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اسپانیایی — Advenimiento de la Justicia Divina, El.txt
Source: Bahá'í Library Online (bahai-library.com), curated by Jonah Winters. Used by permission of the curator. Original citation: Shoghi Effendi, Advenimiento de la Justicia Divina, El, bahai-library.com.
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El Advenimiento
de la

Justicia Divina

SHOGHI EFFENDI
Shoghi Effendi
El Guardián de La Fe Bahá'í
ÍNDICE

Crisis Recurrentes 5
La Ciudadela Restante de Mayor Importancia 8
Una Cruzada de Magnitud Aún Mayor 13
Las Posibilidades del Futuro 15
La Luz Inagotable 17
El Supremo Propósito de Su Revelación 18
Cuán Inmensa la Responsabilidad! 21
Requisitos Previos Espirituales 22
El Tema que Ofrece el Mayor Reto 33
La Cruzada Doble 40
Los Requisitos para la Enseñanza 43
El Despertar de América Latina 55
La Fundación Necesaria 60
Llamado para Pioneros 63
La Parte Predominante 65
A la Juventud Bahá'í 66
La Posición Especial de Panamá 67
Una Sabiduría Inescrutable, una Voluntad que
Todo lo Compele 68
El Advenimiento del Reino 69
El Destino de América 82
Para los amados de Dios y las siervas del Misericordioso en
Estados Unidos y el Canadá.

Bienamados hermanos y hermanas en el amor de Bahá'u'lláh:

Sería ciertamente difícil expresar adecuadamente los sentimientos de exultación
y de dicha irreprimible que emanan de mi corazón cada vez que hago una pausa
para contemplar las incesantes evidencias de la energía dinámica que anima a los
valientes pioneros del Orden Mundial de Bahá'u'lláh en la ejecución de Plan a ellos
encomendado. La firma del contrato, por parte de sus representantes nacionales
elegidos marca el comienzo de la fase final de la más grande empresa jamás
iniciada por los seguidores de la Fe de Bahá'u'lláh en occidente; también es
significativo, en no menor grado, el progreso altamente alentador registrado en los
sucesivos informes del Comité Nacional de Enseñanza lo cual también confirma
más allá de toda posibilidad de duda, la fidelidad, el vigor y la cabalidad con que
ustedes están llevando a cabo las múltiples operaciones que la evolución del Plan
de Siete Años debe necesariamente abarcar. En ambos aspectos y en todos sus
detalles, este plan se está realizando con regularidad y precisión ejemplares, con
mantenida eficiencia y con encomiable prontitud.
La destreza que en meses recientes han demostrado tan vivamente los
representantes nacionales de los creyentes americanos evidenciada por sus medidas
sucesivas, ha sido equiparada con el apoyo leal, incuestionable y generoso que en
el desempeño de sus sagradas obligaciones le han otorgado en toda época crítica y
con cada nuevo adelanto, los creyentes a quienes ellos representan. Esa acción
conjunta, esa cohesión tan completa, esa armonía y camaradería ininterrumpidas
entre las diversas instituciones que contribuyen a la vida orgánica y forman la base
principal de la comunidad Bahá'í que funciona debidamente, constituye un
fenómeno que ofrece un contraste marcadísimo con las tendencias destructivas
manifestadas en forma tan trágica por los elementos discordantes de la sociedad
actual.
Mientras que cada prueba aparente que la infinita sabiduría del Todopoderoso
juzga necesario infligir a la comunidad por Él escogida sirve sólo para demostrar
nuevamente la solidaridad básica y consolidar su fuerza interna, cada crisis
sucesiva en los destinos de una época decadente revela más convincentemente que
la crisis anterior, las influencias corrosivas que están rápidamente absorbiendo la
vitalidad y socavando las bases de sus instituciones debilitadas.
Las personas que se han identificado con la Comunidad del Más Grande
Nombre deben sentirse eternamente agradecidas por tales demostraciones de las
interposiciones de una Providencia siempre alerta y vigilante. De cada nueva
prueba de Su inagotable bendición, por una parte, y de Su castigo, por otra parte,
ellos no pueden sino derivar inmensa esperanza y valor. Alerta para aprovechar
toda oportunidad que les revele las vueltas del destino, dentro de su Fe, y sin
desanimarse por la perspectiva de las convulsiones espasmódicas que tarde o
temprano habrán de afectar fatalmente a aquellos que trabajarán posteriormente,
deberán avanzar hasta que los procesos puestos en movimiento hayan gastado su
fuerza y a la vez contribuido su parte al nacimiento del Orden que ahora se mueve
en la matriz de una época en labor.

Crisis Recurrentes

Estas crisis recurrentes que con grave frecuencia e irresistible fuerza están
afligiendo a una porción de la raza humana en crecimiento continuo, tienen
necesariamente que continuar ejerciendo, aunque no sea en forma permanente y
hasta cierto límite, su influencia perniciosa sobre una comunidad mundial que ha
extendido sus ramificaciones a los más distantes extremos de la tierra. ¿Cómo
pueden los comienzos de un cataclismo mundial, desatando fuerzas que están
deteriorando tan gravemente el equilibrio social, religioso, político y económico de
una sociedad organizada, arrojando al caos y a la confusión sistemas políticos,
doctrinas raciales, conceptos sociales, normas culturales, asociaciones religiosas y
relaciones mercantiles?, ¿cómo pueden, tales conmociones en escala tan vasta y sin
precedentes, dejar de producir alguna repercusión en las instituciones de una Fe de
tan tierna edad, cuyas enseñanzas tienen relación directa y vital con cada uno de
estos aspectos de la vida y conducta humanas?
No es de sorprenderse, por lo tanto, que ellos, los que sostienen el estandarte de
una Fe tan profunda y una Cause tan retadora, se encuentren afectados por el
impacto de esas fuerzas que sacuden al mundo. No es de sorprenderse que ellos
descubran en medio de este remolino de pasiones contrarias, que su libertad ha
sido limitada, sus principios menospreciados, sus instituciones asaltadas, sus
propósitos difamados, su autoridad puesta en peligro, sus reclamaciones
rechazadas.
En el corazón del continente europeo, una comunidad que, como predijo
'Abdu'l-Bahá, está destinada por virtud de su potencialidad espiritual y situación
geográfica, a irradiar el esplendor de la luz de la Fe sobre los países que la rodean,
ha sido momentáneamente eclipsada por las restricciones impuestas por un
régimen que ha malentendido lastimosamente su propósito y funciones. Su voz, ay,
ha sido silenciada, sus instituciones disueltas, su literatura prohibida, sus archivos
confiscados y sus reuniones suspendidas.
En el Asia central, en la ciudad que disfruta de la particular distinción de haber
sido escogida por 'Abdu'l-Bahá como la cuna del primer Mashriqu'l-Adhkár del
mundo Bahá'í, así como en los pueblos y poblados de la provincia a la que
pertenece, la Fe de Bahá'u'lláh, afligida como resultado de la vitalidad
extraordinaria y particular que ha manifestado consistentemente durante el
transcurso de varias décadas, se encuentra a merced de las fuerzas que alarmadas
de su creciente poder, se empeñan ahora en reducirla a la completa impotencia. Su
Templo ha sido expropiado, aunque todavía es usado para fines de adoración
Bahá'í; sus Asambleas y comunidades han sido dispersadas, sus actividades de
enseñanza mutiladas, sus principales promotores han sido deportados y no pocos
de sus más entusiastas defensores, mujeres y hombres, han sido encarcelados.
En el país de su nacimiento, donde reside la inmensa mayoría de sus seguidores
-un país cuya capital ha sido aclamada por Bahá'u'lláh como la "madre del mundo"
y "el manantial de la felicidad del género humano" -una autoridad civil que aún no
se encuentra desvinculada oficialmente de las influencias paralizadoras de un clero
anticuado, fanático y desmedidamente corrupto, continúa implacablemente su
campaña de represión contra los adherentes de la Fe, a la cual ha tratado
inútilmente de suprimir durante casi un siglo.
Independientemente del hecho de que los miembros de esta inocente y
reprobada comunidad pueden alegar con justicia que figuran entre los ciudadanos
más desinteresados y más competentes y entre los más ardientes amantes de su
tierra nativa, desdeñosa del alto sentido que ellos tienen de lo que es ciudadanía
mundial, lo cual los adherentes de un nacionalismo excesivo y limitado no podrán
nunca apreciar, dicha autoridad se niega a darle a una Fe que extiende su
jurisdicción espiritual sobre casi 600 comunidades locales y cuyos adherentes
sobrepasan en número a los adherentes de la Fe cristiana, judía y zoroástrica de ese
país, el necesario derecho legal para poner en vigencia sus leyes, para administrar
sus asuntos, para operar sus escuelas, para celebrar sus festivales, para poner en
circulación su literatura, para solemnizar sus ritos y para erigir sus edificios y
proteger sus legados.
Y ahora, recientemente, en la misma Tierra Santa, el corazón y centro motriz
de una Fe que abarca al mundo, los fuegos de la animosidad racial, de luchas
fraternales, de terrorismo desenfrenado, ha encendido una conflagración que
interfiere gravemente, por una parte, con esa corriente de peregrinos que constituye
la sangre vital de aquel centro y que hace que se suspendan, por otra parte, los
diferentes proyectos que han sido iniciados en conexión con la preservación y
extensión de las áreas que rodean el sitio sagrado que este centro encierra. Ha sido
puesta en peligro la seguridad de la pequeña comunidad de creyentes residentes,
enfrentados con la creciente ola del desorden; su condición como comunidad
neutral y definida ha sido indirectamente puesta en tela de juicio y su libertad para
llevar a cabo algunas de sus conmemoraciones ha sido restringida. Una serie de
asesinatos, alternados con arranques de amargo fanatismo racial y religioso
incluyendo a los dirigentes, lo mismo que a los seguidores de tres credos
sobresalientes en ese país perturbado, han amenazado en algunas ocasiones con
cortar todos los medios normales de comunicación dentro de sus confines y fuera
de éstos con el mundo exterior. Aunque ha sido peligrosa la situación, los Lugares
Sagrados Bahá'ís, objeto de la adoración de una Fe que abarca al mundo, han sido
preservados casi milagrosamente, no obstante su número y ubicación arriesgada y
aunque a ligera vista aparentemente desprovistos de cualquier medio de protección.
Un mundo desgarrado por pasiones en conflicto y que se desintegra
peligrosamente desde su interior, se encuentra enfrentado en una época tan crítica
de su historia, a los destinos prometedores de una Fe naciente, una Fe que a veces
parece ser atraída a sus controversias, complicada por sus conflictos, eclipsada por
sus sombras acumuladas, y doblegada por la ola creciente de sus pasiones. En su
mismo corazón, dentro de su cuna en la sede de su primer y venerable Templo, en
uno de sus hasta ahora florecientes y potencialmente poderosos centros, la Fe de
Bahá'u'lláh todavía no liberada, parece ciertamente haber retrocedido ante las
fuerzas desbordantes de la violencia y del desorden, de las cuales y en forma
gradual, la humanidad está siendo víctima. Las fortalezas de esta Fe, una por una y
un día tras otro, parecen estar sucesivamente aisladas, asaltadas y capturadas. A
medida que las luces de la libertad oscilan y se extinguen, a medida que el brote de
la discordia es más y más intenso cada día, a medida que los fuegos del fanatismo
arden con más vigor en los pechos de los hombres, a medida que el escalofrío de la
irreligión trasciende implacablemente sobre el alma de la humanidad, las
extremidades y los órganos que forman parte del cuerpo de la Fe de Bahá'u'lláh,
aparentan en diferentes grados, sufrir de las influencias mutilantes que ahora
mantienen en sus garras a todo el mundo civilizado.
Cuán clara y vívidamente se demuestran las palabras de 'Abdu'l-Bahá en esta
hora: "La oscuridad del error que ha envuelto al oriente y al occidente en este
más gran Ciclo batalla con la luz de la Guía Divina. Sus espadas y lanzas son
muy afiladas y agudas; su ejército está desesperadamente sediento de sangre".
“Hoy en día, los poderes de todos los dirigentes religiosos", Él ha escrito en
otro pasaje, "se encauzan hacia la dispersión de la congregación del Todo
Misericordioso y hacia la completa demolición del Edificio Divino. Las
multitudes del mundo, ya sean materiales, culturales o políticas, están lanzando
su ataque de todos lados, puesto que la Causa es grande, muy grande. Su
grandeza es, hoy en día clara y evidente a los ojos del hombre".

La Ciudadela Restante de Mayor Importancia
La única de las importantes ciudadelas restantes, el brazo poderoso que aún
mantiene en alto el estandarte de una Fe invencible no es otro que la bendita
comunidad de los seguidores del Más Grande Nombre en el continente
norteamericano. Como resultado de su trabajo y como consecuencia de la
constante protección otorgada a ésta por una Providencia Todopoderosa, este
distinguido miembro del cuerpo de las comunidades Bahá'ís del oriente y occidente
que trabajan constantemente entre sí, promete que se le considere universalmente
como la cuna y fortaleza del futuro Nuevo Orden Mundial, lo cual constituye al
mismo tiempo la promesa y la gloria de la Dispensación que se asocia con el
nombre de Bahá'u'lláh.
Que cualquiera que esté inclinado a menospreciar la posición conferida a esta
comunidad o a cuestionar el papel que ésta será llamada a desempeñar en días
futuros, reflexiones sobre la implicación de estas palabras fecundas y altamente
iluminadoras pronunciadas por 'Abdu'l-Bahá y dirigidas a esta comunidad en una
época cuando los destinos de un mundo quejumbroso bajo el peso de una guerra
devastadora, habían llegado a su más bajo nivel. "El continente de América", Él
escribió tan significativamente, "es ante los ojos del Dios único y verdadero, el
país donde los esplendores de Su luz serán revelados, donde los misterios de Su
Fe serán descubiertos, donde los justos morirán y donde los hombres libres se
reunirán". La comunidad de los creyentes del continente norteamericano -al
mismo tiempo promotora principal y ejemplo para futuras comunidades que la Fe
de Bahá'u'lláh está destinada a hacer surgir a través del largo y ancho del
hemisferio occidental- a pesar de la tenebrosidad prevaleciente, ya ha demostrado
su capacidad para que se le reconozca como la portadora de la antorcha de aquella
luz, el repositorio de esos misterios, la exponente de esas virtudes y el santuario de
esa libertad. ¿A cuál otra luz pueden aludir las palabras citadas arriba, sino a la luz
de la gloria de la Edad de Oro de la Fe de Bahá'u'lláh? ¿Qué misterios pudo haber
considerado 'Abdu'l-Bahá, excepto los misterios de aquel Orden Mundial
embriónico que ahora se desenvuelve dentro de la matriz de Su administración?
¿Qué rectitud, sino la rectitud que el reino de esa Edad y ese Orden, solamente,
pueden establecer? ¿Qué libertad sino la libertad que sería conferida por la
proclamación de Su soberanía, con el transcurso del tiempo?
La comunidad de los promotores organizados de la Fe de Bahá'u'lláh en el
continente americano - los descendientes espirituales de los rompedores del alba de
una Edad heroica, quienes por medio de su muerte proclamaron el nacimiento de
esa Fe- debe, a su vez, introducir por medio del sacrificio en vida, no por medio de
su muerte, ese Orden Mundial prometido: la concha destinada a encerrar esa joya
sin precio que es la civilización mundial, de la cual la Fe misma es la única
engendradora. Mientras que las comunidades hermanas se doblegan por todos
lados, esta comunidad, preservada por los inmutables decretos del Ordenador
omnipotente y derivando continuo sustento del mandato con el cual ha sido
investida por las Tablas del Plan Divino, se encuentra ahora con afán dedicada a
colocar las bases y fomentar el crecimiento de aquellas instituciones que
pregonarán el advenimiento de la Edad destinada a atestiguar el nacimiento y
desarrollo del Orden Mundial de Bahá'u'lláh.
Una comunidad relativamente insignificante en su fuerza numérica; separada
por vastas distancias del centro focal de su Fe, así como del país donde reside la
mayoría de recursos materiales y careciendo de experiencia y prominencia;
ignorante de las creencias, conceptos y hábitos de las razas de las cuales surgieron
sus Fundadores espirituales; sin absoluto conocimiento de los idiomas en que
fueron originalmente revelados sus Libros Sagrados, obligada a apoyarse
únicamente en interpretaciones inadecuadas de porciones fragmentarias de la
literatura que encarna sus leyes, su doctrina y su historia; sujeta desde su infancia a
pruebas de extrema severidad, las que a veces han causado la deserción de algunos
de sus miembros más prominentes; teniendo que lidiar casi desde sus comienzos y
cada vez con más intensidad, con las fuerzas de la corrupción, de la laxitud moral y
del prejuicio arraigado –tal comunidad, en menos de medio siglo y sin ayuda de
ninguna comunidad hermana en el oriente o el occidente, por virtud de la potencia
celestial con la que un Maestro amoroso la ha dotado en abundancia, ha dado
ímpetu a la marcha progresiva de la Causa que ha abrazado, la cual no ha podido
ser igualada por las hazañas de sus correligionarios del occidente. ¿Qué otra
comunidad, puede preguntarse confiadamente, ha servido de instrumento en la
confección del patrón y en impartir el impulso original a aquellas instituciones
administrativas que constituyen la vanguardia del Orden Mundial de Bahá'u'lláh?
¿Qué otra comunidad ha sido capaz de demostrar, en forma tan consistente, el
ingenio, la disciplina, la determinación férrea, el ahínco y la perseverancia, la
devoción y la fidelidad, tan indispensables para la erección y continua expansión
de la estructura dentro de la cual, solamente, esas instituciones nacientes pueden
multiplicarse y madurar? ¿Qué otra comunidad ha dado muestras de haber sido
inspirada por tan noble visión o haber estado dispuesta a elevarse a tales alturas del
sacrificio o a encontrarse preparada para obtener un grado de solidaridad tan
elevado que le haya permitido erigir en tan poco tiempo y durante el transcurso de
años tan cruciales, un edificio que bien puede ser considerado como la
contribución más grande jamás hecha por el occidente a la Causa de Bahá'u'lláh?
¿Qué otra comunidad puede sostener con justificación que a través de los esfuerzos
sin respaldo de uno de sus humildes miembros, se haya triunfado en obtener para
su Causa, la aceptación espontánea de la Realeza y se hayan logrado tales
testimonios maravillosos, escritos, de su verdad? ¿Qué otra comunidad ha
demostrado la perspicacia, la habilidad organizadora, el afán entusiasta, que han
sido responsables del establecimiento y la expansión a través de su territorio, de
aquellas primeras escuelas, las que con el transcurso del tiempo Se desarrollarán,
por una parte, en poderosos centros de enseñanza Bahá'í, y por otra parte,
proporcionarán suelo fértil de reclutamiento para el enriquecimiento y
consolidación de su cuerpo de maestros? ¿Qué otra comunidad ha producido
pioneros que combinen en grado tan elevado, las cualidades esenciales de la
audacia, la consagración, la tenacidad, el desprendimiento, la devoción sin límites,
cualidades que les han instado a abandonar sus hogares y sus posesiones y a
dispersarse por la superficie del globo y a elevar en los rincones más lejanos el
estandarte triunfante de Bahá'u'lláh? ¿Quiénes, sino los miembros de esta
comunidad, han sido merecedores de la eterna distinción de ser los primeros en
haber elevado el llamado de Yá Bahá'u'l-Abhá en centros y territorios tan
importantes y tan dispersos como son el corazón del Imperio Británico y el imperio
Francés, Alemania, el lejano oriente, los Estados Balcanes, los países
Escandinavos, América Latina, las islas del Pacífico, África del Sur, Australia,
Nueva Zelandia y ahora, más recientemente, los Estados Bálticos? ¿Quienes, sino
esos mismos pioneros, han demostrado estar preparados para emprender la labor,
para poner en práctica la paciencia y proporcionar los fondos requeridos para la
traducción y publicación en no menos de cuarenta idiomas, de su literatura
sagrada, cuya diseminación es un requisito esencial en cualquier campaña de
enseñanza organizada efectivamente? ¿Qué otra comunidad puede reclamar haber
tomado parte decisiva en los esfuerzos internacionales que han sido llevados a
cabo con el fin de proteger y extender los alrededores inmediatos de sus Sagrados
Santuarios, así como la adquisición preliminar de futuros lugares para sus
instituciones internacionales, en su Centro Mundial? ¿Qué otra comunidad puede,
para su eterna gloria, reclamar haber sido la primera en organizar sus
constituciones nacionales y locales y por este medio, haber asentado las líneas
fundamentales de las cartas gemelas designadas a regular las actividades, definir
las funciones y proteger los derechos de sus instituciones? ¿Qué otra comunidad
puede hacer alarde de haber adquirido y legalmente asegurado la base de sus
dotaciones nacionales, pavimentando así el camino para que las comunidades
locales tomen una acción similar? ¿Que otra comunidad ha logrado la suprema
distinción de haber obtenido, mucho antes de que cualquier otra comunidad
hermana hubiese contemplado dicha posibilidad, los documentos necesarios que
reafirman por parte de las autoridades federales y de los estados, el reconocimiento
de sus Asambleas Espirituales y sus dotaciones nacionales? Y finalmente, qué otra
comunidad ha tenido el privilegio y ha sido provista de los medios para socorrer a
los necesitados, para defender la causa de los oprimidos y para intervenir tan
enérgicamente para salvaguardar los edificios e instituciones Bahá'ís en países tales
como Persia, Egipto, Iraq, Rusia y Alemania, donde en diferentes ocasiones, sus
correligionarios han tenido que sufrir los rigores de las persecuciones tanto
religiosas como raciales?
Tal registro de servicios, brillante e inigualable, que se extiende por un período
de casi veinte años y que está tan completamente vinculado con los intereses y
destino de una sección tan extensa de la comunidad mundial Bahá'í, merece figurar
como un capítulo memorable en la historia del Período Formativo de la Fe de
Bahá'u'lláh. Reforzado y enriquecido por el recuerdo de los primeros logros de los
creyentes americanos, tal registro es en sí mismo testimonio convincente de su
capacidad para asumir debidamente las responsabilidades que cualquier tarea
pueda imponerles en el futuro. Sería casi imposible sobreestimar el significado de
estos múltiples servicios. Evaluar correctamente su valor y amplificar sus méritos y
consecuencias inmediatas, es una tarea que solamente un futuro historiador Bahá'í
puede desempeñar debidamente. Por el presente, yo sólo puedo hacer constar mi
profunda convicción de que una comunidad que es capaz de llevar a cabo tales
hechos, de demostrar tal espíritu, de elevarse hasta tales alturas, no puede sino
encontrarse ya dotada de aquellas potencialidades que le permitirán vindicar, en la
plenitud del tiempo, su derecho a ser aclamada como la principal creadora y
paladín del Orden Mundial de Bahá'u'lláh.
Magníficas como han sido estas crónicas y rememorativas como son en algunos
de sus aspectos, de las hazañas con las que los rompedores del alba de una Edad
heroica han proclamado el nacimiento de la misma Fe -la tarea asociada con el
nombre de esta comunidad privilegiada, lejos de acercarse a su culminación,
solamente comienza a desenvolverse. Lo que han llegado a hacer los creyentes
americanos, dentro del espacio de casi cincuenta años, es infinitesimal comparado
con la magnitud de las tareas delante de ellos. Los anuncios de aquel cataclismo
que proclamará al mismo tiempo la agonía del viejo orden y los dolores de parto
del nuevo Orden, indican tanto el acercamiento continuo como el carácter
imponente de esas tareas.

Una Cruzada de Magnitud Aún Mayor

El establecimiento virtual del Orden Administrativo de su Fe, la erección de su
estructura, la creación de sus instrumentos y la consolidación de sus instituciones
subsidiarias, fueron las primeras tareas que se les encomendaron como comunidad
organizada, llamada a existir por la Voluntad y bajo las instrucciones de 'Abdu'l-
Bahá. Ellos han desempeñado esta tarea inicial, con maravillosa prontitud,
fidelidad y vigor. Apenas ellos crearon y correlacionaron las diferentes agencias
necesarias para el desempeño eficiente de cualquier plan de acción que ellos,
subsiguientemente, desearan iniciar, se dedicaron, con igual entusiasmo y
consagración, a la siguiente tarea más ardua, la de erigir la superestructura de un
edificio cuya piedra angular fue colocada por 'Abdu'l-Bahá Mismo. Cuando esta
hazaña fue lograda, esta comunidad animada por los ruegos apasionados, las
exhortaciones y las promesas inscritas en las Tablas del Plan Divino, resolvió
emprender aún otra tarea, la cual por su alcance y posibilidades espirituales, sin
duda deslumbrará cualquiera de los trabajos anteriormente realizados por ellos.
Ellos, emprendiendo el Plan de Siete Años con entusiasmo insaciable e intrépido
valor, como primer paso práctico hacia el cumplimiento de la misión prescrita en
esas Tablas trascendentales, comenzaron, con espíritu de consagración renovada,
su tarea doble, la consumación de la cual, se espera, sincronizará con la
celebración del centenario del nacimiento de la Fe de Bahá'u'lláh. Ellos, bien
enterados de que cada adelanto hecho en la ornamentación externa de su
majestuoso edificio, tendría una reacción directa con el progreso de la campaña de
enseñanza iniciada por ellos en ambos continentes, América del Norte y Sur y
percatándose de que cada victoria obtenida en el campo de enseñanza facilitaría, a
su vez, el trabajo y aceleraría la terminación de su Templo, ellos están ahora
adelantando con valor y fe, sus esfuerzos por cumplir con ambas fases de sus
obligaciones bajo el Plan al cual ellos se han dedicado para ejecutar. Que ellos no
se imaginen, sin embargo, que la realización del Plan de Siete Años, el que
coincide con la finalización del primer siglo de la era Bahá'í, significa el fin o aún
la interrupción del trabajo que la Mano infalible del Todopoderoso les insta a que
lleven a cabo. El comienzo del segundo siglo de la era Bahá'í debe revelar
perspectivas mayores, introducir otras etapas y atestiguar la iniciación de planes de
más alcance que ninguno hasta ahora concebidos. El Plan en el que ahora se
enfocan la atención, las esperanzas y recursos de toda la comunidad de creyentes
americanos, debe ser visto como un comienzo solamente, como una prueba de
fuerza, como un vínculo hacia una cruzada de magnitud aún mayor, si es que los
deberes y responsabilidades con los que el Autor del Plan Divino los ha investido,
han de ser honorable y completamente cumplidos.
Pues la consumación del presente Plan puede resultar solamente en la
formación de por lo menos un centro en cada una de las repúblicas del hemisferio
occidental, mientras que las obligaciones prescritas en esas Tablas, requieren una
difusión más extensa e implican la dispersión de un número mucho mayor y más
representativo de los miembros de la comunidad Bahá'í norteamericana, sobre toda
la superficie del nuevo Mundo. Es la indudable misión de los creyentes
americanos, por lo tanto, continuar en el segundo siglo el glorioso trabajo
comenzado en los últimos años del primer siglo. Ellos no podrán sentirse
satisfechos de haber cumplido adecuadamente con sus obligaciones inmediatas
bajo el Plan divinamente revelado de 'Abdu'l Bahá, hasta cuando ellos hayan
desempeñado su papel en guiar las actividades de estos centros aislados y
recientemente creados y hayan fomentado, a su vez sus capacidades para iniciar la
formación de instituciones locales y nacionales basadas en las suyas propias.
Ni por un momento debe suponerse que el finalizar una tarea que tiene como
objeto la multiplicación de los centros Bahá'ís y el suministro de la asistencia y
guía necesarias para el establecimiento del Orden Administrativo de le Fe Bahá'í
en los países latinoamericanos, se cumple completamente con los designios que
'Abdu'l-Bahá, ha vislumbrado para ellos. Un examen, aunque sea superficial, de
esas Tablas que comprenden Su Plan, revelará al instante, un alcance de sus
actividades, el que se extiende más allá de los confines del hemisferio occidental.
Con la virtual finalización de sus tareas y responsabilidades interamericanas, su
misión intercontinental comienza su fase más gloriosa y decisiva. "En el momento
en que este Mensaje Divino", el mismo 'Abdu'l-Bahá ha escrito, "es divulgado
por los creyentes americanos desde las costas de América y es propagado a través
de los continentes de Europa, Asia, África y Australasia y a lugares tan distantes
como las islas del Pacífico, esta comunidad se encontrará firmemente
establecida en el Trono de un Dominio Eterno". ¿Y quién sabe si cuando esta
tarea colosal haya sido llevada a cabo, una misión mayor, más grandiosa,
incomparable en su esplendor y predestinada para ellos por Bahá'u'lláh, les pueda
ser impuesta? Las glorias de dicha misión son de un esplendor tan deslumbrante,
las circunstancias que la acompañarían tan remotas, y los eventos contemporáneos
con los cuales la culminación de esa misión están tan estrechamente unida en un
estado de tanto flujo, son tales, que en la actual época sería prematuro intentar
cualquier descripción exacta de sus características. Basta decir que del torbellino y
las tribulaciones de estos "últimos años", surgirán oportunidades nunca soñadas y
se crearán circunstancias que no pueden predecirse, que, capacitarán no más bien,
obligarán a los victoriosos promotores del Plan de 'Abdu'l-Bahá, por una parte que
ellos desempeñarán en el desenvolvimiento del Nuevo Orden Mundial, a que se
agreguen nuevos laureles a la corona de su servidumbre, en el umbral de
Bahá'u'lláh.

Las Posibilidades del Futuro

Ni debe permitirse que pase desapercibida ninguna de las múltiples
oportunidades de una clase completamente diferente, oportunidades que la
evolución de la Fe misma debe crear o en su Centro Mundial o en el continente
norteamericano o aún en las regiones más remotas de la tierra, exhortando una vez
más a los creyentes americanos para que desempeñen un papel no menos
conspicuo que aquel que ellos previamente desempeñaron por medio de sus
contribuciones colectivas para la propagación de la Causa de Bahá'u'lláh. Por el
momento, yo sólo puedo citar a la ventura algunas de estas oportunidades que se
destacan preeminentemente, en cualquier intento que yo haga por estudiar las
posibilidades del futuro: La erección de la Casa Internacional de Justicia y su
establecimiento en la Tierra Santa, el centro espiritual y administrativo del mundo
Bahá'í, conjuntamente con la formación de sus dependencias auxiliares e
instituciones subsidiarias; la erección gradual de las diferentes dependencias del
primer Mashriqu’l-Adhkár del oeste y los intrincados asuntos que envuelven el
establecimiento y la extensión de la base estructural de la vida de la comunidad
Bahá'í, la codificación y promulgación de las ordenanzas del Libro Más Sagrado,
el cual requiere en ciertos países del oriente, la formación de cortes del ley Bahá'í,
debidamente constituidas y oficialmente reconocidas; la construcción del Tercer
Mashriqu'l-Adhkár del mundo Bahá'í en las afueras de la ciudad de Teherán, el
cuál será seguido por la erección de una Casa de Adoración similar, en la misma
Tierra Santa; la liberación de las comunidades Bahá'ís, de las cadenas de la
ortodoxia religiosa en tales países islámicos como Persia, Iráq y Egipto y el
reconocimiento consiguiente de las autoridades civiles en aquellos países del
estado legal independiente y del carácter religioso de las Asambleas Bahá'ís
nacionales y locales; las medidas defensivas y preventivas que serán creadas,
coordinadas y llevadas a cabo con el fin de contrarrestar toda la fuerza de los
inevitables ataques que los esfuerzos organizados de organizaciones eclesiásticas
de varias denominaciones, iniciarán progresivamente y continuarán en forma
implacable; y por último en orden pero no en importancia, los numerosos temas
que deberán ser afrontados, los obstáculos que tendrán que ser superados y las
responsabilidades que tendrán que ser asumidas, con el fin de permitir que una Fe
puesta a penosas pruebas, pueda traspasar las sucesivas etapas de la absoluta
emancipación completa, las que, en su turno, la guiarán a que sea reconocida como
una Fe independiente que disfrute de un estado legal de completa igualdad con sus
religiones hermanas; seguidamente, será establecida y reconocida como una
religión del estado, lo cual, a su vez, dará curso a que asuma los derechos y
prerrogativas asociados con el estado Bahá'í, el que funcionará en plenitud de sus
poderes -una etapa que debe culminar, finalmente, con el surgimiento de la
Mancomunidad mundial Bahá'í, totalmente animada por el Espíritu y operando
únicamente en directa conformidad con las Leyes y Principios de Bahá'u'lláh.
Al reto que estas oportunidades ofrecen a los creyentes americanos, las que
estoy seguro que ellos asumirán sin dilación; además de responder a la llamada de
enseñanza que 'Abdu'l-Bahá expresó en sus Tablas, ellos responderán con su valor,
tenacidad y eficiencia tradicionales, de tal manera que demostrarán ante el mundo
entero, su derecho y rango como constructores paladines de las instituciones más
poderosas de la Fe de Bahá'u'lláh.

Su Luz Inagotable

Bienamados amigos! Aunque la tarea sea extensa y ardua, el galardón que el
Todo Generoso ha escogido conferirles a ustedes, es de tal valor que ni la lengua ni
la pluma pueden evaluarlo con justicia. A pesar de que la meta hacia la cual
ustedes se esfuerzan ahora tan vigorosamente, se encuentra distante y aún es
desconocida a los ojos del hombre, lo que ésta promete está firmemente establecida
en las declaraciones autoritativas e inalterables de Bahá'u'lláh. A pesar de que el
rumbo que Él ha trazado para ustedes parece a veces encontrarse perdido entre las
sombras amenazadoras que ahora envuelven a una humanidad agobiada, la luz
inagotable que Él ha hecho resplandecer continuamente sobre ustedes es de tal
brillantez que ninguna oscuridad terrenal podrá jamás eclipsar su esplendor. A
pesar de los reducido de su número y aunque se encuentra circunscripta a sus
experiencias, poderes y recursos, la Fuerza que le da energía a su misión tiene un
alcance sin límite y su potencia es incalculable. Aunque los enemigos sean fieras,
numerosos e implacables -enemigos que surgirán necesariamente después de toda
aceleración en el progreso de la misión de ustedes, sin embargo, las Huestes
invisibles, como se ha prometido, si ustedes perseveran, se apresurarán en su ayuda
y permitirán que al fin ustedes venzan las aspiraciones de sus enemigos y
aniquilarán sus fuerzas. Aunque no se duda de las bendiciones eventuales que
deben coronar la finalización de su misión y las promesas divinas concedidas a
ustedes son firmes e irrevocables, la medida del premio generoso que cada uno de
ustedes cosechará, dependerá del grado hasta el que sus esfuerzos diarios hayan
contribuido a la expansión de esa misión y a la aceleración de su triunfo.
¡Bienamados amigos! Grandes como son mi amor y admiración hacia ustedes,
convencido como estoy de la participación importantísima que ustedes, sin duda,
pueden tener y tendrán en las futuras esferas de actividad y servicio Bahá'í, tanto
continentales como internacionales, siento que todavía me incumbe expresar en
esta ocasión, una advertencia. Los vehementes tributos, tan repetida y
meritoriamente manifestados por causa de la capacidad, espíritu, conducta y alto
rango de los creyentes americanos, tanto individualmente como en calidad de
comunidad orgánica, no deben ser confundidos bajo ninguna circunstancia, con las
características y naturaleza de las gentes de quienes ellos surgieron por voluntad de
Dios. Debe hacerse una clara distinción entre esa comunidad y estas gentes, la que
debe ser resuelta y valerosamente sostenida, si deseamos concederle el debido
reconocimiento al poder de transmutabilidad de la Fe de Bahá'u'lláh, en su impacto
en las vidas y normas de aquellos que han preferido reclutarse bajo Su estandarte.
De lo contrario, el supremo y el distintivo propósito de Su Revelación, el cual no
es otro que la creación de una nueva raza de hombres, se mantendrá
completamente desconocido y totalmente oculto.

El Supremo Propósito de Su Revelación

Con cuánta frecuencia los profetas de Dios, no exceptuando al Mismo
Bahá'u'lláh, han preferido hacer su aparición y pronunciar Su Mensaje en países y
entre gentes y razas, en época cuando éstas se encontraban en estrado de rápida
decadencia o cuando habían alcanzado las más hondas profundidades de
degradación moral y espiritual. La espantosa miseria y ruindad a las que los
israelitas habían descendido bajo el gobierno degradante y tiránico de los faraones,
en los días que precedieron su éxodo de Egipto bajo la dirección de Moisés; la
decadencia a la que había llegado la vida religiosa, espiritual, cultural y moral del
pueblo judío, en la época de la aparición de Jesucristo; la crueldad bárbara, la
idolatría y la inmoralidad crasa, las cuales durante tanto tiempo habían sido las
características más penosas de las tribus de Arabia y las cuales les trajeron tanta
vergüenza cuando Muhammad se levantó entre ellos para proclamar Su Mensaje;
el estado indescriptible de decadencia y su concurrente corrupción, confusión,
intolerancia y opresión tanto en la vida civil como en la vida religiosa de Persia,
tan vívidamente descrita por la pluma de un número considerable de eruditos,
diplomáticos y viajantes, durante la hora de la Revelación de Bahá'u'lláh -todo lo
cual pone de manifiesto este hecho básico e ineludible-. Afirmar que el valor
innato, las altas normas de moral, la aptitud para la política y los logros sociales de
cualquier raza o nación son la razón para que entre ellos haga su aparición
cualquiera de estas Luminarias Divinas, sería una perversidad absoluta de los
hechos históricos y valdría a repudiar totalmente, las interpretaciones no dudadas
atribuidas a ellos, tan clara y enfáticamente, tanto por Bahá'u'lláh como por
'Abdu'l-Bahá.
Para aquellos que pertenecen a dichas razas y naciones y que hayan respondido
al llamado elevado por estos profetas, cuan grande debe ser, entonces, el reto para
ellos reconocer sin reservas y atestiguar en forma valerosa, esta indubitable verdad:
que no fue por razón de ninguna superioridad racial, capacidad política o virtud
espiritual, que una raza o nación pudiese poseer, sino más bien como consecuencia
directa de sus urgentes necesidades, su lamentable degeneración y su perversidad
irremediable, por lo que el Profeta de Dios ha optado por hacer su aparición entre
ellos y con éstos, a manera de palanca, ha levantado toda la raza humana a un
plano de vida y de conducta más elevado y más noble. Pues es precisamente bajo
dichas circunstancias y por dichos medios, que los Profetas, desde tiempos
inmemoriales, han preferido y podido demostrar sus poderes de redención, para
levantar a las gentes de su propia raza y nación desde las profundidades de su
abatimiento y miseria, permitiéndoles transmitir, a su turno, a otras razas y
naciones, la gracia salvadora y la influencia vigorizante de Su Revelación.
Al la luz de este principio fundamental, debe siempre tenerse en mente, ni
puede enfatizarse suficientemente el que la razón principal por la cual el Báb y
Bahá'u'lláh prefirieron hacer su aparición en Persia, convirtiéndola en primer
repositorio de Su Revelación, fue porque entre todas las gentes y naciones del
mundo civilizado, esa raza y nación, como 'Abdu'l-Bahá tan frecuentemente la
describió, se encontraba sumergida en honduras tan ignominiosas y manifestaba tal
perversidad que no tenían paralelo entre sus contemporáneos. Ninguna otra prueba
más convincente puede ser alegada para demostrar el espíritu regenerador que
anima las Revelaciones proclamadas por el Báb y Bahá'u'lláh, que su Poder para
transformar al que puede ser considerado de veras como uno de los pueblos más
atrasados, cobardes y perversos, en una raza de héroes a su vez dispuesta a realizar
una revolución similar en la vida de la humanidad. De haber hecho su aparición
entre una raza o nación, pareciera justificar el privilegio inapreciable de haber sido
convertida en receptáculo de tal Revelación, se haría menguar ante los ojos de un
mundo incrédulo, la eficacia de ese Mensaje y se le restaría mérito a la capacidad
de su poder omnipotente. El contraste entre el heroísmo que inmortalizó la vida y
hazañas de los Rompedores del Alba y la degeneración y cobardía de sus
difamadores y perseguidores, tan marcadamente representados en las páginas de la
Narración de Nabíl, es por sí mismo un testimonio muy impresionante de la
veracidad del Mensaje de Aquel Quien ha infundido tal espíritu en el pecho de Sus
discípulos. El hecho de que cualquier creyente de esa raza mantenga que la
excelencia de su país y la nobleza innata de su pueblo fueron las razones
fundamentales para que se le señalara como el receptáculo más importante de las
Revelaciones del Báb y Bahá'u'lláh, sería insostenible en vista de la abrumadora
evidencia que esa Narración proporciona en forma tan convincente.
En menor grado, este principio debe necesariamente aplicarse al país que ha
vindicado su derecho a ser considerado como la cuna del Orden Mundial de
Bahá'u'lláh. Tan gran función, tan noble papel, no puede ser considerado inferior a
la parte desempeñada por esas almas inmortales, quienes a través de su sublime
renunciación y hechos inigualados, han sido responsables del nacimiento de la
misma Fe. Por lo tanto, que aquellos que participarán de manera tan predominante
en el nacimiento de aquella civilización mundial, la cual es producto directo de su
Fe, no se imaginen en momento alguno que por algún propósito misterioso, o por
razón de excelencia innata o mérito especial, Bahá'u'lláh ha preferido conferir a su
país y gentes una distinción tan grande y duradera. Es precisamente por razones de
los males patentes, no obstante sus otras características y logros reconocidamente
grandes, males que han sido engendrados dentro de ese país por un materialismo
excesivo e inflexible, por lo cual el Autor de su Fe y Centro de Su Alianza lo ha
escogido para que sea el portaestandarte del Nuevo Orden Mundial vislumbrado en
sus Escrituras. Es por medios como éste, que Bahá'u'lláh puede demostrar mejor a
una generación negligente, Su capacidad todopoderosa para hacer surgir del mismo
seno de un pueblo que se encuentra sumergido en un mar de materialismo, preso de
una de las formas más virulentas y duraderas de prejuicio racial y notorio por su
corrupción política, desobediencia a la ley y laxitud en las normas de moral, para
hacer surgir a hombres y mujeres, quienes a medida que pasa el tiempo,
ejemplificarán progresivamente esas virtudes esenciales del sacrificio propio, de la
rectitud moral, de la castidad, de la camaradería sin prejuicios, de la disciplina
sagrada y de la comprensión espiritual, lo que los hará aptos para desempeñar la
parte preponderante que ellos tendrán en la creación de aquel Orden Mundial y
aquella Civilización Mundial de la cual su país, no menos que la humanidad entera,
se encuentra en urgente necesidad. De ellos será la obligación y el privilegio,
primeramente en su capacidad como los fundadores de uno de los más poderosos
pilares que sostienen el edificio de la Casa Universal de Justicia y luego como los
constructores paladines de ese Nuevo Orden Mundial del que esa Casa será el
núcleo y la precursora, para inculcar, demostrar y aplicar esos principios gemelos y
tan urgentemente necesitados, de justicia y orden Divinos, principios con los cuales
la corrupción política y la licencia moral, mandando progresivamente la sociedad a
la que pertenecen, contrastan tan triste y lamentosamente.
Las observaciones como éstas, no importa lo desagradables y deprimentes que
puedan ser, no deben en lo más mínimo cegarnos a aquellas virtudes y cualidades
de vasta inteligencia, juventud, iniciativa y empresa ilimitadas que la nación en
conjunto despliega tan conspicuamente y las que se están reflejando cada vez más
en la comunidad de creyentes dentro de ella. De estas virtudes y cualidades, no
menos que de la supresión de los males a los que nos hemos referido, debe
depender hasta un gran límite, la habilidad de esa comunidad para asentar una base
firme para el futuro papel que el país desempeñará en la introducción de la Edad de
Oro de la Causa de Bahá'u'lláh.

¡Cuán Inmensa la Responsabilidad!

Cuán grande, por lo tanto, cuán inmensa es la obligación que debe pesar sobre
la actual generación de creyentes americanos en esta etapa inicial de su evolución
espiritual y administrativa para escardar, por todos los medios que les sean
posibles, esas imperfecciones, hábitos y tendencias que ellos han heredado de su
propia nación y para cultivar, paciente y devotamente, esas cualidades distintas y
características que son tan indispensables para su participación efectiva en la gran
labor redentora de su Fe. Aún imposibilitados como están por el momento, en vista
del tamaño restricto de su comunidad y de la influencia limitada que ésta ejerce, de
producir algún efecto marcado en la gran masa de sus conciudadanos, que ellos
enfoquen su atención, por lo presente, en ellos mismos, en sus necesidades
individuales, sus deficiencias y debilidades personales, siempre conscientes de que
cada intensificación de los esfuerzos por parte de ellos los habilitará más para la
época cuando ellos tendrán la obligación de borrar a su vez dichas tendencias
malvadas de las vidas y los corazones del cuerpo total de sus conciudadanos.
Tampoco deben ellos ignorar el hecho de que el Orden Mundial, cuya base ellos,
en calidad de vanguardia de las futuras generaciones bahá'ís de sus compatriotas,
se esfuerzan por establecer, jamás puede ser erigido a menos que y hasta tanto la
mayoría del pueblo a la que ellos pertenecen haya sido purificada de los diversos
males, ya sea de carácter social o político, que ahora la afligen con tanta severidad.
Examinando en su totalidad las necesidades más urgentes de esta comunidad,
tratando de valorar las deficiencias más serias que están impidiendo el desempeño
de su labor y teniendo siempre en mente la naturaleza de esa tarea aún mayor con
la que ésta se verá obligada a luchar en el futuro, creo que es mi deber hacer
especial énfasis y llamar la particular y urgente atención de toda la congregación
de creyentes americanos, ya sean ellos jóvenes o viejos, blancos o de color,
maestros o administradores, veteranos o principiantes, a lo que yo creo firmemente
que son los requisitos esenciales para el triunfo de las tareas que están demandando
la atención indivisa. Aunque grande es la importancia de idear los instrumentos
visibles y de perfeccionar las agencias administrativas que ellos puedan utilizar
para llevar a cabo su doble tarea bajo el Plan de Siete Años; vitales y urgentes
como son las campañas que ellos están iniciando, los planes y proyectos que están
creando y los fondos que están levantando, para el eficiente desempeño de ambos
trabajos, el de la enseñanza y el del Templo, no son menos urgentes ni vitales los
factores espirituales imponderables que están vinculados a sus propias vidas
individuales e íntimas y los que requieren un escrutinio constante, un incesante
examen de conciencia y análisis de los propios sentimientos, de parte de ellos; pues
de lo contrario, el mérito de estos factores disminuirá o su requisito fundamental
sería oscurecido u olvidado.

