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TABLAS DE BAHÁ'U'LLÁH
REVELADAS DESPUÉS
DEL KITÁB-I-AQDAS
Recopiladas por el Departamento
de Investigación de la Casa Universal
de Justicia y traducidas al inglés por
Habib Taherzadeh con la ayuda de
un Comité del Centro Mundial Bahá'í
Título original en inglés:
Tablets of Bahá'u'lláh Revealed After the Kitáb-i-Aqdas
ÍNDICE
Prefacio
Law¥-i-Karmil (Tabla del Carmelo)
Law¥-i-Aqdas (Tabla más Sagrada)
Bishárát (Buenas Nuevas)
Tarázát (Ornamentos)
Tajallíyát (Refulgencias)
Kalimát-i-Firdawsíyyih (Palabras del Paraíso)
Law¥-i-Dunyá (Tabla del Mundo)
Ishráqát (Esplendores)
Law¥-i-Hikmat (Tabla de la Sabiduría)
Asl-i-Kullu'l-Khayr (Palabras de Sabiduría)
Law¥-i-Maqsúd (Tabla de Maqsúd)
Súriy-i-Vafá (Tabla a Vafá)
Law¥-i-Siyyid-i-Mihdíy-i-Bahají
(Tabla al Siyyid-i-Mihdíy-i-Bahají)
Law¥-i-Burhán (Tabla de la Prueba)
Kitáb-i-'Ahd (Libro del Convenio)
Law¥-i-Ard-i-Bá (Tabla de la Tierra de Bá)
Extractos de otras Tablas
PREFACIO
A medida que su Misión tocaba a su fin, la promulgación que Bahá'u'lláh
realizó en su Kitáb-i-Aqdas de las leyes fundamentales de su Dispensación fue
seguida por la enunciación de ciertos preceptos y principios que se hallan en la
esencia misma de su Fe, por la reiteración de verdades que Él había proclamado
anteriormente, por la explicación y elucidación de algunas de las leyes que Él
ya había prescrito, por la revelación de ulteriores profecías y advertencias y
por el establecimiento de ordenanzas subsidiarias destinadas a completar las
disposiciones de su Libro Más Sagrado. Éstas fueron consignadas en innumerables
Tablas que Él continuó revelando hasta los últimos días de su vida terrenal...
Estas Tablas -poderosas y finales efusiones de su infatigable pluma- deben
figurar entre los frutos selectos que ha entregado su mente, y señalan la
consumación de su ministerio de cuarenta años de duración.1
Seis de las Tablas a que se refiere el párrafo anterior y que están
incluidas en el presente volumen, fueron traducidas al inglés por indicación de
'Abdu'l-Bahá y publicadas en 1917 por la Bahá'í Publishing Trust Society, de
Chicago. Ese volumen se agotó hace tiempo, y actualmente su contenido sólo es
conocido por la mayoría de los bahá'ís a través de extractos incluidos en
recopilaciones o citados en otros escritos. Por otra parte, a medida que las
traducciones de los Textos Sagrados realizadas por Shoghi Effendi fluían
incesantemente de su pluma, resultó evidente que las primeras traducciones
podían mejorarse tanto en precisión como en estilo. En consecuencia, la Casa
Universal de Justicia encargó la elaboración de este volumen, al que define como
un intento más por traducir a un inglés elocuente la sin par expresión de
Bahá'u'lláh. En aquellos casos en que una porción de texto fue traducida por el
Guardián, dicha traducción es la que se ha utilizado.
LAWÆ-I-KARMIL
Tabla del Carmelo
Toda gloria sea para este Día, Día en el cual se han esparcido las
fragancias de la misericordia sobre todas las cosas creadas, un Día tan bendito
que las edades y siglos del pasado jamás podrán rivalizar con él, un Día en el
cual el semblante del Antiguo de los Días se ha vuelto hacia su santa sede. Por
tanto, las voces de todas las cosas creadas, y además de ellas las del Concurso
de lo Alto, se oyeron exclamando: "Apresúrate, oh Carmelo, porque, he aquí, la
luz del semblante de Dios, Soberano del Reino de los Nombres y Modelador de los
cielos, se ha levantado sobre ti".
Sobrecogido por efluvios de alegría, exclamó, elevando su voz: "Que mi vida
sea sacrificada por Ti, pues has fijado Tu mirada sobre mí, me has otorgado tu
munificencia y has dirigido tus pasos hacia mí. La separación de Ti, oh Fuente
de vida eterna, casi me ha consumido, y mi lejanía de tu presencia ha devorado
mi alma. Toda alabanza sea para Ti por haberme permitido escuchar tu llamada,
por haberme honrado con tus pasos y por haber reavivado mi alma con la
vivificante fragancia de tu Día y la estridente voz de tu Pluma, una voz que Tú
ordenaste que fuese tu llamada de trompeta entre tu pueblo. Y cuando sonó la
hora en que tu irresistible Fe había de manifestarse, insuflaste en tu Pluma un
soplo de tu espíritu y, he aquí, la creación entera se estremeció hasta sus
mismos cimientos, desvelando a la humanidad aquellos misterios que yacían
ocultos en los tesoros de Aquel que es el Poseedor de todas las cosas creadas."
En cuanto llegó su voz a ese exaltadísimo Lugar, Nosotros respondimos: "Da
gracias a tu Señor, oh Carmelo. El fuego de tu separación de Mí te consumía
rápidamente cuando el océano de mi presencia se agitó ante tu rostro, alegrando
tus ojos y los de toda la creación y llenando de gozo a todas las cosas visibles
e invisibles. Regocíjate, porque en este Día Dios ha establecido su trono sobre
ti, te ha hecho el punto del amanecer de sus signos y la aurora de las pruebas
de su Revelación. Dichoso aquel que te circunde, proclame la revelación de tu
gloria y relate aquello que la munificencia del Señor tu Dios ha derramado sobre
ti. Toma el Cáliz de la Inmortalidad en el nombre de tu Señor, el Todoglorioso,
y dale gracias, ya que Él, como señal de su misericordia hacia ti, ha
transformado tu tristeza en alegría y ha transmutado tu pena en maravilloso
júbilo. Él, en verdad, ama el lugar que ha sido designado como sede de su trono,
lugar que sus pies han hollado, que ha sido honrado con su presencia, desde
donde proclamó su llamamiento y sobre el cual derramó sus lágrimas."
"Llama a Sión, oh Carmelo, y anuncia las felices nuevas: ¡El que estaba
oculto a los ojos mortales ha venido! Su soberanía que todo lo subyuga está
manifiesta; su esplendor que todo lo abarca se ha revelado. Ten cuidado, no sea
que vaciles o te detengas. Apresúrate y rodea la Ciudad de Dios que ha
descendido del cielo, la Kaaba celestial alrededor de la cual han circundado en
adoración los favorecidos de Dios, los puros de corazón y la compañía de los más
excelsos ángeles. ¡Oh! Cuánto ansío anunciar a todos los lugares de la
superficie de la tierra y llevar a cada una de sus ciudades las buenas nuevas de
esta Revelación, una Revelación a la que ha sido atraído el corazón del Sinaí y
en cuyo nombre la Zarza Ardiente proclama: 'Los reinos del cielo y de la tierra
pertenecen a Dios, el Señor de Señores.' En verdad, éste es el Día en que tanto
la tierra como el mar se regocijan ante este anuncio, Día para el cual se han
dispuesto aquellas cosas que Dios, por una generosidad que se encuentra más allá
de la comprensión de mente o corazón mortales, ha destinado para ser reveladas.
Dentro de poco, Dios hará navegar su Arca sobre ti y manifestará al pueblo de
Bahá que ha sido mencionado en el Libro de los Nombres."
Santificado sea el Señor de toda la humanidad, ante la mención de cuyo
nombre todos los átomos de la tierra han vibrado y la Lengua de Grandeza ha sido
impulsada a revelar lo que estaba guardado en su conocimiento y yacía oculto en
el tesoro de su poder. En verdad, Él es el soberano de todo lo que hay en los
cielos y todo lo que hay en la tierra, por medio de la potencia de su nombre, el
Poderoso, el Omnipotente, el Altísimo.
LAWÆ-I-AQDAS
La Tabla Más Sagrada2
Ésta es la Tabla Más Sagrada enviada desde el reino santo a aquel que ha
dirigido su rostro hacia el Objeto de la adoración del mundo, Aquel que
descendió del cielo de la eternidad investido con trascendente gloria.
EN NOMBRE DEL SEÑOR, EL SEÑOR DE GRAN GLORIA
Ésta es una Epístola de nuestra presencia, enviada a aquel a quien los velos
de los nombres no lograron apartar de Dios, creador del cielo y de la tierra,
para que sus ojos se regocijen en los días de su Señor, el que Ayuda en el
Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo.
Di: ¡Oh seguidores del Hijo!3 ¿Os habéis ocultado de Mí a causa de mi
Nombre? ¿Por qué no lo meditáis en vuestros corazones? Día y noche habéis estado
llamando a vuestro Señor, el Omnipotente, pero cuando Él vino en su gran gloria
desde el cielo de la eternidad, os apartasteis de Él y permanecisteis sumidos en
la negligencia.
Reflexionad sobre aquellos que rechazaron al Espíritu4 cuando vino a ellos
con dominio manifiesto. Cuán numerosos eran los fariseos que, en su nombre, se
habían recluido en las sinagogas, lamentándose por su separación de Él, y aun
así, cuando los portones de la reunión se abrieron de par en par y la luminaria
divina brilló resplandeciente desde el Manantial de la Belleza, no creyeron en
Dios, el Exaltado, el Poderoso. No lograron alcanzar su presencia, a pesar de
que su advenimiento les había sido prometido en el Libro de Isaías, al igual que
en los Libros de los Profetas y Mensajeros. Ninguno de ellos volvió su rostro
hacia el Manantial de misericordia divina, a excepción de aquellos desprovistos
de todo poder entre los hombres. Y sin embargo, hoy, todo hombre dotado de poder
e investido de soberanía se enorgullece en su Nombre. Por otra parte, acuérdate
del que sentenció a muerte a Jesús. Era el más erudito de su época en su país,
mientras que aquel que era solamente un pescador creyó en Él. Presta atención y
sé de los que observan la advertencia.
De igual modo, considera cuán numerosos son, en estos tiempos, los monjes
que se han recluido en sus iglesias, llamando al Espíritu, pero cuando Éste
apareció mediante el poder de la Verdad, no lograron acercarse a Él y se cuentan
entre los descarriados. Felices aquellos que los han abandonado y han dirigido
su rostro hacia Aquel que es el Deseo de todos los que están en los cielos y
todos los que están en la tierra.
Leen el Evangelio y aun así se niegan a reconocer al Señor Todoglorioso, a
pesar de que ha venido por medio de la potencia de su exaltado, su poderoso y
benevolente dominio. Nosotros, ciertamente, hemos venido por amor a vosotros y
hemos soportado los infortunios del mundo por vuestra salvación. ¿Huís de Aquel
que ha sacrificado su vida para que vosotros seáis vivificados? Temed a Dios, oh
seguidores del Espíritu, y no sigáis los pasos de ningún sacerdote que se haya
descarriado. ¿Os imagináis que Él persigue sus propios intereses, cuando en todo
momento ha estado amenazado por las espadas de los enemigos, o que aspira a las
vanidades del mundo, tras haber sido confinado en la más desolada de las
ciudades? Sed justos en vuestro juicio y no sigáis los pasos de los injustos.
Abrid las puertas de vuestros corazones. Verdaderamente, Aquel que es el
Espíritu se encuentra ante ellas. ¿Por qué proscribís a Aquel que se ha
propuesto acercaros a un Lugar Resplandeciente? Di: Nosotros, en verdad, os
hemos abierto las puertas del Reino. ¿Atrancaréis las puertas de vuestras casas
ante mi rostro? Esto, de hecho, no es sino un craso error. Él ha descendido
nuevamente del cielo, tal como lo hizo la primera vez. Cuidado, no sea que
pongáis en tela de juicio lo que Él proclama, igual que las gentes anteriores a
vosotros cuestionaron sus manifestaciones. Así os instruye el Verdadero, si tan
sólo pudieseis percibirlo.
El río Jordán se une al Grandísimo Océano y el Hijo exclama en el valle
santo: "¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor, mi Dios!", mientras el Sinaí circunda
alrededor de la Casa y la Zarza Ardiente exclama: "Aquel que es el Deseado ha
venido en su trascendente majestad". Di: ¡Ved! ¡El Padre ha venido y lo que se
os prometió en el Reino se ha cumplido! Esta es la Palabra que el Hijo ocultó
cuando dijo a los que Le rodeaban: "Ahora no lo podéis llevar." Y cuando se
cumplió el tiempo señalado y sonó la Hora, la Palabra brilló sobre el horizonte
de la Voluntad de Dios. Cuidado, oh seguidores del Hijo, no sea que la echéis a
un lado. Asíos firmemente a ella. Esto es mejor para vosotros que todo lo que
poseéis. Verdaderamente, Él está cerca de aquellos que hacen el bien. La Hora
que hemos ocultado al conocimiento de los pueblos de la tierra y al de los
ángeles favorecidos ha llegado. Di: Verdaderamente, Él ha dado testimonio de Mí,
y Yo doy testimonio de Él. En verdad, Él no ha señalado a otro más que a Mí. De
ello es testigo toda alma justa y comprensiva.
Aunque acosados por incontables aflicciones, Nosotros emplazamos al pueblo a
volverse hacia Dios, el Señor de los nombres. Di: Esforzaos por lograr lo que os
ha sido prometido en los Libros de Dios y no sigáis los caminos de los
ignorantes. Mi cuerpo ha soportado el encarcelamiento para que os liberéis de la
esclavitud del ego. Dirigid, pues, vuestro rostro hacia su semblante y no sigáis
las huellas de todo opresor hostil. Verdaderamente, Él ha consentido ser
humillado gravemente para que alcanzarais la gloria y, sin embargo, vosotros
retozáis en el valle de la negligencia. Él, en verdad, vive en la más desolada
de las moradas por amor a vosotros, mientras vosotros habitáis en vuestros
palacios.
Di: ¿No escuchasteis la Voz del que gritaba, llamando en alta voz en el
desierto del Bayán, trayéndoos las buenas nuevas de la venida de vuestro Señor,
el Todomisericordioso? ¡Mirad! Él ha venido a la sombra protectora del
Testimonio, investido con pruebas y demostraciones concluyentes, y aquellos que
verdaderamente creen en Él consideran su presencia como la encarnación del Reino
de Dios. Bendito el hombre que se vuelve hacia Él y ¡ay! de aquellos que Le
niegan o dudan de Él.
Anúnciales a los sacerdotes: ¡He aquí! Aquel que es el Gobernante ha
llegado. Salid de detrás del velo en nombre del Señor, Aquel que hace bajar la
cerviz a todos los hombres. Proclama, pues, a toda la humanidad las buenas
nuevas de esta poderosa, esta gloriosa Revelación. Verdaderamente, Aquel que es
el Espíritu de la Verdad ha venido para guiaros hacia toda verdad. Él no habla
impulsado por su propio ser, sino según lo ordenado por Aquel que es el
Omnisciente, el Todosabio.
Di: Éste es Quien ha glorificado al Hijo y ha exaltado su Causa. Abandonad,
oh pueblos de la tierra, lo que tenéis, y asíos firmemente a lo que os ordena el
Todopoderoso, Aquel que es el Portador del Fideicomiso de Dios. Purificad
vuestros oídos y volved vuestros corazones hacia Él, para que escuchéis la más
maravillosa llamada que ha surgido del Sinaí, la morada de vuestro Señor, el Más
Glorioso. En verdad, os acercará al Lugar donde percibiréis el esplendor de la
luz de su semblante, que brilla sobre este luminoso Horizonte.
¡Oh asamblea de sacerdotes! Abandonad las campanas y, luego, salid de
vuestras iglesias. Os incumbe, en este día, proclamar en voz alta el Más Grande
Nombre entre las naciones. ¿Preferís guardar silencio, mientras toda piedra y
todo árbol exclama: "¡El Señor ha venido en su gran gloria?" Bienaventurado el
hombre que se apresura hacia Él. Verdaderamente, se cuenta entre aquellos cuyos
nombres serán registrados eternamente y serán mencionados por el Concurso de lo
Alto. Así ha sido decretado por el Espíritu en esta maravillosa Tabla.
Verdaderamente, Aquel que emplaza a los hombres en mi nombre es de mí, y
mostrará aquello que se encuentra más allá del poder de todos los que están en
la tierra. Seguid la Senda del Señor y no los pasos de aquellos que están
sumidos en la negligencia. Bienaventurado sea el adormecido al que la Brisa de
Dios le sacuda y se levante de entre los muertos, dirigiendo sus pasos hacia el
Sendero del Señor. Ciertamente, tal hombre es considerado, a la vista de Dios,
el Verdadero, como una joya entre los hombres y se cuenta entre los dichosos.
Di: La Luz de su Revelación ha despuntado en el Oriente; los signos de su
dominio han aparecido en el Occidente. Examinad esto en vuestros corazones, oh
pueblo, y no seáis de los que han hecho oídos sordos a las advertencias de Aquel
que es el Omnipotente, el Todoalabado. Que la Brisa de Dios os despierte. En
verdad, ella ha soplado sobre el mundo. Bienaventurado aquel que ha descubierto
su fragancia y ha sido contado entre los bien seguros.
¡Oh asamblea de obispos! Sois las estrellas del cielo de mi conocimiento. Mi
misericordia no desea que caigáis a la tierra. No obstante, mi justicia declara:
"Esto es lo que el Hijo ha decretado." Y todo cuanto ha procedido de su boca
irreprochable, veraz y digna de confianza, no podrá ser alterado jamás. Las
campanas, ciertamente, repican mi Nombre y se lamentan por Mí, pero mi espíritu
se regocija con manifiesta alegría. El cuerpo del Amado anhela la cruz, y su
cabeza ansía la lanza en el sendero del Todomisericordioso. El dominio del
opresor no puede en modo alguno disuadirlo de su propósito. Hemos emplazado a
todas las cosas creadas a alcanzar la presencia de tu Señor, el Rey de todos los
nombres. Bendito el hombre que dirige su rostro hacia Dios, el Señor del Día del
Juicio Final.
¡Oh asamblea de monjes! Si optáis por seguirme, os haré herederos de mi
Reino; si pecáis contra Mí, Yo, en mi largo sufrimiento, lo soportaré
pacientemente, y, ciertamente, Yo soy el que Siempre Perdona, el Misericordioso.
¡Oh tierra de Siria! ¿Qué ha sido de tu rectitud? Tú estás, ciertamente,
ennoblecida por los pasos de tu Señor. ¿Has percibido la fragancia de la reunión
celestial, o habrá que contarte entre los negligentes?
Belén se ha agitado con la Brisa de Dios. Escuchamos su voz que dice: "¡Oh
generosísimo Señor! ¿Dónde se ha asentado tu gran gloria? Las suaves fragancias
de tu presencia me han vivificado, después de haberme derretido por la
separación de Ti. Alabado seas, por cuanto has levantado los velos y has venido
con poder en gloria manifiesta." Llamamos a Belén desde detrás del Tabernáculo
de Majestad y Grandeza, diciendo: "¡Oh Belén! Esta luz ha surgido en el oriente
y ha viajado hacia el occidente, hasta que llegó a ti en el atardecer de su
vida. Dime, pues: ¿Reconocen los hijos al Padre y Le aceptan, o Le niegan, tal
como el pueblo Le negó (a Jesús) en otro tiempo?" Entonces Belén exclamó
diciendo: "Tú eres, en verdad, el Omnisciente, el Mejor Informado."
Verdaderamente, vemos que todas las cosas creadas se inclinan a dar testimonio
de Nosotros. Algunos Nos conocen y dan testimonio, mientras que la mayoría dan
testimonio y, sin embargo, no Nos conocen.
El Monte Sinaí se ha agitado con la alegría de contemplar nuestro semblante.
Ha elevado su voz cautivadora para glorificación de su Señor, diciendo: "¡Oh
Señor! Siento la fragancia de tu vestidura. Me parece que estás cerca, investido
con los signos de Dios. Tú has ennoblecido estas regiones con tus pasos. Grande
es la bienaventuranza de tu pueblo, si sólo pudieran conocerte e inhalar tus
suaves aromas; y ¡ay! de los que están profundamente dormidos."
Dichoso eres tú, que has vuelto tu rostro hacia mi semblante, por cuanto has
rasgado los velos, has destrozado los ídolos y has reconocido a tu Señor eterno.
El pueblo del Corán se ha levantado contra Nosotros sin prueba ni demostración
clara, atormentándonos a cada momento con una nueva tortura. Inútilmente se
imaginan que las tribulaciones pueden frustrar nuestro propósito. Vano es en
verdad lo que han imaginado. Verdaderamente, tu Señor es Quien ordena todo
cuanto Le place.
Nunca he pasado junto a un árbol sin que mi corazón se dirigiese a él,
diciendo: "¡Oh! Ojalá fueses cortado en mi nombre, y mi cuerpo fuese crucificado
sobre ti". Hemos revelado este pasaje en la Epístola al Sháh para que sirviese
como advertencia a los seguidores de las religiones. Verdaderamente, tu Señor es
el Omnisciente, el Todosabio.
Que lo que ellos han perpetrado no te aflija. Ciertamente, son como muertos,
y no están vivos. Déjalos a los muertos; luego vuelve tu rostro hacia Aquel que
es el Dador de Vida del mundo. Cuidado, no sea que los dichos de los negligentes
te entristezcan. Sé firme en la Causa y enseña a la gente con suma sabiduría.
Así te lo ordena el Gobernante del cielo y de la tierra. Él es, en verdad, el
Todopoderoso, el Más Generoso. Dentro de poco, Dios exaltará tu recuerdo y
escribirá con la Pluma de Gloria aquello que expresaste por su amor. Él es, en
verdad, el Protector de los que hacen el bien.
Dale recuerdos míos a uno llamado Murád, y dile: "Bendito eres tú, oh Murád,
por cuanto has abandonado los dictados de tu propio deseo y has seguido a Aquel
que es el Deseo de toda la humanidad."
Di: Bendito sea el adormecido al que despierta mi Brisa. Bendito el
desfallecido que es reanimado con mis hálitos revivificadores. Bendito el ojo
que se solaza en la contemplación de mi belleza. Bendito el caminante que dirige
sus pasos hacia el Tabernáculo de mi gloria y majestad. Bendito el angustiado
que busca refugio bajo la sombra de mi dosel. Bendito el sediento que se
apresura a las aguas de mi amorosa bondad, que fluyen suavemente. Bendita el
alma insaciable que abandona sus deseos egoístas por amor a Mí y ocupa su lugar
en la mesa del banquete que he enviado para mis elegidos desde el cielo de la
misericordia divina. Bendito el humillado que se aferra al cordón de mi gloria,
y el necesitado que entra bajo la sombra del Tabernáculo de mi riqueza. Bendito
el ignorante que busca la fuente de mi conocimiento, y el negligente que se
adhiere al cordón de mi recuerdo. Bendita el alma que surge a la vida por medio
de mi hálito vivificador y logra entrar en mi Reino celestial. Bendito el hombre
a quien los suaves aromas de la reunión conmigo le han estimulado y le han hecho
acercarse a la Aurora de mi Revelación. Bendito el oído que escucha, la lengua
que da testimonio y el ojo que ve y reconoce al Señor, en su gran gloria y
majestad, investido con grandeza y dominio. Benditos quienes han alcanzado su
presencia. Bendito el hombre que busca la iluminación en el Sol de mi Palabra.
Bendito aquel que adorna su cabeza con la diadema de mi amor. Bendito quien oye
de mi aflicción y se levanta entre mi pueblo para ayudarme. Bendito aquel que da
su vida en mi sendero y soporta múltiples infortunios por amor a mi Nombre.
Bendito el hombre que, seguro de mi Palabra, se levanta de entre los muertos
para celebrar mi alabanza. Bendito aquel que se extasía con mis maravillosas
melodías y rasga los velos mediante la potencia de mi poder. Bendito aquel que
se mantiene fiel a mi Convenio, y aquel a quien las cosas de este mundo no le
han impedido alcanzar mi Corte de santidad. Bendito el hombre que se desprende
de todo salvo de Mí, se remonta en la atmósfera de mi amor, logra entrar en mi
Reino, contempla mis dominios de gloria, bebe de las aguas vivas de mi
generosidad y toma su porción del río celestial de mi amorosa providencia, se
familiariza con mi Causa, comprende lo que he ocultado dentro del tesoro de mis
Palabras y, ocupado en mi alabanza y glorificación, brilla desde el horizonte
del conocimiento divino. Verdaderamente, él es de los míos. Desciendan sobre él
mi misericordia, mi amorosa bondad, mi munificencia y mi gloria.
BISHÁRÁT
Buenas Nuevas
Éste es el Llamamiento del Todoglorioso, proclamado desde el Horizonte
Supremo en la prisión de 'Akká.
ÉL ES EL EXPOSITOR, EL OMNISAPIENTE, EL INFORMADO DE TODO
Dios, el Verdadero, da testimonio, y los Reveladores de sus nombres y
atributos lo atestiguan, que nuestro único propósito al elevar el Llamamiento y
proclamar su sublime Palabra es que el oído de la creación entera se purifique,
mediante las aguas vivas de la prolación divina, de las patrañas falaces y se
ponga en sintonía con la santa, gloriosa y exaltada palabra que ha fluido del
depósito del conocimiento del Hacedor de los Cielos y Creador de los Nombres.
Felices son quienes juzgan con imparcialidad.
¡Oh pueblo de la tierra!
LA PRIMERA BUENA NUEVA
que el Libro Madre ha hecho saber a todos los pueblos del mundo en esta la
Revelación Más Grande, es que la ley de la guerra santa ha sido borrada del
Libro. Glorificado sea el Todomisericordioso, Señor de gracia abundante, a
través de Quien la puerta de la munificencia celestial se ha abierto de par en
par ante la faz de todos los que están en el cielo y en la tierra.
LA SEGUNDA BUENA NUEVA
Se permite que los pueblos y razas de la tierra se asocien los unos con los
otros resplandecientes y con alegría. ¡Oh pueblo! Relacionaos con los seguidores
de todas las religiones en un espíritu de amistad y compañerismo. Así brilló el
sol de su sanción y su autoridad sobre el horizonte del decreto de Dios, el
Señor de los mundos.
LA TERCERA BUENA NUEVA
concierne al estudio de las diversas lenguas. De la Pluma del Altísimo ha
fluido anteriormente este decreto: Incumbe a los soberanos del mundo -que Dios
les asista- o a los ministros de la tierra, reunirse en consejo y adoptar uno de
los idiomas existentes, o uno nuevo, para que sea enseñado a los niños en las
escuelas de todo el mundo, e igualmente una escritura. De este modo se llegará a
considerar a toda la tierra como un solo país. Bienaventurado el que escucha su
Llamamiento y observa lo que le es ordenado por Dios, el Señor del Poderoso
Trono.
LA CUARTA BUENA NUEVA
Si alguno de los reyes -que Dios les asista- se levantase para proteger y
ayudar a este pueblo oprimido, todos deben pugnar por amarle y servirle. Este
asunto es de la incumbencia de todos. Bienaventurados los que actúan de acuerdo
con ello.
LA QUINTA BUENA NUEVA
En todo país donde resida alguien de este pueblo, debe comportarse hacia el
Gobierno de ese país con lealtad, honestidad y veracidad. Esto es lo que ha sido
revelado por orden de Aquel que es el Ordenador, el Antiguo de los Días.
Es obligatorio y les incumbe a todos y cada uno de los pueblos del mundo
prestar su ayuda a esta Causa, de trascendental importancia, que procede del
cielo de la Voluntad del Dios sempiterno, para que, acaso, el fuego de la
animosidad que arde en los corazones de algunos de los pueblos de la tierra se
extinga mediante las aguas vivas de la sabiduría divina y en virtud de los
consejos y exhortaciones celestiales, y la luz de la unidad y la concordia
brille y derrame su resplandor sobre el mundo.
Abrigamos la esperanza de que, mediante los celosos esfuerzos de aquellos
que son los exponentes del poder de Dios -exaltada sea su gloria-, por todo el
mundo las armas de guerra se conviertan en instrumentos de reconstrucción y la
lucha y el conflicto sean eliminados de entre los hombres.
LA SEXTA BUENA NUEVA
es el establecimiento de la Paz Menor, sobre la cual nuestra Exaltadísima
Pluma ha revelado algunos detalles con anterioridad. Grande es la bendición de
aquel que defiende y observa todo cuanto ha sido ordenado por Dios, el
Omnisciente, el Todosabio.
LA SÉPTIMA BUENA NUEVA
Se deja a la discreción de los hombres la elección de la indumentaria y el
corte de la barba y su arreglo. Pero, cuidado, oh pueblo, no os convirtáis en
juguetes de los ignorantes.
LA OCTAVA BUENA NUEVA
Los actos piadosos de los monjes y sacerdotes seguidores del Espíritu5 -
sobre Él descanse la paz de Dios- son recordados en su presencia. Sin embargo,
en este Día deben abandonar su vida de reclusión, dirigir sus pasos hacia el
mundo abierto y ocuparse de aquello que sea provechoso para sí mismos y para los
demás. Les hemos otorgado licencia para que contraigan matrimonio, para que de
ellos pueda surgir aquel que haga mención de Dios, Señor de lo visible e
invisible, Señor del Trono Exaltado.
LA NOVENA BUENA NUEVA
Cuando el pecador se halle completamente desprendido y liberado de todo
salvo de Dios, debe pedirle misericordia y perdón a Él. La confesión de los
pecados y transgresiones ante los seres humanos no está permitida, ya que nunca
ha conducido, ni jamás conducirá, a la clemencia divina. Por otra parte, esa
confesión ante otra persona da como resultado la degradación y humillación de
uno, y Dios -exaltada sea su gloria- no desea la humillación de sus siervos.
Verdaderamente, Él es el Compasivo, el Misericordioso. El pecador debe, entre él
mismo y Dios, implorar la misericordia del Océano de la merced, suplicar
clemencia del cielo de generosidad y decir:
¡Oh Dios, mi Dios! Te imploro, por la sangre de tus verdaderos amantes, que
se hallaban tan extasiados por tus dulces palabras que se apresuraron al
Pináculo de Gloria, el sitio del más glorioso martirio, y Te pido por los
misterios que yacen guardados en tu conocimiento y por las perlas que están
atesoradas en el océano de tu munificencia, que tengas misericordia de mí, de mi
padre y de mi madre. De aquellos que muestran misericordia, Tú eres en verdad el
Más Misericordioso. No hay otro Dios sino Tú, el que Siempre Perdona, el
Todomunífico.
¡Oh Señor! Tú ves a esta esencia de la depravación volviéndose hacia el
océano de tu favor, a este débil ser buscando el reino de tu divino poder, y a
esta pobre criatura inclinándose hacia el sol de tu riqueza. Por tu misericordia
y tu gracia, no le decepciones, oh Señor, no le prives de las revelaciones de tu
munificencia en tus días, ni le expulses de tu puerta que Tú has abierto de par
en par a quienes moran en tu cielo y en tu tierra.
¡Ay! ¡Ay! Mis pecados me han impedido acercarme a la Corte de tu santidad y
mis transgresiones han hecho que me aleje del Tabernáculo de tu majestad. He
cometido aquello que Tú me prohibiste y he desechado lo que Tú me ordenaste
observar.
Te ruego, por Aquel que es el soberano Señor de los Nombres, que reveles
para mí, con la Pluma de tu Munificencia, aquello que me permita acercarme a Ti
y purificarme de mis transgresiones, que se han interpuesto entre mí y tu
misericordia y tu perdón.
Verdaderamente Tú eres el Potente, el Generoso. No hay otro Dios sino Tú, el
Poderoso, el Clemente.
LA DÉCIMA BUENA NUEVA
Como muestra de clemencia por parte de Dios, el Revelador de este Grandísimo
Anuncio, hemos suprimido de las Sagradas Escrituras y Tablas la ley que
prescribía la destrucción de libros.
LA UNDÉCIMA BUENA NUEVA
Está permitido estudiar ciencias y artes, pero aquellas ciencias que sean
útiles y que redunden en el progreso y adelanto del pueblo. Así ha sido
decretado por Aquel que es el Ordenador, el Todosabio.
LA DUODÉCIMA BUENA NUEVA
A cada uno de vosotros se os ordena que os dediquéis a alguna forma de
ocupación, como un oficio, un arte y otras similares. Nosotros hemos exaltado
misericordiosamente vuestro trabajo al rango de la adoración a Dios, el
Verdadero. Ponderad en vuestros corazones acerca de la clemencia y las
bendiciones de Dios y dadle gracias al atardecer y al amanecer. No malgastéis
vuestro tiempo en la ociosidad y la pereza. Ocupaos en aquello que sea
beneficioso para vosotros y para los demás. Así ha sido decretado en esta Tabla,
desde cuyo horizonte brilla resplandeciente el sol de la sabiduría y la
prolación.
A la vista de Dios, los hombres más despreciables son aquellos que se
sientan ociosamente y piden. Asíos firmemente al cordón de los medios
materiales, poniendo toda vuestra confianza en Dios, el Proveedor de todos los
medios. Cuando alguien se dedica a un oficio o un arte, tal ocupación es
considerada, a juicio de Dios, como un acto de adoración; y ello no es sino una
prueba de su infinita generosidad que todo lo penetra.
LA DECIMOTERCERA BUENA NUEVA
A los hombres de la Casa de Justicia de Dios les han sido encomendados los
asuntos del pueblo. Ellos son, en verdad, los Fideicomisarios de Dios entre Sus
siervos y las auroras de autoridad en Sus países.
¡Oh pueblo de Dios! Lo que educa al mundo es la Justicia, puesto que está
sostenida por dos pilares: la recompensa y el castigo. Estos dos pilares son la
fuente de vida para el mundo. Siendo así que para cada día hay un nuevo problema
y que para cada problema hay una solución adecuada, estos asuntos deben
remitirse a los Ministros de la Casa de Justicia, para que ellos actúen de
acuerdo con las necesidades y exigencias de los tiempos. Aquellos que, por amor
a Dios, se levantan para servir a su Causa son los receptores de la inspiración
divina procedente del Reino invisible. A todos les incumbe obedecerles. Todos
los asuntos de Estado deben ser remitidos a la Casa de Justicia, pero los actos
de adoración deben ser observados de acuerdo con lo que Dios ha revelado en su
Libro.
¡Oh pueblo de Bahá! Vosotros sois los lugares del amanecer del amor de Dios
y las auroras de su amorosa bondad. No mancilléis vuestras lenguas con la
maledicencia y la injuria de ningún alma, y proteged vuestros ojos de todo lo
indigno. Mostrad lo que poseéis. Si es recibido favorablemente, vuestra
finalidad se habrá logrado; si no, protestar será en vano. Dejad a ese alma a sí
misma y volveos hacia el Señor, el Protector, el que Subsiste por Sí Mismo. No
seáis causa de dolor, mucho menos de discordias y peleas. Abrigamos la esperanza
de que logréis la verdadera educación al abrigo del árbol de sus tiernas
mercedes y de que actuéis de acuerdo con lo que Dios desea. Todos vosotros sois
hojas de un mismo árbol y gotas de un solo océano.
LA DECIMOCUARTA BUENA NUEVA
No es necesario emprender viajes especiales para visitar los lugares donde
descansan los muertos. Si las personas acaudaladas y opulentas ofrecen el costo
de tales viajes a la Casa de Justicia, ello será grato y aceptable en presencia
de Dios. Felices aquellos que observan sus preceptos.
LA DECIMOQUINTA BUENA NUEVA
Aunque la forma de gobierno republicana beneficia a todos los pueblos del
mundo, no obstante, la majestad de la realeza es uno de los signos de Dios. No
deseamos que los países del mundo permanezcan privados de ella. Si los sagaces
combinasen las dos formas en una, grande será su recompensa en presencia de
Dios.
En anteriores religiones se dictaron y ratificaron ordenanzas tales como la
guerra santa, la destrucción de los libros, la prohibición de relacionarse y de
tener amistad con otros pueblos o la de leer ciertos libros, de acuerdo con las
exigencias de la época; sin embargo, en esta poderosa Revelación, en este
trascendental Anuncio, los múltiples dones y favores de Dios han amparado a
todos los hombres, y su infalible decreto ha prescrito desde el horizonte de la
Voluntad del Señor Sempiterno lo que hemos expresado anteriormente.
Alabamos a Dios -santificado y glorificado sea- por todo lo que
misericordiosamente ha revelado en este bendito, en este glorioso e incomparable
Día. De hecho, si todos los que están en la tierra fuesen dotados con miríadas
de lenguas y alabasen a Dios continuamente y magnificaran su Nombre hasta el fin
que no conoce fin, su acción de gracias no sería suficiente ni para uno solo de
los bondadosos favores que hemos mencionado en esta Tabla. De ello es testigo
todo hombre de sabiduría y discernimiento, de entendimiento y conocimiento.
Pedimos fervorosamente a Dios -exaltada sea su gloria- que asista a los
gobernantes y soberanos, que son los exponentes del poder y las auroras de la
gloria, para que hagan cumplir sus leyes y ordenanzas. Él es, en verdad, el
Omnipotente, el Todopoderoso, el que acostumbra a responder a la llamada de los
hombres.
TARÁZÁT
Ornamentos
En mi Nombre, que permanece supremo sobre todos los nombres.
Al Señor de los nombres y Creador de los cielos le corresponden la alabanza
y la gloria; a Él, las olas de cuyo océano de Revelación se agitan a los ojos de
los pueblos del mundo. El Sol de Su Causa brilla a través de todos los velos y
Su Palabra de afirmación se encuentra fuera del alcance de la negación. Ni el
dominio del opresor ni la tiranía de los malvados han sido capaces de frustrar
Su propósito. ¡Cuán glorificada es Su soberanía, cuán exaltado Su dominio!
¡Gran Dios! Aunque Sus signos han circundado al mundo y Sus pruebas y
testimonios brillan y son tan manifiestos como la luz, no obstante, los
ignorantes aparecen como negligentes; no, más bien, como rebeldes. Ojalá se
hubiesen contentado con la oposición. Sin embargo, en todo momento conspiran
para derribar el sagrado Árbol del Loto. Desde el amanecer de esta Revelación
las personificaciones del egoísmo se han esforzado por extinguir la luz de la
manifestación divina, recurriendo a la crueldad y a la opresión. Mas Dios,
habiéndoles parado los pies, reveló esta Luz mediante su soberana autoridad y la
protegió por medio de la fuerza de su poder hasta que cielo y tierra fueron
iluminados por su brillo y resplandor. Alabado sea Él en toda circunstancia.
Gloria sea a Ti, oh Señor del mundo y Deseo de las naciones; oh Tú, que Te
has hecho manifiesto en el Más Grande Nombre, por medio del cual las perlas de
sabiduría y prolación han surgido de las conchas del gran mar de tu conocimiento
y los cielos de la revelación divina se han adornado con la luz de la aparición
del Sol de tu semblante.
Yo Te suplico, por aquella Palabra mediante la cual tu prueba se perfeccionó
entre tus criaturas y tu testimonio se cumplió entre tus siervos, que
fortalezcas a tu pueblo en aquello por lo cual la faz de la Causa irradiará en
tu dominio, las enseñas de tu poder se plantarán entre tus siervos y los
pendones de tu guía se izarán en tus dominios.
¡Oh mi Señor! Tú les has visto adhiriéndose al cordón de tu merced y
aferrándose al borde del manto de tu beneficencia. Ordena para ellos aquello que
les acerque más a Ti y apártales de todo salvo de Ti. Te ruego, oh Tú, Rey de la
existencia y Protector de lo visible e invisible, que conviertas a quienquiera
se levante para servir a tu Causa en un mar que se mueve por tu deseo, en
alguien que está encendido con el fuego de tu Árbol Sagrado, que brilla desde el
horizonte del cielo de tu Voluntad. Verdaderamente Tú eres el Poderoso, a Quien
no pueden debilitar ni el poder de todo el mundo ni la fuerza de las naciones.
No hay Dios sino Tú, el Único, el Incomparable, el Protector, el que Subsiste
por Sí Mismo.
¡Oh tú, que has libado el vino de mi prolación del cáliz de mi conocimiento!
Estas sublimes palabras se oyeron hoy, provenientes del murmullo del divino
Árbol del Loto que el Señor de los nombres plantó en el altísimo Paraíso con la
mano del poder celestial:
EL PRIMER TARÁZ
y la primera refulgencia que ha amanecido desde el horizonte del Libro Madre
es que el hombre debe conocer su propio ser y distinguir lo que conduce a la
sublimidad o a la bajeza, a la gloria o a la humillación, a la riqueza o a la
pobreza. Habiendo llegado a la etapa de la realización y alcanzado su madurez,
el hombre necesita de la riqueza, y aquella riqueza que adquiere por medio de
las artes y profesiones es plausible y digna de alabanza a juicio de los hombres
de sabiduría, y especialmente lo es a los ojos de los siervos que se dedican a
la educación del mundo y a la instrucción de sus pueblos. Ellos son, en verdad,
los coperos de la vivificante agua del conocimiento y los guías del camino
ideal. Dirigen a los pueblos del mundo hacia el sendero recto y les familiarizan
con lo que conduce a la elevación y exaltación humanas. El sendero recto es
aquel que lleva al hombre hacia la aurora de la percepción y hacia el lugar del
amanecer del entendimiento verdadero y le guía hacia lo que será causa de
gloria, honor y grandeza.
Abrigamos la esperanza de que, mediante la amorosa bondad del Todosabio, el
Omnisciente, el polvo oscurecedor sea disipado y el poder de la percepción
aumentado, para que los hombres puedan descubrir el propósito para el cual se
les ha llamado a la existencia. En este día, todo lo que sirve para disminuir la
ceguera y aumentar la visión es digno de consideración. Esta visión actúa como
agente y guía del verdadero conocimiento. En verdad, en opinión de los sabios,
la sutileza del entendimiento se debe a la agudeza de la visión. El pueblo de
Bahá debe cumplir en todo momento con lo que es conveniente y decoroso, y
exhortar a la gente en consecuencia.
EL SEGUNDO TARÁZ
es relacionarse con los seguidores de todas las religiones en un espíritu de
amistad y compañerismo, para proclamar lo que manifestó el Orador del Sinaí y
actuar con justicia en todos los asuntos.
Quienes se hallan dotados de sinceridad y lealtad deben relacionarse con
todos los pueblos y razas de la tierra con alegría y esplendor, puesto que la
relación con la gente ha promovido y continuará promoviendo la unidad y la
concordia, las cuales, a su vez, conducen al mantenimiento del orden en el mundo
y a la regeneración de las naciones. Benditos sean quienes se aferran al cordón
de la amabilidad y la tierna misericordia y se hallan libres de animosidad y
odio.
Este Agraviado exhorta a los pueblos del mundo a actuar con tolerancia y
rectitud, que son dos luces en medio de la oscuridad del mundo y dos educadores
para la instrucción de la humanidad. Felices quienes las hayan alcanzado y ¡ay
de los negligentes!
EL TERCER TARÁZ
concierne al buen carácter. Un buen carácter es, en verdad, el mejor manto
de Dios para los hombres. Con él adorna las sienes de sus amados. ¡Por mi vida!
La luz de un buen carácter sobrepasa a la luz del sol y a su resplandor.
Quienquiera lo haya alcanzado es considerado como una joya entre los hombres. La
gloria y la elevación del mundo dependen necesariamente de ello. Un carácter
bondadoso es un medio por el cual los hombres son guiados al Sendero Recto y son
conducidos hacia el Gran Anuncio. Bienaventurado quien esté adornado con el
carácter y los santos atributos del Concurso de lo Alto.
Os incumbe fijar vuestra mirada en todo momento en la justicia y en la
equidad. En las Palabras Ocultas se ha revelado esta exaltada declaración de
Nuestra Muy Augusta Pluma:
"¡Oh hijo del espíritu! Lo más amado de todo ante Mi vista es la Justicia;
no te apartes de ella si Me deseas y no la descuides para que Yo pueda confiar
en ti. Con su ayuda verás con tus propios ojos y no por los ojos de otros, y
conocerás con tu propio conocimiento y no mediante el conocimiento de tu
prójimo. Pondera en tu corazón cómo te corresponde ser. En verdad, la justicia
es Mi ofrenda a ti y el signo de Mi amorosa bondad. Tenla pues ante tus ojos."
Aquellos que son justos e imparciales en sus juicios ocupan una sublime
posición y poseen un rango exaltado. En estas almas brilla resplandeciente la
luz de la piedad y la rectitud. Deseamos fervorosamente que los pueblos y países
del mundo no sean privados del esplendor de estas dos luminarias.
EL CUARTO TARÁZ
concierne a la confiabilidad. Verdaderamente, ésta es la puerta de la
seguridad para todos aquellos que moran en la tierra y un signo de gloria por
parte del Todomisericordioso. El que participa de ella, en verdad ha participado
de los tesoros de la riqueza y la prosperidad. La confiabilidad es el más grande
portal que conduce a la tranquilidad y seguridad de la gente. En verdad, de ella
ha dependido y depende la estabilidad de todo asunto. Todos los dominios del
poder, de la grandeza y la riqueza están iluminados por su luz.
No hace mucho tiempo fueron reveladas estas sublimes palabras por la Pluma
del Altísimo:
"Ahora te hablaremos de la confiabilidad y de su posición a juicio de Dios,
tu Señor, Señor del Poderoso Trono. Cierto día Nos dirigimos a nuestra Isla
Verde. A nuestra llegada, contemplamos sus arroyos que fluían, sus árboles
exuberantes y la luz del sol jugando entre ellos. Volviendo nuestro rostro hacia
la derecha, contemplamos lo que la pluma es incapaz de describir; tampoco puede
explicar lo que el ojo del Señor de la Humanidad presenció en ese el más
santificado, el más sublime Punto, en ese bendito y exaltadísimo Lugar.
Volviéndonos luego hacia la izquierda, vimos a una de las Beldades del Muy
Sublime Paraíso, de pie sobre un pilar de luz, llamando en voz alta y diciendo:
'¡Oh moradores del cielo y de la tierra! Contemplad mi belleza y mi esplendor,
mi revelación y mi refulgencia. ¡Por Dios, el Verdadero! Yo soy la Confiabilidad
y la revelación y la belleza de la misma. Recompensaré a quienquiera se adhiera
a mí, reconozca mi rango y posición y se aferre firmemente a mi borde. Yo soy el
más grande ornamento del pueblo de Bahá y la vestidura de gloria para todos los
que están en el reino de la creación. Yo soy el instrumento supremo para la
prosperidad del mundo y el horizonte de la seguridad para todos los seres.' Así,
hemos hecho descender para ti lo que hará acercarse a los hombres al Señor de la
creación."
¡Oh pueblo de Bahá! La confiabilidad es, en verdad, el mejor de los atuendos
para vuestras sienes y la más gloriosa corona para vuestras cabezas. Adheríos
firmemente a ella por orden de Aquel que es el Ordenador, el Informado de Todo.
EL QUINTO TARÁZ
concierne a la protección y preservación de las posiciones de los siervos de
Dios. No se debe ignorar la verdad de cualquier asunto, más bien se debe
manifestar lo que es correcto y verdadero. El pueblo de Bahá no debe negar a
ningún alma la recompensa que le corresponde; debe tratar a los artesanos con
deferencia y, contrariamente a la gente de otros tiempos, no debería manchar su
lengua con improperios.
En este Día el sol de la habilidad artesanal brilla sobre el horizonte del
occidente y el río de las artes fluye desde el mar de esa región. Se debe hablar
con imparcialidad y apreciar tal liberalidad. ¡Por la vida de Dios! La palabra
"Equidad" brilla rutilante y resplandeciente como el sol. Rogamos a Dios para
que muníficamente derrame su esplendor sobre todos. En verdad, Él es poderoso
sobre todas las cosas, Él es quien acostumbra a contestar las oraciones de todos
los hombres.
En estos días la confiabilidad y la sinceridad sufren amargamente en las
garras de la falsedad, y la justicia se ve atormentada por el flagelo de la
injusticia. El humo de la corrupción envuelve a todo el mundo de tal modo que
nada puede verse en cualquier dirección que se mire excepto regimientos de
soldados, y nada puede oírse desde ningún país, salvo el choque de las espadas.
Rogamos a Dios, el Verdadero, que fortalezca a los que ejercen Su poder en
aquello que rehabilitará al mundo y traerá tranquilidad a las naciones.
EL SEXTO TARÁZ
El conocimiento es uno de los maravillosos dones de Dios. Adquirirlo es
responsabilidad de todos. Las artes y los medios materiales que se manifiestan
en la actualidad se han logrado por virtud de Su conocimiento y Su sabiduría,
que fueron revelados en Epístolas y Tablas mediante su Muy Exaltada Pluma, una
Pluma de cuyo tesoro salen a la luz las perlas de la sabiduría y la prolación,
así como las artes y los oficios del mundo.
En este Día los secretos de la tierra están desnudos a los ojos de los
hombres. Las páginas de los periódicos de rápida aparición son, en verdad, el
espejo del mundo. Ellos reflejan los hechos y quehaceres de los diversos pueblos
y razas. Al mismo tiempo los reflejan y los dan a conocer. Son un espejo dotado
de oído, vista y habla. Éste es un fenómeno asombroso y poderoso. Sin embargo,
es responsabilidad de sus escritores purificarse de los impulsos de los deseos y
pasiones malignas y ataviarse con la vestidura de la justicia y la equidad.
Deben informarse todo lo posible sobre las situaciones y averiguar los hechos, y
luego transcribirlos.
En lo concerniente a este Agraviado, la mayor parte de lo informado por los
periódicos carece de verdad. Al lenguaje justo y a la veracidad, en virtud de su
elevado rango y posición, se les considera como soles que brillan sobre el
horizonte del conocimiento. Las olas que se levantan de este Océano están
manifiestas a los ojos de los pueblos del mundo, y las efusiones de la Pluma de
sabiduría y prolación son patentes en todas partes.
Se informó en la prensa que este Siervo había huido de la tierra de (r)á
(Teherán) y se había dirigido a Iráq. ¡Dios munífico! Este Agraviado jamás se ha
ocultado, ni siquiera un instante. Por el contrario, en todo momento ha
permanecido firme y visible a los ojos de todos los hombres. Nunca Nos hemos
retirado, y jamás buscaremos huir. En verdad, es la gente necia la que huye de
nuestra presencia. Abandonamos nuestra patria acompañados por dos escoltas a
caballo, que representaban a los honorables Gobiernos de Persia y Rusia, hasta
que llegamos a Iráq en la plenitud de la gloria y el poder. ¡Alabado sea Dios!
La Causa de la cual es Portador este Agraviado es tan alta como el cielo y
brilla resplandeciente como el sol. El ocultamiento no tiene acceso a esta
posición, ni hay ocasión alguna para el temor o el silencio.
Los misterios de la Resurrección y los acontecimientos de la Última Hora
están claramente manifiestos, pero la gente está sumida en la negligencia y ha
consentido que se le envuelva en velos. "Y cuando los mares hiervan... Y cuando
las Escrituras sean desplegadas."6 ¡Por la rectitud de Dios! El Alba, en verdad,
ha despuntado, la luz ha brillado y la noche se ha retirado. Felices los que
comprenden. Felices quienes lo han logrado.
¡Glorificado sea Dios! La Pluma se encuentra perpleja con respecto a qué
escribir y la Lengua se pregunta qué revelar. A pesar de los infortunios sin
precedentes y tras soportar años de prisión, cautiverio y dolorosas pruebas,
ahora percibimos que se han interpuesto velos aún más espesos que los que ya
hemos rasgado, que obstruyen la visión y hacen que se oscurezca la luz del
entendimiento. Por otra parte, observamos que las nuevas calumnias, que
actualmente abundan, son mucho más maliciosas que las de antaño.
¡Oh pueblo del Bayán! Temed al Señor misericordioso. Pensad en la gente de
tiempos pasados. ¿Cuáles fueron sus acciones y qué fruto obtuvieron? Todo lo que
manifestaron ellos, excepto aquellos a quienes Dios bondadosamente protegió por
medio de su poder, no fueron sino falacias, y todo lo que han hecho ha
demostrado no tener ningún valor.
¡Juro por la vida de Aquel que es el Deseo del mundo! Si un hombre meditara
en su corazón, libre de cualquier apego al mundo, se apresuraría hacia la Luz
Más Grande y se limpiaría y purificaría del polvo de las vanas imaginaciones y
del humo de la ociosa fantasía. ¿Qué pudo haber impulsado a errar a la gente del
pasado, y quién los ha descarriado? Todavía rechazan la verdad, y se han vuelto
hacia sus propios deseos egoístas. Este Agraviado llama en alta voz por amor a
Dios. Quienquiera lo desee, que se vuelva hacia lo que Él dice; quienquiera lo
desee, que se aparte de ello. Verdaderamente, Dios bien puede permitirse
prescindir de todas las cosas, ya sean del pasado o del futuro.
¡Oh pueblo del Bayán! Hombres como Hádí Dawlat-Ábádí7 son los que, con
turbante y báculo,8 han sido causa de oposición y de trabas y han afligido tan
penosamente al pueblo con supersticiones que aun hoy esperan la aparición de una
persona ficticia en un lugar ficticio. Estad advertidos, oh hombres de
entendimiento.
¡Oh Hádí! Escucha la Voz de este Consejero digno de confianza: dirige tus
pasos desde la izquierda hacia la derecha, es decir, abandona la ociosa fantasía
y vuélvete hacia la certidumbre. No induzcas a la gente al error. La Luminaria
divina brilla, su Causa está manifiesta y sus signos lo abarcan todo. Dirige tu
rostro hacia Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo.
Renuncia a tu liderazgo por amor a Dios y deja al pueblo a su albedrío. Tú
ignoras la verdad esencial, no estás familiarizado con ella.
¡Oh Hádí! En el sendero de Dios muestra una sola cara. Cuando estás en
compañía de los infieles eres infiel, y con los piadosos eres piadoso.
Reflexiona sobre las almas que han dado sus vidas y sus bienes en ese país, para
que quizás estés advertido y despiertes del sueño. Medita: ¿Quién ha de ser
preferido, aquel que protege su cuerpo, su vida y sus posesiones o aquel que lo
entrega todo en el sendero de Dios? Juzga con rectitud y no seas de los
injustos. Aférrate a la justicia y adhiérete a la equidad para que quizás así no
utilices, por motivos egoístas, la religión como trampa, ni pases por alto la
verdad por amor al oro. En verdad, tu iniquidad y la de quienes son como tú se
ha vuelto tan lamentable que la Pluma de Gloria se vio impulsada a hacer estas
observaciones. Teme a Dios. Aquel que anunció esta Revelación ha declarado: "Él
proclamará en toda condición: 'Verdaderamente, verdaderamente Yo soy Dios; no
hay Dios sino Yo, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo.'"
¡Oh pueblo del Bayán! Se os ha prohibido entrar en contacto con los amados
de Dios. ¿Por qué ha sido impuesta esta prohibición, y con qué propósito? Sed
imparciales, os lo suplico por Dios, y no seáis de los negligentes. Para los
dotados de perspicacia, y ante la más Grande Belleza, el objeto de esta
prohibición es conocido y evidente; es para que nadie se entere de sus secretos
y acciones.9
¡Oh Hádí! No has estado en nuestra compañía, por lo tanto ignoras la Causa.
No actúes de acuerdo con tus ociosas imaginaciones. Aparte de esto, escudriña
las Escrituras con tus propios ojos y medita sobre lo que ha pasado. Ten piedad
de ti mismo y de los siervos de Dios y no seas causa de rebeldía como la gente
de antaño. El sendero es inequívoco y la prueba es evidente. Cambia la
injusticia en justicia y la falta de equidad en equidad. Abrigamos la esperanza
de que los hálitos de la inspiración divina te fortalezcan y que a tu oído
interno se le permita oír las benditas palabras: "Di, es Dios; a continuación,
déjales que se entretengan con sus reparos."10 Tú has estado allí11 y le has
visto.12 Ahora habla con imparcialidad. No tergiverses el asunto, ni para ti ni
para la gente. Eres ignorante y al mismo tiempo estás mal informado. Escucha la
voz de este Agraviado y apresúrate hacia el océano del conocimiento divino, para
que quizás puedas adornarte con el ornamento de la comprensión y renunciar a
todo excepto a Dios. Oye la Voz de este benevolente Consejero que llama en voz
alta, descubierto y manifiesto, ante los rostros de los reyes y sus súbditos, y
emplaza a todas y cada una de las personas del mundo ante Aquel que es el Señor
de la Eternidad. Ésta es la Palabra desde cuyo horizonte el sol de la gracia
infalible brilla resplandeciente.
¡Oh Hádí! Este Agraviado, libre de todo apego al mundo, se ha esforzado con
el máximo empeño por extinguir el fuego de la animosidad y el odio que arde
ferozmente en los corazones de los pueblos de la tierra. Concierne a toda
persona justa y de mente imparcial dar gracias a Dios -exaltada sea su gloria- y
levantarse a promover esta preclara Causa, para que el fuego se transforme en
luz y el odio dé paso a la camaradería y al amor. ¡Juro por la rectitud de Dios!
Éste es el único propósito de este Agraviado. De hecho, al proclamar esta Causa
trascendental y al demostrar su Verdad, hemos soportado múltiples sufrimientos,
infortunios y tribulaciones. Tú mismo serías testigo de lo que decimos, si
pudieras hablar con imparcialidad. Verdaderamente Dios habla la verdad y muestra
el camino. Él es el Fuerte, el Poderoso, el Munífico.
Que nuestra Gloria sea sobre el pueblo de Bahá, a quien ni la tiranía del
opresor ni la dominación del agresor han podido apartar de Dios, el Señor de los
mundos.
TAJALLÍYÁT
Refulgencias
Ésta es la Epístola de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por
Sí Mismo.
ÉL ES QUIEN ESCUCHA DESDE SU REINO DE GLORIA
Dios atestigua que no hay otro Dios salvo él, y que Quien ha aparecido es el
Misterio Oculto, el Símbolo Atesorado, el Libro Más Grande para todos los
pueblos, y el Cielo de munificencia para el mundo entero. Él es el Signo Más
Poderoso entre los hombres y la Aurora de los más augustos atributos en el reino
de la creación. Por medio de Él ha aparecido aquello que estaba oculto desde
tiempo inmemorial, velado a los ojos de los hombres. Él es Aquel cuya
Manifestación fue anunciada por las Escrituras celestiales, en tiempos pasados y
más recientemente. Quienquiera reconozca su creencia en él y en sus signos y
testimonios, ha reconocido en verdad lo que la Lengua de Grandeza expresó antes
de la creación del cielo y de la tierra y de la revelación del Reino de los
Nombres. A través de Él, el océano del conocimiento se ha agitado entre la
humanidad, y el río de la sabiduría divina ha brotado a borbotones por mandato
de Dios, el Señor de los Días.
Bienaventurado el hombre de discernimiento que ha reconocido y percibido la
Verdad, y el que posee un oído atento que escucha su dulce Voz, y la mano que ha
recibido su Libro con tal resolución como la que nace de Dios, Señor de este
mundo y del venidero, y el caminante fervoroso que se ha apresurado a su
glorioso horizonte, y el que está dotado de fortaleza, a quien ni el poder
abrumador de los gobernantes ni el tumulto levantado por los dirigentes
religiosos han sido capaces de estremecer. Y ¡ay! de aquel que rechaza la gracia
de Dios y su munificencia, y niega su tierna misericordia y su autoridad;
ciertamente, tal hombre se cuenta entre quienes impugnan el testimonio de Dios y
Su prueba por toda la eternidad.
Grande es la bendición de aquel que en este Día abandona las cosas
corrientes entre los hombres y se aferra a lo ordenado por Dios, el Señor de los
Nombres y el Modelador de todas las cosas creadas, Quien ha venido desde el
cielo de la eternidad mediante el poder del Más Grande Nombre, investido con una
autoridad tan invencible que todos los poderes de la tierra son incapaces de
resistírsele. De ello es testigo el Libro Madre, que llama desde la Más Sublime
Posición.
¡Oh 'Alí Akbar!13 Repetidamente hemos oído tu voz y te hemos respondido con
aquello con lo que la alabanza de toda la humanidad no puede rivalizar; de lo
cual los sinceros inhalan los suaves aromas de las palabras del
Todomisericordioso, sus verdaderos amantes perciben la fragancia de la reunión
celestial y los sedientos descubren el murmullo del agua que en verdad es vida.
Bendito el hombre que la alcanza y reconoce lo que en este momento está siendo
difundido por la Pluma de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el Todopoderoso, el
Todomunífico.
Somos testigos de que has vuelto tu rostro hacia Dios, has viajado mucho
hasta alcanzar su presencia y has escuchado la voz de este Agraviado, que fue
encarcelado por las fechorías de aquellos que no han creído en los signos y
testimonios de Dios y han negado esta gracia celestial, a través de la cual se
ha hecho brillar al mundo entero. Bendito sea tu rostro, pues se ha vuelto hacia
Él, y tu oído, pues ha escuchado su Voz, y tu lengua, ya que ha celebrado la
alabanza de Dios, el Señor de señores. Oramos a Dios para que bondadosamente te
ayude a convertirte en un estandarte de la promoción de su Causa y te permita
acercarte a Él en todo momento y en todas las condiciones.
Nosotros recordamos a los elegidos de Dios y Sus amados de esa tierra y les
comunicamos las alegres nuevas de lo que ha sido enviado en su honor desde el
Reino de la prolación de su Señor, el Soberano Gobernante del Día del Juicio.
Hazles mención de Mí e ilumínales con la gloria resplandeciente de mis palabras.
Verdaderamente tu Señor es el Munífico, el Generoso.
¡Oh tú que magnificas mi alabanza! Escucha lo que la gente de la tiranía Me
atribuye en mis días. Algunos dicen: "Él afirma que posee la divinidad", otros
declaran: "Él ha urdido una mentira contra Dios", y aun otros afirman: "Él ha
venido para fomentar la sedición." Ellos son ruines y miserables. ¡Vedlo! En
verdad, están esclavizados por las ociosas imaginaciones.
Dejaremos ahora de emplear el lenguaje elocuente.14 En verdad, tu Señor es
el Potente, el Irrestringido. Gustosamente hablaremos en lengua persa para que
quizás todo el pueblo de Persia llegue a conocer las manifestaciones del Señor
Misericordioso y a descubrir la Verdad.
EL PRIMER TAJALLÍ
que ha alboreado desde el Sol de la Verdad es el conocimiento de Dios -
exaltada sea su gloria-. Y el conocimiento del Rey de los días sempiternos de
ninguna manera puede lograrse, salvo mediante el reconocimiento de Aquel que es
el Portador del Más Grande Nombre. Él es, en verdad, el Orador del Sinaí, que
ahora está sentado en el trono de la Revelación. Él es el Misterio Oculto y el
Símbolo Atesorado. Todos los Libros antiguos de Dios, así como los más
recientes, están adornados con su alabanza y ensalzan su gloria. A través de Él
se ha establecido en el mundo el estandarte del conocimiento y se ha desplegado
la enseña de la unicidad de Dios entre todos los pueblos. Sólo logrando su
presencia puede alcanzarse la presencia divina. Mediante su potencia se revela
ahora todo lo que había estado velado y oculto desde tiempo inmemorial. Él se ha
hecho manifiesto por medio del poder de la verdad y ha pronunciado una Palabra
por la cual todos los que están en los cielos y en la tierra se han quedado
mudos de asombro, a excepción de aquellos a quienes el Todopoderoso ha deseado
eximir. La verdadera creencia en Dios y su reconocimiento no pueden ser
completos salvo mediante la aceptación de lo que Él ha revelado y el
cumplimiento de todo lo que ha sido decretado por Él y ha escrito en el Libro
por la Pluma de Gloria.
Quienes se sumerjan en el océano de Sus palabras deben mostrar en todo
momento la máxima consideración por las ordenanzas y prohibiciones divinamente
reveladas. De hecho, Sus ordenanzas constituyen la más poderosa fortaleza para
la protección del mundo y la salvaguardia de sus pueblos, una luz para aquellos
que admiten y reconocen la verdad, y un fuego para los que se apartan y la
niegan.
EL SEGUNDO TAJALLÍ
es permanecer firmes en la Causa de Dios -exaltada sea su gloria- y ser
constantes en su amor. Y de manera alguna puede esto lograrse sino mediante el
pleno reconocimiento de Él; y el reconocimiento pleno no puede obtenerse sino
por la fe en las benditas palabras: "Él hace todo cuanto desea." Quienquiera se
adhiera tenazmente a esta sublime palabra y beba abundantemente de las aguas
vivas de la prolación que son inherentes a ella, se verá impregnado de una
constancia tal que todos los libros del mundo serán impotentes para apartarle
del Libro Madre. ¡Oh cuán gloriosa es esta sublime posición, este exaltado
rango, este propósito final!
¡Oh 'Alí Akbar! Considera cuán abyecto es el estado de los descreídos. Todos
ellos pronuncian las palabras: "Verdaderamente Él debe ser alabado en Sus
acciones y obedecido en Sus mandatos." Sin embargo, si revelásemos algo que
fuese contrario a sus costumbres y deseos egoístas, incluso en la medida del ojo
de una aguja, ellos lo rechazarían desdeñosamente. Di: Nadie puede sondear jamás
las múltiples exigencias de la suma sabiduría de Dios. En verdad, si Él
declarase que la tierra es el cielo, nadie tendría derecho a poner en duda su
autoridad. Esto es lo que el Punto del Bayán ha atestiguado en todo lo que Le
fue enviado con verdad por mandato de Dios, Aquel que ha hecho romper el Alba.
EL TERCER TAJALLÍ
concierne a las artes, oficios y ciencias. El conocimiento es como unas alas
para la vida del hombre y como una escalera para su ascenso. La adquisición del
mismo es responsabilidad de todos. Sin embargo, debe adquirirse el conocimiento
de aquellas ciencias que beneficien a los pueblos de la tierra, y no de aquellas
que comienzan con palabras y terminan con palabras. Grande, en verdad, es la
demanda que los científicos y los artesanos hacen a los pueblos del mundo. De
ello da testimonio el Libro Madre en el día de Su retorno. Dichosos aquellos que
poseen un oído que escucha. En verdad, el conocimiento es un verdadero tesoro
para el hombre y una fuente de gloria, de munificencia, de gozo, de exaltación,
de alegría y de regocijo para él. Así ha hablado la Lengua de Grandeza en esta
Más Grande Prisión.
EL CUARTO TAJALLÍ
concierne a la Divinidad, a la cualidad de lo divino y a otros asuntos
similares. Si un hombre perspicaz dirigiese su mirada hacia el bendito y
manifiesto Árbol del Loto y hacia sus frutos, se enriquecería tanto por ello que
sería independiente de todo lo demás y admitiría su creencia en aquello que el
Orador del Sinaí manifestó desde el trono de la Revelación.
¡Oh 'Alí Akbar! Familiariza al pueblo con los versos sagrados de tu Señor y
dales a conocer su recto Sendero, su poderoso Anuncio.
Di: Oh pueblo, si juzgáis justa y equitativamente, daréis testimonio de la
verdad de todo lo que ha fluido de la Exaltadísima Pluma. Si sois del pueblo del
Bayán, el Bayán Persa os guiará rectamente y será testimonio suficiente para
vosotros; y si sois del pueblo del Corán, meditad acerca de la Revelación del
Sinaí y la Voz de la Zarza que vino al Hijo de 'Imrán.15
¡Dios Munífico! Se pretendía que, en el momento de la manifestación del
único Dios verdadero, la facultad de reconocerle se hubiera desarrollado,
hubiera madurado y alcanzado su culminación. No obstante, ahora se demuestra
claramente que en los descreídos esta facultad se ha desarrollado poco y, de
hecho, ha degenerado.
¡Oh 'Alí! Lo que ellos aceptaron de la Zarza, ahora se niegan a aceptarlo de
Aquel que es el Árbol del mundo de la existencia. Di: Oh pueblo del Bayán, no
habléis siguiendo los impulsos de la pasión y el deseo egoísta. La mayoría de
los pueblos de la tierra atestigua la verdad de la bendita Palabra que surgió de
la Zarza.
¡Por la rectitud de Dios! Si no hubiera sido por el himno de alabanza que
cantó Aquel que anunció la Revelación divina, este Agraviado jamás habría
pronunciado una palabra que pudiera infundir terror en los corazones de los
ignorantes y les hiciera perecer. Explayándose en la glorificación de Aquel a
Quien Dios hará manifiesto -exaltada sea su Manifestación-, el Báb dice al
comienzo del Bayán: "Él es Aquel que en toda circunstancia proclamará:
'Verdaderamente, verdaderamente Yo soy Dios; no hay Dios sino Yo, el Señor de
todas las cosas creadas. En verdad, todos los demás son mis criaturas. ¡Oh mis
criaturas! Sólo a Mí me debéis adorar'". De igual modo, en otra ocasión,
magnificando el Nombre de Aquel a Quien Dios hará manifiesto, dice Él: "Yo sería
el primero en adorarle." Ahora, a cada cual le corresponde reflexionar sobre el
significado de "Adorador" y "Adorado", para que acaso las gentes de la tierra
tomen una gota de rocío del océano del conocimiento divino y les sea permitido
percibir la grandeza de esta Revelación. Verdaderamente Él ha aparecido y ha
soltado su lengua para proclamar la Verdad. Bienaventurado aquel que admite y
reconoce la verdad, y ¡ay! de los recalcitrantes y los rebeldes.
¡Oh razas de la tierra! Inclinad vuestro oído hacia la Voz que procede del
divino Árbol del Loto que cubre el mundo, y no seáis del pueblo de la tiranía
sobre la tierra (hombres que han repudiado a la Manifestación de Dios y a su
invencible autoridad y han renunciado a sus favores); ellos, en verdad, se
cuentan entre los despreciables en el Libro de Dios, el Señor de toda la
humanidad.
La gloria que ha amanecido sobre el horizonte de mi tierna misericordia sea
sobre ti y sobre quienquiera se encuentre contigo y preste oído a tus palabras
relativas a la Causa de Dios, el Todopoderoso, el Todoalabado.
KALIMÁT-I-FIRDAWSÍYYIH
Palabras del Paraíso
Él es Aquel que habla mediante el poder de la Verdad en el Reino de la
Prolación.
¡Oh vosotros, personificaciones de la justicia y la equidad y
manifestaciones de la rectitud y de los dones celestiales! Con lágrimas y
lamentándose, este Agraviado llama en alta voz y dice: ¡Oh Dios, mi Dios! Adorna
las cabezas de tus amados con la corona del desprendimiento y engalana sus
sienes con la vestidura de la rectitud.
Incumbe al pueblo de Bahá hacer victorioso al Señor mediante el poder de sus
palabras y aconsejar a las gentes mediante un carácter y unas acciones
excelentes, pues los hechos ejercen mayor influencia que las palabras.
¡Oh Haydar 'Alí!16 Sobre ti sean la alabanza de Dios y su gloria. Di: La
honradez, la virtud, la sabiduría y el carácter santo conducen a la exaltación
del hombre, mientras que la falsedad, el engaño, la ignorancia y la hipocresía
lo llevan a su degradación. ¡Por mi vida! La diferencia del hombre no radica en
los ornamentos o en la riqueza, sino más bien en un comportamiento virtuoso y en
un entendimiento verdadero. La mayoría del pueblo de Persia está ahíto de
decepción y vanas fantasías. Cuán grande es la diferencia entre la condición de
esta gente y la posición de esas almas esforzadas que han ido más allá del mar
de los nombres y han levantado sus tiendas en las playas del océano del
desprendimiento. De hecho, sólo unos pocos de la actual generación se han ganado
el derecho a oír los gorjeos de las palomas del más alto Paraíso. "Pocos de mis
siervos están verdaderamente agradecidos".17 La gente, en su mayoría, se deleita
en las supersticiones. Consideran que una sola gota del mar de la ilusión es
preferible a un océano de certidumbre. Aferrándose tenazmente a los nombres, se
privan de la realidad interior y, al aferrarse a las vanas imaginaciones, se les
impide presenciar la Aurora de los signos celestiales. Permita Dios que
misericordiosamente se te ayude, en toda situación, a destrozar los ídolos de la
superstición y a rasgar los velos de las imaginaciones de los hombres. La
autoridad se encuentra en el puño de Dios, Manantial de la revelación e
inspiración y Señor del Día de la Resurrección.
Hemos oído lo que la persona en cuestión ha mencionado acerca de ciertos
maestros de la Fe. Realmente él ha dicho la verdad. Algunas almas negligentes
vagan por los países en el nombre de Dios, dedicados diligentemente a arruinar
su Causa, y lo llaman promoción y enseñanza de la Palabra de Dios; y ello a
pesar de que las cualidades de los maestros de la Fe, al igual que las
estrellas, brillan resplandecientes por todos los cielos de las Tablas divinas.
Toda persona imparcial es testigo y todo hombre perspicaz es bien consciente de
que el Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- ha expuesto y explicado
lo que elevará la posición y exaltará el rango de los hijos de los hombres.
El pueblo de Bahá arde brillante como un cirio en medio de las reuniones y
se aferra a lo que Dios ha proyectado. Esta posición se eleva suprema por encima
de todas las posiciones. Bienaventurado aquel que abandona las cosas que poseen
los pueblos del mundo y anhela lo relativo a Dios, el Soberano Señor de la
eternidad.
Di: ¡Oh Dios, mi Dios! Tú me ves circulando alrededor de tu Voluntad, con
mis ojos vueltos hacia el horizonte de tu misericordia, esperando ansiosamente
la revelación de los refulgentes esplendores del sol de tus favores. Te imploro,
oh Bienamado de todo corazón comprensivo y Deseo de los que tienen acceso a Ti,
que concedas que tus amados se desprendan completamente de sus propias
inclinaciones, aferrándose a lo que Te place a Ti. Atavíalos, oh Señor, con el
manto de la rectitud e ilumínalos con los esplendores de la luz del
desprendimiento. A continuación, llama en su ayuda a las huestes de la sabiduría
y la prolación, para que puedan exaltar tu Palabra entre tus criaturas y
proclamar tu Causa entre tus siervos. Verdaderamente, potente eres Tú para hacer
lo que deseas, y en tus manos están las riendas de todos los asuntos. No hay
Dios sino Tú, el Poderoso, el que Siempre Perdona.
¡Oh Tú que has vuelto tu mirada hacia mi rostro! En estos días ha sucedido
aquello que Me ha sumido en profunda tristeza. Ciertos malhechores que profesan
lealtad a la Causa de Dios han cometido acciones que han hecho estremecer a los
miembros de la sinceridad, la honestidad, la justicia y la equidad. Una persona
conocida a quien se le había mostrado la mayor amabilidad y favor perpetró tales
actos que han traído las lágrimas a los ojos de Dios. Previamente pronunciamos
palabras de advertencia y premonición; luego, durante cierto número de años
guardamos el asunto en secreto para que quizás él prestara atención y se
arrepintiera. Pero todo fue en vano. Finalmente dedicó todas sus energías a
vilipendiar la Causa de Dios a la vista de todos los hombres. Rasgó el velo de
la equidad y no sintió simpatía ni por él mismo ni por la Causa de Dios. Ahora,
sin embargo, las acciones de ciertas personas han provocado pesares mucho más
penosos que las de aquel otro. Rogad a Dios, el Verdadero, para que
muníficamente permita que los negligentes se retracten y se arrepientan.
Verdaderamente Él es el Perdonador, el Munífico, el Más Generoso.
En estos días es responsabilidad de todos aferrarse firmemente a la unidad y
a la concordia y trabajar diligentemente en la promoción de la Causa de Dios,
para que acaso las almas rebeldes logren aquello que les conduzca a una
prosperidad perdurable.
En resumen, las disensiones entre las diversas sectas han abierto el camino
hacia la debilidad. Cada secta ha elegido un sendero para sí y se adhiere a
cierta cuerda. A pesar de su manifiesta ceguera e ignorancia, se enorgullecen de
su perspicacia y conocimiento. Entre ellas hay místicos que profesan lealtad a
la Fe del Islám, algunos de los cuales se abandonan a aquello que los conduce a
la holgazanería y a la reclusión. ¡Juro por Dios! Ello degrada la posición del
hombre y le hace henchirse de orgullo. El hombre debe dar fruto. Aquel que no da
fruto es, en palabras del Espíritu,18 como un árbol estéril, y el árbol estéril
no es adecuado sino para el fuego.
Aquello que han mencionado las personas anteriormente nombradas respecto a
las posiciones de la Unidad Divina conducirá en no pequeña medida a la
holgazanería y las vanas imaginaciones. Estos hombres mortales evidentemente han
echado a un lado las diferencias de posición y han llegado a considerarse a sí
mismos como Dios, mientras que Dios se encuentra inconmensurablemente exaltado
por encima de todas las cosas. Sin embargo, toda cosa creada muestra Sus signos,
los cuales no son sino emanaciones de Él, y no su Propio Ser. Todos estos signos
se reflejan y pueden ser vistos en el libro de la existencia, y los rollos que
describen la forma y el patrón del universo son en verdad un grandísimo libro.
Allí todo hombre perspicaz puede percibir lo que conduciría al Recto Sendero y
le permitiría alcanzar el Gran Anuncio. Piensa en los rayos del sol, cuya luz ha
envuelto al mundo. Los rayos emanan del sol y revelan su naturaleza, pero no son
el sol mismo. Todo cuanto puede percibirse en la tierra demuestra ampliamente el
poder de Dios, su conocimiento y las efusiones de su munificencia, en tanto Él
Mismo se halla inconmensurablemente exaltado por encima de todas las criaturas.
Cristo dijo: "Tú has concedido a los niños aquello de lo que están privados
los sabios y los eruditos." El sabio de Sabzivár19 ha dicho: "¡Ay! Faltan oídos
atentos, de otro modo los susurros de la Zarza del Sinaí podrían oírse saliendo
de todos los árboles." En una Tabla a un hombre de sabiduría que había hecho una
pregunta sobre el significado de la Realidad Elemental, Nos dirigimos a ese
famoso sabio con estas palabras: "Si estas palabras son realmente tuyas, ¿cómo
es que no has oído el Llamamiento que ha hecho el Árbol del Hombre desde las más
sublimes alturas del mundo? Si realmente oíste el Llamamiento y, a pesar de
ello, el temor y el deseo de preservar tu vida te han inducido a no hacerle
caso, eres una persona que nunca ha sido ni será digna de mención; y si no lo
has escuchado, entonces es que estás privado del sentido del oído." En resumen,
tales son los hombres cuyas palabras son el orgullo del mundo y cuyas acciones
son la vergüenza de las naciones.
Verdaderamente hemos hecho sonar la Trompeta, que no es otra que mi Pluma de
Gloria, y, mirad, la humanidad se ha desvanecido ante ella, salvo aquellos a
quienes a Dios le plugo librar como muestra de su gracia. Él es el Señor de
munificencia, el Antiguo de los Días.
Di: ¡Oh asamblea de sacerdotes! ¿Censuráis a esta Pluma, a la que el reino
de la prolación se preparó para oír tan pronto como elevó su voz estridente, y
ante cuyo poderoso y glorioso tema cualquier otro tema palideció hasta la
insignificancia? Temed a Dios y no sigáis vuestras ociosas fantasías y corruptas
imaginaciones, sino más bien seguid a aquel que ha venido a vosotros investido
con conocimiento innegable y con certeza inconmovible.
¡Glorificado sea Dios! El tesoro del hombre son sus palabras; sin embargo,
este Agraviado ha refrenado su Lengua, pues los descreídos están emboscados; no
obstante, Dios, Señor de todos los mundos, da protección. Verdaderamente, en Él
hemos puesto nuestra confianza y a Él hemos encomendado todos los asuntos. Él es
el que todo lo basta para Nosotros y para todas las cosas creadas. Él es Aquel
por cuya venia y mediante la potencia de cuyo mandato ha brillado
resplandeciente el Sol de poder soberano sobre el horizonte del mundo.
Bienaventurado aquel que percibe y reconoce la Verdad, y ¡ay! del recalcitrante
y del infiel.
Invariablemente, este Agraviado ha tratado a los sabios con afecto. Por
sabios se entiende hombres cuyos conocimientos no se reducen a meras palabras y
cuyas vidas han sido fructíferas y han producido resultados perdurables. Incumbe
a todos honrar a estas almas benditas. Felices aquellos que observan los
preceptos de Dios; felices aquellos que han reconocido la Verdad; felices
aquellos que juzgan con imparcialidad en todos los asuntos y se aferran al
Cordón de mi Justicia inviolable.
El pueblo de Persia se ha apartado de Aquel que es el Protector y el
Auxiliador. Se han aferrado a las vanas imaginaciones de los necios y se han
enredado en ellas. Tan firmemente se adhieren a las supersticiones que nada
puede separarlos de ellas salvo el potente brazo de Dios, exaltada sea su
gloria. Suplica al Todopoderoso que aparte con los dedos del poder divino los
velos que han separado a los diversos pueblos y razas, para que alcancen aquello
que conduce a la seguridad, al progreso y al adelanto, y se apresuren hacia el
Amigo incomparable.
La palabra de Dios que la Pluma de Abhá ha revelado e inscrito en la
PRIMERA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es ésta: Verdaderamente Yo digo: El temor de Dios
siempre ha sido una defensa segura y una fortaleza inexpugnable para todos los
pueblos del mundo. Es la causa principal de la protección de la humanidad y el
instrumento supremo para su preservación. En efecto, existe en el hombre una
facultad que le disuade y le protege de todo lo que es indigno e indecoroso, a
la que se le conoce como el sentido de la vergüenza. Sin embargo, está limitada
a unos pocos; no todos la han poseído ni la poseen.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
SEGUNDA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es la siguiente: La Pluma del Altísimo exhorta, en
este momento, a las manifestaciones de la autoridad y las fuentes del poder, es
decir, a los reyes, los soberanos, los presidentes, los gobernantes, los
sacerdotes y los sabios, y les ordena defender la causa de la religión y
adherirse a ella. La religión es, en verdad, el principal instrumento para el
establecimiento del orden en el mundo y de la tranquilidad entre sus pueblos. El
debilitamiento de los pilares de la religión ha fortalecido a los necios, les ha
envalentonado y les ha hecho más arrogantes. Verdaderamente digo: Cuanto mayor
es la decadencia de la religión, tanto más lamentable es la rebeldía de los
impíos. Al final, esto no puede sino conducir al caos y a la confusión. ¡Oídme,
oh hombres perspicaces, y estad advertidos, vosotros que estáis dotados de
discernimiento!
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
TERCERA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es ésta: ¡Oh hijo del hombre! Si tus ojos están
vueltos hacia la misericordia, deja las cosas que te benefician y aférrate a lo
que beneficiará a la humanidad. Y si tus ojos están vueltos hacia la justicia,
escoge para tu prójimo aquello que escogerías para ti mismo. La humildad exalta
al hombre al cielo de la gloria y del poder, en tanto que el orgullo le rebaja a
las profundidades de la vileza y la degradación.
¡Oh pueblo de Dios! ¡Grande es el Día y poderoso el Llamamiento! En una de
nuestras Tablas hemos revelado estas exaltadas palabras: "Si el mundo del
espíritu se convirtiese totalmente en el sentido del oído, entonces podría
pretender ser digno de escuchar la Voz que llama desde el Horizonte Supremo;
porque, de otro modo, estos oídos que están manchados de mentiras nunca han sido
adecuados para oírla, ni lo son ahora." Bienaventurados quienes escuchan, y ¡ay!
de los rebeldes.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
CUARTA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es la siguiente: ¡Oh pueblo de Dios! Implorad al
Verdadero -glorificado sea su Nombre- para que misericordiosamente ampare a las
manifestaciones del dominio y del poder de las insinuaciones del yo y del deseo
y derrame sobre ellos el esplendor de la justicia y de la guía.
Su Majestad Mu¥ammad Sháh, a pesar de la excelencia de su rango, cometió dos
hechos atroces. Uno fue la orden de desterrar al Señor de los Reinos de la
Gracia y la Munificencia, el Punto Primordial; y el otro, el asesinato del
Príncipe de la Ciudad del Arte de Gobernar y del Logro Literario.20
Los defectos de los reyes, como sus favores, pueden ser grandes. Un rey a
quien la vanagloria del poder y autoridad no le disuada de observar justicia, ni
a quien los lujos, la riqueza, la gloria ni la dirección de huestes y legiones
le priven de los esplendores del sol de la equidad, ocupará un alto rango y una
sublime posición en el Concurso de lo alto. Incumbe a todos prestar ayuda y
mostrar amabilidad a tan noble alma. Bienaventurado el rey que domine firmemente
las riendas de su pasión, refrene su ira y prefiera la justicia y la
imparcialidad a la injusticia y a la tiranía.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
QUINTA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es ésta: Por sobre todo lo demás, el más grande don
y la más maravillosa bendición que jamás haya existido y continuará existiendo
es la Sabiduría. Es la infalible Protectora del hombre. Le ayuda y le fortalece.
La sabiduría es el emisario de Dios y la reveladora de Su Nombre, el
Omnisciente. Por medio de ella se hace manifiesta y evidente la sublimidad de la
posición del hombre. Es omnisciente, y es el principal maestro en la escuela de
la existencia. Es la guía, y está investida de una elevada distinción. Gracias a
su influencia educadora, los seres terrenales han llegado a impregnarse con un
espíritu semejante a una gema, que sobrepasa a los cielos en brillo. En la
ciudad de la justicia es el Orador sin rival que, en el año nueve, iluminó al
mundo con las gozosas nuevas de esta Revelación. Y fue esta sin par Fuente de
sabiduría la que, al comienzo de la fundación del mundo, ascendió por la
escalera del significado interno y, cuando fue entronizada en el púlpito de la
prolación por obra de la Voluntad divina, proclamó dos palabras. La primera
anunciaba la promesa de la recompensa, en tanto que la segunda expresaba la
siniestra advertencia del castigo. La promesa dio origen a la esperanza, y la
advertencia produjo temor. De este modo, la base del orden en el mundo se
estableció firmemente sobre estos principios gemelos. Exaltado sea el Señor de
la Sabiduría, el Poseedor de Gran Munificencia.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
SEXTA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es la siguiente: La luz de los hombres es la
Justicia. No la extingáis con los vientos contrarios de la opresión y la
tiranía. El propósito de la justicia es hacer surgir la unidad entre los
hombres. El océano de la sabiduría divina se agita en esta exaltada palabra, en
tanto que los libros del mundo no pueden contener su significado interno. Si la
humanidad estuviese adornada con esta vestidura, vería brillar resplandeciente
sobre el horizonte del mundo al sol de las palabras: "En ese día Dios satisfará
a todos con su abundancia".21 Apreciad el valor de estas palabras; son un fruto
noble que ha producido el Árbol de la Pluma de Gloria. Dichoso el hombre que le
presta oído y cumple sus preceptos. Verdaderamente digo, que todo lo que se
envía desde el cielo de la Voluntad de Dios es el medio para el establecimiento
del orden en el mundo y el instrumento para la promoción de la unidad y la
camaradería entre sus pueblos. Así habla la lengua de este Agraviado desde su
Más Grande Prisión.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
SÉPTIMA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es ésta: ¡Oh vosotros hombres de sabiduría entre
las naciones! Cerrad vuestros ojos a la separación, y después fijad vuestra
mirada en la unidad. Asíos firmemente a lo que conducirá al bienestar y la
tranquilidad de toda la humanidad. Este palmo de tierra no es sino una sola
patria y una única morada. Os incumbe abandonar la vanagloria que provoca
alienación y dirigir vuestros corazones hacia todo lo que asegure la armonía. A
juicio del pueblo de Bahá, la gloria del hombre se halla en su conocimiento, en
su conducta recta, en su carácter encomiable, en su sabiduría, y no en su
nacionalidad ni en su rango. ¡Oh gentes de la tierra! Apreciad el valor de esta
palabra celestial. De hecho, puede asemejarse a un navío para el océano del
conocimiento y a una brillante luminaria para el reino de la percepción.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
OCTAVA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es la siguiente: Las escuelas deben, en primer
lugar, educar a los niños en los principios de la religión, para que la Promesa
y la Amenaza registradas en los Libros de Dios les aparten de las cosas
prohibidas y les atavíen con el manto de los mandamientos; pero ello en medida
tal que no perjudique a los niños dando lugar al fanatismo ignorante y a la
intolerancia.
Corresponde a los Fideicomisarios de la Casa de Justicia reunirse en consejo
para tratar de aquellas cosas que no han sido reveladas explícitamente en el
Libro y para hacer cumplir lo que a ellos les resulte aceptable. Dios,
ciertamente, les inspirará con todo lo que Él desee, y Él, en verdad, es el
Proveedor, el Omnisciente.
Anteriormente hemos ordenado que la gente se exprese en dos idiomas; no
obstante, deben hacerse esfuerzos para reducirlos a uno solo, al igual que los
alfabetos del mundo, para que las vidas de los hombres no se disipen y malgasten
aprendiendo diversos idiomas. De este modo, la tierra entera será considerada
como una sola ciudad y un solo país.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
NOVENA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es ésta: Es deseable la moderación en todos los
asuntos. Si una cosa es llevada al exceso, demostrará ser causa de maldad.
Pensad en la civilización de occidente, cómo ha agitado y alarmado a los pueblos
del mundo. Se ha ideado una máquina infernal y ha resultado ser un arma de
destrucción tal que nadie ha presenciado ni oído nunca nada semejante a ella. La
purificación de corrupciones tan profundamente arraigadas y abrumadoras no puede
llevarse a cabo a menos que los pueblos del mundo se unan en pos de una meta
común y abracen una fe universal. Inclinad vuestro oído al Llamamiento de este
Agraviado y adheríos firmemente a la Paz Menor.
Cosas extrañas y asombrosas existen en la tierra, pero están ocultas a las
mentes y a la comprensión de los hombres. Estas cosas son capaces de cambiar
toda la atmósfera de la tierra, y la contaminación con ellas resultaría letal.
¡Gran Dios! Hemos observado una cosa asombrosa. El relámpago, o una fuerza
similar a él, es controlado por un operador y se mueve por orden de éste.
Inconmensurablemente exaltado es el Señor de Poder, que ha dejado al descubierto
lo que Se ha propuesto mediante la potencia de su poderoso e invencible mandato.
¡Oh pueblo de Bahá! Cada una de las ordenanzas que hemos revelado es una
poderosa fortaleza para la preservación del mundo del ser. Verdaderamente, este
Agraviado no ha deseado otra cosa que vuestra seguridad y vuestra elevación.
Exhortamos a los hombres de la Casa de Justicia y les ordenamos que aseguren
la protección y salvaguardia de los hombres, mujeres y niños. Les incumbe tener
la máxima consideración hacia los intereses del pueblo en todo momento y
circunstancia. Bendito sea el gobernante que socorre al cautivo, el rico que
cuida del pobre y el justo que resguarda del perverso los derechos del oprimido,
y feliz el fideicomisario que cumple lo que el Ordenador, el Antiguo de los Días
le ha prescrito.
¡Oh Haydar 'Alí! Sobre ti sean mi gloria y mi alabanza. Mis consejos y
advertencias han circundado al mundo. Sin embargo, en lugar de traer alegría y
gozo, han causado dolor, porque algunos de los que pretenden amarme se han
vuelto arrogantes y Me han infligido tribulaciones como jamás Me habían
infligido ni los seguidores de anteriores religiones ni los sacerdotes de
Persia.
Hemos dicho: "Mi cautiverio no Me hace daño, ni las cosas que Me han
sucedido a manos de mis enemigos. Lo que Me hace daño es la conducta de mis
amados que, aunque llevan mi Nombre, sin embargo cometen aquello que hace que mi
corazón y mi Pluma se lamenten." Una y otra vez se han revelado palabras como
éstas; sin embargo, los negligentes no han sacado provecho de ellas, ya que se
hallan cautivos de sus propias pasiones malvadas y sus deseos corruptos. Implora
al Dios Verdadero que permita que todos se arrepientan y vuelvan a Él. Mientras
la naturaleza de cada uno ceda ante las pasiones malvadas, prevalecerán el
delito y la transgresión. Abrigamos la esperanza de que la mano del poder divino
y las efusiones de las bendiciones celestiales sustenten a todos los hombres,
los atavíen con la vestidura de la misericordia y la munificencia y los guarden
de aquello que perjudicaría a su Causa entre sus siervos. Él es, en verdad, el
Potente, el Todopoderoso, y Él es el que Siempre Perdona, el Misericordioso.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
DÉCIMA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es la siguiente: ¡Oh gentes de la tierra! Vivir
retirado o practicar el ascetismo no es aceptable en la presencia de Dios.
Incumbe a los dotados de perspicacia y entendimiento cumplir aquello que
producirá alegría y esplendor. Prácticas tales como las que han surgido del seno
de las ociosas fantasías y las que han nacido de la matriz de la superstición
son poco dignas de hombres de conocimiento. En tiempos de antaño, y más
recientemente, algunas personas han levantado su morada en las cuevas de las
montañas, mientras otras tienen por costumbre acudir de noche a los cementerios.
Di: Prestad atención a los consejos de este Agraviado. Abandonad las cosas
corrientes entre vosotros y escoged aquello que el Consejero fiel os ordena. No
os privéis de los dones que han sido creados para vuestro bien.
La caridad es grata y digna de alabanza a la vista de Dios y se le considera
como un príncipe entre las buenas acciones. Meditad y recordad lo que el
Todomisericordioso reveló en el Corán: "Ellos les prefieren antes que a sí
mismos, aunque la pobreza es su propio destino. Y bienaventurados aquellos que
están protegidos de su propia codicia."22 Visto de este modo, las benditas
palabras anteriores son, en verdad, el Sol de las palabras. Bendito quien
prefiere a su hermano antes que a sí mismo. Ciertamente, tal hombre se cuenta,
en virtud de la Voluntad de Dios, el Omnisapiente, el Todosabio, entre el pueblo
de Bahá que mora en el Arca Carmesí.
La palabra de Dios que la Pluma Suprema ha registrado en la
UNDÉCIMA HOJA
del Más Exaltado Paraíso es ésta: Ordenamos a quienes son los emblemas de
Sus Nombres y atributos que de aquí en adelante se adhieran firmemente a lo que
se ha dispuesto en esta Grandísima Revelación, no permitan que ellos mismos se
conviertan en motivo de contiendas y mantengan, hasta el fin que no conoce fin,
sus ojos dirigidos hacia la aurora de estas resplandecientes palabras que han
sido registradas en esta Tabla. La contienda conduce al derramamiento de sangre
y provoca conmoción entre la gente. Escuchad la Voz de este Agraviado y no os
apartéis de ella.
Si cualquier persona meditase en su corazón aquello que ha fluido de la
Pluma de Gloria en esta Revelación, estaría seguro de que, sea lo que fuese lo
que este Agraviado haya afirmado, no ha tenido intención de crearse una posición
o distinción para Sí Mismo. Más bien, el propósito ha sido atraer a las almas,
mediante la sublimidad de Sus palabras, a la cima de trascendente gloria y
dotarlas con la facultad de percibir aquello que depurará y purificará a los
pueblos del mundo de la lucha y la disensión que provocan las diferencias
religiosas. De esto dan testimonio mi Corazón, mi Pluma y mi Ser interior y
exterior. Quiera Dios que todos los hombres se vuelvan hacia los tesoros
latentes dentro de su propio ser.
¡Oh pueblo de Bahá! El origen de los oficios, las ciencias y las artes es la
facultad de la reflexión. Haced todos los esfuerzos para que de esta mina ideal
puedan surgir destelleantes las perlas de sabiduría y prolación que fomenten el
bienestar y la armonía de todas las razas de la tierra.
En toda condición, ya sea en la adversidad o en la comodidad, en el honor o
en la aflicción, este Agraviado ha ordenado que todos los hombres muestren amor,
afecto, compasión y armonía. Y, sin embargo, siempre que había una leve señal de
progreso o adelanto, aquellos que se encuentran ocultos tras los velos salían
resueltamente y proferían calumnias más hirientes que la espada. Ellos se
aferran a palabras engañosas y censurables y se privan del océano de versos
revelados por Dios.
Si estos velos obstaculizadores no se hubiesen interpuesto, en unos dos años
Persia habría sido subyugada por el poder de la prolación, se habría elevado la
posición tanto del Gobierno como del pueblo, y la meta Suprema, desvelada y
descubierta, habría aparecido en la plenitud de la gloria. En resumen, unas
veces en lenguaje explícito y otras veces por alusiones, hemos dicho todo lo que
debía decirse. Así, una vez que Persia hubiese sido rehabilitada, los suaves
aromas de la Palabra de Dios se mecerían sobre todos los países, por cuanto lo
que fluye de la Más Exaltada Pluma conduce a la gloria, al progreso y a la
educación de todos los pueblos y razas de la tierra. De hecho, éste es el
remedio soberano para toda enfermedad, si lo comprendieran y lo percibieran.
Recientemente, los Afnán y Amín -que mi gloria y amorosa bondad sean con
ellos- alcanzaron nuestra presencia y contemplaron nuestro semblante; igualmente
están presentes y han bebido de la copa de la reunión Nabíl, el hijo de Nabíl y
el hijo de Samandar -que la gloria de Dios y su amorosa bondad sean sobre ellos-
. Rogamos a Dios que misericordiosamente ordene para ellos el bien de este mundo
y del venidero y que las efusiones de Sus bendiciones y Su gracia desciendan
sobre ellos desde el cielo de su generosidad y las nubes de su tierna compasión.
Verdaderamente, de aquellos que muestran misericordia, Él es el Más
Misericordioso, y Él es el Munífico, el Benéfico.
¡Oh Haydar 'Alí! Tu otra carta, que habías enviado a través de aquel que
lleva el título de Júd23 (Munificencia), ha llegado a nuestra santa corte.
¡Alabado sea Dios! Estaba adornada con la luz de la unidad divina y del
desprendimiento, y ardía con el fuego del amor y el afecto. Ora a Dios para que
conceda agudeza a los ojos y los ilumine con una nueva luz, para que acaso
puedan percibir lo que no tiene par ni semejanza.
En este día los versos del Libro Madre están resplandecientes e
inconfundibles como el sol. En modo alguno pueden confundirse con las palabras
del pasado ni con las más recientes. Ciertamente, este Agraviado no desea
demostrar su propia Causa con pruebas presentadas por otros. Él es el que abarca
todas las cosas, mientras que todo lo demás, salvo Él, está circunscrito. Di: Oh
pueblo, examinad con atención lo que es común entre vosotros, y Nosotros
examinaremos atentamente lo que tiene relación con Nosotros. ¡Juro por Dios! Ni
la alabanza de los pueblos del mundo ni las cosas que poseen las razas de la
tierra son dignas de mención ante el recuerdo de su Nombre. De ello da
testimonio Aquel que en todas las circunstancias proclamó: "Verdaderamente Él es
Dios, soberano Gobernante del Día del Juicio Final, Señor del poderoso Trono."
¡Glorificado sea Dios! Uno se pregunta por medio de qué prueba o por qué
razón los descreídos entre el pueblo del Bayán se han apartado del Señor del
ser. En verdad, la posición de esta Revelación trasciende a la posición de todo
lo que ha sido manifestado en el pasado o lo que se hará manifiesto en el
futuro.
Si el Punto del Bayán estuviese presente en este día y si Él -Dios no lo
permita- dudase en reconocer esta Causa, entonces Le serían de aplicación a Él
las muy benditas palabras que han fluido del manantial de su propio Bayán. Él
dijo, y su palabra es la verdad: "Es lícito que Aquel a Quien Dios hará
manifiesto rechace al que es el más grande de la tierra." Di: ¡Oh vosotros que
estáis privados de entendimiento! Hoy el Ser Más Grande proclama:
"Verdaderamente, verdaderamente Yo soy el primero en adorarle." Cuán poco
profundo es el fondo del conocimiento de los hombres y cuán débil su poder de
percepción. Nuestra Pluma de Gloria da testimonio de su abyecta pobreza y de la
riqueza de Dios, Señor de todos los mundos.
Alabado y glorificado es Aquel que ha llamado a la creación a la existencia.
Él es la Verdad soberana, el Conocedor de las cosas invisibles. El Libro Madre
está revelado y el Señor de Munificencia se ha establecido en la más bendita
sede de gloria. La Aurora ha despuntado y, sin embargo, la gente no entiende.
Los signos han sido manifestados, en tanto Aquel que los ha revelado está
abrumado con evidente tristeza. Verdaderamente he soportado aquello que ha hecho
que se lamente el mundo de la existencia.
Di: Oh Ya¥yá,24 crea un solo verso, si es que posees un conocimiento
divinamente inspirado. Estas palabras fueron dichas anteriormente por mi
Heraldo, que en esta hora proclama: "Verdaderamente, verdaderamente Yo soy el
primero en adorarle." Sé justo, oh mi hermano. ¿Serás tú capaz de expresarte
cuando estés cara a cara ante el encrespado océano de mi prolación? ¿Podrás
soltar tu lengua cuando te enfrentes a la estridente voz de mi Pluma? ¿Tienes
algún poder ante la revelación de mi omnipotencia? Juzga con equidad, te lo
ruego por Dios, y recuerda cuando estabas en presencia de este Agraviado y te
dictamos los versos de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí
Mismo. Ten cuidado, no sea que la fuente de la falsedad te aparte de la Verdad
manifiesta.
¡Oh tú que has fijado tu mirada en mi semblante! Di: ¡Oh negligentes! A
causa de una gotita os habéis privado del océano de los versos celestiales, y
por un insignificante átomo os habéis apartado de los esplendores del Sol de la
Verdad. ¿Quién otro sino Bahá tiene poder para hablarle a la humanidad a la
cara? Juzgad imparcialmente y no seáis de los injustos. A través de Él se han
agitado los océanos, se han revelado los misterios y los árboles han alzado sus
voces exclamando: "Los reinos de la tierra y del cielo son de Dios, el Revelador
de los signos, el Manantial de las señales claras. Leed atentamente el Bayán
Persa revelado por Aquel que anunció esta Revelación y miradlo con el ojo de la
imparcialidad. De cierto Él os guiará rectamente a su Sendero. En este momento
Él proclama aquello que su lengua había expresado anteriormente, cuando estaba
sentado en el trono de su más exaltado Nombre.
Has hecho mención de los amados en esas regiones. Alabado sea Dios; cada uno
de ellos ha logrado el honor de ser recordado por el Verdadero -exaltada sea su
gloria-, y sus nombres, los de todos y cada uno de ellos, fluyeron de la Lengua
de Grandeza en su reino de prolación. Grande es, en verdad, su beatitud y
felicidad, por cuanto ellos han bebido el vino escogido de la revelación y la
inspiración de manos de su Señor, el Compasivo, el Misericordioso. Rogamos a
Dios que les fortalezca para que manifiesten una constancia inquebrantable, y
que llame en su ayuda a las huestes de la sabiduría y la prolación. Él es, en
verdad, el Poderoso, el Omnipotente. Llévales mis saludos y dales las gozosas
nuevas de que el sol del recuerdo ha amanecido, derramando su fulgor por encima
del horizonte de los generosos favores de su Señor, el que Siempre Perdona, el
Todomisericordioso.
Has mencionado a Æusayn. Hemos ataviado su sien con el manto de la
misericordia y hemos adornado su cabeza con la corona del perdón. Es oportuno
que se enorgullezca entre los hombres por esta resplandeciente, esta fulgurante
y manifiesta liberalidad. Di: No estés abatido. Después de la revelación de este
bendito verso es como si hubieses nacido de nuevo del vientre de tu madre. Di:
Estás libre de pecado y del error. Ciertamente Dios te ha purificado con las
aguas vivas de su prolación en su Más Grande Prisión. Le suplicamos -bendito y
exaltado sea Él- que muníficamente te confirme en Su exaltación y en la
magnificación de Su gloria, y te fortalezca mediante el poder de sus huestes
invisibles. Verdaderamente Él es el Todopoderoso, el Omnipotente.
Has hecho mención de la gente de Tár.25 Hemos vuelto nuestro rostro hacia
los siervos de Dios que están allí y les aconsejamos primero que consideren lo
que el Punto del Bayán ha manifestado en relación con esta Revelación, que ha
hecho temblar a todos los nombres y títulos, mediante la cual se han derrumbado
los ídolos de las vanas imaginaciones y la Lengua de Grandeza proclama desde el
Reino de gloria: ¡Por la rectitud de Dios! El Tesoro Oculto, el Misterio
Impenetrable, se ha descubierto ante los ojos de los hombres, haciendo que todas
las cosas, ya sean del pasado o del futuro, se regocijen. Él ha dicho, y su
palabra es la verdad: "De todos los homenajes que he rendido a Aquel que ha de
venir detrás de Mí, éste es el más grande: Mi confesión escrita de que ninguna
palabra Mía puede describirle adecuadamente, ni ninguna referencia que Le hago a
Él en mi libro, el Bayán, puede hacerle justicia a su Causa."
Además, les aconsejamos que observen justicia, equidad, honestidad, piedad y
aquello por lo cual serán exaltadas entre los hombres tanto la Palabra de Dios
como la propia posición de ellos. Verdaderamente Yo soy quien exhorta con
justicia. De ello da testimonio Aquel de cuya Pluma han surgido ríos de
misericordia y de cuyas palabras han brotado fuentes de aguas vivas para todas
las cosas creadas. Inconmensurablemente exaltada es esta gracia ilimitada;
inmensamente bendito es este resplandeciente favor.
¡Oh gentes de Tár! Prestad atención al Llamamiento de Aquel que hace lo que
Él desea. En verdad, Él os recuerda aquello que os acercará a Dios, Señor de los
mundos. Él ha vuelto su rostro hacia vosotros desde la prisión de 'Akká, y por
vosotros ha revelado lo que inmortalizará vuestro recuerdo y vuestros nombres en
el Libro que no puede ser borrado y al que no le afectan las dudas de los
recalcitrantes. Abandonad las cosas corrientes entre los hombres y aferraos
firmemente a lo que se os ordena en virtud de la Voluntad del Ordenador, el
Antiguo de los Días. Éste es el Día en que el Árbol del Loto llama en alta voz,
diciendo: ¡Oh pueblo! Contemplad mis frutos y mis hojas, y luego inclinad
vuestros oídos hacia mi susurro. Tened cuidado, no sea que las dudas de los
hombres os excluyan de la luz de la certeza. El océano de la prolación exclama y
dice: "¡Oh vosotros moradores de la tierra! Contemplad mis aguas encrespadas y
las perlas de sabiduría y prolación que he derramado. Temed a Dios y no seáis de
los negligentes."
En este Día tiene lugar un gran festival en el Reino de lo alto; pues todo
lo que se prometió en las Sagradas Escrituras se ha cumplido. Éste es el Día del
gran regocijo. Incumbe a todos apresurarse hacia la corte de su proximidad con
extrema alegría, gozo, júbilo y deleite, y librarse del fuego de la lejanía.
¡Oh gentes de Tár! Por medio del poder fortalecedor de mi Nombre tomad el
cáliz del conocimiento, bebed lo que podáis a pesar de las gentes del mundo que
han roto el Convenio de Dios y su Testamento, han rechazado sus pruebas y sus
claras señales y han puesto reparos triviales a sus signos, que han impregnado a
todos los que están en el cielo y en la tierra.
Los descreídos entre el pueblo del Bayán son como los seguidores de la secta
chiita, y siguen sus pasos. Abandonadles a sus ociosas fantasías y vanas
imaginaciones. Ellos, en verdad, se cuentan entre los perdidos en el Libro de
Dios, el Omnisapiente, el Todosabio. Ahora, todos y cada uno de los clérigos
chiitas se dedican a vilipendiar y denunciar al Verdadero desde sus púlpitos.
¡Dios Munífico! Dawlat Ábádí26 también ha seguido el ejemplo. Subió al púlpito y
expresó lo que ha hecho llorar de angustia a la Tabla y lamentarse a la Pluma.
Meditad sobre su conducta y la de Ashraf27 -que mi gloria y mi tierna
misericordia sean sobre él-, e igualmente considerad a esos amados que se
apresuraron al lugar del martirio en mi Nombre y dieron sus vidas en el sendero
de Aquel que es el Deseo del mundo.
La Causa está manifiesta, brilla resplandeciente como el sol, pero las
gentes se han convertido en velos para sí mismas. Rogamos a Dios que
muníficamente les ayude a regresar a Él. Él es, en verdad, el Perdonador, el
Misericordioso.
¡Oh gentes de Tár! Os enviamos saludos desde este lugar e imploramos a Dios
-exaltado y bendito sea Él- que os dé de beber de la mano de su favor el vino
escogido de la constancia. Verdaderamente Él es el Señor de Munificencia, el
Generoso, el Todoalabado. Dejad a su suerte a los inmaduros del mundo, aquellos
que están movidos por un deseo egoísta y se adhieren a los exponentes de la
ociosa fantasía. Verdaderamente Él es vuestro Auxiliador y Socorredor. Él es, en
verdad, potente para hacer cuanto desea. No hay otro Dios salvo Él, el Único, el
Sin Par, el Poderoso, el Más Grande.
Que la gloria de nuestra presencia sea sobre aquellos que han dirigido sus
rostros hacia la Aurora de Su Revelación y han admitido y reconocido lo que la
Lengua de la prolación ha manifestado en el reino del conocimiento en este
bendito, glorioso e incomparable Día.
LAWÆ-I-DUNYÁ
Tabla del Mundo
En mi Nombre, que llama en voz alta en el Reino de la Prolación.
La alabanza y el agradecimiento es lo apropiado para el Señor del dominio
manifiesto, que ha adornado la poderosa prisión con la presencia de los
honorables 'Alí Akbar y Amín, y la ha iluminado con la luz de la certeza, la
constancia y la seguridad.28 La gloria de Dios y la gloria de todos los que
están en los cielos y en la tierra sean con ellos.
Luz y gloria, salutación y alabanza sean con las Manos de Su Causa, a través
de las cuales ha brillado la luz de la fortaleza y se ha establecido la verdad
de que la autoridad para escoger Le corresponde a Dios, el Poderoso, el Potente,
el Irrestringido, por medio de las cuales se ha agitado el océano de la
misericordia y se ha difundido la fragancia de los muníficos favores de Dios,
Señor de la humanidad. Le imploramos -exaltado sea Él- que les ampare con el
poder de sus huestes, les proteja con la potencia de su dominio y les socorra
con su fuerza indomable que prevalece sobre todas las cosas creadas. La
soberanía es de Dios, Creador de los cielos y Señor del Reino de los Nombres.
El gran Anuncio proclama: ¡Oh gentes de Persia! En tiempos pasados fuisteis
símbolo de la misericordia y personificación del afecto y la benevolencia. Las
regiones del mundo fueron iluminadas y embellecidas por el brillo de la luz de
vuestro conocimiento y por el resplandor de vuestra erudición. ¿Cómo es que os
habéis levantado para destruiros a vosotros mismos y a vuestros amigos con
vuestras propias manos?
¡Oh Afnán, oh tú que has brotado de mi antiguo Linaje! Mi gloria y mi
amorosa bondad son sobre ti. ¡Cuán vasto es el tabernáculo de la Causa de Dios!
Cubre a todos los pueblos y razas de la tierra, y dentro de poco reunirá a toda
la humanidad bajo su protección. Tu día de servicio ya ha llegado. Innumerables
Tablas atestiguan las generosidades que te han sido otorgadas. Levántate por el
triunfo de mi Causa y, con la fuerza de tu palabra, somete los corazones de los
hombres. Tienes que manifestar aquello que asegure la paz y el bienestar de los
desdichados y oprimidos. Prepárate para llevar a cabo tu empeño, para que quizás
puedas liberar al cautivo de sus cadenas y le permitas alcanzar la verdadera
libertad.
En este día la justicia lamenta su condición, y la Equidad gime bajo el yugo
de la opresión. Las densas nubes de la tiranía han oscurecido la faz de la
tierra y han envuelto a sus pueblos. Por orden del Ordenador omnipotente,
mediante el movimiento de nuestra Pluma de gloria, hemos inspirado una nueva
vida en toda estructura humana y hemos infundido una potencia nueva en cada
palabra. Todas las cosas creadas manifiestan las pruebas de esta regeneración
mundial. Ésta es la más grande, la más gozosa nueva, dada a conocer a la
humanidad por la Pluma de este Agraviado. ¿Por qué teméis, oh mis bienamados?
¿Quién hay que os pueda apesadumbrar? Un poco de humedad basta para disolver la
arcilla endurecida con la que está moldeada esta generación perversa. El simple
hecho de reuniros es suficiente para dispersar las fuerzas de esta gente vana y
sin valor.
La lucha y el conflicto son propios de las bestias salvajes. Fue por la
gracia de Dios y con la asistencia de palabras apropiadas y hechos encomiables
que retornaron a sus vainas las espadas desenfundadas de la comunidad bábí. De
hecho, mediante el poder de las buenas palabras los virtuosos siempre han
logrado el dominio de las praderas de los corazones de los hombres. Di: ¡Oh
vosotros los amados! No renunciéis a la prudencia. Inclinad vuestros corazones
hacia los consejos que da la Pluma Más Exaltada y tened cuidado, no sea que
vuestras manos o vuestras lenguas causen daño a alguien entre la humanidad.
Referente a la tierra de (r)á (Teherán), hemos revelado en el Kitáb-i-Aqdas
aquello que advertirá a la humanidad. Los que perpetran tiranía en el mundo han
usurpado los derechos de los pueblos y razas de la tierra, y reiteradamente
obran de acuerdo con sus inclinaciones egoístas. El tirano29 de la tierra de Yá
(Yazd), cometió aquello que hizo derramar lágrimas de sangre al Concurso de lo
Alto.
¡Oh tú que has bebido del vino de mi prolación y has fijado tu mirada en el
horizonte de mi Revelación! Cuán extraño es que el pueblo de Persia, que no
tenía rival en las ciencias y en las artes, se haya hundido hasta el más bajo
nivel de degradación entre las naciones de la tierra. ¡Oh gentes! En este
bendito, este glorioso Día, no os privéis de las generosas efusiones de
misericordia que el Señor de abundante gracia os ha otorgado. En este Día los
aguaceros de la sabiduría y la prolación se están derramando desde las nubes de
la misericordia divina. Bienaventurados los que juzgan esta Causa con
imparcialidad, y ¡ay de los injustos!
Todo hombre de perspicacia admitirá fácilmente, en este Día, que los
consejos revelados por la Pluma de este Agraviado constituyen la suprema fuerza
animadora del progreso del mundo y la exaltación de sus pueblos. Levantaos, oh
gentes, y, por la potestad del poder de Dios, decidíos a lograr la victoria
sobre vuestro yo, para que toda la tierra sea liberada y santificada de su
servidumbre hacia los dioses de sus ociosas fantasías, unos dioses que han
causado tanto quebranto a sus desdichados adoradores y de cuya miseria son
responsables. Estos ídolos constituyen el obstáculo que ha estorbado al hombre
en sus intentos de avanzar en el sendero de la perfección. Abrigamos la
esperanza de que la Mano del poder divino preste ayuda a la humanidad y la libre
de su estado de penosa degradación.
En una de las Tablas se han revelado estas palabras: ¡Oh pueblo de Dios! No
os dediquéis a vuestros propios asuntos; que vuestros pensamientos queden fijos
en aquello que restituya la prosperidad de la humanidad y santifique los
corazones y las almas de los hombres. El mejor modo de lograr esto es mediante
las acciones puras y santas, por medio de una vida virtuosa y un comportamiento
excelente. Las acciones esforzadas garantizarán el triunfo de esta Causa y un
carácter santo consolidará su poder. ¡Aferraos a la rectitud, oh pueblo de Bahá!
Éste es, ciertamente, el mandamiento que os ha dado este Agraviado, y es lo
primero que su irrestringida Voluntad ha escogido para cada uno de vosotros.
¡Oh amigos! Os incumbe renovar y reanimar vuestras almas con los dadivosos
favores que están siendo derramados sobre vosotros en esta Divina Primavera que
conmueve el alma. El Sol de su gran Gloria derrama su resplandor sobre vosotros,
y las nubes de su gracia sin límites os protegen. Cuán sublime es la recompensa
para quien no se haya privado de tan gran dádiva ni haya dejado de reconocer la
belleza de su Bienamado en esta su nueva vestidura. Cuidaos, pues el Malvado os
acecha listo para atraparos. Preparaos contra sus perversas artimañas y, guiados
por la luz del nombre del Dios que todo lo ve, huid de la oscuridad que os
rodea. Que vuestra visión abarque a todo el mundo, en lugar de limitarse a
vuestro propio ser. El Malvado es el que impide el ascenso y bloquea el progreso
espiritual de los hijos de los hombres.
En este Día es responsabilidad de todo hombre asirse a cuanto fomente los
intereses y exalte la posición de todas las naciones y Gobiernos justos. Por
medio de todos y cada uno de los versos que ha revelado la Pluma del Altísimo,
se han abierto de par en par las puertas del amor y la unidad ante los hombres.
Anteriormente hemos declarado, y nuestra Palabra es la verdad: "Relacionaos con
los seguidores de todas las religiones en un espíritu de amistad y
compañerismo". Cualquier cosa que haya hecho que los hijos de los hombres se den
la espalda unos a otros y haya sido causa de disensiones y divisiones entre
ellos, ha sido, por la revelación de estas palabras, anulada y abolida. Desde el
cielo de la Voluntad de Dios, y con el propósito de ennoblecer al mundo del ser
y elevar las mentes y las almas de los hombres, se ha enviado lo que constituye
el más efectivo instrumento para la educación de toda la raza humana. La más
elevada esencia y la más perfecta expresión de todo cuanto los pueblos del
pasado han dicho o escrito han sido enviadas desde el cielo de la Voluntad del
Dios que todo lo posee, el sempiterno, por medio de esta potentísima Revelación.
Antiguamente se reveló: "El amor por el propio país es una parte de la Fe de
Dios". Sin embargo, la Lengua de Grandeza ha proclamado en el día de su
manifestación: "No le corresponde vanagloriarse a quien ama a su país, sino a
quien ama al mundo". Mediante el poder liberado por estas exaltadas palabras, Él
ha otorgado un nuevo impulso, ha dado una nueva dirección a las aves de los
corazones humanos y ha borrado toda huella de restricción y limitación del Libro
santo de Dios.
Este Agraviado ha prohibido que el pueblo de Dios se implique en contiendas
y conflictos y les ha exhortado a realizar acciones rectas y a cultivar un
carácter digno de alabanza. En este día las huestes que pueden asegurar la
victoria de la Causa son aquellas que poseen una conducta excelente y un
carácter santo. Benditos sean quienes se adhieren firmemente a estas cualidades,
¡y ay de los que se apartan de ellas!
¡Oh pueblo de Dios! Os exhorto a practicar la cortesía, pues por encima de
todo es la primera de las virtudes. Bienaventurado quien sea iluminado con la
luz de la cortesía y esté ataviado con la vestidura de la rectitud. Quienquiera
esté dotado de cortesía, ha logrado, por cierto, una sublime posición. Se espera
que a este Agraviado y a todos los demás se les permita adquirirla, aferrarse a
ella, practicarla y fijar nuestra mirada en ella. Éste es un mandamiento
obligatorio que ha emanado de la Pluma del Más Grande Nombre.
Éste es el día en el que se deben manifestar las gemas de la constancia que
yacen ocultas en la mina del ser interior de los hombres. ¡Oh gentes de
Justicia! Sed tan brillantes como la luz y tan refulgentes como el fuego que
ardió en la Zarza Ardiente. El resplandor del fuego de vuestro amor sin duda
fundirá y unificará a los pueblos y razas contendientes de la tierra, en tanto
que la furia de la llama de la enemistad y del odio no puede dar otro resultado
más que la lucha y la ruina. Rogamos a Dios que proteja a sus criaturas de las
perversas intenciones de sus enemigos. Él, ciertamente, tiene poder sobre todas
las cosas.
Toda alabanza sea para el Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria-,
por cuanto Él ha abierto, por medio de la Pluma del Altísimo, las puertas de los
corazones de los hombres. Cada verso que esta Pluma ha revelado es un brillante
y luminoso portal que descubre las glorias de una vida santa y piadosa, de las
acciones puras e inmaculadas. Nunca pretendimos que los llamamientos que hicimos
y el mensaje que dimos llegaran o beneficiaran a un solo país o a un solo
pueblo. La humanidad en su totalidad tiene que aferrarse firmemente a cuanto le
ha sido revelado y otorgado. Entonces, y sólo entonces, alcanzará la verdadera
libertad. La tierra toda está iluminada con la gloria resplandeciente de la
Revelación de Dios. En el año sesenta, Aquel que anunció la luz de la Guía
Divina -que toda la creación Le sea ofrecida como sacrificio- se levantó para
anunciar una nueva revelación del Espíritu Divino, y fue seguido, veinte años
más tarde, por Aquel a través de cuya venida el mundo se convirtió en receptor
de esta gloria prometida, de este maravilloso favor. Observad cómo se ha dotado
a la mayor parte de la humanidad con la facultad de escuchar la más exaltada
Palabra de Dios, la Palabra de la cual tienen que depender la reunión de todos
los hombres y su resurrección espiritual.
Mientras estábamos en la Prisión de 'Akká, revelamos en el Libro Carmesí
aquello que conduce al progreso de la humanidad y a la reconstrucción del mundo.
Las palabras allí registradas por la Pluma del Señor de la creación incluyen lo
siguiente, que constituye los principios fundamentales para la administración de
los asuntos de los hombres:
Primero: Incumbe a los ministros de la Casa de Justicia fomentar la Paz
Menor, para que a las gentes de la tierra se les alivie de la carga de los
gastos excesivos. Este asunto es indispensable y absolutamente esencial, por
cuanto las hostilidades y el conflicto se encuentran en la raíz de la aflicción
y la calamidad.
Segundo: Los idiomas deben reducirse a un solo lenguaje común, que ha de ser
enseñado en todas las escuelas del mundo.
Tercero: Incumbe al hombre aferrarse firmemente a lo que promoverá la
camaradería, la amabilidad y la unidad.
Cuarto: Todos, ya sean hombres o mujeres, deberán entregar a una persona de
confianza una parte de lo que él o ella ganen por medio del comercio, la
agricultura u otra ocupación, para la instrucción y educación de los niños, lo
cual será gastado con este propósito con el conocimiento de los Fideicomisarios
de la Casa de Justicia.
Quinto: Se debe tener especial consideración hacia la agricultura. Aunque se
le menciona en quinto lugar, indiscutiblemente antecede a las otras. En países
del extranjero, la agricultura está altamente desarrollada; sin embargo, hasta
ahora, en Persia ha estado lamentablemente abandonada. Esperamos que su Majestad
el Sháh -que Dios le asista con su gracia- vuelva su atención hacia esta vital e
importante cuestión.
Si los hombres observaran estrictamente lo que la Pluma del Altísimo ha
revelado en el Libro Carmesí, bien podrían, entonces, permitirse eliminar las
regulaciones que prevalecen en el mundo. Determinadas exhortaciones han fluido
repetidamente de la Pluma del Altísimo con el fin de que quizá alguna vez se
permita que las manifestaciones del poder y los lugares del amanecer de la
fuerza las hagan cumplir. En efecto, si se encontrasen buscadores sinceros, por
su amor se revelaría toda emanación de la penetrante e irresistible Voluntad de
Dios. Pero, ¿dónde se encuentran los buscadores fervorosos y las mentes que
indagan? ¿Dónde se fueron los ecuánimes y los imparciales? Actualmente, no pasa
un solo día sin que el fuego de una nueva tiranía arda ferozmente y sin que la
espada de una nueva agresión sea desenvainada. ¡Dios munífico! Los grandes y
nobles de Persia se enorgullecen de actos de tal salvajismo que uno queda
estupefacto al escuchar el relato de los mismos.
Día y noche este Agraviado da gracias y alabanzas al Señor de los hombres,
pues se ha atestiguado que las palabras de consejo y exhortación que hemos
pronunciado han sido efectivas y que este pueblo ha dado muestras de un carácter
y una conducta similares a las que son aceptables a nuestra vista. Esto se
afirma en virtud de un hecho que, en verdad, ha alegrado al ojo del mundo, y que
no es otro que la intercesión de los amigos ante las altas autoridades en favor
de sus enemigos. Ciertamente, las acciones rectas de uno atestiguan la verdad de
las palabras de él mismo. Abrigamos la esperanza de que algunos hombres piadosos
iluminen al mundo con la resplandeciente luz de su conducta, e imploramos al
Omnipotente -glorificado y exaltado sea Él- que permita que en este Día todos
sean constantes en su amor y permanezcan firmes en su Causa. Él es, en verdad,
el Protector de aquellos que están completamente consagrados a Él y observan sus
preceptos.
¡Oh pueblo de Dios! Innumerables son los reinos que ha revelado nuestra
Pluma de Gloria, y múltiples los ojos a los que ha otorgado la verdadera
iluminación. Y, sin embargo, la mayor parte del pueblo de Persia continúa
privada de los beneficios de los consejos provechosos y siguen careciendo por
completo de ciencias y artes útiles. Con anterioridad, estas sublimes palabras
fueron especialmente reveladas por la Pluma de Gloria en honor de uno de los
fieles, para que quizá aquellos que se han descarriado abracen la Verdad y se
familiaricen con las sutilezas de la Ley de Dios.
Los descreídos y los que no tienen fe han puesto sus mentes en cuatro cosas:
primero, el derramamiento de sangre; segundo, la quema de libros; tercero, dar
la espalda a los seguidores de otras religiones; cuarto, el exterminio de otras
comunidades y grupos. No obstante, ahora, a través de la gracia fortalecedora de
la Palabra de Dios y de su potencia, estas cuatro barreras han sido derribadas,
estos claros mandamientos han sido borrados de la Tabla y las disposiciones
brutales han sido transmutadas en atributos espirituales. ¡Exaltado es su
propósito, glorificado su poder, alabado su dominio! Ahora roguemos a Dios -
alabada sea su gloria- para que con su munificencia guíe rectamente a los
seguidores de la secta chiita y les purifique de toda conducta indecorosa. De
los labios de los miembros de esta secta se desprenden incesantemente viles
imprecaciones, al tiempo que recurren a la palabra 'mal'ún'30 (pronunciada con
un sonido gutural en la letra 'ayn) como placer diario.
¡Oh Dios, mi Dios! Tú escuchas los suspiros de Aquel que es tu Luz,31 has
oído Sus lamentos de día y de noche y sabes que Él no desea nada para Sí, sino
que más bien pretende santificar las almas de tus siervos y librarlos del fuego
que los acosa en todo momento. ¡Oh Señor! Las manos de tus siervos favorecidos
se alzan hacia el cielo de tu misericordia y las de tus amantes sinceros se
elevan a las sublimes alturas de tu generosidad. No los defraudes, Te lo ruego,
en aquello que buscan del océano de tu favor, del cielo de tu gracia y del sol
de tu misericordia. Ayúdales, oh Señor, a adquirir virtudes que exalten su
posición entre los pueblos del mundo. Verdaderamente, Tú eres el Poderoso, el
Potente, el Más Generoso.
¡Oh pueblo de Dios! Prestad atención a lo que, si se tiene en cuenta,
asegurará la libertad, el bienestar, la tranquilidad, la exaltación y el
progreso de todos los hombres. Ciertas leyes y principios son necesarios e
indispensables para Persia. Sin embargo, es oportuno que estas medidas se
adopten en conformidad con las opiniones meditadas de Su Majestad -que Dios le
ayude con su gracia-, de los teólogos eruditos y de los gobernantes de alto
rango. Con la condición de que ellos lo aprueben, deberá fijarse un lugar donde
se reúnan. Allí deben aferrarse firmemente al cordón de la consulta y aprobar y
hacer cumplir lo que conduzca a la seguridad, la prosperidad, la riqueza y la
tranquilidad del pueblo. Pues si se adoptase otra medida distinta de ésta, no
tendría más resultado que el caos y la conmoción.
De acuerdo con las leyes fundamentales que hemos revelado anteriormente en
el Kitáb-i-Aqdas y en otras Tablas, se confían todos los asuntos al cuidado de
reyes y presidentes justos y al de los Fideicomisarios de la Casa de Justicia.
Habiendo meditado sobre lo que hemos manifestado, todo hombre ecuánime y
perspicaz percibirá fácilmente con sus ojos internos y externos los esplendores
del sol de la justicia que irradian de ello.
El sistema de gobierno que el pueblo británico ha adoptado en Londres parece
bueno, pues está adornado con la luz tanto de la realeza como de la consulta del
pueblo.
En la formulación de los principios y leyes se ha dedicado una parte a los
castigos, que constituyen un instrumento eficaz para la seguridad y la
protección de los hombres. No obstante, el terror a los castigos hace desistir a
la gente de cometer acciones viles y despreciables sólo externamente, mientras
que lo que guarda y refrena al hombre tanto externa como internamente ha sido, y
todavía es, el temor a Dios. Él es el verdadero protector del hombre y su
guardián espiritual. Al hombre le incumbe aferrarse tenazmente a lo que conduzca
a la aparición de este don supremo. Bienaventurado quien presta atención a todo
lo que proclama mi Pluma de Gloria y observa lo que le es ordenado por el
Ordenador, el Antiguo de los Días.
Inclinad vuestros corazones, oh pueblo de Dios, hacia los consejos de
vuestro verdadero e incomparable Amigo. La Palabra de Dios puede ser equiparada
a un árbol joven cuyas raíces han sido plantadas en los corazones de los
hombres. Os incumbe alentar su crecimiento por medio de las aguas vivas de la
sabiduría, de las palabras santas y sagradas, para que su raíz quede firmemente
asentada y sus ramas se extiendan tan alto como los cielos y aún más allá.
¡Oh vosotros que moráis en la tierra! El rasgo distintivo que señala el
carácter preeminente de esta Suprema Revelación consiste en que, por una parte,
hemos borrado del Libro Sagrado de Dios todo aquello que ha sido causa de lucha,
de malicia y de perjuicio entre los hijos de los hombres y, por otra parte,
hemos fijado los requisitos previos esenciales de la concordia, del
entendimiento y de la unidad completa y permanente. Bienaventurados quienes
guardan mis leyes.
Una y otra vez hemos exhortado a nuestros bienamados que eviten, no, que
huyan de toda cosa de la que pueda percibirse el olor a maldad. El mundo se
halla sumido en un gran trastorno y la mente de sus gentes se encuentra en
estado de completa confusión. Suplicamos al Todopoderoso que bondadosamente les
ilumine con la gloria de su Justicia y les permita descubrir aquello que les sea
provechoso en todo momento y condición. Él ciertamente es el que Todo lo Posee,
el Altísimo.
Anteriormente hemos pronunciado estas sublimes palabras: Que aquellos que
son leales a este Agraviado sean como una nube que deja caer su lluvia en
momentos de caridad y benevolencia, y como un fuego ardiente que refrena su
naturaleza baja y plena de apetitos.
¡Dios Munífico! Recientemente ha sucedido algo que ha causado gran asombro.
Se da a conocer que cierta persona32 fue a la sede del trono imperial de Persia
y logró los favores de algunos nobles con su comportamiento adulador. ¡Qué
lastimoso, en verdad, cuán deplorable! Uno se pregunta por qué aquellos que han
sido los símbolos de altísima gloria se rebajan hasta la vergüenza sin límites.
¿Qué ha sido de su gran determinación? ¿Dónde se ha ido el sentido de dignidad y
honor? El sol de la gloria y la sabiduría ha brillado sin cesar sobre el
horizonte de Persia, pero actualmente ha descendido a tan bajo nivel que ciertos
dignatarios han permitido que se les trate como juguetes en manos de los necios.
La persona anteriormente citada ha escrito tales cosas respecto a este pueblo en
la prensa egipcia y en la Enciclopedia de Beirut que los bien informados y los
eruditos han quedado atónitos. A continuación se dirigió a París, donde publicó
un periódico titulado 'Urvatu'l-Vuthqá33 y envió ejemplares del mismo a todas
partes del mundo. También envió un ejemplar a la prisión de 'Akká, y con esta
acción tuvo la intención de mostrar afecto y enmendar sus acciones pasadas. Para
decirlo con pocas palabras, este Agraviado ha guardado silencio respecto a él.
Suplicamos a Dios, el Verdadero, que le proteja y derrame sobre él la luz de la
justicia y la equidad. A él le incumbe decir:
¡Oh Dios, mi Dios! Tú me ves ante la puerta de tu misericordia y tu
benevolencia, volviendo mi vista hacia el horizonte de tus generosos favores y
tus múltiples bendiciones. Te ruego, por tus dulces aromas y por la estridente
voz de tu Pluma, oh Señor de toda la humanidad, que ayudes benévolamente a tus
siervos como corresponda a tus días y sea digno de la gloria de tu manifestación
y tu majestad. Verdaderamente potente eres Tú para hacer lo que deseas. Todos
los que moran en los cielos y en la tierra atestiguan tu fuerza y tu poder, tu
gloria y tu munificencia. ¡Alabado seas Tú, oh Señor de los mundos y Bienamado
del corazón de todo hombre de entendimiento!
Tú ves, oh mi Dios, a la esencia de la pobreza buscando el océano de tu
riqueza y a la esencia de la iniquidad anhelando las aguas de tu misericordia y
tu tierna compasión. Concede, oh mi Dios, lo que sea digno de tu gran gloria y
adecuado a la excelsitud de tu gracia ilimitada. En verdad, Tú eres el
Todomunífico, el Señor de abundante gracia, el Ordenador, el Todosabio. No hay
otro Dios salvo Tú, el Más Poderoso, el que se impone sobre todo, el
Omnipotente.
¡Oh pueblo de Dios! En este día todos deben fijar su mirada en el horizonte
de estas benditas palabras: "Solo y sin ayuda, Él hace todo cuanto Le place".
Quienquiera alcance esta posición, ciertamente ha alcanzado la Luz de la unidad
esencial de Dios y es iluminado por ella, en tanto que todos los demás se
cuentan en el Libro de Dios entre los seguidores de la ociosa fantasía y la vana
imaginación. Inclinad vuestro oído hacia la Voz de este Agraviado y salvaguardad
la integridad de vuestras posiciones. Es muy necesario e imperativo que todos
cumplan este punto.
Desvelado y al descubierto, en todo momento este Agraviado ha proclamado a
la cara de todos los pueblos del mundo lo que servirá de llave para abrir las
puertas de las ciencias, las artes, el conocimiento, el bienestar, la
prosperidad y la riqueza. Ni los agravios infligidos por los opresores han
podido silenciar la estridente voz de la Más Exaltada Pluma, ni las dudas de los
perversos y sediciosos han sido capaces de impedirle revelar la Más Sublime
Palabra. Ruego encarecidamente a Dios que proteja y purifique al pueblo de Bahá
de las ociosas fantasías y corruptas imaginaciones de los seguidores de la Fe
anterior.
¡Oh pueblo de Dios! Los eruditos justos que se dedican a guiar a otros y
están libres y bien protegidos de los impulsos de una naturaleza baja y
codiciosa son estrellas del cielo del conocimiento verdadero, a la vista de
Aquel que es el Deseo del mundo. Es esencial tratarles con deferencia. En
verdad, son fuentes de aguas que fluyen suavemente, estrellas que brillan
resplandecientes, frutos del Árbol bendito, exponentes del poder empíreo y
océanos de sabiduría celestial. Dichoso aquel que les sigue. Verdaderamente, tal
alma se cuenta en el Libro de Dios, el Señor del Poderoso Trono, entre aquellos
que son bienaventurados.
La gloria que procede de Dios, Señor del Trono en lo Alto y de la tierra que
está abajo, sea sobre vosotros, oh pueblo de Bahá, oh vosotros compañeros del
Arca Carmesí, y sobre aquellos que han inclinado sus oídos a vuestras dulces
voces y han observado todo cuanto se les ha ordenado en esta poderosa y
maravillosa Tabla.
ISHRÁQÁT
Esplendores
Ésta es la Epístola de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por
Sí Mismo.
ÉL ES DIOS -EXALTADO SEA ÉL- SEÑOR DE LA SABIDURÍA Y LA PROLACIÓN
Alabado sea Dios, incomparable en majestad, poder y belleza, sin par en
gloria, poderío y grandeza; demasiado elevado para que las imaginaciones humanas
Le comprendan, o para que Le sea atribuido cualquier par o semejante. Él ha
expuesto claramente su recto Sendero con palabras y expresiones de suprema
elocuencia. Verdaderamente, Él es el Todoposeedor, el Mas Exaltado. Cuando Se
propuso llamar a la existencia a una nueva creación, envió desde el horizonte de
su Voluntad al Punto Manifiesto y Luminoso; éste pasó a través de todos los
signos y se manifestó en todas las formas hasta que alcanzó el cenit, según lo
ordenado por Dios, Señor de todos los hombres.
Ese Punto es el centro focal del círculo de los Nombres y marca la
culminación de las manifestaciones de las Letras en el mundo de la creación. Por
medio de él han aparecido indicaciones del Misterio impenetrable, el Símbolo
adornado, Aquel que está revelado en el Más Grande Nombre (un Nombre que está
registrado en la Tabla Luminosa e inscrito en el rollo santo, bendito y blanco
como la nieve). Y cuando el Punto se unió con la segunda Letra,34 que apareció
al comienzo del Mathání,35 atravesó los cielos de la exposición y de la
prolación. Luego, la Luz eterna de Dios derramó su fulgor, se encendió en el
mismo centro del corazón del firmamento del testimonio y produjo dos Luminarias.
