# Siglo de la Luz

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> 
> Siglo de la Luz
> 
> Universal House of Justice
> 
> 2001
> 
> PRÓLOGO
> 
> La conclusión del siglo XX proporciona a los bahá’ís una perspectiva
> privilegiada. Durante los pasados cien años nuestro mundo se ha visto sometido
> a cambios de una hondura jamás conocida en la historia, cambios que, en su
> mayor parte, apenas son conocidos por las presentes generaciones. Estos mismos
> cien años han dado fe de cómo la Causa bahá’í surgía de la oscuridad para
> demostrar, a escala global, el poder integrador de que le dotaba su origen
> divino. Al cerrarse el siglo, la confluencia de estos dos acontecimientos
> históricos resulta aún más patente.
> 
> El Siglo de la Luz, preparado bajo nuestra supervisión, pasa
> revista a estos dos procesos y a la relación que los une en el contexto de las
> Enseñanzas bahá’ís. Lo encomendamos al estudio meditado de los amigos, en la
> confianza de que las perspectivas que abre se demostrarán espiritualmente
> fecundas y una ayuda práctica a la hora de compartir con los demás las
> impresionantes implicaciones de la Revelación que aporta Bahá’u’lláh.
> 
> La Casa Universal
> de Justicia
> 
> Naw-Rúz, 158 e.b
> 
> EL SIGLO DE LA LUZ
> 
> El siglo XX, el
> más turbulento de la historia humana, ha llegado a su fin. Aturdidos por el
> agravamiento del caos moral y social que ha identificado su curso, el conjunto
> de los pueblos del mundo ansían relegar al recuerdo los sufrimientos de todas
> estas décadas pasadas. No importa cuán frágiles sean los cimientos que
> sustentan la esperanza en un futuro, ni cuán enormes los peligros que acechan,
> la humanidad parece creer desesperadamente que, mediante alguna conjunción
> fortuita de circunstancias, podrá no obstante embridar sus designios para
> conformarlos a sus propios deseos dominantes.
> 
> A la luz de las enseñanzas de Bahá’u’lláh tales esperanzas no sólo son
> ilusorias, sino que pierden de vista por completo la naturaleza y significado
> del gran punto de inflexión por el que ha atravesado el mundo en estos cien
> años decisivos. Únicamente en la medida en que la humanidad llegue a comprender
> los alcances de lo ocurrido durante este período histórico será capaz de hacer
> frente a los desafíos que se extienden ante ella. El valor de la aportación que
> como bahá’ís podemos realizar al proceso exige que nosotros mismos comprendamos
> el significado de la transformación histórica forjada durante el siglo XX.
> 
> Lo que posibilita esta percepción, en nuestro caso, es la luz derramada por
> el Sol naciente de la Revelación de Bahá’u’lláh y la influencia que ésta ha
> llegado a ejercer en los asuntos humanos. Las siguientes páginas responden a
> esta oportunidad.
> 
> I
> 
> Reconozcamos
> desde un principio la magnitud de la catástrofe que la raza humana ha llegado a
> infligirse durante el período histórico que examinamos. Incalculables son las
> pérdidas en vidas humanas. La desintegración de las instituciones fundamentales
> del orden social; la violación -más aún, el abandono- de las normas de
> decencia; la traición de las conciencias, subyugadas por ideologías tan
> raquíticas como huecas; la invención y el despliegue de armas monstruosas de
> aniquilación masiva; la quiebra de naciones enteras y el sometimiento de
> grandes muchedumbres a una pobreza desesperanzada; la destrucción temeraria del
> medio ambiente; tales constituyen tan sólo algunas de las muestras más
> evidentes del catálogo de horrores desconocidos incluso en las edades más
> aciagas del pasado. El mero hecho de mencionarlas trae al recuerdo los avisos
> divinos expresados hace un siglo por boca de Bahá’u’lláh: “¡Oh desatentos!
> Aunque los portentos de Mi Misericordia abarcan todas las cosas creadas, tanto
> visibles como invisibles, y aunque las revelaciones de Mi gracia y munificencia
> han calado en cada átomo del universo, no obstante la vara con la que puedo
> escarmentar al malvado es aflictiva, y la fiereza de Mi furia contra ellos,
> terrible”.[1]
> 
> A fin de evitar que ningún observador de la Causa se viera tentado de
> desnaturalizar tales avisos tomándolos por simple metáfora, Shoghi Effendi, al
> extraer algunas de las implicaciones históricas, escribía en 1941:
> 
> Una tempestad de violencia sin precedentes, de
> rumbo imprevisible, y de efectos catastróficos inmediatos, de resultados
> finales inimaginablemente gloriosos, barre en la actualidad la faz de la
> tierra. La fuerza que la impulsa aumenta inexorablemente en extensión e ímpetu.
> Su poder de purificación, aunque inadvertido, crece día a día. La humanidad,
> atrapada en las garras de su fuerza arrolladora, se siente desconcertada ante
> las pruebas de su irresistible furia. No puede percibir su origen, ni su
> significación, ni discernir su resultado. Perpleja, angustiada e impotente, ve
> cómo este grande y poderoso vendaval de Dios invade las más lejanas y más
> hermosas regiones de la tierra, sacude sus cimientos, trastorna su equilibrio,
> divide sus naciones, destruye los hogares de sus pueblos, arrasa sus ciudades,
> envía al exilio a sus reyes, derriba sus baluartes, desarraiga sus
> instituciones, oscurece su luz y atormenta las almas de sus habitantes.[2]
> 
> *
> 
> Desde el punto de vista de la riqueza e influencias, “el mundo” de 1900 lo
> constituía Europa y, bien que a regañadientes, Estados Unidos. En todo el
> planeta, el imperialismo occidental iba en pos de lo que consideraba su “misión
> civilizadora” entre las poblaciones de otros países. En palabras de un
> historiador, el primer decenio del siglo presentaba visos de ser en esencia una
> continuación del “dilatado siglo XIX” [3], una era cuya desbordante
> autocomplacencia iba a hallar su epítome en los actos con que en 1897 se
> celebraron las bodas de diamante de la Reina Victoria, efeméride que vio cómo
> las calles de Londres acogían durante horas el mayor desfile y despliegue de
> panoplia y poderío militares jamás presenciados por civilización alguna.
> 
> Al iniciarse el siglo, pocos eran, fuera cual fuere su sensibilidad social
> o moral, los que podían presentir las catástrofes que se avecinaban, y pocos,
> si es que los hubo, quienes podían concebir su magnitud. Las jefaturas
> militares de los estados mayores de una mayoría de las naciones europeas daban
> por sentado que habría algún estallido bélico de uno u otro tipo, pero
> contemplaban esta perspectiva con ánimo sereno debido
> a dos firmes convicciones: la contienda sería corta y... la ganarían ellos. En
> un grado que podía parecer poco menos que milagroso, el movimiento
> internacional por la paz había conseguido el apoyo de hombres de estado,
> industriales, eruditos, medios de difusión, y aun de personalidades influyentes
> y tan insólitas como el propio Zar de Rusia. Aunque el incremento desmesurado
> de armamentos parecía ominoso, la red laboriosamente entretejida y a menudo
> imbricada de alianzas parecía garantizar que podría evitarse una conflagración
> general y que se resolverían las contiendas regionales, tal como había venido
> sucediendo a lo largo del siglo anterior. Esta ilusión quedaba reforzada por el
> hecho de que las testas coronadas de Europa, la mayoría de ellas miembros de
> una misma amplia familia, y muchas de ellas en ejercicio de un poder político
> en apariencia decisivo, se trataban mutuamente por sus apodos, se cruzaban
> correspondencia íntima, se daban sus hijas y hermanas en matrimonio, compartían
> vacaciones durante largos períodos del año en que disfrutaban de los castillos,
> regatas y cotos de caza de unos y de otros. Más aún, las penosas disparidades
> en la distribución de la riqueza de las sociedades occidentales habían sido
> objeto de esmerada atención -si bien no muy sistemática- mediante legislacion
> destinadas a atajar lo peor de los despidos corporativos, característicos de
> los decenios anteriores, y a atender las demandas más urgentes de las
> crecientes poblaciones urbanas.
> 
> Por ese mismo entonces, la inmensa mayoría de la familia humana, situada
> fuera de la órbita del mundo occidental, compartía pocas de las bendiciones y
> apenas algo del optimismo que rezumaban sus hermanos europeos y americanos.
> China, pese a su antigua civilización y a esa sensación de ser el “reino de en
> medio”, era ya por entonces infeliz víctima del saqueo perpetrado por las
> naciones occidentales y por su vecino modernizado, Japón. Las multitudes de la
> India, cuya economía y vida política habían caído tan completamente bajo el
> dominio de un único poder imperial que incluso el habitual regateo les era
> imposible, esquivó varios de los peores abusos que afligieron a otras tierras,
> pero padeció indefensa la sangría de sus recursos más vitales. El calvario que
> se avecinaba sobre América Latina quedaba muy claramente prefigurado en el
> sufrimiento de México, país del que amplios sectores fueron anexionados por su
> gran vecino del Norte, y cuyos recursos naturales habían atraído la atención de
> firmas extranjeras. Particularmente embarazoso desde el punto de vista
> occidental -por lindar con capitales europeas tan rutilantes como Berlín y
> Viena- era el régimen de opresión medieval bajo el cual los cien millones de
> siervos rusos, nominalmente manumitidos, llevaban una existencia sombría y
> desesperanzada. Más trágica, si cabe, era la suerte de los habitantes del
> continente africano, divididos entre sí por fronteras artificiales creadas de
> resultas del cínico regateo operado por los poderes europeos. Se calcula que
> durante el primer decenio del siglo XX más de un millón de personas perecieron
> en el Congo -muertos de hambre, apaleados, literalmente agotados por el exceso
> de trabajo realizado a beneficio de sus amos distantes, como preludio del
> destino que había de arrastrar a más de cien millones de sus congéneres de
> Europa y Asia antes de que culminase el siglo.[4]
> 
> Las grandes muchedumbres de la humanidad, expoliadas y burladas, pero
> representativas de la mayoría de la población mundial, no eran vistas como
> protagonistas sino esencialmente como objetos del tan pregonado proceso
> civilizador del nuevo siglo. A pesar de los beneficios que le reportaban a una
> minoría de entre éstas, los pueblos coloniales existían fundamentalmente para
> que se actuase en ellos -como objeto de uso, formación, explotación, cristianización,
> civilización, movilización- al socaire de las mudables prioridades dictadas por
> las potencias occidentales. Dichas prioridades quizá fueran severas o leves en
> cuanto a su plasmación, ilustradas o egoístas, evangélicas o explotadoras; pero
> venían modeladas por fuerzas materialistas que determinaban tanto su sentido
> como la mayor parte de sus fines. En gran medida, las devociones religiosas y
> políticas de diversa suerte lo que hacían no era sino enmascarar tanto los
> fines como los medios a los ojos del público de tierras occidentales, que de
> esta forma extraía cierta satisfacción moral de las bendiciones que sus
> naciones supuestamente conferían a pueblos menos dignos, en tanto que ellos
> mismos disfrutaban de los frutos materiales de esta benevolencia.
> 
> Señalar los tropiezos de una gran civilización no implica negar sus logros.
> Al abrirse el siglo XX, los pueblos de Occidente podían enorgullecerse con
> razón de los avances tecnológicos, científicos y filosóficos atribuibles a sus
> respectivas sociedades. Decenios de experimentación habían colocado en sus
> manos unos medios materiales de alcances insospechados para el resto de la
> humanidad. Tanto en Europa como en América se habían alzado grandes emporios
> industriales dedicados a la metalurgia, a la manufactura de productos químicos
> de toda suerte, tejidos, construcción y producción de instrumentos que
> realzaban cualquier faceta de la vida. Todo un proceso de descubrimientos,
> diseño y mejora facilitaba un poder de magnitud inimaginable (aunque con
> consecuencias ecológicas igualmente insospechadas por entonces), un proceso
> posibilitado especialmente por el uso de una electricidad y combustible
> baratos. La “era de los ferrocarriles” se encontraba ya muy avanzada y los
> vapores surcaban las rutas marítimas del mundo. Con la proliferación del
> telégrafo y el teléfono, la sociedad occidental se adelantaba al momento en que
> iba a verse libre de los efectos limitativos que las distancias geográficas
> habían impuesto a la humanidad desde la aurora misma de la historia.
> 
> Los cambios que iban teniendo lugar en un nivel más profundo del
> pensamiento científico revestían alcances incluso muy superiores. El siglo XIX
> se había mantenido todavía bajo el influjo de la perspectiva newtoniana, la
> cual concebía el mundo como un inmenso sistema de relojería. Ahora bien, a
> fines de aquel siglo ya se habían producido los
> avances que habrían de transformar semejante cuadro. Surgían por entonces
> nuevas ideas que conducirían a la formulación de la mecánica cuántica; y no
> hubo de transcurrir demasiado tiempo sin que los efectos revulsivos de la
> teoría de la relatividad pusieran en solfa las creencias sobre el mundo, ideas
> que hasta entonces se habían aceptado durante siglos como si fueran de sentido
> común. Tamaños avances se vieron animados, y su influjo grandemente
> amplificado, por el hecho de que la ciencia se había transformado al pasar de
> ser una actividad propia de pensadores aislados a ser una ocupación acometida
> de forma sistemática por parte de una comunidad internacional amplia e influyente,
> la cual se movía en entornos universitarios, laboratorios y simposios
> destinados al intercambio de descubrimientos experimentales.
> 
> Tampoco se limitaba la potencia de las sociedades occidentales a los
> avances científicos y técnicos. Conforme amanecía el siglo XX, la civilización
> occidental pudo cosechar los frutos de una cultura filosófica que daba rienda
> suelta a las energías de sus poblaciones, y cuyo influjo produciría un impacto
> revolucionario en el mundo entero. Fue ésta una cultura que conducía al
> gobierno constitucional, que hacía alarde del imperio de la ley y del respeto
> hacia los derechos de todos los miembros de la sociedad, una cultura que
> trazaba como horizonte para todos las perspectivas de una próxima edad de
> justicia social. Si bien las proclamas de libertad e igualdad que inflaban la
> retórica patriótica de los países occidentales no se comparaban en absoluto con
> las condiciones imperantes, los occidentales podían, con razón, celebrar los
> avances obtenidos a lo largo del siglo XIX en dirección hacia esos ideales.
> 
> Desde una perspectiva espiritual, la época estaba hechizada por una
> dualidad extraña y paradójica. En casi todos los ámbitos el horizonte
> intelectual estaba ensombrecido por esas nubes de la superstición surgidas de
> la imitación irreflexiva de otras épocas. Para la mayoría de la población
> mundial, las consecuencias oscilaban entre una ignorancia profunda sobre las
> potencialidades humanas o sobre el universo físico y el apego ingenuo a
> teologías que ya no guardaban apenas relación con la experiencia. Allá donde
> los vientos del cambio lograron despejar las brumas entre las clases educadas
> de los países occidentales, las ortodoxias heredadas se vieron harto a menudo
> reemplazadas por la plaga de un secularismo agresivo que cuestionaba tanto la
> naturaleza espiritual de la humanidad como la autoridad de los propios valores
> morales. En todas partes, la secularización de los niveles superiores de la
> sociedad iba emparejada a un oscurantismo religioso, predominante entre el
> grueso de la población. En el plano más profundo, y debido a que la influencia
> de la religión suele calar hondo en la psique humana reclamando para sí una
> clase singular de autoridad, durante generaciones sucesivas todos los países
> han visto cómo los prejuicios religiosos mantenían vivos los rescoldos de los
> odios viscerales que habrían de alimentar los horrores de los siguientes
> decenios.[5]
> 
> II
> 
> Sobre el telón de fondo que dibujaba esta mezcla de falsa confianza y
> profunda desesperación, de iluminación científica y penumbra espiritual, surgió
> con el siglo XX la figura luminosa de ‘Abdu’l-Bahá. El camino que Le había
> traído a esta coyuntura apoteósica en la historia de la humanidad había
> recorrido más de cincuenta años de exilio, encarcelamiento y privaciones, de
> los cuales ni un solo mes podría calificarse de sosiego o tranquilidad. Había
> llegado a esta hora resuelto a proclamar tanto a los receptivos como a los
> desatentos el establecimiento en la tierra de ese reino prometido de paz y
> justicia universales que a lo largo de los siglos había dado alas a la
> esperanza. Sus cimientos, declaró, los constituirían la unificación, en este
> “siglo de la luz”, de las gentes del mundo:
> 
> En este día (...) los medios de
> comunicación se han multiplicado, y los cinco continentes de la tierra se han
> fundido virtualmente en uno solo (...) Del mismo modo, todos los miembros de la
> familia humana, ya se trate de pueblos o de gobiernos, de ciudades o de aldeas,
> se han vuelto cada vez más interdependientes (...) De ahí que la unidad de la humanidad
> pueda lograrse en este día. En verdad, ésta no es sino una de las maravillas de
> esta prodigiosa edad, de este siglo glorioso.[6]
> 
> Durante los prolongados años de encarcelamiento y destierro que siguieron a
> la negativa de Bahá’u’lláh de servir a los intereses políticos de las
> autoridades otomanas, a ‘Abdu’l-Bahá Le fue confiada la dirección de los
> asuntos de la Fe junto con la responsabilidad de actuar como portavoz de Su
> Padre. Un aspecto significativo de esta labor lo constituían las relaciones con
> los funcionarios locales y provinciales que venían a recabar Su consejo con
> relación a sus propios problemas. No muy diferentes eran las necesidades que
> acuciaban en el país natal del Maestro. Ya en 1875, y en respuesta a las
> instrucciones de Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá dirigió a los gobernantes y pueblos
> de Persia el tratado titulado El secreto
> de la civilización divina, en el que sentaba los principios espirituales
> que habrán de guiar la configuración de esta civilización en la era de la
> madurez humana. Los párrafos de apertura hacían un llamamiento al pueblo de
> Irán instándolo a que reflexionase sobre las lecciones que la historia nos
> depara en torno a las claves del progreso social:
> 
> Considera atentamente: todos estos fenómenos
> variados, estos conceptos, este conocimiento, estos métodos técnicos y sistemas
> filosóficos, estas ciencias, artes, industrias e inventos; todos son
> emanaciones de la mente humana. Cuanto más se han adentrado las gentes en este
> océano sin fondo, tanto más se han superado. La dicha y el orgullo de una
> nación consisten en esto, a saber, en que han de brillar como el sol en el alto
> cielo del conocimiento. “¿Podrán los que poseen conocimiento y quienes no lo
> poseen recibir idéntico trato?”.[7]
> 
> El secreto de la
> civilización divina presagiaba
> la orientación que habría de fluir de la pluma de ‘Abdu’l-Bahá en los decenios
> ulteriores. Tras la devastadora pérdida que siguió a la ascensión de
> Bahá’u’lláh, los creyentes persas vieron revivir sus corazones con una marea de
> Tablas procedentes del Maestro, Tablas que suministraban no sólo el necesario
> sostén espiritual, sino también las directrices que
> les permitirían orientarse en medio de la agitación que sacudía el orden
> establecido de su país. Dichas comunicaciones, que alcanzaron incluso a las
> aldeas más diminutas repartidas por el país, daban respuesta a requisitorias y
> preguntas formuladas por un sinfin de creyentes, a quienes, por ese medio, se
> les impartía ánimos, orientaciones y seguridad. Así, por ejemplo, en una Tabla
> dirigida a los creyentes de la aldea de Kishih, se menciona por su
> nombre a casi 160 habitantes; hablando de la época que alboreaba, dice el
> Maestro: “Éste es el siglo de la luz”, y a continuación explica que el
> significado de esta imagen es la aceptación del principio de la unidad y sus
> implicaciones:
> 
> Con ello quiero expresar que los amados del Señor
> deben considerar a todos los malintencionados como deseosos del bien (...) esto
> es, deben relacionarse con un enemigo como corresponde a un amigo, y tratar al
> opresor como si fuera un compañero amable. No deberían fijarse en las faltas o
> las transgresiones de sus enemigos, ni prestar atención a su enemistad,
> iniquidad u opresión.[8]
> 
> Cosa extraordinaria en este caso, esta pequeña compañía de creyentes
> perseguidos, afincada en un rincón remoto de un país que todavía permanecía por
> lo demás intacto y ajeno a la vida social e intelectual exteriores, queda
> emplazada en virtud de esta Tabla a remontar la mirada por encima de las
> preocupaciones locales y observar, desde el plano global, las implicaciones de
> la unidad:
> 
> Antes bien, deberían ver a los pueblos a la luz
> del llamamiento de la Bendita Belleza en el sentido de que todos los miembros
> de la raza humana son siervos del Señor de poder y gloria, ya que Él ha puesto
> a la creación entera bajo el alcance de Su expresión munífica, y ha dispuesto
> que les mostremos a todos amor y afecto, sabiduría y compasión, fidelidad y
> unidad, sin discriminación alguna.[9]
> 
> En este caso, el
> llamamiento del Maestro no sólo invita a alcanzar un nuevo nivel de
> comprensión, sino que también entraña la necesidad de comprometerse con hechos.
> En la urgencia y confianza que destila este lenguaje puede apreciarse el poder
> que habría de dar origen a los grandes logros protagonizados por los creyentes
> persas en los decenios posteriores, tanto en la promoción mundial de la Causa
> como en la adquisición de las capacidades que han de impulsar la civilización:
> 
> ¡Oh vosotros amados del Señor! Con máxima gloria y
> alegría, servid al mundo de la humanidad y amad a la raza humana. Desviad
> vuestros ojos de las limitaciones y desembarazaos de las restricciones, pues
> (...) librarse de ellas redunda en bendiciones y favores divinos.
> 
> Por lo cual, no descanséis, ni siquiera un
> instante; y no busquéis un minuto de tregua ni un momento de reposo. Alzaos,
> como las olas de un enorme mar, y bramad como el leviatán del océano de la
> eternidad.
> 
> Por tanto, mientras haya un latido de vida en las
> venas, hay que esforzarse y laborar, y afanarse por establecer unos cimientos
> que el paso de los siglos y ciclos no pueda socavar, y por levantar un edificio
> que el transcurso de las edades y eones no pueda derribar- un edificio que
> resulte eterno y duradero, de modo que la soberanía del corazón y del alma
> pueda asentarse y afianzarse en ambos mundos.[10]
> 
> Desde una perspectiva mucho más desapasionada y global que la actualmente
> posible, los historiadores sociales del futuro, beneficiarios de un acceso sin
> obstáculos a toda la documentación primaria, estudiarán minuciosamente la
> transformación lograda por el Maestro en aquellos albores. Día tras día, mes
> tras mes, desde un exilio distante donde sufría el acoso continuo de una hueste
> inclemente de enemigos, ‘Abdu’l-Bahá logró estimular la expansión de la
> comunidad bahá’í persa, y más aún moldear su conciencia y vida colectivas. El
> resultado fue el surgimiento de una cultura, no importa cuán localizada, que
> carecía de paralelo alguno en la historia de la humanidad. Nuestro siglo, con
> todas sus revueltas y pretensiones grandilocuentes de crear un nuevo orden,
> carece de un ejemplo comparable de aplicación sistemática de los poderes de una
> sola Mente a la construcción de una comunidad diferenciada y triunfante que cifraba su esfera última de actuación en el propio planeta.
> 
> Pese a sufrir atrocidades intermitentes a manos del clero musulmán y sus
> valedores, y sin contar con la protección de la sucesión de indolentes monarcas
> Qájáres, la comunidad bahá’í persa halló un nuevo soplo de vida. El número de
> creyentes se multiplicó en todas las regiones del país, se adhirieron personas
> destacadas de la vida social, incluyendo miembros influyentes del clero, y los
> precursores de las instituciones administrativas empezaron a asomar en forma de
> rudimentarios cuerpos consultivos. Apenas cabe exagerar la importancia de este
> último acontecimiento. Así fue cómo en un país y en medio de una población
> acostumbrada desde siglos a un sistema patriarcal donde toda la autoridad
> ejecutiva y decisoria se concentraba en manos de un monarca absoluto o de
> mujtahides shí‘íes, surgía una comunidad, representativa de todos los
> sectores de esa misma sociedad, que había roto con el pasado, asumiendo por sí
> misma la responsabilidad de decidir sus asuntos mediante actuaciones
> consultivas.
> 
> En la sociedad y cultura que el Maestro iba desarrollando, las energías
> espirituales se expresaban en los asuntos prácticos más cotidianos. El énfasis
> en las enseñanzas sobre educación proporcionó el impulso que llevó al
> establecimiento de escuelas bahá’ís en la capital y en otros centros
> provinciales, incluyendo la escuela Tarbíyat de niñas [11], la cual habría de
> alcanzar renombre en todo el país. Gracias al auxilio prestado por los colegas
> bahá’ís norteamericanos y europeos, a estas iniciativas pronto habrían de
> sumarse clínicas y otras instituciones médicas. Una red de correo de ámbito
> nacional facilitaba a la esforzada comunidad bahá’í los rudimentos de un
> servicio postal del que el resto del país carecía ostensiblemente. Los cambios
> operados afectaban incluso a las circunstancias más caseras del día a día. Así
> por ejemplo y atendiendo a las leyes del Kitáb-i-Aqdas, los bahá’ís persas
> abandonaron el uso de los inmundos baños públicos, focos contagiosos de
> enfermedades e infecciones, para dar paso al empleo de duchas de agua
> corriente.
> 
> Todos estos avances, ya fueran sociales, organizativos o prácticos,
> derivaban su empuje de la transformación moral que de forma continua iba
> distinguiendo a los bahá’ís -incluso a los ojos de quienes se mostraban
> hostiles a la Fe- como candidatos para puestos de confianza. El que cambios de
> tan grandes alcances se produjeran tan rápidamente en un segmento de la
> población persa, destacándola de la mayoría circundante, casi toda ella hostil,
> era una demostración de los poderes liberados gracias a la Alianza establecida
> por Bahá’u’lláh con Sus seguidores y a la asunción de ‘Abdu’l-Bahá de la
> jefatura de que esta misma Alianza Le había investido singularmente.
> 
> Durante aquellos años la vida política persa no conoció prácticamente sino
> el desconcierto. En tanto que el sucesor inmediato de Ná?iri’d-Dín Sháh, Mu?affari’d-Dín Sháh, se vio inducido
> a aprobar una constitución en 1906, el sucesor de éste, Mu?ammad-‘Alí Sháh, disolvió de forma
> temeraria los dos primeros parlamentos, en cierta ocasión llegando incluso a
> atacar con cañones el edificio en donde se reunía el legislativo. El así
> llamado “Movimiento Constitucional” que le derrocó y que obligó a A?mad Sháh, el último rey Qájár, a
> convocar un tercer parlamento, se vio escindido por facciones rivales
> manipuladas desvergonzadamente por el clero shí‘í. Los esfuerzos
> realizados por los bahá’ís a fin de desempeñar un papel constructivo en este
> proceso modernizador se vieron frustrados una y otra vez por las facciones
> monárquica y popular, ambas inspiradas por el prejuicio religioso dominante que
> veía en la comunidad un mero chivo expiatorio de conveniencia. Una vez más,
> sólo una edad políticamente más madura que la nuestra podrá apreciar el modo en
> que el Maestro -sentando un ejemplo de lo que serían los desafíos que
> inevitablemente habría de afrontar la comunidad bahá’í en el futuro- guió a la
> atribulada comunidad para que hiciera todo lo necesario para animar la reforma
> política, y luego mostrarse dispuesta a hacerse a un lado cuando dichos
> esfuerzos se vieran rechazados con cinismo.
> 
> No fue sólo gracias a Sus Tablas como logró ‘Abdu’l-Bahá esta influencia en
> la comunidad bahá’í, la cual había de experimentar tan rápido desarrollo en la
> cuna de la Fe. A diferencia de sus correligionarios occidentales, los bahá’ís
> persas carecían de atuendo o apariencia que los distinguiese de los demás
> pueblos del Cercano Oriente, por lo que los viajeros venidos desde Persia no
> despertaban las sospechas de las autoridades otomanas. En consecuencia, la
> afluencia constante de peregrinos persas fue para ‘Abdu’l-Bahá otro medio
> potente de inspirar a los amigos, de guiar sus actividades y de acercarlos
> incluso más hondamente a la comprensión del propósito de Bahá’u’lláh. Algunos
> de los nombres más eximios de la historia persa bahá’í figuran entre aquellos
> que viajaron a ‘Akká y regresaron a sus hogares dispuestos a entregar la vida
> si fuera necesario para hacer realidad la visión del Maestro. El inmortal Varqá
> y su hijo Rú?u’lláh forman parte de este privilegiado contingente, al igual que ?ájí
> Mírzá ?aydar ‘Alí, Mírzá Abu’l Fa?l, Mírzá Mu?ammad-Taqí
> Afnán y otras cuatro
> distinguidas Manos de la Causa, Ibn-i-Abhar, ?ájí Mullá Alí Akbar, Adíbu’l-Ulamá e
> Ibn-i-A?daq. El
> espíritu que hoy día sostiene a los pioneros persas en cualquier parte del
> mundo y que desempeña un papel tan creativo en la construcción de la vida
> comunitaria bahá’í discurre como una línea recta que atraviesa una familia tras
> otra hasta remontarse a aquellos días heroicos. Retrospectivamente, se hace
> evidente que el fenómeno que hoy día conocemos como los dos procesos hermanos
> de expansión y consolidación también tienen su origen en aquellos años
> portentosos.
> 
> Inspirados por las palabras del Maestro de que daban cuenta a su regreso
> los peregrinos, los creyentes persas se alzaron a emprender actividades de enseñanza
> viajera por el Lejano Oriente. Ya durante los últimos años del Ministerio de
> Bahá’u’lláh se habían establecido comunidades en la India y Birmania, y la Fe
> había llegado incluso hasta la lejana China. Esa misma labor se veía ahora
> reforzada. Prueba ostensible de los nuevos poderes de esta Causa fue la
> erección en la provincia rusa de Turquestán, donde se había desarrollado una
> vida comunitaria bahá’í vigorosa, de la primera Casa de Adoración bahá’í del
> mundo [12], cuyo proyecto fue inspirado por el Maestro y guiado desde su
> nacimiento por Sus consejos.
> 
> Fue este amplio repertorio de actividades, llevadas a cabo por un conjunto
> cada vez más seguro de sí mismos e integrado por creyentes establecidos en
> tierras que se extendían desde el Mediterráneo hasta los mares de China, lo que
> constituyó la base que permitió a ‘Abdu’l-Bahá proseguir las oportunidades
> prometedoras que ofrecía el nuevo siglo y que ya habían comenzado a desplegarse
> en Occidente. Un rasgo nada insignificante de este cimiento fue la ampliación
> de su extensión con representantes de la gran diversidad de orígenes raciales,
> religiosos y nacionales de Oriente. Dicho logro proporcionó a ‘Abdu’l-Bahá los
> ejemplos, a los que recurriría repetidamente en Su proclamación ante audiencias
> occidentales, de las fuerzas integradoras que habían sido liberadas con el
> advenimiento de Bahá’u’lláh.
> 
> La mayor victoria cosechada por el Maestro durante Sus primeros años de
> ministerio fue la que supuso la erección en el Monte Carmelo, sobre el
> emplazamiento designado a tal fin por Bahá’u’lláh y no sin inmensos desvelos,
> del mausoleo destinado a acoger los restos del Báb, traídos a Tierra Santa tras
> pasar por enormes riesgos y penalidades. Shoghi Effendi ha explicado que, en
> tanto que en épocas pasadas la sangre de los mártires nutrió la simiente de la
> fe de las personas, en este día se ha convertido en la simiente de las
> instituciones administrativas de la Causa[13]. Tal observación confiere un
> significado especial al modo en que el Centro Administrativo del Orden Mundial
> de Bahá’u’lláh había de cobrar cuerpo a la sombra del Santuario del Profeta
> Mártir de la Fe. Shoghi Effendi aquilata el logro del Maestro situándolo en su
> perspectiva global e histórica:
> 
> Pues, así como en el reino del espíritu la
> realidad del Báb ha sido aclamada por el Autor de la Revelación Bahá’í como “el
> Punto en torno al cual gira la realidad de los Profetas y Mensajeros”, del
> mismo modo, en este plano visible, Sus sagrados restos constituyen el corazón y
> centro de lo que debe considerarse como nueve círculos concéntricos [14], de
> modo que con ello se establece un paralelo y se hace más hincapié en el puesto
> central conferido por el Fundador de nuestra Fe a Aquel “de Quien Dios ha hecho
> que emane el conocimiento de todo lo que ha sido y será”, “el Punto Primordial
> a partir del cual se han generado todas las cosas creadas”.[15]
> 
> El significado a los ojos del propio ‘Abdu’l-Bahá de la misión que había
> cumplido a tan alto precio queda conmovedoramente descrito en palabras de
> Shoghi Effendi:
> 
> Cuando todo concluyó y los restos terrenales del
> Profeta Mártir de Shiraz estaban, por fin, depositados a salvo para su eterno
> descanso en el seno de la montaña sagrada de Dios, ‘Abdu’l-Bahá, Quien Se había
> quitado el turbante, descalzo y sin capa, Se inclinó sobre el sarcófago todavía
> abierto, al tiempo que Su cabello plateado ondeaba en torno a Su cabeza y a Su
> rostro, transfigurado y reluciente, apoyó la frente en el borde del ataúd de
> madera y, sollozando en alto, lloró con tal intensidad que todos los presentes
> lloraron con Él. Esa noche no pudo dormir, tan abrumado estaba por la emoción”
> [16]
> 
> Entrado 1908, la denominada “Revolución de los Jóvenes Turcos” había
> liberado no sólo a la mayoría de los prisioneros políticos del Imperio Otomano,
> sino también a ‘Abdu’l-Bahá. De improviso, habían desaparecido las
> restricciones que Le habían recluido en la ciudad prisión de ‘Akká y sus
> aledaños permitiéndole ahora al Maestro acometer una empresa que Shoghi Effendi
> más adelante describiría como uno de los tres logros principales de Su
> ministerio: Su proclamación pública de la Causa de Dios en las grandes urbes
> del mundo occidental.
> 
> *
> 
> Debido al giro dramático de los acontecimientos ocurridos en Norteamérica y
> Europa, los relatos sobre las históricas travesías del Maestro tienden a veces
> a pasar por alto el importante año inicial transcurrido en Egipto. ‘Abdu’l-Bahá
> llegó a sus costas en septiembre de 1910 con intención de trasladarse
> directamente a Europa; no obstante, Se vio forzado por enfermedad a convalecer
> hasta agosto del año siguiente en Ramlih, un barrio de Alejandría. Como
> resultado, los meses que siguieron constituyeron un período de gran
> productividad cuyos plenos efectos sobre los destinos de la Causa,
> especialmente en el continente africano, han de sentirse en muchos años por
> venir. En alguna medida el camino había sido abonado por la cálida admiración
> que por el Maestro sentía Shaykh Mu?ammad ‘Abduh, quien se había encontrado con Él en varias
> ocasiones en Beirut y quien posteriormente llegó a ser Muftí de Egipto y figura
> destacada de la Universidad de Al-Azhar.
> 
> Una faceta de la estancia egipcia que merece especial atención lo constituye
> la oportunidad que ésta propició para la primera proclamación pública del
> mensaje de la Fe. El clima relativamente cosmopolita y liberal que se vivía en
> El Cairo y Alejandría por la época dieron pie a discusiones francas e
> inquisitivas entre el Maestro y figuras destacadas del mundo intelectual sunní.
> Entre éstas figuraban clérigos, parlamentarios, administradores y aristócratas.
> Además, los redactores y periodistas de los diarios más influyentes de lengua
> árabe, cuya información sobre la Causa procedente de Persia y Constantinopla
> había estado coloreada por los prejuicios,
> disponían ahora de la oportunidad de conocer por sí mismos datos de primera
> mano. Las publicaciones que en el pasado se habían mostrado abiertamente
> hostiles cambiaron de tono, como fue el caso de los redactores de un periódico
> que entonces abrían un artículo sobre la llegada del Maestro haciendo
> referencia a “Su Eminencia Mírzá ‘Abbás Effendi, ilustre y erudita Cabeza de
> los bahá’ís de ‘Akká y Centro de autoridad para los bahá’ís de todo el mundo”
> al tiempo que expresaba su aprecio por Su visita a Alejandría [17]. Éste y
> otros artículos hacían un elogio especial de la comprensión que ‘Abdu’l-Bahá
> demostraba tener sobre el Islam y los principios de unidad y tolerancia
> religiosa que subyacían a Sus enseñanzas.
> 
> A pesar del quebranto de salud que padecía el Maestro, el interludio
> egipcio se demostró una gran bendición. Los diplomáticos y funcionarios
> occidentales pudieron observar de primera mano el extraordinario éxito de
> relaciones obtenido por ‘Abdu’l-Bahá en Su trato con figuras destacadas de una
> región del Oriente Próximo que tanto interés concitaba en los círculos
> europeos. Así pues, para las fechas en que el Maestro embarcaba hacia Marsella
> el 11 de agosto de 1911, Su fama ya Le había precedido.
> 
> III
> 
> Una Tabla dirigida por ‘Abdu’l-Bahá a un creyente norteamericano en 1905
> contiene una declaración tan ilustrativa como conmovedora. Al referirse a Su
> situación tras la ascensión de Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá menciona la carta
> recibida de América en “una época en que resurgía el océano de las pruebas y
> tribulaciones (...)”:
> 
> Tal era nuestro estado cuando llegó una carta
> procedente de los amigos norteamericanos. Habían pactado, así lo escribían,
> permanecer unidos en todas las cosas, y (...) se habían comprometido a realizar
> sacrificios en el sendero del amor de Dios, para de ese modo alcanzar la vida
> eterna. En el mismo momento en que se leía esta carta, junto con las firmas que
> llevaba al pie, ‘Abdu’l-Bahá experimentó una alegría tan intensa que no hay
> pluma que la describa (...) [18]
> 
> Por muchas razones reviste vital importancia para los bahá’ís
> contemporáneos comprender las circunstancias en que tuvo lugar la expansión de
> la Causa en Occidente. Nos ayudará a abstraernos de la cultura de comunicación
> burda y entrometida que, de puro consabida, en nuestra sociedad pasa casi
> inadvertida. Esta apreciación permitirá que caigamos en la cuenta de la ternura
> con que el Maestro procuró presentar ante Sus audiencias occidentales los
> conceptos sobre la naturaleza humana y la sociedad revelados por Bahá’u’lláh,
> conceptos de repercusioness revolucionarias y enteramente ajenos a la
> experiencia de Sus oyentes. Pone de manifiesto la delicadeza con que el Maestro
> utilizaba las metáforas o Se valía de ejemplos históricos; explica el enfoque
> frecuentemente indirecto que usaba, subraya la intimidad que podía conseguir a
> voluntad, y la paciencia aparentemente ilimitada con que respondía a las
> preguntas, muchos de cuyos presupuestos sobre la realidad han perdido desde
> entonces cualquier validez que pudieran alguna vez haber poseído.
> 
> Otra percepción que revela el examen desprendido de la situación histórica
> abordada por el Maestro en Occidente ayudará a que nuestra generación aprecie
> la grandeza espiritual de quienes respondieron ante Él. Aquellas almas dieron
> respuesta a Su emplazamiento a pesar, no al revés, del mundo liberal y
> económicamente avanzado que conocían, un mundo que sin duda apreciaban y
> valoraban y en el que necesariamente habrían de desenvolverse. Su respuesta se
> suscitó en un nivel de conciencia en el que reconocieron, aunque a veces sólo
> fuese de forma tenue, la necesidad desesperada de la raza humana de hallar
> iluminación espiritual. Permanecer firmes en su compromiso con esta perspectiva
> requería que aquellos primeros creyentes -sobre cuyo autosacrificio descansa el
> cimiento de gran parte de la comunidad bahá’í actual, tanto en Occidente como
> en muchos otros países- resistieran no sólo las presiones familiares y
> sociales, sino también las racionalizaciones simplistas propias de la
> perspectiva en la que se habían educado y a la que todo a su alrededor les
> exponía insistentemente. Había un heroísmo en la firmeza de estos primeros
> bahá’ís occidentales que, a su modo y manera, resulta tan conmovedor como la de
> sus correligionarios persas, quienes por aquellos mismos años sufrían
> persecuciones y matanzas excusadas en la Fe que habían abrazado.
> 
> En la vanguardia de los occidentales que respondieron al emplazamiento del
> Maestro figuran los pequeños grupos de intrépidos creyentes a los que Shoghi
> Effendi aclamó como “peregrinos ebrios de Dios”, quienes tuvieron el privilegio
> de visitar a ‘Abdu’l-Bahá en la ciudad prisión de ‘Akká y de presenciar por sí
> mismos la irradiación de Su Persona y de escuchar de Sus propios labios la
> palabra que poseía el poder de transformar la vida humana. El efecto producido
> sobre estos creyentes lo expresa así May Maxwell:
> 
> “De aquel primer encuentro”, (...) “no puedo
> rememorar ni alegrías ni penas, nada que pueda nombrarse. Repentinamente me
> había visto trasladada a una altura demasiado elevada, mi alma había entrado en
> contacto con el Espíritu divino, y esta fuerza, tan pura, tan santa, tan
> poderosa, me había abrumado (...)” [19]
> 
> Su regreso al
> hogar se convirtió, como explica Shoghi Effendi, en “la señal de un estallido
> de actividad sistemática y constante, la cual (...) se ramificó por Europa
> occidental y los estados y provincias del continente norteamericano”[20]. Dando
> empuje a sus empeños y a los de sus correligionarios, y atrayendo a la Causa a
> un número creciente de seguidores, afluía toda una riada de Tablas que el
> Maestro hacía llegar a destinatarios de ambas orillas del Atlántico, mensajes
> que despertaron la imaginación a los conceptos, principios e ideales de la
> nueva Revelación de Dios. El poder de esta fuerza creadora puede sentirse en
> las palabras con que el primer creyente norteamericano Thornton Chase pretendía
> describir lo que vio:
> 
> Sus propios escritos [del Maestro], que se
> difunden como blancas palomas desde el Centro de Su Presencia hasta los
> confines de la tierra, son tantos (surgen cientos a diario) que es imposible
> que Él haya podido detenerse a meditarlos o dedicarles los procesos mentales
> del erudito: fluyen como torrentes procedentes de una fuente desbordada (...)
> [21]
> 
> Dichos sentimientos añaden su propia perspectiva a la determinación con que
> el Maestro Se dispuso a emprender una aventura tan ambiciosa que causó
> consternación en su entorno más próximo. Haciendo caso omiso de las
> preocupaciones expresadas acerca de Su avanzada edad, Su salud quebrantada, y
> las secuelas físicas originadas por decenios de encarcelamiento, ‘Abdu’l-Bahá
> iba a emprender una serie de travesías que habrían de durar unos tres años, y
> que Le llevarían finalmente hasta la costa del Pacífico del continente
> norteamericano. Las penalidades y riesgos de los viajes internacionales de
> aquellos primeros años del siglo constituían el menor de los obstáculos que
> pudieran entorpecer la realización de los objetivos que Se había fijado. En
> palabras de Shoghi Effendi:
> 
> Él, Quien, en Sus propias palabras, había ingresado en prisión siendo un
> joven y la había abandonado ya anciano, Quien nunca antes había hablado ante un
> auditorio público, ni había asistido a escuela alguna, no Se había movido en los
> círculos occidentales, y no estaba familiarizado con sus costumbres e idiomas,
> Se había alzado no sólo a proclamar desde el púlpito y el estrado, en algunas
> de las principales capitales de Europa y en las ciudades principales del
> continente norteamericano, las verdades distintivas atesoradas en la Fe de Su
> Padre, sino también a demostrar de igual manera el origen divino de los
> profetas anteriores a Él, y a exponer la naturaleza de los vínculos que los
> unían a dicha Fe.[22]
> 
> *
> 
> Apenas se podía desear un escenario para el acto de apertura de este gran
> drama mejor que Londres, capital del Imperio más amplio y cosmopolita jamás
> conocido. A los ojos de los pequeños grupos de creyentes que habían realizado
> las gestiones y que añoraban contemplar Su rostro, el viaje fue un triunfo que
> superaba con creces sus más acariciadas esperanzas. Funcionarios, eruditos,
> escritores, redactores, industriales, dirigentes de movimientos reformistas,
> miembros de la aristocracia británica y clérigos influyentes de numerosas denominaciones
> recabaron ávidamente Su presencia, Le invitaron a sus tribunas, aulas, hogares
> y púlpitos, mostrando aprecio por los puntos de vista que expresaba. El domingo
> 10 de septiembre de 1911, por primera vez ante una audiencia pública, el
> Maestro dirigía la palabra desde el púlpito del City Temple. Sus palabras
> sugerían ante los oyentes la visión de una nueva época en la evolución de la
> civilización:
> 
> Éste es un nuevo ciclo del poder humano. Todos los
> horizontes del mundo son luminosos. En verdad, el mundo ha de convertirse en un
> jardín paradisíaco (...) Vosotros ya estáis desprendidos de las viejas
> supersticiones que han mantenido a los hombres en la ignorancia y que han
> destruido los cimientos mismos de la verdadera humanidad.
> 
> El don de Dios para esta época esclarecida es el
> conocimiento de la unicidad de la humanidad y de la unicidad fundamental de la
> religión. Cesarán las guerras entre las naciones, y por voluntad de Dios vendrá
> la Más Grande Paz; el mundo será visto como un nuevo mundo, y todos los hombres
> vivirán como hermanos.[23]
> 
> Tras una estancia suplementaria de dos meses en París y tras Su regreso a
> Alejandría, donde habría de pasar el invierno y recobrar la salud, ‘Abdu’l-Bahá
> zarpaba el 25 de marzo de 1912 rumbo a Nueva York, ciudad a la que llegaría el
> 11 de abril de ese mismo año.
