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EL KITÁB-I-ÍQÁN

EL LIBRO DE LA CERTEZA


REVELADO POR BAHÁ'U'LLÁH




Título original en inglés:
The Kitáb-i-Íqán, the Book of Certitude




PRIMERA PARTE



PREFACIO DE SHOGHI EFFENDI A SU TRADUCCIÓN AL INGLÉS DE EL KITÁB-I-ÍQÁN

Es ésta otra tentativa más de dar a conocer a Occidente, si bien en lenguaje insuficiente, un libro que ostenta preeminencia insuperada entre los escritos del Autor de la Revelación Bahá'í. Esperamos que sirva de ayuda a otros en sus esfuerzos por aproximarse a lo que siempre ha de considerarse como la meta inalcanzable: una versión digna de la incomparable expresión de Bahá'u'lláh.
SHOGHI



EN EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR,
EL EXALTADO, EL ALTÍSIMO

Ningún hombre podrá alcanzar las orillas del océano del verdadero entendimiento a menos que se haya desprendido de todo lo que hay en el cielo y en la tierra. Santificad vuestras almas, oh pueblos del mundo, para que quizás alcancéis la posición que Dios os ha destinado y entréis así en el tabernáculo que, conforme a las dispensaciones de la Providencia, ha sido erigido en el firmamento del Bayán.

La esencia de estas palabras es que quienes hollan el sendero de la fe, quienes ansían el vino de la certeza, deben purificarse de todo lo terrenal: sus oídos, de la palabrería ociosa; sus mentes, de las imaginaciones vanas; sus corazones, de las aficiones mundanas, y sus ojos, de aquello que perece. Deben poner su confianza en Dios y, asiéndose firmemente de Él, seguir su camino. Entonces se harán merecedores de las resplandecientes glorias del sol del divino conocimiento y comprensión y llegarán a ser los recipientes de una gracia que es infinita e invisible, por cuanto el hombre nunca tendrá esperanza de alcanzar el conocimiento del Todoglorioso, nunca podrá beber de la corriente del divino conocimiento y sabiduría, nunca podrá entrar en la morada de la inmortalidad, ni tomar del cáliz de la divina cercanía y favor, a menos que deje de considerar las palabras y acciones de los hombres como norma para la verdadera comprensión y reconocimiento de Dios y Sus Profetas.
Considera el pasado: Cuántos hombres, elevados y humildes, han esperado ansiosamente, en toda época, el advenimiento de las Manifestaciones de Dios en la santificada persona de Sus Elegidos. Cuántas veces han esperado Su venida; con qué frecuencia han suplicado para que sople la brisa de la misericordia divina y aparezca la Belleza prometida desde detrás del velo del encubrimiento y sea revelada a todo el mundo. Y siempre que se abrieron las puertas de gracia y las nubes de munificencia divina se vertieron sobre la humanidad y la luz del Invisible brilló sobre el horizonte de poder celestial, todos ellos Le negaron y se apartaron de Su rostro, el rostro de Dios mismo. Remítete, para verificar esta verdad, a lo que ha sido escrito en todos los Libros sagrados.
Detente por un momento a reflexionar sobre cuál ha sido la causa de tal rechazo por parte de quienes Le han buscado con tanto fervor y anhelo. Sus ataques han sido más feroces de cuanto la lengua o la pluma puedan describir. Ni una sola Manifestación ha aparecido que no haya sido afligida por la negación, el repudio y la oposición vehemente de quienes La rodeaban. Así se ha revelado: "¡Oh la miseria de los hombres! Ningún Mensajero llega a ellos sin que se mofen de Él".1 Y en otro lugar Él dice: "Toda nación se ha conjurado contra su Mensajero para dominarle violentamente, y ha disputado con palabras vanas para invalidar la verdad".2
Asimismo, las palabras que han brotado de la fuente del poder y han descendido del cielo de la gloria, son innumerables y están fuera de la comprensión común del hombre. Para quienes posean verdadera comprensión y perspicacia, el Súrih de Húd de seguro bastará. Recapacita un momento sobre esas santas palabras y, con total desprendimiento, esfuérzate por comprender su significado. Examina el maravilloso comportamiento de los Profetas y trae al pensamiento las difamaciones y recusaciones proferidas por los hijos de la negación y la falsedad, para que quizás logres que el ave del corazón humano emprenda su vuelo desde los parajes de la negligencia y la duda, hacia el nido de la fe y la certeza, y puedas beber hondamente de las aguas puras de la antigua sabiduría y participar del fruto del árbol del conocimiento divino. Tal es la porción del pan proveniente de los reinos de la eternidad y santidad que ha sido destinada a los puros de corazón.
Si te informases de las indignidades acumuladas sobre los Profetas de Dios y comprendieras las verdaderas causas de las objeciones hechas por sus opresores, de seguro apreciarías el significado de su posición. Asimismo, cuanto más atentamente examines las acusaciones de quienes se han opuesto a las Manifestaciones de los atributos divinos, tanto mayor será tu fe en la Causa de Dios. Por consiguiente, se hará en esta Tabla breve mención de diversos relatos referentes a los Profetas de Dios, para demostrar que, en todos los siglos y épocas, las Manifestaciones de poder y gloria han sido sometidas a crueldades tan atroces, que ninguna pluma se atreve a describirlas. Tal vez ello haga que algunos dejen de ser perturbados por el clamor y las protestas de los sacerdotes y necios de esta época, y les fortalezca su certeza y confianza.
Uno de los Profetas fue Noé. Durante novecientos cincuenta años exhortó suplicante a Su pueblo, convocándole hacia el refugio de seguridad y paz. Sin embargo, nadie atendió a Su llamado. Día tras día causaban a Su bendita persona tanto dolor y sufrimiento, que nadie creía que pudiese sobrevivir. ¡Cuántas veces Le zahirieron, con qué malevolencia insinuaban sus sospechas contra Él! Así se ha revelado: "Y cada vez que pasaba ante Él un grupo de Su pueblo, se mofaba de Él. Y a ellos les decía: Aunque ahora os mofáis de nosotros, nos burlaremos de vosotros después, tal como os burláis de nosotros. Pero al final ya sabréis'".3 Mucho después hizo varias promesas de victoria ante Sus compañeros y fijó un plazo para su cumplimiento. Mas cuando llegó la hora, la promesa divina no se cumplió. De ahí que algunos de Sus pocos seguidores se alejaran de Él, tal y co-mo de ello dan testimonio los libros más conocidos. A buen seguro los has leído; si no, indudablemente los leerás. Por último, conforme se refiere en los libros y tradiciones, tan sólo permanecieron junto a Él cuarenta o setenta y dos de Sus seguidores. Hasta que por fin, desde lo más profundo de Su ser, exclamó Noé: "¡Señor, no dejes sobre la tierra ni un solo habitante de entre los infieles!"4
Y ahora pondera la obstinación de este pueblo y reflexiona siquiera un momento sobre ella. ¿Cuál pudo haber sido la razón de que Le negaran y rehuyeran de ese modo? ¿Qué pudo haberles inducido a rehusar quitarse la vestidura de la negación y adornarse con el manto de la aceptación? Además, ¿cuál pudo haber sido la causa del incumplimiento de la promesa divina, que llevó a los buscadores a desechar lo que habían aceptado? Medita profundamente para que te sea revelado el secreto de cosas invisibles, aspires una fragancia espiritual imperecedera y reconozcas el hecho de que, desde tiempo inmemorial, el Todopoderoso ha probado a Sus siervos y continuará probándoles hasta la eternidad, a fin de que la luz sea distinguida de las tinieblas; la verdad, de la falsedad; lo justo, de lo injusto; la guía, del error; la felicidad, del infortunio; y las rosas, de las espinas. Pues como Él ha revelado: "¿Piensan los hombres cuando dicen 'creemos' que se les dejará en paz y no serán probados?"5
Y después de Noé la luz del semblante de Húd brilló sobre el horizonte de la creación. Cerca de setecientos años, según dicen los hombres, exhortó al pueblo a volver su rostro y a acercarse al Ri¤ván de la presencia divina. Qué lluvia de aflicciones cayó sobre Él, hasta que por fin Sus conjuros sólo dieron por todo fruto mayor rebeldía, y Sus constantes esfuerzos terminaron en la ceguera contumaz de Su pueblo. "Y a los incrédulos, su incredulidad sólo acrecentará su propia ruina".6
Y después de Él apareció, proveniente del Ri¤ván del Eterno, el Invisible, la santa persona de «áliḥ, Quien nuevamente convocó al pueblo hacia el río de la vida eterna. Durante más de cien años les amonestó para que se aferraran a los mandamientos de Dios y evitaran lo que está prohibido. Sin embargo, Sus amonestaciones no dieron fruto alguno y Sus ruegos resultaron inútiles. Varias veces Se retiró y vivió aislado. Y todo a pesar de que aquella eterna Belleza no llamaba a las gentes sino a la ciudad de Dios. Así ha sido revelado: "Y a la tribu de Thamúd enviamos a su hermano «áliḥ. 'Oh pueblo mío', dijo, 'adorad a Dios; no tenéis otro Dios más que Él...' Mas ellos replicaron: 'Oh «áliḥ, hasta ahora ha-bíamos puesto nuestras esperanzas en ti; ¿acaso nos prohíbes que adoremos lo que adoraron nuestros padres? A decir verdad dudamos y sospechamos de aquello hacia lo que nos llamas'".7 Todo esto fue infructuoso hasta que, por fin, se elevó un gran clamor y todos cayeron en la mayor ruina.
Más tarde, apareció por detrás del velo la belleza del rostro del Amigo de Dios,8 y otro estandarte de guía divina fue enarbolado. Invitó a la gente de la Tierra hacia la luz de la rectitud. Cuanto más enardecidamente les exhortaba, tanto más feroz se tornaba la envidia y la contumacia de la gente, con excepción de quienes se habían desprendido enteramente de todo salvo de Dios y habían ascendido, en alas de la certeza, a la posición que Dios ha exaltado por encima de la comprensión de los hombres. Es bien sabido que Le asedió una hueste de enemigos, hasta que al fin se encendió contra Él el fuego de la envidia y la rebelión. Y después del episodio del fuego, Él, tal como figura en todos los libros y crónicas, la lámpara de Dios entre los hombres, fue expulsado de Su ciudad,.
Y cuando Su día hubo terminado llegó el turno a Moisés, Quien armado con la vara del dominio celestial, adornado con la blanca mano del conocimiento divino, procedente del Párán del amor de Dios, y empuñando la serpiente del poder y majestad eterna, brilló sobre el mundo desde el Sinaí de la luz. Llamó a todos los pueblos y razas de la Tierra al reino de la eternidad y les invitó a participar del fruto del árbol de la felicidad. Seguramente eres sabedor de la feroz oposición del Faraón y su pueblo, y de las piedras de ociosa fantasía que las manos de los infieles lanzaron contra ese Árbol bendito. Tanto es así que, finalmente, el Faraón y su pueblo se alzaron para extinguir denodadamente, con las aguas de la falsedad y la negación, el fuego de ese Árbol sagrado, olvidando la verdad de que ningún agua terrenal puede apagar la llama de la sabiduría divina, ni pueden ráfagas mortales extinguir la lámpara del dominio eterno. Más aún, semejante agua no puede sino intensificar el ardor de la llama y tales ráfagas no pueden sino asegurar la conservación de la lámpara, ¡si observaras con el ojo del discernimiento y caminaras por el camino de la santa voluntad y complacencia de Dios! Qué bien ha observado esto un creyente de la casa del Faraón, cuya historia es narrada por el Todoglorioso en Su Libro revelado a Su Bienamado: "Y un hombre de la familia del Faraón, que era creyente y ocultaba su fe, dijo: '¿Mataréis a un hombre porque dice mi Señor es Dios, después que ha venido a vosotros con signos de vuestro Señor? Si resultase mentiroso, sobre él recaerá su mentira, mas si fuere veraz, os sobrevendrá parte de aquello con que os amenaza. En verdad, Dios no guía a quien es un transgresor, un embustero'".9 Finalmente, fue tan grande su iniquidad que a ese mismo creyente le dieron una muerte afrentosa. "¡La maldición de Dios caiga sobre el pueblo de la tiranía!"
Y ahora medita lo siguiente: ¿Qué pudo haber causado semejante contienda y conflicto? ¿Por qué el advenimiento de toda verdadera Manifestación de Dios ha sido acompañado de lucha y tumulto tales, de semejante tiranía y revueltas? Y ello no obstante el hecho de que todos los Profetas de Dios, sin excepción, cuandoquiera que se han revelado a los pueblos del mundo, han predicho la venida de otro Profeta posterior y han fijado los signos que habrían de anunciar el advenimiento de la futura Dispensación. De esto dan testimonio los escritos de todos los libros sagrados. ¿Por qué, entonces, a pesar de la expectación de los hombres en su búsqueda de las Manifestaciones de Santidad y de los signos que aparecen en los libros sagrados, han sido perpetrados en cada edad y ciclo tales actos de violencia, de opresión y crueldad contra todos los Profetas y Elegidos de Dios? Y así Él ha revelado: "Siempre que viene a vosotros un Apóstol con lo que no desean vuestras almas, os ensoberbecéis acusando a unos de impostores y matando a otros".10
Reflexiona: ¿Cuál pudo haber sido el motivo de tales actos? ¿Qué pudo haber incitado a semejante comportamiento para con los Reveladores de la belleza del Todoglorioso? Cualquier cosa que en días pasados fue la causa del repudio y la oposición de aquellas gentes, ha ocasionado ahora la perversidad de la gente de esta época. Sostener que el testimonio de la Providencia era incompleto y que tal hecho ha sido la causa del rechazo de los hombres, no es sino blasfemia manifiesta. ¡Cuán lejos está de la gracia del Todomunífico, de Su amorosa providencia y tierna misericordia, elegir a un alma de entre todos los hombres para que guíe a Sus criaturas y luego, por una parte, privarla de la medida plena de Su testimonio divino y, por otra, infligir severo castigo a Su pueblo por haberse apartado de Su Elegido! Es más, las múltiples generosidades del Señor de todos los seres han rodeado, en todo tiempo, mediante las Manifestaciones de Su divina Esencia, a la Tierra y a todos los que viven en ella. Ni por un momento ha sido retenida Su gracia, ni tampoco las lluvias de Su amorosa bondad han dejado de verterse sobre la humanidad. Por consiguiente, semejante comportamiento no puede atribuirse sino a la estrechez de mente de aquellas almas que vagan en el valle de la arrogancia y el orgullo, que están perdidas en el desierto del alejamiento, que caminan tras sus vanas fantasías y siguen las órdenes de los jefes de su fe. Su interés principal es la mera oposición y su único deseo es desconocer la verdad. Para todo observador perspicaz es evidente y manifiesto que si en los días de cada una de las Manifestaciones del Sol de la Verdad estos hombres hubiesen santificado sus ojos, sus oídos y sus corazones de todo lo que hubieran visto, oído y sentido, de seguro no se habrían privado de ver la belleza de Dios, ni se habrían extraviado lejos de los aposentos de gloria. Pero pesaron el testimonio de Dios con la medida de su propio conocimiento, tomado de las enseñanzas de los jefes de su fe, y al encontrarlo en desacuerdo con su limitado entendimiento, se alzaron para perpetrar actos tan indignos.
En toda época los jefes religiosos han impedido a la gente alcanzar las orillas de la salvación eterna, por cuanto sostienen las riendas de la autoridad en su poderoso puño. Algunos por ambición de poder, otros por falta de comprensión y conocimiento, han sido causa de esa privación de las gentes. Por su sanción y autoridad, todos los Profetas de Dios han tenido que beber del cáliz del sacrificio y han alzado el vuelo hacia las alturas de gloria. ¡Qué indescriptibles crueldades no han sido perpetradas contra los verdaderos Monarcas del mundo, esas Joyas de virtud divina, por quienes han ocupado las sedes de autoridad y erudición! Contentos con un dominio transitorio, se han privado de una soberanía sempiterna. Así, sus ojos no vieron la luz del rostro del Bienamado, ni tampoco escucharon sus oídos las dulces melodías del Pájaro del Deseo. Por esta razón, en todos los libros sagrados se ha hecho mención de los sacerdotes de la época. Y así Él dice: "¡Oh pueblo del Libro! ¿Por qué dudáis de los signos de Dios, de los cuales vosotros mismos habéis sido testigos?"11 También dice: "¡Oh pueblo del Libro! ¿Por qué vestís lo verdadero con lo falso? ¿Por qué a sabiendas ocultáis la verdad?"12 Y nuevamente dice: "Di: ¡Oh pueblo del Libro! ¿Por qué ahuyentáis del camino de Dios a los creyentes?"13 Es evidente que por "pueblo del Libro" que ha ahuyentado a sus semejantes del recto sendero de Dios no se designa sino a los sacerdotes de la época, cuyos nombres y forma de ser se ha puesto de manifiesto en los libros sagrados y a los cuales se ha aludido en los versículos y tradiciones que en ellos aparecen; ¡si observaras con el ojo de Dios!
Con mirada fija y constante, nacida del infalible ojo de Dios, escudriña durante un tiempo el horizonte del conocimiento divino y contempla esas palabras de perfección que ha revelado el Eterno para que, quizás, los misterios de sabiduría divina, hasta ahora ocultos bajo el velo de la gloria y atesorados dentro del tabernáculo de Su gracia, sean puestos de manifiesto ante ti. Las acusaciones y protestas de estos jefes religiosos se han debido, principalmente, a su falta de comprensión y conocimiento. Jamás entendieron ni desentrañaron aquellas palabras pronunciadas por los Reveladores de la belleza del Dios único y verdadero en que se exponían las señales que debían anunciar el advenimiento de la Manifestación siguiente. De ahí que izaran el estandarte de la revuelta y provocaran discordia y sedición. Es obvio y manifiesto que el verdadero significado de las palabras pronunciadas por las Aves de la Eternidad no ha sido revelado a nadie excepto a quienes manifiestan al Ser Eterno, y las melodías del Ruiseñor de la Santidad no pueden llegar a ningún oído salvo al de los moradores del reino sempiterno. Un egipcio tiránico no podrá nunca beber de la copa que los labios de un judío justo han tocado, y el Faraón incrédulo nunca tendrá esperanza de reconocer la mano del Moisés de la verdad. Pues tal como Él dice: "Nadie sabe el significado de esto, excepto Dios y quienes están bien fundados en el saber".14 No obstante, han pedido la interpretación del Libro a quienes están envueltos en velos, rehusando buscar ilustración en la fuente misma del conocimiento.
Y cuando los días de Moisés llegaron a su fin, y la luz de Jesús, brillando desde la aurora del Espíritu, envolvió al mundo, todo el pueblo de Israel se alzó contra Él. Reclamaban que Aquel cuyo advenimiento había predicho la Biblia, debía necesariamente promulgar y cumplir las leyes de Moisés, en tanto que aquel joven nazareno, quien se atribuía la posición del Mesías divino, había anulado las más importantes de todas las leyes de Moisés: la ley del divorcio y del sábado. Y, además, ¿qué decir de las señales de la Manifestación que había de venir? ¡Este pueblo de Israel, aun hasta el día de hoy aguarda a la Manifestación predicha por la Biblia! ¡Cuántas Manifestaciones de Santidad, cuántos Reveladores de la luz sempiterna, han aparecido desde el tiempo de Moisés y, sin embargo, Israel, envuelto en los más densos velos de fantasía satánica y falsas imaginaciones, aún espera que el ídolo creado por él mismo aparecerá con los signos que ha concebido! Así Dios les ha castigado por sus pecados, ha extinguido en ellos el espíritu de fe, y les ha atormentado con las llamas del fuego del infierno. Y ello sólo a causa de que Israel rehusó comprender el significado de aquellas palabras que fueron reveladas en la Biblia referente a los signos de la próxima Revelación. Como jamás comprendió su verdadera significación, y aparentemente tales acontecimientos nunca ocurrieron, permaneció privado de reconocer la belleza de Jesús y de ver la faz de Dios. ¡Y aún esperan Su venida! Desde tiempo inmemorial hasta el presente, todas las razas y pueblos de la Tierra se han aferrado a semejantes fantasías y pensamientos indignos, privándose así de las claras aguas que fluyen de las fuentes de pureza y santidad.
Al revelar estos misterios en Nuestras Tablas anteriores, dirigidas a un amigo en la melodiosa lengua de Æijáz, hemos citado algunos de los versículos revelados a los Profetas de antaño. Y ahora, respondiendo a tu petición, nuevamente citaremos en estas páginas esos mismos versos, pronunciados esta vez en el maravilloso idioma de 'Iráq, para que, quizás, los sedientos en los desiertos del alejamiento lleguen al océano de la presencia divina, y quienes languidecen en las soledades de la separación sean guiados al hogar de reunión eterna. Así podrán ser disipadas las brumas del error, y podrá amanecer la resplandeciente luz de guía divina sobre el horizonte de los corazones humanos. Ponemos en Dios nuestra confianza y a Él imploramos ayuda para que, quizás, fluya de esta pluma aquello que haga revivir las almas de los hombres, para que todos ellos se levanten de sus lechos de negligencia y escuchen el murmullo de las hojas del Paraíso, que provienen del árbol que, con el consentimiento de Dios, la mano del poder divino ha plantado en el Ri¤ván del Todoglorioso.
Para quienes están dotados de entendimiento, es claro y manifiesto que, cuando el fuego del amor de Jesús consumió los velos de las limitaciones de los judíos, y Su autoridad se hizo evidente y fue puesta parcialmente en vigor, Él, el Revelador de la Belleza invisible, al dirigirse un día a sus discípulos, se refirió a Su muerte y, encendiendo en sus corazones el fuego de la aflicción, les anunció: "Yo me voy y vengo otra vez a vosotros". Y en otra parte refirió: "Yo me voy y vendrá otro, Quien os dirá todo lo que no os he dicho, y cumplirá todo lo que he hablado". Ambos dichos poseen un mismo significado, ¡si comprendieses a las Manifestaciones de la Unidad de Dios con percepción divina!
Todo observador perspicaz reconocerá que, en la dispensación del Qur'án, fueron confirmados tanto el Libro como la Causa de Jesús. Y en cuanto a los nombres, Muḥammad mis-mo declaró: "Yo soy Jesús". Él reconoció la verdad de las señales, profecías y palabras de Jesús, y atestiguó que todas eran de Dios. En este sentido, ni la persona de Jesús, ni Sus escritos han diferido de los de Muḥammad y de Su Libro Sa-grado, por cuanto ambos han abogado por la Causa de Dios, han entonado Su alabanza y revelado Sus mandamientos. Y así es como Jesús mismo declaró: "Me voy y vengo otra vez a vosotros". Toma el sol como ejemplo. Si dijera "Soy el sol de ayer", diría la verdad. Y si pretendiese ser otro sol, habida cuenta de la sucesión de las horas, diría también la verdad. Asimismo, si se dijera que todos los días no son sino uno y el mismo, ello sería correcto y verdadero. Y si respecto de nombres particulares y designaciones se dijera que difieren, ello también sería verdad. Pues si bien son los mismos, se reconoce en cada uno una designación distinta, un atributo específico, un carácter particular. Así pues, conforme a lo dicho, comprende las características de distinción, la variedad y unidad de las diversas Manifestaciones de santidad, para que llegues a entender las alusiones con que el creador de todos los nombres y atributos se ha referido a los misterios de la distinción y unidad, y puedas descubrir la respuesta a tu pregunta acerca de por qué la Eterna Belleza, en épocas distintas, Se ha dirigido a Sí misma con nombres y títulos diferentes.
Posteriormente, los compañeros y discípulos de Jesús Le preguntaron acerca de los signos que debían necesariamente indicar la vuelta de Su manifestación. ¿Cuándo -inquirieron- sucederán estas cosas? Varias veces interrogaron a aquella incomparable Belleza y, cada vez, al responder, indicó Aquél un signo particular que debería anunciar el advenimiento de la Dispensación prometida. Así lo atestiguan los cuatro Evangelios.
Este Agraviado citará sólo uno de los pasajes aludidos, confiriendo así a la humanidad, por amor de Dios, generosidades que aún están guardadas en los tesoros del oculto y sagrado Árbol, para que quizás los hombres mortales no se priven de su porción del fruto inmortal, y logren una gota de las aguas de vida eterna que, desde Baghdád, la "Morada de Paz", son conferidas a toda la humanidad. No pedimos premio ni recompensa. "Alimentamos vuestras almas por amor de Dios; no queremos de vosotros paga ni agradecimiento."15 Éste es el alimento que confiere vida eterna a los puros de corazón y a los iluminados de espíritu. Éste es el pan del cual se dice: "Señor, haz descender sobre nosotros Tu pan del cielo".16 Este pan nunca les será retenido a quienes lo merecen, ni tampoco podrá jamás agotarse. Crece eternamente en el árbol de la gracia; desciende en toda época de los cielos de la justicia y la misericordia. Pues como asegura Él: "¿No ves con qué compara Dios una buena palabra? Con un buen árbol; su raíz firme y sus ramas extendidas al cielo, dando su fruto en todo tiempo".17
¡Qué lástima que el hombre se prive de esta hermosa dádiva, esta gracia imperecedera, esta vida eterna! Le incumbe apreciar este alimento que viene del cielo para que quizás, mediante los maravillosos favores del Sol de la Verdad, sean devueltos a la vida los muertos, y las almas marchitas sean vivificadas por el Espíritu infinito. Daos prisa, oh mi hermano, para que mientras aún haya tiempo nuestros labios prueben el trago inmortal, pues la brisa de la vida, que ahora sopla desde la ciudad del Bienamado, no podrá perdurar, y el torrentoso río de la prolación divina deberá necesariamente aquietarse, y las puertas del Ri¤ván no habrán de permanecer siempre abiertas. A fe cierta llegará el día cuando el Ruiseñor del Paraíso haya emprendido vuelo desde esta residencia terrenal a su nido celestial. Ya no se oirá entonces su melodía y habrá dejado de relumbrar la belleza de la rosa. Por tanto, aprovecha el tiempo antes de que la gloria de la primavera divina se haya consumido y el Ave de la Eternidad haya cesado de gorjear su melodía, para que tu oído interior no se prive de escuchar su llamado. Éste es mi consejo para ti y los amados de Dios. Quienquiera que lo desee, que se vuelva hacia él; quienquiera que lo desee, que se aparte. Dios, verdaderamente, es independiente de él y de lo que él vea y atestigüe.
Éstas son las melodías cantadas por Jesús, Hijo de María, con tonos de majestuosa fuerza en el Ri¤ván del Evangelio, las cuales revelan los signos que deben anunciar el advenimiento de la próxima Manifestación. En el primer Evangelio según Mateo está escrito: "Y cuando preguntaron a Jesús sobre los signos de Su venida, Él les dijo: 'En seguida, después de la opresión18 de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y caerán las estrellas del cielo, y los poderes de la tierra se conmoverán. Entonces aparecerá el signo del Hijo del hombre en el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con resonante trompeta'".19 Vertido a la lengua per-sa,20 el sentido de estas palabras es el siguiente: Cuando ocurra la opresión y las aflicciones que han de sobrevenir a la humanidad, entonces no dará el sol su resplandor, ni la luna su luz; caerán sobre la tierra las estrellas del cielo y se estremecerán los pilares de la tierra. En ese tiempo los signos del Hijo del hombre aparecerán en el cielo, es decir, cuando estos signos hayan aparecido, la Belleza prometida y Esencia de la vida surgirá en el mundo visible procedente del reino de lo invisible. Y Él dice: en ese tiempo todos los pueblos y razas que habitan la tierra se quejarán y lamentarán, y verán a aquella divina Belleza venir del cielo cabalgando sobre las nubes con poder, grandeza y magnificencia, y enviando a Sus ángeles con resonante trompeta. De forma similar, las mismas expresiones se encuentran en los tres Evangelios restantes según Lucas, Marcos y Juan. Ya que Nos hemos referido a ellas extensamente en Nuestras Tablas reveladas en lengua árabe, no las hemos mencionado en estas páginas, limitándonos sólo a una referencia.
Por cuanto los sacerdotes cristianos no han comprendido el significado de estas palabras, no reconocieron su objeto y propósito, y se han aferrado a la interpretación literal de las palabras de Jesús, por lo tanto se han privado de la abundante gracia de la Revelación de Muḥammad y de sus copiosas dádivas. Los ignorantes de entre la comunidad cristiana, siguiendo el ejemplo de los jefes de su fe, se privaron igualmente de ver la belleza del Rey de gloria, por cuanto los signos que habían de acompañar el amanecer del sol de la Dispensación de Muḥammad, de hecho no se cumplieron. Así han pasado edades y han transcurrido siglos, y aquel purísimo Espíritu ha regresado a los retiros de su antigua soberanía. Una vez más el Espíritu eterno ha soplado en la trompeta mística, haciendo salir a los muertos de sus sepulcros de negligencia y error hacia el reino de guía y gracia. Y, sin embargo, aquella comunidad expectante aún exclama: ¿Cuándo acontecerán estas cosas? ¿Cuándo se manifestará el Prometido, el objeto de nuestra esperanza, para que nos levantemos por el triunfo de Su Causa, para que sacrifiquemos nuestros bienes por Él, para que ofrezcamos nuestras vidas en Su sendero? De igual modo, tales falsas imaginaciones han hecho que otras comunidades se aparten del Kawthar de la infinita misericordia de la Providencia, y estén ocupados en sus propios vanos pensamientos.
Además de este pasaje, hay en el Evangelio otro versículo en el cual Él dice: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".21 Por eso los adherentes de Jesús han sostenido que la ley del Evangelio nunca será abrogada y que, cuandoquiera que se manifieste la Belleza prometida y se revelen todos los signos, Él deberá necesariamente reafirmar y establecer la ley proclamada en el Evangelio, de modo que en el mundo no quede otra fe que Su fe. Ésta es su creencia fundamental. Y su convicción es tal que si apareciera una persona con todos los signos prometidos y promulgara lo que es contrario a la letra de la ley del Evangelio, ellos de seguro le rechazarían, rehusarían someterse a su ley, le declararían infiel y se burlarían de él. Esto lo prueba lo ocurrido cuando apareció el sol de la Revelación de Muḥammad. Si en cada Dispensación hubiesen inquirido con humildad ante las Manifestaciones de Dios el verdadero significado de estas palabras reveladas en los libros sagrados -palabras cuya interpretación errónea ha hecho que los hombres se priven de reconocer el Sadratu'l-Muntahá, el Propósito último-, de seguro habrían sido guiados hacia la luz del Sol de la Verdad y habrían descubierto los misterios del divino conocimiento y sabiduría.
Este siervo desea ahora compartir contigo una gota del insondable océano de las verdades atesoradas en estas santas palabras para que, quizás, los corazones perspicaces comprendan todas las alusiones y consecuencias de las palabras de las Manifestaciones de Santidad, de modo que la imponente majestad de la Palabra de Dios no les impida alcanzar el océano de Sus nombres y atributos, ni les prive de reconocer la Lámpara de Dios, que es la sede de la revelación de Su glorificada Esencia.
En cuanto a las palabras "en seguida, después de la opresión de aquellos días", éstas se refieren al tiempo en que los hombres serán oprimidos y afligidos, tiempo en que habrían desaparecido de entre los hombres los últimos vestigios del Sol de la Verdad y el fruto del Árbol del conocimiento y sabiduría, cuando hayan caído las riendas de la humanidad en manos de necios e ignorantes, cuando se hayan cerrado las puertas de la divina unidad y conocimiento -propósito esencial y último de la creación-, cuando el conocimiento verdadero haya cedido paso a la vana fantasía, y la corrupción haya usurpado el lugar de la rectitud. Semejante a ésta es la situación que se presencia en este Día, cuando las riendas de cada comunidad han caído en manos de caudillos insensatos, quienes se conducen por los impulsos de sus deseos y antojos. En sus lenguas, la mención de Dios se ha convertido en un nombre vacío y, en medio de ellos, Su santa Palabra ha pasado a ser letra muerta. Tal es la férula de sus deseos, que la lámpara de la conciencia y la razón se ha extinguido en sus corazones, y ello a pesar de que los dedos del poder divino han abierto las puertas del conocimiento de Dios, y la luz del conocimiento divino y gracia celestial ha iluminado e inspirado la esencia de todo lo creado, a tal punto que en todas y cada una de las cosas se ha abierto una puerta del conocimiento, y dentro de cada átomo se han manifestado vestigios del sol. Y sin embargo, a pesar de todas estas múltiples revelaciones del conocimiento divino que han envuelto al mundo, todavía ellos imaginan vanamente que está cerrada la puerta del conocimiento y quietas las lluvias de la misericordia. Aferrándose a la vana fantasía, se han desviado lejos del 'Urvatu'l-Vuthqá del conocimiento divino. Sus corazones parecen no inclinarse al conocimiento ni a la puerta de él; ni piensan en sus manifestaciones, por cuanto en la vana fantasía han encontrado la puerta que conduce a las riquezas terrenales, en tanto que en la manifestación del Revelador del Conocimiento no encuentran otra cosa más que el llamado a la abnegación. Ellos, por tanto, se aferran naturalmente a lo primero y huyen de lo otro. Aunque reconocen en sus corazones que la Ley de Dios es una y la misma, sin embargo emiten en toda dirección nuevos mandamientos y proclaman en cada época un nuevo decreto. No hay dos que estén de acuerdo en una misma ley, porque no buscan a ningún Dios salvo su propio deseo, y no hollan sendero alguno que no sea el sendero del error. La jefatura es para ellos el último objeto de sus esfuerzos, y consideran el orgullo y la arrogancia como los más altos logros que puedan desear sus corazones. Han puesto sus sórdidas maquinaciones por encima del decreto divino, han renunciado a resignarse a la voluntad de Dios, se han ocupado en cálculos egoístas y han seguido el camino de los hipócritas. Con todo su poder y su fuerza tratan de asegurarse en sus despreciables ocupaciones, por miedo a que el menor descrédito socave su autoridad o manche la ostentación de su magnificencia. Si el ojo fuera ungido y alumbrado con el colirio del conocimiento de Dios, de seguro descubriría que una manada de bestias voraces se han reunido para alimentarse de la carroña de las almas humanas.
¿Qué "opresión" es mayor que la que ha sido referida? ¿Qué "opresión" es más dolorosa que el hecho de que un alma busque la verdad y desee alcanzar el conocimiento de Dios, y no sepa adónde dirigirse ni de quién obtenerlo? Pues las opiniones se han diversificado gravemente, y los caminos para alcanzar a Dios se han multiplicado. Esta "opresión" es el rasgo esencial de toda Revelación; y si no ocurre, el Sol de la Verdad no será revelado. Pues la aurora de la guía divina debe necesariamente seguir a la oscuridad de la noche del error. Por esta razón, en todas las crónicas y tradiciones se ha hecho referencia a esto, a saber: que la iniquidad cubrirá la superficie de la Tierra y la oscuridad envolverá a la humanidad. Como las tradiciones a que se ha hecho referencia son bien conocidas, y el propósito de este siervo es ser breve, Él se abstendrá de citar su texto.
Si esta "opresión" (que literalmente significa presión) se interpretara como que la Tierra habrá de contraerse, o si la vana fantasía de los hombres concibiera calamidades similares que hubieran de asolar a la humanidad, es claro y manifiesto que ninguno de tales hechos podrá jamás ocurrir. De seguro objetarán que este requisito previo para la revelación divina no se ha hecho manifiesto. Ésa ha sido, y aún es, su aseveración. Mientras que "opresión" significa la falta de capacidad para adquirir conocimiento espiritual y entender la Palabra de Dios. Significa que, cuando el Sol de la Verdad se haya puesto, y los espejos que reflejan Su luz hayan desaparecido, la humanidad será afligida por "opresión" e infortunio y no sabrá adónde dirigirse en busca de guía. Así te instruimos en la interpretación de las tradiciones y te revelamos los misterios de la sabiduría divina, para que quizás comprendas su significado y seas de aquellos que han bebido de la copa del divino conocimiento y comprensión.
Y ahora, respecto de Sus palabras "se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo", los términos "sol" y "luna", mencionados en las escrituras de los Profetas de Dios, no sólo significan el sol y la luna del universo visible. Más aún, son múltiples los significados que han querido asignar a estos términos. En cada caso les han dado una significación particular. Así, en un sentido, "sol" significa cada uno de los Soles de la Verdad que aparecen en la aurora de antigua gloria y llenan el mundo con una generosa efusión de gracia procedente de lo alto. Estos Soles de la Verdad son las Manifestaciones universales de Dios en los mundos de Sus atributos y nombres; así como el sol visible que, por decreto de Dios, el Verdadero, el Adorado, toma parte en el desarrollo de todas las cosas terrenales: los árboles, las frutas y sus colores, los minerales de la tierra, y todo lo que puede presenciarse en el mundo de la creación, así también las Lumbreras divinas, con su cuidado amoroso e influencia educativa, hacen que existan y se manifiesten los árboles de la unidad divina, los frutos de Su unicidad, las hojas del desprendimiento, las flores del conocimiento y la certeza, y los arrayanes de la sabiduría y prolación. Así, mediante la aparición de estas Lumbreras de Dios se renueva el mundo, brotan las aguas de vida eterna, se agitan las aguas de amorosa bondad, se amontonan las nubes de la gracia y sopla la brisa de la munificencia sobre todas las cosas creadas. El calor que generan estas Lumbreras de Dios y los fuegos inextinguibles que encienden son los que hacen que la luz del amor de Dios brille intensamente en el corazón de la humanidad. Mediante la abundante gracia de estos Símbolos del Desprendimiento, los cuerpos de los muertos son inspirados por el espíritu de vida eterna. Ciertamente, el sol visible no es más que un signo del esplendor de aquel Sol de la Verdad, Sol que jamás podrá tener par, semejante o rival. Mediante Él viven, se mueven y tienen su existencia todas las cosas; son reveladas por Su gracia y a Él vuelven. De Él han surgido todas las cosas y todas han vuelto a los tesoros de Su revelación. De Él procedieron todas las cosas creadas y al depósito de Su Ley volvieron.
Que estas Lumbreras divinas parezcan a veces estar limitadas a denominaciones y atributos específicos, como ya has observado y observas ahora, se debe solamente a la comprensión limitada e imperfecta de ciertas mentes. Por otra parte, en todo tiempo han sido exaltadas por encima de todo nombre laudatorio y santificadas de todo atributo descriptivo, y continuarán siéndolo eternamente. La quintaesencia de ningún nombre tendrá esperanza de aproximarse a su corte de santidad; de todos los atributos, los más elevados y puros nunca podrán acercarse a su reino de gloria. Inmensamente exaltados son los Profetas de Dios por encima de la comprensión de los hombres, los cuales nunca les podrán conocer excepto por Ellos mismos. ¡Cuán lejos está de Su gloria que Sus Elegidos sean magnificados por algún otro que no sea sus propias personas! ¡Glorificados están por encima de la alabanza de los hombres; exaltados están por encima del entendimiento humano!
El término "soles" ha sido aplicado muchas veces, en las escrituras de las "Almas inmaculadas", a los Profetas de Dios, esos luminosos Emblemas del Desprendimiento. Entre esas escrituras están las siguientes palabras de la "Oración de Nudbih":22 "¿Adónde se han ido los Soles resplandecientes? ¿Hacia dónde han partido aquellas brillantes Lunas y centelleantes Estrellas?" Así, es evidente que los términos "sol", "luna" y "estrellas" significan primariamente los Profetas de Dios, los santos y sus compañeros, esas Lumbreras Cuyo conocimiento ha vertido su luz sobre los mundos de lo visible y lo invisible.
En otro sentido, mediante estos términos se indica a los sacerdotes de la Dispensación anterior que viven en los días de la Revelación siguiente y tienen las riendas de la religión en sus manos. Si estos sacerdotes son iluminados por la luz de la Revelación más reciente, serán aceptables para Dios y brillarán con luz sempiterna. De lo contrario, se les declarará oscurecidos aun cuando en apariencia externa sean caudillos de los hombres. Ya que la fe y el descreimiento, la guía y el error, la felicidad y la miseria, la luz y la oscuridad, todo depende de la aprobación de Aquel Que es el Sol de la Verdad. Cualquiera de los sacerdotes de cada época que, en el Día del Juicio, reciba de la Fuente del verdadero conocimiento el testimonio de la fe, ciertamente se convertirá en el receptor de la erudición, del favor divino y de la luz del verdadero entendimiento. De lo contrario, será marcado como culpable de insensatez, negación, blasfemia y opresión.
Es evidente y manifiesto para todo observador perspicaz que así como la luz de la estrella se apaga ante el refulgente resplandor del sol, del mismo modo la lumbrera del conocimiento terrenal, de la sabiduría y entendimiento desaparece en la nada al ponérsele frente a frente a las resplandecientes glorias del Sol de la Verdad, Astro de la iluminación divina.
Que el término "sol" haya sido aplicado a los jefes religiosos se debe a su elevada posición, su fama y renombre. Tales son los sacerdotes de cada época, quienes son universalmente reconocidos, hablan con autoridad y cuya fama está firmemente establecida. Si se asemejan al Sol de la Verdad, de seguro serán considerados como los más exaltados de entre todas las lumbreras; de lo contrario, habrá de verse en ellos a los centros focales del fuego infernal. Así Él dice: "Verdaderamente, el sol y la luna están condenados ambos al tormento del fuego infernal".23 Sin duda, te es familiar la interpretación de los términos "sol" y "luna" mencionados en este versículo; no es necesario por tanto referirse a él. Y quienquiera que sea de la índole de este "sol" y "luna", es decir, que siga el ejemplo de estos jefes, volviendo su rostro hacia la falsedad y apartándose de la verdad, sin duda ha salido de las tinieblas del infierno y vuelve allí.
Y ahora, oh buscador, nos incumbe asirnos firmemente al 'Urvatu'l-Vuthqá para que, quizás, dejemos atrás la lóbrega noche del error y abracemos la luz naciente de la guía divina. ¿Acaso no hemos de huir de la faz de la negación y buscar la sombra protectora de la certeza? ¿Acaso no hemos de liberarnos del horror de las tinieblas satánicas y apresurarnos hacia la luz naciente de la Belleza celestial? De este modo te conferimos el fruto del Árbol del conocimiento divino, para que, contento y alegre, mores en el Ri¤ván de la sabiduría divina.
En otro sentido, los términos "sol", "luna" y "estrellas" significan las leyes y enseñanzas que han sido establecidas y proclamadas en cada Dispensación, tales como las leyes de la oración y el ayuno. Después de que la belleza del Profeta Muḥammad desapareciera detrás del velo, éstas, conforme a la ley del Qur'án, han sido consideradas como las leyes fundamentales y obligatorias de Su dispensación. Esto lo atestiguan los textos de las tradiciones y crónicas; a ellas no necesitamos referirnos aquí, habida cuenta de que son ampliamente conocidas. Es más, en toda Dispensación se ha hecho hincapié en la ley concerniente a la oración y ha sido puesta en vigor universalmente. De ello dan testimonio las tradiciones escritas, atribuidas a las luces que han emanado del Sol de la Verdad, la esencia del Profeta Muḥammad.
Las tradiciones han verificado el hecho de que en todas las Dispensaciones la ley de la oración ha constituido un elemento fundamental de la Revelación de todos los Profetas de Dios; ley cuya forma y manera han sido adaptadas a los cambiantes requerimientos de cada época. Por cuanto cada Revelación sucesiva ha abolido las costumbres, hábitos y enseñanzas que clara, específica y firmemente había establecido la Dispensación anterior, éstas, por tanto, se han expresado simbólicamente mediante los términos "sol" y "luna". "Para que Él pueda probaros cuál de vosotros sobresale en sus obras".24
Además, en las tradiciones se han aplicado los términos "sol" y "luna" a la oración y el ayuno; así se ha dicho: "El ayuno es iluminación, la oración es luz". Cierto día, un conocido sacerdote vino a visitarnos. Mientras conversábamos con él, se refirió a la tradición citada anteriormente. Dijo: "Por cuanto el ayuno hace que aumente el calor del cuerpo, se le ha comparado con la luz del sol; y como la oración de la noche refresca al hombre, se la ha comparado con la luz de la luna". Al momento se Nos hizo claro que aquel pobre hombre no había sido favorecido ni con una gota del océano del verdadero entendimiento, y que se había desviado lejos de la Zarza ardiente de la sabiduría divina. Entonces, cortésmente, le hicimos ver: "La interpretación que vuestra reverencia ha dado a esta tradición es la corriente entre la gente. ¿No podría ser interpretada de otro modo?" Él Nos preguntó: "¿Cómo podría ser?" Y Nos replicamos: "Muḥam-mad, el Sello de los Profetas, y el más distinguido de los Elegidos de Dios, ha comparado la Dispensación del Qur'án con el cielo por razón de la sublimidad de éste, su influencia suprema, su majestad, y el hecho de que abarca a todas las religiones. Y al igual que el sol y la luna constituyen las lumbreras más brillantes y prominentes de los cielos, de modo semejante, en el cielo de la religión de Dios han sido decretados dos astros radiantes: el ayuno y la oración. 'El Islám es el cielo; el ayuno, su sol; la oración, su luna'."
Éste es el propósito que subyace en las palabras simbólicas de las Manifestaciones de Dios. Por consiguiente, la aplicación de los términos "sol" y "luna" a las cosas ya mencionadas ha sido demostrada y justificada por el texto de los versículos sagrados y tradiciones escritas. De ahí que sea claro y manifiesto que las palabras "se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo", expresan la obstinación de los sacerdotes y la anulación de las leyes firmemente establecidas por Revelación divina, todo lo cual ha sido predicho, en lenguaje simbólico, por la Manifestación de Dios. Nadie excepto los justos participarán de esta copa, nadie sino los piadosos pueden compartirla. "Los justos beberán de una copa preparada en la fuente de alcanfor".25
Es incuestionable que, en cada sucesiva Revelación, el "sol" y la "luna" de las enseñanzas, leyes, mandamientos y prohibiciones que han sido establecidos en la Dispensación anterior, y que han amparado al pueblo de aquella época, se oscurecen, es decir, que se han agotado y dejan de ejercer su influencia. Y ahora recapacita: si el pueblo del Evangelio hubiera reconocido el significado de los términos simbólicos "sol" y "luna" y, a diferencia del obstinado y el perverso, hubiera buscado iluminación en Aquel Que es el Revelador de conocimiento divino, de seguro habrían comprendido el propósito de estos términos y no habrían sido afligidos y oprimidos por la oscuridad de sus deseos egoístas. Es más, como no han obtenido el verdadero conocimiento de su misma Fuente, han perecido en el peligroso valle de la obstinación y el descreimiento. Ellos aún no han despertado para percibir que se han manifestado todos los signos anunciados, que el Sol prometido se ha elevado sobre el horizonte de la Revelación divina, y que se han oscurecido y han declinado el "sol" y la "luna" de las enseñanzas, las leyes y la erudición de una Dispensación anterior.
Y ahora, con la mirada fija y alas firmes, toma el camino de la certeza y la verdad. "Di: Es Dios; entonces déjalos que se entretengan en sus sutilezas".26 Así, serás considerado entre aquellos compañeros de quienes Él dice: "Aquellos que dicen 'Nuestro Señor es Dios', y continúan firmes en Su camino, a ellos, ciertamente, descenderán los ángeles".27 Entonces presenciarás todos estos misterios con tus propios ojos.
¡Oh mi hermano! Da el paso del espíritu para que, en un abrir y cerrar de ojos, atravieses raudo los desiertos del alejamiento y la privación, y llegues al Ri¤ván de reunión sempiterna y, de un aliento, comulgues con los espíritus celestiales. Ya que con pies humanos nunca tendrás esperanza de atravesar esas distancias inmensurables ni de alcanzar tu objetivo. Sea la paz con aquel a quien la luz de la verdad guía hacia toda verdad, y con quien, en el nombre de Dios y en el sendero de Su Causa, se yergue sobre la orilla del verdadero entendimiento.
Éste es el significado del versículo sagrado "¡Mas no! Juro por el Señor de los Orientes y Occidentes",28 por cuanto los "Soles" a que se hace referencia tienen cada uno su levante y su poniente. Y, como los comentadores del Qur'án no lograron comprender el significado simbólico de estos "Soles", tuvieron dificultades para interpretar el versículo antes citado. Algunos de ellos han sostenido que, debido a que el sol sale cada día en un punto diferente, los términos "orientes" y "occidentes" figuran en plural. Otros han escrito que este versículo indica las cuatro estaciones del año, por cuanto los lugares de salida y puesta del sol varían con el cambio de las estaciones. ¡Tal es la profundidad de su entendimiento! Y, sin embargo, persisten en imputar error y locura a esas Joyas del conocimiento, esos irreprochables y purísimos Símbolos de la sabiduría.
Asimismo, esfuérzate por comprender, mediante estas lúcidas, estas poderosas, concluyentes e inequívocas afirmaciones, el significado del "hendimiento del cielo", uno de los signos que deben necesariamente anunciar la venida de la Hora final, el Día de la Resurrección. Así Él ha dicho: "Cuando el cielo sea hendido".29 "Cielo" indica el cielo de la Revelación divina, que es alzado con toda Manifestación y despedazado con la siguiente. "Hendido" indica que la Dispensación anterior es reemplazada y abrogada. ¡Juro por Dios que el hendimiento de este cielo es, para los que disciernen, un acto más poderoso que el rompimiento de la esfera celeste! Medita un momento: que una Revelación divina que durante años ha estado firmemente establecida, a cuya sombra todos cuantos la han abrazado han sido criados y educados, la luz de cuya ley ha disciplinado a generaciones de hombres, la excelencia de cuya palabra los hombres han escuchado relatar a sus padres, de modo tal que el ojo humano no ha visto nada sino la influencia penetrante de su gracia, y el oído mortal no ha oído nada sino la resonante majestad de su mandato; ¿qué acto es más poderoso que el hecho de que tal Revelación, por el poder de Dios, sea "hendida" y sea abolida con la aparición de una alma? Reflexiona: ¿es este acto más grande que lo que estos hombres abyectos y necios imaginan que significa el "hendimiento del cielo"?
Por otra parte, considera las tribulaciones y amargura de la vida de esos Reveladores de la divina Belleza. Reflexiona, ¡cuán desasistidos y solos encararon al mundo y a todos sus pueblos, y promulgaron la Ley de Dios! Por muy severas que fueran las persecuciones infligidas sobre esas santas, esas preciosas y tiernas almas, sin embargo ellas permanecieron pacientes en la plenitud de su poder y, a pesar de su ascendiente, padecieron y perseveraron.
Asimismo, esfuérzate por comprender el significado del "cambio de la tierra". Has de saber que cualesquiera que sean los corazones sobre los cuales han caído las muníficas lluvias de la misericordia del "cielo" de la Revelación divina, la tierra de esos corazones ha sido verdaderamente cambiada por la tierra del divino conocimiento y sabiduría. ¡Qué arrayanes de unidad ha producido el suelo de sus corazones! ¡Qué flores de verdadero conocimiento y sabiduría han dado sus pechos iluminados! Si no hubiera cambiado la tierra de sus corazones, ¿cómo hubiesen podido aquellas almas a quienes no se había enseñado una letra, que no habían conocido maestros, ni entrado en escuela alguna, pronunciar tales palabras y desplegar tal conocimiento que nadie puede comprender? Me parece que han sido modelados de la arcilla del conocimiento infinito y amasados con el agua de la sabiduría divina. Por tanto se ha dicho: "El conocimiento es una luz que Dios derrama sobre el corazón de quienquiera sea Su voluntad". Esta clase de conocimiento es digna de alabanza y siempre lo ha sido; pero no el conocimiento limitado que ha nacido de mentes veladas y oscuras; ¡tal conocimiento limitado lo toman incluso clandestinamente unos de otros y se glorían vanamente de él!
¡Ojalá que los corazones de los hombres se limpiasen de estas limitaciones humanas y oscuros pensamientos impuestos sobre ellos!, para que, quizás, sean iluminados por la luz del Sol del conocimiento verdadero y comprendan los misterios de la sabiduría divina. Ahora considera: si la árida y estéril tierra de estos corazones hubiese de quedar inalterada, ¿cómo podrían ellos llegar a ser alguna vez los Recipientes de la revelación de los misterios de Dios y los Reveladores de la Esencia divina? Así Él ha dicho: "En el día en que la tierra será mudada en otra tierra".30
La brisa de la munificencia del Rey de la creación ha hecho que hasta cambie la tierra física, ¡si ponderaseis en vuestro corazón los misterios de la Revelación divina!
Y, ahora, has de comprender el sentido de este versículo: "En el Día de la Resurrección la tierra toda será sólo un puñado en Su mano, y en Su diestra serán replegados los cielos. ¡La alabanza sea para Él! y ¡exaltado sea sobre los socios que Le unen!".31 Y ahora, sé sincero en tu juicio. Si estos versículos tuviesen el significado que le dan los hombres, ¿qué provecho -cabe preguntarse- podrían tener para el hombre? Además, es evidente y manifiesto que ninguna mano que puedan ver ojos humanos podría realizar tales hechos, ni tampoco éstos podrían atribuirse a la exaltada Esencia del Dios único y verdadero. Es más, admitir cosa semejante no es sino mera blasfemia y extrema desfiguración de la verdad. Y suponiendo que este versículo se refiere a las Manifestaciones de Dios, que han de ser llamadas en el Día del Juicio a efectuar tales hechos, ello también parece estar lejos de la verdad y no sería de ningún provecho. Por el contrario, el término "tierra" significa la tierra de la comprensión y conocimiento, y "cielos" indica los cielos de la Revelación divina. Reflexiona sobre cómo, por una parte, con Su poderoso puño Él ha tornado la tierra del conocimiento y comprensión, previamente desplegada, en un mero terrón; y cómo, por otra parte, ha esparcido en los corazones de los hombres una tierra nueva y altamente exaltada, haciendo así brotar las más frescas y hermosas flores y los más poderosos y erguidos árboles en el iluminado pecho de los hombres.
Asimismo, reflexiona cómo los sublimes cielos de las religiones del pasado han sido replegados por la diestra del poder, cómo los cielos de la Revelación divina han sido elevados por mandato de Dios y adornados por el sol, la luna y las estrellas de Sus maravillosos Mandamientos. Tales son los misterios de la Palabra de Dios que han sido revelados y manifestados para que, quizás, percibas la matutina luz de guía divina, extingas, por la fuerza de la confianza y la renunciación, la lámpara de la vana fantasía, de las ociosas imaginaciones, de la vacilación y duda, y enciendas, en la cámara íntima de tu corazón, la recién nacida luz del conocimiento y certeza divinos.
Por cierto, has de saber que el propósito fundamental de todos estos términos simbólicos y alusiones abstrusas que emanan de los Reveladores de la santa Causa de Dios ha sido el de probar y someter a examen a los pueblos del mundo para que, con ello, la tierra de los corazones puros e iluminados sea separada del suelo perecedero y estéril. Desde tiempo inmemorial ha procedido Dios así con Sus criaturas, y esto lo atestiguan los escritos de los libros sagrados.
Y, asimismo, reflexiona sobre el versículo revelado acerca del "Qiblih".32 Muḥammad, el Sol de la Revelación, ya consumada Su huida desde la aurora de Ba¶ḥá33 a Yathrib34, al rezar aún solía volver Su rostro hacia Jerusalén, la ciudad santa, hasta que llegó la hora en que los judíos comenzaron a proferir palabras indecorosas contra Él, palabras cuya mención serían impropias de estas páginas y molestarían al lector. Muḥammad se ofendió profundamente ante aquellas palabras. Mientras miraba al cielo, envuelto en meditación y arrobamiento, oyó la amable voz de Gabriel que decía: "Te vemos desde lo alto volviendo Tu rostro hacia el cielo; Nos, sin embargo, queremos que Te vuelvas a un Qiblih que Te agrade".35 Con posterioridad a aquel día, cuando el Profeta, junto con Sus compañeros, cumplía la oración del mediodía y había ya efectuado dos de los Rik'ats36 prescritos, se oyó de nuevo la Voz de Gabriel: "Vuelve Tu rostro hacia la Mezquita sagrada".37 En medio de esa misma oración, Muḥammad repentinamente apartó Su rostro de Jerusalén dirigiéndolo hacia la Ka'bih. Entonces, un profundo terror sobrecogió a los compañeros del Profeta. Su fe se vio remecida de forma severa. Tal fue su consternación, que muchos de ellos, interrumpiendo su oración, abandonaron su fe. Ciertamente Dios causó esta confusión sólo para probar a Sus siervos. De lo contrario, Él, el Rey ideal, podría no haber cambiado el Qiblih y haber mantenido Jerusalén como Punto de Adoración para Su Dispensación, sin privarle a esa ciudad santa la distinción de favor que le había sido conferida.
Desde que apareció Moisés, ninguno de los numerosos Profetas enviados como Mensajeros de la Palabra de Dios, tales como David, Jesús y otras de las Manifestaciones más exaltadas aparecidas durante el período transcurrido entre las Revelaciones de Moisés y Muḥammad, jamás alteró la ley del Qiblih. Todos estos Mensajeros del Señor de la creación han hecho a sus pueblos volverse en una misma dirección. Ante los ojos de Dios, el Rey ideal, todos los lugares de la Tierra son uno y el mismo, excepto aquel lugar que, en el día de Su Manifestación, Él designa para un propósito particular. Como Él ha revelado: "De Dios es el Oriente y el Occidente; por tanto, dondequiera os volváis, allí está la faz de Dios".38 No obstante la verdad de estos hechos, ¿por qué habría de ser cambiado el Qiblih, causando con esto tal consternación entre el pueblo, haciendo vacilar a los compañeros del Profeta, y ocasionando tan gran confusión en medio de ellos? Sí, por cierto, aquellas cosas que acarrean consternación a los corazones de los hombres ocurren sólo para que cada alma sea probada con la piedra de toque de Dios, para que se reconozca lo verdadero distinguiéndolo de lo falso. Por esto Él reveló después de la ruptura entre el pueblo: "Designamos el Qiblih que tú quisiste sólo para distinguir a quien sigue al Apóstol de quien se aleja de Él".39 "Asnos aterrados que huyen de un león".40
Si por un momento ponderases estas palabras en tu corazón, de seguro encontrarías las puertas del entendimiento abiertas ante ti y verías todo el conocimiento y sus misterios descubiertos ante tus ojos. Tales cosas suceden sólo para que las almas de los hombres se desarrollen y sean libradas de la jaula y la prisión del yo y del deseo. Por cuanto, en Su Esencia, aquel Rey ideal ha sido eternamente independiente de la comprensión de todos los seres, y continuará siendo por siempre exaltado en Su propio Ser, por encima de la adoración de toda alma. Una sola brisa de Su opulencia es suficiente para adornar a toda la humanidad con el manto de la riqueza; y una gota del océano de Su munífica gracia basta para conferir a todos los seres la gloria de vida eterna. Pero dado que el Propósito divino ha decretado que lo verdadero debe ser distinguido de lo falso, y el sol de la sombra, Él, por tanto, desde Su reino de gloria ha enviado a la humanidad, en todo tiempo, lluvias de pruebas.
Si los hombres meditaran sobre la vida de los Profetas de antaño, llegarían tan fácilmente a conocer y comprender el modo de actuar de estos Profetas, que su vista ya no sería velada por aquellas palabras y acciones que son contrarias a sus propios deseos mundanos; destruirían así todo velo que se les interpusiese con el fuego que arde en la Zarza del conocimiento divino, y morarían seguros en el trono de la paz y la certeza. Por ejemplo, considera a Moisés, hijo de 'Imrán, uno de los Profetas exaltados y Autor de un libro divinamente revelado. Un día de entre Sus primeros Días en que pasaba por el mercado, antes de proclamarse Su ministerio, vio Él a dos hombres que peleaban. Uno de ellos pidió ayuda a Moisés contra su oponente. Inmediatamente intervino Moisés y le dio muerte. De esto da testimonio el Libro sagrado. Si se citaran detalles, alargarían e interrumpirían el curso del argumento. La noticia de este incidente cundió por la ciudad y a Moisés le invadió el miedo, como lo atestigua el texto del Libro. Y cuando llegó a Sus oídos la advertencia: "¡Oh Moisés!, de veras que los jefes deliberan para matarte"41, abandonó la ciudad y se detuvo en Madián al servicio de Shoeb. A Su vuelta, Moisés entró en el valle santo, situado en el desierto de Sinaí, y allí tuvo la visión del Rey de gloria en el "Árbol que no pertenece ni al Este ni al Oeste". Allí escuchó la Voz conmovedora del Espíritu, que hablaba desde el ardiente Fuego, ordenándole verter sobre las almas de los Faraones la luz de la guía divina, para que, liberándoles de las sombras del valle del egoísmo y del deseo, les capacitase para alcanzar los prados de delicia divina y, librándoles mediante el Salsabíl de la renuncia, de la confusión del alejamiento, les hiciese entrar en la apacible ciudad de la presencia divina. Cuando Moisés llegó a la presencia del Faraón y le entregó el Mensaje divino, como lo había ordenado Dios, el Faraón habló de forma insultante diciéndole: "¿No eres tú aquel que cometió un homicidio y se volvió infiel?" Así refirió el Señor de majestad que el Faraón dijo a Moisés: "¡Qué hecho has perpetrado! Eres de los desagradecidos. Y éste dijo: 'Ciertamente, lo hice; y fui de aquellos que erraron. Y huí de vos cuando os temía; pero Mi Señor Me ha dado sabiduría y Me ha hecho uno de Sus Apóstoles'".42
Y ahora pondera en tu corazón la conmoción suscitada por Dios. Reflexiona acerca de las extrañas y múltiples tribulaciones con que Él prueba a Sus siervos. Considera cómo Él inesperadamente escoge de entre Sus siervos, confiándole la exaltada misión de la guía divina, a Aquel Que era tenido por culpable de homicidio, Quien había reconocido Él mismo Su crueldad y Quien durante casi treinta años había sido, a los ojos del mundo, criado en la casa del Faraón y había comido en su mesa. ¿Acaso Dios, el Rey omnipotente, no era capaz de parar la mano a Moisés para que no cometiese el asesinato, de modo que no se Le atribuyese el delito de homicidio, causando confusión y repulsa entre el pueblo?
Asimismo, reflexiona acerca del estado y la condición de María. Tan honda era la perplejidad de aquella bellísima figura, tan penosa su situación, que amargamente lamentaba haber nacido. Esto lo testifica el texto del versículo sagrado donde se menciona que, habiendo dado a luz a Jesús, María lloró su condición exclamando: "¡Ojalá hubiese muerto antes de esto, y hubiera sido yo olvidada, olvidada por completo!"43 ¡Juro por Dios que ese lamento consume el corazón y estremece el ser! Aquella consternación, aquel descorazonamiento no podían haber sido causados por otra cosa sino por la censura del enemigo y las argucias de los infieles y perversos. Piensa: ¿qué respuesta podía dar a la gente que le rodeaba? ¿Cómo podría sostener que un Niño de padre desconocido había sido concebido por el Espíritu Santo? Así pues, María, aquella Figura velada e inmortal, tomó a su Niño y volvió a su casa. No bien recayeron sobre ella los ojos de las gentes, cuando éstas elevaron su voz diciendo: "¡Oh hermana de Aarón! Tu padre no fue un malvado, ni tu madre deshonesta".44
Y ahora medita sobre esta inmensa conmoción, esta dolorosa prueba. A pesar de todo ello, Dios confirió a esa esencia del Espíritu, a Quien la gente conocía como carente de padre, la gloria de ser Profeta, e hizo de Él Su testimonio para todos los que están en el cielo y en la tierra.
¡Mira cómo el comportamiento de las Manifestaciones de Dios, por mandato del Rey de la creación, es totalmente opuesto al comportamiento y a los deseos de los hombres! Cuando llegues a comprender la esencia de estos misterios divinos, percibirás el propósito de Dios, el divino Encantador, el Bienamado. Considerarás las palabras y el proceder de ese Soberano todopoderoso como una misma cosa, de tal modo que cuanto veas en Su proceder, eso mismo encontrarás en Sus palabras, y cuanto leas en Sus palabras, eso reconocerás en Su proceder. Así, externamente, Sus obras y palabras son el fuego de la venganza contra el malvado e, internamente, son las aguas de la misericordia para el justo. Si se abriese el ojo del corazón, de seguro comprendería que las palabras reveladas desde el cielo de la voluntad de Dios concuerdan y se identifican con las obras que han emanado desde el Reino del poder divino.
Ahora escucha, ¡oh hermano! Si tales cosas se revelaran en esta Dispensación y tales incidentes sucedieran actualmente, ¿qué harían los hombres? Juro por Aquel Que es el verdadero Educador de la humanidad y el Revelador de la Palabra de Dios, que el pueblo, de inmediato e indiscutiblemente, Le declararía infiel y Le sentenciaría a muerte. Cuán lejos están de poder escuchar la voz que declara: ¡He aquí que, del aliento del Espíritu Santo, ha aparecido un Jesús, y un Moisés ha sido llamado para una tarea designada por Dios! Aunque se elevaran miríadas de voces, ningún oído atendería si Nos dijéramos que a un Niño sin padre ha sido conferida la misión de Profeta, o que un homicida ha traído desde la Zarza ardiente el mensaje "¡En verdad, en verdad, Yo soy Dios!"
Si se abriera el ojo de la justicia, fácilmente reconocería, a la luz de lo que se ha mencionado, que Aquel Que es la Causa y Propósito último de todas estas cosas se ha manifestado en este día. Aun cuando semejantes sucesos no han ocurrido en esta Dispensación, el pueblo se aferra a vanas imaginaciones tales como las que acarician los réprobos. ¡Cuán graves los cargos que se Le imputaron! ¡Cuán severas las persecuciones de que fue objeto! ¡Cargos y persecuciones tales que los hombres no han visto ni oído algo semejante!
¡Gran Dios! Cuando llegó a este punto el torrente de la prolación, miramos, y he aquí que los dulces aromas de Dios eran difundidos desde la aurora de la Revelación y soplaba la brisa matutina proveniente del Sabá del Eterno. Sus buenas nuevas regocijaron otra vez al corazón y dieron inmensa alegría al alma. Renovó todas las cosas y trajo innumerables e inestimables dones procedentes del Amigo incognoscible. Jamás podrá la vestidura de la alabanza humana pretender compararse a Su noble talla, ni podrá el manto de las palabras adecuarse a Su luminosa figura. Sin palabras despliega los misterios interiores y sin lenguaje revela los secretos de los versículos divinos. Enseña a los ruiseñores que gorjean en la rama del alejamiento y la separación, la lamentación y la queja, les instruye en el arte del amor y les muestra el secreto de la renuncia del corazón. Revela a las flores del Ri¤ván de la reunión celestial los encantos del amante apasionado y les descubre la gracia de los dotados de belleza. A las anémonas del jardín del amor les confiere los misterios de la verdad y al pecho de los amantes le confía los símbolos de las sutilezas más profundas. ¡Es tan generosa la efusión de Su gracia en este momento, que el mismo Espíritu Santo siente envidia! Ha dado a la gota el poder de las olas del mar, y ha dotado a la mota más pequeña con el resplandor del sol. Tal es el desbordamiento de Su munificencia, que el escarabajo maloliente ha buscado el perfume del almizcle, y el murciélago la luz del sol. Ha vivificado a los muertos con el aliento de vida y les ha hecho salir de la tumba de sus cuerpos mortales. Ha establecido a los ignorantes en las sedes de la erudición, y ha elevado al opresor al trono de la justicia.
El universo está repleto de estas múltiples dádivas y espera el momento en que los efectos de Sus invisibles dones se manifiesten en este mundo, cuando los lánguidos y sedientos alcancen el Kawthar viviente de su Bienamado, y el vagabundo perdido en los desiertos del alejamiento y de la nada entre en el tabernáculo de la vida y logre la reunión con el deseo de su corazón. ¿En la tierra de qué alma brotarán las flores de las realidades invisibles? En verdad, digo: tan grande es el fuego de la Zarza del amor que arde en el Sinaí del corazón, que los torrentes de la santa prolación no podrán nunca apagar su llama. Océanos no podrán calmar nunca la sed ardiente de este Leviatán, y este Fénix del fuego inmortal no podrá hallar morada si no es en el resplandor del semblante del Bienamado. Por tanto, ¡oh hermano!, enciende con el aceite de la sabiduría la lámpara del espíritu dentro de la cámara recóndita de tu corazón, y custódiala con la mampara del entendimiento, para que el aliento del infiel no extinga su llama ni oscurezca su esplendor. Así hemos iluminado los cielos de la prolación con los resplandores del Sol de la divina sabiduría y entendimiento, para que tu corazón encuentre paz y seas tú de aquellos que, en alas de la certeza, se han remontado hacia el cielo del amor de Su Señor, el Todomisericordioso.
Y, ahora, referente a Sus palabras: "Y entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre". Estas palabras significan que cuando el sol de las enseñanzas celestiales se haya eclipsado, las estrellas de las leyes divinamente establecidas hayan caído, y la luna del verdadero conocimiento -el educador de la humanidad- se haya oscurecido, cuando los estandartes de guía y felicidad hayan sido arriados y la mañana de la verdad y rectitud se haya hundido en la noche, entonces el signo del Hijo del hombre aparecerá en el cielo. "Cielo" designa el cielo visible, ya que cuando se acerque la hora en que ha de aparecer el Sol del cielo de la justicia y navegue el Arca de la guía divina sobre el mar de la gloria, aparecerá una estrella en el cielo que anunciará a su pueblo el advenimiento de esa máxima luz. De igual modo, en el cielo invisible aparecerá una estrella que actuará ante los pueblos de la Tierra como heraldo del amanecer de esa verdadera y exaltada Mañana. Este doble signo, en el cielo visible e invisible, ha anunciado la Revelación de cada uno de los Profetas de Dios, como comúnmente se cree.
Entre los Profetas está Abraham, el Amigo de Dios. Antes de que Él se manifestara, Nimrod tuvo un sueño. En seguida reunió a los adivinos, quienes le informaron de la aparición de una estrella en el cielo. Igualmente, apareció un heraldo que anunció en todo el país la venida de Abraham.
Después de Él vino Moisés, Quien conversó con Dios. Los adivinos de entonces advirtieron al Faraón en estos términos: "Ha aparecido una estrella en el cielo, y ¡he aquí! predice que será concebido un Niño que tiene en Sus manos vuestro destino y el de vuestro pueblo". Igualmente apareció un sabio que, en la oscuridad de la noche, trajo buenas nuevas de alegría para el pueblo de Israel, consolando sus almas y dando confianza a sus corazones. De ello dan testimonio los escritos de los libros sagrados. De mencionarse los detalles, esta epístola tomaría las dimensiones de un libro. Además, no es Nuestro deseo relatar las historias de días pasados. Dios es Nuestro testigo, aun lo que ahora mencionamos se debe sólo a Nuestro tierno afecto hacia ti para que, quizás, los pobres de la Tierra alcancen las orillas del mar de la riqueza, los ignorantes sean conducidos al océano del conocimiento divino y aquellos que ansían el conocimiento beban del Salsabíl de la sabiduría divina. Pues de no ser así, este siervo juzgaría que reparar en tales escritos constituye un grave error y una penosa transgresión.
Asimismo, cuando se acercaba la hora de la Revelación de Jesús, algunos de los Magos, conscientes de que la estrella de Jesús había aparecido en el cielo, la buscaron y la siguieron hasta llegar a la ciudad que era la sede del reino de Herodes. El poder de su soberanía abarcaba en aquellos días todo este país.
Los Magos dijeron: "¿Dónde está Aquel que ha nacido Rey de los judíos? ¡Pues hemos visto Su estrella en el Oriente, y venimos a adorarle!"45 Después de indagar descubrieron que en Belén, en tierra de Judea, había nacido un Niño. Éste fue el signo manifiesto en el cielo visible. En cuanto al signo del cielo invisible -el cielo del divino conocimiento y comprensión-, fue Yaḥyá, hijo de Zacarías, quien dio al pueblo las buenas nuevas de la Manifestación de Jesús. Así Él ha revelado: "Dios te anuncia a Yaḥyá, quien dará testimonio del Verbo de Dios, y que será gran-de y casto".46 El término "Verbo" indica a Jesús, Cuya venida predijo Yaḥyá. Además, en las Escrituras celestiales está escrito: "Juan el Bautista estaba predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el Reino de los cielos está cerca".47 Juan quiere decir Yaḥyá.
Asimismo, antes de que se revelara la belleza de Mu-ḥammad, se manifestaron los signos del cielo visible. En cuanto a los signos del cielo invisible, aparecieron cuatro hombres que, uno tras otro, anunciaron al pueblo las felices nuevas de la aparición de aquella Lumbrera divina. Rúz-bih, llamado posteriormente Salmán, tuvo el honor de servirles. Cuando se aproximaba el fin de uno de ellos, éste enviaba a Rúz-bih a otro, hasta que el cuarto, al sentir cerca su muerte, se dirigió a Rúz-bih, diciendo: "¡Oh Rúz-bih!, cuando hayas recogido y enterrado mi cuerpo, ve a Æijáz, porque allí aparecerá el Sol de Muḥammad. ¡Feliz tú, porque verás Su faz!"
Y ahora, respecto a esta maravillosa y exaltadísima Causa, has de saber ciertamente que muchos astrónomos han anunciado la aparición de su estrella en el cielo visible. Asimismo, aparecieron en la tierra Aḥmad y Ká1/2im,48 esas resplandecientes luces gemelas; ¡que Dios santifique el lugar en que descansan!
De todo lo que hemos expuesto queda claro y manifiesto que, antes de la revelación de cada uno de los Espejos que reflejan la divina Esencia, los signos que anuncian su advenimiento deben necesariamente revelarse en el cielo visible como también en el invisible, donde está la sede del sol del conocimiento, la luna de la sabiduría y las estrellas del entendimiento y prolación. El signo del cielo invisible debe necesariamente revelarse en la persona de un hombre perfecto que, antes que aparezca cada Manifestación, eduque y prepare las almas de los hombres para el advenimiento de la Lumbrera divina, Luz de la unidad de Dios entre los hombres.
Y ahora, referente a Sus palabras "Y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y ellos verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria", estas palabras significan que en esos días los hombres lamentarán la pérdida del Sol de la divina belleza, de la Luna del conocimiento y las Estrellas de sabiduría divina. Verán entonces el semblante del Prometido, de la Belleza adorada, descendiendo del cielo y cabalgando sobre las nubes. Quiere decirse con ello que la divina Belleza se manifestará desde el cielo de la voluntad de Dios y aparecerá en la forma del templo humano. El término "cielo" denota sublimidad y exaltación, por cuanto es la sede de la revelación de las Manifestaciones de la Santidad, las Auroras de antigua gloria. Estos antiguos Seres, a pesar de haber nacido de la matriz de su madre, en realidad han descendido del cielo de la voluntad de Dios. A pesar de habitar en esta tierra, su verdadera morada son los retiros de gloria en los reinos de lo alto. Aunque caminan entre mortales, vuelan por el cielo de la presencia divina. Sin pies hollan el sendero del espíritu y sin alas se elevan a las exaltadas alturas de la unidad divina. Con cada exhalación recorren la inmensidad del espacio, en cada momento atraviesan los reinos de lo visible e invisible. En sus tronos está escrito: "Nada en absoluto puede impedirle a Él ocuparse de cualquier otra cosa"; y en sus sedes está inscrito: "Verdaderamente, Sus caminos son cada día diferentes".49 Son enviados mediante el trascendente poder del Antiguo de los Días y son levantados por la exaltada voluntad de Dios, el Rey más poderoso. Esto quieren decir las palabras "viniendo sobre las nubes del cielo".
En las aseveraciones de las divinas Lumbreras se ha aplicado el término "cielo" a muchas cosas diferentes; así, el "cielo del Mandamiento", el "cielo de la Voluntad", el "cielo del Propósito divino", el "cielo del Conocimiento divino", el "cielo de la Certeza", el "cielo de la Prolación", el "cielo de la Revelación", el "cielo de la Ocultación", y otros. En cada caso Él ha dado a la palabra "cielo" un sentido especial, cuyo significado no es revelado a nadie sino a quienes están iniciados en los misterios divinos y han bebido del cáliz de la vida eterna. Por ejemplo, Él dice: "El cielo tiene para vosotros sustento y contiene lo que se os ha prometido"50, mientras que es la tierra la que aporta ese sustento. Asimismo se ha dicho: "Los nombres bajan del cielo", siendo así que provienen de la boca de los hombres. Si limpiaras el espejo de tu corazón del polvo de la malevolencia, comprenderías el significado de los términos simbólicos revelados por la Palabra de Dios que todo lo abarca, manifestada en cada Dispensación, y descubrirías los misterios del conocimiento divino. Sin embargo, hasta que no hayas consumido con la llama del desprendimiento extremo esos velos de vana erudición comunes entre los hombres, no podrás mirar la resplandeciente mañana del verdadero conocimiento.
Has de saber que ciertamente el Conocimiento es de dos especies: Divino y Satánico. Uno proviene del manantial de la inspiración divina; el otro es sólo un reflejo de vanos y oscuros pensamientos. La fuente del primero es Dios mismo; la fuerza motriz del otro son las insinuaciones del deseo egoísta. Uno se guía por el principio "Temed a Dios; Dios os enseñará"; el otro sólo confirma la verdad "El conocimiento es el velo más penoso entre el hombre y su Creador". El primero da el fruto de la paciencia, del deseo ardiente, del verdadero entendimiento y amor, en tanto que el otro no produce sino arrogancia, vanagloria y presunción. En los dichos de aquellos Maestros de santa prolación, que han expuesto el significado del verdadero conocimiento, no puede de ningún modo descubrirse el olor de estas confusas enseñanzas que han oscurecido al mundo. El árbol de tales enseñanzas no puede producir sino iniquidad y rebelión, y no da otro fruto más que odio y envidia. Su fruto es veneno mortal; su sombra, fuego consumidor. Cuán acertadamente se ha dicho: "Aférrate al manto del Deseo de tu corazón y no te avergüences; haz irse a los versados, por muy grande que sea su nombradía".
El corazón debe por eso ser purificado de las vanas palabras de los hombres y santificado de todo afecto terrenal, para que pueda descubrir el significado oculto de la divina inspiración y se convierta en el depósito de los misterios del conocimiento divino. Así se ha dicho: "Aquel que holla el níveo Sendero y sigue las huellas de la Columna Carmesí nunca llegará a su morada, a menos que sus manos estén vacías de aquellas cosas mundanas que aprecian los hombres". Éste es el requisito primordial de quienquiera que holle este sendero. Recapacita para que, sin velos en tus ojos, percibas la verdad de estas palabras.
Nos hemos apartado del propósito de Nuestro argumento, aunque todo lo que se ha mencionado sirve para confirmar Nuestro propósito. Juro por Dios que, aunque grande es Nuestro deseo de ser breve, sin embargo vemos que no podemos contener Nuestra pluma. No obstante to-do lo que hemos mencionado, ¡cuán numerosas son las perlas que permanecen sin horadar en la concha de Nuestro corazón! ¡Cuántas son las huríes de íntimos significados aún ocultas en las cámaras del conocimiento divino! Nadie se les ha acercado aún; huríes "que ni hombre ni espíritu han tocado antes".51 No obstante todo lo que se ha dicho, parece como si ninguna letra de Nuestro propósito hubiese sido proferida, ni tampoco un solo signo concerniente a Nuestro objetivo hubiese sido divulgado. ¿Cuán-do se encontrará a un fiel buscador que, con el atavío del peregrino, llegue a la Ka'bih del deseo de su corazón y, sin oído ni lengua, descubra los misterios de la divina prolación?
Mediante estas explicaciones luminosas, concluyentes y precisas, el significado de "cielo" en el versículo mencionado anteriormente se ha hecho notorio y evidente. Y ahora, referente a Sus palabras sobre que el Hijo del hombre "vendrá sobre las nubes del cielo", por "nubes" se entiende aquello que es contrario a las prácticas y deseos de los hombres. Así Él ha revelado en el versículo ya mencionado: "Siempre que viene a vosotros un Apóstol con lo que no desean vuestras almas, os ensoberbecéis, acusando a unos de impostores y matando a otros".52 Estas "nubes" significan, en cierto sentido, la anulación de las leyes, la abrogación de anteriores Dispensaciones, la supresión de ritos y costumbres usuales entre los hombres, la exaltación de los creyentes iletrados por encima de los doctos opositores de la Fe. En otro sentido, indican la aparición de aquella inmortal Belleza en la imagen de un hombre mortal, con limitaciones tales como el comer y beber, pobreza y riqueza, gloria y humillación, sueño y vigilia, y otras cosas que crean duda en la mente de los hombres y los hacen apartarse. Todos estos velos se denominan simbólicamente "nubes".
Éstas son las "nubes" que hacen que sean hendidos los cielos del conocimiento y comprensión de todos los que habitan en la tierra. Así Él ha revelado: "Aquel día será hendido el cielo por las nubes".53 Así como las nubes no dejan que los ojos de los hombres miren el sol, también estas cosas impiden que las almas de los hombres reconozcan la luz de la Lumbrera divina. De ello da testimonio lo que salió de la boca de los infieles, tal y como se ha revelado en el Libro sagrado: "Y han dicho: '¿Qué clase de Apóstol es éste que come comida y anda por las calles? A no ser que baje un ángel y participe en Sus amonestaciones, no creeremos'".54 Otros Profetas han estado igualmente sujetos a la pobreza, las aflicciones, el hambre, las dolencias y los azares de este mundo. Puesto que estas santas Personas han estado sometidas a semejantes necesidades y privaciones, en consecuencia, la gente se ha perdido en los desiertos del recelo y la duda, siendo afligida por la confusión y perplejidad. ¿Cómo es posible -se han preguntado- que semejante persona sea enviada de parte de Dios, declare Su ascendiente sobre todos los pueblos y razas de la tierra, y pretenda ser la finalidad de toda la creación -tal como Él ha dicho: "Si no fuera por Ti, no hubiera creado todo lo que hay en el cielo y en la tierra"-, y, sin embargo, esté sujeta a cosas tan triviales? Sin duda has sido informado de las tribulaciones, la pobreza, los males y la degradación que han sobrevenido a cada profeta de Dios y Sus compañeros. Debes de haber oído cómo las cabezas de Sus seguidores eran enviadas a diferentes ciudades en calidad de presentes, cuán terriblemente se pusieron trabas a cuanto era Su misión hacer. Cada uno de ellos cayó preso en las garras de los enemigos de Su Causa y debió sufrir todo cuanto éstos decretaron.
Es evidente que los cambios producidos en cada Dispensación constituyen las nubes oscuras que se interponen entre el ojo del entendimiento humano y la Lumbrera divina que brilla en la aurora de la divina Esencia. Considera cómo los hombres durante generaciones han imitado ciegamente a sus padres, y han sido educados de acuerdo con prácticas y costumbres establecidas por los preceptos de su Fe. Por tanto, si estos hombres descubrieran de repente que un Hombre, que ha vivido en medio de ellos y que respecto a toda limitación es su semejante, se ha levantado para abolir todos los principios establecidos e impuestos por su Fe -principios en los cuales durante siglos han sido disciplinados, al punto de que cualquier oponente o negador de éstos ha sido tenido por infiel, descarriado y perverso-, ellos, ciertamente, permanecerían velados, incapaces de reconocer Su verdad. Cosas semejantes son como "nubes" que velan los ojos de aquellos cuyo ser interior aún no ha gustado el Salsabíl del desprendimiento, ni ha bebido del Kawthar del conocimiento de Dios. Tales hombres, al tomar conocimiento de esas circunstancias, llegan a velarse a tal punto que, sin la menor pregunta, declaran infiel a la Manifestación de Dios y Le sentencian a muerte. Debes haber oído ya que tales cosas han sucedido en todas las épocas y ahora puedes observarlas en este día.
Nos incumbe, por tanto, hacer el mayor esfuerzo para que, con la invisible ayuda de Dios, esos velos oscuros, esas nubes de pruebas enviadas del Cielo, no nos impidan ver la belleza de Su luminoso Semblante y para que podamos reconocerle sólo en virtud de Su propio Ser. Y si pidiésemos testimonio de Su verdad, deberíamos conformarnos con uno, y sólo uno; para que así podamos llegar hasta Aquel Que es la Fuente de gracia infinita, en cuya presencia toda la abundancia del mundo se reduce a nada, para que dejemos de ponerle reparos cada día y ya no nos aferremos a nuestras ociosas fantasías.
¡Alabado sea Dios! ¡A pesar de la advertencia que, en maravilloso lenguaje simbólico y con sutiles alusiones, se ha hecho en días pasados con el propósito de despertar a los pueblos del mundo e impedir que sean privados de su porción del ondeante océano de la gracia de Dios, cosas tales como las que ya se han presenciado han vuelto a suceder! También se ha hecho referencia a esto en el Qur'án, como lo testifica este versículo: "¿Qué pueden esperar ésos, sino que Dios descienda sobre ellos en la sombra de una nube?"55 Varios sacerdotes, que se aferran a la letra de la Palabra de Dios, han llegado a considerar este versículo como uno de los signos de aquella esperada resurrección, nacida de su vana fantasía. Y esto, a pesar de que se han hecho referencias semejantes en la mayoría de los Libros sagrados y aparecen en todos los pasajes relacionados con los signos de la Manifestación que ha de venir.
Asimismo, Él dice: "El día en que el cielo despedirá un humo evidente que envolverá a los hombres, éste será un tormento doloroso".56 El Todoglorioso ha decretado que precisamente estas cosas, contrarias a los deseos de los perversos, sean la piedra de toque y el patrón mediante los cuales prueba a Sus siervos, para que el justo sea distinguido del perverso y el creyente del infiel. El término simbólico "humo" denota graves contiendas, la abolición y demolición de normas reconocidas y la completa destrucción de sus alicortos defensores. ¿Qué humo más denso y arrollador que el que ahora ha envuelto a todos los pueblos del mundo, se ha convertido en su tormento, y del cual no tienen esperanza de liberarse, por más que lo intenten? Tan voraz es el fuego del egoísmo que arde dentro de ellos que se diría que a cada instante sufren el acoso de nuevos tormentos. Cuanto más se les dice que esta maravillosa Causa de Dios, esta Revelación proveniente del Altísimo, ha sido manifestada a todos los hombres, y crece y se fortalece cada día, tanto más violenta se vuelve la llama del fuego que arde en sus corazones. Cuanto más observan la indomable fortaleza, la sublime renunciación e inquebrantable constancia de los santos compañeros de Dios, los cuales con la ayuda de Dios vuélvense cada día más nobles y gloriosos, tanto más honda tórnase la consternación que estraga sus almas. En estos días -alabado sea Dios-, el poder de Su Palabra ha adquirido tal ascendiente sobre los hombres, que no se atreven a pronunciar palabra alguna. Si se encontraran con alguno de los compañeros de Dios que, de poder hacerlo, ofreciera libre y gustosamente diez mil vidas como sacrificio para su Amado, ¡tan grande sería su miedo que de inmediato profesarían su fe en Él, en tanto que secretamente injuriarían y maldecirían Su nombre! Pues tal como Él ha revelado: "Y cuando se encuentran con vosotros, dicen: 'Creemos'; pero cuando se apartan, se muerden los dedos de rabia contra vosotros. Di: '¡Morid de rabia!' Dios ciertamente conoce lo más recóndito de vuestro pecho".57
Dentro de poco tus ojos verán los estandartes del poder divino extendidos en todas las regiones, y los signos de Su triunfante poder y soberanía manifiestos en cada país. Como los más de los sacerdotes no han captado el sentido de estos versículos, ni comprendido el significado del Día de la Resurrección, por tanto han interpretado neciamente estos versículos según su vana y deficiente comprensión. ¡El Dios único y verdadero es Mi testigo! Poca percepción se necesita para hacerles capaces de entresacar del lenguaje simbólico de estos dos versículos todo lo que Nos hemos propuesto exponer, y alcanzar así, mediante la gracia del Todomisericordioso, la resplandeciente mañana de la certeza. Éstas son las cadencias de la melodía celestial que la inmortal Ave del Cielo, gorjeando en el Sadríh de Bahá, vierte sobre ti, para que, con el consentimiento de Dios, puedas hollar el sendero del divino conocimiento y sabiduría.
Y ahora, referente a Sus palabras "Y Él enviará a Sus ángeles...", por "ángeles" se designa a quienes, fortalecidos por el poder del espíritu, han consumido con el fuego del amor de Dios todos los rasgos y limitaciones humanos, ataviándose con los atributos de los Seres más exaltados y de los Querubines. «ádiq,58 aquel santo, en su elogio de los Querubines, dice: "Hay una compañía de nuestros shí'ahs tras el Trono". Diversas y múltiples son las interpretaciones de las palabras "tras el Trono". En un sentido indican que no existe ningún verdadero shí'ah. Así, él ha dicho en otro pasaje: "Un verdadero creyente es comparable con la piedra filosofal". Acto seguido dirigiéndose a su oyente, dice: "¿Has visto alguna vez la piedra filosofal?" Reflexiona cómo este lenguaje simbólico, más elocuente que cualquier discurso por muy claro que éste sea, testifica que no existe un verdadero creyente. Tal es el testimonio de «ádiq. Y ahora considera cuán injustos y numerosos son quienes, aun cuando ellos mismos no han percibido el perfume de la fe, han condenado como infieles a aquellos por cuya palabra es reconocida y establecida la fe misma.
Y ahora, por cuanto estos seres santos se han santificado de toda limitación humana y han sido dotados con los atributos de lo espiritual y adornados con los rasgos nobles de la bienaventuranza, han sido designados "ángeles". Tal es el significado de estos versículos, de los cuales cada palabra se ha interpretado con ayuda de los textos más lúcidos, los argumentos más convincentes y las pruebas mejor establecidas.
Como los seguidores de Jesús nunca han comprendido el significado oculto de estas palabras, y como los signos esperados por ellos y los jefes de su Fe no han aparecido, por tanto han rehusado, hasta ahora, reconocer la verdad de aquellas Manifestaciones de Santidad que han aparecido desde los días de Jesús. De este modo se han privado a sí mismos de las efusiones de la santa gracia de Dios y de las maravillas de Su divina prolación. ¡Tan baja es su condición en este Día de la Resurrección! Ni siquiera han comprendido que si en cada época aparecieran en el reino visible los signos de la Manifestación de Dios, de acuerdo con el texto de las tradiciones establecidas, nadie podría negarlas ni apartarse, ni podría el bienaventurado ser distinguido del mísero, ni el transgresor del que teme a Dios. Juzga honestamente: si se cumplieran literalmente las profecías registradas en el Evangelio; si Jesús, Hijo de María, acompañado de ángeles, descendiera desde el cielo visible sobre nubes, ¿quién se atrevería a no creer?, ¿quién se atrevería a rechazar la verdad y a ensoberbecerse? Es más, de inmediato se apoderaría de todos los habitantes de la Tierra tal consternación que ningún alma se sentiría capaz de pronunciar una palabra, ni menos aún de rechazar o aceptar la verdad. Debido a que no comprendieron estas verdades, muchos sacerdotes cristianos se opusieron a Mu-ḥammad, expresando su protesta con palabras semejantes: "Si en verdad eres el Profeta prometido, ¿por qué, entonces, no Te acompañan los ángeles que predicen nuestros Libros sagrados y que deben, necesariamente, descender con la Belleza prometida para ayudarle en Su Revelación y actuar como amonestadores de Su pueblo?" Así, el Todoglorioso ha registrado sus palabras: "¿Por qué no Le ha sido enviado un ángel para que sea con Él un amonestador?"59
Tales objeciones y diferencias han persistido en todas las épocas y siglos. Los hombres siempre se han ocupado de esos engañosos discursos, protestando vanamente: "¿Por qué no ha aparecido este o aquel signo?" Tales males les han sobrevenido sólo por haberse aferrado a las prácticas de los sacerdotes de la época en que vivieron, imitándoles ciegamente al aceptar o negar a esas Esencias del Desprendimiento, esos Seres santos y divinos. Estos jefes, por estar hundidos en sus deseos egoístas y perseguir cosas impuras y transitorias, han considerado a esas Lumbreras divinas como opuestas a las normas de su conocimiento y comprensión, y como opositores de sus prácticas y juicios. Dado que han interpretado literalmente la Palabra de Dios y los dichos y tradiciones de las Letras de la Unidad, exponiéndolas de acuerdo con su deficiente comprensión, se han privado por tanto a sí mismos y a todo su pueblo de las generosas lluvias de la gracia y misericordia de Dios. Y, sin embargo, dan testimonio de esta muy conocida tradición: "Verdaderamente, Nuestra Palabra es abstrusa, desconcertantemente abstrusa". En otro pasaje dice: "Nuestra Causa pone a prueba severamente, causa gran confusión; nadie puede soportarla salvo quien sea favorecido por el cielo o un inspirado Profeta, o aquel cuya fe Dios ha probado". Estos jefes religiosos admiten que ninguna de estas tres condiciones especificadas es aplicable a ellos. Las dos primeras condiciones están manifiestamente fuera de su alcance; en cuanto a la tercera, es evidente que en ningún momento han resistido las pruebas que han sido enviadas por Dios y que, cuando apareció la divina Piedra de Toque, no demostraron ser más que herrumbre.
¡Gran Dios! Estos sacerdotes, que aún dudan y disputan sobre los puntos oscuros de la teología de su fe a pesar de que aceptan la verdad de esta tradición, pretenden ser los intérpretes de las sutilezas de la ley de Dios y los expositores de los misterios esenciales de Su santa Palabra. Afirman confiadamente que aquellas tradiciones que indican la venida del Qá'im esperado aún no se han cumplido, en tanto que ellos mismos no han logrado percibir la fragancia del significado de esas tradiciones y todavía ignoran el hecho de que se han cumplido todos los signos predichos, que se ha revelado el camino de la santa Causa de Dios y, que el concurso de los fieles, veloz como el relámpago, pasa ahora mismo por ese camino, mientras que esos necios sacerdotes aún esperan presenciar los signos predichos. Di: ¡Oh necios! ¡Esperad, como esperan aquellos anteriores a vosotros!
Si fueran interrogados acerca de aquellos signos que necesariamente deben anunciar la revelación y ascenso del sol de la Dispensación mahometana, a los cuales ya Nos hemos referido, de los cuales ninguno se ha cumplido literalmente, y si se les dijera: "¿Por qué habéis rechazado las demandas hechas por los cristianos y los pueblos de otras creencias, y les consideráis infieles?", no sabiendo qué respuesta dar, contestarían: "Estos Libros han sido corrompidos y no son de Dios, ni lo han sido nunca". Reflexiona, las mismas palabras de los versículos testifican elocuentemente el hecho de que son de Dios. También se ha revelado un versículo semejante en el Qur'án, ¡si fuerais de aquellos que comprenden! Verdaderamente digo que durante todo este período no han logrado comprender lo que significa viciar el texto.
Ciertamente, en los escritos y palabras de los Espejos que reflejan el sol de la Dispensación mahometana, se ha mencionado: "Modificación hecha por los seres exaltados" y "alteración hecha por los desdeñosos". Sin embargo, tales pasajes se refieren sólo a casos especiales. Entre ellos está la historia de Ibn-i-«úríyá. Cuando el pueblo de Khaybar preguntó al punto focal de la Revelación mahometana acerca del castigo para el adulterio cometido entre un hombre casado y una mujer casada, Muḥammad respondió diciendo: "La ley de Dios es muerte por lapidación". Ante lo cual protestaron diciendo: "Ninguna ley semejante ha sido revelada en el Pentateuco". Muḥammad respondió diciendo: "¿A quién entre vuestros rabinos consideráis una autoridad reconocida con conocimiento seguro de la verdad?" Convinieron en Ibn-i-«úríyá. En seguida Muḥam-mad le llamó y dijo: "Te conjuro por Dios, Quien dividió para vosotros el mar, hizo llover sobre vosotros el maná y envió la nube para daros sombra, Quien os libró del Faraón y su pueblo, y os exaltó sobre todos los seres humanos, que nos digas qué ha decretado Moisés acerca del adulterio entre un hombre y una mujer casada". Respondió: "¡Oh Muḥammad!, muerte por lapidación es la ley". Muḥammad observó: "¿Por qué entonces esta ley ha sido anulada y ya no está en vigor entre los judíos?" Respondió diciendo: "Cuando Nabucodonosor hizo de Jerusalén pas-to de las llamas y dio muerte a los judíos, sólo unos pocos sobrevivieron. Los sacerdotes de esa época, considerando el número sumamente limitado de judíos y la multitud de amalecitas, deliberaron juntos y llegaron a la conclusión de que si hicieran cumplir la ley del Pentateuco debería darse muerte, de acuerdo con el dictamen del Libro, a todos los supervivientes librados de la mano de Nabucodonosor. Debido a tales consideraciones, revocaron totalmente la pena de muerte". Entre tanto Gabriel inspiró al corazón de Muḥammad estas palabras: "Pervierten el texto de la Palabra de Dios".60
Éste es uno de los ejemplos a que se ha aludido. Verdaderamente, "alterar" el texto no quiere decir lo que esas almas abyectas y necias se han imaginado, como es el caso de algunos que sostienen que los sacerdotes judíos y cristianos han borrado del Libro los versículos que ensalzan y magnifican la faz de Muḥammad y en su lugar han insertado lo contrario. ¡Cuán enteramente vanas y falsas son estas palabras! ¿Puede un hombre que cree en un libro, y lo juzga inspirado por Dios, mutilarlo? Por otra parte, el Pentateuco se había difundido por toda la superficie de la Tierra y no estaba confinado a La Meca y a Medina como para que pudieran secretamente corromper y alterar su texto. Más bien, por corrupción del texto se quiere significar aquello en lo que hoy día se afanan todos los sacerdotes musulmanes, a saber, la interpretación del santo Libro de Dios de acuerdo con sus ociosas imaginaciones y vanos deseos. Y como los judíos, en tiempo de Muḥammad, interpretaron aquellos versículos del Pentateuco referentes a Su Manifestación según su propia fantasía, y rehusaron estar conformes con Su santa palabra, fue por eso pronunciada contra ellos la acusación de "alterar" el texto. Del mismo modo, es claro cómo en este día el pueblo del Qur'án ha pervertido el texto del Libro Sagrado de Dios, por lo que respecta a los signos de la Manifestación esperada, interpretándolo de acuerdo con sus deseos e inclinaciones.
En otro caso, Él dice: "Una parte de ellos oyó la Palabra de Dios y luego la alteró, después de haberla entendido, y ellos sabían lo que hacían".61 Este versículo también indica que el significado de la Palabra de Dios ha sido alterado, pero no que las palabras mismas hayan sido borradas. Atestiguan la verdad de esto quienes tienen sano juicio.
Y aun en otro caso Él dice: "¡Ay de aquellos que con sus propias manos transcriben el Libro adulterándolo y luego dicen: 'Esto proviene de Dios', para venderlo a un bajo precio!"62 Este versículo fue revelado con relación a los sacerdotes y jefes de la Fe judía. Esos sacerdotes, a fin de agradar a los ricos, agenciarse mundanales prebendas y descargar su envidia y falsas creencias, escribieron varios tratados en refutación de las pretensiones de Muḥammad, apoyando sus argumentos con pruebas tales que no sería propio mencionar, y pretendiendo que dichos argumentos provenían del texto del Pentateuco.
Lo mismo puede presenciarse hoy día. ¡Considera cuán abundantes son las denuncias escritas por los necios sacerdotes de esta época contra esta muy maravillosa Causa! ¡Cuán vanamente imaginan que estas calumnias son conformes a los versículos del sagrado Libro de Dios y compatibles con las palabras de hombres de discernimiento!
Al relatar estas cosas, ha sido Nuestro propósito advertirte que si ellos sostuvieran que los versículos en que se mencionan los signos referidos en el Evangelio han sido alterados, si los rechazaran y se adhirieran en cambio a otros versículos y tradiciones, deberías saber que sus palabras serían total falsedad y mera calumnia. Ciertamente, en casos especiales se ha hecho "corrupción" del texto en el sentido a que Nos hemos referido. Hemos mencionado algunos de ellos para que se haga evidente a todo observador perspicaz que a unos pocos Hombres santos, no instruidos, Les ha sido dado el dominio de la erudición humana, de modo que el opositor malevolente deje de disputar que un versículo indica "corrupción" del texto, insinuando que Nos, por falta de conocimiento, hemos mencionado tales cosas. Además, la mayor parte de los versículos que indican "corrupción" del texto han sido revelados respecto al pueblo judío, ¡si exploraseis las islas de la Revelación del Qur'án!
También hemos oído a varios de los necios de la tierra afirmar que el texto auténtico del Evangelio celestial no existe entre los cristianos, que ha ascendido al cielo. ¡Cuán penosamente han errado! ¡Cuán inconscientes son de que tal declaración imputa la más grave injusticia y tiranía a una benévola y amorosa Providencia! ¿Cómo podía Dios, después que el Sol de la belleza de Jesús había desaparecido de la vista de Su pueblo y ascendido al cuarto cielo, hacer que desapareciera también Su santo Libro, Su más gran testimonio entre Sus criaturas? ¿Qué le hubiera quedado a ese pueblo para asirse desde la puesta del sol de Jesús hasta la salida del sol de la Dispensación de Muḥammad? ¿Qué ley pudiera ser su sostén y guía? ¿Cómo podría hacerse a tales hombres víctimas de la ira vengadora de Dios, el Vengador omnipotente? ¿Cómo podría afligírseles con el azote del castigo del Rey celestial? Y, sobre todo, ¿cómo podría detenerse el flujo de la gracia del Todomunífico? ¿Cómo podría calmarse el océano de Su tierna misericordia? ¡Nos refugiamos junto a Dios, a resguardo de lo que Sus criaturas han imaginado de Él! ¡Exaltado es Él sobre su comprensión!
¡Querido amigo! Ahora que despierta la luz de la eterna Mañana de Dios; cuando el resplandor de Sus santas palabras "Dios es la luz de los cielos y de la tierra"63 ilumina a toda la humanidad; cuando la inviolabilidad de Su tabernáculo es proclamada por Sus sagradas palabras: "Dios quiso hacer perfecta Su luz";64 y la Mano de la omnipotencia, dando Su testimonio: "En Su puño Él mantiene el reino de todas las cosas", se extiende a todos los pueblos y razas de la Tierra, nos incumbe aprestar nuestros esfuerzos para que quizás, por la gracia y generosidad de Dios, entremos en la Ciudad celestial de: "Verdaderamente, somos de Dios", y permanezcamos en la exaltada habitación de: "Y a Él volvemos". Es tu deber, con la anuencia de Dios, purificar el ojo de tu corazón de las cosas del mundo, para que te des cuenta de la infinitud del conocimiento divino, y veas la Verdad tan claramente que no necesites prueba para demostrar Su realidad, ni evidencia alguna para ratificar Su testimonio.
¡Oh afectuoso buscador! Si te remontaras al santo reino del espíritu, reconocerías a Dios manifiesto y exaltado por sobre todo, de modo tal que tus ojos no verían nada sino a Él. "Dios estaba solo; no había nadie sino Él". Tan sublime es esta posición que ningún testimonio puede atestiguarla, ni prueba alguna hacer justicia a Su verdad. Si exploras el sagrado dominio de la verdad, encontrarás que todas las cosas son conocidas solamente por la luz de Su reconocimiento, que Él siempre ha sido y continuará siendo por siempre conocido mediante Él mismo. Y si habitas en el país del testimonio, conténtate con lo que Él mismo ha revelado: "¿No les basta que Nos hayamos hecho descender sobre Ti el Libro?"65 Éste es el testimonio que Él mismo ha ordenado; mayor prueba que ésta no hay, ni habrá nunca: "Esta prueba es Su Palabra; Su propio Ser, el testimonio de Su verdad".
Y ahora suplicamos al pueblo del Bayán, a todos los doctos, sabios, sacerdotes y testigos de entre ellos, que no olviden los deseos y amonestaciones revelados en su Libro. Que ellos, en todo tiempo, fijen su mirada en lo esencial de Su Causa, no sea que cuando se revele Aquel Que es la Quintaesencia de la verdad, la íntima Realidad de todas las cosas, la Fuente de toda luz, se aferren a ciertos pasajes del Libro y Le causen lo que causaron en la Dispensación del Qur'án. Ya que, ciertamente, Él, el Rey del poder divino, es potente para extinguir, con una letra de Sus maravillosas palabras, el hálito de vida en todo el Bayán y su pueblo, y con una letra conferirles nueva y sempiterna vida, haciéndoles levantarse y salir presurosos de los sepulcros de sus deseos vanos y egoístas. Prestad atención y estad alerta, y recordad que todas las cosas tienen su consumación en la creencia en Él, en el alcance de Su día y en la realización de Su divina presencia. "No está la piedad en que volváis vuestros rostros al oriente o al poniente, pero es piadoso quien cree en Dios y en el Día Final".66 Da oído, oh pueblo del Bayán, a la verdad a que os hemos amonestado, para que quizás busquéis amparo a la sombra que, en el Día de Dios, se ha extendido sobre toda la humanidad.




