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T R A D U C C I Ó N
(de cortesía)
RIDVÁN 155
A los bahá'ís del mundo
Amadísimos amigos:
[01] Al cumplirse el punto medio del Plan de Cuatro Años, afirmamos con corazones henchidos que la comunidad mundial bahá'í está labrando nuevo terreno en lo que constituye una etapa dinámica de su evolución. El proceso de entrada en tropas, sobre el que se centran sus energías, avanza claramente.
[02] Tres hechos realzan nuestras expectativas. El primero reside en los sólidos resultados que vienen obteniéndose dondequiera que han entrado a funcionar los institutos de formación. Durante los últimos dos años decenas de miles de personas han concluido al menos un curso de instituto. Los resultados inmediatos por ellas cosechados han consistido en una fe hondamente reforzada, una identidad espiritual más consciente y un compromiso más profundo hacia el servicio bahá'í. El segundo hecho se refiere a la notable mejoría experimentada en las condiciones que afectan al establecimiento y renovación de las Asambleas Espirituales Locales. En 1997 entro en vigor la decisión de que estas instituciones se formaran únicamente el primer día de Ridván, y ello sobre todo por iniciativa de las comunidades afectadas. Si bien hubo a nivel mundial un descenso inmediato, pero no por ello inesperado, del número de Asambleas Locales, éste no ha sido muy abultado; es más, en algunos países incluso se registraron aumentos. Este efecto indica que el proceso de maduración de estas instituciones divinamente dispuestas sigue su curso. El tercer hecho se caracteriza por una confianza al enseñar que está conmoviendo a los amigos y que viene produciendo resultados magníficos en diversas regiones. Siempre ha existido gran potencial para la entrada continua e ininterrumpida de nuevos creyentes, y podemos afirmar con seguridad que la capacidad de plasmar ese potencial metódicamente se está desarrollando más que nunca con la prosecución del presente Plan.
[03] Además de estas señales de progreso, nos sentimos gratificados por la maravillosa celeridad con que los proyectos del Monte Carmelo han avanzado en cumplimiento del calendario previsto para el año que acaba de finalizar. Es ya inminente el establecimiento en mayo de tres nuevas Asambleas Nacionales -Sabah, Sarawak y Eslovaquia-, así como el restablecimiento de la Asamblea Nacional de Liberia, con lo que el número de pilares de la Casa Universal de Justicia se eleva a 179. Al contemplar los favores divinos otorgados a nuestra comunidad, reconocemos con honda gratitud la constancia de los servicios que están prestando las Manos de la Causa de Dios, el Centro Internacional de Enseñanza, y los Consejeros y sus auxiliares de todos los continentes. La creciente fortaleza de las Asambleas Espirituales Nacionales reafirma nuestra certeza en la inminencia de rotundas victorias.
[04] A la saludable panorámica que ofrecen las perspectivas de la comunidad se contrapone el confuso telón de fondo de un mundo en pugna consigo mismo. Y, sin embargo, entre la extendida desolación en que se halla el espíritu humano, se hace patente que a cierto nivel de conciencia cobra intensidad entre los pueblos del mundo una sensación de movimiento irresistible hacia la unidad y la paz globales. Esta sensación se refuerza conforme las barreras físicas que se interponen entre los pueblos se ven virtualmente eliminadas gracias a los avances espectaculares de la ciencia y tecnología. Ello no obstante, todo un catálogo entremezclado de acontecimientos y tribulaciones que forjan y conmocionan al mundo mantienen a la humanidad a un tiempo aturdida y deslumbrada. La tormenta y el tráfago que azotan el tejido social son incomprensibles para todos excepto para los relativamente escasos habitantes del planeta que reconocen el propósito de Dios para este Día.
[05] Nuestros congéneres se hallan por todo el mundo sometidos insensiblemente y a un mismo tiempo a emociones enfrentadas, producto de la operación continua de los procesos simultáneos de "auge y caída, de integración y desintegración, de orden y caos". Son estos aspectos que Shoghi Effendi identificó como facetas del Plan Mayor y Plan Menor de Dios, las dos formas conocidas con que avanza Su propósito para la humanidad. El Plan Mayor se relaciona con las turbulencias y calamidades, y avanza aparentemente con desorden y al azar, si bien, de hecho, conduce inexorablemente a la humanidad hacia la unidad y la madurez. Sus agentes lo constituyen principalmente personas que ignoran su curso o que incluso se demuestran enemigas de sus fines. Tal como Shoghi Effendi señaló, el Plan Mayor de Dios utiliza "a los poderosos y a los humildes como peones en Su juego reformador del mundo, con las miras puestas en el cumplimiento de Su propósito inmediato y en el establecimiento de Su Reino sobre la tierra". La aceleración de los procesos que ello genera da fuerzas a acontecimientos que, a pesar del dolor inicial y angustias que les son atribuibles, nosotros los bahá'ís los percibimos como signos del surgimiento de la Paz Menor.
[06] A diferencia de Su Plan Mayor, el cual actúa misteriosamente, el Plan Menor de Dios está claramente delineado, opera de acuerdo con procesos ordenados y bien conocidos, siéndonos dado a nosotros el ejecutarlo. Su meta última es la Más Grande Paz. La campaña de cuatro años, a cuyo punto medio hemos llegado, constituye la etapa presente del Plan Menor. Todos nosotros debemos dedicar nuestra atención y energías al logro de su cometido.
[07] Quizá a veces parezca que la actuación del Plan Mayor provoca perturbaciones en el Plan Menor; pero los amigos tienen todos los motivos para no desfallecer. Pues ellos reconocen la fuente de estas turbulencias intermitentes que intervienen en el mundo y, en palabras de nuestro Guardián, "admiten su necesidad, observan con confianza sus misteriosos procesos, oran con fervor para que se mitigue su severidad, trabajan inteligentemente para apaciguar su furia, y prevén con nítida visión la consumación de los miedos y esperanzas que necesariamente debe engendrar".
[08] Incluso un somero repaso al escenario mundial de estos últimos años no puede por menos de conducirnos a observaciones repletas de especial significado para el observador bahá'í. Para empezar, entre el estruendo de una sociedad trastornada cabe discernir una tendencia inconfundible hacia la Paz Menor. Una vislumbre intrigante de ello es la que suministra el mayor grado de intervención de Naciones Unidas, respaldada por gobiernos poderosos, en respuesta a inveterados y urgentes problemas mundiales; otro atisbo lo proporciona el reconocimiento espectacular que los dirigentes del mundo han tendido hace tan solo escasos meses a cuanto comporta la interconexión de todas las naciones en materia de comercio y finanzas (circunstancia que Shoghi Effendi previó como uno de los aspectos esenciales de un mundo orgánicamente integrado). Ahora bien, mayor repercusión para la comunidad bahá'í entraña el hecho de que un número masivo de personas ande en búsqueda de la verdad espiritual. Varios estudios de aparición reciente han centrado su atención en este fenómeno. Las ideologías que dominaron gran parte de este siglo han quedado agotadas; con su desvanecimiento en estos años finiseculares crece ahora un hambre de sentido, un anhelo del alma.
[09] Esta hambre espiritual se caracteriza por un desasosiego, una insatisfacción en alza frente al estado moral de la sociedad; se vuelve también evidente en el resurgir del fundamentalismo entre diversas sectas religiosas, así como en la multiplicación de los nuevos movimientos que se hacen pasar por religiones o que aspiran a ocupar el puesto de la religión. En estas observaciones puede apreciarse la interacción entre los dos procesos divinamente impulsados que operan sobre el planeta. Las múltiples oportunidades que por ello providencialmente se nos ofrecen para entregar el mensaje de Bahá'u'lláh a las almas buscadoras crean una situación dinámica para el maestro bahá'í. Las repercusiones que ello entraña para las labores en curso son inmensamente alentadoras.
[10] Nuestras esperanzas, nuestras metas, nuestras posibilidades de adelanto pueden realizarse todas mediante la concentración de nuestros empeños en el propósito principal del Plan Divino en su etapa presente; esto es: efectuar un avance significativo en el proceso de entrada en tropas. Cabe enfrentarse a este desafío mediante esfuerzos persistentes y proseguidos con paciencia. La entrada en tropas es una posibilidad situada perfectamente al alcance de nuestra comunidad. Una fe infatigable, la oración, los impulsos del alma, el divino socorro, estos son algunos de los elementos esenciales para el progreso de cualquier empresa bahá'í. Ahora bien, asimismo es de vital importancia para la plasmación de la entrada en tropas que se dé un enfoque realista, una acción sistemática. Atajos no hay. La sistematización comporta la congruencia de las líneas de acción basadas en planes bien concebidos. En sentido general, conlleva un orden en la manera de enfocar todo cuanto atañe al servicio bahá'í, ya sea en la enseñanza o en la administración, en el esfuerzo personal o en el colectivo. Al tiempo que permite la espontaneidad e iniciativa personal, sugiere la necesidad de mantener la mente clara y de mostrarse metódicos, eficientes, constantes, equilibrados y armonizados. La sistematización es un modo necesario de funcionamiento animado por la urgencia de actuar.
