den Bahá’í-Gemeinschaften widerspiegelt. (Aus einem Brief vorn 27. Oktober 1944 im
Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Wenn die Freunde danach streben und alles daransetzen könnten, hundertprozentige Bahá’í zu
werden, dann würden sie sehen, wie stark ihr Einfluß auf andere zunehmen, und wie schnell der
Glaube sich ausbreiten würde. Die Welt sucht keinen Kompromiß, sondern die Verkörperung eines
hohen, leuchtenden Ideals. Je mehr die Freunde ihr Leben in jeder Hinsicht nach unseren Lehren
ausrichten, zu Hause, im geschäftlichen Umgang, in ihren gesellschaftlichen Beziehungen, desto
größer wird die Anziehung, die sie auf die Herzen anderer ausüben. Er ist darüber erfreut, daß Sie
sich ganz natürlich, mit Überzeugungskraft und gutem Willen gegenüber allen Menschen unter die
Farbigen gemischt und bei ihnen Lehrarbeit getrieben haben. Wenn die Bahá’í die Lehren so in
ihrem Leben verwirklichten wie sie sollten, dann würde das zwar vielleicht bei einigen Leuten Wi-
derstand hervorrufen, aber noch viel mehr würde es die Bewunderung der gerecht denkenden
Menschen erregen. (Aus einem Brief vom 23. Januar 1945 im Auftrag Shoghi Effendis an einen
Gläubigen)
Wenn wir die wachsende Finsternis in der Welt von heute sehen, können wir klar erkennen, daß es
in der Zukunft keinen Frieden und keinen geistigen Fortschritt geben kann, solange nicht die Bot-
schaft Bahá’u’lláhs die Herzen erreicht und verwandelt. Seine ständige Hoffnung ist, die Bahá’í
mögen sich einzeln und in ihrem Bahá’í-Gemeindeleben so verhalten, daß sie die Aufmerksamkeit
anderer auf die Sache Gottes richten. Die Welt hungert nicht nur nach erhabenen Prinzipien und
Idealen, sie hungert vor allem nach dem leuchtenden Beispiel, das die Bahá’í geben können und
geben müssen. (Aus einem Brief vom 22. Februar 1945 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläu-
bigen)
Überall auf der Welt, innerhalb und außerhalb des Glaubens, ist heute das Bedürfnis nach einer
wahrhaft geistigen Bewußtheit sehr groß - eine Bewußtheit, die das Leben der Menschen durch-
dringen, ändern und steuern sollte. Kein noch so gut ausgebauter Verwaltungsapparat und kein
Befolgen von Regeln kann an die Stelle dieser neuen Beseeltheit, dieser Durchgeistigung treten,
die das Wesen des Menschen ist. Er ist sehr froh darüber, daß Sie diesen Gesichtspunkt betonen
und den Freunden helfen, seine überragende Bedeutung zu erkennen. (Aus einem Brief vom 25.
April 1945 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Bezüglich der Angelegenheit und der Uneinigkeit, die offenbar zwischen einigen der Freunde be-
steht: Wenn Bahá’í es zulassen, daß die dunklen Gewalten der Welt in ihre eigenen Beziehungen
innerhalb des Glaubens eindringen, dann stellen sie dessen Fortschritt sehr in Frage. Es ist die
höchste Pflicht der Freunde, der örtlichen Geistigen Räte und ganz besonders des Nationalen Gei-
stigen Rates, unter den Freunden Eintracht, Verstehen und Liebe zu fördern. Alle sollten bereit und
willens sein, jeden persönlichen Unmut - berechtigt oder nicht - im Dienst der Sache beiseite zu
räumen; denn die Menschen werden den Bahá’í-Glauben niemals annehmen, wenn sie nicht in
seinem Gemeinschaftsleben das widergespiegelt sehen, was der Welt heute so sichtbar fehlt: Lie-
be und Einigkeit. (Aus einem Brief vom 13. Mai 1945 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubi-
gen)
Das allerwichtigste ist, daß Liebe und Einigkeit in der Bahá’í-Gemeinde vorherrschen, denn das
ist, was die Menschen im heutigen dunklen Zustand der Welt am meisten ersehnen. Worte ohne
das gelebte Beispiel werden niemals ausreichen, um den Herzen einer desillusionierten und oft-
mals zynischen Generation Hoffnung einzuflößen. (Aus einem Brief vom 20. Oktober 1945 im Auf-
trag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Da Sie sich an ihn mit der Bitte um Führung gewandt haben, will er ganz offen seine Meinung sa-
gen. Er meint, daß die Uneinigkeit . . ., die gegenwärtig unter Ihnen vorherrscht, für den Fortschritt
der Sache sehr schädlich ist und nur zum Zerwürfnis führen und das Interesse neuer Gläubiger
abkühlen kann. Sie . . . sollten Ihre persönliche Beschwerde vergessen und sich zum Schutz des
Glaubens vereinen, dem Sie, wie er wohl weiß, alle treu ergeben sind, und für den Sie bereitwillig
Opfer bringen. Vielleicht ist die größte Prüfung, der Bahá’í je unterworfen werden, die durch ihre