SEGUNDA PARTE


En verdad, Aquel Que es el Sol de la Verdad y Revelador del Ser Supremo mantiene, en todo tiempo, indiscutible soberanía sobre todo lo que hay en el cielo y en la tierra, aunque no se encuentre hombre alguno sobre la Tierra que Le obedezca. Él, en verdad, es independiente de todo dominio terrenal, aunque carezca absolutamente de todo. Así te revelamos los misterios de la Causa de Dios y te conferimos las joyas de la sabiduría divina, para que quizás te remontes en las alas de la renunciación hacia aquellas alturas que están veladas a los ojos de los hombres.


La significación y propósito esencial de estas palabras es revelar y demostrar a los puros de corazón y a los de espíritu santificado, que quienes son las Lumbreras de la verdad y los Espejos que reflejan la luz de la Unidad divina, cualquiera que sea la época o ciclo en que se les envíe a este mundo desde sus invisibles moradas de antigua gloria, para educar las almas de los hombres y dotar de gracia a todas las cosas creadas, están sin excepción provistos de un poder que todo lo somete, e investidos de soberanía invencible. Por cuanto estas Joyas ocultas, estos recónditos e invisibles Tesoros, por sí mismos, manifiestan y vindican la realidad de estas santas palabras: "Ciertamente Dios hace lo que es Su voluntad y ordena lo que es Su deseo".
Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado que Dios, la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente exaltado por encima de todo atributo humano tal como existencia corpórea, ascenso y descenso, salida y retorno. Lejos está de Su gloria el que la lengua humana pueda apropiadamente referir Su alabanza, o que el corazón humano pueda comprender Su misterio insondable. Él está y ha estado siempre velado en la antigua eternidad de Su[n1] Esencia, y permanecerá en Su realidad eternamente oculto a la vista de los hombres. "Ningún ojo Le abarca, pero Él abarca a todos los ojos; Él es el Inescrutable, el Perspicaz".1 Ningún lazo de relación directa puede atarle a Sus criaturas. Se mantiene exaltado más allá y por encima de toda separación y unión, de toda proximidad y alejamiento. Ningún signo puede indicar Su presencia o Su ausencia; ya que por una palabra de Su mandato han llegado a existir todos los que están en el cielo y en la tierra, y por Su deseo, que es la Voluntad Primordial misma, han salido todos de la total inexistencia al reino del ser, al mundo de lo visible.
¡Alabado sea Dios! ¿Cómo pudiera concebirse alguna relación existente o posible conexión entre Su Palabra y los que han sido creados por ella? El versículo "Dios os advierte acerca de Él mismo"2, atestigua inequívocamente la realidad de Nuestro argumento; y las palabras "Dios estaba solo; no había nadie junto a Él" son testimonio cierto de su verdad. Todos los Profetas de Dios y sus Elegidos, todos los sacerdotes, los doctos y los sabios de cada generación reconocen unánimemente su inhabilidad para alcanzar la comprensión de aquella Quintaesencia de toda verdad y confiesan su incapacidad para comprender a Aquel Que es la más íntima Realidad de todo lo creado.
Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que, conforme a Su dicho: "Su gracia supera a todo; Mi gracia lo ha abarcado todo", aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a todos los hombres, a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas de Su Esencia imperecedera. Estos Espejos santificados, estas Auroras de antigua gloria son, todos y cada uno, los Exponentes en la tierra de Aquel Que es el Astro central del universo, su Esencia y Propósito último. De Él procede su conocimiento y poder; de Él proviene su soberanía. La belleza de su semblante es solamente un reflejo de Su imagen; su revelación, un signo de Su gloria inmortal. Ellos son los Tesoros del conocimiento divino y los Depósitos de la sabiduría celestial. A través de ellos se transmite una gracia que es infinita y, por ellos, se revela la luz que jamás palidece. Así Él ha dicho: "No hay distinción alguna entre Tú y ellos, salvo que ellos son Tus siervos y son creados por Ti". Éste es el significado de la tradición: "Yo soy Él, Él mismo, y Él es yo, yo mismo".
Las tradiciones y relatos que se refieren directamente a Nuestro tema son varios y múltiples; Nos hemos abstenido de citarlos en aras de la brevedad. Más aún, todo lo que hay en los cielos y en la tierra es prueba directa de la revelación dentro de sí de los atributos y nombres de Dios, ya que en cada átomo están encerradas las señales que dan testimonio elocuente de la revelación de aquella muy gran luz. Me parece que, a no ser por la potencia de esa revelación, ningún ser podría jamás existir. ¡Cuán resplandeciente son las lumbreras de conocimiento que brillan en un átomo, y cuán vastos los océanos de sabiduría que se agitan dentro de una gota! Esto, en grado sumo, es verdad por lo que concierne al hombre, quien, entre todo lo creado, ha sido investido con el manto de tales dones y señalado para la gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos los atributos y nombres de Dios en grado tal que no ha sido superado o rebasado por otro ser creado. A él le son aplicables todos estos nombres y atributos. Así Él ha dicho: "El hombre es Mi misterio, y Yo soy su misterio". Con referencia a este profundo y elevado tema, son múltiples los versículos que se han revelado repetidamente en todos los Libros sagrados y santas Escrituras. Así Él ha revelado: "De seguro les mostraremos Nuestros signos en el mundo y dentro de ellos mismos".3 Y en otro lugar dice: "Y también en vosotros mismos ¿acaso no veréis los signos de Dios?"4 Y en otra parte Él revela: "Y no seáis como los que olvidan a Dios, y por tanto Él les ha hecho olvidarse de sí mismos".5 Con respecto a esto, Aquel Que es el Rey eterno -que las almas de todos los que moran en el Tabernáculo místico sean sacrificadas por Él- ha dicho: "Ha conocido a Dios aquel que se ha conocido a sí mismo".
¡Juro por Dios!, oh estimado y venerable amigo, que si ponderases estas palabras en tu corazón, con toda seguridad encontrarías abiertas de par en par ante tu rostro las puertas de la sabiduría divina y del conocimiento infinito.
De lo que se ha dicho queda claro que todas las cosas, en su más íntima realidad, atestiguan la revelación de los nombres y atributos de Dios dentro de ellas mismas. Cada una, según su capacidad, señala y expresa el conocimiento de Dios. Pues así de potente y universal es esta revelación, que ha abarcado todas las cosas visibles e invisibles. Así Él ha revelado: "¿Tiene algo, que no seas Tú, poder de revelación que Tú no poseas, para que hubiese podido manifestarte? Ciego es el ojo que no Te percibe". Asimismo, ha dicho el Rey eterno: "No he percibido cosa sin percibir a Dios en ella, antes de ella o después de ella". Y también aparece en la tradición de Kumayl: "Mirad, una luz ha resplandecido en la Mañana de la eternidad, y he aquí que sus rayos han penetrado la más íntima realidad de todos los hombres". El hombre, lo más noble y perfecto de todo lo creado, supera a todo en la intensidad de esta revelación, y es una expresión más plena de su gloria. Y de todos los hombres son las Manifestaciones del Sol de la Verdad los más perfectos, los más distinguidos y los más excelsos. Más aún, todos excepto estas Manifestaciones, viven por la acción de su Voluntad, y se mueven y existen por las efusiones de su gracia. "Si no fuera por Ti, no habría creado los cielos." Más aún, en su santa presencia todos se vuelven inexistentes y son como algo olvidado. Nunca podrá la lengua humana cantar adecuadamente su alabanza, ni la voz humana revelar su misterio. Estos Tabernáculos de santidad y Espejos primordiales que reflejan la luz de gloria inmarcesible, no son sino expresiones de Aquel Que es el Invisible de los Invisibles. Por la revelación de estas joyas de virtud divina se ponen de manifiesto todos los nombres y atributos de Dios, tales como conocimiento y poder, soberanía y dominio, misericordia y sabiduría, gloria, munificencia y gracia.
Estos atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos especialmente a ciertos Profetas y negados a otros. Al contrario, todos los Profetas de Dios, Sus favorecidos, santos y escogidos Mensajeros son, sin excepción, los portadores de Sus nombres y la personificación de Sus atributos. Sólo difieren en la intensidad de su revelación y la relativa potencia de su luz. Así, Él ha revelado: "Hemos hecho que algunos de los Apóstoles aventajen a los otros".6 Por tanto, ha quedado claro y manifiesto que, dentro de los tabernáculos de estos Profetas y Elegidos de Dios, se ha reflejado la luz de Sus nombres infinitos y exaltados atributos, aunque la luz de algunos de esos atributos aparentemente pueda revelarse o no a los ojos de los hombres en esos luminosos Templos. Que determinado atributo de Dios no haya sido exteriormente manifestado por esas Esencias del Desprendimiento, no implica de manera alguna que no lo hayan poseído realmente aquellos que son las Auroras de los atributos de Dios y los Tesoros de Sus santos nombres. Por tanto, todas y cada una de estas Almas iluminadas y bellos Semblantes han sido dotados con todos los atributos de Dios, tales como soberanía, dominio y otros, aunque en apariencia estén despojados de toda majestad terrenal. Esto es claro y manifiesto a todo ojo perspicaz; no necesita de prueba ni demostración.
En verdad, como los pueblos del mundo no han buscado en las luminosas y cristalinas Fuentes del conocimiento divino el significado interior de las santas palabras de Dios, por consiguiente han languidecido, sedientos y afligidos, en el valle de la ociosa fantasía y de la obstinación. Se han desviado lejos del agua fresca que apacigua la sed, reuniéndose alrededor de la sal amarga que quema. Respecto de ellos ha dicho la Paloma de la Eternidad: "Y si vieren el camino de la rectitud, no lo tomarán como su camino; mas si vieren el camino del error, lo tomarán como su camino. Y ello porque ellos desmintieron Nuestros signos y los descuidaron."7
De ello da testimonio cuanto ha podido presenciarse en esta maravillosa y exaltada Dispensación. Miríadas de versículos sagrados han sido enviados desde el cielo del poder y la gracia; sin embargo, nadie se ha vuelto hacia ellos ni ha dejado de aferrarse a aquellas palabras de los hombres, de las cuales ni una letra comprenden quienes las han pronunciado. Por esta razón la gente ha puesto en duda verdades indiscutibles como éstas, y se han privado del Ri¤-ván del conocimiento divino y de los prados de sabiduría celestial.
Ahora, para resumir Nuestro argumento sobre la pregunta: ¿Por qué no se manifestó en modo alguno la soberanía del Qá'im que fuera afirmada en el texto de las tradiciones escritas y transmitida por las brillantes estrellas de la Dispensación de Muḥammad? Más bien ha sucedido lo contrario. ¿No han sido Sus discípulos y compañeros afligidos por los hombres? ¿No son acaso víctimas aún de la feroz oposición de sus enemigos? ¿No llevan hoy día la vi-da de mortales humillados e impotentes? Ciertamente, la soberanía atribuida al Qá'im que se menciona en las escrituras es una realidad de la cual nadie puede dudar. Sin embargo, esa soberanía no es la que falsamente imaginan las mentes de los hombres. Además, los Profetas de antaño, todos y cada uno de ellos, cada vez que anunciaron al pueblo de su día el advenimiento de la Revelación venidera se refirieron de forma invariable y específica a la soberanía con la cual necesariamente debía estar investida la Manifestación prometida. Así lo constatan las Escrituras del pasado. Esa soberanía no ha sido atribuida única y exclusivamente al Qá'im. Más bien, el atributo de soberanía y todos los otros nombres y atributos de Dios han sido y serán siempre concedidos a todas las Manifestaciones de Dios, antes y después de Él, por cuanto estas Manifestaciones son, como ya se ha explicado, las Personificaciones de los atributos de Dios, el Invisible, y los Reveladores de los misterios divinos.
Además, por soberanía se da a entender el poder que abarca y penetra todo, y que es ejercido inherentemente por el Qá'im, sea que aparezca en el mundo investido o no con la majestad de dominio terrenal. Esto depende sólo del agrado y voluntad del propio Qá'im. Fácilmente admitirás que los términos soberanía, riqueza, vida, muerte, juicio y resurrección de que hablan las escrituras de antaño no son lo que ha concebido e imaginado vanamente esta generación. Más bien, por soberanía se alude a la soberanía que en cada dispensación reside en la persona de la Manifestación, el Sol de la Verdad, y es ejercida por ella. Esa soberanía es el ascendiente espiritual que en grado sumo Él ejerce sobre todo lo que hay en el cielo y en la tierra y que, a su debido tiempo, se revela al mundo en proporción directa a su capacidad y receptividad espiritual tal y como hoy es clara y manifiesta entre la gente la soberanía de Mu-ḥammad, el Mensajero de Dios. Y bien sabes lo que aconte-ció a su Fe en los primeros días de Su dispensación. ¡Cuán dolorosos sufrimientos causó la mano de los infieles y errados, los sacerdotes de esa época y sus socios, a esa Esencia espiritual, a ese muy puro y santo Ser! ¡Cuán abundantes las zarzas y espinas que esparcieron sobre Su camino! Es evidente que esa miserable generación, en su malvada y satánica fantasía, consideró todo el daño hecho a ese Ser inmortal como un medio para alcanzar felicidad perdurable, por cuanto los sacerdotes reconocidos de esa época, como 'Abdu'lláh-i-Ubayy, Abú'Ámir, el ermitaño, Ka'b-Ibn-i-Ashraf, y Na¤r-Ibn-i-Æárith, Le trataron como impostor y Le declararon demente y calumniador. Tan dolorosas acusaciones vertieron contra Él que al relatarlas Dios prohíbe que fluya la tinta, que corra Nuestra pluma o que las soporte la página. Estas imputaciones malignas hicieron que el pueblo se levantara para atormentarle. ¡Y cuán feroz no habría de ser ese tormento siendo los sacerdotes de la época sus principales instigadores, Le denunciaron a sus seguidores y Le expulsaron de su seno declarándole perverso! ¿No Le ha sucedido lo mismo a este Siervo y todos lo han presenciado?
Por esta razón Muḥammad exclamó: "Ningún Profeta de Dios ha sufrido daño tal como el que Yo he sufrido". Y en el Qur'án se registran todas las calumnias y reproches que se pronunciaron contra Él, así como todas las aflicciones que sufrió. Remitíos a él para que tal vez seáis informados de lo que aconteció en Su Revelación. Tan grave era Su situación, que por un tiempo todos dejaron de tener trato con Él y con Sus compañeros. Cualquiera que se relacionara con Él caía víctima de la crueldad implacable de Sus enemigos.
Con respecto a esto citaremos sólo un versículo del Libro mencionado. Si lo observas con ojo perspicaz, todos los días que restan de tu vida llorarás y te lamentarás por el daño causado a Muḥammad, ese agraviado y oprimido Mensajero de Dios. Este versículo fue revelado en un tiempo en que Muḥammad languidecía cansado y triste bajo el peso de la oposición de la gente y de su incesante tortura. En medio de Su agonía se oyó la Voz de Gabriel proveniente del Sadratu'l-Muntahá que decía: "Mas si Te es penosa su oposición, busca si puedes una abertura en la tierra o una escalera al cielo"8. De estas palabras se deduce que Su caso no tenía remedio, que no dejarían de actuar contra Él a menos que Se escondiese en las profundidades de la tierra o emprendiese vuelo hacia el cielo.
¡Considera cuán grande es el cambio hoy día! ¡Mira cuántos Soberanos inclinan la rodilla ante Su nombre! ¡Cuán numerosas las naciones y reinos que han buscado asilo bajo Su sombra, y que guardan lealtad a Su Fe enorgulleciéndose de ello! De los púlpitos se elevan hoy palabras de alabanza que, con toda humildad, glorifican Su bendito nombre; y de lo alto de los alminares resuena el llamado que convoca a Su pueblo para adorarle. Aun los reyes de la tierra que han rehusado abrazar Su Fe y quitarse el manto del descreimiento, confiesan y reconocen sin embargo la grandeza y majestad avasalladora de ese Sol de amorosa bondad. Tal es Su soberanía terrenal, de la cual ves evidencias por todas partes. Necesariamente esta soberanía debe revelarse y establecerse, ya sea durante la vida de cada Manifestación de Dios o después de Su ascensión a Su verdadera morada en los reinos de lo alto. Lo que hoy presencias no es más que una confirmación de esta verdad. Sin embargo, ese ascendiente espiritual, que es su significado esencial, reside en Ellas y gira en torno de Ellas desde la eternidad hasta la eternidad. Ni por un momento puede ser divorciado de Ellas. Su dominio abarca a todos los que están en el cielo y en la tierra.
Lo que sigue es una prueba de la soberanía ejercida por Muḥammad, el Sol de la Verdad. ¿No has oído cómo con un solo versículo separó la luz de la oscuridad, los justos de los impíos, los creyentes de los infieles? Todos los signos y alusiones acerca del Día del Juicio, que tú has oído, tales como la resurrección de los muertos, el Día de Rendición de cuentas, el Juicio Final y otros, han sido manifestados mediante la revelación de ese versículo. Estas palabras reveladas fueron una bendición para los justos, quienes al oírlas exclamaron: "Oh Dios, nuestro Señor; hemos oído y hemos obedecido". Y fueron una maldición para los inicuos que, al oírlas, afirmaron: "Hemos oído y nos hemos rebelado". Aquellas palabras, afiladas como la espada de Dios, separaron a los fieles de los infieles y apartaron a padres de hijos. Seguramente has presenciado cómo en pos de lo ajeno se libraron al combate tanto quienes confesaron su fe en Él como quienes le rechazaron. ¡Cuántos padres se alejaron de sus hijos, cuántos amantes rehusaron a sus amadas! ¡Tan despiadadamente incisiva fue esta espada maravillosa de Dios, que cortó todo vínculo! Por otro lado, considera el poder unificador de Su palabra. Observa cómo aquellos, en medio de quienes durante años había sembrado el satanás del yo las semillas de la maldad y el odio, llegaron a unirse y mezclarse en su lealtad a esta maravillosa y trascendente Revelación, de manera tal que se les hubiera creído nacidos de una misma entraña. Tal es la fuerza integradora de la Palabra de Dios, que une los corazones de quienes han renunciado a todo menos a Él, han creído en Sus signos y han bebido de la Mano de la gloria el Kawthar de la santa gracia de Dios. Por otra parte, ¡cuán numerosos son los pueblos de diversas creencias, de credos en conflicto y de temperamento opuesto que se han adornado con el nuevo manto de la Unidad divina y han bebido el cáliz de Su singularidad, por medio de la fragancia vivificadora de la Divina primavera que alienta desde el Ri¤ván de Dios!
Éste es el significado de las consabidas palabras: "El lobo y el cordero pacerán juntos"9. ¡Mira la ignorancia e insensatez de quienes, al igual que las naciones de antaño, esperan todavía presenciar el tiempo en que esos animales pacerán juntos en un mismo prado! Tal es su baja condición. Me parece que sus labios nunca han tocado el cáliz del entendimiento, ni sus pies han hollado el sendero de la justicia. Por otra parte, ¿de que aprovecharía al mundo que algo así sucediese? Bien ha dicho Él al referirse a ellos: "¡Tienen corazones con los que no entienden y ojos con los que no ven!"10
Considera cómo, con este solo versículo que ha descendido del cielo de la Voluntad de Dios, el mundo y todo lo que hay en él han sido obligados a rendirle cuentas. Quienquiera que reconocía Su verdad y se volvía hacia Él, sus buenas obras sobrepasaban a las malas y todos sus pecados obtenían dispensa y lograban el perdón. De este modo se ha revelado la verdad de estas palabras referentes a Él: "Rápido es Él en las cuentas". Así, Dios convierte la iniquidad en rectitud; ¡si pudieseis explorar los reinos del conocimiento divino y comprender los misterios de Su sabiduría! Asimismo, quienquiera que bebía del cáliz del amor obtenía su porción del océano de la gracia imperecedera y de las lluvias de la misericordia eterna, y entraba en la vida de la fe, que es la vida celestial y eterna. Pero quien se apartaba de aquel cáliz era condenado a muerte eterna. Los términos "vida" y "muerte" que se mencionan en las escrituras indican la vida de la fe y la muerte del descreimiento. La generalidad de los hombres, debido a que no entendieron el significado de estas palabras, rechazaron y despreciaron a la persona de la Manifestación, privándose de la luz de Su guía divina y rehusando seguir el ejemplo de esa Belleza inmortal.
Cuando en la cámara del santo corazón de Muḥammad se encendió la luz de la Revelación del Qur'án, Él dictaminó al pueblo el veredicto del Último Día, de la resurrección, del juicio, de la vida y de la muerte. En seguida fueron enarbolados los estandartes de la rebelión y abiertas las puertas de la burla. Así Él, el espíritu de Dios, ha registrado lo que dijeron los infieles: "Y si dijeres 'Después de la muerte de seguro resucitaréis', exclamarán sin falta los infieles 'Esto no es sino magia evidente'"11. Y en otra parte dice: "Y si te asombras, asombroso es de seguro su dicho: 'Cuando nos hayamos convertido en polvo, ¿volveremos a ser una nueva creación?'"12 Así, en otro pasaje, airado, Él exclama: "¿Por ventura Nos estamos cansados con la primera creación? ¡Sin embargo, dudan acerca de una nueva creación!"13
Como los comentaristas del Qur'án y quienes lo siguen al pie de la letra entendieron mal el significado oculto de las palabras de Dios y no comprendieron su propósito esencial, trataron de demostrar que, según las leyes de la gramática, siempre que el término "idhá" (que significa "si" o "cuando") precede al tiempo pasado, invariablemente se refiere al futuro. Pero más adelante quedaron perplejos al tratar de explicar los versículos del Libro en que sorprendentemente no figuraba dicho término. Así Él ha revelado: "Y resonó la trompeta -¡he aquí el Día de la amenaza! Y toda alma es llamada a rendir cuentas; con ella, un compeledor y un testigo".14 Al explicar estos y otros versículos semejantes, en algunos casos han sostenido que se sobreentiende el término "idhá". En otros casos han afirmado vanamente que, por cuanto el Día del Juicio es inevitable, se ha hecho a él referencia como un acontecimiento no del futuro sino del pasado. ¡Cuán inútil su sofistería! ¡Cuán grave su ceguera! Rehúsan reconocer el toque de trompeta que tan claramente fue emitido en este texto por medio de la revelación de Muḥammad. Se privan del Espíritu regenerador de Dios que en ella sopló, ¡y neciamente esperan escuchar el son de la trompeta del Serafín de Dios que no es sino uno de Sus siervos! ¿Acaso el Serafín mismo, el ángel del Día del Juicio, y otros como él, no han sido establecidos por la propia palabra de Muḥam-mad? Di: ¿Qué? ¿Daréis lo que es para vuestro bien a cam-bio de lo que es malo? ¡Vil es lo que falsamente habéis cambiado! Ciertamente sois un pueblo malvado que ha sufrido una pérdida afrentosa.
Antes bien, "trompeta" quiere decir el llamado de la Revelación de Muḥammad que resonó en el corazón del universo, y "resurrección" indica Su aparición para proclamar la Causa de Dios. Ordenó a los descarriados y negligentes que se levantaran y salieran presurosos de los sepulcros de sus cuerpos, les adornó con el hermoso manto de la fe y les hizo revivir con el hálito de nueva y maravillosa vida. Así, a la hora en que Muḥammad, aquella divina Belleza, se proponía revelar uno de los misterios encerrados en los términos simbólicos "resurrección", "juicio", "paraíso" e "infierno", se oyó a Gabriel, la Voz de la Inspiración, que decía: "Pronto moverán ante Ti sus cabezas y dirán: '¿Cuándo será eso?' Di: 'Quizás esté próximo'".15 Las implicaciones de este solo versículo bastan a los pueblos del mundo, ¡si lo ponderasen en sus corazones!
¡Alabado sea Dios! ¡Cuán lejos se han desviado del camino de Dios esos hombres! Aunque el Día de la Resurrección fue inaugurado por la Revelación de Muḥammad, y aunque Su luz y señales habían envuelto la Tierra y todo lo que hay en ella, la gente se mofó de Él, se entregó a los ídolos que en su vana y ociosa fantasía habían concebido los sacerdotes de esa época, y se privó de la luz de gracia celestial y de las lluvias de la misericordia divina. En verdad, el escarabajo vil jamás podrá percibir la fragancia de la santidad, ni podrá el murciélago de las tinieblas volver su rostro al resplandor del sol.
Tales cosas han sucedido en los días de toda Manifestación de Dios. Así dijo Jesús: "Debéis nacer de nuevo"16. Y en otro lugar dice: "Quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, espíritu es".17 El significado de estas palabras es que, en cada dispensación, quienquiera que es nacido del Espíritu y revivido por el aliento de la Manifestación de Santidad, se cuenta ciertamente entre los que han alcanzado la "vida" y la "resu-rrección", y han entrado en el "paraíso" del amor de Dios. Y quien no se cuente entre ellos, está condenado a "muer-te" y "privación", al "fuego" del descreimiento y a la "cólera" de Dios. En todas las escrituras, libros y crónicas se ha pronunciado sentencia de muerte, de fuego, de ceguera, de falta de entendimiento y de oído contra quienes no han probado el etéreo cáliz del verdadero conocimiento, y cuyos corazones se han privado en su día de la gracia del Espíritu Santo. Como se ha indicado anteriormente: "Tienen corazones con los que no comprenden".18
En otro pasaje del Evangelio está escrito que cierto día había muerto el padre de uno de los discípulos de Jesús. Dicho discípulo, al informar a Jesús de la muerte de su padre, solicitó permiso para ir a enterrarlo. A lo que Jesús, esa Esencia de Desprendimiento, replicó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos".19
Del mismo modo, dos de los habitantes de Kúfih fueron donde 'Alí, el Comandante de los Fieles. Uno de ellos tenía una casa y deseaba venderla; el otro iba a comprarla. Habían acordado la venta y que el contrato se haría con conocimiento de 'Alí. Éste, el exponente de la ley de Dios, al dirigirse al escribano dijo: "Escribe: 'Un muerto ha comprado a otro muerto una casa. Esa casa está definida por cuatro límites. Uno se extiende hacia la tumba, el otro hacia la bóveda de la sepultura, el tercero hacia el «irá¶ y el cuarto hacia el Paraíso o el Infierno'". Reflexiona, si estas dos almas hubieran sido vivificadas por el llamado de trompeta de 'Alí, si se hubieran levantado de la tumba del error por el poder de su amor, ciertamente no se habría pronunciado juicio de muerte contra ellos.
En toda edad y siglo, el propósito de los Profetas de Dios y de sus escogidos no ha sido sino afirmar el significado espiritual de los términos "vida", "resurrección" y "juicio". Si uno considerara en su corazón, sólo por un mo-mento, estas palabras de 'Alí, de seguro descubriría todos los misterios ocultos en los términos "sepultura", "tumba", "«irá¶", "paraíso" e "infierno". Pero, ¡qué raro y qué lamentable! He aquí que toda la gente está aprisionada en la tumba del yo y yace enterrada en las más bajas profundidades del deseo mundano. Si llegaras a lograr una gota de las cristalinas aguas del conocimiento divino, fácilmente te darías cuenta de que la verdadera vida no es la vida de la carne, sino la vida del espíritu. Pues la vida de la carne es común a hombres y animales, mientras que la vida del espíritu la poseen solamente los puros de corazón, quienes han bebido del océano de la fe y han probado el fruto de la certeza. Esta vida no conoce muerte; y esta existencia está coronada por la inmortalidad. Así se ha dicho: "Aquel que es un verdadero creyente vive en este mundo y en el venidero". Si con "vida" se quiere indicar esta vida terrenal, es evidente que la muerte necesariamente la alcanzará.
Del mismo modo, todas las escrituras dan testimonio de esta sublime verdad y de esta exaltadísima palabra. Además, este versículo del Qur'án, revelado con referencia a Æamzih, el "Príncipe de los Mártires"20, y a Abú-Jahl, es prueba clara y seguro testimonio de la verdad de Nuestras palabras: "¿Acaso el muerto, al cual hemos revivido y para quien hemos dispuesto una luz con la que ande entre los hombres, será como aquel cuya semejanza se encuentra en las tinieblas, de donde él no saldrá?"21 Este versículo descendió del cielo de la Voluntad Primordial en un tiempo en que Æamzih ya había sido investido con el sagrado manto de la fe, en tanto que Abú-Jahl se había vuelto implacable en su oposición y descreimiento. Del Manantial de la omnipotencia y la Fuente de eterna santidad llegó el juicio que confirió vida sempiterna a Æamzih y sentenció a Abú-Jahl a la condenación eterna. Ésta fue la señal que hizo arder con una llama abrasadora el fuego del descreimiento en el corazón de los infieles, incitándoles a repudiar abiertamente Su verdad. Clamoreaban ruidosamente: "¿Cuándo murió Æamzih? ¿Cuándo fue resucitado? ¿En qué momento se le confirió tal vida?" Puesto que no entendieron el significado de estas nobles palabras, ni buscaron aclaración entre los expositores reconocidos de la Fe, a fin de que éstos les confirieren siquiera una gota del Kawthar del conocimiento divino, por tanto esos fuegos de maldad fueron encendidos entre los hombres.
Tú puedes presenciar hoy cómo, a pesar del brillante resplandor del Sol del conocimiento divino, toda la gente, tanto elevados como humildes, se ha aferrado a las prácticas de aquellas viles manifestaciones del Príncipe de las Tinieblas. Continuamente recurren a su ayuda para desentrañar los aspectos intrincados de su Fe; pero, debido a su falta de conocimiento, les dan respuestas que en ningún caso pueden dañar su fama y fortuna. Es evidente que estas almas, tan viles y miserables como un escarabajo, no han recibido porción alguna de la almizclada brisa de la eternidad, ni han entrado jamás en el Ri¤ván del deleite celestial. Por tanto, ¿cómo pueden transmitir a otros la fragancia imperecedera de la santidad? Tal es su modo de ser, y siempre será el mismo. Alcanzarán el conocimiento de la Palabra de Dios sólo aquellos que se han vuelto hacia Él y han repudiado las Manifestaciones de Satanás. Así Dios ha reafirmado la ley del día de Su Revelación y con la pluma del poder la ha inscrito en la Tabla mística, oculta bajo el velo de la gloria celestial. Si atendieras a estas palabras, si ponderases en tu corazón su significado aparente y oculto, llegarías a comprender todos los abstrusos problemas que en este día se han convertido en barreras insuperables que apartan a los hombres del conocimiento del Día del Juicio. Entonces no albergarías más preguntas que te dejen perplejo. Abrigamos la esperanza de que, Dios mediante, no vayas a regresar, desprovisto y aun sediento, de las orillas del océano de la misericordia divina, ni a retornar desahuciado del Santuario imperecedero del deseo de tu corazón. Veamos ahora cuál será el resultado de tu búsqueda y esfuerzos.
Recapitulando: Nuestro propósito al exponer estas verdades ha sido demostrar la soberanía de Aquel Que es el Rey de reyes. Sé justo: ¿Es superior esta soberanía, que ha manifestado tan vasta influencia, predominio y tremenda majestad con la expresión de una sola Palabra, o lo es el dominio mundano de estos reyes de la Tierra, quienes no obstante su solicitud para con sus súbditos y su ayuda a los pobres, sólo cuentan con aparente y fugaz lealtad, en tanto que no inspiran afecto ni respeto en los corazones de los hombres? ¿Acaso aquella soberanía, por la potencia de una palabra, no ha subyugado, vivificado y reanimado a todo el mundo? ¡Cómo! ¿Puede compararse el insignificante polvo con Aquel Que es el Señor de los señores? ¿Qué lengua se atreve a expresar la inmensa diferencia que hay entre ellos? Es más, ninguna comparación logra alcanzar el santificado santuario de Su soberanía. Si el hombre reflexionara, seguramente comprendería que ¡aun el siervo de Su umbral gobierna todo lo creado! Esto ya se ha presenciado y se hará manifiesto en el futuro.
Éste no es sino uno de los significados de la soberanía espiritual que hemos expuesto de acuerdo con la capacidad y receptividad de las gentes. Pues Él, el Movedor de todos los seres, ese Semblante glorificado, es la fuente de potencias tales que ni este Agraviado puede revelar, ni esta gente indigna comprender. ¡Inmensamente exaltado es Él por encima de la alabanza que hacen los hombres a Su soberanía, y glorificado más allá de lo que Le atribuyen!
Y, ahora, medita esto en tu corazón: Si soberanía significara la soberanía terrenal y el dominio mundano; si implicara la sujeción y lealtad externa de todos los pueblos y razas de la Tierra -con arreglo a las cuales fuesen enaltecidos Sus amados, pudiendo vivir en paz, y fuesen Sus enemigos humillados y atormentados-, tal forma de soberanía no sería propia de Dios mismo, la Fuente de todo dominio, Cuya majestad y poder testifican todas las cosas. Por cuanto ¿no ves cómo se halla la mayoría de la humanidad bajo el imperio de Sus enemigos? ¿Acaso no se han apartado todos del sendero de Su complacencia? ¿No han hecho lo que Él ha prohibido y han dejado de hacer aquello que Él ha ordenado; más aún, lo han repudiado y se han opuesto a ello? ¿No han sido siempre Sus amigos las víctimas de la tiranía de Sus enemigos? Todo esto es más evidente que el sol en su esplendor meridiano.
Has de saber, oh buscador inquisitivo, que no es de ningún valor la soberanía terrenal, ni lo será nunca, a los ojos de Dios y Sus elegidos. Por otra parte, si se interpretara el ascendiente y dominio como supremacía terrenal y poder temporal, cuán difícil te sería explicar estos versículos: "Y ciertamente Nuestra hueste vencerá".22 "De buena gana apagarían la luz de Dios con sus bocas; pero Dios ha determinado perfeccionar Su luz, aunque los infieles la detesten".23 "Él es el Dominador, sobre todas las cosas". Del mismo modo, la mayor parte del Qur'án da testimonio de esta verdad.
Si fueran ciertas las vanas argumentaciones de esas almas necias y despreciables, no tendrían otra alternativa que rechazar todas estas santas palabras y alusiones celestiales. Ya que no se encontraría en la Tierra guerrero más excelente y cercano a Dios que Æusayn, hijo de 'Alí; tan incomparable y sin igual era. "No había en el mundo quien le igualara o se comparara con él". Sin embargo, habrás oído lo que le sucedió: "¡Que la maldición de Dios caiga sobre el pueblo de la tiranía!"24
Si hubiera de interpretarse literalmente el versículo "Y ciertamente Nuestra hueste vencerá", es claro que no sería de ningún modo aplicable a los Elegidos de Dios y Sus huestes, por cuanto Æusayn, cuyo heroísmo era manifiesto como el sol, fue vencido y subyugado, y libó por último el cáliz del martirio en Karbilá, tierra de (r)aff. Y otro tanto cabe decir del sagrado versículo "De buena gana apagarían la luz de Dios; pero Dios ha determinado perfeccionar Su luz, aunque los infieles la detesten". Si éste hubiera de interpretarse literalmente, jamás se correspondería con la verdad. Pues en cada época la luz de Dios ha sido aparentemente extinguida por los pueblos de la Tierra, y han sido apagadas por ellos las Lámparas de Dios. ¿Cómo podría, entonces, explicarse el ascendiente y soberanía de estas Lámparas? ¿Qué podría significar la potencia de la voluntad de Dios para "perfeccionar Su luz"? Como ya se ha visto, tan grande fue la enemistad de los infieles que ninguna de estas Lumbreras divinas encontró jamás lugar donde refugiarse, ni probó del cáliz de la tranquilidad. Fueron tan penosamente oprimidos, que hasta el más pequeño de los hombres infligió lo que quiso a esas Esencias del ser. Esos sufrimientos han sido observados y medidos por la gente. Luego ¿cómo puede gente así ser capaz de comprender y exponer estas palabras de Dios, estos versículos de gloria sempiterna?
Mas el propósito de estos versículos no es el que han imaginado. Antes bien, los términos "ascendiente", "po-der" y "autoridad" implican una posición y significado totalmente diferentes. Por ejemplo, considera el poder penetrante de aquellas gotas de la sangre de Æusayn que salpicaron la tierra. ¡Qué ascendiente e influencia ha ejercido el propio polvo sobre los cuerpos y almas de los hombres, por la santidad y potencia de esa sangre! Tanto es así, que aquel que deseaba librarse de sus males, sanaba con sólo tocar el polvo de ese santo suelo, y quienquiera que para proteger su propiedad guardase con absoluta fe y entendimiento un poco de aquella sagrada tierra en su casa, protegía todos sus bienes. Éstas son las manifestaciones externas de su poder. Y si contáramos sus virtudes ocultas, dirían de seguro: "Él ciertamente ha considerado al polvo como el Señor de los señores y ha abandonado por completo la Fe de Dios".
Además, trae a la memoria las circunstancias vergonzosas que acompañaron el martirio de Æusayn. Reflexiona sobre su soledad; cómo, aparentemente, no hubo nadie que le ayudase; nadie que recogiera su cuerpo y lo sepultase. Sin embargo, ¡mira cuán numerosos son en este día quienes, desde los rincones más remotos de la Tierra, adoptan la indumentaria del peregrino y van en busca del lugar de su martirio para tocar con su cabeza el umbral de su sepulcro! ¡Tal es el ascendiente y poder de Dios! ¡Tal es la gloria de Su dominio y majestad!
No pienses que porque estas cosas han ocurrido después del martirio de Æusayn toda esa gloria no ha sido de ningún provecho para él. Por cuanto esa alma santa es inmortal, vive la vida de Dios y habita en las moradas de la gloria celestial en el Sadrih de la divina reunión. Esas Esencias del ser son los luminosos Modelos del sacrificio. Han ofrecido y continuarán ofreciendo sus vidas, sus bienes, sus almas, su espíritu, todo, en el sendero del Bienamado. Ninguna posición, por muy exaltada que sea, puede ser más apreciada para ellos. Pues los amantes no tienen otro deseo que la complacencia de su Amado, ni otro fin salvo su reunión con Él.
Si deseáramos comunicarte un vislumbre de los misterios del martirio de Æusayn y revelarte sus frutos, estas páginas no serían nunca suficientes ni agotarían su significado. Es Nuestro deseo que, Dios mediante, sople la brisa de la misericordia, y la Primavera divina adorne el árbol del ser con el manto de nueva vida, de modo que podamos descubrir los misterios de la Sabiduría divina y, mediante Su providencia, nos hagamos independientes del conocimiento de todas las cosas. Hasta ahora apenas hemos visto un puñado de almas, desprovistas de todo renombre, que han alcanzado esta posición. El futuro mostrará lo que ordene el Juicio de Dios y revele el Tabernáculo de Su decreto. De este modo te referimos las maravillas de la Causa de Dios y vertemos en tus oídos los acordes de la melodía celestial, para que quizás alcances la posición del verdadero conocimiento y pruebes de su fruto. Por tanto, ten la certeza de que esas Lumbreras de majestad celestial, aunque su habitación sea el polvo, su verdadera morada es la sede de la gloria en los reinos de lo alto. Aunque están privados de todo el bien terrenal, vuelan por los reinos de riquezas insondables. Y en tanto que sufren dolorosamente en manos del enemigo, están sentados a la diestra del poder y del dominio celestial. En la lobreguez de su humillación brilla sobre ellos la luz de la gloria inmarcesible; y sobre su impotencia se vierten las señales de invencible soberanía.
Tal es el caso de Jesús, Hijo de María, Quien sentado un día y hablando en el tono del Espíritu Santo, pronunció palabras como éstas: "¡Oh pueblo! Mi alimento es la hierba del campo, con la que sacio mi hambre. Mi lecho es el polvo, mi lámpara en la noche es la luz de la luna, y mi corcel son mis propios pies. Mirad, ¿quién es en la Tierra más rico que yo?" ¡Por la rectitud de Dios! ¡Miles de tesoros giran alrededor de esta pobreza, y miríadas de reinos de gloria anhelan tal humillación! Si lograras alcanzar una gota del océano del significado interior de estas palabras, de seguro abandonarías el mundo y todo lo que hay en él y, como el Fénix, te consumirías en las llamas del Fuego imperecedero.
Del mismo modo, se cuenta que cierto día uno de los compañeros de «ádiq se quejó ante él de su pobreza. A lo que «ádiq, esa belleza inmortal, respondió: "Ciertamente eres rico y has probado el trago de la riqueza". Esa alma afligida por la pobreza quedó perpleja ante las palabras pronunciadas por aquel luminoso semblante, y dijo: "¿Dónde están mis riquezas, yo que he menester hasta de una moneda?" Sobre esto «ádiq observó: "¿No posees nuestro amor?" Él contestó: "¡Sí, lo tengo, oh vástago del Profeta de Dios!" Luego, «ádiq le preguntó: "¿Cambias este amor por mil dinares?" Y él respondió: "¡No; jamás lo cam-biaré, aunque me dieren el mundo y todo lo que hay en él!" Entonces señaló «ádiq: "¿Cómo puede llamarse pobre quien posee tal tesoro?"
Esta pobreza y estas riquezas, esta humillación y gloria, este dominio, poder y otras cosas parecidas, sobre las que tienen puestos sus ojos esas almas vanas y necias, ¡todo esto en esa Corte se desvanece en la nada absoluta! Así Él ha dicho: "¡Oh hombres! No sois sino mendigos que necesitan de Dios; mas Dios es el rico, el Que Se basta a Sí mismo".25 "Riqueza" quiere decir, por tanto, independencia de todo salvo de Dios, y "pobreza", la carencia de aque-llo que es de Dios.
De modo semejante, trae a la memoria el día en que los judíos, habiendo rodeado a Jesús, Hijo de María, insistían en que confesara Su pretensión de ser el Mesías y Profeta de Dios, para declararle infiel y condenarle a muerte. Entonces Lo condujeron, a Él Que era el Sol del cielo de la Revelación divina, ante Pilatos y ante Caifás, que era el su-mo sacerdote de esa época. Los principales sacerdotes estaban reunidos en el palacio, y también una multitud de gente que se había congregado para presenciar Su dolor, mofarse de Él y agraviarle. Aunque insistentemente Le interrogaban, esperando que confesara Su pretensión, Jesús guardaba silencio y no hablaba. Por último, se levantó un maldecido de Dios y, acercándose a Jesús, le conjuró diciendo: "¿Acaso tú no has pretendido ser el Mesías divino? ¿Acaso no dijiste: 'Yo soy el Rey de los reyes, Mi palabra es la Palabra de Dios, y Yo soy el quebrantador del día Sábado?'" En seguida Jesús levantó la cabeza y dijo: "¿Es que no ves al Hijo del Hombre sentado a la diestra de la fuerza y del poder?" Éstas fueron Sus palabras; sin embargo, considera cómo aparentemente estaba Él desprovisto de todo poder salvo de aquel poder interior que era de Dios y que había envuelto a todo lo que hay en el cielo y en la tierra. ¿Cómo puedo referir lo que Le aconteció después que pronunció esas palabras? ¿Cómo puedo describir la oprobiosa conducta de éstos para con Él? Por fin acumularon tales aflicciones sobre Su bendita Persona que emprendió vuelo hacia el cuarto Cielo.
También está escrito en el Evangelio según San Lucas que cierto día pasó Jesús cerca de un judío enfermo de parálisis que estaba tendido en su camilla. Cuando Le vio el judío, Le reconoció y clamó pidiendo Su ayuda. Jesús le dijo: "Levántate de tu camilla; tus pecados te son perdonados". Algunos de los judíos que estaban cerca protestaron diciendo: "¿Quién puede perdonar los pecados sino Dios?" Conociendo de inmediato Jesús sus pensamientos, respondió y les dijo: "¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Levántate, toma tu camilla y anda', o decirle: 'Tus pecados te son perdonados', para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados?"26 ¡Ésta es la verdadera soberanía y tal es el poder de los Elegidos de Dios! Todo esto que hemos mencionado repetidamente, y los detalles que hemos citado de diversas fuentes, no tienen otro propósito que el de permitirte comprender el significado de las alusiones contenidas en las palabras de los Elegidos de Dios, no sea que algunas de esas palabras hagan vacilar tus pies y turben tu corazón.
Así, con paso firme hollemos el Sendero de la certeza, para que, quizás, la brisa que sopla de los prados de la complacencia de Dios nos traiga los fragantes aromas de la aceptación divina y nos haga a nosotros, fugaces mortales, alcanzar el Reino de gloria sempiterna. Entonces comprenderás el significado interior de soberanía y otras cosas semejantes de que se habla en las tradiciones y escrituras. Además, te es claro y conocido que aquello a que se han aferrado los judíos y cristianos, y los reparos que acumularon sobre la Belleza de Muḥammad, eso mismo ha sido sostenido en este día por el pueblo del Qur'án, y se ha visto en sus denuncias contra el "Punto del Bayán" ¡que las almas de todos los que habitan en el reino de las Revelaciones divinas sean sacrificadas por Él! Mira su desatino: ¡pronuncian exactamente las mismas palabras que pronunciaron los judíos del pasado, y no se dan cuenta! Cuán acertadas y verdaderas son Sus palabras referentes a ellos: "¡Déjalos que se entretengan con sus cavilaciones!"27 "Por Tu vida, ¡oh Muḥammad!, están poseídos por el delirio de sus vanas fantasías".28
Cuando el Invisible, el Eterno, la divina Esencia, hizo que despuntara el Sol de Muḥammad sobre el horizonte del conocimiento, entre los reparos que contra Él pusieron los sacerdotes judíos estaba que después de Moisés ningún Profeta sería enviado por Dios. Ciertamente, se ha hecho mención en las escrituras de un Ser que debía necesariamente manifestarse, Quien promovería la Fe de Moisés y fomentaría los intereses de Su pueblo, de modo que la Ley de la Dispensación de Moisés abarcase a toda la Tierra. Así se ha referido en Su Libro el Rey de gloria sempiterna a las palabras pronunciadas por esos vagabundos del valle del alejamiento y el error: "Dicen los judíos: 'La mano de Dios está encadenada'. ¡Encadenadas estén sus propias manos! Y fueron maldecidos por lo que dijeron. Más bien, ¡exten-didas están Sus dos manos!"29 "La mano de Dios está por encima de sus manos".30
Aunque de diversas maneras han relatado los comentaristas del Qur'án las circunstancias que rodearon la revelación de este versículo, con todo debieras esforzarte por comprender su propósito. Él dice: ¡Cuán falso es lo que los judíos han imaginado! ¿Cómo puede la mano de Aquel Que en verdad es el Rey, Quien hizo que se revelara el semblante de Moisés y Le confirió el manto de Profeta; cómo puede estar encadenada y trabada con grillos la mano de semejante Ser? ¿Cómo puede imaginársele incapaz de enviar a otro Mensajero después de Moisés? ¡Mira lo absurdo de su afirmación; cuán lejos se han apartado del sendero del conocimiento y la comprensión! Observa cómo también en este día, todo este pueblo se ha ocupado con tan absurdos disparates. ¡Durante más de mil años han estado recitando este versículo y censurando, sin saberlo, a los judíos, ignorando totalmente que ellos mismos, abierta y secretamente, expresan los sentimientos y creencias del pueblo judío! Seguramente estás informado de su vana aseveración según la cual ha concluido toda Revelación, se han cerrado los portones de la misericordia Divina, no surgirá de nuevo el sol de entre las auroras de santidad eterna, se ha acallado para siempre el Océano de la munificencia sempiterna y han cesado de aparecer los Mensajeros de Dios desde el Tabernáculo de antigua gloria. Tal es el grado de comprensión de esta gente despreciable y de miras estrechas. Esta gente ha imaginado que el flujo de la gracia de Dios, que todo lo abarca, y Sus abundantes favores, cuya interrupción ninguna mente puede concebir, se han detenido. De todos lados se han alzado aparejando los arreos de la tiranía, y han hecho los mayores esfuerzos para apagar, con las amargas aguas de su vana fantasía, la llama de la Zarza ardiente de Dios, olvidando que la mampara del poder protegerá dentro de su poderosa fortaleza a la Lámpara de Dios. La completa miseria en que ha caído la gente de seguro les basta, por cuanto han sido privados del reconocimiento del Propósito fundamental y del conocimiento del Misterio y Esencia de la Causa de Dios. Pues la suprema y más excelsa gracia conferida a los hombres es la de "llegar a la presencia de Dios" y reconocerle, que ha sido prometida a todos. Éste es el más alto grado de gracia concedido al hombre por el Todomunífico, el Antiguo de los Días, y es la plenitud de Su incondicional generosidad hacia Sus criaturas. De esta gracia y generosidad no ha participado nadie de entre esta gente, ni han sido honrados con esta muy exaltada distinción. ¡Cuán numerosos son los versículos revelados que dan testimonio explícito de esta importantísima verdad y exaltado Tema! Y, sin embargo, la han rechazado y, según su propio deseo, han desvirtuado su significado. Así, Él ha revelado: "En cuanto a quienes no creen en los signos de Dios, ni en que alguna vez Le encontrarán, ésos perderán toda esperanza de Mi misericordia, y les espera un castigo doloroso".31 También Él dice: "Quienes tienen en cuenta que llegarán a la Presencia de su Señor, y que a Él volverán."32 También dice en otro lugar: "Quienes tenían por cierto que habían de encontrarse con Dios, dijeron: '¡Cuántas veces, con el permiso de Dios, una hueste pequeña aplastó a una hueste numerosa!'"33 Y en otro lugar revela: "Entonces, quien espera llegar a la presencia de su Señor, que haga una obra justa."34 Y también dice: "Él dispone de todas las cosas. Hace sus signos claros, para que tengáis fe firme en que llegaréis a la presencia de vuestro Señor".35
Esta gente ha repudiado todos estos versículos, que inequívocamente atestiguan la realidad de "llegar a la divina Presencia". Ningún tema ha sido más enfáticamente afirmado en las sagradas escrituras. No obstante, se han privado de este elevado y exaltadísimo rango, de esta suprema y gloriosa posición. Algunos han sostenido que "llegar a la Divina Presencia" indica la "Revelación" de Dios en el Día de la Resurrección. Si afirmamos que la "Revelación" de Dios significa "Revelación Universal", es claro y evidente que tal revelación existe ya en todas las cosas. La verdad de esto ya la hemos dejado establecida, en cuanto que hemos demostrado que todas las cosas son los recipientes y reveladores del resplandor de ese Rey ideal, y que existen y están manifiestos en los espejos de los seres los signos de la revelación de ese Sol, Fuente de todo esplendor. Es más, si el hombre mirara con el ojo del discernimiento divino y espiritual, fácilmente admitiría que absolutamente nada puede existir sin la revelación del esplendor de Dios, el Rey ideal. Considera cómo todas las cosas creadas atestiguan elocuentemente la revelación de esa Luz interior que hay dentro de ellas. Mira cómo dentro de todas las cosas están abiertos los portales del Ri¤ván de Dios, para que los buscadores alcancen las ciudades del entendimiento y sabiduría y entren en los jardines del conocimiento y poder. Dentro de cada jardín contemplarán a la novia mística del conocimiento interior, guardada en los aposentos de la prolación, llena de gracia y adornada con sus mejores galas. La mayor parte de los versículos del Qur'án señalan este asunto espiritual y dan testimonio de él. El versículo "Ni hay cosa alguna que no celebre Su alabanza"36 es testimonio elocuente de ello; y "contamos todas las cosas y las anotamos"37, lo atestigua fielmente. Ahora bien, si "llegar a la Presencia de Dios" quiere decir llegar al conocimiento de tal revelación, es evidente que todos los hombres ya han llegado a la presencia del Semblante inmutable de ese Rey sin igual. ¿Por qué, entonces, restringir tal revelación al Día de la Resurrección?
Y si afirmaran que "Presencia divina" quiere decir la "Revelación Específica de Dios", expresada por ciertos súfíes como la "Más Santa Efusión", si está esto en la Esencia misma, es evidente que ha estado eternamente en el Conocimiento divino. Suponiendo que esta hipótesis sea cierta, obviamente "llegar a la Presencia divina" en este sentido no está al alcance de nadie, ya que esta revelación está limitada a la Esencia más íntima, a la que ningún hombre puede llegar. "El camino está obstruido y es rechazada toda búsqueda". Las mentes de los predilectos del cielo, por muy alto que se eleven, jamás alcanzarán esta posición, cuánto menos podrá el entendimiento de mentes oscuras y limitadas.
Y si dijeren que "Presencia divina" quiere decir la "Re-velación Secundaria de Dios", interpretada como la "Santa Efusión", esto es claramente aplicable al mundo de la creación, es decir, en el reino de la manifestación primordial y original de Dios. Tal revelación se circunscribe a Sus Profetas y Elegidos, por cuanto nadie más poderoso que ellos ha llegado a existir en el mundo del ser. Todos reconocen esta verdad y dan testimonio de ella. Estos Profetas y Elegidos de Dios son los recipientes y reveladores de todos los atributos inalterables y nombres de Dios. Son los espejos que veraz y fielmente reflejan la luz de Dios. Todo cuanto es aplicable a ellos es en realidad aplicable a Dios mismo, Quien es el Visible y el Invisible. Es imposible conocer y llegar a Aquel Que es el Origen de todas las cosas, si no es conociendo y llegando a esos luminosos Seres que proceden del Sol de la verdad. Por tanto, al llegar a la presencia de esas santas Lumbreras, se llega a la "Presencia de Dios" mismo. A través de su conocimiento se revela el conocimiento de Dios, y a través de la luz de su semblante se manifiesta el resplandor de la Faz de Dios. Mediante los múltiples atributos de estas Esencias del Desprendimiento, que son el primero y el último, el visible y el oculto, se hace evidente que Aquel Que es el Sol de la Verdad es "el Primero y el Último, el Visible y el Oculto."38 Lo mismo vale para los otros sublimes nombres y exaltados atributos de Dios. Por tanto, todo aquel que, en cualquier Dispensación, haya reconocido y llegado a la presencia de estas Lumbreras sublimes, resplandecientes y gloriosas, ciertamente ha llegado a la "Presencia de Dios" mismo y ha entrado en la ciudad de vida inmortal y eterna. Llegar a esa presencia sólo es posible en el Día de la Resurrección, que es el Día de la aparición de Dios mismo a través de Su Revelación que todo lo abarca.
Éste es el significado del "Día de la Resurrección", del que se habla en todas las escrituras y que se ha anunciado a todo pueblo. Reflexiona: ¿Puede concebirse día más precioso, de más poder y gloria que éste, para que el hombre voluntariamente renuncie a su gracia y se prive de sus dones, los cuales como lluvias de primavera se vierten sobre la humanidad desde el cielo de la misericordia? Estando así demostrado de forma concluyente que ningún día es más grande que este Día y que ninguna revelación es más gloriosa que esta Revelación, y estando expuestas todas estas poderosas e infalibles pruebas que ninguna mente de entendimiento puede poner en duda, ni hombre de erudición pasar por alto, ¿cómo es posible que, debido a las vanas argumentaciones del pueblo de la duda y la fantasía, se prive el hombre de tan generoso favor? ¿Acaso no han oído la conocida tradición: "Cuando aparece el Qá'im, ese día es el Día de la Resurrección"? De igual modo, los imanes, esas inextinguibles luces de guía divina, han interpretado el versículo: "¿Qué puede esa gente esperar sino que Dios baje a ellos en la sombra de las nubes?"39 -signo que han considerado como una de las características del Día de la Resurrección-, refiriéndolo al Qá'im y Su manifestación.
Por tanto, oh mi hermano, esfuérzate por comprender el significado de "Resurrección" y purifica tu oído de las ociosas palabras de esa gente recusable. Si pusieras pie en el reino del completo desprendimiento, atestiguarías fácilmente que no hay día más poderoso que este Día y que no puede concebirse resurrección más tremenda que esta Resurrección. Una buena obra realizada en este Día es equivalente a todos los actos virtuosos que durante miríadas de siglos han practicado los hombres; es más, ¡pedimos perdón a Dios por semejante comparación! Pues en verdad la recompensa que merece tal acto está mucho más allá y muy por encima de la apreciación de los hombres. Puesto que estas almas miserables y sin discernimiento no comprendieron el verdadero significado de "Resurrección" y de "llegar a la presencia divina", han quedado totalmente desposeídas de su gracia. Aun cuando el propósito único y fundamental de todo conocimiento, con todos sus pesares y afanes, consiste en lograr y reconocer esta posición, no obstante están sumergidas en la prosecución de sus estudios materiales. No se permiten un momento de asueto ¡e ignoran totalmente a Aquel Que es la Esencia de todo saber y el único Objeto de su búsqueda! Tal me parece que sus labios nunca hayan tocado el cáliz del Conocimiento divino, ni acaso hayan alcanzado tan siquiera una gotita de las lluvias de la gracia celestial.
Considera: ¿cómo puede aquel que en el día de la Revelación de Dios no logra la gracia de la "Presencia Divina", ni reconoce a Su Manifestación, llamarse con justicia sabio, aunque haya dedicado siglos al estudio del conocimiento y adquirido todo el limitado saber material de los hombres? Es sin duda evidente que de ningún modo se puede afirmar que posea el verdadero conocimiento. En tanto que el más iletrado de todos los hombres, si es honrado con esta suprema distinción, es verdaderamente tenido por uno de esos hombres divinamente sabios, cuyo conocimiento es de Dios; ya que tal hombre ha llegado a la cumbre del conocimiento y ha alcanzado la más elevada cima del saber.
Esta posición también es uno de los signos del Día de la Revelación. Así, se dice: "Los humillados entre vosotros, Él los encumbrará; y a los encumbrados, Él los humillará". Asimismo, Él ha revelado en el Qur'án: "Deseamos demostrar favor a los que fueron degradados en la tierra, y hacerles jefes espirituales entre los hombres, y hacerles Nuestros herederos".40 Se ha presenciado en este día cuántos de entre los sacerdotes, debido a que rechazaron la Verdad, han caído y habitan en las últimas profundidades de la ignorancia, y sus nombres han sido borrados de la lista de los gloriosos y los sabios. Y cuántos de entre los ignorantes, a causa de que aceptaron la Fe, se han remontado y han alcanzado la alta cima del conocimiento, y sus nombres han sido inscritos en la Tabla del Conocimiento divino por la Pluma del Poder. Así: "Lo que quiera, Dios lo abrogará o lo confirmará, pues junto a Él está la Fuente de la Revelación".41 Por eso se ha dicho: "Buscar pruebas cuando la Prueba ha sido establecida, es un acto indecoroso; y ocuparse en adquirir conocimiento cuando se ha alcanzado el Objeto de todo saber, es realmente censurable". Di: ¡Oh pueblo de la Tierra! Mirad a este llameante Joven que atraviesa veloz las profundidades sin límites del Espíritu y os anuncia estas buenas nuevas: "He aquí que la Lámpara de Dios está brillando" y os emplaza a estar atentos a Su Causa, la cual, aunque oculta en los velos de antiguo esplendor, brilla en la tierra de 'Iráq sobre la aurora de eterna santidad.
Oh mi amigo: si explorase el pájaro de tu mente los cielos de la Revelación del Qur'án, si contemplara desplegado dentro de él el reino del conocimiento divino, ciertamente encontrarías abiertas ante ti innumerables puertas del conocimiento. Con seguridad reconocerías que todas estas cosas que en este día han impedido a estos hombres alcanzar las orillas del océano de la gracia eterna, las mismas, en la Dispensación de Muḥammad, impidieron a la gente de aquella época reconocer a esa Lumbrera divina y atestiguar Su verdad. También comprenderías los misterios del "regreso" y la "revelación", y habitarías seguro en los más elevados aposentos de la certeza y la confianza.
Aconteció que, cierto día, varios de entre los opositores de esa incomparable Belleza, aquellos que se habían apartado lejos del Santuario imperecedero de Dios, desdeñosamente dirigieron a Muḥammad estas palabras: "En verdad, Dios ha celebrado un convenio con nosotros: que no demos fe a un apóstol hasta que nos ofrezca un sacrificio que lo devore el fuego del cielo".42 El significado de este versículo es que Dios convino con ellos que no creyesen en ningún mensajero a menos que obrase el milagro de Abel y Caín, es decir, que ofreciese un sacrificio, y lo consumiese el fuego del cielo; así como lo habían oído referir en la historia de Abel, la cual está consignada en las escrituras. Respondiendo a esto, Muḥammad dijo: "Ya vinieron a vosotros Apóstoles antes que yo, con testimonios seguros y con aquello que habláis. ¿Por qué, entonces, los matasteis? Decídmelo, si sois veraces".43 Ahora bien, sé justo: ¿Cómo es posible que aquella gente que vivió en los días de Mu-ḥammad hubiese existido en la época de Adán o de otros Profetas, miles de años antes? ¿Por qué Muḥammad, esa Esencia de la veracidad, habría de acusar al pueblo de Su época del asesinato de Abel o de otros Profetas? No te queda más alternativa que considerar a Muḥammad un impostor o un necio -¡no lo quiera Dios!-, o bien sostener que esa gente perversa fue la misma gente que en toda época se enfrentó y puso reparos a los Profetas y Mensajeros de Dios, hasta hacerles a todos sufrir finalmente el martirio.
Pondera esto en tu corazón, para que las perfumadas brisas del conocimiento divino, que soplan de los prados de la misericordia, te traigan la fragancia de las palabras del Amado y permitan que tu alma alcance el Ri¤ván del entendimiento. Ya que en cada época los negligentes no han logrado desentrañar el sentido profundo de estas importantes palabras llenas de significado, imaginando que la respuesta de los Profetas de Dios no se correspondía con las preguntas que les han formulado, por tanto les han imputado ignorancia e insensatez a esas Esencias del conocimiento y comprensión.
Asimismo, en otro versículo Muḥammad manifiesta Su protesta contra el pueblo de esa época. Dice: "Aunque antes habían suplicado la victoria sobre los que no creían, cuando vino a ellos Aquel de Quien tenían conocimiento, no creyeron en Él. ¡Que la maldición de Dios caiga sobre los infieles!"44 Reflexiona cómo este versículo también da a entender que la gente que vivió en los días de Muḥammad fue la misma que en los días de los Profetas de antaño disputó y luchó para promover la Fe de Dios y enseñar Su Causa. Sin embargo, ¿cómo podrían considerarse de hecho como un mismo pueblo las generaciones que vivieron en el tiempo de Jesús y Moisés, y las que vivieron en la época de Muḥammad? Por otra parte, aquellos a quienes habían conocido antes eran Moisés, Revelador del Pentateuco, y Jesús, Autor del Evangelio. No obstante, ¿por qué dijo Mu-ḥammad: "Cuando vino a ellos Aquel de Quien tenían conocimiento" -es decir, Jesús o Moisés- "no creyeron en Él"? ¿Acaso Muḥammad no llevaba aparentemente otro nombre? ¿No había salido de una ciudad diferente? ¿No habla-ba otra lengua? ¿Y no reveló una Ley diferente? Entonces, ¿cómo se puede demostrar la verdad de este versículo y poner en claro su significado?
Por tanto, esfuérzate por comprender el significado de "vuelta", que explícitamente se ha revelado en el propio Qur'án y que hasta ahora nadie ha comprendido. ¿Qué dices tú? Si dices que Muḥammad era la "vuelta" de los Profetas de antaño, como lo testifica ese versículo, Sus compañeros deben ser asimismo la "vuelta" de los antiguos Compañeros, así como la "vuelta" de la antigua gente es atestiguada claramente por el texto de los versículos antes mencionados. Si niegas esto, has repudiado ciertamente la verdad del Qur'án, que es el testimonio más seguro de Dios para los hombres. De igual manera, procura comprender el significado de la "vuelta", "revelación" y "resurrección", que se han presenciado en los días de las Manifestaciones de la Esencia divina, para que contemples con tus propios ojos la "vuelta" de las almas santas en cuerpos santificados y luminosos, y barras el polvo de la ignorancia, y purifiques el ensombrecido yo con las aguas de la misericordia que proceden de la Fuente del Conocimiento divino, para que quizás, mediante el poder de Dios y la luz de la guía divina, distingas el Amanecer del esplendor eterno, de la oscura noche del error.
Además, te es claro que los Portadores del depósito de Dios son revelados a los pueblos de la Tierra como los Exponentes de una nueva Causa y los Portadores de un nuevo Mensaje. Ya que esas Aves del Trono Celestial son todas enviadas del cielo de la Voluntad de Dios, y puesto que todas surgen para proclamar su irresistible Fe, son por tanto consideradas como un alma y una misma persona. Pues todas beben del mismo Cáliz del Amor de Dios y todas participan del fruto del mismo Árbol de la Unicidad. Cada una de estas Manifestaciones de Dios tiene una doble posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. Por lo que se refiere a esto, si tú las llamas a todas por un solo nombre y les asignas el mismo atributo, no te desvías de la verdad. Como Él ha revelado: "¡No hacemos distinción entre ninguno de Sus Mensajeros!"45 Pues todos y cada uno de ellos llaman a la gente de la Tierra a reconocer la Unidad de Dios, y les dan las buenas nuevas del Kawthar de gracia y munificencia infinitas. Todos son investidos con el manto de Profeta y han sido honrados con la vestidura de la gloria. Así, Muḥammad, el Punto del Qur'án, ha revelado: "Yo soy todos los Profetas". Asimismo, dice: "Soy el primer Adán, Noé, Moisés y Jesús". Declaraciones semejantes hizo 'Alí. También palabras como éstas, que indican la unidad esencial de aquellos Exponentes de la Unidad, han brotado de los Canales de la prolación inmortal de Dios y de los Tesoros de las joyas del conocimiento divino, y han sido consignadas en las escrituras. Esos Semblantes son los recipientes del Mandato Divino y las auroras de Su Revelación. Esa Revelación está exaltada por encima de los velos de pluralidad y de las exigencias de número. Así, Él dice: "Nuestra Causa no es sino una".46 Como la Causa es una y la misma, sus Exponentes también deben ser necesariamente uno y el mismo. Asimismo, los imanes de la Fe de Muḥammad, esas lámparas de la certeza, han dicho: "Muḥammad es nuestro primero, Muḥammad nuestro último, Muḥammad es todo lo que tenemos".
Te es claro y evidente que todos los Profetas son los Templos de la Causa de Dios, Quienes han aparecido ataviados con diversas vestiduras. Si observaras con ojo perspicaz, les verías habitando en el mismo tabernáculo, volando en el mismo cielo, sentados en el mismo trono, pronunciando las mismas palabras, proclamando la misma Fe. Tal es la unidad de esas Esencias del ser, de esas Lumbreras de esplendor inmenso e infinito. Por tanto, si una de esas Manifestaciones de la Santidad proclamara: "Yo soy la vuelta de todos los Profetas", ciertamente dice la verdad. Del mismo modo, es un hecho que cada Revelación subsiguiente es la vuelta de la Revelación anterior; esta verdad está firmemente demostrada. Ya que se ha comprobado de forma concluyente la vuelta de los Profetas de Dios, atestiguada por versículos y tradiciones, asimismo queda definitivamente probada la vuelta de sus elegidos. Esta vuelta es por sí misma bastante clara como para que requiera prueba o demostración. Por ejemplo, considera que entre los Profetas estaba Noé. Al ser investido con el manto del Profeta y movido por el Espíritu de Dios para que apareciese y proclamase Su Causa, quienquiera que creía en Él y reconocía su Fe, era dotado con la gracia de nueva vida. Se podía decir de él que en verdad había renacido y vuelto a vivir, ya que, antes de creer en Dios y aceptar su Manifestación, había puesto sus afectos en cosas del mundo tales como apego a los bienes terrenales, a la esposa, a los hijos, a la comida y bebida, y a cosas semejantes; tan es así que de día y de noche su única preocupación había sido amasar riquezas y procurarse los medios para sus diversiones y placeres. Además de esto, antes de beber las aguas vivificantes de la fe había estado tan amarrado a las tradiciones de sus antepasados y tan apasionadamente dedicado a la observancia de sus costumbres y leyes, que hubiese preferido morir antes de violar una sola letra de los usos y prácticas supersticiosas corrientes entre su pueblo. Tal como la gente exclamó: "En verdad, encontramos a nuestros padres con una fe y, en verdad, seguimos sus pasos"47.
Esa misma gente, aunque envuelta por todos esos velos de limitación y atenazada por tales observancias, tan pronto como bebió del cáliz de la certeza el sorbo inmortal de manos de la Manifestación del Todoglorioso, era transmutada de tal manera que por Su amor renunciaba a sus familias, sus bienes, sus vidas, sus creencias; es más, ¡renunciaba a todo excepto a Dios! Era tan irresistible su anhelo de Dios y tan elevados sus raptos de gozoso éxtasis, que ante sus ojos desaparecía completamente el mundo y todo lo que hay en él. ¿No ha ejemplificado esa gente los misterios del "renacimiento" y la "vuelta"? ¿No se ha visto que esa misma gente, antes de ser dotada con la nueva y maravillosa gracia de Dios, trataba por todos los medios de asegurar la protección de su vida contra la destrucción? ¿No les llenaba de espanto una espina y huían al ver un zorro? ¡Mas una vez que eran honrados con la distinción suprema de Dios y se les había concedido Su generosa gracia de poder hacerlo, sacrificaban de buen grado diez mil vidas en Su sendero! Aún más, sus benditas almas, desdeñando la jaula de sus cuerpos, anhelaban la liberación. ¡Un solo guerrero de esa hueste se enfrentaba y combatía a toda una multitud! Y, sin embargo, a no ser por la transformación efectuada en sus vidas, ¿cómo hubiesen podido manifestar hechos que son contrarios a las costumbres de los hombres e incompatibles con sus deseos mundanos?
Es evidente que nada salvo esta transformación mística podía manifestar en el mundo del ser semejante espíritu y conducta, del todo diferentes a sus costumbres y hábitos anteriores. Pues su agitación se convirtió en paz; su duda, en certeza; su timidez, en valentía: ¡Tal es la fuerza del Elixir Divino que, rápido como un abrir y cerrar de ojos, transmuta las almas de los hombres!
Por ejemplo, considera la sustancia del cobre. Si en su propia mina se le resguardara de la solidificación, al cabo de setenta años llegaría el estado de oro. Sin embargo, hay quienes afirman que el cobre mismo es oro, que al solidificarse está en condición enferma y, por tanto, no ha alcanzado su propio estado.
Sea como fuere, el verdadero elixir hará que en un instante la sustancia del cobre alcance el estado de oro, y atraviese en un suspiro la etapa de setenta años. ¿Podría llamarse cobre a ese oro? ¿Podría sostenerse que no ha alcanzado el estado de oro, cuando está a mano la piedra de toque para ensayarlo y distinguirlo del cobre?
Asimismo, mediante el poder del Elixir Divino, estas almas, en un abrir y cerrar de ojos, atraviesan el mundo del polvo, entrando en el reino de santidad; y de un paso recorren la tierra de las limitaciones, alcanzando los dominios del Irrestringido. Te incumbe hacer todo tu esfuerzo para lograr ese Elixir que, de un soplo fugaz, hace que el occidente de la ignorancia llegue hasta el oriente del conocimiento; ilumina las tinieblas de la noche con el resplandor del amanecer; guía al extraviado del desierto de la duda hacia el manantial de la Presencia Divina y la Fuente de la certeza, confiriendo a las almas mortales el honor de ser aceptadas en el Ri¤ván de la inmortalidad. Ahora bien, si se considera que aquel oro es cobre, también podría considerarse que esa gente es la misma que antes de haber sido dotada de fe.
¡Oh hermano! He aquí que, mediante estas palabras concluyentes, indiscutibles y del todo suficientes, se han descubierto y desentrañado ante tus ojos los misterios interiores del "renacimiento", de la "vuelta" y de la "resu-rrección". Dios quiera que por medio de Su ayuda benévola e invisible despojes tu cuerpo y alma de su antigua vestimenta y te cubras con el atavío nuevo e imperecedero.
Por tanto, en toda subsiguiente Dispensación, quienes precedieron al resto de la humanidad en abrazar la Fe de Dios, y libaron de manos de la divina Belleza las cristalinas aguas del conocimiento, llegando a las elevadas cumbres de la fe y certeza, ésos pueden ser considerados de nombre, realidad, hechos, palabras y rango como la "vuelta" de quienes habían logrado distinciones parecidas en una Dispensación anterior. Pues todo lo que manifestó la gente de una Dispensación anterior, eso mismo lo ha demostrado la gente de esa última generación. Considera la rosa: ya sea que florezca en el Oriente o en el Occidente, es sin embargo una rosa. Pues lo que importa en este sentido no es el aspecto y la forma externa de la rosa sino más bien el perfume y la fragancia que despide.
Por consiguiente, purifica tu vista de toda limitación terrenal, para que veas en todos a los portadores de un solo Nombre, los exponentes de una sola Causa, las manifestaciones de un solo Ser y los reveladores de una sola Verdad, y para que comprendas la "vuelta" mística de las Palabras de Dios, según lo revelan estas aseveraciones. Reflexiona un momento sobre el comportamiento de los compañeros en la Dispensación de Muḥammad. Considera cómo, mediante el aliento vivificador de Muḥammad, fueron purificados de la contaminación de vanidades terrenales, liberados de deseos egoístas y separados de todo menos de Él. Mira cómo precedieron a todos los pueblos de la Tierra en llegar a Su santa presencia -la Presencia de Dios mismo-, cómo renunciaron al mundo y a todo cuanto hay en él y sacrificaron libre y alegremente sus vidas a los pies de esa Manifestación del Todoglorioso. Y, ahora, observa la "vuelta" de ese mismo empeño, esa misma constancia y renuncia que han manifestado los compañeros del Punto del Bayán.48 Has presenciado cómo, mediante las maravillas de la gracia del Señor de los señores, enarbolaron los estandartes de la sublime renunciación en las inaccesibles alturas de la gloria. Estas Luces provienen de una sola Fuente, y estos frutos son los frutos de un mismo Árbol. No podrás percibir diferencia ni distinción alguna entre ellos. ¡Todo esto llega a ser por la gracia de Dios! A quien es Su voluntad, confiere Él Su gracia. Dios quiera que, evitando la tierra de la negación, entremos en el océano de la aceptación, para que con un ojo purgado de elementos antagónicos percibamos los mundos de la unidad y diversidad, de la variación y unicidad, de la limitación y desprendimiento, y levantemos el vuelo hacia el más alto e íntimo santuario del significado oculto de la Palabra de Dios.
A partir de estas declaraciones ha quedado, por tanto, claro y manifiesto que si en el "Fin que no conoce fin" se manifestara un Alma que se levantase a proclamar y defender una Causa que otra Alma ha proclamado y defendido en el "Principio que no tiene principio", se puede efectivamente afirmar que Aquel que es el Último y Aquel que fue el Primero son uno y el mismo, por cuanto ambos son Exponentes de una misma Causa. Por esta razón, el Punto del Bayán -¡que la vida de todos, menos de Él, sea Su sacrificio!- ha comparado a las Manifestaciones de Dios con el sol que, si bien sale desde el "Principio que no tiene principio" hasta el "Fin que no conoce fin", es sin embargo el mismo sol. Ahora bien, si dijeras que este sol es el sol anterior, dirías la verdad; y si dijeras que este sol es la "vuelta" de aquél, también habrías dicho la verdad. Asimismo, queda bien claro con esta afirmación que el término "último" es predicable del "primero", y el término "pri-mero" predicable del "último", puesto que tanto el "prime-ro" como el "último" han aparecido para proclamar la mis-ma Fe.
A pesar de que este tema es evidente a los ojos de quienes han bebido el vino del conocimiento y la certeza, ¡cuántos son los que, por no haber comprendido su significado, permitieron que el término "Sello de los Profetas" oscureciera su entendimiento y les privase de la gracia de todos Sus numerosos dones! ¿No declaró Muḥammad mis-mo: "Yo soy todos los Profetas"? ¿No ha dicho, como ya hemos mencionado: "Soy Adán, Noé, Moisés y Jesús"? ¿Por qué Muḥammad, esa Belleza inmortal, Quien ha dicho "Soy el primer Adán", ha de ser incapaz de decir también "Soy el último Adán"? Pues así como Él se consideraba a Sí mismo el "Primero de los Profetas" -es decir, Adán- del mismo modo es aplicable el título "Sello de los Profetas" a aquella Divina Belleza. Es sin duda obvio que, al ser el "Primero de los Profetas", es Él también su "Sello".
El misterio de este tema ha sido en esta Dispensación una dura prueba para toda la humanidad. Mira cuántos son los que, aferrándose a estas palabras, no han creído en Aquel Que es su verdadero Revelador. Nuestra pregunta es: ¿Qué supone esta gente al referirse a Dios -¡glorificado sea Su nombre!- que significan los términos "primero" y "último"? Si afirman que tales términos hacen referencia a este universo material, ¿cómo ha de ser posible, cuando manifiestamente el orden visible de las cosas todavía existe? Antes bien, en este caso, "primero" no quiere decir otra cosa que "último", y "último" nada más que "prime-ro".
Así como en el "Principio que no tiene principio" es verdaderamente atribuible el término "último" a Aquel Que es el Educador de lo visible y lo invisible, del mismo modo son aplicables a Sus Manifestaciones los términos "primero" y "último", Quienes son, a la vez, los Exponentes del "primero" y del "último". Mientras que están establecidos en la sede del "primero", ocupan el trono del "último". Si se hallase un ojo perspicaz, fácilmente captaría que los exponentes del "primero" y del "último", de lo "manifiesto" y lo "oculto", del "principio" y del "sello" no son otros que estos santos Seres, estas Esencias del Desprendimiento y Almas divinas. Y si te remontaras en el sagrado reino de "Dios estaba solo; no había nadie sino Él", encontrarías que en aquella Corte todos esos nombres son del todo inexistentes y completamente olvidados. Ya no estarían tus ojos oscurecidos por esos velos, esos términos y alusiones. ¡Cuán sublime y etérea es esa posición, a la que hasta Gabriel, sin guía, no podrá nunca llegar, ni el Ave del Cielo, sin ayuda, podrá jamás alcanzar!
Y, ahora, esfuérzate por comprender el sentido de estas palabras de 'Alí, el Comandante de los Fieles: "Traspasan-do sin ayuda los velos de la gloria". Entre estos "velos de la gloria" están los sacerdotes y doctores que viven en los días de la Manifestación de Dios, quienes, a causa de su falta de discernimiento y su ansia y afán de mando, no se han sometido a la Causa de Dios y, más aún, han rehusado dar oído a la Melodía divina. "Se meten los dedos en los oídos".49 Y asimismo la gente, desatendiendo completamente a Dios y tomándoles por sus maestros, se ha colocado sin reservas bajo la autoridad de esos jefes pomposos e hipócritas, pues carecen de vista, oídos y corazón propios para distinguir la verdad de la falsedad.
A pesar de las advertencias que por inspiración divina han hecho todos los Profetas, los Santos y los Elegidos de Dios, ordenando a los hombres ver con sus propios ojos y oír con sus propios oídos, desdeñosamente han rechazado sus consejos y ciegamente han seguido y continuarán siguiendo a los jefes de su Fe. Si una persona humilde y desconocida, desprovista del atavío de los eruditos, les dirigiera la palabra diciendo: "¡Oh pueblo!, seguid a los Mensajeros de Dios"50 ellos, muy sorprendidos ante tal amonestación, replicarían: "¡Cómo! ¿Quieres decir que todos estos sacerdotes y exponentes de la erudición, con toda la autoridad, pompa y boato suyos, han errado y no han logrado distinguir entre la verdad y la falsedad? ¿Pretendes acaso, junto con otros como tú, haber comprendido lo que ellos no han entendido?" Si se ha de tomar como criterio de sabiduría y verdad el número y la excelencia de la vestimenta, los pueblos de una época pasada, a quienes los de hoy jamás han aventajado en número, magnificencia y poder, deberían por cierto considerarse como superiores y más dignos.
Es claro y evidente que siempre que se han revelado las Manifestaciones de Santidad los sacerdotes de su época han impedido al pueblo llegar al camino de la verdad. Dan testimonio de esto todas las escrituras y libros sagrados. ¡Ningún Profeta de Dios se ha manifestado que no haya sido víctima del odio implacable, de la denuncia, rechazo y execración de los clérigos de Su día! ¡Ay de ellos por las iniquidades que obraron sus manos en el pasado! ¡Ay de ellos por lo que ahora están haciendo! ¿Qué velos de gloria hay más pesados que esas personificaciones del error? ¡Por la rectitud de Dios!, ¡traspasar tales velos es el más poderoso de todos los hechos, y destrozarlos es el más meritorio de todos los actos! ¡Que Dios nos ayude y os ayude, oh concurso del Espíritu!, para que quizás en el tiempo de Su Manifestación se os asista bondadosamente para realizar tales hechos y, en Sus días, lleguéis a la Presencia de Dios.
Además, entre los "velos de la gloria" están los términos "Sello de los Profetas" y otros parecidos; desasirse es una hazaña suprema a la vista de esas almas bajas y descarriadas. Y a causa de estas misteriosas palabras, de estos pesados "velos de la gloria", todos se han privado de contemplar la luz de la verdad. ¿No han escuchado, acaso, la melodía de ese pájaro del Cielo51 cuando exponía el siguiente misterio: "He desposado a mil Fá¶imihs, todas las cuales eran hijas de Muḥammad, Hijo de 'Abdu'lláh, el 'Sello de los Profetas'"? ¡He aquí cuántos misterios yacen todavía sin desentrañar dentro del tabernáculo del conocimiento de Dios, y cuán numerosas las joyas de Su sabiduría que aún están ocultas en Sus tesoros inviolables! Si ponderases esto en tu corazón, te darías cuenta de que Su obra no conoce ni principio ni fin. El dominio de Su decreto es demasiado vasto para que lo describa la lengua de los mortales o lo recorra el ave de la mente humana; y los designios de Su providencia son demasiado misteriosos para que los pueda comprender la mente del hombre. Ningún fin ha alcanzado a Su creación; ha existido siempre desde el "Principio que no tiene principio". Y ningún comienzo ha visto a las Manifestaciones de Su Belleza, que continuarán hasta el "Fin que no conoce fin". Pondera en tu corazón estas palabras y reflexiona cómo son aplicables a todas esas Almas santas.
Asimismo, esfuérzate por comprender el significado de la melodía de esa eterna belleza que fue Æusayn, hijo de 'Alí, quien dirigió a Salmán palabras como éstas: "Estuve con mil Adanes; el intervalo entre cada Adán y el siguiente era de cincuenta mil años, y a cada uno declaré la posición de Sucesor conferida a mi padre". Luego refiere algunos detalles, hasta que dice: "He librado mil batallas en el sendero de Dios; la menor y más insignificante de las cuales fue como la batalla de Khaybar, en la que mi padre luchó y se batió contra los infieles". Fundándote en estas dos tradiciones, procura ahora comprender los misterios del "fin", de la "vuelta" y de la "creación sin principio ni fin".
¡Oh mi amado! ¡Inmensamente exaltada es la Melodía celestial, por encima de los esfuerzos que haga el oído humano para oírla, o la mente para comprender su misterio! ¿Cómo puede la hormiga impotente entrar en la corte del Todoglorioso? Sin embargo, por falta de comprensión las almas débiles rechazan estas abstrusas palabras y ponen en duda la verdad de tales tradiciones. Es más, nadie puede entenderlas salvo los dotados de un corazón comprensivo. Di: Él es ese Fin, a Quien no puede imaginársele fin en todo el universo, y de Quien no puede concebirse principio en el mundo de la creación. ¡He aquí, oh concurso de la Tierra, los resplandores del Fin revelados en las Manifestaciones del Principio!
¡Qué extraño es que esa gente se aferre, con una mano, a los versículos del Qur'án y a las tradiciones del pueblo de la certeza que ellos han encontrado que concuerdan con sus afectos e intereses y, con la otra, rechace las que son contrarias a sus deseos egoístas! "¿Es que creéis en parte del Libro y negáis parte de él?"52 ¿Cómo podéis juzgar lo que no entendéis? Así ha revelado en Su Libro infalible el Señor de la existencia, después de hablar del "Sello" en Su exaltada declaración: "Muḥammad es el Apóstol de Dios y el Sello de los Profetas"53, la promesa de "llegar a la Presencia divina" para todos los hombres. Dan testimonio del hecho de llegar a la presencia de ese Rey inmortal los versículos del Libro, algunos de los cuales ya hemos mencionado. ¡Dios, el único y verdadero, es mi testigo!; nada se ha revelado en el Qur'án más exaltado y explícito que aquel "llegar a la Presencia divina". Dichoso quien la ha logrado el día en que, como podéis ver, los más de los hombres se han apartado de ella.
Y, sin embargo, por el misterio del primero de estos versículos se apartaron de la gracia que promete el segundo; y ello a pesar de que se establece explícitamente en el Libro el hecho de "llegar a la Presencia divina" en el "Día de la Resurrección". Queda demostrado, con pruebas claras y de forma definitiva, que "Resurrección" quiere decir la aparición de la Manifestación de Dios para proclamar Su Causa, y "llegar a la Presencia divina" significa llegar a la presencia de Su Belleza en la persona de Su Manifestación. Pues, en verdad: "Ningún ojo Le abarca; pero Él abarca a todos los ojos".54 A pesar de todos estos hechos innegables y claras explicaciones, se han aferrado neciamente al término "sello", privándose totalmente de reconocer a Aquel Que es el Revelador de ambos: el Sello y el Principio, en el día de Su presencia. "¡Si castigase Dios a los hombres por sus hechos perversos, no quedaría sobre la tierra cosa viviente! Pero les da plazo hasta un tiempo señalado".55 Aparte de todo esto, si esta gente hubiera obtenido una gota de las cristalinas corrientes que brotan de las palabras "Dios hace lo que es Su voluntad y ordena lo que desea", no hubiera puesto reparos impropios, como éstos, al Centro focal de Su Revelación. La Causa de Dios, y todos los hechos y palabras, están al alcance de Su poder. "Todo está aprisionado en el hueco de Su fuerte Mano; todo es fácil y posible para Él". Efectúa lo que es Su voluntad y hace todo lo que desea. "¡Quienquiera que pregunte 'por qué' o 'para qué' ha blasfemado!" Si esta gente se sacudiera el sueño de la negligencia y se diera cuenta de lo que sus manos han obrado, de seguro perecerían y, por propia voluntad, se arrojarían al fuego: su fin y verdadera morada. ¿Acaso no han oído lo que Él reveló? "No debe interrogársele sobre Sus hechos."56 A la luz de estas palabras, ¿cómo puede ser el hombre tan atrevido como para interrogarle y ocuparse con dichos ociosos?
¡Alabado sea Dios! A tal punto llega la insensatez y perversidad de la gente, que han vuelto el rostro hacia sus propios pensamientos y deseos, y han dado la espalda al conocimiento y a la voluntad de Dios, ¡santificado y glorificado sea Su nombre!
Sé justo: Si esa gente admitiera la verdad de estas palabras luminosas y alusiones sagradas, y reconociera que Dios es "Aquel que hace lo que es Su voluntad", ¿cómo podrían continuar aferrados a tan evidentes disparates? Más bien aceptarían con toda su alma lo que Él diga y se someterían a ello. ¡Juro por Dios que, a no ser por el Decreto divino y por los inescrutables designios de la Providencia, la propia tierra hubiese destruido totalmente a toda esa gente! "Sin embargo, Él les dará plazo hasta la hora señalada de un día conocido".
Han pasado mil doscientos ochenta años desde que llegó la aurora de la Dispensación de Muḥammad y, al amanecer de cada día, esa gente ciega e innoble ha recitado su Qur'án, ¡y sin embargo no han logrado comprender ni una letra de ese Libro! Una y otra vez leen los versículos que claramente atestiguan la realidad de estos sagrados temas y dan testimonio de la verdad de las Manifestaciones de Gloria eterna y, con todo, no comprenden su propósito. Ni siquiera se han dado cuenta en todo este tiempo de que, en toda época, la lectura de las escrituras y libros sagrados no ha tenido otro propósito que el de permitir al lector comprender su significado y desentrañar sus íntimos misterios. Por el contrario, leer sin entender no es de provecho duradero para el hombre.
Y ocurrió que cierto día vino a visitar a esta Alma un hombre necesitado, anhelando el océano de Su conocimiento. Conversando con él, se hizo mención de los signos del Día del Juicio, Resurrección, Renacimiento y Ajuste de Cuentas. Nos encareció que le explicásemos cómo en esta maravillosa Dispensación eran llamados a rendir cuentas los pueblos del mundo, cuando nadie era consciente de ello. En seguida le dimos a conocer, de acuerdo con su grado de capacidad y entendimiento, ciertas verdades de la Ciencia y de la antigua Sabiduría. Le preguntamos entonces: "¿No has leído el Qur'án, y no conoces este bendito versículo: 'En ese día no se le preguntará a hombre ni espíritu por su Pecado'?57 ¿No te das cuenta de que 'preguntar no significa preguntar con la lengua o la palabra, tal como lo indica y prueba el mismo versículo'? Ya que después se dice: 'Por su semblante serán conocidos los pecadores, y serán tomados de los cabellos y los pies'".58
De este modo los pueblos del mundo son juzgados por su semblante. A través de éste se revela toda su incredulidad, su fe, su iniquidad. Así resulta evidente en este día cómo es reconocido por su semblante el pueblo del error y distinguido de los seguidores de la Guía divina. Si esos hombres, sólo por amor de Dios y sin más deseo que Su complacencia, ponderasen en su corazón los versículos del Libro, con toda seguridad encontrarían todo cuanto buscan. Encontrarían reveladas y manifiestas en sus versículos todas las cosas, ya sean grandes o pequeñas, que han pasado en esta Dispensación. Hasta encontrarían en ellos referencias a la partida de su tierra natal de las Manifestaciones de los nombres y atributos de Dios; a la oposición y desdeñosa arrogancia del gobierno y del pueblo; y a la residencia y establecimiento de la Manifestación Universal en un país señalado y especialmente designado. Sin embargo, ningún hombre puede comprender esto, excepto aquel que posea un corazón comprensivo.
Sellaremos Nuestro tema con aquello que antaño fuera revelado a Muḥammad, para que su sello difunda la fragancia de ese almizcle sagrado que lleva a los hombres hacia el Ri¤ván de esplendor inmarcesible. Él dijo, y Su Palabra es la verdad: "Y Dios llama hacia la Morada de Paz59; y Él guía a quien quiere por el camino recto".60 "¡Para ellos hay junto a su Señor una Morada de Paz! Y Él será su Protector por causa de sus obras".61 Esto lo ha revelado para que Su gracia envuelva al mundo. ¡Alabado sea Dios, Señor de todos los seres!
Hemos expuesto de forma diversa y repetida el significado de cada tema para que quizás toda alma, ya sea elevada o humilde, obtenga su parte y porción de acuerdo con su medida y capacidad. Si no pudiera comprender cierto argumento, podría así, remitiéndose a otro, lograr su propósito. "Para que toda clase de hombres sepa dónde apagar su sed".
¡Por Dios! Esta Ave del Cielo que habita ahora en el polvo puede entonar, además de estas melodías, una miríada de cantos y, aparte de estas palabras, puede revelar innumerables misterios. Cada nota de sus palabras no pronunciadas es inmensamente exaltada por encima de todo lo que ya ha sido revelado, e inmensurablemente glorificada más allá de lo que ha fluido de esta Pluma. Esperemos que el futuro revele la hora en que, por la Voluntad de Dios, emerjan de sus mansiones místicas, despojadas de sus velos, las novias del significado oculto, y se hagan manifiestas en el antiguo reino del ser. Nada en absoluto es posible sin Su permiso; ningún poder puede durar salvo a través de Su poder, y no hay otro Dios más que Él. Suyo es el mundo de la creación, y Suya es la Causa de Dios. Todos proclaman Su Revelación, y todos revelan los misterios de Su Espíritu.
Ya hemos asignado, en las páginas precedentes, dos posiciones a cada una de las Lumbreras que surgen de las Auroras de santidad eterna. Una de esas posiciones, la de unidad esencial, ya la hemos explicado. "No hacemos diferencia entre ninguno de ellos".62 La otra posición es la de distinción y pertenece al mundo de la creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definitivamente señalada, una Revelación predestinada y limitaciones especialmente designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una Misión definida y le es confiada una Revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho que algunos de los Apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha hablado; a otros los ha elevado exaltándolos. Y a Jesús, Hijo de María, Le dimos signos manifiestos y Le fortalecimos con el Espíritu Santo".63
Es por causa de esta diferencia en posición y misión por lo que parecen divergir y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos Manantiales del conocimiento divino. Por lo demás, a los ojos de quienes están iniciados en los misterios de la sabiduría divina, todo lo que ellos han pronunciado es en realidad la expresión de una sola Verdad. Como la mayoría de la gente no ha percibido esas posiciones a que Nos hemos referido, se siente por tanto perpleja y consternada ante las variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones que, en esencia, son una y la misma.