[11] A fin de asegurar la evolución ordenada de la comunidad, una de las funciones de las instituciones bahá'ís consiste en organizar y mantener un proceso de desarrollo de recursos humanos mediante el cual los bahá'ís, nuevos y veteranos por igual, puedan adquirir el conocimiento y la capacidad de dar sostén a la expansión y consolidación continuas de la comunidad. El establecimiento de institutos de formación es clave en tales esfuerzos, puesto que son centros gracias a los cuales gran número de personas pueden adquirir y mejorar su capacidad de enseñar y administrar la Fe. Su existencia subraya la importancia del conocimiento de la Fe como fuente de poder con que potenciar la vida de la comunidad bahá'í y de las personas que la componen.
[12] Los datos que barajamos confirman que el Plan de Cuatro Años resulta efectivo allá donde el enfoque sistemático es comprendido y aplicado. Estos mismos datos demuestran que las instituciones de la Fe, en sus esfuerzos de colaboración en los niveles nacional, regional y local, claramente han estado ajustándose a esta inteligencia. Sin embargo, a nivel personal, dicha inteligencia parece ser menos clara por lo que respecta a los creyentes, sobre quienes en última instancia descansa el éxito del plan. Por esta razón, debemos hacer hincapié ante nuestros correligionarios sobre la importancia que en sus esfuerzos personales reúne este requisito para el éxito en la enseñanza y otras empresas.
[13] Llevado al terreno de los programas y proyectos de las instituciones nacionales y locales, el Plan proporciona -entre otras cosas- orientación, identifica metas, estimula el esfuerzo, proporciona una variedad de instalaciones y recursos materiales necesarios para la mejora del trabajo de maestros y administradores. Por supuesto, todo ello es preciso para el funcionamiento adecuado de la comunidad, pero carece de utilidad a menos que sus componentes, las personas, respondan mediante una participación activa. En respuesta a ello, cada persona debe asimismo tomar una decisión consciente sobre que es lo que va a hacer para servir al Plan, y sobre el cómo, dónde y cuándo. Esta decisión capacita a la persona para comprobar el progreso de sus actos y, caso de ser necesario, modificar los pasos que viene dando. Acostumbrarse a este procedimiento de esfuerzos sistemáticos realiza y llena de sentido la vida de todo bahá'í.
[14] Pero aún más allá de la necesidad de responder a la llamada de las instituciones, cada creyente ha recibido el encargo de Bahá'u'lláh mismo de enseñar Su Causa, hecho descrito por Él como la "más meritoria de todas las obras". Por tanto tiempo como existan almas necesitadas de iluminación, dicho deber sagrado ha de constituir a buen seguro la ocupación constante de cada creyente. La persona responde directamente ante Bahá'u'lláh por su cumplimiento. Shoghi Effendi aconseja: "Que no aguarde él a ninguna indicación o espere ningún estimulo especial de los representantes elegidos de su comunidad, ni le disuada de ello cualesquiera obstáculos que sus parientes o conciudadanos se sientan inclinados a interponer a su paso, ni preste atención a la censura de sus críticos o de sus enemigos". Los escritos de las Figuras Centrales y de nuestro Guardián están repletos de consejos y exhortaciones relativos al cometido irreemplazable de cada creyente en el avance de la Causa. Por tanto, es inevitable que en este preciso momento de la vida del conjunto de la humanidad nos sintamos impulsados a apelar directamente a cada miembro de nuestra comunidad a ponderar la situación urgente a que nos enfrentamos todos como ayudantes de la Belleza de Abhá.
[15] Nuestro destino, queridos hermanos y hermanas, consiste en participar conscientemente en un vasto proceso histórico cuyo igual nunca ha sido experimentado antes por ningún pueblo. Como comunidad global, hemos conseguido hasta la fecha un éxito singular y magnifico al constituirnos en representantes del espectro completo de toda la raza humana gracias a la inestimable inversión de vida, esfuerzos y hacienda voluntariamente realizada por miles de nuestros antepasados espirituales. No existe otro conjunto de seres humanos que pueda reclamar para sí el logro de haber erigido un sistema con la capacidad demostrada de unir a todos los hijos de Dios en un Orden Mundial global. Este logro nos coloca no sólo en una posición de fuerza incomparable, sino de forma especial también de responsabilidad ineludible. ¿Acaso no significa esto que cada uno de nosotros tiene una obligación divina que cumplir, un deber sagrado que colmar hacia todo aquel que no esté consciente todavía de la llamada de la más reciente Manifestación de Dios? El tiempo no se detiene, no espera. Con cada hora que pasa, una nueva ficción se abate sobre una humanidad desencaminada. ¡Cómo atrevernos a demorarnos!
[16] En dos cortos años el Plan de Cuatro Años tocará a su fin, justamente algunos meses antes del cierre de un siglo inolvidable. Sobre nosotros se avecina, pues, un encuentro doble con el destino. Al alabar el potencial sin precedentes del siglo XX, el amado Maestro aseguró que sus huellas perdurarían por siempre. Dominada por tal visión, la conciencia despierta del creyente en la Bendita Belleza indudablemente debe sentirse agitada por preguntas inquietas relacionadas con el papel que él o ella va a desempeñar en estos escasos años fugaces; o sobre si, al final de este período seminal, habrá dejado su impronta entre las huellas duraderas que la mente del Maestro percibió. Para dar una respuesta que satisfaga al alma, una cosa ante todo resulta necesaria: actuar, actuar ahora y continuar actuando.
[17] Vaya a beneficio de todos nosotros nuestra sentida súplica ante el Sagrado Umbral, para que podamos ser auxiliados divinamente y confirmados con abundancia en todo cuanto sea que obremos a fin de cumplir el urgente objetivo del Plan Divino en tan presagiosa hora de la historia humana.
[Firmado: La Casa Universal de Justicia]
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Mensaje de Ridván 155 4
(de cortesía)
RIDVÁN 155
A los bahá'ís del mundo
Amadísimos amigos:
[01] Al cumplirse el punto medio del Plan de Cuatro Años, afirmamos con corazones henchidos que la comunidad mundial bahá'í está labrando nuevo terreno en lo que constituye una etapa dinámica de su evolución. El proceso de entrada en tropas, sobre el que se centran sus energías, avanza claramente.
[02] Tres hechos realzan nuestras expectativas. El primero reside en los sólidos resultados que vienen obteniéndose dondequiera que han entrado a funcionar los institutos de formación. Durante los últimos dos años decenas de miles de personas han concluido al menos un curso de instituto. Los resultados inmediatos por ellas cosechados han consistido en una fe hondamente reforzada, una identidad espiritual más consciente y un compromiso más profundo hacia el servicio bahá'í. El segundo hecho se refiere a la notable mejoría experimentada en las condiciones que afectan al establecimiento y renovación de las Asambleas Espirituales Locales. En 1997 entro en vigor la decisión de que estas instituciones se formaran únicamente el primer día de Ridván, y ello sobre todo por iniciativa de las comunidades afectadas. Si bien hubo a nivel mundial un descenso inmediato, pero no por ello inesperado, del número de Asambleas Locales, éste no ha sido muy abultado; es más, en algunos países incluso se registraron aumentos. Este efecto indica que el proceso de maduración de estas instituciones divinamente dispuestas sigue su curso. El tercer hecho se caracteriza por una confianza al enseñar que está conmoviendo a los amigos y que viene produciendo resultados magníficos en diversas regiones. Siempre ha existido gran potencial para la entrada continua e ininterrumpida de nuevos creyentes, y podemos afirmar con seguridad que la capacidad de plasmar ese potencial metódicamente se está desarrollando más que nunca con la prosecución del presente Plan.