Mitgläubigen. Aber um des Meisters willen sollten sie immer bereit sein, gegenseitig ihre Fehler zu
übersehen; sie sollten sich für harte Worte, die sie ausgesprochen haben, entschuldigen und sie
vergeben und vergessen. Er empfiehlt Ihnen dringend, so zu handeln. Auch meint er, daß Sie und
. . . den Versammlungen und Neunzehntagefesten in . . . nicht fernbleiben sollten; Sie haben jetzt
in Port Adelaide eine begeisterte Gruppe junger Bahá’í, und Sie sollten ihnen ein deutliches Bei-
spiel von Bahá’í-Disziplin und von der Einheit geben, die in der Gemeinschaft des Größten Na-
mens herrschen kann und muß. (Aus einem Brief vom 18. Dezember 1945 im Auftrag Shoghi Ef-
fendis an einen Gläubigen)
Sie fragen nach "geistigen Verdauungsstörungen": Bahá’í sollten versuchen, vielseitig, normal
und ausgeglichen zu sein, verstandlich wie seelisch. Wir dürfen nicht den Eindruck erwecken, daß
wir Fanatiker seien, aber gleichzeitig müssen wir unsere Prinzipien in unserem Leben verwirk-
lichen. (Aus einem Brief vom 12. März 1946 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Sie dürfen versichert sein, daß er für die Einheit der Bahá’í in . . . beten wird, da sie von aller-
größter Wichtigkeit ist; die Entfaltung der Bahá’í-Sache dort und der Erfolg jeder Lehrunterneh-
mung hängen davon ab. Was die Freunde brauchen - überall -, ist mehr Liebe untereinander, und
diese kann durch größere Liebe zu Bahá’u’lláh erlangt werden. Denn wenn wir Ihn tief genug lie-
ben, werden wir es niemals zulassen, daß persönliche Gefühle und Meinungen Seine Sache auf-
halten; wir werden bereit, uns um des Glaubens willen für einander zu opfern und, wie der Meister
sagte, eine Seele in vielen Körpern zu werden. (Aus einem Brief vom 5. September 1946 im Auf-
trag Shogh! Effendis an einen Gläubigen)
Er stimmt mit Ihnen von ganzem Herzen darin überein, daß wir, wenn wir die Lehren nicht prak-
tisch leben, unter keinen Umständen erwarten können, daß der Glaube wächst; denn es ist der
Hauptzweck aller Religionen - einschließlich der unseren -, den Menschen Gott näherzubringen
und seinen Charakter zu verändern, was von höchster Wichtigkeit ist. Oft wird zu großes Gewicht
auf die soziale und wirtschaftliche Seite der Lehren gelegt; aber die moralische Seite kann über-
haupt nicht stark genug betont werden. (Aus einem Brief vom 6. September 1946 im Auftrag
Shoghi Effeudis an einen Gläubigen)
Es hat ihn sehr gefreut, daß Sie einen Kurs über den "Bahá’í-Charakter" gehalten haben, denn
er hält es für eine der größten Pflichten Ihrer Generation von Gläubigen, ein Bahá’í-Leben zu füh-
ren. Sie müssen durch Ihre hohen moralischen Maßstäbe, durch Ihre Höflichkeit, Ihre Lauterkeit
und Ihren Adel demonstrieren, daß unser Glaube nicht aus Worten besteht, sondern wahrhaftig
das Herz und den Lebensstil seiner Anhänger verändert. Aus einem Brief vom 19. September
1946 im Auftrag Shoghi Effendis an die Jugend Arbeitsgruppe der Louhelen School, U.S.A.)
Er meint, daß besonders die Jugend entschlossen und beharrlich danach streben muß, ein Ba-
há’í-Leben beispielhaft zu verwirklichen. In der Welt um uns herum sehen wir moralischen Nieder-
gang, freien Geschlechtsverkehr, Unanständigkeit, Verrohung, schlechtes Benehmen - die jungen
Bahá’í müssen das Gegenteil davon sein und durch ihre Reinheit und Standfestigkeit, ihren An-
stand, ihre Gewissenhaftigkeit und ihr gutes Benehmen andere Menschen, alt und jung, zum
Glauben hinziehen. Die Welt ist der Worte müde; sie braucht das Beispiel, und es ist Sache der
Bahá’í-Jugend, es zu geben. (Aus einem Brief vom 19. September 1946 im Auftrag Shoghi Effen-
dis an die jugendlichen Teilnehmer der Green Acre Summer School)
Die Freunde müssen sich zu allen Zeiten vor Augen halten, daß sie sozusagen Soldaten unter
Feindbeschuß sind. Die Welt ist gegenwärtig, geistig gesehen, in einem Zustand äußerster Ver-
finsterung; Haß und Vorurteile aller Art reißen sie buchstäblich in Stücke. Wir sind demgegenüber
die Wächter der entgegengesetzten Kräfte, der Kräfte der Liebe, der Einheit, des Friedens und der
Gemeinsamkeit, und wir müssen ständig auf der Hut sein, als einzelne, als Geistiger Rat oder als
Gemeinde, damit nicht durch uns diese zerstörerischen, negativen Kräfte in unsere Mitte ein-
dringen. Mit anderen Worten, wir müssen uns sorgsam hüten, daß nicht die Dunkelheit der Gesell-
schaft sich vielleicht ganz unbewußt in unserem Handeln und unseren Einstellungen widerspiegelt.