Requisitos Previos Espirituales
De estos requisitos previos espirituales para el triunfo, los que constituyen la
base sobre la cual el afianzamiento de todos los planes de enseñanza, los proyectos
del Templo y los programas financieros deben finalmente apoyarse, los siguientes
se destacan como preeminentes y vitales, los que los miembros de la comunidad
Bahá'í americana harían bien en examinar. Proporcionalmente de acuerdo con el
grado hasta el cual se llenen estos requisitos básicos y de la forma cómo los
creyentes americanos los realicen en sus vidas individuales, actividades
administrativas y relaciones sociales, debe depender la mediad de bendiciones
múltiples que el poseedor Todo Generoso puede concederles a todos ellos. Estos
requisitos no son otros que un alto sentido de rectitud moral en sus actividades
sociales y administrativas, pureza absoluta en sus vidas individuales y completa
liberación de prejuicios en su trato con las gentes de diferentes razas, clases,
creencias o color.
El primero está dirigido, en particular, aunque no exclusivamente, a sus
representantes elegidos, ya sean locales, regionales o nacionales, quienes en su
capacidad de custodios y miembros de las nacientes instituciones de la Fe de
Bahá'u'lláh, asumen la más importante responsabilidad en la colocación de la base
inexpugnable para aquella Casa Universal de Justicia, la cual, como implica su
título, será la expositora y custodia de esa Justicia Divina que solamente puede
garantizar la seguridad de un mundo extraordinariamente desordenado y establecer
el reino de la ley y del orden en el mismo. El segundo concierne principal y
directamente a la juventud de bahá'ís, la que puede contribuir tan decisivamente a
la virilidad, pureza e impulso de la vida de la comunidad Bahá'í y sobre la cual
debe depender la futura orientación de su destino y el desarrollo completo de las
potencialidades con las que Dios la ha dotado. El tercero debe ser el interés
inmediato, de mayor importancia y universal de todos y cada uno de los miembros
de la comunidad Bahá'í, no importa su edad, rango, experiencia, clase o color, ya
que todos ellos sin excepción, deben afrontar el desafío que éste implica y ninguno
de ellos, por mucho que haya progresado en esta línea de conducta, puede alegar
haber desempeñado en su totalidad las severas responsabilidades que éste inculca.
La rectitud de conducta, el sentido perdurable de justicia igualitaria, exentos de las
influencias desmoralizantes de una vida política plagada de corrupción ha hecho
tan notoriamente patentes; una vida virtuosa, pura y santificada, ni mancillada ni
opacada por las indecencias, los vicios, las normas falsas que un código moral
inherentemente deficiente, tolera, perpetúa y fomenta; una fraternidad libre de ese
crecimiento canceroso del prejuicio racial, el cual está corroyendo las entrañas de
una sociedad que ya se encuentra debilitada - estos son los ideales que los
creyentes americanos, en forma individual y a través de la acción conjunta, deben
de ahora en adelante esforzarse por promover tanto en sus vidas privadas como en
sus vidas públicas - ideales que constituyen la mayor fuerza propulsora capaz de
acelerar de la manera más efectiva, el avance de sus instituciones, planes y
actividades, que pueden velar por el honor y la integridad de su Fe y subyugar
cualquier obstáculo que ella puede confrontar en el futuro.
Esta rectitud de conducta, con sus inferencias de justicia, equidad, veracidad,
honestidad, imparcialidad, confiabilidad e integridad, deber distinguir cada fase de
la vida de la comunidad Bahá'í. "Los compañeros de Dios", el Mismo Bahá'u'lláh
ha manifestado, "son en este día, la masa que debe levantar a los pueblos del
mundo. Ellos deben manifestar tal sentido de integridad, de veracidad y de
perseverancia, tales hechos y testimonios de conducta que todo el género
humano pueda beneficiarse de su ejemplo".
"Juro por Él, Quien es el Supremo Océano!", Él de nuevo afirma, "Dentro
del mismo aliento de las almas puras y santificadas, se encuentran ocultas
potencialidades de gran alcance. Tan grandes son estas potencialidades que ellas
ejercen su influencia sobre todas las cosas creadas". "Es verdadero servidor de
Dios", Él ha escrito en otro pasaje, "quién, si en este día atravesara ciudades de
plata y oro, no se dignaría a mirarlas y cuyo corazón permanecería puro e
impoluto de cualquier cosa visible de este mundo, ya sea ésta sus favores o sus
tesoros. ¡Yo juro por el Sol de la Verdad! El aliento de tal hombre está dotado de
autoridad y sus palabras, de atractivo". "¡Por Aquel Quien brilla sobre la
Aurora de santidad!" Él ha revelado de forma aún más enfática, "Si toda la tierra
fuera convertida en plata y oro, ningún hombre del que pueda decirse que
verdaderamente ha ascendido al cielo de fe y certidumbre se dignaría a mirarlo,
ni menos aún a tomar y guardarlo. Aquellos que moran dentro del Tabernáculo
de Dios y están establecidos en las sedes de Gloria sempiterna, rehusarán
aunque estén muriendo por hambre, extender y coger ilícitamente la propiedad
de su prójimo, por muy bajo y despreciable que éste sea. El propósito del Dios
único y verdadero al manifestarse a Sí Mismo, es emplazar a toda la humanidad
a la veracidad y sinceridad, a la piedad y confiabilidad, a la resignación y
sumisión a la Voluntad de Dios, a la paciencia y amabilidad, a la rectitud y
sabiduría. Su objetivo es cubrir a cada hombre con el manto de un carácter
santificado y adornarlo con el ornamento de acciones buenas y santas". "Hemos
amonestado a todos los amados de Dios", Él insiste, "para que hagan caso, no
sea que el borde de Nuestra vestidura sagrada sea ensuciada con el fango de
hechos ilícitos o sea manchado con el polvo de una conducta censurable".
"Adheríos a la virtud, Oh pueblo de Bahá", Él de este modo los exhorta, "Éste
es, en verdad el mandamiento de Aquel que ha sido agraviado os concede y el
cual es la preferencia primordial de Su ilimitada voluntad para con cada uno de
vosotros". "Un testimonio de buena conducta", Él explica, "es, en verdad, el
mejor manto de Dios para los hombres. Con éste Él adorna los templos de Sus
bienamados. ¡Por mi vida! La luz que irradia una buena conducta supera a la
luz del sol y a sus esplendores". "Una acción recta", Él de nuevo ha escrito,
"está dotada de tal potencia que puede enaltecer a tal punto al polvo como para
hacerlo ir más allá del cielo de los cielos. Puede rasgar toda la atadura y tiene el
poder de restaurar la fuerza que se ha gastado y desvanecida. Sed puros, oh
pueblo de Dios, sed puros; sed rectos, sed rectos. Di: ¡Oh pueblo de Dios! Lo que
puede asegurar la victoria de Aquel Quien es la Verdad Eterna, Sus huestes y
ayudantes en la tierra, han sido anotadas en los Libros y Escrituras sagradas y
son tan claras y manifiestas como el sol. Estas huestes son los actos rectos, la
conducta y carácter que son aceptables a Su vista. Quienquiera se levante a
ayudar a Nuestra Causa en este Día y llame a su ayuda las huestes de un
carácter loable y una conducta recta, la influencia que fluye de tal acción,
ciertamente será difundida por todo el mundo". "El mejoramiento del mundo",
es aún otra afirmación, "puede ser logrado por medio de hechos puros y
hermosos, por medio de una conducta loable y correcta." "Sed justos con
vosotros mismos y con los demás". Él en estos términos los aconseja, "para que
las señales de justicia sean reveladas por vuestras acciones entre Nuestros fieles
siervos". "La equidad", Él también ha escrito, "es la más fundamental de las
virtudes humanas. La evaluación de todas las cosas depende de ella." Y de
nuevo, "Sed equitativos en vuestro juicio, oh hombres de corazón comprensivo!
Aquel que es injusto en su juicio carece de las características que distinguen la
posición del hombre." "Embelleced vuestra lengua, oh gentes", Él nuevamente
los amonesta, "con veracidad y adornad vuestras almas con el ornamento de la
honestidad. Ciudad, oh pueblo, de no habérselas con nadie en forma desleal. Sed
los fideicomisarios de Dios entre Sus criaturas y los emblemas de Su generosidad
entre Su pueblo." "Que vuestra vista sea casta", es otro consejo más, "que
vuestra mano sea leal, vuestra lengua sea veraz y vuestro corazón, esclarecido."
"Sed un adorno al semblante de la verdad", es aún otra amonestación, "una
corona en las sienes de la fidelidad, un pilar en el templo de la rectitud, un
alimento de la vida para el cuerpo de la humanidad, una enseña de las huestes
de la justicia, un astro sobre el horizonte de la virtud." "Que la veracidad y la
cortesía sean vuestro adorno”, es aún otra exhortación, "no permitáis ser
privados del manto de la paciencia y justicia, para que los dulces aromas de
santidad sean exhalados desde vuestros corazones sobre todas las cosas creadas.
Di: Cuidado, oh pueblo de Bahá, no sea que andéis por los caminos de aquellos
cuyas palabras difieren de sus hechos. Esforzaos que seáis habilitados para
manifestar a los pueblos de la tierra los signos de Dios y reflejar Sus
mandamientos. Que vuestros hechos sean una guía para la humanidad, pues lo
que profesan las más de los hombres, sean nobles o humildes, difieren de su
conducta. Es por vuestros actos que podéis distinguiros de los demás. Por ellos
puede ser derramado sobre todo el mundo el brillo de vuestra luz. Feliz es el
hombre que atiende Mi consejo y guarda los preceptos prescriptos por Aquel
Quien es el Omnisciente, el Omnisapiente." "¡Oh, ejército de Dios!" escribe
'Abdu'l-Bahá, "Por medio de la protección y ayuda concedidas por la Bendita
Belleza -que sea mi vida una inmolación a Sus bienamados- debéis comportaros
en tal forma que os permita destacar, marcada y brillantemente como el sol,
entre otras almas. Si alguno de vosotros llegara a entrar a una ciudad, deberá
convertirse en el centro de atracción, por razones de sinceridad, su integridad y
su devoción, su honestidad y fidelidad, su veracidad y su benevolencia hacia
todas las gentes del mundo, de manera que la población de esa ciudad pueda
pregonar que: ‘Este hombre es, incuestionablemente bahá'í, puesto que sus
modales, su forma de proceder, su conducta, sus normas morales, su naturaleza
y su ánimo, reflejan las características de los bahá'ís’. Hasta tanto vosotros no
alcancéis esta posición, no se podrá decir que habéis sido leales a la Alianza y
Testamento de Dios." "El deber fundamental", Él además ha escrito, "es hoy en
día purificar vuestros caracteres, corregir vuestros modales y mejorar vuestras
conductas. Los amados del Todo Misericordioso deben manifestar tal carácter y
conducta entre sus criaturas, que la fragancia de su santidad pueda derramarse
sobre el mundo entero y pueda avivar a los muertos, dado que la finalidad de la
Manifestación de Dios y de la alborada de la claridad ilimitada del Invisible es la
de educar a las almas de los hombres y el de afinar el carácter de cada persona
viviente.” "La veracidad", Él afirma, "es la base de todas las virtudes humanas.
Sin la veracidad, el progreso y el buen éxito, en todos los mundos de Dios, son
irrealizables para cualquier alma. Cuando este atributo santo se encuentre
arraigado en el hombre, todas las cualidades divinas serán también adquiridas."
Tal rectitud de conducta debe hacerse manifiesta, con influjo siempre creciente,
en cada fallo que los representantes elegidos de la comunidad Bahá'í, en cualquier
capacidad en que se encuentren, sean llamados a dictar. Ésta debe reflejarse,
constantemente, en las relaciones comerciales de todos sus miembros, en sus vidas
domésticas, en toda suerte de empleos y en el desempeño de cualquier servicio que
ellos, en el futuro, puedan proporcionar a su gobierno o a su pueblo. Ésta debe ser
ejemplificada en la conducta de todo elector bahá'í, durante el ejercicio de sus
derechos y funciones sagradas. Debe ser ésta, característica de la actitud de cada
creyente leal hacia la no aceptación de puestos políticos, la no-identificación con
partidos políticos, la no-participación en controversias políticas y la no-afiliación
en organizaciones políticas e instituciones eclesiásticas. Debe darse a conocer por
la firme adhesión de todos, ya sean jóvenes o viejos, a los principios fundamentales
y claramente enunciados por 'Abdu'l-Bahá en Sus pláticas y a las leyes y
ordenanzas reveladas por Bahá'u'lláh en Su Libro Más Sagrado. Ésta debe ser
demostrada en la imparcialidad de cada defensor de la Fe, contra sus enemigos, en
su justicia al reconocer cualquier mérito que pueda poseer ese enemigo y en su
honestidad en el desempeño de cualquier obligación que él tenga para con éste.
Ésta debe constituir el ornamento más reluciente de la vida, las actividades, los
esfuerzos y las declaraciones de cada maestro bahá'í, ya sea que trabaje en su país
o en el extranjero, ya sea en las primeras filas del cuerpo de enseñanza u ocupando
una posición de actividad y responsabilidad menores. Ésta debe ser convertida en
el mayor distintivo de ese cuerpo de representantes nacionales elegidos de cada
comunidad Bahá'í, el que es, aunque reducido en número, intensamente dinámico y
muy responsable y el que constituye el pilar de sostén y único instrumento para la
elección, en cada comunidad, de esa Casa Universal cuyo mismo nombre y título,
como lo ordenó Bahá'u'lláh, simboliza esa rectitud de conducta, la cual es su más
alta misión por proteger y poner en vigor.
Es tan grande y trascendental este principio de Justicia Divina, un principio que
deber ser considerado como la mayor distinción de todas las Asambleas Locales y
Nacionales en sus funciones como heraldos de la Casa Universal de Justicia, que el
mismo Bahá'u'lláh subordina Su inclinación y deseos personales, a la fuerza
apremiantísima de sus exigencias e implicaciones. "¡Dios es Mi testigo!" Él de
este modo explica, “si no fuera contrario a la Ley de Dios, Yo hubiera besado la
mano de Mi supuesto asesino y hubiera hecho que él heredara Mis bienes
terrenales. Me refrena, sin embargo, la Ley obligatoria formulada en el Libro y
Yo Mismo me encuentro despojado de todo bien terrenal." "Sabed en verdad",
Él afirma significativamente, "estas grandes opresiones que le han acontecido al
mundo, lo estén preparando para el advenimiento de la Justicia Más Grande."
"Di:", Él de nuevo afirma, "Él hizo su aparición con esa Justicia con la que la
humanidad ha sido adornada y sin embargo, la mayor parte de la gente se
encuentra dormida." "La luz del hombre es la Justicia", Él, además, declara,
"No lo apaguéis con los vientos contrario de la opresión y de la tiranía. El
propósito de la justicia es el surgimiento de la unión entre los hombres."
"Ningún resplandor", Él declara, "puede compararse con aquel de la justicia.
La organización del mundo y la tranquilidad de la humanidad dependen de
ella." "¡Oh pueblo de Dios!" Él exclama, "aquello que adiestra al mundo es la
justicia, puesto que está sostenida por dos pilares, la recompensa y el castigo.
Estos dos pilares son la fuente de vida para el mundo." "Justicia y equidad", es
aún otra aserción, "son dos guardianes para la protección del hombre. Éstas han
hecho su aparición ataviadas en sus nombres poderosos y sagrados, con el fin de
mantener al mundo dentro de la rectitud y proteger a las naciones." "Afanaos,
Oh gentes", es su amonestación enfática, "en anticipación a los días de Justicia
Divina, puesto que la hora prometida ya ha llegado. Tened cuidado de no fallar
en comprender su significado y que podáis ser contados entre los hombres
errados." "El día se acerca", Él ha escrito en forma similar, "cuando los
creyentes contemplarán al sol de la justicia, brillando en todo su esplendor, en la
aurora de la gloria." "La vergüenza que se Me hizo soportar", Él observa
significativamente, “ha dejado al descubierto la gloria con la cual toda la
creación había sido investida y a través de las crueldades que he sobrellevado, el
sol de la justicia se ha manifestado y ha vertido su esplendor sobre los hombres."
"El mundo", Él ha escrito de nuevo, "se encuentra en gran disturbio y las
mentes de sus gentes están en un estado de completa confusión. Rogamos al
Todopoderoso que Él, bondadosamente, los ilumine con la gloria de Su Justicia
y les capacite para descubrir aquello que les será beneficioso en todo tiempo y
bajo cualquier circunstancia." Y de nuevo, "No puede existir duda alguna de
que si el sol de la justicia, el cual las nubes de la tiranía han oscurecido,
derramara su luz sobre los hombres, la faz de la tierra sería completamente
transformada."
"¡Loado sea Dios!" 'Abdu'l-Bahá a Su vez exclama, "El sol de la justicia se
ha elevado sobre el horizonte de Bahá'u'lláh, ya que en Sus Tablas las bases de
tal justicia han sido dispuestas de modo jamás concebido por ninguna mente
desde el comienzo de la creación." "El dosel de la existencia", Él además
explica, "descansa sobre el polo de la justicia y no sobre el del perdón; y la vida
de la humanidad depende de la justicia y no del perdón."
No es de sorprenderse, por lo tanto, que el Autor de la Revelación Bahá'í haya
preferido asociar el nombre y título de esa Casa, la que será la gloria de la
coronación de Sus instituciones administrativas, con la justicia y no con la
clemencia y que haya hecho de la justicia la única base y fundamento permanente
para Su Más Grande Paz y que haya proclamado en Sus ‘Palabras Ocultas’, que es
ésta “lo más amado de todo” ante Su vista. Es hacia los creyentes americanos, en
particular, hacia quienes me siento compelido a dirigir esta súplica ferviente para
que estudien en sus corazones las implicaciones de esta rectitud moral y para que
sostengan con corazón y alma y de manera inflexible, tanto individual como
colectivamente, esta norma sublime -una norma de la cual la justicia es un
elemento tan esencial y potente.
En cuanto a una vida casta y santificada, ésta debe ser considerada como un
factor no menos esencial, que debe contribuir su medida apropiada al
fortalecimiento y vitalización de la comunidad Bahá'í, de la cual, a su vez, debe
depender el buen éxito de cualquier plan o empresa Bahá'í. En estos días, cuando
las fuerzas de la irreligión están debilitando la fibra moral y socavando las bases de
la moralidad del individuo, la obligación que es la castidad y la santidad debe
reclamar una porción creciente de la atención de los creyentes americanos tanto en
sus capacidades individuales como en la calidad de custodios responsables de los
intereses de la Fe de Bahá'u'lláh. En el desempeño de tal obligación, la que es
particularmente significativa por razones de las circunstancias resultantes de un
materialismo excesivo y enervante que prevalece actualmente en su país, ellos
deberían desempeñar un papel conspicuo y predominante. Todos ellos, ya sean
hombres o mujeres, deben en esta hora amenazadora cuando las luces de la religión
se están apagando y sus restricciones están siendo abolidas, una a una, hacer una
pausa para examinarse a sí mismos, escudriñar sus conductas y con resolución
característica, levantarse para purificar la vida de su comunidad de todo rastro de
laxitud moral que pueda manchar su nombre o menoscabar la integridad de una Fe
tan santa y preciosa. Una vida casta y santa debe ser el principio que gobierne el
proceder y la conducta de todos los bahá'ís tanto en sus relaciones sociales con los
miembros de su propia comunidad, como en su contacto con el mundo entero.
Debe adornar y reforzar los trabajos incesantes y los esfuerzos meritorios de
aquellos cuyo puesto envidiable consiste en la propagación del Mensaje y la
administración de los asuntos de la Fe de Bahá'u'lláh.
Debe ser apoyada en sus totalidad y en aquellos que llenan las filas de esa Fe,
ya sea en sus hogares, sus viajes, sus clubes, sus sociedades, sus entretenimientos,
sus escuelas y sus universidades. Se les debe dar consideración especial en el
manejo de las actividades sociales de cada escuela de verano Bahá'í y en cualquier
otra ocasión en que la vida de la comunidad Bahá'í sea organizada y fomentada.
Debe estar identificada cuidadosa y continuamente con la misión de la Juventud
Bahá'í, tanto como un componente de la vida de la comunidad Bahá'í, así como un
factor del futuro progreso y orientación de la juventud de su propio país.
Tal vida casta y santa, con sus implicaciones de modestia, pureza, temperancia,
decencia y mentalidad clara, comprende no menos que el ejercicio de la
moderación en todo lo que concierne al vestido, lenguaje, entretenimiento y todos
los pasatiempos artísticos y literarios. Ésta exige la vigilancia diaria en el control
de nuestros deseos carnales o inclinaciones corruptas. Requiere el abandono de una
conducta frívola, con su excesivo apego a los placeres triviales y con frecuencia,
erróneamente dirigidos. Requiere la total abstinencia de toda bebida alcohólica, del
opio y de drogas similares que forman hábito. Condena a la prostitución del arte y
la literatura, las prácticas del nudismo y del matrimonio en compañerismo, la
infidelidad en las relaciones matrimoniales y toda forma de promiscuidad, de fácil
intimidad y de vicios sexuales. Ésta no puede tolerar ninguna avenencia con las
teorías, las normas, los hábitos y los excesos de una época decadente. Por el
contrario, ésta trata de demostrar por medio de la fuerza dinámica de su ejemplo, el
carácter pernicioso de tales teorías, la falsedad de tales normas, la frivolidad de
tales demandas, la perversidad de tales hábitos y el carácter sacrílego de tales
excesos.
"¡Por la rectitud de Dios!" escribe Bahá'u'lláh, "El mundo y sus vanidades, y
su gloria, y todas las delicias que pueda ofrecer, son todas, a la vista de Dios, tan
viles como polvo y cenizas; no, y aun más despreciables que éstos. ¡Si los
corazones de los hombres pudieran comprenderlo! Limpiaos prolijamente, oh
pueblo de Bahá, de la suciedad del mundo, y de todo lo que pertenece a éste.
¡Dios Mismo es Mi testigo! Las cosas de la tierra no os convienen. Desechadlas
para quienes puedan desearlas y fijad vuestros ojos sobre esta muy santa y
refulgente Visión." "¡Oh, vosotros Mis amados!", Él de esta manera exhorta a
Sus seguidores, "No toleréis que el borde de mi vestidura sagrada sea tiznada y
enlodada con las cosas de este mundo y no sigáis las incitaciones de vuestros
malévolos y corruptos deseos." Y de nuevo, "¡Oh, vosotros los amados del Dios
único y verdadero! Id más allá de los angostos refugios de vuestros malévolos y
corruptos deseos y avanzad hacia la vasta inmensidad del Reino de Dios y
habitad en las praderas de santidad y desprendimiento, que la fragancia de
vuestros actos pueda guiar a toda la humanidad hacia el océano de la gloria
inmarcesible de Dios." "Desembarazaos", Él les exige, "de todo apego a este
mundo y sus vanidades. Ciudad de no acercaros a éstas, pues ellas os incitan a
que sigáis vuestros propios deseos de lujuria y codicia y os impiden penetrar en
la Senda recta y gloriosa." "Huid de toda forma de perversidad", es Su
mandamiento, "puesto que tales cosas os están prohibidas en el Libro, el cual
nadie puede tocar excepto aquellos que Dios ha limpiado de toda mancha de
culpabilidad e incluido entre los purificados." "Una raza de hombres", es Su
promesa escrita, "incomparable en carácter, será creada la que , con
desprendimiento, caminará sobre todos los que están en el cielo y en la tierra y
extenderá el manto de santidad sobre todo lo que ha sido creado del agua y del
barro." "La civilización”, es Su grave amonestación, "tan a menudo preconizada
por los doctos representantes de las artes y ciencias, traerá, si se le permite
rebasar los límites de la moderación, gran daño sobre los hombres. Si es llevada
a exceso, la civilización resultará ser una fuente de maldad tan prolífica que
como lo fue de bondad cuando era mantenida dentro de las restricciones de la
moderación." "Él ha elegido, de todo el mundo, los corazones de Sus siervos",
Él explica, "y los ha hecho la sede de la revelación de Su gloria. Por tanto,
santificadlos de toda mancha, para que aquello para lo cual fueron creados sea
garbado en ellos. Esto, de hecho, es una muestra del generoso favor de Dios."
"Di:", Él proclama, "Aquel que sigue sus deseos mundanos o fija su corazón en
las cosas de la tierra, no será incluido entre el pueblo de Bahá. Es mi seguidor
verdadero aquel que, de llegar a un valle de oro puro, pasará recto a través de él,
indiferente como una nube y ni volverá ni se detendrá. Tal hombre es, con toda
seguridad, de los Míos. De su vestidura, el Concurso de lo Alto puede inhalar la
fragancia de la santidad. Y si él encontrase la más hermosa y gentil de las
mujeres, no sentirá su corazón seducido por la más leve sombra del deseo por su
belleza. Tal hombre es, ciertamente, la creación de una castidad sin mancha. De
esta forma les alecciona la Pluma del Antiguo de los Días, como lo ordena
vuestro Señor, El Todopoderoso, el Todo Generoso." "Aquellos que siguen su
lujuria e inclinaciones corruptas", es aún otra advertencia, "han equivocado y
disipado sus esfuerzos. Ellos son, ciertamente, de los perdidos." "Corresponde al
pueblo de Bahá", Él también ha escrito, "morir para el mundo y todo lo que éste
contiene y mantenerse tan desprendidos de las cosas terrenales, que los
moradores del Paraíso puedan inhalar de sus vestiduras, el dulce perfume de la
santidad. Aquellos que han empañado el dulce nombre de la Causa de Dios, por
seguir asuntos carnales - ¡éstos se encuentran en palpable error!" "La pureza y
la castidad", es su especial amonestación, "han sido y aún son los mejores
ornamentos para las siervas de Dios. Dios es Mi Testigo! El resplandor de la luz
de la castidad derrama su brillo sobre los mundos del espíritu y su fragancia se
difunde aún hasta su Más exaltado Paraíso." "Dios", Él de nuevo afirma, "en
verdad ha hecho que la castidad sea una corona para las cabezas de Sus siervas.
Grande es la gloria de aquella sierva que ha alcanzado esta alta posición."
"Nosotros, en verdad, hemos decretado en Nuestro Libro", es Su afirmación, "un
premio hermoso y generoso para todo aquel que se aparte de la maldad y que
lleve una vida casta y devota. Él es, en verdad, el Gran Dador, el Todo
Generoso." "Nosotros hemos soportado el peso de todas las calamidades", Él
atestigua, "para santificaros de toda corrupción terrenal y vosotros aún
permanecéis indiferentes. En verdad, contemplamos vuestras acciones. Si
percibimos de éstas el dulce perfume de la pureza y de la santidad, muy
ciertamente, os bendeciremos. Será entonces cuando las lenguas de los
moradores del Paraíso pronunciarán vuestras alabanzas y engrandecerán
vuestros nombres entre aquellos que se han acercado a Dios."
"Beber vino", escribe 'Abdu'l-Bahá, "esta prohibido de acuerdo con el texto
del Libro Más Sagrado; puesto que es ésta la causa de enfermedades crónicas,
debilita los nervios y consume la mente." "Bebed, oh siervas de Dios",
Bahá'u'lláh Mismo ha afirmado, "del Vino Místico de la copa de Mis palabras.
Desechad de vosotras entonces aquello que vuestras mentes aborrecen, puesto
que esto os ha sido prohibido en Sus Tablas y Sus Escrituras. Cuidado no vaya a
ser que cambiéis el Río que es ciertamente la vida, por aquello que las almas de
los puros de corazón detestan. Intoxicaos con el vino del amor a Dios y no con
aquel que adormece vuestras mentes, ¡oh vosotras, que Lo adoráis! En verdad,
esto ha sido prohibido a todo creyente, ya sea hombre o mujer. De este modo, el
sol de mi mandamiento ha resplandecido sobre el horizonte de Mi declaración,
de modo que las siervas que creen en Mí puedan ser iluminadas."
Debe recordarse, sin embargo, que el mantener tales altas normas de conducta
moral, no debe ser asociado o confundido con ninguna forma de ascetismo o de
puritanismo excesivo y fanático. Las normas inculcadas por Bahá'u'lláh, no tratan
bajo ninguna circunstancia de negar cualquier derecho o privilegio legítimo por
obtener la mayor ventaja y beneficio de las múltiples felicidades, bellezas y
placeres con las que el mundo ha sido tan abundantemente enriquecido por un
Creador Todo Amoroso. "Si un hombre", el Mismo Bahá'u'lláh nos reasegura,
"deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o
participar de los beneficios que ésta puede conferirle, ningún daño podrá
acaecerle, con tal que no permita que nada intervenga entre él y Dios, pues Dios
ha ordenado todas las cosas buenas creada en el cielo o en la tierra, para los
siervos Suyos que realmente creen en Él. Comed, oh pueblo, de las cosas buenas
que Dios os ha permitido, y no os privéis de Sus maravillosas dádivas. Dad
gracias a Él y alabadle, y sed de aquellos que de verdad, son agradecidos."

El Tema que Ofrece el Mayor Reto

En cuanto al prejuicio racial, la corrosión del cual por casi un siglo ha mordido
la fibra y atacado toda la estructura social de la sociedad americana, éste debe ser
considerado como el tema más vital y desafiante que la comunidad Bahá'í
confronta en la actual etapa de su evolución. Los esfuerzos incesantes que exige
este tema de importancia principalísima, los sacrificios que debe imponer, el
cuidado y la vigilancia que éste requiere, el valor y fuerza moral que éste requiere,
el tacto y simpatía que éste necesita, invisten este problema, el cual los creyentes
americanos se encuentran lejos de haber resuelto satisfactoriamente, de una
urgencia e importancia que no pueden ser exageradas. El blanco y el negro, el rico
o el pobre, el viejo y el joven, sean o no nuevos conversos de la Fe, todos aquellos
que están identificados con ésta, deben participar y prestar su asistencia, cada uno
de acuerdo con su capacidad, experiencia y oportunidades, en la tarea común de
cumplir con las instrucciones, de realizar las esperanzas y seguir el ejemplo de
'Abdu'l-Bahá. Ya sea de color o no, ninguna de las dos razas tiene el derecho o
puede reclamar a conciencia, encontrarse absuelta de dicha obligación, haber
realizado dichas esperanzas o haber seguido fielmente dicho ejemplo. Un camino
largo y espinoso, rodeado de trampas, todavía permanece sin que haya sido
recogido por los exponentes blancos y negros de la Fe redentora de Bahá'u'lláh. De
la distancia que ellos cubran y de la manera que recorran el camino, debe depender
hasta el punto que pocos de entre ellos pueden imaginar, la operación de esas
influencias intangibles que son indispensables para el triunfo espiritual de los
creyentes americanos y el buen éxito de su empresa recientemente iniciada.
Que ellos recuerden sin miedo y determinadamente el ejemplo y la conducta de
'Abdu'l-Bahá mientras estuvo entre ellos. Que ellos se acuerden de Su valor, Su
amor genuino y Su compañerismo informal y sin discriminación, su desdén e
impaciencia hacia la crítica, moderada por Su tacto y sabiduría. Que ellos revivan y
perpetúen el recuerdo de esos episodios y ocasiones inolvidables e históricos en los
cuales Él demostró tan vívidamente Su agudo sentido de justicia, Su simpatía
espontánea hacia los oprimidos, Su sentido siempre perdurable de unidad de la raza
humana, Su amor desbordante hacia sus miembros y Su desagrado hacia todos
aquellos que osaran tratar con desprecio Sus deseos, ridiculizar Sus métodos,
desafiar Sus principios o anular Sus actos.
La discriminación contra cualquier raza, basándose en que ésta está socialmente
atrasada, políticamente inmadura y numéricamente en minoría, es una violación
flagrante del espíritu que anima la fe de Bahá'u'lláh. El conocimiento de cualquier
división o requebradura en sus filas es ajeno a su mismo propósito, principios e
ideales. Una vez que sus miembros han reconocido completamente la posición de
Su Autor y por razón de haberse identificado con su Orden Administrativo, hayan
aceptado sin reservas los principios y leyes incluidos en sus enseñanzas, cada
diferenciación de clase, credo o color debe ser automáticamente borrado y nunca
debe permitírsele que se reafirme bajo pretexto alguno, no importa cuán fuerte sea
la presión de los eventos o de la opinión pública. Si alguna discriminación ha de
tolerarse, ésta debería ser una discriminación no en contra, sino más bien a favor
de la minoría, sea ésta racial o de otra índole. A diferencia de otras naciones y
gentes del mundo, ya sean éstas del oriente o del occidente, democráticas o
autoritarias, comunistas o capitalistas, pertenecientes ya sea al viejo mundo o al
nuevo, quienes ignoren, pisoteen o extirpen las minorías raciales, religiosas o
políticas dentro de la esfera de su jurisdicción - cada comunidad organizada,
alistada bajo la bandera de Bahá'u'lláh debe sentir que es su obligación principal e
ineludible la de nutrir, alentar y proteger cada minoría perteneciente a cualquier fe,
raza, clase o nación, dentro de ésta. Es tan grande y vital este principio, que tales
circunstancias como cuando un número igual de balotas ha sido depositado en una
elección o cuando los requisitos para cualquier puesto son balanceados entre las
diferentes razas, credos religiosos y nacionalidades dentro de la comunidad, la
prioridad debe ser dada, sin vacilación, a la persona representante de la minoría y
esto por ninguna razón que la de estimularla y alentarla y proporcionarle una
oportunidad para adelantar los intereses de la comunidad. A la luz de este principio
y teniendo en mente que es en extremo deseable que los elementos minoritarios
participen y compartan la responsabilidad en el manejo de la actividad Bahá'í, debe
ser el deber de cada comunidad Bahá'í arreglar sus asuntos de tal manera que en los
casos donde los individuos pertenecientes a los diversos elementos minoritarios
dentro de ésta, estén ya capacitados y llenen los requisitos necesarios, las
instituciones representativas Bahá'ís, ya sean éstas Asambleas, convenciones,
conferencias o comités, tengan representados en ellas tantos elementos diversos
raciales o de otra índole como sea posible. La adopción de tal proceder y la fiel
adhesión a éste, no sólo sería una fuente de inspiración y estímulo para aquellos
elementos que son pequeños en número e inadecuadamente representados, sino que
demostraría al mundo entero la universalidad y el carácter representativo de la Fe
de Bahá'u'lláh y que Sus seguidores están libres de la mancha de esos prejuicios,
que ya han forjado tales estragos en los asuntos internos de las naciones, así como
también en las relaciones con el extranjero. La liberación del prejuicio racial en
cualquiera de sus formas, en tal época como la actual cuando una porción grande y
creciente de la raza humana está cayendo víctima de su ferocidad devastadora,
debe ser adoptada como el lema de todo el cuerpo de creyentes americanos, en
cualquier Estado en el que ellos residan, en cualquier círculo en que se muevan, no
importa qué edad, tradiciones, gustos y hábitos ellos tengan. Ésta debe ser
demostrada en forma consistente en cada fase de su actividad y de su vida, ya sea
dentro de la comunidad Bahá'í o fuera de ésta, en público o privado, formalmente
tanto como informalmente, individualmente tanto como en capacidad oficial como
grupos organizados, comités y Asambleas. Ésta debe ser cultivada deliberadamente
a través de las diversas oportunidades diarias que se presentan, no importa lo
insignificantes, ya sea en sus hogares, sus oficinas de negocios, sus escuelas y
universidades, sus fiestas sociales y campos de recreación, sus reuniones,
conferencias, convenciones, escuelas de verano y Asambleas Bahá'ís. Ante todo,
ésta debe convertirse en principio fundamental de la política de ese augusto cuerpo,
el cual, en capacidad de representante nacional y de director y coordinador de los
asuntos de la comunidad, debe sentar el ejemplo y facilitar la aplicación de un
principio tan vital, a las vidas y las actividades de aquellos cuyos intereses ésta
protege y representa. "¡Oh, vosotros que discernís!" Bahá'u'lláh ha escrito, “En
verdad, las palabras que han descendido del cielo de la Voluntad de Dios son la
fuente de unidad y de armonía para el mundo. Cerrad vuestros ojos a las
diferencias raciales y dadles a todos la bienvenida con la luz de la unidad." "No
deseamos más nada que el bien del mundo y la felicidad de las naciones", Él
proclama, "que todas las naciones lleguen a ser una en fe y todos los hombres
como hermanos; que los lazos del afecto y la unidad entre todos los hijos de los
hombres sean fortalecidos; que cesen las diferencias de religión y que las
diferencias de raza sean abolidas."
"Bahá'u'lláh ha dicho", escribe 'Abdu'l-Bahá, "que las diferentes razas de la
humanidad prestan una armonía mixta y un colorido hermoso a la totalidad.
Que todos se asocien, por lo tanto, en este gran jardín humano así como las
flores crecen y se mezclan juntas, lado a lado, sin discordia o desacuerdo entre
ellas." "Bahá’u’lláh ", 'Abdu'l-Bahá además ha dicho, "una vez comparó a la
gente de color con la negra pupila del ojo, rodeada de lo blanco. En esta negra
pupila puede ser visto el reflejo de aquello que se encuentra delante de ésta y a
través de ella fulgura la luz del espíritu."
"Dios", el Mismo 'Abdu'l-Bahá manifiesta, "no hace distinción entre el negro
y el blanco. Si los corazones son puros, ambos son aceptables a Él. Dios no tiene
en cuenta el color o la raza de una persona. Todas las razas son aceptables a Él,
ya sean ellas blancas, negras o amarillas. Ya que todas fueron creadas en la
imagen de Dios, debemos darnos cuenta que todas encarnan posibilidades
divinas." "En la opinión de Dios", Él expresa, "todos los hombres son iguales.
No hay distinción ni preferencia por ninguna alma en el reino de su justicia y
equidad." "Dios no hizo estas divisiones", Él afirma, "estas divisiones tuvieron
su origen en el mismo hombre. Por lo tanto, ya que ellas son contrarias al plan y
propósito de Dios, son ellas falsas e imaginarias". "En la opinión de Dios", Él
de nuevo afirma, "no hay distinción de color; todos están unidas en el color y la
belleza de servidumbre a Él. El color no es importante; el corazón es todo lo que
importa. No importa lo que el exterior sea, si el corazón es puro y blanco por
dentro. Dios no contempla las diferencias de matices y de tez. Él mira los
corazones. Aquél cuya moral y virtudes son dignas de alabanza, es preferido en
la presencia de Dios; aquel que es devoto al Reino, es más amado. En el reino de
origen y de creación, el asunto del color es de menor importancia". "En todo el
reino animal", Él explica, "no encontramos a las criaturas separadas por
razones del color. Ellas reconocen la unidad de las especies, la del género. Si no
encontramos que la distinción de colores haya sido hecha en un reino de menor
inteligencia y razonamiento, ¿cómo se puede justificar entre seres humanos,
especialmente cuando sabemos que todos hemos tenido el mismo origen y
pertenecemos a la misma familia? La humanidad es una, con respecto al origen
y propósito de su creación. Las distinciones de raza y de color, han surgido
después". "El hombre está dotado de un poder superior de razonamiento y de la
facultad de percepción", Él más ampliamente explica, "él (hombre) es la
manifestación de las gracias divinas. ¿Prevalecerán las ideas raciales y
oscurecerán el propósito creativo de unidad, en su Reino?" "Una de las
cuestiones importantes", Él observa significativamente, "que afectan la unidad y
solidaridad de la humanidad, es la confraternidad e igualdad de las razas
blancas y de color". Entre estas dos razas existen ciertos puntos en común y
ciertos puntos que las distinguen, los que justifican consideración justa y recíproca.
Los puntos de contacto son muchos. En este país, los Estados Unidos de América,
el patriotismo es común en ambas razas; todos tienen igual derecho a ciudadanía,
hablan un solo idioma, reciben los beneficios de la misma civilización y siguen los
preceptos de la misma religión. En efecto, existen numerosos puntos de consorcio
y de acuerdo entre las dos razas; siendo así que el único punto de distinción es el
del color. ¿Se le permitirá a ésta, la menor de todas las diferencias os separe a
vosotros como razas y como individuos? "Esta variedad en formas y colores", Él
subraya, "la que se manifiesta en todos los reinos, existe conforme a la Sabiduría
creativa y tiene un propósito divino". "La variedad en la familia humana", Él
sostiene, "debe ser la causa del amor y de la armonía, como lo es en la música,
donde muchas notas diferentes se combinan para producir un acorde perfecto". "Si
llegarais a conocer", es Su amonestación, "aquellas personas de diferente raza o
color al vuestro, no desconfiéis de ellos y no os retiréis a vuestras corazas de
convencionalismo, pero en vez, alegraos y demostradles amabilidad". "En el
mundo del ser", Él atestigua, "el encuentro es bendito, cuando las razas blancas
y de color se reúnen con infinito amor espiritual y armonía celestial. Cuando se
establezcan dichos encuentros y los participantes se asocien entre sí en perfecto
amor, unidad y benevolencia, los ángeles del Reino los alabarán y la Belleza de
Bahá'u'lláh les dirá, '¡Bendito seáis! Bendito seáis!'" "Cuando una reunión de
estas dos razas se efectúe", Él afirma asimismo, "esa reunión se convertirá en el
imán del Concurso de lo alto y las confirmaciones de la Bendita Belleza la
rodearán". "Esforzaos encarecidamente", Él de nuevo exhorta a ambas razas "y
ejerced vuestro mayor esfuerzo hacia la realización de esta confraternidad y el
afianzamiento de este vínculo de hermandad entre vosotros”. No es posible
lograr tal hazaña sin la voluntad y el esfuerzo de parte de cada uno; de uno,
expresiones de gratitud y de aprecio; de la otra benevolencia y el reconocimiento
de la igualdad. Cada uno debe esforzarse por mejorar y ayudar al otro hacia el
progreso mutuo. El amor y la unión deben ser fomentados entre vosotros, de tal
modo que se realice la unión de la humanidad. En efecto, el lograr la unidad entre
los de color y los blancos, será una seguridad de la paz del mundo. "Tengo la
esperanza", Él de esta forma se dirige a los miembros de la raza blanca "que
vosotros seáis los causantes de que esa raza oprimida llegue a ser gloriosa y que
se una a la raza blanca, para servir al mundo del hombre con la mayor
sinceridad, fidelidad, amor y pureza. Esta oposición, enemistad y prejuicio entre
los hombres de la raza blanca y la de color no pueden ser borrados excepto a
través de la Fe, las convicciones y las enseñanzas de la Bendita Belleza". "Este
asunto de la unión del negro y el blanco es muy importante", Él advierte,
"puesto que si no es realizada, antes de mucho surgirán grandes dificultades y
después vendrán resultados perjudiciales". "Si este asunto permanece sin
cambio" es aún otra advertencia "la enemistad aumentará día a día y el resultado
final será la dificultad y puede terminar en derramamiento de sangre". Un
esfuerzo tremendo es requerido por ambas razas si su perspectiva, maneras y
conducta deberán reflejar, en esta época ensombrecida, el espíritu y las enseñanzas
de la Fe de Bahá'u'lláh. Desechando una vez por todas la doctrina falaz de la
superioridad racial, con todos los males, confusión y miserias que la acompañan y
dándole la bienvenida y alentando la mezcla de las razas, y derribando las barreras
que ahora las dividen, cada una de ellas debe esforzase, día y noche, por cumplir
con sus responsabilidades particulares en la tarea común que con tanta urgencia se
les enfrenta. Mientras que cada una intenta contribuir su parte hacia la solución de
este delicado problema, que ellos recuerden las advertencias de 'Abdu'l-Bahá y que
se den cuenta, mientras aún es tiempo, de las horribles consecuencias que deben
venir después si esta situación desafiante y desdichada, la que se le enfrenta a toda
la nación americana, no es definitivamente remediada.
Que los blancos hagan un esfuerzo supremo en su resolución por contribuir su
parte a la solución de este problema, por abandonar una vez por todas su
sentimiento de superioridad, el que por lo general es inherente y a veces,
subconsciente, por corregir tu tendencia por manifestar una actitud
desdeñosamente condescendiente hacia los miembros de la otra raza, por
persuadirlos a ellos a través de su asociación íntima, espontánea e informal con
ellos, de la autenticidad de su amistad y de la sinceridad de sus intenciones y por
vencer su impaciencia porque no respondan aquellas gentes, quienes por un
período tan largo, han recibido heridas tan dolorosas y lentas en cicatrizarse.
Que los negros, a través de un esfuerzo correspondiente por parte de ellos,
demuestren por cada medio en su poder, el entusiasmo de su respuesta, su
disposición y buena voluntad para olvidar el pasado y su habilidad para borrar cada
vestigio de sospecha que pueda aún persistir en sus corazones o mentes. Que
ninguno de los dos piense que la solución de un problema tan inmenso es asunto
que concierne al otro exclusivamente. Que ninguno de los dos piense que dicho
problema puede ser resuelto fácil o inmediatamente. Que ninguno de los dos piense
que ellos pueden esperar confiadamente por la solución de este problema, hasta
cuando la iniciativa haya sido tomada y las circunstancias favorables hayan sido
creadas por agencias fuera de la órbita de su Fe. Que ninguno piense que cosa
alguna, con excepción del amor genuino, la paciencia extremada, la humildad
verdadera, el mayor tacto, la iniciativa cabal, el discernimiento maduro y el
esfuerzo deliberado, persistente y devoto, pueden lograr que se borre la mancha
que este mal patente ha dejado en el nombre honrado de su país común. Que ellos
más bien crean y estén firmemente convencidos que en su comprensión, su amistad
y su prolongada cooperación, más que ninguna otra fuerza u organización operante
fuera del círculo de su Fe, debe depender la desviación de ese peligroso curso tan
seriamente temido por 'Abdu'l-Bahá y la materialización de las esperanzas que Él
abrigaba para que ellos contribuyeran conjuntamente al cumplimiento del destino
de ese país.

La Cruzada Doble

¡Bienamados amigos! Una rectitud de conducta que en todas sus
manifestaciones ofrece vívido contraste con la falacia y corrupción que
caracterizan la vida política de la nación y de los partidos y las facciones que la
componen; una santidad y castidad que están completamente opuestas a la laxitud
moral y a la licencia que manchan el carácter de una porción considerable de sus
ciudadanos; una confraternidad interracial completamente purgada de la maldición
del prejuicio racial, el cual estigmatiza a la gran mayoría de su pueblo -éstas son
las armas que los creyentes americanos pueden y deben esgrimir en su cruzada
doble, primero para regenerar la vida interior de su propia comunidad y
seguidamente, para arremeter, contra los males de larga duración que se han
atrincherado en la vida de su nación. La perfección de dichas armas, la utilización
sabia y efectiva de cada una de ellas, más que el adelantamiento de cualquier plan
en particular o la proyección de cualquier sistema especial o la acumulación de
cualquier cantidad de recursos materiales, pueden prepararlos para la época cuando
la Mano del Destino les haya ordenado que ayuden a crear y a poner en marcha ese
Orden Mundial que ahora se incuba dentro de las instituciones administrativas
mundiales de la Fe.
En el manejo de esta cruzada doble, los valientes guerreros que luchan en el
nombre y por la Causa de Bahá'u'lláh deben forzosamente tropezar con fuerte
resistencia y sufrir muchas contrariedades. Sus propios instintos no menos que la
furia de las fuerzas conservadoras, la oposición de los intereses creados y las
objeciones de una generación corrupta y amante de los placeres deberán ser
tomadas en cuenta, resistida con determinación y completamente subyugadas.
Mientras que las medidas defensivas para la inminente lucha son organizadas y
extendidas, tormentas de abuso y de mofa y campañas condenatorias y de noticias
falsas, pueden ser desatadas contra ellos. Su Fe, ellos pronto podrán descubrir, ha
sido atacada, sus motivos han sido interpretados erróneamente, sus propósitos han
sido difamados, sus aspiraciones ridiculizadas, sus instituciones despreciadas, su
influencia rebajada, su autoridad socavada y su Causa, a veces, abandonada por
unos pocos quienes serán incapaces de apreciar la naturaleza de sus ideales o
estarán renuentes a aceptar el embate de las crecientes críticas que dichas
contiendas involucrará de seguro. "Por causa de 'Abdu'l-Bahá", el Amado
Maestro ha profetizado, "muchas pruebas os visitarán. La dificultades os
acontecerán y el sufrimiento os afligirá".
Que el invencible ejército de Bahá'u'lláh, sin embargo, el cual en el Occidente y
en uno de sus centros potenciales de borrasca ha de pelear en Su nombre y por Su
causa una da las batallas mas fieras y gloriosas, no tenga miedo de cualquier crítica
que las fuera dirigida contra éste. Que no sea disuadido por condenación alguna
con la que la lengua del calumniador trate de degradar sus motivos. Que no
retroceda ante el avance amenazador de las fuerzas del fanatismo, de la ortodoxia,
de la corrupción o del prejuicio que pueden aliarse contra éste. La voz de la crítica
es una voz que indirectamente refuerza la proclamación de su Causa. La
impopularidad sólo sirve para poner a mayor relieve el contraste entre ésta y sus
adversarios; mientras que el ostracismo es en sí un poder magnético que
eventualmente atraerá hacia su campo los más vociferantes e inveterados de sus
enemigos. Ya en el país donde las más grandes batallas de la Fe han sido libradas y
donde sus enemigos más rapaces han vivido, la marcha de los acontecimientos, la
infiltración lenta pero constante de sus ideales y el cumplimiento de sus profecías
han resultado no sólo en el desarme y la trasformación del carácter de algunos de
sus enemigos más formidables, pero también en la obtención de su alianza firme y
sin reservas a sus Fundadores. Tan completa transformación, tan pasmosa
reversión de actitud sólo pueden ser realizadas si aquel medio escogido, el cual
está diseñado para llevar el Mensaje de Bahá'u'lláh a las multitudes hambrientas,
inquietas y sin pastor, se encuentra él mismo, enteramente limpio de las
contaminaciones que trata de remover.
Es a ustedes, por lo tanto, mis más amados amigos, a quienes deseo impresionar
no sólo con la urgencia e imperiosa necesidad de su tarea santa, pero también con
las posibilidades ilimitadas que están en posesión de ésta para elevar a un nivel tan
eminente no sólo la vida y actividades de su propia comunidad, sino también los
motivos y las normas que gobiernan las relaciones existentes entre las gentes a las
cuales ustedes pertenecen. Sin haber perdido el ánimo por la naturaleza formidable
de esta tarea, ustedes, al reto de estos tiempos tan cargados de peligros, tan llenos
de corrupción y sin embargo, tan repletos con la promesa de un futuro tan brillante
que ninguna época previa en los anales de la humanidad, puede rivalizar su gloria.
Bienamados amigos! Yo he tratado en el comienzo de estas páginas, de
transmitir una idea de las gloriosas oportunidades lo mismo que de las tremendas
responsabilidades, las que, como resultados de la persecución de la extensa Fe de
Bahá'u'lláh, ahora se encaran a la comunidad de creyentes americanos en una etapa
tan crítica del Período Formativo de su Fe y en una época tan crucial en la historia
del mundo. Yo he tratado suficiente sobre la índole de la misión, la que en un
futuro no muy distante, esa comunidad, a través de la fuerza impelente de las
circunstancia, deberá levantar y llevar a cabo. Yo he pronunciado la advertencia
que sentí necesaria para un entendimiento más claro y una ejecución mejor de las
tareas que se encuentran delante de ésta. He manifestado y he dado énfasis, hasta
donde he podido a aquellas virtudes eminentes y dinámicas, a aquellas normas
excelsas, las que por difíciles que sean de lograr constituyen no obstante los
requisitos esenciales para el buen éxito de esas tareas. Ahora, yo creo, debe decirse
una palabra en relación con el aspecto material de su tarea inmediata sobre la
finalización de la cual, al tiempo señalado, debe depender no sólo el
desenvolvimiento de las etapas subsiguientes en el Plan Divino contemplado por
'Abdu'l-Bahá, sino también la adquisición de esas capacidades que las habilitarán
para que desempeñen en la plenitud del tiempo, los deberes y las responsabilidades
requeridas por aquella misión aún mayor, la que les será un privilegio desempeñar.
El Plan de Siete Años, con sus aspectos dobles de ornamentación para el
Templo y expansión de su actividad de enseñanza, abarcando tanto el continente
norteamericano como el suramericano, se encuentra bastante avanzado dentro de
su segundo año y ofrece a cualquiera que ha observado su progreso en los recientes
meses, señales que son alentadoras en extremo y que auguran favorablemente el
logro de sus objetivos dentro del tiempo asignado. Los pasos sucesivos que cubren
el campo entero y que están diseñados para facilitar el trabajo por realizar en
conexión con la ornamentación del Templo, han sido tomados en su mayor parte.
La fase final que señalará la victoriosa conclusión de una empresa de treinta años,
ha sido, al fin, introducida. El contrato inicial relacionado con el primer piso
principal de ese edificio histórico ha sido firmado. El Fondo asociado con el amado
nombre de la Hoja Más Sagrada, ha sido comenzado. La continuación
ininterrumpida hasta el mismo fin, de una empresa tan loable, están confirmada.
Los recuerdos conmovedores de uno cuyo corazón tanto se regocijó del
levantamiento de la súper-estructura de esta Casa sagrada, darán tal vigor a los
esfuerzos finales requeridos para completarla, que disiparán cualquier duda que
pueda aún persistir en cualquier mente, acerca de la capacidad de sus constructores
para acabar dignamente su tarea.

Los Requisitos para la Enseñanza

El aspecto del Plan relacionado con la enseñanza, debe ahora ser estudiado. Su
reto debe ser afrontado y sus requisitos examinados, considerados y realizados.
Grandiosa e irresistible como es la belleza del Primer Mashriqu'l-Adhkár del
occidente, majestuosas como son sus dimensiones, singular como es su
arquitectura e inapreciables como son los ideales y las aspiraciones que éste
simboliza, éste debe ser considerado en la época actual como nada más que un
instrumento para una propagación más efectiva de la Causa y la difusión más
extensa de sus enseñanzas. En este sentido, ésta debe ser contemplada en la misma
luz que a las instituciones administrativas de la Fe, las cuales son concebidas como
medios para la debida diseminación de sus ideales, sus doctrinas y sus verdades.
Es por lo tanto, hacia los requisitos de enseñanza del Plan de Siete Años que la
comunidad de creyentes americanos debe en los sucesivos años dirigir su
cuidadosa y prolongada atención. La comunidad entera debe, como un solo
hombre, levantarse para realizarlos. Enseñar la Causa de Dios, proclamar sus
verdades, defender sus intereses, demostrar por medio de palabras tanto como por
hechos su calidad de indispensable, su poder y su universalidad -no debe en ningún
momento ser considerados como la exclusiva preocupación ni el privilegio
exclusivo de las instituciones administrativas Bahá'ís, ya sean éstas Asambleas o
comités. Todos deben participar, no importa cuán humilde sea su origen, cuán
limitada su experiencia, cuán restringidos sus medios, cuán deficiente su
educación, cuán apremiante sus inquietudes y preocupaciones, cuán desfavorable
el ambiente en que viven. "Dios", el Mismo Bahá'u'lláh ha revelado
inequívocamente, "ha prescrito a cada uno el deber de enseñar Su Causa".
"Di:", Él además ha escrito, "Enseñad la Causa de Dios, oh pueblo de Bahá,
porque Dios ha prescrito a todos y a cada uno el deber de proclamar Su mensaje
y lo considera como la más meritoria de todas las acciones".
Una posición alta y eminente en las filas de su comunidad, que confiere a su
tenedor ciertos privilegios y prerrogativas, sin duda lo inviste de una
responsabilidad que él no puede evadir honorablemente, en su deber de enseñar y
promover la Fe de Dios. A veces, pero no invariablemente, ella puede crear
mayores oportunidades y proporcionar mejores facilidades para difundir el
conocimiento de esa Fe y ganar partidarios para sus instituciones. Si embargo, ella
bajo ninguna circunstancia, lleva consigo necesariamente el poder de ejercer una
influencia mayor sobre las mentes y los corazones de aquellos a quienes esa Fe se
presenta. Con cuanta frecuencia - y la primera historia de la Fe ofrece en su país
natal muchos testimonios sorprendentes - los más humildes adherentes de la Fe, sin
enseñanza y completamente carentes de experiencia y sin reputación alguna y en
algunos casos desprovistos de inteligencia, han sido capaces de ganar victorias
para su Causa, ante las cuales han palidecido las más brillantes hazañas de los
eruditos, los sabios y los experimentados.
"Pedro", 'Abdu'l-Bahá ha atestiguado, "de acuerdo con la historia de la
Iglesia, era también incapaz de llevar la cuenta de los días de la semana. Cuando
quiera que él decidiera ir a pescar, él envolvía su comida de la semana en siete
bultos y cada día se comía uno de ellos y cuando llegaba al séptimo él sabía que
el día de descanso había llegado y por consiguiente cumplía con éste". Si el Hijo
del Hombre fue capaz de infundir a un instrumento aparentemente tan imperfecto y
desvalido tal fuerzo que ésta causara, en las palabras de Bahá'u'lláh, "que los
misterios de la sabiduría y de la expresión brotaran de su boca" y que lo
enalteciera por encima del resto de Sus discípulos y que se le hiciera apto para
convertirse en Su sucesor y el fundador de Su Iglesia, cuanto más poder puede dar
el Padre Quien es Bahá'u'lláh al más pequeño e insignificante de Sus seguidores,
para que logre por la ejecución de Su propósito, tales maravillas que
empequeñecerán las más enormes proezas de aún el primer apóstol de Jesucristo!
"El Báb", 'Abdu'l-Bahá por otra parte ha escrito, ha dicho: “Si una pequeña
hormiguita deseare en este día estar dotada de tal poder que le permitiera
desentrañar el más abstruso y el más intrincado de los pasajes del Corán, sus
deseos, sin duda, serían cumplidos, puesto que el misterio del poder eterno vibra
dentro del más íntimo ser de todas las cosas creadas”. Si una criatura tan
indefensa puede ser dotada de una capacidad tan sutil, ¡cuánto más eficaz debe ser
el poder liberado a través de las efusiones generosas de la gracia de Bahá'u'lláh!
El campo es ciertamente tan inmenso, la época tan crítica, la causa tan grande,
los trabajadores tan pocos, el tiempo tan escaso, el privilegio tan inapreciable, que
ningún adherente de la Fe de Bahá'u'lláh que sea merecedor de Su nombre, puede
permitirse el lujo de un momento de vacilación. Esa fuerza nacida de Dios,
irresistible en su poder arrollador, incalculable en su fuerza, imprevista en su curso,
misteriosa en su funcionamiento e impotente en sus manifestaciones - una Fuerza
que, como el Báb ha escrito, "vibra dentro del más íntimo ser de todas las cosas
creadas", y la cual, de acuerdo con Bahá'u'lláh, a través de su "vibrante
influencia", "ha trastornado el equilibrio del mundo y revolucionado su vida
ordenada" -, dicha Fuerza, haciendo a veces de espada de doble filo, está
separando en nuestra misma presencia, los vínculos milenarios que por siglos han
mantenido junta la fibra de la sociedad civilizada y la que está desatando por otra
parte, los lazos que todavía encadenan a la joven y aún no-emancipada Fe de
Bahá'u'lláh. Las oportunidades nunca soñadas, ofrecidas a través del
funcionamiento de esta Fuerza, a éstas deben ahora levantarse los creyentes
americanos y explotar en forma cabal y valerosa. "Las santas realidades del
Concurso de lo alto", escribe 'Abdu'l-Bahá, "anhelan hoy en día en el
Exaltadísimo Paraíso, regresar a este mundo de manera que puedan ser
ayudadas para que presten algún servicio al umbral de la belleza de Abhá y
surjan para demostrar su servidumbre a Su Umbral sagrado".
Un mundo oscurecido por la luz progresivamente desvanecientes de la religión,
palpitante con las fuerzas explosivas de un nacionalismo ciego y victorioso;
chamuscado con los fuegos de la persecución despiadada, ya sea racial o religiosa;
engañado por las teorías y doctrinas falsas que amenazan suplantar el culto de Dios
y la santificación de Sus leyes; debilitado por el materialismo desenfrenado y
brutal; desintegrándose por causa de la influencia corrosiva de la decadencia de la
anarquía y la contienda económicas tal es el espectáculo que se le presenta a los
ojos de los hombres, como resultado de los arrasadores cambios que esta Fuerza
revolucionaria, todavía en su etapa inicial de operación, está ahora produciendo en
la vida de todo el planeta. Un espectáculo tan triste y conmovedor, confuso como
debe ser para cada observador ajeno a los propósitos, las profecías y las promesas
de Bahá'u'lláh, lejos de impartir desaliento a los corazones de Sus seguidores o de
paralizar sus esfuerzos, no puede sino profundizar su fe e incitar su entusiasta
ahínco para levantar y desplegar, en el vasto campo que para ellos trazó la pluma
de 'Abdu'l-Bahá, sus capacidades para desempeñar su parte en el trabajo de
redención universal proclamada por Bahá'u'lláh. Cada instrumento en la
maquinaria administrativa que ellos a través de varios años, han erigido tan
laboriosamente, debe ser completamente utilizado y subordinado al propósito para
el cual ésta fuera creada. Al Templo, esa altiva personificación de un espíritu tan
extraordinario del sacrificio propio, debe también hacérsele que desempeñe su
papel y que contribuya su parte a la campaña de enseñanza concebida para que
abarque a todo el hemisferio occidental.
Las oportunidades que presentan los disturbios de la época actual, con todos los
pesares que ésta evoca, los temores que ésta incita, la desilusión que ésta produce,
la perplejidad que ésta crea, la indignación que ésta suscita, la revuelta que ésta
provoca, las injusticias que ésta engendra, el espíritu de intranquila búsqueda que
ésta despierta, deben, en forma similar, ser explotados con el propósito de extender
por todas partes el conocimiento del poder redentor de la Fe de Bahá'u'lláh y con el
fin de enrolar nuevos reclutas en el ejército siempre creciente de Sus seguidores.
Una oportunidad tan preciosa, una unión tan extraordinaria de circunstancias
favorables, puede que no se repita de nuevo. Ahora es el tiempo, la época señalada
para que los creyentes americanos, la vanguardia de las huestes del Más Grande
Nombre, proclamen a través de las agencias y canales de un Orden Administrativo
especialmente creado, su capacidad y disposición para rescatar a una generación
deshonrada y dolorosamente puesta a prueba, la que se ha rebelado contra su Dios
e ignorado Sus advertencias y para ofrecerle a ésta esa completa protección que
sólo las fortificaciones de su Fe pueden proporcionar.
La campaña de enseñanza inaugurada a través de los estados de la República
Norteamericana y del Dominio del Canadá, adquiere por lo tanto una importancia y
es investida de una urgencia que no pueden ser exageradas. Iniciada en su curso a
través de las fuerzas creativas liberadas por la voluntad de 'Abdu'l-Bahá y
recorriendo de una parte a otra del hemisferio occidental por causa de la fuerza
propulsora que ésta genera, creo que ésta debe ser llevada a cabo de conformidad
con ciertos principios creados para asegurar su eficiente manejo y para acelerar el
logro de sus objetivos.
Aquellos que participen en dicha campaña, ya sea en capacidad de
organizadores o como trabajadores a cuyo cuidado la ejecución de la tarea misma
ha sido encomendada, deben, como preliminar esencial para el desempeño de sus
deberes, familiarizarse concienzudamente con los diversos aspectos de la historia y
las enseñanzas de su Fe. En sus esfuerzos por lograr este propósito, ellos deben
estudiar por sí mismos, concienzuda y afanosamente, la literatura de su Fe, deben
ahondar en sus enseñanzas, asimilar sus leyes y principios, reflexionar acerca de
sus amonestaciones, doctrinas y propósitos, aprender de memoria algunas de sus
exhortaciones y oraciones, conocer a fondo lo esencial de su administración y
mantenerse al tanto de los asuntos de la actualidad y de los últimos adelantos. Ellos
deben esforzarse por obtener de fuentes que son autoritativas y sin prejuicios, un
conocimiento bien fundado de la historia y doctrina del islam – la fuente y
antecesor de su Fe - y empezar reverentemente y con una mente purgada de
cualquier idea preconcebida, el estudio del Corán que, aparte de las escrituras
sagradas de las Revelaciones bábí y bahá'í, constituye el único Libro que puede
considerarse como un Repositorio completamente autenticado de la Palabra de
Dios. Ellos deben dedicar especial atención a las investigaciones de aquellas
instituciones y circunstancias que tiene directa relación con el origen y nacimiento
de su Fe, con la posición a la que su Precursor hizo reclamación y con las leyes
reveladas por su Autor.
Después de haber adquirido, en lo esencial, estos requisitos previos para el buen
éxito en el campo de la enseñanza, cuando quiera que ellos contemplen emprender
cualquier misión específica en los países de Latino América, ellos deben siempre
que sea factible, adquirir cierta pericia en los idiomas hablados por los habitantes
de esos países y un conocimiento de sus costumbres, hábitos y perspectivas. "Los
maestros que van a esas regiones", 'Abdu'l-Bahá ha escrito, refiriéndose en una de
las Tablas del Plan Divino a las Repúblicas Centroamericanas, "deben también
estar familiarizados con el idioma castellano". "Un grupo que hable sus
idiomas", Él ha escrito en otra Tabla, "debe volver sus caras y viajar por entre los
tres grandes grupos de islas del Océano Pacífico". "Los maestros que viajen en
diferentes direcciones", Él además afirma, "deben conocer el idioma del país al
que ellos entrarán. Por ejemplo, una persona proficiente en el idioma japonés
puede viajar al Japón o una persona que conoce el idioma chino puede
apresurarse a la China, etc."
Ningún participante en esta campaña interamericana de enseñanza, debe sentir
que la iniciativa de cualquier actividad en particular relacionada con este trabajo,
debe reposar únicamente con aquellas agencias, ya sean Asambleas o comités,
cuyo interés especial es el de fomentar y facilitar el logro de este objetivo vital del
Plan de Siete Años. Es el deber obligatorio de cada creyente americano, como el
fiel depositario del Plan Divino de 'Abdu'l-Bahá, iniciar, fomentar y consolidar
dentro de los límites fijados por los principios administrativos de la Fe, cualquier
actividad que él o ella juzgue convenientemente que sea emprendida para el avance
del Plan. Ni la situación amenazadora del mundo, ni cualquier consideración de la
falta de recursos materiales, de equipo mental, de conocimiento o de experiencia -
por muy deseables que éstos sean - deben disuadir a ningún pionero en perspectiva,
de levantarse independientemente y de poner en movimiento las fuerzas que, como
'Abdu'l-Bahá nos ha confirmado repetidamente, una vez que sean liberadas,
atraerán así como un imán, la ayuda prometida e infalible de Bahá'u'lláh. Que él no
aguarde por ninguna indicación o espere ningún estímulo especial de los
representantes elegidos de su comunidad, ni que sea disuadido de esto por causa de
cualquier obstáculo que sus parientes o conciudadanos estuviesen inclinados a
colocar en su paso, ni que haga caso de la censura de sus críticos o de sus
enemigos. "Sé irrestringido como el viento", es el consejo de Bahá'u'lláh a cada
aspirante a maestro de Su Causa, "cuando lleves el Mensaje de Aquél Quien ha
hecho que rompa la Aurora de la Guía Divina. Considera como el viento, fiel a
lo que Dios le ha ordenado, sopla sobre todas las regiones de la tierra, sean
habitadas o desoladas. Ni la vista de la desolación, ni las muestras de la
prosperidad pueden causarle dolor ni agradarle. Sopla en todas las direcciones,
como le ha sido ordenado por su Creador". "Y cuando determine dejar su hogar
por amor de la Causa de su Señor", Bahá'u'lláh ha revelado en otro pasaje,
refiriéndose a tal maestro, "que ponga toda su confianza en Dios, como la mejor
provisión para su viaje y que se atavíe con el manto de la virtud. Si es encendido
con el fuego de Su amor, si renuncia a todas las cosas creadas, las palabras que
profiera abrasarán a quienes le escuchen".
Después que él haya resuelto levantarse y responder al llamado de la enseñanza,
por su propio iniciativa e impávido a cualesquier impedimento con los que ya sea
amigo o enemigo haya obstruido su paso, inconsciente o deliberadamente, que
considere detenidamente cada vía de acceso de la que él pueda hacer uso en sus
intentos personales por captar la atención, mantener el interés y ahondar la fe de
aquéllos a quienes él trata de atraer a la congragación de fieles de su Fe. Que
estudie las posibilidades que le ofrecen las circunstancias particulares en el que él
vive, que evalúe sus ventajas y proceda inteligente y sistemáticamente a utilizarlas
para el logro del propósito que él tiene en mente. Que también trate de idear tales
métodos como la asociación con clubes, exhibiciones y sociedades, charlas sobre
temas análogos a las enseñanzas e ideales de su Causa, tales como la temperancia,
la moralidad, el bienestar social, la tolerancia religiosa y racial, la cooperación
económica, el Islam y la Religión Comparada, o la participación en organizaciones
o empresas de fin social, cultural, humanitario, benéfico y educacional, las cuales,
mientras que resguardaran la integridad de su Fe, le revelarán una multitud de
medios arbitrario por medio de los cuales puede enrolar sucesivamente la simpatía,
el apoyo y finalmente, la lealtad de aquellos con quienes él establece relaciones.
Que tenga en mente, cuando dichas relaciones sean hechas, las reclamaciones que
su Fe le impone constantemente para que mantenga la dignidad y posición de ésta
y para que proteja sus leyes y principios, para que demuestre su alcance y su
universalidad y para que defienda intrépidamente sus intereses múltiples y vitales.
Que considere el grado de receptividad de su oyente y decida por sí mismo la
conveniencia ya sea del método directo o indirecto de enseñanza, por medio del
cual él puede grabar en el buscador la importancia vital del Mensaje Divino y
persuadirlo a que comparta la suerte junto con aquellos que ya lo han abrazado.
Que recuerde el ejemplo sentado por 'Abdu'l-Bahá y Su constante amonestación
porque se derrame tal benevolencia sobre el investigador y porque se ejemplifique
hasta tal grado el espíritu de las enseñanzas que él aspira a inculcarle, que el
recibidor de éstas se verá espontáneamente impulsado a identificarse con la Causa
que incorpora tales enseñanzas. Que se refrene, al principio, de hacer hincapié en
tales leyes y costumbres que pudieran imponerle tan severa tensión en la fe recién
despertada del buscador, y que se esfuerce por nutrirlo paciente y discretamente y
sin embargo, en forma resuelta, hacia la madurez completa y por ayudarlo a que él
proclame su absoluta aceptación de cuánto ha sido ordenado por Bahá'u'lláh. Que
tan pronto como esa etapa haya sido lograda, le dé entrada al buscador en el
gremio de sus correligionarios y que trate a través del compañerismo constante y
de la participación activa en las actividades locales de su comunidad, de permitirle
que contribuya su parte al embellecimiento de la vida de ésta, al auge de sus tareas,
a la consolidación de sus intereses y a la coordinación de sus actividades con
aquellas actividades de sus comunidades hermanas. Que él no se sienta satisfecho
hasta que haya infundido en su hijo espiritual, una ansia tan profunda que lo
impulse, a su turno, a levantarse independientemente y a dedicar sus energías a la
vivificación de otras almas y a la defensa de las leyes y principios formulados por
su Fe recién adoptada.
Que cada participante en la campaña intercontinental iniciada por los creyentes
americanos y particularmente aquellos que desempeñan el trabajo de pioneros en
territorios vírgenes, tengan en mente la necesidad de mantener estrecho y constante
contacto con aquellas agencias responsables creadas para dirigir, coordinar y
facilitar las actividades de enseñanza de toda la comunidad. Ya sea que se trate del
cuerpo de sus representantes nacionales elegidos o su principal institución auxiliar,
el Comité Nacional de Enseñanza o sus órganos subsidiarios, los comités
regionales de enseñanza o las Asambleas Espirituales locales y sus respectivos
comités de enseñanza, ellos, que trabajan por la expansión de la Causa de
Bahá'u'lláh, por medio de un constante intercambio de ideas, por medio de cartas,
circulares, informes, boletines y otros medios de comunicación con estos
instrumentos establecidos, diseñados para la propagación de la Fe - deben dar
seguridad del funcionamiento fluido y rápido de la maquinaria de enseñanza de su
Orden Administrativo. De esta manera, la confusión, la demora, la repetición de
esfuerzos, la disipación de la energía, serán completamente evitadas y el enorme
diluvio de la gracia de Bahá'u'lláh, manado abundantemente y sin la menor
obstrucción a través de estos canales esenciales, inundarán de tal forma a los
corazones y las almas de los hombres, que serán capaces de producir la cosecha
que 'Abdu'l-Bahá predijo repetidamente.
Sobre cada participante en este esfuerzo concertado, sin precedente en los
anales de la comunidad Bahá'í americana, descansa la obligación espiritual de
hacer que el mandato por la enseñanza, el que es tan vitalmente obligatorio para
todos, constituya el interés que ocupe toda su vida. En sus actividades y contactos
diarios, en todos sus viajes, ya sean de negocio o de otra índole, en sus días
festivos o paseos, o en cualquier misión que él pueda ser llamado a desempeñar,
cada portador del Mensaje de Bahá'u'lláh debe considerar que es no sólo una
obligación, sino un privilegio el diseminar por todas partes las semillas de Su Fe, y
debe confiar en el conocimiento perdurable que no importa cuál fuese la respuesta
inmediata a su Mensaje y por muy inadecuado que fuese el medio por el cual éste
fue transmitido, el poder de su Autor permitirá que esas semillas germinen, como
Él juzgue conveniente, y que en circunstancias que nadie puede predecir,
enriquecerá la cosecha, la cual será recolectada a través de la labor de Sus
seguidores. Si él es miembro de cualquier Asamblea Espiritual, que estimule a su
Asamblea para que consagre cierta parte de su tiempo, en cada una de sus sesiones,
a la consideración esperada y devota de tales medio y arbitrarios que puedan
fomentar a la campaña de enseñanza o que puedan proporcionar cualesquiera
recursos disponibles para su progreso, expansión y consolidación. Si asiste a su
escuela de verano y se recomienda que todos, sin excepción se aprovecha de ella -
que él considere dicha ocasión como una oportunidad bienvenida y preciosa para
enriquecer a través de sus charlas, estudio y discusiones, su conocimiento del
fundamento de su Fe, de manera que le sea posible transmitir con mayor confianza
y efectividad, el Mensaje que ha sido depositado a su cuidado. Que además trate,
siempre que sea factible, por medio de sus visitas entre las comunidades, de
estimular el celo por la enseñanza y de demostrar a los forasteros el discernimiento
y estado de vigilancia propios de los promotores de Su Causa y la unidad orgánica
de sus instituciones.
Que quienquiera que sienta el impulso entre los participantes en esta cruzada, la
que abarca todas las razas, todas las repúblicas, clases y denominaciones de todo el
Hemisferio Occidental, se levante y si las circunstancia lo permiten, encaucen en
particular, la atención y eventualmente ganen la adhesión incondicional a su Fe, de
las razas negra, india, esquimal y judía. Ningún servicio más loable o meritorio
puede ser prestado a la Causa de Dios, en el tiempo actual, que el esfuerzo exitoso
por aumentar la diversidad de los miembros de la comunidad americana Bahá'í,
engrosando las filas de la Fe con el enrolamiento de los miembros de estas razas.
Una mezcla de estos elementos tan diferenciados de la raza humana,
armoniosamente entretejidos en el paño de una fraternidad Bahá'í que abraza y
comprende todo y asimilada a través de los procesos dinámicos de un Orden
Administrativo prescrito por designio divino y donde cada uno contribuye su
aporte al enriquecimiento y gloria de la vida en la comunidad Bahá'í, es
ciertamente una realización cuya contemplación debe entusiasmar y emocionar
cada corazón bahá'í. "Reflexionad sobre las flores de un jardín, 'Abdu'l-Bahá ha
escrito, "las cuales, aunque difieren de género, color, forma y diseño, puesto que
son refrescadas por las aguas de un manantial, revividas por el aliento de un
viento, vigorizadas por los rayos de un sol, esta diversidad aumenta su encanto y
añada a su belleza. ¡Cuán desagradable a la vista sería si todas las flores y
plantas, las hojas y los capullos, las frutas, las ramas y los árboles de ese jardín
fuesen todos de la misma forma y color! La diversidad de matices, forma y
diseño, enriquece y adorna el jardín y acrecienta el efecto de éste. En forma
similar, cuando las diversas tonalidades de pensamiento, temperamento y
carácter se juntan bajo el poder y la influencia de una agencia central, la belleza
y la gloria de la perfección humana se revelarán y se manifestarán. Nada
excepto la fuerza celestial de la Palabra de Dios, la que gobierna y trasciende las
realidades de todas las cosas, es capaz de armonizar los pensamientos,
sentimientos, ideales y convicciones divergentes de los hijos de los hombres".
"Tengo la esperanza", es el deseo expresado por 'Abdu'l-Bahá, "que vosotros
podáis ocasionar que esa raza oprimida (la raza negra), llegue a ser gloriosa y
que se una a la raza blanca para servir con la mayor sinceridad, fidelidad, amor
y pureza, al mundo del hombre". "Uno de los asuntos importantes", Él también
ha escrito, "que afectan la unidad y la solidaridad de la humanidad, es la
confraternidad y la igualdad de las razas blanca y negra". "Tenéis que prestar
gran importancia", 'Abdu'l-Bahá escribe en las Tablas del Plan Divino, "a los
indios, los habitantes originales de América. Pues, estas almas pueden
compararse a los antiguos habitantes de la Península Arábiga, quienes, antes de
la Revelación de Muhammad, eran como salvajes. Cuando la Luz de
Muhammad resplandeció entre ellos, se encendieron tanto que esparcieron
iluminaciones sobre el mundo. Asimismo, si estos indios reciben instrucciones y
la debida guía, no puede haber duda alguna que el mundo entero será
iluminado". "Si es posible", 'Abdu'l-Bahá también ha escrito, "enviad maestros a
otras partes del Canadá; asimismo despachad maestros a Groenlandia y al hogar
de los esquimales". "Si es la voluntad de Dios,” Él además ha escrito en esas
mismas Tablas, "el llamado del Reino podrá llegar a los oídos de los esquimales.
Si demostráis un esfuerzo de manera que las fragancia de Dios se difundan entre
los esquimales, su efecto será muy grande y de mucho alcance". "Loado sea
Dios", escribe 'Abdu'l-Bahá "que todo lo que se ha anunciado para los israelitas
en las Tablas benditas y las cosas explícitamente escritas en las cartas de
'Abdu'l-Bahá, todas se están cumpliendo. Algunas se han realizado; otras se
revelarán en el futuro. La Antigua Belleza ha escrito explícitamente en Sus
Santas Tablas, que el día de su abatimiento se ha acabado. Su bondad los
cubrirá, y esta raza progresará día a día, y se librará de su oscuridad y
degradación prolongadas".
Que aquellos que ocupan posiciones administrativas en su capacidad como
miembros ya sea de la Asamblea Espiritual Nacional o de los comités de enseñanza
nacionales, regionales o locales, tengan siempre en mente la necesidad vital y
urgente de asegurar dentro del menor tiempo posible, la formación de grupos, no
importa lo pequeños o rudimentarios que sean, en los pocos estados restantes de la
República Norteamericana y las provincias de Dominio del Canadá y de
proporcionar todas las facilidades que les sea posible para permitir que estos
núcleos recién formados, evolucionen rápida e íntegramente, en Asambleas
reconocidas que funcionen debidamente y que se basten por sí mismas. A la
colocación de tales fundaciones, a la formación de tales avanzadas - trabajo que es
reconocidamente inspirativo - las miembros individuales de la comunidad
americana Bahá'í tienen que prestar su apoyo generoso, continuo y entusiasta.
Sabias como sean las medidas que los representantes elegidos puedan idear, por
prácticos o bien concebidos que sean los planes que ellos formulen, tales medidas
y planes jamás pueden rendir ningún resultado satisfactorio, a menos que un
número suficiente de pioneros haya decidido hacer los sacrificios necesarios y se
haya ofrecido voluntariamente para llevar a cabo estos proyectos. La implantación,
una vez por todas, del estandarte de Bahá'u'lláh en el corazón de estos territorios
vírgenes, la erección de la base estructural y de Su orden Administrativo en sus
ciudades y pueblos y el establecimiento de un ancladero firma y permanente para
sus instituciones, en las mentes y corazones de sus habitantes, constituye, yo creo
firmemente, el paso inicial y más significativo en las etapas sucesivas por las
cuales tienen que pasar la campaña de enseñanza inaugurada bajo el Plan de Siete
Años. Mientras que la ornamentación externa de Mashriqu'l-Adhkár, bajo este
mismo Plan, ha entrado ahora a la fase final de su desarrollo, la campaña de
enseñanza se encuentra todavía en sus etapas iníciales y está lejos de haber
extendido en forma efectiva sus ramificaciones a cualquiera de estos territorios
vírgenes o aquellas repúblicas que están situadas en el Continente Sudamericano.
El esfuerzo requerido es prodigioso, las condiciones bajo las cuales estas
fundaciones preliminares han de hacerse, con frecuencia son desagradables y
desfavorables, los trabajadores que se encuentran en posición de emprender dichas
tareas, están limitados y los recursos de los que ellos disponen, son escasos e
inadecuados. Y sin embargo, con cuánta frecuencia la pluma de Bahá'u'lláh nos ha
asegurado que "si un hombre, completamente solo, se levanta en nombre de
Bahá y se pone la armadura de Su amor, a ese hombre el Omnipotente hará salir
victorioso, aunque se juntaren contra él todas las fuerzas de la tierra y del cielo".
¿No ha escrito Él: "Por Dios, fuera de Quien no hay otro Dios! Si alguna
persona se levanta para el triunfo de nuestra Causa, a esa persona hará Dios
salir victoriosa aunque se aliaren contra ella decenas de miles de enemigos. Y si
la fuerza de su amor por Mí crece, Dios establecerá el ascendiente de esa
persona sobre todos los poderes terrestres y celestes?" "Considerad el trabajo de
las generaciones anteriores", 'Abdu'l-Bahá ha escrito, "Durante la vida de
Jesucristo, las almas creyentes y firmes eran pocas y contadas, pero las
bendiciones celestiales descendieron tan copiosamente que en un número de
años infinidad de almas ingresaron bajo la sombra del Evangelio. Dios ha dicho
en el Corán: 'Un grano producirá siete gavillas y cada gavilla contendrá cien
granos'. En otras palabras, un grano se convertirá en setecientos; y si es la
voluntad de Dios, Él también doblará esta cantidad. Ha sucedido con frecuencia
que un alma santa ha llegado a ser la causa de la guía de una nación. Ahora, no
debemos considerar nuestra habilidad y capacidad, pero más bien debemos, en
estos días, fijar nuestra vida en los favores y gracias de Dios, Quien ha hecho un
mar de una gota y un sol de un átomo". Que aquellos quienes resuelven ser los
primeros en izar la bandera de dicha Causa, bajo tales condiciones y en tales
territorios, alimenten sus almas con la fuerza sustentadora de estas palabras y
"poniéndose la armadura de Su amor", un amor que debe "aumentar de
intensidad" a medida que ellos perseveren en su solitaria tarea, se levanten para
adornar con el relato de sus hazañas, las páginas más brillantes jamás escritas en la
historia espiritual de su país.
"A pesar", 'Abdu'l-Bahá ha escrito en las Tablas del Plan Divino, "de que en la
mayoría de estas estados y ciudades de los Estados Unidos, ¡Loado sea Dios! -
sus fragancias son difundidas y de que un sinnúmero de almas está volviendo
sus caras y avanzando hacia el Reino de Dios, en algunos de los estados el
Estandarte de la Unidad todavía no se ha izado como debiera izarse, como
tampoco están descifrados los misterios de los Libros Sagrados, tales como la
Biblia, los Evangelios y el Corán. A través de los esfuerzos concentrados de todos
los amigos, el Estandarte de la unidad debe ser desplegado en esos estados y las
enseñanzas divinas deben ser promovidas de manera que esos estados puedan
también recibir su porción de los presentes divinos y una parte de la Guía Más
Grande". "El futuro de Dominio del Canadá", Él ha afirmado en otra Tabla del
Plan Divino, "es muy grande y los sucesos relacionadas con éste infinitamente
gloriosos. El ojo de la benevolencia de Dios se dirigirá hacia éste y vendrá a ser
la manifestación de los favores del Todopoderoso". "De nuevo repito", Él en esa
misma Tabla reafirma Su declaración previa, "que el futuro del Canadá, ya sea
desde un punto de vista material o espiritual, es muy grande".

