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Source: Bahá'í Library Online (bahai-library.com), curated by Jonah Winters. Used by permission of the curator. Original citation: Alessandro Bausani, Historia de la Religion desde la Perspectiva Baha'i, bahai-library.com.
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Historia de la Religión desde la Perspectiva Bahá'í
Alessandro Bausani
Miguel Gil Santesteban, translator
2003?
Uno de los términos de mayor uso en el ámbito islámico es murtadd, termino con el que se designa al hombre o mujer que abandona
el Islam para abrazar una religión anterior como pueda ser el Judaísmo o el Cristianismo.
La ley musulmana (Sharí'ah) se muestra
extremadamente severa con tal clase de personas: ser murtadd equivale a la muerte
civil. El matrimonio de tal persona se disuelve automáticamente, sin que medien
divorcios u otras formalidades, quedando el cónyuge libre para contraer matrimonio.
Sin embargo, la situación del musulmán que se convierte en bahá'í es bastante
diferente. En este caso, el bahá'í acepta a Muhammad como Profeta de Dios (Resúl'ulláh),
pero también cree que después de Muhammad han existido otras dos grandes Manifestaciones
de Dios.
Los seres humanos no pueden vivir sin leyes divinas. Es verdad que los bahá'ís
consideran a la Manifestación de Dios como una "manifestación" (mazhar) de la Esencia de Dios, un concepto
enfáticamente rechazado por el Islam, al menos por el Islam Sunní. No obstante,
desde el punto de vista bahá'í tales Manifestaciones no son consideradas como
el Cristo cristiano, en quien la Esencia de Dios desciende mediante la llamada
hulúl ("encarnación"). A este respecto Bahá'u'lláh es muy claro en los Siete Valles
(especialmente en el "Valle de la Unidad"). Allá donde otros escritores han expresado
puntos de vista extremadamente panteístas, Bahá'u'lláh declara:
"Empero, que nadie interprete estas declaraciones como antropomorfismos,
ni vea en ellas el descenso de los mundos de Dios a los niveles de las criaturas;
como tampoco deberían llevar a Vuestra Eminencia a
tales suposiciones. Porque, en Su Esencia, Dios está santificado por encima
del ascenso o descenso, de entrada o salida; por toda la eternidad Él ha esto
-y lo seguirá estando- libre de los atributos de las criaturas humanas. Ningún
hombre le conoció jamás ni alma alguna ha encontrado la senda hacia Su Ser.
Todo conocedor místico ha vagado, perdido, por el valle de Su conocimiento;
todo santo ha perdido su camino buscando comprender Su Esencia. Santificado es
Él por encima de la comprensión del sabio; exaltado es Él por encima del conocimiento
del erudito." [1]
Y en otro lugar Bahá'u'lláh asevera:
"Ya
hemos asignado, en las páginas precedentes, dos posiciones a cada una de
las Lumbreras que surgen de las Auroras de santidad eterna. Una de esas posiciones,
la de unidad esencial, ya la hemos explicado. "No hacemos diferencia
entre ninguno de ellos". La otra posición es la de distinción y pertenece
al mundo de la creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación
de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definitivamente
señalada, una Revelación predestinada y limitaciones especialmente
designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre diferente
y se caracteriza por un atributo especial, cumple una Misión definida y
le es confiada una Revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho que
algunos de los Apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha hablado;
a otros los ha elevado exaltándolos. Y a Jesús, Hijo de María, Le dimos
signos manifiestos y Le fortalecimos con el Espíritu Santo".
Es
por causa de esta diferencia en posición y misión por lo que parecen divergir
y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos Manantiales del conocimiento
divino. Por lo demás, a los ojos de quienes están iniciados en los misterios
de la sabiduría divina, todo lo que ellos han pronunciado es en realidad
la expresión de una sola Verdad. Como la mayoría de la gente no ha percibido
esas posiciones a que Nos hemos referido, se siente por tanto perpleja
y consternada ante las variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones
que, en esencia, son una y la misma.
Ha
sido siempre evidente que todas estas divergencias en las palabras deben atribuirse
a diferencias de posición. Así, desde el punto de vista de su unicidad y
sublime desprendimiento, han sido y son aplicables a esas Esencias del ser los
atributos de Deidad, Divinidad, Suprema Singularidad e íntima Esencia, ya que
todas habitan en el trono de la Revelación divina y están establecidas en la
sede de la divina Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la Revelación
de Dios, y por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así como
se han oído las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones
del Ser divino.
Y
a la luz de la segunda posición, que es la posición de la distinción y diferenciación,
de las limitaciones, características y normas temporales, manifiestan
ellos servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de sí
mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre
como vosotros."
A
partir de estas aseveraciones incontestables y plenamente demostradas, esfuérzate
por entender el significado de las preguntas que has formulado, para
que llegues a ser constante en la Fe de Dios y no te desanimes por las divergencias
en las palabras de Sus Profetas y Elegidos.
Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan, declarase:
"¡Yo soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda de ello. Ya que
repetidamente se ha demostrado que mediante su Revelación, sus atributos y nombres
se manifiestan en el mundo de la Revelación de Dios Su nombre y Sus atributos.
Así, Él ha revelado: "¡Aquellos dardos eran de Dios, no Tuyos!" También dice:
"En verdad, quienes Te prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios".
Y si alguno de ellos pronunciase: "Soy el Mensajero de Dios", también diría la
verdad, la indudable verdad. Tal como Él dice: "No es Muhammad padre de ningún
hombre entre vosotros, sino que es el Mensajero de Dios". A la luz de esto se
ve que todos ellos no son más que Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia
inmutable. Si todos proclamasen "Soy el Sello de los Profetas", expresarían sólo
la verdad sin la más leve sombra de duda. Pues todos ellos no son más que una
persona, un alma, un espíritu, un ser, una revelación. Son todos la manifestación
del "Principio" y el "Fin", el "Primero" y el "Último", el "Visible" y el "Oculto",
atributos todos que pertenecen a Aquel Que es el más íntimo Espíritu de los Espíritus
y la eterna Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios",
éste también es un hecho manifiesto e indiscutible. Puesto que se han manifestado
en condición de total servidumbre, servidumbre como ésa no podrá ningún hombre
alcanzar. De este modo, en momentos en que esas Esencias del ser estaban sumergidas
en los océanos de santidad antigua y sempiterna, o cuando se remontaban a las
más elevadas cimas de los misterios divinos, sostenían que sus palabras eran la
Voz de la divinidad, el Llamado de Dios mismo. Si se abriera el ojo del discernimiento,
reconocería que ellos hasta en ese estado se consideran del todo extinguidos e
inexistentes ante Quien es el Que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece
que han estimado que no son absolutamente nada, juzgando su mención en esa Corte
como un acto de blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en tal Corte, una
prueba de afirmación de sí mismo y de existencia independiente. A los ojos de
quienes han llegado a esa Corte, semejante insinuación es por sí misma una grave
transgresión. Cuánto más grave aún sería, si otra cosa se mencionara ante
esa Presencia, si el corazón del hombre, su lengua, su mente o su alma se ocuparan
con otro que no sea el Bienamado, si sus ojos contemplaran otro semblante que
no fuese Su belleza, si su oído escuchase otra melodía que no fuese Su voz y sus
pies hollasen otro camino que no fuera Su camino. En este día sopla la brisa de
Dios y Su espíritu lo ha llenado todo. Tal es la efusión de Su gracia, que la
pluma se detiene y la lengua enmudece. En virtud de esta posición, han sostenido
que es suya la Voz de la Divinidad y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud
de su posición de Mensajeros, se han declarado a sí mismos los Mensajeros de Dios.
En cada caso han expresado lo que está en conformidad con los requerimientos de
la ocasión, atribuyéndose a Sí mismos todas estas declaraciones, las cuales se
extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de la creación, y desde
el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la existencia terrenal. De este
modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya pertenezcan al reino de la Divinidad,
Señorío, Posición Profética, Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre,
todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con
mucha atención lo que hemos citado en apoyo de Nuestro argumento, para que las
palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de la Santidad
no agiten el alma ni dejen perpleja la mente." [2]
Por supuesto, Bahá'u'lláh suele referirse a menudo a su religión materna, el
Islam, de la que se deriva la Fe Bahá'í (tal y como el Cristianismo se deriva
del Judaísmo). Bahá'u'lláh menciona específicamente el Cristianismo y la religión
musulmana es su famoso libro Kitáb-i-Iqán (El Libro de la Certeza). De ahí que
lo citemos ampliamente en el presente trabajo.