> 
> Incluso en el plano físico más elemental, un programa repleto de centenares
> de alocuciones públicas, conferencias y charlas en privado pronunciadas en más
> de 40 ciudades de toda Norteamérica y en otras diecinueve de Europa, algunas de
> ellas visitadas en más de una ocasión, fue una gesta que bien puede carecer de
> paralelo en la historia moderna. En ambos continentes, pero sobre todo en
> Norteamérica, ‘Abdu’l-Bahá recibió la bienvenida altamente apreciativa que le tendieron
> unas audiencias distinguidas, entregadas al avance de intereses por la paz, los
> derechos de la mujer, la igualdad racial, la reforma social y el desarrollo
> moral. Casi a diario, Sus charlas y entrevistas fueron objeto de amplia
> atención por parte de los periódicos de gran tirada. Él mismo había de escribir
> más tarde que había “observado que todas las puertas estaban abiertas (...) y
> que el poder ideal del Reino de Dios eliminaba toda traba u obstáculo”.[24]
> 
> La actitud abierta con la que fue recibido permitió a ‘Abdu’l-Bahá
> proclamar sin ambigüedades los principios sociales de la nueva Revelación.
> Shoghi Effendi resume así las verdades que presentó:
> 
> La búsqueda independiente de la verdad, desembarazada de supersticiones o
> tradiciones; la unicidad de toda la raza humana, principio axial y doctrina
> fundamental de la Fe; la unidad básica de todas las religiones; la condena de
> toda forma de prejuicio, sea religioso, racial, de clase o nación; la armonía
> que debe existir entre la religión y la ciencia; la igualdad del hombre y la
> mujer, las dos alas con las que el pájaro del género humano puede levantar el
> vuelo; la introducción de la educación obligatoria; la adopción de un idioma
> universal auxiliar; la abolición de la riqueza y pobreza extremas; la institución
> de un tribunal mundial para la resolución de litigios entre las naciones; la
> exaltación del trabajo, cuando éste se realiza con espíritu de servicio, al
> rango de adoración; la glorificación de la justicia como principio rector de la
> sociedad humana, y de la religión como baluarte para la protección de todos los
> pueblos y naciones; y el establecimiento de una paz permanente y universal como
> meta suprema de toda la humanidad; éstos descuellan como los elementos
> esenciales de la política divina que proclamó ante los grandes figuras
> del pensamiento así como ante las masas en general en el curso de sus travesías
> misioneras.[25]
> 
> El núcleo del mensaje del Maestro consistía en el anuncio de que había
> llegado el Día prometido para la unificación de la humanidad y el
> establecimiento del Reino de Dios en la tierra. Ese Reino, tal como traslucían
> las cartas y alocuciones de ‘Abdu’l-Bahá, nada debía a ninguno de los
> presupuestos transmundanos tan corrientes en las enseñanzas de la religión
> tradicional. Antes bien, el Maestro proclamó la llegada de la humanidad a su
> madurez y el surgimiento de una civilización global en la que el desarrollo del
> arco completo de potencialidades humanas será fruto de la interacción entre los
> valores espirituales universales, por un lado, y por otro, los avances
> materiales con los que apenas cabía soñar siquiera por entonces.
> 
> El medio para alcanzar esta meta, declaraba ‘Abdu’l-Bahá, ya existía. Lo
> que se necesitaba era la voluntad de actuar y la fe para persistir:
> 
> Todos sabemos que la paz internacional es buena, que ella es la causa de la
> vida; pero se necesita voluntad y acción. Por cuanto este siglo es el siglo de
> la luz, la capacidad de alcanzar la paz está garantizada. Es cosa cierta que
> estas ideas se difundirán entre los hombres a tal punto que darán pie a la
> acción.[26]
> 
> Aunque expresados con cortesía y consideración indefectibles, los
> principios de la nueva Revelación quedaron sentados sin componendas tanto en
> los encuentros privados como en los públicos. De forma invariable, los actos
> del Maestro solían ser tan elocuentes como las palabras que empleaba. Así, por
> ejemplo, en Estados Unidos, nada podía trasmitir más claramente la creencia
> bahá’í en la unicidad de la religión que la prontitud con que ‘Abdu’l-Bahá
> incluía referencias al Profeta Mu?ammad en Sus charlas dirigidas a audiencias cristianas, o Su taxativa
> reivindicación del origen divino tanto del Cristianismo como del Islam ante la
> congregación reunida en el Templo Emanu-El de San Francisco. Su capacidad para
> inspirar en las mujeres de todas las edades la confianza de que poseían
> capacidades espirituales e intelectuales plenamente equiparables a las de los
> hombres, Su demostración sin provocaciones, pero clara, del significado de las
> enseñanzas de Bahá’u’lláh sobre la unidad racial al dar la bienvenida a
> invitados negros y blancos en Su propia mesa y a la mesa de Su destacadas
> anfitrionas, y Su insistencia en la importancia trascendente de la unidad en
> todos los aspectos del empeño bahá’í; tales demostraciones sobre el modo en que
> deben compenetrarse los aspectos espirituales y prácticos de la vida abrieron
> ante los creyentes amplios horizontes de renovadas posibilidades. El tono de
> amor incondicional con el que estos desafíos solían expresarse conseguía que
> las audiencias a las que Se dirigía el Maestro superasen sus miedos e
> incertidumbres.
> 
> Mayor aún que el esfuerzo dedicado a Sus exposiciones públicas de la Causa
> fue el tiempo y energía que el Maestro dedicó a ampliar la comprensión de los
> creyentes sobre las verdades espirituales de la Revelación de Bahá’u’lláh. En
> una ciudad tras otra, desde la mañana temprano hasta bien entrada la noche, las
> horas no ocupadas por las exigencias públicas de Su misión se dedicaban a
> responder a las preguntas planteadas por los amigos, a atender a sus
> necesidades y a infundirles un espíritu de confianza en las aportaciones que
> cada uno podría realizar a la promoción de la Causa que habían abrazado. Su
> visita a Chicago Le proporcionó a ‘Abdu’l-Bahá la oportunidad de colocar, con
> Sus propias manos, la piedra angular de la primera Casa de Adoración Bahá’í de
> Occidente, proyecto que se inspiraba en el que por entonces se acometía en ‘Ishqábád,
> igualmente animado desde sus comienzos por ‘Abdu’l-Bahá.
> 
> El Mashriqu’l-Adhkár es una de las
> instituciones más esenciales del mundo, y tiene muchas ramas subsidiarias.
> Aunque es una Casa de Adoración, también está vinculado a un hospital, un
> dispensario de medicamentos, un hospicio para viajeros, una escuela de
> huérfanos y una universidad de estudios avanzados (...) Es mi esperanza que el
> Mashriqu’l-Adhkár se establezca ahora en América, y que luego
> sigan a éste el hospital, la escuela, la universidad, el dispensario y el
> hospicio, todo ello con arreglo a un funcionamiento eficiente y ordenado en
> grado sumo.[27]
> 
> Tal como ocurría con el proceso simultáneamente desplegado en Persia, sólo
> los futuros historiadores podrán apreciar adecuadamente el poder creativo de
> esta faceta de los viajes occidentales. Numerosos recuerdos y cartas dan
> testimonio del modo en que incluso unos breves encuentros con el Maestro
> bastaron para dar sostén a un sinfín de bahá’ís occidentales en sus esfuerzos
> sacrificados de años posteriores dedicados a expandir y consolidar la Fe. Sin
> la intervención del propio Centro de la Alianza, resulta imposible imaginarse
> cómo aquellos grupúsculos de creyentes occidentales hubieran podido percatarse
> con tal rapidez de lo que la Causa exigía de ellos y de emprender las
> descomunales tareas que la empresa comportaba, máxime teniendo en cuenta que
> carecían por completo del legado espiritual de que disfrutaban sus
> correligionarios persas gracias a la dilatada participación de padres y abuelos
> en las gestas heroicas de la primera historia bábí y bahá’í.
> 
> Sus oyentes fueron emplazados a convertirse en protagonistas amorosos y
> confiados de un gran proceso civilizador, cuyo eje lo constituía el
> reconocimiento de la unicidad de la raza humana. ‘Abdu’l-Bahá había prometido
> que, al alzarse a emprender su misión, encontrarían abiertas en sí mismos y en los
> demás capacidades enteramente nuevas con las que Dios había dotado en este Día
> a la raza humana:
> 
> Debéis convertiros en el alma misma del mundo, el espíritu viviente del
> cuerpo de los hijos de los hombres. En esta época maravillosa, y en este tiempo
> en el que la Antigua Belleza, el Más Grande Nombre, portadora de innumerables
> dones, se ha remontado sobre el horizonte del mundo, la Palabra de Dios ha
> infundido en la esencia más íntima de la humanidad tal poder sobrecogedor que
> ha dejado sin efecto las cualidades humanas de la persona, y, con Su potencia
> conquistadora, ha unificado a los pueblos en un vasto océano de unicidad.[28]
> 
> La unidad establecida entre los creyentes no impidió que expresaran
> vívidamente en sus vidas personales las verdades de la Fe en diáfana respuesta
> a este llamamiento. La relación entre la persona y la comunidad ha constituido
> desde siempre uno de los componentes más difíciles del desarrollo de la
> sociedad. Basta leer, incluso de pasada, relatos de la vida de los primeros
> bahá’ís de Occidente para percatarse del elevado grado de individualidad que
> caracterizaba a muchos de ellos, sobre todo a los más activos y creativos. De
> forma no infrecuente, habían encontrado la Fe sólo tras haber indagado
> intensamente en varios de los movimientos espirituales y sociales en boga, y
> esta amplia comprensión de las preocupaciones e intereses de sus contemporáneos
> sin duda les ayudó a convertirse en maestros efectivos de la Fe. Es igualmente
> claro, sin embargo, que la amplitud de expresión y comprensión que les
> caracterizaba no les impidió, ni a ellos ni a sus correligionarios, hacer
> aportaciones efectivas a la construcción de una unidad colectiva, la cual
> constituía el principal atractivo de la Causa. Tal como ponen de relieve las
> memorias y relatos históricos de la época, el secreto de este equilibrio entre
> comunidad y persona lo constituía el vínculo espiritual que relacionaba a todos
> los creyentes con las palabras y ejemplo del Maestro. En un sentido importante
> ‘Abdu’l-Bahá era, para todos ellos, la Causa bahá’í.
> 
> Quedaría inconclusa toda revisión objetiva de la misión de ‘Abdu’l-Bahá en
> Occidente si se descuidara el hecho constatable de que sólo un puñado de los
> que habían aceptado la Fe -y éstos a su vez una fracción infinitamente menor
> del público que se hacinaba para escuchar Sus palabras- extrajo de estas
> oportunidades inapreciables poco más que una tenue comprensión de las
> implicaciones de Su mensaje. Sabedor de estas limitaciones de Sus oyentes,
> ‘Abdu’l-Bahá no dudó al relacionarse con los creyentes occidentales en promover
> hechos que les inducían a lograr un nivel de conciencia muy por encima de la
> mera tolerancia y liberalismo social. Ejemplo representativo del amplio
> muestrario de intervenciones en este sentido fue Su tierna pero poderosa acción
> al animar a que Louis Gregory y Louise Mathews -él negro y ella blanca-
> contrajeran matrimonio. La iniciativa marcó la pauta de la comunidad bahá’í
> americana en cuanto al significado real de la integración racial, por tímida y
> lentamente que sus miembros respondiesen a las implicaciones centrales de este
> reto.
> 
> Aun a falta de una comprensión profunda de las metas del Maestro, quienes
> abrazaron Su mensaje se dispusieron, a menudo a un elevado coste personal, a
> expresar en la práctica los principios que Él enseñó. El compromiso con la
> causa de la paz internacional; la abolición de los extremos de riqueza y
> pobreza que socavaban la unidad de la sociedad; la superación de prejuicios
> nacionales, raciales o de cualquier otro tipo; el fomento de la igualdad en la
> educación de niños y niñas; la necesidad de sacudir los grilletes de dogmas
> antiguos que estorbaban la investigación de la realidad; dichos principios
> beneficiosos para el avance de la civilización habían causado honda impresión.
> Pocos o ninguno de los oyentes del Maestro podían comprender el cambio
> revolucionario que había de operarse en la propia estructura de la sociedad y
> la consecuente sumisión voluntaria de la persona a la Ley divina, único factor
> éste que, en última instancia, puede producir los cambios necesarios de actitud
> y conducta.
> 
> *
> 
> La clave de esta visión sobre la futura transformación de la persona y de
> la vida social de la humanidad fue el anuncio que ‘Abdu’l-Bahá realizó poco
> después de Su llegada a Norteamérica, al proclamar la Alianza de Bahá’u’lláh y
> el papel central que Él mismo había sido llamado a desempeñar en ella. En
> palabras del propio Maestro:
> 
> He aquí la característica más importante de la
> revelación de Bahá’u’lláh, una enseñanza particular que no fue dada por ninguno
> de los Profetas del pasado, a saber: el nombramiento del Centro de la Alianza.
> En virtud de esta designación y disposición Él ha salvaguardado y protegido la
> religión de Dios frente a las diferencias y cismas, imposibilitando con ello
> que nadie origine una nueva secta o facción confesional.[29]
> 
> Al escoger la ciudad de Nueva York para sus fines -designándola “La Ciudad
> de la Alianza”- ‘Abdu’l-Bahá puso de manifiesto ante los creyentes occidentales
> la transmisión de autoridad que operó el Fundador de su Fe con vistas a la
> interpretación definitiva de Su Revelación. Lua Getsinger, una creyente
> altamente respetada, fue llamada por el Maestro para preparar al grupo de
> bahá’ís, reunido en la casa donde residía temporalmente, para este anuncio
> histórico, tras lo cual Él mismo bajó las escaleras y habló en términos
> generales sobre algunas de las repercusiones de la Alianza. Juliet Thompsom,
> quien, junto con uno de los traductores persas, se encontraba en la sala
> inferior en el momento en que esta misión le era confiada a su amiga, nos ha
> dejado un relato de aquellas circunstancias. La autora pone en boca de
> ‘Abdu’l-Bahá las siguientes palabras:
> 
> (...) Yo soy la Alianza, designada por Bahá’u’lláh, y nadie puede refutar
> Su Palabra. Éste es el Testamento de Bahá’u’lláh. Lo encontraréis en el Libro
> Sagrado del Aqdas. Salid a proclamar: “Ésta es la Alianza de Dios entre
> vosotros”.[30]
> 
> Concebida por Bahá’u’lláh como el Instrumento que, en palabras de Shoghi
> Effendi, había de “perpetuar la influencia de [la] Fe, asegurar su integridad,
> salvaguardarla del cisma y estimular su expansión mundial” [31], la Alianza
> había sido violada por miembros de la propia familia de Bahá’u’lláh casi
> inmediatamente después de Su ascensión. Reconociendo que la autoridad de que
> había sido investido el Maestro en el Kitáb-i-‘Ahd, en la Tabla de la Rama y en
> otros documentos relacionados frustraba sus esperanzas personales de explotar
> la Causa en beneficio propio, estas mismas personas desataron una insidiosa
> campaña destinada a socavar Su posición, primero en Tierra Santa y luego en
> Persia, donde se concentraba el grueso de la comunidad bahá’í. Cuando todos
> estos ardides fracasaron, procuraron entonces manipular los temores del
> Gobierno otomano y la avaricia de sus representantes en Palestina. A su vez
> todas estas esperanzas se vinieron abajo cuando la “Revolución de los Jóvenes
> Turcos” derrocó el régimen de Constantinopla, hecho que se saldaría con el
> ahorcamiento de unos 31 oficiales de primera fila, entre ellos varios de los
> que habían estado implicados en los planes de los violadores de la Alianza.
> 
> En Occidente, durante los primeros años del ministerio del Maestro, los
> representantes que enviara habían conseguido neutralizar las maquinaciones de
> Ibráhím Khayru’lláh -irónicamente la misma persona que había presentado
> la Causa a gran número de creyentes americanos-, quien aspiraba a alzarse a la
> jefatura mediante su asociación con los violadores de la Alianza de entre los
> miembros de la Sagrada Familia. Tales experiencias sin duda prepararon a los creyentes
> occidentales para la proclamación formal que había de hacer el Maestro al
> anunciar Su posición e instar firmemente a los creyentes a que evitasen
> cualquier trato con semejantes elementos facciosos. Sin embargo, sólo fue
> gradualmente, conforme las nuevas comunidades pugnaban por superar las
> diferencias de opinión y resistir la perenne tentación humana del
> faccionalismo, como emergieron las implicaciones de esta gran ley organizativa
> de la nueva Dispensación.
> 
> Al tiempo que ‘Abdu’l-Bahá establecía tanto en Sus discursos públicos como
> en conversaciones privadas la visión del mundo de unidad y paz que habría de
> generar la Revelación de Dios para nuestro día, el Maestro avisaba
> enfáticamente de los peligros que ennegrecían el horizonte inmediato de la Fe y
> del mundo. A ambos, decía ‘Abdu’l-Bahá, en palabras de Shoghi Effendi,
> aguardaba “un “invierno de severidad sin parangón”.
> 
> Para la Causa de Dios, aquel invierno se reflejaría en desgarradoras
> traiciones a la Alianza. En Norteamérica, por ejemplo, la inconstancia de un
> pequeño número de personas, frustradas en sus aspiraciones personales de mando,
> acarreó dificultades sin fin para la comunidad; hizo tambalear la fe de
> algunos, en tanto que otros simplemente se fueron apartando de la Causa. En
> Persia, asimismo, la fe de los amigos fue puesta a prueba reiteradamente por
> las maquinaciones de algunas personas ambiciosas que, de improviso, habían
> concebido posibilidades de engrandecimiento personal que creían adivinar en los
> éxitos obtenidos por el Maestro en Occidente. En ambos casos, las consecuencias
> de tales defecciones condujeron, a la postre, al aumento de la devoción de los
> creyentes firmes.
> 
> En cuanto a la humanidad en general, ‘Abdu’l-Bahá avisó en términos
> ominosos de la catástrofe que veía aproximarse. Al tiempo que recalcaba la
> urgencia de los esfuerzos de reconciliación que podrían aliviar en alguna
> medida el sufrimiento de la población mundial, no dejó en Sus oyentes lugar a
> dudas acerca de la magnitud del peligro. En uno de los principales periódicos
> de Montreal, donde la atención prestada al viaje fue extraordinariamente
> exhaustiva, se informaba:
> 
> “Toda Europa es un campo de batalla. Los
> preparativos bélicos terminarán necesariamente en una gran guerra. Los propios
> armamentos engendran guerra. Tamaño arsenal debe volar por los aires. Nada hay
> de profecía en este punto de vista”, manifestó ‘Abdu’l-Bahá; “se apoya tan sólo
> en el razonamiento”.[32]
> 
> El 5 de diciembre de 1912, la Figura que por toda Norteamérica había sido
> aclamada como el “Apóstol de la Paz” zarpaba desde Nueva York a Liverpool. Tras
> estancias relativamente breves en Londres y algunos centros británicos visitó
> varias ciudades del continente, dedicando de nuevo varias semanas a París,
> donde dispuso de los servicios de Hipoplyte Dreyfus, cuyo árabe y persa
> escritos cumplían los requisitos del Maestro. Como capital cultural reconocida
> de la Europa continental, París era el centro focal de visitantes de numerosas
> partes del mundo, incluyendo Oriente. En tanto que las charlas pronunciadas durante
> Sus dos prolongadas visitas a la ciudad hacen referencia frecuente a los
> grandes temas sociales del momento, éstas se distinguen en particular por una
> espiritualidad íntima que debe de haber calado profundamente en los corazones
> de quienes tuvieron el privilegio de verle en persona:
> 
> ¡Alzad vuestros corazones por encima del presente
> y mirad con ojos de fe hacia el futuro! Hoy día la simiente está sembrada, el
> grano cae en la tierra; mas contemplad el día en que hará crecer un árbol
> glorioso cuyas ramas estarán cargadas de frutos. Regocijaos y alegraos pues
> este día ha amanecido, tratad de comprender su poder, ¡pues en verdad es
> maravilloso! [33]
> 
> La mañana del 13 de junio de 1913, ‘Abdu’l-Bahá embarcaba en Marsella a
> bordo del vapor S. S. Himalaya, que habría de trasladarle hasta Port Said,
> Egipto, cuatro días más tarde. Con el regreso a Haifa un 5 de diciembre de 1913
> concluía lo que Shoghi Effendi había denominando “Sus viajes históricos”.
> 
> *
> 
> Casi exactamente dos años después de lo declarado por ‘Abdu’l-Bahá al
> redactor del Montreal Star, se venía estrepitosamente abajo ese mismo mundo que
> había disfrutado de una sensación embriagadora de autoconfianza y cuyos
> cimientos habían parecían inexpugnables. La catástrofe se relaciona
> popularmente con el asesinato en Sarajevo del heredero del trono del Imperio
> Austro-Húngaro, y, en efecto, la cadena de desatinos, amenazas temerarias y
> llamamientos insensatos al “honor” que desembocaron en la Primera Guerra
> Mundial prendieron por causa de este acontecimiento relativamente menor. Sin
> embargo, a decir verdad, tal como el Maestro había indicado, los “barruntos”
> habidos durante toda la primera década del siglo deberían haber alertado a los
> dirigentes europeos sobre la fragilidad del orden existente.
> 
> En los años 1904-1905, los imperios japonés y ruso habían entrado en guerra
> con una violencia que acarreó la destrucción de prácticamente todas las fuerzas
> navales de esta última potencia y la entrega de territorios que consideraba de
> interés vital, una humillación que arrastraba grandes repercusiones en el
> ámbito doméstico e internacional. Durante estos años iniciales del siglo hubo
> dos ocasiones en que, gracias a la intervención interesada de otras potencias,
> pudo evitarse por escasísimo margen una guerra entre Francia y Alemania
> motivada por sus designios imperialistas para el Norte de África. De modo
> parecido, en 1911 las ambiciones italianas provocaron una amenaza peligrosa
> para la paz internacional al arrebatar al Imperio Otomano lo que hoy se conoce
> como Libia. La inestabilidad internacional se agravó aun más, tal como
> vaticinara el Maestro, cuando Alemania, sintiéndose constreñida por la malla
> creciente de alianzas hostiles, se embarcó en un programa masivo de
> construcción naval encaminado a trastocar la primacía británica hasta entonces
> reconocida.
> 
> Venían a exacerbar estos conflictos las tensiones surgidas entre los
> pueblos sometidos a los imperios de los Romanov, Habsburgos y Otomanos.
> Aguardando tan sólo a que un giro de los acontecimientos rompiese las costuras de
> los maltrechos sistemas que los sometían, polacos, checos, eslovacos, bálticos,
> rumanos, kurdos, árabes, armenios, griegos, macedonios, eslavos y albaneses
> aguardaban ansiosamente al día de su liberación. Por otra parte, explotando
> incansablemente esta red de fisuras en el orden existente se encontraba toda
> una hueste de conspiraciones, grupos de resistencia y organizaciones
> separatistas. Inspiradas por ideologías que oscilaban, en un extremo, desde un
> anarquismo casi incoherente hasta obsesiones racistas y nacionalistas
> exacerbadas, en otro extremo, estas fuerzas soterradas compartían una
> convicción ingenua: si se daba un vuelco a la parte específica del orden
> prevaleciente que se había convertido en su diana, la nobleza inherente al
> sector que apoyaba sus metas, o la supuesta nobleza de la humanidad en general,
> vendría a asegurar una nueva era de libertad y justicia.
> 
> En medio de estos pretendidos agentes de cambio violento había un
> movimiento de amplias bases que avanzaba de modo sistemático y con despiadada
> claridad de propósito hacia la meta de la revolución mundial. El Partido
> Comunista, cuyos bríos intelectuales y fe en su triunfo final se nutrían de los
> escritos del ideólogo decimonónico Karl Marx, había logrado establecer grupos
> activos de apoyo a lo largo de Europa y en varios otros países. Convencidos de
> que el genio de su maestro había demostrado más allá de toda duda la naturaleza
> esencialmente material de las fuerzas que habían dado origen tanto a la
> conciencia humana como a la organización social, el movimiento comunista
> descartaba la validez tanto de la religión como de las pautas morales
> “burguesas”. Desde su punto de vista, la fe en Dios era una debilidad neurótica
> en la que había caído la raza humana, una debilidad que meramente había permitido
> a las clases gobernantes manipular la superstición trocándola en instrumento
> esclavizador de las masas.
> 
> Para los dirigentes europeos, cada vez más ciegamente próximos a la
> conflagración mundial, producto del orgullo y la insensatez, los pasos de gigante
> dados por la ciencia y la tecnología representaban en lo fundamental medios con
> los que aventajar militarmente a sus rivales. Mas, el enemigo ya no lo
> constituían las poblaciones coloniales sumidas en la pobreza, y en su mayoría
> carentes de educación, a las que habían conseguido someter. La falsa confianza
> que la cacharrería militar había infundido en las potencias europeas terminó
> por abocarlas hacia una carrera imparable en pos de ejércitos mejor
> pertrechados y de flotas dotadas del armamento moderno más avanzado, y todo
> ello a una escala gigantesca. Ametralladoras, cañones de largo alcance,
> acorazados, submarinos, minas terrestres, gases venenosos y la posibilidad de
> equipar los aeroplanos con vistas a bombardeos dibujaban el perfil de lo que un
> comentarista de la época había tachado de “tecnología de la muerte”.[34] Todo
> este instrumental de aniquilación, tal como advirtió ‘Abdu’l-Bahá, iba a ser
> desplegado y refinado en el curso de la contienda que se avecinaba.
> 
> La ciencia y la tecnología ejercían asimismo otras presiones, si acaso más
> sutiles, sobre el orden existente. La producción industrial a gran escala,
> impulsada por la carrera armamentística, había acelerado el movimiento de
> población hacia los centros urbanos. A finales del siglo anterior, dicho
> proceso se encontraba ya minando lealtades y criterios heredados, exponiendo a
> una porción creciente de la población a nuevas ideas sobre el cambio social, y
> excitando el apetito de las masas en pos de beneficios materiales que con
> anterioridad solamente estaban al alcance de una elite de la sociedad. Incluso
> bajo sistemas relativamente autocráticos, el público comenzaba a percibir el
> grado en que las autoridades civiles dependían de la eficacia con que lograran
> granjearse el respaldo popular. Estos acontecimientos sociales iban a tener
> consecuencias imprevistas y de gran alcance. A medida que la guerra se
> prolongaba sin fin y se ponía en cuestión la fe irreflexiva en sus
> simplicidades, millones de hombres de los ejércitos en armas de ambas partes comenzaron
> a ver sus sufrimientos como un sinsentido por sí mismo y estériles en lo que al
> bienestar de sus propias familias tocaba.
> 
> Al margen de las repercusiones de estos cambios tecnológicos y económicos,
> los avances científicos parecían abonar las presunciones más simplistas acerca
> de la naturaleza humana, y fomentar esa película casi inapreciable que
> Bahá’u’lláh denomina “el polvo oscurecedor de todo conocimiento adquirido”[35].
> Estos puntos de vista no cuestionados se transmitían a audiencias cada vez mayores.
> El sensacionalismo de la prensa popular, los enconados debates entre
> científicos o eruditos, por un lado, y de teólogos o clérigos influyentes, por
> otro, junto con la rápida difusión de la educación pública, continuaron
> socavando la autoridad de las doctrinas religiosas aceptadas, así como de los
> criterios morales prevalecientes.
> 
> Las fuerzas sísmicas del nuevo siglo se aliaron para convertir la situación
> que afrontaba el mundo occidental en 1914 en algo intensamente volátil. Por
> tanto, al estallar la gran conflagración, la pesadilla superó con creces los
> peores temores de las mentes más cuerdas. Carece de sentido analizar en detalle
> aquí el cataclismo que supuso la Primera Guerra Mundial. Las solas estadísticas
> desbordan cualquier capacidad humana de representación: se calcula que sesenta
> millones de personas fueron arrojadas a ese infierno de horror cuyo igual jamás
> presenciara la historia, ocho millones de los cuales perecieron en el curso de
> la guerra, en tanto que otros diez quedaron permanentemente lesionados por
> heridas incapacitantes, pulmones quemados y horribles desfiguraciones [36]. Los
> historiadores apuntan que el coste económico
> total quizá ascendió a 30 mil millones de dólares, con el resultado de que una
> porción sustancial del capital total que constituía la riqueza europea quedó
> barrido.
> 
> Tamañas pérdidas apenas dan idea del panorama de destrucción ocurrido. Una
> de las consideraciones que durante mucho tiempo retuvo al Presidente Woodrow
> Wilson impidiéndole proponer al Congreso de Estados Unidos que aprobase la
> declaración de guerra, que para entonces resultaba casi inevitable, era su
> certeza sobre los daños morales que acarrearía. Entre
> las distinciones que caracterizaron a este hombre extraordinario -un
> hombre de estado cuya visión ensalzaron tanto ‘Abdu’l-Bahá como Shoghi Effendi-
> figura su convicción de que el embrutecimiento del ser humano sería el peor
> legado de esta tragedia que por entonces asolaba Europa, un legado cuya
> corrección trascendía toda capacidad humana.[37]
> 
> La reflexión sobre la magnitud de los sufrimientos experimentados por la
> humanidad en los cuatro años de guerra, -y los reveses propinados al largo y
> doloroso proceso de civilización del ser humano- confieren trágica fuerza a las
> palabras que el Maestro había dirigido tan sólo dos o tres años antes a los
> auditorios de diferentes ciudades europeas (Londres, París, Viena, Budapest y
> Stuttgart) y norteamericanas. Hablando cierta noche en el hogar de los Maxwell
> en Montreal, había dicho:
> 
> Hoy día, el mundo de la humanidad camina en la
> oscuridad debido a que ha perdido contacto con el mundo de Dios. Por ello no
> percibimos los signos de Dios en los corazones de los hombres. El poder del
> Espíritu Santo ya no ejerce influencia. Cuando la iluminación espiritual divina
> se hace manifiesta en el mundo de la humanidad, cuando la instrucción y la guía
> divinas hacen acto de presencia, es entonces cuando tiene lugar la iluminación,
> cuando cobra forma dentro de él un nuevo espíritu, desciende un nuevo poder y
> es dada una nueva vida. Es como nacer del reino animal al reino del hombre
> (...) Rezaré, como vosotros asimismo debéis rezar, pidiendo que tal favor
> celestial se vea cumplido; para que sean desterradas las luchas y la enemistad,
> para que desaparezca la guerra y el derramamiento de sangre; para que los
> corazones consigan comunicación ideal y para que todas las gentes beban de la
> misma fuente.[38 ABC, pp. 31-32]
> 
> El vengativo tratado de paz que las potencias aliadas impusieron a los
> vencidos sólo consiguió, tal como ‘Abdu’l-Bahá y Shoghi Effendi han señalado,
> sembrar la semilla de otro conflicto aún más terrible. Las ruinosas
> reparaciones de guerra exigidas a los derrotados -y la injusticia que les
> obligaba a aceptar toda la culpa por una guerra de la que cada una de las
> partes era, en una medida u otra, responsable- figuran entre los factores que
> prepararían a los desmoralizados pueblos de Europa a abrazar unas promesas
> totalitarias de alivio que, de lo contrario, quizá no habrían contemplado.
> 
> Irónicamente, por más severas que fuesen las reparaciones exigidas a los
> vencidos, los supuestos vencedores cayeron penosamente en la cuenta de que su
> triunfo -y las exigencias anejas de rendición incondicional- aparejaban un
> precio igualmente devastador. Las impresionantes deudas de guerra pusieron fin
> para siempre a la hegemonía económica que las naciones europeas habían logrado
> sobre el resto del planeta a lo largo de tres siglos de explotación
> imperialista. La muerte de millones de jóvenes, cuyas vidas hubieran sido
> urgentemente necesarias para afrontar los desafíos de las décadas ulteriores
> supuso una pérdida irrecuperable por siempre jamás. En efecto, la propia Europa
> -que apenas unos pocos años antes había representado la cumbre visible de la
> civilización y poderío mundiales- perdió a un tiempo su preeminencia y comenzó
> el deslizamiento imparable de los decenios siguientes hacia su estatus como
> elemento auxiliar del nuevo centro ascendente de poder: Estados Unidos.
> 
> Inicialmente, parecía que la visión de futuro concebida por Woodrow Wilson
> llegaría a cumplirse ahora. En parte sí se cumplió, en la medida en que los
> pueblos sometidos de toda Europa conseguían la libertad para dirigir sus
> propios destinos al resurgir como una serie de estados nacionales de entre las
> ruinas de antiguos imperios. Más aún, los “Catorce Puntos” del Presidente
> infundieron a sus declaraciones públicas una autoridad moral tan grande en la
> mente de millones de europeos que ni siquiera el más recalcitrante de sus
> colegas de las potencias aliadas hubiera podido desatender por completo sus
> deseos. A pesar de meses de porfía en torno a las colonias, fronteras y
> cláusulas insertas en el texto del tratado de paz, los acuerdos de Versalles
> acomodaron una versión atenuada de la propuesta Sociedad de Naciones, una
> institución que, se confiaba, podría solventar futuras disputas entre naciones
> poniendo orden y concierto en los asuntos internacionales.
> 
> El comentario de Shoghi Effendi sobre el significado de esta histórica
> iniciativa exige reflexión por parte de todo bahá’í que desee comprender los
> acontecimientos de este siglo turbulento. Al describir dos acontecimientos
> estrechamente relacionados que suelen vincularse al surgimiento de la paz
> mundial, recalca el hecho de que están “destinados a culminar, en la plenitud
> del tiempo, en una sola gloriosa consumación” [39]. El primero lo relaciona el
> Guardián con la misión de la comunidad bahá’í del continente norteamericano; el
> segundo, con el destino de Estados Unidos en tanto nación. Hablando de este
> último fenómeno, que se remontaba al estallido de la primera guerra mundial,
> Shoghi Effendi escribe:
> 
> Recibió su impulso inicial mediante la formulación
> de los Catorce Puntos del Presidente Wilson, relacionando estrechamente por
> primera vez a esa república con los destinos del Viejo Mundo. Sufrió su primer
> revés al desvincularse dicha república de la recién nacida Sociedad de Naciones
> que aquel Presidente se había afanado por crear (...) Y sin embargo, por muy
> larga y tortuosa que sea la senda, debe conducir, mediante una serie de victorias
> y reveses, a la unificación política de los Hemisferios oriental y occidental,
> al surgimiento de un gobierno mundial y al establecimiento de la Paz Menor, tal
> como lo predice Bahá’u’lláh y vaticinó el profeta Isaías. Finalmente ha de
> culminar en el despliegue del estandarte de la Más Grande Paz, en la Edad de
> Oro de la Dispensación de Bahá’u’lláh.[40]
> 
> Cuán trágico, pues, fue el destino de la concepción que había inspirado los
> esfuerzos del presidente norteamericano. No tardó en descubrirse que la Sociedad
> de Naciones había nacido muerta. Aunque incluía rasgos tales como un poder
> legislativo, judicial y ejecutivo, así como su propia burocracia, se le había
> negado la autoridad esencial para realizar los cometidos para los que de forma
> ostensible había sido ideada. Atrapada en la concepción decimonónica de una
> soberanía nacional ilimitada, sólo podía tomar decisiones con el consentimiento
> unánime de los Estados miembros, un requisito que en su mayor parte descartaba
> cualquier actuación efectiva.[41] La vacuidad del sistema quedó puesta en
> evidencia, igualmente, al no incluir a algunos de los países más poderosos del
> mundo: Alemania había sido rechazada como nación derrotada y responsable de la
> guerra; Rusia vio denegado su acceso debido a su régimen bolchevique, y Estados
> Unidos mismo rechazó, como consecuencia de la cerrazón partidista en el
> Congreso, sumarse a la Sociedad o ratificar el tratado. Irónicamente, incluso
> los tibios esfuerzos realizados para proteger a las minorías étnicas que vivían
> en los estados nacionales recién creados se demostraron poco más que armas
> arrojadizas para los continuos conflictos fratricidas en Europa.
> 
> En suma, precisamente en un momento de la historia humana en que un
> estallido de violencia sin precedentes carcomía los venerables bastiones que
> marcaban la pauta de la vida civilizada, los dirigentes políticos del mundo
> occidental castraban el único sistema alternativo de orden internacional
> surgido de la experiencia de la gran catástrofe, el único sistema que podía
> haber aliviado el sufrimiento aún mayor que acechaba. Sirvan de contrapunto las
> proféticas palabras de ‘Abdu’l-Bahá: “Paz, paz (...) proclaman sin cesar los
> labios de los potentados y pueblos, en tanto que el fuego de odios sin apagar
> todavía rescolda en sus corazones”. “Los males que padece el mundo hoy día”,
> añadió en 1920, “se multiplicarán; la lobreguez que lo envuelve se espesará
> (...) las potencias derrotadas continuarán agitándose. Recurrirán a todas las
> medidas con tal de reavivar la llama de la guerra”.[42]
> 
> *
> 
> Mientras el infierno de la guerra se apoderaba del mundo, ‘Abdu’l-Bahá
> dirigió Su atención a la única tarea de Su ministerio aún pendiente: asegurar
> la proclamación por los rincones más recónditos de la Tierra de ese mismo
> mensaje igualmente desoído o rechazado por las sociedades islámicas y
> occidentales. El instrumento que concibió para este fin fue el Plan Divino,
> dispuesto en catorce grandes Tablas, cuatro de las cuales iban dirigidas a la
> comunidad bahá’í de Norteamérica y 10 de forma subsidiaria a cinco segmentos
> específicos de dicha comunidad. Junto con la Tabla del Carmelo de Bahá’u’lláh y
> el Testamento del Maestro, las Tablas del Plan Divino fueron descritas por
> Shoghi Effendi como las tres “Cartas Fundacionales” de la Causa. El Plan
> Divino, revelado durante los años aciagos de la guerra, entre 1916 y 1917,
> emplazaba al pequeño conjunto de creyentes norteamericanos y canadienses a
> asumir el papel rector en el establecimiento de la Causa de Dios por todo el
> planeta. La repercusiones de esta encomienda eran asombrosas. En palabras del
> Maestro:
> 
> La esperanza que acaricia ‘Abdu’l-Bahá para vosotros es que el mismo
> triunfo que fue cosechado por vuestros esfuerzos en América corone vuestros
> afanes en otras partes del mundo, que a través de vosotros se extienda la fama
> de la Causa de Dios por todo el Oriente y Occidente, y que el advenimiento del
> Reino del Señor de las Huestes se proclame en los cinco continentes del globo.
> En el momento en que este Mensaje divino sea trasladado por los creyentes norteamericanos
> desde las orillas de América y se propague por los continentes de Europa, Asia,
> África y Australia, y hasta las distantes islas del Pacífico, esta comunidad se
> encontrará firmemente establecida en el trono de dominio sempiterno. Entonces
> todos los pueblos del mundo presenciarán que esta comunidad está iluminada
> espiritualmente y divinamente guiada. Entonces la tierra entera resonará con
> las alabanzas de su majestad y grandeza (...) [43]
> 
> Shoghi Effendi nos recuerda que esta misión histórica, descrita por él como
> “el derecho de nacimiento de la Comunidad bahá’í norteamericana” [44], se funda
> en las palabras de las dos Manifestaciones de Dios dirigidas a la edad de la
> madurez de la humanidad. Se dio a conocer por vez primera en palabras del Báb, Quien
> emplazó a los “pueblos de Occidente” a “salir de vuestras ciudades”, para
> “ayudar a Dios hasta el Día en que el Señor de Misericordia descenderá sobre
> vosotros a la sombra de las nubes (...)”, y para llegar a ser “verdaderos
> hermanos en la única e indivisible religión de Dios, libres de distinción,
> (...) de modo que os veáis reflejados en ellos, y ellos en vosotros” [45]. En
> el emplazamiento que dirigió a los “gobernantes de América y los Presidentes de
> sus Repúblicas”, el propio Bahá’u’lláh trasmitió un mandato que carece de
> paralelo entre todos Sus pronunciamientos destinados a los dirigentes
> mundiales: “ Al quebrantado, vendadlo con las manos de la justicia, y al
> opresor floreciente, aplastadlo con la vara de los mandamientos de vuestro
> Señor, el Ordenador, el Omnisciente”.[46] Fue también Bahá’u’lláh Quien enunció
> una de las verdades más profundas sobre el proceso que informa el
> desenvolvimiento de la civilización: “La Luz de su Revelación ha despuntado en
> el Oriente; los signos de su dominio han aparecido en el Occidente. Examinad
> esto en vuestros corazones, oh pueblo (...)”.[47]
> 
> Aunque el Plan Divino iba a quedar “en suspenso” , tal como el Guardián
> habría de manifestar más tarde, hasta que se diera cuerpo al necesario sistema
> que habría de ejecutarlo, ‘Abdu’l-Bahá había seleccionado, facultado y
> transmitido un mandato a una compañía de creyentes que encabezaría el
> lanzamiento de la empresa. La propia vida del Maestro se acercaba rápidamente a
> su fin; empero, los tres últimos años tras la conclusión de la guerra mundial,
> vistos retrospectivamente, parecen dar una idea de las victorias que la propia
> Causa habría de cosechar a lo largo del siglo. Las condiciones cambiantes de
> Tierra Santa permitieron que el Maestro prosiguiera Sus labores sin estorbos,
> pudiendo crear las condiciones en que el brillo de Su mente y espíritu habrían
> de extender su influencia sobre los oficiales de Gobierno, los dignatarios de
> toda condición que solían visitarle, y las diversas comunidades que constituían
> la población de Tierra Santa. La propia Potencia Mandataria procuró expresar su
> aprecio por el efecto integrador de Su ejemplo y labores filantrópicas
> confiriéndole el rango de Caballero [48]. Más importante aún, un renovado flujo
> del peregrinos y de Tablas dirigidas a las comunidades bahá’ís tanto de Oriente
> como de Occidente estimularon una expansión de las labores de enseñanza y una
> mayor comprensión por parte de los amigos acerca de las implicaciones del
> mensaje bahá’í.
> 
> Quizá nada ilustra con mayor viveza el triunfo espiritual alcanzado por el
> Maestro en el Centro Mundial de la Fe como los acontecimientos vividos en Haifa
> tras Su ascensión, ocurrida en la madrugada del 28 de noviembre 1921. Al día
> siguiente una enorme multitud de miles de personas, representativas de las
> diversas razas y sectas de la región, seguía los pasos del cortejo fúnebre
> hasta las faldas del Monte Carmelo en un sentido duelo tal como la ciudad jamás
> había presenciado. Encabezaban el paso representantes del Gobierno británico,
> miembros de la comunidad diplomática y las máximas dignidades de todas las
> confesiones religiosas de la zona, varias de las cuales participaron en los
> oficios celebrados en el Santuario del Báb. El duelo de los concurrentes -real,
> incontenido y solidario- reflejaba el súbito reconocimiento de que se había
> producido la pérdida de una Figura cuyo ejemplo había sido foco de unidad en un
> territorio airado y dividido. Para los dotados de visión, todo ello era en sí
> mismo una reivindicación de la unidad de la humanidad que incansablemente
> proclamara el Maestro.
> 
> IV
> 
> Con el
> fallecimiento de ‘Abdu’l-Bahá, tocaba a su fin la Edad Apostólica de la Causa.
> La intervención divina que había comenzado setenta años antes, la noche en que
> el Báb declaró Su misión a Mullá ?usayn -y el propio ‘Abdu’l-Bahá había nacido-, concluía su trabajo. En
> palabras de Shoghi Effendi, había sido “un período con cuyos esplendores no
> podría compararse ninguna victoria, por más que brillante, de esta época o del
> futuro (...)” [49]. Adelante quedaban los mil o miles de años en los que las
> potencialidades que esta fuerza creativa ha implantado en la conciencia humana
> habrán de desplegarse gradualmente.
> 
> La contemplación de tan magna coyuntura en la historia de la civilización
> subraya en marcado contraste la Figura cuya naturaleza y papel han sido únicos
> en estos seis mil años de proceso histórico. Bahá’u’lláh denominó a
> ‘Abdu’l-Bahá “el Misterio de Dios”. Shoghi Effendi Lo describió como “el Centro
> y Pivote” de la Alianza de Bahá’u’lláh, el “Ejemplo perfecto” de las enseñanzas
> de la Revelación de Dios para la edad de la madurez humana, y el “Venero de la
> Unidad de la Humanidad”. Ningún fenómeno que pueda compararse en modo alguno
> con Su aparición ha caracterizado a ninguna de las Revelaciones divinas que
> alumbraran a los demás grandes sistemas religiosos de la historia; y todos
> éstos han sido esencialmente etapas que preparaban a la humanidad para su
> madurez. ‘Abdu’l-Bahá fue la Creación suprema de Bahá’u’lláh, el Ser que hizo
> posible todo lo demás. Comprender esta verdad es lo que impulsó a escribir lo
> que sigue a un perspicaz creyente bahá’í norteamericano:
> 
> Correspondía ahora hacer entrega del mensaje de
> Dios, y no había humanidad que escuchase este mensaje. Por tanto, Dios concedió
> al mundo a ‘Abdu’l-Bahá. ‘Abdu’l-Bahá recibió el mensaje de Bahá’u’lláh en
> nombre de la raza humana. Él escuchó la voz de Dios; quedó inspirado por el
> espíritu; alcanzó una conciencia y comprensión completas del significado de
> este mensaje, y comprometió a la raza humana a que respondiese a la voz de Dios
> (...) para mí ésa es la Alianza: el
> que hubiera en esta tierra alguien que pudiera actuar como representante de una
> raza todavía sin crear. Había sólo tribus, familias, credos, clases, etcétera,
> pero no había hombre alguno excepto ‘Abdu’l-Bahá, y ‘Abdu’l-Bahá, en tanto
> hombre, hizo Suyo el mensaje de Bahá’u’lláh prometiendo a Dios que atraería al
> pueblo a la unidad de la humanidad, y que crearía una humanidad que pudiera ser
> cauce de las leyes de Dios [50].