[03] Además de estas señales de progreso, nos sentimos gratificados por la maravillosa celeridad con que los proyectos del Monte Carmelo han avanzado en cumplimiento del calendario previsto para el año que acaba de finalizar. Es ya inminente el establecimiento en mayo de tres nuevas Asambleas Nacionales -Sabah, Sarawak y Eslovaquia-, así como el restablecimiento de la Asamblea Nacional de Liberia, con lo que el número de pilares de la Casa Universal de Justicia se eleva a 179. Al contemplar los favores divinos otorgados a nuestra comunidad, reconocemos con honda gratitud la constancia de los servicios que están prestando las Manos de la Causa de Dios, el Centro Internacional de Enseñanza, y los Consejeros y sus auxiliares de todos los continentes. La creciente fortaleza de las Asambleas Espirituales Nacionales reafirma nuestra certeza en la inminencia de rotundas victorias.
[04] A la saludable panorámica que ofrecen las perspectivas de la comunidad se contrapone el confuso telón de fondo de un mundo en pugna consigo mismo. Y, sin embargo, entre la extendida desolación en que se halla el espíritu humano, se hace patente que a cierto nivel de conciencia cobra intensidad entre los pueblos del mundo una sensación de movimiento irresistible hacia la unidad y la paz globales. Esta sensación se refuerza conforme las barreras físicas que se interponen entre los pueblos se ven virtualmente eliminadas gracias a los avances espectaculares de la ciencia y tecnología. Ello no obstante, todo un catálogo entremezclado de acontecimientos y tribulaciones que forjan y conmocionan al mundo mantienen a la humanidad a un tiempo aturdida y deslumbrada. La tormenta y el tráfago que azotan el tejido social son incomprensibles para todos excepto para los relativamente escasos habitantes del planeta que reconocen el propósito de Dios para este Día.
[05] Nuestros congéneres se hallan por todo el mundo sometidos insensiblemente y a un mismo tiempo a emociones enfrentadas, producto de la operación continua de los procesos simultáneos de "auge y caída, de integración y desintegración, de orden y caos". Son estos aspectos que Shoghi Effendi identificó como facetas del Plan Mayor y Plan Menor de Dios, las dos formas conocidas con que avanza Su propósito para la humanidad. El Plan Mayor se relaciona con las turbulencias y calamidades, y avanza aparentemente con desorden y al azar, si bien, de hecho, conduce inexorablemente a la humanidad hacia la unidad y la madurez. Sus agentes lo constituyen principalmente personas que ignoran su curso o que incluso se demuestran enemigas de sus fines. Tal como Shoghi Effendi señaló, el Plan Mayor de Dios utiliza "a los poderosos y a los humildes como peones en Su juego reformador del mundo, con las miras puestas en el cumplimiento de Su propósito inmediato y en el establecimiento de Su Reino sobre la tierra". La aceleración de los procesos que ello genera da fuerzas a acontecimientos que, a pesar del dolor inicial y angustias que les son atribuibles, nosotros los bahá'ís los percibimos como signos del surgimiento de la Paz Menor.
[06] A diferencia de Su Plan Mayor, el cual actúa misteriosamente, el Plan Menor de Dios está claramente delineado, opera de acuerdo con procesos ordenados y bien conocidos, siéndonos dado a nosotros el ejecutarlo. Su meta última es la Más Grande Paz. La campaña de cuatro años, a cuyo punto medio hemos llegado, constituye la etapa presente del Plan Menor. Todos nosotros debemos dedicar nuestra atención y energías al logro de su cometido.
[07] Quizá a veces parezca que la actuación del Plan Mayor provoca perturbaciones en el Plan Menor; pero los amigos tienen todos los motivos para no desfallecer. Pues ellos reconocen la fuente de estas turbulencias intermitentes que intervienen en el mundo y, en palabras de nuestro Guardián, "admiten su necesidad, observan con confianza sus misteriosos procesos, oran con fervor para que se mitigue su severidad, trabajan inteligentemente para apaciguar su furia, y prevén con nítida visión la consumación de los miedos y esperanzas que necesariamente debe engendrar".
[08] Incluso un somero repaso al escenario mundial de estos últimos años no puede por menos de conducirnos a observaciones repletas de especial significado para el observador bahá'í. Para empezar, entre el estruendo de una sociedad trastornada cabe discernir una tendencia inconfundible hacia la Paz Menor. Una vislumbre intrigante de ello es la que suministra el mayor grado de intervención de Naciones Unidas, respaldada por gobiernos poderosos, en respuesta a inveterados y urgentes problemas mundiales; otro atisbo lo proporciona el reconocimiento espectacular que los dirigentes del mundo han tendido hace tan solo escasos meses a cuanto comporta la interconexión de todas las naciones en materia de comercio y finanzas (circunstancia que Shoghi Effendi previó como uno de los aspectos esenciales de un mundo orgánicamente integrado). Ahora bien, mayor repercusión para la comunidad bahá'í entraña el hecho de que un número masivo de personas ande en búsqueda de la verdad espiritual. Varios estudios de aparición reciente han centrado su atención en este fenómeno. Las ideologías que dominaron gran parte de este siglo han quedado agotadas; con su desvanecimiento en estos años finiseculares crece ahora un hambre de sentido, un anhelo del alma.
[09] Esta hambre espiritual se caracteriza por un desasosiego, una insatisfacción en alza frente al estado moral de la sociedad; se vuelve también evidente en el resurgir del fundamentalismo entre diversas sectas religiosas, así como en la multiplicación de los nuevos movimientos que se hacen pasar por religiones o que aspiran a ocupar el puesto de la religión. En estas observaciones puede apreciarse la interacción entre los dos procesos divinamente impulsados que operan sobre el planeta. Las múltiples oportunidades que por ello providencialmente se nos ofrecen para entregar el mensaje de Bahá'u'lláh a las almas buscadoras crean una situación dinámica para el maestro bahá'í. Las repercusiones que ello entraña para las labores en curso son inmensamente alentadoras.
[10] Nuestras esperanzas, nuestras metas, nuestras posibilidades de adelanto pueden realizarse todas mediante la concentración de nuestros empeños en el propósito principal del Plan Divino en su etapa presente; esto es: efectuar un avance significativo en el proceso de entrada en tropas. Cabe enfrentarse a este desafío mediante esfuerzos persistentes y proseguidos con paciencia. La entrada en tropas es una posibilidad situada perfectamente al alcance de nuestra comunidad. Una fe infatigable, la oración, los impulsos del alma, el divino socorro, estos son algunos de los elementos esenciales para el progreso de cualquier empresa bahá'í. Ahora bien, asimismo es de vital importancia para la plasmación de la entrada en tropas que se dé un enfoque realista, una acción sistemática. Atajos no hay. La sistematización comporta la congruencia de las líneas de acción basadas en planes bien concebidos. En sentido general, conlleva un orden en la manera de enfocar todo cuanto atañe al servicio bahá'í, ya sea en la enseñanza o en la administración, en el esfuerzo personal o en el colectivo. Al tiempo que permite la espontaneidad e iniciativa personal, sugiere la necesidad de mantener la mente clara y de mostrarse metódicos, eficientes, constantes, equilibrados y armonizados. La sistematización es un modo necesario de funcionamiento animado por la urgencia de actuar.
[11] A fin de asegurar la evolución ordenada de la comunidad, una de las funciones de las instituciones bahá'ís consiste en organizar y mantener un proceso de desarrollo de recursos humanos mediante el cual los bahá'ís, nuevos y veteranos por igual, puedan adquirir el conocimiento y la capacidad de dar sostén a la expansión y consolidación continuas de la comunidad. El establecimiento de institutos de formación es clave en tales esfuerzos, puesto que son centros gracias a los cuales gran número de personas pueden adquirir y mejorar su capacidad de enseñar y administrar la Fe. Su existencia subraya la importancia del conocimiento de la Fe como fuente de poder con que potenciar la vida de la comunidad bahá'í y de las personas que la componen.
[12] Los datos que barajamos confirman que el Plan de Cuatro Años resulta efectivo allá donde el enfoque sistemático es comprendido y aplicado. Estos mismos datos demuestran que las instituciones de la Fe, en sus esfuerzos de colaboración en los niveles nacional, regional y local, claramente han estado ajustándose a esta inteligencia. Sin embargo, a nivel personal, dicha inteligencia parece ser menos clara por lo que respecta a los creyentes, sobre quienes en última instancia descansa el éxito del plan. Por esta razón, debemos hacer hincapié ante nuestros correligionarios sobre la importancia que en sus esfuerzos personales reúne este requisito para el éxito en la enseñanza y otras empresas.
