# LA META DE UN NUEVO ORDEN MUNDIAL

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> LA META DE UN NUEVO ORDEN MUNDIAL
> 
> Por SHOGHI EFFENDI
> 
> Título en inglés:
> The Goal of a New World Order
> 
> Es hacia esta meta -la meta de un nuevo Orden Mundial, Divino en su origen, 
> omnímodo en sus alcances, equitativo en sus principios y desafiante en sus 
> rasgos- por la que ha de bregar una humanidad hostigada.
> 
> PRÓLOGO
> 
> La Meta de un Nuevo Orden Mundial el título dado a una carta escrita el 28 de 
> noviembre de 1931 en Haifa, Israel, pro Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe 
> bahá'í. Forma parte de un conjunto de mensajes de Shoghi Effendi publicados 
> bajo el título de The World Order of Bahá'u'lláh. La guerra mencionada en esta 
> carta es, desde luego, la Primera Guerra Mundial.
> La comunicación iba dirigida a los adherentes a la Fe Bahá'í y su propósito 
> original era el de profundizar la comprensión de aquellos sobre las fuerzas de 
> providencia liberadas en esta era. No obstante, el análisis de las causas de la 
> situación mundial en ese momento, la firme aseveración del verdadero 
> resultado, su desafiante llamado a una fe consciente y su convicción acerca 
> del espíritu vital de la regeneración humana tienen tanto vigor en la actualidad 
> como en los primeros años de la década de 1930, cuando el mundo se hallaba 
> sumido en una gran depresión y se habían sembrado las semillas para el 
> estallido de un segundo conflicto mundial del que todavía no se ha 
> recuperado.
> ''Los líderes religiosos, los representantes de las teorías políticas, los 
> gobernantes de las instituciones humanas, que presencian actualmente con 
> perplejidad y consternación el quebranto de sus ideas y la desintegración de 
> sus obras, harían bien el volver su mirada hacia la Revelación de Bahá'u'lláh y 
> en meditar sobre el Orden mundial, el cual, contenido en Sus enseñanzas, se 
> yergue len e imperceptiblemente en medio del tumulto y del caos de la 
> civilización actual'' (The World Order of Bahá'u'lláh). 
> La Fe Bahá'í es una religión nueva, independiente y universal, fundada en 
> Persia en el siglo pasado por Bahá'u'lláh (la Gloria de Dios), que cumple las 
> promesas de las religiones del pasado y cuya meta el la unificación de toda la 
> humanidad.
> 
> LA META DE UN
> NUEVO ORDEN MUNDIAL
> 
> Correligionarios de la fe de Bahá'u'lláh:
> La marcha inexorable de los acontecimientos recientes ha llevado a la 
> humanidad tan cerca de la meta anunciada pro Bahá'u'lláh, que ningún 
> responsable seguidor de Su Fe, el contemplar por todas partes las penosas 
> evidencias del sufrimiento del mundo, puede permanecer indiferente ante la 
> idea de su inminente liberación.
> No parecería inapropiado reflexionar, a la luz de las enseñanzas que Él legara 
> al mundo, acerca de los acontecimientos que precipitaron el gradual 
> surgimiento del Orden Mundial anticipado por Bahá'u'lláh, en estos momentos 
> en que conmemoramos en todo el orbe la primera década de la repentina 
> desaparición de 'Abdu'l-Bahá de nuestro medio (1).
> Hace exactamente diez años, recorrió el mundo como un relámpago la noticia 
> de la muerte de la única persona Quien , mediante la ennoblecedora influencia 
> de Su amor, energía y sabiduría, hubiese servido de consuelo y apoyo a los 
> muchos sufrimientos que el mundo habría de soportar. 
> Nosotros, el pequeño grupo de Sus reconocidos seguidores que sostenemos 
> haber advertido la Luz que brillaba en Él, bien podemos todavía recordar Sus 
> repetidas alusiones, en el ocaso de Su vida terrenal, a las penurias y la 
> agitación con que sería progresivamente afligida una descarriada humanidad. 
> Cuán agudamente algunos podemos recordar Sus fecundas observaciones, en 
> presencia de los peregrinos y visitantes que atestaron Sus puertas el día de la 
> jubilosa celebración que saludó el fin de la Guerra Mundial, guerra quem 
> implicaba y las complicaciones que engendraba, estaba destinada a ejercer 
> una enorme influencia en el destino de la humanidad. Con serenidad pero con 
> vigor, Él destacó la cruel decepción que un Pacto, vitoreado por pueblos y 
> naciones como la encarnación de la justicia triunfante y el infalible instrumento 
> de una paz perdurable, le tenía reservada a una humanidad impenitente. A 
> menudo Le oímos señalar: ''Paz, paz, proclaman incesantemente los labios de 
> gobernantes y pueblos, mientras aún arde en sus corazones el fuego de odios 
> inextinguidos''. A menudo Le oímos alzar Su voz, mientras el tumulto del 
> entusiasmo triunfante de hallaba todavía en su apogeo y mucho antes de que 
> pudieran sentirse expresarse los más leves recelos, para declarar sentirse o 
> expresarse los mas leves recelos, para declarar confiadamente que el 
> documento ensalzado como la Carta de una humanidad liberada contenía en 
> su seno semillas de amarga decepción que esclavizarían aun más el mundo. 
> ¡Qué numerosas son ahora las evidencias que atestiguan la lucidez de Su 
> juicio infalible!
> Diez años de agitación incesante, tan cargados de angustia, tan llenos de 
> consecuencias incalculables para el futuro de la civilización, han llevado al 
> mundo al borde de una catástrofe demasiado horrenda para ser contemplada. 
> Triste es por cierto el contraste entre las manifestaciones de confiado 
> entusiasmo a que se entregaron son reservas los plenipotenciarios en 
> Versalles y el grito de abierta congoja que vencedores y vencidos por igual 
> elevan en la hora de la amarga desilusión.
> 
> UN MUNDO HARTO DE GUERRAS
> 
> Ni la fuerza que reunieron los autores y fiadores de los Tratados de Paz, ni los 
> elevados ideales que en un principio animaron al autor del Convenio de la Liga 
> de Naciones, han demostrado ser baluarte suficiente contra las fuerzas de 
> destrucción interna con que se ha visto constantemente atacada una 
> estructura ideada de forma tan laboriosa. Ni las disposiciones del llamado 
> acuerdo que buscaron imponer las potencias victoriosas, ni el mecanismo de 
> una institución concebida por el ilustre y previsor presidente de los Estados 
> unidos han demostrado ser, en su concepción o en la práctica, instrumentos 
> adecuados para asegurar la integridad del Orden que bregaron por establecer.
