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Source: Bahá'í Library Online (bahai-library.com), curated by Jonah Winters. Used by permission of the curator. Original citation: Shoghi Effendi, Dispensacion de Baha'u'llah, bahai-library.com.
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LA DISPENSACIÓN
DE
BAHÁ'U'LLÁH

SHOGHI EFFENDI

Título original en inglés:
The Dispensation of Bahá'u'lláh
Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe bahá’í
ÍNDICE

La Dispensación de Bahá'u'lláh

Bahá'u'lláh

El Báb

'Abdu'l-Bahá

El Orden Administrativo

Apéndice
Cartas de la Casa Universal de Justicia
A los amados de Dios y a las siervas
del Misericordioso de todo el Occidente.

Compañeros de labor en la Viña Divina:

El 23 de mayo de este auspicioso año1, el Mundo bahá'í celebrará el
nonagésimo aniversario de la fundación de la Fe de Bahá'u'lláh. Nosotros,
que en esta hora nos hallamos sobre el umbral de la última década del
primer siglo de la Era bahá'í, bien podemos detenernos a reflexionar sobre
las misteriosas dispensaciones de tan augusta, tan trascendental Revelación.
¡Cuán vasto, cuán fascinante es el panorama que el transcurso de nueve
décadas despliega ante nuestros ojos! Su descollante grandeza casi nos
anonada. Tan solo el contemplar este espectáculo único, el visualizar,
aunque sea oscuramente, las circunstancias que asistieron al nacimiento y
al gradual desenvolvimiento de esta suprema Teofanía, al recordar aun a
grandes rasgos las dolorosas luchas que proclamaron Su origen y
aceleraron Su marcha, ha de bastar para convencer a todo observador
imparcial de esas eternas verdades que motivan Su vida y que deben
continuar impulsándola hasta que alcance el ascendiente a que está
destinada.
Dominando toda la extensión de este fascinante espectáculo, sobresale
la incomparable figura de Bahá'u'lláh, trascendental en Su majestuosidad,
serena, imponente, inaccesiblemente gloriosa. Unida a ella, aunque
subordinada en rango, e investido con la autoridad de presidir con Él sobre
los destinos de esta suprema Dispensación, resplandece sobre este cuadro
mental la gloria juvenil de El Báb, infinito en Su ternura, irresistible en Su
encanto, sin igualen su heroísmo, incomparable en las dramáticas
circunstancias de Su vida corta pero memorable. Y finalmente surge,
aunque en un plano propio y en una categoría completamente aparte de la
ocupada por las dos Figuras gemelas que Le precedieron, la vibrante, la
magnética personalidad de 'Abdu'l-Bahá, reflejando, hasta un grado tal que
ningún hombre, por más exaltado que sea su posición puede esperar
rivalizar, la gloria y poder de que solo están dotados Aquellos que son las
Manifestaciones de Dios.
Con la ascensión de 'Abdu'l-Bahá y, más particularmente, con la muerte
de Su bien amada e ilustre hermana la más exaltada Hoja -última
sobreviviente de una heroica y gloriosa edad-, se cierra el primer y más
conmovedor capítulo de la historia Bahá'í, marcando el final de la era
Primitiva y Apostólica de la Fe de Bahá'u'lláh. Fue 'Abdu'l-Bahá Quien, por
medio de las disposiciones de Su trascendental Voluntad y Testamento, ha
establecido el vínculo vital que debe unir para siempre la era que acaba de
expirar con aquella en la cual ahora vivimos -el período de Transición y de
Formación de la Fe-, etapa que en la plenitud del tiempo ha de llegar a
florecer y dar su fruto con las hazañas y triunfos que anunciaran la Edad de
Oro de la Revelación de Bahá'u'lláh.
Muy queridos amigos: Las impetuosas fuerzas liberadas tan
milagrosamente por medio de dos independientes e inmediatamente
sucesivas Manifestaciones van siendo ahora, ante nuestros propios ojos,
gradualmente agrupadas y disciplinadas, gracias al cuidado de los elegidos
administradores de una Fe de tan vastos alcances. Dichas fuerzas se van
cristalizando lentamente en instituciones que llegaran a ser consideradas
como el distintivo y la gloria de la era que estamos nosotros llamados a
establecer e inmortalizar con nuestras obras. Pues de nuestros esfuerzos de
hoy y sobre todo al grado en que nos esforcemos por reformar nuestras
vidas conforme al modelo de sublime heroísmo asociado con aquellos que
nos precedieron, debe depender la eficacia de los instrumentos que ahora
modelamos, instrumentos que han de erigir la estructura de esa
bienaventurada Mancomunidad que distinguirá a la Edad de Oro nuestra
Fe.
No es mi propósito, al mirar atrás hacia esos años pletóricos de hechos
heroicos, intentar tan siquiera un sumaria resumen de los poderosos
acontecimientos que han ocurrido desde 1844 hasta nuestro días. Ni tengo
tampoco intención alguna de acometer un análisis de las fuerzas que los
han precipitado, o de evaluar su influencia sobre pueblos e instituciones en
casi todos los continentes del mundo. La biografía autentica de las vidas de
los primeros creyentes en el período primitivo de nuestra Fe y la
investigación asidua que emprenderán los competentes historiadores Bahá'í
del futuro transmitirán juntas, a las posteridad, una exposición tan magistral
de la historia de dicha época, que jamás podrían mis propios esfuerzos
pretender realizar. Mi mayor interés en este período de desafío de la
historia Bahá'í es, más bien, llamar la atención de aquellos que están
destinados a ser los principales constructores del Orden Administrativo de
Bahá'u'lláh hacia ciertas verdades fundamentales cuya elucidación ha de
serles de tremenda ayuda para proseguir eficazmente su importante obra.
La posición internacional que ya ha alcanzado la Religión de Dios exige
imperiosamente, además, que sus principios básicos sean ahora
definitivamente esclarecidos. El ímpetu sin precedentes que la brillante
obra de los creyentes norteamericanos ha dado al progreso de la Fe; el
intenso interés que el primer Mashriqu'l-Adhkár en occidente está
despertando rápidamente entre diversas razas y naciones; el surgimiento e
incesante consolidación de instituciones Bahá'í en no menos de cuarenta de
los países más adelantados del mundo; la diseminación de literatura Bahá'í
en no menos de veinticinco de los más difundidos idiomas;1el éxito con
que recientemente fueron coronados los esfuerzos de los creyentes persas
en todas la nación, en los primeros pasos dados para establecer el tercer
Mashriqu'l-Adhkár del mundo Bahá'í en los alrededores de la capital de su
país nativo; las medidas que se están tomando para la inmediata formación
de su primera Asamblea Espiritual Nacional, representando los interese de
la enorme mayoría de adherentes Bahá'ís; la erección ya proyectada de aun
otra columna más de la Casa Universal Justicia, la primera en su genero en
el hemisferio meridional; los testimonios verbales y escritos de una Fe que
se esfuerza ha recibido de reyes, instituciones gubernamentales, tribunales
internacionales y dignatarios eclesiásticos; la publicidad que ha recibido
con motivo de las acusaciones dirigidas contra ella por enemigos
implacables, antiguos y recientes; la formal emancipación de una parte de
sus creyentes de las cadenas de la ortodoxia musulmana en un país que
puede considerarse como el más ilustrado entre las naciones islámicas; todo
esto prueba ampliamente el creciente impulso con que la invencible
comunidad del Más Grande Nombre avanza hacia la victoria final.
BAHÁ'U'LLÁH
Muy queridos amigos: En virtud de las obligaciones y responsabilidades
que como Guardián de la Fe de Bahá'u'lláh estoy llamado a desempeñar,
considero de mi incumbencia en tiempos en que la luz de la publicidad está
siendo enfocada cada vez más sobre nosotros, poner especialmente de
relieve ciertas verdades que forman la base de nuestra Fe, la integridad de
las cuales es nuestra obligación primordial salvaguardar. Estoy convencido
de que la valiente defensa y la debida asimilación de estas verdades
reforzaran poderosamente el vigor de nuestra vida espiritual y serán de gran
ayuda para contra restar las maquinaciones de un implacable y vigilante
enemigo.
Estoy firmemente convencido de que debe mantenerse como primera
obligación y como objeto del incesante esfuerzo de todo fiel adherente, el
tratar de adquirir una comprensión más adecuada del significado de la
estupenda Revelación de Bahá'u'lláh. Una comprensión cabal y exacta de
tan vasto sistema, de revelación tan sublime, de custodio tan sagrada, está
más allá, por obvias razones, del alcance y poder de nuestras mentes finitas.
Podemos, sin embargo, y es nuestro deber ineludible mientras trabajamos
en la propagación de la Fe, tratar de conseguir nueva inspiración y mayor
sostén, mediante una concepción más clara de las verdades que ella
contiene y de los principios en que se basa.
En el curso de mi explicación acerca de la posición de El Báb, en una
comunicación dirigida a los creyentes norteamericanos, hice una ligera
referencia a la incomparable grandeza de la Revelación de la cual Él se
considera el humilde Precursor. Él, a Quien Bahá'u'lláh aclamo en el Kitáb-
i-Íqán como le prometido Qá'im que ha manifestado nada menos que
veinticinco de las veintisiete letras que todos los Profetas estaban
destinados a revelar, siendo Revelador tan grande, ha dado Él mismo
testimonio acerca de la preeminencia de esa Revelación superior que tan
pronto había de remplazar a la Suya. "El germen", asevera El Báb en el
Bayán Persa, "que contiene dentro de si las potencialidades de la
Revelación que vendrá, está dotada de un poder superior que el de la
totalidad de las fuerzas de todos los que me siguen". "Entre todos los
tributos", Él afirma nuevamente, "que Yo he hecho a Aquel que vendrá
después de Mi, el mayor es este, Mi confección escrita, de que ninguna de
Mis palabras puede describirlo a Él adecuadamente, ni ninguna
referencia acerca de Él, en Mi Libro el Bayán, puede hacer justicia a Su
Causa". "El Bayán", declara Él categóricamente en el mismo Libro, "y
quienquiera que en el este, gira alrededor de las palabras de ‘Aquel a Quien
Dios ha de Manifestar’, lo mismo que el Alif (el Evangelio) y quienquiera
estuvo en el, giro alrededor de las palabras de Muhammad, el Apóstol de
Dios." "Mil lecturas cuidadosas del Bayán", Él hace notar además, "no
puede igualarse con la lectura cuidadosa de un solo versículo que ha de
revelar ‘Aquel a Quien Dios ha de Manifestar’...El Bayán se en cuenta hoy
en estado de simiente; su perfección definitiva se pondrá en evidencia al
principio de la manifestación de ‘Aquel a Quien Dios ha de
Manifestar’,...El Bayán y todos los que son sus creyentes tienen un anhelo
por Él, más ardiente que al anhelo de un amante por su amada...El Bayán
deriva toda su gloria de ‘Aquel a Quien Dios ha de Manifestar’. Todas las
bendiciones sean con quien crea en Él y el dolor advenga a quien rechace
Su verdad
Dirigiéndose El Báb a Siyyid Yahyáy-i-Dárábí de sobrenombre Vahíd,
el más instruido, más elocuente e influyente entre Sus seguidores pronuncia
esta advertencia: "Por la rectitud de Aquel Cuyo poder hace germinar la
semilla e infunde el espíritu de vida en todas las cosas, si estuviera Yo
seguro de que en el día de Su manifestación tú habrías de negarle, no
vacilaría en desconocerte y repudiar tu fe...Si, por el contrario, se Me
dijera que un cristiano, que no profesa lealtad a Mi Fe, creerá en Él, a
tal consideraría como la niña de Mis ojos".
En una de Sus oraciones, Él así comulga con Bahá'u'lláh: "¡Exaltado
seas, Oh Señor mío Omnipotente! ¡Cuan insignificantes y despreciables
aparecen Mi palabra y todo lo que Me pertenece, a menos que estén
relacionados con Tu Gran Gloria! Concédeme que por medio de la ayuda
de Tu gracia, todo aquello que Me pertenezca sea aceptable ante Tus
ojos".
En el Qayyúm-i-Asmá', el comentario de El Báb sobre la sura de José,
caracterizado por el Autor del Íqán como "el primero, el más grande y el
más poderoso" de los libro revelados por El Báb, leemos las siguientes
referencias acerca de Bahá'u'lláh: "De la nada absoluta, oh grande y
omnipotente Maestro, Tu, por medio de la celestial potencia de Tu fuerza,
Me has hecho surgir y levar para proclamar esta Revelación. Solo en Ti
he puesto Mi fe; no he dependido de ninguna voluntad más que de Tu
voluntad... ¡Oh Tu Jirón de Dios! Me he sacrificado totalmente por Ti.
He anhelado que el martirio en el sendero de Tu amor. Testigo suficiente
es para Mi, Dios, el Exaltado, el Protector, el Antiguo de los Días". "Y
cuando la hora designada haya sonado", se dirige nuevamente a
Bahá'u'lláh en ese mismo comentario, y "revela Tu con la majestad de
Dios, el Omnipotente, un débil e infinitesimal fulgor de Tu impenetrable
Misterio, desde las alturas del Más Alto y Místico Monte, para que
aquellos que han reconocido el brillo del Esplendor Sinaico puedan
desvanecerse y morir al ver un fugaz vislumbre de la Luz ardiente y
carmesí que envuelve Tu Revelación".
Como testimonio de la grandeza de la Revelación identificada con
Bahá'u'lláh, puedan citarse los siguientes extractos de una tabla dirigida por
'Abdu'l-Bahá a un eminente zoroastriano, seguidor de la Fe: "Has escrito
que en los Libros sagrados de los creyentes de Zoroastro, está escrito que,
en los últimos días, el sol tendrá necesariamente que detenerse en tres
Dispensaciones separadas, En la primera Dispensación está predicho que el
sol permanecerá inmóvil por diez días; en la segunda, por dos veces ese
tiempo; en la tercera, por lo menos todo un mes. La interpretación de esta
profecía es esta: La primera Dispensación a que se hace referencia es la
Dispensación Musulmana, durante la cual el Sol de la Verdad permaneció
inmóvil diez días. Cada día se calcula en un siglo. La Dispensación
Musulmana debió durar entonces no menos de mil años, que es
exactamente el período que transcurrió desde que se puso la Estrella del
Imanato hasta el advenimiento de la Dispensación proclamada por El Báb.
La segunda Dispensación que se menciona en esta profecía, es la
inaugurada por el mismo Báb, que empezó en el año 1260 d.H. y finalizó
en 1280 d.H. Respecto a la tercera Dispensación, la Revelación proclamada
por Bahá'u'lláh, como el Sol de la Verdad al llegar a esa posición brilla en
la plenitud de Su meridiano esplendor, se ha fijado su duración en un
período de un mes entero, que es el tiempo máximo que el Sol emplea para
pasar por un signo del Zodiaco. De ahí puedes imaginarte la magnitud del
ciclo Bahá'í, ciclo que ha de durar por lo menos un período de quinientos
mil años".
Por el texto de esta explícita y autorizada interpretación de tan antigua
profecía, resulta evidente cuan necesario que todo fiel seguidor de la Fe
acepte el origen divino y sostenga la posición independiente de la
Dispensación Musulmana. Además, en estos mismos pasajes queda
implícitamente reconocida la validez del Imanato, esa institución
divinamente establecida, de la cual el mismo Báb era descendiente directo
de su miembro más distinguido, y la cual continuo siendo por un período
de no menos de doscientos sesenta años la receptora elegida de la guía del
Todopoderoso y el depositario de uno de los dos legados más preciosos del
Islam.
Debemos también reconocer que esta misma profecía atestigua el
carácter independiente de la Dispensación Bábí y corrobora indirectamente
la verdad de que, de acuerdo con el principio de la revelación progresiva,
cada Manifestación de Dios debe necesariamente otorgar a la humanidad
de Su tiempo mayor guía divina que la que haya podido recibir o apreciar
una edad anterior y menos receptiva. Es por esta razón y no por mérito
superior alguno que puede considerarse inherente a la Fe Bahá'í, por lo que
esa profecía da testimonio de la gloria y pode sin rival con que ha sido
investida la Dispensación de Bahá'u'lláh, dispensación cuyas
potencialidades apenas estemos comenzando a percibir y cuyo alcance total
jamás podremos determinar.
Si deseamos ser fieles a las tremendas significaciones que Su mensaje
implica, la Fe de Bahá'u'lláh debe ser considerada, en verdad, como la
culminación de un ciclo, como la etapa final de una serie de revelaciones
sucesivas, preliminares y progresivas. Comenzando éstas con Adán y
terminando con El Báb, han preparado el camino y anticipado con énfasis
siempre creciente el advenimiento de ese Día de Días, en que habría de
manifestarse Aquel que es la Promesa de todas las Edades.
Las palabras de Bahá'u'lláh pronuncian abundante testimonio de esa
verdad. Una simple referencia a las manifestaciones que repetidas veces Él
mismo ha hecho en Vehemente lenguaje y con impotente fuerza, no puede
menos que demostrar plenamente el carácter de la Revelación de la que Él
fue el portador elegido. Si deseamos tener una comprensión más clara de su
significado e impotencia, debemos, pues, dirigir nuestra atención a las
palabras que emanaron de Su Pluma, fuente maestra de tan impetuosa
Revelación. Tanto en la aserción de Su posición sin precedentes que Él
reclama, o en Sus alusiones a las misteriosas fuerzas por Él liberadas, o en
esos pasajes donde se exaltan las glorias de Su tan esperado Día o se
magnifica la posición que han de alcanzar los que han reconocido sus
ocultas virtudes, Bahá'u'lláh y, en grado casi similar, El Báb y 'Abdu'l-
Bahá, han legado a la posteridad minas de tan inestimable riquezas, que
ninguno de los que pertenecemos a la presente generación podemos estimar
convenientemente. Tales testimonios relacionados con este tema se hallan
impregnados de un poder tal y revelan tal belleza, que solamente aquellos
que son versados en los idiomas en que fueron originalmente revelados
pueden pretender haberlos apreciado suficientemente. Son tan númerosos
esos testimonios, que sería necesario escribir todo un volumen para
compilar los principales entre ellos. Todo lo que puedo aventurarme a
intentar, por el momento, es compartir con vosotros solo aquellos pasajes
que he podido escoger entre Sus voluminosos escritos.
"Doy testimonio ante Dios", proclama Bahá'u'lláh "de la grandeza, la
inconcebible grandeza de esta Revelación. Una y otra vez hemos
testificado, en la mayoría de Nuestras Tablas, esta verdad, para que la
humanidad sea despertada de su negligencia." "En esta potentísima
Revelación", anuncia Él, de modo inequívoco, "todas las dispensaciones
del pasado han alcanzado su más elevada y final consumación".
"Aquello que ha sido puesto de manifiesto en esta preeminente, en esta
muy exaltada Revelación, no tiene paralelo en los anales del pasado y
nada similar han de presenciar edades futuras". "Él es Quien", proclama
Bahá'u'lláh refiriéndose a Si mismo, "en el Antiguo Testamento fue
llamado Jehová, Quien en los Evangelios ha sido designado como el
Espíritu de la Verdad, y en el Corán, aclamado como el Gran Anuncio".
"A no ser por Él, ningún Mensajero Divino habría sido investido con el
manto de Profeta, ni habría sido revelada ninguna de las sagradas
Escrituras. De ello dan testimonio todas las cosas creadas". "La Palabra
que el Dios único y verdadero pronuncia en este día, aunque esa Palabra
sea el más común y familiar de los términos, está investida de suprema y
única distinción". "La mayor parte de la humanidad no está aún
madura. Si hubiera adquirido capacidad suficiente, habríamos Nosotros
derramado sobre ella una medida tan grande de Nuestro conocimiento
que todos los que residen sobre la tierra y en el cielo se habría
encontrado, por virtud de la gracia que fluye de Nuestra pluma,
completamente liberados de todo conocimiento que no fuera el
conocimiento de Dios, y se habría establecido firmemente en el trono de
perenne tranquilidad." "Ante Dios”, afirmó solemnemente, “que la
Pluma de Santidad ha escrito sobre la nívea blancura de Mi frente, en
letras de refulgente gloria, estas resplandecientes y santas palabras de
almizclada fragancia: '¡Oh vosotros que habitáis en la tierra, mirad! ¡Oh
vosotros, los moradores del cielo, sed testigos! Él es, en verdad, vuestro
Bienamado. Él es Aquel Cuyo igual el mundo de la creación no ha visto,
Aquel Cuya deslumbrante belleza ha deleitado los ojos de Dios, el
Ordenador, el Todopoderoso, el Incomparable!'"
"Seguidores del Evangelio", exclama Bahá'u'lláh dirigiéndose a toda la
cristiandad, "he aquí, abiertas de par en par, las puertas del cielo. Aquel
que ascendió a él ha venido ya. Escuchad como llama en alta voz sobre la
tierra y los mares anunciando a toda la humanidad el advenimiento de
esta Revelación, Revelación por cuyo medio la Lengua de Grandeza está
ahora proclamando: '¡He aquí la sagrada Promesa que se ha cumplido,
porque Él, el Prometido, ha llegado!'" "Desde el valle sagrado, exclama