Unsere Liebe zueinander, das tiefe Bewußtsein, daß wir ein neuer Organismus, die Morgenboten
einer neuen Weltordnung sind, müssen unser Bahá’í-Leben ständig beleben, und wir müssen dar-
um beten, vor der Ansteckung durch die an Vorurteilen siechende Welt geschützt zu werden. (Aus
einem Brief vom 5. Februar 1947 im Auftrag Shoghi Effendis an den örtlichen Geistigen Rat von
Atlanta, Georgia; zitiert in "Bahá’í News" Nr. 210, August 1948, S. 2)
Die Bahá’í-Sache wächst in ... sehr schnell, und je weiter sie sich ausdehnt, desto mehr wird die
Öffentlichkeit auf sie aufmerksam werden. Dadurch wird den Gläubigen eine schwere Verantwor-
tung auferlegt, denn sie müssen einen solchen Geist der Liebe und der Einheit untereinander aus-
strahlen, daß die Herzen anderer angezogen werden und sie ermutigt werden, sich dem Glauben
in großer Zahl anzuschließen. Wir müssen uns immer vor Augen halten, daß die Lehren vollkom-
men sind, und daß der einzige Grund, warum nicht schon mehr unserer Mitmenschen sie ange-
nommen haben, der ist, daß wir Bahá’í auf der ganzen Welt noch nicht so selbstlose und strahlen-
de Spiegel von Bahá’u’lláhs Wahrheit sind, wie wir es sein sollten und sein könnten. Wir müssen
ständig danach streben, ein besseres Beispiel für Seine Lehren zu werden. (Aus einem Brief vom
17. Februar 1947 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Wir müssen uns darauf konzentrieren, unseren Charakter als einzelne Bahá’í zu vervollkomm-
nen und unsere noch immer keimhafte und nur unzureichend verstandene Weltordnung zur Reife
zu bringen, die Botschaft gemäß den Vorkehrungen des Göttlichen Plans zu verbreiten und eine
eng verknüpfte, weltweite Bahá’í-Gemeinschaft aufzubauen. Wir sind verhältnismäßig wenige an
Zahl und haben eine so kostbare, einzigartige und verantwortungsvolle Aufgabe. Wir müssen un-
sere ganzen Kräfte darauf konzentrieren. (Aus einem Brief vom 9. Mai 1947 im Auftrag Shoghi
Effendis an den Nationalen Geistigen Rat der Vereinigten Staaten und Kanadas)
Letzten Endes müssen die Neubelebung, die Ausdehnung und Bereicherung der Arbeit an der
heimatlichen Front vom einzelnen Gläubigen abhängen, der die grundlegende Einheit im Aufbau
dieser Front bildet. Je angestrengter sich der einzelne zu Hause Tag für Tag und planmäßig darum
bemüht, zu größeren Höhen der Hingabe, der Selbstverleugnung aufzusteigen, durch Pionieren im
eigenen Land zur Vermehrung der isolierten Bahá’í-Zentren, der Gruppen und Geistigen Räte bei-
zutragen und durch gewissenhafte, sorgfältige und fortgesetzte Bemühung empfängliche Seelen
zu dem von ihm angenommenen Glauben hinzuführen, die Zahl der aktiven und aufrichtigen An-
hänger zu vergrößern, desto schneller werden die ausgedehnten und vielfältigen Unternehmun-
gen, die jenseits der Grenzen des Heimatlandes in Gang gesetzt wurden, und die jetzt so dringend
nach zusätzlichen Menschen und Hilfsmitteln rufen, die notwendige Unterstützung erhalten, die
ihre ununterbrochene Entwicklung sicherstellen und letztlich die Ernte beschleunigt herbeiführen
wird. (Shoghi Effendi, aus einem Brief vom 21. September 1947 an den Nationalen Geistigen Rat
der Vereinigten Staaten und Kanadas)
Zu Ihrer Frage: Der Begriff Selbst hat in den Bahá’í-Schriften tatsächlich zwei Bedeutungen oder
wird in zweifachem Sinn gebraucht. Zum einen ist das Selbst die Identität des von Gott geschaffe-
nen Einzelmenschen. Es ist das Selbst, das in Sätzen wie diesem gemeint ist: "Der hat Gott er-
kannt, der sich selbst erkannt hat" usw. Das andere Selbst ist die Ichhaftigkeit, das dunkle triebhaf-
te Erbe, das jeder von uns hat, die niedere Natur, die zu einem Ungeheuer von Selbstsucht, Bruta-
lität, Lust usw. auswachsen kann. Dieses Selbst - oder diese Seite unserer Natur - ist es, gegen
das wir ankämpfen müssen, um das geistige Wesen in uns zu kräftigen und zu befreien und ihm
zu helfen, seine Vervollkommnung zu erlangen. Selbstaufgabe meint die Unterordnung dieser nie-
deren Natur und ihrer Begierden unter die göttlichere und höhere Seite unseres Selbstes. Letzten
Endes und in ihrem höchsten Sinn bedeutet Selbstaufgabe, daß wir unseren Willen und unser
ganzes Wesen Gott hingeben, damit Er nach Seinem Wohlgefallen darüber verfüge. Dann läutert
und verherrlicht Er unser wahres Selbst, bis es zu einer leuchtenden und wunderbaren Wirklichkeit
wird. (Aus einem Brief vom 10. Dezember 1947 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Was im Dienst an diesem Glauben Früchte bringt, ist die Stärke der Hingabe und der Selbstauf-