Ha sido siempre evidente que todas estas divergencias en las palabras deben atribuirse a diferencias de posición. Así, desde el punto de vista de su unicidad y sublime desprendimiento, han sido y son aplicables a esas Esencias del ser los atributos de Deidad, Divinidad, Suprema Singularidad e íntima Esencia, ya que todas habitan en el trono de la Revelación divina y están establecidas en la sede de la divina Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la Revelación de Dios, y por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así como se han oído las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones del Ser divino.
Y a la luz de la segunda posición, que es la posición de la distinción y diferenciación, de las limitaciones, características y normas temporales, manifiestan ellos servidumbre absoluta, máxima pobreza y completo olvido de sí mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre como vosotros."
A partir de estas aseveraciones incontestables y plenamente demostradas, esfuérzate por entender el significado de las preguntas que has formulado, para que llegues a ser constante en la Fe de Dios y no te desanimes por las divergencias en las palabras de Sus Profetas y Elegidos.
Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan, declarase: "¡Yo soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda de ello. Ya que repetidamente se ha demostrado que mediante su Revelación, sus atributos y nombres se manifiestan en el mundo de la Revelación de Dios Su nombre y Sus atributos. Así, Él ha revelado: "¡Aquellos dardos eran de Dios, no Tuyos!"64 También dice: "En verdad, quienes Te prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios".65 Y si alguno de ellos pronunciase: "Soy el Mensajero de Dios", también diría la verdad, la indudable verdad. Tal como Él dice: "No es Mu-ḥammad padre de ningún hombre entre vosotros, sino que es el Mensajero de Dios". A la luz de esto se ve que todos ellos no son más que Mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. Si todos proclamasen "Soy el Sello de los Profetas", expresarían sólo la verdad sin la más leve sombra de duda. Pues todos ellos no son más que una persona, un alma, un espíritu, un ser, una revelación. Son todos la manifestación del "Principio" y el "Fin", el "Prime-ro" y el "Último", el "Visible" y el "Oculto", atributos todos que pertenecen a Aquel Que es el más íntimo Espíritu de los Espíritus y la eterna Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios",66 éste también es un hecho manifiesto e indiscutible. Puesto que se han manifestado en condición de total servidumbre, servidumbre como ésa no podrá ningún hombre alcanzar. De este modo, en momentos en que esas Esencias del ser estaban sumergidas en los océanos de santidad antigua y sempiterna, o cuando se remontaban a las más elevadas cimas de los misterios divinos, sostenían que sus palabras eran la Voz de la divinidad, el Llamado de Dios mismo. Si se abriera el ojo del discernimiento, reconocería que ellos hasta en ese estado se consideran del todo extinguidos e inexistentes ante Quien es el Que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece que han estimado que no son absolutamente nada, juzgando su mención en esa Corte como un acto de blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en tal Corte, una prueba de afirmación de sí mismo y de existencia independiente. A los ojos de quienes han llegado a esa Corte, semejante insinuación es por sí misma una grave transgresión. Cuánto más grave aún sería, si otra cosa se mencionara ante esa Presencia, si el corazón del hombre, su lengua, su mente o su alma se ocuparan con otro que no sea el Bienamado, si sus ojos contemplaran otro semblante que no fuese Su belleza, si su oído escuchase otra melodía que no fuese Su voz y sus pies hollasen otro camino que no fuera Su camino.
En este día sopla la brisa de Dios y Su espíritu lo ha llenado todo. Tal es la efusión de Su gracia, que la pluma se detiene y la lengua enmudece.
En virtud de esta posición, han sostenido que es suya la Voz de la Divinidad y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud de su posición de Mensajeros, se han declarado a sí mismos los Mensajeros de Dios. En cada caso han expresado lo que está en conformidad con los requerimientos de la ocasión, atribuyéndose a Sí mismos todas estas declaraciones, las cuales se extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de la creación, y desde el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la existencia terrenal. De este modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya pertenezcan al reino de la Divinidad, Señorío, Posición Profética, Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre, todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con mucha atención lo que hemos citado en apoyo de Nuestro argumento, para que las palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de la Santidad no agiten ya el alma y suman la mente en la perplejidad.
Esas palabras pronunciadas por las Lumbreras de la Verdad deben ser meditadas y, si no se comprendiese su significado, debiera solicitarse ilustración de los Custodios de los depósitos del Conocimiento, para que éstos expliquen su significado y revelen su misterio. Pues no le incumbe a ningún hombre interpretar las palabras sagradas según su deficiente comprensión, ni rechazar y negar su verdad por encontrar que son contrarias a su inclinación y deseos. Pues tal es hoy la actitud de los sacerdotes y doctores de la época, que ocupan las sedes del conocimiento y la erudición, y que han llamado conocimiento a la ignorancia y justicia a la opresión. Si ellos preguntasen a la Luz de la Verdad sobre esas imágenes que su vana fantasía ha tallado, y encontrasen que Su respuesta es incompatible con sus propios conceptos y su propia comprensión del Libro, de seguro denunciarían como la negación misma del conocimiento a Aquel Que es la Mina y Manantial de todo conocimiento. Cosas semejantes han pasado en toda época.
Por ejemplo, cuando a Muḥammad, el Señor de la existencia, le preguntaron acerca de las lunas nuevas, Él, por mandato de Dios, respondió: "Son períodos señalados para los hombres".67 En seguida quienes Le escucharon denunciáronle como ignorante.
Asimismo, en el versículo referente al "Espíritu", dice: "Y Te preguntarán por el Espíritu. Di: 'el Espíritu procede por mandato de Mi Señor'".68 Tan pronto como fue emitida la respuesta de Muḥammad, todos protestaron ruidosamente diciendo: "¡He aquí a un ignorante que no sabe lo que es el Espíritu y se llama a Sí mismo el Revelador del Conocimiento divino!" Y ahora dirige tu mirada hacia los sacerdotes de la época, quienes por haber sido honrados con Su nombre y haber encontrado que sus padres reconocían Su Revelación, se han sometido ciegamente a Su verdad. Observa que, si esta gente recibiese hoy semejantes respuestas en contestación a tales preguntas, las rechazarían y censurarían sin vacilar; es más, nuevamente pondrían los mismos reparos, tal como lo han hecho en este día. Y todo esto a pesar de que esas Esencias del ser están inmensamente exaltadas por encima de esas fantásticas imaginaciones, y glorificadas inconmensurablemente más allá de esos dichos vanos y por sobre la comprensión de todo corazón de entendimiento. Su supuesto saber, al comparársele con aquel Conocimiento, es falsedad clamorosa, y su entendimiento no es más que error craso. Más aún, cuanto procede de esas Minas de Sabiduría divina y Tesoros del conocimiento eterno es la verdad, y nada más que la verdad. Prueba de Nuestro argumento es el dicho: "El conocimiento es un punto que los necios han multiplicado"; y la tradición: "El conocimiento es una luz con la cual Dios ilumina el corazón de quien sea Su voluntad", confirma Nuestra afirmación.
Ya que no comprendieron el significado del Conocimiento, llamando con ese nombre a las imágenes forjadas por su propia fantasía y que proceden de las personificaciones de la ignorancia, han infligido a la Fuente del Conocimiento lo que has oído y presenciado.
Por ejemplo, cierto hombre69 que tenía fama por su saber y logros y se consideraba a sí mismo como uno de los guías preeminentes de su pueblo, ha censurado y vilipendiado a todos los exponentes del verdadero saber. Esto queda plenamente claro en las declaraciones explícitas y en las alusiones que hay en todos sus libros. Como frecuentemente habíamos oído hablar de él, nos propusimos leer algunas de sus obras. Y aunque nunca hemos estado dispuestos a leer los escritos de otros hombres, como Nos habían hecho preguntas respecto a él, creímos necesario remitirnos a sus libros para poder contestar, con conocimiento y comprensión, a quienes Nos habían preguntado. Sin embargo, no estaban disponibles sus obras en lengua árabe, hasta que un día cierto hombre Nos informó que se podía hallar en la ciudad una de sus obras titulada Irshádu'l-Avám.70 De su título percibimos el olor de la presunción y la vanagloria, puesto que ha imaginado ser un sabio, considerando ignorante al resto de la gente. De hecho, su valor se daba a conocer por el título mismo que había elegido para su libro. Se hacía evidente que su autor seguía el camino del egoísmo y del deseo, y estaba perdido en el desierto de la ignorancia e insensatez. Me parece que había olvidado la conocida tradición que dice: "El conocimiento es todo lo cognoscible; y la fuerza y poder, es toda la creación". No obstante, enviamos a buscar el libro y lo tuvimos durante algunos días. Nos remitimos a él probablemente dos veces. La segunda vez dimos por casualidad con la historia del "Mi'ráj"71 de Muḥammad, de Quien se dijo: "A no ser por Ti, no hubiera creado las esferas". Notamos que había enumerado unas veinte ciencias o más, cuyo conocimiento él consideraba esencial para la comprensión del misterio del "Mi'ráj". De su exposición inferimos que a menos que un hombre fuese profundamente versado en todas ellas, nunca lograría comprender adecuadamente este trascendente y exaltado tema. Entre las ciencias especificadas estaba la ciencia de las abstracciones metafísicas, de la alquimia y de la magia natural. Estos estudios vanos y descartados son para este hombre requisitos previos para la comprensión de los sagrados y eternos misterios del Conocimiento divino.
¡Alabado sea Dios! Tal es su grado de comprensión; y, sin embargo, ¡qué objeciones y calumnias ha lanzado contra esas Personificaciones del infinito conocimiento de Dios! Qué cierto es el dicho: "¿Lanzas tus calumnias al rostro de Aquellos a Quienes el Dios único y verdadero ha hecho Custodios de los tesoros de Su séptima esfera?" Ningún corazón ni mente comprensiva, ninguno de entre los sabios y eruditos ha hecho caso de esas absurdas afirmaciones. Y, sin embargo, qué claro y evidente es para todo corazón perspicaz que ese supuesto conocimiento es, y siempre ha sido, rechazado por Aquel Que es el Dios único y verdadero. ¿Cómo se puede considerar que el conocimiento de semejantes ciencias, tan despreciables a los ojos de los que son verdaderamente sabios, sea esencial para la comprensión de los misterios del "Mi'ráj", cuando el propio Señor del "Mi'ráj" jamás fue abrumado por la carga de una sola letra de esas limitadas y oscuras ciencias, ni ha empañado Su radiante corazón con ninguna de esas fantásticas imaginaciones? Qué cierto es lo que Él ha dicho: "Todo saber humano va montado en un asno cojo, mientras que la Verdad cruza veloz por el espacio, cabalgando sobre el viento". ¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera que desee penetrar el misterio de este "Mi'ráj" y anhele una gota de este océano, si el espejo de su corazón ya estuviese oscurecido por el polvo de esas ciencias, deberá necesariamente limpiarlo y purificarlo antes que la luz de este misterio pueda reflejarse en él.
En este día, aquellos que están sumergidos en el océano del antiguo Conocimiento y habitan en el arca de la sabiduría divina, prohíben a los hombres esos estudios inútiles. Gracias a Dios, sus luminosos corazones están santificados de toda huella de tales conocimientos y exaltados por encima de esos pesados velos. Hemos consumido éste, el más denso de todos los velos, con el fuego del amor del Amado; velo a que se refiere el dicho: "De todos los velos, el más pesado es el velo del conocimiento". Sobre sus cenizas hemos erigido el tabernáculo del conocimiento divino. Gracias a Dios, hemos quemado los "velos de la gloria" con el fuego de la belleza del Bienamado. Hemos desterrado del corazón humano todo excepto Aquel Que es el Deseo del mundo, y en ello nos gloriamos. No Nos aferramos a ningún conocimiento más que a Su conocimiento, y no ponemos nuestro corazón en nada que no sea las resplandecientes glorias de Su luz.
Nos sorprendimos inmensamente cuando observamos que su único propósito era dar a entender a la gente que él poseía todos esos conocimientos. Y, sin embargo, juro por Dios que a su alma no ha llegado ni un soplo de la brisa que proviene de los prados del conocimiento divino, ni ha desentrañado un solo misterio de la antigua sabiduría. Es más, si alguna vez se le explicara el significado del Conocimiento, su corazón quedaría consternado y todo su ser se estremecería hasta los cimientos. Sin embargo, a pesar de sus afirmaciones despreciables y sin sentido, ¡he aquí hasta qué punto han llegado sus pretensiones extravagantes!
¡Alabado sea Dios! ¡Cuán grande es Nuestro asombro al ver la manera como se ha reunido la gente alrededor de él, guardando lealtad a su persona! Contentándose con el polvo transitorio, se han vuelto esos hombres hacia él, desechando con desdén a Aquel Que es el Señor de los señores. Conformándose con el graznido del cuervo y enamorados de su rostro, han renunciado a la melodía del ruiseñor y han desdeñado el encanto de la rosa. ¡Y qué falacias indecibles ha revelado la lectura de ese libro pretencioso! Son demasiado indignas para que pluma alguna pueda mencionarlas, y demasiado viles para prestarles atención ni siquiera un momento. Sin embargo, si se hallara una piedra de toque, ésta de inmediato distinguiría la verdad de la falsedad; la luz, de las tinieblas; el sol, de la sombra.
Entre las ciencias que este hombre pretende haber profesado está la alquimia. Abrigamos la esperanza de que un rey, o bien un hombre de poder preeminente, le exhorte a que traslade esa ciencia del reino de la fantasía al dominio de la realidad, y del plano de la mera pretensión al de la realización efectiva. Ojalá que este humilde e iletrado Siervo que nunca ha pretendido conocer tales ciencias ni, menos aún, las ha tenido por criterio del conocimiento verdadero, pueda emprender la misma tarea para que, de ese modo, se conozca la verdad y se la distinga de la falsedad. Pero ¿de qué serviría? Todo lo que esta generación Nos pudo ofrecer fueron las heridas causadas por sus lanzas, y a Nuestros labios no acercaron sino el cáliz de su veneno. En Nuestra cerviz aún llevamos la cicatriz de las cadenas, y en Nuestro cuerpo han quedado las pruebas de una crueldad inexorable.
Y en cuanto a los conocimientos de ese hombre, su ignorancia, comprensión y fe, he aquí lo que ha revelado el Libro que abarca todas las cosas: "En verdad, el árbol de Zaqqúm72 será el alimento de Athím".73 Siguen luego algunos versículos, hasta que Él dice: "¡Pruébalo, pues de veras tú eres el poderoso Karím!"74 ¡Considera cuán clara y explícitamente se le ha descrito en el Libro incorruptible de Dios! Además, ese hombre, fingiendo humildad, se refiere a sí mismo en su libro como el "siervo athím": ¡"Athím" en el Libro de Dios, poderoso entre el vulgo, "Karím" de nombre!
Medita el sagrado versículo para que en la tabla de tu corazón se grabe el significado de las palabras: "No hay cosa, verde o seca, que no conste en el Libro infalible".75 No obstante, hay una multitud que le guarda lealtad. Han rechazado ellos al Moisés del conocimiento y justicia, aferrándose al Sámirí76 de la ignorancia. Han apartado su vista del Sol de la verdad, que brilla en el cielo divino y sempiterno, y han cerrado totalmente los ojos a su esplendor.
¡Oh mi hermano! Una Mina divina sólo puede producir joyas de conocimiento divino, y la fragancia de la Flor mística sólo puede percibirse en el Jardín ideal, y las lilas de antigua sabiduría no florecen más que en la ciudad de un corazón inmaculado. "En suelo fértil salen sus plantas abundantemente con el permiso de su Señor, y en el suelo que es malo, salen escasas".77
Puesto que se ha demostrado claramente que sólo quienes se han iniciado en los misterios divinos pueden comprender las melodías entonadas por el Ave del Cielo, incumbe por tanto a cada cual buscar ilustración en los iluminados de corazón y en los Tesoros de los misterios divinos en lo referente a las complejidades de la Fe de Dios y las alusiones abstrusas que hay en las palabras de las Auroras de la Santidad. Así se aclararán estos misterios, no con la ayuda del conocimiento adquirido sino, únicamente, mediante la asistencia de Dios y las efusiones de Su gracia. "Preguntad, pues, a quienes tienen la custodia de las Escrituras, si no lo supierais".78
Mas, oh mi hermano, cuando un buscador verdadero decide dar el paso de la búsqueda por el camino que lleva al conocimiento del Antiguo de los Días, debe, antes que nada, limpiar y purificar su corazón, que es la sede de la revelación de los misterios interiores de Dios, del polvo ofuscador de todo conocimiento adquirido y de las insinuaciones de las personificaciones de la fantasía satánica. Debe purgar su pecho, que es el santuario del amor perdurable del Amado, de toda contaminación, y santificar su alma de todo lo que pertenece al agua y la arcilla y de todo apego vago y efímero. Debe limpiar su corazón tanto, que no quede en él ningún vestigio de amor ni odio, no sea que ese amor le incline ciegamente al error o ese odio le aleje de la verdad. Así puedes ver, en este día, cómo la mayoría de la gente, a causa de tal amor y odio, está privada de la Faz inmortal, se ha apartado lejos de las Personificaciones de los misterios divinos y vaga sin pastor por los desiertos del olvido y del error. Ese buscador debe en todo momento poner su confianza en Dios, debe renunciar a las gentes de la tierra, desprenderse del mundo del polvo y aferrarse a Aquel Que es el Señor de los señores. No debe nunca tratar de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su corazón toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa. Pues la lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la lengua devora tanto el corazón como el alma. La fuerza de aquél dura sólo un tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo.
Ese buscador también debiera considerar la murmuración como grave error y mantenerse alejado de su dominio, por cuanto la murmuración apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma. Debiera conformarse con poco y liberarse de todo deseo desmesurado. Debiera apreciar la compañía de quienes han renunciado al mundo y considerar que rehuir a la gente jactanciosa y mundana es un gran beneficio. Al amanecer de cada día debiera comulgar con Dios y perseverar con toda su alma en la búsqueda de su Amado. Debiera consumir todo pensamiento descarriado con la llama de Su amorosa mención y, con la rapidez del relámpago, pasar por encima de todo lo que no sea Él. Debiera socorrer al desposeído y nunca rehusar su favor al menesteroso. Debiera ser bondadoso con los animales, y más aún con su semejante, que está dotado del poder del habla. No debiera vacilar en sacrificar su vida por su Amado, ni permitir que la desaprobación de los hombres le aparte de la Verdad. No debiera desear a otros lo que no desea para sí mismo, ni prometer lo que no ha de cumplir. Con todo su corazón debiera el buscador evitar la compañía de malhechores y orar por la remisión de sus pecados. Debiera perdonar al pecaminoso y jamás despreciar su baja condición, pues nadie sabe cuál será su propio fin. ¡Cuántas veces un pecador, en la hora de su muerte, ha llegado a la esencia de la fe y, tomando la bebida inmortal, ha alzado el vuelo hacia el Concurso celestial! ¡Y cuántas veces un creyente piadoso ha cambiado tanto en el momento de la ascensión de su alma, que ha caído en el fuego infernal! Es Nuestro propósito, al revelar estas convincentes e importantes palabras, inculcar en el buscador que debe considerar todo, excepto a Dios, como transitorio, y debe valorar todo lo que no sea Él, Quien es el Objeto de toda adoración, como la nada absoluta.
Éstos son algunos de los atributos de los exaltados, y constituyen el sello distintivo de quienes están dotados de espiritualidad. Ya se los ha mencionado a propósito de los requisitos para los caminantes que hollan el Sendero del Conocimiento Positivo. Cuando el caminante desprendido y buscador sincero ha cumplido con estas condiciones esenciales, entonces, y sólo entonces, puede llamársele buscador verdadero. Cuando quiera que haya cumplido las condiciones implícitas en el versículo "Quien se esfuerce por Nosotros",79 disfrutará de las bendiciones conferidas por las palabras "De seguro le guiaremos por Nuestros caminos".80
Sólo cuando la lámpara de la búsqueda, del esfuerzo ardiente, del deseo anhelante, de la devoción apasionada, del amor fervoroso, del arrobamiento y del éxtasis se haya encendido en el corazón del buscador y sople en su alma la brisa de Su amorosa bondad, será disipada la oscuridad del error, será dispersada la bruma de las dudas y los recelos y su ser será envuelto por la luz del conocimiento y de la certeza. En ese momento, el Heraldo Místico, portador de las felices nuevas del Espíritu, aparecerá resplandeciente como la mañana desde la Ciudad de Dios y, mediante el son de la trompeta del conocimiento, despertará del sopor de la negligencia al corazón, al alma y al espíritu. Entonces los múltiples favores y la efusión de gracia del santo y eterno Espíritu conferirán al buscador una nueva vida tal, que se hallará dotado de vista nueva, oído nuevo, corazón nuevo y mente nueva. Contemplará las manifiestas señales del universo y penetrará los misterios ocultos del alma. Mirando con el ojo de Dios, percibirá dentro de cada átomo una puerta que le conducirá a las posiciones de la certeza absoluta. En todas las cosas descubrirá los misterios de la Revelación divina y las pruebas de una manifestación perdurable.
Juro por Dios que si aquel que holla el sendero de la guía y busca escalar alturas de la rectitud llegara a esta gloriosa y suprema posición, aspiraría la fragancia de Dios a una distancia de mil leguas y percibiría la resplandeciente mañana de una Guía divina apareciendo en el amanecer de todas las cosas. Cada cosa, por pequeña que fuera, sería para él una revelación que le llevaría donde su Amado, el Objeto de su búsqueda. Sería tan grande el discernimiento de ese buscador, que distinguiría entre verdad y falsedad como distingue el sol de la sombra. Si se esparcieran en los rincones más remotos del Oriente los fragantes perfumes de Dios, él de seguro los reconocería y aspiraría su fragancia aunque habitara en los últimos confines del Occidente. Asimismo distinguiría todos los signos de Dios -Sus maravillosas palabras, Sus grandes obras y poderosos hechos- de las obras, las palabras y los hábitos de los hombres, al igual que el joyero separa la joya de la piedra, o el hombre que distingue la primavera del otoño y el calor del frío. Cuando el canal del alma humana se haya limpiado de todo apego impeditivo y mundano, percibirá indefectiblemente, a través de distancias inmensurables, el hálito del Amado y, guiado por su perfume, llegará a la Ciudad de la Certeza y entrará en ella. Allí descubrirá las maravillas de Su antigua sabiduría y percibirá todas las enseñanzas ocultas en el susurro de las hojas del Árbol que florece en esa Ciudad. Escuchará, con su oído externo e interno, los himnos de alabanza y gloria que de su polvo ascienden hacia el Señor de los señores, y descubrirá con su vista interior los misterios de la "vuelta" y el "renacimiento". ¡Cuán inefablemente gloriosos son los signos, las señales, las revelaciones y los esplendores que ha destinado para esa ciudad Aquel Que es el Rey de los nombres y atributos! La llegada a esa Ciudad apaga la sed sin agua y enciende el amor de Dios sin fuego. Dentro de cada tallo de hierba se atesoran los misterios de una sabiduría inescrutable y, en cada rosal, una miríada de ruiseñores gorjean sus melodías con venturoso encantamiento. Sus maravillosos tulipanes revelan el misterio de la Zarza ardiente y sus aromas fragantes de santidad exhalan el perfume del Espíritu mesiánico. Otorga riquezas sin oro y confiere inmortalidad sin muerte. En cada hoja se atesoran inefables delicias, y en cada aposento yacen ocultos innumerables misterios.
Aquellos que valientemente se afanan en la búsqueda de la voluntad de Dios, una vez que hayan renunciado a todo salvo a Él, estarán de tal manera ligados y aferrados a esa Ciudad que una momentánea separación de ella les será inconcebible. Escucharán pruebas infalibles del Jacinto de esa asamblea, y percibirán los más seguros testimonios en la belleza de su Rosa y la melodía de su Ruiseñor. Una vez alrededor de cada mil años será esta Ciudad renovada y adornada nuevamente.
Por tanto, oh mi amigo, nos incumbe hacer el máximo esfuerzo por alcanzar esa Ciudad y desgarrar, por la gracia de Dios y Su amorosa bondad, los "velos de la gloria", para que, con resolución inflexible, sacrifiquemos en el camino del Nuevo Amado nuestras almas languidecidas. Deberíamos, con lágrimas en los ojos, implorarle ferviente y repetidamente que bondadosamente nos concediese semejante gracia. Aquella Ciudad no es otra que la Palabra de Dios, revelada en cada época y dispensación. En los días de Moisés fue el Pentateuco; en los días de Jesús, el Evangelio; en los días de Muḥammad, el Mensajero de Dios, el Qur'án; en este día es el Bayán; y en la dispensación de Aquel a Quien Dios ha de manifestar Su propio Libro, Libro al que necesariamente han de referirse todos los Libros de Dispensaciones anteriores, Libro que entre todos sobresale, trascendente y supremo. En estas Ciudades se ha provisto sustento espiritual abundante y han sido dispuestos deleites incorruptibles. El alimento que dispensan es el pan del cielo, y el Espíritu que comunican es la inagotable bendición de Dios. Confieren a las almas desprendidas el don de la Unidad, enriquecen a los desamparados y brindan el cáliz del conocimiento a quienes vagan por el desierto de la ignorancia. Toda la guía, las bendiciones, el conocimiento, comprensión, fe y certeza conferidas a cuanto hay en el cielo y la tierra están ocultas y se atesoran en esas Ciudades.
Por ejemplo, el Qur'án fue para el pueblo de Muḥam-mad una fortaleza inexpugnable. En Sus días, quienquiera que en ella entraba, estaba protegido de los diabólicos ataques, los amenazadores dardos, las dudas que devoran el alma, y las blasfemantes insinuaciones del enemigo. Le era conferida también una parte de los buenos y perdurables frutos, que son los frutos de la sabiduría que da el Árbol divino. Se le permitía beber de las incorruptibles aguas del río del conocimiento y probar el vino de los misterios de la Unidad divina.
Todo lo que necesitaba aquel pueblo con respecto a la Revelación de Muḥammad y Sus leyes se hallaba revelado y manifiesto en ese Ri¤ván de gloria resplandeciente. Ese Libro constituye un testimonio perdurable para su pueblo después de Muḥammad, por cuanto sus decretos son indiscutibles y su promesa indefectible. A todos les fue ordenado seguir los preceptos de ese Libro hasta "el año sesenta",81 año del advenimiento de la maravillosa Manifestación de Dios. Ése es el Libro que indefectiblemente guía al buscador hacia el Ri¤ván de la Presencia divina, y hace que quien ha dejado su país y holla el sendero del buscador, entre en el Tabernáculo de reunión sempiterna. Su guía no puede errar jamás; su testimonio no puede superarlo ningún otro testimonio. Todas las demás tradiciones, todos los demás libros y relaciones están privados de tal distinción, por cuanto sólo el texto de ese libro confirma y prueba las tradiciones y a quienes las han dicho. Además, las propias tradiciones difieren enormemente y son muchas sus vaguedades.
Muḥammad mismo, al acercarse el término de Su misión, dijo estas palabras: "En verdad, os dejo Mis importantes testimonios gemelos: el Libro de Dios y Mi Familia". Aunque habían sido reveladas tradiciones por esa Fuente de la Profecía y Mina de la Guía Divina, Él solo mencionó ese Libro, designándolo así como el más poderoso instrumento y más seguro testimonio para los buscadores; una guía para los hombres hasta el Día de la Resurrección.
Con mirada firme, con el corazón puro y el espíritu santificado, examina atentamente lo que Dios ha establecido en Su Libro como el testimonio de guía para Su pueblo, Libro reconocido como auténtico por elevados y humildes. Ambos debemos adherirnos a este testimonio, al igual que todos los pueblos del mundo, para que con su luz podamos reconocer y distinguir entre verdad y falsedad, guía y error. Ya que Muḥammad ha limitado Sus testimonios a Su Libro y Su familia, y puesto que ésta ha desaparecido, sólo queda Su Libro como único testimonio Suyo entre los hombres.
Al comienzo de Su Libro dice: "Alif, Lám, Mím. No hay duda acerca de este Libro; es una guía para los que son temerosos de Dios".82 En las letras inconexas del Qur'án están guardados los misterios de la Esencia divina, y en sus conchas se atesoran las perlas de Su Unidad. Por falta de espacio no Nos extenderemos sobre ellas en este momento. Exteriormente designan al propio Muḥammad, a Quien Dios se dirige, diciendo: "Oh Muḥammad, no hay duda ni incertidumbre acerca de este Libro que ha sido enviado desde el cielo de la Unidad divina. Hay en él guía para quienes temen a Dios". Considera que Él ha designado y decretado ese mismo Libro, el Qur'án, como guía para todos los que están en el cielo y en la tierra. Aquel Que es el Ser divino y Esencia oculta, atestigua Él mismo que ese Libro es, más allá de toda duda e incertidumbre, la guía de toda la humanidad hasta el Día de la Resurrección. Ahora preguntamos: ¿Es justo que este pueblo mire con dudas y recelos a éste el más decisivo Testimonio, cuyo origen divino ha proclamado Dios, declarándolo la personificación de la verdad? ¿Es justo que se aparten de lo que Él ha designado como el supremo Instrumento de guía para llegar a las más altas cimas del conocimiento, buscando otra cosa que no sea ese Libro? ¿Cómo pueden dejar que las absurdas y torpes palabras de los hombres siembren en sus mentes las semillas de la desconfianza? ¿Cómo pueden seguir vanamente discutiendo que cierta persona ha dicho tal o cual cosa, o que cierta cosa no se produjo? Si hubiera habido algo inconcebible, además del Libro de Dios, que fuese un instrumento más poderoso y una guía más segura para la humanidad, ¿no la habría revelado Él en ese versículo?
Nos incumbe no desviarnos del irresistible mandato y fijo decreto de Dios, como está revelado en el versículo mencionado anteriormente. Debiéramos reconocer las sagradas y maravillosas Escrituras, pues al no hacerlo no reconoceríamos la verdad de ese versículo bendito. Ya que, evidentemente, todo aquel que no ha reconocido la verdad del Qur'án, en realidad ha dejado de reconocer la verdad de las Escrituras que le preceden. Esto es lo que implica manifiestamente este versículo. ¡Si expusiésemos sus significados anteriores y revelásemos sus misterios ocultos, la eternidad no bastaría para agotar su alcance, ni sería el universo capaz de escucharlos! ¡Dios, ciertamente, atestigua la verdad de Nuestras palabras!
Dice, asimismo, en otro pasaje: "Y si estáis en duda de lo que enviamos a Nuestro Siervo, traed un Súrih como éste, e invocad a vuestros testigos, aparte de Dios, si sois veraces".83 Mira cuán elevada es la posición y cuán completa la virtud de estos versículos, que Él ha declarado como Su testimonio más seguro, Su prueba infalible, la demostración de Su poder que todo lo domina, y la revelación de la potencia de Su voluntad. Él, el Rey divino, ha proclamado la supremacía indiscutible de los versículos de Su Libro por encima de todas las cosas que dan testimonio de Su verdad. Pues, en comparación con todas las demás pruebas y señales, los versículos divinamente revelados brillan como el sol, en tanto que ésas son como estrellas. Para los pueblos del mundo estos versículos son el testimonio perdurable, la prueba incontrovertible, la brillante luz del Rey ideal. Es sin igual su excelencia y nada puede aventajar su virtud. Son el tesoro de las perlas divinas y el depósito de los divinos misterios. Constituyen el Vínculo indisoluble, la firme Cuerda, el 'Urvatu'l-Vuthqá, la Luz inextinguible. A través de ellos corre el río del conocimiento divino y arde el fuego de Su antigua y consumada sabiduría. Éste es el fuego que, a un mismo tiempo, enciende la llama del amor en el pecho de los fieles y provoca en el corazón del enemigo el frío de la negligencia.
¡Oh amigo! Nos incumbe no dejar de lado el mandato de Dios, sino más bien conformarnos y someternos a lo que Él ha ordenado como Su Testimonio divino. Este versículo es una declaración demasiado importante y llena de significado como para que esta alma afligida pueda demostrarla y explicarla. Dios dice la verdad y guía por el camino. Él, en verdad, es supremo sobre todo Su pueblo; Él es el Poderoso, el Benéfico.
Asimismo dice: "Éstos son los versículos de Dios que Te recitamos con la verdad. Pero ¿en qué revelación creerán, si rechazan a Dios y Sus versículos?"84 Si comprendieras el sentido de este versículo, reconocerías la verdad de que jamás se ha revelado manifestación más grande que los Profetas de Dios y que ningún testimonio más poderoso que el testimonio de sus versículos ha aparecido en la Tierra. Es más, este testimonio no es superado por ningún otro testimonio, excepto lo que sea voluntad del Señor, tu Dios.
En otro pasaje dice: "¡Ay de todo mentiroso pecador que escucha los versículos de Dios que le recitan y luego persiste ensoberbecido como si no los hubiese escuchado! Adviértele, pues, de un castigo doloroso".85 Los alcances de este solo versículo bastarían a todos los que están en el cielo y en la tierra, si meditasen los hombres los versículos de su Señor. Por cuanto puedes oír en este día que la gente pasa por alto desdeñosamente los versículos divinamente revelados, como si fueran la más despreciable de todas las cosas. Y, sin embargo, ¡nunca ha aparecido, ni se manifestará jamás en el mundo, algo más grande que estos versículos! Diles: "¡Oh desatentos! Repetís lo que en una época pasada dijeron vuestros padres. Los mismos frutos que ellos cosecharon en el árbol de su incredulidad, los cosecharéis vosotros también. Dentro de poco seréis emplazados junto a vuestros padres y con ellos habitaréis en el fuego infernal. ¡Pésima morada la del pueblo de la tiranía!"
Y en otro pasaje dice: "Y cuando conoce alguno de Nuestros versículos, se mofa de él. ¡Hay para ellos un castigo afrentoso!"86 La gente, burlándose, decía: "¡Haz otro milagro y danos otra prueba!" Decía alguno: "Haz, pues, caer sobre nosotros un pedazo del cielo";87 y otro: "Si ésta es la verdad que viene de ti, haz llover sobre nosotros piedras del cielo".88 Así como el pueblo de Israel en el tiempo de Moisés trocó el pan del cielo por las inmundicias de la tierra, estos hombres, igualmente, han tratado de cambiar los versículos divinamente revelados por sus deseos ociosos, impuros y despreciables. Del mismo modo puedes ver que, en este día, a pesar de que ha descendido el sustento espiritual del cielo de la misericordia divina vertiéndose de las nubes de Su amorosa bondad, y que, por mandato del Señor de toda la existencia, se agitan los mares de la vida en el Ri¤ván del corazón, no obstante, estos hombres, voraces como canes, se han apiñado en torno a la carroña, y se han conformado con las aguas estancadas de un lago salobre. ¡Alabado sea Dios! ¡Qué manera más extraña la de esa gente! Claman por guía, cuando se han enarbolado ya los estandartes de Aquel Que guía todas las cosas. Se aferran a las oscuras complejidades del conocimiento, en tanto que Él, Quien es el objeto de todo conocimiento, brilla como el sol. Ven el sol con sus propios ojos, y sin embargo ponen en duda que ese Astro resplandeciente sea la prueba de su luz. Ven caer sobre ellos las lluvias primaverales, y sin embargo piden demostración de tal generosidad. La prueba del sol es su luz, que brilla envolviéndolo todo. La demostración de la lluvia es su generosidad, que renueva al mundo y lo reviste con el manto de la vida. Ciertamente, el ciego no puede percibir del sol otra cosa que su calor, y la tierra árida no recibe parte de las lluvias de la misericordia. "No os maravilléis si el descreído no percibe en el Qur'án más que el trazo de las letras, pues en el sol el ciego no encuentra más que el calor".
En otro pasaje dice: "Y cuando se les recitan Nuestros claros versículos, su único argumento es decir: '¡Traednos a nuestros padres, si decís la verdad!'"89 ¡Mira qué absurdas pruebas piden a estas Personificaciones de una misericordia que todo lo abarca! Se burlaban de esos versículos, de los cuales una sola letra es mayor que la creación de los cielos y la tierra, y que vivifican a los muertos del valle del egoísmo y el deseo con el espíritu de la fe; y clamaban diciendo: "Haz salir a nuestros padres de los sepulcros." Tal era la contumacia y soberbia de ese pueblo. Cada uno de estos versículos es, para todos los pueblos del mundo, testimonio infalible y gloriosa prueba de Su verdad. Cada uno de ellos por sí solo basta para toda la humanidad, ¡si meditases sobre los versículos de Dios! En el mismo versículo antes mencionado yacen ocultas perlas de misterios. Cualquiera que sea la dolencia, el cauterio que ofrece no puede fallar.
No hagas caso de la vana aseveración de quienes afirman que el Libro y sus versículos nunca podrán ser testimonio para la gente común, ya que ésta no entiende su significado ni puede apreciar su valor. Pues, con todo, el testimonio infalible de Dios para el Oriente y el Occidente no es otro que el Qur'án. Si estuviera más allá de la comprensión de la gente, ¿cómo podría habérsele declarado testimonio universal para todos los hombres? Si su aseveración fuese cierta, a nadie se le pediría conocer a Dios, ni sería necesario que lo hiciese, por cuanto el conocimiento del Ser divino trasciende el conocimiento de Su Libro, y la gente común no tendría capacidad para comprenderlo.
Semejante aseveración es del todo falaz e inadmisible. Está animada solamente por la arrogancia y la soberbia. Su motivo es desviar a la gente del Ri¤ván de la complacencia divina y estrechar las riendas de la autoridad sobre el pueblo. Y, sin embargo, a la vista de Dios, esa gente común es infinitamente superior y exaltada por encima de sus guías religiosos que se han apartado del Dios único y verdadero. La comprensión de Sus palabras y la percepción de la melodía de las Aves del Cielo de ningún modo dependen de la erudición humana. Dependen solamente de la pureza del corazón, castidad del alma y libertad de espíritu. Esto lo prueban quienes hoy día, sin conocer una letra de las normas establecidas del saber, ocupan las sedes más eminentes del conocimiento, y el jardín de sus corazones se adorna, mediante las lluvias de la gracia divina, con las rosas de la sabiduría y los tulipanes del entendimiento. ¡Bienaventurados los sinceros de corazón por su participación de la luz de un Día poderoso!
Asimismo dice: "En cuanto a quienes no creen en los versículos de Dios ni que alguna vez Le encontrarán, ésos perderán toda esperanza de Mi misericordia, y a ésos les espera un castigo doloroso".90 Y también: "Y dicen: '¿He-mos de abandonar nuestros dioses por un poeta demenciado?'"91 Lo que implica este versículo es claro. Mira lo que dijeron luego que fueron revelados los versículos. Le llamaron poeta, se burlaron de los versículos de Dios y exclamaron, diciendo: "Estas palabras suyas no son sino cuentos de los antiguos". Con esto querían decir que las palabras dichas por los pueblos de antaño, Muḥammad las había recopilado llamándolas la Palabra de Dios.
Asimismo, en este día, has escuchado a la gente formular cargos parecidos a esta Revelación, diciendo: "Ha recopilado estas palabras entre las palabras de antaño"; o bien: "estas palabras son ilegítimas". ¡Vanas y altaneras son sus palabras, y bajo su estado y posición!
Después de las recusaciones y denuncias que pronunciaron, y a las que Nos hemos referido, protestaron diciendo: "De acuerdo con nuestras Escrituras, ningún Profeta independiente debe aparecer después de Moisés y Cristo para abolir la Ley de la Revelación divina. Más aún, aquel que se ha de manifestar debe necesariamente cumplir la Ley". En seguida fue revelado este versículo, que da a conocer todos los temas divinos y atestigua la verdad de que la gracia del Todomisericordioso nunca dejará de verterse: "Y vino a vosotros en otro tiempo José, con claras pruebas; y no dejasteis de dudar del mensaje con que vino a vosotros, hasta que, cuando murió, dijisteis: 'De ningún modo hará Dios aparecer a un Mensajero después de Él'. Así extravía Dios a quien es transgresor y duda".92 Por tanto, procura entender por este versículo y saber con certeza que los hombres de cada época, aferrándose a un versículo del Libro, han pronunciado tan vanas y absurdas palabras, afirmando que nunca más se manifestaría en el mundo otro Profeta. Así, los sacerdotes cristianos, afirmándose en el versículo del Evangelio a que ya Nos hemos referido, han tratado de explicar que la ley del Evangelio nunca será abrogada, y que no se manifestará ningún otro Profeta independiente, a menos que confirme la ley del Evangelio. La mayoría de los hombres han sido afectados por esta enfermedad espiritual.
Así ves que el pueblo del Qur'án, al igual que las gentes de antaño, ha permitido que las palabras "Sello de los Profetas" velen su vista. Y, sin embargo, ellos mismos atestiguan este versículo: "Nadie sabe su interpretación sino Dios y quienes son versados en el saber".93 Y cuando Aquel Que es versado en todo el saber, Quien es su Madre, su Alma, su Secreto y su Esencia, revela lo que es contrario en el menor grado a sus deseos, se Le oponen tenazmente y descaradamente Le niegan. Esto ya lo has escuchado y lo has visto. Semejantes actos y palabras han sido instigados únicamente por los jefes religiosos, quienes no adoran a ningún Dios sino a su deseo y no guardan lealtad más que al oro, quienes han sido envueltos por los densos velos del conocimiento y, enredados en sus complejidades, se han perdido en los desiertos del error. Así lo ha declarado explícitamente el Señor de todos los seres: "¿Qué crees? Aquel que de sus pasiones ha hecho un Dios, y a quien Dios hace errar por el conocimiento, y cuyos oídos y corazón Él selló, y sobre cuya vista puso Él su velo, ¿quién le guiará, después que Dios le ha rechazado? ¿Es que no haréis caso de la advertencia?"94
Aunque el significado aparente de "A quien Dios hace errar por el conocimiento" es lo que se ha revelado, para Nosotros indica aquellos sacerdotes de la época que se han apartado de la Belleza de Dios y que, aferrándose a su erudición, forjada por sus propias fantasías y deseos, han denunciado el divino Mensaje de Dios y Su Revelación. "Di: ¡Es un Mensaje importante, del cual os apartáis!"95 Asimismo, dice: "Y cuando se les recitan Nuestros claros versículos, dicen: 'Éste no es sino un hombre que quiere desviaros de lo que vuestros padres adoraron'. Y dicen: 'Esto no es sino mentira inventada'".96
Presta oído a la santa Voz de Dios y escucha Su dulce e inmortal melodía. Mira cómo Él ha amonestado solemnemente a quienes han desechado los versículos de Dios, y ha desconocido a aquellos que niegan Sus santas palabras. Considera cuánto se ha alejado la gente del Kawthar de la Presencia divina, y cuán grave ha sido el descreimiento y la arrogancia de los espiritualmente pobres ante aquella santificada Belleza. Aunque esa Esencia de amorosa bondad y munificencia hizo entrar a esos seres efímeros en el reino de la inmortalidad, y guió a esas pobres almas hacia el sagrado río de la riqueza, con todo algunos Le denunciaron como "uno que calumnia a Dios, el Señor de todas las criaturas", otros Le acusaron de ser "aquel que aparta a los hombres del sendero de la fe y verdadera creencia", incluso otros Le declararon "un lunático" y cosas parecidas.
Asimismo, en este día puedes observar qué vilezas han imputado a esa Joya de inmortalidad, y qué transgresiones indecibles han acumulado sobre Aquel Que es la Fuente de la pureza. Aunque Dios en todo Su Libro ha amonestado a quienes niegan y rechazan los versículos revelados y ha anunciado su gracia para quienes los aceptan, ¡he aquí los innumerables reparos que han puesto a los versículos que les han sido enviados desde el nuevo cielo de la eterna santidad de Dios! Y esto a pesar de que ningún ojo ha visto tan gran efusión de generosidad, ni oído alguno ha escuchado sobre semejante revelación de amorosa bondad. Tal generosidad y revelación se manifestaron, que los versículos revelados parecían lluvias primaverales vertiéndose de las nubes de la misericordia del Todomunífico. Cada uno de los Profetas "dotados de constancia", cuya majestad y gloria brillan como el sol, fueron honrados con un Libro que todos han visto y cuyos versículos han sido debidamente fijados. En tanto que los versículos que se han vertido de esta Nube de misericordia divina son tan abundantes que hasta ahora nadie ha podido estimar su número. Hay ahora disponibles una veintena de volúmenes. ¡Cuán-tos están aún fuera de nuestro alcance! ¡Cuántos han sido robados y han caído en las manos del enemigo, sin que nadie sepa la suerte que han corrido!
Oh hermano: debiéramos abrir nuestros ojos, meditar Su Palabra y buscar la sombra protectora de las Manifestaciones de Dios, para que quizás seamos prevenidos por los consejos inequívocos del Libro, y pongamos atención a las advertencias escritas en las Tablas sagradas, para que no pongamos reparos al Revelador de los versículos, para que nos sometamos totalmente a Su Causa y abracemos Su ley de todo corazón, para que quizás entremos en la corte de Su misericordia y habitemos en la ribera de Su gracia. Él, en verdad, es misericordioso y perdonador para con Sus siervos.
Y, asimismo, dice: "¡Oh pueblo del Libro! ¿Acaso no nos repudiáis sólo porque creemos en Dios y en lo que Él nos ha enviado, y en lo que Él envió en otro tiempo, y porque los más de vosotros sois malhechores?"97 ¡Qué explícitamente revela Nuestro propósito este versículo, y qué claro demuestra la verdad del testimonio de los versículos de Dios! Este versículo fue revelado en un tiempo en que el Islám era asediado por los infieles y sus seguidores acusados de herejes, cuando los Compañeros de Muḥammad eran denunciados como repudiadores de Dios y seguidores de un brujo mentiroso. En sus primeros tiempos, cuando el Islám aún estaba aparentemente desprovisto de autoridad y poder, los amigos del Profeta, quienes habían vuelto el rostro hacia Dios, dondequiera que fuesen eran acosados, perseguidos, apedreados y envilecidos. En semejantes mo-mentos fue enviado este versículo desde el cielo de la Revelación divina. Reveló una prueba irrefutable y trajo la luz de una guía infalible. Mandó a los compañeros de Muḥammad declarar a los infieles e idólatras: "Nos agobiáis persiguiéndonos; y, sin embargo, ¿qué hemos hecho salvo creer en Dios y en los versículos que se nos han enviado a través de la lengua de Muḥammad, y en los que descendieron a los Profetas de antaño?" Esto quiere decir que su única culpa era haber admitido que los nuevos y maravillosos versículos de Dios que habían descendido a Muḥammad, así como los que habían sido revelados a los Profetas de antaño, eran todos de Dios, y haber reconocido y abrazado su verdad. Éste es el testimonio que el divino Rey ha enseñado a Sus siervos.
En vista de esto, ¿es justo que esos hombres rechacen estos versículos recientemente revelados que han abarcado a Oriente y Occidente, y se consideren los defensores de la verdadera fe? ¿No deberían más bien creer en Aquel Que ha revelado estos versículos? En razón del testimonio que Él mismo ha demostrado, ¿cómo no habría considerado verdaderos creyentes a quienes han atestiguado su verdad? ¡No permita Dios alejar de las puertas de Su misericordia a quienes se han vuelto hacia los versículos divinos y aceptado su verdad, ni amenazar a quienes se han adherido a Su seguro testimonio! Él, en verdad, demuestra la verdad mediante Sus versículos, y confirma Su Revelación por Sus palabras. Él es, en verdad, el Fuerte, el Que ayuda en el peligro, el Todopoderoso.
Y, asimismo, dice: "Y si Te hubiésemos enviado un Libro escrito en pergamino, y lo hubiesen tocado con sus manos, seguramente habrían dicho los infieles: 'Esto no es más que brujería palpable'".98 La mayoría de los versículos del Qur'án señalan este tema. En aras de la brevedad hemos mencionado sólo estos versículos. Ahora bien, considera: en todo el Libro, fuera de los versículos, ¿se ha establecido algún otro criterio para reconocer a las Manifestaciones de Su Belleza, de modo que los hombres se adhieran a ella, rechazando a las Manifestaciones de Dios? Al contrario, en todos los casos Él ha amenazado con el fuego a quienes rechazan los versículos burlándose de ellos, como ya se ha demostrado.
Por tanto, si apareciese una persona aduciendo una miríada de versículos, disertaciones, epístolas y oraciones sin que las hubiese aprendido estudiando, ¿qué razonable excusa podrían aducir quienes los rechazan, privándose de la potencia de su gracia? ¿Qué respuesta podrán dar cuando sus almas hayan ascendido, abandonando su sombrío templo? ¿Podrían tratar de justificarse diciendo: "Nos hemos aferrado a cierta tradición y, al no ver su cumplimiento literal, hemos puesto semejantes reparos a las Personificaciones de la Revelación divina, apartándonos de la ley de Dios"? ¿No has oído que entre las razones por las que a algunos Profetas se les ha designado Profetas "dotados de constancia" está la revelación de un Libro a ellos? Y, sin embargo, ¿podría esta gente tener motivo para rechazar al Revelador y Autor de tantos volúmenes de versículos, ateniéndose a las palabras de quien neciamente ha sembrado las semillas de la duda en el corazón de los hombres, y quien, a modo de Satanás, se ha levantado para llevar al pueblo hacia los caminos de la perdición y el error? ¿Cómo pudieron permitir que cosas semejantes les privasen de la luz del Sol de la munificencia divina? Además de esto, si esta gente evita y rechaza a semejante Alma divina y santo Hálito, ¿a quién, Nos preguntamos, podrían aferrarse; hacia qué faz podrían volverse, salvo Su faz? Ciertamente: "Todos tienen un punto en los Cielos hacia donde se vuelven".99 Te hemos mostrado estos dos caminos; toma el camino que desees. Esto es, ciertamente, la verdad, y tras la verdad no queda nada sino el error.
Entre las pruebas que demuestran la verdad de esta Revelación está que, en toda época y Dispensación, cuando quiera que se revelara la Esencia invisible en la persona de Su Manifestación, ciertas almas humildes y liberadas de todo apego mundano buscarían iluminación en el Sol de la Profecía y en la Luna de la guía divina, llegando a la Presencia divina. Por esta razón, los sacerdotes de la época y quienes poseían riquezas se burlaron desdeñosamente de esos hombres. Así Él ha revelado refiriéndose a los errados: "Entonces dijeron los jefes de Su pueblo que no creyeron: 'En Ti no vemos más que a un hombre como nosotros; y no vemos que Te hayan seguido sino aquellos que son los más viles de nosotros, los faltos de reflexión, ni os vemos con excelencia alguna sobre nosotros; es más, os consideramos embusteros'".100 Pusieron reparos a esas santas Manifestaciones y protestaron diciendo: "Nadie os ha seguido excepto los despreciables entre nosotros, aquellos que no merecen atención". Su objetivo era demostrar que nadie entre los eruditos, los ricos y los renombrados creía en ellos. Mediante ésta y semejantes pruebas pretendían demostrar la falsedad de Aquel que no dice sino la verdad.
Sin embargo, en esta muy resplandeciente Dispensación y poderosísima Soberanía, un número de sacerdotes iluminados, de hombres de erudición consumada, de doctores de sabiduría madura, llegaron a Su Corte, bebieron el cáliz de Su divina Presencia y fueron investidos con el honor de Su muy excelente favor. Renunciaron, por el amor del Bienamado, al mundo y a todo lo que hay en él. Mencionaremos los nombres de algunos de ellos, para que quizás esto fortifique a los pusilánimes e infunda valor a los tímidos.
Entre ellos estaba Mullá Æusayn, quien llegó a ser el recipiente de la refulgente gloria del Sol de la Revelación divina. A no ser por él, Dios no se hubiera establecido en la sede de su misericordia, ni habría ascendido al trono de gloria eterna. Entre ellos también estaba Siyyid Yaḥyá, esa figura única e incomparable en su época;
Mullá Muḥammad 'Alíy-i-Zanjání
Mullá 'Alíy-i-Bas¶ámí
Mullá Sa'íd-i-Bárfirúshí
Mullá Ni'matu'lláh-i-Mázindarání
Mullá Yúsuf-i-Ardibílí
Mullá Mihdíy-i-Khú'í
Siyyid Æusayn-i-Turshízí
Mullá Mihdíy-i-Kandí
Mullá Báqir
Mullá 'Abdu'l-Kháliq-i-Yazdí
Mullá 'Alíy-i-Baraqání
y otros, cerca de cuatrocientos en total, cuyos nombres están todos inscritos en la "Tabla Guardada" de Dios.
Todos ellos fueron guiados por la luz de ese Sol de la Revelación divina, confesaron y reconocieron Su verdad. Tal era su fe, que la mayoría de ellos renunciaron a sus bienes y familia, aferrándose a la complacencia del Todoglorioso. Dieron la vida por su Bienamado y lo entregaron todo en Su sendero. Sus pechos fueron el blanco de los dardos del enemigo, y sus cabezas adornaron las lanzas de los infieles. No quedó tierra que no bebiese la sangre de esas personificaciones del desprendimiento, ni espada que no hiriese su cuello. Sus actos, por sí solos, atestiguan la verdad de sus palabras. ¿No les basta a los hombres de este día el testimonio de estas almas santas que se levantaron para ofrendar sus vidas a su Amado tan gloriosamente, que todo el mundo quedó maravillado ante su sacrificio? ¿No es testimonio suficiente contra la infidelidad de quienes, por una baratija, traicionaron su fe, y trocaron la inmortalidad por aquello que perece, quienes cedieron el Kawthar de la Presencia divina a cambio de fuentes salobres, y cuyo único objetivo en la vida es usurpar la propiedad ajena? Así ves cómo todos ellos se han ocupado con las vanidades del mundo, apartándose de Aquel Que es el Señor, el Altísimo.
Ahora sé justo: ¿Es aceptable y digno de atención el testimonio de aquellos cuyas obras concuerdan con sus palabras, cuyo comportamiento exterior se ajusta a su vida interior? La mente se desconcierta al ver sus obras, y el alma se maravilla ante su valor y resistencia física. O ¿es aceptable el testimonio de estas almas sin fe, que no exhalan sino el aliento de sus deseos egoístas, presos en la jaula de sus vanas fantasías? Al igual que los murciélagos de las tinieblas, no levantan la cabeza de su lecho salvo para ocuparse de las cosas pasajeras del mundo, y no encuentran descanso de noche si no es empeñándose en promover los fines de su sórdida vida. Absortos en sus planes egoístas, se olvidan del Decreto divino. De día se afanan con toda su alma por conseguir beneficios mundanos, y de noche su única ocupación es satisfacer sus deseos carnales. ¿Con qué ley o norma podrían justificarse los hombres al adherirse a las recusaciones de almas tan limitadas y desconocer la fe de quienes, por la complacencia de Dios, han renunciado a su vida y sus bienes, su fama y su renombre, su reputación y honor?
¿No fueron considerados los sucesos de la vida del "Príncipe de los Mártires"101 como los más grandes de todos los acontecimientos, como la prueba suprema de su verdad? ¿No declaró el pueblo de antaño que esos sucesos no tenían precedente? ¿No afirmaron ellos que ninguna manifestación de la verdad había jamás demostrado tal constancia ni gloria tan evidente? Y, sin embargo, ese episodio de su vida, como se sabe, comenzó en la mañana y tuvo su fin hacia la mitad del mismo día, mientras que estas luces santas han soportado heroicamente durante dieciocho años las aflicciones que, como aguaceros, les han llovido desde todos los lados. ¡Con qué amor, devoción, alborozo y santo arrobamiento sacrificaron sus vidas en el sendero del Todoglorioso! Todos dan testimonio de esta verdad. Y, sin embargo, ¿cómo pueden despreciar esta Revelación? ¿Ha presenciado época alguna acontecimientos tan trascendentales? Si estos compañeros no fuesen los que verdaderamente se afanan por llegar a Dios, ¿a quiénes podría tenerse por tales? ¿Han sido estos compañeros buscadores de poder o de gloria? ¿Han anhelado poseer riquezas? ¿Han abrigado deseo alguno que no sea la complacencia de Dios? Si estos compañeros, con todos sus maravillosos testimonios y prodigiosas obras, fuesen falsos, ¿quién, entonces, podría dignamente pretender que tiene la verdad? Juro por Dios que sus propios actos son testimonio suficiente y prueba irrefutable para todos los pueblos de la Tierra, ¡si ponderasen los hombres en su corazón los misterios de la Revelación divina! "¡Y aquellos que actúan injustamente pronto sabrán lo que les espera!"102
Además, la norma de la verdad y la falsedad está indicada y designada en el Libro. Deben necesariamente probarse con esta piedra de toque divinamente señalada las demandas y pretensiones de todos los hombres, de modo que los veraces sean conocidos y distinguidos de los impostores. Esta piedra de toque no es sino este versículo: "Anhelad la muerte, si sois veraces".103 Considera a estos mártires de sinceridad incuestionable, cuya veracidad la testifica el texto explícito del Libro, todos los cuales, como has visto, sacrificaron su vida, sus bienes, sus esposas, sus niños y todo cuanto tenían, y ascendieron a los más elevados aposentos del Paraíso. ¿Está bien rechazar el testimonio que estos seres exaltados y desprendidos dan de la verdad de esta preeminente y gloriosa Revelación, y considerar aceptables las denuncias que contra esta Luz resplandeciente han hecho esos hombres incrédulos, quienes por el oro han renegado de su fe, y por su afán de mando han rechazado a Aquel Que es el Jefe Supremo de toda la humanidad? Y esto a pesar de que su carácter les ha sido ahora revelado a todos los hombres, que les han reconocido como aquellos que de ningún modo renunciarían ni a una pizca, ni a un ápice de su autoridad temporal a favor de la santa Fe de Dios, cuanto menos a su vida, sus bienes o cosa parecida.
Mira cómo la divina Piedra de Toque, de acuerdo con el texto explícito del Libro, ha separado y distinguido a los sinceros de los falsos. No obstante, aún son inconscientes de esta verdad y, en el sueño de la negligencia, persiguen las vanidades del mundo y se ocupan con pensamientos de vana autoridad terrenal.
"¡Oh Hijo del Hombre! Muchos días han pasado sobre ti mientras te ocupabas de tus fantasías y ociosas imaginaciones. ¿Hasta cuándo quieres dormir en tu lecho? Alza la cabeza por sobre tu sueño, pues el Sol se ha elevado hasta su cenit, y tal vez brille sobre ti con la luz de la belleza".
Ha de saberse, sin embargo, que ninguno de estos doctores y sacerdotes a que Nos hemos referido estaba investido con la categoría y dignidad del mando. Pues los jefes religiosos conocidos e influyentes, que ocupan los puestos de autoridad y ejercen funciones de mando, no pueden de modo alguno jurar lealtad al Revelador de la verdad, salvo quien sea la voluntad de tu Señor. Con excepción de unos pocos, tal cosa nunca ha ocurrido. "Y pocos de Mis siervos son los agradecidos".104 Así, en esta Dispensación, ninguno de los sacerdotes renombrados, en cuyas manos estaban las riendas de la autoridad sobre la gente, ha abrazado la Fe; por el contrario, se han opuesto a ella con tal animosidad y empeño, que no ha escuchado oído, ni visto ojo alguno cosa semejante.
El Báb, el Señor, el exaltadísimo -que la vida de todos sea sacrificada por Él-, ha revelado específicamente una Epístola dirigida a los sacerdotes de cada ciudad, en la cual ha expuesto plenamente el carácter del rechazo y repudio de cada uno de ellos. "¡Por lo tanto, tened cuidado, vosotros que sois hombres de discernimiento!"105 Al referirse a su oposición se proponía invalidar las objeciones que pudiera hacer el pueblo del Bayán en el día de la manifestación del "Mustagháth",106 día de la Resurrección Última, afirmando que, mientras en la Dispensación del Bayán varios sacerdotes abrazaron la Fe, en esta última Revelación ninguno de ellos ha reconocido Su pretensión. Su propósito era prevenir al pueblo, no fuese que -¡no lo permita Dios!- se aferrasen a pensamientos tan necios y se privaran de la Belleza divina. En verdad, estos sacerdotes a que Nos hemos referido, en su mayoría no tenían renombre y, por la gracia de Dios, estaban limpios de vanidades mundanas y libres de los atavíos del mando. "Tal es la generosidad de Dios; a quien quiere, Él se la da".
Otra prueba y demostración de la verdad de esta Revelación, que entre todas las demás pruebas brilla como el sol, es la constancia con que la eterna Belleza proclamó la Fe de Dios. Aunque era joven y de tierna edad, y la Causa que revelaba era contraria al deseo de todos los pueblos de la Tierra: de elevados y humildes, ricos y pobres, ensalzados y humillados, reyes y vasallos, con todo, se levantó y la proclamó resueltamente. Todos saben esto y lo han escuchado. No temía a nadie; no hacía caso de las consecuencias. ¿Podría manifestarse cosa semejante si no fuera por el poder de una Revelación divina y la potencia de la invencible Voluntad de Dios? ¡Por la rectitud de Dios, si alguien guardara en su corazón Revelación tan grande, el solo pensamiento de tal declaración le confundiría! Si se apiñasen en su corazón los corazones de todos los hombres, aun así vacilaría ante tan temible empresa. Podría lograrlo sólo con el permiso de Dios, y sólo si el canal de su corazón estuviese unido a la Fuente de la gracia divina y su alma tuviese asegurado el sustento infalible del Todopoderoso. ¿Y a qué, Nos preguntamos, atribuyen ellos tan gran osadía? ¿Le acusan de locura, como acusaron a los Profetas de antaño? ¿O sostienen que Su motivo no fue otro que la ambición de mando y el logro de riquezas terrenales?
¡Alabado sea Dios! En Su Libro, que Él ha titulado Qayyúmmu'l-Asmá, que es el primero, el más grande y poderoso de todos los libros, profetiza Él Su propio martirio. Allí se encuentra este pasaje: "¡Oh tú Remanente de Dios! Me he sacrificado enteramente por Ti, he soportado imprecaciones sólo por amor a Ti, y no he anhelado más que el martirio en el sendero de Tu amor. ¡Dios me es Testigo suficiente, el Exaltado, el Protector, el Antiguo de los Días!"
Asimismo, en Su interpretación de la letra "Há", implora el martirio, diciendo: "Me parece haber oído una Voz que llamaba en lo más íntimo de mi ser: '¿Sacrificas lo que más amas, en el sendero de Dios, así como Æusayn, la paz sea sobre él, ofreció su vida por Mi causa?' Y si no fuese Yo atento a este inevitable misterio, por Aquel Que tiene mi ser entre Sus manos, si todos los reyes de la Tierra se aliasen entre sí, serían impotentes para quitarme una sola letra, cuánto menos aún pueden estos siervos que no son dignos de atención alguna, y que en verdad son de los proscritos... Que todos sepan cuál es Mi grado de paciencia, de resignación y abnegación en el sendero de Dios".
¿Podría afirmarse que el Revelador de tales palabras va por otro camino que no sea el camino de Dios, y anhela otra cosa que no sea Su complacencia? En este versículo hay oculta una brisa de desprendimiento que, si soplase plenamente sobre el mundo, todos los seres renunciarían a su vida y sacrificarían su alma. Reflexiona acerca de la infame conducta de esta generación y atestigua su pasmosa ingratitud. Observa cómo han cerrado sus ojos a toda esta gloria y vilmente dan caza a esos nauseabundos cadáveres, en cuyo vientre se escucha el lamento de los bienes arrebatados a los fieles. Y, sin embargo, ¡qué indecorosas calumnias han lanzado a esas Auroras de Santidad! Así te referimos lo que han obrado las manos de los infieles, quienes, en el Día de la Resurrección, han apartado su rostro de la Presencia divina, a quienes Dios ha atormentado con el fuego de su propio descreimiento, y para quienes Él ha preparado en el otro mundo un castigo que devorará sus cuerpos y sus almas. Pues ellos han dicho: "Dios es impotente, y está encadenada la mano de Su misericordia."
La constancia en la Fe es testimonio seguro y gloriosa prueba de la verdad. Así el "Sello de los Profetas" ha dicho: "Dos versículos Me han envejecido". Estos dos versículos se refieren a la firmeza en la Causa de Dios. Así Él ha dicho: "Sé constante, como se te ha ordenado".107
Ahora, considera cómo este Sadrih del Ri¤ván de Dios, en la flor de Su juventud, se levantó a proclamar la Causa de Dios. Mira qué constancia ha revelado esa Belleza de Dios. El mundo entero se levantó para oponérsele, pero fracasó miserablemente: cuanto más severa se hacía la persecución que desataban contra ese Sadrih de la Bienaventuranza, más crecía Su fervor y con más brillo ardía la llama de Su amor. Todo esto es evidente y nadie discute tal verdad. Finalmente entregó Su alma y alzó el vuelo hacia los reinos de lo alto.
Y entre las pruebas de la verdad de Su Manifestación estaba el ascendiente, el trascendente poder y supremacía que Él, el Revelador del ser y Manifestación del Adorado, solo y sin ayuda, ha revelado por todo el mundo. Apenas se había revelado esa eterna Belleza en Shíráz, en el año sesenta, hendiendo el velo del encubrimiento, cuando se manifestaron en todos los países los signos del ascendiente, del poder, de la soberanía y de la fuerza que emanaba de aquella Esencia de las esencias y Océano de los océanos. Tan es así, que en cada ciudad aparecieron los signos, pruebas, señales y testimonios de esa Lumbrera divina. ¡Cuántos son los corazones puros y bondadosos que fielmente han reflejado la luz de ese Sol eterno, y qué numerosos son los efluvios de conocimiento provenientes de ese Océano de sabiduría divina que ha envuelto a todos los seres! En cada ciudad, todos los sacerdotes y dignatarios se levantaron para oponerse a ellos y dominarlos, y se armaron de malevolencia, de envidia y tiranía para destruirlos. ¡Qué grande el número de esas almas santas y esencias de la justicia que fueron muertas, acusadas de tiranía! Y ¡cuántas personificaciones de la pureza, que no mostraban más que verdadero conocimiento y obras inmaculadas, sufrieron atroz muerte! A pesar de todo esto, cada uno de estos santos seres, hasta en su último momento, pronunció el Nombre de Dios, remontándose en el reino de la sumisión y resignación. Tal era la potencia e influencia transformadora que ejercía sobre ellos, que dejaron de abrigar deseo alguno salvo Su voluntad, unciendo su alma a Su recuerdo.
Reflexiona: ¿quién es en este mundo capaz de manifestar poder tan trascendente, tan vasta influencia? Todos estos inmaculados corazones y almas sacrificadas, con absoluta resignación han obedecido a la llamada de Su decreto. En lugar de quejarse, dieron gracias a Dios y, en medio de las tinieblas, su aflicción no reveló sino radiante aquiescencia a Su voluntad. Es evidente cuán implacable era el odio y cuán cruel la malevolencia y hostilidad de todos los pueblos de la Tierra para con esos compañeros. La persecución y tormento que infligieron a estos seres santos y espirituales la consideraban como medio de salvación, prosperidad y éxito perdurable. ¿Ha presenciado el mundo, desde los días de Adán, semejante tumulto, tan violenta conmoción? No obstante todo su tormento y las numerosas aflicciones que soportaron, llegaron a ser objeto del oprobio y la execración de todos. Me parece que la paciencia fue revelada sólo en virtud de su valor, y la fidelidad misma sólo fue engendrada por sus obras.
Pondera en tu corazón estos importantísimos acontecimientos, para que comprendas la grandeza de esta Revelación y percibas su gloria asombrosa. Entonces, por la gracia del Misericordioso, le será infundido a tu ser el espíritu de fe, y habitarás y tomarás asiento en la sede de la certeza. El Dios único Me sirve de testigo: Si meditaras un momento, admitirías que, aparte de todas estas verdades demostradas y pruebas antes mencionadas, el repudio, maldición y execración pronunciados por el pueblo de la Tierra son en sí la prueba más poderosa y el más firme testimonio de la verdad de esos héroes en el campo de la resignación y el desprendimiento. Cada vez que medites sobre los reparos que han puesto los hombres, sean sacerdotes, eruditos o ignorantes, más firme y constante serás en la Fe. Pues todo lo que ha ocurrido ha sido profetizado por aquellos que son las Minas del conocimiento divino y Recipientes de la eterna ley de Dios.
Aunque no pensábamos hacer mención de las tradiciones de una época pasada, con todo, por Nuestro amor a ti, citaremos unas cuantas que son aplicables a Nuestro argumento. Sin embargo, no Nos parecen necesarias, puesto que lo que ya hemos mencionado basta al mundo y a todo cuanto hay en él. En realidad, todas las Escrituras y sus misterios están condensados en este breve relato. Tanto es así, que si una persona lo ponderase en su corazón un momento, descubriría en todo lo que se ha dicho los misterios de las Palabras de Dios y comprendería el significado de cuanto ha sido manifestado por ese Rey ideal. Como los hombres difieren en su comprensión y posición, haremos por tanto mención de unas cuantas tradiciones, para que éstas den constancia al alma vacilante y tranquilidad a la mente agitada. De este modo, el testimonio de Dios para los hombres, elevados y humildes, será completo y perfecto.
Entre ellas está la tradición: "Y cuando el Estandarte de la Verdad es manifestado, el pueblo de Oriente y de Occidente lo maldice". Se debe beber necesariamente el vino de la renuncia, necesariamente deben alcanzarse las sublimes alturas del desprendimiento, y necesariamente debe observarse la meditación a que se refieren las palabras: "Una hora de reflexión es preferible a setenta años de adoración piadosa", para que pueda descubrirse el secreto del vil comportamiento de la gente, de esa gente que, a pesar del amor y anhelo que profesan por la verdad, maldicen a los seguidores de la Verdad una vez que Él Se ha manifestado. Da testimonio de esta verdad la tradición mencionada más arriba. Es evidente que la razón de tal comportamiento no es otra que la abrogación de las reglas, costumbres, hábitos y ceremoniales a que han estado sometidos. Por lo demás, si la Belleza del Misericordioso obedeciera las mismas reglas y costumbres que son corrientes entre la gente, y si Él aprobara sus observancias, tal conflicto y daño de ningún modo se manifestarían en el mundo. Esta exaltada tradición la atestiguan y verifican estas palabras que Él ha revelado: "El día en que emplazará el Emplazador a un asunto grave".108
El llamado divino del Heraldo celestial, procedente de detrás del Velo de la Gloria, que invita a la humanidad a renunciar totalmente a aquello a que se aferra, contraría su deseo; y ésta es la causa de las amargas aflicciones y violentas conmociones que han ocurrido. Considera la forma de ser de la gente: no hace caso de estas tradiciones bien fundadas, todas las cuales se han cumplido, y se aferra a aquellas que son de dudosa validez, preguntando por qué estas últimas no se han cumplido. Y, sin embargo, se ha manifestado lo que a ellos les parecía inconcebible. Las pruebas y señales de la Verdad brillan como el sol de mediodía, y, sin embargo, la gente vaga, perpleja y sin objetivo, en el desierto de la ignorancia e insensatez. No obstante todos los versículos del Qur'án y las tradiciones reconocidas que aluden todas a una nueva Fe, a una nueva Ley y a una nueva Revelación, esa generación sigue aún esperando ver al Prometido que ha de confirmar la Ley de la Dispensación de Muḥammad. Los judíos y cristianos, de igual manera, hacen la misma aseveración.
Entre las palabras que prefiguran una nueva Ley y una nueva Revelación están los pasajes de la "Oración de Nudbih": "¿Dónde está Aquel Que es preservado para renovar las ordenanzas y leyes? ¿Dónde está Aquel Que tiene autoridad para transformar la Fe y a sus seguidores?" Asimismo, Él ha revelado en la Zíyárat:109 "La paz sea con la Verdad renovada". Abú-'Abdi'lláh, al preguntársele acerca del carácter del Mihdí, contestó, diciendo: "Realizará lo que realizó Muḥammad, el Mensajero de Dios, y destruirá cuanto ha habido antes de Él, así como el Mensajero de Dios destruyó los usos y costumbres de quienes Le precedieron".
He aquí cómo, no obstante estas y otras tradiciones semejantes, vanamente sostienen que las leyes reveladas anteriormente no deben de ningún modo alterarse. Y, sin embargo, ¿no es el objeto de toda Revelación efectuar una transformación del carácter total de la humanidad, transformación que ha de manifestarse tanto exterior como interiormente, afectando su vida interior y sus condiciones externas? Ya que si no fuese cambiado el carácter de la humanidad, sería evidente la futilidad de las Manifestaciones universales de Dios. En el 'Aválim, libro autorizado y bien conocido, consta lo siguiente: "Aparecerá un Joven de los Baní-Háshim, Quien revelará un nuevo Libro y promulgará una nueva ley"; luego siguen estas palabras: "La mayoría de Sus enemigos serán los sacerdotes". En otro pasaje se cuenta que «ádiq, hijo de Muḥammad, dijo lo siguiente: "Aparecerá un Joven de entre los Baní-Háshim, Quien ordenará a los hombres jurarle lealtad. Su Libro será un nuevo Libro, y Él llamará a los hombres a prometerle fidelidad. Severa es Su Revelación para el árabe. Si oís acerca de Él, daos prisa en ir hacia Él". ¡Qué bien han seguido las instrucciones de los imanes de la Fe y de las Lámparas de la certeza! Aunque se expresa claramente: "Si escucháis que ha aparecido un Joven de entre los Baní-Háshim que llama a los hombres a un nuevo Libro Divino y a nuevas leyes Divinas, apresuraos a ir hacia Él", con todo, han declarado infiel a ese Señor de la existencia y Le han acusado de hereje. No se han apresurado a ir hacia esa Luz háshimí, esa divina Manifestación, salvo con espadas desenvainadas y corazones llenos de malevolencia. Además, observa cuán explícitamente se menciona en los libros la enemistad de los sacerdotes. A pesar de todas estas tradiciones claras y significativas, todas esas alusiones inequívocas e indiscutibles, la gente ha rechazado a la inmaculada Esencia del conocimiento y de la santa prolación, volviéndose hacia los exponentes de la rebelión y del error. A pesar de estas tradiciones escritas y de estas palabras reveladas, sólo dicen lo que les sugieren sus propios deseos egoístas. Y si la Esencia de la verdad revelara lo que les es contrario a sus inclinaciones y deseos, inmediatamente Le denunciarían como infiel y protestarían diciendo: "Esto es contrario a las palabras de los imanes de la Fe y de las luces resplandecientes. No se estipula nada parecido en nuestra Ley inviolable". Aun así, en este día, tan inútiles declaraciones han sido y siguen siendo formuladas por estos pobres mortales.
Ahora bien, considera esta otra tradición y observa cómo todo esto ha sido predicho. En el Arba'ín está escrito: "De entre los Baní-Háshim saldrá un Joven, Quien revelará nuevas leyes. Llamará a los hombres hacia Él, pero nadie atenderá a Su llamada. La mayoría de Sus enemigos serán los sacerdotes. No obedecerán su Mandato, antes bien, protestarán diciendo: 'Esto es contrario a lo que nos ha sido transmitido por los imanes de la fe'". En este día, todos repiten estas mismas palabras, ignorando totalmente que Él se ha establecido en el trono de "Él hace lo que es Su voluntad" y habita en la sede de "Él ordena lo que es Su deseo".
Ningún entendimiento puede concebir la naturaleza de Su Revelación, ni conocimiento alguno comprender la amplitud de Su Fe. Todo dicho depende de Su confirmación y todas las cosas necesitan de Su Causa. Todo salvo Él es creado por Su mandato, y se mueve y existe por Su ley. Él es el Revelador de los misterios divinos y el Expositor de la sabiduría antigua y oculta. Así se relata en el Biḥáru'l-Anvár, el 'Aválim y el Yanbú que «ádiq, hijo de Muḥammad, dijo estas palabras: "El conocimiento es veintisiete letras. Todo lo que los Profetas han revelado son dos de esas letras. Ningún hombre hasta ahora ha conocido más que esas dos letras. Mas cuando el Qá'im aparezca, manifestará las veinticinco letras restantes". Ahora, reflexiona: Él ha declarado que el conocimiento consiste en veintisiete letras, y ha considerado que todos los Profetas, desde Adán hasta el "Sello", son Expositores de sólo dos letras suyas y han sido enviados con estas dos letras. También dice que el Qá'im ha de revelar las veinticinco letras restantes. A juzgar por estas palabras, ¡qué magna y sublime es Su posición! Su rango está por sobre el de todos los Profetas, y Su Revelación rebasa la comprensión y entendimiento de todos sus elegidos. Una Revelación tal que de ella, o bien los Profetas de Dios, Sus santos y elegidos no han sido informados, o bien, en cumplimiento del inescrutable Decreto de Dios, no la han dado a conocer. Semejante Revelación trata de medirla esta gente depravada y vil con su propia mente defectuosa, con su limitado conocimiento y comprensión. Si no se ajusta a sus normas, de inmediato la rechazan. "¿Piensas que los más de ellos escuchan o entienden? ¡No son sino como bestias! ¡Ciertamente, se apartan cada vez más del camino!"110
¿Cómo -Nos preguntamos- explican ellos la tradición antes mencionada, tradición que en términos inequívocos anuncia la revelación de cosas inescrutables y la llegada de acontecimientos nuevos y maravillosos en Su día? Sucesos tan asombrosos crean tal disensión entre los hombres, que todos los sacerdotes y doctores sentencian a muerte a Él y a Sus compañeros, y todos los pueblos de la Tierra se levantan para oponérsele. Así se ha consignado en el "Káfí", en la tradición del Jábir, en la "Tabla de Fá¶imih", acerca del carácter del Qá'im: "Manifestará la perfección de Moisés, el esplendor de Jesús y la paciencia de Job. En Su día serán humillados Sus elegidos. Sus cabezas serán ofrecidas como regalo, lo mismo que las cabezas de turcos y de ilamitas. Serán muertos y quemados. El miedo se apoderará de ellos; la consternación y alarma aterrorizarán sus corazones. Se teñirá la tierra con su sangre. Llorarán y se lamentarán sus mujeres. ¡Éstos son en verdad mis amigos!" Reflexiona: ni una sola letra de esta tradición ha quedado sin cumplirse. En la mayoría de los lugares se ha derramado su bendita sangre; en cada ciudad se les ha hecho cautivos, se les ha exhibido por todas las provincias y, a algunos, se les ha quemado. Y, sin embargo, nadie se ha detenido a pensar que si el Qá'im prometido hubiera de revelar la ley y ordenanzas de una Dispensación anterior, ¿para qué, entonces, habrían de consignarse tales tradiciones, y por qué habría de suscitarse tal disensión y conflicto, que el pueblo creyera su obligación dar muerte a esos compañeros, y considerara la persecución de esas almas santas como medio de lograr el supremo favor?
Observa además cómo lo que ha sucedido, y los actos que han sido perpetrados, ha sido todo ello mencionado en tradiciones anteriores. Así está consignado referente a "Zawrá'" en el Raw¤iy-i-Káfí. Se narra en el Raw¤iy-i-Káfí acerca de Mu'ávíyih, hijo de Vahháb, que Abú-'Abdi'lláh le dijo: '¿Conoces Zawrá'?' Dije: '¡Que mi vida sea sacrificada por ti! Dicen que es Baghdád'. 'No', respondió; y luego añadió: '¿Has entrado en la ciudad de Rayy?',111 a lo que repliqué: 'Sí, he entrado en ella'. Después de lo cual preguntó: '¿Has visitado el mercado de ganado?' 'Sí', le respondí. Dijo: '¿Has visto la montaña negra que hay a la derecha del camino? Ésa es Zawrá'. Ochenta hombres, de entre los hijos de algunos, serán allí muertos; todos los cuales serán dignos de llamarse califas'. '¿Quién los matará?', pre-gunté. Respondió: '¡Los hijos de Persia!'"
Ésa es la condición y el destino de Sus compañeros, y que fue predicha en días pasados. Y ahora observa que, de acuerdo con esta tradición, Zawrá' no es sino la tierra de Rayy. En ese lugar Sus compañeros han alcanzado la muerte con gran sufrimiento, y todos estos seres santos han sufrido el martirio de manos de los persas, como aparece en la tradición. Esto lo has oído y todos lo atestiguan. ¿Por qué, entonces, esos hombres rastreros como gusanos no se detienen a meditar estas tradiciones, todas las cuales son manifiestas como el sol en su gloria meridiana? ¿Por qué razón se niegan a abrazar la Verdad, dejando que ciertas tradiciones cuyo significado no han comprendido les impidan reconocer la Revelación de Dios y Su Belleza y les hagan habitar en el abismo infernal? Cosas semejantes no deben atribuirse más que a la incredulidad de los sacerdotes y doctores de la época. De ellos, «ádiq, hijo de Muḥammad, ha dicho: "Los doctores de la religión en esa época serán los sacerdotes más malvados bajo la sombra del cielo. De ellos procede la maldad y a ellos volverá".
Rogamos a los doctos del Bayán que no sigan esos pasos, ni inflijan a Él, en el tiempo del Mustagháth, lo que han infligido en este día a Aquel Que es la Esencia divina, la Luz celestial, la Eternidad absoluta, el Principio y Fin de las Manifestaciones del Invisible. Les pedimos que no confíen en su intelecto, comprensión y conocimientos, ni disputen con el Revelador del conocimiento celestial e infinito. Sin embargo, a pesar de todas estas advertencias, vemos que un hombre tuerto, quien es el jefe del pueblo, se levanta contra Nos con la mayor malevolencia. Prevemos que en cada ciudad se levantará la gente contra la bendita Belleza, y que los compañeros de ese Señor de la existencia y Deseo último de todos los hombres huirán de las manos del opresor buscando refugio en el desierto, en tanto que otros se resignarán y, con absoluto desprendimiento, sacrificarán sus vidas en Su sendero. Creemos poder distinguir a uno que tiene fama de tal devoción y piedad que los hombres consideran su obligación obedecerle y estiman que es necesario someterse a su mandato, quien atacará a la raíz misma del Árbol divino y con todo su poder tratará de resistirle y oponérsele. ¡Tal es la índole de la gente!
Abrigamos la esperanza de que sea iluminado el pueblo del Bayán, se remonte al reino del espíritu y habite en él, distinga la Verdad y reconozca la falsedad disimulada con el ojo de la perspicacia. Sin embargo, se ha esparcido en estos días tal olor de celos, que -lo juro por el Educador de todos los seres, visibles e invisibles- desde el principio de la fundación del mundo -aunque no tiene principio- hasta este día no ha surgido jamás tal malevolencia, envidia ni odio, ni se presenciará cosa semejante en el futuro. Por cuanto algunos hombres, que nunca han aspirado el perfume de la justicia, han alzado el estandarte de la sedición, aliándose en contra de Nosotros. En todas partes distinguimos sus lanzas amenazantes y por todos lados vemos volar sus flechas. Y esto a pesar de que nunca Nos hemos gloriado de nada, ni hemos buscado tener preferencia por encima de ninguna alma. Para todos hemos sido un amable compañero y un paciente y cariñoso amigo. En compañía de los pobres hemos buscado su amistad, y hemos sido sumisos y resignados en medio de los eminentes e ilustrados. Juro por Dios -¡por el Dios único y verdadero!- que aunque dolorosas han sido las aflicciones y sufrimientos que Nos han causado las manos del enemigo y el pueblo del Libro, éstas no son nada, comparadas con lo que Nos ha sucedido de manos de quienes dicen ser Nuestros amigos.
¿Qué más podemos decir? ¡El universo, si mirase con el ojo de la justicia, sería incapaz de cargar el peso de estas palabras! En los primeros días de Nuestra llegada a este país, al ver las señales de acontecimientos inminentes, decidimos retirarnos antes de que éstos se desataran. Nos fuimos al desierto, y allí, solo y apartado, llevamos durante dos años una vida de completa soledad. De Nuestros ojos caían lágrimas de angustia y en Nuestro corazón sangrante se agitaba un océano de dolor. Muchas noches no tuvimos alimento para subsistir y muchos días Nuestro cuerpo no encontró descanso. ¡Por Aquel Que tiene en Sus manos Mi existencia!, no obstante esta lluvia de aflicciones e incesantes calamidades, Nuestra alma estaba envuelta en gozosa alegría, y todo Nuestro ser mostraba indescriptible regocijo. En Nuestra soledad no sabíamos del daño ni del provecho, ni de la salud o enfermedad de ninguna alma. Sólo comulgábamos con Nuestro espíritu, ajeno al mundo y todo lo que hay en él. Sin embargo, no sabíamos que la red del destino divino supera las más vastas concepciones humanas, y el dardo de Su decreto excede los más osados planes del hombre. Nadie puede escapar a los lazos que Él tiende; ninguna alma encuentra liberación sino mediante la sumisión a Su voluntad. ¡Por la rectitud de Dios! Nuestro retiro no contemplaba regreso ni tenía Nuestra separación esperanza de reunión. El único propósito de Nuestro apartamiento era evitar llegar a ser objeto de discordia entre los fieles, fuente de disturbio para Nuestros compañeros, medio para dañar a alguna alma, o causa de dolor para algún corazón. Fuera de éstas no abrigábamos otra intención, y aparte de eso no teníamos en vista otro fin. Y, sin embargo, cada persona tramaba según su deseo y se guiaba por su propia ociosa fantasía, hasta el momento en que llegó de la Fuente Mística el llamado que Nos ordenaba regresar al lugar de donde habíamos venido. Renunciando a Nuestra voluntad por la Suya, Nos sometimos a Su mandato.
¿Qué pluma puede describir lo que vimos a Nuestro regreso? Han transcurrido dos años durante los cuales Nuestros enemigos, sin cesar y diligentemente, han tratado de exterminarnos, lo que todos testifican. No obstante, nadie de entre los fieles se levantó para prestarnos ayuda, ni ninguno se sintió dispuesto a rescatarnos. Es más, en lugar de ayudarnos, ¡qué lluvia de continuos pesares han dejado caer sobre Nuestra alma sus palabras y obras! En medio de todo esto, henos aquí dispuestos a entregar Nuestra vida, resignados enteramente a Su voluntad, fuera que por ventura, mediante la cariñosa bondad y gracia de Dios, esta Letra revelada y manifiesta pudiese entregar Su vida como sacrificio en el sendero del Punto Primordial, la exaltadísima Palabra. ¡Por Aquel por Cuyo mandato ha hablado el Espíritu!, si no fuera por este anhelo de Nuestra alma no Nos hubiéramos quedado ni un solo momento más en esta ciudad. "Dios es Testigo suficiente para Nos". Damos fin a Nuestro tema con estas palabras: "No hay poder ni fuerza sino sólo en Dios". "Somos de Dios y a Él regresaremos".
Quienes poseen un corazón para entender, quienes han bebido el Vino del amor y ni un solo momento han satisfecho sus deseos egoístas, verán las señales, testimonios y pruebas que atestiguan la verdad de esta Revelación maravillosa y de esta Fe trascendente y divina, resplandecientes como el sol en la gloria del mediodía. Piensa ahora cómo los hombres han rechazado la Belleza de Dios, aferrándose a sus deseos codiciosos. A pesar de todos estos acabados versículos y estas inequívocas alusiones que han sido reveladas en la "Más importante Revelación", que es el Depósito de Dios entre los hombres, y no obstante estas evidentes tradiciones, cada una de ellas más clara que las más explícitas palabras, los hombres han desatendido y rechazado su verdad, aferrándose a la letra de ciertas tradiciones que, conforme a su entendimiento, eran incompatibles con sus expectativas, y cuyo significado no han podido comprender. Han destruido así toda esperanza, privándose del vino puro del Todoglorioso, y de las aguas claras e incorruptibles de la inmortal Belleza.
Considera que hasta el año en que habría de manifestarse esa Quintaesencia de la Luz está específicamente consignado en las tradiciones; sin embargo, siguen desatentos, sin dejar un solo momento de ocuparse en sus deseos egoístas. Según la tradición, Mufa¤¤al preguntó a «ádiq: "¿Qué dirás del signo de Su manifestación, oh mi maestro?" Él respondió: "En el año sesenta, Su Causa será revelada y será Su Nombre proclamado".
¡Qué extraño!; a pesar de estas explícitas y claras referencias, estos hombres han rehuido la Verdad. Por ejemplo, se ha hecho mención en las tradiciones del pasado acerca del dolor, encarcelamiento y aflicciones causados a esa Esencia de la virtud divina. Está escrito en el "Biḥár": "En nuestro Qá'im estarán cuatro señales de cuatro Profetas: Moisés, Jesús, José y Muḥammad. La señal de Moisés es el temor y la espera; la señal de Jesús, lo que de Él se dijo; la señal de José, el encarcelamiento y la disimulación; y la señal de Muḥammad, la revelación de un Libro semejante al Qur'án". A pesar de esta concluyente tradición, que en lenguaje inequívoco prefigura los sucesos del presente día, no se encuentra nadie que haya prestado atención a esa profecía, y me parece que nadie lo hará en el futuro, excepto quien sea la voluntad de tu Señor. "Dios ciertamente hará escuchar a quienes sea Su voluntad, mas no haremos escuchar a aquellos que están en sus tumbas".
Te es evidente que las Aves del Cielo y las Palomas de la Eternidad hablan en doble lenguaje. Uno, el lenguaje exterior, está desprovisto de alusiones, y no es oculto ni velado, para servir de lámpara de guía y luz de orientación, para que los caminantes alcancen las alturas de la santidad y los buscadores entren en el reino de la reunión eterna. Tales son las tradiciones no veladas y claros versos ya mencionados. El otro lenguaje es velado y oculto, para que lo que se esconde en el corazón de los malévolos sea manifestado y se descubra lo más íntimo de su ser. Así «ádiq, hijo de Muḥammad, ha dicho: "Dios en verdad los probará y los tamizará". Ésta es la norma divina, ésta es la Piedra de Toque de Dios, con la cual Él somete a examen a Sus siervos. Nadie comprende el significado de estas palabras salvo aquellos cuyo corazón está seguro, cuya alma ha encontrado favor en Dios y cuya mente se ha separado de todo menos de Él. En tales palabras, el sentido literal, tal como lo entienden los hombres, no es lo que se ha querido decir. Así, se ha escrito: "Cada conocimiento tiene setenta significados, de los cuales sólo uno es conocido por la gente. Mas cuando aparezca el Qá'im, Él revelará a los hombres todo lo que resta". También Él dice: "Pronun-ciamos una palabra y con ella queremos decir uno y setenta significados; cada uno de estos significados podemos explicarlo".
Mencionamos estas cosas sólo para que la gente no se desconcierte al ver que ciertas tradiciones y palabras aún no se han cumplido literalmente, y más bien atribuya su perplejidad a su propia falta de comprensión y no al hecho de que no se hayan verificado las promesas contenidas en las tradiciones, ya que el sentido dado por los imanes de la Fe la gente no lo conoce, como lo prueban las tradiciones mismas. Por tanto, no deben los hombres permitir que semejantes palabras les priven de los divinos favores, sino más bien buscar ilustración en los Exponentes reconocidos de aquéllas, para que les sean descifrados y revelados los misterios ocultos.
Sin embargo, no vemos a nadie entre la gente de la Tierra que, con sincero anhelo por la Verdad, busque la guía de las Manifestaciones divinas en lo referente a materias abstrusas de su Fe. Son todos habitantes del país del olvido y seguidores todos del pueblo de la maldad y la rebelión. Dios en verdad les hará a ellos lo que hacen ellos mismos, y les olvidará como ellos han desconocido Su presencia en Su día. Así es Su decreto para quienes Le han negado, y así será para quienes han rechazado Sus signos.
Y terminamos Nuestra argumentación con Sus palabras -¡exaltado es Él!-: "Y a quien se apartare del recuerdo del Misericordioso, le ataremos un Satanás y él le será compañero fijo".112 "Y quien se alejare de Mi recuerdo, en verdad su vida será miserable".113
Así fue revelado en otro tiempo, ¡si pudieseis comprenderlo!
Revelado por la "Bá'" y la "Há'".114
¡La paz sea con aquel que da oídos a la melodía del Ave Mística que llama desde el Sadratu'l-Muntahá!
¡Alabado sea Nuestro Señor, el Altísimo!