> "Los males que ahora aquejan al mundo se multiplicarán", escribía 'Abdu'l-
> Bahá en enero de 1920; "las tinieblas que lo envuelven se ahondarán. Los 
> Balcanes continuarán disconformes. La inquietud habrá de aumentar. Las 
> potencias derrotadas seguirán agitando. Apelarán a cualquier medida que 
> pueda avivar las llamas de la guerra. Movimientos recientes y de alcance 
> mundial harán todos los esfuerzos posibles para conseguir sus propósitos. El 
> movimiento de la izquierda adquirirá gran importancia. Su influencia habrá de 
> esparcirse".
> Desde el momento en que fueron escritas esas palabras, la zozobra 
> económica, junto con la confusión política, los trastornos financieros, la 
> inquietud religiosa y la animosidad racial parecen haber conspirado para 
> incrementar desmesuradamente la agobiante carga que padece un mundo 
> empobrecido y harto de guerras. Tal ha sido el efecto acumulativo de estas 
> crisis que suceden una tras otra con alarmante rapidez, que tiemblas los 
> propios cimientos de la sociedad. Hacia cualquier continente que volvamos la 
> mirada, en cualquier región, por remota que sea, a la que se extienda nuestro 
> examen, veremos que el mundo se halla atacado por fuerzas que no puede 
> explicar ni controlar.
> Europa, hasta ahora considerada la cuna de una jactanciosa civilización, 
> portadora de la antorcha de la libertad y móvil de las fuerzas de la industria y 
> el comercio mundiales, se halla perpleja y paralizada ante el espectáculo de 
> tan tremendo cataclismo. Ideales largamente acariciados en las esferas 
> política y económica son puestos a prueba por la presión de fuerzas 
> reaccionarias, por una parte, y de un radicalismo insidioso y persistente por 
> otra. Desde el corazón de Asia, rumores distantes, ominosos e insistentes, 
> presagian la firme embestida de un credo que, por su negación de Dios, de 
> Sus Leyes y Principios, amenaza con destruir los cimientos de la sociedad 
> humana. El clamor de un naciente nacionalismo, junto con el recrudecimiento 
> del escepticismo y el descreimiento, son infortunios adicionales que llegan a 
> un continente hasta ahora considerado símbolo de eterna estabilidad e 
> inmutable resignación. Desde la oscura África pueden discernirse cada vez 
> más las primeras sacudidas de una revuelta consciente y decidida contra los 
> fines y métodos del imperialismo político y económico, aportando así su parte 
> a las crecientes vicisitudes de una era turbulenta. Ni siquiera Estados Unidos, 
> que hasta hace muy poco se enorgullecía de su política tradicional de 
> aislamiento, del carácter suficiente de su economía, de la invulnerabilidad de 
> sus instituciones y de las evidencias de su creciente prosperidad y prestigio, 
> ha podido resistir los embates que lo han lanzado a la vorágine de un huracán 
> económico que ahora amenaza con deteriorar la base de su vida industrial y 
> económica. Hasta la lejana Australia, de la que se hubiera esperado quedara 
> inmune a las desgracias y padecimientos de un continente enfermo, dada su 
> lejanía de los borrascosos centros europeos, ha sido atrapada en este 
> remolino de pasión y luchas, incapaz de desembarazarse de su engañosa 
> influencia.
> 
> LOS SIGNOS DE CAOS INMINENTE
> 
> Nunca en verdad ha habido semejantes trastornos fundamentales tan 
> difundidos, sea en lo social, en lo económico o en lo político de la actividad 
> humana, como los que ahora existen en distintas partes del mundo. Nunca 
> existieron tanta y tan variadas fuentes de peligro como las que ahora 
> amenazan la estructura de la sociedad. Las siguientes palabras de Bahá'u'lláh 
> son muy significativas si nos detenemos a reflexionar acerca del estado actual 
> de un mundo en extraño desorden: "¿Hasta cuándo persistirá la humanidad en 
> su descarrío? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo agitará 
> la discordia la faz de la sociedad? Los vientos de la desesperación, 
> lamentablemente, soplan desde todas direcciones, y la contienda que divide y 
> aflige a la raza humana crece día a día. Los signos de conclusiones y caos 
> inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto el orden prevaleciente resulta 
> ser deplorablemente defectuoso".
> La inquietante influencia de más de treinta millones de almas que viven en 
> condiciones minoritarias en todo el continente europeo; el vasto y creciente 
> ejército de desocupados con su influencia aplastante y desmoralizadora sobre 
> gobiernos y pueblos; la perversa y desenfrenada carrera armamentista que 
> devora una porción cada vez mayor de los bienes de naciones ya 
> empobrecidas; la total desmoralización que se adueña progresivamente de los 
> mercados financieros internacionales; la embestida de la secularización que 
> invade lo que hasta ahora era considerado baluarte inexpugnable de la 
> ortodoxia cristiana y musulmana; todos estos son los síntomas que se 
> destacan como los más graves, como los que vaticinan males para la futura 
> estabilidad de la estructura de la civilización moderna. No debe asombrarnos 
> que uno de los más eminentes pensadores de Europa, famoso por su 
> sabiduría y prudencia, se haya visto forzado a hacer una afirmación tan audaz: 
> "El mundo está pasando por la crisis más grave de la civilización". Otro ha 
> escrito: "Nos vemos ante una catástrofe mundial, o, quizás, ante el amanecer 
> de una más grande era de verdad y sabiduría". Y agrega: "Es en momentos 
> como estos cuando las religiones perecen y nacen".
> ¿Acaso no podemos ya advertir, al examinar el horizonte político, la 
> instauración de esas fuerzas que otra vez dividen al continente europeo en 
> grupos de combatientes potenciales, decididas a una contienda que puede 
> señalar, a diferencia de la última guerra, el fin de una época, de una vasta 
> época en la historia de la evolución humana? ¿Somos llamados nosotros, los 
> privilegiados custodios de una Fe inapreciable, a presenciar un cambio 
> catastrófico, políticamente tan fundamental y espiritualmente tan beneficioso 
> como el que precipitó la caída del Imperio Romano de Occidente? ¿Acaso no 
> podría suceder -bien podría reflexionar todo alerta seguidor de la Fe de 
> Bahá'u'lláh- que de esta erupción mundial surgiesen fuerzas de una energía 
> espiritual tal que evocasen, o, más aún, eclipsasen el esplendor de aquellas 
> señales y maravillas que acompañaron al establecimiento de la Fe de 
> Jesucristo? ¿Acaso no podría emerger de la agonía de un mundo tambaleante 
> un renacimiento religioso de semejante alcance y poder que pueda trascender 
> la potencia de aquellas fuerzas rectoras del mundo con que las Religiones del 
> pasado consiguieron, en determinados períodos y de acuerdo con una 
> inescrutable Sabiduría, revivir los destinos de edades y pueblos decadentes? 