Las ideas escatológicas del Qur'án son mencionadas directamente por Bahá'u'lláh
como anticipación de su propias revelación. Muchos bahá'ís me preguntan acerca
de "conocidas" profecías sobre Bahá'u'lláh contenidas en el Qur'án. A menudo suelo
decir que no existen predicciones transparentes en el Qur'án con relación a Bahá'u'lláh,
lo que crea cierta confusión en las personas que plantean la pregunta. Pero lo
que deseo expresar con ello es que todas las partes del Qur'án relativas al
final del mundo, el sá'a (la Hora del
Juicio Final), el naba'al-‘azím (el
Gran Anuncio del Juicio Final) y similares, tienen como finalidad señalar la nueva
dispensación de Bahá'u'lláh. De hecho, en el Qur'án, tal y como procure demostrar
en un articulo publicado en 1956, [3] la idea del sá'a o Juicio
Final se halla mezclada con la idea de la victoria final de la nueva dispensación
del Profeta Muhammad frente a los kuffár o infieles de su época. Por ejemplo, en el Qur'án encontramos
a Dios en conversación con Moisés en el primer encuentro de la zarza ardiente,
hecho ocurrido en una época históricamente muy distante de ya no del Juicio Final
sino de la época del propio Muhammad. En ese pasaje Dios se dirige a Moisés diciéndole:
"La Hora llega" (inna's-sá'ata átiyatun (Qur'án 20:15). [4 ]
Resulta
curioso que la importancia de este pasaje haya pasado inadvertida a los interpretes.
El dilema es claro: o bien la "Hora" significa el Juicio Final, en cuyo caso Muhammad
pone en boca de Dios un absurdo, pues bien sabía que desde su dispensación a la
de Moisés habían transcurrido varias generaciones, y que desde la suya al Juicio
Final aun habían de transcurrir muchas más, o bien la "Hora" significa la victoria
del nuevo Profeta (Moisés mismo) y el juicio de los incrédulos. Son numerosos
los casos en que el termino "Hora" o expresiones similares mencionadas en el Qur'án
hacen referencia a acontecimientos presentados o percibidos como si fueran "cercanos".
Examinaremos algunos pasajes en cuestión. En el Qur'án 32:28, generalmente atribuido
a la primera época del tercer período mequí, los infieles preguntan al Profeta:
"¿Cuándo tendrá lugar esta conquista (fath),
si sois verídicos?". [5]
La pregunta guarda claramente un sentido
escatológico. Sin embargo, fath parece ser utilizada en otros pasajes
en un sentido netamente militar. En Qur'án 8:19, revelado en Medina, la fath (decisión
victoriosa) es la batalla de Badr; en Qur'án 61:13, la famosa expresión nasrun mina'lláhi wa fathun qaríb ("el auxilo
de Dios y un éxito cercano") parece aludir una victoria militar prometida por
el Profeta (la conquista de Medina), si bien de manera harto interesante. En efecto,
la expresión se repite en los versos precedentes donde Dios habla de los jardines
del Paraíso con una mezcla inextricable de elementos materiales y trascendentes.
En el versículo tardío del Qur'án 4:141, se hace uso de fath
en un sentido más bien terreno: se trata de una victoria militar. En Qur'án 7:10,
e incluso de manera más clara en Qur'án 110:1, fath
significa la conquista de la Meca. En Qur'án 40:77, perteneciente al tercer período
mequí, se dice:
¡Perseverad, pues, en vuestra paciencia! Y que la Promesa de Dios es verdadera,
y ya sea te mostremos (en esta vida) algo de lo que Les prometimos, o bien llamemos
vuestra alma (hacia nuestra Bondad antes de ello), (en todo caso, todos) retornaran
hacia Nos! [6]
Hay que precisar que la expresión la "Promesa de Dios" se refiere claramente
a los acontecimientos militares de la época de Muhammad.
En Qur'án 42:17, Dios dice: "(…) y "¿qué os hará comprender que acaso la Hora
esta próxima?" El versículo muestra que Muhammad poseía gran sentido de la cercanía
de la Hora, pero en un versículo ligeramente más tardío que el anterior, Dios
dice:
A cada pueblo (umma) un rásul (mensajero divino), y cuando
su rásul llega, el asunto será tratado entre ellos con justicia, y no serán tratados
injustamente (qudiya baynahum bi'l-qisti wa-hum lá yuzlamúna).
Ahora bien, expresiones como ésta ("el asunto será tratado con justicia") se
encuentran frecuentemente en pasajes que versan sobre el Juicio Final; esa Hora
claramente se refiere al juicio profético, la venida del Profeta, en un autentico final, si no del mundo, de un mundo. Quienes no creen en el Profeta están condenados; los creyentes
se encuentran entre los salvados. El Profeta es al mismo tiempo la distinción
(furqán) y la salvación.
Vale anotar que el moderno comentador sin Yusuf ‘Alí procura evadir la dificultad:
"Si ese Mensajero fuese rechazado o pasado por alto, o su Mensaje fuera retorcido
o mal empleado, el Día de las cuentas llegara, cuando se hará justicia perfecta
y la verdad toda será revelada". [7] Aceptar nuestra interpretación más directa habría significado en
su caso aceptar tendencias demasiado similares a las que algunas veces han sido
tildadas en las obras islámicas de expresiones ghulúw (exageración mística).
El Qur'án esta lleno de materiales simbólicos, al contrario de los que suelen pensar los intérpretes sunníes, quienes consideran que todos los versículos mutashábih que aparecen en el Qur'án son tentaciones. Por ejemplo, en Qur'án 7:53:
¿Esperan a que (el Qur'án) sea interpretado (ta'wíl)? Pero el día en que la interpretación llegue, ellos…dirán… (sigue una escena escatológica).
De esta manera, de acuerdo con la Escritura, llegado el fin del mundo (es decir, el fin de la era de Muhammad), tendrá lugar la interpretación simbólica del Qur'án.
Todo el fin del mundo está ligado a la aparición de un Libro Sagrado. En Qur'án 13:38 se dice: "Hemos enviado apóstoles antes de vosotros, y les hemos designado mujeres e hijos, y nunca fue cometido de apóstol alguno mostrar señal alguna excepto con el consentimiento de Dios. Para cada final de un período hay un Libro (li-kulli ajalin kitábun)".
Quienes rechazan la acepción ajal por final de un ciclo profético, término fijo de una vida, o final de una umma (sentido éste claramente marcado en pasajes paralelos), se ven obligados a afirmar que el pasaje resulta incomprensible, o bien no tienen más remedio que forzar el sentido obvio de ajal. En realidad,
La única explicación es que Muhammad entendía que la venida del Profeta al
final de la umma que le precedió constituía
al mismo tiempo un juicio de esa misma umma.
Vale la pena señalar que ya en Medina, Muhammad continuo hablando de la inminencia
de la Hora como si se tratara de una victoria terrestre ganada por ese mismo y
decidido Profeta sobre los no creyentes de la época. En un sura antiguo revelado
en Medina (Qur'án 47:18), Dios dice:
Entonces ¿aguardan a la Hora que habrá de venir a ellos de repente?
Mas ya han llegado algunos signos (ashrát) de ello, y cuando les llega, ¿cómo
pueden sacar provecho de su advertencia?