la voz del Hijo del Hombre: 'Heme aquí, Heme aquí, ¡Oh Dios, mi
Dios!'...mientras que desde la Zarza Ardiente viene el grito de: '¡He aquí
el Anhelo del mundo, puesto de manifiesto en Su trascendental gloria!'
El Padre ha llegado. Aquello que os fue prometido en el Reino de Dios,
se ha cumplido. Esta es la Palabra que el Hijo dejó sin revelar, cuando
dijo a aquellos que le rodeaban que no podrían ellos soportarla...
Verdaderamente, el Espíritu de la Verdad ha venido, para guiaros hacia
toda verdad...Él es Aquel que glorificó al Hijo y exaltó Su Causa..." "El
Confortador Cuyo advenimiento prometieron todas las Escrituras ha
llegado para revelarnos todo conocimiento y toda sabiduría. Buscad a Él
por toda la superficie de la tierra: afortunadamente habréis de
encontrarla".
"Llama a Sión, oh Carmelo", escribe Bahá'u'lláh, "y anuncia las
felices nuevas: ¡El que estaba oculto a los ojos mortales ha venido! Su
soberanía que todo lo subyuga está manifiesta; Su esplendor que todo lo
abarca se ha revelado... Apresúrate y circunda la Ciudad de Dios que ha
descendido del Cielo, la celestial Kaaba a cuyo derredor han circundado
en adoración los favorecidos de Dios, los puros de corazón y la compañía
de los más excelsos ángeles". "Yo Soy Aquel", afirma Él en otra ocasión,
"Quien fue ensalzado por boca de Isaías, Aquel con Cuyo nombre fueron
adornados tanto el Torá como el Evangelio". "Apresuróse la gloria del
Sinaí a circundar el Amanecer de esta Revelación, mientras desde las
alturas de Reino se oye la voz del Hijo de Dios que proclama: '¡Oh
vosotros los soberbios de la tierra, levantaos y daos prisa en ir hacia Él'.
El Carmelo se ha dado prisa en este día para llegar a Su corte en
anhelante adoración, y desde el corazón de Sión llega el grito: 'La
promesa de todas las edades ha sido ahora cumplida. Se ha puesto de
manifiesto aquello que había sido anunciado en las sagradas Escrituras
de Dios, el Bienamado, el Altísimo'. "Hijáz se halla excitada por las
brisas que anuncian las nuevas de una jubilosa reunión. La oímos
exclamar: 'Alabado sea, oh mi Señor, el Altísimo, a causa de mi
separación de Ti estaba muerta; la brisa saturada con la fragancia de Tu
presencia me ha vuelto a la vida. Feliz aquel que se ha vuelto hacia Ti y
pobre de aquel que se extravía'." "Por el Dios único y verdadero, Elías
apresuróse en venir a Mi corte y ha circulado de día y de noche por Mi
trono de gloria". "Salomón, en toda su majestad, circula en adoración a
Mi alrededor en este día, pronunciando esta exaltadísima palabra: 'he
vuelto mi rostro hacia Tu rostro, ¡Oh Todopoderoso Gobernante del
mundo! ¡Me he desprendido por entero de todas las cosas que me
pertenecen y anhelo aquello que Tu posees!'." "Si Muhammad, el
Apóstol de Dios, hubiera alcanzado este Día", escribe Bahá'u'lláh en una
Tabla que reveló la víspera de Su destierro a la colonia penal de 'Akká,
"habría exclamado: '¡Oh Tu, Anhelo de los Divinos Mensajeros, en
verdad, Te he reconocido!' Si Abraham hubiera alcanzado este Día, Él
también, cayendo postrado en el suelo y con extrema humildad ante el
Señor, tu Dios, habría exclamado: 'Mi corazón está lleno de paz, ¡Oh Tu,
Señor de todo lo que existe en el cielo y en la tierra! ¡Yo declaro que Tú
has descubierto ante mis ojos toda la gloria de Tu poder y la plena
majestad de Tu ley!'...Si el mismo Moisés hubiera alcanzado este Día. Él
también habría alzado Su voz, diciendo: '¡Todas las loas sean para Ti,
por haber levantado sobre mi la luz de Tu semblante y haberme incluido
entre aquellos que tuvieron el privilegio de contemplar Tu rostro!'"
"Norte u Sur, ambos vibran al llamado anunciando el advenimiento de
nuestra Revelación. Podemos oír la voz de la Meca, aclamando: 'Toda
alabanza sea a Ti. ¡Oh Señor, mi Dios, Todo Glorioso! por haber
exhalado sobre mi el aliento envuelto en la fragancia de Tu presencia'.
También Jerusalén está llamando en alta voz: 'Alabado y exaltado seas
Tú, ¡Oh Bienamado de la tierra y del cielo, por haber cambiado la agonía
de mi separación de Ti por el gozo de una vivificante reunión!'"
"Por la justicia de Dios", afirma Bahá'u'lláh, deseando revelar toda la
potencia de Su invencible poder, "Si un hombre, completamente solo, se
levanta en nombre de Bahá y se coloca la armadura de Su amor, a ese
hombre el Omnipotente hará victorioso, aunque se juntaren contra él
todas fuerzas de la tierra y del cielo". "¡Por Dios, fuera de Quien no hay
otro Dios! Si alguien se levanta para el triunfo de nuestra Causa, a ese
hará Dios victorioso, aunque se aliaren contra él decenas de miles de
enemigos. Y si su amor por Mi crece, Dios establecerá su ascendente
sobre todos los poderes terrestres y celestiales. Así, hemos puesto el soplo
del espíritu de poder en todas las regiones".
"Este es el Rey de los Días", así Él ensalza la edad que ha presenciado
el advenimiento de Su Revelación, "el Día que ha presenciado la llegada
del más Amado, de Aquel que a través de toda de eternidad fuera
aclamado como el Anhelo del Mundo". "El mundo de la existencia brilla
en este Día con el resplandor de esta Divina Revelación. Todas las cosas
creadas cantan las alabanzas y ensalzan su salvadora gracia. El universo
se halla envuelto en un éxtasis de júbilo y regocijo. Las Escrituras de las
pasadas Dispensaciones celebran el gran jubileo que necesariamente
debe saludar a este, el más grande de los Días de Dios. Dichoso de aquel
que ha vivido para presenciar este Día y ha reconocido su posición". "Si
la humanidad llegara a fijarse debidamente en solo una palabra de
semejante alabanza, se llenaría de tanta delicia que quedaría extasiada
de admiración. Fascinada, brillaría entonces resplandecientemente sobre
el horizonte de verdadera comprensión".
"Sed justas, ¡Oh vosotras, gentes de mundo!" dice Él dirigiéndose a la
humanidad "¿es acaso propio y natural que pongáis en duda la autoridad
de Aquel Cuya presencia 'Él que converso con Dios' (Moisés) ansió
alcanzar, la belleza de Cuyo semblante el 'Bienamado de Dios'
(Muhammad) anheló contemplar, por medio de la potencia de Cuyo amor
el 'Espíritu de Dios' (Jesucristo) ascendió al cielo, por Quien el 'Punto
Primordial' (El Báb) ofreció Su Vida?" "Aprovechad vuestra
oportunidad", advierte Él a Sus discípulos, "puesto que un fugaz
momento en este Día sobrepasa a siglos de una era pasada... Ni el sol ni
la luna presenciaron Día como este... Es evidente que toda edad en que
ha vivido una Manifestación de Dios está divinamente dispuesta y puede
en cierto modo ser caracterizada como el Día designado de Dios. Sin
embargo, este Día es único y debe ser distinguido de los que lo han
precedido. La designación de 'Sello de los Profetas' revela y demuestra
plenamente su alta posición".
Explayándose respecto a las fuerzas latentes en Su Revelación,
Bahá'u'lláh revela lo siguiente: "Por el movimiento de Nuestra Pluma de
Gloria, por deseo del Omnipotente Ordenador, hemos inspirado una
nueva vida en toda estructura humana y hemos infundido una nueva
potencia a cada palabra. Todas las cosas creadas proclaman los indicios
de esta regeneración mundial". "Estas son", agrega Él. "las más
grandes, las más regocijantes nuevas que la Pluma de este Agraviado ha
impartido a la humanidad". "¡Cuan grande es ", exclama Él, en otro
pasaje, "esta Causa! ¡Cuan abrumador es el paso de Su mensaje! Este es
el Día del cual se ha dicho: '¡Oh hijo mío! En verdad, Dios ha de
revelarlo todo, aunque tan solo fuese el peso de un grano de mostaza y
estuviera oculto en una roca, o en los cielos o en la tierra; ¡porque Dios
lo penetra todo, de todo está informado!" "¡Por la rectitud del Dios único
y verdadero! Si se perdiera una partícula pequeñísima de una joya y
quedara enterrada debajo de una montaña de piedras y escondida detrás
de los siete mares, la Mano de Omnipotencia con seguridad la revelaría
en este Día, pura y limpia de modo". "Aquel que participe de las aguas
de Mi Revelación, ha de gustar de todas las incorruptibles delicias
dispuestas por Dios desde el principio que no tiene principio hasta el fin
que no tiene fin". "Cada letra procedente Nuestra boca está dotada de tal
poder generador, que la capacitará para traer a la existencia una nueva
creación, creación cuya magnitud es inescrutable para todos, salvo Dios.
Él ciertamente tiene conocimiento de todo". "Si así Nosotros lo
deseáramos, estar en Nuestro poder capacitar a una partícula flotante de
polvo para que, en menos de un abrir y cerrar de ojos, genere soles de
infinito e inconcebible esplendor; hacer que una gota de rocío se
convierta en vastos e innumerables océanos; infundir en cada letra una
fuerza tal, que le de poder para revelar todo el saber de edades pasadas y
futuras". "Poseemos tal poder, que de ser este triado a luz, ha de
transmutar el más mortífero veneno en panacea de eficacia infalible".
Juzgando el valor de la posición del verdadero creyente, Él hace notar:
"¡Por la tristeza que aflige la belleza del Todo Glorioso! Tal es la
posición ordenada para el verdadero creyente, que si en medida menor
que el ojo de una aguja fuese revelada a la humanidad la gloria de esta
posición, todo observador se consumiría en su anhelo por alcanzarla. Por
esta razón, se ha decretado que, en este vida terrenal, la medida completa
de la gloria de su propia posición permanezca oculta a los ojos de tal
creyente". "Si se levantara el vuelo", Él afirma igualmente, "y se
manifestara la gloria plena de la posición de aquellos que se han vuelto
completamente hacia Dios y han renunciado al mundo, por amor a Él,
toda la creación quedaría atónita".
Haciendo resaltar el carácter superlativo de Su Revelación, comparada
con la Dispensación precedente, Bahá'u'lláh afirma: "Si todos los pueblos
del mundo fueran investidos con los poderes y tributos destinados a las
Letras del Viviente, los discípulos escogidos de El Báb, cuya posición es
diez mil veces más gloriosa que cualesquiera de las alcanzadas por los
apóstoles de la antigüedad, y si uno o todos esos pueblos titubean, tanto
sea como en abrir y cerrar de ojos, en reconocer la luz de Mi Revelación,
de nada les serviría su fe y serían considerados infieles". “Tan
formidable es la efusión de Divina gracia en esta Dispensación que de
haber manos mortales suficientemente ágiles para registrarlos, fluirían
los versículos en torrentes de tal número durante el espacio de solo un
día y una noche, que equivaldrían a la totalidad del Bayán Persa".
"Escuchad mi advertencia, ¡Oh pueblo de Persia!", así se dirige Él a
Sus compatriotas; "Si fuere Yo sacrificado por vuestras manos, Dios, con
seguridad, hará surgir otro que tomará el lugar dejado vacante por Mi
muerte; porque ese es el método que ha usado Dios en el pasado y no
encontraréis cambio en la manera de proceder de Dios". "Si trataren de
ocultar Su luz en el continente, Él, de seguro, levantará la cabeza en el
centro mismo del corazón del océano, y alzando Su voz proclamará: 'Yo
soy Quien da vida al mundo!'... Y si Lo arrojaren dentro de un foso
oscuro Lo hallarán a Él sentado sobre las cumbres más elevadas de la
tierra, anunciando en alta voz a toda la humanidad: '¡He aquí!; ha
llegado al anhelo del mundo, en Su majestuosidad, soberanía y
trascendente dominio'. Y si Lo sepultaren en las profundidades de la
tierra, Su Espíritu, remontándose a lo más alto del Cielo, hará resonar
este llamado: '¡Ved! He aquí, ha llegado la Gloria; sed testigos del Reino
de Dios, el Santísimo, el Clemente, el Todopoderoso'." "En la garganta
de este Joven", es, además, otra sorprendente manifestación, "hay acentos
aprisionados que, de revelarse a la humanidad, aunque menos que lo
equivalente al ojo de una aguja, bastaría para causar el derrumbe de
todas las montañas; para decolorar las hojas de los árboles y hacer caer
sus frutos; para hacer inclinar todas las frentes en veneración y hacer
volver todos los rostros en adoración hacia este omnipotente Gobernante,
Quien, en diversas edades y de distintas maneras, apareció como una
llama devoradora, como el árbol que, arraigado en el suelo de santidad,
eleva sus ramas y expande sus miembros hasta más allá del trono de
inmortal gloria".
Anunciando el Sistema que el irresistible poder de Su Ley estaba
destinado a desarrollar en una época posterior, Él escribió: "El equilibrio
del mundo ha sido trastornado por la vibrante influencia de este
grandiosa, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada de la
humanidad ha sido revolucionada por la acción de este único,
maravilloso Sistema, nada semejante al cual ojos mortales han
presenciado jamás". "La mano de la Omnipotencia ha establecido Su
Revelación sobre cimientos inatacables y perdurables. Las tormentas de
disensiones humanas no tienen poder para mirar sus bases, ni tampoco
será dañada su estructuras por las teorías imaginarias de los hombres".
En el Súriy-i-Haykal, una de las obras de Bahá'u'lláh que más respeto
impone, se registran los siguientes versículos, cada uno de los cuales
prueba el irresistible poder infinito de la Revelación proclamada por su
Autor: "Nada se ve en Mi templo, más que el Templo de Dios, y en Mi
belleza, solo Su Belleza, y en Mi ser, solo Su Ser, y en Mi realidad, solo
Su Realidad, y en Mi movimiento solo Su Movimiento, y en Mi
aquiescencia, solo Su Aquiescencia y en Mi pluma, solo Su Pluma,
Poderosa, de todos Loada. En Mi alma ha existido solamente la Verdad, y
en Mi solo se pudo ver a Dios". "El Mismo Espíritu Santo ha sido
generado por medio de la acción de una sola Letra revelada por este
Espíritu Supremo, fuerais vosotros de aquellos que comprenden..."
"Dentro del tesoro de Nuestra Sabiduría, yace oculto un conocimiento
que, si optáramos por divulgar a la humanidad, bastaría una sola Letra
del mismo para ser que todo ser humano reconociese a la Manifestación
de Dios y confesase Su Omnisciencia; capacitaría a cada cual para
descubrir los secretos de todas las ciencias y para alcanzar una posición
tan alta que cada uno se hallaría completamente independiente de todo el
saber del pasado y del futuro. Poseemos también otros conocimientos, ni
una sola Letra de los cuales podemos revelar, ni consideramos a la
humanidad capacitada para escuchar ni siquiera las más sencillas
referencias a su significado. Con esto os hemos informado del
conocimiento de Dios, el Omnisciente, el Sapientísimo". "Se aproxima el
Día en que Dios, por un acto de Su Voluntad, habrá de crear una raza de
hombres cuya naturaleza es inescrutable para todos excepto para Dios, el
Todopoderoso, Él que Subsiste por Si Mismo". "Pronto hará Él surgir
del Seno de Potestad, las Manos de Poder y Ascendencia, Manos que se
levantarán para hacer triunfar a este Joven y que purificarán a la
humanidad de la corrupción de los viles y de los impíos. Estas Manos se
aprestarán a ganar victorias para la Fe de Dios, y en Mi Nombre, Él que
Subsiste por Sí mismo, el Poderoso, someterán a los pueblos y razas de la
tierra. Entrarán en las ciudades e infundirán temor en los corazones de
sus habitantes. Tales son las evidencias del poder de Dios; ¡cuán temible
y vehemente es Su poder!"
Tal es, muy queridos amigos, el testimonio escrito de Bahá'u'lláh sobre
la naturaleza de Su Revelación. Ya me he referido a las afirmaciones de El
Báb, cada una de las cuales aumenta la fuerza y confirmar la verdad de
estas notables declaraciones. Lo que me queda por considerar a este
respecto son pasajes de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá, el designado
Intérprete de esas mismas Declaraciones, que arrojan mayor luz y amplían
diversos aspectos de este cautivante tema. El tono de Su lenguaje es,
realmente, tan enfática en Su tributo tan brillante como los de Bahá'u'lláh o
de El Báb.
"Siglos, y hasta edades han de pasar", Él afirma en una de Sus
primeras Tablas, "antes de que el Sol de la Verdad brille nuevamente con
fulgor estival o aparezca una vez más en el esplendor de su gloria
primaveral...” “¡Cuán agradecidos debemos nosotros estar por
habérsenos hecho en este día receptores de tan grandioso favor! ¡Ojalá
tuviésemos diez mil vidas que pudiésemos sacrificar en acción de gracias
por tan raro privilegio, por tan alta realización, por tan inestimable
bondad!" "La sola contemplación", agrega Él, "de la Dispensación
inaugurada por la Bendita Belleza, hubiera bastado para anonadar a los
santos de otras épocas, santos que ansiaban participar, por un momento,
de Su grandiosa gloria". "Los santos de pasadas edades y siglos, todos y
cada uno de ellos, anhelaron, llenos sus ojos de lágrimas, vivir, aunque
fuera un momento, en el Día de Dios. Sin haber satisfecho sus ardientes
aspiraciones pasaron ellos al Gran Más Allá. Cuan grande es, pues, la
munificencia de la Belleza de Abhá, Quien, no obstante nuestro
extremado demérito, ha infundido en nosotros, por medio de Su gracia y
misericordia, el soplo de espíritu de vida en este siglo de vida divinamente
iluminado; nos ha reunido bajo el estandarte del Amado del mundo; y ha
optado por conferir en nosotros una munificencia por la que en vano
imploraron los poderosos de tiempos pasados". "Las almas de los
elegidos del Concurso de lo alto", Él afirma igualmente, "los moradores
sagrados del Paraíso excelso, se hallan en este día llenos de ardientes
deseos por volver a este mundo, a fin de poder prestar todo el servicio de
que son capaces al umbral de la Belleza de Abhá".
"La refulgencia de la esplendorosa misericordia de Dio", declara Él
en un pasaje que alude al crecimiento y futuro desarrollo de la Fe, "ha
envuelto a los pueblos y razas de la tierra, y todo el mundo está bañado
en su brillante gloria... Pronto llegará el día en que la luz de la Divina
unión habrá penetrado el Oriente y el Occidente, de tal manera, que
ningún hombre se atreverá a ignorarla por más tiempo". "La Mano de
divino poder ya ha colocado firmemente en el mundo de la existencia los
cimientos de esa omni-excelsa munificencia y de este maravillosa don.
Todo lo latente en lo más recóndito de este sagrado Ciclo ha de aparecer
y ser puesto de manifiesto gradualmente, por cuanto ahora es solo el
principio de su crecimiento y el amanecer de la revelación de sus signos.
¡Antes de finalizar este siglo y esta edad se habrá hecho claro y evidente
lo maravilloso que fue este período primaveral y lo celestial de ese don!"
Confirmando la exaltación del rango del verdadero creyente, de la cual
habló Bahá'u'lláh, Él reveló lo siguiente: "La posición que ha de alcanzar
aquel que en verdad haya reconocido esta Revelación, es igual a la
dispuesta para aquellos profetas de la casa de Israel que no son
considerados Manifestaciones 'dotadas de constancia'".
Con respecto a las Manifestaciones destinadas a seguir la Revelación de
Bahá'u'lláh, 'Abdu'l-Bahá hace esta definida e importante declaración: "En
lo que concierne a las Manifestaciones que en el futuro han de descender
'en las sombras de las nubes', sabed en verdad que, en lo que respecta a
Su relación con la fuente de Su inspiración, se hallan a la sombra de la
Antigua Belleza. Pero en lo que respecta a Su relación con la edad en
que aparecen, Todas y Cada Una de Ellas 'hacen todo lo que es Su
voluntad'".
"¡Oh mi amigo!", dice Él dirigiéndose en una de Sus Tablas a un
hombre de reconocida autoridad y posición: "El fuego imperecedero que
el Señor del Reino ha encendido en el centro del Árbol sagrado, arde
ferozmente en el centro mismo del corazón del mundo. La conflagración
que el ha de provocar envolverá a toda la tierra. Sus resplandecientes
llamas iluminarán sus pueblos y razas. Todos los signos han sido
revelados; todas las alusiones proféticas han sido puestas de manifiesto.
Todo cuanto encerraban todas las Escrituras del pasado ha sido hecho
evidente. Ya no es posible dudar ni vacilar. ...El tiempo apremia. El
Divino Corcel está impaciente y ¡ay| no puede aguardar más. Nuestro
deber es abalanzar y, antes de que sea demasiado tarde, ganar la
victoria". Y, por fin, se halla este más conmovedor pasaje que en uno de
Sus momentos de vehemente alegría, Él se sintió impulsado a dirigir en los
primeros tiempos de Su ministerio a uno de Sus más fieles y eminentes
seguidores: "¿Que más puedo decir? ¿Que más puede referir Mi pluma?
Es tan fuerte el llamado que reverbera desde el Reino de Abhá, que los
oídos humanos están casi ensordecidos por sus vibraciones. Paréceme
que toda la creación se rompe y salta en pedazos a causa de la
devastadora influencia del Divino Llamado del Trono de Gloria. Más que
esto, no puedo escribir".