GLOSARIO

'ABDU'LLÁH: Padre del Profeta Muḥammad. Pertenecía a la familia de Háshim, la tribu más noble del clan qurayshí de la raza árabe, descendiente directo de Ismael.
'ABDU'LLÁH-I-UBAYY: Destacado opositor de Muḥammad; llamado "Príncipe de los hipócritas".
ABRAHAM: (véanse Génesis 11:25 y Contestación a unas Preguntas, cap. 4). Es considerado por judíos, cristianos y musulmanes el Amigo de Dios, el Padre de los Fieles.
ABÚ-'ABDI'LLÁH: Título del sexto Imám, Jáfar-i-«ádiq (el Verídico), bisnieto de al-Æusayn. Murió en el año 765 d.C. envenenado por el califa abásí al-ManÐúr.
ABÚ'ÁMIR: Monje oponente de Muḥammad.
ABÚ-JAHL: Literalmente, "Padre de la Insensatez". Llamado así por los musulmanes. Fue enemigo implacable del Profeta.
'ALÍ: Yerno del Profeta y primero de los doce Imámes.
ALIF, LÁM, MÍM: Estas y otras letras inconexas encabezan veintinueve Súrihs del Qur'án.
AMALECITAS: Arrojados de Babilonia en los primeros tiempos, se dispersaron por Arabia hacia Palestina y Siria, hasta llegar a Egipto, país en el que crearon su propia dinastía.
AÑO SESENTA: Significa 1260 d.H., 1844 d.C., año de la Declaración del Báb.
ATHÍM: Pecador.
'AVÁLIM: Colección de tradiciones shí'ahs.
BÁB (EL): "Puerta". El título asumido por Siyyid 'Alí-Muḥammad, el Precursor de Bahá'u'lláh, y Profeta Fundador de la Fe Bábí.
Nació en Shíráz el 20 de octubre de 1819. Siyyid 'Alí-Muḥammad fue criado por Su tío Æájí Mírzá Siyyid 'Alí, quien era comerciante. Ya de pequeño mostró una sabiduría insólita a pesar de haber recibido muy poca formación escolar. Ejerció como comerciante, profesión en cuyo desempeño ganó una elevada reputación por Su justicia. En 1842 Se casó con Khadíjih-Bagum y tuvieron un hijo, Aḥmad, quien murió siendo aún niño. Siyyid 'Alí-Muḥammad declaró ser El Báb, o "Puerta de Dios", el 23 de mayo de 1844.
El Báb fue encarcelado en Máh-Kú por orden del gran visir de Muḥammad Sháh, Æájí Mírzá Áqásí. Más adelante el Báb fue trasladado a la prisión de Chihríq. En 1848 el Báb fue sometido a un juicio ante los teólogos musulmanes de Tabríz y fue castigado al bastinado. Mientras el Báb estaba encarcelado, un grupo de bábís se reunió en Badasht. Fue allí donde (r)áhirih, audazmente, rompió simbólicamente con el Islám apareciendo en público sin velo.
Entre los Escritos más importantes del Báb están el Qayyúmu'l-Asmá', el Bayán persa y el árabe, Dalá'il-i-Sab'ih y el Kitáb-i-Asmá'.
Los bahá'ís veneran al Báb como el Precursor o el Heraldo de Bahá'u'lláh, pero también como una Manifestación de Dios. El comienzo de la Era Bahá'í se cuenta desde el día de Su Declaración. La Declaración del Báb, Su nacimiento y el día de Su Martirio se consideran Días Sagrados bahá'ís en los que se suspende el trabajo.
BAGHDÁD: Fundada por el califa al-ManÐúr en el año 762 d.C. en el sitio ocupado por una aldea cristiana en la orilla oeste del Tigris. Durante 500 años fue sede del Gobierno abásí.
BAHÁ: [árabe] "Gloria". Título con el que fue designado Bahá'u'lláh.
BAHÁ'U'LLÁH: Profeta Fundador de la Fe Bahá'í y la Manifestación de Dios para este Día. Mírzá Æusayn-'Alí (Bahá'u'-lláh) nació el 12 de noviembre de 1817 en el seno de una noble familia de Núr en Mázindarán, Irán. Su madre era Khadíjih Khánum y Su padre Mírzá Buzurg-i-Vazír, cortesano. Bahá'u'lláh era descendiente del último rey de los Sásání: Yazdigird III.
En 1844 Bahá'u'lláh abrazaba la Fe del Báb. Pronto se significó como una de sus figuras más destacadas.
En 1853, a raíz de un atentado contra el Sháh llevado a cabo por dos bábís, Bahá'u'lláh fue encarcelado por cuatro meses en una prisión subterránea conocida como el Síyáh-Chál, en (r)ihrán. Fue allí donde recibió por primera vez la revelación de Dios.
Tras ser liberado, Bahá'u'lláh partió como desterrado a Baghdád. Las insidias de Su hermano Mírzá Yaḥyá fueron el motivo de que Bahá'u'lláh Se retirase voluntariamente a las montañas de Sulaymáníyyih por dos años.
En abril-mayo de 1863, Bahá'u'lláh declaró a Sus seguidores que Él era el prometido predicho por el Báb. La Fiesta de Ri¤ván se celebra como el más sagrado y más significativo de los Días Sagrados bahá'ís.
Debido a las intrigas del Gobierno persa, Bahá'u'lláh partió hacia Constantinopla y, poco después, fue desterrado a Adrianópolis, donde proclamó públicamente Su Misión mediante epístolas dirigidas a los reyes y los gobernantes del mundo, por las que les exhortaba a establecer la paz mundial, la justicia y la unidad.
A causa de la desleal conspiración de Mírzá Yaḥyá contra Bahá'u'lláh, las autoridades turcas condenaron a Bahá'u'lláh a cadena perpetua en la ciudad-prisión de 'Akká.
Allí sufrió durante dos años un estricto confinamiento, agravado por la trágica muerte de Su hijo Mírzá Mihdí. A pesar de los infortunios y el aislamiento, continuó Su proclamación a los gobernantes de la Tierra y la revelación de los principios básicos que traerían un nue-vo orden mundial basado en la unidad de la humanidad, la igualdad y la justicia.
Al suavizarse las condiciones de internamiento, Bahá'u'lláh y Su familia pudieron mudarse a la casa de 'Údí Khammár, donde Bahá'u'lláh reveló el Kitáb-i-Aqdas, el Libro de Leyes. En 1877 Bahá'u'lláh se estableció en la mansión de Mazra'ih, donde residió dos años. Finalmente fijó su morada en la mansión de Bahjí, donde falleció, a la edad de setenta y cuatro años, el 29 de mayo de 1892. En Su Testamento, Bahá'u'lláh nombró a Su hijo mayor, 'Abdu'l-Bahá, como Su sucesor e Intérprete autorizado de Sus enseñanzas.
Los Escritos de Bahá'u'lláh son considerados por los bahá'ís revelación de Dios. Hasta el momento han sido reunidas unas 15.000 Tablas Suyas. Entre sus obras mayores figuran: El Libro Más Sagrado (Kitáb-i-Aqdas), Las Palabras Ocultas (Kalimát-i-Maknúnih), El Libro de la Certeza (Kitáb-i-Íqán), Los Siete Valles, Los Cuatro Valles, el Sú-rih de los reyes (Súriy-i-Mulúk), las Tablas a los reyes y a los gobernantes, la Tabla de la Rama (Súriy-i-GhuÐn), La Tabla de la Sabiduría (Lawḥ-i-Æikmat), La Tabla de la Prueba (Lawḥ-i-Burhán), La Tabla del Mundo (Lawḥ-i-Dunyá), Las Palabras del Paraíso (Kalimát-i-Firdawsíyyih), Buenas Nuevas (Bishárát), Ornamentos ((r)arázát), Efulgencias (Tajallíyát), Esplendor (Ishráqát), La Tabla del Carmelo (Lawḥ-i-Karmil) y Epístola al Hijo del Lobo.
BANÍ-HÁSHIM: Familia a la que pertenecía Muḥammad.
BA(r)ÆÁ: La Meca.
BAYÁN: [árabe] Explicación, exposición o expresión.
El Bayán persa es la mayor obra doctrinal del Báb, descrita por Shoghi Effendi en estos términos: "depósito de leyes y preceptos de la nueva Dispensación y el tesoro que encierra la mayoría de las referencias y tributos del Báb, además de Sus avisos referentes a 'Aquel Que Dios hará manifiesto'". Revelado en la fortaleza de Máh-Kú, el Bayán persa comprende unos 8.000 versículos y está dividido en nueve partes llamadas Váḥids, de diecinueve capítulos cada una, salvo el último Váḥid, que consta de diez capítulos. El libro, ha escrito Shoghi Effendi, "debe ser considerado principalmente como un elogio del Prometido, más que como un código de leyes y ordenanzas destinadas a servir de guía permanente de futuras generaciones." En el tercer Váḥid, el Báb hace referencia específica al nombre del Prometido y anticipa Su Orden Mundial: "Bienaventurado es aquel que fija su mirada en el Orden de Bahá'u'lláh y da gracias a su Señor. Pues Él, sin duda, será manifiesto. De hecho, Dios lo ha ordenado irrevocablemente en el Bayán." Esta declaración, según Shoghi Effendi, merece ser considerada como una de las más significativas registradas en cualquiera de los Escritos del Báb.
El Bayán árabe es una obra "menor y de menos peso" del Báb, revelado en el fuerte de Chihríq durante los últimos meses de Su vida.
El término Bayán también se refiere a la Revelación del Báb como ha sido registrado en Sus Escritos.
BIÆÁR: Referencia a una tradición shí'ah.
BIÆÁRU'L-ANVÁR: Recopilación de tradiciones shí'ahs.

CAIFÁS: Sumo sacerdote judío que presidió el tribunal que procesó y condenó a Jesús.
CAÍN Y ABEL: Los dos hijos de Adán y Eva (véanse Génesis 4 y Qur'án, Súrih 5).
CALIFAS: Literalmente, "sucesores" o "vicarios". Los shí'ahs sostienen que los sucesores del Profeta deben ser miembros de Su propia familia, pero no usan el título de califa. El sultán de Turquía adoptó este título a comienzos del siglo XVI.
COPTO: Los coptos eran descendientes de los antiguos egipcios. Los "septs" eran las tribus de Israel.

DISPENSACIÓN: Período en que prevalece un sistema religioso.

ELIXIR DIVINO: Referencia simbólica al elixir de los alquimistas, que presuntamente transformaba metales no preciosos en oro y, en sentido espiritual, proporciona "poder celestial".

FARAÓN: Título común de los reyes de Egipto. Se sostiene corrientemente que el faraón opresor fue Ramsés II (alrededor de 1340 a.C.), y que su hijo y sucesor Merenptah fue el Faraón del Éxodo.
FÁ(r)IMIH: Hija de Muḥammad y Khadíjih. Se casó con 'Alí, primo de Muḥammad, y tuvo tres hijos. Uno murió en la infancia. De los otros dos, Æasan y Æusayn, arrancan los descendientes de Muḥammad conocidos como Siyyides.
FÉNIX: Ave legendaria que vive sola y que, presa de las llamas por propia voluntad, vuelve a resurgir de entre sus cenizas.

GABRIEL: El más alto de todos los ángeles, el Espíritu Santo. Su deber es registrar los decretos de Dios. A través de él fue revelado a Muḥammad el Qur'án.

HÁ: La letra H de los alfabetos árabe y persa. En la numeración abjad equivale al número 5, y es idéntico al valor numérico de "Báb"; a veces se usa como símbolo de Bahá'u'lláh. Véase Los Cuatro Valles.
ÆÁJÍ MÍRZÁ KARÍM KHÁN: Un shaykhí que hacía alarde de sabiduría en su libro Guía para los ignorantes (Irshádu'l-'Avám).
ÆAMZIH: "Príncipe de los Mártires", título otorgado al tío de Mu-ḥammad.
HERODES: Herodes I ("el Grande"). Idumeo de raza, pero criado como judío. Designado por el Senado romano como rey de Judea en el año 40 a.C. Reconstruyó el Templo de Jerusalén.
ÆIJÁZ: Región de Arabia sudoccidental y tierra santa de los musulmanes, ya que comprende las ciudades sagradas de Medina y La Meca y muchos otros lugares relacionados con la vida de Muḥammad. La "lengua de Æijáz" es el árabe.
HÚD: Profeta enviado a la tribu de 'Ad. Fue descendiente de Noé y es mencionado en el Qur'án en el Súrih 7, 63-70; 11, 52-63; y 26, 123-139.
ÆUSAYN: Tercer Imám. Hijo de 'Alí y de Fá¶imih.

IBN-I-SÚRÍYÁ: Docto rabino judío del tiempo de Muḥammad.
IMÁM 'ALÍ: Primo de Muḥammad y primer discípulo suyo; esposo de la hija de Muḥammad, Fá¶imih, y, a través de su hijo Æusayn, antepasado de Siyyid 'Alí Muḥammad, el Báb.
'IMRÁN: Padre de Moisés y Aarón (Qur'án, Súrih, 3, 30 y Éxodo 6, 20).
'IRÁQ: En 1862 parte del Imperio Turco, fecha en que fue revelado el Kitáb-i-Íqán. Capital, Baghdád. "Acentos de 'Iráq": el idioma persa.

JOSÉ: Hijo de Jacob; en el Qur'án aparece como Profeta inspirado.

KA'B-IBN-I-ASHRAF: Conspiró, junto con el archienemigo del Profeta, Abu-Soyyan, para urdir la muerte del Profeta.
KA'BIH: La Caaba; literalmente, "cubo". Edificio de forma cúbica situado en el centro de la Gran Mezquita de La Meca; contiene la Sagrada Piedra Negra. Es el Qiblih (punto de adoración) del Islám y el objeto de peregrinaje para los musulmanes. En los Escritos bahá'ís este término se usa metafóricamente y se refiere a Bahá'u'lláh.
KÁFÍ: Importante colección de tradiciones shí'ahs. Jábir es la autoridad en que se apoya la cita de la pág. 150.
KARBILÁ: Ciudad-Santuario del Imám Æusayn en 'Iráq y lugar de su martirio. Está situada a orillas del Éufrates, aproximadamente a 90 km. al sudoeste de Baghdád. Lugar de peregrinación de los shí'ahs.
KARÍM: Honorable.
KAWTHAR: [árabe( "Abundancia". Río del Paraíso, del cual proceden todos los demás ríos. Una parte de sus aguas va a dar a un gran lago en cuyas orillas van a descansar las almas de los fieles tras el terrible puente que se sitúa por encima del centro del Infierno. De acuerdo con la tradición islámica, el lago o río del Paraíso que Muḥammad vio en Su místico viaje nocturno.
KHAYBAR: Distrito montañoso en la frontera noroccidental de la India.
KÚFIH: Ciudad en el margen occidental del Éufrates, actualmente en ruinas.

LETRAS DE LA UNIDAD: Apóstoles del Profeta.
LEVIATÁN: Monstruo acuático no identificado. Quizá una ballena o serpiente.

MADIÁN: Ciudad y distrito a orillas del mar Rojo, al sudeste del monte Sinaí; ocupado por los descendientes de Madián, hijo de Abraham y Queturá (véanse Génesis 25; Qur'án: Súrih 7, 83).
MAGOS: Casta de sacerdotes y sabios entre los antiguos persas.
MANIFESTACIÓN: La naturaleza de un profeta o de la Manifestación de Dios es descrita así en Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh (págs. 51-52): "Y puesto que no puede haber un lazo de comunicación directa que una al Dios único y verdadero con Su creación, y puesto que ninguna semejanza puede existir entre lo transitorio y lo eterno, lo contingente y lo absoluto, Él ha ordenado que en cada edad y dispensación un Alma pura e inmaculada se haga manifiesta en los reinos de la tierra y del cielo... Estas Esencias del Desprendimiento, estas Realidades resplandecientes son los canales de la gracia de Dios que todo lo llena. Conducidos por la luz de indefectible guía, e investidos con soberanía suprema, son comisionados para usar la inspiración de sus palabras, las efusiones de su infalible gracia y la brisa santificadora de su Revelación para limpiar, de todo corazón anhelante y de todo espíritu receptivo, la escoria y polvo de las preocupaciones y limitaciones terrenales".
MECA (LA): Capital de Arabia, lugar donde nació Muḥammad. En ella se encuentra la Ka'bih, el lugar más sagrado del Islám.
MEDINA: Literalmente, "la Ciudad", así llamada por haber dado asilo a Muḥammad. Anteriormente su nombre era Yathrib. Lugar donde está enterrado Muḥammad. En santidad sólo es superada por La Meca.
"MI'RÁJ": [árabe( La Ascensión de Muḥammad, la visión mística de Su viaje nocturno, en el que fue transportado desde La Meca a Jerusalén y donde Le fueron enseñados los Signos de Dios.
MOISÉS: Según los musulmanes, uno de los seis grandes profetas. Véase Éxodo 4,16, donde Dios dice a Moisés: "Tú serás Dios para él"; y Éxodo 7,1: "Te he puesto como Dios para el Faraón". Moisés guió el éxodo de Egipto, acontecimiento fechado en torno a 1440 a.C.
MUFAææAL: Alusión a una tradición shí'ah.
MUÆAMMAD (Mahoma): Profeta del Islám y Revelador del Qur'án. Nacido en agosto del año 570 d.C. Declaró su Misión en el año 613; huyó a Medina el año 622 d.C. Véase Contestación a unas preguntas, cap. 7. Anunciado por Moisés, Deut. 18, 15; y por Juan el Teólogo, Ap. 11 (véase Contestación a unas preguntas, cap. 11).
MULLÁ 'ABDU'L-KHÁLIQ-I-YAZDÍ: Fue primero sacerdote judío, aceptó el Islám incorporándose a la Escuela Shaykhí, y fue convertido a la fe bábí por Mullá Æusayn.
MULLÁ 'ALÍY-I-BARAQÁNÍ: Tío de (r)áhirih, uno de los miembros más eruditos y famosos de la comunidad shaykhí. Luego de convertirse a la fe bábí, llegó a ser en (r)ihrán uno de sus más activos y capaces expositores.
MULLÁ 'ALÍY-I-BAS(r)ÁMÍ: Una de las Letras del Viviente. Enviado por el Báb en misión especial desde Shíráz en 1844, fue el primero en sufrir y dar la vida en el sendero de esta nueva Fe.
MULLÁ BÁQIR: Hermano de Mullá Mihdíy-i-Kandí, martirizado en (r)abarsí.
MULLÁ ÆUSAYN: El primero en creer en el Báb, la primera "Letra del Viviente", el "Bábu'l-Báb", que significa "la Puerta de la Puerta", título que le confirió el Báb. Nacido en 1813, fue durante nueve años discípulo de Siyyid Ká1/2im, y durante nueve años seguidor del Báb. Fue martirizado en el fuerte de Shaykh (r)abarsí el 2 de febrero de 1849.
MULLÁ MIHDÍY-I-KHÚ'Í: Compañero cercano de Bahá'u'lláh y maestro de los niños de Su casa. Martirizado en (r)abarsí.
MULLÁ MUÆAMMAD 'ALÍY-I-ZANJÁNÍ: "Uno de los más capaces y más formidables campeones de la Fe" (Dios Pasa, pág. 44), adalid de los bábíes en lo que Lord Curzon llamó "el espantoso sitio y matanza" de Zanján, donde fue martirizado junto con 1.800 condiscípulos. El Báb le dio la denominación de Æujjat-i-Zanjání.
MULLÁ NI'MATU'LLÁH-I-MÁZINDARÁNÍ: Creyente bábí martirizado en Shaykh (r)abarsí.
MULLÁ YÚSUF-I-ARDIBÍLÍ: "Letra del Viviente"; martirizado en Shaykh (r)abarsí.
MUSTAGHÁTH: Literalmente, "Aquel que es invocado". Se refiere a la aparición de Bahá'u'lláh en el tiempo anunciado por el Báb. El Báb había fijado el límite de tiempo para la venida del Prometido como Mustagháth, cuyo valor numérico, en el sistema abjad, es 2.001.

NABUCODONOSOR: Rey de Babilonia. En el año 599 a.C. tomó la ciudad de Jerusalén y en el 588 la destruyó, trasladando a Caldea a la mayoría de sus habitantes.
NADR-IBN-I-ÆÁRITH: Enemigo de Muḥammad.
NIMROD: En los comentarios islámicos se le representa como perseguidor de Abraham.
NOÉ: Profeta a quien los musulmanes dan el título de "el Profeta de Dios" (véanse Gén. 6, 10 y Qur'án, Súrihs 11, 71, donde se relata Su vida y el Diluvio).
NUBDIH (ORACIÓN DE): Lamentación escrita por el Imám 'Alí.

PARAÍSO: Jardín celestial; estado de bienaventuranza. La Manifestación es "El Ruiseñor del Paraíso"; Su Revelación, "el susurro de las hojas del Paraíso"; "El amor de Dios" es en sí mismo el Paraíso.
PÁRÁN: Párán es una cadena de montañas situadas al norte del Sinaí y al sur de Seir; todas ellas consagradas como lugares de revelación. Temán queda al noroeste de Edom, no lejos de Párán. Véase Hab. 3, 3. Moisés usa "Párán" refiriéndose en especial a Muḥammad, y "Seir" refiriéndose a Jesucristo: "Dijo: El Señor vino de Sinaí, y de Seir salió a ellos; resplandeció desde la montaña de Párán, y vino con diez mil santos; con ley de fuego en Su diestra para ellos" (Deut. 33, 2). Aquí predice Moisés la venida de tres revelaciones y tres profetas, siendo el último de ellos Bahá'u'lláh. Ismael (Gén. 21, 21) es considerado padre de los pueblos árabes, establecidos en Parán.
PENTATEUCO: Literalmente "el quíntuple volumen"; se refiere a los cinco primeros libros de la Biblia.
PROLACIÓN: Acto consistente en proferir, pronunciar o expresar algo. Es sinónimo de "palabra" y, por extensión, "palabra creativa".
PIEDRA FILOSOFAL: Sustancia que buscaban antiguamente los alquimistas para transmutar mediante ella metales no preciosos en oro. En sentido espiritual, gracias a su operación el alma adquiere la naturaleza divina.

QÁ'IM: El prometido del Islám.
QAYYÚMU'L-ASMÁ': Comentario al Súrih de José del Qur'án, escrito por el Báb en 1844, cuyo primer capítulo fue revelado en presencia de Mullá Æusayn en la noche del 22 de mayo de 1844. Según Bahá'u'lláh, el Qayyúmu'l-Asmá' fue el primero, el más grande y el más poderoso de todos los libros del Báb.
Escrito en árabe, el Qayyúmu'l-Asmá' se compone de más de 9.300 versos, divididos en 111 capítulos, cada uno de los cuales es un comentario sobre el Súrih de José. Su propósito fundamental, ha escrito Shoghi Effendi, "era pronosticar lo que el verdadero José (Bahá'u'lláh), en una Dispensación posterior, padecería a manos de quien sería Su archienemigo y al mismo tiempo hermano carnal".
Los bábís consideran el Qayyúmu'l-Asmá' libro sagrado. (Véase Dios Pasa, pág. 23, para un esbozo de su contenido.)
QIBLIH (alquibla): Dirección hacia la que debe volverse el rostro durante la oración. El Qur'án, Súrih 2, 136-145, establece La Meca como Qiblih de los musulmanes.
QUINTAESENCIA: Supuesta quinta "esencia del cielo", que se suma a los cuatro elementos de la tierra; por lo tanto, última o más alta esencia de algo.
QUR'ÁN: El Qur'án (en árabe, "recitación"), sagrada escritura de la fe musulmana, fue revelado por Muḥammad. Sus versículos están reunidos en capítulos llamados Súrihs. Contiene 77.974 palabras y es ligeramente mayor que el Nuevo Testamento; fue compuesto en el transcurso de 21 años. El libro completo no fue recopilado hasta después de la muerte del Profeta; pero se cree que Él mismo dividió los Súrihs y dio a la mayoría de ellos sus títulos actuales.

RAYY: Antigua ciudad cerca de la cual se fundó (r)ihrán.
RIæVÁN: Nombre del guardián del Paraíso. Bahá'u'lláh lo usa para designar el Paraíso mismo.
RIK'ATES: Postraciones.
RÚZ-BIH: Persa que abrazó el cristianismo. Habiendo escuchado que un Profeta iba a aparecer en Arabia, viajó allá y conoció a Muḥammad en Koba, en Su huida a Medina. Reconoció Su posición y abrazó el Islám.

SABÁ: Ciudad de Arabia meridional, citada en Génesis 10, 28; I Reyes; II Crónicas 9. Simbólicamente significa morada, hogar.
«ÁDIQ: Sexto de los Imámes shí'ahs.
SADRATU'L-MUNTAHÁ: Nombre de un árbol que los árabes plantaban antiguamente al final de un camino para que sirviera de guía. Como símbolo denota a la Manifestación de Dios en Su Día. En los Escritos bahá'ís, un símbolo de la Manifestación de Dios, el "Árbol más allá del cual ni los hombres ni los ángeles pueden pasar"; específicamente, Bahá'u'lláh. Algunas veces es denominado el Divino o Sagrado Árbol del Loto. "Árboles de Loto Gemelos": el Báb y Bahá'u'lláh.
SADRIH: Literalmente, "Rama".
«ÁLIÆ: Profeta de Dios que apareció antes que Abraham y que fue enviado a la tribu de Thamúd en Arabia. Exhortó a las gentes a creer en Dios y dejar de adorar ídolos, advirtiéndoles que si no respondían a este mensaje serían sorprendidas por una calamidad y castigadas por Dios. Llegada la hora, un terremoto aniquiló a toda la tribu excepto a «áliḥ y sus seguidores. Se le menciona en el Qur'án, Súrih 7, 71-77. Algunos comentaristas lo identifican con el Sala de Génesis 11, 13.
SALSABÍL: Literalmente, "que fluye suavemente". Fuente del Paraíso.
SÁMIRÍ: Mago empleado por el Faraón como rival de Moisés. Según los musulmanes, fue él, y no Aarón, quien erigió el becerro de oro.
"SELLO DE LOS PROFETAS": Uno de los títulos de Muḥammad.
SHAYKH AÆMAD: Primero de los dos precursores del Báb; nacido en 1753 a.C., fundador de la Escuela Shaykhí y autor de 96 obras. Murió en 1831.
SHÍ'AH: (Shí'ahs). El problema de la sucesión divide al Islám generalmente en dos escuelas de opinión. Según una de ellas, representada principalmente por los shí'ahs, la regencia es un asunto espiritual que determina el Profeta y quienes Le suceden; según la otra escuela, la de los sunníes, la sucesión se determina por elección popular. El califa de los sunníes es el Defensor externo y visible de la Fe. El Imám shí'ah es divinamente designado y está dotado con sabiduría y autoridad sobrehumanas.
SHOEB: Sacerdote de Madián (Éxodo 2, 16-21). Moisés desposó a su hija con él; Éxodo 18 le da el nombre de Jetró.
SHÍRÁZ: Capital de la provincia de Fars en Persia; lugar de nacimiento del Báb y escenario de Su Declaración en 1844.
SINAÍ: Montaña donde Dios dio a Moisés la Ley. (Qur'án, Súrih 7, 139, y Éxodo 19.)
«IRÁ(r): Literalmente, "Puente" o "Sendero"; denota la religión de Dios.
SIYYID ÆUSAYN-I-TURSHÍZÍ: Un mujtahid, uno de los Siete Mártires de (r)ihrán.
SIYYID KÁ»IM: Principal discípulo de Shaykh Aḥmad y sucesor suyo. Æusayn y otros distinguidos bábíes estaban entre sus alumnos. Murió el 31 de diciembre de 1843.
SIYYID YAÆYÁ (SIYYID YAÆYÁ-I-DÁRÁBÍ), llamado VAHÍD: Distinguido sacerdote de gran erudición que abrazó la fe bábí y fue martirizado después del sitio de Nayríz el 29 de junio de 1850, diez días antes de la muerte del Báb.
«ÚFÍES: Orden de místicos musulmanes.
SÚRIH: Línea o hilada, como de ladrillos en una muralla. Término usado exclusivamente para los capítulos del Qur'án, de los cuales hay ciento catorce.

TABLA: Término que designa una epístola sagrada que contiene texto revelado. Se menciona en el Qur'án, Súrih 7, 142, que Dios dio la Ley a Moisés en tablas: "Y le escribimos en tablas (alwáḥ, plural de lawḥ) advertencias sobre todo asunto".
(r)Á: (Tierra de): Provincia de (r)ihrán.
THAMÚD: Tribu de un antiguo pueblo camítico que habitaba las orillas del Edom y que vivía en cuevas. Fueron casi exterminados por Quedorlaomer, el conquistador elamita. Los sobrevivientes huyeron al monte Seir, donde habitaban en el tiempo de Isaac y Jacob.
TRADICIONES: Relato autorizado de palabras inspiradas y hechos del Profeta que se añade a la revelación contenida en el Qur'án.

'URVATU'L-VUTHQÁ: [árabe( El "Asidero Seguro". 'Abdu'l-Bahá ha escrito: "Sabed que el 'Asidero Seguro' mencionado, desde la fundación del mundo, en los Libros, Tablas y Escrituras de la antigüedad no es sino el Convenio y el Testamento."

VOLUNTAD PRIMORDIAL: "La primera cosa que emanó de Dios es aquella realidad universal... que el pueblo de Bahá llama 'la Voluntad Original", (Contestación a unas preguntas, cap. 53.)

YAÆYÁ: Juan, el precursor de Jesucristo. Fue decapitado por Herodes.
YANBÚ: Recopilación de tradiciones shí'ahs.
YATHRIB: Nombre antiguo de la ciudad que pasó a ser Medinat-un-Nabí, la Ciudad del Profeta, o brevemente Medina; la ciudad por excelencia.

ZAQQÚM: Árbol situado en las Regiones del Infierno.
ZÍYÁRAT: Tabla de visitación revelada por el Imám 'Alí.


NOTAS

PRIMERA PARTE

1. Qur'án 36:30.
2. Qur'án 40:5.
3. Qur'án 11:38.
4. Qur'án 71:26.
5. Qur'án 29:2.
6. Qur'án 35:39.
7. Qur'án 11:61, 62.
8. Abraham.
9. Qur'án 40:28.
10. Qur'án 2:87.
11. Qur'án 3:70.
12. Qur'án 3:71.
13. Qur'án 3:99.
14. Qur'án 3:7.
15. Qur'án 76:9.
16. Qur'án 5:117.
17. Qur'án 14:24.
18. La palabra griega (Thlipsis) tiene dos significados: "presión" y "opresión".
19. Mateo 24:29-31.
20. El pasaje es citado por Bahá'u'lláh en árabe y luego interpretado en persa.
21. Lucas 21:33.
22. "Lamentación" escrita por el Imám 'Alí.
23. Qur'án 55:5.
24. Qur'án 67:2.
25. Qur'án 76:5.
26. Qur'án 6:91.
27. Qur'án 41:30.
28. Qur'án 70:40.
29. Qur'án 82:1.
30. Qur'án 14:48.
31. Qur'án 39:67.
32. Alquibla, dirección en que se vuelve el rostro al orar.
33. Meca.
34. Medina.
35. Qur'án 2:144.
36. Postraciones.
37. En Meca; Qur'án 2:149.
38. Qur'án 2:115.
39. Qur'án 2:143.
40. Qur'án 74:50.
41. Qur'án 28:20.
42. Qur'án 26:19.
43. Qur'án 19:22.
44. Qur'án 19:28.
45. Mateo 2:2.
46. Qur'án 3:39.
47. Mateo 3:1-2.
48. Shaykh Aḥmad-i-Aḥsá'í y Siyyid Ká1/2im-i-Rashtí.
49. Qur'án 55:29.
50. Qur'án 51:22.
51. Qur'án 55:56.
52. Qur'án 2:87.
53. Qur'án 25:25.
54. Qur'án 25:7.
55. Qur'án 2:210.
56. Qur'án 44:10.
57. Qur'án 3:119.
58. El sexto Imám de los shí'ahs.
59. Qur'án 25:7.
60. Qur'án 4:45.
61. Qur'án 2:75.
62. Qur'án 2:79.
63. Qur'án 24:35.
64. Qur'án 9:33.
65. Qur'án 29:51.
66. Qur'án 2:176.


SEGUNDA PARTE

1. Qur'án 6:103.
2. Qur'án 3:28.
3. Qur'án 41:53.
4. Qur'án 51:21.
5. Qur'án 59:19.
6. Qur'án 2:253.
7. Qur'án 7:145.
8. Qur'án 6:35.
9. Isaías 65:25.
10. Qur'án 7:178.
11. Qur'án 11:7.
12. Qur'án 13:5.
13. Qur'án 50:15.
14. Qur'án 50:20.
15. Qur'án 17:51.
16. Juan 3:7.
17. Juan 3:5-6.
18. Qur'án 7:178.
19. Lucas 9:60.
20. Título del tío de Muḥammad.
21. Qur'án 6:122.
22. Qur'án 37:173.
23. Qur'án 9:33.
24. Qur'án 11:18.
25. Qur'án 35:15.
26. Marcos 2:3-12.
27. Qur'án 6:91.
28. Qur'án 15:72.
29. Qur'án 5:67.
30. Qur'án 48:10.
31. Qur'án 29:23.
32. Qur'án 2:46.
33. Qur'án 2:249.
34. Qur'án 18:111.
35. Qur'án 13:2.
36. Qur'án 17:44.
37. Qur'án 78:29.
38. Qur'án 57:3.
39. Qur'án 2:210.
40. Qur'án 28:5.
41. Qur'án 13:41.
42. Qur'án 3:183.
43. Qur'án 3:182.
44. Qur'án 2:89.
45. Qur'án 2:285.
46. Qur'án 54:50.
47. Qur'án 43:22.
48. El Báb.
49. Qur'án 2:19.
50. Qur'án 36:20.
51. Imám 'Alí.
52. Qur'án 2:85.
53. Qur'án 33:40.
54. Qur'án 6:103.
55. Qur'án 16:61.
56. Qur'án 21:23.
57. Qur'án 55:39.
58. Qur'án 55:41.
59. Baghdád.
60. Qur'án 10:25.
61. Qur'án 6:127.
62. Qur'án 2:136.
63. Qur'án 2:253.
64. Qur'án 8:17.
65. Qur'án 48:10.
66. Qur'án 33:40.
67. Qur'án 2:189.
68. Qur'án 17:85.
69. Æájí Mírzá Karím Khán.
70. Guía para los ignorantes.
71. Ascensión.
72. Árbol infernal.
73. Pecador o pecaminoso; Qur'án 44:43-44.
74. Honorable; Qur'án 44:49.
75. Qur'án 6:59.
76. Mago contemporáneo de Moisés.
77. Qur'án 7:57.
78. Qur'án 16:43.
79. Qur'án 29:69.
80. Ibídem.
81. Año 1260 d.H., que es el año de la Declaración del Báb.
82. Qur'án 2:1.
83. Qur'án 2:23.
84. Qur'án 45:5.
85. Qur'án 45:6.
86. Qur'án 45:8.
87. Qur'án 26:187.
88. Qur'án 8:32.
89. Qur'án 45:24.
90. Qur'án 29:23.
91. Qur'án 37:36.
92. Qur'án 40:34.
93. Qur'án 3:7.
94. Qur'án 45:22.
95. Qur'án 38:67.
96. Qur'án 34:43.
97. Qur'án 5:62.
98. Qur'án 6:7.
99. Qur'án 2:148.
100. Qur'án 11:27.
101. Imám Æusayn.
102. Qur'án 26:227.
103. Qur'án 2:94.
104. Qur'án 34:13.
105. Qur'án 59:2.
106. Aquel Que es invocado.
107. Qur'án 11:113.
108. Qur'án 54:6.
109. Tabla de Visitación revelada por 'Alí.
110. Qur'án 25:44.
111. Antigua ciudad cerca de la cual se construyó Tihrán.
112. Qur'án 43:36.
113. Qur'án 20:124.
114. B y H, que significan Bahá.

EL KITÁB-I-ÍQÁN

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Das Buch der Gewissheit á Bahá’u’lláh á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 5.01 (O-2021-05-22)

Das Buch der Gewissheit
Bahá’u’lláh

Vorwort

Dies ist ein weiterer Versuch – wenn auch in unzulänglicher Sprache – der westlichen Welt ein Buch vorzustellen, das unter den Schriften des Autors der Bahá’í-Offenbarung einen beispiellosen Rang einnimmt. Damit verbunden ist die Hoffnung, dass es anderen hilft, sich dem Ziel anzunähern, das für alle Zeit als unerreichbar anzusehen ist: eine angemessene Übersetzung der unvergleichlichen Äußerungen Bahá’u‘lláhs.
– Shoghi

Erster Teil

Im Namen Unseres Herrn, des Erhabenen, des Höchsten.
Niemand vermag die Küsten des Meeres wahrer Erkenntnis zu erreichen, ehe er sich nicht freimacht von allem im Himmel und auf Erden. Heiligt eure Seelen, o Völker der Welt, auf dass ihr die Stufe erlangt, die Gott euch bestimmt hat, und in das HeiligtumA1 eintretet, das nach dem Walten der Vorsehung am Himmel des Bayán errichtet ward.
Das ist der Sinn dieser Worte: Wer auf dem Pfade des Glaubens wandelt, wer nach dem Weine der Gewissheit schmachtet, muss sich läutern von allem, was irdisch ist – sein Ohr von leerem Geschwätz, sein Gemüt von eitlem Trug, sein Herz von der Liebe zur Welt, sein Auge von allem Vergänglichen. Auf Gott muss er bauen, an Ihn sich halten und auf Seinem Wege wandeln. Dann wird er würdig sein, dass ihm in ihrer Glorie die Sonne göttlicher Erkenntnis und Einsicht strahle und er zum Gefäße werde für nie geschaute, unendliche Gnaden. Denn nie darf ein Mensch hoffen, zur Erkenntnis des Allherrlichen zu gelangen, nie kann er vom Strome göttlicher Erkenntnis und Weisheit trinken, nie kann er in den Wohnsitz der Unsterblichkeit eingehen noch teilhaben am Kelche göttlicher Nähe und Gunst – es sei denn, er lasse davon ab, die Worte und Werke sterblicher Menschen zum Maßstab wahren Erfassens und Erkennens Gottes und Seiner Propheten zu nehmen.
Schaut in die Vergangenheit! Wie viele, hoch und niedrig, haben zu allen Zeiten sehnlich auf das Erscheinen der Manifestationen Gottes in den geheiligten Gestalten Seiner Erwählten gewartet. Wie oft haben sie Seiner Ankunft geharrt, wie haben sie immer wieder darum gefleht, der Hauch göttlichen Erbarmens möge wehen, die verheißene Schönheit hinter dem Schleier der Verborgenheit hervortreten und aller Welt offenbar werden. Doch wann immer die Tore der Gnade sich öffneten, die Wolken göttlicher Freigebigkeit sich auf die Menschheit ergossen und das Licht des Ungeschauten am Horizont himmlischer Macht aufleuchtete, haben Ihn alle verleugnet und sich von Seinem Antlitz, Gottes eigenem Antlitz, abgewandt. Schlagt nach, um die Wahrheit dieser Worte zu belegen, wie sie in allen heiligen Büchern verzeichnet steht.
Und nun denket eine Weile darüber nach, was wohl der Grund war, dass sie, die Ihn doch voll Sehnsucht und Eifer suchten, Ihn derart abwiesen? Ihre Angriffe waren heftiger als Feder oder Zunge schildern können. Nicht eine Manifestation der Heiligkeit ist erschienen, die nicht von den Menschen abgelehnt, verleugnet und heftig angefeindet worden wäre. So ist offenbart: »O welch ein Elend unter den Menschen! Kein Bote kommt zu ihnen, den sie nicht verspotteten.«Q1 – Und wiederum spricht Er: »Ein jedes Volk verschwor sich finster gegen seinen Boten, um Ihn zu greifen, und stritt mit eitlen Worten, die Wahrheit zu entkräften.«Q2
Und ähnliche Worte, die sich dem gewöhnlichen Begreifen der Menschen entziehen, sind ohne Zahl dem Quell der Macht entströmt und vom Himmel der Herrlichkeit herabgekommen. Denen, die von wahrem Verstehen und Erkennen ergriffen sind, wird die Súrih HúdA2 sicherlich genügen. Lasst ihre heiligen Worte eine Weile in eurem Herzen wirken und sucht in äußerster Loslösung ihren Sinn zu erfassen. Prüfet die wundervolle Haltung der Propheten und ruft euch die Schmähungen und Verleugnungen der Kinder der Verneinung und des Irrtums ins Gedächtnis, vielleicht, dass ihr dann den Vogel des Menschenherzens sich aufschwingen lasst von den Stätten der Achtlosigkeit und des Zweifels zum Neste des Glaubens und der Gewissheit, auf dass er tief aus den Wassern altehrwürdiger Weisheit trinke und von der Frucht des Baumes göttlicher Erkenntnis koste. Dies ist der Anteil der im Herzen Reinen an dem Brote, das aus den Reichen der Ewigkeit und Heiligkeit herabgekommen ist.
Wenn ihr einmal all die Schmach kennenlernt, die auf die Propheten Gottes geladen wurde, wenn ihr die wahren Gründe all der Einwände begreift, die ihre Unterdrücker gegen sie vorbrachten, dann werdet ihr wahrlich die Bedeutung ihrer Lage richtig würdigen. Und je genauer ihr die Ablehnung derer untersucht, die sich den Offenbarern göttlicher Attribute widersetzt haben, desto fester wird euer Glaube an die Sache Gottes werden. Darum soll in dieser Schrift kurz auf die verschiedenen Berichte über die Propheten Gottes eingegangen werden, damit sie Zeugnis ablegen für die Wahrheit, dass die Offenbarer der Macht und Herrlichkeit zu allen Zeiten so schändlichen Grausamkeiten unterworfen waren, dass keine Feder dies zu schildern wagt. Vielleicht, dass dadurch manch einer fähig werde, sich nicht mehr vom Geschrei und Protest der Geistlichen und Toren unserer Tage verwirren zu lassen, sondern zu erstarken an Zuversicht und Gewissheit.
Einer der Propheten war Noah. Neunhundertfünfzig Jahre lang ermahnte Er inständig Sein Volk und rief es herbei zum Hafen der Geborgenheit und des Friedens, doch keiner achtete Seines Rufes. Tag um Tag brachten sie so viel Schmerz und Leid über diesen heiligen Mann, dass keiner dachte, Er könne dies überleben. Wie oft wiesen sie Ihn zurück, wie böswillig gaben sie ihren Argwohn gegen Ihn zu erkennen! So ist offenbart: »Und sooft eine Schar Seines Volkes an Ihm vorüberging, verlachten sie Ihn. Er aber sprach zu ihnen: ›Spottet ihr Uns, so werden Wir über euch spotten, so, wie ihr jetzt spottet. Und wahrlich, dann werdet ihr wissen.‹«Q3 Lange danach verhieß Er mehrfach Seinen Gefährten den Sieg und nannte auch die Stunde. Doch als die Stunde schlug, ging die göttliche Verheißung nicht in Erfüllung. Deshalb wurden einige Seiner wenigen Jünger abtrünnig, wie es die Berichte wohlbekannter Bücher bezeugen, die ihr sicherlich gelesen habt oder noch lesen werdet. Schließlich, so berichten uns die Bücher und Überlieferungen, blieben nur noch vierzig oder zweiundsiebzig Jünger bei Ihm. Da brach Er aus den Tiefen Seines Herzens in den Schrei aus: »Mein Herr, lasse keinen der Ungläubigen auf Erden!«Q4
Nun seht den Eigensinn dieses Volkes und denkt eine Weile darüber nach! Was hat sie wohl veranlasst, Ihn zu verwerfen und zu meiden? Was ließ sie sich sträuben, das Gewand der Leugnung abzuwerfen und sich mit dem Kleide der Annahme zu schmücken? Was war überdies der Grund, dass sich die göttliche Verheißung nicht erfüllt hatte, so dass die Suchenden wieder verwarfen, was sie bereits angenommen hatten? Meditiert darüber, damit das Geheimnis unsichtbarer Dinge euch enthüllt werde und ihr die Süße geistiger Düfte atmet und die Wahrheit erkennet, dass der Allmächtige seit unvordenklichen Zeiten und bis in alle Ewigkeit Seine Diener prüft, auf dass sich Licht von Finsternis scheide, Wahrheit von Trug, Recht von Unrecht, Führung von Irrtum, Glück von Elend und Rosen von Dornen. Denn also hat Er offenbart: »Wähnen die Menschen denn, sie würden in Ruhe gelassen, nur weil sie sagen: Wir glauben – und sie würden nicht auf die Probe gestellt?«Q5
Nach Noah erstrahlte die Sonne Húds über dem Horizonte der Schöpfung. Wohl an die siebenhundert Jahre, so sagt man, ermahnte Er das Volk, aufzublicken und sich dem Riḍván der göttlichen Gegenwart zu nähern. Wie viele Trübsale ergossen sich auf Ihn wie Regenschauer, Seine Beschwörungen führten am Ende zu einer noch heftigeren Empörung, so dass die Frucht Seines ausdauernden Bemühens nur die eigensinnige Verblendung Seines Volkes war. »Und der Unglaube der Ungläubigen vermehrt nur ihr Verderben.«Q6
Nach Ihm erschien aus dem Riḍván des Ewigen, des Unsichtbaren, die heilige Gestalt des ṢáliḥA3, der wiederum das Volk zum Strom unvergänglichen Lebens rief. Mehr als hundert Jahre mahnte Er, sich fest an Gottes Gebote zu halten und zu unterlassen, was verboten ist. Doch Seine Ermahnungen blieben fruchtlos, Seine inständigen Warnungen ohne Erfolg. Mehrmals zog Er sich in die Einsamkeit zurück. Und doch hat diese Ewige Schönheit das Volk zu nichts anderem gerufen als zur Stadt Gottes. So ist offenbart: »Und dem Stamme Thamúd sandten Wir ihren Bruder Ṣáliḥ. ›O mein Volk‹, sprach Er, ›bete Gott an, denn du hast keinen Gott außer Ihm …‹ Sie entgegneten: ›O Ṣáliḥ, du warst einst das Ziel unserer Hoffnungen. Willst du uns nun verbieten, das anzubeten, was unsere Väter angebetet haben? Wahrlich, gar bedenkliche Zweifel hegen wir gegen das, wozu du uns rufst.‹«Q7 Alles war umsonst. Am Ende aber erhob sich großes Wehgeschrei, und alle gingen zugrunde.
Später trat die Schönheit des GottesfreundesA4 hinter dem Schleier hervor, und ein neues Banner göttlicher Führung ward aufgepflanzt. Er rief das Volk der Erde zum Lichte der Gerechtigkeit. Je inständiger Er die Menschen ermahnte, desto grimmiger wurden ihr Neid und Eigensinn – ausgenommen jene, die, von allem außer Gott losgelöst, sich auf den Schwingen der Gewissheit zu der Stufe erhoben, die Gott über alles menschliche Begreifen erhöht hat. Wohlbekannt ist, welche Schar von Feinden Ihn bedrängte, bis schließlich das Feuer des Neids und des Aufruhrs gegen Ihn aufflammte. Und nachdem sich die Geschichte vom Feuer zugetragen hatte, da ward Er, das Licht Gottes unter den Menschen, aus Seiner Stadt vertrieben, wie in allen Büchern und Berichten verzeichnet ist.
Als Sein Tag zu Ende ging, kam die Zeit des Mose.

Ausgerüstet mit dem Stab himmlischer Herrschaft, geschmückt mit der weißen Hand göttlicher Erkenntnis, kam Er vom Párán der Liebe Gottes hernieder.

Wie ein Zepter die Schlange der Macht und ewigen Hoheit tragend, strahlte Er vom Sinai des Lichtes herab auf die Welt.

Er rief alle Völker und Geschlechter der Erde zum Reiche der Ewigkeit und lud sie ein, die Frucht vom Baume der Treue zu kosten.

Du weißt wohl, wie bitterfeind der Pharao und sein Volk Ihm begegneten und wie die Hände der Heiden Steine eitlen Trugs gegen diesen gesegneten Baum schleuderten.

Schließlich erhob sich der Pharao mit seinem Volk und mühte sich aufs äußerste, das Feuer des heiligen Baumes mit den Wassern der Falschheit und Verleugnung zu löschen, denn sie achteten nicht der Wahrheit, dass irdisches Wasser die Flamme göttlicher Weisheit nicht ersticken und sterbliche Winde die Lampe ewiger Herrschaft nicht ausblasen können.

Nein, solches Wasser kann die Flamme nur noch mehr entfachen, und solche Windstöße können den Schutz der Lampe nur noch festigen, würdet ihr doch mit dem Auge der Einsicht schauen und auf dem Pfade von Gottes heiligem Willen und Wohlgefallen wandeln.

Wie gut hat das ein Gläubiger aus dem Hause des Pharao beobachtet, dessen Geschichte von dem Allherrlichen in Seinem Buch erzählt wird, das Er Seinem Geliebten offenbart hat:

»Und ein Mann aus der Familie des Pharao, ein Gläubiger, der seinen Glauben verbarg, sprach: ›Wollt ihr einen Mann erschlagen, nur weil er spricht:

Mein Herr ist Gott – einen Mann, der doch zu euch gekommen ist mit Zeichen von eurem Herrn?

Ist er ein Lügner, so wird seine Lüge auf ihn zurückfallen, spricht er aber wahr, so wird ein Teil seiner Drohungen über euch kommen.

Denn wahrlich, Gott ist nicht mit den Missetätern und Lügnern!‹«Q8 Doch ihre Ungerechtigkeit war zuletzt so groß, dass sie eben diesem Gläubigen einen qualvollen Tod bereiteten.

»Der Fluch Gottes sei auf dem Volke der Unterdrücker!«Q9
Denkt nun über diese Geschehnisse nach! Was war wohl die Ursache dieses Streites? Warum musste das Erscheinen einer jeden Manifestation Gottes von so viel Kampf und Lärm, von so viel Gewalt und Aufruhr begleitet sein? Und dabei haben doch alle Propheten Gottes, wann immer sie sich den Menschen dieser Welt offenbarten, einen weiteren Propheten nach ihnen vorausgesagt und die Zeichen festgesetzt, welche den Beginn einer neuen Sendung verkünden sollten. Dies bezeugen die Berichte aller heiligen Bücher. Warum kam es, obwohl die Menschen die Manifestation der Heiligkeit erwarteten und suchten, obwohl deren Zeichen in den heiligen Schriften vermerkt waren, in allen Zeitaltern und Zyklen zu solchen Gewalttaten, zu einer so grausamen Unterdrückung der Propheten und Erwählten Gottes? So hat Er offenbart: »Sooft ein Bote zu euch kommt mit dem, was euren Seelen zuwider ist, seid ihr in Hoffart aufgebläht; die einen habt ihr des Betrugs geziehen, die anderen gar erschlagen.«Q10
Überlegt:

Was mögen ihre Motive gewesen sein, was konnte sie zu einem solchen Verhalten gegenüber den Offenbarern der Schönheit des Allherrlichen bewogen haben?

Führt doch alles, was in vergangenen Tagen die Ablehnung und den Widerstand der Menschen verursachte, auch zur Verstocktheit der Menschen von heute.

Zu behaupten, das Zeugnis der Vorsehung sei unvollständig und dies habe zur Ablehnung geführt, wäre offene Gotteslästerung.

Wie fern liegt es der Gnade des Allgütigen, wie fern Seiner liebevollen Vorsehung und Seiner milden Barmherzigkeit, unter allen Menschen eine Seele zur Führung Seiner Geschöpfe zu erwählen, ihr einerseits das volle Maß Seines göttlichen Zeugnisses zu versagen, andererseits über Sein Menschenvolk schwere Vergeltung zu verhängen, weil es sich von Seinem Erwählten abwendet!

Nein, die vielfachen Gnadengaben des Herrn aller Geschöpfe haben allezeit durch die Manifestationen Seines göttlichen Wesens die Erde und alle, die auf ihr wohnen, umfangen.

Nicht einen Augenblick hat sich Seine Gnade versagt, noch haben die Schauer Seiner Güte aufgehört, auf die Menschheit niederzuregnen.

Folglich ist ein solches Verhalten nichts anderem zuzuschreiben als der Kleingeistigkeit der Seelen, die durch das Tal der Anmaßung und der Hoffart schreiten, in der Wildnis der Gottferne umherirren, auf den Wegen ihres eitlen Wahns wandeln und den Befehlen ihrer Geistlichen folgen.

Es geht ihnen vor allem um Widerspruch, und ihr einziges Begehren ist, der Wahrheit nicht ins Auge sehen zu müssen.

Jedem Einsichtigen ist es offenbar:

Hätten diese Menschen in den Tagen früherer Manifestationen der Sonne der Wahrheit ihre Augen, Ohren und Herzen von allem, was sie zuvor sahen, hörten und fühlten, geheiligt, so wären sie sicherlich weder des Anblicks der Schönheit Gottes beraubt worden noch so weit von den Stätten der Herrlichkeit abgeirrt.

Doch weil sie dem Zeugnis Gottes das Maß ihres eigenen Wissens anlegten, das sie aus den Lehren ihrer Geistlichkeit aufgelesen hatten, und fanden, dass es ihrem beschränkten Verständnis widersprach, ließen sie sich zu solchen Untaten hinreißen.
Zu allen Zeiten hat die Geistlichkeit ihr Volk daran gehindert, die Küsten des Meeres ewigen Heils zu erreichen, denn sie hält die Zügel der Autorität über die Menschen in ihrem mächtigen Griff.

Einige wurden aus Verlangen nach Führerschaft, andere aus Mangel an Erkenntnis und Verständnis zur Ursache der Unmündigkeit des Volkes.

Mit ihrer Zustimmung und unter ihrer Amtsgewalt mussten alle Propheten Gottes vom Kelche des Opfers trinken und ihren Flug zu den Höhen der Herrlichkeit nehmen.

Wie schlimm sind die Grausamkeiten, mit denen jene, die auf den Stühlen der Autorität und Gelehrsamkeit saßen, die wahren Könige der Welt, die Edelsteine göttlicher Tugend, heimgesucht haben!

Mit vergänglicher Herrschaft zufrieden, haben sie sich der ewigen Herrschaft beraubt.

So haben ihre Augen nicht das Licht vom Antlitz des Vielgeliebten geschaut, noch ihre Ohren den süßen Weisen der Nachtigall der Sehnsucht gelauscht.

Darum sprechen alle heiligen Schriften von den Geistlichen der jeweiligen Zeit.

So spricht Er:

»O Volk des Buches!

Warum glaubt ihr nicht den Zeichen Gottes, deren ihr doch selbst Zeuge wart?«Q11 Und wiederum spricht Er:

»O Volk des Buches!

Warum kleidet ihr die Wahrheit in Lüge und verbergt die Wahrheit wider besseres Wissen?«Q12 Und abermals spricht Er:

»Sprecht, o Volk des Buches, warum treibt ihr die Gläubigen vom Pfade Gottes?«Q13 Es ist offenbar, dass mit dem »Volk des Buches«, das seine Zeitgenossen von Gottes geradem Pfad zurückgetrieben hat, niemand anderes als die Geistlichkeit jener Zeit gemeint ist, deren Namen und Wesensart in den heiligen Büchern enthüllt sind; auf sie wird in den darin verzeichneten Versen und Überlieferungen angespielt – o würdet ihr doch mit dem Auge Gottes schauen!
So prüfet denn mit festem, standhaftem, dem unbeirrbaren Auge Gottes entsprungenem Blick den Horizont göttlichen Wissens und sinnet über diese vollkommenen Worte nach, die der Ewige offenbart hat, damit euch die Geheimnisse göttlicher Weisheit, die bis heute hinter dem Schleier der Herrlichkeit verborgen und im HeiligtumA5 Seiner Gnade verschlossen sind, offenbar werden.

Die Geistlichen haben die neue Offenbarung hauptsächlich deshalb abgelehnt und sich ihr entgegengestellt, weil es ihnen an Erkenntnis und Verständnis gebrach.

Sie haben jene Worte aus dem Munde der Offenbarer der Schönheit des einen wahren Gottes, welche die Zeichen der künftigen Manifestation nannten, weder verstanden noch zu ergründen versucht.

Darum erhoben sie das Banner der Empörung und entfachten Unheil und Aufruhr.

Es leuchtet ein, dass die wahre Bedeutung dessen, was die Tauben der Ewigkeit kündeten, allen verhüllt bleibt, außer denen, die das ewige Wesen offenbaren, und dass die Melodien der Nachtigall der Heiligkeit kein anderes Ohr erreichen als das der Bewohner des unvergänglichen Reiches.

Der gewalttätige Kopte kann niemals von dem Kelche trinken, den die Lippen des gerechten Juden berührt haben, und der Pharao des Unglaubens kann niemals hoffen, die Hand des Mose der Wahrheit zu erkennen.

So spricht Er:

»Niemand kennt seine Bedeutung außer Gott und jenen, welche im Wissen fest gegründet sind.«Q14 Aber dennoch haben sie die Auslegung des Buches bei denen gesucht, die in Schleiern verhüllt sind, und es verschmäht, die Belehrung beim Urquell des Wissens zu finden.
Als die Tage Mose zu Ende gingen und das Licht Jesu, aus der Morgendämmerung des Geistes aufleuchtend, die Welt umfing, stand das ganze Volk Israel wider Ihn auf.

Sie schrien, dass der, den die Bibel verheißt, das Gesetz Mose verbreiten und erfüllen müsse, während dieser junge Nazarener, der sich die Stufe des göttlichen Messias anmaße, die Gesetze der Ehescheidung und des Sabbats, die wichtigsten Gesetze Mose, abgeschafft habe.

Wie stehe es außerdem um die Zeichen der Manifestation, die noch erscheinen soll?

