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Französisch — Protección de las Minorías.txt
La Comunidad Internacional Baha'i felicita a la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías y, en particular, a su Relator Especial, Sr. Asbjørn Eide, por los esfuerzos que ha realizado con miras a preparar el documento "Posibles medidas para facilitar la solución pacífica y constructiva de los problemas en que intervienen minorías" (E/CN.4/Sub.2/1993/34 y adiciones).

Más de un año ha transcurrido ya desde que la Asamblea General aprobó la Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas. Ahora, tanto los gobiernos como los particulares han de recoger el desafío de poner en práctica esas normas. Resulta triste reconocer que, para muchas minorías, la realidad de la vida no guarda ningún parecido con las normas mínimas en materia de derechos humanos fijadas en el documento. Los miembros de las minorías más pequeñas, que esta Declaración pretendía proteger, siguen padeciendo graves sufrimientos y angustias al verse involucrados en los violentos conflictos que azotan la faz del planeta.

En opinión de la Comunidad Internacional Baha'i, el deber de garantizar la igualdad de derechos a las minorías recae tanto en las mayorías como en las minorías. Las mayorías tienen una responsabilidad especial, por imperativo de la justicia, de promover los ajustes sociales y políticos que permitan a las minorías ejercer, hasta el máximo de sus posibilidades, sus derechos comunes y fundamentales. Por otra parte, las minorías tienen la responsabilidad moral de brindar una acogida digna a los esfuerzos sinceros de la mayoría y, como ha declarado el Relator, de "reconocer y respetar sus deberes frente a la sociedad en general" (E/CN.4/Sub.2/1993/34/Add.4, párr. 20). Ambas deben plantearse los problemas de las minorías en el contexto de un mundo cada vez más interdependiente. En ese mundo, la mejor manera de favorecer los intereses de una parte estriba en fomentar los intereses del todo; de igual manera, el todo no puede prosperar cuando hay partes que están oprimidas o sufren privaciones.

Es preciso, por tanto, identificar las condiciones que ponen trabas a la libertad de ciertas minorías e instar a los gobiernos a promulgar leyes que permitan a esas minorías reivindicar sus justos derechos y subsanar las injusticias. Ello no será, sin embargo, suficiente para garantizar que las minorías disfruten de los mismos derechos que los demás ciudadanos. Debe producirse un cambio en las actitudes. Las mayorías tienen que modificar su concepto de las minorías oprimidas y las minorías deben arrojar lejos de sí el sentimiento de incapacidad provocado por una larga etapa de discriminación.

No obstante, el reto de cambiar las actitudes no incumbe enteramente a los gobiernos ni está en su mano afrontarlo, ya que requiere la influencia de los principios espirituales y morales. La Comunidad Internacional Baha'i cree que el principio que debe regir cualquier consideración de los derechos de las minorías es el de la unidad de la humanidad. A menudo, la ignorancia de nuestra humanidad común promueve miedos y odios irracionales atizados fácilmente por imágenes distorsionadas de otras culturas. Con objeto de avanzar hacia el logro de una auténtica aspiración de comprensión mutua, de pluralismo en la unidad, como ha dicho el Sr. Eide (E/CN.4/Sub.2/1993/34, cap. II.B), hay que reconocer que la diversidad de la familia humana, más que una amenaza, supone una fuente de enriquecimiento.

Respaldamos el llamamiento del Relator Especial de que se creen escuelas para enseñar, no sólo a respetar los derechos humanos, sino a valorar la diversidad: "La educación en materia de derechos humanos", ha señalado el Sr. Eide, "debe ser una de las principales asignaturas de los planes de estudio de la enseñanza primaria universal" (E/CN.4/Sub.2/1993/34/Add.4, párr. 4). "Los programas de estudios de todos los Estados deben enseñar la tolerancia de todos los grupos. Los grupos mayoritarios deben conocer las culturas de los grupos minoritarios de modo que les sea posible apreciar esas culturas en el sentido de que constituyen un enriquecimiento de la sociedad en conjunto" (ibid., párrs. 10 y 11).