opferung, nicht so sehr das Vermögen, die Fähigkeit oder der finanzielle Rückhalt. (Aus einem
Brief vom 11. Mai 1948 im Auftrag Shoghi Effendis an den Nationalen Geistigen Rat von Australien
und Neuseeland)
Wir dürfen uns nicht zu lange bei den Einstellungen und Gefühlen unserer Mitgläubigen uns ge-
genüber aufhalten. Das Allerwichtigste ist, daß wir Liebe und Eintracht pflegen und uns um Abfuh-
ren, die wir vielleicht erhalten, gar nicht kümmern. Dann werden die Schwächen der menschlichen
Natur und die Eigenheiten oder die Haltung einer bestimmten Person nicht vergrößert, sondern sie
verblassen bis zur Bedeutungslosigkeit im Vergleich mit unserem gemeinsamen Dienst an dem
Glauben, den wir alle lieben. (Aus einem Brief vom 19. September 1948 im Auftrag Shoghi Effen-
dis an einen Gläubigen)
Es fällt uns oft schwer, bestimmte Dinge zu tun, weil sie von dem uns Gewohnten so sehr ver-
schieden sind, nicht aber, weil die Sache selbst besonders schwierig ist. Für Sie wie für die meis-
ten Bahá’í, die jetzt als Erwachsene diesen herrlichen Glauben annehmen, sind zweifellos manche
der Gebote, wie Fasten und tägliches Gebet, anfangs schwer zu verstehen und zu befolgen. Aber
wir müssen immer bedenken, daß diese Dinge eine Gabe an alle Menschen für die kommenden
tausend Jahre sind. Für Bahá’í-Kinder, die sehen, wie diese Dinge zu Hause ausgeführt werden,
werden sie etwas so Natürliches und Notwendiges sein, wie es der sonntägliche Kirchgang für
eine gläubigere Generation von Christen gewesen ist. Bahá’u’lláh hätte uns diese Dinge nicht ge-
geben, wenn sie uns nicht ganz stark fördern würden. Und so müssen wir wie Kinder, die einsichtig
genug sind, um zu erkennen, daß ihr Vater weise ist und für sie das Beste tut, uns darein schicken,
diese Gebote zu befolgen, auch wenn wir zunächst ihre Notwendigkeit nicht erkennen können.
Indem wir sie befolgen, werden wir langsam in uns selbst die Segnungen erkennen, die sie vermit-
teln.
(Aus einem Brief vom 16, März 1949 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
. . . indem wir diese Schicksalsschläge erdulden, müssen wir daran denken, daß auch die Offen-
barer Gottes selbst nicht immun waren gegen die Dinge, unter denen Menschen zu leiden haben.
Auch Sie kannten Kummer, Krankheit und Schmerz. Sie erhoben sich über diese Dinge durch Ih-
ren Geist, und das müssen auch wir versuchen, wenn uns Leid befällt. Die Trübsale dieser Welt
gehen vorüber, und was uns bleibt, ist das, was wir aus unserer Seele gemacht haben. Darauf
müssen wir also unser Augenmerk lenken - daß wir geistiger werden und Gott näher kommen,
ohne Rücksicht darauf, was unser menschlicher Verstand und unser Körper durchzumachen hat.
(Aus einem Brief vom 5. 8. 1949 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen, zitiert in "Bahá’í
News" Nr. 231, Mai 1950, S. 1)
Es hat uns sehr bekümmert, einige Dinge zu erfahren, die Sie beschreiben. Es zeugt von großer
geistiger Unreife seitens einiger Bahá’í und von einem erstaunlichen Mangel an Verständnis und
Studium der Lehren. Die ethischen Lehren unseres Glaubens in unserem Leben zu verwirklichen,
ist eine viel schwerere Aufgabe, als nach jenen vornehmen Prinzipien zu leben, die die Moralische
Aufrüstung auferlegt, so großartig und umfassend diese auch sind! Jedes zweite Wort in den
Schriften Bahá’u’lláhs und 'Abdu'I-Bahás ist eine Predigt über moralisches und ethisches Verhal-
ten. Alles andere ist die Form, der Kelch, in den der reine Geist gegossen werden muß. Ohne den
Geist und die Tat, die ihn erweisen muß, ist es leblose Form. Dem, was Sie sagen, entnimmt er,
daß die Freunde, oder jedenfalls viele von ihnen, nicht von Anfang an in der richtigen Weise unter-
richtet worden sind. Sicher ist nichts dagegen zu sagen, daß man die "vier Normen" der Morali-
schen Aufrüstung betont, -obwohl jede Lehre unseres kostbaren Glaubens viel tiefer in diese The-
men eindringen und ihnen viel mehr hinzufügen würde. Wenn wir uns klarmachen, daß Bahá’u’lláh
sagt, Ehebruch hemmt den Fortschritt der Seele im kommenden Leben - so schwer ist sein Ge-
wicht -, und daß Trinken den Geist zerstört, und daß wir uns diesen Dingen nicht einmal nähern
dürfen, dann sehen wir, wie klar unsere Lehren hierüber sind. Sie dürfen nicht den großen Fehler
machen, unseren Glauben an Hand einer einzigen Gemeinde zu beurteilen, die offensichtlich
Nachholbedarf im Studium und im Gehorsam gegenüber den Lehren hat. Menschliche Schwächen
und Absonderlichkeiten können eine große Prüfung sein. Aber der einzige Weg, oder vielleicht
sollte ich sagen, der wichtigste und beste Weg, solche Zustände zu heilen, besteht darin, daß man