Glorificado sea el Misericordioso, respecto del cual no se puede hacer ninguna
alusión, a Quien ninguna expresión puede definir, ni declaración alguna revelar,
ni indicio alguno describir. Él es, en verdad, el Ordenador, el Todomunífico,
tanto en el principio como en el fin. Y Él les proporcionó protectores y
defensores de entre las huestes del poder y la fuerza. Verdaderamente, Él es el
que Ayuda en el peligro, el Poderoso, el Irrestringido.
El preámbulo de esta Epístola se revela dos veces, al igual que lo fue el
Mathání.
Alabado sea Dios, que ha manifestado al Punto y a partir de Él ha desplegado
el conocimiento de todas las cosas, ya sean del pasado o del futuro; un Punto
que Él ha escogido para ser el Heraldo de su Nombre y el Precursor de Su Gran
Revelación, que ha hecho estremecerse a los miembros de toda la humanidad y ha
hecho brillar los esplendores de su luz sobre el horizonte del mundo.
Verdaderamente, éste es el Punto que Dios ha ordenado que sea un océano de luz
para los sinceros entre sus siervos y una llama de fuego para los recalcitrantes
entre sus criaturas y para los impíos entre su pueblo, aquellos que han trocado
el don de Dios por el descreimiento y el alimento celestial por la hipocresía, y
han conducido a sus compañeros a una miserable morada. Ésta es la gente que ha
dado muestras de sedición por todo el mundo y ha violado su Convenio el Día en
que el Ser inmortal subió a su trono y el que gritaba elevó su Voz desde el
refugio de certeza y paz en el Valle santo.
¡Oh seguidores del Bayán! Temed al Todomisericordioso. Éste es Aquel que fue
glorificado por Mu¥ammad, el Apóstol de Dios, y antes que Él, por el Espíritu,36
y aún antes que Él, por Aquel que dialogó con Dios.37 Éste es el Punto del
Bayán, que llama en alta voz ante el Trono diciendo: "Por la rectitud de Dios,
habéis sido creados para glorificar este Más Grande Anuncio, este Sendero
Perfecto, que se hallaba oculto dentro de las almas de los Profetas, que se
atesoraba en los corazones de los elegidos de Dios y que fue escrito por la
gloriosa Pluma de vuestro Señor, Poseedor de los Nombres".
Di: Pereced en vuestra ira, ¡oh maliciosos! Verdaderamente ha aparecido
Aquel a cuyo conocimiento nada escapa. Ha venido Aquel que ha hecho que el
semblante del conocimiento divino estuviera rodeado de sonrisas. Por Él se ha
embellecido el reino de la prolación, toda alma receptiva ha dirigido su rostro
hacia el Señor de las Revelaciones, todos los que estaban de rodillas se han
puesto de pie y todos los indolentes se han apresurado a alcanzar el Sinaí de la
seguridad. Éste es el Día que Dios ha ordenado que sea una bendición para los
rectos, un castigo justo para los perversos, un don para los fieles y una furia
de su ira para los que no tienen fe y los recalcitrantes. Verdaderamente Él se
ha manifestado, investido por Dios con invencible soberanía. Ha revelado aquello
con lo cual nada en la tierra o en los cielos se puede comparar.
Temed al Todomisericordioso, oh pueblo del Bayán, y no cometáis lo que han
cometido los seguidores del Corán, aquellos que día y noche declaraban su
creencia en la Fe de Dios y, sin embargo, cuando apareció el Señor de todos los
hombres, se apartaron de Él y dictaron tan cruel sentencia en su contra que, en
el Día del Retorno, el Libro Madre deploró su lamentable situación. Recordad y
meditad sobre sus acciones y sus palabras, sus posiciones, sus méritos y las
cosas que hicieron cuando Aquel que conversó en el Sinaí soltó su lengua, cuando
hubo un toque de Trompeta, con lo cual todos los que están en el cielo y en la
tierra se desvanecieron, excepto aquellos que se cuentan entre las letras de la
afirmación.
¡Oh pueblo del Bayán! Abandonad vuestras ociosas fantasías y vanas
imaginaciones; luego, mirad con el ojo de la equidad a la Aurora de su
Revelación y considerad las cosas que Él ha manifestado, las palabras que ha
revelado divinamente y los sufrimientos que Le han acontecido a manos de sus
enemigos. Él es Aquel que gustosamente ha aceptado toda forma de tribulación por
la proclamación de su Causa y la exaltación de su Palabra. Por la Causa de Dios,
el Hacedor de los cielos, en una ocasión sufrió encarcelamiento en la tierra de
(r)á,38 en otra en la tierra de Mím,39 y aún en otra en la tierra citada
anteriormente. En su amor por la Causa de Dios, el Omnipotente, el
Todomisericordioso, fue encadenado y engrillado allí.
¡Oh pueblo del Bayán! ¿Habéis olvidado mis exhortaciones, que han sido
reveladas por mi Pluma y pronunciadas por mi lengua? ¿Habéis trocado mi certeza
por vuestras ociosas fantasías y mi Sendero por vuestros deseos egoístas?
¿Habéis desechado los preceptos de Dios y su recuerdo, y habéis abandonado sus
leyes y ordenanzas? Temed a Dios y abandonad las vanas imaginaciones a quienes
las engendran, dejad las supersticiones a los que las conciben y los recelos a
quienes los alientan. A continuación, avanzad con rostros radiantes y corazones
inmaculados hacia el horizonte sobre el cual brilla resplandeciente el Sol de la
certeza, por mandato de Dios, Señor de las Revelaciones.
Alabado sea Dios, que ha hecho de la Más Grande Infalibilidad un escudo para
el templo de su Causa en el reino de la creación, y no ha asignado a nadie parte
alguna de esta elevada y sublime posición, posición que es una vestidura tejida
por los dedos del poder trascendente para su augusto Ser. No es digna de nadie
excepto de Aquel que está sentado en el poderoso trono de "Él hace lo que Le
place". Quienquiera acepte y reconozca lo que en este momento escribe la Pluma
de Gloria, ciertamente a ése se le cuenta en el Libro de Dios, el Señor del
comienzo y el fin, entre los exponentes de la unidad divina, aquellos que
defienden el concepto de la unicidad de Dios.
Cuando el torrente de las palabras llegó a este punto, se esparcieron los
dulces aromas del verdadero conocimiento y el sol de la unidad divina brilló
sobre el horizonte de su santa prolación. Bendito aquel a quien su llamamiento
le atrajo a la cima de la gloria, quien se ha acercado al Propósito último y
quien, mediante la estridente voz de mi Pluma de Gloria, ha reconocido lo que ha
deseado el Señor de este mundo y del venidero. Quien no beba del vino escogido
que hemos abierto mediante la potencia de nuestro Nombre, el que se impone a
todo, no podrá percibir los esplendores de la luz de la unidad divina ni captar
el propósito esencial que subyace en las Escrituras de Dios, Señor de cielo y
tierra, Gobernante soberano de este mundo y del venidero. Tal hombre será
contado entre los que no tienen fe en el Libro de Dios, el Omnisapiente, el
Informado de todo.
¡Oh tú honorable investigador!40 Damos testimonio de que te has adherido
firmemente a una paciencia digna durante los días en que la Pluma estaba privada
de movimiento y la Lengua vacilaba en dar una explicación referente al signo
maravilloso, la Más Grande Infalibilidad. Tú has pedido a este Agraviado que
aparte para ti sus velos y sus envolturas, y que elucide su misterio y su
carácter, su estado y su posición, su excelencia, sublimidad y exaltación. ¡Por
la vida de Dios! Si desveláramos las perlas del testimonio que yacen ocultas en
las conchas del océano del conocimiento y la seguridad, o dejáramos salir de su
morada a las beldades del misterio divino que están ocultas en las cámaras de la
prolación en el Paraíso del entendimiento verdadero, entonces, de todas
direcciones se produciría una violenta conmoción entre los líderes de la
religión y tú serías testigo de que el pueblo de Dios está bien sujeto en los
dientes de los lobos que han negado a Dios tanto en el principio como en el fin.
Por lo tanto, de acuerdo con la sabiduría divina, refrenamos la Pluma durante un
considerable lapso de tiempo, a fin de proteger a los fieles de aquellos que han
trocado las bendiciones celestiales por el descreimiento y han elegido para su
pueblo la morada de la perdición.41
¡Oh tú, buscador que estás dotado de sutil perspicacia! ¡Juro por Aquel que
atrajo al Concurso de lo Alto mediante la potencia de Su más sublime Palabra! En
verdad, las aves que moran en los dominios de mi Reino y las palomas que habitan
en el rosedal de mi sabiduría cantan melodías y gorjeos que son inescrutables
para todos menos para Dios, Señor de los reinos de la tierra y del cielo; y si
estas melodías fuesen reveladas incluso en una medida menor que el ojo de una
aguja, el pueblo de la tiranía proferiría calumnias que nadie entre las
anteriores generaciones profirió, y cometerían actos que nadie ha cometido jamás
en las edades y siglos pasados. Ellos han rechazado la misericordia de Dios y
sus pruebas, y han refutado el testimonio de Dios y sus signos. Se han
descarriado y han hecho que se descarríe el pueblo, y sin embargo no lo
perciben. Adoran las vanas imaginaciones, pero no lo saben. Han tomado a las
ociosas fantasías por sus señores y han negado a Dios, y aun así no entienden.
Han abandonado el más grande Océano y se apresuran hacia la charca, pero no
comprenden. Siguen sus ociosas fantasías al tiempo que se apartan de Dios, el
que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo.
¡Por la rectitud de Dios! Di: El Todomisericordioso ha venido investido de
poder y soberanía. Mediante su poder se han estremecido los cimientos de la
religión, y el Ruiseñor de la Prolación ha gorjeado su melodía sobre la más alta
rama del auténtico entendimiento. Verdaderamente el que estaba oculto en el
conocimiento de Dios y es mencionado en las Sagradas Escrituras ha aparecido.
Di: este es el Día en que el Orador del Sinaí ha ascendido al trono de la
Revelación y el pueblo ha comparecido ante el Señor de los mundos. Éste es el
Día en el cual la tierra ha comunicado sus nuevas y ha descubierto sus tesoros;
en el que los océanos han dado sus perlas y el divino Árbol del Loto su fruto;
en el que el Sol ha derramado su esplendor, las Lunas han difundido su luz y los
Cielos han revelado sus estrellas, y la Hora sus signos, y la Resurrección su
pavorosa majestad; en que las plumas han liberado sus efusiones y los espíritus
han descubierto sus misterios. Bendito el hombre que Le reconoce y alcanza Su
presencia, y ¡ay de los que Le niegan y se apartan de Él! Ruego a Dios que ayude
a sus siervos a regresar a Él. Verdaderamente, Él es el Perdonador, el Clemente,
el Misericordioso.
¡Oh tú que has dirigido tu rostro hacia el Reino de lo Alto y has bebido mi
vino sellado de manos de la munificencia! Sabe que el término "infalibilidad"
tiene numerosos significados y diversas posiciones. En un sentido, se aplica a
Aquel a quien Dios ha hecho inmune al error. De igual modo, se aplica a toda
alma a la cual Dios resguarda del pecado, la transgresión, la rebelión, la
impiedad, el descreimiento y otras cosas similares. Sin embargo, la Más Grande
Infalibilidad queda reservada para Aquel cuya posición es inconmensurablemente
exaltada más allá de las ordenanzas y prohibiciones y está santificado de los
errores y omisiones. De hecho, Él es una Luz que no va seguida de oscuridad y
una Verdad a la que no alcanza el error. Si Él dijese que el agua es vino, el
cielo tierra, o la luz fuego, Él diría la verdad y no habría duda alguna de
ello; y nadie tiene derecho a cuestionar su autoridad o a preguntar por qué.
Quienquiera ponga objeciones será contado entre los recalcitrantes en el Libro
de Dios, Señor de los mundos. "Verdaderamente a Él no se Le pedirán cuentas por
sus acciones, pero a todos los demás se les pedirán cuentas por sus acciones".42
Él ha venido del cielo invisible, portando el estandarte de "Él hace lo que Él
desea" y está acompañado por las huestes del poder y la autoridad, en tanto que
es deber de todos excepto Él observar estrictamente cualesquiera leyes y
ordenanzas que les hayan sido dictadas, y si alguien se desviase de ellas,
aunque fuese en la medida del grosor de un cabello, su obra se quedaría en nada.
Considera y recuerda el tiempo en que apareció Mu¥ammad. Él dijo, y su
palabra es la verdad: "El peregrinaje a la Casa43 es un servicio obligado a
Dios".44 Igualmente lo son la oración diaria, el ayuno y las leyes que brillaron
sobre el horizonte del Libro de Dios, Señor del Mundo y verdadero Educador de
los pueblos y razas de la tierra. Incumbe a todos obedecerle en todo lo que Dios
ha ordenado; y quienquiera Le niegue no ha creído en Dios, en sus versos, en sus
Mensajeros ni en sus Libros. Si Él dijese que lo correcto está errado o que la
negación es creencia, Él diría la verdad, tal como ha sido ordenado por Dios.
Ésta es una posición en la cual los pecados y transgresiones ni existen ni se
mencionan. Considera el bendito verso, divinamente revelado, en el cual se
ordena a todos el peregrinaje a la Casa. Es responsabilidad de aquellos
investidos con autoridad después de Él45 observar todo cuanto les ha sido
prescrito en el Libro. Nadie tiene derecho a desviarse de las leyes y ordenanzas
de Dios. Quienquiera se desvíe de ellas se cuenta entre los transgresores en el
Libro de Dios, Señor del Poderoso Trono.
¡Oh tú que has fijado tu mirada en el Punto del Amanecer de la Causa de
Dios! Sabe con certeza que la Voluntad de Dios no está limitada por los
criterios de la gente, y Dios no holla sus senderos. Más bien, es
responsabilidad de todos adherirse firmemente al recto Sendero de Dios. Si Él
dijese que la derecha es izquierda o que el sur es el norte, Él diría la verdad,
y no hay duda de ello. Verdaderamente Él debe ser alabado en sus acciones y
obedecido en sus mandatos. Él no tiene socio en su juicio ni ayudante en su
soberanía. Él hace lo que desea y ordena lo que Le place. Sabe, por otra parte,
que todos los demás excepto Él han sido creados por la potencia de una palabra
de su presencia, mientras que ellos de por sí no tienen movimiento ni quietud,
sino por su mandato y con su licencia.
¡Oh tú que asciendes en la atmósfera del amor y la camaradería y has fijado
tu mirada en la luz del semblante de tu Señor, Rey de la creación! Da gracias a
Dios, porque Él te ha desvelado lo que estaba oculto y encerrado en su
conocimiento, para que todos sean conscientes de que, en Su Reino de
infalibilidad suprema, Él no ha tomado para sí socio ni consejero alguno. Él es,
en verdad, la Aurora de los preceptos y mandamientos divinos y el Manantial del
conocimiento y la sabiduría, mientras que todos los demás excepto Él no son sino
súbditos suyos y se encuentran bajo su mandato, y Él es el Gobernante supremo,
el Ordenador, el Omnisciente, el Informado de todo.
En cuanto a ti, siempre que te sientas embriagado por los hálitos
revitalizadores de los versos revelados y seas transportado por el agua pura y
dadora de vida ofrecida por la mano de la munificencia de tu Señor, soberano
Gobernante del Día de la Resurrección, alza tu voz y di:
¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! Te doy gracias a Ti, ya que me has dirigido hacia
Ti, me has guiado hacia tu horizonte, me has mostrado claramente tu Sendero, me
has revelado tu testimonio y me has permitido dirigir mi rostro hacia Ti,
mientras que la mayoría de los doctores y teólogos de entre tus siervos, junto
con los que les siguen, se han apartado de Ti, sin la menor prueba o evidencia
de Tu parte. Bendito seas, oh Señor de los Nombres, y gloria sea a Ti, oh
Creador de los cielos, por cuanto Tú, mediante el poder de tu Nombre, el que
Subsiste por Sí Mismo, me has dado a beber de tu vino sellado, has hecho que me
acercara a Ti y me has permitido reconocer la Aurora de tu prolación, la
Manifestación de tus signos, el Manantial de tus leyes y mandamientos y la
Fuente de tu sabiduría y tus dones. Bendita sea la tierra que ha sido
ennoblecida por tus pisadas, en la cual se asienta el trono de tu soberanía y se
difunde la fragancia de tu vestidura. Por tu gloria y tu majestad, por tu fuerza
y tu poder, no deseo mi vista como no sea para contemplar tu belleza, ni mi oído
si no es para oír tu llamamiento y tus versos.
¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! No prives a los ojos de aquello para lo que los
creaste, ni a los rostros de volverse hacia tu horizonte, o de rendir homenaje
ante los portones de tu majestad, o de aparecer en presencia de tu trono, o de
inclinarse ante los esplendores del Sol de tu merced.
Yo soy aquel, oh Señor, cuyo corazón y alma, cuyos miembros, cuya lengua
interior y exterior atestiguan tu unidad y tu unicidad, y doy testimonio de que
Tú eres Dios y de que no hay otro Dios sino Tú. Tú has dado la existencia a la
humanidad para conocerte y servir a tu Causa, para que de este modo su posición
se eleve sobre tu tierra y sus almas sean exaltadas por virtud de lo que Tú has
revelado en tus Escrituras, tus Libros y tus Tablas. Pero, no obstante, tan
pronto como Te manifestaste y revelaste tus signos, ellos se apartaron de Ti y
Te negaron, y rechazaron aquello que Tú habías desvelado ante sus ojos mediante
la potencia de tu fuerza y tu poder. Se levantaron para hacerte daño, para
extinguir tu luz y apagar la llama que ardía en tu Zarza Ardiente. Su iniquidad
se hizo tan penosa que conspiraron para derramar tu sangre y violar tu honor. De
igual manera actuó aquel46 a quien nutriste con la mano de tu amorosa bondad,
protegiste de la maldad de los rebeldes entre tus criaturas y de los
recalcitrantes entre tus siervos, y a quien le habías señalado la tarea de
escribir tus santos versos ante tu trono.
¡Ay! ¡Ay! por las cosas que él perpetró en tus días, a tal extremo que violó
tu Convenio y tu Testamento, rechazó tu sagrada Escritura, se alzó en rebeldía y
cometió aquello que hizo lamentarse a los moradores de tu Reino. A continuación,
en cuanto se dio cuenta de que sus esperanzas se habían hecho añicos y percibió
el olor del más completo fracaso, levantó su voz y expresó aquello que hizo que
tus elegidos, aquellos que están cerca de Ti, y los habitantes del pabellón de
gloria quedasen sumidos en la perplejidad.
Tú me ves, oh mi Dios, retorciéndome de angustia sobre el polvo, como si
fuera un pez. Líbrame, ten piedad de mí, oh Tú cuya ayuda todos los hombres
invocan, oh Tú en cuya mano se encuentran las riendas del poder sobre todos los
hombres y mujeres. Cada vez que reflexiono sobre mis lastimosos defectos y mis
grandes transgresiones, la desesperación me asalta por doquier, y siempre que me
detengo a meditar sobre el océano de tu munificencia, el cielo de tu
misericordia y el sol de tu tierna compasión, inhalo la fragancia de la
esperanza esparcida desde la izquierda y la derecha, desde el norte y el sur,
como si toda cosa creada me comunicara las gozosas nuevas de que las nubes del
cielo de tu misericordia derramarán su lluvia sobre mí. ¡Por tu poder, oh Tú que
eres el Pilar de los sinceros y el Deseo de quienes gozan de tu cercanía! Tus
múltiples favores y bendiciones y las revelaciones de tu gracia y tu amorosa
bondad verdaderamente me han alentado. ¿Cómo, si no, puede la nada más total
magnificar el Nombre de Aquel que mediante una palabra dio la existencia a la
creación? Y ¿cómo puede una criatura efímera ensalzar a Quien ha demostrado que
ninguna descripción puede jamás expresarlo y ninguna palabra de alabanza puede
magnificar su gloria? Desde toda la eternidad Él ha sido inmensamente exaltado
más allá del entendimiento de sus criaturas y santificado de las concepciones de
sus siervos.
¡Oh Señor! Tú ves a este ser sin vida ante tu rostro; concede, por tu
generosidad y tu munífico favor, que no se vea privado del cáliz de la vida
inmortal. Y Tú ves a este ser afligido ante tu Trono; no lo apartes del océano
de tu curación. Te ruego que en todo momento y en toda condición me permitas
recordarte, glorificar tu Nombre y servir a tu Causa, aunque soy plenamente
consciente de que todo lo que procede de un siervo no puede trascender las
limitaciones de su alma, ni es propio de tu Señorío, ni es digno de la corte de
tu gloria y tu majestad.
¡Tu poder es mi testigo! Si no fuera para celebrar tu alabanza, mi lengua no
me sería de utilidad, y si no fuera para servirte, mi existencia no me serviría
de nada. ¿Por qué iba yo a cuidarme la vista si no fuera por el placer de
contemplar los esplendores de tu reino de gloria? ¿Y de qué serviría el oído si
no fuera por el gozo de escuchar tu dulcísima voz?
¡Ay! ¡Ay! No sé, oh mi Dios, mi Apoyo, Deseo de mi corazón, si has ordenado
para mí lo que traerá solaz a mis ojos, alegría a mi pecho y regocijo a mi
corazón, o si tu irrevocable decreto, oh Rey de la eternidad y soberano Señor de
todas las naciones, me privará de presentarme ante tu trono. Juro por tu gloria
y majestad y por tu dominio y tu poder, que la oscuridad de mi lejanía de Ti me
ha destruido. ¿Qué ha sido de la luz de tu cercanía, oh Deseo de todo corazón
comprensivo? La atormentadora agonía de la separación de Ti me ha consumido.
¿Dónde está la refulgente luz de tu reunión, oh Bienamado de aquellos que están
totalmente dedicados a Ti?
Tú ves, oh mi Dios, lo que me ha acontecido en tu Sendero a manos de
aquellos que han negado tu Verdad, han violado tu Convenio, han puesto reparos
triviales a tus signos, han rechazado las bendiciones que Tú les otorgaste, no
han creído en los versos que Tú enviaste y han rehusado reconocer el testimonio
que Tú diste.
¡Oh Señor! La lengua de mi lengua, el corazón de mi corazón, el espíritu de
mi espíritu y mi ser exterior e interior dan testimonio de tu unidad y tu
unicidad, de tu poder y tu omnipotencia, de tu grandeza y tu soberanía, y
atestiguan tu gloria, tu excelsitud y tu autoridad. Atestiguo que Tú eres Dios y
que no hay otro Dios aparte de Ti. Desde toda la eternidad Tú has sido un tesoro
oculto a la vista y la mente de los hombres, y por siempre jamás lo seguirás
siendo. Los poderes de la tierra nunca podrán derrotarte, ni podrá alarmarte la
fuerza de las naciones. Tú eres quien ha abierto la puerta del conocimiento ante
los rostros de tus siervos para que puedan reconocer a Aquel que es el Sol de tu
Revelación, el lugar del amanecer de tus signos, el Cielo de tu manifestación y
el Sol de tu divina belleza. En tus Libros sagrados, en tus Escrituras y en tus
Pergaminos has prometido a todos los pueblos del mundo que Tú mismo aparecerías
y apartarías los velos de gloria de tu rostro, tal como lo anunciaste en tus
palabras a tu Amigo,47 mediante el cual el Sol de la Revelación brilló
refulgente sobre el horizonte de Hijáz y la luz naciente de la Verdad divina
derramó su fulgor entre todos los hombres, proclamando: "El Día en que la
humanidad comparecerá ante el Señor de los mundos".48 Y, antes que a Mu¥ammad,
Tú comunicaste esta buena nueva a Aquel que conversó contigo,49 diciéndole:
"Saca a tu pueblo de la oscuridad a la luz y recuérdales los días de Dios".50
Además proclamaste esta verdad al Espíritu51 y a tus Profetas y a tus
Mensajeros, ya fueran del pasado más remoto o del más reciente. Si todo lo que
Tú has enviado como glorificación de este Más Grande Recuerdo, este Gran
Anuncio, fluyese del manantial de tu muy augusta Pluma, los moradores de las
ciudades del conocimiento y el entendimiento quedarían confundidos, a excepción
de aquellos a quienes tú libraras por la potencia de tu fuerza y protegieras
como muestra de tu munífico favor y tu gracia. Doy testimonio de que, en verdad,
Tú has cumplido tu promesa y has hecho que se manifieste Aquel cuya venida fue
predicha por tus Profetas, tus elegidos y por aquellos que Te sirven. Él ha
venido desde el cielo de gloria y poder, portando las enseñas de tus signos y
los estandartes de tus testimonios. Mediante la potencia de tu indomable poder y
fuerza, Él Se levantó ante los rostros de todos los hombres y llamó a toda la
humanidad a la cima de trascendente gloria y al más alto Horizonte, de tal modo
que ni la opresión de los eclesiásticos ni el furioso ataque de los gobernantes
fueron capaces de disuadirle. Él se levantó con determinación inflexible y,
soltando su lengua, proclamó en tono vibrante: "Aquel que es el Todomunífico ha
venido, cabalgando sobre las nubes. ¡Avanzad, oh gentes de la tierra, con
rostros resplandecientes y corazones radiantes!"
Grande, en verdad, es la bienaventuranza de quien llega a tu presencia, bebe
del vino de la reunión ofrecido por la mano de tu munificencia, inhala la
fragancia de tus signos, suelta su lengua para celebrar tu alabanza, asciende a
lo alto de tus cielos, es transportado por la dulzura de tu Voz, logra ser
admitido en el más exaltado Paraíso y alcanza la posición de la revelación y la
visión ante el trono de tu majestad.
Te ruego por tu Más Grande Infalibilidad, que Tú has elegido para ser la
aurora de tu Revelación, y por tu más Sublime Palabra, por cuya potencia
llamaste a la existencia a la creación y revelaste tu Causa, y por este Nombre
que ha hecho que todos los demás nombres gimieran en voz alta y que se
estremecieran los miembros de los sabios, Te ruego que me hagas desprenderme de
todo lo demás excepto de Ti, de tal manera que no me mueva sino en conformidad
con el beneplácito de tu Voluntad, y que no hable excepto por el mandato de tu
Propósito, y que no oiga sino las palabras de tu alabanza y tu glorificación.
Magnifico tu Nombre, oh mi Dios, y Te doy gracias, oh mi Deseo, por cuanto
me has permitido percibir claramente tu Sendero recto, has desvelado ante mis
ojos tu Más Grande Anuncio y me has ayudado a dirigir mi rostro hacia la Aurora
de tu Revelación y el Manantial de tu Causa, mientras tus siervos y tu pueblo se
han apartado de Ti. Te imploro, oh Señor del Reino de la eternidad, por la
estridente voz de la Pluma de Gloria, por el Fuego Ardiente que llama en alta
voz desde el Árbol verde y por el Arca que has elegido especialmente para el
pueblo de Bahá, que me concedas que permanezca firme en mi amor por Ti, estar
complacido con lo que has prescrito para mí en tu Libro, y me mantenga constante
en tu servicio y en el servicio a tus amados. Ayuda, pues, benévolamente a tus
siervos, oh mi Dios, para que hagan aquello que sirva para exaltar tu Causa y
les permita cumplir todo cuanto has revelado en tu Libro.
Verdaderamente Tú eres el Señor de Fuerza, Tú eres potente para ordenar lo
que deseas y en tus manos tienes las riendas de todas las cosas creadas. No hay
otro Dios salvo Tú, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Todosabio.
¡Oh Jalíl! Hemos desvelado para tus ojos el mar y sus olas, el sol y su
esplendor, los cielos y sus estrellas, las conchas y sus perlas. Da gracias a
Dios por tan gran don, tan munífico favor que se ha difundido por el mundo
entero.
¡Oh tú que has dirigido tu rostro hacia los esplendores de mi Semblante!
Vagas fantasías han rodeado a los moradores de la tierra y les han impedido
volverse hacia el Horizonte de la Certeza, su brillantez, sus manifestaciones y
sus luces. Las vanas imaginaciones les han apartado de Aquel que es el que
Subsiste por Sí Mismo. Hablan como si estuvieran impulsados por sus propios
caprichos, y no entienden. Entre ellos están los que han dicho: "¿Han sido
enviados los versos?" Di: "¡Sí, por Aquel que es el Señor de los Cielos!" "¿Ha
llegado la Hora?" "¡No, más aún, ha pasado, por Aquel que es el Revelador de las
señales evidentes! Verdaderamente, lo Inevitable ha llegado, y Él, el Verdadero,
ha aparecido con prueba y testimonio. Lo evidente ha sido descubierto y la
humanidad está severamente afligida y temerosa. Se han desatado terremotos, y
las tribus se han lamentado por temor a Dios, el Señor de Fuerza, el que se
impone a todo". Di: "¡El ensordecedor toque de trompeta se ha emitido
estruendosamente, y el Día es de Dios, el Único, el Irrestringido!" Y ellos
dicen: "¿Ha pasado la catástrofe?" Di: "¡Sí, por el Señor de los Señores!" "¿Ha
llegado la Resurrección?" "No, más aún, Aquel que es el que Subsiste por Sí
Mismo ha aparecido con el Reino de sus signos". "¿Ves a los hombres postrados?"
"¡Sí, por mi Señor, el Altísimo, el Más Glorioso!" "¿Han sido arrancados los
tocones?" "¿Sí, más aún, las montañas han sido reducidas a polvo; por Él, el
Señor de los atributos!" Ellos dicen: "¿Dónde está el Paraíso y dónde el
Infierno?" Di: "Aquél es la reunión conmigo; éste es tu propio yo, oh tú que
atribuyes un socio a Dios y dudas". Ellos dicen: "No vemos la Balanza". Di:
"¡Con seguridad, por mi Señor, el Dios de Misericordia! Nadie puede verla,
excepto los que están dotados de perspicacia". Ellos dicen: "¿Han caído las
estrellas?" Di: "Sí, cuando Aquel que es el que Subsiste por Sí Mismo moraba en
la Tierra del Misterio.52 ¡Prestad atención, vosotros que estáis dotados de
discernimiento!" Todos los signos aparecieron cuando extendimos la Mano del
Poder desde el seno de la majestad y la fuerza. En verdad, el que gritaba
exclamó, cuando el tiempo prometido hubo llegado, y aquellos que han reconocido
los esplendores del Sinaí se han desmayado en el yermo de la duda, ante la
imponente majestad de tu Señor, Señor de la creación. La trompeta pregunta: "¿Ha
sonado el Clarín?" Di: "¡Sí, por el Rey de la Revelación!, cuando Él ascendió al
trono de su Nombre, el Todomisericordioso". La oscuridad ha sido ahuyentada por
la naciente luz de la misericordia de tu Señor, Fuente de toda luz. La brisa del
Todomisericordioso ha soplado y las almas han sido vivificadas en las tumbas de
sus cuerpos. Así ha cumplido el decreto Dios, el Poderoso, el Benéfico. Quienes
rechazan la verdad han dicho: "¿Cuándo fueron hendidos los cielos?" Di:
"Mientras vosotros yacíais en los sepulcros de la rebeldía y el error". Entre
los que no tienen fe se halla aquel que frota sus ojos y mira a derecha e
izquierda. Di: "Estás cegado. No tienes refugio adonde huir". Y entre ellos está
el que dice: "¿Se ha reunido a los hombres?" Di: "¡Sí, por mi Señor!, mientras
yacías en la cuna de las ociosas fantasías". Y entre ellos se encuentra quien
dice: "¿Ha sido enviado el Libro mediante el poder de la Fe verdadera?" Di: "La
propia Fe verdadera está atónita. ¡Temed, oh vosotros hombres de corazón
comprensivo!" Y entre ellos está quien dice: "¿Se me ha juntado con otros,
estando yo ciego?" Di: "¡Sí, por Aquel que cabalga sobre las nubes!" El Paraíso
está engalanado con rosas místicas y se ha hecho arder el infierno con el fuego
de los impíos. Di: "¡La luz ha brillado desde el horizonte de la Revelación, y
la tierra entera se ha iluminado con la llegada de Aquel que es el Señor del Día
del Convenio!" Los que dudan han perecido, en tanto aquel que se volvió, guiado
por la luz de la seguridad, hacia la Aurora de la Certeza, ha prosperado.
Bendito eres tú, que has fijado tu mirada en Mí, por esta Tabla, que te ha sido
enviada a ti, una Tabla que hace que las almas de los hombres se eleven.
Apréndela de memoria y recítala. ¡Por mi vida! Es una puerta hacia la
misericordia de tu Señor. Bienaventurado sea quien la recite al caer la tarde y
al alba. Nosotros, verdaderamente, oímos tu alabanza de esta Causa, mediante la
cual ha sido pulverizada la montaña del conocimiento y los pies de los hombres
han resbalado. Que mi gloria sea contigo y con quienquiera se haya vuelto hacia
el Todopoderoso, el Todomunífico. La Tabla está terminada, pero el tema no está
agotado. Sé paciente, pues paciente es tu Señor.
Éstos son versos que Nosotros enviamos anteriormente, y te los hemos enviado
a ti, para que tengas conocimiento de lo que han hablado sus lenguas mentirosas
cuando Dios vino a ellos con poder y soberanía. Los cimientos de las ociosas
fantasías se han estremecido y se ha hendido el cielo de las vanas
imaginaciones, y aun así la gente está en duda y pugna con Él. Ellos han negado
el testimonio de Dios y su prueba, después de que Él viniera desde el cielo del
poder con el reino de sus signos. Han desechado lo que se ha prescrito y han
perpetrado lo que les fue prohibido en el Libro. Han abandonado a su Dios y se
han aferrado a sus deseos. Ciertamente, se han extraviado y están en el error.
Leen los versos y los niegan. Ven las evidentes señales y se apartan. En verdad,
están perdidos en una extraña duda.
Hemos exhortado a nuestros amados que teman a Dios, temor que es el
manantial de todas las acciones y virtudes excelentes. Él es el comandante de
las huestes de la justicia en la ciudad de Bahá. Dichoso el hombre que se ha
puesto a la sombra de su estandarte luminoso y se ha aferrado firmemente al
mismo. Él, verdaderamente, es de los Compañeros del Arca Carmesí, que se ha
mencionado en el Qayyúm-i-Asmá.
Di: ¡Oh pueblo de Dios! Adornad vuestras sienes con el ornamento de la
confiabilidad y de la piedad. Ayudad, entonces, a vuestro Señor con las huestes
de las acciones excelentes y con un carácter digno de alabanza. Os hemos
prohibido la disensión y el conflicto en mis Libros, en mis Escrituras, en mis
Pergaminos y en mis Tablas, y con ello no hemos deseado otra cosa sino vuestra
exaltación y vuestro progreso. Esto lo atestiguan los cielos y sus estrellas, el
sol y su esplendor, los árboles y sus hojas, los mares y sus olas y la tierra y
sus tesoros. Rogamos a Dios que asista a sus amados y les ayude en todo cuanto
sea digno de ellos en esta bendita, esta poderosa y maravillosa posición. Le
imploramos, además, que muníficamente permita que aquellos que Me rodean
observen lo que mi Pluma de Gloria ha ordenado para ellos.
¡Oh Jalíl! Sean contigo mi gloria y mi amorosa providencia. Ciertamente,
hemos ordenado al pueblo hacer lo que es digno y decoroso y, sin embargo, han
cometido tales cosas que han hecho que mi corazón y mi Pluma se lamenten.
Inclina tu oído a lo que se envía desde el cielo de mi Voluntad y del reino de
mi beneplácito. No Me apeno por mi cautiverio ni por las cosas que Me han
acontecido a manos de mis enemigos. No, mis pesares están causados por aquellos
que afirman tener relación Conmigo y, sin embargo, cometen lo que hace que se
eleve la voz de mis lamentos y que se derramen mis lágrimas. Les hemos exhortado
extensamente en varias Tablas, e imploramos a Dios que muníficamente les ayude,
permita que se acerquen a Él y les confirme en aquello que traiga paz a los
corazones y tranquilidad a las almas y aparte sus manos de todo lo que no sea
digno de Sus días.
Di: ¡Oh mis amados en mis tierras! Prestad atención a los consejos de Aquel
que os aconseja por amor a Dios. Él, en verdad, os ha creado, ha revelado ante
vuestros ojos aquello que os exalta y promueve vuestros intereses. Él os ha dado
a conocer su recto Sendero y os ha familiarizado con su Gran Anuncio.
¡Oh Jalíl! ¡Aconseja a los hombres que teman a Dios! ¡Por Dios! Este temor
es el comandante supremo del ejército de tu Señor. Sus huestes son un carácter
loable y unas acciones excelentes. Mediante él se han abierto las ciudades de
los corazones de los hombres a lo largo de las edades y centurias y se han
enarbolado los estandartes de su poder y su triunfo por encima de todos los
demás estandartes.
Ahora nos referiremos, por ti, a la confiabilidad y a la posición de la
misma a juicio de Dios, tu Señor, el Señor del Poderoso Trono. Cierto día nos
trasladamos a nuestra Isla Verde. A nuestra llegada contemplamos sus arroyos que
fluían, sus árboles exuberantes y la luz del sol jugando entre ellos. Volviendo
nuestro rostro hacia la derecha contemplamos aquello que la pluma es impotente
para describir; y tampoco puede ella expresar lo que el ojo del Señor de la
Humanidad presenció en ese Lugar, el más santificado, el más sublime, en ese
bendito y exaltadísimo Punto. Volviéndonos luego a la izquierda vimos a una de
las Bellezas del Más Sublime Paraíso, de pie sobre un pilar de luz, que,
llamando en alta voz, decía: "¡Oh moradores de la tierra y del cielo! Contemplad
mi belleza y mi esplendor, mi revelación y mi refulgencia. ¡Por Dios, el
Verdadero! Yo soy la Confiabilidad, la revelación de la misma y la belleza de la
misma. Recompensaré a quienquiera se adhiera a Mí, reconozca mi rango y mi
posición y se aferre a mi borde. Yo soy el más grande ornamento del pueblo de
Bahá y la vestidura de todos aquellos que están en el reino de la creación. Yo
soy el instrumento supremo para la prosperidad del mundo y el horizonte de
certeza para todos los seres". Así, te hemos enviado aquello que acercará a los
hombres al Señor de la creación.
La Pluma del Altísimo pasa del lenguaje elocuente53 al luminoso,54 para que
tú, Jalíl, puedas apreciar la tierna misericordia de tu Señor, el Incomparable,
y puedas ser de aquellos que son verdaderamente agradecidos.
¡Oh tú que has fijado tu mirada en el Horizonte todoglorioso! El Llamamiento
se ha hecho, pero son contados los oídos que oigan; no, son inexistentes. Este
Agraviado se encuentra en las fauces de la serpiente y, sin embargo, no deja de
hacer mención de los amados de Dios. Tan penosos han sido nuestros sufrimientos
en estos días, que han hecho llorar y lamentarse al Concurso de lo Alto. Ni las
adversidades del mundo ni el daño infligido por sus naciones pueden disuadir a
Aquel que es el Rey de la Eternidad de expresar su llamamiento ni frustrar su
propósito. Cuando aquellos que durante años se habían estado ocultando tras los
velos percibieron que el horizonte de la Causa resplandecía y que la Palabra de
Dios lo penetraba todo, salieron presurosos y con las espadas de la malevolencia
infligieron tal daño que ninguna pluma puede describirlo ni lengua alguna
expresarlo.
Quienes juzgan con equidad testifican que, desde los primeros días de la
Causa, este Agraviado se ha levantado, sin velos y resplandeciente, a la vista
de reyes y plebeyos, ante los gobernantes y los sacerdotes, y en tono vibrante
ha emplazado a todos los hombres al Sendero recto. No ha tenido otro ayudante
salvo su Pluma, ni otro auxiliador que no fuera Él mismo.
Aquellos que son ignorantes o negligentes con respecto al propósito
motivador de la Causa de Dios se han rebelado contra Él. Tales hombres son los
agoreros del mal, a quienes Dios ha mencionado en su Libro y en sus Tablas, y
contra cuya influencia, griterío y engaño ha advertido Él a su pueblo.
Bienaventurados quienes, a la vista del recuerdo del Señor de la Eternidad,
consideran a los pueblos del mundo como la nada más total, como cosa olvidada, y
se aferran al firme asidero de Dios, de tal forma que ni las dudas, ni las
insinuaciones, ni las espadas, ni el cañón serían capaces de detenerlos ni de
privarlos de su presencia. Benditos son los constantes; benditos son los que
permanecen firmes en Su Fe.
En respuesta a tu petición, la Pluma de Gloria ha descrito muníficamente las
posiciones y grados de la Más Grande Infalibilidad. El propósito es que todos
sepan con certeza que el Sello de los Profetas55 -que las almas de todos los
demás excepto la suya sean ofrendadas por su bien- no tiene paralelo, par o
socio en Su propia posición. Los Santos56 -que las bendiciones de Dios sean con
ellos- fueron creados mediante la potencia de su Palabra, y después de Él fueron
los más eruditos y los más distinguidos entre el pueblo y habitan en la máxima
posición de servidumbre. La Esencia divina, santificada de toda comparación y
similitud, se asienta en el Profeta, y la Realidad más íntima de Dios, exaltada
por encima de cualquier par o socio, está manifiesta en Él. Ésta es la posición
de la unidad verdadera y de la unicidad genuina. Lamentablemente, los seguidores
de la Dispensación anterior no adquirieron una comprensión adecuada de esta
posición. El Punto Primordial57 -que la vida de todos los demás excepto la suya
sean ofrendadas por su bien- dice: "Si el Sello de los Profetas no hubiese
pronunciado la palabra "Sucesoría,58" tal posición no habría sido creada".
El pueblo de antaño atribuía socios a Dios, aunque afirmaba creer en su
unidad; y aunque eran los más ignorantes de entre los hombres, se consideraban
los más consumados. Pero, como muestra del justo castigo divino para esos
negligentes, en este Día del Juicio se le han hecho claras y evidentes sus
actividades y creencias erróneas a todo hombre de discernimiento y
entendimiento.
Implora a Dios, el Verdadero, que muníficamente proteja a los seguidores de
esta Revelación de las ociosas fantasías y corruptas imaginaciones de los que
pertenecen a la Fe anterior, y que no les prive de los refulgentes esplendores
del sol de la unidad verdadera.
¡Oh Jalíl! Aquel a quien el mundo ha agraviado proclama ahora: La luz de la
Justicia se debilita y el sol de la Equidad está velado a la vista. El ladrón
ocupa el asiento del protector y el guardián, y la posición de los fieles es
arrebatada por el traidor. Hace un año, un opresor gobernaba esta ciudad, y a
cada instante causaba un nuevo daño. ¡Por la rectitud del Señor! Él hizo aquello
que introdujo el terror en los corazones de los hombres. Pero para la Pluma de
Gloria la tiranía del mundo nunca ha sido ni será un obstáculo. En la abundancia
de nuestra gracia y nuestra amorosa bondad, hemos revelado especialmente para
los gobernantes y ministros del mundo aquello que conduce a la seguridad y la
protección, a la tranquilidad y la paz; quizá los hijos de los hombres puedan
descansar protegidos de los males de la opresión. Él, verdaderamente, es el
Protector, el Auxiliador, el que da la victoria. Incumbe a los hombres de la
Casa de Justicia de Dios fijar su mirada día y noche en aquello que ha emanado
brillante de la Pluma de Gloria para la instrucción de los pueblos, la
edificación de las naciones, la protección del hombre y la salvaguarda de su
honor.
EL PRIMER ISHRÁQ
Cuando el Sol de la Sabiduría se levantó en el horizonte de la Santa
Dispensación de Dios, proclamó esta declaración todogloriosa: Aquellos que
poseen riqueza y están investidos con autoridad y poder tienen que mostrar la
más profunda consideración por la religión. En verdad, la religión es una luz
radiante y una fortaleza inexpugnable para la protección y el bienestar de los
pueblos del mundo, pues el temor de Dios impulsa al hombre a aferrarse
firmemente a lo que es bueno y a evitar toda maldad. Si se oscurece la lámpara
de la religión sobrevendrá el caos y la confusión y las luces de la
imparcialidad y la justicia, de la tranquilidad y la paz cesarán de brillar. De
ello dará testimonio todo hombre de entendimiento verdadero.
EL SEGUNDO ISHRÁQ
Hemos ordenado a toda la humanidad que establezca la Paz Menor, el más
seguro de todos los medios para la protección de la humanidad. Los soberanos del
mundo deben aferrarse a ella de común acuerdo, pues éste es el supremo
instrumento que puede garantizar la seguridad y el bienestar de todos los
pueblos y naciones. Verdaderamente ellos son las manifestaciones del poder de
Dios y las auroras de su autoridad. Imploramos al Todopoderoso que muníficamente
les ayude en aquello que conduzca al bienestar de sus súbditos. La Pluma de
Gloria ya ha dado anteriormente una completa explicación en relación con este
asunto; bienaventurados los que actúan de acuerdo con ella.
EL TERCER ISHRÁQ
Es obligación de todos cumplir los santos mandamientos de Dios, puesto que
ellos son el manantial de vida para el mundo. El cielo de la sabiduría divina
está iluminado con las dos luminarias de la consulta y la compasión, y el dosel
del orden mundial se levanta sobre los dos pilares de la recompensa y el
castigo.
EL CUARTO ISHRÁQ
En esta Revelación las huestes que pueden hacerla victoriosa son las huestes
de los hechos loables y de un carácter recto. El dirigente y comandante de estas
huestes ha sido siempre el temor de Dios, un temor que abarca a todas las cosas
y reina sobre todas las cosas.
EL QUINTO ISHRÁQ
Los Gobiernos deberían informarse cabalmente de las condiciones de aquellos
a quienes gobiernan y otorgarles categorías de acuerdo con sus virtudes y sus
méritos. Se ordena a todos los gobernantes y soberanos analizar este asunto con
el mayor cuidado, para que el traidor no usurpe la posición del fiel ni el
saqueador gobierne en lugar de quien es digno de confianza. Entre los
funcionarios que han dirigido esta Más Grande Prisión en el pasado, algunos,
alabado sea Dios, estaban adornados con la justicia, pero en cuanto a otros, Nos
refugiamos en Dios. Imploramos al Dios único y verdadero que los guíe para que
quizá no sean privados del fruto de la fe y la confiabilidad ni sean apartados
de la luz de la equidad y la justicia.
EL SEXTO ISHRÁQ
es la unión y la concordia entre los hijos de los hombres. Desde el comienzo
del tiempo la luz de la unidad ha derramado su fulgor divino sobre el mundo, y
el medio más grande para la promoción de la unidad es que los pueblos del mundo
entiendan el lenguaje y la escritura los unos de los otros. En anteriores
Epístolas hemos ordenado a los Fideicomisarios de la Casa de Justicia que o bien
elijan un idioma de entre los que existen actualmente o adopten uno nuevo, y de
igual modo seleccionen una escritura común; ambos deberán ser enseñados en todas
las escuelas del mundo. De este modo la tierra será considerada como un solo
país y un único hogar. El fruto más glorioso del árbol del conocimiento es esta
exaltada palabra: Todos vosotros sois los frutos de un solo árbol y las hojas de
una misma rama. Que ningún hombre se gloríe de que ama a su país, que más bien
se gloríe de que ama a su especie. Con respecto a esto hemos revelado
anteriormente lo que constituye el medio para la reconstrucción del mundo y la
unidad de las naciones. Benditos quienes lo alcanzan. Benditos quienes actúan de
acuerdo con ello.
EL SÉPTIMO ISHRÁQ
La Pluma de Gloria aconseja a todos en lo relativo a la instrucción y
educación de los niños. Ved lo que la Voluntad de Dios ha revelado a nuestra
llegada a la Ciudad Prisión y ha registrado en el Libro Más Sagrado.59 A cada
padre se le ha impuesto la obligación de instruir a su hijo y a su hija en el
arte de la lectura y la escritura, y en todo lo que se menciona en la Tabla
Santa. Si alguien rechaza lo que se le ha ordenado, entonces los Fideicomisarios
deberán tomar de él lo que sea necesario para la instrucción de sus hijos, si es
pudiente, y si no lo es, el asunto le corresponde a la Casa de Justicia.
Verdaderamente hemos hecho de ella un refugio para los pobres y los necesitados.
Aquel que educa a su hijo o al hijo de otro, es como si hubiera educado a un
hijo mío; sobre él sean mi Gloria, mi Amorosa Bondad y mi Munificencia, que han
abarcado al mundo.
EL OCTAVO ISHRÁQ
Este pasaje, ahora escrito por la Pluma de Gloria, se considera parte del
Libro Más Sagrado: A los hombres de la Casa de Justicia de Dios les han sido
encomendados los asuntos del pueblo. Ellos son, en verdad, los Fideicomisarios
de Dios entre sus siervos y las auroras de autoridad en Sus países.
¡Oh pueblo de Dios! Lo que educa al mundo es la Justicia, puesto que ella
está sostenida por dos pilares: la recompensa y el castigo. Estos dos pilares
son la fuente de vida para el mundo. Siendo así que para cada día hay un nuevo
problema y que para cada problema hay una solución adecuada, tales asuntos deben
remitirse a la Casa de Justicia para que los miembros de la misma actúen de
acuerdo con las necesidades y exigencias de los tiempos. Aquellos que, por amor
a Dios, se levantan para servir a su Causa son los receptáculos de la
inspiración divina procedente del Reino invisible. A todos les incumbe
obedecerles. Todos los asuntos de Estado deben ser remitidos a la Casa de
Justicia, pero los actos de adoración deben ser observados de acuerdo con lo que
Dios ha revelado en su Libro.
¡Oh pueblo de Bahá! Vosotros sois los lugares del amanecer del amor de Dios
y las auroras de su amorosa bondad. No mancilléis vuestras lenguas con la
maledicencia y la injuria de ningún alma, y proteged vuestros ojos de todo lo
indigno. Exponed lo que poseéis. Si es recibido favorablemente, vuestra
finalidad se habrá logrado; si no, protestar será en vano. Dejad tal alma a sí
misma y volveos al Señor, el Protector, el que Subsiste por Sí Mismo. No seáis
causa de dolor, mucho menos de discordias y peleas. Abrigamos la esperanza de
que logréis la verdadera educación al abrigo del árbol de sus tiernas mercedes y
de que actuéis de acuerdo con lo que Dios desea. Todos vosotros sois hojas de un
mismo árbol y gotas de un solo océano.
EL NOVENO ISHRÁQ
El propósito de la religión, tal como ha sido revelado desde el cielo de la
Santa Voluntad de Dios, es establecer la unidad y la concordia entre los pueblos
del mundo; no la convirtáis en causa de lucha y discordia. La religión de Dios y
su ley divina son los más potentes instrumentos y el más seguro de todos los
medios para hacer que la luz de la unidad alboree entre los hombres. El progreso
del mundo, el desarrollo de las naciones, la tranquilidad de los pueblos y la
paz de todos los que habitan en la tierra se hallan entre los principios y
ordenanzas de Dios. La religión otorga al hombre el más preciado de los dones,
ofrece la copa de la prosperidad, da la vida eterna y derrama beneficios
imperecederos sobre la humanidad. Incumbe a los jefes y gobernantes del mundo, y
en particular a los Fideicomisarios de la Casa de Justicia de Dios, esforzarse
al máximo para salvaguardar su posición, promover sus intereses y exaltar su
rango ante los ojos del mundo. De igual modo les corresponde informarse de las
condiciones de sus súbditos y familiarizarse con los asuntos y actividades de
las diversas comunidades de sus dominios. Exhortamos a las manifestaciones del
poder de Dios -los soberanos y gobernantes de la tierra- a levantarse y hacer
todo lo que esté en su mano para que quizás puedan desterrar la discordia de
este mundo e iluminarlo con la luz de la concordia.
Es responsabilidad de todos adherirse firmemente y observar lo que ha fluido
de nuestra Exaltadísima Pluma. Dios, el Verdadero, es mi testigo, y todos los
átomos existentes se ven impulsados a atestiguar que los medios conducentes a la
elevación, el progreso, la educación, la protección y la regeneración de los
pueblos de la tierra han sido claramente enumerados por Nos y revelados por la
Pluma de Gloria en los Libros Sagrados y las Tablas.
Imploramos a Dios que ayude benévolamente a sus siervos. Lo que este
Agraviado espera de todos es justicia y equidad. Que nadie se contente sólo con
escuchar; más bien les corresponde a todos meditar lo que este Agraviado ha
revelado. Juro por el Sol de la prolación, que brilla sobre el horizonte del
Reino del Todomisericordioso, que, si hubiese habido otro expositor u orador
perceptible Nosotros mismos no nos hubiéramos convertido en objeto de la
censura, el ridículo y la difamación del pueblo.
A nuestra llegada a 'Iráq encontramos a la Causa de Dios sumida en una
profunda apatía y a la brisa de la revelación divina acallada. La mayoría de los
creyentes estaban abatidos y desalentados, más aún, completamente perdidos y
muertos. Por ello, hubo un segundo toque de Trompeta, después del cual la Lengua
de Grandeza pronunció estas benditas palabras: "Hemos tocado la Trompeta por
segunda vez". De este modo el mundo entero fue reanimado por los alientos
vitalizadores de la inspiración y la revelación divinas.
Ciertas almas que ahora han salido resueltamente de detrás de los velos
tienen la intención de infligir daño a este Agraviado. Han obstaculizado y
negado la efusión de este inapreciable don.
¡Oh vosotros que juzgáis con imparcialidad! Si esta Causa ha de ser negada,
entonces, ¿qué otra causa podrá ser reivindicada o considerada digna de
aceptación?
Quienes se han apartado de la Causa de Dios están buscando diligentemente
reunir los Escritos Sagrados de esta Revelación; y, mediante gestos amistosos,
ya se las han arreglado para obtener algunos de estos Escritos de aquellos que
los tenían en su poder. Además, cuando se encontraban con seguidores de
cualquier religión, se hacían pasar por creyentes de la misma. Di: ¡Pereced en
vuestra ira! Verdaderamente Él ha aparecido con tan grande autoridad que ningún
hombre de visión, de oído, de perspicacia, de justicia o de equidad podría jamás
negarle. De ello da testimonio, en esta Hora resplandeciente, la Pluma de Aquel
que es el Antiguo de los Días.
¡Oh Jalíl! Mi gloria sea contigo. Exhortamos a los amados de Dios a realizar
buenas acciones para que quizá puedan ser ayudados misericordiosamente y se
aferren firmemente a lo que ha sido enviado desde el cielo de Su Revelación. Los
beneficios provenientes de estas palabras divinas descenderán sobre quienes
observan sus preceptos. Pedimos a Dios que les permita hacer lo que Le es grato
y aceptable, que conceda que actúen equitativamente y observen justicia en esta
Causa que se impone a todo, que los familiarice con sus Sagradas Escrituras y
dirija sus pasos hacia su recto Sendero.
Nuestro Exaltado Heraldo -que por Él se ofrenden las vidas de todos los
demás, salvo la suya- reveló determinadas leyes. No obstante, en el reino de Su
Revelación estas leyes fueron sometidas a nuestra sanción; de aquí que este
Agraviado haya puesto en vigor algunas de ellas incorporándolas al Kitáb-i-Aqdas
con palabras diferentes. Otras las hemos descartado. Él tiene la autoridad en su
mano. Él hace lo que desea y ordena lo que Le place. Él es el Todopoderoso, el
Todoalabado. También hay ordenanzas recién reveladas. Benditos aquellos que
alcanzan. Benditos los que cumplen sus preceptos.
El pueblo de Dios debe realizar el máximo esfuerzo para que el fuego del
odio y la malevolencia que está latente en los pechos de las razas y los pueblos
se extinga mediante las aguas vivas de la prolación y las exhortaciones de Aquel
que es el Deseo del mundo, y los árboles de la existencia humana se adornen con
excelente y maravilloso fruto. Él es, en verdad, el que advierte, el Compasivo,
el Todomunífico.
Que el esplendor de su gloria, que brilla sobre el horizonte de la
munificencia, sea sobre vosotros, oh pueblo de Bahá, sobre todo aquel que
permanezca firme y constante y sobre aquellos que estén versados en la Fe y
estén dotados de entendimiento verdadero.
En cuanto a tu pregunta relativa al interés y las ganancias en oro y plata:
Hace algunos años se reveló el siguiente pasaje desde el cielo del
Todomisericordioso, en honor de aquel que lleva el nombre de Dios y que posee el
título de Zaynu'l-Muqarrabín60 -que la gloria del Más Glorioso sea con él-. Él
(exaltada sea su Palabra) dice: Mucha gente tiene necesidad de ello. Porque si
no hubiese perspectivas de conseguir interés, los asuntos de los hombres se
derrumbarían o se trastornarían. Muy pocas veces se encuentra a una persona que
manifieste tal consideración hacia sus congéneres, hacia sus compatriotas o
hacia su propio hermano y se muestre tan solícito como para estar dispuesto a
conceder un préstamo en términos benevolentes.61 Por lo tanto, hemos prescrito,
como muestra de favor hacia los hombres, que el interés sobre el dinero sea
tratado como cualquier otra transacción comercial de las que son habituales
entre los hombres. Por consiguiente, ahora que este claro mandamiento ha
descendido desde el cielo de la Voluntad de Dios, es legal y apropiado cobrar
intereses sobre el dinero, para que los pueblos del mundo, en un espíritu de
amistad y camaradería, y con gozo y alegría, se dediquen con devoción a
magnificar el Nombre de Aquel que es el Bienamado de toda la humanidad.
Verdaderamente Él ordena de acuerdo con Su propia elección. Ahora ha hecho que
el interés cobrado por el dinero sea legal, del mismo modo que hizo que fuera
ilegal en el pasado. Él mantiene en su poder el reino de la autoridad. Él hace y
ordena. Él es, en verdad, el Ordenador, el Omnisapiente.
Da gracias a tu Señor, oh Zaynu'l-Muqarrabín, por este don manifiesto.
Muchos eclesiásticos de Persia, mediante innumerables tretas y ardides, han
subsistido gracias a las ganancias ilícitas obtenidas con la usura. Han tramado
maneras de dar a la forma externa de la usura una apariencia de legalidad.
Convierten en juguetes las leyes y ordenanzas de Dios, pero no entienden.
Sin embargo, éste es un asunto que debe llevarse con moderación y equidad.
Como prueba de sabiduría y en beneficio de las gentes, nuestra Pluma de Gloria
se ha abstenido de fijar sus límites. No obstante, exhortamos a los amados de
Dios a observar justicia y equidad y a hacer aquello que impulse a los amigos de
Dios a mostrarse tierna compasión y misericordia los unos hacia los otros. En
verdad, Él es el Consejero, el Compasivo, el Todomisericordioso. Quiera Dios que
a todos los hombres se les ayude muníficamente a observar lo que la Lengua del
Único Dios Verdadero ha proclamado. Y si ponen en práctica lo que hemos
promulgado, Dios -exaltada sea su gloria- con seguridad duplicará su parte
mediante el cielo de su favor. Verdaderamente Él es el Generoso, el Perdonador,
el Compasivo. Alabado sea Dios, el Más Exaltado, el Más Grande.
No obstante, se ha encomendado la dirección de estas cuestiones a los
hombres de la Casa de Justicia para que ellos las hagan cumplir de acuerdo con
las exigencias de los tiempos y los dictados de la sabiduría.
Una vez más exhortamos a todos los creyentes a observar justicia y equidad y
a mostrar amor y alborozo. Ellos son, de hecho, el pueblo de Bahá, los
compañeros del Arca Carmesí. Sea con ellos la paz de Dios, el Señor de todos los
Nombres, el Creador de los cielos.
LAWÆ-I-HIKMAT
Tabla de la Sabiduría
Esta Tabla iba dirigida a Áqá Mu¥ammad, distinguido creyente de la ciudad de
Qa'in a quien se le dio el sobrenombre de Nabíl-i-Akbar.62 A otro distinguido
creyente de Qá'in, Mullá Mu¥ammad-'Alí, se le conocía como Nabíl-i-Qá'iní.63 En
notación abjad, el nombre "Mu¥ammad" tiene el mismo valor numérico que "Nabíl".
Ésta es una Epístola que el Todomisericordioso ha enviado desde el Reino de
la Prolación. En verdad es un hálito de vida para quienes habitan en el reino de
la creación. ¡Glorificado sea el Señor de todos los mundos! En esta Epístola se
hace mención de aquel que magnifica el Nombre de Dios, su Señor, y que ha sido
llamado Nabíl en una importante Tabla.
¡Oh Mu¥ammad! Escucha la Voz procedente del Reino de Gloria, que llama en
voz alta desde el Árbol celestial que se ha elevado sobre la tierra de
Za'farán.64 Verdaderamente no hay otro Dios salvo Yo, el Omnisciente, el Sabio.
Sé como las brisas del Todomisericordioso para los árboles del reino de la
existencia y favorece su crecimiento mediante la potencia del Nombre de tu
Señor, el Justo, el Informado de Todo. Deseamos familiarizarte con lo que
servirá de recordatorio para el pueblo, para que echen a un lado las cosas
corrientes entre ellos y dirijan sus rostros hacia Dios, el Señor de los
sinceros.
Exhortamos a la humanidad en estos días en que el semblante de la Justicia
está manchado de polvo, en que las llamas de la falta de fe arden a gran altura
y se ha rasgado el manto de la sabiduría, en que la tranquilidad y la lealtad
han menguado y las pruebas y tribulaciones se han hecho severas, en que los
convenios se violan y los lazos se rompen, en que ningún hombre sabe diferenciar
la luz de la oscuridad ni distinguir la guía del error.
¡Oh pueblos del mundo! Abandonad toda maldad y aferraos a lo que es bueno.
Esforzaos por ser ejemplos resplandecientes para toda la humanidad y verdaderos
recordatorios de las virtudes de Dios entre los hombres. Aquel que se levante a
servir mi Causa debe manifestar mi sabiduría y dirigir todos sus esfuerzos a
eliminar la ignorancia de la tierra. Estad unidos en el consejo, sed uno en
pensamiento. Que cada amanecer sea mejor que su víspera y cada mañana más rica
que su ayer. El mérito del hombre reside en el servicio y la virtud, y no en la
pompa de las riquezas y la opulencia. Poned atención para que vuestras palabras
estén purificadas de ociosas fantasías y deseos mundanos y para que vuestras
acciones estén limpias de astucias y sospechas. No disipéis la riqueza de
vuestras preciosas vidas en pos de una inclinación perversa y corrupta, ni
dejéis que vuestros esfuerzos se empleen en promover vuestro interés personal.
Sed generosos en vuestros días de abundancia y pacientes en la hora del
quebranto. A la adversidad le sigue el éxito y el regocijo viene tras la pena.
Guardaos de la ociosidad y la pereza, aferraos a lo que beneficie a la
humanidad, ya seáis jóvenes o viejos, de alto rango o humildes. Cuidado, no sea
que sembréis la cizaña de la discordia entre los hombres o plantéis las espinas
de la duda en los corazones puros y radiantes.
¡Oh bienamados del Señor! No cometáis aquello que ensucie la límpida
corriente del amor o destruya la dulce fragancia de la amistad. ¡Por la rectitud
del Señor! Habéis sido creados para mostrar amor unos por otros, y no
perversidad y rencor. No os enorgullezcáis en el amor a vosotros mismos, sino en
el amor a vuestros congéneres. No os gloriéis en el amor a vuestra patria, sino
en el amor a toda la humanidad. Que vuestro ojo sea casto, vuestra mano leal,
vuestra lengua veraz y vuestro corazón esclarecido. No degradéis la posición de
los eruditos en Bahá y no menospreciéis el rango de los gobernantes que
administran justicia entre vosotros. Poned vuestra confianza en el ejército de
la justicia, ceñid la armadura de la sabiduría, que vuestro adorno sea el perdón
y la clemencia, y aquello que alegre los corazones de los favorecidos de Dios.
¡Por mi vida! Tus quejas Me han sumido en la aflicción. No mires a los hijos
del mundo y todas sus acciones, sino fija tu vista en Dios y en su dominio sin
fin. Verdaderamente Él te recuerda aquello que es la fuente de deleite para toda
la humanidad. Bebe la vivificante agua de dichosa alegría del cáliz de la
prolación ofrecido por el Manantial de la Revelación divina, Aquel que ha hecho
mención de ti en esta poderosa fortaleza. Esfuérzate al máximo por establecer la
palabra de la verdad con elocuencia y sabiduría y por disipar la falsedad de la
faz de la tierra. Así te lo ordena la Aurora del conocimiento divino desde este
luminoso horizonte.
¡Oh tú que hablas en mi Nombre! Analiza a la gente y lo que ha hecho en Mis
días. A uno de los gobernantes le revelamos aquello que sobrepasa en poder a
todos los habitantes de la tierra, y le pedimos que Nos pusiera cara a cara con
los hombres eruditos de esta época, para poder exponer para él el testimonio de
Dios, sus pruebas, su gloria y su majestad; con ello no teníamos otra intención
que no fuera el más elevado bien. No obstante, él cometió lo que ha hecho
lamentarse a los moradores de las ciudades de la justicia y la equidad. De esta
forma se ha juzgado entre Yo y él. Verdaderamente tu Señor es el Ordenador, el
Informado de Todo. En circunstancias como las que ves, ¿cómo puede el Ave
Celestial remontarse en la atmósfera de los misterios divinos cuando se han
golpeado sus alas con las piedras de la ociosa fantasía y del odio amargo, y se
le ha arrojado a una prisión construida con una piedra que no cede? ¡Por la
rectitud de Dios! La gente ha perpetrado una lamentable injusticia.
Por lo que se refiere a tus afirmaciones sobre el comienzo de la creación,
ésta es una cuestión sobre la cual las ideas varían en razón de las divergencias
en el pensamiento y las opiniones de los hombres. Si afirmases que la creación
siempre existió y continuará existiendo, sería verdad; o si afirmases esa misma
idea tal como se menciona en las Sagradas Escrituras, no habría duda alguna al
respecto, puesto que ha sido revelada por Dios, el Señor de los mundos. En
verdad, Él era un tesoro oculto. Ésta es una posición que jamás podrá
describirse, ni tan siquiera aludirse a ella. Y en la posición de "Deseé darme a
conocer", Dios existía, y su creación siempre había existido bajo su amparo
desde el principio que no tiene principio, además de venir precedida por una
Primeridad65 que no puede ser considerada primeridad y estar originada por una
Causa inescrutable incluso para todos los hombres de erudición.
Lo que existe ha existido antes, pero no en la forma que ves hoy. El mundo
de la existencia surgió del calor generado por la interacción entre la fuerza
activa y aquella que es su receptáculo. Estas dos son la misma, y sin embargo
son diferentes. De este modo, el Gran Anuncio te informa acerca de esta gloriosa
estructura. Los que comunican la influencia generadora y los que reciben su
impacto son creados, en realidad, a través de la irresistible Palabra de Dios,
que es la Causa de la creación entera, mientras que todos los demás excepto su
Palabra no son sino criaturas y efectos de la misma. Verdaderamente tu Señor es
el Expositor, el Todosabio.
Sabe que, por otra parte, la Palabra de Dios -exaltada sea su gloria- es más
elevada y muy superior a lo que los sentidos pueden percibir, pues está
purificada de toda propiedad o sustancia. Trasciende las limitaciones de los
elementos conocidos y está exaltada por encima de todas las sustancias
esenciales reconocidas. Se hizo manifiesta sin ninguna sílaba ni sonido y no es
sino el Mandamiento de Dios que impregna todas las cosas creadas. Nunca se ha
retirado del mundo del ser. Es la gracia de Dios que todo lo penetra, de la cual
emana toda gracia. Es una entidad muy apartada de todo lo que es y de todo lo
que será.
Somos remisos a extendernos sobre este tema, pues los descreídos han
inclinado sus oídos hacia Nosotros para escuchar aquello que les permitiría
poner reparos triviales a Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por
Sí Mismo. Y como son incapaces de alcanzar los misterios del conocimiento y de
la sabiduría a partir de lo que ha sido revelado por la Fuente del esplendor
divino, se alzan en protesta y prorrumpen en griterío. Pero es correcto decir
que ellos ponen objeciones a lo que comprenden, no a las explicaciones dadas por
el Expositor ni a las verdades dadas a conocer por el Único Dios verdadero, el
Conocedor de cosas invisibles. Todas y cada una de sus objeciones se vuelven
contra ellos mismos, y juro por tu vida que están desprovistos de entendimiento.
Cada cosa necesariamente ha de tener un origen y cada edificio un
constructor. Verdaderamente, la Palabra de Dios es la Causa que ha precedido al
mundo contingente, un mundo que está adornado con los esplendores del Antiguo de
los Días y, sin embargo, se renueva y se regenera a cada instante.
Inconmensurablemente exaltado es el Dios de Sabiduría que ha erigido esta
sublime estructura.
Observa el mundo y recapacita un momento sobre él. El mundo desvela ante tus
ojos el libro de su propio ser y revela lo que la Pluma de tu Señor, el
Modelador, el Informado de todo, ha inscrito en él. Te familiarizará con lo que
existe dentro de él y encima de él, y te dará explicaciones tan claras como para
hacerte independiente de todo expositor elocuente.
Di: En su esencia, la Naturaleza es la encarnación de mi Nombre, el Hacedor,
el Creador. Sus manifestaciones están diversificadas por diferentes causas, y en
esta diversidad hay signos para los hombres de discernimiento. La Naturaleza es
la Voluntad de Dios y su expresión en el mundo contingente y a través del mismo.
Es un designio divino impuesto por el Ordenador, el Todosabio. Si alguien
afirmara que es la Voluntad de Dios manifestada en el mundo del ser, nadie
debería cuestionar esta declaración. Está dotada de un poder cuya realidad no
consiguen captar los eruditos. De hecho, un hombre de discernimiento no puede
percibir nada en ella salvo el refulgente resplandor de nuestro Nombre, el
Creador. Di: Ésta es una existencia que no conoce deterioro, y la misma
Naturaleza se halla sumida en la perplejidad ante sus revelaciones, sus pruebas
irrefutables y su gloria refulgente que han circundado al universo.
No resulta apropiado que dirijas tu mirada hacia tiempos remotos o más
recientes. Haz mención de este Día y magnifica lo que ha aparecido en él. En
verdad, esto será suficiente para toda la humanidad. Ciertamente, las
explicaciones y los discursos que explican estas cosas hacen que se hielen los
espíritus. Te incumbe hablar de tal modo que hagas que los corazones de los
creyentes verdaderos se enciendan y sus cuerpos se encumbren.
Quien hoy crea firmemente en el renacimiento del hombre y sea plenamente
consciente de que Dios, el Exaltadísimo, posee una ascendencia suprema y ejerce
autoridad absoluta sobre esta nueva creación, ciertamente tal hombre se cuenta
entre aquellos que están dotados de perspicacia en esta grandísima Revelación.
De esto da testimonio todo creyente de discernimiento.
Camina muy por encima del mundo del ser mediante el poder del Más Grande
Nombre, para que seas consciente de los misterios inmemoriales y estés enterado
de lo que nadie está enterado. Verdaderamente tu Señor es el Auxiliador, el
Omnisciente, el Informado de todo. Sé como una arteria palpitante que late en el
cuerpo de la creación entera, para que por medio del calor generado por este
movimiento aparezca aquello que vivifique los corazones de los que dudan.
En el tiempo en que Nosotros estuvimos ocultos tras incontables velos de
luz, tú conversaste conmigo y contemplaste las luminarias del cielo de mi
sabiduría y las olas del océano de mi prolación. Verdaderamente tu Señor es el
Veraz, el Fiel. Grande, en verdad, es la bienaventuranza de quien ha alcanzado
las generosas efusiones de este océano en los días de su Señor, el Más Generoso,
el Todosabio.
Durante nuestra estancia en Iraq, cuando estuvimos en la casa de un tal
Majíd, expusimos claramente para ti los misterios de la creación y el origen, la
culminación y la causa de la misma. No obstante, desde nuestra partida Nos hemos
limitado a esta afirmación: "Verdaderamente no hay otro Dios salvo Yo, el
Siempre Perdonador, el Generoso".
Enseña la Causa de Dios con palabras que hagan que las zarzas se enciendan y
que el llamamiento: "Verdaderamente no hay otro Dios salvo Yo, el Todopoderoso,
el Irrestringido" se eleve desde ellas. Di: La palabra humana es una esencia que
aspira a ejercer su influencia y necesita moderación. En cuanto a su influencia,
está condicionada al refinamiento, que a su vez depende de que los corazones
sean desprendidos y puros. En cuanto a su moderación, ésta tiene que estar
combinada con el tacto y la sabiduría, según lo prescrito en las Sagradas
Escrituras y Tablas. Medita sobre aquello que fluye del cielo de la Voluntad de
tu Señor, Aquel que es la Fuente de toda gracia, para que puedas captar el
significado que se le quiso dar y que está guardado en las sagradas
profundidades de las Sagradas Escrituras.
Quienes han rechazado a Dios y se adhieren firmemente a la Naturaleza tal
cual es en sí misma, verdaderamente están desprovistos de conocimiento y
sabiduría. Ellos son, en verdad, de aquellos que se han extraviado. No han
podido alcanzar la encumbrada cima y no han logrado el propósito último; por lo
tanto, sus ojos se cerraron y sus pensamientos discrepan, mientras que los
dirigentes entre ellos han creído en Dios y en su invencible soberanía. De ello
da testimonio tu Señor, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí
Mismo.
Cuando los ojos del pueblo del Este quedaron cautivados por las artes y
maravillas del Oeste, vagaron muy turbados por el yermo de las causas
materiales, inconscientes de Aquel que es el Causador de las Causas y el
Sustentador de las mismas, en tanto que los hombres que fueron fuente y
manantial de la Sabiduría jamás negaron al Impulso motor que se encuentra tras
estas causas, ni al Creador y Origen de las mismas. Tu Señor sabe; sin embargo,
la mayoría de la gente no sabe.
Ahora, por amor a Dios, el Señor de los Nombres, Nos hemos fijado la tarea
de mencionar en esta Tabla ciertos relatos de los sabios,66 para que gracias a
ellos los ojos de la gente se abran y ésta esté completamente segura de que Él
en verdad es el Hacedor, el Omnipotente, el Creador, el Originador, el
Omnisciente, el Todosabio.
Aunque se reconoce que los eruditos contemporáneos son muy competentes en
filosofía y en las artes y los oficios, sin embargo, si alguien observase con
ojo discriminador, fácilmente comprendería que la mayor parte de ese
conocimiento lo han adquirido de los sabios del pasado, pues fueron ellos
quienes sentaron las bases de la filosofía, erigieron su estructura y
fortalecieron sus pilares. De este modo te informa tu Señor, el Antiguo de los
Días. Los sabios de antaño adquirieron su conocimiento de los Profetas, por
cuanto estos últimos fueron los Exponentes de la filosofía divina y los
Reveladores de los misterios celestiales. Los hombres bebieron de las aguas
vivas y cristalinas de sus palabras, mientras otros se contentaron con los
desperdicios. Cada uno recibe una porción según su medida. Verdaderamente Él es
el Equitativo, el Sabio.
Empédocles, que se distinguió en filosofía, fue contemporáneo de David,
mientras que Pitágoras vivió en tiempos de Salomón, hijo de David, y obtuvo la
Sabiduría del tesoro de la posición profética. Fue él quien afirmó haber oído el
sonido susurrante de los cielos y haber alcanzado la posición de los ángeles. En
verdad, tu Señor expondrá claramente todas las cosas, si Le place.
Verdaderamente Él es el Sabio, el que todo lo penetra.
La esencia y los fundamentos de la filosofía han emanado de los Profetas.
Que la gente difiera respecto al significado intrínseco y los misterios de la
misma debe atribuirse a la divergencia de sus opiniones y pensamientos.
Gustosamente te referiremos lo siguiente: En cierta ocasión, uno de los Profetas
estaba comunicando a su gente lo que el Señor Omnipotente Le había inspirado.
Verdaderamente tu Señor es el Inspirador, el Bondadoso, el Exaltado. Cuando la
fuente de sabiduría y elocuencia brotó del manantial de Su prolación y el vino
del conocimiento divino embriagó a aquellos que habían buscado su umbral, Él
exclamó: "¡Mirad! Todos están llenos del Espíritu". Entre la gente hubo quien se
aferró firmemente a esta afirmación y, actuando de acuerdo con sus propias
fantasías, concibió la idea de que el espíritu penetraba o entraba literalmente
en el cuerpo y, mediante extensas exposiciones, presentó pruebas para justificar
esta idea; y diversos grupos de personas siguieron sus pasos. Mencionar sus
nombres en este punto o darte cuenta de los mismos en detalle sería prolijo y se
apartaría del tema principal. Verdaderamente tu Señor es el Todosabio, el
Omnisciente. Hubo también quien participó del vino escogido cuyo sello había
sido roto por la Llave de la Lengua de Aquel que es el Revelador de los Versos
de tu Señor, el Bondadoso, el Más Generoso.
Ciertamente, los filósofos no han negado al Antiguo de los Días. La mayoría
de ellos fallecieron deplorando su fracaso en sondear su misterio, como algunos
de ellos lo han atestiguado. En verdad, tu Señor es el Consejero, el Informado
de todo.
Piensa en Hipócrates, el médico. Él fue uno de los eminentes filósofos que
creyeron en Dios y reconocieron su soberanía. Después de él vino Sócrates, que
ciertamente era sabio, cabal y recto. Practicaba la negación de sí mismo,
reprimía sus apetitos de deseos egoístas y se apartaba de los placeres
materiales. Se retiró a las montañas, donde habitó en una cueva. Disuadió a los
hombres de adorar ídolos y les enseñó el camino de Dios, el Señor de la
Misericordia, hasta que los ignorantes se levantaron contra él, le arrestaron y
le dieron muerte en la cárcel. De este modo te lo relata esta Pluma que se mueve
rápidamente. ¡Qué penetrante visión de la filosofía tenía este hombre eminente!
Él es el más distinguido de todos los filósofos y estaba muy versado en la
sabiduría. Somos testigos de que él es uno de los héroes en este campo y un
destacado paladín consagrado a ella. Tenía un profundo conocimiento de las
ciencias que eran comunes entre los hombres, así como también de las que estaban
veladas a sus mentes. Me parece que bebió un trago cuando el Más Grande Océano
se desbordó con sus relucientes aguas vivas. Fue él quien captó en las cosas una
naturaleza única, atenuada, penetrante, que tenía gran semejanza con el espíritu
humano, y descubrió que esta naturaleza era distinta de la sustancia de las
cosas en su forma refinada. Él tenía una opinión especial sobre este importante
tema. Si preguntases a los sabios mundanos de esta generación acerca de esta
exposición, serías testigo de su incapacidad para captarla. Verdaderamente tu
Señor habla la verdad, pero la mayoría del pueblo no comprende.
Después de Sócrates vino el divino Platón, que era discípulo suyo y ocupó la
cátedra de la filosofía como su sucesor. Él reconoció su creencia en Dios y en
sus signos, que penetran todo lo que ha sido y lo que será. Luego vino
Aristóteles, el famoso hombre de conocimiento. Él fue quien descubrió el poder
de la materia gaseosa. Estos hombres que destacan como líderes de las gentes y
son preeminentes entre ellas reconocieron todos y cada uno de ellos su creencia
en el Ser inmortal que tiene en su poder las riendas de todas las ciencias.
También te citaré la invocación expresada por Balinús, que estaba
familiarizado con las teorías expuestas por el Padre de la Filosofía, relativas
a los misterios de la creación, tal como están explicadas en sus tablas de
crisólito, para que todos estén completamente seguros de lo que hemos dilucidado
para ti en esta Tabla manifiesta, la cual, si se aprieta con la mano de la
equidad y del conocimiento, producirá el espíritu de vida para la vivificación
de todas las cosas creadas. Grande es la bendición de aquel que nada en este
océano y celebra la alabanza de su Señor, el Bondadoso, el Bienamado. En verdad,
las brisas de la revelación divina se propagan de los versos de tu Señor, de tal
manera que nadie puede cuestionar su verdad, excepto aquellos que están privados
de oído, de visión, de entendimiento y de toda facultad humana. Verdaderamente
tu Señor da testimonio de esto y, sin embargo, la gente no entiende.
Este hombre ha dicho: "Yo soy Balinús, el sabio, el que hace maravillas, el
que fabrica talismanes". Sobrepasó a todos los demás en la difusión de las artes
y las ciencias y se remontó a las más elevadas cimas de humildad y súplica.
Presta atención a lo que él dijo rogando al que todo lo posee, el Más Exaltado:
"Estoy en presencia de mi Señor, ensalzando sus dones y sus dádivas y alabándole
con lo que Él alaba su propio Ser, para que me convierta en fuente de bendición
y guía para los hombres que reconocen mis palabras". Y además él dice: "¡Oh
Señor! Tú eres Dios, y no hay Dios sino Tú. Tú eres el Creador, y no hay otro
creador excepto Tú. Auxíliame con tu gracia y fortaléceme. Mi corazón está
sobrecogido de inquietud, mis miembros tiemblan, he perdido la razón y mi mente
me ha fallado. Concédeme fortaleza y permite que mi lengua se exprese con
sabiduría". Y dice además: "Tú eres en verdad el Conocedor, el Sabio, el
Poderoso, el Compasivo". Fue este hombre erudito quien se informó de los
misterios de la creación y percibió las sutilezas que están atesoradas en los
escritos herméticos.67
No deseamos hacer mención de nada más, pero expresaremos lo que el Espíritu
ha instilado en mi corazón. En verdad, no existe otro Dios más que Él, el
Conocedor, el Poderoso, el que Ayuda en el Peligro, el Más Excelente, el
Todoalabado. ¡Por mi vida! En este Día el Árbol celestial es remiso a proclamar
al mundo nada que no sea esta afirmación: "Verdaderamente no hay otro Dios salvo
Yo, el Sin Par, el Informado de todo".
Si no fuera por el amor que siento por ti, no habría pronunciado una sola
palabra de lo que se ha mencionado. Aprecia el valor de esta posición y
presérvala como preservarías tu propio ojo, y sé de aquellos que están
verdaderamente agradecidos.
Tú sabes bien que no hemos estudiado en los libros que poseen los hombres y
no hemos adquirido el conocimiento corriente entre ellos, y, no obstante,
siempre que deseamos citar los dichos de los eruditos y los sabios,68 al poco
aparece ante el rostro de tu Señor en forma de tabla todo lo que ha aparecido en
el mundo y está revelado en los Libros Sagrados y en las Escrituras. De esta
forma hemos puesto por escrito lo que el ojo percibe. Verdaderamente su
conocimiento abarca la tierra y los cielos.
Ésta es una Tabla en la que la Pluma del Invisible ha registrado el
conocimiento de todo lo que ha sido y de todo lo que será, un conocimiento que
ningún otro salvo mi maravillosa Lengua puede interpretar. En verdad, mi corazón
tal como es ha sido purificado por Dios de los conceptos de los eruditos y está
santificado de las expresiones de los sabios. En verdad no refleja nada salvo
las revelaciones de Dios. De esto da testimonio la Lengua de Grandeza en este
Libro perspicuo.
Di: ¡Oh gentes de la tierra! Tened cuidado de que ninguna referencia a la
sabiduría os prive de su Fuente ni os aparte del Punto de su Amanecer. Dirigid
vuestros corazones hacia el Señor, el Educador, el Todosabio.
Para cada región hemos prescrito una parte, para cada ocasión una porción
asignada, para cada pronunciamiento un tiempo señalado y para cada situación una
observación acertada. Piensa en Grecia. Durante un prolongado período hicimos de
ella la Sede de la Sabiduría. Sin embargo, cuando llegó la hora señalada, su
trono fue perturbado, su lengua cesó de hablar, su luz menguó y su bandera fue
arriada. De esta manera concedemos y retiramos. Verdaderamente tu Señor es el
que da y el que quita, el Poderoso, el Potente.
En todos los países hemos establecido una luminaria del conocimiento, y
cuando se aproxime el tiempo preordinado, brillará resplandeciente sobre su
horizonte, tal como ha sido decretado por Dios, el Omnisciente, el Todosabio. Si
fuese nuestra voluntad, somos plenamente capaces de describirte lo que existe en
todos los países o lo que ha sucedido en ellos. En verdad, el conocimiento de tu
Señor empapa los cielos y la tierra.
Sabe, además, que las gentes de antaño produjeron cosas que los eruditos
contemporáneos son incapaces de producir. Te recordamos a Murtus, que fue uno de
los doctos. Inventó un instrumento que transmitía el sonido a una distancia de
sesenta millas. Otros, aparte de él, también descubrieron cosas que nadie de
esta época ha contemplado. Verdaderamente tu Señor revela en cada época lo que
Le place, como una muestra de sabiduría de su parte. Él es, en verdad, el
supremo Ordenador, el Todosabio.
Un verdadero filósofo jamás negaría a Dios ni sus pruebas, sino más bien
reconocería su gloria y su abrumadora majestad, la cual eclipsa a todas las
cosas creadas. En verdad amamos a esos hombres de conocimiento que sacaron a la
luz cosas que fomentan los mejores intereses de la humanidad y les ayudamos
mediante la potencia de nuestro mandato, pues bien capaces somos de lograr
nuestro propósito.
Cuidado, oh mis bienamados, no sea que menospreciéis los méritos de mis
siervos eruditos, a quienes Dios ha escogido muníficamente para que sean los
exponentes de su Nombre "el Modelador" entre la humanidad. Esforzaos al máximo
por hacer progresar artes y empresas de las cuales todos, ya sean jóvenes o
viejos, se puedan beneficiar. Nos hemos librado de esos ignorantes que
inocentemente imaginan que la Sabiduría es dar rienda suelta a las ociosas
imaginaciones de uno y repudiar a Dios, el Señor de todos los hombres, como en
la actualidad oímos decir a algunos negligentes.
Di: El comienzo de la Sabiduría y el origen de la misma es reconocer todo lo
que Dios ha manifestado claramente, pues a través de su potencia han sido
firmemente establecidos los fundamentos del arte de gobernar, que es un escudo
para la preservación del cuerpo de la humanidad. Medita un momento para que
percibas lo que mi exaltadísima Pluma ha proclamado en esta Tabla maravillosa.
Di, todos los temas relacionados con los asuntos de Estado que has presentado
para tratar caen bajo la sombra de una de las palabras enviadas desde el cielo
de su gloriosa y su exaltada prolación. De este modo te hemos relatado aquello
que vigorizará tu corazón, dará solaz a tus ojos y te permitirá levantarte para
promover su Causa entre todos los pueblos.
¡Oh mi Nabíl! Que nada te apene; más bien, regocíjate con rebosante alegría,
pues he mencionado tu nombre, he vuelto mi corazón y mi rostro hacia ti y he
conversado contigo mediante esta irrefutable e importante exposición. Medita en
tu corazón acerca de las tribulaciones que he sufrido, el encarcelamiento y el
cautiverio que he soportado, los padecimientos que Me han acaecido y las
acusaciones que la gente ha vertido en mi contra. Mira cómo verdaderamente están
envueltos en un lastimoso velo.
Cuando la disertación llegó a este punto apareció la aurora de los misterios
divinos y se extinguió la luz de la prolación. Que su gloria sea sobre las
personas de sabiduría, como ha sido ordenado por Aquel que es el Todopoderoso,
el Todoalabado.
Di: Magnificado sea tu Nombre, ¡oh Señor mi Dios! Te ruego por tu Nombre,
por medio del cual brilló resplandeciente el esplendor de la luz de la sabiduría
cuando los cielos de la prolación divina se pusieron en movimiento entre la
humanidad, que me ayudes generosamente con tus confirmaciones celestiales y me
permitas exaltar tu Nombre entre tus siervos.
¡Oh Señor! Hacia Ti he vuelto mi rostro, desprendido de todo excepto de Ti y
adhiriéndome firmemente al borde del manto de tus múltiples bendiciones. Suelta,
por tanto, mi lengua para proclamar lo que cautive las mentes de los hombres y
regocije sus almas y sus espíritus. Fortaléceme luego en tu Causa, de tal modo
que el predominio de los opresores entre tus criaturas no me pueda estorbar ni
me pueda retener el ataque de los descreídos entre aquellos que moran en tu
reino. Hazme como una lámpara que brille en todas tus tierras, para que sean
guiados por su resplandor aquellos en cuyos corazones brilla la luz de tu
conocimiento y perdura el anhelo por tu amor.
Verdaderamente potente eres Tú para hacer todo cuanto Te place y en tu mano
tienes el reino de la creación. No hay otro Dios sino Tú, el Todopoderoso, el
Todosabio.
ASL-I-KULLU'L-KHAYR
Palabras de Sabiduría
En el Nombre de Dios, el Exaltado, el Altísimo.
La fuente de todo bien es la confianza en Dios, la sumisión a sus mandatos y
la complacencia con su santa voluntad y agrado.
La esencia de la sabiduría es el temor de Dios, el terror de su azote y su
castigo, y el miedo a su justicia y su decreto.
La esencia de la religión es dar testimonio de lo que el Señor ha revelado y
seguir lo que Él ha ordenado en su poderoso Libro.
La fuente de toda gloria es aceptar todo aquello que el Señor otorga y
contentarse con lo que Dios ordena.
La esencia del amor es que el hombre dirija su corazón hacia el Amado y se
aparte de todo menos de Él, y no desear nada que no sea el deseo de su Señor.
El verdadero recuerdo es hacer mención del Señor, el Todoalabado, y
olvidarse de todo excepto de Él.
La verdadera confianza es que el siervo ejerza su profesión y su vocación en
este mundo, que se aferre al Señor y que no busque nada salvo su gracia, puesto
que en sus manos está el destino de todos sus siervos.
La esencia del desprendimiento es que el hombre vuelva su rostro hacia las
cortes del Señor, llegue a su Presencia, contemple su Semblante y dé testimonio
ante Él.
La esencia del entendimiento es atestiguar nuestra propia pobreza y
someternos a la Voluntad del Señor, el Soberano, el Benévolo, el Todopoderoso.
La fuente del valor y del poder es la promoción de la Palabra de Dios y la
firmeza en su Amor.
La esencia de la caridad es que el siervo refiera las bendiciones de su
Señor y le dé gracias en todo momento y en todas las circunstancias.
La esencia de la fe es ser parco en palabras y abundante en hechos; aquel
cuyas palabras sobrepasan a sus hechos, sabed, en verdad, que su muerte es mejor
que su vida.
La esencia de la verdadera seguridad es guardar silencio, mirar el fin de
las cosas y renunciar al mundo.
El comienzo de la magnanimidad es cuando el hombre gasta su fortuna en sí
mismo, en su familia y en los pobres entre los hermanos en su Fe.
La esencia de la riqueza es el amor por Mí; aquel que Me ama es el poseedor
de todas las cosas y aquel que no Me ama es, de hecho, de los pobres e
indigentes. Esto es lo que ha revelado el Dedo de Gloria y Esplendor.
La fuente de todo mal es que el hombre se aparte de su Señor y ponga su
corazón en cosas impías.
El fuego más ardiente es poner en duda los signos de Dios, cuestionar
ociosamente lo que Él ha revelado, negarle y mostrarse orgulloso ante Él.
La fuente de toda erudición es el conocimiento de Dios, exaltada sea su
Gloria, y esto no puede alcanzarse sino mediante el conocimiento de su
Manifestación Divina.
La esencia del envilecimiento es salir de debajo de la sombra del
Misericordioso y buscar el amparo del Malvado.
La fuente del error es no creer en el Dios Único y verdadero, confiar en
otra cosa que no sea Él y huir de su Decreto.
La verdadera pérdida es la de aquel cuyos días se han consumido en completa
ignorancia de su propio ser.
La esencia de todo lo que te hemos revelado es la Justicia; y ésta consiste
en que el hombre se libere de la ociosa fantasía y de la imitación, que sepa
percibir con el ojo de la unidad Su gloriosa obra y que investigue todas las
cosas con ojo perspicaz.
De este modo te hemos instruido y te hemos manifestado Palabras de
Sabiduría, para que estés agradecido al Señor tu Dios y te gloríes de ello entre
todas las gentes.
LAWÆ-I-MAQSÚD
Tabla de Maqsúd
En lugar de dirigirse directamente a Bahá'u'lláh, los bahá'ís, por respeto,
escribían a su amanuense, Mírzá Áqá Ján, llamado "Siervo de Dios" y "Asistente".
La respuesta venía en forma de una carta de Mírzá Áqá Ján, en la que citaba
palabras de Bahá'u'lláh, pero que, de hecho, era dictada en su totalidad por
Bahá'u'lláh. Por ello, todas las partes de la Tabla, incluso aquellas que
aparentemente contienen palabras de Mírzá Áqá Ján, son Escritura Sagrada
revelada por Bahá'u'lláh. La Tabla de Maqsúd está escrita de esta forma. Iba
dirigida a Mírzá Maqsúd, uno de los primeros creyentes que en aquel tiempo
vivían en Damasco y en Jerusalén.
Él es Dios, exaltado sea Él, el Señor de Majestad y Poder.
Una alabanza que sea exaltada por encima de toda mención o descripción es
digna del Adorado, el Poseedor de todas las cosas visibles e invisibles, que ha
permitido al Punto Primordial revelar incontables Libros y Epístolas, y que
mediante la potencia de su Sublime Palabra ha llamado a la existencia a la
creación entera, ya sea de las generaciones anteriores o de las más recientes.
En cada ciclo y edad, de conformidad con su trascendente sabiduría, Él ha
enviado un Mensajero divino para reanimar a las almas desalentadas y abatidas
con las aguas vivas de Su Prolación, Uno que es en verdad el Expositor, el
verdadero Intérprete, puesto que el hombre es incapaz de comprender lo que fluye
de la Pluma de Gloria y lo que está registrado en sus Libros celestiales. En
todo tiempo y en toda condición los hombres necesitan que alguien les exhorte,
les guíe y les instruya y enseñe. Por lo tanto, Él ha enviado a sus Mensajeros,
a sus Profetas y a sus elegidos para que familiaricen a la gente con el
propósito divino, que subyace en la revelación de los Libros y en el surgimiento
de los Mensajeros, para que todos conozcan el fideicomiso de Dios que está
latente en la realidad de cada alma.
El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de educación
adecuada le ha privado de aquello que posee intrínsecamente. Por una sola
palabra procedente de la boca de Dios fue llamado a la existencia; por una
palabra más se le guió a reconocer la Fuente de su educación; aun por otra
palabra fueron salvaguardados su posición y su destino. El Gran Ser dice:
Considerad al hombre como una mina rica en gemas de inestimable valor. La
educación puede, ella sola, hacer que revele sus tesoros y permitir que la
humanidad se beneficie de ellos. Si algún hombre meditase sobre lo que han
revelado las Escrituras enviadas desde el cielo de la santa Voluntad de Dios,
fácilmente reconocería que el propósito de las mismas es que todos los hombres
sean considerados como una sola alma, para que el sello que lleva las palabras
"El Reino será de Dios" pueda ser estampado en todos los corazones, y la luz de
la generosidad, la gracia y la misericordia divinas pueda envolver a toda la
humanidad. El Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- no ha deseado nada
para Sí mismo. La fidelidad del género humano no Le es de utilidad ni Le
perjudica su perversidad. El Ave del Reino de la Prolación proclama
continuamente este llamamiento: "Todo lo he dispuesto para ti, y a ti, también,
para ti mismo." Si los eruditos y hombres de sabiduría mundana de esta época
permitieran que la humanidad aspirara la fragancia de la camaradería y el amor,
todo corazón comprensivo captaría el significado de la verdadera libertad y
descubriría el secreto de la paz imperturbable y de la serenidad absoluta. Si la
tierra alcanzara esta posición y se iluminara con su luz, entonces, en verdad,
se podría decir de ella: "No veréis en ella ni hondonadas ni lomas salientes".69
Que la bendición y la paz sean con Aquel70 por cuyo advenimiento Bathá71 se
ha engalanado con sonrisas, y los suaves aromas de cuya vestidura han derramado
su fragancia sobre toda la humanidad; con Aquel que vino a proteger a los
hombres de lo que les perjudica aquí en el mundo. Exaltada, inmensamente
exaltada está su posición por encima de la glorificación de todos los seres y
santificada está ella de la alabanza de la creación entera. Mediante su
advenimiento se erigió el tabernáculo de la estabilidad y el orden en todo el
mundo y se enarboló el estandarte del conocimiento entre las naciones. Que las
bendiciones sean también con sus parientes y con sus compañeros, por medio de
los cuales se izó el estandarte de la unidad de Dios y de su singularidad y se
desplegaron las enseñas del triunfo celestial. Por de medio ellos la religión de
Dios se estableció firmemente entre sus criaturas, y su Nombre fue magnificado
entre sus siervos. Le ruego a Él (exaltado sea) que proteja a su Fe del daño de
sus enemigos, que rompieron los velos, los rasgaron y finalmente hicieron que la
bandera del Islam se invirtiera entre todos los pueblos.
Se ha recibido tu carta, de la que se inhalaba la fragancia de la reunión.
Alabado sea Dios, pues después del rígido decreto de separación la brisa de la
proximidad y la comunión se ha agitado y la tierra del corazón se ha refrescado
con las aguas del gozo y la alegría. Damos gracias a Dios en toda circunstancia
y abrigamos la esperanza de que Él -exaltada sea su gloria-, por su magnífica
providencia, guíe a todos los que habitan en la tierra hacia lo que es aceptable
y grato ante Él.
Observad las convulsiones que durante muchos años han afligido a la tierra,
y la perturbación que se ha apoderado de sus pueblos. Ha sido asolada por
guerras, o atormentada por calamidades repentinas e imprevistas. Aun cuando el
mundo está rodeado de miseria y aflicciones, ningún hombre se ha detenido a
reflexionar sobre cuál pueda ser la causa o el origen de ello. Cada vez que el
Consejero Verdadero pronunciaba una palabra de advertencia, todos Le denunciaban
como agente del mal y rechazaban su declaración. ¡Qué sorprendente, qué
desconcertante es tal conducta! No pueden hallarse dos hombres de quienes pueda
decirse que estén unidos exterior e interiormente. Las señales de discordia y
mala voluntad son evidentes en todas partes, a pesar de que todos fueron creados
para la armonía y la unión. El Gran Ser dice: ¡Oh bienamados! El tabernáculo de
la unidad ha sido erigido; no os miréis como extraños los unos a los otros. Sois
los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama. Abrigamos la
esperanza de que la luz de la justicia brille sobre el mundo y lo santifique de
la tiranía. Si los gobernantes y reyes de la tierra, los símbolos del poder de
Dios -exaltada sea su gloria-, se levantan y acuerdan dedicarse a lo que
promueva los más altos intereses de toda la humanidad, el reinado de la justicia
se establecerá, sin duda, entre los hijos de los hombres y el fulgor de su luz
envolverá a toda la tierra. El Gran Ser dice: La estructura de la estabilidad y
el orden mundiales se ha alzado sobre los pilares gemelos de la recompensa y el
castigo, y continuará siendo sostenida por ellos. Y en otra ocasión ha declarado
lo siguiente en la lengua elocuente:72 la justicia tiene una fuerza poderosa a
su disposición. Ésta no es otra que la recompensa y el castigo de las acciones
de los hombres. Por el poder de esta fuerza se establece el tabernáculo del
orden en todo el mundo, haciendo que los perversos repriman sus naturalezas por
temor al castigo.
En otro pasaje Él ha escrito: ¡Prestad atención, oh asamblea de los
gobernantes del mundo! No hay fuerza en la tierra que pueda igualarse en poder
conquistador a la fuerza de la justicia y la sabiduría. Verdaderamente yo afirmo
que no hay, y nunca ha habido, unas huestes más poderosas que las de la justicia
y la sabiduría. Bienaventurado es el rey que marcha con la enseña de la
sabiduría desplegada ante él y con los batallones de la justicia concentrados
detrás de sí. Él es, en verdad, el ornamento que adorna la frente de la paz y el
semblante de la seguridad. No cabe duda alguna de que si el sol de la justicia,
al que han oscurecido las nubes de la tiranía, derramara su luz sobre los
hombres, la faz de la tierra se transformaría por completo.
El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para lograr la paz y la
tranquilidad del mundo y el progreso de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el
momento en que se reconozca universalmente la imperiosa necesidad de tener una
reunión vasta y omnímoda de los hombres. Los gobernantes y reyes de la tierra
tienen necesariamente que concurrir a ella y, participando en sus
deliberaciones, tienen que estudiar los modos y maneras de poner los cimientos
de la Gran Paz mundial entre los hombres. Tal paz exige que las grandes
potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tierra, estar
completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey se levantase en armas contra
otro, todos deben levantarse conjuntamente e impedírselo. Si así se hiciera, las
naciones del mundo ya no necesitarían armamentos, salvo con el fin de preservar
la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno en sus territorios. Esto
asegurará la paz y la calma de todos los pueblos, Gobiernos y naciones. De buena
gana esperamos que los reyes y gobernantes de la tierra, los espejos del
generoso y todopoderoso Nombre de Dios, alcancen esta posición y protejan a la
humanidad de la furiosa embestida de la tiranía.
Asimismo Él dice: Entre las cosas que conducen a la unidad y a la concordia,
y que harán que la tierra entera sea considerada como un solo país, está el que
los diversos idiomas se reduzcan a un solo idioma y, de igual manera, que los
alfabetos utilizados en el mundo se limiten a uno solo. Incumbe a todas las
naciones designar a algunos hombres de entendimiento y erudición para que
convoquen una reunión y, a través de la consulta conjunta, elijan un idioma de
entre las diversas lenguas existentes, o bien creen uno nuevo, que se enseñe a
los niños en todas las escuelas del mundo.
Se acerca el día en que todos los pueblos de la tierra habrán adoptado un
idioma universal y un alfabeto común. Cuando se haya logrado esto, a cualquier
ciudad que un hombre viaje será como si estuviera entrando en su propio hogar.
Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales. Es responsabilidad de
todo hombre de perspicacia y entendimiento esforzarse por trasladar a la
realidad y a la acción lo que se ha escrito.
En estos días el tabernáculo de la justicia ha caído en las garras de la
tiranía y la opresión. Rogad al Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria-
que no prive a la humanidad del océano del verdadero entendimiento, pues si los
hombres prestasen atención, fácilmente comprenderían que todo lo que ha fluido
de la Pluma de Gloria y ha sido registrado por ella es como el sol para el mundo
entero, y que en ello se encuentra el bienestar, la seguridad y los verdaderos
intereses de todos los hombres; de otro modo, cada día la tierra será
atormentada por una nueva calamidad y estallarán convulsiones sin precedentes.
Quiera Dios que benévolamente se ayude a las gentes del mundo a preservar la luz
de Sus amorosos consejos en la esfera de la sabiduría. Abrigamos la esperanza de
que todos se adornen con la vestidura de la sabiduría verdadera, base del
gobierno del mundo.
El Gran Ser dice: El cielo del arte de gobernar se torna luminoso y
resplandeciente por la brillantez de la luz de estas benditas palabras que han
alboreado desde la aurora de la Voluntad de Dios: Incumbe a todos los
gobernantes pesar su propio ser cada día en la balanza de la equidad y de la
justicia, y luego juzgar entre los hombres y aconsejarles que hagan aquello que
dirija sus pasos por el sendero de la sabiduría y el entendimiento. Ésta es la
piedra angular del arte de gobernar y la esencia del mismo. En estas palabras
todo hombre de sabiduría e ilustrado percibirá fácilmente lo que favorecerá
objetivos tales como el bienestar, la seguridad y la protección de la humanidad
y la salvaguardia de las vidas humanas. Si los hombres perspicaces bebieran su
porción del océano de los significados internos que encierran estas palabras y
se familiarizasen con ellos, darían testimonio de la sublimidad y la excelencia
de las mismas. Si este ser humilde describiera lo que percibe, todos
atestiguarían la suma sabiduría de Dios. Los secretos del arte de gobernar y lo
que la gente necesita están envueltos en estas palabras. Este humilde siervo
ruega encarecidamente al Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- que
ilumine los ojos de las gentes del mundo con el resplandor de la luz de la
sabiduría, para que todos y cada uno de ellos reconozcan lo que es indispensable
en este día.
Es de hecho un hombre quien hoy se consagra al servicio de toda la raza
humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y dichoso aquel que se levanta para
promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En otro
pasaje Él ha proclamado: No debe enorgullecerse quien ama a su patria, sino más
bien quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad sus
ciudadanos.
Exhortaciones a la unión y concordia como las que ha registrado la Pluma del
Altísimo en los Libros de los Profetas hacen referencia a temas concretos, no a
una unión que lleve a la desunión o a una concordia que cree discordia. Ésta es
la posición donde se fija la medida de todas las cosas, una posición donde a
toda alma que lo merezca se le dará lo que le corresponda. Bienaventurados
quienes aprecian el significado y captan la intención de estas palabras, y ¡ay
de los negligentes! De ello dan sobrado testimonio todos los signos de la
naturaleza en su propia esencia. Todo sabio perspicaz está familiarizado con lo
que hemos mencionado, pero no aquellos que se han alejado de la fuente viva de
la imparcialidad y vagan desquiciados por el desierto de la ignorancia y del
fanatismo ciego.
El Gran Ser dice: ¡Oh vosotros hijos de los hombres! El propósito
fundamental que anima a la Fe de Dios y a su Religión es el de salvaguardar los
intereses y promover la unidad de la raza humana, y estimular el espíritu de
amor y de camaradería entre los hombres. No permitáis que se convierta en fuente
de disensión y de discordia, de odio y de enemistad. Éste es el Sendero Recto,
el cimiento fijo e inamovible. Los cambios y azares del mundo nunca podrán
debilitar la resistencia de cualquier cosa que se levante sobre este cimiento,
ni podrá el paso de incontables centurias socavar su estructura. Es nuestra
esperanza que los jefes religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten
conjuntamente para reformar esta época y rehabilitar su destino. Que consulten
juntos, después de haber meditado sobre sus necesidades, y, mediante una
deliberación esperanzada y plena, administren a un mundo enfermo y gravemente
afligido el remedio que requiere.
El Gran Ser dice: El cielo de la sabiduría divina está iluminado con las dos
luminarias de la consulta y la compasión. Consultad juntos en todos los asuntos,
por cuanto la consulta es la lámpara de guía que abre camino y es lo que
confiere entendimiento.
Al comienzo de cualquier empresa es obligado mirar su fin. Entre todas las
artes y ciencias, poned a los niños a estudiar aquellas que resulten de provecho
para el hombre, aseguren su progreso y eleven su dignidad. De esta manera se
disiparán los fétidos olores de la anarquía, y así, mediante los elevados
esfuerzos de los dirigentes de la nación, todos vivirán resguardados, seguros y
en paz.
El Gran Ser dice: Los eruditos de la época deben orientar a la gente para
que adquiera aquellas ramas del conocimiento que sean de utilidad, con el objeto
de que tanto los eruditos mismos como la mayoría de la humanidad puedan obtener
beneficio de ello. Las actividades académicas que empiezan y terminan sólo con
palabras nunca han sido ni serán de valor alguno. La mayoría de los eruditos
doctores de Persia dedican toda su vida al estudio de una filosofía cuyo
resultado final no es sino palabras.
Corresponde a quienes tienen autoridad actuar con moderación en todas las
cosas. Todo lo que sobrepase los límites de la moderación dejará de ejercer una
influencia beneficiosa. Examinad, por ejemplo, cosas como la libertad, la
civilización y otras similares. Por muy favorablemente que los hombres de
entendimiento las consideren, si son llevadas al exceso, ejercerán una
influencia perniciosa sobre los hombres.
Si hubiera que desarrollar este tema sería necesaria una explicación
elaborada, la cual, nos tememos, podría resultar tediosa. Es la ferviente
esperanza de este humilde ser que Dios -exaltada sea su gloria- conceda a todos
los hombres lo que es bueno, pues aquel que esté dotado de ello es el poseedor
de todas las cosas. El Gran Ser dice: La Lengua de la Sabiduría proclama: Aquel
que no Me tiene está privado de todas las cosas. Apártate de todo lo que existe
sobre la tierra y no busques a otro salvo a Mí. Yo Soy el Sol de la Sabiduría y
el Océano del Conocimiento. Yo animo a los débiles y resucito a los muertos. Yo
soy la Luz de guía que ilumina el camino. Yo soy el Halcón real en el brazo del
Todopoderoso. Yo despliego las alas caídas de toda ave quebrantada y le hago
levantar el vuelo.
E igualmente Él dice: El cielo del verdadero entendimiento brilla
resplandeciente con la luz de dos luminarias: la tolerancia y la rectitud.
¡Oh mi amigo! En estas pocas palabras se encuentran atesorados vastos
océanos. Bienaventurados quienes aprecian su valor, beben largamente de ellas y
captan su significado, y ¡ay de los negligentes! Este humilde ser suplica a las
gentes del mundo que observen equidad, para que su tierno, delicado y precioso
oído, que ha sido creado para escuchar las palabras de sabiduría, pueda librarse
de los impedimentos y de las alusiones, ociosas fantasías o vanas imaginaciones
"que no pueden engordar ni saciar el hambre", de modo que el verdadero Consejero
se sienta muníficamente inclinado a exponer aquello que es la fuente de
bendiciones para la humanidad y del más elevado bien para todas las naciones.
Actualmente la luz de la reconciliación se ha debilitado en la mayoría de
los países y su brillo se ha extinguido, mientras el fuego de la lucha y el
desorden se ha encendido y arde furioso. Dos grandes poderes que se consideran a
sí mismos como fundadores y dirigentes de la civilización y diseñadores de
constituciones se han alzado contra los seguidores de la Fe que va unida a Aquel
que conversó con Dios.73 Estad advertidos, oh hombres de entendimiento. Cometer
tiranía es indigno de la posición del hombre; más bien le corresponde observar
equidad y ataviarse en todas las situaciones con la vestidura de la justicia.
Rogad al Dios único y verdadero que limpie y purifique a ciertas almas de la
mancha de las bajas pasiones y los deseos corruptos por el poder de la mano de
la amorosa bondad y la educación espiritual, de manera que se levanten y suelten
sus lenguas por amor a Dios, para que quizás se borren los signos de injusticia
y el resplandor de la Luz de la justicia derrame su fulgor sobre el mundo
entero. La gente es ignorante y tiene necesidad de aquellos que exponen la
verdad.
El Gran Ser dice: El hombre de suma erudición y el sabio dotado de
penetrante sabiduría son los dos ojos del cuerpo de la humanidad. Si Dios
quiere, la tierra jamás se verá privada de estos dos grandísimos dones. Lo que
se ha expuesto y lo que en el futuro se revelará es sólo una muestra del
ardiente deseo de este Siervo de consagrarse al servicio de todas las razas de
la tierra.
¡Oh mi amigo! En toda circunstancia uno debe valerse de todos los medios que
favorezcan la seguridad y la tranquilidad entre los pueblos del mundo. El Gran
Ser dice: En este glorioso Día, todo lo que te purifique de la corrupción y te
conduzca hacia la paz y la serenidad es en verdad el Sendero Recto.
Quiera Dios que los pueblos del mundo se vean impulsados a reconocer sus
mejores intereses, como resultado de los elevados esfuerzos llevados a cabo por
sus gobernantes y por los sabios y los eruditos de entre los hombres. ¿Hasta
cuándo persistirá la humanidad en su rebeldía? ¿Hasta cuándo continuará la
injusticia? ¿Hasta cuándo reinarán el caos y la confusión entre los hombres?
¿Hasta cuándo agitará la discordia la faz de la sociedad?
Este humilde siervo está maravillado, pues todos los hombres están dotados
del sentido de la vista y el oído, y sin embargo se hallan privados del
privilegio de usar esas facultades. Este siervo se ha visto impulsado a escribir
estas líneas en virtud del tierno amor que siente por ti. Los vientos de la
desesperación, ay, soplan desde todas direcciones, y la contienda que divide y
aflige a la raza humana crece día a día. Ahora pueden percibirse los signos de
convulsiones y caos inminentes, por cuanto el orden predominante resulta ser
deplorablemente defectuoso. Ruego a Dios, exaltada sea su gloria, que
benévolamente despierte a los pueblos de la tierra, que conceda que les sea
provechoso el resultado de su conducta y les ayude a llevar a cabo lo que sea
digno de su posición.
Si el hombre comprendiera la grandeza de su posición y la sublimidad de su
destino, no manifestaría nada que no fuese un carácter excelente, unas obras
puras y una conducta decorosa y digna de alabanza. Si los eruditos y sabios de
buena voluntad orientasen al pueblo, la tierra entera sería considerada como un
solo país. Verdaderamente ésta es la indudable verdad. Este siervo, por el amor
que siente por Dios, el Único, el Sin Par, el Todopoderoso, el Benévolo, ruega a
toda alma diligente y emprendedora que haga el máximo esfuerzo y se levante para
corregir la situación en todas las regiones y reanimar a los muertos con las
aguas vivas de la sabiduría y la prolación.
Ningún sabio puede demostrar su conocimiento sino por medio de las palabras.
Ello muestra la trascendencia de la Palabra, como se afirma en todas las
Escrituras, sean éstas de antaño o de tiempos más recientes. Porque es a través
de su potencia y su espíritu animador como las gentes del mundo han alcanzado
tan eminente posición. Por otra parte, las palabras y expresiones deben ser al
mismo tiempo impresionantes y perspicaces. No obstante, ninguna palabra estará
impregnada de estas dos cualidades a menos que sea pronunciada completamente por
amor a Dios y con la debida consideración hacia las exigencias de la ocasión y
de las personas.
El Gran Ser dice: La expresión humana es una esencia que aspira a ejercer su
influencia y requiere moderación. En cuanto a su influencia, está condicionada
al refinamiento, que a su vez depende de que los corazones sean desprendidos y
puros. En cuanto a su moderación, ésta tiene que ir combinada con el tacto y la
sabiduría, tal como se ha prescrito en las Sagradas Escrituras y en las Tablas.
Todas las palabras están dotadas de espíritu; por lo tanto, el orador o
expositor debe pronunciar las palabras cuidadosamente en el momento y lugar
oportunos, puesto que la impresión que produce cada palabra se manifiesta con
nitidez y es claramente perceptible. El Gran Ser dice: Una palabra puede
compararse con el fuego, otra con la luz, y la influencia que ambos ejercen es
patente en el mundo. Por lo tanto, un sabio iluminado debería hablar
principalmente con palabras tan suaves como la leche, para que mediante ellas se
nutran y se instruyan los hijos de los hombres y puedan lograr el objetivo
último de la existencia humana, que es la posición del verdadero entendimiento y
la nobleza auténtica. Y además dice Él: Una palabra es como la primavera, que
hace que los tiernos retoños del rosedal del conocimiento se vuelvan verdes y
florecientes, mientras que otra palabra es como un veneno mortal. Le corresponde
al hombre de sabiduría prudente hablar con la máxima indulgencia y paciencia,
para que la dulzura de sus palabras induzca a todos a lograr aquello que es
digno de la posición del hombre.
¡Oh amigo mío! La Palabra de Dios es la reina de las palabras y su
penetrante influencia es incalculable. Ella ha dominado siempre, y continúa
dominando, el reino del ser. El Gran Ser dice: La Palabra es la llave maestra
del mundo entero, pues mediante su potencia se abren las puertas de los
corazones de los hombres, que son, en realidad, las puertas del cielo. Tan
pronto como un simple destello de su refulgente esplendor brilló sobre el espejo
del amor, la bendita palabra "Yo soy el Bienamado" se reflejó en él. Es un
océano de inagotable riqueza que abarca todas las cosas. Todo lo que se puede
percibir no es sino una emanación de ella. Elevada, inconmensurablemente elevada
es esta sublime posición, a cuya sombra se mueve la esencia de la excelsitud y
el esplendor, arrobada en alabanza y adoración.
Me parece que el sentido del gusto de la gente, lamentablemente, se ha visto
gravemente afectado por la fiebre de la negligencia y el desvarío, pues se
encuentran completamente inconscientes y privados de la dulzura de Su prolación.
Cuán lamentable, en verdad, es que el hombre se prive a sí mismo de los frutos
del árbol de la sabiduría, mientras sus días y sus horas pasan rápidamente.
Quiera Dios que la mano del poder divino proteja a toda la humanidad y dirija
sus pasos hacia el horizonte del genuino entendimiento.
Verdaderamente nuestro Señor de Misericordia es el Auxiliador, el que
conoce, el Sabio.
Me gustaría añadir que se ha recibido tu segunda carta, que fue enviada
desde Jerusalén, y lo que has escrito y explicado en ella se ha leído
atentamente en Su presencia. Él me ordenó escribir lo siguiente:
¡Oh Maqsúd! Hemos oído tu voz y percibido el suspiro y el lamento que
elevaste en tu anhelo y tu impaciencia. ¡Alabado sea Dios! De cada palabra tuya
se pudieron inhalar los dulces aromas del amor. Quiera Dios que esta
munificencia perdure para siempre. El asistente recitó los versos que has
compuesto. Tu nombre se menciona con frecuencia en presencia de este Agraviado,
y las miradas de nuestra amorosa bondad y nuestra compasión se dirigen hacia ti.
Grande es la posición del hombre. Grandes, también, tienen que ser sus
esfuerzos para lograr el restablecimiento del mundo y el bienestar de las
naciones. Ruego al Dios único y verdadero que benévolamente te confirme en lo
que sea digno de la posición del hombre.
Guíate por la sabiduría en todas las situaciones, pues las personas que
esconden motivos perversos se han dedicado y todavía se dedican diligentemente a
intrigar. ¡Dios bondadoso! A ese Ser inconmensurablemente exaltado, que no busca
más que fomentar el espíritu de amor y camaradería entre los hombres, reanimar
el mundo y ennoblecer su vida, Le han acusado de tales cargos que la lengua y la
pluma se avergüenzan de relatarlos.
Te hemos recordado y hacemos mención de ti ahora. Le imploramos a Él -
exaltada sea su gloria- que te proteja con las manos de la fuerza y el poder y
te permita reconocer lo que sirva a tus mejores intereses, tanto en este mundo
como en el venidero. Él es el Señor de la Humanidad, el Poseedor del Trono de lo
Alto y del mundo de abajo. No hay otro Dios salvo Él, el Omnipotente, el
Poderoso. Quiera Dios que este Agraviado pueda guardar fidelidad. Él no te ha
olvidado ni te olvidará jamás.
Has mencionado tu intención de permanecer en Damasco hasta la primavera,
para continuar luego hasta Mosul, si hubiese medios para ello. Este humilde
siervo implora a Dios -exaltada sea su gloria- que facilite los medios que se
estimen oportunos y que te ayude. Él es Potente y Poderoso.
Aunque se ha tratado con la mayor amabilidad a todos los habitantes de esta
región, sin embargo no puede percibirse de ellos muestra alguna de camaradería.
Debes tener mucho tacto y sabiduría, pues en todo momento buscan negar la Causa
y poner reparos triviales en su contra. Que el Dios único y verdadero les
conceda equidad.
Por lo que se refiere a tus propios asuntos, si te contentases con cualquier
cosa que suceda sería digno de alabanza. Dedicarse a alguna profesión es
altamente recomendable, porque cuando uno está ocupado en el trabajo es menos
probable que se fije en los aspectos desagradables de la vida. Si Dios quiere,
podrás experimentar gozo y esplendor, alegría y júbilo en cualquier ciudad o
país en que residas temporalmente. Este humilde siervo jamás olvidará a ese
amigo distinguido y amable. Él te ha recordado y continuará recordándote. El
decreto está en la mano de Dios, el Señor de todos los mundos. Espero de buena
gana que Él te otorgue asistencia divina y te conceda confirmación en aquello
que Le es grato y aceptable.
Cada palabra de tu poesía es en verdad como un espejo en el que se reflejan
las pruebas de la devoción y el amor que sientes por Dios y sus elegidos.
Bienaventurado seas tú, que has bebido del vino escogido de la prolación y has
tomado del arroyo del conocimiento, que fluye con suavidad. Dichoso aquel que ha
bebido su parte y ha llegado a Él, y ¡ay de los negligentes! Su lectura ha
demostrado ser muy impresionante, ciertamente, porque indicaba a la vez la luz
de la reunión y el fuego de la separación.
Lejos de nosotros perder la esperanza de los incalculables favores de Dios
en ningún momento, porque si fuese su deseo haría que un simple átomo se
transformase en un sol y una simple gota en un océano. Él abre miles de puertas,
mientras que el hombre es incapaz de concebir ni siquiera una sola.
Tan negligente es este siervo, que con palabras como éstas busca reivindicar
el supremo poder de Dios, exaltada sea su gloria. Imploro el perdón de Dios, el
Más Grande, por estas afirmaciones, y declaro que este siervo reconoce en todo
momento sus lamentables transgresiones y delitos. Él suplica la remisión de sus
pecados al océano de la misericordia de su Señor, el Más Exaltado, e implora
aquello que le haga consagrarse totalmente a Dios y le permita expresar su
alabanza, volverse hacia Él y poner toda su confianza en Él. Verdaderamente Él
es el Potente, el Perdonador, el Misericordioso. Alabado sea Dios, el
Todopoderoso, el Omnisciente.
Este humilde ser ha leído las descripciones del diálogo con el viajero que
has relatado en tu carta a mi Señor, que mi vida sea ofrendada por Él. Las
explicaciones que se dieron despiertan a la gente del sueño de la negligencia.
Ciertamente, las acciones del hombre mismo engendran un derroche de poder
satánico. Porque si el hombre obrase de acuerdo con las enseñanzas divinas y las
observase, desaparecería de la faz de la tierra todo rastro de maldad. Sin
embargo, las grandes diferencias que existen entre la humanidad y el predominio
de la sedición, la contienda, el conflicto y cosas similares son los factores
primordiales que provocan la aparición del espíritu satánico. Sin embargo, el
Espíritu Santo siempre ha evitado tales asuntos. Un mundo en el que no puede
percibirse nada que no sean luchas, peleas y corrupción, forzosamente ha de
convertirse en la sede del trono y en la misma metrópolis de Satán.
Cuán vasto es el número de amados y elegidos de Dios que se han lamentado y
gemido de día y de noche para que, quizá, una brisa suave y fragante soplara
desde la corte de su beneplácito y disipara por completo el repugnante y
hediondo olor del mundo. No obstante, esta meta final no pudo lograrse y los
hombres se vieron privados de ella en virtud de sus acciones pérfidas, que
atrajeron sobre ellos el justo castigo de Dios, de acuerdo con los principios
básicos de su autoridad divina. Es nuestro deber permanecer pacientemente en
estas circunstancias hasta que haya un alivio proveniente de Dios, el
Perdonador, el Generoso.
¡Magnificado sea tu Nombre, oh Señor de todos los seres y Deseo de todas las
cosas creadas! Te imploro, por la Palabra que hizo que la Zarza Ardiente elevara
su Voz y la Roca gritara, mediante la cual los favorecidos se apresuraron a
alcanzar la corte de tu presencia y los puros de corazón se apresuraron a
alcanzar la aurora de la luz de tu semblante, y por los suspiros de tus
verdaderos amantes en su separación de tus elegidos, y por el lamento de
aquellos que anhelan contemplar tu rostro ante el naciente esplendor de la luz
de tu Revelación, que benévolamente permitas a tus siervos reconocer lo que Tú
has ordenado para ellos por tu munificencia y tu gracia. Prescribe, pues, para
ellos, mediante tu Pluma de Gloria, lo que dirija sus pasos hacia el océano de
tu generosidad y les conduzca a las aguas vivas de tu reunión celestial.
¡Oh Señor! No mires lo que han hecho; antes bien, mira la sublimidad de tu
celestial munificencia, la cual ha precedido a todas las cosas creadas, visibles
e invisibles. ¡Oh Señor! Ilumina sus corazones con la refulgente luz de tu
conocimiento y haz brillar en sus ojos el radiante esplendor del sol de tus
favores.
Te ruego, oh Señor de los Nombres y Creador de los cielos, por la sangre
derramada en tu Sendero, por las cabezas llevadas en lo alto de las lanzas por
tu amor, por las almas que se han consumido en su separación de tus amados, y
por los corazones rotos por la exaltación de tu Palabra, que permitas que los
moradores de tu reino se unan en su lealtad hacia tu incomparable Palabra, para
que todos ellos reconozcan tu unidad y tu singularidad. No hay otro Dios sino
Tú, el Omnipotente, el Más Exaltado, el Conocedor, el Sabio.
Espero de buena gana que Él, que es el que basta a todo, el Inaccesible,
escuche el ruego de este humilde siervo, atavíe a las gentes del mundo con la
vestidura de las buenas acciones y les purifique de las inclinaciones malvadas.
Él es el Fuerte, el Poderoso, el que todo lo sabe, el que todo lo percibe. Él
escucha y ve; Él es el que todo lo oye, el que todo lo ve.
SÚRIY-I-VAFÁ74
Tabla a Vafá
Él es el que todo lo sabe
¡Oh Vafá! Da gracias a tu Señor por haberte ayudado a abrazar su Causa, por
haberte permitido reconocer la Manifestación de su Propio Ser y por haberte
levantado para alabar a Aquel que es el Más Grande Recuerdo en este glorioso
Anuncio.
Bendito eres tú, oh Vafá, pues has sido fiel al Convenio de Dios y a su
Testamento en un momento en que todos los hombres lo han violado y han repudiado
a Aquel en Quien habían creído, y ello a pesar de que ha aparecido investido con
todos los testimonios y ha amanecido en el horizonte de la Revelación ataviado
con indudable soberanía.
No obstante, te incumbe esforzarte al máximo por alcanzar la esencia misma
de la fidelidad. Ello implica que estés bien seguro en tu corazón y que con tu
lengua des testimonio de lo que Dios ha testificado para su propio y exaltado
Ser, proclamando: "Verdaderamente yo subsisto por mí mismo en el Reino de
Gloria". Quienquiera pueda afirmar solemnemente esta verdad en estos días, ha
alcanzado todo bien, y el Espíritu celestial descenderá sobre él de día y de
noche, le ayudará misericordiosamente a glorificar el Nombre de su Señor y le
hará soltar su lengua y defender con sus palabras la Causa de su Señor, el
Misericordioso, el Compasivo. Y nadie puede lograr esto salvo aquel que haya
purificado su corazón de todo lo creado entre el cielo y la tierra y se haya
desprendido por completo de todo excepto de Dios, el Señor Soberano, el
Todopoderoso, el Bondadoso.
Levántate a servir la Causa y di: ¡Juro por la rectitud de Dios!
Verdaderamente éste es el Punto Primordial, adornado con su nuevo atavío y
manifiesto en su glorioso Nombre. En este momento Él contempla todo desde este
Horizonte. De hecho, Él es Supremo sobre todas las cosas. Entre el Concurso de
lo Alto Él es conocido como el Más Grande Anuncio; en los Reinos de la
Eternidad, como la Antigua Belleza; y ante el Trono, por este Nombre,75 que ha
hecho tropezar a aquellos que están dotados de entendimiento.
Di: ¡Juro por Dios! En esta Revelación, el testimonio supremo de Dios para
todos los moradores del cielo y los habitantes de la tierra había sido cumplido
aun antes de que fuese enviado un solo verso desde el reino de santidad y
sublimidad; más aún, hemos revelado el equivalente de todo lo que se envió en la
Dispensación del Bayán. Temed a Dios y no permitáis que vuestras acciones sean
en vano, ni seáis de aquellos que están sumidos en la negligencia. Abrid
vuestros ojos para que podáis contemplar la Antigua Belleza desde esta brillante
y luminosa posición.
Di: ¡Dios es mi testigo! El Prometido mismo ha venido desde el cielo,
sentado sobre la nube carmesí, con las huestes de la revelación a su derecha y
los ángeles de la inspiración a su izquierda, y se ha cumplido el Decreto por
mandato de Dios, el Omnipotente, el Todopoderoso. Acto seguido todos han
tropezado, excepto aquellos a quienes Dios ha protegido mediante su tierna
merced y los ha contado entre los que Le han reconocido por su Propio Ser y se
han desprendido de todo lo que pertenece al mundo.
Escucha las Palabras de tu Señor y purifica tu corazón de toda ilusión, para
que la refulgente luz del recuerdo de tu Señor derrame su resplandor sobre él y
alcance la posición de la certidumbre.
Sabe, además, que tu carta ha llegado a nuestra presencia y hemos percibido
y examinado su contenido. Hemos tomado nota de las preguntas que has hecho y
gustosamente las contestaremos. En este día concierne a todos preguntar a Dios
lo que deseen, y tu Señor atenderá su petición con versos maravillosos e
innegables.
Has preguntado sobre el tema del retorno. Sabe que el fin es como el
principio. Así como consideres el principio, del mismo modo debes considerar el
fin, y ser de aquellos que perciben de verdad. No, más bien considera el
principio como el propio fin y viceversa, para que adquieras una clara
percepción. Sabe, además, que toda cosa creada es engendrada y retorna
continuamente por mandato de tu Señor, el Dios de fuerza y poder.
En cuanto al Retorno, de acuerdo con el sentido que Dios le ha dado en sus
sagradas y exaltadas Tablas, en las cuales ha dado a conocer este tema a sus
siervos; por esto se quiere decir el retorno de todas las cosas creadas en el
Día de la Resurrección, y ésta es, de hecho, la esencia del Retorno como tú has
atestiguado en los propios días de Dios, y tú eres de aquellos que atestiguan
esta verdad.
Ciertamente, Dios es absolutamente capaz de hacer que todos los nombres
aparezcan en un solo nombre y todas las almas en una sola alma. Él es
indudablemente poderoso y potente. Y este Retorno se lleva a cabo por orden suya
de cualquier forma que Él desee. En verdad, Él es el que hace y ordena todas las
cosas. Por otra parte, tú no deberías percibir el cumplimiento del Retorno y la
Resurrección excepto en la Palabra de tu Señor, el Todopoderoso, el Omnisciente.
Por ejemplo, si Él tomase un puñado de tierra y declarase que eso es Aquel a
Quien tú has seguido en el pasado, indudablemente eso sería justo y verdadero,
como su Persona real, y nadie tiene derecho a poner en duda su autoridad. Él
hace lo que Él desea y ordena lo que Le place. Además, en esta posición ten
cuidado de no volver tu mirada hacia las limitaciones y alusiones, sino más bien
hacia aquello por medio de lo cual se ha cumplido la Revelación misma, y sé de
los perspicaces. Así te lo explicamos en un lenguaje claro y explícito, para que
puedas comprender lo que buscabas de tu antiguo Señor.
Piensa en el Día de la Resurrección. Si Dios declarase a la más humilde de
las criaturas entre los fieles como el Primero en creer en el Bayán, no deberías
tener la menor duda de ello y deberías ser de los que creen de verdad. En esta
posición, no repares en las limitaciones humanas ni en los nombres, sino más
bien en aquello por lo cual se reivindica el rango del Primero en creer, que es
la fe en Dios, el reconocimiento de su Ser y la certidumbre del cumplimiento de
su mandato irresistible y obligatorio.
Piensa en la Revelación del Punto del Bayán, exaltada sea su gloria. Él
declaró que el Primero76 en creer en Él fue Mu¥ammad, el Mensajero de Dios. ¿Es
digno de un hombre discutir con Él diciendo que tal hombre es de Persia, el otro
de Arabia, o que ese hombre se llamaba Æusayn, mientras que el otro llevaba el
nombre de Mu¥ammad? No, juro por el santo Ser de Dios, el Exaltado, el Más
Grande. Con toda seguridad, ningún hombre inteligente y perspicaz prestará jamás
atención a las limitaciones o los nombres, sino más bien a aquello con lo que
estaba investido Mu¥ammad, que no era otra cosa que la Causa de Dios. De igual
modo, tal hombre perspicaz examinaría a Æusayn y la posición que ocupaba en la
Causa de Dios, el Omnipotente, el Exaltado, el Conocedor, el Sabio. Y como el
Primero en creer en Dios en la Dispensación del Bayán estaba investido con un
dominio similar a aquel con el que estaba investido Mu¥ammad, el Mensajero de
Dios, por ello el Báb declaró que él era este último, es decir, su retorno y
resurrección. Esta posición está santificada de toda limitación o nombre, y nada
puede verse en ella salvo a Dios, el Único, el Sin Par, el Omnisciente.
Sabe, además, que si Él declarase en el Día de la Revelación que una de las
hojas es la manifestación de todos sus excelentes títulos, a nadie le sería
otorgado el derecho de preguntar por qué o para qué, y si alguien lo hiciese,
sería considerado como no creyente en Dios y contado entre los que han repudiado
su Verdad.
Cuidado, cuidado, no sea que te comportes como la gente del Bayán. Pues en
verdad han errado lastimosamente, han extraviado a la gente, han ignorado el
Convenio de Dios y su Testamento y le han atribuido compañeros a Él, el Único,
el Incomparable, el Omnisciente. Verdaderamente no reconocieron al Punto del
Bayán, pues si le hubiesen reconocido no habrían rechazado su manifestación en
este luminoso y resplandeciente Ser. Y como fijaron sus miradas en los nombres,
por consiguiente, cuando Él sustituyó su Nombre "el Más Exaltado" por "el Más
Glorioso", sus ojos se nublaron. No han conseguido reconocerle en estos días y
son contados entre los que perecen. Ciertamente, si Le hubiesen conocido por su
propio Ser o en virtud de lo que ha revelado, no Le habrían repudiado cuando
apareció en este glorioso e incomparable Nombre, que Dios ha ordenado que sea la
Espada de su Revelación entre cielo y tierra, y por medio del cual la verdad es
separada del error, desde ahora mismo hasta el Día en que la humanidad
comparezca ante el Señor de los mundos.
Sabe, además, que en el Día de su Manifestación todas las cosas creadas,
salvo Dios, serán puestas de manifiesto y situadas en pie de igualdad, sin tener
en cuenta si su rango es alto o bajo. El Día del Retorno es inescrutable para
todos los hombres hasta después de que la Revelación divina se haya cumplido. Él
es, en verdad, quien ordena todo cuanto desea. Cuando la Palabra de Dios se
revela a todas las cosas creadas, quienquiera escuche y atienda la Llamada se
cuenta, en verdad, entre las almas más distinguidas, aunque sea un
deshollinador. Y quien se aparte, se cuenta entre los más bajos de sus siervos,
aunque sea un gobernante entre los hombres y posea todos los libros que hay en
los cielos y en la tierra.
Te incumbe observar con perspicacia divina las cosas que hemos revelado y
que te hemos enviado, y no mirar a las gentes y las cosas que son corrientes
entre ellas. En este día ellos son como un ciego que, mientras se mueve a la luz
del sol, pregunta: ¿Dónde está el sol? ¿Está brillando? Negaría y pondría en
tela de juicio la verdad y no sería de los que perciben. Nunca sería capaz de
captar el sol o entender aquello que se ha interpuesto entre él y el sol. Para
sus adentros, pondría objeciones, levantaría protestas y sería de los rebeldes.
Tal es el estado de esta gente. Déjales a sí mismos, diciendo: Sea para vosotros
lo que deseáis y para nosotros lo que deseamos. Desdichada en verdad es la
penosa condición de los impíos.
Sabe, además, que la anterior Manifestación afirmó que el retorno y el
resurgimiento de los espíritus ocurriría en el Día de la Resurrección, mientras
que en verdad hay un retorno y resurrección para toda cosa creada. Sin embargo,
no deseamos mencionar nada que no haya sido expresado en el Bayán, no sea que
por ventura la gente maliciosa levantara un gran clamor. ¡Ojalá aquello que se
ha interpuesto entre los hijos de los hombres y su Creador fuera disipado, para
que pudiesen contemplar la invencible soberanía y dominio de Dios, beber del
manantial de sus corrientes celestiales, ser rociados con las efusiones del
océano del verdadero entendimiento y purificados de la corrupción de los impíos
y los recelosos!
Referente a tu pregunta sobre los mundos de Dios. Sabe, en verdad, que los
mundos de Dios son incontables en su número e infinitos en la amplitud de su
gama. Nadie puede contarlos ni comprenderlos excepto Dios, el Omnisciente, el
Omnisapiente. Considera tu estado cuando duermes. Ciertamente, afirmo que este
fenómeno es el más misterioso de los signos de Dios entre los hombres, si sólo
lo examinaran en sus corazones. Observa cómo lo que has visto en tu sueño,
después de un considerable lapso, se realiza plenamente. Si el mundo en el que
te encontrabas en tu sueño fuese idéntico al mundo en que vives, sería necesario
que el suceso que transcurre en aquel sueño ocurriese en este mundo en el mismo
instante de su acaecimiento. Si ello fuera así, tú mismo darías testimonio de
él. No obstante, como éste no es el caso, debe necesariamente deducirse que el
mundo en que vives es diferente y distinto de aquel que has experimentado en tu
sueño. Este último mundo no tiene principio ni fin. Sería verdad si afirmases
que ese mismo mundo, como lo ha decretado el Dios Todoglorioso y Omnipotente,
está dentro de tu propio ser y envuelto dentro de ti. Sería igualmente cierto
sostener que tu espíritu, habiendo trascendido las limitaciones del sueño y
habiéndose desligado de todo apego terrenal, por obra de Dios, se ha visto
impulsado a cruzar un reino que yace oculto en la más profunda realidad de este
mundo. En verdad digo que la creación de Dios abarca otros mundos fuera de este
mundo y otras criaturas además de estas criaturas. En cada uno de estos mundos
Él ha ordenado cosas que nadie puede escudriñar, excepto Él mismo, el
Todoindagador, el Omnisapiente. Reflexiona sobre lo que te hemos revelado, para
que descubras el propósito de Dios, tu Señor y Señor de todos los mundos. En
estas palabras se han atesorado los misterios de la Sabiduría Divina. Nos hemos
abstenido de extendernos sobre este tema debido a la pena que nos rodea como
consecuencia de las acciones de quienes han sido creados por medio de nuestras
palabras, si eres de aquellos que escuchan nuestra Voz.