[13] Llevado al terreno de los programas y proyectos de las instituciones nacionales y locales, el Plan proporciona -entre otras cosas- orientación, identifica metas, estimula el esfuerzo, proporciona una variedad de instalaciones y recursos materiales necesarios para la mejora del trabajo de maestros y administradores. Por supuesto, todo ello es preciso para el funcionamiento adecuado de la comunidad, pero carece de utilidad a menos que sus componentes, las personas, respondan mediante una participación activa. En respuesta a ello, cada persona debe asimismo tomar una decisión consciente sobre que es lo que va a hacer para servir al Plan, y sobre el cómo, dónde y cuándo. Esta decisión capacita a la persona para comprobar el progreso de sus actos y, caso de ser necesario, modificar los pasos que viene dando. Acostumbrarse a este procedimiento de esfuerzos sistemáticos realiza y llena de sentido la vida de todo bahá'í.
[14] Pero aún más allá de la necesidad de responder a la llamada de las instituciones, cada creyente ha recibido el encargo de Bahá'u'lláh mismo de enseñar Su Causa, hecho descrito por Él como la "más meritoria de todas las obras". Por tanto tiempo como existan almas necesitadas de iluminación, dicho deber sagrado ha de constituir a buen seguro la ocupación constante de cada creyente. La persona responde directamente ante Bahá'u'lláh por su cumplimiento. Shoghi Effendi aconseja: "Que no aguarde él a ninguna indicación o espere ningún estimulo especial de los representantes elegidos de su comunidad, ni le disuada de ello cualesquiera obstáculos que sus parientes o conciudadanos se sientan inclinados a interponer a su paso, ni preste atención a la censura de sus críticos o de sus enemigos". Los escritos de las Figuras Centrales y de nuestro Guardián están repletos de consejos y exhortaciones relativos al cometido irreemplazable de cada creyente en el avance de la Causa. Por tanto, es inevitable que en este preciso momento de la vida del conjunto de la humanidad nos sintamos impulsados a apelar directamente a cada miembro de nuestra comunidad a ponderar la situación urgente a que nos enfrentamos todos como ayudantes de la Belleza de Abhá.
[15] Nuestro destino, queridos hermanos y hermanas, consiste en participar conscientemente en un vasto proceso histórico cuyo igual nunca ha sido experimentado antes por ningún pueblo. Como comunidad global, hemos conseguido hasta la fecha un éxito singular y magnifico al constituirnos en representantes del espectro completo de toda la raza humana gracias a la inestimable inversión de vida, esfuerzos y hacienda voluntariamente realizada por miles de nuestros antepasados espirituales. No existe otro conjunto de seres humanos que pueda reclamar para sí el logro de haber erigido un sistema con la capacidad demostrada de unir a todos los hijos de Dios en un Orden Mundial global. Este logro nos coloca no sólo en una posición de fuerza incomparable, sino de forma especial también de responsabilidad ineludible. ¿Acaso no significa esto que cada uno de nosotros tiene una obligación divina que cumplir, un deber sagrado que colmar hacia todo aquel que no esté consciente todavía de la llamada de la más reciente Manifestación de Dios? El tiempo no se detiene, no espera. Con cada hora que pasa, una nueva ficción se abate sobre una humanidad desencaminada. ¡Cómo atrevernos a demorarnos!
[16] En dos cortos años el Plan de Cuatro Años tocará a su fin, justamente algunos meses antes del cierre de un siglo inolvidable. Sobre nosotros se avecina, pues, un encuentro doble con el destino. Al alabar el potencial sin precedentes del siglo XX, el amado Maestro aseguró que sus huellas perdurarían por siempre. Dominada por tal visión, la conciencia despierta del creyente en la Bendita Belleza indudablemente debe sentirse agitada por preguntas inquietas relacionadas con el papel que él o ella va a desempeñar en estos escasos años fugaces; o sobre si, al final de este período seminal, habrá dejado su impronta entre las huellas duraderas que la mente del Maestro percibió. Para dar una respuesta que satisfaga al alma, una cosa ante todo resulta necesaria: actuar, actuar ahora y continuar actuando.
[17] Vaya a beneficio de todos nosotros nuestra sentida súplica ante el Sagrado Umbral, para que podamos ser auxiliados divinamente y confirmados con abundancia en todo cuanto sea que obremos a fin de cumplir el urgente objetivo del Plan Divino en tan presagiosa hora de la historia humana.
[Firmado: La Casa Universal de Justicia]
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Mensaje de Ridván 155 4
Riḍván-Botschaft 1998 á Das Universale Haus der Gerechtigkeit á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 1.01-Online (1998)
Das Universale Haus der Gerechtigkeit
Bahá’í-Weltzentrum
Ridván 155
An die Bahá’í der Welt
Innig geliebte Freunde!
Freudigen Herzens bestätigen wir zu dieser Halbzeit des Vier-Jahres-Planes, daß die
weltweite Bahá’í-Gemeinschaft in dieser dynamischen Etappe ihrer Entwicklung dabei ist,
neue Wege zu bahnen. Der Prozeß des Beitritts in Scharen, auf den sich ihre Energien
konzentrieren, macht deutliche Fortschritte.
Drei Entwicklungen geben unseren Erwartungen Zuversicht. Die eine besteht in den soliden
Ergebnissen, die überall dort, wo Bahá’í-Institute arbeiten, hervorgerufen werden.
Zehntausende Freunde haben während der letzten zwei Jahre wenigstens einen Institutskurs
abgeschlossen. Die unmittelbaren Auswirkungen auf sie waren ein deutlich gefestigter
Glaube, ein größeres Bewußtsein ihrer geistigen Identität und ein stärkeres Engagement im
Dienst an der Bahá’í-Sache. Die zweite betrifft eine bemerkenswerte Verbesserung der
Bedingungen bei der Bildung und Wiederbildung von örtlichen Geistigen Räten. 1997 wurde
die Entscheidung wirksam, diese Institutionen nur noch am ersten Ridván-Tag und
hauptsächlich auf Initiative der Gemeinde selbst zu bilden. Obgleich die Zahl der örtlichen
Räte weltweit daraufhin abnahm, was nicht unerwartet war, blieb doch der Rückgang gering,
in einigen Ländern wurde sogar eine Zunahme verzeichnet. Dieses Ergebnis deutet darauf hin,
daß der Reifeprozeß dieser göttlich verordneten Institutionen in den richtigen Bahnen
verläuft. Die dritte Entwicklung besteht darin, daß ein neues Vertrauen in die Lehrarbeit die
Freunde beseelt, was in verschiedenen Gegenden beeindruckende Ergebnisse zeitigt. Das
Potential für einen stetigen und ständig zunehmenden Zustrom von neuen Gläubigen war
immer vorhanden, und wir können vertrauensvoll sagen, daß die Fähigkeit es zu
verwirklichen mit der Umsetzung des gegenwärtigen Planes mehr denn je methodisch
entwickelt wird.
Zusätzlich zu diesen Zeichen des Fortschritts freuen wir uns über die bewundernswerte
Geschwindigkeit, mit der die Bauprojekte am Berge Karmel vorangeschritten sind, um den
für das gerade vergangene Jahr gesteckten Zeitplan zu erfüllen. Die Bildung von drei neuen
Nationalen Geistigen Räten - Sabah, Sarawak und Slowakei – sowie die Wiedererrichtung des
Nationalen Geistigen Rates von Liberia steht im Mai bevor. Damit erhöht sich die Zahl der
Pfeiler des Universalen Hauses der Gerechtigkeit auf 179. Während wir über die göttlichen
Gnadengaben nachsinnen, die unserer Gemeinde verliehen werden, anerkennen wir mit
tiefster Dankbarkeit die beständigen Dienste, die von den einzelnen Händen der Sache Gottes,
dem Internationalen Lehrzentrum, den Beratern und ihrer Hilfsämter auf allen Kontinenten
geleistet werden. Die zunehmende Stärke von Nationalen Geistigen Räten festigt unsere
Gewißheit über das unmittelbare Eintreten überwältigender Siege.