Das Volk Israel harrt bis auf den heutigen Tag der in der Bibel verheißenen Manifestation.

Wie viele Manifestationen der Heiligkeit, wie viele Offenbarer des ewigen Lichtes sind seit Mose Zeiten schon erschienen, und doch erwartet Israel, in dichteste Schleier satanischen Trugs und eitlen Wahns gehüllt, dass das Idol, das es selbst geschaffen, mit Zeichen erscheine, die es selbst ersonnen.

So hat Gott um ihrer Sünden willen Hand an die Juden gelegt, so hat Er den Geist des Glaubens in ihnen ausgelöscht und sie mit den Flammen der Höllentiefe gepeinigt, weil sie den Sinn der Verse nicht verstehen wollten, die über die Zeichen der künftigen Offenbarung in der Bibel enthüllt sind.

Da sie deren wahre Bedeutung nicht erfassten und jene Ereignisse, äußerlich gesehen, nie eingetroffen sind, blieb es ihnen versagt, die Schönheit Jesu zu erkennen und das Antlitz Gottes zu schauen.

Noch immer harren sie Seines Erscheinens!

Seit unvordenklicher Zeit bis zum heutigen Tag haben die Völker auf Erden solchen wunderlichen, unziemlichen Gedanken nachgehangen und sich damit selbst der klaren Wasser beraubt, die den Quellen der Reinheit und Heiligkeit entströmen.
Diese Geheimnisse enthüllend, haben Wir in Unseren früheren, an einen Freund in der wohlklingenden Sprache des Ḥijáz gerichteten Schriften einige Verse der alten Propheten angeführt. Nun wollen Wir, deiner Bitte entsprechend, auf diesen Seiten nochmals die gleichen Verse anführen, diesmal in der wundervollen Sprache des ‘IráqA6, dass so die Schmachtenden aus der Wildnis der Gottferne zum Meere der göttlichen Gegenwart gelangen und die in den Wüsten der Trennung Darbenden zu der Heimstatt ewiger Wiedervereinigung geleitet werden. So mögen die Nebel des Irrtums zerstreut werden und das alles erhellende Licht göttlicher Führung über dem Horizonte der Menschenherzen aufdämmern. Auf Gott setzen Wir Unser Vertrauen, Ihn rufen Wir um Hilfe an, dass vielleicht dieser Feder entströme, was die Menschenseelen belebt, auf dass sie sich alle von den Lagern der Achtlosigkeit erheben und dem Blättersäuseln des Paradieses lauschen, in dem Baume, den die Hand göttlicher Macht mit Gottes Erlaubnis im Riḍván des Allherrlichen gepflanzt hat.
Wem Einsicht gegeben, der weiß, dass zu der Zeit, da das Feuer der Liebe Jesu die Schleier jüdischer Enge verzehrt hatte und Seine Machtvollkommenheit sichtbar und allmählich anerkannt wurde, Er, der Offenbarer der unsichtbaren Schönheit, an Seine Jünger gewandt, auf Sein Scheiden hinwies, in ihren Herzen das Feuer der Verwaisung entfachte und sprach: »Ich gehe von hinnen und komme wieder zu euch.«Q15 Und an anderer Stelle sprach Er: »Ich gehe hin und ein anderer wird kommen, der wird euch alles lehren, was Ich euch nicht gesagt habe, und alles erfüllen, was Ich euch gesagt habe.«Q16 Diese beiden Verse haben nur eine Bedeutung, wolltet ihr doch mit göttlicher Einsicht über die Manifestationen der Einheit Gottes nachdenken!
Wer dies mit Verständnis betrachtet, wird erkennen, dass in der Sendung des Qur’án sowohl das Buch als auch die heilige Sache Jesu bestätigt wurden.

Was die Namen anbelangt, so erklärt Muḥammad selbst:

»Ich bin Jesus.« Er anerkannte die Wahrheit der Zeichen, Prophezeiungen und Worte Jesu und bezeugte, dass sie alle von Gott sind.

In diesem Sinne haben sich weder die Gestalt Jesu noch Seine Schrift von der Muḥammads und Seinem heiligen Buche unterschieden, denn beide sind für die Sache Gottes eingetreten, haben Sein Lob verkündet und Seine Gebote offenbart.

Darum hat Jesus gesprochen:

»Ich gehe hin und komme wieder zu euch.«Q17 Betrachtet die Sonne!

Wenn sie sagte:

»Ich bin die Sonne von gestern«, so spräche sie die Wahrheit.

Und sollte sie im Hinblick auf den Zeitablauf behaupten, sie sei eine andere als jene Sonne, so spräche sie gleichwohl die Wahrheit.

Ebenso wahr ist es, wenn gesagt wird, alle Tage seien ein und derselbe.

Und wenn im Hinblick auf ihre besonderen Namen und Bezeichnungen gesagt wird, sie seien verschieden, so ist dies wiederum wahr, denn wenn sie auch die gleichen sind, so lässt sich doch an jedem eine andere Bezeichnung, eine besondere Eigenschaft, ein eigener Wesenszug erkennen.

Begreife nun dementsprechend die Individualität, die Verschiedenheit und die Einheit der Manifestationen der Heiligkeit, damit du die Andeutungen verstehst, die der Schöpfer aller Namen und Attribute über diese Mysterien der Verschiedenheit und Einheit machte, und entdecke die Antwort auf deine Frage, warum jene ewige Schönheit sich zu verschiedenen Zeiten mit verschiedenen Namen und Titeln bezeichnet hat.
Später fragten die Gefährten und Jünger Jesu nach den Zeichen, welche die Wiederkunft Seiner Manifestation ankündigen würden. Wann, so forschten sie, werden diese Dinge geschehen? Mehrmals fragten sie diese unvergleichliche Schönheit, und jedes Mal, wenn Er antwortete, wies Er auf ein besonderes Zeichen hin, welches den Anbruch der verheißenen Sendung ankündigen sollte. Dies bezeugen die Berichte der vier Evangelien.
Dieser Unterdrückte will nur eine dieser Stellen anführen und damit der Menschheit aus Liebe zu Gott Gnadengaben vermitteln, die noch bei den Schätzen des verborgenen und geheiligten Baumes verwahrt sind, auf dass die Sterblichen nicht ihres Anteils an der unsterblichen Frucht beraubt bleiben, sondern einen Tautropfen von den Wassern ewigen Lebens erlangen, die sich von Baghdád, der »Stätte des Friedens«A7, über die Menschheit ergießen. Wir verlangen weder Preis noch Lohn dafür: »Wir nähren eure Seelen um Gottes willen. Wir suchen weder Lohn noch Dank von euch.«Q18 Dies ist die Speise, die den im Herzen Reinen und im Geist Erleuchteten ewiges Leben bringt. Dies ist das Manna, von dem gesagt ist: »Herr, sende Dein Brot vom Himmel auf uns herab.«Q19 Dieses Brot wird denen, die es verdient haben, niemals vorenthalten, noch kann es jemals aufgezehrt werden. Es wächst ewiglich am Baume der Gnade. Es kommt zu allen Zeiten aus den Himmeln der Gerechtigkeit und Barmherzigkeit. So spricht Er: »Siehest du nicht, womit Gott ein gutes Wort verglichen hat? Mit einem guten Baum, dessen Wurzeln fest gewachsen sind, dessen Zweige zum Himmel reichen, der Früchte bringt zu allen Zeiten.«Q20
Wie schade, wenn der Mensch sich selbst dieser schönen Gnade beraubt, dieses unvergänglichen Gnadengeschenkes, des ewigen Lebens. Er sollte diese Himmelsspeise hoch achten, damit vielleicht durch die wundersame Gunst der Sonne der Wahrheit die Toten ins Leben gerufen und die erschöpften Seelen durch den unendlichen Geist erquickt werden. Beeile dich, o mein Bruder, auf dass unsere Lippen, solange es noch Zeit ist, den unsterblichen Trank kosten; denn nicht ewig wird der Hauch des Lebens aus der Stadt des Vielgeliebten wehen, nicht ewig fließen die Ströme der heiligen Sprache, und nicht ewig werden die Tore des Riḍváns offenstehen. Einst wird kommen der Tag, da die Nachtigall des Paradieses ihren Flug von ihrer Wohnstatt hienieden zum göttlichen Neste nehmen wird. Dann wird ihr Gesang nicht mehr vernommen werden, und die Schönheit der Rose wird nicht mehr leuchten. Darum nütze die Stunde, solange der göttliche Frühling noch seine Pracht verschwendet und die Taube der Unsterblichkeit ihre Melodien jubelt, damit dein inneres Ohr nicht vom Lauschen auf ihren Ruf abgehalten werde. Dies ist Mein Rat für dich und die Geliebten Gottes. Wer will, der mag sich ihm zuwenden; wer will, der mag sich abwenden. Gott wahrlich, ist unabhängig von ihm und allem, was er sehen und bezeugen mag.
Dies sind die Weisen, die Jesus, der Sohn Marias, in majestätisch kraftvollen Klängen im Riḍván des Evangeliums anstimmte, die Zeichen enthüllend, welche die Manifestation nach Ihm ankündigen.

Im Evangelium des Matthäus steht geschrieben:

Als sie Jesus nach den Zeichen Seiner Wiederkunft fragten, sprach Er zu ihnen:

»Bald aber nach der TrübsalA8 derselben Zeit werden Sonne und Mond den Schein verlieren, und die Sterne werden vom Himmel fallen, und die Kräfte der Himmel werden sich bewegen.

Und alsdann wird erscheinen das Zeichen des Menschensohnes am Himmel.

Und alsdann werden heulen alle Geschlechter auf Erden und werden sehen kommen des Menschen Sohn in den Wolken des Himmels mit großer Kraft und Herrlichkeit.

Und Er wird senden Seine Engel mit hellen Posaunen.«Q21 Ins Persische übertragenA9 ist der Sinn dieser Worte folgender:

Wenn die Drangsal und Trübsal, die der Menschheit widerfahren müssen, eintreffen, dann werden sich der Glanz der Sonne und das Licht des Mondes verfinstern, und die Sterne des Himmels werden auf die Erde fallen, und die Grundpfeiler der Erde werden erbeben.

Zu jener Zeit werden die Zeichen des Menschensohnes am Himmel offenbar werden, das heißt, die verheißene Schönheit, der Wesenskern allen Lebens, wird nach dem Erscheinen dieser Zeichen aus dem Reiche des Unsichtbaren in die Welt des Sichtbaren treten.

Und Er spricht:

Alsdann werden alle Völker und Geschlechter, die auf Erden wohnen, wehklagen und jammern, und sie werden die göttliche Schönheit vom Himmel kommen sehen, auf den Wolken schwebend mit Macht, Größe und Herrlichkeit, und Er wird Seine Engel senden mit starkem Posaunenschall.

Ähnliche Hinweise finden sich in den Evangelien von Lukas, Markus und Johannes.

Da Wir ausführlich darauf in Unseren arabisch offenbarten Schriften eingegangen sind, haben Wir sie auf diesen Seiten nicht besonders erwähnt und Uns auf ein Zitat beschränkt.
Weil die christlichen Geistlichen die Bedeutung dieser Worte nicht erfassten und ihren Zweck nicht erkannten, sich vielmehr an eine buchstäbliche Auslegung der Worte Jesu hielten, wurden sie des Gnadenstromes der Offenbarung Muḥammads und der Regenschauer ihrer Gnade beraubt. Damit war auch den Unwissenden in der christlichen Gemeinde, die ihren Geistlichen folgten, der Anblick der Schönheit des Königs der Herrlichkeit versagt, da jene Zeichen, die das Aufdämmern der Sonne der Sendung Muḥammads begleiten sollten, tatsächlich nicht eintrafen. So sind wiederum Jahrhunderte vergangen, und jener reinste Geist hat sich in die Stätten Seiner altehrwürdigen Herrschaft zurückgezogen. Aufs Neue hat nun der ewige Geist in die göttliche Posaune gestoßen und die Toten aus ihren Gräbern der Achtlosigkeit und des Irrtums hervoreilen lassen zum Reiche der Führung und Gnade. Doch immer noch ruft die wartende Gemeinde: Wann werden diese Zeichen geschehen? Wann wird die Gestalt des Verheißenen, das Ziel unseres Harrens, offenbar werden, damit wir uns für den Triumph Seiner heiligen Sache erheben, damit wir unser Hab und Gut für Ihn opfern, damit wir unser Leben auf Seinem Pfade hingeben können? Falsche Vorstellungen wie diese ließen auch andere Gemeinden vom Kawthar der unendlich barmherzigen Vorsehung abirren und sich in müßigen Gedanken verlieren.
Neben dieser Stelle gibt es im Evangelium noch einen Vers, wo Er sagt: »Himmel und Erde werden vergehen, aber Meine Worte werden nicht vergehen.«Q22 Darum verfechten die Christen die Auffassung, das Gesetz des Evangeliums werde niemals aufgehoben, und wenn die verheißene Schönheit mit allen Zeichen offenbar werde, müsse Er auch das im Evangelium verkündete Gesetz bestätigen, so dass es in der Welt keinen Glauben mehr gebe als den Seinen. Dies ist ihre unumstößliche Meinung. Sie sind zutiefst davon überzeugt, dass, wenn ein Mensch erschiene mit allen verheißenen Zeichen und verkündete, was dem Buchstaben des Gesetzes im Evangelium entgegenstünde, sie ihn sicherlich abwiesen, sich seinem Gesetz nicht unterwürfen, ihn für ungläubig erklärten und verspotteten. Dies bestätigen die Geschehnisse der Zeit, da die Sonne der Offenbarung Muḥammads sich enthüllte. Hätten sie in den vergangenen Sendungen bei den Manifestationen Gottes demütigen Sinnes nach dem wahren Sinn der in den heiligen Büchern offenbarten Verse gesucht – Worte, deren Missverständnis den Menschen das Erkennen des Sadratu’l-Muntahá, des letzten Zieles, verschloss – so wären sie sicherlich zum Lichte der Sonne der Wahrheit geleitet worden und hätten die Mysterien göttlicher Erkenntnis und Weisheit entdeckt.
Dieser Diener will dir nun einen Tropfen aus dem unermesslichen Meer der Wahrheiten vermitteln, die in diesen heiligen Worten verwahrt sind. Vielleicht, dass einsichtsvolle Herzen alle Andeutungen und den tieferen Sinn der Verse der Manifestationen der Heiligkeit erfassen, so dass die überwältigende Majestät des Wortes Gottes sie nicht abhalte, das Meer Seiner Namen und Zeichen zu erreichen, noch sie der Erkenntnis des Lichtes Gottes beraube, das der Sitz der Offenbarung Seines verherrlichten Wesens ist.
Was nun die Worte betrifft:

»Bald aber nach der Trübsal derselben Zeit«Q23 – so beziehen sie sich auf die Zeit, da die Menschen bedrängt und gepeinigt werden, die Zeit, da die letzten Spuren der Sonne der Wahrheit und die Früchte des Baumes der Erkenntnis und Weisheit aus der Mitte der Menschen entschwunden und die Zügel der Menschheit in die Hände von Narren und Unwissenden geraten sein werden, da die Tore zur göttlichen Einheit und Erkenntnis – der Schöpfung wesentlichstes und höchstes Ziel – verschlossen sind, das klare Wissen von eitlem Wahn verdrängt ist und Verderbtheit sich den Platz der Rechtschaffenheit angemaßt hat.

Ein solcher Zustand ist heute zu erkennen, da in allen Gemeinden die Zügel in die Hände törichter Führer geraten sind, die nach ihren Launen und Wünschen führen.

Auf ihrer Zunge ist das Gedenken Gottes ein leerer Name geworden, in ihrer Mitte Sein heiliges Wort ein toter Buchstabe.

So heftig rast der Sturm ihrer Begierden, dass die Lampe des Gewissens und der Vernunft in ihren Herzen verlöscht ist.

Dabei haben die Finger göttlicher Macht die Tore der Erkenntnis Gottes aufgetan.

Das Licht göttlicher Erkenntnis und himmlischer Gnade hat alles Erschaffene so in seinem Wesenskern erleuchtet und erweckt, dass in jedem Ding sich ein Tor der Erkenntnis auftat und in jedem Atom Zeichen der Sonne sichtbar wurden.

Und doch, ungeachtet all der mannigfachen Offenbarungen göttlicher Erkenntnis, die die Welt umfangen, leben sie immer noch im eitlen Wahn, die Pforte der Erkenntnis sei verschlossen und die Regenschauer der Barmherzigkeit seien versiegt.

Sie hängen sich an leeren Trug und sind weit abgeirrt vom ‘Urvatu’l-VuthqáA10 göttlicher Erkenntnis.

Es scheint, dass ihre Herzen sich weder nach dem Tor der Erkenntnis sehnen noch an ihre Offenbarungen denken, da sie in leerem Wahn das Tor gefunden haben, das zu irdischem Reichtum führt, wogegen sie in dem Erscheinen des Offenbarers des Wissens nichts fanden als den Ruf zur Selbstaufopferung.

Darum sind sie vor dem einen geflohen und haben sich, ihrer Natur folgend, an das andere gehalten.

Obgleich sie im Innersten wissen, dass Gottes Gesetz seinem Wesen nach unveränderlich ist, hört man sie alle Tage aus allen Ecken neue Gesetze erlassen.

Nicht zwei von ihnen sind zu finden, die sich über ein und dasselbe Gesetz einig wären, denn sie suchen keinen Gott außer ihrem eigenen Begehren und wandeln auf keinem Pfad als auf dem Pfade des Irrtums.

Führer zu sein ist das letzte Ziel ihres Strebens, und in Stolz und Hochmut sehen sie die höchste Erfüllung ihres Herzenswunsches.

Ihre schmutzigen Ränke haben sie über den göttlichen Ratschluss gestellt und die Ergebung in Gottes Willen aufgekündigt.

Selbstsüchtigen Plänen gewidmet, sind sie den Weg des Heuchlers gegangen.

Mit aller Macht sind sie bestrebt, sich durch ihre kleinlichen Schliche abzusichern, ängstlich darauf bedacht, dass nicht das geringste Misstrauen ihre Autorität untergrabe oder ihr großartiges Gehabe störe.

Wäre das Auge mit dem Balsam der Gotteserkenntnis gesalbt und erleuchtet, so würde es sicherlich entdecken, dass sich ein Rudel gefräßiger Bestien zusammengeschart hat, um sich am Aas der Menschenseelen zu laben.
Welche »Trübsal« ist größer als die geschilderte? Welche »Trübsal« ist schmerzlicher als die, dass eine nach Wahrheit suchende, sich nach Gotteserkenntnis sehnende Seele nicht weiß, wohin sie sich wenden und wo sie suchen soll? Denn die Meinungen sind weit auseinandergegangen, und die Wege zu Gott hin haben sich vervielfacht. Diese »Trübsal« ist der eigentliche Wesenszug jeder Offenbarung; denn ohne sie würde die Sonne der Wahrheit nicht offenbar werden. Die Morgendämmerung göttlicher Führung muss der finsteren Nacht des Irrtums folgen. Darum finden sich in allen Chroniken und Überlieferungen Hinweise darauf, dass Unrecht das Antlitz der Erde bedecken und Finsternis die Menschheit umfangen werde. Diese Überlieferungen sind wohlbekannt. Da dieser Diener sich kurz fassen will, sieht Er davon ab, aus dem Text dieser Traditionen zu zitieren.
Wollte man diese »Trübsal« (die wörtlich ›Druck‹ bedeutet) so auslegen, dass die Erde sich zusammenziehen wird, oder wollten eitle Hirngespinste ähnliches Unheil für die Menschheit ausmalen, so ist demgegenüber offenkundig, dass solche Dinge sich niemals ereignen können. Sicherlich wird man entgegenhalten, dass diese Vorbedingung göttlicher Offenbarung noch nicht eingetreten ist. Das waren und sind heute noch ihre Argumente. Doch ist mit »Trübsal« die Unfähigkeit gemeint, geistige Erkenntnis zu erlangen und das Wort Gottes zu begreifen. Dies bedeutet: Wenn die Sonne der Wahrheit untergegangen ist und die Spiegel, die Sein Licht widerstrahlen, verschwunden sind, werden »Trübsal« und Ungemach über die Menschen kommen, weil sie nicht mehr wissen werden, wohin sie sich um Führung wenden sollen. Also lehren Wir dich die Auslegung der Überlieferungen und vermitteln dir die Geheimnisse göttlicher Weisheit, auf dass du ihre Bedeutung erfassest und zu denen gehörst, die vom Kelche göttlichen Wissens und Verstehens getrunken haben.
Und nun, was Seine Worte betrifft »… werden Sonne und Mond den Schein verlieren, und die Sterne werden vom Himmel fallen«Q24.

Die Worte »Sonne« und »Mond« aus dem Munde der Propheten bedeuten nicht nur Sonne und Mond der sichtbaren Welt.

Nein, vielerlei Sinn haben sie diesen Begriffen zugrunde gelegt; jedem haben sie eine besondere Bedeutung zugewiesen.

So sind mit »Sonne« in einer Hinsicht jene Sonnen der Wahrheit gemeint, die vom Morgen altehrwürdiger Herrlichkeit aufsteigen und die ganze Welt mit weithin strömender Gnade aus der Höhe erfüllen.

Diese Sonnen der Wahrheit sind die alles umfassenden Manifestationen Gottes in den Welten Seiner Zeichen und Namen.

Wie die sichtbare Sonne, die nach dem Ratschluss Gottes, des Wahren, des Angebeteten, der Entwicklung alles Irdischen dient: den Bäumen, ihren Früchten und Farben, den Gesteinen auf der Erde und all dem, was in der Welt der Schöpfung sich zeigt – ebenso rufen die göttlichen Sonnen durch ihre liebende Fürsorge und ihren erzieherischen Einfluss die Bäume göttlicher Einheit, die Früchte Seiner Einzigkeit, die Blätter der Loslösung, die Blüten der Erkenntnis und der Gewissheit und die Myrten der Weisheit und der Rede ins Dasein und machen sie offenbar.

So geschieht es, dass durch den Aufgang dieser göttlichen Sonnen die Welt erneuert wird, die Wasser ewigen Lebens strömen, die Wogen göttlicher Gnade steigen, die Wolken der Barmherzigkeit sich sammeln und der Windhauch der Gnade über alle erschaffenen Dinge weht.

Die Wärme, die diese Sonnen Gottes ausstrahlen, und die unauslöschlichen Feuer, die sie entfachen, lassen das Licht der Gottesliebe in den Herzen der Menschen mächtig entbrennen.

Durch die Gnadenfülle dieser Urbilder der Loslösung wird der Geist ewigen Lebens in die Leiber der Toten gehaucht.

Wahrlich, die sichtbare Sonne ist nur ein Zeichen des Glanzes jenes Tagesgestirns der Wahrheit, jener Sonne, für die nie ein Ebenbürtiger, ein Abbild oder einer, der sich mit ihr messen könnte, zu finden ist.

Durch Ihn leben alle Dinge, durch Ihn werden sie bewegt und haben sie ihr Sein.

Durch Seine Gnade sind sie offenbar gemacht, und zu Ihm kehren sie alle zurück.

Ihm sind alle Dinge entsprungen, und alle haben sie in den Schatzkammern Seiner Offenbarung Zuflucht gefunden.

Aus Ihm gingen alle erschaffenen Dinge hervor, und in die Verwahrungsorte Seines Gesetzes kehrten sie zurück.
Dass diese göttlichen Sonnen, wie ihr seht, gelegentlich auf besondere Bezeichnungen und Merkmale begrenzt erscheinen, ist einzig dem unvollkommenen, beschränkten Verständnis gewisser Geister zuzuschreiben. Im Gegenteil, sie waren zu allen Zeiten erhaben über alle Namen, mit denen man sie preist, und geheiligt über alle Attribute, die man ihnen zuschreibt, und werden dies in Ewigkeit sein. Die Quintessenz aller Namen darf niemals auf Zutritt zu ihrem Hof der Heiligkeit hoffen, und die höchsten und reinsten aller Attribute können sich nie ihrem Reiche der Herrlichkeit nähern. Unermesslich hoch erhaben stehen die Propheten Gottes über der Fassungskraft des Menschen, der sie nicht anders erkennen kann als durch sie selbst. Weit entfernt wäre es von Gottes Herrlichkeit, dass Seine Erwählten durch einen anderen erhöht werden sollten als durch ihre eigene Person. Verherrlicht sind sie über allen Lobpreis der Menschen. Erhaben sind sie über alles menschliche Begreifen.
In den Schriften der »unbefleckten Seelen« wurde das Wort »Sonnen« oftmals auf die Propheten Gottes, jene leuchtenden Sinnbilder der Loslösung, angewandt. Zu diesen Schriften gehört das Nudbih-GebetA11, in dem die folgenden Worte stehen: »Wohin sind die strahlenden Sonnen gegangen? Wohin sind jene leuchtenden Monde, jene funkelnden Sterne entschwunden?« Daher ist es offenkundig, dass die Worte »Sonne«, »Mond« und »Sterne« in erster Linie die Propheten Gottes bedeuten, die Heiligen und ihre Gefährten, jene Leuchten, die den Glanz ihrer Erkenntnis auf die Welt des Sichtbaren und des Unsichtbaren ergossen haben.
In einem anderen Sinne sind mit diesen Worten die Geistlichen früherer Sendungen gemeint, die in den Tagen der neuen Offenbarung leben und die Zügel der Religion des Volkes in Händen halten. Wenn diese Geistlichen durch das Licht der neuen Offenbarung erleuchtet sind, werden sie bei Gott gnädige Annahme finden und in ewigem Lichte leuchten. Andernfalls aber werden sie zu den Verfinsterten gerechnet, auch wenn sie äußerlich als Führer der Menschen erscheinen, da Glaube und Unglaube, Führung und Irrtum, Glück und Elend, Licht und Finsternis allesamt von der Billigung Dessen abhängen, der die Sonne der Wahrheit ist. Wem immer unter den Geistlichen eines Zeitalters am Tage des Gerichts die Bestätigung des Glaubens aus dem Quell wahrer Erkenntnis zuteilwird, der wird wahrlich zum Empfänger des Wissens, der göttlichen Gunst und des Lichtes wahren Begreifens. Andernfalls ist er gebrandmarkt durch Torheit, Verleugnung, Gotteslästerung und Unterdrückung.
Es leuchtet jedem scharfsinnigen Betrachter ein, dass so, wie das Sternenlicht vor dem Strahlenglanz der Sonne verblasst, auch die Leuchten irdischen Wissens, der Weisheit und der Erkenntnis zu nichts dahinschwinden, wenn sie Auge in Auge der Sonne der Wahrheit, dem Tagesgestirn göttlicher Erleuchtung, in seiner ganzen Herrlichkeit gegenübergestellt werden.
Dass der Begriff »Sonne« auf die Geistlichkeit angewandt wird, ist ihrem erhabenen Rang zuzuschreiben, ihrem Ruhm und Ansehen. Es sind überall und zu allen Zeiten die anerkannten Geistlichen, die, mit der Würde ihres Amtes bekleidet, mit Autorität sprechen und sich eines fest begründeten Rufes erfreuen. So sie Ebenbilder der Sonne der Wahrheit sind, werden sie wahrlich zu den erhabensten aller Leuchten gezählt, andernfalls sieht man in ihnen die Brennpunkte des Höllenfeuers. So spricht Er: »Wahrlich, Sonne und Mond sind beide zur Qual des Höllenfeuers verdammt.«Q25 Ich bin sicher, ihr versteht die Worte »Sonne« und »Mond« in diesem Vers, weshalb es nicht nötig ist, dabei zu verweilen. Und wer immer dieser »Sonne« und diesem »Mond« gleicht, das heißt, wer dem Beispiel dieser Führer folgt, wer sein Angesicht der Falschheit zuwendet und sich von der Wahrheit abkehrt, der ist gewisslich der höllischen Finsternis entstiegen und kehrt dahin zurück.
Wir sollten uns nun, o Sucher, fest an den ‘Urvatu’l-VuthqáA12 halten, so dass wir vielleicht die dunkle Nacht des Irrtums hinter uns lassen und uns dem Morgenlicht göttlicher Führung zuwenden. Sollten wir nicht die Fratze der Verneinung fliehen und im Schatten der Gewissheit Schutz suchen? Sollten wir uns nicht vom Schrecken der Höllennacht befreien und zum aufsteigenden Licht der himmlischen Schönheit eilen? Also schenken Wir dir Früchte vom Baume göttlicher Erkenntnis, auf dass du freudevoll beglückt im Riḍván göttlicher Weisheit wohnest.
In anderem Sinne sind mit den Begriffen »Sonne«, »Mond« und »Sterne« Gesetze und Lehren gemeint, wie sie in allen Sendungen eingeführt und verkündet wurden: so die Gesetze über Gebet und Fasten. Nachdem die Schönheit des Propheten Muḥammad hinter dem Schleier entschwunden war, wurden sie nach dem Gesetz des Qur’án als das fundamentale, unumstößliche Gesetz Seiner Sendung angesehen. Dies bezeugen die Texte der Traditionen und Chroniken, die allgemein bekannt sind und darum nicht angeführt zu werden brauchen. In jeder Sendung wird das Gesetz über das Gebet betont und allgemein zur Geltung gebracht. Dies bezeugen die aufgezeichneten Traditionen, die den Lichtstrahlen zugeschrieben werden, welche aus der Sonne der Wahrheit, dem Wesen des Propheten Muḥammad, hervorstrahlten.
Die Traditionen bestätigen demnach, dass in allen Sendungen das Gesetz des Gebetes ein Grundelement der Offenbarung der Propheten Gottes ist, ein Gesetz, dessen Form und Art jedoch den unterschiedlichen Erfordernissen der jeweiligen Zeit angepasst ist. Da nun jede neue Offenbarung die Sitten, Gebräuche und Lehren, die klar, fest umrissen und festgefügt in der früheren Sendung niedergelegt waren, aufgehoben hat, so ist dies sinnbildlich durch die Worte »Sonne« und »Mond« zum Ausdruck gebracht. »Dass Er euch prüfen möge, wer von euch durch seine Werke hervorrage.«Q26
Überdies werden in den Traditionen die Worte »Sonne« und »Mond« auf Fasten und Beten angewandt, wie ja gesagt ist: »Fasten ist Erleuchtung, Beten ist Licht.« Eines Tages besuchte Uns ein bekannter Geistlicher. Im Laufe des Gespräches erwähnte er diese Überlieferung. Er sagte: »Weil das Fasten die Wärme des Leibes steigert, wird es mit dem Lichte der Sonne verglichen; und weil das Beten zur Nachtzeit den Menschen erfrischt, wird es mit dem Glanz des Mondes verglichen.« Wir erkannten daraus, dass der arme Mensch mit keinem einzigen Tropfen aus dem Meere wahrer Einsicht begnadet und weit von dem Feuerbusch göttlicher Weisheit abgeirrt war. So bemerkten Wir höflich: »Die Auslegung, die Euer Ehrwürden dieser Überlieferung gegeben haben, ist die im Volke übliche. Könnte es nicht noch eine ganz andere geben?« Er fragte: »Welche sollte dies sein?« Wir erwiderten: »Muḥammad, das Siegel der Propheten und der Vorzüglichste unter Gottes Erwählten, hat die Sendung des Qur’án wegen ihrer Erhabenheit, ihres überragenden Einflusses, ihrer Majestät und der Tatsache, dass sie alle Religionen umfasst, mit dem Himmel verglichen. Und da Sonne und Mond die hellsten Leuchten am Himmel sind, so wurden auch für den Himmel der Religion gleichsam zwei Leuchten verordnet: Fasten und Beten. ›Der Islám ist der Himmel, das Fasten seine Sonne, das Beten sein Mond.‹«
Dies ist der den symbolischen Worten der Manifestationen Gottes zugrundeliegende Sinn. Die Anwendung der Begriffe »Sonne« und »Mond« auf die schon erwähnten Gegenstände wird somit durch den Text der heiligen Verse und aufgezeichneten Überlieferungen bewiesen. Es leuchtet deshalb ein, dass durch die Worte: »…werden Sonne und Mond den Schein verlieren, und die Sterne werden vom Himmel fallen«Q27 die Verstocktheit der Geistlichen und die Aufhebung der durch die Offenbarung festbegründeten Gesetze bezeichnet werden soll. Dies alles ist in symbolischer Sprache von der Manifestation Gottes vorausgesagt. Nur die Gerechten sollen von diesem Kelche genießen, nur die Gottesfürchtigen können an ihm teilhaben. »Die Gerechten sollen von einem Kelche trinken, der an der Kampferquelle bereitet ward.«Q28
Ohne Frage haben jeweils in den aufeinanderfolgenden Offenbarungen »Sonne« und »Mond« der Lehren, Gesetze, Gebote und Verbote, die in der vorangegangenen Sendung galten und das Volk jener Zeit beschirmten, ihren Schein verloren, das heißt, sie haben sich erschöpft und ihre prägende Kraft allmählich verloren. Bedenke nun: Hätte das Volk des Evangeliums die Bedeutung der symbolischen Begriffe »Sonne« und »Mond« erkannt, hätte es, statt eigensinnig und verstockt zu sein, die Erleuchtung von Ihm, dem Offenbarer göttlicher Erkenntnis, gesucht, dann hätte es sicherlich den Sinn dieser Worte verstanden und wäre nicht von der Finsternis eigensüchtiger Wünsche befallen und verdunkelt worden. Fürwahr, weil sie säumten, dieses wahre Wissen aus seiner ursprünglichen Quelle zu erwerben, sind sie im gefahrvollen Tale des Eigensinns und des Unglaubens gescheitert. Noch heute sind sie nicht zu der Erkenntnis erwacht, dass alle geweissagten Zeichen offenbar geworden sind, dass die verheißene Sonne über den Horizont göttlicher Offenbarung aufgestiegen ist und dass die »Sonne« und der »Mond« der Lehren, der Gesetze und der Gelehrsamkeit einer früheren Sendung sich verfinstert haben und untergegangen sind.
Nun mache dich mit festem Blick und starken Flügeln auf den Weg der Gewissheit und der Wahrheit. »Sprich: Dies ist Gott. Alsdann überlasse sie ihren Spitzfindigkeiten.«Q29 So wirst du zu jenen Gefährten zählen, von denen Er spricht: »Auf solche, welche sagen ›unser Herr ist Gott‹ und standhaft auf Seinem Pfade verharren, werden wahrlich die Engel herabsteigen.«Q30 Dann wirst du alle diese Mysterien mit eigenen Augen erkennen.
O mein Bruder! Schreite aus mit dem Schritt des Geistes, dann vermagst du in einem Augenblick durch die Wildnis der Gottferne und Verlassenheit dahinzueilen, den Riḍván ewiger Vereinigung zu erreichen und in einem Atemzug in Gemeinschaft mit den himmlischen Wesen zu sein. Denn mit menschlichen Füßen kannst du niemals hoffen, diese unermesslichen Wegstrecken zu überwinden oder dein Ziel zu erreichen. Friede sei mit dem, den das Licht der Wahrheit in alle Wahrheit leitet und der im Namen Gottes auf dem Pfade Seiner Sache steht, am Ufer wahren Verstehens.
Dies ist die Bedeutung des heiligen Verses: »Nein, fürwahr! Ich schwöre bei dem Herrn der Osten und der Westen«Q31, dass eine jede dieser »Sonnen«, von denen Wir gesprochen haben, ihren besonderen Ort des Aufgangs und des Untergangs hat. Da die Kommentatoren des Qur’án den symbolischen Sinn dieser »Sonne« nicht erfassten, hatten sie große Mühe bei der Auslegung des genannten Verses. Einige von ihnen vertraten die Auffassung, die Worte »Osten« und »Westen« seien in die Mehrzahl gesetzt worden, weil die Sonne täglich an einem anderen Punkt aufgeht. Andere wieder schrieben, mit diesem Vers seien die vier Jahreszeiten gemeint, da ja die Aufgangs- und Untergangsorte der Sonne mit dem Wechsel der Jahreszeiten sich verändern. So flach ist ihr Verständnis! Gleichwohl unterstellen sie jenen Edelsteinen des Wissens, jenen feinsten und reinsten Sinnbildern der Weisheit, hartnäckig Irrtum und Torheit.
Nun bemühe dich ebenso, aus diesen klaren, kraftvollen, schlüssigen und unzweideutigen Erklärungen die Bedeutung der »Spaltung des Himmels« zu erfassen – eines der Zeichen, welche das Kommen der letzten Stunde, den Tag der Auferstehung ankündigen werden. So hat Er gesprochen: »Wenn der Himmel sich spaltet.«Q32 »Himmel« ist hier der Himmel der göttlichen Offenbarung, welcher mit jeder Manifestation aufgerichtet und mit jeder folgenden wieder gespalten wird. »Gespalten« bedeutet, dass die vorangegangene Sendung nunmehr abgelöst ist. Ich schwöre bei Gott! Das Spalten dieses Himmels ist für den Verständigen eine größere Tat als das Spalten des sichtbaren Himmelsgewölbes. Denke eine Weile darüber nach: Eine göttliche Offenbarung, welche seit langem sicher begründet war, in deren Schatten die Gläubigen aufwuchsen und erzogen wurden, deren erleuchtete Gesetze Generationen in Zucht hielten, deren erhabenes Wort sie von ihren Vätern vernommen hatten, so dass das menschliche Auge nichts als das alles durchdringende Wirken ihrer Gnade geschaut und das sterbliche Ohr nichts als den erhabenen Widerhall ihrer Gebote gehört hatte – welches Geschehen ist gewaltiger, als wenn durch Gottes Macht eine solche Offenbarung mit dem Erscheinen einer einzigen Seele »gespalten« und aufgehoben wird? Bedenke, ist dies nicht ein gewaltigeres Geschehen als das, was diese elenden Toren sich unter der »Spaltung des Himmels« vorstellen?
Sieh außerdem die Trübsal und Bitternis im Leben dieser Offenbarer göttlicher Schönheit. Bedenke, wie sie so ganz allein der Welt und ihren Völkern gegenüberstanden, wenn sie Gottes Gesetz verkündeten! Wie hart auch die Verfolgungen waren, von denen diese heiligen, edlen und feinfühligen Seelen heimgesucht wurden, so blieben sie trotz der Fülle ihrer Macht geduldig; bei all ihrer Überlegenheit litten sie und harrten aus.
Versuche ebenso, den Sinn der »Wandlung der Erde« zu erfassen. Wisse, dass die Erde all der Herzen, auf welche die Güte freigebiger Regenschauer der Barmherzigkeit vom »Himmel« göttlicher Offenbarung niedergeht, sich wahrlich in die Erde göttlicher Erkenntnis und Weisheit verwandelt. Welche Myrten der Einheit hat der Blumengarten dieser Herzen sprießen lassen! Welche Blüten wahrer Erkenntnis und Weisheit hat ihr erleuchtetes Herz uns geschenkt! Wäre die Erde ihres Herzens nicht verwandelt worden, wie hätten dann solche Seelen, denen nicht ein Buchstabe gelehrt worden war, die keinen Lehrer gesehen hatten und in keine Schule gegangen waren, solche Worte verkünden und solche Erkenntnis an den Tag legen können, die niemand begreifen kann? Mich dünkt, sie sind aus dem Ton unendlichen Wissens gestaltet und mit dem Wasser göttlicher Weisheit geformt worden. Darum ist gesagt: »Wissen ist ein Licht, das Gott ins Herz wirft, wem Er will.« Diese Art Erkenntnis ist seit je zu rühmen, nicht aber das beschränkte Wissen, das einem verschleierten, umwölkten Denken entspringt; dieses beschränkte Wissen haben sie sogar heimlich voneinander geborgt, und vergebens brüsten sie sich damit.
Ach, dass doch die Menschenherzen von diesen allzu menschlichen Beschränkungen und dunklen Gedanken geläutert würden, die auf ihnen lasten! Vielleicht werden sie, vom Licht der Sonne wahrer Erkenntnis erleuchtet, die Mysterien göttlicher Weisheit erfassen! Überlege: Bliebe die dürre, unfruchtbare Erde dieser Herzen unverwandelt, wie könnten sie je zu Empfängern der Offenbarung der Gottesgeheimnisse werden, zu Offenbarern des göttlichen Wesens? Darum sprach Er: »Am Tage, da die Erde in eine andere Erde verwandelt wird …«Q33
Der Windhauch der Großmut des Königs der Schöpfung hat sogar die sichtbare Erde verwandelt – o würdet ihr doch über die Mysterien göttlicher Offenbarung in euren Herzen nachsinnen!
Und nun begreife den Sinn dieses Verses: »Die ganze Erde wird Ihm nur eine Handvoll sein am Tag der Auferstehung, und die Himmel werden zusammengerollt sein in Seiner Rechten. Preis sei Ihm! Und erhaben ist Er ob dem, was sie Ihm beigesellen.«Q34 Urteile gerecht: Hätten diese Verse den Sinn, den die Menschen ihnen beimessen, von welchem Nutzen, so muss man fragen, könnte dies für den Menschen sein? Überdies ist es offensichtlich, dass keine Hand, die Menschenaugen schauen können, so etwas vollbringen könnte, geschweige denn, dass dies der erhabenen Wesenheit des einen wahren Gottes zugeschrieben werden kann. Nein, dies anzunehmen, wäre reine Gotteslästerung und die völlige Entstellung der Wahrheit. Wenn du sagst, mit diesem Vers seien die Manifestationen Gottes gemeint, die am Tage des Gerichts aufgerufen würden, ein solches Werk zu vollbringen, so ist auch dies weit entfernt von der Wahrheit und wahrlich ohne Nutzen. Hingegen ist mit dem Worte »Erde« die Erde der Einsicht und Erkenntnis gemeint und mit »Himmel« die Himmel göttlicher Offenbarung. Bedenke sodann, wie die einstens ausgebreitete Erde der Erkenntnis und Einsicht im mächtigen Griff Seiner einen Hand zu einer Handvoll wurde und wie Er mit der anderen Hand in den Menschenherzen eine neue, hoch erhabene Erde ausgebreitet hat und damit die frischesten, lieblichsten Blumen und die mächtigsten, hochragenden Bäume aus der erleuchteten Brust des Menschen aufsprießen lässt.
Ebenso sinne darüber nach, wie die erhabenen Himmel der Religionen der Vergangenheit in der Rechten Seiner Macht aufgerollt wurden und wie die Himmel göttlicher Offenbarung auf Gottes Befehl erhöht und durch die Sonne, den Mond und die Sterne Seiner neuen, wundervollen Gebote geschmückt wurden. Das sind die Mysterien der Worte Gottes, die enthüllt und offenbar sind, damit du das Morgenlicht göttlicher Führung erkennst und die Lampe eitlen Wahns und leeren Trugs, des Zauderns und Zweifels mit der Kraft des Vertrauens und der Entsagung löschst, so dass in der innersten Kammer deines Herzens das neugeborene Licht göttlicher Erkenntnis und Gewissheit entzündet wird.
Wisse wahrlich, dass die auf die Offenbarer der heiligen Gottessache zurückgehenden symbolischen Begriffe und dunklen Andeutungen die Völker der Welt prüfen sollen, so dass so die Erde der reinen, erleuchteten Herzen geschieden werde vom vergänglichen, öden Boden. Seit unvordenklicher Zeit war dies der Weg Gottes inmitten Seiner Geschöpfe, wie dies die Berichte der heiligen Bücher bezeugen.
Denke auch über den Vers nach, der über die ›Qiblih‹A13 offenbart wurde.

Als Muḥammad, die Sonne der Prophetenschaft, aus der Morgendämmerung BaṭḥásA14 nach YathribA15 geflohen war, hatte Er beim Gebet Sein Antlitz zunächst weiterhin der heiligen Stadt Jerusalem zugewandt, bis die Juden begannen, über Ihn unziemliche Reden zu führen – Reden, deren Erwähnung diesen Seiten schlecht anstünde und die den Leser ermüdeten.

Muḥammad nahm diese Reden übel auf.

Während Er in Andacht und Verzückung versunken Seinen Blick zum Himmel hob, hörte Er die gütige Stimme Gabriels:

»Wir schauen auf Dich aus der Höhe, wie Du Dein Antlitz dem Himmel zuwendest.

Wir wollen aber, dass Du Dich einer Qiblih zuwendest, die Dir gefällt.«Q35 Später, als der Prophet zusammen mit Seinen Gefährten das Mittagsgebet verrichtete und schon zwei der vorgeschriebenen Raka‘atA16 vollbracht hatte, war wiederum die Stimme Gabriels zu hören:

»Wende Dein Antlitz der heiligen MoscheeA17 zu.«Q36 Mitten im Gebet wandte darum Muḥammad Sein Antlitz von Jerusalem ab und der Ka‘bah zu.

Tiefe Bestürzung überfiel da die Gefährten des Propheten, deren Glaube ernstlich erschüttert wurde.

So groß war ihr Schrecken, dass viele ihr Gebet abbrachen und vom Glauben abfielen.

Wahrlich, Gott hat diesen Aufruhr nur deshalb bewirkt, um Seine Diener zu prüfen.

Sonst hätte Er, der höchste König, die Qiblih nicht geändert, und Jerusalem wäre der ›Punkt der Anbetung‹ in Seiner Sendung geblieben.

So wäre der heiligen Stadt nicht eine Gunst entzogen worden, die ihr einst verliehen worden war.
Keiner der vielen Propheten, die seit der Offenbarung Mose als Boten des Wortes Gottes herabgesandt wurden, wie David, Jesus und andere der größeren Propheten aus dem Zeitraum zwischen den Offenbarungen Mose und Muḥammads, hat jemals das Gesetz der Qiblih geändert. Diese Boten des Herrn der Schöpfung haben allesamt ihre Völker die gleiche Gebetsrichtung einhalten lassen. In den Augen Gottes, des vollkommenen Königs, sind alle Orte der Erde einander gleich außer dem Ort, den Er in den Tagen Seiner Offenbarung zu einem besonderen Zweck erwählt – wie Er gesagt hat: »Gottes ist der Osten und der Westen. Darum, wohin ihr euch auch wendet, da ist Gottes Antlitz.«Q37 Warum sollte also, ungeachtet dieser Wahrheit, die Qiblih geändert und dadurch solche Bestürzung unter dem Volk erregt werden, dass die Gefährten des Propheten schwankend wurden und große Verwirrung in ihrer Mitte entstand? Wahrlich, was so die Menschenherzen mit Bestürzung erfüllt, geschieht nur, um jede Seele am Prüfstein Gottes zu prüfen, damit so die Echten erkannt und von den Falschen unterschieden werden. Darum hat Er nach dem Bruch im Volke offenbart: »Wir haben die Qiblih, die Du wünschtest, nur bestimmt, um den zu erkennen, der dem Gottgesandten folgt, und den, der von Ihm wegläuft.«Q38 »Erschrockene Esel, die vor einem Löwen fliehen.«Q39
Wolltet ihr diese Verse auch nur ein wenig beherzigen, so würdet ihr sicherlich die Tore der Erkenntnis vor eurer inneren Schau geöffnet finden und alles Wissen und dessen Mysterien unverhüllt vor Augen sehen. Dies geschieht nur zur Entwicklung der Menschenseelen, zu ihrer Errettung aus dem Käfig des Selbstes und der Begierde. Denn der wahre König ist in aller Ewigkeit in Seinem Wesen unabhängig vom Erkenntnisvermögen aller, und Er wird ewig in Seinem Sein hoch erhaben über der Anbetung aller Seelen stehen. Ein einziger Hauch aus Seiner Fülle genügt, um die ganze Menschheit mit dem Gewande des Reichtums zu schmücken, und ein Tropfen aus dem Meere Seiner freigebigen Gnade reicht aus, um allen Wesen den Glanz ewigen Lebens zu verleihen. Aber da der göttliche Ratschluss bestimmt hat, dass die Echten von den Falschen unterschieden werden sollen so wie die Sonne vom Schatten, hat Er zu allen Zeiten aus Seinem Reiche der Herrlichkeit die Regenschauer der Prüfung auf die Menschheit herabgesandt.
Würden die Menschen über das Leben der Propheten alter Zeiten meditieren, so verstünden sie viel leichter deren Wege, und ihr Blick bliebe nicht länger verhüllt vor Taten und Worten, die im Widerspruch zu ihrem weltlichen Begehren stehen.

Sie ließen alle aufkommenden Schleier von dem Feuer verzehren, das aus dem Busche göttlicher Erkenntnis lodert, und wohnten sicher auf dem Throne des Friedens und der Gewissheit.

Seht zum Beispiel Mose, den Sohn ‘ImránsA18, einen der erhabenen Propheten und Urheber eines göttlich offenbarten Buches.

Als Er in Seinen früheren Tagen, ehe Seine Berufung verkündet ward, über den Markt ging, sah Er zwei Männer im Streite miteinander.

Einer der beiden bat Mose um Hilfe gegen seinen Widersacher.

Da trat Er dazwischen und erschlug den Angreifer.

Dies bezeugt die Heilige Schrift.

Wollten Wir Einzelheiten anführen, so würde dies zu weit führen und die Argumentation unterbrechen.

Die Kunde von diesem Vorfall verbreitete sich in der Stadt, und Mose ward von Furcht erfüllt, wie im Buche bezeugt ist.A19 Und als die Warnung zu Seinem Ohr drang:

»O Moses, wahrlich, die Obersten beraten, dass sie Dich töten!«Q40, eilte Er aus der Stadt und hielt sich in Midian auf im Dienste des Shu‘ayb.

Bei Seiner Rückkehr betrat Er das heilige Tal der Wildnis des Sinai und hatte dort ein Gesicht des Königs der Einzigkeit in dem »Baume, der weder zum Osten noch zum Westen gehört«Q41.

Dort hörte Er die seelenerschütternde Stimme des Geistes aus dem flammenden Feuer sprechen.

Dieser befahl Ihm, auf die Seelen des Pharao das Licht göttlicher Führung zu gießen, damit Er sie aus dem Schatten im Tale des Selbstes und der Begierde befreie und befähige, zu den Auen himmlischen Entzückens aufzusteigen, dass Er sie alle durch den Salsabíl der Entsagung aus der Verwirrung der Gottferne erlöse und sie in die friedvolle Stadt der göttlichen Gegenwart eintreten lasse.

Als Mose vor den Pharao trat und ihm die von Gott aufgetragene Botschaft brachte, sprach der Pharao anmaßend:

»Bist du nicht der, der einen totschlug und dann ein Ungläubiger wurde?«A20 So hat der Herr der Erhabenheit berichtet, dass der Pharao zu Mose gesagt habe:

»Was für eine Tat hast du begangen!

Du bist ein Undankbarer …!« Und dieser sprach:

Fürwahr, Ich habe es getan.

Ich war einer derer, die sich irrten.

Und da Ich dich fürchtete, floh Ich vor dir.

Aber Mein Herr hat Mir Weisheit verliehen und hat Mich zu einem Seiner Boten gemacht.«A21
Und nun denke im Herzen über die Erschütterung nach, die Gott hervorgerufen hat. Sinne über die seltsamen, mannigfachen Heimsuchungen nach, mit denen Er Seine Diener prüft. Beachte, wen Er plötzlich unter Seinen Dienern erwählt und wem Er den erhabenen Auftrag göttlicher Führung verliehen hat: Einem, der des Totschlags schuldig war, der selbst Seine Grausamkeit zugegeben hatte, der nahezu dreißig Jahre lang vor den Augen der Welt im Hause des Pharao erzogen ward und an seiner Tafel gespeist hatte. War denn Gott, der allmächtige König, nicht fähig, des Mose Hand vom Totschlag zurückzuhalten, so dass Ihm diese Tat, die doch nur Verwirrung und Abscheu unter den Menschen hervorrufen konnte, nicht hätte angelastet werden können?
Ebenso denke auch über die Lage Marias nach.A22 So tief war die Bestürzung dieser edlen Gestalt, so schlimm ihre Lage, dass sie bitterlich beklagte, jemals geboren zu sein. Dies bezeugt der Text des heiligen Verses, worin berichtet wird, wie Maria nach der Geburt Jesu ihr Los beklagte und ausrief: »Ach, wäre ich doch zuvor gestorben und wäre ganz und gar vergessen!«Q42 Ich schwöre bei Gott! Solche Klage verzehrt das Herz und erschüttert die Seele. Nur der Tadel der Feinde und der spitzfindige Spott der Ungläubigen und Verderbten konnte zu solcher Bestürzung und Verzweiflung führen. Bedenke, was konnte Maria den Leuten zur Antwort geben? Wie konnte sie behaupten, dass ein Kind, dessen Vater unbekannt war, vom Heiligen Geist empfangen sei? So nahm Maria, diese tugendsam verhüllte, unsterbliche Gestalt, ihr Kind und kehrte nach Hause zurück. Kaum waren die Augen der Leute auf sie gefallen, als sie schon ihre Stimme erhoben: »O Schwester Aarons! Dein Vater war doch kein schlechter Kerl und deine Mutter keine Dirne!«Q43
Und nun meditiere über diese größte Erschütterung, über diese schmerzliche Prüfung. All diesen Geschehnissen zum Trotz verlieh Gott diesem Wesen des Geistes, Ihm, der bei den Leuten als vaterlos bekannt war, die Herrlichkeit des Prophetentums und machte Ihn zu Seinem Zeugnis für alle, die im Himmel und auf Erden sind.
Beachte, wie sehr die Wege der Manifestationen Gottes so, wie sie der König der Schöpfung vorzeichnet, den Wegen und Wünschen der Menschen zuwider sind! Wenn du das Wesen dieser göttlichen Mysterien verstehen willst, wirst du auch die Absicht Gottes, des Bezaubernden, des Vielgeliebten, begreifen. Du wirst sehen, dass Worte und Werke dieses allmächtigen Herrschers ein und dieselben sind. So kommt es, dass du alles, was du in Seinen Werken siehst, auch in Seinen Worten findest, und alles, was du in Seinen Worten liest, auch in Seinen Werken erkennst. Und wenn auch äußerlich solche Werke und Worte als Feuer der Rache an den Gottlosen erscheinen, so sind sie doch in Wirklichkeit nur Barmherzigkeit für die Gerechten. Wäre das Auge des Herzens geöffnet, so würde es sicherlich erkennen, dass die vom Himmel des Willens Gottes offenbarten Worte mit den Werken, die vom Reiche göttlicher Macht ausstrahlen, in Einklang stehen und ihnen gleich sind.
Und nun, mein Bruder, habe acht: Was würden die Menschen tun, wenn sich heute, in dieser Sendung, Ähnliches ereignete? Ich schwöre bei Ihm, dem wahren Erzieher der Menschenwelt und Offenbarer des Wortes Gottes, dass das Volk Ihn sofort, ohne nachzuforschen, einen Ungläubigen hieße und Ihn zum Tode verurteilte. Wie weit sind sie davon entfernt, der Stimme zu lauschen, die verkündet: Seht, ein Jesus ist aus dem Hauch des Heiligen Geistes hervorgegangen, und ein Mose ist zu einem von Gott bestimmten Auftrag berufen! Wollten sich zehntausend Stimmen erheben, kein Ohr würde darauf hören, wenn Wir sagten, dass einem vaterlosen Kinde die Sendung des Prophetentums verliehen ward oder dass einem Totschläger aus den Flammen des Feuerbusches die Botschaft entgegenscholl: »Wahrlich, wahrlich, Ich bin Gott!«
Wäre das Auge der Gerechtigkeit geöffnet, so würde es im Lichte dieser Ausführungen alsbald erkennen, dass Er, die Ursache und das letzte Ziel aller Dinge, am heutigen Tage offenbar geworden ist. Obwohl sich Ähnliches in dieser Sendung nicht begeben hat, klammert sich das Volk dennoch an leeren Trug, wie ihn die Verworfenen schätzen. Wie schlimm sind die Vorwürfe, die sie gegen Ihn erhoben, wie hart die Verfolgungen, die sie auf Ihn luden, Anschuldigungen und Verfolgungen, wie sie die Menschen noch nicht gesehen und gehört haben!
Großer Gott!

Als der Strom der Äußerung dieses Stadium erreichte, schauten Wir auf, und siehe, vom Morgen der Offenbarung wehte der liebliche Duft Gottes herbei und dem Ṣabá des Ewigen entströmte ein frischer Morgenwind.

Ihre frohe Botschaft erfreute aufs Neue das Herz und spendete der Seele unermessliche Wonne.

Diese Offenbarung machte alles neu und brachte ungezählte, unschätzbare Gaben von dem unerkennbaren Freunde.

Das Kleid menschlichen Lobpreises ist ihrer edlen Gestalt niemals angemessen, und der Mantel der Rede kann ihrer leuchtenden Erscheinung niemals genügen.

Ohne Worte entfaltet sie die inneren Mysterien, und ohne Sprache enthüllt sie die Geheimnisse göttlicher Rede.

Sie lehrt die Nachtigallen auf dem Zweig der Gottferne und der Trennung das Jammern und Wehklagen, unterweist sie in der Kunst, die Wege der Liebe zu finden, und zeigt ihnen das Geheimnis der Herzenshingabe.

Den Blumen des Riḍváns himmlischer Vereinigung offenbart sie die Liebkosungen des entflammten Liebenden und enthüllt ihnen die Anmut des Makellosen.

Den Anemonen im Garten der Liebe schenkt sie die Mysterien der Wahrheit, und der Brust der Liebenden vertraut sie Sinnbilder subtilster geistiger Bedeutungen an.

In dieser Stunde ergießt sich ihre Gnade so freigebig, dass selbst der Heilige Geist sie beneidet.

Dem Tropfen gab sie die Macht der Meereswoge, dem Stäubchen verlieh sie den Glanz der Sonne.

So weithin strömt ihre Güte, dass der übelriechende Käfer den Wohlgeruch des Moschus und die Fledermaus das Licht der Sonne sucht.

Sie hat die Toten mit dem Hauch des Lebens erquickt und lässt sie aus den Gräbern ihrer sterblichen Leiber hervoreilen.

Sie hat die Unwissenden auf den Thron der Gelehrsamkeit gesetzt und die Tyrannen auf den Hochsitz der Gerechtigkeit erhoben.
Das Weltall ist schwanger mit all dieser Gnadenfülle und harret der Stunde, da das Wirken ihrer unsichtbaren Gaben auf dieser Erde offenbar werde, da die Schmachtenden, vom Durst Geplagten zum reinen Kawthar ihres Vielgeliebten gelangen und der in der Wildnis der Gottferne und des Nichtseins verlorene, irrende Wanderer in das Tabernakel des Lebens eingehen und sich mit seinem Vielgeliebten vereinigen wird. In wessen Herzensgrund werden diese heiligen Saaten reifen? In wessen Seelengarten werden die Blumen der unsichtbaren Wirklichkeiten sprießen? Wahrlich, Ich sage, so heftig ist die Macht des Feuers aus dem Busch der Liebe, der im Sinai des Herzens brennt, dass die Ströme der heiligen Verkündigung nimmer seine Flamme sättigen können. Selbst Weltmeere vermögen nimmermehr den brennenden Durst dieses Leviathans zu stillen, und dieser Phönix des unsterblichen Feuers kann nirgends Ruhe finden außer in der Glut des Antlitzes des Vielgeliebten. Darum, o Bruder, entzünde mit dem Öl der Weisheit die Lampe des Geistes in der innersten Kammer deines Herzens und beschirme sie mit dem Schutze des Verstehens, damit der Hauch der Ungläubigen ihre Flamme nicht lösche und ihren Glanz nicht trübe. Also haben Wir die Himmel der Verkündigung durch die Strahlen der Sonne göttlicher Weisheit und Erkenntnis erhellt, auf dass dein Herz Frieden finde und du zu jenen zählest, die sich auf den Schwingen der Gewissheit in die Lüfte der Liebe ihres Herrn, des Allbarmherzigen, erheben.
Und nun Seine Worte: »Und alsdann wird erscheinen das Zeichen des Menschensohnes am Himmel.«Q44 Damit ist gemeint: Wenn sich die Sonne der himmlischen Lehren verfinstert, die Sterne der gottbegründeten Gesetze herabfallen und der Mond wahren Wissens, der Erzieher der Menschheit, sich verdunkelt, wenn die Banner der Führung und der Glückseligkeit stürzen und der Morgen der Wahrheit und Gerechtigkeit in Nacht versinkt, dann wird das Zeichen des Menschensohnes am Himmel erscheinen. »Himmel« bedeutet hier den sichtbaren Himmel; denn sobald die Stunde naht, da die Sonne am Himmel der Gerechtigkeit offenbart wird und die Arche göttlicher Führung das Meer der Herrlichkeit befährt, erscheint ein Stern am Himmel, der seinem Volk jenes größte Licht ankündigt. Ebenso wird am unsichtbaren Himmel ein Stern offenbar werden, der den Völkern der Erde den Anbruch jenes wahren, erhabenen Morgens vermelden wird. Diese zwiefachen Zeichen, am sichtbaren und am unsichtbaren Himmel, haben die Offenbarung eines jeden Propheten Gottes angekündigt, wie allgemein geglaubt wird.
Einer der Propheten war Abraham, der Freund GottesA23. Ehe Er sich offenbarte, hatte Nimrod einen Traum. Daraufhin versammelte er die Wahrsager, die ihm vom Aufgang eines Sternes am Himmel berichteten. Es erschien auch ein Herold, der im ganzen Lande das Erscheinen Abrahams verkündete.
Nach Ihm kam Mose, der mit Gott Zwiesprache hielt. Die Wahrsager jener Zeit warnten den Pharao mit folgenden Worten: »Ein Stern ist am Himmel aufgegangen. Siehe, er kündigt die Empfängnis eines Kindes an, das dein und deines Volkes Geschick in der Hand hält.« Ebenso erschien ein Weiser, der dem Volke Israel in finsterer Nacht eine frohe Botschaft brachte, die den Seelen Trost und den Herzen Gewissheit verhieß. Dies bezeugen die Berichte der heiligen Bücher. Wollten Wir ins Einzelne gehen, so würde diese Schrift zu einem Buch anschwellen. Zudem ist es nicht Unser Wunsch, Geschichten aus vergangenen Zeiten zu erzählen. Gott ist Unser Zeuge: Auch was Wir jetzt erwähnen, geschieht nur aus Unserer zärtlichen Liebe zu dir, damit vielleicht manche Armen auf Erden die Meeresküsten des Reichtums erreichen, die Unwissenden zum Meer des Wissens geleitet und die nach Erkenntnis Dürstenden des Salsabíls göttlicher Weisheit teilhaftig werden. Sonst würde dieser Diener die Betrachtung solcher Berichte als schweren Irrtum und schlimme Übertretung ansehen.
Ebenso wurden, als die Stunde der Offenbarung Jesu nahte, einige Magier dessen gewahr, dass der Stern Jesu am Himmel aufgegangen war. Sie suchten ihn und folgten ihm, bis sie zu der Stadt kamen, die der Königssitz des Herodes war, dessen Herrschaftsgebiet sich in jenen Tagen über das ganze Land erstreckte.
Diese Magier sprachen: »Wo ist der neugeborene König der Juden? Wir haben Seinen Stern gesehen im Morgenland und sind gekommen, Ihn anzubeten.«Q45 Als sie nun nachforschten, fanden sie heraus, dass das Kind in Bethlehem im Lande Judäa geboren war. Dies war das am sichtbaren Himmel offenbarte Zeichen. Was nun das Zeichen am unsichtbaren Himmel betrifft, dem Himmel göttlicher Erkenntnis und Einsicht, so war es JohannesA24, der Sohn des Zacharias, der dem Volke die frohe Botschaft der Manifestation Jesu gab. So hat Er offenbart: »Gott kündigt dir Yaḥyá an, welcher zeugen wird vom Worte Gottes, ein Großer und Reiner.«Q46 Mit dem »Wort« ist Jesus gemeint, dessen Ankunft Yaḥyá voraussagte. Zudem steht in den himmlischen Schriften geschrieben: »Johannes der Täufer predigte in der Wildnis Judäas und sprach: ›Kehret um, denn das Himmelreich ist nahe herbeigekommen.‹«Q47 Johannes ist Yaḥyá.
Desgleichen wurden, ehe die Schönheit Muḥammads enthüllt ward, die Zeichen am sichtbaren Himmel offenbart. Was die Zeichen am unsichtbaren Himmel betrifft, so traten vier Männer auf, die nacheinander dem Volke die frohe Botschaft vom Aufgang dieser göttlichen Sonne ankündigten. Rúzbih, später Salmán genannt, hatte die Ehre, ihnen dienen zu dürfen. Jedes Mal, wenn einer der vier sein Ende vor sich sah, sandte er Rúzbih zum anderen, bis schließlich auch der Vierte seinen Tod nahen fühlte und also zu Rúzbih sprach: »O Rúzbih, begib dich, wenn du meinen Leib zu Grabe getragen, nach dem Ḥijáz, denn dort wird die Sonne Muḥammads aufsteigen. Glücklich bist du, denn du wirst Sein Antlitz schauen.«
Nun zu dieser wunderbaren, höchst erhabenen Sache. Wisse wahrlich, dass viele Astronomen das Erscheinen ihres Sterns am sichtbaren Himmel angekündigt haben; und auch hier erschienen auf Erden Aḥmad und KáẓimA25, diese beiden strahlenden Zwillingslichter – möge Gott ihre Ruhestätten heiligen!
Unsere bisherigen Ausführungen zeigen klar, dass vor der Offenbarung dieser Spiegel göttlichen Wesens die ihre Ankunft ankündigenden Zeichen am sichtbaren Himmel enthüllt werden mussten, aber auch am unsichtbaren Himmel, wo die Sonne des geistigen Wissens, der Mond der Weisheit und die Sterne der Erkenntnis und der Rede ihren Sitz haben. Das Zeichen am unsichtbaren Himmel muss sich in der Gestalt jenes vollkommenen Menschen offenbaren, der vor einer jeden Manifestation erscheint, die Menschen erzieht und auf die göttliche Sonne, das Licht der Einheit Gottes unter den Menschen, vorbereitet.
Nun kommen Wir zu Seinen Worten:

»Und alsdann werden heulen alle Geschlechter auf Erden, und werden sehen kommen des Menschen Sohn in den Wolken des Himmels mit großer Kraft und Herrlichkeit.«Q48 Diese Worte bedeuten, dass in diesen Tagen die Menschen über den Verlust der Sonne göttlicher Schönheit, des Mondes der Erkenntnis und der Sterne göttlicher Weisheit wehklagen werden.

Alsdann aber werden sie das Antlitz des Verheißenen, die angebetete Schönheit, vom Himmel auf den Wolken herabfahren sehen.

Das heißt, dass sich die göttliche Schönheit vom Himmel des Willens Gottes offenbaren und in der des menschlichen Tempels erscheinen wird.

Der Begriff »Himmel« bezeichnet hier Hehrheit und Erhabenheit, da er der Sitz der Offenbarung dieser Manifestationen der Heiligkeit, der Morgenröten altehrwürdiger Herrlichkeit ist.

Diese altehrwürdigen Wesen sind, wenn auch aus dem Mutterleib geboren, in Wirklichkeit vom Himmel des Willens Gottes herabgekommen.

Auch wenn sie auf Erden wohnen, sind ihre wahren Wohnstätten die Ruhesitze der Herrlichkeit in den Reichen der Höhe.

Während sie unter Sterblichen wandeln, sind sie doch in den Himmel der göttlichen Gegenwart erhoben.

Ohne Füße schreiten sie auf dem Pfade des Geistes, ohne Schwingen fliegen sie empor zu den erhabenen Höhen göttlicher Einheit.

Mit jedem Atemzug durcheilen sie die Unendlichkeit des Raumes, in jedem Augenblick durchwandern sie die Reiche des Sichtbaren und des Unsichtbaren.

Auf ihren Thronen steht geschrieben:

»Nichts kann Ihn hindern, sich mit etwas anderem zu befassen«A26, und ihre Sitze tragen die Inschrift:

»Wahrlich, Seine Wege sind alle Tage andere.«Q49 Sie sind entsandt durch die alles überragende Macht des Urewigen der Tage, und sind erhöht durch den erhabenen Willen Gottes, des mächtigsten Königs.

Dies ist mit den Worten gemeint:

»… kommend auf den Wolken des Himmels«.
Das Wort »Himmel« wurde in den Reden der göttlichen Sonnen in vielerlei Weise gebraucht; zum Beispiel der »Himmel des Gebotes«, der »Himmel des Willens«, der »Himmel der göttlichen Absicht«, der »Himmel der göttlichen Erkenntnis«, der »Himmel der Gewissheit«, der »Himmel der Verkündigung«, der »Himmel der Offenbarung«, der »Himmel der Verborgenheit« und dergleichen. In jedem Falle hat Er dem Worte »Himmel« einen besonderen Sinn verliehen, dessen Bedeutung nur denen enthüllt ist, die in die göttlichen Mysterien eingeweiht sind und aus dem Kelche ewigen Lebens getrunken haben. So spricht Er zum Beispiel: »Doch im Himmel ist eure Versorgung und das euch Verheißene«Q50, während es doch eigentlich die Erde ist, die der Versorgung dient. Ähnlich wurde gesagt: »Die Namen kommen vom Himmel herab«, während sie doch aus dem Munde der Menschen hervorgehen. Solltest du den Spiegel deines Herzens vom Staube der Bosheit reinigen, so würdest du den Sinn der symbolischen Begriffe des allumfassenden Gotteswortes in allen Offenbarungen begreifen und die Mysterien göttlichen Wissens entdecken. Doch nicht eher kannst du den strahlenden Morgen wahren Wissens schauen, als bis du mit der Flamme völliger Loslösung die Schleier eitler Gelehrsamkeit, wie sie bei den Menschen im Schwange ist, verbrannt hast.
Merke wohl: Wissen ist von zweierlei Art, göttlich und satanisch. Das eine entspringt dem Born göttlicher Eingebung, das andere ist nur ein Spiegelbild eitler, dunkler Gedanken. Der Quell des einen ist Gott selbst, die Triebkraft des anderen sind die Einflüsterungen selbstsüchtiger Wünsche. Das eine ist geleitet von dem Spruch: »Fürchtet Gott; Gott wird euch lehren«Q51, das andere bestätigt die Wahrheit: »Wissen ist der größte Schleier zwischen dem Menschen und seinem Schöpfer.«A27 Die Früchte des einen sind Geduld, Sehnsucht, wahre Erkenntnis und Liebe, die des anderen nur Anmaßung, Hoffart und Dünkel. In den Worten jener Meister heiliger Rede, welche den Sinn wahren Wissens erläutert haben, ist der Geruch dieser dunklen Lehren, welche die Welt verfinstern, nirgends zu finden. Der Baum solcher Lehren kann nur Laster und Aufruhr zeitigen, er trägt keine andere Frucht als Hass und Neid. Seine Frucht ist tödliches Gift, sein Schatten verzehrendes Feuer. Wie schön ist doch gesagt: »Halte dich an das Gewand deiner Herzenssehnsucht und lasse alle Scheu fahren; die Weltklugen aber lasse gehen, wie berühmt ihr Name auch sei.«A28
Das Herz muss darum geläutert werden von eitlem Menschengeschwätz und geheiligt von allen irdischen Neigungen, so dass es die verborgene Bedeutung göttlicher Eingebung zu entdecken vermag und zur Schatzkammer der Mysterien göttlichen Wissens werde. So wurde gesagt: »Wer auf dem schneeweißen Pfad wandelt und den Spuren der hochroten Säule nachgeht, wird nie zu Seiner Wohnstatt gelangen, es sei denn mit Händen, die rein sind von weltlichem Tand, wie Menschen ihn lieben.« Dies tut vor allem dem not, der diesen Pfad beschreitet. Denke darüber nach, auf dass du mit entschleiertem Auge die Wahrheit dieser Worte erfassest.
Wir sind vom Thema abgewichen, doch alles, was Wir angeführt haben, dient dem Zweck dieser Ausführungen. Bei Gott! So groß auch Unser Wunsch ist, Uns kurz zu fassen, so sehen Wir doch, dass Wir die Feder nicht zügeln können! Wie zahllos sind aber, bei allem schon Gesagten, die Perlen, die aus der Muschel Unseres Herzens noch nicht herausgeschält sind! Wie viele ḤúríA29 der inneren Bedeutung sind noch in den Kammern göttlicher Weisheit verborgen! Keiner hat sich ihnen je genähert, diesen Ḥúrí, »die kein Mensch noch Geist zuvor berührt hat«Q52. Obwohl all dies gesagt wurde, scheint es, als wäre noch kein Buchstabe dieser Ausführungen ausgesprochen, noch kein einziges Zeichen Unseres Zieles enthüllt. Wann wird ein ergebener Sucher zu finden sein, der das Pilgergewand anlegt, zur Ka‘bah seiner Herzenssehnsucht gelangt und ohne Ohr und Zunge die Mysterien göttlicher Sprache entdeckt?
Durch diese klaren, schlüssigen Darlegungen ist also der Sinn des Wortes »Himmel« in dem erwähnten Vers klar und verständlich geworden. Und nun zu Seinen Worten, dass der Menschensohn kommen werde »in den Wolken des Himmels«Q53. Der Begriff »Wolken« bedeutet, was den Wegen und Wünschen der Menschen zuwider ist. So hat Er in dem angeführten Vers offenbart: »Sooft ein Bote zu euch kommt mit dem, was euren Seelen zuwider ist, seid ihr in Hoffart aufgebläht; die einen habt ihr des Betrugs geziehen, die anderen gar erschlagen.«Q54 Diese »Wolken« bedeuten in einem Sinne die Aufhebung der Gesetze, die Ablösung der früheren Sendungen, die Abschaffung von Riten und Bräuchen, die bei den Menschen im Schwange sind, den Vorrang des ungelehrten Gläubigen vor dem gelehrten Gegner des Glaubens. In einem anderen Sinne bedeuten sie das Erscheinen der unsterblichen Schönheit in der Gestalt eines sterblichen Menschen mit menschlichen Beschränkungen wie Essen und Trinken, Armut und Reichtum, Ruhm und Erniedrigung, Schlafen, Wachen und anderem mehr, was bei den Menschengeistern Zweifel erregen und sie abspenstig machen kann. Alle diese Schleier werden sinnbildlich als »Wolken« bezeichnet.
Dies sind die »Wolken«, durch welche die Himmel der Erkenntnis und des Verstehens aller, die auf Erden wohnen, gespalten werden.

So hat Er offenbart:

»An jenem Tage soll der Himmel durch die Wolken gespalten werden.«Q55 So wie die Wolken das Menschenauge daran hindern, die Sonne zu schauen, hindert dieses Geschehen die Menschenseelen, das Licht der göttlichen Sonne zu erkennen.

Das bezeugt die Rede der Ungläubigen, wie im Heiligen Buch offenbart ist:

»Sie sprechen:

Doch was ist’s mit diesem Gottgesandten?

Er isset Speis’ und wandelt in den Gassen?

Ja, wär’ ihm nur herabgesandt ein Engel, der mit ihm wär’, ein Mahner!«Q56 Auch andere Propheten litten unter Armut, Trübsal, Hunger, Leid und den Wechselfällen dieser Welt.

Da diese geheiligten Gestalten solchen Nöten und Bedürfnissen unterworfen sind, war auch das Volk in der Wildnis der Sorgen und Zweifel verloren und von Verwirrung und Bestürzung ergriffen.

Wie konnte, so fragten sie sich, ein solcher Mensch von Gott herabgesandt sein, seine Überlegenheit über alle Menschen und Geschlechter hienieden behaupten und den Anspruch erheben, selbst das Ziel aller Schöpfung zu sein – wie Er gesprochen hat:

»Ich hätte nicht all dies im Himmel und auf Erden erschaffen, wenn nicht für Dich«Q57 –, der doch so trivialen Dingen unterworfen ist?

Du bist doch zweifellos unterrichtet über die Trübsale, die Armut, die Übel und die Erniedrigung, die über alle Propheten Gottes und ihre Gefährten kamen.

Du hast doch gehört, wie die Häupter ihrer Jünger als Geschenke in einige Städte gesandt wurden und wie schrecklich sie gehindert wurden zu tun, was ihnen befohlen ward.

Sie fielen allesamt in die Hände der Feinde Seiner Sache und hatten zu erdulden, was immer jene bestimmten.
Es ist offenbar, dass der Umbruch, zu dem es in jeder Sendung kommt, die finsteren Wolken bildet, welche sich zwischen das Auge menschlichen Begreifens und die göttliche Sonne schieben, die aus dem Aufgangsort des göttlichen Wesens hervorstrahlt. Sieh, wie die Menschen über Generationen blindlings dem Beispiel ihrer Väter folgten und nach den Vorschriften ihres Glaubens erzogen wurden. Müssten diese Menschen plötzlich sehen, dass einer aus ihrer Mitte, der alle menschlichen Begrenzungen mit ihnen teilt, sich erhebt, um alle festgefügten Grundsätze, die ihnen ihr Glaube auferlegte, abzuschaffen, Grundsätze, durch die sie über Jahrhunderte in Zucht gehalten wurden und deren Gegner und Leugner sie als ungläubig, ruchlos und gottlos anzusehen pflegten, so wären sie sicherlich in Schleier gehüllt und unfähig, Seine Wahrheit anzuerkennen. Solche Geschehnisse sind wie »Wolken«A30, welche die Augen derer verschleiern, deren Wesen weder vom Salsabíl der Loslösung gekostet noch vom Kawthar der Erkenntnis Gottes getrunken hat. Solche Menschen werden, wenn sie in diese Lage kommen, so verschleiert, dass sie, ohne im geringsten zu fragen, die Manifestation Gottes einen Ungläubigen nennen und über sie das Todesurteil fällen. Du musst von den Vorgängen gehört haben, wie sie zu allen Zeiten geschahen und auch heute zu beobachten sind.
Wir sollten uns darum mit Gottes unsichtbarem Beistand aufs äußerste bemühen, dass diese dunklen Schleier, diese Wolken vom Himmel gesandter Prüfungen uns nicht daran hindern, die Schönheit Seines leuchtenden Antlitzes zu schauen, und dass wir Ihn nur durch Sein eigenes Selbst erkennen. Und sollten wir nach einem Zeugnis Seiner Wahrheit fragen, so sollten wir uns mit einem einzigen zufriedengeben und nur mit diesem allein, auf dass wir dadurch zu Ihm gelangen, dem Urquell unendlicher Gnade, in dessen Gegenwart aller Überfluss der Welt zu einem Nichts dahinschwindet, und wir Ihn nicht mehr Tag um Tag bekritteln und nicht mehr unserem eitlen Wahn folgen.
Gnädiger Gott! Trotz der Warnung, die in wundervoll symbolischer Sprache mit zarten Andeutungen in vergangenen Zeiten ausgesprochen ward und die die Völker der Welt aufrütteln und sie davor bewahren sollte, ihres Anteils an dem wogenden Meer der Gnade Gottes beraubt zu werden, sind doch die Geschehnisse, wie schon bezeugt, eingetreten! Auch im Qur’án ist davon die Rede, wovon folgender Vers zeugt: »Was können sie erwarten, als dass Gott zu ihnen herabkomme im Schatten der Wolken?«Q58 Einige Geistliche, die sich fest an den Buchstaben des Wortes Gottes hielten, haben diesen Vers als eines der Zeichen der Auferstehung gedeutet, wie sie sie erwarteten, eine Auferstehung, die nur aus ihrem eitlen Wahn geboren ist. Und dies ungeachtet der Tatsache, dass in den meisten himmlischen Büchern ähnliche Hinweise gegeben wurden und sich überall finden, wo von den Zeichen der künftigen Manifestation die Rede ist.
Desgleichen spricht Er:

»Am Tage, da die Himmel einen sichtbaren Rauch hervorbringen, der die Menschheit umhüllt, da wird schmerzliche Trübsal sein.«Q59 Der Allherrliche hat gerade das, was den Wünschen der Gottlosen so zuwider ist, zum Prüfstein und Maßstab bestimmt, womit Er Seine Diener prüft, auf dass die Gerechten von den Gottlosen und die Gläubigen von den Ungläubigen geschieden werden.

Der symbolische Begriff »Rauch« bezeichnet schwerwiegenden Dissens, den Verlust anerkannter Maßstäbe und den völligen Untergang ihrer engstirnigen Vertreter.

Welcher Rauch wäre dichter und erstickender als derjenige, der heutzutage alle Völker der Welt einhüllt, der ihnen zur Qual geworden ist und dem sie, so sehr sie sich auch mühen, nicht entrinnen können.

So wild ist dieses Feuer des Selbstes, das in ihnen brennt, dass sie jeden Augenblick, so scheint es, von neuen Qualen befallen werden.

Je mehr ihnen verkündet wird, dass diese wundersame Sache Gottes, diese Offenbarung vom Allerhöchsten, der ganzen Menschheit kundgemacht wurde und jeden Tag an Größe und Kraft zunimmt, desto wilder lodert in ihren Herzen die Feuersglut.

Je mehr sie der unbezähmbaren Kraft, der hehren Entsagung, der unerschütterlichen Standhaftigkeit an Gottes heiligen Gefährten gewahr werden, die mit Gottes Hilfe Tag um Tag edler und ruhmreicher werden, desto tiefer wütet in ihren Seelen die Verzweiflung.

In diesen Tagen hat – Preis sei Gott! – die Macht Seines Wortes eine solche Überlegenheit über die Menschen erlangt, dass sie kein Wort mehr zu sagen wagen.

Würden sie einem der Gefährten Gottes begegnen, der, so er könnte, freiwillig und freudig zehntausend Leben als Opfer für seinen Geliebten darbrächte, so wäre ihre Furcht so groß, dass sie nach außen hin ihren Glauben an Ihn bekennten, während sie insgeheim Seinen Namen schmähten und verfluchten!

So hat Er offenbart:

»Und wenn sie euch begegnen, sagen sie ›wir glauben‹, doch wenn sie abseits sind, beißen sie sich auf die Fingerspitzen aus Wut über euch.

Sprich: ›Sterbt in eurer Wut!‹ Gott, wahrlich, kennt alle Winkel in eurer Brust.«Q60
Binnen kurzem werden deine Augen die Banner göttlicher Souveränität in allen Regionen entrollt sehen und die Zeichen Seiner triumphierenden Macht und Herrschaft offenbar in allen Landen. Da die meisten Geistlichen den Sinn dieser Verse nicht erfasst und auch die Bedeutung des Tages der Auferstehung nicht begriffen haben, haben sie diese Verse töricht nach ihrem eitlen, unzulänglichen Verständnis ausgelegt. Der eine wahre Gott ist Mein Zeuge! Schon wenig Fassungskraft würde genügen, dass sie aus der symbolischen Sprache dieser Verse all das herausläsen, was der Zweck Unserer Darlegungen ist, und dass sie durch die Gnade des Allerbarmers zum strahlenden Morgen der Gewissheit gelangten. Dies sind die Akkorde der himmlischen Melodie, die der unsterbliche Himmelsvogel, der auf dem Sadrih Bahás trillert, über dich ergießt, auf dass du mit Gottes Erlaubnis den Pfad göttlicher Erkenntnis und Weisheit beschreitest.
Und nun, was Seine Worte betrifft: »Und Er wird senden Seine Engel …«Q61 »Engel« sind jene, die, durch die Kraft des Geistes gestärkt, mit dem Feuer der Liebe Gottes alle menschlichen Züge und Begrenzungen getilgt und sich mit den Zeichen der erhabensten Wesen und der Cherubim bekleidet haben. Ṣádiq, jener HeiligeA31, sagt in seiner Lobrede auf die Cherubim: »Da steht eine Schar unserer shí‘itischen Gefährten hinter dem Thron.« Verschieden und mannigfach sind die Deutungen der Worte »hinter dem Thron«. In einem Sinne sagen sie, dass es keine wahren Shí‘iten gibt. So hat er an einer anderen Stelle gesagt: »Ein wahrer Gläubiger gleicht dem Stein der Weisen.« Sich sodann an seinen Zuhörer wendend, spricht er: »Hast du jemals den Stein der Weisen gesehen?« Bedenke, wie diese symbolische Sprache, die beredsamer ist als jede noch so direkte Rede, bezeugt, dass es keinen wahren Gläubigen gibt. Dies ist das Zeugnis Ṣádiqs. Seht nun, wie viele es sind, die – selbst unfähig, den Duft des Glaubens einzuatmen – in ihrer Ungerechtigkeit gerade diejenigen als Ungläubige verdammen, durch deren Wort der Glaube erkannt und gestiftet wird.
So wurden diese heiligen Wesen, die über alle menschlichen Begrenzungen erhaben, mit den Zeichen des Geistes versehen und den edlen Zügen des Heiligen geschmückt sind, »Engel« genannt. Das ist die Bedeutung dieser Verse, von denen jedes Wort mit Hilfe der lichtvollsten Texte, der überzeugendsten Gründe und der bestgeführten Beweise gedeutet wurde.
Da die Christen den verborgenen Sinn dieser Worte nie erfassten, da die von ihnen und ihren Führern erwarteten Zeichen nicht erschienen, lehnen sie es bis heute ab, die Wahrheit der Manifestationen der Heiligkeit anzuerkennen, die seit den Tagen Jesu erschienen sind.

So haben sie sich selbst der Ausgießung von Gottes heiliger Gnade und der Wunder Seiner göttlichen Rede beraubt.

So tief sind sie gesunken, heute, am Tage der Auferstehung!

Sie haben nicht begriffen, dass niemand die Zeichen der Manifestationen Gottes – wenn sie jeweils dem Text anerkannter Überlieferungen entsprächen und im sichtbaren Reich erschienen – ablehnen oder sich von ihnen abwenden könnte, dass sich der Gesegnete dann nicht von dem Elenden unterschiede, der Übertreter nicht von dem Gottesfürchtigen.

Urteile gerecht:

Sollten sich die Prophezeiungen der Evangelien buchstäblich erfüllen, sollte Jesus, der Sohn der Maria, von Engeln begleitet aus dem sichtbaren Himmel auf Wolken herabkommen – wer wagte es da, nicht zu glauben?

Wer wagte es, die Wahrheit hochmütig zu verwerfen?

Nein, solche Bestürzung ergriffe alle Bewohner der Erde, dass sich keine Seele fähig fühlte, auch nur ein Wort zu äußern, wie viel weniger denn die Wahrheit zu verwerfen oder anzunehmen.

Viele christliche Geistliche haben sich Muḥammad widersetzt, weil sie diese Wahrheiten falsch verstanden, und ihren Protest in solche Worte gekleidet:

»Wenn Du wirklich der verheißene Prophet bist, warum bist Du dann nicht, wie in unserer heiligen Schrift verheißen, von Engeln begleitet, die mit der verheißenen Schönheit herabkommen sollen, um Ihm bei Seiner Offenbarung beizustehen und Ihm als Warner für Sein Volk zu dienen?« So hat der Allherrliche ihren Einwand verzeichnet:

»Ja, wär’ ihm nur herabgesandt ein Engel, der mit ihm wär’, ein Mahner!«Q62
Solchen Protest und solchen Meinungsstreit gab es zu allen Zeiten.