El Despertar de la América Latina

Tan pronto como se da este paso inicial, el que comprende como lo hace, la
formación de por lo menos un núcleo en cada uno de estos estados y provincias
vírgenes en el continente norteamericano, entonces la maquinaria para una
intensificación tremenda de es fuerzo concentrado Bahá'í tiene que ponerse en
marcha, el propósito de la cual debe ser el reforzar los nobles esfuerzos que
solamente unos pocos creyentes aislados están ahora haciendo por el
despertamiento de las naciones de la América Latina, el Llamado de Bahá'u'lláh.
No sería hasta cuando haya sido comenzada esta segunda fase de la campaña de
enseñanza, bajo el Plan de Siete Años, que la campaña pueda ser considerada como
completamente iniciada o que el Plan mismo haya alcanzado la etapa más decisiva
de su evolución. Tan poderosas serán las efusiones de la gracia Divina que se
derramarán sobre una valiente comunidad que ya ha erigido en la esfera
administrativa su Edificio principal en toda la gloria de su ornamentación exterior
y que en el campo de enseñanza haya elevado en cada estado y provincia en el
continente norteamericano, la bandera de su fe - tan grandes serán estas efusiones
que sus miembros se encontrarán abrumados por las evidencias de su poder
regenerador.
El Comité Inter-Americano debe en dicha etapa - no, aún antes de que ésta se
inicie - elevarse al nivel de sus oportunidades y demostrar un vigor, una
consagración y empeño que serán proporcionados a las responsabilidades que éste
ha asumido. No debe olvidarse ni por un momento, que Centro y Sur América
abarcan no menos de veinte naciones independientes, constituyendo
aproximadamente un tercio del número total de estados soberanos del mundo y que
están destinados a desempeñar un papel de creciente importancia en la formación
del futuro destino del mundo. Con el mundo que se contrae en un vecindario y los
destinos de sus razas, naciones y gentes que se están entretejiendo
inextricablemente, se desvanece la lejanía de estos estados del Hemisferio
Occidental y las oportunidades latentes en cada uno de ellos se están haciendo cada
vez más aparentes. Cuando se llegue a esta segunda etapa en el desarrollo
progresivo de las actividades y empresas de enseñanza, bajo el Plan de Siete Años
y la maquinaria requerida para su proseguimiento comienza a operar, los creyentes
americanos, los pioneros de corazón vigoroso de este poderoso movimiento,
guiados por la luz inagotable de Bahá'u'lláh en estricta conformidad con el Plan
trazado por 'Abdu'l-Bahá y actuando bajo la dirección de la Asamblea Espiritual
Nacional y asegurados de la ayuda del Comité Inter-Americano, tienen que iniciar
una ofensiva contra los poderes de las tinieblas, la corrupción y la ignorancia - una
ofensiva que debe extenderse hasta el último extremo del continente sudamericano
y abrazar dentro de su esfera de acción a cada una de las veinte naciones que la
componen.
Que algunos, en este mismo momento, apresten sus esfuerzos, huyan de sus
pueblos, ciudades y estados natales, abandonen su país y "poniendo toda su
confianza en Dios como la mejor provisión para su viaje", vuelvan sus rostros y
dirijan sus pasos hacia esas regiones distantes, esos campos vírgenes, esas ciudades
no capituladas y encaminen sus energías a la captura de las ciudadelas de los
corazones de los hombres - corazones los cuales, como Bahá'u'lláh ha escrito,
"pueden ser subyugados por las huestes de la Revelación y de la expresión". Que
ellos no se detengan hasta cuando llegue aquella fecha en la que sus compañeros
de labor hayan pasado la primera etapa de su campaña de enseñanza, pero por lo
contrario, que ellos, desde este mismo momento, se levantes para anunciar esta
fase inaugural de aquello que será considerado como uno de los capítulos más
glorioso en la historia universal de su Fe. Que ellos, desde el mismo principio "se
enseñen a sí mismos, para que sus palabras atraigan a los corazones de los que
le escuchan". Que ellos consideren el triunfo de su Fe como su "objetivo
cumbre". Que ellos no "consideren lo grande o pequeño del receptáculo" que
lleva la mensura de favores que Dios derrama en esta época. Que ellos "se
desprendan de todo apego a este mundo y a sus vanidades" y que con aquel
espíritu de desprendimiento que 'Abdu'l-Bahá ejemplificó y deseaba que ellos
imitaran, induzcan a estas gentes y países diversificados a que recuerden a Dios y a
Su suprema Manifestación. Que su amor sea un "depósito de tesoros para sus
almas" en el día cuando "todo pilar temblará, cuando la piel misma de los
hombres se estremecerá, cuando todos los ojos se alzarán aterrorizados".
Que sus "almas fulguren con la llama del Fuego eterno que se encuentra
encendido en el mismo centro del mundo, en tal forma que las aguas del
universo serán impotentes para enfriar su ardor". Que ellos sean "irrestringidos
como el viento" al cual "no pueden causarle dolor ni agrandarle la vista de la
desolación ni las muestras de la prosperidad". Que ellos "suelten sus lenguas y
proclamen incesantemente Su Causa". Que ellos "proclamen aquello que el Más
Grande Espíritu los inspire a pronunciar al servicio de la Causa de su Señor".
Que ellos "cuiden de no contender con alguien, más aún que se esfuercen para
hacerle consciente de la verdad de manera bondadosa y con muy convincentes
exhortaciones". Que ellos "proclamen Su Mensaje enteramente por amor a Dios
y con ese mismo espíritu acepten cualquier respuesta que sus palabras pueden
suscitar en sus oyentes". Que ellos ni por un momento, se olviden que el "Fiel
Espíritu los fortalecerá mediante su poder", y que "una compañía de Sus
ángeles escogidos los acompañarán, como lo ha ordenado Aquél Quien es el
Todopoderoso, el Omnisapiente". Que ellos siempre tengan en mente "Cuán
grande es la bienaventuranza que espera a aquellos que han alcanzado el honor
de servir al Todopoderoso", y recuerden que tal servicio, es en verdad, “el
príncipe de todos los buenos hechos y el ornamento de todo acto bueno".
Y finalmente, que las palabras conmovedoras de Bahá'u'lláh, a medida que
siguen su rumbo a través del largo y ancho del continente sudamericano, estén
siempre en sus labios, sean un consuelo para sus corazones, una luz en su camino,
un compañero en su soledad y un sustento diario en sus viajes: "Oh caminante en
el sendero de Dios! Toma tu porción del océano de Su gracia y no te prives de las
cosas que yacen ocultas en sus profundidades. Una gota de este océano, si fuera
derramada sobre todos los que están en los cielos y en la tierra, sería suficiente
para enriquecerles con la munificencia de Dios, el Todopoderoso, el
Omnisciente, el Sapientísimo. Con las manos de la renunciación, saca de sus
aguas vivificadoras, y rocía con ellas todas las cosas creadas, para que sean
limpiadas de todas las limitaciones hechas por el hombre y puedan aproximarse
a la poderosa sede de Dios, este resplandeciente y sagrado Lugar. No te apenes si
lo realizas solo. Dios te sea suficiente para todo. Proclama la Causa de tu Señor
a todos los que están en los cielos y en la tierra. Si algún hombre respondiera a
tu llamado, descubre ante él las perlas de la sabiduría del Señor tu Dios, que Su
Espíritu te ha enviado, y sé de aquellos que de verdad creen. Y si alguien
rechazara tu ofrecimiento, apártate de él y deposita tu fe y confianza en el Señor,
tu Dios, el Señor de todos los mundos. ¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera en
este Día, abra sus labios y haga mención del nombre de su Señor, las huestes de
la inspiración Divina descenderán sobre él desde el cielo de Mi nombre, el
Omnisciente, el Sapientísimo. También descenderá sobre él el Concurso en lo
Alto, cada uno llevando en alto, un cáliz de luz pura. Así ha sido preordinado en
el reino de la Revelación de Dios, por el mandato de Aquél Quien es el Todo
Glorioso, el Todopoderoso".
Que estas palabras de 'Abdu'l-Bahá, recogidas de las Tablas del Plan Divino,
suenen igualmente a sus oídos a medida que ellos avanzan, seguros y sin temor, en
Su misión. "¡Oh, vosotros apóstoles de Bahá'u'lláh! ¡Que mi vida sea
sacrificada por vosotros! ¡Contemplad los portales que Bahá'u'lláh ha abierto
ante vosotros! Considerad cuán eminente y excelsa es la posición que estáis
destinados a alcanzar; cuán especiales son los dones con los que vosotros habéis
sido dotados. Mis pensamientos se dirigen hacia vosotros y mi corazón salta
dentro de mí cuando os mencionan. Si supierais cómo brilla mi alma con vuestro
amor, una dicha tan grande invadiría vuestros corazones, que daría lugar a que
quedarais enamorados los unos de los otros. Todo el alcance de vuestro éxito
todavía no ha sido revelado; su significado todavía no es comprendido. Dentro
de poco atestiguaréis con vuestros propios ojos, con cuánta brillantez cada uno
de vosotros aun como una estrella resplandeciente, irradiaría en el firmamento
de vuestro país la luz de la Guía Divina y concederá a su pueblo la gloria de una
vida eterna. Tengo la ferviente esperanza de que en el futuro cercano, el mundo
entero pueda ser agitado y sacudido por los resultados de vuestras hazañas. El
Todopoderoso sin duda os concederá la ayuda de Su gracia, os investirá con las
pruebas de Su fuerza y dotará vuestras almas con el poder sustentador de Su
Espíritu Santo. Que no os preocupe lo reducido que podáis ser numéricamente,
no os estáis oprimidos por la multitud de un mundo incrédulo. Esforzaos;
vuestra misión es indeciblemente gloriosa. Si el buen éxito llegara a coronar
vuestra empresa, América ciertamente evolucionará en un centro del cual
emanarán las olas del poder espiritual y el trono del Reino de Dios, será
firmemente establecido en la plenitud de su majestad y gloria."
Debe recordarse que la realización del Plan de Siete Años comprende en lo que
concierne al trabajo de enseñanza, no más que la formación de un centro, por lo
menos, en cada una de las repúblicas de Centro y Suramericanas. El centenario del
nacimiento de la Fe de Bahá'u'lláh debe ser testigo, si el Plan ya iniciado ha de
tener buen éxito, de la colocación en cada uno de estos países de una fundación por
rudimentaria que sea, sobre la cual pueda construir la generación creciente de
creyentes americanos durante los primeros años del segundo siglo de la era Bahá'í.
A ellos atañerá la tarea, en el curso de las décadas sucesivas, de extender y reforzar
esas fundaciones y de proporcionar la guía, la ayuda y el estímulo necesarios que
permitirá que los grupos de creyentes, los que se encuentran muy dispersos en esos
países, puedan establecer Asambleas locales independientes y debidamente
constituidas, y de tal modo erigir la estructura del Orden Administrativo de su Fe.
La erección de tal estructura es primordialmente la responsabilidad de aquéllos
quienes han sido convertidos al Divino Mensaje, por la comunidad de creyentes
norteamericanos. Es una tarea que tiene que incluir, además de la obligación
inmediata de permitir que cada grupo evolucione en una Asamblea local, el
establecimiento de toda la maquinaria del Orden Administrativo, en conformidad
con los principios espirituales y administrativos que gobiernan la vida y
actividades de cada comunidad Bahá'í establecida a través del mundo. Ninguna
desviación de estos principios fundamentales y claramente enunciados,
incorporados y preservados en las constituciones Bahá'ís nacionales y locales, los
cuales todas las comunidades Bahá'ís tienen en común, debe ser tolerada bajo
ninguna circunstancia. Ésta es sin embargo, una tarea que concierne a aquéllos
quienes en un período posterior, deberán levantarse para adelantar un trabajo que
en realidad no ha sido aún efectivamente iniciado.

La Fundación Necesaria

La preparación del terreno en forma más sistemática, para el establecimiento de
la fundación necesaria sobre la cual tales instituciones permanentes nacionales y
locales pueden ser erigidas y firmemente establecidas, es una tarea que muy pronto
requerirá la atención concentrada de los promotores del Plan de Siete Años. Tan
pronto como sea desempeñada su obligación inmediata en relación con la apertura
de los pocos territorios restantes en los Estados Unidos y el Canadá, debe
concebirse un plan cuidadosamente trazado, cuya meta sea el establecimiento de
dicha fundación. Como ya se ha especificado, la provisión para estas empresas
vastas y preliminares, cuyo alcance debe abarcar toda el área ocupada por las
repúblicas centro y suramericanas, constituye el corazón mismo de la campaña de
enseñanza gestionada bajo el Plan de Siete Años y debe decidir finalmente la
suerte del mismo. De esta campaña tiene que depender no sólo el desempeño
eficaz de las solemnes obligaciones emprendidas con relación al presente Plan,
sino también el desarrollo progresivo de las etapas subsiguientes, esenciales para la
realización de la visión de 'Abdu'l-Bahá, del papel que los creyentes americanos
han de desempeñar en la propagación de su Causa por todo el mundo.
Estos empeños, preliminares como son a las faenas enérgicas y organizadas que
deben distinguir a las futuras generaciones de creyentes en los países latinos,
requieren a su vez, sin un momento de dilación de parte de la Asamblea Espiritual
Nacional y de ambos comités, el de Enseñanza y el Inter-Americano, cuidadosas
investigaciones preparatorias al envío de pioneros y de maestros viajeros cuyo
privilegio será el de elevar el llamado del Nuevo Día en un nuevo continente.
Yo sólo puedo, en mi deseo de ser de algún servicio a aquéllos que asumirán
responsabilidades tan grandes y que experimentarán tal abnegación, tratar de
ofrecer algunas sugerencias provechosas, las que espero faciliten el logro de la
gran labor que se llevará a cabo en el futuro muy cercano. A este trabajo que debe
constituir después de completado, un acontecimiento culminante e histórico de
primera importancia, deben ser resueltamente consagradas las energías de toda la
comunidad. El número de maestros bahá'ís ya sean ellos pioneros o viajantes, debe
ser sustancialmente aumentado. Los recursos materiales que serán puestos a
disposición de ellos, deben ser multiplicados y administrados con eficiencia. La
literatura, de la que ellos deben estar provistos, debe aumentarse grandemente en
cantidad. La publicidad que debe ayudarlos en la distribución de dicha literatura
debe ser amplificada, centralmente organizada y vigorosamente dirigida. Las
posibilidades latentes en estos países deben ser explotadas en forma diligente y
desarrolladas en forma sistemática. Los diversos obstáculos causados por muy
variantes condiciones políticas y sociales prevalecientes en estos países, deben ser
examinados cuidadosamente y superados en forma resuelta. En una palabra,
ninguna oportunidad debe ser desatendida y ningún esfuerzo debe ser escatimado
para colocar una base tan extensa y sólida como sea posible para el progreso y
desarrollo de la empresa de enseñanza más grande jamás iniciada por la comunidad
Bahá'í americana.
La cuidadosa traducción de importantes escritos Bahá'ís como son aquéllos
relacionados con la historia, las enseñanzas o el Orden Administrativo de la Fe, y
su extensa y sistemática diseminación, en grandes cantidades y a través de tantas
de estas repúblicas como sea posible y en los idiomas que sean más apropiados y
necesitados, parecerían ser la medida principal y más urgente que debe tomarse
simultáneamente con la llegada de los trabajadores pioneros a esos campos. "Los
libros y los folletos" escribe 'Abdu'l-Bahá en una de las Tablas del Plan Divino,
"deben ser traducidas o redactadas en los idiomas de esos países e islas, para que
circulen en cada lugar y en todas direcciones". En los países donde las autoridades
civiles o cualquier círculo influyente no puedan levantar objeciones, esta medida
debe reforzarse por publicaciones en diversas dependencias de la Prensa, de
artículos y cartas cuidadosamente redactados, diseñados para inculcar en el público
en general ciertos aspectos de la conmovedora historia de la Fe y el alcance y
carácter de sus enseñanzas.
Cada trabajador en esos campos, ya sea en calidad de maestro viajante o de
pionero, yo creo, debe hacer su interés principal y constante el relacionarse en
forma amistosa con todos los sectores de la población sin consideración a clase,
credo, nacionalidad o color; el familiarizarse con sus ideas, gustos y hábitos; el
estudio de la mejor forma de acercamiento apropiado para ellos; la concentración
paciente y discreta en algunos que han demostrado una capacidad y receptividad
marcadas y el empeño en extremo benevolente por implantar tanto amor, celo y
devoción en sus corazones, que se les permita a su vez que lleguen a ser
promotores autosuficientes e independientes de la Fe en sus localidades
respectivas. "Asociaos con todos los hombres, oh pueblo de Bahá", es la
amonestación de Bahá'u'lláh, "con espíritu de amistad y compañerismo. Si sois
conscientes de cierta verdad, si poseéis una joya, de la que otros están privados,
compartidla con ellos en un lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es
aceptada, si cumple su propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la
rehusara, abandonadle a sí mismo, e implorad a Dios que le guíe. Guardaos de
tratarle sin bondad. Una lengua amable es el imán del corazón de los hombres.
Es el pan del espíritu, reviste de significado las palabras, es fuente de la luz de la
sabiduría y el entendimiento".
Por otra parte, un esfuerzo puede y debe ser hecho, no sólo por los cuerpos
representativos Bahá'ís, sino otros creyentes individuales quienes están privados
del privilegio de visitar esas costas o de radicarse en ese continente, por aprovechar
toda oportunidad que se presente para entablar relaciones y despertar el genuino
interés de aquellas gentes que son o ciudadanos de esos países o están en alguna
forma vinculadas con éstos, no importa cuáles fueren sus intereses o profesiones.
Por medio de la bondad que se les demuestre o cualquier literatura que se les dé, o
cualquier vínculo que puedan establecer con ellos, los creyentes americanos
pueden de tal modo sembrar en sus corazones tales semillas que en futuras
circunstancias pueden germinar y rendir los resultados más inesperados. Sin
embargo, debe tenerse cuidado todo el tiempo, no sea que en su afán por adelantar
los intereses internacionales de la Fe se frustre su propósito y ellos alejen por
medio de cualquier acto que pueda ser interpretado erróneamente como un
atentado a convertirlos y hacerles indebida presión, a aquéllos a quienes ellos
desean atraer a su Causa.

Llamado para Pioneros

Yo dirigiría particularmente mi llamado a aquellos creyentes americanos
presionados como están por problemas múltiples, urgentes y siempre crecientes
que se les presentan en la actualidad y a quienes pueda serles posible, no importa
cuál fuese su profesión o empleo, ya sea que fuesen hombres de negocios, maestros
de escuela, abogados, escritores, oficinistas o algo parecido, establecer su
residencia permanente en aquellos países que puedan ofrecerles una probabilidad
razonable de poder ganarse los medios de vida. Ellos, a través de su acción, estarán
aliviando la presión siempre creciente de su Fondo para la Enseñanza, la que, en
vista de su reducido tamaño, debe proporcionar, cuando no se pueda en otra forma,
los gastos de viaje y otros en los cuales se incurra en relación con el desarrollo de
esta vasta empresa. Si ellos encontraren imposible aprovecharse de un privilegio
tan singular y sagrado, que ellos, atentos a las palabras de Bahá'u'lláh, se decidan,
cada uno con los medio de su disposición, a nombrar un delegado, quien de parte
de ese creyente, se levante y lleve a cabo una empresa tan noble. "Centrad
vuestras energías" son las palabras de Bahá'u'lláh, “en la propagación de la Fe de
Dios. Quien sea digno de vocación tan elevada, que se levante y lo promueva.
Quien sea incapaz de hacerlo, tiene el deber de designar a quien en su lugar,
haya de proclamar esta Revelación, cuya fuerza ha hecho temblar las más
poderosas estructuras, ha reducido a polvo todas las montañas y ha anonadado a
todas las almas.”
En cuanto a aquéllos a quienes les ha sido posible dejar sus hogares y su país y
servir en esas regiones, ya sea temporal o permanentemente, un deber especial
recae sobre ellos, el cual debe tenerse en mente continuamente. Debe ser una de
sus metas principales por una parte, el mantenerse en comunicación constante con
el Comité Nacional encargado específicamente de la promoción de su trabajo y,
por otra parte, la de cooperar por todos los medios posibles y en la mayor armonía,
con aquellos correligionarios en esos países, no importa en qué campo ellos
trabajen, no importa su posición, habilidad o experiencia. A través de la realización
de su primer deber ellos derivarán el estímulo necesario y obtendrán la guía
necesaria que les permitirá llevar adelante su misión en forma efectiva y ellos
también, por medio de sus informes periódicos a ese comité, impartirán al cuerpo
conjunto de sus correligionarios las nuevas de los últimos desarrollos en sus
actividades. Por medio del cumplimiento de su otra obligación, ellos asegurarán
una eficiencia uniforme, facilitarán el progreso e impedirán cualquier incidente
adverso que pueda obstaculizar el desarrollo de su empresa común. El mantener
estrecho contacto y relaciones armoniosas entre el Comité Inter-Americano,
encargado de la inmediata responsabilidad de organizar una empresa de tan vasto
alcance y los pioneros privilegiados que están realmente ejecutando esa empresa y
extendiendo sus ramificaciones por todas partes, como también entre los mismos
pioneros, establecería, además de sus ventajas inmediatas, un ejemplo meritorio e
inspirados para las generaciones por venir, que han de continuar, son sus
complejidades creciente, el trabajo que se inicia en la actualidad. Sin duda sería de
importancia y valor excepcionales, particularmente en estos tiempos cuando las
diferentes restricciones impuestas en esos países hacen difícil que un número
considerable de pioneros bahá'ís establezca su residencia y gane su subsistencia en
esos estados, que algunos de los creyentes cuyos ingresos por reducidos que sean,
les proporcione los medios para una existencia independiente, arreglarán sus
asuntos de tal manera que les fuera posible residir indefinidamente en esos países.
Los sacrificios que implica, el valor, la Fe y la perseverancia que esto exige son sin
duda muy grandes. Su valor, si embargo, no puede ser nunca determinado en la
presente época y la recompensa ilimitada que recibirán aquéllos que demuestren
esas cualidades no podrá ser adecuadamente descrita. "Aquéllos que han
abandonado su país", es el propio testimonio de Bahá'u'lláh, "por el propósito de
enseñar Nuestra Causa, a éstos los fortalecerá el Fiel Espíritu mediante su
poder. ¡Por mi vida! Ningún acto, por muy grande que sea, puede comparársele
excepto los hechos que han sido ordenados por Dios, El Omnipotente, el más
Poderoso. Tal servicio es, en verdad, el príncipe de todos los buenos hechos y el
ornamento de todo acto bueno".
Tal recompensa, debe notarse, no debe ser considerada como una bendición
puramente abstracta confinada a la vida futura, sino también como un beneficio
tangible que sólo tal valor, fe y perseverancia pueden conferir en este mundo
material. Los logros sustanciales, tales espirituales como administrativos que han
sido realizados por los creyentes representantes tanto del Canadá como de los
Estados Unidos en el continente lejano de Australasia y más reciente en Bulgaria,
proclaman en términos inequívocos la naturaleza de esos permios que aún en este
mundo ese heroísmo tan genuino está destinado a ganar. Bahá'u'lláh ha escrito en
un pasaje memorable, exaltando a aquéllos de Sus amados que "han viajado en Su
Nombre y para Su encomio a través de los países", que "Quienquiera que haya
logrado la presencia de ellos se glorificará al conocerlos y todos los habitantes de
todos los países serán iluminados por el recuerdo de ellos".

La Parte Predominante

En este momento me siento conmovido al serme recordada la parte que las
siervas de Bahá'u'lláh, distintas de los hombres, han tenido desde el comienzo de la
Fe en occidente en abrir paso por sí solas en tantos países tan diversificados y
dispersos sobre toda la superficie del globo, no sólo para pagar tributo a tal fervor
apostólico que es verdaderamente rememorativo de los heroicos hombres que
fueron responsables por el nacimiento de la Fe de Bahá'u'lláh, sino también para
poner en relieve el significado de aquella preponderante participación que las
mujeres del occidente han tenido y tienen en el establecimiento de Su Fe a través
del mundo entero. El Mismo 'Abdu'l-Bahá ha atestiguado: "Entre los milagros que
distinguen a esta Sagrada Dispensación es el de que las mujeres han hecho
patente una audacia mayor de aquélla de los hombres que se han enrolado en
las filas de la Fe". Un testimonio tan grande y espléndido es aplicable en
particular al Occidente y a pesar de que hasta ahora éste ha sido confirmado
copiosa y convincentemente, a medida que pasan los años, éste debe ser reforzado
conforme los creyentes americanos van introduciendo la fase más gloriosa de sus
actividades de enseñanza bajo el Plan de Siete Años. La "audacia" que, en las
palabras de 'Abdu'l-Bahá, ha caracterizado sus hazañas en el pasado, no debe ser
eclipsada mientras ellas permanecen en el umbral de hazañas aún más grandes y
nobles. Por lo contrario, ésta debe, en el trascurso del tiempo y a lo ancho y largo
de los vastos territorios vírgenes de la América Latina, ser demostrada más
convincentemente y ganar para la amada Causa victorias más conmovedoras que
cualquiera hasta ahora logradas.

A la Juventud Bahá'í

A la juventud bahá'í de América, además, siento que debe dirigírsele unas
palabras en particular, a medida que yo estudio las posibilidades que ofrece una
campaña de proporciones tan gigantescas al espíritu anhelante y emprendedor que
inspira en ellos en forma tan poderosa el servicio a la Causa de Bahá'u'lláh. A pesar
de que les falta experiencia y de que se enfrentan con recursos insuficiente, el
espíritu aventurero que tienen, el vigor, la viveza y el optimismo que hasta ahora
han demostrado tan consistentemente, los capacitan para que desempeñen una
parte activa en despertar el interés y obtener la lealtad de sus compañeros jóvenes
en esos países. Ninguna demostración más grande puede ser brindada a las gentes
de ambos continentes, de la vitalidad juvenil y la fuerza vibrante que anima la vida
y las instituciones de la naciente Fe de Bahá'u'lláh que la participación inteligente,
persistente y efectiva de la Juventud Bahá'í de todas las razas, nacionalidades y
clases tanto en la esfera de la enseñanza como de la administrativa de las
actividades Bahá'ís. Por medio de tal participación, los críticos y enemigos de la
Fe, contemplando con diversos grados de escepticismo y resentimiento los
procesos evolucionarios de la Causa de Dios y Sus instituciones, pueden ser la
mejor forma convencidos de la indudable verdad de que dicha Causa se encuentra
intensamente viva, es cabal hasta su mismo núcleo y que sus destinos están bien
custodiados. Tengo la esperanza y hago votos porque dicha participación no sólo
resulte en la gloria, la fuerza y el prestigio de la Fe, sino que también tenga una
reacción tan poderosa en la vida espiritual y vigorizar a tal extremo las energías de
los miembros jóvenes de la comunidad Bahá'í, que les permita poner de manifiesto
en una medida mayor sus capacidades inherentes y desarrollar una etapa más
avanzada en su evolución espiritual bajo la sombra de la Fe de Bahá'u'lláh.
La Posición Especial de Panamá

Leal a las disposiciones de la Carta Constitucional formulada por la pluma de
'Abdu'l-Bahá, siento que es mi obligación llamar la atención especial de aquéllos a
quienes la ha sido confiada, a las necesidades urgentes de la República de Panamá
y de la posición especial que ésta disfruta tanto en vista de su relativa proximidad
al corazón y centro de la Fe en Norteamérica como de su posición geográfica en
calidad de eslabón entre dos continentes. "Todos los países antes mencionados"
'Abdu'l-Bahá ha escrito en una de las Tablas del Plan Divino, refiriéndose a los
Estados Latinos, "son de importancia pero en especial la República de Panamá,
donde los Océanos Atlántico y Pacífico se juntan por medio del Canal de
Panamá. Es éste un centro para los viajes y tránsito desde América a otros
continentes del mundo y en el futuro ganará suma importancia". "Del mismo
modo", Él ha escrito del tema éste, "Debéis prestar gran atención a la República
de Panamá, ya que en ese punto el Occidente y el Oriente se encuentran unidos
por medio del Canal de Panamá y está ella situada entre dos grandes océanos.
Ese lugar llegará a ser muy importante en el futuro. Las enseñanzas, una vez
que sean establecidas allí, unirán al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur".
Una posición tan privilegiada ciertamente exige la atención especial y expedita de
la comunidad americana Bahá'í. Con la República de México ya abierta a la Fe y
con una Asamblea Espiritual debidamente constituida en su cuidad capital, la
penetración hacia el sur de la Fe de Bahá'u'lláh en un país vecino es sólo un paso
natural y lógico y se espera que no será un paso difícil. No se debe escatimar
esfuerzo ni se debe considerar ningún sacrificio demasiado grande para el
establecimiento de un grupo, por pequeño que sea, en una República que ocupa
tanto espiritual como geográficamente una posición tan estratégica, un grupo que ,
en vista de la potencia conque ya ha sido dotado por las palabras de 'Abdu'l-Bahá,
no puede sino atraer hacia sí, tan pronto como sea formado, el flujo de gracia
desbordante del Reino de Abhá y evolucionar con tanta maravillosa rapidez como
para suscitar el asombro y la admiración aún de aquéllos que ya han sido testigos
de evidencias tan conmovedoras de la fuerza y poder de la Fe de Bahá'u'lláh.
Todos los posibles pioneros, lo mismo que todos los miembros del Comité Inter-
Americano deben darle la preferencia, sin duda, a las necesidades espirituales de
esta república privilegiada aunque todo esfuerzo debe ser hecho al mismo tiempo
para introducir la Fe aunque sea en forma tentativa a las repúblicas de Guatemala,
Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, las que la unirían en cadena
ininterrumpida con sus Asambleas Madres en el Continente Norteamericano. Los
obstáculos por formidables que sean, deben ser superados, los recursos del tesoro
Bahá'í deben ser generosamente usados en su beneficio y los esfuerzos más
capaces y más preciados deben ser consagrados a la causa de su despertar. La
erección de aún otro puesto de avanzada para la Fe, en su corazón, creo firmemente
que constituiría un punto culminante en la historia del Período Formativo de la Fe
de Bahá'u'lláh en el Nuevo Mundo. Esta creará oportunidades sin límites,
solidificará los esfuerzos y revigorizará la vida de aquéllos que habrán logrado esta
hazaña e infundirá inmenso valor y dicha sin fin en los corazones de los grupos e
individuos aislados en las repúblicas vecinas y distantes y ejercerá influencias
espirituales intangibles y sin embargo poderosas sobre la vida y el futuro desarrollo
de su pueblo.

Una Sabiduría Inescrutable, una Voluntad que Todo lo Compele

Ésta, bienamados amigos, es la perspectiva que se extiende ante los ojos y que
desafía los recursos de la comunidad Bahá'í en éstos, los últimos años del Primer
Siglo de la Era Bahá'í. Tales son las cualidades y los requisitos exigidos de ellos
para el desempeño apropiado de sus responsabilidades y deberes. Tales son los
requerimientos, las posibilidades y los objetivos del Plan que reclama cada onza de
su energía. Quién sabe si estos pocos años restantes y fugaces no puedan estar
preñados de sucesos, de inimaginable magnitud, con pruebas más severas de las
que jamás han sido experimentadas por la humanidad, con conflictos más
devastadores que cualquier otro que los haya precedido. Los peligros, por
siniestros que sean, no deben en ningún tiempo turbar el brillo de su Fe recién
nacida. La lucha y la confusión no importa lo desconcertante que parezca, nunca
debe nublar su visión. Las tribulaciones por aflictivas que sean, no deben nunca
hacer pedazos sus resoluciones. Las denunciaciones por estruendosas que sean,
nunca deben minar su lealtad. Los trastornos por cataclísmicos que sean, nunca
deben desviar su curso. El presente Plan, que acuerpa las florecientes esperanzas
de un Maestro fallecido, debe ser perseguido, perseguido implacablemente, no
importa lo perturbador de las crisis que puedan agitar a su país o al mundo. Lejos
de ceder en su resolución, lejos de llegar a despreocuparse de su tarea, ellos no
deben olvidar a ninguna hora, por muy abatidos que estén por las circunstancias,
que la sincronización de esas crisis que estremecen al mundo con el desarrollo
progresivo y fructífero de su tarea divinamente asignada es en sí mismo obra de la
Providencia, el diseño de una Sabiduría inescrutable y el propósito de una voluntad
que todo lo compele, una Voluntad que dirige y controla, en su propio modo
misterioso, tanto el destino de la Fe como los destinos de los hombres. Tales
procesos simultáneos de altos y bajos, de integración y de desintegración, de orden
y caos, con sus reacciones continuas y recíprocas una con otras, son solamente
aspectos del Plan más grande, único e indivisible, cuya fuente es Dios, cuyo autor
es Bahá'u'lláh, el teatro de cuyas operaciones es el planeta entero y cuyos objetivos
finales son la unidad de la raza humana y la paz de toda la humanidad.
Las reflexiones como éstas deben fortalecer la determinación de toda la
comunidad Bahá'í, debe disipar sus presentimientos negativos y elevarlos para que
se vuelvan a dedicar a cada una de las disposiciones de esa Carta Constitucional
Divina cuyo esquema ha sido delineada para ellos por la pluma de 'Abdu'l-Bahá. El
Plan de Siete Años como ya ha sido mencionado, es sólo la etapa inicial, una
piedra de apoyo para el desarrollo de las implicaciones de esta Carta
Constitucional. El impulso, generado originalmente a través del movimiento de esa
pluma y el que ahora avanza con creciente ímpetu la maquinaria del Plan de Siete
Años, debe ser acelerado más aún durante los primeros años del próximo siglo y
debe impeler a la comunidad americana Bahá'í para que inicie otras etapas
adicionales en el desarrollo del Plan Divino, las cuales llevarán a éste mucho más
allá de las costas del hemisferio del norte, a las tierras y entre los pueblos donde
han de llevarse a cabo los actos más nobles de heroísmo de esa comunidad.