Vor dem chaotischen Hintergrund eines Planeten, der mit sich selbst uneins ist, hebt sich
dieses erfreuliche Bild der Zukunftsaussichten der Gemeinde ab. Und doch ist offensichtlich,
daß inmitten der verbreiteten Trostlosigkeit des menschlichen Geistes sich in irgendeiner
Schicht des Bewußtseins unter den Völkern der Welt ein wachsendes Gefühl dafür regt, daß
die Bewegung in Richtung auf globale Einheit und Frieden unwiderstehlich ist. Dieses Gefühl
wird in dem Maße geweckt, wie die materiellen Schranken zwischen den Völkern faktisch
durch die atemberaubenden Fortschritte in den Wissenschaften und ihren Anwendungen
beseitigt werden. Trotzdem bleibt die Menschheit durch eine Serie von welterschütternden
Heimsuchungen und weltgestaltenden Entwicklungen gegenwärtig noch benommen und
verwirrt. Was an Sturm und Ungestüm das soziale Gewebe zur Zeit aufpeitscht, ist für alle
unverständlich außer für jene relativ wenigen Bewohner des Planeten, die Gottes Absicht für
diesen Tag erkannt haben.
Überall sind unsere Mitmenschen, ohne sich dessen gewahr zu sein, zur gleichen Zeit
widersprüchlichen Emotionen unterworfen, hervorgerufen von den fortgesetzten
Auswirkungen simultaner Prozesse „des Aufstiegs und des Verfalls, des Zusammenschlusses
und der Auflösung, der Ordnung und des Chaos“. Shoghi Effendi hat sie als Aspekte des
Größeren und Geringeren Planes Gottes bezeichnet, die zwei bekannten Wege, durch die sich
Seine Absicht für die Menschheit vollzieht. Zum Größeren Plan gehören Umbruch und
katastrophale Erschütterungen und er schreitet mit scheinbar planloser Willkür voran, aber in
Wirklichkeit treibt er die Menschheit unerbittlich zur Einheit und Reife. Das bewirken zum
größten Teil Menschen, die seine Bahn nicht kennen und seinem Ziel sogar feindlich
gegenüberstehen. Shoghi Effendi hat schon darauf hingewiesen, daß Gottes Größerer Plan „in
Seinem die Welt gestaltenden Spiel sowohl die Mächtigen wie die Niedrigen als Figuren
benutzt, um Seinen unmittelbaren Zweck zu erreichen und schließlich Sein Königreich auf
Erden zu errichten.“ Die durch ihn erzeugte Beschleunigung der Prozesse gibt Entwicklungen
neuen Schwung, die bei allem anfänglichen Schmerz und Kummer wir Bahá’í als Anzeichen
dafür erkennen, daß der Geringere Frieden in Erscheinung tritt.
Anders als Sein Größerer Plan, der auf geheimnisvolle Weise wirkt, ist Gottes Geringerer
Plan klar aufgezeichnet, er vollzieht sich über systematische und uns bekannte Prozesse und
wurde uns zur Ausführung übertragen. Sein Endziel ist der Größte Friede. Der vierjährige
Feldzug, dessen Halbzeit wir erreicht haben, stellt die gegenwärtige Phase des Geringeren
Planes dar. Auf das Erreichen seiner Ziele müssen wir daher unsere ganze Aufmerksamkeit
und Energie richten.
Gelegentlich mag es scheinen, daß der Verlauf des Größeren Planes eine Störung im Ablauf
des Geringeren Planes bewirkt, aber die Freunde haben allen Grund, unverzagt zu bleiben.
Denn sie erkennen den Ursprung des in der Welt wiederholt auftretenden Aufruhrs und
„bejahen“, wie schon Shoghi Effendi sagte, „seine Notwendigkeit, beobachten zuversichtlich
seinen geheimnisvollen Verlauf, flehen um Milderung seiner Strenge, mühen sich einsichtig
um eine Abschwächung seines Wütens und richten ihren ungetrübten Blick voraus auf das
Ende der Schrecknisse und die Hoffnungen, das es zwangsläufig zeitigen muß.“
Auch eine flüchtige Betrachtung der Weltszenerie in den letzten Jahren kann nur zu solchen
Beobachtungen führen, die für einen Bahá’í-Betrachter besonders bedeutungsschwer sind.
Zum einen kann man selbst im Getöse einer im Aufruhr befindlichen Gesellschaft eine
unmißverständliche Tendenz in Richtung auf den Geringeren Frieden erkennen. Einen
faszinierenden Hinweis liefert das größere Engagement der Vereinten Nationen an
überfälligen drängenden Weltproblemen, wobei sie von mächtigen Regierungen unterstützt
werden; ein weiterer ergibt sich in allerletzter Zeit aus der Tatsache, daß führende Politiker in
dramatischer Weise erkennen, was die enge Verknüpfung aller Nationen auf dem Gebiet des
Handels und der Finanzen tatsächlich bedeutet - eine Vorbedingung, die Shoghi Effendi schon
lange als einen wesentlichen Aspekt für eine organisch geeinte Welt erkannt hatte. Aber eine
für die Bahá’í-Gemeinschaft noch viel bedeutsamere Entwicklung besteht darin, daß eine
beachtliche Zahl von Menschen jetzt nach geistiger Wahrheit sucht. Mehrere kürzlich
veröffentlichte wissenschaftliche Studien sind diesem Phänomen gewidmet. Ideologien, die
den größten Teil dieses Jahrhunderts beherrschten, haben sich erschöpft; mit ihrem
Schwinden in den letzten Jahren des Jahrhunderts wächst ein Hunger nach Sinn, eine
Sehnsucht der Seele.
Dieser geistige Hunger ist durch Ruhelosigkeit und durch eine sich steigernde
Unzufriedenheit mit dem moralischen Zustand der Gesellschaft gekennzeichnet. Er zeigt sich
auch in einem aufbrechenden Fundamentalismus bei verschiedenen religiösen Sekten und
einer Vervielfachung von Bewegungen, die sich als Religionen ausgeben oder deren Platz
einzunehmen streben. Dies sind Beobachtungen, durch die man die Interaktion zwischen den
zwei auf dem Planeten am Werk befindlichen göttlich vorangetriebenen Prozessen klar
erkennen kann. Die durch die Vorsehung gebotenen vielfältigen Gelegenheiten, die Botschaft
Bahá’u’lláhs suchenden Seelen zu übermitteln, schaffen für den Bahá’í-Lehrer Situationen
voller Möglichkeiten. Die Folgerungen für die vor uns liegende Aufgabe sind ungeheuer
ermutigend.
Unsere Hoffnungen können erfüllt, unsere Ziele erreicht und unsere Möglichkeiten des
Fortschritts können verwirklicht werden, wenn wir unsere Bemühungen auf das Hauptziel des
Göttlichen Planes in seiner gegenwärtigen Phase richten: einen bedeutenden Fortschritt beim
Prozeß des Beitritts in Scharen zu erreichen. Dieser Herausforderung können wir begegnen,
indem wir uns geduldig und ausdauernd bemühen. Der Beitritt in Scharen liegt für unsere
Gemeinschaft in greifbarer Nähe. Beharrlicher Glaube, Gebet, die Eingebungen der Seele,
Göttlicher Beistand - diese gehören als wesentliche Bestandteile zu jeder Bahá’í-
Unternehmung. Um den Beitritt in Scharen zu erreichen, sind jedoch eine realistische
Vorgehensweise und systematisches Handeln von gleicher Wichtigkeit. Auf diesem Weg gibt
es keine Abkürzungen. Systematisches Vorgehen stellt sicher, daß die Handlungslinien
folgerichtig sind und auf wohldurchdachten Plänen basieren. Allgemein gesagt, bedeutet es,
in allem, was Bahá’í-Dienst anbetrifft, methodisch vorzugehen, ob es sich um das Lehren oder
die Administration, um individuelles oder gemeinschaftliches Bemühen handelt. Während
individuelle Initiative und Spontaneität ihren Platz haben, legt doch die Notwendigkeit nahe,
eine klaren Kopf zu behalten, methodisch, effizient, beständig, ausgewogen und harmonisch
zu sein. Systematisierung ist eine notwendige Funktionsweise, die von der Dringlichkeit zum
Handeln beseelt ist.
Um eine systematische Entwicklung der Gemeinde sicherzustellen, besteht eine der Aufgaben
der Bahá’í-Institutionen darin, den Prozeß der Entwicklung von menschlichen Hilfsquellen zu
organisieren und aufrecht zu erhalten, durch den Bahá’í - neue und altgediente in gleicher
Weise - die Kenntnisse und Fähigkeiten erwerben können, eine ständige Ausbreitung und
Festigung der Gemeinde zu unterstützen. Zu diesem Zweck ist die Errichtung von Bahá’í-
Instituten entscheidend, da sie Zentren sind, durch die eine große Anzahl von Personen ihre
Fähigkeit, den Glauben zu lehren und zu verwalten, erwerben und verbessern können. Allein
ihr Bestehen unterstreicht die Wichtigkeit, Wissen über den Glauben zu haben als eine
Kraftquelle, um das Leben der Bahá’í-Gemeinde und der sie bildenden Menschen anzuregen.