selbst das Richtige tut. Eine Seele kann die Ursache für die geistige Erleuchtung eines Kontinents
werden. Jetzt, da Sie einen großen Fehler in Ihrem eigenen Leben erkannt und geheilt haben,
jetzt, da Sie deutlicher sehen, was in Ihrer eigenen Gemeinde fehlt, gibt es nichts, was Sie hindern
könnte, sich zu erheben und ein solches Beispiel, solche Liebe und einen solchen Geist des Die-
nens zu zeigen, daß die Herzen Ihrer Mit-Bahá’í entflammt werden. Er bittet Sie dringend, sich in
die Lehren zu vertiefen, anderen Leuten die Lehren weiterzugeben, mit solchen Bahá’í, die danach
verlangen, die tieferen Lehren unseres Glaubens zu studieren und durch Ihr Beispiel, Ihre Bemü-
hung und Ihr Gebet einen Wandel herbeizuführen. (Aus einem Brief vom 30. September 1949 im
Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Ohne den Geist wirklicher Liebe zu Bahá’u’lláh, Seinem Glauben und dessen Institutionen, ohne
die Liebe der Gläubigen untereinander kann die Bahá’í-Sache niemals wirklich große Massen von
Anhängern gewinnen. Denn die Welt verlangt heute nicht nach Predigten und Lebensregeln, son-
dern nach Liebe und nach Taten. (Aus einem Brief vom 25. Oktober 1949 im Auftrag Shoghi Ef-
fendis an einen Gläubigen)
Er fühlt . . . sehr deutlich, daß, wenn . . . in dem Zustand ist, den Ihr Brief anzudeuten scheint . . .
. ganz sicher seine Angelegenheit falsch anfaßt. Damit ist nicht der Geistige Rat gemeint, damit ist
jeder gemeint. Denn wo ist Bahá’í-Liebe? Wo ist etwas davon zu spüren, daß Einheit und Eintracht
über alles gestellt werden? Wo ist die Bereitschaft, die persönlichen Gefühle und Meinungen zu
opfern, um Liebe und Eintracht zu erreichen? Was führt die Bahá’í zu der Annahme, die administ-
rativen Gesetze könnten funktionieren, wenn die geistigen Gesetze geopfert werden? Er bittet Sie
dringend, Ihr Äußerstes zu unternehmen, um die Bahá’í in . . . dazu zu bringen, so schädliche Beg-
riffe wie "radikal", "konservativ", „progressiv", „Feinde des Glaubens", "die Lehren kaputtmachen"
usw. beiseite zu lassen. Wenn sie nur einen Augenblick innehielten, um zu bedenken, zu welchem
Zweck der Báb und die Märtyrer ihr Leben hingegeben, wozu Bahá’u’lláh und der Meister so viel
Leid auf sich genommen haben, dann würden solche Begriffe und Anschuldigungen niemals über
ihre Lippen kommen, während sie übereinander sprechen. Solange die Freunde miteinander strei-
ten, wird auf ihren Bemühungen kein Segen sein, denn sie sind ungehorsam gegen Gott. (Aus
einem Brief vom 24. Februar 1950 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Es gibt zwei Arten von Bahá’í, so könnte man sagen: die einen, deren Religion Bahá’í ist, und
die anderen, die für den Glauben leben. Unnötig zu sagen: Wenn man der zweiten Kategorie an-
gehören kann, wenn man in der vordersten Reihe der Helden, Märtyrer und Heiligen stehen kann,
dann ist das ruhmreicher in den Augen Gottes.
(Aus einem Brief vom 16. April 1950 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen, zitiert in Bak-
d'i News" Nr. 241, März 1951, S. 2)
Wir müssen eine geistige Ebene erreichen, auf der Gott zuerst kommt und große menschliche
Leidenschaften nicht von ihm ablenken können. Immer sehen wir Menschen die entweder durch
die Gewalt des Hasses oder du die leidenschaftliche Bindung an eine andere Person Prinzipien
opfern oder sich selbst den Pfad Gottes versperren Wir müssen Gott lieben, und in diesem Zu-
stand wird eine vollkommene Liebe zu allen Menschen möglich. Wir können nicht jeden Menschen
um seiner selbst willen lieben aber unser Gefühl gegenüber der Menschheit sollte durch unsere
Liebe zum Vater motiviert sein, der alle Menschen erschaffen hat. (Aus einem Brief vom 4. Okto-
ber 1950 Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Er bittet Sie dringend, alles in Ihren Kräften Stehende zu tun, um Einigkeit und Liebe in der dorti-
gen Gemeinde zu fördern, denn dessen scheint sie am dringendsten zu bedürfen. So oft überse-
hen junge Gemeinden in ihrem Bestreben aufzubauen, daß diese geistigen Beziehungen viel wich-
tiger und grundlegender sind als die Gesetze und Bestimmungen, die die Gemeindeverwaltung
regeln müssen. (Aus einem Brief vom 4. Oktober 1950 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläu-
bigen)
Überall in der Bahá’í-Gemeinschaft scheint es am allernotwendigsten zu sein, den Freunden
einzuschärfen, daß sie sich untereinander lieben. Es gibt eine Tendenz, die administrativen Funk-
tionen falsch zu deuten und zu versuchen, sie auf die persönlichen Beziehungen anzuwenden.
