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COMUNIDAD INTERNACIONAL BAHA'I
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Educando a las Niñas: Una Inversión en el Futuro
Una Declaración de la Comunidad Internacional Bahá'í Preparada para "Educando a las Niñas: Un Imperativo para el Desarrollo," una Conferencia Internacional
Mayo 6-8, 1998 Washington, D.C.
EDUCANDO A LAS NIÑAS: Una Inversión en el Futuro Comunidad Internacional Bahá'í
Declaración1 preparada para "Educando a las Niñas: Un Imperativo para el Desarrollo," una conferencia internacional patrocinada por UNICEF, USAID, y el Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D.C. Mayo 6-8, 1998.
Hasta hace poco, la salud y educación de las niñas atrajo poco la atención de la comunidad internacional. Pero, en 1990, UNICEF declaró a la infante niña como prioridad en sus programas. Comenzó aportando fondos para la investigación, promoviendo la disgregación de datos, diseminación de información, y requiriendo que los programas de UNICEF se hicieran con sensibilidad hacia las necesidades de las niñas. Este enfoque sobre la infante niña ha generado impulso y es ahora llevado hacia adelante como una área de preocupación crítica identificado en la Plataforma de Acción adoptado en la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing en 1995.
Estos esfuerzos en resaltar la consciencia de las necesidades de la infante niña para asegurar que reciba alimentación adecuada, cuidado en salud, y educación no solo son de justicia, son de importancia crítica para el futuro de la civilización. Ya que las mujeres en este día serán llamadas a hacer una contribución especial hacia la creación de un orden mundial justo - un orden caracterizado por el vigor, la cooperación, la armonía, y un grado de compasión nunca antes atestiguado en la historia. Serán llamadas como nunca anteriormente a participar plenamente, como compañeros al mismo nivel con los hombres, en toda escena de la vida. Al mismo tiempo, continuarán desempeñando su rol singular y crítico como madres y como las primeras educadoras de la próxima generación
Es obvio, por lo tanto, que las niñas deben ser educadas y sus capacidades desarrolladas. Educación universal - la educación de ambos niños y niñas - merece un fuerte apoyo del gobierno, ya que la ignorancia socava la sociedad y perpetúa los prejuicios. Ninguna nación puede lograr el éxito a menos que la educación se le imparta a todos sus ciudadanos. Las niñas deben ser educadas - intelectual, espiritual, y emocionalmente - para una plena participación en la vida de la sociedad. Los Escritos bahá'ís nos aconsejan que, ya que los dos géneros son iguales en su capacidad intelectual y en su potencial para servir a la humanidad, niños y niñas deben estudiar el mismo curriculum. Debe abrirse el camino para que las mujeres y las niñas puedan entrar en todas las esferas del que hacer humano, incluyendo las artes y ciencias, agricultura, comercio, industria y los asuntos de estado. Es más, cuando una escasez de recursos impide que se pueda educar a ambos niños y niñas, los que toman decisiones son encomendados a considerar darle la primera prioridad a la educación de las mujeres y niñas, ya que es a través de las madres educadas que los beneficios de los conocimientos pueden con mayor efectividad y rapidez difundirse a toda la sociedad.
Las madres siempre han aportado servicio a la humanidad como las primeras educadoras de la próxima generación, pero una madre no puede transmitir a otras generaciones lo que no posee. Si una madre no puede, debido a sus propias deficiencias, proveer a sus hijos con las experiencias que les capacitará para una educación formal más adelante, se encontrarán con una desventaja seria, a veces perjudicial. Es más, cara a un caos abrumador y confuso en los asuntos del mundo, son las madres las que también deberán ser los primeros agentes en empoderar a los individuos - niños y niñas - para la transformación de la sociedad. Su amor, sus consejos y capacitación sabios serán necesarios para imbuir en sus hijos la auto estima y respeto hacia los demás que es esencial para el avance de la civilización. Claramente, entonces, la estación de la maternidad, en muchas sociedad cada vez más denigrada , es en realidad de la más gran importancia y más alto mérito. Al mismo tiempo, esta doble responsabilidad , de estimular el intelecto de niños y niñas y desarrollar el carácter del niño y la niña pertenece a ambos padres, a la familia como unidad, y a la comunidad.
El entorno familiar es crítico, y tanto el padre como la madre son responsables de lo que los niños y niñas aprenden en el hogar. Actualmente el mundo se encuentra atrapado en un ciclo de educación errado donde hábitos perniciosos de carácter pasan de una generación a otra, retrasando el progreso social. Una fuente de esta educación errada es la falta de respeto del hombre hacia la mujer, aún en el hogar. Negar la igualdad entre los géneros perpetúa una injusticia en contra de la mitad de la población mundial y promueve en los hombres actitudes y hábitos perniciosos que se trasladan de la familia al ámbito del trabajo, a la vida política y por último a las relaciones internacionales. El mundo no puede cargar con las consecuencias de tal ignorancia e injusticia, precisamente en este momento crítico cuando las perspectivas de establecer la paz en este planeta son tan prometedoras.
Tan grande es la importancia de la infante niña para el futuro de la sociedad, que medidas urgentes y conscientes deben ser tomadas ahora no solo para eliminar los obstáculos para su progreso, sino también para proveerle con las oportunidades y activamente animarla a mayores aspiraciones y logros. Los Escritos bahá'ís declaran tajantemente, "Debemos declarar que la capacidad de la mujer es igual, aún mayor que la del hombre. Esto la inspirará con la esperanza y la ambición, y sus susceptibilidades para el mejoramiento se incrementarán constantemente."
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1 En base a una declaración a la Junta Ejecutiva de UNICEF (New York, 22 de abril de 1991)