Muy queridos amigos: Es bastante lo dicho y son suficientemente
numerosos y variados los extractos de los Escritos de El Báb, de
Bahá'u'lláh y 'Abdu'l-Bahá que han sido citados, para convencer al lector
consciente de la sublimidad de este Ciclo único en la historia religiosa del
mundo. Sería completamente imposible exagerar demasiado Su
significación o excederse en la valoración de la influencia que ha ejercido y
que han de seguir ejerciendo cada vez más, a medida que su gran Sistema
vaya desenvolviéndose en medio del tumulto de una civilización que se
derrumba.
Antes de seguir con el desarrollo de mi argumento, creo aconsejable, sin
embargo, hacer una advertencia a quienquiera que lea estas páginas. Que
nadie, al meditar sobre la naturaleza de la Relación de Bahá'u'lláh, a la luz
de los pasajes previamente citados, se equivoque respecto al carácter de la
misma o Intérprete mal la intención de su Autor. Bajo ninguna
circunstancia han de comprenderse o interpretarse erróneamente ni la
divinidad atribuida a Ser tan grande, ni la encarnación plena de los hombres
y atributos de Dios en tan exaltada Persona. Si hemos de ser fieles a los
principios de nuestra Fe, debemos hacer para siempre una distinción cabal
entre el templo humano que fuera el vehículo de tan pasmosa Revelación, y
ese "íntimo Espíritu de los Espíritus", "eterna Esencia de las Esencias",
ese Dios invisible, pero racional, Quien por más que ensalcemos la
divinidad de Sus Manifestaciones sobre la tierra, de ninguna manera puede
encarnar Su infinita, Su impenetrable, Su incorruptible y Su omnímoda
Realidad, en la concreta y limitada forma de un ser mortal. En efecto, a la
luz de las enseñanzas de Bahá'u'lláh, Dios que pudiese así encarnar Su
propia Realidad cesaría de inmediato de ser Dios. Tan cruda y fantástica
teoría de encarnación Divina se halla tan lejos y es tan incompatible con los
principios esenciales de la creencia Bahá'í, como los no menos inadmisibles
conceptos panteísticos y antropomórficos sobre Dios, cosas ambas
enfáticamente repudiadas y su falacia puesta en evidencia por las palabras
de Bahá'u'lláh.
Aquel, Quien en innumerables pasajes ha dicho que Su palabra es la
"Voz de la Divinidad, el Llamado de Dios Mismo", solemnemente afirma
en el Kitáb-i-Íqán: "Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado
que Dios, la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente
exaltado por encima de todo atributo humano, tal como existencia
corpórea, ascenso y descenso, salida y retorno... Él está y ha estado
siempre velado en la antigua eternidad de Su Esencia, y permanecerá en
Su realidad eternamente oculto a la vista de los hombres... Se mantiene
exaltado más allá y por encima de toda separación y unión, de toda
proximidad y alejamiento... 'Dios estaba solo; no había nadie junto a Él',
es testimonio cierto de Su verdad".
"Desde tiempo inmemorial", explica Bahá'u'lláh hablando de Dios, "Él
ha estado cubierto con el velo de la infalible santidad de Su exaltado Ser,
y para siempre continuará envuelto en el impenetrable misterio de Su
incognoscible Esencia... Diez mil Profetas, cada Uno de Moisés, están
amilanados en el Sinaí de Su búsqueda ante Su prohibitoria Voz: ‘Tú
jamás Me contemplarás'; mientras que una miríada de Mensajeros, cada
Uno tan grande como Jesús permanecen consternados en Su trono
celestial por la interdicción: 'Tu jamás comprenderás mi Esencia'".
"¡Cuán desconcertante es para Mí, dentro de Mi insignificancia", afirma
Bahá'u'lláh en Su comunión con Dios, "el intento de sondear las sagradas
profundidades de Tu conocimiento! ¡Cuán vanos son Mis esfuerzos para
visualizar la magnitud de la fuerza inherente a Tu obra, la revelación de
Tu fuerza creadora!" "Cuando contemplo, ¡Oh mi Dios!, la relación que
Me une a Ti", asevera Bahá'u'lláh aun en otra oración revelada y escrita de
Su puño y letra: "Me impulso a proclamar ante todas las cosas creadas:
'¡En verdad, Yo soy Dios!'; y cuando considero Mi propio ser, ¡he aquí
que lo encuentro más tosco que la arcilla!"
"Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los
Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que
aparezcan del Reino del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad,
en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a todos los
hombres, a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser
inmutable y hablen de las sutilezas de Su Esencia imperecedera... Todos
los Profetas de Dios, Sus favorecidos, santos y escogidos Mensajeros son
sin excepción los portadores de Sus Nombres y la personificación de Sus
atributos... Estos Tabernáculos de santidad y Espejos primordiales que
reflejan la luz de gloria inmarcesible, no son sino expresiones de Aquel
Quien es el Invisible de los Invisibles".
Que Bahá'u'lláh, a pesar de la abrumadora intensidad de Su Revelación,
debe ser considerado esencialmente como una de las Manifestaciones de
Dios y jamás ser identificado con esa invisible Realidad que es en Sí
Misma la Esencia de Divinidad, es una de las creencias básicas de nuestra
Fe, creencia que jamás deberá ser oscurecida y cuya integridad ninguno de
sus seguidores debe permitir que se comprometa.
Ni tampoco, sosteniendo, como lo hace la Revelación bahá'í, que es la
culminación de un Ciclo profético y el cumplimiento de la promesa de
todas las edades, ella pretende bajo circunstancia alguna invalidar esos
eternos y primordiales principios que animan y sirven de base a las
religiones que la han precedido. Ella admite y establece como su más firme
y definitiva base, la autoridad, otorgada por Dios, con la que cada una de
ellas está investida. No las considera bajo otra luz sino como etapas
diferentes en la historia eterna y en la evolución constante de una religión
Divina e indivisible, de la cual ella misma solo es parte integrante. Ni
tampoco trata de oscurecer el Divino origen de estas religiones, ni de
menoscabar la reconocida magnitud de sus colosales obras. No aprueba
intento alguno que tienda a deformar sus rasgos o a denigrar las verdades
que inculcan. Las enseñanzas de la Revelación bahá'í no se apartan en lo
más mínimo de las verdades que ellas encierran, ni el peso de su mensaje
resta un ápice ni un tilde a la influencia que ejercen o a la fidelidad que
inspiran. Lejos de proponerse derribar el cimiento espiritual de los Sistemas
religiosos del mundo, su fin declarado e inalterable es el de ensanchar sus
bases y volver a proclamar sus principios fundamentales, reconciliar sus
propósitos, reanimar su vida, demostrar su unidad, restaurar la prístina
pureza de sus enseñanzas, coordinar sus funciones y ayudar a la realización
de sus más altas aspiraciones. Como lo expreso en forma gráfica un
profundo observador, esas religiones divinamente reveladas, "están
condenadas, no a morir, sino a renacer... '¿Acaso no sucumbe el niño en la
adolescente y el adolescente en el hombre, y sin embargo no perecen ni el
niño ni el adolescente?'".
"Aquellos que son las Lumbreras de la Verdad y los Espejos que
reflejan la luz de la Unidad Divina", explica Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-
Íqán, "cualquiera que sea la época o siglo en que se les envíe a este
mundo desde Sus invisibles Moradas de antigua Gloria, para educar las
almas de los hombres y dotar de gracia a todo lo creado, están sin
excepción provistos de un poder que todo lo somete, e investidos de
invisible soberanía... Todos y cada Uno de estos Espejos santificados,
estas Auroras de antigua Gloria, son Exponentes en la tierra de Aquel
Quien es el Astro central del universo, su Esencia y Propósito último. De
Él proceden Su conocimiento y poder; de Él proviene Su soberanía. La
belleza de Su semblante es solamente un reflejo de Su Imagen; Su
Revelación, un signo de Su Gloria inmortal... A través de Ellos se
transmite una gracia que es infinita, y por Ellos se revela la luz que
jamás palidece... Nunca podrá lengua humana cantar adecuadamente
Sus alabanzas, ni voz humana revelar Su misterio". "Ya que esas Aves
del Trono Celestial son todas enviadas del Cielo de la Voluntad de Dios, y
como todas surgen para proclamar Su irresistible Fe, son por tanto
consideradas como un Alma y una misma Persona...todas habitan en el
mismo Tabernáculo, vuelan en el mismo Cielo, están sentadas en el
mismo Trono, pronuncian las mismas Palabras, proclaman la misma
Fe... Sólo difieren en la intensidad de Su Revelación y la relativa
potencia de Su luz... Que determinado atributo de Dios no haya sido
exteriormente manifestado por esas Esencias de Desprendimiento, no
implica de manera alguna que no lo haya poseído realmente, aquellos
que son las Auroras de los Atributos de Dios y los tesoros de Sus santos
Nombres".
Debe igualmente tenerse presente que, no obstante la grandeza del
poder manifestado por esta Revelación y lo vasto del alcance de la
Dispensación inaugurada por su Autor, ella repudia enfáticamente la
pretensión de ser considerada como la Revelación final de la Voluntad de
Dios y de Su Designio para la humanidad. El sostener una concepción
semejante de su carácter y funciones equivaldría a traicionar su Causa y
anegar su Verdad. Esto se hallaría necesariamente en pugna con el
principio fundamental que constituye la roca en que descansa la Creencia
bahá'í, a saber, el principio de que la verdad religiosa no es absoluta sino
relativa; que la Revelación Divina es ordenada, continua y progresiva, y no
espasmódica o final. En efecto, es tan claro y enfático el categórico rechazo
que los seguidores de la Fe de Bahá'u'lláh hacen del derecho al absolutismo
que pueden pretender cualesquiera de los Sistemas religiosos inaugurados
por los Profetas del pasado, como es el repudio que ellos hacen de esa
misma pretensión para la Religión con la que ellos están identificados. "El
creer que toda Revelación ha terminado, que los portales de la Divina
Misericordia están cerrados, que de los Albores de eterna Santidad ya no
ha de aparecer el Sol, que el Océano de perenne Munificencia ha sido
por siempre reprimido y que cesaron de ser puestos de manifiesto los
Mensajeros de Dios, procedentes del Tabernáculo de antigua gloria", ha
de significar, ante los ojos de cada seguidor de la Fe, desviarse grave e
inexcusablemente de uno de sus más preciados y fundamentales principios.
Bastará, de seguro, referirse a algunas de las palabras de Bahá'u'lláh y
de 'Abdu'l-Bahá, ya citados, para establecer sin la menor duda, la verdad de
este principio cardinal. ¿No puede acaso también el siguiente pasaje de las
Palabras Ocultas interpretarse como una alegórica alusión al carácter
progresivo de la Revelación Divina y como una admisión, por parte de su
Autor, de que el Mensaje con que Él fuera confiado no es la expresión final
y definitiva de la voluntad y guía del Todopoderoso?: "¡Oh hijo de
Justicia! Durante la noche, la belleza del Ser inmortal se dirigió desde la
cima esmeralda de la fidelidad, hacia el Sadratu'l-Muntahá, y lloró con
tal llanto, que el Concurso de lo Alto y los moradores de los Reinos
celestiales gimieron al oír Su lamento. Entonces se oyó la pregunta: ¿por
qué estos lamentos y llanto? Él respondió: Como se Me ordenó, esperé
atento en la montaña de la lealtad, más no respiré la fragancia de
fidelidad de quienes habitan en la tierra. Luego, llamado a regresar,
miré, y ¡he aquí! ciertas Palomas de santidad eran atormentadas por las
garras de los perros de la tierra. Entonces, la Doncella del Cielo apareció
rápidamente desde su mística Mansión, desprovista de velos y
resplandeciente, y preguntó por sus nombres, y todos fueron dados salvo
uno. Y al insistir, fue pronunciada la primera letra; entonces los
moradores de los Aposentos celestiales salieron precipitadamente de sus
Moradas de gloria. Y mientras se pronunciaba la segunda letra, cayeron
sobre el polvo todos y cada uno de ellos. En ese momento se oyó una voz
proveniente del más íntimo Santuario: 'Hasta aquí; no más allá'. En
verdad, damos testimonio de lo que han hecho y de lo que lo hacen
ahora".
En una de Sus Tablas, revelada en Adrianópolis, Bahá'u'lláh atestigua
esta verdad en lenguaje más explícito: "Sabed, en verdad, que el velo que
cubre Nuestro semblante no ha sido completamente descorrido. Nos
hemos revelado hasta un grado que corresponde a la capacidad de la
gente de Nuestra edad. Si la Antigua Belleza se revelase en la plenitud de
Su Gloria, los ojos mortales se cegarían con la deslumbrante intensidad
de Su Revelación".
En el Súriy-i-Sabr, cuya revelación se remonta al año 1863, el mismo
día de su llegada al jardín de Ridván, Él afirmó: "Dios ha enviado al
mundo Sus Mensajeros para suceder a Moisés y a Jesús, y Él continuará
haciéndolo hasta 'el fin que no tiene fin', para que desde el Cielo de
Munificencia Divina pueda la humanidad continuamente recibir el don
de Su Gracia".
"No temo Yo por Mi Mismo", declara Bahá'u'lláh aun más
explícitamente, "Mis aprensiones son por Aquel que será enviado entre
vosotros después de Mí; por Aquel que estará investido con gran
soberanía y poderoso dominio". Y, nuevamente, en el Súriy-i-Haykal,
escribe: "En las palabras que Yo he revelado, no Me refiero a Mi Mismo,
sino a Aquel que vendrá después de Mi. Testigo de ello es Dios, el
Omnisapiente". "No le tratéis a Él", agrega Bahá'u'lláh, "como Me
habéis tratado a Mi".
El Báb, en un pasaje más detallado de Sus escritos, sostiene la misma
verdad: "Es claro y evidente", escribe en el Bayán Persa, "que el objeto de
todas las Dispensaciones precedentes ha sido preparar el camino para el
advenimiento de Muhammad, el Apóstol de Dios. Todas ellas, incluso la
Dispensación musulmana ha tenido a su vez como objeto la Revelación
proclamada por el Qá'im. El fin de esta Revelación como el de las que
precedieron, es igualmente el de anunciar el advenimiento de la Fe de
‘Aquel a Quien Dios ha de Manifestar’. Y esta Fe - la Fe de ‘Aquel a
Quien Dios ha de Manifestar’ - tiene a su vez, como objetivo, lo mismo
que todas las Revelaciones anteriores, la Manifestación que está
destinada a sucederla. Y no menos que todas las Revelaciones
precedentes, prepara el camino para la Revelación que todavía ha de
surgir. Así continuará, indefinidamente, el proceso de salida y puesta del
Sol de la Verdad, proceso que no tiene principio y no tendrá fin".
"Sabe con certeza que, en cada Dispensación, la luz de la Divina
Revelación ha sido otorgada a los hombres en proporción directa a su
capacidad espiritual. Considera el sol. Cuan débiles son sus rayos en el
momento en que aparece en el horizonte. Como, gradualmente, su calor y
potencia aumentar a medida que se aproxima a su cenit, permitiendo,
mientras tanto, a todas las cosa creadas adaptarse a la intensidad
creciente de su luz. Y como declina paulatinamente hasta alcanzar su
ocaso. Si manifestara súbitamente las energías latentes en él, sin duda
dañaría todas las cosas creadas... De igual manera, si el Sol de la Verdad
revelara repentinamente, en el comienzo de Su manifestación, todas las
potencialidades que la providencia del Todopoderoso le ha conferido, la
tierra de la comprensión humana quedaría desolada y se marchitaría;
porque el corazón de los hombres no podría soportar la intensidad de Su
Revelación, ni podría reflejar el brilla de Su luz. Consternados y
abrumados, dejarían de existir".
Es nuestro deber, a la luz de estas claras y concluyentes exposiciones,
evidenciar de manera indudable, ante todo aquel que busca la verdad, el
hecho de que, desde "el principio que no tubo principio", los Profetas del
Dios único e incognoscible, incluyendo el mismo Bahá'u'lláh, fueron todos
comisionados, como canales de la gracia de Dios, exponentes de Su unidad,
espejos de Su luz y reveladores de Su designio, para revelar a la humanidad
una medida cada vez mayor de Su Verdad, de Su Voluntad inescrutable y
de Su Divina Guía, y que han de continuar dispensando todavía, hasta "el
fin que no tiene fin", mayores y más potentes Revelaciones de Su gloria y
Su poder sin limites.
Bien podemos meditar en nuestros corazones los pasajes siguientes de
una oración revelada por Bahá'u'lláh, los cuales afirman de manera
conspicua y hacen aun más evidente la realidad de esa grande y esencial
Verdad que yace en el centro mismo de Su Mensaje a la humanidad:
"Alabado seas, oh Señor Mi Dios, por las maravillosas Revelaciones de Tu
inescrutable mandato y las múltiples aflicciones y pruebas que Tú has
destinado para Mi. En una época Tú Me entregaste en manos de Nimrod;
en otra Tú permitiste que la vara del Faraón Me persiguiera. Solo Tú,
mediante Tu conocimiento que todo lo abarca y la acción de Tu Voluntad,
puedes valorar las incalculables aflicciones que he sufrido en sus manos.
Otra vez, Tú Me arrojaste al calabozo de los descreídos, sólo porque Me
sentí impulsado a susurrar a los oídos de los bienamados de Tu Reino, un
indicio de la visión, con que Tú, mediante Tu conocimiento, Me habías
inspirado y cuyo significado Me habías revelado mediante la potencia de
Tu poder. Posteriormente, Tú decretaste que la espada del infiel cortara Mi
cabeza. En otra ocasión fui crucificado, por haber descubierto ante los ojos
de los hombres las gemas ocultas de Tu gloriosa Unidad, por haberles
revelado los maravillosos signos de Tu soberanía y eterno poder. ¡Cuán
amargas las humillaciones que fueron amontonadas sobre Mí, en una época
posterior, en la llanura de Karbilá! ¡Cuán solitario Me sentí entre Tu
pueblo! ¡A que estado de impotencia fui reducido en aquella tierra!
Insatisfechos con tales indignidades, Mis perseguidores Me decapitaron y
llevando en alto Mi cabeza de país en país, la exhibieron a la vista de la
multitud incrédula y la depositaron en las moradas de los perversos y los
infieles. En otra edad fui suspendido y Mi pecho se convirtió en blanco de
los dardos de la maliciosa crueldad de Mis enemigos. Mis miembros fueron
acribillados con proyectiles y Mi cuerpo despedazado. Finalmente, mira
como en este Día, Mis traidores enemigos se han aliado contra Mí y están
continuamente conspirando para inculcar el veneno del odio y malicia en
las almas de Tus servidores. Están tramando, con todo su poder para llevar
a cabo su objetivo... A pesar de lo penosa que es Mi tribulación, oh Dios,
Mi Bienamado, Te doy gracias y Mi Espíritu está agradecido por todo lo
que Me ha acontecido en el sendero de Tu placer. Estoy contento con todo
lo que Tu has ordenado para Mi y doy la bienvenida a las penas y
sufrimientos que tengo que soportar, por calamitosas que estas sean".
EL BÁB
Muy queridos amigos: Que El Báb, Quien inauguró la Dispensación
bábí, tiene completo derecho el rango de Una de las autosuficientes
Manifestaciones de Dios; que Él ha sido investido con poder y autoridad
soberanos y que ejerce todos los derechos y prerrogativas de Profeta
independiente, es además otra verdad fundamental proclamada
insistentemente en el Mensaje de Bahá'u'lláh y que Sus creyentes deben
inflexiblemente sostener. Que no ha de ser considerado meramente como
un inspirador Precursor de la Revelación bahá'í, que en Su Persona como lo
atestigua Él mismo en el Bayán Persa, se ha cumplido el objeto de todos los
Profetas que Le precedieron, es una verdad que considero mi deber
demostrar y hacer resaltar. Faltaríamos ciertamente a nuestro deber hacia la
Fe que profesamos y violaríamos uno de sus básicos y sagrados principios
si en nuestras palabras o con nuestra conducta vacilaríamos en reconocer
las inferencias de este principio fundamental de la Creencia bahá'í, o
rehusaríamos sostener incondicionalmente su integridad y mostrar su
verdad. Realmente, el motivo principal que me ha impulsado a emprender
la tarea de editar y traducir la inmortal “Narración de Nabíl”, ha sido el de
capacitar a todo él que sigue la Fe en Occidente para una mejor
comprensión y más fácil captación de las tremendas inferencias de Su
exaltada Posición, y para que sean más ardientes admiradores y amados de
Él.
No puede haber duda que el derecho de la posición dual dispuesta por el
Todopoderoso para El Báb, derecho que Él mismo presentó tan
intrépidamente, que Bahá'u'lláh afirmó repetidamente y la cual, por último,
La Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá dio la sanción de Su
testimonio, constituye el rasgo más distintivo de la Dispensación bahá'í. Es
una mayor evidencia de su carácter único, una tremenda accesión a la
fuerza, al misterioso poder de la autoridad con que este sagrado Ciclo ha
sido investido. En verdad, la grandeza de El Báb consiste, ante todo, no en
el hecho de ser el Precursor divinamente designado para tan trascendente
Revelación, sino, más bien, en haber sido investido con los poderes propios
de Quien inicia una Dispensación religiosa aparte, y en haber ejercido el
cetro de Profeta independiente hasta un grado no rivalizado por los
Mensajeros que Le precedieron.
El breve tiempo que duró Su Dispensación, el radio limitado dentro del
cual han sido puestas en vigor Sus leyes y ordenanzas, no suministran
criterio alguno por donde pudiera juzgarse Su divino Origen y evaluarse la
potencia de Su Mensaje. "Que un lapso tan breve" explica Bahá'u'lláh
mismo, "haya separado esta tan poderosa y maravillosa Revelación de Mi
propia anterior Manifestación, es un secreto que ningún hombre puede
desentrañar, y un misterio tal, que ninguna mente puede penetrar. Su
duración estaba preordenada y jamás hombre alguno descubrirá su
motivo, al menos y hasta que sea informado del contenido de Mi Libro
Oculto". "Observad", sigue explicando Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-Badí,
una de Sus obras que refutan los argumentos de la gente del Bayán, "como
inmediatamente después de haberse cumplido el noveno año de esa
maravillosa, santísima y misericordiosa Dispensación, el número
requerido de almas puras, enteramente consagradas y santificadas, se
había consumado dentro del mayor secreto".
Los maravillosos sucesos anunciados del advenimiento del Fundador de
la Dispensación bábí, las dramáticas circunstancias de Su vida llena de
acontecimientos que Su influencia ejerció sobre los más eminentes y
poderosos de Sus conciudadanos, de todo lo cual da testimonio cada uno de
los capítulos de la conmovedora narración de Nabíl, deben por si solos ser
considerados como suficiente evidencia de la validez de Su derecho a tan
exaltada posición entre los Profetas. Pese a lo vívido del testimonio que el
eminente cronista de Su vida ha trasmitido a la posteridad, tan luminosa
narración palidece ante el brillante tributo que la Pluma de Bahá'u'lláh ha
hecho a El Báb. El mismo Báb ha apoyado ampliamente este tributo con la
clara aserción de Su posición, mientras que el testimonio escrito de 'Abdu'l-
Bahá ha reforzado poderosamente su carácter y elucidado su significación.
¿Dónde sino en le Kitáb-i-Íqán puede el estudiante de la Dispensación
bábí buscar para hallar esas afirmaciones que inequívocamente atestiguan
el poder y el espíritu que ningún hombre puede manifestar a menos que sea
una Manifestación de Dios? "¿Podría manifestarse cosa semejante",
exclama Bahá'u'lláh, "si no fuera por el poder de una Revelación divina y
la potencia de la invencible Voluntad de Dios? ¡Por la rectitud de Dios, si
alguien guardara en su corazón Revelación tan grande, el solo
pensamiento de tal declaración le confundiría! Si se juntase en su
corazón los corazones de todos los hombres, aun así vacilaría ante tan
temible empresa". En otro pasaje, Él afirma: "Ningún ojo ha visto tan
grande efusión de generosidad, ni oído alguno ha escuchado sobre
semejante revelación de amorosa bondad... Los Profetas 'dotados de
constancia', cuya majestad y gloria brillan como el sol, fueron honrados
cada uno con un Libro que todos han visto, y cuyos versículos han sido
debidamente fijados. En tanto los versículos que se han vertido de esta
Nube de misericordia divina son tan abundantes que hasta ahora nadie
ha podido estimar su número... ¿Como pueden despreciar esta
Revelación? ¿Ha presenciado época alguna acontecimientos tan
trascendentales?"
Comentando sobre el carácter y la influencia de aquellos héroes y
mártires a quienes el espíritu de El Báb había tan magníficamente
transformado, Bahá'u'lláh reveló lo siguiente: "Si estos compañeros no
fuesen los que verdaderamente se afanan por llegar a Dios, ¿a quiénes
podría considerarse como tales?... Si estos compañeros, con todos sus
maravillosos testimonios y prodigiosas obras, fuesen falsos, ¿quién
entonces podría dignamente pretender que tiene la verdad? ¿Ha
presenciado al mundo, desde los días de Adán, semejante tumulto, tan
violenta conmoción?... Me parece que la paciencia fue revelada sólo fue
engendrada por sus obras".
Deseando hacer notar la sublimidad de la exaltada posición de El Báb,
en comparación con la de los Profetas del pasado, Bahá'u'lláh, en la misma
Epístola, asevera: "ningún entendimiento puede concebir la naturaleza de
Su Revelación, ni conocimiento alguno comprender la amplitud de Su
Fe". Luego, confirmando Su argumento, cita estas palabras proféticas: "El
conocimiento es veintisiete letras. Todo lo que los Profetas han revelado
son dos de esas letras. Ningún hombre hasta ahora ha conocido más que
esas dos letras. Pero cuando aparezca el Qá'im, revelará las restantes
veinticinco letras". "¡Que magna y sublime es Su posición ", agrega, “Su
rango está por sobre el de todos los Profetas y Su Revelación excede la
comprensión y entendimientito de todos Sus elegidos”. “Una Revelación
tal que”, agrega Él, además, "o bien los Profetas de Dios, Sus santos y
elegidos no han sido informados de Ella, o bien, en cumplimiento del
inescrutable Decreto de Dios, no La han dado a conocer".
De todos los atributos que la infalible Pluma de Bahá'u'lláh eligió rendir
a la memoria de El Báb, Su "Bien Amado", el más memorable y
conmovedor es este breve pero elocuente pasaje que tan grandemente
realza el valor de los pasajes finales de esa misma Epístola: "En medio de
todo esto", escribe Él, refiriéndose a las aflictivas pruebas y peligros que
sufría en la ciudad de Bagdad, "dispuesto a entregar Nuestra vida, Nos
resignamos enteramente a Su Voluntad, para que quizás, mediante la
cariñosa bondad y gracia de Dios, esta Letra revelada y manifiesta pueda
entregar Su vida como sacrificio en el sendero del Punto Primordial, la
exaltadísima Palabra. ¡Por Aquel por Cuyo mandato ha hablado el
Espíritu! Si no fuera por este anhelo de Nuestra alma, no Nos
hubiéramos quedado ni un solo momento más en esta ciudad".
Muy amados amigos: Tan resonante loa, tan intrépida aserción,
emanadas de la Pluma de Bahá'u'lláh en una Obra de tanto peso, están
completamente reflejadas en el lenguaje que el Manantial de la Revelación
bábí eligió para expresar los derechos que Él mismo ha presentado. “Soy el
Templo Místico", así, en el Qayyú-i-Asmá' proclama El Báb Su posición,
"que la Mano del Omnipotente ha levantado. Soy la Lámpara que el
Dedo de Dios ha mencionado dentro de Su Nicho y hecho que brille con
inmortal esplendor. Soy la Llama de esa celeste Luz que alumbró en el
Punto regocijante del Sinaí y que reposaba oculta en medio de la Zarza
Ardiente". "¡Oh Qurratu'l-Ayn!" exclama, dirigiéndose Él a Sí Mismo en
el mismo comentario, "No reconozco en Ti a otro más que el 'Gran
Anuncio', el Anuncio proclamado por el Concurso de lo Alto. Doy fe que
con este Nombre siempre Te han conocido aquellos que circundan el
Trono de Gloria". "Con todos y cada uno de los Profetas que hemos
hecho descender en el pasado", continua, "hemos establecido una
Alianza por separado tocante al 'Recuerdo de Dios' y Su Día. Manifiestos
están, en el Reino de la Gloria y por el poder de la Verdad, el 'Recuerdo
de Dios' y Su Día ante los ojos de los ángeles que circundan Su Trono de
misericordia". "Si así lo deseáramos", afirma Él nuevamente, "estaría en
Nuestro poder el compeler, por medio de acción de tan solo una letra de
Nuestra Revelación, a que el mundo y todo lo que está en él reconociera,
en menos de un abrir y cerrar de ojos, la verdad de Nuestra Causa".
"Yo soy el Punto Primordial", dice El Báb, dirigiéndose a Muhammad
Sháh desde la prisión de la fortaleza de Máh-Kú, "desde el cual se
generaron todas las cosas creadas... Yo soy la Faz de Dios, Cuyo
esplendor jamás puede desvanecerse... Todas las llaves del Cielo Dios
escogió ponerlas a Mi derecha, y todas las llaves del infierno, a Mi
izquierda... Soy una de las columnas que sustenta el Verbo Primordial de
Dios. Quienquiera que Me haya reconocido ha sabido todo lo que es
verdadero y justo y ha alcanzado todo lo que es bueno y conveniente... La
sustancia de la cual Dios Me ha creado no es de arcilla con lo cual otros
fueron formados. Él ha conferido en Mi aquello que los mundanamente
sabios jamás podrán comprender, ni los fieles descubrir". "Si una
pequeña hormiga", afirma de manera característica de El Báb en Su deseo
de hacer resaltar las ilimitadas potencialidades latentes de Su Dispensación,
"deseara en este Día hallarse poseída de un poder tal que le permitiese
desenredar los más abstrusos e intrincados pasajes del Corán, su deseo
veríase indudablemente colmado, puesto que el Misterio del Poder eterno
vibra dentro de los más recónditos de la existencia de todo lo creado".
"Si tan indefensa criatura", comenta 'Abdu'l-Bahá, sobre tan sorprendente
afirmación, "puede estar dotado de tan sutil capacidad, ¡cuanto más
eficaz ha de ser el poder que se desprende de las liberales efusiones de la
gracia de Bahá'u'lláh”.
A estas autorizadas aserciones y solemnes declaraciones hechas por
Bahá'u'lláh y El Báb, debe añadirse el testimonio incontrovertible de
'Abdu'l-Bahá. Él, el designado Intérprete de las Palabras, tanto de
Bahá'u'lláh como de El Báb, corrobora, no por inferencia sino en lenguaje
claro y categórica, tanto en Sus Tablas como en Su Testimonio, la verdad
de las manifestaciones a las cuales ya me he referido.
En una tabla dirigida a un bahá'í de Mázindarán, en la cual Él revela el
significado de una mal interpretada expresión que se Le atribuía respecto a
la salida del Sol de la Verdad en este siglo, Él expone breve pero
concluyentemente lo que debe quedar para siempre como nuestra verdadera
concepción de la relación entre las dos Manifestaciones asociadas a la
Dispensación bahá'í. "Al expresarme así", explica, "solo tenia en mente a
El Báb y a Bahá'u'lláh, el carácter de Cuyas Revelaciones era Mi
propósito elucidar. La Revelación de El Báb puede ser considerada como
el sol, correspondiendo su posición al primer signo del Zodíaco, el signo
de Aries, en el cual entra el sol en el equinoccio de primavera. La
posición de la Revelación de Bahá'u'lláh por otro parte, se halla
representada por el signo de Leo, el sol en medio del verano en su más
alta posición. Ello significa que esta santa Dispensación está iluminada
por la luz del Sol de la Verdad brillado desde su más exaltada posición y
en la plenitud de su resplandor, su calor y su gloria".
"El Báb, el Exaltado", afirma más específicamente 'Abdu'l-Bahá en
otra Tabla, "es la Aurora de la Verdad, el esplendor de Cuya luz brilla en
todas las regiones. Él es también el Precursor de la Más Grande Luz, la
Lumbrera de Abhá. La Bendita Belleza es Aquel prometido por los Libros
sagrados del pasado, la revelación de la Fuente de luz que resplandeció
sobre el Monte Sinaí, Cuyo fuego brilló en medio de la Zarza Ardiente.
Nosotros somos, todos y cada uno, siervos de Su umbral y nos
encontramos cada cual como humildes guardianes ante Su puerta".
"Toda prueba y profecía", advierte aun más enfáticamente, "toda clase de
evidencia, ya sea basada en la razón o en el texto de las Escrituras y
tradiciones, han de considerarse centradas en las personas de
Bahá'u'lláh y El Báb. En Ellos se encuentra su completa realización".
Y, finalmente, en Su Voluntad y Testamento, repositorio de Sus últimos
deseos y Sus instrucciones, en el siguiente pasaje, diseñado especialmente a
establecer los principios que gobierna la Creencia bahá'í, Él pone el sello de
Su testimonio sobre la dual y exaltada posición de El Báb: "La base de la
creencia de la gente de Bahá (que Mi vida sea ofrecida por ellos) es esta:
Su Santidad, el Exaltado (El Báb), es la Manifestación de la unidad y la
unicidad de Dios y el Precursor de la Antigua Belleza (Bahá'u'lláh). Su
Santidad, la Belleza de Abhá (Bahá'u'lláh) (que Mi vida sea sacrificada
para Sus fieles amigos), es la Suprema Manifestación". "Todos los
demás", agrega de manera significativa, "son Sus siervos y obedecen Su
Mandato".