Die vorliegenden Fakten bestätigen, daß der Vier-Jahres-Plan dort funktioniert, wo ein
systematisches Vorgehen verstanden und angewandt wird. Die gleichen Fakten zeigen auch,
daß die Institutionen des Glauben in ihren vereinten Bemühungen auf nationaler, regionaler
und örtlicher Ebene sich eindeutig an diese Bedingungen gehalten haben. Bei den einzelnen
jedoch, auf denen der schließliche Erfolg des Planes beruht, ist dieses Verständnis weniger
ausgeprägt. Aus diesem Grunde müssen wir unseren Mitgläubigen gegenüber betonen, wie
wichtig dieses Erfordernis für ihre persönlichen Bemühungen ist, um Erfolge beim Lehren
und bei anderen Unternehmungen zu haben.
In dem Maße wie er von nationalen und örtlichen Institutionen in Programme und Projekte
umgesetzt wird, gibt der Plan u.a. die Richtung an, bezeichnet Ziele, regt zu Bemühungen an
und liefert eine Vielzahl von benötigten Gelegenheiten und Materialien, aus denen die Arbeit
der Lehrer und Administratoren Nutzen ziehen kann. Das ist für ein ordnungsgemäßes
Funktionieren der Gemeinde natürlich notwendig, aber es bleibt ohne Folgen, wenn nicht die
einzelnen Mitglieder durch eine aktive Beteiligung darauf reagieren. Indem er oder sie so
reagiert, muß auch jeder einzelne eine bewußte Entscheidung treffen, was er oder sie im
Dienst an dem Plan tun wird und wie, wo und wann dieses Tun erfolgen soll. Diese
Entscheidung macht es dem einzelnen möglich, den Fortschritt seines Tuns zu überprüfen und
- falls nötig - die zu unternehmenden Schritte teilweise abzuwandeln. Wenn er sich an ein
solches Verfahren des systematischen Bemühens gewöhnt, verleiht jeder Bahá’í seinem
Leben Bedeutung und Erfüllung.
Der einzelne muß nicht nur auf den Aufruf der Institutionen reagieren, er ist darüber hinaus
von Bahá’u’lláh Selbst mit der heiligen Pflicht betraut, Seine Sache zu lehren, was von Ihm
als „die verdienstvollste aller Taten“ bezeichnet wird. Solange es noch Seelen gibt, die der
Erleuchtung bedürfen, bleibt diese Pflicht sicherlich die ständige Beschäftigung jedes
Gläubigen. Was ihre Erfüllung anbetrifft, so ist jeder einzelne direkt Bahá’u’lláh gegenüber
verantwortlich. „Laßt ihn nicht“, rät Shoghi Effendi dringend, „auf irgendwelche
Anweisungen warten oder irgendeine Ermutigung von seiten der gewählten Vertreter seiner
Gemeinde erwarten, noch sollte er durch die Hindernisse abgeschreckt werden, die seine
Verwandten oder Mitbürger geneigt sein mögen, ihm in den Weg zu legen, noch sollte er den
Tadel seiner Kritiker oder Feinde beachten.“ Die Schriften der Zentralgestalten und unseres
Hüters sind überreich an Ratschlägen und Ermahnungen, was die unersetzliche Rolle des
einzelnen beim Fortschritt des Glauben betrifft. Es ist daher unvermeidlich, daß wir uns an
diesem besonderen Zeitpunkt im Leben der gesamten Menschheit dazu gedrängt fühlen, an
jedes einzelne Mitglied unserer Gemeinde zu appellieren und es zu bitten, die dringliche
Situation zu bedenken, der wir uns alle als Helfer der Abhá-Schönheit gegenübersehen.
Es ist unser Schicksal, liebe Brüder und Schwestern, daß wir bewußt an einem ungeheuren
historischen Prozeß beteiligt sind, dergleichen noch nie von irgendeinem Volk erlebt wurde.
Als eine Weltgemeinschaft haben wir bisher einen einzigartigen und großartigen Erfolg
errungen, indem wir - dank der unschätzbaren Opfer von Leben, Mühen und Wertvollem, die
viele Tausende unserer geistigen Vorfahren willig dargebracht haben - das ganze Spektrum
der Menschheit repräsentieren. Es gibt keine andere menschliche Vereinigung, die
beanspruchen kann, ein System errichtet zu haben, das die Fähigkeit unter Beweis gestellt hat,
Gottes Kinder in einer weltumspannenden Ordnung zu vereinen. Diese Leistung verleiht uns
nicht nur eine Position unvergleichlicher Stärke, sondern legt uns auch eine unausweichliche
Verantwortung auf. Hat nicht daher jeder von uns eine göttliche Verpflichtung
wahrzunehmen, eine heilige Pflicht zu erfüllen gegenüber jedem anderen, der sich des Rufes
Gottes jüngster Offenbarung noch nicht bewußt ist? Die Zeit bleibt nicht stehen und wartet
nicht. In jeder verrinnenden Stunde ereilt eine neue Heimsuchung eine aufgewühlte
Menschheit. Wagen wir es da zu zaudern?
In nur zwei Jahren geht der Vier-Jahres-Plan zu Ende, nur wenige Monate vor dem Abschluß
eines unvergeßlichen Jahrhunderts. Eine zweifache Begegnung mit dem Schicksal steht uns
bevor. Indem Er das beispiellose Potential des 20. Jahrhunderts pries, bekräftigte der geliebte
Meister, daß es auf ewig Spuren hinterlassen werde. Im Besitz einer solchen Vision müssen
sich im Geist eines achtsamen Anhängers der Gesegneten Schönheit zweifellos bange Fragen
regen, welche Rolle er oder sie in diesen dahinschwindenden Jahren spielen wird und ob er
oder sie am Ende dieser zukunftsträchtigen Zeit unter den dauerhaften Spuren, die der Meister
vorhersah, ein Zeichen hinterlassen haben wird. Um einer die Seele befriedigenden Antwort
sicher zu sein, ist vor allem eines nötig: handeln, jetzt handeln und beständig handeln.
Wir beten innig an der Heiligen Schwelle für uns alle, daß wir in allem was wir tun, um die
dringlichen Ziele des Göttlichen Planes in einem so schicksalsträchtigen Augenblick der
Menschheitsgeschichte zu erfüllen, göttliche Hilfe und reiche Bestätigung erhalten.
Das Universale Haus der Gerechtigkeit
Das Universale Haus der Gerechtigkeit
Bahá’í-Weltzentrum
Ridván 155
An die Bahá’í der Welt
Innig geliebte Freunde!
Freudigen Herzens bestätigen wir zu dieser Halbzeit des Vier-Jahres-Planes, daß die
weltweite Bahá’í-Gemeinschaft in dieser dynamischen Etappe ihrer Entwicklung dabei ist,
neue Wege zu bahnen. Der Prozeß des Beitritts in Scharen, auf den sich ihre Energien
konzentrieren, macht deutliche Fortschritte.
Drei Entwicklungen geben unseren Erwartungen Zuversicht. Die eine besteht in den soliden
Ergebnissen, die überall dort, wo Bahá’í-Institute arbeiten, hervorgerufen werden.
Zehntausende Freunde haben während der letzten zwei Jahre wenigstens einen Institutskurs
abgeschlossen. Die unmittelbaren Auswirkungen auf sie waren ein deutlich gefestigter
Glaube, ein größeres Bewußtsein ihrer geistigen Identität und ein stärkeres Engagement im
Dienst an der Bahá’í-Sache. Die zweite betrifft eine bemerkenswerte Verbesserung der
Bedingungen bei der Bildung und Wiederbildung von örtlichen Geistigen Räten. 1997 wurde
die Entscheidung wirksam, diese Institutionen nur noch am ersten Ridván-Tag und
hauptsächlich auf Initiative der Gemeinde selbst zu bilden. Obgleich die Zahl der örtlichen
Räte weltweit daraufhin abnahm, was nicht unerwartet war, blieb doch der Rückgang gering,
in einigen Ländern wurde sogar eine Zunahme verzeichnet. Dieses Ergebnis deutet darauf hin,
daß der Reifeprozeß dieser göttlich verordneten Institutionen in den richtigen Bahnen
verläuft. Die dritte Entwicklung besteht darin, daß ein neues Vertrauen in die Lehrarbeit die
Freunde beseelt, was in verschiedenen Gegenden beeindruckende Ergebnisse zeitigt. Das
Potential für einen stetigen und ständig zunehmenden Zustrom von neuen Gläubigen war
immer vorhanden, und wir können vertrauensvoll sagen, daß die Fähigkeit es zu
verwirklichen mit der Umsetzung des gegenwärtigen Planes mehr denn je methodisch
entwickelt wird.