Por tanto, parece como si la "Hora" fuese concebida como un acontecimiento
que habían de presenciarlos interlocutores de Muhammad, los descreídos que habían
sido testigos de las señales (ashrát), esto es, las primeras victorias obtenidas
por Muhammad, quien después de la hégira es ya el arbitro virtual de la ciudad
(Medina). No obstante, unas pocas líneas antes Dios habla de los ríos de leche
y miel del Paraíso. No hay duda _por lo menos en lo que a mí respecta- de que
en la mente del Profeta el concepto de juicio escatológico (Paraíso o Infierno)
ha debido de estar íntimamente unido a las visiones de las victorias sugeridas
por los triunfos militares y políticos de su carrera triunfal. El comentario ortodoxo
de Yusuf ‘Alí parece confirmar de hecho tal interpretación. En un versículo tardío
mediní, Qur'án 33:63, Dios habla de la proximidad de la Hora:
Los hombres te preguntan sobre la Hora. Di: El conocimiento de ella queda con
Dios (solamente). ¿Y que te hará comprender a ti? Quizás la Hora se aproxima.
Resulta significativo que en el mismo sura, Qur'án 33:22, encontramos más pruebas
del valor simbólico de las imágenes escatológicas:
Cuando los creyentes vieron a las fuerzas de la coalición (al-ahzáb), dijeron:
"Esto es lo que Dios y Su Apóstol nos han prometido (má wa'adaná ‘lláhu wa rasúluhu), y Dios y
Su Apóstol dicen la verdad". ¡Y esto no hizo sino incrementar su fe y celo en
la obediencia!
Ahora bien, las expresiones "Esto es lo que Dios y Su Apóstol nos han prometido"
(o amenazado) o "la Promesa de Dios", suelen aplicarse frecuentemente a los acontecimientos
del Juicio. No obstante, es un hecho que en este versículo más tardío la llegada
de la destrucción de los Confederados es vivida por los creyentes como si tratase
como si tratase del cumplimiento de la "promesa".
Una vez que esta interpretación es aceptada, resulta posible explicar de manera
satisfactoria otros puntos controvertidos del texto sagrado. Así, el famoso pasaje
del Qur'án 43:61 (del mismo periodo mequí) donde se dice de Jesús: "Wa-innahu
la-‘ilmun li's-sá'ati; fa-lá tamtarunna bihá wa'ttabi'úni", que planteo ciertas
dificultades a los antiguos comentaristas, se resuelve fácilmente. Yusuf ‘Alí
lo traduce: "Y (Jesús) será la Señal (de la llegada de) la Hora del Juicio); por
tanto, no albergues dudas (acerca de la Hora), sino sígueme". Sin embargo, lo
que el texto significa es: "Y en verdad, Él (Jesús) es una señal de la Hora: Por
tanto, no dudes y sígueme (como tu nuevo Profeta)".
La dificultad del citado pasaje estriba en que mientras los orientalistas están
de acuerdo en considerar que las leyendas islámicas sobre la venida de Jesús al
final del mundo son tardías y postcoránicas, parece que en este versículo del
propio Qur'án se encuentra una clara alusión a ello: Jesús es "una Segunda Señal
de la Hora", esto es, una prefiguración de la Hora (del Juicio) cuando Él vendrá
por segunda vez al mundo, dará muerte al dajjál "Anticristo), etc. Los comentaristas
ortodoxos interpretan el pasaje de esta manera. Pero todo ello esta basado en
la interpretación del sá'a como final del mundo físico; mientras que, por mi parte,
creo que para Muhammad el término designa el final de la dispensación cristiana,
del mundo cristiano. Solo si se acepta esta interpretación, se resuelve y restablece
claramente la conexión lógica entre las dos oraciones "Jesús es una señal de la
Hora" y "por tanto (fa), no dudes y sígueme". Esta visión escatológica clarifica la relación
entre la Fe Bahá'í y otras religiones, incluyendo al Cristianismo y el Judaísmo.
Por lo que respecta al Cristianismo, permítaseme que cite de nuevo El Kitáb-i-Iqán:
Éstas son las melodías cantadas por Jesús, Hijo de María, con tonos de majestuosa
fuerza en el Ridván del Evangelio, las cuales revelan los signos que deben anunciar
el advenimiento de la próxima Manifestación. En el primer Evangelio según Mateo
está escrito: "Y cuando preguntaron a Jesús sobre los signos de Su venida, Él
les dijo: ‘En seguida, después de la opresión18 de aquellos días, se oscurecerá
el sol, y la luna no dará su luz, y caerán las estrellas del cielo, y los poderes
de la tierra se conmoverán. Entonces aparecerá el signo del Hijo del hombre en
el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre
venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles
con resonante trompeta'". Vertido a la lengua persa, el sentido de estas palabras
es el siguiente: Cuando ocurra la opresión y las aflicciones que han de sobrevenir
a la humanidad, entonces no dará el sol su resplandor, ni la luna su luz; caerán
sobre la tierra las estrellas del cielo y se estremecerán los pilares de la tierra.
En ese tiempo los signos del Hijo del hombre aparecerán en el cielo, es decir,
cuando estos signos hayan aparecido, la Belleza prometida y Esencia de la vida
surgirá en el mundo visible procedente del reino de lo invisible. Y Él dice: en
ese tiempo todos los pueblos y razas que habitan la tierra se quejarán y lamentarán,
y verán a aquella divina Belleza venir del cielo cabalgando sobre las nubes con
poder, grandeza y magnificencia, y enviando a Sus ángeles con resonante trompeta.
De forma similar, las mismas expresiones se encuentran en los tres Evangelios
restantes según Lucas, Marcos y Juan. Ya que Nos hemos referido a ellas extensamente
en Nuestras Tablas reveladas en lengua árabe, no las hemos mencionado en estas
páginas, limitándonos sólo a una referencia.
Por cuanto los sacerdotes cristianos no han comprendido el significado de estas
palabras, no reconocieron su objeto y propósito, y se han aferrado a la interpretación
literal de las palabras de Jesús, por lo tanto se han privado de la abundante
gracia de la Revelación de Muhammad y de sus copiosas dádivas. Los ignorantes
de entre la comunidad cristiana, siguiendo el ejemplo de los jefes de su fe, se
privaron igualmente de ver la belleza del Rey de gloria, por cuanto los signos
que habían de acompañar el amanecer del sol de la Dispensación de Muhammad, de
hecho no se cumplieron. Así han pasado edades y han transcurrido siglos, y aquel
purísimo Espíritu ha regresado a los retiros de su antigua soberanía. Una vez
más el Espíritu eterno ha soplado en la trompeta mística, haciendo salir a los
muertos de sus sepulcros de negligencia y error hacia el reino de guía y gracia.
Y, sin embargo, aquella comunidad expectante aún exclama: ¿Cuándo acontecerán
estas cosas? ¿Cuándo se manifestará el Prometido, el objeto de nuestra esperanza,
para que nos levantemos por el triunfo de Su Causa, para que sacrifiquemos nuestros
bienes por Él, para que ofrezcamos nuestras vidas en Su sendero? De igual modo,
tales falsas imaginaciones han hecho que otras comunidades se aparten del Kawthar
de la infinita misericordia de la Providencia, y estén ocupados en sus propios
vanos pensamientos. [8]
Otra idea ortodoxa musulmana es que ha habido una "perversión" de las sagradas
escrituras del pasado. En su denuncia de ciertos sacerdotes musulmanes, Bahá'u'lláh
dice:
Gran Dios! Estos sacerdotes, que aún dudan y disputan sobre los puntos oscuros
de la teología de su fe a pesar de que aceptan la verdad de esta tradición, pretenden
ser los intérpretes de las sutilezas de la ley de Dios y los expositores de los
misterios esenciales de Su santa Palabra. Afirman confiadamente que aquellas tradiciones
que indican la venida del Qá'im esperado aún no se han cumplido, en tanto que
ellos mismos no han logrado percibir la fragancia del significado de esas tradiciones
y todavía ignoran el hecho de que se han cumplido todos los signos predichos,
que se ha revelado el camino de la santa Causa de Dios y, que el concurso de los
fieles, veloz como el relámpago, pasa ahora mismo por ese camino, mientras que
esos necios sacerdotes aún esperan presenciar los signos predichos. Di: ¡Oh necios!
¡Esperad, como esperan aquellos anteriores a vosotros!