El Advenimiento del Reino
Que cualquiera que esté inclinado a dudar del curso que esta envidiable
comunidad está destinada a seguir, se vuelva y medite sobre las palabras de
'Abdu'l-Bahá, guardadas para siempre en las Tablas del Plan Divino y dirigidas a
toda la comunidad de creyentes de Estados Unidos y Canadá: "Todo el alcance de
vuestro buen éxito", Él les informa, "no ha sido aún revelado, su significado es
todavía incomprendido. Dentro de poco vosotros atestiguaréis con vuestros
propios ojos cuán brillantemente cada uno de vosotros así como una estrella
brillante, radiará en el firmamento de su país, la luz de la Guía Divina y
otorgará a su pueblo la gloria de una vida eterna. El alcance de vuestros futuros
logros todavía permanece sin revelar. Tengo la ferviente esperanza que en el
futuro cercano la tierra entera pueda ser conmovida y sacudida por los
resultados de vuestras hazañas.” La esperanza, por lo tanto, que 'Abdu'l-Bahá
abriga para vosotros es que el mismo buen éxito que ha acompañado vuestros
esfuerzos en América, pueda coronar vuestros empeños en otras partes del mundo
de manera que a través de vosotros la fama de la Causa de Dios pueda ser
difundida a través del Oriente y del Occidente y que el advenimiento del Reino del
Señor de las Huestes sea proclamado en todos los cinco continentes del globo. "El
momento", Él añade de la manera más significativa, "en que este Mensaje Divino
se lleva por los creyentes americanos desde las costas de América y se propaga a
través de los continentes de Europa, Asia y Australasia y tan lejos como las islas
del pacífico, esta comunidad se encontrará firmemente establecida en el trono de
un dominio eterno. Entonces todas las gentes del mundo serán testigos de que
esta comunidad está iluminada espiritualmente y guiada por mano divina.
Entonces el mundo entero resonará con las alabanzas de su majestad y su
grandeza".
Ningún lector de estas palabras, tan vibrantes con promesas que no pueden ser
cumplidas ni por consumación triunfante del Plan de Siete Años, puede esperar que
una comunidad que ha sido elevada tan alto y dotada tan profusamente,
permanezca satisfecha de cualquier distinción de la que se haga merecedora en el
futuro inmediato. Descansar sobre tales laureles sería ciertamente equivalente a
una traición de la confianza depositada en esa comunidad por 'Abdu'l-Bahá. El
terminar repentinamente la cadena de victorias que la tienen que llevar al supremo
triunfo cuando, "toda la tierra puede ser conmovida y sacudida" por los
resultados de sus logros, destrozarían Sus esperanzas. La vacilación y la omisión
en "la propagación a través de los continentes de Europa, Asia, África y
Australasia y tan lejos como las islas del Pacífico" de un Mensaje tan
magníficamente proclamado por ésta en el continente americano lo privarían del
privilegio de encontrarse "firmemente establecida en el trono de un dominio
eterno". La negligente pérdida del honor de proclamar "el advenimiento del
Reino del Señor de las Huestes" en "todos los cinco continentes del globo"
acallaría esas "alabanzas a su majestad y grandeza" las que de otro modo
repercutirían a través de "el mundo entero". Los creyentes americanos, los
embajadores de la Fe de Bahá'u'lláh, estoy firmemente convencido que nunca
permitirán tal vacilación, fracaso o negligencia. Tal confianza nunca será
traicionada, tales esperanzas nunca podrán ser despedazadas, tal privilegio nunca
será perdido, ni tales alabanzas permanecerán sin ser expresadas. Más bien, la
generación actual de esta comunidad bendita, en repetidas ocasiones bendita, irá de
fuerza en fuerza y entregará a medida que el primer siglo llega a su fin, a las
generaciones subsiguientes en el segundo siglo, la antorcha de la Guía Divina, no
atenuada por los vientos tempestuosos que deben soplar sobre ella, para que ellas a
su vez, fieles al deseo y mandato de 'Abdu'l-Bahá, puedan llevar esa antorcha, con
ese mismo vigor, fidelidad y entusiasmo, a los rincones más oscuros y remotos de
la tierra.
Muy amados amigos! Nada mejor puedo hacer -ansioso como estoy por
extender a cada uno de ustedes cualquier ayuda a mi alcance que pueda permitirles
desempeñar con mayor eficiencia sus deberes divinamente asignados, los cuales se
multiplican constantemente- que llamarles la atención especial, en esta hora
decisiva, hacia estos pasajes inmortales, parte de los cuales han sido seleccionados
del cúmulo de Escritos inéditos y no traducidos de Bahá'u'lláh. Ya sea en Su
revelación de la posición y funciones de Sus amados o Sus elogios de la grandeza
de Su Causa o Su énfasis en la suprema importancia de la enseñanza o en los
peligros que Él presagia, los consejos que Él imparte, las advertencias que Él
profiere, las perspectivas que Él revela y las aseveraciones y promesas que Él da,
estos ejemplos dinámicos y típicos de la sublime Palabra de Bahá'u'lláh, teniendo
cada uno relación directa con las tareas que actualmente enfrentan o que yacen
delante de la comunidad Bahá'í americana, no pueden dejar de producir en la
mente y corazón de cada uno de sus miembros quienes se acercan a éstos con la
humildad y desprendimiento debidos, reacciones de tal poder que iluminen todo su
ser y que intensifiquen enormemente sus esfuerzos diarios.
"Oh amigos! No descuidéis las virtudes con que habéis sido dotados, ni seáis
negligentes con vuestro alto destino. Sois las estrellas del cielo del
entendimiento, la brisa que sopla al amanecer, las fluyentes aguas de las cuales
debe depender la vida misma de todos los hombres, las letras inscritas de su
pergamino sagrado." "Oh pueblo de Bahá! Sois las brisas primaverales que
soplan sobre el mundo. Mediante vosotros, Nos hemos adornados el mundo del
ser con el ornamento del conocimiento del Más Misericordioso. Por medio de
vosotros el rostro del mundo ha sido adornado con sonrisas y ha resplandecido el
brillo de Su luz. Aferraos al cordón de constancia, de manera tal que todas las
vanas imaginaciones se desvanezcan por completo. Apresuraos del horizonte de
poder, en el nombre de vuestro Señor, el Irrestringido, y anunciad a Sus siervos
con sabiduría y elocuencia, las buenas nuevas de esta Causa, cuyo esplendor ha
sido derramado sobre el mundo del ser. Ciudad que nada os impida observar lo
que la Pluma de Gloria os ha prescrito mientras se movía sobre Su Tabla con
soberana majestad y poder. Grande es la bendición de aquel que ha respondido a
su penetrante voz, cuando fue alzada, por el poder de la verdad, ante todos los
que están en el cielo y todos los que están en la tierra. Oh pueblo de Bahá! El río
que es la Vida misma ha fluido para vosotros. Bebed en Mi nombre, a pesar de
los que no han creído en Dios, el Señor de la Revelación. Os hemos hecho las
manos de Nuestra Causa. Haced victorioso a esta Agraviado, que ha sido
penosamente probado en manos de los obradores de iniquidad. Él, en verdad,
ayudará a todo el que Le ayude, y recordará a todo el que Le recuerde. Esto lo
atestigua esta Tabla que ha derramado el resplandor de la amorosa bondad de
vuestro Señor, el Todo Glorioso, el Que Compele Todo".
"¡Bendito es el pueblo de Bahá! ¡Dios es Mi testigo! Son el solaz del ojo de la
creación. Con ellos han sido adornados los universos y la Tabla Preservada ha
sido revestida. Son ellos quienes han navegado en el arca de la independencia
absoluta, con rostros fijos en la Aurora de la Belleza. Cuán grande es su
bendición por haber alcanzado lo que su Señor, el Omnisciente, el Sapientísimo,
ha deseado. Con su luz los cielos han sido adornados y se han hecho brillar los
rostros de aquellos que se han acercado a Él. ¡Por la tristeza que aflige la belleza
del Todo Glorioso! Tal es la posición ordenada para el verdadero creyente, que
si en medida menor que el ojo de una aguja fuese revelada a la humanidad la
gloria de esta posición, todo observador se consumiría en su anhelo por
alcanzarla. Por esta razón, se ha decretado que, en esta vida terrenal, la medida
completa de la gloria de su propia posición permanezca oculta a los ojos de tal
creyente. Si se levantara el velo, y se manifestara la gloria plena de la posición
de aquellos que se han vuelto completamente hacia Dios y han renunciado al
mundo, por amor a Él, toda la creación quedaría atónita."
"¡En verdad, digo! Nadie ha comprendido la raíz de esta Causa. Incumbe a
cada uno, en este día, percibir con el ojo de Dios y escuchar con Su oído.
Quienquiera que Me mire con ojo que no sea el Mío, jamás podrá conocerme.
Ninguna entre las Manifestaciones de antaño, excepto en un grado prescrito,
jamás ha percibido completamente la naturaleza de esta Revelación. Doy
testimonio ante Dios de la grandeza, la inconcebible grandeza de esta
Revelación. Una y otra vez hemos testificado, en la mayoría de Nuestras Tablas,
esta verdad, para que la humanidad sea despertada de su negligencia. ¡Cuán
grande es la Causa, cuán abrumador el peso de su Mensaje! En esta
poderosísima Revelación, todas las Dispensaciones del pasado han alcanzado su
más elevada y final consumación. Aquello que ha sido puesto de manifiesto en
esta preeminente, en esta muy exaltada Revelación, no tiene paralelo en los
anales del pasado, ni nada similar han de presenciar edades futuras. El
propósito que cimienta toda la creación es la revelación de este muy sublime, de
este Día santísimo, Día conocido por el Día de Dios en Sus Libros y Escrituras;
Día que todos los Profetas, y los Elegidos, y los santos, han deseado presenciar.
La más pura esencia y la más perfecta expresión de todo lo que los pueblos del
pasado hayan dicho o escrito, han sido enviadas mediante esta potentísima
Revelación desde el cielo de la Voluntad del Poseedor de todo, el Dios
perdurable. Este es el Día en que los más excelentes favores de Dios han sido
derramados sobre los hombres, Día en que Su poderosísima gracia ha sido
infundida en todas las cosas creadas."
"Este es el Día en que el Océano de la misericordia de Dios ha sido
manifestado a los hombres, Día en que el Sol de Su amorosa bondad ha
derramado su resplandor sobre ellos, Día en que las nubes de Su generoso favor
han dado sombra a toda la humanidad. ¡Por la rectitud de Mi propio Ser!
Grande, inmensurablemente grande es esta Causa! Poderoso, inconcebiblemente
poderoso es este Día, y todo Mensajero ha gemido en Su anhelo por esta
Revelación, revelación que, no bien fue revelada, cuando todo lo creado exclamó
diciendo: '¡La tierra es de Dios, el Más Exaltado, el Más Grande!' El Día de la
Promesa ha llegado, y Aquel Quien es el Prometido proclama en voz alta ante
todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra:
'¡Verdaderamente, no hay Dios sino Él, el Que Ayuda en el Peligro, el Que
Subsiste por Sí mismo!' ¡Juro por Dios! Aquello que había sido resguardado
desde la eternidad en el conocimiento de Dios, el Conocedor de lo visible e
invisible, está revelado. Felices los ojos que vean el Semblante de Dios, el Señor
de toda la existencia, y el rostro que se vuelva hacia Él.”
“¡Grande, en verdad es este Día! Las alusiones que se hacen a él en las
sagradas Escrituras como el Día de Dios atestiguan su grandeza. El alma de
cada Profeta de Dios, de cada Mensajero Divino, ha añorado este maravilloso
Día. Asimismo, todos los pueblos de la tierra han ansiado llegar a él. En este Día
hay una puerta más abierta que el cielo y que la tierra. El ojo de la misericordia
de Aquel Quien es el Deseo del mundo se ha vuelto hacia todos los hombres. Un
acto, por infinitesimal que sea, cuando se le ve en el espejo del conocimiento de
Dios, es más poderoso que una montaña. Cada gota ofrecida en Su sendero es
como el mar en ese espejo. Pues éste es el Día en que el Dios único y verdadero -
glorificado sea Él- ha anunciado en todos Sus Libros a Sus Profetas y Sus
Mensajeros. Esta es una Revelación bajo la cual, si un hombre derramare por
ella una gota de sangre, millares de océanos serían su recompensa. Un momento
fugaz, en este Día, sobrepasa a siglos de una edad pasada. Ni el sol ni la luna ha
presenciado día como este Día."
"Este es el Día en que el mundo invisible proclama: 'Grande es tu bendición,
oh tierra, porque has sido hecha el escabel de tu Dios y has sido escogida como
el asiento de Su poderoso trono'."
"El mundo del ser brilla, en este Día, con el resplandor de este Divina
Revelación. Todo lo creado ensalza su gracia salvadora y canta sus alabanzas.
El universo está envuelto en éxtasis de alegría y regocijo. Las Escrituras de
Dispensaciones pasadas celebran el gran Jubileo que debe necesariamente
saludar este más gran Día de Dios. Bienaventurado él que ha vivido para ver este
Día y ha reconocido su posición."
"En este Día un Sol distinto ha aparecido, y un Cielo diferente ha sido
adornado con sus estrellas y sus planetas. El mundo es otro mundo, y la Causa
otra Causa. Este es el Día que pasadas edades y siglos jamás podrán rivalizar.
Sábelo, y no seas de los ignorantes. Este es el Día en que los oídos humanos han
tenido el privilegio de escuchar lo que Aquel Quien conversó con Dios (Moisés)
escuchó sobre el Sinaí, lo que Aquel Quien es el Amigo de Dios (Muhammad)
oyó cuando era elevado hacia donde Él, lo que Aquel Quien es el Espíritu
(Jesús) oyó cuando ascendía adonde Él, el Que Ayuda en el Peligro, el Que
Subsiste por Sí mismo."
"Éste es el Día de Dios, y esta Causa Su Causa. Feliz aquel que ha
renunciado a este mundo y se ha aferrado a Aquel Quien es la Aurora de la
Revelación de Dios. Este es el Rey de los Días, el Día que ha presenciado la
llegada del Más Amado, de Aquel que a través de toda la eternidad fuera
aclamado como el Anhelo del Mundo. De todos los días éste es el Principal, y el
Rey de ellos. Grande es la bendición de aquel que, por el dulce aroma de estos
días, ha alcanzado la vida eterna, y quien, con la mayor firmeza, se ha levantado
para ayudar a la Causa de Aquel Quien es el Rey de los Nombres. Tal hombre es
como un ojo para el conjunto de la humanidad."
"Inigualable es este Día, porque es como un ojo para edades y siglos pasados
y como una luz para la oscuridad de los tiempos. Este Día es diferente de otros
días, y esta Causa diferente de otras causas. Implorad al Dios único y verdadero
que no prive los ojos de los hombres de ver sus signos, ni sus oídos de oír la
penetrante voz de la Pluma de Gloria. Estos días son los días de Dios, con un
momento de los cuales ni edades ni siglos podrán jamás rivalizar. Un átomo en
estos días es como el sol, una gota como el océano. Un solo aliento exhalado en
el amor de Dios y para Su servicio es anotado por la Pluma de Gloria como un
hecho principesco. Si las virtudes de este Día fuesen contadas, todos quedarían
atónitos, salvo aquellos a quienes tu Señor ha exento."
"¡Por la rectitud de Dios! Éstos son los días en los cuales Dios ha puesto a
prueba los corazones de todos Sus Mensajeros y Profetas y, más allá de ellos, a
quienes montan guardia sobre Su sagrado e inviolable Santuario, los moradores
del Pabellón celestial y los habitantes del Tabernáculo de Gloria. Si la grandeza
de este Día fuese revelada en su plenitud, todo hombre abandonaría una miríada
de vidas en su anhelo por participar, aun por un solo momento, de su gran
gloria; cuanto más este mundo y sus tesoros corruptibles."
"¡Dios, el Verdadero, es Mi Testigo! Éste es el Día en que incumbe a todo
aquel que ve, mirar; y a todo oído que oye, escuchar; y a todo corazón que
comprende, percibir; y a toda lengua que habla, proclamar a todos los que están
en el cielo y en la tierra, este santo, este exaltado y altísimo Nombre. Di: ¡Oh
hombres! Éste es un Día inigualable. Asimismo, inigualable debe ser la lengua
que celebra la alabanza del Deseo de todas las naciones, e inigualable el hecho
que aspira a ser aceptable a Su vista. Toda la raza humana ha añorado este Día,
por si acaso pueda cumplir aquello que sea digno de su rango y sea merecedor
de su destino."
"Por el movimiento de Nuestra Pluma de Gloria, por el deseo del
Omnipotente Ordenador, hemos inspirado una nueva vida en toda estructura
humana y hemos infundido una nueva potencia en cada palabra. Todas las
cosas creadas proclaman los indicios de esta regeneración mundial."¡Oh
pueblo! ¡Juro por el Dios único y verdadero! Éste es el Océano del cual han
procedido todos los mares, y con el cual, cada uno de ellos se unirá finalmente.
De Él se han generado todos los Soles y a Él regresarán todos ellos. Por Su
potencia los Árboles de la Revelación Divina han dado sus frutos, cada uno de
los cuales ha sido enviado en la forma de un Profeta que lleva un Mensaje a las
criaturas de Dios en cada uno de los mundos cuyo número sólo Dios, en Su
Conocimiento omnímodo, puede calcular. Él ha logrado esto por la acción de
sólo una Letra de Su Palabra, revelada por Su Pluma, estando Su Pluma movida
por su Dedo, estando Su propio Dedo sostenido por la fuerza de la Verdad de
Dios."
"¡Por la rectitud del Dios único y verdadero! Si se perdiere una partícula
pequeñísima de una joya y quedara enterrada debajo de una montaña de piedras
y escondida detrás de los siete mares, la Mano de la Omnipotencia con seguridad
la revelaría en este Día, pura y limpia de moho. Cada letra procedente de
Nuestra boca está dotada de tal poder regenerador, que la capacita para traer a
la existencia una nueva creación, creación cuya magnitud es inescrutable a
todos, salvo Dios. Él ciertamente tiene conocimiento de Todo."
"Si Nos así lo deseáramos, está en nuestro poder capacitar a una partícula
flotante de polvo para que, en monos de un abrir y cerrar de ojos, genere soles de
infinito e inconcebible esplendor; hacer que una gota de rocío se convierta en
vastos e innumerables océanos; infundir en cada letra una fuerza tal, que el dé
poder para revelar todo el saber de edades pasadas y futuras. Poseemos tal
poder, que de ser éste traído a luz, ha de transmutar el más mortífero veneno en
panacea de eficacia infalible."
"Los días se aproximan a su término, y sin embargo los pueblos de la tierra
se ven sumidos en grave negligencia y perdidos en error manifiesto. ¡Grande,
grande es la Causa! Se aproxima la hora cuando surgirá la más gran
convulsión. ¡Juro por Aquel Quien es la Verdad! Ella hará que la separación
aflija a todos, incluso a quienes circulen en derredor Mío. Di: ¡Oh concurso de
negligentes! ¡Juro por Dios! El día prometido ha llegado, día en que pruebas
atormentadoras se agitarán por encima de vuestras cabezas y bajo vuestros pies
diciendo: '¡Gustad lo que vuestras monos han forjado!'"
"El tiempo para la destrucción del mundo y sus pueblos ha llegado. Aquel
Quien es el Preexistente ha venido, para conferir vida sempiterna, y conceder
protección perpetua, y otorgar aquello que lleva a la verdadera vida. Se
aproxima el día en que su llama (de la civilización) devorará las ciudades, en
que la Lengua de Grandeza proclamará: 'El Reino es de Dios, el Todopoderoso,
el Todo Alabado.' ¡Oh vosotros que carecéis de entendimiento! Una severa
prueba os persigue y repentinamente os alcanzará. Levantaos para que quizás
pase sin causaros daños."
"¡Oh vosotros, pueblos del mundo! Sabed en verdad que una calamidad
imprevista os sigue y os espera un castigo doloroso. No penséis que las acciones
que habéis cometido han sido ocultas a Mi vista. ¡Oh negligentes! Aun cuando
las maravillas de Mi misericordia han envuelto a todo lo creado, tanto visible
como invisible, y las revelaciones de Mi gracia y munificencia han penetrado
cada átomo del universo, no obstante, la vara con que puedo castigar al perverso
es severa, y la fiereza de Mi ira contra ellos es terrible."
"No te apesadumbres por causa de aquellos que se han ocupado con las cosas
de este mundo y han olvidado el recuerdo de Dios, el Más Grande. Por Aquel
Quien es la Verdad Eterna! Se aproxima el día, cuando la indignada ira del
Todopoderoso se apoderará de ellos. Verdaderamente Él es el Omnipotente, el
que Todo Sojuzga, el Todopoderoso, Él limpiará el mundo de la contaminación
de su corrupción, y lo hará un legado para aquellos de Sus siervos que estén
cerca de Él. Pronto el grito: 'Sí, sí, aquí estoy, aquí estoy' se oirá desde cada país.
Pues nunca ha habido para nadie algún otro refugio adonde huir, ni podrá
jamás haberlo."
"Y cuando haya llegado la hora señalada, aparecerá de súbito lo que hará
temblar los miembros de la humanidad. Entonces, y sólo entonces, se desplegará
el Estandarte Divino y el ruiseñor del Paraíso gorjeará su melodía."
"Al comienzo de cada Revelación han prevalecido las adversidades, que más
tarde se han convertido en gran prosperidad. Di: ¡Oh pueblo de Dios! Cuidaos,
no sea que las fuerzas de la tierra os alarmen, o que el poder de las naciones os
debilite, o que el tumulto de la gente de la discordia os desanime, o que los
exponentes de la gloria terrenal os entristezcan. Sed como una montaña en la
Causa de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Irrestringido."
"Di: Cuidado, oh pueblo de Bahá, no sea que los fuertes de la tierra os
despojen de vuestra fortaleza, o aquellos que gobiernan el mundo os llenan de
miedo. Depositad vuestra confianza en Dios, y poned vuestros asuntos a Su
custodia. Él, verdaderamente, es potente para hacer lo que Él quiere y en Su
puño están las riendas de omnipotente fuerza. ¡Juro por Mi vida! Nada puede
sobrevenir a Mis amados salvo aquello que les aproveche. Esto lo atestigua la
Pluma de Dios, el Más poderoso, el Todo Glorioso, el más Amado. No dejéis que
los sucesos del mundo os entristezcan. ¡Juro por Dios! El océano de la alegría
anhela alcanzar vuestra presencia, pues toda cosa buena ha sido creada para
vosotros y os será revelada de acuerdo con las necesidades del tiempo."
"¡Oh Mis siervos! No os apenéis si, en estos días y en este plano terrenal,
cosas contrarias a vuestros deseos han sido ordenadas y manifiestas por dios,
porque días de alegría de delicia celestial, hay de seguro en abundancia para
vosotros. Mundos, santos y espiritualmente gloriosos, serán desvelados a
vuestros ojos. Habéis sido destinados por Él a participar, en este mundo y en el
siguiente, de sus beneficios, compartir sus alegrías y obtener una porción de su
gracia sostenedora. A todos y a cada uno de ellos, sin duda, alcanzaréis."
"Este es el día en que se ha de hablar. Incumbe al pueblo de Bahá esforzarse,
con máxima paciencia y entereza, a guiar a los pueblos del mundo hacia el Más
Grande Horizonte. Todo cuerpo pide en voz alta un alma. Las almas celestiales
deben necesariamente vivificar los cuerpos muertos con un nuevo espíritu,
mediante el hálito de la Palabra de Dios. Dentro de cada palabra se esconde un
nuevo espíritu. Feliz el hombre que lo logra y que se ha levantado a enseñar la
Causa de Aquel Quien es el Rey de la Eternidad."
"Di: ¡Oh siervos! El triunfo de esta Causa ha dependido, y continuará
dependiendo de la aparición de almas santas, de la ejecución de buenas obras, y
la revelación de palabras de consumada sabiduría. Centrad vuestras energías en
la propagación de la Fe de Dios. Quien sea digno de vocación tan elevada, que
se levante y la promueva. Quien sea incapaz de hacerlo, tiene el deber de
designar a quien, en su lugar, haya de proclamar esta Revelación, cuya fuerza
ha hecho temblar las más poderosas estructuras, ha reducido a polvo todas las
montañas y ha anonadado a todas las almas."
"Que vuestro interés principal sea rescatar al caído del ciénaga de la
extinción inminente y ayudarle a abrazar la antigua Fe de Dios. Vuestro
comportamiento para con vuestro prójimo debe ser tal que manifieste claramente
los signos del Dios único y verdadero, porque entre los hombre, vosotros sois los
primeros en ser creados de nuevo por Su Espíritu, los primeros en adorarle e
inclinarse ante Él, los primeros en circundar Su trono de gloria."
"¡Oh vosotros, amados del Dios! No reposéis en vuestros lechos, no, más
bien, conmoveos tan pronto como reconozcáis a vuestro Señor, el Creador, y
oído de las cosas que Le han sucedido, y apresuraos para ayudarle. Desatad
vuestras lenguas y proclamad sin cesar Su Causa. Esto será para vosotros mejor
que todos los tesoros del pasado y del futuro, si sois de aquellos que comprenden
esta verdad."
"¡Juro por Aquel Quien es la Verdad! Dentro de poco Dios adornará el
comienzo del libro de la Existencia con la mención de sus amados que han
sufrido tribulaciones en Su sendero y han viajado por los países en Su nombre y
para Su alabanza. Quienquiera que haya alcanzado Su presencia se gloriará de
encontrarles y todos los que habitan en cada país serán iluminados con Su
recuerdo."
"Competid uno con otro en el servicio de Dios y de Su Causa. Esto es de
hecho lo que os aprovecha en este mundo y en el venidero. Vuestro Señor, el
Dios de Misericordia, es el Informado de Todo, el Omnisciente. No os aflijáis por
lo que presenciéis en este Día. Llegará el día en que las lenguas de las naciones
proclamarán: 'La tierra es de Dios, el Todopoderoso, el Único, el Omnisciente!'"
"Bendito es el sitio, y la casa, y el lugar, y la ciudad, y el corazón, y la
montaña, y el refugio, y la cueva, y el valle, y la tierra, y el mar, y la isla, y la
pradera, donde se ha hecho mención de Dios, y se ha glorificado Su alabanza."
"El moverse en sí de lugar a lugar, hecho por amor de Dios, siempre ha
ejercido su influencia en el mundo, y puede ahora ejercerla. En los Libros del
pasado se ha hecho conocer, y ha sido anotada la posición de aquellos que han
viajado cerca y lejos, a fin de guiar a los siervos de Dios. ¡Juro por Dios! Tan
grande es lo que ha sido ordenado para los firmes, que si de ello se revelase tanto
como el ojo de una aguja, todos los que están en el cielo y en la tierra quedarían
atónitos, excepto aquellos a quienes Dios, Señor de todos los mundos, ha querido
eximir."
"¡Juro por Dios! Aquello que ha sido destinado para él que ayude a Mi
Causa supera los tesoros de la tierra. Quienquiera en este Día, abra sus labios y
haga mención del nombre de su Señor, las huestes de la inspiración Divina
descenderán sobre él desde el cielo de Mi nombre, el Omnisciente, el
Sapientísimo. También descenderá sobre él, el Concurso en lo alto, cada uno
llevando en alto, un cáliz de luz pura. Así ha sido preordinado en el reino de la
Revelación de Dios, por mandato de Aquel Quien es el Todo Glorioso, el Todo
Poderoso."
"Por la rectitud de Aquel Quien, en este Día, exclama dentro del corazón
íntimo de todas las cosas creadas: 'Dios, no hay otro Dios fuera de Mi!' Si algún
hombre se levantase, para defender, en sus escritos, la Causa de Dios contra Sus
acometedores, tal hombre, por muy insignificante que fuera su aporte, será tan
honrado en el mundo venidero que el Concurso en lo alto envidiará su gloria.
Ninguna pluma puede retratar la sublimidad de su posición ni puede lengua
alguna describir su esplendor."
"Quiera Dios que todos seáis fortalecidos para llevar a cabo aquello que es la
Voluntad de Dios, y que seáis ayudados benévolamente a apreciar el grado
conferido a aquellos de Sus amados que se han levantado para servirle a Él y
magnificar Su nombre. Sobre ellos sea la gloria de Dios, la gloria de todo lo que
está en la tierra, y la gloria de los moradores del más exaltado Paraíso, el cielo
de los cielos."
"¡Oh pueblo de Bahá! Que no haya nadie que compita con vosotros es un
signo de misericordia. Bebed de la Copa de Munificencia el vino de
inmortalidad, a despecho de quienes han repudiado a Dios, Señor de los
nombres y Hacedor de los cielos."
"¡Juro por el Dios único y verdadero! Este es el día de aquellos que se han
desprendido de todo salvo de Él; el día de aquellos que han reconocido Su
unidad; el día en que Dios con las manos de Su poder, crea seres divinos y
esencias imperecederas, de las cuales cada una desechará el mundo y todo lo
que hay en él, y se hará tan firme en la Causa de Dios, que de ello se maravillará
todo corazón sabio y comprensivo."
"Escondida tras el Velo Santo y preparada para el servicio de Dios, hay una
compañía de elegidos Suyos que serán manifestados a los hombres, ayudarán a
Su Causa, no tendrán temor a nadie, aunque toda la raza humana se levante a
luchar contra ellos. Estos son los que ante la mirada de los habitantes de la
tierra y los moradores del Paraíso, se levantarán y aclamarán en voz alta el
nombre del Todopoderoso y llamarán a los hijos de los hombres al sendero de
Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado."
"Se aproxima el Día en que Dios, por un acto de Su Voluntad, habrá de crear
una raza de hombres cuya naturaleza es inescrutable para todos excepto Dios, El
Todopoderoso, el Que Subsiste por Sí mismo."
"Pronto hará Él surgir de Seno de Potestad, las Manos de Poder y
Ascendencia, Manos que se levantarán para hacer triunfar a este Joven y que
purificarán al género humano de la corrupción de los viles y de los impíos. Estas
Manos se aprestarán a ganar victorias para la Fe de Dios, y en Mi nombre, el
que subsiste por sí mismo, el poderoso, someterán a los pueblos y razas de la
tierra. Entrarán en las ciudades e infundirán temor en los corazones de todos
sus habitantes. Tales son las evidencias del poder de Dios. ¡Cuán temible y
vehemente es Su poder!"
Una palabra más, para concluir. Entre las declaraciones más importantes que
incitan a la meditación, jamás hechas por 'Abdu'l-Bahá durante sus viajes
trascendentales por el continente Norteamericano, están las siguientes: "Que esta
Democracia Americana sea la primera nación en establecer la fundación para
acuerdos internacionales. Que sea la primera nación en proclamar la unidad del
género humano. Que sea la primera en desplegar el Estandarte de la Más Grande
Paz." Y de nuevo: "El pueblo americano ciertamente se merece ser el primero en
erigir el Tabernáculo de la Gran Paz y de proclamar la unidad del género humano.
Pues América ha desarrollado poderes y capacidades más grandes y maravillosas
que otras naciones. La nación americana está habilitada y capacitada para lograr
aquello que adornará las páginas de la historia, llegar a ser la envidia del mundo y
ser bendecida tanto en Oriente como en el Occidente por el triunfo de su pueblo. El
continente americano muestra indicios y evidencias de un progreso muy grande. Su
futuro es aún más prometedor puesto que su influencia e iluminación son de gran
alcance. Guiará espiritualmente a todas las naciones."

El Destino de América

Las energías creativas, misteriosamente engendradas por los primeros
movimientos del embriónico Orden Mundial de Bahá'u'lláh, tan pronto fueron
liberadas dentro de una nación destinada a llegar a ser su cuna y su defensora, han
dotado de mérito a esa nación y la han investido de los poderes y facultades y la
han dotado espiritualmente para que desempeñe la parte prevista en estas palabras
proféticas. Las potencias que esta misión asignada por Dios ha infundido a su
pueblo por una parte, se están haciendo evidentes a través de los esfuerzos
conscientes y los logros por toda la nación, tanto en la esfera de la enseñanza como
en la administrativa de las actividades Bahá'ís, de la comunidad organizada de los
seguidores de Bahá'u'lláh en el continente norteamericano. Estas mismas potencias
por separado y a la vez en forma subsidiaria con estos esfuerzos y logros, están,
por otra parte, bajo el impacto de las fuerzas mundiales políticas y económicas,
moldeando insensiblemente al destino de aquella nación e influyendo en las vidas
y actos tanto de su gobierno como de su pueblo.
A los esfuerzos y logros de aquéllos quienes, conscientes de la Revelación de
Bahá'u'lláh, están ahora trabajando en ese continente, y a la marcha actual y futura
de sus actividades yo me he referido suficientemente en las páginas anteriores. Si
el destino del pueblo americano en su totalidad ha de ser comprendido
correctamente, debe ahora decirse una palabra en referencia a la orientación de esa
nación en conjunto y a la tendencia de las actividades de sus gentes. Pues, no
importa lo mucho que se ignore sobre la Fuente de la cual proceden estas fuerzas
dirigentes y por muy lento y arduo que sea el proceso, se está haciendo cada vez
más evidente que la nación, en conjunto, ya sea a través de la acción de su
gobierno o de otro medio, gravita bajo las influencias de fuerzas que no puede ni
comprender ni controlar, hacia tales asociaciones y políticas donde radica su
verdadero destino, como 'Abdu'l-Bahá lo indicó. Tanto la comunidad de creyentes
americanos, quienes están conscientes de aquella Fuente, como la gran masa de sus
conciudadanos, quienes todavía no han reconocido a la Mano que dirige su destino,
están contribuyendo cada uno a su modo, a la realización de las esperanzas y al
cumplimiento de las promesas expresadas en las palabras de 'Abdu'l-Bahá, arriba
citadas.
El mundo se mueva hacia adelante. Sus sucesos se desarrollan en forma
siniestra y con sorprendente rapidez. El torbellino de sus pasiones es rápido y
alarmantemente violento. El Nuevo Mundo es insensiblemente atraído hacia su
vórtice. Los posibles centros de tormenta de la tierra ya están proyectando sus
sombras sobre sus costas. Peligros nunca soñados e imprevistos la amenazan tanto
desde adentro como desde afuera. Sus gobiernos y sus pueblos están siendo
gradualmente aprisionados en los espirales de las crisis recurrentes y de las fieras
controversias del mundo. Los océanos Atlántico y Pacífico, con cada aceleración
en progreso de la ciencia, se están gradualmente convirtiendo en simples canales.
La Gran República de Oeste se encuentra particular y crecientemente involucrada.
Rumores distantes retumban amenazadoramente en las ebulliciones de su pueblo.
A sus costados se encuentran alienados los posibles centros de tormenta del
continente europeo y del lejano Oriente. En su horizonte sureño se destaca lo que
concebiblemente pueda desarrollarse en otro centro de agitación y peligro. El
mundo se contrae en un vecindario. América, quiera o no, debe afrontar y abordar
esta nueva situación. Para fines de la seguridad nacional, sin mencionar cualquier
motivo humanitario, ella debe asumir las obligaciones impuestas por este
vecindario recientemente creado. Paradójico como parezca, su única esperanza de
extricarse de los peligros que la rodean, consiste en implicarse en esa misma red de
asociación internacional que está siendo tejido por la Mano de una Providencia
inescrutable. Nos viene a la mente con una propiedad y fuerzas especiales el
consejo de 'Abdu'l-Bahá a un alto oficial de su gobierno: "Puedes servir a tu país
en la mejor forma si te esfuerzas en tu capacidad como ciudadano del mundo, a
ayudar en la aplicación eventual del principio del federalismo, fundamental en
el gobierno de tu propio país, a las relaciones actualmente existentes entre los
pueblos y naciones del mundo." Los ideales que animaron la imaginación del
Presidente de América, quien fue trágicamente incomprendido, cuyos encomiables
esfuerzos, por muy anulados que fueron por una generación falta de visión, han
sido aclamados por medio de la propia pluma de 'Abdu'l-Bahá como signos del
amanecer de la Más Grande Paz, y aunque ahora yacen en el polvo, reprochan
amargamente a una generación incauta por haberlos abandonado en forma tan
cruel.
Que el mundo está acosado de riesgos, que los peligros se están ahora
acumulando y que actualmente amenazan a la nación americana, no puede ser
negado por ningún observador perspicaz. La tierra se encuentra transformada en un
campo armado. Tanto como cincuenta millones de hombres se encuentran armados
o en la reserva. No menos que la suma de tres mil millones de libras se gastan en
un año en armamentos. La luz de la religión es opacada y la autoridad moral se
desintegra. Las naciones del mundo, en su mayoría han caído presas de ideologías
que están en pugna y que amenazan hacer pedazos las mismas fundaciones de su
unidad política tan costosamente ganadas. Las multitudes agitadas en estos países
las miran con descontento, se encuentran armadas hasta los dientes, presas del
miedo y gimen bajo el yugo de las tribulaciones engendradas por la contienda
política, el fanatismo racial, los odios nacionales y las animosidades religiosas.
"Los vientos de la desesperación", Bahá'u'lláh ha afirmado inequívocamente,
"lamentablemente, soplan desde todas las direcciones, y la contienda que divide
y aflige a la raza humana crece día a día. Los signos de convulsiones y caos,
inminentes pueden discernirse ahora."
"Los males", 'Abdu'l-Bahá ha profetizado en escritos que datan desde hace dos
décadas, "de los que ahora el mundo sufre se multiplicarán y las tinieblas que lo
envuelven se harán más obscuras. Los Balcanes permanecerán descontentos. Su
inquietud aumentará. Los Poderes vencidos continuarán en agitación. Ellos
recurrirán a cualquier medida que pueda volver a prender la llama de la guerra.
Los movimientos recién formados y de alcance mundial se esforzarán lo más
posible por el adelantamiento de sus proyectos. El Movimiento Izquierdista
adquirirá gran importancia. Su influencia se extenderá". En cuanto a la misma
nación norteamericana, la voz de su propio Presidente, enfática y clara, advierte a
su pueblo que la posibilidad de un ataque a su país se ha hecho infinitamente más
inminente como consecuencia del adelanto en la aviación y debido a otros factores.
Su Secretario de Estado, dirigiéndose a los representantes reunidos en reciente
Conferencia de todas las repúblicas americanas, expresa una advertencia no menos
siniestra. "Estas fuerzas resurgentes se asoman amenazadoramente por todo el
mundo -su sombra nefasta acarpa a través de nuestro propio Hemisferio." En
cuanto a su Prensa, repercute la misma nota de advertencia y de alarma por un
peligro que se aproxima. "Debemos estar preparados para defendernos tanto dentro
como fuera del país. Es extensa nuestra frontera de defensa. Se extiende desde
Point Barrow de Alaska hasta el Cabo de Hornos e incluye el Atlántico y el
Pacífico. Nadie puede decir cuándo ni dónde los agresores de Europa y Asia
pueden atacarnos. Puede ser en cualquier parte, en cualquier hora. No tenemos otra
opción, excepto la de ir armados. Debemos montar atenta guardia sobre el
Hemisferio Occidental.
La distancia que la nación norteamericana ha recorrido desde que repudió
formal y categóricamente el ideal de Wilson, los cambios de los que ha sido
inesperada presa en años recientes, la dirección en que se mueven los sucesos
mundiales con su inevitable impacto en la política y la economía de esa nación, son
para cada observador bahá'í que contempla los desarrollos de la situación
internacional y a la luz de las profecías tanto de Bahá'u'lláh como de 'Abdu'l-Bahá,
muy significativos y altamente instructivos y alentadores. Trazar el curso exacto
que seguirá esta nación en estos tiempos inquietos y fecundos, sería imposible.
Nosotros sólo podemos, juzgando por la dirección que toman sus asuntos en la
actualidad, anticipar el curso más probable que ella seguirá en sus relaciones tanto
con las Repúblicas de América como con los países de los continentes restantes.
Una asociación más estrecha con estas Repúblicas, por una parte y una
aumentada participación en diversos grados, por otra parte, en los asuntos del
mundo entero, como resultado de las recurrentes crisis internacionales, parecen ser
los desarrollos más probables que el futuro guarde para ese país. Inevitablemente
surgirán retrasos y ocurrirán contratiempos por sobrellevar, en el transcurso de la
evolución de ese país hacia su destino final. Nada, sin embargo, puede alterar aquel
curso prescrito para él por la pluma infalible de 'Abdu'l-Bahá. Después de haber
logrado su unidad federal y de haber consolidado sus instituciones internas -una
etapa que marca la llegada a su mayoría de edad como entidad política; su
evolución más amplia como miembro de la familia de naciones debe continuar en
forma constante, bajo circunstancias que en la actualidad no pueden ser
visualizadas. Tal evolución tiene que persistir hasta aquella fecha cuando esa
nación, a través de la parte activa y decisiva que ésta habrá desempeñado en la
organización y arreglo pacífico de los asuntos de la humanidad, haya logrado la
plenitud de sus poderes y funciones como miembro sobresaliente y parte
componente de un mundo federado.
El futuro inmediato, como resultado de esta absorción constante, gradual e
inevitable de las múltiples dudas y problemas que afligen a la humanidad, debe ser
oscuro y agobiador para esa nación. La aflicción que sacudirá al mundo que
Bahá'u'lláh ha profetizado en forma tan vívida como se ha citado en páginas
anteriores, puede encontrar que esta nación ha sido arrastrada a su vórtice, hasta un
grado sin precedente. De este cataclismo esta nación probablemente surgirá, a
diferencia de sus reacciones al último conflicto mundial pasado, decidida a
conciencia a aprovechar su oportunidad, para hacer que todo el peso de su
influencia recaiga sobre los gigantescos problemas que tales acontecimientos
suscitarán subsiguientemente y para ahuyentar de modo permanente, en unión con
sus naciones hermanas tanto del Oriente como del Occidente, a la mayor maldición
de que tiempo inmemorial ha afligido y degradado a la raza humana.
Entonces y sólo entonces, la nación americana, moldeada y purificada en el
crisol de una guerra común, endurecida por sus rigores y disciplinada por sus
escarmientos, se encontrará en posición para elevar su voz en los concilios de las
naciones, para colocar ella misma la fundación de la paz universal y duradera,
proclamar la solidaridad, unidad y madurez de la humanidad y asistir en el
establecimiento del reino de rectitud prometido en la tierra. Entonces y sólo
entonces la nación americana, mientras que la comunidad de creyentes americanos
dentro de su corazón está consumando su misión divinamente asignada, podrá
realizar el destino indeciblemente glorioso decretado para ésta por el
Todopoderoso, e inmortalmente grabado en los escritos de 'Abdu'l-Bahá. Entonces
y sólo entonces la nación americana logrará "aquello que adornará las páginas de
la historia", "se convertirá en la envidia del mundo y será bendito tanto en el
Oriente como en el Occidente".

SHOGHI EFFENDI.

El 25 de diciembre de 1938.
آلمانی — Das Kommen Göttlicher Gerechtigkeit.txt باز کردن جداگانه →
Das Kommen Göttlicher Gerechtigkeit á Shoghi Effendi á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 4.02 (O-2021-06-12)

Das Kommen Göttlicher Gerechtigkeit
Shoghi Effendi
An die Geliebten Gottes und die Dienerinnen des Gnadenvollen in den Vereinigten Staaten und in Kanada.
Innig geliebte Brüder und Schwestern in der Liebe Bahá’u’lláhs:
Es wäre wohl schwierig, die Gefühle unbezähmbarer Freude und Begeisterung angemessen auszudrücken, die mein Herz jedes Mal durchfluten, wenn ich innehalte, um über die unaufhörlichen Beweise tatkräftiger Energie nachzudenken, die die standhaften Pioniere der Weltordnung Bahá’u’lláhs bei der Durchführung des ihnen anvertrauten Planes beseelt. Die Unterzeichnung des Vertrages durch Ihre gewählten nationalen Vertreter, welche die Eröffnung des letzten Abschnittes des größten Vorhabens zu erkennen gibt, das von den Anhängern des Glaubens Bahá’u’lláhs im Westen je unternommen wurde, und der in den aufeinanderfolgenden Berichten ihres Nationalen Lehrausschusses niedergelegte, außerordentlich ermutigende Fortschritt bezeugen – über den Schatten jedes Zweifels erhaben – die Treue, Tatkraft und Sorgfalt, mit der Sie die mannigfaltigen Unternehmungen durchführen, die zwangsläufig mit dem Fortschreiten des Siebenjahresplanes verbunden sind. Nach seinen beiden Gesichtspunkten und in all seinen Einzelheiten wird er mit beispielhafter Regelmäßigkeit und Genauigkeit, mit unverminderter Wirksamkeit und lobenswerter Eile ausgeführt.
Dem Einfallsreichtum, den die nationalen Vertreter der amerikanischen Gläubigen in den letzten Monaten so schlagend bewiesen haben und der durch die von ihnen ergriffenen aufeinanderfolgenden Maßnahmen so deutlich bezeugt wurde, entsprach die treue, bedingungslose und großzügige Unterstützung, die ihnen in jedem kritischen Abschnitt und mit jedem neuen Schritt in der Wahrnehmung ihrer heiligen Pflichten von all denen gewährt wurde, die sie vertreten. Diese enge Wechselwirkung, dieser vollkommene Zusammenhalt, diese beständige Harmonie und Kameradschaft zwischen den verschiedenen Einrichtungen, die zum organischen Leben jeder gut funktionierenden Bahá’í-Gemeinde beitragen und das grundlegende Rahmenwerk dafür bilden, sind eine Erscheinung, die einen deutlichen Gegensatz zu den zersetzenden Neigungen darstellt, welche von den uneinigen Elementen der heutigen Gesellschaft so tragisch an den Tag gelegt werden. Während jede sichtbare Prüfung, die Seiner erwählten Gemeinde aufzuerlegen die unerforschliche Weisheit des Allmächtigen für notwendig erachtet, nur dazu dient, ihr unentbehrliches Zusammengehörigkeitsgefühl von neuem zu veranschaulichen und ihre innere Stärke zu festigen, enthüllt jede neue Krisis im Geschick eines dekadenten Zeitalters .immer überzeugender als die vorangegangene die zerstörenden Einflüsse, die die Lebenskraft seiner untergehenden Einrichtungen rasch untergraben und ihre Grundlagen erschüttern.
Für diese Beweise des Eingreifens einer immer wachsamen Vorsehung müssen sie, die der Gemeinde des Größten Namens gleichzusetzen sind, immerwährende Dankbarkeit empfinden. Sie können nicht umhin, aus jedem neuen Zeichen Seiner nie versagenden Gnade einerseits und Seiner Heimsuchung andererseits nie endende Hoffnung und frischen Mut zu schöpfen. Wachsam und bereit, jede Gelegenheit zu ergreifen, welche ihnen die Umdrehungen des Schicksalsrades innerhalb ihres Glaubens bieten, und ohne Furcht beim Anblick der krampfartigen Zuckungen,, die früher oder später diejenigen befallen werden, die sich geweigert haben, sein Licht anzunehmen, müssen sie und diejenigen, die sich nach ihnen mühen werden, vorwärtsdrängen, bis die Vorgänge, die jetzt in Bewegung gesetzt wurden, ihre Kraft ausgestrahlt und ihren Anteil beigetragen haben zur Geburt einer Ordnung, die sich nun im Schoße eines trächtigen Zeitalters regt.
Wiederkehrende Krisen
Diese wiederkehrenden Krisen, die mit unheilverkündender Häufigkeit und unwiderstehlicher Kraft einen ständig wachsenden Teil der Menschheit heimsuchen, müssen, wenn auch vorübergehend, zwangsläufig ihren unheilvollen Einfluss bis zu einem gewissen Grade auch auf eine Weltgemeinde ausüben, die ihre Verzweigungen bis an die äußersten Grenzen der Erde ausgedehnt hat. Wie kann der Beginn eines Weltaufstandes, der Kräfte entbindet, die das soziale, religiöse, politische und das wirtschaftliche Gleichgewicht einer organisierten Gesellschaft so tiefgreifend stören und politische Systeme, Rassenlehren, soziale Ideen, kulturelle Maßstäbe, religiöse Bindungen und Handelsbeziehungen in Chaos und Verwirrung treiben – wie können solche Erschütterungen von so großem Umfang und so ohne jedes Beispiel verfehlen, Auswirkungen auf die Einrichtungen eines noch so jungen Glaubens zu haben, dessen Lehren einen unmittelbaren und lebenswichtigen Einfluss auf jedes dieser Gebiete des menschlichen Lebens und Verhaltens haben?
Man braucht sich deshalb nicht zu wundern, wenn sie, die das Banner eines so durchdringenden Glaubens und einer so herausfordernden Sache hochhalten, sich durch den Angriff dieser welterschütternden Kräfte beeinflusst finden. Man braucht sich auch nicht zu wundern, wenn sie sehen, dass ihre Freiheit inmitten dieses Wirbels widerstreitender Leidenschaften beeinträchtigt wird, ihre Grundsätze verachtet, ihre Einrichtungen geschmäht, ihre Beweggründe herabgesetzt werden, ihre Glaubwürdigkeit in Frage gestellt und ihr Anspruch verworfen wird.
Im Herzen des europäischen Kontinents wurde eine Gemeinde, die, wie von ‘Abdu’l-Bahá vorhergesagt, dazu ausersehen ist, vermöge ihrer geistigen Wirkungskraft und ihrer geographischen Lage den Glanz des Glaubenslichtes auf die umliegenden Länder auszustrahlen, durch die Beschränkungen lahmgelegt, die eine Regierung, die ihren Sinn und Zweck völlig missverstanden hat, ihr aufzuerlegen für notwendig erachtete. Ihre Stimme ist leider verstummt, ihre Einrichtungen sind aufgelöst, ihre Literatur verboten, ihre Archive beschlagnahmt und ihre Zusammenkünfte untersagt.
In Zentralasien, in der Stadt, die sich der einzigartigen Auszeichnung erfreut, von ‘Abdu’l-Bahá als Heimstätte des ersten Mashriqu’l-Adhkár der Bahá’í-Welt ausgewählt worden zu sein, und in den Städten und Dörfern der Provinz, zu der sie gehört, findet sich der schwer bedrängte Glaube Bahá’u’lláhs als Ergebnis der außergewöhnlichen und einzigartigen Lebenskraft, die er im Verlaufe mehrerer Jahrzehnte an den Tag gelegt hat, der Gewalt von Mächten preisgegeben, die, durch seine wachsende Kraft beunruhigt, nun darauf aus sind, ihn bis zum völligen Unvermögen zu erniedrigen. Sein Tempel, obwohl er noch für Zwecke der Bahá’í-Andacht benützt wird, wurde enteignet, seine Räte und Ausschüsse aufgelöst, seine Lehrarbeit lahmgelegt, seine Hauptförderer wurden verbannt und nicht wenige seiner begeistertsten Anhänger, Männer und Frauen, gefangengesetzt.
In seinem Geburtslande, wo die überwältigende Mehrheit seiner Anhänger lebt – einem Lande, dessen Hauptstadt von Bahá’u’lláh als »Mutter der Welt«Q1 und »Tagesanbruch der Freude der Menschheit« gepriesen wurde – betreibt eine Staatsbehörde, die sich bis jetzt noch nicht offiziell von den lähmenden Einflüssen einer veralteten, fanatischen und schändlich korrupten Geistlichkeit gelöst hat, unbarmherzig ihren Feldzug gegen die Anhänger des Glaubens, den zu unterdrücken sie beinahe ein Jahrhundert lang erfolglos bestrebt war. Gleichgültig gegenüber der Wahrheit, dass die Mitglieder dieser unschuldigen und geächteten Gemeinde mit Recht beanspruchen können, zu den uneigennützigsten, fähigsten und glühendsten Verehrern ihres Heimatlandes zu zählen, hochmütig gegenüber ihrer hohen Auffassung der Weltbürgerschaft, die zu verstehen die Verfechter eines übertriebenen und engen Nationalismus niemals hoffen können, verweigert eine solche Behörde einem Glauben, dessen geistiger Rechtsbereich beinahe sechshundert örtliche Gemeinden umfasst und der zahlenmäßig die Anhänger der christlichen, jüdischen und zoroastrischen Religion in jenem Lande übertrifft, die notwendigen gesetzlichen Rechte, um seine Gesetze zur Geltung zu bringen, seine Angelegenheiten zu verwalten, seine Schulen zu unterhalten, seine Festtage zu feiern, seine Literatur zu verbreiten, Feiern nach seinen Bräuchen zu begehen, seine Gebäude zu errichten und seine Besitztümer zu schützen.
Und nun haben im Heiligen Land selbst, dem Herz und Nervenzentrum dieses weltumfassenden Glaubens, die Feuer der Rassenfeindschaft, des brudermörderischen Streites und der schamlosen Gewaltherrschaft einen Brand entzündet, der einerseits den Zustrom der Pilger, der das Lebensblut dieses Zentrums bildet, ernstlich stört, und andererseits die verschiedenen Vorhaben behindert, die zur Erhaltung und Ausdehnung der die heiligen Stätten umgebenden Grundstücke eingeleitet wurden. Die Sicherheit der kleinen Gemeinde ansässiger Gläubiger, die sich einer steigenden Flut der Gesetzlosigkeit gegenübersah, wurde gefährdet, ihre Stellung als neutrale und klar bestimmte Gemeinde indirekt bestritten und ihre Freiheit, gewisse Glaubensbräuche zu befolgen, beschnitten. Eine Reihe mörderischer Angriffe wechselte ab mit Ausbrüchen bitteren rassischen und religiösen Fanatismus, in die nicht nur die leitenden Persönlichkeiten, sondern auch die Anhänger der drei führenden Religionsgemeinschaften in diesem unruhigen Land verwickelt waren, und sie drohten zeitweilig, alle normalen Verbindungswege innerhalb seiner Grenzen und mit der Außenwelt abzuschneiden. So gefährlich die Situation auch war, so wurde doch den Heiligen Stätten der Bahá’í, dem Gegenstand der Verehrung dieses weltumspannenden Glaubens, ungeachtet ihrer Zahl und ihrer gefährdeten Lage, und obgleich sie nach außen hin jeden Schutzes beraubt schienen, eine Bewahrung zuteil, die fast an Wunder grenzt.
Zerrissen von widerstreitenden Leidenschaften und sich, von innen her gefährlich zersetzend, befindet sich die Welt in einer so entscheidenden Epoche ihrer Geschichte dem aufsteigenden Geschick eines jungen Glaubens gegenübergestellt, eines Glaubens, der manchmal in ihre Gegensätze hineingezogen, in ihre Streitigkeiten verwickelt, durch ihre wachsenden Schatten verdunkelt und von der steigenden Flut ihrer Leidenschaften unterdrückt zu werden scheint.

Mitten in seinem Herzen, in seiner Wiege, am Sitz seines ersten und ehrwürdigen Tempels, in einem seiner bislang blühenden und in seinen Möglichkeiten machtvollen Zentren scheint in der Tat der bislang noch unfreie Glaube Bahá’u’lláhs vor den anstürmenden Kräften der Gewalt und des Aufruhrs, denen die Menschheit ständig zum Opfer fällt, zurückgewichen zu sein.

Die Stützpunkte dieses Glaubens machen nach außen hin den Eindruck, als ob sie einer nach dem andern und Tag für Tag erst isoliert, dann angegriffen und erobert würden.

Während die Lichter der Freiheit flackern und erlöschen, während das Geschrei der Uneinigkeit täglich lauter wird, während das Feuer des Fanatismus mit wachsender Heftigkeit in der Brust der Menschen brennt, während die Kälteschauer des Unglaubens unbarmherzig über die Menschenseelen kriechen, scheinen die Glieder und Organe, die den Körper des Glaubens von Bahá’u’lláh bilden, in verschieden starkem Grade von den lähmenden Einflüssen, die nun die Gesamtheit der zivilisierten Welt in ihrem Griff halten, befallen zu werden.
Wie klar und eindringlich werden die Worte ‘Abdu’l-Bahás in dieser Stunde bewiesen: »Die Dunkelheit des Irrtums, der Ost und West umfangen hält, kämpft in diesem größten Zyklus mit dem Lichte göttlicher Führung. Seine Schwerter und seine Speere sind sehr scharf und spitz; seine Armeen von wildem Blutdurst.« »An diesem Tag«, schrieb Er an anderer Stelle, »sind die Kräfte aller Religionsführer auf die Zersplitterung der Gemeinde des Allbarmherzigen und die Zerstörung des göttlichen Gebäudes gerichtet. Die Heerscharen der Welt, sei es der materiellen, kulturellen oder politischen, treiben ihre Angriffe von allen Seiten vor, denn unsere Sache ist groß, sehr groß. Ihre Größe ist an diesem Tag für das Auge der Menschen klar und offenbar.«
Die verbliebene Hauptfestung
Die eine verbleibende Hauptfestung, der mächtige Arm, der noch die Standarte dieses unbesiegbaren Glaubens hochhält, ist keine andere als die gesegnete Gemeinde des Größten Namens auf dem nordamerikanischen Kontinent. Durch ihr Handeln und durch den nie versagenden Schutz, der ihr von einer allmächtigen Vorsehung gewährt wird, berechtigt dieses hervorragende Mitglied der Körperschaft der in ständiger Wechselwirkung stehenden Bahá’í-Gemeinden in Ost und West zu der Hoffnung, auf der ganzen Welt als Wiege und auch als Bollwerk angesehen zu werden für die künftige Neue Weltordnung, die sowohl Verheißung als auch Ruhm der mit dem Namen Bahá’u’lláhs verbundenen Offenbarung ist.
Wer geneigt ist, die dieser Gemeinde eingeräumte, einzigartige Stellung zu verkleinern oder die Rolle, die zu spielen sie später aufgerufen sein wird, anzuzweifeln, den lasst die Folgerungen dieser inhaltsreichen und höchst erleuchtenden Worte erwägen, die von ‘Abdu’l-Bahá geäußert wurden, zu einem Zeitpunkt, als das Wohl der Welt unter der Last eines verheerenden Krieges ächzend auf den erbärmlichsten Tiefstand geraten war. »Der amerikanische Kontinent«, so schrieb Er bedeutungsvoll, »ist in den Augen des einen wahren Gottes das Land, in dem der Glanz Seines Lichtes geoffenbart werden wird, wo die Geheimnisse Seines Glaubens enthüllt, die Gerechten verweilen und die Freien sich versammeln werden.«Q2
Die Gemeinde der Gläubigen auf dem nordamerikanischen Kontinent – sowohl Hauptantriebskraft als auch Muster der zukünftigen Gemeinden, die der Glaube Bahá’u’lláhs in der gesamten westlichen Hemisphäre zu errichten bestimmt ist – hat trotz der vorherrschenden Düsternis bereits ihre Fähigkeit gezeigt, als Fackelträger jenes Lichtes, als Verwahrungsort jener Geheimnisse, als Vertreter jener Gerechtigkeit und Schutzort jener Freiheit anerkannt zu werden. Auf welches andere Licht könnten diese oben angeführten Worte denn anspielen, wenn nicht auf das Licht der Herrlichkeit des Goldenen Zeitalters durch den Glauben Bahá’u’lláhs? Welche anderen Geheimnisse könnte ‘Abdu’l-Bahá im Sinn gehabt haben als die Geheimnisse jener embryonischen Weltordnung, die nun in der Gießform Seiner Administration entsteht? Welche andere Gerechtigkeit als die Gerechtigkeit, deren Herrschaft nur jenes Zeitalter und jene Ordnung errichten kann? Welche andere Freiheit als die Freiheit, die die Verkündigung Seiner Oberhoheit am Ende der Zeit verleiht?
Die Gemeinde der vereinigten Förderer des Glaubens Bahá’u’lláhs auf dem amerikanischen Kontinent –die geistigen Nachkommen der Vorläufer eines heroischen Zeitalters, die durch ihren Tod die Geburt jenes Glaubens verkündeten – muss nun nicht durch ihren Tod, sondern durch ihr lebendiges Opfer die verheißene Weltordnung einführen, die als Muschel die unschätzbare Perle – die Weltzivilisation – zu umfassen bestimmt ist, deren einziger Urheber der Glauben selbst ist. Während sich ihre Schwestergemeinden unter den ungestümen Winden beugen, die sie von allen Seiten anfallen, ist diese Gemeinde, bewahrt durch die unwandelbaren Ratschlüsse des allmächtigen Verordners und ständigen Beistand aus dem Auftrag erhaltend, mit dem die Tablets vom Göttlichen Plan sie bekleidet haben, nun emsig damit beschäftigt, die Grundlagen zu schaffen und das Wachstum jener Einrichtungen zu pflegen, die das Kommen des Zeitalters ankündigen, das dazu bestimmt ist, Zeuge der Geburt und Errichtung der Weltordnung Bahá’u’lláhs zu sein.
Eine Gemeinde, verhältnismäßig unbedeutend in ihrer zahlenmäßigen Stärke; durch große Entfernungen vom Brennpunkt ihres Glaubens und von dem Lande getrennt, in dem die überwiegende Mehrzahl ihrer Mitgläubigen wohnt; im wesentlichen materieller Hilfsquellen beraubt und der Erfahrung und besonderer Auszeichnungen ermangelnd; in Unkenntnis der Glaubenslehren, Weltanschauung und Gebräuche jener Völker und Rassen, aus denen ihre geistigen Begründer hervorgegangen sind; nicht vertraut mit den Sprachen, in denen ihre Heiligen Bücher ursprünglich geoffenbart wurden; gezwungen, ihre ganze Zuversicht auf der unzulänglichen Wiedergabe eines nur bruchstückhaften Teiles der Literatur aufzubauen, die ihre Gesetze, Lehrsätze und ihre Geschichte enthält; von ihren ersten Tagen an Prüfungen von äußerster Strenge unterworfen, die manchmal den Abfall einiger ihrer hervorragendsten Mitglieder bewirkten; seit ihrem Bestehen der Forderung ausgesetzt, sich in ständig wachsendem Maße mit den Kräften der Korruption, der moralischen Lauheit und der eingefleischten Vorurteile auseinanderzusetzen – solch eine Gemeinde hat in weniger als einem halben Jahrhundert und ohne Hilfe von einer ihrer Schwestergemeinden des Ostens oder des Westens vermöge der himmlischen Macht, mit der sie der alliebende Meister reichlich ausgestattet hat, dem Vormarsch der Sache, für die sie eintritt, einen Antrieb verliehen, dem gleichzukommen es den vereinten Leistungen ihrer Glaubensgenossen im Westen nicht gelungen ist.
Welche andere Gemeinde, so kann man getrost fragen, war behilflich, das Muster festzulegen und jenen administrativen Einrichtungen, die die Vorhut der Weltordnung Bahá’u’lláhs bilden, den ersten Anstoß zu geben?

Welche andere Gemeinde war fähig, mit solcher Folgerichtigkeit den Einfallsreichtum, die Disziplin und die eiserne Entschlossenheit, den Eifer und die Ausdauer, die Hingabe und Treue aufzubringen, die unerlässlich sind für die Errichtung und ständige Ausdehnung des Rahmens, in dem allein jene entstehenden Einrichtungen sich vermehren und reifen können?

Welche andere Gemeinde hat sich von so erhabener Vision beseelt erwiesen, oder so willig, sich zu solchen Höhen der Selbstaufopferung zu erheben, oder bereit, einen solchen Grad des Zusammengehörigkeitsgefühls zu erreichen, wie es unerlässlich ist, um in so kurzer Zeit und in so entscheidenden Jahren ein Gebäude errichten zu können, das wohl verdient, als der größte Beitrag betrachtet zu werden, der je vom Westen für die Sache Bahá’u’lláhs gemacht wurde?

Welche andere Gemeinde kann gerechterweise den Anspruch erheben, dass es durch die ganz auf sich selbst gestellten Bemühungen eines ihrer bescheidenen Mitglieder gelungen ist, die spontane Zustimmung einer Königin für ihre Sache zu erzielen und solch wundervolle schriftliche Zeugnisse für ihre Wahrheit zu gewinnen?

Welche andere Gemeinde hat die Voraussicht, das Organisationstalent und die begeisterte Einsatzbereitschaft gezeigt, denen in ihrem ganzen Gebiet die Errichtung und Vermehrung jener ersten Schulen zu verdanken ist, die sich im.

Verlauf der Zeiten einerseits zu kraftvollen Mittelpunkten der Bahá’í-Gelehrsamkeit entwickeln und andererseits einen fruchtbaren Nährboden für die Bereicherung und Festigung ihrer Lehrkräfte zur Verfügung stellen werden?

Welche andere Gemeinde hat Pioniere hervorgebracht, die in einem solchen Maße die wesentlichen Eigenschaften der Kühnheit, Selbstaufgabe, Zähigkeit, Selbstüberwindung und grenzenloser Hingabe in sich verbinden und dadurch veranlasst wurden, ihr Heim zu verlassen, alles aufzugeben und sich über den ganzen Erdball zu verteilen, um in dessen äußersten Winkeln das siegreiche Banner Bahá’u’lláhs aufzupflanzen?

Wer anders, als die Mitglieder dieser Gemeinde haben die ewige Auszeichnung errungen, die ersten zu sein, die den Ruf ›Yá Bahá’u’l-Abhá‹ in solch höchst wichtigen und weit zerstreuten Zentren und Gebieten erschallen ließen, wie im Herzen des britischen und französischen Weltreiches, in Deutschland, dem Fernen Osten, den Balkanstaaten, skandinavischen Ländern, in Lateinamerika, auf den Inseln des Pazifik, in Südafrika, Australien und Neuseeland sowie jetzt kürzlich in den baltischen Staaten?

Wer anders, als eben diese Pioniere haben sich bereit erklärt, die Mühe auf sich zu nehmen, die Geduld aufzubringen und die notwendigen Mittel zu beschaffen, die für die Übersetzung und Veröffentlichung ihrer heiligen Literatur in nicht weniger als vierzig Sprachen benötigt wurden und deren Verbreitung eine wesentliche Voraussetzung für jeden wirksam aufgebauten Lehrfeldzug darstellt?

Welche andere Gemeinde kann behaupten, einen entscheidenden Anteil an den weltweiten Bemühungen gehabt zu haben, die sowohl für die Sicherstellung und Ausdehnung der unmittelbaren Umgebung ihrer heiligen Schreine als auch für den vorbereitenden Erwerb des zukünftigen Sitzes der internationalen Einrichtungen an ihrem Weltzentrum unternommen wurden?

Welche andere Gemeinde kann es als ihren unvergänglichen Verdienst beanspruchen, die erste gewesen zu sein, die ihre nationale und ihre örtlichen Satzungen erstellt hat, wodurch die grundsätzlichen Richtlinien der Zwillingscharta niedergelegt wurden, die dazu bestimmt ist, die Tätigkeit ihrer Einrichtungen zu ordnen, ihr Aufgabengebiet zu umreißen und ihre Rechte zu verankern?

Welche andere Gemeinde kann sich rühmen, die Grundlage für ihre nationalen Stiftungen erworben und gleichzeitig rechtlich gesichert und somit den Weg für ähnliche Vorhaben von Seiten ihrer örtlichen Gemeinden geebnet zu haben?

Welche andere Gemeinde hat die hervorragende Auszeichnung erworben, lange bevor irgendeine ihrer Schwestergemeinden eine solche Möglichkeit ins Auge fasste, die notwendigen Dokumente erlangt zu haben, die die Anerkennung ihrer Geistigen Räte und ihrer nationalen Stiftungen sowohl durch die Bundes- wie durch die Staatsbehörden sicherstellen?

Und schließlich, welche andere Gemeinde hatte den Vorzug und konnte die Mittel bereitstellen, um die Bedürftigen zu unterstützen, die Sache der Unterdrückten zu ihrer eigenen zu machen und so energisch für den Schutz der Bahá’í-Gebäude und Einrichtungen einzutreten in Ländern wie Persien, Ägypten, Irak, Russland und Deutschland, wo ihre Mitgläubigen verschiedentlich den Fieberschauern religiöser und rassischer Verfolgung ausgesetzt waren?
Eine so beispiellose und glänzende Aufzählung von Diensten, die sich über beinahe zwanzig Jahre erstrecken und mit den Interessen und dem Geschick eines so großen Teiles der weltweiten Bahá’í-Gemeinde so eng verflochten sind, verdient es, als denkwürdiges Kapitel in die Geschichte des Gestaltenden Zeitalters des Glaubens Bahá’u’lláhs einzugehen. Bekräftigt und bereichert durch die Erinnerung an die frühen Taten der amerikanischen Gläubigen, bezeugt diese Aufzählung selbst schlagend ihre Befähigung, die Verantwortung geziemend auf sich zu nehmen, die jedwede Aufgabe in der Zukunft ihnen auferlegen mag. Es ist unmöglich, die Bedeutung dieser vielfältigen Dienste überzubewerten. Ihren Wert richtig einzuschätzen und sich über ihre Verdienste und unmittelbaren Folgen auszulassen, ist eine Aufgabe, der nur ein späterer Bahá’í-Geschichtsschreiber gebührend gerecht werden kann. Für die Gegenwart kann ich nur meine tiefe Überzeugung zum Ausdruck bringen, dass eine Gemeinde, die solche Taten aufzuweisen, solch einen Geist auszustrahlen und sich auf solche Höhen zu erheben vermag, bereits von solchen Wirkkräften erfasst sein muss, die sie befähigen werden, in der Fülle der Zeit das Recht zu beanspruchen, als Hauptschöpfer und Vorkämpfer der Weltordnung Bahá’u’lláhs anerkannt zu werden.
So überragend diese Aufzählung auch ist, und so sehr sie in einigen Punkten an die Großtaten erinnert, mit denen die Vorläufer eines heroischen Zeitalters die Geburt des Glaubens selbst verkündet haben, so steht doch die Aufgabe, die mit dem Namen dieser bevorzugten Gemeinde verknüpft ist, erst am Beginn ihrer Entfaltung und ist noch weit davon entfernt, sich ihrem Höhepunkt zu nähern. Was die amerikanischen Gläubigen im Zeitraum von annähernd fünfzig Jahren geleistet haben, ist unendlich klein verglichen mit der Größe der Aufgabe, die vor ihnen liegt. Das Grollen jenes erschütternden Umsturzes, das sowohl die Todesqual der alten Ordnung als auch die Geburtswehen der neuen ankündigt, zeigt zugleich das stetige Näherkommen und den ehrfurchtgebietenden Charakter dieser Aufgaben an.
Ein Kreuzzug von noch größerer Bedeutung
Die eigentliche Errichtung der Administrativen Ordnung ihres Glaubens, die Erstellung ihres Rahmenwerkes, die Gestaltung ihres Rüstzeuges und die Festigung ihrer Hilfseinrichtungen war die erste Aufgabe, die ihrer Obhut als organisierter Gemeinde anvertraut war, einer Gemeinde, welche durch den Willen und unter der Anleitung ‘Abdu’l-Bahás ins Leben gerufen worden war.

Sie haben sich dieser ersten Aufgabe mit bewundernswerter Pünktlichkeit, Pflichttreue und Tatkraft entledigt.

Kaum hatten sie die verschiedenen notwendigen Tätigkeiten für die wirksame Durchführung ihres Vorhabens, das immer sie hernach in Angriff zu nehmen wünschten, begonnen und aufeinander abgestimmt, als sie sich mit gleicher Zielstrebigkeit und Hingabe der nächsten, schwierigeren Aufgabe zuwandten, den Oberbau eines Gebäudes zu errichten, dessen Grundstein von ‘Abdu’l-Bahá selbst gelegt worden war.

Und als dieses Werk vollbracht war, entschied sich diese Gemeinde, aufgeschlossen für den eindringlichen Anruf, die Ermahnungen und Verheißungen, die in den Tablets vom Göttlichen Plan enthalten sind, eine weitere Aufgabe aufzugreifen, die in ihrem Ausmaß und in ihrer geistigen Auswirkung sicherlich jede andere Leistung überstrahlen wird, die sie bereits vollbracht hat.