¿Dónde está aquel que Me ayude y Me proteja de las espadas de esas almas
infieles? ¿Dónde está el hombre perspicaz que contemple las Palabras de Dios con
sus propios ojos y se libre a sí mismo de las opiniones e ideas de los pueblos
de la tierra?
¡Oh siervo! Advierte a los siervos de Dios que no rechacen lo que no
comprenden. Di: Implora a Dios que abra los portales del verdadero entendimiento
a vuestros corazones, para que estéis informados de aquello de lo que nadie está
informado. Verdaderamente Él es el Dador, el Perdonador, el Compasivo.
Además, Me has preguntado acerca de las ordenanzas de Dios. Sabe, en verdad,
que todo lo que se ha prescrito en el Libro es ciertamente la verdad, sin la
menor duda, y corresponde a cada uno observar lo que ha sido enviado por el
Revelador, el Omnisciente. Si un hombre hiciese caso omiso de ellas a pesar de
estar enterado de las mismas, ciertamente Dios se libraría de tal persona, y
Nosotros también Nos libraríamos de ella, puesto que sus ordenanzas constituyen
los frutos del Árbol divino y nadie, excepto los negligentes y los rebeldes, se
desviará de ellas.
En cuanto al Paraíso: Es una realidad y no puede haber duda alguna acerca de
ello, y en este mundo se hace realidad en el momento presente por medio del amor
por Mí y por mi beneplácito. A quienquiera lo alcance, Dios le ayudará en este
mundo inferior, y después de la muerte Él le permitirá lograr ser admitido en el
Paraíso cuya inmensidad es similar a la del cielo y la tierra. Allí las
Doncellas de gloria y santidad le servirán de día y de noche, mientras que en
todo momento el sol de la belleza inmarcesible de su Señor derramará su brillo
sobre él, y él brillará tan esplendorosamente que nadie podrá soportar mirarle.
Tal es el designio de la Providencia; sin embargo, las gentes están cubiertas
por un velo cruel. De igual modo, capta la naturaleza del fuego del infierno y
sé de los que verdaderamente creen. Pues por cada acción realizada habrá una
recompensa, según la apreciación de Dios, y de ello dan amplio testimonio las
propias ordenanzas y prohibiciones prescritas por el Todopoderoso. Pues con toda
seguridad, si las acciones no fuesen recompensadas y no diesen fruto, entonces
la Causa de Dios -exaltado es Él- demostraría ser algo inútil.
¡Inconmensurablemente exaltado se encuentra Él sobre tales blasfemias! No
obstante, para aquellos que están libres de todo apego, una acción es,
ciertamente, su propia recompensa. Si nos extendiéramos sobre este tema sería
necesario escribir numerosas Tablas.
¡Juro por la rectitud del Dios único y verdadero! La Pluma es incapaz de
moverse por lo que Le ha acontecido a su Señor, y llora amargamente, como
igualmente lloro Yo, y de igual manera llora el ojo de Aquel que es la Esencia
de la Grandeza tras el Tabernáculo de los Nombres, mientras está sentado en el
Trono de su glorioso Nombre.
Purifica tu corazón para que hagamos brotar de él manantiales de sabiduría y
de palabras, permitiéndote de este modo elevar tu voz entre toda la humanidad.
Suelta tu lengua y proclama la verdad por amor al recuerdo de tu misericordioso
Señor. No temas a nadie; pon toda tu confianza en Dios, el Todopoderoso, el
Omnisciente. Di: Oh gentes, cumplid lo que entendáis del Bayán Persa, y lo que
no entendáis preguntádselo a este infalible Recuerdo, para que Él explique
claramente lo que Dios ha querido decir en su Libro, pues en verdad Él conoce lo
que está guardado en el Bayán en virtud de la Voluntad de Aquel que es el
Omnipotente, el Poderoso.
Has preguntado acerca de la advertencia que hicimos a las gentes en el
momento de nuestra partida de 'Iráq, en el sentido de que, cuando el Sol
desaparezca de la vista, las aves de la oscuridad se pondrán en movimiento y los
estandartes de Sámirí77 serán izados en lo alto. ¡Juro por Dios! Esas aves se
han agitado en estos días y Sámirí ha elevado su clamor. Bienaventurado quien
reconoce y se cuenta entre los hombres de entendimiento. Nosotros también les
hemos advertido sobre la aparición del becerro. ¡Dios es mi testigo! Todas
nuestras advertencias se han cumplido, como de hecho tienen que cumplirse, pues
han surgido de los dedos de gloria y poder. Ruega a Dios que te proteja de la
maldad de estos hombres y te purifique de las insinuaciones de los
recalcitrantes. Prepárate, pues, para la promoción de la Causa y no prestes
atención a las palabras pronunciadas por las gentes del Bayán, pues ellos
verdaderamente son incapaces de entender y no han logrado captar la esencia de
la Causa revelada en este augusto, este Más Grande Anuncio. Así te hemos
inspirado y hemos infundido en tu corazón lo que te hará independiente de las
referencias de la humanidad.
Que la gloria de Dios sea contigo y con quienes escuchen las palabras que
pronuncies por amor a Dios, tu Señor, y permanezcan firmes en su Causa. Toda
alabanza sea para Dios, el Señor de los mundos.
LAWÆ-I-SIYYID-I-MIHDÍY-I-DAHAJÍ
Tabla a Siyyid-i-Mihdíy-i-Dahají
Él es el Santísimo, el Más Grande, el Más Exaltado, el Altísimo.
¡Oh mi Nombre!78 Rinde tú alabanza a Dios por haberte elegido benévolamente
con el fin de que seas una lluvia de generosidad para lo que hemos sembrado en
el suelo puro y bendito, y por haberte permitido servir como una primavera de
tierna misericordia para los árboles maravillosos y sublimes que hemos plantado.
En verdad, tan grande es este favor que, de todas las cosas creadas en el mundo
de la existencia, ninguna puede jamás tener la esperanza de competir con él.
Además te hemos dado a beber del vino escogido de la prolación del cáliz de los
dones celestiales de tu misericordioso Señor, que no es otro que esta Lengua de
santidad, una Lengua que, tan pronto se soltó, vivificó la creación entera, puso
en movimiento a todos los seres e hizo que el Ruiseñor derramara sus melodías.
Ésta es la Fuente de agua viva para todos los que moran en el reino de la
existencia.
A menudo hemos soplado sobre ti los suaves aromas del Todomisericordioso,
desde esta Rama que se mueve sobre la Tabla de tu Señor, el Poderoso, el
Irrestringido. ¡Por la rectitud del Dios Único y verdadero! Si todas las cosas
creadas, visibles e invisibles, se dirigiesen hacia Él, las encontrarías
levantando el vuelo hacia la Meta Suprema, hacia el Lugar donde el divino Árbol
del Loto exclama: Verdaderamente no hay otro Dios excepto Yo, el Todopoderoso,
el Todomunífico.
Grande es tu bienaventuranza, por cuanto has estado viajando a través de las
tierras de Dios y has sido la personificación del gozo y la certeza para el
pueblo de Bahá, que ha renunciado a todo salvo a Él y ha dirigido su corazón
hacia esta Corte, la cual ha derramado su resplandor sobre todos los reinos y
los ha rociado con las embravecidas aguas de este Océano con el que tú mismo has
sido rociado, un Océano que abarca a todas las cosas creadas.
Ciertamente, has captado la importancia de prestar ayuda a Dios y te has
levantado para lograrlo a través del poder de la sabiduría y la expresión. Di:
Ayudarme es enseñar mi Causa. Éste es un tema del cual están cargadas Tablas
enteras. Éste es el mandamiento inmutable de Dios, eterno en el pasado, eterno
en el futuro. Comprended esto, oh hombres de perspicacia. Aquellos que han
traspasado los límites de la sabiduría no logran entender el significado de
ayudar a Dios tal como ha sido expuesto en el Libro. Di: Temed a Dios y no
sembréis las semillas de la disensión entre los hombres. Observad lo que os ha
sido ordenado por vuestro Señor, el Todopoderoso, el Omnisciente. Él conoce la
realidad de la victoria y te la ha enseñado con unas palabras que las vanas
imaginaciones de aquellos que vagan aturdidos por el yermo de la duda jamás
podrán corromper.
¡Oh mi Nombre! Permite que todas las cosas creadas beban nuevamente de este
cáliz que ha hecho que se eleven los mares. Enciende, pues, en los corazones el
fuego ardiente que este Árbol carmesí ha encendido, para que se levanten a
exaltar y alabar su Nombre entre los seguidores de todas las Religiones.
Numerosas cartas tuyas han sido presentadas ante nuestro Trono. Las hemos
estudiado como una muestra de gracia de nuestra parte, y por cada nombre que has
mencionado en ellas hemos revelado aquello que avivará las mentes de los hombres
y hará que se remonten los espíritus. Además, repetidamente te hemos permitido
escuchar los gorjeos de las aves del cielo e inclinar tu oído hacia el canto de
los ruiseñores que derraman sus melodías sobre las ramas. Así se puso en
movimiento la Pluma de Dios en recuerdo de ti, para que adviertas a los hombres
por el poder de esta prolación, a la cual se le ha ordenado divinamente que sea
la reveladora de los signos de su gloria.
Bendito es el sitio donde se entona el himno de su alabanza, y bendito el
oído que escucha lo que se ha enviado desde el cielo de la amorosa bondad de tu
Señor, el Todomisericordioso.
Exhorta a los siervos de Dios a hacer lo que te hemos exhortado a ti, para
que se abstengan de lo que les está prohibido en el Libro Madre. Ciertamente,
quienes perpetran acciones que producen confusión entre el pueblo se extravían
muy lejos de ayudar a Dios y a su Causa, y en la Tabla que Dios ha designado
como la aurora de las Tablas figuran entre los malhechores.
Di: Si fuese nuestra voluntad, haríamos victoriosa a la Causa mediante el
poder de una sola palabra proveniente de nuestra presencia. Él es, en verdad, el
Omnipotente, el que somete todo. Si fuese la intención de Dios, de los bosques
del poder celestial surgiría el león de fuerza indomable cuyo rugido es como el
trueno que retumba en las montañas. No obstante, como nuestra amorosa
providencia excede a todas las cosas, hemos ordenado que la victoria total se
alcance por medio del habla y la palabra, para que por toda la tierra nuestros
siervos se conviertan de este modo en receptores del bien divino. Esto no es
sino una muestra de la bondad de Dios que se les otorga. Verdaderamente tu Señor
es al que todo Le basta, el Más Exaltado.
Di: Temed a Dios y no cometáis acciones tales que puedan hacer que mis
amados en la tierra se lamenten. Así te lo ordena esta Pluma que ha puesto en
movimiento a la Pluma de Gloria en el campo de la sabiduría y del verdadero
entendimiento.
Transmite mis saludos a aquellos cuyos rostros reflejan el resplandor de
Bahá, y luego menciónales estas palabras que alegran los ojos de los rectos. Que
la gloria de Dios descienda sobre ti y sobre los que se han aferrado firmemente
al Cordón de Dios, el Revelador de los versos...
Impide que los habitantes de esas regiones cometan actos provocativos, que
entre ellos no haya luchas, disensión y nada que pueda crear problemas. Lo que
es digno de alabanza en estos días es la promoción de la Causa. Por ejemplo, si
esa gente que persigue ciertas metas se dedicase a enseñar la Causa, dentro de
poco todos los habitantes de esa región serían investidos con el manto de la fe.
Si alguien percibiese la dulzura del siguiente pasaje de la Tabla revelada
en honor a Nabíl de Qá'in,79 fácilmente comprendería el significado de la ayuda:
La palabra humana es una esencia que aspira a ejercer su influencia y necesita
moderación. En cuanto a su influencia, está condicionada al refinamiento, que a
su vez depende de corazones que sean desprendidos y puros. En cuanto a su
moderación, ésta debe combinarse con el tacto y la sabiduría, tal como está
prescrito en las Sagradas Escrituras y Tablas.
¡Oh mi Nombre! La palabra forzosamente tiene que poseer un poder penetrante,
pues si está privada de esta cualidad no ejercerá influencia. Y esta influencia
penetrante depende de que el espíritu sea puro y el corazón inmaculado. De igual
manera, la palabra necesita moderación, sin la cual el oyente sería incapaz de
soportarla, más bien manifestaría oposición desde el comienzo mismo. Y la
moderación se alcanza mezclando la palabra con las muestras de sabiduría divina
que están registradas en las Tablas y Libros Sagrados. De este modo, cuando la
esencia de la palabra de uno está dotada de estos dos requisitos, demostrará ser
sumamente efectiva y constituirá el factor primordial de la transformación de
las almas de los hombres. Ésta es la posición de la victoria suprema y del
dominio celestial. Quienquiera la alcanza se halla investido con el poder de
enseñar la Causa de Dios y de prevalecer sobre los corazones y las mentes de los
hombres.
¡Oh mi Nombre! El Sol de la prolación, que brilla resplandeciente desde la
aurora de la Revelación divina, ha iluminado de tal forma los Rollos y las
Tablas, que el reino de la palabra y el exaltado dominio del entendimiento
vibran de gozo y éxtasis y brillan con el resplandor de su luz; y, sin embargo,
la mayoría de la humanidad no lo comprende.
La razón por la cual el tema de la ayuda y la asistencia ha fluido una y
otra vez de la Pluma de la Providencia, y continuará fluyendo, es para advertir
a los amigos de Dios que no se ocupen en actividades que den lugar a peleas y
confusión. Les corresponde a todos y cada uno de ellos buscar diligentemente
modos de ayudar a la Causa de Dios de la manera que hemos explicado. Esto no es
más que una muestra de su gracia conferida especialmente a sus amados para que
cada uno de ellos alcance la posición que se caracteriza por las palabras:
"Quienquiera vivifique un alma, verdaderamente ha vivificado a toda la
humanidad".
El dominio temporal ha estado y continuará estando bajo la sombra de esta
posición. Su hora señalada está preordinada en el Libro de Dios. Él está
verdaderamente enterado de ello, y la hora se manifestará por medio de la
potencia de su poder. Verdaderamente Él es el Poderoso, el que Todo lo Subyuga,
el Omnipotente, el Omnisciente, el Omnisapiente.
Las almas santificadas deberían reflexionar y meditar en sus corazones sobre
los métodos de enseñanza. Deben memorizar frases y pasajes de los textos de las
maravillosas Escrituras celestiales que sean adecuados para diversas ocasiones,
de manera que en el curso de sus disertaciones puedan recitar los versos divinos
siempre que la ocasión lo requiera, puesto que estos versos sagrados son el más
potente elixir, el más grande y poderosísimo talismán. Tan poderosa es su
influencia que el oyente no tendrá razón para vacilar. ¡Juro por mi vida! Esta
revelación está dotada de tal poder que actuará como la calamita para todas las
naciones y razas de la tierra. Si alguien se detuviese a meditar atentamente,
admitiría que no hay ni puede haber lugar adonde nadie pueda huir.
El Kitáb-i-Aqdas fue revelado de manera tal que capta y contiene todas las
Dispensaciones divinamente establecidas. Benditos sean quienes lo estudian.
Benditos sean quienes lo entienden. Benditos sean quienes meditan sobre él.
Benditos sean quienes reflexionan sobre su significado. Tan vasta es su
extensión, que abarca a todos los hombres antes de que ellos lo reconozcan.
Dentro de poco su fuerza soberana, su penetrante influencia y la grandeza de su
poder se manifestarán en la tierra. Verdaderamente tu Señor es el Omnisciente,
el Informado de Todo.
¡Oh mi Nombre! Escucha mi voz que procede de la dirección de mi trono. Él
desea hacer mención de tu nombre en todo momento, por cuanto tú has demostrado
ser firme en la exaltación de sus virtudes entre los hombres. En verdad, tu
Señor ama la fidelidad tal como se encuentra en el reino de la creación, y le ha
dado primacía sobre la mayoría de las cualidades dignas de alabanza.
Verdaderamente Él es Potente y Poderoso.
Sabe, además, que hemos oído la alabanza que has pronunciado en tu comunión
con Dios, tu Señor, el Exaltado, el Bondadoso. Grande, en verdad, es la
bienaventuranza que te aguarda, por cuanto has restringido tus propios asuntos
en favor de esta inviolable, esta poderosa e iluminada Causa. Imploramos a Dios
para que tu llamada sea como un imán que atraiga a las personificaciones de los
nombres en el mundo de la existencia, para que todos los seres se apresuren
espontáneamente a escucharlo. No hay Dios aparte de Él, el Exaltado, el
Preeminente, el Bendito por siempre, el Sublime, el Más Augusto, el Más
Glorioso, el Más Munífico, el Omnisciente, el Informado de Todo.
LAWÆ-I-BURHÁN80
Tabla de la Prueba
¡Él es el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnisapiente! Los vientos del
odio han envuelto al Arca de Bathá81 debido a lo que las manos de los opresores
han hecho. ¡Oh Báqir! Has dictado sentencia contra aquellos por quienes han
llorado los libros del mundo y en cuyo favor han dado testimonio las escrituras
de todas las religiones. Tú, que te has extraviado tan lejos, en verdad estás
envuelto en un espeso velo. ¡Por Dios mismo! Has pronunciado sentencia contra
aquellos por medio de quienes se ha iluminado el horizonte de la fe. De esto son
testigos Aquellos que son los Lugares del Amanecer de la Revelación y las
Manifestaciones de la Causa de tu Señor, el Más Misericordioso, que han
sacrificado sus almas y todo cuanto poseían en su Recto Sendero. La Fe de Dios
ha llorado en todas partes a causa de tu tiranía, y sin embargo gozas y eres de
los que se regocijan. En mi corazón no hay odio hacia ti ni hacia nadie. Todo
hombre de erudición te contempla a ti y a los que son como tú, sumidos en una
locura evidente. Si te hubieras dado cuenta de lo que has hecho, te habrías
arrojado al fuego, o habrías abandonado tu hogar para huir a las montañas, o
habrías gemido hasta regresar al sitio destinado para ti por aquel que es el
Señor de la fuerza y el poder. ¡Oh tú que eres como la nada! Rasga los velos de
las ociosas fantasías y las vanas imaginaciones para que puedas contemplar el
Sol del conocimiento que brilla desde este resplandeciente Horizonte. Has hecho
pedazos un trozo del Profeta mismo y has imaginado que has ayudado a la Fe de
Dios. Así te ha instigado tu alma y ciertamente tú eres uno de los negligentes.
Tu acción ha consumido los corazones del Concurso de lo Alto, así como los de
aquellos que giran alrededor de la Causa de Dios, el Señor de los mundos. El
alma de la Casta82 se derritió por tu crueldad y los moradores del Paraíso
lloraron amargamente en ese bendito Lugar.
Juzga con equidad, te lo suplico por Dios. ¿Qué prueba presentaron los
doctores judíos para condenarlo a Él, que era el Espíritu de Dios,83 cuando vino
a ellos con la verdad? ¿Cuál pudo ser la prueba que presentaron los fariseos y
los sacerdotes idólatras para justificar su negación de Mu¥ammad, el Apóstol de
Dios, cuando vino a ellos con un Libro que juzgaba entre la verdad y la falsedad
con una justicia que transformaba en luz la oscuridad de la tierra y extasiaba
los corazones de quienes Le conocían? En verdad, tú has presentado en este día
las mismas pruebas que los sacerdotes necios alegaron en aquella época. De ello
es testigo Aquel que es el Rey del reino de la gracia en esta gran Prisión.
Ciertamente has seguido sus pasos; más aún, los has sobrepasado en crueldad y
has creído que estabas ayudando a la Fe y defendiendo la Ley de Dios, el
Omnisciente, el Omnisapiente. ¡Por Aquel que es la Verdad! Tu iniquidad ha hecho
gemir a Gabriel y ha arrancado lágrimas de la Ley de Dios, por medio de la cual
las brisas de la justicia se han esparcido sobre todos los que están en el cielo
y en la tierra. ¿Has imaginado ingenuamente que la sentencia que has dictado te
ha beneficiado? ¡No, por Aquel que es el Rey de todos los Nombres! De tu pérdida
da testimonio Aquel que posee el conocimiento de todas las cosas, como está
registrado en la Tabla preservada. Cuando escribiste tu sentencia fuiste acusado
por tu propia pluma. De ello es testigo la Pluma de Dios, el Altísimo, en su
inaccesible posición.
¡Oh tú que te has extraviado! Tú no Me has visto, ni has tenido relación
conmigo, ni has sido mi compañero durante la fracción de un instante. ¿Cómo,
pues, has ordenado a los hombres que Me maldigan? ¿Has seguido en esto los
impulsos de tus propios deseos, o has obedecido a tu Señor? Presenta un signo,
si eres uno de los veraces. Atestiguamos que tú has abandonado la Ley de Dios y
te has aferrado al dictado de tus pasiones. Nada, en verdad, escapa a Su
conocimiento; Él verdaderamente, es el Incomparable, el Informado de Todo. ¡Oh
negligente! Escucha lo que el Misericordioso ha revelado en el Corán: "No digáis
a todo aquel que os salude al encontraros: 'Tú no eres un creyente'".84 Así lo
ha decretado Aquel en cuyo poder se encuentran los reinos de la Revelación y de
la creación, si fueras de los que escuchan. Has echado a un lado el mandamiento
de Dios y te has asido a los impulsos de tus propios deseos. ¡Desdichado eres
tú, entonces, oh negligente que dudas! Si Me niegas, ¿por medio de qué prueba
puedes reivindicar la verdad de aquello de lo que hablas? ¡Preséntala, pues, oh
tú que has atribuido compañeros a Dios y te has apartado de su soberanía que ha
circundado los mundos!
¡Oh necio! Sabe que es verdaderamente sabio quien reconoce mi Revelación,
bebe del Océano de mi conocimiento, se remonta en la atmósfera de mi amor,
abandona todo excepto a Mí y se aferra firmemente a lo que se ha enviado desde
el Reino de mi maravillosa prolación. Él, verdaderamente, es como un ojo para la
humanidad y como el espíritu de vida para el cuerpo de toda la creación.
Glorificado sea el Todomisericordioso, que le ha iluminado y le ha hecho
levantarse a servir a su grande y poderosa Causa. En verdad, tal hombre es
bendecido por el Concurso de lo Alto y por quienes moran en el Tabernáculo de
Grandeza, que han bebido de mi Vino Sellado en mi Nombre, el Omnipotente, el
Todopoderoso. ¡Oh Báqir! Si eres de los que ocupan tan sublime posición,
presenta, entonces, un signo de Dios, el Creador de los cielos. Y si
reconocieras tu impotencia, refrena tus pasiones y retorna a tu Señor, para que
quizás Él te perdone tus pecados, que han hecho que las hojas del divino Árbol
del Loto se consumieran en el fuego, que la Roca exclamara y que lloraran los
ojos de los hombres de entendimiento. Por tu causa se ha rasgado el Velo de la
Divinidad, el Arca ha zozobrado, la Camella ha sido desjarretada y gimió el
Espíritu85en su retiro sublime. ¿Discutes con Aquel que viene a ti con los
testimonios de Dios y con Sus signos, que tú conoces y que conocen los que moran
en la tierra? Abre tus ojos para que contemples a este Agraviado, que brilla
sobre el horizonte de la voluntad de Dios, el Soberano, la Verdad, el
Resplandeciente. Despeja, pues, el oído de tu corazón para que escuches las
palabras del Divino Árbol del Loto que ciertamente ha hecho surgir Dios, el
Omnipotente, el Benéfico. Verdaderamente este Árbol, a pesar de lo que Le
aconteció debido a tu crueldad y a las transgresiones de los que son como tú,
llama en voz alta y convoca a los hombres al Sadratu'l-Muntahá86 y al Horizonte
Supremo. Bendita el alma que fija su mirada en el Signo Más Poderoso y el oído
que escucha su más dulce Voz, y ¡ay! del que se aparta y actúa inicuamente.
¡Oh tú que te has apartado de Dios! Si mirases al Divino Árbol del Loto con
el ojo de la imparcialidad, percibirías las marcas de tu espada en sus brazos,
en sus ramas y en sus hojas, a pesar de que Dios te ha creado con el propósito
de que reconocieras y sirvieras al Árbol. Reflexiona, para que puedas reconocer
tu iniquidad y seas contado entre quienes se han arrepentido. ¿Crees que tenemos
miedo de tu crueldad? Sabe y ten por seguro que, desde el primer día en que la
voz de la Pluma Más Sublime se elevó entre tierra y cielo, ofrendamos nuestras
almas, nuestros cuerpos, nuestros hijos y nuestras posesiones en el sendero de
Dios, el Exaltado, el Grande, y Nos gloriamos de ello ante todas las cosas
creadas y ante el Concurso de lo Alto. De ello es testigo lo que Nos ha
acontecido en este Recto Sendero. ¡Por Dios! Nuestros corazones se consumieron,
nuestros cuerpos fueron crucificados y nuestra sangre derramada, mientras
nuestros ojos estaban fijos en el horizonte de la amorosa bondad de tu Señor, el
Testigo, el que todo lo ve. Cuanto más dolorosas eran sus aflicciones, tanto más
grande se hacía el amor del pueblo de Bahá. De su sinceridad es testigo lo que
el Todomisericordioso envió en el Corán. Él dice: "Desead, pues, la muerte, si
sois sinceros".87 ¿Quién ha de ser preferido, aquel que se ha amparado detrás de
cortinas o el que se ha ofrendado en el sendero de Dios? Juzga imparcialmente y
no seas de los que vagan aturdidos por el yermo de la falsedad. Las aguas vivas
del amor del Más Misericordioso les arrastraron de tal manera que ni las armas
del mundo ni las espadas de las naciones les han impedido dirigir su rostro
hacia el océano de la munificencia de su Señor, el Dador, el Generoso.
¡Por Dios! Las tribulaciones no han podido acobardarme y el repudio de los
sacerdotes ha sido impotente para debilitarme. He hablado, y aún continúo
hablando, a los hombres a la cara: "¡La puerta de la gracia se ha abierto y
Aquel que es la Aurora de la Justicia ha venido con signos claros y testimonios
evidentes de Dios, el Señor de la fuerza y el poder!" Preséntate ante Mí para
que oigas los misterios que oyó el hijo de 'Imrán88 sobre el Sinaí de la
Sabiduría. Así te lo ordena Aquel que es el Lugar del Amanecer de la Revelación
de tu Señor, el Dios de Misericordia, desde su gran Prisión.
¿El liderazgo te ha vuelto orgulloso? Lee atentamente lo que Dios ha
revelado al gobernante soberano, el Sultán de Turquía, que Me ha encarcelado en
esta fortaleza, para que estés informado de la situación de este Agraviado, tal
como fue decretada por Dios, el Uno, el Único, el Informado de todo. ¿Te sientes
feliz al ver a los abyectos y a los inútiles como seguidores tuyos? Te apoyan
como lo hizo un pueblo antes que ellos, el que siguió a Anás, quien sin prueba
ni testimonio concluyente dictó sentencia contra el Espíritu.89
Lee con atención el Kitáb-i-Íqán y lo que el Todomisericordioso ha enviado
al rey de París90 y a aquellos que son como él, para que estés enterado de las
cosas que han sucedido en el pasado y te convenzas de que no hemos pretendido
propagar el desorden por el país una vez que éste ha sido bien ordenado.
Nosotros exhortamos a sus siervos totalmente por amor a Dios. Quienquiera lo
desee, que se vuelva hacia Él, y el que no lo desee, que se aparte. Nuestro
Señor, el Misericordioso, es verdaderamente el que todo Le basta, el
Todoalabado. ¡Oh concurso de sacerdotes! Éste es el día en que nada entre todas
las cosas, ni ningún nombre entre todos los nombres, puede beneficiaros, excepto
este Nombre, al que Dios ha convertido en la Manifestación de Su Causa y la
Aurora de Sus más excelentes títulos para todos los que están en el reino de la
creación. Bendito es aquel hombre que reconoce la fragancia del
Todomisericordioso y se le cuenta entre los firmes. En este día no os
beneficiarán vuestras ciencias, ni vuestras artes, ni vuestros tesoros, ni
vuestra gloria. Apartad todo eso y dirigid vuestros rostros hacia la Palabra Más
Sublime, mediante la cual las Escrituras, los Libros y esta evidente Tabla han
sido claramente expuestos. Apartaos, oh asamblea de sacerdotes, de las cosas que
habéis compuesto con la pluma de vuestras ociosas fantasías y vanas
imaginaciones. ¡Por Dios! El Sol del Conocimiento ha brillado sobre el horizonte
de la certeza.
¡Oh Báqir! Lee y recuerda aquello que dijo antiguamente un creyente de tu
estirpe: "¿Matarías a un hombre porque dijera "Mi Señor es Dios", cuando Él ya
ha venido a ti con signos provenientes de tu Señor? Si fuese mentiroso, su
mentira caerá sobre él, pero si fuese veraz, parte de su amenaza caerá sobre ti.
En verdad, Dios no guía a quien es un transgresor, un mentiroso".91
¡Oh tú que estás extraviado! Si tienes alguna duda acerca de nuestra
conducta, sabe que nosotros atestiguamos lo que Dios mismo ha atestiguado antes
de la creación de los cielos y de la tierra: que no hay otro Dios sino Él, el
Todopoderoso, el Todomunífico. Damos testimonio de que Él es Uno en su esencia y
Uno en sus atributos. Él no tiene igual en todo el universo, ni compañero en
toda la creación. Él ha enviado a sus Mensajeros y ha hecho descender sus Libros
para que anuncien a sus criaturas el Sendero Recto.
¿Ha sido informado el Sháh, y optó por cerrar sus ojos ante tus actos? ¿O ha
sido presa del temor ante los aullidos de una manada de lobos que se han
apartado del Sendero de Dios y han seguido tu camino sin una prueba clara o un
Libro evidente? Hemos oído que las provincias de Persia han sido adornadas con
el ornamento de la justicia. No obstante, cuando las observamos más de cerca,
descubrimos que son los lugares del amanecer de la tiranía y las auroras de la
injusticia. Vemos a la justicia en las garras de la tiranía. Pedimos a Dios que
la libere por medio del poder de su fuerza y su soberanía. Él verdaderamente
protege todo cuanto se halla en el cielo y en la tierra. A nadie le es dado el
derecho de protestar en contra de nadie, en relación con lo que le ha acontecido
a la Causa de Dios. Corresponde al que haya vuelto su rostro hacia el Más
Sublime Horizonte aferrarse tenazmente al cordón de la paciencia y poner su
confianza en Dios, el que Ayuda en el Peligro, el Irrestringido. ¡Oh vosotros
amados de Dios! Bebed abundantemente del manantial de la sabiduría, pasead por
el jardín de la sabiduría, remontaos en la atmósfera de la sabiduría y hablad
con sabiduría y elocuencia. Así os lo ordena vuestro Señor, el Todopoderoso, el
Omnisciente.
¡Oh Báqir! No confíes en tu gloria y en tu poder. Eres como el último rastro
de luz solar sobre la cima de la montaña. Pronto se desvanecerá, tal como ha
sido decretado por Dios, el que todo lo posee, el Altísimo. Tu gloria y la
gloria de los que son como tú os ha sido arrebatada, y esto verdaderamente es lo
que ha sido ordenado por Aquel en cuyo poder se halla la Tabla Madre. ¿Dónde se
encuentra el que luchó con Dios, y dónde se ha ido quien negó sus signos y se
apartó de su soberanía? ¿Dónde están los que asesinaron a sus elegidos y
derramaron la sangre de sus Santos? ¡Reflexiona, para que quizás percibas los
hálitos de tus acciones, oh necio que dudas! Por vuestra causa se lamentó el
Apóstol,92 la Casta93 gimió, los países fueron asolados y la oscuridad cayó
sobre todas las regiones. ¡Oh concurso de sacerdotes! Por vosotros fue humillado
el pueblo, la enseña del Islam fue arriada y su poderoso trono fue derribado.
Cada vez que un hombre de discernimiento ha pretendido atenerse a lo que habría
de exaltar el Islam, alzasteis vuestro clamor y con ello se le impidió lograr su
propósito, mientras el país permanecía sumido en evidente ruina.
¡Piensa en el Sultán de Turquía! Él no quería la guerra, pero los que son
como tú la deseaban. Cuando se encendieron sus fuegos y las llamas se elevaron,
el Gobierno y el pueblo se debilitaron como consecuencia de ello. De esto es
testigo todo hombre imparcial y perspicaz. Sus calamidades se hicieron tan
grandes que el humo que produjeron rodeó la Tierra del Misterio94 y sus
contornos, y se hizo manifiesto lo que se había revelado en la Tabla del Sultán.
Así se ha decretado en el Libro, por mandato de Dios, el que Ayuda en el
Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo.
¡Oh mi Pluma Suprema! Deja de mencionar al Lobo y acuérdate de la Serpiente
Hembra,95 cuya crueldad fue la causante de que gimieran todas las cosas creadas
y se estremecieran los miembros de los santos. Así te lo ordena el Señor de
todos los nombres en esta gloriosa posición. La Casta96 ha clamado a causa de tu
iniquidad, ¡y aun así imaginas que perteneces a la familia del Apóstol de Dios!
Tu alma te ha instigado de esta manera, oh tú que te has apartado de Dios, el
Señor de todo lo que ha sido y lo que será. ¡Juzga con equidad, oh Serpiente
Hembra! ¿A causa de qué crimen has picado a los hijos97 del Apóstol de Dios y
has saqueado sus bienes? ¿Has negado a Quien te ha creado por su mandato "Sé, y
fue"? Has tratado a los hijos del Apóstol de Dios como ni siquiera 'Ád trató a
Húd, ni Thamúd a Sálih, ni los judíos al Espíritu de Dios,98 el Señor de todos
los seres. ¿Niegas los signos de tu Señor, ante los cuales, tan pronto fueron
enviados desde el cielo de su Causa se doblegaron todos los libros del mundo?
Medita, para que seas consciente de tus actos. ¡Oh proscrito negligente! Dentro
de poco los hálitos del castigo se apoderarán de ti, como se apoderaron de otros
antes de ti. Aguarda, oh tú que Le has atribuido compañeros a Dios, el Señor de
lo visible e invisible. Éste es el día que Dios anunció a través de la lengua de
su Apóstol. Reflexiona, para que comprendas lo que el Todomisericordioso ha
enviado en el Corán y en esta Tabla escrita. Éste es el día en que Aquel que es
la Aurora de la Revelación ha venido con pruebas evidentes que nadie puede
contar. Éste es el día en que todo hombre dotado de percepción ha descubierto la
fragancia de la brisa del Todomisericordioso en el mundo de la creación y todo
hombre de discernimiento se ha apresurado hacia las aguas vivas de la
misericordia de su Señor, el Rey de Reyes. ¡Oh negligente! El relato del
Sacrificio99 ha sido narrado de nuevo y el que iba a ser ofrendado ha dirigido
sus pasos hacia el lugar del sacrificio, y no regresó a causa de lo que tu mano
ha hecho, ¡oh tú, perverso que odias! ¿Has imaginado que el martirio podría
degradar esta Causa? No, por Aquel a Quien Dios ha hecho el Depositario de su
Revelación, si tú fueras de aquellos que comprenden. Desdichado tú que has
atribuido compañeros a Dios, y desdichados los que te han tomado por jefe sin
una prueba clara o un Libro evidente. ¡Cuán numerosos los opresores que antes de
ti se han alzado para extinguir la luz de Dios, y cuántos los impíos que han
asesinado y saqueado hasta que los corazones y las almas de los hombres gimieron
por su crueldad! El sol de la justicia se ha oscurecido, por cuanto la
personificación de la tiranía se ha sentado en el trono del odio, y aún así la
gente no entiende. Han matado a los hijos del Apóstol y han saqueado sus bienes.
Di: A tu juicio, ¿fueron sus posesiones quienes negaron a Dios, o ellos mismos?
Juzga imparcialmente, oh ignorante que te has apartado de Dios como por un velo.
Te has aferrado a la tiranía y has desechado la justicia; por lo cual todas las
cosas creadas se han lamentado, y todavía te hallas entre los rebeldes. Has dado
muerte a los ancianos y saqueado a los jóvenes. ¿Crees que agotarás lo que tu
iniquidad ha amasado? ¡No, por Mí mismo! Así te lo informa el que es conocedor
de todo. ¡Por Dios! Las cosas que posees no te beneficiarán, y tampoco lo que
has acumulado por medio de tu crueldad. De ello es testigo tu Señor, el
Omnisciente. Te has levantado para apagar la luz de esta Causa; en poco tiempo
tu propio fuego se habrá extinguido por su mandato. Él, ciertamente, es el Señor
de fuerza y poder. Los cambios y azares del mundo y los poderes de las naciones
no pueden frustrarle. Él hace lo que Le place y ordena lo que desea mediante el
poder de su soberanía. Reflexiona sobre la camella. Aunque no es más que una
bestia, el Todomisericordioso la ha exaltado a una posición tan elevada que las
lenguas de la tierra hicieron mención de ella y celebraron su alabanza. Él,
verdaderamente, protege todo lo que hay en el cielo y en la tierra. No hay otro
Dios sino Él, el Todopoderoso, el Grande. De este modo hemos adornado el cielo
de nuestra Tabla con los soles de nuestras palabras. Bendito el hombre que lo
alcanza y es iluminado con su luz, y desdichados los que se apartan, Le niegan y
se extravían lejos de Él. ¡Alabado sea Dios, el Señor de los mundos!
KITÁB-I-'AHD
Libro del Convenio
Aunque el Reino de la Gloria no posee ninguna de las vanidades del mundo, no
obstante, dentro del tesoro de la confianza y la resignación, hemos legado a
nuestros herederos una herencia excelente e inapreciable. Tesoros terrenales no
hemos dejado, y tampoco hemos añadido las preocupaciones que ocasionan. ¡Por
Dios! En las riquezas terrenales se oculta el temor y se esconde el peligro.
Examinad y recordad lo que el Todomisericordioso ha revelado en el Corán: "Ay de
todo difamador y calumniador, y de aquel que amasa y cuenta riquezas".100
Efímeras son las riquezas del mundo; todo lo que perece y cambia no es digno de
atención y nunca lo ha sido, excepto en una medida aceptada.
El propósito de este Agraviado al soportar desdichas y tribulaciones, al
revelar los Versos Sagrados y al presentar sus pruebas no ha sido sino extinguir
la llama del odio y la enemistad, para que el horizonte de los corazones de los
hombres se ilumine con la luz de la concordia y alcance la verdadera paz y
tranquilidad. El sol de estas palabras brilla resplandeciente desde el punto del
amanecer de la Tabla divina; les corresponde a todos fijar su mirada en ella. Os
exhortamos, oh pueblos del mundo, a observar aquello que eleve vuestra posición.
Asíos al temor a Dios y adheríos firmemente a lo que es correcto. En verdad
digo, la lengua es para mencionar lo que es bueno, no la mancilléis con
conversaciones indecorosas. Dios ha perdonado lo pasado. En adelante todos deben
expresar lo que es decoroso y digno, y deben abstenerse de la calumnia, de la
injuria y de todo cuanto pueda causar tristeza a los hombres. ¡Sublime es la
posición del hombre! No hace mucho fluyó del tesoro de nuestra Pluma de Gloria
esta exaltada Palabra: Grande y bendito es este Día, el Día en que todo lo que
estaba latente en el hombre se ha manifestado y se manifestará. Sublime sería la
posición del hombre si se aferrase a la rectitud y a la verdad y permaneciese
firme y constante en la Causa. A la vista del Todomisericordioso, un verdadero
hombre es como el firmamento; el sol y la luna son su vista y su oído, y las
estrellas son su carácter brillante y resplandeciente. Suya es la posición más
sublime, y su influencia educa al mundo del ser.
Toda alma receptiva que en este Día haya inhalado la fragancia de su
vestidura y que con un corazón puro haya vuelto su rostro hacia el Horizonte
todoglorioso, se cuenta entre el pueblo de Bahá en el Libro Carmesí. Tomad en mi
Nombre el cáliz de mi amorosa bondad y bebed a continuación en mi glorioso y
maravilloso recuerdo.
¡Oh vosotros que habitáis en la tierra! La religión de Dios aspira a
alcanzar el amor y la unidad; no hagáis de ella la causa de enemistad o
disensión. A la vista de los hombres de discernimiento y de quienes contemplan
la Visión Más Sublime, cualesquiera que sean los medios efectivos para la
salvaguardia y promoción de la felicidad y el bienestar de los hijos de los
hombres, ya han sido revelados por la Pluma de Gloria. Pero los necios de la
tierra, alimentados por pasiones y deseos malvados, han hecho caso omiso de la
suma sabiduría del que es, en verdad, el Omnisapiente, mientras las ociosas
fantasías y vanas imaginaciones instigan sus palabras y sus hechos.
¡Oh vosotros los amados y fideicomisarios de Dios! Los reyes son las
manifestaciones del poder, y las auroras de la fuerza y la riqueza de Dios. Orad
por ellos. Él los ha investido con el señorío sobre la tierra y ha escogido los
corazones de los hombres como Su dominio propio.
El conflicto y la contienda están categóricamente prohibidos en Su Libro.
Éste es un decreto de Dios en esta Grandísima Revelación. Está divinamente
preservado de la anulación y Él lo ha investido con el esplendor de su
confirmación. En verdad Él es el Omnisapiente, el Omnisciente.
Incumbe a todos ayudar a esas auroras de autoridad y a esas fuentes de
mandato que están adornadas con el ornamento de la justicia y la equidad.
Benditos sean los gobernantes y los eruditos entre el pueblo de Bahá. Ellos son
mis fideicomisarios entre mis siervos y las manifestaciones de mis mandamientos
entre mi pueblo. Sobre ellos sean mi gloria, mis bendiciones y mi gracia, que
impregnan el mundo del ser. A este respecto, las palabras reveladas en el Kitáb-
i-Aqdas son tales que la luz de la gracia divina brilla luminosa y
resplandeciente desde el horizonte de las palabras que ellos pronuncian.
¡Oh vosotros mis Ramas! Una fuerza poderosa, un poder sumo yace oculto en el
mundo del ser. Fijad vuestra mirada en él y en su influencia unificadora y no en
las diferencias que de él surgen.
La Voluntad del divino Testador es ésta: Incumbe a los Aghsán, a los Afnán,
a mis parientes, a todos y cada uno de ellos, volver sus rostros hacia la Más
Poderosa Rama. Examinad lo que hemos revelado en nuestro Libro Más Sagrado:
"Cuando el océano de mi presencia haya menguado y el Libro de mi Revelación haya
concluido, volved vuestros rostros hacia Aquel que Dios ha designado, que ha
brotado de esta antigua Raíz". Este verso sagrado no alude sino a la Más
Poderosa Rama ['Abdu'l-Bahá]. De este modo os hemos revelado benévolamente
nuestra potente Voluntad, y en verdad Yo soy el Munífico, el Todopoderoso.
Ciertamente, Dios ha ordenado que la posición de la Rama Mayor [Mu¥ammad 'Alí]
esté por debajo de la que ocupa la Más Grande Rama ['Abdu'l-Bahá]. Él es en
verdad el Ordenador, el Omnisapiente. Hemos decidido que "la Mayor" vaya después
de "la Más Grande" según ha sido decretado por Aquel que es el Sapientísimo, el
Informado de todo.
A todos se les ordena manifestar amor a los Aghsán, mas Dios no les ha
concedido ningún derecho sobre la propiedad de los demás.
¡Oh vosotros mis Aghsán, mis Afnán y mis parientes! Os exhortamos a temer a
Dios, a realizar acciones dignas de alabanza y a obrar de acuerdo con lo que es
apropiado y decoroso y sirva para exaltar vuestra posición. Verdaderamente
afirmo que el temor de Dios es el mayor comandante que puede hacer victoriosa a
la Causa de Dios, y las huestes que se corresponden más con ese comandante
siempre han sido y son un carácter íntegro y unas acciones puras y excelentes.
Di: ¡Oh siervos! Que los medios para lograr el orden no se conviertan en
motivo de confusión, y que el instrumento de la unión no dé ocasión para la
discordia. Abrigamos la esperanza de que el pueblo de Bahá sea guiado por las
benditas palabras: "Di: todo es de Dios". Estas exaltadas palabras son como el
agua para extinguir el fuego del odio y de la enemistad, cuyo rescoldo arde en
los corazones y en los pechos de los hombres. Mediante estas solas palabras los
pueblos y razas contendientes alcanzarán la luz de la verdadera unidad.
Verdaderamente Él habla la verdad y muestra el camino. Él es el Todopoderoso, el
Exaltado, el Munífico.
Incumbe a todos mostrar cortesía y tener consideración con los Aghsán, para
que de esta manera la Causa de Dios sea glorificada y su Palabra exaltada. En la
Sagrada Escritura se ha mencionado y registrado este mandamiento una y otra vez.
Bienaventurado aquel que alcance lo que el Ordenador, el Antiguo de los Días, ha
prescrito para él. Se os ordena, además, respetar a los miembros de la Sagrada
Familia, a los Afnán y a los parientes. Os exhortamos, además, a servir a todas
las naciones y a esforzaros por el mejoramiento del mundo.
Desde el cielo de la prolación de Aquel que es el Deseo del mundo se ha
enviado lo que conducirá a la regeneración del mundo y a la salvación de los
pueblos y razas de la tierra. Escuchad atentamente los consejos de la Pluma de
Gloria. Esto es mejor para vosotros que todo lo que existe sobre la tierra. De
esto da testimonio mi glorioso y maravilloso Libro.
LAWÆ-I-ARD-I-BÁ
Tabla de la Tierra de Bá
Alabado sea Aquel que ha honrado la Tierra de Bá101 mediante la presencia de
Aquel alrededor del cual giran todos los nombres. Todos los átomos de la tierra
han anunciado a todas las cosas creadas que tras la puerta de la Ciudad-Prisión
ha aparecido y ha brillado sobre su horizonte el Orbe de la belleza de la grande
y Más Poderosa Rama de Dios -su antiguo e inmutable Misterio- prosiguiendo su
camino hacia otras tierras. Por ello, la tristeza envuelve a esta Ciudad-
Prisión, mientras otras tierras se regocijan. Exaltado, inmensamente exaltado es
nuestro Señor, Hacedor de los cielos y Creador de todas las cosas, Aquel a
través de cuya soberanía se abrieron las puertas de la prisión, haciendo con
ello que se cumpla lo que fuera prometido antaño en las Tablas. Él
verdaderamente es potente sobre lo que Él desea, y en su poder se halla el
dominio de la creación entera. Él es el Todopoderoso, el Omnisciente, el
Omnisapiente.
Bendito, doblemente bendito, es el suelo que sus pasos han hollado, el ojo
que se ha alegrado con la belleza de su semblante, el oído que se ha visto
honrado al escuchar su llamamiento, el corazón que ha probado la dulzura de su
amor, el pecho que se ha dilatado por medio de su recuerdo, la pluma que ha
expresado su alabanza, el rollo que ha portado el testimonio de sus escritos.
Rogamos a Dios -bendito y exaltado sea Él- que nos conceda el honor de
encontrarnos pronto con Él. Él es, en verdad, el que Todo lo Oye, el
Todopoderoso, el que está dispuesto a contestar.
EXTRACTOS DE
OTRAS TABLAS
Dios atestigua que no existe otro Dios más que Él y que Aquel que vino del
cielo de la revelación divina es el Secreto Oculto, el Misterio Impenetrable,
cuyo advenimiento se había predicho en el Libro de Dios y lo habían proclamado
sus Profetas y Mensajeros. Por medio de Él se han descifrado los misterios, se
han rasgado los velos y se han revelado los signos y las pruebas. ¡Ved! Él se ha
manifestado ahora. Saca a la luz todo cuanto desea y holla los lugares altos de
la tierra investido con trascendente majestad y poder.
Bendito es el fuerte que destroce los dioses de las vanas imaginaciones
mediante la potencia del Nombre de su Señor, Aquel que gobierna sobre todos los
hombres.
¡Oh mi Afnán! Gustosamente haremos mención de tu nombre como muestra de
Nuestra gracia, para que los dulces aromas de mi recuerdo te atraigan a mi Reino
y te acerquen al Tabernáculo de mi majestad, que se ha levantado por medio del
poder de este Nombre, un Nombre que ha sacudido todos los cimientos.
Di: ¡Oh pueblos de la tierra! ¡Por la rectitud de Dios! Todo lo que se os ha
prometido en los Libros de vuestro Señor, el Gobernante del Día del Retorno, ha
aparecido y se ha hecho manifiesto. Cuidado, no sea que los cambios y azares del
mundo os mantengan alejados de Aquel que es la Verdad Soberana. Dentro de poco
perecerá todo lo visible, y sólo perdurará lo que ha sido revelado por Dios, el
Señor de los señores.
Di: Éste es el Día de las acciones meritorias, si sólo lo supierais. Éste es
el Día de la glorificación de Dios y de la exposición de su Palabra, si sólo
pudieseis percibirlo. Abandonad las cosas corrientes entre los hombres y asíos
firmemente a lo que os ha ordenado Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que
Subsiste por Sí Mismo. Rápidamente se acerca el día en que no os será de
utilidad ningún tesoro de la tierra. De ello es testigo el Señor de los Nombres,
Aquel que proclama: Verdaderamente no hay Dios excepto Él, la Verdad Soberana,
el Conocedor de las cosas invisibles.
Bienaventurado eres tú, oh mi Afnán, porque has tenido el honor de recibir
mis Versos Sagrados, has inhalado los dulces aromas de mi Revelación y has
respondido a mi Llamada, en un momento en que mis siervos y mis criaturas,
echando a un lado el Libro Madre y adhiriéndose a los dictados de los exponentes
de las ociosas fantasías y las vanas imaginaciones, Me denunciaron. Así ha
hablado la Lengua de Grandeza en el reino de la prolación por mandato de Dios,
el Señor de la Creación.
Persevera diligentemente en el servicio a la Causa y conserva la posición
que se te ha conferido, mediante el poder del Nombre de tu Señor, el Poseedor de
todas las cosas visibles e invisibles. ¡Juro por la rectitud de Dios! Si alguien
se informara de lo que está velado a los ojos de los hombres, se extasiaría de
tal manera que levantaría el vuelo hacia Dios, Señor de todo lo que ha sido y lo
que será.
Que mi gloria sea sobre ti y sobre quienes se han acercado a Él y comprenden
el significado de lo que la exaltada Pluma de Dios, el Todoamoroso, ha
registrado en esta Tabla.
Toda alabanza sea para Ti, oh mi Dios, pues has adornado el mundo con el
esplendor de la aurora que sigue a la noche en que nació Aquel que anunció la
Manifestación de tu trascendente soberanía, el Amanecer de tu Esencia divina y
la Revelación de tu supremo Señorío. Te ruego, oh Creador de los cielos y
Modelador de los nombres, que muníficamente ayudes a los que se han amparado
bajo la sombra de tu abundante misericordia y han elevado sus voces entre los
pueblos del mundo en glorificación de tu Nombre.
¡Oh mi Dios! Tú ves al Señor de toda la humanidad confinado en su Más Grande
Prisión, gritando tu Nombre, mirando fijamente tu rostro, proclamando lo que ha
extasiado a los habitantes de tus reinos de revelación y de creación. ¡Oh mi
Dios! Contemplo mi Propio Ser cautivo en las manos de tus siervos, y sin embargo
la luz de tu soberanía y las revelaciones de tu invencible poder brillan
resplandecientes desde Su rostro, permitiendo que todos sepan con certeza que Tú
eres Dios y que no hay otro Dios más que Tú. Ni el poder de los poderosos puede
frustrarte, ni el dominio de los gobernantes puede prevalecer en tu contra. Tú
haces todo lo que deseas en virtud de tu soberanía, que abarca todas las cosas
creadas, y ordenas lo que Te place mediante la potencia de tu mandato, que
impregna a la creación entera.
Te imploro, por la gloria de tu Manifestación y por la fuerza de tu poder,
tu soberanía y tu exaltación, que hagas victoriosos a quienes se han levantado
para servirte, han ayudado a tu Causa y se han postrado ante el esplendor de la
luz de tu rostro. Hazles, pues, victoriosos, oh mi Dios, sobre tus enemigos y
haz que sean firmes en tu servicio, para que por medio de ellos se demuestren
las pruebas de tu dominio a través de tus reinos y se manifiesten en tus tierras
las señales de tu indomable poder. Verdaderamente Tú eres potente para hacer lo
que deseas; no hay otro Dios más que Tú, el que Ayuda en el Peligro, el que
Subsiste por Sí Mismo.
Esta gloriosa Tabla ha sido revelada en el Aniversario del Nacimiento102
para que la recites con espíritu de humildad y súplica y des gracias a tu Señor,
el Omnisciente, el Informado de Todo. Esfuérzate al máximo por prestar servicio
a Dios, para que de ti surja lo que inmortalice tu memoria en su cielo glorioso
y exaltado.
Di: ¡Glorificado eres Tú, oh mi Dios! Te imploro, por el Lugar del Amanecer
de tus signos y por el Revelador de tus claras señales, que me permitas asirme
firmemente en todas las situaciones al cordón de tu amorosa providencia y
sujetarme tenazmente al borde de tu generosidad. Cuéntame entre aquellos a
quienes los cambios y azares del mundo no les han impedido servirte y mostrarte
lealtad, a quienes el violento ataque de la gente no ha podido impedirles
magnificar tu Nombre y celebrar tu alabanza. Asísteme benignamente, oh mi Señor,
para que haga lo que Tú amas y deseas. Permíteme, pues, cumplir lo que exalte tu
Nombre y encienda el fuego de tu amor.
Tu eres, en verdad, el Perdonador, el Generoso.
¡Oh Æusayn! Permita Dios que seas siempre brillante y radiante, que
resplandezcas con la luz del Sol de la Verdad y que sueltes tu lengua para
alabar el Nombre de Dios, que es la más loable de todas las acciones.
Piensa en la multitud de almas que parecen estar intensamente anhelantes y
sedientas, y, sin embargo, cuando el Océano de aguas vivas se agitó en el mundo
del ser, permanecieron privadas de él, puesto que fueron incapaces de renunciar
a las ociosas fantasías y no lograron conocer conscientemente a Aquel que es el
Objeto de todo conocimiento. Este fracaso es la retribución por las acciones que
sus manos hicieron en el pasado.
Da gracias al Bienamado del mundo por haberte ayudado benévolamente a
alcanzar la confirmación en esta gloriosa Causa. Ruégale, además, que haga a sus
amados firmes en ella, pues los escritos incendiarios de quienes crean la maldad
se han difundido y se ha elevado el clamor de los agoreros del mal. Felices
quienes se apartan de todo excepto de Dios y se aferran firmemente a lo que les
ha ordenado el Señor de fuerza y de poder.
Que su gloria sea sobre ti y sobre aquellos a quienes les ha sido permitido
reconocer y abrazar esta poderosa Causa.
Ésta es una Tabla que el Señor de todos los seres ha enviado desde su
gloriosa posición en honor a aquel que cree en Dios, el Todopoderoso, el
Todoamoroso.
Bienaventurado el caminante que reconoce al Deseado, el buscador que presta
atención al Llamamiento de Aquel que es la Meta prometida de toda la humanidad y
el erudito que cree en Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí
Mismo.
Cuán inmenso es el número de los eruditos que se han apartado del camino de
Dios, y cuán numerosos los hombres desprovistos de conocimientos que han
comprendido la verdad y se han apresurado hacia Él, diciendo: "Alabado seas Tú,
Señor de todas las cosas visibles e invisibles".
¡Por la rectitud de Dios! El horizonte del mundo resplandece con la luz de
la Luminaria Más Grande, y sin embargo la mayoría de la humanidad no lo percibe.
Verdaderamente Aquel que es la Verdad Soberana se mueve a la vista de todos los
hombres. De esto da testimonio Aquel que en el corazón mismo del mundo proclama:
"En verdad, no existe otro Dios fuera de Mí, Omnipotente sobre todas las cosas,
ya sean del pasado o del futuro".
Grande es la bienaventuranza del creyente que se dirige hacia Él y consigue
llegar a su presencia, y ¡ay! de todos los descreídos que se apartan de Dios y
siguen a los rebeldes y los proscritos.
Oh amigo! En el Bayán les hemos ordenado a todos, en esta Más Grande
Revelación, que vean con sus propios ojos y oigan con sus propios oídos. No
obstante, cuando el horizonte del mundo se iluminó con la resplandeciente luz de
esta Revelación, mucha gente olvidó este mandamiento divino, perdió de vista
esta exhortación celestial y se sumergió en las vanas imaginaciones que su mente
ideó. Ciertamente, el rostro del sol de la justicia y la equidad está oculto
tras las nubes de las ociosas fantasías concebidas por los necios. Por lo tanto,
no debe sorprender que los movimientos de las aves de la oscuridad llamen la
atención. Mediante la potencia del Nombre del Bienamado, invitad a las almas
receptivas a la santa corte de Dios, para que quizás no permanezcan privados de
la Fuente celestial de agua viva. Él es, en verdad, el Bondadoso, el Perdonador.
La mirada de la amorosa bondad de Dios -exaltado y glorificado sea Él- ha
estado eternamente dirigida hacia sus amados amigos; verdaderamente Él es el que
sabe y recuerda.
¡Oh Javád! Tal es la grandeza de este Día que la Hora misma es presa de la
perturbación y todas las Escrituras celestiales evidencian su abrumadora
majestad. En este Día el Libro testifica solemnemente su gloria y la Balanza se
ve impulsada a elevar su voz. Éste es el Día en que el Sirát clama en voz alta:
"Yo soy el Sendero recto", y el monte Sinaí exclama: "Verdaderamente ha venido
el Señor de la Revelación".
Vencidos por la embriaguez de las inclinaciones corruptas, los pueblos de la
tierra se encuentran en estado de estupor. Por lo tanto, están excluidos de los
maravillosos signos de Dios, no se les permite alcanzar la meta final y están
privados de las generosas efusiones de la gracia divina.
Al pueblo de Dios le incumbe ser paciente. Deben dar a conocer la Palabra de
Dios de acuerdo con la capacidad específica del entendimiento del oyente y con
sus aptitudes, para que acaso los hijos de los hombres se despierten de la
negligencia y dirijan sus rostros hacia este Horizonte que es
inconmensurablemente exaltado por encima de todos los horizontes.
¡Oh Javád! Siempre se te han concedido las múltiples generosidades de Dios y
se te seguirán concediendo. ¡Alabado sea Dios! Tú has sido resguardado del mayor
de los terrores y has logrado acercarte a la Más Grande Generosidad en un tiempo
en que a todos los hombres se les impidió reconocer al Rey eterno debido a la
interposición de los velos de la gloria externa, es decir, los sacerdotes de
este día. Cuida este testimonio dictado por la Pluma Todogloriosa tanto como tu
propia vida, y lucha con todas tus fuerzas por preservarlo mediante la potencia
del Nombre de Aquel que es el Bienamado de la creación entera, para que este
sublime honor pueda estar a salvo de los ojos y las manos de los ladrones.
Verdaderamente tu Señor es el Expositor, el Omnisciente.
Transmite los saludos de este Agraviado a todos los amados amigos de esa
región y haz que rememoren nuestros maravillosos y exaltados recuerdos, para que
acaso abandonen las cosas corrientes entre ellos, fijen sus corazones en lo que
tiene relación con Dios y permanezcan limpios de acciones y ocupaciones
indignas.
Que la gloria del Todopoderoso, el Todosabio, sea contigo y con tus
parientes.
Hacemos mención de aquel que ha sido atraído por nuestra Llamada cuando ésta
se elevó desde la cima de trascendente gloria y ha dirigido su rostro hacia
Dios, el Señor de la creación. Él se cuenta entre quienes han escuchado y han
respondido al llamamiento de su Señor en un tiempo en que los pueblos del mundo
están envueltos en velos tangibles. Él testifica lo que Dios ha testificado, y
reconoce su creencia en lo que ha expresado la Lengua de Grandeza. De ello es
testigo el Señor de los Nombres en esta maravillosa Tabla.
¡Oh mi exaltada Pluma! Llévale en mi nombre las gozosas nuevas relativas a
lo que Dios, el Poderoso, el Omnipotente, ha reservado para él. Ciertamente, la
mayor parte del tiempo él ha estado rodeado de múltiples aflicciones, y en
verdad su misericordioso Señor es Quien ve y conoce todas las cosas. Regocíjate
con suma alegría, por cuanto este Agraviado ha vuelto su rostro hacia ti, ha
mencionado tu nombre anteriormente y lo menciona en este mismo momento.
Hazles llegar recuerdos en mi Nombre a mis amados y comunícales las nuevas
de las bondadosas generosidades de su Señor, el Donador, el Todogeneroso.
Enviamos nuestros saludos desde esta exaltada posición a aquellos creyentes que
se han asido firmemente al Asa Segura y han bebido del vino escogido de la
constancia de la mano del favor de su Señor, el Todopoderoso, el Todoalabado.
En este Día la facultad del oído exclama: "Éste es mi Día, en el que oigo la
maravillosa Voz proveniente de los recintos de la Prisión de mi Señor, el
Perspicuo, el que escucha". Y la facultad de la vista clama en voz alta:
"Verdaderamente éste es mi Día, pues contemplo la Aurora de gloria que brilla
resplandeciente por mandato de Aquel que es el Ordenador, el Todopoderoso".
Bienaventurado el oído que escucha el llamamiento: "Mirad, y Me veréis";103 y
dichoso el ojo que mira fijamente al Signo más maravilloso que surge de este
luminoso horizonte.
Di: ¡Oh asamblea de gobernantes, eruditos y sabios! El Día Prometido ha
llegado y el Señor de las Huestes ha aparecido. Regocijaos con gran gozo por
esta suprema felicidad. Ayudadle, pues, a través del poder de la sabiduría y la
prolación. Así os lo ordena el que siempre ha proclamado: "Verdaderamente no hay
Dios sino Yo, el Omnisciente, el Todosabio".
Que su gloria sea sobre ti, sobre aquellos que están contigo y sobre quienes
te quieren y prestan atención a las palabras que pronuncies en glorificación de
esta poderosa y trascendente Revelación.
¡Oh tú que llevas mi Nombre, Júd!104 Sobre ti sea mi Gloria. Presta atención
a aquello que escuchaste antaño, cuando el Sol del testimonio brillaba
resplandeciente sobre el horizonte de 'Iráq, cuando Baghdád era la Sede del
Trono de tu Señor, el Exaltado, el Poderoso.
Soy testigo de que has escuchado la melodía de Dios y sus dulces acentos,
has inclinado tu oído hacia el arrullo de la Paloma de la Revelación divina y
has escuchado al Ruiseñor de la fidelidad que derrama sus notas sobre la Rama de
Gloria: Verdaderamente no hay otro Dios sino Yo, el Incomparable, el Informado
de todo.
¡Oh tú que llevas mi Nombre! Las miradas de la amorosa bondad de Dios han
sido y continuarán siendo dirigidas hacia ti. Mientras estabas en su presencia
has escuchado la Voz del Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- y has
contemplado el esplendor no velado de la Luz del conocimiento divino. ¡Medita un
poco! ¡Cuán sublimes son las palabras de Aquel que es la Verdad Soberana, y cuán
abyectas son las ociosas contiendas de la gente! La acumulación de vanas
fantasías ha obstruido los oídos de los hombres y les ha impedido escuchar la
Voz de Dios, y los velos de la erudición humana y de las falsas imaginaciones
han impedido que sus ojos contemplen el esplendor de la luz de su semblante. Con
el brazo de la fuerza y el poder rescatamos cierto número de almas de la ciénaga
de la extinción inminente y les permitimos alcanzar la Aurora de Gloria. Además
hemos puesto al descubierto los misterios divinos y hemos predicho los
acontecimientos futuros en el más explícito lenguaje, para que ni las dudas de
los que no tienen fe, ni las obras de los recalcitrantes, ni las murmuraciones
de los negligentes puedan impedir que los buscadores de la verdad se acerquen a
la Fuente de la luz del Dios único y verdadero. No obstante, la epilepsia parece
haberse apoderado de algunas personas, y a otros se les ha arrancado como si
fueran tocones huecos. Abandonan a Dios, el Más Exaltado (Aquel ante cuya
revelación de un solo verso palidecen de humildad e insignificancia todas las
Escrituras del pasado y las de tiempos más recientes), y dirigen sus corazones a
las falsas patrañas y siguen las palabras vacías.
Tú has bebido, sin duda, del océano de mis palabras y has atestiguado el
refulgente esplendor del orbe de mi sabiduría. También has oído los dichos de
los infieles que ni están familiarizados con los fundamentos de la Fe ni han
probado este Vino escogido cuyo sello ha sido roto por el poder de mi Nombre, el
que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo. Implora a Dios para que a
los creyentes que están dotados de verdadero entendimiento se les permita
muníficamente hacer lo que Le es grato a Él.
Cuán extraño es que, a pesar del vibrante Llamamiento, a pesar de la
aparición de esta maravillosísima Revelación, observemos que los hombres, en su
mayoría, han dirigido sus corazones a las vanidades del mundo y están
penosamente desalentados y perturbados debido a las dudas prevalecientes y a las
sugerencias malignas. Di: Éste es el Día de Dios Mismo; temed a Dios y no seáis
de aquellos que no han creído en Él. Echad a un lado las patrañas ociosas y
contemplad mi Revelación a través de mis ojos. Se os ha exhortado a hacer esto
en Libros y Escrituras celestiales, en los Rollos y en las Tablas.
Levántate a servir la Causa de tu Señor; luego, comunica al pueblo las
alegres nuevas relativas a esta Luz resplandeciente, cuya revelación ha sido
anunciada por Dios a través de sus Profetas y Mensajeros. Además, advierte a
todos que observen prudencia, como fue ordenado por él, y aconséjales en el
Nombre de Dios, diciendo: En este día incumbe a todos dedicarse a la enseñanza
de la Causa con la mayor prudencia y firmeza. Si alguien descubriese un suelo
puro, que siembre la semilla de la Palabra de Dios; de lo contrario, sería
preferible guardar silencio.
No hace mucho tiempo, la Pluma Todogloriosa reveló esta muy sublime Palabra
en el Libro Carmesí: "El cielo de la sabiduría divina está iluminado por dos
luminarias: la consulta y la compasión". Quiera Dios que a todo el mundo se le
permita cumplir esta importante y bendita palabra.
Ciertas personas parecen estar totalmente privadas de entendimiento. Al
aferrarse al cordón de las ociosas fantasías, se han apartado ellas mismas del
Asa Segura. ¡Juro por mi vida! Si por un momento reflexionasen con imparcialidad
sobre lo que ha enviado el Todomisericordioso, todos y cada uno de ellos
pronunciarían espontáneamente estas palabras: "Verdaderamente Tú eres la Verdad,
la Verdad manifiesta".
Te incumbe volver tu mirada al Dios único y verdadero en toda circunstancia
y tratar de servir a su Causa diligentemente. Recuerda cuando estuviste en mi
compañía, en el Tabernáculo de Gloria, y escuchaste de Mí lo que el que conversó
con Dios105 escuchó en el Sinaí del conocimiento divino. De esta manera te hemos
ayudado bondadosamente, te hemos permitido reconocer la verdad y te hemos
advertido, para que des gracias a tu bondadoso Señor. Deberías salvaguardar esta
sublime posición mediante la potencia de mi Nombre, el Omnipotente, el Fiel.
Transmite mis saludos en mi Nombre a mis amados y permite que escuchen mi
dulce Voz. Así te lo ordena Aquel que te ha ordenado en el pasado; en verdad Yo
soy el Ordenador, el Informado de todo. Gloria sea a ti y a todos los que
escuchan tus palabras referentes a esta Causa trascendental y te aman por amor a
Dios, el Señor de los mundos.
¡Oh Haydar!106 Este Agraviado ha oído tu voz, que se ha elevado en el
servicio de la Causa de Dios y está plenamente enterado del sentimiento de
alegría que su amor ha despertado en tu corazón y del dolor de tu angustia por
lo que les ha sucedido a sus amados. ¡Juro por el Señor de la misericordia! El
mundo entero está abrumado de pesar, mientras la humanidad se encuentra perpleja
con dudas y disensiones. El pueblo de Dios, el Señor de los Nombres, está tan
penosamente acosado por los enemigos, que el Paraíso supremo se ha lamentado y
los moradores del altísimo Cielo y aquellos que día y noche giran alrededor del
Trono han gemido en voz alta.
¡Oh 'Alí! Las aflicciones y las tristezas son impotentes para refrenar a tu
Señor, el Todomisericordioso. En verdad, Él se ha levantado para defender la
Causa de Dios, de manera tal que ni el arrollador poder del mundo ni la tiranía
de las naciones podrán jamás inquietarle. Él clama en voz alta entre la tierra y
el cielo, diciendo: El Día Prometido ha llegado. El Señor de la creación
proclama: Verdaderamente no hay otro Dios aparte de Mí, el Todopoderoso, el
Todogeneroso.
¡Oh 'Alí! Los inmaduros desean apagar con su boca la luz de Dios y extinguir
con sus acciones la llama de la Zarza Ardiente. Di: Miserable, en verdad, es
vuestra condición, oh vosotros, personificaciones del engaño. Temed a Dios y no
rechacéis la gracia celestial que ha derramado su esplendor sobre todas las
regiones. Di: Ha aparecido Aquel que es el Exponente del Nombre oculto, si sólo
lo supierais. Ha llegado Aquel cuyo advenimiento se ha predicho en las
Escrituras celestiales, si sólo lo entendieseis. El horizonte del mundo se ha
iluminado con los resplandores de esta Grandísima Revelación. Apresuraos con
corazones radiantes y no seáis de los que están privados de entendimiento. La
Hora señalada ha sonado y la humanidad está abatida. De ello son testigos los
honorables siervos de Dios.
¡Oh Haydar 'Alí! ¡Juro por la rectitud de Dios! El Toque ha sonado en la
trompeta del Bayán tal como decretó el Señor, el Misericordioso, y todos los que
están en los cielos y en la tierra se han desvanecido, a excepción de aquellos
que se han desprendido del mundo aferrándose firmemente al Cordón de Dios, el
Señor de la humanidad. Éste es el Día en que la tierra brilla con la refulgente
luz de tu Señor, pero la gente está perdida en el error y ha sido ocultada como
por un velo. Deseamos regenerar el mundo, y sin embargo la gente ha resuelto
poner fin a mi vida. Así se lo ha instigado su corazón en este Día, Día que se
hizo brillante por la radiante luz del semblante de su Señor, el Omnipotente, el
Todopoderoso, el Irrestringido. El Libro Madre ha elevado su Voz, pero la gente
está privada del oído. La Tabla Preservada ha sido revelada con la verdad, pero,
sin embargo, la mayoría de la humanidad no la lee con atención. Ellos han negado
el munífico favor de Dios después de que les fuera enviado y se han apartado de
Dios, el Conocedor de las cosas invisibles. Se aferran firmemente al borde de
las ociosas fantasías, dando la espalda al Nombre oculto del Todopoderoso.
Di: ¡Oh asamblea de sacerdotes! Sed justos en vuestro juicio, os lo imploro
por Dios. Presentad, pues, cuantas pruebas y testimonios poseáis, si habéis de
contaros entre los habitantes de esta gloriosa morada. Dirigid vuestros
corazones hacia la Aurora de la Revelación divina, para que desvelemos ante
vuestros ojos el equivalente a todos los versos, pruebas, testimonios,
afirmaciones y evidencias que vosotros y las otras razas de la tierra conocéis.
Temed a Dios y no seáis de aquellos que merecen el castigo de Dios, el Señor de
la creación.
Éste es el Día en que el Océano del conocimiento ha elevado su Voz y ha
producido sus perlas. ¡Si lo supierais! De hecho, el cielo del Bayán se ha
elevado por mandato de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí
Mismo. ¡Juro por Dios! La Esencia del conocimiento exclama y dice: ¡Mirad! Aquel
que es el Objeto de todo conocimiento ha llegado y por su advenimiento han sido
embellecidos los Libros sagrados de Dios, el Munífico, el Amoroso. Toda
revelación de gracia, toda muestra de dones excelentes emana de Él y a Él
retorna.
Temed a Dios, oh asamblea de necios, y no inflijáis tribulaciones a aquellos
que no han deseado nada salvo lo que Dios ha deseado. Además, si prestáis
atención a mi llamada, no sigáis vuestros deseos egoístas. Se acerca el día en
que todo lo que ahora se percibe se habrá desvanecido y vosotros lloraréis por
haber faltado a vuestro deber hacia Dios. De ello es testigo esta Tabla escrita.
Regocíjate con gran alegría porque te hemos recordado tanto ahora como en el
pasado. En verdad, los dulces aromas de este recuerdo perdurarán y no cambiarán
en toda la eternidad de los Nombres de Dios, el Señor de la humanidad.
Benévolamente hemos aceptado tus oraciones, tus alabanzas, tu trabajo de
enseñanza y los servicios que has prestado por amor a este poderoso Anuncio.
También hemos escuchado lo que tu lengua ha manifestado en las reuniones y
asambleas. Verdaderamente tu Señor escucha y observa todas las cosas. Te hemos
ataviado con la vestidura de mi beneplácito en mi Reino celestial, y te llamamos
en voz alta desde el Divino Árbol del Loto que se levanta en los límites del
valle de la seguridad y la paz, situado en el Punto luminoso más allá de la
Ciudad gloriosa, diciendo: En verdad, no hay Dios sino Yo, el Omnisciente, el
Todosabio. Te hemos dado la existencia para servirme, para glorificar mi Palabra
y para proclamar mi Causa. Concentra tus energías sólo en aquello para lo que
has sido creado en virtud de la Voluntad del Ordenador supremo, el Antiguo de
los Días.
En este momento recordamos a nuestros amados y les traemos las gozosas
nuevas de la gracia indefectible de Dios y de las cosas que se han dispuesto
para ellos en mi claro Libro. Habéis tolerado la censura de los enemigos por mi
amor y habéis soportado firmemente en mi Sendero las penosas crueldades que los
impíos os han infligido. De ello Yo mismo soy testigo, y Yo soy el Omnisciente.
Cuán enorme es el número de lugares que han sido ennoblecidos con vuestra sangre
por amor a Dios. Cuán numerosas son las ciudades donde se ha elevado la voz de
vuestras lamentaciones y se han alzado los gemidos de vuestra angustia. Cuántas
son las prisiones a las que habéis sido arrojados por las huestes de la tiranía.
Sabed con certeza que Él os hará victoriosos, os exaltará entre los pueblos del
mundo y mostrará vuestro alto rango a la vista de todas las naciones. Con toda
seguridad, Él no permitirá que se pierda la recompensa de sus favorecidos.
Prestad atención, no sea que os entristezcan las acciones que han llevado a
cabo las personificaciones de la ociosa fantasía u os aflijan los actos
cometidos por todos los opresores rebeldes. Tomad el cáliz de la constancia
mediante el poder de su Nombre, bebed de él en virtud de la soberanía de Dios,
el Poderoso, el Omnipotente. De este modo, el Sol de mi tierna compasión y
amorosa bondad brilló sobre el horizonte de esta Tabla, para que deis gracias a
vuestro Señor, el Todopoderoso, el Todogeneroso.
La gloria que ha alboreado resplandeciente desde el cielo de mi prolación
sea sobre ti y sobre quienes se han dirigido hacia ti y han inclinado sus oídos
a las palabras que tu boca ha expresado acerca de esta gloriosa y augusta
Revelación.
¡Por la rectitud de Dios! El Libro Madre se ha hecho manifiesto, emplazando
a la humanidad ante Dios, el Señor de los mundos, mientras los mares proclaman:
El Más Grande Océano ha aparecido, y de sus olas se puede oír el grito
atronador: "Verdaderamente no hay Dios sino Yo, el Incomparable, el
Omnisciente". Y los árboles, elevando su clamor, exclaman: ¡Oh gentes del mundo!
La voz del Divino Árbol del Loto está sonando claramente y el grito estridente
de la Pluma de Gloria está sonando en voz alta: Prestad atención y no seáis de
los negligentes. El sol está llamando: ¡Oh asamblea de sacerdotes! El cielo de
las religiones está partido, la luna está hendida y los pueblos de la tierra
están reunidos en una nueva resurrección. Temed a Dios y no sigáis los impulsos
de vuestras pasiones; antes bien, seguid a Aquel de Quien han dado testimonio
todas las Escrituras de Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente.
El episodio del Sinaí se ha representado de nuevo en esta Revelación, y
Aquel que conversó sobre el Monte está llamando en alta voz: Verdaderamente ha
llegado el Deseado sobre el trono de la certeza, si sólo pudieseis percibirlo.
Él ha exhortado a todos los hombres a observar lo que conduce a la exaltación de
la Causa de Dios y guiará a la humanidad hacia su Recto Sendero.
¡Cuán vasto el número de los oprimidos que se han extasiado por el llamado
de Dios! ¡Cuán numerosos los potentados que se han levantado para cometer actos
de agresión y han hecho que se lamentaran los habitantes del más alto Paraíso y
que los moradores de esta gloriosa sede gimieran de dolor! ¡Cuán grande la
multitud de pobres que han bebido del vino escogido de la Revelación divina y
cuántos los ricos que se han apartado, han rechazado la verdad y han manifestado
su incredulidad en Dios, Señor de este bendito y maravilloso Día!
Di: Temed a Dios, y luego sed imparciales al juzgar este gran Anuncio, ante
el cual, tan pronto como brilló, todo anuncio trascendental se inclinó en
adoración. Di: ¡Oh asamblea de necios! Si Le rechazáis, ¿por medio de qué prueba
podréis demostrar vuestra fidelidad a los anteriores Mensajeros de Dios o
reivindicar vuestra creencia en lo que Él ha enviado desde su poderoso y
exaltado reino? ¿Qué beneficio os confieren vuestras posesiones? ¿Qué protección
pueden daros vuestros tesoros? Ninguna, juro por el Espíritu de Dios que penetra
todo lo que está en los cielos y en la tierra. Arrojad lo que habéis acumulado
con las manos de la ociosa fantasía y las vanas imaginaciones y asíos firmemente
al Libro de Dios, que ha sido enviado en virtud de su autoridad inviolable y que
se impone sobre todo.
Tu carta le fue mostrada a este Agraviado, y en tu honor hemos revelado esta
Tabla, de la cual se difunde la fragancia del munífico favor de tu Señor, el
Compasivo, el Generoso. Imploramos a Dios que haga de ti un estandarte que se
iza en la ciudad de su Recuerdo y que exalte tu posición en esta Causa, una
Causa bajo cuya sombra los sinceros de Dios verán buscar refugio a los pueblos y
razas de la tierra. Verdaderamente tu Señor sabe e informa. Además Le rogamos
que te nutra con lo mejor de cuanto se guarda en su Libro. Él es, en verdad, el
que escucha y responde a la llamada.
Continúa ayudando a esta Causa por medio del poder fortalecedor de las
huestes de la sabiduría y la prolación. Así lo ha decretado Dios, el Munífico,
el Todoalabado. Bienaventurado sea el creyente que en este Día abraza la Verdad,
y el hombre de firme determinación a quien no pueden atemorizar las huestes de
la tiranía.
La gloria que brilla por encima del horizonte de la prolación sea sobre ti y
sobre aquellos creyentes que han asido el cáliz de su vino sellado por medio del
poder de su Nombre, el que Subsiste por Sí Mismo, y han bebido abundantemente a
pesar de aquellos que han cuestionado la verdad de este gran Anuncio, del que
Dios ha dado testimonio en su precioso y antiguo Libro.
¡Oh Mu¥ammad Æusayn! Prepárate para recibir las efusiones de la amorosa
bondad de Dios, Señor de los mundos. El Todomisericordioso Se ha dignado
concederte perlas del conocimiento del Océano de la gracia de Dios, el
Todopoderoso, el Exaltadísimo.
¿Dónde está el hombre perspicaz que reconozca y perciba la verdad? ¿Dónde se
encuentra el hombre capaz de oír que escuche mi maravillosa Voz que llama desde
el reino de gloria? ¿Dónde está el alma que vuelva su rostro hacia el Divino
Árbol del Loto de forma tal que ni el poder abrumador de los reyes ni el
violento alboroto de sus súbditos puedan impedirle elevar su voz en medio de la
creación entera mediante el poder de la sabiduría y la prolación y dar
testimonio de lo que Dios ha atestiguado: que verdaderamente no hay otro Dios
excepto Él, el Poderoso, el Invencible, el Omnipotente, el que conoce, el Sabio?
¡Oh Æusayn! Se ha mencionado tu nombre en la Más Grande Prisión ante este
Agraviado, y hemos revelado para ti aquello con lo cual ninguno de los libros
del mundo puede compararse. De ello es testigo el Rey de la eternidad, y sin
embargo la mayor parte de la humanidad se cuenta entre los negligentes. Desde el
lugar del amanecer del testimonio hemos elevado el Llamamiento para todos los
que moran en el reino de la creación. Entre los hombres se encuentran quienes
han sido transportados por la fragancia de las palabras de su Señor, de manera
tal que, en su ansiedad por alcanzar la corte de la presencia de Dios, Señor del
poderoso trono, han abandonado todo lo que tiene relación con los hombres.
También se encuentran quienes están totalmente perplejos e indecisos. Otros se
han apresurado a alzar el vuelo para contestar al Llamamiento de su Señor, el
Antiguo de los Días. Aun otros se apartaron, rechazaron la verdad y finalmente
no creyeron en Dios, el Todopoderoso, el Todoalabado. Y todavía hay otros que
han dictado sentencia contra Él con tal crueldad que ha hecho lamentarse a toda
alma sabia y perspicaz. Les hemos llamado benévolamente al río que es en verdad
la vida, mientras ellos, con manifiesta injusticia, han decretado el
derramamiento de mi sangre. De esta forma ha brillado el Sol de la sabiduría
sobre el horizonte de las palabras de tu Señor, el Todomisericordioso. Si
alcanzaras su luz, te incumbe magnificar la alabanza de tu Señor y decir: Te doy
gracias, oh Dios de los mundos.
Bendito eres tú y aquellos a quienes ni el mundo ni sus vanidades han podido
apartar de este luminoso Horizonte.
Haz llegar saludos de mi parte a mis amados. Les exhortamos a ser sabios,
tal como se decretó en mi maravilloso Libro.
¡Oh mi sierva y mi hoja! Regocíjate con gran alegría, pues tu llamada ha
ascendido hasta el Divino Árbol del Loto y es respondida desde el Horizonte
todoglorioso. Verdaderamente no hay otro Dios excepto Yo, el Agraviado, el
Desterrado.
Nosotros Nos hemos revelado a los hombres, hemos desvelado la Causa, hemos
guiado a toda la humanidad hacia el Recto Sendero de Dios, hemos promulgado las
leyes y hemos ordenado a todos lo que en verdad les beneficiará tanto en este
mundo como en el venidero, y sin embargo han dictado sentencia con el fin de
derramar mi sangre, por lo cual la Doncella del Cielo ha llorado amargamente, el
Sinaí se ha lamentado y se ha hecho suspirar de dolor al Espíritu Fiel.
En estos días la gente se ha excluido a sí misma de las efusiones de la
gracia divina, al seguir los pasos de todos los ignorantes que se han
extraviado. Se han apartado del Océano del conocimiento divino y han fijado su
mirada en hombres tan necios que pretenden estar bien versados en la erudición
sin estar respaldados por ninguna prueba procedente de Dios, el Señor de la
humanidad.
Bienaventurada eres tú, pues has abandonado las ociosas imaginaciones y te
has asido firmemente al Cordón de Dios que ningún hombre puede romper. Piensa en
el bondadoso favor de Dios, exaltada sea su gloria. Cuán numerosos son los reyes
y reinas de la tierra que, a pesar de tanto anhelo, tanta expectativa y espera,
han sido excluidos de Aquel que es el deseo del mundo, mientras que tú lo has
alcanzado. Dios mediante, podrás realizar una acción cuya fragancia perdurará
tanto como perduren los Nombres de Dios, exaltada sea su gloria. ¡Por la
rectitud de Dios! El título "Oh mi sierva" supera con creces todo cuanto puede
verse en el mundo. Dentro de poco los ojos de la humanidad se iluminarán y se
alegrarán al reconocer lo que nuestra Pluma de Gloria ha revelado.
Bendita eres tú y bendita la madre que te ha criado. Aprecia el valor de
esta posición y levántate a servir su Causa de modo tal que las ociosas
fantasías e insinuaciones de los que dudan no te aparten de esta elevada
determinación. El Sol de la certeza brilla resplandeciente, pero las gentes del
mundo se aferran a las vanas imaginaciones. El Océano del conocimiento divino ha
crecido, en tanto los hijos de los hombres se aferran al borde de los necios. De
no ser por la infalible gracia de Dios -exaltada sea su gloria-, ningún antídoto
podría curar jamás estas enfermedades crónicas.
Haz llegar mis saludos a las siervas de Dios en esa región y llévales las
alegres nuevas de que les son otorgadas su tierna misericordia y su gracia.
Elevada, en verdad, es la posición que hemos destinado para ti. Te incumbe
alabar y dar gracias a tu Señor, el Munífico, el Generosísimo. Glorificado sea
Dios, el Exaltado, el Grande.
Proveniente de la Lengua de Aquel que es el Poseedor de todos los seres y el
Señor del trono de lo alto y de la tierra que está abajo, exaltada sea la gloria
de su prolación, en un tiempo se escuchó esta sublime Palabra: La piedad y el
desprendimiento son las dos luminarias más grandes del cielo de la enseñanza.
Bienaventurado aquel que alcanza esta suprema posición, esta morada de santidad
y sublimidad trascendentes.
Esta es una Tabla enviada por el Todomisericordioso desde el Reino de la
prolación para todos los habitantes de la tierra. Feliz el hombre que escucha y
presta atención, y ¡ay! de aquel que yerra y duda. Éste es el Día que ha sido
iluminado por la refulgente luz del Semblante de Dios, el Día en que la Lengua
de Grandeza llama en voz alta: El Reino es de Dios, el Señor del Día de la
Resurrección.
Se ha mencionado tu nombre en nuestra Presencia, y Nos hemos dignado revelar
para ti lo que la lengua de nadie entre las gentes del mundo puede relatar.
Regocíjate con extrema alegría, por cuanto se te ha recordado en la Más Grande
Prisión y el Semblante del Antiguo de los Días se ha vuelto hacia ti desde esta
exaltada morada.
En verdad hemos revelado los signos, hemos presentado los testimonios
irrefutables y emplazado a todos los hombres al Sendero Recto. Entre la gente
hay quienes se han apartado y han rechazado la verdad, otros han dictado
sentencia contra nosotros sin prueba ni evidencia alguna. Los primeros en
apartarse de Nosotros han sido los dirigentes espirituales del mundo de esta
época, aquellos que Nos llaman de día y de noche y mencionan mi Nombre mientras
descansan en sus encumbrados tronos. No obstante, cuando Me revelé a los
hombres, se levantaron contra mí de tal modo que hasta las piedras gimieron y se
lamentaron amargamente.
Grande es tu bienaventuranza por cuanto has escuchado su Voz, has dirigido
tu rostro hacia Él y has escuchado la Llamada de tu Señor cuando vino investido
con invencible poder y soberanía.
¡Oh mi sierva, oh mi hoja! Da gracias al Bienamado del mundo por haber
logrado este ilimitado favor en un momento en que los eruditos y los hombres más
distinguidos del mundo han permanecido privados de él. Te hemos designado "hoja"
para que, como las hojas, puedas ser agitada por el suave viento de la Voluntad
de Dios -exaltada sea su gloria-, así como las hojas de los árboles son agitadas
por los vientos impetuosos. Da gracias a tu Señor por estas brillantes palabras.
Si percibieras la dulzura del título "Oh mi sierva", te encontrarías desprendida
de toda la humanidad, devotamente ocupada día y noche en comulgar con Aquel que
es el único Deseo del mundo.
En palabras de incomparable belleza, hemos hecho adecuada mención de
aquellas hojas y siervas que han bebido de las aguas vivas de la gracia
celestial y han mantenido sus ojos dirigidos hacia Dios. Ciertamente, son
dichosas y bienaventuradas. Dentro de poco tiempo Dios revelará su posición,
cuya sublimidad ninguna palabra puede expresar convenientemente y ninguna
descripción puede definir adecuadamente.
Te exhortamos a realizar lo que sirva para promover los intereses de la
Causa de Dios entre los hombres y las mujeres. Él oye la llamada de los amigos y
observa sus acciones. Verdaderamente Él es el que escucha y el que ve.
Sobre ti y sobre ellos sea la gloria de Dios, el Poderoso, el Omnisciente,
el Omnisapiente.
¡Oh Sierva de Dios! Escucha la Voz del Señor de los Nombres, que desde su
Prisión ha dirigido su mirada hacia ti y está haciendo mención de ti.
Él ha prestado ayuda a todos los caminantes, ha respondido bondadosamente a
todos los suplicantes y concedido admisión a todos los buscadores de la verdad.
En este Día se ha hecho manifiesto el Sendero Recto, la Balanza de la justicia
divina está preparada y la luz del Sol de su munificencia resplandece; no
obstante, la oscuridad opresiva de las gentes de la tiranía se ha interpuesto
como una nube y ha hecho surgir un cruel obstáculo entre el sol de la gracia
celestial y las gentes del mundo. Bienaventurado quien rasgue los velos que se
interponen y esté iluminado por la radiante luz de la Revelación divina. Piensa
cuán numerosos fueron quienes se contaron a sí mismos entre los sabios y
eruditos, y sin embargo en el Día de Dios fueron privados de las efusiones de la
munificencia celestial.
¡Oh mi hoja, oh mi sierva! Aprecia el valor de esta bendición y esta tierna
misericordia que te ha circundado y ha guiado tus pasos hacia la Aurora de
gloria.
Haz llegar saludos en nombre de este Agraviado a aquellas siervas que adoran
a Dios, y alegra sus corazones con la certeza de su amorosa providencia.
En todos los asuntos fija tu mirada en la sabiduría, pues es un antídoto
infalible. ¿Cuán a menudo ha convertido a un no creyente en creyente o a un
enemigo en amigo? Es esencial tenerla en cuenta, ya que este tema se ha
explicado en numerosas Tablas reveladas desde el empíreo de la Voluntad de Aquel
que es la Manifestación de la luz de la unidad divina. Bienaventurados los que
actúan en consecuencia.
Concentra sin cesar tu atención en lo que exalte la Palabra de Dios. En esta
Grandísima Revelación se considera a las buenas acciones y al carácter loable
como las huestes de Dios, lo mismo que su bendita y sagrada Palabra. Estas
huestes son la calamita de los corazones de los hombres y el medio efectivo para
abrir las puertas. De todas las armas del mundo, ésta es la más afilada.
Ruega a Dios que muníficamente ayude a todos los hombres a cumplir lo que su
Pluma todogloriosa ha registrado en los Libros y Tablas Sagradas.
Este Agraviado hace mención de aquel que ha vuelto su rostro hacia el
Incomparable, el Omnisciente, aquel que es testigo de su unidad, del mismo modo
que la Pluma Todogloriosa lo es mientras se mueve rápidamente en el campo de la
prolación. Bienaventurada el alma que reconoce a su Señor, y ¡ay! de aquel que
yerra y duda penosamente.
El hombre es como un árbol. Si está adornado con frutos, es digno de
alabanza y encomio y siempre lo será. Por el contrario, un árbol sin frutos sólo
sirve para el fuego. Los frutos del árbol humano son exquisitos, altamente
deseados y muy apreciados. Entre ellos se encuentran el carácter recto, las
acciones virtuosas y las palabras agradables. La primavera tiene lugar una vez
al año para los árboles terrenales, en tanto que para los árboles humanos
aparece en los Días de Dios, exaltada sea su gloria. Si los árboles de las vidas
de los hombres fuesen ataviados en esta divina Primavera con los frutos que se
han mencionado, con certeza la refulgencia de la luz de la Justicia iluminaría a
todos los habitantes de la tierra, y todos morarían en tranquilidad y
satisfacción bajo la sombra protectora de Aquel que es el Propósito de toda la
humanidad. El Agua para estos árboles es el agua viva de las Palabras sagradas
pronunciadas por el Bienamado del mundo. En un instante esos árboles son
plantados, y en el siguiente sus ramas habrán alcanzado los cielos mediante las
efusiones de las lluvias de la merced divina. Sin embargo, un árbol seco nunca
ha sido ni será digno de mención.
Dichoso el fiel que está ataviado con la vestidura del empeño elevado y se
ha levantado para servir a esta Causa. Tal alma ha alcanzado verdaderamente la
Meta ansiada y ha comprendido el Propósito para el cual ha sido creada. Pero,
¡ay!, ¡mil veces ay!, por los rebeldes que son como hojas secas caídas sobre el
polvo. Dentro de poco las ráfagas mortales los llevarán al lugar destinado para
ellos. Llegaron ignorantes, ignorantes permanecieron e ignorantes se retiraron a
sus moradas.
El mundo proclama constantemente estas palabras: Cuidado, yo soy efímero, y
también lo son mis apariencias y colores exteriores. Prestad atención a los
cambios y azares que se producen en mí y despertad de vuestro sueño. No
obstante, no hay ojo perspicaz que vea, ni oído capaz de oír que escuche.
En este Día el oído interno exclama y dice: En verdad, bienaventurado soy,
hoy es mi día, por cuanto la Voz de Dios está llamando en voz alta. Y la esencia
de la visión grita: Bendita soy, éste es mi día, porque la Antigua Belleza
brilla resplandeciente desde el más exaltado Horizonte.
Incumbe al pueblo de Bahá invocar y suplicar al Señor de los Nombres para
que acaso así no se prive a las gentes del mundo de las efusiones de la gracia
en Sus días.
En el pasado los sacerdotes quedaron desconcertados ante esta cuestión, una
cuestión acerca de la cual Aquel que es la Verdad Soberana les oyó preguntar en
repetidas ocasiones durante los tempranos años de su vida: "¿Cuál es la Palabra
que pronunciará el Qá'im, por la cual serán puestos en fuga los dirigentes de la
religión?" Di: Esa Palabra se ha hecho manifiesta ahora, y habéis huido antes de
que la oyerais pronunciar, aunque no lo percibís. Y esa bendita, oculta,
encubierta y atesorada Palabra es esta: "'ÉL' ha aparecido con la vestidura de
'YO'. El que estaba oculto a los ojos mortales exclama: ¡He aquí! Yo soy el
Todomanifiesto". Ésta es la Palabra que ha hecho estremecerse a los miembros de
los descreídos. ¡Glorificado sea Dios! Todas las Escrituras celestiales del
pasado atestiguan la grandeza de este Día, la grandeza de esta Manifestación, la
grandeza de Sus signos, la grandeza de Su Palabra, la grandeza de Su constancia,
la grandeza de Su preeminente posición. Aun a pesar de todo ello, las gentes han
seguido siendo negligentes y están ocultas como por un velo. En verdad, todos
los Profetas han anhelado alcanzar este Día. David dice: "¿Quién me conducirá a
la Ciudad fuerte?"107 Por "ciudad fuerte" se entiende 'Akká. Sus fortificaciones
son muy poderosas, y este Agraviado está prisionero dentro de sus muros. De
igual manera se ha revelado en el Corán: "Saca a tu pueblo de la oscuridad a la
luz y anúnciales los días de Dios".108
En la mayoría de los Libros y Escrituras celestiales se menciona
explícitamente y se explica con claridad la gloria con que está investido este
Día. No obstante, los sacerdotes de la época han privado a los hombres de esta
trascendente posición y les han impedido alcanzar este Pináculo de Gloria, esta
Meta Suprema.
Bienaventurado eres tú, por cuanto la oscuridad de las vanas imaginaciones
ha sido impotente para impedirte alcanzar la luz de la certidumbre, y el furioso
ataque de la gente no ha podido apartarte del Señor de la humanidad. Aprecia el
valor de esta elevada posición e implora a Dios -exaltada sea su gloria- que
benévolamente te permita salvaguardarla. El dominio imperecedero ha pertenecido
exclusivamente al Dios único y verdadero y a sus amados, y continuará
perteneciéndoles eternamente.
Que la gloria que ha brillado desde el horizonte de la eternidad sea sobre
ti y sobre quienes se han asido firmemente del Cordón de Dios, que ningún hombre
puede romper.
El que conduce a la verdadera victoria ha llegado. ¡Por la rectitud de Dios!
Él es plenamente capaz de revolucionar el mundo mediante el poder de una sola
Palabra. Él mismo, habiendo ordenado a todos los hombres observar sabiduría, se
ha adherido al cordón de la paciencia y la resignación.
Los pedazos de arcilla del mundo han partido para visitar la embellecida y
luminosa Ciudad carmesí de Dios, y ciertos emisarios de Persia están promoviendo
en secreto la discordia, aunque en su apariencia externa fingen ser benévolos y
humildes. ¡Dios Munífico! ¿Cuándo se transformará en sinceridad la artería que
aflige al mundo? Las exhortaciones de Dios, el Verdadero, han abarcado al mundo,
pero hasta ahora su influencia no se ha manifestado. Las acciones indignas de
los hombres les han impedido llegar a Él. Suplicamos a Dios -exaltado y
glorificado sea Él- que derrame sobre todos sus siervos, desde las nubes de la
gracia divina, la lluvia desbordante de su misericordia. Verdaderamente, Él es
potente sobre todas las cosas.
¡Oh 'Alí Haydar! ¡Oh tú que te has levantado para servir a mi Causa y te has
dedicado a enaltecer la alabanza de Dios, Señor del poderoso Trono! Es
indudablemente claro y evidente para los emblemas de la justicia y los
exponentes de la equidad que este Agraviado, fortalecido por el trascendente
poder del Reino, pretende borrar de entre los pueblos y razas de la tierra todo
rastro de desorden, discordia, disensión, diferencias o divisiones; y no ha sido
por ninguna otra razón sino por este grande, este trascendental propósito por lo
que Él ha sido encarcelado una y otra vez y muchos días y noches se ha visto
sometido a cadenas y grillos. Bienaventurados sean quienes juzgan con
imparcialidad y equidad esta Causa inexpugnable, este glorioso Anuncio.
Esta es una Tabla enviada por el Señor de la misericordia para que las
gentes del mundo puedan acercarse a este Océano, que se ha agitado mediante la
potencia de Su augusto Nombre. Entre los hombres se encuentran quienes se han
apartado de Él y han contradicho su testimonio, en tanto otros han bebido el
vino de la certeza en la gloria de su Nombre, el cual impregna todas las cosas
creadas. Quienes han prestado atención al graznido del cuervo y han rehusado
escuchar los dulces gorjeos del Ave del Cielo que canta sobre las ramas del
Árbol de la eternidad, han sufrido, en verdad, una dolorosa pérdida:
Verdaderamente no hay otro Dios fuera de Mí, el Omnisciente, el Omnisapiente.
Éste es el Día que ha sido iluminado por los resplandores de la luz de nuestro
semblante, Día alrededor del cual giran en adoración todos los días y las
noches. Bienaventurado el hombre sagaz que percibe y el muerto de sed que bebe
de esta Fuente luminosa. Bienaventurado el hombre que reconoce la verdad
esforzándose con ahínco para servir a la Causa de su Señor, el Fuerte, el
Todopoderoso.
¡Oh siervo que has fijado tu mirada en mi rostro! Escucha la Voz de tu
Señor, el Todoglorioso, que llama en voz alta desde la aurora de grandeza y
majestad. Verdaderamente su Llamamiento te acercará al reino de gloria y hará
que ensalces Su alabanza de tal manera que extasíe a todo lo creado, y
magnifiques su gloria de tal manera que influya sobre la creación entera.
Verdaderamente tu Señor es el Protector, el Benévolo, el Informado de todo.
Reúne a los amigos de Dios en ese país e infórmales de mi incomparable
recuerdo. Hemos revelado una Tabla para ellos desde la cual se ha difundido la
fragancia del Todomisericordioso sobre el reino de la existencia, para que
puedan regocijarse con exultante alegría y permanezcan firmes en esta
maravillosa Causa.
Estando en prisión hemos revelado un Libro que hemos titulado El Libro Más
Sagrado. En él hemos promulgado leyes y lo hemos adornado con los mandamientos
de tu Señor, que ejerce autoridad sobre todos los que están en los cielos y en
la tierra. Di: Tomadlo, oh gentes, y observad lo que en él ha sido enviado de
los maravillosos preceptos de vuestro Señor, el Perdonador, el Misericordioso.
Esto os hará prosperar tanto en este mundo como en el venidero y os purificará
de todo cuanto no sea digno de vosotros. Él, en verdad, es el Ordenador, el
Expositor, el Donador, el Generoso, el Benévolo, el Todoalabado.
Grande es tu bienaventuranza por haber sido fiel al Convenio de Dios y su
Testamento y por haber sido honrado con esta Tabla por medio de la cual tu
nombre está registrado en mi Tabla Preservada. Dedícate al servicio de la Causa
de tu Señor, abriga su recuerdo en tu corazón y celebra su alabanza de manera
tal que toda alma rebelde y negligente pueda despertarse del sueño.
Así, nos hemos dignado conferirte una muestra del favor de nuestra
presencia; y, ciertamente, Yo soy el Perdonador, el Todomisericordioso.
Deseamos hacer mención de aquel que ha dirigido su rostro hacia Nosotros y
permitirle, una vez más, beber largamente de las aguas vivas de nuestra
misericordiosa providencia, para que pueda acercarse a Mi Horizonte, adornarse
con Mis atributos, remontarse en Mi atmósfera, confirmarse en lo que haga que la
santidad de Mi Causa se manifieste entre mi pueblo y celebrar Mi alabanza de
manera tal que logre que toda alma indecisa se apresure, toda criatura inmóvil
levante su vuelo, todo cuerpo mortal sea consumido, todo corazón helado se agite
con vida y todo espíritu abatido vibre de alegría. Esto es lo que corresponde a
quien ha vuelto su rostro hacia el mío, ha entrado bajo la sombra de mi amorosa
bondad y ha recibido mis versos, los cuales han impregnado al mundo entero.
¡Oh 'Alí! Aquel que es la Aurora de la Revelación divina te llama a través
de estas maravillosísimas palabras. ¡Por la rectitud de Dios! Si estuvieses
presente ante mi Trono y escuchases a la Lengua de poder y grandeza,
sacrificarías tu cuerpo, tu alma, todo tu ser como muestra de tu amor por Dios,
el Soberano, el Protector, el Omnisapiente, el Todosabio, y te conmovería de tal
manera la fascinación de su Voz que todas las plumas serían incapaces de relatar
tu posición y todo orador elocuente se vería confundido en su intento por
describirla. Reflexiona un momento sobre esta Revelación y sobre su invencible
soberanía; ayúdale, pues, como corresponde a tu Señor, el Benévolo, el
Todomunífico. Dirige al pueblo hacia la Aurora de la gloria. En verdad, es Él
mismo Quien se ha establecido sobre Su poderoso Trono. Por medio de Él se ha
hecho brillar el horizonte de esta Prisión y por él han sido iluminados todos
los que están en los cielos y en la tierra.
Nos hemos dignado hacer mención de tu nombre tanto en el pasado como en esta
munífica Tabla, para que, una vez más, puedas inhalar la dulce fragancia del
Todomisericordioso. Esto no es sino una muestra de mi favor hacia ti. Da gracias
a tu Señor, el Todomunífico, el que Todo lo Ve.
No te aflijas porque los hombres no consigan comprender la Verdad. Dentro de
poco los encontrarás volviéndose hacia Dios, el Señor de toda la humanidad. En
verdad, mediante la potencia de la Más Sublime Palabra hemos abarcado el mundo
entero, y se aproxima el momento en que Dios habrá subyugado los corazones de
todos los que moran en la tierra. Él es, en verdad, el Omnipotente, el
Todopoderoso.
Desde este país también recordamos a tu hermano, para que se regocije por la
mención que he hecho de él y para que sea de los que reflexionan.
¡Oh amigo! El Bienamado te está llamando desde Su Más Grande Prisión y te
exhorta a observar lo que mi exaltada Pluma ha revelado en mi Libro Más Sagrado,
para que puedas asirte firmemente a él con tal resolución y poder como los que
nacen de Mí; y Yo verdaderamente soy el Ordenador, el Todosabio.
Grande, en verdad, es tu bienaventuranza, puesto que te ha sido conferida su
gracia infalible y se te ha ayudado a reconocer esta Causa, una Causa por medio
de cuya potencia los cielos se han plegado y toda montaña elevada y encumbrada
ha sido reducida a polvo.
Por medio de nuestra gracia ilimitada, además, hacemos mención de tu madre,
que ha tenido el privilegio de reconocer a Dios. Le enviamos nuestros saludos
desde esta gloriosa posición. Recordamos a cada uno de vosotros, hombres y
mujeres, y desde este Lugar, Escenario de gloria incomparable, os consideramos a
todos como una sola alma y os enviamos las gozosas nuevas de las bendiciones
divinas, que han precedido a todas las cosas creadas, y de mi recuerdo, que ha
impregnado a todos, sean jóvenes o ancianos. Que la gloria de Dios sea sobre
vosotros, oh pueblo de Bahá. Regocijaos con exultante alegría mediante mi
recuerdo, porque Él, en verdad, está con vosotros en todo momento.
Presta atención a lo que el Espíritu te comunica de los versos de Dios, el
que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo, para que su Llamada te
atraiga a la Cima de trascendente gloria y te acerque a la Posición desde donde
contemplarás todo tu ser ardiendo con el fuego del amor a Dios, de modo tal que
ni el dominio de los gobernantes ni las murmuraciones de sus vasallos puedan
apagarlo, y te levantarás entre los pueblos del mundo para celebrar la alabanza
de tu Señor, el Poseedor de los Nombres. Esto es lo que es digno de ti en este
Día.
Te vamos a relatar lo que ha sucedido en el pasado, para que percibas la
dulzura de estas palabras y seas consciente de los acontecimientos que tuvieron
lugar en tiempos pasados. Verdaderamente tu Señor es el Amonestador, el
Benévolo, el Bienamado.
Recuerda los días en que Aquel que conversó con Dios cuidó en el desierto
las ovejas de Jetro, su suegro. Él oyó la Voz del Señor de la humanidad
proveniente de la Zarza Ardiente que se había elevado sobre la Tierra Santa,
exclamando: "¡Oh Moisés! Ciertamente Yo soy Dios, tu Señor y el Señor de tus
antepasados Abraham, Isaac y Jacob". Estaba tan extasiado por el fascinante
acento de la Voz, que se desprendió del mundo y partió en dirección al faraón y
su pueblo, investido con el poder de tu Señor, que tiene soberanía sobre todo lo
que ha sido y será. Las gentes del mundo están oyendo ahora lo que oyó Moisés,
pero no entienden.
Di: ¡Juro por la rectitud de Dios! Dentro de poco pasará la pompa de los
ministros de Estado y el dominio de los gobernantes, los palacios de los
potentados serán devastados y los impresionantes edificios de los emperadores
serán reducidos a polvo, mientras que lo que perdurará será aquello que hemos
ordenado para vosotros en el Reino. Os incumbe, oh pueblo, hacer el máximo
esfuerzo para que vuestros nombres sean mencionados ante el Trono y para
producir lo que inmortalice vuestro recuerdo por toda la eternidad de Dios, el
Señor de todo ser.
Recuerda en mi Nombre a los amados de ese país, llévales mis saludos y
alegra sus corazones con las nuevas de lo que ha sido revelado para ellos desde
esta gloriosa posición.
Di: Prestad atención, no sea que el poder abrumador de los opresores os
alarme. Se acerca el día en que todo emblema de vanagloria será reducido a la
nada; entonces contemplaréis la invencible soberanía de vuestro Señor gobernando
sobre todas las cosas visibles e invisibles.
Cuidado, no sea que los velos os aparten de las efusiones de su misericordia
en este Día. Abandonad lo que os mantiene alejados de Dios y perseverad en este
dilatado Sendero. No deseamos nada para vosotros excepto aquello que os
beneficie, según está registrado en su Tabla Preservada. A menudo recordamos a
nuestros amados; sin embargo, los hemos encontrado faltos de lo que es digno de
ellos ante la corte del favor de su Señor, el Benévolo, el Perdonador, salvo
aquellos a los que Dios deseó eximir. Verdaderamente potente es Él para hacer lo
que desea. Él da y quita. Él es, ciertamente, la Verdad Eterna, el Conocedor de
cosas invisibles.
Tomad, oh amados del Todomisericordioso, el cáliz de vida eterna ofrecido
por la mano de los generosos favores de vuestro Señor, el Poseedor de la
creación entera, y luego bebed largamente de él. Juro por Dios, esto os
extasiará de tal manera que os levantaréis para exaltar su Nombre y proclamar
sus palabras entre los pueblos de la tierra, y conquistaréis las ciudades de los
corazones de los hombres en nombre de vuestro Señor, el Todopoderoso, el
Todoalabado.
Además, anunciamos a todos las gozosas nuevas relativas a lo que hemos
revelado en nuestro Libro Más Sagrado, un Libro por encima de cuyo horizonte
brilla el sol de mis mandamientos sobre todo observador y sobre todo observado.
Asíos firmemente a él y cumplid cuanto en él está revelado. En verdad, ello es
mejor para vosotros que todo lo que ha sido creado en el mundo, si lo supierais.
Cuidado, no sea que las cosas transitorias de la vida humana os impidan volveros
hacia Dios, el Verdadero. Meditad en vuestros corazones sobre el mundo y sus
conflictos y cambios, para que podáis discernir su virtud y la posición de
aquellos que han puesto sus corazones en él y se han apartado de lo que se ha
enviado en nuestra Tabla Preservada.
De este modo hemos revelado estos versos sagrados y te los hemos enviado
para que te levantes a glorificar el Nombre de Dios, el que Ayuda en el Peligro,
el que Subsiste por Sí Mismo. Que la gloria de Dios sea sobre ti y sobre quienes
han participado de este Vino escogido y sellado.
Éste Agraviado ha leído atentamente tu carta en la Más Grande Prisión y está
enterado de tu pregunta relativa a los mandamientos de Dios sobre los temas de
la resurrección y los medios de subsistencia. Has hecho bien en formular estas
preguntas, pues el beneficio de las mismas te aprovechará a ti así como a otros
siervos de Dios, tanto externa como internamente. Verdaderamente tu Señor sabe
todas las cosas y contesta pronto a la llamada.
La causa suprema de la creación del mundo y todo lo que en él existe es que
el hombre conozca a Dios. En este día, quienquiera sea guiado por la fragancia
de la vestidura de su misericordia a lograr ser admitido en la prístina Morada,
la cual es la posición del reconocimiento de la Fuente de los mandamientos
divinos y la Aurora de su Revelación, habrá logrado todo bien para siempre.
Habiendo alcanzado esta elevada posición, sobre cada alma recae una doble
obligación. Una es permanecer firme en la Causa con tal constancia que si todos
los pueblos del mundo intentasen impedirle volverse hacia la Fuente de la
Revelación no podrían lograrlo. La otra es el cumplimiento de las ordenanzas
divinas que han fluido del manantial de su Pluma celestialmente impulsada. Pues
el conocimiento humano de Dios no puede desarrollarse total y adecuadamente si
no es a través del cumplimiento de todo lo que Él ha ordenado y está expuesto en
su Libro.
Hace un año fue enviado el Libro Más Sagrado desde el cielo de la
munificencia del Señor de los Nombres. Dios mediante, es posible que
benévolamente se te permita cumplir lo que en él ha sido revelado.
En lo relativo a los medios de subsistencia, debes dedicarte a alguna
ocupación, al tiempo que pones toda tu confianza en Dios. Sin duda, Él te
enviará desde el cielo de su favor lo que está destinado para ti. Él es, en
verdad, el Dios de fuerza y poder.
Da gracias a Dios que tu carta ha alcanzado la presencia de este Prisionero
y que la respuesta ha sido revelada y te está siendo enviada desde la Sede de la
autoridad divina. Ésta es una incalculable bendición otorgada por Dios. Aunque
no sea evidente en el presente, pronto lo será. Te incumbe decir:
Magnificado sea tu Nombre, ¡oh Señor mi Dios! Yo soy el que ha vuelto su
rostro hacia Ti y en Ti ha puesto toda su confianza. Te imploro por tu Nombre,
mediante el cual se ha encrespado el océano de tu prolación y se han agitado las
brisas de tu conocimiento, que me concedas que muníficamente se me ayude a
servir a tu Causa y se me inspire para recordarte y alabarte. Envía, pues, sobre
mí, desde el cielo de tu generosidad, aquello que me preserve de todo excepto de
Ti y me beneficie en todos tus mundos.
Ciertamente, Tú eres el Poderoso, el Inaccesible, el Supremo, el que conoce,
el Sabio.
Notas:
1 Shoghi Effendi, Dios Pasa, EBILA, 1977, pág. 203.
2 A veces citada como Tabla a los Cristianos.
3 Jesucristo.
4 Ídem.
5 Jesucristo.
6 Corán 81:6 y 10.
7 Mírzá Hádí Dawlat-Ábádí, uno de los teólogos de IÐfahán que se convirtió
en seguidor del Báb, más tarde apoyó a Mírzá Ya¥yá y fue nombrado representante
suyo en Irán y su sucesor. Durante las persecuciones de los bábís se retractó de
su Fe.
8 Signos distintivos de los mullás.
9 De Hádí.
10 Corán 6:91.
11 En Chipre.
12 A Mírzá Ya¥yá.
13 Ustád 'Alí Akbar, firme creyente de Yazd. Diseñó el Mashriqu'l-Adhkár de
'Ishqábád y su diseño fue aprobado por 'Abdu'l-Bahá. Ustád 'Alí Akbar ofrendó su
vida como mártir en Yazd en 1903.
14 El árabe.
15 Moisés.
16 Hájí Mírzá Haydar-'Alí, destacado maestro y autor bahá'í persa. Pasó
nueve años en prisión y estuvo exiliado en Khartúm. Viajó mucho por Irán y
falleció en 1920 en Tierra Santa. Los peregrinos occidentales le conocían como
"el Ángel del Monte Carmelo."
17 Corán 34:12.
18 Jesucristo.
19 Hájí Mullá Hádí Sabzivár, renombrado filósofo y poeta iraní,
contemporáneo de Bahá'u'lláh. Falleció en 1873.
20 Mírzá Abu'l-Qásim Faráhání, el Qá'im Maqám, distinguido poeta y erudito
durante el reinado de Fath 'Alí Sháh. Era amigo de Mírzá Buzurg, padre de
Bahá'u'lláh. Qá'im Maqám llegó a ser Primer Ministro de Persia en 1821, pero en
1835 fue condenado a muerte por orden de Mu¥ammad Sháh, por instigación de Hájí
Mírzá Áqásí.
21 Corán 4:129.
22 Corán 59:9.
23 Mu¥ammad Javád-i-Qazvíní, a quien Bahá'u'lláh otorgó el título de
Ismú'lláhí'l-Júd (El Nombre de Dios, Munificencia). Transcribió muchas Tablas de
Bahá'u'lláh durante su ministerio, pero más tarde rompió el Convenio. (Ver Dios
Pasa, págs. 233 y 302.)
24 Azal.
25 Pueblo cercano a IÐfahán.
26 Ver nota de pág. 45 (cambiar número de página).
27 Mírzá Ashraf, que fue martirizado en la ciudad de IÐfahán. (Ver Dios
Pasa, pág. 189.)
28 Las dos Manos de la Causa de Dios, Hájí Mullá Alí Akbar Shahmírzádí y
Hájí Abu'l-Hasan Ardakání, Amín-i-Iláhí (Fideicomisario del Æuqúqu'lláh), fueron
arrestados en Teherán, se les encarceló en Qazvín en el año 1891 y luego fueron
trasladados a la prisión de Teherán.
29 Príncipe Mahmúd Mírzá, el Jalálu'd-Dawlih, gobernador de Yazd, Persia.
30 Maldito.
31 Bahá.
32 Jamálúd-Dín-i-Afghaní (ver Dios Pasa, págs. 281-301).
33 El Asa Segura.
34 Letra "B", segunda letra del abecedario.
35 Capítulo con que se inicia el Corán, que comienza con la letra B:
Bismi'lláhi'r-Rahmání'r-Rahím (en el Nombre de Dios, el Compasivo, el
Misericordioso). Este capítulo del Corán fue revelado dos veces, una en La Meca
y otra en Medina.
36 Jesucristo.
37 Moisés.
38 Teherán.
39 Mázindarán.
40 Esta Tabla iba dirigida a Jalíl-i-Khu'í, uno de los primeros creyentes de
Ádhirbáyján, Persia. Después de la ascensión de Bahá'u'lláh rompió el Convenio.
41 Cf. Corán 14:33.
42 Cf. Corán 21:23.
43 La Meca.
44 Corán 3:91.
45 Mu¥ammad.
46 Mírzá Ya¥yá.
47 Mu¥ammad.
48 Corán 83:6.
49 Moisés.
50 Corán 14:5.
51 Jesucristo.
52 Adrianópolis.
53 Árabe.
54 Persa.
55 Mu¥ammad.
56 Los imanes.
57 El Báb.
58 Neologismo que ha sido necesario crear para intentar traducir el término
inglés "Successorship", que significa "cualidad, o posición, de aquel que es el
sucesor de alguien". (N. del T.)
59 Kitáb-i-Aqdas.
60 Uno de los primeros creyentes, muy conocido entre los amigos por la
fiabilidad de sus transcripciones de las Tablas de Bahá'u'lláh. (Ver Memorial of
the Faithful, págs. 150-153.)
61 Préstamos que no producen interés y se devuelven cuando lo desea el
deudor.
62 Véase Memorials of the Faithful, págs. 1-5.
63 Véase Memorials of the Faithful, págs. 49-54.
64 En una tabla Bahá'u'lláh afirma: "El Árbol Santo (Sadrat) es, en cierto
sentido, la Manifestación del Único Dios Verdadero, exaltado sea Él. El Árbol
Bendito de la Tierra de Za'farán se refiere a la tierra floreciente, bendita,
santa y muy perfumada, donde se ha plantado ese Árbol."
65Término con el que se intenta traducir el neologismo inglés "Firstness",
que pretende transmitir la idea de "que posee la cualidad de ser el, o lo,
primero".
66 En muchos de los pasajes que siguen, relativos a los filósofos griegos,
Bahá'u'lláh extrae citas literales de las obras de historiadores musulmanes como
Abu'l-Fath-i-Shahristání (1076-1153 d.C.) e 'Imádu'd-Dín Abu'l-Fidá (1273-1331
d.C.).
67 En una de sus Tablas, Bahá'u'lláh escribió: "La primera persona que se
consagró a la filosofía fue Idris. Así se llamaba. Algunos le llamaban también
Hermes. Él tiene un nombre especial en todas las lenguas. Él fue quien hizo
exposiciones completas y convincentes en todas las ramas de la filosofía.
Después de él, Balinús tomó sus conocimientos y su ciencia de las Tablas
Herméticas, y la mayor parte de los filósofos que le siguieron hicieron sus
descubrimientos filosóficos y científicos a partir de sus palabras y sus
explicaciones..." En el Corán, en la sura 19, versículos 57-58, está escrito:
"Recuerda a Idris en el Libro, pues él fue un hombre de la verdad, un Profeta; y
nosotros le elevamos a un lugar en lo alto."
68 Ver nota .
69 Corán 20:106.
70 Mu¥ammad.
71 La Meca.
72 El árabe.
73 Moisés.
74 Mu¥ammad Æusayn, uno de los primeros creyentes de Shíráz, llamado Vafá
(Fidelidad) por Bahá'u'lláh.
75 El Más Grande Nombre.
76 Mullá Æusayn.
77 El creador del Becerro de Oro. Ver Corán 20:87-98.
78 A Siyyid-i-Mihdíy-i-Dahají, a quien iba dirigida esta Tabla, Bahá'u'lláh
le confirió el título de Ismu'lláhi'l-Mihdí, "El Nombre de Dios, Mihdí".
Posteriormente fue rompedor del Convenio. (Ver Dios Pasa, pág. 303.)
79 Nabíl-i-Akbar. Véase nota en la pág. 157.
80Esta tabla fue revelada después del martirio del Rey de los Mártires y el
Bienamado de los Mártires (véase Dios pasa, págs. 188-189), e iba dirigida a
Shaykh Mu¥ammad Báqir, llamado por Bahá'u'lláh "el Lobo". En esta Tabla
Bahá'u'lláh menciona a Mir Mu¥ammad Æusayn, el Imám Jum'ih de IÐfahán, llamado
"la Serpiente Hembra", que fue cómplice de Shaykh Mu¥ammad Báqir en la
persecución de los bahá'ís (véase Dios pasa, págs. 186, 188-189 y 206.) La
Epístola al Hijo del Lobo iba dirigida a Shaykh Mu¥ammad Taqiy-i-Najafi, hijo de
Shaykh Mu¥ammad Báqir.
81 La Meca.
82 Fáimih, hija de Mu¥ammad.
83 Jesucristo.
84 Corán 4:96.
85 Jesucristo.
86 El Sagrado Árbol del Loto, el Árbol más allá del cual no hay paso (véase
Corán 53:8-18). Es un símbolo de la Manifestación de Dios. (Véase Dios Pasa,
pág. 90.)
87 Corán 2:88.
88 Moisés.
89 Jesucristo.
90 Napoleón III.
91 Corán 40:29.
92 Mu¥ammad.
93 Fáimih, hija de Mu¥ammad.
94 Adrianópolis.
95 El Imám-Jum'ih de IÐfahán (ver pág. ).
96 Fáimih.
97 El Rey de los Mártires y el Bienamado de los Mártires.
98 Jesucristo.
99 Ismael.
100 Corán 104:1-2.
101 Beirut. Esta Tabla es "una carta dictada por Bahá'u'lláh y dirigida por
Mírzá Áqá Ján, su amanuense, a 'Abdu'l-Bahá mientras este último se encontraba
de visita en Beirut." (The World Order of Bahá'u'lláh, pág. 136.)
102 Del Báb.
103 Corán 7:139.
104 Munificencia. Véase nota .
105 Moisés.
106 Ver nota .
107 Salmos 59:9; 108:10.
108 Corán 14:5.
Botschaften aus ‘Akká á Bahá’u’lláh á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 3.03 (O-2021-12-15)
Botschaften aus ‘Akká
Bahá’u’lláh
Lawḥ-i-Karmil (Das Tablet vom Karmel)
Alle Herrlichkeit sei auf diesem Tage, dem Tag, da die Düfte der Barmherzigkeit über alles Erschaffene wehten, einem Tag, so reich gesegnet, daß vergangene Zeitalter und Jahrhunderte niemals hoffen können, ihm gleichzukommen, einem Tag, da der Altehrwürdige der Tage das Antlitz Seinem heiligen Throne zugewandt hat. Daraufhin waren die Stimmen alles Erschaffenen und darüber hinaus die Stimmen der himmlischen Heerscharen zu hören mit lautem Ruf: »Eile, o Karmel, denn siehe, das Licht des Angesichts Gottes, des Herrschers im Reiche der Namen und Schöpfers der Himmel, ist auf dich gerichtet.«
Außer sich vor Freude, rief er mit lauter Stimme: »Möge mein Leben ein Opfer für Dich sein, da Du Deinen Blick auf mich geworfen, Deine Großmut über mich ergossen und Deine Schritte zu mir gelenkt hast. Die Trennung von Dir, o Du Quell ewigen Lebens, hat mich fast verzehrt, und das Fernsein von Deiner Gegenwart hat meine Seele verbrannt. Aller Lobpreis sei Dir, daß Du mich fähig machtest, Deinem Ruf zu lauschen, daß Du mich durch Deinen Schritt beehrt und meine Seele erquickt hast durch den belebenden Duft Deines Tages und die erregende Stimme Deiner Feder, eine Stimme, die Du als Deinen Posaunenruf unter Deinem Volke verordnet hast. Und als die Stunde schlug, zu der Dein unwiderstehlicher Glaube offenbart werden sollte, bliesest Du einen Hauch von Deinem Geist in Deine Feder, und siehe, die gesamte Schöpfung erbebte in ihren Grundfesten und enthüllte dem Menschengeschlecht Geheimnisse, wie sie in den Schatzkammern Dessen verborgen liegen, der der Besitzer alles Erschaffenen ist.«
Kaum hatte seine Stimme jenen erhabensten Ort erreicht, da antworteten Wir: »Danke deinem Herrn, o Karmel! Das Feuer deiner Trennung von Mir hatte dich fast verzehrt, als das Meer Meiner Gegenwart vor deinem Angesicht wogte, deine und der ganzen Schöpfung Augen erfreute und alles Sichtbare und Unsichtbare mit Entzücken erfüllte. Frohlocke, denn Gott hat an diesem Tage Seinen Thron auf dir errichtet, hat dich zum Aufgangsort Seiner Zeichen und zum Tagesanbruch der Beweise Seiner Offenbarung gemacht. Wohl dem, der dich umschreitet, der die Offenbarung deiner Herrlichkeit verkündet und berichtet, was die Großmut des Herrn, deines Gottes, über dich ergossen hat. Ergreife den Kelch der Unsterblichkeit im Namen deines Herrn, der Allherrliche, und bringe Ihm Dank dar, weil Er als Zeichen Seines Erbarmens für dich dein Leid in Freude, deinen Kummer in selige Wonne verwandelt hat. Wahrlich, Er liebt die Stätte, die zum Sitze Seines Thrones wurde, die Seine Füße betraten, die Seine Gegenwart beehrte, von der aus Er Seinen Ruf erhob und über die Er Seine Tränen vergoß.
Rufe aus gen Zion, o Karmel, und künde die frohe Botschaft: Er, der den sterblichen Augen verborgen war, ist gekommen! Seine allbezwingende Herrschaft ist offenbar, Seine allumfassende Herrlichkeit ist enthüllt worden. Hüte dich, daß du nicht zögerst oder schwankst. Eile und umschreite die Stadt Gottes, die vom Himmel herabgekommen ist, die himmlische Ka‘bah, in Anbetung umkreist von den Begünstigten Gottes, den Reinen im Herzen und der Schar der erhabensten Engel. O wie sehne Ich Mich, jedem Ort des Erdkreises die frohe Botschaft dieser Offenbarung zu verkünden und sie in jede seiner Städte zu tragen, einer Offenbarung, zu der das Herz des Sinai hingezogen wurde und in deren Namen der Brennende Busch ruft: ›Gottes, des Herrn der Herren, sind die Reiche der Erde und des Himmels!‹A1 Wahrlich, dies ist der Tag, da Land und Meer frohlocken über diese Verkündigung, der Tag, für den aufbewahrt wurde, was Gott aus einer Großmut, die jenseits der Fassungskraft des sterblichen Verstandes oder Herzens liegt, zu offenbaren bestimmte. Bald wird Gott Seine Arche auf dich zusteuern und das Volk Bahás offenbaren, das im Buche der Namen erwähnt ist.«
Geheiligt sei der Herr der ganzen Menschheit! Alle Atome der Erde wurden bei der Erwähnung Seines Namens in Schwingung versetzt, und die Zunge der Größe wurde bewegt, das zu eröffnen, was in Seinem Wissen verhüllt und in der Schatzkammer Seiner Macht verborgen lag. Er, wahrlich, ist kraft Seines Namens der Mächtige, der Allgewaltige, der Höchste, Herrscher über alles, was in den Himmeln und auf Erden ist.
Lawḥ-i-Aqdas (Die heiligste Tafel)A2
Dies ist das heiligste Sendschreiben, das aus dem heiligen Reiche an den herniedergesandt ist, der sein Angesicht dem Ziel der Anbetung aller Welt zuwandte – Ihm, der vom Himmel der Ewigkeit kam, belehnt mit überragender Herrlichkeit.
Im Namen des Herrn, des Herrn großer Herrlichkeit.
Dies ist ein Brief aus Unserer Gegenwart für den, welchen die Schleier der Namen nicht Gott, dem Schöpfer von Himmel und Erde, entfremden konnten, auf daß seine Augen erfreut werden in den Tagen seines Herrn, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
Sprich: O ihr, die ihr dem SohneA3 folgt! Ist es wegen Meines Namens, daß ihr euch gegen Mich sperrt? Warum sinnt ihr nicht nach in eurem Herzen? Tag und Nacht habt ihr euren Herrn, den Allmächtigen, angerufen, doch als Er vom Himmel der Ewigkeit in Seiner großen Herrlichkeit herniederkam, da habt ihr euch von Ihm abgekehrt und bleibt in Achtlosigkeit versunken.
Betrachte die, welche den GeistA4 verwarfen, als Er mit offenbarer Herrschaft zu ihnen kam. Wie zahlreich waren die Pharisäer, die sich in Seinem Namen in die Synagogen einschlossen und über ihre Trennung von Ihm klagten; als aber die Tore der Wiedervereinigung aufgestoßen wurden, als strahlend das Licht Gottes am Morgen der Schönheit aufzog, da leugneten sie Gott, den Erhabenen, den Mächtigen. Sie säumten, in Seine Gegenwart zu treten, obwohl ihnen Sein Kommen im Buche Jesajas wie auch in den Büchern der Propheten und Gottesboten verheißen war. Keiner von ihnen wandte das Angesicht dem Morgen göttlicher Großmut zu, die ausgenommen, welche aller Macht unter den Menschen ermangelten. Und doch brüstet sich heutzutage jeder, der mit Macht belehnt und mit Herrschaft bekleidet ist, Seines Namens. Rufe dir auch den ins Gedächtnis, der Jesus zum Tode verurteilte. Er war der Gelehrteste in Seinem Land zu Seiner Zeit, während der, welcher nur ein Fischer war, an Ihn glaubte. Nimm dich wohl in acht und gehöre zu denen, die die Warnung befolgen.
Bedenke desgleichen, wie viele Mönche sich heute in ihre Kirchen einschließen und den Geist anrufen; aber als Er durch die Macht der Wahrheit erschien, säumten sie, Ihm zu nahen, und so werden sie zu denen gezählt, die irregehen. Glücklich, wer sie aufgibt und sein Angesicht auf Ihn, die Sehnsucht aller in den Himmeln und auf Erden, richtet!
Sie lesen das Evangelium, und dennoch weigern sie sich, den allherrlichen Herrn anzuerkennen, obwohl Er durch die Gewalt Seiner erhabenen, Seiner machtvollen und gnädigen Herrschaft erschienen ist. Wahrlich, Wir sind um euretwillen gekommen, und zu eurem Heil tragen Wir die Trübsal der Welt. Flieht ihr Den, der Sein Leben hingibt, auf daß ihr belebt werdet? Fürchtet Gott, o ihr Anhänger des Geistes, und wandelt nicht in den Fußstapfen eines jeden Geistlichen, der weit in die Irre geht. Wähnt ihr, Er suche Seinen eigenen Nutzen, wo Er doch allezeit von Feindes Schwert bedroht ist? Glaubt ihr, Er trachte nach dem Schein dieser Welt, wo Er doch in der trostlosesten aller Städte gefangen sitzt? Seid gerecht in eurem Urteil, und folgt nicht den Spuren der Falschen.
Öffnet die Tür eures Herzens! Er, der Geist, steht wahrlich davor. Warum haltet ihr euch fern von Dem, der euch zu einer strahlenden Stätte führen will? Sprich: Wir haben in Wahrheit die Tore des Königreichs vor euch aufgetan. Wollt ihr vor Meinem Antlitz euer Haus versperren? Das ist fürwahr nur ein schwerer Irrtum. Wahrlich, Er ist vom Himmel gekommen, wie Er das erste Mal von dort herniedergekommen ist. Hütet euch, daß ihr nicht bestreitet, was Er verkündet, so, wie die Menschen vor euch Seine Worte bestritten. So unterweist euch Er, der Wahre, könntet ihr es doch erkennen!
Der Jordanfluß ist dem Größten Meere verbunden, und der Sohn ruft laut im heiligen Tal: »Hier bin ich, hier bin ich, o Herr, mein Gott!«A5, während Sinai das Haus umkreist und der Brennende Busch verkündet: »Er, der Ersehnte, ist in Seiner überragenden Majestät gekommen.« Sprich: Sehet! Der Vater ist gekommen, und was euch im Königreich verheißen ward, das ist erfüllt! Dies ist das Wort, das der Sohn verbarg, als Er zu denen, die mit Ihm waren, sagte: »Ihr könnt es noch nicht tragen.«Q1 Und als die Zeit erfüllt war und die Stunde geschlagen hatte, da erstrahlte das Wort über dem Horizont des Willens Gottes. Hütet euch, o Anhänger des Sohnes, dieses Wort achtlos beiseite zu werfen! Haltet euch fest daran! Das ist besser für euch als alles, was ihr besitzet. Wahrlich, Er ist denen nahe, die Gutes tun. Die Stunde, die Wir vor den Völkern der Erde und den begünstigten Engeln geheimgehalten, ist nun da. Sprich: Wahrlich, Er hat für Mich gezeugt, und Ich zeuge für Ihn. Wahrlich, Er hat keinen anderen gemeint als Mich. Dies bezeugt jede ehrliche, verständnisvolle Seele.
Von tausend Heimsuchungen bedrängt, laden Wir dennoch das Volk vor Gott, den Herrn der Namen. Sprich: Strebet das zu erlangen, was euch in den Büchern Gottes verheißen ist, und wandelt nicht die Wege der Unwissenden! Mein Leib erduldet Gefangenschaft, damit ihr aus den Banden des Ichs erlöst werdet. Richtet euer Angesicht auf das Seinige und folgt nicht den Spuren jedes feindseligen Bedrückers! Wahrlich, Er hat sich in tiefste Erniedrigung gefügt, damit ihr zur Herrlichkeit gelangt, und doch ergötzet ihr euch im Tal der Achtlosigkeit. Um euretwillen haust Er in der trostlosesten Behausung, während ihr in Palästen wohnt.
Sprich: Hörtet ihr es nicht, wie der Rufer in der Wüste des Bayán laut rief, um euch die frohe Botschaft vom Kommen eures Herrn, des Allbarmherzigen, zu bringen? Sehet! Er ist gekommen unter dem schützenden Schatten des Zeugnisses, bekleidet mit schlüssigen Beweisen und klaren Zeichen. Die an Ihn glauben, sehen in Seiner Gegenwart die Verkörperung des Gottesreiches. Selig der Mensch, der sich Ihm zukehrt, und wehe denen, die Ihn leugnen und an Ihm zweifeln!
Künde den Priestern: Sehet! Er, der Herrscher, ist da. Tritt hinter dem Schleier hervor im Namen deines Herrn, der allen Menschen den Nacken beugt. Künde sodann der ganzen Menschheit die frohen Botschaften dieser machtvollen, dieser ruhmreichen Offenbarung. Wahrlich, Er, der Geist der Wahrheit, ist gekommen, euch in alle Wahrheit zu leiten. Er spricht nicht, wie es Ihm Sein eigenes Ich eingibt, sondern wie es Ihm der Allwissende, der Allweise, gebietet.
Sprich: Dies ist Der, welcher den Sohn verherrlicht und Seine Sache erhöht. Werfet von euch, o Völker der Erde, was ihr besitzet, und haltet euch fest an das, was euch geboten ward von dem Allmachtvollen, der Träger der Wahrheit Gottes ist. Reinigt eure Ohren und richtet eure Herzen auf Ihn, damit ihr den wundersamen Ruf höret, der vom Sinai, der Wohnstatt eures Herrn, des Herrlichsten, erhoben wird. Das wird euch wahrlich der Stätte nahebringen, wo ihr den Glanz vom Lichte Seines Antlitzes über diesem leuchtenden Horizont strahlen seht.
O Schar der Priester! Laßt die Glocken und kommt heraus aus euren Kirchen. An diesem Tag ziemt es euch, den Größten Namen laut unter den Völkern zu verkünden. Wollt ihr stumm bleiben, wenn jeder Stein, jeder Baum laut aufjauchzt: »Der Herr ist in Seiner großen Herrlichkeit gekommen!«A6? Gut steht es um den, der Ihm entgegeneilt. Er wird wahrlich zu denen gezählt, deren Namen auf ewig verzeichnet sind und von den himmlischen Heerscharen erwähnt werden. So ist es vom Geiste verordnet in diesem wundersamen Sendschreiben. Wer die Menschen in Meinem Namen versammelt, ist wahrlich von Mir und wird dartun, was die Macht aller Menschen auf Erden übersteigt. Wandelt auf dem Pfade des Herrn und folgt nicht den Fußstapfen derer, die in Achtlosigkeit versunken sind. Gut steht es um den Schläfer, den der Odem Gottes anrührt und von den Toten erstehen läßt, damit er seine Schritte auf den Pfad des Herrn lenkt. Wahrlich, ein solcher Mensch gilt in den Augen Gottes, des Wahren, als ein Juwel unter den Menschen und zählt zu den Seligen.