> ¿Acaso no podría, por sí misma, la ruina de esta actual y jactanciosa 
> civilización materialista apartar las malezas que ahora impiden el desarrollo y 
> el futuro florecimiento de la empeñosa Fe de Dios?
> Que el propio Bahá'u'lláh derrame la luz de Sus palabras a nuestro paso, a 
> medida que nos abrimos camino por los peligros y las miserias de esta era 
> turbulenta. Hace más de cincuenta años (2), en una región (3) muy alejada aún 
> de los males y de las desgracias que ahora atormentan el mundo, manaron de 
> Su pluma estas proféticas palabras: "El mundo padece y su agitación aumenta 
> día a día. Su rostro se ha vuelto hacia el descarrío y la incredulidad. Tal será 
> su condición que exponerla ahora no sería aceptable ni correcto. Su 
> perversidad continuará por largo tiempo. Y cuando llegue la hora señalada, 
> aparecerá súbitamente aquello que hará temblar a los miembros del cuerpo de 
> la humanidad. Entonces, y sólo entonces será desplegado el Estandarte Divino 
> y el Ruiseñor del Paraíso gorjeará su melodía".
> 
> LA IMPOTENCIA DE LOS ESTADISTAS
> 
> ¡Muy amados amigos! La humanidad, ya sea considerada a la luz de la 
> conducta individual del hombre o de las relaciones existentes entre 
> comunidades organizadas y naciones, lamentablemente se ha desviado 
> muchísimo y ha sufrido una declinación demasiado grande como para ser 
> redimida mediante los esfuerzos aislados de sus mejores gobernantes y 
> estadistas, por muy desinteresados que sean sus motivos, por muy coordinada 
> que sea su acción, por muy fervorosos que sean en su celo y devoción a su 
> causa. Ningún esquema que todavía puedan diseñar los cálculos de los 
> mayores estadistas; ninguna doctrina que se propongan desarrollar los más 
> distinguidos exponentes de la teoría económica; ningún principio que puedan 
> esforzar por inculcar los más fervientes moralistas suministrarán, en última 
> instancia, los cimientos adecuados sobre los que ha de erigirse el futuro de un 
> mundo aturdido.
> Ninguna apelación a la tolerancia mutua que puedan hacer los que entienden 
> las condiciones del mundo, no importa lo apremiante e insistente que sea, 
> podrá calmar las pasiones o contribuir a restaurar el vigor. Ni tampoco ningún 
> esquema general de mera cooperación internacional organizada, en cualquier 
> sector de la actividad humana y por muy ingeniosa que sea su concepción o 
> muy amplio su alcance, logrará erradicar la causa primera del mal que ha 
> perturbado tan bruscamente el equilibrio de la sociedad actual. Ni siquiera, me 
> atrevo a afirmar, la acción misma de inventar el mecanismo requerido para la 
> unificación política y económica del mundo -principio sostenido cada vez más 
> en los últimos tiempos- podrá por sí sola proveer el antídoto contra el veneno 
> que progresivamente va minando el vigor de pueblos y naciones organizados.
> ¿Qué otra cosa podemos afirmar confiadamente que no sea abierta aceptación 
> del Programa Divino enunciado por Bahá'u'lláh con tanta simpleza y fuerza 
> hace sesenta años (4), el cual encarna en sus principios esenciales el 
> esquema ordenado por Dios para la unificación de la humanidad en esta era, 
> al que se agrega una férrea convicción de la infalible eficacia de todas y cada 
> una de sus disposiciones; aceptación y convicción, las cuales serán finalmente 
> capaces de resistir las fuerzas de desintegración interna; estas, de no ser 
> frenadas, seguirán necesariamente carcomiendo las partes vitales de una 
> sociedad desesperada? Es hacia esta meta -la meta de un nuevo Orden 
> Mundial, Divino en su origen, omnímodo en sus alcances, equitativo en sus 
> principios y desafiante en sus rasgos- por la que ha de bregar una humanidad 
> hostigada.
> Sería presuntuoso, aun de parte de los adeptos declarados a Su Fe, sostener 
> que se han captado todas las inferencias del prodigioso esquema de 
> Bahá'u'lláh para la solidaridad humana mundial, o que se ha comprendido su 
> significación. Sería prematuro aun en una etapa tan avanzada de la evolución 
> de la humanidad pretender vislumbrarlo en todas sus posibilidades, estimar 
> sus beneficios futuros, imaginar su gloria.
> 
> LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL ORDEN MUNDIAL
> 
> Todo lo que razonablemente podemos intentar es esforzarnos por lograr una 
> vislumbre de los primeros rayos del Alba prometida que, en la plenitud del 
> tiempo, habrá de ahuyentar las tinieblas que han rodeado a la humanidad. 
> Todo lo que podemos hacer es señalar los que, en sus más amplios contornos, 
> parecen ser los principios rectores que subyacen en el Orden Mundial de 
> Bahá'u'lláh, desarrollados y enunciados por 'Abdu'l-Bahá, en Centro de Su 
> Convenio con toda la humanidad, y Quien fuera designado Intérprete y 
> Expositor de Su Palabra.
> Que el desasosiego y sufrimiento que afectan a toda la humanidad son, en 
> gran medida, consecuencias directas de la Guerra Mundial y atribuibles a la 
> falta de discernimiento y a la miopía de los responsables de los Tratados de 
> Paz es un hecho que sólo una mente prejuiciosa rehusaría admitir. Que las 
> obligaciones financieras contraídas en el curso de la guerra, como asimismo la 
> imposición de una agobiante carga de reparaciones sobre los vencidos han 
> sido, en gran medida, las causas de la mala administración y del consiguiente 
> déficit de las reservas mundiales de oro, lo que, a su vez y también en gran 
> medida, ha acentuado la tremenda baja de precios y, en consecuencia, el 
> aumento implacable de las cargas sobre los países empobrecidos, es algo que 
> ninguna mente imparcial dejará de cuestionar. Que las deudas 
> intergubernamentales han impuesto un gran esfuerzo al grueso de la población 
> de Europa, rompieron el equilibrio de los presupuestos nacionales, mutilaron 
> las industrias nacionales y han elevado el número de desocupados, no es 
> menos evidente para un observador objetivo. Que el espíritu de venganza, de 
> sospecha, de miedo y de rivalizar engendrado por la guerra, que las 
> disposiciones de los Tratados de Paz ayudaron a perpetuar y fomentar, ha 
> conducido a un enorme incremento en la competencia de armamentos 
> nacionales, que el año pasado representó un gasto en conjunto de no menos 
> de mil millones de libras, lo que a su vez ha acentuado los efectos de la 
> depresión mundial, es una evidencia que hasta el observador más superficial 
> habrá de admitir. Que un nacionalismo estrecho y brutal, reforzado por la 
> teoría de posguerra sobre la autodeterminación, ha sido el principal 
> responsable de la política de tarifas elevadas y prohibitivas, tan perjudiciales 
> para el normal flujo del comercio internacional y para el mecanismo de las 
> finanzas mundiales, es un hecho que pocos se atreverían a discutir.