Das führt zu nichts; denn der Rat ist ein werdendes Haus der Gerechtigkeit und hat die Aufgabe,
die Gemeinschaftsangelegenheiten nach den Lehren zu verwalten. Die einzelnen Gläubigen da-
gegen werden in ihrem Verhältnis zueinander durch Liebe, Einigkeit, Nachsicht und durch ein sün-
denbedeckendes Auge geleitet. Wenn die Freunde das einmal begriffen haben, dann werden sie
viel besser miteinander auskommen, aber sie spielen immer wieder untereinander Geistiger Rat
und erwarten vom Rat, daß er sich wie eine Einzelperson verhält. (Aus einem Brief vom 5. Oktober
1950 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Wenn wir innerhalb einer Bahá’í-Gemeinschaft Kritik und harte Worte laut werden lassen, dann
gibt es nur das eine Heilmittel, das Vergangene hinter sich zu lassen und alle Beteiligten dazu zu
bringen, daß sie eine neue Seite aufschlagen und um Gottes und Seines Glaubens willen davon
Abstand nehmen, die Themen zu erwähnen, die zu Mißverständnissen und Uneinigkeit geführt
haben. Je mehr die Freunde hin und her argumentieren und jede Seite darauf beharrt, daß ihr
Standpunkt der richtige ist, desto verfahrener wird die ganze Angelegenheit. Wenn wir den Zu-
stand sehen, in dem sich die Welt heute befindet, dann müssen wir gewiß diese völlig unbedeu-
tenden inneren Auseinandersetzungen vergessen und vereint der Menschheit zu Hilfe eilen. Sie
sollten Ihre Mit-Bahá’í dazu drängen, diese Haltung einzunehmen und gemeinsam mit Ihnen eine
mächtige Anstrengung zu machen, jeden kritischen Gedanken, jedes harte Wort zu unterdrücken,
damit der Geist Bahá’u’lláhs in die ganze Gemeinde einfließen und sie in Seiner Liebe und in Sei-
nem Dienst vereinen kann. (Aus einem Brief vom 16. Februar 1951 im Auftrag Shoghi Effendis an
einen Gläubigen)
Der Hüter ist sich ganz sicher, daß der frühere Beitrag Ihrer Bekannten, die für kurze Zeit nicht
aktiv im Glauben gewesen ist, das Mittel sein wird, das sie zu erneutem Dienen anregt. Im Ba-
há’í-Glauben gibt es nichts, was so sehr Erfolg bringt wie das Dienen. Das Dienen ist der Magnet,
der die göttlichen Bestätigungen anzieht. Wenn Bahá’í also aktiv sind, werden sie vom Heiligen
Geist gesegnet. Sind sie aber inaktiv, dann kann der Heilige Geist in ihrem Wesen kein Gefäß fin-
den, und sie werden dadurch seiner heilenden, belebenden Strahlen beraubt. (Aus einem Brief
vom 12. Juli 1952 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Der Hüter meint, daß Ihre Stellungnahme gegen die unredliche Praxis, von anderen Ärzten und
Drogisten Provisionen anzunehmen, höchst bewundernswert ist. Je aufrechter und würdiger die
Bahá’í in ihrem Verhalten sind, desto mehr werden sie die Öffentlichkeit durch die geistige Leben-
digkeit des Glaubens, dem sie anhängen, beeindrucken. (Aus einem Brief vom 20. Oktober 1953
im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Dieser so strengen, so nachdrücklichen und doch so ruhmreichen Herausforderung sieht sich
zweifellos in erster Linie der einzelne Gläubige gegenüber, von dem letzten Endes das Schicksal
der ganzen Bahá’í-Gemeinschaft abhängt. Er verkörpert Kette und Schuß, von denen Qualität und
Muster des ganzen Gewebes abhängen. Er wirkt als eines der zahllosen Glieder in der mächtigen
Kette, die jetzt den Erdball umspannt. Er dient als einer in der Menge der Bausteine, die das feste
Gefüge der Verwaltungsordnung, die jetzt in jedem Teil der Welt errichtet wird, tragen und ihre
Standsicherheit gewährleisten. Ohne seine rückhaltlose, großzügige Unterstützung ist jede Maß-
nahme, die das nationale Organ der Gemeinschaft, der er angehört, ergreift, und jeder Plan, den
es ausarbeitet, zum Scheitern verurteilt. Ja, sogar das Weltzentrum des Glaubens ist gelähmt,
wenn ihm diese Unterstützung seitens der Mitglieder der Gemeinschaft vorenthalten wird. Der Ur-
heber des Göttlichen Planes selbst wird in Seiner Absicht behindert, wenn es an den geeigneten
Instrumenten zur Ausführung Seines Entwurfes fehlt. Die erhaltende Kraft Bahá’u’lláhs, des Be-
gründers des Bahá’í-Glaubens, wird jedem einzelnen Gläubigen entzogen werden, der es auf die
Dauer versäumt, sich zu erheben und die ihm zugewiesene Rolle zu spielen. (Aus einem Brief