Mit unstillbarer Begeisterung und unerschrockenem Mut begannen sie den Siebenjahresplan, den ersten praktischen Schritt zur Erfüllung des in diesen epochemachenden Tablets niedergelegten Auftrages, und im Geiste erneuter Einsatzbereitschaft weihten sie sich ihrer zweifachen Aufgabe, deren Vollendung, so ist zu hoffen, mit der Feier zum hundertsten Jahrestag ;der Geburt des Glaubens Bahá’u’lláhs zusammenfallen wird.

In vollem Bewusstsein dessen, dass jeder in der äußeren Ausgestaltung ihres majestätischen Gebäudes gemachte Fortschritt sich unmittelbar auf die Weiterentwicklung des Lehrfeldzuges auswirken würde, der auf dem nord- und südamerikanischen Kontinent von ihnen begonnen wurde, und in der Erkenntnis, dass jeder auf dem Lehrgebiet gewonnene Sieg seinerseits die Arbeit erleichtern und die Fertigstellung ihres Tempels beschleunigen wird, drängen sie nun mutig und gläubig voran in ihren Bemühungen, nach beiden Seiten ihre Verpflichtungen unter dem Plan zu erfüllen, dessen Durchführung sie sich geweiht haben.
Doch sollten sie nicht glauben, die Durchführung des Siebenjahresplanes, die mit dem Ausklang des ersten Jahrhunderts des Bahá’í-Zeitalters zusammentrifft, bedeute die Beendigung oder auch nur Unterbrechung der Arbeit, die auszuführen die unfehlbare Hand des Allmächtigen sie angewiesen hat. Der Anbruch des zweiten Jahrhunderts des Bahá’í-Zeitalters muss notwendigerweise größere Ausblicke eröffnen, weitere Abschnitte einleiten und Zeuge der Inangriffnahme noch weiterreichender Pläne sein, als sie bis jetzt je vorgestellt werden konnten. Der Plan, auf den sich nun die ganze Aufmerksamkeit, das Streben und die Hilfsquellen der gesamten Gemeinde der amerikanischen Gläubigen konzentrieren, sollte nur als ein Anfang betrachtet werden, als ein Prüfstein der Stärke, als eine Aufstellung zu einem Kreuzzug noch größeren Umfangs, wenn die Pflichten und die Verantwortung, mit denen der Verfasser des Göttlichen Planes sie bekleidet hat, ehrenvoll und vollkommen erfüllt werden sollen.
Denn die Erfüllung des jetzigen Planes kann nur zur Bildung von mindestens einem Zentrum in jeder der Republiken der westlichen Hemisphäre führen, während die in jenen Tablets niedergelegten Pflichten eine größere Verbreitung fordern und die Verteilung einer weit größeren und ansehnlicheren Anzahl von Mitgliedern der nordamerikanischen Bahá’í-Gemeinde über das gesamte Gebiet der Neuen Welt verlangen. Es ist daher der unzweifelhafte Auftrag der amerikanischen Gläubigen, die in den Abschlussjahren des ersten Jahrhunderts begonnene glorreiche Arbeit in das zweite weiterzutragen. Erst wenn sie ihren Anteil beigetragen und diese vereinzelten und eben erst flügge gewordenen Zentren zu eigener Tätigkeit angeleitet und ihre Leistungsfähigkeit gemehrt haben, damit diese ihrerseits Einrichtungen örtlicher und nationaler Art nach ihrem Vorbild aufbauen, können sie die Genugtuung haben, ihren unmittelbaren Verpflichtungen unter ‘Abdu’l-Bahás göttlich geoffenbartem Plan angemessen entsprochen zu haben.
Ebenso wenig sollte man auch nur für einen Augenblick annehmen, dass die Erfüllung einer Aufgabe, die auf die Vermehrung der Bahá’í-Zentren und die Bereitstellung der für die Errichtung der Verwaltungsordnung des Bahá’í-Glaubens in den lateinamerikanischen Ländern notwendigen Unterstützung und Führung ausgerichtet ist, den von ‘Abdu’l-Bahá für sie vorgesehenen Plan bereits in seiner Gesamtheit verwirklicht. Selbst ein flüchtiges Durchlesen jener Seinen Plan enthaltenden Tablets wird sofort den Wirkungskreis ihres Einsatzes enthüllen, der sich weit über die Grenzen der westlichen Hemisphäre hinaus erstreckt. Nachdem ihre inneramerikanischen Aufgaben und Verpflichtungen so gut wie erfüllt sind, tritt ihr interkontinentaler Auftrag in seinen glorreichsten und entscheidendsten Abschnitt ein. »In dem Augenblick«, so schrieb ‘Abdu’l-Bahá, »da diese Göttliche Botschaft durch die amerikanischen Gläubigen über die Küsten Amerikas hinausgetragen und durch die Kontinente Europas, Asiens, Afrikas und Australasiens bis hin zu den Inseln des Pazifik verbreitet ist, wird sich diese Gemeinde fest gegründet auf dem Thron einer immerwährenden Herrschaft finden.«Q3
Und wer kann indessen wissen, dass, wenn diese ungeheure Aufgabe erfüllt ist, nicht ein noch herrlicherer Auftrag, unvergleichlich in seinem Glanze und von Bahá’u’lláh für sie vorherbestimmt, ihnen überantwortet wird. Der Ruhm eines solchen Auftrages ist von so blendendem Glanz, die ihn begleitenden Umstände noch so weit entfernt und die gegenwärtigen Ereignisse, mit deren Höhepunkt er so eng verbunden ist, noch so im Fluss, dass es jetzt noch verfrüht wäre, eine genaue Schilderung seiner Wesenszüge zu versuchen. Es genügt zu sagen, dass aus dem Aufruhr und der Trübsal dieser »letzten Zeit«A1 ungeahnte Möglichkeiten geboren und unvorhersagbare Umstände geschaffen werden, welche die siegreichen Vollzieher des Planes von ‘Abdu’l-Bahá befähigen, nein zwingen werden, durch die Rolle, die sie in der Entfaltung der Neuen Weltordnung spielen werden, frische Lorbeeren der Krone ihres Dienstes an der Schwelle Bahá’u’lláhs anzuheften.
Zukunftsmöglichkeiten
Keine der vielfältigen Gelegenheiten jedweder Art, welche die Entwicklung des Glaubens hervorbringen muss, darf unbeachtet vorübergehen, sei es in seinem Weltzentrum, sei es auf dem nordamerikanischen Kontinent oder auch selbst in den entlegensten Gebieten der Erde, ohne dass die amerikanischen Gläubigen aufgerufen wären, eine Rolle zu spielen, die nicht weniger hervorragend ist als der Anteil, den sie früher in ihren gemeinsamen Bemühungen für die Verbreitung der Sache Bahá’u’lláhs genommen haben.

Ich kann, jetzt nur aufs Geratewohl einige bestimmte dieser besonders ins Auge fallenden Gelegenheiten anführen bei dem Versuch, über die Möglichkeiten der Zukunft einen Überblick zu geben:

Die Wahl des Internationalen Hauses der Gerechtigkeit und dessen Errichtung im Heiligen Land, dem geistigen und administrativen Mittelpunkt der Bahá’í-Welt, sowie die Bildung seiner Hilfsorgane und untergeordneten Einrichtungen; die stufenweise Errichtung der verschiedenen Nebengebäude des ersten Mashriqu’l-Adhkár des Westens und die schwierigen Probleme, die die Errichtung und der Ausbau der strukturellen Grundlagen des Bahá’í-Gemeindelebens mit sich bringen; die Kodifikation und Bekanntmachung der Verordnungen des Heiligsten Buches, die in gewissen Ländern des Ostens die Bildung ordentlich zusammengesetzter und offiziell anerkannter Bahá’í-Gerichtshöfe bedingen; der Bau des dritten Mashriqu’l-Adhkár der Bahá’í-Welt am Rande der Stadt Teheran, dem die Errichtung eines ebensolchen Hauses der Andacht im Heiligen Land selbst folgen soll; die Befreiung der Bahá’í-Gemeinden von den Fesseln religiöser Orthodoxie in- den islamischen Ländern, wie Persien, Irak und Ägypten, und die anschließende Anerkennung der unabhängigen-Stellung und des religiösen Charakters der Nationalen und örtlichen Räte der Bahá’í durch die Staatsbehörden jener Länder; die vorsorglichen Schutzmaßnahmen, die zu ersinnen, abzustimmen und einzusetzen sind, um der vollen Kraft der unausweichlichen Angriffe entgegenzuwirken, welche die organisierten Bemühungen kirchlicher Institutionen verschiedener Glaubensrichtungen mehr und mehr einleiten und unerbittlich durchführen werden; und nicht zuletzt die .vielfältigen Probleme, denen wir uns stellen, die Hindernisse, die überwunden und die Verantwortungen, die übernommen werden müssen-,• um einen hart geprüften Glauben zu befähigen, .durch die aufeinanderfolgenden Stadien strengster Verborgenheit, aktiver Unterdrückung und völliger Mündigkeit hindurchzugehen.

Dies wird wiederum dazu führen, dass er als unabhängige Religion anerkannt werden und völlige Gleichberechtigung mit seinen Schwesterreligionen genießen wird.

Seine Bestätigung und Anerkennung als Staatsreligion muss folgen, welche ihrerseits den Weg frei macht für die Übernahme der mit dem Bahá’í-Staat verbundenen Rechte und Hoheitsrechte, welcher in eigener Machtvollkommenheit handelt, eine Stufe, die zuletzt ihren Höhepunkt in der Entstehung des weltweiten Bahá’í-Commonwealth findet, das völlig beseelt vom Geist und ausschließlich in unmittelbarer Übereinstimmung mit den Gesetzen und Prinzipien Bahá’u’lláhs wirkt.
Die durch diese Gelegenheiten gebotene Herausforderung werden die amerikanischen Gläubigen, dessen bin ich sicher, zusätzlich zu ihrer Befolgung des von ‘Abdu’l-Bahá in Seinen Tablets ausgedrückten Lehraufrufes, ohne Zögern aufgreifen, und sie werden ihr mit der ihnen eigenen Furchtlosigkeit, Beharrlichkeit und Leistungsfähigkeit so entsprechen, dass sie vor aller Welt ihren Ruf und Rang als Baumeister der mächtigsten Einrichtungen des Glaubens Bahá’u’lláhs bestätigen.
Sein unfehlbares Licht
Innig geliebte Freunde!

Obwohl die Aufgabe langwierig und schwer ist, so ist doch der Preis, den der allgütige Geber Ihnen zu gewähren gewählt hat, von solcher Kostbarkeit, dass weder Zunge noch Feder ihn angemessen einschätzen können.

Wiewohl das Ziel, dem Sie nun so unentwegt zustreben, in weiter Ferne liegt und dem menschlichen Auge noch verhüllt ist, so ruht doch dessen Verheißung in den gebieterischen und unabänderlichen Äußerungen Bahá’u’lláhs fest beschlossen.

Obgleich die Bahn, die Er Ihnen vorgezeichnet hat, zeitweilig in den drohenden Schatten, in die eine heimgesuchte Menschheit nun eingehüllt ist, verloren zu sein scheint, so ist doch das unfehlbare Licht, das Er beständig auf Sie scheinen lässt, von solcher Helligkeit, dass keine irdische Finsternis seinen Glanz je verdunkeln kann.

Ist Ihre Zahl auch gering, sind Ihre Erfahrung, Kräfte und Hilfsquellen noch beschränkt, so ist doch die Macht, die Ihrem Auftrag Nachdruck verleiht, grenzenlos in ihrem Ausmaß und unberechenbar in ihrer Wirksamkeit.

Obwohl die Feinde, die jede Beschleunigung im Fortschritt Ihrer Sendung auf den Plan rufen muss, grimmig, zahlreich und unerbittlich sind, so werden doch die unsichtbaren Heerscharen, wie verheißen, zu Ihrer Hilfe herbeieilen, wenn Sie durchhalten; sie werden Sie letzten Endes befähigen, die Hoffnungen der Feinde eitel und ihre Kräfte zunichtewerden zu lassen.

Der Segen, der die Vollendung Ihres Auftrags krönen soll, wird zweifellos nicht ausbleiben, und die Ihnen gegebenen göttlichen Verheißungen sind fest und unwiderruflich; dennoch muss das Maß des reichlichen Lohnes, den jeder von Ihnen ernten mag, von dem Grad abhängen, in dem Ihre täglichen Bemühungen zur Verbreitung dieser Sendung und der Beschleunigung ihres Triumphes beigetragen haben.
Geliebte Freunde! Groß ist meine Liebe und Bewunderung für Sie, da ich von dem überragenden Anteil überzeugt bin, den Sie zweifellos sowohl im kontinentalen wie auch im internationalen Bereich der zukünftigen Bahá’í-Arbeit und des Bahá’í-Dienstes haben werden; doch fühle ich mich, zu diesem kritischen Zeitpunkt, verpflichtet, ein Wort der Warnung auszusprechen. Die glühenden Achtungsbeweise, die der Fähigkeit, dem Geist, dem Verhalten und der hohen Stufe der amerikanischen Gläubigen so wiederholt und verdient gezollt wurden, und zwar sowohl dem einzelnen wie auch der gesamten Gemeinde, dürfen unter keinen Umständen mit den Eigentümlichkeiten und der Natur der Menschen, unter denen Gott sie erhöht hat, verwechselt werden. Ein scharfer Unterschied muss zwischen jener Gemeinde und. jenen Menschen getroffen und entschlossen und furchtlos aufrechterhalten werden, wenn wir der verwandelnden Kraft des Glaubens Bahá’u’lláhs in ihrem Einfluss auf das Leben und die Haltung derer, die sich unter sein Banner einzureihen entschlossen haben, gebührende Anerkennung zukommen lassen wollen. Andernfalls wird der höchste und charakteristische Zweck Seiner Offenbarung, nämlich ein neues Menschengeschlecht ins Leben zu rufen, gänzlich unerkannt und völlig verborgen bleiben.
Die höchste Aufgabe Seiner Offenbarung
Wie oft erschienen die Offenbarer Gottes, Bahá’u’lláh nicht ausgenommen, und brachten Ihre Botschaft in Länder und unter Völker und Rassen gerade dann, wenn diese sich entweder rasch im Niedergang befanden oder bereits den tiefsten Stand moralischer und geistiger Verderbtheit erreicht hatten.

Die erschreckende Not und das Elend, denen die Israeliten anheimgefallen waren unter der entwürdigenden und tyrannischen Regierung der Pharaonen in den Tagen vor ihrem Auszug aus Ägypten unter der Führung von Moses; der Niedergang, der im religiösen, geistigen, kulturellen und moralischen Leben des jüdischen Volkes zur Zeit des Auftretens von Jesus Christus eingesetzt hatte; die barbarische Grausamkeit, der rohe Götzendienst und die Unmoral, welche so lange die traurigsten Wesenszüge der arabischen Stämme gewesen waren und ihnen solche Schande brachten, als sich Muhammad erhob, um Seine Botschaft in ihrer Mitte zu verkünden; der unbeschreibliche Verfall mit der ihn begleitenden Bestechlichkeit, Verwirrung, Unduldsamkeit und Unterdrückung nicht nur im zivilen, sondern auch im religiösen Leben Persiens, der durch die Feder einer beträchtlichen Anzahl von Gelehrten, Diplomaten und Reisenden zur Stunde der Offenbarung Bahá’u’lláhs so anschaulich dargestellt wurde – all dies beweist diese grundlegende und unleugbare Tatsache.

Wenn man behauptete, dass die irgendeiner Rasse oder Nation innewohnende Würde, ihr moralischer Hochstand, ihre politische Fähigkeit und ihre sozialen Errungenschaften der Grund für das Erscheinen irgendeines dieser Göttlichen Gestirne in ihrer Mitte wäre, würde dies eine völlige Verkehrung der geschichtlichen Tatsachen darstellen und die gänzliche Verwerfung der ihnen von Bahá’u’lláh und ‘Abdu’l-Bahá so klar und ausdrücklich gegebenen und unantastbaren Auslegung bedeuten.
Wie groß muss darum die Herausforderung für diejenigen sein, die solchen Rassen und Nationen angehören, die dem Ruf dieser Offenbarer folgten, damit sie die unzweifelhafte Wahrheit ohne Vorbehalt anerkennen und mutig bezeugen, dass der Offenbarer Gottes nicht etwa auf Grund irgendeiner rassischen Überlegenheit, politischen Fähigkeit oder geistigen Tugend einer bestimmten Rasse oder Nation, sondern vielmehr als direkte Auswirkung ihrer schreienden Nöte, ihres beklagenswerten Verfalls und ihrer unheilbaren Verderbtheit in ihrer Mitte zu erscheinen beliebt hat, und dadurch wie mit einem Hebel die gesamte Menschheit auf eine höhere und edlere Ebene des Lebens und Verhaltens emporgehoben hat. Unter eben diesen Umständen und auf eben diese Art wollten und konnten die Offenbarer seit undenkbaren Zeiten ihre erlösende Kraft beweisen, um das Volk ihrer eigenen Rasse und Nation aus den Tiefen der Erniedrigung und des Elends aufzurichten, und es zu befähigen, seinerseits anderen Rassen und Nationen die erlösende Gnade und den kraftspenden- den Einflusskraftspendenden Einfluss ihrer Offenbarung zu übermitteln.
Im Lichte dieses grundlegenden Prinzips sollte man sich stets daran erinnern, und dies kann nicht genug betont werden, dass der oberste Grund, warum der Báb und Bahá’u’lláh beliebten, in Persien aufzutreten und es zum ersten Verwahrungsort ihrer Offenbarung zu machen, der war, dass von allen Völkern und Nationen der zivilisierten Welt jene Rasse und Nation, wie so oft von ‘Abdu’l-Bahá beschrieben in solch schmähliche Tiefen abgesunken war und solch eine große Verderbtheit zeigte, dass es dafür keine Parallele unter ihren Zeitgenossen gibt.

Denn kein überzeugenderer Beweis könnte erbracht werden für den wiederbelebenden Geist der vom Báb und von Bahá’u’lláh verkündeten Offenbarungen, als ihr Vermögen, eines der wohl rückständigsten, feigsten und entartetsten Völker in ein Geschlecht von Helden zu verwandeln, das geeignet ist, seinerseits eine ähnliche Umwälzung im Leben der Menschheit zu bewirken.

In, in einem Volk aufgetreten zu sein, das dieses unschätzbare Vorrecht, als Nährboden für eine solche Offenbarung erwählt zu werden, durch seinen inneren Wert und seine hohen Errungenschaften scheinbar rechtfertigte, würde in den Augen einer ungläubigen Welt die Wirksamkeit jener Botschaft stark herabsetzen und das Selbstgenügen ihrer allmächtigen Kraft schmälern.

Der Gegensatz, der auf den Seiten von Nabíls Erzählung so schlagend aufgezeigt wird zwischen dem Heldentum, das das Leben und die Taten der Vorläufer unsterblich macht, und der Verkommenheit und Feigheit ihrer Verleumder und Verfolger, ist in sich selbst ein höchst eindrucksvolles Zeugnis für die Wahrheit der Botschaft von Ihm, der einen solchen Geist den Herzen Seiner Anhänger eingab.

Die Behauptung irgendeines Gläubigen jenes Volkes, dass die Vortrefflichkeit seines Landes und die seinen Bewohnern angeborene Würde die wesentliche Ursache für seine Erwählung als erster Verwahrungsort der Offenbarungen des Bab und Bahá’u’lláhs gewesen sei, wäre angesichts der durch jenen Bericht so überzeugend vorgebrachten Tatsachen unhaltbar.
In einem geringeren Maße muss dieses Prinzip notwendigerweise auf das Land zutreffen, das sein Recht beansprucht, als die Wiege der Weltordnung Bahá’u’lláhs angesehen zu werden.

Eine so große Aufgabe und eine so edle Rolle kann als nicht geringer angesehen werden als jener Teil, welcher von jenen unsterblichen Seelen beigetragen wurde, die durch ihre erhabene Entsagung und unvergleichlichen Taten für die Geburt des Glaubens selbst verantwortlich waren.

Lasst deshalb nicht jene, die so überwiegend an der Geburt jener Weltzivilisation, die die unmittelbare Frucht ihres Glaubens ist, teilhaben sollen, auch nur für einen Augenblick sich einbilden, dass aus irgendeiner geheimnisvollen Absicht heraus oder wegen irgendeiner angeborenen Vortrefflichkeit oder einem besonderen Verdienst Bahá’u’lláh beliebt hat, ihrem Land und seinen Bewohnern eine so große und immerwährende Auszeichnung zu verleihen.

Es ist gerade wegen dieser offenkundigen Übel, die, ungeachtet seiner zugegebenermaßen edlen Charakterzüge und Leistungen, ein übertriebener und verhärteter Materialismus unglücklicherweise in ihm hervorgebracht hat, dass der Begründer ihres Glaubens und der Mittelpunkt Seines Bündnisses es erwählt haben, der Bannerträger der in ihren Schriften vorhergesehenen Weltordnung zu werden.

Durch solche Mittel wie dieses kann Bahá’u’lláh einer achtlosen Generation Seine allmächtige Kraft am besten dartun, aus der Mitte eines Volkes, das in ein Meer des Materialismus getaucht ist, das zur Beute einer der bösartigsten und seit langer Zeit bestehenden Formen des Rassenvorurteils wurde und das berüchtigt ist für seine politische Korruption, Gesetzlosigkeit und Lauheit seiner moralischen Maßstäbe, aus einem solchen Volk Männer und Frauen zu erheben, die im Lauf der Zeit in zunehmendem Maße als Beispiel dienen für jene wichtigen Tugenden der Selbstentsagung, der moralischen Redlichkeit, der Keuschheit, der keine Unterschiede machenden Verbundenheit, des heiligen Gehorsams und der geistigen Einsicht, die sie für den hervorragenden Anteil tauglich machen, den sie bei der Schaffung jener Weltordnung und jener Weltzivilisation haben werden, die sowohl ihr Land als auch die gesamte Menschenrasse verzweifelt benötigen.

Sie haben die Pflicht und das Vorrecht, in ihrer Eigenschaft einmal als Begründer eines der mächtigsten Pfeiler, die das Universale Haus der Gerechtigkeit tragen, und zum anderen als meisterhafte Erbauer jener Neuen Weltordnung, deren Kern und Vorläufer jenes Haus sein soll, die so bitter benötigten Zwillingsprinzipien göttlicher Gerechtigkeit und Ordnung einzuschärfen, darzutun und anzuwenden – Prinzipien, denen gegenüber die politische Korruption und moralische Zügellosigkeit, welche die Gesellschaft, der sie angehören, mehr und mehr beflecken, einen traurigen und beredten Gegensatz bilden.
Mögen diese Beobachtungen auch noch so unangenehm und niederdrückend sein, so sollten sie uns doch keinesfalls blind machen gegenüber jenen Tugenden und Eigenschaften hoher Intelligenz, Jugendlichkeit, unbegrenzter Initiative und Unternehmungslust, die die Nation in ihrer Gesamtheit so sichtbar entfaltet und die von der dort bestehenden Gemeinde der Gläubigen immer mehr widergespiegelt werden. Von diesen Tugenden und Eigenschaften und von der Ausmerzung der erwähnten Übel muss zu einem sehr großen Ausmaß die Fähigkeit jener Gemeinde abhängen, eine feste Grundlage für die zukünftige Rolle des Landes bei der Einleitung des Goldenen Zeitalters der Sache Bahá’u’lláhs zu legen.
Welch überwältigende Verantwortung
Wie groß, wie überwältigend ist deshalb die Verantwortung, die der heutigen Generation der amerikanischen Gläubigen auf dieser frühen Stufe ihrer geistigen und administrativen Entwicklung aufgebürdet werden muss, durch jedes in ihrer Macht liegende Mittel jene Fehler, Gewohnheiten und Neigungen auszurotten, die sie von ihrer eigenen Nation geerbt haben, und diese unterscheidenden Eigenschaften und Merkmale geduldig und im Geiste des Gebets zu entwickeln, die so unerlässlich für ihre wirksame Teilnahme an dem großen Erlösungswerk ihres Glaubens sind.

Da sie wegen der beschränkten Größe ihrer Gemeinde und wegen des geringen Einflusses, den sie ausüben kann, noch unfähig sind, in merklichem Umfang auf die große Masse ihrer Landsleute einzuwirken, so mögen sie ihre Aufmerksamkeit gegenwärtig auf sich selbst, auf ihre eigenen Bedürfnisse, ihre persönlichen Unzulänglichkeiten und Schwächen richten, immer in dem Bewusstsein, dass jede Verstärkung ihrer Bemühungen sie besser für die Zeit ausstatten wird, wenn sie aufgerufen werden, ihrerseits solch üble Neigungen aus dem Leben und dem Herzen der Gesamtheit ihrer Mitbürger auszumerzen.

Auch dürfen sie die Tatsache nicht übersehen, dass die Weltordnung, deren Grundlagen zu schaffen sie sich nun als Vorhut einer zukünftigen Bahá’í-Generation ihrer Landsleute anstrengen, niemals errichtet werden kann, bevor nicht die Allgemeinheit des Volkes, dem sie angehören, von den verschiedenen Leiden sozialer oder politischer Art, von denen sie so schwer befallen ist, geheilt wurde.
Wenn ich die drängendsten Nöte dieser Gemeinde im Ganzen überblicke und versuche, die ernsteren Mängel abzuschätzen, durch die sie an der Erfüllung ihrer Aufgabe gehindert wird, wobei ich die Natur der weit größeren Aufgabe, mit der sich auseinanderzusetzen sie in Zukunft gezwungen sein wird, immer vor Augen habe, dann empfinde ich es als meine Pflicht, besonderen Nachdruck darauf zu legen und die ausdrückliche Achtsamkeit der Gesamtheit der amerikanischen Gläubigen, seien sie alt oder jung, weiß oder farbig, in der Lehrarbeit oder der Administration Tätige, Altgediente oder Neulinge dringend auf das zu lenken, was, wie ich fest glaube, die wesentlichen Erfordernisse für den Erfolg der Aufgaben sind, die nun ihre ungeteilte Aufmerksamkeit verlangen.

So groß auch die Wichtigkeit der Gestaltung der äußeren Werkzeuge und der Vervollkommnung der administrativen Tätigkeit ist, die sie für die Durchführung ihrer zweifachen Aufgabe unter dem Siebenjahresplan nutzbar machen können; so lebenswichtig und dringend die von ihnen eingeleiteten Feldzüge, die entworfenen Pläne und Vorhaben und die gesammelten Fonds sind für die wirkungsvolle Durchführung sowohl der Lehrarbeit als auch der Arbeit am Tempel, so sind doch die unwägbaren, geistigen Faktoren, die mit ihrem eigenen individuellen und inneren Leben verbunden und mit denen wiederum ihre menschlichen und sozialen Beziehungen verknüpft sind, nicht weniger dringend und lebenswichtig und verlangen ständige Überprüfung und dauernde Selbstkontrolle und Herzenserforschung ihrerseits, damit ihr Wert nicht vermindert oder ihre lebenswichtige Notwendigkeit verdunkelt oder vergessen wird.
Geistige Voraussetzungen
Unter diesen geistigen Voraussetzungen des Erfolges, welche die Grundlage bilden, auf der die Garantie für alle Lehrpläne, Tempelvorhaben und finanziellen Systeme letzten Endes beruhen muss, ragen die folgenden als vordringlich und lebenswichtig hervor, und die Mitglieder der amerikanischen Bahá’í-Gemeinde sollten besonders über diese nachdenken. Von dem Umfang, in dem diesen grundlegenden Erfordernissen entsprochen wird, und der Art, in der die amerikanischen Gläubigen sie in ihrem persönlichen Leben, ihrer administrativen Tätigkeit und ihren sozialen Beziehungen erfüllen, muss das Maß der vielfältigen Segensgaben abhängen, die der Allesbesitzende ihnen allen gewähren kann. Diese Erfordernisse sind keine anderen als eine hohe Auffassung moralischer Rechtschaffenheit in ihrer sozialen und administrativen Tätigkeit, unbedingte Keuschheit im Leben jedes einzelnen und völlige Freiheit von Vorurteilen in ihrem Umgang mit Menschen verschiedener Rasse, Klasse, Glaubensrichtung oder Farbe.
Die erste Voraussetzung bezieht sich besonders, wenn auch nicht ausschließlich, auf ihre gewählten Vertreter, ob örtlich, regional oder national, die in ihrer Eigenschaft als Treuhänder und Mitglieder der entstehenden Einrichtungen des Glaubens Bahá’u’lláhs die Hauptverantwortung auf sich nehmen, eine unangreifbare Grundlage für das Universale Haus der Gerechtigkeit zu legen, das, wie seine Bezeichnung besagt, der Repräsentant und Hüter jener Göttlichen Gerechtigkeit sein wird, welche allein die Sicherheit verbürgen und die Herrschaft von Gesetz und Ordnung in einer tief zerrütteten Welt aufrichten kann. Die zweite Voraussetzung betrifft hauptsächlich und unmittelbar die Bahá’í-Jugend, die so entscheidend zur Stärke, Reinheit und Triebkraft im Leben der Bahá’í-Gemeinde beitragen kann und von der einmal die zukünftige Richtung ihres Schicksals und zum anderen die vollständige Entfaltung der ihr von Gott verliehenen Wirkungsmöglichkeiten abhängt. Die dritte Voraussetzung sollte das sofortige, allumfassende und oberste Anliegen aller Mitglieder der Bahá’í-Gemeinde sein, gleich welchen Alters, welcher Stellung, Erfahrung, Klasse oder Farbe sie auch seien, da alle ohne Ausnahme ihrem herausforderndem Anspruch gegenübertreten müssen, und niemand, und sei er in dieser Beziehung auch noch so fortgeschritten, für sich beanspruchen kann, den tief eingeprägten und strengen Verpflichtungen völlig nachgekommen zu sein.
Rechtschaffenes Verhalten, ein dauernde Einflussdauerndes Gefühl für unbeirrbare Gerechtigkeit, unverdunkelt durch den entsittlichenden Einfluss, den ein von der Korruption erfasstes politisches Leben deutlich zeigt; ein keusches, reines und heiliges Leben, unbefleckt und unbeeinflusst von der Unanständigkeit, den Lastern und falschen Maßstäben, welche ein zuinnerst mangelhafter Moralbegriff duldet, verewigt und pflegt; eine Bruderschaft, befreit von der Krebsgeschwulst rassischen Vorurteils, das sich in den Lebenskern einer bereits geschwächten Gesellschaft hineinfrisst, – das sind die Ideale, die die amerikanischen Gläubigen von nun an einzeln und in gemeinsamem Vorgehen in ihrem privaten und öffentlichen Leben zu verwirklichen trachten müssen, Ideale, die die Hauptantriebskräfte sind, welche den Vormarsch ihrer Einrichtungen, Pläne und Unternehmungen höchst wirksam beschleunigen können, welche die Ehre und Unbescholtenheit ihres Glaubens schützen und alle Hindernisse, die ihnen in Zukunft gegenüberstehen mögen, überwinden können.
Diese Redlichkeit des Verhaltens mit der damit verbundenen Gerechtigkeit, Rechtlichkeit, Ehrlichkeit, Wahrhaftigkeit, Aufrichtigkeit, Zuverlässigkeit und Vertrauenswürdigkeit muss jede Phase im Leben der Bahá’í-Gemeinde auszeichnen.

»Die Gefährten Gottes«, so hat Bahá’u’lláh selbst erklärt, »sind an diesem Tag der Sauerteig, der die Völker der Welt voll durchdringen muss.

Sie müssen solche Vertrauenswürdigkeit, Wahrhaftigkeit und Ausdauer, solche Taten und einen solchen Charakter zeigen, dass die ganze Menschheit aus ihrem Beispiel Nutzen ziehen kann.« »Ich schwöre bei Ihm, der der Größte Ozean ist!« bestätigt Er wiederum, »Selbst im Atem solch reiner und geheiligter Seelen liegen weitreichende Kräfte verborgen.

So groß sind diese.

Kräfte, dass sie ihren Einfluss auf alles Erschaffene ausüben.« An anderer Stelle schrieb Er:

»Der ist der wahre Diener Gottes, der an diesem Tage, und sollte er durch Städte aus Silber und Gold hindurchwandeln, sich nicht herbeilassen würde, einen Blick auf sie zu werfen, und dessen Herz rein und unbefleckt bleiben würde von allen Dingen, die diese Welt bieten kann, seien es ihre Güter oder ihre Schätze.

Ich schwöre bei der Sonne der Wahrheit!

Der Atem eines solchen Menschen ist mit Macht ausgestattet und seine Worte mit Anziehungskraft.« »Bei Ihm, der über dem Tagesanbruch der Heiligkeit leuchtet!« so offenbarte Er noch eindringlicher:

»Wenn die ganze Erde in Silber und Gold verwandelt wäre, so würde dennoch kein Mensch, von dem man sagen kann, dass er wirklich in den Himmel des Glaubens und der Gewissheit aufstieg, sich herablassen, diese zu betrachten oder sie gar zu ergreifen und zu behalten … Jene, die im Zelte Gottes wohnen und auf den Sitzen ewiger Herrlichkeit ruhen, werden sich weigern, und sollten sie deshalb Hungers sterben, ihre Hand auszustrecken, um unrechtmäßig nach dem Besitz ihres Nächsten zu greifen, wie nichtswürdig und wertlos dieser auch sei.

Die Absicht der Offenbarung des einen wahren Gottes ist, die ganze Menschheit zu Wahrhaftigkeit und Aufrichtigkeit, zu Frömmigkeit und Vertrauenswürdigkeit, zu Entsagung und Ergebenheit in den Willen Gottes, zu Langmut und Freundlichkeit, zu Rechtschaffenheit und Weisheit zu rufen.

Sein Ziel ist, jeden Menschen mit dem Mantel eines geheiligten Charakters zu bekleiden und ihn mit dem Schmucke heiliger und guter Taten zu zieren.«Q4 »Wir haben alle Geliebten Gottes ermahnt«, betont Er, »sich zu hüten, den Saum Unseres heiligen Gewandes mit dem Schmutz gesetzwidriger Taten zu beschmieren und mit dem Staub tadelnswerten Benehmens zu beflecken.«Q5 »Halte dich an die Rechtschaffenheit, o Volk Bahás!« so ermahnt Er sie.

»Dies ist wahrhaftig das Gebot, welches dieser zu Unrecht Leidende euch gegeben hat, und das erste, was Er aus Seinem unbegrenzten Willen für jeden von euch zu verordnen beliebte.«Q6 »Ein guter Charakter«, erklärt Er, »ist wahrhaftig der beste Schutzmantel Gottes für die Menschen.

Mit ihm schmückt Er die Tempel Seiner Geliebten.

Bei Meinem Leben!

Das Licht eines guten Charakters übertrifft das Licht der Sonne und ihr Leuchten.«Q7 »Eine einzige gerechte Tat«, schrieb Er weiter, »ist mit einer Kraft ausgestattet, die den Staub so emporheben kann, dass er veranlasst wird, sich über den Himmel der Himmel hinaus zu erheben.

Sie kann jede Fessel lösen und hat die Macht, jede Kraft, die sich verbrauchte und dahinschwand, wiederherzustellen … Sei rein, o Volk Gottes, sei rein; sei gerecht, sei gerecht … Sprich:

O Volk Gottes!

Was den Sieg der ewigen Wahrheit verbürgen kann – Seine Heerscharen und Helfer auf Erden –, wurde in den Heiligen Büchern und Schriften niedergelegt und ist so klar und offenkundig wie die Sonne.

Diese Heerscharen sind solche gerechten Taten, ein solches Betragen und ein solcher Charakter, wie sie in Seinen Augen annehmbar sind.

Wer sich an diesem Tag erhebt, um Unserer Sache beizustehen, und die Heerscharen eines rühmenswerten Charakters und eines aufrechten Betragens zu seiner Hilfe herbeiruft, dessen daraus entspringender Einfluss wird sich bestimmt über die ganze Welt verbreiten.«Q8 »Die Besserung der Welt«, ist noch eine andere Feststellung, »kann durch reine und gute Taten, durch lobenswertes und geziemendes Verhalten erreicht werden.« »Seid ehrlich euch und anderen gegenüber«, rät Er ihnen weiter, »damit die Zeugnisse der Gerechtigkeit durch eure Taten unter Unseren treuen Dienern offenbar werden mögen.«Q9 »Gerechtigkeit«, hat Er ebenfalls geschrieben, »ist die grundlegendste unter den menschlichen Tugenden.

Die Bewertung aller Dinge muss zwangsläufig davon abhängen.«Q10 Und wieder:

»Ihr Menschen mit verstehendem Herzen!

Seid gerecht in eurem Urteil!

Wer ungerecht urteilt, entbehrt der Merkmale, die die Stufe eines Menschen auszeichnen.«Q11 »Verschönt eure Zungen, o Menschen«, ermahnt Er sie weiter, »mit Wahrhaftigkeit und schmückt eure Seelen mit der Zierde der Ehrlichkeit.

Hütet euch, o Menschen, dass ihr mit niemandem treulos umgeht.

Seid die Treuhänder Gottes unter Seinen Geschöpfen und die Wahrzeichen Seiner Freigebigkeit unter Seinem Volk!«Q12 »Lasst eure Augen keusch sein«, ist wieder ein anderer Rat, »eure Hände ehrlich, eure Zunge aufrichtig und euer Herz erleuchtet.«Q13 »Sei eine Zier für das Angesicht der Wahrheit«, ist eine weitere Ermahnung, »eine Krone für die Stirn der Treue, eine Säule des Tempels der Ehrlichkeit, ein Atem des Lebens für den Körper der Menschheit, ein Banner der Heerscharen der Gerechtigkeit, eine Leuchte am Horizont der Tugend.«Q14 »Lasse Wahrhaftigkeit und Höflichkeit deine Zier sein«, ist noch eine Ermahnung, »lasse es nicht zu, dass du dich selbst des Kleides, der Langmut und Gerechtigkeit beraubst, damit die süßen Düfte der Heiligkeit aus deinem Herzen über alles Erschaffene strömen.

Sprich:

Sei achtsam, o Volk Bahas, dass du nicht auf den Wegen jener wandelst, deren Worte sich von ihren Taten unterscheiden.

Strebe, damit du befähigt wirst, den Völkern der Erde die Zeichen Gottes zu enthüllen und Seine Gebote widerzuspiegeln.

Lasse deine Taten Führer für die ganze Menschheit sein, denn bei den meisten Menschen, ob hoch oder niedrig, stimmt ihr Bekenntnis nicht mit ihrem Verhalten überein.

Aber durch, eure Taten könnt ihr euch von den anderen unterscheiden.

Durch sie kann der Glanz eures Lichtes über die ganze Erde verbreitet werden.

Glücklich ist der Mensch, der Meinen Rat beachtet und sich an die Gebote hält, die Er, der Allwissende, der Allweise, gegeben hat.«Q15
»O Heer Gottes!« schreibt ‘Abdu’l-Bahá.

»Durch den Schutz und die Hilfe, die dir die Gesegnete Schönheit gewährt – möge mein Leben ein Opfer für Seine Geliebten sein –, sollst du dich so verhalten, dass du vorzüglich und strahlend wie die Sonne unter den Menschenseelen hervorragst.

Wenn einer von euch in eine Stadt kommt, so sollte er durch seine Aufrichtigkeit, seine Lauterkeit und Liebe, seine Ehrlichkeit und Treue, seine Wahrhaftigkeit und Güte gegenüber allen Menschen zu einem Brennpunkt der Anziehungskraft werden, so dass die Bewohner dieser Stadt ausrufen und sagen: ›Dieser Mensch ist ohne Zweifel ein Bahá’í, denn sein Wesen, seine Haltung, sein Betragen, seine Sitten, seine Art und seine Entscheidungen spiegeln die Eigenschaften der Bahá’í wider.‹ Bevor ihr diese Stufe nicht erreicht habt, kann von euch nicht gesagt werden, dass ihr dem Bündnis und Testament Gottes gegenüber treu wart.« »Die wichtigste Pflicht an diesem Tag«, so schrieb Er weiter, »ist, euren Charakter zu läutern, eure Sitten zu verbessern und euer Verhalten zu vervollkommnen.

Die Geliebten des Gnadenvollen müssen einen solchen Charakter und ein solches Benehmen unter Seinen Geschöpfen aufweisen, dass der Duft ihrer Heiligkeit über die ganze Welt ausgegossen werde und die Toten beleben möge, weil die Absicht der Manifestation Gottes und des Aufdämmerns des grenzenlosen Lichtes des Unsichtbaren ist, die Seelen der Menschen zu erziehen und den Charakter jedes lebenden Menschen zu veredeln … «Q16 »Wahrhaftigkeit«, bestätigt Er, »ist die Grundlage aller menschlichen Tugenden.

Ohne Wahrhaftigkeit sind Fortschritt und Erfolg für jede Seele in allen Welten Gottes ausgeschlossen.

Wenn der Mensch diese heilige Eigenschaft erlangt hat, wird er auch alle anderen himmlischen Wesensarten gewinnen.«Q17
Ein so rechtschaffenes Verhalten muss sich mit immer wachsender Macht in jeder Entscheidung ausdrücken, die zu treffen die gewählten Vertreter der Bahá’í-Gemeinde berufen sind, in was für einer Stellung sie auch immer stehen mögen.

Es muss ständig zu Tage treten im beruflichen Tun all ihrer Mitglieder, in ihrem häuslichen Leben, in jeder Stellung und in jedem Dienst, den sie in Zukunft ihrer Regierung oder ihrem Volk erweisen mögen.

Es muss sich bezeugen im Verhalten der Bahá’í-Wähler bei der Ausübung ihrer geheiligten Rechte und Pflichten.

Es muss die Haltung jedes ergebenen Gläubigen kennzeichnen durch die Ablehnung politischer Stellungen, durch Fernhalten von politischen Parteien, durch Nichtteilnahme an politischen Auseinandersetzungen und Nichtmitgliedschaft in politischen Organisationen und kirchlichen Einrichtungen.

Es muss sich erweisen im kompromisslosen Festhalten aller, ob jung oder alt, an den von ‘Abdu’l-Bahá in Seinen Ansprachen niedergelegten, klar ausgedrückten und grundlegenden Prinzipien und an den von Bahá’u’lláh in Seinem Heiligsten Buch verkündeten Gesetzen und Verordnungen.

Es muss zu Tage treten in der Unparteilichkeit jedes Verteidigers des Glaubens gegen dessen Feinde, in der gerechten Anerkennung jedweden Verdienstes, der einem Gegner zukommen mag, und in der Anständigkeit, mit der er Verpflichtungen diesem gegenüber erfüllt.

Es muss die leuchtendste Zierde sein im Leben und Streben, in den Bemühungen und Äußerungen eines jeden Bahá’í-Lehrers, ob er in der Heimat oder in der Ferne tätig ist, ob er in der vordersten Linie der Lehrkräfte steht oder eine weniger maßgebende und verantwortungsvolle Stellung einnimmt.

Es muss das Gütezeichen sein für jene zahlenmäßig kleine, doch äußerst dynamische und höchst verantwortliche Körperschaft der gewählten nationalen Vertreter jeder Bahá’í-Gemeinde, welche in dieser den Stützpfeiler und das einzige Mittel für die Wahl jenes Universalen Hauses bildet, dessen Name und Titel, wie von Bahá’u’lláh verordnet, jene Rechtschaffenheit des Verhaltens versinnbildlicht, die zu bewahren und zur Geltung zu bringen seine oberste Aufgabe ist.
So groß und erhaben ist dieses Prinzip der Göttlichen Gerechtigkeit, ein Prinzip, das als die krönende Auszeichnung aller örtlichen und nationalen Räte in ihrer Eigenschaft als Vorläufer des Universalen Hauses der Gerechtigkeit betrachtet werden muss, dass Bahá’u’lláh selbst Seine persönlichen Neigungen und Wünsche der allbezwingenden Kraft seiner Forderungen und Ansprüche unterordnet.

»Gott ist Mein Zeuge!« so erklärt Er, »stünde es nicht im Widerspruch zum Gesetz Gottes, hätte Ich die Hand dessen, der sich als Mein Mörder ausgibt, geküsst und veranlasst, dass er Meine irdische Habe erbt.

Ich bin jedoch durch das bindende Gesetz, das im Buch niedergelegt ist, daran gehindert und aller weltlichen Besitztümer beraubt.«Q18 »Wisse wahrlich«, so bekräftigt Er bedeutungsvoll, »diese großen Heimsuchungen, die über die Welt gekommen sind, bereiten sie vor auf das Kommen der Größten Gerechtigkeit.« »Sprich«, so erklärt Er weiter, »Er ist mit jener Gerechtigkeit erschienen, mit der die Menschheit geschmückt wurde, und doch schlafen die meisten Menschen.« »Das Licht der Menschen ist Gerechtigkeit«, stellt Er außerdem fest, »löscht es nicht mit den widrigen Winden der Unterdrückung und Gewaltherrschaft.

Das Ziel der Gerechtigkeit ist die Errichtung der Einheit unter den Menschen.«Q19 »Kein Leuchten«, erklärt Er, »kann mit dem der Gerechtigkeit verglichen werden.

Die Ordnung der Welt und die Ruhe der Menschheit hängen von ihr ab.«Q20 »O Volk Gottes!« ruft Er aus, »Gerechtigkeit ist es, die die Welt erzieht, denn sie wird von zwei Pfeilern getragen: von Belohnung und Bestrafung.

Diese zwei Pfeiler sind die Quellen des Lebens für die Welt.«Q21 »Gerechtigkeit und Rechtlichkeit«, stellt Er weiter fest, »sind die Wächter zum Schutz des Menschen.

Sie erschienen, bekleidet mit ihrem mächtigen und geheiligten Namen, um die Rechtschaffenheit der Welt zu erhalten und die Nationen zu schützen.« »Erhebe dich, o Volk«, ist Seine eindringliche Warnung, »und erwarte die Tage der Göttlichen Gerechtigkeit, denn die verheißene Stunde ist nun gekommen.

Hüte dich, dass du nicht versäumst, ihre Bedeutung zu erkennen, und du nicht zu den Irrenden gezählt wirst.«Q22 »Der Tag naht«, schrieb Er gleicherweise, »da die Gläubigen die Sonne der Gerechtigkeit schauen werden, die in ihrem vollen Glanz aus dem Tagesanbruch der Herrlichkeit hervorleuchtet.«Q23 »Die Schmach, die Ich tragen musste«, bemerkt Er bedeutungsvoll, »hat die Herrlichkeit enthüllt, mit der die ganze Schöpfung geschmückt wurde, und durch die Grausamkeiten, die Ich erleiden musste, hat sich die Sonne der Gerechtigkeit offenbart und ihren Glanz über die Menschen ausgestrahlt.«Q24 »Die Welt«, schrieb Er wiederum, »ist in großem Aufruhr und der Verstand der Menschen befindet sich im Zustand äußerster Verwirrung.

Wir flehen zum Allmächtigen, dass Er sie gnädig mit der Herrlichkeit Seiner Gerechtigkeit erleuchten und sie befähigen möge, das zu erkennen, was zu allen Zeiten und unter allen Umständen vorteilhaft für sie ist.«Q25 Und weiter:

»Es kann überhaupt kein Zweifel bestehen, dass das Angesicht der Erde völlig verwandelt würde, wenn die Sonne der Gerechtigkeit, die die Wolken der Gewaltherrschaft verdunkelt haben, ihr Licht auf die Menschen ausgießen könnte.«Q26
»Gott sei gelobt!« ruft ‘Abdu’l-Bahá Seinerseits aus. »Die Sonne der Gerechtigkeit ist über dem Horizont Bahá’u’lláhs emporgestiegen. Denn in Seinen Tablets wurden die Grundlagen für eine solche Gerechtigkeit gelegt, wie sie keine Vernunft von Anbeginn der Schöpfung an ersinnen konnte.« »Der Baldachin des Daseins«, erklärt Er weiter, »ruht auf der Säule der Gerechtigkeit, nicht der Verzeihung, und das Leben der Menschheit hängt von der Gerechtigkeit und nicht vom Verzeihen ab.«
Es ist .deshalb kein Wunder, dass der Begründer der Bahá’í-Offenbarung beliebte, den Namen und Titel jenes Hauses, das der krönende Ruhm Seiner administrativen Einrichtungen sein soll, nicht mit Vergebung, sondern mit Gerechtigkeit zu verbinden, dass Er Gerechtigkeit zur alleinigen Basis und dauernden Grundlage Seines Größten Friedens machte und sie in Seinen Verborgenen Worten als das vor Seinen Augen »meistgeliebte aller Dinge«Q27 verkündete. Ich fühle mich gedrängt, insbesondere an die amerikanischen Gläubigen die heiße Bitte zu richten, in ihrem Herzen den tieferen Sinn dieser moralischen Rechtschaffenheit zu erwägen und mit Herz und Seele, einzeln und gemeinsam, diesen höchsten. Maßstab kompromisslos zu befolgen – einen Maßstab, für den Gerechtigkeit ein so wichtiger und mächtiger Bestandteil ist.
Was ein keusches und heiliges Leben anbelangt, so sollte es als ein nicht weniger wesentlicher Faktor betrachtet werden, der seinen entsprechenden Anteil zur Stärkung und Belebung der Bahá’í-Gemeinde beitragen muss, von der wiederum der Erfolg jedes Bahá’í-Planes oder Unternehmens abhängt. Wenn an diesen Tagen die Kräfte des Unglaubens das moralische Rückgrat schwächen und die Grundlagen der persönlichen Moral untergraben, muss die Verpflichtung zur Keuschheit und Heiligkeit einen zunehmenden Anteil der Aufmerksamkeit der amerikanischen Gläubigen beanspruchen, und zwar sowohl im Charakter jedes einzelnen als auch in ihrer Eigenschaft als verantwortliche Hüter der Interessen des Glaubens Bahá’u’lláhs. In der Erfüllung einer solchen Verpflichtung, der die besonderen Umstände, die sich aus dem nun in ihrem Land vorherrschenden übertriebenen und entnervenden Materialismus ergeben, eine ungewöhnliche Bedeutung verleihen, müssen sie eine sichtbare und hervorragende Rolle spielen. Sie alle, seien sie Männer oder Frauen, müssen zu dieser drohenden Stunde, da das Licht der Religion verblasst und die Beschränkungen, die sie auferlegt, eine nach der anderen abgeschafft werden, innehalten, um sich selbst zu prüfen, ihr Verhalten genau zu beobachten und sich mit kennzeichnender Entschlossenheit erheben, um das Leben ihrer Gemeinde von jeder Spur moralischer Lauheit zu säubern, die den Namen eines so heiligen und kostbaren Glaubens beflecken und seine Unbescholtenheit schmälern könnte.
Ein keusches und heiliges Leben muss zum beherrschenden Grundsatz im Benehmen und Verhalten aller Bahá’í gemacht werden, sowohl in ihren sozialen Beziehungen zu den Mitgliedern ihrer eigenen Gemeinde als auch in ihrer Verbindung mit der ganzen Welt. Es muss die unaufhörlichen Bemühungen und verdienstvollen Anstrengungen jener schmücken und stärken, deren beneidenswertes Amt es ist, die Botschaft des Glaubens Bahá’u’lláhs zu verbreiten und seine Angelegenheiten zu verwalten. Es muss in all seiner Unbescholtenheit und mit all seinen Folgen in jedem Abschnitt des Lebens derjenigen hochgehalten werden, die in den Reihen dieses Glaubens stehen, sei es in ihrem Heim, auf Reisen, in ihrem Verein, ihrem gesellschaftlichen Leben, ihrer Unterhaltung, ihrer Schule und ihrer Universität. Es muss ihm besondere Aufmerksamkeit bei der Durchführung von geselligen Veranstaltungen in jeder Bahá’í-Sommerschule geschenkt werden und bei jeder anderen Gelegenheit, bei der-das Bahá’í-Gemeindeleben organisiert und gepflegt wird. Es muss eng und dauernd übereinstimmen mit der Aufgabe der Bahá’í-Jugend, sowohl als ein Bestandteil im Leben der Bahá’í-Gemeinde wie auch als Faktor beim zukünftigen Fortschritt und der Ausrichtung der Jugend ihres eigenen Landes.
Solch ein keusches und heiliges Leben mit seinen Kennzeichen der Bescheidenheit, Reinheit, Enthaltsamkeit, Anständigkeit und inneren Sauberkeit bedingt nichts weniger als Mäßigung in allem, was zu Kleidung, Sprache, Vergnügen sowie allen künstlerischen und literarischen Zerstreuungen gehört. Es verlangt tägliche Wachsamkeit in der Beherrschung der fleischlichen Wünsche und verderbten Neigungen. Es fordert die Aufgabe leichtfertigen Verhaltens mit seiner übertriebenen Verhaftung an nichtssagende und oft missgeleitete Freuden. Es verlangt völlige Enthaltung von allen alkoholischen Getränken, von Opium und ähnlichen Drogen, die zur Gewohnheit werden können. Es verurteilt die erniedrigende Verwendung von Kunst und Literatur, Nacktkultur und Kameradschaftsehe, eheliche Untreue und alle Arten des zwanglosen geschlechtlichen Verkehrs, leichtfertige Vertraulichkeit und geschlechtliche Laster. Es kann keinen Kompromiss dulden mit den Lehren, Maßstäben, Gewohnheiten und Übertreibungen eines verfallenden Zeitalters. Nein, es sucht vielmehr durch die anfeuernde Kraft seines Beispiels den schädlichen Charakter solcher Lehren, die Falschheit solcher Maßstäbe, die Hohlheit solcher Ansprüche, die Entartung solcher Gewohnheiten und die Schändlichkeit solcher Übertreibungen zu beweisen.
»Bei der Gerechtigkeit Gottes!« schreibt Bahá’u’lláh.

»Die Welt, ihre Eitelkeiten, ihr Ruhm und alles Entzücken, das sie bieten kann, sind alle in den Augen Gottes so wertlos wie, nein, noch verächtlicher als Staub und Asche.

Würden doch die Herzen der Menschen dies begreifen.

O Volk Bahás!

Reinige dich sorgfältig vom Schmutz dieser Welt und von allem, was zu ihr gehört.

Gott selbst legt Zeugnis für Mich ab!

Die Dinge der Erde geziemen dir schlecht.

Wirf sie jenen zu, die Verlangen danach tragen und hefte deine Augen auf diese heiligste und strahlendste Erscheinung.«Q28 »O ihr, Meine Geliebten!« so ermahnt Er Seine Anhänger.

»Duldet nicht, dass der Saum Meines, heiligen Gewandes von den Dingen dieser Welt beschmutzt und besudelt werde, und folgt nicht den Eingebungen eurer üblen und verderbten Wünsche.«Q29 Und wieder:

»O ihr, die Geliebten des einen wahren Gottes!

Überwindet die engen Mauern eurer üblen und verderbten Wünsche, schreitet in die weite Unendlichkeit des Reiches Gottes und weilt in den Gefilden der Heiligkeit und der Loslösung, damit der Duft eurer Taten die ganze Menschheit zum Meere von Gottes nie verblassender Herrlichkeit leiten möge.«Q30 »Löst euch«, so befiehlt Er ihnen, »von allen Bindungen an diese Welt und ihre Eitelkeiten.

Hütet euch, ihnen zu nahen, denn sie verleiten euch, euren Gelüsten und gierigen Wünschen zu folgen und hindern euch am Betreten des rechten und herrlichen Weges.«Q31 »Meidet jegliche Schlechtigkeit«, ist Sein Gebot, »denn solches wurde euch in dem Buch verboten, das nur diejenigen berühren dürfen, die Gott von jedem Hauch der Schuld gereinigt und zu den Geläuterten gezählt hat.«Q32 »Ein Menschengeschlecht«, ist Sein schriftliches Versprechen, »unvergleichlich in seiner Wesensart, soll erweckt werden, das mit den Füßen der Loslösung unter alle, die im Himmel und auf Erden sind, treten und den Mantel der Heiligkeit über alles werfen wird, was aus Wasser und Erde geschaffen wurde.« »Die Zivilisation«, ist Seine ernste Warnung, »die so oft von den gelehrten Vertretern der Kunst und Wissenschaft gepriesen wurde, wird großes Unglück über die Menschen bringen, wenn ihr gestattet wird, die Grenzen der Mäßigung zu überschreiten … Wenn sie sich in das Extrem steigert, wird sich die Zivilisation als ein ebenso großer Quell des Übels erweisen, wie sie sich zuvor, in den Grenzen der Mäßigung gehalten, als ein solcher des Guten erwies.«Q33 »Er hat aus der ganzen Welt die Herzen Seiner Diener erwählt«, erklärt Er, »und jedes zum Sitz der Offenbarung Seiner Herrlichkeit gemacht.

Heiligt sie daher von jeder Befleckung, damit das, wofür sie erschaffen wurden, in sie eingeprägt werde.

Wahrlich, das ist ein Beweis der großen Gunst Gottes.«Q34 »Sprich«, verkündet Er, »wer seinen weltlichen Wünschen folgt oder sein Herz an die Dinge der Erde hängt, zählt nicht zum Volke Bahás.

Wenn Mein wahrer Anhänger zu einem Tal aus reinem Gold käme, würde er leicht wie eine Wolke hindurchgehen, ohne sich umzudrehen oder stehen zu bleiben.

Ein solcher Mensch gehört wahrlich zu Mir.

Von seinem Gewand kann die himmlische Versammlung den Duft der Heiligkeit atmen … Wenn er der schönsten, anmutigsten Frau begegnete, so würde sein Herz auch nicht den leisesten Anflug eines Verlangens nach ihrer Schönheit verspüren.

Ein solcher Mensch ist in der Tat ein Geschöpf makelloser Keuschheit.

Dies lehrt dich die Feder des Altehrwürdigen der Tage, wie sie es durch deinen Herrn, den Allmächtigen, den Allgütigen, geheißen wurde.«Q35 »Sie, die ihren Gelüsten und verderbten Neigungen folgen«, so lautet eine weitere Warnung, »haben sich versündigt und ihre Kräfte vergeudet.

Sie gehören gewisslich zu den Verlorenen.«Q36 »Es geziemt dem Volke Bahás«, so schrieb Er ebenfalls, »sich von der Welt und allem, was in ihr ist, zu lösen, und so von allem Irdischen frei zu sein, dass die Bewohner des Paradieses von seinem Gewand den duftenden Hauch der Heiligkeit einatmen … Die, welche den reinen Namen der Sache Gottes befleckt haben, indem sie fleischlichen Dingen folgten, befinden sich in offensichtlichem Irrtum!«Q37 »Reinheit und Keuschheit«, mahnt Er besonders, »waren und sind noch immer die größte Zierde für die Dienerinnen Gottes.

Gott ist Mein Zeuge!

Das strahlende Licht der Keuschheit ergießt seine Helligkeit über die Welten des Geistes und sein Duft weht sogar bis ins Höchste Paradies.« »Gott«, bestätigt Er wieder, »machte wahrlich die Keuschheit zur Krone für das Haupt Seiner Dienerinnen.

Groß ist die Seligkeit jener Dienerin, die diese hohe Stufe erreicht hat.« »Wir haben wahrlich in Unserem Buch«, ist Seine Versicherung, »große und reichliche Belohnung verordnet für jeden, der sich von der Schlechtigkeit abwendet und ein keusches und gottesfürchtiges Leben führt.