> Sin embargo, sería inútil sostener que la guerra, con todas las pérdidas que 
> involucró, con las pasiones que despertó y con las injusticias que dejó tras de 
> sí, ha sido la única responsable de la confusión sin precedentes en que se 
> hallan inmersos en la actualidad casi todos los sectores del mundo civilizado. 
> ¿No es un hecho -y esta es la idea central que deseo destacar- que la causa 
> fundamental de esta inquietud mundial es atribuible, no tanto a las 
> consecuencias de lo que tarde o temprano habrá de ser considerado el 
> disloque transitorio de un mundo en continuo cambio, sino antes bien al 
> fracaso de aquellos en cuyas manos se ha depositado el destino inmediato de 
> pueblos y naciones, al no adaptar su sistema de instituciones económicas y 
> políticas a las imperiosas necesidades de una era en rápida evolución? ¿Estas 
> crisis intermitentes que convulsionan a la sociedad actual acaso no se deben 
> principalmente a la lamentable incapacidad de los líderes reconocidos del 
> mundo para comprender correctamente los signos de la época, para librarse 
> de una vez por todas de sus preconceptos y credos encadenadores, para 
> remodelar la maquinaria de sus respectivos gobiernos de acuerdo con las 
> pautas ínsitas en la suprema declaración de Bahá'u'lláh para la Unidad de la 
> Humanidad, rasgo principal y distintivo de la Fe por Él proclamada? Pues el 
> principio de Unidad de la Humanidad, piedra fundamental del dominio 
> omnímodo de Bahá'u'lláh, implica ni más ni menos que el cumplimiento de Su 
> esquema de unificación del mundo, esquema al que ya nos hemos referido. 
> "En toda Dispensación", escribe 'Abdu'l-Bahá, "la luz de la Guía Divina ha 
> enfocado un tema central... En esta maravillosa Revelación, en este glorioso 
> siglo, el fundamento de la Fe de Dios y el rasgo distintivo de Su Ley es la 
> conciencia de Unidad de la Humanidad".
> Muy patéticos son, por cierto, los esfuerzos de esos líderes de las instituciones 
> humanas quienes, con total desprecio por el espíritu de la época, bregan por 
> adaptar los procesos nacionales, apropiados a los antiguos días de naciones 
> aisladas, a una época que debe, o lograr la unidad del mundo, tal como la 
> esbozara Bahá'u'lláh, o perecer. En una hora tan crítica para la historia de la 
> civilización corresponde a los líderes de todas las naciones del mundo, 
> grandes o pequeñas, de Oriente o de Occidente, vencedoras o vencidas, 
> prestar atención al toque de clarín de Bahá'u'lláh, e imbuidos por completo de 
> un sentido de solidaridad mundial, condición sine qua non de lealtad a Su 
> Causa, alzarse valientemente para lograr en su totalidad el único esquema 
> reparador que Él, el Médico Divino, ha recetado para una humanidad doliente. 
> Que descarten de una vez para siempre todo preconcepto, todo prejuicio 
> nacional, y que presten atención al sublime consejo de 'Abdu'l-Bahá, 
> autorizado Expositor de Sus enseñanzas. "Podrá usted servir mejor a su país", 
> fue la réplica de 'Abdu'l-Bahá a un alto funcionario en ejercicio del gobierno 
> federal de los Estados Unidos, quien Le había interrogado acerca de la mejor 
> manera de estimular los intereses de su gobierno y de su pueblo, "si, en su 
> condición de ciudadano del mundo, trata de colaborar en la eventual aplicación 
> del principio de federalismo que subyace en el gobierno de su propio país a las 
> relaciones existentes ahora entre pueblos y naciones del mundo".
> En El Secreto de la Civilización Divina, destacada contribución de 'Abdu'l-Bahá 
> a la futura reorganización del mundo, leemos lo siguiente:
> 
> "La verdadera civilización desplegará su estandarte en el propio corazón del 
> mundo cuando cierto número de sus distinguidos y magnánimos soberanos -
> brillantes ejemplos de devoción y determinación- por el bien y la felicidad de 
> toda la humanidad, se levanten con firme resolución y clara visión para 
> establecer la Causa de la Paz Universal. Deberán convertir la Causa de la Paz 
> en objeto de consultas generales, y tratar por todos los medios a su alcance de 
> establecer la unión de las naciones del mundo. Deberán acordar un tratado 
> valedero y establecer un convenio cuyas disposiciones serán firmes, 
> inviolables y definitivas. Deberán proclamarlo a todo el mundo y obtener para 
> él la sanción de toda la raza humana. Esta noble y suprema empresa -
> verdadera fuente de paz y bienestar para el mundo entero- deberá ser 
> considerada como sagrada por todos los que habitan la Tierra. Las fuerzas de 
> la humanidad habrán de movilizarse para asegurar la estabilidad y 
> permanencia de este Máximo Convenio. En este omnímodo Pacto, los límites y 
> fronteras de todas y cada una de las naciones quedarán claramente fijadas, los 
> principios fundamentales de las relaciones entre los gobiernos se establecerán 
> definitivamente y todos los acuerdos y obligaciones internacionales quedarán 
> determinados. Asimismo, el número de armamentos de cada gobierno habrá 
> de ser estrictamente limitado, porque si se permitiera aumentar las 
> preparaciones para la guerra y las fuerzas militares de cualquier nación, ello 
> despertaría sospechas de las otras. El principio fundamental que subyace en 
> este solemne Pacto deberá ser tan firme que si algún gobierno violase 
> cualquiera de sus disposiciones, los demás gobiernos de la Tierra deberán 
> levantarse para reducirlo a completa sumisión; más aún, la raza humana en su 
> totalidad decidirá, con todas las fuerzas a su alcance, abolir este gobierno. De 
> aplicarse éste, el más grande de los remedios al cuerpo del mundo, sin duda 
> se recuperará de sus males y permanecerá eternamente seguro y a salvo.