Si fueran interrogados acerca de aquellos signos que necesariamente deben anunciar
la revelación y ascenso del sol de la Dispensación mahometana, a los cuales ya
Nos hemos referido, de los cuales ninguno se ha cumplido literalmente, y si se
les dijera: "¿Por qué habéis rechazado las demandas hechas por los cristianos
y los pueblos de otras creencias, y les consideráis infieles?", no sabiendo qué
respuesta dar, contestarían: "Estos Libros han sido corrompidos y no son de Dios,
ni lo han sido nunca". Reflexiona, las mismas palabras de los versículos testifican
elocuentemente el hecho de que son de Dios. También se ha revelado un versículo
semejante en el Qur'án, ¡si fuerais de aquellos que comprenden! Verdaderamente
digo que durante todo este período no han logrado comprender lo que significa
viciar el texto.
Ciertamente, en los escritos y palabras de los Espejos que reflejan el sol
de la Dispensación mahometana, se ha mencionado: "Modificación hecha por los seres
exaltados" y "alteración hecha por los desdeñosos". Sin embargo, tales pasajes
se refieren sólo a casos especiales (…)
Verdaderamente, "alterar" el texto no quiere decir lo que esas almas abyectas
y necias se han imaginado, como es el caso de algunos que sostienen que los sacerdotes
judíos y cristianos han borrado del Libro los versículos que ensalzan y magnifican
la faz de Muhammad y en su lugar han insertado lo contrario. ¡Cuán enteramente
vanas y falsas son estas palabras! ¿Puede un hombre que cree en un libro, y lo
juzga inspirado por Dios, mutilarlo? Por otra parte, el Pentateuco se había difundido
por toda la superficie de la Tierra y no estaba confinado a La Meca y a Medina
como para que pudieran secretamente corromper y alterar su texto. Más bien, por
corrupción del texto se quiere significar aquello en lo que hoy día se afanan
todos los sacerdotes musulmanes, a saber, la interpretación del santo Libro de
Dios de acuerdo con sus ociosas imaginaciones y vanos deseos. Y como los judíos,
en tiempo de Muhammad, interpretaron aquellos versículos del Pentateuco referentes
a Su Manifestación según su propia fantasía, y rehusaron estar conformes con Su
santa palabra, fue por eso pronunciada contra ellos la acusación de "alterar"
el texto. Del mismo modo, es claro cómo en este día el pueblo del Qur'án ha pervertido
el texto del Libro Sagrado de Dios, por lo que respecta a los signos de la Manifestación
esperada, interpretándolo de acuerdo con sus deseos e inclinaciones (…)
También hemos oído a varios de los necios de la tierra afirmar que el texto
auténtico del Evangelio celestial no existe entre los cristianos, que ha ascendido
al cielo. ¡Cuán penosamente han errado! ¡Cuán inconscientes son de que tal declaración
imputa la más grave injusticia y tiranía a una benévola y amorosa Providencia!
¿Cómo podía Dios, después que el Sol de la belleza de Jesús había desaparecido
de la vista de Su pueblo y ascendido al cuarto cielo, hacer que desapareciera
también Su santo Libro, Su más gran testimonio entre Sus criaturas? ¿Qué le hubiera
quedado a ese pueblo para asirse desde la puesta del sol de Jesús hasta la salida
del sol de la Dispensación de Muhammad? ¿Qué ley pudiera ser su sostén y guía?
¿Cómo podría hacerse a tales hombres víctimas de la ira vengadora de Dios, el
Vengador omnipotente? ¿Cómo podría afligírseles con el azote del castigo del Rey
celestial? Y, sobre todo, ¿cómo podría detenerse el flujo de la gracia del Todomunífico?
¿Cómo podría calmarse el océano de Su tierna misericordia? ¡Nos refugiamos junto
a Dios, a resguardo de lo que Sus criaturas han imaginado de Él! ¡Exaltado es
Él sobre su comprensión! [9]
Por lo que respecta a otras religiones, tales ideas escatológicas bahá'ís también
son aplicables. Permítaseme que relate una experiencia personal. En cierta ocasión
conocí a un nativo australiano llamado "Tío Fred", el último sobreviviente de
la tribu australiana de los Mining. Me contó el caso de un misionero cristiano
que había intentado cambiar sus creencias y costumbres tradicionales con palabras
como éstas: "Debes saber que Cristo es tu salvador personal. Te exhorta a que
seas modesto y, por tanto, a que vistas adecuadamente". En cambio, el pionero
bahá'í le dijo: "Vamos a estudiar juntos tu antigua religión". Y luego, tras haberse
enterado por el Tío Fred de su creencia en el fin del mundo, cuando el océano
desaparecería y todas las islas se unirían bajo una misma ley traída por dos personajes,
etc., el bahá'í le dijo: "Sí, tienes toda la razón. Estos dos personajes son el
Báb y Bahá'u'lláh, y lo que has mencionado de manera simbólica significa que el
mundo estará unido por una sola ley: la ley bahá'í".
Esta es la forma en que la Fe Bahá'í entronca con la religión "antigua", una
forma histórica y escatológica. A decir verdad, para los bahá'ís, todas las religiones
son verdaderas, porque la Fe Bahá'í revalida e incorpora las verdades de todas
las formas pasadas de religión. A diferencia de todo movimiento del pasado de
carácter humanístico o sincretista, la Fe Bahá'í sostiene que todas las religiones
encuentran su consumación en una forma nueva: la Fe Bahá'í.
No es de sorprender, pues, que ‘Abdu'l-Bahá, hijo del Fundador de la Fe Bahá'í,
y su interprete, llegase a pronunciar esta maravillosa oración para toda la humanidad,
con la que concluyo:
¡Oh Tú, bondadoso Señor! Tú has creado a toda la humanidad de un mismo origen.
Tú has decretado que todos pertenezcan a un mismo hogar. En tu sagrada presencia
todos ellos son tus siervos y toda la humanidad se cobija bajo tu tabernáculo;
todos se han reunido en tu mesa de munificencia; todos están iluminados por la
luz de tu providencia.
¡Oh Dios! Tú eres bondadoso con todos, Tú has provisto para todos, das asilo
a todos, confieres vida a todos. Tú has dotado a todos y a cada uno con talento
y facultades y todos están sumergidos en el océano de tu misericordia.
¡Oh Tú, bondadoso Señor! Une a todos. Haz que las religiones concuerden, haz
de las naciones una sola, a fin de que puedan verse unas a otras como una sola
familia y a toda la humanidad como un solo hogar. Que se asocien en perfecta armonía.
¡Oh Dios! Levanta el estandarte de unidad de la humanidad.
¡Oh Dios! Establece la Paz Más Grande.
Une Tú, Oh Dios, los corazones unos con otros.
¡Oh Tú, Padre bondadoso, Dios! Regocija nuestros corazones con la fragancia
de tu amor. Ilumina nuestros ojos con la luz de tu guía. Alegra nuestros oídos
con la melodía de tu Palabra y ampáranos a todos en el refugio de tu providencia.
Tú eres el Poderoso y el Fuerte. Tú eres el que perdona y Tú eres el único
que tolera las negligencias de la humanidad. [10]
Notas
Bahá'u'lláh,
Los Siete Valles, Terrassa, Editorial
Bahá'í, 1974, p. 31.
Bahá'u'lláh,
El Kitáb-I-Iqán, Libro de la Certeza,
Buenos Aires, EBILA, 1971, pp. 110-114.
Alessandro
Bausani. "Postille a Corano II, 284; XXXIX, 23, 15." Studi Orientalistici in onore
di G. Levi Della Vida (Roma; 1965) 1:32-51.
The Holy
Qur'án: Traslation and Commentary, A. Yusuf Alí, 2° ed. (no consta lugar de edición:
American Trust Publications, 1977), 497, n. 1439.
Citamos
por la versión de Juan Vernet, Barcelona, Plaza y Janés, 1980.
(Nuestra
versión castellana está basada en la versión del propio Bausani, cuyos matices
no aparecen debidamente recogidos en ninguna de las versiones castellanas existentes.
)
The Holy
Qur'án: Traslation and Commentary, A. Yusuf Alí, 2° ed. (no consta lugar de edición:
American Trust Publications, 1977), 497, n. 1439.
Bahá'u'lláh,
El Kitáb-i-Iqán, pp.21-23.
Ibídem,
pp. 55-59.