Sprich: Im Osten ist das Licht Seiner Offenbarung angebrochen, im Westen erscheinen die Zeichen Seiner Herrschaft. Sinnt darüber nach in euren Herzen, o Menschen, und gehöret nicht zu denen, die schmählich irrten, als Mein Gedenken zu ihnen kam auf Geheiß des Allmächtigen, des Allgepriesenen. Laßt den Odem Gottes euch erwecken. Wahrlich, er weht über die Welt. Wohl dem, der seinen Duft entdeckt und zu den Glaubensgewissen gezählt wird!
O Schar der Bischöfe! Ihr seid die Sterne am Himmel Meiner Erkenntnis. Meine Barmherzigkeit wünscht nicht, daß ihr auf die Erde fallt. Meine Gerechtigkeit aber erklärt: »Dies ist, was der Sohn bestimmt hat.«A7 Und was immer aus Seinem makellosen, die Wahrheit sprechenden, glaubwürdigen Munde kam, kann nie geändert werden. Wahrlich, die Glocken läuten Meinen Namen und klagen über Mich, aber Mein Geist jubelt in offenkundiger Freude. Der Leib des Geliebten sehnt sich nach dem Kreuz, Sein Haupt begehrt den Speer auf dem Pfade des Allbarmherzigen. Des Unterdrückers Gewalt kann Ihn keineswegs von Seinem Ziel abhalten. Wir haben alles Erschaffene in die Gegenwart deines Herrn, des Herrn aller Namen, berufen. Selig der Mensch, der sein Angesicht auf Gott richtet, den Herrn am Tage der Abrechnung!
O Schar der Mönche! Wenn ihr Mir folgen möget, werde Ich euch zu Erben Meines Königreiches machen; und wenn ihr gegen Mich fehlt, werde Ich es in Meiner Langmut geduldig tragen. Ich bin wahrlich der Ewigvergebende, der Allbarmherzige.
O Land Syrien! Was ist aus deiner Rechtschaffenheit geworden? Du bist in Wahrheit von den Spuren deines Herrn geadelt. Spürst du den Hauch himmlischer Wiedervereinigung, oder muß man dich zu den Achtlosen zählen?
Bethlehem ist bewegt vom Odem Gottes. Wir hören seine Stimme sprechen: »O Du großmütigster Herr! Wo ist Deine große Herrlichkeit aufgerichtet? Die süßen Düfte Deiner Gegenwart erquicken mich, nachdem ich in meiner Trennung von Dir verschmachtet war. Gepriesen seiest Du, daß Du die Schleier gelüftet hast und mit Macht in offenbarer Herrlichkeit gekommen bist.« Wir riefen ihm zu aus dem Heiligtum der Majestät und Größe: »O Bethlehem! Dieses Licht ist im Osten aufgegangen und gen Westen gezogen, bis es dich am Abend seines Lebens erreicht hat. Sage Mir denn: Erkennen die Söhne den Vater? Anerkennen sie Ihn oder leugnen sie Ihn, wie Ihn70 ehedem das Volk leugnete?« Da schrie Bethlehem auf und sprach: »Du bist in Wahrheit der Allwissende, der Bestunterrichtete.« Wahrlich, Wir sehen alles Erschaffene bewegt, Zeugnis für Uns abzulegen. Manche erkennen Uns und legen Zeugnis ab, die meisten aber legen Zeugnis ab und kennen Uns nicht.
Der Berg Sinai ist bewegt vor Freude, Unser Antlitz zu schauen. Laut hebt er seine zauberhafte Stimme im Lobpreis seines Herrn und spricht: »O Herr! Ich spüre den Duft Deines Gewandes. Mich dünkt, Du bist nahe, bekleidet mit den Zeichen Gottes. Du hast diese Gefilde mit Deinen Fußstapfen geadelt. Groß ist der Segen Deines Volkes, könnten sie Dich nur erkennen und Deinen Wohlgeruch atmen; und wehe denen, die fest schlafen.«
Glücklich bist du, der du dein Angesicht Meinem Antlitz zuwendest, da du die Schleier zerrissen, die Götzen zertrümmert und deinen ewigen Herrn erkannt hast. Das Volk des Qur’án hat sich gegen Uns erhoben, ohne klares Zeichen oder Beweis, und quält Uns jeden Augenblick mit einer neuen Qual. Sie wähnen, Leiden könnten Unseren Vorsatz vereiteln. Trug ist fürwahr, was sie sich einbilden. Wahrlich, dein Herr ist es, der bestimmt, was Ihm gefällt.
Nie ging Ich an einem Baum vorbei, ohne daß Mein Herz ihn anredete und sprach: »O würdest du doch in Meinem Namen gefällt und Mein Leib an dir gekreuzigt!« Wir offenbarten diesen Satz im Brief an den Sháh, damit er den Anhängern der Religionen zur Mahnung diene. Wahrlich, dein Herr ist der Allwissende, der Allweise.
Laß dich nicht von dem betrüben, was sie begangen haben. Sie sind wahrlich wie tot und leben nicht. Überlasse sie den Toten, dann richte dein Angesicht auf Ihn, den Lebenspender der Welt. Hüte dich, daß dich das Geschwätz der Achtlosen nicht traurigA8 macht. Sei du standhaft in der Sache Gottes und lehre das Volk mit vollendeter Weisheit. So rät es dir der Herrscher von Erde und Himmel. Er ist in Wahrheit der Allmächtige, der Großmütigste. Binnen kurzem wird Gott dein Gedenken in den Himmel heben und wird mit der Feder der Herrlichkeit aufzeichnen, was du um Seiner Liebe willen geäußert hast. Er ist in Wahrheit der Beschützer, der Wohltäter.
Grüße ihn, der Murád heißt, von Mir und sprich: »Selig bist du, o Murád, weil du die Eingebungen deiner eigenen Wünsche von dir geworfen hast und Dem gefolgt bist, der die Sehnsucht der ganzen Menschheit ist.«
Sprich:
Selig ist der Träumer, den Mein Odem erweckt.
Selig der Leblose, den Mein belebender Hauch erquickt.
Selig das Auge, das der Blick auf Meine Schönheit tröstet.
Selig der Wanderer, der seine Schritte zum Heiligtum Meiner Herrlichkeit und Majestät lenkt.
Selig der Elende, der Zuflucht sucht im Schatten Meines Baldachins.
Selig der Dürstende, der zu den stillen Strömen Meiner Gnade eilt.
Selig die unersättliche Seele, die ihre selbstischen Lüste aus Liebe zu Mir verwirft und ihren Platz an der Festtafel einnimmt, die Ich vom Himmel göttlicher Großmut für Meine Erwählten herniedergesandt habe.
Selig der Erniedrigte, der sich fest an das Seil Meiner Herrlichkeit hält, und der Bedürftige, der in den heiligen Schatten Meines Reichtums tritt.
Selig der Unwissende, der den Springquell Meines Wissens sucht, und der Achtlose, der sich an das Tau des Meingedenkens klammert.
Selig die Seele, die Mein erquickender Odem zum Leben erweckt und die Einlaß in Mein himmlisches Reich erlangt.
Selig der Mensch, den der Duft der Wiedervereinigung mit Mir bewegt und treibt, dem Morgen Meiner Offenbarung nahezukommen.
Selig das Ohr, das hört, und die Zunge, die zeugt, und das Auge, das sieht und den Herrn erkennt in Seiner großen Herrlichkeit und Majestät, bekleidet mit Pracht und Herrschaft.
Selig, wer in Seine Gegenwart gelangt.
Selig, wer Erleuchtung von der Sonne Meines Wortes sucht.
Selig, wer sein Haupt mit dem Perlenband Meiner Liebe krönt.
Selig, wer Meinen Schmerz vernimmt und sich aufmacht, Mir beizustehen unter Meinem Volke.
Selig, wer sein Leben hingibt auf Meinem Pfad und mannigfache Mühsal Meines Namens wegen duldet.
Selig, wer, von Meinem Wort bestärkt, sich von den Toten erhebt, Mein Lob zu feiern.
Selig, wer sich von Meinen wundersamen Weisen entzücken läßt und mit Meiner starken Macht die Schleier zerreißt.
Selig, wer Meinem Bund die Treue hält und wen die Dinge der Welt nicht hindern, Meinen heiligen Hof zu erreichen.
Selig der Mensch, der sich löst von allem außer Mir, sich aufschwingt in die Höhen Meiner Liebe, der Einlaß findet in Mein Reich, Meine Gefilde der Herrlichkeit schaut, die Lebenswasser Meiner Gaben leert, sich am himmlischen Strom Meiner liebenden Vorsehung satt trinkt, mit Meiner Sache vertraut wird, begreift, was Ich in den Schatzkammern Meiner Worte verborgen habe, und, Meinen Ruhm und Preis kündend, vom Himmel göttlicher Erkenntnis strahlt.
Wahrlich, er ist von Mir.
Mit ihm seien Meine Barmherzigkeit, Meine Gnade, Meine Wohltat und Meine Herrlichkeit.
Bishárát (Die frohen Botschaften)
Dies ist der Ruf des Allherrlichen, verkündet vom Höchsten Horizont im Kerker von ‘Akká.
Er ist der Erklärer, der Allwissende, der Allkundige.
Gott, der Wahre, bestätigt und die Offenbarer Seiner Namen und Eigenschaften bezeugen, daß es, wenn Wir den Ruf erheben und Sein hehres Wort verkünden, Unser einziges Ziel ist, mit den Lebenswassern göttlicher Äußerung das Ohr der ganzen Schöpfung von Lügengeschichten zu reinigen und es auf das heilige, das ruhmreiche und erhabene Wort einzustimmen, das der Gestalter der Himmel und Schöpfer der Namen aus der Schatzkammer der Erkenntnis hervorgehen ließ. Glücklich ist, wer gerecht urteilt.
O Volk der Erde!
Die erste frohe Botschaft,
die das Mutterbuch in dieser Größten Offenbarung allen Völkern der Welt überbringt, ist, daß das Gesetz des heiligen Krieges aus dem Buche getilgt ist. Verherrlicht sei der Allbarmherzige, der Herr überströmender Gnade, durch den das Tor himmlischer Gaben vor dem Angesicht aller im Himmel und auf Erden weit aufgetan ist.
Die zweite frohe Botschaft
Es ist gestattet, daß die Völker und Geschlechter der Welt sich in strahlender Freude miteinander verbinden. O Volk! Verkehre mit den Anhängern aller Religionen im Geist des Wohlwollens und der Verbundenheit. So erstrahlt die Sonne Seiner heiligenden Amtsgewalt vom Horizont des Ratschlusses Gottes, des Herrn der Welten.
Die dritte frohe Botschaft
betrifft das Erlernen verschiedener Sprachen. Dieses Gebot ist schon früher der Feder des Höchsten entströmt: Es obliegt den Herrschern der Welt – möge Gott ihnen beistehen – oder den Ministern der Erde, miteinander zu beraten und eine der bestehenden Sprachen oder eine neue Sprache auszuwählen, die den Kindern in allen Schulen der Welt gelehrt werden soll, und ebenso eine Schrift. So wird die ganze Erde schließlich als ein einziges Land betrachtet werden. Gut steht es um den, der auf Seinen Ruf hört und befolgt, was Gott, der Herr des mächtigen Thrones, ihm gebietet.
Die vierte frohe Botschaft
Wenn einer der Könige – möge Gott ihnen beistehen – sich aufmacht, dieses unterdrückte Volk zu beschützen und zu unterstützen, so müssen alle miteinander darin wetteifern, ihn zu lieben und ihm zu dienen. Dies ist eines jeden Pflicht. Wohl denen, welche danach handeln.
Die fünfte frohe Botschaft
Die Angehörigen dieses Volkes müssen sich, wo immer sie wohnen, der Regierung des Landes als treu, ehrbar und wahrhaftig erweisen. Dies ist, was auf Geheiß des Gebieters, des Altehrwürdigen der Tage, offenbart worden ist.A9
Es ist Pflicht und Schuldigkeit aller Völker der Welt, diese bedeutsame Sache, die vom Himmel des Willens Gottes, des Urewigen, herniederkam, zu unterstützen, damit das Feuer der Feindseligkeit, das manchen Völkern in den Herzen lodert, mit den Lebenswassern göttlicher Weisheit sowie durch himmlische Ratschläge und Ermahnungen gelöscht werde und das Licht der Einheit und Eintracht aufleuchte, um seinen Strahlenglanz über die Welt zu ergießen.
Wir hegen die Hoffnung, daß die Träger der Macht Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – mit aufrichtigen Bemühungen auf der ganzen Welt Kriegswaffen in Werkzeuge des Aufbaus verwandeln und daß Kampf und Streit aus der Menschen Mitte vertrieben werden.
Die sechste frohe Botschaft
ist die Begründung des Geringeren Friedens, dessen Einzelheiten bereits früher von Unserer Erhabensten Feder offenbart wurden. Groß ist der Segen dessen, der den Geringeren Frieden verteidigt und beachtet, was Gott, der Allwissende, der Allweise, bestimmt hat.
Die siebente frohe Botschaft
Die Wahl der Kleidung sowie Schnitt und Form des Bartes bleiben den Menschen zur Entscheidung überlassen. Aber hütet euch, o Menschen, daß ihr euch nicht selbst zum Spielzeug der Unwissenden machet!
Die achte frohe Botschaft
Der frommen Taten der Mönche und Priester unter den Anhängern des GeistesA10 – Gottes Friede sei mit Ihm – wird in Seiner Gegenwart gedacht. An diesem Tage sollten sie jedoch ihr abgeschiedenes Leben aufgeben, ihre Schritte in die offene Welt lenken und sich mit dem befassen, was ihnen selbst und anderen nützt. Wir erlauben ihnen, in den Ehestand zu treten, auf daß sie einen hervorbringen, der Gott erwähnt, den Herrn des Sichtbaren wie des Unsichtbaren, den Herrn des Erhabenen Thrones.A11
Die neunte frohe Botschaft
Wenn sich der Sünder völlig gelöst und befreit von allem außer Gott weiß, sollte er Ihn um Vergebung und Verzeihung bitten. Sünden und Übertretungen vor menschlichen Wesen zu beichten, ist nicht erlaubt, da es noch nie zu Gottes Vergebung geführt hat oder je dazu führen wird. Im übrigen bewirkt solche Beichte vor den Leuten, daß ein Mensch gedemütigt und erniedrigt wird, und Gott – erhaben sei Seine Herrlichkeit – wünscht nicht die Demütigung Seiner Diener. Wahrlich, Er ist der Mitleidvolle, der Barmherzige. Allein mit Gott, sollte der Sünder um Erbarmen aus dem Meer des Erbarmens, um Vergebung aus dem Himmel der Großmut flehen und sprechen:A12
O Gott, mein Gott! Ich flehe zu Dir beim Blute derer, die Dich wahrhaft liebten, die so hingerissen waren von Deinen lieblichen Worten, daß sie zum Gipfel der Herrlichkeit, zur Stätte des ruhmreichsten Martyriums eilten, und bitte dich bei den Geheimnissen, die Dein Wissen verwahrt, und bei den Perlen, die das Meer Deiner Großmut birgt, vergib mir, meinem Vater und meiner Mutter! Von allen, die Barmherzigkeit bezeigen, bist Du in Wahrheit der Barmherzigste. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Ewig-Vergebenden, dem Allgütigen.
O Herr! Du siehst, wie sich diese Verkörperung der Sündhaftigkeit dem Meer Deiner Gunst zuwendet, wie dieser Schwache das Reich Deiner göttlichen Macht sucht, wie diese arme Kreatur sich nach der Sonne Deines Reichtums streckt. Bei Deiner Barmherzigkeit und Deiner Gnade, enttäusche ihn nicht, o Herr, schließe ihn nicht aus von den Offenbarungen Deiner Großmut in Deinen Tagen, noch weise ihn hinweg von Deiner Tür, die Du allen Bewohnern Deines Himmels und Deiner Erde weit geöffnet hast.
Ach, meine Sünden haben mich gehindert, dem Hofe Deiner Heiligkeit zu nahen, und meine Vergehen ließen mich fern dem Thronzelt Deiner Majestät schweifen. Ich habe begangen, was Du mir verboten hast, und habe von mir gewiesen, was Du mir zu beachten gebotest.
Ich bitte Dich bei Ihm, dem unumschränkten Herrn der Namen, schreibe nieder für mich mit der Feder Deiner Großmut, was mich befähigt, Dir nahezukommen, und was mich reinigt von meinen Vergehen, die zwischen mich und Deine Vergebung und Verzeihung getreten sind.
Wahrlich, Du bist der Kraftvolle, der Gütige. Kein Gott ist außer Dir, dem Mächtigen, dem Gnadenreichen.
Die zehnte frohe Botschaft
Zum Beweis der Gunst Gottes, des Offenbarers dieser Größten VerkündigungA13, haben Wir aus den heiligen Schriften und Sendschreiben das Gesetz, welches die Vernichtung von Büchern vorschreibt, getilgt.A14
Die elfte frohe Botschaft
Es ist erlaubt, Künste und Wissenschaften zu studieren, aber solche Wissenschaften, die von Nutzen sind und dem Volke Fortschritt und Entwicklung bringen. So bestimmt es Er, der Verordner, der Allweise.
Die zwölfte frohe Botschaft
Jedem von euch ist es zur Pflicht gemacht, sich in einem Beruf – einem Handwerk, Gewerbe und dergleichen – zu betätigen. Wir haben eure Tätigkeit bei solcher Arbeit gnädiglich zum Rang des Dienstes an Gott, dem Wahren, erhoben. Denkt in euren Herzen über die Gnade und den Segen Gottes nach und sagt Ihm Dank des Abends und des Morgens. Vergeudet eure Zeit nicht mit Faulheit und Müßiggang. Beschäftigt euch mit dem, was euch und anderen nützt. So ist es verordnet in diesem Sendschreiben, von dessen Horizont die Sonne der Weisheit und des Wortes widerstrahlt.
Die verächtlichsten Menschen in den Augen Gottes sind die, welche faul dasitzen und betteln. Haltet euch fest an das Seil der weltlichen Mittel, im vollen Vertrauen auf Gott, der euch mit allen Gütern versorgt. Wer sich in einem Handwerk oder Gewerbe betätigt, dessen Tätigkeit wird von Gott als Gottesdienst gewertet; und dies ist nur ein Zeichen Seiner unendlichen, alles durchdringenden Großmut.A15
Die dreizehnte frohe Botschaft
Die Mitglieder von Gottes Haus der Gerechtigkeit sind mit den Angelegenheiten des Volkes betraut. Sie sind wahrlich die Treuhänder Gottes unter Seinen Dienern, die Morgenröten der Amtsgewalt in Seinen Landen.
O Volk Gottes! Was die Welt erzieht, ist die Gerechtigkeit, denn sie wird von zwei Säulen getragen: Lohn und Strafe. Diese beiden Säulen sind die Lebensquellen der Welt. Insofern es für jeden Tag ein neues Problem und für jedes Problem eine zweckmäßige Lösung gibt, sind solche Angelegenheiten den Geschäftsträgern des Hauses der Gerechtigkeit vorzulegen, damit sie nach den Nöten und Erfordernissen der Zeit handeln. Die sich für Gott erheben, Seiner Sache zu dienen, sind Empfänger göttlicher Eingebung aus dem unsichtbaren Reich. Alle haben die Pflicht, ihnen zu gehorchen. Alle Staatsgeschäfte sind dem Haus der Gerechtigkeit vorzulegen; aber Gottesdienste müssen so gehalten werden, wie es Gott in Seinem Buch offenbart hat.
O Volk Bahás! Ihr seid die Dämmerorte der Liebe Gottes, die Morgenröten Seiner Gnade. Besudelt eure Zungen nicht mit Flüchen und Schmähreden auf irgendeine Seele und hütet eure Augen gegen Unschickliches. Tut dar, was ihr besitzet. Wird es günstig aufgenommen, ist euer Zweck erreicht; wo nicht, ist Widerspruch fruchtlos. Überlaßt diese Seele sich selbst und kehrt euch zum Herrn, dem Beschützer, dem Selbstbestehenden. Verursacht keinen Kummer, geschweige denn Zwietracht und Streit. Es ist zu hoffen, daß ihr im Schatten des Baumes Seines sanften Erbarmens wahre Erziehung erlangt und nach Gottes Wunsch handelt. Ihr seid alle die Blätter eines Baumes und die Tropfen eines Meeres.
Die vierzehnte frohe Botschaft
Es ist nicht nötig, besondere Reisen zu unternehmen, um die Gräber der Verstorbenen zu besuchen. Wenn vermögende Leute die Kosten solcher Reisen dem Haus der Gerechtigkeit spenden, wird dies in der Gegenwart Gottes wohlgefällig und annehmbar sein. Glücklich ist, wer Seine Vorschriften befolgt.
Die fünfzehnte frohe Botschaft
Obwohl die republikanische Regierungsform allen Völkern der Welt nützt, ist die Majestät des Königtums eines der Zeichen Gottes. Wir wünschen nicht, daß die Länder der Welt ihrer beraubt bleiben. Wenn die Weisen beide Formen miteinander verbinden, erwartet sie in der Gegenwart Gottes großer Lohn.
In früheren Religionen sind Gebote wie der heilige Krieg, die Vernichtung von Büchern, Verbote der Verbindung und des Umgangs mit anderen Völkern und des Lesens bestimmter Bücher nach den Erfordernissen der Zeit niedergelegt und bestätigt worden. In dieser mächtigen Offenbarung, dieser epochalen Verkündigung jedoch haben die mannigfachen Segnungen und Gunstbeweise Gottes alle Menschen überschattet, und vom Horizont des Willens des ewig gleichen Herrn hat Sein unfehlbarer Ratschluß verordnet, was Wir soeben dargelegt haben.
Wir preisen Gott – geheiligt und verherrlicht sei Er – für alles, was Er an diesem seligen, diesem ruhmreichen, unvergleichlichen Tag gnädiglich offenbart. Fürwahr, würden allen Erdenbewohnern Myriaden Zungen verliehen und würden sie fortgesetzt, Gott preisend, Seinen Namen verherrlichen, bis zu dem Ende, das kein Ende kennt, so würde sich ihr Dank für auch nur eine der Gnadengaben, die Wir in diesem Sendbrief aufführen, als unzulänglich erweisen. Dies bezeugt jeder, der mit Weisheit und Urteilskraft, Verständnis und Wissen ausgestattet ist.
Aufrichtig bitten Wir Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, Er möge den Regenten und Herrschern, den Trägern der Macht und Morgenröten des Ruhmes, beistehen, Seine Gesetze und Gebote zu vollziehen. Er ist wahrlich der Allvermögende, der Allmachtvolle; Er gibt Antwort auf den Ruf der Menschen.
Ṭarázát (Der Schmuck)
In Meinem Namen, der hoch über allen Namen steht.
Preis und Ruhm gebührt dem Herrn der Namen und Schöpfer der Himmel. Die Wellen des Meeres Seiner Offenbarung wogen vor den Augen der Völker der Welt. Die Sonne Seiner Sache strahlt durch jeden Schleier, und Sein Wort der Bejahung steht unerreichbar hoch über der Verneinung. Weder die Überlegenheit des Unterdrückers noch die Tyrannei der Gottlosen können Seinen Plan durchkreuzen. Wie herrlich ist Seine unumschränkte Macht, wie erhaben ist Seine Herrschaft!
Großer Gott! Seine Zeichen haben die Welt umfangen, Seine Beweise und Zeugnisse sind strahlend offenbar wie das Licht, und doch zeigen sich die Unwissenden achtlos, ja widerspenstig. Wären sie nur mit Widerspruch zufrieden! Aber allezeit sind sie darauf verschworen, diesen heiligen Lotosbaum zu fällen. Seit dem Anbruch dieser Sendung waren die Verkörperungen der Selbstsucht bemüht, mit grausamer Unterdrückung das Licht göttlicher Offenbarung zu löschen. Gott indes fiel ihnen in den Arm, offenbarte dieses Licht durch Seine unumschränkte Gewalt und schützte es mit Seiner Kraft und Macht, bis Erde und Himmel von seinem Strahlenglanz erleuchtet waren. Preis sei Ihm in jeder Lage!
Ruhm sei Dir, o Herr der Welt, Du Sehnsucht der Völker, der Du offenbar geworden bist im Größten Namen, wodurch das Meer Deines Wissens die Perlen der Weisheit und des Wortes aus ihren Muscheln treten ließ und die Sonne Deines Antlitzes bei ihrem Aufgang die Himmel göttlicher Offenbarung mit ihrem Lichte schmückte.
Ich bitte Dich, bei dem Wort, das Deinen Beweis unter Deinen Geschöpfen vollendete und Dein Zeugnis unter Deinen Dienern erfüllte, gib Deinem Volk die Kraft zu allem, was das Angesicht Deiner Sache in Deinem Herrschaftsgebiet strahlen läßt, was die Banner Deiner Macht unter Deinen Dienern hißt und die Fahnen Deiner Führung durch alle Deine Reiche trägt.
O mein Herr! Du siehst, wie sie sich an das Seil Deiner Gnade klammern, wie sie sich fest an den Saum des Gewandes Deiner Wohltätigkeit halten. Verordne für sie, was sie Dir näher bringt, und halte sie fern von allem außer Dir. Ich bitte Dich, Du König des Seins, Du Beschützer des Sichtbaren wie des Unsichtbaren, jeden, der sich erhebt, Deiner Sache zu dienen, zu einem Meere werden, das nach Deinem Wunsche wogt, und entflamme ihn mit dem Feuer Deines heiligen Baumes, das vom Horizont Deines Willens strahlt. Wahrlich, Du bist der Mächtige, den weder die Macht der ganzen Welt noch das Ungestüm der Völker schwächen können. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Beschützer, dem Selbstbestehenden.
O Du, der du den Wein Meiner Äußerung aus dem Kelch Meiner Erkenntnis getrunken hast! Heute waren im Rauschen des göttlichen Lotosbaumes, den der Herr der Namen mit der Hand himmlischer Macht im allerhöchsten Paradiese gepflanzt hat, folgende erhabene Worte zu hören:
Das erste Ṭaráz
und der erste Lichtstrahl, der am Horizont des Mutterbuches anbricht, ist, daß der Mensch sich selbst erkennen und unterscheiden soll, was zu Erhöhung und Erniedrigung, zu Ruhm und Schande, zu Reichtum und Armut führt. Wenn der Mensch die Stufe der Erfüllung und seine Reife erlangt hat, bedarf er des Wohlstands. Wohlstand, den er durch Handwerk und Beruf erwirbt, ist nach Ansicht der Weisen und vor allem in den Augen von Dienern, die sich ganz der Erziehung der Welt und der Belehrung ihrer Völker widmen, lobens- und empfehlenswert. Solche Diener sind wahrlich Mundschenken für die Lebenswasser der Erkenntnis, Führer auf dem Weg zur Vollendung. Sie leiten die Völker der Welt auf den geraden Pfad und unterweisen sie in allem, was Fortschritt und Erhöhung der Menschen fördert. Der gerade Pfad ist derjenige, welcher den Menschen zum Morgen der Wahrnehmung, zum Dämmerort wahren Verstehens führt und ihn zu dem bringt, was ihm zu Ruhm, Ehre und Größe gereicht.
Wir hoffen, daß durch die Gnade des Allweisen, des Allwissenden, trübender Staub beseitigt und die Wahrnehmungskräfte gestärkt werden, damit das Volk den Zweck erkenne, für den es ins Leben gerufen wurde. An diesem Tag ist alles erwägenswert, was die Blindheit mindert und die Sehkraft stärkt. Solche Sehkraft ist der Träger wahren Wissens und sein Führer. In der Tat beruht nach Ansicht der Weisen Urteilskraft auf scharfer Sehkraft. Das Volk Bahás muß in jeder Lage befolgen, was passend und ziemlich ist, und muß die Menschen dazu anhalten.
Das zweite Ṭaráz
ist, mit den Anhängern aller Religionen in Freude und Eintracht zu verkehren, das zu verkünden, was der Sprecher am Sinai dargelegt hat, und in allen Angelegenheiten Gerechtigkeit walten zu lassen.
Wer aufrichtig und getreu ist, sollte sich in strahlender Freude mit allen Völkern und Geschlechtern der Erde verbinden, da der Verkehr mit anderen Menschen Einheit und Eintracht schafft, was wiederum zur Aufrechterhaltung der Ordnung in der Welt und zur Neugeburt der Nationen führt. Selig ist, wer sich fest an das Seil der Freundlichkeit und des zarten Erbarmens hält, frei von Haß und Feindseligkeit.
Dieser Unterdrückte ermahnt die Völker der Welt, Duldsamkeit und Rechtschaffenheit zu üben; dies sind zwei Lichter im Dunkel der Welt, zwei Erzieher für die Bildung der Menschheit. Glücklich sind, die dazu gelangen, und wehe den Achtlosen!
Das dritte Ṭaráz
handelt vom guten Charakter. Ein guter Charakter ist wahrlich der beste Mantel Gottes für die Menschen. Gott schmückt damit Seine Geliebten. Bei Meinem Leben! Das Licht eines guten Charakters überstrahlt die Sonne und ihren Glanz. Wer ihn erlangt, gilt als Juwel unter den Menschen. Ruhm und Aufschwung der Welt hängen völlig davon ab. Ein guter Charakter ist das Mittel, die Menschen auf den Geraden Pfad zu leiten und zur Großen Verkündigung zu führen. Wohl dem, der mit den heiligen Merkmalen und dem Charakter der himmlischen Heerscharen geschmückt ist.
Es geziemt euch, den Blick in allen Lebenslagen auf Gerechtigkeit und Redlichkeit zu richten. In den Verborgenen Worten hat Unsere Erhabenste Feder feierlich diese Äußerung offenbart:
»O Sohn des Geistes! Von allem das Meistgeliebte ist Mir die Gerechtigkeit; wende dich nicht von ihr ab, wenn du nach Mir verlangst, und mißachte sie nicht, damit Ich dir vertrauen kann. Durch ihre Hilfe wirst du mit deinen eigenen Augen und nicht mit denen anderer sehen und durch die eigene Erkenntnis und nicht durch die deines Nächsten Wissen erlangen. Erwäge in deinem Herzen, wie du sein solltest. Wahrlich, Gerechtigkeit ist Meine Gabe an dich und das Zeichen Meiner Gnade. Halte sie dir immer vor Augen.« Q2
Wer gerecht und redlich in seinem Urteil ist, steht auf einer hohen Stufe und hält einen erhabenen Rang. Das Licht der Frömmigkeit und der Aufrichtigkeit leuchtet strahlend aus seiner Seele. Wir hoffen sehr, daß die Völker und Länder der Welt des Strahlenglanzes dieser beiden Leuchten nicht beraubt bleiben.
Das vierte Ṭaráz
betrifft die Vertrauenswürdigkeit. Wahrlich, sie ist die Pforte zur Sicherheit für alle Erdenbewohner und ein Zeichen der Herrlichkeit von seiten des Allbarmherzigen. Wer daran teilhat, besitzt in der Tat die Schätze des Wohlstandes und des Glücks. Vertrauenswürdigkeit ist das weite, breite Tor zur Ruhe und Sicherheit des Volkes. In Wahrheit ist ohne sie, heute wie eh und je, nichts von Bestand. Alle Bereiche der Macht, Größe und Wohlfahrt leuchten in ihrem Licht.
Vor kurzem hat die Feder des Höchsten diese erhabenen Worte offenbart:
»Wir wollen dir nun von der Vertrauenswürdigkeit und von der Stelle künden, die sie vor Gott, deinem Herrn, dem Herrn des Mächtigen Thrones, einnimmt. Eines Tages begaben Wir Uns auf Unsere grüne Insel.A16 Als Wir sie betraten, sahen Wir fließende Bäche und Bäume in voller Pracht, zwischen denen das Sonnenlicht spielte. Unser Gesicht nach rechts wendend, sahen Wir, was die Feder nicht zu beschreiben vermag; sie kann nicht kundtun, was das Auge des Herrn der Menschheit an diesem heiligsten, hehrsten, gesegnetsten, erhabensten Orte wahrnahm. Wir wandten Uns darauf zur Linken. Dort sahen Wir eine der Schönen des erhabensten Paradieses auf einer Säule reinen Lichtes stehen und mit lauter Stimme rufen: ›O ihr Bewohner der Erde und des Himmels! Schauet Meine Schönheit, Meine Strahlung, Meine Offenbarung, Meinen Glanz! Bei Gott, dem Wahren! Ich bin die Vertrauenswürdigkeit, ihre Offenbarung und ihre Schönheit. Ich will jeden belohnen, der sich an Mich hält, Meinen Rang und Meine Stufe erkennt und sich fest an Meinen Saum klammert. Ich bin der edelste Schmuck für das Volk Bahás, die Robe des Ruhmes für alle im Reiche der Schöpfung. Ich bin das erhabenste Werkzeug für die Wohlfahrt der Welt, der Horizont der Sicherheit für alle Wesen.‹ So haben Wir dir herniedergesandt, was die Menschen dem Herrn der Schöpfung nahebringen wird.« Q3
O Volk Bahás! Vertrauenswürdigkeit ist wahrlich das beste Gewand für eure Tempel und die ruhmreichste Krone für eure Häupter. Haltet euch fest an sie auf Befehl Dessen, der der Gebieter, der Allunterrichtete ist.
Das fünfte Ṭaráz
handelt davon, wie die Stufe der Diener Gottes geschützt und gewahrt wird. Man darf die Wahrheit einer Sache nicht unbeachtet lassen, sollte vielmehr zum Ausdruck bringen, was recht und wahr ist. Das Volk Bahás sollte keiner Seele den schuldigen Lohn versagen, sollte Fachleuten Ehre zollen und, anders als frühere Völker, die eigene Zunge nicht mit Schmähreden besudeln.
An diesem Tag strahlt die Sonne fachlichen Könnens über dem Horizont des Westens. Ein Strom technischer Fertigkeiten fließt aus dem Meer jener Weltgegend. Man muß gerecht reden und solche Segnungen schätzen. Beim Leben Gottes! Das Wort ›Gerechtigkeit‹ leuchtet und strahlt wie die Sonne. Wir bitten Gott, Er möge den Strahlenglanz dieses Wortes über jeden ergießen. Er ist wahrlich machtvoll über alle Dinge, und Er pflegt auf die Gebete aller Menschen zu antworten.
Heutzutage werden Wahrhaftigkeit und Aufrichtigkeit in den Klauen der Falschheit übel zugerichtet, und Gerechtigkeit wird von der Geißel der Ungerechtigkeit gepeinigt. Der Rauch der Verderbtheit hat die ganze Welt so umhüllt, daß man in allen Himmelsrichtungen nur noch Soldatenheere sehen kann und nichts anderes mehr hört als Schwertgeklirr. Wir flehen zu Gott, dem Wahren, Er möge die Träger Seiner Macht in dem stärken, was die Welt wieder gesunden läßt und den Völkern Ruhe bringt.
Das sechste Ṭaráz
Wissen ist eine der wundersamen Gaben Gottes. Es ist jedermanns Pflicht, Wissen zu erwerben. Die Künste und Hilfsmittel, die heute zur Hand sind, wurden kraft Seines Wissens und Seiner Weisheit erworben, offenbart in Briefen und Sendschreiben durch Seine Erhabenste Feder – eine Feder, aus deren Schatzkammer Perlen der Weisheit und des Wortes sowie die Künste und Fertigkeiten dieser Welt ans Licht treten.
An diesem Tag liegen die Geheimnisse der Erde offen vor den Augen der Menschen da. Die Seiten der rasch erscheinenden Zeitungen sind in der Tat Spiegel der Welt. Sie spiegeln die Taten und Bestrebungen der verschiedenen Völker und Geschlechter. Das alles spiegeln sie und machen es bekannt. Sie sind wie Spiegel mit Augen, Mund und Ohren, eine erstaunliche, machtvolle Erscheinung. Den Verfassern dieser Zeitungen obliegt es jedoch, sich von den Einflüsterungen übler Begierden und Leidenschaften zu reinigen und sich mit dem Gewand der Gerechtigkeit und der Unparteilichkeit anzutun. Sie sollten die Umstände möglichst gründlich untersuchen, die Tatsachen feststellen und sie dann schriftlich niederlegen.
Was die Zeitungen über diesen Unterdrückten berichten, entbehrt der Wahrheit fast völlig. Ehrliche Rede und Wahrhaftigkeit gelten ihres hohen Ranges wegen für eine Sonne am Himmelszelt des Wissens. Die Wogen dieses Meeres sind sichtbar vor den Augen der Völker dieser Welt, und was aus der Feder der Weisheit und Äußerung strömt, ist überall offenbar.
In der Presse wurde berichtet, dieser Diener sei aus dem Lande ṬáA17 geflohen und in den ‘Iráq gegangen. Gnädiger Gott! Keinen einzigen Augenblick lang hat sich dieser Unterdrückte je verborgen; vielmehr blieb Er allezeit standhaft und allen Augen sichtbar. Niemals sind Wir geflohen noch werden Wir je die Flucht ergreifen. In Wahrheit ist es das törichte Volk, das Unsere Gegenwart flieht. Wir verließen Unsere Heimat, geleitet von zwei Abteilungen berittener Wachmannschaften, welche die beiden ehrenwerten Regierungen von Persien und Rußland vertraten, bis wir voll des Ruhmes und der Kraft im ‘Iráq ankamen. Preis sei Gott! Die Sache, deren Träger dieser Unterdrückte ist, steht himmelhoch und strahlt sonnenklar. Verheimlichung hat keinen Zutritt zu dieser Stufe, für Furcht und Schweigen gibt es keine Gelegenheit.
Die Geheimnisse der Auferstehung und die Geschehnisse der letzten Stunde sind klar und offenbar; aber die Menschen, in Achtlosigkeit versunken, ließen sich in Schleier hüllen. »Und wenn die Meere brodeln… Und wenn die Schriftrollen ausgebreitet werden…«Q4 Bei der Gerechtigkeit Gottes! Der Morgen ist wahrlich angebrochen,A18 das Licht erstrahlt,A19 die Nacht ist gewichen. A20 Glücklich, wer es begreift. Glücklich, wer dahin gelangt!
Verherrlicht sei Gott! Die Feder fragt verwirrt, was sie schreiben soll, und die Zunge wundert sich über das, was sie zu äußern hat. Trotz beispielloser Mühsale stellen wir jetzt nach Jahren der Kerkerhaft, der Gefangenschaft, des Leides und der Prüfungen fest, daß noch dichtere Schleier als die, welche Wir bereits zerrissen haben, zwischen die Menschen und Uns getreten sind, den Blick versperren und das Licht des Verstehens verdunkeln. Auch bemerken Wir, daß die neuen Verleumdungen, die heutzutage umlaufen, weit boshafter sind als die der Vergangenheit.
O Volk des Bayán! Fürchtet den barmherzigen Herrn. Betrachtet die Menschen früherer Zeiten. Welche Taten haben sie vollbracht, welche Früchte geerntet? Was sie auch redeten, es war nur Schwindel, und was sie auch taten, erwies sich als wertlos, ausgenommen die, welche Gott durch Seine Macht gnädig schützte.
Ich schwöre beim Leben Dessen, der die Sehnsucht der Welt ist! Wollte ein Mensch nur in seinem Herzen nachsinnen, er würde, frei von aller Bindung an die Welt, hin zum Größten Lichte eilen und sich vom Staub eitlen Wahns, vom Rauch leeren Trugs läutern und reinigen. Was verleitete die Ewig-Gestrigen zum Irrtum, wer hat sie verführt? Noch immer verwerfen sie die Wahrheit und bleiben ihren selbstischen Begierden verhaftet. Laut ruft dieser Unterdrückte, nur Gott zuliebe. Wer will, der wende sich herzu, und wer es nicht wünscht, der kehre sich hinweg. Wahrlich, Gott kann aller Dinge leicht entbehren, seien sie vergangen oder künftig.
O Volk des Bayán! Es waren Leute wie Hádí Dawlat-ÁbádíA21, die mit Turban und StabA22 Widerspruch und Widerstand bewirkten und das Volk so mit Aberglauben überhäuften, daß es heute noch das Kommen einer erdichteten Person von einem erdichteten Ort erwartet. Seid gewarnt, o ihr Verständnisvollen.
O Hádí! Höre auf die Stimme dieses vertrauenswürdigen Ratgebers: Lenke deine Schritte von links nach rechts, das heißt, kehre dich ab von leerem Trug zur Gewißheit hin. Führe das Volk nicht in den Irrtum. Das Licht Gottes scheint, Seine Sache ist offenbar, Seine Zeichen sind allumfassend. Richte dein Angesicht auf Gott, den Helfer in Gefahr, den Selbstbestehenden. Gib es um Gottes willen auf, Führer zu sein, und überlasse das Volk sich selbst. Du bist des Kerns der Wahrheit unkundig, du bist nicht vertraut damit.
O Hádí! Sei du unzweideutig auf dem Pfade Gottes. In Gesellschaft der Ungläubigen bist du ein Ungläubiger und bei den Frommen bist du ein Frömmler. Denke über diejenigen Seelen nach, die dortzulande Leben, Hab und Gut geopfert haben, auf daß du ermahnt seiest und aus deinem Schlaf erwachest. Erwäge: Wer verdient den Vorzug, der, welcher Leib, Leben, Hab und Gut wahrt, oder der, welcher alles auf dem Pfade Gottes hingibt? Urteile gerecht und gehöre nicht zu den Ungerechten. Halte dich fest an die Gerechtigkeit und klammere dich an die Unparteilichkeit, damit du nicht aus selbstischen Beweggründen die Religion wie eine Falle handhabst und die Wahrheit nicht dem Golde zuliebe mißachtest. Deine Ungerechtigkeit und die von deinesgleichen ist in der Tat so schlimm geworden, daß die Feder der Herrlichkeit bewegt wurde, solche Feststellungen zu treffen. Fürchte Gott. Er, der diese Offenbarung ankündigte, erklärte: »Er wird in jeder Lebenslage verkünden: ›Wahrlich, wahrlich, Ich bin Gott, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.‹«
O Volk des Bayán! Euch wurde verboten, mit den Geliebten Gottes zu verkehren. Warum ist dieses Verbot verfügt worden und zu welchem Zweck? Seid redlich, Ich beschwöre Euch bei Gott, und gehört nicht zu den Achtlosen. Allen, die mit Einsicht begabt sind, und der Größten Schönheit selbst ist das Ziel dieses Bannes klar und augenscheinlich; keiner soll seiner A23 Geheimnisse und Taten gewahr werden.
O Hádí! Du bist nicht in Unserer Gesellschaft gewesen, du bist deshalb der Sache Gottes unkundig. Handle nicht nach deinem eitlen Wahn, vielmehr durchforsche die Schriften mit eigenen Augen und sinne nach über die Geschehnisse. Habe Mitleid mit dir selbst und mit den Dienern Gottes und bewirke keinen Widerstreit wie die Menschen früherer Zeiten. Der Pfad ist unverkennbar, der Beweis ist offenkundig. Wandle Ungerechtigkeit in Gerechtigkeit, Parteilichkeit in Unparteilichkeit. Wir hegen die Hoffnung, daß dich der Odem göttlicher Eingebung stärke und dein inneres Ohr befähigt werde, das selige Wort zu hören: »Sprich: Es ist Gott, dann laß sie mit Spitzfindigkeiten ihr Spiel treiben.«Q5 Du warst dortA24 und hast ihnA25 gesehen. Nun stehe auf und rede redlich. Stelle die Sache nicht falsch dar, weder dir selbst noch dem Volke. Du hast weder Wissen noch Kenntnis. Höre auf die Stimme dieses Unterdrückten und eile zum Meer göttlicher Erkenntnis, damit du mit dem Schmuck des Begreifens geziert werdest und alles aufgebest außer Gott. Lausche der Stimme dieses guten Ratgebers, der laut und unverschleiert Königen und Untertanen offen ins Angesicht ruft und das Volk der Welt samt und sonders vor Ihn, den Herrn der Ewigkeit, lädt. Dies ist ein Wort, von dessen Himmelszelt die Sonne unversieglicher Gunst strahlend scheint.
O Hádí! Losgelöst von jeder Bindung an die Welt, bemüht sich dieser Unterdrückte, das Feuer der Feindseligkeit und des Hasses, das den Völkern der Erde flammend im Herzen lodert, zu löschen. Jedem gerecht und redlich gesinnten Menschen obliegt es, Gott – verherrlicht sei Sein Ruhm – Dank zu sagen und sich aufzumachen, diese überlegene Sache zu fördern, damit sich Feuer in Licht verwandle und Haß der Liebe und Freundschaft weiche. Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Das ist dieses Unterdrückten einziges Ziel. Für die Verkündigung dieser bedeutungsschweren Sache und für die Darstellung ihrer Wahrheit haben Wir in der Tat mannigfache Leiden, Härten und Trübsale erduldet. Du selbst würdest Zeugnis ablegen für das, was Wir ausführten, könntest du nur unvoreingenommen reden. Wahrlich, Gott spricht die Wahrheit und führt den Weg. Er ist der Kraftvolle, der Mächtige, der Gnädige.
Unsere Herrlichkeit ruhe auf dem Volk Bahás, das weder die Tyrannei des Unterdrückers noch die Überlegenheit des Angreifers von Gott, dem Herrn der Welten, abhalten können.
Tajallíyát (Der Strahlenglanz)
Dies ist der Sendbrief Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
Er ist es, der aus Seinem Reiche der Herrlichkeit hört.
Gott bezeugt, daß es keinen Gott außer Ihm gibt und daß Er, der erschienen ist, das Verborgene Geheimnis, das Verwahrte Sinnbild, das Größte Buch für alle Völker und der Himmel der Großmut für die ganze Welt ist. Er ist das Mächtigste Zeichen unter den Menschen, das Morgenlicht der erhabensten Eigenschaften im Reiche der Schöpfung. Durch Ihn ist erschienen, was seit unvordenklicher Zeit verborgen und vor den Augen der Menschen verhüllt war. Er ist es, dessen Manifestation die himmlischen Schriften in alter und jüngerer Zeit ankündigten. Wer den Glauben an Ihn, Seine Zeichen und Seine Zeugnisse bekennt, anerkennt wahrlich, was die Zunge der Größe vor der Schöpfung von Erde und Himmel und vor der Offenbarung des Reiches der Namen sprach. Durch Ihn wogte das Meer der Erkenntnis inmitten der Menschheit, und der Strom göttlicher Weisheit quoll hervor auf das Geheiß Gottes, des Herrn aller Tage.
Wohl dem Scharfsichtigen, der die Wahrheit erkennt und wahrnimmt, und dem Feinhörigen, der auf Seine süße Stimme lauscht, und der Hand, die Sein Buch entgegennimmt mit einer Entschlossenheit, die aus Gott, dem Herrn dieser und der nächsten Welt, geboren ist, und dem unermüdlichen Wanderer, der zu Seinem herrlichen Horizont eilt, und dem Starken, den weder die Übermacht der Herrscher noch das Geschrei der Glaubensführer erschüttern können. Und wehe dem, der die Gnade und Großmut Gottes zurückweist, der Sein zartes Erbarmen und Seine Vollmacht leugnet. Solch ein Mensch wird fürwahr zu denen gerechnet, die seit aller Ewigkeit das Zeugnis Gottes und Seinen Beweis verwarfen.
Groß ist der Segen dessen, der an diesem Tage von sich wirft, was unter den Menschen im Schwange ist, und sich an das hält, was Gott verordnet hat, der Herr der Namen und Gestalter alles Erschaffenen, Er, der durch die Macht des Größten Namens vom Himmel der Ewigkeit gekommen ist, umgürtet mit so unbesiegbarer Allgewalt, daß keine Macht der Erde Ihm widerstehen kann. Dies bezeugt das Mutterbuch, das von der Höchsten Stufe her ruft.
O ‘Alí-Akbar!A26 Wiederholt haben Wir deine Stimme gehört und dir geantwortet mit dem, was die ganze Menschheit mit all ihrem Lob nie erreichen kann, was die Aufrichtigen den süßen Duft der Worte des Allerbarmers atmen, Seine wahren Liebenden den Hauch himmlischer Wiedervereinigung spüren und die Verschmachtenden das Murmeln der Lebenswasser hören läßt. Selig, wer dahin gelangt und erkennt, was zu dieser Stunde die Feder Gottes, des Helfers in Gefahr, des Allmächtigen, des Allschenkenden, verbreitet.
Wir bezeugen, daß du dein Angesicht auf Gott gerichtet hast und weit gereist bist, bis du Seine Gegenwart erreichtest und der Stimme dieses Unterdrückten lauschtest, den die Missetaten der Zweifler an Gottes Zeichen und Zeugnis und der Leugner dieser himmlischen, alle Welt erleuchtenden Gnade in den Kerker brachten. Selig ist dein Angesicht, denn es hat sich Ihm zugewandt, selig dein Ohr, denn es hat Seine Stimme vernommen, und deine Zunge, denn sie hat Gott, den Herrn der Herren, gepriesen und verherrlicht. Wir bitten Gott, dir gnädig beizustehen, ein Banner für die Förderung Seiner Sache zu werden, und dich zu befähigen, Ihm allezeit und in jeder Lage nahe zu kommen.
Wir gedenken der Erwählten und Geliebten Gottes dortzulande und künden ihnen als frohe Botschaft, was ihnen zu Ehren vom Reiche des Wortes ihres Herrn, des Alleinherrschers am Tage der Abrechnung, herniedergesandt worden ist. Grüße sie von Mir und erleuchte sie mit der strahlenden Herrlichkeit Meiner Worte. Wahrlich, dein Herr ist der Gnädige, reich an Gaben.
O du, der du Meinen Lobpreis verkündest! Höre, was das Volk der Tyrannei Mir in Meinen Tagen nachsagt. Manche von ihnen sagen: »Er beansprucht Göttlichkeit«, andere: »Er ersinnt eine Lüge gegen Gott«, wieder andere: »Er ist gekommen, Aufruhr zu entfachen.« Scheitern und verderben sollen sie! Siehe, sie sind fürwahr an eitlen Wahn gekettet.
Wir wollen jetzt nicht länger die beredte SpracheA27 gebrauchen. Wahrlich, dein Herr ist der Machtvolle, der Ungezwungene. Gern sprechen Wir in persischer Zunge, damit das Volk Persiens samt und sonders der Worte des barmherzigen Herrn bewußt werde und hervortrete, die Wahrheit zu entdecken.
Das erste Tajallí,
das im Morgenlicht der Sonne der Wahrheit erstrahlt, ist die Erkenntnis Gottes – erhaben sei Seine Herrlichkeit. Und die Erkenntnis des Königs urewiger Tage kann nur erlangt werden durch die Anerkennung Dessen, der Träger des Größten Namens ist. Er ist wahrlich der Sprecher vom Sinai, heute hoch auf dem Thron der Offenbarung sitzend. Er ist das Verborgene Geheimnis, das Verwahrte Sinnbild. Alle frühen und neueren Bücher Gottes sind mit Seinem Lobpreis geschmückt und verherrlichen Seinen Ruhm. Durch Ihn ist das Banner der Erkenntnis in der Welt aufgepflanzt und die Fahne der Einheit Gottes inmitten aller Völker entfaltet. Die Göttliche Gegenwart kann nur erlangen, wer Seine Gegenwart erreicht. Seine Macht enthüllt nunmehr alles, was seit unvordenklichen Zeiten verschleiert und verborgen war. Er ist offenbar in der Macht der Wahrheit und hat ein Wort gesprochen, durch das alle in den Himmeln und auf Erden vom Donner gerührt sind, ausgenommen die, welche der Allmächtige zu verschonen beliebte. Der wahre Glaube an Gott und Seine Anerkennung sind unvollständig ohne Annahme dessen, was Er offenbart, und ohne Befolgung dessen, was Er verordnet und was die Feder der Herrlichkeit im Buche niedergelegt hat.
Wer sich in das Meer Seiner Äußerungen versenkt, sollte allzeit den Geboten und Verboten, die Gott offenbart hat, volle Beachtung schenken. Fürwahr, Seine Gebote stellen die festeste Burg für den Schutz der Welt und die Sicherheit ihrer Völker dar – ein Licht für die, welche die Wahrheit erkennen und anerkennen, ein Feuer für jene, die sich abkehren und leugnen.
Das zweite Tajallí
ist, standhaft in der Sache Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – und unwandelbar in Seiner Liebe zu bleiben. Dies kann nur durch Seine volle Anerkennung erlangt werden; und volle Anerkennung ist nur möglich durch den Glauben an die Gesegneten Worte: »Er tut, was Er will.«Q6 Wer sich treu an dieses erhabene Wort hält und tief trinkt vom Lebenswasser der Äußerung, das darinnen ruht, der wird mit solcher Standhaftigkeit erfüllt, daß alle Bücher der Welt außerstande sind, ihn vom Mutterbuche abzulenken. O, wie ruhmreich ist diese hehre Stufe, dieser erhabene Rang, dieses letzte Ziel!
O ‘Alí-Akbar! Schau, wie elend der Zustand der Zweifler ist. Alle führen sie die Worte an: »Wahrlich, Er ist zu preisen für Seine Taten, und Ihm ist zu gehorchen in Seinem Geheiß.«Q7 Wenn Wir aber etwas offenbaren, das auch nur um die Breite eines Nadelöhrs an ihren selbstsüchtigen Begierden vorbeiläuft, weisen sie es hochmütig zurück. Sprich: Keiner kann die mannigfachen Entscheidungsgrundlagen von Gottes vollendeter Weisheit ausloten. Fürwahr, sollte Er für die Erde bestimmen, was für den Himmel gilt, so hätte keiner das Recht, Seine Vollmacht anzuzweifeln. Dies hat der Punkt des Bayán in all dem bezeugt, was in Wahrheit auf Ihn herniederkam auf Geheiß Gottes, der das Morgenlicht anbrechen ließ.
Das dritte Tajallí
betrifft Künste, Gewerbe und Wissenschaften. Wissen gleicht den Flügeln für des Menschen Leben, einer Leiter für seinen Aufstieg. Es ist jedermanns Pflicht, sich Wissen zu erwerben. Jedoch sollten solche Wissenschaften studiert werden, die den Völkern auf Erden nützen, nicht solche, die mit Worten beginnen und mit Worten enden. Viel verdanken fürwahr die Völker der Welt den Wissenschaftlern und den Handwerkern. Dies bezeugt das Mutterbuch am Tage Seiner Wiederkehr. Glücklich ist, wer hörende Ohren besitzt. In der Tat, Wissen ist ein wahrer Schatz für den Menschen, eine Quelle des Ruhmes, der Großmut, der Freude, der Erhabenheit, des Frohsinns und der Heiterkeit. Also spricht die Zunge der Größe in diesem Größten Gefängnis.
Das vierte Tajallí
bezieht sich auf Gottheit, Göttlichkeit und dergleichen. Wollte ein Mensch von Einsicht seinen Blick auf den gesegneten, offenbaren Lotosbaum und seine Früchte lenken, so würde er dadurch so bereichert, daß er von allem anderen unabhängig wäre und seinen Glauben an alles bekennte, was der Sprecher des Sinai auf dem Thron der Offenbarung geäußert hat.
O ‘Alí-Akbar! Mache das Volk mit den heiligen Versen deines Herrn vertraut und gib ihnen Seinen geraden Pfad, Seine mächtige Verkündigung bekannt.
Sprich: O Volk, wenn ihr redlich und gerecht urteilt, werdet ihr die Wahrheit all dessen bezeugen, was aus der Erhabensten Feder geströmt ist. So ihr zum Volk des Bayán gehört, wird euch der Persische Bayán rechtleiten und sich euch als genügendes Zeugnis erweisen, und so ihr vom Volke des Qur’án seid, denket nach über die Offenbarung vom Sinai und über die Stimme aus dem Busch, die zum Sohne ‘ImránsA28 kam.
Gütiger Gott! Es war beabsichtigt, daß zur Zeit der Offenbarung des einen wahren Gottes die Fähigkeit, Ihn zu erkennen, entwickelt und gereift sei, ja, daß sie ihren Höhepunkt erreiche. Nunmehr ist jedoch klar erwiesen, daß bei den Zweiflern diese Fähigkeit unentwickelt blieb und fürwahr verkümmert ist.
O ‘Alí! Was sie vom Busch annahmen, das weigern sie sich jetzt, von Ihm anzunehmen, der der Weltenbaum des Daseins ist. Sprich: O Volk des Bayán, redet nicht, was euch Leidenschaft und selbstische Begierde zu reden eingeben. Die meisten Völker der Welt bezeugen die Wahrheit des gesegneten Wortes, das aus dem Busch gekommen ist.
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Wäre es nicht um der Hymne des Lobpreises willen, die der Herold göttlicher Offenbarung angestimmt hat, dieser Unterdrückte hätte nie ein Wort geäußert, das den Unwissenden Schrecken ins Herz jagt und sie verderben läßt. Am Anfang des BayánA29 verweilt der Báb ausführlich bei der Verherrlichung Dessen, den Gott offenbaren wird – erhaben ist Seine Manifestation – und spricht: »Er ist Der, welcher in jeder Lage verkünden wird: ›Wahrlich, wahrlich, Ich bin Gott, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Herrn über alles Erschaffene. Alle anderen außer Mir sind fürwahr Meine Geschöpfe. O Meine Geschöpfe! Mich allein betet ihr an.‹« Desgleichen preist Er bei anderer Gelegenheit den Namen Dessen, der offenbart werden wird, und sagt: »Ich wäre der erste, der Ihn anbetet.« Nun sollte man über die Bedeutung des ›Anbetenden‹ und des ›Angebeteten‹ nachsinnen, damit das Volk der Erde eines Tautropfens aus dem Meere göttlichen Wissens teilhaftig und befähigt werde, die Größe dieser Offenbarung wahrzunehmen. Wahrlich, Er ist erschienen und hat Seine Zunge gelöst, die Wahrheit zu verkünden. Wohl dem, der die Wahrheit erkennt und anerkennt, und wehe dem, der eigensinnig trotzt.
O ihr Geschlechter der Erde! Neigt euer Ohr der Stimme aus dem göttlichen Lotosbaum, der die Welt überschattet, und zählt nicht zum Volk der Tyrannei auf Erden, zu den Menschen, welche die Manifestation Gottes und Seine unüberwindliche Allgewalt verwerfen und Seine Gunstbeweise von sich weisen. Sie rechnen fürwahr zu den Verworfenen im Buche Gottes, des Herrn der ganzen Menschheit.
Die Herrlichkeit, welche am Horizont Meiner Gunst und Gnade angebrochen ist, sei mit dir und allen, die bei dir sind und deinen Worten über die Sache Gottes, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, Gehör schenken.
Kalimát-i-Firdawsíyyih (Worte des Paradieses)
Er ist es, der durch die Macht der Wahrheit im Reiche der Äußerung spricht.
O ihr Verkörperungen der Gerechtigkeit und Unparteilichkeit, ihr Offenbarungen der Aufrichtigkeit und der himmlischen Gaben! Unter Tränen klagend, ruft dieser Unterdrückte laut und spricht: O Gott, mein Gott! Schmücke die Häupter Deiner Geliebten mit der Krone der Loslösung und kleide ihre Tempel mit dem Gewande der Rechtschaffenheit.
Es geziemt dem Volke Bahás, durch die Macht seiner Rede dem Herrn zum Siege zu verhelfen und die Menschen durch edle Taten und guten Charakter zu ermahnen, zumal Taten größeren Einfluß üben als Worte.
O Ḥaydar-‘Alí!A30 Mit dir seien der Lobpreis Gottes und Seine Herrlichkeit. Sprich: Ehrlichkeit, Tugend, Weisheit und ein heiliger Charakter gereichen dem Menschen zur Ehre, während ihn Unredlichkeit, Schwindel, Unwissenheit und Heuchelei in Erniedrigung stürzen. Bei Meinem Leben! Nicht im Schmuck und Reichtum liegt des Menschen Adel, sondern in tugendsamem Verhalten und wahrem Verständnis. Das Volk Persiens ist zumeist in Trug und leeren Wahn verstrickt. Wie unermeßlich ist der Unterschied zwischen dem Zustand dieser Menschen und der Stufe jener tapferen Seelen, die das Meer der Namen überquert und ihre Zelte an den Seegestaden der Loslösung aufgeschlagen haben. Fürwahr, nur wenige Zeitgenossen haben den Vorzug erworben, auf das Gurren der Tauben des allhöchsten Paradieses zu lauschen. »Nur wenige Meiner Diener sind wahrhaft dankbar.«Q8 Die meisten Menschen finden Gefallen an ihrem Aberglauben. Einen einzigen Tropfen aus der See des Wahns halten sie für köstlicher als ein Meer an Gewißheit. Sie halten sich krampfhaft an Namen und berauben sich dadurch der inneren Wirklichkeit; sie klammern sich an leeren Trug und bleiben so dem Morgenlicht himmlischer Zeichen fern. Gebe Gott, daß dir in jeder Lage gnädiglich geholfen werde, die Götzen des Aberglaubens zu zerschlagen und die Schleier menschlichen Wahns zu zerreißen. Alle Gewalt liegt in der Hand Gottes, des Urquells der Offenbarung und Eingebung, des Herrn am Tage der Auferstehung.
Wir hörten, was die fragliche Person über gewisse Glaubenslehrer äußerte. In der Tat hat sie wahr gesprochen. Manche achtlosen Seelen ziehen im Namen Gottes durch die Lande, emsig bemüht, Seine Sache zugrunde zu richten, und nennen das Förderung und Lehre des Wortes Gottes, obwohl die Erfordernisse für die Lehrer des Glaubens strahlend wie Sterne von den Himmeln der göttlichen Sendschreiben herniederscheinen. Jeder Redlichgesinnte bezeugt und jeder Einsichtige weiß, daß der eine wahre Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – ohne Unterlaß das darlegt und entwickelt, was die Menschenkinder in ihrem Rang erhöht und in ihrer Stufe hebt.
Das Volk Bahás brennt hell wie eine Kerze inmitten der Versammlungen und hält sich an das, was Gott zum Ziel gesetzt hat. Hoch erhebt sich diese Stufe über alle anderen Stufen. Wohl dem, der von sich wirft, was die Weltmenschen besitzen, aus Sehnsucht nach dem, was Gottes ist, des einzigen Herrn der Ewigkeit.
Sprich: O Gott, mein Gott! Du siehst, wie ich Deinen Willen umkreise, die Augen auf den Morgenhimmel Deiner Großmut gerichtet, im heftigen Verlangen nach dem Strahlenglanz der Sonne Deiner Gunst und Gnade. Ich bitte Dich, o Du Geliebter jedes verstehenden Herzens, Du Sehnsucht derer, die nahen Zugang zu Dir haben, gewähre, daß sich Deine Geliebten völlig loslösen von ihren eigenen Neigungen und sich fest an das halten, was Dir wohlgefällt. Kleide sie, o Herr, in das Gewand der Rechtschaffenheit und erleuchte sie mit dem strahlenden Lichte der Loslösung. Rufe sodann die Heerscharen weiser Rede zu ihrer Hilfe, auf daß sie Dein Wort unter Deinen Geschöpfen erhöhen und Deine Sache vor Deinen Dienern verkünden. Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst, und in Deinem Griff liegen die Zügel allen Geschehens. Kein Gott ist außer Dir, dem Mächtigen, dem Ewigvergebenden.
O du, der du den Blick auf Mein Antlitz richtest! In diesen Tagen ist eingetreten, was Mich in tiefen Gram gestürzt hat. Missetäter, die der Sache Gottes Treue bekunden, haben begangen, was der Aufrichtigkeit, der Ehrlichkeit, der Gerechtigkeit und der Billigkeit die Glieder zittern ließ. Eine bekannte Person, der höchste Freundlichkeit und Gunst bezeigt worden war, hat Taten verübt, die selbst Gott Tränen in die Augen trieben. Ehedem äußerten Wir Worte der Warnung und der Vorahnung; dann hielten Wir die Sache eine Reihe von Jahren geheim, damit er sich in acht nehme und bereue. Aber alles war vergeblich. Schließlich sammelte er seine ganze Kraft, um die Sache Gottes vor den Augen aller Menschen herabzusetzen. Er zerriß die Schleier der Redlichkeit und empfand Mitleid weder mit sich selbst noch mit dem Glauben Gottes. Jetzt aber haben die Taten gewisser Menschen weit schwereres Leid gebracht, als die Taten dieses einen je bewirkt hatten. Flehe du zu Gott, dem Wahren, Er möge die Achtlosen gnädiglich zum Widerruf und zur Reue befähigen. Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Gabenreiche, der Großmütige.
Heutzutage hat jeder die Pflicht, beharrlich Einheit und Eintracht zu wahren und fleißig für die Förderung der Sache Gottes zu wirken, damit die eigensinnigen Seelen erreichen, was ihnen dauerhafte Wohlfahrt bringt.
Kurz, Meinungsverschiedenheiten zwischen Sekten führen zu Schwäche. Jede Sekte hat sich einen eigenen Weg ausgesucht und hält sich an ein bestimmtes Seil. Trotz offenkundiger Blindheit und Unwissenheit brüsten sie sich mit ihrer Einsicht und Erkenntnis. Unter ihnen sind Mystiker, die sich zum Glauben des Islám bekennen, von denen aber manche sich herausnehmen, was zu Müßiggang und Absonderung führt. Ich schwöre bei Gott! Dies erniedrigt die Stufe des Menschen und bläht ihn mit Stolz auf. Der Mensch muß Frucht tragen. Wer keine Frucht bringt, gleicht nach den Worten des GeistesA31 einem unfruchtbaren Baum, und ein unfruchtbarer Baum taugt nur für das Feuer.A32
Was die vorerwähnten Personen über die Stufen der göttlichen Einheit behaupten, wird in erheblichem Umfang zu Müßiggang und leerem Wahn führen. Diese sterblichen Menschen schieben offensichtlich die Stufenunterschiede beiseite und betrachten sich selbst als Gott, wo doch Gott unermeßlich erhaben über alle Dinge ist. Jedes erschaffene Wesen offenbart zwar Gottes Zeichen; diese sind indessen nur von Ihm, nicht Er selbst. Alle Zeichen spiegeln sich im Buche des Seins und sind dort sichtbar. Die Schriftrollen, welche den Bauplan des Alls aufzeichnen, sind fürwahr ein machtvolles Buch. Jeder Einsichtige kann daraus entnehmen, was ihn auf den Geraden Pfad führt und ihn befähigt, zur Großen Verkündigung zu gelangen. Betrachte die Strahlen der Sonne, deren Licht die Welt umfängt. Diese Strahlen gehen von der Sonne aus und offenbaren deren Wesen, aber sie sind nicht die Sonne selbst. Alles, was auf Erden wahrgenommen werden kann, beweist zur Genüge die Macht Gottes, Sein Wissen und die Ausgießungen Seiner Großmut, während Er selbst unermeßlich erhaben über alle Geschöpfe ist.
Christus sagt: »Den Kindern hast Du gewährt, was den Gelehrten und Weisen versagt ist.«A33 Der Weise von SabzivárA34 sagte: »Ach! Es fehlt an offenen Ohren; sonst wäre das Rascheln des Busches vom Sinai aus jedem Baum zu hören.« In einem Sendbrief an einen Gelehrten, der über die Bedeutung der Ersten Wirklichkeit anfragte, wandten Wir Uns an jenen berühmten Weisen mit den Worten: »Wenn dieser Ausspruch wirklich von dir stammt, wie kommt es dann, daß du versäumtest, auf den Ruf zu hören, den der Baum des Menschen auf den höchsten Höhen der Welt erhoben hat? So du den Ruf gehört hast, aber die Furcht und das Verlangen, dein Leben zu bewahren, dich antrieben, seiner nicht zu achten, gehörst du zu denen, die nie der Erwähnung wert waren, und wenn du den Ruf nicht gehört hast, bist du des Gehörsinns beraubt.« Kurz gesagt, dies sind Menschen, deren Worte der Stolz aller Welt und deren Taten die Schmach der Völker sind.
Wahrlich, wir haben in die Posaune gestoßen, die nichts anderes als Meine Feder der Herrlichkeit ist, und siehe, die Menschheit ist vor ihr in Ohnmacht gesunken, ausgenommen die, welche Gott zu erlösen geruht als Zeichen Seiner Gnade. Er ist der Herr der Großmut, der Altehrwürdige der Tage.
Sprich: O Schar der Geistlichen! Fällt ihr euer Urteil gegen diese Feder, bei deren erstem Strich das Reich der Rede sich zu lauschen anschickte, vor deren mächtiger, allherrlicher Aussage jede andere Aussage zur Bedeutungslosigkeit verblaßte? Fürchtet Gott und folgt nicht euren eitlen Trugbildern und verderbten Einbildungen; folgt vielmehr Ihm, der zu euch gekommen ist, belehnt mit unbestreitbarer Erkenntnis und unerschütterlicher Gewißheit.
Verherrlicht sei Gott! Des Menschen Schatz ist seine Rede; doch dieser Unterdrückte hat Seine Zunge gehütet, weil die Zweifler auf der Lauer liegen. Aber Schutz wird gewährt von Gott, dem Herrn aller Welten. Wahrlich, auf Ihn setzen Wir Unser Vertrauen, und Ihm befehlen Wir alle Angelegenheiten an. Allgenügend ist Er für Uns und für alles Erschaffene. Mit Seiner Erlaubnis und durch die Macht Seines Befehls leuchtet die Sonne der Allmacht strahlend vom Horizont der Welt. Wohl dem, der die Wahrheit erkennt und anerkennt, und wehe dem trotzigen Zweifler!
Dieser Unterdrückte hat allzeit die Weisen mit Zuneigung behandelt. Mit den Weisen sind Menschen gemeint, deren Erkenntnis nicht auf bloße Worte beschränkt ist, die in ihrem Leben Früchte tragen und bleibende Ergebnisse zeitigen. Es ist jedermanns Pflicht, solche gesegneten Seelen zu ehren. Glücklich ist, wer Gottes Gebote hält; glücklich, wer die Wahrheit erkennt; glücklich, wer in allen Dingen redlich urteilt und sich fest an das Seil Meiner unverbrüchlichen Gerechtigkeit klammert.
Das Volk Persiens hat sich von Ihm, dem Helfer und Beschützer, abgekehrt. Sie klammern sich an der Toren leeren Wahn und haben sich darin verstrickt. So fest krallen sie sich an Aberglauben, daß nur der starke Arm Gottes – erhaben ist Seine Herrlichkeit – sie davon trennen kann. Flehe du zum Allmächtigen, Er möge mit den Fingern göttlicher Macht die Schleier entfernen, welche die verschiedenen Völker und Geschlechter von Ihm ausschließen, damit sie erlangen, was Sicherheit, Fortschritt und Entwicklung bewirkt, und zu ihrem unvergleichlichen Freunde hineilen.
Das Wort Gottes, das die Feder Abhá offenbarte und auf dem
ersten Blatt
des Erhabensten Paradieses niederschrieb, ist: Wahrlich, Ich sage: Die Gottesfurcht war von jeher ein sicherer Schutz und eine feste Burg für alle Völker der Welt. Sie ist die Hauptursache für den Schutz der Menschheit und das vortrefflichste Mittel ihrer Erhaltung. Es gibt eine Kraft im Menschen, die ihn beschützt und bewahrt vor dem, was unwürdig und unpassend ist; sie ist bekannt als sein Schamgefühl. Aber nur wenigen ist es beschieden; keineswegs besaßen oder besitzen es alle.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
zweiten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: Die Feder des Höchsten ermahnt in diesem Augenblick die Offenbarungen der Obrigkeit und die Quellen der Macht, nämlich die Könige, die Fürsten, die Staatsoberhäupter, die Herrscher, die Geistlichen und die Gelehrten, und befiehlt ihnen, die Sache der Religion zu verfechten und ihr anzuhangen. Religion ist wahrlich das vortrefflichste Mittel zur Errichtung der Ordnung in der Welt und für die Ruhe ihrer Völker. Die Schwäche der Pfeiler der Religion hat die Toren gestärkt und sie dreist und noch anmaßender gemacht. Wahrlich, Ich sage: Je schlimmer die Religion verfällt, desto widerspenstiger werden die Gottlosen. Dies kann letztlich nur in Chaos und Gesetzlosigkeit enden. Hört auf Mich, o ihr Einsichtsvollen, und seid gewarnt, o ihr, die ihr Unterscheidungsvermögen besitzet!
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
dritten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, lautet: O Sohn des Menschen! Wenn du auf Barmherzigkeit siehst, dann gib auf, was dir Nutzen bringt, und halte dich an das, was der Menschheit nützt. Und wenn du auf Gerechtigkeit siehst, dann wähle für deinen Nächsten, was du für dich selbst wählst. Demut erhebt den Menschen zum Himmel des Ruhmes und der Macht, Stolz dagegen erniedrigt ihn zu Schmach und Schande.
O Volk Gottes! Groß ist dieser Tag und mächtig der Ruf! In einem Unserer Sendschreiben haben Wir diese erhabenen Worte offenbart: »Wenn die Welt des Geistes ganz auf den Gehörsinn übertragen wäre, könnte dieser beanspruchen, würdig zu sein, auf die Stimme, die vom Höchsten Horizonte aus ruft, zu lauschen; denn anders sind diese Ohren, durch Lügen besudelt, niemals aufnahmefähig.« Wohl denen, die hören, und wehe den Achtlosen!
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
vierten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist das folgende: O Volk Gottes! Flehet zu Gott, dem Wahren – verherrlicht sei Sein Name –, daß Er die Offenbarungen der Macht und Herrschaft gnädig vor den Einflüsterungen selbstischer Begierden beschirme und den Strahlenglanz der Gerechtigkeit und der Führung auf sie ergieße.
Trotz seines hohen Ranges verübte Seine Majestät Muḥammad Sháh zwei abscheuliche Taten. Die eine war der Befehl, den Herrn im Reiche der Gnade und Großmut, den Ersten Punkt, zu verbannen; die andere der Mord am Fürsten über die Stadt der Staatskunst und der literarischen Vollendung.A35
Groß wie der Könige Vorzüge können ihre Fehler sein. Ein König, den die Hoffart der Macht und Gewalt nicht davon ablenkt, Gerechtigkeit zu wahren, und der sich nicht durch Luxus, Schätze, Ruhm oder das Gepränge von Heerscharen des Sonnenglanzes der Redlichkeit beraubt, wird einen hohen Rang und eine erhabene Stufe unter den himmlischen Heerscharen einnehmen. Jeder hat die Pflicht, einer derart edlen Seele Hilfe angedeihen zu lassen und ihr Freundlichkeit zu bezeigen. Wohl dem König, der seine Leidenschaft am kurzen Zügel hält, seinen Zorn bezähmt und gerechtem Augenmaß den Vorzug gibt vor Unrecht und Tyrannei.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
fünften Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, besagt: Vor allem anderen ist die größte Gabe und der wunderbarste Segen seit jeher und in aller Zukunft die Weisheit. Sie ist des Menschen unfehlbare Beschützerin. Sie hilft ihm und stärkt ihn. Die Weisheit ist Gottes Botin; sie enthüllt Seinen Namen, der Allwissende. Durch sie wird des Menschen Stufe in ihrer Erhabenheit offenbar und augenscheinlich. Sie ist allwissend und die vornehmste Lehrerin in der Schule des Seins. Die Führerin ist sie, mit hehrer Würde bekleidet. Ihr erzieherischer Einfluß hat irdische Wesen mit perlengleichem Geist erfüllt, der alle Himmel überstrahlt. In der Stadt der Gerechtigkeit ist sie unangefochten die Sprecherin, die im Jahre neunA36 die Welt mit der frohen Botschaft dieser Offenbarung erleuchtete. Und es war diese unvergleichliche Quelle der Weisheit, die zu Anbeginn der Welt die Stufen innerer Bedeutung erklomm, und als sie auf der Kanzel der Rede thronte, sprach sie durch das Wirken des göttlichen Willens zwei Worte. Das erste kündete die Verheißung des Lohnes, das zweite grollte unheilvoll die Warnung vor Strafe. Die Verheißung brachte Hoffnung hervor, die Warnung zeugte Furcht. So ward der Weltordnung auf diesen beiden Sätzen ein fester Grund gelegt. Erhaben ist der Herr der Weisheit, der Besitzer großer Gabenfülle.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
sechsten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist dieses: Der Menschen Licht ist die Gerechtigkeit. Löscht es nicht durch die Stürme der Unterdrückung und der Tyrannei. Der Zweck der Gerechtigkeit ist das Zustandekommen von Einheit unter den Menschen. Das Meer göttlicher Weisheit wogt in diesem erhabenen Wort, und alle Bücher der Welt können seine innere Bedeutung nicht fassen. Würde die Menschheit mit diesem Gewande geschmückt, sie würde die Sonne des Spruches »An jenem Tage wird Gott alle aus Seiner Fülle befriedigen«Q9 hell am Horizont der Welt strahlen sehen. Schätzet den Wert dieses Spruches; er ist eine edle Frucht, die der Baum der Allherrlichen Feder gezeitigt hat. Glücklich der Mensch, der ihm sein Ohr leiht und sein Gebot befolgt. Wahrlich, Ich sage: Alles, was vom Himmel des göttlichen Willens herniederkommt, ist Mittel für Errichtung von Ordnung in der Welt und fördert Einheit und Freundschaft zwischen ihren Völkern. So spricht die Zunge dieses Unterdrückten aus Seinem Größten Gefängnis.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
siebenten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: O ihr Weisen unter den Nationen! Schließt eure Augen vor Entfremdung; sodann richtet euren Blick auf die Einheit. Haltet euch beharrlich an das, was der ganzen Menschheit Wohlfahrt und Ruhe bringt. Diese Handbreit Erde ist nur eine Heimat und eine Wohnstatt. Euch geziemt es, alle Hoffart aufzugeben, weil sie Entfremdung schafft, und eure Herzen auf das zu richten, was Eintracht stiftet. Nach dem Urteil des Volkes Bahás liegt des Menschen Ruhm in seiner Erkenntnis, seinem aufrechten Verhalten, seinem lobenswerten Charakter und seiner Weisheit, nicht in Rang und Volkszugehörigkeit. O Volk auf Erden! Achtet den Wert dieses himmlischen Wortes. Fürwahr, es gleicht einem Schiff für das Meer der Erkenntnis, einem strahlenden Licht für das Reich der Wahrnehmung.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
achten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, lautet: Schulen müssen die Kinder zuerst in den Grundsätzen der Religion erziehen, so daß Verheißung und Drohung, wie sie in den Büchern Gottes geschrieben stehen, die Kinder von Verbotenem abhalten und mit dem Mantel der Gebote schmücken; aber dies muß in solchem Maß geschehen, daß es die Kinder nicht durch Abgleiten in eifernde, bigotte Unwissenheit schädigt.
Die Vertrauensleute des Hauses der Gerechtigkeit haben über jene Dinge zu beraten, die nicht ausdrücklich im Buche offenbart sind, und zu vollziehen, was sie für gut halten. Gott wird ihnen wahrlich eingeben, was Er will, und Er ist, wahrlich, der Versorger, der Allwissende.
Wir bestimmten bereits, daß die Menschen sich in zwei Sprachen verständigen sollten; aber es müssen Anstrengungen unternommen werden, sie auf eine zu beschränken, ebenso die Schriftarten der Welt, damit die Menschen nicht mit dem Erlernen verschiedener Sprachen ihr Leben verschwenden und vergeuden. So wird schließlich die ganze Erde als eine Stadt und ein Land betrachtet.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
neunten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: In allen Dingen ist Mäßigung wünschenswert. Wird etwas übertrieben, so erweist es sich als Quell des Unheils. Seht auf die Zivilisation des Westens, wie sie die Völker der Welt aufwühlt und beunruhigt. Eine Höllenmaschine wurde ausgeheckt und erweist sich als Waffe der Zerstörung, so grausam, wie man es nie zuvor gesehen oder gehört hat. Reinigung von dieser tiefverwurzelten, alles überflutenden Verderbnis ist nur möglich, wenn sich die Völker der Welt im Verfolg eines gemeinsamen Zieles vereinen und einen allumfassenden Glauben annehmen. Neigt euer Ohr dem Ruf dieses Unterdrückten und haltet euch fest an den Geringeren Frieden!
Seltsame, verblüffende Dinge gibt es in der Erde; aber sie sind dem Geist und Verständnis der Menschen verborgen. Diese Dinge sind imstande, die ganze Erdatmosphäre zu verwandeln, und eine Verseuchung mit ihnen wäre tödlich. Großer Gott! Wir haben etwas Wunderbares gesehen. Der Blitz oder eine ähnliche Kraft wird von einem Menschen, der eine Maschine bedient, gesteuert und bewegt sich nach seinem Befehl. Unermeßlich erhaben ist der Herr der Macht, der offenlegt, was Er durch die Kraft Seines gewichtigen, Seines unüberwindlichen Geheißes beabsichtigt.
O Volk Bahás! Jedes einzelne Gebot, das Wir offenbarten, ist eine feste Burg für die Welt des Daseins und ihren Schutz. Wahrlich, dieser Unterdrückte wünscht nur eure Sicherheit und eure Würde.
Wir ermahnen die Mitglieder des Hauses der Gerechtigkeit und befehlen ihnen, für Schutz und Sicherheit der Männer, Frauen und Kinder zu sorgen. Es ist ihre Pflicht, allzeit und in jeder Lage den Interessen des Volkes höchste Beachtung zu schenken. Selig ist der Herrscher, der dem Gefangenen beisteht, und der Reiche, der für den Armen sorgt, und der Gerechte, der vor dem Frevler die Rechte der Unterdrückten wahrt, und glücklich ist der Treuhänder, der befolgt, was ihm der Gesetzgeber, der Altehrwürdige der Tage, vorgeschrieben hat.
O Ḥaydar-‘Alí! Meine Herrlichkeit und Mein Lobpreis seien mit dir. Meine Ratschläge und Ermahnungen haben die Welt umfangen. Aber anstatt Frohsinn und Freude zu vermitteln, bewirken sie Schmerzen, weil manche unter denen, die Liebe zu Mir bekunden, hochmütig geworden sind und Mir Leiden zufügen, wie sie weder die Anhänger früherer Religionen noch die Geistlichen Persiens Mir je zugefügt haben.
Wir haben gesagt: »Meine Gefangenschaft grämt Mich nicht, noch bedrückt Mich, was Mir die Hände Meiner Feinde zufügen. Was Mich härmt, ist das Verhalten Meiner Geliebten, die zwar Meinen Namen tragen, aber Taten begehen, die Mein Herz und Meine Feder zum Klagen bringen.« Solche Worte wurden immer wieder offenbart, doch die Achtlosen versäumten, daraus Nutzen zu ziehen, denn sie sind in ihren üblen Leidenschaften und verderbten Begierden gefangen. Flehe du zum einen wahren Gott, Er möge sie befähigen, Reue zu üben und zu Ihm zurückzukehren. Solange sich der Mensch seinen Trieben und Leidenschaften hingibt, werden Sünden und Verbrechen vorherrschen. Wir hegen die Hoffnung, daß die Hand göttlicher Macht und die Ströme himmlischer Gnadengaben alle Menschen stärken, sie mit dem Gewande des Verzeihens und der Großmut schmücken und sie vor allem bewahren, was Seiner Sache unter Seinen Dienern schadet. Er ist in Wahrheit der Kraftvolle, der Allmächtige, und Er ist der Immervergebende, der Barmherzige.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
zehnten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: O Volk der Erde! Einsiedelei und Askese sind in Gottes Gegenwart nicht annehmbar. Den Einsichtigen und Verständigen frommt die Beobachtung dessen, was strahlende Freude bewirkt. Bräuche, aus eitlem Wahn gezeugt oder aus dem Schoß des Aberglaubens geboren, stehen dem Wissenden übel an. Früher und in neuerer Zeit hausten manche Menschen in Bergeshöhlen, andere zogen sich des Nachts auf Friedhöfe zurück. Sprich: Höret auf den Rat dieses Unterdrückten. Laßt, was unter euch im Schwange ist, und übernehmt, was euch der getreue Ratgeber gebietet. Beraubt euch nicht selbst der Wohltaten, die um euretwillen erschaffen sind.
Barmherzige Werke sind in den Augen Gottes wohlgefällig und des Lobes würdig; sie sind als ein Fürst aller edlen Taten anzusehen. Bedenket und erinnert euch, was der Allbarmherzige im Qur’án offenbart hat: »Sie ziehen jene sich selber vor, auch wenn Armut ihr eigenes Schicksal ist. Gut wird es um die bestellt sein, die vor ihrer eigenen Habsucht bewahrt sind.«Q10 In diesem Lichte betrachtet, ist das obenstehende gesegnete Wort fürwahr die Sonne aller Worte. Selig ist, wer seinen Bruder sich selbst vorzieht. Wahrlich, ein solcher Mensch wird kraft des Willens Gottes, des Allwissenden, des Allweisen, zum Volke Bahás gezählt, das in der Roten Arche wohnt.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
elften Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, lautet: Wir gebieten den Wahrzeichen Seiner Namen und Eigenschaften, hinfort fest bei dem zu bleiben, was in dieser Größten Offenbarung dargelegt ist, keinen Streit zu verursachen und bis zum Ende, das kein Ende kennt, ihre Augen auf das Morgenlicht der in diesem Sendbrief verzeichneten strahlenden Worte gerichtet zu halten. Streit führt zu Blutvergießen und schafft Aufruhr im Volke. Hört auf die Stimme dieses Unterdrückten und geht nicht davon ab.
Wollte jemand im Herzen darüber nachdenken, was in dieser Offenbarung aus der Feder der Herrlichkeit strömt, er wäre versichert, daß dieser Unterdrückte mit allem, was Er erklärte und bestätigte, sich niemals selbst Rang und Namen verschaffen wollte. Sein Ziel ist vielmehr, durch hehre Worte die Seelen zum Gipfel überragender Herrlichkeit hinzuziehen und ihren Blick für das zu schärfen, was die Völker der Welt vom Hader und Zwist um religiöse Unterschiede läutert und reinigt. Dies bezeugen Mein Herz, Meine Feder, Mein inneres und äußeres Wesen. Gebe Gott, daß sich alle Menschen den Schätzen zuwenden, die in ihrem eigenen Wesen verborgen ruhen.
O Volk Bahás! Die Quelle für Handwerk, Kunst und Wissenschaft ist die Macht des Gedankens. Gebt euch alle Mühe, daß aus dem Bergwerk eures Geistes solche Edelsteine der Weisheit und der Rede aufleuchten, die bei allen Geschlechtern auf Erden Wohlfahrt und Eintracht fördern.
In jeder Lage, in Glück und Not, ob geehrt oder leidgeprüft, befiehlt dieser Unterdrückte allen Menschen, einander Liebe, Zuneigung, Mitleid und Eintracht zu bezeigen. Doch wann immer das geringste Zeichen des Fortschritts und der Entwicklung sichtbar ward, stürzten die hinter den Schleiern Verborgenen hervor und äußerten Verleumdungen, die schlimmere Wunden schlugen als das Schwert. Sie halten sich an irreführende, verwerfliche Worte und bleiben des Weltmeeres der göttlich offenbarten Verse beraubt.
Ohne diese undurchlässigen Schleier wäre Persien innerhalb von etwa zwei Jahren durch die Macht der Rede unterworfen worden, Regierung und Volk wären erhöht, das Höchste Ziel wäre unverhüllt und unverschleiert in der Fülle seiner Herrlichkeit erschienen. Kurz, Wir haben alles gesagt, was zu sagen war – manchmal in deutlicher Sprache, manchmal in Andeutungen. Wäre Persien erst wieder erweckt, so wehten die süßen Düfte des Wortes Gottes über alle Länder dahin, führt doch das, was der Erhabensten Feder entströmt, bei allen Völkern und Geschlechtern auf Erden zu ruhmreicher Entwicklung und Erziehung. Es ist fürwahr das wirksamste Heilmittel für jede Krankheit, könnten sie es nur begreifen und verstehen.
Kürzlich gelangten die Afnán und Amín – mit ihnen seien Meine Herrlichkeit und Meine Gnade – in Unsere Gegenwart, und sie schauten Unser Antlitz; desgleichen sind Nabíl, der Sohn Nabíls und der Sohn Samandars – mit ihnen seien die Herrlichkeit Gottes und Seine Gnade – anwesend und haben den Kelch der Wiedervereinigung geleert. Wir flehen zu Gott, daß Er das Gute dieser und der nächsten Welt gnädiglich für sie verordne und daß die Ausgießungen Seiner Segnungen und Gnadengaben aus dem Himmel Seiner Großmut und aus den Wolken Seines sanften Erbarmens auf sie herniederkommen. Wahrlich, von allen, die Barmherzigkeit zeigen, ist Er der Barmherzigste, und Er ist der Gnädige, der Wohltätige.
O Ḥaydar-‘Alí! Dein anderer Brief, den du durch ihn sandtest, der den Titel JúdA37 trägt, hat Unseren heiligen Hof erreicht. Gepriesen sei Gott! Er war geschmückt mit dem Lichte göttlicher Einheit und Loslösung, entflammt vom Feuer der Liebe und Zuneigung. Bete zu Gott, Er möge den Augen scharfe Sicht verleihen und sie mit neuem Licht erleuchten, damit sie erkennen, was einzig und unvergleichlich ist.
Heute strahlen die Verse des Mutterbuches unverkennbar wie die Sonne. Keineswegs können sie mit Reden aus vergangener oder neuerer Zeit verwechselt werden. Fürwahr, dieser Unterdrückte wünscht nicht, Seine eigene Sache mit Beweisen darzustellen, die andere erbringen. Er ist es, der alles andere umfaßt, während alles andere außer Ihm umgrenzt ist. Sprich: O Volk, leset, was euch geläufig ist, und Wir werden lesen, was Uns zugehört. Ich schwöre bei Gott! Weder die Völker der Welt mit ihrem Lobpreis noch die Geschlechter der Erde mit allem, was sie besitzen, sind der Erwähnung wert vor dem Gedenken Seines Namens. Dies bezeugt Er, der in jeder Lage verkündet: »Wahrlich, Er ist Gott, der unumschränkte Gebieter am Tage der Abrechnung, der Herr des mächtigen Thrones.«
Verherrlicht sei Gott! Man staunt, mit welchem Grund und Vorwand sich die Ungläubigen im Volk des Bayán vom Herrn allen Seins abkehren. In Wirklichkeit überragt die Stufe dieser Offenbarung den Rang all dessen, was in der Vergangenheit offenbart wurde oder in der Zukunft offenbart werden wird.
Wäre der Punkt des Bayán heute zugegen und zögerte Er – Gott bewahre! –, diese Sache anzuerkennen, dann träfen Ihn die höchst gesegneten Worte Seines eigenen Bayán. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Rechtmäßig ist es für Ihn, den Gott offenbaren wird, selbst den Größten auf Erden zu verwerfen.« Sprich: O ihr Verständnislosen! Heute verkündet jenes Erhabenste Wesen: »Wahrlich, wahrlich, ich bin der erste, der Ihn anbetet.« Wie seicht ist der Wissensschatz der Menschen, wie schwach ihre Wahrnehmungskraft. Unsere Feder der Herrlichkeit bezeugt ihre elende Armut und den Reichtum Gottes, des Herrn aller Welten.
Gepriesen und verherrlicht ist Er, der die Schöpfung ins Leben rief. Er ist die allüberragende Wahrheit und weiß um das Unsichtbare. Das Mutterbuch ist offenbart, und der Herr der Großmut hat den gesegneten Thron der Herrlichkeit eingenommen. Der Morgen bricht an, doch das Volk versteht es nicht. Die Zeichen sind angekündigt, während Er, der sie enthüllt, von offenbarem Leid übermannt wird. Fürwahr, Ich habe erduldet, was die Welt des Seins zum Weinen bringt.
Sprich: O YaḥyáA38, bringe einen einzigen Vers hervor, so du von Gott eingegebenes Wissen besitzest! Diese Worte sprach ehedem Mein Vorläufer, der zur jetzigen Stunde verkündet: »Wahrlich, wahrlich, ich bin der erste, der Ihn anbetet.« Sei redlich, o Mein Bruder! Kannst du dich äußern, wenn du Auge in Auge dem wogenden Meer Meiner Rede gegenüberstehst? Kannst du deine Zunge lösen, wenn dir Meine Feder mit schriller Stimme zu Ohren kommt? Hast du Macht vor den Offenbarungen Meiner Allmacht? Urteile gerecht, Ich beschwöre dich bei Gott, und rufe dir ins Gedächtnis, wie du vor diesem Unterdrückten standest und Wir dir die Verse Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, diktierten. Hab acht, daß der Quell der Falschheit dich nicht von der offenbaren Wahrheit abhalte.
O du, der du den Blick auf Mein Antlitz richtest! Sprich: O ihr Achtlosen! Einem Tropfen zuliebe habt ihr euch des Meeres himmlischer Verse beraubt, und um eines bedeutungslosen Atoms willen habt ihr euch vom Strahlenglanz der Sonne der Wahrheit ausgeschlossen. Wer außer Bahá hat die Kraft, laut vor der Menschheit Angesicht zu künden? Urteilt redlich und gehört nicht zu den Ungerechten! Durch Ihn wogen die Meere, die Geheimnisse sind enthüllt, und die Bäume erheben die Stimme und rufen: Die Reiche von Erde und Himmel sind Gottes, des Offenbarers der Zeichen, des Springquells klarer Beweise. Durchforschet den Persischen Bayán, wie ihn Er, der Vorbote dieser Offenbarung, enthüllte, und schaut darauf mit dem Auge der Redlichkeit. Wahrlich, Er wird euch geradewegs auf Seinen Pfad führen. In diesem Augenblick verkündet Er, was Er vormals äußerte, als Er auf dem Throne Seines erhabensten Namens saß.
Du hast die Geliebten in jenen Landen erwähnt. Gepriesen sei Gott, von ihnen hat jeder die Ehre erlangt, daß der Wahrhaftige – erhaben ist Seine Herrlichkeit – ihrer gedachte, und ihre Namen flossen alle von der Zunge der Größe im Reiche der Rede. Groß ist fürwahr ihr Segen und ihr Glück, denn sie haben den erlesenen Wein der Offenbarung und Eingebung aus der Hand ihres Herrn, des Mitleidvollen, des Barmherzigen, getrunken. Wir flehen zu Gott, Er möge sie so stärken, daß sie unbeugsame Treue wahren, und möge die Heerscharen der Weisheit und der Rede zu ihrer Hilfe senden. Er ist wahrlich der Mächtige, der Allgewaltige. Übermittle ihnen Meine Grüße und künde ihnen die frohe Botschaft, daß die Sonne des Gedenkens aufgegangen ist und vom Horizont der Gunst und Gnade ihres Herrn, des Immervergebenden, des Allbarmherzigen, strahlt.
Du sprachst von Ḥusayn. Wir haben seinen Tempel mit dem Gewande der Vergebung geschmückt und seinem Haupt die Krone des Verzeihens aufgesetzt. Vor allen Menschen sollte er stolz sein auf diese leuchtende, diese strahlende, offenkundige Gnadengabe. Sprich: Sei unverzagt! Nach der Offenbarung dieses gesegneten Verses ist es so, als wärest du neu aus deiner Mutter Schoß geboren. Sprich: Du bist frei von Sünde und Irrtum. Wahrlich, Gott hat dich gereinigt mit dem Lebenswasser Seiner Rede in Seinem Größten Gefängnis. Wir flehen zu Ihm – gesegnet und erhaben ist Er –, dich in Seinem Lobpreis und in der Verherrlichung Seines Ruhmes zu bestätigen und dich zu stärken durch die Macht Seiner unsichtbaren Heerscharen. Wahrlich, Er ist der Allmächtige, der Allgewaltige.
Du erwähntest das Volk von Tár.A39 Wir richten Unser Angesicht auf die Diener Gottes daselbst und raten ihnen, zuerst zu erwägen, was der Punkt des Bayán über diese Offenbarung enthüllte, durch welche alle Namen und Ehrentitel erschüttert sind, die Götzen leeren Wahns zu Staub zerfielen und die Zunge der Größe aus dem Reich der Herrlichkeit verkündete: Bei der Gerechtigkeit Gottes! Der Verborgene Schatz, das Undurchdringliche Geheimnis, liegt vor der Menschen Augen offen und läßt alle Dinge, vergangen oder künftig, frohlocken. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Von allen Ehrungen, die Ich Ihm, der nach Mir kommen wird, gezollt habe, ist die größte Mein schriftliches Bekenntnis, daß keines Meiner Worte Ihn angemessen beschreiben kann, noch irgendeinem Hinweise auf Ihn in Meinem Buche, dem Bayán, vergönnt ist, Seiner Sache gerecht zu werden.«
Im übrigen raten wir ihnen, Gerechtigkeit, Billigkeit, Ehrbarkeit, Frömmigkeit und all das zu wahren, was das Wort Gottes, aber auch ihre eigene Stufe unter den Menschen erhöht. Wahrlich, Ich bin Der, welcher mit Gerechtigkeit ermahnt. Dies bezeugt Er, von dessen Feder Ströme des Erbarmens fließen und aus dessen Rede Lebenswasser für alles Erschaffene quellen. Unermeßlich erhaben ist diese grenzenlose Gnade; unendlich gesegnet ist diese strahlende Gunst.
O Volk von Tár! Hört auf den Ruf Dessen, der tut, was Er will.A40 Wahrlich, Er erinnert euch an das, was euch Gott, dem Herrn der Welten, nahe bringt. Euch kehrt Er Sein Angesicht aus dem Kerker von ‘Akká zu und offenbart um euretwillen, was euer Andenken und eure Namen unsterblich macht in dem Buche, das nicht getilgt werden kann und unberührt bleibt von den Zweifeln der Widerspenstigen. Werft von euch, was unter den Menschen im Schwange ist, und erfasset mit festem Griff, was euch durch den Willen des Verordners, des Altehrwürdigen der Tage, geboten ist. Heute ist der Tag, da der göttliche Lotosbaum laut ruft und spricht: »O Volk! Seht Meine Früchte und Meine Blätter, neigt euer Ohr Meinem Rauschen. Habt acht, daß euch nicht die Zweifel der Menschen vom Licht der Gewißheit abhalten.« Das Meer der Rede kündet und spricht: »O ihr Erdenbewohner! Schaut Meine wogenden Wasser und die Perlen der Weisheit und der Rede, die Ich von Mir gebe. Fürchtet Gott und gehört nicht zu den Achtlosen.«
An diesem Tag feiert das Reich der Höhe ein großes Fest; denn was verheißen war in den heiligen Schriften, ist nun erfüllt. Heute ist der Tag großen Frohlockens. Jeder sollte, voller Freude und Frohsinn, in Lust und Wonne zum Hofe Seiner Nähe eilen und sich vom Feuer der Ferne befreien.
O Volk von Tár! Ergreift mit der Kraft und Macht Meines Namens den Kelch der Erkenntnis und trinkt euch satt, ungeachtet des Volkes der Welt, das Gottes Bund und Testament bricht, Seine Beweise und klaren Merkmale verwirft und an Seinen Zeichen krittelt, die alles im Himmel und auf Erden durchdringen.
Die Zweifler im Volk des Bayán gleichen den Anhängern der Shí‘ah und wandeln in deren Fußstapfen. Überlasse sie ihrem eitlen Trug und leeren Wahn. Sie werden fürwahr zu den Verlorenen gezählt im Buche Gottes, des Allwissenden, des Allweisen. Die Shí‘ah-Geistlichen sind nun allesamt emsig dabei, den Einen Wahren von den Kanzeln herab zu schmähen und anzuklagen. Gnädiger Gott! Auch Dawlat-ÁbádíA41 folgt ihren Wegen. Er stieg auf die Kanzel und äußerte, was Gottes Tafel vor Qual aufschreien und Seine Feder klagen ließ. Sinne nach über sein Verhalten und das des AshrafA42 – mit ihm seien Meine Herrlichkeit und Mein zartes Erbarmen. So erwäge auch diejenigen Geliebten, welche in Meinem Namen zur Stätte des Martyriums eilten und ihr Leben hingaben auf dem Pfade Dessen, der die Sehnsucht der Welt ist.
Die Sache Gottes ist offenbar; sie strahlt hell wie die Sonne, aber die Menschen sind sich selbst zum Schleier geworden. Wir flehen zu Gott, Er möge ihnen gnädig helfen, zu Ihm zurückzukehren. Er ist wahrlich der Vergebende, der Barmherzige.
O Volk von Tár! Wir senden euch Grüße von diesem Ort und bitten Gott – gesegnet und erhaben ist Er –, euch mit der Hand Seiner Gunst den erlesenen Wein der Treue zu reichen. Wahrlich, Er ist der Herr der Großmut, der Gnädige, der Allgepriesene. Überlaßt die Unreifen dieser Welt sich selbst – sie, die sich von selbstischen Begierden leiten lassen und den Trägern eitlen Trugs anhangen. Wahrlich, Er ist euer Helfer und Beistand. Er ist fürwahr mächtig zu tun, was Er will. Kein Gott ist außer Ihm, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Machtvollen, dem Größten.
Ruhm aus Unserer Gegenwart sei mit denen, die ihr Angesicht auf den Morgen Seiner Offenbarung richten, die erkennen und anerkennen, was die Zunge des Wortes spricht im Reiche des Wissens an diesem seligen, diesem herrlichen, unübertrefflichen Tag!
Lawḥ-i-Dunyá (Das Sendschreiben über die Welt)
In Meinem Namen, der laut im Reiche der Rede ruft.
Preis und Dank gebühren dem Herrn offenbarer Herrschaft, der das mächtige Gefängnis mit der Gegenwart der ehrenwerten ‘Alí-Akbar und Amín geschmückt und es mit dem Lichte der Gewißheit, Standhaftigkeit und Sicherheit erleuchtet hat.A43 Die Herrlichkeit Gottes und die Herrlichkeit aller in den Himmeln und auf Erden seien mit ihnen.
Licht und Herrlichkeit, Gruß und Preis seien mit den Händen Seiner Sache, durch die das Licht des Mutes strahlt und die Wahrheit erwiesen wird, daß alle Entscheidung bei Gott liegt, dem Kraftvollen, dem Mächtigen, dem Ungezwungenen, durch die das Meer der Gaben wogt und der Duft der gnädigen Gunst Gottes, des Herrn der Menschheit, sich verbreitet. Wir flehen zu Gott – erhaben ist Er –, sie mit der Macht Seiner Heerscharen zu beschirmen, mit der Gewalt Seiner Herrschaft sie zu schützen und ihnen beizustehen mit Seiner unüberwindlichen Kraft, die alles Erschaffene bezwingt. Die höchste Herrschaft ist bei Gott, dem Schöpfer der Himmel und dem Herrn im Reiche der Namen.
Die große Verkündigung ruft: O Volk Persiens! Ehedem wart ihr die Sinnbilder der Barmherzigkeit, die Verkörperungen der Zuneigung und Güte. Alle Bereiche der Welt waren erleuchtet und geschmückt mit dem hellen Lichte eurer Erkenntnis und dem Glanz eurer Gelehrsamkeit. Wie kommt es, daß ihr euch aufmacht, euch selbst und eure Freunde mit eigenen Händen zu vernichten?
O Afnán, o du, der du Meinem altehrwürdigen Stamm entsprossen bist! Meine Herrlichkeit und Meine Gnade ruhen auf dir. Wie mächtig ist das Heiligtum der Sache Gottes! Es überschattet alle Völker und Geschlechter der Erde und wird bald die ganze Menschheit in seinem Schutze versammeln. Dein Tag des Dienstes ist nun gekommen. Zahllose Tafeln legen Zeugnis ab von den Gaben, die dir gewährt wurden. Erhebe dich für den Triumph Meiner Sache und besiege die Herzen der Menschen durch die Macht deiner Rede. Du mußt verkünden, was den Unglücklichen und Getretenen Frieden und Wohlfahrt sichern wird. Gürte deine Lenden mit deinem Bemühen, damit du den Gefangenen von seinen Ketten befreiest und ihn befähigst, wahre Freiheit zu erlangen.
Gerechtigkeit beklagt an diesem Tage ihren schweren Stand, und Billigkeit stöhnt unter dem Joch der Unterdrückung. Dichte Wolken der Gewalt haben das Antlitz der Erde verfinstert und ihre Völker umhüllt. Durch die Bewegung Unserer Feder der Herrlichkeit haben Wir auf Befehl des allmächtigen Gesetzgebers neues Leben in jede menschliche Hülle gehaucht und frische Kraft in jedes Wort geflößt. Alles Erschaffene verkündet die Beweise dieser weltweiten Erneuerung. Dies ist die größte, die froheste Botschaft, die der Menschheit durch die Feder dieses Unterdrückten übermittelt wurde. Warum fürchtet ihr euch denn, o Meine innig Geliebten? Wer könnte euch erschrecken? Ein Hauch von Feuchtigkeit genügt, um den verhärteten Lehm zu lösen, aus dem dieses verderbte Geschlecht gebildet ist. Die bloße Tat eures Beisammenseins genügt, um die Kräfte dieses eingebildeten, wertlosen Volkes zu zerstreuen.
Streit und Hader passen zu den wilden Tieren. Durch die Gnade Gottes, mit der Hilfe schicklicher Worte und rühmlicher Taten wurden die blanken Schwerter der Bábí-Gemeinde wieder in die Scheide gesteckt. Fürwahr, durch die Macht guter Worte haben die Rechtschaffenen allezeit mit Erfolg die Befehlsgewalt über die grünen Auen der Menschenherzen übernommen. Sprich: O ihr Geliebten! Laßt nicht ab von der Klugheit. Neigt euer Herz den Ratschlägen, die euch die Erhabenste Feder gibt, und hütet euch, daß eure Hand oder eure Zunge nicht irgend jemanden unter der ganzen Menschheit verletze.
Über das Land ṬáA44 haben Wir im Kitáb-i-Aqdas offenbart, was der Menschheit zur Mahnung dienen wird. Wer in der Welt Gewaltherrschaft übt, hat die Rechte der Völker und Geschlechter auf Erden an sich gerissen und folgt emsig seinen selbstischen Neigungen. Der Tyrann des Landes YáA45 beging, was die himmlischen Heerscharen blutige Tränen vergießen ließ.
O du, der du vom Weine Meiner Worte trinkst und dein Angesicht auf den Horizont Meiner Offenbarung richtest! Wie seltsam, daß das Volk Persiens, einst ohnegleichen in Künsten und Wissenschaften, auf die unterste Stufe der Erniedrigung unter den Geschlechtern auf Erden abgesunken ist. O Volk! Beraubt euch nicht an diesem seligen, diesem herrlichen Tage der großzügigen Gabenfülle, die der Herr überströmender Gnade euch verliehen hat. Regenschauer der Weisheit und der Rede fluten heute aus den Wolken göttlicher Barmherzigkeit. Wohl denen, die über Seine Sache redlich urteilen, und wehe den Ungerechten!
Jeder Einsichtige wird an diesem Tage bereitwillig zugeben, daß die Ratschläge, die die Feder dieses Unterdrückten offenbarte, die höchste Triebkraft für den Fortschritt der Welt und die Erhöhung ihrer Völker enthalten. Erhebt euch, o Menschen, und entschließt euch durch die Kraft der göttlichen Macht, den Sieg über euer Selbst zu erringen, damit die ganze Welt aus ihrer Hörigkeit vor den Götzen ihrer leeren Einbildungen erlöst werde – Götzen, die ihren erbärmlichen Anbetern so viel Schaden zugefügt haben und für ihr Elend verantwortlich sind. Diese Trugbilder sind das Hindernis, das den Menschen in seinem Bemühen hemmt, auf dem Pfade der Vervollkommnung voranzuschreiten. Wir hegen die Hoffnung, daß die Hand göttlicher Macht der Menschheit ihre Hilfe gewähre und sie aus ihrem Zustand schmerzlicher Erniedrigung befreie.
Auf einer der Tafeln sind diese Worte offenbart: O Volk Gottes! Seid nicht beschäftigt mit euren eigenen Belangen! Laßt euere Gedanken fest auf das gerichtet sein, was das Glück der Menschheit wiederherstellen und der Menschen Herzen und Seelen heiligen wird. Am besten kann dies durch reine und heilige Taten, durch ein Leben der Tugend und durch edles Betragen vollbracht werden. Mutiges Handeln wird den Sieg dieser Sache sichern, und eine geheiligte Wesensart wird ihre Macht stärken. Halte dich an die Rechtschaffenheit, o Volk Bahás! Dies, wahrlich, ist das Gebot, das euch dieser Unterdrückte gegeben hat, und die erlesene Wahl Seines unumschränkten Willens für jeden von euch.
O Freunde! Es geziemt euch, eure Seele zu erquicken und wiederzubeleben durch die gnädigen Gunstbeweise, die in dieser göttlichen, dieser herzerquickenden Frühlingszeit auf euch herabströmen. Die Sonne Seiner großen Herrlichkeit verbreitet ihren Glanz über euch und die Wolken Seiner grenzenlosen Gnade beschatten euch. Wie erhaben ist der Lohn dessen, der sich einer so großen Wohltat nicht beraubt noch versäumt, die Schönheit seines Meistgeliebten in diesem Seinem neuen Gewande zu erkennen. Wacht über euch, denn der Böse liegt auf der Lauer, bereit, euch zu überlisten. Rüstet euch gegen seine verruchten Anschläge, und, geführt vom Lichte des Namens des Allsehenden Gottes, entflieht der Dunkelheit, die euch umgibt. Laßt eueren Blick weltumfassend sein, anstatt ihn auf euer Selbst zu beschränken. Der Böse ist es, der den Aufstieg hemmt und den geistigen Fortschritt der Menschenkinder aufhält.
Es ist in dieser Zeit eines jeden Menschen Pflicht, sich fest an das zu halten, was das Wohl aller Völker und gerechten Regierungen fördert und ihre Stufe erhöht.
Durch jeden einzelnen Vers, den die Feder des Höchsten offenbarte, sind die Tore der Liebe und Einigkeit erschlossen und weit vor den Augen der Menschheit aufgetan.
Wir haben zuvor erklärt – und Unser Wort ist die Wahrheit –:
»Verkehret mit den Anhängern aller Religionen im Geiste des Wohlwollens und der Brüderlichkeit.«Q11 Was immer die Menschenkinder einander meiden ließ, was Zwietracht und Spaltung unter ihnen hervorrief, ist nun durch die Offenbarung dieser Worte ungültig und abgeschafft.
Aus dem Himmel des göttlichen Willens wurde mit dem Ziel, die Welt des Seins zu veredeln und die Menschen an Geist und Seele emporzuheben, herabgesandt, was das wirksamste Mittel zur Erziehung des ganzen Menschengeschlechts ist.
Der tiefste Sinn und der vollkommenste Ausdruck dessen, was die Völker früherer Zeiten gesagt und geschrieben haben, ist durch diese mächtigste Offenbarung aus dem Himmel des Willens des Allbesitzenden, des Immerwährenden Gottes herabgesandt.
Einst wurde offenbart:
»Die Liebe zum Vaterland ist ein Bestandteil des Gottesglaubens.« Die Zunge der Größe jedoch verkündet am Tage Seiner Offenbarung:
»Es rühme sich nicht, wer sein Vaterland liebt, sondern wer die ganze Welt liebt.« Durch die von diesem erhabenen Wort entfesselte Kraft verleiht Er den Vögeln der Menschenherzen frischen Schwung, weist ihnen eine neue Richtung und tilgt jede Spur von Beschränkung und Begrenzung aus Gottes heiligem Buch.
Dieser Unterdrückte hat dem Volke Gottes verboten, sich in Streit und Hader einzulassen, und hat es zu rechtschaffenen Taten und edlen Charaktereigenschaften ermahnt. Die Heerscharen, die heutzutage den Sieg der Sache Gottes sichern, sind gute Taten und ein angenehmes Wesen. Selig ist, wer diesen standhaft anhangt, und wehe dem, der sich davon abkehrt.
O Volk Gottes! Ich ermahne dich, höflich zu sein, denn Höflichkeit ist vor allem anderen die Fürstin der Tugenden. Gut steht es mit dem, der vom Lichte der Höflichkeit erleuchtet und mit dem Gewande der Aufrichtigkeit bekleidet ist. Der mit Höflichkeit Begabte hat in der Tat eine erhabene Stufe erreicht. Es ist zu hoffen, daß dieser Unterdrückte und alle anderen befähigt werden, Höflichkeit zu erlangen, sicher zu wahren, anzuwenden und unseren Blick auf sie zu heften. Das ist ein bindendes Gebot, das aus der Feder des Größten Namens geströmt ist.
Dies ist der Tag, da die Edelsteine der Beständigkeit aus dem Schatzberg des tiefsten Menschenherzens ans Licht gefördert werden müssen. O Volk der Gerechtigkeit! Sei so strahlend wie das Licht und so leuchtend wie das Feuer, das im Brennenden Busche lodert. Der Glanz des Feuers eurer Liebe wird zweifellos die widerstreitenden Völker und Geschlechter der Erde einen und verschmelzen, wogegen die wilde Flamme der Feindschaft und des Hasses nur zu Streit und Untergang führen kann. Wir flehen zu Gott, daß Er Seine Geschöpfe vor den üblen Ränken Seiner Feinde behüte. Wahrlich, Er hat Macht über alle Dinge.
Aller Ruhm sei dem einen, wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, da Er durch die Feder des Höchsten die Tore der Menschenherzen geöffnet hat. Jeder Vers, den diese Feder offenbarte, ist ein strahlendes, leuchtendes Tor, das die Herrlichkeit eines heiligen, gottesfürchtigen Lebens und reiner, makelloser Taten erschließt. Der Aufruf und die Botschaft, die Wir gaben, sollten niemals nur ein Land oder ein Volk erreichen oder nur diesem zugute kommen. Die Menschheit als Ganzes muß entschlossen dem folgen, was ihr offenbart und gewährt ist. Dann, nur dann wird sie zu wahrer Freiheit gelangen. Die ganze Erde leuchtet in der strahlenden Herrlichkeit der Offenbarung Gottes. Im Jahre sechzig erhob sich Er, der Vorbote des Lichtes göttlicher Führung – möge die ganze Schöpfung ein Opfer für Ihn sein –, um eine neue Offenbarung des göttlichen Geistes anzukündigen. Zwanzig Jahre später folgte Ihm Er, durch Dessen Kommen die Welt zur Empfängerin dieser verheißenen Herrlichkeit, dieser wundersamen Gunst wurde. Sieh, wie die Menschheit allgemein mit der Fähigkeit ausgestattet ist, auf Gottes erhabenstes Wort zu hören – das Wort, von dem die Vorladung und die geistige Auferstehung aller Menschen abhängen muß.
Als Wir im Gefängnis von ‘Akká waren, offenbarten Wir im Roten Buche, was den Fortschritt der Menschheit und den Aufbau der Welt bewirkt. Was der Herr der Schöpfung mit Seiner Feder dort äußerte, enthält unter anderem die folgenden Grundsätze zur Ordnung des gesellschaftlichen Lebens:
Erstens: Die Amtsträger des Hauses der Gerechtigkeit haben die Pflicht, den Geringeren Frieden zu fördern, damit das Erdenvolk der Bürde maßloser Staatsausgaben ledig werde. Diese Aufgabe ist zwingend und absolut wesentlich, zumal Streit und Feindseligkeiten die wahren Ursachen von Leid und Elend sind.
Zweitens: Die Sprachen müssen auf eine gemeinsame Sprache, die in allen Schulen der Welt gelehrt wird, beschränkt werden.
Drittens: Dem Menschen obliegt es, sich beharrlich an das zu halten, was Gemeinschaft, Wohlwollen und Einheit fördert.
Viertens: Jeder, Mann oder Frau, muß einer Vertrauensperson ein Teil seines Ertrages aus Gewerbe, Landwirtschaft oder anderweitiger Beschäftigung für die Ausbildung und Erziehung der Kinder übergeben, damit es für diesen Zweck mit Kenntnis der Vertrauensleute des Hauses der Gerechtigkeit verwendet wird.
Fünftens: Besondere Beachtung muß der Landwirtschaft geschenkt werden. Obwohl sie hier an fünfter Stelle erwähnt wird, hat sie ohne Zweifel den Vorrang. In fremden Ländern ist die Landwirtschaft hoch entwickelt, in Persien jedoch bisher schlimm vernachlässigt worden. Es steht zu hoffen, daß Seine Majestät der Sháh – möge Gott ihm in Seiner Gnade beistehen – dieser wichtigen, lebensnotwendigen Angelegenheit seine Aufmerksamkeit zuwendet.
Hielten sich die Menschen genau an das, was die Feder des Höchsten im Roten Buche offenbart hat, so könnten sie alle Regelungen entbehren, die heute in der Welt wuchern. Gewisse Ermahnungen sind wiederholt aus der Feder des Höchsten geströmt, damit die Offenbarungen der Staatsgewalt und die Dämmerorte der Macht eines Tages befähigt werden, sie zu vollziehen. Fürwahr, wären nur aufrichtige Sucher zu finden, so würde ihnen jede Fügung des alldurchdringenden, unwiderstehlichen Willens Gottes um Seiner Liebe willen entschleiert. Aber wo gibt es ernste Sucher, wo wißbegierige Geister? Wohin sind die Gerechten und die Redlichgesinnten entschwunden? Gegenwärtig vergeht kein Tag ohne daß frisch das Feuer einer Tyrannei auflodert oder neu das Schwert einer Gewalttat aus der Scheide fährt. Gnädiger Gott! Die Mächtigen und der Adel Persiens brüsten sich mit Taten von solcher Barbarei, daß man sich bei den Berichten darüber nur wundern kann.
Tag und Nacht bringt dieser Unterdrückte dem Herrn der Menschen Lob und Dank dar, denn es erweist sich, daß die Worte des Rates und der Mahnung, die Wir äußern, ihre Wirkung tun, und daß dieses Volk eine Charakterstärke und ein Verhalten an den Tag legt, wie sie in Unserer Sicht annehmbar sind. Dies bestätigt ein Ereignis, welches das Auge der Welt wahrhaft erfreut: Die Freunde haben bei den hohen Behörden Fürbitte für ihre Feinde eingelegt. Wahrlich, die guten Taten eines Menschen bezeugen die Wahrheit seiner Worte. Wir hegen die Hoffnung, daß gottesfürchtige Menschen die Welt mit dem strahlenden Licht ihrer Taten erleuchten, und wir flehen zu dem Allmächtigen – verherrlicht und gepriesen ist Er –, Er möge jeden an diesem Tage fest in Seiner Liebe und standhaft in Seiner Sache bleiben lassen. Er ist fürwahr der Beschützer derer, die Ihm ganz ergeben sind und Seiner Richtschnur folgen.
O Volk Gottes! Zahllos sind die Welten, die Unsere Feder der Herrlichkeit entschleiert, und mannigfach die Augen, denen sie wahre Aufklärung verleiht. Doch die Mehrheit des persischen Volkes ist nach wie vor der Wohltaten vorteilhafter Ratschläge beraubt und leidet weiterhin Mangel an nützlichen Künsten und Wissenschaften. Ehedem offenbarte die Feder der Herrlichkeit die folgenden erhabenen Worte zu Ehren eines Getreuen, damit die Verirrten die Wahrheit annehmen und sich mit den Feinheiten des Gesetzes Gottes vertraut machen.
Die Zweifler und die Ungläubigen richten den Sinn auf viererlei: erstens das Blutvergießen, zweitens die Bücherverbrennung, drittens das Meiden der Anhänger anderer Religionen, viertens die Ausrottung anderer Gemeinschaften und Gruppen. Aber nunmehr sind durch die kraftvolle Gnade und Allgewalt des Wortes Gottes diese vier Schranken beseitigt, diese ausdrücklichen Befehle aus Gottes Tafel getilgt und tierische Anlagen in geistige Eigenschaften verwandelt worden. Erhaben ist Sein Ziel, verherrlicht wird Seine Macht, gelobt Seine Herrschaft! Laßt uns nun zu Gott flehen – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, Er möge die Shí‘iten rechtleiten und sie von ungehörigen Verhaltensweisen läutern. Pausenlos träufeln Verwünschungen von ihren Lippen, und das Wort ›Mal‘ún‹A46 mit einem besonders tief aus dem Rachen kommenden ‘Ayn-Laut auszusprechen, ist ihnen täglich ein Genuß.
O Gott, mein Gott! Du hörst die Seufzer Dessen, Der Dein LichtA47 ist. Du lauschest Seinen Klagen bei Tag und bei Nacht und weißt, daß Er nichts für sich selber wünscht, sondern die Seelen Deiner Diener zu heiligen sucht und sie von dem Feuer befreien will, das sie von allen Seiten bedrängt. O Herr! Deine begünstigten Diener erheben die Hände zum Himmel Deiner Großmut, und die Dich aufrichtig lieben, flehen zu den erhabenen Höhen Deiner Freigebigkeit. Ich bitte Dich, enttäusche sie nicht in dem, was sie aus dem Meere Deiner Gunst, vom Himmel Deiner Gnade und von der Sonne Deiner Großmut erhoffen. Hilf ihnen, o Herr, Tugenden zu erwerben, die ihren Rang unter den Völkern der Welt erhöhen. Wahrlich, Du bist der Kraftvolle, der Mächtige, der Großmütigste.
O Volk Gottes! Höret auf das, was Freiheit, Wohlfahrt, Ruhe, Erhabenheit und Fortschritt aller Menschen sichert, wenn es beachtet wird. Gewisse Gesetze und Grundsätze sind für Persien notwendig, ja unabdingbar. Aber es ist angebracht, daß solche Maßnahmen in Übereinstimmung mit den wohlerwogenen Ansichten Seiner Majestät – möge Gott ihm durch Seine Gnade beistehen – sowie der gelehrten Geistlichen und der Stammesfürsten von hohem Rang getroffen werden. Mit ihrem Einverständnis sollte ein Ort bestimmt werden, an dem sie sich treffen. Dort sollten sie sich fest an das Seil der Beratung halten; sie sollten beschließen und vollziehen, was Sicherheit, Wohlfahrt, Wohlstand und Ruhe des Volkes bewirkt. Denn würden andere als solche Maßnahmen ergriffen, so könnten sie nur zu Chaos und Aufruhr führen.
Nach den Grundgesetzen, die Wir bereits früher im Kitáb-i-Aqdas und in anderen Sendbriefen offenbart haben, ist das Gemeinwohl gerechten Königen und Präsidenten sowie den Treuhändern des Hauses der Gerechtigkeit anvertraut. Wer gerecht denkt und urteilt, wird, wenn er über Unsere Verkündigung nachsinnt, mit seinem inneren wie mit seinem äußeren Auge die Sonne der Gerechtigkeit wahrnehmen, wie sie mit ihrem Strahlenglanz daraus hervorleuchtet.
Das Herrschaftssystem, welches das britische Volk in London angenommen hat, scheint gut zu sein; denn es ist sowohl mit dem Lichte des Königtums als auch mit dem der Beratung des Volkes geschmückt.
Bei der Formulierung der Grundsätze und Gesetze ist ein Abschnitt den Strafen gewidmet, die ein wirksames Mittel für die Sicherheit und den Schutz der Menschen darstellen. Strafandrohungen lassen die Menschen jedoch nur äußerlich davon absehen, gemeine, niederträchtige Taten zu begehen. Was den Menschen äußerlich wie innerlich bewahrt und ihn von Untaten abhält, war und ist die Gottesfurcht. Sie ist des Menschen wahrer Schutz, sein geistiger Hüter. Es geziemt ihm, sich beharrlich an das zu halten, was diese höchste Gnadengabe in Erscheinung treten läßt. Wohl dem, der hört, was Meine Feder der Herrlichkeit verkündet, und beachtet, was ihm der Verordner, der Altehrwürdige der Tage, gebietet.
O Volk Gottes, neige dein Herz den Ratschlägen deines wahren, deines unvergleichlichen Freundes! Das Wort Gottes mag mit einem jungen Sämling verglichen werden, dessen Wurzeln in die Herzen der Menschen gepflanzt wurden. Es ist eure Pflicht, sein Wachstum durch die lebendigen Wasser der Weisheit, durch lautere, heilige Worte zu fördern, damit seine Wurzeln festwachsen und seine Zweige sich bis in die Himmel und noch höher ausbreiten.
O ihr, die ihr auf Erden wohnt! Das Unterscheidungsmerkmal für die Einzigartigkeit dieser höchsten Offenbarung besteht darin, daß Wir einerseits aus Gottes Heiligem Buche gelöscht haben, was die Ursache von Streit, Bosheit und Unrecht unter den Menschenkindern gewesen ist, andererseits die wesentlichen Vorbedingungen für Eintracht, Verständigung und völlige, dauernde Einheit niedergelegt haben. Wohl dem, der Meine Gesetze hält.
Immer wieder haben Wir Unsere Geliebten ermahnt, alles zu meiden, ja zu fliehen, was auch nur den Geruch eines Unrechts an sich hat. Die Welt ist in großem Aufruhr und der Geist ihrer Bewohner im Zustand völliger Verwirrung. Wir flehen zum Allmächtigen, daß Er sie gnädig erleuchte durch die Pracht Seiner Gerechtigkeit und sie befähige, dessen gewahr zu werden, was ihnen zu allen Zeiten und unter allen Umständen zum Vorteil gereicht. Er, wahrlich, ist der Allbesitzende, der Höchste.
Bereits früher haben Wir folgende erhabenen Worte geäußert: Wer diesem Unterdrückten treu ergeben ist, der sei befruchtend wie eine Regenwolke zu Zeiten der Nächstenliebe und der Wohltätigkeit, aber wie eine Feuerlohe, wenn es um die Zähmung seines niedrigen, begehrlichen Wesens geht.
Gnädiger Gott! Kürzlich geschah etwas, das große Verwunderung hervorrief. Wie berichtet wurde, begab sich eine gewisse PersonA48 vor den kaiserlichen Thron Persiens, und es gelang ihr, durch ihre Schmeicheleien die Gunst verschiedener Adliger zu erlangen. Wie erbärmlich fürwahr, wie beklagenswert! Man ist erstaunt, wie Menschen, die Sinnbilder der höchsten Herrlichkeit waren, sich nun zu grenzenloser Schande erniedrigen. Was ist aus ihren hohen Vorsätzen geworden? Wohin sind ihre Würde und ihr Ehrgefühl entschwunden? Einst strahlte die Sonne der Herrlichkeit und Weisheit unaufhörlich am Himmel Persiens, aber heutzutage ist sie so tief gesunken, daß sich gewisse Würdenträger von Narren wie Spielzeug behandeln lassen. Die besagte Person hat über dieses Volk in der ägyptischen Presse und in der Beiruter Enzyklopädie Dinge geschrieben, daß die Wohlunterrichteten und Gebildeten bestürzt waren. Sodann begab er sich nach Paris, wo er eine Zeitung mit dem Namen ‘Urvatu’l-VuthqáA49 herausgab und sie in alle Teile der Welt sandte. Er sandte auch eine Ausgabe in das Gefängnis von ‘Akká; damit wollte er Zuneigung bekunden und seine früheren Taten wieder gutmachen. Kurz, dieser Unterdrückte hat über ihn geschwiegen. Wir flehen zu dem einen wahren Gott, Er möge ihn schützen und das Licht des gerechten Augenmaßes auf ihn ergießen. Ihm geziemt zu sprechen:
O Gott, mein Gott! Du siehst mich, wie ich vor der Tür Deiner Güte und Vergebung stehe, wie ich meinen Blick auf den Himmelssaum Deiner großmütigen Gunst und Deines mannigfachen Segens richte. Ich bitte dich bei Deiner süßen Stimme und bei dem schrillen Laut Deiner Feder, o Du Herr der ganzen Menschheit, hilf gnädig Deinen Dienern, wie es Deinen Tagen entspricht und der Herrlichkeit Deiner Manifestation und Deiner Majestät ansteht. Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst. Alle Bewohner der Himmel und der Erde bezeugen Deine Kraft und Deine Macht, Deine Herrlichkeit und Deine Freigebigkeit. Preis sei Dir, Du Herr der Welten, Du Einziggeliebter für das Herz jedes Einsichtsvollen!
Du siehst, o mein Gott, wie das Wesen der Armut das Meer Deines Reichtums sucht, wie sich der Inbegriff der Bosheit nach den Wassern Deiner Vergebung und Deiner sanften Gnade sehnt. Gewähre, o mein Gott, was Deiner großen Herrlichkeit entspricht und der Erhabenheit Deiner grenzenlosen Gnade entspringt. Du bist in Wahrheit der alles Gewährende, der Herr überströmender Gnade, der Gesetzgeber, der Allweise. Kein Gott ist außer Dir, dem Mächtigsten, dem Allbezwingenden, dem Allmachtvollen.
O Volk Gottes! Heute sollte jeder die Augen auf den Horizont der folgenden gesegneten Worte richten: »Allein und ohne Hilfe tut Er, was Ihm gefällt.« Wer diese Stufe erreicht, hat wahrlich das Licht der Wesenseinheit Gottes erlangt und wird davon erleuchtet, während alle anderen im Buche Gottes zum Anhang eitlen Wahns und leeren Trugs gerechnet werden. Neigt euer Ohr der Stimme dieses Unterdrückten und sichert euch eure wahre Stufe. Es ist eine zwingende Notwendigkeit und ein Befehl, daß jeder dies beachte.
Unverhüllt und offen hat dieser Unterdrückte allzeit vor dem Angesicht aller Völker der Welt verkündet, was als Schlüssel zu den Toren der Wissenschaften, der Künste, der geistigen Erkenntnis, des Wohlbefindens, der Wohlfahrt und des Wohlstandes dienen wird. Weder konnte das Unrecht der Unterdrücker den durchdringenden Ton der Erhabenen Feder zum Schweigen bringen, noch vermochten Ihn die Eigensinnigen und die Aufrührer mit ihren Zweifeln daran zu hindern, das Höchste Wort zu offenbaren. Von ganzem Herzen flehe Ich zu Gott, Er möge das Volk Bahás schützen und reinigen von dem eitlen Trug und verderbten Wahn, der die Anhänger des früheren Glaubens beherrscht.
O Volk Gottes! Rechtschaffene, gebildete Menschen, die sich der Führung anderer widmen, die von einer niederen, begehrlichen Wesensart befreit sind und dagegen geschützt bleiben, sind in den Augen Dessen, Der die Sehnsucht der Welt ist, Sterne am Himmel wahrer Erkenntnis. Es ist wichtig, ihnen mit Hochachtung zu begegnen. Sie sind fürwahr Springquellen sanftströmenden Wassers, hell strahlende Sterne, Früchte des seligen Baumes, Träger himmlischer Macht, Meere voll himmlischer Weisheit. Glücklich ist, wer ihnen folgt. Wahrlich, eine solche Seele wird im Buche Gottes, des Herrn des mächtigen Thrones, zu denen gezählt, um die es gut stehen soll.
Die Herrlichkeit, welche aus Gott kommt, dem Herrn des Thrones der Höhe und auf Erden hienieden, sei mit euch, dem Volke Bahás, den Gefährten der Roten Arche, und mit allen, die eurer sanften Stimme ihr Ohr neigen und befolgen, was ihnen in diesem machtvollen, diesem wundersamen Sendbrief geboten ist.
Ishráqát (Die Pracht)
Dies ist der Sendbrief Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
Er ist Gott, erhaben ist Er, der Herr der Weisheit und der Rede.
Preis sei Gott, der einzigartig ist in Seiner Majestät, Kraft und Schönheit, unvergleichlich in Seiner Herrlichkeit, Macht und Hoheit. Zu hoch ist Er, als daß menschliche Vorstellungskraft Ihn begreifen oder Ihm irgend jemanden Seinesgleichen als Gefährten beigesellen könnte. Klar hat Er Seinen geraden Pfad in Worten und Äußerungen von höchster Beredsamkeit aufgezeigt. Wahrlich, Er ist der Allbesitzende, der Erhabenste. Als Er beschloß, die neue Schöpfung ins Sein zu rufen, da sandte Er den offenbaren, leuchtenden Punkt vom Horizonte Seines Willens aus; er ging durch alle Zeichen und offenbarte sich in jeder Form, bis er schließlich den Zenit erreichte, wie es Gott, der Herr aller Menschen, gebot.
Dieser Punkt ist der Brennpunkt im Kreise der Namen, der Gipfelpunkt für die Offenbarungen von Buchstaben in der Welt der Schöpfung. Durch ihn erschienen Hinweise auf das undurchdringliche Geheimnis, das reichgeschmückte Sinnbild, Ihn, der im Größten Namen enthüllt ward; einem Namen, der auf der leuchtenden Tafel niedergelegt und in der heiligen, der gesegneten, der schneeweißen Schriftrolle verzeichnet ist. Und als der Punkt vereint wurde mit dem zweiten BuchstabenA50, der zu Beginn der MatháníA51 erscheint, da durchmaß er die Himmel der Rede und der Auslegung. Dann verströmte das ewige Licht Gottes seinen Strahlenglanz; es flammte auf im Herzen des Firmaments des Zeugnisses Gottes, und es brachte zwei Lichtkörper hervor. Verherrlicht sei der Barmherzige, den kein Ausdruck umschreiben, keine Aussage enthüllen, kein Zeichen bezeugen kann. Er ist fürwahr der Verordner, der Allgütige, im Anfang wie im Ende. Und Er schaffte ihnen Beschützer und Verteidiger aus den Heerscharen der Kraft und Macht. Wahrlich, Er ist der Helfer in Gefahr, der Mächtige, der Unbezwungene.
Die Vorrede zu diesem Sendbrief wird wie einst die MatháníA52 zweimal offenbart.
Preis sei Gott, der den Punkt offenbarte und aus ihm die Kenntnis aller Dinge, der vergangenen wie der künftigen, entfaltete – einen Punkt, den Er zum Herold Seines Namens erkor und zum Vorboten Seiner Großen Offenbarung, welche der ganzen Menschheit die Glieder erbeben und Sein Licht in vollem Glanz über dem Horizont der Welt erstrahlen ließ. Wahrlich, dies ist der Punkt, den Gott zu einem Lichtmeer für die Aufrichtigen unter Seinen Dienern bestimmte und zugleich zu einer Feuerflamme für die Eigensinnigen unter Seinen Geschöpfen sowie die Gottlosen in Seinem Volke, sie, welche die Gabe Gottes gegen den Unglauben verschacherten, das himmlische Mahl gegen Heuchelei, und ihren Anhang zu einer elenden Wohnstatt führten. Sie sind die Leute, welche in der ganzen Welt Aufruhr entfachen und Sein Bündnis brechen an dem Tage, da das Unsterbliche Wesen Seinen Thron bestieg und der Rufer mit lauter Stimme rief in der Freistatt der Sicherheit und des Friedens, tief im heiligen Tale.
O ihr Anhänger des Bayán! Fürchtet den Allbarmherzigen. Dies ist Der, welchen Muḥammad, der Gesandte Gottes, verherrlicht hat, und vor Ihm der GeistA53, und vor Diesem Der, welcher mit Gott Zwiesprache hielt.A54 Dies ist der Punkt des Bayán, der laut vor dem Throne ausruft: »Bei der Gerechtigkeit Gottes, ihr seid erschaffen, um diese Größte Verkündigung, diesen Vollkommenen Pfad zu verherrlichen. Er lag verborgen in den Seelen der Propheten; er war wie ein Schatz verwahrt in den Herzen der Erwählten Gottes und wurde niedergeschrieben von der ruhmreichen Feder eures Herrn, des Besitzers der Namen.«
Sprich: Sterbt in eurem Zorn, o ihr Böswilligen! Wahrlich, Er, Dessen Wissen nichts entgeht, ist gekommen. Er, Der das Antlitz der göttlichen Erkenntnis vor Freude strahlen ließ, ist da. Durch Ihn ist das Reich der Rede geschmückt, jede empfängliche Seele richtet ihr Angesicht auf den Herrn der Offenbarungen, jeder Kniefällige erhebt sich, und jeder Träge eilt, zum Sinai der Gewißheit zu gelangen. Dies ist der Tag, den Gott zu einem Segen für die Rechtschaffenen bestimmte, zu einem Strafgericht über die Gottlosen, zur Wohltat für die Glaubenden und zum Ausbruch Seines Zornes für die Ungläubigen und Eigensinnigen. Wahrlich, Er ist offenbart worden, von Gott bekleidet mit unüberwindlicher Souveränität. Er hat verkündet, was weder auf Erden noch in den Himmeln seinesgleichen hat.
Fürchtet den Allbarmherzigen, o Volk des Bayán, und begehet nicht, was die Anhänger des Qur’án begingen – sie, die Tag und Nacht ihren Glauben an die Religion Gottes bekundeten; als aber der Herr aller Menschen erschien, wandten sie sich von Ihm ab und sprachen ein so grausames Urteil gegen Ihn, daß am Tage der Wiederkehr das Mutterbuch in tiefem Schmerz Sein Geschick beklagte. Erinnert euch ihrer Taten und ihrer Worte und denket darüber nach, auch über ihren Rang und ihren Wert sowie alles, was sie verübten, als Er, der am Sinai Zwiesprache gehalten hatte, Seine Zunge löste, als die Posaune erscholl und alle im Himmel und auf Erden in Ohnmacht fielen, ausgenommen jene, die zu den Buchstaben der Bestätigung gerechnet sind.