Shoghi Effendis vom 28. Juli 1954 an den Nationalen Geistigen Rat der Vereinigten Staaten, zitiert
in "Citadel of Faith“, S. 130-31)
Was sich tatsächlich abspielt, wenn jemand Bahá’í wird, ist, daß der Same des Geistes in der
menschlichen Seele zu wachsen beginnt. Dieser Same muß durch das Ausströmen des Heiligen
Geistes bewässert werden. Die Segnungen des Geistes werden durch Gebet, Meditation, Studium
der Heiligen Schriften und Dienst an der Sache Gottes erlangt. Es ist so, daß der Dienst an der
Sache mit dem Pflug zu vergleichen ist, der den Naturboden aufwühlt, wenn der Same ausgesät
wird. Es ist notwendig, daß der Boden umgepflügt wird, denn er kann dadurch angereichert wer-
den und ein kräftigeres Wachstum des Samens bewirken. Ganz ebenso erfolgt die Entfaltung des
Geistes dadurch, daß der Boden des Herzens umgepflügt wird, so daß er eine ständige Wider-
spiegelung des Heiligen Geistes wird. Auf diese Weise wächst und entfaltet sich der menschliche
Geist in gewaltigen Sprüngen. Naturgemäß wird es Zeiten des Kummers und der Schwierigkeiten
und sogar harter Prüfungen geben; aber wenn sich der Betreffende unbeirrt dem göttlichen Offen-
barer zuwendet, sorgfältig Seine heiligen Lehren studiert und die Segnungen des Heiligen Geistes
empfängt, dann wird er finden, daß diese Prüfungen und Schwierigkeiten in Wirklichkeit die Gabe
Gottes waren, die ihm zu Wachstum und Entwicklung verhelfen.
So können Sie auch Ihre eigenen Schwierigkeiten auf dem Weg des Dienstes ansehen. Sie sind
das Mittel, durch das Ihr Geist wächst und sich entwickelt. Plötzlich werden Sie merken, daß Sie
viele der Probleme, die Sie aus dem Gleichgewicht bringen, bewältigt haben, und dann werden Sie
sich fragen, wieso sie Ihnen überhaupt zu schaffen gemacht haben. Der einzelne muß sein ganzes
Herz und seinen Geist auf den Dienst an der Sache konzentrieren, in Übereinstimmung mit den
hohen Maßstäben, die von Bahá’u’lláh gesetzt worden sind. Wenn er das getan hat, dann wird ihm
die Streitmacht der himmlischen Heerscharen zu Hilfe kommen, und jede Schwierigkeit und jede
Prüfung wird allmählich gemeistert werden. (Aus einem Brief vom 6. Oktober 1954 im Auftrag
Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Die Straße ist steinig und viele Prüfungen warten auf ihr; aber wie Sie sagen: Wenn die Freunde
es lernen, den Lehren Bahá’u’lláhs gemäß zu leben, dann werden sie entdecken, daß sie in der
Tat auf verborgene, machtvolle Weise wirken, daß immer Hilfe zur Hand ist, daß Hindernisse ü-
berwunden werden und der Erfolg am Ende sicher ist. (Aus einem Brief vom 23. April 1956 im Auf-
trag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Der einzelne muß allein ihren Charakter (nämlich seiner Aufgabe) abwägen, er muß sein Gewis-
sen befragen und im Gebet alle ihre Seiten betrachten, er muß männlich gegen die natürliche
Trägheit ankämpfen, die ihn bei seiner Bemühung, sich zu erheben, nach unten zieht, er muß hel-
denhaft und unwiderruflich die unnützen und überflüssigen Bindungen abstreifen, die ihn zurück-
halten, er muß sich jedes Gedankens entledigen, der ein Hindernis auf seinem Weg werden könn-
te, er muß im Gehorsam gegenüber den Ratschlägen des Urhebers seines Glaubens und in der
Nachfolge dessen, der das wahrhafte Vorbild ist, mit Männern und Frauen aus allen sozialen
Schichten zusammenkommen und versuchen, ihre Herzen durch seine vornehmen Gedanken,
Worte und Taten anzurühren, sie durch Takt und Liebe, durch Gebet und Beharrlichkeit für den
Glauben zu gewinnen, dem er sich selbst angelobt hat. (Aus einem Brief Shoghi Effendis vom 19.
Juli 1956 an den Nationalen Geistigen Rat der Vereinigten Staaten, zitiert in „Citadel of Faith", S.
148)
Es hat ihn sehr betrübt, von der Uneinigkeit der Freunde dort zu erfahren, und er meint, daß das
einzig weise Vorgehen darin besteht, daß sich alle Freunde der Lehrarbeit widmen und mit ihrem
Nationalen Rat zusammenarbeiten. Solche Prüfungen und Tests, durch die alle Bahá’í-Gemeinden
unvermeidlich hindurch müssen, erscheinen im Augenblick oft schrecklich, aber in der Rückschau
verstehen wir, daß sie ihre Ursache in der Schwäche der menschlichen Natur, in Mißverständnis-
sen und auch in den Wachstumsschmerzen haben, die jede Bahá’í-Gemeinschaft erleiden muß.