‘Abdu'l-Bahá,
Oraciones Bahá'ís, Terrassa, Editorial Bahá'íi, 1979, p. 122.
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Historia de la Religión desde la Perspectiva Bahá'í
Alessandro Bausani
Miguel Gil Santesteban, translator
2003?
Uno de los términos de mayor uso en el ámbito islámico es murtadd, termino con el que se designa al hombre o mujer que abandona
el Islam para abrazar una religión anterior como pueda ser el Judaísmo o el Cristianismo.
La ley musulmana (Sharí'ah) se muestra
extremadamente severa con tal clase de personas: ser murtadd equivale a la muerte
civil. El matrimonio de tal persona se disuelve automáticamente, sin que medien
divorcios u otras formalidades, quedando el cónyuge libre para contraer matrimonio.
Sin embargo, la situación del musulmán que se convierte en bahá'í es bastante
diferente. En este caso, el bahá'í acepta a Muhammad como Profeta de Dios (Resúl'ulláh),
pero también cree que después de Muhammad han existido otras dos grandes Manifestaciones
de Dios.
Los seres humanos no pueden vivir sin leyes divinas. Es verdad que los bahá'ís
consideran a la Manifestación de Dios como una "manifestación" (mazhar) de la Esencia de Dios, un concepto
enfáticamente rechazado por el Islam, al menos por el Islam Sunní. No obstante,
desde el punto de vista bahá'í tales Manifestaciones no son consideradas como
el Cristo cristiano, en quien la Esencia de Dios desciende mediante la llamada
hulúl ("encarnación"). A este respecto Bahá'u'lláh es muy claro en los Siete Valles
(especialmente en el "Valle de la Unidad"). Allá donde otros escritores han expresado
puntos de vista extremadamente panteístas, Bahá'u'lláh declara:
"Empero, que nadie interprete estas declaraciones como antropomorfismos,
ni vea en ellas el descenso de los mundos de Dios a los niveles de las criaturas;
como tampoco deberían llevar a Vuestra Eminencia a
tales suposiciones. Porque, en Su Esencia, Dios está santificado por encima
del ascenso o descenso, de entrada o salida; por toda la eternidad Él ha esto
-y lo seguirá estando- libre de los atributos de las criaturas humanas. Ningún
hombre le conoció jamás ni alma alguna ha encontrado la senda hacia Su Ser.
Todo conocedor místico ha vagado, perdido, por el valle de Su conocimiento;
todo santo ha perdido su camino buscando comprender Su Esencia. Santificado es
Él por encima de la comprensión del sabio; exaltado es Él por encima del conocimiento
del erudito." [1]
Y en otro lugar Bahá'u'lláh asevera:
"Ya
hemos asignado, en las páginas precedentes, dos posiciones a cada una de
las Lumbreras que surgen de las Auroras de santidad eterna. Una de esas posiciones,
la de unidad esencial, ya la hemos explicado. "No hacemos diferencia
entre ninguno de ellos". La otra posición es la de distinción y pertenece
al mundo de la creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación
de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definitivamente
señalada, una Revelación predestinada y limitaciones especialmente
designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre diferente
y se caracteriza por un atributo especial, cumple una Misión definida y
le es confiada una Revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho que
algunos de los Apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha hablado;
a otros los ha elevado exaltándolos. Y a Jesús, Hijo de María, Le dimos
signos manifiestos y Le fortalecimos con el Espíritu Santo".
Es
por causa de esta diferencia en posición y misión por lo que parecen divergir
y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos Manantiales del conocimiento
divino. Por lo demás, a los ojos de quienes están iniciados en los misterios
de la sabiduría divina, todo lo que ellos han pronunciado es en realidad
la expresión de una sola Verdad. Como la mayoría de la gente no ha percibido
esas posiciones a que Nos hemos referido, se siente por tanto perpleja
y consternada ante las variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones
que, en esencia, son una y la misma.
Ha
sido siempre evidente que todas estas divergencias en las palabras deben atribuirse
a diferencias de posición. Así, desde el punto de vista de su unicidad y
sublime desprendimiento, han sido y son aplicables a esas Esencias del ser los
atributos de Deidad, Divinidad, Suprema Singularidad e íntima Esencia, ya que
todas habitan en el trono de la Revelación divina y están establecidas en la
sede de la divina Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la Revelación
de Dios, y por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así como
se han oído las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones
del Ser divino.
Y
a la luz de la segunda posición, que es la posición de la distinción y diferenciación,
de las limitaciones, características y normas temporales, manifiestan
ellos servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de sí
mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre
como vosotros."
A
partir de estas aseveraciones incontestables y plenamente demostradas, esfuérzate
por entender el significado de las preguntas que has formulado, para
que llegues a ser constante en la Fe de Dios y no te desanimes por las divergencias
en las palabras de Sus Profetas y Elegidos.
Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan, declarase:
"¡Yo soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda de ello. Ya que
repetidamente se ha demostrado que mediante su Revelación, sus atributos y nombres
se manifiestan en el mundo de la Revelación de Dios Su nombre y Sus atributos.
Así, Él ha revelado: "¡Aquellos dardos eran de Dios, no Tuyos!" También dice:
"En verdad, quienes Te prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios".
Y si alguno de ellos pronunciase: "Soy el Mensajero de Dios", también diría la
verdad, la indudable verdad. Tal como Él dice: "No es Muhammad padre de ningún
hombre entre vosotros, sino que es el Mensajero de Dios". A la luz de esto se
ve que todos ellos no son más que Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia
inmutable. Si todos proclamasen "Soy el Sello de los Profetas", expresarían sólo
la verdad sin la más leve sombra de duda. Pues todos ellos no son más que una
persona, un alma, un espíritu, un ser, una revelación. Son todos la manifestación
del "Principio" y el "Fin", el "Primero" y el "Último", el "Visible" y el "Oculto",
atributos todos que pertenecen a Aquel Que es el más íntimo Espíritu de los Espíritus
y la eterna Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios",
éste también es un hecho manifiesto e indiscutible. Puesto que se han manifestado
en condición de total servidumbre, servidumbre como ésa no podrá ningún hombre
alcanzar. De este modo, en momentos en que esas Esencias del ser estaban sumergidas
en los océanos de santidad antigua y sempiterna, o cuando se remontaban a las
más elevadas cimas de los misterios divinos, sostenían que sus palabras eran la
Voz de la divinidad, el Llamado de Dios mismo. Si se abriera el ojo del discernimiento,
reconocería que ellos hasta en ese estado se consideran del todo extinguidos e
inexistentes ante Quien es el Que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece
que han estimado que no son absolutamente nada, juzgando su mención en esa Corte
como un acto de blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en tal Corte, una
prueba de afirmación de sí mismo y de existencia independiente. A los ojos de
quienes han llegado a esa Corte, semejante insinuación es por sí misma una grave
transgresión. Cuánto más grave aún sería, si otra cosa se mencionara ante
esa Presencia, si el corazón del hombre, su lengua, su mente o su alma se ocuparan
con otro que no sea el Bienamado, si sus ojos contemplaran otro semblante que
no fuese Su belleza, si su oído escuchase otra melodía que no fuese Su voz y sus
pies hollasen otro camino que no fuera Su camino. En este día sopla la brisa de
Dios y Su espíritu lo ha llenado todo. Tal es la efusión de Su gracia, que la
pluma se detiene y la lengua enmudece. En virtud de esta posición, han sostenido
que es suya la Voz de la Divinidad y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud
de su posición de Mensajeros, se han declarado a sí mismos los Mensajeros de Dios.
En cada caso han expresado lo que está en conformidad con los requerimientos de
la ocasión, atribuyéndose a Sí mismos todas estas declaraciones, las cuales se
extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de la creación, y desde
el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la existencia terrenal. De este
modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya pertenezcan al reino de la Divinidad,
Señorío, Posición Profética, Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre,
todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con
mucha atención lo que hemos citado en apoyo de Nuestro argumento, para que las
palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de la Santidad
no agiten el alma ni dejen perpleja la mente." [2]
Por supuesto, Bahá'u'lláh suele referirse a menudo a su religión materna, el
Islam, de la que se deriva la Fe Bahá'í (tal y como el Cristianismo se deriva
del Judaísmo). Bahá'u'lláh menciona específicamente el Cristianismo y la religión
musulmana es su famoso libro Kitáb-i-Iqán (El Libro de la Certeza). De ahí que
lo citemos ampliamente en el presente trabajo.