> 
> Al comenzar Su misión sin auxilio alguno, en calidad de prisionero de un
> ignorante régimen brutal y asediado implacablemente por hermanos infieles que,
> en última instancia, deseaban Su muerte, el Maestro hizo de la comunidad persa
> bahá’í una espléndida demostración del desarrollo social que la Causa podía
> originar, inspiró la expansión de la Fe por todo Oriente, alzó comunidades de
> creyentes devotos a lo largo de Occidente, diseñó un plan para la expansión
> mundial de la Causa, Se granjeó el respeto y la admiración de las autoridades
> del pensamiento allá donde alcanzó Su influencia, y proporcionó a los
> seguidores de Bahá’u’lláh de todo el mundo un conjunto inmenso de orientaciones
> autoritativas relacionadas con el propósito de las leyes y enseñanzas de la Fe.
> Con enorme dolor y dificultades, erigió sobre las laderas del Monte Carmelo el
> Santuario que aloja los restos mortales del martirizado Báb, punto focal de los
> procesos mediante los cuales habrá de organizarse gradualmente la vida de
> nuestro planeta. Mediante todo ello, y en cada una de las menores ocasiones de
> una vida repleta de cuitas y exigencias de toda clase -una vida expuesta en
> todo tiempo al examen de amigos y enemigos por igual- aseguró Él que la
> posteridad recibiese el tesoro con el que poetas, filósofos y místicos han
> soñado en toda época: un dechado de inmaculada perfección humana.
> 
> Y por último, fue ‘Abdu’l-Bahá Quien garantizó que el Orden Divino
> concebido por Bahá’u’lláh para la unificación de la raza humana y la
> institución de la justicia en la vida colectiva de la humanidad quedase
> provisto de los medios requeridos para realizar el propósito de su Fundador.
> Para que exista la unidad entre los seres humanos, incluso en el plano más
> sencillo, han de darse dos condiciones. Quienes participen deben en primer
> lugar estar de acuerdo sobre la naturaleza de la realidad, puesto que ello
> afecta a sus relaciones mutuas y su trato con el mundo fenoménico. En segundo
> lugar deben dar asentimiento a algún medio reconocido y autorizado que permita
> la adopción de las decisiones que han de afectar a su relación recíproca y
> determinar sus metas colectivas.
> 
> La unidad no es meramente una condición que surja de ciertos sentimientos
> de buena voluntad mutua o de propósito común, por más profundos y sinceros que
> sean esos sentimientos, del mismo modo que un organismo no es mero producto de
> la asociación fortuita y amorfa de varios elementos. La unidad es un fenómeno
> de poder creativo, cuya existencia se hace aparente a través de los efectos que
> produce la acción colectiva y cuya ausencia queda en evidencia por la
> impotencia de tales esfuerzos. Por muy limitada que haya estado frecuentemente
> debido a la ignorancia y la perversidad, dicha fuerza ha sido la influencia
> primaria que ha impulsado el avance de la civilización, ha alumbrado códigos de
> leyes, instituciones sociales y políticas, obras artísticas, innumerables
> logros tecnológicos, grandes avances morales, la prosperidad material, y
> dilatados períodos de paz pública cuyo resplandor ha pervivido en el recuerdo
> de las generaciones ulteriores como soñadas “épocas de oro”.
> 
> Mediante la Revelación transmitida por Dios a una humanidad llegada a su
> madurez, las plenas potencialidades de esta fuerza creativa han sido liberados,
> al fin, dando lugar a los medios necesarios para la realización del propósito
> divino. En Su Testamento, descrito por Shoghi Effendi como la “Carta
> Fundacional” del Orden Administrativo, ‘Abdu’l-Bahá pormenorizó la naturaleza y
> papel de las dos instituciones que son Sus sucesoras designadas y cuyas funciones
> complementarias garantizan la unidad de la Causa bahá’í y el logro de su misión
> mientras dure la Dispensación: la Guardianía y la Casa Universal de Justicia.
> Puso un énfasis especialmente intenso en la autoridad que así se transmitía:
> 
> Cualquier cosa que ellos decidan es de Dios. Quienquiera que no le obedezca
> a él o a ellos, no ha obedecido a Dios; quienquiera que se rebele contra él o
> contra ellos, se ha rebelado contra Dios; quienquiera que se le oponga a él se
> ha opuesto a Dios; quienquiera que dispute con ellos, ha disputado con Dios
> (...) [51]
> 
> Shoghi Effendi ha
> explicado el significado de este Texto extraordinario:
> 
> El Orden Administrativo que este Documento
> histórico ha establecido, conviene señalar, es, en virtud de su origen y
> carácter, único en los anales de los sistemas religiosos del mundo. Ningún
> Profeta anterior a Bahá’u’lláh -puede afirmarse con seguridad-, (...) ha
> establecido, de forma autorizada y por escrito, nada comparable al Orden
> Administrativo que ha instituido el Intérprete autorizado de las enseñanzas de
> Bahá’u’lláh, Orden que (...) habrá de resguardar del cisma, de una manera sin
> parangón en ninguna religión previa, a la Fe de la cual ha brotado.[52]
> 
> Antes de la lectura y promulgación del Testamento, la gran mayoría de los
> miembros de la Fe daban por descontado que la siguiente etapa en la evolución
> de la Causa sería la elección de la Casa Universal de Justicia, la institución
> fundada por el propio Bahá’u’lláh en el Kitáb-i-Aqdas como órgano rector del
> mundo bahá’í. Un hecho cuya comprensión reviste importancia para los bahá’ís
> actuales es que antes de entonces el concepto de Guardianía era desconocido en
> la comunidad bahá’í. Grande fue la alegría al tenerse noticia de la distinción
> singular que el Maestro había conferido a Shoghi Effendi y de la continuidad
> que este papel daba al vínculo establecido con los Fundadores de la Fe. Hasta
> entonces, sin embargo, se desconocía que la intención de Bahá’u’lláh fuera la
> de dar lugar a tal institución y la función de interpretación que le correspondería
> cumplir, una función cuya importancia vital desde entonces se ha hecho evidente
> y que el conocimiento posterior muestra claramente que estaba implícita en
> determinados Escritos Suyos.
> 
> Lo que desbordaba la imaginación de cualquier persona de aquel entonces,
> fieles o no, fue la transformación que el Testamento del Maestro iba a producir
> en la vida de la Causa. “Si supieras lo que ha de venir después de Mí”, había
> declarado ‘Abdu’l-Bahá, “sin duda desearías que mi fin se apresure”.[53]
> 
> V
> 
> Para reconocer el
> puesto de la Guardianía en la historia bahá’í debemos empezar por una
> consideración objetiva sobre las circunstancias en las que hubo de llevarse a
> efecto la misión de Shoghi Effendi. Especialmente importante es el hecho de que
> la primera mitad de este ministerio se desarrollase durante el período de
> entreguerras, un período caracterizado por una incertidumbre y ansiedad
> acentuadas en todas las facetas de la vida humana. Por un lado, se habían
> realizado avances significativos para superar las barreras entre naciones y
> clases; por otro lado, la impotencia política y la parálisis económica
> resultante limitaron en gran medida los esfuerzos realizados para aprovechar
> estos avances. Cundía por doquier la sensación de que hacía falta urgentemente
> una redefinición profunda de la sociedad y el papel que habían de desempeñar en
> ellas las instituciones; en definitiva, claro es, hacía falta una redefinición
> del propósito de la vida humana misma.
> 
> Al término de la primera guerra mundial la humanidad se veía, en algunos
> respectos importantes, capaz de explorar posibilidades jamás imaginadas con
> anterioridad. Por toda Europa y Cercano Oriente habían quedado barridos los
> sistemas absolutistas que habían figurado entre las barreras más poderosas
> contra la unidad. Asimismo, en gran medida y por doquier eran puestos en
> entredicho los fosilizados dogmas religiosos que habían prestado apoyo moral a
> las fuerzas del conflicto y la alienación. Los pueblos antes sometidos
> disponían ahora de libertad para trazar los planes que regirían sus destinos
> futuros, asumiendo así responsabilidad sobre sus relaciones mutuas por la vía
> de los nuevos estados nacionales que creara el tratado de Versalles. El mismo
> ingenio que se había dedicado a producir armas de destrucción empezaba a
> dedicarse a las tareas desafiantes, pero gratificadoras, de la expansión
> económica. De los días más sombríos de la guerra habían aflorado historias
> conmovedoras, tales como la que impulsó a los soldados británicos y alemanes a
> abandonar brevemente los mataderos de las trincheras para conmemorar juntos el
> nacimiento de Cristo, hecho en el que se adivinaba una vislumbre de la unidad
> de la raza humana que el Maestro había proclamado incansablemente en Sus viajes
> por ese mismo continente [54]. Más importante aún, un esfuerzo extraordinario
> de imaginación había llevado a que la humanidad diera un paso adelante en su
> unificación. Los dirigentes mundiales, bien que a su pesar, habían creado un
> sistema consultivo internacional que, aun estando desgarrado por intereses
> creados, confería al ideal de un orden internacional su primer amago de forma y
> estructura.
> 
> El propio despertar de la postguerra se expresó en todos los rincones del
> mundo. Bajo la dirección de Sun Yat-sen, el pueblo chino arrojaba por la borda
> el decadente régimen imperial que había malogrado el bienestar del país, y se
> aprestaba a sentar las bases para el renacer de su antigua grandeza. A través
> de Latinoamérica, pese a terribles y reiterados reveses, los movimientos
> populares pugnaban igualmente por recobrar el control de los destinos de sus
> países y hacer uso de los inmensos recursos naturales del continente. En la
> India, una de las figuras más señeras del siglo, Mohandas Gandhi, se embarcaba
> en una empresa que no sólo habría de revolucionar la trayectoria de su país,
> sino que además permitió demostrar de forma concluyente ante el mundo lo que la
> fuerza espiritual puede lograr. África todavía aguardaba a su hora predestinada
> al igual que los habitantes de otras tierras coloniales; aun así, para cualquiera
> con ojos para ver, era claro que estaba en marcha un proceso de cambio que, en
> última instancia, no podría atajarse puesto que representaba los anhelos
> universales de la humanidad.
> 
> Dichos avances, por más que esperanzadores, no podían ocultar la tragedia
> histórica ocurrida. Durante la segunda mitad del siglo XIX, la proclamación del
> Día de Dios que Bahá’u’lláh hizo llegar a los gobernantes de la época, en cuyas
> manos reposaban los destinos de la humanidad, o bien había sido rechazada o
> bien había sido desoída por sus destinatarios tanto de Oriente como de
> Occidente. Recapacitar sobre tamaña quiebra de fe arroja una perspectiva
> aleccionadora sobre la respuesta subsiguiente que recibió la misión de
> ‘Abdu’l-Bahá en Occidente. Si bien cabe alegrarse de las alabanzas volcadas
> desde todos los ámbitos sobre el Maestro, los resultados inmediatos de Sus
> esfuerzos traslucían el inmenso fracaso moral de una porción considerable de la
> humanidad y de sus rectores. El mismo mensaje que fuera acallado en Oriente sufría
> en lo esencial idéntico desaire por parte del mundo occidental, presto a
> deslizarse por el sendero de la ruina que desde tiempo atrás se había ido
> labrando con su engreída complacencia, hasta desembocar, finalmente, en la
> traición del ideal que encarnaba la Sociedad de Naciones.
> 
> En consecuencia, los dos decenios que siguieron a la asunción de
> responsabilidades por parte de Shoghi Effendi de reivindicar la Causa de Dios
> fueron un período de penumbra creciente en todo el mundo occidental, hecho que
> parecía reflejar un colosal revés en el proceso de integración y
> esclarecimiento tan confiadamente proclamado por el Maestro. Era como si la
> vida política, social y económica hubieran desembocado en una especie de limbo.
> Surgieron graves dudas sobre si la tradición liberal democrática sería capaz de
> afrontar los problemas de la época; y, en efecto, en varios países europeos,
> los gobiernos inspirados por tales principios se vieron reemplazados por
> regímenes autoritarios. Muy pronto, el desplome económico de 1929 abocó a la
> reducción general del bienestar material, con todas las inseguridades morales y
> psicológicas que se derivaron de ello.
> 
> Apreciar estas circunstancias nos ayuda a comprender la magnitud del
> desafío que hubo de afrontar Shoghi Effendi al comienzo de su ministerio. Por
> lo que respecta a la condición objetiva de la humanidad, tal como la conoció,
> nada había que inspirase confianza en que la visión del nuevo mundo que le
> fuera legada al Guardián por los Fundadores de la Causa bahá’í pudiera abrirse
> paso significativamente fuera cual fuese el plazo que le hubiera sido concedido
> vivir.
> 
> El instrumento de que disponía tampoco parecía haber alcanzado el fuste, la
> elasticidad o la complejidad requeridas por la empresa. En 1923, cuando Shoghi
> Effendi pudo asumir finalmente la plena dirección de la Causa, el grueso de los
> seguidores de Bahá’u’lláh consistía en el conjunto de los creyentes de Irán, de
> cuyo número apenas cabía entonces realizar cálculos fiables. Carente de una
> mayoría de los medios necesarios para la promoción de la Causa, y gravemente
> limitada en sus recursos materiales, la comunidad iraní sufría los embates de
> un continuo acoso. En Norteamérica, tras serles encomendadas las
> responsabilidades descomunales del Plan Divino, las pequeñas comunidades de
> creyentes se debatían con las dificultades inmediatas de ganarse el sustento
> para sí y sus familias a medida que se agudizaba la crisis económica. En
> Europa, Australasia y el Lejano Oriente, la antorcha de la fe se mantenía
> encendida gracias a grupos bahá’ís incluso más pequeños, al igual que lo hacían
> los grupos, familias y creyentes aislados esparcidos por el resto del globo. La
> bibliografía, incluso en inglés, resultaba inadecuada, y la tarea de traducir
> los Escritos a otros idiomas principales o de allegar los fondos para su
> publicación representaba una carga casi imposible.
> 
> Aunque la visión transmitida por el Maestro ardía más brillante que nunca,
> los medios a su disposición debieron de representárseles a los bahá’ís
> penosamente inadecuados frente a las condiciones imperantes. Los toscos y
> negros cimientos del futuro Templo Madre de Occidente, que dominaba el lago al
> norte de Chicago, parecían una burla frente a la brillante concepción que había
> deslumbrado al mundo arquitectónico tan sólo años antes. En Bagdad, la “Casa
> Más Sagrada”, designada por Bahá’u’lláh como el centro focal de peregrinación
> bahá’í, había sido capturada por oponentes de la Fe. En la propia Tierra Santa,
> la Mansión de Bahá’u’lláh caía en ruinas como consecuencia de la incuria de los
> violadores de la Alianza que la ocupaban, y el Santuario que albergaba los
> preciosos restos del Báb y de ‘Abdu’l-Bahá apenas había pasado de ser la simple
> estructura de piedra alzada por el Maestro.
> 
> Una serie de consultas exploratorias celebradas con bahá’ís destacados dejó
> patente ante el Guardián que incluso una discusión formal con creyentes
> cualificados sobre la creación de una secretaría internacional no sólo sería
> inútil, sino probablemente contraproducente. Por tanto, fue en soledad como
> Shoghi Effendi acometió la tarea de dar impulso a la inmensa empresa que le
> fuera confiada en sus manos. Cuán completamente solo se halló es algo casi
> imposible de comprender para la presente generación de bahá’ís; mas en la
> medida en que se advierte, el resultado se revela agudamente doloroso.
> 
> Al comienzo, el Guardián dio por descontado que los miembros de la familia
> extensa del Maestro, Cuyo distinguido ascendiente les había procurado inmenso
> respeto por parte de los bahá’ís de todo el mundo, acogerían la oportunidad de
> ayudarle en la realización del propósito que el Maestro había establecido con
> un lenguaje tan imperativo y conmovedor. En consecuencia invitó a sus hermanos,
> primos y a una de sus hermanas, cuya educación los capacitaba para semejantes cometidos,
> a proporcionar el apoyo administrativo que exigía la labor de la Guardianía.
> Trágicamente, con el paso del tiempo, todas y cada una de estas personas se
> demostraron insatisfechas e indiferentes al papel de apoyo que se les había
> encomendado. Cosa mucho más seria, Shoghi Effendi hubo de afrontar una
> situación en la que la autoridad que le había sido conferida, aunque expresada
> en términos tajantes en el Testamento, se miraba entre sus familiares como
> revestidas de un carácter relativamente nominal. Estas personas prefirieron
> considerar que la jefatura de la Fe era esencialmente un asunto familiar en el
> que habría de concederse gran peso a los puntos de vista de las figuras de más
> edad, supuestamente mejor cualificadas para ejercer tal prerrogativa. Comenzando
> por demostraciones de hosca resistencia, la situación experimentó un continuo
> deterioro hasta el extremo de que en determinado momento los hijos y nietos de
> ‘Abdu’l-Bahá se arrogaron la libertad de mostrar su desacuerdo con el sucesor
> designado y de desobedecer sus instrucciones.
> 
> Rú?íyyih Khánum,
> testigo de las últimas etapas de este proceso degenerativo, padeció enormemente
> al presenciar sus efectos en las labores de la Causa y en la persona del
> Guardián. Hablando de esta situación escribe:
> 
> (...) hay que comprender la vieja historia de Caín y Abel, la historia de
> los celos familiares que, cual sombría madeja en el tejer de la historia
> entrecruza todas sus épocas, puede rastrearse en todos sus acontecimientos
> (...). La debilidad del corazón humano, que tan a menudo se apega a un objeto
> indigno, la debilidad de la mente humana, predispuesta al orgullo y
> engreimiento en sus opiniones, sumergen a los seres humanos en un remolino de
> emociones que ciegan su juicio y los desencaminan (...). Aunque este fenómeno
> de la violación de la Alianza parece ser un aspecto inherente de la religión,
> no quiere ello decir que carezca de efectos dañinos sobre la Causa (...). Sobre
> todo, no significa que no se traduzca en un efecto devastador en el Centro de
> la Alianza misma. La vida entera de Shoghi Effendi se vio ensombrecida por los
> sañudos ataques personales vertidos contra su persona.[55]
> 
> Tan sombrío panorama arroja si acaso una luz más intensa sobre los méritos
> de la Hoja Más Sagrada, hermana de ‘Abdu’l-Bahá y última superviviente de la
> Edad Heroica de la Fe. Bahíyyih Khánum desempeñó un papel vital en la
> salvaguarda de los intereses de la Causa a la muerte del Maestro, tiempo
> durante el cual se convirtió en el único apoyo efectivo de Shoghi Effendi. Su
> fidelidad despertó en su pluma los pasajes más hondamente conmovedores que
> escribiera el Guardián. El apóstrofe que le dedicó a su muerte en 1932 queda
> reflejado en una carta dirigida a los bahá’ís de “todo Occidente”, la cual reza
> en parte:
> 
> Sólo las generaciones del futuro y plumas más
> hábiles que la mía podrán rendir y rendirán digno tributo a la sobresaliente
> grandeza de su vida espiritual, al papel señero que desempeñó durante las
> etapas tumultuosas de la historia bahá’í, a las expresiones de incalificable
> alabanza que brotaron de la pluma tanto de Bahá’u’lláh como de ‘Abdu’l-Bahá, el
> Centro de Su Alianza, al influjo que ella ejerció en el curso de algunos de los
> magnos acontecimientos en los anales de la Fe, aunque no haya quedado
> registrado y en lo fundamental no tenga siquiera sospecha de ello la masa de
> sus apasionados admiradores de Oriente y Occidente, igual que los sufrimientos
> que padeció, los sacrificios que hizo, los raros dones de constante compasión
> que ella demostraba tan sorprendentemente: éstos y otros muchos rasgos aparecen
> tan inseparablemente entrelazados con el tejido de la propia Causa que ningún
> historiador del futuro podrá permitirse desatenderlos o rebajarlos (...) ¿Cuál
> de las bendiciones habré de referir, bendiciones que en su solicitud
> incondicional derramó sobre mí en las horas más críticas y agitadas de mi vida?
> Para mí, tan completamente necesitado de la gracia vivificante de Dios, ella
> fue el símbolo viviente de muchos de los atributos que había aprendido a
> admirar en ‘Abdu’l-Bahá.[56]
> 
> Durante largos años, el Guardián sintió que la protección de la Causa le
> exigía mantener silencio sobre el deterioro de la situación de la Sagrada
> Familia. Sólo cuando la oposición dio paso a un estallido de actos de abierto
> desafío, que al final condujo a los familiares a la vergonzosa colaboración e
> incluso matrimonio con miembros de la misma camarilla de violadores de la
> Alianza (contra cuya traición había advertido el Testamento del Maestro en
> términos vehementes) así como con una familia vecina profundamente hostil a la
> Causa, sólo entonces se sintió forzado Shoghi Effendi a poner en evidencia ante
> el mundo bahá’í la naturaleza de las fechorías con las que había tenido que
> enfrentarse.[57]
> 
> Tan lamentable historia importa para una comprensión de la Causa en el
> siglo XX no sólo, en términos del Guardián, por “los estragos” que ocasionó en
> la Sagrada Familia, sino también por la luz que arroja sobre los desafíos
> crecientes que la comunidad bahá’í habrá de arrostrar en los años futuros,
> desafíos predichos en lenguaje explícito tanto por el Maestro como por el
> Guardián. Aparte de la insinceridad que caracterizara a un crecido número de
> ellos, los parientes de Shoghi Effendi demostraron tener poca o ninguna
> conciencia de la naturaleza espiritual del papel que le había sido conferido en
> el Testamento. El hecho de que la Revelación de Dios para la edad de la madurez
> de la humanidad llevase aparejada, como rasgo central de su misión, la
> autoridad esencial para la reestructuración del orden social representaba un
> reto espiritual que apenas parecían capaces de comprender (si es que lo
> intentaron alguna vez). El abandono en que dejaron al Guardián constituye una
> lección que quedará para la posteridad a lo largo de los siglos de la
> Dispensación bahá’í. El destino de esta compañía sumamente privilegiada, aunque
> indigna, de seres humanos subraya ante los lectores de su historia tanto el
> significado que reviste la Alianza de Bahá’u’lláh para la unificación de la
> humanidad como las exigencias irrenunciables que impone a quienes se acogen a
> su amparo.
> 
> *
> 
> Al considerar los acontecimientos del ministerio de Shoghi Effendi, los
> bahá’ís deben hacer un esfuerzo imaginativo por contemplar, a través de sus
> ojos, la naturaleza de la misión que le fuera otorgada. Nuestra guía la
> constituye el conjunto de escritos que nos dejó. ‘Abdu’l-Bahá había proclamado
> en incontables Tablas y alocuciones el principio axial del mensaje de
> Bahá’u’lláh: “En esta maravillosa Revelación, este glorioso siglo, el cimiento
> de la Fe de Dios, el rasgo distintivo de Su Ley lo constituye la conciencia de
> la Unidad de la Humanidad” [58]. ‘Abdu’l-Bahá había sido igualmente enfático al
> afirmar –como ya indicábamos– que los cambios revolucionarios que estaban
> teniendo lugar en todos los ámbitos del quehacer humano convertían la
> unificación de la humanidad en un objetivo realista. Fue esta visión la que,
> durante 36 años de Guardianía, nutrió la fuerza organizadora presente en las
> labores de Shoghi Effendi. Sus repercusiones fueron el tema de algunos de los
> mensajes más importantes surgidos de su pluma. Al dirigirse Shoghi Effendi en
> 1931 a los amigos de Occidente, éste era el brillante panorama que exponía ante
> su mirada:
> 
> El principio de la Unidad de la Humanidad -eje en torno al cual giran todas
> las enseñanzas de Bahá’u’lláh- no es un mero brote de sentimentalismo ignorante
> o una expresión de esperanzas vagas y piadosas. Su llamamiento no ha de
> identificarse meramente con el renacer del espíritu de hermandad y buena
> voluntad entre los hombres, ni tampoco aspira tan sólo a fomentar la colaboración
> armoniosa entre los pueblos y naciones. Sus implicaciones son más profundas,
> sus cimientos mayores que cualquiera de los que se Les permitiera presentar a
> los Profetas de antaño. Su mensaje se aplica no sólo a la persona, sino que se
> ocupa primordialmente de la naturaleza de las relaciones esenciales que deben
> vincular a todos los Estados y naciones como miembros de una sola familia
> humana (...) implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad actual,
> un cambio tal como el mundo jamás ha experimentado (...) Requiere nada menos
> que la reconstrucción y la desmilitarización del conjunto del mundo civilizado,
> un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos esenciales de su
> existencia, maquinaria política, aspiraciones espirituales, comercio y finanzas,
> escritura e idioma, y no obstante infinito en cuanto a la diversidad de las
> características nacionales de sus unidades federadas.[59]
> 
> Un concepto que se manifestaba con fuerza en los escritos del Guardián era
> la metáfora orgánica con la que Bahá’u’lláh, y posteriormente ‘Abdu’l-Bahá,
> había figurado el proceso milenario que iba a conducir a la humanidad hasta la
> culminación de su historia colectiva. Dicha imagen metafórica consistía en la
> analogía que puede trazarse entre, por un lado, las etapas en que la sociedad
> humana se había organizado e integrado gradualmente, y, por otro lado, el
> proceso mediante el cual cada ser humano se desarrolla lentamente pasando de
> las limitaciones de la existencia infantil a los poderes de la madurez. La
> metáfora aparece destacada en varios de los escritos en que Shoghi Effendi
> alude a las transformaciones de nuestra época:
> 
> Las dilatadas etapas de infancia y niñez que tuvo
> que recorrer la raza humana han sido relegadas a un segundo plano. La humanidad
> experimenta ahora las conmociones invariablemente ligadas a la etapa más
> turbulenta de su evolución, la etapa de adolescencia, en que la impetuosidad y
> vehemencia juveniles llegan a su apogeo, y deben gradualmente verse
> reemplazadas por la calma, la sabiduría y la sazón que caracterizan la etapa de
> madurez.[60]
> 
> Meditar sobre esta gran concepción llevó a Shoghi Effendi a proporcionar al
> mundo bahá’í una descripción coherente del futuro, la cual, desde entonces, ha
> permitido que tres generaciones de creyentes puedan articular ante los
> gobiernos, medios de difusión y público en general de todo el mundo la
> perspectiva desde la cual la Fe bahá’í acomete sus labores:
> 
> La unidad de la raza humana, tal como la previera
> Bahá’u’lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que
> todas las naciones, razas, credos y clases estén estrecha y permanentemente
> unidos, y en la que la autonomía de sus Estados miembros y la libertad personal
> e iniciativa de los individuos que la componen estén definitiva y completamente
> salvaguardadas. Esa mancomunidad, en la medida en que podemos figurárnosla,
> debe consistir en un poder legislativo mundial, cuyos miembros, en tanto
> fiduciarios de la humanidad entera, controlarán en última instancia los
> recursos enteros de todas las naciones constitutivas, y promulgarán las leyes
> que se requieran para regular la vida, satisfacer las necesidades y ajustar las
> relaciones de todas las razas y pueblos. Un ejecutivo mundial, respaldado por
> una Fuerza internacional, pondrá en marcha las decisiones adoptadas, aplicará
> las leyes promulgadas por ese poder legislativo mundial y salvaguardará la
> unidad orgánica del conjunto de la mancomunidad. Un tribunal mundial fallará y
> emitirá veredictos definitivos y obligatorios en todas y cada una de las desavenencias
> que surjan entre los diversos elementos integrantes de ese sistema universal
> (...) Se organizarán los recursos económicos del mundo, se aprovecharán y
> utilizarán plenamente sus fuentes de materias primas, se coordinarán y
> desarrollarán sus mercados, y se regulará equitativamente la distribución de
> sus productos.[61]
> 
> Al presentar en “La Dispensación de Bahá’u’lláh” una interpretación
> definitiva del Orden Administrativo, Shoghi Effendi formulaba una referencia
> especial al papel que la institución que él mismo encarnaba iba a desempeñar al
> permitir que la Causa adoptase “una amplia e ininterrumpida perspectiva sobre
> una sucesión de generaciones (...)”. Tan singular legado se expresaba con
> particular claridad al describir la naturaleza dual de los procesos históricos
> que él veía desplegarse en el siglo XX. El panorama que configuraba el
> escenario internacional –señaló–, iba a verse moldeada de modo creciente por
> las dos fuerzas de “integración” y “desintegración”, las cuales, a la postre,
> escapan al control humano. A la luz de lo que alcanza hoy día nuestra vista,
> sus previsiones en torno a la operación de este proceso dual resultan
> sobrecogedoras: la creación de “un mecanismo de intercomunicación mundial (...)
> que habrá de funcionar con maravillosa celeridad y perfecta regularidad”[62];
> la erosión del Estado nacional como árbitro principal de los destinos humanos;
> los efectos pavorosos que la quiebra moral generalizada por todo el mundo
> habría de tener en la cohesión social; la amplia desilusión pública provocada
> por la corrupción política; e –inimaginable para otros contemporáneos– el auge
> de los organismos mundiales dedicados a promover el bienestar humano, a
> coordinar la actividad económica, definir los patrones internacionales y
> fomentar un sentido de solidaridad entre las diversas razas y culturas. Estos y
> otros acontecimientos –explicaba el Guardián– alterarían de modo fundamental
> las condiciones en que la Causa bahá’í iba a proseguir su misión en los
> decenios ulteriores.
> 
> Uno de los cambios sorprendentes de este género, y que Shoghi Effendi
> apreció en las Escrituras que se vio llamado a interpretar, hacían referencia
> al papel futuro de Estados Unidos como nación, y, en menor medida, de sus
> naciones hermanas del hemisferio occidental. Su capacidad de visión resulta
> tanto más notable por cuanto cabe recordar que escribía durante un período de
> la historia en el que Estados Unidos se mostraba decididamente aislacionista
> tanto en su política exterior como en las convicciones de una mayoría de sus
> ciudadanos. Sin embargo, Shoghi Effendi previó que el país iba a ejercer un
> “papel activo y decisivo (...) en la organización y resolución pacífica de los
> asuntos de la humanidad”. Recordó a los bahá’ís el vaticinio de ‘Abdu’l-Bahá en
> el sentido de que, debido a la naturaleza singular de su composición social y
> desarrollo político –y no por alguna “excelencia inherente o mérito especial de
> sus gentes”– Estados Unidos había desarrollado capacidades que la facultarían
> para ser “la primera nación en sentar los cimientos del acuerdo internacional”.
> En efecto, previó que los gobiernos y pueblos de todo el hemisferio acabarían
> por orientarse en esta misma dirección.[63]
> 
> El papel que la comunidad bahá’í debe desempeñar para coadyuvar a esta
> consumación del proceso histórico había quedado prefigurado en los
> emplazamientos que, en el mismo momento en que nacía la Causa, dirigió el Báb a
> Sus seguidores:
> 
> ¡Oh Mis amados amigos! Sois los portadores del
> nombre de Dios en este Día (...) Sois los humildes de quienes así ha hablado
> Dios en Su Libro: “Y deseamos mostrar favor a quienes fueron humillados en la
> tierra, y convertirlos en adalides espirituales entre los hombres y trocarlos
> en herederos Nuestros”. Habéis sido llamados a esta posición; la alcanzaréis
> sólo si os alzáis hollando bajo vuestros pies todo deseo terrenal y si os
> afanáis por convertiros en “siervos honrados Suyos que no hablan hasta que Él
> haya hablado, y que cumplen Su voluntad” (...) No reparéis en vuestra debilidad
> o flaqueza; fijad vuestra mirada en el poder invencible del Señor, vuestro
> Dios, el Todopoderoso (...) Alzaos en Su nombre, poned vuestra confianza
> enteramente en Él y estad seguros de la victoria final” [64]
> 
> Ya en 1923, Shoghi Effendi se sintió movido a desahogar su corazón sobre
> este tema ante los amigos de Norteamérica:
> 
> Recemos a Dios porque, en estos días de penumbra
> universal, en que las fuerzas oscuras de la naturaleza, de odio, rebelión,
> anarquía y reacción amenazan la estabilidad misma de la sociedad, en que los
> frutos más preciosos de la civilización sufren pruebas severas y sin parangón,
> podamos todos comprender, más profundamente que nunca, que aunque seamos un
> mero puñado entre las agitadas masas del mundo, somos en este día los
> instrumentos escogidos de la gracia de Dios, que nuestra misión es urgentísima
> y esencial para el destino de la humanidad, y, así fortificados por estos
> sentimientos, nos dispongamos a lograr la santa voluntad de Dios para con la
> humanidad.[65]
> 
> *
> 
> Plenamente consciente de la condición en que se encontraba la sociedad, de
> las consecuencias de la traición sufrida a manos de familiares en cuyo apoyo
> debía haber podido confiar, y de la relativa debilidad de los recursos de la
> propia comunidad bahá’í, Shoghi Effendi se dispuso a forjar los medios
> necesarios para realizar la misión que le había sido encomendada en herencia.
> 
> Sin duda, la mayoría de los bahá’ís comprendía en alguna medida que las
> asambleas que se les instaba a formar poseían un significado muy por encima de
> la mera gestión de los asuntos prácticos que les había sido confiada.
> ‘Abdu’l-Bahá, Quien había guiado este proceso, Se había referido a ellas como:
> 
> (...) lámparas brillantes y jardines celestiales, desde los cuales se
> difunden por todas las regiones las fragancias de santidad, y desde donde las luces
> del conocimiento se derraman sobre todas las cosas creadas. De ellas brota en
> todas direcciones el espíritu de la vida. Realmente, son fuentes potentes para
> el progreso del hombre, en todo tiempo y en cualquier condición.[66]
> 
> No obstante, fue
> Shoghi Effendi quien hubo de ayudar a que la comunidad comprendiese el lugar y
> papel de estos cuerpos consultivos nacionales y locales en el marco del Orden
> Administrativo creado por Bahá’u’lláh y elaborado en las disposiciones del
> Testamento del Maestro. Un obstáculo que estorbaba a un número significativo de
> creyentes en este sentido era la suposición gratuita según la cual muchos
> entendían que la Causa era esencialmente una asociación “espiritual” en la que
> la organización, aunque no necesariamente antitética, no constituía un rasgo
> inherente del propósito divino. Al subrayar que el Kitáb-i-Aqdas y el
> Testamento de ‘Abdu’l-Bahá “no sólo son complementarios, sino que (...) se
> confirman mutuamente y constituyen partes inseparables de una unidad completa”
> [67], el Guardián invitaba a los creyentes a reflexionar en profundidad en
> torno a una de las verdades centrales de la Causa que habían abrazado:
> 
> Pocos dejarán de reconocer que el Espíritu insuflado por Bahá’u’lláh en el
> mundo, y que se manifiesta en grados variables de intensidad mediante los
> esfuerzos conscientemente desplegados por Sus valedores declarados e
> indirectamente mediante ciertas organizaciones humanitarias, nunca podrá calar
> y ejercer una influencia permanente en la humanidad hasta que no se encarne en
> un Orden visible que porte Su nombre, se identifique plenamente con Sus
> principios y funcione de conformidad con Sus leyes.[68]
> 
> Prosiguió encareciendo a los seguidores de la Fe a que comprendiesen la
> diferencia esencial entre la Causa de Bahá’u’lláh, cuyos Textos revelados
> contenían disposiciones detalladas para tal Orden autorizado, y las
> Revelaciones preparatorias cuyas Escrituras en su mayor parte nada decían sobre
> la administración de los asuntos y sobre la interpretación de la intención de
> sus Fundadores. En palabras de Bahá’u’lláh: “En verdad, el Ciclo profético ha
> terminado. Ha llegado ahora la Verdad eterna. Él ha izado la Enseña del Poder
> (...)” [69]. A diferencia de las Dispensaciones del pasado, la Revelación de
> Dios para esta época –aseguraba Shoghi Effendi– había alumbrado “un organismo
> vivo”, cuyas leyes e instituciones constituían “los elementos esenciales de una
> Economía Divina”, “un modelo para la sociedad del futuro”, y “el único
> organismo para la unificación del mundo, y para la proclamación del reino de
> rectitud y justicia sobre la tierra”.[70]
> 
> Por tanto, los amigos debían afanarse por apreciar –así instaba el
> Guardián– que las Asambleas Espirituales que, a duras penas, se esforzaban por
> establecer por todo el mundo, eran las precursoras de las “Casas de Justicia”
> locales y nacionales previstas por Bahá’u’lláh. Como tales, eran parte
> integrante de un Orden Administrativo que, a su debido tiempo, “hará valer su
> derecho y demostrará su capacidad de ser considerado no sólo como el núcleo
> sino como el modelo mismo del Nuevo Orden Mundial destinado a abrazar, en la
> plenitud del tiempo, a la humanidad entera”.[71]
> 
> Para unas pocas personas de entre las jóvenes comunidades de Occidente, tal
> desviación respecto de las concepciones tradicionales sobre la naturaleza y
> papel de la religión se demostraron una prueba demasiado grande, por lo que las
> comunidades bahá’ís sufrieron el dolor de ver cómo valiosos compañeros de
> trabajo se desligaban en pos de empeños espirituales más próximos a sus inclinaciones.
> Sin embargo para la gran mayoría de los creyentes, los grandes mensajes
> surgidos de la pluma del Guardián, como por ejemplo “La meta de un Nuevo Orden
> Mundial” y “La Dispensación de Bahá’u’lláh”, arrojaban una luz deslumbrante
> precisamente sobre el tema que más les preocupaba -la relación entre la verdad
> espiritual y el desarrollo social- inspirándoles la firme determinación de
> desempeñar su parte en la cimentación del futuro de la humanidad.
> 
> El Guardián proporcionó, asimismo, la imagen organizativa que habría de
> adoptar esta inmensa labor. La “Edad Heroica” de la Dispensación de
> Bahá’u’lláh, declaró, había terminado con el fallecimiento de ‘Abdu’l-Bahá. La
> comunidad bahá’í se embarcaba ahora en la “Edad de Hierro”, la “Edad
> Formativa”, en la que el Orden Administrativo sería erigido en todo el planeta,
> sus instituciones se establecerían y los poderes “constructivos de la sociedad”
> inherentes a ella se revelarían por completo. Muy distante se encontraba lo que
> Shoghi Effendi denominaba la “Edad de Oro” de la Dispensación, que habría de
> llevar al surgimiento de la Mancomunidad Mundial bahá’í que constituirá el
> establecimiento del Reino de Dios en la tierra y la creación de una
> civilización mundial.[72] El impulso que se había comunicado inicialmente a las
> conciencias mediante la revelación de la Palabra Creativa misma, cuyas
> implicaciones sociales revolucionarias habían sido proclamadas por el Maestro,
> estaba siendo ahora traducido por su intérprete designado al vocabulario de la
> transformación política y económica en el que por doquier iba fraguándose el
> discurso público del siglo. Concediendo al proceso una fuerza irresistible,
> iluminando siempre nuevas dimensiones de la experiencia bahá’í, y sirviendo
> como el venero de la unificación de la humanidad que proclamaba, se encontraba
> la Alianza que Bahá’u’lláh había establecido entre Él mismo y los que se habían
> vuelto hacia Él.
> 
> Aunque al principio no llegaron a designarse con el nombre de “Asambleas
> Espirituales”, los consejos que las comunidades bahá’ís locales de Persia se
> habían visto animadas por ‘Abdu’l-Bahá a crear habían asumido la
> responsabilidad de la administración de sus asuntos. A la luz de lo que habría
> de seguir, nadie con cierta perspectiva histórica dejará de asombrarse por el
> hecho de que la primera Asamblea Espiritual de la Fe, la de Teherán, se fundase
> en 1897, el año mismo que vio nacer a Shoghi Effendi. Bajo la guía del Maestro,
> las reuniones intermitentes celebradas por las cuatro Manos de la Causa en
> Persia llegaron a convertirse gradualmente en esta institución que sirvió
> simultáneamente como “Asamblea Espiritual Central” de Persia y como el cuerpo
> rector de la comunidad local establecida en la capital. Ya al fallecer
> ‘Abdu’l-Bahá, las Asambleas Espirituales Locales establecidas en Persia
> superaban la treintena. En 1922 Shoghi Effendi hizo un llamamiento para el
> establecimiento formal de la Asamblea Espiritual Nacional de Persia, un logro
> aplazado hasta 1934 debido a la exigencia de adoptar un censo fiable de la
> comunidad como base para la elección de los delegados.
> 
> Fuera de Persia, los creyentes de ‘Ishqábád, en el Turquestán ruso,
> eligieron su primera Asamblea Espiritual Local, entidad que asumió un papel
> importante en el proyecto para la construcción del primer Mashriqu’l-Adhkár
> bahá’í, emplazado en ‘Ishqábád. En Norteamérica, una gama de entidades
> consultivas -”Juntas de Consejo”, “Juntas Consejeras”, “Juntas de Consulta” y
> “Comités de Trabajo”- desarrollaron funciones análogas, hasta evolucionar
> gradualmente y convertirse en cuerpos electos, precursores de las Asambleas
> Espirituales. Al fallecer el Maestro, quizá funcionaban en Norteamérica
> cuarenta consejos de este género. Todos estos pasos allanaron el camino para el
> nacimiento posterior de la primera Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís
> de Estados Unidos y Canadá, la cual surgió de la “Junta de Unidad del Templo”,
> organismo creado en 1909 para coordinar la construcción de la futura Casa de
> Adoración. Se formó en 1923, aunque los requisitos administrativos sentados por
> el Guardián para este paso sólo se cumplieron en 1925, fecha en la que se
> habían establecido Asambleas Nacionales en las Islas Británicas, Alemania,
> Austria, Egipto y Sudán.[73]
> 
> A medida que iban formándose las Asambleas Espirituales Nacionales y
> Locales, el Guardián comenzó a recalcar la importancia de lograr que fueran
> reconocidas como “personas jurídicas” acogidas a la ley civil. Al asegurar tal
> personalidad jurídica, según la modalidad que fuera factible, las instituciones
> administrativas bahá’ís quedaban habilitadas para gestionar propiedades,
> celebrar contratos y asumir gradualmente una gama de derechos legales vitales
> para los intereses de la Causa. La importancia que Shoghi Effendi atribuía a
> esta nueva etapa de la evolución administrativa se pone de manifiesto en las
> fotocopias de estos documentos civiles, las cuales comenzaron a convertirse en
> un rasgo principal del despliegue fotográfico de la expansión de la Fe en los
> volúmenes sucesivos de The Bahá’í World.
> Más aún, una vez que la Mansión de Bahjí quedó plenamente recuperada y
> restaurada a su condición original, y adecuadamente amueblada, Shoghi Effendi
> reunió una colección de esta preciadísima documentación para exponerla allí
> como aliciente y educación de la creciente afluencia de peregrinos que acudía
> al Centro Mundial.
> 
> El proceso de reconocimiento legal comenzó con la adopción en 1927 de la
> Declaración Fiduciaria y Estatutos de la Asamblea Espiritual Nacional de
> Estados Unidos y Canadá, la cual alcanzó reconocimiento civil como asociación voluntaria
> dos años después. El 17 de febrero de 1932 la primera Asamblea local bahá’í, la
> de Chicago, adoptó una documentación de legalización que, junto con la
> presentada por la de Nueva York el 31 de marzo de ese mismo año, habrían de
> sentar la pauta para tales instrumentos en todo el mundo. Ya en 1949, la
> Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Canadá- formada a raíz de la
> separación en dos comunidades bahá’ís norteamericanas, ocurrida el año
> anterior- pudo conseguir el reconocimiento formal de su condición jurídica ante
> la ley civil gracias a una Ley especial aprobada por el Parlamento, victoria
> que Shoghi Effendi aclamó como “un acto carente por completo de parangón en los
> anales de la Fe de cualquier país, ya sea de Oriente u Occidente”.[74]
> 
> Estas apremiantes exigencias administrativas no distrajeron a Shoghi
> Effendi de otras tareas que eran vitales para configurar la vida espiritual de
> la comunidad global. La más importante de ellas fue la ardua tarea que sólo él
> podía realizar, a saber, proporcionar a un conjunto creciente de creyentes que
> carecían de antecedentes persas un acceso directo y fiable a los Escritos de
> los Fundadores de la Fe. Las Palabras Ocultas, el Kitáb-i-Íqán, el inapreciable
> tesoro recopilado con tanto amor y percepción bajo títulos como Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh,
> Oraciones y Meditaciones de Bahá’u’lláh y la Epístola al Hijo del Lobo
> surtieron el alimento espiritual que las labores de la Causa requerían
> urgentemente, como asimismo lo hiciera la traducción y edición que Shoghi
> Effendi realizó de la “Narración” de Nabíl bajo el título Los Rompedores del Alba.