Zusätzlich zu diesen Zeichen des Fortschritts freuen wir uns über die bewundernswerte
Geschwindigkeit, mit der die Bauprojekte am Berge Karmel vorangeschritten sind, um den
für das gerade vergangene Jahr gesteckten Zeitplan zu erfüllen. Die Bildung von drei neuen
Nationalen Geistigen Räten - Sabah, Sarawak und Slowakei – sowie die Wiedererrichtung des
Nationalen Geistigen Rates von Liberia steht im Mai bevor. Damit erhöht sich die Zahl der
Pfeiler des Universalen Hauses der Gerechtigkeit auf 179. Während wir über die göttlichen
Gnadengaben nachsinnen, die unserer Gemeinde verliehen werden, anerkennen wir mit
tiefster Dankbarkeit die beständigen Dienste, die von den einzelnen Händen der Sache Gottes,
dem Internationalen Lehrzentrum, den Beratern und ihrer Hilfsämter auf allen Kontinenten
geleistet werden. Die zunehmende Stärke von Nationalen Geistigen Räten festigt unsere
Gewißheit über das unmittelbare Eintreten überwältigender Siege.
Vor dem chaotischen Hintergrund eines Planeten, der mit sich selbst uneins ist, hebt sich
dieses erfreuliche Bild der Zukunftsaussichten der Gemeinde ab. Und doch ist offensichtlich,
daß inmitten der verbreiteten Trostlosigkeit des menschlichen Geistes sich in irgendeiner
Schicht des Bewußtseins unter den Völkern der Welt ein wachsendes Gefühl dafür regt, daß
die Bewegung in Richtung auf globale Einheit und Frieden unwiderstehlich ist. Dieses Gefühl
wird in dem Maße geweckt, wie die materiellen Schranken zwischen den Völkern faktisch
durch die atemberaubenden Fortschritte in den Wissenschaften und ihren Anwendungen
beseitigt werden. Trotzdem bleibt die Menschheit durch eine Serie von welterschütternden
Heimsuchungen und weltgestaltenden Entwicklungen gegenwärtig noch benommen und
verwirrt. Was an Sturm und Ungestüm das soziale Gewebe zur Zeit aufpeitscht, ist für alle
unverständlich außer für jene relativ wenigen Bewohner des Planeten, die Gottes Absicht für
diesen Tag erkannt haben.
Überall sind unsere Mitmenschen, ohne sich dessen gewahr zu sein, zur gleichen Zeit
widersprüchlichen Emotionen unterworfen, hervorgerufen von den fortgesetzten
Auswirkungen simultaner Prozesse „des Aufstiegs und des Verfalls, des Zusammenschlusses
und der Auflösung, der Ordnung und des Chaos“. Shoghi Effendi hat sie als Aspekte des
Größeren und Geringeren Planes Gottes bezeichnet, die zwei bekannten Wege, durch die sich
Seine Absicht für die Menschheit vollzieht. Zum Größeren Plan gehören Umbruch und
katastrophale Erschütterungen und er schreitet mit scheinbar planloser Willkür voran, aber in
Wirklichkeit treibt er die Menschheit unerbittlich zur Einheit und Reife. Das bewirken zum
größten Teil Menschen, die seine Bahn nicht kennen und seinem Ziel sogar feindlich
gegenüberstehen. Shoghi Effendi hat schon darauf hingewiesen, daß Gottes Größerer Plan „in
Seinem die Welt gestaltenden Spiel sowohl die Mächtigen wie die Niedrigen als Figuren
benutzt, um Seinen unmittelbaren Zweck zu erreichen und schließlich Sein Königreich auf
Erden zu errichten.“ Die durch ihn erzeugte Beschleunigung der Prozesse gibt Entwicklungen
neuen Schwung, die bei allem anfänglichen Schmerz und Kummer wir Bahá’í als Anzeichen
dafür erkennen, daß der Geringere Frieden in Erscheinung tritt.
Anders als Sein Größerer Plan, der auf geheimnisvolle Weise wirkt, ist Gottes Geringerer
Plan klar aufgezeichnet, er vollzieht sich über systematische und uns bekannte Prozesse und
wurde uns zur Ausführung übertragen. Sein Endziel ist der Größte Friede. Der vierjährige
Feldzug, dessen Halbzeit wir erreicht haben, stellt die gegenwärtige Phase des Geringeren
Planes dar. Auf das Erreichen seiner Ziele müssen wir daher unsere ganze Aufmerksamkeit
und Energie richten.
Gelegentlich mag es scheinen, daß der Verlauf des Größeren Planes eine Störung im Ablauf
des Geringeren Planes bewirkt, aber die Freunde haben allen Grund, unverzagt zu bleiben.
Denn sie erkennen den Ursprung des in der Welt wiederholt auftretenden Aufruhrs und
„bejahen“, wie schon Shoghi Effendi sagte, „seine Notwendigkeit, beobachten zuversichtlich
seinen geheimnisvollen Verlauf, flehen um Milderung seiner Strenge, mühen sich einsichtig
um eine Abschwächung seines Wütens und richten ihren ungetrübten Blick voraus auf das
Ende der Schrecknisse und die Hoffnungen, das es zwangsläufig zeitigen muß.“
Auch eine flüchtige Betrachtung der Weltszenerie in den letzten Jahren kann nur zu solchen
Beobachtungen führen, die für einen Bahá’í-Betrachter besonders bedeutungsschwer sind.
Zum einen kann man selbst im Getöse einer im Aufruhr befindlichen Gesellschaft eine
unmißverständliche Tendenz in Richtung auf den Geringeren Frieden erkennen. Einen
faszinierenden Hinweis liefert das größere Engagement der Vereinten Nationen an
überfälligen drängenden Weltproblemen, wobei sie von mächtigen Regierungen unterstützt
werden; ein weiterer ergibt sich in allerletzter Zeit aus der Tatsache, daß führende Politiker in
dramatischer Weise erkennen, was die enge Verknüpfung aller Nationen auf dem Gebiet des
Handels und der Finanzen tatsächlich bedeutet - eine Vorbedingung, die Shoghi Effendi schon
lange als einen wesentlichen Aspekt für eine organisch geeinte Welt erkannt hatte. Aber eine
für die Bahá’í-Gemeinschaft noch viel bedeutsamere Entwicklung besteht darin, daß eine
beachtliche Zahl von Menschen jetzt nach geistiger Wahrheit sucht. Mehrere kürzlich
veröffentlichte wissenschaftliche Studien sind diesem Phänomen gewidmet. Ideologien, die
den größten Teil dieses Jahrhunderts beherrschten, haben sich erschöpft; mit ihrem
Schwinden in den letzten Jahren des Jahrhunderts wächst ein Hunger nach Sinn, eine
Sehnsucht der Seele.
Dieser geistige Hunger ist durch Ruhelosigkeit und durch eine sich steigernde
Unzufriedenheit mit dem moralischen Zustand der Gesellschaft gekennzeichnet. Er zeigt sich
auch in einem aufbrechenden Fundamentalismus bei verschiedenen religiösen Sekten und
einer Vervielfachung von Bewegungen, die sich als Religionen ausgeben oder deren Platz
einzunehmen streben. Dies sind Beobachtungen, durch die man die Interaktion zwischen den
zwei auf dem Planeten am Werk befindlichen göttlich vorangetriebenen Prozessen klar
erkennen kann. Die durch die Vorsehung gebotenen vielfältigen Gelegenheiten, die Botschaft
Bahá’u’lláhs suchenden Seelen zu übermitteln, schaffen für den Bahá’í-Lehrer Situationen
voller Möglichkeiten. Die Folgerungen für die vor uns liegende Aufgabe sind ungeheuer
ermutigend.