Las ideas escatológicas del Qur'án son mencionadas directamente por Bahá'u'lláh
como anticipación de su propias revelación. Muchos bahá'ís me preguntan acerca
de "conocidas" profecías sobre Bahá'u'lláh contenidas en el Qur'án. A menudo suelo
decir que no existen predicciones transparentes en el Qur'án con relación a Bahá'u'lláh,
lo que crea cierta confusión en las personas que plantean la pregunta. Pero lo
que deseo expresar con ello es que todas las partes del Qur'án relativas al
final del mundo, el sá'a (la Hora del
Juicio Final), el naba'al-‘azím (el
Gran Anuncio del Juicio Final) y similares, tienen como finalidad señalar la nueva
dispensación de Bahá'u'lláh. De hecho, en el Qur'án, tal y como procure demostrar
en un articulo publicado en 1956, [3] la idea del sá'a o Juicio
Final se halla mezclada con la idea de la victoria final de la nueva dispensación
del Profeta Muhammad frente a los kuffár o infieles de su época. Por ejemplo, en el Qur'án encontramos
a Dios en conversación con Moisés en el primer encuentro de la zarza ardiente,
hecho ocurrido en una época históricamente muy distante de ya no del Juicio Final
sino de la época del propio Muhammad. En ese pasaje Dios se dirige a Moisés diciéndole:
"La Hora llega" (inna's-sá'ata átiyatun (Qur'án 20:15). [4 ]
Resulta
curioso que la importancia de este pasaje haya pasado inadvertida a los interpretes.
El dilema es claro: o bien la "Hora" significa el Juicio Final, en cuyo caso Muhammad
pone en boca de Dios un absurdo, pues bien sabía que desde su dispensación a la
de Moisés habían transcurrido varias generaciones, y que desde la suya al Juicio
Final aun habían de transcurrir muchas más, o bien la "Hora" significa la victoria
del nuevo Profeta (Moisés mismo) y el juicio de los incrédulos. Son numerosos
los casos en que el termino "Hora" o expresiones similares mencionadas en el Qur'án
hacen referencia a acontecimientos presentados o percibidos como si fueran "cercanos".
Examinaremos algunos pasajes en cuestión. En el Qur'án 32:28, generalmente atribuido
a la primera época del tercer período mequí, los infieles preguntan al Profeta:
"¿Cuándo tendrá lugar esta conquista (fath),
si sois verídicos?". [5]
La pregunta guarda claramente un sentido
escatológico. Sin embargo, fath parece ser utilizada en otros pasajes
en un sentido netamente militar. En Qur'án 8:19, revelado en Medina, la fath (decisión
victoriosa) es la batalla de Badr; en Qur'án 61:13, la famosa expresión nasrun mina'lláhi wa fathun qaríb ("el auxilo
de Dios y un éxito cercano") parece aludir una victoria militar prometida por
el Profeta (la conquista de Medina), si bien de manera harto interesante. En efecto,
la expresión se repite en los versos precedentes donde Dios habla de los jardines
del Paraíso con una mezcla inextricable de elementos materiales y trascendentes.
En el versículo tardío del Qur'án 4:141, se hace uso de fath
en un sentido más bien terreno: se trata de una victoria militar. En Qur'án 7:10,
e incluso de manera más clara en Qur'án 110:1, fath
significa la conquista de la Meca. En Qur'án 40:77, perteneciente al tercer período
mequí, se dice:
¡Perseverad, pues, en vuestra paciencia! Y que la Promesa de Dios es verdadera,
y ya sea te mostremos (en esta vida) algo de lo que Les prometimos, o bien llamemos
vuestra alma (hacia nuestra Bondad antes de ello), (en todo caso, todos) retornaran
hacia Nos! [6]
Hay que precisar que la expresión la "Promesa de Dios" se refiere claramente
a los acontecimientos militares de la época de Muhammad.
En Qur'án 42:17, Dios dice: "(…) y "¿qué os hará comprender que acaso la Hora
esta próxima?" El versículo muestra que Muhammad poseía gran sentido de la cercanía
de la Hora, pero en un versículo ligeramente más tardío que el anterior, Dios
dice:
A cada pueblo (umma) un rásul (mensajero divino), y cuando
su rásul llega, el asunto será tratado entre ellos con justicia, y no serán tratados
injustamente (qudiya baynahum bi'l-qisti wa-hum lá yuzlamúna).
Ahora bien, expresiones como ésta ("el asunto será tratado con justicia") se
encuentran frecuentemente en pasajes que versan sobre el Juicio Final; esa Hora
claramente se refiere al juicio profético, la venida del Profeta, en un autentico final, si no del mundo, de un mundo. Quienes no creen en el Profeta están condenados; los creyentes
se encuentran entre los salvados. El Profeta es al mismo tiempo la distinción
(furqán) y la salvación.
Vale anotar que el moderno comentador sin Yusuf ‘Alí procura evadir la dificultad:
"Si ese Mensajero fuese rechazado o pasado por alto, o su Mensaje fuera retorcido
o mal empleado, el Día de las cuentas llegara, cuando se hará justicia perfecta
y la verdad toda será revelada". [7] Aceptar nuestra interpretación más directa habría significado en
su caso aceptar tendencias demasiado similares a las que algunas veces han sido
tildadas en las obras islámicas de expresiones ghulúw (exageración mística).
El Qur'án esta lleno de materiales simbólicos, al contrario de los que suelen pensar los intérpretes sunníes, quienes consideran que todos los versículos mutashábih que aparecen en el Qur'án son tentaciones. Por ejemplo, en Qur'án 7:53:
¿Esperan a que (el Qur'án) sea interpretado (ta'wíl)? Pero el día en que la interpretación llegue, ellos…dirán… (sigue una escena escatológica).
De esta manera, de acuerdo con la Escritura, llegado el fin del mundo (es decir, el fin de la era de Muhammad), tendrá lugar la interpretación simbólica del Qur'án.
Todo el fin del mundo está ligado a la aparición de un Libro Sagrado. En Qur'án 13:38 se dice: "Hemos enviado apóstoles antes de vosotros, y les hemos designado mujeres e hijos, y nunca fue cometido de apóstol alguno mostrar señal alguna excepto con el consentimiento de Dios. Para cada final de un período hay un Libro (li-kulli ajalin kitábun)".
Quienes rechazan la acepción ajal por final de un ciclo profético, término fijo de una vida, o final de una umma (sentido éste claramente marcado en pasajes paralelos), se ven obligados a afirmar que el pasaje resulta incomprensible, o bien no tienen más remedio que forzar el sentido obvio de ajal. En realidad,
La única explicación es que Muhammad entendía que la venida del Profeta al
final de la umma que le precedió constituía
al mismo tiempo un juicio de esa misma umma.
Vale la pena señalar que ya en Medina, Muhammad continuo hablando de la inminencia
de la Hora como si se tratara de una victoria terrestre ganada por ese mismo y
decidido Profeta sobre los no creyentes de la época. En un sura antiguo revelado
en Medina (Qur'án 47:18), Dios dice:
Entonces ¿aguardan a la Hora que habrá de venir a ellos de repente?
Mas ya han llegado algunos signos (ashrát) de ello, y cuando les llega, ¿cómo
pueden sacar provecho de su advertencia?
Por tanto, parece como si la "Hora" fuese concebida como un acontecimiento
que habían de presenciarlos interlocutores de Muhammad, los descreídos que habían
sido testigos de las señales (ashrát), esto es, las primeras victorias obtenidas
por Muhammad, quien después de la hégira es ya el arbitro virtual de la ciudad
(Medina). No obstante, unas pocas líneas antes Dios habla de los ríos de leche
y miel del Paraíso. No hay duda _por lo menos en lo que a mí respecta- de que
en la mente del Profeta el concepto de juicio escatológico (Paraíso o Infierno)
ha debido de estar íntimamente unido a las visiones de las victorias sugeridas
por los triunfos militares y políticos de su carrera triunfal. El comentario ortodoxo
de Yusuf ‘Alí parece confirmar de hecho tal interpretación. En un versículo tardío
mediní, Qur'án 33:63, Dios habla de la proximidad de la Hora:
Los hombres te preguntan sobre la Hora. Di: El conocimiento de ella queda con
Dios (solamente). ¿Y que te hará comprender a ti? Quizás la Hora se aproxima.