> Unos pocos, sin advertir la facultad latente en el esfuerzo humano", señala Él, 
> además, "consideran que esta cuestión es muy impracticable, más aún, que 
> está fuera del alcance del máximo empeño del hombre. Sin embargo no es 
> este el caso. Al contrario, en virtud de la infalible gracia de Dios, de la amorosa 
> bondad de Sus favorecidos, del empeño sin igual de almas sabias y capaces, y 
> de los pensamientos e ideas de incomparables líderes de esta era, 
> absolutamente nada puede ser considerado como  inalcanzable. Se necesita 
> empeño, incesante empeño. Nada que no sea  una indómita determinación 
> conseguirá lograrlo. Muchas causas que en época anteriores se consideraban 
> puramente ilusorias, actualmente se han convertido en algo muy sencillo y 
> practicable. ¿Por qué esta grandiosa y elevada Causa -lucero del firmamento 
> de la verdadera civilización y el origen de la gloria, del progreso, del bienestar 
> y del éxito de toda la humanidad- ha de ser considerada imposible de lograr? 
> Sin duda llegará el día en que su bella luz habrá de iluminar el concurso de los 
> hombres".
> 
> LAS SIETE LUCES DE LA UNIDAD
> 
> En una de Sus Tablas, 'Abdu'l-Bahá, al explicar Su noble tema, revela lo 
> siguiente:
> 
> "En épocas pasadas, aunque establecida la armonía, debido a la ausencia de 
> medios la unidad de toda la humanidad no pudo lograrse. Los continentes 
> permanecían totalmente divididos, e, incluso, entre los pueblos de un mismo 
> continente la asociación y el intercambio de ideas eran casi imposibles. Por 
> consiguiente, el intercambio, el entendimiento y la unidad entre los pueblos y 
> congéneres de la Tierra eran inalcanzables. Sin embargo, en la actualidad, los 
> medios de comunicación se han multiplicado y los cinco continentes de la 
> Tierra se han fusionado virtualmente en uno solo... Igualmente, todos los 
> miembros de la familia humana, ya sean pueblos o gobiernos, ciudades o 
> aldeas, se han vuelto progresivamente interdependientes. La autosuficiencia 
> no es ya posible para nadie, puesto que los lazos políticos unen a todos los 
> pueblos y naciones, y día a día se estrechan los vínculos del comercio y la 
> industria, de la agricultura y de la educación. Así, hoy día puede lograrse la 
> unidad de toda la humanidad. Ciertamente esta no es sino una de las 
> maravillas de esta era asombrosa, de este glorioso siglo. Las épocas pasadas 
> se vieron privadas de ello, pues este siglo -el siglo de la luz- ha sido dotado de 
> una gloria, un poder y entendimiento únicos y sin precedentes. De ahí el 
> milagroso surgir de una nueva maravilla cada día. Al final se verá cuán 
> brillantes arderán sus candelas en el concurso de los hombres.
> Contemplad cómo esta luz se asoma ahora por el ensombrecido horizonte del 
> mundo. La primera candela es la unidad en el campo político, cuyos destellos 
> iniciales pueden ya distinguirse. La segunda candela es la unidad de 
> pensamiento en emprendimientos mundiales, cuya consumación no tardará en 
> presenciarse. La tercera candela es la unidad en libertad que sin duda habrá 
> de acontecer. La cuarta candela es la unidad en religión, que es la piedra 
> fundamental de la misma base, y que, mediante el poder de Dios, será 
> revelada en todo su esplendor. La quinta candela es la unidad de las naciones 
> -unidad que en este siglo quedará firmemente establecida y que hará que 
> todos los habitantes del mundo se consideren ciudadanos de una patria 
> común. La sexta candela es la unidad de las razas, que convierte a todos los 
> que habitan la Tierra en pueblos y congéneres de una raza. La séptima 
> candela es la unidad de lenguaje, esto es, la elección de una lengua universal 
> en la que todos los pueblo serán educados y conversarán. Todas y cada una 
> de éstas habrán de producirse inevitablemente, ya que el poderío del Reino de 
> Dios ayudará y asistirá para su realización".
> 
> UN SUPER-ESTADO MUNDIAL
> 
> Hace más de sesenta años (5) en Su Tabla a la  Reina Victoria, Bahá'u'lláh 
> dirigiéndose al "concurso de gobernantes de la Tierra", reveló lo siguiente:
> 
> "Reuníos a deliberar, y que vuestro único interés sea lo que beneficie a la 
> humanidad y mejore su condición... Considerad al mundo como el cuerpo 
> humano que, aunque en el momento de su creación estaba completo y era 
> perfecto, se ha visto afligido, por causas diversas, con graves trastornos y 
> enfermedades. Ni un solo día logró alivio; no, más bien su dolencia se agravó, 
> pues cayó en manos de médicos ignorantes que daban rienda suelta a sus 
> deseos personales y han errado gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado 
> de un médico hábil, un miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto seguía 
> enfermo, como antes. Así os informa el Omnisciente, el Todo Sabio... Lo que el 
> Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso instrumento 
> para la curación del mundo entero es la unión de todos sus pueblos en una 
> Causa universal, en una Fe común. Esto de ningún modo puede lograrse 
> excepto por el poder de un Médico hábil, todopoderoso e inspirado. Esto, 
> ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error..."
> 
> En otro pasaje, Bahá'u'lláh agrega estas palabras:
> 
> "Vemos que aumentáis cada año vuestros gastos, y colocáis su carga sobre 
> vuestros súbditos. Esto, verdaderamente, es total y gravemente injusto. Temed 
> los suspiros y lágrimas de este Agraviado, y no coloquéis cargas excesivas 
> sobre vuestros pueblos... Reconciliaos entre vosotros, para que no necesitéis 
> más de armamentos salvo en la medida en que lo exija la protección de 
> vuestros territorios y dominios... Manteneos unidos, oh reyes de la Tierra, pues 
> con ello la tempestad de la discordia será acallada entre vosotros y vuestros 
> pueblos encontrarán descanso. Si uno de entre vosotros tomare armas contra 
> otro, levantaos todos contra él, pues esto no es sino justicia manifiesta".
> 
> ¿Qué otra cosa podrían significar estas importantes palabras que no fuera una 
> referencia a la inevitable reducción de las ilimitadas soberanías nacionales 
> como requisito indispensable para la formación de la futura Mancomunidad de 
> todas las naciones del mundo? Es necesario desarrollar cierta forma de Super-
> Estado mundial, a favor del cual todas las naciones del mundo voluntariamente 
> habrán de ceder todo derecho a entrar en guerra, ciertos derechos a recaudar 
> impuestos y todos los derechos a mantener armamentos, salvo con el 
> propósito de mantener el orden interno dentro de sus respectivos dominios. 