O Volk des Bayán! Laßt euren eitlen Wahn und leeren Trug, alsdann schauet mit rechtem Augenmaß auf den Morgen Seiner Verkündigung und betrachtet, was Er offenbart, die Worte, die Er von Gott verkündet, und die Leiden, die Ihm die Hände Seiner Feinde angetan. Er ist Der, welcher jedwede Heimsuchung willig auf sich nahm, um Seine Sache zu verkünden und Sein Wort zu verherrlichen. Einmal duldete Er Kerkerhaft im Lande ṬáA55, ein andermal im Lande MímA56, dann noch einmal im erstgenannten Land – alles für die Sache Gottes, des Schöpfers der Himmel. Für Seine Liebe zur Sache Gottes, des Allmächtigen, des Allbarmherzigen, wurde Er dort in Ketten und Bande gelegt.
O Volk des Bayán! Habt ihr die Ermahnungen vergessen, die Meine Feder offenbarte und Meine Zunge sprach? Habt ihr Meine Gewißheit verschachert gegen euren eitlen Wahn und Meinen Pfad gegen eure selbstischen Begierden? Habt ihr die Gebote Gottes und Sein Gedenken weggeworfen, Seine Gesetze und Vorschriften aufgegeben? Fürchtet Gott, überlaßt den leeren Trug seinen Erzeugern, den Aberglauben seinen Erfindern und die Zweifel denen, die sie ausbrüten. Mit strahlendem Angesicht und mit makellosem Herzen schreitet sodann voran zu dem Himmelssaum, über dem hell die Sonne der Gewißheit scheint auf Geheiß Gottes, des Herrn der Offenbarungen.
Preis sei Gott, der die Größte Unfehlbarkeit zum Panzer für den Tempel Seiner Sache im Reiche der Schöpfung machte und keinem einen Anteil an dieser hehren, erhabenen Stufe zuwies. Diese Stufe ist ein Gewand, das die Finger allüberragender Macht für Sein erlauchtes Selbst gewoben haben. Es kleidet keinen außer Demjenigen, Der auf dem mächtigen Throne des »Er tut, was Ihm gefällt«Q12 sitzt. Wer anerkennt und bekennt, was die Feder der Herrlichkeit in diesem Augenblick niederschreibt, wird wahrlich im Buche Gottes, des Herrn des Anfangs und des Endes, zu den Trägern göttlicher Einheit gezählt, zu denen, die den Begriff der Einheit Gottes stützen.
Als der Fluß der Worte diesen Stand erreichte, verströmten weit und breit die süßen Düfte wahrer Erkenntnis, und die Sonne göttlicher Einheit erstrahlte am Horizont Seiner heiligen Rede. Selig ist, wen Sein Ruf zum Gipfel der Herrlichkeit hinzieht, wer dem letzten Ziele nahekommt und im durchdringenden Ton Meiner Feder der Herrlichkeit erkennt, was der Herr dieser und der kommenden Welt will. Wer indessen versäumt, den erlesenen Wein zu trinken, den Wir durch die Kraft Unseres Namens, der Allbezwingende, entsiegelt haben, der wird außerstande sein, das Licht göttlicher Einheit an seinen Strahlen zu erkennen oder den Sinn und Zweck zu begreifen, der den Schriften Gottes, des Herrn von Himmel und Erde, des Alleinherrschers in dieser und der kommenden Welt, zugrundeliegt. Ein solcher Mensch wird im Buche Gottes, des Allwissenden, des Allunterrichteten, zu den Ungläubigen gerechnet.
O du verehrter Frager!A57 Wir bezeugen, daß du treu die gebotene Geduld übtest in den Tagen, da die Feder an ihrer Bewegung gehindert war und die Zunge zögerte, eine Erläuterung des wundersamen Zeichens, der Größten Unfehlbarkeit, darzutun. Du hast diesen Unterdrückten gebeten, ihre Schleier für dich zu entfernen, dir ihr Geheimnis und ihr Wesen, ihren Rang, ihre Stufe, ihre Vortrefflichkeit, Hoheit und Erhabenheit zu erhellen. Beim Leben Gottes! Würden Wir die Zeugnisse enthüllen, die wie Perlen in den Muscheln des Meeres der Erkenntnis und der Sicherheit verborgen ruhen, oder wollten Wir die Schönheiten des göttlichen Geheimnisses, die in den Gemächern der Rede im Paradiese wahren Verstehens behütet wohnen, aus ihrer Wohnstatt hervortreten lassen, dann würde unter den Religionsführern allerorts heftiger Aufruhr entstehen, und du würdest das Volk Gottes in den Klauen und Zähnen solcher Wölfe sehen, die Gott am Anfang und am Ende verleugnet haben. So zügelten Wir die Feder aus göttlicher Weisheit geraume Zeit, um die Gläubigen vor denen zu schützen, die himmlischen Segen gegen Zweifel verschachern und für ihr Volk die Stätte der Verdammnis wählen.A58
O du Gottsucher, begabt mit klarer Einsicht! Ich schwöre bei Dem, Der die Scharen der Höhe durch die Kraft des erhabensten Wortes anzog! Wahrlich, die Vögel in den Gefilden Meines Reiches und die Tauben im Rosengarten Meiner Weisheit singen und gurren Lieder, die unergründlich sind für alle außer Gott, dem Herrn der Reiche im Himmel und auf Erden, und würden diese Lieder um weniger als ein Nadelöhr enthüllt, so würde das Volk der Tyrannei Verleumdungen äußern, wie sie keines der früheren Geschlechter je geäußert hat, und würde Taten begehen, wie sie noch keiner in früheren Zeiten verübt hat. Sie verwerfen die Gaben Gottes und Seine Beweise, sie leugnen das Zeugnis Gottes und Seine Zeichen. Sie gehen in die Irre, führen das Volk in die Irre und merken es dennoch nicht. Leeren Wahn beten sie an und wissen es nicht. Eitlen Trug wählen sie sich zum Herrn, Gottes vergessend, und doch verstehen sie es nicht. Das größte Meer lassen sie hinter sich und hasten einem Tümpel zu, aber sie begreifen es nicht. Sie folgen ihrem eigenen eitlen Trug und kehren sich ab von Gott, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.
Sprich: Bei der Gerechtigkeit Gottes! Der Allerbarmer ist gekommen, bekleidet mit Macht und Souveränität. Durch Seine Macht erzittern die Grundmauern der Religionen, und die Nachtigall des Wortes schlägt auf dem höchsten Zweige wahren Verstehens. Er, der im Wissen Gottes verborgen und in den Heiligen Schriften erwähnt war, ist wahrlich gekommen. Sprich: Heute ist der Tag, da der Sprecher am Sinai den Thron der Offenbarung einnimmt und das Volk vor dem Herrn der Welten steht.A59 Heute ist der Tag, da die Erde ihre Botschaft verkündetA60 und ihre Schätze offenlegt, da die Meere ihre Perlen ans Licht bringen und der göttliche Lotosbaum seine Früchte zeitigt, da die Sonne ihren Strahlenglanz verströmt und die Monde ihr Licht verstreuen, da die Himmel ihre Sterne, die Stunde ihre Zeichen und die Auferstehung ihre furchtbare Majestät offenbaren, da die Federn ihre Kunde von sich geben und alle Geister ihre Geheimnisse offenlegen. Selig der Mensch, der Ihn anerkennt und in Seine Gegenwart gelangt, und wehe denen, die Ihn verleugnen und sich von Ihm wenden! Ich flehe zu Gott, Er möge Seinen Dienern helfen, zu Ihm zurückzukehren. Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Nachsichtige, der Barmherzige.
O du, der du dein Angesicht auf das Reich der Höhe richtest und aus der Hand der Gabenfülle Meinen versiegelten Wein nimmst und trinkst! Wisse, daß der Begriff ›Unfehlbarkeit‹ zahlreiche Bedeutungen und verschiedene Rangstufen hat. Zunächst ist dieser Begriff auf Den anwendbar, Den Gott gegen Irrtum gefeit hat. Desgleichen wird er auf jede Seele bezogen, die Gott vor Sünde, Übertretung, Empörung, Mangel an Ehrfurcht, Unglauben und dergleichen bewahrt. Die Größte Unfehlbarkeit jedoch ist auf Denjenigen beschränkt, Dessen Stufe unermeßlich erhaben ist über Gebote oder Verbote, geheiligt über Irrtümer und Versäumnisse. Er ist fürwahr ein Licht, auf welches kein Dunkel folgt, eine Wahrheit, die kein Irrtum ereilt. Würde Er erklären, Wasser sei Wein, Himmel sei Erde oder Licht sei Feuer, so spräche Er die Wahrheit, und es gäbe keinen Zweifel daran; keiner hätte das Recht, Seine Vollmacht anzuzweifeln oder warum und wofür zu fragen. Wer Einwände erhebt, wird im Buche Gottes, des Herrn der Welten, zu den Eigensinnigen gezählt. »Wahrlich, Er wird um Sein Tun nicht befragt, sie aber werden um ihr Tun befragt.«Q13 Er ist aus dem unsichtbaren Himmel gekommen, das Banner »Er tut, was Er will«Q14 in den Händen, begleitet von den Heerscharen der Macht und Herrschaft, während alle außer Ihm die Pflicht haben, die Gesetze und Gebote genau zu befolgen, die ihnen auferlegt sind. Wenn jemand auch nur um Haaresbreite davon abwiche, würden seine Werke zunichte.
Bedenke die Zeit, da Muḥammad erschien, und rufe sie dir vor Augen. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Die Pilgerfahrt zum HauseA61 ist ein Dienst vor Gott.«Q15 Und das gleiche sind das tägliche Gebet, die Fasten sowie die Gesetze, die am Horizont des Buches Gottes, des Herrn der Welt und des wahren Erziehers der Völker und Geschlechter auf Erden, erschienen. Jeder hat die Pflicht, Ihm zu gehorchen in allem, was Gott verordnet hat, und wer Ihn verleugnet, glaubt nicht an Gott, Seine Verse, Seine Sendboten und Seine Bücher. Würde Er erklären, Rechtes sei falsch oder Leugnung sei Glaube, so spräche Er die Wahrheit, wie Gott es befiehlt. Dies ist eine Stufe, auf der Sünden und Übertretungen weder bestehen noch erwähnt werden. Erwäge den seligen, den göttlich offenbarten Vers, in dem die Pilgerfahrt zu dem Hause jedermann auferlegt worden ist. Es oblag denen, die nach IhmA62 mit Amtsgewalt bekleidet waren, alles zu befolgen, was ihnen im Buche vorgeschrieben war. Keinem ist das Recht gegeben, von den Gesetzen und Geboten Gottes abzuweichen. Wer davon abweicht, wird im Buche Gottes, des Herrn des Mächtigen Thrones, zu den Sündern gezählt.
O du, der du den Blick auf den Morgen der Sache Gottes richtest! Wisse mit Gewißheit, daß der Wille Gottes nicht von den Maßstäben des Volkes begrenzt wird und daß Gott nicht in ihren Wegen wandelt. Vielmehr hat jeder die Pflicht, sich fest an Gottes geraden Pfad zu halten. Würde Er verkünden, rechts sei links oder Süd sei Nord, so spräche Er die Wahrheit, und es gäbe keinen Zweifel daran. Wahrlich, Ihm gebührt Lob für Seine Beschlüsse und Gehorsam gegenüber Seinem Geheiß. Er hat keinen Gefährten in Seinem Urteil und keinen Helfer in Seiner Souveränität. Er tut, was Er will, und verordnet, was Ihm beliebt. Wisse ferner, daß alle außer Ihm durch die Kraft eines Wortes aus Seiner Gegenwart erschaffen sind, während keiner aus sich selbst heraus Bewegung oder Ruhe findet, es sei denn durch Sein Gebot und mit Seiner Erlaubnis.
O du, der du dich in die Höhenluft der Liebe und der Freundschaft aufschwingst und deinen Blick auf das lichte Antlitz deines Herrn, des Königs der Schöpfung, richtest! Sage Gott Dank dafür, daß Er dir entwickelt, was in Seinem Wissen verborgen und verwahrt gewesen, auf daß jedermann gewahr werde, daß Er sich im Reiche Seiner höchsten Unfehlbarkeit keinen Gefährten oder Ratgeber erkoren hat. Er ist fürwahr der Morgen göttlicher Regeln und Gebote, der Springquell der Erkenntnis und Weisheit, während alle außer Ihm nur Seine Untertanen sind und unter Seiner Herrschaft stehen. Er ist der höchste Herrscher, der Verordner, der Allwissende, der Allunterrichtete.
Was dich selbst anbelangt: Wann immer dich der Lebensodem der offenbarten Verse entzückt, wann immer dich die reinen, lebenspendenden Wasser, dargereicht von der großmütigen Hand deines Herrn, des unumschränkten Herrschers am Tage der Auferstehung, mit sich forttragen, erhebe du deine Stimme und sprich:
O mein Gott! O mein Gott! Ich danke Dir, daß Du mich hin zu Dir lenkst, daß Du mich zu Deinem Horizonte hinführst, mir Deinen Pfad zeigst, mir Dein Zeugnis enthüllst und mich befähigst, mein Angesicht auf Dich zu richten, während die meisten Gelehrten und Geistlichen unter Deinen Dienern samt allen, die ihnen nachfolgen, ohne den geringsten Beweis und ohne jedes Zeugnis von Dir sich abkehren. Preis sei Dir, o Herr der Namen, und Ruhm sei Dir, o Schöpfer der Himmel, daß Du mir durch die Macht Deines Namens, der Selbstbestehende, von Deinem versiegelten Weine zu trinken gibst, mich Dir nahe kommen läßt und mich befähigst, den Morgen Deines Wortes, die Manifestation Deiner Zeichen, den Springquell Deiner Gesetze und Gebote, den Urgrund Deiner Weisheit und Deiner Gnadengaben zu erkennen. Selig ist das Land, das Deine Fußstapfen adeln, darauf der Thron Deiner Allgewalt steht und darin der Duft Deines Gewandes sich verbreitet. Bei Deiner Herrlichkeit und Majestät, Deiner Macht und Kraft, ich wünsche mir mein Sehvermögen nur, um Deine Schönheit zu schauen, und mein Gehör allein, um Deinen Ruf und Deine Verse zu vernehmen.
O mein Gott! O mein Gott! Halte die Augen nicht fern von den Dingen, für die Du sie erschaffen hast, noch verwehre den Angesichtern, sich Deinem Lichthimmel zuzuwenden, an den Toren Deiner Majestät zu huldigen, vor Deinem Throne zu erscheinen oder sich vor der strahlenden Sonne Deiner Gabenfülle zu verneigen.
Ich bin der, o Herr, welcher mit Herz und Seele, mit allen Gliedern, mit seiner inneren wie mit seiner äußeren Zunge Deine Einheit und Deine Einzigkeit bekundet und bezeugt, daß Du Gott bist und daß es außer Dir keinen Gott gibt. Du hast die Menschheit ins Leben gerufen, damit sie Dich erkenne und Deiner Sache diene, auf daß solchermaßen ihre Stufe auf Deiner Erde erhöht werde und die Seelen der Menschen erbaut werden vermöge all dessen, was Du in Deinen Schriften, Deinen Büchern und Deinen Tafeln offenbart hast. Aber kaum hattest Du Dich offenbart und Deine Zeichen enthüllt, da wandten sie sich von Dir ab, leugneten Dich und verwarfen, was Du kraft Deiner Macht und Stärke vor ihren Augen entschleiertest. Sie erhoben sich, Dir Leid zuzufügen, Dein Licht zu löschen und die Flamme zu ersticken, die in Deinem Brennenden Busche lodert. So schlimm schwoll ihr Frevel, daß sie sich verschworen, Dein Blut zu vergießen und Deine Ehre zu verletzen. Solches tat auch erA63, den Du mit der Hand Deiner Gnade großgezogen hattest, den Du vor dem Unheil der Aufrührer unter Deinen Geschöpfen und der Eigensinnigen unter Deinen Dienern beschützt hattest, er, dem Du aufgegeben hattest, Deine heiligen Verse vor Deinem Throne niederzuschreiben.
Wehe, wehe ob der Taten, die er in Deinen Tagen verübte, bis daß er Deinen Bund und Dein Testament brach, Deine heilige Schrift verwarf, aufrührerisch sich erhob und beging, was die Bewohner Deines Reiches zum Weinen brachte. Kaum hatte er sodann bemerkt, daß seine Hoffnungen zunichte wurden, kaum hatte er den Dunst völligen Versagens verspürt, da erhob er seine Stimme und äußerte, was Deine Erwählten, die Dir nahe sind, und alle im Festzelt der Herrlichkeit verblüffte.
Du siehst mich, o mein Gott, wie ich mich vor Qual im Staube winde gleich einem Fisch. Erlöse mich, hab Mitleid mit mir, o Du, dessen Hilfe von allen Menschen erfleht wird, o Du, in dessen Hand die Zügel der Macht über alle Männer und Frauen liegen. Sooft ich meiner schweren Fehler und meiner schlimmen Vergehen gedenke, packt mich Verzweiflung von allen Seiten, und sooft ich innehalte, um über das Meer Deiner Großmut, den Himmel Deiner Gnade und die Sonne Deines zarten Erbarmens nachzusinnen, atme ich den Duft der Hoffnung, der von rechts und links, von Nord und Süd her strömt, als ob alles Erschaffene mir die frohe Botschaft brächte, daß die Wolken am Himmel Deiner Barmherzigkeit ihren Regen auf mich ergießen werden. Bei Deiner Macht, o Du Stütze und Stab der Aufrichtigen, Du Sehnsucht aller, die sich nahen Zugangs zu Dir erfreuen! Deine mannigfachen Gaben und Gunstbeweise, die Offenbarungen Deiner Güte und Gnade, haben mich wahrhaft ermutigt. Wie sonst könnte das nackte Nichts den Namen Dessen erhöhen, Der durch ein Wort die Schöpfung zum Sein erweckte, wie könnte ein winziges Geschöpf Den preisen, Der zur Genüge dartut, daß keine Beschreibung Ihn je zum Ausdruck bringen, kein Wort des Lobpreises Seinen Ruhm verherrlichen kann? Er steht seit Ewigkeit unermeßlich hoch erhaben über dem Verstehen Seiner Geschöpfe und ist geheiligt von den Vorstellungen Seiner Diener.
O Herr! Du siehst diesen Leblosen vor Deinem Antlitz; laß es in Deiner Freigebigkeit und großzügigen Gunst nicht zu, daß er vom Kelche ewigen Lebens ausgeschlossen bleibt. Du siehst diesen Niedergeschlagenen vor Deinem Throne stehen; weise ihn nicht hinweg vom Meere Deiner Heilung. Ich flehe zu Dir, befähige mich, Deiner zu allen Zeiten und in jeder Lage zu gedenken, Deinen Namen zu erhöhen und Deiner Sache zu dienen, auch wenn ich wohl weiß, daß nichts, was von einem Diener ausgeht, die Begrenzungen seiner Seele überschreiten, nichts Deiner Herrschaft angemessen oder des Hofes Deiner Herrlichkeit und Majestät würdig sein kann.
Deine Macht ist mein Zeuge! Nur für Deinen Lobpreis ist mir meine Zunge von Nutzen, und nur für den Dienst vor Dir ist mir mein Dasein von Gewinn. Wofür außer für den strahlenden Anblick Deines Reiches der Herrlichkeit sollte ich mein Augenlicht schätzen? Und wozu, wenn nicht für die Freude, auf Deine süße Stimme zu lauschen, dient mir mein Gehör?
Wehe mir! Ich weiß nicht, o mein Gott, meine Stütze, Du Sehnsucht meines Herzens, ob Du für mich verordnet hast, was meinen Augen Trost bringt, was mir freudig die Brust bewegt und mein Herz frohlocken läßt, oder ob Dein unwiderruflicher Ratschluß, o Du König der Ewigkeit und unumschränkter Herr über alle Völker, mich hindern wird, vor Deinen Thron zu treten. Ich schwöre bei Deiner Herrlichkeit und Majestät, bei Deiner Macht und Herrschaft, das Dunkel meiner Ferne von Dir hat mich vernichtet. Was ist aus dem Licht Deiner Nähe geworden, o Du Verlangen jedes verständigen Herzens? Die Todesqual der Trennung von Dir hat mich verzehrt. Wo ist das strahlende Licht der Wiedervereinigung mit Dir, Du Heißgeliebter all derer, die Dir ganz ergeben sind?
Du siehst, o mein Gott, was mir auf Deinem Pfade die Hände derer zufügten, die Deine Wahrheit leugnen, Dein Bündnis brechen, Deine Zeichen schmähen, all den Segen, den Du ihnen gewährst, verwerfen, den Versen, die Du herniedersandtest, nicht glauben und sich weigern, das Zeugnis anzuerkennen, das Du erfüllt hast.
O Herr!
Die Zunge meiner Zunge, das Herz meines Herzens, der Geist meines Geistes, mein äußeres wie mein inneres Sein, alle sind Zeugen Deiner Einheit und Einzigkeit, Deiner Macht und Allgewalt, Deiner Hoheit und Herrschaft; sie alle bezeugen Deinen Ruhm, Deine Erhabenheit und Allmacht.
Ich bezeuge, daß Du Gott bist und daß es neben Dir keinen anderen Gott gibt.
Seit Ewigkeit warst Du ein vor dem Anblick und dem Verstand der Menschen verborgener Schatz, und Du wirst bis in alle Ewigkeit so bleiben.
Keine Macht der Erde kann Dich hindern, keine Gewalt der Völker kann Dich schrecken.
Du bist Der, welcher das Tor der Erkenntnis vor dem Angesicht Deiner Diener aufgetan hat, damit sie Den anerkennen, Der der Morgenstern Deiner Offenbarung, der Aufgangsort Deiner Zeichen, der Himmel Deiner Manifestation und die Sonne Deiner göttlichen Schönheit ist.
In Deinen heiligen Büchern, in Deinen Sendbriefen und Schriftrollen hast Du allen Völkern der Welt verheißen, daß Du selbst erscheinen und die Schleier der Herrlichkeit vor Deinem Antlitz hinwegziehen wirst, wie Du es in Deinen Worten an Deinen FreundA64 ankündigtest, durch den die Sonne der Offenbarung hell am Horizont des Ḥijáz erstrahlte und das Morgenlicht göttlicher Wahrheit seinen Glanz über alle Menschen ergoß, als Du verkündetest:
»Der Tag, da die Menschheit vor dem Herrn der Welten stehen wird.«Q16 Und vor Muḥammad gabst Du diese frohe Botschaft Dem, der mit Dir Zwiesprache hielt,A65 und sprachest zu Ihm:
»Führe dein Volk hervor aus dem Dunkel in das Licht und gemahne es an die Tage Gottes.«Q17 Des weiteren verkündetest Du diese Wahrheit dem GeisteA66 und Deinen Propheten und Deinen Boten aus früher und jüngerer Zeit.
Strömte alles, was Du zur Verherrlichung dieses Größten Gedenkens, dieser Größten Verkündigung herniedersandtest, aus dem Brunnquell Deiner Erhabensten Feder hervor, die Bewohner in den Städten der Erkenntnis wären starr vor Staunen, ausgenommen solche, die Du kraft Deiner Macht vom Banne löstest und zum Zeichen Deiner freigebigen Gunst und Gnade beschütztest.
Ich bezeuge, daß Du fürwahr Dein Pfand eingelöst und Den offenbart hast, Dessen Kommen von Deinen Propheten, Deinen Erwählten und Deinen Dienern verheißen ward.
Er ist gekommen vom Horizont der Macht und Herrlichkeit, die Banner Deiner Zeichen und die Standarten Deiner Zeugnisse in Händen.
Durch die Kraft Deiner unbezwinglichen Macht und Stärke erhob Er sich vor allen Menschen und rief die ganze Menschheit zum Gipfel überragender Herrlichkeit, hin zum höchsten Horizont, solchermaßen, daß weder der Widerstand der Geistlichen noch der Angriff der Herrscher Ihn hindern konnten.
Er stand auf mit unbeugsamem Entschluß, löste Seine Zunge und kündete in klingenden Tönen:
»Er, der Allgütige, ist erschienen, hoch auf den Wolken reitend.
Tritt herzu, o Volk der Erde, mit leuchtendem Antlitz und strahlendem Herzen!«
Groß ist wahrlich der Segen dessen, der Deine Gegenwart erlangt, den Wein der Wiedervereinigung aus der Hand Deiner Großmut nimmt und trinkt, der den Duft Deiner Zeichen atmet, der seine Zunge löst, Deinen Lobpreis zu feiern, hoch sich in Deine Himmel schwingt, von Deiner süßen Stimme entrückt wird, Zutritt in das erhabenste Paradies erlangt und die Stufe unverschleierter innerer Schau vor dem Throne Deiner Majestät erreicht.
Ich bitte Dich bei der Größten Unfehlbarkeit, die Du zum Tagesanbruch Deiner Offenbarung erwähltest, und bei Deinem erhabensten Worte, durch dessen Wirkkraft Du die Schöpfung ins Leben riefest und Deine Sache enthülltest, und bei diesem Namen, der alle anderen Namen stöhnen und den Weltweisen die Glieder erzittern ließ, ich bitte Dich, mache mich frei von allem außer Dir, solchermaßen, daß ich mich nur mit Deinem Willen und Wohlgefallen bewege, daß ich nur nach Deinem Befehl und Deiner Absicht spreche und nur die Worte Deines Lobpreises und Deiner Verherrlichung höre.
Ich verherrliche Deinen Namen, o mein Gott, und sage Dir Dank, o meine Sehnsucht, daß Du mich befähigt hast, Deinen geraden Pfad klar zu erkennen, daß Du Deine Große Verkündigung vor meinen Augen enthülltest und mir halfest, mein Angesicht auf den Morgen Deiner Offenbarung und auf den Springquell Deiner Sache zu richten, während Deine Diener und Dein Volk sich von Dir abkehrten. Ich flehe zu Dir, o Herr im Reiche der Ewigkeit, bei dem durchdringenden Ton der Allherrlichen Feder, bei dem Brennenden Feuer, das laut aus dem grünenden Baume ruft, und bei der Arche, die Du eigens dem Volke Bahás bereitetest, gewähre, daß ich standhaft bleibe in meiner Liebe zu Dir, zufrieden mit allem, was Du mir in Deinem Buche verordnet hast, fest in Deinem Dienst und im Dienst an Deinen Geliebten. Stehe sodann Deinen Dienern gnädig bei, o mein Gott, zu tun, was Deine Sache erhöhen hilft und was sie befähigt, alles zu befolgen, was Du in Deinem Buch offenbart hast.
Wahrlich, Du bist der Herr der Kraft, Du bist mächtig zu bestimmen, was Du willst, und in Deinem Griff hältst Du die Zügel alles Erschaffenen. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Allwissenden, dem Allweisen.
O Jalíl! Wir enthüllten deinen Augen das Meer und seine Wogen, die Sonne und ihren Glanz, die Himmel und ihre Sterne, die Muscheln und ihre Perlen. Danke Gott für diese große Gabe, diese gnädige Gunst, die alle Welt durchdringt.
O du, der du deine Augen auf die Strahlen Meines Antlitzes richtest!
Eitler Wahn umgibt die Erdenbewohner und hindert sie, sich dem Horizonte der Gewißheit, seiner Klarheit, seinen Offenbarungen und seinem Lichte zuzuwenden.
Leerer Trug hält sie von Ihm, dem Selbstbestehenden, ab.
Sie reden, was ihnen ihre Launen eingeben, und haben kein Verständnis.
Unter ihnen sind jene, die sagen:
»Sind die Verse offenbart worden?« Sprich:
»Ja, beim Herrn der Himmel!« »Ist die StundeA67 gekommen?« »Nein, sie ist sogar schon vorüber, bei Ihm, dem Offenbarer klarer Zeichen!
Wahrlich, die UnvermeidlicheA68 ist gekommen, und Er, der Wahre, ist mit Zeugnis und Beweis erschienen.
Das LandA69 liegt offen, und die Menschheit ist in Furcht und Schrecken.
Die Erde bebtA70, die Geschlechter wehklagen aus Furcht vor Gott, dem Herrn der Kraft, dem Allbezwingenden.« Sprich:
»Betäubend laut erschallt die Posaune, und der Tag ist Gottes, des Einen, des Unbeschränkten.« Und sie fragen:
»Ist die KatastropheA71 eingetreten?« Sprich:
»Ja, bei dem Herrn der Herren!« »Ist die Auferstehung geschehen?« »Nein, mehr noch:
Er, der SelbstbestehendeA72, ist mit dem Königreich Seiner Zeichen erschienen.« »Siehst du die Menschen niedergestürzt?«A73 »Ja, bei meinem Herrn, dem Höchsten, dem Herrlichsten!« »Sind die Baumstämme entwurzelt worden?«A74 »Ja, mehr noch:
Selbst die Berge wurden durch Ihn, den Herrn der Eigenschaften, zu Staub zermahlen!«A75 Sie fragen:
»Wo ist das Paradies und wo die Hölle?« Sprich:
»Das eine ist die Vereinigung mit Mir, das andere dein eigenes Selbst, o du, der du Gott einen Gefährten zugesellst und zweifelst.« Sie sagen:
»Wir sehen die Waage nicht.« Sprich:
»Freilich, bei meinem Herrn, dem Gott des Erbarmens!
Keiner kann sie sehen außer den Einsichtsvollen.« Sie fragen:
»Sind die Sterne gefallen?« Sprich:
»Ja, als Er, der Selbstbestehende, im Land des Geheimnisses A76 wohnte.
Habt acht, o ihr scharf Unterscheidenden!« Alle Zeichen erschienen, als Wir die Hand der Macht aus dem Busen der Majestät und Herrschaft zogen.
Wahrlich, der Rufer hat gerufen, als die verheißene Zeit gekommen war, und die den Strahlenglanz des Sinai erkannten, sanken in der Wüste des Zauderns ohnmächtig hin vor der ehrfurchtgebietenden Majestät deines Herrn, des Herrn der Schöpfung.
Die Posaune fragt:
»Wurde das Horn geblasen?« A77 Sprich:
»Ja, bei dem König der Offenbarung!
Es geschah, als Er den Thron Seines Namens, der Allgütige, bestieg.« Die Finsternis wurde vom Morgenlicht der Gnade deines Herrn, des Quells allen Lichtes, vertrieben.
Der Odem des Allbarmherzigen weht, und die Seelen sind erquickt in den Gräbern ihrer Körper.
So ist der Ratschluß erfüllt von Gott, dem Mächtigen, dem Wohltätigen.
Die die Wahrheit zurückweisen, fragen:
»Wann wurden die Himmel gespalten?« Sprich:
»Während ihr in den Gräbern der Achtlosigkeit und des Irrtums laget.« Einer der Ungläubigen reibt sich die Augen und schaut zur Rechten und zur Linken.
Sprich:
»Verblendet bist du.A78 Keine Zuflucht bleibt dir, dahin du fliehen könntest.« Auch ist einer unter ihnen, der fragt:
»Sind die Menschen versammelt worden?«A79 Sprich:
»Ja, bei Meinem Herrn!
Während du in der Wiege eitlen Wahn lagst.« Und ein anderer unter ihnen fragt:
»Ist das Buch durch die Macht des wahren Glaubens herniedergesandt worden?« Sprich:
»Der wahre Glaube selbst ist darüber in Staunen versetzt.
Fürchtet euch, o ihr Menschen mit verstehendem Herzen!« Und noch einer von ihnen fragt:
»Bin ich blind mit den anderen versammelt worden?«A80 Sprich:
»Ja, bei Ihm, Der auf den Wolken reitet!« Das Paradies ist mit mystischen Rosen geschmückt, und die Hölle lodert auf durch das Feuer der Gottlosen.
Sprich:
»Das Licht ist am Horizont der Offenbarung erschienen, und die ganze Erde wurde beim Kommen des Herrn am Tage des Bündnisses erleuchtet!« Die Zweifler sind zugrunde gegangen, aber gut bestellt ist es um den, der sich, vom Lichte der Überzeugung geführt, zum Morgen der Gewißheit wendet.
Selig bist du, der du deinen Blick auf Mich richtest, um dieses Sendbriefes willen, der für dich herabgesandt ist – ein Sendbrief, der den Seelen der Menschen Aufschwung gibt.
Präge ihn deinem Gedächtnis ein und trage ihn vor.
Bei Meinem Leben!
Er ist ein Tor zur Gnade deines Herrn.
Wohl dem, der ihn am Abend und am Morgen liest.
Wahrlich, Wir hörten, wie du diese Sache priesest, durch die der Berg des Wissens zermalmt ward und die Füße der Menschen strauchelten.
Meine Herrlichkeit sei mit dir und allen, die sich dem Allmächtigen, dem Gabenreichen, zugewandt haben.
Das Sendschreiben ist nun beendet, aber das Thema ist noch nicht erschöpft.
Sei geduldig, denn dein Herr ist der Geduldige.A81
Dies sind Verse, die Wir früher herniedersandten. Wir übermitteln sie dir, damit du erfährst, was ihre Lügenzungen sprechen, nachdem Gott mit Macht und Herrschaft zu ihnen kam. Die Grundlagen eitlen Wahns zittern und der Himmel leeren Truges ist gespalten; dennoch sind die Menschen im Zweifel und hadern mit Ihm. Sie leugnen Gottes Zeugnis und Seinen Beweis, nachdem Er vom Himmel der Macht mit dem Königreich Seiner Zeichen kam. Sie verwerfen, was ihnen im Buche befohlen ist, und verüben, was ihnen darin verboten ward. Abgewandt haben sie sich von ihrem Gott und sind ihren Begierden gefolgt. Sie sind fürwahr vom Wege abgekommen und gehen in die Irre. Sie lesen die Verse und leugnen sie. Sie schauen die klaren Zeichen und kehren sich ab. Wahrlich, sie sind in seltsamen Zweifeln verfangen.
Wir ermahnen Unsere Geliebten zur Gottesfurcht, die der Urquell aller guten Taten und Sitten ist. In der Stadt Bahás ist sie Gebieterin über die Heerscharen des Rechts. Glücklich der Mensch, der in den Schatten ihres leuchtenden Banners tritt und sich fest daran hält. Er, wahrlich, zählt zu den Gefährten der Roten Arche, von der im Qayyúmu’l-Asmá’ die Rede ist.A82
Sprich: O Volk Gottes! Schmückt eure Tempel mit der Zier der Vertrauenswürdigkeit und Frömmigkeit. Alsdann helft eurem Herrn mit den Heerscharen guter Taten und edler Eigenschaften. In Meinen Büchern, Abhandlungen, Schriftrollen und Sendbriefen haben Wir euch Streit und Zwist verboten, und dabei wünschten Wir nur eure Erhöhung und euren Fortschritt. Dies bezeugen die Himmel und ihre Sterne, die Sonne und ihr Glanz, die Bäume und ihre Blätter, die Meere und ihre Wogen, die Erde und ihre Schätze. Wir bitten Gott, Seinen Geliebten beizustehen und sie in dem zu stärken, was auf dieser glückseligen, dieser mächtigen, wunderbaren Stufe ihrer würdig ist. Desgleichen flehen wir zu Ihm, Er möge alle in Meiner Umgebung befähigen zu tun, was ihnen Meine Feder der Herrlichkeit geboten hat.
O Jalíl! Mit dir seien Meine Herrlichkeit und Meine liebevolle Vorsehung. Wahrlich, Wir haben dem Volk zu tun geboten, was angemessen und schicklich ist, und dennoch haben sie begangen, was Mein Herz und Meine Feder wehklagen ließ. Neige dein Ohr dem, was vom Himmel Meines Willens, aus dem Reiche Meines Wohlgefallens herniedergesandt ist. Ich gräme Mich nicht über Meine Gefangenschaft noch über das, was Mir die Hand Meiner Feinde zufügte. Nein, Meine Schmerzen sind von denen verursacht, die behaupten, Mir verbunden zu sein, und doch verüben, was Meine Stimme sich klagend erheben und Meine Tränen fließen läßt. In verschiedenen Sendschreiben haben Wir sie ausführlich ermahnt und zu Gott gefleht, Er möge ihnen gnädig helfen und sie befähigen, Ihm nahezukommen, und möge sie in allem bestätigen, was den Herzen Frieden, den Seelen Ruhe bringt und ihre Hände abhält von Taten, die Seinen Tagen übel anstehen.
Sprich: O Meine Geliebten in Meinen Landen! Höret auf den Rat Dessen, Der euch um Gottes willen ermahnt. Er hat euch wahrlich erschaffen. Er hat vor euren Augen enthüllt, was euch erhöht und eure Belange fördert. Er hat euch Seinen geraden Pfad gewiesen und euch Seine Große Verkündigung angezeigt.
O Jalíl! Ermahne die Menschen zur Gottesfurcht. Bei Gott! Die Gottesfurcht ist die Oberbefehlshaberin über die Streitmacht deines Herrn. Ihre Truppen sind hehre Tugenden und gute Taten. So hat sie durch alle Jahrhunderte und Zeitalter die Städte der Menschenherzen erobert und die Banner der Überlegenheit und des Sieges hoch über allen anderen Bannern gehißt.
Wir wollen dich nun an die Vertrauenswürdigkeit und an die Stufe erinnern, die sie vor Gott, deinem Herrn, dem Herrn des Mächtigen Thrones, einnimmt. Eines Tages begaben Wir uns auf Unsere Grüne InselA83. Als Wir sie betraten, sahen Wir fließende Bäche und Bäume in voller Pracht, zwischen deren Blättern die Sonne spielte. Unser Gesicht nach rechts wendend, sahen Wir, was die Feder nicht zu beschreiben vermag; sie kann nicht kundtun, was das Auge des Herrn der Menschheit an diesem heiligsten, hehrsten, seligsten, erhabensten Orte wahrnahm. Wir wandten Uns darauf zur Linken. Dort sahen Wir eine der Schönen des Erhabensten Paradieses auf einer Säule reinen Lichts stehen und mit lauter Stimme rufen: »O ihr Bewohner von Erde und Himmel! Schauet Meine Schönheit, Mein Leuchten, Meine Erscheinung, Meinen Glanz! Bei Gott, dem Wahren! Ich bin die Vertrauenswürdigkeit, ihre Offenbarung und ihre Schönheit. Ich will jeden belohnen, der sich an Mich hält, Meinen Rang und Meine Stufe erkennt und sich fest an den Saum Meines Gewandes klammert. Ich bin der edelste Schmuck für das Volk Bahás, der Mantel des Ruhmes für alle im Reiche der Schöpfung. Ich bin das erhabenste Werkzeug für die Wohlfahrt der Welt, der Horizont der Sicherheit für alles Leben.« Damit senden Wir dir hernieder, was die Menschen näher zum Herrn der Schöpfung ziehen wird.
Die Feder des Höchsten wendet sich jetzt von der beredten Sprache A84 zur glanzvollen SpracheA85, damit du, o Jalíl, das zarte Erbarmen deines Herrn, des Unvergleichlichen, schätzest und zu den wahrhaft Dankbaren gehörest.
O du, der du den Blick auf den allherrlichen Horizont richtest! Der Ruf ist erhoben, aber der hörenden Ohren sind wenige oder gar keine. Dieser Unterdrückte sieht sich im Schlunde der Schlange; dennoch säumt Er nicht, der Geliebten Gottes zu gedenken. So schlimm waren in diesen Tagen Unsere Leiden, daß die himmlischen Heerscharen zu Tränen gerührt sind und laut klagen. Aber weder alle Not der Welt noch alles Unrecht ihrer Völker können Ihn, den König der Ewigkeit, hindern, die Menschen vorzuladen, noch können sie Seine Absicht vereiteln. Als diejenigen, die sich jahrelang hinter Schleiern verborgen hielten, sahen, wie hell der Horizont der Sache Gottes leuchtet und wie Sein Wort alles durchdrang, da stürmten sie mit Schwertern der Bosheit auf uns ein und fügten uns Leid zu, das keine Feder beschreiben und keine Zunge schildern kann.
Wer gerecht urteilt, der bezeugt, daß seit den frühen Tagen der Sache dieser Unterdrückte sich unverhüllt und strahlend im Angesicht von Königen und Gemeinen, von Herrschern und Geistlichen erhebt und alle Menschen in klingenden Tönen auf den geraden Pfad ruft. Er kennt keine Hilfe denn Seine Feder und keinen Beistand als sich selbst.
Die Sinn und Zweck der Sache Gottes nicht kennen oder nicht beachten, stehen gegen Ihn auf. Solche Menschen sind die Vorboten des Bösen, die Gott in Seinem Buch und auf Seinen Tafeln erwähnt und gegen deren Einfluß, Lärm und List Er Sein Volk gewarnt hat. Wohl denen, die, das Gedenken des Herrn der Ewigkeit vor Augen, die Völker der Welt als bloßes Nichts, als eine vergessene Sache betrachten und sich so fest an den Sicheren GriffA86 Gottes klammern, daß weder Zweifel noch Gewisper, weder Schwerter noch Kanonen sie Seiner Gegenwart fernhalten oder berauben können. Selig sind die Standhaften; selig sind, die fest in Seinem Glauben sind.
Als Antwort auf deine Bitte hat die Feder der Herrlichkeit die Größte Unfehlbarkeit mit ihren Stufen und Graden gnädiglich beschrieben. Dies hatte den Zweck, alle mit Gewißheit erkennen zu lassen, daß das Siegel der ProphetenA87 – mögen die Seelen aller außer Ihm für Ihn geopfert werden – auf Seiner Ihm eigenen Stufe ohne Seinesgleichen, Ebenbürtigen oder Gefährten ist. Die HeiligenA88 – möge der Segen Gottes auf ihnen ruhen – sind durch die Kraft Seines Wortes erschaffen; nach Ihm waren sie die Gebildetsten und Edelsten im Volke, und sie stehen auf der höchsten Stufe der Dienstbarkeit. Das göttliche Wesen, geheiligt über jeden Vergleich und alle Ähnlichkeit, hat Seinen Sitz im Propheten, und Gottes innerste Wirklichkeit, erhaben über jeden Ebenbürtigen oder Gefährten, ist in Ihm offenbar. Dies ist die Stufe wahrer Einheit und wirklicher Einzigkeit. Die Anhänger der früheren Offenbarung haben es schmerzlich versäumt, ein angemessenes Verständnis dieser Stufe zu erwerben. Der Erste PunktA89 – möge das Leben aller außer Ihm um Seinetwillen geopfert werden – spricht: »Hätte das Siegel der Propheten nicht das Wort ›Nachfolge‹ geäußert, so wäre diese Stufe nicht erschaffen.«
Das Volk gesellte ehedem Gott Gefährten bei, auch wenn es sich zum Glauben an Seine Einheit bekannte. Obwohl sie die Unwissendsten unter den Menschen waren, hielten sie sich für höchst gebildet. Aber als ein Zeichen göttlicher Vergeltung für diese Achtlosen wurden heute, am Tag des Gerichts, ihre falschen Glaubenssätze und Studienziele für jeden urteilsfähigen, verständnisvollen Menschen klar und offenkundig bloßgelegt.
Flehe zu Gott, dem Wahren, er möge die Anhänger dieser Offenbarung gnädiglich vor dem eitlen Wahn und verderbten Trug derer beschützen, die dem früheren Glauben angehören, und sie nicht der Sonne wahrer Einheit und ihres Strahlenglanzes berauben.
O Jalíl! Dieser Unterdrückte der Welt verkündet nun: Das Licht der Gerechtigkeit ist getrübt und die Sonne des rechten Maßes dem Blick verschleiert. Der Räuber thront auf dem Sitze des Hüters und Beschützers, und der Stellung des Getreuen hat sich der Verräter bemächtigt. Vor einem Jahr herrschte ein Unterdrücker über diese Stadt und bewirkte jeden Augenblick neues Leid. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Er verübte, was die Herzen der Menschen in Schrecken versetzte. Aber für die Feder der Herrlichkeit war die Tyrannei auf Erden noch nie ein Hindernis und wird es niemals sein. In der Fülle Unserer Gunst und Gnade haben Wir eigens für die Herrscher und Amtsträger der Welt offenbart, was Schutz und Sicherheit, Ruhe und Frieden bewirkt; hoffentlich bleiben die Menschenkinder von den Übeln der Unterdrückung bewahrt. Er ist fürwahr der Beschützer, der Helfer, der den Sieg verleiht. Die Mitglieder von Gottes Haus der Gerechtigkeit haben die Pflicht, ihr Augenmerk bei Tag und bei Nacht auf das zu richten, was die Feder der Herrlichkeit für die Erziehung der Völker, den Aufbau der Nationen, den Schutz des Menschen und die Sicherung seiner Ehre aufleuchten ließ.
Das erste Ishráq
Als die Sonne der Weisheit am Horizont der heiligen Sendung Gottes aufging, tat sie diese allherrliche Äußerung: Wer Wohlstand besitzt und mit Macht und Amtsgewalt belehnt ist, muß der Religion die höchste Achtung schenken. Die Religion ist wahrlich ein strahlendes Licht und eine uneinnehmbare Feste für den Schutz und die Wohlfahrt aller Völker der Welt; denn die Gottesfurcht treibt den Menschen, sich fest an alles Gute zu halten und alles Böse zu meiden. Würde die Lampe der Religion verdunkelt, so wären Chaos und Verwirrung die Folge, und die Lichter der Redlichkeit und Gerechtigkeit, der Ruhe und des Friedens würden nicht länger scheinen. Dies wird jeder wahrhaft Verständige bezeugen.
Das zweite Ishráq
Wir haben der ganzen Menschheit befohlen, den Geringeren Frieden zu begründen – das sicherste aller Mittel für den Schutz der Menschenwelt. Die Herrscher der Welt sollten sich einmütig daran halten; denn dies ist das vortrefflichste Werkzeug, das Gewähr für Sicherheit und Wohlfahrt aller Völker und Nationen bieten kann. Sie sind wahrlich die Offenbarungen der Macht Gottes und die Morgenröten Seiner Allgewalt. Wir flehen zum Allmächtigen, Er möge ihnen gnädig helfen in dem, was dem Wohlergehen ihrer Untertanen förderlich ist. Eine vollständige Darlegung dieser Angelegenheit hat die Feder der Herrlichkeit schon früher verfaßt. Wohl denen, die danach handeln.
Das dritte Ishráq
Jeder hat die Pflicht, Gottes heilige Gebote zu halten, da sie der Lebensquell der Welt sind. Der Himmel göttlicher Weisheit wird von zwei Leuchten erhellt: Beratung und Barmherzigkeit, und das Königszelt der Weltordnung ist auf zwei Pfeilern errichtet: Lohn und Strafe.
Das vierte Ishráq
In dieser Offenbarung sind die Heerscharen, die sie zum Siege führen können, rühmliche Taten und ein aufrechter Charakter. Anführer und Befehlshaber dieser Heerscharen ist seit je die Gottesfurcht, die alle Dinge umfaßt und beherrscht.
Das fünfte Ishráq
Die Regierungen sollten sich völlig mit den Lebensverhältnissen ihrer Untertanen vertraut machen und ihnen nach Verdienst und Wert Ämter verleihen. Jeder Regent und Herrscher hat die Pflicht, diese Angelegenheit mit größter Sorgfalt zu verfolgen, damit nicht der Verräter das Amt des Getreuen an sich reiße, noch der Plünderer den Platz des Vertrauenswürdigen versehe. Unter den Beamten, die in der Vergangenheit dieses Größte Gefängnis verwalteten, waren manche – Gott sei gelobt – mit Gerechtigkeit geschmückt; aber was die anderen angeht, nehmen Wir Unsere Zuflucht zu Gott. Wir bitten den einen wahren Gott, sie alle zu führen, damit sie der Frucht des Glaubens und der Vertrauenswürdigkeit nicht verlustig gehen noch vom Lichte der Unparteilichkeit und der Gerechtigkeit ferngehalten bleiben.
Das sechste Ishráq
ist Einheit und Eintracht unter den Menschenkindern. Seit Anbeginn der Zeit ergießt das Licht der Einheit seinen göttlichen Strahlenglanz auf die Welt, und das wichtigste Mittel für die Förderung dieser Einheit ist, daß die Völker der Welt sich gegenseitig in Wort und Schrift verstehen. In früheren Sendschreiben haben Wir den Treuhändern des Hauses der Gerechtigkeit befohlen, entweder eine unter den heute bestehenden Sprachen auszuwählen oder eine neue einzuführen und ebenso eine allgemeine Schrift zu bestimmen; beide sollten in allen Schulen der Welt gelehrt werden. So wird die Erde als ein Land und eine Heimat betrachtet. Die herrlichste Frucht vom Baum der Erkenntnis ist dieses erhabene Wort: Ihr seid alle die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges. Es rühme sich keiner, daß er sein Land liebt, weit eher, daß er das Menschengeschlecht liebt. In dieser Hinsicht haben Wir schon früher offenbart, was zum Wiederaufbau der Welt und zur Einheit der Nationen führt. Selig, wer dahin gelangt. Selig, wer danach handelt!
Das siebente Ishráq
Die Feder der Herrlichkeit gibt jedermann Ratschläge zur Unterweisung und Erziehung der Kinder. Seht, was der Wille Gottes bei Unserer Ankunft in der Gefängnisstadt offenbart und im Heiligsten Buche A90 aufgezeichnet hat. Jedem Vater ist die Unterweisung seines Sohnes und seiner Tochter in der Kunst des Lesens und Schreibens sowie allem, was im Heiligen Sendschreiben niedergelegt ist, zur Pflicht gemacht. Wer beiseite schiebt, was ihm geboten ist, dem müssen die Treuhänder abverlangen, was für die Unterweisung der Kinder erforderlich ist, sofern er Vermögen hat; wo nicht, fällt die Sache dem Haus der Gerechtigkeit anheim. Wahrlich, Wir haben es zu einer Zuflucht für die Armen und Bedürftigen gemacht. So jemand seinen Sohn oder den Sohn eines anderen aufzieht, ist es, als erziehe er einen Meiner Söhne. Mit ihm seien Meine Herrlichkeit, Meine Gnade, Meine Barmherzigkeit, die die Welt umfassen.
Das achte Ishráq
Der Abschnitt, den die Feder der Herrlichkeit nunmehr schreibt, gilt als Teil des Heiligsten Buches: Die Mitglieder von Gottes Haus der Gerechtigkeit sind mit den Angelegenheiten des Volkes betraut. Sie sind wahrlich die Treuhänder Gottes unter Seinen Dienern und die Morgenröten der Amtsgewalt in Seinen Landen.
O Volk Gottes! Was die Welt erzieht, ist die Gerechtigkeit, denn sie wird von zwei Säulen getragen: Lohn und Strafe. Diese beiden Säulen sind die Lebensquellen der Welt. Insofern es für jeden Tag ein neues Problem und für jedes Problem eine zweckmäßige Lösung gibt, sind solche Angelegenheiten dem Haus der Gerechtigkeit vorzulegen, damit dessen Mitglieder nach den Nöten und Erfordernissen der Zeit handeln. Die sich für Gott erheben, Seiner Sache zu dienen, sind Empfänger göttlicher Eingebung aus dem unsichtbaren Reich. Alle haben die Pflicht, ihnen zu gehorchen. Alle Staatsgeschäfte sind dem Haus der Gerechtigkeit vorzulegen; aber Gottesdienste müssen so gehalten werden, wie es Gott in Seinem Buch offenbart hat.
O Volk Bahás! Ihr seid die Dämmerorte der Liebe Gottes, die Morgenröten Seiner Gnade. Besudelt eure Zungen nicht mit Flüchen und Schmähreden auf irgendeine Seele und hütet eure Augen vor Unschicklichem. Tut dar, was ihr besitzet. Wird es günstig aufgenommen, ist euer Zweck erreicht; wo nicht, ist Widerspruch fruchtlos. Überlaßt diese Seele sich selbst und kehrt euch zum Herrn, dem Beschützer, dem Selbstbestehenden. Verursacht keinen Kummer, geschweige denn Zwietracht und Streit. Es ist zu hoffen, daß ihr im Schatten des Baumes Seines sanften Erbarmens wahre Erziehung erlangt und nach Gottes Wunsch handelt. Ihr seid alle die Blätter eines Baumes und die Tropfen eines Meeres.
Das neunte Ishráq
Das Ziel der Religion, wie sie vom Himmel des heiligen Willens Gottes offenbart ist, besteht darin, Einheit und Eintracht unter den Völkern der Welt zu stiften; macht sie nicht zur Ursache für Zwist und Streit. Die Religion Gottes und Sein göttliches Gesetz sind die machtvollsten Werkzeuge und die sichersten Mittel dafür, daß das Licht der Einheit zwischen den Menschen anbricht. Der Fortschritt der Welt, die Entwicklung der Nationen, die Ruhe der Völker und der Frieden aller Erdenbewohner gehören zu den Grundsätzen und Geboten Gottes. Die Religion schenkt dem Menschen die wertvollste aller Gaben, reicht ihm den Kelch des Wohlstands, verleiht ihm ewiges Leben und läßt unzerstörbare Wohltaten auf die Menschheit herniedergehen. Es geziemt den Oberhäuptern und Herrschern der Welt, besonders den Treuhändern von Gottes Haus der Gerechtigkeit, sich bis an die Grenzen ihrer Kraft zu mühen, um die Stellung der Religion zu sichern, ihre Interessen zu fördern und ihre Stufe in den Augen der Welt zu erhöhen. Desgleichen ist es ihre Pflicht, die Lebensverhältnisse ihrer Untertanen zu erforschen und sich mit den Belangen und Tätigkeiten der verschiedenen Gemeinschaften in ihren Herrschaftsbereichen vertraut zu machen. Wir rufen die Offenbarungen der Allmacht Gottes – die Herrscher und Regenten auf Erden – auf, sich zu regen und alles, was in ihrer Kraft steht, zu tun, um die Zwietracht zu bannen und die Welt mit dem Licht der Einheit zu erleuchten.
Jeder hat die Pflicht zu befolgen, was aus Unserer Erhabensten Feder floß, und sich fest daran zu halten. Gott, der Wahre, ist Mein Zeuge und jedes vorhandene Atom ist bewegt zu bekunden, daß die Mittel, die die Erhöhung, den Fortschritt, die Erziehung, den Schutz und die Wiederbelebung der Völker auf Erden bewirken, von Uns klar dargelegt und von der Feder der Herrlichkeit in den Heiligen Büchern und Sendbriefen offenbart worden sind.
Wir bitten Gott, Seinen Dienern gnädig beizustehen. Was dieser Unterdrückte von jedem erwartet, ist Gerechtigkeit und Redlichkeit. Keiner darf sich mit bloßem Zuhören begnügen; vielmehr sollte jeder darüber nachdenken, was dieser Unterdrückte offenbart hat. Ich schwöre bei der Sonne des Wortes, die hoch am Horizont über dem Reiche des Allerbarmers scheint: Wäre ein Ausleger oder Sprecher zu erkennen gewesen, hätten Wir Uns nicht der Kritik, dem Gespött und der Verleumdung des Volkes ausgesetzt.
Bei Unserer Ankunft im ‘Iráq fanden Wir die Sache Gottes im Todesschlaf versunken; kein Hauch göttlicher Offenbarung wehte. Die meisten Gläubigen waren schwach und entmutigt, ja völlig verloren und tot. Da geschah der zweite Posaunenstoß, worauf die Zunge der Größe die gesegneten Worte sprach: »Wir haben die Posaune zum zweiten Mal geblasen.«A91 So wurde die ganze Welt mit dem belebenden Hauch göttlicher Offenbarung und Eingebung erquickt.
Nun sind gewisse Seelen hinter den Schleiern hervorgestürzt in der Absicht, diesem Unterdrückten Leid zuzufügen. Sie haben die Ausgießung dieser unschätzbaren Gnadengaben behindert und geleugnet.
O ihr, die ihr rechtschaffen urteilt! Wenn diese Sache geleugnet werden kann, welche andere Sache in der Welt läßt sich dann vertreten oder der Annahme für würdig befinden?
Die der Sache Gottes den Rücken kehren, suchen fleißig die Heiligen Schriften dieser Offenbarung zu sammeln; durch Gebärden der Freundschaft haben sie bereits einige dieser Schriften von denen, die sie besaßen, an sich gebracht. Übrigens geben sie sich, wenn sie Anhängern einer anderen Religion begegnen, als deren Mitgläubige aus. Sprich: Sterbt in eurem Zorn! Wahrlich, Er ist mit solcher Allmacht erschienen, daß kein Mensch mit Sehvermögen und Gehör, mit Einsicht, Rechtsempfinden oder Redlichkeit Ihn jemals leugnen kann. Dies bezeugt zu dieser strahlenden Stunde die Feder Dessen, Der der Altehrwürdige der Tage ist.
O Jalíl! Mit dir sei Meine Herrlichkeit. Wir ermahnen die Geliebten Gottes, gute Taten zu vollbringen, auf daß ihnen gnädig geholfen werde und sie sich unerschütterlich an das halten, was vom Himmel Seiner Offenbarung herniedergesandt ist. Der Segen aus diesem göttlichen Wort fällt denen zu, die Seine Gebote halten. Wir bitten Gott, sie zu solchen Taten zu befähigen, die vor Ihm annehmbar und wohlgefällig sind; ihnen zu gewähren, daß sie unparteiisch handeln und Gerechtigkeit üben in dieser allbezwingenden Sache, sie mit Seinen Heiligen Schriften vertraut zu machen und ihre Schritte auf Seinen geraden Pfad zu lenken.
Unser Erhabener Vorläufer – möge das Leben aller außer Ihm um Seinetwillen geopfert werden – hat gewisse Gesetze offenbart; doch wurden im Reiche Seiner Offenbarung diese Gesetze von Unserer Billigung abhängig gemacht. Demzufolge hat dieser Unterdrückte einige dieser Gesetze in Kraft gesetzt, indem Er sie mit veränderten Worten in den Kitáb-i-Aqdas eingliederte. Andere hoben Wir auf. Er hält die Vollmacht in Händen. Er tut, was Er will, und verordnet, was Ihm gefällt. Er ist der Allmächtige, der Allgepriesene. Es gibt auch neu offenbarte Gesetze. Selig sind, die dazu gelangen. Selig sind, die Seine Gebote befolgen.
Das Volk Gottes sollte sich aufs äußerste mühen, daß das Feuer des Hasses und der Bosheit, das den Völkern und Geschlechtern in der Brust schwelt, durch die Lebenswasser weiser Rede und die Ermahnungen Dessen, Der die Sehnsucht der Welt ist, gelöscht und die Bäume menschlichen Seins mit wundersamen, köstlichen Früchten geschmückt werden. Er ist in Wahrheit der Ermahner, der Erbarmer, der Gabenreichste.
Seine Herrlichkeit, die mit ihrem Glanz am Himmelszelt der Großmut strahlt, ruhe auf euch, o Volk Bahás, auf jedem, der fest und standhaft ist, auf allen, die im Glauben sicher gegründet und mit wahrem Verständnis bekleidet sind.
Zu deiner Frage bezüglich des Zinses und Gewinns aus Gold und Silber: Vor einigen Jahren wurde aus dem Himmel des Allbarmherzigen zu Ehren dessen, der den Namen Gottes, den Würdentitel Zaynu’l-MuqarrabínA92, trägt – mit ihm sei die Herrlichkeit des Allherrlichen – der folgende Abschnitt offenbart. Er – gepriesen sei Sein Wort – spricht: Viele Menschen sind darauf angewiesen. Wenn es keine Aussicht auf Zinsertrag gäbe, würden deshalb die Geschäfte der Menschen zusammenbrechen oder durcheinander geraten. Nur selten findet man jemanden, der so viel Rücksicht für seinen Mitmenschen, seinen Landsmann oder selbst seinen Bruder, an den Tag legt und ihn derart zart umsorgt, daß er ihm bereitwillig ein zinsloses Darlehen zur Unterstützung gewährt.A93 Deshalb haben Wir zum Zeichen der Gunst für die Menschen verordnet, daß Schuldzinsen wie andere unter den Menschen übliche Geschäfte zu behandeln sind. Nachdem diese klare Verfügung nunmehr vom Himmel des Willens Gottes herniederkam, ist die Zinsnahme rechtens und angebracht, damit das Erdenvolk sich im Geiste der Freundschaft und Brüderlichkeit mit Freude und Frohsinn hingebungsvoll der Verherrlichung Seines Namens, der Meistgeliebte der ganzen Menschheit, widme. Wahrlich, Er verordnet nach Seiner Wahl. Er hat nunmehr Schuldzinsen rechtmäßig gemacht, wie Er sie in der Vergangenheit unrechtmäßig gemacht hatte.A94 In Seiner Hand hält Er das Reich der Allmacht. Er handelt und verordnet. Er ist fürwahr der Gebieter, der Allwissende.
Danke deinem Herrn, o Zaynu’l-Muqarrabín, für diese offenbare Gnadengabe.
Viele Geistliche in Persien ernähren sich von rechtswidrigen Gewinnen, die sie durch Wucher mit zahllosen Kniffen und Schlichen erlangen. Sie haben Mittel und Wege ersonnen, wie sie alledem den äußeren Anschein der Rechtmäßigkeit geben. Aus den Gesetzen und Geboten Gottes machen sie ein Spielzeug, und doch verstehen sie es nicht.
Diese Sache muß jedoch maßvoll und gerecht behandelt werden. Unsere Feder der Herrlichkeit verzichtet zum Zeichen der Weisheit und zum Vorteil des Volkes darauf, die Grenze festzulegen. Nichtsdestoweniger ermahnen Wir die Geliebten Gottes, gerecht und billig zu verfahren und zu tun, was die Freunde Gottes ermutigt, einander zartes Erbarmen und Mitleid zu bekunden. Er ist fürwahr der Ratgeber, der Mitleidvolle, der Gabenreichste. Gebe Gott, daß allen Menschen gnädig geholfen werde zu befolgen, was die Zunge des einen wahren Gottes sprach. Und wenn sie verwirklichen, was Wir darlegen, wird Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – ihren Anteil aus dem Himmel Seiner Großmut sicherlich verdoppeln. Wahrlich, Er ist der Großzügige, der Vergebende, der Mitleidvolle. Preis sei Gott, dem Erhabensten, dem Größten.
Trotz allem ist die Regelung dieser Angelegenheiten den Mitgliedern des Hauses der Gerechtigkeit anvertraut, damit sie nach den Erfordernissen der Zeit und den Eingebungen der Weisheit verfahren.
Noch einmal ermahnen wir alle Gläubigen, Gerechtigkeit und Redlichkeit walten zu lassen, aber auch Liebe und Zufriedenheit zu bekunden. Sie sind fürwahr das Volk Bahás, die Gefährten der Roten Arche. Mit ihnen sei der Friede Gottes, des Herrn aller Namen, des Schöpfers der Himmel.
Lawḥ-i-Ḥikmat (Das Tablet der Weisheit)
Dieses Sendschreiben war gerichtet an Áqá Muḥammad, einen bedeutenden Gläubigen aus der Stadt Qá’in, der den Ehrennamen Nabíl-i-Akbar erhielt (vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Vorbilder der Treue, Kap. 1: »Nabíl-i-Akbar«). Ein anderer bedeutender Bahá’í aus Qá’in, Mullá Muḥammad-‘Alí, war als Nabíl-i-Qá’iní bekannt (vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Vorbilder der Treue, Kap. 17: » Nabíl von Qá’in«).
Dies ist ein Lehrbrief, den der Allerbarmer aus dem Reich des Wortes herniedersendet. Er ist fürwahr ein Lebenshauch für die, so im Reiche der Schöpfung wohnen. Verherrlicht sei der Herr aller Welten! In diesem Lehrbrief wird des Mannes gedacht, der den Namen Gottes, seines Herrn, erhöht und in einem gewichtigen Sendschreiben Nabíl genannt ist.
O Muḥammad!A95 Höre auf die Stimme, die vom Reiche der Herrlichkeit ausgeht und laut aus dem himmlischen Baum hoch über dem Lande Za‘faránA96 ruft: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Weisen.« Sei du wie der Odem des Allbarmherzigen für die Bäume im Reiche des Seins: Fördere ihr Wachstum durch die Kraft des Namens deines Herrn, der Gerechte, der Allunterrichtete. Unser Wunsch ist es, dich mit allem vertraut zu machen, was dem Volke zur Mahnung dient, damit die Menschen ablegen, was unter ihnen im Schwange ist, und ihr Angesicht Gott, dem Herrn der Aufrichtigen, zukehren.
Wir ermahnen die Menschheit in diesen Tagen, da das Antlitz der Gerechtigkeit in Staub gehüllt ist, da hoch die Flammen des Unglaubens lodern und das Gewand der Weisheit zerrissen ist, da Ruhe und Treue verebben, Prüfungen und Drangsale aber heftig angeschwollen sind, da Bünde gebrochen und Bande zertrennt werden, da kein Mensch mehr weiß, wie er das Licht von der Finsternis, die Führung vom Irrtum unterscheiden soll.
O Völker der Welt! Gebt alles Böse auf und haltet fest, was gut ist. Strebt danach, der ganzen Menschheit leuchtende Beispiele zu bieten und Wahrzeichen der göttlichen Tugenden unter den Menschen zu sein. Wer sich aufmacht, Meiner Sache zu dienen, sollte Meine Weisheit offenbaren und alle Mühe darauf wenden, die Unwissenheit von der Erde zu verbannen. Seid einig in der Beratung, seid eins im Denken. Laßt jeden Morgen besser sein als den Abend davor und jeden neuen Tag reicher werden als den gestrigen. Des Menschen Vorzug liegt im Dienst und in der Tugend, nicht im Prunk des Wohllebens und des Reichtums. Habt acht, daß eure Worte rein sind von eitlem Wahn und weltlichen Lüsten und eure Taten von List und Argwohn. Vergeudet nicht den Reichtum eures kostbaren Lebens im Verfolg böser, verderbter Neigung, noch laßt eure Mühe völlig in der Förderung eurer eigenen Interessen aufgehen. Seid großzügig in Tagen der Fülle und geduldig in der Stunde des Verlustes. Auf Not kommt Erfolg, und Jubel folgt dem Wehe. Nehmt euch in acht vor Faulheit und Müßiggang, haltet euch an das, was der Menschheit, ob jung oder alt, hoch oder niedrig, Nutzen bringt. Hütet euch, das Unkraut des Zwistes unter die Menschen zu säen oder die Dornen des Zweifels in reine, strahlende Herzen zu pflanzen.
O ihr Geliebten des Herrn! Begeht nichts, was den klaren Fluß der Liebe verschmutzt oder den süßen Duft der Freundschaft tilgt. Bei der Gerechtigkeit des Herrn! Ihr seid erschaffen, einander Liebe zu bezeigen, nicht Eigensinn und Groll. Seid nicht stolz auf eure Eigenliebe, sondern auf die Liebe zu euren Mitgeschöpfen. Rühmt euch nicht der Liebe zu eurem Vaterland, sondern der Liebe zur ganzen Menschheit. Laßt euer Auge keusch, eure Hand getreu, eure Zunge wahr und euer Herz licht sein. Setzt nicht die Stufe der Gelehrten in Bahá herab und schmälert nicht den Rang solcher Herrscher, die Gerechtigkeit zwischen euch üben. Vertraut auf die Heerschar der Gerechtigkeit, legt den Harnisch der Weisheit an, schmückt euch mit Vergebung und Barmherzigkeit sowie mit allem, was den Begünstigten Gottes das Herz erfreut.
Bei Meinem Leben! Die Betrübnisse, die du erwähnst, haben Mich traurig gemacht. Achte nicht der Kinder dieser Welt und all ihrer Taten, sondern hefte deinen Blick auf Gott und seine immerwährende Herrschaft. Wahrlich, Er ruft dir in Erinnerung, was der Quell des Ergötzens für die ganze Menschheit ist. Trinke das lebenspendende Wasser seliger Freude aus dem Kelch des Wortes, den der Urquell göttlicher Offenbarung reicht – Er, der deiner in dieser mächtigen Feste gedenkt. Mühe dich bis an die Grenzen deiner Kräfte, weise und beredt dem Wort der Wahrheit Geltung zu verschaffen und die Falschheit vom Antlitz der Erde zu bannen. So befiehlt dir der Morgen göttlicher Erkenntnis an diesem leuchtenden Horizont.
O du, der du in Meinem Namen sprichst! Sieh das Volk und was es in Meinen Tagen angerichtet hat. Einem der Herrscher haben Wir offenbart, was alle Erdenbewohner überwältigt; Wir haben ihn aufgefordert, Uns den Gelehrten dieser Zeit gegenüberzustellen, damit Wir vor ihm selbst das Zeugnis Gottes, Seine Beweise, Seine Herrlichkeit und Majestät darlegen könnten; und damit hatten Wir nur das Allerbeste im Sinn. Aber er beging, was in den Städten der Gerechtigkeit und Billigkeit alle Einwohner wehklagen ließ. So ward das Urteil gefällt zwischen Mir und ihm. Wahrlich, dein Herr ist der Gesetzgeber, der Allunterrichtete. Wie kann sich unter den Umständen, die du siehst, der Himmelsvogel in die Lüfte göttlicher Geheimnisse emporschwingen, wenn seine Flügel mit den Steinen eitlen Wahns und grimmen Hasses zerschmettert werden, wenn er in einen Kerker aus hartem Fels geworfen ist? Bei der Gerechtigkeit Gottes! Das Volk hat ein schlimmes Unrecht verübt.
Was deine Bemerkung über den Anbeginn der Schöpfung anbelangt, so ist dies ein Gegenstand, über den die Auffassungen wegen der Verschiedenheiten der Gedanken und Blickpunkte auseinandergehen. Wolltest du behaupten, die Schöpfung habe immer bestanden und werde allzeit weiterbestehen, so wäre dies wahr; würdest du hingegen diejenige Vorstellung vertreten, die in den heiligen Schriften erwähnt ist, so gäbe es daran keinen Zweifel, denn sie ist von Gott, dem Herrn der Welten, offenbart. Er war fürwahr ein verborgener Schatz. Dies ist eine Stufe, die niemals beschrieben werden oder auch nur angedeutet werden kann. Und auf der Stufe des »Ich wünschte, Mich bekannt zu machen« war Gott; Seine Schöpfung bestand immer unter Seinem Schutz, vom Anfang an, der keinen Anfang hat, abgesehen davon, daß ihr ein VorseinA97 voranging, das nicht als Vorsein betrachtet werden kann und von einer Ursache begründet ist, die selbst für alle Gelehrten unerforschlich bleibt.
Was besteht, bestand zuvor, aber nicht in der Gestalt, in der du es heute wahrnimmst.A98 Die Welt des Seins entstand durch die WärmeA99, welche die VermischungA100 zwischen dem WirkendenA101 und dem Wirkung EmpfangendenA102 hervorrief. Beide sind gleich und doch verschieden. So unterrichtete dich die Große Verkündigung über dieses allherrliche Gefüge. Was wirkt und was die Wirkung empfängt, ist fürwahr beides durch das unwiderstehliche Wort Gottes erschaffen, das die Ursache der ganzen Schöpfung ist, während alles außer Seinem Wort erschaffen und bedingt ist. Wahrlich, dein Herr ist der Erklärer, der Allweise.
Wisse ferner, daß das Wort Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – hoch und weit überlegen über allem steht, was die Sinne wahrnehmen können; denn es ist geheiligt über NaturA103 oder SubstanzA104. Es übersteigt die Grenzen der bekannten ElementeA105 und ist erhaben über alle wesentlichen, anerkannten SubstanzenA106. Es wurde offenbar ohne eine Silbe oder einen Laut und ist nichts anderes als der BefehlA107 Gottes, der alles Erschaffene durchdringt. Niemals war es der Welt des Seins vorenthalten. Es ist Gottes alldurchdringende Gnade, von der jedwede Gnade ausgeht, eine Wesenheit, die hoch über allem steht, was war und sein wird.
Nur ungern verbreiten Wir uns über diesen Gegenstand, da die Ungläubigen die Ohren auf uns richten, um Worte zu hören, die sie in die Lage versetzen, an Gott, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden, herumzunörgeln. Außerstande, die Geheimnisse der Erkenntnis und Weisheit zu erlangen, wie sie der Urquell göttlichen Glanzes enträtselt, erheben sie ihren Protest und machen großes Geschrei. Allerdings wenden sie sich gegen das, was sie begreifen, nicht gegen die Darlegungen des göttlichen Erklärers oder gegen die Wahrheiten, die der eine wahre Gott, der Kenner des Unsichtbaren, vermittelt. Alle ihre Einwände fallen auf sie zurück, und Ich schwöre bei deinem Leben, sie sind jeden Verständnisses bar.
Jedes Ding muß zwangsläufig einen Ursprung haben, jedes Bauwerk einen Baumeister. Wahrlich, das Wort Gottes ist die Ursache, die der Welt des SeinsA108 vorangeht – einer Welt, die mit dem Strahlenglanz des Altehrwürdigen der Tage geschmückt ist, aber zu allen Zeiten erneuert wird und neu ersteht. Unermeßlich erhaben ist der Gott der Weisheit, der dieses hehre Gefüge errichtet hat.
Betrachte die Welt und denke eine Weile darüber nach. Sie entschleiert das Buch ihres eigenen Selbstes vor deinen Augen und offenbart, was die Feder deines Herrn, des Gestalters, des Allwissenden, hineingeschrieben hat. Sie will dich mit allem vertraut machen, was in ihr und auf ihr ist, und dir klare Darlegungen geben, um dich von noch so beredten Auslegern unabhängig zu machen.
Sprich: Die Natur ist in ihrem Wesen die Verkörperung Meines Namens, der Gestalter, der Schöpfer. A109 Ihre Offenbarungen sind verschiedenartig durch verschiedene Ursachen, und in dieser Verschiedenartigkeit sind Zeichen für urteilsfähige Menschen. Die Natur ist Gottes Wille, dessen Ausdruck in der bedingten WeltA110 und durch diese. Sie ist Teil des Waltens der Vorsehung, verordnet von dem Verordner, dem Allweisen. Wollte jemand erklären, sie sei Gottes Wille, wie er sich in der Welt des Seins offenbart, so könnte keiner diese Behauptung anzweifeln. Sie ist mit einer Kraft begabt, deren Wirklichkeit die Gelehrten nicht begreifen können. Der Einsichtsvolle kann fürwahr nichts in ihr wahrnehmen als den Strahlenglanz Unseres Namens, der Schöpfer. Sprich: Dies ist ein Dasein, das keinen Niedergang kennt, und die Natur selbst ist erstaunt ob seiner Offenbarungen, seiner zwingenden, augenfälligen Beweise und seines Strahlenglanzes, wie sie das Weltall umschließen.
Es steht dir schlecht an, wenn du den Blick auf frühe oder jüngere Zeiten zurückwendest. Erwähne diesen Tag Gottes und verherrliche, was an ihm erschienen ist. Es wird fürwahr der ganzen Menschheit genügen. In der Tat lassen Darlegungen und Vorträge zur Erläuterung solcher Dinge die Gemüter erkalten. Es geziemt dir, so zu reden, daß die Herzen der wahrhaft Gläubigen entflammt werden und ihre Leiber sich aufschwingen.
Wer heute fest an die Wiedergeburt des Menschen glaubt und sich voll bewußt ist, daß Gott, der Erhabenste, höchste Überlegenheit und absolute Allmacht über diese neue Schöpfung übt, wahrlich, ein solcher Mensch wird zu denen gezählt, die mit Einsicht in diese größte Offenbarung begabt sind. Dies bezeugt jeder urteilsfähige Gläubige.
Wandle hoch über der Welt durch die Macht des Größten Namens, auf daß du der uralten Geheimnisse gewahr werdest und kennenlernst, was noch keiner kennt. Wahrlich, dein Herr ist der Helfer, der Allkennende, der Allunterrichtete. Sei wie eine Schlagader, die durch den Leib der ganzen Schöpfung pulsiert, damit durch die Wärme, die solche Bewegung schafft, erscheine, was die Herzen der Zauderer belebt.
Zu der Zeit, da Wir hinter tausend Lichtschleiern verborgen waren, warst du vertraut mit Mir; du schautest die Himmelsleuchten Meiner Weisheit und hörtest die Meereswellen Meiner Rede wogen. Wahrlich, dein Herr ist der Wahrhaftige, der Getreue. Groß ist fürwahr der Segen dessen, der zu den freizügigen Ausgießungen dieses Meeres gelangt ist in den Tagen seines Herrn, des Großmütigsten, des Allweisen.
Während Unseres Aufenthaltes im ‘Iráq weilten Wir im Hause eines Mannes namens Majíd. Dort legten Wir dir die Geheimnisse der Schöpfung, ihren Ursprung, ihren Gipfelpunkt und ihre Ursache dar. Seit Unserer Abreise haben Wir Uns jedoch auf die Versicherung beschränkt: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Ewigvergebenden, dem Großmütigen.«
Lehre die Sache Gottes mit solcher Rede, daß die Büsche entflammt werden und der Ruf »Wahrlich, kein Gott ist außer Mir, dem Allmächtigen, dem Unumschränkten« aus ihnen erschallt. Sprich: Menschliche Rede will ihrem Wesen nach Einfluß üben und bedarf deshalb der Mäßigung. Ihr Einfluß ist durch Feinheit bedingt, die wiederum von losgelösten, reinen Herzen abhängt. Ihre Mäßigung muß mit Takt und Weisheit gepaart sein, wie es in den Heiligen Büchern und Sendbriefen vorgeschrieben ist. A111 Sinne nach über das, was herniedergeströmt ist vom Himmel des Willens deines Herrn, des Quells aller Gnade, damit du die gewollte Bedeutung begreifest, die in den geweihten Tiefen der Heiligen Schriften verwahrt ist.
Die Gott leugnen und sich fest an die Natur als solche klammern, sind wahrlich der Erkenntnis und der Weisheit bar. Sie gehören zu denen, die weitab in der Irre schweifen. Sie haben den hohen Gipfel nicht erreicht und das letzte Ziel verfehlt; deshalb wurden ihnen die Augen geschlossen, und ihre Gedanken liefen auseinander, während ihre Führer ehedem an Gott und an Seine unüberwindliche Souveränität glaubten. Dies bezeugt dein Herr, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende.
Als im Osten die Augen des Volkes von den Künsten und Wundern des Westens gefangengenommen wurden, da schweiften sie irregeworden in der Wildnis stofflicher Ursachen, des Einen vergessend, der der Verursacher der Ursachen und ihr Erhalter ist. Solche Menschen aber, die Quell und Born der Weisheit waren, leugneten niemals den bewegenden Antrieb hinter diesen Ursachen, deren Schöpfer oder Ursprung. Dein Herr weiß es, aber die meisten Menschen wissen es nicht.
Und nun haben Wir Uns um Gottes, des Herrn der Namen, willen zur Aufgabe gemacht, in diesem Sendbrief einige Berichte über die WeisenA112 zu erwähnen, damit dem Volke die Augen geöffnet werden und alle ganz gewiß seien, daß Er fürwahr der Gestalter, der Allmächtige, der Schöpfer, der Begründer, der Allwissende, der Allweise ist.
Anerkanntermaßen sind die zeitgenössischen Gelehrten sehr befähigt in Philosophie, Künsten und Gewerben; aber wollte jemand mit scharfem Auge beobachten, würde er leicht begreifen, daß diese Erkenntnis zumeist von den Weisen der Vergangenheit erworben ist, denn diese haben die Grundlagen der Philosophie gelegt, ihr Gebäude errichtet und mit starken Säulen untermauert. So unterrichtet dich dein Herr, der Altehrwürdige der Tage. Die Weisen erwarben ehedem ihre Erkenntnis von den Propheten, da diese die Ausleger göttlicher Philosophie und die Offenbarer himmlischer Geheimnisse waren. Die Menschen tranken die kristallenen Lebenswasser ihrer Rede, während andere sich mit dem Bodensatz befriedigten. Jedermann erhält einen Anteil nach seinem Maß. Wahrlich, Er ist der Ausgleichende, der Weise.
Empedokles, der sich in der Philosophie hervortat, war ein Zeitgenosse Davids, während Pythagoras in den Tagen Salomons, des Sohnes Davids, lebte und Weisheit aus dem Schatz des Prophetentums erwarb. Er behauptete, das Raunen der Himmel gehört und die Stufe der Engel erreicht zu haben. In Wahrheit wird dein Herr alles klar darlegen, wenn es Ihm gefällt. Wahrlich, Er ist der Weise, der Alldurchdringende.
Das Wesen und die Grundlagen der Philosophie stammen von den Propheten. Daß die Menschen sich im Hinblick auf die inneren Bedeutungen und Geheimnisse der Philosophie voneinander unterscheiden, ist der Verschiedenartigkeit ihrer Ansichten und ihres jeweiligen Verstandes zuzuschreiben. Wir möchten dir folgendes erzählen: Einmal gab einer der Propheten Seinem Volk weiter, was der Allmächtige Herr Ihm eingegeben hatte. Wahrlich, dein Herr ist der Eingeber, der Gnädige, der Erhabene. Als der Springquell weiser Beredsamkeit aus dem Born Seiner Worte strömte und der Wein göttlichen Wissens alle berauschte, die Seine Schwelle gesucht hatten, da rief Er: »Siehe da! Alle sind vom Geist erfüllt.« Im Volk aber war einer, der sich an diese Feststellung klammerte und, von seinem eigenen Wahn getrieben, die Idee ersann, daß der Geist buchstäblich in den Leib eindringt oder hineinfährt. In langen Abhandlungen brachte er Beweise vor, diese Vorstellung zu untermauern, und Gruppen des Volkes folgten seinen Fußstapfen. Ihre Namen hier zu erwähnen oder dir einen umfassenden Bericht zu geben, wäre weitschweifig und brächte uns vom Hauptthema ab. Wahrlich, dein Herr ist der Allweise, der Allkennende. Aber es gab auch denjenigen, der an dem erlesenen Wein teilhatte, erschlossen und entsiegelt von der Zunge Dessen, Der der Enthüller ist der Verse deines Herrn, des Gnädigen, des Großzügigsten.
Wahrlich, die Philosophen haben den Altehrwürdigen der Tage nicht geleugnet. Die meisten von ihnen beklagten bei ihrem Hinscheiden ihr Unvermögen, Sein Geheimnis auszuloten, wie manche dies bezeugt haben. Wahrlich, dein Herr ist der Berater, der Allunterrichtete.
Denke an Hippokrates, den Arzt.
Er war einer der hervorragenden Philosophen, die an Gott glaubten und Seine Herrschaft anerkannten.
Nach ihm kam Sokrates, der fürwahr weise, gebildet und rechtschaffen war.
Er übte Selbstverleugnung, zügelte seine Lust auf selbstische Wünsche und kehrte sich ab von irdischen Vergnügungen.
Er zog sich in die Berge zurück, wo er in einer Höhle hauste.
Er brachte die Menschen davon ab, Götzen anzubeten, und lehrte sie den Pfad Gottes, des Herrn der Barmherzigkeit, bis sich die Unwissenden gegen ihn erhoben.
Sie nahmen ihn fest und brachten ihn im Gefängnis zu Tode.
So berichtet dir diese dahinfliegende Feder.
Welch durchdringende Schau der Philosophie hatte dieser vortreffliche Mann!
Er ist von allen Philosophen der Hervorragendste und ein großer Weiser.
Wir bezeugen, daß er ein Held auf diesem Felde ist, ein hervorragender, der Weisheit ergebener Kämpe.
Er hatte gründliche Kenntnis der Wissenschaften, die unter den Menschen geläufig waren, wie auch derjenigen, die vor ihrem Geist verschleiert waren.
Mich dünkt, er trank einen vollen Zug, als das Größte Meer mit schimmernden Lebenswassern brandete.
Er hatte Kenntnis von der besonderen, der ausgewogenen und der bezwingenden Natur, die wahrlich dem menschlichen Geiste am meisten ähnelt.
Er hat sie aus der SubstanzA113 heraus entwickelt.
Es gibt eine besondere Erklärung zu diesem bedeutsamen Thema.
Würdest du die Weltweisen dieser Generation über seine Darlegung befragen, müßtest du bezeugen, daß sie unfähig sind, diese zu begreifen.
Wahrlich, dein Herr spricht die Wahrheit, aber die meisten Menschen verstehen nicht.
Nach Sokrates kam der göttliche Plato, der sein Schüler war und als sein Nachfolger den Thron der Philosophie einnahm. Er bezeugte seinen Glauben an Gott und an Seine Zeichen, die alles durchdringen, was war und sein wird. Dann kam Aristoteles, der berühmte Mann der Wissenschaft. Er entdeckte die Kraft gasförmiger Stoffe. Diese Männer, die als Führer des Volkes hervorragen und berühmt sind, bekundeten alle ihren Glauben an das unsterbliche Wesen, das die Zügel aller Wissenschaften in Seinem Griff hält.
Ich werde auch das Bittgebet für dich anführen, das Balínús sprach, der vertraut war mit den Theorien des Vaters der Philosophie über die Geheimnisse der Schöpfung, dargelegt auf seinen smaragdenen Tafeln, auf daß jedermann volle Gewißheit in allem erlange, was Wir dir erläutern in diesem offenbaren Sendbrief, der, mit der Hand des rechten Maßes und des Wissens gehalten, den Geist des Lebens zur Erfrischung alles Erschaffenen verströmen wird. Groß ist der Segen dessen, der in diesem Meere schwimmt und den Lobpreis seines Herrn, des Gnädigen, des Meistgeliebten, feiert. Fürwahr, der Hauch göttlicher Offenbarung strömt so aus den Versen deines Herrn, daß keiner ihre Wahrheit bestreiten kann, jene ausgenommen, welche des Gehörs, der Schau, des Verständnisses und jeder menschlichen Fähigkeit ermangeln. Wahrlich, dein Herr bezeugt dies, und doch versteht es das Volk nicht.
Dieser Mann sprach: »Ich bin Balínús, der Weise, der Wundertäter, der Hersteller von Talismanen.« Er übertraf jeden anderen in der Verbreitung von Künsten und Wissenschaften und schwang sich auf zu den höchsten Höhen der Bescheidenheit und des demütigen Bittens. Höre, was er sagte, zu dem Allbesitzenden, dem Erhabensten flehend: »Ich stehe in der Gegenwart meines Herrn, lobpreise Seine Segnungen und Gnadengaben und huldige Ihm mit der Huldigung, die Er Seinem eigenen Selbst erweist, auf daß ich ein Quell der Gnade und der Führung werde für die Menschen, die meine Worte anerkennen.« Und weiter spricht er: »O Herr! Du bist Gott, und es gibt keinen Gott außer Dir. Du bist der Schöpfer, und es ist kein Schöpfer neben Dir. Hilf mir mit Deiner Gnade und stärke mich. Mein Herz ist in Angst geraten, meine Glieder zittern, ich habe den Verstand verloren, und der Geist hat mich verlassen. Verleihe mir Stärke und befähige meine Zunge, mit Weisheit zu reden.« Und schließlich sagt er: »Du bist in Wahrheit der Wissende, der Weise, der Machtvolle, der Barmherzige.« Dieser Weise wurde über die Geheimnisse der Schöpfung unterrichtet; er kam dem tiefen Sinn auf den Grund, der in den hermetischen Schriften verborgen liegt.A114
Weiter möchten Wir nichts dazu sagen, sondern nur wiedergeben, was der Geist Meinem Herzen einflößt. Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Wissenden, dem Mächtigen, dem Helfer in Gefahr, dem Erhabensten, dem Allgepriesenen. Bei Meinem Leben! An diesem Tag ist es der himmlische Baum leid, der Welt anderes zu verkünden als die Versicherung: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unvergleichlichen, dem Allunterrichteten.«
Hegte Ich nicht so große Liebe zu dir, Ich hätte kein einziges Wort von dem zuvor Erwähnten geäußert. So schätze denn den Wert dieser Stufe und bewahre ihn, wie du dein Augenlicht bewahrst, und gehöre zu den wahrhaft Dankbaren.
Du weißt sehr wohl, daß Wir die Bücher nicht lasen, welche die Menschen besitzen, und die Gelehrsamkeit nicht erwarben, die unter ihnen geläufig ist. Und doch: Wann immer Wir die Aussprüche der Gebildeten und der WeisenA115 anzuführen wünschen, erscheint augenblicks vor dem Antlitz deines Herrn in der Gestalt einer Tafel all das, was in der Welt erschienen und in den Heiligen Büchern und Schriften offenbart ist. So senden Wir in Schriftform hernieder, was das Auge wahrnimmt. Wahrlich, Sein Wissen umschließt die Erde und die Himmel.
Dies ist ein Sendbrief, darin die Feder des Unsichtbaren die Kenntnis all dessen verzeichnet, was war und was sein wird – eine Kenntnis, die nur Meine wundersame Zunge auslegen kann. Fürwahr, Mein Herz, wie es in sich besteht, ist durch Gott gereinigt von den Begriffen der Gelehrten und geheiligt über die Worte der Weltweisen. Wahrlich, es spiegelt nichts als die Offenbarungen Gottes. Dies bezeugt die Zunge der Größe in diesem deutlichen Buche.
Sprich: O Volk der Erde! Habet acht, daß euch nicht die Beschäftigung mit der Weisheit von deren Urquell ausschließe oder euch von ihrem Aufgangsort fernhalte. Richtet eure Herzen auf euren Herrn, den Erzieher, den Allweisen.
Jedem Lande haben Wir einen Anteil verschrieben, jedem Anlaß einen angemessenen Beitrag, jeder Verkündigung die rechte Zeit und jeder Lebenslage den passenden Ausspruch. Denke an Griechenland. Wir machten es zum Thron der Weisheit für eine lange Zeit. Als aber die festgesetzte Stunde schlug, da wurde sein Thron gestürzt, seine Zunge verstummte, sein Licht verdämmerte und sein Banner wurde eingeholt. So geben und so nehmen Wir. Wahrlich, dein Herr ist Der, welcher verleiht und entzieht, der Mächtige, der Kraftvolle.
In jedem Land haben Wir eine Leuchte der Erkenntnis aufgerichtet, und wenn die vorherbestimmte Zeit naht, wird sie hell strahlen an seinem Horizont, wie es Gott befiehlt, der Allwissende, der Allweise. Wäre es Unser Wille, könnten Wir dir beschreiben, was es in jedem Lande gibt und was dort geschehen ist. Fürwahr, das Wissen deines Herrn durchdringt die Himmel und die Erde.
Alsdann wisse, daß die Menschen ehedem Dinge schufen, welche die Gelehrten heutzutage nicht zu schaffen vermögen. Wir erinnern dich an Martos, der einer der Gelehrten war. Er erfand einen Apparat, der den Schall auf eine Entfernung von sechzig Meilen übermittelte. Neben ihm gab es andere, die Dinge entdeckten, wie sie niemand in diesem Zeitalter gesehen hat. Wahrlich, dein Herr offenbart in jeder Epoche, was Ihm gefällt, als ein Zeichen Seiner Weisheit. Er ist fürwahr der höchste Verordner, der Allweise.
Niemals wird ein wahrer Philosoph Gott oder Seine augenfälligen Beweise leugnen; vielmehr wird er Gottes Herrlichkeit und Seine allbezwingende Majestät, die alles Erschaffene überschatten, anerkennen. Wahrlich, Wir lieben diejenigen Gelehrten, die ans Licht bringen, was das Wohl der Menschheit fördert, und Wir helfen ihnen mit der Kraft Unseres Geheißes; denn Wir sind durchaus imstande, Unser Ziel zu erreichen.
Hütet euch, o Meine Geliebten, die Verdienste Meiner gelehrten Diener gering zu achten, derer, die Gott gnädig erwählt hat, Träger Seines Namens, ›der Gestalter‹, inmitten der Menschheit zu sein. Mühet euch aufs äußerste, Fertigkeiten und Unternehmungen zu entwickeln, von denen jedermann, jung oder alt, Nutzen zieht. Nichts haben Wir mit den Unwissenden zu tun, die sich einbilden, es bedeute Weisheit, seinem eitlen Wahn freien Lauf zu lassen und Gott, den Herrn aller Menschen, zu leugnen, wie Wir es von manchen Achtlosen heutzutage hören.
Sprich: Der Anbeginn der Weisheit und ihr Ursprung ist anzuerkennen, was Gott deutlich darlegt, weil dessen Kraft die Staatskunst, Schutz und Schirm für den Leib der Menschheit, auf eine feste Grundlage stellt. Denke eine Weile nach, damit du wahrnimmst, was Meine erhabenste Feder in diesem wundersamen Sendbrief verkündet. Sprich: Alles PolitischeA116, was ihr erörtert, fällt unter den Schatten eines der Worte, die vom Himmel Seiner ruhmreichen, Seiner erhabenen Rede herniedergesandt sind. So haben Wir dir berichtet, was dein Herz erhellt, deine Augen tröstet und dich befähigt aufzustehen, um Seine Sache inmitten aller Völker zu fördern.
O Mein Nabíl! Laß dich durch nichts betrüben, sondern frohlocke in überschäumender Freude, da Ich deines Namens gedachte, Mein Herz und Mein Angesicht dir zuwandte und mit dir Zwiesprache hielt durch diese unwiderlegliche, diese gewichtige Abhandlung. Sinne nach in deinem Herzen über die Trübsale, die Ich erdulde, die Haft und Gefangenschaft, die Ich ertrage, die Leiden, die Mich befallen, und die Anschuldigungen, die das Volk gegen Mich erhebt. Siehe, sie sind fürwahr in einen dichten Schleier gehüllt.
Als der Redestrom diesen Stand erreichte, brach der Morgen göttlicher Geheimnisse an, und das Licht der Äußerung wurde gelöscht. Möge Seine Herrlichkeit auf dem Volk der Weisheit ruhen, wie es Er, der Allmächtige, der Allgepriesene, geboten hat.
Sprich: verherrlicht sei Dein Name, o Herr, mein Gott! Ich flehe zu Dir bei Deinem Namen, durch den der Glanz des Lichtes der Weisheit hell erstrahlte, als die Himmel göttlicher Rede inmitten der Menschheit bewegt wurden, hilf mir gnädig mit Deinen himmlischen Bestätigungen und befähige mich, Deinen Namen unter Deinen Dienern zu preisen.
O Herr! Ich wende mein Angesicht Dir zu, trenne mich von allem außer Dir und halte mich fest an den Saum des Gewandes Deiner mannigfachen Segnungen. So löse denn meine Zunge, daß ich verkünde, was die Gemüter der Menschen in Bann schlägt, was ihnen Herz und Geist frohlocken läßt. Stärke mich so sehr in Deiner Sache, daß mich die Übermacht der Unterdrücker unter Deinen Geschöpfen nicht behindert und der Angriff der Ungläubigen unter den Bewohnern Deines Reiches nicht abhält. Mache mich zu einer Leuchte, die durch Deine Lande strahlt, auf daß alle, in deren Herzen das Licht Deiner Erkenntnis und die Sehnsucht nach Deiner Liebe glimmen, von ihrem Glanze geführt werden.
Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst, und in Deinem Griff hältst Du das Reich der Schöpfung. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Allweisen.
Aṣl-i-Kullu’l-Khayr (Worte der Weisheit)A117
Im Namen Gottes, des Erhabensten, des Höchsten!
Die Quelle alles Guten ist Vertrauen in Gott, Unterwerfung unter Sein Gebot und Zufriedenheit mit Seinem heiligen Willen und Wohlgefallen.
Das Wesen der Weisheit ist die Gottesfurcht, die Angst vor Seiner Rute und Strafe, die rasche Wahrnehmung Seiner Gerechtigkeit und Seines Geheißes.
Das Wesen der Religion ist zu bezeugen, was der Herr offenbarte, und zu befolgen, was Er in Seinem mächtigen Buch verordnete.
Die Quelle allen Ruhmes ist anzunehmen, was der Herr verleiht, und zufrieden zu sein mit dem, was Gott verfügt.
Das Wesen der Liebe ist für den Menschen, sein Herz dem Geliebten zuzukehren, sich von allem außer Ihm zu lösen und nichts anderes als sein Herr zu wünschen.
Wahres Gedenken ist, den Herrn, den Allgepriesenen, zu erwähnen und alles außer Ihm zu vergessen.
Wahre Zuversicht ist für den Diener, seinen beruflichen Pflichten in dieser Welt nachzugehen, sich fest an den Herrn zu halten und nur Seine Gnade zu suchen; denn in Seinen Händen liegen die Geschicke aller Seiner Diener.
Das Wesen der Loslösung ist für den Menschen, das Angesicht dem Hofe des Herrn zuzuwenden, in Seine Gegenwart zu treten, Sein Antlitz zu schauen und als Zeuge vor Ihm zu stehen.
Das Wesen der Vernunft ist, die eigene Armut zu bezeugen und sich in den Willen des Herrn, des unabhängigen Herrschers, des Gnädigen, des Allmachtvollen, zu fügen.
Die Quelle des Mutes und der Macht ist die Verbreitung des Wortes Gottes und die Standhaftigkeit in Seiner Liebe.
Das Wesen der Nächstenliebe ist für den Diener, von den Segnungen seines Herrn zu berichten und Ihm allezeit und in jeder Lage Dank zu sagen.
Das Wesen des Glaubens ist, wenig Worte zu machen und eine Fülle von Taten aufzuweisen. Wisse fürwahr, daß für den, der mehr redet, als er tut, der Tod besser ist als sein Leben.
Das Wesen wahrer Sicherheit ist, Schweigen zu wahren, auf das Ende der Dinge zu sehen und der Welt zu entsagen.
Der Anbeginn der Großmut ist, daß der Mensch seinen Reichtum für sich, seine Familie und die Armen unter seinen Glaubensbrüdern ausgibt.
Das Wesen des Wohlstandes ist die Liebe zu Mir. Wer Mich liebt, besitzt alles, und wer Mich nicht liebt, gehört fürwahr zu den Armen und Bedürftigen. Dies ist, was der Finger der Herrlichkeit und des Glanzes offenbart.
Die Quelle alles Bösen ist für den Menschen, sich von Seinem Herrn abzuwenden und sein Herz an Gottloses zu hängen.
Das am heftigsten brennende Feuer ist, die Zeichen Gottes in Frage zu stellen, was Er offenbarte, eitel in Zweifel zu ziehen, Ihn zu leugnen und sich stolz vor Ihm zu brüsten.
Die Quelle aller Bildung ist die Erkenntnis Gottes, erhaben sei Seine Herrlichkeit! Diese Erkenntnis kann nur durch die Erkenntnis Seiner göttlichen Manifestation erlangt werden.
Das Wesen der Erniedrigung ist, den Schatten des Barmherzigen zu verlassen und seine Zuflucht beim Bösen zu suchen.
Die Quelle des Irrtums ist, nicht an den einen wahren Gott zu glauben, sich auf anderes als Ihn zu verlassen und Sein Gebot zu fliehen.
Wahren Verlust erleidet, wer seine Tage in völliger Unkenntnis über sein wahres Selbst verbringt.
Das Wesen all dessen, was Wir für dich offenbarten, ist die Gerechtigkeit. Sie bedeutet für den Menschen, daß er sich von eitlem Wahn und Nachahmung frei mache, mit dem Auge der Einheit das herrliche Werk Seiner Hände schaue und mit forschendem Blick in alles eindringe.
Also haben Wir dich unterwiesen und dir Worte der Weisheit offenbart, auf daß du dem Herrn, deinem Gott, dankbar seiest und dich damit unter allen Völkern rühmest.
Lawḥ-i-Maqṣúd (Das Sendschreiben an Maqṣúd)
Aus Ehrfurcht pflegten die Bahá’í, statt sich an Bahá’u’lláh unmittelbar zu wenden, an Seinen Sekretär, Mírzá Áqá Ján mit den Beinamen ›Diener Gottes‹ und ›Kammerdiener‹ zu schreiben. Die Antwort hatte dann die Form eines Briefes von Mírzá Áqá Ján mit Zitaten von Bahá’u’lláh. Tatsächlich war sie aber völlig von Bahá’u’lláh diktiert. Somit sind alle Teile des Sendschreibens, selbst die angeblichen Worte des Mírzá Áqá Ján, von Bahá’u’lláh offenbarte Heilige Schrift. Das Sendschreiben an Maqṣúd hat diese Form. Es war gerichtet an Mírzá Maqṣúd, einen frühen Gläubigen, der in Damaskus und Jerusalem lebte.
Er ist Gott, erhaben ist Er, der Herr der Majestät und Allmacht.
Ein Lobpreis, der hoch über jeder Erwähnung oder Beschreibung steht, kommt dem Angebeteten zu, dem Besitzer alles Sichtbaren und alles Unsichtbaren, der den Ersten Punkt befähigt hat, unzählige Bücher und Lehrbriefe zu offenbaren, und der durch die Kraft Seines erhabenen Wortes die ganze Schöpfung, die frühe wie die jüngst geschaffene, ins Dasein rief. Auch sendet Er in jedem Zeitalter und Zyklus nach Seiner alles überragenden Weisheit einen göttlichen Boten, die verzagten, entmutigten Seelen mit dem Lebenswasser Seiner Rede neu zu beleben. Er ist fürwahr der Erklärer, der wahre Ausleger; denn der Mensch ist unfähig zu begreifen, was der Feder der Herrlichkeit entströmt und in Seinen himmlischen Büchern verzeichnet ist. Zu allen Zeiten und in jeder Lebenslage brauchen die Menschen jemanden, der sie ermahnt, führt, lehrt und erzieht. Deshalb sendet Er Seine Boten, Seine Propheten und Erwählten, auf daß sie das Volk mit der göttlichen Absicht vertraut machen, die der Offenbarung von Büchern und der Berufung von Boten zugrundeliegt, und jedermann sich bewußt werde, was in jedweder menschlichen Seele als Treugut Gottes verborgen ruht.
Der Mensch ist der höchste Talisman.
Der Mangel an geeigneter Erziehung hat ihn jedoch dessen beraubt, was er seinem Wesen nach besitzt.
Durch ein Wort, das aus dem Munde Gottes hervorging, wurde er ins Dasein gerufen.
Durch ein weiteres Wort ward er dazu geführt, den Quell seiner Erziehung zu erkennen.
Durch wieder ein anderes Wort wurden seine Stufe und seine Bestimmung sichergestellt.
Das Erhabenste Wesen spricht:
Betrachte den Menschen als ein Bergwerk, reich an Edelsteinen von unschätzbarem Wert.
Nur die Erziehung kann bewirken, daß es seine Schätze enthüllt und die Menschheit daraus Nutzen zu ziehen vermag.
Jeder Mensch, der darüber nachsinnt, was die aus dem Himmel des heiligen Willens Gottes herabgesandten Schriften offenbart haben, wird leicht erkennen, wie es ihr Ziel ist, daß alle Menschen als eine Seele betrachtet werden sollen, damit das Siegel mit den Worten »Das Reich wird Gottes sein«Q18 jedem Herzen aufgeprägt werde, und das Licht göttlicher Großmut, Gnade und Barmherzigkeit die ganze Menschheit umhülle.
Der eine wahre Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – wünscht nichts für sich selbst.
Ihm nützt weder die Untertanentreue der Menschheit noch schadet Ihm ihre Verderbtheit.
Der Vogel aus dem Reiche der Äußerung erhebt unaufhörlich diesen Ruf:
»Alle Dinge habe Ich für dich gewollt, und auch dich um deiner selbst willen.« Wenn die Gelehrten und Weltweisen dieser Zeit der Menschheit gestatteten, den Duft der Verbundenheit und Liebe einzuatmen, würde jedes verständige Herz die Bedeutung wahrer Freiheit begreifen und das Geheimnis ungetrübten Friedens und vollkommener Seelenruhe entdecken.
Würde die Erde diesen Stand der Dinge erreichen und von seinem Lichte erleuchtet, dann könnte man wahrlich von ihr sagen:
»Du wirst auf ihr weder Tiefen noch Höhen sehen.«Q19
Segen und Frieden seien mit IhmA118, durch Dessen Kommen Baṭḥá’A119 lieblich lächelte, der mit dem süßen Duft Seines Gewandes die ganze Menschheit umfing – Er, Der kam, die Menschen zu schützen vor allem, was ihnen in der Welt hienieden schadet. Erhaben, unermeßlich erhaben ist Seine Stufe über die Verherrlichung aller Wesen, geheiligt über den Lobpreis der gesamten Schöpfung. Durch Sein Kommen wurde das Königszelt der Beständigkeit und Ordnung über der ganzen Welt aufgerichtet und das Banner der Erkenntnis inmitten der Völker gehißt. Segnungen ruhen auch auf Seinen Nachkommen und Seinen Gefährten, durch welche die Standarte der Einheit Gottes und Seiner Einzigkeit aufgepflanzt, die Fahnen himmlischen Triumphes entfaltet worden sind.
Dein Brief, aus dem der Duft der Wiedervereinigung zu atmen war, ist eingegangen. Preis sei Gott! Nach dem schweren Schicksalsschlag der Trennung wurde der Windhauch der Nähe und Verbindung bewegt, der Urgrund des Herzens wurde mit den Wassern der Freude und des Frohsinns erfrischt. Wir sagen Gott Dank in allen Lebenslagen und hegen die Hoffnung, daß Er – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – durch Seine gnädige Vorsehung alle Erdenbewohner zu dem führe, was vor Ihm annehmbar und wohlgefällig ist.
Sieh den Aufruhr, der die Welt seit vielen langen Jahren heimsucht, und die Verwirrung, die ihre Völker ergriffen hat.
Entweder ist sie durch Krieg verwüstet oder von plötzlichem, unerwartetem Unheil gepeinigt worden.
Obwohl Not und Elend die Welt umhüllen, hat doch kein Mensch innegehalten und darüber nachgedacht, was der Grund und Ursprung sei.
Wann immer der Wahre Ratgeber ein Mahnwort sprach, siehe, da beschuldigten Ihn alle, Er sei ein Unheilstifter, und wiesen Seinen Anspruch zurück.
Wie bestürzend, wie verwirrend ist ihr Verhalten!
Keine zwei Menschen sind zu finden, von denen man sagen könnte, daß sie äußerlich und innerlich einig seien.
Überall sind die Zeichen des Zwiespaltes und der Bosheit sichtbar, obwohl alle zu Harmonie und Einigkeit erschaffen wurden.
Das Erhabenste Wesen spricht:
O ihr Vielgeliebten!
Das Heiligtum der Einheit ist errichtet; betrachtet einander nicht als Fremde.
Ihr seid die Früchte eines Baumes, die Blätter eines Zweiges.
Wir hegen die Hoffnung, daß das Licht der Gerechtigkeit über die Welt scheine und sie von aller Tyrannei heilige.
Wenn die Herrscher und Könige der Erde, die Sinnbilder der Macht Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – sich erheben und beschließen, sich dem zu weihen, was das höchste Wohl der ganzen Menschheit fördert, dann wird die Herrschaft der Gerechtigkeit sicherlich unter den Menschenkindern errichtet, und ihre Lichtstrahlen werden die ganze Erde umhüllen.
Das Erhabenste Wesen spricht:
Das Bauwerk der Beständigkeit und Ordnung dieser Welt ist auf den beiden Pfeilern von Lohn und Strafe errichtet und wird weiterhin von ihnen getragen werden.
Und in anderem Zusammenhang spricht Er in beredter SpracheA120:
Der Gerechtigkeit steht eine starke Streitmacht zu Gebote.
Sie ist nichts anderes als Lohn und Strafe für der Menschen Taten.
Durch diese Streitmacht ist das Königszelt der Ordnung über der ganzen Welt errichtet; sie läßt die Bösen ihre Triebnatur bezähmen aus Furcht vor Strafe.
An anderer Stelle hat Er geschrieben: Hüte dich, o Schar der Herrscher in der Welt! Es gibt keine Macht auf Erden, die an sieghafter Gewalt der Macht der Gerechtigkeit und Weisheit gleichkäme. Fürwahr, Ich bestätige, daß es nie eine mächtigere Heerschar gab als die Gerechtigkeit und Weisheit. Selig der König, der das Banner der Weisheit vor sich entfaltet und voranschreitet, die Heere der Gerechtigkeit hinter sich scharend. Er ist wahrlich der Schmuck, der die Stirn des Friedens und das Antlitz der Sicherheit ziert. Zweifellos würde das Antlitz der Erde völlig verwandelt, wenn die von den Wolken der Tyrannei verdunkelte Sonne der Gerechtigkeit ihr Licht über die Menschen ergösse.
In dem Wunsche, die Voraussetzungen für Frieden und Ruhe in der Welt und für den Fortschritt ihrer Völker zu offenbaren, hat das Erhabenste Wesen geschrieben: Die Zeit muß kommen, da die gebieterische Notwendigkeit für die Abhaltung einer ausgedehnten, allumfassenden Versammlung der Menschen weltweit erkannt wird. Die Herrscher und Könige der Erde müssen ihr unbedingt beiwohnen, an ihren Beratungen teilnehmen und solche Mittel und Wege erörtern, die den Grund zum Größten Weltfrieden unter den Menschen legen. Ein solcher Friede erfordert es, daß die Großmächte sich um der Ruhe der Völker der Erde willen zu völliger Aussöhnung untereinander entschließen. Sollte ein König die Waffen gegen einen anderen ergreifen, so müssen sich alle vereint erheben und ihn daran hindern. Wenn dies geschieht, werden die Nationen der Welt außer für die Wahrung der Sicherheit ihrer Reiche und die Aufrechterhaltung der inneren Ordnung in ihrem Staatsgebiet keine Waffen mehr brauchen. Dies wird jedem Volk, jeder Regierung und Nation Frieden und Ruhe sichern. Wir möchten gerne hoffen, daß die Könige und Herrscher der Erde, die Spiegel des barmherzigen und allmächtigen Namens Gottes, diese Stufe erreichen und die Menschheit vor dem Angriff der Tyrannei beschirmen werden.
Desgleichen spricht Er: Zu den Mitteln, die Einheit und Eintracht befördern und bewirken, daß die ganze Erde als ein Land betrachtet wird, gehört, daß die Zahl der Sprachen auf eine und die auf der Welt verwandten Schriften auf eine einzige beschränkt werden. Es ist aller Nationen Pflicht, einige sachverständige Gelehrte zu benennen, die eine Versammlung einzuberufen haben. Nach gemeinsamer Beratung sollen sie eine Sprache unter den vorhandenen auswählen oder eine neue Sprache schaffen, die sodann den Kindern in allen Schulen der Welt gelehrt werden muß.
Der Tag naht, da alle Völker der Welt eine universale Sprache und eine einheitliche Schrift annehmen werden. Wenn dies erreicht ist, wird es für jeden Menschen, in welche Stadt er auch reisen mag, sein, als betrete er sein eigenes Heim. All dies ist verbindlich und durchaus wesentlich. Es ist die Pflicht eines jeden Menschen mit Einsicht und Verständnis, danach zu streben, das hier Niedergeschriebene in die Wirklichkeit und die Tat umzusetzen.
Heutzutage ist das Königszelt des Rechts in die Klauen der Tyrannei und der Unterdrückung geraten. Flehet zu dem einen wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, daß Er der Menschheit das Meer wahren Verständnisses nicht vorenthalte; denn wären die Menschen nur achtsam, könnten sie leicht einsehen, daß alles, was aus der Feder der Herrlichkeit strömt und von ihr herniedergesandt wird, für die ganze Welt wie die Sonne ist, und daß Wohlfahrt, Sicherheit und die wahren Belange aller Menschen darin verwahrt sind. Ansonsten wird die Erde tagtäglich von neuem Unheil gequält werden, und Aufruhr ohnegleichen wird ausbrechen. Gebe Gott, daß dem Volk der Welt gnädig geholfen werde, das Licht Seiner liebevollen Ratschläge in der Lampe der Weisheit zu wahren. Wir hegen die Hoffnung, daß jedermann mit dem Gewande wahrer Weisheit, der Grundlage für die Regierung der Welt, geschmückt werde.
Das Erhabenste Wesen spricht: Der Himmel der Staatskunst leuchtet hell und strahlend im Lichterglanz der folgenden seligen Worte, die im Morgenrot des Willens Gottes aufgingen: Jedem Herrscher geziemt, jeden Tag sein ganzes Wesen auf der Waage unparteiischer Gerechtigkeit zu wägen, um sodann zwischen den Menschen zu entscheiden und ihnen zu raten, das zu vollbringen, was ihre Schritte auf den Pfad der Weisheit und Einsicht lenkt. Dies ist der Eckstein der Staatskunst und ihr innerster Kern. Jeder Aufgeklärte und Weise wird diesen Worten leicht entnehmen, was solche Ziele wie Wohlfahrt, Sicherheit und Schutz für die Menschheit sowie die Bewahrung menschlichen Lebens fördert. Wollten einsichtsvolle Menschen sich satt trinken aus dem Meer an inneren Bedeutungen, wie sie in diesen Worten verwahrt sind, und würden sie völlig damit vertraut, so würden sie die Erhabenheit dieser Äußerung bezeugen. Wollte dieser bescheidene Diener darlegen, was er schaut, so würden alle Gottes vollendete Weisheit bezeugen. Das Geheimnis der Staatskunst und das wahre Bedürfnis des Volkes liegen in diesen Worten beschlossen. Dieser demütige Diener fleht aufrichtig zu dem einen wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, die Augen des Volkes der Welt mit dem strahlenden Lichte der Weisheit zu erleuchten, damit alle erkennen, was heutzutage unumgänglich ist.
Der ist wirklich ein Mensch, der sich heute dem Dienst am ganzen Menschengeschlecht hingibt. Das Erhabenste Wesen spricht: Selig und glücklich ist, wer sich erhebt, dem Wohle aller Völker und Geschlechter der Erde zu dienen. An anderer Stelle hat Er verkündet: Es rühme sich nicht, wer sein Vaterland liebt, sondern wer die ganze Welt liebt. Die Erde ist nur ein Land, und alle Menschen sind seine Bürger.
Ermahnungen zu Einheit und Eintracht, wie sie in den Büchern der Propheten von der Feder des Allhöchsten geschrieben stehen, beziehen sich auf bestimmte Angelegenheiten; es geht nicht um Einheit, die zu Uneinigkeit führt, oder um Eintracht, die Zwietracht schafft. Dies ist die Stufe, auf der an alles Maßstäbe angelegt werden, eine Stufe, auf der jede verdienstvolle Seele ihren Teil erhält. Wohl denen, welche die Bedeutung dieser Worte richtig einschätzen und deren Absicht begreifen, und wehe den Achtlosen! Dies bezeugen zur Genüge alle Naturerscheinungen in ihrem wahren Wesensgehalt. Jeder urteilsfähige, weise Mensch ist mit dem hier Gesagten eng vertraut; nicht jedoch solche, die weit vom Lebensquell der Ehrlichkeit abgeirrt sind und wahnsinnig in der Wüste der Unwissenheit und des blinden Fanatismus schweifen.
Das Erhabenste Wesen spricht: O ihr Menschenkinder! Der Hauptzweck, der den Glauben Gottes und Seine Religion beseelt, ist, das Wohl des Menschengeschlechts zu sichern, seine Einheit zu fördern und den Geist der Liebe und Verbundenheit unter den Menschen zu pflegen. Laßt sie nicht zur Quelle der Uneinigkeit und der Zwietracht, des Hasses und der Feindschaft werden. Dies ist der gerade Pfad, die feste, unverrückbare Grundlage. Was immer auf dieser Grundlage errichtet ist, dessen Stärke können Wandel und Wechsel der Welt nie beeinträchtigen, noch wird der Ablauf zahlloser Jahrhunderte seinen Bau untergraben. Unsere Hoffnung ist, daß sich die religiösen Führer der Welt und ihre Herrscher vereint für die Neugestaltung dieses Zeitalters und die Wiederherstellung seiner Wohlfahrt erheben werden. Laßt sie, nachdem sie über seine Nöte nachgedacht haben, zusammen beraten und nach sorgsamer, reiflicher Überlegung einer kranken, schwer leidenden Welt das Heilmittel darreichen, dessen sie bedarf.
Das Erhabenste Wesen spricht: Der Himmel göttlicher Weisheit wird von zwei Leuchten erhellt: Beratung und Erbarmen. Haltet Rat miteinander in allen Angelegenheiten; denn Beratung ist die Lampe der Führung, die den Weg weist, und die Quelle des Verstehens.
Am Anfang jeder Bemühung hat man die Pflicht, auf das Ende zu sehen. Von allen Künsten und Wissenschaften sollten die Kinder diejenigen erlernen, welche dem Menschen Vorteil bringen, seinen Fortschritt sichern und seinen Rang erhöhen. So wird der widerliche Gestank der Gesetzlosigkeit vertrieben, und durch die edlen Bemühungen der Staatsführer werden alle geborgen, sicher und in Frieden leben.
Das Erhabenste Wesen spricht: Die Gebildeten dieser Zeit müssen das Volk anleiten, solches Wissen zu erwerben, das sowohl den Gebildeten selbst als auch der ganzen Menschheit von Nutzen ist. Akademische Studien, die mit Worten anfangen und mit Worten aufhören, waren nie von Wert und werden es niemals sein. Die meisten Gelehrten Persiens wenden ihr ganzes Leben an das Studium einer Philosophie, deren Ertrag letztlich nur Worte sind.
Die an der Macht sind, haben die Pflicht, Mäßigung in allen Dingen zu üben. Was die Grenzen der Mäßigung überschreitet, hört auf, wohltätigen Einfluß auszuüben. Betrachtet zum Beispiel Gegenstände wie Freiheit, Zivilisation und dergleichen. Wie wohlgefällig verständige Menschen sie auch immer betrachten mögen, ins Übermaß gesteigert, werden sie verderblichen Einfluß auf die Menschen haben.
Falls dies näher erläutert werden sollte, wäre eine ausführliche Erklärung vonnöten, die, so ist zu befürchten, ermüden könnte. Es ist die glühende Hoffnung dieses bescheidenen Dieners, daß Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – allen Menschen das Gute gewähre; denn wer damit begnadet ist, besitzt alles. Das Erhabenste Wesen spricht: Die Zunge der Weisheit verkündet: Wer Mich nicht hat, ist aller Dinge verlustig. Wendet euch ab von allem, was auf Erden ist, und suchet nur Mich. Ich bin die Sonne der Weisheit, das Meer der Erkenntnis. Ich ermutige die Schwachen und belebe die Toten. Ich bin das Licht der Führung, das den Weg erhellt. Ich bin der königliche Falke auf dem Arm des Allmächtigen. Ich entfalte die matten Flügel jedes verzagten Vogels und helfe ihm, sich aufzuschwingen.
Und desgleichen spricht Er: Der Himmel wahren Verstehens scheint hell im Lichte zweier Leuchten: Duldsamkeit und Redlichkeit.
O mein Freund! Weite Meere ruhen in diesem kurzen Ausspruch. Selig sind, die seinen Wert erkennen, tief daraus trinken und seine Bedeutung erfassen, aber wehe den Achtlosen. Dieser niedrige Diener bittet das Volk der Welt flehentlich, Gerechtigkeit zu üben, damit das zarte, feine, kostbare Gehör der Menschen, erschaffen, den Worten der Weisheit zu lauschen, befreit werde von Hindernissen und von solchen Anspielungen, eitlem Trug und leerem Wahn, die »weder nähren noch den Hunger stillen«Q20 können, auf daß der wahre Ratgeber gnädiglich geneigt sei darzulegen, was Quell des Segens für die Menschheit und höchstes Gut für alle Völker ist.
Gegenwärtig glimmt das Licht der Versöhnung nur düster in den meisten Ländern; seine Leuchtkraft ist dahin, während das Feuer des Streites und der Unordnung entfacht wurde und wild lodert. Zwei starke Mächte, die sich für die Begründer und Führer der Zivilisation, die Väter geschriebener Verfassungen halten, sind gegen die Anhänger des Glaubens angetreten, der verbunden ist mit Dem, Der mit Gott Zwiesprache hieltA121. Seid gewarnt, o ihr Verständnisvollen! Es steht der Stufe des Menschen schlecht an, Tyrannei zu üben; vielmehr ziemt es ihm, rechtes Augenmaß zu wahren und sich in allen Lebenslagen mit dem Gewande der Gerechtigkeit zu kleiden. Flehet zu dem einen wahren Gott, er möge mit der machtvollen Hand der Gnade und der geistigen Erziehung gewisse Seelen läutern und reinigen vom Schmutz übler Leidenschaften und verderbter Wünsche, so daß sie sich aufmachen und ihre Zunge lösen um Gottes willen, damit die Makel des Unrechts getilgt werden und das Licht der Gerechtigkeit seinen Glanz über die ganze Welt ergießt. Die Menschen sind unwissend und derer bedürftig, welche die Wahrheit erläutern.
Das Erhabenste Wesen spricht: Der Gelehrte mit umfassendem Wissen und der Weise mit durchdringender Weisheit sind die beiden Augen am Leibe der Menschheit. So Gott will, wird die Erde nie dieser beiden größten Gaben beraubt sein. Was dargelegt wurde und was in der Zukunft offenbart wird, ist nur ein Zeichen für die glühende Sehnsucht dieses Dieners, sich dem Dienst an allen Geschlechtern auf Erden zu weihen.
O mein Freund! In allen Lebenslagen sollte man jedes Mittel ergreifen, das Sicherheit und Ruhe zwischen den Völkern der Welt fördert. Das Erhabenste Wesen spricht: Alles, was euch an diesem herrlichen Tage von Verderbtheit läutert und was euch zu Frieden und Gelassenheit führt, ist fürwahr der Gerade Pfad.
So Gott will, werden die Völker der Welt als Ergebnis der hohen Bestrebungen ihrer Herrscher sowie der Weisen und Gelehrten unter den Menschen dahin geführt werden, ihr wahres Wohl zu erkennen. Wie lange wird die Menschheit in ihrem Eigensinn verharren? Wie lange wird das Unrecht fortbestehen? Wie lange sollen Chaos und Verwirrung unter den Menschen herrschen? Wie lange wird Zwietracht das Antlitz der Gesellschaft zerwühlen?
Dieser demütige Diener wundert sich sehr, daß alle Menschen zwar mit der Fähigkeit des Sehens und Hörens begabt sind, dennoch aber des Vorrechts verlustig gehen, diese Begabungen zu gebrauchen. Die zarte Liebe, die er für dich hegt, hat diesen Diener veranlaßt, die vorliegenden Zeilen zu Papier zu bringen. Ach, die Winde der Verzweiflung wehen aus jeder Richtung, und der Hader, der das Menschengeschlecht spaltet und peinigt, nimmt täglich zu. Die Zeichen drohender Erschütterungen und des Chaos sind jetzt deutlich zu sehen, zumal die bestehende Ordnung erbärmlich mangelhaft erscheint. Ich flehe zu Gott, gepriesen sei Seine Herrlichkeit, Er möge die Völker der Erde gnädig erwecken, möge ihnen gewähren, daß das Ergebnis ihres Verhaltens nutzbringend für sie sei, und ihnen helfen, das zu vollbringen, was ihrer Stufe würdig ist.
Wollte der Mensch nur die Herrlichkeit seiner Stufe und die Erhabenheit seiner Bestimmung würdigen, er würde stets einen edlen Charakter, reine Taten und ein schickliches, rühmliches Verhalten an den Tag legen. Wollten die Gebildeten und die Weisen, die guten Willens sind, dem Volke Führung angedeihen lassen, dann würde die ganze Erde als ein einziges Land betrachtet. Wahrlich, dies ist die unbezweifelbare Wahrheit. Dieser Diener bittet und drängt jede gewissenhafte, wagemutige Seele, sich bis zum äußersten anzustrengen und sich aufzumachen, in allen Bereichen die Lebensverhältnisse wieder in Ordnung zu bringen und die Toten mit den Lebenswassern weiser Rede neu zu beleben, kraft ihrer Liebe zu Gott, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allmächtigen, dem Wohltätigen.
Der Weise kann sein Wissen nur durch Worte zeigen. So erweist sich die Bedeutung des Wortes, wie alle heiligen Schriften aus alter und neuer Zeit bestätigen. Durch die Wirkkraft des Wortes und durch seinen Lebensgeist haben die Menschen auf dieser Welt ihre hohe Stufe erreicht. Wort und Rede sollten eindrucksvoll und eindringlich sein. Beide Eigenschaften erfüllen ein Wort indessen nur dann, wenn es allein um Gottes willen und mit gehöriger Rücksicht auf die Erfordernisse des Anlasses und des Volkes fällt.
Das Erhabenste Wesen spricht: Des Menschen Wort ist eine Wirklichkeit, die Einfluß auszuüben sucht und des rechten Maßes bedarf. Sein Einfluß ist durch seine Feinheit bedingt, die ihrerseits von losgelösten, reinen Herzen abhängt. Sein rechtes Maß muß mit Takt und Weisheit gebildet werden, wie es die heiligen Schriften und Sendschreiben verordnen.A122
Jedes Wort ist mit einem Geist versehen. Deshalb sollte der Redner oder Erklärer seine Worte zur rechten Zeit am rechten Ort äußern; denn der Eindruck, den jedes Wort hinterläßt, liegt klar und spürbar zutage. Das Erhabenste Wesen spricht: Ein bestimmtes Wort mag dem Feuer zu vergleichen sein, ein anderes dem Lichte, und der Einfluß, den beide üben, ist in der Welt offenbar. Darum sollte ein aufgeklärter, weiser Mensch vornehmlich in Worten reden, die sanft wie Milch sind, damit seine Worte die Menschenkinder nähren und erbauen, so daß sie das höchste Ziel menschlichen Daseins erreichen: die Stufe wahren Verstehens und geistigen Adels. Desgleichen spricht Er: Ein bestimmtes Wort ist wie der Frühling, der die zarten Schößlinge im Rosengarten der Erkenntnis grünen und blühen läßt, während ein anderes Wort wie tödliches Gift ist. Ein umsichtiger, weiser Mensch sollte deshalb voll Milde und Geduld reden, damit die Süße seiner Worte einen jeden erlangen läßt, was der Stufe des Menschen angemessen ist.
O mein Freund! Das Wort Gottes ist der König der Worte; sein durchdringender Einfluß ist unermeßlich. Es hat allzeit das Reich des Seins beherrscht und wird es immerdar beherrschen. Das Erhabenste Wesen spricht: Das Wort ist der Hauptschlüssel für die ganze Welt; denn durch seine Gewalt werden die Tore der Menschenherzen, die in Wirklichkeit die Himmelstore sind, erschlossen. Kaum gelangte ein Schimmer seines Strahlenglanzes auf den Spiegel der Liebe, da wurde das selige Wort »Ich bin der Meistgeliebte« darin widergespiegelt. Das Wort ist ein unerschöpflich reiches Meer, das alles umfängt. Alles, was wahrgenommen werden kann, ist nur Ausfluß des Wortes. Hoch, unermeßlich hoch ist diese hehre Stufe, in deren Schatten sich das Wesen strahlender Erhabenheit bewegt, verhüllt in Lobpreis und in Anbetung.
Mich dünkt, der Geschmack der Menschen ist sehr mitgenommen vom Fieber der Achtlosigkeit und der Torheit; denn sie sind der Süße Seiner Rede völlig unbewußt und gehen ihrer verlustig. Wie jämmerlich fürwahr, daß sich der Mensch die Früchte vom Baume der Weisheit versagt, wo doch seine Tage und Stunden so schnell dahinschwinden. So Gott will, möge die Hand göttlicher Macht die ganze Menschheit beschützen und ihre Schritte zum Horizont wahren Verständnisses lenken.
Wahrlich, unser Herr des Erbarmens ist der Helfer, der Wissende, der Weise.
Ich möchte hinzufügen, daß dein zweiter, in Jerusalem abgesandter Brief eingetroffen ist. Was du darin schriebst und darlegtest, wurde in Seiner Gegenwart vorgelesen. Er gebot mir, wie folgt zu schreiben:
O Maqṣúd! Wir hören deine Stimme und vernehmen die Seufzer und Wehklagen, die du in deinem sehnsüchtigen Verlangen ausstießest. Die süßen Düfte der Liebe sind aus jedem Wort zu atmen. So Gott will, wird diese Gnadengabe ewig währen. Der Kammerdiener las die Verse vor, die du gedichtet hast. Oft wird dein Name in der Gegenwart dieses Unterdrückten genannt, und die Lichtstrahlen Unserer Gnade und Unseres Erbarmens sind auf dich gerichtet.
Hoch ist die Stufe des Menschen. Hochgemut muß auch sein Bemühen um den Wiederaufbau der Welt und die Wohlfahrt der Völker sein. Ich flehe zu dem einen wahren Gott, daß Er dich gnädiglich in alledem bestätige, was der Stufe des Menschen würdig ist.
Laß dich in jeder Lage von Weisheit leiten; denn Leute mit bösen Beweggründen waren und sind fleißig im Ränkeschmieden. Gnädiger Gott! Dem unermeßlich erhabenen Wesen, das nur den Geist der Liebe und Freundschaft unter den Menschen zu nähren, die Welt zu erwecken und ihr Leben zu adeln sucht, schleudern sie Anklagen entgegen, die zu beschreiben Zunge und Feder sich weigern.
Wir gedachten dein schon früher und erwähnen dich zur Stunde. Flehentlich bitten Wir Ihn – erhaben ist Seine Herrlichkeit –, dich mit den Händen der Macht und Kraft zu schützen und dich zur Erkenntnis dessen zu befähigen, was deinen Belangen in dieser und der nächsten Welt am besten dient. Er ist der Herr der Menschheit, der Besitzer des Thrones in der Höhe und auf der Welt hienieden. Kein Gott ist außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Machtvollen. Gott gebe, daß dieser Unterdrückte Treue wahre. Er hat deiner nicht vergessen, noch wird er es jemals tun.
Du hast deine Absicht bekundet, bis zum Frühling in Damaskus zu bleiben, um sodann nach Mosul zu reisen, wenn sich die Mittel dafür finden. Dieser demütige Diener fleht zu Gott – erhaben ist Seine Herrlichkeit –, Er möge die geeigneten Mittel bereitstellen und dir helfen. Er ist kraftvoll und mächtig.
Obwohl alle Bewohner dieses Gebiets überaus freundlich behandelt werden, läßt sich kein Zeichen der Freundschaft bei ihnen ausmachen. Du solltest mit viel Feingefühl und Weisheit vorgehen; denn allezeit versuchen sie, an der Sache Gottes zu kritteln und sie zu leugnen. Der eine wahre Gott gebe ihnen das rechte Augenmaß.
Was deine eigenen Angelegenheiten angeht, so wäre es lobenswert, wenn du dich mit allem abfändest, was der Himmel schickt. Einen Beruf auszuüben, ist sehr empfehlenswert; denn wenn man arbeitet, ist man weniger geneigt, sich bei den unangenehmen Seiten des Lebens aufzuhalten. So Gott will, wirst du in jeder Stadt und jedem Land, wo du auch weilst, strahlende Freude, Frohsinn und Frohlocken erfahren. Dieser demütige Diener wird seinen edlen, gütigen Freund nie vergessen. Er hat deiner gedacht und wird es weiterhin tun. Der Ratschluß ist Gottes, des Herrn aller Welten. Von Herzen hoffe ich, daß Er dir göttlichen Beistand gewährt und dich in allem bestätigt, was vor Ihm wohlgefällig und annehmbar ist.
Jedes deiner Dichterworte ist fürwahr wie ein Spiegel, der die Zeichen deiner Ergebenheit und Liebe für Gott und Seine Erwählten wiedergibt. Wohl dir, der du den erlesenen Wein der Rede getrunken hast und des sanften Stromes wahren Wissens teilhaftig wurdest. Glücklich, wer sich satt trinkt und zu Ihm gelangt, aber wehe den Achtlosen! Deine Gedichte zu lesen, war wirklich sehr eindrucksvoll, denn aus ihnen spricht sowohl das Licht der Vereinigung wie das Feuer der Trennung.
Fern sei es uns, jemals den Glauben an die unermeßlichen Gunstbeweise Gottes zu verlieren; denn wenn es Sein Wunsch wäre, könnte Er ein bloßes Atom in eine Sonne und einen einzigen Tropfen in ein Meer verwandeln. Tausend Türen tut Er auf, wo der Mensch außerstande ist, sich auch nur eine vorzustellen.
So achtlos ist dieser Diener, daß er mit Worten wie diesen die Allmacht Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – zu verteidigen sucht. Ich flehe zu Gott, dem Größten, um Verzeihung für diese Behauptungen und bekräftige, daß dieser Diener allezeit seiner schweren Übertretungen und Missetaten eingedenk ist. Er bittet um Vergebung seiner Sünden aus dem Meer der Verzeihung seines Herrn, des Erhabensten, und wünscht für sich, was ihn Gott ganz ergeben macht und ihn befähigt, Seinen Lobpreis zu künden, sich Ihm zuzuwenden und sein ganzes Vertrauen auf Ihn zu setzen. Wahrlich, Er ist der Machtvolle, der Vergebende, der Barmherzige. Preis sei Gott, dem Allmächtigen, dem Allwissenden.
Dieser bescheidene Diener hat die Schilderungen der Zwiegespräche mit einem Reisenden gelesen, die du in deinem Brief an meinen Herrn – möge mein Leben ein Opfer für Ihn sein – aufgezeichnet hast. Die dort gegebenen Erläuterungen erwecken das Volk vom Schlaf der Achtlosigkeit. Fürwahr, die Taten des Menschen bringen teuflische Kraft die Fülle hervor. Wollten die Menschen sich mit den göttlichen Lehren zufriedengeben und sich daran halten, so wäre jede Spur des Bösen vom Antlitz der Erde getilgt. Aber die weitverbreitete Uneinigkeit unter der Menschheit, das Überhandnehmen von Aufruhr, Zank, Streit und dergleichen sind die vorherrschenden Bestimmungsgründe für das Auftreten des satanischen Geistes. Der Heilige Geist hat sich von solchen Dingen immer ferngehalten. Eine Welt, in der nur Kampf, Hader und Verderbnis auszumachen sind, ist auf dem besten Weg, Sitz und Thron, ja die Metropole Satans zu werden.
Wie unermeßlich groß ist die Zahl der Geliebten und Erwählten Gottes, die bei Tag und bei Nacht wehklagen und flehen, ein Dufthauch möge vom Hofe Seines Wohlgefallens her wehen und den widerlichen, faulen Gestank aus der Welt vertreiben. Aber dieses Endziel konnte noch nicht erreicht werden. Die Menschen gehen seiner verlustig wegen ihrer Missetaten, mit denen sie die Strafe Gottes gemäß den Grundsätzen Seiner göttlichen Herrschaft auf sich ziehen. Uns bleibt die Pflicht, in diesen Lebenslagen geduldig zu sein, bis uns Hilfe kommt von Gott, dem Vergebenden, dem Wohltätigen.
Verherrlicht sei Dein Name, o Herr aller Wesen, Du Sehnsucht alles Erschaffenen! Ich bitte Dich flehentlich bei dem Worte, das den Brennenden Busch seine Stimme erheben und den Felsen rufen ließ, woraufhin die Begünstigten zum Hofe Deiner Gegenwart und die Reinen im Herzen zum Morgenlicht Deines Antlitzes eilten, und bei den Seufzern der Dich wahrhaft Liebenden in ihrer Trennung von Deinen Erwählten und bei der Wehklage derer, die vor dem Dämmerglanz des Lichtes Deiner Offenbarung Dein Angesicht zu schauen verlangen, gib Deinen Dienern gnädiglich die Fähigkeit zu erkennen, was Du in Deiner Gnadenfülle für sie verordnet hast. Verschreibe ihnen mit Deiner Feder der Herrlichkeit, was ihre Schritte zum Meere Deiner Großmut lenkt und sie zu den Lebenswassern himmlischer Wiedervereinigung mit Dir führt.
O Herr! Schaue nicht auf das, was sie tun, sondern schau auf die Erhabenheit Deiner himmlischen Gnadengaben, die allem Erschaffenen, sichtbar oder unsichtbar, vorangehen. O Herr! Erleuchte ihre Herzen mit dem strahlenden Lichte Deiner Erkenntnis und erhelle ihre Augen mit dem Glanz der Sonne Deiner Gunstbeweise.
Ich flehe zu Dir, o Herr der Namen und Schöpfer der Himmel, bei dem Blute, das auf Deinem Pfad vergossen ward, und bei den Häuptern, die um Deiner Liebe willen hoch auf Speeren getragen wurden, und bei den Seelen, die in ihrer Trennung von Deinen Geliebten dahinschmolzen, und bei den Herzen, die für die Erhöhung Deines Wortes brachen, gewähre, daß sich die Bewohner Deines Reiches vereinigen in ihrer Lehenstreue zu Deinem unvergleichlichen Wort, so daß sie alle Deine Einheit und Deine Einzigkeit anerkennen. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Erhabensten, dem Wissenden, dem Weisen.
Ich hege die Hoffnung, daß Er, der Allgenügende, der Unzugängliche, der Bitte dieses demütigen Dieners achte, das Volk der Welt mit dem Gewande edler Taten bekleide und es von bösen Neigungen reinige. Er ist der Mächtige, der Machtvolle, der Allweise, der Allschauende. Er hört und sieht; Er ist der Allhörende, der Allsehende.
Súriy-i-Vafá (Das Sendschreiben an Vafá)A123
Er ist der Allwissende.
O Vafá! Danke deinem Herrn, daß Er dir half, dich Seiner Sache zuzuwenden, daß Er dich befähigte, die Manifestation Seines Selbstes anzuerkennen, und dich antrieb, Ihn zu verherrlichen, der das Größte Gedenken ist in dieser herrlichen Verkündigung.
Selig bist du, o Vafá, weil du dem Bunde Gottes und Seinem Testament die Treue wahrst zu einer Zeit, da alle Menschen diesen Bund verletzen und Den leugnen, an den sie geglaubt haben, obwohl Er erschien, mit jedwedem Zeugnis angetan, und am Horizont der Offenbarung aufging, gekleidet in unzweifelhafte Herrschaft.