> 
> Los peregrinos bahá’ís obtuvieron enriquecimiento espiritual de otro género
> en los Sagrados Lugares y en los emplazamientos históricos que el Guardián iba
> adquiriendo -a menudo a expensas de negociaciones prolongadas y agotadoras- y
> restaurando con tanto esmero. Fue Shoghi Effendi igualmente sensible a las
> inesperadas oportunidades que se presentaron ante su perspectiva histórica. En
> 1925 un tribunal religioso sunní de Egipto denegaba el reconocimiento civil a
> los matrimonios contraídos entre mujeres musulmanas y hombres bahá’ís,
> insistiendo que en que “la Fe bahá’í es una religión nueva, enteramente
> independiente” y que “por tanto, ningún bahá’í puede considerarse musulmán” (y
> en consecuencia capacitado para contraer matrimonio con quien sí lo fuese).[75]
> Aprovechando las implicaciones de mayor alcance de esta aparente derrota, el
> Guardián hizo amplio uso del juicio definitivo del tribunal para reforzar en los
> círculos internacionales las alegaciones que avalaban a la Fe como religión
> independiente, separada y distinta de sus raíces islámicas.
> 
> *
> 
> Conforme la comunidad bahá’í iba estableciendo los cimientos
> administrativos que le permitirían desempeñar un papel efectivo en los asuntos
> humanos, el proceso acelerado de desintegración que Shoghi Effendi había
> reconocido iba minando el tejido del orden social. Sus orígenes, por muy
> imprecisamente conocidos que fuesen para una mayoría de teóricos sociales y
> políticos, comienzan pasados varios decenios a reconocerse en las conferencias
> internacionales dedicadas a la paz y el desarrollo. En nuestra época ya no es
> inusual encontrarse en estos círculos con francas referencias al papel esencial
> que las fuerzas “espirituales” y “morales” deben desempeñar en el logro de
> soluciones a los problemas urgentes. Para el lector bahá’í, tal reconocimiento
> tardío despierta ecos de los avisos dirigidos por Bahá’u’lláh, hace más de un
> siglo, a los rectores de los asuntos humanos: “La vitalidad de la fe de los
> hombres en Dios se esta extinguiendo en todos los países (...) la corrosión de
> la impiedad está carcomiendo las entrañas de la sociedad (...)” [76]
> 
> La responsabilidad de ésta la peor tragedia –recalcaba el Guardián– recaía
> principalmente sobre los hombros de los dirigentes religiosos del mundo. La
> condena más severa de Bahá’u’lláh quedaba reservada para quienes, presumiendo
> de hablar en nombre de Dios, han impuesto sobre las crédulas masas todo un
> fárrago de dogmas y prejuicios convertido en la mayor traba visible contra la
> que se ha visto forzada a combatir la civilización. Al tiempo que reconocía los
> servicios humanitarios prestados a título personal por incontables clérigos,
> señalaba las consecuencias que arrastraba la forma en que estas autodesignadas
> elites religiosas se han interpuesto a lo largo de la historia entre la
> humanidad y todas las voces del progreso, sin excluir a las de los Mensajeros
> de Dios mismo. “¿Qué ‘opresión’ es más dolorosa , preguntaba Bahá’u’lláh, “que el hecho
> de que un alma busque la verdad y desee alcanzar el conocimiento de Dios, y no
> sepa adónde dirigirse (...) ?”.[77] En una época de avances científicos y amplia educación popular, los
> efectos acumulados de la desilusión resultante hicieron que la fe religiosa
> pareciese insignificante. Impotentes ellos mismos ante la crisis espiritual,
> una mayoría de estos clérigos, procedentes de diversas confesiones, que habían
> cobrado conciencia del mensaje de Bahá’u’lláh pasaron por alto la influencia
> moral que estaba demostrando dicho mensaje o bien se opusieron a él
> activamente.[78]
> 
> El reconocimiento de este rasgo de la historia no mengua el daño ocasionado
> por quienes procuraron aprovechar el vacío espiritual producido. El anhelo de
> creer es inextinguible; es parte inherente al ser humano. Cuando este anhelo se
> ve frenado o traicionado, el alma racional se ve arrastrada a buscar algún
> punto de referencia, por inadecuado o indigno que sea, en torno al cual pueda
> organizar la experiencia y atreverse a asumir los riesgos que son parte
> inevitable de la vida. Fue desde esta perspectiva como Shoghi Effendi previno a
> los miembros de la Fe, en términos inusualmente tajantes, que debían esforzarse
> por comprender la calamidad espiritual que anegaba a gran parte de la humanidad
> durante los decenios transcurridos entre las dos guerras:
> 
> Dios mismo ha sido realmente destronado del corazón de los hombres, en
> tanto que el mundo idólatra ha aclamado y adorado con apasionamiento y
> estruendo a los falsos dioses fatuamente creados por sus propias vanas
> fantasías y exaltados impíamente por sus manos desencaminadas (...) Sus sumos
> sacerdotes son los políticos y los doctos mundanos, los así llamados sabios de
> la época; su sacrificio, la carne y sangre de las multitudes masacradas; sus encantamientos,
> dogmas desgastados y fórmulas insidiosas e irreverentes; su incienso, el humo
> de la angustia que asciende de los corazones lacerados de los dolientes, los
> mutilados y los desamparados sin hogar.[79]
> 
> Cual infecciones oportunistas, las ideologías agresivas aprovecharon la
> situación creada por el declive de la vitalidad religiosa. Aunque
> indistinguibles entre sí en cuanto a la corrupción de fe que encarnaban, los
> tres sistemas de creencia que desempeñaron un papel dominante en los asuntos humanos
> durante el siglo XX diferían agudamente en sus características secundarias y
> más conspicuas sobre las que el Guardián llamó la atención. Al denunciar “las
> oscuras, las falsas, y torcidas doctrinas” que iban a acarrear la destrucción a
> cualquier hombre o pueblo que creyese en ellas”, Shoghi Effendi puso especial
> acento en “los tres dioses del Nacionalismo, Racismo y Comunismo”.[80]
> 
> Del régimen fundador del fascismo, creado en 1922 por la así llamada
> “marcha a Roma”, poco hace falta decir. Mucho antes de que éste y su guía
> cayeran en el olvido en los meses finales de la segunda guerra mundial, el
> fascismo se había convertido en objeto de ridículo entre la mayoría de la
> gente, incluidos aquellos que lo habían apoyado en sus comienzos. Su
> significado descansa, antes bien, en la hueste de imitadores que proliferaría a
> lo largo de las décadas ulteriores por todo el mundo cual cascada maligna de
> mutaciones. Propulsada por un nacionalismo maníaco, esta aberración del
> espíritu humano deificaba el Estado, descubría en todas partes amenazas
> imaginarias a la supervivencia nacional de cualquier pueblo desgraciado al que
> aprisionara, y predicaba a todos los que la escuchasen la idea de que la guerra
> tenía una influencia “ennoblecedora” sobre el alma humana. Los desfiles de
> opereta a base de uniformes, botas relucientes, banderas y trompetas con los
> que por lo común se la relacionan no deberían ocultar al observador
> contemporáneo el legado virulento que ha dejado en nuestra propia época,
> ocultando bajo vocabulario político angustiosos términos tales como
> “desaparecidos”.
> 
> Pese a compartir la idolatría fascista hacia el Estado, su ideología
> hermana, el nazismo, se convirtió en la voz de una perversión más antigua e
> insidiosa. En su malvado corazón latía la obsesión por esa entelequia que sus
> procuradores denominaban “pureza de raza”. La determinación maniática con que
> acometió sus fines asesinos no se vio en modo alguno menguada por los
> postulados demostradamente falsos en los que estaba basada. El sistema nazi fue
> único por la absoluta bestialidad que caracteriza al acto con que de forma más
> frecuente se relaciona su nombre: el programa de genocidio llevado a cabo
> sistemáticamente contra las poblaciones consideradas carentes de valor o
> nocivas para el futuro de la humanidad, un programa que comportaba un intento
> deliberado de exterminar literalmente a todo el pueblo judío. En última
> instancia, el empeño nazi en que una fantasiosa “raza superior” debía regir el
> planeta entero fue el principal causante de que se cumpliese el aviso profético
> de ‘Abdu’l-Bahá, pronunciado veinte años antes, de que otra guerra, mucho más
> terrible que la primera, habría de estragar al mundo. Al igual que el fascismo,
> el nazismo también ha dejado un detritus en nuestra propia época. En este caso adopta
> la forma de un lenguaje y símbolos mediante los cuales algunos elementos
> marginales de la sociedad actual, desmoralizados por el declive económico y
> social que les rodea y desesperados por la ausencia de soluciones, airean su
> rabia impotente contra las minorías a las que culpan de sus frustraciones.
> 
> El falso dios que el Maestro Se había sentido movido a señalar
> explícitamente, el mismo que denunció Shoghi Effendi por su nombre, había
> demostrado su carácter desde un principio al destruir brutalmente, a finales de
> la Primera Guerra Mundial, al primer gobierno democrático jamás establecido en
> Rusia. Durante largos años, el sistema soviético creado por Vladimir Lenin
> consiguió presentarse ante muchos como benefactor de la humanidad y defensor de
> la justicia social. A la vista de los acontecimientos históricos tales
> pretensiones resultan grotescas. La documentación de que hoy se dispone
> proporciona evidencia irrefutable de crímenes tan enormes y de disparates tan
> abismales que carecen de paralelo en los 6000 años de historia escrita. En un
> grado jamás acometido, o siquiera imaginado, la conspiración leninista contra
> la raza humana también se proponía sistemáticamente extinguir la fe en Dios.
> Sea cual sea el punto de vista que sobre la situación sostengan actualmente los
> teóricos, nadie puede sorprenderse de que tal violencia deliberada desatada
> contra las raíces mismas de la motivación humana desembocase inexorablemente en
> la ruina económica y política de las sociedades a las que cupo el infortunio de
> caer bajo la férula soviética. Trágicamente, su efecto espiritual a largo plazo
> iba a ser el de pervertir, al servicio de sus propios y amorales propósitos,
> los anhelos legítimos de libertad y justicia que albergaban los pueblos
> sometidos de todo el mundo.
> 
> Desde un punto de vista bahá’í, el culto de la humanidad a ídolos de su
> propia invención reviste gravedad no sólo por los acontecimientos históricos
> que se vinculan a estas fuerzas, horrorosos como son, sino por las lecciones
> que nos enseñan. Al remontarnos al mundo de penumbras en el que aquellas
> fuerzas diabólicas asomaron sobre el horizonte de la humanidad, cabe
> preguntarse qué clase de debilidad abonaba en la naturaleza de los hombres el
> que se volviesen vulnerables a este género de influencias. Reconocer en alguien
> como Benito Mussolini la figura de un “Hombre del Destino”, sentirse obligado a
> concebir las teorías raciales de Adolfo Hitler como nada que no fueran
> productos evidentes de mentes enfermas, haber acometido seriamente la
> interpretación de la experiencia humana a la luz de los dogmas que alumbraron a
> la Unión Soviética de Josef Stalin, tan gratuito abandono de la razón por parte
> de un segmento considerable de la intelectualidad exige una rendición de
> cuentas para la posteridad. Si se emprende de forma desapasionada, tal
> evaluación debe, tarde o temprano, centrar la atención sobre una verdad que
> recorre como hilo central las Escrituras de todas las religiones de la
> humanidad. En palabras de Bahá’u’lláh:
> 
> Sobre la realidad del hombre (...) ha dirigido la irradiación de todos Sus
> nombres y atributos, convirtiéndola en un espejo de Su propio Ser (...) Sin
> embargo, estas energías (...) permanecen latentes dentro de él, tal como la
> llama se oculta en la candela o los rayos de luz se encuentran potencialmente
> presentes en la lámpara (...) Ni la candela ni la lámpara pueden encenderse
> mediante sus propios esfuerzos sin ayuda, como tampoco es posible que el espejo
> se desprenda de su propia escoria.[81]
> 
> La consecuencia de ese engreimiento de la humanidad bajo el efecto de
> ideologías concebidas por su propia mente fue la de producir una aceleración
> terrorífica de los procesos de desintegración que ya estaban disolviendo el
> tejido social y cultivando los más bajos impulsos de la persona. El
> embrutecimiento que la primera guerra mundial había engendrado se ha convertido
> ahora, en gran parte del planeta, en un rasgo omnipresente de la vida social.
> “Hemos reunido, pues, a los obradores de la iniquidad”, así rezaba el aviso que
> dio Bahá’u’lláh hacía más de un siglo. “Los vemos corriendo hacia su ídolo
> (...) se apresuran hacia el Fuego Infernal, y lo confunden con la luz”.[82]
> 
> VI
> 
> Mientras cobraba forma la estructura
> administrativa de la Causa, Shoghi Effendi dirigió su atención a la tarea que
> durante tanto tiempo se había visto obligado a posponer: la ejecución del Plan
> Divino del Maestro. En Persia, este avance se encontraba muy desarrollado.
> Dirigido primero por Bahá’u’lláh y posteriormente por ‘Abdu’l-Bahá, un cuerpo
> de maestros especialmente designados –muballighín–
> estimuló las labores locales emprendidas por todo el país, en tanto que la
> existencia de una vibrante vida comunitaria ayudaba a la integración,
> relativamente rápida, de los nuevos conversos. Los fondos del
> ?uqúqu’lláh, complementado con la práctica de la designación, que ya por
> entonces era un rasgo establecido en la conciencia bahá’í persa, proporcionaron
> apoyo material para esta actividad de enseñanza.
> 
> En Occidente, la fuente de
> inspiración en favor de la promoción de la Fe la aportó la respuesta dada a los
> llamamientos del Maestro por personas tan destacadas como Lua Getsinger, May
> Maxwell y Martha Root. La mera mención de estos nombres resalta un rasgo del
> surgimiento de la Causa en Occidente al que el Maestro prestó particular
> atención:
> 
> En América las mujeres han
> sobrepasado a los hombres en este aspecto y han tomado la
> delantera en este campo. Se esfuerzan con más tesón por guiar a los pueblos del
> mundo, y su empeño es mayor. Están confirmadas por las bendiciones
> y los favores celestiales.[83]
> 
> En Oriente, las condiciones sociales de la
> época casi obligaban a que la iniciativa en la promoción de la Causa fuera
> tomada sobre todo por los hombres. Pocas restricciones de este género imperaban
> en Norteamérica y Europa, donde una pléyade de mujeres inolvidables se
> convirtieron en las principales expositoras del mensaje bahá’í a ambas orillas
> del Atlántico. Piénsese en Sarah Farmer, cuya escuela de Green Acre proporcionó
> a la naciente comunidad bahá’í un foro para la introducción de la Fe a pensadores
> influyentes; o en Sara Lady Blomfield, cuya posición social imprimió nuevos
> bríos al ardor con que abanderó las enseñanzas; o en Marion Jack, inmortalizada
> por Shoghi Effendi como modelo de pioneros bahá’ís; o en Laura Dreyfus-Barney,
> quien entregó a la Fe la inapreciable colección de charlas de sobremesa del
> Maestro: Contestación a unas preguntas;
> o en Agnes Parsons, fundadora junto con Louis Gregory de las reuniones “Race
> Amity”, que inspirase el propio ‘Abdu’l-Bahá; o en Corinne True, Keith Ransom-Keheler,
> Helen Goodall, Juliet Thompson, Grace Ober, Ethel Rosenberg, Clara Dunn, Alma
> Knobloch y toda una distinguida compañía de muchas más, la mayoría de las
> cuales abrieron algún nuevo campo del servicio bahá’í.
> 
> A esta lista debe agregarse
> el nombre de la Reina María de Rumanía, a quien las edades aclamarán como la
> primera cabeza coronada en reconocer la Revelación de Dios para este día. La
> valentía evidenciada por esta mujer solitaria al declarar públicamente su fe,
> mediante cartas que intrépidamente dirigió a los editores de varios periódicos
> tanto de Europa como de Norteamérica, con toda probabilidad le permitió
> presentar el nombre de la Causa ante una audiencia que se contaba por millones
> de lectores.
> 
> Pese a la impresionante
> respuesta que obtuvieron los primeros esfuerzos de este género, la falta de
> medios organizativos con que capitalizar los resultados limitaron en un
> principio los beneficios obtenidos por las comunidades bahá’ís de los países
> occidentales. El auge del Orden Administrativo modificó radicalmente esta
> situación. Según iban surgiendo Asambleas Espirituales Locales, se establecían
> metas, se disponían recursos para respaldar las iniciativas personales de
> enseñanza, y los nuevos creyentes pasaban a participar en las numerosas
> actividades de una vida comunitaria bahá’í cada vez más animada. Fue posible
> entonces traducir sistemáticamente y publicar bibliografía bahá’í, compartirse
> noticias de interés general y reforzar los lazos que unían a los creyentes con
> el Centro Mundial de la Fe.
> 
> Los dos instrumentos
> principales mediante los cuales Shoghi Effendi se propuso cultivar una
> dedicación realzada a la enseñanza, tanto en Oriente como Occidente, fueron los
> mismos que había utilizado el Maestro. Una corriente fluida de comunicación
> epistolar con las comunidades así como con los creyentes abrió el camino para
> que sus destinatarios descubriesen nuevas dimensiones en las creencias que
> habían abrazado. Sin embargo, las comunicaciones más importantes de este género
> pasaron a ser las dirigidas a las Asambleas Espirituales Nacionales y Locales.
> Su efecto se vio intensificado por el flujo de peregrinos que regresaban a sus
> hogares para compartir las impresiones obtenidas en el contacto directo con el
> Centro de la Causa. Gracias a estos lazos, cada creyente se vio animado a verse
> como un instrumento del poder que fluye a través de la Alianza. La imponderable
> compilación que habría de aparecer bajo el título de Mensajes dirigidos a América 1932-1946 ofrece una panorámica de los
> pasos en virtud de los cuales Shoghi Effendi fue haciendo cada vez más patente
> ante los creyentes norteamericanos las implicaciones del Plan Divino del
> Maestro para “la conquista espiritual del planeta”:
> 
> Por la sublimidad y
> serenidad de su fe, por la constancia y claridad de su visión, la
> incorruptibilidad de su carácter, el rigor de su disciplina, la santidad de su
> moralidad y el ejemplo singular de su vida comunitaria, pueden y en efecto
> deben demostrar en un mundo contaminado por sus incurables corrupciones,
> paralizado por los temores que le acechaban, desgarrado por odios devastadores,
> y languideciente bajo el peso de pavorosas desgracias, la validez de su derecho
> a ser considerados como el único repositorio de esa gracia de cuya operación
> depende la liberación completa, la reorganización fundamental y la felicidad
> suprema de toda la humanidad.[84]
> 
> El Guardián dibujó ante la
> mirada de la comunidad bahá’í norteamericana una visión de su destino
> espiritual. Sus miembros eran, venía a decir, “los descendientes espirituales
> de los héroes de la Causa de Dios”, sus instituciones incipientes eran “los
> símbolos visibles de la soberanía indudable de su [Fe]”, los maestros pioneros
> que enviaba al exterior eran los “portadores de la antorcha de una civilización
> todavía por nacer”, su desafío colectivo era el de asumir “una parte
> preponderante” en el asentamiento de las bases del Orden Mundial “que el Báb
> había anunciado, que la mente de Bahá’u’lláh había contemplado, y cuyos rasgos
> ‘Abdu’l-Bahá, su Arquitecto, había delineado (...)”[85]
> 
> El lenguaje de los mensajes
> es soberbio y cautivador. Al reconocer la oscuridad que el descreimiento, la
> violencia y la inmoralidad galopantes estaban engendrando, Shoghi Effendi
> describió el papel que los bahá’ís, dondequiera que estén, deben desempeñar como
> instrumentos al servicio del poder transformador de la nueva Revelación:
> 
> Suya es la tarea de
> sostener, bien alto y despejada, la antorcha de la guía divina mientras
> descienden las tinieblas de la noche hasta envolver a la raza humana entera.
> Suya es la función, en medio de sus tumultos, peligros y agonías, de dar fe de
> la visión y proclamar la cercanía de esa sociedad recreada, de ese Reino
> prometido por Cristo, de ese Orden Mundial cuyo impulso generador es el
> espíritu de nada menos que el propio Bahá’u’lláh, cuyo dominio es el planeta
> entero, cuya contraseña es la unidad, cuyo poder animador es la fuerza de la
> Justicia, cuyo propósito rector es el reinado de la rectitud y la verdad, y
> cuya suprema gloria es la felicidad completa, tranquila y sempiterna de todo el
> género humano.[86]
> 
> En 1936 el Guardián juzgó
> que la estructura administrativa de la Causa era ya lo suficientemente amplia y
> estaba lo bastante consolidada en Norteamérica como para iniciar la primera
> etapa en la ejecución del Plan Divino. Mientras el mundo se deslizaba hacia
> otra conflagración global y las posibilidades de los creyentes persas se veían
> severamente limitadas, el centro de atención necesariamente iba a girar en
> torno a la expansión y consolidación de la comunidad bahá’í en el hemisferio
> occidental, en preparación de empresas mucho más amplias que vendrían después.
> En su llamamiento a los “ejecutores” designados del Plan (los creyentes de
> Norteamérica) el Guardián les tendía un Plan de Siete Años, que habría de
> abarcar desde 1937 a 1944. Sus objetivos se cifraban en establecer al menos una
> Asamblea Espiritual Local en todos los estados de Estados Unidos y en cada
> provincia de Canadá, así como abrir a la Causa catorce repúblicas de
> Latinoamérica. A estos objetivos se añadía la tarea, inmensamente exigente para
> una comunidad todavía muy poco numerosa y severamente acuciada por la escasez
> de recursos económicos, de completar la ornamentación exterior del “Templo
> Madre de Occidente”.
> 
> Ru?íyyih Khánum
> ha señalado un paralelo sorprendente entre dos acontecimientos que tenían lugar
> durante este mismo período histórico. Por un lado, unas cuantas naciones
> poderosas lanzaban sus ejércitos de invasión con las miras puestas en
> apoderarse de los recursos naturales de las naciones vecinas, o simplemente por
> su afán de conquista. Durante ese mismo período, Shoghi Effendi movilizaba al
> pequeño, dolorosamente pequeño, conjunto de pioneros de que disponía,
> enviándolos a cumplir las metas de enseñanza del Plan que había creado. En unos
> escasos años, los inmensos batallones de la agresión sufrieron un descalabro
> irremisible, sus nombres y conquistas quedaron borrados de la historia. La
> minúscula compañía de creyentes que habían salido con nada más que su vida en
> la mano para cumplir la misión que les fuera encomendada por el Guardián,
> habían conseguido o superado todos sus objetivos, que pronto se convirtieron en
> los cimientos de comunidades florecientes.[87]
> 
> A fin de apreciar esta
> empresa será conveniente que los bahá’ís comprendan no sólo el papel que la
> planificación desempeña en la vida de la Causa, sino también la naturaleza
> singular de este instrumento en su modalidad bahá’í. La identificación
> sistemática de los objetivos que han de lograrse y las decisiones en cuanto a
> la forma de lograrlos no significa que la comunidad bahá’í haya asumido la
> responsabilidad de “diseñar” el futuro por y para sí misma, tal como se suele
> sobreentender en el concepto de planificación. Antes bien, lo que las instituciones
> bahá’ís realizan es un esfuerzo por ajustar las labores de la Causa con el
> proceso divinamente impulsado que ven desplegarse de continuo en el mundo,
> proceso que en última instancia colmará su propósito con independencia de las
> circunstancias y acontecimientos históricos. El reto del Orden Administrativo
> consiste en asegurar que, en la medida en que lo permita la Providencia, los
> esfuerzos bahá’ís estén en armonía con el Plan Mayor de Dios, pues es al
> lograrlo como fructifican las potencialidades que Bahá’u’lláh implantó en la
> Causa. Que las disposiciones del Kitáb-i-Aqdas y del Testamento de ‘Abdu’l-Bahá
> garantizan el buen fin de los esfuerzos bahá’ís queda dramáticamente demostrado
> en la ininterrumpida carrera de triunfos que sellaron los planes creados por
> Shoghi Effendi.
> 
> Hacia agosto de 1944, Shoghi
> Effendi pudo celebrar la culminación del primer Plan de Siete Años. El Guardián
> subrayó el momento con un regalo destinado a los bahá’ís del mundo y que
> representa uno de los mayores logros de su vida. La publicación, en 1944, de Dios pasa, su exhaustiva y meditada
> historia de los primeros cien años de la Causa, en donde exponía a la mirada de
> los creyentes toda una panorámica del proceso espiritual con que se van
> cumpliendo los deseos de Bahá’u’lláh para toda la humanidad.
> 
> La historia es un
> instrumento poderoso. Desde su cara amable, pone en perspectiva el pasado y
> arroja luz sobre el futuro. Puebla la conciencia humana de héroes, santos y
> mártires, cuyo ejemplo despierta en todos los tocados por ella capacidades que
> ni siquiera habían imaginado poseer. Ayuda a darle sentido al mundo y a la
> experiencia humana. Inspira, consuela e ilustra. Enriquece la vida. En el gran
> conjunto de la literatura y leyendas legadas a la humanidad, la mano de la
> historia puede observarse configurando gran parte del curso de la civilización.
> Así se aprecia en las leyendas que desde el amanecer de la historia han
> inspirado los ideales de todos los pueblos desde el alba de la escritura, e
> igualmente en los relatos épicos del Ramayana,
> en las celebradas hazañas de la Odisea
> y la Eneida, en las sagas nórdicas,
> en el Shahnameh y en no poco de la
> Biblia y del Corán.
> 
> Dios pasa elevó esta gran empresa a
> una cota en pos de la cual en vano se había afanado la mente humana en el
> pasado. Quienes se asoman a esta visión descubren en ella un cauce que les
> permite comprender el Propósito de Dios, un cauce que confluye en la magnífica
> ensenada formada por las incomparables
> traducciones que el Guardián diera de los Textos Revelados. La aparición de
> esta obra en el centenario del nacimiento de la Causa –precisamente cuando el
> mundo bahá’í celebraba el triunfo del primer esfuerzo colectivo que había
> emprendido– invitaba a todos los creyentes del mundo a contemplar la plena
> majestad y significado de cien años de esfuerzos sacrificados e incesantes.
> 
> *
> 
> En una hora relativamente
> temprana de la segunda guerra mundial, el Guardián situó la contienda en una
> perspectiva muy diferente de la que prevalecía por entonces. La guerra debía
> considerarse –decía– “como una continuación directa” de la conflagración
> prendida en 1914. Llegaría a verse como “el requisito esencial para la
> unificación del mundo”. La entrada en guerra de Estados Unidos, cuyo Presidente
> había promovido el proyecto de un sistema de orden internacional, el mismo país
> que había rechazado aquella iniciativa visionaria, iba a conducir a la nación,
> predecía Shoghi Effendi “a asumir, en virtud de la adversidad, su parte
> preponderante de la responsabilidad en sentar, de una vez por todas, los cimientos
> mundiales e inatacables de aquel Sistema desacreditado y, pese a todo,
> inmortal”.[88]
> 
> Estas declaraciones se
> demostraron proféticas. Con el fin de las hostilidades, se hizo gradualmente
> claro que la conciencia pública mundial había experimentado un gran giro.
> Habían hecho quiebra los supuestos, instituciones y prioridades recibidos en
> herencia, progresivamente asediados por las fuerzas que habían actuado durante
> la primera mitad del siglo. Aunque el cambio no podía describirse como una fe
> reforzada en la unidad de la humanidad, a ningún observador objetivo se le
> oculta el hecho de que las barreras que ponían freno a esa convicción, barreras
> que habían sobrevivido todos los asaltos lanzados contra ellas a comienzos del
> siglo, iban por fin remitiendo. Traen estos hechos al recuerdo las palabras
> proféticas del Corán: “Veis las montañas y pensáis que son sólidas, pero
> pasarán, como pasan las nubes” (78:20). Su efecto fue el de inspirar en las
> mentes progresivas una sensación de confianza en que sería posible la
> construcción de una nueva clase de sociedad, la cual, amén de garantizar una
> paz mundial duradera, enriquecería la vida de todos sus ciudadanos.
> 
> En
> sustancia, este renacer de la esperanza había surgido, tal como Shoghi Effendi
> había previsto, de la “calamitosa tribulación”, la cual había logrado por fin
> “implantar ese sentido de responsabilidad” del que los dirigentes de comienzos
> de siglo prefirieron hacer dejación.[81] A esta nueva conciencia se añadían los
> efectos de los miedos inducidos por la invención y uso de las armas atómicas,
> reacción que recuerda a los bahá’ís la presciencia del Maestro cuando, en sus
> declaraciones en tierras de Norteamérica, avisó que la paz, en última
> instancia, llegaría porque las naciones se verían forzadas a aceptarla. El
> Montreal Daily Star citaba a ‘Abdu’l-Bahá con estas palabras: “[La paz] será
> universal en el siglo XX. Todas las naciones se verán forzadas a ella”.[90] Los
> años inmediatamente posteriores a 1945 presenciaron avances en la formulación
> de un nuevo orden social que superaba con creces las esperanzas más optimistas
> de anteriores decenios.
> 
> Lo más importante era la
> voluntad demostrada por los gobiernos nacionales de formar un nuevo sistema de
> orden internacional, y dotarlo de la autoridad pacificadora que tan
> trágicamente le había sido negada a la difunta Liga de Naciones. El encuentro
> celebrado en San Francisco en abril de 1945, en el mismo Estado en que
> ‘Abdu’l-Bahá había declarado proféticamente: “Que la primera bandera de la paz
> internacional sea enarbolada en este Estado”- los delegados de 50 naciones
> adoptaron la Carta de la Organización de Naciones Unidas, nombre que propuso el
> Presidente Franklin D. Roosevelt.[91] En octubre se produjo la ratificación por
> parte del número requerido de naciones miembro, y la primera Asamblea General
> de la nueva organización se reunió el 10 de enero de 1946, en Londres. En
> octubre de 1949 se colocaba la primera piedra de la sede permanente de Naciones
> Unidas en la ciudad de Nueva York, a la que 37 años antes había aclamado
> ‘Abdu’l-Bahá titulándola “Ciudad de la Alianza”. Durante Su visita había
> predicho: “No hay duda de que (...) la bandera del acuerdo internacional se
> desplegará aquí para extenderse más y más entre todas las naciones de la
> tierra”.[92]
> 
> De modo significativo, fue
> también por iniciativa de un dirigente político de una de las naciones del
> hemisferio occidental a las que Se había dirigido Bahá’u’lláh, como Su
> llamamiento en pro de la seguridad colectiva pudo alcanzar finalmente una
> materialización práctica, cuyo primer reflejo iban a constituirlo las sanciones
> nominales acordadas por la Liga de Naciones contra la agresión fascista en
> Etiopía. En noviembre de 1956 Lester Bowles Pearson, a la sazón Ministro de
> Asuntos Exteriores y más tarde Primer Ministro de Canadá, consiguió la creación
> por parte de Naciones Unidas de la primera fuerza internacional de paz, logro
> que le valió a su autor el Premio Nobel de la Paz.[93] Durante la segunda mitad
> del siglo el significado pleno de la autoridad que contenía tal mandato iba a
> aflorar como un rasgo fundamental de las relaciones internacionales. Empezando
> por el seguimiento de los acuerdos alcanzados entre Estados hostiles, el
> principio de actuación colectiva en defensa de la paz adoptó gradualmente la
> forma de intervenciones militares como ocurrió en la Guerra del Golfo, en la
> que el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad fue impuesto
> por la fuerza a los Estados o facciones agresoras.
> 
> Junto con el establecimiento
> del nuevo sistema de Naciones Unidas y los pasos destinados a ejecutar sus
> sanciones, tuvo lugar un segundo avance histórico. Antes incluso de que
> acabasen las hostilidades, el mundo quedaba conmocionado al ver filmada la
> liberación de los campos nazis de concentración, poniendo así en evidencia las
> horrendas consecuencias del racismo. La conciencia mundial se vio zarandeada
> por un sentido que bien puede calificarse de profunda vergüenza ante las simas
> de malignidad en las que la humanidad se había demostrado capaz de caer. Fue
> aprovechando ese breve lapso felizmente entreabierto a la esperanza cuando un
> grupo de hombres y mujeres preclaros, que actuaban bajo la dirección inspirada
> de figuras como Eleanor Roosevelt, pudieron lograr la adopción por parte de
> Naciones Unidas de la Declaración Universal de Derechos Humanos. El compromiso
> moral que representaba quedó institucionalizado con el ulterior establecimiento
> de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. A su debido tiempo, la
> propia comunidad bahá’í iba a poder apreciar, con buen fundamento y de primera
> mano, la importancia de este sistema como escudo protector de las minorías
> frente a los abusos del pasado.
> 
> Subrayando el significado de
> ambos avances figuraba la decisión de las naciones triunfadoras en la última
> gran conflagración de someter a juicio a las figuras principales del régimen
> nazi. Por primera vez en la historia, los dirigentes de una nación soberana
> -hombres que procuraron avalar la constitucionalidad de los puestos políticos
> que habían ocupado- hubieron de comparecer ante un tribunal público que pasó
> revista y documentó sin paliativos sus crímenes, hallándolos formalmente
> culpables, de modo que los que no lograron eludir sus sentencias con el
> suicidio sufrieron la horca o bien fueron sentenciados a cumplir penas de
> prisión prolongadas. Ninguna protesta seria fue levantada contra este
> procedimiento jurídico que, en teoría, constituía un cambio fundamental frente
> a las normas existentes de derecho internacional. Aunque la integridad de los
> procesos se vio gravemente mermada por la participación de jueces designados
> por la dictadura soviética, cuyos propios crímenes eran comparables, si es que
> no superaban, a los de régimen acusado, el hecho sentó un precedente histórico:
> Por primera vez se demostraba que el fetiche de la “soberanía nacional” contaba
> con límites reconocibles y susceptibles de imponerse.
> 
> Por esos mismos años, un
> ideal largo tiempo aplazado se materializaba con la disolución de los grandes
> imperios que, amén de sobrevivir a la barrera de 1918, habían conseguido
> incluso reforzar su poderío mediante nuevos “mandatos”, “protectorados” y
> colonias arrebatadas a los poderes derrotados. En esta hora los anticuados
> sistemas de opresión política iban a quedar inmersos en una gigantesca marea de
> movimientos de liberación nacional que desbordaban su debilitada capacidad de
> resistencia. Con asombrosa celeridad, todos ellos abandonaron de buena gana sus
> pretensiones, o bien lo hicieron forzados por la rebelión colonial, sellando
> así su suerte con el mismo destino que les fuera deparado a comienzos de siglo
> a las dinastías otomana y habsburguesa.
> 
> Inesperadamente, los pueblos
> del mundo se encontraron en un foro donde podían comparecer con dignidad,
> expresar sus preocupaciones más acuciantes y presenciar los tímidos comienzos
> del papel que les estaba reservado en la forja de su propio futuro y del de la
> humanidad en general. Llegar a este punto de inflexión requirió seis o más
> milenios de historia. A pesar de la persistencia de todas las desventajas
> educativas, las desigualdades económicas y los obstáculos creados por los
> cabildeos políticos y diplomáticos -descontadas todas estas limitaciones
> prácticas, pero históricamente transitorias-, lo cierto es que había surgido
> una nueva autoridad que entendía de los asuntos comunes a toda la humanidad y a
> la que todos podían razonablemente confiar en apelar. Los representantes de
> pueblos antes sometidos, cuyos guerreros exóticamente revestidos habían
> marchado a la cola del gran alarde que, tan sólo 50 años antes, presenciara Londres
> con motivo del desfile de las Bodas de Diamante, se presentaban ahora como
> delegados ante el Consejo de Seguridad, prestos a ocupar sus escaños en
> Naciones Unidas y en las organizaciones no gubernamentales de toda suerte. El
> mejor símbolo de la magnitud de los cambios realizados lo ofrece el hecho de
> que el Secretario General de Naciones Unidas sea hoy día un ganés, y que sus
> dos predecesores inmediatos hayan sido respectivamente un egipcio y un
> peruano.[94]
> 
> Tampoco revestía este cambio
> un valor meramente formal o administrativo. Con el paso del tiempo, un número
> creciente de figuras destacadísimas de todos los estamentos sociales iban a
> desbordar los límites consabidos que habían definido hasta entonces la
> identidad racial, cultural o religiosa. En todos los continentes del globo,
> nombres como Anne Frank, Martín Lutero King, Paulo Freire, Ravi Shankar,
> Gabriel García Márquez, Kiri Te Kanawa, Andrei Sajarov, la Madre Teresa y Zhang
> Yimou se convertían en fuentes de inspiración y esperanza para gran número de
> sus conciudadanos.[95] En todas las esferas de la vida, el heroísmo, la
> excelencia profesional o la distinción moral iban valiendo cada vez más por sí
> mismos, al ser crecientemente reconocidos por la generalidad de la humanidad.
> La grandísima efusión mundial de afecto y alegría que saludó la excarcelación
> de Nelson Mandela y su elección posterior como presidente del país reflejaba
> cierto sentimiento entre los pueblos de toda raza y nación de que estos
> acontecimientos históricos representaban victorias de la propia familia humana.
> 
> Se hizo evidente, asimismo,
> que las concepciones prebélicas relativas al uso y distribución de la riqueza
> requerían ser reexaminadas. Aparte de los principios de justicia social, que
> sin duda motivaron a gran número de los comprometidos con este empeño, los
> descalabros económicos producidos por los acontecimientos de los tres decenios
> anteriores pusieron de manifiesto la ineficacia y desfase de los dispositivos
> existentes. Los experimentos destinados a afrontar en el plano nacional tales
> problemas ya se habían emprendido en varios países en respuesta a la Depresión
> de los años 30. A diferencia de entonces, ahora se ponía en marcha de forma
> sucesiva un sistema entrelazado de instituciones orientadas hacia el
> reconocimiento de que las economías nacionales constituyen elementos de un
> conjunto global. El Fondo Monetario Internacional, el Acuerdo General sobre
> Tarifas y Comercio, el Banco Mundial y varios organismos subsidiarios
> comenzaron de forma tardía a afrontar las repercusiones de la integración del
> mundo y los temas relacionados con la distribución de riqueza inherente a estos
> acontecimientos. Los pensadores de los países en desarrollo no tardaron en
> indicar que tales iniciativas servían sobre todo a las necesidades del mundo occidental.
> No obstante, la promoción de éstas supuso un cambio fundamental de timón que
> favorecería la creciente participación por parte de una amplia gama de Estados
> e instituciones.
> 
> Una iniciativa humanitaria
> de un género nunca antes concebido inauguraba una nueva etapa de la integración
> global. Comenzando con el “Plan Marshall” concebido por el gobierno de Estados
> Unidos para rehabilitar a las desgarradas naciones europeas, las naciones
> beneficiarias pudieron reflexionar seriamente sobre los programas susceptibles
> de promover el desarrollo social y económico de las naciones emergentes. La
> amplia publicidad acompañante despertó la solidaridad con el resto de ese mundo
> en aquellos pueblos que disfrutaban de niveles razonables de educación, sanidad
> y nivel tecnológico. A su debido tiempo, tan ambiciosa iniciativa fue objeto de
> ataques contra algunas motivaciones dudosas que se le atribuían. Tampoco puede
> nadie negar que los resultados a largo plazo de los proyectos de desarrollo han
> fracasado desalentadoramente pues no han logrado cerrar la brecha galopante que
> sigue creciendo entre ricos y pobres. Con todo, ni una ni otra circunstancias
> pueden empañar el sentido de humanidad compartida que se trasluce en sus
> objetivos y que quizá hablaron con mayor elocuencia a través de la respuesta
> que todo ello evocó en un ejército de jóvenes idealistas de numerosos países.
> 
> Paradójicamente, sobre todo
> en el Lejano Oriente, incluso la guerra llegó a tener ciertos efectos
> liberadores sobre la conciencia. Ya en 1904, el conflicto ruso-japonés había
> sido visto en algunas partes de Oriente como una evidencia esperanzadora de que
> los pueblos no occidentales podían contrarrestar la hegemonía supuestamente
> invencible de Occidente. El efecto quedó realzado por los acontecimientos de la
> primera guerra mundial y en gran medida potenciados por los éxitos del ejército
> japonés en su resistencia al prolongado y masivo esfuerzo occidental centrado
> en derrotarlos durante el período 1941-1945. La segunda mitad del siglo vio
> cómo esta pericia tecnológica daba lugar a economías modernas en una media
> docena de naciones de la región, cuyos productos innovadores y potencial
> industrial, particularmente en los campos del transporte y de la tecnología de
> la información, rivalizaban con lo mejor que el resto del mundo podía ofrecer.
> 
> *
> 
> Hacia 1946, el fin de las
> hostilidades dejó expedito el camino para el lanzamiento por parte de Shoghi
> Effendi de un segundo Plan de Siete Años. Esta vez contaba con el suelo abonado
> de la nueva receptividad hacia el mensaje de la Fe, producto de un vuelco de
> conciencia que por entonces era ya ostensible. Una vez más, la comunidad
> norteamericana bahá’í fue emplazada a asumir una responsabilidad exigente, que
> en lo esencial se trataba de construir y ampliar sobre los logros del Plan
> anterior y desarrollarlos. No obstante, la gran diferencia era que otras
> comunidades bahá’ís se encontraban ahora en condiciones de participar. Ya en
> 1938, los bahá’ís de la India, Pakistán y Birmania se habían fijado su propio
> plan. Conforme las hostilidades internacionales fueron cesando gradualmente,
> las Asambleas Espirituales Nacionales de Persia, de las Islas Británicas, de
> Australia y Nueva Zelanda, de Alemania y Austria, de Egipto y Sudán, así como
> de Irak -una vez liberadas de las limitaciones impuestas por la guerra- se
> embarcaban en proyectos de diversa duración cuyos fines se cifraban en ampliar
> la base del Orden Administrativo, establecer pioneros en metas domésticas y
> externas, y multiplicar la gama de obras y publicaciones bahá’ís disponibles.
> 
> Llegados a la meta de 1953,
> todas estas empresas se habían visto completadas. Se habían establecido tres
> nuevas Asambleas Espirituales Nacionales, las cuales a su vez habían emprendido
> planes suplementarios de enseñanza, se había formado en Europa un conjunto de
> nuevas Asambleas Espirituales Locales, varias iniciativas por parte de cinco
> comunidades nacionales diferentes que actuaban coordinadas por la Asamblea
> Espiritual Nacional de las Islas Británicas habían logrado el asentamiento de pioneros
> en África oriental y occidental, y al fin concluía el gran proyecto puesto en
> marcha por el Maestro al colocar la primera piedra del Templo Madre de
> Occidente.[96]
> 
> Antes de que los creyentes
> pudiesen celebrar estos logros, Shoghi Effendi desplegó ante la vista de todos
> un nuevo desafío de proporciones descomunales. Impulsado por fuerzas históricas
> que sólo él estaba en condiciones de apreciar, el Guardián anunció el
> lanzamiento para el siguiente Ri?ván de un Plan de diez años de duración
> cuyo alcance mundial lo convertía en “Cruzada Espiritual”. Apoyándose en las
> energías que acumulaban las doce Asambleas Espirituales Nacionales existentes,
> -la duodécima era la integrada por la comunidad italosuiza- el Plan requería el
> establecimiento de la Fe en otros 131 países y territorios, la formación de 44
> nuevas Asambleas Espirituales Nacionales, 33 de las cuales habrían de
> legalizarse, un vasto aumento de obras y publicaciones bahá’ís, la erección de
> Casas de Adoración en Irán y Alemania (la primera fue reemplazada por la
> construcción de templos tanto en África como en Australia, cuando el proyecto
> de Teherán quedó bloqueado), y la expansión del número de Asambleas
> Espirituales Locales por todo el mundo hasta integrar un total de 5000, de las
> cuales 350 debían legalizarse. Nada en su experiencia colectiva había preparado
> a los bahá’ís del mundo para tan colosal empresa. La magnitud del desafío se
> ponía de manifiesto en un telegrama de Shoghi Effendi fechado el 8 de octubre
> de 1952:
> 
> Siento
> hora propicia para proclamar ante el mundo entero bahá’í el lanzamiento
> previsto (...) Cruzada Espiritual, cargada destino, provocadora entusiasmo,
> decenio duración, alcance mundial (...), participación concertada de todas
> Asambleas Espirituales Nacionales del mundo bahá’í encaminada a la extensión
> inmediata del dominio espiritual de Bahá’u’lláh (...) a todos Estados Soberanos
> restantes, dependencias principales integradas por principados, sultanatos, emiratos,
> bajalatos, protectorados, territorios en fideicomiso
> y colonias reales esparcidas por la superficie del planeta entero. Todo el
> conjunto de los valedores declarados de la conquistadora Fe de Bahá’u’lláh son
> ahora emplazados a lograr en un solo decenio gestas que eclipsen en su
> totalidad los logros que en el curso de los once decenios precedentes
> iluminaron los anales del pioneraje bahá’í.[97]
> 
> La victoria en tan ambiciosa empresa
> significaba que la Fe abarcaría el globo entero, que los cimientos
> institucionales de su Orden Administrativo iban al menos a quintuplicarse, y
> que su vida comunitaria se enriquecería mediante la participación de creyentes
> procedentes de un gran conjunto inexplorado de culturas, naciones y tribus.