Unsere Hoffnungen können erfüllt, unsere Ziele erreicht und unsere Möglichkeiten des
Fortschritts können verwirklicht werden, wenn wir unsere Bemühungen auf das Hauptziel des
Göttlichen Planes in seiner gegenwärtigen Phase richten: einen bedeutenden Fortschritt beim
Prozeß des Beitritts in Scharen zu erreichen. Dieser Herausforderung können wir begegnen,
indem wir uns geduldig und ausdauernd bemühen. Der Beitritt in Scharen liegt für unsere
Gemeinschaft in greifbarer Nähe. Beharrlicher Glaube, Gebet, die Eingebungen der Seele,
Göttlicher Beistand - diese gehören als wesentliche Bestandteile zu jeder Bahá’í-
Unternehmung. Um den Beitritt in Scharen zu erreichen, sind jedoch eine realistische
Vorgehensweise und systematisches Handeln von gleicher Wichtigkeit. Auf diesem Weg gibt
es keine Abkürzungen. Systematisches Vorgehen stellt sicher, daß die Handlungslinien
folgerichtig sind und auf wohldurchdachten Plänen basieren. Allgemein gesagt, bedeutet es,
in allem, was Bahá’í-Dienst anbetrifft, methodisch vorzugehen, ob es sich um das Lehren oder
die Administration, um individuelles oder gemeinschaftliches Bemühen handelt. Während
individuelle Initiative und Spontaneität ihren Platz haben, legt doch die Notwendigkeit nahe,
eine klaren Kopf zu behalten, methodisch, effizient, beständig, ausgewogen und harmonisch
zu sein. Systematisierung ist eine notwendige Funktionsweise, die von der Dringlichkeit zum
Handeln beseelt ist.
Um eine systematische Entwicklung der Gemeinde sicherzustellen, besteht eine der Aufgaben
der Bahá’í-Institutionen darin, den Prozeß der Entwicklung von menschlichen Hilfsquellen zu
organisieren und aufrecht zu erhalten, durch den Bahá’í - neue und altgediente in gleicher
Weise - die Kenntnisse und Fähigkeiten erwerben können, eine ständige Ausbreitung und
Festigung der Gemeinde zu unterstützen. Zu diesem Zweck ist die Errichtung von Bahá’í-
Instituten entscheidend, da sie Zentren sind, durch die eine große Anzahl von Personen ihre
Fähigkeit, den Glauben zu lehren und zu verwalten, erwerben und verbessern können. Allein
ihr Bestehen unterstreicht die Wichtigkeit, Wissen über den Glauben zu haben als eine
Kraftquelle, um das Leben der Bahá’í-Gemeinde und der sie bildenden Menschen anzuregen.
Die vorliegenden Fakten bestätigen, daß der Vier-Jahres-Plan dort funktioniert, wo ein
systematisches Vorgehen verstanden und angewandt wird. Die gleichen Fakten zeigen auch,
daß die Institutionen des Glauben in ihren vereinten Bemühungen auf nationaler, regionaler
und örtlicher Ebene sich eindeutig an diese Bedingungen gehalten haben. Bei den einzelnen
jedoch, auf denen der schließliche Erfolg des Planes beruht, ist dieses Verständnis weniger
ausgeprägt. Aus diesem Grunde müssen wir unseren Mitgläubigen gegenüber betonen, wie
wichtig dieses Erfordernis für ihre persönlichen Bemühungen ist, um Erfolge beim Lehren
und bei anderen Unternehmungen zu haben.
In dem Maße wie er von nationalen und örtlichen Institutionen in Programme und Projekte
umgesetzt wird, gibt der Plan u.a. die Richtung an, bezeichnet Ziele, regt zu Bemühungen an
und liefert eine Vielzahl von benötigten Gelegenheiten und Materialien, aus denen die Arbeit
der Lehrer und Administratoren Nutzen ziehen kann. Das ist für ein ordnungsgemäßes
Funktionieren der Gemeinde natürlich notwendig, aber es bleibt ohne Folgen, wenn nicht die
einzelnen Mitglieder durch eine aktive Beteiligung darauf reagieren. Indem er oder sie so
reagiert, muß auch jeder einzelne eine bewußte Entscheidung treffen, was er oder sie im
Dienst an dem Plan tun wird und wie, wo und wann dieses Tun erfolgen soll. Diese
Entscheidung macht es dem einzelnen möglich, den Fortschritt seines Tuns zu überprüfen und
- falls nötig - die zu unternehmenden Schritte teilweise abzuwandeln. Wenn er sich an ein
solches Verfahren des systematischen Bemühens gewöhnt, verleiht jeder Bahá’í seinem
Leben Bedeutung und Erfüllung.
Der einzelne muß nicht nur auf den Aufruf der Institutionen reagieren, er ist darüber hinaus
von Bahá’u’lláh Selbst mit der heiligen Pflicht betraut, Seine Sache zu lehren, was von Ihm
als „die verdienstvollste aller Taten“ bezeichnet wird. Solange es noch Seelen gibt, die der
Erleuchtung bedürfen, bleibt diese Pflicht sicherlich die ständige Beschäftigung jedes
Gläubigen. Was ihre Erfüllung anbetrifft, so ist jeder einzelne direkt Bahá’u’lláh gegenüber
verantwortlich. „Laßt ihn nicht“, rät Shoghi Effendi dringend, „auf irgendwelche
Anweisungen warten oder irgendeine Ermutigung von seiten der gewählten Vertreter seiner
Gemeinde erwarten, noch sollte er durch die Hindernisse abgeschreckt werden, die seine
Verwandten oder Mitbürger geneigt sein mögen, ihm in den Weg zu legen, noch sollte er den
Tadel seiner Kritiker oder Feinde beachten.“ Die Schriften der Zentralgestalten und unseres
Hüters sind überreich an Ratschlägen und Ermahnungen, was die unersetzliche Rolle des
einzelnen beim Fortschritt des Glauben betrifft. Es ist daher unvermeidlich, daß wir uns an
diesem besonderen Zeitpunkt im Leben der gesamten Menschheit dazu gedrängt fühlen, an
jedes einzelne Mitglied unserer Gemeinde zu appellieren und es zu bitten, die dringliche
Situation zu bedenken, der wir uns alle als Helfer der Abhá-Schönheit gegenübersehen.
Es ist unser Schicksal, liebe Brüder und Schwestern, daß wir bewußt an einem ungeheuren
historischen Prozeß beteiligt sind, dergleichen noch nie von irgendeinem Volk erlebt wurde.
Als eine Weltgemeinschaft haben wir bisher einen einzigartigen und großartigen Erfolg
errungen, indem wir - dank der unschätzbaren Opfer von Leben, Mühen und Wertvollem, die
viele Tausende unserer geistigen Vorfahren willig dargebracht haben - das ganze Spektrum
der Menschheit repräsentieren. Es gibt keine andere menschliche Vereinigung, die
beanspruchen kann, ein System errichtet zu haben, das die Fähigkeit unter Beweis gestellt hat,
Gottes Kinder in einer weltumspannenden Ordnung zu vereinen. Diese Leistung verleiht uns
nicht nur eine Position unvergleichlicher Stärke, sondern legt uns auch eine unausweichliche
Verantwortung auf. Hat nicht daher jeder von uns eine göttliche Verpflichtung
wahrzunehmen, eine heilige Pflicht zu erfüllen gegenüber jedem anderen, der sich des Rufes
Gottes jüngster Offenbarung noch nicht bewußt ist? Die Zeit bleibt nicht stehen und wartet
nicht. In jeder verrinnenden Stunde ereilt eine neue Heimsuchung eine aufgewühlte
Menschheit. Wagen wir es da zu zaudern?
In nur zwei Jahren geht der Vier-Jahres-Plan zu Ende, nur wenige Monate vor dem Abschluß
eines unvergeßlichen Jahrhunderts. Eine zweifache Begegnung mit dem Schicksal steht uns
bevor. Indem Er das beispiellose Potential des 20. Jahrhunderts pries, bekräftigte der geliebte
Meister, daß es auf ewig Spuren hinterlassen werde. Im Besitz einer solchen Vision müssen
sich im Geist eines achtsamen Anhängers der Gesegneten Schönheit zweifellos bange Fragen
regen, welche Rolle er oder sie in diesen dahinschwindenden Jahren spielen wird und ob er
oder sie am Ende dieser zukunftsträchtigen Zeit unter den dauerhaften Spuren, die der Meister
vorhersah, ein Zeichen hinterlassen haben wird. Um einer die Seele befriedigenden Antwort
sicher zu sein, ist vor allem eines nötig: handeln, jetzt handeln und beständig handeln.
Wir beten innig an der Heiligen Schwelle für uns alle, daß wir in allem was wir tun, um die
dringlichen Ziele des Göttlichen Planes in einem so schicksalsträchtigen Augenblick der
Menschheitsgeschichte zu erfüllen, göttliche Hilfe und reiche Bestätigung erhalten.
Das Universale Haus der Gerechtigkeit
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