Die Menschen, stets geübt in blendendem Wortgefecht, haben töricht eingewandt:

»Warum ist nicht dieses oder jenes Zeichen erschienen?« Solches Unheil kam nur deshalb über sie, weil sie blindlings den Geistlichen ihrer Zeit folgten, wenn sie diese Verkörperungen der Loslösung, diese heiligen, göttlichen Wesen annahmen oder ablehnten.

In ihre selbstsüchtigen Wünsche verstrickt, nach vergänglichen, nichtigen Zielen trachtend, fanden diese Führer, dass die göttlichen Sonnen nicht dem Maßstab ihres Wissens und Verständnisses entsprachen und im Widerspruch standen zu ihrer Denkweise und ihrem Urteil.

Da sie Gottes Wort und die Sprüche und Traditionen der Buchstaben der Einheit nur wörtlich interpretierten und gemäß ihrem mangelhaften Verständnis erklärten, haben sie sich selbst und ihr Volk der mildtätigen Schauer der Gnade und Barmherzigkeit Gottes beraubt.

Und doch dienen sie dieser wohlbekannten Tradition zum Zeugnis:

»Wahrlich, Unser Wort ist dunkel, verwirrend dunkel.«Q63 An anderer Stelle ist gesagt:

»Unsere Sache ist schmerzlich prüfend und höchst verwirrend.

Niemand kann sie ertragen, er sei denn vom Himmel begünstigt oder ein erleuchteter Prophet oder einer, dessen Glauben Gott geprüft hat.«Q64 Jene Geistlichen räumen ein, dass keine dieser drei Bedingungen auf sie zutrifft.

Die ersten beiden Bedingungen sind ganz offensichtlich jenseits ihrer Einflusssphäre, und was die dritte betrifft, so liegt es offen zutage, dass sie zu keiner Zeit sich in solchen von Gott gesandten Prüfungen bewährt haben, und dass sie, wenn der göttliche Prüfstein erschien, sich nur als Abschaum erwiesen.
Großer Gott! Die Geistlichen erkennen die Wahrheit dieser Tradition an. Gleichwohl erheben sie, die selbst noch über dunkle Fragen der Theologie im Zweifel sind und darüber im Streit liegen, den Anspruch, die Subtilitäten des Gottesgesetzes zu erläutern und die innersten Geheimnisse Seines heiligen Wortes zu erklären. Dreist behaupten sie, die Traditionen über den erwarteten Qá’im seien noch nicht erfüllt, während sie selbst außerstande sind, den Duft der Bedeutung dieser Überlieferungen zu atmen. Diese törichten Geistlichen sind sich noch immer nicht der Tatsache bewusst, dass alle geweissagten Zeichen eingetroffen sind, dass der Weg der heiligen Gottessache enthüllt ist und die Schar der Gläubigen mit Blitzesschnelle eben jetzt auf diesem Wege dahineilt, während sie selbst noch immer darauf warten, Zeugen verheißener Zeichen zu sein. Sprich: O ihr Toren! So wartet denn wie jene, die vor euch gewartet haben!
Fragte man sie nach den Zeichen, die die Offenbarung und den Aufstieg der Sendung Muḥammads ankündigen müssen und auf die Wir schon hingewiesen haben, deren sich aber keines im buchstäblichen Sinn erfüllt hat, und spräche man zu ihnen: »Warum habt ihr die Ansprüche verworfen, die die Christen und die Völker anderer Religionen gestellt haben, und warum betrachtet ihr sie als Ungläubige?«, so erwiderten sie, um die Antwort verlegen: »Diese Bücher wurden verfälscht; sie sind nicht von Gott und waren es nie gewesen.« Überlege: Der Wortlaut der Verse selbst ist schon beredter Zeuge der Wahrheit, dass sie von Gott sind. Ein ähnlicher Vers ist auch im Qur’án offenbart – o würdet ihr es doch begreifen! Wahrlich, Ich sage: In dieser ganzen Zeit haben sie niemals begriffen, was mit dem Verfälschen des Textes gemeint ist.
Ja, in den Schriften und Reden der Spiegel, die die Sonne der Sendung Muḥammads widerstrahlen, ist von einer »Änderung durch die erhabenen Wesen« und von einer »Änderung durch die Hochmütigen« die Rede.

Solche Stellen beziehen sich jedoch nur auf Sonderfälle.

Unter ihnen ist auch die Geschichte von Ibn-i-Ṣúríyá.

Als die Leute von KhaybarA32 den Brennpunkt der islámischen Offenbarung über die gesetzliche Strafe für den Ehebruch eines verheirateten Mannes mit einer verheirateten Frau befragten, antwortete Muḥammad und sprach:

»Das Gesetz Gottes ist Tod durch Steinigung.« Daraufhin protestierten sie und sagten:

»Ein solches Gesetz ist im Pentateuch nicht offenbart.« Muḥammad antwortete und sprach:

»Welchen eurer Rabbinen betrachtet ihr als anerkannte Autorität, als zuverlässigen Kenner der Wahrheit?« Da einigten sie sich auf Ibn-i-Ṣúríyá.

Muḥammad ließ ihn kommen und sprach:

»Ich beschwöre dich bei Gott, der das Meer für euch zerteilte, der Manna auf euch regnen ließ und die Wolke sandte, euch zu beschatten, der euch vom Pharao und seinem Volke befreite und euch über alle menschlichen Wesen erhob, uns zu sagen, was Mose bestimmt hat bei Ehebruch zwischen einem verheirateten Mann und einer verheirateten Frau.« Er gab zur Antwort:

»O Muḥammad!

Tod durch Steinigung sagt das Gesetz.« Muḥammad bemerkte:

»Wie kam es dann, dass dieses Gesetz aufgehoben wurde und unter den Juden nicht mehr in Kraft ist?« Er antwortete und sprach:

»Als Nebukadnezar Jerusalem den Flammen übergab und die Juden tötete, überlebten dies nur wenige.

Angesichts der höchst geringen Zahl der Juden und der großen Menge Amalekiter berieten die Geistlichen jener Zeit miteinander und kamen zu dem Schluss, dass, wenn sie das Gesetz des Pentateuch anwendeten, jeder Überlebende, der aus der Hand Nebukadnezars freigekommen war, nach dem Befehl des Buches hätte zum Tode verurteilt werden müssen.

Aufgrund solcher Überlegungen haben sie die Todesstrafe abgeschafft.« Unterdessen gab Gabriel Muḥammads erleuchtetem Herzen diese Worte ein:

»Sie verfälschen den Text des Wortes Gottes.«Q65
Dies ist eines der Beispiele, auf das hingewiesen wurde. Wahrlich, »Verfälschen« des Textes bedeutet nicht das, was diese törichten, erbärmlichen Seelen wähnen. So behaupten manche, jüdische und christliche Geistliche hätten aus dem Buche die Verse entfernt, die die Gestalt Muḥammads erhöhen und verherrlichen, und hätten dafür das Gegenteil eingefügt. Wie dumm und irreführend sind doch diese Reden! Kann ein Mensch, der an ein Buch glaubt und es für von Gott eingegeben hält, dieses verstümmeln? Übrigens war der Pentateuch über den ganzen Erdkreis und nicht nur in Mekka und Medina verbreitet, so dass man dort insgeheim seinen Text hätte verfälschen und verdrehen können. Nein, mit der Verfälschung des Textes ist das gemeint, was heute alle islámischen Geistlichen tun, nämlich Gottes heiliges Buch auslegen, wie es ihrem eitlen Wahn und ihren nichtigen Wünschen entspricht. Als die Juden zur Zeit Muḥammads die Verse des Pentateuch, die sich auf Seine Manifestation bezogen, nach ihren eigenen Vorstellungen auslegten und sich mit Seinen heiligen Worten nicht zufrieden gaben, wurden sie der »Verfälschung« des Textes bezichtigt. Ebenso ist offensichtlich, dass das Volk des Qur’án heute, soweit es die Zeichen der erwarteten Manifestation anbelangt, den Text des heiligen Buches verfälscht, indem es ihn nach seinen Neigungen und Wünschen interpretiert.
In einem anderen Fall spricht Er: »Ein Teil von ihnen hörte Gottes Wort, und als sie es verstanden, verdrehten sie es und wussten dabei, was sie getan.«Q66 Auch dieser Vers zeigt, dass der Sinn des Wortes Gottes verfälscht wurde, nicht aber, dass die betreffenden Worte getilgt worden sind. Wer gesunden Menschenverstand hat, wird diese Wahrheit bezeugen.
Bei anderer Gelegenheit spricht Er: »Wehe denen, die mit eigener Hand das Buch verfälschend abschreiben und dann sagen: ›Dies ist von Gott‹, damit sie es zu einem geringen Preis verkaufen.«Q67 Dieser Vers wurde unter Hinweis auf die Geistlichen und Führer des jüdischen Glaubens offenbart. Diese Geistlichen schrieben, um den Reichen zu gefallen, um weltlicher Nebeneinkünfte wegen und um ihrem Neid und Unglauben freien Lauf zu lassen, einige Abhandlungen, in denen sie die Ansprüche Muḥammads zurückwiesen und ihre Darlegungen mit solchen Argumenten versahen, dass es unschicklich wäre, sie zu erwähnen. Dabei behaupteten sie, dass diese Argumente aus dem Texte des Pentateuch abgeleitet seien.
Das gleiche erleben wir heutzutage. Bedenke die Fülle von Anschuldigungen, welche die törichten Geistlichen dieser Zeit in ihren Schriften gegen diese wundervolle Sache erhoben. Wie nichtig ist ihr Wahn, diese Verleumdungen seien im Einklang mit den Versen in Gottes heiliger Schrift und dem Urteil von Menschen mit Einsicht!
Wenn Wir auf diese Geschehnisse hinweisen, so ist Unsere Absicht, dich zu warnen: Sollten sie behaupten, die Verse des Evangeliums mit den angegebenen Zeichen seien verfälscht worden, sollten sie sie verwerfen und sich stattdessen an andere Verse und Überlieferungen halten, so solltest du wissen, dass ihre Worte unwahr und bare Verleumdung sind. Ja, die »Verfälschung« des Textes in dem von Uns erläuterten Sinne hat es tatsächlich in verschiedenen Fällen gegeben. Einige davon haben Wir erwähnt, damit jeder, der scharfen Sinnes ist, sehe, dass einigen Ungelehrten unter den Heiligen die Meisterschaft der Gelehrsamkeit verliehen wurde, damit böswillige Widersacher nicht länger behaupten, ein bestimmter Vers zeige eine »Verfälschung« des Textes an, und andeuten, dass Wir aus Mangel an Erkenntnis auf solche Dinge zu sprechen kamen. Schließlich wurden die meisten Verse, die eine »Verfälschung« des Textes anzeigen, im Hinblick auf das jüdische Volk offenbart – o würdet ihr doch die Inseln der qur’ánischen Offenbarung erforschen!
Auch hörten Wir die Behauptung einiger Toren, der ursprüngliche Text der himmlischen Evangelien sei bei den Christen nicht mehr vorhanden und zum Himmel aufgestiegen. Wie schlimm haben sie sich geirrt! Wie wenig bedachten sie dabei, dass solch eine Behauptung einer gnädigen, liebevollen Vorsehung schwerste Ungerechtigkeit und Tyrannei unterstellt! Wie könnte Gott, nachdem die Sonne der Schönheit Jesu den Augen Seines Volkes entschwunden und zum vierten Himmel aufgestiegen war, Sein heiliges Buch, Sein größtes Zeugnis unter Seinen Geschöpfen, ebenfalls verschwinden lassen? Was wäre diesem Volke geblieben, woran es sich vom Untergang der Sonne Jesu bis zum Aufstieg der Sonne der Sendung Muḥammads hätte halten können? Welches Gesetz sollte ihr Anker und ihr Führer sein? Warum sollten solche Menschen zum Opfer des rächenden Zornes Gottes, des allmächtigen Rächers, gemacht werden, warum sollten sie von der Geißel der Züchtigung durch den himmlischen König getroffen werden? Und vor allem: Warum sollte der Gnadenstrom des Allgütigen ins Stocken geraten? Wie könnte das Meer Seiner sanften Barmherzigkeit zur Ruhe kommen? Wir nehmen Zuflucht bei Gott vor dem, was sich Seine Geschöpfe über Ihn ausgedacht haben. Erhaben ist Er über ihr Begreifen.
Lieber Freund! Nun, da das Licht von Gottes unvergänglichem Morgen anbricht, da der Glanz Seiner heiligen Worte: »Gott ist das Licht der Himmel und der Erde«Q68 die ganze Menschheit erleuchtet, da die Unverletzlichkeit Seines Tabernakels durch Seinen geheiligten Spruch: »Gott war gewillt, Sein Licht vollkommen zu machen«Q69 verkündet wird und da die Hand der Allmacht, die Sein Zeugnis: »In Seinem Griff hält Er das Reich aller Dinge«Q70 trägt, über alle Völker und Geschlechter auf Erden ausgestreckt ist, ziemt es uns, uns zu rüsten. Dann mag es geschehen, dass wir durch Gottes Gnade und Gunst in die himmlische Stadt »Wahrlich, wir sind Gottes« eingehen und in der erhabenen Wohnstätte »Und zu Ihm kehren wir zurück«Q71 weilen. Es ist deine Pflicht, mit Gottes Erlaubnis das Auge deines Herzens von den Dingen dieser Welt zu läutern, damit du der Unendlichkeit göttlicher Erkenntnis gewahr werdest und so klar die Wahrheit schauest, dass du keines Beweises ihrer Wirklichkeit mehr bedarfst, noch irgendeines Zeichens, das ihr Zeugnis bestätigt.
O du eifriger Sucher! Solltest du dich in das heilige Reich des Geistes erheben, so würdest du Gott so offenbar und erhaben über alle Dinge erkennen, dass deine Augen nichts sähen außer Ihm. »Gott war allein, niemand war da neben Ihm.«Q72 So hehr ist diese Stufe, dass kein Zeugnis davon künden kann und kein Beweis Seiner Wahrheit gerecht wird. Würdest du den geheiligten Bereich der Wahrheit erforschen, so fändest du, dass alle Dinge nur durch das Licht Seiner Erkenntnis erkannt werden, dass Er seit jeher nur durch Ihn selbst erkannt worden ist und dass dies immerdar so sein wird. Wenn du im Lande des Zeugnisses wohnst, dann sei zufrieden mit dem, was Er offenbart hat: »Ist es nicht genug für sie, dass Wir auf Dich das Buch herabgesandt haben?«Q73 Dies ist das Zeugnis, das Er selbst bestimmt hat. Einen größeren Beweis als diesen gibt es nicht und wird es niemals geben: »Dieser Beweis ist Sein Wort, Sein eigenes Selbst, das Zeugnis Seiner Wahrheit.«
Und nun bitten Wir das Volk des Bayán, alle die Gelehrten, die Weisen, Geistlichen und Zeugen unter ihnen, nicht die Wünsche und Ermahnungen zu vergessen, die in ihrem Buche offenbart sind. Lasst sie allezeit ihren Blick auf das Wesentliche ihrer Sache heften, damit sie dann, wenn Er, die Quintessenz der Wahrheit, die innerste Wirklichkeit aller Dinge, die Quelle allen Lichtes, sich offenbart, sich nicht an bestimmte Stellen des Buches halten und Ihm zufügen, was in der Sendung des Qur’án geschehen ist. Denn Er, der König göttlicher Macht, ist wahrlich imstande, mit einem Buchstaben Seiner wundersamen Worte den Lebensodem des ganzen Bayán und seines Volkes auszutilgen, mit einem Buchstaben ihnen ein neues, unsterbliches Leben zu verleihen, so dass sie sich erheben und hervoreilen aus den Gräbern ihrer eitlen, selbstischen Wünsche. Habt Acht, seid wachsam und bedenket, dass alle Dinge im Glauben an Ihn ihre Vollendung finden, im Erreichen Seines Tages und in der Erkenntnis Seiner göttlichen Gegenwart. »Frömmigkeit besteht nicht darin, dass ihr euer Gesicht nach Osten oder nach Westen wendet, sondern fromm ist, wer an Gott glaubt und an den Jüngsten Tag.«Q74 O Volk des Bayán! Höre auf die Wahrheit, zu der Wir dich ermahnen, damit du vielleicht unter dem Schatten Schutz suchest, der am Tage Gottes über der ganzen Menschheit ausgebreitet sein wird.

Zweiter Teil

Wahrlich, Er, die Sonne der Wahrheit, der Offenbarer des höchsten Wesens, hat allezeit die unbestrittene Souveränität über alles im Himmel und auf Erden, selbst wenn kein Mensch auf Erden zu finden wäre, der Ihm gehorchte. Er, wahrlich, ist unabhängig von aller irdischen Herrschaft, sollte Er auch jeder Macht bar sein. So offenbaren Wir dir die Mysterien der Sache Gottes und verleihen dir die Edelsteine göttlicher Weisheit, damit du dich vielleicht auf den Schwingen der Entsagung zu jenen Höhen erhebest, die vor den Augen der Menschen verschleiert sind.
Es ist Sinn und Zweck dieser Ausführungen, denen, die reinen Herzens und geheiligten Geistes sind, zu enthüllen und aufzuzeigen, dass die Sonnen der Wahrheit und die Spiegel des Lichtes göttlicher Einheit unwandelbar mit allbezwingender Macht versehen und mit unbesiegbarer Souveränität bekleidet sind, in welchem Zeitalter und Zyklus sie auch aus den unsichtbaren Wohnstätten altehrwürdiger Herrlichkeit in diese Welt herabgesandt wurden, um die Menschenseelen zu erziehen und allen erschaffenen Dingen Gnade zu erweisen. Denn diese verborgenen Edelsteine, diese versteckten, unsichtbaren Schatzkammern sind in sich selbst offenbar und rechtfertigen die Wirklichkeit der heiligen Worte: »Wahrlich, Gott tut, was immer Er will, und befiehlt, was immer Ihm gefällt.«A33
Jedem verständigen, erleuchteten Herzen ist offenbar, dass Gott, die unerforschliche Wesenheit, das göttliche Sein, unermesslich erhaben ist über alle menschlichen Merkmale wie leibliche Existenz, Aufstieg und Abstieg, Ausgang und Rückkehr. Fern sei es Seiner Herrlichkeit, dass des Menschen Zunge angemessen Sein Lob künden oder des Menschen Herz Sein unergründliches Mysterium erfassen könnte. Er ist und war von jeher in der altehrwürdigen Ewigkeit Seines Wesens verhüllt und wird in Seiner Wirklichkeit dem Schauen der Menschen ewiglich verborgen bleiben. »Keine Schau erfasst Ihn, Er aber erfasst alle Schau; Er ist der Scharfsinnige, der Allsehende.«Q75 Kein Band unmittelbaren Verkehrs kann Ihn an Seine Geschöpfe binden. Hoch erhaben steht Er über aller Trennung und Verbindung, Nähe und Ferne. Kein Zeichen kann Seine Gegenwart oder Abwesenheit künden, denn durch ein Wort Seines Befehles wurden alle im Himmel und auf Erden ins Dasein gerufen, und durch Seinen Wunsch, den Urwillen selbst, sind alle aus gänzlichem Nichtsein in das Reich des Seins, in die Welt des Sichtbaren, getreten.
Gnädiger Gott! Wie könnte eine Verwandtschaft oder nur mögliche Verbindung gedacht werden zwischen Seinem Wort und denen, die daraus erschaffen sind? Der Vers: »Gott warnt euch vor sich selbst«Q76 zeugt klar für die Richtigkeit Unserer Argumentation, und das Wort: »Gott war allein, niemand war da neben Ihm«Q77 ist ein sicheres Zeugnis seiner Wahrheit. Zu allen Zeiten haben die Propheten Gottes und ihre Erwählten, die Geistlichen, Wissenden und Weisen einmütig ihr Unvermögen erkannt, dieses reinste Wesen aller Wahrheit zu begreifen, und ihre Unfähigkeit eingestanden, Ihn, die innerste Wirklichkeit aller Dinge, zu erfassen.
Das Tor der Erkenntnis des Altehrwürdigen der Tage ist so vor dem Antlitz aller Wesen verschlossen. Darum hat der Quell unendlicher Gnade nach Seinem Vers: »Seine Gnade ist größer denn alle Dinge; Meine Gnade hat sie alle umfangen«A34 jene leuchtenden Edelsteine der Heiligkeit aus dem Reiche des Geistes in der edlen Gestalt des menschlichen Tempels erscheinen und allen Menschen offenbar werden lassen, auf dass sie der Welt die Mysterien des unveränderlichen Seins schenken und ihr von Seinem reinen, unsterblichen Wesen künden. Diese geheiligten Spiegel, diese Aufgangsorte altehrwürdiger Herrlichkeit sind allesamt auf Erden die Vertreter Dessen, der die Sonne der Welt, ihr Wesen und ihr letztes Ziel ist. Von Ihm geht ihre Erkenntnis und Macht aus, von Ihm leitet sich ihre Souveränität ab. Die Schönheit ihres Antlitzes ist nur eine Widerspiegelung Seines Bildes, ihre Offenbarung ein Zeichen Seiner unsterblichen Herrlichkeit. Sie sind die Schatzkammern göttlicher Erkenntnis, die Verwahrungsorte himmlischer Weisheit. Durch sie wird eine Gnade vermittelt, die unendlich ist, und durch sie wird das Licht enthüllt, das nimmer verlöschen kann. So hat Er gesprochen: »Kein Unterschied ist zwischen Dir und ihnen, außer, dass sie Deine Diener und von Dir erschaffen sind.«A35 Dies ist die Bedeutung der Überlieferung: »Ich bin Er, Er selbst, und Er ist Ich, Ich selbst.«
Die Traditionen und Sprüche, die sich auf Unseren Gegenstand beziehen, sind verschieden und mannigfach.

Wir haben es Uns um der Kürze willen versagt, sie alle anzuführen.

Nein fürwahr, alles in den Himmeln und auf Erden ist ein unmittelbarer Beweis dafür, dass sich darin Gottes Attribute und Namen offenbaren, da jedes Atom die Zeichen verwahrt, welche für die Offenbarung des größten Lichtes beredtes Zeugnis ablegen.

Mich dünkt, ohne die Wirkkraft dieser Offenbarung könnte kein Wesen je bestehen.

Wie hell strahlen die Sonnen der Erkenntnis in einem Atom, wie weit hin wogen die Meere der Weisheit in einem Tropfen!

In höchstem Grade gilt dies für den Menschen, der von allem Erschaffenen mit dem Gewande solcher Gaben bekleidet und für die Herrlichkeit einer solchen Auszeichnung auserkoren wurde!

Denn in ihm sind alle Namen und Attribute Gottes potentiell in einem Maße offenbart, das von keinem erschaffenen Wesen übertroffen wird.

Alle diese Namen und Eigenschaften treffen auf ihn zu.

So hat Er gesagt:

»Der Mensch ist Mein Geheimnis, und Ich bin sein Geheimnis.«Q78 Mannigfaltig sind die Verse, die in allen himmlischen Büchern und heiligen Schriften wiederholt zu diesem schwierigsten, erhabensten Thema offenbart worden sind.

So hat Er offenbart:

»Wir werden ihnen sicherlich Unsere Zeichen zeigen in der Welt und in ihnen selbst.«Q79 Weiter spricht Er:

»Und auch in euch selbst, wollt ihr da nicht die Zeichen Gottes schauen?«Q80 Und wiederum offenbart Er:

»Und seid nicht wie jene, die Gott vergessen und die Er darum ihr eigenes Selbst vergessen ließ.«Q81 In diesem Zusammenhang hat Er, der ewige König – mögen die Seelen aller, die im mystischen Tabernakel wohnen, ein Opfer für Ihn sein – gesprochen:

»Wer sich selbst erkannt hat, hat Gott erkannt.«Q82
Ich schwöre bei Gott, o du geschätzter und geehrter Freund! Solltest du diese Worte in deinem Herzen erwägen, du würdest sicherlich die Tore göttlicher Weisheit und unendlicher Erkenntnis vor deinem Antlitz weit geöffnet finden.
Aus dem Gesagten wird deutlich, dass alle Dinge in ihrem innersten Wesenskern die Offenbarung der Namen und Attribute Gottes bezeugen.

Jedes ist, je nach seiner Fähigkeit, ein Zeichen und Ausdruck der Erkenntnis Gottes.

So mächtig und umfassend ist diese Offenbarung, dass sie alles Sichtbare und Unsichtbare umfängt.

So hat er offenbart:

»Hat irgendetwas außer Dir eine Kraft der Offenbarung, die Dir fehlt, so dass es Dich hätte sichtbar machen können?

Blind ist das Auge, das Dich nicht wahrnimmt.«Q83 Ebenso hat der ewige König gesprochen:

»Kein Ding habe ich geschaut, ich hätte denn Gott in ihm, Gott vor ihm oder Gott hinter ihm geschaut.«Q84 Auch heißt es in der Traditionensammlung des KumaylA36:

»Siehe, ein Licht strahlt auf aus dem Morgen der Ewigkeit, und siehe, seine Wellen sind in die innerste Wirklichkeit aller Menschen eingedrungen.« Der Mensch, das edelste und vollkommenste aller erschaffenen Wesen, übertrifft sie alle an Stärke dieser Offenbarung und ist ein umfassender Ausdruck ihrer Herrlichkeit.

Von allen Menschen sind die vollendetsten, die ausgezeichnetsten und vollkommensten die Manifestationen der Sonne der Wahrheit.

Ja, alle außer ihnen leben durch das Wirken ihres Willens; sie bewegen sich und verdanken ihr Sein ihrem Gnadenstrom.

»Wenn nicht für Dich, hätte Ich die Sphären nicht erschaffen.«Q85 Nein, alle schwinden in ihrer heiligen Gegenwart zu äußerstem Nichts, zu einem vergessenen Wesen dahin.

Die menschliche Zunge kann niemals angemessen ihren Lobpreis singen, menschliche Rede nie ihr Mysterium enthüllen.

Diese Brennpunkte der Heiligkeit, diese Ersten Spiegel, die das Licht unvergänglicher Herrlichkeit widerstrahlen, sind nur ein Ausdruck von Ihm, dem Unsichtbaren der Unsichtbaren.

Durch die Offenbarung dieser Edelsteine göttlicher Tugend sind alle Namen und Attribute Gottes wie Erkenntnis und Kraft, Souveränität und Herrschaft, Barmherzigkeit und Weisheit, Herrlichkeit, Freigebigkeit und Gnade enthüllt.
Diese Attribute Gottes waren niemals bestimmten Propheten verliehen und anderen vorenthalten. Nein, alle Propheten Gottes, Seine wohlbegnadeten, Seine heiligen und erwählten Boten sind ohne Ausnahme die Träger Seiner Namen und die Verkörperungen Seiner Attribute. Sie unterscheiden sich nur in der Stärke ihrer Offenbarung und in der Wirkkraft ihres Lichtes. So hat Er offenbart: »Einige Sendboten haben Wir die anderen überragen lassen.«Q86 Es leuchtet daher ein, dass sich in den Gestalten dieser Propheten und Erwählten Gottes das Licht Seiner unendlichen Namen und erhabenen Attribute spiegelt, auch wenn das Licht einiger dieser Attribute durch diese leuchtenden Tempel den Augen der Menschen äußerlich nicht enthüllt wurde. Dass eine bestimmte Eigenschaft Gottes durch diese Wesen der Loslösung nach außen hin nicht offenbart wurde, besagt keineswegs, dass sie, die Morgenröten der Attribute Gottes und Schatzkammern Seiner heiligen Namen, diese nicht wirklich besessen hätten. Darum sind diese erleuchteten Seelen, diese schönen Antlitze, allesamt mit allen Attributen Gottes wie Souveränität, Herrschaft und dergleichen ausgestattet, mögen sie auch dem äußeren Anschein nach aller irdischen Majestät beraubt sein. Dies ist jedem einsichtigen Auge offenbar und bedarf keines Beweises.
Fürwahr, die Völker der Welt sind nun ermattet und niedergeschlagen; sie schmachten vor Durst im Tale eitlen Wahns und des Eigensinns, weil sie versäumten, bei den leuchtenden, kristallklaren Quellen göttlicher Erkenntnis die innere Bedeutung der heiligen Gottesworte zu suchen. Sie sind weit abgeirrt von den frischen, durststillenden Wassern und versammeln sich um einen Salztümpel, der bitter schmeckt. Von ihnen sprach die Taube der Ewigkeit: »Und wenn sie den Pfad der Rechtschaffenheit sehen, so wollen sie ihn nicht als ihren Pfad annehmen; sehen sie aber den Pfad des Irrtums, so nehmen sie ihn als ihren Weg. Dies, weil sie Unsere Zeichen als Lüge behandelten und ihrer nicht achteten.«Q87
Dies legt davon Zeugnis ab, was in dieser wunderbaren, erhabenen Sendung geschehen ist. Myriaden heiliger Verse sind aus dem Himmel der Macht und der Gnade herabgekommen, doch niemand hat sich ihnen zugewandt; alle haben sich an die Worte von Menschen gehalten, die keinen Buchstaben verstehen von dem, was sie reden. Aus diesem Grunde hat das Volk unbestreitbare Wahrheiten wie diese bezweifelt und ist so des Riḍváns göttlicher Erkenntnis und der ewigen Auen himmlischer Weisheit verlustig gegangen.
Und nun, um in Unserer Beweisführung fortzufahren: Warum trat die Souveränität des Qá’im, die durch die Texte der überlieferten Traditionen bestätigt und durch die leuchtenden Sterne der islámischen Sendung der Nachwelt vermittelt wurde, nicht im geringsten zutage? Sogar das Gegenteil ist geschehen: Wurden Seine Gefährten und Jünger nicht von den Menschen gepeinigt, sind sie nicht immer noch Opfer des grimmigen Widerstandes ihrer Feinde? Führen sie nicht heute noch das Leben erniedrigter, hilfloser Sterblicher? Wahrlich, die dem Qá’im zugeschriebene Souveränität, von der in den Schriften die Rede ist, ist eine Realität, deren Wahrheit niemand bezweifeln kann. Diese Souveränität ist jedoch nicht die Herrschaft, die sich die Menschen fälschlicherweise vorstellen. Überdies haben die alten Propheten allesamt, wenn sie dem Volke ihrer Zeit die nächste Offenbarung ankündigten, stets nachdrücklich auf die Souveränität hingewiesen, mit der die verheißene Manifestation gewisslich bekleidet sein müsse. Dies bezeugen die Berichte in den Schriften der Vergangenheit. Souveränität wird nicht allein dem Qá’im beigemessen, dieses Attribut und alle anderen Namen und Attribute Gottes sind allen Manifestationen Gottes vor und nach Ihm verliehen, denn sie sind, wie schon ausgeführt, die Verkörperungen der Attribute Gottes, des Unsichtbaren, und die Offenbarer der göttlichen Mysterien.
Überdies bedeutet Souveränität die dem Qá’im innewohnende, alles umfassende, alles durchdringende Macht, die Ihm wesenseigen ist, ob Er nun in der Welt mit der Majestät irdischer Herrschaft bekleidet erscheint oder nicht.

Dies hängt einzig vom Willen und Gefallen des Qá’im selbst ab.

Du wirst alsbald erkennen, dass die Begriffe Souveränität, Reichtum, Leben, Tod, Gericht und Auferstehung, von denen in den Schriften der Vergangenheit die Rede ist, nicht das bedeuten, was dieses Geschlecht wähnt.

Souveränität ist vielmehr jene höchste Herrschaft, die in allen Sendungen der Manifestation, der Sonne der Wahrheit, innewohnt und von ihr ausgeht.

Diese Souveränität ist die geistige Überlegenheit über alles im Himmel und auf Erden, die Er im höchsten Maße innehat, eine Herrschaft, die sich, wenn die Zeit erfüllt ist, der Welt im genauen Verhältnis zu ihrer Fassungskraft und geistigen Aufnahmebereitschaft enthüllt, so wie die Souveränität Muḥammads, des Gesandten Gottes, heute unter dem Volke offenbar ist.

Du bist dir aber dessen bewusst, was Seinem Glauben in den frühen Tagen Seiner Sendung widerfahren ist.

Mit welch schmerzlichem Leid hat die Hand der Ungläubigen und Irrenden, der Geistlichen jener Zeit und ihrer Genossen, dieses geistige Wesen, dieses reinste, heiligste Sein heimgesucht!

Wie viele Dornen und Disteln haben sie auf Seinen Pfad gestreut!

In seinem gottlosen, satanischen Wahn sah dieses nichtswürdige Geschlecht offenbar in jedem Unrecht, das diesem unsterblichen Wesen angetan wurde, ein Mittel, ewige Glückseligkeit zu erlangen, denn die anerkannten Geistlichen jener Zeit, wie ‘Abdu’lláh Ubayy, Abú-‘Ámir – der Eremit, Ka‘b Ibn-i-Ashraf und Naḍr Ibn-i-Ḥárith, behandelten Ihn alle als Betrüger und nannten Ihn einen Irren und Verleumder.

So schlimme Anklagen erhoben sie gegen Ihn, dass, wollte Ich sie aufzählen, Gott der Tinte verbieten würde zu fließen, Unserer Feder, sich zu bewegen, oder dem Blatt, sie zu ertragen.

Diese böswilligen Vorwürfe wiegelten das Volk auf, sich gegen Ihn zu erheben und Ihn zu peinigen.

Wie bitter ist eine solche Qual, wenn die Geistlichen der Zeit ihre Hauptanstifter sind, wenn sie Ihn vor ihrem Gefolge öffentlich brandmarken, Ihn aus ihrer Mitte verstoßen und Ihn einen Schurken nennen!

Ist solches nicht auch diesem Diener widerfahren, wie alle bezeugen?
Aus diesem Grunde rief Muḥammad: »Kein Prophet Gottes hat solches Unrecht erlitten, wie Ich es erlitt.« Im Qur’án sind alle Verleumdungen und Vorwürfe verzeichnet, die gegen Ihn vorgebracht wurden, wie auch die Trübsale, die Er erlitt. Seht dort nach, damit ihr unterrichtet seid, wie es Seiner Offenbarung erging. So schmerzlich war Seine Lage, dass eine Zeitlang niemand mehr mit Ihm und Seinen Gefährten verkehrte. Wer immer sich zu Ihm gesellte, fiel der unerbittlichen Grausamkeit Seiner Feinde zum Opfer.
Wir werden in diesem Zusammenhang nur einen Vers aus diesem Buch anführen. Wenn du ihn mit einsichtsvollen Augen betrachtest, wirst du während der verbleibenden Tage deines Lebens die Unbill Muḥammads, dieses ungerecht behandelten, unterdrückten Gottesboten, beklagen. Dieser Vers wurde zu einer Zeit offenbart, da Muḥammad erschöpft und bekümmert unter der Wucht der Feindschaft des Volkes und seiner unaufhörlichen Quälereien schmachtete. Inmitten Seiner Pein hörte Er die Stimme Gabriels, die vom Sadratu’l-Muntahá her rief: »Wenn Dir ihr Widerstand schmerzlich ist – dann suche doch, wenn Du kannst, ein Loch in der Erde oder eine Leiter in den Himmel.«Q88 Der Sinn dieses Verses ist, dass es in Seinem Fall keine Hilfe gab und dass sie nicht von Ihm ablassen würden, es sei denn, Er verbärge sich in den Tiefen der Erde oder nähme Seinen Flug zum Himmel.
Bedenke, wie sehr sich alles gewandelt hat! Sieh, wie viele Herrscher das Knie vor Seinem Namen beugen! Wie zahlreich sind die Völker und Reiche, die in Seinem Schatten Schutz suchen, Seinem Glauben huldigen und sich dessen rühmen! Von den Kanzeln steigen heute Worte des Lobpreises auf, die in äußerster Demut Seinen gesegneten Namen verherrlichen, von den Spitzen der Minarette tönt der Ruf, der die Schar Seines Volkes versammelt, Ihn anzubeten. Selbst die Könige der Erde, die es abgelehnt haben, Seinen Glauben anzunehmen und das Gewand des Unglaubens abzulegen, bestätigen doch die Größe und überwältigende Erhabenheit dieser Sonne göttlicher Gnade. So steht es um Seine irdische Souveränität, deren Beweise du überall schauen kannst. Diese Souveränität muss sich noch zu Lebzeiten einer jeden Manifestation Gottes oder aber nach ihrem Aufstieg zu ihrer wahren Wohnstätte in den Reichen der Höhe offenbaren und festigen. Was du heute erlebst, ist nur eine Bestätigung dieser Wahrheit. Diese geistige Überlegenheit jedoch, die von allem Anfang an gewollt war, wohnt ihnen inne und umkreist sie von Ewigkeit zu Ewigkeit. Sie kann nicht einen Augenblick von ihnen geschieden sein. Ihre Herrschaft umfasst alles im Himmel und auf Erden.
Auch das Folgende ist ein Beweis der Souveränität Muḥammads, der Sonne der Wahrheit:

Hast du nicht gehört, wie Er mit einem einzigen Vers Licht von Finsternis, die Gerechten von den Frevlern und die Gläubigen von den Ungläubigen geschieden hat?

Alle Zeichen und Anspielungen auf den Tag des Gerichts, von denen du gehört hast – wie die Auferstehung der Toten, der Tag der Abrechnung, das Jüngste Gericht und anderes –, sind durch die Offenbarung dieses Verses klar enthüllt worden.

Die offenbarten Worte waren ein Segen für die Gerechten, die sie vernahmen und ausriefen:

»O Gott, unser Herr, wir hören und gehorchen.«A37 Sie gereichten dem Volke des Unrechts zum Fluche, das sie auch vernahm und sagte:

»Wir hören und wir lehnen uns auf.«Q89 Diese Worte, scharf wie Gottes Schwert, haben die Gläubigen von den Ungläubigen und den Vater vom Sohn geschieden.

Du hast sicherlich auch erfahren, wie die, die sich zu Seinem Glauben bekannten, und die, die ihn verwarfen, gegeneinander gekämpft und um ihren Besitz gestritten haben.

Wie viele Väter haben sich von ihren Söhnen abgewandt, wie viele Liebende haben ihre Geliebten gemieden!

So erbarmungslos scharf hat dieses wundersame Schwert Gottes geschnitten, dass es alle verwandtschaftlichen Bande trennte!

Betrachte andererseits die allesverschmelzende Kraft Seines Wortes.

Sieh, wie Menschen, unter die der Satan des Selbstes über Jahre die Saaten der Bosheit und des Hasses gesät hatte, durch ihre Ergebenheit gegenüber dieser wundersamen, übernatürlichen Offenbarung so miteinander verschmolzen wurden, dass man meinen könnte, sie seien den gleichen Lenden entsprungen.

So stark ist die bindende Kraft des Gotteswortes, das die Herzen derer eint, die auf alles außer Ihn verzichten, an Seine Zeichen glauben und aus der Hand der Herrlichkeit den Kawthar von Gottes heiliger Gnade trinken.

Und schließlich:

Wie viele Völker verschiedenen Glaubens, sich streitender Bekenntnisse und gegensätzlicher Mentalität haben vom neu belebenden Duft der göttlichen Frühlingszeit im Riḍván Gottes Atem geschöpft, sich in das neue Gewand göttlicher Einheit gekleidet und aus dem Kelch Seiner Einzigkeit getrunken!
Dies ist die Bedeutung des wohlbekannten Wortes: »Wolf und Lamm sollen weiden zugleich.«Q90 Seht die Unwissenheit und Torheit derer, die den alten Völkern gleich immer noch harren, Zeugen der Zeit zu werden, da diese Tiere gemeinsam auf einer Aue weiden. Wie tief sind sie gesunken. Mich dünkt, ihre Lippen haben nie den Kelch der Erkenntnis berührt, ihre Füße nie den Pfad der Gerechtigkeit betreten. Von welchem Nutzen wäre es überdies für die Welt, wenn so etwas geschähe? Wie treffend hat Er über sie gesagt: »Herzen haben sie, mit denen sie nicht verstehen, und Augen haben sie, mit denen sie nicht sehen.«Q91
Sieh, wie mit diesem einen Vers aus dem Himmel des göttlichen Willens die Welt und alles darinnen von Ihm zur Rechenschaft gezogen wurde. Wer Seine Wahrheit anerkannte und sich Ihm zuwandte, dessen gute Werke wogen seine Missetaten auf, und alle seine Sünden wurden ihm vergeben. Dadurch ist die Wahrheit folgender Worte über Ihn bestätigt: »Schnell ist Er im Abrechnen.«Q92 So wandelt Gott Ungerechtigkeit in Rechtschaffenheit – o würdet ihr doch die Reiche göttlicher Erkenntnis erforschen und die Geheimnisse Seiner Weisheit ergründen! Ebenso erlangte jeder, der am Kelch der Liebe teilhatte, seinen Teil am Weltmeer ewiger Gnade und an den Regenschauern unvergänglicher Barmherzigkeit; er ging in das Leben des Glaubens ein, in das himmlische, das ewige Leben. Doch wer sich von jenem Kelch abwandte, der ward zu ewigem Tode verdammt. Die Worte »Leben« und »Tod« bedeuten in den heiligen Schriften das Leben des Glaubens und den Tod des Unglaubens. Die meisten haben, weil sie die Bedeutung dieser Worte nicht zu fassen vermochten, die Gestalt der Manifestation verworfen und verschmäht; sie haben sich des Lichtes Seiner göttlichen Führung beraubt und es abgelehnt, dem Beispiel dieser unsterblichen Schönheit zu folgen.
Als das Offenbarungslicht des Qur’án im heiligen Herzen Muḥammads entflammt war, gab Er dem Volke Sein Urteil über den Jüngsten Tag, über die Auferstehung, das Gericht, das Leben und den Tod. Daraufhin wurden die Banner des Aufruhrs gehisst und die Türen des Spottes aufgestoßen. So hat Er, der Geist Gottes, berichtet, was von den Ungläubigen gesprochen wurde: »Und sagst du: ›Nach dem Tode werdet ihr sicherlich auferweckt‹, so rufen die Ungläubigen ganz gewiss: ›Das ist ja nichts als offenbare Zauberei.‹«Q93 Und ein andermal spricht Er: »Wenn du dich wunderst, wunderlich ist wahrlich ihr Gerede: ›Was! Wenn wir Staub geworden sind, sollen wir hernach zu einer neuen Schöpfung werden?‹«Q94 Darum ruft Er an einer anderen Stelle voll Zorn: »Sind Wir denn durch die erste Schöpfung ermattet? Und dennoch bezweifeln sie eine neue Schöpfung!«Q95
Da die Kommentatoren des Qur’án und die Buchstabengläubigen die innere Bedeutung der Gottesworte nicht verstanden und deren eigentlichen Zweck nicht zu fassen vermochten, suchten sie nach den Regeln der Grammatik zu beweisen, dass das Wort ›idhá‹A38, wenn es der Vergangenheitsform vorangeht, sich immer auf die Zukunft beziehe.

Später aber waren sie bei dem Versuch, die Verse des Buches, in denen dieser Begriff nicht vorkommt, zu erklären, peinlich verwirrt.

So hat Er offenbart:

»Und es ertönte die Posaune, und sieh, der angedrohte Tag ist da!

Und jede Seele wird zur Rechenschaft gerufen, und mit ihr gehen ein Treiber und ein Zeuge.«Q96 Bei der Auslegung dieser und ähnlicher Verse haben sie manchmal argumentiert, das Wort ›idhá‹ sei inbegriffen.

In anderen Fällen haben sie sinnlos darüber gestritten, dass der Tag des Gerichts, weil er unvermeidlich sei, als ein Geschehnis nicht der Zukunft, sondern der Vergangenheit erscheine.

Wie hohl ist ihre Sophisterei, wie schmerzlich ihre Blindheit!

Sie weigern sich, den Posaunenstoß anzuerkennen, der in der Offenbarung Muḥammads eine so deutliche Sprache spricht.

Sie berauben sich selbst des neu belebenden Gottesgeistes, von dessen Hauch sie erfüllt ist, und warten töricht darauf, den Posaunenton des Seraph Gottes zu hören, der doch nur einer Seiner Diener ist!

Wurden nicht der Seraph, der Engel des Gerichtstages, und seinesgleichen durch das Wort Muḥammads eingesetzt?

Sprich:

Was!

Wollt ihr das, was gut für euch ist, hingeben für das, was schlecht ist?

Nichtswürdig ist, was ihr euch da fälschlich eingetauscht habt!

Wahrlich, ihr seid ein übles Volk in schmerzlichem Verlust.
Nein, mit »Posaune« ist der Posaunenruf der Offenbarung Muḥammads gemeint, der im Herzen des Weltalls erscholl, und die »Auferstehung« ist Seine öffentliche Verkündigung der Gottessache. Er hieß die Irrenden und Widerspenstigen, sich zu erheben und aus den Gräbern ihrer Leiber zu eilen, schmückte sie mit dem Prachtgewand des Glaubens und erquickte sie mit dem Hauch eines neuen, wunderbaren Lebens. Darum ließ sich zu der Stunde, da Muḥammad, diese göttliche Schönheit, sich entschloss, eines der in den Sinnbildern »Auferstehung«, »Gericht«, »Paradies« und »Hölle« verborgenen Mysterien zu enthüllen, Gabriel – die Stimme der Eingebung – vernehmen: »Binnen kurzem werden sie den Kopf über Dich schütteln und sagen: ›Wann soll dies geschehen?‹ Sprich: ›Dies kann in Bälde geschehen.‹«Q97 Der tiefere Sinn dieses Verses allein genügt schon den Völkern der Welt – o würden sie es doch in ihrem Herzen bedenken!
Gnädiger Gott! Wie weit ist dieses Volk vom Wege Gottes abgeirrt! Obgleich der Tag der Auferstehung durch die Offenbarung Muḥammads angekündigt wurde, obwohl Sein Licht und Seine Zeichen die Erde und alles darinnen umfangen hatten, verhöhnten sie Ihn und gaben sich Trugbildern hin, welche die Geistlichen seinerzeit in ihrem leeren, eitlen Wahn ersonnen hatten. So haben sie sich des Lichtes himmlischer Gnade und der Regenschauer göttlicher Barmherzigkeit beraubt. Fürwahr, der gemeine Käfer kann niemals den Duft der Heiligkeit verspüren, und die Fledermaus der Finsternis kann nie den Glanz der Sonne ertragen.
Ähnliches begab sich in den Tagen aller Manifestationen Gottes. Jesus sprach: »Ihr müsset von neuem geboren werden.«Q98 Und wiederum sagte Er: »Es sei denn, dass jemand geboren werde aus Wasser und Geist, so kann er nicht in das Reich Gottes kommen. Was vom Fleisch geboren wird, das ist Fleisch; und was vom Geist geboren wird, das ist Geist.«Q99 Der Sinn dieser Worte ist: Wer immer in einer Sendung aus dem Geist geboren und durch den Hauch der Manifestation der Heiligkeit beseelt ist, gehört wahrlich zu denen, die zum »Leben« und zur »Auferstehung« gelangt und in das »Paradies« der Liebe Gottes eingegangen sind. Und wer nicht zu ihnen gehört, ist zum »Tod« und zur »Gottferne«, zum »Feuer« des Unglaubens und zum »Zorn« Gottes verurteilt. In allen Schriften, in den Büchern und Chroniken lautet das Urteil über die, deren Lippen nicht vom lieblich reinen Kelche wahrer Erkenntnis gekostet haben und deren Herzen der Gnade des Heiligen Geistes an ihrem Tage beraubt waren, auf Tod, Feuer, Blindheit, Mangel an Verständnis und Gehör. So wie schon früher vermerkt wurde: »Herzen haben sie, mit denen sie nicht verstehen.«Q100
An anderer Stelle des Evangeliums wird berichtet, wie eines Tages der Vater eines Jüngers Jesu gestorben war und wie der Jünger den Tod seines Vaters Jesus mitteilte und Ihn bat: »Herr, erlaube mir, dass ich zuvor hingehe und meinen Vater begrabe«Q101, worauf Jesus, dieses Wesen der Loslösung, antwortete und sprach: »Lasse die Toten ihre Toten begraben.«Q102
Ähnliches geschah, als zwei Leute aus Kúfih zu ‘Alí, dem Gebieter der Gläubigen, kamen. Der eine besaß ein Haus und wollte es verkaufen; der andere sollte der Käufer sein. Sie hatten vereinbart, dass dieses Rechtsgeschäft mit Wissen ‘Alís abgeschlossen werden sollte. Er aber, der Vertreter des Gottesgesetzes, wandte sich an den Schreiber und sprach: »Schreibe: ›Ein Toter hat von einem Toten ein Haus gekauft. Dieses Haus hat vier Grenzen: Die eine reicht an die Gruft, die andere an das Grabgewölbe, die dritte an den Ṣiráṭ, die vierte an das Paradies oder an die Hölle.‹« Bedenke, wären diese beiden Seelen vom Posaunenruf ‘Alís belebt worden und hätten sie sich durch die Macht seiner Liebe aus dem Grabe des Irrtums erhoben, so wäre das Urteil des Todes sicherlich nicht über sie gesprochen worden.
Zu allen Zeiten hatten die Propheten Gottes und ihre Erwählten nur das eine Ziel, die geistige Bedeutung der Begriffe »Leben«, »Auferstehung« und »Gericht« einzuschärfen. Wer nun ein wenig über diesen Ausspruch ‘Alís in seinem Herzen nachdenkt, der wird sicherlich alle in den Worten »Grab«, »Gruft«, »Ṣiráṭ«, »Paradies« und »Hölle« verborgenen Geheimnisse entdecken. Aber sieh, wie seltsam und jämmerlich das Volk eingekerkert ist im Grab des Selbstes, wie es in den tiefsten Tiefen der Begierde begraben liegt. Würdest du nur einen Tautropfen der kristallklaren Wasser göttlicher Erkenntnis erlangen, so verstündest du alsbald, dass wahres Leben nicht das Leben des Fleisches, sondern das Leben des Geistes ist. Denn das Leben des Fleisches ist Mensch und Tier gemein, während das Leben des Geistes nur denen eigen ist, die reinen Herzens sind, die aus dem Meere des Glaubens getrunken und von der Frucht der Gewissheit ihren Teil erlangt haben. Ein solches Leben kennt keinen Tod, eine solche Existenz ist von Unsterblichkeit gekrönt. So wurde gesagt: »Ein wahrer Gläubiger ist, wer sowohl in dieser Welt als auch in der künftigen lebt.« Wäre mit »Leben« dieses irdische Leben gemeint, so müsste es der Tod unzweifelhaft hinwegraffen.
Ähnlich bezeugen die Berichte aller Schriften diese hehre Wahrheit, dieses höchst erhabene Wort. So ist auch folgender Vers des Qur’án, der über Ḥamzih, den ›Fürsten der Märtyrer‹A39, und Abú-Jahl offenbart worden ist, ein klarer Beweis und ein sicheres Zeugnis der Wahrheit Unserer Aussage: »Ist wohl, wer tot war und Wir machten ihn lebendig, und gaben ihm ein Licht, darin zu wandeln vor den Menschen, ist er wie der im Finstern geht, und kommet nie heraus?«Q103 Dieser Vers kam vom Himmel des Urwillens herab zu einer Zeit, da Ḥamzih schon mit dem heiligen Mantel des Glaubens bekleidet und Abú-Jahl bereits zunehmend in unversöhnliche Feindschaft und Unglauben geraten war. Aus dem Born der Allmacht und dem Quell ewiger Heiligkeit kam das Urteil, das Ḥamzih ewiges Leben verlieh und Abú-Jahl zu ewiger Verdammnis verurteilte. Dies war das Signal, das in den Herzen der Gottlosen die Feuer des Unglaubens mit heißester Flamme entfachte und sie offen herausforderte, Seine Wahrheit zurückzuweisen. Sie schrien laut: »Wann starb Ḥamzih? Wann ist er auferstanden? Zu welcher Stunde ward ihm solches Leben verliehen?« Da sie den Sinn dieses hehren Spruches nicht verstanden und keine Erleuchtung bei den anerkannten Interpreten des Glaubens suchten, auf dass diese ihnen ein paar Tropfen vom Kawthar göttlicher Erkenntnis übermittelten, entbrannten solche Feuer des Unheils unter ihnen.
Du selbst bist heute Zeuge, wie das Volk, ob hoch oder niedrig, trotz des Strahlenglanzes der Sonne göttlicher Erkenntnis diesen verworfenen Ausgeburten des Fürsten der Finsternis folgt und sie immerfort um Hilfe angeht, wenn komplizierte Fragen der Theologie zu klären sind.

Doch da es ihnen an Erkenntnis gebricht, geben sie Antworten, die ihren Ruf und ihr Ansehen nicht gefährden.

Es ist offenbar, dass diese Seelen, gemein und erbärmlich wie der Aaskäfer, an den Moschusdüften der Ewigkeit keinen Anteil haben und niemals in den Riḍván himmlischen Entzückens eingegangen sind.

Wie sollten sie da anderen den unvergänglichen Wohlgeruch der Heiligkeit übermitteln können?

So sind ihre Wege, und so werden sie immer sein.

Nur die werden zur Erkenntnis des Gotteswortes gelangen, die sich Ihm zuwenden und die Verkörperungen Satans zurückweisen.

So hat Gott wiederum das Gesetz des Tages Seiner Offenbarung bestätigt und mit der Feder der Macht auf die mystische, hinter dem Schleier himmlischer Herrlichkeit verborgene Tafel geschrieben.

So du diese Worte hörst und über ihre äußere und innere Bedeutung in deinem Herzen nachdenkst, wirst du den Sinn all der verworrenen Fragen begreifen, welche heutzutage zu unüberwindlichen Schranken zwischen den Menschen und der Erkenntnis des Tages des Gerichts geworden sind.

Dann wird es für dich keine Fragen mehr geben, die dich verwirren.

Gebe Gott, dass du nie leer und mit dürstenden Lippen von den Küsten des Weltmeeres göttlicher Barmherzigkeit heimkehrest, ohne Anteil aus dem unvergänglichen Heiligtum deiner Herzenssehnsucht.

So zeige denn, was dein Suchen und Mühen vollbringen wird.
Wir fassen zusammen: Wir wollen mit der Darlegung dieser Wahrheiten die Souveränität Dessen beweisen, der der König der Könige ist. Sei gerecht: Ist die Souveränität die höhere, die durch den Ausspruch eines Wortes einen so durchdringenden Einfluss, eine solche Überlegenheit und ehrfurchtgebietende Majestät offenbart, oder ist es die weltliche Herrschaft der Könige auf Erden, die trotz ihrer Sorge um ihre Untertanen und ihrer Hilfe für die Armen nur einer äußerlichen, flüchtigen Ergebenheit sicher sein können, während die Menschen im Herzen weder Zuneigung noch Respekt aufbringen? Hat nicht jene Souveränität durch die Macht eines Wortes die ganze Welt unterworfen, erquickt und neubelebt? Wie kann der niedere Staub sich mit Ihm, dem Herrn der Herren, vergleichen? Welche Zunge könnte sich unterfangen, den unermesslichen Unterschied zwischen beiden zu beschreiben? Nein, fürwahr, kein Vergleich reicht an das geweihte Heiligtum Seiner Souveränität heran. Dächte der Mensch tief darüber nach, so bemerkte er wohl, dass selbst der Diener an Seiner Schwelle über alles Erschaffene herrscht! Dies wurde schon bezeugt und wird sich in Zukunft bestätigen.
Dies ist nur eine der Bedeutungen der geistigen Souveränität, welche Wir gemäß der menschlichen Fassungskraft dargelegt haben. Denn Er, der Urheber aller Wesen, dieses verherrlichte Antlitz, ist der Quell solcher Wirkkräfte, wie sie weder dieser Unterdrückte enthüllen noch dieses unwürdige Volk begreifen kann. Unermesslich erhaben ist Er über den Lobpreis Seiner Herrschaft durch Menschenzungen. Verherrlicht ist Er über all das, was sie Ihm andichten.
Nun denke nach in deinem Herzen: Wäre Souveränität irdische Herrschaft und weltliche Macht, bestünde sie in Unterwerfung und äußerlicher Gefolgschaft aller Völker und Geschlechter auf Erden – wobei also Seine Geliebten hoch geehrt und in Frieden gelassen, Seine Feinde dagegen erniedrigt und gepeinigt würden –, so wäre eine solche Souveränität Gott, dem Quell aller Herrschaft, unangemessen, Ihm, dessen Majestät und Macht alle Dinge bezeugen. Denn kannst du nicht bestätigen, dass die Menschheit größtenteils von Seinen Feinden beherrscht wird? Haben sich die Menschen nicht allesamt vom Pfade Seines Wohlgefallens abgewandt? Haben sie nicht getan, was Er verboten hat, und unterlassen, nein sogar verschmäht und bekämpft, was Er befohlen hat? Waren Seine Freunde nicht immer die Opfer der Tyrannei Seiner Feinde? All dies ist offenbarer als der Glanz der Mittagssonne.
Darum wisse, der du fragst und suchst, dass in den Augen Gottes und Seiner Erwählten irdische Herrschaft noch nie einen Wert hatte. Wenn man zudem Überlegenheit und Herrschaft als irdische Überlegenheit und weltliche Macht deutet, so wirst du außerstande sein, folgende Verse zu erklären: »Und wahrlich, Unsere Heerscharen werden siegen.«Q104 Und: »Gerne wohl würden sie Gottes Licht mit dem Munde ausblasen. Aber Gott ist gewillt, Sein Licht noch vollkommener strahlen zu lassen, mag es auch den Ungläubigen zuwider sein.«Q105 Und: »Er ist der Herr über alle Dinge.«Q106 Das meiste im Qur’án bezeugt diese Wahrheit.
Wären die eitlen Behauptungen dieser verächtlichen Toren wahr, so hätten sie keine andere Wahl, als alle diese heiligen Verse und himmlischen Andeutungen zu verwerfen. Kein Kriegsheld war auf Erden so erhaben und Gott so nahe wie Ḥusayn, ‘Alís Sohn; unübertrefflich und unvergleichlich war er. »Keiner war auf der Welt, der ihm gleich oder ebenbürtig war.« Doch musst du ja gehört haben, wie es ihm ergangen ist. »Gottes Fluch über das Volk der Tyrannei!«Q107
Wäre der Vers: »Und wahrlich, Unsere Heerscharen werden siegen«Q108 wörtlich auszulegen, so leuchtet es ein, dass er keinesfalls auf die Erwählten Gottes und auf Seine Heerscharen passt, denn Ḥusayn, dessen Heldentum wie die Sonne leuchtet, wurde unterworfen und zerschmettert und musste zuletzt in Karbilá, im Lande Ṭaff, den Kelch des Martyriums trinken. Ähnlich der heilige Vers: »Gerne wohl würden sie Gottes Licht mit dem Munde ausblasen. Aber Gott ist gewillt, Sein Licht noch vollkommener strahlen zu lassen, mag es auch den Ungläubigen zuwider sein.«Q109 Wäre er wörtlich auszulegen, so entspräche er niemals der Wahrheit, denn äußerlich gesehen haben die Völker der Erde zu allen Zeiten das Licht Gottes erstickt und Seine Lampen gelöscht. Wie sollte da die überlegene Souveränität dieser Lampen zu erklären sein? Was könnte die Macht des göttlichen Willens, »Sein Licht noch vollkommener strahlen zu lassen«, bedeuten? Wie schon dargelegt, war die Feindschaft der Ungläubigen so groß, dass keine dieser göttlichen Sonnen je eine Zuflucht gefunden oder den Kelch der Ruhe gekostet hat. So schwer war ihre Bedrängnis, dass der geringste unter den Menschen diesen Inbegriffen des Seins antun konnte, wonach es ihm gerade gelüstete. Die Leute wussten von diesem Leid und ließen es zu. Wie soll ein solches Volk fähig sein, Gottes Wort, diese Verse ewiger Herrlichkeit, zu verstehen und zu erklären?
Doch bedeuten diese Verse nicht, was sie sich vorstellen. Der tiefere Sinn der Begriffe »Überlegenheit«, »Macht« und »Einfluss« eröffnet eine ganz andere Bedeutungsebene. Betrachte einmal die durchdringende Kraft jener Blutstropfen Ḥusayns, welche die Erde benetzten. Welch überlegenen Einfluss auf Leib und Seele der Menschen hatte selbst der Staub durch die Heiligkeit und Macht dieses Blutes in einem Maße, dass, wer Heilung von seinen Krankheiten suchte, geheilt wurde, wenn er den Staub jenes heiligen Bodens berührte. Und wer sein Eigentum schützen wollte, verwahrte in völligem Glauben ein wenig vom heiligen Staub in seinem Hause und beschirmte so seinen Besitz. Dies sind die äußeren Zeugnisse seiner Wirkkraft. Wollten Wir seine verborgenen Kräfte aufzählen, so sagte man sicherlich über Uns: »Er hat fürwahr den Staub als Herrn der Herren angesehen und den Glauben Gottes verlassen.«
Denke überdies an die beschämenden Umstände, unter denen das Martyrium Ḥusayns geschah, an seine Verlassenheit, wie augenscheinlich keiner zu finden war, der ihm half, keiner, der seinen Leib gewaschen und begraben hätte. Und nun sieh die große Zahl derer, die heute in den fernsten Winkeln der Erde das Pilgergewand anlegen und die Stätte seines Martyriums aufsuchen, um dort ihr Haupt auf die Schwelle seines Schreines zu legen! So überwältigend und machtvoll ist Gott, so groß die Herrlichkeit Seiner Majestät!
Denke nicht, dieser Ruhm habe Ḥusayn nichts mehr genützt, weil dies alles erst nach seinem Märtyrertod geschehen ist. Diese heilige Seele ist unsterblich, lebt das Leben Gottes und weilt in den Ruhestätten himmlischer Herrlichkeit auf dem Sadrih erhabener Vereinigung. Diese reinsten Wesen des Seins sind die leuchtenden Vorbilder des Opfers. Sie haben alles, ihr Leben, ihren Besitz, ihre Seele, ihren Geist, auf dem Pfade des Vielgeliebten dargebracht und werden es weiterhin tun. Keine Stufe, wie hoch sie auch sei, konnte ihnen teurer sein. Denn Liebende haben keine andere Sehnsucht als das Wohlgefallen ihres Geliebten, kein anderes Ziel als die Vereinigung mit Ihm.
Wollten Wir dir einen Schimmer der Geheimnisse von Ḥusayns Martyrium vermitteln und dir dessen Früchte enthüllen, so würden diese Seiten nicht genügen, um seine Bedeutung auszuschöpfen.

Unsere Hoffnung ist, dass – so Gott will – der Hauch der Barmherzigkeit wehe und der göttliche Lenz den Baum des Seins mit neuem Leben bekleide, so dass wir die Mysterien göttlicher Weisheit entdecken und dank Seiner Vorsehung unabhängig von der Erkenntnis aller Dinge werden.

Wir haben bis jetzt nur eine kleine Schar von Seelen erspäht, die, bar jeden Ruhmes, diese Stufe erreichten.

Die Zukunft mag enthüllen, was Gottes Urteil befehlen und Sein heiliger Ratschluss offenbaren wird.

Also berichten Wir dir von den Wundern der Gottessache und lassen deine Ohren die Klänge himmlischer Melodien vernehmen, auf dass du die Stufe wahrer Erkenntnis erlangest und ihre Früchte genießest.

So wisse denn wahrlich, dass diese Sonnen himmlischer Erhabenheit, möge ihre Wohnstatt auch im Staube sein, ihren wahren Ruhesitz auf dem Throne der Herrlichkeit in den Reichen der Höhe haben.

Mögen sie auch allen irdischen Besitzes beraubt sein, so schwingen sie sich doch empor in die Sphären unermesslichen Reichtums.

Während sie im Griff des Feindes schmerzlich geprüft werden, sitzen sie zur Rechten der Macht und himmlischen Herrschaft.

Inmitten der Finsternis ihrer irdischen Erniedrigung scheint auf sie das Licht unvergänglicher Herrlichkeit, und über ihre Hilflosigkeit ergießen sich die Zeichen unbesiegbarer Souveränität.
Jesus, der Sohn Marias, saß eines Tages da und sprach folgende Worte aus dem Heiligen Geist: »O Menschen! Die Speise, mit der Ich Meinen Hunger stille, ist das Gras des Feldes. Mein Bett ist der Staub der Erde, Meine Lampe in der Nacht ist der Mondenschein, und Mein Ross sind Meine Füße. Doch sehet, wer auf Erden ist reicher als Ich?« Bei der Gerechtigkeit Gottes! Tausende von Schätzen umwandeln diese Armut, und Myriaden von Reichen der Herrlichkeit sehnen sich nach solcher Niedrigkeit! Solltest du nur einen einzigen Tropfen aus dem Meer der inneren Bedeutung dieser Worte erlangen, so würdest du wahrlich der Welt und allem darinnen entsagen und dich, dem Phönix gleich, in den Flammen des unvergänglichen Feuers verzehren.
So wird auch berichtet, dass eines Tages einer der Gefährten ṢádiqsA40 sich bei diesem über seine Armut beklagte, worauf Ṣádiq, diese unsterbliche Schönheit, ihm zur Antwort gab: »Wahrlich, reich bist du, denn du hast einen Trunk vom Weine des Reichtums getan.« Diese von Armut heimgesuchte Seele wurde bei diesen Worten des Erleuchteten ganz verwirrt und sagte: »Wo ist denn mein Reichtum, besitze ich doch kaum eine Münze?« Doch Ṣádiq bemerkte dazu: »Hast du nicht unsere Liebe?« Darauf er: »Gewiss, ich habe sie, o du Spross des Propheten Gottes!« Und Ṣádiq fragte ihn weiter: »Möchtest du diese Liebe für tausend Dinare tauschen?« Er antwortete: »Nein, niemals will ich sie eintauschen, und gäbe man mir gleich die Welt und alles, was darinnen ist!« Da sprach Ṣádiq: »Wie kann einer, der solchen Schatz besitzt, arm genannt werden?«
Diese Armut und dieser Reichtum, diese Niedrigkeit und Herrlichkeit, diese Herrschaft und Macht, alles, worauf Augen und Herzen der hohlen, törichten Seelen gerichtet sind – alles schwindet zu völligem Nichts dahin in diesem heiligen Hofe. So ist gesagt worden: »O Menschen! Ihr seid nur arm, weil ihr Gottes bedürft. Gott aber ist der Reiche, der Selbstgenügende.«Q110 »Reichtum« bedeutet also die Unabhängigkeit von allem außer Gott, »Armut« den Mangel an allem, was Gottes ist.
Erinnere dich auch des Tages, da die Juden Jesus, den Sohn Marias, umringten und Ihn drängten, Er solle Seinen Anspruch, der Messias und Prophet Gottes zu sein, bekennen; denn sie wollten Ihn zum Ungläubigen erklären und zum Tode verurteilen. Sie führten Ihn, die Sonne des Himmels göttlicher Offenbarung, zu Pilatus und zu Kaiphas, dem obersten Priester jener Zeit. Die hohen Geistlichen waren im Palast versammelt, auch eine Menge Volkes war zusammengeströmt, um Seine Leiden zu begaffen, um Ihn zu verhöhnen und zu beleidigen. Obwohl sie Ihn mehrfach fragten – denn sie hofften, Er werde Seinen Anspruch bekennen –, verharrte Jesus stumm und sagte nichts. Schließlich stand ein von Gott Verworfener auf, trat zu Jesus und beschwor Ihn: »Hast du nicht behauptet, du seiest der göttliche Messias? Sagtest du nicht: ›Ich bin der König der Könige, Mein Wort ist Gottes Wort, und Ich breche den Sabbat‹?« Da hob Jesus Sein heiliges Haupt und sprach: »Siehest du nicht den Menschensohn sitzen zur Rechten der Kraft und Macht?«A41 Dies waren Seine Worte. Und nun beachte: Er, dem es dem Anschein nach an aller Macht gebrach, besaß jene innere göttliche Macht, die alles im Himmel und auf Erden umfängt. Wie kann Ich alles berichten, was über Ihn kam, als Er diese Worte gesprochen hatte? Wie soll Ich die Gemeinheit beschreiben, mit der sie Ihn behandelten? Zuletzt häuften sie solch tödliches Leid auf Seine gesegnete Gestalt, dass Er Seine Zuflucht in den vierten Himmel nahm.
Das Lukasevangelium berichtet, dass Jesus eines Tages an einem Juden vorüberging, der gelähmt auf seinem Bette lag. Als der Jude Ihn erblickte, erkannte er Ihn und jammerte um Seine Hilfe. Jesus sprach zu ihm: »Erhebe dich von deinem Bett, deine Sünden sind dir vergeben.« Einige Juden, die dabeistanden, murrten und sprachen: »Wer kann Sünden vergeben außer Gott allein?« Er aber durchschaute sofort ihre Gedanken, Er antwortete ihnen und sprach: »Was ist leichter, zu dem Lahmen zu sagen: ›Stehe auf, nimm dein Bett und wandle‹, oder: ›Dir sind deine Sünden vergeben‹? Ihr sollt aber wissen, dass der Menschensohn auf Erden Macht hat, die Sünden zu vergeben.«A42 Dies ist die wahre Souveränität, dies ist die Macht der Auserwählten Gottes! Unsere Ausführungen und Zeugnisse aus verschiedenen Quellen sollen dir nur dazu verhelfen, den tieferen Sinn des Gotteswortes zu erfassen, wie es von Seinen Auserwählten geäußert wurde, damit nicht einige dieser Aussprüche deinen Fuß straucheln lassen und dein Herz verstören.
So lasst uns mit festem Schritt auf dem Pfade der Gewissheit wandeln, damit uns der Windhauch von den Gefilden des Wohlgefallens Gottes die süßen Düfte göttlicher Annahme spende und uns, die vergänglichen Sterblichen, zum Königreich ewiger Herrlichkeit gelangen lasse. Dann wirst du den tieferen Sinn der Souveränität und all dessen, was Traditionen und Schriften sagen, begreifen. Außerdem ist offenbar und dir bekannt, dass das, woran Juden und Christen sich geklammert hatten, und die unentwegten Nörgeleien, mit denen sie der Schönheit Muḥammads begegneten, an diesem Tage auch vom Volke des Qur’án vorgebracht werden, was ihre Anklagen gegen den »Punkt des Bayán« beweisen – mögen die Seelen aller, die im Reiche göttlicher Offenbarung wohnen, ein Opfer für Ihn sein! Sieh ihre Narrheit: Sie sprechen die gleichen Worte wie die Juden in alten Zeiten, und sind dessen nicht gewahr. Wie treffend und wahr ist Sein Urteil über sie: »Lasse sie sich mit ihren Spitzfindigkeiten abgeben!«Q111 »Bei Deinem Leben, o Muḥammad! Sie sind ganz besessen von ihrem eitlen Wahn.«Q112
Als der Unsichtbare, der Ewige, das göttliche Wesen, die Sonne Muḥammads über dem Horizont der Erkenntnis aufsteigen ließ, erhoben die jüdischen Geistlichen gegen Ihn ausgeklügelte Einwände, darunter den, dass Gott nach Mose keinen Prophet mehr senden werde. Ja, in ihrer Schrift ist von einer Seele die Rede, die sich offenbaren müsse, um den Glauben des Mose zu verbreiten und die Interessen Seines Volkes zu fördern, so dass das Gesetz des Mose schließlich den ganzen Erdkreis umfasse. Darum sprach der König ewiger Herrlichkeit in Seinem Buch, auf die Worte dieser Wanderer im Tale der Gottferne und des Irrtums verweisend: »›Gottes Hand‹, so sagen die Juden, ›ist gefesselt.‹ Gefesselt seien ihre eigenen Hände, verflucht seien sie für das, was sie da sprechen. Nein, ausgestreckt sind Seine Hände!«Q113 »Gottes Hand ist über ihren Händen.«Q114
Auch wenn die Kommentatoren des Qur’án die Umstände, die zur Offenbarung dieses Verses führten, verschieden schildern, solltest du dich doch bemühen, seinen Sinn zu begreifen.

Er sagt:

Wie falsch ist das, was sich die Juden vorstellen!

Wie kann die Hand Dessen, der in Wahrheit der König ist, der das Antlitz des Mose offenbar werden ließ und Ihm das Gewand der Prophetenschaft verlieh – wie kann eines solchen Hand gefesselt sein?

Wie kann man wähnen, dass Er die Macht nicht habe, nach Mose einen Boten erstehen zu lassen?

Erkenne, wie abwegig ihr Gerede, wie weit sie vom Pfade der Erkenntnis und Einsicht abgeirrt sind!

Beachte, wie auch heute all dieses Volk zu solchen Torheiten und Abwegigkeiten neigt.

Über ein Jahrtausend lang haben sie diesen Vers rezitiert und ohne Einsicht ihr Urteil über die Juden gesprochen, ohne im geringsten zu merken, wie sie damit selbst, offen und insgeheim, die Gefühle und den Glauben des jüdischen Volkes zum Ausdruck brachten!

Du bist dir sicher ihrer eitlen Behauptung bewusst, dass alle Offenbarung beendet und die Tore göttlicher Barmherzigkeit geschlossen seien, dass sich keine Sonne mehr vom Morgen ewiger Heiligkeit erheben werde, dass das Meer ewiger Gnadenfülle für immer ruhe und aus dem Heiligtum urewiger Herrlichkeit keine Gottesboten mehr offenbart würden.

Dies ist das Verständnis dieser kleingeistigen, verächtlichen Menschen!

Sie wähnen, der Strom von Gottes allumfassender Gnade und überfließender, reicher Barmherzigkeit, dessen Versiegen unvorstellbar ist, sei zum Stillstand gekommen.

Von allen Seiten haben sie sich zur Tyrannei erhoben und die größten Anstrengungen unternommen, mit den bitteren Wassern ihres leeren Wahns die Flamme aus Gottes Brennendem Busch zu löschen; blind dafür, dass das Glas der Macht, einem Bollwerk gleich, die Lampe Gottes beschirmt.

Diesem Volk genügt wohl seine völlige Erniedrigung, denn es ist der Erkenntnis des eigentlichen Zwecks der Gottessache beraubt, und ihr Geheimnis und ihr Wesenskern sind ihm verhüllt, ist doch die höchste, alles übertreffende dem Menschen gewährte Gnade, »in Gottes Gegenwart zu gelangen«Q115 und Ihn zu erkennen, wie es allem Volke verheißen ist.

Dies ist die höchste Gnade des Altehrwürdigen, des Gnadenvollen, für den Menschen, die Fülle Seiner grenzenlosen Güte für Seine Geschöpfe.

An dieser Gnade und Güte hat niemand aus diesem Volke teil, und keiner wurde mit solch höchst erhabener Würde beehrt.

Wie viele offenbarte Verse bezeugen ausdrücklich diese gewichtige Wahrheit und dieses höchst erhabene Thema!

Und doch haben sie sie verworfen und ihren Sinn nach ihren eigenen Wünschen umgedeutet.

So hat Er offenbart:

»Jene aber, die nicht an Gottes Zeichen glauben, noch daran, dass sie Ihm je begegnen werden, werden an Meiner Barmherzigkeit verzweifeln, denn ihrer harrt eine schmerzliche Züchtigung.«Q116 Auch sagt Er:

»Die damit rechnen, dass sie ihrem Herrn begegnen und zu Ihm zurückkehren werden.«Q117 An einer anderen Stelle spricht Er:

»Jene, die es für gewiss hielten, Gott zu begegnen, sagten: ›Wie oft hat durch Gottes Willen eine kleine Schar eine große Schar besiegt!‹«Q118 Und ein andermal offenbart Er:

»So lasset ihn denn, da er in die Gegenwart seines Herrn zu gelangen hofft, ein rechtschaffenes Werk tun.«Q119 Und wiederum spricht Er:

»Er ordnet alle Dinge.

Er lässt uns Seine Zeichen deutlich schauen, auf dass ihr festen Glauben habet, in die Gegenwart eures Herrn zu gelangen.«Q120
Dieses Volk hat die Verse, die unzweideutig die Wirklichkeit des »Gelangens in die Göttliche Gegenwart« bezeugen, verworfen.

Kein Thema wurde in den heiligen Schriften nachdrücklicher behandelt.

Gleichwohl haben sie sich selbst dieses hohen, dieses erhabensten Ranges beraubt, dieser vornehmsten, herrlichen Stufe.

Einige haben behauptet, das »Gelangen in die Göttliche Gegenwart« bedeute die »Offenbarung« Gottes am Tage der Auferstehung.

Sollten sie behaupten, »Offenbarung« Gottes sei im Sinne einer »allumfassenden Offenbarung« zu verstehen, so ist doch offenkundig, dass eine solche Offenbarung bereits in allen Dingen vorhanden ist.

Diese Wahrheit haben Wir schon begründet, denn Wir haben ausgeführt, dass alle Dinge Empfänger und Offenbarer der Strahlen jenes wahren Königs sind und dass die Zeichen der Offenbarung jener Sonne, des Quells allen Strahlenglanzes, in den Dingen gespiegelt, vorhanden und sichtbar sind.

Fürwahr, schaute der Mensch mit dem Auge geistiger und göttlicher Unterscheidung, so würde er gar bald erkennen, dass nichts bestehen kann ohne die Offenbarung der Strahlen Gottes, des wahren Königs.

Sieh, wie beredt alles Erschaffene die Offenbarung dieses inneren Lichtes in ihnen bezeugt.

Sieh, wie in allen Dingen die Tore zum Riḍván Gottes geöffnet sind, so dass die Sucher zu den Städten der Erkenntnis und Weisheit gelangen und eingehen in die Gärten des Wissens und der Macht.

Jeder Garten lässt sie die mystische Braut der inneren Bedeutung in den Kammern der Rede in all ihrer Lieblichkeit und im schönsten Schmucke erblicken.

Die meisten Verse des Qur’án verkünden und bezeugen dieses geistige Thema.

Der Vers:

»Und nichts gibt es dort, das nicht Sein Lob anstimmt«Q121 ist ein beredter Beweis dafür, und:

»Wir bemerkten alle Dinge und schrieben sie nieder«Q122 ist ein glaubwürdiger Zeuge.

Wenn nun das »Gelangen in die Gegenwart Gottes« die Erkenntnis einer solchen Offenbarung bedeuten sollte, so ist es offenbar, dass alle Menschen schon die Gegenwart des ewigen Antlitzes jenes unwandelbaren Königs erlangt haben.

Warum sollte man dann eine solche Offenbarung auf den Tag der Auferstehung beschränken?
Und sollten sie behaupten, mit der »göttlichen Gegenwart« sei die »besondere Offenbarung Gottes« gemeint, die manche Ṣúfí als die »Heiligste Ausgießung« bezeichnen, so leuchtet ein, dass sie, falls in dem Höchsten Wesen selbst geschehen, ewig in der göttlichen Erkenntnis ruht. Geht man von der Richtigkeit dieser Hypothese aus, so ist ein »Gelangen in die göttliche Gegenwart« in diesem Sinne offensichtlich niemandem möglich, denn diese Offenbarung wäre nur auf das innerste Wesen beschränkt, zu dem kein Mensch Zutritt hat. »Der Weg ist versperrt, und alles Suchen wird abgewiesen.«Q123 Die mit Vernunft begnadeten Seelen des Himmels vermögen, so hoch sie sich auch emporschwingen, niemals zu dieser Stufe zu gelangen, um wie viel weniger das Verständnis von Menschen mit getrübter und beschränkter Erkenntnisfähigkeit.
Und sollten sie behaupten, die »göttliche Gegenwart« bedeute eine »Gottesoffenbarung zweiten Ranges«, die als die »Heilige Ausgießung« ausgelegt wird, so ist eine solche, wie anerkannt, in der Welt der Schöpfung möglich, und zwar in dem Reich erster und ursprünglicher Offenbarung Gottes.

Eine solche Offenbarung ist auf Seine Propheten und Auserkorenen beschränkt, da kein Mächtigerer als sie in die Welt des Seins getreten ist.

Alle anerkennen und bezeugen diese Wahrheit.

Diese Propheten und Auserkorenen sind die Empfänger und Offenbarer all der ewigen Attribute und Namen Gottes.

Sie sind die Spiegel, die Gottes Licht unverfälscht widerstrahlen.

Was für sie gilt, gilt in Wirklichkeit für Gott selbst, der der Sichtbare und der Unsichtbare ist.

Niemand kann Ihn, den Ursprung aller Dinge, erkennen und in Seine Gegenwart gelangen, solange er nicht diese leuchtenden Wesen, die aus der Sonne der Wahrheit hervorgehen, erkennt und in ihre Gegenwart gelangt.

Wer darum zur Gegenwart dieser heiligen, überirdischen Leuchten gelangt, der ist in die »Gegenwart Gottes« gelangt, und durch ihre Erkenntnis ist ihm die Erkenntnis Gottes enthüllt, durch das Licht ihres Antlitzes das strahlende Antlitz Gottes offenbar.

Die mannigfachen Eigenschaften dieser Wesen der Loslösung, die die Ersten wie die Letzten, die Sichtbaren wie die Verborgenen sind, verdeutlichen, dass Er, die Sonne der Wahrheit, »der Erste und der Letzte, der Sichtbare und der Verborgene«Q124 ist.

Ebenso steht es auch um die anderen hohen Namen und erhabenen Attribute Gottes.

Wer es auch sei und in welcher Sendung er auch lebe:

Wer die Gegenwart dieser herrlichen, strahlenden, höchst erhabenen Leuchten erkannt und erreicht hat, ist wahrlich in die »Gegenwart Gottes« gelangt und in die Stadt des ewigen, unsterblichen Lebens eingegangen.

In diese Gegenwart kann der Mensch nur am Tage der Auferstehung gelangen, dem Tag, da Gott selbst aufersteht durch Seine allumfassende Offenbarung.
Dies ist die Bedeutung des »Tages der Auferstehung«, von dem in allen heiligen Schriften die Rede ist und der allem Volke verkündet ward. Bedenke: Lässt sich ein mächtigerer, herrlicherer Tag vorstellen, dass der Mensch bereitwillig auf solche Gnade verzichten und sich selbst der Gnadenfülle berauben sollte, einer Gnade, die wie Frühlingsregen vom Himmel der Barmherzigkeit auf die ganze Menschheit niederströmt? Nachdem Wir so schlüssig dargetan haben, dass kein Tag größer ist als dieser Tag und keine Offenbarung herrlicher als diese Offenbarung, und nachdem Wir alle gewichtigen, untrüglichen Beweise vorgebracht haben, die kein Mensch mit Einsicht in Frage stellen und kein Gelehrter übersehen kann – wer möchte da, um der eitlen Streitsucht des Volkes des Zweifels und der Launen willen, sich eine so große Gnade entgehen lassen? Haben sie nicht die wohlbekannte Tradition vernommen: »Wenn der Qá’im sich erhebt, dann ist der Tag der Auferstehung«? So haben die Imáme, diese unauslöschlichen Leuchten göttlicher Führung, auch den Vers ausgelegt: »Was können sie erwarten, als dass Gott zu ihnen herabkomme im Schatten der Wolken?«Q125 – ein Zeichen, das sich auf den Qá’im und Seine Offenbarung bezieht und das sie unbestreitbar als eines der Geschehnisse am Tage der Auferstehung betrachten.
Darum strebe danach, o mein Bruder, den Sinn der »Auferstehung« zu erfassen, und reinige dein Ohr von dem eitlen Geschwätz dieser Verworfenen. Solltest du in das Reich völliger Loslösung eintreten, so wirst du alsbald bezeugen, dass kein Tag mächtiger ist als dieser und dass keine Auferstehung gewaltiger gedacht werden kann als diese. Ein gutes Werk an diesem Tage kommt den guten Werken gleich, die die Menschen in Myriaden von Jahrhunderten vollbracht haben – nein, Wir bitten Gott um Vergebung für solchen Vergleich! Denn wahrlich, die Belohnung eines Werkes an diesem Tage steht weit über dem Urteil der Menschen. Da aber jene stumpfen, elenden Seelen die wahre Bedeutung der »Auferstehung« und des »Gelangens in die Gegenwart Gottes« nicht begreifen, gehen sie deren Gnade gänzlich verlustig. Obwohl das einzige, fundamentale Ziel allen Lernens und aller Mühe ist, diese Stufe zu erreichen und zu erkennen, bleiben sie doch tief in ihr weltliches Sinnen und Trachten verstrickt und sind darin völlig gefangen. Sie wissen nichts von Ihm, dem Wesen allen Wissens, dem letzten Ziele ihres Suchens! Mich dünkt, sie haben nicht einen Tropfen aus den Regenschauern himmlischer Gnade erlangt, ihre Lippen haben nie den Kelch göttlichen Wissens berührt.
Bedenke: Wie kann man einen Menschen, der am Tage der Gottesoffenbarung versäumt, die Gnade der »Göttlichen Gegenwart« zu erlangen und Seine Manifestation zu erkennen, gerechterweise gelehrt nennen, und hätte er auch tausend Jahre studiert und all das beschränkte, irdische Wissen der Menschen erworben? Es ist wahrlich augenfällig, dass er keineswegs als einer gelten kann, der wahre Erkenntnis hat, wogegen der ungelehrteste Mensch, wenn er mit diesem höchsten Unterscheidungsvermögen geadelt ist, wahrlich zu den Gottesgelehrten gerechnet wird, deren Wissen von Gott ist, denn solch ein Mensch hat das Ziel aller Erkenntnis und den höchsten Gipfel des Wissens erreicht.
Auch diese Stufe ist eines der Zeichen am Tage der Auferstehung; denn es ist gesagt:

»Die Erhöhten unter euch wird Er erniedrigen; und die Erniedrigten wird Er erhöhen.«Q126 Ebenso hat Er im Qur’án offenbart:

»Und Wir wollen denen, die im Lande erniedrigt wurden, Unsere Gunst erweisen und sie zu geistigen Führern unter den Menschen und zu Unseren Erben machen.«Q127 Es hat sich an diesem Tage wieder erwiesen, wie viele Geistliche, weil sie die Wahrheit verwarfen, in die äußersten Tiefen der Unwissenheit gefallen sind und dort verweilen, und wie ihre Namen aus der Reihe der Hochangesehenen und Gelehrten getilgt wurden, während viele Unwissende, weil sie den Glauben annahmen, sich zum hohen Gipfel des Wissens emporschwangen, wie deren Namen durch die Feder der Macht auf die Tafeln göttlichen Wissens geschrieben wurden.

Darum:

»Gott tilgt oder bestätigt, was Er will, denn bei Ihm ist die Quelle der Offenbarung.«Q128 So wird gesagt:

»Nach einem Beweis zu suchen, wenn der Beweis schon erbracht ist, ist unziemlich, und nach Wegen zur Erkenntnis zu suchen, wenn der Gegenstand allen Wissens schon da ist, das ist wahrlich tadelnswert.« Sprich:

O Volk der Erde!