> Dicho estado habrá de incluir en su órbita a un Poder Ejecutivo Internacional 
> con capacidad para hacer valer la autoridad suprema e indiscutible en todo 
> miembro recalcitrante de la mancomunidad; un Parlamento Mundial cuyos 
> miembros serán elegidos por el pueblo en sus respectivos países y cuya 
> elección será confirmada por sus respectivos gobiernos; y un Tribunal 
> Supremo cuyos dictámenes tendrán efectos obligatorios aun en los casos en 
> que las partes interesadas no estén voluntariamente de acuerdo en someter la 
> disputa a su consideración. Una comunidad mundial en la que todas las 
> barreras económicas serán derribadas para siempre y en la que se reconocerá 
> definitivamente la interdependencia del Capital y el Trabajo; en la que el 
> clamor del fanatismo y el conflicto religioso será acallado para siempre; en la 
> que será finalmente extinguida la llama de la animosidad racial; en la que un 
> código único de derecho internacional -producto de un juicioso análisis de los 
> representantes federados del mundo- será sancionado por la intervención 
> instantánea y coercitiva de las fuerzas combinadas de las unidades federadas; 
> y, finalmente, una comunidad mundial en la que el furor de un nacionalismo 
> caprichoso y militante será trocado en una perdurable conciencia de 
> ciudadanía mundial; así es como se presenta, en líneas generales, el Orden 
> anticipado por Bahá'u'lláh, Orden que habrá de ser considerado el más 
> hermoso fruto de una era en lenta maduración.
> "El Tabernáculo de la unidad", proclama Bahá'u'lláh en Su mensaje a toda la 
> humanidad, "ha sido levantado; no os miréis como extraños los unos a los 
> otros... Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama... La Tierra 
> es un solo país, y la humanidad, sus ciudadanos... Que ningún hombre se 
> gloríe de que ama a su patria; que más bien se gloríe de que ama a sus 
> semejantes".
> 
> LA UNIDAD EN DIVERSIDAD
> 
> Que no quede ningún recelo en cuanto al propósito que anima a la Ley 
> mundial de Bahá'u'lláh. Lejos de tender a la subversión de los fundamentos 
> actuales de la sociedad, trata de ampliar su base, de amoldar sus instituciones 
> en consonancia con las necesidades de un mundo en constante cambio. No 
> está en conflicto con compromisos legítimos ni socava lealtades esenciales. Su 
> propósito no es ni sofocar la llama de un sano e inteligente patriotismo en el 
> corazón del hombre, ni abolir el sistema de autonomía nacional tan esencial 
> cuando se busca evitar los males de un excesivo centralismo. No ignora ni 
> intenta suprimir la diversidad de orígenes étnicos, de climas, de historia, de 
> idioma y de tradición, de pensamiento y de costumbres que distinguen a  los 
> pueblos y naciones del mundo. Insta a una lealtad más amplia, a un anhelo 
> mayor que cualquiera que los que la raza humana ha sentido. Insiste en la 
> subordinación de móviles e intereses nacionales a los imperativos reclamos de 
> un mundo unificado. Repudia el centralismo excesivo por una parte, y rechaza 
> todo intento de uniformidad por otra. Su consigna es la unidad en diversidad 
> como El mismo 'Abdu'l-Bahá ha aclarado:
> 
> "Considerad las flores de un jardín. Aunque diferentes en clase, color y forma, 
> sin embargo, puesto que son refrescadas por el agua de una misma fuente, 
> reanimadas por el aliento de un mismo viento y vigorizadas por los rayos de un 
> mismo sol, esta diversidad aumenta sus encantos y aporta a su belleza. ¡Qué 
> desagradable para la vista si todas las flores y las plantas, las hojas y los 
> capullos, los frutos, las ramas y los árboles de ese jardín fuesen todos de la 
> misma forma y del mismo color! La diversidad de tonos y formas enriquece y 
> adorna el jardín, y aumenta el encanto de éste. De modo similar, cuando las 
> diversas maneras del pensamiento, del temperamento y del carácter son 
> reunidas mediante el poder y la influencia de un organismo central, quedarán 
> reveladas y se manifestarán la belleza y la gloria de la perfección humana. 
> Nada que no sea el poderío celestial de la Palabra de Dios, que gobierna y 
> trasciende las realidades de todas las cosas, es capaz de armonizar los 
> diversos pensamientos, sentimientos, ideas y convicciones de los hijos del 
> hombre".
> 
> El llamado de Bahá'u'lláh se dirige principalmente contra toda forma de 
> localismo, contra toda estrechez y prejuicio. Si los ideales largamente 
> acariciados y las instituciones largamente veneradas, si ciertas convenciones 
> sociales y fórmulas religiosas han dejado de fomentar el bienestar de la 
> mayoría de la humanidad, si ya no cubren las necesidades de una humanidad 
> en continua evolución, que sean descartadas y que queden relegadas al lugar 
> de las doctrinas obsoletas y olvidadas. ¿Por qué éstas, en un mundo sujeto a 
> la inmutable ley del cambio y la decadencia, han de quedar eximidas del 
> deterioro que necesariamente se apodera de toda institución humana? Porque 
> las pautas legales, las teorías políticas y económicas han sido diseñadas sólo 
> para proteger los intereses de la humanidad toda, y no para que la humanidad 
> se vea crucificada por la conservación de la integridad de alguna ley o doctrina 
> determinada.
> 
> EL PRINCIPIO DE UNIDAD
> 
> Que no haya ningún malentendido. El principio de Unidad de la Humanidad -
> pivote sobre el que giran todas las enseñanzas de Bahá'u'lláh- no es un mero 
> estallido de sentimentalismo ignorante o una expresión de vaga y piadosa 
> esperanza. Su llamado no debe ser simplemente identificado con un 
> renacimiento del espíritu de hermandad y de buena voluntad entre los 
> hombres, ni tampoco tiene el solo propósito de fomentar la cooperación 
> armoniosa entre individuos y naciones. Su significación es más profunda, sus 
> aspiraciones son mayores que las correspondientes a los Profetas del pasado. 
> Su mensaje es aplicable no sólo al individuo sino que atañe principalmente a 
> la naturaleza de aquellas relaciones esenciales que han de ligar a todos los 
> Estados y naciones como a miembros de una familia humana. No constituye 
> simplemente el enunciado de un ideal, sino que está inseparablemente 
> vinculado a una institución apropiada para encarnar su verdad, para demostrar 
> su validez y para perpetuar su influencia. Implica un cambio orgánico en la 
> estructura de la sociedad actual, un cambio que todavía el mundo no ha 
> experimentado. Constituye un desafío, audaz y universal a la vez, a las 
> gastadas consignas de los credos nacionales, credos que han tenido su día y 
> que, en el transcurso normal de los sucesos, modelado y controlado por la 
> Providencia, deberán abrir paso a un nuevo evangelio, fundamentalmente 
> diferente e infinitamente superior a lo que el mundo ha concebido hasta ahora. 