> 
> En efecto, el Plan requería
> que la Causa diera un paso de gigante que sortease lo que, en caso contrario,
> hubiese requerido varias etapas de su propia evolución. Lo que Shoghi Effendi
> vio claramente -como sólo los poderes de previsión inherentes en la Guardianía
> podían permitírselo- era que toda una conjunción histórica de circunstancias
> ofrecía a la comunidad bahá’í una oportunidad irrepetible y de la que
> dependería por completo el éxito de futuras etapas en la prosecución del Plan
> divino. Lo que no dudó en llamar el “emplazamiento del Señor de las Huestes”
> quedó encarnado en un mensaje que cautivó la imaginación de los bahá’ís de todo
> el mundo:
> 
> Por más
> largo que sea el período que los separa de la victoria última; por muy ardua
> que sea la tarea; por más formidables que sean los esfuerzos que se exijan de
> ellos; por muy sombríos que sean los días que una humanidad perpleja y
> gravemente probada ha de atravesar en sus horas de parto; por más severas que
> sean las cargas que habrán de afrontar los que hayan de redimir su suerte (...)
> les adjuro por la preciosa sangre que fluyó con tan gran profusión, por la vida
> de los innumerables santos y héroes que fueron inmolados, por el sacrificio
> supremo y glorioso del Profeta Heraldo de nuestra Fe, por las tribulaciones que
> su propio Fundador Se prestó voluntariamente a padecer para que sobreviviese Su
> Causa, para que Su orden redimiese a un mundo destrozado y su gloria se
> difundiese por el planeta entero; les adjuro, según se avecina esta hora
> solemne, a que se dispongan a no inmutarse jamás, a no dudar jamás, a no cejar
> jamás hasta tanto todos y cada uno de los objetivos de los Planes que han de
> promulgarse en fecha ulterior se vean plenamente consumados.[98]
> 
> La respuesta fue inmediata.
> En el curso de escasos meses comenzaron a brotar mensajes en los que el Centro
> Mundial compartía las nuevas sobre una sucesión de victorias cosechadas en un
> país tras otro. A los pioneros que por vez primera lograban establecer la Fe en
> un país o territorio se les designaba “Caballeros de Bahá’u’lláh”; y sus
> nombres pasaron a inscribirse en la orla que con el tiempo habría de
> depositarse, tal como instaba el Guardián, bajo el umbral de la entrada del
> Santuario de Bahá’u’lláh. Nada atestigua de forma más espectacular las
> previsiones plasmadas en los sucesivos planes de Shoghi Effendi como el hecho
> de que, dentro de cada uno de los nuevos estados nacionales surgidos después de
> la segunda guerra mundial, las comunidades bahá’ís y Asambleas Espirituales
> fuesen ya una parte de la vida y tejido nacionales.
> 
> A los éxitos iniciales
> siguió toda una serie de logros muy destacados. Ya en octubre de 1957, año en
> el que la Fe se encontraba establecida
> en más de 250 países y territorios, Shoghi Effendi pudo anunciar la compra de
> los solares correspondientes a diez nuevos emplazamientos de templos bahá’ís,
> así como el comienzo de la construcción de las Casas de Adoración de Kampala,
> Sydney y Frankfurt; la adquisición de propiedades destinadas a la meta de
> cuarenta y seis ?a?iratu’l-Quds nacionales; un gran aumento de la
> producción de obras y publicaciones bahá’ís; el reconocimiento legal de nuevas
> Asambleas, que elevaban el número total a 195; el reconocimiento creciente del
> matrimonio y de los Días Sagrados
> bahá’ís; las labores avanzadas de construcción de los Archivos Internacionales
> Bahá’ís, el primer edificio en construirse dentro del amplio arco que el
> Guardián trazó sobre las faldas del Monte Carmelo. Nadie que repase los
> acontecimientos de aquellos días dejará de quedar hondamente afectado por el
> paternal cuidado con que Shoghi Effendi aseguró el logro de estos magníficos
> resultados, tal como lo reflejaba la trabajosa mención que hiciera por su
> nombre, en el último mensaje general que escribió sobre la Cruzada, fechado en
> abril de 1957, de cada una de las 63 conferencias regionales de enseñanza e
> institutos celebrados aquel año a lo ancho del mundo bahá’í.
> 
> Tal repaso quedaría incompleto
> si desatendiésemos los avances paralelos que durante aquellos años acometió el
> Guardián en el Orden Administrativo en el ámbito internacional. Éstos se
> demostraron fundamentales no sólo para ganar la Cruzada, sino también para
> consolidar y proteger el futuro de la Causa. Junto con la potestad decisoria
> que recae en las instituciones electas de la Fe, otra función paralela del
> Orden Administrativo consiste en ejercer una influencia espiritual, moral e
> intelectual tanto en dichas instituciones como en la vida de los miembros de la
> comunidad. Concebida por el propio Bahá’u’lláh, esta responsabilidad de
> “difundir las fragancias divinas, edificar las almas de los hombres, promover
> el saber, mejorar el carácter de todos los hombres (...)” quedó en virtud del
> Testamento del Maestro investida de modo especial en las Manos de la Causa de
> Dios.[99]
> 
> Durante los ministerios
> tanto de Bahá’u’lláh como de ‘Abdu’l-Bahá los creyentes a los que se concedió
> tan alta distinción habían desempeñado en Oriente un papel capital para el
> avance de las labores de enseñanza. Conforme el concepto de la Cruzada de Diez
> Años iba cobrando forma en su mente, Shoghi Effendi pasó a movilizar el apoyo
> espiritual que esta institución podía aportar para el logro de las tareas del
> Plan. En un telegrama del 24 de diciembre de 1951, anunció el nombramiento del
> primer contingente de doce Manos de la Causa de Dios, destinadas por igual a
> trabajar en Tierra Santa, Asia, las Américas y Europa. A estos siervos
> distinguidos de la Causa se les encomendó centrarse directamente en el desafío
> que representaba movilizar las energías de los amigos y proporcionar e impartir
> ánimos y consejo a los cuerpos elegidos. Al poco tiempo se elevó su número de
> doce a diecinueve.
> 
> Los recursos disponibles
> para el cumplimiento de esta responsabilidad se vieron grandemente
> incrementados con la decisión que el Guardián adoptó en octubre de 1952 al
> instar a las Manos de la Causa a crear cinco cuerpos auxiliares, uno por cada
> continente: los de las Américas, Europa y África constaban de nueve miembros
> cada uno, en tanto que los de Asia y Australia estaban integrados por siete y
> dos respectivamente. Con posterioridad, se crearon separadamente cuerpos
> auxiliares para ayudar a la otra de las dos funciones principales asignadas a
> las Manos de la Causa: la protección de la Fe.
> 
> Un mensaje fechado el 3 de
> junio de 1957 celebraba la actuación del gobierno israelí al ejecutar la
> decisión definitiva del Tribunal de Apelación de dicho país, en virtud de la
> cual la banda superviviente de violadores de la Alianza fue desalojada del ?aram-i-Aqdas que rodea el Centro focal del mundo bahá’í, en Bahjí.[100]
> Apenas transcurrido un día, un segundo telegrama avisaba ominosamente de la
> urgente necesidad de que las instituciones supremas de la Fe actuasen en
> concierto para escudarla frente a los nuevos peligros que el Guardián veía
> espesarse en el horizonte. A esto siguió en octubre el mensaje por el que se
> anunciaba que el número de Manos de la Causa de Dios se había elevado de 19 a
> 27, se les designaba “ Comisarios Principales de la Embrionaria Mancomunidad
> Mundial de Bahá’u’lláh”, y se les encomendaba la responsabilidad de consultar
> con las Asambleas Espirituales Nacionales sobre las medidas urgentemente
> necesarias para proteger la Fe.
> 
> Ni siquiera había
> transcurrido un mes cuando el mundo bahá’í quedó desolado por la noticia de la
> muerte de Shoghi Effendi, ocurrida el 4 de noviembre de 1957 por causa de las
> complicaciones ocurridas a raíz de un ataque de gripe asiática contraída en el
> curso de una visita a Londres. El Centro de la Causa que, durante 36 años,
> había guiado día a día su evolución, cuya visión abarcaba tanto el flujo de
> acontecimientos como los actos que la comunidad bahá’í debía acometer, y cuyos
> mensajes de aliento habían constituido el andarivel espiritual de infinidad de
> bahá’ís de todo el planeta, se había ido de repente, dejando la gran Cruzada a
> medio terminar y el futuro del Orden Administrativo en crisis.
> 
> *
> 
> El duelo y abrumador
> sentimiento de desolación que produjo la pérdida del Guardián confiere mayor
> significado al triunfo del Plan que había concebido e inspirado. El 21 de abril
> de 1963, las papeletas de los delegados de cincuenta y seis Asambleas
> Espirituales Nacionales, incluyendo los cuarenta y cuatro nuevos cuerpos
> propuestos y felizmente formados durante la Cruzada de Diez Años, alumbraban la
> Casa Universal de Justicia, el cuerpo rector de la Causa que concibiera
> Bahá’u’lláh y al que garantizó inequívocamente la guía Divina en el ejercicio
> de sus funciones:
> 
> Corresponde
> a los Fiduciarios de la Casa de Justicia reunirse en consejo para tratar de
> aquellas cosas que no han sido reveladas explícitamente en el Libro, y hacer cumplir lo que a ellos les resulte
> aceptable. Dios, ciertamente, les inspirará con todo lo que Él desee, y Él, en
> verdad, es el Proveedor, el Omnisciente..[101]
> 
> Parecía especialmente oportuno que la
> elección -efectuada por los delegados reunidos y los que votaban por correo-
> tuviera lugar en la Casa del Maestro, Cuyo Testamento había trazado, casi
> sesenta años antes, el sentido y ámbito de la autoridad conferida por las
> palabras de Bahá’u’lláh:
> 
> Cada uno
> debe remitirse al Libro Más Sagrado y todo lo que no esté expresamente
> mencionado en él debe remitirse a la Casa Universal de Justicia. Lo que este
> cuerpo, ya sea por unanimidad o por mayoría, lleve a efecto, eso es en verdad
> la Verdad y el Propósito de Dios mismo. Quienquiera que se desvíe de ello es,
> en verdad, de los que aman la discordia, ha mostrado malevolencia y se ha
> separado del Señor de la Alianza.[102]
> 
> Un importante paso
> preliminar para la elección había sido dado por Shoghi Effendi en 1951 al
> designar a los miembros del Consejo Internacional, formado por personas que
> habrían de ayudarle en sus labores. En 1961, tal como había explicado que
> sucedería, se adoptaba el segundo paso en el proceso cuando esta institución
> evolucionó hasta convertirse en un Consejo de nueve miembros, elegido por los
> miembros de las Asambleas Espirituales Nacionales. En consecuencia, cuando la
> Cruzada de Diez Años llegó a su victorioso final en 1963, el mundo bahá’í
> disponía ya de una importante experiencia previa al trascendental acto que
> había sido llamado a realizar.
> 
> Los historiadores sin duda
> reconocerán que el mérito por movilizar los esfuerzos que posibilitaron este
> momento corresponde a las Manos de la Causa, quienes facilitaron la
> coordinación de la que el mundo bahá’í se había visto privado tras la pérdida
> de la jefatura del Guardián. Recorriendo la tierra incansablemente para la
> promoción del Plan de Shoghi Effendi, reuniéndose en cónclaves anuales para
> repartir aliento e información, inspirando los esfuerzos de sus recién
> nombrados lugartenientes, y desbaratando los esfuerzos de una nueva camarilla
> de violadores de la Alianza que pretendían minar la unidad de la Fe, esta
> pequeña compañía de hombres y mujeres dolientes lograron asegurar que los
> ambiciosos objetivos de la Cruzada se cumpliesen en la hora indicada y que los
> cimientos necesarios estuvieran asentados en su lugar en el momento en que
> habría de alzarse la corona del Orden Administrativo. Al solicitar que sus
> propios miembros quedasen al margen de la elección de la Casa Universal de
> Justicia, de modo que se les permitiese realizar los servicios que el Guardián
> les había asignado, las Manos dieron al mundo bahá’í, como segundo gran legado,
> una distinción espiritual que carece de precedentes en la historia humana.
> Nunca antes las personas en cuyas manos se había depositado el poder supremo de
> una gran religión, y que disfrutaban de un nivel de consideración sin parangón
> en su comunidad, habían solicitado que no se les considerara elegibles para el
> ejercicio de la autoridad suprema, colocándose así enteramente al servicio del
> Cuerpo escogido por la comunidad de sus correligionarios a tal fin.[103]
> 
> VII
> 
> Por más que la distancia sea grande entre la
> Guardianía y la singular dignidad del Centro de la Alianza, el papel
> desempeñado por Shoghi Effendi a la muerte del Maestro ocupa un puesto único en
> la historia de la Causa cuya centralidad en la vida de la Fe perdurará durante
> los siglos venideros. En algunos respectos importantes puede afirmarse que
> Shoghi Effendi amplió con otros treinta y seis años trascendentales la
> influencia que había ejercido la mano guiadora del Maestro en la construcción
> del Orden Administrativo y en la expansión y consolidación de la Fe de
> Bahá’u’lláh. Para comprenderlo mejor osemos imaginar lo que hubiera sido del
> destino de la infante Causa de Dios de no haber estado firmemente establecida
> durante el período de su máxima vulnerabilidad, bajo las riendas de quien,
> habiendo sido preparado por ‘Abdu’l-Bahá para este menester, había aceptado
> servir -en el pleno sentido de la palabra- en calidad de Guardián.
> 
> Aun subrayando ante el
> conjunto de sus correligionarios que los dos Sucesores del Maestro eran
> “inseparables” y “complementarios” por lo que respecta a las funciones que
> habían de desempeñar individualmente, es claro que Shoghi Effendi había
> reconocido las implicaciones del hecho de que la Casa Universal de Justicia no
> podía surgir hasta que, pasado un dilatado proceso de desarrollo
> administrativo, se hubiera creado la requerida estructura de apoyo integrada
> por las Asambleas Nacionales y Locales. Fue totalmente franco con la comunidad
> bahá’í al mencionar las implicaciones del hecho de que él había sido llamado a
> ejercer por sí solo esta responsabilidad suprema. En sus propias palabras:
> 
> Separada
> de la institución no menos esencial de la Casa Universal de Justicia, este
> mismo Sistema del Testamento de ‘Abdu’l-Bahá se vería paralizado en su
> actuación, incapaz de colmar las lagunas que el Autor del Kitáb-i-Aqdas ha
> dejado deliberadamente en el conjunto de Sus disposiciones legislativas y
> administrativas.[104]
> 
> Consciente de esta verdad,
> Shoghi Effendi actuó con escrupulosa consideración hacia las restricciones que
> por mor de las circunstancias le venían impuestas, y esta fidelidad será motivo
> de orgullo para los seguidores de Bahá’u’lláh a lo largo de las edades por
> venir. Sus 36 años de servicios a la Fe describen una trayectoria que, abierta
> como la de su Abuelo a la revisión y valoración de la posteridad, carece, tal
> como aseguró a la comunidad bahá’í, de actuación alguna por su parte que, en la
> más mínima medida, “infrinja la sagrada y prescrita esfera” de la Casa
> Universal de Justicia. No se trata tan sólo de que Shoghi Effendi se abstuviera
> entonces de promulgar legislación; sino de que pudiese cumplir su mandato
> introduciendo nada más que disposiciones provisionales, dejando la decisión
> última en tales asuntos enteramente en manos de la Casa Universal de Justicia.
> 
> En ningún apartado resulta
> más llamativo esta autocontención que en el tema capital de la sucesión de la
> Guardianía. Shoghi Effendi carecía de herederos propios; por otro lado, las
> demás ramas de la Sagrada Familia habían violado la Alianza. Aunque los
> Escritos bahá’ís no aportaban orientaciones sobre tales supuestos, el
> Testamento del Maestro es explícito en cuanto a cómo han de resolverse todos
> los asuntos que no están claros:
> 
> Incumbe a
> estos miembros (de la Casa Universal de Justicia) reunirse en cierto lugar y deliberar
> sobre todos los problemas que han causado diferencias, cuestiones que sean
> oscuras y asuntos que no estén expresamente consignados en el Libro. Cuanto sea
> que ellos decidan posee el mismo efecto que el propio Texto.[105]
> 
> De conformidad con esta orientación surgida
> de la pluma del Centro de la Alianza, Shoghi Effendi se abstuvo de
> pronunciarse, dejando la cuestión sobre un posible sucesor o sucesores en manos
> del único Cuerpo autorizado para decidir sobre el particular. Cinco meses
> después de sus comienzos, la Casa Universal de Justicia clarificó el asunto en
> un mensaje de fecha 6 de octubre de 1963 dirigido a todas las Asambleas
> Espirituales Nacionales:
> 
> En estado
> de oración y tras el atento estudio de los Textos Sagrados (...) y tras
> prolongadas consideraciones (...) la Casa Universal de Justicia concluye que no
> hay modo de designar o legislar para hacer posible el nombramiento de un
> segundo Guardián que sucediera a Shoghi Effendi.[106]
> 
> Al embarcarse en una misión
> para la que la historia no le ofrecía precedentes, Shoghi Effendi no disponía,
> a fin de recabar la guía que su labor precisaba, de otras fuentes que no fuesen
> los Escritos de los Fundadores de la Fe y el ejemplo del Maestro. Ningún cuerpo
> asesor podía ayudarle a determinar el significado de los Textos que había sido
> llamado a interpretar a beneficio de una comunidad bahá’í que, por su parte,
> tenía depositada en él toda su confianza. Sus amplias lecturas de los trabajos
> publicados por historiadores, economistas y pensadores políticos apenas podía
> reportarle a su indagación poco más que materia prima que su inspirada visión
> de la Causa debía a continuación organizar. La confianza y valor requeridos
> para conseguir que una comunidad heterogénea de creyentes acometiese tareas
> que, medidas por cualquier rasero objetivo, excedían las capacidades de éstos,
> sólo podían hallarse en los fondos espirituales de su propio corazón. Ningún
> observador desapasionado del siglo XX, por muy escéptico que se muestre en
> torno a los fundamentos de la religión, dejará de reconocer que la integridad
> con que un joven en sus veinte y pocos años de edad aceptó tan sobrecogedora
> responsabilidad, -y la magnitud de la victoria que labró- es evidencia del
> inmenso poder espiritual inherente a la Causa que acaudilló.
> 
> Admitir todo ello es
> reconocer que las capacidades con que la Alianza había dotado a la Guardianía
> no eran una suerte de magia. Ejercitarlas cumplidamente suponía, tal como
> Ru?íyyih Khánum ha descrito de forma conmovedora, un proceso
> inacabable consistente en probar, evaluar y refinar. Aturde la precisión con
> que Shoghi Effendi analizaba los procesos sociales y políticos en sus fases
> iniciales, y el dominio con que su mente abarcaba un caleidoscopio de
> acontecimientos, tanto actuales como históricos, relacionando sus implicaciones
> con el despliegue de la Voluntad de la Providencia. Que esta labor del
> intelecto fue llevada más allá del nivel con que la conciencia humana
> acostumbra a operar no significa que el esfuerzo fuera menos real o exigente.
> Antes bien, dada la percepción que Shoghi Effendi tenía de la naturaleza y de
> la motivación humanas, rasgos inseparables de la institución que representaba,
> cabe afirmar justamente lo contrario.[107]
> 
> Con la perspectiva que
> ofrecen los más de cuarenta años transcurridos desde el fallecimiento de Shoghi
> Effendi, empieza a apreciarse con meridiana claridad el significado que sus
> labores han revestido en la evolución a largo plazo del Orden Administrativo.
> Si las circunstancias hubieran sido diferentes, el Testamento del Maestro había
> contemplado la posibilidad de que uno o más sucesores continuasen la
> institución que Shoghi Effendi encarnaba. Obviamente no podemos penetrar en la
> mente de Dios. Lo que es claro e innegable, sin embargo, es que, mediante su
> autoridad interpretativa, la estructura del
> Orden Administrativo así como la trayectoria que su futuro desarrollo ha de
> adoptar han quedado fijados permanentemente en virtud del cumplimiento que
> diera Shoghi Effendi -hasta el más mínimo detalle y al máximo nivel imaginable-
> al mandato que le confió el Maestro. Igualmente claro e innegable es el hecho
> de que tanto la estructura como la trayectoria
> representan la Voluntad de Dios.
> 
> VIII
> 
> Tal como Shoghi Effendi había avisado
> proféticamente, las fuerzas que corroían las convicciones y sistemas heredados
> de todo género proseguían su avance al par que lo hacían los procesos
> integradores presentes en el mundo. Por tanto, no es de sorprender que tanto en
> Europa como en Oriente se demostrara brevísima la euforia inducida por la
> restauración de la paz. Apenas habían cesado las hostilidades cuando estallaron
> las divisiones ideológicas entre el marxismo y la democracia liberal dando paso
> a diversos intentos por asegurar el dominio entre los bloques respectivos de
> naciones acogidas a su inspiración. El fenómeno de la “Guerra Fría”, en que la
> pugna por llevar la delantera rayó casi en abierto conflicto militar, acabó
> aflorando como el paradigma político dominante de los siguientes decenios.
> 
> La amenaza planteada por la
> nueva crisis del orden internacional se vio agudizada por los grandes avances
> en tecnología nuclear y el éxito de ambos bloques en pertrecharse con una
> colección cada vez mayor de armas de destrucción masiva. Las horrendas imágenes
> de Hiroshima y Nagasaki despertaron en la humanidad la pavorosa posibilidad de
> que una serie de contratiempos relativamente menores, tan imprevisibles como el
> proceso iniciado en 1914 con el incidente de Sarajevo, pudiera abocar con el
> tiempo a la aniquilación de una porción considerable de la población mundial,
> dejando inhabitables amplias zonas del globo. Para los bahá’ís, la perspectiva
> así abierta sólo podía traer a la memoria vivos recuerdos del tétrico aviso
> pronunciado decenios antes por Bahá’u’lláh: “Extrañas y portentosas cosas
> existen en la tierra, pero están ocultas a la mente y al entendimiento de los
> hombres. Estas cosas son capaces de alterar la atmósfera entera de la tierra y
> su contaminación puede resultar letal”.[108]
> 
> Con diferencia, la mayor
> tragedia achacable a esta disputa en pos del dominio fue el hecho de que
> frustrase las esperanzas con que los pueblos antes sometidos habían saludado la
> oportunidad que parecía ofrecérseles de diseñar y emprender, por cuenta propia,
> una nueva vida. El obstinado empeño de algunas potencias coloniales
> supervivientes en sofocar tales esperanzas, aunque condenado al fracaso a los
> ojos de cualquier observador objetivo, dejó las ansias de liberación de
> numerosos países sin otro recurso que el de adoptar el carácter de una lucha
> revolucionaria. Hacia 1960, estos movimientos, que por cierto ya habían sido un
> rasgo del paisaje político de los anteriores decenios del siglo, comenzaron a
> representar la principal forma de actividad política indígena en una mayoría de
> las naciones sometidas.
> 
> Puesto que la fuerza
> propulsora del propio colonialismo era la explotación económica, resultaba
> quizás inevitable que una mayoría de los movimientos de liberación presentaran
> un sello ideológico más bien socialista. En el espacio de unos pocos años,
> dichas circunstancias crearon un terreno fértil para la explotación de las
> superpotencias mundiales. Para la Unión Soviética, la situación parecía
> brindarle la oportunidad de inducir un giro en la alineación de las naciones,
> siempre que ganase una influencia preponderante en lo que empezaba a conocerse
> como el “Tercer Mundo”. La respuesta de Occidente -allá donde la ayuda al
> desarrollo no consiguió retener las lealtades de las poblaciones receptoras-
> consistió en alentar y armar a una amplia variedad de regímenes autoritarios.
> 
> Conforme las fuerzas externas manipulaban
> a los nuevos gobiernos, la atención iba alejándose crecientemente de la
> consideración objetiva de las necesidades del desarrollo para concentrarse en
> luchas ideológicas y políticas que apenas guardaban relación alguna con la
> realidad social o económica. Los resultados fueron uniformemente devastadores.
> La bancarrota económica, las graves violaciones de los derechos humanos, la
> quiebra de la administración civil y el surgimiento de elites oportunistas que
> en el sufrimiento de sus países sólo veían vías de enriquecimiento personal;
> tal fue el destino demoledor que asoló, una tras otra, a aquellas nuevas
> naciones que, sólo pocos años antes, habían comenzado su andadura de forma tan
> prometedora.
> 
> Venía a inspirar estas crisis
> políticas, sociales y económicas el auge y consolidación inexorables de una
> enfermedad del alma humana infinitamente más destructiva que ninguna de sus
> manifestaciones específicas. Su triunfo marcó una nueva y ominosa etapa en el
> proceso de degeneración social y espiritual que Shoghi Effendi había
> identificado. Apadrinado por el pensamiento europeo decimonónico, inmensamente
> recrecida en su influencia mediante los logros de la cultura capitalista
> norteamericana, y dotada de la credibilidad engañosa propia de dicho sistema
> gracias al marxismo, el materialismo emergió con toda su fuerza en la segunda
> mitad del siglo XX, convertido en una suerte de religión universal que
> reclamaba autoridad absoluta sobre la vida personal y social de la humanidad.
> Su credo era el colmo de la ingenuidad: La realidad, incluyendo la realidad
> humana y el proceso por el que se desenvuelve, sería de naturaleza
> esencialmente material. La meta de la vida humana es, o debiera ser, la
> satisfacción de necesidades y carencias materiales. La sociedad existiría para
> facilitar este empeño, y la preocupación colectiva de la humanidad habría de
> dirigirse al refinamiento continuo del sistema, con vistas a hacerlo cada vez
> más eficiente en el desempeño de esta tarea que le ha sido encomendada.
> 
> Con el colapso de la Unión
> Soviética, desaparecieron los impulsos dirigidos a concebir y promover
> cualquier sistema formal de creencias materialistas. Tampoco es que mediante
> semejantes esfuerzos se hubiera colmado ningún propósito útil, no en vano el materialismo
> pronto iba a quedarse sin retos significativos en la mayor parte del mundo. La
> religión, allá donde no se hubiera replegado en forma de fanatismo y rechazo
> irreflexivo del progreso, se vio paulatinamente reducida a una suerte de
> preferencia personal, una predilección o una búsqueda destinada a satisfacer
> las necesidades espirituales y emocionales de la persona. El sentido de misión
> histórica que había definido a los principales credos religiosos aprendió a
> contentarse con endosar con su firma religiosa las campañas de cambio social
> llevadas a cabo por los movimientos seculares. El mundo académico, antes
> escenario de grandes hazañas de la mente y el espíritu, se acomodó al papel de
> cierta docta industria preocupada con atender a su maquinaria de disertaciones,
> simposios, créditos de sus publicaciones y subvenciones.
> 
> Ya sea en tanto visión del
> mundo o en tanto simple apetito, el efecto del materialismo es el de despojar
> del seno de la motivación humana -e incluso del interés- los impulsos espirituales
> que distinguen al alma racional. “Pues el amor a uno mismo”, había dicho
> ‘Abdu’l-Bahá, “está entreverado con la misma arcilla del hombre, y no es
> posible que, sin ninguna esperanza de recompensa sustancial, descuide su propio
> bienestar material presente”.[109] En ausencia de convicciones en torno a la
> naturaleza espiritual de la realidad y a la realización personal que sólo ella
> ofrece, no es de sorprender que encontremos en el corazón mismo de la crisis
> actual de la civilización un culto al individualismo, que cada vez admite menos
> restricciones y que eleva la adquisición y avance personal al estatus de
> valores culturales fundamentales. La atomización resultante de la sociedad ha
> marcado una nueva etapa en el proceso de desintegración al que tan urgente
> referencia hacen los escritos de Shoghi Effendi.
> 
> Aceptar voluntariamente la
> ruptura de una fibra tras otra del tejido moral que guía y disciplina la vida
> de la persona y de cualquier sistema social es una forma autodestructiva de
> afrontar la realidad. Si las cabezas pensantes fueran francas en su valoración
> de las evidencias disponibles, es aquí donde hallarían la causa radical de
> problemas aparentemente no relacionados como la contaminación del medio
> ambiente, el descalabro económico, la violencia étnica, la generalización de la
> apatía pública, el aumento masivo de la delincuencia, y las epidemias que
> arrasan poblaciones enteras. Por muy importante que sea la aplicación del
> conocimiento experto legal, sociológico o técnico en tales temas, carece de realismo
> imaginar que los esfuerzos de este género vayan a producir cualquier
> recuperación significativa si quedan huérfanos de un cambio fundamental de
> conciencia y conducta morales.
> 
> *
> 
> Lo que el mundo bahá’í ha
> conseguido durante estos mismos años redobla su brillo al contrastarse con este
> horizonte de sombras. Es imposible exagerar el significado de los logros que
> condujeron al nacimiento de la Casa Universal de Justicia. Durante unos seis
> mil años la humanidad ha experimentado con una variedad casi ilimitada de
> métodos colectivos de toma de decisiones. Desde el mirador privilegiado que
> ofrece el siglo XX, la historia política del mundo presenta un panorama de
> constantes mudanzas en el que el ingenio humano apenas ha desaprovechado la
> menor oportunidad. Los sistemas basados en principios tan diferentes como la
> teocracia, la monarquía, la aristocracia, la oligarquía, la república, la
> democracia y la cuasi-anarquía han proliferado ad libitum, acompañadas de una ilimitada oferta de innovaciones que
> han probado a combinar diferentes rasgos deseables de todo este surtido. Aunque
> la mayoría de las opciones se han prestado a abusos de
> un género u otro, las más de ellas sin duda han contribuido en mayor
> o menor grado a satisfacer las esperanzas de aquellos a cuyos intereses
> supuestamente servían.
> 
> Durante este largo proceso
> evolutivo, tanto más dilatado cuanto más numerosas y diversas eran las
> poblaciones que caían bajo la esfera de control de uno u otro sistemas de
> gobierno, la tentación del imperio universal hizo presa en la imaginación de
> los césares y napoleones que animaban esta suerte de expansión. La resultante
> retahíla de calamitosos fracasos, la misma que confiere a la historia gran
> parte de su capacidad de fascinación y revulsión, parece abonar la persuasiva evidencia
> de que realizar tamaña ambición desborda cualquier cauce humano, no importa
> cuán grandes sean los recursos de que se disponga o cuánta sea la confianza
> depositada en el genio de su cultura particular.
> 
> No obstante, la unificación
> de la humanidad bajo un sistema de gobierno que pueda liberar las plenas
> potencialidades latentes en la naturaleza humana, y que permita su expresión en
> programas para beneficio de todos, constituye claramente la próxima etapa en la
> evolución de la civilización. La unificación física del planeta en nuestro
> tiempo y el despertar de las aspiraciones de las masas de sus habitantes han
> producido, por fin, las condiciones que permiten la consecución de este ideal,
> aunque de una manera muy diferente a la imaginada en las ensoñaciones
> imperialistas del pasado. A este esfuerzo han contribuido los gobiernos del
> mundo al fundar la Organización de Naciones Unidas, con todas sus grandes
> bendiciones y todas sus lamentables carencias.
> 
> Más allá, en algún punto se
> extienden los grandes cambios que habrán de impulsar, a su debida hora, la
> aceptación del concepto del gobierno mundial mismo. Naciones Unidas carece de
> este mandato, y nada hay en el discurso de los dirigentes políticos
> contemporáneos que contemple seriamente tan radical reestructuración de la
> administración de los asuntos del planeta. Que tal cosa llegará a suceder en su
> sazón es algo que Bahá’u’lláh ha puesto inconfundiblemente de manifiesto. Que
> han de ser necesarios aun mayores sufrimientos y desilusiones para impulsar a la
> humanidad a que dé este gran paso adelante parece, por desgracia, igualmente
> claro. Su establecimiento ha de requerir que los gobiernos nacionales y otros
> centros de poder sometan a la decisión internacional, de modo incondicional e
> irreversible, la plena medida de una autoridad superior e implícita en la
> palabra “gobierno”.
> 
> Éste es el contexto en el
> que los bahá’ís deben procurar apreciar la victoria única que la Causa ganó en
> 1963 y que desde entonces no ha hecho sino consolidarse. Comprender plenamente
> su significado está fuera del alcance de las generaciones actuales de creyentes
> y quizá siga estándolo para varias generaciones más. En la medida en que los
> bahá’ís lo comprendan, no vacilarán en su determinación de servir al despliegue
> de su propósito.
> 
> El proceso que condujo a la
> elección de la Casa Universal de Justicia -posibilitado por la feliz conclusión
> de las tres primeras etapas del Plan Divino del Maestro bajo la dirección de
> Shoghi Effendi- constituyó muy probablemente la primera elección global y
> democrática de la historia. Cada una de las elecciones sucesivas celebradas
> desde entonces ha contado con un electorado más amplio y más diverso formado
> por los delegados escogidos de la comunidad, hecho que en la actualidad la
> sitúa en un punto en el que incontestablemente ostenta la voluntad de un sector
> representativo de cada una de las partes de la raza humana entera. En efecto,
> no hay nada previsto o realizado por ninguna agrupación de personas que pueda
> parangonarse en modo alguno con este logro.
> 
> Si, además, se reflexiona
> sobre la atmósfera espiritual que domina las elecciones bahá’ís y la conducta
> conforme a principio que se exige incluso en sus detalles más simples, no cabe
> sino sentirse más humilde ante un reconocimiento aún superior. Al erigir la
> institución suprema de gobierno de nuestra Fe, se presencia el máximo esfuerzo
> de que es capaz la persona por ganarse el beneplácito de Dios, una decisión
> colectiva y fervorosa de que nada, ya sea en las condiciones culturales o en
> los impulsos del deseo individual, debe consentirse que empañe la pureza de
> este acto colectivo supremo. Se roza en este punto el límite de la capacidad
> humana. Mediante este acto, la humanidad hace literalmente todo lo que puede, y
> Dios acepta este esfuerzo consagrado por parte de quienes han abrazado Su Causa
> y faculta a las instituciones así constituidas con los poderes prometidos en el
> Kitáb-i-Aqdas y en el Testamento de ‘Abdu’l-Bahá. No es de sorprender que
> ‘Abdu’l-Bahá viera en este proceso, llamado a consumarse en la histórica fecha
> de 1963, centenario de la declaración de la misión de Bahá’u’lláh, el
> cumplimiento de la visión del profeta Daniel: “Bendito sea el que aguarde y
> llegue a 1335 días”. En palabras del Maestro:
> 
> Pues de acuerdo con este
> cálculo habrá de transcurrir un siglo desde el alba del Sol de la Verdad, y
> será entonces cuando las enseñanzas de Dios quedarán firmemente establecidas en
> la tierra, y la luz divina inundará el mundo desde Oriente hasta Occidente. En
> se día, los fieles se regocijarán.[110]
> 
> Con el establecimiento de la
> Casa Universal de Justicia, surgía la segunda de las dos instituciones
> sucesorias nombradas por ‘Abdu’l-Bahá como garantes de la integridad de la
> Causa. El vasto conjunto de los escritos del Guardián y la pauta de vida
> administrativa que había creado y que estaba impresa indeleblemente en la
> conciencia bahá’í habían surtido al mundo bahá’í de los medios con que asegurar
> conformidad universal en torno a las intenciones de la Revelación de Dios. Con
> la Casa Universal de Justicia, poseía también ahora la autoridad última
> concebida por Bahá’u’lláh para el ejercicio de las funciones decisorias del
> Orden Administrativo. Tal como el Testamento explica, las dos instituciones
> comparten conjuntamente la promesa divina de guía indefectible:
> 
> La rama
> sagrada y juvenil, el Guardián de la Causa de Dios, así como la Casa Universal
> de Justicia, que ha de elegirse y establecerse universalmente, están ambas bajo
> el cuidado y protección de la Belleza de Abhá, al abrigo y guía infalible de Su
> Santidad, el Exaltado (que mi vida sea ofrecida por ambos). Cuanto sea que
> ellos decidan es de Dios.[111]
> 
> La relación entre estos dos
> centros de autoridad, había explicado además Shoghi Effendi, es de carácter
> complementario, una relación en la que algunas funciones son compartidas en
> común y otras son propias de una u otra institución. No obstante, puso gran
> cuidado en recalcar:
> 
> Debe
> (...) comprenderse claramente por parte de todo creyente que la institución de
> la Guardianía en ninguna circunstancia abroga, ni tampoco merma siquiera en la
> menor medida, los poderes concedidos por Bahá’u’lláh en el Kitáb-i-Aqdas a la
> Casa Universal de Justicia, repetida y solemnemente confirmados por
> ‘Abdu’l-Bahá en Su Testamento. No constituye en modo alguno contradicción del Testamento
> y Escritos de Bahá’u’lláh, ni anula ninguna de Sus instrucciones
> reveladas.[112]
> 
> Comprender la singularidad
> de lo creado por Bahá’u’lláh fecunda la imaginación abriéndola a las
> aportaciones que la Causa puede brindar a la unificación de la humanidad y a la
> construcción de una sociedad global. La responsabilidad inmediata de establecer
> el gobierno mundial descansa sobre los hombros de los estados nacionales. Lo
> que la comunidad bahá’í ha sido llamada a realizar, en esta etapa de la
> evolución social y política de la humanidad, es contribuir por todos los medios
> posibles a la creación de las condiciones que alienten y faciliten esta empresa
> enormemente exigente. Tal como Bahá’u’lláh aseguró a los monarcas de Su época
> que “no es Nuestro deseo apropiarnos de vuestros reinos”, [113”], del mismo
> modo puede afirmarse que la comunidad bahá’í carece de agenda política, es
> ajena a cualquier implicación en actividades partidistas y acepta sin reservas
> la autoridad del gobierno civil en los asuntos públicos. Cualquier preocupación
> que los bahá’ís lleguen a albergar en torno a las condiciones actuales o sobre
> las necesidades de sus propios miembros se expresa a través de cauces
> constitucionales.
> 
> El poder de la Causa para
> influir en el curso de la historia descansa no sólo en la potencia espiritual
> de su mensaje, sino en el ejemplo que ofrece. “Tan potente es la luz de la
> unidad”, asegura Bahá’u’lláh, “que puede iluminar la tierra entera”.[114] La
> unidad de la humanidad encarnada en la Fe, tal como subraya Shoghi Effendi, no
> representa “un mero brote de sentimentalismo ignorante o una expresión de esperanzas vagas y
> piadosas”. La unidad orgánica del conjunto de los creyentes –y el Orden
> Administrativo que la posibilita– dan testimonio de lo que Shoghi Effendi denominó
> “el poder que posee su Fe para construir la sociedad”.[115] Conforme la Causa
> se expanda y cuanto más aparentes se vuelvan las capacidades latentes en su
> Orden Administrativo, tanto más atraerá la atención de las figuras del
> pensamiento e inspirará en las mentes progresivas la seguridad de que sus
> ideales son, en última instancia, realizables. En palabras de Shoghi Effendi:
> 
> Los
> dirigentes religiosos, los exponentes de las teorías políticas, los gobernantes
> de las instituciones humanas, esos mismos que en la actualidad presencian con
> perplejidad y consternación la bancarrota de sus ideas y la desintegración de
> su obra, harían bien en volver su mirada hacia la Revelación de Bahá’u’lláh y
> en meditar sobre el Orden Mundial que, atesorado en Sus enseñanzas, se yergue
> lenta e imperceptiblemente entre la vorágine y caos de la civilización
> actual.[116]
> 
> Tal examen centrará la
> atención sobre el poder que ha hecho posible el logro de la unidad bahá’í, y
> que ésta pueda mantenerse y consolidarse. “La luz de los hombres”, asegura
> Bahá’u’lláh, “es la Justicia”, cuyo propósito, añade, “es la aparición de la
> unidad entre los hombres. El océano de la sabiduría divina surge dentro de esta
> exaltada palabra”.[117] La designación de “Casas de Justicia”, conferida a las instituciones
> que gobernarán el Orden Mundial que Él concibió, en los planos local, nacional
> e internacional, refleja la centralidad de este principio dentro de las
> enseñanzas de la Revelación y de la vida de la Causa. A medida que la comunidad
> bahá’í se convierta en un participante cada vez más presente en la escena
> pública, su experiencia dará pruebas tanto más alentadoras de esta ley, tan
> crucial para la curación de la infinidad de enfermedades que, en última
> instancia, son consecuencia de la desunión que aflige a la familia humana.
> “Sabe en verdad”, explica Bahá’u’lláh, “que estas grandes opresiones que se han
> abatido sobre el mundo lo preparan para el advenimiento de la Más Grande
> Justicia” [118]. Huelga decir que esa etapa culminante en la evolución de la
> sociedad tendrá lugar en un mundo muy diferente del que ahora conocemos.
> 
> IX
> 
> El efecto inmediato de haber ganado la
> Cruzada de Diez Años y del establecimiento de la Casa Universal de Justicia fue
> el de añadir un poderoso empuje al avance de la Causa. Esta vez el progreso
> –que había afectado prácticamente a todos los aspectos de la vida bahá’í–
> adoptó la forma de una serie de cambios profundos cuyo perfil se aprecia mejor
> al contraluz que ofrece todo el período transcurrido desde 1963 hasta el final
> del siglo. Durante esos treinta y siete años las labores avanzaron rápidamente
> siguiendo dos cursos paralelos: la expansión y consolidación de la propia
> comunidad bahá’í y, al mismo tiempo, el aumento espectacular en el influjo que
> la Fe llegaba a ejercer en la vida social. Mientras se diversificaba la gama de
> actividades bahá’ís, la mayor parte de tales esfuerzos tendían a potenciar
> directamente una u otra de las dos principales vías de progreso.
> 
> Una decisión adoptada en
> fecha temprana por la Casa de Justicia resultó ser decisiva para todos los
> aspectos del desarrollo de la enseñanza y de la administración. Comprender que
> no había sucesor de Shoghi Effendi supuso reconocer que tampoco sería posible
> el nombramiento de nuevas Manos de la Causa. Cuán esenciales eran las funciones
> de esta institución para el progreso de la Fe se demostró con fuerza
> inolvidable durante los trepidantes seis años transcurridos entre 1957 y 1963.
> En consecuencia, de conformidad con el mandato que la autorizaba a crear nuevas
> instituciones bahá’ís [119], según las necesidades de la Causa lo requerían, la
> Casa de Justicia creó en junio de 1968 los Cuerpos Continentales de Consejeros.
> Dotada de facultades para extender hacia el futuro las funciones de protección
> y propagación de la Fe ejercidas por las Manos de la Causa, la nueva
> institución asumió la responsabilidad de guiar las labores de los Cuerpos
> Auxiliares ya existentes y sumó fuerzas con las Asambleas Nacionales
> compartiendo responsabilidades en el avance de la Fe. Las grandes victorias
> celebradas en 1973 al término del Plan de Nueve Años, aunque espléndidas en sí
> mismas, reflejaron la extraordinaria facilidad con que la nueva agencia
> administrativa había asumido sus deberes y la avidez con que había sido
> bienvenida por creyentes y Asambleas por igual. El momento quedó marcado por
> otro acontecimiento trascendental en el desarrollo del Orden Administrativo: la
> creación del Centro Internacional de Enseñanza, cuerpo que proyectaría hacia el
> futuro las responsabilidades incumbentes al grupo de “Manos de la Causa
> residentes en Tierra Santa”, y que en adelante iba a coordinar las labores de
> los Cuerpos de Consejeros de todo el mundo.
> 
> Previendo el curso que el
> crecimiento de la Causa iba a seguir, Shoghi Effendi se había referido por escrito
> al “lanzamiento de empresas mundiales destinadas a ser acometidas, en épocas
> futuras de esa misma Edad [Formativa], por parte de la Casa Universal de
> Justicia, empresas que simbolizarán la unidad y coordinarán y unificarán las
> actividades de (...) las Asambleas Nacionales”.[120] En 1964 el Plan de Nueve
> Años iniciaba estos proyectos globales, y a éste seguirían el Plan de Cinco
> Años (1974), el Plan de Siete Años (1979), el Plan de Seis Años (1986), el Plan
> de Tres Años (1993), el Plan de Cuatro Años (1996) y el Plan de Doce Meses, con
> el que concluyó el siglo. La variación del énfasis con que se orientaba
> sucesivamente una empresa tras otra constituye un indicador valioso del
> crecimiento que la Causa experimentaba por aquellos decenios, así como de las nuevas
> oportunidades y desafíos que le reportaba este crecimiento. Más importante aún
> que las diferencias, sin duda, es el hecho de que las actividades requeridas en
> cada Plan fuesen extensiones de iniciativas que habían sido puestas en marcha
> por Shoghi Effendi, quien, a su vez, había recogido y reelaborado la trama
> tejida por los Fundadores de la Fe: la formación de Asambleas Espirituales; la
> traducción, producción y distribución de obras y publicaciones; el aliento
> infundido a la participación universal de los amigos; la atención al
> enriquecimiento de la vida bahá’í; los esfuerzos encaminados a la participación
> de la comunidad bahá’í en la vida de la sociedad; el afianzamiento de la vida
> familiar bahá’í; y la educación de los niños y jóvenes. Aunque estos diversos
> procesos continúen diversificándose indefinidamente desplegando nuevas
> posibilidades, el hecho de que cada uno de ellos se originase en el impulso
> creador de la Revelación misma confiere a cuanto realiza la comunidad bahá’í
> una fuerza integradora que constituye el secreto y la garantía de su éxito
> final.
> 
> Los primeros veinte años del
> proceso fueron uno de los períodos más enriquecedores que la comunidad bahá’í
> haya experimentado jamás. Durante un período notablemente breve, el número de
> Asambleas Espirituales Locales se multiplicó y la diversidad cultural de los
> miembros se convirtió en un rasgo cada vez más distintivo de la vida bahá’í.