Resulta significativo que en el mismo sura, Qur'án 33:22, encontramos más pruebas
del valor simbólico de las imágenes escatológicas:
Cuando los creyentes vieron a las fuerzas de la coalición (al-ahzáb), dijeron:
"Esto es lo que Dios y Su Apóstol nos han prometido (má wa'adaná ‘lláhu wa rasúluhu), y Dios y
Su Apóstol dicen la verdad". ¡Y esto no hizo sino incrementar su fe y celo en
la obediencia!
Ahora bien, las expresiones "Esto es lo que Dios y Su Apóstol nos han prometido"
(o amenazado) o "la Promesa de Dios", suelen aplicarse frecuentemente a los acontecimientos
del Juicio. No obstante, es un hecho que en este versículo más tardío la llegada
de la destrucción de los Confederados es vivida por los creyentes como si tratase
como si tratase del cumplimiento de la "promesa".
Una vez que esta interpretación es aceptada, resulta posible explicar de manera
satisfactoria otros puntos controvertidos del texto sagrado. Así, el famoso pasaje
del Qur'án 43:61 (del mismo periodo mequí) donde se dice de Jesús: "Wa-innahu
la-‘ilmun li's-sá'ati; fa-lá tamtarunna bihá wa'ttabi'úni", que planteo ciertas
dificultades a los antiguos comentaristas, se resuelve fácilmente. Yusuf ‘Alí
lo traduce: "Y (Jesús) será la Señal (de la llegada de) la Hora del Juicio); por
tanto, no albergues dudas (acerca de la Hora), sino sígueme". Sin embargo, lo
que el texto significa es: "Y en verdad, Él (Jesús) es una señal de la Hora: Por
tanto, no dudes y sígueme (como tu nuevo Profeta)".
La dificultad del citado pasaje estriba en que mientras los orientalistas están
de acuerdo en considerar que las leyendas islámicas sobre la venida de Jesús al
final del mundo son tardías y postcoránicas, parece que en este versículo del
propio Qur'án se encuentra una clara alusión a ello: Jesús es "una Segunda Señal
de la Hora", esto es, una prefiguración de la Hora (del Juicio) cuando Él vendrá
por segunda vez al mundo, dará muerte al dajjál "Anticristo), etc. Los comentaristas
ortodoxos interpretan el pasaje de esta manera. Pero todo ello esta basado en
la interpretación del sá'a como final del mundo físico; mientras que, por mi parte,
creo que para Muhammad el término designa el final de la dispensación cristiana,
del mundo cristiano. Solo si se acepta esta interpretación, se resuelve y restablece
claramente la conexión lógica entre las dos oraciones "Jesús es una señal de la
Hora" y "por tanto (fa), no dudes y sígueme". Esta visión escatológica clarifica la relación
entre la Fe Bahá'í y otras religiones, incluyendo al Cristianismo y el Judaísmo.
Por lo que respecta al Cristianismo, permítaseme que cite de nuevo El Kitáb-i-Iqán:
Éstas son las melodías cantadas por Jesús, Hijo de María, con tonos de majestuosa
fuerza en el Ridván del Evangelio, las cuales revelan los signos que deben anunciar
el advenimiento de la próxima Manifestación. En el primer Evangelio según Mateo
está escrito: "Y cuando preguntaron a Jesús sobre los signos de Su venida, Él
les dijo: ‘En seguida, después de la opresión18 de aquellos días, se oscurecerá
el sol, y la luna no dará su luz, y caerán las estrellas del cielo, y los poderes
de la tierra se conmoverán. Entonces aparecerá el signo del Hijo del hombre en
el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre
venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles
con resonante trompeta'". Vertido a la lengua persa, el sentido de estas palabras
es el siguiente: Cuando ocurra la opresión y las aflicciones que han de sobrevenir
a la humanidad, entonces no dará el sol su resplandor, ni la luna su luz; caerán
sobre la tierra las estrellas del cielo y se estremecerán los pilares de la tierra.
En ese tiempo los signos del Hijo del hombre aparecerán en el cielo, es decir,
cuando estos signos hayan aparecido, la Belleza prometida y Esencia de la vida
surgirá en el mundo visible procedente del reino de lo invisible. Y Él dice: en
ese tiempo todos los pueblos y razas que habitan la tierra se quejarán y lamentarán,
y verán a aquella divina Belleza venir del cielo cabalgando sobre las nubes con
poder, grandeza y magnificencia, y enviando a Sus ángeles con resonante trompeta.
De forma similar, las mismas expresiones se encuentran en los tres Evangelios
restantes según Lucas, Marcos y Juan. Ya que Nos hemos referido a ellas extensamente
en Nuestras Tablas reveladas en lengua árabe, no las hemos mencionado en estas
páginas, limitándonos sólo a una referencia.
Por cuanto los sacerdotes cristianos no han comprendido el significado de estas
palabras, no reconocieron su objeto y propósito, y se han aferrado a la interpretación
literal de las palabras de Jesús, por lo tanto se han privado de la abundante
gracia de la Revelación de Muhammad y de sus copiosas dádivas. Los ignorantes
de entre la comunidad cristiana, siguiendo el ejemplo de los jefes de su fe, se
privaron igualmente de ver la belleza del Rey de gloria, por cuanto los signos
que habían de acompañar el amanecer del sol de la Dispensación de Muhammad, de
hecho no se cumplieron. Así han pasado edades y han transcurrido siglos, y aquel
purísimo Espíritu ha regresado a los retiros de su antigua soberanía. Una vez
más el Espíritu eterno ha soplado en la trompeta mística, haciendo salir a los
muertos de sus sepulcros de negligencia y error hacia el reino de guía y gracia.
Y, sin embargo, aquella comunidad expectante aún exclama: ¿Cuándo acontecerán
estas cosas? ¿Cuándo se manifestará el Prometido, el objeto de nuestra esperanza,
para que nos levantemos por el triunfo de Su Causa, para que sacrifiquemos nuestros
bienes por Él, para que ofrezcamos nuestras vidas en Su sendero? De igual modo,
tales falsas imaginaciones han hecho que otras comunidades se aparten del Kawthar
de la infinita misericordia de la Providencia, y estén ocupados en sus propios
vanos pensamientos. [8]
Otra idea ortodoxa musulmana es que ha habido una "perversión" de las sagradas
escrituras del pasado. En su denuncia de ciertos sacerdotes musulmanes, Bahá'u'lláh
dice:
Gran Dios! Estos sacerdotes, que aún dudan y disputan sobre los puntos oscuros
de la teología de su fe a pesar de que aceptan la verdad de esta tradición, pretenden
ser los intérpretes de las sutilezas de la ley de Dios y los expositores de los
misterios esenciales de Su santa Palabra. Afirman confiadamente que aquellas tradiciones
que indican la venida del Qá'im esperado aún no se han cumplido, en tanto que
ellos mismos no han logrado percibir la fragancia del significado de esas tradiciones
y todavía ignoran el hecho de que se han cumplido todos los signos predichos,
que se ha revelado el camino de la santa Causa de Dios y, que el concurso de los
fieles, veloz como el relámpago, pasa ahora mismo por ese camino, mientras que
esos necios sacerdotes aún esperan presenciar los signos predichos. Di: ¡Oh necios!
¡Esperad, como esperan aquellos anteriores a vosotros!