Er ist in Wahrheit der große Geber, der Allgütige.«Q38 »Wir haben die Last allen Elends ertragen«, bezeugt Er, »um euch von irdischer Verderbtheit zu heiligen, dennoch seid ihr gleichgültig … Wir erblicken wahrlich eure Taten.

Wenn Wir von ihnen den süßen Duft der Reinheit und Heiligkeit wahrnehmen, werden Wir euch segnen, dessen seid gewiss.

Dann werden die Zungen der Bewohner des Paradieses euer Lob singen und eure Namen verherrlichen unter denen, die sich Gott genähert haben.«Q39
»Das Trinken von Wein«, schreibt ‘Abdu’l-Bahá, »ist nach dem Text des Heiligsten Buches verboten; denn es ist die Ursache von chronischen Krankheiten, schwächt die Nerven und zerstört den Verstand.«»O Dienerinnen Gottes!«, hat Bahá’u’lláh selbst bekräftigt, »Trinkt den geheimnisvollen Wein aus dem Kelch Meiner Worte. Dann werft von euch, was euer Verstand verabscheut, denn es wurde euch in Seinen Tablets und Seinen Schriften verboten. Hütet euch, damit ihr nicht den Fluss, der das Leben selbst ist, für das vertauscht, was die Seelen derer verabscheuen, die reinen Herzens sind. Werdet trunken vom Wein der Liebe Gottes und nicht von dem, was euren Verstand zerstört, o ihr, die ihr Ihn anbetet! Wahrlich, dies wurde jedem Gläubigen verboten, Mann und Frau gleichermaßen. So erhob sich die Sonne meiner Gebote über dem Horizont Meiner Äußerung, damit die Dienerinnen, die an Mich glauben, erleuchtet werden mögen.«
Es muss jedoch beachtet werden, dass die Einhaltung eines so hohen Maßstabes moralischen Verhaltens nicht mit irgendeiner Form der Askese oder des übertriebenen und blindgläubigen Puritanismus in Verbindung gebracht oder verwechselt werden darf. Der von Bahá’u’lláh geprägte Maßstab sucht keinesfalls irgendjemand das einwandfreie Recht oder Vorrecht zu verweigern, den vollen Vorteil und Nutzen aus den vielfältigen Freuden, Schönheiten und Annehmlichkeiten zu ziehen, mit denen die Welt durch einen alliebenden Schöpfer so reich ausgestattet wurde. »Sollte ein Mensch«, versichert uns Bahá’u’lláh selbst, »den Wunsch haben, sich mit dem Schmuck dieser Erde zu zieren, ihr Gewand zu tragen und an den Wohltaten teilzuhaben, die sie zu verleihen vermag, so kann ihm das nicht schaden, wenn er keinem von diesen erlaubt, zwischen ihn und Gott zu treten, denn Gott hat alle in den Himmeln und auf Erden erschaffenen guten Dinge für solche Seiner Diener bestimmt, die wirklich an Ihn glauben. O Menschen, kostet von den guten Dingen, die Gott euch erlaubt hat, und beraubt euch nicht selbst Seiner wunderbaren Gaben. Dankt Ihm und preist Ihn und gehört zu den wirklich Dankbaren.«Q40
Das brennendste Problem
Was das rassische Vorurteil anbelangt, dessen ätzende Schärfe sich beinahe ein Jahrhundert lang in jede Faser der amerikanischen Gesellschaft eingefressen und ihren sozialen Aufbau angegriffen hat, so sollte es als das brennendste und herausforderndste Problem betrachtet werden, dem die Bahá’í-Gemeinde auf ihrer jetzigen Entwicklungsstufe gegenübersteht.

Die unentwegten Anstrengungen, die diese höchst bedeutende Frage verlangt, die Opfer, die sie auferlegt, die Sorgfalt und Wachsamkeit, die sie erfordert, der moralische Mut und die Seelenstärke, die sie voraussetzt, der Takt und das Mitgefühl, das sie bedingt, geben diesem Problem, von dessen befriedigender Lösung die amerikanischen Gläubigen noch weit entfernt sind, eine Dringlichkeit und Wichtigkeit, die nicht überschätzt werden können.

Weiß und Schwarz, Hoch und Niedrig, Jung und Alt, ob frisch zum Glauben gekommen oder nicht, alle, die seinen Namen tragen, müssen sich beteiligen und ihre Unterstützung, jeder gemäß seiner oder ihrer Fähigkeit, Erfahrung und den gegebenen Umständen,, der allgemeinen Aufgabe zuteilwerden lassen, die Anweisungen ‘Abdu’l-Bahás zu erfüllen, Seine Hoffnungen zu verwirklichen und Seinem Beispiel zu folgen.

Keine Rasse, sei sie farbig oder nicht, kann mit Recht oder gutem Gewissen behaupten, solcher Pflicht enthoben zu sein, jene Hoffnungen erfüllt zu haben oder jenem Beispiel getreu gefolgt zu sein.

Eine lange und dornige, mit Fallgruben versehene Straße liegt noch unbegangen vor den weißen wie vor den schwarzen Trägern des erlösenden Glaubens von Bahá’u’lláh.

Von der Strecke, die sie zurücklegen, und von der Art, in der sie diese Straße begehen, muss in einem für nur wenige vorstellbaren Ausmaße das Wirken jener unfassbaren Einflüsse abhängen, die für den geistigen Triumph der amerikanischen Gläubigen und den materiellen Erfolg ihres soeben in Angriff genommenen Vorhabens unerlässlich sind.
Lasst sie sich, furchtlos und entschlossen, das Beispiel und Verhalten ‘Abdu’l-Bahás ins Gedächtnis zurückrufen, als Er in ihrer Mitte weilte. Lasst sie sich an Seinen Mut erinnern, Seine lautere Liebe, Seine zwanglose und keine Unterschiede machende Kameradschaftlichkeit, Seine Verachtung und Sein Unwille gegenüber jeder scharfen Kritik, die durch Seinen Takt und Seine Weisheit gemildert wurden. Lasst sie die Erinnerung an jene unvergessenen und historischen Episoden und Begebenheiten wieder erwecken und lebendig erhalten, bei denen er Seinen feinen Gerechtigkeitssinn so eindringlich bewies, an Sein aus dem Herzen kommendes Mitgefühl für die Unterdrückten, Sein stets gegenwärtiges Empfinden für die Einheit der Menschheit, Seine überströmende Liebe für ihre Glieder und Sein Missfallen gegenüber jenen, die wagten, Seine Bitten zu verhöhnen, Seine Methoden zu verspotten, Seine Grundsätze in Frage zu stellen oder Seinen Taten entgegenzuwirken.
Irgendeine Rasse herabzusetzen mit der Begründung, sie sei sozial rückständig, politisch unreif und zahlenmäßig in der Minderheit, ist eine offenkundige Verletzung des Geistes, der den Glauben Bahá’u’lláhs beseelt.

Das Bewusstsein irgendeiner Teilung oder Spaltung in seinen Reihen entspricht nicht seinem eigentlichen Zweck, seinen Grundsätzen und Idealen.

Sobald die Mitglieder dieses Glaubens den Anspruch seines Begründers klar erfasst und seine administrative Ordnung mit den in seinen Lehren verankerten Grundzügen und Gesetzen sich vorbehaltlos zu eigen gemacht haben, muss jede Unterscheidung von Klasse, Glaubensbekenntnis oder Farbe sofort aufgehoben werden, und es darf ihr unter keinem Vorwand irgendwelcher Art gestattet werden, sich wieder einzunisten, wie groß auch der Druck der Ereignisse oder der öffentlichen Meinung sein mag.

Wenn irgendeine Unterscheidung überhaupt geduldet wird, so sollte es eine Unterscheidung nicht gegen, sondern vielmehr zu Gunsten der Minderheit sein, sei sie nun rassischer oder anderer Natur.

Ungleich den Nationen und Völkern der Erde, seien sie vom Osten oder Westen, demokratisch oder autoritär, kommunistisch oder kapitalistisch, mögen sie der Alten oder der Neuen Welt angehören, mögen sie die rassischen, religiösen oder politischen Minderheiten in ihrem Rechtsbereich missachten, unterdrücken oder ausrotten, stets sollte es jede fest begründete, unter dem Banner Bahá’u’lláhs eingetragene Gemeinde als ihre erste und unausweichliche Pflicht ansehen, jede Minderheit, zu welchem Glauben, zu welcher Rasse, Klasse oder Nation sie auch gehören mag, zu unterstützen, zu ermutigen und zu schützen.

So groß und lebenswichtig ist dieser Grundsatz, dass zum Beispiel immer dann, wenn die gleiche Anzahl von Stimmen in einer Wahl abgegeben wurde oder wenn die Befähigung für irgendein Amt sich bei den Vertretern verschiedener Rassen, Religionen oder Nationalitäten innerhalb der Gemeinde das Gleichgewicht hält, den Vertretern der Minderheit ohne Zögern das Vorrecht eingeräumt werden sollte, und dies aus keinem anderen Grund, als sie anzuregen und zu ermutigen und ihr eine Gelegenheit zu bieten, die Interessen der Gemeinde zu fördern.

Im Lichte dieses Grundsatzes und eingedenk der Wichtigkeit, dass auch Minderheiten an der Verantwortung teilnehmen und in der Bahá’í-Arbeit mitwirken, sollte es die Pflicht jeder Bahá’í-Gemeinde sein, ihre Angelegenheiten so zu regeln, dass in Fällen, in denen Angehörige der verschiedenen Minderheiten bereits ihre Befähigung nachgewiesen haben und die erforderlichen Bedingungen erfüllen, eine möglichst große Zahl dieser rassisch oder sonst verschiedenartigen Elemente in den Bahá’í-Einrichtungen, z.

B. in Räten, bei Tagungen, auf Konferenzen oder in Ausschüssen vertreten ist.

Eine solche Handlungsweise sich zu eigen zu machen und treulich daran festzuhalten, wäre nicht nur eine Quelle der Begeisterung und Ermutigung für jene Elemente, die zahlenmäßig klein und unzureichend vertreten sind, sondern es würde auch der Welt ganz allgemein die Universalität und den alles umfassenden Charakter des Glaubens Bahá’u’lláhs beweisen und zugleich dartun, dass Seine Anhänger frei sind vom Makel jener Vorurteile, die schon so viel Schaden in den inneren Angelegenheiten sowie den auswärtigen Beziehungen der Nationen angerichtet haben.
Freisein von rassischem Vorurteil in all seinen Formen sollte zu einer Zeit wie dieser, da ein immer größer werdender Teil der Menschheit seiner zerstörenden Grausamkeit zum Opfer fällt, von der ganzen Körperschaft der amerikanischen Gläubigen als Losungswort gewählt werden, ganz gleich in welchem Staat sie wohnen, in welchen Kreisen sie verkehren, wie alt sie sind, was ihre Tradition, ihr Geschmack oder ihre Gewohnheit auch sein mögen.

Diese Haltung sollte in jeder Phase ihrer Tätigkeit oder ihres Lebens ständig bewiesen werden, ob in der Bahá’í-Gemeinde oder außerhalb, in der Öffentlichkeit oder im Privatbereich, offiziell oder inoffiziell, einzeln sowie in ihrer amtlichen Eigenschaft als organisierte Gruppen, Ausschüsse und Räte.

Sie sollte wohlüberlegt gepflegt werden bei den verschiedenen, täglich sich bietenden Gelegenheiten, wie unbedeutend sie auch sein mögen, sei es zu Hause, an ihrem Arbeitsplatz, in ihren.

Schulen und Universitäten, bei ihren gesellschaftlichen Zusammenkünften und an Erholungsplätzen, bei ihren Bahá’í-Veranstaltungen, Konferenzen, Tagungen, Sommerschulen und Ratssitzungen.

Es muss vor allem der Grundton in der Verfahrensweise jener höchsten Körperschaft sein, die in ihrer Eigenschaft als nationale Vertretung sowie als Führungs- und Schlichtungsstelle für Gemeindeangelegenheiten beispielgebend sein muss und die Anwendung eines so lebenswichtigen Grundsatzes auf das Leben und die Tätigkeit derer zu übertragen hat, deren Interessen sie schützt und vertritt.
»O ihr Einsichtigen!« hat Bahá’u’lláh geschrieben: »Wahrlich, die Worte, die vom Himmel des Willens Gottes herabkamen, sind die Quelle der Einheit und Eintracht für die Welt. Schließt eure Augen gegenüber Rassenunterschieden und heißt alle mit dem Lichte der Einheit willkommen.« »Wir wünschen nur das Gute der Welt und das Glück der Völker«, verkündet Er, »damit alle Völker eins werden im Glauben und alle Menschen wie Brüder; damit das Band der Zuneigung und Einheit unter den Menschen gestärkt werde; damit die Spaltung der Religion aufhöre und Rassenunterschiede ausgelöscht werden.«Q41 »Bahá’u’lláh hat gesagt«, so schreibt ‘Abdu’l-Bahá, »die verschiedenen Menschenrassen dem Ganzen vollendete Harmonie und Farbschönheit verleihen. Lasst daher sich alle zusammentun in diesem großen Garten der Menschheit, so wie auch die Blumen untereinander gemischt Seite an Seite stehen und ohne Misston oder Uneinigkeit zwischen sich wachsen.«Q42 »Bahá’u’lláh«, hat ‘Abdu’l-Bahá weiterhin gesagt, »verglich einmal die farbigen Menschen mit der schwarzen Pupille des Auges, die vom Weiß umgeben ist. In dieser schwarzen Pupille sieht man die Widerspiegelung dessen, was vor ihr ist, und durch sie strahlt das Licht des Geistes hervor.«
»Gott macht keinen Unterschied zwischen Weißen und Schwarzen«, so erklärt ‘Abdu’l-Bahá selbst.

»Wenn das Herz rein ist, werden beide von Ihm angenommen.

Gott schätzt die Menschen nicht nach ihrer Farbe oder Rasse ein.

Alle Farben sind Ihm willkommen, seien sie weiß, schwarz oder gelb.

Da alle zum Bilde Gottes geschaffen wurden, müssen wir uns zu der Erkenntnis durchringen, dass alle göttliche Möglichkeiten in sich tragen.«Q43 »Vor Gott«, stellt Er fest, »sind alle Menschen gleich.

Im Reich Seiner Gerechtigkeit und Unparteilichkeit gibt es keinen Unterschied oder Vorzug für irgendeine Seele.«Q44 »Diese Teilungen hat nicht Gott gemacht«, bestätigt Er, »sie haben vielmehr ihren Ursprung im Menschen selbst.

Da sie gegen den Plan und die Absicht Gottes sind, sind sie falsch und nur in der Einbildung vorhanden.«Q45 »Vor Gott«, versichert Er wiederum, »gibt es keinen Unterschied der Farbe; alle sind eins in der Farbe und Schönheit des Dienstes für Ihn.

Die Farbe ist nicht wichtig; das Herz zählt vor allem.

Es hat nichts zu sagen, wie das Äußere aussieht, wenn das Herz rein und weiß ist.

Gott sieht nicht die Unterschiede der Farbe und Hauttönung.

Er schaut auf die Herzen.

Der, dessen Moral und Tugenden lobenswert sind, wird in der Gegenwart Gottes bevorzugt; wer dem Königreich ergeben ist, ist der meist Geliebte.

Im Reich der Entstehung und Schöpfung ist die Frage der Farbe von sehr geringer Bedeutung.«Q46 »Im ganzen Tierreich«, erklärt Er, »finden wir unter den Kreaturen keine Trennung der Farbe wegen.

Sie erkennen die Einheit der Arten und Gattungen.

Wenn wir in einem Reich von niederer Intelligenz und Vernunft solche Farbunterscheidungen nicht finden, wie kann sie unter menschlichen Wesen gerechtfertigt sein, besonders da wir wissen, dass sie alle von derselben Quelle stammen und dem gleichen Haushalt angehören?

Im Ursprung und in der Absicht, der Schöpfung gibt es nur eine Menschheit.

Unterschiede der Rasse und Farbe sind später entstanden.«Q47 »Der Mensch ist mit einer höheren Verstandeskraft und der Fähigkeit der Wahrnehmung ausgestattet«, erklärt Er weiter, »er ist die Offenbarung göttlicher Gaben.

Sollen rassische Ideen vorherrschen und die Schöpferabsicht der Einheit in Seinem Königreich verdunkeln?«Q48 »Eine der wesentlichen Fragen«, bemerkt Er bedeutungsvoll, »welche Einheit und Zusammengehörigkeit der Menschheit ausmachen, ist die Verbundenheit und Gleichberechtigung der weißen und farbigen Rassen.

Zwischen diesen beiden Rassen bestehen bestimmte Merkmale der Übereinstimmung und der Unterscheidung, die die gerechte und gegenseitige Rücksichtnahme verbürgen.

Der Berührungspunkte sind viele … In diesem Land, den Vereinigten Staaten von Amerika, ist der Patriotismus beiden Rassen gemeinsam; alle haben die gleichen staatsbürgerlichen Rechte, sprechen eine Sprache, empfangen die Segnungen derselben Zivilisation und folgen den Geboten derselben Religion.

In der Tat bestehen zahlreiche Merkmale der Partnerschaft und Zusammengehörigkeit zwischen den beiden Rassen; demgegenüber ist die Unterscheidung der Farbe nur ein Punkt.

Soll es diesem, dem geringsten aller Unterscheidungsmerkmale, gestattet werden, euch als Rassen und Einzelmenschen zu trennen?«Q49 »Diese Vielfalt in Formen und Farben«, betont Er, »welche sich in allen Reichen offenbart, entspringt schöpferischer Weisheit und hat einen göttlichen Zweck.«Q50 »Die Verschiedenheit in der menschlichen Familie«, fordert Er, »sollte die Ursache für Liebe und Eintracht sein, wie in der Musik, wo viele verschiedene Noten zusammenklingen, um einen vollendeten Akkord hervorzubringen.«Q51 »Wenn ihr Menschen begegnet«, ist Seine Ermahnung, »die von anderer Rasse und Farbe sind als ihr, so tut dies nicht mit Misstrauen und zieht euch nicht in das Schneckenhaus des Hergebrachten zurück, sondern zeigt euch froh und erweist ihnen Freundlichkeit.«Q52 »In der Welt des Daseins«, bezeugt Er, »ist das Zusammentreffen gesegnet, wenn sich die weißen und farbigen Rassen in unendlicher geistiger Liebe und himmlischer Eintracht begegnen.

Wenn solche Zusammenkünfte stattfinden und die Teilnehmer sich in vollkommener Liebe, Einheit und Freundlichkeit zueinander gesellen, preisen sie die Engel des Königreiches, und die Schönheit Bahá’u’lláhs spricht zu ihnen: ›Gesegnet seid ihr!

Gesegnet seid ihr!‹« »Wenn eine solche Zusammenkunft dieser zwei Rassen zustande kommt«, versichert Er gleichermaßen, »dann wird jene Versammlung zum Magnet für die himmlischen Heerscharen werden, und die Bestätigung der Gesegneten Schönheit wird sie umgeben.« »Strebt ernstlich danach«, ermahnt Er weiter beide Rassen, »und setzt eure größten Bemühungen für das Erreichen dieser Verbundenheit ein und für die Erhärtung dieses Bandes der Brüderlichkeit unter Euch.

Die Erfüllung einer solchen Aufgabe ist ohne den guten Willen und die Anstrengung beider Seiten unmöglich; von der einen Seite muss es der Ausdruck der Dankbarkeit und Wertschätzung sein, von der anderen Seite müssen es Freundlichkeit und die Anerkennung der Gleichberechtigung sein.

Jede sollte sich bemühen, der anderen zum wechselseitigen Fortschritt zu verhelfen und sie dabei zu unterstützen … Liebe und Einheit werden unter euch gepflegt werden und so die.

Einheit der Menschheit hervorbringen.

Denn die Erreichung der Einheit zwischen den Farbigen und Weißen wird eine Garantie für den Weltfrieden sein.«Q53 »Ich hoffe«, so redet Er die Mitglieder der weißen Rasse an, »ihr werdet bewirken, dass jene unterdrückte Rasse strahlend wird und sich mit der weißen Rasse zusammentut, um der Welt des Menschen mit äußerster Aufrichtigkeit, Treue, Liebe und Reinheit zu dienen.

Dieser Widerstand, diese Feindschaft und dieses Vorurteil zwischen der weißen und farbigen Rasse können durch nichts ausgelöscht werden als durch den Glauben, die Gewissheit und die Lehren der Gesegneten Schönheit.« »Diese Frage der Vereinigung der Weißen und Schwarzen ist sehr wichtig«, so warnt Er, »denn wenn sie nicht klar erkannt wird, werden sich binnen kurzem große Schwierigkeiten erheben, die schmerzliche Folgen nach sich ziehen.« »Wenn auf diesem Gebiet eine Änderung nicht eintritt«, lautet eine weitere Warnung, »wird die Feindschaft täglich anwachsen, und das Ergebnis wird schließlich große Not sein und leicht in Blutvergießen enden.«
Von beiden Rassen ist eine ungeheure Anstrengung erforderlich, wenn ihre Anschauung, ihr Benehmen und ihr Verhalten in diesem dunklen Zeitalter den Geist und die Lehren des Glaubens Bahá’u’lláhs widerspiegeln sollen. Indem sie ein für alle Mal die irreführende Lehre rassischer Überlegenheit mit all den sie begleitenden Übeln, der Verwirrung und dem Elend aufgeben, die Vermischung der Rassen begrüßen und bejahen und die Schranken, die sie jetzt trennen, niederreißen, sollte jede von ihnen sich Tag und Nacht bemühen, ihre besondere Verantwortung in der gemeinsamen Aufgabe zu erfüllen, die sich ihnen so eindringlich darbietet. Bei ihren Versuchen, ihren Teil zur Lösung dieses verworrenen Problems beizutragen, sollten sie der Warnungen ‘Abdu’l-Bahás eingedenk sein und sich, solange noch Zeit ist, die schrecklichen Folgen vergegenwärtigen, die nicht ausbleiben können, falls dieser herausfordernden, unglücklichen Situation, der das ganze amerikanische Volk gegenübersteht, nicht endgültig abgeholfen wird.
Lasst die Weißen äußerste Anstrengungen machen, um ihren Teil zur Lösung dieses Problems beizutragen, das ihnen allgemein eigene und zeitweise unterbewusste Gefühl der Überlegenheit ein für alle Mal zu überwinden, ihre Neigung, Mitgliedern der anderen Rassen gegenüber eine gönnerhafte Haltung an den Tag zu legen, zu berichtigen, sie durch ihren vertrauten, natürlichen und zwanglosen Umgang mit ihnen von der Echtheit ihrer Freundschaft und der Aufrichtigkeit ihrer Absichten zu überzeugen^ und ihre Ungeduld zu meistern gegenüber einem möglichen Mangel an Verständnis von Seiten der Menschen, die so lange Zeit hindurch schmerzliche und nur langsam heilende Wunden empfangen haben.

Lasst die Schwarzen durch eine entsprechende Anstrengung ihrerseits die Wärme ihrer Erwiderung auf jede in ihren Kräften liegende Weise bezeigen, ihre Bereitschaft, die Vergangenheit zu vergessen, und ihre Fähigkeit, jede Spur eines Argwohns zu löschen, der noch in Herzen oder Sinn geblieben sein mag.

Lasst keinen von beiden denken, dass die Lösung eines so umfassenden Problems ausschließlich Sache des anderen sei.

Lasst keinen glauben, dass ein solches Problem leicht oder sofort gelöst werden, könnte.

Lasst keinen denken, dass sie getrost auf die Lösung dieses Problems warten könnten, bis der erste Anstoß gegeben und günstige Voraussetzungen dafür durch Vorgänge geschaffen werden, die außerhalb des Bereichs ihres Glaubens stehen.

Lasst keinen annehmen, dass etwas anderes als echte Liebe, größte Geduld, wahre Demut, äußerster Takt, unbedingte Entschlusskraft, reife Weisheit sowie umsichtige, beständige und gebetserfüllte Bemühungen mit Erfolg den Makel beseitigen können, den dieses offenkundige Übel auf dem guten Namen ihres gemeinsamen Vaterlandes hinterlassen hat.

Lasst sie vielmehr glauben und fest davon überzeugt sein, dass es mehr von ihrem gegenseitigen Verständnis, von ihrer Freundschaft und beständigen Zusammenarbeit als von irgendeiner anderen, außerhalb des Rahmens ihres Glaubens wirkenden Kraft oder Organisation abhängt, von diesem gefährlichen Kurs abzuweichen, den schon ‘Abdu’l-Bahá so sehr fürchtete, und dass nur so die Hoffnungen zu verwirklichen sind, die Er für ihren gemeinsamen Beitrag zur Erfüllung der herrlichen Bestimmung dieses Landes hegte.
Ihr zweifacher Kreuzzug
Innig geliebte Freunde! Rechtschaffenes Verhalten, das in allen seinen Äußerungen einen offenkundigen Gegensatz bildet zu der Falschheit und Verderbtheit, die das politische Leben der Nation sowie der Parteien und Interessengemeinschaften, aus denen sie besteht, kennzeichnen; Heiligkeit und Tugendhaftigkeit, die der moralischen Lauheit und Zügellosigkeit genau entgegengesetzt sind, welche den Charakter eines nicht unbeträchtlichen Teiles ihrer Bürger beflecken; Verbundenheit zwischen den Rassen, die von dem Fluch rassischen Vorurteils völlig gereinigt ist, das die überwiegende Mehrheit ihrer Einwohner brandmarkt – das sind die Waffen, welche die amerikanischen Gläubigen in ihrem zweifachen Kreuzzug handhaben können und müssen, um zuerst das innere Leben ihrer eigenen Gemeinde zu erneuern und dann die lang währenden Übel anzugehen, die das Leben ihres Volkes durchsetzt haben. Diese Waffen zu vervollkommnen und jede einzelne von ihnen klug und wirksam anzuwenden, wird sie – mehr als die Förderung irgendeines besonderen Planes, die Ausarbeitung spezieller Vorhaben oder die Anhäufung irgendwelcher materieller Mittel – auf die Zeit vorbereiten, in der die Hand der Vorsehung sie anweisen wird, mitzuhelfen bei der Schaffung und Einführung jener Weltordnung, die sich nun innerhalb der weltweiten administrativen Einrichtungen ihres Glaubens langsam entwickelt. .
Beim Durchführen dieses zweifachen Kreuzzuges müssen die tapferen Streiter, die im Namen und für die Sache Bahá’u’lláhs kämpfen, notwendigerweise hartnäckigem Widerstand begegnen und manchen Rückschlag erleiden. Sowohl ihre eigenen Triebe als auch das Wüten der konservativen Kräfte, der Widerstand althergebrachter Interessen und die Einwände einer verderbten und vergnügungssüchtigen Generation müssen in Rechnung gestellt, entschlossen zurückgeschlagen und völlig überwunden werden. In dem Maße, wie ihre Verteidigungsmaßnahmen für den bevorstehenden Kampf organisiert und ausgedehnt werden, werden Stürme der Beleidigung und des Spottes sowie Feldzüge der Verdammung und falschen Darstellung gegen sie ausgelöst werden. Sie werden bald erfahren, wie ihr Glaube angegriffen, ihre Motive missdeutet, ihre Ziele verleumdet, ihre Bestrebungen verhöhnt, ihre Einrichtungen verlacht, ihr Einfluss geschmälert, ihr Ansehen untergraben und ihre Sache hie und da von einigen verlassen werden, die entweder unfähig sind, ihre Ideale zu würdigen, oder nicht willens, die Wucht der wachsenden Kritik zu ertragen, die solch eine Auseinandersetzung sicherlich mit sich bringt. »‘Abdu’l-Bahás wegen«, hat der geliebte Meister vorhergesagt, »werdet ihr von manchen Prüfungen heimgesucht werden. Kummer wird euch befallen, und Leiden werden euch betrüben.«
Die unbesiegbare Armee Bahá’u’lláhs, die im Westen, einem der möglichen Sturmzentren, in Seinem Namen und um Seinetwillen einen ihrer grimmigsten und ruhmreichsten Kämpfe austragen soll, möge keinerlei Kritik fürchten, die gegen sie gerichtet ist.

Keine Verurteilung möge sie abschrecken, mit der die Zunge des Verleumders ihre Beweggründe herabzuwürdigen versuchen möchte.

Lasst sie nicht zurückweichen vor dem drohenden Vormarsch der Mächte des Fanatismus, der Orthodoxie, der Bestechlichkeit und des Vorurteils, die sich gegen sie vereinigen mögen.

Die Stimme der Kritik ist eine Stimme, die der Verbreitung ihres Glaubens indirekt neue Kraft gibt.

Unbeliebtheit dient nur dazu, den Gegensatz zwischen ihr und ihren Gegnern stärker hervorzuheben; während die Ächtung selbst eine magnetische Kraft ist, die allmählich die lärmendsten und hartnäckigsten ihrer Gegner in ihr Lager herüberziehen muss.

Selbst in dem Land, in dem die größten Kämpfe um den Glauben ausgefochten wurden und seine wildesten Feinde lebten, hatten der Gang der Ereignisse, das langsame doch stetige Einsickern seiner Ideale und die Erfüllung seiner Prophezeiungen bereits zur Folge, dass nicht nur einige seiner schärfsten Gegner entwaffnet und ihr Charakter gewandelt wurden, sondern auch ihre tiefe und vorbehaltlose Ergebenheit gegenüber seinen Gründern gefestigt wurden.

Eine so vollkommene Wandlung und eine so verblüffende Änderung in der Haltung kann nur bewirkt werden, wenn der erwählte Träger, der dazu bestimmt ist, die Botschaft Bahá’u’lláhs den Hungrigen, den Ruhelosen und der hirtenlosen Menge zu bringen, selbst sorgfältig von der Befleckung gesäubert ist, die er zu beseitigen versucht.
Deshalb möchte ich euch, innig geliebte Freunde, nicht nur die Dringlichkeit und gebietende Notwendigkeit eurer heiligen Aufgabe einprägen, sondern auch die ihr innewohnenden grenzenlosen Möglichkeiten, sowohl das Leben und Wirken eurer eigenen Gemeinde auf eine so hohe Stufe zu heben als auch die in eurem Volk die Verhältnisse bestimmenden Beweggründe und Maßstäbe. Unbeirrt durch die Ungeheuerlichkeit dieser Aufgabe werdet ihr, dessen bin ich sicher, der Herausforderung dieser Zeit so begegnen, wie es euch geziemt, einer Zeit, die so gefahrdrohend, so beladen mit Verderbtheit und doch so erfüllt ist durch das Versprechen einer lichten Zukunft, dass- kein früheres Zeitalter in der Geschichte der Menschheit seiner Herrlichkeit gleichkommt.
Innig geliebte Freunde!

Ich habe zu Beginn dieser Abhandlung versucht, euch eine Vorstellung von den herrlichen Möglichkeiten und der ungeheuren Verantwortung zu geben, die sich nun als Ergebnis der Verfolgung des weitverbreiteten Glaubens Bahá’u’lláhs vor der Gemeinde der amerikanischen Gläubigen auftun während eines so kritischen Abschnittes innerhalb des Gestaltenden Zeitalters ihres Glaubens und in einer so entscheidenden Epoche der Weltgeschichte.

Ich habe mich auch genügend über die Art des Auftrages ausgelassen, für welchen sich diese Gemeinde in nicht allzu ferner Zukunft durch die zwingende Macht der Umstände erheben und ihn ausführen muss.

Ich habe die Warnung ausgesprochen, die ich für ein klares Verständnis und für die rechte Erfüllung der vor ihr liegenden Aufgaben für notwendig hielt.

Ich habe jene erhabenen und kraftspendenden Tugenden, jene hohen Maßstäbe herausgestellt und betont, soweit es in meiner Kraft lag, welche, wie schwierig sie auch zu erreichen sind, doch die wesentlichen Voraussetzungen für den Erfolg dieser Aufgaben bilden.

Ein Wort, so glaube ich, sollte nun aber noch gesagt werden zur materiellen Seite der unmittelbar vor ihnen liegenden Aufgabe, von deren termingerechter Erfüllung nicht nur die Entfaltung der anschließenden Abschnitte im Göttlichen Plan abhängen muss, wie sie von ‘Abdu’l-Bahá vorausgesehen wurde, sondern auch die Aneignung der erforderlichen Eigenschaften, um in der Fülle der Zeit den Pflichten und Verantwortungen nachkommen zu können, die durch jenen noch größeren Auftrag verlangt werden, dessen Verwirklichung ihr Vorrecht ist.
Der Siebenjahresplan mit seiner zweifachen Ausrichtung auf die Ausschmückung des Tempels und die Ausdehnung der Lehrarbeit, die den nord- und südamerikanischen Kontinent umfasst, ist nun bereits in das zweite Jahr eingetreten. Er weist für jeden, der seinen Fortschritt in den letzten Monaten verfolgt hat, Merkmale auf, die äußerst ermutigend und für die Erfüllung der Ziele innerhalb der zugemessenen Zeit günstige Vorzeichen sind. Die allumfassenden Maßnahmen, die die Arbeiten an der äußeren Ausschmückung des Tempels erleichtern sollen, sind der Reihe nach zumeist schon ergriffen worden. Endlich begann der letzte Abschnitt, der die siegreiche Vollendung eines dreißigjährigen Unternehmens kennzeichnen soll. Der einleitende Vertrag in Verbindung mit dem ersten und Hauptstockwerk jenes historischen Gebäudes wurde unterzeichnet. Der Fonds, der mit dem geliebten Namen des Größten Heiligen Blattes eng verbunden ist, wurde gegründet. Die ununterbrochene Fortführung bis zur endgültigen Fertigstellung des so lobenswerten Unternehmens ist nun sichergestellt. Die schmerzliche Erinnerung an den Einen, dessen Herz durch die Errichtung des Oberbaues dieses heiligen Hauses so hoch erfreut wurde, wird die letzten für die Vollendung notwendigen Kräfte so. anspornen, dass jeder Zweifel zerstreut werden wird, der noch von irgendjemandem gehegt werden mag an der Befähigung seiner Erbauer, ihre Aufgabe würdig zu erfüllen.
Die Erfordernisse des Lehrens
Wir müssen nun den Plan in seiner Bedeutung für die Lehrarbeit betrachten. Ihrer Aufgabe ist zu entsprechen, ihre Erfordernisse müssen untersucht, abgewogen und erfüllt werden. So herrlich und unwiderstehlich die Schönheit des Ersten Mashriqu’l-Adhkár des Westens ist, so majestätisch seine Maße sind, so einzigartig seine Architektur ist und so kostbar die Ideale und Bestrebungen sind, für die er ein Sinnbild ist, so sollte er doch gegenwärtig ausschließlich als ein Instrument für eine wirkungsvollere Verbreitung der Sache und die weitere Ausdehnung ihrer Lehren betrachtet werden. In dieser Hinsicht sollte er in demselben Licht gesehen werden wie die administrativen Einrichtungen des Glaubens, die als Träger für die entsprechende Ausbreitung seiner Ideale, seiner Grundsätze und seiner Wahrheiten bestimmt sind.
Deshalb muss die Gemeinde der amerikanischen Gläubigen von jetzt an den Lehrerfordernissen des Siebenjahresplanes ihre sorgfältige und ununterbrochene Aufmerksamkeit zuwenden. Die gesamte Gemeinde muss sich wie ein Mann erheben, um ihnen zu entsprechen. Die Sache Gottes zu lehren, ihre Wahrheiten zu verkünden, ihre Interessen zu verteidigen, durch Worte wie durch Taten ihre Unentbehrlichkeit, ihre Wirkungskraft und Universalität darzutun, sollte niemals ausschließlich als Angelegenheit oder einziges Vorrecht der administrativen Bahá’í-Institutionen angesehen werden, seien es Räte oder Ausschüsse. Alle müssen sich beteiligen, wie bescheiden ihre Herkunft auch sein mag, wie begrenzt ihre Erfahrung, wie beschränkt ihre Mittel, wie unzureichend ihre Ausbildung, wie bedrückend ihre Sorgen und ihre Verpflichtungen, wie ungünstig die Umgebung, in der sie leben. »Gott«, so hat Bahá’u’lláh selbst unmissverständlich geoffenbart, »hat es jedem zur Pflicht gemacht, Seine Sache zu lehren.«Q54 Er hat weiter geschrieben: »Sprich: Lehre die Sache Gottes, o Volk Bahás, denn Gott hat jedem von euch die Pflicht auferlegt, Seine Botschaft zu verkünden, und Er betrachtet dies als die verdienstvollste aller Taten.«Q55
Eine hohe und bevorzugte Stellung innerhalb der Gemeinde, die ihrem Inhaber möglicherweise gewisse Privilegien und Vorrechte zuteilwerden lässt, bekleidet ihn mit einer Verantwortung, der er sich in seiner Pflicht, zu lehren und den Glauben Gottes zu verbreiten, in Ehren nicht entziehen kann. Sie kann manchmal, wenn auch nicht immer, größere Möglichkeiten schaffen und bessere Gelegenheiten bieten, das Wissen über den Glauben zu verbreiten und Förderer seiner Einrichtungen zu gewinnen. Unter keinen Umständen bringt sie jedoch auch notwendigerweise die Macht mit sich, größeren Einfluss auf die Herzen und Gemüter jener auszuüben, denen der Glaube vorgetragen wird. Wie oft – und die frühe Geschichte des Glaubens im Lande seiner Geburt bietet dafür manch eindrucksvolles Beispiel – sind die einfachsten Anhänger des Glaubens, ungeschult und äußerst unerfahren, ohne jeden Rang oder Titel ja in einigen Fällen bar der Intelligenz, fähig gewesen, Siege für ihre Sache zu erringen, vor denen die hervorragendsten Leistungen der Gelehrten, Weisen und Erfahrenen verblassten.
‘Abdu’l-Bahá bezeugt: »Nach der Kirchengeschichte war Petrus ebenfalls nicht imstande, sich die Wochentage zu merken. Wann immer er beschloss, zum Fischfang zu gehen, verschnürte er seine Wochenration in sieben Päckchen und jeden Tag aß er eines davon, und wenn er beim siebten angekommen war, wusste er, dass es Sabbat war, und er konnte ihn dann einhalten.« Wenn des Menschen Sohn in der Lage war, einem offenbar so rohen und hilflosen Instrument eine solche Kraft einzuflößen, die verursachte, dass, mit den Worten Bahá’u’lláhs, »Geheimnisse der Weisheit und der Äußerung aus seinem Mund hervorströmten«, und er über die übrigen Seiner Jünger erhoben und in den Stand gesetzt wurde, Sein Nachfolger und Begründer Seiner Kirche zu werden, wie viel mehr kann dann der Vater, nämlich Bahá’u’lláh, den geringsten und unbedeutendsten unter Seinen Anhängern ermächtigen, für die Durchführung Seiner Absichten solche .Wunder zu vollbringen, die die höchsten Leistungen selbst des ersten Apostels Jesu Christi klein erscheinen lassen.
‘Abdu’l-Bahá hat weiter geschrieben: »Der Báb sagte: ›Sollte es an diesem Tage eine winzige Ameise wünschen, mit solcher Kraft begabt zu werden, dass sie die dunkelsten und verwirrendsten Stellen des Qur’án zu enträtseln vermöchte, so würde ihr Wunsch zweifellos erfüllt werden, weil das Geheimnis der ewigen Macht im innersten Wesen aller erschaffenen Dinge schwingt.‹Q56 Wenn ein so hilfloses Geschöpf mit einer so hochentwickelten Fähigkeit ausgestattet werden kann, um wie viel wirkungsvoller muss dann die Kraft sein, die durch die freigebige Ausgießung der Gnade Bahá’u’lláhs ausgelöst wird.«Q57
Das Feld ist in der Tat so weit, der Zeitpunkt so kritisch, die Sache so groß, der Mitarbeiter so wenige, die Zeit so kurz, das Vorrecht so kostbar, dass kein Anhänger des Glaubens Bahá’u’lláhs, der würdig ist, Seinen Namen zu tragen, es sich leisten kann, auch nur einen Augenblick zu zögern.

Jene aus Gott geborene Kraft, unwiderstehlich in ihrer alles hinwegfegenden Macht, unberechenbar in ihrer Wirkungsmöglichkeit, unbestimmbar in ihrem Lauf, geheimnisvoll in ihrer Auswirkung und ehrfurchtgebietend in ihren Offenbarungen – eine Kraft, die, wie der Báb geschrieben hat, »im innersten Wesen aller erschaffenen Dinge schwingt«Q58, und die, gemäß Bahá’u’lláh, durch ihre »Schwingungskraft« »die Welt aus dem Gleichgewicht gebracht und ihr geordnetes Leben gänzlich umgestaltet hat«Q59 –, eine solche Kraft zerschneidet vor unseren Augen wie ein zweischneidiges Schwert einerseits die alten Bande, die das Gefüge der zivilisierten Welt jahrhundertelang zusammengehalten haben, und löst andererseits die Fesseln, die dem jungen und noch unmündigen Glauben Bahá’u’lláhs heute noch angelegt sind.

Die unvorstellbaren Gelegenheiten, die durch das Wirken dieser Kraft geboten werden – sie müssen von den amerikanischen Gläubigen, die sich jetzt aufzumachen haben, voll und mutig ausgenutzt werden. ‘Abdu’l-Bahá schreibt:

»Die heiligen Wesen der himmlischen Heerscharen im Höchsten Paradiese sehnen sich an diesem Tage danach, in diese Welt zurückzukehren, damit ihnen vergönnt werde, an der Schwelle der Abhá-Schönheit zu dienen und den Dienst an Seiner heiligen Schwelle anzutreten.«
Im langsam verlöschenden Licht der Religion versinkt die Welt mehr und mehr in Finsternis; sie ist zum Bersten erfüllt mit dem Sprengstoff eines blinden und triumphierenden Nationalismus, versengt von, den Feuern erbarmungsloser Verfolgung rassischer oder religiöser Art, irregeführt durch falsche Lehrmeinungen und Lehrsätze, welche die Anbetung Gottes und die Heilighaltung Seiner Gesetze zu verdrängen drohen, geschwächt durch einen zügellosen und widerwärtigen Materialismus, in Auflösung begriffen durch den zerstörenden Einfluss moralischen und geistigen Zerfalls und verfangen im Netz wirtschaftlicher Gesetzlosigkeit und Haders – einen solchen Anblick bietet die Welt heute dem Auge des Menschen als Ergebnis der alles hinwegfegenden Veränderungen, welche diese umwälzende Kraft – wiewohl noch im Anfangsstadium ihres Wirkens stehend – im Leben des gesamten Planeten hervorruft.
Mag auch ein so trauriges und ergreifendes Schauspiel jeden Beobachter verwirren, der sich der Absichten, Voraussagen und Verheißungen Bahá’u’lláhs nicht bewusst ist, so ist es doch weit davon entfernt, die Herzen Seiner Nachfolger in Schrecken zu versetzen oder ihr Bemühen zu lähmen; es wird vielmehr ihren Glauben vertiefen und ihren begeisterten Eifer anfachen, sich zu erheben und auf dem weiten, von der Feder ‘Abdu’l-Bahás für sie vorgezeichneten Feld ihre Fähigkeiten zu entfalten, um im weltweiten, von Bahá’u’lláh verkündeten Erlösungswerk ihre Rolle zu spielen. Jedes Rädchen im administrativen Getriebe, das sie im Laufe mehrerer Jahre so mühevoll geschaffen haben, muss voll eingesetzt und dem ihm bestimmten Zweck untergeordnet werden. Der Tempel, die stolze Verkörperung eines so unvergleichlichen Geistes der Selbstaufopferung, muss ebenfalls genutzt werden und seinen Teil beitragen in dem Lehrfeldzug, der dazu bestimmt ist, die ganze westliche Hemisphäre zu umfassen.
Die Gelegenheiten, die der Aufruhr des jetzigen Zeitalters bietet, mit all den Sorgen, die er hervorruft, den Ängsten, die er erzeugt, den Enttäuschungen, die er mit sich bringt, den Verwirrungen, die er anstiftet, der Empörung, die er erregt, dem Aufruhr, den er schafft, den Leiden, die er verursacht, und dem Geist ruhelosen Suchens, den er erweckt, müssen in gleicher Weise ausgenützt werden, um das Wissen um die erlösende Macht des Glaubens Bahá’u’lláhs nah und fern zu verbreiten und frische Streitkräfte für das ständig wachsende Heer Seiner Gefolgschaft zu gewinnen. Eine so kostbare Gelegenheit, ein so seltenes Zusammentreffen günstiger Umstände mag sich nie mehr wieder bieten. Nun ist die Zeit gekommen, die festgesetzte Zeit für die amerikanischen Gläubigen, die Vorhut der Heerscharen des Größten Namens, durch die Einrichtungen und Kanäle einer eigens dafür bestimmten administrativen Ordnung ihre Fähigkeit und ihre Bereitschaft zu verkünden, eine gefallene und schwer geprüfte Generation zu erretten, die sich gegen ihren Gott aufgelehnt und Seine Warnungen nicht beachtet hat, und ihr jene vollkommene Sicherheit anzubieten, die nur das Bollwerk ihres Glaubens verschaffen kann.
Bedeutung und Dringlichkeit des Lehrfeldzuges, der in allen Staaten der nordamerikanischen Republik und im Dominion von Kanada eingeleitet worden ist, können daher nicht überschätzt werden. Die durch den Willen ‘Abdu’l-Bahás ausgelösten schöpferischen Energien haben ihn in Gang gesetzt, und mit Hilfe der von ihm selbst hervorgerufenen Kräfte fliegt er dahin durch die westliche Hemisphäre; er muss nun – das fühle .ich – in Übereinstimmung mit bestimmten Richtlinien ausgeführt werden, die dazu dienen, seinen wirksamen Vollzug zu sichern und das Erreichen seiner Ziele zu beschleunigen.
Diejenigen, die an einem solchen Feldzug teilnehmen, ob in organisatorischer Eigenschaft oder als Vollzugsorgane, denen die Ausführung der Aufgabe selbst übertragen ist, müssen sich als wesentliche Voraussetzung für die Erfüllung ihrer Pflichten mit den verschiedenartigen Aspekten der Geschichte und Lehren ihres Glaubens gründlich vertraut machen.

In ihrem Bemühen, dieses Ziel zu erreichen, müssen sie die Literatur ihres Glaubens gewissenhaft und äußerst sorgfältig für sich selbst studieren, seine Lehren ergründen, seine Gesetze und Prinzipien in sich aufnehmen, seine Ermahnungen, Grundsätze und Absichten erwägen, einige seiner Anweisungen und Gebete auswendig lernen, das Wichtigste seiner Verwaltungsordnung beherrschen und über seine laufenden-Angelegenheiten und die letzten Entwicklungen unterrichtet sein.

Sie müssen danach streben, sich aus maßgeblichen und unvoreingenommenen Quellen ein sicheres Wissen über die Geschichte und die Grundsätze des Islám zu erwerben – des Ursprunges und Hintergrundes ihres Glaubens – und ehrfurchtsvoll und mit einer von allen vorgefassten Meinungen befreiten Vorstellung sich dem Studium des Qur’án nähern, der neben den Heiligen Schriften der Bábi- und Bahá’í-Offenbarungen das einzige Buch ist, das als ein unbedingt echter Verwahrungsort des Wortes Gottes angesehen werden kann.

Sie müssen der Erforschung jener Verordnungen und Verhältnisse besondere Aufmerksamkeit widmen, die mit dem Ursprung und der Geburt ihres Glaubens, der Stufe seines Vorläufers und den von seinem Begründer geoffenbarten Gesetzen verbunden sind.
Nachdem sie sich diese Voraussetzungen für den Erfolg auf dem Lehrgebiet im Wesentlichen zu eigen gemacht haben, müssen sie, wenn immer sie beabsichtigen, einen besonderen Auftrag in den Ländern Lateinamerikas durchzuführen, sich soweit wie möglich bemühen, gewisse Kenntnisse jener Sprachen zu erwerben, die von den Einwohnern dieser Länder gesprochen werden, und sich einen Überblick über ihre Sitten, Gebräuche und Anschauungen verschaffen. »Die Lehrer, die in jene Gebiete gehen« hat ‘Abdu’l-Bahá in einem der Tablets des Göttlichen Planes mit Bezug auf die zentralamerikanischen Republiken geschrieben, »müssen auch mit der spanischen Sprache vertraut sein.«Q60 »Eine Gruppe, die deren Sprachen spricht … «, hat Er in einem anderen Tablet geschrieben, » muss sich den drei großen Inselgruppen im Stillen Ozean zuwenden und sie durchreisen.«Q61 »Die Lehrer, die in verschiedenen Richtungen reisen«, sagt Er weiter, »müssen die Sprache des Landes kennen, das sie besuchen. Eine Person, zum Beispiel, die in der japanischen Sprache bewandert ist, mag nach Japan reisen, oder eine Person, die die chinesische Sprache beherrscht, mag nach. China eilen und so fort.«Q62
Kein Teilnehmer an diesem interamerikanischen Lehrfeldzug darf annehmen, die Initiative für irgendeine besondere Tätigkeit in Verbindung mit dieser Arbeit liege ausschließlich bei jenen Einrichtungen, ob Rat oder Ausschuss, deren besonderes Anliegen es ist, die Erreichung der lebenswichtigen Ziele des Siebenjahresplanes zu fördern und zu erleichtern.

Es ist die verbindliche Pflicht jedes amerikanischen Gläubigen, als dem gewissenhaften Treuhänder von ‘Abdu’l-Bahás Göttlichem Plan, jede Tätigkeit innerhalb der von den administrativen Grundsätzen des Glaubens festgelegten Grenzen zu beginnen, zu fördern und zu festigen, die er oder sie für die Unterstützung des Plans für angemessen erachtet.

Weder die drohende Weltlage noch irgendeine Rücksichtnahme auf den Mangel an materiellen Hilfsquellen, an geistigem Rüstzeug, Kenntnissen oder Erfahrungen – so wünschenswert sie auch sind – sollte irgendeinen zukünftigen Pionierlehrer davon abhalten, sich unabhängig aufzumachen und jene Kräfte in Bewegung zu setzen, die, so versichert uns ‘Abdu’l-Bahá wiederholt, einmal ausgelöst, wie ein Magnet die verheißene und unfehlbare Hilfe Bahá’u’lláhs anziehen werden.

Lasst ihn nicht auf irgendwelche Anweisungen warten oder irgendeine besondere Ermutigung von Seiten der gewählten Vertreter seiner Gemeinde erwarten, noch sollte • er durch die Hindernisse abgeschreckt werden, die seine Verwandten oder Mitbürger geneigt sein mögen, ihm in den Weg zu legen, noch sollte er den Tadel seiner Kritiker oder Feinde beachten.

»Sei so unbeschwert wie der Wind«, ist der Rat Bahá’u’lláhs an alle zukünftigen Lehrer Seiner Sache, »wenn du die Botschaft Dessen weiterträgst, Der die Morgendämmerung göttlicher Führung anbrechen ließ.

Sieh, wie der Wind, der Anordnung Gottes getreu, über alle Gegenden der Erde, die bewohnten und die unbewohnten, hin weht.

Weder der Anblick der Einöde noch die Zeugnisse des Gedeihens können ihn beängstigen oder erfreuen.

Er weht in jeder Richtung, wie ihm sein Schöpfer gebot.«Q63 »Und wenn er beschließt, sein Heim um der Sache seines Herrn willen zu verlassen«, hat Bahá’u’lláh an anderer Stelle mit Bezug auf einen solchen Lehrer geoffenbart, »möge er sein ganzes Vertrauen auf Gott setzen als beste Wegzehrung für seine Reise und sich mit dem Gewande der Tugend bekleiden … Wenn er vom Feuer Seiner Liebe entzündet ist, wenn er auf alle erschaffenen Dinge verzichtet, werden die Worte, die er äußert, diejenigen entflammen, die ihn hören.«Q64
Wenn er sich aus eigenem Antrieb entschlossen hat, dem Lehraufruf zu folgen, unverzagt vor allen Hindernissen, mit denen Freund oder Feind, wissentlich oder unwissentlich, den Pfad versperren wollen, dann soll er sorgfältig jeden Weg der Annäherung überdenken, den er bei seinen persönlichen Versuchen beschreiten möchte, um bei jenen, die er in die Schar seines Glaubens einreihen möchte, Aufmerksamkeit zu erwecken, das Interesse wachzuhalten und ihren Glauben zu vertiefen.

Er soll die Möglichkeiten überprüfen, welche ihm die besonderen Umstände bieten, in denen er lebt, ihre Vorteile auswerten und klug und systematisch vorgehen, um sie für das Erreichen des Zieles, das er im Auge hat, einzusetzen.

Lasst ihn auch solche Methoden verfolgen, wie die Verbindung mit Klubs, Ausstellungen und Vereinen, Vorträge über Themen, die mit den Lehren und Idealen seiner Sache verwandt sind, z.

B.

Enthaltsamkeit, Sittlichkeit, soziale Fürsorge, religiöse und rassische Duldsamkeit, wirtschaftliche Zusammenarbeit, Islám und Vergleichende Religionswissenschaft oder Teilnahme an sozialen, kulturellen, humanitären, fürsorgerischen und erzieherischen Organisationen und Vorhaben, die ihm, während er sich seinen Glauben unangetastet bewahrt, eine Vielzahl von Wegen und Mitteln eröffnen, durch die er nacheinander die Sympathie, die Unterstützung und zuletzt die Zugehörigkeit derer gewinnen kann, mit denen er in Berührung kommt.

Während er solche Verbindungen knüpft, soll er stets die Forderungen seines Glaubens im Auge behalten, nämlich, seine Würde und seinen Rang zu bewahren, die Unverletzlichkeit seiner Gesetze und Prinzipien zu sichern, seine umfassende Natur und Weltweitheit darzustellen und seine vielfältigen und lebensnotwendigen Interessen furchtlos zu verteidigen.

Er möge das Maß der Aufnahmefähigkeit seiner Zuhörer beachten und für sich entscheiden, ob die direkte oder die indirekte Lehrmethode vorzuziehen ist, durch die er dem Sucher die lebenswichtige Bedeutung der Göttlichen Botschaft einprägen und ihn dafür gewinnen kann, sein Schicksal mit denjenigen zu verbinden, die sie bereits angenommen haben.

Er soll, sich an das von ‘Abdu’l-Bahá gegebene Beispiel erinnern und an Seine beständige Ermahnung, dem Sucher mit solcher Freundlichkeit entgegenzukommen und den Geist der Lehren, die er ihm vermitteln möchte, in solch einem Maße vorzuleben, dass der Empfänger aus eigenem Antrieb veranlasst wird, sich der Sache anzuschließen, die solche Lehren verkörpert.

Anfangs möge er davon absehen, auf solchen Gesetzen und Anordnungen zu bestehen, die eine zu starke Belastung für des Suchers neu erwachten Glauben bedeuten würden, sondern sich bemühen, ihn geduldig, taktvoll und doch entschieden der Reife zuzuführen und ihm helfen, seine unbeschränkte Annahme dessen, was immer von Bahá’u’lláh verordnet wurde, zu erklären.

Sobald er diese Stufe erreicht hat, soll er ihn in die Gemeinschaft seiner Mitgläubigen einführen; er möge ihn ständig betreuen und ihn tätig an den Gemeindeangelegenheiten teilhaben lassen, um ihn zu befähigen, seinen Teil zur Bereicherung ihres Lebens, der Förderung ihrer Aufgaben, der Festigung ihrer Interessen und der Abstimmung ihrer Tätigkeiten mit denen ihrer Schwestergemeinden beizutragen.

Lasst ihn nicht zufrieden sein, ehe er seinem geistigen Kinde eine so tiefe Sehnsucht eingepflanzt hat, dass sie dieses zwingt, sich seinerseits selbständig zu erheben und seine Tatkraft der Belebung anderer Seelen zu widmen sowie sich zu den Gesetzen und Prinzipien zu bekennen, wie sie in seinem neu erwählten Glauben niedergelegt sind.
Jeder Teilnehmer an diesem kontinentalen Feldzug, der von den amerikanischen Gläubigen begonnen wurde, und besonders diejenigen, die als Pioniere in unerschlossene Gebiete gehen, sollten nie die Notwendigkeit vergessen, in enger und beständiger Verbindung mit jenen verantwortlichen Einrichtungen zu bleiben, die dazu bestimmt sind, die Lehrarbeit der gesamten Gemeinde zu leiten, zu fördern und aufeinander abzustimmen. Sei es die Körperschaft ihrer gewählten nationalen Vertreter oder dessen Haupthilfseinrichtung, der Nationale Lehrausschuss, oder dessen untergeordnete Organe, die regionalen Lehrausschüsse oder die örtlichen Geistigen Räte und ihre jeweiligen Lehrausschüsse – sie, die für die Verbreitung der Sache Bahá’u’lláhs arbeiten, sollten durch ständigen Austausch ihrer Gedanken, durch Briefe, Rundschreiben, Berichte, Mitteilungen und andere Nachrichtenmittel mit diesen für die Verbreitung des Glaubens geschaffenen Werkzeugen den reibungslosen und schnellen Lauf des Lehrmechanismus ihrer Verwaltungsordnung sicherstellen. Verwirrung, Verzögerung, Überschneidung der Anstrengungen und Vergeudung von Energie werden dadurch gänzlich vermieden, und die mächtige Flut der Gnade Bahá’u’lláhs, die in überreichem Maße und ohne die geringste Hemmung durch diese wichtigen Kanäle fließt, wird die Herzen und Seelen der Menschen so überfluten, dass sie befähigt werden, die von ‘Abdu’l-Bahá wiederholt vorausgesagte Ernte hervorzubringen.
Auf jedem Teilnehmer an diesem gemeinsamen Bemühen, wie es in der Geschichte der amerikanischen Bahá’í-Gemeinde noch nie dagewesen ist, ruht die geistige Verpflichtung, den für alle so lebenswichtigen und verbindlichen Lehrauftrag zum alles durchdringenden Anliegen ihres Daseins zu machen.

Bei seiner täglichen Arbeit und in seinem täglichen Umgang, auf jeder seiner Reisen aus Geschäfts- oder anderen Gründen, im Urlaub und auf Ausflügen und bei jedem Auftrag, den auszuführen ihm aufgetragen wird, sollte jeder Träger der Botschaft Bahá’u’lláhs es nicht nur als eine Pflicht, sondern als ein Vorrecht ansehen, die Saat Seines Glaubens weit und breit auszustreuen.

Er sollte Befriedigung in dem bleibenden Wissen finden, dass, was immer das unmittelbare Echo auf jene Botschaft ist und wie unzulänglich der Träger, der sie weitergibt, auch sei, die Macht ihres Urhebers jene Saaten befähigen wird zu keimen, wie Er es für angemessen erachtet, und unter Umständen, die keiner vorhersehen kann, die Ernte zu bereichern, die die Arbeit Seiner Anhänger einbringen wird.

Wenn er Mitglied eines Geistigen Rates ist, lasst ihn seinen Rat ermutigen, bei jeder seiner Sitzungen einen bestimmten Teil der Zeit der ernsten und von Gebeten getragenen Erwägung solcher Wege und Mittel zu widmen, die den Lehrfeldzug fördern oder verfügbare Hilfsquellen, gleich welcher Art, für seinen Fortschritt, seine Ausdehnung und Festigung erschließen können.