Schau auf diesen Jüngling, der flammengleich durch die grenzenlosen Weiten des Geistes dahineilt und dir die Botschaft verkündet:

»Siehe, die Lampe Gottes leuchtet«, der dich aufruft, auf Seine heilige Sache zu achten, die, wenngleich noch hinter den Schleiern altehrwürdigen Glanzes verborgen, im Lande ‘Iráq über dem Horizont ewiger Herrlichkeit erstrahlt.
O mein Freund! Erforschte der Vogel deines Geistes die Himmel der Offenbarung des Qur’án und betrachtete er das darin ausgebreitete Reich göttlicher Erkenntnis, so fändest du sicherlich unzählige Tore des Wissens vor dir geöffnet. Du erkenntest gewiss, dass alles, was am heutigen Tage dieses Volk hindert, die Küsten des Weltmeeres ewiger Gnade zu erreichen, auch in der Sendung Muḥammads dem Volk jener Zeit verwehrte, Sein göttliches Licht zu erkennen und für ihre Wahrheit Zeuge zu sein. Du wirst auch die Mysterien der »Wiederkunft« und »Offenbarung« erfassen und wohlgeborgen in der erhabensten Kammer der Gewissheit verweilen.
Und es begab sich, dass eines Tages einige Gegner jener unvergleichlichen Schönheit, die von Gottes unvergänglichem Heiligtum weit abgeirrt waren, spöttisch diese Worte zu Muḥammad sprachen:

»Wahrlich, Gott hat einen Bund mit uns geschlossen, dass wir keinem Boten glauben sollen, solange er uns nicht ein Opfer bringt, welches vom Feuer des Himmels verzehrt wird.«Q129 Der Sinn dieses Verses ist, dass Gott mit ihnen übereingekommen war, dass sie keinem Boten glauben sollten, wenn er nicht das Wunder von Abel und Kain vollbringe, das heißt, ein Opfer darbiete, welches vom Feuer des Himmels verzehrt werde, wie sie es aus der Geschichte von Abel gehört hatten, über die die heiligen Schriften berichten.

Darauf antwortete Muḥammad und sprach:

»Schon vor Mir sind Boten zu euch gekommen mit sicheren Beweisen und auch mit dem, wovon ihr sprecht.

Warum erschlugt ihr sie?

Sagt es Mir, wenn ihr wahrhaftige Menschen seid.«Q130 Und nun, urteile gerecht:

Wie konnten diese Zeitgenossen Muḥammads schon Jahrtausende vorher gelebt haben, zu der Zeit Adams oder anderer Propheten?

Warum sollte Muḥammad, dieses Wesen der Wahrhaftigkeit, den Menschen Seines Tages den Mord an Abel oder anderen Propheten zur Last legen?

Du hast keine andere Wahl:

Entweder siehst du in Muḥammad einen Betrüger oder Narren – was Gott verhüte! –, oder du pflichtest der Ansicht bei, dass jene Gottlosen eben dasselbe Volk waren, das zu allen Zeiten den Propheten und Boten Gottes mit Spitzfindigkeiten entgegentrat und sie schließlich alle den Märtyrertod erleiden ließ.
Sinne darüber nach in deinem Herzen, auf dass die lieblichen Winde göttlicher Erkenntnis aus den Gefilden der Barmherzigkeit den Duft der Verse des Geliebten über dir verbreiten und deine Seele zum Riḍván der Erkenntnis leiten. Da die Eigensinnigen zu allen Zeiten verfehlt haben, den tieferen Gehalt dieser gewichtigen, bedeutungsvollen Worte zu ergründen, und wähnten, die Antworten der Propheten Gottes auf ihre Fragen seien belanglos, haben sie jenen Verkörperungen des Wissens und der Einsicht Unwissenheit und Torheit unterstellt.
Auch in einem anderen Vers hat sich Muḥammad gegen das Volk Seiner Zeit gewandt. Er sagt: »Obwohl sie zuvor um den Sieg über die Ungläubigen gebetet hatten, haben sie, als Er, von dem sie Kenntnis hatten, zu ihnen kam, nicht an Ihn geglaubt. Der Fluch Gottes über die Ungläubigen!«Q131 Denke darüber nach: Dieser Vers besagt, dass das Volk zur Zeit Muḥammads das gleiche Volk war, das auch in den Tagen der alten Propheten eiferte und stritt, um den Glauben voranzutragen und die Sache Gottes zu lehren. Und doch, wie könnte man die Geschlechter zur Zeit Jesu und Mose und jene aus den Tagen Muḥammads als ein und dasselbe Volk ansehen? Waren nicht jene, die sie einstens kannten, Mose, der den Pentateuch offenbarte, und Jesus, der das Evangelium hinterließ? Wie konnte Muḥammad da sagen: »Als Er, von dem sie Kenntnis hatten, zu ihnen kam« – also Jesus oder Mose –, »da glaubten sie Ihm nicht«Q132? Hatte Muḥammad nicht offenkundig einen anderen Namen? Kam Er nicht aus einer anderen Stadt? Sprach Er nicht eine andere Sprache, und offenbarte Er nicht ein anderes Gesetz? Wie also lässt sich die Wahrheit dieses Verses begründen, wie seine Bedeutung erhellen?
Darum strebe danach, den Sinn der »Wiederkunft« zu erfassen, wie er so klar im Qur’án offenbart ist, den aber bislang noch niemand versteht. Was meinst du dazu? Wenn du sagst, dass, wie dieser Vers bezeugt, Muḥammad die »Wiederkunft« der alten Propheten war, so müssen Seine Gefährten auch die »Wiederkunft« der einstigen Gefährten gewesen sein, da die »Wiederkunft« des früheren Volkes durch den Wortlaut der genannten Verse klar bestätigt wird. Wenn du dies bestreitest, so hast du gewisslich die Wahrheit des Qur’án, das zuverlässigste Zeugnis Gottes für die Menschen, von dir gewiesen. Ebenso versuche, die Bedeutung von »Wiederkunft«, »Offenbarung« und »Auferstehung« in den Tagen der Manifestationen der göttlichen Wesenheit zu erfassen, damit du mit eigenen Augen der heiligen Seelen »Wiederkunft« in geheiligten, erleuchteten Gestalten schauest, den Staub der Unwissenheit hinwegwischest und das getrübte Selbst mit den Wassern der Barmherzigkeit aus dem Quell göttlicher Erkenntnis läuterst. So vermagst du vielleicht durch Gottes Kraft und Seiner Führung Licht den Morgen ewigwährenden Glanzes von der Nacht des Irrtums zu unterscheiden.
Auch wirst du verstehen, dass Gottes Treuhänder bei den Völkern der Erde als Vertreter einer neuen Sache und Träger einer neuen Botschaft erscheinen.

Da diese Vögel des himmlischen Thrones alle aus dem Himmel des Willens Gottes herabgesandt sind, da sie alle sich erheben, Seinen unwiderstehlichen Glauben zu verkünden, sind sie wie eine Seele und ein Wesen anzusehen.

Denn sie alle trinken aus demselben Kelch der Liebe Gottes, und alle haben sie teil an der Frucht desselben Baumes der Einheit.

Alle Manifestationen Gottes haben eine zweifache Stufe.

Die eine ist die Stufe reiner Geistigkeit und Wesenseinheit.

In dieser Hinsicht bist du, wenn du sie alle mit einem Namen benennst und ihnen dieselben Eigenschaften zuschreibst, nicht von der Wahrheit abgeirrt.

So hat Er offenbart:

»Keinen Unterschied machen Wir zwischen Seinen Boten.«Q133 Denn sie alle rufen die Menschen dieser Erde auf, die Einheit Gottes anzuerkennen, und verkünden ihnen den Kawthar unendlicher Gnade und Güte.

Sie alle sind mit dem Gewande der Prophetenschaft bekleidet und mit dem Mantel der Herrlichkeit beehrt.

Darum hat Muḥammad, der Punkt des Qur’án, offenbart:

»Ich bin alle Propheten.« Ebenso spricht Er:

»Ich bin der erste Adam, Noah, Mose und Jesus.« Ähnliches sagte auch ‘Alí.

Worte, welche die Wesenseinheit dieser Vertreter der Einheit verkünden, gehen aus von den Brunnquellen der unsterblichen Gottesworte und den Schatzkammern der Perlen göttlicher Erkenntnis; sie sind in den heiligen Schriften verzeichnet.

Diese Gestalten sind die Empfänger des göttlichen Befehls und die Morgenröten Seiner Offenbarung, die erhaben ist über die Schleier der Vielheit und über die Begrenzungen der Zahl.

So spricht Er:

»Unsere Sache ist nur eine.«Q134 Da die Sache eine und dieselbe ist, kann auch ihr jeweiliger Träger nur einer und derselbe sein.

Ebenso haben die Imáme des muslimischen Glaubens, diese Leuchten der Gewissheit, gesagt:

»Muḥammad ist unser Erster, Muḥammad ist unser Letzter, Muḥammad ist unser alles.«
So leuchtet dir ein, dass alle Propheten Tempel der Sache Gottes sind, die in verschiedenem Gewand erscheinen.

Wenn du mit scharfem Auge hinsiehst, wirst du erkennen, dass sie alle im selben Heiligtum wohnen, sich zum selben Himmel aufschwingen, auf demselben Throne sitzen, dieselbe Sprache sprechen und denselben Glauben verkünden.

Dies ist die Einheit dieser Inbegriffe des Seins, dieser Sonnen unendlichen, unermesslichen Glanzes!

Sollte darum eine dieser Manifestationen der Heiligkeit verkünden:

»Ich bin die Wiederkunft aller Propheten«, so spräche sie gewisslich die Wahrheit.

So ist in jeder neuen Offenbarung die Wiederkunft der früheren Offenbarung eine festbegründete Wahrheit.

Nachdem nun die Wiederkunft der Propheten Gottes, wie sie in den Versen und Traditionen Gottes bestätigt wird, schlüssig dargelegt ist, ist damit auch die Wiederkunft ihrer Erwählten eindeutig erwiesen.

Diese Wiederkunft ist zu offenkundig, als dass sie noch eines weiteren Beweises bedürfte.

Betrachte unter den Propheten zum Beispiel Noah:

Als Er mit dem Mantel des Prophetentums bekleidet, vom Geiste Gottes getrieben, sich erhob, Seine heilige Sache zu verkünden, wurde jeder, der an Ihn glaubte und diesen Glauben bekannte, mit der Gnade eines neuen Lebens beschenkt.

Von einem solchen Menschen konnte wahrlich gesagt werden, dass er wiedergeboren und wiederbelebt war, denn vor seinem Glauben an Gott und vor dem Bekenntnis zu Seiner Manifestation hatte er sein Herz an die Dinge der Welt gehängt, an irdischen Besitz, an Weib und Kind, Speise und Trank und dergleichen, so dass all sein Sinnen und Trachten Tag und Nacht nur darauf gerichtet war, Reichtum anzuhäufen und sich die Mittel für Genuss und Vergnügen zu verschaffen.

Überdies war er, ehe ihm die belebenden Wasser des Glaubens zuteilwurden, so eng an die Traditionen seiner Vorväter gebunden und so eifrig darauf bedacht, ihre Gebräuche und Gesetze einzuhalten, dass er wohl lieber den Tod erlitten hätte, als auch nur einen Buchstaben dieser abergläubischen Formen und Gebräuche zu verletzen, die in seinem Volke im Schwange waren.

Hat doch das ganze Volk ausgerufen:

»Wahrlich, wir fanden einen Glauben bei unseren Vätern, und wahrlich, wir wollen ihren Fußstapfen folgen.«Q135
Dieselben Menschen, die in alle diese Schleier der Beschränkung verstrickt waren und unter den Zwängen solcher Vorschriften standen, wurden, kaum hatten sie den unsterblichen Trank des Glaubens aus dem Kelche der Gewissheit von der Hand der Manifestation des Allherrlichen gekostet, so verwandelt, dass sie bereit waren, um Seiner heiligen Sache willen ihre Sippe, ihr Vermögen, ihr Leben, ihren alten Glauben, ja alles aufzugeben außer Gott!

So überwältigend war ihr Verlangen nach Gott, so hinreißend die Wonne ihrer Verzückung, dass die Welt und alles darinnen vor ihrem Auge zu nichts dahinschwand.

Haben sie nicht die Mysterien der »Wiedergeburt« und »Wiederkunft« beispielhaft vorgelebt?

Wird nicht bezeugt, dass diese Menschen, ehe sie mit der neuen, wundersamen Gnade Gottes beschenkt waren, durch vielerlei Kunstgriffe ihr Leben gegen Unheil zu schützen suchten?

Konnte sie nicht ein Dorn in Schrecken versetzen, der Anblick eines Fuchses in die Flucht jagen?

Doch mit Gottes höchster Auszeichnung geehrt und Seiner freigebigen Gnade teilhaftig, hätten sie, wären sie dazu in der Lage gewesen, ohne Lohn tausendmal ihr Leben auf Seinem Pfade geopfert.

Fürwahr, ihre gesegneten Seelen waren des Käfigs ihres Leibes überdrüssig und sehnten sich nach Erlösung.

Ein einzelner Krieger dieser Schar konnte gegen eine ganze Menge kämpfen.

Und wodurch, wenn nicht durch die Wandlung, die ihr Leben ergriffen hatte, sind sie imstande gewesen, Taten zu vollbringen, die dem üblichen Verhalten der Menschen nicht entsprechen und ihren weltlichen Wünschen zuwiderlaufen!
Es ist offenbar, dass nichts Geringeres als diese mystische Wandlung einen solchen Geist und eine solche Haltung, die sich von ihrem früheren Verhalten völlig unterschied, verursachen und in der Welt des Seins in Erscheinung treten lassen konnte. Ward doch ihre Unruhe in Frieden verwandelt, ihr Zweifel in Gewissheit, ihre Furcht in Mut. Das ist die Macht des göttlichen Elixiers, das in einem Augenblick die Menschenseelen verwandelt.
Betrachte zum Beispiel die Substanz des Kupfers. Wäre es in seiner Gesteinsader vor dem Hartwerden bewahrt, so würde es binnen siebzig Jahren zu Gold. Andere freilich behaupten, Kupfer sei Gold, das nur durch die Verhärtung in einem mangelhaften Zustand sei und dadurch nicht seinen eigentlichen Zustand erreicht habe.
Sei dem, wie es wolle – das wirkliche Elixier wird in einem Augenblick die Substanz des Kupfers in Gold verwandeln und in einem Augenblick die Entwicklungsstadien der siebzig Jahre durcheilen. Könnte man dieses Gold noch Kupfer nennen? Könnte man sagen, es habe nicht den Zustand des Goldes erreicht, während doch der Prüfstein zur Hand ist, um es zu prüfen und vom Kupfer zu unterscheiden?
Ebenso durcheilen diese Seelen durch die Kraft des göttlichen Elixiers in einem Augenblick die Welt des Staubes, dringen zum Reiche der Heiligkeit vor, mit einem Schritt durchqueren sie die Erde der Begrenzung und erreichen die göttliche Region des Raumlosen. Du solltest dein Äußerstes tun, dieses Elixier zu erlangen, das mit einem Atemzug den Westen des Unwissens zum Osten der Erkenntnis gelangen lässt, die Finsternis der Nacht mit dem Glanze des Morgens erhellt, den verirrten Wanderer aus der Wildnis des Zweifels zum Springquell der Göttlichen Gegenwart und zum Born der Gewissheit leitet und den sterblichen Seelen die Ehre der Aufnahme in den Riḍván der Unsterblichkeit schenkt. Könnte man sich nun jenes Gold als Kupfer vorstellen, dann müsste man diese Menschen für die gleichen halten, die sie waren, als ihnen dieser Glaube noch nicht verliehen war.
Sieh, o Bruder, wie alle inneren Geheimnisse der »Wiedergeburt«, »Wiederkunft« und »Auferstehung« durch diese allgenügenden, unwiderleglichen und schlüssigen Zeugnisse vor deinen Augen enthüllt und enträtselt sind. Gebe Gott, dass du durch Seinen gnädigen, unsichtbaren Beistand Leib und Seele des alten Gewandes entkleidest und mit der neuen, unvergänglichen Zier schmückest.
So können also die Menschen, welche bei der neuen Sendung dem übrigen Teil der Menschheit in der Annahme des Gottesglaubens vorangingen, die klaren Wasser der Erkenntnis aus der Hand der göttlichen Schönheit kosteten und die erhabensten Höhen des Glaubens, der Gewissheit und der Loslösung erreichten, dem Namen nach und in Wirklichkeit, nach Taten, Worten und Rang, als die »Wiederkunft« jener betrachtet werden, die in einer früheren Sendung eine ähnliche Auszeichnung erreicht hatten. Denn was immer im Volke einer früheren Sendung sich gezeigt hatte, das wurde auch im Volke des späteren Geschlechtes offenbar. Betrachte die Rose: Ob sie im Osten oder im Westen blüht, sie ist doch immer eine Rose, denn was für sie gilt, ist nicht so sehr ihre äußere Gestalt und Form, als vielmehr ihr betörender Duft.
Darum läutere deinen Blick von allen irdischen Begrenzungen, auf dass du sie alle als die Träger eines Namens, die Vertreter einer heiligen Sache, die Offenbarungen eines Selbstes und die Enthüller einer Wahrheit schauest und die mystische »Wiederkunft« der Worte Gottes erfassest, wie sie durch diese Ausführungen erklärt sind.

Sinne auch über die Haltung der Gefährten in der Sendung Muḥammads nach.

Sieh, wie sie durch Seinen belebenden Hauch von allem Makel irdischer Nichtigkeiten gereinigt, von selbstsüchtigen Wünschen befreit und von allem außer Ihm losgelöst wurden.

Sieh, wie sie, allen Völkern auf Erden voran, in Seine heilige Gegenwart, die Gegenwart Gottes selbst, gelangten, wie sie auf die Welt und alles darinnen verzichteten und freiwillig und freudig ihr Leben dieser Manifestation des Allherrlichen zu Füßen legten.

Und nun richte dein Augenmerk auf die »Wiederkunft« eben dieser Entschlossenheit, Standhaftigkeit und Entsagung, welche die Gefährten des Punktes des BayánA43 bewiesen.

Du warst selbst Zeuge, wie diese Gefährten durch die Wunder der Gnade des Herrn der Herren die Banner höchster Entsagung auf den unerreichbaren Gipfeln der Herrlichkeit hissten.

Diese Sonnen sind einer Quelle entsprungen, diese Früchte sind die Früchte eines Baumes.

Du kannst sie nicht nach Art oder Rang unterscheiden.

All dies geschah durch Gottes Gnade.

Er schenkt Seine Gnade, wem Er will.

Gebe Gott, dass wir das Land der Verleugnung meiden und auf das Weltmeer der Annahme des Glaubens hinausfahren, so dass wir mit einem Auge, das von allem Gegensätzlichen geläutert ist, die Welten der Einheit und Vielheit, der Gleichheit und Veränderung, der Begrenzung und Loslösung erschauen und unseren Flug zum höchsten, innersten Heiligtum der wahren Bedeutung des Gotteswortes nehmen.
Aus diesen Darlegungen geht klar hervor: Sollte eine Seele sich am »Ende, das kein Ende kennt«, offenbaren und sich erheben, eine heilige Sache zu verkünden, für die sich an einem »Anfang, der keinen Anfang hat«, eine andere Seele erhoben hatte, so kann in Wahrheit von Ihm, dem Ersten, wie auch von Ihm, dem Letzten, erklärt werden, dass sie eine und dieselbe sind; denn beide sind die Vertreter einer und derselben heiligen Sache. Aus diesem Grunde vergleicht der Punkt des Bayán – möge das Leben aller außer Ihm ein Opfer für Ihn sein! – die Manifestationen Gottes mit der Sonne, die, mag sie auch vom »Anfang, der keinen Anfang hat«, bis zum »Ende, das kein Ende kennt«Q136, aufsteigen, doch immer dieselbe Sonne ist. Solltest du nun sagen: Diese Sonne ist die frühere Sonne – so sprächest du die Wahrheit; und sagtest du: Diese Sonne ist die »Wiederkunft« jener Sonne – so sprächest du ebenfalls die Wahrheit. So wird aus diesen Ausführungen deutlich, dass der Begriff »letzter« auf »erster« angewandt werden kann und der Begriff »erster« auf »letzter«; denn sowohl der »Erste« als auch der »Letzte« haben sich erhoben, um einen und denselben Glauben zu verkünden.
In den Augen derer, die vom Weine der Erkenntnis und Gewissheit getrunken haben, ist dieser Gegenstand klar. Doch wie viele sind es, die sich durch die Bezeichnung »Siegel der Propheten«Q137 den Blick trüben ließen, weil sie ihre Bedeutung nicht verstanden. So wurden sie der Gnade all Seiner mannigfachen Gaben beraubt. Hat nicht Muḥammad erklärt: »Ich bin alle Propheten«? Hat Er nicht, wie schon erwähnt, gesagt: »Ich bin Adam, Noah, Mose und Jesus«? Warum sollte Muḥammad, diese unsterbliche Schönheit, der gesprochen hat: »Ich bin der erste Adam«, nicht auch imstande sein zu sagen: »Ich bin der letzte Adam«? Denn so wie Er sich als den »ersten der Propheten«, das ist Adam, sah, so ist auch das »Siegel der Propheten« auf diese göttliche Schönheit anwendbar. So ist es einleuchtend, dass Er beides ist, »der erste der Propheten« und ihr »Siegel«.
Das Geheimnis dieses Themas ist gerade in dieser Sendung eine schmerzliche Prüfung für die ganze Menschheit. Sieh, wie viele es sind, die an diesen Worten kleben und deshalb nicht an Ihn glauben, der ihr Offenbarer ist. Was, so fragen Wir, konnten diese Menschen begriffen haben von den Begriffen »erster« und »letzter«, die sich auf Gott beziehen – gepriesen sei Sein Name! Wenn sie behaupten, diese Worte bezögen sich auf dieses stoffliche Weltall – wie wäre dies möglich, da doch die sichtbare Ordnung der Dinge offensichtlich fortbesteht? Nein fürwahr, in diesem Fall ist mit »erster« kein anderer gemeint als »der Letzte« und mit »letzter« kein anderer als »der Erste«.
So wie am »Anfang, der keinen Anfang hat«, der Begriff »letzter« mit Recht auf Ihn, den Erzieher des Sichtbaren und des Unsichtbaren, anwendbar ist, so sind auch die Worte »erster« und »letzter« auf Seine Manifestationen anwendbar. Diese sind zugleich Vertreter des »Ersten« wie auch des »Letzten«. Während sie sich auf dem Herrschersitz des »Ersten« niedergelassen haben, nehmen sie zugleich auch den Thron des »Letzten« ein. Könnte man ein klar unterscheidendes Auge finden, so bemerkte es alsbald, dass die Vertreter des »Ersten« und des »Letzten«, des »Offenbaren« und des »Verborgenen«, des »Anfangs« und des »Siegels« keine anderen sind als diese heiligen Wesen, diese Urbilder der Loslösung, diese göttlichen Seelen. Solltest du dich in das heilige Reich des »Gott war allein, niemand war da neben Ihm«Q138 aufschwingen, du würdest alle diese Namen an jenem heiligen Hof gar nicht vorhanden und völlig unerwähnt finden. Dann wäre dein Auge nicht länger durch diese Schleier der Begriffe und Anspielungen getrübt. Wie himmlisch rein und erhaben ist diese Stufe, zu der selbst Gabriel ungeleitet den Weg nicht finden kann und die der Vogel der Heiligkeit ohne göttlichen Beistand nie zu erreichen vermag!
Nun versuche, den Sinn des Spruches von ‘Alí, dem Gebieter der Gläubigen, zu erfassen: »Ohne Hilfe die Schleier der Herrlichkeit durchbohrend.«Q139 Unter diesen »Schleiern der Herrlichkeit« sind die Geistlichen und Gelehrten in den Tagen der Manifestation Gottes, die durch ihren Mangel an Einsicht und durch ihr Streben nach weltlicher Führerschaft versäumt haben, sich der Sache Gottes zu unterwerfen, ja sich sogar geweigert haben, ihr Ohr der göttlichen Melodie zu öffnen. »Wahrlich, sie haben die Finger in ihre Ohren gesteckt.«Q140 Auch das Volk, das, Gottes nicht achtend, sie zu seinen Meistern nahm, hat sich vorbehaltlos unter die Autorität dieser prahlerischen, heuchlerischen Führer gebeugt, denn es hat kein Gesicht, kein Gehör, kein Herz zu eigen, um Wahrheit von Falschheit zu unterscheiden.
Obwohl die göttlich inspirierten Propheten, Heiligen und Auserwählten den Menschen geboten haben, mit eigenen Augen zu sehen und mit eigenen Ohren zu hören, haben sie ihren Rat hochmütig verworfen; sie sind blind den Führern ihres Glaubens gefolgt und werden ihnen auch weiterhin folgen. Spräche ein armer, unbekannter Mensch ohne den Mantel der Gelehrsamkeit sie an: »O Menschen, folget den Boten Gottes«Q141, so antworteten sie, höchst erstaunt ob solcher Rede: »Was? Meinst du denn, alle diese Geistlichen, diese Vertreter der Gelehrsamkeit mit all ihrer Autorität, ihrem Pomp und Prunk, hätten sich alle geirrt und könnten Wahrheit nicht von Falschheit unterscheiden? Und du und deinesgleichen wollt begriffen haben, was sie nicht verstanden?« Wenn die große Zahl und die Pracht des Gewandes als Kriterium des Wissens und der Wahrheit angesehen werden, dann müssten die Völker vergangener Zeiten, die an Zahl, Pracht und Macht bis heute unübertroffen sind, sicherlich als überlegen und achtbarer gelten.
Es ist offenbar, dass, wann immer die Manifestationen der Heiligkeit sich offenbarten, die Geistlichen ihrer Zeit die Menschen daran hinderten, zum Weg der Wahrheit zu gelangen. Dies bezeugen die Berichte aller heiligen Schriften und himmlischen Bücher. Nicht ein Prophet Gottes ward herabgesandt, der nicht dem unbarmherzigen Hass zum Opfer gefallen wäre, der öffentlichen Verdammung, der Verleugnung und Verfluchung durch die Geistlichen Seines Tages! Wehe ihnen ob der Missetaten, die ihre Hände einst begangen haben! Wehe ihnen wegen dem, was sie heute tun! Welche Schleier der Herrlichkeit sind schlimmer als diese Verkörperungen des Irrtums? Bei der Gerechtigkeit Gottes, solche Schleier zu durchdringen, ist die größte aller Taten, und sie zu zerreißen, das verdienstvollste aller Werke! Möge Gott Uns und euch helfen, o Schar des Geistes, auf dass ihr in der Zeit Seiner Manifestation durch gnädigen Beistand solche Taten vollbringt und in Seinen Tagen in die Gegenwart Gottes gelangt!
Zu den »Schleiern der Herrlichkeit«Q142 gehören auch Begriffe wie »das Siegel der Propheten«Q143 und dergleichen, in deren Auslegung diese erbärmlich irrenden Seelen eine Großtat sehen. Alle wurden durch diese geheimnisvollen Worte, diese schlimmen »Schleier der Herrlichkeit«, daran gehindert, das Licht der Wahrheit zu schauen. Haben sie nicht die Melodie des HimmelsvogelsA44 dies Geheimnis singen hören: »Tausend Fáṭimihs habe ich mir vermählt, die alle die Töchter Muḥammads waren, des Sohnes ‘Abdu’lláhs, des ›Siegels der Propheten‹!« Sieh, wie viele Geheimnisse noch ungelöst im TempelA45 der Erkenntnis Gottes liegen, und wie zahlreiche Juwelen Seines Wissens noch verschlossen in Seinen versiegelten Schatzkammern ruhen! So du in deinem Herzen darüber nachdenkst, wirst du dessen inne, dass Seiner Hände Werk weder Anfang noch Ende kennt. Der Bereich Seines Ratschlusses ist zu weit, als dass die Zunge der Sterblichen ihn beschreiben oder der Vogel des Menschengeistes ihn durchfliegen könnte, und das Walten Seiner Vorsehung ist zu geheimnisvoll, als dass der Menschengeist es erfassen könnte. Seine Schöpfung hat kein Ende und hat von jeher bestanden, seit dem »Anfang, der keinen Anfang hat«. Und die Manifestationen Seiner Schönheit haben keinen Anfang geschaut, und sie bestehen bis zum »Ende, das kein Ende kennt«. Bedenke diese Worte in deinem Herzen und sinne darüber nach, wie sie auf alle heiligen Seelen zutreffen.
Versuche auch, die Melodie der ewigen Schönheit, Ḥusayns, des Sohnes ‘Alís, in ihrer ganzen Bedeutung zu begreifen, wenn er zu Salmán Worte wie diese sprach: »Ich war mit tausend Adamen zusammen, und die Zeit zwischen einem und dem nächsten Adam war jeweils fünfzigtausend Jahre; und ihnen allen erklärte ich die Nachfolgeschaft, die meinem Vater verliehen war.« Er berichtet dann noch gewisse Details und sagt schließlich: »In tausend Schlachten habe ich auf dem Pfade Gottes gekämpft, von denen die am wenigsten bedeutsame die Schlacht von Khaybar war, in der mein Vater gegen die Ungläubigen kämpfte.« Versuche nun, in diesen beiden Überlieferungen die Geheimnisse des »Endes«, der »Wiederkunft« und der »Schöpfung ohne Anfang und Ende« zu verstehen.
O mein Geliebter! Hochheilig ist die himmlische Melodie, weit über dem Bemühen des Menschenohres, ihr Geheimnis zu vernehmen, oder des Menschengeistes, ihre Mysterien zu erfassen. Wie könnte die hilflose Ameise in den Hof des Allherrlichen gelangen! Und doch verwerfen schwache Seelen aus Mangel an Einsicht diese dunklen Aussprüche und stellen die Wahrheit dieser Traditionen in Frage. Fürwahr, niemand kann sie begreifen außer denen, die einsichtsvollen Herzens sind. Sprich: Er ist das Ende, Er, für den kein Ende im ganzen Weltall vorstellbar ist und für den kein Anfang in der Welt der Schöpfung gedacht werden kann. So schaue denn, o Schar der Erde, den Glanz des Endes in den Manifestationen des Anfangs offenbart!
Wie seltsam! Diese Menschen halten einerseits an den Versen des Qur’án fest und an den Traditionen des Volkes der Gewissheit, soweit diese mit ihren Neigungen und ihren Interessen übereinstimmen, andererseits aber verwerfen sie jene, die ihren selbstsüchtigen Wünschen zuwider sind. »Glaubt ihr denn an einen Teil des Buches und verleugnet den anderen?«Q144 Wie könnt ihr beurteilen, was ihr nicht versteht! So hat der Herr des Seins in Seinem unfehlbaren Buch vom »Siegel« gesprochen in dem erhabenen Vers: »Muḥammad ist der Bote Gottes und das Siegel der Propheten«Q145, dann aber allem Volk die Verheißung vom »Gelangen in die Gegenwart Gottes« offenbart. Das »Gelangen in die Gegenwart des unsterblichen Königs« bezeugen die Verse des Buches, von denen Wir schon einige erwähnt haben. Der eine wahre Gott ist Mein Zeuge! Im Qur’án wurde nichts Erhabeneres und Deutlicheres offenbart als das »Gelangen in die Gegenwart Gottes«. Wohl dem, der dahin gelangt ist an dem Tage, da die meisten Menschen, wie ihr seht, sich davon abwenden.
Und doch haben sie sich durch das Geheimnis des vorigen Verses von der im letzteren Verse verheißenen Gnade abbringen lassen, obwohl doch das »Gelangen in die Gegenwart Gottes« am »Tage der Auferstehung« ausdrücklich im Buche offenbart ist.

Es wurde dargetan und durch klare Beweise eindeutig begründet, dass »Auferstehung« das Erscheinen der Manifestation Gottes und Seiner Sache bedeutet und »Gelangen in die göttliche Gegenwart« das Gelangen in die Gegenwart Seiner Schönheit in der Gestalt Seiner Manifestation.

Denn wahrlich:

»Keine Schau erfasst Ihn, Er aber erfasst alle Schau.«Q146 Trotz all dieser unerschütterlichen Wahrheiten und einleuchtenden Erklärungen haben sie sich in ihrer Torheit an den Begriff »Siegel« geklammert und sich so selbst der Erkenntnis Dessen, welcher der Offenbarer des Siegels wie auch des Anfangs ist, am Tage Seiner Gegenwart beraubt.

»Wenn Gott die Menschen für ihre Frevel strafen wollte, so ließe Er keinen auf Erden leben, doch Er gewährt ihnen Aufschub bis zu einer festgesetzten Zeit.«Q147 Davon abgesehen – hätten diese Menschen auch nur einen Tropfen getrunken aus den kristallklaren Wassern, die aus den Worten strömen:

»Gott tut, was immer Er will, und befiehlt, was immer Ihm gefällt«A46, so hätten sie gegen den Mittelpunkt Seiner Offenbarung nicht so unziemliche Einwände vorgebracht.

Die Sache Gottes, alle Taten und Worte ruhen in der Hand Seiner Kraft.

»Alle Dinge sind gefangen in der Höhlung Seiner mächtigen Hand; alles ist leicht und möglich für Ihn.« Er vollendet, was immer Er will, und tut, was Er wünscht.

»Wer nach dem ›Warum‹ oder ›Wofür‹ fragt, der hat eine Lästerung ausgesprochen!« Würden diese Menschen den Schlummer der Nachlässigkeit abschütteln und einsehen, was ihre Hände begangen, so gingen sie daran zugrunde und würfen sich aus freien Stücken ins Feuer – ihr Ende und ihr verdienter Aufenthalt.

Haben sie nicht gehört, dass Er offenbart hat:

»Er soll nicht befragt werden über Sein Tun«Q148?

Wie kann ein Mensch – im Lichte dieser Verse – sich erdreisten, Ihn zur Rede zu stellen und eitel zu schwätzen?
Gnädiger Gott! So töricht und eigensinnig sind diese Menschen, dass sie nur ihren eigenen Gedanken und Wünschen folgen, dem Wissen und dem Willen Gottes – geheiligt und verherrlicht sei Sein Name! – den Rücken kehrend.
Sei gerecht! Hätten diese Menschen die Wahrheit jener leuchtenden Worte und heiligen Andeutungen erkannt, hätten sie Gott als den, der »tut, was immer Er will«Q149, anerkannt, wie könnten sie dann weiterhin an diesem Unsinn festhalten? Fürwahr, mit ganzer Seele nähmen sie an und unterwürfen sich dem, was immer Er spricht. Ich schwöre bei Gott: Wäre es nicht gegen den göttlichen Ratschluss und gegen die unerforschlichen Bestimmungen der Vorsehung, so hätte die Erde dieses Volk völlig vernichtet. »Er wird ihnen jedoch Aufschub gewähren bis zur festgesetzten Zeit eines bekannten Tages.«A47
Zwölfhundertundachtzig Jahre sind vergangen seit dem Dämmern der Sendung des Islám, und jeden Morgen rezitieren diese blinden, nichtswürdigen Menschen ihren Qur’án und verfehlen es dennoch, auch nur einen Buchstaben dieses Buches zu erfassen! Immer wieder lesen sie die Verse, die klar die Wirklichkeit dieser heiligen Themen erweisen und die Wahrheit der Manifestationen ewiger Herrlichkeit bezeugen, und noch immer haben sie deren Sinn nicht begriffen. Sie haben nie verstanden, dass zu allen Zeiten die heiligen Schriften und Bücher nur gelesen werden sollten, damit der Leser zum Verständnis ihrer Bedeutung gelangt und ihre tiefsten Mysterien zu enträtseln vermag. Doch lesen ohne zu verstehen ist für den Menschen letzten Endes ohne Nutzen.
Eines Tages begab es sich, dass ein armer Mann diese Seele besuchte, denn er trug Verlangen nach dem Meere Seiner Erkenntnis. Während Wir mit ihm sprachen, kam die Rede auf die Zeichen des Tages des Gerichts, der Auferstehung, der Erweckung und der Abrechnung. Er bat Uns dringend um eine Erklärung, wie in dieser wunderbaren Sendung die Völker der Welt zur Rechenschaft gezogen würden, wenn kein Mensch sich dessen bewusst sei. Daraufhin vermittelten Wir ihm einige Wahrheiten aus der Wissenschaft und alten Weisheit nach dem Maße seiner Fassungskraft und Einsicht. Dann fragten Wir ihn: »Hast du nicht all die Zeit über den Qur’án gelesen? Bist du dir dieses gesegneten Verses nicht bewusst: ›An jenem Tag wird weder Mensch noch Geist nach seinen Sünden gefragt werden‹?Q150 Erkennst du nicht, dass mit ›fragen‹ nicht das Fragen mit der Zunge und Rede gemeint ist, wie ja der Vers selbst es dartut und erweist? Denn anschließend wird gesagt: ›An ihrem Angesicht werden die Sünder erkannt, und sie werden an Stirnlocken und Füßen gepackt werden.‹Q151«
So wird also mit den Völkern der Welt nach ihrem Angesicht abgerechnet werden. Durch dieses werden ihr Unglaube, ihr Glaube und ihre Ungerechtigkeit offenbar. So ist es an diesem Tage offensichtlich, wie das Volk des Irrtums durch sein Aussehen erkannt und unterschieden wird von denen, die der göttlichen Führung folgen. Würden diese Menschen nur um Gottes willen und mit keinem anderen Wunsch als nach Seinem Wohlgefallen im Herzen tief über die Verse des Buches nachdenken, so fänden sie gewisslich, was sie suchen. In Seinen Versen fänden sie alle Dinge, groß oder klein, die sich in dieser Sendung ereignet haben, enthüllt. Sie fänden darin sogar Hinweise auf den Auszug der Manifestationen der Namen und Attribute Gottes aus ihrem Heimatland, auf die Gegnerschaft und hochmütige Anmaßung der Obrigkeit und des Volkes und auf den Aufenthalt und die Ansiedlung der Universalen Manifestation in einem dafür vorgesehenen Land. Doch niemand kann dies verstehen, es sei denn, er habe ein einsichtsvolles Herz.
Wir schließen und versiegeln unser Thema mit dem, was einst Muḥammad offenbart ward, auf dass dieses Siegel den Duft jenes heiligen Moschus verbreite, der die Menschen zum Riḍván unvergänglichen Glanzes leitet. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Und Gott ruft zur Wohnstatt des FriedensA48, und Er führt, wen Er will, auf den rechten Weg«Q152. »Ihrer harrt eine Wohnstatt des Friedens bei ihrem Herrn, und Er wird ihr Beschirmer sein um ihrer Werke willen.«Q153 Dies hat Er offenbart, auf dass Seine Gnade die Welt umschließe. Preis sei Gott, dem Herrn allen Seins!
Wir haben auf mancherlei Art und immer wieder die Bedeutung eines jeden Themas klargelegt, damit, wenn möglich, jede Seele, ob hoch oder niedrig, nach ihrem Maß und ihrer Fähigkeit ihr Anrecht und ihren Teil daran erlange. Sollte sie nicht fähig sein, ein bestimmtes Argument zu verstehen, so mag sie durch den Hinweis auf ein anderes ihr Ziel erreichen, »auf dass Menschen aller Art wissen, wo sie ihren Durst stillen können«Q154.
Bei Gott! Diese Taube des Himmels, die jetzt im Staube wohnt, kann außer solchen Melodien noch Myriaden von Weisen erschallen lassen und außer solchen Versen noch unzählige Mysterien enthüllen. Jeder einzelne Ton ihrer nicht gesungenen Lieder ist unermesslich erhaben über alles, was schon offenbart wurde, und weit herrlicher als alles, was dieser Feder entströmte. Lass die Zukunft die Stunde enthüllen, da die Bräute der inneren Bedeutung, wie durch den Willen Gottes beschlossen, unverschleiert aus ihren mystischen Wohnstätten eilen und sich im altehrwürdigen Reich des Seins offenbaren. Nichts ist möglich ohne Seine Erlaubnis, keine Macht kann bestehen ohne Seine Macht, und kein Gott ist außer Ihm. Sein ist die Welt der Schöpfung, und Sein ist die Sache Gottes. Alle verkünden Seine Offenbarung, und alle enthüllen die Mysterien Seines Geistes.
Wir haben schon auf den vorangegangenen Seiten einer jeden der Sonnen, die sich von den Aufgangsorten ewiger Herrlichkeit erheben, zwei Stufen zugeschrieben. Die eine dieser Stufen, die Stufe der Wesenseinheit, haben Wir bereits erläutert. »Wir machen keinen Unterschied zwischen ihnen.«Q155 Die andere Stufe ist die der Unterscheidung, sie gehört zur Welt der Schöpfung und ihren Begrenzungen. In dieser Hinsicht hat jede Manifestation Gottes eine ausgeprägte Individualität, eine genau vorgezeichnete Mission, eine vorherbestimmte Offenbarung und besonders bestimmte Begrenzungen. Eine jede von ihnen ist unter einem anderen Namen bekannt, durch ein anderes Attribut gekennzeichnet, mit einem bestimmten Auftrag und einer besonderen Offenbarung betraut. So wie Er spricht: »Einige Sendboten haben Wir die anderen überragen lassen. Zu einigen hat Gott gesprochen, einige hat Er erhoben und erhöht. Und Jesus, dem Sohn Marias, verliehen Wir offenbare Zeichen und stärkten Ihn mit dem Heiligen Geist.«Q156
Durch diese Verschiedenheit ihrer Stufe und ihrer Mission kommt es, dass die aus diesen Quellen göttlicher Erkenntnis strömenden Worte scheinbar voneinander abweichen. Dagegen ist in den Augen derer, die in die Mysterien göttlicher Weisheit eingeweiht sind, alles, was sie sagen, in Wirklichkeit nur Ausdruck einer Wahrheit. Da die meisten Menschen diese Stufen, auf die Wir hingewiesen haben, nicht richtig einzuschätzen vermögen, sind sie bestürzt und verwirrt angesichts der unterschiedlichen Aussagen der Manifestationen, die doch in ihrem Wesen eine und dieselbe sind.
Es war seit jeher offenkundig, dass diese Unterschiede in der Redeweise den Unterschieden in der Stufe zuzuschreiben sind. Vom Standpunkt ihrer Einheit und erhabenen Loslösung aus betrachtet, waren seit je die Attribute Gottheit, Göttlichkeit, höchste Einzigkeit und innerstes Sein auf diese Inbegriffe des Seins anwendbar, da sie alle auf dem Throne göttlicher Offenbarung ruhen und den Sitz göttlicher Verborgenheit einnehmen. Mit ihnen tritt Gottes Offenbarung in Erscheinung, durch ihr Antlitz wird die Schönheit Gottes enthüllt. So wird die Sprache Gottes selbst aus dem Munde dieser Manifestationen des göttlichen Seins vernommen.
Im Lichte ihrer zweiten Stufe betrachtet, der Stufe der Auszeichnung, der Unterscheidung, der zeitlichen Begrenzungen, der Kennzeichen und Maßstäbe, legen sie unbedingte Dienstbarkeit, äußerste Armut und völlige Selbstauslöschung an den Tag. So hat Er gesprochen: »Ich bin der Diener Gottes.A49 Ich bin nur ein Mensch wie ihr.«Q157
Versuche nun anhand dieser unwiderlegbaren, ausführlichen Erklärungen den Sinn der von dir gestellten Fragen zu begreifen, damit du im Glauben Gottes standhaft wirst und dich nicht von den Abweichungen in den Reden Seiner Propheten und Auserwählten erschüttern lässt.
Sollte eine der allumfassenden Manifestationen Gottes erklären:

»Ich bin Gott!«, so spräche sie gewisslich die Wahrheit, und es gäbe daran keinen Zweifel.

Denn wiederholt wurde dargetan, dass durch ihre Offenbarung, ihre Attribute und Namen die Offenbarung Gottes, Seine Namen und Seine Attribute in der Welt offenkundig gemacht sind.

So hat Er enthüllt:

»Jene Pfeile waren von Gott, nicht von Dir!«Q158 Und ebenso spricht Er:

»Wahrlich, die Dir Treue gelobten, gelobten sie in Wirklichkeit Gott.«Q159 Würde einer von ihnen sagen:

»Ich bin der Gesandte Gottes«Q160, so spräche Er gleichfalls die Wahrheit, die unzweifelhafte Wahrheit.

So spricht Er:

»Muḥammad ist nicht der Vater irgendeines Menschen, sondern Er ist der Gesandte Gottes.«Q161 In diesem Lichte gesehen, sind sie alle nur Gesandte dieses vollkommenen Königs, dieser unwandelbaren Wesenheit.

Würden sie alle verkünden:

»Ich bin das Siegel der Propheten«A50, so sprächen sie gewiss nichts als die Wahrheit, erhaben über den leisesten Schatten eines Zweifels.

Denn sie alle sind nur eine Person, eine Seele, ein Geist, ein Wesen, eine Offenbarung.

Sie alle sind die Manifestationen des »Anfangs« und des »Endes«, des »Ersten« und des »Letzten«, des »Sichtbaren« und des »Verborgenen«Q162 – all dies kommt Ihm zu, Ihm, dem Inbegriff allen Geistes und dem ewigen Wesen allen Wesens.

Und würden sie sagen:

»Wir sind Gottes Diener«A51, so wäre auch dies eine offenkundige, unbestreitbare Wahrheit.

Denn sie haben sich im äußersten Zustand des Dienens offenbart, eines Dienens, wie es kein Mensch je erreichen kann.

Darum haben diese Inbegriffe des Seins in Augenblicken, da sie tief in die Meere altehrwürdiger, ewigwährender Heiligkeit eintauchten, oder wenn sie zu den erhabensten Höhen göttlicher Mysterien emporstiegen, den Anspruch erhoben, dass ihre Sprache die Stimme der Gottheit, der Ruf Gottes selbst sei.

Wäre das Auge der Einsicht geöffnet, so würde es erkennen, dass sie sich in diesem Zustand als völlig ausgelöscht und nicht existent betrachten vor dem Antlitz Dessen, der der Alldurchdringende, der Unbestechliche ist.

Mich dünkt, sie haben sich ganz als ein Nichts angesehen und ihre Erwähnung an jenem heiligen Hof als einen Akt der Gotteslästerung erachtet.

Denn die leisesten Einflüsterungen des Selbstes sind an einem solchen Hof ein Beweis für Geltungsbedürfnis und unabhängiges Sein.

In den Augen derer, die an diesen Hof gelangen, ist eine solche Regung schon ein schweres Vergehen.

Wie viel schwerer wäre es, würde in dieser Gegenwart etwas anderes erwähnt, wären des Menschen Herz, Zunge, Gemüt oder Seele von etwas anderem eingenommen als von dem Vielgeliebten, betrachteten seine Augen ein anderes Antlitz als Seine Schönheit, neigte sich sein Ohr einer anderen Melodie als Seiner Stimme und gingen des Menschen Füße einen anderen Pfad als Seinen Pfad.
An diesem Tage weht Gottes Hauch, und Sein Geist hat alle Dinge durchdrungen. So mächtig ist die Ausgießung Seiner Gnade, dass die Feder ruht und die Zunge schweigt.
Kraft dieser Stufe erheben sie etwa den Anspruch, die Stimme der Gottheit zu sein, während sie kraft ihrer Stufe der Gesandtschaft sich als die Boten Gottes erklären. In jedem Fall sprechen sie, wie es den Gegebenheiten des Augenblicks entspricht, und beziehen alle diese Aussagen auf sich selbst, Aussagen, die sich vom Reich göttlicher Offenbarung bis zum Reich der Schöpfung erstrecken und vom Bereich der Göttlichkeit bis zum Reich irdischen Seins. Damit ist, was immer sie sagen, ob es sich denn auf den Bereich der Gottheit, der Herrschaft des Herrn, des Prophetentums, des Hütertums, des Apostolats oder des Dienens bezieht, ohne den Schatten eines Zweifels wahr. So müssen diese Verse, die Wir für Unseren Beweis angeführt haben, aufmerksam bedacht werden, damit die voneinander abweichenden Aussagen der Manifestationen des Unsichtbaren und Morgenröten der Heiligkeit nicht länger die Seele erregen und den Geist verwirren.
Die von den Sonnen der Wahrheit gesprochenen Worte müssen sorgfältig bedacht werden, und wenn man ihre Bedeutung nicht versteht, sollte Aufklärung bei den Treuhändern der Schatzkammern des Wissens gesucht werden, so dass diese den Sinn der Worte erklären und ihr Geheimnis enträtseln. Denn niemand steht es an, das heilige Wort nach seinem unzulänglichen Verständnis auszulegen, oder es gar zu verwerfen und seine Wahrheit zurückzuweisen, sofern er findet, dass es seinen Neigungen und Wünschen zuwider ist. So verhalten sich heutzutage die Geistlichen und Gelehrten, die auf den Stühlen der Erkenntnis und Gelehrsamkeit sitzen und Unwissen Erkenntnis, Tyrannei Gerechtigkeit nennen. Befragten sie das Licht der Wahrheit über die Gebilde ihrer eitlen Phantasie, und fänden sie dann Seine Antwort unvereinbar mit ihren eigenen Vorstellungen und ihrem Schriftverständnis, so verleumdeten sie Ihn, den Hort und Urquell allen Wissens, gewisslich als die Verneinung des Wissens. So ist dies zu allen Zeiten geschehen.
Als Muḥammad, der Herr des Seins, einst über die neuen Monde befragt wurde, gab Er auf Gottes Geheiß zur Antwort: »Das sind Zeiträume, die den Menschen bestimmt sind.«Q163 Daraufhin brandmarkten Ihn Seine Zuhörer öffentlich als Ignoranten.
So sagt Er auch in dem Vers über den »Geist«:

»Und sie werden Dich über den Geist befragen.

Sprich: ›Der Geist geht aus Meines Herrn Befehl hervor.‹«Q164 Kaum hatte Muḥammad diese Antwort gegeben, so widersprachen sie lärmend:

»Seht!

Ein Tor, der nicht weiß, was der Geist ist, nennt sich selbst den Offenbarer göttlichen Wissens!« Nun sieh die Geistlichen unserer Tage:

Weil sie durch Seinen Namen geehrt wurden und fanden, dass ihre Väter einst Seine Offenbarung anerkannt hatten, unterwerfen sie sich blindlings Seiner Wahrheit.

Bedenke, erhielten sie heute solche Antworten auf ihre Fragen, so würden sie sie ohne Zaudern zurückweisen und öffentlich brandmarken – ja sie nähmen sogar wieder zu denselben Spitzfindigkeiten Zuflucht, wie dies tatsächlich geschehen ist – ungeachtet dessen, dass diese Inbegriffe des Seins über so seltsame Trugbilder unendlich erhaben sind und in ihrer unermesslichen Herrlichkeit hoch über diesen leeren Formeln stehen, und selbst über dem Begreifen jedes einsichtsvollen Herzens.

Ihre sogenannte Gelehrsamkeit ist, im Vergleich zu jener Erkenntnis, bloßer Irrtum und all ihre Einsicht nichts als bare Unwissenheit.

Nein, was immer aus den Minen göttlicher Weisheit, den Schatzkammern ewigen Wissens hervorgeht, ist Wahrheit und nichts als Wahrheit.

Der Spruch: >»Wissen ist ein Punkt, den die Toren vervielfacht haben«Q165, ist die Bestätigung für Unser Argument, und die Tradition:

»Wissen ist ein Licht, das Gott ins Herz wirft, wem Er will«Q166, erweist die Richtigkeit Unserer Darlegung.
Weil sie nicht verstehen, was wahres Wissen bedeutet, und damit die Bilder bezeichnen, die ihnen ihre Phantasie vorgaukelt und deren Urheber die Verkörperungen der Unwissenheit sind, haben sie dem Urquell des Wissens das angetan, was du gehört und gesehen hast.
So hat zum Beispiel ein MannA52, der für seine Gelehrsamkeit berühmt war und sich selbst für einen der hervorragendsten Führer seines Volkes hielt, in seinem Buch alle Vertreter wahrer Gelehrsamkeit angeklagt und geschmäht, wie dies seine eindeutigen Aussagen, aber auch seine Andeutungen überall in seinem Buch hinlänglich beweisen.

Da Wir öfters von ihm gehört hatten, entschlossen Wir Uns, einige seiner Werke zu lesen.

Wir sind sonst nicht geneigt, anderer Menschen Schriften zu lesen, doch nun, da Uns einige über ihn befragten, fanden Wir es angezeigt, seine Bücher durchzusehen, um auf diese Fragen mit angemessenem Wissen und Verständnis zu antworten.

Seine Werke in arabischer Sprache waren Uns jedoch nicht zugänglich, bis Uns eines Tages jemand mitteilte, dass eine seiner Schriften, Irshádu’l-‘AvámA53 betitelt, in dieser Stadt zu haben sei.

Aus diesem Titel verspürten Wir den Geruch des Dünkels und der Eitelkeit; denn er hält sich selbst für einen Gelehrten und den Rest der Menschheit für ›Unwissende‹.

Seinen tatsächlichen Wert lässt er gerade durch den Titel erkennen, den er für sein Buch gewählt hat.

Es wurde offenbar, dass der Verfasser dem Pfade des Selbstes und des Begehrens folgte und in der Wildnis des Unwissens und der Blindheit verlorengegangen war.

Mich dünkt, er hat die wohlbekannte Tradition vergessen, welche sagt:

»Wissen umfasst alles, was erkennbar ist; Macht und Gewalt sind Schöpfung.« Dennoch sandten Wir nach dem Buch und behielten es einige Tage.

Wir nahmen es wohl zweimal zur Hand.

Das zweite Mal stießen Wir zufällig auf die Geschichte des ›Mi‘ráj‹A54 Muḥammads, über den gesagt worden ist:

»Wenn nicht für Dich, hätte Ich die Sphären nicht erschaffen.«Q167 Wir stellten fest, dass der Verfasser etwa zwanzig oder mehr Wissenschaften aufzählte, deren Kenntnis er als wesentlich betrachtete, um das Mysterium des ›Mi‘ráj‹ zu verstehen.

Seinen Ausführungen entnahmen Wir, dass, wer nicht in diese Wissenschaften eingedrungen sei, niemals zum richtigen Verständnis dieses überragenden, erhabenen Gegenstandes gelangen könne.

Unter den aufgeführten Wissenschaften waren Metaphysik, Alchemie und Naturmagie.

Nutzlose, abgestandene Gelehrsamkeit hält dieser Mensch für unerlässlich, wenn man die ewigen, geheiligten Mysterien göttlicher Erkenntnis verstehen will!
Gnädiger Gott! So weit reicht sein Verständnis! Sieh, welch ausgeklügelte Einwände und Verleumdungen er gegen jene Verkörperungen des unendlichen göttlichen Wissens vorbrachte! Wie gut und treffend ist doch gesagt: »Schleuderst du deine Verleumdungen denen ins Gesicht, die der eine wahre Gott zu Treuhändern der Schatzkammern Seines siebenten Himmels gemacht hat?«A55 Kein verstehendes Herz und Gemüt, keiner der Weisen und Gelehrten beachtet diese absurden Behauptungen. Und wie klar und einleuchtend ist es doch für jedes einsichtige Herz, dass eine solche Gelehrsamkeit zu allen Zeiten von dem einen wahren Gott zurückgewiesen wird. Wie könnte die Kenntnis von Wissenschaften, die in den Augen der wahrhaft Gelehrten nichts gelten, notwendig sein, um die Mysterien des ›Mi‘ráj‹ zu begreifen, während der Herr des ›Mi‘ráj‹ selbst niemals mit auch nur einem Buchstaben dieser beschränkten, obskuren Wissenschaften belastet war und Sein strahlendes Herz nie mit einem dieser wunderlichen Wahngebilde befleckte? Wie wahr hat er gesprochen: »Alles menschliche Begreifen reitet auf einem lahmen Esel, während die Wahrheit wie ein Pfeil auf dem Winde dahinfliegt.«A56 Bei der Gerechtigkeit Gottes! Wer das Geheimnis des ›Mi‘ráj‹ zu ergründen und einen Tropfen aus der Erkenntnis dieses Meeres zu trinken begehrt, der muss den Spiegel seines Herzens, so er noch durch den Staub dieser Wissenschaften getrübt ist, wahrlich reinigen und läutern, ehe das Licht dieses Mysteriums darin widerstrahlen kann.
An diesem Tag verbieten die, welche in das Meer urehrwürdiger Erkenntnis eingetaucht sind und in der Arche göttlicher Weisheit wohnen, dem Volke solche eitlen Studien. Ihre leuchtenden Herzen sind, Gott sei gepriesen, geheiligt von jeder Spur solcher Gelehrsamkeit und erhaben über so schlimme Schleier. Wir haben den dichtesten aller Schleier mit dem Liebesfeuer des Geliebten verbrannt – den Schleier, auf den sich der Spruch bezieht: »Der schlimmste aller Schleier ist der Schleier des Wissens.« Auf seiner Asche haben Wir den SchreinA57 göttlicher Erkenntnis errichtet. Wir haben, Preis sei Gott, die »Schleier der Herrlichkeit«A58 mit dem Feuer der Schönheit des Heißgeliebten verbrannt. Wir haben aus dem menschlichen Herzen alles vertrieben außer Ihm, der Sehnsucht der Welt, und freuen Uns dessen. Wir hängen an keinem Wissen als an dem Wissen, das von Ihm kommt, und richten unser Herz nur auf den Strahlenglanz Seines Lichtes.
So waren Wir sehr überrascht, als Wir erkannten, dass die einzige Absicht dieses Mannes war, die Menschen glauben zu machen, dass er sich auf alle diese Wissenschaften verstand. Und doch schwöre Ich bei Gott, dass nicht ein Hauch aus den Gefilden göttlichen Wissens jemals über seine Seele geweht, dass er nicht ein einziges Geheimnis alter Weisheit enträtselt hat. Fürwahr, würde ihm der Sinn des Wissens jemals erklärt, so erfüllte Bestürzung sein Herz und sein ganzes Wesen wäre von Grund auf erschüttert. Sieh, welche Gipfel der Überspanntheit seine Ansprüche trotz seiner haltlosen, unsinnigen Aussagen erreichen!
Gnädiger Gott! Wie groß ist Unser Erstaunen darüber, dass sich um ihn die Leute scharen und seiner Person Gefolgschaft geloben! Mit vergänglichem Staube zufrieden, richten die Menschen ihren Blick nur auf ihn und kehren dem Herrn der Herren den Rücken. Zufrieden mit dem Gekrächze der Krähe und vernarrt in das Gesicht des Raben, verzichten sie auf der Nachtigall süßen Gesang und auf den Liebreiz der Rose. Welch unsagbare Trugschlüsse hat die Durchsicht dieses anmaßenden Buches zutage gebracht! Sie sind nicht wert, dass eine Feder sie beschriebe, und zu dürftig, dass man dabei einen Augenblick verweilte. Wäre indes ein Prüfstein gefunden, so schiede er augenblicklich Wahrheit von Falschheit, Licht von Finsternis und Sonne von Schatten.
Eine der Wissenschaften, die dieser Scharlatan nennt, ist die Kunst der Alchemie. Wir hegen die Hoffnung, dass ein König oder ein Mann von überragender Macht ihn auffordere, diese Wissenschaft aus dem Reich der Einbildung in die Welt der Tatsachen und von der Ebene bloßer Behauptungen auf die der realen Wirklichkeit zu bringen. Dass doch dieser ungelehrte, demütige Diener, der weder auf solche Dinge Anspruch erhob noch sie jemals als Kriterium wahrer Erkenntnis betrachtete, diese Aufgabe übernähme, auf dass so die Wahrheit erkannt und vom Irrtum geschieden werde. Doch welchen Nutzen hätte dies! Alles, was dieses Geschlecht Uns anbieten konnte, waren die Wunden seiner Speere, und der einzige Kelch, den es Unseren Lippen reichte, war der Kelch seines Giftes. Auf Unserem Nacken tragen Wir noch die Narben von Ketten, und Unser Leib ist gezeichnet von den Wundmalen erbarmungsloser Grausamkeit.
Und was dieses Menschen Fähigkeiten anbelangt, seine Unwissenheit, sein Verständnis und seinen Glauben, so sieh, was das Buch, das alle Dinge enthält, offenbart hat: »Wahrlich, der Baum ZaqqúmA59 wird die Speise der ÁthimA60 sein.«Q168 Und dann lies einige Verse weiter bis dahin, wo Er spricht: »Koste nun davon, denn du bist fürwahr der mächtige KarímA61!«Q169 Sieh, wie klar und deutlich er in Gottes unvergänglichem Buche beschrieben ist! Dieser Mann, der Demut heuchelt, hat zudem in seinem Buch auf sich selbst verwiesen als auf den »Áthim-Diener«A62: »Áthim« im Buche Gottes, mächtig inmitten der allgemeinen Herde – »Karím« dem Namen nach!
Denke über den gesegneten Vers nach: »Es ist nichts Grünes oder Dürres, das nicht im unfehlbaren Buche verzeichnet wäre«Q170, damit sich die Bedeutung seiner Worte auf der Tafel deines Herzens einpräge. Dennoch schwört eine große Menge diesem Manne Gefolgschaft. Sie verwerfen den Mose des Wissens und der Gerechtigkeit und folgen dem SámiríA63 des Unwissens. Sie wenden ihren Blick von der Sonne der Wahrheit, die am göttlichen, ewig währenden Himmel leuchtet, und schenken ihrem Glanz keine Beachtung.
O mein Bruder! Nur aus einer göttlichen Gesteinsader können die Edelsteine göttlichen Wissens hervorgebracht werden, der Duft der mystischen Myrte ist nur im wahren Garten zu atmen, und die Lilien altehrwürdiger Weisheit können nirgends erblühen außer in der Stadt eines unbefleckten Herzens. »Der guten Erde entsprießen die Pflanzen in Fülle durch die Erlaubnis seines Herrn, doch einem schlechten Boden entsprießen sie nur kärglich.«Q171
Nun ist klar aufgezeigt, dass nur die, welche in die göttlichen Mysterien eingeweiht sind, die Gesänge des Himmelsvogels verstehen können. Darum ist es jedermanns Pflicht, angesichts der Kompliziertheit des Gottesglaubens und der dunklen Andeutungen in den Versen der Morgenröten der Heiligkeit, bei den im Herzen Erleuchteten und bei den Schatzkammern göttlicher Mysterien Erleuchtung zu suchen. Diese Mysterien werden nicht mit Hilfe erworbenen Wissens enträtselt, sondern einzig durch Gottes Beistand und die Ausgießungen Seiner Gnade. »Fraget daher bei denen, welche die Schriften hüten, wenn ihr es selbst nicht wisst.«Q172
O mein Bruder!

Wenn ein wahrer Sucher sich entschließt, mit forschendem Schritt den Pfad zu betreten, der zur Erkenntnis des Altehrwürdigen der Tage führt, muss er vor allem sein Herz, den Sitz der Offenbarung der inneren Mysterien Gottes, vom trübenden Staub allen erworbenen Wissens und von den Andeutungen der Verkörperungen satanischer Wahngebilde reinigen.

Er muss seine Brust, das Heiligtum der immerwährenden Liebe des Geliebten, von jeder Befleckung läutern und seine Seele von allem heiligen, was dem Wasser und dem Lehm zugehört, von allen schattenhaften, flüchtigen Verhaftungen.

Er muss sein Herz so läutern, dass kein Rest von Liebe oder Hass darin verbleibt, damit weder Liebe ihn blind zum Irrtum leite noch Hass ihn von der Wahrheit scheuche.

Denn wie du an diesem Tage siehst, sind die meisten Menschen solcher Liebe und solchen Hasses wegen des unsterblichen Antlitzes beraubt, sind von den Verkörperungen der göttlichen Mysterien weit abgeirrt und streifen hirtenlos durch die Wildnis des Vergessens und des Irrtums.

Der Sucher soll allezeit sein Vertrauen in Gott setzen und sich von den Erdenmenschen abkehren.

Er soll sich von der Welt des Staubes lösen und Ihm, dem Herrn der Herren, anhangen.

Nie darf er sich über einen anderen erheben wollen, jede Spur von Stolz und Dünkel soll er von der Tafel seines Herzens waschen.

Er soll in Geduld und Ergebung harren, Schweigen üben und sich eitler Rede enthalten.

Denn die Zunge ist ein schwelend Feuer, und zu viel der Rede ein tödlich Gift.

Natürliches Feuer verbrennt den Körper, das Feuer der Zunge aber verzehrt Herz und Seele.

Die Kraft des einen währt nur eine Weile, aber die Wirkung des anderen dauert ein Jahrhundert lang.
Auch soll der Sucher üble Nachrede als schweres Vergehen betrachten und sich von ihrem Einfluss fernhalten, denn sie verlöscht das Licht des Herzens und erstickt das Leben der Seele.

Er soll sich mit wenigem begnügen und frei sein von allen zügellosen Wünschen.

Er soll die Gesellschaft derer schätzen, die der Welt entsagt haben, und es als wertvollen Gewinn betrachten, prahlerische, weltlich gesinnte Menschen zu meiden.

In der Morgenfrühe eines jeden Tages soll er sich Gott zuwenden und mit ganzer Seele bei der Suche nach seinem Geliebten verweilen.

Er soll jeden eigenwilligen Gedanken mit der Flamme Seines liebevollen Gedenkens verbrennen und mit Blitzesschnelle an allem außer Ihm vorübereilen.

Er soll dem Vertriebenen beistehen und dem Notleidenden niemals seine Gunst versagen.

Er soll gütig sein zu den Tieren, wie viel mehr zu seinem Nächsten, der mit der Macht der Sprache begabt ist.

Er soll nicht zögern, sein Leben für seinen Geliebten hinzugeben, und sich nicht durch das Urteil der Menschen von der Wahrheit abbringen lassen.

Für andere soll er nicht wünschen, was er für sich selbst nicht wünscht, und nicht versprechen, was er nicht hält.

Aus ganzem Herzen soll er die Gesellschaft der Frevler meiden und um Vergebung ihrer Sünden beten.

Er soll dem Sünder verzeihen und niemals dessen niedrigen Zustand verachten, denn niemand weiß, wie sein eigenes Ende sein wird.

Wie oft hat ein Sünder in der Todesstunde zum Wesenskern des Glaubens gefunden und, den unsterblichen Trank in Fülle trinkend, seinen Flug zur himmlischen Versammlung genommen!

Und wie oft hat sich ein ergebener Gläubiger zur Stunde des Aufstiegs seiner Seele so gewandelt, dass er in das unterste Feuer fiel!

Wir wollen mit der Offenbarung dieser überzeugenden, gewichtigen Worte dem Sucher tief einprägen, dass er alles außer Gott als vergänglich ansehen und alles außer Ihm, dem Ziel aller Anbetung, als äußerstes Nichtsein erachten soll.
Dies sind einige Eigenschaften der Hochstehenden und Kennzeichen der Geistiggesinnten. Sie wurden schon bei den Erfordernissen für die Wanderer erwähnt, die auf dem Pfade wirklicher Erkenntnis wandeln. Wenn der losgelöste Wanderer, der aufrichtige Sucher diese Grundbedingungen erfüllt, dann und nur dann kann er ein wahrer Sucher genannt werden. Wann immer er die Bedingungen erfüllt, die in dem Verse liegen: »Wer nach Uns strebt …«Q173, wird er sich der Segnungen erfreuen, die aus den Worten strömen: »… den werden Wir sicherlich auf Unseren Wegen geleiten.«Q174
Erst wenn die Lampe des Suchens, des ernsten Strebens, des sehnlichen Verlangens, der leidenschaftlichen Ergebung, der glühenden Liebe, der Verzückung und Ekstase im Herzen des Suchers entzündet ist und der Hauch der Gnade Gottes über seine Seele weht, wird das Dunkel des Irrtums vertrieben, werden die Nebel des Zweifels und der Ängste zerstreut, bis die Lichter der Erkenntnis und Gewissheit sein Wesen einhüllen. Zu dieser Stunde wird der mystische Herold mit der Freudenbotschaft des Geistes strahlend wie der Morgen aus der Stadt Gottes aufleuchten und mit dem Posaunenstoß der Erkenntnis Herz, Seele und Geist aus dem Schlummer der Achtlosigkeit erwecken. Dann werden die mannigfachen Gunstbeweise und die Gnadenströme des heiligen, ewigen Geistes dem Sucher solch neues Leben verleihen, dass er sich mit einem neuen Auge, einem neuen Ohr, einem neuen Herzen und einem neuen Geist beschenkt sieht. Er wird über die offenbaren Zeichen des Weltalls nachsinnen und die verborgenen Geheimnisse der Seele durchdringen. Er wird mit dem Auge Gottes schauen und in jedem Atom ein Tor erblicken, das ihn zu den Stufen völliger Gewissheit führt. In allen Dingen wird er die Mysterien göttlicher Offenbarung und die Beweise ewiger Verkündung entdecken.
Ich schwöre bei Gott!

Wer den Pfad der Führung beschreitet, die Höhen der Rechtschaffenheit zu erklimmen sucht und diese hehre, erhabene Stufe erreicht, wird tausend Meilen weit den Duft Gottes verspüren und erleben, wie sich der strahlende Tagesanbruch göttlicher Führung über dem Morgen aller Dinge erhebt.

Jedes Ding, und sei es noch so klein, wird ihm eine Offenbarung, die ihn zu seinem Geliebten führt, dem Ziel seines Suchens.

So scharf wird des Suchers Urteilskraft werden, dass er Wahres von Falschem zu unterscheiden vermag wie die Sonne vom Schatten.

Wenn in den fernsten Winkeln des Ostens Gottes liebliche Düfte wehen, so wird er sie sicherlich erkennen und einatmen, weilte er auch am äußersten Ende des Westens.

Desgleichen wird er alle Zeichen Gottes – Seine wundersamen Worte, Seine großen Werke und mächtigen Taten – so klar von den Werken, Worten und Wegen der Menschen unterscheiden, wie der Goldschmied den Edelstein vom Kiesel und jeder Mensch den Frühling vom Herbst, Hitze von Kälte unterscheidet.

Wenn die menschliche Seele gleich einem Kanal von allen weltlichen, hemmenden Verhaftungen gereinigt ist, wird sie unfehlbar den Odem des Geliebten über unermessliche Entfernungen hin verspüren und, von seinem Duft geführt, die Stadt der Gewissheit erreichen und betreten.

Dort wird der Sucher Gottes Wunder altehrwürdiger Weisheit erfahren und alle verborgenen Lehren aus dem Blätterrauschen des Baumes vernehmen, der in dieser Stadt blüht.

Mit seinem inneren und dem äußeren Ohr wird er aus deren Staub die Hymnen der Verherrlichung und des Lobpreises hören, die zum Herrn der Herren emporsteigen, und mit seinem inneren Auge wird er die Geheimnisse der »Wiederkunft« und der »Erweckung« entdecken.

Wie unaussprechlich herrlich sind die Zeichen, die Beweise, die Offenbarungen und die Pracht, die Er, der König der Namen und Eigenschaften, für diese Stadt bestimmt hat.

Der Eintritt in diese Stadt löscht den Durst ohne Wasser und entzündet die Gottesliebe ohne Feuer.

In jedem Grashalm sind die Mysterien unergründlicher Weisheit verwahrt, und in jedem Rosenbusch singen Nachtigallen ohne Zahl in seligem Entzücken ihr Lied.

Wundersame Tulpen enthüllen das Mysterium des unverlöschlichen Feuers im Brennenden Busch, und liebliche Wohlgerüche der Heiligkeit verströmen den Duft des messianischen Geistes.

Diese Stadt schenkt Reichtum ohne Gold und verleiht Unsterblichkeit ohne Tod.

In jedem Blatt sind unaussprechliche Wonnen verwahrt, und in jedem Gemach liegen unzählige Geheimnisse verborgen.
Die sich tapfer auf der Suche nach Gott mühen, werden, sobald sie allem außer Ihm entsagt haben, so mit dieser Stadt verbunden und vermählt sein, dass sie sich nicht mehr vorstellen können, auch nur einen Augenblick von ihr getrennt zu leben. Sie werden auf unfehlbare Beweise von der Hyazinthe jener Gemeinschaft lauschen und die sichersten Zeugnisse von der Schönheit ihrer Rose und dem Lied ihrer Nachtigall empfangen. Etwa alle tausend Jahre einmal wird diese Stadt erneuert und aufs Neue geschmückt.
Darum, o mein Freund, sollten wir mit heißestem Bemühen danach streben, jene Stadt zu erreichen und durch Gottes Gnade und Güte die »Schleier der Herrlichkeit«Q175 zu zerreißen, so dass wir mit unbeugsamer Festigkeit unsere schmachtenden Seelen auf dem Pfade des neuen Geliebten opfern. Wir sollten mit Tränen in den Augen Ihn immer wieder inbrünstig anflehen, uns die Gunst dieser Gnade zu gewähren. Diese Stadt ist nichts anderes als das Wort Gottes, das in jedem Zeitalter und in jeder Sendung offenbart wird. In den Tagen Mose war sie der Pentateuch, in den Tagen Jesu das Evangelium, in den Tagen Muḥammads, des Gesandten Gottes, der Qur’án, an diesem Tage ist sie der Bayán, und in der Sendung Dessen, den Gott offenbaren wird, wird sie Sein Buch sein – das Buch, auf das alle Bücher der vorangegangenen Sendungen notwendig bezogen werden müssen, das Buch, das überragend und erhaben in ihrer Mitte steht. In diesen Städten ist geistige Nahrung in Fülle bereitet, unvergängliche Wonnen sind darin bestimmt. Die Speise, die sie gewähren, ist das Brot des Himmels, und der Geist, den sie schenken, ist Gottes unvergänglicher Segen. Losgelösten Seelen verleihen sie die Gabe der Einheit; sie machen den Armen reich und bieten den Kelch der Erkenntnis denen, die in der Wildnis des Unwissens wandern. Alle Führung, aller Segen, alles Wissen, alles Erkennen, aller Glaube und alle Gewissheit, die allem im Himmel und auf Erden verliehen wurden, sind in diesen Städten verborgen und verwahrt.
So war der Qur’án für das Volk Muḥammads eine uneinnehmbare Feste. In Seinen Tagen war jeder, der sie betrat, vor teuflischen Anschlägen, drohenden Pfeilen, seelenverzehrenden Zweifeln und gotteslästerlichen Einflüsterungen des Feindes geschützt. Auch war ihm ein Anteil an den göttlichen, guten Früchten verliehen, den Früchten der Weisheit vom göttlichen Baum, und ihm ward ein Trank gereicht von den nie verderbenden Wassern aus dem Strom der Erkenntnis und ein Schluck vom Weine der Geheimnisse göttlicher Einheit.
Alles, was die Menschen über Muḥammads Offenbarung und Sein Gesetz wissen mussten, war in diesem Riḍván strahlender Herrlichkeit enthüllt. Dieses Buch ist ein bleibendes Zeugnis für das Volk nach Muḥammad, denn Seine Gesetze sind unanfechtbar und Seine Verheißungen unverbrüchlich. Allen war befohlen, den Vorschriften dieses Buches bis zum »Jahre sechzig«A64 zu folgen, dem Jahre des Erscheinens der wundersamen Manifestation Gottes. Dieses Buch ist das Buch, das den Sucher unfehlbar zum Riḍván der göttlichen Gegenwart leitet, welches den, der sein Land verlässt und auf dem Pfade des Suchers wandelt, eintreten lässt in das heilige ZeltA65 ewiger Vereinigung. Seine Führung kann niemals irren, kein Zeugnis kann sein Zeugnis übertreffen. Alle Traditionen, alle anderen Bücher und Berichte entbehren einer solchen Auszeichnung, denn die Traditionen und deren Überlieferer erhalten einzig vom Wortlaut dieses Buches ihre Bestätigung. Zudem weisen die Traditionen schmerzliche Unterschiede und eine Fülle von Unklarheiten auf.
Als sich Muḥammads Sendung ihrem Ende neigte, sprach Er folgende Worte: »Wahrlich, Ich hinterlasse euch Meine zwei wichtigsten Zeugnisse: Gottes Buch und Meine Familie.«Q176 Dieser Quell des Prophetentums, diese Goldader göttlicher Führung, hatte viele der überlieferten Aussprüche offenbart, und doch nannte Er nur dieses Buch, das Er so zum mächtigsten Werkzeug, zum sichersten Zeugnis für die Sucher gemacht hat, zu einem Führer für das Volk bis zum Tage der Auferstehung.
Betrachte aufmerksam, mit unbeirrbarer Schau, mit reinem Herzen und geheiligtem Geist, was Gott Seinem Volk als Zeugnis der Führung bestimmt hat in Seinem Buch, das von hoch und niedrig als authentisch anerkannt wird. An dieses Zeugnis müssen wir beide uns ebenso halten wie die Völker der Welt, auf dass wir durch sein Licht zur Erkenntnis gelangen und Wahrheit von Falschheit, Führung von Irrtum unterscheiden. Da Muḥammad Sein Zeugnis auf Sein Buch und Seine Familie beschränkt hat, die letztere aber dahingegangen ist, bleibt nur Sein Buch als Sein einziges Zeugnis unter Seinem Volk.
Am Anfang Seines Buches spricht Er:

»Alif, Lám, Mím.

Kein Zweifel besteht über dieses Buch:

Es ist eine Führung für die Gottesfürchtigen.«Q177 In diesen zusammenhanglosen Buchstaben des Qur’án liegen die Mysterien des göttlichen Seins verschlossen, in ihren Muscheln ruhen die Perlen Seiner Einheit verwahrt.

Aus Mangel an Raum wollen Wir jetzt nicht dabei verweilen.

Äußerlich betrachtet bedeuten sie Muḥammad selbst, den Gott mit den Worten anspricht:

»O Muḥammad, es gibt weder Zweifel noch Ungewissheit an diesem Buche, das vom Himmel göttlicher Einheit herabgesandt ist.

In ihm ist Führung für die Gottesfürchtigen.«Q178 Bedenke, wie Er dieses Buch, den Qur’án, zur Führung für alle im Himmel und auf Erden bestimmt hat.

Er selbst, das göttliche Sein und das unerkennbare Wesen, bezeugt, dass dieses Buch, das hoch erhaben über allen Zweifeln und aller Ungewissheit steht, der Führer der ganzen Menschheit sein soll bis zum Tage der Auferstehung.

Nun fragen Wir:

Ist es recht, dass das Volk mit Zweifel und Besorgnis auf dieses gewichtigste Zeugnis schaut, dessen göttlichen Ursprung Gott selbst verkündet und zur Verkörperung der Wahrheit erklärt hat?

Ist es recht, dass es sich abwendet von dem, was Er zum höchsten Mittel der Führung auf die erhabensten Gipfel der Erkenntnis bestimmt hat, und nach anderem sucht als diesem Buch?

Wie können die Menschen es zulassen, dass ihnen ungereimte, dumme Reden die Saaten des Misstrauens ins Herz säen?

Wie können sie sich noch länger töricht darauf berufen, jemand habe dieses oder jenes gesagt oder irgendetwas sei nicht eingetroffen?

Wenn neben dem Buch Gottes ein tauglicheres Mittel und ein verlässlicherer Führer der Menschheit vorstellbar gewesen wäre, hätte Er dies nicht in jenem Vers enthüllt?
So dürfen wir nicht abweichen von Gottes unwiderstehlichem Befehl und Seinem festgelegten Ratschluss, wie sie in dem genannten Vers enthüllt sind. Wir sollten die wundersamen heiligen Schriften anerkennen, sonst werden wir auch die Wahrheit dieses gesegneten Verses nicht anerkennen. Denn es leuchtet ein, dass wer die Wahrheit des Qur’án leugnet, in Wirklichkeit auch die Wahrheit der vorangegangenen heiligen Schriften leugnet. Dies ist offensichtlich der tiefere Sinn dieses Verses. Wollten Wir seine innere Bedeutung darlegen und seine verborgenen Mysterien enthüllen, so reichte die Ewigkeit nicht aus, ihre Tragweite zu erschöpfen, und das Weltall wäre außerstande, sie zu ertragen. Gott wahrlich ist Zeuge, dass Wir die Wahrheit sprechen!
Ebenso sagt Er an anderer Stelle: »Und wenn ihr in Zweifel seid über das, was Wir auf Unsere Diener herabgesandt haben, dann bringt doch eine Súrah wie diese hervor und ruft eure Zeugen außer Gott zusammen, wenn es euch um die Wahrheit geht.«Q179 Sieh, wie erhaben ist doch die Stufe dieser Verse, wie groß ihre Wirkkraft, wenn Er sie als Sein sicherstes Zeugnis bezeichnet, als Seinen untrüglichen Beweis, als Ausdruck Seiner alles unterwerfenden Macht und als Offenbarung der gestaltenden Macht Seines Willens. Er, der göttliche König, verkündet die unbestreitbare Überlegenheit der Verse Seines Buches über alle Dinge, die Seine Wahrheit bezeugen. Denn, verglichen mit allen anderen Beweisen und Zeichen, leuchten die göttlich offenbarten Verse wie die Sonne, alles andere aber nur wie Sterne. Den Völkern der Welt sind sie ein bleibendes Zeugnis, ein unanfechtbarer Beweis, das strahlende Licht des wahren Königs. Ihr Vorrang und ihre Wirkkraft werden von nichts übertroffen. Sie sind die Schatzkammer göttlicher Perlen, der Verwahrungsort göttlicher Mysterien. Sie bilden das unlösliche Band, das feste Seil, den ‘Urvatu’l-Vuthqá, das unauslöschliche Licht. Sie durchflutet der Strom göttlicher Erkenntnis, sie durchglüht das Feuer Seiner altehrwürdigen, vollendeten Weisheit. Dies ist das Feuer, das im selben Augenblick die Flamme der Liebe in den Herzen der Gläubigen entzündet und den Frost der Achtlosigkeit in die Herzen der Feinde legt.
O mein Freund! Wir dürfen Gottes Befehl nicht unbeachtet lassen; wir müssen uns fügen und dem unterwerfen, was Er als Sein göttliches Zeugnis geboten hat. Dieser Vers ist für diese betrübte Seele zu gewichtig und bedeutungsvoll, als dass er hier erklärt werden könnte. Gott spricht die Wahrheit und führt den Weg. Er, wahrlich, ist hoch erhaben über all Sein Volk. Er ist der Mächtige, der Wohltäter.
Ebenso spricht Er: »Dies sind Gottes Verse, die Wir in voller Wahrheit sprechen. Doch an welche Offenbarung wollen sie denn glauben, wenn sie Gott und Seine Verse verwerfen?«Q180 Wenn du den tieferen Sinn dieses Verses erfassest, so wirst du auch die Wahrheit erkennen, dass niemals eine größere Offenbarung enthüllt wurde als durch die Propheten Gottes und dass kein mächtigeres Zeugnis jemals auf Erden erschienen ist als ihre offenbarten Verse. Nein fürwahr, dieses Zeugnis wird durch kein anderes je übertroffen außer durch das, was der Herr, dein Gott, will.
An einer anderen Stelle spricht Er: »Wehe jedem lügenhaften Sünder, der die Verse Gottes hört, die ihm vorgetragen werden, und alsdann in Hoffart verharrt, als ob er sie nicht hörte. Verkünde ihm eine schmerzliche Strafe.«Q181 Was in diesem Vers liegt, genügt allen im Himmel und auf Erden – o würden die Menschen doch nachsinnen über die Verse ihres Herrn! Denn du hörst, wie an diesem Tage das Volk die göttlich offenbarten Verse schmählich missachtet, als wären sie die geringsten aller Dinge. Und doch ist nie etwas Größeres als diese Verse erschienen, und nie wird in der Welt Größeres offenbar werden. Sprich zu ihnen: »O achtloses Volk! Ihr bringt aufs neue all das vor, was schon eure Väter in vergangenen Zeiten gesagt haben. Alle Früchte, die sie vom Baume ihres Unglaubens gesammelt, werdet ihr wiederum sammeln. Binnen kurzem werdet ihr zu euren Vätern abberufen und mit ihnen im Höllenfeuer wohnen. Ein schlimmer Ort – der Wohnort des Volkes der Tyrannei!«
Wieder an anderer Stelle spricht Er:

»Und wenn er mit einem Unserer Verse bekannt wird, dann treibt er seinen Spott mit ihm.

Eine schmachvolle Strafe harrt ihrer!«Q182 Das Volk spottete:

»Schaffe uns ein anderes Wunder und bringe uns einen anderen Beweis!« Einer sagte sogar:

»Lass jetzt einen Teil des Himmels auf uns niederfallen.«Q183 Und ein anderer:

»Wenn dies Deine ganze Wahrheit ist, dann mögen Steine vom Himmel auf uns regnen.«Q184 So wie das Volk Israel zu Mose Zeiten das Brot des Himmels für ein gemeines Zwiebel- und Knoblauchgericht verschacherte, so suchten auch diese Menschen die göttlich offenbarten Verse gegen ihre unredlichen, verderbten Wünsche einzutauschen.

Das Gleiche siehst du auch heutzutage.

Wiewohl aus den Wolken Seiner Güte geistige Speise vom Himmel göttlicher Barmherzigkeit herabregnet und die Meere des Lebens auf Geheiß des Schöpfers allen Seins im Riḍván des Herzens wogen, hat sich dieses Volk gierig wie Hunde um ein Aas gerottet und sich mit dem schalen Wasser eines Salztümpels begnügt.

Gnädiger Gott!

Wie seltsam ist der Weg dieser Menschen!

Sie schreien nach Führung, obwohl die Banner Dessen, der alle Dinge führt, schon gehisst sind.

Sie widmen sich obskuren, verzwickten Fragen der Erkenntnis, während Er, das Ziel aller Erkenntnis, wie die Sonne strahlt.

Sie sehen die Sonne mit eigenen Augen, und dennoch fordern sie von diesem leuchtenden Gestirn den Beweis seines Lichts.

Sie sehen Frühlingsschauer auf sich niederregnen, und doch suchen sie nach einem Beweis für diese freigebige Güte.

Der Beweis der Sonne ist ihr Licht, das leuchtet und alle Dinge umfängt, der Beweis des Regens seine milde Gabe, welche die Welt erneuert und mit dem Mantel des Lebens bekleidet.

Fürwahr, die Blinden können nichts von der Sonne verspüren außer ihrer Wärme, und der dürre Boden hat keinen Anteil an den Regenschauern der Barmherzigkeit.