Si fueran interrogados acerca de aquellos signos que necesariamente deben anunciar
la revelación y ascenso del sol de la Dispensación mahometana, a los cuales ya
Nos hemos referido, de los cuales ninguno se ha cumplido literalmente, y si se
les dijera: "¿Por qué habéis rechazado las demandas hechas por los cristianos
y los pueblos de otras creencias, y les consideráis infieles?", no sabiendo qué
respuesta dar, contestarían: "Estos Libros han sido corrompidos y no son de Dios,
ni lo han sido nunca". Reflexiona, las mismas palabras de los versículos testifican
elocuentemente el hecho de que son de Dios. También se ha revelado un versículo
semejante en el Qur'án, ¡si fuerais de aquellos que comprenden! Verdaderamente
digo que durante todo este período no han logrado comprender lo que significa
viciar el texto.
Ciertamente, en los escritos y palabras de los Espejos que reflejan el sol
de la Dispensación mahometana, se ha mencionado: "Modificación hecha por los seres
exaltados" y "alteración hecha por los desdeñosos". Sin embargo, tales pasajes
se refieren sólo a casos especiales (…)
Verdaderamente, "alterar" el texto no quiere decir lo que esas almas abyectas
y necias se han imaginado, como es el caso de algunos que sostienen que los sacerdotes
judíos y cristianos han borrado del Libro los versículos que ensalzan y magnifican
la faz de Muhammad y en su lugar han insertado lo contrario. ¡Cuán enteramente
vanas y falsas son estas palabras! ¿Puede un hombre que cree en un libro, y lo
juzga inspirado por Dios, mutilarlo? Por otra parte, el Pentateuco se había difundido
por toda la superficie de la Tierra y no estaba confinado a La Meca y a Medina
como para que pudieran secretamente corromper y alterar su texto. Más bien, por
corrupción del texto se quiere significar aquello en lo que hoy día se afanan
todos los sacerdotes musulmanes, a saber, la interpretación del santo Libro de
Dios de acuerdo con sus ociosas imaginaciones y vanos deseos. Y como los judíos,
en tiempo de Muhammad, interpretaron aquellos versículos del Pentateuco referentes
a Su Manifestación según su propia fantasía, y rehusaron estar conformes con Su
santa palabra, fue por eso pronunciada contra ellos la acusación de "alterar"
el texto. Del mismo modo, es claro cómo en este día el pueblo del Qur'án ha pervertido
el texto del Libro Sagrado de Dios, por lo que respecta a los signos de la Manifestación
esperada, interpretándolo de acuerdo con sus deseos e inclinaciones (…)
También hemos oído a varios de los necios de la tierra afirmar que el texto
auténtico del Evangelio celestial no existe entre los cristianos, que ha ascendido
al cielo. ¡Cuán penosamente han errado! ¡Cuán inconscientes son de que tal declaración
imputa la más grave injusticia y tiranía a una benévola y amorosa Providencia!
¿Cómo podía Dios, después que el Sol de la belleza de Jesús había desaparecido
de la vista de Su pueblo y ascendido al cuarto cielo, hacer que desapareciera
también Su santo Libro, Su más gran testimonio entre Sus criaturas? ¿Qué le hubiera
quedado a ese pueblo para asirse desde la puesta del sol de Jesús hasta la salida
del sol de la Dispensación de Muhammad? ¿Qué ley pudiera ser su sostén y guía?
¿Cómo podría hacerse a tales hombres víctimas de la ira vengadora de Dios, el
Vengador omnipotente? ¿Cómo podría afligírseles con el azote del castigo del Rey
celestial? Y, sobre todo, ¿cómo podría detenerse el flujo de la gracia del Todomunífico?
¿Cómo podría calmarse el océano de Su tierna misericordia? ¡Nos refugiamos junto
a Dios, a resguardo de lo que Sus criaturas han imaginado de Él! ¡Exaltado es
Él sobre su comprensión! [9]
Por lo que respecta a otras religiones, tales ideas escatológicas bahá'ís también
son aplicables. Permítaseme que relate una experiencia personal. En cierta ocasión
conocí a un nativo australiano llamado "Tío Fred", el último sobreviviente de
la tribu australiana de los Mining. Me contó el caso de un misionero cristiano
que había intentado cambiar sus creencias y costumbres tradicionales con palabras
como éstas: "Debes saber que Cristo es tu salvador personal. Te exhorta a que
seas modesto y, por tanto, a que vistas adecuadamente". En cambio, el pionero
bahá'í le dijo: "Vamos a estudiar juntos tu antigua religión". Y luego, tras haberse
enterado por el Tío Fred de su creencia en el fin del mundo, cuando el océano
desaparecería y todas las islas se unirían bajo una misma ley traída por dos personajes,
etc., el bahá'í le dijo: "Sí, tienes toda la razón. Estos dos personajes son el
Báb y Bahá'u'lláh, y lo que has mencionado de manera simbólica significa que el
mundo estará unido por una sola ley: la ley bahá'í".
Esta es la forma en que la Fe Bahá'í entronca con la religión "antigua", una
forma histórica y escatológica. A decir verdad, para los bahá'ís, todas las religiones
son verdaderas, porque la Fe Bahá'í revalida e incorpora las verdades de todas
las formas pasadas de religión. A diferencia de todo movimiento del pasado de
carácter humanístico o sincretista, la Fe Bahá'í sostiene que todas las religiones
encuentran su consumación en una forma nueva: la Fe Bahá'í.
No es de sorprender, pues, que ‘Abdu'l-Bahá, hijo del Fundador de la Fe Bahá'í,
y su interprete, llegase a pronunciar esta maravillosa oración para toda la humanidad,
con la que concluyo:
¡Oh Tú, bondadoso Señor! Tú has creado a toda la humanidad de un mismo origen.
Tú has decretado que todos pertenezcan a un mismo hogar. En tu sagrada presencia
todos ellos son tus siervos y toda la humanidad se cobija bajo tu tabernáculo;
todos se han reunido en tu mesa de munificencia; todos están iluminados por la
luz de tu providencia.
¡Oh Dios! Tú eres bondadoso con todos, Tú has provisto para todos, das asilo
a todos, confieres vida a todos. Tú has dotado a todos y a cada uno con talento
y facultades y todos están sumergidos en el océano de tu misericordia.
¡Oh Tú, bondadoso Señor! Une a todos. Haz que las religiones concuerden, haz
de las naciones una sola, a fin de que puedan verse unas a otras como una sola
familia y a toda la humanidad como un solo hogar. Que se asocien en perfecta armonía.
¡Oh Dios! Levanta el estandarte de unidad de la humanidad.
¡Oh Dios! Establece la Paz Más Grande.
Une Tú, Oh Dios, los corazones unos con otros.
¡Oh Tú, Padre bondadoso, Dios! Regocija nuestros corazones con la fragancia
de tu amor. Ilumina nuestros ojos con la luz de tu guía. Alegra nuestros oídos
con la melodía de tu Palabra y ampáranos a todos en el refugio de tu providencia.
Tú eres el Poderoso y el Fuerte. Tú eres el que perdona y Tú eres el único
que tolera las negligencias de la humanidad. [10]
Notas
Bahá'u'lláh,
Los Siete Valles, Terrassa, Editorial
Bahá'í, 1974, p. 31.
Bahá'u'lláh,
El Kitáb-I-Iqán, Libro de la Certeza,
Buenos Aires, EBILA, 1971, pp. 110-114.
Alessandro
Bausani. "Postille a Corano II, 284; XXXIX, 23, 15." Studi Orientalistici in onore
di G. Levi Della Vida (Roma; 1965) 1:32-51.
The Holy
Qur'án: Traslation and Commentary, A. Yusuf Alí, 2° ed. (no consta lugar de edición:
American Trust Publications, 1977), 497, n. 1439.
Citamos
por la versión de Juan Vernet, Barcelona, Plaza y Janés, 1980.
(Nuestra
versión castellana está basada en la versión del propio Bausani, cuyos matices
no aparecen debidamente recogidos en ninguna de las versiones castellanas existentes.
)
The Holy
Qur'án: Traslation and Commentary, A. Yusuf Alí, 2° ed. (no consta lugar de edición:
American Trust Publications, 1977), 497, n. 1439.
Bahá'u'lláh,
El Kitáb-i-Iqán, pp.21-23.
Ibídem,
pp. 55-59.
‘Abdu'l-Bahá,
Oraciones Bahá'ís, Terrassa, Editorial Bahá'íi, 1979, p. 122.
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