'ABDU'L-BAHÁ
Muy queridos amigos: En las páginas que anteceden he intentado
exponer aquellas verdades que firmemente creo están implícitas en la
investidura de Aquel, que es el Manantial de la Revelación bahá'í Me he
esforzado, además, en disipar aquellos malentendidos que naturalmente
pueden suscitarse en la mente de cualquiera que contemple tan
sobrehumana Manifestación de la Gloria de Dios. Me he esforzado por
explicar el significado de la divinidad con que necesariamente debe estar
investido Aquel que es el vehículo de energía tan misteriosa. He tratado
también de demostrar al máximo de mi capacidad que el Mensaje que ha
sido comisionado por Dios a un Ser tan grande para entregarlo a la
humanidad en esta época, reconoce el principio divino y sostiene los
primeros principios de todas las Dispensaciones inauguradas por los
Profetas del pasado y se mantiene inextricablemente entrelazado con cada
una de ellas. De la misma manera, he creído necesario probar y hacer
resaltar que el Autor de esa Fe, Quien repudia el derecho al absolutismo
sostenido por los líderes de varias creencias, lo ha negado para Sí Mismo,
no obstante la amplitud de Su Revelación. Otro principio básico, cuya
elucidación también me ha parecido extremadamente deseable en el
presente grado de evolución de nuestra Causa, ha sido que El Báb, no
obstante la duración de Su Dispensación, debe ser considerada ante todo,
no como el escogido Precursor de la Fe bahá'í, sino como Aquel que fue
investido de la indivisa autoridad asumida por cada Uno de los Profetas
independientes del pasado.
Estimo ahora muy necesario que hagamos un esfuerzo por esclarecer
nuestra mente respecto a la posición que ocupa 'Abdu'l-Bahá y a la
significación de Su posición en esta Santa Dispensación. Sería
verdaderamente difícil para nosotros, que estamos tan cerca de tan
tremenda Figura y atraídos por el misterioso poder de tan magnética
Personalidad, el obtener una comprensión clara y exacta del rol y carácter
de Uno que, no solo en la Dispensación de Bahá'u'lláh, sino en todo el
campo de la historia religiosa, llena de una función única. Aunque
moviéndose en una esfera propia y manteniendo un Rango radicalmente
diferente al del Autor y la del Precursor de la Revelación bahá'í, Él por
virtud de la posición dispuesta para Él en la Alianza de Bahá'u'lláh, forma,
junto con Ellos, lo que puede designarse las Tres Figuras centrales de una
Fe que se encuentra sin igual dentro de la historia espiritual del mundo.
Junto con Ellos, Él se yergue por encima de los destinos de esta joven Fe
de Dios desde una altura que jamás podrá esperar alcanzar ningún
individuo o grupo que sirva a las necesidades de ella después de Él y por un
período completo no menor que mil años. El degradar Su alto rango
identificando Su posición de Aquellos en Quienes ha recaído el Manto de
Su Autoridad, sería un acto de impiedad tan grave como la no menos
herética creencia que se inclina a exaltarlo a un estado de absoluta
igualdad, ya sea con la Figura central o con el Precursor de nuestra Fe.
Grande como es el abismo que separa a 'Abdu'l-Bahá de Aquel que es la
Fuente de una Revelación independiente jamás podrá considerarse
conmensurable con la mayor distancia que existe entre Aquel que es el
Centro de la Alianza y Sus ministros, encargados de continuar Su tarea,
cualesquiera que sean sus nombres, rangos, funciones o sus realizaciones
futuras. A la luz de esta exposición, aquellos que conocieron a 'Abdu'l-
Bahá y que por contacto con Su magnética personalidad llegaron a
sustentar admiración tan ferviente por Él, deben reflexionar sobre la
grandeza de Aquel que está tan por encima de Él en posición.
Que 'Abdu'l-Bahá no es una Manifestación de Dios; que, aunque
sucesor de Su Padre, no ocupa una posición análoga; que nadie, a
excepción de El Báb y de Bahá'u'lláh, podrá jamás reclamar para Si esa
posición antes de la expiración de un período completo de mil años, son
verdades que es hallan incrustadas en las específicas declaraciones tanto
del Fundador de nuestra Fe como del Intérprete de Sus enseñanzas.
"Quienquiera que eleve la pretensión de una Revelación directa de
Dios", es la advertencia expresa pronunciada en el Kitáb-i-Aqdas, "antes
de la expiración de un plazo de mil años, tal hombre es de seguro un
impostor. Oramos a Dios para que Él benignamente le ayude a
retractarse de tal pretensión y a repudiarla. Si se arrepintiere, Dios, sin
duda, le perdonará. Si, no obstante, persistiere en su error, Dios, de
seguro, enviará a uno que le trate sin misericordia. ¡Terrible, de verdad,
es Dios en Su castigo!" "Quienquiera que”, agrega Él para dar más énfasis,
"Intérprete este verso de otro modo que no sea su significado obvio, está
privado del Espíritu de Dios y de Su misericordia que envuelve a todas las
cosas creadas". Y aun otra declaración concluyente: "Si apareciere un
hombre antes de un lapso completo de mil años - cada año de doce meses,
según el Corán, y de diecinueve meses de diecinueve días, según el Bayán -
, y tal hombre revelare ante nuestros ojos todos los signos de Dios,
!rechazadlo sin titubear!"
Las propias declaraciones de 'Abdu'l-Bahá, confirmando esta
advertencia no son menos enfáticas ni de menor precepto: "Esta es",
declara, "Mi convicción firme, invariable, la esencia de Mi abierta y
explícita creencia, convicción y creencia que los moradores del Reino de
Abhá comparten plenamente: La Bendita Belleza es del Sol de la Verdad
y Su Luz, la Luz de la Verdad. Igualmente, El Báb es el Sol de la Verdad
y Su Luz es la Luz de la Verdad... Mi posición es la posición de
servidumbre, servidumbre completa, pura y real, firmemente establecida,
permanente, obvia, explícitamente revelada y no sujeta a interpretación
alguna... Soy el Intérprete de la Palabra de Dios; tal es Mi
interpretación".
'Abdu'l-Bahá, en Su propio Testamento en tono y lenguaje que bien
puede confundir al más inveterado de los violadores de la Alianza de Su
Padre, ¿no les quita su arma principal a los que tanto y tan persistentemente
se esforzaron en imputarle el cargo de haber tácticamente pretendido una
posición igual, si no superior, a la de Bahá'u'lláh? "La base de la creencia
de la gente de Bahá es esta": así proclama uno de los pasajes de mayor
peso de ese documento póstumo dejado para declarar a perpetuidad las
directivas y los deseos de un Maestro fallecido, "Su Santidad, el Exaltado
(El Báb), es la Manifestación de la unidad y la unicidad de Dios y el
Precursor de la Antigua Belleza. Su Santidad la Belleza de Abhá
(Bahá'u'lláh) (que Mi vida sea ofrecida en sacrificio por Sus firmes
amigos), es la Suprema Manifestación de Dios y la Aurora de Su Más
Divina Esencia. Todos los demás son Sus siervos y obedecen Su
Mandato".
De estas claras y formalmente expuestas manifestaciones,
incomparables como son con cualquier aserción de pretender la posición de
Profeta, no debemos, de manera alguna, inferir que 'Abdu'l-Bahá es
meramente uno de los siervos de la Bendita Belleza, o en el mejor de los
casos, uno cuya función sea sólo la de un autorizado Intérprete de las
enseñanzas de Su Padre. Lejos de mi está el mantener semejante idea o
desear inculcar tales sentimientos. El considerar a 'Abdu'l-Bahá bajo esa
luz es una manifiesta traición a la humanidad. La posición conferida a Él
por la Pluma Suprema es exaltada en grado inconmensurable por encima de
las inferencias de estas, Sus propias afirmaciones escritas. Tanto en el
Kitáb-i-Aqdas, la de mayor peso y más sagrada de todas las obras de
Bahá'u'lláh, como en el Kitáb-i-'Ahd, el Libro de Su Alianza, y en el
Súriy-i-Ghusn (la Tabla de la Rama), las referencias que hace la Pluma de
Bahá'u'lláh - referencias poderosamente reforzadas en las Tablas dirigidas
por Él por Su padre - invisten a 'Abdu'l-Bahá con un poder y lo rodean con
un halo, que jamás podrá llegar la presente generación a apreciar en su
justo valor.
Él es y debe por siempre ser considerado, primeramente y ante todo,
como el Centro y Pivote de la Alianza incomparable, que todo lo abarca, de
Bahá'u'lláh, Su Más Exaltada Obra, el Espejo inmaculado de Su luz, el
perfecto Ejemplo de Sus enseñanzas, el infalible Intérprete de Su Palabra,
la Personificación de cada uno de los ideales Bahá'ís, la Encarnación de
cada una de las virtudes Bahá'ís, la Más Poderosa Rama salida de la
Antigua Raíz, el Miembro de la Ley de Dios, el Ser "a Cuyo alrededor
giran todos los nombres", la Fuerza Motriz de la Unidad del Género
Humano, la Insignia de la Más Grande Paz, la Luna del Astro Central de
esta santísima Dispensación, nombres y títulos que están implícitos y hallan
su más real, su más alta y hermosa expresión en el mágico nombre: 'Abdu'l-
Bahá. Él es, por encima y más allá de estos nombres, el "Misterio de
Dios", expresión que el mismo Bahá'u'lláh eligió para designar a Él y que,
si bien no nos justifica de manera alguna para que Le asignemos la posición
de Profeta, indica cómo, en la persona de 'Abdu'l-Bahá, se han unido y
armonizado completamente las incompatibles características de una
naturaleza humana y de una sobrehumana sabiduría y perfección.
"Cuando el océano de Mi Presencia haya refluido y el Libro de Mi
revelación haya terminado", proclama el Kitáb-i-Aqdas, "tornad
vuestros semblantes hacia Aquel a Quien Dios ha designado, Quien ha
salido de esta Antigua Raíz". Y, nuevamente, "Cuando la Mística Paloma
haya levantado Su vuelo desde Su Santuario de Alabanza e ido en busca
de Su distante Meta, Su oculta Morada, dirigíos por cualquier cosa que
no comprendáis del Libro, hacia Aquel que salió de este poderoso
Tronco".
En el Kitáb-i-'Ahd, además, Bahá'u'lláh declara solemne y
explícitamente: "incumbe a los Aghsán, los Afnán y Mis parientes, a
todos y cada uno de ellos, dirigir sus semblantes hacia la Más Poderosa
Rama. Considerad lo que hemos revelado en Nuestro Libro Más
Sagrado: 'Cuando el océano de Mi Presencia haya refluido y el Libro de
Mi Revelación haya terminado tornad vuestros semblantes hacia Aquel a
Quien Dios ha designado, Quien ha salido de esta Antigua Raíz. El
objeto de este sagrado versículo no es otro que la Más Poderosa Rama
('Abdu'l-Bahá). Así os hemos revelado benignamente, Nuestra potente
Voluntad y, en verdad, soy el Misericordioso, el Todopoderoso".
En el Súriy-i-Ghusn (Tabla de la Rama), han sido registrados los
versículos siguientes: "Rama del Sadratu'l-Muntahá es este sagrado y
gloriosa Ser, esta Rama de Santidad; bienaventurado es aquel que ha
buscado refugia en Él y ha morado bajo Su sombra. En verdad, la Rama
de la Ley de Dios ha brotado de esta Raíz que Dios implantó firmemente
en la Tierra de Su Voluntad y Cuya Rama ha sido tan elevada que ha
abarcado todo la creación. ¡Sea Él, pues, magnificado por esta sublime,
bendita, poderosa y exaltada Obra!... Como signo de Nuestra gracia, una
Palabra ha salido de la Más Grande Tabla, Palabra que Dios ha
adornado con el ornamente de Sí Mismo y hecho soberana de la tierra y
de todo lo que en ella existe, en signo de Su grandeza y poder entre Su
pueblo... Dad gracias a Dios, ¡Oh pueblo! por haber Él aparecido, pues,
en verdad, Él es el Más Grande Favor que os ha hecho, la Más Perfecta
Munificencia prodigada en vosotros, y por Él huesos pulverizados
vuelven a la vida. Todo aquel que se vuelve hacia Él, se ha vuelto hacia
Dios, y todo aquel que se aleje de Él, se ha alejado de Mi Belleza, ha
repudiado Mi Prueba y transgredido contra Mí. Él es el Fideicomiso de
Dios entre vosotros, lo que Dios ha puesto a vuestra custodia, Su
manifestación a vosotros y Su aparición entre Sus favorecidos siervos...
Lo hemos hecho descender en la forma de un cuerpo humano.
Bienaventurado y santificado sea Dios, que ha creado todo lo que Él
quiere mediante Su inviolable, Su infalible Decreto. Aquellos que se
privan a sí mismos de la sombra de la Rama se pierde en el desierto del
error, se consume en el calor de los deseos humanos y son los que de
seguro perecerán".
"¡Oh Tú que eres la niña de Mis ojos!", así Bahá'u'lláh se dirige a
'Abdu'l-Bahá, escribiendo de Su puño y letra. "Mi gloria, el océano de Mi
amorosa bondad, el sol de Mi munificencia y el cielo de Mi misericordia
descansan en Ti. Rogamos a Dios que ilumine al mundo a través de Tu
conocimiento y sabiduría, que disponga para Ti aquello que regocije Tu
corazón e imparta consuelo a Tus ojos". “La gloria de Dios descanse en
Ti", escribe Él en otra Tabla, "y en quienquiera que Te sirva y esté a Tu
alrededor. Calamidad, gran calamidad acaezca a quien Te oponga y Te
injurie. Bienhadado aquel que jure fidelidad hacia Ti; que el fuego del
infierno atormente a quien sea Tu enemigo". "Te hemos hecho amparo
del genero humano", afirma Bahá'u'lláh en otra Tabla, "refugio para
todos los que están en el cielo y en la tierra, fortaleza para todos los que
han creído en Dios, el Incomparable, el Omnisciente. Quiera Dios que
por Tu intermedio Él los proteja, los enriquezca y los sostenga; que Te
inspire con aquello que sea un manantial de riqueza para todo lo creado,
un océano de munificencia para todos los hombres y la aurora de
misericordia para todos los pueblos".
"Tu sabes, ¡Oh Dios mío!", suplica Bahá'u'lláh en una oración revelada
en honor de 'Abdu'l-Bahá, "que no deseo para Él sino lo que Tú deseas y
que no Lo he elegido para otro fin que el que Tú tienes asignado para Él.
Hazlo, pues, victorioso mediante Tus huestes de la tierra y del cielo... Te
imploro, por el ardor de Mi amor por Ti y por Mi anhelo de manifestar
Tu Causa, que dispongas para Él y para aquellos que Le aman lo que Tú
tienes destinado para Tus Mensajeros y para los Depositarios de Tu
Revelación. ¡En verdad, Tú eres el Todopoderoso, el Omnipotente!"
En una carta dictada por Bahá'u'lláh y dirigida por Mírzá Áqá Ján, Su
amanuense, a 'Abdu'l-Bahá, mientras este se hallaba de visita en Beirut,
leemos lo siguiente: "Loado sea Aquel que ha honrado la tierra de Bá
(Beirut) con la presencia de Aquel a Cuyo alrededor giran todos los
hombres. Todos los átomos de la tierra han anunciado a la creación
entera que desde atrás de las puertas de la ciudad-prisión y sobre su
horizonte, apareció y brilló el Astro de belleza de la grande, la Más
Poderosa Rama de Dios, Su antiguo e inmutable Misterio,
encaminándose hacia otra tierra. El pesar envuelve por eso a esta
ciudad-prisión, mientras que otra tierra se regocija... Bendito, dos veces
bendito es el suelo que recibió Sus pisadas, los ojos que gozaron de la
belleza de Su semblante, los oídos que fueron honrados escuchando Su
llamado, el corazón que gustó de la dulzura de Su amor, el pecho que se
ha henchido con Su recuerdo, la pluma que proclamó Sus alabanzas, el
papel que recibió el testimonio de Sus escritos".
Al escribir confirmando la autoridad en Él conferida por Bahá'u'lláh,
hace 'Abdu'l-Bahá la siguiente manifestación: "De acuerdo con el texto
explícito del Kitáb-i-Aqdas, Bahá'u'lláh ha hecho el Centro de la Alianza
el Intérprete de Su Palabra, una Alianza tan firme y poderosa, que
ninguna Dispensación religiosa desde el principio de los tiempos hasta el
presente día ha producido algo semejante".
Exaltado como es el rango de 'Abdu'l-Bahá y profusas como son las
alabanzas con que Bahá'u'lláh ha glorificado a Su Hijo en estos Libros y
Tablas Sagradas, estas distinciones únicas no deben jamás ser interpretadas
como si confirieran a su recipiente una posición idéntica o equivalente a la
de Su Padre, que es la Manifestación Misma. Una interpretación semejante
de cualquiera de los pasajes mencionados estaría inmediatamente, y por
obvias razones, en conflicto con las no menos claras y auténticas aserciones
y advertencias a las cuales ya me he referido. En efecto, según lo he
manifestado ya, aquellos que sobre estiman la posición de 'Abdu'l-Bahá,
son tan reprensibles y hacen tanto daño como los que la estiman menos. Y
esto por la sola razón de que al insistir sobre una deducción completamente
injustificada de los Escritos de Bahá'u'lláh, ellos inadvertidamente
justifican y sin cesar suministran al enemigo pruebas para sus acusaciones
falsas y manifestaciones erróneas.
Creo necesario, por lo tanto, manifestar sin ningún equívoco o
vacilación, que ni en el Kitáb-i-Aqdas, ni en el Libro de la Alianza de
Bahá'u'lláh, ni aun en la Tabla de la Rama, ni en ninguna otra Tabla, ya
sea revelada por Bahá'u'lláh o por 'Abdu'l-Bahá, existe autoridad alguna
para la opinión que se inclina a sostener la llamada "unión mística" de
Bahá'u'lláh y 'Abdu'l-Bahá, o establecer la identidad de este último con Su
Padre o con cualquier Manifestación anterior. Este erróneo concepto podrá
ser debido, en parte, a una interpretación completamente extravagante de
ciertos términos y pasajes de la Tabla de la Rama, a la introducción en su
traducción al ingles de ciertas palabras que, o no existen, o son erróneas o
ambiguas en su connotación. No hay duda de que está basada
principalmente en una deducción del todo injustificada de los pasajes
iniciales de una Tabla de Bahá'u'lláh, cuyos extractos, según se reproducen
en ‘Bahá'í Scriptures’, preceden inmediatamente, pero no forman parte de
dicha Tabla de la Rama. Debe aclararse a todo el que lea esos extractos,
que con la frase "La Lengua del Sempiterno", no se hace referencia a
nadie más que a Dios, y que el término "el Más Grande Nombre" es una
referencia obvia a Bahá'u'lláh, y que "la Alianza" a que se hace mención,
no es la Alianza misma de la cual Bahá'u'lláh es el Autor inmediato y
'Abdu'l-Bahá Su Centro, sino la Alianza general que, según lo inculca la
Enseñanza bahá'í, Dios mismo establece invariablemente con la humanidad
cuando Él inaugura una nueva Dispensación. "La Lengua" que
"proclama", según expresan esos extractos, la "buena nueva", no es otra
cosa que la Voz de Dios, refiriéndose a Bahá'u'lláh, y no Bahá'u'lláh
refiriéndose a 'Abdu'l-Bahá.
Además, el sostener que la aserción "Él es Yo Mismo" establece la
identidad de Bahá'u'lláh con 'Abdu'l-Bahá, en lugar de la mística unión de
Dios con Sus Manifestaciones, como se explica en el Kitáb-i-Íqán,
constituiría una violación directa del muy repetido principio de la unidad de
las Manifestaciones de Dios, principio que el Autor de estos mismos
extractos trata por inducción de hacer resaltar.
Significaría también revertir a esas irracionales y supersticiosas
creencias que durante el primer siglo de la era cristiana se deslizaron
insensiblemente en las enseñanzas de Jesucristo y que, al cristianismo en
dogmas aceptados, dañaron la eficiencia y oscurecieron el propósito de la
Fe cristiana.
"Afirmó", dice 'Abdu'l-Bahá en el comentario escrito por Él mismo
sobre la Tabla de la Rama, "que el verdadero sentido, el significado real,
el secreto íntimo de estos versículos, de estas precisas palabras, es Mi
propia servidumbre al sagrado Umbral de la Belleza de Abhá, Mi propia
completa insignificancia, Mi anulación extrema ante Él. Esta es Mi
corona resplandeciente, Mi preciosísimo adorno. De esto Me
enorgullezco en el reino de la tierra y del cielo. ¡De ello Me glorifico en
medio de la compañía de los bien favorecidos!" "A nadie le está
permitido", nos advierte Él en el pasaje que sigue de inmediato, "dar a
estos versículos ninguna otra interpretación". "Soy", afirma Él, a este
mismo respecto, "según los textos explícitos del ‘Kitáb-i-Aqdas’ y del
‘Kitáb-i-'Ahd’, el claro Intérprete de la Palabra de Dios... Quienquiera
que se desvíe de Mi interpretación, es víctima de su propia imaginación".
Además, la inevitable deducción resultante de la creencia en la
identidad del Autor de nuestra Fe con Aquel que es el Centro de Su
Alianza, sería colocar a 'Abdu'l-Bahá en una posición superior a la de El
Báb, cuando lo contrario es el principio fundamental de esta Revelación,
aunque todavía no universalmente reconocido. También justificaría la
acusación con que durante todo el ministerio de 'Abdu'l-Bahá los
violadores de la Alianza trataron de envenenar las mentes y pervertir el
conocimiento de los fieles seguidores de Bahá'u'lláh.
Sería más correcto y en consonancia con los principios establecidos de
Bahá'u'lláh y de El Báb, si en lugar de sostener esta ficticia identidad con
relación a 'Abdu'l-Bahá, miráramos al Precursor y Fundador de nuestra Fe
como idénticos en realidad, verdad esta que es el texto del Súriy-i-Haykal
afirma de manera inequívoca: "Si el Punto Primordial (El Báb) hubiera
sido otro que Yo, según pretendéis", manifiesta explícitamente
Bahá'u'lláh, "y hubiese llegado a Mi presencia, en verdad que Él jamás
habría permitido separarse de Mi y, por el contrario habríamos tenido
mutuo gozo durante Mis Días". "Aquel que ahora proclama la Palabra
de Dios", Bahá'u'lláh afirma nuevamente, "no es otro sino que el Punto
Primordial, Quien ha sido nuevamente puesto de manifiesto". "Él es",
dice refiriéndose a Sí Mismo en una Tabla dirigida a una de las Letras del
Viviente, "el mismo que Aquel que apareció el año sesenta (1260 d.H.).
Este es en verdad uno de Sus potentes signos". "¿Quién se levantará",
pregunta Bahá'u'lláh en el Súriy-Damm, "para obtener el triunfo de la
Belleza Primordial (El Báb) revelada en el semblante de Su subsiguiente
Manifestación?" Refiriéndose a la Revelación proclamada por El Báb, Él
recíprocamente la caracteriza como "Mi Propia anterior Manifestación".
Que 'Abdu'l-Bahá no es una Manifestación de Dios, que Él recibe Su
luz, Su inspiración y Su sostén directamente de la Fuente Principal de la
Revelación bahá'í; que Él refleja como un Espejo claro y perfecto los rayos
de la gloria de Bahá'u'lláh, y que no posee de manera inherente esa
Realidad indefinible pero omnipresente, cuya exclusiva posesión es la
característica de la condición de Profeta; que Sus palabras no son iguales
en rango, aunque poseen igual validez que las de Bahá'u'lláh; que Él no
debe ser aclamado como el retorno de Jesucristo, el Hijo que vendrá "en la
gloria del Padre", son verdades éstas que encuentran mayor justificación y
se reafirman más en las siguientes exposición de 'Abdu'l-Bahá, dirigida a
algunos creyentes de América, y con ella bien puedo concluir con esta
sección: "Habéis escrito que existe una divergencia entre los creyentes,
respecto a la 'Segunda Venida de Cristo'. !Alabado sea Dios! Muchas
veces se ha suscitado esta pregunta y su respuesta ha emanado de una
declaración clara e irrefutable de la pluma de 'Abdu'l-Bahá, en el sentido
de que 'el Señor de las Huestes' y el 'Cristo Prometido' en las profecías,
se refieren a la Bienaventurada Perfección (Bahá'u'lláh) y a Su
Santidad, el Exaltado (El Báb). Mi nombre es 'Abdu'l-Bahá. Mi
calificación es 'Abdu'l-Bahá. Mi realidad es 'Abdu'l-Bahá. Mi alabanza
es 'Abdu'l-Bahá Esclavitud a la Bienaventurada perfección es Mi
gloriosa y refulgente diadema, y servidumbre a toda la raza humana Mi
religión perpetua... No tengo ni jamás tendré otro nombre, título,
mención o elogio más que el de 'Abdu'l-Bahá. Esta es Mi vida eterna.
Esta es Mi eterna gloria".