Es geziemt dir, dich bis zum äußersten zu mühen, um das wahre Wesen der Treue zu erlangen. Das bedeutet, daß du ganz sicher bist in deinem Herzen und mit deiner Zunge bezeugst, was Gott für Sein erhabenes Selbst bezeugt, wenn Er kündet: »Wahrlich, selbstbestehend bin Ich im Reiche der Herrlichkeit.« Wer heutzutage befähigt ist, diese Wahrheit feierlich zu bestätigen, der hat alles Gute erlangt, und der himmlische Geist wird auf ihn niedersteigen am Tage und zur Nachtzeit, ihm gnädiglich zu helfen, den Namen seines Herrn zu verherrlichen. Er wird ihm die Zunge lösen, und mit seinen Worten wird er die Sache seines Herrn, des Erbarmers, des Barmherzigen, stützen. Keiner kann dies erreichen, er hätte denn sein Herz gereinigt von allem, was zwischen Himmel und Erde erschaffen ist, und sich völlig gelöst von allem außer Gott, dem unumschränkten Herrn, dem Allmächtigen, dem Gnädigen.
Erhebe dich, der Sache Gottes zu dienen, und sprich: Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Wahrlich, dies ist der Erste Punkt, gekleidet in Sein neues Gewand und offenbart in Seinem herrlichen Namen. Jetzt schaut Er herab von diesem Horizont und sieht alles. Fürwahr, Er ist erhaben über alles. Unter den Himmlischen Heerscharen ist er bekannt als die Größte Verkündigung, im Reiche der Ewigkeit als die Altehrwürdige Schönheit und vor dem Throne durch diesen NamenA124, der die Einsichtigen straucheln ließ.
Sprich: Ich schwöre bei Gott! Bevor in dieser Offenbarung ein einziger Vers vom Reiche der Heiligkeit und Erhabenheit herniedergesandt ward, war bereits das hehrste Zeugnis Gottes für alle Bewohner des Himmels und der Erde erfüllt; überdies haben Wir so viel offenbart, wie in der Sendung des Bayán herniedergesandt ist. Fürchtet Gott, laßt eure Taten nicht zuschanden werden und zählt nicht zu denen, die in Achtlosigkeit versunken sind. Öffnet die Augen, damit ihr auf dieser hell leuchtenden Stufe die Altehrwürdige Schönheit schauet.
Sprich: Gott ist mein Zeuge! Der Verheißene selbst ist vom Himmel gekommen, sitzend auf der roten Wolke, die Scharen der Offenbarung zu Seiner Rechten, die Engel der Eingebung zu Seiner Linken, und der Ratschluß ist erfüllt auf Geheiß Gottes, des Allmächtigen, des Allmachtvollen. Daraufhin sind alle gestrauchelt, ausgenommen die, welche Gott schützte durch Seine zarte Barmherzigkeit und zu denen zählte, die Ihn durch Sein Selbst erkennen und sich von allem lösen, was der Welt zugehört.
Höre die Worte deines Herrn und reinige dein Herz von allem Trug, damit das Gedenken Deines Herrn mit hellem Licht darauf strahle und dein Herz die Stufe der Gewißheit erlange.
Wisse überdies, daß dein Brief in Unsere Gegenwart gelangte; Wir haben seinen Inhalt vernommen und gelesen. Die Fragen, die du stelltest, haben Wir zur Kenntnis genommen, und gern werden Wir dir antworten. An diesem Tage ziemt es sich für jeden, alles, was er wünscht, Gott zu fragen, und dein Herr wird seiner Bitte achten mit wundersamen, unleugbaren Versen.
Du hast über das Thema der Wiederkehr gefragt. Wisse, daß das Ende dem Anfang gleicht. Sieh das Ende, gleich wie du den Anfang schaust, und gehöre zu den wahrhaft Verständigen. Nein, sieh vielmehr den Anfang als das Ende selbst und umgekehrt, auf daß du eine klare Schau erlangest. Wisse überdies, daß alles Erschaffene beständig hervortritt und wiederkehrt auf Geheiß deines Herrn, des Gottes der Kraft und der Macht.
Was die Wiederkehr angeht, die Gott in Seinen heiligen, erhabenen Sendschreiben meint, mit denen Er diesen Gegenstand Seinen Dienern bekannt gibt, so bedeutet sie die Wiederkehr alles Erschaffenen am Tage der Auferstehung. Dies ist fürwahr das Wesen der Wiederkehr, wie du sie in Gottes eigenen Tagen erlebst; und du zählst wahrlich zu denen, die diese Wahrheit bezeugen.
Wahrlich, Gott hat die Macht, alle Namen in einem einzigen Namen erscheinen zu lassen, und alle Seelen in einer einzigen Seele. Gewiß ist Er kraftvoll und mächtig. Und diese Wiederkehr geschieht auf Sein Geheiß in jedweder Gestalt, die Er will. Fürwahr, Er ist Der, welcher alles tut und bestimmt. Im übrigen solltest du die Erfüllung der Wiederkehr und der Auferstehung nur im Worte deines Herrn, des Allmächtigen, des Allwissenden, wahrnehmen. Griffe Er zum Beispiel eine Handvoll Staub und erklärte, dies sei Derjenige, dem ihr früher gefolgt seid, so wäre dies so recht und so wahr wie Sein wirkliches Selbst. Keinem ist das Recht verliehen, Seine Vollmacht in Frage zu stellen. Er tut, was Er will, und bestimmt, was Ihm gefällt. Nimm dich auf dieser Stufe auch in acht, daß du deinen Blick nicht auf Grenzen und Andeutungen richtest, sondern auf das, wodurch die Offenbarung erfüllt ist, und gehöre zu den Erkennenden. Solches erklären Wir dir in leuchtend klarer Sprache, damit du begreifest, was du bei deinem urewigen Herrn suchtest.
Schau auf den Tag der Auferstehung. Wollte Gott verkünden, das niederste Geschöpf unter den Gläubigen sei der erste, der an den Bayán glaubte, so dürftest du keine Zweifel haben, sondern müßtest zu denen gehören, die wahrhaft glauben. Sieh auf dieser Stufe keine menschlichen Grenzen und Namen, vielmehr schau auf das, was den Rang des ersten Gläubigen rechtfertigt: den Glauben an Gott, die Anerkennung Seines Seins, das Vertrauen in die Erfüllung Seines unwiderstehlichen, Seines bindenden Befehls.
Denke an den Punkt des Bayán – erhaben ist Seine Herrlichkeit – und an Seine Offenbarung. Er verkündete, der ersteA125, der an Ihn glaubte, sei Muḥammad, der Gesandte Gottes. Steht es jemandem zu, mit Ihm zu streiten und zu sagen, jener erste sei aus Persien, dieser aus Arabien, jener heiße Ḥusayn, während dieser den Namen Muḥammad trug? Nein, Ich schwöre es bei Gottes heiligem Wesen, dem Erhabenen, dem Größten. Gewiß wird kein verständiger Mensch hier auf Grenzen und Namen achten, sondern das im Auge haben, womit Muḥammad ausgestattet war, und das war nichts anderes als die Sache Gottes. Ein Mensch mit dieser Einsicht würde sodann Ḥusayn und die Stellung betrachten, die er in der Sache Gottes, des Allmächtigen, des Erhabenen, des Wissenden, des Weisen, bekleidet. Und da der erste, welcher in der Sendung des Bayán an Gott glaubte, mit Befehlsgewalt ausgestattet war, ähnlich derjenigen, die Muḥammad, der Gesandte Gottes, innehatte, erklärte der Báb, Ḥusayn sei Muḥammad, nämlich Dessen Wiederkehr und Auferstehung. Diese Stufe ist geheiligt über alle Grenzen und Namen, und nichts ist darin zu sehen außer Gott, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden.
Wisse ferner: Wollte Er am Tage der Offenbarung verkünden, ein kleines Blatt sei die Manifestation aller Seiner erhabenen Ehrennamen, so wäre keinem das Recht gegeben, nach dem Warum und Wofür zu fragen; und fragte jemand dennoch, so würde er als Ungläubiger betrachtet und zu denen gezählt, die Gottes Wahrheit zurückweisen.
Hüte dich, hüte dich, daß du nicht tust, was das Volk des Bayán getan. Sie haben in der Tat schlimm geirrt, das Volk verführt, den Bund Gottes und Sein Testament verworfen und Ihm, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden, Gefährten beigesellt. Den Punkt des Bayán haben sie wahrlich nicht anerkannt; denn hätten sie Ihn anerkannt, so hätten sie Seine Manifestation in diesem hell strahlenden Wesen nicht verworfen. Da sie aber ihre Augen auf Namen hefteten, wurden sie ihnen trübe, als Er Seinen Namen ›der Erhabenste‹A126 durch Seinen Namen ›der Allherrliche‹A127 ersetzte. So verfehlen sie, Ihn heutzutage anzuerkennen, und so gehören sie zu denen, die zugrunde gehen. Fürwahr, hätten sie Ihn durch Sein eigenes Selbst erkannt oder aber kraft dessen, was Er offenbart, so hätten sie Ihn nicht geleugnet, als Er erschien in diesem herrlichen, diesem unvergleichlichen Namen, den Gott zum Schwerte Seiner Offenbarung zwischen Himmel und Erde bestimmt hat, Wahrheit vom Irrtum zu trennen, von nun an bis zu dem Tage, da die Menschheit vor dem Herrn der Welten stehen wird.
Wisse fernerhin: Am Tage Seiner Manifestation kehrt alles außer Gott wieder, ob hoch oder niedrig, versammelt an einem Ort. Unerforschlich ist die Wiederkehr für alle Menschen, bis daß die göttliche Offenbarung erfüllt ist. Er ist in Wahrheit Der, welcher bestimmt, was Er will. Wenn das Wort Gottes allem Erschaffenen offenbart ist, dann wird jeder, der den Ruf hört und beachtet, zu den edelsten Seelen gezählt, auch wenn er nicht mehr ist als ein Aschenträger. Und wer sich abwendet, zählt zu den niedersten unter Seinen Dienern, übte er auch Herrschaft über die Menschen und besäße er auch alle Bücher in den Himmeln und auf Erden.
Dir ziemt es, mit göttlicher Einsicht auf das zu blicken, was Wir dir offenbart und gesandt haben, nicht auf das Volk und was bei ihm im Schwange ist. Sie gleichen heutzutage einem Blinden, der im Sonnenschein herumtappt und fragt: Wo ist die Sonne? Scheint sie? Er leugnet und bestreitet die Wahrheit, er gehört nicht zu den Wahrnehmenden. Niemals wird er die Sonne schauen oder begreifen, was zwischen ihn und sie getreten ist. Er ist voll des Vorwurfs, schimpft und zählt zu den Aufsässigen. So ist auch der Zustand dieses Volkes. Überlasse sie sich selbst und sprich: Euch werde zuteil, was ihr wünschet, und uns, was wir wünschen. Elend ist fürwahr der Zustand der Gottlosen.
Wisse des weiteren: Die frühere Manifestation bekräftigte, am Tage der Auferstehung werde die Wiederkehr und die Erhebung der Geister eintreten; in Wahrheit gibt es eine Wiederkehr und Auferstehung für alles Erschaffene. Wir möchten jedoch nichts erwähnen, was nicht im Bayán dargelegt ist; sonst erhebt das Volk der Bosheit ein großes Geschrei. O würde doch vertrieben, was zwischen die Menschenkinder und ihren Schöpfer tritt, auf daß sie befähigt seien, Gottes unüberwindliche Herrschaft und Souveränität zu schauen, vom Brunnquell Seiner himmlischen Wasser zu trinken, sich mit den Ausgießungen aus dem Meere wahren Verstehens zu netzen und sich von den Schandflecken der Gottlosen und der Argwöhnischen zu läutern.
Nun zu deiner Frage über die Welten Gottes.
Wisse wahrlich, daß die Welten Gottes zahllos und unendlich weit sind.
Keiner kann sie zählen oder erfassen außer Gott, dem Allwissenden, dem Allweisen.
Denke an deinen Zustand im Schlafe.
Wahrlich, Ich sage, diese Erscheinung ist das geheimnisvollste der Zeichen Gottes unter den Menschen, wollten sie doch im Herzen darüber nachsinnen.
Siehe, wie das, was du im Traume geschaut hast, nach langer Zeit voll verwirklicht wird.
Wäre die Welt, wo du dich im Traum befunden hast, dieselbe wie die Welt, in der du lebst, dann hätte die Begebenheit jenes Traumes im Augenblick ihres Geschehens zwangsläufig in dieser Welt bekannt werden müssen.
Wäre es so, dann wärest du selbst dessen Zeuge.
Da dies jedoch nicht der Fall ist, muß notwendigerweise daraus folgen, daß die Welt, in der du lebst, von jener, die du im Traum erlebt hast, verschieden und gesondert ist.
Diese letztere Welt hat weder Anfang noch Ende.
Es wäre wahr, wenn du behaupten wolltest, daß diese Traumwelt nach dem Ratschluß des allherrlichen und allmächtigen Gottes in deinem eigenen Selbst liegt und ganz in dir aufgeht.
Es wäre ebenso wahr zu sagen, daß dein Geist, wenn er die Grenzen des Schlafes überschritten und sich von allen irdischen Bindungen befreit hat, durch Gottes Ratschluß ein Reich durchwandert, das in der innersten Wirklichkeit dieser Welt verborgen liegt.
Wahrlich, Ich sage, die Schöpfung Gottes umfaßt Welten neben dieser Welt und Geschöpfe außer diesen Geschöpfen.
In jeder dieser Welten hat Er Dinge verordnet, die niemand erforschen kann außer Ihm, dem Allerforschenden, dem Allweisen.
Denke darüber nach, was Wir dir enthüllt haben, damit du die Absicht Gottes, deines Herrn und des Herrn aller Welten, erkennest.
In diesen Worten sind die Geheimnisse göttlicher Weisheit verwahrt.
Wir wollen nicht bei diesem Thema verweilen, weil der Kummer über die Taten derer, die durch Unsere Worte erschaffen worden sind, Uns umgibt, wäret ihr doch unter denen, die auf Unsere Stimme hören.
Wo ist der, der Mir helfen und Mich vor den Schwertern dieser treulosen Seelen beschirmen kann? Wo ist der Einsichtsvolle, der die Worte Gottes mit eigenen Augen sieht und sich von den Völkern der Welt, ihren Meinungen und Vorstellungen frei macht?
O Diener! Warne die Diener Gottes davor, das von sich zu weisen, was sie nicht verstehen. Sprich: Flehet zu Gott, Er möge vor euren Herzen die Tore wahren Verstehens öffnen, auf daß euch kund wird, was keiner kennt. Wahrlich, Er ist der Gebende, der Vergebende, der Mitleidvolle.
Du hast Mich auch über die Gebote Gottes befragt. Wisse fürwahr: Alles, was im Buche vorgeschrieben ist, ist die Wahrheit; es gibt keinen Zweifel daran, und jeder hat die Pflicht zu befolgen, was Er, der Offenbarer, der Allwissende, herniedergesandt hat. Wer die Gebote beiseite schöbe, obwohl er davon Kenntnis hat, mit dem hätte Gott fürwahr nichts zu schaffen, und auch Wir hätten nichts mit ihm zu schaffen; denn Gottes Gebote stellen die Früchte des göttlichen Baumes dar, und nur die Achtlosen und die Eigensinnigen weichen von ihnen ab.
Was das Paradies anbelangt, so ist es eine Wirklichkeit, an der es keinen Zweifel geben kann. Hier und heute in dieser Welt ist es in der Liebe zu Mir und in Meinem Wohlgefallen verwirklicht. Wer das erreicht, dem wird Gott in dieser Welt hienieden helfen, und nach dem Tode wird Er ihn befähigen, Zutritt in das Paradies zu erlangen, das so weit ist wie Himmel und Erde. Dort werden ihm die Jungfrauen der Herrlichkeit und der Heiligkeit aufwarten des Tages und zur Nachtzeit, während die Sonne der unvergänglichen Schönheit seines Herrn allezeit ihren Glanz über ihn ergießt und er so hell erstrahlt, daß keiner seinen Anblick ertragen kann. So fügt es die Vorsehung, und doch ist das Volk ausgeschlossen durch einen schweren Schleier. Begreife gleichermaßen das Wesen des Höllenfeuers und gehöre zu denen, die wahrhaft glauben. Für jede Tat gibt es eine Vergeltung nach dem Urteil Gottes; dafür sind die Gebote und Verbote, wie sie der Allmächtige verschrieben hat, Zeugnis zur Genüge. Denn gewiß würde sich, wenn die Taten nicht belohnt würden und keine Früchte zeitigten, die Sache Gottes – erhaben ist Er – als nichtig erweisen. Unermeßlich erhaben ist Er über solche Gotteslästerungen! Denen jedoch, die frei sind von allen Bindungen, ist eine Tat ihr eigener Lohn. Wollten Wir uns über diesen Gegenstand verbreiten, so müßten zahlreiche Sendschreiben aufgezeichnet werden.
Ich schwöre bei der Gerechtigkeit des einen wahren Gottes! Die Feder ist außerstande, sich zu bewegen, ob alledem, was ihren Herrn befallen hat. Sie weint bitterlich; bitter weine auch Ich, und bitter weint das Auge Dessen, Der das Wesen der Hoheit hinter dem Königszelte der Namen ist, sitzend auf dem Throne Seines ruhmreichen Namens.
Reinige dein Herz, auf daß Wir Springbrunnen der Weisheit und der freien Rede daraus hervorquellen lassen und dich befähigen, deine Stimme inmitten der Menschheit zu erheben. Löse deine Zunge, und um des Gedenkens an deinen barmherzigen Herrn willen verkünde die Wahrheit. Fürchte dich vor niemandem, setze dein ganzes Vertrauen in Gott, den Allmächtigen, den Allwissenden. Sprich: O Volk, erfüllet, was ihr im Persischen Bayán versteht, und was ihr nicht versteht, das fraget Ihn, Sein unfehlbares Gedenken, damit Er euch klar vor Augen führe, was Gott in Seinem Buche beabsichtigt hat; denn fürwahr, Er weiß, was im Bayán verwahrt ist, kraft Seines, des Allmächtigen, des Allmachtvollen, Willens.
Du hast über Unsere Warnung an das Volk zur Zeit Unserer Abreise aus dem ‘Iráq gefragt, wonach dann, wenn die Sonne dem Blick entschwindet, Vögel der Finsternis sich bewegen und die Banner des SámiríA128 aufgepflanzt werden. Ich schwöre bei Gott! Diese Vögel rühren sich heutzutage, und Sámirí erhebt sein Geschrei. Wohl dem, der versteht und zu den Einsichtigen zählt! Wir haben sie auch vor der Erscheinung des Kalbes gewarnt. Gott ist Mein Zeuge! Alle Unsere Vorhersagen sind eingetreten, wie es ihnen bestimmt war, da sie ja von den Fingern der Herrlichkeit und der Macht ausgingen. Flehe zu Gott, Er möge dich vor dem Unheil dieser Menschen schützen und dich läutern von den Anspielungen der Widerspenstigen. Wappne dich für die Verkündigung der Sache Gottes und achte nicht der Worte, die das Volk des Bayán äußert; denn fürwahr, sie sind des Verständnisses bar und haben das Wesen der Sache, wie es in dieser hehren, dieser Größten Verkündigung enthüllt ist, nicht begriffen. Solches geben Wir deinem Geiste ein, und Wir flößen dir ins Herz, was dich unabhängig macht von den Anspielungen der Menschheit.
Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und denen, welche die Worte hören, die du äußerst aus Liebe zu Gott, deinem Herrn, und welche standhaft in Seiner Sache bleiben. Aller Lobpreis sei Gott, dem Herrn der Welten.
Lawḥ-i-Siyyid-i-Mihdíy-i-Dahají (Das Sendschreiben an Siyyid Mihdíy-i-Dahají)
Er ist der Heiligste, der Größte, der Erhabenste, der Höchste
O Mein Name!A129 Lobpreise Gott, daß Er dich gnädig erwählte, ein Regenschauer göttlicher Gaben zu sein für alles, was Wir in den reinen, gesegneten Boden säten, und daß Er dich befähigte, den wundersam hehren Bäumen, die Wir pflanzten, als Frühling sanften Erbarmens zu dienen. Fürwahr, so groß ist diese Gunst, daß unter allem Erschaffenen in der Welt des Seins nichts damit wetteifern kann. Des weiteren haben Wir dir den erlesenen Wein der Rede aus dem Kelche himmlischer Gaben deines barmherzigen Herrn zu trinken gegeben: diese Zunge der Heiligkeit, die, kaum gelöst, alle Schöpfung belebte, alle Wesen in Bewegung brachte und die Nachtigall ihre Weisen schlagen ließ. Dies ist der Springquell lebendigen Wassers für alle, die im Reiche des Seins wohnen.
Oftmals haben Wir auf dich die süßen Düfte des Allerbarmers gehaucht aus diesem Zweig, der sich über dem Sendbrief deines Herrn, des Mächtigen, des Ungezwungenen, bewegt. Bei der Gerechtigkeit des einen wahren Gottes! Wendeten sich alle erschaffenen Dinge, die sichtbaren wie die unsichtbaren, zu Ihm, so sähest du, wie sie sich aufschwängen zum Höchsten Ziel, dem Ort, da der göttliche Lotosbaum ruft und kündet: Wahrlich, kein Gott ist außer Mir, dem Allmächtigen, dem Allgütigen.
Groß ist dein Segen, da du durch die Lande Gottes reistest, verkörperte Freude und Sicherheit für das Volk Bahás – sie, die allem entsagen außer Ihm und ihre Herzen ausrichten auf diesen Königshof, der seinen Strahlenglanz über alle Reiche ergießt und sie netzt mit den wogenden Wassern dieses Meeres, das dich selbst genetzt hat – ein Meer, das alles Erschaffene umschließt.
Du hast fürwahr die Bedeutung der Hilfe für Gott verstanden, du hast dich erhoben, diese Hilfe durch die Macht der Weisheit und der Rede zu leisten. Sprich: Mir helfen heißt Meine Sache lehren. Dies ist ein Gegenstand, der ganze Sendbriefe ausfüllt. Dies ist der unverrückbare Befehl Gottes, ewig in der Vergangenheit, ewig in der Zukunft. Begreifet es, o ihr Einsichtsvollen. Wer die Schranken der Weisheit überschreitet, versteht die im Buche dargelegte Bedeutung der Hilfe für Gott nicht. Sprich: Fürchtet Gott und sät nicht die Saaten der Zwietracht unter die Menschen. Befolget, was euch aufgetragen von eurem Herrn, dem Allmächtigen, dem Allwissenden. Er weiß, was wirklich der Sieg ist, und lehrt es euch mit einer Rede, die kein leerer Wahn derer, welche in der Wildnis des Zweifels schweifen, je verderben kann.
O Mein Name! Gib allem Erschaffenen erneut zu trinken von diesem Kelche, der die Meere aufbranden ließ. Entfache sodann in den Herzen die Feuerlohe, die dieser Rote Baum entzündet hat, damit sich alle erheben, Seinen Namen unter den Anhängern aller Glaubensrichtungen zu preisen und zu verherrlichen.
Zahlreiche Briefe von dir wurden vor Unserem Thron überreicht. Wir haben sie gelesen zum Zeichen der Gnade, und für jeden Namen, den du erwähntest, haben Wir offenbart, was die Menschengeister aufrüttelt und die Seelen sich aufschwingen läßt. Im übrigen haben Wir dich wiederholt befähigt, den Trillern der Himmelsvögel zu lauschen und dein Ohr dem Sang der Nachtigallen zu neigen, wenn sie auf den Zweigen ihre Lieder schlagen. So ward die Feder Gottes zu deinem Gedenken bewegt, auf daß du die Menschen ermahnest durch die Macht dieser Rede, die von Gott bestimmt ist, die Zeichen Seiner Herrlichkeit zu offenbaren.
Selig ist der Ort, da der Hymnus Seines Lobpreises erschallt, und selig das Ohr, welches hört, was vom Himmel der Gnade deines Herrn, des Allerbarmers, herniedergesandt ward.
Ermahne die Diener Gottes zu dem, wozu Wir dich ermahnten, damit sie ablassen von allem, was ihnen in dem Mutterbuche verboten ist. Wer Taten begeht, die Aufruhr schaffen im Volk, der ist fürwahr weit abgeirrt von der Hilfe für Gott und Seine Sache; auf der Tafel, die Gott zum Dämmerort aller Tafeln ausersehen hat, wird er zu den Unheilstiftern gezählt.
Sprich: Wenn es Uns gut dünkt, werden Wir die Sache Gottes durch die Macht eines einzigen Wortes aus Unserer Gegenwart zum Siege führen. Er ist wahrlich der Allmächtige, der Allbezwingende. So es Gottes Absicht ist, wird aus den Wäldern himmlischer Macht der Löwe unüberwindlicher Kraft hervortreten, und sein Gebrüll ist wie des Donners Grollen, das in den Bergen widerhallt. Da Unsere liebevolle Vorsehung jedoch alle Dinge überragt, haben Wir verordnet, daß der Endsieg durch Wort und Rede erreicht werde, damit Unsere Diener auf der ganzen Erde dergestalt zu Empfängern göttlichen Segens werden. Das ist ein Zeichen für die Gottesgaben, die ihnen gewährt sind. Wahrlich, dein Herr ist der Allgenügende, der Erhabenste.
Sprich: Fürchtet Gott und begeht keine Taten, die Meine Geliebten auf Erden wehklagen lassen. So gebietet euch diese Feder, die auf der Kampfbahn der Weisheit und des wahren Verstehens die Feder der Herrlichkeit in Bewegung brachte.
Überbringe Meine Grüße all denen, deren Angesichter den Strahlenglanz Bahás widerspiegeln. Sodann rede zu ihnen mit dieser Rede, welche die Augen der Gerechten erhellt. Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und allen, die sich festhalten an dem Seile Gottes, des Offenbarers der Verse…
Halte die Bewohner dortzulande ab von herausfordernden Handlungen, von Hader, Streit und allem, was sonst Unruhe stiftet. Rühmlich ist heutzutage die Verbreitung der Sache Gottes. Wollten sich zum Beispiel diejenigen Leute, die gewisse Ziele verfolgen, dem Lehren der Sache Gottes hingeben, so wären alle, die dortzulande wohnen, binnen kurzem mit dem Mantel des Glaubens bekleidet.
So jemand die folgende Stelle aus dem zu Ehren des Nabíl von Qá’inA130 offenbarten Sendschreiben mit all ihrer Süße kostet, wird er sogleich die Bedeutung der Hilfe für Gott verstehen: Menschliche Rede will ihrem Wesen nach Einfluß üben und bedarf deshalb der Mäßigung. Ihr Einfluß ist durch Feinheit bedingt, die wiederum von losgelösten, reinen Herzen abhängt. Ihre Mäßigung muß mit Takt und Weisheit gepaart sein, wie es in den Heiligen Büchern und Sendbriefen vorgeschrieben ist.
O Mein Name! Die Rede muß die Kraft der Eindringlichkeit besitzen. Ist sie dieser Eigenschaft beraubt, übt sie keinen Einfluß aus. Und dieser durchdringende Einfluß hängt davon ab, daß der Geist rein und das Herz makellos ist. Desgleichen bedarf die Rede der Mäßigung; ohne sie ist der Hörer außerstande, die Rede zu ertragen, vielmehr bekundet er von Anfang an Widerspruch. Und die Mäßigung wird dadurch erlangt, daß man die Rede mit den Zeichen göttlicher Weisheit mischt, wie sie in den heiligen Büchern und Sendbriefen verzeichnet sind. Wenn eines Menschen Rede dergestalt in ihrer Wesenheit mit diesen beiden Grunderfordernissen ausgestattet ist, wird sie sich als ungemein wirksam erweisen und das beste Mittel für die Wandlung der Menschenseelen sein. Das ist die Stufe höchsten Sieges und himmlischer Herrschaft. Wer sie erreicht, ist mit der Macht belehnt, die Sache Gottes zu lehren und der Menschen Herzen und Gemüter zu besiegen.
O Mein Name! Die Sonne der Rede strahlt hell vom Dämmerort göttlicher Offenbarung. Sie erleuchtet die Schriftrollen und Tafeln in solchem Maße, daß das Reich der Rede und das erhabene Herrschaftsgebiet des Verstehens vor Freude und Frohlocken beben; sie scheinen im Glanz Seines Lichtes, und doch begreift es die Masse der Menschen nicht.
Der Grund, warum das Thema des Beistands und der Hilfe für Gott immer wieder der Feder der Vorsehung entströmte und weiterhin entströmen wird, ist die Warnung an die Freunde Gottes vor Tätigkeiten, die Streit und Aufruhr bewirken könnten. Alle haben sie die Pflicht, sorgfältig zu forschen, wie sie der Sache Gottes in der von Uns dargelegten Weise helfen können. Dies ist nur ein Zeichen Seiner Gnade, die Er Seinen Geliebten besonders gewährt, auf daß jeder von ihnen die Stufe erlange, die durch das Wort gekennzeichnet ist: »Wer eine Seele erweckt, der erweckt fürwahr die ganze Menschheit.«A131
Weltliche Macht stand immer im Schatten dieser Stufe und wird weiterhin dort stehen. Ihre festgesetzte Stunde ist im Buche Gottes vorherbestimmt. Er wahrlich kennt sie, und kraft Seiner Macht wird sie offenbar werden. Wahrlich, Er ist der Machtvolle, der Allunterwerfende, der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise.
Die geheiligten Seelen sollten in ihren Herzen über die Lehrmethoden nachdenken und nachsinnen. Aus den Texten dieser wundersamen, himmlischen Schriften sollten sie Sätze und Abschnitte auswendig lernen, die sich auf verschiedene Gegebenheiten beziehen, damit sie im Verlauf ihrer Ansprachen göttliche Verse wiedergeben können, sooft es die Gelegenheit erfordert, da diese heiligen Verse ja das kraftvollste Elixier, der größte, mächtigste Talisman sind. So machtvoll ist ihr Einfluß, daß dem Hörer kein Grund zum Wankelmut bleibt. Ich schwöre bei Meinem Leben! Dieser Offenbarung ist solche Macht eigen, daß sie als Magnet auf alle Völker und Geschlechter der Erde wirkt. Wer innehält, um mit Bedacht nachzusinnen, wird erkennen, daß es für keinen einen Ort gibt oder geben kann, dahin er fliehen könnte.
Der Kitáb-i-Aqdas wurde so offenbart, daß er alle göttlich bestimmten Sendungen anzieht und umfängt. Selig ist, wer ihn liest, selig, wer ihn begreift, selig, wer darüber nachdenkt, selig, wer seine Bedeutung erwägt. So umfassend ist er, daß er alle Menschen umschließt, ehe sie seiner gewahr sind. Binnen kurzem werden seine unumschränkte Macht, sein durchdringender Einfluß und die Größe seiner Kraft auf Erden offenbar.
O Mein Name! Höre auf Meine Stimme, die aus der Richtung Meines Thrones kommt. Dein Herr will deinen Namen allzeit erwähnen, da du dich standhaft erweisest im Ruhme Seiner Tugenden unter den Menschen. Fürwahr, Er liebt die Treue, die sich im Reiche der Schöpfung findet, und gibt ihr Vorrang vor den meisten Tugenden. Wahrlich, Er ist der Gewaltige, der Machtvolle.
Wisse fernerhin, daß Wir den Lobpreis hörten, den du äußertest in deiner Zwiesprache mit Gott, deinem Herrn, dem Erhabenen, dem Gnädigen. Groß ist fürwahr der Segen, der deiner wartet, da du deine eigenen Belange zugunsten dieser unverletzlichen, dieser mächtigen und erleuchteten Sache eingeschränkt hast. Wir flehen zu Gott, Er möge deinen Ruf zu einem Magneten machen, der die Verkörperungen der Namen in der Welt des Seins anzieht, so daß alle Wesen aus freiem Antrieb seiner achten. Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Erhabenen, dem Überlegenen, dem Ewig-Gesegneten, dem Hehren, dem Allhöchsten, dem Allherrlichen, dem Großmütigsten, dem Allwissenden, dem Allkennenden.
Lawḥ-i-Burhán (Das Sendschreiben vom Beweis)
Dieses Sendschreiben wurde nach dem Opfertod Siyyid Muḥammad-Ḥasans, Sulṭánu’sh-Shuhadá’ ›der König der Märtyrer‹ und Siyyid Muḥammad-Ḥusayns, Maḥbúbu’sh-Shuhadá’ ›der Geliebte der Märtyrer‹ offenbart; vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 356 und an Shaykh Muḥammad-Báqir, den Bahá’u’lláh mit dem Beinamen ›der Wolf‹ brandmarkte, gerichtet. Bahá’u’lláh erwähnt in diesem Sendschreiben Mír Muḥammad-Ḥusayn, den Imám-Jum‘ih von Iṣfahán mit dem Beinamen ›die Schlange‹; er war bei der Verfolgung der Bahá’í der Komplize von Shaykh Muḥammad-Báqir (vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 350, 356, 405). Der Brief an den Sohn des Wolfes ist an Shaykh Muḥammad-Taqí-yi-Najafí, den Sohn von Shaykh Muḥammad-Báqir, gerichtet.
Er ist der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise!
Die Winde des Hasses umfingen die Arche von BaṭḥáA132 wegen der Untaten, die die Hände der Unterdrücker begingen.
O Báqir!
Du hast diejenigen verurteilt, um derentwillen die Bücher der Welt weinten und die Schriften der Religionen Zeugnis ablegten.
Du bist wahrlich weit vom rechten Wege abgeirrt und in einen dichten Schleier gehüllt.
Bei Gott selbst!
Du hast jene verurteilt, durch die der Horizont des Glaubens erleuchtet wurde.
Dies bezeugen sie alle, die die Dämmerorte der Offenbarung und die Manifestationen der Sache deines Herrn, des Barmherzigsten, sind – sie, die ihre Seelen und all ihren Besitz auf Seinem geraden Pfade geopfert haben.
Der Glaube Gottes weint allüberall ob deiner Tyrannei, und doch vergnügst du dich und gehörst zu denen, die frohlocken.
Ich trage keinen Haß gegen dich oder sonst jemanden im Herzen.
Jeder Gebildete sieht dich und deinesgleichen versunken in offenbarer Torheit.
Hättest du begriffen, was du getan, du hättest dich ins Feuer geworfen oder dein Haus verlassen und die Flucht in die Berge ergriffen, oder hättest gestöhnt und gejammert, bis du an den Ort zurückgekehrt wärest, der dir von Ihm, dem Herrn der Kraft und Macht, bestimmt ist.
O du, der du so viel bist wie ein Nichts!
Zerreiße die Schleier eitlen Wahns und leeren Trugs, damit du die Sonne der Erkenntnis von diesem strahlenden Horizonte scheinen siehst.
Du hast einen Sproß des Propheten selbst in Stücke gerissen und dir eingebildet, damit dem Gottesglauben zu helfen.
Solches hat dir deine Seele eingegeben, und du bist wahrlich einer der Achtlosen.
Was du tatest, hat den himmlischen Heerscharen und jenen, die die Sache Gottes, des Herrn der Welten, umkreisen, die Herzen gebrochen.
Die Seele der ReinenA133 schmolz wegen deiner Grausamkeit dahin, und die Bewohner des Paradieses weinten bitterlich an ihrem gesegneten Ort.
Ich beschwöre dich bei Gott, urteile gerecht!
Welchen Beweis brachten die jüdischen Gelehrten vor, um Ihn, den Geist GottesA134, zu verdammen, als Er mit der Wahrheit zu ihnen kam?
Was konnten die Pharisäer und Götzenpriester ins Feld führen, um sich dafür zu rechtfertigen, daß sie Muḥammad, den Gesandten Gottes, verleugneten, als Er zu ihnen kam mit einem Buch, welches zwischen Wahrheit und Falschheit mit solcher Gerechtigkeit schied, daß sich das Dunkel der Erde in Licht verwandelte und die Herzen derer, die Ihn erkannten, in Entzücken gerieten?
Wahrlich, du hast heute dieselben Gründe vorgebracht, deren sich die törichten Gelehrten jener Zeit bedienten.
Er, der König des Reiches der Gnade, bezeugt es in diesem großen Gefängnis.
Du bist wahrlich ihre Wege gewandelt, nein, du hast sie gar noch in ihrer Grausamkeit übertroffen und dir dabei eingebildet, du hülfest dem Glauben und verteidigtest das Gesetz Gottes, des Allwissenden, des Allweisen.
Bei Ihm, der die Wahrheit ist!
Dein Unrecht ließ Gabriel stöhnen und brachte das Gesetz Gottes, von dem der Windhauch der Gerechtigkeit über alle im Himmel und auf Erden weht, zum Weinen.
Wähnst du in deiner Unwissenheit wirklich, das Urteil, das du sprachst, sei dir nütze?
Nein, bei Ihm, dem König aller Namen!
Daß es dir nur schadet, bezeugt Er, der alles weiß, was in dem verwahrten Tablet verzeichnet ist.
Als du dein Urteil niederschriebst, da klagte deine eigene Feder dich an.
Solches bezeugt die Feder Gottes, des Höchsten, auf Seiner unerreichbaren Stufe.
O du, der du in die Irre gingst! Nie hast du Mich gesehen, nie hast du mit Mir verkehrt oder warst auch nur für den Bruchteil eines Augenblicks Mein Gefährte. Wie kommt es dann, daß du den Menschen befiehlst, Mich zu verfluchen? Folgst du darin dem Drang deiner Begierden oder gehorchst du etwa deinem Herrn? Gib ein Zeichen, so du zu denen gehörst, die die Wahrheit lieben! Wir bezeugen, daß du das Gesetz Gottes von dir geworfen und dich dem Drang deiner Leidenschaften gebeugt hast. Wahrlich, nichts entgeht Seinem Wissen; Er ist fürwahr der Unvergleichliche, der Allunterrichtete. O du achtloser Mensch! Beachte, was der Barmherzige im Qur’án offenbarte: »Sage nicht zu jedem, der dir mit einem Gruß begegnet: ›Du bist kein Gläubiger.‹«Q21 Solches hat Er verordnet, in dessen Hand die Reiche der Offenbarung und der Schöpfung liegen – wärest du doch von denen, die hören. Du aber hast das Gebot Gottes beiseite gelegt und dich an den Drang deiner Begierden gehalten. Wehe über dich, o du achtloser Zweifler! Wenn du Mich verleugnest, mit welchem Beweis kannst du dann die Wahrheit dessen verfechten, was du besitzest? Lege ihn vor, o du, der du Gott Gefährten beigesellst und dich abkehrst von Seiner Oberherrschaft, die alle Welten umschließt!
Wisse, du Tor, daß der in Wahrheit ein Gebildeter ist, der Meine Offenbarung annimmt, vom Weltmeer Meines Wissens trinkt und sich in die Lüfte Meiner Liebe aufschwingt, der alles außer Mir von sich wirft und sich mit festem Griff an das hält, was vom Reiche Meines wunderbaren Wortes herabgesandt ist.
Er ist fürwahr wie das Auge für die Menschheit und wie der Geist des Lebens für den Körper der ganzen Schöpfung.
Verherrlicht sei der Allbarmherzige, der ihn erleuchtete und ihn sich aufmachen ließ, dieser großen, mächtigen Sache zu dienen.
Wahrlich, solch ein Mensch ist gesegnet von den Scharen der Höhe und den Bewohnern des Tabernakels der Größe, die Meinen versiegelten Wein trinken in Meinem Namen, der Allmächtige, der Allmachtvolle.
O Báqir!
Wenn du zu denen gehörst, die eine so erhabene Stufe einnehmen, dann erbringe ein Zeichen von Gott, dem Schöpfer der Himmel.
Und wenn du deine Ohnmacht erkennst, zügle deine Leidenschaften und kehre zu deinem Herrn zurück, damit Er dir deine Sünden vergebe, Sünden, die dem Göttlichen Lotosbaum die Blätter versengten, den Felsen aufschreien ließen und die Augen der Einsichtsvollen zum Weinen brachten.
Deinetwegen zerriß der Schleier der Göttlichkeit, scheiterte die Arche, lahmte die Kamelstute und stöhnte der GeistA135 an Seinem erhabenen Orte.
Rechtest du mit Ihm, Der zu dir kam mit den Zeugnissen Gottes und mit Seinen Zeichen, die du und alle auf Erden besitzen?
Öffne die Augen, damit du diesen Unterdrückten vom Horizont des Willens Gottes, des Herrschers, des Wahren, des Strahlenden, leuchten siehst.
Öffne alsdann das Ohr deines Herzens, damit du die Stimme des göttlichen Lotosbaumes vernimmst, der in Wahrheit von Gott, dem Allmächtigen, dem Wohltätigen, gehegt wurde.
Wahrlich, trotz allem, was ihm Leute deinesgleichen voll Grausamkeit und Ungehorsam zufügten, ruft dieser Baum laut und lädt alle Menschen zum Sadratu’l-MuntaháA136 und zum höchsten Horizonte.
Gesegnet die Seele, die auf das mächtigste Zeichen schaut, und das Ohr, das Seine lieblichste Stimme vernimmt, aber wehe dem, der sich abwendet und gottlos handelt.
O du, der du dich von Gott abkehrtest!
Wolltest du mit ehrlichem Auge auf den Göttlichen Lotosbaum blicken, du würdest an seinen Ästen, Zweigen und Blättern die Male wahrnehmen, die dein Schwert ihm schlug, obwohl dich Gott erschaffen hat, diesen Baum zu erkennen und ihm zu dienen.
Denke nach, damit du deinen Frevel einsiehst und zu denen zählst, die in sich gegangen sind.
Meinst du, Wir fürchteten deine Grausamkeit?
Wisse und sei dessen wohl versichert, daß Wir vom ersten Tag an, da die Erhabenste Feder zwischen Erde und Himmel ihre Stimme erhob, Unsere Seelen, Unsere Körper, Unsere Söhne und Unseren Besitz auf dem Pfade Gottes, des Erhabenen, des Großen, aufopferten.
Dies ist Unser Ruhm vor allem Erschaffenen und den Scharen der Höhe, und dafür zeugt, was Uns auf diesem geraden Pfad zustieß.
Bei Gott!
Unsere Herzen brachen, Unsere Leiber wurden gekreuzigt und Unser Blut vergossen, während Unsere Augen am Horizont der Gnade ihres Herrn, des Zeugen, des Allschauenden, hingen.
Je schlimmer seine Leiden, desto flammender wuchs die Liebe des Volkes Bahás.
Seine Aufrichtigkeit bezeugt, was der Allbarmherzige im Qur’án herabsandte, wo Er sagt:
»Wünscht euch den Tod, so ihr aufrichtig seid.«Q22 Wer verdient den Vorzug: einer, der sich hinter Vorhängen verbirgt, oder einer, welcher sich auf dem Pfade Gottes aufopfert?
Urteile gerecht und gehöre nicht zu denen, die verwirrt durch die Wüste der Falschheit schweifen.
So weit wurden jene von den Lebenswassern der Liebe des Barmherzigsten mitgerissen, daß weder die Waffen der Welt noch die Schwerter der Nationen sie davon abhielten, ihr Antlitz auf das Weltmeer der Großmut ihres Herrn, des Gebenden, des Edelmütigen, zu richten.
Bei Gott! Alle Schwierigkeiten konnten Mich nicht entmutigen, und das Verwerfungsurteil der Geistlichen vermochte nicht, Mich zu schwächen. Heute wie ehedem spreche Ich vor dem Angesicht der Menschen: »Das Tor der Gnade ist aufgetan, und Er, der Morgen der Gerechtigkeit, ist gekommen mit deutlichen Zeichen und klaren Beweisen von Gott, dem Herrn der Kraft und der Macht!« Zeige dich vor Mir, damit du die Geheimnisse vernimmst, die der Sohn ‘ImránsA137 auf dem Sinai der Weisheit hörte. Dies befiehlt dir der Aufgangsort der Offenbarung deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, aus Seinem großen Gefängnis.
Hat deine Führerschaft dich stolz gemacht? Lies, was Gott einem Alleinherrscher, dem Sulṭán der Türkei, offenbart hat, ihm, der Mich in dieser Trutzburg einkerkerte. So magst du dich ins Bild setzen über den Zustand dieses Unterdrückten, wie ihn Gott, der Eine, der Einzige, der Allunterrichtete, verfügt hat. Macht es dich glücklich, elende Taugenichtse als deine Anhänger zu sehen? Sie unterstützen dich, wie es die Leute vor ihnen taten, die Anhänger von Hannas, die ohne Zeugnis oder klaren Beweis das Urteil sprachen gegen den GeistA138.
Lies den Kitáb-i-Íqán, lies, was vom Allbarmherzigen dem König in ParisA139 und seinesgleichen gesandt wurde, auf daß dir bewußt werde, was sich in der Vergangenheit ereignete, und du dich überzeugst, daß Wir keineswegs Unordnung im Land verbreiten wollten, nachdem es wohlgeordnet war. Nur um Gottes willen ermahnen Wir Seine Diener. Wer es wünscht, den lasse sich Gott zuwenden, und wer will, möge sich abkehren. Unser Herr, der Barmherzige, ist wahrlich der Allgenügende, der Allgepriesene. O Schar der Geistlichen! Dies ist der Tag, da nichts von allen Dingen und kein Name von allen Namen euch nützen kann, es sei denn durch diesen Namen, den Gott zur Manifestation Seiner Sache und zum Tagesanbruch Seiner erhabensten Benennungen gemacht hat für alle, die im Reich der Schöpfung sind. Selig ist der Mensch, der den Duft des Allbarmherzigen wahrnimmt und zu denen zählt, die standhaft sind. Weder eure Wissenschaften noch eure Künste, eure Schätze oder euer Ruhm werden euch an diesem Tag etwas nützen. Werft sie alle von euch und richtet euer Angesicht auf das Hocherhabene Wort, durch welches die Schriften, die Bücher und diese erleuchtete Tafel unzweideutig kundgemacht wurden. Werft weg, o ihr Geistlichen alle, was ihr mit den Federn eures eitlen Wahns und leeren Trugs zusammengeschrieben habt. Bei Gott! Die Sonne der Erkenntnis strahlt über dem Horizont der Gewißheit.
O Báqir! Lies und rufe dir ins Bewußtsein, was einstmals ein Gläubiger unter deinen Vorfahren sagte: »Wollt ihr einen Mann erschlagen, nur weil er sagt: Mein Herr ist Gott, wo Er doch bereits mit Zeichen von eurem Herrn unter euch ist? Ist er ein Lügner, so wird seine Lüge auf ihn zurückfallen; ist er aber ein Mann der Wahrheit, so wird mindestens ein Teil von dem, was er androht, über euch kommen. Fürwahr, Gott führt nicht den, der maßlos und ein Lügner ist.«Q23
O du, der du in die Irre gingst! Wenn dir irgendein Zweifel an Unserer Lebensführung kommt, so wisse, daß Wir bezeugen, was Gott selbst vor der Erschaffung der Himmel und der Erde bezeugte: Es ist kein anderer Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Allgütigen. Wir bezeugen, daß Er einzig ist in Seinem Wesen, einzig in Seinen Eigenschaften. Er hat nicht Seinesgleichen im ganzen Weltall noch einen Gefährten in der ganzen Schöpfung. Seine Boten und Seine Bücher hat Er herniedergesandt, damit sie Seinen Geschöpfen den Geraden Pfad weisen.
Ist der Sháh über dein Vorgehen unterrichtet worden, und hat er sich entschieden, die Augen davor zu verschließen? Oder hat ihn die Furcht gepackt vor dem Heulen eines Rudels Wölfe, das dem Pfade Gottes den Rücken kehrte und dir auf deinem Wege nachfolgte, ohne klaren Beweis oder ein Buch? Wir hörten, die Provinzen Persiens seien mit der Zier der Gerechtigkeit geschmückt worden. Als Wir aber genau hinschauten, fanden Wir, daß sie Aufgangsorte der Willkür und Tagesanbrüche des Unrechts sind. Wir sehen die Gerechtigkeit in den Klauen der Tyrannei. Gott flehen wir an, sie durch die Kraft Seiner Macht und Seiner höchsten Herrschaft zu befreien. Er, wahrlich, beschirmt alles, was in den Himmeln und auf Erden ist. Keinem ist das Recht gegeben, sich bei irgendeinem darüber zu beschweren, was der Sache Gottes widerfahren ist. Es geziemt jedem, der sein Angesicht auf den Erhabensten Horizont richtet, sich beharrlich an das Seil der Geduld zu halten und sein Vertrauen auf Gott zu setzen, den Helfer in Gefahr, den Unbezwungenen. O ihr Geliebten Gottes! Trinkt aus dem Quell der Weisheit die Fülle, ergeht euch im Garten der Weisheit, schwingt euch auf in die Sphären der Weisheit und sprecht mit Weisheit und Beredsamkeit. Dies gebietet euch euer Herr, der Allmächtige, der Allwissende.
O Báqir! Baue nicht auf deinen Ruhm und deine Macht. Du gleichst der letzten Spur des Sonnenlichts auf der Bergesspitze. Bald wird sie dahinschwinden, wie es Gott, der Allbesitzende, der Höchste, verordnet hat. Weggenommen ist von dir und deinesgleichen aller Ruhm, und dies ist wahrlich, was von Ihm, bei dem das Mutterbuch ist, verfügt wurde. Wo ist der zu finden, der mit Gott rechtete, und wohin ist der entschwunden, der Seinen Zeichen widersprach und sich von Seiner höchsten Herrschaft abwandte? Wo sind sie, die Seine Erwählten erschlugen und das Blut Seiner Heiligen vergossen? Denke nach, auf daß du vielleicht den Geruch deiner Taten wahrnehmest, o du törichter Zweifler! Deinetwegen klagte der GesandteA140, und die ReineA141 schrie laut auf; alle Länder wurden verwüstet, und Dunkel fiel über alle Bereiche. O Schar der Geistlichen! Euretwegen geriet das Volk in Schande, wurde das Banner des Isláms herabgezerrt und sein mächtiger Thron gestürzt. Immer, wenn ein verständiger Mann sich an das zu halten suchte, was den Islám erhöht hätte, stimmtet ihr euer Geschrei an, was ihn hinderte, sein Ziel zu erreichen, während das Land tief im Verfall befangen blieb.
Denke an den Sulṭán der Türkei! Er wollte den Krieg nicht, aber Leute deinesgleichen wollten ihn. Als das Feuer des Krieges entzündet war und hoch seine Flammen loderten, da wurden Regierung und Volk geschwächt. Dies bezeugt jeder gerechte, urteilsfähige Mensch. Das Elend schwoll so an, daß sein Rauch das Land des GeheimnissesA142 und seine Umgebung umwölkte. Was in dem Sendbrief über den Sulṭán offenbart stand, das wurde offenkundig. So ist es im Buche entschieden auf Geheiß Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
O Meine Höchste Feder!
Laß ab vom Gedenken an den Wolf und rufe die SchlangeA143 in Erinnerung, deren Grausamkeit alles Erschaffene stöhnen und den Heiligen die Glieder erzittern ließ.
So gebietet dir der Herr aller Namen auf dieser erhabenen Stufe.
Laut schrie die ReineA144 ob deiner Ungerechtigkeit auf, und doch bildest du dir ein, zur Familie des Gesandten Gottes zu zählen!
Solches hat dir deine Seele eingeflüstert, o du, der du dich abgewandt hast von Gott, dem Herrn all dessen, was war und was sein wird.
Urteile gerecht, du Schlange!
Für welches Verbrechen erstachst du die Kinder des Gesandten GottesA145 und plündertest ihre Habe?
Leugnest du Ihn, Der dich erschuf durch Seinen Befehl:
»Sei, und es war«A146?
Du hast die Kinder des Gesandten Gottes behandelt, wie nicht einmal ‘Ád mit Húd verfuhr, noch Thamúd mit Ṣáliḥ, noch die Juden mit dem Geist GottesA147, dem Herrn allen Seins.
Leugnest du die Zeichen deines Herrn, vor denen, kaum daß sie vom Himmel Seiner Sache herabkamen, alle Bücher der Welt sich verneigten?
Gehe in dich, damit du deiner Tat bewußt werdest, o du achtloser Verworfener!
Binnen kurzem werden die Winde der Züchtigung über dich kommen, wie sie über andere vor dir gekommen sind.
Warte nur, du, der du Gott, dem Herrn des Sichtbaren und des Unsichtbaren, Gefährten beigesellt hast.
Dies ist der Tag, den Gott durch die Zunge Seines Gesandten angekündigt hat.
Sinne nach, damit du begreifst, was der Allbarmherzige im Qur’án und auf dieser klaren Tafel herniedersandte.
Dies ist der Tag, da Er, der Morgen der Offenbarung, mit klaren Zeichen, die keiner zählen kann, erschienen ist.
Dies ist der Tag, da jeder Mensch mit Wahrnehmungskraft den Duft der Brise des Allbarmherzigen in der Welt der Schöpfung entdeckt, da jeder Einsichtsvolle dem Lebenswasser der Gnade seines Herrn, des Königs der Könige, entgegeneilt.
O du Achtloser!
Die Geschichte vom OpferA148 hat sich wiederholt, und er, das Opfer, ist zu der Opferstätte geschritten, und er kehrte nicht zurück ob dem, was deine Hand verübte, o du verderbter Hasser!
Wähnst du, jenes Martyrium gereiche dieser Sache zur Schande?
Nein, bei Ihm, den Gott zur Schatzkammer Seiner Offenbarung machte, gehörtest du doch zu denen, die begreifen.
Wehe dir, der du Gott Gefährten beigesellst, und wehe denen, die dich zum Führer nehmen, ohne ein klares Zeichen oder ein eindeutiges Buch!
Wie zahllos waren die Unterdrücker vor dir, die sich aufmachten, das Licht Gottes zu ersticken, und wie viele der Gottlosen, die mordeten und plünderten, bis die Herzen und Seelen der Menschen ob ihrer Grausamkeit stöhnten!
Die Sonne der Gerechtigkeit verfinsterte sich, denn die Verkörperung der Tyrannei wurde auf den Thron des Hasses gesetzt, und doch sind die Menschen ohne Verständnis.
Die Kinder des Gesandten wurden erschlagen, ihre Habe geplündert.
Sprich:
Waren es ihre Besitztümer, die nach deiner Meinung Gott leugneten, oder sie selbst?
Urteile gerecht, o du Unwissender, der du wie durch einen Schleier von Gott getrennt bist.
Du hast dich an die Tyrannei gehalten und die Gerechtigkeit verworfen.
Alles Erschaffene klagt darüber, aber noch immer gehörst du zu den Verstockten.
Du hast die Alten getötet und die Jungen ausgeplündert.
Denkst du, du könntest genießen, was deine Unredlichkeit aufgehäuft hat?
Nein, bei Meinem Selbst!
Also unterrichtet dich Er, der alles weiß.
Bei Gott!
Was du besitzest, was du durch deine Grausamkeit zusammengerafft hast, all dies soll dir nichts nützen.
Dafür zeugt dein Herr, der Allwissende.
Du hast dich erhoben, das Licht dieses Glaubens auszutreten; binnen kurzem wird dein eigenes Feuer auf Seinen Befehl ausgelöscht werden.
Er, wahrlich, ist der Herr der Stärke und der Macht.
Weder Wandel und Wechsel der Welt noch die Macht der Nationen können Seine Pläne durchkreuzen.
Er tut, was Ihm beliebt, und verordnet, was Er will, durch die Macht Seiner höchsten Herrschaft.
Denke an die Kamelstute:
Obwohl nur ein Tier, hat sie der Allbarmherzige auf eine so hohe Stufe erhoben, daß die Zungen der Erde sie erwähnten und priesen.
Wahrlich, Er ist über allem in den Himmeln und auf Erden.
Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Großen.
Also haben Wir den Himmel Unserer Tafel mit den Sonnen Unserer Worte geschmückt.
Gesegnet der Mensch, der dazu gelangt und von ihnen erleuchtet wird, und wehe denen, die sich abwenden, Ihn verleugnen und fern von Ihm in der Irre schweifen.
Preis sei Gott, dem Herrn der Welten!
Kitáb-i-‘Ahd (Das Buch des Bundes)
Wenngleich das Reich der Herrlichkeit über die Nichtigkeiten der Welt erhaben ist, hinterlassen Wir in der Schatzkammer der Treue und der Entsagung Unseren Erben ein vortreffliches, ein kostbares Vermächtnis. Irdische Schätze vererben Wir nicht, noch mehren Wir die Sorgen, die solche Schätze mit sich bringen. Bei Gott! In irdischen Gütern liegt Furcht verborgen und Gefahr versteckt. Denket darüber nach und erinnert euch dessen, was der Allerbarmer im Qur’án offenbart: »Wehe dem lästernden Verleumder, der Reichtum rafft und zählt von Mal zu Mal.«Q24 Flüchtig sind die Güter dieser Welt. Was vergeht und sich verändert, ist seit je nur in festgesetztem Maße der Beachtung wert.
Das Ziel dieses Unterdrückten bei allen Leiden und Trübsalen, die Er ertragen, bei allen Versen, die Er offenbart, und bei den Beweisen, die Er dargebracht hat, war einzig und allein, die Flamme des Hasses und der Feindschaft zu löschen, damit der Horizont der Menschenherzen vom Lichte der Eintracht erleuchtet werde, daß er wahren Frieden und wirkliche Ruhe finde.
Vom Morgen der göttlichen Tafel strahlt hell die Sonne des folgenden Wortes, und es geziemt jedem, darauf den Blick zu heften:
Wir gemahnen euch, o Völker der Welt, alles zu befolgen, was eure Stufe erhöht.
Klammert euch an die Gottesfurcht und haltet euch fest an das Recht.
Wahrlich, Ich sage:
Die Zunge ist dazu da, vom Guten zu sprechen; befleckt sie nicht mit übler Rede.
Gott hat vergeben, was vergangen ist.
Von nun an äußere jeder, was sich schickt; jeder enthalte sich der üblen Nachrede, der Schmähung und all dessen, was andere Menschen traurig macht.
Erhaben ist die Stufe des Menschen!
Vor kurzem strömten diese hehren Worte aus dem Schatzberg Unserer Feder der Herrlichkeit:
Groß und segensreich ist dieser Tag – der Tag, da alles, was im Menschen verborgen war, offengelegt ist und weiter offengelegt wird.
Erhaben ist die Stufe des Menschen, wenn er sich, fest in der Sache Gottes gegründet, an Recht und Wahrheit hält.
Vor dem Antlitz des Allerbarmers ist der wahre Mensch dem Himmelszelte gleich:
Sein Sehen und Hören sind wie Sonne und Mond, hell strahlen seine Tugenden wie die Sterne.
Ihm ist die erhabenste Stufe eigen, und sein Einfluß erzieht die Welt des Seins.
Jede aufnahmefähige Seele, welche an diesem Tage den Duft des göttlichen Gewandes atmet und reinen Herzens den Blick zum allherrlichen Horizont erhebt, wird in dem Roten Buche zum Volke Bahás gezählt. Ergreifet in Meinem Namen den Kelch Meiner Gnade und trinket euch satt zu Meinem allherrlichen, wundersamen Gedenken.
O ihr Erdenbewohner! Die Religion Gottes ist für Liebe und Einheit da; macht sie nicht zum Grund für Streit und Feindschaft. In den Augen der Einsichtigen und derer, welche der höchsten Schau teilhaftig sind, hat die Feder der Herrlichkeit alles enthüllt, was Glück und Wohlfahrt der Menschenkinder wirksam schützt und fördert. Aber die Toren auf Erden, in Lastern und Begierden groß geworden, achten nicht der vollendeten Weisheit Dessen, Der fürwahr der Allweise ist; eitler Wahn und leerer Trug geben ihnen ein, was sie sagen und tun.
O ihr Geliebten und Vertrauten Gottes! Könige sind die Offenbarungen der Macht Gottes, die Morgenröten Seiner Gewalt und Seines Reichtums. Betet für sie. Gott hat ihnen die Herrschaft auf Erden übertragen; nur die Menschenherzen hat Er sich als Seinen eigenen Machtbereich auserwählt.
Kampf und Streit sind ein für allemal verboten in Seinem Buche. So lautet der Ratschluß Gottes in dieser Größten Offenbarung. Er ist von Gott davor bewahrt, jemals aufgehoben zu werden, und ist von Ihm mit dem Glanze Seiner Bestätigung umkränzt worden. Wahrlich, Er ist der Allwissende, der Allweise.
Alle haben die Pflicht, diejenigen Morgenröten der Amtsgewalt und Quellen des Befehls zu unterstützen, die mit der Zier rechten Sinns und rechten Tuns geschmückt sind. Selig sind die Herrschenden und die Gelehrten im Volke Bahás. Sie sind Meine Vertrauten unter Meinen Dienern, die Offenbarungen Meiner Befehle inmitten Meines Volkes. Auf ihnen ruhen Meine Herrlichkeit, Mein Segen und Meine Gnade, welche die Welt des Seins durchdringen. In diesem Zusammenhang sind die im Kitáb-i-Aqdas offenbarten Verse dergestalt, daß vom Horizont ihrer Worte hell das Licht göttlicher Gnade strahlt.
O Meine Äste! Eine mächtige Kraft, eine vollendete Macht liegt in der Welt des Seins verborgen. Heftet euren Blick auf sie und auf ihre einigende Wirkung, nicht auf die Unterschiede, die an ihr erscheinen.
Dies ist der Letzte Wille des göttlichen Erblassers: Es ist den Aghṣán, den Afnán und Meiner Verwandtschaft zur Pflicht gemacht, daß sie allesamt ihr Antlitz dem Mächtigsten Ast zuwenden. Beachtet, was Wir in Unserem Heiligsten Buche offenbart haben: »Wenn das Meer Meiner Gegenwart verebbt und das Buch Meiner Offenbarung abgeschlossen ist, so wendet euer Angesicht zu Ihm, den Gott bestimmt hat, der aus dieser Urewigen Wurzel kam.«Q25 Mit diesem heiligen Vers ist kein anderer gemeint als der Mächtigste AstA149. So haben Wir euch gnädig Unseren machtvollen Willen offenbart, und wahrlich, Ich bin der Gnadenvolle, der Allmächtige. Wahrlich, Gott hat verordnet, daß die Stufe des Größeren AstesA150 unter derjenigen des Größten AstesA151 ist. Er ist fürwahr der Verordner, der Allweise. Wir haben »den Größeren« nach »dem Größten« erwählt, wie es der Allwissende, der Allkennende befiehlt.
Alle haben die Pflicht, den Aghṣán Liebe zu erweisen, aber Gott hat diesen kein Anrecht auf das Eigentum anderer gewährt.
O Meine Aghṣán, Meine Afnán und Meine Verwandten! Wir ermahnen euch, Gott zu fürchten, edle Taten zu vollbringen und euch so zu verhalten, wie es euch ansteht und zur Erhöhung eurer Stufe beiträgt. Wahrlich, Ich sage: Die Gottesfurcht ist der mächtigste Gebieter, der die Sache Gottes zum Siege führt, und die dieses Gebieters würdige Heeresmacht sind zu allen Zeiten ein aufrechter Charakter und reine, edle Taten.
Sprich: O Diener! Laßt es nicht zu, daß das Mittel der Ordnung zur Quelle der Unordnung gemacht wird, das Werkzeug der Einheit zum Anlaß für Zwietracht. Wir hegen die Hoffnung, daß das Volk Bahás sich von den seligen Worten führen läßt: »Sprich: Alle Dinge sind von Gott.« Dieser erhabene Vers ist wie Wasser, das Feuer des Hasses und der Feindseligkeit zu löschen, welches in der Menschen Herz und Brust schwelt. Durch diesen einen Vers werden streitende Völker und Geschlechter zum Lichte wahrer Einheit gelangen. Wahrlich, Er spricht die Wahrheit und führt den Weg. Er ist der Allmächtige, der Erhabene, der Gnädige.
Alle haben die Pflicht, zu den Aghṣán höflich zu sein und Rücksicht auf sie zu nehmen, damit dergestalt die Sache Gottes verherrlicht und Sein Wort erhöht werde. Dieses Gebot ist immer wieder in den Heiligen Schriften erwähnt und verzeichnet worden. Wohl dem, der zu erlangen vermag, was der Verordner, der Altehrwürdige der Tage, ihm vorschreibt. Des weiteren ist euch geboten, die Angehörigen des Heiligen Haushalts, die Afnán und die Verwandten zu achten. Und schließlich ermahnen Wir euch, allen Völkern zu dienen und euch um die Verbesserung der Welt zu mühen.
Was die Welt neu belebt, was die Völker und Geschlechter der Erde erlöst, ist aus dem Himmel Dessen, Der die Sehnsucht der Welt ist, herniedergesandt worden. Höret auf die Feder der Herrlichkeit und ihren Rat. Dies ist besser für euch als alles auf Erden. Solches bezeugt Mein allherrliches, Mein wundersames Buch.
Lawḥ-i-Arḍ-i-Bá (Das Sendschreiben über das Land Bá)A152
Gepriesen sei Er, der das Land Bá mit der Anwesenheit Dessen ehrte, den alle Namen umkreisen. Sämtliche Atome der Erde haben allem Erschaffenen kundgetan, daß von den Toren der Gefängnisstadt her der Stern der Schönheit des großen, des Mächtigsten Astes Gottes – Sein urewiges, unwandelbares Geheimnis – aufgegangen ist und, über ihrem Horizonte leuchtend, nun in ein anderes Land zieht. Kummer hat diese Gefängnisstadt darum erfüllt, dieweil ein anderes Land jubelt. Erhaben, unermeßlich erhaben ist unser Herr, der Gestalter der Himmel und Schöpfer aller Dinge, Er, durch Dessen höchste Herrschaft die Tore des Gefängnisses sich öffneten und so in Erfüllung gehen ließen, was vorzeiten auf den Tafeln verheißen ward. Er hat wahrlich Gewalt über alles, was Er will, und in Seinem Griff ist die Herrschaft über die ganze Schöpfung. Er ist der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise.
Gesegnet, zweifach gesegnet ist der Boden, den Seine Füße treten, das Auge, das von der Schönheit Seines Antlitzes entzückt ward, das Ohr, welchem die Ehre widerfahren, Seinem Ruf zu lauschen, das Herz, das Seiner Liebe Süße kostet, die Brust, die im Gedenken an Ihn weit wird, die Feder, die Seinen Lobpreis kündet, das Pergament, welches das Zeugnis Seiner Schrift trägt. Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht sei Er – Er möge uns bald mit Seiner Begegnung ehren. Er ist in Wahrheit der Allhörende, der Allmachtvolle, bereit zur Antwort.
Aus anderen Sendschreiben
1
Gott bezeugt, daß es keinen Gott gibt außer Ihm und daß Er, der vom Himmel göttlicher Offenbarung kam, das verborgene Geheimnis ist, das Undurchdringliche Mysterium, dessen Kommen im Buche Gottes verheißen ist und von Seinen Propheten und Boten angekündigt wurde. Durch Ihn sind die Geheimnisse enträtselt, die Schleier zerrissen, die Zeichen und Beweise entdeckt. Siehe! Er ist nun offenbar. Er bringt ans Licht, was Er will, und schreitet hoheitsvoll über die Gipfel der Erde, bekleidet mit überragender Macht und Majestät.
Selig ist der Starke, der die Götzen leeren Trugs zerschmettert mit der Kraft des Namens seines Herrn, der über alle Menschen herrscht.
O Mein Afnán! Gern erwähnen Wir deinen Namen zum Zeichen Unserer Gnade, damit dich die süßen Düfte Meines Gedenkens in Mein Königreich leiten und dich dem Thronzelt Meiner Majestät nahebringen, dem Zelte, das durch die Macht dieses Namens, der alle Grundmauern erzittern ließ, aufgerichtet worden ist.
Sprich: O Völker der Erde! Bei Gottes Gerechtigkeit! Was in den Büchern eures Herrn, des Herrschers am Tage der Wiederkehr, verheißen ward, das ist erschienen und offenbar gemacht. Habet acht, daß euch nicht Wandel und Wechsel der Welt fernhalten von Ihm, Der die Allbeherrschende Wahrheit ist. Über kurze Zeit wird alles Sichtbare vergehen, und nur was Gott, der Herr der Herren, offenbart, das wird bestehen.
Sprich: Dies ist der Tag für Ruhmestaten, wenn ihr es nur wüßtet. Dies ist der Tag, Gott zu verherrlichen und Sein Wort darzulegen, könntet ihr es nur hören und sehen. Gebt auf, was unter den Menschen im Schwange ist, und haltet euch an das, was euch Gott, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende, als Seinen Willen kündet. Schnell naht der Tag, da euch alle Schätze der Welt nichts nützen. Dies bezeugt der Herr der Namen, wenn Er verkündet: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Ihm, der Allbeherrschenden Wahrheit, Ihm, Der um das Ungeschaute weiß.
Wohl dir, o Mein Afnán, daß du mit Meinen heiligen Versen beehrt wurdest, den süßen Duft Meiner Offenbarung einsogst und Meinem Rufe antwortetest zu einer Zeit, da Meine Diener und Meine Geschöpfe das Mutterbuch beiseite werfen, sich an die Träger eitlen Wahns und leeren Trugs und deren Befehle halten und Mich offen anklagen. Solches spricht die Zunge der Größe im Reiche der Rede auf Geheiß Gottes, des Herrn der Schöpfung.
Sei beständig und gewissenhaft im Dienste dieser Sache und wahre kraft des Namens deines Herrn, der Besitzer alles Sichtbaren und Unsichtbaren, den dir verliehenen Rang. Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Würde jemand vertraut gemacht mit dem, was vor der Menschen Augen verschleiert ist, so wäre er derart entzückt, daß er seinen Flug zu Gott, dem Herrn über alles Vergangene und Künftige, nähme.
Seine Herrlichkeit ruhe auf Dir und allen, die Ihm nahe sind und die Bedeutung dessen begreifen, was die erhabene Feder Gottes, des Allmächtigen, des Alliebenden, in diesem Sendbrief verzeichnet hat.
2
Aller Lobpreis sei Dir, o mein Gott, da Du die Welt mit dem Glanze des Morgens schmückest, der auf die Nacht folgt, in welcher Er geboren ward, der die Manifestation Deiner überragenden, allumfassenden Gewalt, den Tagesanbruch Deines göttlichen Seins und die Offenbarung Deiner höchsten Herrschaft ankündete. Ich flehe zu Dir, o Du Schöpfer der Himmel, Du Gestalter der Namen, stehe gnädig denen bei, die sich im schützenden Schatten Deiner reichen Gnade scharen und inmitten aller Völker der Welt die Stimme erheben, Deinen Namen zu verherrlichen.
O mein Gott! Du siehst den Herrn der ganzen Menschheit, wie Er, in Sein Größtes Gefängnis eingekerkert, laut Deinen Namen ruft, auf Dein Antlitz schaut und verkündet, was die Bewohner Deiner Reiche der Offenbarung und der Schöpfung entzückt. O mein Gott! Mein Selbst sehe Ich gefangen in den Händen Deiner Diener, aber strahlend leuchten das Licht Deiner Allgewalt und die Offenbarungen Deiner unüberwindlichen Macht von Seinem Antlitz; so können alle mit Gewißheit erkennen, daß Du Gott bist und daß es außer Dir keinen Gott gibt. Dich kann weder die Macht der Mächtigen behindern noch können die Herrscher mit ihrer Machtfülle gegen Dich bestehen. Du tust, was Du willst, kraft Deiner Allgewalt, die alles Erschaffene umfängt, und gebietest, was Dir gefällt, durch die Macht Deines Geheißes, das die ganze Schöpfung durchdringt.
Ich flehe Dich an, bei der Herrlichkeit Deiner Manifestation und bei der Macht Deiner Herrschaft, Deiner Allgewalt und Deiner Überlegenheit, mache alle siegreich, die Deiner Sache helfen und sich vor dem Glanz Deines strahlenden Antlitzes demütigen. Sodann lasse sie, o mein Gott, triumphieren über Deine Feinde und standhaft bleiben in Deinem Dienste, damit durch sie in allen Deinen Reichen die Zeichen Deiner Herrschaft fest verankert und in Deinen Landen die Beweise Deiner unbezwinglichen Macht offenbar werden. Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.
Dieser ruhmreiche Sendbrief ist am Jahrestag der GeburtA153 offenbart, damit du ihn im Geiste demütigen Flehens vortragest und deinem Herrn, dem Allwissenden, dem Allkennenden, dankest. Gib dir alle Mühe, Gott dienstbar zu sein, auf daß von dir hervorgehe, was dein Gedächtnis in Seinem erhabenen, allherrlichen Himmel unsterblich macht.
Sprich: Verherrlicht bist Du, o mein Gott! Ich flehe Dich an, bei dem Dämmerorte Deiner Zeichen und bei dem Offenbarer Deiner schlüssigen Beweise, gib, daß ich mich in jeder Lage fest an das Seil Deiner liebenden Vorsehung halte und an den Saum Deiner Großmut klammere. Zähle mich alsdann zu denen, die der Wandel und Wechsel der Welt nicht davon abbringen kann, Dir zu dienen und Dir die Treue zu wahren, und die der Angriff des Volkes nicht zu hindern vermag, Deinen Namen zu verherrlichen und Deinen Lobpreis zu künden. Stehe mir gnädig bei, o Herr, zu tun, was Du liebst und wünschest. Befähige mich sodann zu vollbringen, was Deinen Namen erhöht und das Feuer Deiner Liebe entfacht.
Du bist fürwahr der Vergebende, der Freigebige.
3
O Ḥusayn! Gebe Gott, daß du allezeit leuchtest und strahlst, hell im Sonnenlicht der Wahrheit glänzend, und daß du deine Zunge lösest, den Namen Gottes zu verherrlichen; denn dies ist unter allen Taten die löblichste.
Schau, wieviele Seelen heftigen Hunger und Durst zu leiden schienen; als aber das Meer der Lebenswasser gegen die Welt des Seins brandete, da blieben sie seiner beraubt, weil sie es versäumten, leeren Trug aufzugeben und Ihn, den Gegenstand aller Erkenntnis, bewußt wahrzunehmen. Solches Versäumnis ist die Vergeltung für die Taten, welche ihre Hände zuvor verübt hatten.
Danke dem Geliebten der Welt, daß Er dir gnädig half, in dieser ruhmreichen Sache bestätigt zu werden. Sodann bitte Ihn, Seine Geliebten in dieser Sache zu festigen; denn die Hetzschriften der Unheilstifter sind weit verbreitet, und schrill ertönt das Geschrei der Unglücksboten. Glücklich, wer alles außer Gott von sich wirft und sich fest an das hält, was ihm der Herr der Kraft und Macht gebietet.
Seine Herrlichkeit sei mit dir und allen, welche befähigt wurden, diese machtvolle Sache zu erkennen und anzunehmen.
4
Dies ist eine Tafel, die der Herr allen Seins von Seiner herrlichen Stufe herniedersendet, dem zu Ehren, der an Gott, den Allmächtigen, den Alliebenden, glaubt.
Selig ist der Pilger, der den Ersehnten erkennt, und der Sucher, der Ihn, das höchste Ziel der ganzen Menschheit, rufen hört, und der Gelehrte, der an Gott, den Helfer in Gefahr, den Selbstbestehenden, glaubt.
Wie groß ist die Zahl der Gelehrten, die sich vom Pfade Gottes abkehren, und wie zahlreich sind die Ungebildeten, welche die Wahrheit begreifen und zu Ihm eilen mit den Worten: »Gepriesen seiest Du, o Herr aller Dinge, der sichtbaren wie der unsichtbaren!«
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Hell strahlt der Horizont der Welt im Lichte dieser Größten Sonne, und doch bemerkt es die Masse der Menschen nicht. Wahrlich, Er, die Allbeherrschende Wahrheit, schreitet vor den Augen aller Menschen einher. Solches bezeugt Der, welcher mitten im Herzen der Welt verkündet: »Fürwahr, es gibt keinen Gott außer Mir, allmächtig über alle Dinge, vergangene wie künftige.«
Groß ist der Segen des Gläubigen, der sich Ihm zuwendet und Zutritt in Seine Gegenwart erlangt, aber wehe jedem Ungläubigen, der sich von Gott abkehrt, um den Eigensinnigen und den Abtrünnigen zu folgen.
5
O Freund! Im Bayán befahlen Wir jedermann, innerhalb dieser Größten Offenbarung mit eigenen Augen zu sehen und mit eigenen Ohren zu hören. Als jedoch der Horizont der Welt im hellen Lichte dieser Offenbarung erstrahlte, da vergaßen viele jenen göttlichen Befehl; sie verloren die himmlische Mahnung aus den Augen und versenkten sich in leeren Trug, den ihre Gehirne ersonnen. So verbirgt die Sonne der Gerechtigkeit und Redlichkeit ihr Angesicht hinter den Wolken eitlen Wahns, welche die Toren ausdünsten. So ist es auch nicht verwunderlich, daß die Vögel der Finsternis sich regen und Aufmerksamkeit auf sich ziehen. Kraft des Namens des Meistgeliebten lade du die empfänglichen Seelen an Gottes heiligen Hof, damit sie den himmlischen Springquell voll des Lebenswassers nicht entbehren. Er ist in Wahrheit der Barmherzige, der Vergebende.
Der gnadenvolle Blick Gottes – gepriesen und verherrlicht ist Er – ist allezeit auf Seine geliebten Freunde gerichtet. Wahrlich, Er ist der Kennende, der Gedenkende.
6
O Javád! So groß ist dieser Tag, daß die verheißene Stunde selbst völlig verwirrt ist und alle himmlischen Schriften für seine überwältigende Majestät Zeugnis ablegen. An diesem Tage bekundet das Buch feierlich die Herrlichkeit des Herrn, und die Waage ist bewegt, ihre Stimme zu erheben. Dies ist der Tag, da Ṣiráṭ laut ausruft: »Ich bin der gerade Pfad«A154, und Sinai jubelnd verkündet: »Wahrlich, der Herr der Offenbarung ist gekommen.«A155
Überwältigt von der Trunkenheit seiner verderbten Triebe, verharrt das Erdenvolk in dumpfer Starrheit. So ist es von den wundersamen Zeichen Gottes ausgeschlossen, der Weg zum höchsten Ziel ist ihm verwehrt, und der freigebigen Ausgießungen göttlicher Gnade geht es verlustig.
Dem Volke Gottes geziemt es, nachsichtig zu sein. Die Gläubigen sollten das Wort Gottes nach der jeweiligen Aufnahmebereitschaft und Fassungskraft des Hörers mitteilen, damit die Menschenkinder aus ihrer Achtlosigkeit erweckt werden und ihre Angesichter auf diesen Horizont richten, der unermeßlich erhaben ist über jeden anderen Himmel.
O Javád! Die mannigfachen Segnungen Gottes wurden dir allezeit gewährt und werden dir fürderhin gewährt werden. Preis sei Gott! Vor dem schlimmsten Schrecken bliebest du bewahrt, und du vermochtest dem Größten Segen nahezukommen zu einer Zeit, da die Schleier oberflächlichen Ruhmes, nämlich die Geistlichen unserer Zeit, alle Menschen daran hinderten, den ewigen König zu erkennen. Wahre dieses Zeugnis, das die Allherrliche Feder kündet, so sorgsam, wie du dein Leben wahrst, und mühe dich mit all deiner Kraft, es zu erhalten durch die Macht des Namens Dessen, welcher der ganzen Schöpfung Geliebter ist, auf daß dieses hehre Vorrecht gegen Augen und Hände der Räuber gefeit sei. Wahrlich, dein Herr ist der Erklärer, der Allwissende.
Übermittle die Grüße dieses Unterdrückten allen geliebten Freunden in jenen Landen und rufe ihnen Unser wundersames, Unser erhabenes Gedenken in Erinnerung, damit sie aufgeben, was bei ihnen im Schwange ist, ihre Herzen an das hängen, was Gottes ist, und rein von unziemlichem Tun und Trachten bleiben.
Die Herrlichkeit des Allmächtigen, des Allweisen, sei mit dir und denen, die dir verbunden sind.
7
Wir gedenken dessen, der angezogen ward von Unserem Rufe, als dieser vom Gipfel überragender Herrlichkeit erscholl, und der sein Angesicht auf Gott, den Herrn der Schöpfung, richtete. Er wird zu denen gezählt, die auf die Vorladung ihres Herrn hörten und antworteten zu einer Zeit, da die Völker der Welt in handgreifliche Schleier gehüllt sind. Er bezeugt, was Gott bezeugt, und bekundet seinen Glauben an das, was die Zunge der Größe kündet. Solches bestätigt der Herr der Namen auf dieser wundersamen Tafel.
O Meine erhabene Feder! Bringe ihm in Meinem Namen die frohe Botschaft dessen, was Gott, der Machtvolle, der Allmächtige, für ihn bereitet hat. Die meiste Zeit fürwahr ist er von mannigfachen Leiden umzingelt, und wahrlich, sein barmherziger Herr ist Der, welcher alles sieht und weiß. Frohlocke in höchster Freude, denn dieser Unterdrückte hat dir Sein Antlitz zugewandt. Er hat deinen Namen schon früher erwähnt und erwähnt ihn zu dieser Stunde.
Meinen geliebten Freunden übermittle Grüße in Meinem Namen sowie die Botschaft vom gnadenreichen Segen ihres Herrn, des Gebenden, des Großzügigsten. Von dieser erhabenen Stufe aus senden Wir Unsere Grüße an solche Gläubige, die den Sicheren GriffA156 fest umfassen und den erlesenen Wein der Beständigkeit aus der gnädigen Hand ihres Herrn, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, entgegennehmen und trinken.
Das Gehör ruft an diesem Tage: »Mein ist dieser Tag, da ich auf die wundersame Stimme lausche, die über die Mauern des Gefängnisses meines Herrn, des Deutlichen, des Zuhörenden, dringt.« Und das Sehvermögen kündet laut: »Wahrlich, mein ist dieser Tag; denn ich sehe das Morgenlicht der Herrlichkeit leuchten und strahlen auf Geheiß Dessen, Der der Gesetzgeber, der Allmächtige ist.« Selig ist das Ohr, das den Ruf vernimmt: »Schau, und du wirst Mich sehen«Q27, und glücklich das Auge, welches auf das wundersamste Zeichen blickt, das an diesem lichtvollen Horizont dämmert.
Sprich: O ihr Herrscher und ihr Gebildeten und ihr Weisen alle! Der verheißene Tag ist da, und der Herr der Heerscharen ist erschienen. Frohlocket in großer Freude ob dieses höchsten Glücks! Steht Ihm bei mit der Macht der Weisheit und des Wortes. So gebietet euch Er, der seit Ewigkeit verkündet: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Allweisen.«
Möge Seine Herrlichkeit mit dir und mit denen sein, die bei dir sind, und mit allen, die dich schätzen und auf die Worte hören, die du zur Verherrlichung dieser mächtigen, dieser alles überragenden Offenbarung äußerst.
8
O du, der du Meinen Namen JúdA157 trägst! Mit dir sei Meine Herrlichkeit. Höre, was du schon früher hörtest, da die Sonne des Zeugnisses am Horizont des ‘Iráq leuchtete und strahlte, da Baghdád deinem Herrn, dem Erhabenen, dem Mächtigen, als Thronsitz diente.
Ich bezeuge, daß du das Lied Gottes und Seinen süßen Sang hörest, daß du dein Ohr dem Gurren der Taube göttlicher Offenbarung neigest und den Weisen lauschest, welche auf dem Zweige der Herrlichkeit die Nachtigall der Treue schlägt: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unvergleichlichen, dem Allunterrichteten.
O du, der du Meinen Namen trägst!
Gottes Blick ruhte bisher voll Gnade auf dir und wird weiter auf dich gerichtet bleiben.
Solange du in Seiner Gegenwart weiltest, hörtest du die Stimme des einen wahren Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – und schautest unverschleiert den Strahlenglanz göttlicher Erkenntnis.
Denke eine Weile nach!
Wie licht und fein ist die Rede Dessen, Der die Allbeherrschende Wahrheit ist, und wie verworfen ist der leere Wortstreit des Volkes!
Die Sammler nichtigen Wahns verstopfen den Menschen die Ohren und hindern sie, Gottes Stimme zu hören.
Schleier menschlicher Bildung und falschen Trugs halten ihre Augen davon ab, das strahlende Licht Seines Antlitzes zu schauen.
Mit kraftvollem, mächtigem Arm haben Wir eine Anzahl Seelen ergriffen, aus dem Sumpfe langsamen Verlöschens gerettet und sie befähigt, zum Morgenlicht der Herrlichkeit zu gelangen.
Des weiteren haben Wir die göttlichen Geheimnisse aufgedeckt und in deutlichster Sprache künftige Geschehnisse vorausgesagt, damit die Zweifel der Ungläubigen, der Widerspruch der Eigensinnigen und das Gemunkel der Achtlosen keinen Wahrheitssucher von des einen wahren Gottes Lichtquell fernhalten.
Trotz alledem benehmen sich manche, als hätten sie die Fallsucht; andere sind zuinnerst zerrissen wie hohle Baumstümpfe.
Sie leugnen Gott, den Erhabensten – Ihn, vor Dessen Offenbarung eines einzigen Verses alle Schriften der Vergangenheit und Gegenwart in demütige Bedeutungslosigkeit zurücksinken.
Stattdessen hängen sie ihr Herz an Lügengeschichten und folgen leeren Worten.
Gewißlich hast du aus dem Meere Meiner Rede getrunken und die Sonne Meiner Weisheit in ihrem Strahlenglanz geschaut. Auch hast du gehört, was die Ungläubigen sagen, die weder mit den Grundbegriffen des Glaubens vertraut sind noch diesen erlesenen Wein gekostet haben, dessen Siegel durch die Macht Meines Namens, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende, erbrochen ward. Flehe zu Gott, daß die mit wahrem Verständnis begabten Gläubigen gnädig befähigt werden zu tun, was Ihm gefällt.
Wie seltsam ist es doch: obwohl dieser Ruf laut widerhallt, obwohl diese wundersamste Offenbarung vor aller Augen steht, müssen Wir feststellen, daß die Menschen zum größten Teil ihre Herzen an die Eitelkeiten der Erdenwelt geheftet haben; von weit verbreiteten Zweifeln und bösen Einfällen lassen sie sich ängstigen und quälen. Sprich: Heute ist Gottes eigener Tag; fürchtet Gott und zählt nicht zu den Ungläubigen. Werft die unsinnigen Geschichten von euch und schaut Meine Offenbarung mit Meinen Augen. So wurdet ihr gemahnt in den himmlischen Büchern und Schriften, in den Rollen und auf den Tafeln.
Erhebe dich, der Sache deines Herrn zu dienen; sodann gib den Menschen die frohe Botschaft dieses strahlenden Lichtes, dessen Offenbarung Gott durch Seine Propheten und Boten verheißen hat. Ermahne einen jeden, Klugheit walten zu lassen, wie Er es verordnet hat, und im Namen Gottes rate ihnen mit den Worten: Es obliegt an diesem Tage Gottes jedermann, sich mit äußerster Klugheit und Standhaftigkeit dem Lehren der Sache Gottes zu widmen. Wo er reinen Pflanzgrund entdeckt, da mag er die Saat des Gotteswortes ausstreuen; wo nicht, da ist es besser, Schweigen zu wahren.
Vor kurzem hat die Allherrliche Feder im Roten Buche das folgende höchsterhabene Wort offenbart: »Der Himmel göttlicher Weisheit wird von zwei Sonnen erhellt: Beratung und Erbarmen.«A158 So Gott will, wird ein jeder befähigt, dieses gewichtige, selige Wort zu befolgen.
Manche scheinen jeglichen Verständnisses bar zu sein. Sie klammern sich an das Seil eitlen Wahns und versagen sich damit diesen Sicheren GriffA159. Ich schwöre bei Meinem Leben! Dächten sie nur einen Augenblick lang unvoreingenommen darüber nach, was der Allbarmherzige herniedergesandt hat, sie äußerten wie ein Mann die Worte: »Wahrlich, Du bist die Wahrheit, die offenbare Wahrheit.«
Dir geziemt es, in jeder Lage deinen Blick auf den einen wahren Gott zu richten und gewissenhaft Seiner Sache zu dienen. Erinnere dich, wie du in Meiner Gegenwart im Thronzelt der Herrlichkeit weiltest und von Mir hörtest, was Er, der mit Gott Zwiesprache hielt,A160 auf dem Sinai göttlicher Erkenntnis hörte. So halfen Wir dir gnädiglich, befähigten dich, die Wahrheit zu erkennen, und mahnten dich, deinem großmütigen Herrn dankbar zu sein. Diese hehre Stufe solltest du bewahren durch die Kraft Meines Namens, der Allmächtige, der Getreue.
Übermittle in Meinem Namen Meinen Geliebten Grüße und lasse sie Meiner süßen Stimme lauschen. Solches gebietet dir Der, welcher dir in vergangenen Tagen Gebote gab; Ich bin fürwahr der Verordner, der Allunterrichtete. Ruhm sei dir und denen, die auf deine Worte über diese bedeutsame Sache hören und die dich um Gottes, des Herrn der Welten, willen lieben.
9
O Ḥaydar!A161 Dieser Unterdrückte hört deine Stimme, wie du sie im Dienste der Sache Gottes erhebst; Er ist des Glücksgefühls wohl bewußt, das Seine Liebe dir im Herzen erregt, wie auch deiner Seelenpein ob alledem, was über Seine Geliebten gekommen ist. Ich schwöre bei dem Herrn des Erbarmens! Die ganze Welt ist vom Leid überflutet, derweilen die Menschheit von Zweifeln und Zwietracht genarrt wird. So schlimm setzt der Feind dem Volke Gottes, des Herrn der Namen, zu, daß das höchste Paradies wehklagt und laut die Bewohner des hehrsten Himmels stöhnen, im Verein mit denen, welche Tag und Nacht den Thron umkreisen.
O ‘Alí! Leid und Schmerz sind machtlos, Deinen Herrn, den Allbarmherzigen, aufzuhalten. Fürwahr, Er hat sich aufgemacht, für Gottes Sache so zu kämpfen, daß Ihn weder die Übermacht der Welt noch die Gewaltherrschaft ihrer Völker schrecken können. Laut ruft Er zwischen Erde und Himmel: Der verheißene Tag ist gekommen. Der Herr der Schöpfung verkündet: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allmächtigen, dem Gabenreichsten.
O ‘Alí! Mit ihren Mündern möchten die Unreifen das Licht Gottes ausblasen; mit ihren Taten wollen sie die Flamme im Brennenden Busche löschen. Sprich: Elend ist fürwahr eure Lage, o ihr Wahngebilde. Fürchtet Gott und weist die himmlische Gnade nicht zurück, die ihren Glanz auf alle Lande ergießt. Sprich: Er, der Träger verborgener Namen, ist erschienen, wenn ihr es nur wüßtet. Er, Dessen Ankunft in den himmlischen Schriften angekündigt war, ist da, könntet ihr es doch verstehen. Der Horizont der Welt ist erleuchtet vom Glanze dieser Größten Offenbarung. Eilet strahlenden Herzens und gehört nicht zu denen, die jedes Verständnisses bar sind. Die vorherbestimmte Stunde hat geschlagen, und die Menschheit ist zu Boden gestreckt. Solches bezeugen die ehrsamen Diener Gottes.
O Ḥaydar-‘Alí! Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Die Posaune ward geblasen, die Posaune des Bayán, auf Geheiß Gottes, des Barmherzigen, und alle in den Himmeln und auf Erden sind in Ohnmacht gefallen, ausgenommen jene, die sich von der Welt lösen und sich fest an das Seil Gottes, des Herrn der Menschheit, klammern. Heute ist der Tag, da die Erde strahlt im hellen Lichte deines Herrn, aber das Volk ist im Irrtum verloren und wie durch einen Schleier abgesondert. Unser Wunsch ist es, die Welt neu zu beleben, und doch sind sie gewillt, Meinem Leben ein Ende zu setzen. Dazu verleitet sie ihr Herz an diesem Tage – an einem Tag, hell leuchtend im Lichtglanz des Antlitzes seines Herrn, des Allmächtigen, des Allmachtvollen, des Ungezwungenen. Laut erhebt das Mutterbuch seine Stimme, aber das Volk ist des Hörsinns beraubt. Die Verwahrte Tafel ist in Wahrheit enthüllt, aber die Masse der Menschen liest sie nicht. Sie leugnen die Gnadengaben Gottes, nachdem sie zu ihnen herniedergesandt sind, und wenden sich ab von Gott, dem Wissenden um das Ungeschaute. Mit starren Fingern klammern sie sich an den Saum eitlen Wahns, dem verborgenen Namen des Allmächtigen den Rücken kehrend.
Sprich: O Schar der Geistlichen! Seid gerecht in eurem Urteil, ich beschwöre euch bei Gott! Sodann tragt die Beweise und Zeugnisse vor, die ihr besitzet, so ihr zu den Bewohnern dieser ruhmreichen Wohnstatt zu rechnen seid. Richtet euer Herz auf den Morgen göttlicher Offenbarung, damit Wir vor euren Augen enthüllen, was all den Versen, Beweisen, Zeugnissen, Bestätigungen und Zeichen gleichkommt, die ihr wie andere Geschlechter auf Erden besitzet. Fürchtet Gott und gehört nicht zu denen, welche die Züchtigung Gottes, des Herrn der Schöpfung, verdienen.
Heute ist der Tag, da das Meer der Erkenntnis seine Stimme erhebt und seine Perlen an Land spült, wenn ihr es nur wüßtet! Fürwahr, der Himmel des Bayán ward aufgespannt auf Geheiß Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden. Ich schwöre bei Gott! Das Wesen der Erkenntnis kündet laut und spricht: Siehe! Er, das Ziel aller Erkenntnis, ist da, und durch Sein Kommen sind die heiligen Bücher Gottes, des Gnädigen, des Liebenden, geschmückt. Jedwede Offenbarung der Gnade, jedwedes Zeichen edler Gaben geht von Ihm aus und kehrt zu Ihm zurück.
Fürchtet Gott, o Schar der Toren, und bringet nicht Trübsal über die, welche nur wollen, was Gott will. Und wenn ihr auf meinen Ruf achtet, dann laßt ab von euren selbstischen Begierden. Es naht der Tag, da alles verschwunden sein wird, was heute wahrzunehmen ist; dann werdet ihr Tränen vergießen, weil ihr in eurer Pflicht vor Gott versagt habt. Das bezeugt diese unauslöschliche Tafel.
Frohlocke in großer Freude, daß Wir deiner heute wie ehedem gedenken. Der süße Duft dieses Gedenkens wird wahrlich währen und sich nicht wandeln durch alle Ewigkeit, die Gottes Namen als Herr der Menschheit dauern. Deine Andachten, deinen Lobpreis, deine Lehrarbeit und alle Dienste, die du für diese mächtige Verkündigung erbringst, sind gnädig von Uns angenommen. Auch haben Wir gehört, was deine Zunge in den Versammlungen und Zusammenkünften äußerte. Wahrlich, dein Herr hört alles und sieht alles. Wir haben dich in Meinem himmlischen Reiche bekleidet mit dem Gewande Meines Wohlgefallens, und aus dem Göttlichen Lotosbaum, gepflanzt und gewachsen auf der Grenze zum Tale sicheren Friedens, gelegen am leuchtenden Orte jenseits der ruhmreichen Stadt, rufen Wir laut dir zu: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Allweisen. Wir haben dich ins Leben gerufen, damit du Mir dienest, Mein Wort verherrlichest und Meine Sache verkündest. Lenke deine Kräfte ganz auf das, wozu du erschaffen bist durch den Willen des Höchsten Gebieters, des Altehrwürdigen der Tage.
In diesem Augenblick rufen Wir Unsere Geliebten ins Gedächtnis und bringen ihnen die frohe Botschaft der unverbrüchlichen Gnade Gottes sowie all dessen, was ihnen in Meinem leuchtenden Buche bestimmt ist. Um Meiner Liebe willen habt ihr den Tadel der Feinde erduldet, auf Meinem Pfade habt ihr standhaft die grausamen Greuel ertragen, die euch die Gottlosen zufügten. Das bezeuge Ich Selbst, und Ich bin der Allwissende. Wie zahlreich sind die Orte, die euer Blut um Gottes willen adelte. Wie viele sind der Städte, wo ihr die Stimme eurer Wehklage erhobet und den Jammer eurer Pein zum Himmel sandtet. Wie groß ist die Zahl der Kerker, in die euch die Scharen der Tyrannei geworfen. Wisset und seid gewiß, daß Er euch zum Siege führen wird; Er wird euch vor den Völkern der Welt erhöhen und eure hohe Stufe vor den Augen aller Nationen kundtun. Gewiß wird Er es nicht dulden, daß Seine Begünstigten des Lohnes verlustig sind.
Nehmt euch in acht, daß euch die Verkörperungen eitlen Wahns mit ihren Missetaten nicht traurigA162 stimmen oder daß euch die Handlungen unberechenbarer Unterdrücker keinen Schmerz bereiten. Ergreifet den Kelch der Beständigkeit mit der Macht Seines Namens, alsdann trinket daraus kraft der höchsten Herrschaft Gottes, des Machtvollen, des Allmächtigen. So strahlt die Sonne Meines zarten Mitleids und Meiner sanften Gnade am Horizonte dieses Sendbriefes, damit ihr eurem Herrn, dem Allmächtigen, dem Allgütigen, dankbar seid.
Die Herrlichkeit, die sich leuchtend am Himmel Meiner Rede erhoben hat, sei mit dir und denen, die sich dir zuwenden und ihr Ohr den Worten deines Mundes über diese herrliche, diese erhabene Offenbarung neigen.
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Bei der Gerechtigkeit Gottes! Das Mutterbuch ist offenbart und lädt die Menschheit vor Gott, den Herrn der Welten, indes die Meere verkünden: Das Größte Meer ist erschienen, und aus seinen Wogen dringt mit Donnerhall der Ruf: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden.« Und die Bäume erheben ihre Stimme und rufen: O Volk der Welt! Hell erschallt die Stimme des Göttlichen Lotosbaumes, und mit durchdringendem Laut ertönt die Feder der Herrlichkeit: Horchet auf und gehört nicht zu den Achtlosen! Die Sonne tönt: O Schar der Geistlichen! Gespalten ist der Himmel der Religionen, der Mond klafft auseinander, und die Völker der Erde sind versammelt zu erneuter Auferstehung. Fürchtet Gott und folgt nicht dem Drang eurer Leidenschaften, vielmehr folgt Ihm, für Den die Schriften Gottes, des Allwissenden, des Allweisen, Zeugnis ablegen.
Die Geschehnisse am Sinai haben sich in dieser Offenbarung wiederholt, und Er, Der auf dem Berge Zwiesprache hielt, kündet laut: Wahrlich, der Ersehnte ist gekommen, sitzend auf dem Throne der Gewißheit, könntet ihr es doch erkennen. Er gemahnt alle Menschen, das zu befolgen, was die Sache Gottes erhöht und die Menschheit auf Seinen Geraden Pfad führt.
Wie zahlreich sind die Unterdrückten, die der Ruf Gottes mit sich reißt! Wie viele Potentaten erheben sich zu Gewalttaten, welche die Engel des höchsten Paradieses zum Weinen bringen und die Bewohner dieser ruhmreichen Wohnstatt schmerzlich wehklagen lassen! Wie groß ist die Schar der Armen, die den erlesenen Wein göttlicher Offenbarung in großen Zügen trinken, und wie viele sind der Reichen, welche sich abkehren, die Wahrheit verwerfen und ihrem Unglauben an Gott, den Herrn dieses seligen, wundersamen Tages, lebhaften Ausdruck geben!
Sprich: Fürchtet Gott; sodann seid redlich in eurem Urteil über diese Große Verkündigung, vor der, als sie strahlend erschien, jede bedeutsame Verkündigung anbetend niederfiel. Sprich: O Schar der Toren! Wenn ihr Ihn verwerft, mit welchem Zeichen könnt ihr dann eure Treue zu früheren Gesandten Gottes beweisen oder euren Glauben an das vertreten, was Er aus Seinem mächtigen, erhabenen Königreich herniedergesandt hat? Welchen Nutzen verschafft euch euer Besitz? Welchen Schutz gewähren euch eure Schätze? Keinen, Ich schwöre es beim Geiste Gottes, der alles in den Himmeln und auf Erden durchdringt. Werfet weg, was ihr mit den Händen eitlen Wahns und leeren Trugs zusammengetragen habt, und haltet euch fest am Buche Gottes, das euch kraft Seiner allbezwingenden, Seiner unverletzlichen Amtsgewalt herniedergesandt worden ist.
Dein Brief wurde vor diesem Unterdrückten überreicht, und dir zu Ehren haben Wir dieses Sendschreiben offenbart, das duftend die Gunst und Gnade deines Herrn, des Mitleidsvollen, des Gabenreichen, verbreitet. Wir flehen zu Gott, daß Er dich zu einem Banner mache, gehißt in der Stadt Seines Gedenkens, und deine Stufe in dieser Sache erhöhe – einer Sache, in deren Schatten die Gottergebenen sehen werden, wie die Völker und Geschlechter der Erde nach Schutz suchen. Wahrlich, dein Herr weiß alles und gibt davon Kenntnis. Auch bitten Wir Gott, dich zu nähren mit dem Besten aus den Schätzen, die in Seinem Buche verwahrt sind. Er ist fürwahr Der, welcher den Ruf hört und darauf antwortet.
Fahre fort, Seiner Sache beizustehen mit den machtvollen Heerscharen der Weisheit und der Rede. So ist es geboten von Gott, dem Gnädigen, dem Allgepriesenen. Selig ist der Gläubige, der an diesem Tage die Wahrheit annimmt, und selig der fest Entschlossene, den die Scharen der Tyrannei nicht schrecken können.
Die Herrlichkeit, welche vom Horizont der Rede scheint, sei mit dir und allen Gläubigen, die den Kelch mit Seinem versiegelten Wein durch die Macht Seines Namens, der Selbstbestehende, ergreifen und in vollen Zügen daraus trinken, allen Widersachern zum Trotz, welche Den verwarfen, an Den sie früher geglaubt hatten, und welche die Wahrheit dieser Großen Verkündigung bestreiten, obwohl sie Gott selbst bezeugt in Seinem kostbaren, Seinem altehrwürdigen Buche.
11
O Muḥammad-Ḥusayn! Sei bereit, die Ausgießungen der Gnade Gottes, des Herrn der Welten, zu empfangen. Der Allerbarmer geruht, dir Perlen der Erkenntnis aus dem Meere der Gunst Gottes, des Allmächtigen, des Erhabensten, zu schenken.
Wo ist der Einsichtige, der die Wahrheit erkennt und wahrnimmt? Wo ist der Hörende zu finden, der Meiner wundersamen Stimme lauscht, wie sie aus dem Reiche der Herrlichkeit ruft? Wo bleibt die Seele, die ihr Angesicht solchermaßen auf den Göttlichen Lotosbaum richtet, daß sie weder die Könige mit ihrer Übermacht noch deren Untertanen mit ihrer aufrührerischen Gewalt daran hindern können, inmitten der ganzen Schöpfung durch die Macht weiser Rede die Stimme zu erheben und zu bezeugen, was Gott bezeugt: daß es keinen Gott gibt außer Ihm, dem Machtvollen, dem Unbesiegbaren, dem Allmächtigen, dem Wissenden, dem Weisen.
O Ḥusayn! Dein Name wurde im Größten Gefängnis vor diesem Unterdrückten erwähnt, und Wir haben für dich offenbart, was in den Büchern der Welt nicht seinesgleichen hat. Dies bezeugt der König der Ewigkeit; aber die Masse der Menschen zählt zu den Achtlosen. Aus dem Morgenlicht des Zeugnisses haben Wir den Ruf an alle gerichtet, die im Reiche der Schöpfung wohnen. Unter den Menschen gibt es solche, die der Duft der Rede ihres Herrn so beflügelt, daß sie alles aufgeben, was den Menschen zugehört, nur um an den Hof der Gegenwart Gottes, des Herrn auf mächtigem Throne, zu gelangen. Auch gibt es solche, die völlig verwirrt sind und schwanken. Andere sputen sich und nehmen ihren Flug zu ihrem Herrn, dem Altehrwürdigen der Tage, um Seinem Ruf zu antworten. Wieder andere kehren sich ab, verwerfen die Wahrheit und leugnen am Ende Gott, den Allmächtigen, den Allgepriesenen. Und schließlich gibt es die, welche über Ihn das Urteil sprechen mit solcher Grausamkeit, daß jeder Weise und Scharfsinnige zum Weinen gerührt ist. Wir haben sie gnädig geladen zu dem Wasserstrom, der in Wahrheit Leben ist, sie aber haben mit offenbarer Ungerechtigkeit beschlossen, Mein Blut zu vergießen. So strahlt die Sonne der Weisheit vom Horizont der Rede deines Herrn, des Allerbarmers. Wenn du in ihr Licht gelangst, geziemt es dir, den Lobpreis deines Herrn zu feiern mit den Worten: Ich sage Dir Dank, o Gott der Welten.
Selig bist du, und selig sind die, welche die Welt mit ihren Nichtigkeiten von diesem strahlenden Horizont nicht abzuhalten vermag.
Überbringe in Meinem Namen Meinen Geliebten Grüße. Wir gemahnen sie, Weisheit walten zu lassen, wie es in Meinem wundersamen Buche verordnet ist.
12
O Meine Dienerin, Mein Blatt! Frohlocke in großer Freude, denn dein Ruf ist zum Göttlichen Lotosbaum aufgestiegen und erfährt Antwort von dem allherrlichen Horizont. Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unterdrückten, dem Verbannten.
Wir haben Uns den Menschen offenbart, haben die Sache Gottes enthüllt, alle Menschen auf Gottes Geraden Pfad geführt, die Gesetze verkündet und jedem auferlegt, was allen in dieser und der nächsten Welt wahren Nutzen bringt; sie aber haben das Urteil über Mich gefällt, Mein Blut zu vergießen, und darüber weint die Himmlische Maid, Sinai jammert und klagt, und der Geist des Glaubens seufzt vor Schmerz.
Heutzutage schließen sich die Menschen selbst von den Ausgießungen der göttlichen Gunst aus, indem sie jedem in die Irre gegangenen Toren auf dem Fuße folgen. Das Meer göttlicher Erkenntnis lassen sie achtlos hinter sich und heften die Augen auf Narren, die Bildung vorgeben, ohne von Gott, dem Herrn der Menschheit, durch ein Zeichen bestätigt zu sein.
Gut steht es um dich, denn du hast den eitlen Wahn aufgegeben und hältst dich fest an das Seil Gottes, das keiner zertrennen kann. Schau auf die Gunst und Gnade Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit. Wie zahlreich sind die Könige und Königinnen auf Erden, die trotz aller Sehnsucht, Hoffnung und Erwartung von Ihm, dem Verlangen der Welt, ausgeschlossen sind, während du es erreicht hast. So Gott will, wirst du eine Tat vollbringen, deren Wohlgeruch anhält, solange die Namen Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – währen. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Die Anrede ›O Meine Dienerin‹ übertrifft alles, was in der Welt zu sehen ist. Binnen kurzem werden die Augen der Menschheit erleuchtet und dadurch erhellt, daß sie erkennen, was Unsere Feder der Herrlichkeit offenbart hat.
Selig bist du und selig ist die Mutter, die dich nährte. Schätze den Wert dieser Stufe und erhebe dich, der Sache Gottes solchermaßen zu dienen, daß der eitle Wahn und die Anspielungen der Zweifler dich nicht von deinem hehren Vorsatz abhalten. Hell strahlt die Sonne der Gewißheit, aber das Volk der Welt hält sich krampfhaft an leeren Trug. Hoch wogt das Meer göttlicher Erkenntnis, doch die Menschenkinder klammern sich den Narren an den Rocksaum. Kein Gegengift außer der unerschöpflichen Gunst Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – kann je diese chronischen Krankheiten heilen.
Übermittle den Dienerinnen Gottes in jenen Landen Meine Grüße und künde ihnen die frohe Botschaft, daß ihnen Seine Gunst und Gnade gewährt sind. Hoch ist fürwahr die Stufe, die Wir dir bestimmt haben. Dir ziemt es, deinem Herrn, dem Gabenreichen, dem Großzügigsten, Preis und Dank zu sagen. Verherrlicht sei Gott, der Erhabene, der Große.
13
Einstmals war dieses hehre Wort von der Zunge Dessen zu vernehmen, Der der Besitzer allen Seins und der Herr des Thrones in der Höhe und hienieden auf Erden ist – erhaben ist die Herrlichkeit Seiner Rede –: Frömmigkeit und Loslösung sind die beiden größten Leuchten am Himmel des Lehrens. Selig, wer diese höchste Stufe, diese Wohnstatt überragender Heiligkeit und Feinsinnigkeit, erlangt!
14
Dies ist ein Sendbrief, den der Allerbarmer aus dem Reiche der Rede allen Erdenbewohnern zuleitet. Glücklich ist, wer zuhört und achtgibt, aber wehe dem, der irrt und zweifelt. Heute ist der Tag, den das Antlitz Gottes mit strahlendem Lichte erhellt, der Tag, da laut die Zunge der Größe ruft: Das Reich ist Gottes, des Herrn am Tage der Auferstehung!
Dein Name ward in Unserer Gegenwart genannt, und so geruhen Wir, für dich zu offenbaren, was keines Menschen Zunge unter allen Völkern der Welt wiedergeben kann. Frohlocke in größter Freude, daß deiner im Größten Gefängnis gedacht wurde und daß in dieser erhabenen Wohnstatt der Altehrwürdige der Tage Sein Antlitz dir zuwandte.
Fürwahr, Wir haben die Zeichen offenbart, die unwiderleglichen Zeugnisse dargetan und alle Menschen auf den Geraden Pfad gerufen. Unter dem Volk sind solche, die sich abkehren und die Wahrheit verwerfen; andere fällen ohne schlüssigen Beweis ihr Urteil über Uns. Die ersten, die sich von Uns wandten, waren die geistlichen Führer der Welt in diesem Zeitalter, dieselben, welche Uns am Tage und zur Nachtzeit anrufen und Meinen Namen im Munde führen, während sie auf ihren hohen Thronen sitzen. Als Ich Mich jedoch unter den Menschen offenbarte, da erhoben sie sich so gegen Mich, daß selbst die Steine seufzten und bitterlich weinten.
Groß ist dein Segen; denn du hast auf Seine Stimme gehört, hast dein Angesicht auf Ihn gerichtet und den Ruf deines Herrn beachtet, als Er kam, bekleidet mit unüberwindlicher Macht und höchster Herrschaft.
15
O Meine Dienerin, o Mein Blatt! Danke dem Meistgeliebten der Welt, daß du diese grenzenlose Gunst erlangtest zu einer Zeit, da die Gelehrten und die erlauchtesten Männer der Welt dieser Gunst beraubt sind. Wir haben dich zum »Blatt« ernannt, damit du wie das Laub bewegt werdest von dem sanften Wind des Willens Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, wie die Blätter an den Bäumen von den heranbrausenden Winden bewegt werden. Sage deinem Herrn Dank kraft dieser glanzvollen Rede. Nähmest du die Anrede ›O Meine Dienerin‹ in all ihrer Süße wahr, du fändest dich losgelöst von der ganzen Menschheit, Tag und Nacht voll Ergebung in Anspruch genommen von der Zwiesprache mit Ihm, dem einzigen Verlangen der Welt.
In Worten von unvergleichlicher Schönheit haben Wir solche Blätter und Dienerinnen erwähnt, die von den Lebenswassern himmlischer Gnade trinken und ihre Augen auf Gott gerichtet halten. Glücklich und selig sind sie fürwahr. Binnen kurzem wird Gott ihre Stufe offenbaren – eine Stufe, deren Erhabenheit kein Wort zutreffend ausdrücken, keine Beschreibung angemessen schildern kann.
Wir gemahnen dich zu tun, was unter Männern wie Frauen die Belange der Sache Gottes fördern hilft. Er hört den Ruf der Freunde und schaut ihre Taten. Wahrlich, Er ist der Hörende und der Sehende.
Mit dir und mit ihnen sei die Herrlichkeit Gottes, des Machtvollen, des Allwissenden, des Allweisen.
16
O Dienerin Gottes! Höre auf die Stimme des Herrn der Namen, der aus Seinem Gefängnis den Blick auf dich richtet und dich beim Namen nennt.
Er steht jedem Wanderer bei, Er antwortet gnädig jedem Bittsteller, Er gewährt jedem Wahrheitssucher Zutritt. Am heutigen Tag ist der Gerade Pfad offenbart, aufgestellt ist die Waage göttlicher Gerechtigkeit, und hell strahlt das Sonnenlicht Seiner Gabenfülle, aber schwarzen Wolken gleich tritt mit drückendem Dunkel das Volk der Tyrannei dazwischen und errichtet ein gewaltiges Hindernis zwischen der Sonne himmlischer Gnade und dem Volk der Welt. Selig ist, wer die trennenden Schleier zerreißt und vom strahlenden Licht göttlicher Offenbarung erleuchtet wird. Bedenke, wie groß an Zahl diejenigen waren, die sich selbst zu den Weisen und Gebildeten rechneten, am Tage Gottes aber der Ausgießungen himmlischer Gnadengaben beraubt blieben.
O Mein Blatt, Meine Dienerin! Schätze den Wert des Segens und der sanften Barmherzigkeit, die dich umfangen und deine Schritte zum Morgen der Herrlichkeit lenken.
Übermittle im Namen dieses Unterdrückten Grüße an solche Dienerinnen, die Gott anbeten, und ermutige ihre Herzen mit der Versicherung Seiner liebevollen Vorsehung.
17
Richtet euer Augenmerk in allen Angelegenheiten auf die Weisheit; denn sie ist ein unfehlbares Heilmittel. Wie oft schon hat sie einen Ungläubigen in einen Gläubigen, einen Feind in einen Freund verwandelt! Sie zu beachten ist besonders wesentlich, da dieser Gegenstand in zahlreichen Sendbriefen aus dem Himmel des Willens Dessen, Der die Manifestation des Lichtes göttlicher Einheit ist, dargelegt wurde. Wohl denen, welche sich danach verhalten!
Lenkt eure Aufmerksamkeit ohne Unterlaß auf das, was das Wort Gottes erhöht. In dieser Größten Offenbarung gelten edle Werke und rühmliche Eigenschaften als die Heerscharen Gottes, desgleichen Sein seliges, Sein heiliges Wort. Diese Heerscharen sind ein Magnet für die Menschenherzen, ein Schlüssel für alle Türen. Von allen Rüstungen in der Welt ist dies die wirksamste.
Bitte Gott, Er möge allen Menschen gnädig beistehen, das zu befolgen, was Seine allherrliche Feder in den heiligen Büchern und Sendschreiben verzeichnet hat.
18
Dieser Unterdrückte nennt den beim Namen, der sein Angesicht auf den Unvergleichlichen, den Allwissenden, gerichtet hat und Gottes Einheit solcherart bezeugt, wie sie die Allherrliche Feder auf dem Kampfplatz der Wortgewalt mit rascher Bewegung bezeugt. Selig ist die Seele, die ihren Herrn erkennt, aber wehe dem, der schmählich irrt und zweifelt.
Der Mensch ist wie ein Baum. Wenn ihn Früchte schmücken, war und ist er allezeit des Lobes und des Preises würdig. Ein unfruchtbarer Baum taugt nur für das Feuer. Die Früchte vom menschlichen Baume sind köstlich, hoch erwünscht und heiß begehrt. Dazu gehören ein aufrechtes Wesen, Taten der Tugend und anmutige Rede. Zu den irdischen Bäumen kommt der Frühling einmal im Jahr; der Frühling für menschliche Bäume indessen erscheint am Tage Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit. Würden die Bäume des menschlichen Lebens jetzt in der göttlichen Frühlingszeit mit den bereits erwähnten Früchten geschmückt, so würde das Himmelslicht der Gerechtigkeit ganz gewiß mit seinem Strahlenglanz alle Erdenbewohner erleuchten, und jeder würde ruhig und zufrieden im Schatten Dessen, Der das Ziel der ganzen Menschheit ist, verweilen. Das Wasser für diese Bäume ist das Lebenswasser der heiligen Worte, welche die Geliebten der Welt äußern. Kaum sind solche Bäume gepflanzt, da recken sie bereits unter den Regenschauern göttlicher Gnade ihre Äste hoch in den Himmel. Ein dürrer Baum jedoch war und ist keiner Erwähnung wert.
Glücklich der Gläubige, der sich mit dem Gewand edlen Bemühens kleidet und sich aufmacht, dieser Sache zu dienen! Eine solche Seele hat fürwahr das ersehnte Ziel erreicht und begriffen, zu welchem Zweck sie erschaffen wurde. Aber tausendmal wehe um die Irregegangenen, die wie dürres Laub in den Staub sinken. Bald wird der Sturm des Todes sie forttragen an den Ort, der ihnen bestimmt ist. Unwissend sind sie gekommen, unwissend dämmern sie dahin, unwissend kehren sie zu ihrer Stätte zurück.
Unaufhörlich verkündet die Welt diese Worte: Habt acht, ich bin vergänglich, und vergänglich sind alle meine äußerlichen Erscheinungen und Farben. Hütet euch vor dem Wandel und Wechsel, der in mich hineingelegt ist, und wacht auf aus eurem Schlummer. Und doch gibt es kein scharfes Auge, das sieht, und kein feines Ohr, das lauscht.
Am heutigen Tage ruft das geistige Ohr und spricht: Fürwahr, es steht gut um mich; denn Gottes Stimme kündet laut. Und die wesenhafte Schau ruft aus: Selig bin ich, heute ist mein Tag; denn die Altehrwürdige Schönheit strahlt hell vom erhabensten Horizont.
Dem Volke Bahás steht es an, zum Herrn der Namen zu rufen und Ihn anzuflehen, daß das Volk der Welt an Seinem Tage der Ausgießungen Seiner Gnade nicht beraubt sei.
In der Vergangenheit waren die Geistlichen bestürzt über eine Frage, welche Er, der die Allbeherrschende Wahrheit ist, sie in den frühen Jahren Seines Lebens selbst öfters fragen hörte: »Welches ist das Wort, das der Qá’im aussprechen und damit die Religionsführer in die Flucht schlagen wird?« Sprich: Dieses Wort ist nun offenbart, und ihr seid geflohen, ehe ihr es hörtet, doch seid ihr des nicht gewahr. Und dieses selige, dieses verborgene, gehegte und verwahrte Wort lautet: »›Er‹ ist nun erschienen im Gewande des ›Ich‹. Der vor sterblichen Augen verborgen war, ruft und kündet: Sehet her! Ich bin der Alleroffenbarste.« Dies ist das Wort, das den Ungläubigen die Glieder erbeben ließ. Verherrlicht sei Gott! Alle himmlischen Schriften der Vergangenheit bezeugen die Größe des heutigen Tages, die Größe dieser Manifestation, die Größe Seiner Zeichen, die Größe Seines Wortes, die Größe Seiner Beständigkeit, die Größe Seiner allüberragenden Stufe. Und doch, alledem zum Trotz bleibt das Volk achtlos und wie durch einen Schleier ausgeschlossen. Fürwahr, alle Propheten haben sich gesehnt, diesen Tag zu erleben. David spricht: »Wer bringt mich in die feste Stadt?«Q28 Mit der festen Stadt ist ‘Akká gemeint. ‘Akkás Festungsanlagen sind sehr stark, und dieser Unterdrückte ist in ‘Akkás Mauern eingekerkert. Desgleichen ist im Qur’án offenbart: »Bringe dein Volk heraus aus dem Dunkel in das Licht und gemahne es der Tage Gottes.«Q29
Die Herrlichkeit, die den heutigen Tag umfängt, ist in den meisten himmlischen Büchern und Schriften ausdrücklich erwähnt und klar dargestellt. Dennoch sperren die Geistlichen der Gegenwart die Menschen von dieser überragenden Stufe aus und halten sie zurück vom Gipfel der Herrlichkeit, dem erhabensten Ziel.
Selig bist du, da der leere Trug mit seinem Dunkel dich nicht vom Lichte der Gewißheit abbringen kann und das Volk mit seinen Angriffen dich nicht vom Herrn der Menschheit fernzuhalten vermag. Würdige den Wert dieser hohen Stufe und bitte Gott – erhaben ist Seine Herrlichkeit –, daß Er dich gnädiglich befähige, diese Stufe zu wahren. Unvergängliche Herrschaft liegt nur bei dem einen wahren Gott und Seinen Geliebten, und so wird es allezeit bleiben.
Die Herrlichkeit, die vom Horizonte der Ewigkeit strahlt, ruhe auf dir und allen, welche das Leitseil Gottes, das kein Mensch zertrennen kann, fest in die Hand nehmen.
19
Der zum wahren Siege führt, ist gekommen. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Er ist durchaus fähig, durch die Macht eines einzigen Wortes die Welt umzustürzen. Da Er jedoch allen Menschen auferlegt hat, Weisheit zu üben, hält Er sich selbst an das Seil der Geduld und des Verzichtes.
Die Lehmklumpen dieser Welt haben sich aufgemacht, die geschmückte, die leuchtende, die purpurne Stadt Gottes zu besuchen, und gewisse Abgesandte aus Persien stiften insgeheim Unheil, auch wenn sie sich den Anschein geben, sie seien sanft und fromm. Gütiger Gott! Wann endlich wird sich diese weltverzehrende Verschlagenheit in Aufrichtigkeit verwandeln? Die Ermahnungen Gottes, des Wahren, umspannen die ganze Erde, aber ihr Einfluß ist bis heute noch nicht enthüllt. Unziemliche Taten halten die Menschen davon ab, zu Ihm zu gelangen. Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht ist Er –, daß Er aus den Wolken göttlicher Gnade den strömenden Regen Seiner Gabenfülle auf alle Seine Diener ergieße. Wahrlich, mächtig ist Er über alle Dinge.
O ‘Alí-Ḥaydar! O du, der du dich erhoben hast, Meiner Sache zu dienen, der du unablässig den Lobpreis Gottes, des Herrn auf mächtigem Throne, verherrlichst! Den Wahrzeichen der Gerechtigkeit, den Bannerträgern der Unparteilichkeit, ist unzweifelhaft klar und offenkundig, daß dieser Unterdrückte, gestärkt durch Gottes Reich und Seine überragende Macht, unter den Völkern und Geschlechtern der Erde jedes Anzeichen der Unordnung, der Zwietracht, des Zwistes, des Haders und der Teilung zu tilgen sucht. Aus keinem andern Grund als um dieses großen, dieses unvergleichlich wichtigen Zieles willen ist Er immer wieder ins Gefängnis geworfen, ist Er so manchen Tag und so manche Nacht in Ketten und Bande gelegt worden. Selig ist, wer diese unüberwindliche Sache, diese herrliche Verkündigung unparteiisch und gerecht beurteilt.
20
Dies ist ein Sendbrief, herniedergesandt vom Herrn des Erbarmens, damit das Volk der Welt befähigt sei, dem durch die Kraft Seines hehren Namens wogenden Meere nahezukommen. Unter den Menschen sind solche, die sich von Ihm abkehren und Sein Zeugnis leugnen, indes andere den Wein der Bestätigung trinken in der Herrlichkeit Seines Namens, die alles Erschaffene durchdringt. Schlimmen Verlust leidet fürwahr, wer sein Ohr dem Gekrächz der Raben neigt und sich weigert, dem süßen Schlag der Himmlischen Nachtigall zu lauschen, die auf den Zweigen des Baumes der Ewigkeit singt: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Allweisen. Heute ist der Tag, den das strahlende Licht Unseres Antlitzes erleuchtet, der Tag, den alle Tage und Nächte anbetend umkreisen. Selig ist der Einsichtsvolle, welcher schaut, und der Dürstende, der aus diesem leuchtenden Springquell trinkt. Selig der Mensch, der die Wahrheit anerkennt und mit Eifer der Sache seines Herrn, des Machtvollen, des Allmächtigen, zu dienen strebt.
O Diener, der du den Blick auf Mein Antlitz richtest! Höre auf die Stimme deines Herrn, des Allherrlichen, wie sie laut vom Morgen der Majestät und Größe ruft. Wahrlich, Sein Ruf wird dich dem Reiche der Herrlichkeit nahebringen, wird dich Seinen Lobpreis so erheben lassen, daß alles Erschaffene hingerissen wird, und du wirst Seiner Herrlichkeit solcherart lobsingen, daß die ganze Schöpfung den Einfluß spürt. Wahrlich, dein Herr ist der Beschützer, der Gnädige, der Allunterrichtete.
Sammle die Freunde Gottes dortzulande und mache sie vertraut mit Meinem unvergleichlichen Gedenken. Wir haben für sie einen Sendbrief offenbart, von dem der Duft des Allerbarmers über das Reich des Seins dahinweht, auf daß sie frohlocken in höchster Freude und standhaft bleiben in dieser wundersamen Sache.
Als Wir im Gefängnis waren, haben Wir ein Buch offenbart, das Wir ›Das Heiligste Buch‹ benannten. Darin haben Wir Gesetze gegeben und es geschmückt mit den Geboten deines Herrn, der die Amtsgewalt übt über alle in den Himmeln und auf Erden. Sprich: Ergreifet es, o Menschen, und beachtet, was darin herniedergesandt ist aus den wundersamen Geboten eures Herrn, des Vergebenden, des Gabenreichen. Fürwahr, es wird euch in dieser wie der nächsten Welt nützen und wird euch reinigen von allem, was euch übel ansteht. Er ist wahrlich der Verordner, der Ausleger, der Geber, der Großmütige, der Gnädige, der Allgepriesene.
Groß ist dein Segen, denn du bist dem Bunde Gottes und Seinem Zeugnis treu, und du wirst geehrt durch diesen Sendbrief, durch welchen dein Name aufgezeichnet ist auf Meiner verwahrten Tafel. Weihe dich deinem Herrn und dem Dienst an Seiner Sache, hüte Sein Gedenken in deinem Herzen und feiere Seinen Lobpreis so, daß jede irrende, achtlose Seele dadurch aus dem Schlaf erwacht.
So haben Wir dir eine Gunstbezeigung aus Unserer Gegenwart zu verleihen geruht; und Ich bin wahrlich der Vergebende, der Allbarmherzige.
21
Wir wünschen, den zu erwähnen, der sein Angesicht auf Uns richtet, und ihn noch einmal tief aus den Lebenswassern Unserer gnädigen Vorsehung trinken zu lassen, auf daß er befähigt werde, Meinem Horizonte nahezukommen, auf daß er geschmückt sei mit Meinen Wahrzeichen, sich in Meine Lüfte erhebe, sich bestätigt finde in alledem, was Meine Sache in ihrer Heiligkeit unter Meinem Volke offenbar macht, und so Meinen Lobpreis anstimme, daß alle Zauderer sich beeilen, alle reglosen Geschöpfe sich aufschwingen, alle sterblichen Gestalten sich verzehren, alle starren Herzen von neuem Leben durchflutet werden und jeder niedergeschlagene Geist in Lust und Wonne wogt. Solches ziemt sich für den, der sein Angesicht dem Meinen zuwendet, in den Schatten Meiner Gnade tritt und Meine Verse empfängt, welche die ganze Welt durchdringen.
O ‘Alí! Er, der Morgen göttlicher Offenbarung, ruft dich durch diese höchst wundersame Rede. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Stündest du vor Meinem Thron, lauschtest du Meiner Zunge der Macht und Größe, du opfertest deinen Leib, deine Seele, dein ganzes Sein zum Zeichen deiner Liebe zu Gott, dem höchsten Herrscher, dem Beschützer, dem Allwissenden, dem Allweisen. Du wärest so ergriffen vom Zauber Seiner Stimme, daß keine Feder die Macht hätte, deine Stufe zu beschreiben, und der gewandteste Redner zunichte würde bei dem Versuch, sie zu schildern. Denke eine Zeitlang nach über diese Offenbarung und deren unüberwindliche, alles überwindende Herrschaft; sodann unterstütze sie, wie es deinem Herrn, dem Gnädigen, dem Gabenreichsten, angemessen ist. Führe das Volk zum Morgenlicht der Herrlichkeit. Es ist wahrlich Er selbst, Der sich auf Seinem mächtigen Throne niedergelassen hat. Durch Ihn erstrahlt der Himmelssaum dieses Gefängnisses, und Er erleuchtet alle in den Himmeln und auf Erden.
Wir haben deinen Namen in der Vergangenheit und in diesem gnädigen Sendbrief zu erwähnen geruht, damit du noch einmal den süßen Duft des Allerbarmers atmest. Dies ist nur eines der Zeichen Meiner Gunst für dich. Danke deinem Herrn, dem Gabenreichsten, dem Allsehenden.
Gräme dich nicht über der Menschen Unvermögen, die Wahrheit zu begreifen. Binnen kurzem wirst du erleben, wie sie sich Gott, dem Herrn der ganzen Menschheit, zuwenden. Durch die Kraft des Erhabensten Wortes umfangen Wir fürwahr die gesamte Welt, und es naht die Zeit, da Gott die Herzen aller Erdenbewohner unterworfen haben wird. Er ist wahrlich der Allmächtige, der Allmachtvolle.
Wir gedenken hierzulande auch deines Bruders, damit er sich freue, wenn Ich ihn erwähne, und zu denen gehöre, die nachdenken.
O Freund! Der Meistgeliebte ruft dich aus Seinem Größten Gefängnis und ermahnt dich zu befolgen, was Meine Erhabene Feder in Meinem Heiligsten Buche offenbart hat, damit du dich daran haltest mit einer Macht und Entschlossenheit, wie sie aus Mir geboren ist; und Ich bin wahrlich der Verordner, der Allweise.
Groß ist fürwahr dein Segen, denn Seine unfehlbare Gnade ward dir gewährt, und du fandest Beistand bei der Erkenntnis dieser Sache – einer Sache, deren Gewalt die Himmel aufrollt und jeden stolz ragenden Berg, zu Staub zermahlen, in alle Winde verstreut.
Durch Unsere grenzenlose Gnade gedenken Wir fernerhin deiner Mutter, welche das Vorrecht hat, Gott zu erkennen. Wir senden ihr Unsere Grüße von dieser allherrlichen Stufe hernieder. Wir erinnern Uns an euch alle, Männer wie Frauen, und an diesem Orte, der Stätte unvergleichlicher Herrlichkeit, betrachten Wir euch alle als eine Seele; Wir senden euch die frohe Botschaft eines göttlichen Segens, der allem Erschaffenen voranging, und Meines Gedenkens, das alle Menschen, alte wie junge, durchdringt. Die Herrlichkeit Gottes sei mit euch, dem Volk Bahás. Frohlocket in höchster Freude durch Mein Gedenken; denn Er ist fürwahr mit euch zu jeder Zeit.
22
Höre auf das, was der Geist dir vermittelt in den Tagen Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, auf daß Sein Ruf dich hinaufziehe zum Gipfel überragender Herrlichkeit und dich der Stufe nahebringe, wo du dein ganzes Wesen im Feuer der Liebe Gottes dergestalt lodern siehst, daß es weder die Übermacht der Herren noch das Getuschel ihrer Knechte löschen können, und auf daß du dich inmitten der Völker dieser Welt erhebest, den Lobpreis deines Herrn, des Besitzers aller Namen, zu feiern. Das ist es, was dir am heutigen Tage frommt.
Wir wollen dir berichten, was in der Vergangenheit geschah, damit du die Süße dieser Rede kostest und der Ereignisse gewahr werdest, die schon früher bekannt wurden. Wahrlich, dein Herr ist der Ermahner, der Gnädige, der Meistgeliebte.
Rufe dir die Tage vor Augen, da Er, der mit Gott Zwiesprache hielt, in der Wildnis die Schafe Seines Schwiegervaters Jethro hütete. Er hörte die Stimme des Herrn der Menschheit, wie sie aus dem Brennenden Busche kündete: »O Moses! Wahrlich, Ich bin Gott, dein Herr und der Herr deiner Vorfahren Abraham, Isaak und Jakob.« So hingerissen war Er von der Stimme und ihrem bezaubernden Klang, daß Er sich von der Welt löste und sich zu Pharao und seinem Volk aufmachte, bekleidet mit der Macht deines Herrn, der höchste Herrschaft ausübt über alles, was ist und sein wird. Heute hört das Volk der Welt, was damals Moses hörte, aber sie verstehen es nicht.
Sprich: Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Binnen kurzem werden die Minister mit ihrem Pomp und die Herrscher in ihrer Machtfülle vergehen; die Paläste der Potentaten werden verwüstet, zu Staub verfallen die Prunkschlösser der Kaiser, aber fortbestehen wird, was Wir im Reiche Gottes für euch verordnet haben. Euch ziemt, o Volk, der höchste Eifer, damit eure Namen vor Seinem Thron erwähnt werden und ihr dartut, was euer Gedenken unsterblich machen wird in aller Ewigkeit Gottes, des Herrn allen Seins.
Erinnere dich in Meinem Auftrag der Geliebten dortzulande, übermittle ihnen Meine Grüße und erfreue ihr Herz mit der Botschaft dessen, was dir von dieser herrlichen Stufe her offenbart ward.
Sprich: Habet acht, daß euch die Übermacht der Unterdrücker nicht fürchten macht. Es naht der Tag, da alle Wahrzeichen der Hoffart zunichte werden; dann werdet ihr schauen, wie die unüberwindliche Souveränität eures Herrn alles Sichtbare und alles Unsichtbare lenkt und führt.
Habet acht, daß euch nicht die Schleier abhalten von den Ausgießungen Seiner Gnadengaben am heutigen Tage. Werfet von euch, was euch Gott entfremdet, und bleibet auf diesem weitreichenden Pfade. Wir wünschen euch nur, was euch nützt, wie es auf Seiner verwahrten Tafel verzeichnet ist. Oft gedenken Wir Unserer Geliebten. Nur finden wir, daß ihnen gebricht, was ihnen am Hofe der Gunst ihres Herrn, des Gnädigen, des Vergebenden, ansteht, außer denen, die Gott auszunehmen wünschte. Wahrlich, machtvoll ist Er zu tun, was Er will. Er gibt und Er versagt. Er ist fürwahr die Ewige Wahrheit, der Kenner des Unsichtbaren.
Ergreifet, o ihr Geliebten des Allerbarmers, den Kelch ewigen Lebens, den euch euer Herr, der Besitzer der ganzen Schöpfung, mit der Hand freigebiger Gunst darreicht; sodann trinket tief daraus. Ich schwöre bei Gott, er wird euch so entzücken, daß ihr euch erhebt, Seinen Namen zu verherrlichen und Sein Wort inmitten aller Völker auf Erden zu künden, und daß ihr die Städte der Menschenherzen erobert im Namen eures Herrn, der Allmächtige, der Allgepriesene.
Des weiteren tun Wir jedermann die frohe Botschaft dessen kund, was Wir in Unserem Heiligsten Buch offenbart haben – ein Buch, von dessen Horizont die Sonne Meiner Gebote auf jeden Beobachter und auf jeden Beobachteten herniederscheint. Haltet euch fest daran und vollbringet, was darin offenbart ist. Das ist fürwahr besser für euch als alles, was in der Welt erschaffen ist, wenn ihr es nur wüßtet. Hütet euch, daß euch nicht die Vergänglichkeiten dieses Lebens davon abhalten, euch Gott, dem Wahren, zuzuwenden. Denket in euren Herzen nach über die Welt mit ihrem Hader und ihren Wechselfällen, damit ihr den Wert der Welt und die Stufe derer erkennt, die ihr Herz an sie hängen und verwerfen, was auf Unserer Verwahrten Tafel herniedergesandt ist.
So haben Wir diese heiligen Verse offenbart und dir zugeleitet, damit du dich aufmachest, den Namen Gottes, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende, zu verherrlichen. Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und allen, die dieses erlesenen, versiegelten Weines teilhaftig sind.
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Deinen Brief hat dieser Unterdrückte im Größten Gefängnis gelesen, deiner Fragen über die Gebote Gottes zum Gegenstand der Auferstehung und des Lebensunterhaltes ist Er gewahr. Du hast gut daran getan, diese Fragen zu stellen; denn du selbst und andere Diener Gottes werden äußerlich wie innerlich daraus Nutzen ziehen. Wahrlich, dein Herr weiß alles und antwortet bereitwillig auf den Ruf.
Der höchste Grund für die Erschaffung der Welt und aller Dinge in ihr ist, daß der Mensch Gott erkenne. Wer am heutigen Tage, vom Duft aus dem Gewande Seines Erbarmens geleitet, Einlaß in diese lichte Wohnstatt – die Stufe der Erkenntnis des Urquells göttlicher Gebote und des Morgens Seiner Offenbarung – erlangt, der hat auf ewig alles Gute erreicht. Jeder Seele, die diese hehre Stufe erlangt, verbleibt eine zweifache Pflicht. Zum einen muß sie so standhaft in der Sache Gottes sein, daß alle Völker der Welt machtlos wären, wenn sie versuchten, sie von dem Urquell der Offenbarung fernzuhalten. Das zweite ist die Befolgung der göttlichen Gebote, die dem Brunnquell Seiner vom Himmel geführten Feder entströmen. Denn des Menschen Gotteserkenntnis kann sich nur dann voll angemessen entfalten, wenn der Mensch befolgt, was Er verordnet und in Seinem himmlischen Buche dargelegt hat.