Sin embargo, para hallar una solución duradera a los problemas de las minorías, la educación debe ir respaldada por la voluntad de respetar los principios éticos y espirituales. La práctica de estos principios impregna, tanto a las mayorías como a las minorías, de la conciencia de sus responsabilidades morales recíprocas como seres humanos pertenecientes a una misma colectividad. En este sentido de la responsabilidad se inspiran virtudes civilizadoras como la tolerancia y la compasión para con todos los semejantes. Da alas a la voz de la conciencia y emplea el lenguaje del corazón, sobre el que la terminología del derecho civil no ejerce influencia alguna. Nunca se podrá subrayar lo suficiente la repercusión práctica de esos valores espirituales en el orden social. En una época de transiciones turbulentas, la conciencia generalizada de la unidad del género humano facilitaría la tarea de considerar a las minorías como parte integrante de cualquier sociedad. Quedarían así superadas las viejas animosidades surgidas al amparo de diferencias étnicas, lingüísticas y religiosas y se desbaratarían los intentos de manipular a los grupos unos contra otros con fines políticos.

La Comunidad Internacional Baha'i está convencida de que, si se pretende que los inmensos esfuerzos en materia de derechos humanos que están desarrollando las Naciones Unidas y los gobiernos den fruto, hay que emplear la presión combinada de las influencias políticas y jurídicas, espirituales y morales. Por su parte, la Comunidad Internacional Baha'i está intentando afrontar esos retos en el mundo entero a través de sus propios miembros. Las comunidades bahaíes siguen la doctrina de su fe, que les lleva no sólo a aceptar, sino a apoyar, estimular y salvaguardar a todas y cada una de las minorías pertenezcan a las creencias, raza, clase o nación que fuere. Por ese motivo, las Escrituras bahaí proponen que, si hay que tolerar alguna discriminación, que sea a favor de la minoría. Guiada por los principios unificadores del orden mundial, transmitidos hace más de un siglo por Baha'u'llah, fundador de la fe bahaí, las comunidades bahaíes del mundo entero están procurando integrar a la gente de cualquier procedencia racial, nacional y religiosa en una sola comunidad -una comunidad que sea a la vez unificada y diversa.

Para apoyar las recomendaciones del Relator Especial de fomentar activamente la participación de las minorías en la vida de la comunidad (E/CN.4/Sub.2/1993/34/Add.4, párr. 12), los bahaís, consideran que las emisoras de radio son muy eficaces. "Radio Baha'i" en Ecuador, por ejemplo, está al servicio de los indígenas rurales de la región de Otavalo. En sus emisiones, fundamentalmente en quechua, que es el idioma local, la emisora de radio se ha fijado el objetivo de hacer frente a las necesidades de formación espiritual, cultural y material expresadas por los oyentes. Se ha capacitado in situ al personal local en todos los aspectos del funcionamiento de una emisora de radio, sin olvidar las operaciones técnicas y la preparación del programa. Las emisiones abarcan una amplia gama de temas que incluyen el desarrollo agrícola, la enseñanza, la espiritualidad y los asuntos públicos. Se protege y preserva la cultura local invitando a los narradores del lugar y radiando música grabada en los festivales indígenas anuales patrocinados por la emisora. Se han creado emisoras similares en el ámbito rural en Bolivia, Chile, Panamá, Perú y los Estados Unidos de América.

La Comunidad Internacional Baha'i quiere felicitar a la UNESCO, y en especial a su Oficina Internacional de Educación (OIE) por organizar una mesa redonda interreligiones sobre la contribución de las religiones a la enseñanza del entendimiento internacional. Ese encuentro se ajusta, sin lugar a dudas, a la recomendación del Sr. Eide de promover y alentar reuniones que faciliten un mejor entendimiento entre los pueblos (E/CN.4/Sub.2/1993/34/Add.4, párr. 69). La Comunidad Internacional Baha'i está encantada de poder participar en los debates de esa mesa redonda durante la Conferencia de los Ministros de Educación de los Estados Miembros de la OIE que se celebrará en octubre de 1994.

Nos congratulamos de la importancia práctica que ha atribuido la Subcomisión a las medidas para facilitar la solución pacífica y constructiva de los problemas en que intervienen minorías. Si los gobiernos y organizaciones cívicas lo considerasen útil, la Comunidad Internacional Baha'i está dispuesta a dar a conocer su experiencia en la creación de comunidades caracterizadas por la unidad y el respeto a la diversidad.
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As conflicts within countries become increasingly prevalent throughout the world, the international community is awakening to the critical need to address the question of minorities. Because every country has minorities of some sort, governments are realizing that the potential for instability may be more widespread than previously imagined. It is, therefore, highly appropriate that the issue of minorities should be on the agenda of the United Nations at this time. The Declaration on the Rights of Persons Belonging to National, or Ethnic, Religious and Linguistic Minorities, adopted more than 5 years ago, has already made a major contribution to this discussion by articulating international standards. It states not only that minorities should not be targets of discrimination but that cultural, linguistic and religious diversity within a country should actually be encouraged and safeguarded. Now that the standard has been articulated, the next step is implementation. The Baha'i­ International Community is pleased to note that the Working Group on Minorities, established by the Sub-Commission on Prevention of Discrimination and Protection of Minorities, is gradually putting into place the means to review the implementation of the Declaration and to address the issues its implementation will raise.