Wenn er seiner Sommerschule beiwohnt – und jedem ohne Ausnahme wird dringend nahegelegt, Nutzen aus der Teilnahme zu ziehen – soll er eine solche Möglichkeit als willkommene und kostbare Gelegenheit betrachten, durch Vorträge, Studium und Diskussion sein Wissen von den Grundlagen seines Glaubens so zu bereichern, dass er imstande ist, mit größerer Sicherheit und Wirksamkeit die Botschaft zu übermitteln, die seiner Obhut anvertraut wurde.

Er soll, wann immer durchführbar, danach trachten, durch Besuche zwischen den Gemeinden den Eifer für die Lehrarbeit anzuregen und Außenstehenden so die Zielstrebigkeit und Einsatzbereitschaft der Förderer seines Glaubens und die organische Einheit seiner Einrichtungen darzutun.
Von den Teilnehmern an diesem alle Rassen, alle Länder, Klassen und Glaubensrichtungen der gesamten westlichen Hemisphäre umfassenden Kreuzzug möge jeder, der den Drang dazu spürt, sich erheben und, wenn es die Umstände erlauben, die Aufmerksamkeit im Besonderen darauf richten, die uneingeschränkte Zugehörigkeit der Schwarzen, Indianer, Eskimos und Juden zu seinem Glauben zu erreichen.

Keine lobenswertere und verdienstvollere Tat kann gerade jetzt für die Sache Gottes vollbracht werden als der Erfolg bei den Bemühungen, die amerikanische Bahá’í-Gemeinde durch die Gewinnung von Angehörigen dieser Rassen zu größerer Vielfalt in ihrer Zusammensetzung zu führen.

Diese äußerst verschiedenen Elemente der Menschheit harmonisch zu verbinden im Gewebe einer alle umfassenden Bahá’í-Bruderschaft und im dynamischen Fortschritt der von Gott eingesetzten Verwaltungsordnung einander anzugleichen, wobei jedes seinen Teil zur Bereicherung und zum Ruhm des Bahá’í-Lebens beiträgt, ist wahrlich eine Tat, bei deren Vorstellung sich das Herz eines jeden Bahá’í erwärmt und höher schlägt.

»Betrachtet die Blumen eines Gartens«, hat ‘Abdu’l-Bahá geschrieben, »obwohl sie sich in Art, Farbe, Form und Aussehen unterscheiden, so erhöht diese Verschiedenheit doch, da sie von den Wassern eines Brunnquells erfrischt, vom Atem eines Windes belebt und von den Strahlen einer Sonne gestärkt werden, ihren Zauber und bereichert ihre Schönheit.

Wie wenig würde es dem Auge gefallen, wenn alle Blumen und Pflanzen, die Blätter und Blüten, die Früchte, die Zweige und die Bäume jenes Gartens vom selben Aussehen und der gleichen Farbe wären!

Die Vielfältigkeit der Farbtöne, der Form und des Aussehens bereichert und schmückt den Garten und erhöht seine Wirkung.

In gleicher Weise werden, wenn verschiedene Gedankenrichtungen, Temperamente und Charaktere unter der Macht und dem Einfluss eines Zentralorgans zusammengeführt werden, die Schönheit und Herrlichkeit der menschlichen Vollkommenheit geoffenbart und sichtbar gemacht.

Nichts als die himmlische Kraft des Wortes Gottes, das die Wirklichkeit aller Dinge regiert und durchdringt, ist fähig, die voneinander abweichenden Gedanken, Gefühle, Ideen und Überzeugungen der Menschenkinder in Einklang zu bringen.«Q65 »Ich hoffe«, ist der von ‘Abdu’l-Bahá geäußerte Wunsch, » ihr die Ursache werdet, dass diese unterdrückteA2 Rasse ruhmreich wird und sich mit der weißen Rasse verbindet, um der Menschenwelt mit äußerster Aufrichtigkeit, Treue, Liebe und Reinheit zu dienen.« »Eine der wichtigen Fragen«, hat Er ebenfalls niedergeschrieben, »welche die Einheit und den Zusammenschluss der Menschheit beeinflussen, ist die Kameradschaft und die Gleichberechtigung der weißen und farbigen Rassen.«Q66 »Ihr müsst den Indianern, den Ureinwohnern Amerikas, große Bedeutung beimessen«, schreibt ‘Abdu’l-Bahá in den Tablets des Göttlichen Planes, »denn diese Seelen können mit den alten Einwohnern der arabischen Halbinsel verglichen werden, die vor der Offenbarung Muhammads gleich Wilden waren.- Als das Licht Muhammads in ihrer Mitte erstrahlte, wurden sie so entflammt, dass ihr Leuchten die ganze Welt überstrahlte.

Sollten diese Indianer erzogen und richtig geführt werden, so besteht kein Zweifel, dass sie in gleicher Weise durch die Göttlichen Lehren so erleuchtet werden, dass die ganze Erde erhellt wird.«Q67 »Wenn es möglich ist«, schreibt ‘Abdu’l-Bahá weiter, »so sendet Lehrer in andere Gegenden Kanadas; schickt auch Lehrer nach Grönland und zu den Siedlungen der Eskimos.«Q68 »So Gott will«, hat Er wieder in jenen gleichen Tablets geschrieben, »wird der Ruf des Königreiches die Ohren der Eskimos erreichen … Solltet ihr eure Kräfte entfalten, so dass die Düfte Gottes unter den Eskimos verbreitet werden, wird dessen Wirkung sehr groß und weitreichend sein.«Q69 »Preis sei Gott!« schreibt ‘Abdu’l-Bahá.

»Was immer in den Gesegneten Tablets für die Israeliten angekündigt wurde und alle in den Briefen ‘Abdu’l-Bahás ausdrücklich niedergelegten Dinge erfüllen sich.

Mit einigen ist dies schon geschehen; andere werden in der Zukunft offenbar.

Die Altehrwürdige Schönheit hat in Ihren heiligen Tablets ausdrücklich geschrieben, dass der Tag ihrer Demütigung vorüber ist.

Seine Gnade wirft ihren Schatten über sie, und diese Rasse wird Tag für Tag Fortschritte machen und aus ihrer jahrhundertelangen Erniedrigung und Herabwürdigung befreit werden.«
Lasst diejenigen, die ein administratives Amt in ihrer Eigenschaft als Mitglieder des Nationalen Geistigen Rates oder der nationalen, regionalen oder örtlichen Lehrausschüsse einnehmen, sich ständig die lebenswichtige und dringende Notwendigkeit vor Augen halten, in der kürzest möglichen Zeit die Bildung von Gruppen in den wenigen verbleibenden Staaten der nordamerikanischen Republik und in den Provinzen des Dominions von Kanada sicherzustellen, so klein und unscheinbar sie auch sein mögen.

Sie müssen jedes in ihrer Macht liegende Hilfsmittel einsetzen, um diese neu entstandenen Kristallisationspunkte zu befähigen, sich schnell und auf gesunden Grundlagen zu richtig funktionierenden, selbständigen und eingetragenen Räten zu entwickeln.

Der Schaffung solcher Grundlagen und der Bildung solcher Außenposten – eine Arbeit, die anerkannter Weise sehr schwierig, doch dringend notwendig und höchst begeisternd ist – müssen die einzelnen Mitglieder der amerikanischen Bahá’í-Gemeinde ihre uneingeschränkte, ständige und freudige Unterstützung zuteilwerden lassen.

So weise die Maßnahmen auch sein mögen, welche ihre gewählten Vertreter ausarbeiten, wie praktisch und wohldurchdacht die von ihnen aufgestellten Pläne, so können doch solche Maßnahmen und Entwürfe niemals zu einem zufriedenstellenden Ergebnis führen, wenn nicht eine genügende Anzahl von Pionieren sich entschlossen hat, die notwendigen Opfer zu bringen, und sich bereitfindet, diese Vorhaben in die Tat umzusetzen.

Das Banner Bahá’u’lláhs ein für alle Mal im Herzen dieser unerschlossenen Gebiete aufzupflanzen, die organische Grundlage Seiner Verwaltungsordnung in ihren Städten und Dörfern zu errichten und einen festen und immerwährenden Ankergrund für ihre Einrichtungen im Geist und Herzen ihrer Einwohner zu schaffen, das alles bildet, wie ich fest glaube, den ersten und bedeutungsvollsten Schritt in den aufeinanderfolgenden Stadien, die der unter dem Siebenjahresplan begonnene Lehrfeldzug durchschreiten muss.

Während die äußere Ausschmückung des Mashriqu’l-Adhkár unter diesem Plan nun in ihre Endstufe eingetreten ist, steckt der Lehrfeldzug noch in seinem Anfangsstadium und ist weit entfernt davon, seine Ausläufer wirksam in diese unerschlossenen Gebiete ausgeschickt zu haben oder in jene Republiken, die auf dem südamerikanischen Kontinent liegen.

Die erforderliche Anstrengung ist ungeheuer groß, die Bedingungen, unter denen diese Anfangsgründe gelegt werden müssen, oft wenig anziehend und unvorteilhaft, die Mitarbeiter, die in der Lage sind, solche Aufgaben zu übernehmen, gering an der Zahl, und die Hilfsquellen, über die sie verfügen, schwach und unzureichend.

Und doch, wie oft hat uns die Feder Bahá’u’lláhs versichert, »sollte ein Mensch sich ganz allein im Namen Bahás erheben und die Rüstung Seiner Liebe anlegen, so wird ihn der Allmächtige siegreich machen, und sollten auch die Mächte der Erde und des Himmels gegen ihn antreten.«Q70 Hat Er nicht geschrieben:

»Bei Gott, außer Dem es keinen anderen Gott gibt!

Sollte sich irgendjemand für den Sieg Unserer Sache erheben, so wird ihn Gott siegreich machen, und sollten sich gleich Zehntausende von Feinden gegen ihn verbünden.

Und sollte seine Liebe zu Mir erstarken, so wird Gott seinen bestimmenden Einfluss auf alle Mächte der Erde und des Himmels begründen.«Q71 »Betrachtet die Arbeit früherer Generationen«, hat ‘Abdu’l-Bahá geschrieben, »während der Lebenszeit Jesu Christi waren es nur wenige und gezählte gläubige und feste Seelen, aber der himmlische Segen ergoss sich in so reichem Maße, dass in einer Reihe von Jahren unzählige Seelen unter den Schatten des Evangeliums traten.

Gott hat im Qur’án gesagt: ›Ein Korn wird sieben Garben hervorbringen, und jede Garbe wird hundert Körner enthalten.‹ In anderen Worten, aus einem Korn werden siebenhundert werden; und wenn es Gottes Wille ist, wird Er diese nochmals verdoppeln.

Es hat sich oft ereignet, dass eine begnadete Seele zur Ursache der Führung für ein ganzes Volk wurde.

Wir dürfen nun nicht unsere Fähigkeiten und unsere Leistungskraft betrachten, nein, vielmehr müssen wir unseren Blick in diesen Tagen auf die Gunst und Gnade Gottes richten, der aus dem Tropfen ein Meer und aus dem Atom eine Sonne gemacht hat.«Q72Die entschlossen sind, als erste das Banner einer solchen Sache unter solchen Bedingungen und in solchen Gebieten zu hissen, deren Seelen mögen von der stärkenden Kraft dieser Worte zehren und, – indem sie »die Rüstung Seiner Liebe anlegen«, einer Liebe, die »erstarken« muss, während sie in ihrer einsamen Aufgabe ausharren –, sich erheben, um mit dem Bericht von ihren Taten die strahlendsten Seiten zu schmücken, die je in der geistigen Geschichte ihres Landes geschrieben wurden.
In den Tablets des Göttlichen Planes hat ‘Abdu’l-Bahá geschrieben: »Preis sei Gott! Obgleich in den meisten Staaten und Städten der Vereinigten Staaten Seine Düfte verbreitet sind und ungezählte Seelen ihr Angesicht dem Königreich Gottes zukehren und sich ihm nähern, so ist doch in einigen Staaten das Banner der Einheit noch nicht so errichtet, wie es sein sollte, noch wurden die Geheimnisse der Heiligen Bücher, wie der Bibel, des Evangeliums und des- Qur’án, entschleiert. Durch die gemeinsamen Bemühungen aller Freunde müssen das Banner der Einheit in jenen Staaten unbedingt entfaltet und die Göttlichen Lehren gefördert werden, damit diese Staaten ebenfalls ihren Anteil an den himmlischen Gaben erhalten mögen und an der Größten Führung teilhaben.«Q73 In einem anderen Tablet des Göttlichen Planes hat Er versichert: »Das Dominion von Kanada hat eine sehr große Zukunft, und die damit verbundenen Ereignisse sind unendlich herrlich. Das Auge der liebenden Güte Gottes ist darauf gerichtet, und in ihm wird die Gunst des Allherrlichen offenbar werden.«Q74 »Noch einmal wiederhole ich«, so bestätigt Er Seine vorhergehende Aussage in demselben Tablet, »die Zukunft Kanadas, sei es in materieller oder geistiger Hinsicht, sehr groß ist.«Q75
Die Erweckung Lateinamerikas
Sobald dieser erste Schritt getan ist, der die Bildung mindestens eines Kernes in jedem dieser noch unerschlossenen Staaten und Provinzen des nordamerikanischen Kontinents mit sich bringt, muss das Getriebe für eine gewaltige Steigerung der zusammengefassten Bemühungen aller Bahá’í in Bewegung gesetzt werden, deren Ziel sein sollte, die edlen Bestrebungen zu verstärken, die jetzt nur einige wenige einzelne Gläubige aufwenden, um die Völker Lateinamerikas für den Ruf Bahá’u’lláhs zu erwecken. Bevor dieser zweite Abschnitt des Lehrfeldzuges im Siebenjahresplan nicht eingeleitet worden ist, kann dieser nicht als eigentlich begonnen oder der Plan selbst als in seinem entscheidenden Entwicklungsstadium angelangt angesehen werden. So mächtig werden die Ausgießungen göttlicher Gnade auf die tapfere Gemeinde sein, die bereits im Bereich der Administration ihr Hauptgebäude in der ganzen Herrlichkeit seiner äußeren Zierde errichtet und im Bereich des Lehrens in jedem Staat und in jeder Provinz des nordamerikanischen Kontinents das Banner des Glaubens gehisst hat – so groß werden diese Ausgießungen sein, dass sich die Mitglieder dieser Gemeinde überwältigt finden werden durch die Beweise ihrer neubelebenden Kraft.
Der Interamerikanische Ausschuss muss in einem solchen Stadium – nein, sogar schon vorher – sich der Stunde gewachsen zeigen und eine Stärke, eine Hingabe und einen Unternehmungsgeist an den Tag legen, die den Verantwortungen, die er auf sich genommen hat, angemessen sind. Es sollte keinen Augenblick vergessen werden, dass Mittel- und Südamerika nicht weniger als zwanzig unabhängige Nationen umfassen, die annähernd ein Drittel der Gesamtzahl der selbständigen Staaten auf der Welt ausmachen, und die dazu bestimmt sind, einen immer wichtigeren Anteil an der Gestaltung des zukünftigen Weltschicksals zu haben. Indem die Welt zu enger nachbarlicher Gemeinschaft zusammenschrumpft und die Geschicke der Rassen, Nationen und Völker unentwirrbar miteinander verwoben werden, verschwindet die Entlegenheit dieser Staaten der westlichen Hemisphäre, und es werden die verborgenen Möglichkeiten in jedem von ihnen immer deutlicher sichtbar.
Wenn innerhalb des Siebenjahresplanes dieser zweite Abschnitt in der fortschreitenden Entfaltung der Tätigkeit und der Unternehmungen im Lehren erreicht ist und das zur Verfolgung dieses Planes benötigte Getriebe zu arbeiten beginnt, müssen die amerikanischen Gläubigen, die beherzten Pioniere dieser mächtigen Bewegung, geführt von dem unfehlbaren Licht Bahá’u’lláhs und in strenger Übereinstimmung mit dem von ‘Abdu’l-Bahá angelegten Plan, unter der Leitung ihres Nationalen Geistigen Rates handelnd und der Hilfe des Interamerikanischen Ausschusses gewiss einen Angriff gegen die Mächte der Finsternis, Entartung und Unwissenheit unternehmen. Dieser Angriff muss bis zum äußersten Ende des südlichen Kontinentes vorgetragen werden und in seinen Bereich jede der darin liegenden zwanzig Nationen einbeziehen.
Nun sollten sich einige Gläubige rüsten, sich von ihren Heimatorten, Städten und Staaten lösen, ihr Land verlassen und »ihren ganzen Glauben in Gott setzen als beste Wegzehrung für ihre Reise«Q76; sie sollten ihren Blick und ihre Schritte nach jenen fernen Zonen richten, jenen unerschlossenen Gefilden, jenen unbezwungenen Städten und ihre Tatkraft darauf richten, die Festungen der Menschenherzen zu erobern – der Herzen, von denen Bahá’u’lláh geschrieben hat, dass »die Heerscharen der Offenbarung und Äußerung sie bezwingen können«Q77 sie nicht warten, bis ihre Mitstreiter die erste Stufe ihres Lehrfeldzuges bereits überschritten haben, sondern lasst sie schon jetzt damit beginnen, jenes Kapitel zu eröffnen, das bald als eines der ruhmvollsten in der internationalen Geschichte ihres Glaubens betrachtet werden wird.

Lasst sie zuallererst »ihr eigenes Selbst lehren, so dass ihre Rede die Herzen ihrer Hörer anziehen möge«Q78.

Lasst sie den Triumph ihres Glaubens als ihr »höchstes Ziel«Q79 betrachten.

Lasst sie nicht »die Größe oder Kleinheit des Gefäßes ansehen«Q80, welches das Maß der Gnade enthält, die Gott über dieses Zeitalter verströmt.

Lasst sie »von aller Verknüpfung an diese Welt und ihre Eitelkeiten sich freimachen«Q81 und mit jenem Geiste der Loslösung, den ‘Abdu’l-Bahá so beispielhaft verkörperte, und dem sie, wie Er wünschte, nacheifern sollen, diese so verschiedenen Völker und Länder zum Gedenken Gottes und Seiner höchsten Offenbarung bringen.

Lasst Seine Liebe »eine Schatzkammer für ihre Seelen« sein an dem Tage, da »jeder Pfeiler erzittern wird, da es die Haut der Menschen eiskalt überlaufen wird, da die Augen vor Schrecken erstarren werden«Q82.

Lasst ihre »Seelen erglühen in der Flamme des unvergänglichen Feuers, das im innersten Herzen der Welt brennt, so stark, dass die Wasser des Weltalls seine Glut nicht zu kühlen vermögen«Q83.

Lasst sie »unbeschwert wie der Wind« sein, den »weder der Anblick der Einöde noch die Zeugnisse des Gedeihens ängstigen oder erfreuen können«Q84.

Lasst sie »ihre Zungen lösen und ohne Unterlass Seine Sache verkünden«Q85.

Lasst sie »verkünden, was der Größte Geist ihnen eingeben wird im Dienste der Sache ihres Herrn«Q86.

Lasst sie »sich hüten, mit irgendjemandem zu streiten, lasst sie vielmehr sich bemühen, ihn die Wahrheit auf freundliche Weise und durch überzeugende Ermahnung erkennen zu lassen«Q87.

Lasst sie »ganz um der Sache Gottes willen Seine Botschaft verkünden und im gleichen Geist jeden Widerhall entgegennehmen, den ihre Worte bei ihren Hörern hervorrufen mögen«Q88.

Lasst sie auch nicht einen Augenblick vergessen, dass »der Geist des Glaubens sie durch seine Macht stärken wird« und dass »eine Schar Seiner erwählten Engel mit ihnen ausziehen wird auf Sein Geheiß, des Allmächtigen, des Allweisen«.

Lasst sie immer dessen eingedenk sein »Wie groß … der Segen [ist] der den erwartet, der die Ehre erringt, dem Allmächtigen zu dienen!« und sich daran erinnern, dass »Ein solcher Dienst … wahrlich der Fürst aller guten Taten [ist] und der Schmuck alles edlen Handelns.«Q89
Und endlich:

Lasst diese die Seele aufrüttelnden Worte Bahá’u’lláhs allezeit auf ihren Lippen sein, während sie landauf, landab durch den südamerikanischen.

Kontinent dahineilen, damit sie ihnen ein Trost ihrem Herzen seien, ein Licht auf ihrem Pfad, ein Gefährte in ihrer Einsamkeit und eine Wegzehrung für jeden Tag ihrer Reisen:

»O Wanderer auf dem Pfade Gottes!

Ergreife deinen Anteil aus dem Meer Seiner Gnade und beraube dich nicht selbst der Dinge, die in seinen Tiefen verborgen ruhen … Ein Tropfen aus diesem Meer, über alle in den Himmeln und auf Erden vergossen, würde genügen, um sie reich an der Güte Gottes zu machen, des Allmächtigen, des Allwissenden, des Allweisen.

Schöpfe mit den Händen des Verzichtes aus seinen lebenspendenden Wassern und netze damit alle erschaffenen Dinge, damit sie von allen menschengeschaffenen Begrenzungen reingewaschen werden und sich dem mächtigen Sitze Gottes, diesem geheiligten und strahlenden Orte, nähern.

Sei nicht bekümmert, wenn du dies alleine tun musst.

Lasse dir Gott allgenügend sein … Verkünde die Sache Deines Herrn allen, die in den Himmeln und auf Erden sind.

Antwortet jemand deinem Ruf, so lege die Perlen der Weisheit des Herrn, deines Gottes, die Sein Geist auf dich herabgesandt hat, offen vor ihn hin und gehöre zu denen, die wahrhaft glauben.

Sollte jemand deine Gabe zurückweisen, so wende dich von ihm ab und setze dein Vertrauen und deine Zuversicht in den Herrn aller Welten.

Bei der Gerechtigkeit Gottes!

Wer an diesem Tag seine Lippen öffnet und den Namen seines Herrn erwähnt, zu dem werden die Heerscharen göttlicher Eingebung aus dem Himmel Meines Namens ›der Allwissende‹, ›der Allweise‹ herniederkommen.

Zu ihm wird auch die himmlische Versammlung herabsteigen und ein jeder aus ihr einen Kelch reinen Lichtes hoch vorantragen.

So wurde es vorherbestimmt im Reiche der Offenbarung Gottes auf Befehl des Allherrlichen, des Machtvollsten.«Q90
Lasst die folgenden Worte ‘Abdu’l-Bahás, die den Tablets des Göttlichen Planes entnommen sind, ebenfalls in ihren Ohren klingen, wenn sie, sicher und unerschrocken, in Seinem Auftrag hinausziehen:

»O ihr Jünger Bahá’u’lláhs!

Möge mein Leben ein Opfer für euch sein! … Seht die Tore, die euch Bahá’u’lláh geöffnet hat!

Bedenkt, wie erhaben und hoch die Stufe ist, die zu erreichen euch bestimmt wurde, und wie einzig die Gunstbezeigungen sind, mit denen ihr belehnt wurdet!«Q91 »Meine Gedanken sind euch zugewandt, und mein Herz schlägt hoch bei eurer Erwähnung.

Könntet ihr erkennen, wie meine Seele in Liebe zu euch glüht, so würde eure Herzen eine Glückseligkeit überfluten, die euch zueinander von Liebe entbrennen ließe.«Q92 »Das volle Maß eurer Erfolge ist noch nicht offenbar, ihre Bedeutung wird noch nicht erfasst.

Binnen kurzem werdet ihr mit eigenen Augen sehen, wie glänzend ein jeder von euch gleich einem leuchtenden Stern am Himmel eures Landes das Licht göttlicher Führung erstrahlen lassen und seinem Volke die Herrlichkeit ewigen Lebens bringen wird.«Q93 »Ich hoffe inständig, dass in naher Zukunft die ganze Erde durch, das Ergebnis eurer Leistungen aufgerüttelt und erschüttert werden möge.«Q94 »Der Allmächtige wird euch ohne Zweifel die Hilfe Seiner Gnade gewähren, wird euch mit den Zeichen Seiner Macht bekleiden und eure Seelen mit der erhaltenden Kraft Seines Heiligen Geistes begaben.«Q95 »Seid nicht traurig über eure geringe Zahl und lasst euch nicht niederdrücken durch die Übermacht einer ungläubigen Welt.

Gebt euch Mühe!

Eure Sendung ist unsagbar herrlich.

Sollte Erfolg euer Unternehmen krönen, so wird sich Amerika sicherlich zu einem Mittelpunkt entwickeln, aus dem Wogen geistiger Kraft hervorgehen, und der Thron des Königreiches Gottes wird in der Fülle seiner Majestät und Glorie fest begründet werden.«Q96
Wir sollten uns daran erinnern, dass in die Erfüllung des Siebenjahresplanes, soweit er die Lehrarbeit betrifft, die Bildung von mindestens einem Zentrum in einer jeden der Republiken Mittel- und Südamerikas mit einbeschlossen ist.

Der hundertste Jahrestag der Geburt des Glaubens Bahá’u’lláhs sollte, wenn der bereits begonnene Plan Erfolg haben soll, in jedem dieser Länder Zeuge sein der Schaffung eines wenn auch noch so bescheidenen Fundamentes, auf welchem das heranwachsende Geschlecht der amerikanischen Gläubigen in den Eröffnungsjahren des zweiten Jahrhunderts des Bahá’í-Zeitalters weiter zubauen imstande sein möge.

Ihre Aufgabe wird es sein, im Verlaufe der folgenden Jahrzehnte diese Grundlagen auszudehnen und zu verstärken und für die notwendige Führung, Hilfe und Ermutigung zu sorgen, die die weithin verstreuten Gruppen von Gläubigen in jenen Ländern befähigen werden, unabhängige und ordnungsgemäß gebildete örtliche Räte zu formen und dadurch das Rahmenwerk der Verwaltungsordnung ihres Glaubens zu errichten.

Die Erstellung solch eines Rahmenwerkes ist in erster Linie die Verantwortung derer, die die Gemeinde der nordamerikanischen Gläubigen zur göttlichen Botschaft bekehrt hat.

Es ist dies eine Aufgabe, in der – abgesehen von der unmittelbaren Verpflichtung, jeder Gruppe zur Entfaltung in einem örtlichen Rat zu verhelfen – die Entwicklung des ganzen Getriebes der Verwaltungsordnung eingeschlossen ist in Übereinstimmung mit den geistigen und administrativen Grundsätzen, die das Leben und Wirken einer jeden bereits errichteten Bahá’í-Gemeinde in der ganzen Welt bestimmen.

Ein Abweichen von diesen klar ausgesprochenen, in den nationalen und örtlichen Bahá’í-Einrichtungen verkörperten Hauptprinzipien kann unter keinen Umständen geduldet werden.

Dies ist jedoch eine Aufgabe, die jene betrifft, welche sich in einem späteren Zeitabschnitt aufmachen müssen, um ein Werk weiterzuführen, das im Grunde noch nicht wirksam begonnen worden ist.
Die notwendige Grundlage
Die Aufgabe der noch systematischeren Vorbereitungen für den Bau des erforderlichen Fundaments, auf dem die ständigen nationalen und örtlichen Institutionen errichtet und sicher begründet werden können, wird sehr bald die gesammelte Aufmerksamkeit derjenigen erfordern, die den Siebenjahresplan durchführen. Sofort, wenn ihre unmittelbare Verpflichtung zur Erschließung der wenigen noch übrig gebliebenen Gebiete in den Vereinigten Staaten und Kanada erfüllt worden ist, sollte ein sorgsam angelegter Plan ausgearbeitet werden, der auf die Errichtung einer solchen Grundlage abzielt. Wie schon dargelegt, stellt die Vorsorge für diese weiten, einleitenden Unternehmungen, deren Umkreis das ganze Gebiet der mittel- und südamerikanischen Republiken umfassen muss, das Herzstück des im Siebenjahresplan durchgeführten Lehrfeldzuges dar. Sie muss letzthin sein Schicksal entscheiden. Von diesem Feldzug muss nicht nur die wirksame Erfüllung der feierlichen, mit dem gegenwärtigen Plan übernommenen Verpflichtungen abhängen, sondern auch die fortschreitende Entfaltung der nachfolgenden Abschnitte, die wesentlich sind für die Verwirklichung der Vision ‘Abdu’l-Bahás bezüglich der Rolle, welche die amerikanischen Gläubigen in der weltweiten Verbreitung ihrer Sache zu spielen haben.
Mögen diese Unternehmungen auch nur ein Vorspiel sein zu den anstrengenden, planmäßigen Bemühungen, durch die sich zukünftige Geschlechter von Gläubigen in den lateinischen Ländern auszeichnen müssen, so erfordern sie doch unverzüglich von Seiten des Nationalen Geistigen Rates sowie des Nationalen Lehrausschusses und des Interamerika-Ausschusses sorgfältige Erkundungen, die das Aussenden von Umsiedlern und Reiselehrern vorbereiten sollen, deren Vorrecht es sein wird, den Ruf des Neuen Tages in einem neuen Erdteil erschallen zu lassen.
In meinem Wunsche, denen zu helfen, die so ungeheure Verantwortung auf sich nehmen und solche Selbstverleugnung erdulden, will ich versuchen, einige nützliche Anregungen zu geben, die nach meiner Überzeugung die Vollendung des großen Werkes erleichtern werden, das in der allernächsten Zukunft getan werden muss.

Diesem Werk, das nach seiner Vollendung ein historisches Wahrzeichen ersten Ranges bilden muss, müssen die Kräfte der ganzen Gemeinde entschlossen gewidmet werden.

Die Zahl der Bahá’í-Lehrer, seien sie Umsiedler oder Reisende, muss wesentlich größer werden.

Die materiellen Hilfsquellen, die zu ihrer Verfügung zu stellen sind, müssen vervielfacht und wirksam gesteuert werden.

Das Schrifttum, mit dem sie ausgestattet werden sollten, muss stark vermehrt werden.

Um ihnen bei der Verbreitung dieser Schriften zu helfen, sollten die Wege in die Öffentlichkeit öfter begangen, zentral gelenkt und intensiv bearbeitet werden.

Die in diesen Ländern verborgenen Möglichkeiten sollten mit Umsicht ausgenützt und planmäßig entwickelt werden.

Die verschiedenen Hindernisse, die durch voneinander abweichende politische und soziale Bedingungen entstanden und nun in diesen Ländern herrschen, sollten genau beachtet und entschlossen überwunden werden.

Mit einem Wort:

Keine Gelegenheit sollte übersehen und keine Mühe gescheut werden, um eine möglichst breite und feste Grundlage für den Fortschritt und die Entfaltung des größten Lehrvorhabens zu legen, das die amerikanische Gemeinde jemals durchgeführt hat.
Die sorgfältige Übersetzung wichtiger Bahá’í-Schriften über die Geschichte, die Lehren oder die Verwaltungsordnung des Glaubens, die weite, planmäßige Verbreitung großer Mengen in möglichst vielen Republiken und in den gängigsten und wichtigsten Sprachen dürfte die vorrangigste, dringendste Maßnahme sein, die zugleich mit der Ankunft der Pioniere in diesen Gebieten zu treffen ist. »Bücher und Flugschriften«, schreibt ‘Abdu’l-Bahá in einem der Tablets des Göttlichen Planes, »müssen in die Sprachen dieser Länder und Inseln übersetzt oder in diesen verfasst werden, damit sie in jedem Teil und nach allen Richtungen hin in Umlauf gesetzt werden können.«Q97 In Ländern, in denen die Behörden oder irgendwelche einflussreichen Kreise keine Einwände erheben können, sollten diese Maßnahmen verstärkt werden durch Veröffentlichung sorgsam verfasster Artikel und Briefe in verschiedenen Organen der Presse. Sie haben die Aufgabe, der breiten Öffentlichkeit bestimmte Grundzüge der bewegenden Geschichte des Glaubens und den Rang und die Wesensart seiner Lehren einzuprägen.
Ich glaube, dass es sich jeder Arbeiter auf diesem Gebiet, ob Reiselehrer oder Umsiedler, zu seiner obersten und steten Aufgabe machen sollte, freundlich mit allen Schichten der Bevölkerung zu verkehren, ohne Rücksicht auf Klasse, Bekenntnis, Nationalität oder Hautfarbe. Er sollte sich mit ihren Gedankengängen, Neigungen und Gewohnheiten vertraut machen und herausfinden, wie er ihnen am besten näherkommen kann, um sich dann geduldig und taktvoll auf einige wenige zu konzentrieren, die echte Aufnahmefähigkeit und Empfänglichkeit zeigen. Er sollte sich mit äußerster Güte bemühen, solche Liebe, Begeisterung und Ergebenheit in ihre Herzen zu pflanzen, dass sie ihrerseits selbständige, unabhängige Förderer des Glaubens an ihren Heimatorten werden. »O Volk Bahás«, so lautet Bahá’u’lláhs Ermahnung, »verkehre mit allen Menschen im Geiste des Wohlwollens und der Kameradschaft. Wenn du um eine bestimmte Wahrheit weißt und ein Kleinod besitzt, das andere nicht haben, so lasse sie daran teilhaben. Sprich in äußerster Güte und voll guten Willens mit ihnen. Wenn sie es annehmen und es seinen Zweck erfüllt hat, ist dein Ziel erreicht. Wenn es jemand zurückweist, so überlasse ihn sich selbst und bitte Gott, ihn zu führen. Hüte dich, ihn unfreundlich zu behandeln. Eine freundliche Zunge ist der Magnet der Menschenherzen. Sie ist das Brot des Geistes, sie verleiht den Worten Bedeutung. Sie ist die Quelle des Lichtes der Weisheit und des Verstehens.«Q98
Nicht nur die stellvertretenden Bahá’í-Körperschaften, sondern auch die zukünftigen Lehrer und anderen Gläubigen, die nicht das Vorrecht haben, jene Küsten zu besuchen oder sich in jenem Kontinent anzusiedeln, können und sollten sich bemühen, jede sich bietende Gelegenheit zu nützen, um die Bekanntschaft dieser Menschen zu machen und die echte Aufmerksamkeit solcher Leute zu wecken, die entweder Bürger dieser Länder oder sonst irgendwie damit verbunden sind, was auch immer ihr Beruf oder ihre Interessen sein mögen. Durch die Güte, die sie diesen erzeigen, durch Schriften, die sie ihnen geben, oder durch irgendwelche anderen Verbindungen, die sie mit ihnen anknüpfen, können die amerikanischen Gläubigen Saaten in ihre Herzen säen, die später einmal vielleicht aufkeimen und ganz unerwartete Früchte bringen können. Jedoch muss allezeit sehr darauf geachtet werden, dass sie in ihrem Eifer, die internationalen Interessen des Glaubens zu fördern, nicht ihren Zweck verfehlen und durch irgendeine Handlung, die als ein Versuch des Proselytenmachens und unziemlichen Druckes missdeutet werden könnte, jene Menschen davon abschrecken, die sie für ihre Sache zu gewinnen wünschen.
Pionieraufruf
Mein besonderer Aufruf gilt denjenigen amerikanischen Gläubigen – mögen sie zur Stunde auch mit vielfältigen, dringenden und ständig wachsenden Verpflichtungen belastet sein –, denen sich in fremden Ländern die begründete Aussicht bietet, dort ihren Lebensunterhalt zu verdienen, ganz gleich welchen Berufes und welcher Beschäftigung, sei es als Geschäftsleute, als Lehrer, Rechtsanwälte, Ärzte, Schriftsteller, Büroangestellte und ähnliches.

Ich rufe sie besonders auf, ihren ständigen Wohnsitz dorthin zu verlegen.

Dadurch werden sie den ständig wachsenden Druck auf ihren Lehrfonds vermindern, der trotz seines beschränkten Umfanges, soweit nicht anderweitig verfügbar, die Reisekosten und anderen Ausgaben decken muss, die in Verbindung mit der Entwicklung dieses weitläufigen Unternehmens entstehen.

Sollte es ihnen unmöglich sein, an diesem so einzigartigen und heiligen Vorzug teilzuhaben, so mögen sie, der Worte Bahá’u’lláhs eingedenk, sich entschließen, jeder nach den ihm zur Verfügung stehenden Mitteln, einen Vertreter zu benennen, der sich im Namen dieses Gläubigen erhebt und ein so edles Vorhaben durchführt.

»Vereinigt eure Kräfte«, so lauten Bahá’u’lláhs Worte, »um Gottes Glauben zu verbreiten.

Wer immer einer so hohen Berufung würdig ist, der möge sich erheben und ihr Folge leisten.

Wer dazu nicht fähig ist, dessen Pflicht ist es, einen zu benennen, der an seiner Statt diese Offenbarung verkünden wird, deren Kraft die Grundlagen der mächtigsten Bauten erzittern ließ, jeden Berg zu Staub zermalmte und jede Seele zum Verstummen brachte.«Q99
Denjenigen, die ihr Heim und Land verlassen und in jenen Gegenden vorübergehend oder dauernd dienen konnten, obliegt eine besondere Pflicht, die sie sich ständig vor Augen halten müssen.

Es sollte eines ihrer Hauptziele sein, einerseits in ständiger Verbindung mit dem Nationalen Ausschuss zu bleiben, dem die Durchführung dieses Vorhabens anvertraut wurde, und andererseits auf jedem nur möglichen Weg und in völliger Harmonie mit ihren Mitgläubigen in jenen Ländern zusammenzuarbeiten, was immer ihr Tätigkeitsgebiet und wie immer ihre Stellung, Fähigkeit oder Erfahrung auch sein mögen.

Aus der Erfüllung ihrer obersten Pflicht erhalten sie die notwendige Anregung und die erforderliche Führung, die sie befähigen, ihren Auftrag wirkungsvoll auszuführen.

Durch ihre regelmäßigen Berichte an diesen Ausschuss werden sie die Gemeinschaft ihrer Mitgläubigen an den Neuigkeiten der jüngsten Entwicklungen ihrer Tätigkeit teilhaben lassen.

Durch die Erfüllung der anderen Pflicht sichern sie den reibungslosen Ablauf, erleichtern sie den Fortschritt und vermeiden jeden widrigen Vorfall, der die Entwicklung ihres gemeinsamen Unternehmens stören könnte.

Durch den engen Kontakt und die harmonische Verbindung zwischen dem Interamerikanischen Ausschuss, der mit der unmittelbaren Verantwortung der Organisation eines so weitreichenden Unternehmens betraut wurde, und den bevorzugten Pionieren, die dieses Unternehmen tatsächlich ausführen und seine Verzweigungen überall hin ausdehnen, und die Verbindung unter diesen Pionieren selbst, würden außer den unmittelbaren Vorteilen ein würdiges und anfeuerndes Beispiel für jene Generationen setzen, die noch geboren werden und welche die jetzt begonnene Arbeit mit all ihren wachsenden Verflechtungen fortzuführen haben.
In diesen Zeiten, da es die in diesen Ländern auferlegten verschiedenen Beschränkungen vielen Bahá’í-Pionieren schwer machen, ihren Wohnort zu verlegen und ihren Lebensunterhalt in solchen Staaten zu verdienen, wäre es zweifellos von großer Wichtigkeit und hohem Wert, wenn bestimmte Gläubige, deren auch noch so geringes Einkommen ihnen die Mittel für ein unabhängiges Leben gewährt, wenn sie ihre Angelegenheiten so regeln würden, dass sie in der Lage sind, ohne zeitliche Begrenzung in jene Länder umzusiedeln.

Die damit verbundenen Opfer, der Mut, die Glaubenskraft und das erforderliche Durchhaltevermögen sind zweifellos sehr groß.

Ihr Wert kann jedoch heute niemals richtig eingeschätzt werden, und die grenzenlose Belohnung, welche denjenigen zukommt, welche diese Eigenschaften aufweisen, kann unmöglich angemessen geschildert werden.

Bahá’u’lláh bezeugt:

»Diejenigen, die ihr Land verließen, um Unsere Sache zu lehren, wird der getreue Geist durch Seine Macht stärken … Bei Meinem Leben!

Keine Handlung, wie groß sie auch sein mag, ist ihr vergleichbar außer solchen Taten, die Gott, der Allmachtvolle, der Mächtigste, bestimmte.

Dieses Dienen ist in der Tat der König aller guten Taten und die Zierde alles edlen Handelns.«Q100 Eine solche Belohnung, das sollte beachtet werden, darf nicht als eine rein abstrakte Segnung angesehen werden, die nur auf das zukünftige Leben beschränkt ist, sondern als eine spürbare Gnade, welche nur ein solcher Mut und Glaube und eine solche Ausdauer in dieser materiellen Welt verleihen können.

Die großen geistigen und administrativen Leistungen, die in dem weit entfernten Kontinent von Australasien und erst kürzlich in Bulgarien von Gläubigen aus Kanada und aus den Vereinigten Staaten vollbracht worden sind, künden in unmissverständlicher Weise von der Art jener Preise, die ein so bewährtes Heldentum bereits in dieser Welt erringt.

Bahá’u’lláh hat an einer denkwürdigen Stelle geschrieben, zum Preise Seiner Geliebten, »die in Seinem Namen und zu Seiner Lobpreisung durch die Lande gereist sind«:

»Wer immer in ihre Gegenwart gelangt ist, wird sich des Zusammentreffens mit ihnen rühmen, und alle, in jedem Land, werden durch ihr Gedenken erleuchtet werden.«
Der überwiegende Anteil
Wenn ich zu diesem Zeitpunkt des Anteils gedenke, den die Dienerinnen Bahá’u’lláhs seit der Einführung des Glaubens in den Westen zum Unterschied von den Männern gehabt haben, indem sie, auf sich allein gestellt, so viele verschiedenartige und über die Oberfläche des Erdballs weit verstreute Länder erschlossen, dann fühle ich mich veranlasst, nicht nur dieser apostolischen Begeisterung Anerkennung zu zollen, die wahrhaftig an jene heroischen Männer erinnert, die für die Geburt des Glaubens Bahá’u’lláhs verantwortlich waren, sondern auch die Bedeutung eines so überwiegenden Anteiles zu betonen, den die Frauen des Westens hatten und noch haben bei der Errichtung Seines Glaubens in der ganzen Welt.

»Zu den Wundern«, so hat ‘Abdu’l-Bahá bezeugt, »die diese heilige Sendung kennzeichnen, gehört dieses, dass die Frauen größere Kühnheit als die Männer bewiesen, nachdem sie den Reihen des Glaubens beigetreten waren.« Ein so großes und herrliches Zeugnis bezieht sich besonders auf den Westen, und obgleich es bis jetzt reiche und überzeugende Bestätigung erfahren hat, muss es im Verlauf der Jahre weiter verstärkt werden, da die amerikanischen Gläubigen in den glorreichsten Abschnitt ihrer.

Lehrtätigkeit unter dem Siebenjahresplan eintreten.

Die »Kühnheit«, die nach den Worten ‘Abdu’l-Bahás ihre Leistungen in der Vergangenheit gekennzeichnet hat, darf keine Minderung erfahren, da sie an der Schwelle größerer und noch erhabenerer Erfüllungen stehen.

Sie muss vielmehr im Verlauf der Zeit und überall in den weiten und unerschlossenen Gebieten Lateinamerikas noch überzeugender bewiesen werden und für die geliebte Sache noch aufrüttelndere Siege erringen, als sie bis jetzt gewonnen wurden.
An die Bahá’í-Jugend
Ich glaube, ich sollte ein besonderes Wort an die Bahá’í-Jugend richten, wenn ich die Möglichkeiten betrachte, die ein so gewaltiger Feldzug dem eifrigen und wagemutigen Geist zu bieten hat, der die Jugendlichen im Dienste der Sache Bahá’u’lláhs so mächtig belebt.

Obgleich es ihnen an Erfahrung mangelt und sie sich ungenügenden Hilfsquellen gegenübergestellt sehen, so befähigen sie doch der ihnen eigene unternehmerische Geist, die Tatkraft, Aufgewecktheit und der Optimismus, die sie bis jetzt übereinstimmend gezeigt haben, eine aktive Rolle zu spielen im Wecken des Interesses und in der Sicherung der Gefolgschaft ihrer jugendlichen Altersgenossen in jenen Ländern.

Den Bewohnern beider Kontinente kann kein größerer Beweis der jugendlichen Lebenskraft und der pulsierenden Stärke gegeben werden, die das Leben und die Institutionen des heranwachsenden Glaubens Bahá’u’lláhs beseelen, als eine verständnisvolle, ausdauernde und wirksame Teilnahme der Bahá’í-Jugend, ganz gleich welcher Rasse, Nationalität und Klasse, an der Bahá’í-Tätigkeit auf dem Gebiet des Lehrens und der Administration.

Eine solche Beteiligung kann die Kritiker und Feinde des Glaubens, die in unterschiedlichen Graden des Misstrauens und der Entrüstung den Entwicklungsprozess der Sache Gottes und ihrer Institutionen beobachten, am besten von der unzweifelhaften Wahrheit überzeugen, dass dieser Glaube ungemein lebendig, bis in den innersten Kern gesund und sein Schicksal in sicherer Hut ist.

Ich hoffe und bete inständig darum, dass diese Teilnahme dem Glauben nicht nur zum Ruhm, zur Stärke und zum Ansehen gereichen, sondern auch so mächtig auf das geistige Leben der jugendlichen Mitglieder der Bahá’í-Gemeinde einwirken und ihre Energien so anspornen möge, dass sie in die Lage versetzt werden, die ihnen eigenen Fähigkeiten in vollerem Maße zu entfalten und eine weitere Stufe in ihrer geistigen Entwicklung unter dem Schatten des Glaubens Bahá’u’lláhs zu erklimmen.
Die besondere Lage Panamas
Getreu den Anordnungen der von ‘Abdu’l-Bahás Feder niedergelegten Urkunde halte ich es für meine Pflicht, die besondere Aufmerksamkeit derjenigen, denen sie anvertraut wurde, auf die dringenden Bedürfnisse und die besondere Lage, die die Republik von Panama einnimmt, hinzulenken, sowohl im Hinblick auf ihre verhältnismäßige Nähe zum Herzen und Zentrum des Glaubens in Nordamerika als auch auf ihre geographische Lage als Bindeglied zwischen zwei Kontinenten. ‘Abdu’l-Bahá hat mit Bezug auf die Lateinamerikanischen Staaten in einem der Tablets zum Göttlichen Plan geschrieben:

»Alle die obigen Länder sind von Wichtigkeit, besonders gilt dies aber für die Republik Panama, in der der Atlantische und der Pazifische Ozean durch den Panamakanal verbunden sind.

Sie ist ein Zentrum für die Reise und die Durchfahrt von Amerika nach anderen Kontinenten der Welt, und in der Zukunft wird ihr größte Bedeutung zukommen.«Q101 Weiter schrieb Er:

»Ihr müsst ferner der Republik Panama große Aufmerksamkeit widmen, denn an diesem Punkt sind Okzident und Orient durch den Panamakanal vereint, auch liegt sie zwischen zwei großen Ozeanen.

Dieser Bereich wird in Zukunft sehr wichtig werden.

Die Lehren werden, wenn sie dort einmal Fuß gefasst haben, den Osten und Westen, den Norden und Süden verbinden.«Q102 Eine so ausgezeichnete Lage verlangt unzweifelhaft die besondere und sofortige Aufmerksamkeit der amerikanischen Bahá’í-Gemeinde.

Nachdem die Republik Mexiko bereits dem Glauben erschlossen und ein Geistiger Rat in ihrer Hauptstadt ordnungsgemäß gebildet wurde, ist das Vordringen des Glaubens Bahá’u’lláhs in ein Nachbarland nach Süden ein nur natürlicher und folgerichtiger Schritt, der sich, wie zu hoffen steht, als nicht allzu schwierig erweisen sollte.

Keine Anstrengungen sollten gescheut und keine Opfer für zu groß erachtet werden, um eine wenn auch noch so kleine Gruppe in einer Republik zu errichten, die geistig und geographisch eine so strategische Stellung einnimmt.

Im Hinblick auf die Wirkungsmöglichkeit, die ihr die Worte ‘Abdu’l-Bahás bereits verliehen haben, wird diese Gruppe nach ihrer Bildung ganz ohne Zweifel die ausströmende Gnade des Abhá-Königreiches auf sich ziehen und sich mit so unglaublicher Schnelligkeit entwickeln, dass sie das Staunen und die Bewunderung selbst derjenigen erregt, die schon so erregende Zeugnisse der Kraft und Macht des Glaubens Bahá’u’lláhs miterlebt haben.

Zweifellos sollte von allen zukünftigen Pionieren sowie von den Mitgliedern des Interamerikanischen Ausschusses den geistigen Bedürfnissen dieser bevorrechtigten Republik der Vorzug gegeben werden; zugleich sollten größte Anstrengungen gemacht werden, den Glauben, wenn auch nur als Versuch, in die Republiken von Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua und Costa Rica hineinzutragen, denn das würde sie in einer ununterbrochenen Kette mit ihren Muttergemeinden auf dem nordamerikanischen Kontinent verbinden.

Jedes noch so beträchtliche Hindernis sollte überwunden werden, und die Hilfsquellen der Bahá’í-Finanzen sollten freigebig für diesen Zweck ausgeschöpft und die geschicktesten und höchsten Anstrengungen zu ihrer Erweckung unternommen werden.

Die Errichtung eines weiteren Vorpostens der Sache in ihrem Herzen wird, wie ich sicher glaube, einen Markstein in der Geschichte des Gestaltenden Abschnittes des Glaubens Bahá’u’lláhs in der Neuen Welt darstellen.

Sie wird grenzenlose Möglichkeiten schaffen, die Bemühungen anspornen und das Leben derjenigen mit neuen Kräften erfüllen, die diese Heldentat vollbracht haben werden; sie wird ungeheuren Mut und grenzenlose Freude in die Herzen der Gruppen und Einzelstehenden in den benachbarten und fernen Republiken gießen und einen unfassbaren und doch mächtigen geistigen Einfluss auf das Leben und die zukünftige Entwicklung ihrer Einwohner ausüben.
Eine unerforschliche Weisheit, ein alles bezwingender Wille
Geliebte Freunde!

Dies ist das Bild, das sich vor unseren Augen entfaltet und alle Hilfsmittel der amerikanischen Bahá’í-Gemeinde in diesen abschließenden Jahren des ersten Jahrhunderts des Bahá’í-Zeitalters erfordert.

Solcherart sind die Eigenschaften und Fähigkeiten, die von ihnen für die rechte Erfüllung ihrer Verantwortungen und Pflichten verlangt werden.

So sind die Voraussetzungen, die Möglichkeiten und die Ziele des Planes, der jedes Körnchen ihrer Energie beansprucht.

Wer weiß indessen, ob nicht diese wenigen verbleibenden, schnell vorübereilenden Jahre Ereignisse von so unvorstellbarer Größe, härtere Prüfungen, als sie die Menschheit je zu bestehen hatte, und vernichtendere Kämpfe, als sie je vorher dagewesen sind, in sich bergen.

Gefahren, und mögen sie auch noch so unheildrohend sein, dürfen zu keiner Zeit den Glanz ihres neu geborenen Glaubens trüben.

Streit und Verwirrung, so bestürzend sie auch sein mögen, dürfen nie ihre Sicht beeinträchtigen.

Trübsale, so peinigend sie sein mögen, dürfen nie ihre Entschlossenheit erschüttern.

Verleumdungen, mögen sie noch so laut sein, dürfen nie ihre Treue untergraben.

Umwälzungen, mögen sie noch so verheerend sein, dürfen sie nie von ihrem Kurs abbringen.

Der vorliegende Plan, der die knospenden Hoffnungen des hingeschiedenen Meisters verkörpert, muss weiter verfolgt, unnachgiebig verfolgt werden, was immer ihnen in Zukunft. zustoßen und wie beunruhigend die Krise auch sein mag, die ihr Land oder die Welt befällt.

Weit davon entfernt, in ihrer Entschlossenheit nachzugeben oder ihre Aufgabe zu vernachlässigen, sollten sie zu keiner Zeit und unter keinen noch so widrigen Umständen vergessen, dass das Zusammenfallen einer so welterschütternden Krise mit der fortschreitenden Entfaltung und dem Erfolg ihrer göttlich verordneten Aufgabe selbst das Werk der Vorsehung ist, das Vorhaben einer unerforschlichen Weisheit und die Absicht eines alles bezwingenden Willens, eines Willens, der auf seine eigene geheimnisvolle Weise das Geschick des Glaubens und die Schicksale der Menschen führt und überwacht.

Diese gleichzeitigen Vorgänge des Aufstieges und des Unterganges, des Zusammenschlusses und des Auseinanderfallens, der Ordnung und des Chaos mit ihren ständigen und wechselseitigen Auswirkungen aufeinander sind nur Erscheinungen eines einzigen und unteilbaren, größeren Planes, dessen Quelle Gott und dessen Verfasser Bahá’u’lláh ist, der sich auf dem Schauplatz des gesamten Erdballs verwirklicht und dessen letztes Ziel die Einheit und der Frieden der gesamten Menschheit ist.
Solche Überlegungen sollten die Entschlusskraft der gesamten Bahá’í-Gemeinde stählen, ihre bösen Vorahnungen verbannen und sie aufrütteln, sich jeder einzelnen Verordnung jener göttlichen Urkunde erneut zu widmen, deren Rahmen durch ‘Abdu’l-Bahás Feder für sie umrissen wurde. Der Siebenjahresplan ist, wie schon gesagt, nur das Anfangsstadium, eine Stufe in der Entfaltung weiterer Folgerungen dieser Urkunde. Der ursprünglich durch die Bewegung jener Feder erzeugte Impuls, der nun mit wachsender Kraft das Getriebe des Siebenjahresplanes weitertreibt, muss in den Anfangsjahren des nächsten Jahrhunderts weiter beschleunigt werden und die amerikanische Bahá’í-Gemeinde dazu drängen, weitere Abschnitte in der Entfaltung des Göttlichen Planes in Angriff zu nehmen, Abschnitte, die sie weit über die Ufer der nördlichen Hemisphäre hinaustragen in Länder und unter Völker, wo die edelsten Heldentaten dieser Gemeinde zu vollbringen sein werden.
Das Kommen des Königreiches
Jeder Zweifler an diesem Kurs, dem zu folgen dieser beneidenswerten Gemeinde bestimmt ist, möge sich den folgenden Worten ‘Abdu’l-Bahás zuwenden und darüber nachsinnen; sie sind für alle Zeiten in den Tablets des Göttlichen Planes verwahrt und richten sich an die gesamte Gemeinde der Gläubigen in den Vereinigten Staaten und Kanada:

»Das volle Maß eures Erfolges«, teilt Er ihnen mit, »ist noch nicht offenbart, seine Bedeutung noch nicht erfasst.

Binnen kurzem werdet ihr mit euren eigenen Augen Zeuge sein, wie herrlich jeder von euch, gleich einem leuchtenden Stern, das Licht der Göttlichen Führung am Firmament eures Landes ausstrahlen und seinen Bewohnern den Ruhm ewigen Lebens verleihen wird … Der Umfang eurer zukünftigen Taten bleibt noch unenthüllt.

Ich hoffe inständig, dass in naher Zukunft die ganze Erde durch das Ergebnis eurer Taten aufgerüttelt und erschüttert wird.

Deshalb hegt ‘Abdu’l-Bahá für euch die Hoffnung, dass der gleiche Erfolg, der euren Bemühungen in Amerika beschieden war, auch eure Anstrengungen in anderen Teilen der Welt krönen möge, dass durch euch der Ruhm der Sache Gottes in Ost und West verbreitet werde und dass das Kommen des Königreiches des Herrn der Heerscharen in allen fünf Kontinenten des Erdballes verkündet werde.«Q103 Höchst bedeutungsvoll fügt Er hinzu:

»In dem Augenblick, da die amerikanischen Gläubigen diese Göttliche Botschaft über die Küsten Amerikas hinaustragen und sie auf den Kontinenten von Europa, Asien, Afrika und Australasien bis hin zu den Inseln des Pazifik verbreiten, wird sich diese Gemeinde auf dem Thron immerwährender Herrschaft eindeutig bestätigt finden.

Dann werden alle Völker der Welt Zeuge sein, dass diese Gemeinde geistig erleuchtet und göttlich geführt wird.

Dann wird die ganze Erde widerhallen vom Lobpreis ihrer Majestät und Größe.«Q104
Kein Leser dieser Worte, die so geladen sind mit Verheißungen, welche nicht einmal die siegreiche Vollendung des Siebenjahresplanes erfüllen könnte, darf erwarten, dass eine so hoch erhobene und so reich beschenkte Gemeinde sich mit irgendwelchen Lorbeeren begnügt, die sie in nächster Zukunft erringen mag. Auf diesen Lorbeeren auszuruhen wäre in der Tat gleichbedeutend mit dem Verrat an dem Vertrauen, das von ‘Abdu’l-Bahá in diese Gemeinde gesetzt wurde. Die Kette der Siege zu zerreißen, die sie zu jenem höchsten Sieg führen soll, da »die ganze Erde aufgerüttelt und erschüttert wird«Q105 durch das Ergebnis ihrer Taten, würde Seine Hoffnungen zerstören. Schwankend zu werden und zu versagen bei der Aufgabe, diese Botschaft, die sie auf dem amerikanischen Kontinent so hervorragend verkündet haben, auch »auf den Kontinenten von Europa, Asien, Afrika und Australasien bis hin zu den Inseln des Pazifik zu verbreiten«, würde sie des Vorrechts berauben, »auf dem Thron immerwährender Herrschaft eindeutig bestätigt«Q106 zu werden. Die Ehre zu verscherzen, »das Kommen des Königreiches des Herrn der Heerscharen« in »allen fünf Kontinenten des Erdballes«Q107 zu verkünden, würde jenen »Lobpreis ihrer Majestät und Größe«Q108 verstummen lassen, der andernfalls über »die ganze Erde«Q109 erschallen würde.
Ich bin fest davon überzeugt, dass die amerikanischen Gläubigen, die Botschafter des Glaubens Bahá’u’lláhs, niemals ein solches Wanken, Versagen oder eine solche Nachlässigkeit zulassen werden. Ein solches Vertrauen wird niemals verraten werden, solche Hoffnungen können nie zerstört werden, ein solches Vorrecht wird nie verwirkt werden, noch werden solche Lobpreisungen unausgesprochen bleiben. Nein, die heutige Generation dieser gesegneten, dieser wiederholt gesegneten Gemeinde wird vielmehr immer mehr erstarken. Da sich dieses erste Jahrhundert seinem Ende nähert, wird sie den Generationen, die ihr im zweiten folgen, die Fackel Göttlicher Führung weiterreichen, unverdunkelt durch die stürmischen Winde, die sie umtoben, damit jene ihrerseits, getreu dem Wunsch und Auftrag ‘Abdu’l-Bahás, diese Fackel mit der gleichen Tatkraft, Treue und Begeisterung zu den dunkelsten und entferntesten Winkeln der Erde tragen können.
Innig geliebte Freunde! In meinem Verlangen, jedem von euch alle in meiner Macht liegende Unterstützung zukommen zu lassen, die euch befähigen mag, die euch göttlich verordneten, ständig wachsenden Pflichten wirksamer zu erfüllen, kann ich nichts besseres tun, als eure besondere Aufmerksamkeit zu dieser entscheidenden Stunde auf die unsterblichen Textstellen zu lenken, die teilweise aus der großen Anzahl von unveröffentlichten und unübersetzten Schriften Bahá’u’lláhs ausgewählt wurden. In Seiner Offenbarung der Stufe und Aufgaben Seiner Geliebten, in Seinem Lob der Größe Seiner Sache, in Seiner Betonung der überragenden Bedeutung des Lehrens oder in den Gefahren, die Er andeutet, den Ratschlägen, die Er erteilt, den Warnungen, die Er äußert, den Ausblicken, die Er eröffnet, und in den Versicherungen und Verheißungen, die Er ausspricht, können diese dynamischen und typischen Beispiele der erhabenen Äußerungen Bahá’u’lláhs, von denen jede in direktem Bezug steht zu den Aufgaben, denen sich die amerikanische Bahá’í-Gemeinde zur Zeit gegenübergestellt sieht oder die noch vor ihr liegen, nicht verfehlen, in Geist und Seele eines jeden ihrer Mitglieder, der sich ihnen mit entsprechender Demut und Loslösung nähert, solche Wirkungen auszulösen, dass sein gesamtes Sein erleuchtet und seine täglichen Anstrengungen ungeheuer vertieft werden.
»O Freunde!