EL ORDEN ADMINISTRATIVO
Muy queridos hermanos en 'Abdu'l-Bahá: Con la ascensión de
Bahá'u'lláh, el Sol de Guía Divina, el cual - según lo predijeron Shaykh
Ahmad y Siyyid Kázim - se levantó en Shíráz, y, en Su marcha hacia el
oeste, llegó al cenit en Adrianópolis, fue a ponerse finalmente detrás del
horizonte de 'Akká, para no volver más antes del transcurso de un período
completo de mil años. La puesta de Astro tan refulgente dio término
definitivo al período de Divina Revelación, la etapa inicial y más
vivificante de la Era bahá'í. Este período, el cual fue inaugurado por El Báb
y que culminó en Bahá'u'lláh, al cual esperaba y loaba todo el conjunto de
Profetas de este gran Ciclo profético, fue caracterizado, excepción hecha
del corto intervalo entre el martirio de El Báb y las terribles experiencias de
Bahá'u'lláh en el Síyáh-Chál de Teherán, por una Revelación progresiva y
continua de casi cincuenta años, período que por su duración y fecundidad
debe ser considerado sin paralelo en todo el campo de la historia espiritual
del mundo.
La muerte de 'Abdu'l-Bahá, por otro lado, marca el término de la Edad
Heroica y Apostólica de esta misma Dispensación, ese período primitivo de
nuestra Fe cuyos esplendores jamás habrán de ser rivalizados ni mucho
menos eclipsados por la magnificencia que necesariamente ha de distinguir
a las futuras victorias de la Revelación de Bahá'u'lláh. Porque ni los hechos
realizados por los grandes organizadores de las actuales instituciones de la
Fe de Bahá'u'lláh, ni los ruidosos triunfos que los héroes de su Edad de Oro
conseguirán ganar en los días venideros, podrán equipararse o ser puestos
en la misma categoría que las maravillosas obras asociadas a los nombres
de aquellos que generaron la vida misma de esa Fe y echaron sus prístinos
cimientos. Esa primera y creadora época de la Era bahá'í ha de destacarse
por su propia naturaleza, por encima y aparte del período de formación en
que hemos entrado y de la Edad de Oro que está destinada a sucederle.
'Abdu'l-Bahá, Quien encarna una institución de la cual no podemos
hallar paralelo alguno en ninguno de los reconocidos Sistemas religiosos
del mundo, puede decirse que ha cerrado la Edad a la cual Él mismo
pertenecía y ha abierto aquella en la cual nosotros ahora bregamos. Así,
pues, Su Voluntad y Testamento ha de considerarse como el perpetuo e
indisoluble vínculo concebido por la mente de Aquel que es el Misterio de
Dios, para asegurar la continuidad de las tres épocas que constituyen las
partes componentes de la Dispensación bahá'í. El período en el cual la
simiente de la Fe estaba lentamente germinando, se halla así entrelazado
tanto con el período que ha de presenciar su florescencia como con el
subsiguiente, en que la semilla habrá finalmente dado su precioso fruto.
Las energías creadoras liberadas por la Ley de Bahá'u'lláh, al penetrar y
desarrollarse en la mente de 'Abdu'l-Bahá, dieron lugar por su propio
impacto y estrecha acción mutua, al nacimiento de un Instrumento que
puede considerarse como la Carta Magna del Nuevo Orden Mundial, el
cual es a la vez la gloria y la promesa de esta sublime Dispensación. Puede
así ser aclamado el Testamento como el inevitable resultado de esa mística
unión entre Aquel que comunicó la influencia generatriz de Su divino
Designio y Aquel que fue el Vehículo receptor elegido. Siendo el
Testamento de 'Abdu'l-Bahá el Vástago de la Alianza - el Heredero tanto de
Quien originó la Ley de Dios como de Aquel que la interpretó - no puede
separársele ni de Quien fue el Impulso original que lo motivó, ni de Aquel
que finalmente lo concibió Debemos siempre tener presente que el
inescrutable Designio de Bahá'u'lláh ha sido tan cabalmente infundido en la
conducta de 'Abdu'l-Bahá, y los motivos de ambos han sido tan
estrechamente unidos, que la menor tentativa de disociar las enseñanzas del
Primero de cualquier sistema establecido por el que fue Ejemplo ideal de
esas mismas enseñanzas, significaría repudiar una de las básicas y más
sagradas verdades de la Fe.
El Orden Administrativo que desde la ascensión de 'Abdu'l-Bahá se ha
desenvuelto y toma forma a nuestra propia vista en no menos de cuarenta
países1 del mundo puede considerarse como la armazón del Testamento
mismo, como la fortaleza inviolable dentro de la cual ese recién nacido
Vástago se cría y desarrolla. A medida que este Orden Administrativo se
expanda y consolide, pondrá de manifiesto, sin duda, sus potencialidades y
revelará todo el significado de este importantísimo Documento de esta
admirable expresión de la Voluntad de Una de las Figuras más notables de
la Dispensación de Bahá'u'lláh. A medida que sus partes componentes, sus
instituciones orgánicas comiencen a funcionar con vigor y eficacia, ha de
aseverar su derecho y demostrar su capacidad para que se le considere no
sólo como el núcleo, sino como el modelo mismo del Nuevo Orden
Mundial que con el tiempo está destinado a abarcar a toda la humanidad.
Debe notarse al respecto, que este Orden Administrativo es
fundamentalmente diferente a todo lo que Profeta alguno haya establecido
hasta ahora, puesto que Bahá'u'lláh mismo es Quien ha revelado Sus
principios, establecidos Sus instituciones, designando la Persona para
interpretar Su Palabra y conferido la autoridad necesaria en el Cuerpo
destinado a suplementar y aplicar Sus ordenanzas legislativas. He ahí el
secreto de la fuerza, su diferencia fundamental y la garantía contra el cisma
y la desintegración. En ninguna parte de las sagradas Escrituras de
cualquiera de los Sistemas religiosos del mundo, ni aun en los Escritos del
Inaugurador de la Dispensación bábí, hallamos disposiciones que
establezcan una Alianza o que provean un Orden administrativo
comparables en alcance y autoridad, con las que yacen en las bases mismas
de la Dispensación bahá'í. ¿Tiene acaso la cristiandad o el islam, tomando
por ejemplo dos de las más difundidas y destacadas entre las reconocidas
Religiones del mundo, algo que ofrecer que sea comparable o pueda
considerarse equivalente, ya sea al Libro de la Alianza de Bahá'u'lláh o a la
Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá? ¿Acaso el texto, ya sea de los
Evangelios o del Corán, confiere autoridad suficiente a los líderes y
concilios que han reclamado el derecho y asumido la función de Intérpretes
de las disposiciones de las sagradas Escrituras y de administradores de los
asuntos de sus respectivas comunidades? ¿Podría Pedro, el reconocido jefe
de los Apóstoles, o el Imán 'Alí, primo y legítimo sucesor del Profeta,
presentar afirmaciones explícitas escritas por Jesucristo y Muhammad para
apoyar la primacía con que ambos fueron investidos y acallar a los que,
entre sus contemporáneos o en épocas posteriores, repudiaron los cismas
que persisten hoy día? Podemos confiadamente preguntar: ¿dónde, en los
documentados dichos de Jesucristo, ya sea en materia de sucesión o de
provisión de una serie de leyes específicas y disposiciones administrativas
claramente definidas, que se distinguen de principios puramente
espirituales, podemos hallar algo que se aproxime a los detallados
mandatos, leyes y advertencias que abundan en las auténticas palabras tanto
de Bahá'u'lláh como de 'Abdu'l-Bahá? ¿Puede pasaje alguno del Corán, el
que con respecto a su código legal, preceptos administrativos y
disposiciones para el culto marca ya un notable adelanto sobre anteriores y
más viciadas Revelaciones, ser interpretado como colocando sobre una
base inatacable la indudable autoridad de Muhammad, verbalmente y en
varias ocasiones, confiera a Su sucesor? ¿Puede acaso decirse que el Autor
de la Dispensación bábí 'por más que gracias a las provisiones del Bayán
persa haya logrado evitar un cisma tan permanentemente y catastrófico
como los que afligieron a la cristiandad y al islamismo - haya producido
instrumentos para la salvaguardia de Su Fe que sean tan definidos y
eficaces como los que han de preservar para siempre la unión de los
organizados adherentes de la Fe de Bahá'u'lláh?
Solo esta Fe, entre todas las Revelaciones anteriores, gracias a las
explícitas instrucciones, repetidas advertencias, auténticas salvaguardias,
incorporadas y explicadas en sus enseñanzas, ha logrado levantar una
estructura a la que los perplejos adherentes de credos quebrantados y en
bancarrota bien harían en acercarse y examinar críticamente y buscar, antes
de que sea demasiado tarde, el invulnerable abrigo de su universal refugio.
No es de extrañar que Aquel que por obra de Su Testamento ha
inaugurado Orden tan vasto y único, y Quien es el Centro de tan poderosa
Alianza, haya escrito estas palabras: "Tan firme y poderosa es esta
Alianza, que desde el principio de los tiempos hasta el presente ninguna
Dispensación religiosa ha producido algo similar". "Todo lo que está
latente en lo íntimo de este sagrado Ciclo", escribió Él durante los más
negros y peligrosos días de Su ministerio, "ha de aparecer y manifestarse
gradualmente, pues ahora sólo es el principio de su crecimiento y el
amanecer de la revelación de sus signos". "No temáis", son Sus palabras
tranquilizadoras al prevenir el surgimiento del Orden Administrativo
establecido en Su Testamento: "si esta Rama es cortada de este mundo
material y Sus hojas echadas a un lado; en verdad, Sus hojas han de
florecer, porque esta Rama crecerá después que haya sido separada de
este mundo terrenal, alcanzarán los más altos pináculos de la gloria y
dará frutos tales que han de perfumar el mundo con su fragancia".
¿A qué otra cosa puede hacer alusión las siguientes palabras de
Bahá'u'lláh, sino al poder y majestad que está destinado a manifestar este
Orden Administrativo, rudimentario de la futura Mancomunidad Bahá'í que
todo lo abarca?: "El equilibrio del mundo ha sido trastornado mediante la
vibrante influencia de este grandioso, este nuevo Orden Mundial. La vida
ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por la acción de este
único, maravilloso Sistema, nada semejante al cual ojos mortales han
presenciado jamás".
El mismo Báb, en el curso de Sus referencias a "Aquel a Quien Dios ha
de Manifestar", anticipa el Sistema y glorifica el Orden Mundial que la
Revelación de Bahá'u'lláh está destinada a desarrollar. "Bienaventurado
aquel", dice Él en Su notable expresión del capítulo tercero del Bayán
Persa, "que haya fijado su atención en el Orden de Bahá'u'lláh y haya
dado gracias a su Señor. Pues, de seguro, será Él puesto de manifiesto.
En verdad, así la ha dispuesto Dios irrevocablemente en el Bayán".
En las Tablas de Bahá'u'lláh, donde se designa específicamente y se
establece formalmente la institución de la Casa de Justicia, tanto
Internacional como Local; en la institución de las Manos de la Causa de
Dios, puestas en existencia primero por Bahá'u'lláh y luego por 'Abdu'l-
Bahá; en la institución de las Asambleas tanto locales como nacionales que
en forma embrionaria ya funcionaban en los días que precedieron a la
ascensión de 'Abdu'l-Bahá; en la autoridad que en Sus Tablas han dispuesto
conferir a estas el Autor de nuestra Fe y el Centro de Su Alianza; en la
institución del Fondo Local que operaba según los mandatos específicos
dados por 'Abdu'l-Bahá a ciertas Asambleas de Persia; en los versículos del
Kitáb-i-Aqdas, cuyas inferencias anticipan claramente la institución del
Guardián; en la explicación que en una de Sus Tablas ha dado 'Abdu'l-Bahá
y en el énfasis que Él ha puesto en el principio hereditario y a la ley de
primogenitura que fueron sostenidos por los Profetas del pasado; en todo
esto podemos discernir una débil vislumbre y descubrir los primeros
indicios de la naturalezas y del funcionamiento del Orden Administrativo
que estaba destinado a ser más tarde proclamado y formalmente establecido
por el Testamento de 'Abdu'l-Bahá.
Por la presente coyuntura que atravesamos, creo que debe hacerse un
esfuerzo para explicar el carácter y las funciones de las instituciones de la
Guardianía y de la Casa Universal de Justicia, los dos Pilares que soportan
esta poderosa Estructura Administrativa. Está más allá del alcance y
propósito de esta exposición general de las verdades fundamentales de la
Fe, el describir en su totalidad los diversos elementos que funcionan
conjuntamente con estas instituciones. No hay duda de que las
generaciones futuras han de realizar adecuadamente la tarea de definir con
detalle y precisión las características y analizar en forma cabal la naturaleza
de las relaciones que, por un lado, ligan entre sí a estos dos órganos
fundamentales del testamento de 'Abdu'l-Bahá y, por otro lado, conectan
cada uno de ellos con el Autor de la Fe y el Centro de Su Alianza. Mi
intención, por el momento, es explayar ciertos rasgos salientes de este Plan,
los que, a pesar de lo cerca que nos hallamos de su colosal Estructura, están
ya tan claramente definidos que hallamos inexcusable ignorarlos o
interpretarlos incorrectamente.
Debe decirse ante todo, clara e inequívocamente, que estas instituciones
gemelas del Orden Administrativo de Bahá'u'lláh han de ser consideradas
divinas en su origen, esenciales en sus funciones y complementarias en su
objeto y sus fines. Su objeto común y fundamental es asegurar la
continuidad de esa divinamente instituida Autoridad que fluye de la Fuente
de nuestra Fe, resguardar la unidad de Sus seguidores y mantener la
integridad y flexibilidad de Sus enseñanzas. Actuando conjuntamente, estas
dos inseparables instituciones, administran sus asuntos, coordinan sus
actividades, promueven sus intereses, ejecutan sus leyes y defienden sus
instituciones subsidiarias. Separadamente, cada una opera dentro de una
esfera de jurisdicción claramente definida; cada una tiene sus propias
instituciones auxiliares, instrumentos designados para el eficaz desempeño
de sus determinados deberes y responsabilidades. Cada una ejerce, dentro
de las limitaciones que le han sido impuestas, sus poderes, su autoridad, sus
derechos y prerrogativas. Estas no son ni contradictorias ni reducen en los
más mínimo la posición que cada una de estas instituciones ocupa. Lejos de
ser incompatibles o mutuamente destructivas, complementan entre si su
autoridad y sus funciones.
Divorciado de la institución de la Guardianía, el Orden Mundial de
Bahá'u'lláh quedaría mutilado y privado permanentemente de ese principio
hereditario que, como ha escrito 'Abdu'l-Bahá, ha sido invariablemente
sostenido por la Ley de Dios. "En todas las Dispensaciones Divinas",
afirma en una tabla dirigida a un creyente de Persia, "al hijo mayor le
fueron dadas distinciones extraordinarias. Incluso la posición de profeta
ha sido su derecho de nacimiento". Sin esta institución peligraría la
integridad de la Fe y la estabilidad de toda la estructura correría grave
peligro. Su prestigio sufriría; carecería por completo del medio requerido
para una larga e ininterrumpida perspectiva a través de una serie de
generaciones y se vería totalmente privada de la guía necesaria para definir
la esfera de la acción legislativa de sus representantes elegidos.
Sin la no menos esencial institución de la Casa Universal de Justicia,
este mismo Sistema del Testamento de 'Abdu'l-Bahá quedaría paralizado en
su acción y resultaría impotente para llenar esos espacios que el Autor del
Kitáb-i-Aqdas dejó deliberadamente en el cuerpo de Sus mandatos
administrativos y legislativos.
"Él es el Intérprete de la Palabra de Dios", asevera 'Abdu'l-Bahá,
refiriéndose a las funciones del Guardián de la Fe y usando en Su
Testamento la expresión idéntica que Él Mismo eligió cuando refutó los
argumentos de los violadores de la Alianza, quienes desafiaron Su derecho
a interpretar las Palabras de Bahá'u'lláh. "Después de él", agrega 'Abdu'l-
Bahá, "le sucederá el primogénito de sus descendientes directos". "La
poderosa fortaleza", sigue Él explicando, "permanecerá inexpugnable y
segura mediante la obediencia hacia él quien es el Guardián de la Causa
de Dios". "Incumbe a los miembros de la Casa de Justicia, a todos los
Aghsán, los Afnán, las Manos de la Causa de Dios, mostrar obediencia,
sumisión y subordinación al Guardián de la Causa de Dios".
"Incumbe a los miembros de la Casa de Justicia", declara por otro
lado Bahá'u'lláh, en la Octava Hoja del Excelso Paraíso, "tomar consejo
mutuo sobre aquellas cosa que no han sido reveladas exteriormente en el
Libro y hacer cumplir aquello en que estén conformes. En verdad, Él es
El Que Provee, el Omnisciente". "Todos deben volverse hacia el Libro
Más Sagrado" (el Kitáb-i-Aqdas) dice 'Abdu'l-Bahá en Su Testamento, "y
todo lo que no esté anotado expresamente allí debe ser referido a la Casa
Universal de Justicia. Aquello que dicho Cuerpo apruebe, ya sea por
unanimidad o por mayoría, es por cierto la verdad y el propósito de Dios
Mismo. Quienquiera que se desviase de Ello pertenece, en verdad, a
aquellos que aman la discordia, muestran maldad y se apartan del Señor
de la Alianza".
No solo confirman 'Abdu'l-Bahá en Su Testamento las Palabras de
Bahá'u'lláh arriba mencionadas, sino que confiere a este Cuerpo el derecho
y el poder adicionales de abrogar, de acuerdo con las exigencias de la
época, tanto Sus propios decretos como los de una Casa de Justicia
precedente. "Ya que la Casa de Justicia", manifiesta explícitamente en Su
Testamento, "tiene poder para promulgar leyes no anotadas
expresamente en el Libro y que se refieren a transacciones diarias, así
también tiene poder para derogarlas... Puede hacer esto, porque esas
leyes no forman parte del explícito Texto divino".
Refiriéndose tanto al Guardián como a la Casa Universal de Justicia,
leemos estas enfáticas palabras: "La sagrada y joven Rama, el Guardián
de la Causa de Dios, así como la Casa Universal de Justicia que será
universalmente elegida y establecida, se encuentran bajo el cuidado y
protección de la Belleza de Abhá, bajo el amparo de la guía infalible del
Exaltado (El Báb) (sea Mi vida ofrecida por ambos). Cualquier cosa que
Ellos deciden es de Dios".
De lo afirmado se desprenden con toda claridad y en forma evidente que
el Guardián de la Fe ha sido designado como Intérprete de la Palabra y que
la Casa Universal de Justicia ha sido investida con la función de legislar
sobre asuntos no mencionados expresamente en las Enseñanzas. La
interpretación del Guardián, funcionando en su propia esfera, tiene tanta
autoridad y obligatoriedad como los decretos de la Casa Universal de
Justicia, cuyo exclusivo derecho y prerrogativa es pronunciar y dar el fallo
final sobre aquellas leyes y ordenanzas que Bahá'u'lláh no ha revelado
expresamente. Ninguno de Ellos puede, ni podrá jamás, infringir el sagrado
y prescrito dominio del otro. Ninguno tratará de restringir la autoridad
específica e indudable con que ambas han sido divinamente investidas.
Aun cuando el Guardián de la Fe ha sido designado cabeza permanente
de tan augusto Cuerpo, él no puede, ni siquiera transitoriamente, asumir el
derecho de exclusiva legislación. Él no puede anular la decisión de la
mayoría de los miembros, pero está obligado a insistir en que reconsideren
cualquier decreto del cual él firmemente crea que entra en conflicto con el
significado de las Palabras reveladas de Bahá'u'lláh y que se aparta del
espíritu de ellas.
Él interpreta lo que ha sido explícitamente revelado y no puede legislar
excepto en sus atribuciones como miembro de la Casa Universal de
Justicia. Le está vedado el dictar independientemente la constitución que ha
de gobernar las actividades organizadas de sus miembros y de ejercer su
influencia de manera que pueda coartar la libertad de aquellos cuyo sagrado
derecho es el de elegir los que han de formar el cuerpo de sus
colaboradores.
Debe tenerse en cuenta que la institución del Guardián fue anticipada
por 'Abdu'l-Bahá, en una alusión que Él hizo antes de Su ascensión, en una
tabla dirigida a tres amigos Suyos en Persia. A la pregunta de ellos, que si
habría alguna persona a quien todos los bahá'ís estarían llamados a recurrir
después de Su ascensión, Él les contestó: "Respecto a la pregunta que Me
habéis hecho sabed que en verdad es este un bien guardado secreto. Es
igual que una joya oculta en concha. Está predestinado que ha de ser
revelado. Llegará el tiempo en que aparecerá su luz, cuando sus
evidencias serán puestas de manifiesto y sus secretos desentrañados".
Muy queridos amigos: Por más que la institución del Guardián dentro
del Orden Administrativo de Bahá'u'lláh sea exaltada en su posición y vital
en sus funciones, y por abrumador que sea el peso de la responsabilidad
que ella reviste, su importancia no debe bajo punto de vista alguno ser
acentuada sobremanera, pese al lenguaje del Testamento. Bajo ninguna
circunstancia y cualesquiera sean sus méritos y obras, debe el Guardián de
la Fe ser exaltado al rango que lo haga copartícipe con 'Abdu'l-Bahá de la
posición única ocupada por el Centro de la Alianza, y mucho menos la
posición dispuesta tan solo para la Manifestación de Dios. Tan grave
alejamiento de los establecidos principios de nuestra Fe es nada menos que
abierta blasfemia. Como he dicho ya en el curso de mis referencias a la
posición de 'Abdu'l-Bahá, grande como es la distancia que separa a Aquel
que es el Centro de la Alianza de Bahá'u'lláh, de los Guardianes, que son
sus elegidos ministros. Hay una distancia grande, mucho más grande, entre
el Guardián y el Centro de la Alianza que entre el Centro de la Alianza y
Su Autor.
Creo que es mi deber solemne dejar constancia que jamás Guardián
alguno de la Fe podrá pretender ser el perfecto Ejemplo de las Enseñanzas
de Bahá'u'lláh o el inmaculado espejo que refleja Su luz. Aunque se halla
bajo la infaltable e infalible protección de Bahá'u'lláh y de El Báb, y por
más que compartan con 'Abdu'l-Bahá el derecho y la obligación de
interpretar las Enseñanzas bahá'ís, él no deja de ser esencialmente humano,
y si quiere permanecer leal a su fideicomiso no puede, bajo pretexto
alguno, arrogarse los derechos, privilegios y prerrogativas que Bahá'u'lláh
ha elegido conferir a Su Hijo. A la luz de esta verdad, el orar al Guardián
de la Fe, dirigirse a él como amo y señor, designarlo como su santidad,
pedirle su bendición, celebrar su cumpleaños o conmemorar cualquier
hecho relacionado con su vida, equivaldría a separarse de esas establecidas
verdades que se hallan guardadas dentro de nuestra Fe. El hecho de que el
Guardián haya sido específicamente dotado con los poderes de que ha
menester para revelar el significado y las inferencias de las Palabras de
Bahá'u'lláh y de 'Abdu'l-Bahá, no le confiere necesariamente una posición
equivalente a la de Aquellos a Quienes él está llamado a servir de
intérprete. Puede ejercer ese derecho y desempeñar esta obligación y, sin
embargo, ser infinitamente inferior en rango y diferente a ambos en
naturaleza.
Las palabras y las obras del Guardián actual y de los futuros Guardianes
deberán atestiguar abundantemente la integridad de este principio cardinal
de nuestra Fe. Por su conducta y ejemplo deben necesariamente establecer
su verdad sobre una base inatacable y transmitir a las generaciones futuras
evidencias incontestables de su realidad
Por lo que a mi concierne, vacilar en reconocer verdad tan vital o
titubear en proclamar convicción tan firme, constituiría una vergonzosa
traición a la confianza en mi depositada por 'Abdu'l-Bahá y una
imperdonable usurpación de la autoridad con que Él fue investido.
Ahora, es necesario decir una palabra con respecto a la teoría sobre el
cual está basado el Orden Administrativo y al principio que debe gobernar
el funcionamiento de Sus instituciones principales. Sería extremadamente
erróneo intentar una comparación entre este Orden, único, divinamente
concebido, y cualquiera de los diversos sistemas inventados por la mente
de los hombres para el gobierno de las instituciones humanas en los varios
períodos de su historia. Semejante intento evidenciaría una completa falta
de apreciación de la excelencia de la Obra de su gran Autor. ¿Y como no
habría de ser así si recordamos que este Orden constituyen el modelo
mismo de esa divina Civilización que la omnipotente Ley de Bahá'u'lláh
está destinada a establecerse sobre la tierra? Los diversos y siempre
variante sistemas de gobierno humano, ya sea del pasado o del presente,
originarios del Este o del Oeste, no ofrecen criterio adecuado para estimar
la potencia de Sus virtudes ocultas o apreciar la solidez de Sus bases.
La Mancomunidad Bahá'í del futuro, de la cual este Orden
Administrativo constituye su sola armazón, es teórica y prácticamente no
solo única en la historia entera de las instituciones políticas, sino que no
tiene paralelo en los anales de ninguno de los reconocidos Sistemas
religiosos del mundo. Ninguna forma de gobierno democrático; ningún
sistema de autocracia o dictadura, ya sea monárquico o republicano; ningún
plan intermediario de orden puramente aristocrático; ni aun ninguno de los
reconocidos tipos de teocracias, ya sea la mancomunidad hebrea, las varias
organizaciones eclesiásticas cristianas, o el imanato o el califato en islam;
ninguno de estos puede identificarse o decirse que conforma con el Orden
Administrativo creado por la mano maestra de su perfecto Arquitecto.
Este recién nacido Orden Administrativo incorpora dentro de su
estructura ciertos elementos que se hallan dentro de cada una de las tres
reconocidas formas de gobierno secular, sin constituir de manera alguna
una mera réplica de alguna de ellas, ni introducir dentro de su mecanismo
ninguna de las características objetables que los inherentemente posean.
Como ningún gobierno establecido por mortales ha podido aun realizar,
funde y armoniza las sanas verdades que cada uno de esos sistemas
indudablemente contiene, sin viciar la integridad de aquellas Verdades
divinas en que está por último fundado.
El Orden Administrativo de la Fe de Bahá'u'lláh no puede ser
considerado desde ningún punto de vista como de carácter puramente
democrático, puesto que esta Dispensación carece de postulado básico
según el cual todas las democracias, para la obtención de su mandato,
dependen fundamentalmente del pueblo. Ha de tenerse en cuenta que en la
dirección de los asuntos administrativos de la Fe, en la sanción de la
legislación necesaria para suplementar las leyes del Kitáb-i-Aqdas, los
miembros de la Casa Universal de Justicia, como lo significan las palabras
claras de Bahá'u'lláh, no son responsables ante aquellos a quienes
representan, ni les está permitido atenerse a los sentimientos, a la opinión
general, ni aun a las convicciones de las masas de fieles o de aquellos que
los eligen directamente. En actitud de oración, deben seguir los dictados y
los impulsos de su conciencia. Ellos pueden, más bien deben, enterarse de
las condiciones prevalecientes dentro de la comunidad, pesar
desapasionadamente en sus mentes los méritos de cualquier asunto
presentado a su consideración, pero han de reservarse el derecho de dar un
fallo libre de toda influencia. "Dios, en verdad, los inspirará con lo que
fuere Su Voluntad", asegura de manera incontrovertible Bahá'u'lláh. Ellos,
pues, y no el conjunto de los que directa o indirectamente los eligen, han
sido hechos recipientes de la Guía divina, que es a la vez la sangre de vida
y la salvaguardia final de esta Revelación. Además, aquel que simboliza el
principio hereditario en esta Dispensación ha sido hecho Intérprete de las
palabras de su Autor y, por consiguiente, en virtud de la autoridad efectiva
conferida en él, cesa de ser cabeza figurativa como en los sistemas
prevalecientes de monarquías constitucionales.
Tampoco puede descartarse el Orden Administrativo bahá'í como duro y
rígido sistema de severa autocracia, o vana imitación de cualquier forma
absolutista de gobierno eclesiástico, como el Papado, el Imanato o
cualquiera otra institución similar, por la razón obvia de que el derecho de
legislar en materias no reveladas expresamente en los Escritos bahá'ís, ha
sido conferida exclusivamente a los elegidos representantes internacionales
de los seguidores de Bahá'u'lláh. Ni el Guardián de la Fe, ni ninguna
institución que no sea la Casa Universal de Justicia, puede jamás usurpar
este vital y esencial poder, o coartar ese sagrado derecho. La abolición del
sacerdocio profesional y los sacramentos que lo acompañan, bautismo,
comunión y confesión de pecados; las leyes que establecen la elección por
sufragio universal de todas las Casas de Justicia locales, nacionales e
internacionales; la ausencia completa de autoridad episcopal con sus
consiguientes privilegios, corrupciones y tendencias burocráticas, son
evidentes adicionales del carácter no-autocrático del Orden Administrativo
bahá'í y de su inclinación hacia métodos democráticos en la administración
de sus asuntos.
Tampoco debe este Orden, identificado con el nombre de Bahá'u'lláh,
ser confundido con ningún sistema de gobierno puramente aristocrático,
por el hecho de que, al sostener por un lado el principio hereditario y
confiar al Guardián de la Fe la obligación de interpretar sus enseñanzas,
provee por el otro la libre y directa elección, de entre la masa de los fieles,
del Cuerpo que constituye se más alto Órgano legislativo.
Si bien no puede decirse que este Orden Administrativo ha sido
modelado según alguno de estos reconocidos sistemas de gobierno, sin
embargo incorpora, reconcilia y asimila dentro de su estructura aquellos
sanos elementos que pueden encontrarse en cada uno de ellos. La autoridad
hereditaria que el Guardián está llamado a ejercer; las funciones vitales y
esenciales que desempeña la Casa Universal de Justicia; las provisiones
específicas que establecen su elección democrática por los representantes
de los fieles, todo demuestra la verdad de que este Orden, divinamente
revelado que jamás podrá identificarse con ninguna de las formas típicas de
gobierno a que se refiere Aristóteles en sus obras, incorpora y funde los
benéficos principios que se encuentran dentro de cada una de ellas, con las
verdades espirituales en que está basado. Estando los consabidos males
inherentes a cada uno de estos sistemas de gobierno rígido y
permanentemente excluidos de este Orden único, jamás, por más que dure
y se extiendan sus ramificaciones, podrá Él degenerar en forma alguna de
despotismo, oligarquía o demagogia, con que tarde o temprano se
corrompen los mecanismos de todas las instituciones políticas,
esencialmente defectuosas, hechas por el hombre
Muy queridos amigos: Significativos como son los orígenes de esta
poderosa Estructura administrativa, y no obstante el carácter único de sus
rasgos, los acontecimientos que puede decirse sirvieron de heraldo a su
nacimiento y señalaron la etapa inicial de su evolución, parecen ser no
menos notables. ¡Cuán sorprendente y edificante es el contraste entre el
proceso de lenta y continua consolidación que caracteriza el crecimiento de
sus nacientes fuerzas y el torrente devastador de las fuerzas de
desintegración que atacan a las consumadas instituciones tanto religiosas
como seculares de la sociedad actual!
La vitalidad que las instituciones orgánicas de este grande y siempre
creciente Orden tan poderosamente evidencia; los obstáculos que el gran
valor y la intrépida resolución de sus administradores ya han salvado; el
fuego del inagotable entusiasmo que arde con fervor constante en el
corazones de sus maestros viajeros; las alturas de sacrificio personal a que
están ahora llegando sus constructores principales; la amplitud de visión, la
confiada esperanza, el gozo creativo, la paz interior, la inexorable
integridad, la disciplina ejemplar, la inflexible unión y solidaridad que
manifiestan sus valientes defensores; el grado hasta el cual el Espíritu que
anima a este Orden se ha mostrado capaz de asimilar los diversos
elementos dentro de su esfera y de limpiarlos de toda clase de prejuicios y
amalgamarlos dentro de su estructura, son evidentes de un Poder que mal
puede permitirse ignorar una sociedad desilusionada y tristemente
atormentada.
Comparad estas espléndidas manifestaciones del espíritu que anima este
vibrante Cuerpo de la Fe de Bahá'u'lláh con los llantos de agonía, las
locuras y vanidades, las amarguras y prejuicios, la maldad y las divisiones
de un mundo enfermo y caótica. Observad el temor que atormenta a sus
líderes y paralizan la acción de sus ciegos y desordenados estadistas. ¡Cuán
feroces los odios, cuán falsas las ambiciones, cuán estrechas las finalidades,
cuán arraigadas las sospechas de sus pueblos! ¡Cuán inquietamente el
desacato a las leyes, la corrupción, la incredulidad, que están carcomiendo
los órganos vitales de una tambaleante civilización!
¿No puede acaso este proceso de continua deterioración que está
invadiendo insidiosamente tantas ramas de la actividad y del pensamiento
humanos ser considerados como elemento necesario para que se levante el
omnipotente Brazo de Bahá'u'lláh? ¿No podríamos acaso, en los tremendos
acontecimientos que han agitado tan profundamente a todos los continentes
de la tierra en el curso de los últimos veinte años2 ver los presagios signos
que proclaman simultáneamente las agonías de una civilización
desintegrándose y los dolores del nacimiento de ese Orden Mundial, esa
Arca de Salvación que debe necesariamente levantarse sobre sus ruinas?
La caída catastrófica de poderosos imperios y monarquías en el
continente europeo, alusiones a algunos de los cuales pueden hallarse en las
profecías de Bahá'u'lláh; el declinar que ha comenzado y continua, de la
suerte de la jerarquía shi'í en su propia tierra natal; la caída de la dinastía
Qájár, enemiga tradicional de la Fe de Bahá'u'lláh; el derrocamiento del
Sultanato y de Califato, columnas de apoyo del islam sunní, lo cual
presenta un sorprendente paralelo con la destrucción de Jerusalén en la
segunda parte del primer siglo de la era cristiana; la ola de secularización
que está invadiendo a las instituciones eclesiásticas musulmanas en Egipto
y minando la lealtad de sus más firmes defensores; los golpes humillantes
que han sufrido algunas de las más poderosas iglesias de la cristiandad en
Rusia, Europa Occidental y Centro América; la diseminación de esas
doctrinas subversivas que están carcomiendo las bases y derrumbando las
estructuras de las, al parecer, impregnables fortalezas de la actividad
humana dentro de las esferas políticas y sociales; los signos de una
inminente catástrofe que amenaza envolver toda la estructura de la actual
civilización, extraordinariamente reminiscentes de la caída del imperio
Romano en Occidente - todo ello es pruebe de la conmoción que el
nacimiento de este poderoso Órgano de la Religión de Bahá'u'lláh ha
puesto en el mundo - conmoción que ha de aumentar en alcance e
intensidad a medida que la significación de este Plan que está en constante
desenvolvimiento se vaya comprendiendo más y que sus ramificaciones se
extienden más ampliamente sobre la superficie del globo.
Una palabra más para terminar. El nacimiento y fundación del Orden
Administrativo - concha que abriga y guarda joya tan preciosa - constituye
el rasgo distintivo de esta, la segunda y formativa edad de la Era bahá'í. A
medida que se aleje más y más de nuestra vista llegará a ser considerado
como el principal medio capacitado para iniciar la fase final, la
consumación de esta gloriosa Dispensación.
Mientras este Sistema se halle todavía en su infancia, que nadie se haga
una concepción errónea de su carácter, juzgue a la ligera su significación o
exponga incorrectamente su finalidad. La roca firme sobre la cual este
Orden Administrativo ha sido fundado es el inmutable Designio de Dios
para la humanidad de este Día. La Fuente de donde deriva Su inspiración es
nada menos que el mismo Bahá'u'lláh. Su escudo y defensa son las Huestes
de batalla del Reino de Abhá. Su simiente la constituye la sangre de no
menos de veinte mil mártires que ofrecieron sus vidas para que pueda nacer
y florecer. El eje alrededor del cual giran sus instituciones son las
autenticas disposiciones de la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá. Los
principios que lo guían son las verdaderas expuestas tan claramente en sus
conferencias públicas a través de Occidente por Aquel que es el infalible
Intérprete de las enseñanzas de nuestra Fe. Las leyes que gobiernan su
funcionamiento y limitan sus atribuciones son las que han sido
expresamente dispuestas en el Kitáb-i-Aqdas. La Sede alrededor de la cual
estarán reunidas sus actividades espirituales, humanitarias y administrativas
son el Mashriqu'l-Adhkár y Sus Dependencias. Las columnas que sostienen
su autoridad y refuerzan su estructura son las Instituciones gemelas del
Guardián y de la Casa Universal de Justicia. El propósito central y
fundamental que lo anima es el de establecer el Nuevo Orden Mundial
esbozado por Bahá'u'lláh. Los métodos que emplea, las normas que inculca,
no lo inclinan ni al Este ni al Oeste, ni hacia los judíos ni hacia los gentiles,
ni hacia los ricos ni hacia los pobres, ni hacia los blancos, ni hacia los
negros. Su palabra de orden es la unificación de la raza humana; su
estandarte, la "Mas Grande Paz", su consumación, el advenimiento del
Milenio de Oro. El Día en que los reino de este mundo se habrán
convertido en el Reino de Dios Mismo, el Reino de Bahá'u'lláh.