Vor einem Jahr ist das Heiligste Buch aus dem freigebigen Himmel des Herrn aller Namen herniedergesandt worden. So Gott will, wirst du gnädig befähigt zu vollbringen, was darin offenbart ist.
Was den Lebensunterhalt angeht, solltest du dein ganzes Vertrauen auf Gott setzen und dich in einem Beruf betätigen. Er wird sicherlich aus dem Himmel Seiner Gunst auf dich herniedersenden, was dir bestimmt ist. Er ist fürwahr der Gott der Macht und Stärke.
Sage Gott Dank, daß dein Brief in die Gegenwart dieses Gefangenen gelangt ist, daß am Sitze göttlicher Amtsgewalt die Antwort offenbart ist und dir zugesandt wird. Dies ist ein unschätzbarer Segen, den dir Gott gewährt. Auch wenn dies gegenwärtig noch nicht offenkundig ist, wird es sich bald herausstellen. Dir geziemt zu sprechen:
Verherrlicht sei Dein Name, o Herr mein Gott! Ich habe Dir mein Angesicht zugekehrt und mein ganzes Vertrauen auf Dich gesetzt. Bei Deinem Namen, durch den das Meer Deiner Rede wogt und die Winde Deiner Erkenntnis wehen, flehe ich zu Dir, gewähre, daß mir gnädig geholfen wird, Deiner Sache zu dienen, und daß ich begeistert werde, Deiner zu gedenken und Dich zu preisen. Sende sodann aus dem Himmel Deiner Großmut auf mich hernieder, was mich vor jedem außer Dir bewahrt und mir in allen Deinen Welten nützt.
Wahrlich, Du bist der Machtvolle, der Unzugängliche, der Höchste, der Wissende, der Weise.
Hinweis zu den von Shoghi Effendi übersetzten Texten
Soweit möglich, wurden für dieses Buch englische Übersetzungen von Shoghi Effendi verwendet. In vielen Fällen wurden seine Fassungen einzelner Sätze eingearbeitet. Diese Stellen sind so zahlreich, daß sie hier nicht aufgeführt werden können. Nachstehend sind zwei Arten von Übersetzungen vom Urtext ins Englische verzeichnet. Das erste sind unmittelbare Übersetzungen des betreffenden Sendschreibens oder Abschnitts. Die zweite Art ist geringfügig mittelbarer: In einigen späteren Schriften pflegte Bahá’u’lláh aus Seinen eigenen Sendschreiben zu zitieren; aber dabei veränderte Er häufig die zitierte Textstelle. Wenn also Shoghi Effendis Übersetzung einer solchen zitierten Textstelle – zum Beispiel aus dem Brief an den Sohn des Wolfes – herangezogen wurde, mußte sie dem hier wiedergegebenen Originaltext Bahá’u’lláhs angepaßt werden. Solche Anpassungen sind geringfügig und wurden nicht besonders vermerkt; wer im Englischen die entsprechenden Stellen dieses Buches mit den von Shoghi Effendi übersetzten Büchern vergleicht, wird sie leicht erkennen.
1:1–5 Lawḥ-i-Karmil vollständig (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 11:1–5)
2:5 »Wahrlich, Wir sind… in die Irre geht.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 260, S. 162)
2:6 »Öffnet die Tür eures Herzens… schwerer Irrtum.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 260, S. 162)
2:12 »O Schar der Priester… Herrlichkeit gekommen!« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 254, S. 156)
2:12 »Wer die Menschen in Meinem Namen versammelt… auf Erden übersteigt.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 254, S. 156)
2:13 »Laßt den Odem… gezählt wird!« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 254, S. 156)
2:14 »O Schar der Bischöfe… Ziel abhalten.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 253, S. 155)
2:15 »O Schar der Mönche… der Allbarmherzige.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 255, S. 157)
2:17 »Bethlehem ist bewegt… der Bestunterrichtete.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 255, S. 157f)
2:20 »Nie ging Ich… an dir gekreuzigt.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 101, S. 74)
3:6 »der Regierung des Landes… wahrhaftig erweisen.« (Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 404, S. 250)
3:23 »O Volk Gottes… Lebensquellen der Welt.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 42, S. 47)
4:12 »Ein guter Charakter… und ihren Glanz.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 39, S. 41)
4:14 »O Sohn des Geistes… vor Augen.« (Bahá’u’lláh, Die verborgenen Worte arab. 2)
4:18 »Wir wollen dir nun… nahebringen wird.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 197, S. 121)
4:24 »der rasch erscheinenden Zeitungen«, »Spiegel der Welt« und »eine erstaunliche, machtvolle Erscheinung« (Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 403, S. 249)
5:13 »Wissen gleicht den Flügeln… Dies bezeugt das Mutterbuch« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 47, S. 38f)
5:13 »In der Tat, Wissen ist… der Heiterkeit.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 48, S. 39)
6:17 »Wahrlich, Ich sage… besitzen es alle.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 50, S. 39)
6:18 »Die Feder des Höchsten… Unterscheidungsvermögen besitzet!« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 51, S. 39f)
6:19–20 »O Sohn des Menschen… wehe den Achtlosen!« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 54, S. 41)
6:25 »Der Menschen Licht… Einheit unter den Menschen.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 42, S. 46)
6:28 »Die Vertrauensleute… der Allwissende.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 2:19, S. 43)
6:35 »Meine Gefangenschaft… zum Klagen bringen.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 39, S. 36)
6:53 »Von allen Ehrungen… gerecht zu werden.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 4:32, 6:9, S. 152)
7:4–5 »O Afnán… Volkes zu zerstreuen.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:1–2)
7:9–12 »Jeder Einsichtige… Gottes heiligem Buch.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:3–6)
7:15–16 »O Volk der Gerechtigkeit… abhängen muß.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:7–8)
7:32–34 »O Volk Gottes… der Höchste.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:9–11)
8:35–38 »O du, der du deine Augen… Stufe ihrer würdig ist« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 192–195, S. 117–120)
8:41–42 »Ermahne die Menschen… ziehen wird.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 196–197, S. 120f)
8:54 »In dieser Offenbarung… umfaßt und beherrscht.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 46, S. 38)
8:59 »O Volk Gottes… Lebensquellen der Welt.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 42, S. 47)
9:5 »Laßt euer Auge keusch… euer Herz licht sein.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 39, S. 42f)
10:1–24 alle Worte der Weisheit, mit Ausnahme von 10:14 und 10:15 (Star of the West Bd. 14, Nr. 4, S. 99)
11:2 »Der Mensch… noch Höhen sehen.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 122:1)
11:5 »Sieh den Aufruhr… von ihnen getragen werden.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 112:1)
11:6 »An anderer Stelle… Weisheit gleichkäme.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 112:1)
11:6 »Selig der König… Menschen ergösse.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 112:1)
11:7 »In dem Wunsche… Tyrannei beschirmen werden.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 117:1)
11:9 »Der Tag naht… Tat umzusetzen.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 117:1)
11:12 »Der ist wirklich… sind seine Bürger.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 117:1)
11:14 »Das Erhabenste Wesen spricht… dessen sie bedarf.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
11:18 »Die an der Macht sind… Menschen haben.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
11:25 »So Gott will… Gesellschaft zerwühlen?« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
11:26 »Ach, die Winde… Stufe würdig ist.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
12:19 »Nun zu deiner Frage… Stimme hören.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 79:1)
14:1–2 »Er ist der Allmächtige… Tablet verzeichnet ist.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 131–132, S. 79f)
14:3–6 »O du, der du in die Irre gingst… aus Seinem großen Gefängnis.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 133–136, S. 80–83)
14:8 »Lies den Kitáb-i-Íqán… Horizont der Gewißheit.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 154, S. 92f)
14:10–12 »O du, der du in die Irre gingst… Verfall befangen blieb.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 155–157, S. 93f)
14:14 »O Meine Höchste Feder… dem Herrn der Welten!« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 158, S. 94–96)
15:9 »Es ist den Aghṣán… der Allmächtige.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:77, S. 196)
16:1 »Gepriesen sei Er… ein anderes Land jubelt.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:81, S. 198)
16:2 »Gesegnet, zweifach gesegnet… Seiner Schrift trägt.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:81, S. 198)
Quellenangaben
Q1 vgl. Joh. 16:12 – Anm. d. Hrsg.
Q2 vgl. Verborgene Worte arab. 2 – Anm. d. Hrsg.
Q3 Siehe 8:42 – Anm. d. Hrsg.
Q4 Qur’án 81:6 … 81:10.
Q5 Qur’án 6:91.
Q6 vgl. Qur’án 2:253; 14:27; 22:14; 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q7 Worte des Báb in Bezug auf »Den, den Gott offenbaren wird« – Anm. d. Hrsg.
Q8 Qur’án 34:13.
Q9 vgl. Qur’án 4:130.
Q10 Qur’án 59:9.
Q11 Siehe 3:3, 4:9 – Anm. d. Hrsg.
Q12 vgl. Qur’án 3:40, 14:27, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q13 vgl. Qur’án 21:23.
Q14 vgl. Qur’án 2:253, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q15 Qur’án 3:97.
Q16 Qur’án 83:6.
Q17 Qur’án 14:5.
Q18 Qur’án 22:56 – Anm. d. Hrsg.
Q19 Qur’án 20:107.
Q20 Qur’án 88:7 – Anm. d. Hrsg.
Q21 Qur’án 4:94.
Q22 Qur’án 2:94.
Q23 Qur’án 40:28.
Q24 Qur’án 104:1–2.
Q25 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:121 – Anm. d. Hrsg.
Q26 Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:81).
Q27 Qur’án 7:143.
Q28 Ps. 108:11.
Q29 Qur’án 14:5.
Anmerkungen
A1 vgl. Qur’án 24:42, u. a. – Anm. d. Hrsg.
A2 Gelegentlich auch Sendbrief an die Christen genannt.
A3 Jesus.
A4 Jesus.
A5 vgl. Gen. 22:1, 22:11, 31:11, 46:2, Ex. 3:4, 1 Kön. 3:4, Jes. 6:8, Báb, in: Eine Auswahl aus Seinen Schriften 7:34:3 – Anm. d. Hrsg.
A6 vgl. Matt 16:26 – Anm. d. Hrsg.
A7 vgl. Matt 24:29 – Anm. d. Hrsg.
A8 siehe auch: 17:9:10 – Anm. d. Hrsg.
A9 vgl. Kitáb-i-Aqdas 2:4.4.1.13, Synopsis and Codification D.1.m, p. 46 – Anm. d. Hrsg.
A10 Jesus.
A11 vgl. Brief an den Sohn des Wolfes 83, S. 55 ff – Anm. d. Hrsg.
A12 vgl. Kitáb-i-Aqdas 4:2:4.4.1.25.9, Synopsis and Codification D.1.y.IX, p. 47 – Anm. d. Hrsg.
A13 vgl. Qur’án 78:2; 38:67 – Anm. d. Hrsg.
A14 vgl. Kitáb-i-Aqdas 4:2:4.4.2.1, Synopsis and Codification D.2.a, p. 48 – Anm. d. Hrsg.
A15 vgl. auch Ährenlese 100:5; Verborgene Worte pers. 80–82 – Anm. d. Hrsg.
A16 Garten Na‘mayn in ‘Akká, von Bahá’u’lláh mit der Benennung Riḍván geehrt, nicht zu verwechseln mit dem Garten Riḍván in Baghdád (vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 338, S. 219) – Anm. d. Hrsg.
A17 Ṭihrán.
A18 vgl. Qur’án 81:18; 74:34 – Anm. d. Hrsg.
A19 vgl. Qur’án 39:69 – Anm. d. Hrsg.
A20 vgl. Qur’án 81:17; 74:33 – Anm. d. Hrsg.
A21 Mírzá Hádí Dawlat-Ábádí, ein Geistlicher aus Iṣfahán, wurde Anhänger des Báb und unterstützte später Mírzá Yaḥyá, der ihn zu seinem Vertreter im Írán und zu seinem Nachfolger ernannte. Als die Bábí verfolgt wurden, widerrief er seinen Glauben. (Siehe auch Kalimát-i-Firdawsíyyih 6:58 – Anm. d. Hrsg.).
A22 Die Insignien eines Mullá.
A23 des Hádí.
A24 auf Zypern.
A25 Mírzá Yaḥyá.
A26 Ustád ‘Alí-Akbar, einer der treuen Gläubigen in Yazd. Er entwarf den Mashriqu’l-Adhkár von ‘Ishqábád; ‘Abdu’l-Bahá hieß seinen Entwurf gut. Ustád ‘Alí-Akbar gab 1903 in Yazd sein Leben als Märtyrer hin.
A27 arabisch.
A28 Moses.
A29 Bayán-i-Fársí 1:1 – Anm. d. Hrsg.
A30 Ḥájí Mírzá Ḥaydar-‘Alí war ein hervorragender persischer Bahá’í-Lehrer und -Schriftsteller. Er verbrachte neun Jahre in Khárṭúm als Gefangener und Verbannter, machte ausgedehnte Reisen durch den Írán und starb 1920 im Heiligen Land. Abendländische Pilger kennen ihn als den Engel vom Berg Karmel. [Seine Autobiographie (Bihjatu’ṣ-Ṣudúr, Bombay 1913) wurde von A. Q. Faizi gekürzt in englischer Sprache herausgegeben unter dem Titel: Stories from the Delight of Hearts, Los Angeles 1980. Die deutsche Übersetzung trägt den Titel Die Freude der Herzen, Hofheim, 2015. – Anm. d. Hrsg.].
A31 Jesus.
A32 vgl. Mt. 7:19–23 – Anm. d. Hrsg.
A33 vgl. Mt. 11:25 – Anm. d. Hrsg.
A34 Ḥájí Mullá Hádí-yi-Sabzivárí, ein bekannter persischer Philosoph und Dichter, Zeitgenosse Bahá’u’lláhs. Er starb 1873.
A35 Mírzá Abu’l-Qásim-i-Faráhání Qá’im-Maqám, ein geachteter Dichter und Gelehrter in der Regierungszeit von Fatḥ-‘Alí Sháh, war ein Freund von Mírzá Buzurg, dem Vater Bahá’u’lláhs. Qá’im-Maqám wurde 1821 persischer Ministerpräsident; aber 1835 ließ ihn Muḥammad Sháh auf Betreiben von Ḥájí Mírzá Áqásí töten.
A36 1852/3 n. Chr – Anm. d. Hrsg.
A37 Muḥammad-Javád-i-Qazvíní, dem Bahá’u’lláh den Ehrennamen Ismu’lláhi’l-Júd (der Name Gottes, Großmut) beilegte, schrieb während Bahá’u’lláhs Amtszeit viele Sendschreiben von Ihm ab, brach aber später das Bündnis (siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 459).
A38 Azal, (Mírzá Yaḥyá, der ungetreue Halbbruder Bahá’u’lláhs.
A39 Ein Dorf bei Iṣfahán.
A40 vgl. Qur’án 2:253, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
A41 Mírzá Hádí Dawlat-Ábádí, ein Geistlicher aus Iṣfahán, wurde Anhänger des Báb und unterstützte später Mírzá Yaḥyá, der ihn zu seinem Vertreter im Írán und zu seinem Nachfolger ernannte. Als die Bábís verfolgt wurden, widerrief er seinen Glauben. [Siehe auch Ṭarázát 4:31 – Anm. d. Hrsg.].
A42 Mírzá Ashraf, der in der Stadt Iṣfahán den Märtyrertod starb. Siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 357.
A43 Die beiden Hände der Sache Gottes, Ḥájí Mullá ‘Alí-Akbar-i-Shahmírzádí und Ḥájí Abu’l-Ḥasan-i-Ardakání Amín-i-Iláhí (Treuhänder der Ḥuqúqu’lláh) wurden 1891 in Qazvín gefangengesetzt, später in das Gefängnis von Ṭihrán verlegt.
A44 Ṭihrán
A45 Prinz Maḥmúd Mírzá Jalálu’d-Dawlih, Gouverneur von Yazd.
A46 ›verflucht‹.
A47 Bahá’.
A48 Jamáli’d-Dín-i-Afghání. Vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 551.
A49 ›Die sichere Handhabe‹.
A50 der Buchstabe ›B‹, der zweite im Alphabet.
A51 Mathání = ›doppelt‹, die Eröffnungssure des Qur’án, die mit dem Buchstaben ›B‹ beginnt: Bismi’lláhu’r-Raḥmánu’r-Raḥím (Im Namen Gottes, des Erbarmers, des Gnädigen). Diese Súrah wurde zweimal, in Mekka und in Medina, offenbart.
A52 Mathání = ›doppelt‹, die Eröffnungssure des Qur’án, die mit dem Buchstaben ›B‹ beginnt: Bismi’lláhu’r-Raḥmánu’r-Raḥím (Im Namen Gottes, des Erbarmers, des Gnädigen). Diese Súrah wurde zweimal, in Mekka und in Medina, offenbart.
A53 Jesus.
A54 Moses.
A55 Ṭihrán.
A56 Mázindarán.
A57 Das Sendschreiben war gerichtet an Jalíl-i-Khu’í, einen der frühen Gläubigen in Ádhirbáyján. Nach dem Hinscheiden Bahá’u’lláhs brach er Dessen Bündnis.
A58 vgl. Qur’án 14:28.
A59 vgl. Qur’án 83:6 – Anm. d. Hrsg.
A60 vgl. Qur’án 99:4 – Anm. d. Hrsg.
A61 Mekka.
A62 Muḥammad.
A63 Mírzá Yaḥyá.
A64 Muḥammad.
A65 Moses.
A66 Jesus.
A67 Qur’án-Stellen, die auf die ›Stunde‹ verweisen, sind sehr häufig, etwa 30:12, 79:42; vgl. auch Mt. 24:36, 24:44, 24:50; Lk. 12:40; Joh. 5:25, 5:28; Offb. 3:3 – Anm. d. Hrsg.
A68 vgl. Qur’án 69:1–3 – Anm. d. Hrsg.
A69 Sáhirah, vgl. Qur’án 79:14 – Anm. d. Hrsg.
A70 vgl. Qur’án 99 (az-Zilzilah), 22:1 – Anm. d. Hrsg.
A71 vgl. Qur’án 101 (al-Qári‘ah), 79:34 – Anm. d. Hrsg.
A72 vgl. Qur’án 20:111 – Anm. d. Hrsg.
A73 vgl. Qur’án 69:7 – Anm. d. Hrsg.
A74 vgl. Qur’án 54:20, 69:7 – Anm. d. Hrsg.
A75 vgl. Qur’án 20:105, 77:10 – Anm. d. Hrsg.
A76 Adrianopel.
A77 vgl. Qur’án 6:73, 18:99, 20:102, 23:101, 27:87, 36:51, 39:68, 50:20, 69:13, 78:18 – Anm. d. Hrsg.
A78 vgl. Qur’án 27:66 – Anm. d. Hrsg.
A79 vgl. Qur’án 2:203, 3:12, 3:25, 3:158, 4:87, 4:172, 5:109, 6:12, 6:22, 10:28, 10:45, 15:25, 17:97, 18:99, 19:85, 20:102, 25:17, 34:40, 37:22, 42:7, 42:29, 45:26, 64:9, 77:38 – Anm. d. Hrsg.
A80 vgl. Qur’án 20:125 – Anm. d. Hrsg.
A81 Bahá’u’lláh hat den ganzen Abschnitt 8:35 mindestens dreimal offenbart, nämlich hier, dann im Brief an den Sohn des Wolfes 192 (S. 117–119), und – wie aus der nächsten Zeile hervorgeht – früher schon einmal – Anm. d. Hrsg.
A82 Qayyúmu’l-Asmá’, Kap. 57, Selections from the Writings of the Báb 2:27:3, (S. 58); vgl. auch Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 247 – Anm. d. Hrsg.
A83 Garten Na‘mayn in ‘Akká, von Bahá’u’lláh mit der Benennung Riḍván geehrt, nicht zu verwechseln mit dem Garten Riḍván in Baghdád (vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 338) – Anm. d. Hrsg.
A84 Arabisch.
A85 Persisch.
A86 Siehe auch: 17:7:3, 17:8:8 – Anm. d. Hrsg.
A87 Muḥammad [Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.].
A88 die Imáme.
A89 der Báb.
A90 Kitáb-i-Aqdas.
A91 vgl. Qur’án 39:68 – Anm. d. Hrsg.
A92 arab. ›Zier der Gott Nahen‹, einer der frühen Gläubigen, der den Freunden durch seine zuverlässigen Abschriften der Sendschreiben Bahá’u’lláhs vertraut ist (vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Vorbilder der Treue, Kap. 58: »Zaynu’l-Muqarrabín«).
A93 Solche Darlehnen werfen keine Zinsen ab und sie können zurückgezahlt warden, wann immer es dem Schuldner genehm ist.
A94 vgl. dazu Ex2. 22:24, Lev. 25:36–37, Dtn5. 23:20–21, Ps. 15:5, Hes. 18:8, 18:13, 18:17, 22:12, Qur’án 2:275–276, 2:278–279, 3:130, 30:39 – Anm. d. Hrsg.
A95 Nach dem Abjad-System hat der Name ›Muḥammad‹ denselben Zahlenwert wie ›Nabíl‹.
A96 In einem Sendschreiben erklärt Bahá’u’lláh: »Der Heilige Baum [Sadrat] ist in einem bestimmten Sinn die Manifestation des einen wahren Gottes, gepriesen sei Er. Der Gesegnete Baum im Lande Za‘farán bezieht sich auf das blühende, selige, heilige, duftende Land, wo dieser Baum gepflanzt worden ist.«.
A97 Awwalíyyah – Anm. d. Hrsg.
A98 siehe dazu die Erklärung ‘Abdu’l-Bahás in Má’idiy-i-Ásamání, Bd. 2 (Sammlung von Ishráq-Khávarí), p. 140–143, dt. in: Bahá’í-Briefe, 1962, S. 187–189 – Anm. d. Hrsg.
A99 Ḥarárah – Anm. d. Hrsg.
A100 Imtizáj – Anm. d. Hrsg.
A101 Fá‘il – Anm. d. Hrsg.
A102 Munfa’il – Anm. d. Hrsg.
A103 Ṭabí‘ah – Anm. d. Hrsg.
A104 Jawhar – Anm. d. Hrsg.
A105 ‘Anáṣir – Anm. d. Hrsg.
A106 Usṭuqussát – Anm. d. Hrsg.
A107 Amr – Anm. d. Hrsg.
A108 Kawn – Anm. d. Hrsg.
A109 vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Bahá’í-Briefe 1962, S. 187–189 – Anm. d. Hrsg.
A110 Imkán – Anm. d. Hrsg.
A111 siehe auch: 11:29, 13:13 – Anm. d. Hrsg.
A112 In vielen der folgenden Abschnitte über die griechischen Philosophen zitiert Bahá’u’lláh wörtlich die Werke von muslimischen Geschichtsschreibern wie Abu’l-Fatḥ-i-Shahristání (1076–1153 n. Chr.) und ‘Imádu’d-Dín Abu’l-Fidá (1273–1331 n.Chr.).
A113 al-Jasad al-Juwwání – Anm. d. Hrsg.
A114 In einem Seiner Sendschreiben erklärt Bahá’u’lláh: »Der erste, der sich der Philosophie widmete, war Idrís. Das war sein Name. Manche nennen ihn auch Hermes. In jeder Sprache hat er einen besonderen Namen. Er hat in jedem Zweig der Philosophie gründliche, überzeugende Feststellungen getroffen. Nach ihm leitete Balínús seine Erkenntnisse und Wissenschaften von den Tafeln des Hermes her; die meisten späteren Philosophen machten ihre philosophischen und wissenschaftlichen Entdeckungen in seinen Worten und Erklärungen…« Im Qur’án 19:56–57 steht: »Und gedenke des Idrís in dem Buche; denn er war ein Mann der Wahrheit, ein Prophet. Und wir hoben ihn zu einem Platz hoch droben empor.«.
A115 In vielen der folgenden Abschnitte über die griechischen Philosophen zitiert Bahá’u’lláh wörtlich die Werke von muslimischen Geschichtsschreibern wie Abu’l-Fatḥ-i-Shahristání (1076–1153 n. Chr.) und ‘Imádu’d-Dín Abu’l-Fidá (1273–1331 n.Chr.).
A116 Siyásí – Anm. d. Hrsg.
A117 Obgleich Nachforschungen inzwischen ergeben haben, daß diese Tafel schon vor dem Kitáb-i-Aqdas offenbart wurde, wird sie bis auf Weiteres in dieser Textsammlung veröffentlicht.
A118 Muḥammad.
A119 Mekka.
A120 Arabisch.
A121 Moses.
A122 Siehe auch: 9:20, 13:13 – Anm. d. Hrsg.
A123 Muḥammad-Ḥusayn, einer der frühen Gläubigen aus Shíráz, dem Bahá’u’lláh den Ehrennamen Vafá (Treue) gab.
A124 der Größte Name.
A125 Mullá Ḥusayn-i-Bushrú’í.
A126 al-A‘lá – Anm. d. Hrsg.
A127 al-Abhá – Anm. d. Hrsg.
A128 der Hersteller des Goldenen Kalbes; vgl. Qur’án 20:85–98.
A129 Siyyid Mihdíy-i-Dahají, an den dieses Sendschreiben gerichtet war, hatte von Bahá’u’lláh den Titel Ismu’lláhu’l-Mihdí (Der Name Gottes Mihdí) erhalten. Er brach später das Bündnis (siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 600). [Siehe auch: Tahezadeh, The Revelation of Bahá’u’lláh, Bd. II, p. 154, p. 329f, p. 349 – Anm. d. Hrsg.].
A130 Nabíl-i-Akbar. Vgl. 9:0, Lawḥ-i-Ḥikmat, einleitende Fußnote.
A131 vgl. Qur’án 5:32 – Anm. d. Hrsg.
A132 Mekka.
A133 Fáṭimah, die Tochter Muḥammads.
A134 Jesus.
A135 Jesus.
A136 Der Heilige Lotosbaum, the Baum über den hinaus niemand gehen kann (siehe Qur’án 53:8–18). Ein Symbol für den Offenbarer Gottes. (Siehe Gott geht vorüber 132).
A137 Moses.
A138 Jesus.
A139 Napoleon III.
A140 Muḥammad.
A141 Fáṭimah, die Tochter Muḥammads.
A142 Adrianopel.
A143 Der Imám-Jum‘ih von Iṣfahán, vgl. 14:0, Lawḥ-i-Burhán, einleitende Fußnote.
A144 Fáṭimah.
A145 Der König der Märtyrer und der Geliebte der Märtyrer.
A146 vgl. Qur’án 3:59 – Anm. d. Hrsg.
A147 Jesus.
A148 Ismael.
A149 ‘Abdu’l-Bahá.
A150 Muḥammad-‘Alí.
A151 ‘Abdu’l-Bahá.
A152 Beirut. Dieses Tablet ist »ein von Bahá’u’lláh diktiertes und durch Seinen Schreiber Mírzá Áqá Ján mit Anschrift versehenes Schreiben an ‘Abdu’l-Bahá, der zu der Zeit auf Besuch in Beirut weilte«Q26
A153 des Báb.
A154 vgl. Qur’án 1:6, 2:113, 3:101, 6:161, 22:54, 81:28, u. a. – Anm. d. Hrsg.
A155 vgl. Qur’án 11:28, 11:63, 32:2, 56:80, u. a. – Anm. d. Hrsg.
A156 Siehe auch: 8:46, 17:8:8 – Anm. d. Hrsg.
A157 Muḥammad-Javád-i-Qazvíní, dem Bahá’u’lláh den Ehrennamen Ismu’lláhi’l-Júd (der Name Gottes, Großmut) beilegte, schrieb während Bahá’u’lláhs Amtszeit viele Sendschreiben von Ihm ab, brach aber später das Bündnis (siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 459).
A158 Siehe auch: 8:53, 11:15 – Anm. d. Hrsg.
A159 Siehe auch: 8:46, 17:7:3 – Anm. d. Hrsg.
A160 Mose.
A161 Ḥájí Mírzá Ḥaydar-‘Alí war ein hervorragender persischer Bahá’í-Lehrer und -Schriftsteller. Er verbrachte neun Jahre in Khárṭúm als Gefangener und Verbannter, machte ausgedehnte Reisen durch den Írán und starb 1920 im Heiligen Land. Abendländische Pilger kennen ihn als den Engel vom Berg Karmel. [Seine Autobiographie (Bihjatu’ṣ-Ṣudúr, Bombay 1913) wurde von A. Q. Faizi gekürzt in englischer Sprache herausgegeben unter dem Titel: Stories from the Delight of Hearts, Los Angeles 1980. Die deutsche Übersetzung trägt den Titel Die Freude der Herzen, Hofheim, 2015. – Anm. d. Hrsg.].
A162 Siehe auch: 2:21 – Anm. d. Hrsg.
Botschaften aus ‘Akká
Bahá’u’lláh
Lawḥ-i-Karmil (Das Tablet vom Karmel)
Alle Herrlichkeit sei auf diesem Tage, dem Tag, da die Düfte der Barmherzigkeit über alles Erschaffene wehten, einem Tag, so reich gesegnet, daß vergangene Zeitalter und Jahrhunderte niemals hoffen können, ihm gleichzukommen, einem Tag, da der Altehrwürdige der Tage das Antlitz Seinem heiligen Throne zugewandt hat. Daraufhin waren die Stimmen alles Erschaffenen und darüber hinaus die Stimmen der himmlischen Heerscharen zu hören mit lautem Ruf: »Eile, o Karmel, denn siehe, das Licht des Angesichts Gottes, des Herrschers im Reiche der Namen und Schöpfers der Himmel, ist auf dich gerichtet.«
Außer sich vor Freude, rief er mit lauter Stimme: »Möge mein Leben ein Opfer für Dich sein, da Du Deinen Blick auf mich geworfen, Deine Großmut über mich ergossen und Deine Schritte zu mir gelenkt hast. Die Trennung von Dir, o Du Quell ewigen Lebens, hat mich fast verzehrt, und das Fernsein von Deiner Gegenwart hat meine Seele verbrannt. Aller Lobpreis sei Dir, daß Du mich fähig machtest, Deinem Ruf zu lauschen, daß Du mich durch Deinen Schritt beehrt und meine Seele erquickt hast durch den belebenden Duft Deines Tages und die erregende Stimme Deiner Feder, eine Stimme, die Du als Deinen Posaunenruf unter Deinem Volke verordnet hast. Und als die Stunde schlug, zu der Dein unwiderstehlicher Glaube offenbart werden sollte, bliesest Du einen Hauch von Deinem Geist in Deine Feder, und siehe, die gesamte Schöpfung erbebte in ihren Grundfesten und enthüllte dem Menschengeschlecht Geheimnisse, wie sie in den Schatzkammern Dessen verborgen liegen, der der Besitzer alles Erschaffenen ist.«
Kaum hatte seine Stimme jenen erhabensten Ort erreicht, da antworteten Wir: »Danke deinem Herrn, o Karmel! Das Feuer deiner Trennung von Mir hatte dich fast verzehrt, als das Meer Meiner Gegenwart vor deinem Angesicht wogte, deine und der ganzen Schöpfung Augen erfreute und alles Sichtbare und Unsichtbare mit Entzücken erfüllte. Frohlocke, denn Gott hat an diesem Tage Seinen Thron auf dir errichtet, hat dich zum Aufgangsort Seiner Zeichen und zum Tagesanbruch der Beweise Seiner Offenbarung gemacht. Wohl dem, der dich umschreitet, der die Offenbarung deiner Herrlichkeit verkündet und berichtet, was die Großmut des Herrn, deines Gottes, über dich ergossen hat. Ergreife den Kelch der Unsterblichkeit im Namen deines Herrn, der Allherrliche, und bringe Ihm Dank dar, weil Er als Zeichen Seines Erbarmens für dich dein Leid in Freude, deinen Kummer in selige Wonne verwandelt hat. Wahrlich, Er liebt die Stätte, die zum Sitze Seines Thrones wurde, die Seine Füße betraten, die Seine Gegenwart beehrte, von der aus Er Seinen Ruf erhob und über die Er Seine Tränen vergoß.
Rufe aus gen Zion, o Karmel, und künde die frohe Botschaft: Er, der den sterblichen Augen verborgen war, ist gekommen! Seine allbezwingende Herrschaft ist offenbar, Seine allumfassende Herrlichkeit ist enthüllt worden. Hüte dich, daß du nicht zögerst oder schwankst. Eile und umschreite die Stadt Gottes, die vom Himmel herabgekommen ist, die himmlische Ka‘bah, in Anbetung umkreist von den Begünstigten Gottes, den Reinen im Herzen und der Schar der erhabensten Engel. O wie sehne Ich Mich, jedem Ort des Erdkreises die frohe Botschaft dieser Offenbarung zu verkünden und sie in jede seiner Städte zu tragen, einer Offenbarung, zu der das Herz des Sinai hingezogen wurde und in deren Namen der Brennende Busch ruft: ›Gottes, des Herrn der Herren, sind die Reiche der Erde und des Himmels!‹A1 Wahrlich, dies ist der Tag, da Land und Meer frohlocken über diese Verkündigung, der Tag, für den aufbewahrt wurde, was Gott aus einer Großmut, die jenseits der Fassungskraft des sterblichen Verstandes oder Herzens liegt, zu offenbaren bestimmte. Bald wird Gott Seine Arche auf dich zusteuern und das Volk Bahás offenbaren, das im Buche der Namen erwähnt ist.«
Geheiligt sei der Herr der ganzen Menschheit! Alle Atome der Erde wurden bei der Erwähnung Seines Namens in Schwingung versetzt, und die Zunge der Größe wurde bewegt, das zu eröffnen, was in Seinem Wissen verhüllt und in der Schatzkammer Seiner Macht verborgen lag. Er, wahrlich, ist kraft Seines Namens der Mächtige, der Allgewaltige, der Höchste, Herrscher über alles, was in den Himmeln und auf Erden ist.
Lawḥ-i-Aqdas (Die heiligste Tafel)A2
Dies ist das heiligste Sendschreiben, das aus dem heiligen Reiche an den herniedergesandt ist, der sein Angesicht dem Ziel der Anbetung aller Welt zuwandte – Ihm, der vom Himmel der Ewigkeit kam, belehnt mit überragender Herrlichkeit.
Im Namen des Herrn, des Herrn großer Herrlichkeit.
Dies ist ein Brief aus Unserer Gegenwart für den, welchen die Schleier der Namen nicht Gott, dem Schöpfer von Himmel und Erde, entfremden konnten, auf daß seine Augen erfreut werden in den Tagen seines Herrn, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
Sprich: O ihr, die ihr dem SohneA3 folgt! Ist es wegen Meines Namens, daß ihr euch gegen Mich sperrt? Warum sinnt ihr nicht nach in eurem Herzen? Tag und Nacht habt ihr euren Herrn, den Allmächtigen, angerufen, doch als Er vom Himmel der Ewigkeit in Seiner großen Herrlichkeit herniederkam, da habt ihr euch von Ihm abgekehrt und bleibt in Achtlosigkeit versunken.
Betrachte die, welche den GeistA4 verwarfen, als Er mit offenbarer Herrschaft zu ihnen kam. Wie zahlreich waren die Pharisäer, die sich in Seinem Namen in die Synagogen einschlossen und über ihre Trennung von Ihm klagten; als aber die Tore der Wiedervereinigung aufgestoßen wurden, als strahlend das Licht Gottes am Morgen der Schönheit aufzog, da leugneten sie Gott, den Erhabenen, den Mächtigen. Sie säumten, in Seine Gegenwart zu treten, obwohl ihnen Sein Kommen im Buche Jesajas wie auch in den Büchern der Propheten und Gottesboten verheißen war. Keiner von ihnen wandte das Angesicht dem Morgen göttlicher Großmut zu, die ausgenommen, welche aller Macht unter den Menschen ermangelten. Und doch brüstet sich heutzutage jeder, der mit Macht belehnt und mit Herrschaft bekleidet ist, Seines Namens. Rufe dir auch den ins Gedächtnis, der Jesus zum Tode verurteilte. Er war der Gelehrteste in Seinem Land zu Seiner Zeit, während der, welcher nur ein Fischer war, an Ihn glaubte. Nimm dich wohl in acht und gehöre zu denen, die die Warnung befolgen.
Bedenke desgleichen, wie viele Mönche sich heute in ihre Kirchen einschließen und den Geist anrufen; aber als Er durch die Macht der Wahrheit erschien, säumten sie, Ihm zu nahen, und so werden sie zu denen gezählt, die irregehen. Glücklich, wer sie aufgibt und sein Angesicht auf Ihn, die Sehnsucht aller in den Himmeln und auf Erden, richtet!
Sie lesen das Evangelium, und dennoch weigern sie sich, den allherrlichen Herrn anzuerkennen, obwohl Er durch die Gewalt Seiner erhabenen, Seiner machtvollen und gnädigen Herrschaft erschienen ist. Wahrlich, Wir sind um euretwillen gekommen, und zu eurem Heil tragen Wir die Trübsal der Welt. Flieht ihr Den, der Sein Leben hingibt, auf daß ihr belebt werdet? Fürchtet Gott, o ihr Anhänger des Geistes, und wandelt nicht in den Fußstapfen eines jeden Geistlichen, der weit in die Irre geht. Wähnt ihr, Er suche Seinen eigenen Nutzen, wo Er doch allezeit von Feindes Schwert bedroht ist? Glaubt ihr, Er trachte nach dem Schein dieser Welt, wo Er doch in der trostlosesten aller Städte gefangen sitzt? Seid gerecht in eurem Urteil, und folgt nicht den Spuren der Falschen.
Öffnet die Tür eures Herzens! Er, der Geist, steht wahrlich davor. Warum haltet ihr euch fern von Dem, der euch zu einer strahlenden Stätte führen will? Sprich: Wir haben in Wahrheit die Tore des Königreichs vor euch aufgetan. Wollt ihr vor Meinem Antlitz euer Haus versperren? Das ist fürwahr nur ein schwerer Irrtum. Wahrlich, Er ist vom Himmel gekommen, wie Er das erste Mal von dort herniedergekommen ist. Hütet euch, daß ihr nicht bestreitet, was Er verkündet, so, wie die Menschen vor euch Seine Worte bestritten. So unterweist euch Er, der Wahre, könntet ihr es doch erkennen!
Der Jordanfluß ist dem Größten Meere verbunden, und der Sohn ruft laut im heiligen Tal: »Hier bin ich, hier bin ich, o Herr, mein Gott!«A5, während Sinai das Haus umkreist und der Brennende Busch verkündet: »Er, der Ersehnte, ist in Seiner überragenden Majestät gekommen.« Sprich: Sehet! Der Vater ist gekommen, und was euch im Königreich verheißen ward, das ist erfüllt! Dies ist das Wort, das der Sohn verbarg, als Er zu denen, die mit Ihm waren, sagte: »Ihr könnt es noch nicht tragen.«Q1 Und als die Zeit erfüllt war und die Stunde geschlagen hatte, da erstrahlte das Wort über dem Horizont des Willens Gottes. Hütet euch, o Anhänger des Sohnes, dieses Wort achtlos beiseite zu werfen! Haltet euch fest daran! Das ist besser für euch als alles, was ihr besitzet. Wahrlich, Er ist denen nahe, die Gutes tun. Die Stunde, die Wir vor den Völkern der Erde und den begünstigten Engeln geheimgehalten, ist nun da. Sprich: Wahrlich, Er hat für Mich gezeugt, und Ich zeuge für Ihn. Wahrlich, Er hat keinen anderen gemeint als Mich. Dies bezeugt jede ehrliche, verständnisvolle Seele.
Von tausend Heimsuchungen bedrängt, laden Wir dennoch das Volk vor Gott, den Herrn der Namen. Sprich: Strebet das zu erlangen, was euch in den Büchern Gottes verheißen ist, und wandelt nicht die Wege der Unwissenden! Mein Leib erduldet Gefangenschaft, damit ihr aus den Banden des Ichs erlöst werdet. Richtet euer Angesicht auf das Seinige und folgt nicht den Spuren jedes feindseligen Bedrückers! Wahrlich, Er hat sich in tiefste Erniedrigung gefügt, damit ihr zur Herrlichkeit gelangt, und doch ergötzet ihr euch im Tal der Achtlosigkeit. Um euretwillen haust Er in der trostlosesten Behausung, während ihr in Palästen wohnt.
Sprich: Hörtet ihr es nicht, wie der Rufer in der Wüste des Bayán laut rief, um euch die frohe Botschaft vom Kommen eures Herrn, des Allbarmherzigen, zu bringen? Sehet! Er ist gekommen unter dem schützenden Schatten des Zeugnisses, bekleidet mit schlüssigen Beweisen und klaren Zeichen. Die an Ihn glauben, sehen in Seiner Gegenwart die Verkörperung des Gottesreiches. Selig der Mensch, der sich Ihm zukehrt, und wehe denen, die Ihn leugnen und an Ihm zweifeln!
Künde den Priestern: Sehet! Er, der Herrscher, ist da. Tritt hinter dem Schleier hervor im Namen deines Herrn, der allen Menschen den Nacken beugt. Künde sodann der ganzen Menschheit die frohen Botschaften dieser machtvollen, dieser ruhmreichen Offenbarung. Wahrlich, Er, der Geist der Wahrheit, ist gekommen, euch in alle Wahrheit zu leiten. Er spricht nicht, wie es Ihm Sein eigenes Ich eingibt, sondern wie es Ihm der Allwissende, der Allweise, gebietet.
Sprich: Dies ist Der, welcher den Sohn verherrlicht und Seine Sache erhöht. Werfet von euch, o Völker der Erde, was ihr besitzet, und haltet euch fest an das, was euch geboten ward von dem Allmachtvollen, der Träger der Wahrheit Gottes ist. Reinigt eure Ohren und richtet eure Herzen auf Ihn, damit ihr den wundersamen Ruf höret, der vom Sinai, der Wohnstatt eures Herrn, des Herrlichsten, erhoben wird. Das wird euch wahrlich der Stätte nahebringen, wo ihr den Glanz vom Lichte Seines Antlitzes über diesem leuchtenden Horizont strahlen seht.
O Schar der Priester! Laßt die Glocken und kommt heraus aus euren Kirchen. An diesem Tag ziemt es euch, den Größten Namen laut unter den Völkern zu verkünden. Wollt ihr stumm bleiben, wenn jeder Stein, jeder Baum laut aufjauchzt: »Der Herr ist in Seiner großen Herrlichkeit gekommen!«A6? Gut steht es um den, der Ihm entgegeneilt. Er wird wahrlich zu denen gezählt, deren Namen auf ewig verzeichnet sind und von den himmlischen Heerscharen erwähnt werden. So ist es vom Geiste verordnet in diesem wundersamen Sendschreiben. Wer die Menschen in Meinem Namen versammelt, ist wahrlich von Mir und wird dartun, was die Macht aller Menschen auf Erden übersteigt. Wandelt auf dem Pfade des Herrn und folgt nicht den Fußstapfen derer, die in Achtlosigkeit versunken sind. Gut steht es um den Schläfer, den der Odem Gottes anrührt und von den Toten erstehen läßt, damit er seine Schritte auf den Pfad des Herrn lenkt. Wahrlich, ein solcher Mensch gilt in den Augen Gottes, des Wahren, als ein Juwel unter den Menschen und zählt zu den Seligen.
Sprich: Im Osten ist das Licht Seiner Offenbarung angebrochen, im Westen erscheinen die Zeichen Seiner Herrschaft. Sinnt darüber nach in euren Herzen, o Menschen, und gehöret nicht zu denen, die schmählich irrten, als Mein Gedenken zu ihnen kam auf Geheiß des Allmächtigen, des Allgepriesenen. Laßt den Odem Gottes euch erwecken. Wahrlich, er weht über die Welt. Wohl dem, der seinen Duft entdeckt und zu den Glaubensgewissen gezählt wird!
O Schar der Bischöfe! Ihr seid die Sterne am Himmel Meiner Erkenntnis. Meine Barmherzigkeit wünscht nicht, daß ihr auf die Erde fallt. Meine Gerechtigkeit aber erklärt: »Dies ist, was der Sohn bestimmt hat.«A7 Und was immer aus Seinem makellosen, die Wahrheit sprechenden, glaubwürdigen Munde kam, kann nie geändert werden. Wahrlich, die Glocken läuten Meinen Namen und klagen über Mich, aber Mein Geist jubelt in offenkundiger Freude. Der Leib des Geliebten sehnt sich nach dem Kreuz, Sein Haupt begehrt den Speer auf dem Pfade des Allbarmherzigen. Des Unterdrückers Gewalt kann Ihn keineswegs von Seinem Ziel abhalten. Wir haben alles Erschaffene in die Gegenwart deines Herrn, des Herrn aller Namen, berufen. Selig der Mensch, der sein Angesicht auf Gott richtet, den Herrn am Tage der Abrechnung!
O Schar der Mönche! Wenn ihr Mir folgen möget, werde Ich euch zu Erben Meines Königreiches machen; und wenn ihr gegen Mich fehlt, werde Ich es in Meiner Langmut geduldig tragen. Ich bin wahrlich der Ewigvergebende, der Allbarmherzige.
O Land Syrien! Was ist aus deiner Rechtschaffenheit geworden? Du bist in Wahrheit von den Spuren deines Herrn geadelt. Spürst du den Hauch himmlischer Wiedervereinigung, oder muß man dich zu den Achtlosen zählen?
Bethlehem ist bewegt vom Odem Gottes. Wir hören seine Stimme sprechen: »O Du großmütigster Herr! Wo ist Deine große Herrlichkeit aufgerichtet? Die süßen Düfte Deiner Gegenwart erquicken mich, nachdem ich in meiner Trennung von Dir verschmachtet war. Gepriesen seiest Du, daß Du die Schleier gelüftet hast und mit Macht in offenbarer Herrlichkeit gekommen bist.« Wir riefen ihm zu aus dem Heiligtum der Majestät und Größe: »O Bethlehem! Dieses Licht ist im Osten aufgegangen und gen Westen gezogen, bis es dich am Abend seines Lebens erreicht hat. Sage Mir denn: Erkennen die Söhne den Vater? Anerkennen sie Ihn oder leugnen sie Ihn, wie Ihn70 ehedem das Volk leugnete?« Da schrie Bethlehem auf und sprach: »Du bist in Wahrheit der Allwissende, der Bestunterrichtete.« Wahrlich, Wir sehen alles Erschaffene bewegt, Zeugnis für Uns abzulegen. Manche erkennen Uns und legen Zeugnis ab, die meisten aber legen Zeugnis ab und kennen Uns nicht.
Der Berg Sinai ist bewegt vor Freude, Unser Antlitz zu schauen. Laut hebt er seine zauberhafte Stimme im Lobpreis seines Herrn und spricht: »O Herr! Ich spüre den Duft Deines Gewandes. Mich dünkt, Du bist nahe, bekleidet mit den Zeichen Gottes. Du hast diese Gefilde mit Deinen Fußstapfen geadelt. Groß ist der Segen Deines Volkes, könnten sie Dich nur erkennen und Deinen Wohlgeruch atmen; und wehe denen, die fest schlafen.«
Glücklich bist du, der du dein Angesicht Meinem Antlitz zuwendest, da du die Schleier zerrissen, die Götzen zertrümmert und deinen ewigen Herrn erkannt hast. Das Volk des Qur’án hat sich gegen Uns erhoben, ohne klares Zeichen oder Beweis, und quält Uns jeden Augenblick mit einer neuen Qual. Sie wähnen, Leiden könnten Unseren Vorsatz vereiteln. Trug ist fürwahr, was sie sich einbilden. Wahrlich, dein Herr ist es, der bestimmt, was Ihm gefällt.
Nie ging Ich an einem Baum vorbei, ohne daß Mein Herz ihn anredete und sprach: »O würdest du doch in Meinem Namen gefällt und Mein Leib an dir gekreuzigt!« Wir offenbarten diesen Satz im Brief an den Sháh, damit er den Anhängern der Religionen zur Mahnung diene. Wahrlich, dein Herr ist der Allwissende, der Allweise.
Laß dich nicht von dem betrüben, was sie begangen haben. Sie sind wahrlich wie tot und leben nicht. Überlasse sie den Toten, dann richte dein Angesicht auf Ihn, den Lebenspender der Welt. Hüte dich, daß dich das Geschwätz der Achtlosen nicht traurigA8 macht. Sei du standhaft in der Sache Gottes und lehre das Volk mit vollendeter Weisheit. So rät es dir der Herrscher von Erde und Himmel. Er ist in Wahrheit der Allmächtige, der Großmütigste. Binnen kurzem wird Gott dein Gedenken in den Himmel heben und wird mit der Feder der Herrlichkeit aufzeichnen, was du um Seiner Liebe willen geäußert hast. Er ist in Wahrheit der Beschützer, der Wohltäter.
Grüße ihn, der Murád heißt, von Mir und sprich: »Selig bist du, o Murád, weil du die Eingebungen deiner eigenen Wünsche von dir geworfen hast und Dem gefolgt bist, der die Sehnsucht der ganzen Menschheit ist.«
Sprich:
Selig ist der Träumer, den Mein Odem erweckt.
Selig der Leblose, den Mein belebender Hauch erquickt.
Selig das Auge, das der Blick auf Meine Schönheit tröstet.
Selig der Wanderer, der seine Schritte zum Heiligtum Meiner Herrlichkeit und Majestät lenkt.
Selig der Elende, der Zuflucht sucht im Schatten Meines Baldachins.
Selig der Dürstende, der zu den stillen Strömen Meiner Gnade eilt.
Selig die unersättliche Seele, die ihre selbstischen Lüste aus Liebe zu Mir verwirft und ihren Platz an der Festtafel einnimmt, die Ich vom Himmel göttlicher Großmut für Meine Erwählten herniedergesandt habe.
Selig der Erniedrigte, der sich fest an das Seil Meiner Herrlichkeit hält, und der Bedürftige, der in den heiligen Schatten Meines Reichtums tritt.
Selig der Unwissende, der den Springquell Meines Wissens sucht, und der Achtlose, der sich an das Tau des Meingedenkens klammert.
Selig die Seele, die Mein erquickender Odem zum Leben erweckt und die Einlaß in Mein himmlisches Reich erlangt.
Selig der Mensch, den der Duft der Wiedervereinigung mit Mir bewegt und treibt, dem Morgen Meiner Offenbarung nahezukommen.
Selig das Ohr, das hört, und die Zunge, die zeugt, und das Auge, das sieht und den Herrn erkennt in Seiner großen Herrlichkeit und Majestät, bekleidet mit Pracht und Herrschaft.
Selig, wer in Seine Gegenwart gelangt.
Selig, wer Erleuchtung von der Sonne Meines Wortes sucht.
Selig, wer sein Haupt mit dem Perlenband Meiner Liebe krönt.
Selig, wer Meinen Schmerz vernimmt und sich aufmacht, Mir beizustehen unter Meinem Volke.
Selig, wer sein Leben hingibt auf Meinem Pfad und mannigfache Mühsal Meines Namens wegen duldet.
Selig, wer, von Meinem Wort bestärkt, sich von den Toten erhebt, Mein Lob zu feiern.
Selig, wer sich von Meinen wundersamen Weisen entzücken läßt und mit Meiner starken Macht die Schleier zerreißt.
Selig, wer Meinem Bund die Treue hält und wen die Dinge der Welt nicht hindern, Meinen heiligen Hof zu erreichen.
Selig der Mensch, der sich löst von allem außer Mir, sich aufschwingt in die Höhen Meiner Liebe, der Einlaß findet in Mein Reich, Meine Gefilde der Herrlichkeit schaut, die Lebenswasser Meiner Gaben leert, sich am himmlischen Strom Meiner liebenden Vorsehung satt trinkt, mit Meiner Sache vertraut wird, begreift, was Ich in den Schatzkammern Meiner Worte verborgen habe, und, Meinen Ruhm und Preis kündend, vom Himmel göttlicher Erkenntnis strahlt.
Wahrlich, er ist von Mir.
Mit ihm seien Meine Barmherzigkeit, Meine Gnade, Meine Wohltat und Meine Herrlichkeit.
Bishárát (Die frohen Botschaften)
Dies ist der Ruf des Allherrlichen, verkündet vom Höchsten Horizont im Kerker von ‘Akká.
Er ist der Erklärer, der Allwissende, der Allkundige.
Gott, der Wahre, bestätigt und die Offenbarer Seiner Namen und Eigenschaften bezeugen, daß es, wenn Wir den Ruf erheben und Sein hehres Wort verkünden, Unser einziges Ziel ist, mit den Lebenswassern göttlicher Äußerung das Ohr der ganzen Schöpfung von Lügengeschichten zu reinigen und es auf das heilige, das ruhmreiche und erhabene Wort einzustimmen, das der Gestalter der Himmel und Schöpfer der Namen aus der Schatzkammer der Erkenntnis hervorgehen ließ. Glücklich ist, wer gerecht urteilt.
O Volk der Erde!
Die erste frohe Botschaft,
die das Mutterbuch in dieser Größten Offenbarung allen Völkern der Welt überbringt, ist, daß das Gesetz des heiligen Krieges aus dem Buche getilgt ist. Verherrlicht sei der Allbarmherzige, der Herr überströmender Gnade, durch den das Tor himmlischer Gaben vor dem Angesicht aller im Himmel und auf Erden weit aufgetan ist.
Die zweite frohe Botschaft
Es ist gestattet, daß die Völker und Geschlechter der Welt sich in strahlender Freude miteinander verbinden. O Volk! Verkehre mit den Anhängern aller Religionen im Geist des Wohlwollens und der Verbundenheit. So erstrahlt die Sonne Seiner heiligenden Amtsgewalt vom Horizont des Ratschlusses Gottes, des Herrn der Welten.
Die dritte frohe Botschaft
betrifft das Erlernen verschiedener Sprachen. Dieses Gebot ist schon früher der Feder des Höchsten entströmt: Es obliegt den Herrschern der Welt – möge Gott ihnen beistehen – oder den Ministern der Erde, miteinander zu beraten und eine der bestehenden Sprachen oder eine neue Sprache auszuwählen, die den Kindern in allen Schulen der Welt gelehrt werden soll, und ebenso eine Schrift. So wird die ganze Erde schließlich als ein einziges Land betrachtet werden. Gut steht es um den, der auf Seinen Ruf hört und befolgt, was Gott, der Herr des mächtigen Thrones, ihm gebietet.
Die vierte frohe Botschaft
Wenn einer der Könige – möge Gott ihnen beistehen – sich aufmacht, dieses unterdrückte Volk zu beschützen und zu unterstützen, so müssen alle miteinander darin wetteifern, ihn zu lieben und ihm zu dienen. Dies ist eines jeden Pflicht. Wohl denen, welche danach handeln.
Die fünfte frohe Botschaft
Die Angehörigen dieses Volkes müssen sich, wo immer sie wohnen, der Regierung des Landes als treu, ehrbar und wahrhaftig erweisen. Dies ist, was auf Geheiß des Gebieters, des Altehrwürdigen der Tage, offenbart worden ist.A9
Es ist Pflicht und Schuldigkeit aller Völker der Welt, diese bedeutsame Sache, die vom Himmel des Willens Gottes, des Urewigen, herniederkam, zu unterstützen, damit das Feuer der Feindseligkeit, das manchen Völkern in den Herzen lodert, mit den Lebenswassern göttlicher Weisheit sowie durch himmlische Ratschläge und Ermahnungen gelöscht werde und das Licht der Einheit und Eintracht aufleuchte, um seinen Strahlenglanz über die Welt zu ergießen.
Wir hegen die Hoffnung, daß die Träger der Macht Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – mit aufrichtigen Bemühungen auf der ganzen Welt Kriegswaffen in Werkzeuge des Aufbaus verwandeln und daß Kampf und Streit aus der Menschen Mitte vertrieben werden.
Die sechste frohe Botschaft
ist die Begründung des Geringeren Friedens, dessen Einzelheiten bereits früher von Unserer Erhabensten Feder offenbart wurden. Groß ist der Segen dessen, der den Geringeren Frieden verteidigt und beachtet, was Gott, der Allwissende, der Allweise, bestimmt hat.
Die siebente frohe Botschaft
Die Wahl der Kleidung sowie Schnitt und Form des Bartes bleiben den Menschen zur Entscheidung überlassen. Aber hütet euch, o Menschen, daß ihr euch nicht selbst zum Spielzeug der Unwissenden machet!
Die achte frohe Botschaft
Der frommen Taten der Mönche und Priester unter den Anhängern des GeistesA10 – Gottes Friede sei mit Ihm – wird in Seiner Gegenwart gedacht. An diesem Tage sollten sie jedoch ihr abgeschiedenes Leben aufgeben, ihre Schritte in die offene Welt lenken und sich mit dem befassen, was ihnen selbst und anderen nützt. Wir erlauben ihnen, in den Ehestand zu treten, auf daß sie einen hervorbringen, der Gott erwähnt, den Herrn des Sichtbaren wie des Unsichtbaren, den Herrn des Erhabenen Thrones.A11
Die neunte frohe Botschaft
Wenn sich der Sünder völlig gelöst und befreit von allem außer Gott weiß, sollte er Ihn um Vergebung und Verzeihung bitten. Sünden und Übertretungen vor menschlichen Wesen zu beichten, ist nicht erlaubt, da es noch nie zu Gottes Vergebung geführt hat oder je dazu führen wird. Im übrigen bewirkt solche Beichte vor den Leuten, daß ein Mensch gedemütigt und erniedrigt wird, und Gott – erhaben sei Seine Herrlichkeit – wünscht nicht die Demütigung Seiner Diener. Wahrlich, Er ist der Mitleidvolle, der Barmherzige. Allein mit Gott, sollte der Sünder um Erbarmen aus dem Meer des Erbarmens, um Vergebung aus dem Himmel der Großmut flehen und sprechen:A12
O Gott, mein Gott! Ich flehe zu Dir beim Blute derer, die Dich wahrhaft liebten, die so hingerissen waren von Deinen lieblichen Worten, daß sie zum Gipfel der Herrlichkeit, zur Stätte des ruhmreichsten Martyriums eilten, und bitte dich bei den Geheimnissen, die Dein Wissen verwahrt, und bei den Perlen, die das Meer Deiner Großmut birgt, vergib mir, meinem Vater und meiner Mutter! Von allen, die Barmherzigkeit bezeigen, bist Du in Wahrheit der Barmherzigste. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Ewig-Vergebenden, dem Allgütigen.
O Herr! Du siehst, wie sich diese Verkörperung der Sündhaftigkeit dem Meer Deiner Gunst zuwendet, wie dieser Schwache das Reich Deiner göttlichen Macht sucht, wie diese arme Kreatur sich nach der Sonne Deines Reichtums streckt. Bei Deiner Barmherzigkeit und Deiner Gnade, enttäusche ihn nicht, o Herr, schließe ihn nicht aus von den Offenbarungen Deiner Großmut in Deinen Tagen, noch weise ihn hinweg von Deiner Tür, die Du allen Bewohnern Deines Himmels und Deiner Erde weit geöffnet hast.
Ach, meine Sünden haben mich gehindert, dem Hofe Deiner Heiligkeit zu nahen, und meine Vergehen ließen mich fern dem Thronzelt Deiner Majestät schweifen. Ich habe begangen, was Du mir verboten hast, und habe von mir gewiesen, was Du mir zu beachten gebotest.
Ich bitte Dich bei Ihm, dem unumschränkten Herrn der Namen, schreibe nieder für mich mit der Feder Deiner Großmut, was mich befähigt, Dir nahezukommen, und was mich reinigt von meinen Vergehen, die zwischen mich und Deine Vergebung und Verzeihung getreten sind.
Wahrlich, Du bist der Kraftvolle, der Gütige. Kein Gott ist außer Dir, dem Mächtigen, dem Gnadenreichen.
Die zehnte frohe Botschaft
Zum Beweis der Gunst Gottes, des Offenbarers dieser Größten VerkündigungA13, haben Wir aus den heiligen Schriften und Sendschreiben das Gesetz, welches die Vernichtung von Büchern vorschreibt, getilgt.A14
Die elfte frohe Botschaft
Es ist erlaubt, Künste und Wissenschaften zu studieren, aber solche Wissenschaften, die von Nutzen sind und dem Volke Fortschritt und Entwicklung bringen. So bestimmt es Er, der Verordner, der Allweise.
Die zwölfte frohe Botschaft
Jedem von euch ist es zur Pflicht gemacht, sich in einem Beruf – einem Handwerk, Gewerbe und dergleichen – zu betätigen. Wir haben eure Tätigkeit bei solcher Arbeit gnädiglich zum Rang des Dienstes an Gott, dem Wahren, erhoben. Denkt in euren Herzen über die Gnade und den Segen Gottes nach und sagt Ihm Dank des Abends und des Morgens. Vergeudet eure Zeit nicht mit Faulheit und Müßiggang. Beschäftigt euch mit dem, was euch und anderen nützt. So ist es verordnet in diesem Sendschreiben, von dessen Horizont die Sonne der Weisheit und des Wortes widerstrahlt.
Die verächtlichsten Menschen in den Augen Gottes sind die, welche faul dasitzen und betteln. Haltet euch fest an das Seil der weltlichen Mittel, im vollen Vertrauen auf Gott, der euch mit allen Gütern versorgt. Wer sich in einem Handwerk oder Gewerbe betätigt, dessen Tätigkeit wird von Gott als Gottesdienst gewertet; und dies ist nur ein Zeichen Seiner unendlichen, alles durchdringenden Großmut.A15
Die dreizehnte frohe Botschaft
Die Mitglieder von Gottes Haus der Gerechtigkeit sind mit den Angelegenheiten des Volkes betraut. Sie sind wahrlich die Treuhänder Gottes unter Seinen Dienern, die Morgenröten der Amtsgewalt in Seinen Landen.
O Volk Gottes! Was die Welt erzieht, ist die Gerechtigkeit, denn sie wird von zwei Säulen getragen: Lohn und Strafe. Diese beiden Säulen sind die Lebensquellen der Welt. Insofern es für jeden Tag ein neues Problem und für jedes Problem eine zweckmäßige Lösung gibt, sind solche Angelegenheiten den Geschäftsträgern des Hauses der Gerechtigkeit vorzulegen, damit sie nach den Nöten und Erfordernissen der Zeit handeln. Die sich für Gott erheben, Seiner Sache zu dienen, sind Empfänger göttlicher Eingebung aus dem unsichtbaren Reich. Alle haben die Pflicht, ihnen zu gehorchen. Alle Staatsgeschäfte sind dem Haus der Gerechtigkeit vorzulegen; aber Gottesdienste müssen so gehalten werden, wie es Gott in Seinem Buch offenbart hat.
O Volk Bahás! Ihr seid die Dämmerorte der Liebe Gottes, die Morgenröten Seiner Gnade. Besudelt eure Zungen nicht mit Flüchen und Schmähreden auf irgendeine Seele und hütet eure Augen gegen Unschickliches. Tut dar, was ihr besitzet. Wird es günstig aufgenommen, ist euer Zweck erreicht; wo nicht, ist Widerspruch fruchtlos. Überlaßt diese Seele sich selbst und kehrt euch zum Herrn, dem Beschützer, dem Selbstbestehenden. Verursacht keinen Kummer, geschweige denn Zwietracht und Streit. Es ist zu hoffen, daß ihr im Schatten des Baumes Seines sanften Erbarmens wahre Erziehung erlangt und nach Gottes Wunsch handelt. Ihr seid alle die Blätter eines Baumes und die Tropfen eines Meeres.
Die vierzehnte frohe Botschaft
Es ist nicht nötig, besondere Reisen zu unternehmen, um die Gräber der Verstorbenen zu besuchen. Wenn vermögende Leute die Kosten solcher Reisen dem Haus der Gerechtigkeit spenden, wird dies in der Gegenwart Gottes wohlgefällig und annehmbar sein. Glücklich ist, wer Seine Vorschriften befolgt.
Die fünfzehnte frohe Botschaft
Obwohl die republikanische Regierungsform allen Völkern der Welt nützt, ist die Majestät des Königtums eines der Zeichen Gottes. Wir wünschen nicht, daß die Länder der Welt ihrer beraubt bleiben. Wenn die Weisen beide Formen miteinander verbinden, erwartet sie in der Gegenwart Gottes großer Lohn.
In früheren Religionen sind Gebote wie der heilige Krieg, die Vernichtung von Büchern, Verbote der Verbindung und des Umgangs mit anderen Völkern und des Lesens bestimmter Bücher nach den Erfordernissen der Zeit niedergelegt und bestätigt worden. In dieser mächtigen Offenbarung, dieser epochalen Verkündigung jedoch haben die mannigfachen Segnungen und Gunstbeweise Gottes alle Menschen überschattet, und vom Horizont des Willens des ewig gleichen Herrn hat Sein unfehlbarer Ratschluß verordnet, was Wir soeben dargelegt haben.
Wir preisen Gott – geheiligt und verherrlicht sei Er – für alles, was Er an diesem seligen, diesem ruhmreichen, unvergleichlichen Tag gnädiglich offenbart. Fürwahr, würden allen Erdenbewohnern Myriaden Zungen verliehen und würden sie fortgesetzt, Gott preisend, Seinen Namen verherrlichen, bis zu dem Ende, das kein Ende kennt, so würde sich ihr Dank für auch nur eine der Gnadengaben, die Wir in diesem Sendbrief aufführen, als unzulänglich erweisen. Dies bezeugt jeder, der mit Weisheit und Urteilskraft, Verständnis und Wissen ausgestattet ist.
Aufrichtig bitten Wir Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, Er möge den Regenten und Herrschern, den Trägern der Macht und Morgenröten des Ruhmes, beistehen, Seine Gesetze und Gebote zu vollziehen. Er ist wahrlich der Allvermögende, der Allmachtvolle; Er gibt Antwort auf den Ruf der Menschen.
Ṭarázát (Der Schmuck)
In Meinem Namen, der hoch über allen Namen steht.
Preis und Ruhm gebührt dem Herrn der Namen und Schöpfer der Himmel. Die Wellen des Meeres Seiner Offenbarung wogen vor den Augen der Völker der Welt. Die Sonne Seiner Sache strahlt durch jeden Schleier, und Sein Wort der Bejahung steht unerreichbar hoch über der Verneinung. Weder die Überlegenheit des Unterdrückers noch die Tyrannei der Gottlosen können Seinen Plan durchkreuzen. Wie herrlich ist Seine unumschränkte Macht, wie erhaben ist Seine Herrschaft!
Großer Gott! Seine Zeichen haben die Welt umfangen, Seine Beweise und Zeugnisse sind strahlend offenbar wie das Licht, und doch zeigen sich die Unwissenden achtlos, ja widerspenstig. Wären sie nur mit Widerspruch zufrieden! Aber allezeit sind sie darauf verschworen, diesen heiligen Lotosbaum zu fällen. Seit dem Anbruch dieser Sendung waren die Verkörperungen der Selbstsucht bemüht, mit grausamer Unterdrückung das Licht göttlicher Offenbarung zu löschen. Gott indes fiel ihnen in den Arm, offenbarte dieses Licht durch Seine unumschränkte Gewalt und schützte es mit Seiner Kraft und Macht, bis Erde und Himmel von seinem Strahlenglanz erleuchtet waren. Preis sei Ihm in jeder Lage!
Ruhm sei Dir, o Herr der Welt, Du Sehnsucht der Völker, der Du offenbar geworden bist im Größten Namen, wodurch das Meer Deines Wissens die Perlen der Weisheit und des Wortes aus ihren Muscheln treten ließ und die Sonne Deines Antlitzes bei ihrem Aufgang die Himmel göttlicher Offenbarung mit ihrem Lichte schmückte.
Ich bitte Dich, bei dem Wort, das Deinen Beweis unter Deinen Geschöpfen vollendete und Dein Zeugnis unter Deinen Dienern erfüllte, gib Deinem Volk die Kraft zu allem, was das Angesicht Deiner Sache in Deinem Herrschaftsgebiet strahlen läßt, was die Banner Deiner Macht unter Deinen Dienern hißt und die Fahnen Deiner Führung durch alle Deine Reiche trägt.
O mein Herr! Du siehst, wie sie sich an das Seil Deiner Gnade klammern, wie sie sich fest an den Saum des Gewandes Deiner Wohltätigkeit halten. Verordne für sie, was sie Dir näher bringt, und halte sie fern von allem außer Dir. Ich bitte Dich, Du König des Seins, Du Beschützer des Sichtbaren wie des Unsichtbaren, jeden, der sich erhebt, Deiner Sache zu dienen, zu einem Meere werden, das nach Deinem Wunsche wogt, und entflamme ihn mit dem Feuer Deines heiligen Baumes, das vom Horizont Deines Willens strahlt. Wahrlich, Du bist der Mächtige, den weder die Macht der ganzen Welt noch das Ungestüm der Völker schwächen können. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Beschützer, dem Selbstbestehenden.
O Du, der du den Wein Meiner Äußerung aus dem Kelch Meiner Erkenntnis getrunken hast! Heute waren im Rauschen des göttlichen Lotosbaumes, den der Herr der Namen mit der Hand himmlischer Macht im allerhöchsten Paradiese gepflanzt hat, folgende erhabene Worte zu hören:
Das erste Ṭaráz
und der erste Lichtstrahl, der am Horizont des Mutterbuches anbricht, ist, daß der Mensch sich selbst erkennen und unterscheiden soll, was zu Erhöhung und Erniedrigung, zu Ruhm und Schande, zu Reichtum und Armut führt. Wenn der Mensch die Stufe der Erfüllung und seine Reife erlangt hat, bedarf er des Wohlstands. Wohlstand, den er durch Handwerk und Beruf erwirbt, ist nach Ansicht der Weisen und vor allem in den Augen von Dienern, die sich ganz der Erziehung der Welt und der Belehrung ihrer Völker widmen, lobens- und empfehlenswert. Solche Diener sind wahrlich Mundschenken für die Lebenswasser der Erkenntnis, Führer auf dem Weg zur Vollendung. Sie leiten die Völker der Welt auf den geraden Pfad und unterweisen sie in allem, was Fortschritt und Erhöhung der Menschen fördert. Der gerade Pfad ist derjenige, welcher den Menschen zum Morgen der Wahrnehmung, zum Dämmerort wahren Verstehens führt und ihn zu dem bringt, was ihm zu Ruhm, Ehre und Größe gereicht.
Wir hoffen, daß durch die Gnade des Allweisen, des Allwissenden, trübender Staub beseitigt und die Wahrnehmungskräfte gestärkt werden, damit das Volk den Zweck erkenne, für den es ins Leben gerufen wurde. An diesem Tag ist alles erwägenswert, was die Blindheit mindert und die Sehkraft stärkt. Solche Sehkraft ist der Träger wahren Wissens und sein Führer. In der Tat beruht nach Ansicht der Weisen Urteilskraft auf scharfer Sehkraft. Das Volk Bahás muß in jeder Lage befolgen, was passend und ziemlich ist, und muß die Menschen dazu anhalten.
Das zweite Ṭaráz
ist, mit den Anhängern aller Religionen in Freude und Eintracht zu verkehren, das zu verkünden, was der Sprecher am Sinai dargelegt hat, und in allen Angelegenheiten Gerechtigkeit walten zu lassen.
Wer aufrichtig und getreu ist, sollte sich in strahlender Freude mit allen Völkern und Geschlechtern der Erde verbinden, da der Verkehr mit anderen Menschen Einheit und Eintracht schafft, was wiederum zur Aufrechterhaltung der Ordnung in der Welt und zur Neugeburt der Nationen führt. Selig ist, wer sich fest an das Seil der Freundlichkeit und des zarten Erbarmens hält, frei von Haß und Feindseligkeit.
Dieser Unterdrückte ermahnt die Völker der Welt, Duldsamkeit und Rechtschaffenheit zu üben; dies sind zwei Lichter im Dunkel der Welt, zwei Erzieher für die Bildung der Menschheit. Glücklich sind, die dazu gelangen, und wehe den Achtlosen!
Das dritte Ṭaráz
handelt vom guten Charakter. Ein guter Charakter ist wahrlich der beste Mantel Gottes für die Menschen. Gott schmückt damit Seine Geliebten. Bei Meinem Leben! Das Licht eines guten Charakters überstrahlt die Sonne und ihren Glanz. Wer ihn erlangt, gilt als Juwel unter den Menschen. Ruhm und Aufschwung der Welt hängen völlig davon ab. Ein guter Charakter ist das Mittel, die Menschen auf den Geraden Pfad zu leiten und zur Großen Verkündigung zu führen. Wohl dem, der mit den heiligen Merkmalen und dem Charakter der himmlischen Heerscharen geschmückt ist.
Es geziemt euch, den Blick in allen Lebenslagen auf Gerechtigkeit und Redlichkeit zu richten. In den Verborgenen Worten hat Unsere Erhabenste Feder feierlich diese Äußerung offenbart:
»O Sohn des Geistes! Von allem das Meistgeliebte ist Mir die Gerechtigkeit; wende dich nicht von ihr ab, wenn du nach Mir verlangst, und mißachte sie nicht, damit Ich dir vertrauen kann. Durch ihre Hilfe wirst du mit deinen eigenen Augen und nicht mit denen anderer sehen und durch die eigene Erkenntnis und nicht durch die deines Nächsten Wissen erlangen. Erwäge in deinem Herzen, wie du sein solltest. Wahrlich, Gerechtigkeit ist Meine Gabe an dich und das Zeichen Meiner Gnade. Halte sie dir immer vor Augen.« Q2
Wer gerecht und redlich in seinem Urteil ist, steht auf einer hohen Stufe und hält einen erhabenen Rang. Das Licht der Frömmigkeit und der Aufrichtigkeit leuchtet strahlend aus seiner Seele. Wir hoffen sehr, daß die Völker und Länder der Welt des Strahlenglanzes dieser beiden Leuchten nicht beraubt bleiben.
Das vierte Ṭaráz
betrifft die Vertrauenswürdigkeit. Wahrlich, sie ist die Pforte zur Sicherheit für alle Erdenbewohner und ein Zeichen der Herrlichkeit von seiten des Allbarmherzigen. Wer daran teilhat, besitzt in der Tat die Schätze des Wohlstandes und des Glücks. Vertrauenswürdigkeit ist das weite, breite Tor zur Ruhe und Sicherheit des Volkes. In Wahrheit ist ohne sie, heute wie eh und je, nichts von Bestand. Alle Bereiche der Macht, Größe und Wohlfahrt leuchten in ihrem Licht.
Vor kurzem hat die Feder des Höchsten diese erhabenen Worte offenbart:
»Wir wollen dir nun von der Vertrauenswürdigkeit und von der Stelle künden, die sie vor Gott, deinem Herrn, dem Herrn des Mächtigen Thrones, einnimmt. Eines Tages begaben Wir Uns auf Unsere grüne Insel.A16 Als Wir sie betraten, sahen Wir fließende Bäche und Bäume in voller Pracht, zwischen denen das Sonnenlicht spielte. Unser Gesicht nach rechts wendend, sahen Wir, was die Feder nicht zu beschreiben vermag; sie kann nicht kundtun, was das Auge des Herrn der Menschheit an diesem heiligsten, hehrsten, gesegnetsten, erhabensten Orte wahrnahm. Wir wandten Uns darauf zur Linken. Dort sahen Wir eine der Schönen des erhabensten Paradieses auf einer Säule reinen Lichtes stehen und mit lauter Stimme rufen: ›O ihr Bewohner der Erde und des Himmels! Schauet Meine Schönheit, Meine Strahlung, Meine Offenbarung, Meinen Glanz! Bei Gott, dem Wahren! Ich bin die Vertrauenswürdigkeit, ihre Offenbarung und ihre Schönheit. Ich will jeden belohnen, der sich an Mich hält, Meinen Rang und Meine Stufe erkennt und sich fest an Meinen Saum klammert. Ich bin der edelste Schmuck für das Volk Bahás, die Robe des Ruhmes für alle im Reiche der Schöpfung. Ich bin das erhabenste Werkzeug für die Wohlfahrt der Welt, der Horizont der Sicherheit für alle Wesen.‹ So haben Wir dir herniedergesandt, was die Menschen dem Herrn der Schöpfung nahebringen wird.« Q3
O Volk Bahás! Vertrauenswürdigkeit ist wahrlich das beste Gewand für eure Tempel und die ruhmreichste Krone für eure Häupter. Haltet euch fest an sie auf Befehl Dessen, der der Gebieter, der Allunterrichtete ist.
Das fünfte Ṭaráz
handelt davon, wie die Stufe der Diener Gottes geschützt und gewahrt wird. Man darf die Wahrheit einer Sache nicht unbeachtet lassen, sollte vielmehr zum Ausdruck bringen, was recht und wahr ist. Das Volk Bahás sollte keiner Seele den schuldigen Lohn versagen, sollte Fachleuten Ehre zollen und, anders als frühere Völker, die eigene Zunge nicht mit Schmähreden besudeln.
An diesem Tag strahlt die Sonne fachlichen Könnens über dem Horizont des Westens. Ein Strom technischer Fertigkeiten fließt aus dem Meer jener Weltgegend. Man muß gerecht reden und solche Segnungen schätzen. Beim Leben Gottes! Das Wort ›Gerechtigkeit‹ leuchtet und strahlt wie die Sonne. Wir bitten Gott, Er möge den Strahlenglanz dieses Wortes über jeden ergießen. Er ist wahrlich machtvoll über alle Dinge, und Er pflegt auf die Gebete aller Menschen zu antworten.
Heutzutage werden Wahrhaftigkeit und Aufrichtigkeit in den Klauen der Falschheit übel zugerichtet, und Gerechtigkeit wird von der Geißel der Ungerechtigkeit gepeinigt. Der Rauch der Verderbtheit hat die ganze Welt so umhüllt, daß man in allen Himmelsrichtungen nur noch Soldatenheere sehen kann und nichts anderes mehr hört als Schwertgeklirr. Wir flehen zu Gott, dem Wahren, Er möge die Träger Seiner Macht in dem stärken, was die Welt wieder gesunden läßt und den Völkern Ruhe bringt.
Das sechste Ṭaráz
Wissen ist eine der wundersamen Gaben Gottes. Es ist jedermanns Pflicht, Wissen zu erwerben. Die Künste und Hilfsmittel, die heute zur Hand sind, wurden kraft Seines Wissens und Seiner Weisheit erworben, offenbart in Briefen und Sendschreiben durch Seine Erhabenste Feder – eine Feder, aus deren Schatzkammer Perlen der Weisheit und des Wortes sowie die Künste und Fertigkeiten dieser Welt ans Licht treten.
An diesem Tag liegen die Geheimnisse der Erde offen vor den Augen der Menschen da. Die Seiten der rasch erscheinenden Zeitungen sind in der Tat Spiegel der Welt. Sie spiegeln die Taten und Bestrebungen der verschiedenen Völker und Geschlechter. Das alles spiegeln sie und machen es bekannt. Sie sind wie Spiegel mit Augen, Mund und Ohren, eine erstaunliche, machtvolle Erscheinung. Den Verfassern dieser Zeitungen obliegt es jedoch, sich von den Einflüsterungen übler Begierden und Leidenschaften zu reinigen und sich mit dem Gewand der Gerechtigkeit und der Unparteilichkeit anzutun. Sie sollten die Umstände möglichst gründlich untersuchen, die Tatsachen feststellen und sie dann schriftlich niederlegen.
Was die Zeitungen über diesen Unterdrückten berichten, entbehrt der Wahrheit fast völlig. Ehrliche Rede und Wahrhaftigkeit gelten ihres hohen Ranges wegen für eine Sonne am Himmelszelt des Wissens. Die Wogen dieses Meeres sind sichtbar vor den Augen der Völker dieser Welt, und was aus der Feder der Weisheit und Äußerung strömt, ist überall offenbar.
In der Presse wurde berichtet, dieser Diener sei aus dem Lande ṬáA17 geflohen und in den ‘Iráq gegangen. Gnädiger Gott! Keinen einzigen Augenblick lang hat sich dieser Unterdrückte je verborgen; vielmehr blieb Er allezeit standhaft und allen Augen sichtbar. Niemals sind Wir geflohen noch werden Wir je die Flucht ergreifen. In Wahrheit ist es das törichte Volk, das Unsere Gegenwart flieht. Wir verließen Unsere Heimat, geleitet von zwei Abteilungen berittener Wachmannschaften, welche die beiden ehrenwerten Regierungen von Persien und Rußland vertraten, bis wir voll des Ruhmes und der Kraft im ‘Iráq ankamen. Preis sei Gott! Die Sache, deren Träger dieser Unterdrückte ist, steht himmelhoch und strahlt sonnenklar. Verheimlichung hat keinen Zutritt zu dieser Stufe, für Furcht und Schweigen gibt es keine Gelegenheit.
Die Geheimnisse der Auferstehung und die Geschehnisse der letzten Stunde sind klar und offenbar; aber die Menschen, in Achtlosigkeit versunken, ließen sich in Schleier hüllen. »Und wenn die Meere brodeln… Und wenn die Schriftrollen ausgebreitet werden…«Q4 Bei der Gerechtigkeit Gottes! Der Morgen ist wahrlich angebrochen,A18 das Licht erstrahlt,A19 die Nacht ist gewichen. A20 Glücklich, wer es begreift. Glücklich, wer dahin gelangt!
Verherrlicht sei Gott! Die Feder fragt verwirrt, was sie schreiben soll, und die Zunge wundert sich über das, was sie zu äußern hat. Trotz beispielloser Mühsale stellen wir jetzt nach Jahren der Kerkerhaft, der Gefangenschaft, des Leides und der Prüfungen fest, daß noch dichtere Schleier als die, welche Wir bereits zerrissen haben, zwischen die Menschen und Uns getreten sind, den Blick versperren und das Licht des Verstehens verdunkeln. Auch bemerken Wir, daß die neuen Verleumdungen, die heutzutage umlaufen, weit boshafter sind als die der Vergangenheit.
O Volk des Bayán! Fürchtet den barmherzigen Herrn. Betrachtet die Menschen früherer Zeiten. Welche Taten haben sie vollbracht, welche Früchte geerntet? Was sie auch redeten, es war nur Schwindel, und was sie auch taten, erwies sich als wertlos, ausgenommen die, welche Gott durch Seine Macht gnädig schützte.
Ich schwöre beim Leben Dessen, der die Sehnsucht der Welt ist! Wollte ein Mensch nur in seinem Herzen nachsinnen, er würde, frei von aller Bindung an die Welt, hin zum Größten Lichte eilen und sich vom Staub eitlen Wahns, vom Rauch leeren Trugs läutern und reinigen. Was verleitete die Ewig-Gestrigen zum Irrtum, wer hat sie verführt? Noch immer verwerfen sie die Wahrheit und bleiben ihren selbstischen Begierden verhaftet. Laut ruft dieser Unterdrückte, nur Gott zuliebe. Wer will, der wende sich herzu, und wer es nicht wünscht, der kehre sich hinweg. Wahrlich, Gott kann aller Dinge leicht entbehren, seien sie vergangen oder künftig.
O Volk des Bayán! Es waren Leute wie Hádí Dawlat-ÁbádíA21, die mit Turban und StabA22 Widerspruch und Widerstand bewirkten und das Volk so mit Aberglauben überhäuften, daß es heute noch das Kommen einer erdichteten Person von einem erdichteten Ort erwartet. Seid gewarnt, o ihr Verständnisvollen.
O Hádí! Höre auf die Stimme dieses vertrauenswürdigen Ratgebers: Lenke deine Schritte von links nach rechts, das heißt, kehre dich ab von leerem Trug zur Gewißheit hin. Führe das Volk nicht in den Irrtum. Das Licht Gottes scheint, Seine Sache ist offenbar, Seine Zeichen sind allumfassend. Richte dein Angesicht auf Gott, den Helfer in Gefahr, den Selbstbestehenden. Gib es um Gottes willen auf, Führer zu sein, und überlasse das Volk sich selbst. Du bist des Kerns der Wahrheit unkundig, du bist nicht vertraut damit.
O Hádí! Sei du unzweideutig auf dem Pfade Gottes. In Gesellschaft der Ungläubigen bist du ein Ungläubiger und bei den Frommen bist du ein Frömmler. Denke über diejenigen Seelen nach, die dortzulande Leben, Hab und Gut geopfert haben, auf daß du ermahnt seiest und aus deinem Schlaf erwachest. Erwäge: Wer verdient den Vorzug, der, welcher Leib, Leben, Hab und Gut wahrt, oder der, welcher alles auf dem Pfade Gottes hingibt? Urteile gerecht und gehöre nicht zu den Ungerechten. Halte dich fest an die Gerechtigkeit und klammere dich an die Unparteilichkeit, damit du nicht aus selbstischen Beweggründen die Religion wie eine Falle handhabst und die Wahrheit nicht dem Golde zuliebe mißachtest. Deine Ungerechtigkeit und die von deinesgleichen ist in der Tat so schlimm geworden, daß die Feder der Herrlichkeit bewegt wurde, solche Feststellungen zu treffen. Fürchte Gott. Er, der diese Offenbarung ankündigte, erklärte: »Er wird in jeder Lebenslage verkünden: ›Wahrlich, wahrlich, Ich bin Gott, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.‹«
O Volk des Bayán! Euch wurde verboten, mit den Geliebten Gottes zu verkehren. Warum ist dieses Verbot verfügt worden und zu welchem Zweck? Seid redlich, Ich beschwöre Euch bei Gott, und gehört nicht zu den Achtlosen. Allen, die mit Einsicht begabt sind, und der Größten Schönheit selbst ist das Ziel dieses Bannes klar und augenscheinlich; keiner soll seiner A23 Geheimnisse und Taten gewahr werden.
O Hádí! Du bist nicht in Unserer Gesellschaft gewesen, du bist deshalb der Sache Gottes unkundig. Handle nicht nach deinem eitlen Wahn, vielmehr durchforsche die Schriften mit eigenen Augen und sinne nach über die Geschehnisse. Habe Mitleid mit dir selbst und mit den Dienern Gottes und bewirke keinen Widerstreit wie die Menschen früherer Zeiten. Der Pfad ist unverkennbar, der Beweis ist offenkundig. Wandle Ungerechtigkeit in Gerechtigkeit, Parteilichkeit in Unparteilichkeit. Wir hegen die Hoffnung, daß dich der Odem göttlicher Eingebung stärke und dein inneres Ohr befähigt werde, das selige Wort zu hören: »Sprich: Es ist Gott, dann laß sie mit Spitzfindigkeiten ihr Spiel treiben.«Q5 Du warst dortA24 und hast ihnA25 gesehen. Nun stehe auf und rede redlich. Stelle die Sache nicht falsch dar, weder dir selbst noch dem Volke. Du hast weder Wissen noch Kenntnis. Höre auf die Stimme dieses Unterdrückten und eile zum Meer göttlicher Erkenntnis, damit du mit dem Schmuck des Begreifens geziert werdest und alles aufgebest außer Gott. Lausche der Stimme dieses guten Ratgebers, der laut und unverschleiert Königen und Untertanen offen ins Angesicht ruft und das Volk der Welt samt und sonders vor Ihn, den Herrn der Ewigkeit, lädt. Dies ist ein Wort, von dessen Himmelszelt die Sonne unversieglicher Gunst strahlend scheint.
O Hádí! Losgelöst von jeder Bindung an die Welt, bemüht sich dieser Unterdrückte, das Feuer der Feindseligkeit und des Hasses, das den Völkern der Erde flammend im Herzen lodert, zu löschen. Jedem gerecht und redlich gesinnten Menschen obliegt es, Gott – verherrlicht sei Sein Ruhm – Dank zu sagen und sich aufzumachen, diese überlegene Sache zu fördern, damit sich Feuer in Licht verwandle und Haß der Liebe und Freundschaft weiche. Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Das ist dieses Unterdrückten einziges Ziel. Für die Verkündigung dieser bedeutungsschweren Sache und für die Darstellung ihrer Wahrheit haben Wir in der Tat mannigfache Leiden, Härten und Trübsale erduldet. Du selbst würdest Zeugnis ablegen für das, was Wir ausführten, könntest du nur unvoreingenommen reden. Wahrlich, Gott spricht die Wahrheit und führt den Weg. Er ist der Kraftvolle, der Mächtige, der Gnädige.
Unsere Herrlichkeit ruhe auf dem Volk Bahás, das weder die Tyrannei des Unterdrückers noch die Überlegenheit des Angreifers von Gott, dem Herrn der Welten, abhalten können.
Tajallíyát (Der Strahlenglanz)
Dies ist der Sendbrief Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
Er ist es, der aus Seinem Reiche der Herrlichkeit hört.
Gott bezeugt, daß es keinen Gott außer Ihm gibt und daß Er, der erschienen ist, das Verborgene Geheimnis, das Verwahrte Sinnbild, das Größte Buch für alle Völker und der Himmel der Großmut für die ganze Welt ist. Er ist das Mächtigste Zeichen unter den Menschen, das Morgenlicht der erhabensten Eigenschaften im Reiche der Schöpfung. Durch Ihn ist erschienen, was seit unvordenklicher Zeit verborgen und vor den Augen der Menschen verhüllt war. Er ist es, dessen Manifestation die himmlischen Schriften in alter und jüngerer Zeit ankündigten. Wer den Glauben an Ihn, Seine Zeichen und Seine Zeugnisse bekennt, anerkennt wahrlich, was die Zunge der Größe vor der Schöpfung von Erde und Himmel und vor der Offenbarung des Reiches der Namen sprach. Durch Ihn wogte das Meer der Erkenntnis inmitten der Menschheit, und der Strom göttlicher Weisheit quoll hervor auf das Geheiß Gottes, des Herrn aller Tage.
Wohl dem Scharfsichtigen, der die Wahrheit erkennt und wahrnimmt, und dem Feinhörigen, der auf Seine süße Stimme lauscht, und der Hand, die Sein Buch entgegennimmt mit einer Entschlossenheit, die aus Gott, dem Herrn dieser und der nächsten Welt, geboren ist, und dem unermüdlichen Wanderer, der zu Seinem herrlichen Horizont eilt, und dem Starken, den weder die Übermacht der Herrscher noch das Geschrei der Glaubensführer erschüttern können. Und wehe dem, der die Gnade und Großmut Gottes zurückweist, der Sein zartes Erbarmen und Seine Vollmacht leugnet. Solch ein Mensch wird fürwahr zu denen gerechnet, die seit aller Ewigkeit das Zeugnis Gottes und Seinen Beweis verwarfen.
Groß ist der Segen dessen, der an diesem Tage von sich wirft, was unter den Menschen im Schwange ist, und sich an das hält, was Gott verordnet hat, der Herr der Namen und Gestalter alles Erschaffenen, Er, der durch die Macht des Größten Namens vom Himmel der Ewigkeit gekommen ist, umgürtet mit so unbesiegbarer Allgewalt, daß keine Macht der Erde Ihm widerstehen kann. Dies bezeugt das Mutterbuch, das von der Höchsten Stufe her ruft.
O ‘Alí-Akbar!A26 Wiederholt haben Wir deine Stimme gehört und dir geantwortet mit dem, was die ganze Menschheit mit all ihrem Lob nie erreichen kann, was die Aufrichtigen den süßen Duft der Worte des Allerbarmers atmen, Seine wahren Liebenden den Hauch himmlischer Wiedervereinigung spüren und die Verschmachtenden das Murmeln der Lebenswasser hören läßt. Selig, wer dahin gelangt und erkennt, was zu dieser Stunde die Feder Gottes, des Helfers in Gefahr, des Allmächtigen, des Allschenkenden, verbreitet.
Wir bezeugen, daß du dein Angesicht auf Gott gerichtet hast und weit gereist bist, bis du Seine Gegenwart erreichtest und der Stimme dieses Unterdrückten lauschtest, den die Missetaten der Zweifler an Gottes Zeichen und Zeugnis und der Leugner dieser himmlischen, alle Welt erleuchtenden Gnade in den Kerker brachten. Selig ist dein Angesicht, denn es hat sich Ihm zugewandt, selig dein Ohr, denn es hat Seine Stimme vernommen, und deine Zunge, denn sie hat Gott, den Herrn der Herren, gepriesen und verherrlicht. Wir bitten Gott, dir gnädig beizustehen, ein Banner für die Förderung Seiner Sache zu werden, und dich zu befähigen, Ihm allezeit und in jeder Lage nahe zu kommen.
Wir gedenken der Erwählten und Geliebten Gottes dortzulande und künden ihnen als frohe Botschaft, was ihnen zu Ehren vom Reiche des Wortes ihres Herrn, des Alleinherrschers am Tage der Abrechnung, herniedergesandt worden ist. Grüße sie von Mir und erleuchte sie mit der strahlenden Herrlichkeit Meiner Worte. Wahrlich, dein Herr ist der Gnädige, reich an Gaben.
O du, der du Meinen Lobpreis verkündest! Höre, was das Volk der Tyrannei Mir in Meinen Tagen nachsagt. Manche von ihnen sagen: »Er beansprucht Göttlichkeit«, andere: »Er ersinnt eine Lüge gegen Gott«, wieder andere: »Er ist gekommen, Aufruhr zu entfachen.« Scheitern und verderben sollen sie! Siehe, sie sind fürwahr an eitlen Wahn gekettet.
Wir wollen jetzt nicht länger die beredte SpracheA27 gebrauchen. Wahrlich, dein Herr ist der Machtvolle, der Ungezwungene. Gern sprechen Wir in persischer Zunge, damit das Volk Persiens samt und sonders der Worte des barmherzigen Herrn bewußt werde und hervortrete, die Wahrheit zu entdecken.
Das erste Tajallí,
das im Morgenlicht der Sonne der Wahrheit erstrahlt, ist die Erkenntnis Gottes – erhaben sei Seine Herrlichkeit. Und die Erkenntnis des Königs urewiger Tage kann nur erlangt werden durch die Anerkennung Dessen, der Träger des Größten Namens ist. Er ist wahrlich der Sprecher vom Sinai, heute hoch auf dem Thron der Offenbarung sitzend. Er ist das Verborgene Geheimnis, das Verwahrte Sinnbild. Alle frühen und neueren Bücher Gottes sind mit Seinem Lobpreis geschmückt und verherrlichen Seinen Ruhm. Durch Ihn ist das Banner der Erkenntnis in der Welt aufgepflanzt und die Fahne der Einheit Gottes inmitten aller Völker entfaltet. Die Göttliche Gegenwart kann nur erlangen, wer Seine Gegenwart erreicht. Seine Macht enthüllt nunmehr alles, was seit unvordenklichen Zeiten verschleiert und verborgen war. Er ist offenbar in der Macht der Wahrheit und hat ein Wort gesprochen, durch das alle in den Himmeln und auf Erden vom Donner gerührt sind, ausgenommen die, welche der Allmächtige zu verschonen beliebte. Der wahre Glaube an Gott und Seine Anerkennung sind unvollständig ohne Annahme dessen, was Er offenbart, und ohne Befolgung dessen, was Er verordnet und was die Feder der Herrlichkeit im Buche niedergelegt hat.
Wer sich in das Meer Seiner Äußerungen versenkt, sollte allzeit den Geboten und Verboten, die Gott offenbart hat, volle Beachtung schenken. Fürwahr, Seine Gebote stellen die festeste Burg für den Schutz der Welt und die Sicherheit ihrer Völker dar – ein Licht für die, welche die Wahrheit erkennen und anerkennen, ein Feuer für jene, die sich abkehren und leugnen.
Das zweite Tajallí
ist, standhaft in der Sache Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – und unwandelbar in Seiner Liebe zu bleiben. Dies kann nur durch Seine volle Anerkennung erlangt werden; und volle Anerkennung ist nur möglich durch den Glauben an die Gesegneten Worte: »Er tut, was Er will.«Q6 Wer sich treu an dieses erhabene Wort hält und tief trinkt vom Lebenswasser der Äußerung, das darinnen ruht, der wird mit solcher Standhaftigkeit erfüllt, daß alle Bücher der Welt außerstande sind, ihn vom Mutterbuche abzulenken. O, wie ruhmreich ist diese hehre Stufe, dieser erhabene Rang, dieses letzte Ziel!
O ‘Alí-Akbar! Schau, wie elend der Zustand der Zweifler ist. Alle führen sie die Worte an: »Wahrlich, Er ist zu preisen für Seine Taten, und Ihm ist zu gehorchen in Seinem Geheiß.«Q7 Wenn Wir aber etwas offenbaren, das auch nur um die Breite eines Nadelöhrs an ihren selbstsüchtigen Begierden vorbeiläuft, weisen sie es hochmütig zurück. Sprich: Keiner kann die mannigfachen Entscheidungsgrundlagen von Gottes vollendeter Weisheit ausloten. Fürwahr, sollte Er für die Erde bestimmen, was für den Himmel gilt, so hätte keiner das Recht, Seine Vollmacht anzuzweifeln. Dies hat der Punkt des Bayán in all dem bezeugt, was in Wahrheit auf Ihn herniederkam auf Geheiß Gottes, der das Morgenlicht anbrechen ließ.
Das dritte Tajallí
betrifft Künste, Gewerbe und Wissenschaften. Wissen gleicht den Flügeln für des Menschen Leben, einer Leiter für seinen Aufstieg. Es ist jedermanns Pflicht, sich Wissen zu erwerben. Jedoch sollten solche Wissenschaften studiert werden, die den Völkern auf Erden nützen, nicht solche, die mit Worten beginnen und mit Worten enden. Viel verdanken fürwahr die Völker der Welt den Wissenschaftlern und den Handwerkern. Dies bezeugt das Mutterbuch am Tage Seiner Wiederkehr. Glücklich ist, wer hörende Ohren besitzt. In der Tat, Wissen ist ein wahrer Schatz für den Menschen, eine Quelle des Ruhmes, der Großmut, der Freude, der Erhabenheit, des Frohsinns und der Heiterkeit. Also spricht die Zunge der Größe in diesem Größten Gefängnis.
Das vierte Tajallí
bezieht sich auf Gottheit, Göttlichkeit und dergleichen. Wollte ein Mensch von Einsicht seinen Blick auf den gesegneten, offenbaren Lotosbaum und seine Früchte lenken, so würde er dadurch so bereichert, daß er von allem anderen unabhängig wäre und seinen Glauben an alles bekennte, was der Sprecher des Sinai auf dem Thron der Offenbarung geäußert hat.
O ‘Alí-Akbar! Mache das Volk mit den heiligen Versen deines Herrn vertraut und gib ihnen Seinen geraden Pfad, Seine mächtige Verkündigung bekannt.
Sprich: O Volk, wenn ihr redlich und gerecht urteilt, werdet ihr die Wahrheit all dessen bezeugen, was aus der Erhabensten Feder geströmt ist. So ihr zum Volk des Bayán gehört, wird euch der Persische Bayán rechtleiten und sich euch als genügendes Zeugnis erweisen, und so ihr vom Volke des Qur’án seid, denket nach über die Offenbarung vom Sinai und über die Stimme aus dem Busch, die zum Sohne ‘ImránsA28 kam.
Gütiger Gott! Es war beabsichtigt, daß zur Zeit der Offenbarung des einen wahren Gottes die Fähigkeit, Ihn zu erkennen, entwickelt und gereift sei, ja, daß sie ihren Höhepunkt erreiche. Nunmehr ist jedoch klar erwiesen, daß bei den Zweiflern diese Fähigkeit unentwickelt blieb und fürwahr verkümmert ist.
O ‘Alí! Was sie vom Busch annahmen, das weigern sie sich jetzt, von Ihm anzunehmen, der der Weltenbaum des Daseins ist. Sprich: O Volk des Bayán, redet nicht, was euch Leidenschaft und selbstische Begierde zu reden eingeben. Die meisten Völker der Welt bezeugen die Wahrheit des gesegneten Wortes, das aus dem Busch gekommen ist.
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Wäre es nicht um der Hymne des Lobpreises willen, die der Herold göttlicher Offenbarung angestimmt hat, dieser Unterdrückte hätte nie ein Wort geäußert, das den Unwissenden Schrecken ins Herz jagt und sie verderben läßt. Am Anfang des BayánA29 verweilt der Báb ausführlich bei der Verherrlichung Dessen, den Gott offenbaren wird – erhaben ist Seine Manifestation – und spricht: »Er ist Der, welcher in jeder Lage verkünden wird: ›Wahrlich, wahrlich, Ich bin Gott, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Herrn über alles Erschaffene. Alle anderen außer Mir sind fürwahr Meine Geschöpfe. O Meine Geschöpfe! Mich allein betet ihr an.‹« Desgleichen preist Er bei anderer Gelegenheit den Namen Dessen, der offenbart werden wird, und sagt: »Ich wäre der erste, der Ihn anbetet.« Nun sollte man über die Bedeutung des ›Anbetenden‹ und des ›Angebeteten‹ nachsinnen, damit das Volk der Erde eines Tautropfens aus dem Meere göttlichen Wissens teilhaftig und befähigt werde, die Größe dieser Offenbarung wahrzunehmen. Wahrlich, Er ist erschienen und hat Seine Zunge gelöst, die Wahrheit zu verkünden. Wohl dem, der die Wahrheit erkennt und anerkennt, und wehe dem, der eigensinnig trotzt.
O ihr Geschlechter der Erde! Neigt euer Ohr der Stimme aus dem göttlichen Lotosbaum, der die Welt überschattet, und zählt nicht zum Volk der Tyrannei auf Erden, zu den Menschen, welche die Manifestation Gottes und Seine unüberwindliche Allgewalt verwerfen und Seine Gunstbeweise von sich weisen. Sie rechnen fürwahr zu den Verworfenen im Buche Gottes, des Herrn der ganzen Menschheit.
Die Herrlichkeit, welche am Horizont Meiner Gunst und Gnade angebrochen ist, sei mit dir und allen, die bei dir sind und deinen Worten über die Sache Gottes, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, Gehör schenken.
Kalimát-i-Firdawsíyyih (Worte des Paradieses)
Er ist es, der durch die Macht der Wahrheit im Reiche der Äußerung spricht.
O ihr Verkörperungen der Gerechtigkeit und Unparteilichkeit, ihr Offenbarungen der Aufrichtigkeit und der himmlischen Gaben! Unter Tränen klagend, ruft dieser Unterdrückte laut und spricht: O Gott, mein Gott! Schmücke die Häupter Deiner Geliebten mit der Krone der Loslösung und kleide ihre Tempel mit dem Gewande der Rechtschaffenheit.
Es geziemt dem Volke Bahás, durch die Macht seiner Rede dem Herrn zum Siege zu verhelfen und die Menschen durch edle Taten und guten Charakter zu ermahnen, zumal Taten größeren Einfluß üben als Worte.
O Ḥaydar-‘Alí!A30 Mit dir seien der Lobpreis Gottes und Seine Herrlichkeit. Sprich: Ehrlichkeit, Tugend, Weisheit und ein heiliger Charakter gereichen dem Menschen zur Ehre, während ihn Unredlichkeit, Schwindel, Unwissenheit und Heuchelei in Erniedrigung stürzen. Bei Meinem Leben! Nicht im Schmuck und Reichtum liegt des Menschen Adel, sondern in tugendsamem Verhalten und wahrem Verständnis. Das Volk Persiens ist zumeist in Trug und leeren Wahn verstrickt. Wie unermeßlich ist der Unterschied zwischen dem Zustand dieser Menschen und der Stufe jener tapferen Seelen, die das Meer der Namen überquert und ihre Zelte an den Seegestaden der Loslösung aufgeschlagen haben. Fürwahr, nur wenige Zeitgenossen haben den Vorzug erworben, auf das Gurren der Tauben des allhöchsten Paradieses zu lauschen. »Nur wenige Meiner Diener sind wahrhaft dankbar.«Q8 Die meisten Menschen finden Gefallen an ihrem Aberglauben. Einen einzigen Tropfen aus der See des Wahns halten sie für köstlicher als ein Meer an Gewißheit. Sie halten sich krampfhaft an Namen und berauben sich dadurch der inneren Wirklichkeit; sie klammern sich an leeren Trug und bleiben so dem Morgenlicht himmlischer Zeichen fern. Gebe Gott, daß dir in jeder Lage gnädiglich geholfen werde, die Götzen des Aberglaubens zu zerschlagen und die Schleier menschlichen Wahns zu zerreißen. Alle Gewalt liegt in der Hand Gottes, des Urquells der Offenbarung und Eingebung, des Herrn am Tage der Auferstehung.
Wir hörten, was die fragliche Person über gewisse Glaubenslehrer äußerte. In der Tat hat sie wahr gesprochen. Manche achtlosen Seelen ziehen im Namen Gottes durch die Lande, emsig bemüht, Seine Sache zugrunde zu richten, und nennen das Förderung und Lehre des Wortes Gottes, obwohl die Erfordernisse für die Lehrer des Glaubens strahlend wie Sterne von den Himmeln der göttlichen Sendschreiben herniederscheinen. Jeder Redlichgesinnte bezeugt und jeder Einsichtige weiß, daß der eine wahre Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – ohne Unterlaß das darlegt und entwickelt, was die Menschenkinder in ihrem Rang erhöht und in ihrer Stufe hebt.
Das Volk Bahás brennt hell wie eine Kerze inmitten der Versammlungen und hält sich an das, was Gott zum Ziel gesetzt hat. Hoch erhebt sich diese Stufe über alle anderen Stufen. Wohl dem, der von sich wirft, was die Weltmenschen besitzen, aus Sehnsucht nach dem, was Gottes ist, des einzigen Herrn der Ewigkeit.
Sprich: O Gott, mein Gott! Du siehst, wie ich Deinen Willen umkreise, die Augen auf den Morgenhimmel Deiner Großmut gerichtet, im heftigen Verlangen nach dem Strahlenglanz der Sonne Deiner Gunst und Gnade. Ich bitte Dich, o Du Geliebter jedes verstehenden Herzens, Du Sehnsucht derer, die nahen Zugang zu Dir haben, gewähre, daß sich Deine Geliebten völlig loslösen von ihren eigenen Neigungen und sich fest an das halten, was Dir wohlgefällt. Kleide sie, o Herr, in das Gewand der Rechtschaffenheit und erleuchte sie mit dem strahlenden Lichte der Loslösung. Rufe sodann die Heerscharen weiser Rede zu ihrer Hilfe, auf daß sie Dein Wort unter Deinen Geschöpfen erhöhen und Deine Sache vor Deinen Dienern verkünden. Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst, und in Deinem Griff liegen die Zügel allen Geschehens. Kein Gott ist außer Dir, dem Mächtigen, dem Ewigvergebenden.
O du, der du den Blick auf Mein Antlitz richtest! In diesen Tagen ist eingetreten, was Mich in tiefen Gram gestürzt hat. Missetäter, die der Sache Gottes Treue bekunden, haben begangen, was der Aufrichtigkeit, der Ehrlichkeit, der Gerechtigkeit und der Billigkeit die Glieder zittern ließ. Eine bekannte Person, der höchste Freundlichkeit und Gunst bezeigt worden war, hat Taten verübt, die selbst Gott Tränen in die Augen trieben. Ehedem äußerten Wir Worte der Warnung und der Vorahnung; dann hielten Wir die Sache eine Reihe von Jahren geheim, damit er sich in acht nehme und bereue. Aber alles war vergeblich. Schließlich sammelte er seine ganze Kraft, um die Sache Gottes vor den Augen aller Menschen herabzusetzen. Er zerriß die Schleier der Redlichkeit und empfand Mitleid weder mit sich selbst noch mit dem Glauben Gottes. Jetzt aber haben die Taten gewisser Menschen weit schwereres Leid gebracht, als die Taten dieses einen je bewirkt hatten. Flehe du zu Gott, dem Wahren, Er möge die Achtlosen gnädiglich zum Widerruf und zur Reue befähigen. Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Gabenreiche, der Großmütige.
Heutzutage hat jeder die Pflicht, beharrlich Einheit und Eintracht zu wahren und fleißig für die Förderung der Sache Gottes zu wirken, damit die eigensinnigen Seelen erreichen, was ihnen dauerhafte Wohlfahrt bringt.
Kurz, Meinungsverschiedenheiten zwischen Sekten führen zu Schwäche. Jede Sekte hat sich einen eigenen Weg ausgesucht und hält sich an ein bestimmtes Seil. Trotz offenkundiger Blindheit und Unwissenheit brüsten sie sich mit ihrer Einsicht und Erkenntnis. Unter ihnen sind Mystiker, die sich zum Glauben des Islám bekennen, von denen aber manche sich herausnehmen, was zu Müßiggang und Absonderung führt. Ich schwöre bei Gott! Dies erniedrigt die Stufe des Menschen und bläht ihn mit Stolz auf. Der Mensch muß Frucht tragen. Wer keine Frucht bringt, gleicht nach den Worten des GeistesA31 einem unfruchtbaren Baum, und ein unfruchtbarer Baum taugt nur für das Feuer.A32
Was die vorerwähnten Personen über die Stufen der göttlichen Einheit behaupten, wird in erheblichem Umfang zu Müßiggang und leerem Wahn führen. Diese sterblichen Menschen schieben offensichtlich die Stufenunterschiede beiseite und betrachten sich selbst als Gott, wo doch Gott unermeßlich erhaben über alle Dinge ist. Jedes erschaffene Wesen offenbart zwar Gottes Zeichen; diese sind indessen nur von Ihm, nicht Er selbst. Alle Zeichen spiegeln sich im Buche des Seins und sind dort sichtbar. Die Schriftrollen, welche den Bauplan des Alls aufzeichnen, sind fürwahr ein machtvolles Buch. Jeder Einsichtige kann daraus entnehmen, was ihn auf den Geraden Pfad führt und ihn befähigt, zur Großen Verkündigung zu gelangen. Betrachte die Strahlen der Sonne, deren Licht die Welt umfängt. Diese Strahlen gehen von der Sonne aus und offenbaren deren Wesen, aber sie sind nicht die Sonne selbst. Alles, was auf Erden wahrgenommen werden kann, beweist zur Genüge die Macht Gottes, Sein Wissen und die Ausgießungen Seiner Großmut, während Er selbst unermeßlich erhaben über alle Geschöpfe ist.
Christus sagt: »Den Kindern hast Du gewährt, was den Gelehrten und Weisen versagt ist.«A33 Der Weise von SabzivárA34 sagte: »Ach! Es fehlt an offenen Ohren; sonst wäre das Rascheln des Busches vom Sinai aus jedem Baum zu hören.« In einem Sendbrief an einen Gelehrten, der über die Bedeutung der Ersten Wirklichkeit anfragte, wandten Wir Uns an jenen berühmten Weisen mit den Worten: »Wenn dieser Ausspruch wirklich von dir stammt, wie kommt es dann, daß du versäumtest, auf den Ruf zu hören, den der Baum des Menschen auf den höchsten Höhen der Welt erhoben hat? So du den Ruf gehört hast, aber die Furcht und das Verlangen, dein Leben zu bewahren, dich antrieben, seiner nicht zu achten, gehörst du zu denen, die nie der Erwähnung wert waren, und wenn du den Ruf nicht gehört hast, bist du des Gehörsinns beraubt.« Kurz gesagt, dies sind Menschen, deren Worte der Stolz aller Welt und deren Taten die Schmach der Völker sind.
Wahrlich, wir haben in die Posaune gestoßen, die nichts anderes als Meine Feder der Herrlichkeit ist, und siehe, die Menschheit ist vor ihr in Ohnmacht gesunken, ausgenommen die, welche Gott zu erlösen geruht als Zeichen Seiner Gnade. Er ist der Herr der Großmut, der Altehrwürdige der Tage.
Sprich: O Schar der Geistlichen! Fällt ihr euer Urteil gegen diese Feder, bei deren erstem Strich das Reich der Rede sich zu lauschen anschickte, vor deren mächtiger, allherrlicher Aussage jede andere Aussage zur Bedeutungslosigkeit verblaßte? Fürchtet Gott und folgt nicht euren eitlen Trugbildern und verderbten Einbildungen; folgt vielmehr Ihm, der zu euch gekommen ist, belehnt mit unbestreitbarer Erkenntnis und unerschütterlicher Gewißheit.
Verherrlicht sei Gott! Des Menschen Schatz ist seine Rede; doch dieser Unterdrückte hat Seine Zunge gehütet, weil die Zweifler auf der Lauer liegen. Aber Schutz wird gewährt von Gott, dem Herrn aller Welten. Wahrlich, auf Ihn setzen Wir Unser Vertrauen, und Ihm befehlen Wir alle Angelegenheiten an. Allgenügend ist Er für Uns und für alles Erschaffene. Mit Seiner Erlaubnis und durch die Macht Seines Befehls leuchtet die Sonne der Allmacht strahlend vom Horizont der Welt. Wohl dem, der die Wahrheit erkennt und anerkennt, und wehe dem trotzigen Zweifler!
Dieser Unterdrückte hat allzeit die Weisen mit Zuneigung behandelt. Mit den Weisen sind Menschen gemeint, deren Erkenntnis nicht auf bloße Worte beschränkt ist, die in ihrem Leben Früchte tragen und bleibende Ergebnisse zeitigen. Es ist jedermanns Pflicht, solche gesegneten Seelen zu ehren. Glücklich ist, wer Gottes Gebote hält; glücklich, wer die Wahrheit erkennt; glücklich, wer in allen Dingen redlich urteilt und sich fest an das Seil Meiner unverbrüchlichen Gerechtigkeit klammert.
Das Volk Persiens hat sich von Ihm, dem Helfer und Beschützer, abgekehrt. Sie klammern sich an der Toren leeren Wahn und haben sich darin verstrickt. So fest krallen sie sich an Aberglauben, daß nur der starke Arm Gottes – erhaben ist Seine Herrlichkeit – sie davon trennen kann. Flehe du zum Allmächtigen, Er möge mit den Fingern göttlicher Macht die Schleier entfernen, welche die verschiedenen Völker und Geschlechter von Ihm ausschließen, damit sie erlangen, was Sicherheit, Fortschritt und Entwicklung bewirkt, und zu ihrem unvergleichlichen Freunde hineilen.
Das Wort Gottes, das die Feder Abhá offenbarte und auf dem
ersten Blatt
des Erhabensten Paradieses niederschrieb, ist: Wahrlich, Ich sage: Die Gottesfurcht war von jeher ein sicherer Schutz und eine feste Burg für alle Völker der Welt. Sie ist die Hauptursache für den Schutz der Menschheit und das vortrefflichste Mittel ihrer Erhaltung. Es gibt eine Kraft im Menschen, die ihn beschützt und bewahrt vor dem, was unwürdig und unpassend ist; sie ist bekannt als sein Schamgefühl. Aber nur wenigen ist es beschieden; keineswegs besaßen oder besitzen es alle.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
zweiten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: Die Feder des Höchsten ermahnt in diesem Augenblick die Offenbarungen der Obrigkeit und die Quellen der Macht, nämlich die Könige, die Fürsten, die Staatsoberhäupter, die Herrscher, die Geistlichen und die Gelehrten, und befiehlt ihnen, die Sache der Religion zu verfechten und ihr anzuhangen. Religion ist wahrlich das vortrefflichste Mittel zur Errichtung der Ordnung in der Welt und für die Ruhe ihrer Völker. Die Schwäche der Pfeiler der Religion hat die Toren gestärkt und sie dreist und noch anmaßender gemacht. Wahrlich, Ich sage: Je schlimmer die Religion verfällt, desto widerspenstiger werden die Gottlosen. Dies kann letztlich nur in Chaos und Gesetzlosigkeit enden. Hört auf Mich, o ihr Einsichtsvollen, und seid gewarnt, o ihr, die ihr Unterscheidungsvermögen besitzet!
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
dritten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, lautet: O Sohn des Menschen! Wenn du auf Barmherzigkeit siehst, dann gib auf, was dir Nutzen bringt, und halte dich an das, was der Menschheit nützt. Und wenn du auf Gerechtigkeit siehst, dann wähle für deinen Nächsten, was du für dich selbst wählst. Demut erhebt den Menschen zum Himmel des Ruhmes und der Macht, Stolz dagegen erniedrigt ihn zu Schmach und Schande.
O Volk Gottes! Groß ist dieser Tag und mächtig der Ruf! In einem Unserer Sendschreiben haben Wir diese erhabenen Worte offenbart: »Wenn die Welt des Geistes ganz auf den Gehörsinn übertragen wäre, könnte dieser beanspruchen, würdig zu sein, auf die Stimme, die vom Höchsten Horizonte aus ruft, zu lauschen; denn anders sind diese Ohren, durch Lügen besudelt, niemals aufnahmefähig.« Wohl denen, die hören, und wehe den Achtlosen!
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
vierten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist das folgende: O Volk Gottes! Flehet zu Gott, dem Wahren – verherrlicht sei Sein Name –, daß Er die Offenbarungen der Macht und Herrschaft gnädig vor den Einflüsterungen selbstischer Begierden beschirme und den Strahlenglanz der Gerechtigkeit und der Führung auf sie ergieße.
Trotz seines hohen Ranges verübte Seine Majestät Muḥammad Sháh zwei abscheuliche Taten. Die eine war der Befehl, den Herrn im Reiche der Gnade und Großmut, den Ersten Punkt, zu verbannen; die andere der Mord am Fürsten über die Stadt der Staatskunst und der literarischen Vollendung.A35
Groß wie der Könige Vorzüge können ihre Fehler sein. Ein König, den die Hoffart der Macht und Gewalt nicht davon ablenkt, Gerechtigkeit zu wahren, und der sich nicht durch Luxus, Schätze, Ruhm oder das Gepränge von Heerscharen des Sonnenglanzes der Redlichkeit beraubt, wird einen hohen Rang und eine erhabene Stufe unter den himmlischen Heerscharen einnehmen. Jeder hat die Pflicht, einer derart edlen Seele Hilfe angedeihen zu lassen und ihr Freundlichkeit zu bezeigen. Wohl dem König, der seine Leidenschaft am kurzen Zügel hält, seinen Zorn bezähmt und gerechtem Augenmaß den Vorzug gibt vor Unrecht und Tyrannei.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
fünften Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, besagt: Vor allem anderen ist die größte Gabe und der wunderbarste Segen seit jeher und in aller Zukunft die Weisheit. Sie ist des Menschen unfehlbare Beschützerin. Sie hilft ihm und stärkt ihn. Die Weisheit ist Gottes Botin; sie enthüllt Seinen Namen, der Allwissende. Durch sie wird des Menschen Stufe in ihrer Erhabenheit offenbar und augenscheinlich. Sie ist allwissend und die vornehmste Lehrerin in der Schule des Seins. Die Führerin ist sie, mit hehrer Würde bekleidet. Ihr erzieherischer Einfluß hat irdische Wesen mit perlengleichem Geist erfüllt, der alle Himmel überstrahlt. In der Stadt der Gerechtigkeit ist sie unangefochten die Sprecherin, die im Jahre neunA36 die Welt mit der frohen Botschaft dieser Offenbarung erleuchtete. Und es war diese unvergleichliche Quelle der Weisheit, die zu Anbeginn der Welt die Stufen innerer Bedeutung erklomm, und als sie auf der Kanzel der Rede thronte, sprach sie durch das Wirken des göttlichen Willens zwei Worte. Das erste kündete die Verheißung des Lohnes, das zweite grollte unheilvoll die Warnung vor Strafe. Die Verheißung brachte Hoffnung hervor, die Warnung zeugte Furcht. So ward der Weltordnung auf diesen beiden Sätzen ein fester Grund gelegt. Erhaben ist der Herr der Weisheit, der Besitzer großer Gabenfülle.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
sechsten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist dieses: Der Menschen Licht ist die Gerechtigkeit. Löscht es nicht durch die Stürme der Unterdrückung und der Tyrannei. Der Zweck der Gerechtigkeit ist das Zustandekommen von Einheit unter den Menschen. Das Meer göttlicher Weisheit wogt in diesem erhabenen Wort, und alle Bücher der Welt können seine innere Bedeutung nicht fassen. Würde die Menschheit mit diesem Gewande geschmückt, sie würde die Sonne des Spruches »An jenem Tage wird Gott alle aus Seiner Fülle befriedigen«Q9 hell am Horizont der Welt strahlen sehen. Schätzet den Wert dieses Spruches; er ist eine edle Frucht, die der Baum der Allherrlichen Feder gezeitigt hat. Glücklich der Mensch, der ihm sein Ohr leiht und sein Gebot befolgt. Wahrlich, Ich sage: Alles, was vom Himmel des göttlichen Willens herniederkommt, ist Mittel für Errichtung von Ordnung in der Welt und fördert Einheit und Freundschaft zwischen ihren Völkern. So spricht die Zunge dieses Unterdrückten aus Seinem Größten Gefängnis.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
siebenten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: O ihr Weisen unter den Nationen! Schließt eure Augen vor Entfremdung; sodann richtet euren Blick auf die Einheit. Haltet euch beharrlich an das, was der ganzen Menschheit Wohlfahrt und Ruhe bringt. Diese Handbreit Erde ist nur eine Heimat und eine Wohnstatt. Euch geziemt es, alle Hoffart aufzugeben, weil sie Entfremdung schafft, und eure Herzen auf das zu richten, was Eintracht stiftet. Nach dem Urteil des Volkes Bahás liegt des Menschen Ruhm in seiner Erkenntnis, seinem aufrechten Verhalten, seinem lobenswerten Charakter und seiner Weisheit, nicht in Rang und Volkszugehörigkeit. O Volk auf Erden! Achtet den Wert dieses himmlischen Wortes. Fürwahr, es gleicht einem Schiff für das Meer der Erkenntnis, einem strahlenden Licht für das Reich der Wahrnehmung.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
achten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, lautet: Schulen müssen die Kinder zuerst in den Grundsätzen der Religion erziehen, so daß Verheißung und Drohung, wie sie in den Büchern Gottes geschrieben stehen, die Kinder von Verbotenem abhalten und mit dem Mantel der Gebote schmücken; aber dies muß in solchem Maß geschehen, daß es die Kinder nicht durch Abgleiten in eifernde, bigotte Unwissenheit schädigt.
Die Vertrauensleute des Hauses der Gerechtigkeit haben über jene Dinge zu beraten, die nicht ausdrücklich im Buche offenbart sind, und zu vollziehen, was sie für gut halten. Gott wird ihnen wahrlich eingeben, was Er will, und Er ist, wahrlich, der Versorger, der Allwissende.
Wir bestimmten bereits, daß die Menschen sich in zwei Sprachen verständigen sollten; aber es müssen Anstrengungen unternommen werden, sie auf eine zu beschränken, ebenso die Schriftarten der Welt, damit die Menschen nicht mit dem Erlernen verschiedener Sprachen ihr Leben verschwenden und vergeuden. So wird schließlich die ganze Erde als eine Stadt und ein Land betrachtet.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
neunten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: In allen Dingen ist Mäßigung wünschenswert. Wird etwas übertrieben, so erweist es sich als Quell des Unheils. Seht auf die Zivilisation des Westens, wie sie die Völker der Welt aufwühlt und beunruhigt. Eine Höllenmaschine wurde ausgeheckt und erweist sich als Waffe der Zerstörung, so grausam, wie man es nie zuvor gesehen oder gehört hat. Reinigung von dieser tiefverwurzelten, alles überflutenden Verderbnis ist nur möglich, wenn sich die Völker der Welt im Verfolg eines gemeinsamen Zieles vereinen und einen allumfassenden Glauben annehmen. Neigt euer Ohr dem Ruf dieses Unterdrückten und haltet euch fest an den Geringeren Frieden!
Seltsame, verblüffende Dinge gibt es in der Erde; aber sie sind dem Geist und Verständnis der Menschen verborgen. Diese Dinge sind imstande, die ganze Erdatmosphäre zu verwandeln, und eine Verseuchung mit ihnen wäre tödlich. Großer Gott! Wir haben etwas Wunderbares gesehen. Der Blitz oder eine ähnliche Kraft wird von einem Menschen, der eine Maschine bedient, gesteuert und bewegt sich nach seinem Befehl. Unermeßlich erhaben ist der Herr der Macht, der offenlegt, was Er durch die Kraft Seines gewichtigen, Seines unüberwindlichen Geheißes beabsichtigt.
O Volk Bahás! Jedes einzelne Gebot, das Wir offenbarten, ist eine feste Burg für die Welt des Daseins und ihren Schutz. Wahrlich, dieser Unterdrückte wünscht nur eure Sicherheit und eure Würde.
Wir ermahnen die Mitglieder des Hauses der Gerechtigkeit und befehlen ihnen, für Schutz und Sicherheit der Männer, Frauen und Kinder zu sorgen. Es ist ihre Pflicht, allzeit und in jeder Lage den Interessen des Volkes höchste Beachtung zu schenken. Selig ist der Herrscher, der dem Gefangenen beisteht, und der Reiche, der für den Armen sorgt, und der Gerechte, der vor dem Frevler die Rechte der Unterdrückten wahrt, und glücklich ist der Treuhänder, der befolgt, was ihm der Gesetzgeber, der Altehrwürdige der Tage, vorgeschrieben hat.
O Ḥaydar-‘Alí! Meine Herrlichkeit und Mein Lobpreis seien mit dir. Meine Ratschläge und Ermahnungen haben die Welt umfangen. Aber anstatt Frohsinn und Freude zu vermitteln, bewirken sie Schmerzen, weil manche unter denen, die Liebe zu Mir bekunden, hochmütig geworden sind und Mir Leiden zufügen, wie sie weder die Anhänger früherer Religionen noch die Geistlichen Persiens Mir je zugefügt haben.
Wir haben gesagt: »Meine Gefangenschaft grämt Mich nicht, noch bedrückt Mich, was Mir die Hände Meiner Feinde zufügen. Was Mich härmt, ist das Verhalten Meiner Geliebten, die zwar Meinen Namen tragen, aber Taten begehen, die Mein Herz und Meine Feder zum Klagen bringen.« Solche Worte wurden immer wieder offenbart, doch die Achtlosen versäumten, daraus Nutzen zu ziehen, denn sie sind in ihren üblen Leidenschaften und verderbten Begierden gefangen. Flehe du zum einen wahren Gott, Er möge sie befähigen, Reue zu üben und zu Ihm zurückzukehren. Solange sich der Mensch seinen Trieben und Leidenschaften hingibt, werden Sünden und Verbrechen vorherrschen. Wir hegen die Hoffnung, daß die Hand göttlicher Macht und die Ströme himmlischer Gnadengaben alle Menschen stärken, sie mit dem Gewande des Verzeihens und der Großmut schmücken und sie vor allem bewahren, was Seiner Sache unter Seinen Dienern schadet. Er ist in Wahrheit der Kraftvolle, der Allmächtige, und Er ist der Immervergebende, der Barmherzige.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
zehnten Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, ist: O Volk der Erde! Einsiedelei und Askese sind in Gottes Gegenwart nicht annehmbar. Den Einsichtigen und Verständigen frommt die Beobachtung dessen, was strahlende Freude bewirkt. Bräuche, aus eitlem Wahn gezeugt oder aus dem Schoß des Aberglaubens geboren, stehen dem Wissenden übel an. Früher und in neuerer Zeit hausten manche Menschen in Bergeshöhlen, andere zogen sich des Nachts auf Friedhöfe zurück. Sprich: Höret auf den Rat dieses Unterdrückten. Laßt, was unter euch im Schwange ist, und übernehmt, was euch der getreue Ratgeber gebietet. Beraubt euch nicht selbst der Wohltaten, die um euretwillen erschaffen sind.
Barmherzige Werke sind in den Augen Gottes wohlgefällig und des Lobes würdig; sie sind als ein Fürst aller edlen Taten anzusehen. Bedenket und erinnert euch, was der Allbarmherzige im Qur’án offenbart hat: »Sie ziehen jene sich selber vor, auch wenn Armut ihr eigenes Schicksal ist. Gut wird es um die bestellt sein, die vor ihrer eigenen Habsucht bewahrt sind.«Q10 In diesem Lichte betrachtet, ist das obenstehende gesegnete Wort fürwahr die Sonne aller Worte. Selig ist, wer seinen Bruder sich selbst vorzieht. Wahrlich, ein solcher Mensch wird kraft des Willens Gottes, des Allwissenden, des Allweisen, zum Volke Bahás gezählt, das in der Roten Arche wohnt.
Das Wort Gottes, das die Erhabenste Feder auf dem
elften Blatt
des Höchsten Paradieses verzeichnete, lautet: Wir gebieten den Wahrzeichen Seiner Namen und Eigenschaften, hinfort fest bei dem zu bleiben, was in dieser Größten Offenbarung dargelegt ist, keinen Streit zu verursachen und bis zum Ende, das kein Ende kennt, ihre Augen auf das Morgenlicht der in diesem Sendbrief verzeichneten strahlenden Worte gerichtet zu halten. Streit führt zu Blutvergießen und schafft Aufruhr im Volke. Hört auf die Stimme dieses Unterdrückten und geht nicht davon ab.
Wollte jemand im Herzen darüber nachdenken, was in dieser Offenbarung aus der Feder der Herrlichkeit strömt, er wäre versichert, daß dieser Unterdrückte mit allem, was Er erklärte und bestätigte, sich niemals selbst Rang und Namen verschaffen wollte. Sein Ziel ist vielmehr, durch hehre Worte die Seelen zum Gipfel überragender Herrlichkeit hinzuziehen und ihren Blick für das zu schärfen, was die Völker der Welt vom Hader und Zwist um religiöse Unterschiede läutert und reinigt. Dies bezeugen Mein Herz, Meine Feder, Mein inneres und äußeres Wesen. Gebe Gott, daß sich alle Menschen den Schätzen zuwenden, die in ihrem eigenen Wesen verborgen ruhen.
O Volk Bahás! Die Quelle für Handwerk, Kunst und Wissenschaft ist die Macht des Gedankens. Gebt euch alle Mühe, daß aus dem Bergwerk eures Geistes solche Edelsteine der Weisheit und der Rede aufleuchten, die bei allen Geschlechtern auf Erden Wohlfahrt und Eintracht fördern.
In jeder Lage, in Glück und Not, ob geehrt oder leidgeprüft, befiehlt dieser Unterdrückte allen Menschen, einander Liebe, Zuneigung, Mitleid und Eintracht zu bezeigen. Doch wann immer das geringste Zeichen des Fortschritts und der Entwicklung sichtbar ward, stürzten die hinter den Schleiern Verborgenen hervor und äußerten Verleumdungen, die schlimmere Wunden schlugen als das Schwert. Sie halten sich an irreführende, verwerfliche Worte und bleiben des Weltmeeres der göttlich offenbarten Verse beraubt.
Ohne diese undurchlässigen Schleier wäre Persien innerhalb von etwa zwei Jahren durch die Macht der Rede unterworfen worden, Regierung und Volk wären erhöht, das Höchste Ziel wäre unverhüllt und unverschleiert in der Fülle seiner Herrlichkeit erschienen. Kurz, Wir haben alles gesagt, was zu sagen war – manchmal in deutlicher Sprache, manchmal in Andeutungen. Wäre Persien erst wieder erweckt, so wehten die süßen Düfte des Wortes Gottes über alle Länder dahin, führt doch das, was der Erhabensten Feder entströmt, bei allen Völkern und Geschlechtern auf Erden zu ruhmreicher Entwicklung und Erziehung. Es ist fürwahr das wirksamste Heilmittel für jede Krankheit, könnten sie es nur begreifen und verstehen.
Kürzlich gelangten die Afnán und Amín – mit ihnen seien Meine Herrlichkeit und Meine Gnade – in Unsere Gegenwart, und sie schauten Unser Antlitz; desgleichen sind Nabíl, der Sohn Nabíls und der Sohn Samandars – mit ihnen seien die Herrlichkeit Gottes und Seine Gnade – anwesend und haben den Kelch der Wiedervereinigung geleert. Wir flehen zu Gott, daß Er das Gute dieser und der nächsten Welt gnädiglich für sie verordne und daß die Ausgießungen Seiner Segnungen und Gnadengaben aus dem Himmel Seiner Großmut und aus den Wolken Seines sanften Erbarmens auf sie herniederkommen. Wahrlich, von allen, die Barmherzigkeit zeigen, ist Er der Barmherzigste, und Er ist der Gnädige, der Wohltätige.
O Ḥaydar-‘Alí! Dein anderer Brief, den du durch ihn sandtest, der den Titel JúdA37 trägt, hat Unseren heiligen Hof erreicht. Gepriesen sei Gott! Er war geschmückt mit dem Lichte göttlicher Einheit und Loslösung, entflammt vom Feuer der Liebe und Zuneigung. Bete zu Gott, Er möge den Augen scharfe Sicht verleihen und sie mit neuem Licht erleuchten, damit sie erkennen, was einzig und unvergleichlich ist.
Heute strahlen die Verse des Mutterbuches unverkennbar wie die Sonne. Keineswegs können sie mit Reden aus vergangener oder neuerer Zeit verwechselt werden. Fürwahr, dieser Unterdrückte wünscht nicht, Seine eigene Sache mit Beweisen darzustellen, die andere erbringen. Er ist es, der alles andere umfaßt, während alles andere außer Ihm umgrenzt ist. Sprich: O Volk, leset, was euch geläufig ist, und Wir werden lesen, was Uns zugehört. Ich schwöre bei Gott! Weder die Völker der Welt mit ihrem Lobpreis noch die Geschlechter der Erde mit allem, was sie besitzen, sind der Erwähnung wert vor dem Gedenken Seines Namens. Dies bezeugt Er, der in jeder Lage verkündet: »Wahrlich, Er ist Gott, der unumschränkte Gebieter am Tage der Abrechnung, der Herr des mächtigen Thrones.«
Verherrlicht sei Gott! Man staunt, mit welchem Grund und Vorwand sich die Ungläubigen im Volk des Bayán vom Herrn allen Seins abkehren. In Wirklichkeit überragt die Stufe dieser Offenbarung den Rang all dessen, was in der Vergangenheit offenbart wurde oder in der Zukunft offenbart werden wird.
Wäre der Punkt des Bayán heute zugegen und zögerte Er – Gott bewahre! –, diese Sache anzuerkennen, dann träfen Ihn die höchst gesegneten Worte Seines eigenen Bayán. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Rechtmäßig ist es für Ihn, den Gott offenbaren wird, selbst den Größten auf Erden zu verwerfen.« Sprich: O ihr Verständnislosen! Heute verkündet jenes Erhabenste Wesen: »Wahrlich, wahrlich, ich bin der erste, der Ihn anbetet.« Wie seicht ist der Wissensschatz der Menschen, wie schwach ihre Wahrnehmungskraft. Unsere Feder der Herrlichkeit bezeugt ihre elende Armut und den Reichtum Gottes, des Herrn aller Welten.
Gepriesen und verherrlicht ist Er, der die Schöpfung ins Leben rief. Er ist die allüberragende Wahrheit und weiß um das Unsichtbare. Das Mutterbuch ist offenbart, und der Herr der Großmut hat den gesegneten Thron der Herrlichkeit eingenommen. Der Morgen bricht an, doch das Volk versteht es nicht. Die Zeichen sind angekündigt, während Er, der sie enthüllt, von offenbarem Leid übermannt wird. Fürwahr, Ich habe erduldet, was die Welt des Seins zum Weinen bringt.
Sprich: O YaḥyáA38, bringe einen einzigen Vers hervor, so du von Gott eingegebenes Wissen besitzest! Diese Worte sprach ehedem Mein Vorläufer, der zur jetzigen Stunde verkündet: »Wahrlich, wahrlich, ich bin der erste, der Ihn anbetet.« Sei redlich, o Mein Bruder! Kannst du dich äußern, wenn du Auge in Auge dem wogenden Meer Meiner Rede gegenüberstehst? Kannst du deine Zunge lösen, wenn dir Meine Feder mit schriller Stimme zu Ohren kommt? Hast du Macht vor den Offenbarungen Meiner Allmacht? Urteile gerecht, Ich beschwöre dich bei Gott, und rufe dir ins Gedächtnis, wie du vor diesem Unterdrückten standest und Wir dir die Verse Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, diktierten. Hab acht, daß der Quell der Falschheit dich nicht von der offenbaren Wahrheit abhalte.
O du, der du den Blick auf Mein Antlitz richtest! Sprich: O ihr Achtlosen! Einem Tropfen zuliebe habt ihr euch des Meeres himmlischer Verse beraubt, und um eines bedeutungslosen Atoms willen habt ihr euch vom Strahlenglanz der Sonne der Wahrheit ausgeschlossen. Wer außer Bahá hat die Kraft, laut vor der Menschheit Angesicht zu künden? Urteilt redlich und gehört nicht zu den Ungerechten! Durch Ihn wogen die Meere, die Geheimnisse sind enthüllt, und die Bäume erheben die Stimme und rufen: Die Reiche von Erde und Himmel sind Gottes, des Offenbarers der Zeichen, des Springquells klarer Beweise. Durchforschet den Persischen Bayán, wie ihn Er, der Vorbote dieser Offenbarung, enthüllte, und schaut darauf mit dem Auge der Redlichkeit. Wahrlich, Er wird euch geradewegs auf Seinen Pfad führen. In diesem Augenblick verkündet Er, was Er vormals äußerte, als Er auf dem Throne Seines erhabensten Namens saß.
Du hast die Geliebten in jenen Landen erwähnt. Gepriesen sei Gott, von ihnen hat jeder die Ehre erlangt, daß der Wahrhaftige – erhaben ist Seine Herrlichkeit – ihrer gedachte, und ihre Namen flossen alle von der Zunge der Größe im Reiche der Rede. Groß ist fürwahr ihr Segen und ihr Glück, denn sie haben den erlesenen Wein der Offenbarung und Eingebung aus der Hand ihres Herrn, des Mitleidvollen, des Barmherzigen, getrunken. Wir flehen zu Gott, Er möge sie so stärken, daß sie unbeugsame Treue wahren, und möge die Heerscharen der Weisheit und der Rede zu ihrer Hilfe senden. Er ist wahrlich der Mächtige, der Allgewaltige. Übermittle ihnen Meine Grüße und künde ihnen die frohe Botschaft, daß die Sonne des Gedenkens aufgegangen ist und vom Horizont der Gunst und Gnade ihres Herrn, des Immervergebenden, des Allbarmherzigen, strahlt.