Seid nicht achtlos gegenüber den Tugenden, die euch verliehen wurden, noch vernachlässigt eure hohe Bestimmung … Ihr seid die Sterne am Himmel des Verstehens, die Brise, die sich zu Beginn des Tages erhebt, die sanft fließenden Wasser, von denen das wirkliche Leben aller Menschen abhängt, die Buchstaben, die auf Seiner heiligen Rolle eingetragen sind.« Q110 »O Volk Bahás!

Ihr seid der Frühlingswind, der über die Welt weht.

Durch euch haben Wir die Welt des Seins mit der Zierde des Erkennens des Gnadenvollsten geschmückt.

Durch euch ist das Angesicht der Welt mit einem Lächeln geziert worden und hat die Pracht Seines Lichtes aufgeleuchtet.

Haltet euch an das Seil der Beständigkeit in solcher Weise, dass alle eitlen Einbildungen verschwinden.

Eilt hervor vom Horizont der Macht im Namen eures Herrn, des Unbeschränkten, und verkündet Seinen Dienern mit Weisheit und Beredsamkeit die Botschaften Seiner Sache, mit deren Glanz die Welt des Daseins übergossen wurde.

Hütet euch, damit euch nichts von der Beachtung der Dinge abhalte, die von der Feder der Herrlichkeit für euch verordnet wurden, als sie mit unumschränkter Majestät und Macht über Sein Tablet geführt ward.

Groß ist die Segnung für den, der auf ihre helle Stimme hörte, als sie durch die Macht der Wahrheit vor allen erhoben wurde, die im Himmel sind, und vor allen, die auf Erden wohnen … O Volk Bahás!

Der Strom, der wirklich Leben bedeutet, ist um euretwillen geflossen.

Trinkt davon in Meinem Namen und achtet derer nicht, die nicht an Gott, den Herrn der Offenbarung, geglaubt haben.

Wir haben euch erschaffen, um die Hände Unserer Sache zu sein.

Erringt den Sieg für diesen Unterdrückten, der in den Händen der Missetäter schwer geprüft wurde.

Er wird wahrlich jedem helfen, der Ihm hilft, und wird an jeden denken, der Seiner gedenkt.

Dafür legt dieses Tablet Zeugnis ab, das den Glanz der liebenden Güte eures Herrn, des Allherrlichen, des Allbezwingenden, ausgegossen hat.« »Gesegnet sind die Diener Bahas!

Gott ist Mein Zeuge!

Sie sind der Trost für das Auge der Schöpfung.

Durch sie wurde das Weltall geschmückt und das Bewahrte Tablet verschönt.

Sie sind diejenigen, die in der Arche der völligen Unabhängigkeit segelten, ihre Gesichter dem Tagesanbruch der Schönheit zugewendet.

Wie sehr sind sie gesegnet, da sie zu dem gelangten, was ihr Herr, der Allwissende, bestimmt hat.

Ihr Licht schmückte die Himmel und erleuchtete die Gesichter derer, die zu Ihm hingezogen wurden.« »Bei dem Kummer, der die Schönheit des Allherrlichen betrübt!

Die Stufe, die für den wahren Gläubigen verordnet wurde, ist so herrlich, dass, wenn auch nur ein winziges Körnchen ihrer Herrlichkeit vor der Menschheit entschleiert würde, jeder Schauende sich verzehren würde in dem Verlangen, sie zu erreichen.

Aus diesem Grunde würdewurde bestimmt, dass in diesem irdischen Leben das volle Ausmaß der Herrlichkeit seiner eigenen Stufe vor dem Auge eines solchen Gläubigen verborgen bleibt.« Q111 »Wenn der Schleier gelüftet und die volle Herrlichkeit der Stufe derer offenbar gemacht würde, die sich ganz Gott zugewendet und in ihrer Liebe zu ihm der Welt entsagt haben, würde die ganze Schöpfung verstummen.« Q112
»Wahrlich, Ich sage!

Niemand hat den Urgrund dieser Sache begriffen.

Es obliegt an diesem Tage jedem, mit dem Auge Gottes zu schauen und mit Seinem Ohr zu hören.

Wer Mich mit einem anderen Auge als dem Meinen betrachtet, wird Mich nie erkennen können.

Keine der früheren Manifestationen hat, außer bis zu einem vorgeschriebenen Umfange, das Wesen dieser Offenbarung jemals völlig erfasst.« »Ich bezeuge vor Gott die Größe, die unfassbare Größe dieser Offenbarung.

Wieder und wieder haben Wir in den meisten Unserer Tablets für diese Wahrheit Zeugnis abgelegt, damit die Menschheit aus ihrer Achtlosigkeit aufgerüttelt würde.« Q113 »Wie groß ist die Sache, wie erschütternd das Gewicht ihrer Botschaft!« Q114 »In dieser mächtigsten Offenbarung haben alle Sendungen der Vergangenheit ihre höchste und letzte Vollendung erreicht.« Q115 »Was in dieser hervorragenden, erhabensten Offenbarung kundgemacht wurde, ist ohne Beispiel in der Geschichte der Vergangenheit, auch werden zukünftige Zeitalter gleiches nie erleben.« Q116 »Die Absicht, die der ganzen Schöpfung zugrunde liegt, ist die Offenbarung dieses erhabensten, dieses heiligsten Tages, des Tages, der als Tag Gottes in Seinen Büchern und Schriften bekannt ist – der Tag, den alle Propheten und die Auserwählten und die Heiligen mitzuerleben wünschten.« »Das Wesentlichste und der vollkommenste Ausdruck dessen, was immer die Menschen in früheren Zeiten entweder gesagt oder geschrieben haben, ist durch diese gewaltigste Offenbarung vom Himmel des Willens des Allbesitzenden, des Ewigwährenden Gottes herabgesandt worden.« Q117 »Dies ist der Tag, an dem Gottes vortrefflichste Gunstbezeigungen über die Menschen ausgeschüttet wurden, der Tag, an dem Seine mächtigste Gnade allen erschaffenen Dingen eingeflößt wurde.« Q118 »Dies ist der Tag, an dem der Ozean des Erbarmens Gottes den Menschen kundgetan wurde, der Tag, an dem das Tagesgestirn Seiner liebenden Güte seinen Glanz über sie ausgoss, der Tag, an dem die Wolken Seiner gnadenreichen Gunst die ganze Menschheit überschatteten.« Q119 ».Bei der Gerechtigkeit Meines eigenen Selbstes!

Groß, unermesslich groß ist diese Sache!

Mächtig, unvorstellbar mächtig ist dieser Tag!« Q120 »Jeder Prophet hat das Kommen dieses Tages angekündigt, und jeder Gottgesandte hat heftig nach dieser Offenbarung verlangt – einer Offenbarung, bei deren Enthüllung alle erschaffenen Dinge ausriefen und sprachen: ›Die Erde ist Gottes, des Erhabensten, des Größten!‹« »

Der Tag der Verheißung ist gekommen, und Er, der der Verheißene ist, verkündet laut vor allen im Himmel und auf Erden: ›Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden!‹ Ich schwöre bei Gott!

Was seit Ewigkeit in der Weisheit Gottes, des Kenners des Sichtbaren und des Unsichtbaren verwahrt war, ist geoffenbart.

Glücklich das Auge, das Gottes Antlitz sieht, glücklich das Antlitz, das sich Ihm zuwendet, dem Herrn allen Seins!« »Wahrlich, dieser Tag ist groß!

Die Hinweise auf ihn in allen heiligen Schriften als den Tag Gottes bestätigen Seine Größe.

Die Seele jedes Propheten Gottes, jedes Göttlichen Boten hat nach diesem wundersamen Tag gedürstet.

Die mannigfaltigen Bewohner der Erde haben sich alle danach gesehnt, an ihm teilzuhaben.« Q121 »An diesem Tage ist ein Tor weit geöffnet, weiter noch als Himmel und Erde zusammen.

Das Auge des Erbarmens Dessen, Der das Verlangen der Welt ist, blickt auf alle Menschen.

Eine Tat, und sei sie noch so unscheinbar, ist, wenn sie im Spiegel der Erkenntnis Gottes betrachtet wird, mächtiger als ein Gebirge.

Jeder Tropfen, der auf Seinem Pfad dargebracht wurde, ist in diesem Spiegel wie ein Meer.

Denn dies ist der Tag, den der eine wahre Gott, verherrlicht sei Er, in allen Seinen Büchern Seinen Propheten und Seinen Boten angekündigt hat.« »Dies ist eine Offenbarung, in der unzählige Meere den Menschen belohnen werden, der ihretwegen auch nur einen Tropfen Blutes vergießt.« Q122 »Ein flüchtiger Augenblick an diesem Tage übertrifft Jahrhunderte eines vergangenen Zeitalters … Weder Sonne noch Mond waren Zeuge eines solchen Tages.« Q123 »Dies ist der Tag, an dem die unsichtbare Welt ausruft: ›Groß ist deine Glückseligkeit, o Erde, denn du bist zum Schemel deines Gottes gemacht und zum Sitz Seines mächtigen Thrones erwählt worden.‹« Q124 »Die Welt des Daseins erstrahlt an diesem Tage in der Pracht dieser Göttlichen Offenbarung.

Alle erschaffenen Dinge preisen seine rettende Gnade und singen sein Lob.

Das Weltall ist von der Verzückung der Freude und Fröhlichkeit umfangen.

Die Schriften früherer Offenbarungen feiern das große Jubelfest, das diesem größten Tag Gottes gebührt.

Wohl dem, der gelebt hat, diesen Tag zu sehen, und seine Stufe erkannt hat.« Q125 »An diesem Tage ist eine andere Sonne aufgegangen, und ein anderer Himmel wurde mit seinen Sternen und seinen Planeten geschmückt.

Die Welt ist eine andere Welt, und die Sache ist eine andere Sache.« »Dies ist der Tag, mit dem vergangene Zeitalter und Jahrhunderte niemals wetteifern können.

Erkenne dies und gehöre nicht zu den Unwissenden.« »Dies ist der Tag, an dem menschlichen Ohren das Vorrecht eingeräumt wurde zu hören, was Er, der mit Gott verkehrteA3, auf dem Sinai hörte, was Er, der Freund GottesA4, hörte, als Er zu Ihm emporgehoben wurde, was Er, der Geist GottesA5, hörte, als Er zu Ihm aufstieg, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.« »Dieser Tag ist der Tag Gottes, und diese Sache ist Seine Sache.

Glücklich, wer dieser Welt entsagt und sich hält an Ihn, die Morgensonne der Offenbarung Gottes.« »Dies ist der König der Tage, der Tag, der das Kommen des Inniggeliebten gesehen hat, Er, der seit aller Ewigkeit als das Verlangen der Welt gepriesen wurde.« Q126 »Dies ist der höchste aller Tage und der König unter ihnen.

Groß ist die Glückseligkeit dessen, der durch den süßen Duft dieser Tage immerwährendes Leben erreicht hat und der sich mit der größten Standhaftigkeit erhoben hat, der Sache Dessen beizustehen, der der König der Namen ist.

Ein solcher Mensch ist wie ein Auge für den Körper der Menschheit.« »Unvergleichlich ist dieser Tag, denn er ist wie das Auge für vergangene Zeitalter und Jahrhunderte und wie ein Licht in der Finsternis der Zeiten.« »Dieser Tag unterscheidet sich von anderen Tagen, und diese Sache unterscheidet sich von allen anderen.

Bittet den einen wahren Gott, dass Er den Augen der Menschen nicht verwehren möge, Seine Zeichen zu erblicken, noch ihren Ohren, die helle Stimme der Feder der Herrlichkeit zu hören.« »Diese Tage sind Gottes Tage; mit einem Augenblick daraus können Zeitalter und Jahrhunderte niemals wetteifern.

Ein Atom ist in diesen Tagen wie die Sonne, ein Tropfen wie das Meer.

Jeden einzelnen Atemzug, der in der Liebe Gottes und zu Seinem Dienst ausgehaucht wird, zeichnet die Feder der Herrlichkeit auf als eine fürstliche Tat.

Würden die wirkenden Kräfte dieses Tages aufgezählt, so wären alle wie vom Donner getroffen außer denen, die Dein Herr ausgenommen hat.« »Bei der Gerechtigkeit Gottes!

Dies sind die Tage, an denen Gott die Herzen der gesamten Schar Seiner Boten und Propheten geprüft hat und darüber hinaus derjenigen, die vor Seinem ehrwürdigen und unverletzlichen Heiligtum Wache halten, den Insassen des himmlischen Gebäudes und den Bewohnern des Zeltes der Herrlichkeit.« Q127 »Würde die Größe dieses Tages in ihrem ganzen Umfange offenbart werden, dann gäbe ein jeder Mensch eine Unzahl von Leben – und wieviel mehr diese Welt und ihre vergänglichen Schätze – in der Sehnsucht hin, an seiner großen Herrlichkeit und sei es auch nur für einen Augenblick, teilzuhaben!« Q128 »Gott, der Wahre, ist Mein Zeuge!

Dies ist der Tag, an dem es jedem Sehenden obliegt zu schauen, jedem hörenden Ohr zu horchen, jedem verstehenden Herzen zu erfassen und jeder sprechenden Zunge, allen, die im Himmel und auf Erden sind, zu verkünden diesen heiligen, diesen erhabenen und allerhöchsten Namen.« »Sprich: o Mensch!

Dies ist ein beispielloser Tag.

Beispiellos muss auch die Zunge sein, die das Lob des Verlangens aller Völker verherrlicht, und beispiellos die Tat, die danach strebt, in Seinen Augen angenommen zu werden.

Die ganze Menschheit hat sich nach diesem Tage gesehnt, dass er vielleicht erfüllen möge, was ihrer Stufe wohl geziemt und ihrer Bestimmung würdig ist.« Q129
»Durch die Bewegung Unserer Feder der Herrlichkeit haben Wir auf das Gebot des Allgewaltigen Verordners hin jeder menschlichen Gestalt neues Leben eingehaucht und jedem Wort neue Kraft verliehen.

Alles Erschaffene verkündet die Beweise dieser weltweiten Erneuerung.« Q130 »O Menschen!

Ich schwöre bei dem einen wahren Gott!

Dies ist der Ozean, aus dem alle Meere hervorgegangen sind und mit dem jedes von ihnen letztlich vereinigt werden wird.

Durch Ihn wurden alle Sonnen erzeugt, und zu Ihm werden sie alle zurückkehren.

Durch Seine Macht haben die Bäume der Göttlichen Offenbarung ihre Früchte hervorgebracht, und jede von ihnen ist in der Gestalt eines Propheten herabgesandt worden, der eine Botschaft für Gottes Geschöpfe in jeder der Welten trug, deren Zahl Gott allein in Seiner allumfassenden Kenntnis zählen kann.

Dies hat Er durch die Vermittlung nur eines einzigen Buchstabens Seines Wortes vollbracht, das durch Seine Feder geoffenbart wurde – einer durch Seinen lenkenden Finger bewegten Feder – wobei der Finger gestärkt wurde durch die Macht der Wahrheit Gottes.« Q131 »Bei der Gerechtigkeit des einen wahren Gottes!

Wenn das Staubkörnchen eines Edelsteines verlorenginge und unter einem Berg von Steinen begraben und hinter den sieben Meeren verborgen läge, würde die Hand des Allgewaltigen es sicher an diesem Tag zum Vorschein bringen, rein und frei von allem Schmutz.« Q132 »Jeder einzelne Buchstabe, der aus Unserem Munde kommt, ist mit solcher Erneuerungskraft ausgestattet, dass er fähig ist, eine neue Schöpfung ins Leben zu rufen – eine Schöpfung, deren Erhabenheit für alle außer Gott unergründlich ist.

Er hat wahrhaftig Kenntnis von allen Dingen.« Q133 »Sollten wir es wünschen, so stünde es in Unserer Kraft, ein schwebendes Körnchen Staub zu befähigen, in weniger als einem Augenblick Sonnen von unendlichem, unvorstellbarem Glanz zu erzeugen, oder einen Tautropfen zu veranlassen, sich zu ausgedehnten und zahllosen Meeren zu entwickeln, oder jedem Buchstaben solch eine Kraft einzuflößen, dass er in die Lage versetzt wäre, all das Wissen vergangener und zukünftiger Zeitalter zu entfalten.« Q134 »Wir sind im Besitze einer solchen Macht, die, sollte sie ans Licht gebracht werden, das tödlichste Gift in ein Allheilmittel von unfehlbarer Wirkung umzuwandeln vermöchte.« Q135
»Die Tage nähern sich ihrem Ende, und doch sieht man die Völker der Erde in schmerzlicher Achtlosigkeit versunken und in offenkundigem Irrtum befangen.« »Groß, groß ist der Glaube!

Die Stunde nähert sich, in der die größte Erschütterung deutlich wird.

Ich schwöre bei Ihm, Der die Wahrheit ist!

Sie wird jeden mit Scheidung treffen, selbst diejenigen, die sich um Mich scharen.« »Sprich: o Menge der Achtlosen!

Ich schwöre bei Gott!

Der verheißene Tag ist gekommen, der Tag, an dem schreckliche Prüfungen über euren Köpfen und unter euren Füßen branden und verkünden: ›Kostet das Werk eurer Hände!‹« »Die Zeit ist da für die Vernichtung der Welt und ihrer Bewohner.

Er, der Urewige, ist gekommen, damit Er unvergängliches Leben und ewiges Bewahren verleihe, und das bringe, was dem wahren Leben förderlich ist.« »Der Tag naht, da ihreA6 Flamme die Städte verschlingen wird, da die Zunge der Größe verkünden wird: ›Das Königreich ist Gottes, des Allmächtigen, des Allgepriesenen!‹« Q136 »O ihr Verständnislosen!

Eine schwere Prüfung für euch zieht heran und wird euch plötzlich heimsuchen.

Seid rührig – vielleicht geht sie dann vorüber ohne Schaden anzurichten!« Q137 »O ihr Völker der Welt!

Wisset wahrlich, dass unvorhergesehenes Elend euch folgt und schmerzliche Vergeltung eurer harrt.

Denkt nicht, dass die Taten, die ihr begangen habt, vor meinen Augen ausgelöscht sind.« Q138 »O ihr Achtlosen!

Obgleich die Wunder Meines Erbarmens alles Erschaffene, das sichtbare wie das unsichtbare, umschlossen und die Offenbarungen Meiner Gnade und Güte jedes Atom des Weltalls durchdrungen haben, ist dennoch die Rute, mit der Ich die Gottlosen züchtigen kann, schmerzhaft, und die Heftigkeit Meines Zornes gegen sie ist furchtbar.« Q139 »Seid nicht bekümmert über diejenigen, die sich mit den Dingen dieser Welt beschäftigen und das Gedenken Gottes, des Größten, vergessen haben.

Bei Ihm, Der die Ewige Wahrheit ist!

Der Tag nähert sich, an dem der grimmige Unwille des Allmächtigen sie erfasst haben wird.

Er ist wahrlich der Allgewaltige, der Allbezwingende, der Mächtigste.

Er wird die Erde von der Befleckung ihrer Verderbtheit reinigen, und wird sie als Erbe denjenigen Seiner Diener geben, die Ihm nahe sind.« Q140 »Bald wird der Ruf ›Wahrlich, wahrlich, hier bin Ich, hier bin Ich‹A7 in jedem Lande gehört werden.

Denn es hat niemals und wird niemals eine andere Zuflucht für irgendjemanden geben, zu der er fliehen könnte.« »Und wenn die festgesetzte Stunde gekommen ist, wird plötzlich das erscheinen, was die Glieder der Menschheit erzittern lässt.

Dann und nur dann wird das Göttliche Banner entfaltet werden und die Nachtigall des Paradieses ihre Melodie singen.« Q141
»Zu Beginn jeder Offenbarung hat viel Not geherrscht, die später in großes Wohlergehen umgewandelt wurde.« »Sprich: o Volk Gottes!

Gebt Acht, dass die irdischen Gewalten euch nicht beunruhigen, die Macht der Völker euch nicht schwach mache, der Lärm streitender Menschen euch nicht erschrecke oder die Inhaber irdischen Ruhmes euch betrüben.

Steht fest wie ein Berg in der Sache eures Herrn, des Allmächtigen, des Allherrlichen, des Unbezwungenen.« »Sprich:

Hütet euch, o Volk Bahas, damit nicht die Starken der Erde euch eurer Stärke berauben oder die, welche die Welt regieren, euch mit Furcht erfüllen.

Setzt euer Vertrauen auf Gott und übergebt eure Angelegenheiten Seiner Obhut.

Er wird euch wahrlich durch die Kraft der Wahrheit siegreich machen.

Er wahrlich ist mächtig zu tun, was Er will, und in Seinem Griff liegen die Zügel der allgewaltigen Macht.« »Ich schwöre bei Meinem Leben!

Meine Geliebten kann nur das befallen, was ihnen von Vorteil ist.

Dies bezeugt die Feder Gottes, des Mächtigsten, des Allherrlichen, des Meistgeliebten.« »Lasst nicht die Geschehnisse der Welt euch betrüben.

Ich schwöre bei Gott!

Das Meer der Freude sehnt sich danach, in eure Gegenwart zu gelangen, denn alles Gute wurde für euch erschaffen und wird euch den Notwendigkeiten der Zeiten entsprechend offenbart werden.« »O Meine Diener!

Sorgt euch nicht, wenn in diesen Tagen und auf diesem irdischen Planeten Dinge gegen euer Wünschen von Gott verordnet und kundgetan wurden, denn Tage seliger Freude und himmlischen Entzückens erwarten euch.

Heilige und geistig herrliche Welten werden eure Augen erblicken.

Ihr seid von Ihm in dieser Welt und im künftigen Leben ausersehen, ihre Wohltaten zu genießen, an ihren Freuden teilzuhaben und einen Anteil an ihrer stärkenden Gnade zu erhalten.

Ihr werdet zweifellos zu jeder einzelnen von ihnen gelangen.« Q142
»Dies ist der Tag, an dem gesprochen werden muss.

Es ist die Aufgabe des Volkes Bahas, mit äußerster Geduld und Nachsicht danach zu streben, die Völker der Welt zum Größten Horizont zu führen.

Jeder Körper ruft laut nach einer Seele.

Durch den Atem des Wortes Gottes müssen himmlische Seelen die toten Körper mit frischem Geist beleben.

In jedem Wort ist ein neuer Geist verborgen.

Glücklich ist der Mensch, der dahin gelangt und sich aufgemacht hat, die Sache Dessen zu lehren, der der König der Ewigkeit ist.« »Sprich: o Diener!

Der Sieg dieser Sache hing ab und wird weiterhin abhängen von dem Auftreten heiliger Seelen, von dem Aufzeigen guter Taten und von der Offenbarung von Worten vollendeter Weisheit.« »Vereinigt eure Kraft zur Verbreitung des Glaubens Gottes.

Wer immer einer so hohen Berufung würdig ist, soll sich erheben und sich für ihn einsetzen.

Wer dazu nicht fähig ist, dessen Pflicht ist es, den zu benennen, der an seiner Statt diese Offenbarung verkünden wird, deren Kraft die Grundlagen der mächtigsten Bauten erzittern ließ, jeden Berg zu Staub zermalmte und jede Seele verstummen machte.« Q143 »

Lasst eure Hauptsorge sein, den Gefallenen aus dem Sumpf drohender Vernichtung zu erretten und ihm zu helfen, den altehrwürdigen Glauben Gottes anzunehmen.

Euer Verhalten gegenüber eurem Nachbarn muss so sein, dass es die Zeichen des einen wahren Gottes klar verdeutlicht, denn ihr seid die ersten unter den Menschen, die durch Seinen Geist neu erschaffen wurden, die ersten, Ihn anzubeten und das Knie vor Ihm zu beugen, die ersten, sich um Seinen Thron der Herrlichkeit zu scharen.« Q144 »O ihr Geliebten Gottes!

Legt euch nicht auf eurem Lager zur Ruhe, nein, erhebt euch, sobald ihr euren Herrn, den Schöpfer, erkennt und von den Dingen hört, die Ihn befallen haben, und eilt zu Seiner Unterstützung herbei.

Löst eure Zungen und hört nicht auf, Seine Sache zu verkünden.

Dies wird besser für euch sein als alle Schätze der Vergangenheit und der Zukunft, wenn ihr zu denen gehört, die diese Wahrheit begreifen.« Q145 »Ich schwöre bei Ihm, Der die Wahrheit ist!

Binnen kurzem wird Gott den Anfang des Lebensbuches mit der Erwähnung Seiner Geliebten schmücken, die Trübsal auf Seinem Pfade erlitten haben und in Seinem Namen und zu Seinem Lobpreis durch die Länder reisten.

Wer immer in ihre Gegenwart gelangt ist, wird sich des Zusammentreffens mit ihnen rühmen, und alle, die in jedem Lande wohnen, werden durch ihr Gedenken erleuchtet werden.« »Wetteifert miteinander im Dienste Gottes und Seiner Sache.

Dies ist wahrhaftig, was euch in dieser Welt und in der kommenden von Nutzen sein wird.

Euer Herr, der Gott der Barmherzigkeit, ist der Allunterrichtete, der Allwissende.

Seid nicht bekümmert über die Dinge, die ihr in diesen Tagen erlebt.

Der Tag wird kommen, an dem die Zungen der Völker verkünden werden: ›Die Erde ist Gottes, des Allmächtigen, des Einzigen, des Unvergleichlichen, des Allwissenden!‹« »Gesegnet ist der Ort, und das Haus, und der Platz, und die Stadt, und das Herz, und das Gebirge, und der Zufluchtsort, und die Höhle, und das Tal, und das Land, und das Meer, und die Insel, und die Wiese, wo Gottes Erwähnung getan und Sein Lob gepriesen wurde.« »Wird die Reise von Ort zu Ort um Gottes willen unternommen, so kann sie auch jetzt ihren Einfluss in der Welt ausüben, so wie sie es immer getan hat.

In den früheren Büchern wurde die Stufe derjenigen, die nah und fern herumreisten, um die Diener Gottes zu führen, festgesetzt und niedergeschrieben.« »Ich schwöre bei Gott!

So wunderbar sind die Dinge, die für die Standhaften bestimmt wurden, dass, würde von ihnen nur so viel wie ein Nadelöhr enthüllt, alle, die im Himmel und auf Erden sind, wie vom Donner gerührt wären, außer denen, die Gott, der Herr aller Welten, auszunehmen bestimmt hat.« »Ich schwöre bei Gott!

Das, was für den ausersehen wurde, der Meiner Sache beisteht, übertrifft die Schätze der Erde!« »Wer seine Lippen an diesem Tage öffnet und des Namens seines Herrn Erwähnung tut, zu dem werden die Heerscharen der Göttlichen Eingebung vom Himmel Meines Namens, des Allwissenden, des Allweisen, herabsteigen.

Zu ihm wird auch die hehre Versammlung herabkommen, von der jeder einen Kelch reinen Lichtes emporhält.

So wurde es im Königreich der Offenbarung Gottes vorherbestimmt auf Geheiß Dessen, Der der Allherrliche, der Mächtige ist.« Q146 »Bei der Gerechtigkeit Dessen, Der an diesem Tag im innersten Herzen alles Erschaffenen ausruft: ›Gott!

Es ist kein Gott außer Mir!‹A8 Wenn sich ein Mensch erhebt, um in seinen Schriften die Sache Gottes gegen ihre Angreifer zu verteidigen, so wird dieser, wie unbedeutend sein Beitrag sein mag, in der nächsten Welt so geehrt werden, dass die himmlische Versammlung ihn um seinen Ruhm beneiden wird.

Keine Feder kann die Erhabenheit seiner Stufe schildern, noch kann irgendeine Zunge deren Glanz beschreiben.« Q147 »So Gott will werdet ihr alle gestärkt werden, um den Willen Gottes auszuführen, und wird euch gnädiglich geholfen werden, den Rang zu würdigen, der denen seiner Geliebten verliehen wurde, die sich erhoben haben, Ihm zu dienen und Seinen Namen zu rühmen.

Auf ihnen sei die Herrlichkeit Gottes, die Herrlichkeit von allem, was im Himmel ist, und allem, was auf Erden ist, und die Herrlichkeit der Bewohner des erhabensten Paradieses, des Himmels der Himmel.« Q148 »O Volk Bahas!

Dass es keinen gibt, mit euch in Wettstreit zu treten, ist ein Zeichen der Barmherzigkeit.

Trinkt aus dem Kelch der Gnade den Wein der Unsterblichkeit ungeachtet derer, die Gott, den Herrn der Namen und Schöpfer der Himmel, verleugnet haben.«
»Ich schwöre bei dem einen wahren Gott!

Dies ist der Tag derer, die sich von allem außer Ihm losgesagt haben, der Tag derer, die Seine Einheit erkannt haben, der Tag, an dem Gott mit den Händen Seiner Macht göttliche Existenzen und unvergängliche Wesen erschafft, von denen jedes die Welt und alles, was darinnen ist, hinter sich wirft und so standhaft in der Sache Gottes wird, dass jedes weise und verstehende Herz sie bewundert.« »Verborgen hinter dem Heiligen Schleier und vorbereitet für den Dienst Gottes ruht eine Schar Seiner Erwählten, die den Menschen offenbar gemacht werden, Seiner Sache helfen und sich vor niemandem fürchten sollen, auch wenn sich die ganze Menschheit erhebt und gegen sie zu Felde zieht.

Sie sind diejenigen, die sich unter dem aufmerksamen Blick der Bewohner der Erde und der Bürger des Himmels erheben und mit lauter Stimme dem Namen des Allmächtigen zujubeln und die Menschenkinder zum Pfade Gottes, des Allherrlichen, des Allgepriesenen, laden sollen.« Q149 »Der Tag naht heran, an dem Gott durch einen Willensakt ein Menschengeschlecht erwecken wird, dessen Wesen für alle außer Gott, dem Allgewaltigen, dem Selbstbestehenden, unergründlich ist.« Q150 »Er wird binnen kurzem aus dem Schoß der Stärke die Hände der Überlegenheit und Macht erheben – Hände, die sich emporheben werden, um den Sieg für diesen Jüngling zu gewinnen, und die die Menschheit von der Sünde der Verstoßenen und Gottlosen reinigen werden.

Diese Hände werden sich bereit machen, um den Glauben Gottes zu schützen, und sie werden in Meinem Namen, dem Selbstbestehenden, dem Mächtigen, die Völker und Geschlechter der Erde unterwerfen.

Sie werden die Städte betreten und die Herzen all ihrer Bewohner mit Furcht erfüllen.

Das sind die Zeugnisse der Macht Gottes; wie furchtbar, wie gewaltig ist Seine Macht!« Q151
Noch ein Wort zum Abschluss. Unter den folgenschwersten und das Denken am meisten herausfordernden Aussprüchen, die jemals von ‘Abdu’l-Bahá im Verlauf Seiner geschichtemachenden Reisen durch den nordamerikanischen Kontinent getan wurden, finden sich folgende: »Möge diese amerikanische Demokratie die erste Nation sein, welche die Grundlage internationaler Verständigung errichtet. Möge sie die erste Nation sein, welche die Einheit der Menschheit verkündet. Möge sie die erste sein, die das Banner des Größten Friedens entfaltet.«Q152 und weiter: »Das amerikanische Volk ist in der Tat würdig, das erste zu sein, welches das Zelt des Größten Friedens errichtet und die Einheit der Menschheit verkündet… Denn Amerika hat größere und wundervollere Kräfte als andere Nationen entwickelt … Die amerikanische Nation ist ausgerüstet und befähigt, das- zu vollbringen, was die Seiten der Geschichte schmücken wird, von der Welt beneidet und in Ost und West zum Triumph ihres Volkes gesegnet … Der amerikanische Kontinent zeigt Zeichen und Beweise sehr großen Fortschrittes. Seine Zukunft verspricht noch viel mehr, denn sein Einfluss und seine Erleuchtung sind weitreichend. Er wird alle Nationen geistig führen.«Q153
Das Schicksal Amerikas
Sobald die schöpferischen Energien durch die ersten Bewegungen der keimhaften Weltordnung Bahá’u’lláhs in diesem Volk ausgelöst wurden, haben sie ihm, das zu ihrer Wiege und ihrem Vorkämpfer bestimmt ist, die Würde verliehen, es mit Kräften und Fähigkeiten begabt und es geistig ausgerüstet, damit es die Rolle zu spielen vermag, die mit diesen prophetischen Worten angedeutet wurde. Die Kräfte, die dieser von Gott gegebene Auftrag seinen Bewohnern eingeflößt hat, beginnen sich kundzutun, einerseits in den bewussten Bemühungen und den die ganze Nation umfassenden Leistungen auf dem Lehr- und auf dem administrativen Gebiet, mit denen die Anhänger Bahá’u’lláhs auf dem amerikanischen Kontinent in ihrer Gemeinde ihre Tätigkeit aufgenommen haben; andererseits formen diese gleichen Kräfte, unabhängig von diesen Bemühungen und Leistungen, doch gleichlaufend mit ihnen, unmerklich unter dem Druck der politischen und wirtschaftlichen Mächte der Welt das Schicksal dieser Nation und beeinflussen das Leben und die Handlungen ihrer Regierung und ihrer Bevölkerung.
Auf die Bemühungen und Leistungen jener, die um die Offenbarung Bahá’u’lláhs wissend nun auf diesem Kontinent arbeiten, auf den jetzigen und zukünftigen Verlauf ihrer Tätigkeit, habe ich auf den vorhergehenden Seiten genügend hingewiesen. Wenn man das Schicksal des amerikanischen Volkes in seiner Gesamtheit richtig erfassen will, muss nun noch ein Wort über die Ausrichtung und die allgemeine Entwicklungstendenz dieser Nation als Ganzes gesagt werden. Denn, gleichgültig wie unkundig der Quelle, aus der diese richtungweisenden Energien hervorkommen, und wie langsam und schwerfällig der Vorgang auch ist, so wird doch in zunehmendem Maße deutlich, dass die Nation als Ganze, ob durch das Verhalten ihrer Regierung oder sonst wie, unter dem Einfluss von Kräften, die sie weder begreifen noch überwachen kann, stark solchen Verbindungen und einer solchen Politik zustrebt, in denen, wie ‘Abdu’l-Bahá vermerkte, ihre wahre Bestimmung liegen muss. Sowohl die Gemeinde der amerikanischen Gläubigen, die sich jener Quelle bewusst sind, als auch die große Masse ihrer Landsleute, die die Hand, die ihr Schicksal lenkt, noch nicht erkannt haben, tragen, jede auf ihre Weise, ihren Teil bei zur Verwirklichung der Hoffnungen und zur Erfüllung der Verheißungen, die in den oben zitierten Worten ‘Abdu’l-Bahás ausgesprochen wurden.
Die Welt schreitet fort.

Ihre Ereignisse entfalten sich unheilverkündend und mit verwirrender Geschwindigkeit.

Der Wirbelwind ihrer Leidenschaften ist schnell und beunruhigend heftig.

Die Neue Welt wird unmerklich in ihren Strudel hineingezogen.

Die möglichen Sturmzentren der Erde werfen bereits ihre Schatten auf ihre Gestade.

Ungeahnte und nicht vorherzusagende Gefahren bedrohen sie von innen und von außen.

Ihre Regierungen und Völker verfangen sich allmählich in den Fallstricken der sich wiederholenden Krisen und heftigen Auseinandersetzungen der Welt.

Der Atlantische und Pazifische Ozean schrumpfen mit jeder Beschleunigung im Vormarsch der Wissenschaft immer mehr zu bloßen Kanälen zusammen.

Die große Republik des Westens findet sich in besonderem und steigendem Maße betroffen.

Fernes Donnergrollen hallt drohend in den Aufwallungen ihrer Bewohner wider.

An ihren Flanken erstrecken sich die möglichen Sturmzentren des europäischen Kontinents und des Fernen Ostens.

An ihrem südlichen Horizont wird sichtbar, was sich möglicherweise zu einem weiteren Zentrum des Aufruhrs und der Gefahr entwickeln könnte.

Die Welt verengt sich zu einer Nachbarschaft.

Amerika muss dieser neuen Lage, freiwillig oder unfreiwillig, ins Gesicht blicken und sich ernstlich mit ihr auseinandersetzen.

Zum Zwecke der nationalen Sicherheit, ganz abgesehen von irgendwelchen humanitären Gründen, muss es die Verpflichtungen übernehmen, die ihm durch diese neu geschaffene Nachbarschaft auferlegt wurden.

So widersinnig es auch erscheinen mag, so liegt doch seine einzige Hoffnung, sich aus den ringsum aufwachsenden Gefahren zu befreien, darin, sich in jenes Gewebe internationaler Verflechtungen verwickeln zu lassen, das von der Hand einer unerforschlichen Vorsehung gewoben wird.

Der Ratschlag ‘Abdu’l-Bahás an einen hochgestellten Beamten in seiner Regierung kommt einem als besonders angemessen und gewichtig in den Sinn.

»Du kannst am besten deinem Land dienen, wenn du in deiner Eigenschaft als Bürger der Welt danach strebst, bei der endlichen Anwendung des föderalistischen Prinzips, das der Regierung deines eigenen Landes zugrunde liegt, auf die jetzt zwischen den Völkern und Nationen der Welt bestehenden Beziehungen mitzuwirken.«Q154 Die Ideale, die die Phantasie des amerikanischen Präsidenten anregten, der tragischer Weise so wenig gewürdigt wird und dessen hohe Bemühungen, wenn sie auch von einer kurzsichtigen Generation für nichtig erklärt wurden, durch ‘Abdu’l-Bahás eigene Feder begrüßt wurden als Ankündigung der Morgendämmerung des Größten Friedens, diese Ideale klagen heute im Staub liegend ein achtloses Geschlecht bitter an, dass es sich so grausam von ihnen abgewandt hat.
Dass die Welt von Gefahren bedrängt wird, dass sich diese Gefahren immer mehr verdichten und die amerikanische Nation tatsächlich bedrohen, kann ein klarsichtiger Beobachter unmöglich verneinen.

Die Erde ist gegenwärtig in ein Heerlager verwandelt.

Etwa fünfzig Millionen Mann sind unter Waffen oder stehen als Reserve bereit.

Nicht weniger als die Summe von drei Milliarden Pfund wird in einem Jahr für die Rüstung ausgegeben.

Das Licht der Religion ist verdunkelt, und der moralische Rückhalt löst sich auf.

Die Nationen der Welt sind zum größten Teil eine Beute der sich streitenden Ideologien geworden, die drohen, die eigentliche Grundlage ihrer teuer erworbenen politischen Einheit zu spalten.

Aufgewiegelte Massen in diesen Ländern sehen sie mit Missfallen, sind bis zu den Zähnen bewaffnet, sind kopflos vor Angst und stöhnen unter dem Joch der Drangsale, verursacht durch politischen Hader, rassischen Fanatismus, Nationalhass und religiöse Feindseligkeit.

»Die Winde der Verzweiflung«, hat Bahá’u’lláh unmissverständlich bestätigt, »wehen, ach, aus jeder Richtung, und der Hader, der die Menschheit zerspaltet und peinigt, nimmt täglich zu.

Die Zeichen drohender Schwäche und des nahen Chaos sind heute zu erkennen …«Q155 ‘Abdu’l-Bahá hat schon vor zwei Jahrzehnten geschrieben und vorhergesagt:

»Die Übel, unter denen die Welt nun leidet, werden sich vervielfältigen; die Dunkelheit, die sie umfangen hält, wird sich vertiefen.

Die Balkanländer werden unzufrieden bleiben.

Ihre Unruhe wird wachsen.

Die besiegten Mächte werden fortfahren zu hetzen.

Sie werden zu jeder Maßnahme Zuflucht nehmen, die den Brand des Krieges wieder entfachen kann.

Neu entstehende und in ihrem Ausmaß weltweite Bewegungen werden ihr Äußerstes zur Förderung ihrer eigenen Absichten tun.

Die Bewegung der Linken wird große Bedeutung erringen.

Ihr Einfluss wird sich ausbreiten.«Q156 Was die amerikanische Nation selbst anbetrifft, so hat die Stimme ihres eigenen Präsidenten klar und deutlich das Volk gewarnt, dass ein möglicher Angriff auf das Land durch die Entwicklung des Flugwesens und durch andere Faktoren unendlich viel näher gerückt sei.

Ihr Minister äußerte vor kurzem bei einer Ansprache an die versammelten Vertreter aller amerikanischen Republiken während einer Konferenz eine nicht weniger Unheil verkündende Warnung.

»Diese sich erhebenden Kräfte zeigen sich drohend am Horizont der ganzen Welt, – ihr Unheil verkündender Schatten legt sich über unsere ganze eigene Hemisphäre.« Auch ihre Presse schlägt denselben Ton der Warnung und Unruhe vor einer sich nähernden Gefahr an.

»Wir müssen gewappnet sein, uns nach innen und außen zu verteidigen … Unsere Verteidigungsfront ist lang.

Sie reicht von Point Barrow in Alaska bis Kap Horn und erstreckt sich entlang des Atlantik und des Pazifik.

Wann und wo die Angreifer aus Europa und Asien gegen uns losschlagen werden, kann niemand sagen.

Es kann überall und zu jeder Zeit sein … Wir haben keine Wahl, als uns selbst zu bewaffnen … Wir müssen aufmerksam für die westliche Hemisphäre wachen.«
Die Entfernung, die die amerikanische Nation seit ihrer förmlichen und entschiedenen Zurückweisung der Wilson’schen Ideale zurückgelegt hat, die Veränderungen, die in ihr unerwartet in den letzten Jahren vor sich gegangen sind, die Richtung, in der sich die Angelegenheiten der Welt bewegen, und ihr unvermeidlicher Druck auf die Politik und Wirtschaft dieser Nation, sind für jeden Bahá’í-Beobachter, der die Entwicklung der internationalen Lage im Lichte der Prophezeiungen Bahá’u’lláhs und ‘Abdu’l-Bahás betrachtet, äußerst bedeutungsvoll, höchst aufschlussreich und ermutigend. Den genauen Kurs aufzuzeichnen, den diese Nation in diesen unruhigen Zeiten und schweren Jahren einschlagen wird, ist unmöglich. Wenn wir die Richtung beurteilen, die ihre Angelegenheiten jetzt nehmen, können wir den Kurs nur erahnen, den sie höchstwahrscheinlich in ihren Beziehungen zu den Republiken Amerikas und den Ländern der übrigen Erdteile weiterhin wählen wird.
Eine engere Verbindung mit diesen Republiken einerseits und in wechselndem Ausmaß eine vermehrte Teilnahme an den Angelegenheiten der ganzen Welt andererseits als Ergebnis der periodischen Krisen in der Welt, erscheinen als die wahrscheinlich zutreffendsten Entwicklungen, die die Zukunft für dieses Land bereithält. Verzögerungen müssen unvermeidlicher Weise eintreten, und Rückschläge müssen in Kauf genommen werden im Verlauf der Entwicklung dieses Landes auf seine endliche Bestimmung hin. Nichts jedoch kann letztlich den Kurs ändern, der ihm von der nie irrenden Feder ‘Abdu’l-Bahás vorgeschrieben wurde. Nachdem seine Bundeseinheit bereits erzielt und seine inneren Einrichtungen gefestigt wurden – eine Stufe, die das Mannesalter als politische Ganzheit kennzeichnet – muss sich ihre weitere Entwicklung als Mitglied der Nationenfamilie unter Umständen, die zur Zeit noch nicht vorstellbar sind, ständig fortsetzen. Diese Entwicklung muss andauern bis zu jenem Zeitpunkt, da diese Nation durch die aktive und entscheidende Rolle, die sie bei der Organisation und friedlichen Regelung der Angelegenheiten der Menschheit zu spielen haben wird, die Fülle ihrer Macht und Wirksamkeit erreicht haben wird als ausgezeichnetes Mitglied und bestimmender Bestandteil einer verbündeten Welt.
Die unmittelbare Zukunft muss als Ergebnis dieser stetigen, allmählichen und unvermeidlichen Verwicklung in die vielfältigen Schwierigkeiten und Probleme, die die Menschheit heimsuchen, dunkel und bedrückend für jene Nation sein. Die welterschütternde, harte Prüfung, die Bahá’u’lláh, wie auf den vorangegangenen Seiten angeführt, so anschaulich vorhergesagt hat, mag sie in einem noch nie dagewesenen Grade in ihren Wirbel hineinreißen. Im Gegensatz zu ihrer Reaktion auf den letzten Weltkonflikt wird sie vermutlich aus ihm in bewusster Entschlossenheit auftauchen, um die Gelegenheit zu ergreifen, das volle Gewicht ihres Einflusses auf die ungeheuren Probleme geltend zu machen, die solch eine harte Prüfung nach sich zieht, und um in Verbindung mit ihren Schwesternationen des Ostens und Westens den größten Fluch zu bannen, der seit undenklichen Zeiten die Menschheit heimgesucht und erniedrigt hat.
Dann und nur dann wird die amerikanische Nation, geformt und gereinigt im Schmelztiegel eines allgemeinen Krieges, abgehärtet gegen seine Fieberfröste und diszipliniert durch seine Schule, in der Lage sein, ihre Stimme im Rat der Nationen zu erheben, selbst den Grundstein für einen weltweiten und dauernden Frieden zu legen, die Geschlossenheit, Einheit und Reife der Menschheit zu verkünden und bei der Errichtung der versprochenen Herrschaft der Gerechtigkeit auf Erden mitzuhelfen. Dann und nur dann wird die amerikanische Nation, während die Gemeinde der amerikanischen Gläubigen in ihrem Herzen ihren göttlich erteilten Auftrag ausführt, in der Lage sein, die unaussprechlich herrliche Sendung zu erfüllen, die ihr vom Allmächtigen bestimmt wurde und in den Schriften ‘Abdu’l-Bahás unvergänglich verwahrt ist. Dann und nur dann wird die amerikanische Nation das vollbringen, »was die Seiten der Geschichte schmücken wird«, »von der Welt beneidet und in Ost und West … gesegnet.«Q157
Shoghi
25. Dezember 1938

Quellenangaben

Q1 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 63:1 – Anm. d. Hrsg.
Q2 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 9:2 – Anm. d. Hrsg.
Q3 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:4 – Anm. d. Hrsg.
Q4 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 137:1, 137:3, 137:4 – Anm. d. Hrsg.
Q5 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 115:1 – Anm. d. Hrsg.
Q6 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Dunyá, in Botschaften aus ‘Akká 7:10 – Anm. d. Hrsg.
Q7 Bahá’u’lláh, Ṭarázát, in: Botschaften aus ‘Akká 4:12 – Anm. d. Hrsg.
Q8 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 131:3–131:4 – Anm. d. Hrsg.
Q9 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:9 – Anm. d. Hrsg.
Q10 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 100:6 – Anm. d. Hrsg.
Q11 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 100:8 – Anm. d. Hrsg.
Q12 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 136:6 – Anm. d. Hrsg.
Q13 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Ḥikmat, in: Botschaften aus ‘Akká 9:5 – Anm. d. Hrsg.
Q14 Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 148 – Anm. d. Hrsg.
Q15 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 139:8 – Anm. d. Hrsg.
Q16 ‘Abdu’l-Bahá, in: Briefe und Botschaften 2:16 – Anm. d. Hrsg.
Q17 ‘Abdu’l-Bahá, in: Tablets of Abdul-Baha, p. 459 – Anm. d. Hrsg.
Q18 Bahá’u’lláh, auch zitiert in: ‘Abdu’l-Bahá, in: Twelve Table Talks given in ‘Akká 11:10 – Anm. d. Hrsg.
Q19 Bahá’u’lláh, Kalimát-i-Firdawsíyyih, in: Botschaften aus ‘Akká 6:25 – Anm. d. Hrsg.
Q20 Bahá’u’lláh, vgl. Brief an den Sohn des Wolfes 52 – Anm. d. Hrsg.
Q21 Bahá’u’lláh, Bishárát, in: Botschaften aus ‘Akká 3:23 – Anm. d. Hrsg.
Q22 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 12:1 – Anm. d. Hrsg.
Q23 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 163:2 – Anm. d. Hrsg.
Q24 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 46:2 – Anm. d. Hrsg.
Q25 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Dunyá, in Botschaften aus ‘Akká 7:34 – Anm. d. Hrsg.
Q26 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:6 – Anm. d. Hrsg.
Q27 Bahá’u’lláh, Verborgene Worte arab. 2 – Anm. d. Hrsg.
Q28 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 139:6 – Anm. d. Hrsg.
Q29 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 100:1 – Anm. d. Hrsg.
Q30 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 115:2 – Anm. d. Hrsg.
Q31 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:3 – Anm. d. Hrsg.
Q32 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:8 – Anm. d. Hrsg.
Q33 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 164:2 – Anm. d. Hrsg.
Q34 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 136:5 – Anm. d. Hrsg.
Q35 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 60:3 – Anm. d. Hrsg.
Q36 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 136:6 – Anm. d. Hrsg.
Q37 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 46:4 – Anm. d. Hrsg.
Q38 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 59:5 – Anm. d. Hrsg.
Q39 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 141:2, 141:4 – Anm. d. Hrsg.
Q40 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:4 – Anm. d. Hrsg.
Q41 Bahá’u’lláh, berichtet von E. G. Brown im Vorwort zu: A Traveller’s Narrative, p. xl – Anm. d. Hrsg.
Q42 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 28:4 – Anm. d. Hrsg.
Q43 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 45:8 – Anm. d. Hrsg.
Q44 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 63:17 – Anm. d. Hrsg.
Q45 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 98:5 – Anm. d. Hrsg.
Q46 ‘Abdu’l-Bahá, in: Foundations of World Unity, p. 34 – Anm. d. Hrsg.
Q47 ‘Abdu’l-Bahá, in: Foundations of World Unity, p. 34 – Anm. d. Hrsg.
Q48 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 47:6 – Anm. d. Hrsg.
Q49 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 28:2 – Anm. d. Hrsg.
Q50 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 45:9 – Anm. d. Hrsg.
Q51 ‘Abdu’l-Bahá, in: Ansprachen in Paris 15:7 – Anm. d. Hrsg.
Q52 ‘Abdu’l-Bahá, in: Ansprachen in Paris 15:7 – Anm. d. Hrsg.
Q53 ‘Abdu’l-Bahá, in: Foundations of World Unity, p. 35 – Anm. d. Hrsg.
Q54 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Nápulyún II, in: Anspruch und Verkündigung 1:148, in: Ährenlese 158:1 – Anm. d. Hrsg.
Q55 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:10 – Anm. d. Hrsg.
Q56 Báb, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:63 – Anm. d. Hrsg.
Q57 ‘Abdu’l-Bahá, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:63 – Anm. d. Hrsg.
Q58 Báb, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:63 – Anm. d. Hrsg.
Q59 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 181 – Anm. d. Hrsg.
Q60 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 6:6 – Anm. d. Hrsg.
Q61 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:4 – Anm. d. Hrsg.
Q62 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 8:18 – Anm. d. Hrsg.
Q63 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 161:2 – Anm. d. Hrsg.
Q64 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 157:2 – Anm. d. Hrsg.
Q65 ‘Abdu’l-Bahá, Sendschreiben zum göttlichen Plan 14:4 – Anm. d. Hrsg.
Q66 ‘Abdu’l-Bahá, in: Promulgation of Universal Peace 28:2 – Anm. d. Hrsg.
Q67 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 6:7 – Anm. d. Hrsg.
Q68 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 13:5 – Anm. d. Hrsg.
Q69 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 5:1 – Anm. d. Hrsg.
Q70 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:21 – Anm. d. Hrsg.
Q71 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:21 – Anm. d. Hrsg.
Q72 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 1:2 – Anm. d. Hrsg.
Q73 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 5:1 – Anm. d. Hrsg.
Q74 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 13:1 – Anm. d. Hrsg.
Q75 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 13:5 – Anm. d. Hrsg.
Q76 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 157:2 – Anm. d. Hrsg.
Q77 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:11 – Anm. d. Hrsg.
Q78 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:6 – Anm. d. Hrsg.
Q79 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 157:2 – Anm. d. Hrsg.
Q80 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 5:4 – Anm. d. Hrsg.
Q81 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:3 – Anm. d. Hrsg.
Q82 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 15:5 – Anm. d. Hrsg.
Q83 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 15:6 – Anm. d. Hrsg.
Q84 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 161:2 – Anm. d. Hrsg.
Q85 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 154:2 – Anm. d. Hrsg.
Q86 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 139:4 – Anm. d. Hrsg.
Q87 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 128:10 – Anm. d. Hrsg.
Q88 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 161:2 – Anm. d. Hrsg.
Q89 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 157:1 – Anm. d. Hrsg.
Q90 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 129:1–129:3 – Anm. d. Hrsg.
Q91 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 8:5 – Anm. d. Hrsg.
Q92 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 8:9 – Anm. d. Hrsg.
Q93 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:1 – Anm. d. Hrsg.
Q94 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:3 – Anm. d. Hrsg.
Q95 ‘Abdu’l-Bahá, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:21 – Anm. d. Hrsg.
Q96 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 13:4 – Anm. d. Hrsg.
Q97 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:11 – Anm. d. Hrsg.
Q98 Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 21 – Anm. d. Hrsg.
Q99 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 96:3 – Anm. d. Hrsg.
Q100 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 157:1 – Anm. d. Hrsg.
Q101 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 6:8 – Anm. d. Hrsg.
Q102 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 14:7 – Anm. d. Hrsg.
Q103 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:1, 7:3 – Anm. d. Hrsg.
Q104 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:4 – Anm. d. Hrsg.
Q105 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:3 – Anm. d. Hrsg.
Q106 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:4 – Anm. d. Hrsg.
Q107 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:3 – Anm. d. Hrsg.
Q108 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:4 – Anm. d. Hrsg.
Q109 ‘Abdu’l-Bahá, in: Sendschreiben zum göttlichen Plan 7:4 – Anm. d. Hrsg.
Q110 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 96:3 – Anm. d. Hrsg.
Q111 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:25 – Anm. d. Hrsg.
Q112 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 93:14 – Anm. d. Hrsg.
Q113 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:18 – Anm. d. Hrsg.
Q114 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:24 – Anm. d. Hrsg.
Q115 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 115:10, 161:4 – Anm. d. Hrsg.
Q116 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:18 – Anm. d. Hrsg.
Q117 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Dunyá, in Botschaften aus ‘Akká 7:12 – Anm. d. Hrsg.
Q118 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 4:1 – Anm. d. Hrsg.
Q119 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 5:1 – Anm. d. Hrsg.
Q120 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 115:12 – Anm. d. Hrsg.
Q121 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 7:2 – Anm. d. Hrsg.
Q122 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 3:2 – Anm. d. Hrsg.
Q123 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:23 – Anm. d. Hrsg.
Q124 Bahá’u’lláh, in: Days of Remembrance 6:6, in: Ährenlese 14:6 – Anm. d. Hrsg.
Q125 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:22 – Anm. d. Hrsg.
Q126 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:22 – Anm. d. Hrsg.
Q127 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 8:1 – Anm. d. Hrsg.
Q128 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 96:3 – Anm. d. Hrsg.
Q129 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 16:1 – Anm. d. Hrsg.
Q130 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Dunyá, in: Botschaften aus ‘Akká 7:5 – Anm. d. Hrsg.
Q131 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 51:1 – Anm. d. Hrsg.
Q132 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:24 – Anm. d. Hrsg.
Q133 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:24 – Anm. d. Hrsg.
Q134 Bahá’u’lláh, Súriy-i-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:75 – Anm. d. Hrsg.
Q135 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:24 – Anm. d. Hrsg.
Q136 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 164:2 – Anm. d. Hrsg.
Q137 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 85:5 – Anm. d. Hrsg.
Q138 Bahá’u’lláh, Verborgene Worte pers. 63 – Anm. d. Hrsg.
Q139 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 153:4 – Anm. d. Hrsg.
Q140 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 103:3 – Anm. d. Hrsg.
Q141 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 61:1 – Anm. d. Hrsg.
Q142 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 153:9 – Anm. d. Hrsg.
Q143 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 96:3 – Anm. d. Hrsg.
Q144 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 147:2 – Anm. d. Hrsg.
Q145 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 154:2 – Anm. d. Hrsg.
Q146 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 129:3 – Anm. d. Hrsg.
Q147 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 154:1 – Anm. d. Hrsg.
Q148 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 96:4 – Anm. d. Hrsg.
Q149 Bahá’u’lláh, in: Ährenlese 129:4 – Anm. d. Hrsg.
Q150 Bahá’u’lláh, Súriy-i-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:8 – Anm. d. Hrsg.
Q151 Bahá’u’lláh, Súriy-i-Haykal, in: Anspruch und Verkündigung 1:34 – Anm. d. Hrsg.
Q152 ‘Abdu’l-Bahá, Promulgation of Universal Peace 14:6 – Anm. d. Hrsg.
Q153 ‘Abdu’l-Bahá, Promulgation of Universal Peace 14:6, 8:5, 42:6, 43:1 – Anm. d. Hrsg.
Q154 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 3:18 – Anm. d. Hrsg.
Q155 Bahá’u’lláh, Lawḥ-i-Maqṣúd, in: Botschaften aus ‘Akká 11:26 – Anm. d. Hrsg.
Q156 Bahá’u’lláh, auch zitiert von Shoghi Effendi, in: Weltordnung Bahá’u’lláhs 3:6 – Anm. d. Hrsg.
Q157 ‘Abdu’l-Bahá, Promulgation of Universal Peace 42:6 – Anm. d. Hrsg.

Anmerkungen

A1 vgl. Hes. 38:8 – Anm. d. Hrsg.
A2 schwarze.
A3 Moses.
A4 Muḥammad.
A5 Jesus.
A6 der Zivilisation.
A7 vgl. Gen. 22:1, 22:11, 31:11, 46:2, Ex. 3:4, 1 Kön. 3:4, Jes. 6:8, Báb, Worte an den Sharíf von Mekka, Ansprache an Sulaymán in: Eine Auswahl aus Seinen Schriften 1:7:2, 1:9:7 – Anm. d. Hrsg.
A8 vgl. »Gott! Es ist kein Gott außer Ihm« in: Qur’án 2:225, 3:2, 4:87, 20:8, 27:26, 64:13, u. a. – Anm. d. Hrsg.