SHOGHI EFFENDI
Haifa, Palestina
Febrero 8. 1934.

APÉNDICE
CARTAS DE
LA CASA UNIVERSAL DE JUSTICIA
9 de marzo de 1965
A la Asamblea Espiritual Nacional de Holanda
Queridos amigos bahá'í:
Nos alegra que ustedes hayan atraído nuestra atención hacia las
preguntas que causan perplejidad a algunos de los creyentes. Es mucho
mejor que estas preguntas se formulen libre y abiertamente en lugar de que,
sin haber sido expresadas, acongojen el corazón de los creyentes devotos.
Una vez que se han comprendido ciertos principios fundamentales de la
Revelación de Bahá'u'lláh, esas dudas se disipan fácilmente. Con esto no se
quiere decir que la Causa de Dios no contiene misterios. No hay duda de
que hay misterios, pero no son de naturaleza tal como para hacer vacilar
nuestra fe, una vez que se comprenden con claridad los principios
esenciales de la Causa y los hechos indiscutibles de una situación dada.
Las preguntas hechas por varios creyentes se dividen en tres grupos. El
primer grupo tiene por punto principal las siguientes dudas: ¿Por que se
tomaron pasos para elegir la Casa Universal de Justicia sabiendo de
antemano que no habría Guardián? ¿Era propicio el momento para
semejante acción? ¿No podía haber seguido el Consejo Internacional Bahá'í
con la tarea?
En el momento de fallecer nuestro amado Shoghi Effendi era evidente
que, dadas las circunstancias y en vista de los requisitos explícitos de los
textos Sagrados, que le había sido imposible designar a un sucesor de
acuerdo con las provisiones de la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá.
Esta situación, en la que el Guardián falleció sin haber podido designar a
un sucesor, creaba una situación oscura que no estaba contenida en el Texto
Sagrado explícito y que era necesario referir a la Casa Universal de
Justicia. Los amigos deben comprender claramente que, antes de la
elección de la Casa Universal de Justicia, no había conocimiento de que no
habría Guardián. No podía existir ningún conocimiento anticipado, no
importa cuales pudieran haber sido las opiniones de los creyentes
individualmente. Ni las Manos de la Causa de Dios, ni el Consejo
Internacional Bahá'í ni ningún otro cuerpo existente podía tomar una
decisión sobre materia de tanta autoridad para pronunciarse sobre el
particular. Esta era una de las razones urgentes para convocar la elección de
la Casa Universal de Justicia cuanto antes.
Después del fallecimiento del Guardián la administración internacional
de la Fe fue llevada a cabo por las Manos de la Causa de Dios con el
acuerdo total y completa lealtad de las Asambleas Espirituales Nacionales
y el conjunto de los creyentes. Esto estaba de acuerdo con la designación
de las Manos por el Guardián como los “Fideicomisarios Principales de la
embrionaria Mancomunidad Mundial de Bahá'u'lláh”.
Desde el primer momento de su fideicomiso de la Causa de Dios, las
Manos comprendieron que, ya que no tenia seguridad alguna de guía divina
como la que fue concedida incontrovertiblemente al Guardián y a la Casa
Universal de Justicia, la única ruta segura que podían seguir era cumplir
indefinidamente las instrucciones y política de Shoghi Effendi. En toda la
historia de las religiones no se encuentra registro un caso comparable de
autodisciplina tan estricta, de lealtad tan completa y de devoción tan
absoluta de los dirigentes de una religión que de pronto se encontraron
privados de su divinamente inspirada guía. La deuda de gratitud que debe
la humanidad por generaciones, aun mas, por edades futuras, a este puñado
de almas acongojadas, firmes y heroicas, es incalculable.
El Guardián había dado al mundo Bahá'í planes detallados y explícitos
que cubrían el período hasta Ridván 1963, el fin de la Cruzada de Diez
Años. A partir de ese momento era esencial una nueva Guía divina para no
poner en peligro a la Fe. Esta era la segunda razón urgente para convocar a
la elección de la Casa Universal de Justicia. Que el momento era el
correcto se ve confirmado además en las cartas de Shoghi Effendi, en las
cuales menciona que la Cruzada de Diez Años sería seguida por otros
Planes bajo la dirección de la Casa Universal de Justicia. Una de estas
referencias es el siguiente pasaje de una carta escrita a la Asamblea
Espiritual Nacional de la Islas Británicas, el 25 de febrero de 1951,
referente al Plan de Dos Años de esa Asamblea, el que precedió en forma
inmediata a la Cruzada de Diez Años:
"Del éxito de esta empresa, sin precedentes en su envergadura, sin par
en su carácter y de potencialidades espirituales inmensas, debe depender
la iniciación, en un período ulterior de la Edad Formativa de la Fe, de
empresas que incluyen en sus alcances a todas las Asambleas Nacionales
que funcionan a través del mundo Bahá'í, empresas que constituyen ellas
mismas un preludio al lanzamiento de proyectos mundiales que deberán
ser emprendidos, en épocas futuras de esa misma Edad, por la Casa
Universal de Justicia la que será el símbolo de la unidad de esas
Asambleas Nacionales y coordinará y unificará sus actividades",
Después de haber estado a cargo de la Causa de Dios por seis años, con
la fe absoluta en las Escrituras Sagradas, las Manos hicieron un llamado a
los amigos para que eligieran la Casa Universal de Justicia, e incluso
fueron al extremo de pedir que no se votara por ellos. El único y triste caso
de alguien que sucumbió a la tentación del poder fue el lamentable intento
de Charles Mason Remey al tratar de usurpar la Guardianía.
Las siguientes citas de una Tabla de 'Abdu'l-Bahá afirma en forma clara
y enfática los principios que los amigos ya conocen de la Voluntad y
Testamento del Maestro y de las numerosas cartas de Shoghi Effendi, y
explica las bases para la elección de la Casa Universal de Justicia. Esta
Tabla la envió a Persia el mismo amado Guardián, en los primeros años de
su ministerio, para que se la hiciera circular entre los amigos:
"...por cuanto 'Abdu'l-Bahá se encuentra en medio de una tormenta de
peligros y siente aborrecimiento sin fin por las diferencias de opinión...
Alabado sea Dios, no hay bases para diferencias.
"El Báb, el Exaltado, es la Aurora de la Verdad, el esplendor de Cuya
luz brilla en todas las regiones. Él es también el Precursor de la Más
Grande Luz, la Lumbrera de Abhá. La Bendita Belleza es Aquel
prometido por los Libros Sagrados del pasado, la revelación de la Fuente
de Luz que resplandeció sobre el Monte Sinaí, Cuyo fuego brilló en
medio de la Zarza Ardiente. Nosotros somos, todos y cada uno, siervos de
Su umbral y nos encontramos cada cual como humildes guardianes ante
Su puerta”.
"Mi propósito es este, que antes del transcurso de mil años nadie tiene
derecho a pronunciar una sola palabra, ni siquiera pretender el rango de
Guardián. El Libro Más Sagrado es el Libro a que deben referirse todos
los pueblos y en el han sido reveladas todas las Leyes de Dios. Leyes no
mencionadas en el Libro deberán se referidas a la decisión de la Casa
Universal de Justicia. No habrá bases para diferencias... Guardaos,
guardaos, no vaya a ser que alguien provoque una división o promueve la
sedición. Si hubiera diferencias de opinión, la Casa Suprema de Justicia
resolvería los problemas de inmediato. Cualquiera que sea su decisión,
por voto de mayoría, será la Verdad misma, ya que dicha Casa se
encuentra bajo la protección y Guía infalibles del Señor Único y
Verdadero. Él La protegería del error y la cobijará bajo el ala de Su
santidad e infalibilidad. Quienquiera se oponga a Ela será expulsado y
eventualmente será de los derrotados”.
"La Suprema Casa de Justicia deberá ser elegido de acuerdo con el
sistema que sigue en la elección de los parlamentos de Europa. Y cuando
los países obtengan guía, Las Casas de Justicia de los diversos países
elegirán a la Suprema Casa de Justicia”.
"En cualquier momento en que los amados de Dios en cada país
designen a sus delegados y estos a su vez elijan a sus representantes y
estos representantes elijan un Cuerpo, ese Cuerpo será considerado como
la Suprema Casa de Justicia. El establecimiento de la Casa de Justicia no
depende de la conversión de todas las naciones del mundo. Por ejemplo,
si la situación fuera favorable y no se produjeran trastornos, los amigos de
Persia elegirían sus representantes y lo mismo harían los amigos de
América, en la India y en otras regiones, y estos representantes elegirían
una Casa de Justicia. Aquella Casa de Justicia sería la Suprema Casa de
Justicia. Eso es todo".3
Los amigos deben comprender que no hay nada en los Textos que
indique que la elección de la Casa Universal de Justicia podía ser
convocada únicamente por el Guardián. Por el contrario, 'Abdu'l-Bahá
consideró la posibilidad de convocar para su elección cuando Él estaba
vivo. En una época en que el Guardián describió como "los momentos más
oscuros de Su vida (la del Maestro)", bajo el régimen de 'Abdu'l-Hamíd,
cuando estaba a punto de ser deportado a las regiones más inhóspitas del
norte de África, cuando estaba amenazado de muerte, 'Abdu'l-Bahá escribió
a Hájí Mírzá Taqí Afnán, el primo de El Báb y arquitecto principal del
Templo de Ishqábád, ordenándole que hiciera los arreglos para la elección
de la Casa Universal si llegaran a materializarse las amenazas contra el
Maestro. La segunda parte del Testamento del Maestro también guarda
relación con dicha situación y los amigos deberían estudiarlo.
La segunda serie de problemas que preocupa a algunos de los amigos se
refiere al asunto de la infalibilidad de funcionar sin la presencia del
Guardián. Ha habido dificultades especiales para comprender las
implicaciones de la siguiente afirmación del amado Guardián:
"Divorciado de la institución de la Guardianía, el Orden Mundial de
Bahá'u'lláh quedaría mutilado y privado permanentemente de ese
principio hereditario que, como ha escrito 'Abdu'l-Bahá, ha sido
invariablemente sostenido por la Ley de Dios. ‘En todas las
Dispensaciones Divinas', afirma en una Tabla dirigida a un creyente de
Persia, ‘al hijo mayor le fueron dadas distinciones extraordinarias.
Incluso la posición de Profeta ha sido su derecho de nacimiento’. Sin
esta institución peligraría la integridad de la Fe y la estabilidad de toda la
estructura correría grave peligro. Su prestigio sufriría; carecería por
completo del medio requerido para una larga e ininterrumpida perspectiva
a través de una serie de generaciones y se vería totalmente privada de la
guía necesaria para definir la esfera de la acción legislativa de sus
representantes elegidos".4
Que los amigos que desean una comprensión más clara de este texto en
el momento actual, lo consideren a la luz de los otros numerosos textos que
tratan el mismo tema, por ejemplo los siguientes párrafos seleccionados de
las cartas de Shoghi Effendi:
"Ellos también han designado, en lenguaje inequívoco y enfático, a
esas instituciones gemelas de la Casa Universal de Justicia y de la
Guardianía como Sus Sucesores elegidos, las que están destinadas a
aplicar los principios, promulgar Sus leyes, proteger las instituciones,
adaptar leal e inteligentemente la Fe a los requisitos de una sociedad que
progresa y consumar el legado incorruptible que los Fundadores de la Fe
han dejado para el mundo".5
“También cada creyente debe comprender claramente que la
institución de la Guardianía no abroga, bajo ninguna circunstancia, ni
tampoco reduce en lo más mínimo los poderes concedidos por Bahá'u'lláh
a la Casa Universal de Justicia en el Kitáb-i-Aqdas, los que fueron
repetida y solemnemente confirmados por 'Abdu'l-Bahá en Su
Testamento. No constituye bajo ninguna circunstancia una contradicción
al Testamento y Escritos de Bahá'u'lláh y tampoco anula ninguna de Sus
instrucciones reveladas. Aumenta el prestigio de aquella exaltada
Asamblea, estabiliza Su posición suprema, protege Su unidad, asegura la
continuidad de Sus esfuerzos, sin presumir, en lo más mínimo, infringir la
inviolabilidad de Su esfera de jurisdicción claramente definida. En
verdad, nos encontramos demasiado cerca de un Documento tan
monumental como para asegurar que hemos comprendido plenamente
todas Sus implicaciones o para presumir que hemos captado los múltiples
misterios que sin duda contiene".6
"De lo afirmado se desprende con toda claridad y en forma evidente
que el Guardián de la Fe ha sido designado como Intérprete de la Palabra
y que la Casa Universal de Justicia ha sido investida con la función de
legislar sobre asuntos no mencionados expresamente en las enseñanzas.
La interpretación del Guardián, funcionando en su propia esfera, tiene
tanta autoridad y obligatoriedad como los decretos de la Casa Universal
de Justicia, cuyo exclusivo derecho y prerrogativas es pronunciar y dar el
fallo final sobre aquellas leyes y ordenanzas que Bahá'u'lláh no ha
revelado expresamente. Ninguno de ellos puede, ni podrá jamás, infringir
el sagrado y prescrito dominio del otro. Ninguno tratará de restringir la
autoridad específica e indudable con que ambas han sido divinamente
investidas".7
"Cada una ejerce, dentro de las limitaciones que le han sido impuestas,
sus poderes, su autoridad, sus derechos y prerrogativas. Estas no son ni
contradictorias ni reducen en lo más mínimo la posición que cada una de
estas instituciones ocupa".8
"Aun cuando el Guardián de la Fe ha sido designado cabeza
permanente de tan augusto Cuerpo, él nunca puede, ni siquiera
transitoriamente, asumir el derecho de exclusiva legislación. Él no puede
anular la decisión de la mayoría de los miembros..."9
Por encima de todo, que estas palabras de Bahá'u'lláh infundan
confianza en los corazones de los amigos:
"La Mano de la Omnipotencia ha establecido Su Revelación sobre
cimientos inatacables y perdurables. Las tormentas de disensiones
humanas no tienen poder para mirar Sus bases, ni tampoco será
dañada Su estructura por las teorías imaginarias de los hombres".10
Y estas palabras de 'Abdu'l-Bahá:
"En verdad, Dios hace lo que Él desea. ¡Nada puede anular Su
Alianza!; ¡nada puede detener Su gracia ni oponerse a Su Causa! ¡Por
Su Voluntad Él hace lo que Le place y Él es poderoso por sobre todas
las cosas!"11
Los amigos deben comprender que, antes de legislar sobre algún asunto,
La Casa Universal de Justicia estudia cuidadosamente y en forma
exhaustiva tanto los Textos Sagrados como los escritos de Shoghi Effendi
relacionados con el tema. Las interpretaciones escritas por el amado
Guardián se refieren a gran número de materias y tienen obligatoriedad
como el Texto mismo.
Hay una diferencia profunda entre las interpretaciones del Guardián y
las elucidaciones de la Casa de Justicia en ejercicio de sus funciones de
"deliberar sobre todos los problemas que han sido causa de divergencias,
cuestiones que no están claras y asuntos que no han sido expresamente
escritas en el Libro". El Guardián revela lo que la Escritura significa; su
interpretación es una exposición de verdad que no puede ser modificada.
En palabras del Guardián, a la Casa Universal de Justicia le "ha sido
conferido el derecho exclusivo de legislar sobre materias no reveladas
expresamente en los Escritos bahá'í. Sus pronunciamientos, que son
susceptibles de ser enmendados o abrogados por la propia Casa de Justicia,
sirven para suplementar y aplicar la Ley de Dios. Aun cuando no ha sido
investida con la función de interpretar, la Casa Universal de Justicia se
encuentra en situación para hacer todo lo que sea necesario para establecer
el Orden Mundial de Bahá'u'lláh sobre la tierra. La unidad doctrinaria se
mantiene gracias a la existencia de los Textos auténticos de las Escrituras y
las voluminosas interpretaciones de 'Abdu'l-Bahá y Shoghi Effendi, junto
con la prohibición absoluta de que alguien exponga interpretaciones
"autorizadas" o "inspiradas" o que usurpe la función de Guardián. La
unidad de la administración está asegurada por la autoridad de la Casa
Universal de Justicia.
"Tal es", en palabras de Shoghi Effendi, "la inmutabilidad de Su
Palabra revelada. Tal es la elasticidad que caracteriza las funciones de
Sus ministros designados. La primera conserva la identidad de Su Fe y
preserva la integridad de Su Ley. La segunda le permite, así como un
organismo viviente, expandirse y adaptarse a las necesidades y requisitos
de una sociedad que cambia continuamente".12
Todo creyente verdadero debe, si ha de profundizar su comprensión de
la Causa de Bahá'u'lláh, necesariamente combinar una fe profunda en la
infalible eficacia de Su Mensaje y de Su Alianza, con la humildad de
reconocer que nadie puede, en esta generación, pretender haber abarcado la
vastedad de Su Causa ni de haber comprendido los múltiples misterios y
potencialidades que contiene. Las palabras de Shoghi Effendi son amplio
testimonio de este hecho:
"¡Cuán vasta es la Revelación de Bahá'u'lláh! ¡Cuán grande es la
magnitud de Sus bendiciones derramadas sobre la humanidad en este Día!
¡Y sin embargo cuán pobre e inadecuado es nuestro concepto de Su
significado y gloria! Esta generación se encuentra demasiado cerca de tan
colosal Revelación como para comprender, en toda Su magnitud, las
potencialidades infinitas de Su Fe, el carácter sin precedentes de Su
Causa y las misteriosas dispensaciones de Su Providencia".13
"En Su Voluntad y Testamento, nuestro amado Maestro nos exhortó
no sólo a que lo aceptáramos (el Nuevo Orden Mundial de Bahá'u'lláh)
sin reservas, sino también que diéramos a conocer sus méritos a todo el
mundo. Tratar de medir la totalidad de Su valor y de captar Su significado
exacto, después de un período tan corto desde Su inauguración sería una
acción prematura y presuntuosa de nuestra parte. Debemos confiar en el
tiempo y en la guía de la Casa Universal de Justicia de Dios, para lograr
una comprensión más clara y completa de Sus provisiones e
implicaciones".14
"En cuanto a la disposición y manejo de los asuntos espirituales de los
amigos, lo que es muy importante en el mundo actual en la consolidación
de las Asambleas Espirituales en cada centro, ya que sobre estas bases
fuertes e inmovibles será erigida y firmemente establecida la Suprema
Casa de Justicia de Dios en los días venideros. Una vez que este
grandioso Edificio haya sido erigido sobre cimientos tan inmóviles, el
propósito de Dios, Su sabiduría, las verdades universales, los misterios y
realidades del Reino, que la Revelación mística de Bahá'u'lláh ha
depositado en la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá, serán
gradualmente revelados y manifestados".15
Afirmaciones como las que anteceden indican que el pleno significado
de la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá así como una comprensión
de las implicaciones del Orden Mundial introducido por ese Documento
extraordinario solo pueden ser revelados gradualmente a los ojos de los
hombres y después de que se haya constituido la Casa Universal de
Justicia. Se solicita a los amigos que depositen su confianza en el tiempo y
que esperen la guía de la Casa Universal de Justicia, la que, a medida que
lo exijan las circunstancias, hará declaraciones que resolverán y aclararan
puntos oscuros.