»Wundere dich nicht, wenn der Ungläubige im Qur’án nichts wahrnimmt als eine Reihe toter Buchstaben; erlebt doch der Blinde die Sonne nur als Hitze.«A66
An anderer Stelle spricht Er: »Und wenn ihnen Unsere klaren Verse vorgetragen werden, dann haben sie nichts anderes zu entgegnen, als dass sie sagen: ›Bringe unsere Väter wieder, wenn du die Wahrheit redest!‹«Q185 Sieh, welch törichte Zeichen sie forderten von den Verkörperungen einer allumfassenden Barmherzigkeit! Sie spotteten der Verse, in denen ein Buchstabe, der die Toten im Tale des Selbstes und der Begierde mit dem Geiste des Glaubens belebt, größer ist als die Schöpfung der Himmel und der Erde, und schrien: »Mache, dass unsere Väter aus ihren Gräbern eilen.«Q186 So groß war die Verderbtheit und Hoffart dieses Volkes. Ein jeder dieser Verse ist den Völkern der Welt ein untrügliches Zeugnis, ein herrlicher Beweis Seiner Wahrheit. Ein jeder von ihnen genügt fürwahr der ganzen Menschheit – o würdest du doch über die Verse Gottes meditieren. In dem vorerwähnten Vers allein liegen Perlen von Mysterien verborgen. Was immer das Leiden sein mag, das Heilmittel, das er bietet, kann nie versagen.
Achte nicht der eitlen Behauptung derer, die vorbringen, das Buch und seine Verse seien niemals ein Zeugnis für das gewöhnliche Volk, da dieses weder ihren Sinn erfassen noch ihren Wert schätzen könne, denn das einzige untrügliche Zeugnis Gottes für den Osten wie den Westen ist der Qur’án. Ginge er über die Fassungskraft der Menschen, wie hätte er dann als allumfassendes Zeugnis allen Menschen verkündet werden können? Wäre ihre Behauptung wahr, so bedürfte man seiner nicht; das Volk brauchte Gott nicht zu erkennen, weil die Erkenntnis des göttlichen Seins die Erkenntnis Seines Buches übersteigt und das gewöhnliche Volk nicht die Fähigkeit hätte, es zu begreifen.
Solcher Streit ist irreführend und unzulässig, er entspringt nur der Anmaßung und dem Hochmut. Sein Beweggrund ist, die Menschen vom Riḍván göttlichen Wohlgefallens abzulenken und dafür die Zügel der Macht über das Volk umso fester zu halten. Doch in den Augen Gottes ist das einfache Volk unendlich höher und erhabener als seine Geistlichen, die von dem einen wahren Gott abgeirrt sind. Um Sein Wort zu verstehen, um die Verse der Himmelstauben zu begreifen, bedarf es keiner Gelehrsamkeit, sondern nur der Reinheit des Herzens, der Keuschheit der Seele und der Freiheit des Geistes. Dies beweisen jene, die heutzutage ohne einen einzigen Buchstaben der anerkannten Kriterien der Gelehrsamkeit auf den erhabensten Sitzen der Erkenntnis weilen, deren Herzensgarten durch die Regenschauer göttlicher Gnade mit den Rosen der Weisheit und den Tulpen der Einsicht geziert ist. Wohl den aufrichtigen Herzen, denn sie haben teil am Licht eines mächtigen Tages!
Und ebenso spricht Er: »Was jene betrifft, die nicht an Gottes Verse glauben, noch daran, dass sie Ihm jemals begegnen, so werden sie an Meiner Barmherzigkeit verzweifeln. Ihrer harrt eine schmerzliche Strafe.«Q187 Des Weiteren: »Und sie sagen: ›Sollen wir denn unsere Götter verlassen um eines närrischen Dichters willen?‹«Q188 Die Bedeutung dieses Verses ist offensichtlich. Siehe, was sie sagten, als die Verse offenbart wurden. Sie nannten Ihn einen Dichter, spotteten über die Verse Gottes und riefen aus: »Diese Worte sind nur Fabeln der Alten!«Q189 Damit wollten sie sagen, dass Muḥammad solche Worte, die einstmals in der Menschen Mund waren, zusammengestellt und als Wort Gottes ausgegeben habe.
So auch an diesem Tage: Du hast gehört, wie das Volk gegen diese Offenbarung Ähnliches vorbringt, indem sie sagen: »Er hat diese Worte aus Sprüchen der Alten zusammengestellt« oder: »Diese Worte sind nachgeahmt.« Eitel und hoffärtig ist ihre Rede, niedrig ihr Zustand und ihre Stufe.
Nachdem sie Ihn, wie schon dargetan, abgelehnt und öffentlich verdammt hatten, sprachen sie: »Unseren heiligen Schriften zufolge wird nach Mose und Jesus kein unabhängiger Prophet mehr erstehen, der das offenbarte Gesetz aufhebt. Er, der sich offenbaren wird, muss das Gesetz erfüllen.« Daraufhin wurde dieser Vers offenbart, der auf alle göttlichen Themen hinweist und die Wahrheit bezeugt, dass der Gnadenstrom des Allbarmherzigen nimmer enden wird: »Und Josef kam vordem zu euch mit klaren Zeichen. Ihr aber verharrtet im Zweifel an der Botschaft, mit der Er zu euch kam, bis ihr dann, als Er starb, sprachet: ›Gott wird nach Ihm nimmermehr einen Boten erstehen lassen.‹ So lässt Gott den Frevler, den Zweifler in die Irre gehen.«Q190 So erkenne denn aus diesem Vers und sei gewiss, dass die Menschen zu allen Zeiten solche eitlen, absurden Reden geführt haben. Sie klammerten sich an einen Vers des Buches und behaupteten, der Welt werde sich in Zukunft kein Prophet mehr offenbaren. So auch die christlichen Geistlichen, die den erwähnten Vers des Evangeliums als Beweis dafür anführten, dass das Gebot des Evangeliums niemals aufgehoben und kein unabhängiger Prophet mehr gesandt werde, Er bestätige denn das Gesetz des Evangeliums. Von dieser geistigen Krankheit sind die meisten Menschen befallen.
Ebenso bist du Zeuge, wie das Volk des Qur’án, den Völkern alter Zeiten gleich, sich durch das Wort »Siegel der Propheten«Q191 die Augen verschleiern ließ. Und doch erkennen sie selbst diesen Vers an: »Niemand kennt seine Bedeutung als Gott und diejenigen, welche im Wissen fest gegründet sind.«Q192 Wenn Er, der wohlbegründet ist in allem Wissen, Er, die Mutter, die Seele, das Geheimnis und das Wesen des Wissens, etwas offenbart, was ihren Wünschen auch nur im geringsten zuwider ist, so leisten sie erbitterten Widerstand und verleugnen Ihn schamlos. Dies hast du schon gehört und bezeugt. All dies war nur das Werk der Geistlichen, derer, die keinen Gott anbeten als ihre Begierde, die nichts und niemandem huldigen als dem Gold, die in die dichtesten Schleier der Gelehrsamkeit verstrickt und von deren Verworrenheit umnebelt, sich in der Wildnis des Irrtums verloren haben. So hat der Herr des Seins ausdrücklich erklärt: »Was meinst du wohl? Wer seine Leidenschaften zu seinem Götzen gemacht, wen Gott durch sein Wissen in die Irre gehen ließ, wessen Ohren und Herz Er versiegelt, wessen Blick Er mit einem Schleier bedeckt hat – wer könnte einen solchen, den Gott so verlassen hat, noch führen? Wollt ihr euch also nicht warnen lassen?«Q193
Obwohl der äußere Sinn des Wortes: »Wen Gott durch sein Wissen in die Irre gehen ließ«Q194 schon enthüllt ist, so bedeutet es doch für Uns diejenigen Geistlichen der heutigen Zeit, die sich an ihre Gelehrsamkeit halten, das Erzeugnis ihrer Phantasie und ihrer Wünsche, und die sich von Gottes Schönheit abgewandt und Seine Botschaft und Offenbarung öffentlich verdammt haben. »Sprich: Es ist eine gewichtige Botschaft, von der ihr euch abwendet.«Q195 Ebenso sagt Er: »Und wenn Unsere klaren Verse ihnen vorgetragen werden, so sagen sie: ›Dies ist nur ein Mensch, der euch gerne von eurer Väter Glauben abspenstig machen will.‹ Und sie sagen: ›Dies ist nichts als ein ausgeheckter Schwindel.‹«Q196
Schenke dein Ohr Gottes heiliger Stimme und achte wohl auf Seine süße, unsterbliche Melodie. Sieh, wie feierlich Er die warnt, welche Gottes Verse verschmähen, und wie Er die verwirft, die Sein heiliges Wort verleugnen. Sieh, wie weit das Volk vom Kawthar göttlicher Gegenwart abgeirrt ist! Wie schmerzlich sind der Unglaube und die Anmaßung derer, die bar des Geistes sind, vor dem Antlitz dieser geheiligten Schönheit. Dieses reinste Wesen der Güte und Großmut hat die vergänglichen Geschöpfe in das Reich der Unsterblichkeit eintreten lassen und die hilflosen Seelen an den heiligen Strom des Reichtums geführt. Und dennoch haben Ihn einige als »Verleumder Gottes, des Herrn aller Geschöpfe«, angeprangert, andere Ihn bezichtigt, einer zu sein, »der das Volk vom Pfade der Gläubigkeit und des wahren Glaubens abhält«, während wieder andere Ihn für »geistesgestört« erklärten und dergleichen mehr.
Und ebenso bemerkst du an diesem Tag, mit welch gemeinen Vorwürfen sie diesen Edelstein der Unsterblichkeit bedacht und mit welch unaussprechlichen Schandtaten sie Ihm, dem Quell der Reinheit, begegnet sind. Gott hat sie in Seinem Buch und auf Seiner heiligen, unsterblichen Tafel davor gewarnt, die offenbarten Verse zu leugnen; Er hat die Gnadenbotschaft denen verkündet, die sie annehmen – doch höre die zahllosen Schmähungen, die sie gegen die vom neuen Himmel göttlicher, ewiger Heiligkeit herabgesandten Verse ausstoßen! Hat doch nie ein erschaffenes Auge eine so große Ausgießung der Großmut geschaut, nie ein Ohr eine solche Offenbarung der Güte vernommen. Eine solche Großmut, eine solche Offenbarung tritt in Erscheinung, damit die enthüllten Verse als Frühlingsregen aus den Wolken der Barmherzigkeit des Allgütigen erscheinen. Die Propheten, die »mit Beständigkeit versehen« sind, deren Erhabenheit und Herrlichkeit klar wie die Sonne leuchten, wurden alle mit einem Buch ausgezeichnet, das alle gesehen haben und dessen Verse gesichert sind. Die Verse aber, die aus dieser Wolke göttlicher Gnade geströmt sind, waren so überreich, dass noch niemand imstande war, ihre Zahl zu schätzen. Wohl zwanzig Bände sind jetzt zur Hand. Doch wie viele bleiben uns noch unerreichbar! Wie viele sind geraubt worden und in die Hände des Feindes gefallen, und niemand kennt ihr Schicksal.
O mein Bruder, wir sollten unsere Augen öffnen, über Sein Wort meditieren und im Schatten der Manifestation Gottes Zuflucht suchen, auf dass wir, durch die untrüglichen Ratschläge des Buches gewarnt, die Ermahnungen, die auf den heiligen Tafeln verzeichnet sind, sorgfältig beachten und den Offenbarer der Verse nicht bekritteln, dass wir uns selbst völlig Seiner Sache weihen und uns mit ganzem Herzen Seinem Gesetz unterstellen. So werden wir vielleicht in den Hof Seiner Barmherzigkeit eintreten und an der Küste Seiner Gnade Wohnung finden. Er, wahrlich, ist der Barmherzige und der Vergebende gegenüber Seinen Dienern.
Ebenso sagt Er:

»Sprich, o Volk des Buches!

Verwerft ihr Uns nur darum, weil Wir an Gott glauben und an das, was Er Uns herabgesandt hat, und an das, was Er vor alter Zeit herabgesandt hat, und weil die meisten von euch Frevler sind?«Q197 Wie klar enthüllt dieser Vers Unser Vorhaben, wie deutlich beweist er die Wahrheit der Verse Gottes!

Dieser Vers wurde offenbart zu einer Zeit, da die Ungläubigen den Islám angriffen und seine Jüngerschaft des Irrglaubens beschuldigten, zu einer Zeit, da sie die Gefährten Muḥammads als Gottesleugner und als Gefolgsleute eines Lügners und Zauberers brandmarkten.

In den frühen Tagen, als der Islám dem äußeren Anschein nach noch ohne Autorität und Macht war, wurden die Freunde des Propheten, die ihr Angesicht Gott zugewandt hatten, wohin sie auch gingen, gequält, verfolgt, gesteinigt und geschmäht.

Zu dieser Zeit ward der gesegnete Vers vom Himmel göttlicher Offenbarung herabgesandt.

Er enthüllte ein unwiderlegliches Zeugnis und brachte das Licht untrüglicher Führung.

Er lehrte die Gefährten Muḥammads, den Ungläubigen und Götzendienern folgendes zu erwidern:

»Ihr unterdrückt und verfolgt uns, doch was haben wir anderes getan, als dass wir an Gott glauben und an die Verse, die uns durch die Zunge Muḥammads herabgesandt wurden, und an jene, die auf die Propheten alter Zeiten herabkamen?« Das heißt, dass ihre einzige Schuld war, erkannt zu haben, dass die neuen, wundersamen Verse Gottes, welche auf Muḥammad herabgekommen waren, allesamt von Gott waren, ebenso wie jene, die die Propheten vordem offenbart hatten, dass sie deren Wahrheit erkannt und angenommen hatten.

Dies ist das Zeugnis, welches der göttliche König Seine Diener lehrt.
Ist es, so betrachtet, gerecht, wenn dieses Volk die neu offenbarten Verse, welche den Osten und den Westen umfangen, zurückweist und sich selbst als die Stützen des wahren Glaubens betrachtet? Sollten sie nicht vielmehr an Den glauben, der diese Verse offenbart hat? Und wenn man das Zeugnis bedenkt, das Er selbst abgelegt hat – warum sollte Er nicht in denen treue Gläubige sehen, die die Wahrheit dieses Zeugnisses bekennen? Fern sei es Ihm, dass Er von den Toren Seiner Barmherzigkeit den vertriebe, der sich Ihm zuwendet und die Wahrheit der göttlichen Verse annimmt, oder dass Er denen drohe, die sich an Sein sicheres Zeugnis halten! Wahrlich, Er begründet die Wahrheit durch Seine Verse, und Er bekräftigt Seine Offenbarung durch Seine Worte. Wahrlich, Er ist der Machtvolle, der Helfer in Gefahr, der Allmächtige!
Auch spricht Er: »Und hätten Wir dir ein Buch, auf Pergament geschrieben, herabgesandt und hätten die Ungläubigen es mit eigener Hand berührt, so hätten sie doch sicherlich gesagt: ›Dies ist nichts als offenkundige Zauberei.‹«Q198 Die meisten Verse des Qur’án weisen auf dieses Thema hin, doch haben Wir um der Kürze willen nur diese Verse angeführt. Bedenke: Ist im ganzen Buch außer den Versen sonst noch ein Maßstab gegeben, anhand dessen die Manifestationen Seiner Schönheit erkannt werden könnten, so dass das Volk sich daran halten und die Manifestationen Gottes verwerfen könnte? Nein, bei jeder Gelegenheit hat Er, wie schon gezeigt, mit Feuer bedroht, wer diese Verse verschmäht und verspottet.
So darum jemand aufstünde und Myriaden von Versen, Reden, Sendschreiben und Gebeten hervorbrächte, von denen keines der Gelehrsamkeit entspringt – welche Entschuldigung könnte jene rechtfertigen, die diese Verse verwerfen und sich damit der Kraft ihrer Gnade berauben?

Welche Antwort können sie geben, wenn ihre Seele dereinst emporgestiegen ist aus ihrem düsteren Tempel?

Könnten sie sich damit rechtfertigen, dass sie sagen:

»Wir haben uns an eine bestimmte Tradition gehalten, und weil wir sie nicht buchstäblich erfüllt sahen, fanden wir an den Verkörperungen göttlicher Offenbarung so viel auszusetzen und hielten uns von den Gesetzen Gottes fern«?

Hast du nicht gehört, dass einer der Gründe, warum gewisse Propheten als »mit Beständigkeit versehen« bezeichnet wurden, der ist, dass sie mit der Offenbarung eines Buches betraut waren?

Und was rechtfertigte dieses Volk, das den Offenbarer und Urheber so vieler Bände von Versen verwarf und den Reden dessen folgte, der töricht die Saaten des Zweifels den Menschen in die Herzen säte und sich, Satan gleich, erhob, das Volk auf den Pfad des Verderbens und des Irrtums zu führen?

Wie konnten sie zulassen, dass solches Geschehen sie des Sonnenlichtes göttlicher Freigebigkeit beraubt?

Abgesehen davon:

Wenn diese Menschen eine so göttliche Seele, einen so heiligen Odem meiden und verwerfen, an wen, so fragen Wir, könnten sie sich dann halten, zu wessen Antlitz sich wenden, wenn nicht zu Seinem?

Fürwahr, »alle haben einen Bereich der Himmel, dem sie sich zuwenden«Q199.

Wir haben dir diese beiden Wege gezeigt, gehe nun den Weg, den du dir erwählst.

Dies, wahrlich, ist die Wahrheit, und außer der Wahrheit bleibt nichts als Irrtum.
Einer der Beweise für die Wahrheit dieser Offenbarung ist, dass in allen Zeitaltern und allen Sendungen, wann immer sich das unsichtbare Wesen in der Gestalt Seiner Manifestation offenbarte, einige unbekannte, von allen weltlichen Bindungen losgelöste Seelen bei der Sonne des Prophetentums und dem Monde göttlicher Führung Erleuchtung suchen und zur göttlichen Gegenwart gelangen. Darum pflegen die Geistlichen und die Reichen dieser Zeit solche Menschen zu schmähen und zu verspotten. So hat Er über diese Irrenden offenbart: »Da sprachen die Oberen Seines Volkes, die nicht glaubten: ›Wir sehen in Dir nur einen Menschen gleich uns, und wir sehen Dir nur die Niedrigsten folgen mit voreiligem Urteil; wir sehen in euch auch keinen Vorzug über uns. Nein, wir halten euch für Lügner.‹«Q200 Sie schmähten die heiligen Manifestationen und redeten wider sie: »Keiner ist euch gefolgt außer dem Gesindel, das keiner Beachtung wert ist.« Damit wollten sie hervorheben, dass keiner von den Gelehrten, den Reichen und Angesehenen an sie glaubte. So und mit ähnlichen Gründen versuchten sie, die Falschheit Dessen zu beweisen, der nur die Wahrheit spricht.
In dieser strahlendsten Sendung jedoch, unter dieser mächtigsten Souveränität sind eine Reihe erleuchteter Geistlicher, Männer von umfassender Bildung, Doktoren von vollendeter Weisheit, an Seinen Hof gelangt. Sie haben aus dem Kelch Seiner göttlichen Gegenwart getrunken und die Ehre Seiner alles überragenden Gunst empfangen. Um des Geliebten willen haben sie der Welt und allem darinnen entsagt. Wir wollen die Namen einiger von ihnen erwähnen, auf dass es die Kleingläubigen stärke und die Verzagten ermutige.
Unter ihnen war Mullá Ḥusayn, welcher zum Empfänger der Strahlenglorie der Sonne göttlicher Offenbarung werden durfte. Nur für ihn hat Gott den Sitz Seiner Barmherzigkeit errichtet und sich auf den Thron ewiger Herrlichkeit gesetzt. Unter ihnen war auch Siyyid Yaḥyá, jene einzigartige, unerreichte Gestalt seiner Zeit,
Mullá Muḥammad ‘Alíy-i-ZanjáníMullá ‘Alíy-i-BastámíMullá Sa‘íd-i-BárfurúshíMullá Ni‘matu’lláh-i-MázindaráníMullá Yúsuf-i-ArdibílíMullá Mihdíy-i-Khu’íSiyyid Ḥusayn-i-TurshízíMullá Mihdíy-i-KandíMullá BáqirMullá ‘Abdu’l-Kháliq-i-YazdíMullá ‘Alíy-i-Baraqání und andere, annähernd vierhundert, deren Namen auf Gottes »Verwahrter Tafel« verzeichnet sind.
Sie alle wurden vom Lichte der Sonne göttlicher Offenbarung geführt, sie haben Seine Wahrheit bekannt und anerkannt. So stark war ihr Glaube, dass die meisten um des Allherrlichen Wohlgefallens willen Heim und Habe aufgaben. Sie weihten ihr Leben dem Vielgeliebten und gaben alles hin auf Seinem Pfade. Ihre Brust ward den Pfeilen des Feindes zur Zielscheibe, ihre Häupter schmückten die Speere der Ungläubigen. Kein Land, das nicht das Blut dieser Verkörperungen der Loslösung getrunken, kein Schwert, das nicht ihren Nacken geschlagen hätte. Allein ihre Taten beweisen die Wahrheit ihrer Worte. Genügt dem Volke dieses Tages das Zeugnis dieser heiligen Seelen nicht, die sich erhoben, das Leben für ihren Geliebten zu opfern, so ruhmvoll, dass alle Welt darob ins Staunen geriet? Ist dies kein genügendes Zeugnis für die Treulosigkeit derer, die ihren Glauben um ein Linsengericht verraten, die Unsterblichkeit um Vergängliches verschachert, den Kawthar göttlicher Gegenwart für Salzquellen aufgegeben haben und deren einziges Lebensziel es ist, sich des Eigentums anderer zu bemächtigen? Du hast ja selbst gesehen, wie sie sich alle mit den Eitelkeiten der Welt abgegeben haben und wie weit sie von Ihm, dem Herrn, dem Höchsten, abgeirrt sind.
Sei gerecht: Kann man auf das Zeugnis derer bauen, deren Taten mit ihren Worten übereinstimmen und deren äußeres Verhalten ihrem inneren Leben entspricht? Der Geist ist bestürzt über das, was sie vollbrachten, die Seele ergriffen von ihrer Tapferkeit und dem Schmerz, den sie ertrugen. Oder soll man dem Zeugnis jener ungläubigen Seelen folgen, die nichts als den Hauch ihrer selbstsüchtigen Wünsche atmen und im Käfig ihres eitlen Wahns gefangen sind? Wie die Fledermäuse der Finsternis heben sie ihr Haupt vom Lager nur, um den flüchtigen Dingen der Welt nachzujagen, und finden keine Ruhe bei Nacht, es sei denn im Trachten nach ihren schmutzigen Lebenszielen. In ihre selbstsüchtigen Pläne versunken, vergessen sie den göttlichen Befehl. Bei Tag streben sie mit ganzer Seele nach weltlichem Gewinn, und bei Nacht widmen sie sich nur der Befriedigung ihrer Sinneslust. Welches Gesetz, welche Norm könnte die Menschen rechtfertigen, wenn sie, der Ablehnung dieser kleingeistigen Seelen folgend, den Glauben derer verwerfen, die um Gottes Wohlgefallen willen auf Leib und Gut, Ruhm und Namen, Ansehen und Ehre verzichtet haben?
Wurde nicht, was sich im Leben des ›Fürsten der Märtyrer‹A67 ereignete, als das größte Geschehen angesehen, als erhabenster Beweis seiner Wahrheit?

Hat nicht das Volk von ehedem dieses Geschehen als beispiellos bezeichnet?

Haben sie nicht gesagt, keine Demonstration der Wahrheit habe je solche Beständigkeit, eine so sichtbare Glorie an den Tag gelegt?

Und doch war diese Episode seines Lebens, die am Morgen begann, schon am Mittag desselben Tages beendet, indes diese heiligen Leuchten achtzehn Jahre lang heldenhaft den Trübsalen standhielten, die von allen Seiten auf sie herabhagelten.

Mit welcher Liebe, welcher Ergebenheit, welchem Jubel und heiligem Entzücken haben sie ihr Leben auf dem Pfade des Allherrlichen geopfert!

Diese Wahrheit bezeugen alle.

Wie kann man diese Offenbarung dennoch herabsetzen?

War je ein Zeitalter Zeuge eines Geschehens von so großer Tragweite?

Wenn diese Gefährten nicht wahre Gottsucher waren, wer sollte dann so genannt werden?

Haben sie Macht oder Ruhm gesucht?

Haben sie je nach Reichtum getrachtet?

Haben sie jemals einen Wunsch gehegt außer dem, Gott zu gefallen?

Wenn diese Gefährten mit all ihren erstaunlichen Zeugnissen und wunderbaren Werken Lügner waren, wer wäre dann würdig, einen Wahrheitsanspruch zu erheben?

Ich schwöre bei Gott!

Allein schon ihre Taten sind ein ausreichendes Zeugnis, ein unwiderlegbarer Beweis für alle Völker der Erde, würden die Menschen doch im Herzen über die Mysterien göttlicher Offenbarung nachdenken!

»Und die Frevler werden bald erkennen, welches Los ihrer harrt!«Q201
Des Weiteren ist im Buche das Kriterium für Wahrheit und Irrtum aufgestellt. Mit diesem göttlichen Prüfstein müssen die Ansprüche aller Menschen bewertet werden, so dass der Wahrhaftige erkannt und vom Betrüger unterschieden wird. Dieser Prüfstein ist kein anderer als folgender Vers: »Wünscht euch den Tod, wenn ihr Menschen der Wahrheit seid.«Q202 Denke nach über diese Märtyrer von unzweifelhafter Aufrichtigkeit, deren Wahrhaftigkeit der klare Text des Buches bezeugt. Sie haben, wie du erlebt hast, alles geopfert, ihr Leben, ihr Vermögen, ihre Frauen und ihre Kinder, und sind zu den erhabensten Gemächern des Paradieses aufgestiegen. Ist es gerecht, das Zeugnis dieser losgelösten, erhabenen Wesen für die Wahrheit dieser alles überragenden, herrlichen Offenbarung zu verwerfen und dem Verdammungsurteil zu folgen, das dieses strahlende Licht von jenem treulosen Volk erfahren hat, das des Goldes wegen seinen Glauben aufgegeben und im Streben nach Führerschaft Ihn, den ersten Führer der ganzen Menschheit, verworfen hat? Ihr wahrer Charakter ist jetzt vor allen offenbar: Sie wurden als Menschen erkannt, die für Gottes heiligen Glauben nicht einmal auf ein Jota, auf einen Deut ihrer irdischen Herrschaft verzichten, geschweige denn auf ihr Leben, Vermögen und dergleichen.
Sieh, wie der göttliche Prüfstein nach dem ausdrücklichen Wortlaut des Buches die Wahren von den Falschen geschieden hat! Doch sind sie sich dieser Wahrheit noch immer nicht bewusst. Im Schlafe der Achtlosigkeit trachten sie nach den Eitelkeiten dieser Welt, besessen von Gedanken an nutzlose, irdische Führerschaft.
»O Sohn des Menschen! Viele deiner Tage sind dahingegangen, und es galt dir nur das eigene Verlangen voll Wunsch und Wahn. Wie lange noch willst du auf deinem Lager schlafen? – Wache auf! Denn hoch am Mittag steht die Sonne und will auch dir mit dem Licht der Schönheit scheinen.« Q203
Sei dir dessen bewusst, dass keiner der Doktoren und Geistlichen, die Wir angeführt haben, mit dem Rang und der Würde weltlicher Führerschaft bekleidet war. Denn wohlbekannte, einflussreiche Geistliche, die auf den Stühlen der Autorität sitzen und leitende Funktionen innehaben, können dem Offenbarer der Wahrheit keine Treue geloben – außer denen, die dein Herr will. Doch ist dies, bis auf wenige Fälle, nie geschehen. »Und nur wenige Meiner Diener sind dankbar.«Q204 So hat auch in dieser Sendung nicht einer der berühmten Geistlichen, in deren Amtsgewalt die Zügel des Volkes lagen, den Glauben angenommen. Nein fürwahr, sie haben ihn mit solcher Feindseligkeit und Entschiedenheit bekämpft, wie es noch kein Ohr gehört und kein Auge gesehen hat.
Der Báb, der Herr, der Erhabenste – möge das Leben aller ein Opfer für Ihn sein – hat ein besonderes Sendschreiben an die Geistlichen in allen Städten offenbart, worin Er das Wesen ihrer Verleugnung und Ablehnung ausführlich darstellt. »Darum habt acht, ihr Menschen von Einsicht!«Q205 So auf ihren Widerstand hinweisend, wollte Er den Einwänden, die das Volk des Bayán am Tage der Offenbarung des ›Mustagháth‹A68, dem Tage der späteren Auferstehung, machen könnte, begegnen, indem Er betonte, dass in dieser späteren Offenbarung keiner der Geistlichen Seinen Anspruch erkennen werde, während in der Sendung des Bayán eine ganze Reihe von ihnen den Glauben angenommen hat. Er wollte das Volk warnen, damit es nicht, was Gott verhüte, so törichten Gedanken folge und sich selbst der göttlichen Schönheit beraube. Ja, die Geistlichen, auf die Wir Uns bezogen, waren meist unbekannt; sie waren durch Gottes Gnade von irdischen Nichtigkeiten geläutert und frei vom Joch der Führerschaft. »So groß ist Gottes Großmut. Er schenkt sie, wem Er will.«Q206
Ein weiteres Zeugnis der Wahrheit dieser Offenbarung, das unter allen anderen Beweisen wie die Sonne leuchtet, ist die Unerschütterlichkeit, mit der die Ewige Schönheit den Gottesglauben verkündete. Obgleich Er selbst jung und empfindsam und die heilige Sache, die Er offenbarte, allen Völkern der Erde zuwider war – seien sie hoch oder niedrig, reich oder arm, erhaben oder gering, König oder Untertan –, so stand Er doch auf und verkündete sie mit Standhaftigkeit. Alle haben dies erkannt und gehört. Er fürchtete niemanden und achtete nicht der Folgen. Wäre das möglich gewesen ohne die Kraft einer göttlichen Offenbarung, ohne das Walten von Gottes unbesiegbarem Willen? Bei der Gerechtigkeit Gottes! Sollte jemand in seinem Herzen den Anspruch auf eine so große Offenbarung hegen, so würde ihn allein der Gedanke daran alsbald mit Bestürzung erfüllen! Selbst wenn sich die Herzen aller Menschen in seinem Herzen vereinten, würde er vor einem so ehrfurchtgebietenden Unterfangen zurückschrecken. Nur mit Gottes Erlaubnis könnte er es vollbringen, und nur, wenn das Gefäß seines Herzens mit dem Quell göttlicher Gnade verbunden, seine Seele des unfehlbaren Beistandes des Allmächtigen versichert wäre. Wem, so fragen Wir staunend, schreiben sie ein so großes Wagnis zu? Klagen sie Ihn der Narrheit an, wie sie es mit den Propheten von ehedem taten? Oder behaupten sie, Sein Motiv sei einzig das Trachten nach Führerschaft und der Erwerb irdischen Reichtums?
Gnädiger Gott! In Seinem Buch, das Er Qayyúmu’l-Asmá’ nannte, dem ersten, größten, mächtigsten aller Bücher, hat Er Sein eigenes Martyrium geweissagt. Dort finden wir folgende Stelle: »O Du Spur Gottes! Dir habe ich mich gänzlich geopfert; um Deinetwillen ertrage ich die Flüche, und auf dem Pfad Deiner Liebe sehne ich mich nach dem Martyrium. Gott, der Erhabene, der Beschützer, der Altehrwürdige der Tage, genügt mir als Zeuge!«Q207
Auch in Seiner Auslegung des Buchstabens ›Há‹ flehte Er um das Martyrium. Er sprach: »Mich deucht, Ich hörte eine Stimme in Meinem Innersten rufen: ›Opferst Du das, was Du am meisten liebst, auf dem Pfade Gottes, wie Ḥusayn – Friede sei auf ihm – sein Leben dargebracht hat um Meinetwillen?‹ Und würde Ich nicht auf dieses unentrinnbare Mysterium achten – Ich schwöre bei Ihm, in dessen Händen Mein Leben ist: Selbst wenn sich alle Könige der Erde verbündeten, wären sie machtlos, einen Buchstaben von Mir zu nehmen, wie viel weniger können es diese Diener, die keine Beachtung verdienen und wahrlich der Abschaum sind … O dass doch alle den Grad Meiner Geduld, Ergebenheit und Selbstaufopferung auf dem Pfade Gottes erkennten!«
Kann man glauben, der Offenbarer eines solchen Verses wandle auf anderen Wegen als auf dem Pfade Gottes und sehne sich nach anderem als nach Seinem Wohlgefallen? In diesem Vers liegt ein Hauch der Loslösung verborgen, der, wenn er weithin über die Welt wehte, alle Wesen dazu brächte, auf ihr Leben zu verzichten und ihre Seelen als Opfer darzubringen. Sinne nach über das schändliche Gebaren dieses Geschlechtes und sei Zeuge seiner erschütternden Undankbarkeit. Sieh, wie sie ihre Augen vor dieser Herrlichkeit verschließen und unterwürfig jenen verwesenden Leichnamen folgen, aus deren Bauch noch der Aufschrei vom Hab und Gut der Gläubigen zu vernehmen ist, das sie sich einverleibt haben. Welche unerhörten Verleumdungen haben sie gegen jene Morgenröten der Heiligkeit ausgestoßen! So zählen Wir dir auf, was die Hände der Ungläubigen vollbrachten, die am Tage der Auferstehung ihr Gesicht von der göttlichen Gegenwart abgewandt haben. Gott aber quält sie mit dem Feuer ihres Irrglaubens und hält in der künftigen Welt eine Strafe für sie bereit, welche ihnen Leib und Seele verzehren wird. Denn sie haben gesagt: »Gott ist machtlos, und die Hand Seiner Gnade ist gefesselt.«A69
Standhaftigkeit im Glauben ist ein sicheres Zeugnis, ein herrlicher Beweis der Wahrheit. Das »Siegel der Propheten«Q208 hat gesprochen: »Zwei Verse haben Mich alt gemacht.«Q209 Beide Verse künden von der Standhaftigkeit in der Gottessache. So hat Er gesprochen: »Sei standhaft, wie dir befohlen ward.«Q210
Sieh, wie dieser Sadrih des Riḍváns Gottes sich in der Blüte der Jugend erhob, Gottes Sache zu verkünden, und welche Standhaftigkeit diese Schönheit Gottes dabei an den Tag gelegt hat. Die ganze Welt stellte sich Ihm in den Weg und ist damit völlig gescheitert. Je schwerer die Verfolgungen waren, mit denen sie diesen Sadrih der Seligkeit heimsuchten, desto mehr wuchs Sein Eifer, umso strahlender brannte die Flamme Seiner Liebe. All dies ist offensichtlich, und niemand bestreitet diese Wahrheit. Am Ende gab Er Sein Leben hin und nahm Seinen Flug zu den Reichen der Höhe.
Unter den Wahrheitsbeweisen Seiner Offenbarung war auch die Überlegenheit, die überragende Macht und höchste Gewalt, die Er, der Offenbarer des Seins, die Manifestation des Angebeteten, allein und ohne Beistand in aller Welt enthüllt hat.

Kaum hatte sich diese ewige Schönheit in Shíráz im Jahre sechzig offenbart und den Schleier der Verborgenheit zerrissen, als schon die Zeichen der überlegenen Macht, der Souveränität und Kraft aus diesem Inbegriff allen Seins, diesem Meer der Meere hervorstrahlten und in allen Landen offenkundig wurden – in einem Maße, dass in allen Städten die Zeichen, Beweise, Merkmale und Zeugnisse dieser göttlichen Sonne zutage traten.

Wie viele reine, gütige Herzen spiegelten gläubig das Licht dieser ewigen Sonne, und wie mannigfaltig waren die Erkenntnisse, die sich aus diesem Weltmeer göttlicher Weisheit auf alle Wesen ergossen!

In allen Städten erhoben sich die Geistlichen und Würdenträger, um sich ihnen in den Weg zu stellen und ihnen Einhalt zu gebieten; sie rüsteten sich mit Bosheit, Neid und Tyrannei zu ihrer Unterdrückung.

Wie groß war die Zahl der heiligen Seelen, der reinen Wesen der Gerechtigkeit, die, der Gewaltherrschaft bezichtigt, getötet wurden.

Und wie viele Verkörperungen der Reinheit, die nichts als wahres Wissen und makellose Taten zeigten, haben einen qualvollen Tod erlitten!

Und dennoch hauchte ein jedes dieser heiligen Wesen bis zum letzten Atemzug den Namen Gottes und erhob sich in das Reich der Ergebung und Entsagung.

So groß war die Wirkkraft und Sein verwandelnder Einfluss auf sie, dass sie keinen Wunsch mehr hegten als Seinen Willen, und ihre Seele Seinem Gedenken vermählten.
Denke nach: Wer in dieser Welt ist imstande, eine so überlegene Macht, einen so durchdringenden Einfluss an den Tag zu legen? Alle diese makellosen Herzen und geheiligten Seelen haben in völliger Entsagung dem Ruf Seines Ratschlusses geantwortet. Statt zu klagen, dankten sie Gott, und inmitten der Finsternis ihrer Qual zeigten sie nur strahlende Ergebung in Seinen Willen. Es ist offenkundig, wie unbarmherzig der Hass, wie bitter die Bosheit und Feindschaft waren, die alle Völker auf Erden gegen diese Gefährten hegten. Was man diesen heiligen, geistigen Wesen an Verfolgung und Pein antat, betrachteten sie selbst als einen Weg zu Erlösung, Wohlergehen und ewigem Glück. Hat die Welt seit Adams Tagen je solchen Aufruhr, solch heftige Erregung gesehen? Zu all der Folter, die sie ertrugen, der vielerlei Trübsal, die sie erduldeten, wurden sie überall geschmäht und verflucht. Mich dünkt, Geduld ward nur durch ihre Seelenstärke offenbart, Glaubenstreue nur durch ihre Taten bezeugt.
Denke in deinem Herzen tief nach über dieses gewaltige Geschehen, auf dass du die Größe dieser Offenbarung erfassest und ihre überwältigende Herrlichkeit verstehst. Dann wird der Geist des Glaubens durch die Gnade des Barmherzigen deinem Wesen eingehaucht, dann wirst du auf den Sitz der Gewissheit erhoben und dort wohnen. Gott ist Mein Zeuge! Würdest du eine Weile nachsinnen, so sähest du, dass, abgesehen von all diesen feststehenden Wahrheiten und angeführten Beweisen, die Verwerfungsurteile des Volkes der Erde, seine Verwünschungen und Verfluchungen an sich schon der mächtigste Beweis und das sicherste Zeugnis der Wahrheit dieser Helden auf dem Felde der Entsagung und Loslösung sind. Je mehr du über die spitzfindige Kritik des Volkes nachdenkst, sei sie von Gelehrten, Geistlichen oder Ungelehrten, desto fester und standhafter wirst du im Glauben werden. Denn alles, was geschah, ward von jenen geweissagt, welche die Verwahrungsorte göttlichen Wissens und die Empfänger des ewigen Gottesgesetzes sind.
Wir hatten nicht vor, auf die Überlieferungen vergangener Zeiten einzugehen, doch wollen Wir in Unserer Liebe zu dir einige davon anführen, die sich zu Unserem Beweise fügen. Für nötig halten Wir sie nicht, da das schon Erwähnte der Welt und allem darinnen genügt. Tatsächlich sind in diesem kurzen Bericht alle heiligen Schriften und ihre Mysterien verdichtet – so vollständig, dass ein Mensch, der dies eine Weile in seinem Herzen bedächte, in allem Gesagten die Mysterien des Wortes Gottes entdecken und den Sinn all dessen, was dieser vollendete König offenbart hat, begreifen würde. Da die Menschen nach ihrem Verständnis und ihrer Stufe verschieden sind, wollen Wir einige Überlieferungen nennen, damit sie der schwankenden Seele Standhaftigkeit und dem verstörten Gemüte Ruhe einflößen. Dadurch wird Gottes Zeugnis für die Menschen, hoch und gering, vollendet werden.
Eine der Traditionen lautet: »Und wenn das Banner der Wahrheit offenbart ist, dann verfluchen es die Menschen im Osten wie im Westen.« Der Wein der Entsagung muss getrunken werden, die erhabenen Höhen der Loslösung müssen erreicht werden, und tief muss man über die Worte nachsinnen: »Eine Stunde Nachdenkens ist mehr wert als siebzig Jahre frommer Andacht.« So möge das Geheimnis entdeckt werden, warum sich die Menschen so erbärmlich verhalten und, obwohl sie sich zu Liebe und Wahrheitsstreben bekennen, die, welche der göttlichen Wahrheit folgen, verfluchen, sobald Er sich offenbart hat. Die genannte Tradition bezeugt diese Wahrheit. Es leuchtet ein, dass der Grund für dieses Verhalten kein anderer ist als die Abschaffung der Lebensregeln, Sitten, Gebräuche und Zeremonien, denen sie unterstanden. Hätte dagegen die Schönheit des Allbarmherzigen diese Regeln und Sitten, die im Volke Geltung hatten, übernommen und deren Einhaltung bestätigt, so wäre es nicht zu solchem Konflikt und Unheil in der Welt gekommen. Diese erhabene Tradition wird bestätigt durch das Wort, das Er offenbart hat: »Der Tag, da der Bote des Gerichts zu ernstem Werke laden wird.«Q211
Der göttliche Ruf des himmlischen Heroldes hinter den Schleiern der Herrlichkeit fordert die Menschen auf, allem völlig zu entsagen, woran sie hängen; doch damit steht er in Widerspruch zu ihren Wünschen. Darin liegt die Ursache für die bitteren Prüfungen und heftigen Erschütterungen, zu denen es gekommen ist. Sieh, welchen Weg das Volk nimmt: Den wohlbegründeten Traditionen, die sich allesamt erfüllt haben, schenken sie keine Beachtung, dafür klammern sie sich an solche von zweifelhafter Verbürgtheit und fragen, warum sich diese nicht erfüllt haben. Und doch wurde enthüllt, was ihnen unbegreiflich ist. Die Zeichen und Merkmale der Wahrheit scheinen wie die Mittagssonne, und dennoch wandert das Volk ziellos und verwirrt in der Wildnis der Unwissenheit und der Narrheit. Ungeachtet der Verse des Qur’án und der anerkannten Traditionen, die allesamt von einem neuen Glauben, einem neuen Gesetz und einer neuen Offenbarung sprechen, wartet dieses Geschlecht noch immer darauf, den Verheißenen zu schauen, der das Gesetz der islámischen Sendung aufrichten soll. Die Juden und die Christen vertreten denselben Standpunkt.
Unter den Worten, welche ein neues Gesetz und eine neue Offenbarung vorausahnen lassen, sind die Stellen im Nudbih-Gebet› A70: »Wo ist Er, der vorgesehen ist, die Gebote und Gesetze zu erneuern? Wo ist Er, der die Vollmacht hat, den Glauben und die, die ihm folgen, zu verwandeln?« Ähnliches hat er in der ZíyáratA71 offenbart: »Friede sei auf der neugeschaffenen Wahrheit.« Abú-‘Abdi’lláh antwortete auf die Frage nach den Wesenszügen des Mihdí: »Er wird vollbringen, was Muḥammad, der Bote Gottes, vollbracht hat, und Er wird alles zerstören, was vor Ihm war, so wie der Bote Gottes die Wege derer zerstört hat, die vor Ihm waren.«
Siehe, wie sie trotz dieser und ähnlicher Traditionen töricht behaupten, das früher offenbarte Gesetz dürfe auf keinen Fall verändert werden.

Ist es nicht das Ziel jeder Offenbarung, eine Wandlung und Änderung in der ganzen Wesensart der Menschheit zu bewirken, eine Wandlung, die sich äußerlich wie innerlich erweisen und das innere Leben wie die äußeren Verhältnisse gestalten soll?

Denn würde der Charakter der Menschen nicht gewandelt, so wären Gottes allumfassende Manifestationen offensichtlich ohne Nutzen.

Im ‘AválimA72, einem maßgeblichen, wohlbekannten Buch, ist verzeichnet:

»Ein junger Mann aus den Baní-HáshimA73 wird sich offenbaren, Er wird ein neues Buch enthüllen und ein neues Gesetz verkünden.« Dann folgen die Worte:

»Die meisten Seiner Feinde werden Geistliche sein.« An einer anderen Stelle wird von ṢádiqA74, dem Sohne Muḥammads, berichtet, dass er sprach:

»Es wird ein Jüngling aus den Baní-Háshim erscheinen, Er wird das Volk auffordern, Ihm Treue zu geloben.

Sein Buch wird ein neues Buch sein, zu dem Er die Menschen aufrufen wird, ihren Glauben zu bekennen.

Streng ist Seine Offenbarung für die Araber.

Wenn ihr von Ihm höret, so eilet Ihm entgegen.« Wie gut haben sie die Anweisungen der Imáme des Glaubens, der Lampen der Gewissheit, befolgt!

Obwohl klar gesagt ist:

»Wenn ihr höret, dass ein Jüngling aus den Baní-Háshim erschienen ist, der das Volk zu einem neuen göttlichen Buche und zu neuen göttlichen Gesetzen ruft, so eilet Ihm entgegen«, haben sie doch allesamt diesen Herrn des Seins zum Ungläubigen erklärt und Ihn als Ketzer verdammt.

Sie eilten nicht zu diesem háshimitischen Lichte, zu dieser göttlichen Manifestation, es sei denn mit gezogenen Schwertern und mit Herzen voll Bosheit.

Beachte überdies, wie in den Büchern die Feindschaft der Geistlichen ausdrücklich erwähnt ist.

Trotz all dieser klaren, bedeutsamen Traditionen, ungeachtet all der unverkennbaren, unbestreitbaren Anspielungen haben die Menschen den reinen Inbegriff des Wissens und der heiligen Sprache verworfen und sich den Ausgeburten des Aufruhrs und des Irrtums zugewandt.

Ungeachtet dieser verbürgten Traditionen und offenbarten Aussprüche reden sie nur, was ihnen ihre selbstsüchtigen Wünsche eingeben.

Sollte der Inbegriff der Wahrheit offenbaren, was ihren Neigungen und Wünschen zuwider ist, so werden sie Ihn alsbald einen Ungläubigen nennen und also gegen Ihn sprechen:

»Dies widerspricht den Aussprüchen der Imáme des Glaubens und der strahlenden Lichter.

In unserem unverletzlichen Gesetz ist so etwas nicht vorgesehen.« Auch am heutigen Tag haben armselige Sterbliche solche haltlosen Argumente vorgebracht.
Und nun sieh, wie in der anderen Tradition alle diese Geschehnisse vorausgesagt sind. Im Arba‘ínA75 steht geschrieben: »Aus den Baní-Háshim wird ein Jüngling erscheinen, der ein neues Gesetz offenbaren wird. Er wird das Volk zu sich laden, doch niemand wird auf Seinen Ruf achten. Die meisten Seiner Feinde werden Geistliche sein. Seinem Befehl werden sie nicht gehorchen, sondern Ihm also widersprechen: ›Dies widerspricht dem, was uns von den Imámen des Glaubens überliefert ist.‹« Heute wiederholen sie diese Worte und sind sich dessen gar nicht bewusst, dass Er den Thron des »Er tut, was immer Er will«Q212 einnimmt und auf dem Sitze des »Er befiehlt, was immer Ihm gefällt«Q213 weilt.
Kein Verstand kann das Wesen Seiner Offenbarung begreifen, keine Erkenntnis das volle Maß Seines Glaubens fassen.

Alle Worte hängen ab von Seiner Bestätigung, und alles ist Seiner heiligen Sache bedürftig.

Alles außer Ihm ist durch Seinen Befehl geschaffen, alles bewegt sich und hat Dasein durch Sein Gesetz.

Er ist der Offenbarer göttlicher Geheimnisse, der Erklärer der verborgenen, altehrwürdigen Weisheit.

So heißt es im Biḥáru’l-AnvárA76, im ‘Aválim und im Yanbú‘A77 von Ṣádiq, dem Sohn Muḥammads, dass er folgende Worte gesprochen habe:

»Wissen ist siebenundzwanzig Buchstaben.

Alle Propheten haben zwei Buchstaben davon offenbart.

Kein Mensch hat bis heute mehr als diese zwei Buchstaben gewusst.

Doch wenn der Qá’im sich erheben wird, dann wird Er die übrigen fünfundzwanzig Buchstaben offenbar machen.« Bedenke:

Er hat dargelegt, dass das Wissen aus siebenundzwanzig Buchstaben besteht und dass alle Propheten von Adam bis zum »Siegel« nur zwei Buchstaben davon zu erklären hatten und mit diesen beiden Buchstaben herabgesandt wurden, und dass der Qá’im alle übrigen fünfundzwanzig Buchstaben enthüllen werde.

Dieser Ausspruch zeugt von der erhabenen Größe Seiner Stufe.

Sein Rang übertrifft den aller Propheten, und Seine Offenbarung übersteigt die Erkenntnis und das Verständnis aller ihrer Auserwählten.

Eine Offenbarung, von der die Propheten Gottes, Seine Heiligen und Auserwählten entweder nicht unterrichtet worden sind oder die sie nach Gottes unerforschlichem Ratschluss nicht enthüllt haben – eine solche Offenbarung suchen diese erbärmlichen, verworfenen Menschen mit ihrem schwachen Verstand, mit ihrem unzulänglichen Wissen und Verständnis zu messen.

Wenn sie nicht mit ihrem Maßstab übereinstimmt, dann verwerfen sie sie auf der Stelle.

»Meinst du, dass die meisten von ihnen hören oder verstehen?

Sie sind wie das Vieh.

Nein, weit ärger noch sind sie abgeirrt vom Pfad!«Q214
Wie nun, so fragen Wir Uns, legen sie die obengenannte Tradition aus, eine Überlieferung, die in unmissverständlichen Begriffen die Offenbarung unerforschlicher Dinge, das Eintreffen neuer, wundersamer Ereignisse an Seinem Tage vorausschaut?

Diese erstaunlichen Geschehnisse entfachen einen so heftigen Streit im Volke, dass alle Geistlichen Ihn und Seine Gefährten zum Tode verurteilen und alle Völker der Erde sich erheben, Ihn zu bekämpfen.

So steht im KáfíA78, in einer Tradition des JábirA79, in der Tafel der Fáṭimih über die Merkmale des Qá’im geschrieben:

»Er wird die Vollkommenheit Mose, den Glanz Jesu und die Geduld Hiobs offenbaren.

Seine Auserwählten werden an Seinem Tage erniedrigt werden.

Ihre Häupter werden als Geschenke dargeboten werden wie die Häupter der Türken und der Daylamiten.

Sie werden erschlagen und verbrannt werden.

Furcht wird sie ergreifen, Verwirrung und Bestürzung werden ihre Herzen mit Schrecken erfüllen.

Die Erde wird mit Blut gerötet sein.

Ihre Frauen werden trauern und wehklagen.

Wahrlich, dies sind meine Freunde!«Q215 Bedenke, dass nicht ein Buchstabe dieser Tradition unerfüllt geblieben ist.

In den meisten Orten wurde ihr gesegnetes Blut vergossen, in allen Städten wurden sie gefangengesetzt, in den Provinzen wurden sie zur Schau gestellt, und manche von ihnen wurden verbrannt.

Doch keiner hat sich besonnen und darüber nachgedacht, warum, wenn der verheißene Qá’im das Gesetz und die Gebote einer früheren Sendung hätte offenbaren sollen, solche Traditionen überliefert wurden, warum so viel Streit und Konflikt entstanden ist, dass das Volk es als seine Pflicht ansah, diese Gefährten zu erschlagen, und warum es glaubt, durch die Verfolgung dieser heiligen Seelen höchste Gunst zu erlangen.
Sieh ferner, wie diese Geschehnisse und Untaten schon alle in früheren Traditionen erwähnt sind. So ist dies im Rawḍiy-i-Káfí über ›Zawrá’‹ verzeichnet. Im Rawḍiy-i-Káfí wird von Mu‘ávíyih, dem Sohn des Vahháb, berichtet, dass Abú-‘Abdi’lláh zu ihm gesagt habe: »Kennst du Zawrá’?« Ich sprach: »Möge mein Leben ein Opfer für dich sein! Sie sagen, es sei Baghdád.« »Nein«, antwortete er und fügte dann hinzu: »Bist du in die Stadt RayyA80 gekommen?«, worauf ich erwiderte: »Ja, ich bin dort gewesen.« Daraufhin fragte er: »Hast du den Viehmarkt besucht?« »Ja«, gab ich zur Antwort. Er sprach: »Hast du den schwarzen Berg gesehen zur Rechten der Straße? Eben dieser ist Zawrá’. Dort werden achtzig Männer aus einem gewissen Geschlecht erschlagen werden, die alle wert sind, Khalífen genannt zu werden.« »Wer wird sie erschlagen?« fragte ich. Er gab zur Antwort: »Die Kinder Persiens.«
Dies ist der Zustand und das Schicksal Seiner Gefährten, wie sie in früheren Tagen vorausgesagt wurden. Nun beachte, wie nach dieser Überlieferung Zawrá’ nichts anderes als das Land Rayy ist. Dort sind Seine Gefährten unter großen Leiden getötet worden; alle diese heiligen Wesen mussten ihr Martyrium aus den Händen der Perser erdulden, wie es in der Tradition verzeichnet ist. Dies hast du gehört, alle sind dessen Zeuge. Doch warum halten diese Erdenwürmer nicht inne, um über diese Traditionen nachzudenken, die doch alle so klar sind wie die Sonne in ihrer Mittagsherrlichkeit? Aus welchem Grund weigern sie sich, die Wahrheit anzunehmen, warum lassen sie sich von gewissen Traditionen, deren Bedeutung sie nicht erfasst haben, von der Erkenntnis der Offenbarung Gottes und Seiner Schönheit abhalten, so dass nun ihre Wohnstatt der Höllenschlund ist? Dies haben sie nur dem Unglauben der Geistlichen und Gelehrten dieser Zeit zuzuschreiben, von denen Ṣádiq, der Sohn Muḥammads, sagt: »Die Theologen jener Zeit werden die verruchtesten unter dem Schatten des Himmels sein. Von ihnen ist das Unheil ausgegangen, und auf sie wird es wieder zurückfallen.«Q216
Wir beschwören die Gelehrten des Bayán, nicht auf solche Wege zu geraten und, wenn die Zeit des MustagháthA81 kommt, Ihm, dem göttlichen Wesen, dem himmlischen Licht, der absoluten Ewigkeit, dem Anfang und dem Ende der Manifestationen des Unsichtbaren, nicht anzutun, was an diesem Tage geschehen ist. Wir bitten sie, sich nicht auf ihren Verstand, ihre Fassungskraft und ihre Gelehrsamkeit zu verlassen und nicht mit dem Offenbarer himmlischen, unendlichen Wissens zu streiten. Doch bemerken Wir, dass trotz all dieser Ermahnungen ein Einäugiger als Führer des Volkes sich mit äußerster Bosheit gegen Uns erhebt. Wir sehen voraus, wie in allen Städten sich Menschen erheben, um die Gesegnete Schönheit zu unterdrücken, wie die Gefährten dieses Herrn des Seins, dieser letzten Sehnsucht aller Menschen, vor dem Angesicht des Unterdrückers fliehen und in der Wildnis Schutz vor ihm suchen, während andere sich darein ergeben und in vollkommener Loslösung ihr Leben auf Seinem Pfade opfern. Mich dünkt, Wir können einen erkennen, der im Ruf solcher Ergebenheit und Frömmigkeit steht, dass die Menschen es als ihre Pflicht ansehen, ihm zu gehorchen und sich seinem Befehl zu fügen, und der sich dennoch erheben wird, um die Axt an die Wurzel des göttlichen Baumes zu legen, der sich mit allen Kräften bemühen wird, Ihm zu widerstehen und sich Ihm zu widersetzen. So sind die Menschen!
Wir hegen die Hoffnung, dass das Volk des Bayán erleuchtet wird, dass es sich in das Reich des Geistes aufschwingt und dort Wohnung nimmt, dass es die Wahrheit erkennt und sie mit dem Auge der Einsicht von heuchlerischer Falschheit unterscheidet. In diesen Tagen jedoch sind solche Gerüche der Eifersucht verbreitet, dass – Ich schwöre bei dem Erzieher aller Wesen, der sichtbaren und unsichtbaren – seit dem Anfang und der Erschaffung der Welt – wenngleich sie keinen Anfang hat – bis auf den heutigen Tag solche Bosheit, solcher Hass und Neid noch nie erschienen sind und auch in Zukunft nie mehr bezeugt werden. Denn einige Menschen, die nie den Duft der Gerechtigkeit einatmeten, haben das Banner des Aufruhrs gehisst und sich gegen Uns verbündet. Auf allen Seiten erkennen Wir ihre drohenden Speere, nach allen Richtungen sehen Wir ihre Pfeile fliegen, obwohl Wir Uns nie einer Sache gerühmt oder danach getrachtet haben, vor jemandem bevorzugt zu werden. Jedem waren Wir ein gütiger Gefährte, ein verzeihender, liebevoller Freund. Bei den Armen suchten Wir Gemeinschaft, bei den Gelehrten und Hochgestellten waren Wir ergeben und gelassen. Ich schwöre bei Gott, dem Wahren! So schmerzlich die Pein und die Leiden waren, welche die Hand des Feindes und das Volk des Buches Uns angetan, so schwinden sie doch völlig zu nichts dahin, verglichen mit dem, was Uns aus der Hand derer widerfuhr, die vorgeben, Unsere Freunde zu sein.
Was sollen Wir noch weiter sagen?

Das Weltall, könnte es mit dem Auge der Gerechtigkeit schauen, wäre unfähig, das Gewicht dieser Rede zu tragen!

Als Wir in den ersten Tagen Unserer Ankunft hierzulande die Zeichen kommender Dinge erkannten, beschlossen Wir, Uns zurückzuziehen, ehe sie geschehen würden.

Wir begaben Uns in die Wildnis und führten dort abgeschlossen und allein zwei Jahre lang ein Leben in völliger Einsamkeit.

Aus Unseren Augen rannen Tränen der Qual, und in Unserem blutenden Herzen wogte ein Meer von quälender Pein.

Wie oft blieben Wir abends hungrig, und wie viele Tage fanden Wir keine Ruhe!

Bei Ihm, in dessen Hand Mein Sein ist!

Ungeachtet dieser Fülle von Leiden und nie endender Schicksalsschläge ward Unsere Seele von wonnevoller Freude erfasst, strahlte Unser ganzes Wesen unaussprechliche Fröhlichkeit aus.

Denn in Unserer Einsamkeit waren Wir entrückt vom Schaden oder Nutzen, Wohl oder Wehe irgendeiner Seele.

Ganz allein verkehrten Wir mit Unserem Geist und vergaßen die Welt und alles darinnen.

Wir wussten jedoch nicht, dass die Maschen der göttlichen Vorsehung feiner geknüpft sind als die Vorstellungen der Sterblichen und der Pfeil Seines Ratschlusses die kühnsten menschlichen Pläne ereilt.

Niemand kann Seinen Schlingen entrinnen, keine Seele Erlösung finden außer in der Unterwerfung unter Seinen Willen.

Bei der Gerechtigkeit Gottes!

Zurückgezogen dachten Wir an keine Rückkehr, in Unserer Trennung lag keine Hoffnung auf Wiedervereinigung.

Nur darum lebten Wir in der Einsamkeit, weil Wir nicht wollten, dass Unserethalben unter den Gläubigen und den Gefährten Zwietracht und Unruhe aufkomme, oder dass eine Seele gekränkt oder ein Herz bekümmert werde.

Eine andere Absicht hatten Wir nicht.

Doch jeder plant nach eigenen Wünschen und folgt dabei seinen eitlen Gedanken – bis zu der Stunde, da aus dem mystischen Quell der Ruf an Uns erging, der Uns befahl zurückzukehren, woher Wir gekommen.

Wir ergaben Unseren Willen dem Seinigen und unterwarfen Uns Seinem Geheiß.
Welche Feder kann beschreiben, was Wir bei Unserer Rückkehr gewahrten! Zwei Jahre waren vergangen, in denen Unsere Feinde unaufhörlich und hartnäckig darauf sannen, Uns zu vernichten. Dies wird von allen bezeugt. Und dennoch stand von den Gläubigen niemand auf, Uns beizustehen; niemand fühlte sich bewogen, Uns nur im Geringsten zu helfen. Sie ließen vielmehr durch Worte und Taten Schauer immer neuer Kümmernisse auf Unsere Seele regnen! Mitten in alledem stehen Wir, bereit, das Leben zu opfern, Seinem Willen völlig ergeben. Möge durch Gottes Güte und Gnade dieser offenbarte Buchstabe Sein Leben als Opfer auf dem Pfade des Ersten Punktes, des Erhabensten Wortes, darbringen. Bei Ihm, auf dessen Geheiß der Geist gesprochen hat: Wäre es nicht aus dieser Sehnsucht Unserer Seele gewesen, Wir hätten keinen Augenblick länger in dieser Stadt verweilt. »Gott genügt Uns als Zeuge.«Q217 Wir schließen Unsere Ausführungen mit den Worten: »Es gibt keine Macht noch Kraft als in Gott allein.« »Wir sind Gottes, und zu Ihm werden Wir zurückkehren.«Q218
Wer ein verstehendes Herz hat, wer getrunken hat vom Weine der Liebe, wer nie auch nur für einen Augenblick seinen selbstsüchtigen Wünschen gefällig war, der wird, strahlend wie die Sonne in ihrer Mittagspracht, diese Zeichen, Zeugnisse und Beweise schauen, welche die Wahrheit dieser wundersamen Offenbarung, dieses überragenden, göttlichen Glaubens bestätigen. Doch seht, wie die Menschen Gottes Schönheit verwerfen und sich ihrer Habgier hingeben. Trotz dieser vollendeten Verse und der unverkennbaren Andeutungen, die in dieser »höchst gewichtigen Offenbarung«, dem Treuhänder Gottes unter den Menschen, enthüllt wurden, und ungeachtet dieser klaren Traditionen, offenkundiger als die meisten ausführlichen Äußerungen, haben die Menschen deren Wahrheit zurückgewiesen und sich an den Buchstaben gewisser Traditionen gehalten, die so, wie sie sie verstanden, mit ihren Erwartungen nicht übereinstimmten und deren Bedeutung sie nicht zu erfassen vermochten. So haben sie jede Hoffnung zunichte gemacht und sich des reinen Weines des Allherrlichen und der klaren, unverderblichen Wasser der unsterblichen Schönheit beraubt.
Bedenke, dass sogar das Jahr, in dem diese Quintessenz des Lichtes sich offenbaren sollte, ausdrücklich in den Traditionen verzeichnet ist – und doch achten sie ihrer nicht und lassen nicht einen Augenblick ab von ihren selbstsüchtigen Wünschen. Nach der Überlieferung fragte Mufaḍḍal den Ṣádiq: »Was ist das Zeichen Seiner Offenbarung, o Meister?« Jener gab zur Antwort: »Im Jahre sechzig wird Seine Sache offenbart und Sein Name verkündet werden.«Q219
Wie seltsam ist dies! Diesen ausdrücklichen, klaren Hinweisen zum Trotz hat dieses Volk die Wahrheit gemieden. So sind zum Beispiel die Kümmernisse, die Gefangenschaft und die Trübsale, die diesem Inbegriff göttlicher Tugend zugefügt wurden, in früheren Traditionen genannt. Im Biḥár steht geschrieben: »In unserem Qá’im werden vier Zeichen von vier Propheten zu sehen sein, von Mose, Jesus, Josef und Muḥammad. Das Zeichen von Mose ist Furcht und Erwartung, von Jesus, was über Ihn gesprochen wurde, von Josef, dass Er eingekerkert und totgeschwiegen wurde, von Muḥammad die Offenbarung eines Buches, ähnlich dem Qur’án.« Trotz dieser so beweiskräftigen Überlieferung, die in unverkennbarer Sprache die Geschehnisse dieses Tages vorausgeschaut hat, wurde niemand gefunden, der diese Prophezeiung beachtete, und Mich dünkt, auch in Zukunft wird niemand gefunden werden, außer dem, den dein Herr will. »Gott, wahrlich, macht hörend, wen Er will. Doch Wir werden nicht hörend machen, die in ihren Gräbern sind.«Q220
Es leuchtet dir ein, dass die Vögel des Himmels, die Tauben der Ewigkeit in zweierlei Sprache reden. Die eine Sprache, die äußerliche, ist ohne Anspielungen, unverhohlen und unverschleiert, auf dass sie eine führende Lampe sei, ein Leuchtfeuer, das den Pilger zu den Höhen der Heiligkeit, den Sucher in das Reich ewiger Vereinigung gelangen lässt. So sind die genannten unverhüllten Traditionen und die klaren Verse. Die andere Sprache ist verschleiert und verhüllt, auf dass alles, was im Herzen der Übelgesinnten verborgen liegt, offenbar und ihr innerstes Wesen aufgedeckt werde. Darum hat Ṣádiq, der Sohn MuḥammadsA82, gesprochen: »Gott, wahrlich, wird sie prüfen und sieben.«Q221 Dies ist das göttliche Maß, dies ist Gottes Prüfstein, mit dem Er Seine Diener prüft. Niemand begreift die Bedeutung dieser Worte außer denen, deren Herzen überzeugt sind, deren Seelen Gnade vor Gott gefunden haben und deren Geist von allem gelöst ist außer von Ihm. Bei solchen Worten ist die wörtliche Bedeutung, wie sie allgemein von den Menschen verstanden wird, nicht der gemeinte Sinn. Darum steht geschrieben: »Alles Wissen hat siebzig Bedeutungen, von denen nur eine den Menschen bekannt ist. Und wenn der Qá’im erstehen wird, dann wird Er den Menschen all das enthüllen, was übrigbleibt.«Q222 Er spricht auch: »Wir sprechen ein Wort und meinen damit einundsiebzig Bedeutungen; eine jede derselben können Wir erklären.«Q223
Wir zitieren dies nur, damit die Menschen nicht an gewissen Traditionen und Aussprüchen verzweifeln, die sich nicht wörtlich erfüllt haben, sondern ihre Verwirrung ihrem mangelnden Verständnis zuschreiben und nicht meinen, die Verheißungen der Traditionen seien noch unerfüllt. Denn wie aus diesen Traditionen selbst hervorgeht, ist die Bedeutung, welche die Imáme des Glaubens in sie gelegt haben, diesem Volke nicht bekannt. Das Volk sollte sich darum durch solche Reden nicht der göttlichen Gnadenfülle berauben lassen, sondern Aufklärung bei den anerkannten Auslegern suchen, so dass die verborgenen Mysterien enträtselt und deutlich offenbar werden.
Doch gewahren Wir niemanden unter dem Volk, den es aufrichtig nach der Wahrheit verlangte und der in den dunklen Fragen des Glaubens die Führung der göttlichen Manifestationen suchte. Alle wohnen im Lande des Vergessens, alle gehören zum Volk der Bosheit und des Aufruhrs. Wahrlich, Gott wird ihnen antun, was sie selbst getan, und wird sie vergessen, so wie sie Seine Gegenwart an Seinem Tage vergessen haben. Dies ist Sein Ratschluss für die, welche Ihn leugnen, und so wird es denen gehen, die Seine Zeichen verwerfen.
Wir schließen Unsere Beweisführung mit Seinen Worten – erhaben ist Er –: »Und wer sich von dem Gedenken des Barmherzigen zurückzieht, dem werden Wir einen Satan anketten, der soll sein Gefährte sein.«Q224 »Und wer sich von Meinem Gedenken abwendet, wahrlich, dem wird ein Leben im Elend bestimmt sein.«Q225
Also ist es in alten Zeiten offenbart worden – o würdet ihr es doch begreifen!
Offenbart durch das ›Bá‹ und das ›Há‹.A83
Friede sei mit dem, der sein Ohr der Melodie des mystischen Vogels zuneigt, der vom Sadratu’l-Muntahá aus ruft!
Gepriesen sei unser Herr, der Höchste!

Quellenangaben

Q1 Qur’án, 36:30.
Q2 Qur’án, 40:5.
Q3 Qur’án, 11:38.
Q4 Qur’án, 71:26.
Q5 Qur’án, 29:2.
Q6 Qur’án, 35:39.
Q7 Qur’án, 11:61–62.
Q8 Qur’án, 40:28.
Q9 Qur’án, 11:18, [7:44].
Q10 Qur’án, 2:87.
Q11 Qur’án, 3:70.
Q12 Qur’án, 3:71.
Q13 Qur’án 3:99.
Q14 Qur’án 3:7.
Q15 Joh. 14:28 – Anm. d. Hrsg.
Q16 vgl. Joh. 14:26, 16:13 – Anm. d. Hrsg.
Q17 vgl. Joh. 14:28 – Anm. d. Hrsg.
Q18 Qur’án 76:9.
Q19 Qur’án 5:117; [vgl. auch Joh. 6:32–35, 41, 50, 58 – Anm. d. Hrsg.].
Q20 Qur’án 14:24–25.
Q21 Mt. 24:29–31.
Q22 Lk. 21:33; [Bahá’u’lláh schließt an diesen arabisch zitierten Text noch die wörtliche Übersetzung in das Persische an. Dies wird in der deutschen wie in der englischen Übersetzung weggelassen – Anm. d. Hrsg.].
Q23 Mt. 24:29 – Anm. d. Hrsg.
Q24 Mt. 24:29 – Anm. d. Hrsg.
Q25 vgl. Qur’án 55:5. [Der Vers wird unterschiedlich übersetzt, z.B.: »Sonne und Mond laufen nach Berechnung«; →Ḥusbán (›Rechnen‹, ›Berechnen‹) kann auch ›Pein‹, ›Strafe‹ bedeuten – Anm. d. Hrsg.].
Q26 Qur’án 67:2.
Q27 Mt. 24:29 – Anm. d. Hrsg.
Q28 Qur’án 76:5.
Q29 Qur’án 6:91.
Q30 Qur’án 41:30.
Q31 Qur’án 70:40.
Q32 Qur’án 82:1.
Q33 Qur’án 14:48.
Q34 Qur’án 39:67; [vgl. Abs. 24, Anm. 38].
Q35 Qur’án 2:144.
Q36 Qur’án 2:149.
Q37 Qur’án 2:115.
Q38 Qur’án 2:143.
Q39 Qur’án 74:50.
Q40 Qur’án 28:20; [vgl. Ex. 2:15].
Q41 Qur’án 24:35.
Q42 Qur’án 19:22; [vgl. Abs. 24, Anm. 38].
Q43 Qur’án 19:28.
Q44 Mt. 24:30 – Anm. d. Hrsg.
Q45 Mt. 2:2.
Q46 Qur’án 3:39.
Q47 Mt. 3:1–2.
Q48 Mt. 24:30 – Anm. d. Hrsg.
Q49 Qur’án 55:29; [die einschlägigen Übersetzungen des Verses werden seinem Sinn nicht gerecht, zumal über seine Bedeutung verschiedene Meinungen bestanden. Quellennachweis →Qur’án – Anm. d. Hrsg.].
Q50 Qur’án 51:22.
Q51 Qur’án 2:282.
Q52 Qur’án 55:56.
Q53 Mt. 24:30 – Anm. d. Hrsg.
Q54 Qur’án 2:87.
Q55 Qur’án 25:25.
Q56 Qur’án 25:7; nach der Übertragung durch Friedrich Rückert.
Q57 Ḥadíth-i-Qudsí, ›heilige Tradition‹; Eine Anspielung auf den Ḥadíth laut dem Gott den Propheten Muḥammad mit den Worten angesprochen haben soll: »Wenn nicht für Dich, Ich hätte die Sphären nicht erschaffen.« – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q58 Qur’án 2:210.
Q59 Qur’án 44:10.
Q60 Qur’án 3:119.
Q61 Mt. 24:31 – Anm. d. Hrsg.
Q62 Qur’án 25:7, [nach der Übertragung durch Friedrich Rückert].
Q63 Ḥadíth, dem 6. Imám Ja‘far aṣ-Ṣádiq zugeschrieben – Anm. d. Hrsg.
Q64 Ḥadíth, dem 6. Imám Ja‘far aṣ-Ṣádiq zugeschrieben – Anm. d. Hrsg.
Q65 Qur’án 4:46; [vgl. auch 5:13, 5:41 – Anm. d. Hrsg.].
Q66 Qur’án 2:75.
Q67 Qur’án 2:79.
Q68 Qur’án 24:35.
Q69 Qur’án 9:32.
Q70 vgl. Qur’án 23:88; 36:83 – Anm. d. Hrsg.
Q71 Qur’án 2:156 – Anm. d. Hrsg.
Q72 Ḥadíth – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q73 Qur’án 29:51.
Q74 Qur’án 2:176.
Q75 Qur’án 6:103.
Q76 Qur’án 3:30.
Q77 Ḥadíth – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q78 Ḥadíth-i-Qudsí, ›heilige Tradition‹, – Anm. d. Hrsg.
Q79 Qur’án 41:53.
Q80 Qur’án 51:21.
Q81 Qur’án 59:19.
Q82 Ḥadíth des Imám ‘Alí – Anm. d. Hrsg.
Q83 Gebet für den Tag ‘Arafah, offenbart von Imám Ḥusayn – Anm. d. Hrsg.
Q84 Ḥadíth des Imám ‘Alí – Anm. d. Hrsg.
Q85 Ḥadíth-i-Qudsí, ›heilige Tradition‹ – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q86 Qur’án 2:253.
Q87 Qur’án 7:146.
Q88 Qur’án 6:35.
Q89 Qur’án 2:93 – Anm. d. Hrsg.
Q90 Jes. 65:25.
Q91 Qur’án 7:179.
Q92 vgl. Qur’án 2:202; 3:19; 3:199; 5:4; 6:62; 13:41; 24:39 – Anm. d. Hrsg.
Q93 Qur’án 11:7; [vgl. Abs. 24, Anm. 38]].
Q94 Qur’án 13:5; [vgl. Abs. 24, Anm. 38].
Q95 Qur’án 50:15; [vgl. Abs. 24, Anm. 38].
Q96 Qur’án 50:20–21.
Q97 Qur’án 17:51.
Q98 Joh. 3:7.
Q99 Joh. 3:5–6
Q100 Qur’án 7:178.
Q101 Lk. 9:59 – Anm. d. Hrsg.
Q102 Lk. 9:60.
Q103 Qur’án 6:122, nach der Übertragung durch Friedrich Rückert.
Q104 Qur’án 37:173.
Q105 Qur’án 9:32.
Q106 vgl. Qur’án 41:39, 57:2, 64:1 u. a. – Anm. d. Hrsg.
Q107 Qur’án 11:18.
Q108 Qur’án 37:173 – Anm. d. Hrsg.
Q109 Qur’án 9:32 – Anm. d. Hrsg.
Q110 Qur’án 35:15.
Q111 Qur’án 6:91.
Q112 Qur’án 15:72.
Q113 Qur’án 5:64.
Q114 Qur’án 48:10.
Q115 vgl. Qur’án 8:4, 68:34 – Anm. d. Hrsg.
Q116 Qur’án 29:23.
Q117 Qur’án 2:46.
Q118 Qur’án 2:249.
Q119 Qur’án 18:110.
Q120 Qur’án 13:2.
Q121 Qur’án 17:44.
Q122 Qur’án 78:29.
Q123 Ḥadíth, dem Imám ‘Alí zugeschrieben – Anm. in: Sieben Täler.
Q124 Qur’án 57:3.
Q125 Qur’án 2:210.
Q126 vgl. Hes. 21:31; Mt. 23:12; Lk. 18:14 – Anm. d. Hrsg.
Q127 Qur’án 28:5.
Q128 Qur’án 13:39.
Q129 Qur’án 3:183.
Q130 Qur’án 3:183.
Q131 Qur’án 2:89.
Q132 vgl. Qur’án 7:103, 34:34, 40:22, 64:6 – Anm. d. Hrsg.
Q133 Qur’án 2:285,
Q134 Qur’án 54:50.
Q135 Qur’án 43:22.
Q136 Báb, Dalá’il-i-Sab‘ih, in: Eine Auswahl aus Seinen Schriften 4:10:4 – Anm. d. Hrsg.
Q137 Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.
Q138 Ḥadíth – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q139 Ḥadíth, überliefert von Kumayl Ibn Zíyád an-Nakhá’í – Anm. d. Hrsg.
Q140 Qur’án 2:19.
Q141 Qur’án 36:20.
Q142 Ḥadíth, vgl. Abs. 175, Anm. 244 – Anm. d. Hrsg.
Q143 Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.
Q144 Qur’án 2:85.
Q145 Qur’án 33:40.
Q146 Qur’án 6:103.
Q147 Qur’án 16:61.
Q148 Qur’án 21:23.
Q149 vgl. Qur’án 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q150 Qur’án 55:39.
Q151 Qur’án 55:41.
Q152 Qur’án 10:25.
Q153 Qur’án 6:127.
Q154 vgl. Qur’án 2:60 – Anm. d. Hrsg.
Q155 Qur’án 2:136.
Q156 Qur’án 2:253.
Q157 vgl. Qur’án 18:110; 41:6.
Q158 Qur’án 8:17.
Q159 Qur’án 48:10.
Q160 Qur’án 7:158 – Anm. d. Hrsg.
Q161 Qur’án 33:40.
Q162 Qur’án 57:3 – Anm. d. Hrsg.
Q163 Qur’án 2:189.
Q164 Qur’án 17:85.
Q165 Ḥadíth – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q166 Ḥadíth – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q167 Ḥadíth-i-Qudsí, ›heilige Tradition‹ – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
Q168 Qur’án 44:43–44.
Q169 Qur’án 44:49.
Q170 Qur’án 6:59.
Q171 Qur’án 7:58.
Q172 Qur’án 16:43.
Q173 Qur’án 29:69.
Q174 Qur’án 29:69.
Q175 Ḥadíth – Anm. d. Hrsg.
Q176 Ḥadíth – Anm. d. Hrsg.
Q177 Qur’án 2:1–2.
Q178 vgl. Qur’án 2:2 – Anm. d. Hrsg.
Q179 Qur’án 2:23.
Q180 Qur’án 45:6.
Q181 Qur’án 45:7–8.
Q182 Qur’án 45:9.
Q183 Qur’án 26:187.
Q184 Qur’án 8:32.
Q185 Qur’án 45:25
Q186 vgl. Qur’án 45:25 – Anm. d. Hrsg.
Q187 Qur’án 29:23.
Q188 Qur’án 37:36.
Q189 vgl. Qur’án 6:25, 8:31, 23:83, 25:5, 27:68, 46:17 u. a. – Anm. d. Hrsg.
Q190 Qur’án 40:34
Q191 Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.
Q192 Qur’án 3:7.
Q193 Qur’án 45:23.
Q194 Qur’án 45:23 – Anm. d. Hrsg.
Q195 Qur’án 38:67.
Q196 Qur’án 34:43.
Q197 Qur’án 5:59.
Q198 Qur’án 6:7.
Q199 Qur’án 2:148.
Q200 Qur’án 11:27.
Q201 Qur’án 26:227.
Q202 Qur’án 2:94, 62:6Englisch zusätzlich 62:6.
Q203 vgl. Verborgene Worte, arab. 62 – Anm. d. Hrsg.
Q204 Qur’án 34:13.
Q205 Qur’án 59:2.
Q206 Qur’án 57:21; vgl. 62:4 – Anm. d. Hrsg.
Q207 Qayyúmu’l-Asmá’, Kap. 58; vgl. Der Báb, Eine Auswahl aus Seinen Schriften 2:29:1 – Anm. d. Hrsg.
Q208 Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.
Q209 Ḥadíth, in welchem der Prophet sagt, daß die Suren Húd (11) und al-Wáqi‘a (56) Ihn ergrauen ließen – Anm. d. Hrsg.
Q210 Qur’án 11:112; [42:15 – Anm. d. Hrsg.].
Q211 Qur’án 54:6.
Q212 vgl. Qur’án 2:253; 14:27; 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q213 vgl. Qur’án 5:1 – Anm. d. Hrsg.
Q214 Qur’án 25:44.
Q215 Ḥadíth – Anm. d. Hrsg.
Q216 Ḥadíth des Imám Ja‘far aṣ-Ṣádiq – Anm. d. Hrsg.
Q217 vgl. Qur’án 10:29; 13:43; 17:96 – Anm. d. Hrsg.
Q218 Qur’án 2:156 – Anm. d. Hrsg.
Q219 Ḥadíth des Imám Ja‘far aṣ-Ṣádiq – Anm. d. Hrsg.
Q220 Qur’án 35:22 – Anm. d. Hrsg.
Q221 Ḥadíth des Imám Ja‘far aṣ-Ṣádiq – Anm. d. Hrsg.
Q222 Ḥadíth– Anm. d. Hrsg.
Q223 Ḥadíth– Anm. d. Hrsg.
Q224 Qur’án 43:36.
Q225 Qur’án 20:124.

Anmerkungen

A1 Surádiq.
A2 Qur’án, Súrah 11 – Anm. d. Hrsg.
A3 vgl. Qur’án, 11:64f – Anm. d. Hrsg.
A4 Abraham
A5 Surádiq – Anm. d. Hrsg.
A6 gemeint ist hier Persisch – Anm. d. Hrsg.
A7 vgl. Qur’án 6:127, 10:25 – Anm. d. Hrsg..
A8 das griechische Wort (Thlipsis) hat zwei Bedeutungen: ›Druck‹ und ›Bedrängnis‹.
A9 die Stelle wird von Bahá’u’lláh in Arabisch zitiert und auf Persisch erklärt.
A10 ›der sichere Griff‹, vgl. Qur’án 2:257; 31:22 – Anm. d. Hrsg.
A11 , dem Zwölften Imám zugeschrieben.
A12 siehe Abs. 28, Anm. 40.
A13 die Richtung, in die das Gesicht beim Gebet gewandt wird.
A14 Mekka.
A15 Medina.
A16 Niederwerfungen.
A17 in Mekka.
A18 vgl. Ex. 6:20: Amram – Anm. d. Hrsg.
A19 vgl. Ex. 2:11f – Anm. d. Hrsg.
A20 vgl. Qur’án 26:18–19 – Anm. d. Hrsg.
A21 Qur’án 26:19–21, [siehe auch 28:15f].
A22 vgl. Qur’án 19:17–29 – Anm. d. Hrsg.
A23 siehe Abs. 11 – Anm. d. Hrsg.
A24 arab. Yaḥyá; vgl. Mt. 3 – Anm. d. Hrsg.
A25 Shaykh Aḥmad al-Aḥsá’í und Siyyid Káẓim-i-Rashtí.
A26 Ein bekanntes, in vielen islámischen Quellen zitiertes Sprichwort – Anm. in: Call of the Divine Beloved.
A27 Ṣúfí-Spruch – Anm. d. Hrsg.
A28 ein von Ṣúfí oft zitierter Vers des arabischen Mystikers Ibn al-Fáriḍ (1181–1234 n. Chr.) – Anm. d. Hrsg.
A29 die schwarzäugigen Jungfrauen des Paradieses, vgl. Qur’án 44:54; 52:20; 55:72; 56:22 – Anm. d. Hrsg.
A30 Qur’án 25:26 und Mt. 24:30 – Anm. d. Hrsg.
A31 Der 6. Imám der Shí‘iten.
A32 im Norden Medinas gelegene Oasenstadt – Anm. d. Hrsg.
A33 vgl. Qur’án 2:253; 14:27; 22:14, 22:18 und Qur’án 5:1 – Anm. d. Hrsg.
A34 vgl. Qur’án 7:156 – Anm. d. Hrsg.
A35 aus dem ›Gebet des Monats Rajab‹ des Ḥujjatu’lláh, des 12. Imáms, übermittelt durch das Tor Muḥammad Ibn-i-‘Uthmán – Anm. d. Hrsg.
A36 Kumayl Ibn Zíyád an-Nakhá’í, einer der engsten Vertrauten des Imám ‘Alí – Anm. d. Hrsg.
A37 vgl. Qur’án 2:285, 24:51 – Anm. d. Hrsg.
A38 bedeutet ›wenn‹ oder ›wann‹ – Anm. d. Hrsg.
A39 Titel des Onkels von Muḥammad.
A40 Ja‘far aṣ-Ṣádiq, der sechste Imám der Shí‘iten – Anm. d. Hrsg.
A41 vgl. Mt. 26:64, Mk. 14:60 – Anm. d. Hrsg.
A42 vgl. Lk. 5:18–26.
A43 DerBáb.
A44 Imám ‘Alí.
A45 Surádiq – Anm. d. Hrsg.
A46 vgl. Qur’án 2:253; 14:27; 22:14, 22:18 und Qur’án 5:1 – Anm. d. Hrsg.
A47 vgl. Qur’án 16:61, 35:45 – Anm. d. Hrsg.
A48 Baghdád.
A49 Qur’án 19:30.
A50 vgl. Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.
A51 vgl. Qur’án 19:30 – Anm. d. Hrsg.
A52 Ḥájí Mírzá Karím Khán
A53 Führung für die Unwissenden.
A54 Himmelfahrt.
A55 Vers eines persischen Dichters – Anm. d. Hrsg.
A56 Vers eines persischen Dichters – Anm. d. Hrsg.
A57 Surádiq – Anm. d. Hrsg.
A58 Ḥadíth
A59 az-Zaqqúm: ein Baum, der inmitten der Hölle wächst; [vgl. Qur’án 17:60; 37:62; 37:64; 44:43; 56:52 – Anm. d. Hrsg.].
A60 Sünder.
A61 Karím‹ bedeutet ›ehrwürdig‹.
A62 ›Dieser sündige Diener‹ – Anm. d. Hrsg.
A63 Ein Magier aus der Zeit von Moses
A64 Das Jahr 1260 d.H., das Jahr der Verkündigung des Báb.
A65 Surádiq
A66 Vers eines persischen Dichters – Anm. d. Hrsg.
A67 Imám Ḥusayn.
A68 ›Er, der angerufen wird‹.
A69 vgl. Qur’án 5:64 – Anm. d. Hrsg.
A70 Klagelied‹ des Imám ‘Alí – Anm. d. Hrsg.
A71 Besuchsgebet, von Imám ‘Alí offenbart.
A72 shí‘itische Traditionensammlung – Anm. d. Hrsg.
A73 Familie, der Muḥammad entstammte – Anm. d. Hrsg.
A74 Ja‘far aṣ-Ṣádiq, der sechste Imám der Shí‘iten – Anm. d. Hrsg.
A75 Traditionensammlung – Anm. d. Hrsg.
A76 ›Meer der Lichter‹, umfangreiche shí‘itische Sammlung von Ḥadíthen und Aussprüchen der Imáme aus dem 17. Jahrhundert – Anm. d. Hrsg.
A77 Traditionensammlungen – Anm. d. Hrsg.
A78 ›das Genügende‹, Sammlung aller bekannten Dikta der Imáme. Sein Verfasser war der Íráner al-Kulayní – Anm. d. Hrsg.
A79 Zeitgenosse des 5. Imáms, Muḥammad al-Báqir – Anm. d. Hrsg.
A80 Alte Stadt, in deren Nähe Ṭihrán erbaut wurde.
A81 ›Er, der angerufen wird‹; der Begriff bezieht sich auf das vom Báb angekündigte Erscheinen Bahá’u’lláhs – Anm. d. Hrsg.
A82 Ja‘far aṣ-Ṣádiq, der sechste Imám der Shí‘iten – Anm. d. Hrsg.
A83 die Buchstaben B und H bedeuten Bahá.