In the view of the Baha'i­ International Community, the responsibility for ensuring equal rights for minorities falls on both minorities and majorities. The ruling groups (whether they be the majority or a minority) have a special responsibility, for the sake of justice, to bring about the social and political adjustments which will enable the other components of their society to exercise, to the fullest extent possible, their common and fundamental rights. Those groups not in power, on the other hand, have a moral responsibility to respond honorably to genuine efforts made toward them and to recognize, accept and fulfill their responsibilities toward society at large. As issues arise, both majorities and minorities must view them in the context of an increasingly interdependent world, where the advantage of the part is best served by ensuring the advantage of the whole, and where the whole cannot flourish when parts are oppressed or deprived.

Governments need to take the lead by proving their determination to accord to minorities the same rights accorded to other citizens. This they can do by identifying the conditions that tend to disenfranchise certain minorities and by enacting legislation that will address those conditions. Such legislation is an important step, but legislation alone will never, in and of itself, end discrimination against minorities. Attitudes must change. Groups must learn to view one another in fundamentally different ways. They must see each other as partners, as co-workers, as worthy of respect and just treatment. Majorities must rid themselves of the assumption of entitlement, and minorities must eventually break free of the helplessness and suspicion induced by prolonged discrimination.

Legislation can actually facilitate changes in attitude by placing legal sanctions on behavior that was once considered acceptable. By motivating people to change the way they behave, legislation can stimulate an examination of the beliefs underlying the old behavior and consideration of the principles that support the new behavior. But only a change of both heart and mind will permanently eradicate the willingness to hate those we perceive as different from ourselves. Such a profound change can be effected only through the influence of spiritual and moral principles. The foundation for peace, harmony and stability in the world is the principle of the oneness of humanity. Ignorance of the oneness of the human family makes one vulnerable to irrational fears and hatreds that can be easily stirred up by lies, half-truths, distortions and inflammatory accusations proffered by unscrupulous leaders for their own benefit.

But unity is not uniformity; the oneness of the human family implies respect for the diversity within that family. In order to move toward a world characterized by unity in diversity, children must be taught to recognize diversity as a source of enrichment, not as a threat. The Baha'i­ International Community, therefore, commends the Working Group for its attention to the promotion of multicultural and inter-cultural education. In our view, an understanding of cultural diversity as the varied expression of our common humanity is one of the keys to the peaceful and lasting resolution of conflicts involving minorities. School curricula should aim at rendering obsolete old animosities, based upon ethnic, linguistic and religious differences, by providing instruction about the various cultures present in each country in a way that highlights those common aspirations that bind us all together as members of the human family. When children are taught to recognize fundamental human qualities in a wide variety of cultural forms, they will be able to regard each culture as enriching society as a whole. They will also be much less vulnerable to manipulation by those who would pit one group against another for political reasons.

The Baha'i­ International Community is convinced that, if the human rights efforts being made by the United Nations and Governments are to bear fruit, the combined force of political and legal, spiritual and moral influences must be employed. For its part, the Baha'i­ International Community is attempting to address the challenge of nurturing the minorities within its own membership throughout the world. Baha'i­ communities are obliged by the teachings of their faith not just to tolerate but to nurture, encourage and safeguard every minority belonging to any faith, race, class or nation within it. For that reason, the Baha'i­ Writings suggest that if any discrimination at all is to be tolerated, it should be in favor of the minority. Guided by the unifying principles of world order brought more than a century ago by Bahá'u'lláh, Baha'i­ communities worldwide are attempting to integrate people of all racial, national and religious backgrounds into a singe community - a community that is both unified and diverse.

The Baha'i­ International Community will continue to collaborate with the Working Group on Minorities, and it stands ready to offer its experience in establishing unified communities characterized by respect for diversity.

UN Document #E/CN.4/1999/NGO/14