El tercer grupo de preguntas hechas por los amigos se refiere a detalles
sobre el funcionamiento de la Casa Universal de Justicia en ausencia del
Guardián, especialmente el asunto de la expulsión de miembros de la Casa
de Justicia. Cuestiones como estas serán aclaradas en la Constitución de la
Casa de Justicia, cuya formulación es una de las metas del Plan de Nueve
Años. Entre tanto se informa a los amigos que cualquier miembro que
cometa un "pecado dañino para el bienestar general" puede ser expulsado
como miembro de la Casa Universal de Justicia por un voto de la mayoría
de la Casa misma. Si algún miembro - Dios lo prohíba - fuera culpable de
violar la Alianza, las Manos de la Causa de Dios investigarían el asunto y
el violador de la Alianza sería expulsado por decisión de las Manos de la
Causa de Dios residentes en Tierra Santa, sujeto a la aprobación de la Casa
Universal de Justicia, como en el caso de cualquier otro creyente. En tal
situación la decisión de las Manos sería anunciada al mundo Bahá'í por la
Casa Universal de Justicia.
Tenemos la seguridad de que, cuando ustedes compartan esta carta con
los amigos y cuando se les haya atraído la atención a estas citas de las
Escrituras y de los textos del Guardián, se disiparán sus dudas y
aprehensiones y podrán dedicar todas sus energías a difundir el Mensaje de
Bahá'u'lláh con serena confianza en el poder de Su Alianza para vencer
cualesquiera pruebas que una Providencia inescrutable puede hacer llover
sobre él, demostrar así su capacidad para redimir un mundo dolorido y de
enarbolar el Estandarte del Reino de Dios sobre la Tierra.
Con cariñosos saludos,
La Casa Universal de Justicia.
Pasajes de una carta escrita por la Casa Universal de Justicia el 27 de
mayo de 1966 como respuesta a preguntas hechas por un creyente sobre la
relación entre la Guardianía y la Casa Universal de Justicia.
_______________

Estimado amigo bahá'í:
...Usted pregunta acerca del tiempo en que se hizo la elección de la Casa
Universal de Justicia en vista de la afirmación del Guardián: "...dadas
circunstancias favorables en que los bahá'í de Persia y de los países vecinos
que están bajo mando soviético sean habilitados para elegir a sus
representantes nacionales... habrá sido eliminado el último obstáculo que
queda para la formación definitiva de la Casa Universal de Justicia". El 19
de abril de 1947, el Guardián, en una carta escrita en su nombre por su
secretario, respondió a la pregunta de un creyente acerca de este pasaje:
"Cuando el se refirió a Rusia, aun habían bahá'ís allí; ahora la comunidad
prácticamente ha dejado de existir; por eso, la formación de la Casa
Universal de Justicia no puede depender de una Asamblea Espiritual
Nacional de Rusia, pero será necesario que se formen otras Asambleas
Espirituales Nacionales fuertes antes de que ella pueda ser establecida".
Usted sugiere la posibilidad de que, en bien de la Causa, no se haya
dado cierta información a los creyentes concerniente a la sucesión de
Shoghi Effendi. Le aseguramos que nada, en lo absoluto, ha sido ocultado a
los amigos por ninguna razón. No hay duda de que, en la Voluntad y
Testamento de 'Abdu'l-Bahá, Shoghi Effendi era la autoridad designada
para nombrar un sucesor, pero él no tuvo hijos y todos los Aghsán
sobrevivientes habían violado la Alianza. Por lo tanto, como las Manos de
la Causa lo declararon en 1957, es claro que no había nadie a quien el
pudiera nombrar de acuerdo con las disposiciones de la Voluntad. Hacer un
nombramiento fuera de las disposiciones claras y precisas de la Voluntad y
Testamento del Maestro hubiera sido obviamente una acción imposible e
inimaginable para el Guardián, el divinamente nombrado sostenedor de la
Alianza. Además, ese mismo Testamento había provisto un medio claro
para la confirmación del nombramiento de Guardián de su sucesor, como
usted sabe. Las nueve Manos a ser elegidas por el cuerpo de las Manos
debían aprobar por voto secreto la elección hecha por el Guardián. En
1957, todo el cuerpo de las Manos, después de haber investigado
plenamente el asunto, anunció que Shoghi Effendi no había nombrado
ningún sucesor ni dejado Testamento alguno. Esto está documentado y
establecido.
El hecho de que Shoghi Effendi no dejara un testamento no puede ser
aducido como prueba de que no haya obedecido a Bahá'u'lláh; más bien,
debemos reconocer que en este silencio hay una sabiduría y un signo de Su
Guía infalible. Deberíamos reflexionar profundamente sobre los Escritos
que tenemos y tratar de entender la multitud de significados que contienen.
No olvide que Shoghi Effendi dijo que dos cosas eran necesarias para un
entendimiento creciente del Orden Mundial de Bahá'u'lláh: el transcurso
del tiempo y la guía de la Casa Universal de Justicia.
La infalibilidad de la Casa Universal de Justicia, cuando opera en la
esfera que le ha sido ordenada, no se ha hecho para que dependan de la
presencia del Guardián de la Causa entre sus miembros. Aun cuando lo que
pronuncia el Guardián en la esfera de la interpretación de Guardián,
funcionando en su propia esfera, tiene tanta autoridad y obligatoriedad
como los decretos de la Casa Universal de Justicia, cuyo exclusivo derecho
y prerrogativas es pronunciar y dar el fallo final sobre aquellas leyes y
ordenanzas que Bahá'u'lláh no ha revelado expresamente. Ninguno puede,
ni podrá jamás, infringir el sagrado y prescrito dominio del otro. Ninguno
tratará de restringir la autoridad específica e indudable con que ambos han
sido investidos divinamente.
"Aun cuando el Guardián de la Fe ha sido designado cabeza
permanente de tan augusto cuerpo, él no puede, ni siquiera
transitoriamente, asumir el derecho de exclusiva legislación. Él no puede
anular la decisión de la mayoría de los miembros, pero está obligado a
insistir en que reconsideren cualquier decreto del cual el firmemente crea
que entra en conflicto con el significado de las Palabras reveladas de
Bahá'u'lláh y que se aparta del espíritu de ellas".
Sin embargo, aparte de su función como miembro y cabeza sagrada y
vitalicia de la Casa Universal de Justicia, el Guardián, cuando se
desempeñaba dentro de su propia esfera, tenía el derecho y deber de
"definir la esfera de acción legislativa" de la Casa Universal de Justicia. En
otras palabras, tenía la autoridad de determinar si algún asunto ya había
sido tratado por los Textos Sagrados, y, por tanto, si la Casa Universal de
Justicia tenía autoridad para legislar sobre él. Ninguna otra persona sino el
Guardián tiene el derecho o autoridad de hacer tales definiciones. Por tanto,
surge la pregunta: ¿En ausencia del Guardián, está la Casa Universal de
Justicia en peligro de salir de su propia esfera y caer así en el error?
Respecto a esto, debemos recordar tres cosas: Primero; Shoghi Effendi,
durante sus 36 años de Guardianía, ya hizo innumerables definiciones,
suplementando aquellas dadas por 'Abdu'l-Bahá y por Bahá'u'lláh Mismo.
Como se ha anunciado ya a los amigos, un estudio cuidadoso de las
Escrituras e interpretaciones de cualquier materia sobre la cual la Casa
Universal de Justicia se proponga legislar siempre antecede a su proceso de
legislación. Segundo, la Casa Universal de Justicia, teniendo ella misma la
seguridad de Guía divina, está consciente de la ausencia del Guardián y
enfocará todas las materias de legislación sólo cuando se halle segura de su
esfera de jurisdicción, esfera que el Guardián ha descrito con certeza como
"claramente definida". Tercero, no debemos olvidar la decisión escrita del
Guardián acerca de estas dos Instituciones: "Ninguno puede, ni podrá
jamás, infringir el sagrado y prescrito dominio del otro".
Respecto de la necesidad de tener deducciones hechas de las Escrituras
para ayudar en la formulación de los decretos de la Casa de Justicia, existe
el siguiente texto escrito por la pluma de 'Abdu'l-Bahá:
"Aquellas materias de importancia mayor que constituyen el
fundamento de la Ley de Dios están registradas explícitamente en el
Texto, pero las leyes subsidiarias se dejan a la Casa de Justicia. La
sabiduría de esto consiste en que las condiciones nunca permanecen
iguales, pues el cambio es cualidad necesaria y atributo esencias de este
mundo, y de tiempo y lugar. Por tanto, la Casa de Justicia actuará de
acuerdo con esto.
"No vaya a pensar que la Casa de Justicia tomará cualquier
decisión de acuerdo con sus propios conceptos y opiniones. ¡Dios lo
prohíba! La Suprema Casa de Justicia tomará decisiones y establecerá
leyes por la inspiración y confirmación del Espíritu Santo, porque es
resguardada por la Antigua Belleza y está bajo Su amparo y protección;
y obediencia a sus decisiones es un deber imprescindible y esencial, y
una obligación absoluta, y no hay escapatoria para nadie.
"Di, oh pueblo: En verdad, la Suprema Casa de Justicia está bajo
las alas de vuestro Señor, el Compasivo, el Todo Misericordioso, esto es,
bajo Su protección, Su cuidado y Su amparo; pues Él ha mandando a
los creyentes firmes a obedecer a aquel bendito y santificado Cuerpo
que todo lo sojuzga, cuya soberanía es divinamente ordenada y es del
Reino del Cielo, y cuyas leyes son inspiradas y espirituales.
"Brevemente, esta es la sabiduría de referir las leyes de la sociedad a
la Casa de Justicia. Similarmente, en la religión del islam, no todas las
ordenanzas fueron reveladas explícitamente; menos aun: ni siquiera
una décima parte de una décima de ellas fue incluida en el Texto; aun
cuando se refirió a todas las materias de importancia mayor,
indudablemente hubo miles de leyes que no fueron especificadas.
Fueron ideadas por los sacerdotes de una época posterior, de acuerdo
con las leyes de jurisprudencia del islam, y sacerdotes individuales
hicieron deducciones incompatibles a partir de las ordenanzas
reveladas originalmente. Todas ellas se pusieron en vigor. Hoy día, este
proceso de deducción es el derecho del Cuerpo de la Casa de Justicia, y
las deducciones y conclusiones de individuos doctos no tienen
autoridad, a menos que estén sancionados por la Casa de Justicia. La
diferencia está precisamente en que las conclusiones y sanciones del
Cuerpo de la Casa de Justicia, cuyos miembros son elegidos por la
Comunidad Bahá'í del mundo entero y conocido de ella, no aparecerán
diferencias; en tanto que las conclusiones de teólogos y eruditos
individuales llevaría a diferencias, y tendrían como resultado el cisma,
división y dispersión. La unicidad de la Palabra sería destruida, la
unidad de la Fe desaparecería, y el edificio de la Fe de Dios sería
remecido".
En el Orden de Bahá'u'lláh hay ciertas funciones que están reservadas a
determinadas instituciones, y otras que se comparten en común, aun cuando
puedan estar más en la jurisdicción de uno o de otro. Por ejemplo, aunque
las Manos de Causa de Dios tienen las funciones específicas de protección
y propagación, y están especializadas para ejercer estas funciones, es
también deber de la Casa Universal de Justicia y las Asambleas Espirituales
proteger y enseñar la Causa - de hecho, enseñar es la obligación impuesta
por Bahá'u'lláh sobre todo creyente. Similarmente, aunque después del
Maestro la interpretación autoritativa fue conferida exclusivamente al
Guardián, y aunque la legislación es función exclusiva de la Casa Universal
de Justicia, ambas Instituciones son, según las palabras de Shoghi Effendi,
"complementarias en su objeto y propósito". "Su objetivo común y
fundamental es asegurar la continuidad de esa divinamente instituida
Autoridad que fluye de la Fuente de nuestra Fe, resguardar de unidad de
Sus seguidores y mantener la integridad y flexibilidad de Sus enseñanzas".
En tanto que la Casa Universal de Justicia no puede asumir ninguna
función que perteneció exclusivamente al Guardián, Ella debe continuar
con el propósito que comparte junto con la Guardianía.
Como usted lo indica con muchas citas, Shoghi Effendi hizo hincapié
repetidamente en la inseparabilidad de estas dos instituciones. Aun cuando
él obviamente contemplaba su funcionamiento en conjunto, no puede
deducirse lógicamente de esto que uno es incapaz de funcionar en ausencia
del otro. Durante el total de los treinta y seis a años de Guardianía, Shoghi
Effendi funcionó sin la Casa Universal de Justicia. Ahora, la Casa
Universal de Justicia debe funcionar sin el Guardián, pero el principio de
inseparabilidad permanece. La Guardianía no pierde su significado ni su
posición en el Orden de Bahá'u'lláh meramente porque no hay Guardián
viviente. Debemos cuidarnos de dos extremos: uno es argüir que porque no
hay Guardián, todo lo que ha sido escrito sobre la Guardianía, y su posición
en el Orden Mundial Bahá'í es letra muerta y no tuvo importancia; el otro
es sentirse tan abismado por el significado de la Guardianía como para
subestimar la fuerza de la Alianza, o para ser tentado a transigir con los
claros Textos con el fin de encontrar, de alguna forma, a un "Guardián".
El servicio a la Causa de Dios requiere absoluta fidelidad e integridad y
fe inconmovible en Él. Ningún bien sino solo mal puede provenir de tomar
la responsabilidad del futuro de la Causa de Dios en nuestras manos y tratar
de forzarla a tomar caminos que nosotros deseamos, sin considerar los
claros Textos y nuestras propias limitaciones. Es Su Causa. Él ha
prometido que Su luz no fallará. Lo que nos toca es aferrarnos tenazmente
a la Palabra revelada y a las Instituciones que Él ha creado para preservar
Su Alianza.
Precisamente, en conexión con esto, deben los creyentes reconocer la
importancia de la honestidad y humildad intelectuales. En Dispensaciones
pasadas surgieron muchos errores porque los creyentes en la Revelación de
Dios estaban en extremos ansiosos de encerrar el Mensaje Divino dentro
del marco de su limitado entendimiento, de definir doctrinas donde las
definiciones estaban más allá de su poder, de explicar misterios que solo la
sabiduría y la experiencia de una época posterior podría hacer
comprensibles, de argüir que algo era verdadero porque parecía ser
deseable y necesario. Tales transigencias de la verdad esencial, semejante
orgullo intelectual, debemos evitarlos escrupulosamente.
Si algunas de las declaraciones de la Casa Universal de Justicia no son
detalladas, los amigos deben darse cuenta de que la causa de esto no es
secreto, sino más bien, la determinación de este Cuerpo de abstenerse de
interpretar las Enseñanzas y preservar la verdad de la declaración del
Guardián: "Jefes religiosos, representantes de teorías políticas, gobernantes
de instituciones humanas... no deben tener duda ni ansiedad respecto de la
naturaleza, el origen o validez de las instituciones que los adherentes de la
Fe están construyendo en todo el mundo. Pues ellas están fijas en las
Enseñanzas mismas, no adulteradas ni oscurecidas por inferencias
injustificadas o interpretaciones no autorizadas de Su Palabra".
En nuestra Fe se hace clara distinción entre la interpretación autoritativa
y la interpretación o comprensión a que llega cada individuo por su propio
estudio de las Enseñanzas de ella. Mientras que lo primero está restringido
al Guardián, lo otro, según la guía que nos ha dado el Guardián mismo, no
debe en modo alguno ser suprimido. De hecho, tal interpretación individual
se considera como el fruto del poder racional del hombre y que conduce a
mejor comprensión de las Escrituras, con tal que ni surjan disputas ni
contiendas entre los amigos y que el individuo mismo comprenda y aclare
que sus puntos de vista son meramente los propios. La interpretación
individual cambia continuamente en tanto que uno comprende cada vez
más las Enseñanzas. Como escribió Shoghi Effendi: "Profundizar en la
Causa significa leer las Escritos de Bahá'u'lláh y del Maestro tan
cuidadosamente como para poder transmitirlas a otros en su forma más
pura. Hay muchos que tienen alguna idea superficial sobre lo que
representa la Causa; por tanto, ellos la presentan junto con todo tipo de
ideas propias suyas. Como la Causa aún está en sus días tempranos,
debemos se muy cuidadosos: no sea que caigamos en este error y
perjudiquemos el Movimiento que tanto adoramos. El estudio de la Causa
no tiene límite. Cuanto más leemos las Escrituras, tanto más verdades
podemos encontrar en Ellas, tanto mejor veremos que nuestras nociones
previas eran erróneas". Así, aunque las percepciones personales puedan ser
iluminadoras y provechosas, pueden también desviar. Los amigos deben,
por tanto, aprender a escuchar las opiniones de otros sin dejar que estas les
intimiden ni permitir que su fe sea remecida, y a expresar sus propios
pareceres sin imponérselos a sus amigos bahá'ís.
La Casa de Dios es orgánica: crece y se desarrolla como un ser viviente.
Continuamente ha enfrentado crisis que han dejado perplejos a los
creyentes, pero, cada vez, la Causa, impelida por el Propósito inmutable de
Dios, superó la crisis y siguió avanzando hacia alturas mayores.
Por muy grande que sea nuestra incapacidad de comprender el misterio
y lo que implica el fallecimiento de Shoghi Effendi, la fuerte Cuerda a que
todos deben aferrarse con seguridad es la Alianza. El lenguaje enfático y
vigoroso de la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá es, en este tiempo,
así como también en el tiempo de Su propio fallecimiento, la salvaguardia
de la Causa:
"Todos deben volverse hacia el Libro Más Sagrado, y todo lo que no
esté anotado expresamente allí debe ser referido a la Casa Universal de
Justicia. Aquello que dicho Cuerpo apruebe, ya sea por unanimidad o
por mayoría, es por cierto la Verdad y Propósito de Dios Mismo.
Quienquiera se desvíe de Ello pertenece, en verdad, a aquellos que
aman la discordia, muestran maldad y se apartan del Señor de la
Alianza". Y nuevamente: "Todos deben buscar guía y volverse hacia el
Centro de la Causa y la Casa de Justicia. Quienquiera se vuelva a
cualquier otro lado, en verdad, se encuentra en grave error".