> Requiere nada menos que la reconstrucción y la desmilitarización de todo el 
> mundo civilizado, un mundo orgánicamente unificado en todos los aspectos 
> esenciales de su vida, de su maquinaria política, de su anhelo espiritual, de su 
> comercio y de sus finanzas, de su escritura y de su idioma, y aun así, infinito 
> en la diversidad de las características nacionales de sus unidades federadas.
> Representa la consumación de la evolución humana, evolución que ha tenido 
> sus orígenes en el nacimiento de la vida familiar, su subsiguiente desarrollo en 
> el logro de la solidaridad tribal, que llevó a su vez a la constitución de la 
> ciudad-estado y que posteriormente se expandió en la institución de la nación 
> independiente y soberana.
> El principio de Unidad de la Humanidad, tal como lo proclamara Bahá'u'lláh, 
> lleva consigo ni más ni menos que una solemne afirmación de que el logro de 
> esa etapa final en esta estupenda evolución es no sólo necesario sino 
> inevitable, que su concreción se aproxima rápidamente y que nada que no sea 
> el poder nacido de Dios conseguirá establecerlo.
> Tan maravillosa concepción halla sus primeras manifestaciones en los 
> esfuerzos realizados a conciencia y en los modestos comienzos ya alcanzados 
> por los declarados adherentes a la Fe de Bahá'u'lláh, los que, conscientes de 
> los sublime de Su misión e iniciados en los ennoblecedores principios de Su 
> Administración, bregan por establecer Su Reino en esta Tierra. Tiene su 
> manifestación indirecta en la difusión gradual del espíritu de solidaridad 
> mundial que se alza espontáneamente sobre el tumulto de una sociedad 
> desorganizada.
> Sería estimulante seguir la historia del crecimiento y desarrollo de esta 
> elevada concepción que progresivamente ha de llamar la atención de quienes 
> son custodios responsables de los destinos de pueblos y naciones. La 
> concepción de solidaridad mundial parecía no sólo remota sino también 
> inconcebible a los estados y principados que surgieron de las conmociones de 
> la era napoleónica, estados cuya principal preocupación era recuperar sus 
> derechos a una existencia independiente o alcanzar su unidad nacional. Sólo 
> cuando las fuerzas del nacionalismo lograron derribar los cimientos de la 
> Santa Alianza, la cual había intentado contener el creciente poderío de aquél, 
> llegó a contemplarse seriamente la posibilidad de un orden mundial que 
> trascendiera en su alcance las instituciones políticas establecidas por estas 
> naciones. Sólo después de la Guerra Mundial, estos exponentes del 
> nacionalismo arrogante comenzaron a ver en ese orden el objeto de una 
> perniciosa doctrina que trataba de minar la lealtad esencial de la cual 
> dependía la existencia continuada de su vida nacional. Con un vigor que 
> recordaba la energía con que los miembros de la Santa Alianza trataron de 
> sofocar el espíritu de un nacionalismo creciente entre los pueblos liberados del 
> yugo napoleónico, estos campeones de la ilimitada soberanía nacional 
> bregaron y siguen bregando a su vez por desprestigiar principios de los que, 
> en última instancia, dependerá su propia salvación.
> La enconada oposición que recibió el esquema del Protocolo de Ginebra, 
> ahogado al nacer; el ridículo en que cayó la subsiguiente propuesta para 
> formar los Estados Unidos de Europa y el fracaso del esquema general para la 
> unión económica de Europa, todos estos parecerían ser reveses a los 
> esfuerzos realizados por un puñado de fervorosos visionarios en pos de este 
> noble ideal. Y así y todo, ¿no se justifica que encontremos renovados bríos al 
> observar que la sola consideración de dichas propuestas es en sí misma una 
> evidencia de su firme desarrollo en la mente y en el corazón del hombre? 
> ¿Acaso no vemos, en los intentos organizados que se llevan a cabo para 
> desprestigiar esta elevada concepción, la repetición en gran escala de esas 
> luchas perturbadoras y las feroces controversias que precedieron el 
> nacimiento de las naciones unificadas de Occidente y que ayudaron a su 
> reconstrucción?
> 
> LA FEDERACIÓN DE LA HUMANIDAD
> 
> Pongamos un ejemplo. ¡Qué confiadas eran las afirmaciones emitidas antes de 
> la unificación de los estados del continente norteamericano cuando se referían 
> a las barreras infranqueables que cerraban el paso hacia su federación final! 
> ¿No se declaraba amplia y enfáticamente que los intereses en conflicto, la 
> desconfianza mutua y las diferencias de gobiernos y costumbres que dividían a 
> los estados eran tales que ninguna fuerza, ya fuere espiritual o temporal, 
> podría jamás lograr su armonía y su control? ¡Y, aún así, cuán diferentes eran 
> las condiciones reinantes hace ciento cincuenta años de las que caracterizan a 
> la sociedad actual! En realidad, no sería exagerado decir que la ausencia de 
> esas facilidades que el progreso científico moderno ha puesto al servicio de la 
> humanidad de nuestro tiempo ha convertido al problema de la fusión de los 
> estados norteamericanos en una federación única, por similares que fueran 
> algunas de sus tradiciones, en una tarea muchísimo más compleja que la que 
> afronta una humanidad dividida en sus esfuerzos para lograr su unificación.
> ¿Quién sabe si, para que una concepción tan elevada tome cuerpo, no haya 
> que infligir a la humanidad un sufrimiento más intenso que cualquiera de los 
> que ya ha padecido? ¿Acaso algo menor que el fuego de una guerra civil con 
> toda su violencia y sus vicisitudes -una guerra que casi desgarró a la gran 
> república norteamericana- podría haber fusionado a los estados, no en una 
> unión de partes independientes, sino en una nación, a pesar de todas las 
> diferencias étnicas que caracterizaban a los componentes? Parece muy poco 
> probable que una revolución tan fundamental, que involucra cambios de tan 
> grande alcance en la estructura de la sociedad, pueda lograrse mediante el 
> proceso ordinario de la diplomacia y de la educación. Sólo tenemos que volver 
> nuestra mirada hacia la sangrienta historia de la humanidad para advertir que 
> tan sólo una intensa agonía mental y física ha sido capaz de precipitar esos 
> cambios trascendentales que constituyen los más grandes hitos en la historia 
> de la civilización humana.