> Aunque la quiebra social generaba problemas para las instituciones
> administrativas bahá’ís, uno de sus efectos fue el de generar un crecido
> interés por el mensaje de la Causa. Al principio, la comunidad fue invitada a
> afrontar el reto de la “enseñanza de las masas”. Ya en 1967, se hacía un
> llamamiento a “lanzar, a una escala global y ante todos los estratos de la sociedad
> humana, una proclamación duradera e intensa del mensaje curativo que anuncie la venida del
> Prometido (...)” [121]
> 
> A medida que los creyentes
> de los centros urbanos emprendían campañas continuas para alcanzar a las masas
> de los pueblos del mundo, establecidas en aldeas y zonas rurales, pudieron
> comprobar que la receptividad ante el mensaje de Bahá’u’lláh excedía cualquier
> medida que antes se hubiera concebido posible. Si bien la respuesta adoptó
> usualmente formas muy diferentes de aquellas con las que los maestros estaban
> familiarizados, los nuevos seguidores recibieron una cálida bienvenida. Decenas
> de millares de nuevos bahá’ís entraron en la Causa a lo largo de África, Asia y
> Latinoamérica, a menudo en contingentes que representaban la mayor parte de
> aldeas rurales completas. Los años 60 y 70 fueron tiempos apasionantes para una
> comunidad bahá’í cuyo crecimiento fuera de Irán había sido hasta entonces lento
> y tasado. Iba a recaer en los amigos del Pacífico la gran distinción de atraer
> a la Causa al primer Jefe de Estado, Su Alteza Malietoa Tanumafili II,
> distinción que sólo los acontecimientos futuros situarán en su marco adecuado.
> 
> En la base misma de esta
> evolución, al igual que sucediera desde los albores de la Causa, se hallaba el
> compromiso personal del creyente. Ya durante el ministerio de Shoghi Effendi se
> habían realizado intentos, por parte de personas especialmente lúcidas, de
> introducir la Causa en poblaciones indígenas de países como Uganda, Bolivia e
> Indonesia. Durante el Plan de Nueve Años, un número muy superior de maestros se
> vieron atraídos hacia este trabajo, particularmente en la India, en varios
> países de África y en la mayor parte de las regiones de Latinoamérica, así como
> en las islas del Pacífico, en Alaska, entre los pueblos nativos de Canadá y en
> la población rural negra de las regiones sureñas de Estados Unidos. El
> pioneraje aportó un apoyo fundamental a las labores y sirvió de acicate para el
> surgimiento de nuevos grupos de maestros de entre los propios creyentes
> indígenas.
> 
> Aun así, pronto se hizo
> patente que la sola iniciativa personal, no importa cuán inspirada y robusta,
> no estaba en condiciones de responder adecuadamente a las oportunidades. En
> consecuencia, se alentó a las comunidades bahá’ís a acometer una amplia gama de
> proyectos colectivos de enseñanza y proclamación que por sus alcances
> recordaban los días heroicos, los días de los primeros creyentes en causar el
> despertar, los clarines del alba. Equipos de maestros entusiastas descubrieron
> que ya era posible presentar el mensaje de la Fe no sólo de uno en uno a una
> mera sucesión de buscadores, sino también a grupos enteros, e incluso a
> comunidades completas. Las decenas de millares se convirtieron en cientos de
> millares. El crecimiento de la Fe supuso que los miembros de las Asambleas
> Espirituales, cuya experiencia se había visto limitada a potenciar la
> comprensión de la Fe de los solicitantes educados en las culturas de la duda o
> del fanatismo religioso, debían ahora ajustarse a las expresiones de fe de
> grupos enteros de población para los cuales la conciencia y respuesta
> religiosas constituían rasgos normales de la vida cotidiana.
> 
> Ningún sector de la
> comunidad realizó una aportación más briosa ni tan significativa como la
> prestada por los jóvenes bahá’ís. En las gestas que realizaron en el curso de
> estos decenios -al igual que a lo largo de la historia de los anteriores 150
> años- cabe recordar una y otra vez que la gran mayoría del conjunto de héroes
> que dieron rumbo a la Causa a mediados del siglo XIX estaba formada por
> jóvenes. El propio Báb declaró Su misión cuando tenía veinticinco años, y Anís,
> que alcanzó la gloria imperecedera de morir junto a su Señor, era todavía
> adolescente. Quddús respondió a la Revelación a la edad de veintidós años.
> Zaynab, de cuya edad nunca se tuvo noticia, era jovencísima. Shaykh
> ‘Alí, tan querido por Quddús y Mullá ?usayn, fue martirizado a la edad de
> veintidós años, en tanto que Mu?ammad-Báqir-Naqsh entregó la vida
> tan sólo a los catorce años. Por su parte, ?áhirih ni siquiera había
> cumplido la treintena cuando abrazó la Causa del Báb.
> 
> Siguiendo el sendero labrado
> por estas figuras extraordinarias, miles de jóvenes bahá’ís se alzaron en los
> años ulteriores a proclamar el mensaje de la Fe por los cinco continentes y a
> lo largo de las islas esparcidas por el planeta. Al mismo tiempo que la
> sociedad veía surgir una cultura juvenil internacional a finales de los años 60
> y comienzos de los 70, los creyentes con talento musical, teatral y artístico
> demostraron en parte lo que Shoghi Effendi había querido significar al señalar:
> “Llegará el día en que la Causa se difunda como un reguero de pólvora, cuando
> su espíritu y enseñanzas sean presentadas sobre los escenarios, o a través de
> las artes o de la literatura (...)” [122] El celo y entusiasmo característicos
> de la juventud han servido de acicate continuo para que el conjunto de la
> comunidad explore, cada vez con mayor audacia, las revolucionarias
> implicaciones sociales de las enseñanzas de Bahá’u’lláh.
> 
> Sin embargo, el auge de
> nuevas afiliaciones planteó problemas igualmente mayúsculos. En un plano
> inmediato, los recursos de las comunidades bahá’ís dedicadas a la tarea se
> vieron abrumados por la tarea de proporcionar la confirmación continua que
> precisaban las masas de nuevos creyentes y la consolidación de las comunidades
> y Asambleas Espirituales resultantes. Por otro lado, los desafíos culturales
> similares a los afrontados por los primeros creyentes persas que habían
> procurado presentar la Fe en tierras occidentales encontraban sus réplicas multiplicadas
> a lo largo del mundo. Los principios teológicos y administrativos que podían
> resultar del mayor interés para los pioneros y maestros rara vez coincidían con
> los que embargaban a los nuevos conversos, procedentes de orígenes sociales y
> culturales muy diferentes. A menudo, discrepancias en torno incluso a asuntos
> tan elementales como el uso del tiempo o simples convenciones sociales creaban
> fosos de incomprensión que dificultaban en extremo la comunicación.
> 
> En un principio, tales
> problemas se demostraron estimulantes en la medida en que tanto las
> instituciones bahá’ís como los creyentes se debatían por encontrar nuevas
> formas de plantear las situaciones, nuevas formas, sin duda, de comprender
> incluso pasajes importantes de los propios Escritos bahá’ís. Hubo decididos
> esfuerzos en respuesta a la guía del Centro Mundial, en el sentido de que la
> expansión y la consolidación son dos procesos que han de avanzar parejos. Sin
> embargo, allá donde los resultados esperados no se materializaron prontamente,
> vino a instalarse con frecuencia cierto desánimo. El surgimiento inicialmente
> rápido de las tasas de afiliación abrió paso a un descenso brusco en numerosos
> países, lo que tentó a algunas comunidades e instituciones bahá’ís a volver su
> atención de nuevo hacia actividades más usuales y a públicos más accesibles.
> 
> No obstante, el principal
> efecto de estos reveses fue el de hacer ver a las comunidades que las elevadas
> expectativas de los primeros años en cierto modo eran muy poco realistas.
> Aunque los fáciles éxitos de las actividades iniciales de enseñanza eran
> alentadores, por sí mismos no construían una vida comunitaria bahá’í
> regenerable que colmase las necesidades de sus nuevos miembros. Antes bien, los
> pioneros y los nuevos creyentes por igual se enfrentaban a preguntas para las
> cuales la experiencia bahá’í en tierras occidentales -o incluso en Irán-
> ofrecían escasas respuestas. ¿Cómo habían de establecerse Asambleas
> Espirituales Locales -y una vez establecidas, cómo debían funcionar- en zonas
> donde la Causa se incrementaba, en cuestión de días, con gran número de nuevos
> creyentes, sólo sobre la base del reconocimiento espiritual de la verdad?
> ¿Cómo, en unas sociedades dominadas por los hombres desde el alba de la
> historia, hacer que disfrutaran de idéntica voz las mujeres? ¿Cómo había de
> afrontarse la educación sistemática de una gran población de niños, en
> situaciones culturales donde prevalecían la pobreza y el analfabetismo? ¿Qué
> prioridades debían guiar la educación moral bahá’í, y cómo estos objetivos
> podían relacionarse de la mejor manera con las convenciones locales dominantes?
> ¿Cómo cultivar una vida comunitaria capaz de estimular el crecimiento
> espiritual de sus miembros? ¿Qué prioridades, igualmente, debían establecerse
> con relación a la producción de libros bahá’ís, particularmente teniendo en
> cuenta la repentina explosión que había tenido lugar en el elenco de idiomas
> representados en la comunidad? ¿Cómo mantener la integridad de la institución
> bahá’í de la Fiesta de Diecinueve Días, al tiempo que se abría esta actividad
> vital a la influencia enriquecedora de las diversas culturas? Y, en todas los
> ámbitos de interés, ¿cómo habrían de allegarse, financiarse y coordinarse los
> recursos necesarios?
> 
> La presión de estos retos
> urgentes y entreverados hizo embarcar al mundo bahá’í en un proceso de
> aprendizaje que se demostró tan capital como la propia expansión. Vale decir
> que durante estos años no hubo virtualmente ningún tipo de actividad de
> enseñanza, ninguna combinación de expansión, consolidación y proclamación,
> ninguna opción administrativa, ningún esfuerzo de adaptación cultural que no
> fuera acometido con ímpetu en alguna parte del mundo bahá’í. El resultado de la
> experiencia se tradujo en la educación intensiva de gran parte de la comunidad
> bahá’í en las implicaciones de las labores de enseñanza masiva, una educación
> que por otras vías no habría podido plasmarse. Por su propia naturaleza, este
> proceso tuvo un alcance fundamentalmente local y regional, fue más cualitativo
> que cuantitativo en sus logros, y en cuanto al progreso logrado, de carácter
> acumulativo más que de escala masiva. Pese a todo, de no haber sido por el
> laborioso, siempre difícil y a menudo frustrante trabajo de consolidación
> acometido durante estos años, la estrategia posterior de sistematización de la
> promoción de la entrada en tropas habría tenido muy poco donde emplearse.
> 
> El hecho de que el mensaje
> bahá’í penetrase entonces en la vida no sólo de pequeños grupos de personas
> sino de comunidades enteras tuvo el efecto de reanimar un rasgo vital presente
> en una etapa anterior del progreso de la Causa. Por primera vez en muchos
> lustros, la Fe se encontró una vez más en una situación en la que la enseñanza
> y consolidación entroncaban inseparablemente con el desarrollo social y económico.
> En los primeros años del siglo, bajo la guía del Maestro y del Guardián, los
> creyentes iraníes -estando privados de la oportunidad de participar igualmente
> en los magros beneficios que ofrecía la sociedad de entonces- se habían alzado
> a construir laboriosamente una vida comunitaria amplia y de un género que
> trascendía la necesidad o el alcance de los grupos aislados bahá’ís de
> Norteamérica y Europa occidental. En Irán, el avance espiritual y moral, las
> actividades de enseñanza, la creación de escuelas y clínicas, la construcción
> de instituciones administrativas, y el aliento dado a las iniciativas
> destinadas a la autosuficiencia y prosperidad económicas, todos ellos habían
> sido desde un temprano comienzo rasgos inseparables de un proceso orgánicamente
> unificado de desarrollo. Ahora -en África, en Latinoamérica, y en partes de
> Asia- estas mismas oportunidades y desafíos volvían a aflorar.
> 
> Si bien estaban en marcha
> desde largo tiempo actividades sociales y económicas de desarrollo,
> particularmente en Latinoamérica y Asia, se trataban de proyectos aislados,
> desempeñados por grupos de creyentes bajo la guía de las Asambleas Nacionales
> concretas, que no guardaban relación con ningún plan. No obstante, en octubre
> de 1983, las comunidades bahá’ís de todo el mundo fueron invitadas a incorporar
> tales esfuerzos a sus programas regulares de trabajo. Se creó una Oficina de
> Desarrollo Social y Económico en el Centro Mundial con el fin de coordinar el
> aprendizaje y recabar apoyos económicos.
> 
> El decenio siguiente presenció
> una amplia experimentación en una esfera de trabajo para la cual la mayoría de
> las instituciones disponían de escasa preparación. Al tiempo que procuraban
> aprovechar los modelos acometidos por las numerosas agencias de desarrollo de
> todo el mundo, las comunidades bahá’ís hacían frente al desafío de relacionar
> sus hallazgos en varios ámbitos de interés -educación, sanidad, alfabetización,
> agricultura y tecnología de las comunicaciones- con su comprensión de los
> principios bahá’ís. Dada la magnitud de los recursos invertidos por los
> gobiernos y las fundaciones, y la confianza con que este esfuerzo fue iniciado,
> había una gran tentación de limitarse a tomar prestados los métodos corrientes
> por entonces o de adaptar los esfuerzos bahá’ís a las teorías prevalecientes.
> Sin embargo, según las labores fueron evolucionando, las instituciones bahá’ís
> comenzaron a centrarse en la meta de concebir paradigmas de desarrollo que
> integrasen lo ya observado en el conjunto de la sociedad para ajustarlo a la
> singular concepción que, en todo cuanto atañe a las potencialidades humanas,
> ofrece la Fe.
> 
> En ningún capítulo pudo
> apreciarse la estrategia de los Planes sucesivos de modo tan impresionante como
> en el caso de la India. La comunidad de dicho país se ha convertido hoy día en
> un gigante de la Causa que cuenta con más de un millón de almas. Sus labores se
> extienden por la geografía de un vasto subcontinente, hogar de una inmensa
> diversidad de culturas, idiomas, grupos étnicos y tradiciones religiosas. En
> muchos sentidos, la experiencia de este conjunto tan privilegiado de creyentes
> resume los empeños del mundo bahá’í, y los experimentos, los reveses y
> victorias cosechados por éste durante tres decisivos decenios. El espectacular
> aumento de nuevos creyentes trajo todo el repertorio de problemas a que se
> hacía frente en otros lugares del mundo, sólo que a una escala masiva. El largo
> camino que ha acabado por encaramar a la comunidad bahá’í india a su puesto de
> preeminencia ha estado erizado de dificultades dolorosas, algunas de las cuales
> a veces pesaron como una amenaza sobre sus recursos administrativos. Las
> victorias ganadas, pese a todo, constituyen un preludio de las confirmaciones
> que con el tiempo bendecirán los esfuerzos de las comunidades bahá’ís de otros
> continentes que afrontan idénticos desafíos. Ya en 1985, el crecimiento de la
> Fe en India había alcanzado el punto en que las necesidades y oportunidades de
> tan diversas regiones requerían una atención más centrada que la que podía
> proporcionar la Asamblea Espiritual por su cuenta. De este modo, surgía la
> nueva institución del Consejo Regional Bahá’í, iniciadora del proceso de
> descentralización administrativa que desde entonces se ha demostrado tan
> efectivo en muchos países.
> 
> En 1986, la expansión y
> consolidación presenciadas en la India se vieron oportunamente coronadas con la
> inauguración del bello “Templo del Loto”. Aunque el proyecto había suscitado
> expectativas optimistas en cuanto al impacto que su conclusión tendría en el
> reconocimiento público de la Fe, la realidad ha sobrepasado infinitamente la
> esperanzas más optimistas. Hoy día, la Casa de Adoración de la India se ha
> convertido en la atracción principal del subcontinente, con una media de 10.000
> visitantes diarios, al punto de figurar destacadamente en las publicaciones,
> documentales y producciones de televisión. El interés suscitado por una Fe
> capaz de inspirar y cobrar cuerpo en tan magnífica creación ha concedido un
> nuevo significado a la descripción que diera ‘Abdu’l-Bahá de los Templos
> bahá’ís al calificarlos de “maestros silenciosos” de la Fe.
> 
> El progreso de la comunidad
> bahá’í india, tanto en su desarrollo interno como en su relación con el
> conjunto de la sociedad, se hizo patente en una iniciativa pionera adoptada en
> noviembre de 2000 en el campo del desarrollo social y económico. Aprovechando
> la reputación que se había ganado merecidamente entre los círculos progresivos
> de dicho país, la Asamblea Espiritual Nacional apadrinó, en colaboración con el
> Instituto de Estudios sobre la Prosperidad Global [123] recientemente creado
> por la Comunidad Internacional Bahá’í, un simposio sobre el tema “Religión,
> Ciencia y Desarrollo”. El proyecto concitó la participación de más de cien
> organizaciones de desarrollo muy influyentes en el país y atrajo la atención de
> los medios nacionales de difusión. Puesto que se trataba de una distinguida
> aportación bahá’í a la promoción del avance social, el acontecimiento preparó
> el terreno de simposios análogos a celebrarse en África, Latinoamérica y otras
> regiones, donde las comunidades bahá’ís creativas pueden contribuir a conformar
> lo que bien puede convertirse en uno de los mayores éxitos de la Fe.
> 
> Asimismo, durante estos
> mismos años, el continente asiático vio el repentino surgir de la comunidad
> bahá’í de Malasia como locomotora de las labores de expansión, capaz de ganar
> sus propias metas con celeridad asombrosa y de despachar pioneros y maestros
> viajeros a países vecinos. Un éxito que posibilitó este avance espectacular
> fueron los vínculos de asociación espiritual que establecieron los creyentes de
> origen chino e indio. Las personas que visitaban Malasia describían, en
> términos rayanos en el asombro, cómo esta comunidad, pese a bregar atenazada
> por trabas y restricciones, parecía la encarnación misma de las metáforas militares
> con que los escritos de Shoghi Effendi sugieren el espíritu que anima los
> esfuerzos de enseñanza bahá’í.
> 
> Sin embargo, ni el
> crecimiento mundial de la comunidad bahá’í ni el proceso de aprendizaje que
> ésta experimentaba nos cuentan la historia completa de estos decenios
> tumultuosos y creativos. Cuando finalmente se escriba su historia, uno de los
> capítulos más brillantes será el que refiera las victorias espirituales
> ganadas, particularmente en África, por comunidades bahá’ís que hubieron de
> sobrevivir al terror, a la guerra, a la opresión política y a las privaciones
> extremas, saliendo airosas del trance, con su fe intacta y decididas a reanudar
> sus labores en pos de una vida colectiva bahá’í viable. La comunidad de
> Etiopía, cuna de una de las culturas tradicionales más ricas y de mayor
> abolengo del mundo, logró mantener la moral de sus miembros así como la
> coherencia de sus estructuras administrativas pese a la despiadada presión de
> una dictadura brutal. De los amigos de otros países del continente, cabe decir,
> en efecto, que su sendero de fidelidad a la Causa transitó por un infierno de
> sufrimientos rara vez igualado en la historia moderna. Los anales de la Fe
> poseen pocos testimonios más conmovedores del puro poder del espíritu que los
> que ofrecen las historias de valor y pureza de corazón reflejadas en el
> calvario que atrapó a los amigosen lo que por entonces era el Zaire. Son
> historias que han de inspirar a las generaciones venideras y que representan
> aportaciones incalculables a la creación de una cultura global bahá’í. Países
> como Uganda y Ruanda añadieron sus propios logros inolvidables a esta
> trayectoria de luchas heroicas.
> 
> Igualmente inspiradora fue
> la demostración de capacidad de renovación que es inherente a la Causa y que se
> hizo patente en los campos de refugiados camboyanos situados en la frontera
> tailandesa. Mediante los esfuerzos heroicos de un puñado de maestros, se
> establecieron Asambleas Espirituales Locales entre los supervivientes de una
> campaña de genocidio que anonada la capacidad humana de imaginación, una
> población que perdió a infinidad de seres amados así como todo lo que poseían
> para su seguridad material, pero en la que todavía ardía ese anhelo del alma
> humana por la verdad espiritual. Un logro extraordinario de índole semejante
> fue el de la comunidad bahá’í de Liberia. Desahuciados de sus hogares y
> llevados al exilio en países vecinos, muchos de estos intrépidos creyentes
> portaron consigo su vida comunitaria completa: erigieron Asambleas Espirituales
> Locales, continuaron sus labores de enseñanza, prosiguieron la educación de sus
> hijos, aprovecharon su tiempo para aprender nuevas destrezas, y encontraron en
> la música, la danza y el teatro poderes del espíritu que les ayudaban a
> mantener viva la esperanza del regreso al país de origen.
> 
> A medida que cobraba forma
> el proceso de educación en los métodos de enseñanza de masas, la composición de
> la comunidad mundial bahá’í acusaba una transformación paralela. En 1992, el
> mundo bahá’í celebró su segundo Año Santo, en este caso para conmemorar el
> centenario de la ascensión de Bahá’u’lláh y la promulgación de Su Alianza. Más
> elocuentemente de lo que hubieran sido las palabras, la diversidad étnica,
> cultural y nacional de los 27.000 creyentes que se reunieron en el Javits
> Convention Center de Nueva York, junto con los miles presentes en nueve
> conferencias auxiliares celebradas en Bucarest, Buenos Aires, Moscú, Nairobi,
> Nueva Delhi, Panamá, Singapur, Sidney y Samoa Occidental, testimoniaban
> palmariamente los frutos cosechados por todo el mundo gracias a las labores de
> enseñanza bahá’í. En este sentido, se produjo un momento especialmente emotivo
> cuando durante la conexión vía satélite entre las conferencias con la que se
> celebraba en Nueva York le tocó el turno a la de Moscú, momento en que los
> bahá’ís de todo el mundo acogieron con estremecimiento los saludos dirigidos en
> ruso, el idioma común de 280 millones de personas de al menos quince países,
> saludos que proclamaban una nueva fase en la respuesta de la humanidad a
> Bahá’u’lláh.
> 
> En las conferencias de Moscú
> y Bucarest podía percibirse el renacimiento de las comunidades bahá’ís que casi
> se habían extinguido bajo la opresión del régimen soviético y de sus
> colaboradores. Una de las tres Manos de la Causa supervivientes, ‘Alí-Akbar
> Furútán, quien había vivido en Rusia, tuvo la gran alegría de regresar a Moscú,
> a la edad de 86 años, para asistir a la elección inaugural de la Asamblea
> Espiritual Nacional de aquel país. Surgieron Asambleas Espirituales Locales en
> casi todas los países de reciente apertura y se eligieron seis nuevas Asambleas
> Espirituales Nacionales. En un breve período, las actividades de pioneraje y
> enseñanza emprendidas en los países que conforman el cinturón meridional del
> antiguo imperio soviético -donde la Fe había estado igualmente proscrita-
> pronto dio lugar a la existencia de nuevas Asambleas Locales y de ocho
> Asambleas Espirituales Nacionales. Las publicaciones bahá’ís se tradujeron a
> una gama de nuevos idiomas, se dieron pasos decididos para asegurar el
> reconocimiento civil de las instituciones bahá’ís, y los representantes de la
> Europa del Este y de los países del bloque soviético ahora desaparecido
> comenzaron a participar junto con sus correligionarios en los asuntos externos
> de la Fe en el terreno internacional.
> 
> Asimismo, de forma gradual,
> el mensaje de la Fe comenzó a ser acogido en numerosas partes de China y entre
> las poblaciones chinas en el extranjero. Se tradujeron obras bahá’ís al
> mandarín, numerosas universidades de buen número de ciudades chinas extendieron
> invitaciones a estudiosos bahá’ís, se estableció un Centro de Estudios Bahá’ís
> en el prestigioso Instituto de las Religiones Mundiales en Pekín, [124]
> integrado a su vez en la Academia de Ciencias Sociales, y son numerosos los
> dignatarios chinos que han expresado generosamente su aprecio por los
> principios que descubren en los Escritos. A la luz de las alabanzas del Maestro
> hacia la civilización china y su papel en la humanidad del futuro, cabe
> concebir cuán significativa ha de ser la aportación creativa que los creyentes
> de este origen han de realizar a la vida intelectual y moral de la Causa en los
> años venideros.[125]
> 
> El significado de estos tres
> decenios de lucha, aprendizaje y sacrificio se hizo patente cuando llegó el
> momento de idear un Plan global para capitalizar las percepciones obtenidas y
> los recursos ya desarrollados. La comunidad bahá’í que emprendió el Plan de
> Cuatro Años en 1996 era muy diferente del entusiasta, pero nuevo y todavía
> inexperto conjunto de creyentes que, en 1964, se había aventurado a lanzar la
> primera de las empresas en que la mano guiadora de Shoghi Effendi estaba
> ausente. Ya en 1996, era posible observar todas las diferentes facetas de la
> empresa como partes integrales de un conjunto coherente.
> 
> Con esta educación también había
> llegado una necesaria puesta en perspectiva de lo logrado. La expansión de la
> Causa a lo largo de los treinta años anteriores reflejaba la respuesta de
> varios millones de seres humanos, a tal punto afectados por su encuentro con el
> mensaje de Bahá’u’lláh que se habían visto movidos a identificarse en varios
> grados con la Causa de Dios. Eran conscientes de que había aparecido un nuevo
> Mensaje de la Divinidad, habían captado algo del espíritu de fe y se habían
> visto hondamente afectados por la enseñanza bahá’í de la unidad de la
> humanidad. Una pequeña minoría de entre éstos llegaron incluso más allá. En su
> mayor parte, sin embargo, estos amigos fueron esencialmente receptores de
> programas de enseñanza dirigidos por los maestros y pioneros de otros países.
> Uno de los grandes potenciales que encierran las masas de la humanidad de donde
> proceden los creyentes recientemente alistados reside en su apertura de
> corazón, algo capaz de generar una transformación social duradera. La mayor
> traba de que adolecen estas mismas poblaciones ha sido la de la pasividad
> aprendida a lo largo de generaciones de exposición a influencias externas que,
> por grande que sea su acompañamiento de ventajas materiales, se han guiado por
> fines que muy a menudo sólo guardaban relación tangencial -si es que tenía
> relación alguna- con las realidades de las necesidades y vida diarias de los
> pueblos indígenas.
> 
> El Plan de Cuatro Años, todo
> un avance frente a los precedentes, estaba destinado a aprovechar estas
> oportunidades y percepciones disponibles. La meta de avanzar en el proceso de
> entrada en tropas se convirtió en el objetivo central de la empresa. Las
> lecciones previamente aprendidas de otros Planes hacían hincapié ahora en el
> desarrollo de las capacidades de los creyentes -estén donde estén- de modo que
> pudieran alzarse confiadamente como protagonistas de la Misión de la Fe. El
> instrumento para el logro de este objetivo había sido sometido a refinamiento
> continuo durante los Planes anteriores y había demostrado su eficacia.
> 
> Al igual que con la mayoría
> de los demás métodos y actividades mediante los cuales avanzaba la Fe, este
> instrumento había sido concebido decenios antes por el Maestro, Quien en las
> Tablas del Plan Divino hacía un llamamiento a los creyentes consolidados a
> “reunir a los jóvenes del amor de Dios en las escuelas de instrucción y
> enseñarles todas las pruebas divinas y argumentos irrefutables, explicar y
> elucidar la historia de la Causa, e interpretar asimismo las profecías y
> pruebas que se consignan y constan en los libros divinos y epístolas relativas
> a la manifestación del Prometido (...)” [126] Las labores de pioneraje y
> formación de este tenor las había emprendido ya en Irán, durante los primeros
> años del siglo, el muy amado ?adru’?-?udúr.[127] Con el paso
> de los años, las escuelas de invierno y verano se multiplicaron, y los Planes
> sucesivos animaron a experimentar en el desarrollo de los institutos bahá’ís.
> 
> Con diferencia, el avance
> más significativo en este sentido se produjo a lo largo de un dilatado período
> de más de veinte años cuyos comienzos tuvieron lugar en Colombia, país en donde
> se acometió un programa sistemático y regular de educación en los Escritos,
> adoptado en seguida por los países vecinos. Paralelamente, la comunidad
> colombiana emprendió varios proyectos en el campo del desarrollo social y
> económico. Los avances registrados fueron tanto más impresionantes por cuanto
> se consiguieron con el telón de fondo de la descomposición social producida por
> la violencia y desorden públicos.
> 
> El logro colombiano constituyó
> un modelo y una fuente de gran inspiración para las comunidades bahá’ís del
> planeta entero. Al término del Plan de Cuatro Años, más de 100.000 creyentes
> estaban participando en los programas de más de 300 institutos de formación
> permanente de todo el mundo. Para cumplir esta meta, la mayoría de los
> institutos regionales habían llevado el proceso una etapa por delante con la
> creación de redes de “círculos de estudio” que aprovechan las aptitudes de los
> creyentes para replicar los trabajos del instituto en el ámbito local. Es ya
> evidente que el éxito logrado en las labores de instituto ha reforzado
> significativamente el proceso de largo plazo que permitirá que el sistema
> universal bahá’í de educación cobre cuerpo y forma.[128]
> 
> Aunque los empeños de estos
> decenios fueron relativamente modestos -al menos si se comparan con el patrón
> legado por la Edad Heroica-, han de proporcionar a la presente generación de
> bahá’ís la perspectiva en donde aquilatar la descripción que Shoghi Effendi nos
> ofrece de la naturaleza cíclica de la historia de la Fe: “Una serie de crisis
> internas y externas, de severidad variable, devastadoras en sus efectos
> inmediatos, si bien cada una presta a liberar misteriosamente una medida
> conmensurable del poder divino, las cuales imprime de este modo un impulso
> renovado a su despliegue”.[129] Estas palabras ponen en perspectiva la sucesión
> de esfuerzos, experimentos, desgarros y victorias que caracterizaron el
> comienzo de las labores de enseñanza a escala masiva, y que prepararon a la comunidad
> bahá’í para los desafíos aún mayores que la aguardan.
> 
> A lo largo de la historia,
> la humanidad en su conjunto, ha sido, en el mejor de los casos, espectadora del
> avance de la civilización. Su papel ha sido el de servir a los designios de
> cualquier elite que de modo temporal haya asumido las riendas de los procesos.
> Incluso las sucesivas Revelaciones de la Divinidad, pese a que su meta se
> cifraba en la liberación del espíritu humano, con el tiempo quedaron cautivas
> del “yo insistente”, congeladas en dogmas de fabricación humana, rituales,
> privilegios clericales y rencillas sectarias, que terminaron por truncar su
> propósito último.
> 
> Bahá’u’lláh ha venido para
> liberar a la humanidad de esta larga esclavitud, y los últimos decenios del
> siglo XX los ha dedicado la comunidad de Sus seguidores a experimentar
> creativamente con los medios que han de permitir la realización de Sus
> objetivos. La prosecución del Plan Divino entraña nada menos que la
> participación de todo el conjunto de la humanidad en su propio desarrollo
> espiritual, social e intelectual. Las pruebas afrontadas por la comunidad
> bahá’í en los decenios transcurridos desde 1963 han sido las necesarias para
> refinar el esfuerzo y purificar la motivación de modo que sus participantes se
> hagan dignos de tan gran encomienda. Tales ensayos son prueba fehaciente del
> proceso de maduración que con tanta confianza describió ‘Abdu’l-Bahá :
> 
> Algunos movimientos
> aparecen, se manifiestan durante un breve período de actividad, luego dejan de
> ser. Otros hacen gala de una mayor medida de crecimiento y fortaleza, pero
> antes de madurar su desarrollo, se debilitan, desintegran y quedan relegados al
> olvido (...) hay otra clase de movimiento o causa que desde inicios
> modestísimos e inadvertidos hacen avances seguros y graduales, se ensanchan y
> amplían hasta que adoptan proporciones universales. El Movimiento bahá’í es de
> esta naturaleza.[130]
> 
> X
> 
> La misión de Bahá’u’lláh no se limita a la
> construcción de la comunidad bahá’í. La Revelación de Dios llega para la
> humanidad entera, y acabará por granjearse el apoyo de las instituciones de la
> sociedad al punto de que éstas encuentren en su ejemplo el aliento y la
> inspiración necesarias para sentar los cimientos de una sociedad justa. Para
> apreciar la importancia de esta preocupación paralela, no hace falta más que
> recordar el tiempo y cuidado que Bahá’u’lláh dedicó en persona al cultivo de
> las relaciones con los funcionarios del Gobierno, figuras del pensamiento,
> personalidades destacadas de varios grupos minoritarios y representantes
> diplomáticos de los gobiernos extranjeros acreditados ante el Imperio Otomano.
> El efecto espiritual de estos esfuerzos queda de manifiesto en los homenajes
> tributados a Su carácter y principios incluso por enemigos destacados tales
> como ‘Álí Páshá o el Embajador persa en Constantinopla, Mírzá
> ?usayn Khán. El primero, pese a ser quien condenó a su Prisionero
> al destierro en la colonia penal de ‘Akká, no obstante se sintió impulsado a
> describirle como “un hombre de gran distinción, conducta ejemplar, gran
> moderación y figura sumamente digna”, cuyas enseñanzas eran, en opinión del
> ministro, “dignas de alta estima”.[131] El segundo (la misma persona cuyas
> maquinaciones fueron las principales inductoras de haber envenenado la mente de
> ‘Álí Páshá y sus colegas) admitió, años después, el gran contraste entre
> la talla moral e intelectual de su Enemigo y el daño causado a las relaciones
> perso-turcas por la reputación de avaricia y falta de honradez que caracterizó
> a la mayoría de los demás de sus compatriotas residentes en Constantinopla.
> 
> Desde un comienzo,
> ‘Abdu’l-Bahá mostró gran interés en generar un nuevo orden internacional. Por
> ejemplo, es significativo que en Sus primeras referencias públicas en cuanto al
> propósito de Su visita al país hiciera particular hincapié en la invitación que
> el comité organizador de la Conferencia de Paz del Lago Mohonk Le había
> extendido para que Se dirigiese a esta audiencia internacional. Asimismo, fue
> generoso en los ánimos que infundió a la Organización Central para una Paz
> Durable de La Haya. Sin embargo, fue totalmente franco en cuanto a los consejos
> que impartió. Las cartas que la organización del Comité Ejecutivo de La Haya Le
> había dirigido durante la guerra dieron pie para llamar la atención de los
> organizadores a las verdades espirituales enunciadas por Bahá’u’lláh, cuyo
> contenido constituía el único cimiento que tornaría realizables sus propósitos.
> 
> ¡Oh
> vosotros, estimados pioneros entre los deseosos del bien de la humanidad! (...)
> En la actualidad la Paz Universal es un asunto de gran importancia, pero es
> precisa la unidad de conciencia, de modo que el cimiento de este asunto se
> vuelva seguro, su establecimiento firme y su edificación sólida (...) Hoy día,
> nada salvo el poder de la Palabra de Dios que abarca las realidades de las
> cosas puede atraer los pensamientos, las conciencias, los corazones y los
> espíritus a la sombra de un solo Árbol. Él es potente en todas las cosas, Él es
> el vivificador de las almas, el preservador y el controlador del mundo de la
> humanidad.[132]
> 
> Aparte de lo dicho, la lista
> de personas influyentes con las que el Maestro departió durante largas horas
> tanto en Norteamérica como en Europa -sobre todo, personas que procuraban
> promover la meta de la paz mundial y el humanitarismo- refleja Su conciencia de
> la responsabilidad que la Causa tiene con el conjunto de la humanidad. La
> extraordinaria reacción que suscitó Su fallecimiento acredita que esta misma
> pauta fue la que Le caracterizó hasta el fin de Su vida.
> 
> Shoghi Effendi asumió este
> legado prácticamente nada más iniciarse su ministerio. Ya en 1925, alentó el
> interés de una creyente norteamericana a que estableciese un “International
> Bahá’í Bureau” (Oficina Internacional Bahá’í) encaminándola a Ginebra, sede de
> la Liga de Naciones. Aunque el Bureau carecía de autoridad administrativa, en
> palabras del Guardián, debía actuar “como intermediario entre Haifa y otros
> centros bahá’ís”, sirviendo de “centro de distribución” de información en pleno
> corazón de Europa. Su papel obtuvo reconocimiento formal cuando la editorial de
> la Liga solicitó y publicó una relación de las actividades del Bureau.[133]
> 
> Tal como ha sucedido muchas
> veces en la historia de la Causa, una crisis inesperada sirvió para adelantar
> considerablemente la presencia bahá’í en el conjunto de la sociedad en el plano
> internacional. En 1928, Shoghi Effendi animó a la Asamblea Espiritual de Bagdad
> a que apelase a la Comisión Permanente de Mandatos de la Sociedad de Naciones
> contra la ocupación de la Casa de Bahá’u’lláh en aquella ciudad por opositores shí‘íes. En marzo de 1929, reconociendo el daño causado, el
> Consejo de la Sociedad de Naciones instaba unánimemente a la autoridad
> mandataria británica a que presionase al gobierno iraquí “con vistas a la
> corrección inmediata de la injusticia sufrida por los peticionarios”. Las
> reiteradas evasivas del gobierno iraquí, incluyendo la violación del compromiso
> solemne dado por el Monarca mismo, dio lugar a que el asunto se prolongase
> durante las sesiones sucesivas habidas durante la Comisión de Mandatos, motivo
> por el que al final la Casa quedó en manos de sus usurpadores, situación que
> continúa hasta hoy día sin corregirse.[134] Impertérrito ante este fracaso,
> Shoghi Effendi, centrando la atención de la comunidad bahá’í en los beneficios
> históricos que la campaña había arrojado para la Causa (exactamente tal como
> había sucedido anteriormente al producirse el rechazo del Tribunal musulmán
> sunní contra la apelación cursada por una comunidad bahá’í egipcia con relación
> al matrimonio), señalaba:
> 
> Baste
> decir que, pese a estos interminables retrasos, protestas y evasivas (...) la
> publicidad lograda por la Fe gracias a este memorable litigio, y a la defensa
> de su causa -la causa de la verdad y la justicia- por parte del más alto
> tribunal del mundo, han sido tales que ha dejado maravillados a sus amigos y
> llenado de consternación a sus enemigos.[135]
> 
> El nacimiento de Naciones
> Unidas puso a disposición de la Fe un foro mucho más amplio y efectivo donde
> desplegar su influencia espiritual en la vida de la sociedad. Ya en la temprana
> fecha de 1947, un “Comité de Palestina”, especialmente designado por Naciones
> Unidas, recabó los puntos de vista del Guardián sobre el futuro del territorio
> mandatario: la respuesta a la indagación le valió la oportunidad de presentar
> una exposición autoritativa de la historia y enseñanzas de la propia Causa. Ese
> mismo año, en respuesta al aliento de Shoghi Effendi, la Asamblea Espiritual
> Nacional de Estados Unidos y Canadá presentó ante la organización internacional
> el documento titulado “Declaración Bahá’í sobre Obligaciones y Derechos
> Humanos”, que habría de inspirar la labor de los escritores y portavoces
> bahá’ís en las décadas siguientes.[136] Un año después las ocho Asambleas
> Espirituales Nacionales que existían entonces consiguieron que el órgano
> correspondiente de Naciones Unidas extendiera su acreditación a la “Comunidad
> Internacional Bahá’í” en calidad de organización internacional no
> gubernamental.
> 
> No fue sólo la relación
> lentamente entablada entre la Fe y el nuevo orden internacional lo que contó
> con el apoyo del Guardián. Las páginas de Dios
> Pasa y las memorias de Amatu’l-Bahá sobre el Guardián están repletas de
> referencias a las respuestas dadas por personas y organizaciones influyentes
> ante las iniciativas que adoptó Shoghi Effendi y ante los eventos mundiales en
> los que los representantes bahá’ís fueron invitados a participar. En la
> perspectiva de la historia, no cabe sino sorprenderse de la gran disparidad
> entre muchas de estas ocasiones relativamente menores y la atención que les
> prestó el Guardián, una figura que no sólo realizó trabajos que habían de
> revestir enorme importancia para el futuro de la humanidad, sino que además
> entendía plenamente el significado relativo de los acontecimientos que ocurrían
> a su alrededor. Gracias a esta trayectoria la comunidad bahá’í cuenta hoy día
> con un norte que le orienta sobre la forma de aprovechar las crecientes
> oportunidades surgidas a partir de unos comienzos modestos.
> 
> Desde el momento de su
> acreditación, la Comunidad Internacional Bahá’í comenzó a desempeñar un intenso
> papel en los asuntos de Naciones Unidas. Una de las actividades que le valió
> gran aprecio fue el programa llevado a cabo, a través de la red creciente de
> Asambleas bahá’ís, consistente en facilitar al público información sobre
> Naciones Unidas misma, programa que prestó generoso apoyo a las incipientes
> asociaciones de Naciones Unidas de todo el mundo. En 1970, la Comunidad logró
> el estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC).
> Siguió a ello, en 1974, la concesión de la asociación formal con el Programa de
> Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y en 1976 la concesión del
> estatus consultivo ante el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
> La influencia y conocimiento experto desarrollados durante estos años se puso
> en evidencia cuando en 1955 y 1962, la Comunidad consiguió la intervención de
> Naciones Unidas en nombre de los creyentes que sufrían persecución en Irán y
> Marruecos respectivamente.
> 
> *
> 
> En 1980, las pacientes
> gestiones realizadas en el ámbito de los asuntos externos por las Asambleas
> Espirituales Nacionales y la Oficina de Naciones Unidas de la Comunidad se
> vieron catapultadas de improviso a una nueva etapa de su desarrollo. El
> detonante: las tentativas realizadas por el clero shí‘í de Irán a fin de
> erradicar la Causa de la tierra de su nacimiento. Las consecuencias resultaron
> igualmente tan imprevisibles para sus perseguidores como lo fueran para sus
> defensores.
> 
> Durante generaciones los
> creyentes residentes en la cuna de la Fe habían sufrido persecuciones
> religiosas intermitentes, instigadas y dirigidas por los mullás, quienes
> actuaban de consuno con la sucesión de monarcas del país. Estos últimos,
> manifiestamente absolutos en su autoridad, se vieron de hecho constreñidos por
> intrigas políticas que los hacían vulnerables a las presiones exteriores,
> particularmente las ejercidas por los gobiernos occidentales. Así fue como la
> indignación de las misiones diplomáticas rusa, británica y de otros países
> forzaron a que Ná?irid’-Dín Sháh, bien que contra su voluntad,
> pusiera fin a la orgía de violencia que había cobrado la vida de tantos
> creyentes en los primeros años de la década de 1850 y que incluso amenazaba la
> vida del propio Bahá’u’lláh. Durante el siglo XX, los sucesivos soberanos
> Qájáres se vieron igualmente impelidos a apaciguar la opinión de los gobiernos
> extranjeros. La pauta se repitió en 1955 cuando el segundo de los
> sháhs Pahlevíes, quien se había visto inducido por los
> mullás a consentir una oleada de violencia antibahá’í, hubo de interrumpir
> abruptamente la campaña ante las protestas de Naciones Unidas y las objeciones
> expresadas por el gobierno norteamericano, ambas intervenciones precursoras de
> las que luego habrían de seguir.
> 
> Con la revolución islámica
> de 1979 daba la impresión de que ya no habría freno alguno que sujetase la mano
> del clero. De improviso, los propios mullás se encontraban instalados en el
> poder; nombraron a sus propios designados para los puestos más destacados de la
> nueva República, y, luego, incluso ocuparon esos puestos de forma directa. Se
> establecieron “Tribunales Revolucionarios”, supeditados tan sólo a las más
> altas jerarquías eclesiásticas. Un ejército de “guardas revolucionarios”, mucho
> más efectivo que la policía secreta de los sháhs, y tan brutal como
> aquélla, se adueñó de todos los ámbitos de la vida pública.
> 
> Mientras la atención de la
> nueva casta gobernante se centraba sobre todo en las supuestas amenazas
> procedentes de gobiernos extranjeros, algunos elementos influyentes de su seno
> vieron entonces la oportunidad de destruir al fin a la comunidad bahá’í
> iraní.[137] No es necesario describir en estas páginas los desgarradores
> detalles de la campaña que se desató. Su trascendencia radica, no obstante, en
> la respuesta que a esos ataques dieron los miles de creyentes bahá’ís -hombres,
> mujeres y niños- de todo el país. Su negativa a transigir en cuestiones de fe,
> incluso si en ello les iba la vida, inspiró en sus correligionarios de todo el
> mundo una dedicación mayor hacia la Causa en aras de la cual se realizaban
> tamaños sacrificios. Con todo, no sólo fueron los miembros de la Fe quienes
> quedaron consternados por aquellos acontecimientos. Noventa años antes, en
> 1889, un distinguido comentarista occidental, explayándose a propósito del
> heroísmo de los heraldos de la Fe, había escrito proféticamente acerca de los
> sufrimientos de los primeros creyentes:
> 
> Son la vida y muerte de
> éstos, su esperanza a prueba de desesperación, su amor que no conoce mengua, su
> constancia que no admite vacilación, lo que imprime a este maravilloso
> movimiento un sello exclusivamente propio (...) No es cosa menuda ni baladí el
> soportar la suerte que les ha sido deparada, y a buen seguro eso mismo por lo
> que creyeron que valía la pena sacrificar la vida es digno de entender. Nada
> digo de la poderosa influencia que, según creo, la fe bábí [sic] habrá de
> ejercer en el futuro, ni de la nueva vida que quizás insufle en un pueblo
> moribundo; pues, ya sea que triunfe o fracase, el espléndido heroísmo de los
> mártires bábíes constituye algo eterno e indestructible (...) Lo que no puedo
> confiar en haberles trasmitido es la tremenda entrega de estos hombres y la
> influencia indescriptible que esa entrega, junto con otras cualidades, ejerce
> en cualquiera que haya entrado en contacto con ellos.[138]
> 
> Estas palabras prefiguran los sentimientos
> expresados por los observadores no bahá’ís durante los años de actividad
> revolucionaria islámica; y ésta iba a ser una de las fuerzas más poderosas que
> impulsara el surgimiento de la Causa desde la oscuridad. Las palabras de
> entonces resumían y remitían al carácter esencialmente espiritual de lo que
> siempre ha estado en juego en la cuna de la Fe. Más allá de la repulsa ante la
> brutalidad sin sentido de la persecución, una porción cada vez mayor de la
> opinión extranjera se ha visto profundamente conmovida por la respuesta de los
> bahá’ís iraníes.