La Casa Universal de Justicia, de la cual dijo el Guardián que sería
considerado por la posteridad como "el último refugio de una civilización
tambaleante" es ahora, en ausencia del Guardián, la única Institución en el
mundo guiada infaliblemente, a la cual todos deben volverse, y sobre Ella
descansa la responsabilidad de asegurar la unidad y el progreso de la Causa
de Dios de acuerdo con la Palabra revelada. Hay declaraciones del Maestro
y del Guardián que indican que la Casa Universal de Justicia, además de
ser el más Alto Cuerpo Legislativo de la Fe, es también el Cuerpo al que
todos deben volverse, y es el "ápice" del Orden Administrativo Bahá'í, al
igual que también, "el Órgano Supremo de la Mancomunidad Bahá'í. En
sus escritos, el Guardián ha especificado para la Casa de Justicia funciones
fundamentales como la formulación de Planes futuros de enseñanza para
todo el mundo, la conducción de los asuntos administrativos de la Fe y la
guía, organización y unificación de los asuntos de la Causa en todo el
mundo. Además, en Dios Pasa, el Guardián hace la siguiente declaración:
"El Kitáb-i-Aqdas… no sólo preserva para la posteridad las Leyes y
Ordenanzas básicas sobre las cuales debe descansar la estructura de Su
futuro Orden Mundial, sino que ordena, además de la función de
interpretación que confiere a Su sucesor, las instituciones necesarias que
son las únicas por las cuales la integridad y unidad de Su Fe pueden ser
resguardadas". Él también ha escrito en La Dispensación de Bahá'u'lláh
que los miembros de la Casa Universal de Justicia, "y no el cuerpo de
aquellos que directa o indirectamente los elige, han sido hechos los
receptores de la Guía divina que es a la vez la sangre vital y salvaguardia
última de esta Revelación".
Como ya lo ha comunicado la Casa Universal de Justicia, Ella no puede
legislar para hacer posible la designación de un sucesor de Shoghi Effendi,
ni tampoco puede legislar para hacer posible la designación de más Manos
de la Causa, pero debe hacer todo lo que esté en su poder para asegurar el
cumplimiento de todas las funciones que comparte con estas dos poderosas
Instituciones. Debe tomar medidas para que en el futuro se cumplan en
forma apropiada las funciones de protección y propagación, que los
Cuerpos administrativos comparten con la Guardianía y las Manos la
Causa; debe en ausencia del Guardián, recibir y desembolsar el
Huqúqu'lláh, de acuerdo con la siguiente declaración de 'Abdu'l-Bahá:
"Disponer del Huqúq, total o parcialmente, es permisible, pero esto
deberá hacerse con permiso de la autoridad de la Causa, a la que todos
deben volverse"; debe hacer prescripciones en su Constitución para
remoción de cualquier de sus miembros que cometa un pecado "que dañe el
bien común". Sobre todo, debe, con perfecta fe en Bahá'u'lláh, proclamar
Su Causa y hacer cumplir Su Ley de modo que la Más Grande Paz sea
establecida firmemente es este mundo y se efectúe la fundación del Reino
de Dios sobre la Tierra.
Con cariñosos saludos Bahá'ís
La Casa Universal de Justicia.

7 de diciembre de 1969
Querido amigo Bahá'í:
Su reciente carta, en la que usted nos expone preguntas que se les han
ocurrido a algunos de los jóvenes al estudiar La Dispensación de
Bahá'u'lláh, ha sido estudiada cuidadosamente y creemos que es
conveniente comentar el pasaje que usted menciona específicamente y otro
pasaje relacionado, de la misma obra, porque ambos tratan de la relación
entre la Guardianía y la Casa Universal de Justicia.
El primer pasaje trata del deber del Guardián de insistir en una
reconsideración por parte de los otros miembros de la Casa Universal de
Justicia de cualquier derecho del cual él cree que está en conflicto con el
significado y que se desvía del espíritu de las Sagradas Escrituras. El
segundo pasaje trata de la infalibilidad de la Casa Universal de Justicia sin
el Guardián, a saber, la afirmación de Shoghi Effendi de que "sin esta
Institución (la Guardianía)... se vería totalmente privada de la guía
necesaria para definir la esfera de la acción legislativa de sus representantes
elegidos".
Usted señala que algunos de los jóvenes se sentían perplejos porque no
sabían como acomodar el primero de estos dos pasajes con tales
afirmaciones, como la del Testamento de 'Abdu'l-Bahá que afirma que la
Casa Universal de Justicia está "libre de todo error".
Lo mismo que la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l-Bahá no contradice
de manera alguna del Kitáb-i-Aqdas", sino que, en las palabras del
Guardián, "confirma, completamente y pone en correlación las provisiones
del Aqdas", tampoco los escritos del Guardián contradicen ni la palabra
revelada ni las interpretaciones del Maestro. Al tratar de comprender las
Escrituras, por lo tanto, hay que darse cuenta ante todo de que no hay ni
puede haber en ellas ninguna verdadera contradicción, y bajo esta luz
podemos buscar con confianza la unidad de significado que contienen.
El Guardián y la Casa Universal de Justicia tienen en común ciertos
deberes y funciones; cada uno, además, opera en una esfera diferente y
distinta. Como lo explica Shoghi Effendi, "...se desprende con toda claridad
y en forma evidente que el Guardián de la Fe ha sido designado como
Intérprete de la Palabra y que la Casa Universal de Justicia ha sido
investida con la función de legislar sobre asuntos no mencionados
expresamente en las Enseñanzas. La interpretación del Guardián,
funcionando en su propia esfera, tiene tanta autoridad y obligatoriedad
como los decretos de la Casa Universal de Justicia, cuyo exclusivo derecho
y prerrogativa es pronunciar y dar el fallo final sobre aquellas leyes y
ordenanzas que Bahá'u'lláh no ha revelado expresamente". A continuación
afirma: "Ninguno de ellos puede, ni podrá jamás, infringir el sagrado y
prescrito dominio del otro. Ninguno tratará de restringir la autoridad
específica e indudable con que ambos han sido divinamente investidos". Es
imposible concebir que dos centros de autoridad, que el Maestro ha
declarado "están ambos bajo el cuidado y protección de la Belleza de Abhá,
bajo el amparo y guía infalible de Su Santidad el Exaltado", pudieran estar
en conflicto uno con el otro, por cuanto ambos son vehículos de la misma
Guía Divina.
La Casa Universal de Justicia, aparte de su función de establecer
legislación, ha sido investida con las funciones más generales de proteger y
administrar la Causa, de resolver cuestiones oscuras y de decidir sobre
materias que hayan causado diferencias. En ninguna parte se afirma que la
infalibilidad de la Casa Universal de Justicia se debe al hecho de que el
Guardián sea un miembro o esté presente en ese Cuerpo. En realidad, tanto
'Abdu'l-Bahá en Su Testamento como Shoghi Effendi en su Dispensación
de Bahá'u'lláh han afirmado explícitamente que los miembros elegidos de
la Casa Universal de Justicia, al deliberar, son los receptores de la Guía
Divina infalible. Además, el Guardián mismo en The World Order of
Bahá'u'lláh declaró: "También se debe comprender claramente por parte
de cada creyente que la institución de la Guardianía no abroga, bajo
ninguna circunstancia, ni tampoco reduce en lo más mínimo los poderes
concedidos por Bahá'u'lláh, los que fueron repetida y solemnemente
confirmados por 'Abdu'l-Bahá en Su Testamento. No constituye bajo
ninguna circunstancia una contradicción al Testamento y Escritos de
Bahá'u'lláh y tampoco anula ninguna de Sus instrucciones reveladas".
Aun cuando la responsabilidad específica del Guardián es la
interpretación de la Palabra, está investido también con todos los poderes y
prerrogativas necesarias para desempeñar su función como Guardián de la
Causa, la Cabeza y protector supremo de Ella. Él es, además, designado la
cabeza inamovible y miembro permanente del supremo Cuerpo legislativo
de la Fe. Es en su calidad de cabeza de la Casa Universal de Justicia, y de
miembro de ese Cuerpo, que el Guardián participan en el proceso
legislativo. Si el siguiente pasaje, el cual dio origen a sus preguntas, es
considerado a la luz de esta última relación, usted verá que no hay
contradicción entre él y los otros textos: "Aun cuando el Guardián de la Fe
ha sido designado cabeza permanente de tan augusto Cuerpo, él nunca
puede, ni siquiera transitoriamente, asumir el derecho de exclusiva
legislación. Él no puede anular la decisión de la mayoría de los miembros,
pero está obligado a insistir en que reconsideren cualquier decreto del cual
el firmemente crea que está en conflicto con el significado de las Palabras
reveladas de Bahá'u'lláh y que se aparte del espíritu de ellas".
Aunque el Guardián, con relación a los miembros de la Casa Universal
de Justicia, no puede anular la decisión de la mayoría, es inconcebible que
los otros miembros pasaran por alto cualquier objeción que él pondría
durante la consulta, o que aprueben legislación en contra de lo que él
declara estar en desarmonía con el espíritu de la Casa. Después de todo, es
el fallo final pronunciado por la Casa Universal de Justicia al que la
infalibilidad ha sido otorgada y no a algún punto de vista que haya sido
expresado en el curso del proceso de legislación.
Puede verse, por lo tanto, que no hay desacuerdo entre las afirmaciones
del Maestro respecto a la Guía divina infalible conferida a la Casa
Universal de Justicia y el citado pasaje de La Dispensación de
Bahá'u'lláh.
Quizás los amigos comprenderán mejor esta revelación si están
informados de los procedimientos que sigue la Casa Universal de Justicia al
legislar. En primer lugar, por supuesto, estudia con máximo cuidado los
Textos Sagrados y las interpretaciones del Guardián, así como también
considera los puntos de vista de todos los miembros. Después de
prolongada consulta, se inicia el proceso de redactar un pronunciamiento.
Durante este proceso es posible que se vuelva a considerar el asunto en
todos sus aspectos. El resultado de esta nueva consideración podría ser que
el fallo final sea substancialmente diferente de la conclusión apoyada al
principio, o posiblemente se decida no legislar en ese momento sobre la
materia. Puede apreciarse cuanta atención se prestaría a las ideas del
Guardián durante tal proceso si él estuviera vivo.
Al considerar el segundo pasaje debemos adherirnos nuevamente al
principio de que las Enseñanzas no se contradicen.
En los Escritos es evidente que se contemplaba y se refería a futuros
Guardianes, pero en ninguna parte hay promesa o garantía alguna de que la
línea de Guardianes duraría para siempre; al contrario, hay claras
indicaciones de que la línea podría ser cortada. Si embargo, a pesar de ello,
hay una reiterada insistencia en las Escrituras sobre la indestructibilidad de
la Alianza y la inmutabilidad del Propósito de Dios para este Día.
Uno de los más notables pasajes que contempla la posibilidad de tal
rompimiento en la línea de Guardianes se halla en el propio Kitáb-i-
Aqdas:
"Las dotaciones destinadas a la caridad recurren a Dios, al
Revelador de los Signos. Nadie tiene derecho de tomarlos sin la venia
del Punto del Amanecer de la Revelación. Después de Él, la decisión
corresponde a los Aghsán (Ramas), y después de ellos a la Casa de
Justicia - si entonces estuviera establecida en el mundo - para que ellos
empleen estas dotaciones en beneficio de los Sitios exaltados en esta
Causa, y en aquello que Dios, el Omnisciente, el Todopoderoso, les ha
ordenado. De otra manera, las dotaciones deben ser referidas al pueblo
de Bahá, el cual no hable sin Su venia y el cual no forme juicio a no ser
que esté conforme con aquello que Dios ha ordenado en esta Tabla, el
cual es el campeón de la victoria entre el cielo y la tierra, para que
pueda emplearlas en aquello que ha sido decretado en el Libro Sagrado
por Dios, el Poderoso, el Generoso".
El fallecimiento de Shoghi Effendi en 1957 precipitó la misma situación
prevista en este pasaje, porque la línea de las Aghsán terminó antes de que
se eligiera la Casa de Justicia. Aunque, como se ha observado, se dio
providencias para la terminación, en alguna época, de la línea de los
Aghsán, nunca debemos desestimar la enorme pérdida que ha sufrido la Fe.
El propósito de Dios para la humanidad, sin embargo, queda inalterado, y
la poderosa Alianza de Bahá'u'lláh queda inexpugnable. ¿Acaso Bahá'u'lláh
no ha declarado categóricamente: "La Mano de la Omnipotencia ha
establecido Su Revelación sobe cimientos inatacables y perdurables"?
'Abdu'l-Bahá por Su parte afirma: "En verdad, Dios hace lo que Él desea.
¡Nada puede anular Su Alianza; nada puede detener Su gracia ni
oponerse a Su Causa!"; "Todo está sujeto a la corrupción; más la
Alianza de vuestro Señor continuará compenetrándose en todas las
regiones"; "Las pruebas de cada Dispensación son en proporción directa
a la grandeza de la Causa; y como hasta ahora no se ha establecido tan
manifiesta Alianza, escrita por la Pluma Suprema, las pruebas son
correspondientemente más severas... Estas agitaciones de los violadores
no son más que la espuma del mar. Esta espuma del mar no durará y
pronto desaparecerá y desvanecerá. En cambio, el Océano de la Alianza
se agitará y bramará eternamente". Y Shoghi Effendi ha afirmado
claramente: "El lecho de roca en que está cimentado este Orden
Administrativo es el Propósito inmutable de Dios para la humanidad en
este Día". "...Esta gema inapreciable de Revelación Divina aún en su estado
embrionario, evolucionaré dentro de la concha de Su Ley, y avanzará,
integra e inalterada, hasta que abrace a la humanidad entera".
En la Fe bahá'í han sido nombrados dos Centros autorizados hacia los
cuales los creyentes deben dirigirse, pues en realidad el Intérprete de la
Palabra es una extensión de aquel Centro que es la Palabra misma. El Libro
es el registro de la expresión de Bahá'u'lláh, en tanto que el Intérprete
divinamente inspirado es el Portavoz viviente de aquel Libro; es Él y solo
Él que pude exponer autoritativamente el significado del Libro. Así, un
Centro es el Libro con Su Intérprete, y el Otro es la Casa Universal de
Justicia guiada por Dios para resolver todo lo que no esté explícitamente
revelado en el Libro. Este modelo de Centros y sus relaciones es evidente
en cada etapa en el desarrollo de la Causa. En el Kitáb-i-Aqdas Bahá'u'lláh
informa a los creyentes que, después de Su fallecimiento, deben recurrir al
Libro, y a "Aquel a Quien Dios ha señalado, Quien ha salido de esta
Antigua Raíz". En el Kitáb-i-'Ahd (el Libro de la Alianza de Bahá'u'lláh),
Él aclara que esto se refiere a 'Abdu'l-Bahá. En el Aqdas, Bahá'u'lláh
también establece la institución de la Casa Universal de Justicia, y Le
confiere la autoridad necesaria para el desempeño de sus funciones
prescritas. El Maestro, en Su Voluntad y Testamento establece en forma
explícita la Guardianía, la cual, Shoghi Effendi afirma, estuvo claramente
prevista en los versículos del Kitáb-i-Aqdas, reafirma y elucide la
autoridad de la Casa Universal de Justicia, y otra vez refiere a los creyentes
al Libro: "todos deben volverse hacia el Libro Más Sagrado, y todo lo que
no esté anotado expresamente allí debe ser referido a la Casa Universal
de Justicia", y al final mismo del Testamento Él dice: "Todos deben
buscar la guía y volverse hacia el Centro de la Causa y la Casa de
Justicia. Quienquiera se vuelva a cualquier otro lado, en verdad, se
encuentra en grave error".
Ya que la esfera de jurisdicción de la Casa Universal de Justicia en
cuestiones de legislación abarca todo lo que no esté explícitamente
revelado en el Texto Sagrado, es evidente que el Libro mismo es la
autoridad máxima y que deslinda la esfera de acción de la Casa de Justicia.
Asimismo, el Intérprete del Libro debe necesariamente tener la autoridad
para definir la esfera de la acción legislativa de los representantes elegidos
de la Casa. Los escritos del Guardián y los consejos dados por él durante
los treinta y seis años de su Guardianía, demuestran la manera en que él
ejerció esta función en relación a la Casa Universal de Justicia y a las
Asambleas Espirituales Nacionales y Locales.
Del hecho de que el Guardián tiene la autoridad de definir la esfera de
acción legislativa de la Casa Universal de Justicia no se deduce el corolario
de que sin tal guía la Casa Universal de Justicia podría ir más allá de los
limites de su señalada autoridad; semejante deducción estaría en conflicto
con todos los demás Textos referentes a su infalibilidad, y específicamente
con la clara afirmación del Guardián de que la Casa Universal de Justicia
no puede, ni jamás podrá, infringir el dominio sagrado y prescrito de la
Guardianía. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que aunque las
Asambleas Espirituales Nacionales y Locales pueden recibir guía divina si
consultan de la manera y en el espíritu señalado por 'Abdu'l-Bahá, no
participan de las garantías explícitas de infalibilidad conferidas a la Casa
Universal de Justicia. El atento estudiante de la Causa puede apreciar con
qué cuidado el Guardián guió, después del fallecimiento de 'Abdu'l-Bahá, a
estos representantes elegidos de los creyentes en la laboriosa edificación de
las Constituciones Bahá'í Locales y Nacionales.
Confiamos en que estas elucidaciones ayudarán a los amigos para lograr
una más clara comprensión de estas relaciones, pero todos debemos tener
presente que nos encontramos demasiado cerca de los comienzos del
Sistema establecido por Bahá'u'lláh como para poder comprender
cabalmente Sus potencialidades o las mutuas relaciones de Sus partes
componentes. Como lo escribiera el secretario de Shoghi Effendi, en
nombre de él, a un creyente el 25 de marzo de 1930: "El contenido del
Testamento del Maestro está mucho más allá de lo que la presente
generación pueda comprender. Requiere por lo menos un siglo de efectiva
operación antes de que los tesoros de sabiduría contenidos en el puedan ser
revelados..."
Con cariñosos saludos bahá'ís
La Casa Universal de Justicia.

Notas
1 Escrito en 1934.
1 En 1973 la Fe ha sido establecido en más de 330 países, islas y dependencias y su
literatura ha sido editada en más de 570 idiomas.
1 Escrito en 1934.
2 Escrito en 1934.
3 Tablas de 'Abdu'l-Bahá en persa y árabe, vol. III, págs. 499-501.
4 La Dispensación de Bahá'u'lláh, págs. 75-76.
5 Carta fechada 21 de Marzo de 1930, The World Order of Bahá'u'lláh, pág. 20.
6 Carta del 27 de febrero de 1929, The World Order of Bahá'u'lláh, pág. 8.
7 La Dispensación de Bahá'u'lláh, pág, 77-78.
8 La Dispensación de Bahá'u'lláh, pág, 75.
9 La Dispensación de Bahá'u'lláh, pág, 78.
10 Citado pág. 109 en The World Order of Bahá'u'lláh.
11 Tablets of 'Abdu'l-Bahá, Vol. III, pág. 598.
12 Carta fechada el 21 de marzo de 1930, The World Order of Bahá'u'lláh, pág. 23.
13 Carta fechada el 21 de marzo de 1930, The World Order of Bahá'u'lláh, pág. 24.
14 Carta del 23 de febrero de 1924, Bahá'í Administration, pág. 62.
15 Carta escrita en persa el 19 de diciembre de 1922.
Elija un segundo texto para leer en paralelo: una traducción o cualquier otro texto.