> 
> EL FUEGO DE LA AFLICCIÓN
> 
> Aunque esos cambios del pasado fueron grandiosos y de mucho alcance, no 
> parecen ser, al contemplárselos en la perspectiva apropiada, sino ajustes 
> subsidiarios que anticipan esa transformación de incomparable majestuosidad 
> y trascendencia que ha de sufrir la humanidad en esta era. Lamentablemente, 
> se hace cada vez más evidente que únicamente las fuerzas de una catástrofe 
> mundial pueden precipitar esa nueva fase del pensamiento humano. 
> Paulatinamente, los hechos futuros habrán de demostrar la verdad de que tan 
> sólo el fuego de  una severa aflicción, de intensidad inigualada, puede fusionar 
> y unir las entidades discordantes que constituyen los elementos de la 
> civilización actual en los componentes de la comunidad mundial del futuro.
> La profética voz de Bahá'u'lláh advirtiendo, en los pasajes finales de Las 
> Palabras Ocultas, "a los pueblos del mundo" que "una calamidad imprevista 
> los sigue y que un penoso castigo les espera", arroja fantástica luz sobre los 
> destinos inmediatos de una afligida humanidad. Nada que no sea un fiero 
> tormento, del cual la humanidad surgirá purificada y preparada, logrará 
> implantar ese sentido de responsabilidad que los líderes de una era naciente 
> deberán asumir.
> Dirijo nuevamente vuestra atención a las ominosas palabras que ya he citado: 
> "Y cuando llegue la hora señalada, aparecerá súbitamente aquello que hará 
> temblar a los miembros del cuerpo de la humanidad".
> ¿Acaso El Mismo 'Abdu'l-Bahá no afirmó en lenguaje inequívoco que "otra 
> guerra, más cuenta que la anterior, indudablemente estallará"?
> De la consumación de esta empresa colosal e inefablemente gloriosa -
> empresa que frustró los recursos de los estadistas romanos y que los 
> desesperados esfuerzos de Napoleón no pudieron lograr- dependerá la 
> realización final de ese milenio al que los poetas de todos los tiempos han 
> cantado y con el cual los profetas han soñado tanto. De ella dependerá el 
> cumplimiento de las profecías anunciadas por los antiguos Profetas en el 
> sentido de que las espadas se convertirán en rejas de arado y el león y el 
> cordero yacerán juntos. Sólo ella pueden introducir el Reino del Padre 
> Celestial presagiado por la Fe de Jesucristo. Sólo ella puede echar los 
> cimientos del Nuevo Orden Mundial vislumbrado por Bahá'u'lláh -Orden 
> Mundial que habrá de reflejar, aunque débilmente, el inefable esplendor del 
> Reino de Abhá sobre esta Tierra.
> Una palabra más como conclusión. La proclamación de la Unidad de la 
> Humanidad -piedra fundamental del dominio omnímodo de Bahá'u'lláh- no 
> debe ser comparada bajo ninguna esperanza, pronunciadas en el pasado. El 
> suyo no es meramente un llamado que Él profirió, solo y sin ayuda, frente a la 
> oposición implacable y combinada de dos de los más poderosos potentados 
> orientales de Su época, siendo Él un exiliado y prisionero en sus manos. 
> Significa a la vez una advertencia y una promesa, una advertencia de que en 
> él reside el único medio de salvación de un mundo en gran sufrimiento; una 
> promesa de que su concreción está cercana.
> Pronunciado en una época en que sus posibilidades todavía no habían sido 
> seriamente contempladas en ningún lugar del mundo, mediante esa potencia 
> celestial que le ha insuflado el Espíritu de Bahá'u'lláh, ha pasado a ser 
> considerado finalmente, por un creciente número de hombres que piensan, no 
> sólo como una posibilidad cercana sino como resultado necesario de las 
> fuerzas que hoy actúan en el mundo.
> 
> EL PORTAVOZ DE DIOS
> 
> El mundo, comprimido y transformado en un único organismo altamente 
> complejo por el maravilloso progreso alcanzado en el ámbito de las ciencias 
> físicas, por la expansión mundial del comercio y la industria, y luchando bajo la 
> presión de fuerzas económicas mundiales, entre los peligros de una 
> civilización materialista, se encuentra sin duda en la urgente necesidad de un 
> replanteo de la Verdad que subyace en todas las Revelaciones del pasado en 
> un idioma acorde con sus requisitos esenciales. ¿Y qué otra voz que la de 
> Bahá'u'lláh -el Portavoz de Dios en esta era- es capaz de efectuar una 
> transformación tan radical de la sociedad como la que Él ya ha logrado en los 
> corazones de esos hombres y mujeres, tan diversos y aparentemente 
> irreconciliables, que constituyen el conjunto de Sus declarados seguidores en 
> todo el mundo?
> Que una concepción tan majestuosa brota con rapidez en la mente del 
> hombre, que se alzan voces en su apoyo, que sus rasgos salientes han de 
> cristalizar pronto en la conciencia de quienes tienen autoridad, son, 
> ciertamente, cosas de las que pocos pueden dudar. Que sus modestos 
> comienzos ya han tomado cuerpo en la Administración mundial, en la que 
> están reunidos los adherentes a la Fe de Bahá'u'lláh, es un hecho que sólo 
> quienes tengan el corazón corrompido por el prejuicio dejarán de advertir.
> Nuestro, amados compañeros trabajadores, es el deber fundamental de 
> continuar, con firme visión y con infatigable fervor, colaborando en la erección 
> final de ese Edificio cuyos cimientos ha echado Bahá'u'lláh en nuestros 
> corazones, adquiriendo renovada esperanza y fuerza del rumbo general de 
> sucesos recientes, por oscuros que sean sus efectos inmediatos, y orando con 
> incansable ardor para que Él pueda acelerar la realización de esa Maravillosa 
> Visión que constituye la emanación más brillante de Su Mente y el más 
> hermoso fruto de la más bella civilización que el mundo ha visto.
> ¿Podrá ser que el centésimo aniversario de la Declaración (6) de la Fe de 
> Bahá'u'lláh señale el comienzo de una era tan vasta en la historia humana?
> Vuestro verdadero hermano,
> Shoghi
> Akká, Israel
> 28 de noviembre de 1931
> 
> 1 El 28 de noviembre de 1921
> 2 Escrito en 1931.
> 3 'Akká, Israel.
> 4 Escrito en 1931.
> 5 Escrito en 1931.
> 6 1863. La Casa Universal de Justicia, supremo cuerpo administrativo de la Fe 
> Bahá'í, fue constituida en 1963 y está situada en el Centro Mundial Bahá'í, en 
> Haifa, Israel.
>
> — *LA META DE UN NUEVO ORDEN MUNDIAL*