> 
> El siglo XX, por desgracia,
> se ha visto abrumado por el sufrimiento de incontables víctimas de la opresión.
> Lo que ha singularizado la situación bahá’í ha sido la actitud adoptada por
> quienes han tenido que padecer ese sufrimiento. Los creyentes iraníes
> rechazaron aceptar el tan conocido papel de víctimas. Al igual que antes
> sucediera con los Fundadores de la Fe, hubieron de marcar moralmente los
> términos en que se plantearía el dilema entre ellos y sus adversarios. Y fueron
> ellos, no los tribunales o los guardas revolucionarios, quienes sentaron las
> condiciones del encuentro. Tan extraordinario logro no sólo ha tocado el
> corazón sino también la conciencia de los observadores externos. La comunidad
> perseguida no atacó a sus opresores, ni pretendió obtener réditos políticos de
> la crisis. Del mismo modo, tampoco sus defensores bahá’ís de otros países
> hicieron llamamientos para acabar con la constitución iraní, ni mucho menos
> pedían venganza. Todo lo que exigían era únicamente justicia: el reconocimiento
> de los derechos garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos,
> respaldados por la comunidad de naciones, ratificados por el gobierno iraní, y
> muchos de ellos incorporados incluso en apartados de la constitución islámica.
> 
> La crisis impulsó al mundo
> bahá’í a gestas extraordinarias. Asambleas Espirituales Nacionales con poca o
> ninguna experiencia en el trato con los funcionarios de los gobiernos de sus
> respectivos países se vieron instadas a solicitar el apoyo de sus gobiernos
> para la adopción de resoluciones en los diferentes niveles del sistema
> internacional de derechos humanos. Y lo hicieron con resultados destacadísimos.
> Un año tras otro, durante veinte años ininterrumpidos, la situación de los
> bahá’ís iraníes siguió su curso a través del sistema internacional de derechos
> humanos, concitando el apoyo, expresado en resoluciones sucesivas, gracias al
> cual ha podido asegurarse que las misiones de los relatores nombrados por la
> Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas presten atención a las
> protestas bahá’ís. Además, todas estas victorias han podido consolidarse
> mediante las decisiones del Tercer Comité de la Asamblea General de Naciones
> Unidas. Todo intento por parte del régimen iraní de eludir la condena
> internacional motivada por el trato dispensado a los ciudadanos bahá’ís
> fracasaba en su intento de mermar el apoyo que la cuestión bahá’í conseguía
> atraer entre una mayoría persistente de naciones simpatizantes representadas en
> la Comisión. El logro ha sido tanto más señalado por cuanto la composición de
> la Comisión está sujeta a cambios constantes y a un orden del día exigente, el
> cual incluye abusos de derechos humanos en otros países que afectan a millones
> de víctimas.
> 
> Al mismo tiempo que se
> ejercían presiones directas sobre el gobierno iraní, la persecución lograba
> atraer un volumen de publicidad sin precedentes en los medios de difusión de
> todo el mundo, periódicos, revistas, radio y televisión. Periódicos como The New York Times, Le Monde y el Frankfurter
> Allgemeine Zeitung, cada uno de los cuales cuentan con amplia distribución
> internacional, dieron amplia cobertura a los hechos, en tanto que las redes de
> televisión de Australia, Canadá, Estados Unidos y algunos países europeos
> elaboraron reportajes en profundidad sobre la persecución. Los abusos fueron
> objeto de denuncias, a menudo vertidas en contundentes comentarios editoriales.
> Aparte del apoyo extendido por esta vía a los esfuerzos destinados a asegurar
> una intervención efectiva en la Comisión de Derechos Humanos, tal publicidad ha
> tenido el efecto de presentar, generalmente por primera vez ante audiencias de
> decenas de millones de personas, una información precisa y favorable sobre las
> enseñanzas y creencias bahá’ís. Tanto la publicidad como la campaña desplegada
> a través del sistema de Naciones Unidas ha proporcionado a los influyentes
> funcionarios de todo el mundo una oportunidad continuada de juzgar por ellos
> mismos las enseñanzas de la Causa y el talante de la comunidad bahá’í.
> 
> Un problema derivado de la
> persecución es el que se refiere a la situación de los miles de bahá’ís iraníes
> que se encontraron repentinamente sin pasaportes válidos en los países en que
> servían como pioneros, o bien se vieron forzados a huir de Irán al convertirse
> ellos y sus familias en blanco del progromo. En 1983 se establecía una Oficina
> Internacional de Refugiados Bahá’ís [139], con sede en Canadá, país cuyo
> Gobierno se había demostrado particularmente comprensivo ante las
> representaciones elevadas por la Asamblea Espiritual Nacional de Canadá. En
> unos pocos años, con la ayuda del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los
> Refugiados, otros países abrieron igualmente sus puertas a más de 10.000
> bahá’ís iraníes, muchos de los cuales cumplieron metas de pioneraje en sus
> nuevos lugares de residencia.
> 
> *
> 
> No sólo la comunidad bahá’í,
> sino también el sistema de derechos humanos de Naciones Unidas se benefició de
> esta prolongado empeño. Inicialmente, tras la revolución islámica, la comunidad
> de creyentes de Irán había hecho frente a lo que constituía una amenaza para su
> propia supervivencia. Con el tiempo, la Comisión de Derechos Humanos de
> Naciones Unidas, por más lenta y relativamente tardía en sus operaciones que
> pueda parecer a algunos observadores externos, logró forzar al régimen iraní a
> que moderase las facetas peores de la persecución. De este modo, la “cuestión
> de los bahá’ís de Irán” supuso una victoria igualmente significativa para la
> Comisión y para la Fe bahá’í. Sirvió de prueba rotunda del poder de que es
> capaz la comunidad de naciones, al valerse de los mecanismos creados al efecto,
> para atajar pautas de opresión que han empañado las páginas de siglos y
> milenios de historia.
> 
> Esta circunstancia pone de
> relieve la trascendencia de las actividades de la Fe para la vida misma de la
> sociedad en la que dichos esfuerzos vienen a consumarse. Junto con la paz
> mundial, la necesidad de que la comunidad internacional adopte pasos efectivos
> para plasmar los ideales de la Declaración Universal de Derechos Humanos y sus
> convenios relacionados constituyen, en la presente hora de su historia, un
> desafío urgente para toda la humanidad. Son pocos los lugares del mundo en
> donde las poblaciones minoritarias, por causa de prejuicios religiosos, étnicos
> o nacionales, no vean cómo se les deniega la satisfacción de algunas de las
> necesidades humanas más perentorias. Ningún segmento de población del planeta
> comprende mejor esto que la propia comunidad bahá’í. Ha soportado -y continúa
> soportando en algunas tierras- ultrajes para los que no existe ningún tipo de
> justificación concebible, sea legal o moral; ha ofrendado sus mártires y
> derramado sus lágrimas, al tiempo que permanece fiel a su convicción de que el
> odio y la revancha son corrosivos para el alma; y ha aprendido, como pocas
> comunidades lo han podido hacer, a valerse del sistema de derechos humanos de
> Naciones Unidas según lo previeron los creadores del sistema, sin entrar en
> política partidista de ningún tipo, y mucho menos servirse de la violencia.
> Basándose en esta experiencia, hoy día se ha embarcado en un programa destinado
> a alentar a los gobiernos de una veintena de países a instituir programas de
> educación pública sobre el tema de los derechos humanos, proporcionando para
> ello toda la ayuda práctica a su alcance.[140] Participa por todo el mundo en
> la promoción activa de los derechos de la mujer, de los niños y de las niñas. Y
> lo que es más importante, proporciona un ejemplo vivo de hermandad, un ejemplo
> que inspira valor y esperanza en incontables personas ajenas a sus filas.
> 
> *
> 
> Conforme iba
> desencadenándose la crisis iraní, una iniciativa adoptada por la Casa Universal
> de Justicia supuso un repentino revulsivo para las labores de asuntos externos
> de la comunidad bahá’í, las cuales habrían de alcanzar cotas inéditas. En 1985,
> se distribuía a través de las Asambleas Espirituales Nacionales la declaración La promesa de la paz mundial, cuyo
> destinatario era el conjunto de la humanidad. Sin alardes ni remilgos, la Casa
> Universal de Justicia expresaba la confianza bahá’í en el advenimiento de la
> paz internacional como siguiente etapa de la evolución de la sociedad.
> Asimismo, sentaba varios de los elementos que han de dar forma a este hecho tan
> esperado, muchos de ellos expresados en términos que superan el marco político
> en que suele debatirse la cuestión. La declaración concluía:
> 
> La
> experiencia de la comunidad bahá’í admite verse como un ejemplo de esta unidad
> creciente [de la humanidad] y (...) si la experiencia bahá’í puede contribuir
> en cualquier medida a fortalecer la esperanza en la unidad de humanidad, nos
> sentimos felices de ofrecerla como modelo para su estudio.
> 
> Si bien el propósito inmediato del documento
> era proporcionar a las instituciones y creyentes bahá’ís una línea coherente de
> argumentación en su trato con las autoridades, organizaciones de la sociedad
> civil, medios de comunicación y personalidades influyentes, un efecto colateral
> fue el de poner en marcha una educación intensiva y continuada de la comunidad
> bahá’í misma en varias enseñanzas bahá’ís de importancia. La influencia de las
> ideas y perspectivas del documento se hizo pronto sentir en las convenciones,
> publicaciones, escuelas de verano e invierno, y en el discurso general de los
> creyentes bahá’ís de todo el mundo.
> 
> En numerosos sentidos, la Promesa de la paz mundial puede decirse
> que marcó el temario y la pauta de lo que a partir de 1985 iba a ser la
> relación bahá’í con Naciones Unidas y sus organizaciones complementarias. En
> muy pocos años, sobre la base de la reputación lograda, la Comunidad
> Internacional Bahá’í se convirtió en una de las organizaciones no
> gubernamentales más influyentes. Como organización enteramente no partidista
> que es -y como así se la reconoce-, ha logrado cada vez más acreditarse como
> voz mediadora en las complejas y a menudo agobiantes discusiones en círculos
> internacionales donde se abordan temas fundamentales que afectan al progreso
> social. Dicha reputación se ha robustecido al comprobarse que la Comunidad se
> abstiene, por principio, de derivar esa confianza a favor de sus propios fines.
> Ya en 1968, un representante bahá’í fue elegido miembro del Comité Ejecutivo de
> Organizaciones no Gubernamentales, y luego pasó a ocupar el puesto de presidente
> y vicepresidente. Desde entonces, los representantes de la Comunidad recibieron
> cada vez más peticiones de actuar como convocantes o presidentes de un amplio
> número de organismos: comités, comités especiales, grupos de trabajo y juntas
> asesoras. Durante los pasados cuatro años, el Representante Principal de la
> Comunidad ha servido como secretario ejecutivo de la Conferencia de
> Organizaciones No Gubernamentales, el órgano central que coordina a los grupos
> no gubernamentales afiliados a Naciones Unidas.
> 
> La estructura de la
> Comunidad Internacional Bahá’í refleja los principios rectores de su trabajo.
> Ha conseguido que no se la etiquete como a un grupo más de presión con
> intereses especiales. Al tiempo que ha hecho pleno uso del conocimiento experto
> y de los recursos ejecutivos de su Oficina de Naciones Unidas y de su Oficina
> de Información Pública, la Comunidad ha logrado que las demás organizaciones no
> gubernamentales la reconozcan como una “asociación” de “consejos” nacionales
> democráticamente elegidos, reflejo representativo en sí mismo de toda la
> humanidad. Por lo general, las delegaciones bahá’ís presentes en
> acontecimientos internacionales suelen incluir miembros designados de varias
> Asambleas Espirituales Nacionales con experiencia en los temas abordados que
> puedan aportar perspectivas regionales.
> 
> La participación de la Fe en
> la vida de la sociedad -en la que el principio motivador y el método de
> operaciones representan dos dimensiones de un enfoque integrado- demostró su
> potencial en la serie de cumbres mundiales y conferencias relacionadas
> organizadas por Naciones Unidas que se celebraron entre 1990 y 1996. En ese
> período de casi seis años, los dirigentes políticos del mundo se reunieron
> repetidamente a invitación del Secretario General de Naciones Unidas para
> deliberar sobre los principales desafíos que afrontaba la humanidad al cierre
> del siglo. Ningún bahá’í que repase los temas de estas citas históricas dejará
> de constatar con asombro hasta qué punto el temario es un reflejo de las
> principales enseñanzas de Bahá’u’lláh. Visto desde la perspectiva bahá’í,
> parece más que una mera coincidencia el que el centenario de Su ascensión
> ocurriese a mitad de este camino, dotando
> así a las reuniones de un significado espiritual muy superior a las
> metas declaradas.
> 
> Destacan entre estas
> reuniones la Conferencia Mundial de Tailandia sobre Educación para Todos
> (1990), la Cumbre Mundial de Nueva York sobre la Infancia (1990), la
> Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente celebrada en Río de
> Janeiro (1992), la angustiosa y caótica Conferencia Mundial de Derechos Humanos
> celebrada en Viena (1993), la Conferencia Internacional sobre Población
> celebrada en El Cairo (1994), la Cumbre Mundial de Copenhague sobre Desarrollo
> Social (1995), y la particularmente vibrante Cuarta Conferencia Mundial de
> Mujeres celebrada en Pekín (1995) [141], cuyos hitos han jalonado el discurso
> global que ha ido articulándose en torno a los problemas que afligen a los
> pueblos del mundo. En las conferencias paralelas que celebraban las
> organizaciones no gubernamentales, las delegaciones bahá’ís, compuestas de
> miembros de un amplio conjunto de países, tuvieron oportunidad de plantear
> diversos temas desde una perspectiva espiritual además de social. La prueba de
> la confianza de que disfruta la Comunidad entre los cientos de organizaciones
> no gubernamentales compañeras la proporciona el hecho de que las delegaciones
> bahá’ís fueron repetidamente seleccionadas por sus homólogas para quedar
> incluidas entre el puñado de grupos miembro al que se concede la apreciada
> oportunidad de dirigirse a las conferencias desde la tribuna (en vez de quedar
> limitadas a distribuir ejemplares impresos de sus intervenciones).
> 
> *
> 
> En las postrimerías del
> siglo, fueron numerosas las Asambleas Espirituales Nacionales que cosecharon en
> el campo de los asuntos externos impresionantes victorias con sello propio. Dos
> señeros botones de muestra dan idea de su carácter y trascendencia. Primero, la
> victoria alcanzada por la Asamblea Espiritual Nacional de Alemania, en donde la
> naturaleza de las instituciones electas bahá’ís había sido puesta en tela de
> juicio por las autoridades locales, quienes aducían la incompatibilidad técnica
> de éstas con las exigencias del derecho civil alemán. Al fallar a favor de la
> apelación de la Asamblea Espiritual Local de los bahá’ís de Tubinga contra
> dicha normativa, el Tribunal Constitucional de Alemania concluía que el Orden
> Administrativo Bahá’í constituye un rasgo integral de la Fe y que en cuanto tal
> es inseparable de las creencias bahá’ís. El Tribunal Constitucional justificaba
> su competencia en el caso atendiendo a que la Fe bahá’í misma es una religión,
> aspecto éste de gran trascendencia en el contexto de una sociedad en la que sus
> oponentes eclesiásticos han tratado de tergiversar la Causa tachándola de
> “culto” o “secta”. El lenguaje concluyente de la sentencia merece cita aparte:
> 
> (...) el carácter de la Fe
> bahá’í en tanto religión y el de la Comunidad bahá’í en tanto comunidad
> religiosa se evidencian en la vida diaria, en la tradición cultural y en el
> entender del público en general, así como en el de la ciencia de las religiones
> comparadas.[142]
> 
> Correspondió a la comunidad
> bahá’í de Brasil el logro de una victoria en el campo de asuntos externos que
> hasta la fecha carece de paralelo en la historia bahá’í. El 28 de mayo de 1992,
> la Cámara de Diputados, cuerpo legislativo supremo del país, celebraba una
> sesión especial para rendir homenaje a Bahá’u’lláh con motivo del centenario de
> Su ascensión. El ponente leyó un mensaje de la Casa Universal de Justicia, en
> tanto que los representantes de todos los partidos se levantaron, uno tras
> otro, para dar testimonio de su reconocimiento de la aportación que la Fe y su
> Fundador han realizado para la mejora de la humanidad. La conmovedora alocución
> por parte de uno de los destacados diputados describía las enseñanzas bahá’ís
> como “la obra religiosa más colosal jamás escrita por la pluma de un solo
> Hombre”.[143]
> 
> Tales apreciaciones sobre la naturaleza
> de la Causa y las labores que la animan, puesto que proceden de las máximas
> expresiones del poder judicial y legislativo, respectivamente, de dos de las
> principales naciones del mundo, constituyen victorias del espíritu tan
> importantes a su modo y manera como las logradas en las lides de la enseñanza.
> Ayudan a abrir las puertas mediante las cuales la influencia salutífera de
> Bahá’u’lláh comienza a calar en la vida de la propia sociedad.
> 
> XI
> 
> La imagen empleada por ‘Abdu’l-Bahá para
> sugerir a Sus oyentes la transformación futura de la sociedad fue la de la luz.
> La unidad, declaraba, es el poder que ilumina e impulsa todas las facetas del
> quehacer humano. La nueva edad que se estaba abriendo sería vista en el futuro
> como “el siglo de la luz”, pues en ella se daría reconocimiento universal a la unicidad
> de la humanidad. Sobre la base de este cimiento comenzará el proceso de
> construcción de una sociedad global en la que cobren cuerpo los principios de
> la justicia.
> 
> La visión fue enunciada por
> el Maestro en varias Tablas y alocuciones. Su expresión más plena se
> materializó en la Tabla dirigida por ‘Abdu’l-Bahá a Jane Elizabeth Whyte,
> esposa del anterior Moderador del la Iglesia Libre de Escocia. La Sra. Whyte
> era una simpatizante fervorosa de las enseñanzas bahá’ís, había visitado al
> Maestro en ‘Akká y más tarde se encargaría de los preparativos para la acogida
> especialmente calurosa que Le fue dispensado en Edimburgo. Valiéndose de la
> metáfora familiar de las “candelas”, ‘Abdu’l-Bahá escribía a la Sra. Whyte lo
> que sigue:
> 
> ¡Honorable
> Señora! (...) Mira cómo su luz [la de la unidad] alborea sobre el horizonte
> oscurecido del mundo. La primera candela es la de la unidad en el reino
> político, cuyos destellos tempranos pueden apreciarse ahora. La segunda candela
> es la de la unidad de pensamiento en las empresas mundiales, la consumación de
> la cual habrá de presenciarse antes de mucho. La tercera candela es la de la
> unidad en la libertad, la cual sin duda habrá de llegar. La cuarta candela es
> la de la unidad de religión, que constituye la piedra angular del cimiento
> mismo, y que, mediante el poder de Dios, se revelará en todo su esplendor. La
> quinta candela es la de la unidad de las naciones: una unidad que sin duda
> habrá de establecerse en este siglo firmemente, haciendo que todos los pueblos
> del mundo se consideren ciudadanos de una patria común. La sexta candela es la
> de la unidad de las razas, que habrá de convertir a todos cuantos habitan la
> tierra en pueblos y linajes de una sola raza. La séptima candela es la unidad
> de idioma, esto es, la elección de una lengua universal en que conversarán y
> serán instruidos todos los pueblos. Todas y cada una de estas cosas habrán de
> ocurrir inevitablemente, por cuanto el poder del Reino de Dios ayudará y
> concurrirá a su cumplimiento.[144]
> 
> Aunque tendrán que pasar decenios,
> o quizá bastante más, antes de que la visión contenida en este notabilísimo
> documento llegue a cumplirse plenamente, los rasgos esenciales de lo que
> prometía son hechos actualmente establecidos por todo el mundo. En varios de
> los grandes cambios previstos -unidad de la raza y unidad de la religión- la
> intención de las palabras del Maestro es clara y los procesos implicados están
> bastante avanzados, pese a que sea grande la resistencia que se les opone desde
> algunos sectores. En gran medida, también cabe decir lo mismo de la unidad de
> idioma. La necesidad de ésta se reconoce en todas partes, tal como reflejan las
> circunstancias que han forzado a Naciones Unidas y a gran parte de la comunidad
> no gubernamental a adoptar varios “idiomas oficiales”. A falta de una decisión
> por acuerdo internacional, el efecto de avances como Internet, las regulaciones
> de tráfico aéreo, el desarrollo de vocabularios tecnológicos de toda suerte, y
> la propia educación universal, ha hecho posible, hasta cierto punto, que el inglés
> colme este vacío.
> 
> “La unidad de pensamiento en
> empresas mundiales”, concepto para el que las aspiraciones más idealistas de
> comienzos de siglo carecían incluso de puntos de referencia, es asimismo en
> gran medida una realidad constatable por doquier y visible en los amplios
> programas de desarrollo social y económico, ayuda humanitaria y preocupación
> por la protección del medio ambiente del planeta y de sus océanos. En cuanto a
> “la unidad en el reino político” Shoghi Effendi ha explicado que hace referencia
> a una unidad que los Estados soberanos habrán de lograr entre sí, y a un
> proceso de desarrollo que en la presente etapa viene constituido por el
> establecimiento de Naciones Unidas. La promesa del Maestro de que habrá una
> “unidad de las naciones”, por otra parte, era un toque esperanzado hacia el
> reconocimiento hoy día extendido entre los pueblos del mundo del hecho de que,
> por grandes que sean las diferencias que los separen, son habitantes de una
> sola patria global.
> 
> Por supuesto, “la unidad en
> la libertad” se ha convertido hoy en una aspiración universal de los habitantes
> de la Tierra. Entre los principales hechos que habían de sustanciarla el
> Maestro bien pudo haber tenido en mente la espectacular extinción del
> colonialismo y el surgimiento posterior de la autodeterminación como rasgo
> dominante de la identidad nacional de fines del siglo xix.
> 
> Cualesquiera que sean las amenazas
> que todavía penden sobre el futuro de la humanidad, el mundo se ha visto
> transformado por los acontecimientos del siglo XX. Que los rasgos de este
> proceso también hayan sido descritos por la Voz que los predijo con tanta
> confianza debería dar no poco que pensar a las mentes serias de todo el mundo.
> 
> *
> 
> Los cambios operados en la
> vida social y moral de la humanidad recibieron un poderoso respaldo en una
> serie de reuniones internacionales convocadas bajo el patrocinio de Naciones
> Unidas para significar el final de un “milenio” y el comienzo de otro nuevo.
> Durante los días 22-26 de mayo de 2000, atendiendo a la invitación del Secretario
> General de Naciones Unidas, Kofi Annan, se reunieron en Nueva York los
> representantes de más de un millar de organizaciones no gubernamentales. En la
> declaración resultante de este encuentro, los portavoces de la sociedad civil
> expresaban el compromiso de sus organizaciones con el siguiente ideal: “(...)
> somos una sola familia humana, con toda nuestra diversidad, que vive en una
> patria común y que comparte un mundo justo, sostenible y pacífico, guiados por
> los principios universales de la democracia(...)” [145]
> 
> Poco después, durante los
> días 28-31 de agosto de 2000 tuvo lugar una segunda reunión que presenció los
> debates de dirigentes de las comunidades religiosas del mundo, igualmente en la
> sede de Naciones Unidas. La Comunidad Internacional Bahá’í estuvo representada
> por su Secretario General, quien tomó la palabra en una de las sesiones del
> plenario. Ningún observador dejará de aturdirse ante el llamamiento formalmente
> pronunciado por los dirigentes religiosos mundiales a que sus comunidades “respeten
> el derecho a la libertad de religión, procuren la reconciliación y se
> comprometan a lograr el perdón y curación mutuas (...)” [146]
> 
> Estos dos acontecimientos
> preliminares allanaron el camino para lo que se designó como la Cumbre del
> Milenio propiamente dicha, celebrada en la Sede de Naciones Unidas del 6 al 8
> de septiembre de 2000. Con la presencia de 149 jefes de Estado y gobierno, las
> consultas procuraron transmitir esperanza y seguridad a las poblaciones de las
> naciones representadas. La Cumbre adoptó el paso, bien recibido por los demás,
> de invitar a un portavoz del Foro de las organizaciones no gubernamentales para
> que transmitiera las preocupaciones identificadas en aquella reunión
> preparatoria. Para los bahá’ís resultó tan significativo como gratificante el
> que la persona a la que se concedió este honor fuese el Representante Principal
> de la Comunidad Internacional Bahá’í, en su condición de Co-Presidente del
> Foro. Nada ilustra tan espectacularmente la diferencia entre el mundo de 1900 y
> el de 2000 como el texto mismo de la Resolución de la Cumbre, firmado por todos
> los participantes, y remitido por éstos a la Asamblea General de Naciones
> Unidas:
> 
> Nos
> reafirmamos solemnemente, en esta ocasión histórica, en que Naciones Unidas es
> la casa común indispensable de la familia humana entera, mediante la cual
> procuraremos realizar nuestras aspiraciones universales en pro de la paz, la
> cooperación y el desarrollo. Por tanto, nos comprometemos a prestar nuestro
> apoyo incansable a estos objetivos comunes, y a redoblar nuestra voluntad por
> lograrlos.[147]
> 
> Al concluir esta secuencia
> de reuniones históricas, el señor Annan se dirigió a los líderes mundiales
> reunidos hablándoles en términos sorprendentemente francos, términos que, para
> muchos bahá’ís, despiertan ecos de la severa admonición de Bahá’u’lláh a los ya
> desaparecidos reyes y emperadores que precedieron a estos mismos dirigentes:
> “Son ustedes quienes tienen la capacidad, y de ahí que sea responsabilidad suya alcanzar las metas que
> han definido. Ustedes son los únicos que pueden decidir si Naciones Unidas
> acepta el desafío”.[148]
> 
> *
> 
> Pese a la importancia
> histórica de los encuentros mencionados y no obstante que gran parte de los
> dirigentes políticos, civiles y religiosos de la humanidad participaron en
> ellos, la Cumbre del Milenio tuvo escaso eco en la conciencia pública de una
> mayoría de países. Los medios de difusión prestaron generosa atención a algunos
> de los acontecimientos; pero para pocos lectores u oyentes pasó inadvertida la
> expresión de escepticismo que caracterizó el tratamiento editorial del tema o
> el aire de duda -incluso de cinismo- que rezumaban muchas de las noticias. Esta
> aguda disparidad entre un acontecimiento que legítimamente podía considerarse
> que marca un punto de inflexión en la historia humana, por un lado, y la falta
> de entusiasmo e incluso de interés con que la recibió la población mundial, que
> supuestamente era su beneficiaria, por otro lado, constituía quizá el rasgo más
> sorprendente de estos acontecimientos del milenio. Con ello se ponía en
> evidencia la crisis que experimenta el mundo al final del siglo, una crisis en
> la que los procesos tanto de integración como de desintegración que habían
> cobrado impulso durante los siglos pasados parecen acelerarse a diario.
> 
> Las personas ávidas por
> creer en las visionarias declaraciones de los dirigentes mundiales se ven
> atenazadas al mismo tiempo por dos fenómenos que socavan esa misma confianza.
> El primero ya ha sido abordado con detenimiento en estas páginas. El colapso de
> los cimientos morales de la sociedad ha dejado tambaleante a gran parte de la
> humanidad y sin puntos de referencia en un mundo cuyas amenazas aumentan
> impredeciblemente cada día. Sugerir que el proceso casi ha tocado fondo sería
> tanto como alimentar falsas esperanzas. Cabe constatar que se están haciendo
> intensos esfuerzos políticos, y que continúan dándose impresionantes avances
> científicos, o bien que las condiciones económicas mejoran por lo que atañe a
> una porción de la humanidad; pero todo ello no impide que en tales
> acontecimientos no se reconozca nada que abone la esperanza de una vida segura
> para uno mismo, o más importante, para los propios hijos. Ya es generalizada la
> sensación de desilusión que, tal como había avisado Shoghi Effendi, se
> contagiaría entre las masas de la humanidad como consecuencia de la corrupción
> política. Los brotes de desgobierno se han vuelto una pandemia tanto en las
> zonas urbanas como en las rurales de muchos países. El fracaso de los controles
> sociales, el esfuerzo por justificar las formas más extremas de conducta
> aberrante como cuestiones de derechos civiles fundamentales, y la celebración
> casi universal en las artes y medios de difusión de la degeneración y
> violencia, éstas y parecidas expresiones de una situación que raya en la anarquía
> amoral apuntan a un futuro que paraliza toda imaginación. Frente al desolador
> paisaje que se perfila contra este telón de fondo, la moda intelectual de la
> época, en su afán por hacer virtud de la hosca necesidad, ha adoptado para sí
> misma la apelación y misión del “deconstruccionismo”.
> 
> El segundo fenómeno que mina la fe en el
> futuro centró algunos de los debates más angustiosos de la Cumbre del Milenio.
> La revolución de la información puesta en marcha al cierre del último decenio
> del siglo con la invención de la red mundial de Internet transformó
> irreversiblemente gran parte de la actividad humana. El proceso de
> “globalización” que había evolucionado durante un período de varios siglos
> siguiendo una curva ascendente, se vio catapultado por nuevos poderes que
> anonadan la imaginación humana. Determinadas fuerzas económicas, desembarazadas
> de las trabas tradicionales, dieron pie durante los últimos dos lustros del
> siglo a un nuevo orden global que afecta al diseño, generación y distribución
> de la riqueza. El propio conocimiento se ha convertido en un artículo
> significativamente más valioso incluso que el capital financiero o los recursos
> materiales. En un brevísimo plazo, las fronteras nacionales, todavía bajo
> asalto, se han vuelto permeables, con el resultado de que grandes sumas de
> dinero traspasan sus límites instantáneamente, al ritmo de una orden
> informática. Se han reconfigurado complejas operaciones de producción de tal
> modo que integran y aprovechan al máximo las economías disponibles procedentes de
> las aportaciones de una gama de participantes especializados, todo ello al
> margen de sus emplazamientos nacionales. Si hubiéramos de rebajar el horizonte
> a consideraciones puramente materiales, podría afirmarse que la tierra ya ha
> adoptado en cierta medida el aspecto de “un solo país” y que los habitantes de
> los diversos países asumen ya la condición de sus “ciudadanos” consumidores.
> 
> Pero tampoco se trata de una
> transformación meramente económica. De forma creciente, la globalización
> adquiere dimensiones políticas, sociales y culturales. Se hace evidente que los
> poderes de esa institución que llamamos estado nacional, antes árbitro y
> protector de los destinos de la humanidad, se han visto drásticamente
> erosionados. Si bien los gobiernos nacionales continúan desempeñando un papel
> capital, deben ahora hacerle sitio a otros centros emergentes de poder tales
> como las corporaciones multinacionales, los organismos de Naciones Unidas, las
> organizaciones no gubernamentales de todo género, y los gigantescos conglomerados
> de medios de difusión, cuya colaboración resulta vital para el éxito de la
> mayoría de los programas dirigidos a lograr fines económicos o sociales de
> envergadura. Así como la migración del dinero o de las corporaciones topan con
> escasos obstáculos en las fronteras nacionales, tampoco estos últimos pueden ya
> ejercer un control efectivo sobre la diseminación del conocimiento. La
> comunicación por Internet, medio que posee la capacidad de transmitir en
> segundos el contenido entero de bibliotecas cuya acumulación han requerido
> siglos de estudio, enriquece enormemente la vida intelectual de quienquiera que
> lo utilice, al tiempo que proporciona una formación notabilísima en un amplio
> abanico de campos profesionales. El sistema, tan proféticamente previsto hace
> sesenta años por Shoghi Effendi, ayuda a crear entre sus usuarios un
> sentimiento de comunidad compartida que se muestra impaciente con las
> distancias geográficas o culturales.
> 
> Los beneficios que ello
> conlleva para millones de personas son obvios e impresionantes. El ahorro de
> costes que se deriva de la coordinación de operaciones anteriormente en
> competencia tiende a poner los bienes y servicios al alcance de poblaciones que
> con anterioridad no hubieran podido siquiera concebir su disfrute. Los enormes
> aumentos de fondos puestos al servicio de la investigación y el desarrollo
> expanden la variedad y la calidad de tales beneficios. Algo del consiguiente
> efecto nivelador en la distribución de las oportunidades de empleo puede
> observarse en la facilidad con que las operaciones comerciales pueden desplazar
> su base de una parte del mundo a otra. El abandono de las trabas al comercio
> transnacional reduce aún más el coste de los bienes para los consumidores. No
> es difícil apreciar, desde una perspectiva bahá’í, la capacidad de tales
> transformaciones por lo que respecta a la cimentación de la sociedad global
> prevista en los Escritos de Bahá’u’lláh.
> 
> Lejos de inspirar optimismo
> en el futuro, la globalización, no obstante, es considerada por un amplio y
> creciente número de personas de todo el mundo como la principal amenaza a su
> futuro. La virulencia de los disturbios provocados durante los dos últimos años
> con motivo de las reuniones de la organización Mundial del Comercio, el Banco
> Mundial y el Fondo Monetario Internacional da fe de la profundidad del temor y
> del resentimiento provocados por el auge de la globalización. La atención que
> los medios de difusión prestan a estos brotes inesperados ha centrado la
> atención pública en las protestas expresadas contra las graves disparidades en
> la distribución de beneficios y oportunidades que la globalización
> supuestamente sólo acrecienta, y en las advertencias de que, si no se imponen
> rápidamente controles efectivos, las consecuencias podrían ser catastróficas en
> el plano social y político, así como en el aspecto económico y medioambiental.
> 
> Tales preocupaciones parecen
> estar bien fundadas. Las estadísticas económicas por sí solas revelan un cuadro
> del estado del mundo que resulta profundamente perturbador. La brecha cada vez
> mayor entre la quinta parte de la población mundial que vive en los países de
> ingresos superiores y la otra quinta parte, que vive en los países de menores
> ingresos, nos habla de una historia aciaga. De acuerdo con el Informe de
> Desarrollo Humano de 1999 publicado por el Programa de Desarrollo de Naciones
> Unidas, esta brecha representaba en 1990 una proporción de 60 a uno. Es decir,
> un segmento de la humanidad disfrutaba de acceso a un 60% de la riqueza del
> mundo, en tanto que el otro, igualmente amplio, estaba constituido por una
> población que se debatía meramente por sobrevivir con un 1% de dicha riqueza.
> Ya en 1997, cuando la globalización hacía rápidos avances, la brecha se había
> ampliado en unos escasos siete años hasta alcanzar una proporción de setenta y
> cuatro a uno. Incluso este hecho perturbador no tiene en cuenta el
> empobrecimiento continuo de la mayoría de los restantes miles de millones de
> seres humanos, atrapados en el implacablemente decreciente istmo que media
> entre estos dos extremos. Lejos de estar bajo control, la crisis claramente se
> acelera. Las repercusiones por lo que respecta al futuro de la humanidad, en
> términos de la privación y desesperación que afecta a más de dos tercios de la
> población mundial, permite comprender la apatía que saludó la celebración de
> una Cumbre del Milenio, la cual, medida por cualquier rasero con que se la
> mida, fue ciertamente histórica.
> 
> La propia globalización es
> un rasgo intrínseco de la evolución de la sociedad. Ha originado una cultura
> socioeconómica que en su nivel práctico, constituye el mundo en el que han de
> desenvolverse las aspiraciones del nuevo siglo. Cualquier observador objetivo
> aceptará que las dos reacciones contrarias están, en gran medida, bien
> justificadas. La unificación de la sociedad humana, forjada por los fuegos del
> siglo XX, es una realidad que con cada día que pasa abre nuevas y asombrosas
> posibilidades. Otra realidad que se impone con fuerza en las mentes serias de
> todas partes es la reivindicación de que la justicia se convierta en el
> vehículo capaz de encauzar esas grandes potencialidades para el avance de la
> civilización. Ya no se requiere el don de la profecía para comprender que el
> destino de la humanidad en el siglo que ahora entra ha de determinarse en
> función de la relación que se establezca entre estas dos fuerzas fundamentales
> del proceso histórico: los dos principios inseparables de la unidad y la
> justicia.
> 
> *
> 
> En la perspectiva de las
> enseñanzas de Bahá’u’lláh, el mayor peligro de las crisis morales y de las
> desigualdades relacionadas con la actual fisionomía de la globalización es la
> arraigada actitud filosófica que pretende justificar y excusar estos fracasos.
> El derrocamiento de los sistemas totalitarios del siglo XX no ha significado el
> final de las concepciones ideológicas. Por el contrario. No ha habido sociedad
> alguna en la historia del mundo, no importa cuán pragmática, experimentalista y
> multiforme, que no haya derivado su impulso de alguna interpretación
> fundacional de la realidad. Tal sistema de pensamiento reina hoy día
> virtualmente indiscutido por todo el planeta, bajo la designación nominal de
> “civilización occidental”. Filosófica y políticamente, se presenta como una
> forma de relativismo liberal; económica y socialmente, como capitalismo -dos
> sistemas de valores que se han ajustado de tal modo entre sí como para
> reforzarse mutuamente y constituir una sola gran cosmovisión.
> 
> Apreciar los beneficios en
> términos de libertad personal, prosperidad social y progreso científico de que
> disfruta una significativa minoría de la población mundial no impide que una
> persona sensata reconozca que el sistema está moral e intelectualmente en
> bancarrota. Ha contribuido cuanto pudo al avance de la civilización, como lo
> hicieron sus predecesores, y al igual que ellos se ve impotente para abordar
> las necesidades de un mundo nunca imaginado por aquellos profetas del siglo
> XVIII que concibieron la mayor parte de sus elementos constitutivos. Shoghi
> Effendi no limitó su atención a las monarquías de derecho divino, a las
> iglesias establecidas o a las ideologías totalitarias cuando planteó la
> siguiente pregunta escrutadora: “¿Por qué éstas, en un mundo sujeto a la
> inmutable ley del cambio y la decadencia, han de quedar exentas del deterioro
> que necesariamente se apodera de toda institución humana?” [149]
> 
> Bahá’u’lláh insta a quienes
> creen en Él a ver “con tus propios ojos y no a través de los de tu vecino” y a
> saber “ por tu propio conocimiento y no por el conocimiento de tu prójimo”.
> Trágicamente, lo que los bahá’ís constatan en la sociedad actual es una
> explotación desbocada de las masas de la humanidad por mor de una avaricia que
> se justifica como fruto del funcionamiento de las “fuerzas impersonales del
> mercado”. Lo que sus ojos contemplan por todas partes es la destrucción de
> cimientos morales vitales para el futuro de la humanidad al amparo de una
> grotesca autoindulgencia que se disfraza de “libertad de expresión”. A diario
> han de pugnar por contrarrestar las presiones de un materialismo dogmático, que
> proclama ser la voz de la “ciencia” y que pretende excluir sistemáticamente de
> la vida intelectual los impulsos que surgen de la esfera espiritual de la
> conciencia humana.
> 
> Y es bien cierto para el
> bahá’í que las cuestiones últimas son precisamente espirituales. La Causa no es
> un partido político ni una ideología, y mucho menos una máquina de agitación
> política contra males sociales de uno u otro signo. El proceso de
> transformación que ha puesto en marcha avanza induciendo un cambio fundamental
> de conciencia, y el desafío que plantea a todos los que le rinden servicio es
> liberarse del apego a presupuestos y preferencias heredados que son
> irreconciliables con la Voluntad de Dios para la madurez de la humanidad.
> Paradójicamente, incluso la aflicción causada por las condiciones prevalecientes
> que violan la conciencia personal es algo que ayuda a este proceso de
> liberación espiritual. En última instancia, tal desilusión empuja al bahá’í a
> enfrentarse con una verdad subrayada una y otra vez en los Escritos de la Fe:
> 
> De todo
> el conjunto del mundo ha escogido Él los corazones de Sus siervos, y a cada uno
> lo ha convertido en la sede de la revelación de Su gloria. Por tanto,
> santificadlos de toda impureza, para que las cosas para las que fueron creadas
> puedan grabarse en ellos.[150]
> 
> XII
> 
> Durante dos mil años los lectores han sentido
> fascinación ante la conocida frase con que se abre el Evangelio atribuido a
> Juan, el discípulo de Jesús: “En el principio era la Palabra”. El pasaje
> continúa afirmando con simplicidad y llaneza asombrosas una verdad espiritual
> que ha sido medular en todas las religiones reveladas y que ha sido
> reivindicada, una y otra vez, a lo largo de la sucesión de civilizaciones
> históricamente conocidas: “Estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por Él”. La
> prometida Manifestación de Dios aparece; la comunidad de los creyentes se forma
> en torno a este centro focal de vida y autoridad espirituales; un nuevo sistema
> de valores empieza a reordenar tanto la conciencia como la conducta; las artes
> y las ciencias responden; y se estructuran las leyes que han de regir la
> administración de los asuntos sociales. Lenta, pero irresistiblemente, surge
> una nueva civilización, la cual cumple los ideales y emplea las capacidades de
> millones de seres humanos de un modo que, en efecto, constituye un nuevo mundo,
> un mundo que para los que “viven, se mueven y tienen su ser” en él es mucho más
> real que los cimientos terrenales sobre los que se asienta.[151] En los siglos
> posteriores, la cohesión y autoconfianza de la sociedad continúa dependiendo
> primordialmente del impulso espiritual que le dio nacimiento.
> 
> Con la aparición de
> Bahá’u’lláh, este fenómeno ha vuelto a suceder, sólo que esta vez a una escala
> que abarca la totalidad de los habitantes de la tierra. En los acontecimientos
> del siglo XX pueden observarse las primeras etapas de la gran transformación
> universal generada por la Revelación, a propósito de la cual escribió
> Bahá’u’lláh:
> 
> Atestiguo
> que tan pronto como surgió de Su boca la Primera Palabra, mediante la potencia
> de Tu voluntad y propósito, (...) la creación entera se vio revolucionada, y
> todo lo que hay en los cielos y en la tierra se agitó en lo más profundo. A
> través de esa Palabra se vieron sacudidas las realidades de todas las cosas
> creadas, se dividieron, se separaron, se dispersaron, se combinaron y se
> reunieron, desplegando, tanto en el mundo contingente como en el reino
> celestial, entes de nueva creación, y revelando, en los reinos invisibles, las
> señales y muestras de Tu unidad y unicidad.[152]
> 
> Shoghi Effendi describe este
> proceso de unificación mundial como el “Plan Mayor” de Dios, cuya operación
> continuará cobrando energía e impulso hasta que la raza humana se unifique en
> una sociedad global que haya desterrado la guerra y se haya hecho cargo de su
> destino colectivo. Lo que las luchas del siglo XX han logrado ha sido el cambio
> fundamental de dirección que el propósito divino había requerido. Ese cambio es
> irreversible. No hay vuelta a un estado anterior de cosas, por muy tentados de
> reclamarlo que de tiempo en tiempo se sientan algunos elementos de la sociedad.
> 
> La importancia de tan
> histórico y radical cambio no se ve en modo alguno minimizada por el
> reconocimiento de que el proceso no ha hecho apenas más que comenzar. A su
> debido tiempo ha de conducir, tal como Shoghi Effendi aclaró, a la
> espiritualización de la conciencia humana y al surgimiento de una civilización
> global que encarne la Voluntad de Dios. El mero hecho de afirmar la meta
> conlleva reconocer el gran trecho que todavía le queda por recorrer a la raza
> humana. Ha sido contra la más encarnizada resistencia presentada en todos los
> niveles sociales, entre gobernados y gobernadores por igual, como han podido
> lograrse los cambios políticos, sociales y conceptuales de los últimos cien
> años. En última instancia, se han logrado sólo a expensas de espantosos
> sufrimientos. Sería poco realista imaginar que los desafíos que quedan por
> delante no hayan de cobrar un peaje aún mayor, máxime cuando la humanidad pugna
> por todos los medios a su alcance por evitar enfrentarse a las implicaciones
> espirituales que se derivan de las experiencias sufridas. Las palabras de
> Shoghi Effendi sobre las consecuencias de esta terquedad de corazón y de
> conciencia constituyen una lectura aleccionadora:
> 
> Adversidades
> inimaginablemente pavorosas, revueltas y crisis nunca antes soñadas, guerras,
> hambrunas y pestilencias, bien pueden combinarse para grabar en el alma de una
> generación desatenta las verdades y principios que ha desdeñado reconocer y
> seguir.[153]
> 
> *
> 
> Apenas había transcurrido un
> tercio del siglo XX cuando el Guardián emplazó a los seguidores de Bahá’u’lláh
> a desarrollar una comprensión mucho más honda de la propia Causa que la hasta
> entonces lograda. La Fe había alcanzado el punto, decía, en que “había de dejar
> de darse a conocer como un movimiento, una hermandad o por el estilo”,
> designaciones que aunque quizás apropiadas en la época en que el mensaje se
> introducía por vez primera en Occidente, ya por entonces “hacían grave
> injusticia a su sistema en constante despliegue”. Rechazando por inadecuado
> incluso el término de “religión” en su sentido más familiar, señalaba que la Fe
> estaba:
> 
> (...) consiguiendo
> visiblemente demostrar su pretensión y títulos a ser considerada como una
> Religión Mundial, destinada a alcanzar, en la plenitud del tiempo, la condición
> de una Mancomunidad mundial, que habría de ser a un mismo tiempo el instrumento
> y la guardiana de la Más Grande Paz anunciada por su Autor.[154]
> 
> Conforme avanzaba el siglo, la Fuerza
> creativa que impulsaba el reconocimiento de la unicidad de la humanidad, esa
> misma Fuerza iba liberando progresivamente los poderes inherentes a la Causa,
> preparándola así para el nuevo papel que habría de desempeñar en los asuntos
> humanos. Durante los primeros dos decenios del siglo, merced al cuidado amoroso
> del Maestro, se establecieron los cimientos
> espirituales y administrativos necesarios para el propósito de Bahá’u’lláh.