(Aus einem Brief vom 25. November 1956 im Auftrag Shoghi Effendis an einen Gläubigen)
Er ist sehr glücklich darüber, daß Sie eines der ermutigendsten Gebote 'Abdu'I-Bahás in die Tat
umgesetzt haben. Er sagte, wir sollen versuchen, jedes Hindernis, das uns zu Fall bringen will, in
ein Sprungbrett zum Fortschritt zu verwandeln. In Ihrem bisherigen Leben sind Sie alle sehr
schwer gestrauchelt; aber weit davon entfernt, sich durch diese Erfahrung verbittern oder nieder-
schlagen zu lassen, haben Sie sich entschlossen, aus ihr ein Mittel zu machen, um Ihr Wesen zu
reinigen, Ihren Charakter zu verbessern und Sie zu befähigen, in Zukunft bessere Mitmenschen zu
werden. Dies ist in den Augen Gottes wahrhaftig wohlgefällig. (Aus einem Brief vom 26. März 1957
im Auftrag Shoghi Effendis an die Bahá’í im Kgl. Gefängnis in Farm Kitalya, Uganda)
Die Bahá’í müssen angesichts des Zustandes, in dem sich die Welt heute befindet, fest und mu-
tig als Anhänger Bahá’u’lláhs hervortreten, Seine Gesetze befolgen und danach streben, Seine
Weltordnung aufzubauen. Durch Kompromisse wird es uns nie gelingen, unseren Glauben aufzu-
richten oder die Herzen anderer für ihn zu gewinnen. Damit ist oft ein großes persönliches Opfer
verbunden, aber wir wissen, daß Gott uns, wenn wir das Richtige tun, auch die Kraft gibt, es aus-
zuführen, und daß wir dadurch Seinen Segen auf uns ziehen. Wir lernen zu solchen Zeiten, daß
unser Mißgeschick wirklich eine Segnung ist. (Aus einem Brief vom 7. Mai 1957 im Auftrag Shoghi
Effendis an den Nationalen Geistigen Rat von Australien, zitiert in "Bahá’í News" Nr. 335, Januar
1959, S. 2)
Es ist nicht genug für die Freunde, sich damit zu entschuldigen, daß ihre besten Lehrer und vor-
bildlichen Gläubigen sich erhoben haben, um dem Pionieraufruf zu folgen.
Ein "bester Lehrer" und "vorbildlicher Gläubiger" ist letztlich nicht mehr oder weniger als ein ge-
wöhnlicher Bahá’í, der sich der Arbeit am Glauben geweiht, sein Wissen und sein Verständnis der
Lehren vertieft, sein Vertrauen in Bahá’u’lláh gesetzt und sich erhoben hat, Ihm nach seinen bes-
ten Fähigkeiten zu dienen. Diese Tür wird sich, dessen sind wir sicher, vor jedem Anhänger des
Bahá’í-Glaubens öffnen, der - im Bild gesprochen - fest genug anklopft. Wenn der Wille und das
Verlangen stark genug sind, wird das Mittel gefunden und der Weg geöffnet, um entweder im örtli-
chen Rahmen stärker mitzuarbeiten, in eine neue Zielstadt innerhalb der Vereinigten Staaten zu
gehen oder das Feld des Pionierens in fremden Ländern zu betreten.
Nicht nur Ihr Rat muß die erforderliche Ermutigung und Führung vermitteln und die Freunde da-
zu ermuntern, sich zu erheben und ihre Rolle zu spielen; auch die örtlichen Geistigen Räte müssen
alles in ihren Kräften Stehende tun, um den Freunden zu helfen, voranzuschreiten und ihre Ziele
zu erreichen. Jeder Bahá’í muß gleicherweise fühlen, daß dies heutzutage seine persönliche
Pflicht gegenüber dem Glauben und sein größtes Vorrecht ist, jeder muß sich fragen, was er wäh-
rend der kommenden sechs Jahre, von heute angefangen, tun kann, um das Erreichen der Ziele
des Zehnjahresplans zu beschleunigen. Die Bahá’í sind der Sauerteig Gottes, der die Masse des
Volkes säuern muß.
(Aus einem Brief vom 21. September 1957 im Auftrag Shoghi Effendis an den Nationalen Geisti-
gen Rat der Vereinigten Staaten)
In der ganzen Weit hört man schöne Reden preisen und edle Lehren bewun-
dern. Alle Menschen sagen, daß sie das Gute lieben und alles Übel hassen.
Aber ... Taten müssen mehr als Worte sein ... Unsere Taten werden die Welt
weiterbringen... Nicht durch bloßen Lippendienst sind die Erwählten Gottes
zur Heiligkeit gekommen, sondern durch ein geduldiges Leben tätigen Diens-
tes.
Strebt darum, daß Eure Taten tagtäglich wundervolle Gebete seien.
‘Abdu’l-Bahá Ansprachen in Paris
Zum Wirklichen Leben – Auszüge aus Briefen und Schriften Shoghi Effendis von 1923 – 1957; Seite:1 von 15
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