> Sobre la base así dispuesta, durante los treinta y seis años de su propio
> ministerio, y los seis años ulteriores durante los cuales su Cruzada de Diez
> Años guió los esfuerzos de la comunidad, Shoghi Effendi se dedicó a refinar los
> instrumentos administrativos precisos para llevar adelante el Plan Divino. Con
> el feliz establecimiento en 1963 de la Casa Universal de Justicia, los bahá’ís
> del mundo emprendieron la primera etapa de una misión de larga duración: la
> capacitación espiritual del conjunto entero de la humanidad como protagonistas
> de su propio avance. Al concluir el siglo, este inmenso esfuerzo ya había
> generado una comunidad representativa de la diversidad de toda la raza humana,
> unida en su fidelidad y creencias, y comprometida a construir una sociedad
> global que refleje en la tierra la misión espiritual y moral de su Fundador.
> 
> Dicho proceso se vio
> inmensamente reforzado en 1992 mediante la publicación, largo tiempo esperada,
> de la versión inglesa, completamente anotada, del Kitáb-i-Aqdas, repositorio de
> la guía divina para la época de la madurez colectiva de la humanidad. Un
> círculo creciente de traducciones no tardó en ofrecer a los seguidores de la Fe
> de todo el mundo acceso a un Libro cuyo Autor ha descrito como “la Aurora del
> Conocimiento divino, si sois de aquellos que entienden, y el Punto de Amanecer
> de los mandamientos de Dios, si sois que los que comprenden”.[155] Aparte del
> reconocimiento que el alma hace de la Manifestación de Dios, nada despierta tan
> gran sentido de confianza y vitalidad en la conciencia humana, tanto individual
> como colectiva, como la fuerza de la certidumbre moral. En el Kitáb-i-Aqdas,
> las leyes fundamentales tanto para la vida personal como de la comunidad se han
> reformulado teniendo presente una sociedad que ha de abarcar el abanico entero
> de la diversidad humana. Nuevas leyes y conceptos surgen en respuesta a las
> necesidades renovadas de una raza humana que se adentra en su etapa colectiva
> de madurez. “¡Pueblos de la tierra!”, así reza el llamamiento de Bahá’u’lláh, “ Desechad
> cuanto poseéis y, con las alas del desprendimiento, remontaos por encima de
> todas las cosas creadas. Así os lo ordena el Señor de
> la creación, el movimiento de Cuya Pluma ha revolucionado el alma de la
> humanidad”.[156]
> 
> Un rasgo de los últimos cien
> años de desarrollo bahá’í que debería merecer la atención de cualquier
> observador es el éxito demostrado por la Fe al superar los ataques de que ha
> sido objeto. Tal como sucediera durante los ministerios del Báb y Bahá’u’lláh,
> algunos elementos de la sociedad, opuestos al surgimiento de una nueva religión
> o bien temerosos de los principios que inculcaba, procuraron sofocarla por todos
> los medios a su alcance. Apenas hubo un solo decenio del siglo pasado que no
> presenciara intentos de este género, desde las persecuciones sangrientas
> incitadas por el clero shí‘í, o las falsedades desvergonzadas urdidas y
> difundidas por sus homólogos cristianos, pasando por los esfuerzos sistemáticos
> de supresión llevados a cabo por varios regímenes totalitarios, y finalmente
> las violaciones de su compromiso para con Bahá’u’lláh protagonizadas por los
> insinceros, los ambiciosos o los malévolos de entre sus creyentes declarados.
> Medida por cualquier rasero humano, la Causa debería haber sucumbido ante
> semejantes andanadas de oposición, por lo demás sin paralelo en la historia
> reciente. Empero, lejos de sucumbir, floreció. Su reputación se ha robustecido,
> sus miembros han aumentado en gran proporción, su influencia se ha difundido
> muy por encima de lo que soñaron las anteriores generaciones de seguidores. La
> persecución sirvió para electrizar los esfuerzos de sus valedores. La calumnia
> impulsó a los creyentes a procurarse una comprensión más madura de su historia
> y enseñanzas. Y, tal como prometieron el Maestro y el Guardián, la violación de
> la Alianza libró sus filas de aquellas personas cuya conducta y actitudes
> habían empañado la fe de otros e inhibido su progreso. Si la Causa no hubiera
> de aportar otro testimonio de los poderes que la sostienen, esta sucesión de
> triunfos por sí sola bastaría.
> 
> *
> 
> Tres años antes de su
> fallecimiento, Shoghi Effendi, aprovechando la adquisición del último solar de
> tierra necesario para la erección del Edificio de los Archivos Internacionales,
> difundió ampliamente ante el mundo bahá’í la naturaleza y trascendencia del
> programa de construcciones que habría de albergarse en las laderas del Monte
> Carmelo, cuyo inicios había emprendido el Maestro y que él mismo proseguía:
> 
> Estos Edificios, dispuestos
> en forma de un amplio arco y cortados por un estilo arquitectónico armonioso,
> rodean los lugares donde reposan los restos de la Hoja Más Sagrada (...) de su
> Hermano (...) y de su Madre (...) El coronamiento último de esta portentosa
> empresa supondrá la culminación del desarrollo de un Orden Administrativo
> mundial y divinamente designado cuyos comienzos pueden remontarse hasta los
> años finales de la Edad Heroica de la Fe.[157]
> 
> La actual etapa de esta
> ambiciosa empresa ha sido llevada a feliz término en el último año del siglo.
> Una profusión de recursos facilitados por creyentes de todo el mundo había
> respondido a la visión de Bahá’u’lláh para este sagrado lugar, tal como se
> anunciaba en Su Tabla del Carmelo: “Regocíjate, porque Dios, en este Día, ha
> establecido Su trono sobre ti, te ha convertido en el amanecer de Sus signos y
> la aurora de las evidencias de Su Revelación”. En el complejo de regios
> edificios que se extienden a lo largo del arco y de las terrazas ajardinadas
> que se alzan desde el pie de la montaña hasta su cumbre, aquella Causa cuya
> influencia se había expandido de forma continua por todo el planeta durante el
> siglo de la luz surgía finalmente en forma de una presencia visible y potente.
> Al observar las muchedumbres de visitantes de todos los países que todos los
> días se agolpan en sus escaleras y senderos, amén de la afluencia de
> distinguidos visitantes que son bienvenidos en las salas de recepción del
> Centro Mundial, las mentes perceptivas pueden sentir el cumplimiento de la
> visión expresada hace ya dos mil trescientos años por el profeta Isaías: “Y
> acontecerá que en los últimos días, la montaña de la casa del Señor será
> establecida en la cumbre de las montañas, y descollará sobre los montes; y
> hacia ella confluirán todas las naciones”.[158]
> 
> La Causa bahá’í se distingue
> especialmente por ser un todo orgánico que no admite componendas. Al encarnar
> el principio de la unidad, pilar de la Revelación de Bahá’u’lláh, dicha naturaleza
> es el signo de la presencia del Espíritu que mora y anima la Fe. Única entre
> las religiones de la historia -pese a los repetidos esfuerzos por quebrar su
> unidad- la Causa ha logrado resistir la plaga perenne del cisma y de los
> faccionalismos. El éxito obtenido por la comunidad en las labores de enseñanza
> viene asegurado por el hecho de que los instrumentos que utiliza fueron creados
> por la propia Revelación, y por el hecho de que fueran los propios Fundadores
> de la Fe quienes concibieron los métodos para la prosecución de su Plan Divino,
> y que fueron Ellos quienes guiaron, en todo detalle significativo, el
> lanzamiento de la empresa. Durante el siglo XX, gracias a los esfuerzos de
> ‘Abdu’l-Bahá y el Guardián, el propio Monte Carmelo se ha convertido en una
> expresión de esta unidad de la naturaleza de la Fe. En contraste con las
> circunstancias que afectan a otras religiones mundiales, el centro espiritual y
> el administrativo de la Causa están inseparablemente unidos en este mismo lugar
> de la tierra y sus instituciones rectoras giran en torno al Santuario de su
> Profeta mártir. Para muchos visitantes, incluso la armonía que ha podido
> lograrse con la variedad de flores, árboles y arbustos que rodean los jardines
> parece proclamar el ideal de unidad en la diversidad, que tan atractivo
> encuentran en las enseñanzas de la Fe.
> 
> Nada señala tan
> conmovedoramente la conclusión de estos cien años de logros como el
> acontecimiento que asimismo sumió a los creyentes de todo el mundo en un estado
> de profunda tristeza. El 19 de enero de 2000, un mensaje de la Casa Universal
> de Justicia anunciaba:
> 
> A primeras horas de
> esta mañana, el alma de Amatu’l-Bahá Rú?íyyih Khánum, la amada
> consorte de Shoghi Effendi y el último vínculo que ligaba al mundo bahá’í con
> la familia de ‘Abdu’l-Bahá, fue liberada de las limitaciones de esta existencia
> terrestre (...) Sus veinte años de trato íntimo con Shoghi Effendi dieron pie a
> que la pluma del Guardián le dedicara tales muestras de reconocimiento como “mi
> compañera auxiliadora”, “mi escudo”, “mi colaboradora incansable en las arduas
> faenas con las que cargo” (...)
> 
> Según iban remitiendo los
> efectos del golpe inicial, gradualmente fue reconociéndose otro de los favores
> inagotables de Bahá’u’lláh. He aquí a una figura cuya vida había abarcado la
> mayor parte del siglo –y cuyo espíritu indomable había protagonizado las luchas
> y sacrificios bahá’ís durante su última mitad– le había sido dado vivir y
> celebrar las magníficas victorias a las que había contribuido tan
> espléndidamente.
> 
> *
> 
> Al instar a los que Le han
> reconocido a compartir el mensaje del Día de Dios con los demás, Bahá’u’lláh
> recurre una vez más al lenguaje de la propia creación: “Todo el mundo clama en
> alto por un alma. Las almas celestiales deben infundir, mediante el aliento de
> la Palabra de Dios, en los cuerpos muertos un espíritu nuevo”.[159] El
> principio es asimismo válido por lo que respecta a la vida colectiva de la
> humanidad -así lo indica ‘Abdu’l-Bahá- tanto como lo es para las vidas de sus
> componentes: “La civilización material es como el cuerpo. A pesar de que sea
> infinitamente grácil, elegante y bello, está muerto. La civilización divina es
> como el espíritu, y el cuerpo deriva su vida del espíritu (...) [160]
> 
> En esta poderosa analogía se
> resume la relación entre los dos acontecimientos históricos que la Voluntad de
> Dios propulsó por dos sendas convergentes a lo largo del siglo de la luz. Sólo
> una persona ciega a las capacidades intelectuales y sociales latentes en la
> raza humana, e insensible a las desesperadas necesidades de la humanidad,
> podría dejar de sentir honda satisfacción ante los avances que la sociedad ha
> registrado durante los pasados cien años, y en particular ante los procesos que
> fusionan los pueblos y naciones de la tierra. Cuánto más han de valorar los
> bahá’ís estos logros en los que reconocen el Propósito de Dios mismo. Pero el
> Cuerpo de esta civilización material de la humanidad clama a voces y anhela
> cada día con mayor desesperación pidiendo un Alma. Al igual que sucediera con
> toda gran civilización de la historia, hasta tanto no se vea animada así y no
> despierten sus facultades espirituales, no encontrará ni paz, ni justicia, ni
> una unidad que supere el listón de las negociaciones y componendas.
> Dirigiéndose a los “representantes elegidos de los pueblos en todos los
> países”, escribía Bahá’u’lláh:
> 
> Lo que el
> Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso instrumento para la
> curación de todo el mundo es la unión de todos sus pueblos en una Causa
> universal, una Fe común.[161]
> 
> Por tanto, no es en el hecho
> de prestar apoyo, ni ánimos, ni siquiera en el ejemplo en lo que se cifra
> principalmente el trabajo de la Causa. La comunidad bahá’í continuará
> contribuyendo por todos los medios posibles a los esfuerzos encaminados a la
> unificación global y a la mejora social, pero tales aportaciones revisten un
> significado secundario. Su verdadero propósito es el de ayudar a la población
> mundial a abrir su mente y corazón al único Poder capaz de colmar su anhelo
> último. Nadie excepto quienes han despertado a la Revelación de Dios puede
> prestar esta ayuda. No hay nadie que pueda ofrecer un testimonio creíble de la
> futura llegada de un mundo de paz y justicia salvo quienes comprenden, no
> importa cuán vagamente, las palabras con que la Voz de Dios emplazó a Bahá’u’lláh
> a que emprendiese Su misión:
> 
> ¿Puedes
> acaso, oh Pluma, descubrir en este día a otro salvo a Mí? ¿Qué ha sido de la
> creación y de sus manifestaciones? ¿Y qué de los nombres y de su reino? ¿Adónde
> han ido todas las cosas creadas, ya sean visibles o invisibles? ¿Qué hay de los
> secretos ocultos del universo y de sus revelaciones? ¡Ve cómo la creación
> entera ha dejado de existir! Nada queda sino Mi Rostro, el Sempiterno, el
> Resplandeciente, el Todoglorioso.
> 
> Este es
> el Día en que nada se ve excepto los esplendores de la Luz que brilla en el
> rostro de Tu Señor, el Munífico, el Más Generoso. Verdaderamente, hemos hecho
> expirar a cada alma en virtud de Nuestra irresistible soberanía que todo lo
> somete. Luego, hemos hecho surgir una nueva creación,
> como muestra de Nuestra gracia a los hombres. Yo soy, en verdad, el
> Todogeneroso, el Anciano de Días.[162]
> 
> NOTAS
> 
> 1. Shoghi
> Effendi, Advent of Divine Justice (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1990), p. 8.
> 
> 2. Shoghi
> Effendi, The Promised Day is Come (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1996), p. 1.
> 
> 3. Eric
> Hobsbawm, Age of Extremes: The Short
> Twentieth Century, 1914-1991 (Londres: Abacus, 1995), p. 584.
> 
> 4. Leopoldo II, Rey de los belgas, gobernó la colonia durante
> lustros como si de un coto particular se tratase (1877-1908). Las atrocidades
> perpetradas bajo su tiranía suscitaron una oleada de protestas internacionales.
> En 1908 se vio obligado a entregar el territorio a la administración del
> gobierno belga.
> 
> 5. Los procesos que indujeron estos cambios son objeto de detallada
> revisión en A. N. Wilson, et al., God’s
> Funeral (Londres: John Murray, 1999). En 1872, Winwood Reade publicaba la
> obra The Martyrdom of Man (Londres:
> Pernberton Publishing, 1968), que llegó a convertirse en una especie de
> “Biblia” de los primeros decenios del siglo XX; expresaba la confianza de que
> “por fin, los hombres dominarán las fuerzas de la naturaleza. Llegarán a ser
> arquitectos de sistemas, artesanos de mundos. El hombre será perfecto y se
> convertirá en creador, hasta llegar a ser eso que el vulgo adora como a un
> dios”. Citado por Anne Glyn-Jones, Holding up a Mirror. How Civilizations Decline (Londres: Century,
> 1996), pp. 371-372.
> 
> 6. Selections from the Writings of ‘Abdu’l-Bahá
> (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1997), p. 35 (sección 15.6).
> 
> 7. ‘Abdu’l-Bahá,
> The Secret of Divine Civilization (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1990), p. 2.
> 
> 8. Makátib-i-‘Abdu’l-Bahá (Tablets of ‘Abdu’l-Bahá), vol. 4
> (Teherán: Editora Nacional de Irán, 1965), pp. 132-134, traducción provisional.
> 
> 9. Ibídem.
> 
> 10. Ibíd.
> 
> 11. La escuela se clausuró en 1934 por orden de Reza Sháh, por
> haber incluido los días sagrados bahá’ís como festivos religiosos. Poco después
> se procedía al cierre de las demás escuelas baháís de Irán.
> 
> 12. La historia aparece recogida en The Bahá’í World, vol. XIV (Haifa:
> Bahá’í World Centre, 1975), pp. 479-481.
> 
> 13. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1991), p. 156.
> 
> 14. “El círculo
> más externo de este magno sistema, la réplica visible de la posición central
> conferida al Heraldo de nuestra Fe, no es sino el planeta entero. En el corazón
> de este planeta descansa la “Tierra Más Sagrada”, aclamada por ‘Abdu'l-Bahá
> como “el Nido de los Profetas” y al que ha de considerarse el centro del mundo
> y la Alquibla de las naciones. Dentro de esta Tierra Más Sagrada se alza la
> Montaña de Dios, de santidad inmemorial, la Viña del Señor, el Retiro de Elías,
> Cuyo retorno simboliza el propio Báb. Descansando en el regazo de esta santa
> montaña se extienden las amplias propiedades dedicadas permanentemente al santo
> Sepulcro del Báb, del que son sus recintos sagrados. En medio de estas
> propiedades, reconocidas como las dotaciones internacionales de la Fe, se halla
> situado el atrio más sagrado, un recinto compuesto de jardines y terrazas que a
> un tiempo embellecen y confieren encanto propio a estos predios sagrados.
> Engastado en estos aledaños preciosos y verdeantes se alza, en toda su
> exquisita belleza, el mausoleo del Báb, la madreperla designada para conservar
> y adornar la estructura original levantada por ‘Abdu’l-Bahá para acoger la
> tumba del Heraldo-Mártir de nuestra Fe. Dentro de esta madreperla se atesora la
> Perla de Gran Precio, el sanctasanctórum, las cámaras que constituyen la tumba
> misma y que fueran construidas por ‘Abdu’l-Bahá. En el corazón mismo del
> sanctasanctórum se encuentra el tabernáculo, la bóveda en donde reposa el
> féretro más sagrado. Dentro de esta bóveda hállase el sarcófago de alabastro en
> el que está depositada esa inestimable joya: el sagrado polvo del Báb”. Shoghi
> Effendi, Citadel of Faith (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1995), pp. 95-96.
> 
> 15. Ibídem, p. 95.
> 
> 16. Shoghi
> Effendi, God Passes By (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1995), p. 276.
> 
> 17. H. M.
> Balyuzi, Abdu'l-Bahá: The Centre of the
> Covenant of Bahá’u’lláh, 2ª ed. (Oxford: George Ronald, 1992), p. 136.
> 
> 18. Selections from the Writings of
> ‘Abdu’l-Bahá, op. cit., pp. 254-255,
> (sección 200.3).
> 
> 19. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p. 258.
> 
> 20. Ibídem., p. 259.
> 
> 21. The Bahá’’í Centenary,
> 1844-1944, compilado por la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de
> Estados Unidos y Canadá (Wilmette: Bahá’í Publishing Committee, 1944), pp.
> 140-141.
> 
> 22. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p. 280.
> 
> 23. ‘Abdu’l-Bahá in London: Addresses and Notes
> of Conversations (Londres: Bahá’í Publishing Trust, 1982), pp. 19-20.
> 
> 24. ‘Abdu’l-Bahá,
> Tablets of the Divine Plan (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1993), p. 94.
> 
> 25. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., pp. 281-282.
> 
> 26. ‘Abdu’l-Bahá,
> The Promulgation of Universal Peace (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1995), p. 121, traducción provisional.
> 
> 27. Selections from the Writings of
> ‘Abdu’l-Bahá, op. cit., p. 106,
> (sección 64. 1).
> 
> 28. Ibídem, p. 23, (sección 7.2).
> 
> 29. ‘Abdu’l-Bahá,
> The Promulgation of Universal Peace, op.
> cit., pp. 455-456.
> 
> 30. Juliet
> Thompson, The Diary of Juliet Thompson (Los
> Angeles: Kalimát Press, 1983), p. 313.
> 
> 31. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., pp. 244-245.
> 
> 32. ‘Abdu’l-Bahá in Canada (Forest: National
> Spiritual Assembly of Canada, 1962), p. 51.
> 
> 33. ‘Abdu’l-Bahá,
> Paris Talks, 12ª ed., (Londres:
> Bahá’í Publishing Trust, 1995), p. 64.
> 
> 34. Eric
> Hobsbawm, Age of Extremes: The Short
> Twentieth Century, 1914-1991, op. cit., p. 23.
> 
> 35. Gleanings from the Writings of Bahá’u’lláh (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1983), p. 264, (sección CXXV).
> 
> 36. Edward
> R. Kantowicz, The Rage of Nations (Cambridge:
> William B. Eerdmans Publishing Company, 1999), p. 138. Kantowicz añade que la guerra le supuso a Europa la
> pérdida de 48 millones de vidas, incluyendo 15 millones “extinguidas” porque su
> maltrecha salud les hizo vulnerables a la epidemia de gripe postbélica, y
> también por la drástica reducción de la tasa de natalidad ocurrida tras estas
> calamidades. Hobsbawm calcula que Francia perdió casi un veinte por ciento de
> sus hombres en edad militar, Gran Bretaña perdió una cuarta parte de los
> graduados de Oxford y Cambridge que sirvieron en el ejército durante la guerra,
> en tanto que las pérdidas alemanas ascendieron a 1.8 millones, esto es, un
> trece por ciento de su población en edad militar. (Véase
> Eric Hobsbawm, Age of Extremes: The Short
> Twentieth Century, 1914-1991, op. cit., p. 26).
> 
> 37. La figura del Presidente Wilson cuenta con numerosas biografías
> escritas desde su fallecimiento. Tres de las más
> recientes son las de Louis Auchincloss, Woodrow
> Wilson (Nueva York: Viking Penguin, 2000); A. Clements Kendrick, Woodrow Wilson: World Statesman (Lawrence:
> University Press of Kansas, 1987); Thomas J. Knock, To End All Wars: Woodrow Wilson and the Quest for a New World Order (Oxford:
> Oxford University Press, 1992).
> 
> 38. ‘Abdu'l-Bahá,
> The Promulgation of Universal Peace, op. cit., p. 305.
> 
> 39. Shoghi
> Effendi, Citadel of Faith, op. cit., p. 32.
> 
> 40. Ibídem., pp.
> 32-33.
> 
> 41. En
> su redacción definitiva, el artículo X del Convenio de la Liga no requería la
> intervención militar colectiva en los supuestos de agresión, tan sólo se
> limitaba a declarar: “(...) el Consejo recomendará los medios mediante los
> cuales se deba dar cumplimiento a esta obligación”.
> 
> 42. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., pp. 29-30.
> 
> 43. Shoghi
> Effendi, Citadel of Faith, op. cit., pp. 28-29.
> 
> 44. Ibídem, p. 7.
> 
> 45. Selections from the Writings of the Báb (Haifa:
> Bahá’í World Centre, 1978), p. 56.
> 
> 46. Bahá’u’lláh,
> The Kitáb-i-Aqdas, The Most Holy Book (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1993), párrafo 88.
> 
> 47. Tablets of Bahá’u’lláh Revealed after the
> Kitáb-i-Aqdas (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1988), p. 13.
> 
> 48. La cita hace referencia al valor del “consejo” dirigido por el Maestro
> a las autoridades militares británicas, que aceptaron restaurar la vida civil
> en la zona tras el derrocamiento del régimen turco, añadiendo que “todo su
> influjo ha sido para bien”. Véase
> Moojan Momen, ed., The Bábi and Bahá’í Religions, 1844-1944.. Some Contemporary Western
> Accounts (Oxford.. George Ronald, 1981), p. 344.
> 
> 49. The Bahá’í World, vol. XX (Haifa: Bahá’í
> World Centre, 1976), p. 132.
> 
> 50. Horace
> Holley, Religion for Mankind (Londres:
> George Ronald, 1956), pp. 243-244.
> 
> 51. Will and Testament of ‘Abdu’l-Bahá (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1991), p. 11.
> 
> 52. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p. 326.
> 
> 53. Shoghi
> Effendi, Bahá’í Administration (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1998), p. 15.
> 
> 54. Aunque la “tregua de Navidad” afectó principalmente a los soldados
> británicos y alemanes, también participaron las tropas francesas y belgas: BBC
> News, Online Network Summary of Brown, Malcolm and Shirley Seaton, “Christmas
> Truce”.
> 
> 55. Rú?íyyih
> Rabbání, The Priceless Pearl (Londres:
> Bahá’í Publishing Trust, 1969), pp. 121, 123.
> 
> 56. Shoghi
> Effendi, Bahá’í Administration, op. cit.,
> pp. 187-188, 194.
> 
> 57. En
> un caso tras otro, la flagrante conducta de los hermanos, hermanas y primos de
> Shoghi Effendi le dejó sin más alternativa que la de advertir a los bahá’ís del
> mundo que habían violado la Alianza.
> 
> 58. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 36.
> 
> 59. Ibídem, pp. 42-43.
> 
> 60. Ibídem, p.
> 202.
> 
> 61. Ibídem, pp. 203-204.
> 
> 62. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, op. cit., p. 203.
> 
> 63. Shoghi
> Effendi, The Advent of Divine Justice,
> op. cit., pp. 90, 19, 85.
> 
> 64. Nabíl-i-A‘?am,
> The Dawn-Breakers: Nabíl’s Narrative of
> the Early Days of the Bahá’í Revelation (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust,
> 1999), pp. 92-94.
> 
> 65. Shoghi
> Effendi, Bahá’í Administration, op. cit.,
> p. 52.
> 
> 66. Selections from the Writings of
> ‘Abdu’l-Bahá, op. cit., pp. 85-86,
> (sección 38.5).
> 
> 67. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 4.
> 
> 68. Ibídem, p. 19.
> 
> 69. Gleanings from the Writings of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 60, (sección XXV).
> 
> 70. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 19.
> 
> 71. Ibídem, p. 144.
> 
> 72. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p.
> 26.
> 
> 73. The Bahá’í World, vol. X (Wilmette: Bahá’í Publishing Committee, 1949), pp.
> 142-149, ofrece un repaso detallado de la expansión de la Causa hasta la
> conclusión del primer Plan de Siete Años.
> 
> 74. Shoghi
> Effendi, Messages to Canada, 2ª ed.
> (Thornhill: Bahá’í Canada Publications, 1999), p. 114.
> 
> 75. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p.
> 365.
> 
> 76. Gleanings from the Writings of Babá’u’lláh,
> op. cit., p. 200, (sección XCIX).
> 
> 77. Bahá’u’lláh,
> The Kitáb-i-Íqán (Wilmette: Bahá’í
> Publishing Trust, 1983), p. 31.
> 
> 78. “En Europa, a comienzos del siglo XX, la mayoría de la población
> aceptaba la autoridad de la moral (...) [Más tarde] los europeos más reflexivos
> llegaron a creer en el progreso moral, creyendo que el vicio y barbarie humanos
> estaban de retirada. Al final del siglo, resulta difícil mostrarse confiado
> tanto en que haya una ley moral como en la existencia de un progreso moral”:
> Jonathon Glover, Humanity: A Moral History
> of the Twentieth Century (Londres: Jonathan Cape, 1999), p. 1. El estudio
> de Glover se centra particularmente en el auge e influencia de las ideologías
> del siglo XX.
> 
> 79. Shoghi
> Effendi, The Promised Day is Come, op.
> cit., pp. 185-186.
> 
> 80. Ibídem.
> 
> 81. Gleanings from the Writings of Bahá’u’lláh,
> op. cit., pp. 65-66, (sección XXVII).
> 
> 82. Ibídem, pp. 41-42,
> (sección XVII).
> 
> 83. Women: Extracts from the
> Writings of Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá, Shoghi Effendi and the Universal House
> of Justice, compilado por el Departamento de Estudios de la Casa Universal
> de Justicia (Thornhill: Bahá’í Canada Publications, 1986), p. 50.
> 
> 84. Shoghi
> Effendi, Messages to America (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Committee, 1947), p. 28.
> 
> 85. Ibídem, pp. 9, 10, 14,
> 22.
> 
> 86. Ibíd, p.
> 28.
> 
> 87. Rú?íyyih
> Rabbání, The Priceless Pearl, op. cit.,
> p. 382.
> 
> 88. Shoghi
> Effendi, Messages to America, op. cit., p. 53.
> 
> 89. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 46.
> 
> 90. ‘Abdu’l-Bahá in Canada, op.
> cit., p. 51.
> 
> 91. ‘Abdu’l-Bahá,
> Promulgation of Universal Peace, op. cit., p. 377.
> 
> 92. ‘Abdu’l-Bahá,
> Foundations of World Unity (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1979), p. 21.
> 
> 93. Lester Bowles Pearson (1897-1972) recibió el Premio Nobel de la
> Paz en 1957 por sus propuestas de política internacional en el período
> posterior a la segunda guerra mundial, particularmente por el plan que llevó al
> establecimiento de las primeras fuerzas de emergencia de Naciones Unidas que
> iban a actuar en el Canal de Suez en 1956, en respuesta a la crisis creada por
> la invasión de Egipto por parte de los ejércitos británico y francés, que
> actuaban de común acuerdo con las tropas de Israel tras la captura del Canal de
> Suez por Egipto. El primer voto formal de sanciones internacionales contra una
> agresión fue el adoptado en 1936 por la Sociedad de Naciones, cuando la Italia
> fascista invadió Etiopía, y fue aclamado por Shoghi Effendi como: “un evento
> sin paralelo en la historia humana” (Véase Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, op. cit., p. 191)
> 
> 94. Los tres Secretarios Generales de Naciones Unidas mencionados son,
> por orden cronológico, Javier Pérez de Cuellar (1982-1991), Perú; Boutros
> Boutros-Ghali (1992-1996), Egipto; Kofi Annan, (1997-actualidad), Ghana.
> 
> 95. Anne Frank (1929-1945), joven judía, víctima del genocidio nazi,
> capturada en la alcoba que le servía de refugio en Holanda, en agosto de 1944.
> Fue enviada al campo de concentración de Belsen, donde murió una año más tarde.
> Su diario se publicó en 1952 con el título The
> Diary of a Young Girl (Diario de Ana Frank), que después sería llevado a los teatros y a las pantallas de cine.
> Martin Luther King Jr. (1929-1968), clérigo norteamericano galardonado con el
> Premio Nobel de la Paz, uno de los dirigentes principales de los derechos
> civiles norteamericanos, asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee.
> Su recuerdo se conmemora en Estados Unidos como fiesta nacional el tercer lunes
> de enero. Paulo Freire (1921-1997), pedagogo innovador brasileño, cuya obra
> pionera en la educación de adultos le valió renombre internacional, pero que le
> deparó dos períodos de encarcelamiento en su propio país. Kiri Te Kanawa (1944-
> ), nacida en Nueva Zelanda, de orígen maorí, y hoy día una de las principales divas del mundo de la ópera. Fue investida en 1982 con el título
> correspondiente a la Orden de Dame Commander del Imperio Británico por S.A.R.
> la Reina Isabel II. Gabriel García Márquez (1928- ), escritor colombiano y
> novelista, ganador en 1982 del Premio Nobel de Literatura; se vio obligado a
> pasar los años 60 y 70 en exilio voluntario en México y España para escapar a
> la persecución en su país de origen. Ravi Shankar (1920- ), compositor indio y
> citarista, cuyo impresionante talento y giras por Europa y Norteamérica han
> contribuido a despertar en todo Occidente el interés por la música india.
> Andrei Dmitriyevich Sakharov (1921-1989), físico nuclear ruso, abandonó la
> investigación científica para convertirse en portavoz de las libertades civiles
> en la Unión Soviética, lo que le hizo acreedor del Premio Nobel de la Paz de
> 1975, mientras sufría un exilio interno en su propia patria. La “Madre Teresa”
> (Agnes Gonxha Borjaxhiu, 1910-1997), nacida en Albania, monja católica de las
> Misioneras de la Caridad, cuyo trabajo sacrificado a favor de los pobres, los
> desahuciados y los moribundos de Calcuta le valieron el Premio Nobel de la Paz
> de 1979. Zhang Yimou (1951- ), uno de los principales directores de la “Quinta
> Generación” de cineastas chinos, ganador de numerosos premios profesionales en
> reconocimiento a la sensibilidad visual de su impresionante labor.
> 
> 96. Las tres nuevas Asambleas Espirituales Nacionales fueron las de
> Canadá, que se constituyó en Asamblea Nacional aparte de la de Estados Unidos
> en 1948, y las Asambleas Regionales de América Central y de las Antillas (1953),
> y la de Suramérica (1953).
> 
> 97. Shoghi
> Effendi, Messages to the Bahá’í World,
> 1950-1957 (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1995), p. 41.
> 
> 98. Ibídem, pp. 38-39.
> 
> 99. Will and Testament of 'Abdul-Bahá, op. cit.,
> p. 13
> 
> 100. Bajo el liderazgo de los dos medio hermanos de ‘Abdu’l-Bahá, a
> saber, Mu?ammad-‘Alí y Badí’u’lláh, junto con un primo, Majdi’d-Dín, el
> grupo de violadores de la Alianza que habían ocupado desde tiempo atrás la
> Mansión de Bahjí a la muerte de Bahá’u’lláh prosiguieron una campaña ininterrumpida
> de ataques y maquinaciones contra el Maestro y el Guardián. Durante el Mandato
> británico, se vieron forzados a evacuar la Mansión debido al estado de abandono
> en que la habían dejado caer, lo que le permitió al Guardián restaurar el
> edifico y establecer su carácter de lugar sagrado ante las autoridades civiles.
> Posteriormente, Shoghi Effendi obtuvo del gobierno del recién establecido
> Estado de Israel el reconocimiento de que todas las propiedades tenían este
> mismo carácter privilegiado, a raíz de lo cual se emitió un mandamiento oficial
> por el que se instaba a los restantes violadores de la Alianza a evacuar el
> edificio en vergonzoso estado que todavía ocupaban junto a la Mansión. Al no
> prosperar su apelación contra este juicio, se ejecutó la orden de desahucio y
> el edificio fue derribado por orden del Guardián, con lo que felizmente
> desaparecía la última tara que estorbaba el embellecimiento de la propiedad.
> 
> 101. Tablets of Bahá’u’lláh revealed after the
> Kitáb-i-Aqdas, op. cit., p. 68.
> 
> 102. Will and Testament of ‘Abdu’l-Bahá, op. cit., pp. 19-20.
> 
> 103. Consta una amplia descripción del papel desempeñado por las Manos de
> la Causa durante estos años críticos en Amatu’l-Bahá Rú?íyyih Khánum,
> Ministry of the Custodians (Haifa:
> Bahá’í World Centre, 1997).
> 
> 104. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 148.
> 
> 105. Will and Testament of ‘Abdu’l-Bahá, op. cit., p. 20.
> 
> 106. Universal
> House of Justice, Messages from the
> Universal House of Justice, 1963- 1986. The Third Epoch of the Formative Age
> (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1996), p. 14.
> 
> 107. El tema aparece mencionado en numerosos pasajes de The Priceless Pearl, op. cit. Véase en particular las páginas 79, 85, 90, 128 y 159.
> 
> 108. Tablets of Bahá’u’lláh revealed after the
> Kitáb-i-Aqdas, op. cit., p. 69.
> 
> 109. ‘Abdu’l-Bahá,
> The Secret of Divine Civilization, op. cit., pp. 96-97.
> 
> 110. J. E.
> Esslemont, Bahá’u’lláh and the New Era:
> An Introduction to the Bahá’í Faith, 5ª ed. rev. (Wilmette: Bahá’í
> Publishing Trust, 1998), p. 250.
> 
> 111. Will and Testament of ‘Abdu’l-Bahá, op. cit., p. 11.
> 
> 112. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 8.
> 
> 113. Bahá’u’lláh,
> The Kitáb-i-Aqdas, op. cit., párrafo
> 83.
> 
> 114. Bahá’u’lláh,
> Epistle to the Son of the Wolf
> (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1988), p. 14.
> 
> 115. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., pp. 43, 195.
> 
> 116. Ibídem,
> p. 24.
> 
> 117. Tablets of Bahá’u’lláh revealed after the
> Kitáb-i-Aqdas, op. cit., pp.
> 66-67.
> 
> 118. Shoghi
> Effendi, The Advent of Divine Justice,
> op. cit., p. 27.
> 
> 119. The Establishment of the
> Universal House of Justice, compilado por el Departamento de Estudios de la
> Casa Universal de Justicia (Oakham: Bahá’í Publishing Trust, 1984), p. 17.
> 
> 120. Universal
> House of Justice, Messages from the
> Universal House of Justice, 1963-1986. The Third Epoch of the Formative Age,
> op. cit., p. 52.
> 
> 121. Ibídem, p. 104.
> 
> 122. Bahá’í
> News, nº. 73, mayo 1933 (Wilmette: National Spiritual Assembly of the Bahá’ís
> of the United States), p. 7.
> 
> 123. El Instituto fue creado por la Casa Universal de Justicia en 1998
> como organismo de la Comunidad Internacional Bahá’í, que da cuenta ante la Casa
> de Justicia a través de la Oficina de Información Pública. Sus funciones lo
> describen como organismo “dedicado a investigar tanto los elementos materiales
> como espirituales que sustentan el conocimiento humano y los procesos de avance
> social”.
> 
> 124. El Centro tiene como objetivo “investigar la Fe bahá’í de modo
> sistemático, incluyendo su cultura religiosa, su espíritu humanitario y su
> ética religiosa”.
> 
> 125. Citado
> en Star of the West, vol. 13, nº. 7
> (octubre 1922), pp. 184-186.
> 
> 126. ‘Abdu’l-Bahá,
> Tablets of the Divine Plan, op. cit., p. 54.
> 
> 127. Comenzó hacia 1904, cuando el creyente y erudito iraní
> ?adru’?-?udúr estableció, contando con el aliento de
> ‘Abdu’l-Bahá, la primera escuela de formación de maestros de clases infantiles
> para jóvenes bahá’ís de Teherán. Las clases eran diarias y los graduados, que
> habían recibido también formación en otras religiones así como en diversos
> aspectos de la Fe bahá’í, contribuyeron en gran medida a la expansión y
> consolidación de la Causa en su tierra natal.
> 
> 128. El modelo en cuestión es el “Instituto Ruhi”, cuyos materiales y
> métodos han sido adoptados por numerosas comunidades bahá’ís de todo el mundo.
> En lo principal su filosofía se basa en la compaginación de actividades de
> servicio junto con el estudio de las propias Escrituras bahá’ís. El sistema, organizado
> en torno a una serie de niveles de estudio (cuyo conjunto forma un eje
> “troncal” de conocimientos que versan sobre las enseñanzas fundamentales de
> Bahá’u’lláh) permite infinitas aplicaciones a la medida de las necesidades de
> las comunidades que lo emplean.
> 
> 129. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p. xiii.
> 
> 130. ‘Abdu’l-Bahá,
> The Promulgation of Universal Peace, op. cit., pp. 43-44.
> 
> 131. Moojan
> Momen, The Bábí and Bahá’í Religions,
> 1844-1944. Some Contemporary Western Accounts, op. cit., pp. 186-187.
> 
> 132. The Bahá’í World, vol. XV, op. cit., pp. 29, 36.
> 
> 133. The Bahá’í World, vol. IV (Nueva York:
> Bahá’í Publishing Committee, 1933), pp. 257-261. Incluye un breve relato histórico sobre la fundación del
> Bureau y su funcionamiento.
> 
> 134. The Bahá’í World, vol. III (Nueva York:
> Bahá’í Publishing Committee, 1930), pp. 198-206. Contiene el texto de una Petición formal dirigida a la
> Comisión Permanente de Mandatos de la Sociedad de Naciones por parte de los
> bahá’ís de Irak, que resume la historia del caso.
> 
> 135. Shoghi
> Effendi, God Passes By, op. cit., p. 360.
> 
> 136. El texto completo de la Declaración puede encontrarse en World Order Magazine, abril 1947, vol.
> XIII, nº. 1.
> 
> 137. The Bahá’í Question, Iran’s
> Secret Blueprint for the Destruction of a Religious Community, An Examination
> of the Persecution of the Bahá’ís of Iran (Nueva York: Bahá’í International
> Community, 1999), preparado por la Oficina de Naciones Unidas de la Comunidad
> Internacional Bahá’í para su distribución entre los miembros de la Comisión de
> Derechos Humanos de Naciones Unidas.
> 
> 138. Pasaje
> de una alocución de Edward Granville Browne, publicada en Religious Systems of the World.. A Contribution to the Study of
> Comparative Religion, 3ª ed. (Nueva
> York: Macmillan, 1892), pp. 352-353.
> 
> 139. Durante los nueve años de su existencia, la oficina se encargó de
> ayudar al asentamiento de unos 10,000 refugiados bahá’ís iraníes en veintisiete
> países.
> 
> 140. Hasta la fecha noventa y nueve Asambleas Espirituales Nacionales han
> recibido formación intensiva en el programa.
> 
> 141. La Conferencia de Pekín sobre la Mujer permitía que cincuenta de
> entre las dos mil organizaciones no gubernamentales participantes presentasen
> sus declaraciones oralmente. Dado que la Comunidad Internacional Bahá’í ya
> había disfrutado de este mismo privilegio en varias conferencias anteriores,
> sobre todo en la de Río de Janeiro en torno al medio ambiente y en la de
> Copenhague sobre el desarrollo económico y social, los representantes de la
> Comunidad cedieron el turno que se les había adjudicado en favor del Centro de
> Estudios sobre el Género de Moscú.
> 
> 142. Un relato pormenorizado, incluyendo el texto de la decisión del
> Tribunal Federal de Alemania, se encuentra en The Bahá’í 'World, vol. XX (Haifa:
> Bahá’í World Centre, 1998), pp. 571-606.
> 
> 143. Sessão Solene da Câmara
> Federal, Brasilia, 28 de mayo, 1992, (reimpreso con traducción al inglés a
> cargo de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Brasil, 1992).
> 
> 144. Selections from the Writings of ‘Abdu’l-Bahá,
> op. cit., pp. 34-36, (sección 15).
> 
> 145. Sesión cincuenta y cuatro de
> la Asamblea General de Naciones Unidas, Asunto 49 (b) del orden del día Medidas
> y Propuestas de Reforma de Naciones Unidas: la Asamblea del Milenio de Naciones
> Unidas, 8 de agosto de 2000, (Documento nº. A/54/959), p. 2.
> 
> 146. Véase Commitment to Global
> Peace, declaración de la Cumbre de Paz del Milenio de Dirigentes Religiosos
> y Espirituales, elevada al Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan el
> 29 de agosto de 2000 durante una sesión de la cumbre celebrada en la Asamblea
> General de Naciones Unidas.
> 
> 147. Asamblea General de Naciones Unidas, Sesión cincuenta y cuatro, Asunto 61 (b) del Orden del Día La Asamblea
> de Naciones Unidas del Milenio, 8 de septiembre de 2000, (Documento nº. A/
> 55/L.2), sección 32.
> 
> 148. Los
> objetivos respectivos de las tres grandes citas del Milenio, así como la
> participación de la Comunidad Bahá’í en estas reuniones, se resumen en una
> carta de la Casa Universal de Justicia dirigida a todas las Asambleas
> Espirituales Nacionales de fecha 24 de septiembre de 2000.
> 
> 149. Shoghi
> Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 42.
> 
> 150. Gleanings from the Writings of Bahá’u’lláh,
> op. cit., p. 297, (sección CXXXVI).
> 
> 151. Bahá’u’lláh,
> The Kitáb-i-Íqán, op. cit., p. 34.
> 
> 152. Bahá’u’lláh,
> Prayers and Meditations (Wilmette:
> Bahá’í Publishing Trust, 1998), p. 295, (sección CLXXVIII).
> 
> 153 Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, op.
> cit., p. 193.
> 
> 154. Ibídem, p. 196.
> 
> 155. Bahá’u’lláh,
> The Kitáb-i-Aqdas, op. cit., párrafo 186.
> 
> 156. Ibídem, párrafo 54.
> 
> 157. Shoghi
> Effendi, Messages to the Bahá’í World,
> 1950-1957, op. cit., p. 74.
> 
> 158. Isaías
> 2:2.
> 
> 159. Shoghi
> Effendi, The Advent of Divine Justice,
> op. cit., pp. 82-83.
> 
> 160. Selections from the Writings of ‘Abdu’l-Bahá,
> op. cit., p. 317, (sección 227.22).
> 
> 161. The Proclamation of Bahá’u’lláh to the Kings
> and Leaders of the World (Haifa: Bahá’í World Centre, 1967), p. 67.
> 
> 162 Gleanings
> from the Writings of Bahá’u’lláh, op.
> cit., pp. 29-30, (sección XIV).
> 
> METADATA
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