Du sprachst von Ḥusayn. Wir haben seinen Tempel mit dem Gewande der Vergebung geschmückt und seinem Haupt die Krone des Verzeihens aufgesetzt. Vor allen Menschen sollte er stolz sein auf diese leuchtende, diese strahlende, offenkundige Gnadengabe. Sprich: Sei unverzagt! Nach der Offenbarung dieses gesegneten Verses ist es so, als wärest du neu aus deiner Mutter Schoß geboren. Sprich: Du bist frei von Sünde und Irrtum. Wahrlich, Gott hat dich gereinigt mit dem Lebenswasser Seiner Rede in Seinem Größten Gefängnis. Wir flehen zu Ihm – gesegnet und erhaben ist Er –, dich in Seinem Lobpreis und in der Verherrlichung Seines Ruhmes zu bestätigen und dich zu stärken durch die Macht Seiner unsichtbaren Heerscharen. Wahrlich, Er ist der Allmächtige, der Allgewaltige.
Du erwähntest das Volk von Tár.A39 Wir richten Unser Angesicht auf die Diener Gottes daselbst und raten ihnen, zuerst zu erwägen, was der Punkt des Bayán über diese Offenbarung enthüllte, durch welche alle Namen und Ehrentitel erschüttert sind, die Götzen leeren Wahns zu Staub zerfielen und die Zunge der Größe aus dem Reich der Herrlichkeit verkündete: Bei der Gerechtigkeit Gottes! Der Verborgene Schatz, das Undurchdringliche Geheimnis, liegt vor der Menschen Augen offen und läßt alle Dinge, vergangen oder künftig, frohlocken. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Von allen Ehrungen, die Ich Ihm, der nach Mir kommen wird, gezollt habe, ist die größte Mein schriftliches Bekenntnis, daß keines Meiner Worte Ihn angemessen beschreiben kann, noch irgendeinem Hinweise auf Ihn in Meinem Buche, dem Bayán, vergönnt ist, Seiner Sache gerecht zu werden.«
Im übrigen raten wir ihnen, Gerechtigkeit, Billigkeit, Ehrbarkeit, Frömmigkeit und all das zu wahren, was das Wort Gottes, aber auch ihre eigene Stufe unter den Menschen erhöht. Wahrlich, Ich bin Der, welcher mit Gerechtigkeit ermahnt. Dies bezeugt Er, von dessen Feder Ströme des Erbarmens fließen und aus dessen Rede Lebenswasser für alles Erschaffene quellen. Unermeßlich erhaben ist diese grenzenlose Gnade; unendlich gesegnet ist diese strahlende Gunst.
O Volk von Tár! Hört auf den Ruf Dessen, der tut, was Er will.A40 Wahrlich, Er erinnert euch an das, was euch Gott, dem Herrn der Welten, nahe bringt. Euch kehrt Er Sein Angesicht aus dem Kerker von ‘Akká zu und offenbart um euretwillen, was euer Andenken und eure Namen unsterblich macht in dem Buche, das nicht getilgt werden kann und unberührt bleibt von den Zweifeln der Widerspenstigen. Werft von euch, was unter den Menschen im Schwange ist, und erfasset mit festem Griff, was euch durch den Willen des Verordners, des Altehrwürdigen der Tage, geboten ist. Heute ist der Tag, da der göttliche Lotosbaum laut ruft und spricht: »O Volk! Seht Meine Früchte und Meine Blätter, neigt euer Ohr Meinem Rauschen. Habt acht, daß euch nicht die Zweifel der Menschen vom Licht der Gewißheit abhalten.« Das Meer der Rede kündet und spricht: »O ihr Erdenbewohner! Schaut Meine wogenden Wasser und die Perlen der Weisheit und der Rede, die Ich von Mir gebe. Fürchtet Gott und gehört nicht zu den Achtlosen.«
An diesem Tag feiert das Reich der Höhe ein großes Fest; denn was verheißen war in den heiligen Schriften, ist nun erfüllt. Heute ist der Tag großen Frohlockens. Jeder sollte, voller Freude und Frohsinn, in Lust und Wonne zum Hofe Seiner Nähe eilen und sich vom Feuer der Ferne befreien.
O Volk von Tár! Ergreift mit der Kraft und Macht Meines Namens den Kelch der Erkenntnis und trinkt euch satt, ungeachtet des Volkes der Welt, das Gottes Bund und Testament bricht, Seine Beweise und klaren Merkmale verwirft und an Seinen Zeichen krittelt, die alles im Himmel und auf Erden durchdringen.
Die Zweifler im Volk des Bayán gleichen den Anhängern der Shí‘ah und wandeln in deren Fußstapfen. Überlasse sie ihrem eitlen Trug und leeren Wahn. Sie werden fürwahr zu den Verlorenen gezählt im Buche Gottes, des Allwissenden, des Allweisen. Die Shí‘ah-Geistlichen sind nun allesamt emsig dabei, den Einen Wahren von den Kanzeln herab zu schmähen und anzuklagen. Gnädiger Gott! Auch Dawlat-ÁbádíA41 folgt ihren Wegen. Er stieg auf die Kanzel und äußerte, was Gottes Tafel vor Qual aufschreien und Seine Feder klagen ließ. Sinne nach über sein Verhalten und das des AshrafA42 – mit ihm seien Meine Herrlichkeit und Mein zartes Erbarmen. So erwäge auch diejenigen Geliebten, welche in Meinem Namen zur Stätte des Martyriums eilten und ihr Leben hingaben auf dem Pfade Dessen, der die Sehnsucht der Welt ist.
Die Sache Gottes ist offenbar; sie strahlt hell wie die Sonne, aber die Menschen sind sich selbst zum Schleier geworden. Wir flehen zu Gott, Er möge ihnen gnädig helfen, zu Ihm zurückzukehren. Er ist wahrlich der Vergebende, der Barmherzige.
O Volk von Tár! Wir senden euch Grüße von diesem Ort und bitten Gott – gesegnet und erhaben ist Er –, euch mit der Hand Seiner Gunst den erlesenen Wein der Treue zu reichen. Wahrlich, Er ist der Herr der Großmut, der Gnädige, der Allgepriesene. Überlaßt die Unreifen dieser Welt sich selbst – sie, die sich von selbstischen Begierden leiten lassen und den Trägern eitlen Trugs anhangen. Wahrlich, Er ist euer Helfer und Beistand. Er ist fürwahr mächtig zu tun, was Er will. Kein Gott ist außer Ihm, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Machtvollen, dem Größten.
Ruhm aus Unserer Gegenwart sei mit denen, die ihr Angesicht auf den Morgen Seiner Offenbarung richten, die erkennen und anerkennen, was die Zunge des Wortes spricht im Reiche des Wissens an diesem seligen, diesem herrlichen, unübertrefflichen Tag!
Lawḥ-i-Dunyá (Das Sendschreiben über die Welt)
In Meinem Namen, der laut im Reiche der Rede ruft.
Preis und Dank gebühren dem Herrn offenbarer Herrschaft, der das mächtige Gefängnis mit der Gegenwart der ehrenwerten ‘Alí-Akbar und Amín geschmückt und es mit dem Lichte der Gewißheit, Standhaftigkeit und Sicherheit erleuchtet hat.A43 Die Herrlichkeit Gottes und die Herrlichkeit aller in den Himmeln und auf Erden seien mit ihnen.
Licht und Herrlichkeit, Gruß und Preis seien mit den Händen Seiner Sache, durch die das Licht des Mutes strahlt und die Wahrheit erwiesen wird, daß alle Entscheidung bei Gott liegt, dem Kraftvollen, dem Mächtigen, dem Ungezwungenen, durch die das Meer der Gaben wogt und der Duft der gnädigen Gunst Gottes, des Herrn der Menschheit, sich verbreitet. Wir flehen zu Gott – erhaben ist Er –, sie mit der Macht Seiner Heerscharen zu beschirmen, mit der Gewalt Seiner Herrschaft sie zu schützen und ihnen beizustehen mit Seiner unüberwindlichen Kraft, die alles Erschaffene bezwingt. Die höchste Herrschaft ist bei Gott, dem Schöpfer der Himmel und dem Herrn im Reiche der Namen.
Die große Verkündigung ruft: O Volk Persiens! Ehedem wart ihr die Sinnbilder der Barmherzigkeit, die Verkörperungen der Zuneigung und Güte. Alle Bereiche der Welt waren erleuchtet und geschmückt mit dem hellen Lichte eurer Erkenntnis und dem Glanz eurer Gelehrsamkeit. Wie kommt es, daß ihr euch aufmacht, euch selbst und eure Freunde mit eigenen Händen zu vernichten?
O Afnán, o du, der du Meinem altehrwürdigen Stamm entsprossen bist! Meine Herrlichkeit und Meine Gnade ruhen auf dir. Wie mächtig ist das Heiligtum der Sache Gottes! Es überschattet alle Völker und Geschlechter der Erde und wird bald die ganze Menschheit in seinem Schutze versammeln. Dein Tag des Dienstes ist nun gekommen. Zahllose Tafeln legen Zeugnis ab von den Gaben, die dir gewährt wurden. Erhebe dich für den Triumph Meiner Sache und besiege die Herzen der Menschen durch die Macht deiner Rede. Du mußt verkünden, was den Unglücklichen und Getretenen Frieden und Wohlfahrt sichern wird. Gürte deine Lenden mit deinem Bemühen, damit du den Gefangenen von seinen Ketten befreiest und ihn befähigst, wahre Freiheit zu erlangen.
Gerechtigkeit beklagt an diesem Tage ihren schweren Stand, und Billigkeit stöhnt unter dem Joch der Unterdrückung. Dichte Wolken der Gewalt haben das Antlitz der Erde verfinstert und ihre Völker umhüllt. Durch die Bewegung Unserer Feder der Herrlichkeit haben Wir auf Befehl des allmächtigen Gesetzgebers neues Leben in jede menschliche Hülle gehaucht und frische Kraft in jedes Wort geflößt. Alles Erschaffene verkündet die Beweise dieser weltweiten Erneuerung. Dies ist die größte, die froheste Botschaft, die der Menschheit durch die Feder dieses Unterdrückten übermittelt wurde. Warum fürchtet ihr euch denn, o Meine innig Geliebten? Wer könnte euch erschrecken? Ein Hauch von Feuchtigkeit genügt, um den verhärteten Lehm zu lösen, aus dem dieses verderbte Geschlecht gebildet ist. Die bloße Tat eures Beisammenseins genügt, um die Kräfte dieses eingebildeten, wertlosen Volkes zu zerstreuen.
Streit und Hader passen zu den wilden Tieren. Durch die Gnade Gottes, mit der Hilfe schicklicher Worte und rühmlicher Taten wurden die blanken Schwerter der Bábí-Gemeinde wieder in die Scheide gesteckt. Fürwahr, durch die Macht guter Worte haben die Rechtschaffenen allezeit mit Erfolg die Befehlsgewalt über die grünen Auen der Menschenherzen übernommen. Sprich: O ihr Geliebten! Laßt nicht ab von der Klugheit. Neigt euer Herz den Ratschlägen, die euch die Erhabenste Feder gibt, und hütet euch, daß eure Hand oder eure Zunge nicht irgend jemanden unter der ganzen Menschheit verletze.
Über das Land ṬáA44 haben Wir im Kitáb-i-Aqdas offenbart, was der Menschheit zur Mahnung dienen wird. Wer in der Welt Gewaltherrschaft übt, hat die Rechte der Völker und Geschlechter auf Erden an sich gerissen und folgt emsig seinen selbstischen Neigungen. Der Tyrann des Landes YáA45 beging, was die himmlischen Heerscharen blutige Tränen vergießen ließ.
O du, der du vom Weine Meiner Worte trinkst und dein Angesicht auf den Horizont Meiner Offenbarung richtest! Wie seltsam, daß das Volk Persiens, einst ohnegleichen in Künsten und Wissenschaften, auf die unterste Stufe der Erniedrigung unter den Geschlechtern auf Erden abgesunken ist. O Volk! Beraubt euch nicht an diesem seligen, diesem herrlichen Tage der großzügigen Gabenfülle, die der Herr überströmender Gnade euch verliehen hat. Regenschauer der Weisheit und der Rede fluten heute aus den Wolken göttlicher Barmherzigkeit. Wohl denen, die über Seine Sache redlich urteilen, und wehe den Ungerechten!
Jeder Einsichtige wird an diesem Tage bereitwillig zugeben, daß die Ratschläge, die die Feder dieses Unterdrückten offenbarte, die höchste Triebkraft für den Fortschritt der Welt und die Erhöhung ihrer Völker enthalten. Erhebt euch, o Menschen, und entschließt euch durch die Kraft der göttlichen Macht, den Sieg über euer Selbst zu erringen, damit die ganze Welt aus ihrer Hörigkeit vor den Götzen ihrer leeren Einbildungen erlöst werde – Götzen, die ihren erbärmlichen Anbetern so viel Schaden zugefügt haben und für ihr Elend verantwortlich sind. Diese Trugbilder sind das Hindernis, das den Menschen in seinem Bemühen hemmt, auf dem Pfade der Vervollkommnung voranzuschreiten. Wir hegen die Hoffnung, daß die Hand göttlicher Macht der Menschheit ihre Hilfe gewähre und sie aus ihrem Zustand schmerzlicher Erniedrigung befreie.
Auf einer der Tafeln sind diese Worte offenbart: O Volk Gottes! Seid nicht beschäftigt mit euren eigenen Belangen! Laßt euere Gedanken fest auf das gerichtet sein, was das Glück der Menschheit wiederherstellen und der Menschen Herzen und Seelen heiligen wird. Am besten kann dies durch reine und heilige Taten, durch ein Leben der Tugend und durch edles Betragen vollbracht werden. Mutiges Handeln wird den Sieg dieser Sache sichern, und eine geheiligte Wesensart wird ihre Macht stärken. Halte dich an die Rechtschaffenheit, o Volk Bahás! Dies, wahrlich, ist das Gebot, das euch dieser Unterdrückte gegeben hat, und die erlesene Wahl Seines unumschränkten Willens für jeden von euch.
O Freunde! Es geziemt euch, eure Seele zu erquicken und wiederzubeleben durch die gnädigen Gunstbeweise, die in dieser göttlichen, dieser herzerquickenden Frühlingszeit auf euch herabströmen. Die Sonne Seiner großen Herrlichkeit verbreitet ihren Glanz über euch und die Wolken Seiner grenzenlosen Gnade beschatten euch. Wie erhaben ist der Lohn dessen, der sich einer so großen Wohltat nicht beraubt noch versäumt, die Schönheit seines Meistgeliebten in diesem Seinem neuen Gewande zu erkennen. Wacht über euch, denn der Böse liegt auf der Lauer, bereit, euch zu überlisten. Rüstet euch gegen seine verruchten Anschläge, und, geführt vom Lichte des Namens des Allsehenden Gottes, entflieht der Dunkelheit, die euch umgibt. Laßt eueren Blick weltumfassend sein, anstatt ihn auf euer Selbst zu beschränken. Der Böse ist es, der den Aufstieg hemmt und den geistigen Fortschritt der Menschenkinder aufhält.
Es ist in dieser Zeit eines jeden Menschen Pflicht, sich fest an das zu halten, was das Wohl aller Völker und gerechten Regierungen fördert und ihre Stufe erhöht.
Durch jeden einzelnen Vers, den die Feder des Höchsten offenbarte, sind die Tore der Liebe und Einigkeit erschlossen und weit vor den Augen der Menschheit aufgetan.
Wir haben zuvor erklärt – und Unser Wort ist die Wahrheit –:
»Verkehret mit den Anhängern aller Religionen im Geiste des Wohlwollens und der Brüderlichkeit.«Q11 Was immer die Menschenkinder einander meiden ließ, was Zwietracht und Spaltung unter ihnen hervorrief, ist nun durch die Offenbarung dieser Worte ungültig und abgeschafft.
Aus dem Himmel des göttlichen Willens wurde mit dem Ziel, die Welt des Seins zu veredeln und die Menschen an Geist und Seele emporzuheben, herabgesandt, was das wirksamste Mittel zur Erziehung des ganzen Menschengeschlechts ist.
Der tiefste Sinn und der vollkommenste Ausdruck dessen, was die Völker früherer Zeiten gesagt und geschrieben haben, ist durch diese mächtigste Offenbarung aus dem Himmel des Willens des Allbesitzenden, des Immerwährenden Gottes herabgesandt.
Einst wurde offenbart:
»Die Liebe zum Vaterland ist ein Bestandteil des Gottesglaubens.« Die Zunge der Größe jedoch verkündet am Tage Seiner Offenbarung:
»Es rühme sich nicht, wer sein Vaterland liebt, sondern wer die ganze Welt liebt.« Durch die von diesem erhabenen Wort entfesselte Kraft verleiht Er den Vögeln der Menschenherzen frischen Schwung, weist ihnen eine neue Richtung und tilgt jede Spur von Beschränkung und Begrenzung aus Gottes heiligem Buch.
Dieser Unterdrückte hat dem Volke Gottes verboten, sich in Streit und Hader einzulassen, und hat es zu rechtschaffenen Taten und edlen Charaktereigenschaften ermahnt. Die Heerscharen, die heutzutage den Sieg der Sache Gottes sichern, sind gute Taten und ein angenehmes Wesen. Selig ist, wer diesen standhaft anhangt, und wehe dem, der sich davon abkehrt.
O Volk Gottes! Ich ermahne dich, höflich zu sein, denn Höflichkeit ist vor allem anderen die Fürstin der Tugenden. Gut steht es mit dem, der vom Lichte der Höflichkeit erleuchtet und mit dem Gewande der Aufrichtigkeit bekleidet ist. Der mit Höflichkeit Begabte hat in der Tat eine erhabene Stufe erreicht. Es ist zu hoffen, daß dieser Unterdrückte und alle anderen befähigt werden, Höflichkeit zu erlangen, sicher zu wahren, anzuwenden und unseren Blick auf sie zu heften. Das ist ein bindendes Gebot, das aus der Feder des Größten Namens geströmt ist.
Dies ist der Tag, da die Edelsteine der Beständigkeit aus dem Schatzberg des tiefsten Menschenherzens ans Licht gefördert werden müssen. O Volk der Gerechtigkeit! Sei so strahlend wie das Licht und so leuchtend wie das Feuer, das im Brennenden Busche lodert. Der Glanz des Feuers eurer Liebe wird zweifellos die widerstreitenden Völker und Geschlechter der Erde einen und verschmelzen, wogegen die wilde Flamme der Feindschaft und des Hasses nur zu Streit und Untergang führen kann. Wir flehen zu Gott, daß Er Seine Geschöpfe vor den üblen Ränken Seiner Feinde behüte. Wahrlich, Er hat Macht über alle Dinge.
Aller Ruhm sei dem einen, wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, da Er durch die Feder des Höchsten die Tore der Menschenherzen geöffnet hat. Jeder Vers, den diese Feder offenbarte, ist ein strahlendes, leuchtendes Tor, das die Herrlichkeit eines heiligen, gottesfürchtigen Lebens und reiner, makelloser Taten erschließt. Der Aufruf und die Botschaft, die Wir gaben, sollten niemals nur ein Land oder ein Volk erreichen oder nur diesem zugute kommen. Die Menschheit als Ganzes muß entschlossen dem folgen, was ihr offenbart und gewährt ist. Dann, nur dann wird sie zu wahrer Freiheit gelangen. Die ganze Erde leuchtet in der strahlenden Herrlichkeit der Offenbarung Gottes. Im Jahre sechzig erhob sich Er, der Vorbote des Lichtes göttlicher Führung – möge die ganze Schöpfung ein Opfer für Ihn sein –, um eine neue Offenbarung des göttlichen Geistes anzukündigen. Zwanzig Jahre später folgte Ihm Er, durch Dessen Kommen die Welt zur Empfängerin dieser verheißenen Herrlichkeit, dieser wundersamen Gunst wurde. Sieh, wie die Menschheit allgemein mit der Fähigkeit ausgestattet ist, auf Gottes erhabenstes Wort zu hören – das Wort, von dem die Vorladung und die geistige Auferstehung aller Menschen abhängen muß.
Als Wir im Gefängnis von ‘Akká waren, offenbarten Wir im Roten Buche, was den Fortschritt der Menschheit und den Aufbau der Welt bewirkt. Was der Herr der Schöpfung mit Seiner Feder dort äußerte, enthält unter anderem die folgenden Grundsätze zur Ordnung des gesellschaftlichen Lebens:
Erstens: Die Amtsträger des Hauses der Gerechtigkeit haben die Pflicht, den Geringeren Frieden zu fördern, damit das Erdenvolk der Bürde maßloser Staatsausgaben ledig werde. Diese Aufgabe ist zwingend und absolut wesentlich, zumal Streit und Feindseligkeiten die wahren Ursachen von Leid und Elend sind.
Zweitens: Die Sprachen müssen auf eine gemeinsame Sprache, die in allen Schulen der Welt gelehrt wird, beschränkt werden.
Drittens: Dem Menschen obliegt es, sich beharrlich an das zu halten, was Gemeinschaft, Wohlwollen und Einheit fördert.
Viertens: Jeder, Mann oder Frau, muß einer Vertrauensperson ein Teil seines Ertrages aus Gewerbe, Landwirtschaft oder anderweitiger Beschäftigung für die Ausbildung und Erziehung der Kinder übergeben, damit es für diesen Zweck mit Kenntnis der Vertrauensleute des Hauses der Gerechtigkeit verwendet wird.
Fünftens: Besondere Beachtung muß der Landwirtschaft geschenkt werden. Obwohl sie hier an fünfter Stelle erwähnt wird, hat sie ohne Zweifel den Vorrang. In fremden Ländern ist die Landwirtschaft hoch entwickelt, in Persien jedoch bisher schlimm vernachlässigt worden. Es steht zu hoffen, daß Seine Majestät der Sháh – möge Gott ihm in Seiner Gnade beistehen – dieser wichtigen, lebensnotwendigen Angelegenheit seine Aufmerksamkeit zuwendet.
Hielten sich die Menschen genau an das, was die Feder des Höchsten im Roten Buche offenbart hat, so könnten sie alle Regelungen entbehren, die heute in der Welt wuchern. Gewisse Ermahnungen sind wiederholt aus der Feder des Höchsten geströmt, damit die Offenbarungen der Staatsgewalt und die Dämmerorte der Macht eines Tages befähigt werden, sie zu vollziehen. Fürwahr, wären nur aufrichtige Sucher zu finden, so würde ihnen jede Fügung des alldurchdringenden, unwiderstehlichen Willens Gottes um Seiner Liebe willen entschleiert. Aber wo gibt es ernste Sucher, wo wißbegierige Geister? Wohin sind die Gerechten und die Redlichgesinnten entschwunden? Gegenwärtig vergeht kein Tag ohne daß frisch das Feuer einer Tyrannei auflodert oder neu das Schwert einer Gewalttat aus der Scheide fährt. Gnädiger Gott! Die Mächtigen und der Adel Persiens brüsten sich mit Taten von solcher Barbarei, daß man sich bei den Berichten darüber nur wundern kann.
Tag und Nacht bringt dieser Unterdrückte dem Herrn der Menschen Lob und Dank dar, denn es erweist sich, daß die Worte des Rates und der Mahnung, die Wir äußern, ihre Wirkung tun, und daß dieses Volk eine Charakterstärke und ein Verhalten an den Tag legt, wie sie in Unserer Sicht annehmbar sind. Dies bestätigt ein Ereignis, welches das Auge der Welt wahrhaft erfreut: Die Freunde haben bei den hohen Behörden Fürbitte für ihre Feinde eingelegt. Wahrlich, die guten Taten eines Menschen bezeugen die Wahrheit seiner Worte. Wir hegen die Hoffnung, daß gottesfürchtige Menschen die Welt mit dem strahlenden Licht ihrer Taten erleuchten, und wir flehen zu dem Allmächtigen – verherrlicht und gepriesen ist Er –, Er möge jeden an diesem Tage fest in Seiner Liebe und standhaft in Seiner Sache bleiben lassen. Er ist fürwahr der Beschützer derer, die Ihm ganz ergeben sind und Seiner Richtschnur folgen.
O Volk Gottes! Zahllos sind die Welten, die Unsere Feder der Herrlichkeit entschleiert, und mannigfach die Augen, denen sie wahre Aufklärung verleiht. Doch die Mehrheit des persischen Volkes ist nach wie vor der Wohltaten vorteilhafter Ratschläge beraubt und leidet weiterhin Mangel an nützlichen Künsten und Wissenschaften. Ehedem offenbarte die Feder der Herrlichkeit die folgenden erhabenen Worte zu Ehren eines Getreuen, damit die Verirrten die Wahrheit annehmen und sich mit den Feinheiten des Gesetzes Gottes vertraut machen.
Die Zweifler und die Ungläubigen richten den Sinn auf viererlei: erstens das Blutvergießen, zweitens die Bücherverbrennung, drittens das Meiden der Anhänger anderer Religionen, viertens die Ausrottung anderer Gemeinschaften und Gruppen. Aber nunmehr sind durch die kraftvolle Gnade und Allgewalt des Wortes Gottes diese vier Schranken beseitigt, diese ausdrücklichen Befehle aus Gottes Tafel getilgt und tierische Anlagen in geistige Eigenschaften verwandelt worden. Erhaben ist Sein Ziel, verherrlicht wird Seine Macht, gelobt Seine Herrschaft! Laßt uns nun zu Gott flehen – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, Er möge die Shí‘iten rechtleiten und sie von ungehörigen Verhaltensweisen läutern. Pausenlos träufeln Verwünschungen von ihren Lippen, und das Wort ›Mal‘ún‹A46 mit einem besonders tief aus dem Rachen kommenden ‘Ayn-Laut auszusprechen, ist ihnen täglich ein Genuß.
O Gott, mein Gott! Du hörst die Seufzer Dessen, Der Dein LichtA47 ist. Du lauschest Seinen Klagen bei Tag und bei Nacht und weißt, daß Er nichts für sich selber wünscht, sondern die Seelen Deiner Diener zu heiligen sucht und sie von dem Feuer befreien will, das sie von allen Seiten bedrängt. O Herr! Deine begünstigten Diener erheben die Hände zum Himmel Deiner Großmut, und die Dich aufrichtig lieben, flehen zu den erhabenen Höhen Deiner Freigebigkeit. Ich bitte Dich, enttäusche sie nicht in dem, was sie aus dem Meere Deiner Gunst, vom Himmel Deiner Gnade und von der Sonne Deiner Großmut erhoffen. Hilf ihnen, o Herr, Tugenden zu erwerben, die ihren Rang unter den Völkern der Welt erhöhen. Wahrlich, Du bist der Kraftvolle, der Mächtige, der Großmütigste.
O Volk Gottes! Höret auf das, was Freiheit, Wohlfahrt, Ruhe, Erhabenheit und Fortschritt aller Menschen sichert, wenn es beachtet wird. Gewisse Gesetze und Grundsätze sind für Persien notwendig, ja unabdingbar. Aber es ist angebracht, daß solche Maßnahmen in Übereinstimmung mit den wohlerwogenen Ansichten Seiner Majestät – möge Gott ihm durch Seine Gnade beistehen – sowie der gelehrten Geistlichen und der Stammesfürsten von hohem Rang getroffen werden. Mit ihrem Einverständnis sollte ein Ort bestimmt werden, an dem sie sich treffen. Dort sollten sie sich fest an das Seil der Beratung halten; sie sollten beschließen und vollziehen, was Sicherheit, Wohlfahrt, Wohlstand und Ruhe des Volkes bewirkt. Denn würden andere als solche Maßnahmen ergriffen, so könnten sie nur zu Chaos und Aufruhr führen.
Nach den Grundgesetzen, die Wir bereits früher im Kitáb-i-Aqdas und in anderen Sendbriefen offenbart haben, ist das Gemeinwohl gerechten Königen und Präsidenten sowie den Treuhändern des Hauses der Gerechtigkeit anvertraut. Wer gerecht denkt und urteilt, wird, wenn er über Unsere Verkündigung nachsinnt, mit seinem inneren wie mit seinem äußeren Auge die Sonne der Gerechtigkeit wahrnehmen, wie sie mit ihrem Strahlenglanz daraus hervorleuchtet.
Das Herrschaftssystem, welches das britische Volk in London angenommen hat, scheint gut zu sein; denn es ist sowohl mit dem Lichte des Königtums als auch mit dem der Beratung des Volkes geschmückt.
Bei der Formulierung der Grundsätze und Gesetze ist ein Abschnitt den Strafen gewidmet, die ein wirksames Mittel für die Sicherheit und den Schutz der Menschen darstellen. Strafandrohungen lassen die Menschen jedoch nur äußerlich davon absehen, gemeine, niederträchtige Taten zu begehen. Was den Menschen äußerlich wie innerlich bewahrt und ihn von Untaten abhält, war und ist die Gottesfurcht. Sie ist des Menschen wahrer Schutz, sein geistiger Hüter. Es geziemt ihm, sich beharrlich an das zu halten, was diese höchste Gnadengabe in Erscheinung treten läßt. Wohl dem, der hört, was Meine Feder der Herrlichkeit verkündet, und beachtet, was ihm der Verordner, der Altehrwürdige der Tage, gebietet.
O Volk Gottes, neige dein Herz den Ratschlägen deines wahren, deines unvergleichlichen Freundes! Das Wort Gottes mag mit einem jungen Sämling verglichen werden, dessen Wurzeln in die Herzen der Menschen gepflanzt wurden. Es ist eure Pflicht, sein Wachstum durch die lebendigen Wasser der Weisheit, durch lautere, heilige Worte zu fördern, damit seine Wurzeln festwachsen und seine Zweige sich bis in die Himmel und noch höher ausbreiten.
O ihr, die ihr auf Erden wohnt! Das Unterscheidungsmerkmal für die Einzigartigkeit dieser höchsten Offenbarung besteht darin, daß Wir einerseits aus Gottes Heiligem Buche gelöscht haben, was die Ursache von Streit, Bosheit und Unrecht unter den Menschenkindern gewesen ist, andererseits die wesentlichen Vorbedingungen für Eintracht, Verständigung und völlige, dauernde Einheit niedergelegt haben. Wohl dem, der Meine Gesetze hält.
Immer wieder haben Wir Unsere Geliebten ermahnt, alles zu meiden, ja zu fliehen, was auch nur den Geruch eines Unrechts an sich hat. Die Welt ist in großem Aufruhr und der Geist ihrer Bewohner im Zustand völliger Verwirrung. Wir flehen zum Allmächtigen, daß Er sie gnädig erleuchte durch die Pracht Seiner Gerechtigkeit und sie befähige, dessen gewahr zu werden, was ihnen zu allen Zeiten und unter allen Umständen zum Vorteil gereicht. Er, wahrlich, ist der Allbesitzende, der Höchste.
Bereits früher haben Wir folgende erhabenen Worte geäußert: Wer diesem Unterdrückten treu ergeben ist, der sei befruchtend wie eine Regenwolke zu Zeiten der Nächstenliebe und der Wohltätigkeit, aber wie eine Feuerlohe, wenn es um die Zähmung seines niedrigen, begehrlichen Wesens geht.
Gnädiger Gott! Kürzlich geschah etwas, das große Verwunderung hervorrief. Wie berichtet wurde, begab sich eine gewisse PersonA48 vor den kaiserlichen Thron Persiens, und es gelang ihr, durch ihre Schmeicheleien die Gunst verschiedener Adliger zu erlangen. Wie erbärmlich fürwahr, wie beklagenswert! Man ist erstaunt, wie Menschen, die Sinnbilder der höchsten Herrlichkeit waren, sich nun zu grenzenloser Schande erniedrigen. Was ist aus ihren hohen Vorsätzen geworden? Wohin sind ihre Würde und ihr Ehrgefühl entschwunden? Einst strahlte die Sonne der Herrlichkeit und Weisheit unaufhörlich am Himmel Persiens, aber heutzutage ist sie so tief gesunken, daß sich gewisse Würdenträger von Narren wie Spielzeug behandeln lassen. Die besagte Person hat über dieses Volk in der ägyptischen Presse und in der Beiruter Enzyklopädie Dinge geschrieben, daß die Wohlunterrichteten und Gebildeten bestürzt waren. Sodann begab er sich nach Paris, wo er eine Zeitung mit dem Namen ‘Urvatu’l-VuthqáA49 herausgab und sie in alle Teile der Welt sandte. Er sandte auch eine Ausgabe in das Gefängnis von ‘Akká; damit wollte er Zuneigung bekunden und seine früheren Taten wieder gutmachen. Kurz, dieser Unterdrückte hat über ihn geschwiegen. Wir flehen zu dem einen wahren Gott, Er möge ihn schützen und das Licht des gerechten Augenmaßes auf ihn ergießen. Ihm geziemt zu sprechen:
O Gott, mein Gott! Du siehst mich, wie ich vor der Tür Deiner Güte und Vergebung stehe, wie ich meinen Blick auf den Himmelssaum Deiner großmütigen Gunst und Deines mannigfachen Segens richte. Ich bitte dich bei Deiner süßen Stimme und bei dem schrillen Laut Deiner Feder, o Du Herr der ganzen Menschheit, hilf gnädig Deinen Dienern, wie es Deinen Tagen entspricht und der Herrlichkeit Deiner Manifestation und Deiner Majestät ansteht. Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst. Alle Bewohner der Himmel und der Erde bezeugen Deine Kraft und Deine Macht, Deine Herrlichkeit und Deine Freigebigkeit. Preis sei Dir, Du Herr der Welten, Du Einziggeliebter für das Herz jedes Einsichtsvollen!
Du siehst, o mein Gott, wie das Wesen der Armut das Meer Deines Reichtums sucht, wie sich der Inbegriff der Bosheit nach den Wassern Deiner Vergebung und Deiner sanften Gnade sehnt. Gewähre, o mein Gott, was Deiner großen Herrlichkeit entspricht und der Erhabenheit Deiner grenzenlosen Gnade entspringt. Du bist in Wahrheit der alles Gewährende, der Herr überströmender Gnade, der Gesetzgeber, der Allweise. Kein Gott ist außer Dir, dem Mächtigsten, dem Allbezwingenden, dem Allmachtvollen.
O Volk Gottes! Heute sollte jeder die Augen auf den Horizont der folgenden gesegneten Worte richten: »Allein und ohne Hilfe tut Er, was Ihm gefällt.« Wer diese Stufe erreicht, hat wahrlich das Licht der Wesenseinheit Gottes erlangt und wird davon erleuchtet, während alle anderen im Buche Gottes zum Anhang eitlen Wahns und leeren Trugs gerechnet werden. Neigt euer Ohr der Stimme dieses Unterdrückten und sichert euch eure wahre Stufe. Es ist eine zwingende Notwendigkeit und ein Befehl, daß jeder dies beachte.
Unverhüllt und offen hat dieser Unterdrückte allzeit vor dem Angesicht aller Völker der Welt verkündet, was als Schlüssel zu den Toren der Wissenschaften, der Künste, der geistigen Erkenntnis, des Wohlbefindens, der Wohlfahrt und des Wohlstandes dienen wird. Weder konnte das Unrecht der Unterdrücker den durchdringenden Ton der Erhabenen Feder zum Schweigen bringen, noch vermochten Ihn die Eigensinnigen und die Aufrührer mit ihren Zweifeln daran zu hindern, das Höchste Wort zu offenbaren. Von ganzem Herzen flehe Ich zu Gott, Er möge das Volk Bahás schützen und reinigen von dem eitlen Trug und verderbten Wahn, der die Anhänger des früheren Glaubens beherrscht.
O Volk Gottes! Rechtschaffene, gebildete Menschen, die sich der Führung anderer widmen, die von einer niederen, begehrlichen Wesensart befreit sind und dagegen geschützt bleiben, sind in den Augen Dessen, Der die Sehnsucht der Welt ist, Sterne am Himmel wahrer Erkenntnis. Es ist wichtig, ihnen mit Hochachtung zu begegnen. Sie sind fürwahr Springquellen sanftströmenden Wassers, hell strahlende Sterne, Früchte des seligen Baumes, Träger himmlischer Macht, Meere voll himmlischer Weisheit. Glücklich ist, wer ihnen folgt. Wahrlich, eine solche Seele wird im Buche Gottes, des Herrn des mächtigen Thrones, zu denen gezählt, um die es gut stehen soll.
Die Herrlichkeit, welche aus Gott kommt, dem Herrn des Thrones der Höhe und auf Erden hienieden, sei mit euch, dem Volke Bahás, den Gefährten der Roten Arche, und mit allen, die eurer sanften Stimme ihr Ohr neigen und befolgen, was ihnen in diesem machtvollen, diesem wundersamen Sendbrief geboten ist.
Ishráqát (Die Pracht)
Dies ist der Sendbrief Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
Er ist Gott, erhaben ist Er, der Herr der Weisheit und der Rede.
Preis sei Gott, der einzigartig ist in Seiner Majestät, Kraft und Schönheit, unvergleichlich in Seiner Herrlichkeit, Macht und Hoheit. Zu hoch ist Er, als daß menschliche Vorstellungskraft Ihn begreifen oder Ihm irgend jemanden Seinesgleichen als Gefährten beigesellen könnte. Klar hat Er Seinen geraden Pfad in Worten und Äußerungen von höchster Beredsamkeit aufgezeigt. Wahrlich, Er ist der Allbesitzende, der Erhabenste. Als Er beschloß, die neue Schöpfung ins Sein zu rufen, da sandte Er den offenbaren, leuchtenden Punkt vom Horizonte Seines Willens aus; er ging durch alle Zeichen und offenbarte sich in jeder Form, bis er schließlich den Zenit erreichte, wie es Gott, der Herr aller Menschen, gebot.
Dieser Punkt ist der Brennpunkt im Kreise der Namen, der Gipfelpunkt für die Offenbarungen von Buchstaben in der Welt der Schöpfung. Durch ihn erschienen Hinweise auf das undurchdringliche Geheimnis, das reichgeschmückte Sinnbild, Ihn, der im Größten Namen enthüllt ward; einem Namen, der auf der leuchtenden Tafel niedergelegt und in der heiligen, der gesegneten, der schneeweißen Schriftrolle verzeichnet ist. Und als der Punkt vereint wurde mit dem zweiten BuchstabenA50, der zu Beginn der MatháníA51 erscheint, da durchmaß er die Himmel der Rede und der Auslegung. Dann verströmte das ewige Licht Gottes seinen Strahlenglanz; es flammte auf im Herzen des Firmaments des Zeugnisses Gottes, und es brachte zwei Lichtkörper hervor. Verherrlicht sei der Barmherzige, den kein Ausdruck umschreiben, keine Aussage enthüllen, kein Zeichen bezeugen kann. Er ist fürwahr der Verordner, der Allgütige, im Anfang wie im Ende. Und Er schaffte ihnen Beschützer und Verteidiger aus den Heerscharen der Kraft und Macht. Wahrlich, Er ist der Helfer in Gefahr, der Mächtige, der Unbezwungene.
Die Vorrede zu diesem Sendbrief wird wie einst die MatháníA52 zweimal offenbart.
Preis sei Gott, der den Punkt offenbarte und aus ihm die Kenntnis aller Dinge, der vergangenen wie der künftigen, entfaltete – einen Punkt, den Er zum Herold Seines Namens erkor und zum Vorboten Seiner Großen Offenbarung, welche der ganzen Menschheit die Glieder erbeben und Sein Licht in vollem Glanz über dem Horizont der Welt erstrahlen ließ. Wahrlich, dies ist der Punkt, den Gott zu einem Lichtmeer für die Aufrichtigen unter Seinen Dienern bestimmte und zugleich zu einer Feuerflamme für die Eigensinnigen unter Seinen Geschöpfen sowie die Gottlosen in Seinem Volke, sie, welche die Gabe Gottes gegen den Unglauben verschacherten, das himmlische Mahl gegen Heuchelei, und ihren Anhang zu einer elenden Wohnstatt führten. Sie sind die Leute, welche in der ganzen Welt Aufruhr entfachen und Sein Bündnis brechen an dem Tage, da das Unsterbliche Wesen Seinen Thron bestieg und der Rufer mit lauter Stimme rief in der Freistatt der Sicherheit und des Friedens, tief im heiligen Tale.
O ihr Anhänger des Bayán! Fürchtet den Allbarmherzigen. Dies ist Der, welchen Muḥammad, der Gesandte Gottes, verherrlicht hat, und vor Ihm der GeistA53, und vor Diesem Der, welcher mit Gott Zwiesprache hielt.A54 Dies ist der Punkt des Bayán, der laut vor dem Throne ausruft: »Bei der Gerechtigkeit Gottes, ihr seid erschaffen, um diese Größte Verkündigung, diesen Vollkommenen Pfad zu verherrlichen. Er lag verborgen in den Seelen der Propheten; er war wie ein Schatz verwahrt in den Herzen der Erwählten Gottes und wurde niedergeschrieben von der ruhmreichen Feder eures Herrn, des Besitzers der Namen.«
Sprich: Sterbt in eurem Zorn, o ihr Böswilligen! Wahrlich, Er, Dessen Wissen nichts entgeht, ist gekommen. Er, Der das Antlitz der göttlichen Erkenntnis vor Freude strahlen ließ, ist da. Durch Ihn ist das Reich der Rede geschmückt, jede empfängliche Seele richtet ihr Angesicht auf den Herrn der Offenbarungen, jeder Kniefällige erhebt sich, und jeder Träge eilt, zum Sinai der Gewißheit zu gelangen. Dies ist der Tag, den Gott zu einem Segen für die Rechtschaffenen bestimmte, zu einem Strafgericht über die Gottlosen, zur Wohltat für die Glaubenden und zum Ausbruch Seines Zornes für die Ungläubigen und Eigensinnigen. Wahrlich, Er ist offenbart worden, von Gott bekleidet mit unüberwindlicher Souveränität. Er hat verkündet, was weder auf Erden noch in den Himmeln seinesgleichen hat.
Fürchtet den Allbarmherzigen, o Volk des Bayán, und begehet nicht, was die Anhänger des Qur’án begingen – sie, die Tag und Nacht ihren Glauben an die Religion Gottes bekundeten; als aber der Herr aller Menschen erschien, wandten sie sich von Ihm ab und sprachen ein so grausames Urteil gegen Ihn, daß am Tage der Wiederkehr das Mutterbuch in tiefem Schmerz Sein Geschick beklagte. Erinnert euch ihrer Taten und ihrer Worte und denket darüber nach, auch über ihren Rang und ihren Wert sowie alles, was sie verübten, als Er, der am Sinai Zwiesprache gehalten hatte, Seine Zunge löste, als die Posaune erscholl und alle im Himmel und auf Erden in Ohnmacht fielen, ausgenommen jene, die zu den Buchstaben der Bestätigung gerechnet sind.
O Volk des Bayán! Laßt euren eitlen Wahn und leeren Trug, alsdann schauet mit rechtem Augenmaß auf den Morgen Seiner Verkündigung und betrachtet, was Er offenbart, die Worte, die Er von Gott verkündet, und die Leiden, die Ihm die Hände Seiner Feinde angetan. Er ist Der, welcher jedwede Heimsuchung willig auf sich nahm, um Seine Sache zu verkünden und Sein Wort zu verherrlichen. Einmal duldete Er Kerkerhaft im Lande ṬáA55, ein andermal im Lande MímA56, dann noch einmal im erstgenannten Land – alles für die Sache Gottes, des Schöpfers der Himmel. Für Seine Liebe zur Sache Gottes, des Allmächtigen, des Allbarmherzigen, wurde Er dort in Ketten und Bande gelegt.
O Volk des Bayán! Habt ihr die Ermahnungen vergessen, die Meine Feder offenbarte und Meine Zunge sprach? Habt ihr Meine Gewißheit verschachert gegen euren eitlen Wahn und Meinen Pfad gegen eure selbstischen Begierden? Habt ihr die Gebote Gottes und Sein Gedenken weggeworfen, Seine Gesetze und Vorschriften aufgegeben? Fürchtet Gott, überlaßt den leeren Trug seinen Erzeugern, den Aberglauben seinen Erfindern und die Zweifel denen, die sie ausbrüten. Mit strahlendem Angesicht und mit makellosem Herzen schreitet sodann voran zu dem Himmelssaum, über dem hell die Sonne der Gewißheit scheint auf Geheiß Gottes, des Herrn der Offenbarungen.
Preis sei Gott, der die Größte Unfehlbarkeit zum Panzer für den Tempel Seiner Sache im Reiche der Schöpfung machte und keinem einen Anteil an dieser hehren, erhabenen Stufe zuwies. Diese Stufe ist ein Gewand, das die Finger allüberragender Macht für Sein erlauchtes Selbst gewoben haben. Es kleidet keinen außer Demjenigen, Der auf dem mächtigen Throne des »Er tut, was Ihm gefällt«Q12 sitzt. Wer anerkennt und bekennt, was die Feder der Herrlichkeit in diesem Augenblick niederschreibt, wird wahrlich im Buche Gottes, des Herrn des Anfangs und des Endes, zu den Trägern göttlicher Einheit gezählt, zu denen, die den Begriff der Einheit Gottes stützen.
Als der Fluß der Worte diesen Stand erreichte, verströmten weit und breit die süßen Düfte wahrer Erkenntnis, und die Sonne göttlicher Einheit erstrahlte am Horizont Seiner heiligen Rede. Selig ist, wen Sein Ruf zum Gipfel der Herrlichkeit hinzieht, wer dem letzten Ziele nahekommt und im durchdringenden Ton Meiner Feder der Herrlichkeit erkennt, was der Herr dieser und der kommenden Welt will. Wer indessen versäumt, den erlesenen Wein zu trinken, den Wir durch die Kraft Unseres Namens, der Allbezwingende, entsiegelt haben, der wird außerstande sein, das Licht göttlicher Einheit an seinen Strahlen zu erkennen oder den Sinn und Zweck zu begreifen, der den Schriften Gottes, des Herrn von Himmel und Erde, des Alleinherrschers in dieser und der kommenden Welt, zugrundeliegt. Ein solcher Mensch wird im Buche Gottes, des Allwissenden, des Allunterrichteten, zu den Ungläubigen gerechnet.
O du verehrter Frager!A57 Wir bezeugen, daß du treu die gebotene Geduld übtest in den Tagen, da die Feder an ihrer Bewegung gehindert war und die Zunge zögerte, eine Erläuterung des wundersamen Zeichens, der Größten Unfehlbarkeit, darzutun. Du hast diesen Unterdrückten gebeten, ihre Schleier für dich zu entfernen, dir ihr Geheimnis und ihr Wesen, ihren Rang, ihre Stufe, ihre Vortrefflichkeit, Hoheit und Erhabenheit zu erhellen. Beim Leben Gottes! Würden Wir die Zeugnisse enthüllen, die wie Perlen in den Muscheln des Meeres der Erkenntnis und der Sicherheit verborgen ruhen, oder wollten Wir die Schönheiten des göttlichen Geheimnisses, die in den Gemächern der Rede im Paradiese wahren Verstehens behütet wohnen, aus ihrer Wohnstatt hervortreten lassen, dann würde unter den Religionsführern allerorts heftiger Aufruhr entstehen, und du würdest das Volk Gottes in den Klauen und Zähnen solcher Wölfe sehen, die Gott am Anfang und am Ende verleugnet haben. So zügelten Wir die Feder aus göttlicher Weisheit geraume Zeit, um die Gläubigen vor denen zu schützen, die himmlischen Segen gegen Zweifel verschachern und für ihr Volk die Stätte der Verdammnis wählen.A58
O du Gottsucher, begabt mit klarer Einsicht! Ich schwöre bei Dem, Der die Scharen der Höhe durch die Kraft des erhabensten Wortes anzog! Wahrlich, die Vögel in den Gefilden Meines Reiches und die Tauben im Rosengarten Meiner Weisheit singen und gurren Lieder, die unergründlich sind für alle außer Gott, dem Herrn der Reiche im Himmel und auf Erden, und würden diese Lieder um weniger als ein Nadelöhr enthüllt, so würde das Volk der Tyrannei Verleumdungen äußern, wie sie keines der früheren Geschlechter je geäußert hat, und würde Taten begehen, wie sie noch keiner in früheren Zeiten verübt hat. Sie verwerfen die Gaben Gottes und Seine Beweise, sie leugnen das Zeugnis Gottes und Seine Zeichen. Sie gehen in die Irre, führen das Volk in die Irre und merken es dennoch nicht. Leeren Wahn beten sie an und wissen es nicht. Eitlen Trug wählen sie sich zum Herrn, Gottes vergessend, und doch verstehen sie es nicht. Das größte Meer lassen sie hinter sich und hasten einem Tümpel zu, aber sie begreifen es nicht. Sie folgen ihrem eigenen eitlen Trug und kehren sich ab von Gott, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.
Sprich: Bei der Gerechtigkeit Gottes! Der Allerbarmer ist gekommen, bekleidet mit Macht und Souveränität. Durch Seine Macht erzittern die Grundmauern der Religionen, und die Nachtigall des Wortes schlägt auf dem höchsten Zweige wahren Verstehens. Er, der im Wissen Gottes verborgen und in den Heiligen Schriften erwähnt war, ist wahrlich gekommen. Sprich: Heute ist der Tag, da der Sprecher am Sinai den Thron der Offenbarung einnimmt und das Volk vor dem Herrn der Welten steht.A59 Heute ist der Tag, da die Erde ihre Botschaft verkündetA60 und ihre Schätze offenlegt, da die Meere ihre Perlen ans Licht bringen und der göttliche Lotosbaum seine Früchte zeitigt, da die Sonne ihren Strahlenglanz verströmt und die Monde ihr Licht verstreuen, da die Himmel ihre Sterne, die Stunde ihre Zeichen und die Auferstehung ihre furchtbare Majestät offenbaren, da die Federn ihre Kunde von sich geben und alle Geister ihre Geheimnisse offenlegen. Selig der Mensch, der Ihn anerkennt und in Seine Gegenwart gelangt, und wehe denen, die Ihn verleugnen und sich von Ihm wenden! Ich flehe zu Gott, Er möge Seinen Dienern helfen, zu Ihm zurückzukehren. Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Nachsichtige, der Barmherzige.
O du, der du dein Angesicht auf das Reich der Höhe richtest und aus der Hand der Gabenfülle Meinen versiegelten Wein nimmst und trinkst! Wisse, daß der Begriff ›Unfehlbarkeit‹ zahlreiche Bedeutungen und verschiedene Rangstufen hat. Zunächst ist dieser Begriff auf Den anwendbar, Den Gott gegen Irrtum gefeit hat. Desgleichen wird er auf jede Seele bezogen, die Gott vor Sünde, Übertretung, Empörung, Mangel an Ehrfurcht, Unglauben und dergleichen bewahrt. Die Größte Unfehlbarkeit jedoch ist auf Denjenigen beschränkt, Dessen Stufe unermeßlich erhaben ist über Gebote oder Verbote, geheiligt über Irrtümer und Versäumnisse. Er ist fürwahr ein Licht, auf welches kein Dunkel folgt, eine Wahrheit, die kein Irrtum ereilt. Würde Er erklären, Wasser sei Wein, Himmel sei Erde oder Licht sei Feuer, so spräche Er die Wahrheit, und es gäbe keinen Zweifel daran; keiner hätte das Recht, Seine Vollmacht anzuzweifeln oder warum und wofür zu fragen. Wer Einwände erhebt, wird im Buche Gottes, des Herrn der Welten, zu den Eigensinnigen gezählt. »Wahrlich, Er wird um Sein Tun nicht befragt, sie aber werden um ihr Tun befragt.«Q13 Er ist aus dem unsichtbaren Himmel gekommen, das Banner »Er tut, was Er will«Q14 in den Händen, begleitet von den Heerscharen der Macht und Herrschaft, während alle außer Ihm die Pflicht haben, die Gesetze und Gebote genau zu befolgen, die ihnen auferlegt sind. Wenn jemand auch nur um Haaresbreite davon abwiche, würden seine Werke zunichte.
Bedenke die Zeit, da Muḥammad erschien, und rufe sie dir vor Augen. Er sprach, und Sein Wort ist die Wahrheit: »Die Pilgerfahrt zum HauseA61 ist ein Dienst vor Gott.«Q15 Und das gleiche sind das tägliche Gebet, die Fasten sowie die Gesetze, die am Horizont des Buches Gottes, des Herrn der Welt und des wahren Erziehers der Völker und Geschlechter auf Erden, erschienen. Jeder hat die Pflicht, Ihm zu gehorchen in allem, was Gott verordnet hat, und wer Ihn verleugnet, glaubt nicht an Gott, Seine Verse, Seine Sendboten und Seine Bücher. Würde Er erklären, Rechtes sei falsch oder Leugnung sei Glaube, so spräche Er die Wahrheit, wie Gott es befiehlt. Dies ist eine Stufe, auf der Sünden und Übertretungen weder bestehen noch erwähnt werden. Erwäge den seligen, den göttlich offenbarten Vers, in dem die Pilgerfahrt zu dem Hause jedermann auferlegt worden ist. Es oblag denen, die nach IhmA62 mit Amtsgewalt bekleidet waren, alles zu befolgen, was ihnen im Buche vorgeschrieben war. Keinem ist das Recht gegeben, von den Gesetzen und Geboten Gottes abzuweichen. Wer davon abweicht, wird im Buche Gottes, des Herrn des Mächtigen Thrones, zu den Sündern gezählt.
O du, der du den Blick auf den Morgen der Sache Gottes richtest! Wisse mit Gewißheit, daß der Wille Gottes nicht von den Maßstäben des Volkes begrenzt wird und daß Gott nicht in ihren Wegen wandelt. Vielmehr hat jeder die Pflicht, sich fest an Gottes geraden Pfad zu halten. Würde Er verkünden, rechts sei links oder Süd sei Nord, so spräche Er die Wahrheit, und es gäbe keinen Zweifel daran. Wahrlich, Ihm gebührt Lob für Seine Beschlüsse und Gehorsam gegenüber Seinem Geheiß. Er hat keinen Gefährten in Seinem Urteil und keinen Helfer in Seiner Souveränität. Er tut, was Er will, und verordnet, was Ihm beliebt. Wisse ferner, daß alle außer Ihm durch die Kraft eines Wortes aus Seiner Gegenwart erschaffen sind, während keiner aus sich selbst heraus Bewegung oder Ruhe findet, es sei denn durch Sein Gebot und mit Seiner Erlaubnis.
O du, der du dich in die Höhenluft der Liebe und der Freundschaft aufschwingst und deinen Blick auf das lichte Antlitz deines Herrn, des Königs der Schöpfung, richtest! Sage Gott Dank dafür, daß Er dir entwickelt, was in Seinem Wissen verborgen und verwahrt gewesen, auf daß jedermann gewahr werde, daß Er sich im Reiche Seiner höchsten Unfehlbarkeit keinen Gefährten oder Ratgeber erkoren hat. Er ist fürwahr der Morgen göttlicher Regeln und Gebote, der Springquell der Erkenntnis und Weisheit, während alle außer Ihm nur Seine Untertanen sind und unter Seiner Herrschaft stehen. Er ist der höchste Herrscher, der Verordner, der Allwissende, der Allunterrichtete.
Was dich selbst anbelangt: Wann immer dich der Lebensodem der offenbarten Verse entzückt, wann immer dich die reinen, lebenspendenden Wasser, dargereicht von der großmütigen Hand deines Herrn, des unumschränkten Herrschers am Tage der Auferstehung, mit sich forttragen, erhebe du deine Stimme und sprich:
O mein Gott! O mein Gott! Ich danke Dir, daß Du mich hin zu Dir lenkst, daß Du mich zu Deinem Horizonte hinführst, mir Deinen Pfad zeigst, mir Dein Zeugnis enthüllst und mich befähigst, mein Angesicht auf Dich zu richten, während die meisten Gelehrten und Geistlichen unter Deinen Dienern samt allen, die ihnen nachfolgen, ohne den geringsten Beweis und ohne jedes Zeugnis von Dir sich abkehren. Preis sei Dir, o Herr der Namen, und Ruhm sei Dir, o Schöpfer der Himmel, daß Du mir durch die Macht Deines Namens, der Selbstbestehende, von Deinem versiegelten Weine zu trinken gibst, mich Dir nahe kommen läßt und mich befähigst, den Morgen Deines Wortes, die Manifestation Deiner Zeichen, den Springquell Deiner Gesetze und Gebote, den Urgrund Deiner Weisheit und Deiner Gnadengaben zu erkennen. Selig ist das Land, das Deine Fußstapfen adeln, darauf der Thron Deiner Allgewalt steht und darin der Duft Deines Gewandes sich verbreitet. Bei Deiner Herrlichkeit und Majestät, Deiner Macht und Kraft, ich wünsche mir mein Sehvermögen nur, um Deine Schönheit zu schauen, und mein Gehör allein, um Deinen Ruf und Deine Verse zu vernehmen.
O mein Gott! O mein Gott! Halte die Augen nicht fern von den Dingen, für die Du sie erschaffen hast, noch verwehre den Angesichtern, sich Deinem Lichthimmel zuzuwenden, an den Toren Deiner Majestät zu huldigen, vor Deinem Throne zu erscheinen oder sich vor der strahlenden Sonne Deiner Gabenfülle zu verneigen.
Ich bin der, o Herr, welcher mit Herz und Seele, mit allen Gliedern, mit seiner inneren wie mit seiner äußeren Zunge Deine Einheit und Deine Einzigkeit bekundet und bezeugt, daß Du Gott bist und daß es außer Dir keinen Gott gibt. Du hast die Menschheit ins Leben gerufen, damit sie Dich erkenne und Deiner Sache diene, auf daß solchermaßen ihre Stufe auf Deiner Erde erhöht werde und die Seelen der Menschen erbaut werden vermöge all dessen, was Du in Deinen Schriften, Deinen Büchern und Deinen Tafeln offenbart hast. Aber kaum hattest Du Dich offenbart und Deine Zeichen enthüllt, da wandten sie sich von Dir ab, leugneten Dich und verwarfen, was Du kraft Deiner Macht und Stärke vor ihren Augen entschleiertest. Sie erhoben sich, Dir Leid zuzufügen, Dein Licht zu löschen und die Flamme zu ersticken, die in Deinem Brennenden Busche lodert. So schlimm schwoll ihr Frevel, daß sie sich verschworen, Dein Blut zu vergießen und Deine Ehre zu verletzen. Solches tat auch erA63, den Du mit der Hand Deiner Gnade großgezogen hattest, den Du vor dem Unheil der Aufrührer unter Deinen Geschöpfen und der Eigensinnigen unter Deinen Dienern beschützt hattest, er, dem Du aufgegeben hattest, Deine heiligen Verse vor Deinem Throne niederzuschreiben.
Wehe, wehe ob der Taten, die er in Deinen Tagen verübte, bis daß er Deinen Bund und Dein Testament brach, Deine heilige Schrift verwarf, aufrührerisch sich erhob und beging, was die Bewohner Deines Reiches zum Weinen brachte. Kaum hatte er sodann bemerkt, daß seine Hoffnungen zunichte wurden, kaum hatte er den Dunst völligen Versagens verspürt, da erhob er seine Stimme und äußerte, was Deine Erwählten, die Dir nahe sind, und alle im Festzelt der Herrlichkeit verblüffte.
Du siehst mich, o mein Gott, wie ich mich vor Qual im Staube winde gleich einem Fisch. Erlöse mich, hab Mitleid mit mir, o Du, dessen Hilfe von allen Menschen erfleht wird, o Du, in dessen Hand die Zügel der Macht über alle Männer und Frauen liegen. Sooft ich meiner schweren Fehler und meiner schlimmen Vergehen gedenke, packt mich Verzweiflung von allen Seiten, und sooft ich innehalte, um über das Meer Deiner Großmut, den Himmel Deiner Gnade und die Sonne Deines zarten Erbarmens nachzusinnen, atme ich den Duft der Hoffnung, der von rechts und links, von Nord und Süd her strömt, als ob alles Erschaffene mir die frohe Botschaft brächte, daß die Wolken am Himmel Deiner Barmherzigkeit ihren Regen auf mich ergießen werden. Bei Deiner Macht, o Du Stütze und Stab der Aufrichtigen, Du Sehnsucht aller, die sich nahen Zugangs zu Dir erfreuen! Deine mannigfachen Gaben und Gunstbeweise, die Offenbarungen Deiner Güte und Gnade, haben mich wahrhaft ermutigt. Wie sonst könnte das nackte Nichts den Namen Dessen erhöhen, Der durch ein Wort die Schöpfung zum Sein erweckte, wie könnte ein winziges Geschöpf Den preisen, Der zur Genüge dartut, daß keine Beschreibung Ihn je zum Ausdruck bringen, kein Wort des Lobpreises Seinen Ruhm verherrlichen kann? Er steht seit Ewigkeit unermeßlich hoch erhaben über dem Verstehen Seiner Geschöpfe und ist geheiligt von den Vorstellungen Seiner Diener.
O Herr! Du siehst diesen Leblosen vor Deinem Antlitz; laß es in Deiner Freigebigkeit und großzügigen Gunst nicht zu, daß er vom Kelche ewigen Lebens ausgeschlossen bleibt. Du siehst diesen Niedergeschlagenen vor Deinem Throne stehen; weise ihn nicht hinweg vom Meere Deiner Heilung. Ich flehe zu Dir, befähige mich, Deiner zu allen Zeiten und in jeder Lage zu gedenken, Deinen Namen zu erhöhen und Deiner Sache zu dienen, auch wenn ich wohl weiß, daß nichts, was von einem Diener ausgeht, die Begrenzungen seiner Seele überschreiten, nichts Deiner Herrschaft angemessen oder des Hofes Deiner Herrlichkeit und Majestät würdig sein kann.
Deine Macht ist mein Zeuge! Nur für Deinen Lobpreis ist mir meine Zunge von Nutzen, und nur für den Dienst vor Dir ist mir mein Dasein von Gewinn. Wofür außer für den strahlenden Anblick Deines Reiches der Herrlichkeit sollte ich mein Augenlicht schätzen? Und wozu, wenn nicht für die Freude, auf Deine süße Stimme zu lauschen, dient mir mein Gehör?
Wehe mir! Ich weiß nicht, o mein Gott, meine Stütze, Du Sehnsucht meines Herzens, ob Du für mich verordnet hast, was meinen Augen Trost bringt, was mir freudig die Brust bewegt und mein Herz frohlocken läßt, oder ob Dein unwiderruflicher Ratschluß, o Du König der Ewigkeit und unumschränkter Herr über alle Völker, mich hindern wird, vor Deinen Thron zu treten. Ich schwöre bei Deiner Herrlichkeit und Majestät, bei Deiner Macht und Herrschaft, das Dunkel meiner Ferne von Dir hat mich vernichtet. Was ist aus dem Licht Deiner Nähe geworden, o Du Verlangen jedes verständigen Herzens? Die Todesqual der Trennung von Dir hat mich verzehrt. Wo ist das strahlende Licht der Wiedervereinigung mit Dir, Du Heißgeliebter all derer, die Dir ganz ergeben sind?
Du siehst, o mein Gott, was mir auf Deinem Pfade die Hände derer zufügten, die Deine Wahrheit leugnen, Dein Bündnis brechen, Deine Zeichen schmähen, all den Segen, den Du ihnen gewährst, verwerfen, den Versen, die Du herniedersandtest, nicht glauben und sich weigern, das Zeugnis anzuerkennen, das Du erfüllt hast.
O Herr!
Die Zunge meiner Zunge, das Herz meines Herzens, der Geist meines Geistes, mein äußeres wie mein inneres Sein, alle sind Zeugen Deiner Einheit und Einzigkeit, Deiner Macht und Allgewalt, Deiner Hoheit und Herrschaft; sie alle bezeugen Deinen Ruhm, Deine Erhabenheit und Allmacht.
Ich bezeuge, daß Du Gott bist und daß es neben Dir keinen anderen Gott gibt.
Seit Ewigkeit warst Du ein vor dem Anblick und dem Verstand der Menschen verborgener Schatz, und Du wirst bis in alle Ewigkeit so bleiben.
Keine Macht der Erde kann Dich hindern, keine Gewalt der Völker kann Dich schrecken.
Du bist Der, welcher das Tor der Erkenntnis vor dem Angesicht Deiner Diener aufgetan hat, damit sie Den anerkennen, Der der Morgenstern Deiner Offenbarung, der Aufgangsort Deiner Zeichen, der Himmel Deiner Manifestation und die Sonne Deiner göttlichen Schönheit ist.
In Deinen heiligen Büchern, in Deinen Sendbriefen und Schriftrollen hast Du allen Völkern der Welt verheißen, daß Du selbst erscheinen und die Schleier der Herrlichkeit vor Deinem Antlitz hinwegziehen wirst, wie Du es in Deinen Worten an Deinen FreundA64 ankündigtest, durch den die Sonne der Offenbarung hell am Horizont des Ḥijáz erstrahlte und das Morgenlicht göttlicher Wahrheit seinen Glanz über alle Menschen ergoß, als Du verkündetest:
»Der Tag, da die Menschheit vor dem Herrn der Welten stehen wird.«Q16 Und vor Muḥammad gabst Du diese frohe Botschaft Dem, der mit Dir Zwiesprache hielt,A65 und sprachest zu Ihm:
»Führe dein Volk hervor aus dem Dunkel in das Licht und gemahne es an die Tage Gottes.«Q17 Des weiteren verkündetest Du diese Wahrheit dem GeisteA66 und Deinen Propheten und Deinen Boten aus früher und jüngerer Zeit.
Strömte alles, was Du zur Verherrlichung dieses Größten Gedenkens, dieser Größten Verkündigung herniedersandtest, aus dem Brunnquell Deiner Erhabensten Feder hervor, die Bewohner in den Städten der Erkenntnis wären starr vor Staunen, ausgenommen solche, die Du kraft Deiner Macht vom Banne löstest und zum Zeichen Deiner freigebigen Gunst und Gnade beschütztest.
Ich bezeuge, daß Du fürwahr Dein Pfand eingelöst und Den offenbart hast, Dessen Kommen von Deinen Propheten, Deinen Erwählten und Deinen Dienern verheißen ward.
Er ist gekommen vom Horizont der Macht und Herrlichkeit, die Banner Deiner Zeichen und die Standarten Deiner Zeugnisse in Händen.
Durch die Kraft Deiner unbezwinglichen Macht und Stärke erhob Er sich vor allen Menschen und rief die ganze Menschheit zum Gipfel überragender Herrlichkeit, hin zum höchsten Horizont, solchermaßen, daß weder der Widerstand der Geistlichen noch der Angriff der Herrscher Ihn hindern konnten.
Er stand auf mit unbeugsamem Entschluß, löste Seine Zunge und kündete in klingenden Tönen:
»Er, der Allgütige, ist erschienen, hoch auf den Wolken reitend.
Tritt herzu, o Volk der Erde, mit leuchtendem Antlitz und strahlendem Herzen!«
Groß ist wahrlich der Segen dessen, der Deine Gegenwart erlangt, den Wein der Wiedervereinigung aus der Hand Deiner Großmut nimmt und trinkt, der den Duft Deiner Zeichen atmet, der seine Zunge löst, Deinen Lobpreis zu feiern, hoch sich in Deine Himmel schwingt, von Deiner süßen Stimme entrückt wird, Zutritt in das erhabenste Paradies erlangt und die Stufe unverschleierter innerer Schau vor dem Throne Deiner Majestät erreicht.
Ich bitte Dich bei der Größten Unfehlbarkeit, die Du zum Tagesanbruch Deiner Offenbarung erwähltest, und bei Deinem erhabensten Worte, durch dessen Wirkkraft Du die Schöpfung ins Leben riefest und Deine Sache enthülltest, und bei diesem Namen, der alle anderen Namen stöhnen und den Weltweisen die Glieder erzittern ließ, ich bitte Dich, mache mich frei von allem außer Dir, solchermaßen, daß ich mich nur mit Deinem Willen und Wohlgefallen bewege, daß ich nur nach Deinem Befehl und Deiner Absicht spreche und nur die Worte Deines Lobpreises und Deiner Verherrlichung höre.
Ich verherrliche Deinen Namen, o mein Gott, und sage Dir Dank, o meine Sehnsucht, daß Du mich befähigt hast, Deinen geraden Pfad klar zu erkennen, daß Du Deine Große Verkündigung vor meinen Augen enthülltest und mir halfest, mein Angesicht auf den Morgen Deiner Offenbarung und auf den Springquell Deiner Sache zu richten, während Deine Diener und Dein Volk sich von Dir abkehrten. Ich flehe zu Dir, o Herr im Reiche der Ewigkeit, bei dem durchdringenden Ton der Allherrlichen Feder, bei dem Brennenden Feuer, das laut aus dem grünenden Baume ruft, und bei der Arche, die Du eigens dem Volke Bahás bereitetest, gewähre, daß ich standhaft bleibe in meiner Liebe zu Dir, zufrieden mit allem, was Du mir in Deinem Buche verordnet hast, fest in Deinem Dienst und im Dienst an Deinen Geliebten. Stehe sodann Deinen Dienern gnädig bei, o mein Gott, zu tun, was Deine Sache erhöhen hilft und was sie befähigt, alles zu befolgen, was Du in Deinem Buch offenbart hast.
Wahrlich, Du bist der Herr der Kraft, Du bist mächtig zu bestimmen, was Du willst, und in Deinem Griff hältst Du die Zügel alles Erschaffenen. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Allwissenden, dem Allweisen.
O Jalíl! Wir enthüllten deinen Augen das Meer und seine Wogen, die Sonne und ihren Glanz, die Himmel und ihre Sterne, die Muscheln und ihre Perlen. Danke Gott für diese große Gabe, diese gnädige Gunst, die alle Welt durchdringt.
O du, der du deine Augen auf die Strahlen Meines Antlitzes richtest!
Eitler Wahn umgibt die Erdenbewohner und hindert sie, sich dem Horizonte der Gewißheit, seiner Klarheit, seinen Offenbarungen und seinem Lichte zuzuwenden.
Leerer Trug hält sie von Ihm, dem Selbstbestehenden, ab.
Sie reden, was ihnen ihre Launen eingeben, und haben kein Verständnis.
Unter ihnen sind jene, die sagen:
»Sind die Verse offenbart worden?« Sprich:
»Ja, beim Herrn der Himmel!« »Ist die StundeA67 gekommen?« »Nein, sie ist sogar schon vorüber, bei Ihm, dem Offenbarer klarer Zeichen!
Wahrlich, die UnvermeidlicheA68 ist gekommen, und Er, der Wahre, ist mit Zeugnis und Beweis erschienen.
Das LandA69 liegt offen, und die Menschheit ist in Furcht und Schrecken.
Die Erde bebtA70, die Geschlechter wehklagen aus Furcht vor Gott, dem Herrn der Kraft, dem Allbezwingenden.« Sprich:
»Betäubend laut erschallt die Posaune, und der Tag ist Gottes, des Einen, des Unbeschränkten.« Und sie fragen:
»Ist die KatastropheA71 eingetreten?« Sprich:
»Ja, bei dem Herrn der Herren!« »Ist die Auferstehung geschehen?« »Nein, mehr noch:
Er, der SelbstbestehendeA72, ist mit dem Königreich Seiner Zeichen erschienen.« »Siehst du die Menschen niedergestürzt?«A73 »Ja, bei meinem Herrn, dem Höchsten, dem Herrlichsten!« »Sind die Baumstämme entwurzelt worden?«A74 »Ja, mehr noch:
Selbst die Berge wurden durch Ihn, den Herrn der Eigenschaften, zu Staub zermahlen!«A75 Sie fragen:
»Wo ist das Paradies und wo die Hölle?« Sprich:
»Das eine ist die Vereinigung mit Mir, das andere dein eigenes Selbst, o du, der du Gott einen Gefährten zugesellst und zweifelst.« Sie sagen:
»Wir sehen die Waage nicht.« Sprich:
»Freilich, bei meinem Herrn, dem Gott des Erbarmens!
Keiner kann sie sehen außer den Einsichtsvollen.« Sie fragen:
»Sind die Sterne gefallen?« Sprich:
»Ja, als Er, der Selbstbestehende, im Land des Geheimnisses A76 wohnte.
Habt acht, o ihr scharf Unterscheidenden!« Alle Zeichen erschienen, als Wir die Hand der Macht aus dem Busen der Majestät und Herrschaft zogen.
Wahrlich, der Rufer hat gerufen, als die verheißene Zeit gekommen war, und die den Strahlenglanz des Sinai erkannten, sanken in der Wüste des Zauderns ohnmächtig hin vor der ehrfurchtgebietenden Majestät deines Herrn, des Herrn der Schöpfung.
Die Posaune fragt:
»Wurde das Horn geblasen?« A77 Sprich:
»Ja, bei dem König der Offenbarung!
Es geschah, als Er den Thron Seines Namens, der Allgütige, bestieg.« Die Finsternis wurde vom Morgenlicht der Gnade deines Herrn, des Quells allen Lichtes, vertrieben.
Der Odem des Allbarmherzigen weht, und die Seelen sind erquickt in den Gräbern ihrer Körper.
So ist der Ratschluß erfüllt von Gott, dem Mächtigen, dem Wohltätigen.
Die die Wahrheit zurückweisen, fragen:
»Wann wurden die Himmel gespalten?« Sprich:
»Während ihr in den Gräbern der Achtlosigkeit und des Irrtums laget.« Einer der Ungläubigen reibt sich die Augen und schaut zur Rechten und zur Linken.
Sprich:
»Verblendet bist du.A78 Keine Zuflucht bleibt dir, dahin du fliehen könntest.« Auch ist einer unter ihnen, der fragt:
»Sind die Menschen versammelt worden?«A79 Sprich:
»Ja, bei Meinem Herrn!
Während du in der Wiege eitlen Wahn lagst.« Und ein anderer unter ihnen fragt:
»Ist das Buch durch die Macht des wahren Glaubens herniedergesandt worden?« Sprich:
»Der wahre Glaube selbst ist darüber in Staunen versetzt.
Fürchtet euch, o ihr Menschen mit verstehendem Herzen!« Und noch einer von ihnen fragt:
»Bin ich blind mit den anderen versammelt worden?«A80 Sprich:
»Ja, bei Ihm, Der auf den Wolken reitet!« Das Paradies ist mit mystischen Rosen geschmückt, und die Hölle lodert auf durch das Feuer der Gottlosen.
Sprich:
»Das Licht ist am Horizont der Offenbarung erschienen, und die ganze Erde wurde beim Kommen des Herrn am Tage des Bündnisses erleuchtet!« Die Zweifler sind zugrunde gegangen, aber gut bestellt ist es um den, der sich, vom Lichte der Überzeugung geführt, zum Morgen der Gewißheit wendet.
Selig bist du, der du deinen Blick auf Mich richtest, um dieses Sendbriefes willen, der für dich herabgesandt ist – ein Sendbrief, der den Seelen der Menschen Aufschwung gibt.
Präge ihn deinem Gedächtnis ein und trage ihn vor.
Bei Meinem Leben!
Er ist ein Tor zur Gnade deines Herrn.
Wohl dem, der ihn am Abend und am Morgen liest.
Wahrlich, Wir hörten, wie du diese Sache priesest, durch die der Berg des Wissens zermalmt ward und die Füße der Menschen strauchelten.
Meine Herrlichkeit sei mit dir und allen, die sich dem Allmächtigen, dem Gabenreichen, zugewandt haben.
Das Sendschreiben ist nun beendet, aber das Thema ist noch nicht erschöpft.
Sei geduldig, denn dein Herr ist der Geduldige.A81
Dies sind Verse, die Wir früher herniedersandten. Wir übermitteln sie dir, damit du erfährst, was ihre Lügenzungen sprechen, nachdem Gott mit Macht und Herrschaft zu ihnen kam. Die Grundlagen eitlen Wahns zittern und der Himmel leeren Truges ist gespalten; dennoch sind die Menschen im Zweifel und hadern mit Ihm. Sie leugnen Gottes Zeugnis und Seinen Beweis, nachdem Er vom Himmel der Macht mit dem Königreich Seiner Zeichen kam. Sie verwerfen, was ihnen im Buche befohlen ist, und verüben, was ihnen darin verboten ward. Abgewandt haben sie sich von ihrem Gott und sind ihren Begierden gefolgt. Sie sind fürwahr vom Wege abgekommen und gehen in die Irre. Sie lesen die Verse und leugnen sie. Sie schauen die klaren Zeichen und kehren sich ab. Wahrlich, sie sind in seltsamen Zweifeln verfangen.
Wir ermahnen Unsere Geliebten zur Gottesfurcht, die der Urquell aller guten Taten und Sitten ist. In der Stadt Bahás ist sie Gebieterin über die Heerscharen des Rechts. Glücklich der Mensch, der in den Schatten ihres leuchtenden Banners tritt und sich fest daran hält. Er, wahrlich, zählt zu den Gefährten der Roten Arche, von der im Qayyúmu’l-Asmá’ die Rede ist.A82
Sprich: O Volk Gottes! Schmückt eure Tempel mit der Zier der Vertrauenswürdigkeit und Frömmigkeit. Alsdann helft eurem Herrn mit den Heerscharen guter Taten und edler Eigenschaften. In Meinen Büchern, Abhandlungen, Schriftrollen und Sendbriefen haben Wir euch Streit und Zwist verboten, und dabei wünschten Wir nur eure Erhöhung und euren Fortschritt. Dies bezeugen die Himmel und ihre Sterne, die Sonne und ihr Glanz, die Bäume und ihre Blätter, die Meere und ihre Wogen, die Erde und ihre Schätze. Wir bitten Gott, Seinen Geliebten beizustehen und sie in dem zu stärken, was auf dieser glückseligen, dieser mächtigen, wunderbaren Stufe ihrer würdig ist. Desgleichen flehen wir zu Ihm, Er möge alle in Meiner Umgebung befähigen zu tun, was ihnen Meine Feder der Herrlichkeit geboten hat.
O Jalíl! Mit dir seien Meine Herrlichkeit und Meine liebevolle Vorsehung. Wahrlich, Wir haben dem Volk zu tun geboten, was angemessen und schicklich ist, und dennoch haben sie begangen, was Mein Herz und Meine Feder wehklagen ließ. Neige dein Ohr dem, was vom Himmel Meines Willens, aus dem Reiche Meines Wohlgefallens herniedergesandt ist. Ich gräme Mich nicht über Meine Gefangenschaft noch über das, was Mir die Hand Meiner Feinde zufügte. Nein, Meine Schmerzen sind von denen verursacht, die behaupten, Mir verbunden zu sein, und doch verüben, was Meine Stimme sich klagend erheben und Meine Tränen fließen läßt. In verschiedenen Sendschreiben haben Wir sie ausführlich ermahnt und zu Gott gefleht, Er möge ihnen gnädig helfen und sie befähigen, Ihm nahezukommen, und möge sie in allem bestätigen, was den Herzen Frieden, den Seelen Ruhe bringt und ihre Hände abhält von Taten, die Seinen Tagen übel anstehen.
Sprich: O Meine Geliebten in Meinen Landen! Höret auf den Rat Dessen, Der euch um Gottes willen ermahnt. Er hat euch wahrlich erschaffen. Er hat vor euren Augen enthüllt, was euch erhöht und eure Belange fördert. Er hat euch Seinen geraden Pfad gewiesen und euch Seine Große Verkündigung angezeigt.
O Jalíl! Ermahne die Menschen zur Gottesfurcht. Bei Gott! Die Gottesfurcht ist die Oberbefehlshaberin über die Streitmacht deines Herrn. Ihre Truppen sind hehre Tugenden und gute Taten. So hat sie durch alle Jahrhunderte und Zeitalter die Städte der Menschenherzen erobert und die Banner der Überlegenheit und des Sieges hoch über allen anderen Bannern gehißt.
Wir wollen dich nun an die Vertrauenswürdigkeit und an die Stufe erinnern, die sie vor Gott, deinem Herrn, dem Herrn des Mächtigen Thrones, einnimmt. Eines Tages begaben Wir uns auf Unsere Grüne InselA83. Als Wir sie betraten, sahen Wir fließende Bäche und Bäume in voller Pracht, zwischen deren Blättern die Sonne spielte. Unser Gesicht nach rechts wendend, sahen Wir, was die Feder nicht zu beschreiben vermag; sie kann nicht kundtun, was das Auge des Herrn der Menschheit an diesem heiligsten, hehrsten, seligsten, erhabensten Orte wahrnahm. Wir wandten Uns darauf zur Linken. Dort sahen Wir eine der Schönen des Erhabensten Paradieses auf einer Säule reinen Lichts stehen und mit lauter Stimme rufen: »O ihr Bewohner von Erde und Himmel! Schauet Meine Schönheit, Mein Leuchten, Meine Erscheinung, Meinen Glanz! Bei Gott, dem Wahren! Ich bin die Vertrauenswürdigkeit, ihre Offenbarung und ihre Schönheit. Ich will jeden belohnen, der sich an Mich hält, Meinen Rang und Meine Stufe erkennt und sich fest an den Saum Meines Gewandes klammert. Ich bin der edelste Schmuck für das Volk Bahás, der Mantel des Ruhmes für alle im Reiche der Schöpfung. Ich bin das erhabenste Werkzeug für die Wohlfahrt der Welt, der Horizont der Sicherheit für alles Leben.« Damit senden Wir dir hernieder, was die Menschen näher zum Herrn der Schöpfung ziehen wird.
Die Feder des Höchsten wendet sich jetzt von der beredten Sprache A84 zur glanzvollen SpracheA85, damit du, o Jalíl, das zarte Erbarmen deines Herrn, des Unvergleichlichen, schätzest und zu den wahrhaft Dankbaren gehörest.
O du, der du den Blick auf den allherrlichen Horizont richtest! Der Ruf ist erhoben, aber der hörenden Ohren sind wenige oder gar keine. Dieser Unterdrückte sieht sich im Schlunde der Schlange; dennoch säumt Er nicht, der Geliebten Gottes zu gedenken. So schlimm waren in diesen Tagen Unsere Leiden, daß die himmlischen Heerscharen zu Tränen gerührt sind und laut klagen. Aber weder alle Not der Welt noch alles Unrecht ihrer Völker können Ihn, den König der Ewigkeit, hindern, die Menschen vorzuladen, noch können sie Seine Absicht vereiteln. Als diejenigen, die sich jahrelang hinter Schleiern verborgen hielten, sahen, wie hell der Horizont der Sache Gottes leuchtet und wie Sein Wort alles durchdrang, da stürmten sie mit Schwertern der Bosheit auf uns ein und fügten uns Leid zu, das keine Feder beschreiben und keine Zunge schildern kann.
Wer gerecht urteilt, der bezeugt, daß seit den frühen Tagen der Sache dieser Unterdrückte sich unverhüllt und strahlend im Angesicht von Königen und Gemeinen, von Herrschern und Geistlichen erhebt und alle Menschen in klingenden Tönen auf den geraden Pfad ruft. Er kennt keine Hilfe denn Seine Feder und keinen Beistand als sich selbst.
Die Sinn und Zweck der Sache Gottes nicht kennen oder nicht beachten, stehen gegen Ihn auf. Solche Menschen sind die Vorboten des Bösen, die Gott in Seinem Buch und auf Seinen Tafeln erwähnt und gegen deren Einfluß, Lärm und List Er Sein Volk gewarnt hat. Wohl denen, die, das Gedenken des Herrn der Ewigkeit vor Augen, die Völker der Welt als bloßes Nichts, als eine vergessene Sache betrachten und sich so fest an den Sicheren GriffA86 Gottes klammern, daß weder Zweifel noch Gewisper, weder Schwerter noch Kanonen sie Seiner Gegenwart fernhalten oder berauben können. Selig sind die Standhaften; selig sind, die fest in Seinem Glauben sind.
Als Antwort auf deine Bitte hat die Feder der Herrlichkeit die Größte Unfehlbarkeit mit ihren Stufen und Graden gnädiglich beschrieben. Dies hatte den Zweck, alle mit Gewißheit erkennen zu lassen, daß das Siegel der ProphetenA87 – mögen die Seelen aller außer Ihm für Ihn geopfert werden – auf Seiner Ihm eigenen Stufe ohne Seinesgleichen, Ebenbürtigen oder Gefährten ist. Die HeiligenA88 – möge der Segen Gottes auf ihnen ruhen – sind durch die Kraft Seines Wortes erschaffen; nach Ihm waren sie die Gebildetsten und Edelsten im Volke, und sie stehen auf der höchsten Stufe der Dienstbarkeit. Das göttliche Wesen, geheiligt über jeden Vergleich und alle Ähnlichkeit, hat Seinen Sitz im Propheten, und Gottes innerste Wirklichkeit, erhaben über jeden Ebenbürtigen oder Gefährten, ist in Ihm offenbar. Dies ist die Stufe wahrer Einheit und wirklicher Einzigkeit. Die Anhänger der früheren Offenbarung haben es schmerzlich versäumt, ein angemessenes Verständnis dieser Stufe zu erwerben. Der Erste PunktA89 – möge das Leben aller außer Ihm um Seinetwillen geopfert werden – spricht: »Hätte das Siegel der Propheten nicht das Wort ›Nachfolge‹ geäußert, so wäre diese Stufe nicht erschaffen.«
Das Volk gesellte ehedem Gott Gefährten bei, auch wenn es sich zum Glauben an Seine Einheit bekannte. Obwohl sie die Unwissendsten unter den Menschen waren, hielten sie sich für höchst gebildet. Aber als ein Zeichen göttlicher Vergeltung für diese Achtlosen wurden heute, am Tag des Gerichts, ihre falschen Glaubenssätze und Studienziele für jeden urteilsfähigen, verständnisvollen Menschen klar und offenkundig bloßgelegt.
Flehe zu Gott, dem Wahren, er möge die Anhänger dieser Offenbarung gnädiglich vor dem eitlen Wahn und verderbten Trug derer beschützen, die dem früheren Glauben angehören, und sie nicht der Sonne wahrer Einheit und ihres Strahlenglanzes berauben.
O Jalíl! Dieser Unterdrückte der Welt verkündet nun: Das Licht der Gerechtigkeit ist getrübt und die Sonne des rechten Maßes dem Blick verschleiert. Der Räuber thront auf dem Sitze des Hüters und Beschützers, und der Stellung des Getreuen hat sich der Verräter bemächtigt. Vor einem Jahr herrschte ein Unterdrücker über diese Stadt und bewirkte jeden Augenblick neues Leid. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Er verübte, was die Herzen der Menschen in Schrecken versetzte. Aber für die Feder der Herrlichkeit war die Tyrannei auf Erden noch nie ein Hindernis und wird es niemals sein. In der Fülle Unserer Gunst und Gnade haben Wir eigens für die Herrscher und Amtsträger der Welt offenbart, was Schutz und Sicherheit, Ruhe und Frieden bewirkt; hoffentlich bleiben die Menschenkinder von den Übeln der Unterdrückung bewahrt. Er ist fürwahr der Beschützer, der Helfer, der den Sieg verleiht. Die Mitglieder von Gottes Haus der Gerechtigkeit haben die Pflicht, ihr Augenmerk bei Tag und bei Nacht auf das zu richten, was die Feder der Herrlichkeit für die Erziehung der Völker, den Aufbau der Nationen, den Schutz des Menschen und die Sicherung seiner Ehre aufleuchten ließ.
Das erste Ishráq
Als die Sonne der Weisheit am Horizont der heiligen Sendung Gottes aufging, tat sie diese allherrliche Äußerung: Wer Wohlstand besitzt und mit Macht und Amtsgewalt belehnt ist, muß der Religion die höchste Achtung schenken. Die Religion ist wahrlich ein strahlendes Licht und eine uneinnehmbare Feste für den Schutz und die Wohlfahrt aller Völker der Welt; denn die Gottesfurcht treibt den Menschen, sich fest an alles Gute zu halten und alles Böse zu meiden. Würde die Lampe der Religion verdunkelt, so wären Chaos und Verwirrung die Folge, und die Lichter der Redlichkeit und Gerechtigkeit, der Ruhe und des Friedens würden nicht länger scheinen. Dies wird jeder wahrhaft Verständige bezeugen.
Das zweite Ishráq
Wir haben der ganzen Menschheit befohlen, den Geringeren Frieden zu begründen – das sicherste aller Mittel für den Schutz der Menschenwelt. Die Herrscher der Welt sollten sich einmütig daran halten; denn dies ist das vortrefflichste Werkzeug, das Gewähr für Sicherheit und Wohlfahrt aller Völker und Nationen bieten kann. Sie sind wahrlich die Offenbarungen der Macht Gottes und die Morgenröten Seiner Allgewalt. Wir flehen zum Allmächtigen, Er möge ihnen gnädig helfen in dem, was dem Wohlergehen ihrer Untertanen förderlich ist. Eine vollständige Darlegung dieser Angelegenheit hat die Feder der Herrlichkeit schon früher verfaßt. Wohl denen, die danach handeln.
Das dritte Ishráq
Jeder hat die Pflicht, Gottes heilige Gebote zu halten, da sie der Lebensquell der Welt sind. Der Himmel göttlicher Weisheit wird von zwei Leuchten erhellt: Beratung und Barmherzigkeit, und das Königszelt der Weltordnung ist auf zwei Pfeilern errichtet: Lohn und Strafe.
Das vierte Ishráq
In dieser Offenbarung sind die Heerscharen, die sie zum Siege führen können, rühmliche Taten und ein aufrechter Charakter. Anführer und Befehlshaber dieser Heerscharen ist seit je die Gottesfurcht, die alle Dinge umfaßt und beherrscht.
Das fünfte Ishráq
Die Regierungen sollten sich völlig mit den Lebensverhältnissen ihrer Untertanen vertraut machen und ihnen nach Verdienst und Wert Ämter verleihen. Jeder Regent und Herrscher hat die Pflicht, diese Angelegenheit mit größter Sorgfalt zu verfolgen, damit nicht der Verräter das Amt des Getreuen an sich reiße, noch der Plünderer den Platz des Vertrauenswürdigen versehe. Unter den Beamten, die in der Vergangenheit dieses Größte Gefängnis verwalteten, waren manche – Gott sei gelobt – mit Gerechtigkeit geschmückt; aber was die anderen angeht, nehmen Wir Unsere Zuflucht zu Gott. Wir bitten den einen wahren Gott, sie alle zu führen, damit sie der Frucht des Glaubens und der Vertrauenswürdigkeit nicht verlustig gehen noch vom Lichte der Unparteilichkeit und der Gerechtigkeit ferngehalten bleiben.
Das sechste Ishráq
ist Einheit und Eintracht unter den Menschenkindern. Seit Anbeginn der Zeit ergießt das Licht der Einheit seinen göttlichen Strahlenglanz auf die Welt, und das wichtigste Mittel für die Förderung dieser Einheit ist, daß die Völker der Welt sich gegenseitig in Wort und Schrift verstehen. In früheren Sendschreiben haben Wir den Treuhändern des Hauses der Gerechtigkeit befohlen, entweder eine unter den heute bestehenden Sprachen auszuwählen oder eine neue einzuführen und ebenso eine allgemeine Schrift zu bestimmen; beide sollten in allen Schulen der Welt gelehrt werden. So wird die Erde als ein Land und eine Heimat betrachtet. Die herrlichste Frucht vom Baum der Erkenntnis ist dieses erhabene Wort: Ihr seid alle die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges. Es rühme sich keiner, daß er sein Land liebt, weit eher, daß er das Menschengeschlecht liebt. In dieser Hinsicht haben Wir schon früher offenbart, was zum Wiederaufbau der Welt und zur Einheit der Nationen führt. Selig, wer dahin gelangt. Selig, wer danach handelt!
Das siebente Ishráq
Die Feder der Herrlichkeit gibt jedermann Ratschläge zur Unterweisung und Erziehung der Kinder. Seht, was der Wille Gottes bei Unserer Ankunft in der Gefängnisstadt offenbart und im Heiligsten Buche A90 aufgezeichnet hat. Jedem Vater ist die Unterweisung seines Sohnes und seiner Tochter in der Kunst des Lesens und Schreibens sowie allem, was im Heiligen Sendschreiben niedergelegt ist, zur Pflicht gemacht. Wer beiseite schiebt, was ihm geboten ist, dem müssen die Treuhänder abverlangen, was für die Unterweisung der Kinder erforderlich ist, sofern er Vermögen hat; wo nicht, fällt die Sache dem Haus der Gerechtigkeit anheim. Wahrlich, Wir haben es zu einer Zuflucht für die Armen und Bedürftigen gemacht. So jemand seinen Sohn oder den Sohn eines anderen aufzieht, ist es, als erziehe er einen Meiner Söhne. Mit ihm seien Meine Herrlichkeit, Meine Gnade, Meine Barmherzigkeit, die die Welt umfassen.
Das achte Ishráq
Der Abschnitt, den die Feder der Herrlichkeit nunmehr schreibt, gilt als Teil des Heiligsten Buches: Die Mitglieder von Gottes Haus der Gerechtigkeit sind mit den Angelegenheiten des Volkes betraut. Sie sind wahrlich die Treuhänder Gottes unter Seinen Dienern und die Morgenröten der Amtsgewalt in Seinen Landen.
O Volk Gottes! Was die Welt erzieht, ist die Gerechtigkeit, denn sie wird von zwei Säulen getragen: Lohn und Strafe. Diese beiden Säulen sind die Lebensquellen der Welt. Insofern es für jeden Tag ein neues Problem und für jedes Problem eine zweckmäßige Lösung gibt, sind solche Angelegenheiten dem Haus der Gerechtigkeit vorzulegen, damit dessen Mitglieder nach den Nöten und Erfordernissen der Zeit handeln. Die sich für Gott erheben, Seiner Sache zu dienen, sind Empfänger göttlicher Eingebung aus dem unsichtbaren Reich. Alle haben die Pflicht, ihnen zu gehorchen. Alle Staatsgeschäfte sind dem Haus der Gerechtigkeit vorzulegen; aber Gottesdienste müssen so gehalten werden, wie es Gott in Seinem Buch offenbart hat.
O Volk Bahás! Ihr seid die Dämmerorte der Liebe Gottes, die Morgenröten Seiner Gnade. Besudelt eure Zungen nicht mit Flüchen und Schmähreden auf irgendeine Seele und hütet eure Augen vor Unschicklichem. Tut dar, was ihr besitzet. Wird es günstig aufgenommen, ist euer Zweck erreicht; wo nicht, ist Widerspruch fruchtlos. Überlaßt diese Seele sich selbst und kehrt euch zum Herrn, dem Beschützer, dem Selbstbestehenden. Verursacht keinen Kummer, geschweige denn Zwietracht und Streit. Es ist zu hoffen, daß ihr im Schatten des Baumes Seines sanften Erbarmens wahre Erziehung erlangt und nach Gottes Wunsch handelt. Ihr seid alle die Blätter eines Baumes und die Tropfen eines Meeres.
Das neunte Ishráq
Das Ziel der Religion, wie sie vom Himmel des heiligen Willens Gottes offenbart ist, besteht darin, Einheit und Eintracht unter den Völkern der Welt zu stiften; macht sie nicht zur Ursache für Zwist und Streit. Die Religion Gottes und Sein göttliches Gesetz sind die machtvollsten Werkzeuge und die sichersten Mittel dafür, daß das Licht der Einheit zwischen den Menschen anbricht. Der Fortschritt der Welt, die Entwicklung der Nationen, die Ruhe der Völker und der Frieden aller Erdenbewohner gehören zu den Grundsätzen und Geboten Gottes. Die Religion schenkt dem Menschen die wertvollste aller Gaben, reicht ihm den Kelch des Wohlstands, verleiht ihm ewiges Leben und läßt unzerstörbare Wohltaten auf die Menschheit herniedergehen. Es geziemt den Oberhäuptern und Herrschern der Welt, besonders den Treuhändern von Gottes Haus der Gerechtigkeit, sich bis an die Grenzen ihrer Kraft zu mühen, um die Stellung der Religion zu sichern, ihre Interessen zu fördern und ihre Stufe in den Augen der Welt zu erhöhen. Desgleichen ist es ihre Pflicht, die Lebensverhältnisse ihrer Untertanen zu erforschen und sich mit den Belangen und Tätigkeiten der verschiedenen Gemeinschaften in ihren Herrschaftsbereichen vertraut zu machen. Wir rufen die Offenbarungen der Allmacht Gottes – die Herrscher und Regenten auf Erden – auf, sich zu regen und alles, was in ihrer Kraft steht, zu tun, um die Zwietracht zu bannen und die Welt mit dem Licht der Einheit zu erleuchten.
Jeder hat die Pflicht zu befolgen, was aus Unserer Erhabensten Feder floß, und sich fest daran zu halten. Gott, der Wahre, ist Mein Zeuge und jedes vorhandene Atom ist bewegt zu bekunden, daß die Mittel, die die Erhöhung, den Fortschritt, die Erziehung, den Schutz und die Wiederbelebung der Völker auf Erden bewirken, von Uns klar dargelegt und von der Feder der Herrlichkeit in den Heiligen Büchern und Sendbriefen offenbart worden sind.
Wir bitten Gott, Seinen Dienern gnädig beizustehen. Was dieser Unterdrückte von jedem erwartet, ist Gerechtigkeit und Redlichkeit. Keiner darf sich mit bloßem Zuhören begnügen; vielmehr sollte jeder darüber nachdenken, was dieser Unterdrückte offenbart hat. Ich schwöre bei der Sonne des Wortes, die hoch am Horizont über dem Reiche des Allerbarmers scheint: Wäre ein Ausleger oder Sprecher zu erkennen gewesen, hätten Wir Uns nicht der Kritik, dem Gespött und der Verleumdung des Volkes ausgesetzt.
Bei Unserer Ankunft im ‘Iráq fanden Wir die Sache Gottes im Todesschlaf versunken; kein Hauch göttlicher Offenbarung wehte. Die meisten Gläubigen waren schwach und entmutigt, ja völlig verloren und tot. Da geschah der zweite Posaunenstoß, worauf die Zunge der Größe die gesegneten Worte sprach: »Wir haben die Posaune zum zweiten Mal geblasen.«A91 So wurde die ganze Welt mit dem belebenden Hauch göttlicher Offenbarung und Eingebung erquickt.
Nun sind gewisse Seelen hinter den Schleiern hervorgestürzt in der Absicht, diesem Unterdrückten Leid zuzufügen. Sie haben die Ausgießung dieser unschätzbaren Gnadengaben behindert und geleugnet.
O ihr, die ihr rechtschaffen urteilt! Wenn diese Sache geleugnet werden kann, welche andere Sache in der Welt läßt sich dann vertreten oder der Annahme für würdig befinden?
Die der Sache Gottes den Rücken kehren, suchen fleißig die Heiligen Schriften dieser Offenbarung zu sammeln; durch Gebärden der Freundschaft haben sie bereits einige dieser Schriften von denen, die sie besaßen, an sich gebracht. Übrigens geben sie sich, wenn sie Anhängern einer anderen Religion begegnen, als deren Mitgläubige aus. Sprich: Sterbt in eurem Zorn! Wahrlich, Er ist mit solcher Allmacht erschienen, daß kein Mensch mit Sehvermögen und Gehör, mit Einsicht, Rechtsempfinden oder Redlichkeit Ihn jemals leugnen kann. Dies bezeugt zu dieser strahlenden Stunde die Feder Dessen, Der der Altehrwürdige der Tage ist.
O Jalíl! Mit dir sei Meine Herrlichkeit. Wir ermahnen die Geliebten Gottes, gute Taten zu vollbringen, auf daß ihnen gnädig geholfen werde und sie sich unerschütterlich an das halten, was vom Himmel Seiner Offenbarung herniedergesandt ist. Der Segen aus diesem göttlichen Wort fällt denen zu, die Seine Gebote halten. Wir bitten Gott, sie zu solchen Taten zu befähigen, die vor Ihm annehmbar und wohlgefällig sind; ihnen zu gewähren, daß sie unparteiisch handeln und Gerechtigkeit üben in dieser allbezwingenden Sache, sie mit Seinen Heiligen Schriften vertraut zu machen und ihre Schritte auf Seinen geraden Pfad zu lenken.
Unser Erhabener Vorläufer – möge das Leben aller außer Ihm um Seinetwillen geopfert werden – hat gewisse Gesetze offenbart; doch wurden im Reiche Seiner Offenbarung diese Gesetze von Unserer Billigung abhängig gemacht. Demzufolge hat dieser Unterdrückte einige dieser Gesetze in Kraft gesetzt, indem Er sie mit veränderten Worten in den Kitáb-i-Aqdas eingliederte. Andere hoben Wir auf. Er hält die Vollmacht in Händen. Er tut, was Er will, und verordnet, was Ihm gefällt. Er ist der Allmächtige, der Allgepriesene. Es gibt auch neu offenbarte Gesetze. Selig sind, die dazu gelangen. Selig sind, die Seine Gebote befolgen.
Das Volk Gottes sollte sich aufs äußerste mühen, daß das Feuer des Hasses und der Bosheit, das den Völkern und Geschlechtern in der Brust schwelt, durch die Lebenswasser weiser Rede und die Ermahnungen Dessen, Der die Sehnsucht der Welt ist, gelöscht und die Bäume menschlichen Seins mit wundersamen, köstlichen Früchten geschmückt werden. Er ist in Wahrheit der Ermahner, der Erbarmer, der Gabenreichste.
Seine Herrlichkeit, die mit ihrem Glanz am Himmelszelt der Großmut strahlt, ruhe auf euch, o Volk Bahás, auf jedem, der fest und standhaft ist, auf allen, die im Glauben sicher gegründet und mit wahrem Verständnis bekleidet sind.
Zu deiner Frage bezüglich des Zinses und Gewinns aus Gold und Silber: Vor einigen Jahren wurde aus dem Himmel des Allbarmherzigen zu Ehren dessen, der den Namen Gottes, den Würdentitel Zaynu’l-MuqarrabínA92, trägt – mit ihm sei die Herrlichkeit des Allherrlichen – der folgende Abschnitt offenbart. Er – gepriesen sei Sein Wort – spricht: Viele Menschen sind darauf angewiesen. Wenn es keine Aussicht auf Zinsertrag gäbe, würden deshalb die Geschäfte der Menschen zusammenbrechen oder durcheinander geraten. Nur selten findet man jemanden, der so viel Rücksicht für seinen Mitmenschen, seinen Landsmann oder selbst seinen Bruder, an den Tag legt und ihn derart zart umsorgt, daß er ihm bereitwillig ein zinsloses Darlehen zur Unterstützung gewährt.A93 Deshalb haben Wir zum Zeichen der Gunst für die Menschen verordnet, daß Schuldzinsen wie andere unter den Menschen übliche Geschäfte zu behandeln sind. Nachdem diese klare Verfügung nunmehr vom Himmel des Willens Gottes herniederkam, ist die Zinsnahme rechtens und angebracht, damit das Erdenvolk sich im Geiste der Freundschaft und Brüderlichkeit mit Freude und Frohsinn hingebungsvoll der Verherrlichung Seines Namens, der Meistgeliebte der ganzen Menschheit, widme. Wahrlich, Er verordnet nach Seiner Wahl. Er hat nunmehr Schuldzinsen rechtmäßig gemacht, wie Er sie in der Vergangenheit unrechtmäßig gemacht hatte.A94 In Seiner Hand hält Er das Reich der Allmacht. Er handelt und verordnet. Er ist fürwahr der Gebieter, der Allwissende.
Danke deinem Herrn, o Zaynu’l-Muqarrabín, für diese offenbare Gnadengabe.
Viele Geistliche in Persien ernähren sich von rechtswidrigen Gewinnen, die sie durch Wucher mit zahllosen Kniffen und Schlichen erlangen. Sie haben Mittel und Wege ersonnen, wie sie alledem den äußeren Anschein der Rechtmäßigkeit geben. Aus den Gesetzen und Geboten Gottes machen sie ein Spielzeug, und doch verstehen sie es nicht.
Diese Sache muß jedoch maßvoll und gerecht behandelt werden. Unsere Feder der Herrlichkeit verzichtet zum Zeichen der Weisheit und zum Vorteil des Volkes darauf, die Grenze festzulegen. Nichtsdestoweniger ermahnen Wir die Geliebten Gottes, gerecht und billig zu verfahren und zu tun, was die Freunde Gottes ermutigt, einander zartes Erbarmen und Mitleid zu bekunden. Er ist fürwahr der Ratgeber, der Mitleidvolle, der Gabenreichste. Gebe Gott, daß allen Menschen gnädig geholfen werde zu befolgen, was die Zunge des einen wahren Gottes sprach. Und wenn sie verwirklichen, was Wir darlegen, wird Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – ihren Anteil aus dem Himmel Seiner Großmut sicherlich verdoppeln. Wahrlich, Er ist der Großzügige, der Vergebende, der Mitleidvolle. Preis sei Gott, dem Erhabensten, dem Größten.
Trotz allem ist die Regelung dieser Angelegenheiten den Mitgliedern des Hauses der Gerechtigkeit anvertraut, damit sie nach den Erfordernissen der Zeit und den Eingebungen der Weisheit verfahren.
Noch einmal ermahnen wir alle Gläubigen, Gerechtigkeit und Redlichkeit walten zu lassen, aber auch Liebe und Zufriedenheit zu bekunden. Sie sind fürwahr das Volk Bahás, die Gefährten der Roten Arche. Mit ihnen sei der Friede Gottes, des Herrn aller Namen, des Schöpfers der Himmel.
Lawḥ-i-Ḥikmat (Das Tablet der Weisheit)
Dieses Sendschreiben war gerichtet an Áqá Muḥammad, einen bedeutenden Gläubigen aus der Stadt Qá’in, der den Ehrennamen Nabíl-i-Akbar erhielt (vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Vorbilder der Treue, Kap. 1: »Nabíl-i-Akbar«). Ein anderer bedeutender Bahá’í aus Qá’in, Mullá Muḥammad-‘Alí, war als Nabíl-i-Qá’iní bekannt (vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Vorbilder der Treue, Kap. 17: » Nabíl von Qá’in«).
Dies ist ein Lehrbrief, den der Allerbarmer aus dem Reich des Wortes herniedersendet. Er ist fürwahr ein Lebenshauch für die, so im Reiche der Schöpfung wohnen. Verherrlicht sei der Herr aller Welten! In diesem Lehrbrief wird des Mannes gedacht, der den Namen Gottes, seines Herrn, erhöht und in einem gewichtigen Sendschreiben Nabíl genannt ist.
O Muḥammad!A95 Höre auf die Stimme, die vom Reiche der Herrlichkeit ausgeht und laut aus dem himmlischen Baum hoch über dem Lande Za‘faránA96 ruft: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Weisen.« Sei du wie der Odem des Allbarmherzigen für die Bäume im Reiche des Seins: Fördere ihr Wachstum durch die Kraft des Namens deines Herrn, der Gerechte, der Allunterrichtete. Unser Wunsch ist es, dich mit allem vertraut zu machen, was dem Volke zur Mahnung dient, damit die Menschen ablegen, was unter ihnen im Schwange ist, und ihr Angesicht Gott, dem Herrn der Aufrichtigen, zukehren.
Wir ermahnen die Menschheit in diesen Tagen, da das Antlitz der Gerechtigkeit in Staub gehüllt ist, da hoch die Flammen des Unglaubens lodern und das Gewand der Weisheit zerrissen ist, da Ruhe und Treue verebben, Prüfungen und Drangsale aber heftig angeschwollen sind, da Bünde gebrochen und Bande zertrennt werden, da kein Mensch mehr weiß, wie er das Licht von der Finsternis, die Führung vom Irrtum unterscheiden soll.
O Völker der Welt! Gebt alles Böse auf und haltet fest, was gut ist. Strebt danach, der ganzen Menschheit leuchtende Beispiele zu bieten und Wahrzeichen der göttlichen Tugenden unter den Menschen zu sein. Wer sich aufmacht, Meiner Sache zu dienen, sollte Meine Weisheit offenbaren und alle Mühe darauf wenden, die Unwissenheit von der Erde zu verbannen. Seid einig in der Beratung, seid eins im Denken. Laßt jeden Morgen besser sein als den Abend davor und jeden neuen Tag reicher werden als den gestrigen. Des Menschen Vorzug liegt im Dienst und in der Tugend, nicht im Prunk des Wohllebens und des Reichtums. Habt acht, daß eure Worte rein sind von eitlem Wahn und weltlichen Lüsten und eure Taten von List und Argwohn. Vergeudet nicht den Reichtum eures kostbaren Lebens im Verfolg böser, verderbter Neigung, noch laßt eure Mühe völlig in der Förderung eurer eigenen Interessen aufgehen. Seid großzügig in Tagen der Fülle und geduldig in der Stunde des Verlustes. Auf Not kommt Erfolg, und Jubel folgt dem Wehe. Nehmt euch in acht vor Faulheit und Müßiggang, haltet euch an das, was der Menschheit, ob jung oder alt, hoch oder niedrig, Nutzen bringt. Hütet euch, das Unkraut des Zwistes unter die Menschen zu säen oder die Dornen des Zweifels in reine, strahlende Herzen zu pflanzen.
O ihr Geliebten des Herrn! Begeht nichts, was den klaren Fluß der Liebe verschmutzt oder den süßen Duft der Freundschaft tilgt. Bei der Gerechtigkeit des Herrn! Ihr seid erschaffen, einander Liebe zu bezeigen, nicht Eigensinn und Groll. Seid nicht stolz auf eure Eigenliebe, sondern auf die Liebe zu euren Mitgeschöpfen. Rühmt euch nicht der Liebe zu eurem Vaterland, sondern der Liebe zur ganzen Menschheit. Laßt euer Auge keusch, eure Hand getreu, eure Zunge wahr und euer Herz licht sein. Setzt nicht die Stufe der Gelehrten in Bahá herab und schmälert nicht den Rang solcher Herrscher, die Gerechtigkeit zwischen euch üben. Vertraut auf die Heerschar der Gerechtigkeit, legt den Harnisch der Weisheit an, schmückt euch mit Vergebung und Barmherzigkeit sowie mit allem, was den Begünstigten Gottes das Herz erfreut.
Bei Meinem Leben! Die Betrübnisse, die du erwähnst, haben Mich traurig gemacht. Achte nicht der Kinder dieser Welt und all ihrer Taten, sondern hefte deinen Blick auf Gott und seine immerwährende Herrschaft. Wahrlich, Er ruft dir in Erinnerung, was der Quell des Ergötzens für die ganze Menschheit ist. Trinke das lebenspendende Wasser seliger Freude aus dem Kelch des Wortes, den der Urquell göttlicher Offenbarung reicht – Er, der deiner in dieser mächtigen Feste gedenkt. Mühe dich bis an die Grenzen deiner Kräfte, weise und beredt dem Wort der Wahrheit Geltung zu verschaffen und die Falschheit vom Antlitz der Erde zu bannen. So befiehlt dir der Morgen göttlicher Erkenntnis an diesem leuchtenden Horizont.
O du, der du in Meinem Namen sprichst! Sieh das Volk und was es in Meinen Tagen angerichtet hat. Einem der Herrscher haben Wir offenbart, was alle Erdenbewohner überwältigt; Wir haben ihn aufgefordert, Uns den Gelehrten dieser Zeit gegenüberzustellen, damit Wir vor ihm selbst das Zeugnis Gottes, Seine Beweise, Seine Herrlichkeit und Majestät darlegen könnten; und damit hatten Wir nur das Allerbeste im Sinn. Aber er beging, was in den Städten der Gerechtigkeit und Billigkeit alle Einwohner wehklagen ließ. So ward das Urteil gefällt zwischen Mir und ihm. Wahrlich, dein Herr ist der Gesetzgeber, der Allunterrichtete. Wie kann sich unter den Umständen, die du siehst, der Himmelsvogel in die Lüfte göttlicher Geheimnisse emporschwingen, wenn seine Flügel mit den Steinen eitlen Wahns und grimmen Hasses zerschmettert werden, wenn er in einen Kerker aus hartem Fels geworfen ist? Bei der Gerechtigkeit Gottes! Das Volk hat ein schlimmes Unrecht verübt.
Was deine Bemerkung über den Anbeginn der Schöpfung anbelangt, so ist dies ein Gegenstand, über den die Auffassungen wegen der Verschiedenheiten der Gedanken und Blickpunkte auseinandergehen. Wolltest du behaupten, die Schöpfung habe immer bestanden und werde allzeit weiterbestehen, so wäre dies wahr; würdest du hingegen diejenige Vorstellung vertreten, die in den heiligen Schriften erwähnt ist, so gäbe es daran keinen Zweifel, denn sie ist von Gott, dem Herrn der Welten, offenbart. Er war fürwahr ein verborgener Schatz. Dies ist eine Stufe, die niemals beschrieben werden oder auch nur angedeutet werden kann. Und auf der Stufe des »Ich wünschte, Mich bekannt zu machen« war Gott; Seine Schöpfung bestand immer unter Seinem Schutz, vom Anfang an, der keinen Anfang hat, abgesehen davon, daß ihr ein VorseinA97 voranging, das nicht als Vorsein betrachtet werden kann und von einer Ursache begründet ist, die selbst für alle Gelehrten unerforschlich bleibt.
Was besteht, bestand zuvor, aber nicht in der Gestalt, in der du es heute wahrnimmst.A98 Die Welt des Seins entstand durch die WärmeA99, welche die VermischungA100 zwischen dem WirkendenA101 und dem Wirkung EmpfangendenA102 hervorrief. Beide sind gleich und doch verschieden. So unterrichtete dich die Große Verkündigung über dieses allherrliche Gefüge. Was wirkt und was die Wirkung empfängt, ist fürwahr beides durch das unwiderstehliche Wort Gottes erschaffen, das die Ursache der ganzen Schöpfung ist, während alles außer Seinem Wort erschaffen und bedingt ist. Wahrlich, dein Herr ist der Erklärer, der Allweise.
Wisse ferner, daß das Wort Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – hoch und weit überlegen über allem steht, was die Sinne wahrnehmen können; denn es ist geheiligt über NaturA103 oder SubstanzA104. Es übersteigt die Grenzen der bekannten ElementeA105 und ist erhaben über alle wesentlichen, anerkannten SubstanzenA106. Es wurde offenbar ohne eine Silbe oder einen Laut und ist nichts anderes als der BefehlA107 Gottes, der alles Erschaffene durchdringt. Niemals war es der Welt des Seins vorenthalten. Es ist Gottes alldurchdringende Gnade, von der jedwede Gnade ausgeht, eine Wesenheit, die hoch über allem steht, was war und sein wird.
Nur ungern verbreiten Wir uns über diesen Gegenstand, da die Ungläubigen die Ohren auf uns richten, um Worte zu hören, die sie in die Lage versetzen, an Gott, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden, herumzunörgeln. Außerstande, die Geheimnisse der Erkenntnis und Weisheit zu erlangen, wie sie der Urquell göttlichen Glanzes enträtselt, erheben sie ihren Protest und machen großes Geschrei. Allerdings wenden sie sich gegen das, was sie begreifen, nicht gegen die Darlegungen des göttlichen Erklärers oder gegen die Wahrheiten, die der eine wahre Gott, der Kenner des Unsichtbaren, vermittelt. Alle ihre Einwände fallen auf sie zurück, und Ich schwöre bei deinem Leben, sie sind jeden Verständnisses bar.
Jedes Ding muß zwangsläufig einen Ursprung haben, jedes Bauwerk einen Baumeister. Wahrlich, das Wort Gottes ist die Ursache, die der Welt des SeinsA108 vorangeht – einer Welt, die mit dem Strahlenglanz des Altehrwürdigen der Tage geschmückt ist, aber zu allen Zeiten erneuert wird und neu ersteht. Unermeßlich erhaben ist der Gott der Weisheit, der dieses hehre Gefüge errichtet hat.
Betrachte die Welt und denke eine Weile darüber nach. Sie entschleiert das Buch ihres eigenen Selbstes vor deinen Augen und offenbart, was die Feder deines Herrn, des Gestalters, des Allwissenden, hineingeschrieben hat. Sie will dich mit allem vertraut machen, was in ihr und auf ihr ist, und dir klare Darlegungen geben, um dich von noch so beredten Auslegern unabhängig zu machen.
Sprich: Die Natur ist in ihrem Wesen die Verkörperung Meines Namens, der Gestalter, der Schöpfer. A109 Ihre Offenbarungen sind verschiedenartig durch verschiedene Ursachen, und in dieser Verschiedenartigkeit sind Zeichen für urteilsfähige Menschen. Die Natur ist Gottes Wille, dessen Ausdruck in der bedingten WeltA110 und durch diese. Sie ist Teil des Waltens der Vorsehung, verordnet von dem Verordner, dem Allweisen. Wollte jemand erklären, sie sei Gottes Wille, wie er sich in der Welt des Seins offenbart, so könnte keiner diese Behauptung anzweifeln. Sie ist mit einer Kraft begabt, deren Wirklichkeit die Gelehrten nicht begreifen können. Der Einsichtsvolle kann fürwahr nichts in ihr wahrnehmen als den Strahlenglanz Unseres Namens, der Schöpfer. Sprich: Dies ist ein Dasein, das keinen Niedergang kennt, und die Natur selbst ist erstaunt ob seiner Offenbarungen, seiner zwingenden, augenfälligen Beweise und seines Strahlenglanzes, wie sie das Weltall umschließen.
Es steht dir schlecht an, wenn du den Blick auf frühe oder jüngere Zeiten zurückwendest. Erwähne diesen Tag Gottes und verherrliche, was an ihm erschienen ist. Es wird fürwahr der ganzen Menschheit genügen. In der Tat lassen Darlegungen und Vorträge zur Erläuterung solcher Dinge die Gemüter erkalten. Es geziemt dir, so zu reden, daß die Herzen der wahrhaft Gläubigen entflammt werden und ihre Leiber sich aufschwingen.
Wer heute fest an die Wiedergeburt des Menschen glaubt und sich voll bewußt ist, daß Gott, der Erhabenste, höchste Überlegenheit und absolute Allmacht über diese neue Schöpfung übt, wahrlich, ein solcher Mensch wird zu denen gezählt, die mit Einsicht in diese größte Offenbarung begabt sind. Dies bezeugt jeder urteilsfähige Gläubige.
Wandle hoch über der Welt durch die Macht des Größten Namens, auf daß du der uralten Geheimnisse gewahr werdest und kennenlernst, was noch keiner kennt. Wahrlich, dein Herr ist der Helfer, der Allkennende, der Allunterrichtete. Sei wie eine Schlagader, die durch den Leib der ganzen Schöpfung pulsiert, damit durch die Wärme, die solche Bewegung schafft, erscheine, was die Herzen der Zauderer belebt.
Zu der Zeit, da Wir hinter tausend Lichtschleiern verborgen waren, warst du vertraut mit Mir; du schautest die Himmelsleuchten Meiner Weisheit und hörtest die Meereswellen Meiner Rede wogen. Wahrlich, dein Herr ist der Wahrhaftige, der Getreue. Groß ist fürwahr der Segen dessen, der zu den freizügigen Ausgießungen dieses Meeres gelangt ist in den Tagen seines Herrn, des Großmütigsten, des Allweisen.
Während Unseres Aufenthaltes im ‘Iráq weilten Wir im Hause eines Mannes namens Majíd. Dort legten Wir dir die Geheimnisse der Schöpfung, ihren Ursprung, ihren Gipfelpunkt und ihre Ursache dar. Seit Unserer Abreise haben Wir Uns jedoch auf die Versicherung beschränkt: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Ewigvergebenden, dem Großmütigen.«
Lehre die Sache Gottes mit solcher Rede, daß die Büsche entflammt werden und der Ruf »Wahrlich, kein Gott ist außer Mir, dem Allmächtigen, dem Unumschränkten« aus ihnen erschallt. Sprich: Menschliche Rede will ihrem Wesen nach Einfluß üben und bedarf deshalb der Mäßigung. Ihr Einfluß ist durch Feinheit bedingt, die wiederum von losgelösten, reinen Herzen abhängt. Ihre Mäßigung muß mit Takt und Weisheit gepaart sein, wie es in den Heiligen Büchern und Sendbriefen vorgeschrieben ist. A111 Sinne nach über das, was herniedergeströmt ist vom Himmel des Willens deines Herrn, des Quells aller Gnade, damit du die gewollte Bedeutung begreifest, die in den geweihten Tiefen der Heiligen Schriften verwahrt ist.
Die Gott leugnen und sich fest an die Natur als solche klammern, sind wahrlich der Erkenntnis und der Weisheit bar. Sie gehören zu denen, die weitab in der Irre schweifen. Sie haben den hohen Gipfel nicht erreicht und das letzte Ziel verfehlt; deshalb wurden ihnen die Augen geschlossen, und ihre Gedanken liefen auseinander, während ihre Führer ehedem an Gott und an Seine unüberwindliche Souveränität glaubten. Dies bezeugt dein Herr, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende.
Als im Osten die Augen des Volkes von den Künsten und Wundern des Westens gefangengenommen wurden, da schweiften sie irregeworden in der Wildnis stofflicher Ursachen, des Einen vergessend, der der Verursacher der Ursachen und ihr Erhalter ist. Solche Menschen aber, die Quell und Born der Weisheit waren, leugneten niemals den bewegenden Antrieb hinter diesen Ursachen, deren Schöpfer oder Ursprung. Dein Herr weiß es, aber die meisten Menschen wissen es nicht.
Und nun haben Wir Uns um Gottes, des Herrn der Namen, willen zur Aufgabe gemacht, in diesem Sendbrief einige Berichte über die WeisenA112 zu erwähnen, damit dem Volke die Augen geöffnet werden und alle ganz gewiß seien, daß Er fürwahr der Gestalter, der Allmächtige, der Schöpfer, der Begründer, der Allwissende, der Allweise ist.
Anerkanntermaßen sind die zeitgenössischen Gelehrten sehr befähigt in Philosophie, Künsten und Gewerben; aber wollte jemand mit scharfem Auge beobachten, würde er leicht begreifen, daß diese Erkenntnis zumeist von den Weisen der Vergangenheit erworben ist, denn diese haben die Grundlagen der Philosophie gelegt, ihr Gebäude errichtet und mit starken Säulen untermauert. So unterrichtet dich dein Herr, der Altehrwürdige der Tage. Die Weisen erwarben ehedem ihre Erkenntnis von den Propheten, da diese die Ausleger göttlicher Philosophie und die Offenbarer himmlischer Geheimnisse waren. Die Menschen tranken die kristallenen Lebenswasser ihrer Rede, während andere sich mit dem Bodensatz befriedigten. Jedermann erhält einen Anteil nach seinem Maß. Wahrlich, Er ist der Ausgleichende, der Weise.
Empedokles, der sich in der Philosophie hervortat, war ein Zeitgenosse Davids, während Pythagoras in den Tagen Salomons, des Sohnes Davids, lebte und Weisheit aus dem Schatz des Prophetentums erwarb. Er behauptete, das Raunen der Himmel gehört und die Stufe der Engel erreicht zu haben. In Wahrheit wird dein Herr alles klar darlegen, wenn es Ihm gefällt. Wahrlich, Er ist der Weise, der Alldurchdringende.
Das Wesen und die Grundlagen der Philosophie stammen von den Propheten. Daß die Menschen sich im Hinblick auf die inneren Bedeutungen und Geheimnisse der Philosophie voneinander unterscheiden, ist der Verschiedenartigkeit ihrer Ansichten und ihres jeweiligen Verstandes zuzuschreiben. Wir möchten dir folgendes erzählen: Einmal gab einer der Propheten Seinem Volk weiter, was der Allmächtige Herr Ihm eingegeben hatte. Wahrlich, dein Herr ist der Eingeber, der Gnädige, der Erhabene. Als der Springquell weiser Beredsamkeit aus dem Born Seiner Worte strömte und der Wein göttlichen Wissens alle berauschte, die Seine Schwelle gesucht hatten, da rief Er: »Siehe da! Alle sind vom Geist erfüllt.« Im Volk aber war einer, der sich an diese Feststellung klammerte und, von seinem eigenen Wahn getrieben, die Idee ersann, daß der Geist buchstäblich in den Leib eindringt oder hineinfährt. In langen Abhandlungen brachte er Beweise vor, diese Vorstellung zu untermauern, und Gruppen des Volkes folgten seinen Fußstapfen. Ihre Namen hier zu erwähnen oder dir einen umfassenden Bericht zu geben, wäre weitschweifig und brächte uns vom Hauptthema ab. Wahrlich, dein Herr ist der Allweise, der Allkennende. Aber es gab auch denjenigen, der an dem erlesenen Wein teilhatte, erschlossen und entsiegelt von der Zunge Dessen, Der der Enthüller ist der Verse deines Herrn, des Gnädigen, des Großzügigsten.
Wahrlich, die Philosophen haben den Altehrwürdigen der Tage nicht geleugnet. Die meisten von ihnen beklagten bei ihrem Hinscheiden ihr Unvermögen, Sein Geheimnis auszuloten, wie manche dies bezeugt haben. Wahrlich, dein Herr ist der Berater, der Allunterrichtete.
Denke an Hippokrates, den Arzt.
Er war einer der hervorragenden Philosophen, die an Gott glaubten und Seine Herrschaft anerkannten.
Nach ihm kam Sokrates, der fürwahr weise, gebildet und rechtschaffen war.
Er übte Selbstverleugnung, zügelte seine Lust auf selbstische Wünsche und kehrte sich ab von irdischen Vergnügungen.
Er zog sich in die Berge zurück, wo er in einer Höhle hauste.
Er brachte die Menschen davon ab, Götzen anzubeten, und lehrte sie den Pfad Gottes, des Herrn der Barmherzigkeit, bis sich die Unwissenden gegen ihn erhoben.
Sie nahmen ihn fest und brachten ihn im Gefängnis zu Tode.
So berichtet dir diese dahinfliegende Feder.
Welch durchdringende Schau der Philosophie hatte dieser vortreffliche Mann!
Er ist von allen Philosophen der Hervorragendste und ein großer Weiser.
Wir bezeugen, daß er ein Held auf diesem Felde ist, ein hervorragender, der Weisheit ergebener Kämpe.
Er hatte gründliche Kenntnis der Wissenschaften, die unter den Menschen geläufig waren, wie auch derjenigen, die vor ihrem Geist verschleiert waren.
Mich dünkt, er trank einen vollen Zug, als das Größte Meer mit schimmernden Lebenswassern brandete.
Er hatte Kenntnis von der besonderen, der ausgewogenen und der bezwingenden Natur, die wahrlich dem menschlichen Geiste am meisten ähnelt.
Er hat sie aus der SubstanzA113 heraus entwickelt.
Es gibt eine besondere Erklärung zu diesem bedeutsamen Thema.
Würdest du die Weltweisen dieser Generation über seine Darlegung befragen, müßtest du bezeugen, daß sie unfähig sind, diese zu begreifen.
Wahrlich, dein Herr spricht die Wahrheit, aber die meisten Menschen verstehen nicht.
Nach Sokrates kam der göttliche Plato, der sein Schüler war und als sein Nachfolger den Thron der Philosophie einnahm. Er bezeugte seinen Glauben an Gott und an Seine Zeichen, die alles durchdringen, was war und sein wird. Dann kam Aristoteles, der berühmte Mann der Wissenschaft. Er entdeckte die Kraft gasförmiger Stoffe. Diese Männer, die als Führer des Volkes hervorragen und berühmt sind, bekundeten alle ihren Glauben an das unsterbliche Wesen, das die Zügel aller Wissenschaften in Seinem Griff hält.
Ich werde auch das Bittgebet für dich anführen, das Balínús sprach, der vertraut war mit den Theorien des Vaters der Philosophie über die Geheimnisse der Schöpfung, dargelegt auf seinen smaragdenen Tafeln, auf daß jedermann volle Gewißheit in allem erlange, was Wir dir erläutern in diesem offenbaren Sendbrief, der, mit der Hand des rechten Maßes und des Wissens gehalten, den Geist des Lebens zur Erfrischung alles Erschaffenen verströmen wird. Groß ist der Segen dessen, der in diesem Meere schwimmt und den Lobpreis seines Herrn, des Gnädigen, des Meistgeliebten, feiert. Fürwahr, der Hauch göttlicher Offenbarung strömt so aus den Versen deines Herrn, daß keiner ihre Wahrheit bestreiten kann, jene ausgenommen, welche des Gehörs, der Schau, des Verständnisses und jeder menschlichen Fähigkeit ermangeln. Wahrlich, dein Herr bezeugt dies, und doch versteht es das Volk nicht.
Dieser Mann sprach: »Ich bin Balínús, der Weise, der Wundertäter, der Hersteller von Talismanen.« Er übertraf jeden anderen in der Verbreitung von Künsten und Wissenschaften und schwang sich auf zu den höchsten Höhen der Bescheidenheit und des demütigen Bittens. Höre, was er sagte, zu dem Allbesitzenden, dem Erhabensten flehend: »Ich stehe in der Gegenwart meines Herrn, lobpreise Seine Segnungen und Gnadengaben und huldige Ihm mit der Huldigung, die Er Seinem eigenen Selbst erweist, auf daß ich ein Quell der Gnade und der Führung werde für die Menschen, die meine Worte anerkennen.« Und weiter spricht er: »O Herr! Du bist Gott, und es gibt keinen Gott außer Dir. Du bist der Schöpfer, und es ist kein Schöpfer neben Dir. Hilf mir mit Deiner Gnade und stärke mich. Mein Herz ist in Angst geraten, meine Glieder zittern, ich habe den Verstand verloren, und der Geist hat mich verlassen. Verleihe mir Stärke und befähige meine Zunge, mit Weisheit zu reden.« Und schließlich sagt er: »Du bist in Wahrheit der Wissende, der Weise, der Machtvolle, der Barmherzige.« Dieser Weise wurde über die Geheimnisse der Schöpfung unterrichtet; er kam dem tiefen Sinn auf den Grund, der in den hermetischen Schriften verborgen liegt.A114
Weiter möchten Wir nichts dazu sagen, sondern nur wiedergeben, was der Geist Meinem Herzen einflößt. Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Wissenden, dem Mächtigen, dem Helfer in Gefahr, dem Erhabensten, dem Allgepriesenen. Bei Meinem Leben! An diesem Tag ist es der himmlische Baum leid, der Welt anderes zu verkünden als die Versicherung: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unvergleichlichen, dem Allunterrichteten.«
Hegte Ich nicht so große Liebe zu dir, Ich hätte kein einziges Wort von dem zuvor Erwähnten geäußert. So schätze denn den Wert dieser Stufe und bewahre ihn, wie du dein Augenlicht bewahrst, und gehöre zu den wahrhaft Dankbaren.
Du weißt sehr wohl, daß Wir die Bücher nicht lasen, welche die Menschen besitzen, und die Gelehrsamkeit nicht erwarben, die unter ihnen geläufig ist. Und doch: Wann immer Wir die Aussprüche der Gebildeten und der WeisenA115 anzuführen wünschen, erscheint augenblicks vor dem Antlitz deines Herrn in der Gestalt einer Tafel all das, was in der Welt erschienen und in den Heiligen Büchern und Schriften offenbart ist. So senden Wir in Schriftform hernieder, was das Auge wahrnimmt. Wahrlich, Sein Wissen umschließt die Erde und die Himmel.
Dies ist ein Sendbrief, darin die Feder des Unsichtbaren die Kenntnis all dessen verzeichnet, was war und was sein wird – eine Kenntnis, die nur Meine wundersame Zunge auslegen kann. Fürwahr, Mein Herz, wie es in sich besteht, ist durch Gott gereinigt von den Begriffen der Gelehrten und geheiligt über die Worte der Weltweisen. Wahrlich, es spiegelt nichts als die Offenbarungen Gottes. Dies bezeugt die Zunge der Größe in diesem deutlichen Buche.
Sprich: O Volk der Erde! Habet acht, daß euch nicht die Beschäftigung mit der Weisheit von deren Urquell ausschließe oder euch von ihrem Aufgangsort fernhalte. Richtet eure Herzen auf euren Herrn, den Erzieher, den Allweisen.
Jedem Lande haben Wir einen Anteil verschrieben, jedem Anlaß einen angemessenen Beitrag, jeder Verkündigung die rechte Zeit und jeder Lebenslage den passenden Ausspruch. Denke an Griechenland. Wir machten es zum Thron der Weisheit für eine lange Zeit. Als aber die festgesetzte Stunde schlug, da wurde sein Thron gestürzt, seine Zunge verstummte, sein Licht verdämmerte und sein Banner wurde eingeholt. So geben und so nehmen Wir. Wahrlich, dein Herr ist Der, welcher verleiht und entzieht, der Mächtige, der Kraftvolle.
In jedem Land haben Wir eine Leuchte der Erkenntnis aufgerichtet, und wenn die vorherbestimmte Zeit naht, wird sie hell strahlen an seinem Horizont, wie es Gott befiehlt, der Allwissende, der Allweise. Wäre es Unser Wille, könnten Wir dir beschreiben, was es in jedem Lande gibt und was dort geschehen ist. Fürwahr, das Wissen deines Herrn durchdringt die Himmel und die Erde.
Alsdann wisse, daß die Menschen ehedem Dinge schufen, welche die Gelehrten heutzutage nicht zu schaffen vermögen. Wir erinnern dich an Martos, der einer der Gelehrten war. Er erfand einen Apparat, der den Schall auf eine Entfernung von sechzig Meilen übermittelte. Neben ihm gab es andere, die Dinge entdeckten, wie sie niemand in diesem Zeitalter gesehen hat. Wahrlich, dein Herr offenbart in jeder Epoche, was Ihm gefällt, als ein Zeichen Seiner Weisheit. Er ist fürwahr der höchste Verordner, der Allweise.
Niemals wird ein wahrer Philosoph Gott oder Seine augenfälligen Beweise leugnen; vielmehr wird er Gottes Herrlichkeit und Seine allbezwingende Majestät, die alles Erschaffene überschatten, anerkennen. Wahrlich, Wir lieben diejenigen Gelehrten, die ans Licht bringen, was das Wohl der Menschheit fördert, und Wir helfen ihnen mit der Kraft Unseres Geheißes; denn Wir sind durchaus imstande, Unser Ziel zu erreichen.
Hütet euch, o Meine Geliebten, die Verdienste Meiner gelehrten Diener gering zu achten, derer, die Gott gnädig erwählt hat, Träger Seines Namens, ›der Gestalter‹, inmitten der Menschheit zu sein. Mühet euch aufs äußerste, Fertigkeiten und Unternehmungen zu entwickeln, von denen jedermann, jung oder alt, Nutzen zieht. Nichts haben Wir mit den Unwissenden zu tun, die sich einbilden, es bedeute Weisheit, seinem eitlen Wahn freien Lauf zu lassen und Gott, den Herrn aller Menschen, zu leugnen, wie Wir es von manchen Achtlosen heutzutage hören.
Sprich: Der Anbeginn der Weisheit und ihr Ursprung ist anzuerkennen, was Gott deutlich darlegt, weil dessen Kraft die Staatskunst, Schutz und Schirm für den Leib der Menschheit, auf eine feste Grundlage stellt. Denke eine Weile nach, damit du wahrnimmst, was Meine erhabenste Feder in diesem wundersamen Sendbrief verkündet. Sprich: Alles PolitischeA116, was ihr erörtert, fällt unter den Schatten eines der Worte, die vom Himmel Seiner ruhmreichen, Seiner erhabenen Rede herniedergesandt sind. So haben Wir dir berichtet, was dein Herz erhellt, deine Augen tröstet und dich befähigt aufzustehen, um Seine Sache inmitten aller Völker zu fördern.
O Mein Nabíl! Laß dich durch nichts betrüben, sondern frohlocke in überschäumender Freude, da Ich deines Namens gedachte, Mein Herz und Mein Angesicht dir zuwandte und mit dir Zwiesprache hielt durch diese unwiderlegliche, diese gewichtige Abhandlung. Sinne nach in deinem Herzen über die Trübsale, die Ich erdulde, die Haft und Gefangenschaft, die Ich ertrage, die Leiden, die Mich befallen, und die Anschuldigungen, die das Volk gegen Mich erhebt. Siehe, sie sind fürwahr in einen dichten Schleier gehüllt.
Als der Redestrom diesen Stand erreichte, brach der Morgen göttlicher Geheimnisse an, und das Licht der Äußerung wurde gelöscht. Möge Seine Herrlichkeit auf dem Volk der Weisheit ruhen, wie es Er, der Allmächtige, der Allgepriesene, geboten hat.
Sprich: verherrlicht sei Dein Name, o Herr, mein Gott! Ich flehe zu Dir bei Deinem Namen, durch den der Glanz des Lichtes der Weisheit hell erstrahlte, als die Himmel göttlicher Rede inmitten der Menschheit bewegt wurden, hilf mir gnädig mit Deinen himmlischen Bestätigungen und befähige mich, Deinen Namen unter Deinen Dienern zu preisen.
O Herr! Ich wende mein Angesicht Dir zu, trenne mich von allem außer Dir und halte mich fest an den Saum des Gewandes Deiner mannigfachen Segnungen. So löse denn meine Zunge, daß ich verkünde, was die Gemüter der Menschen in Bann schlägt, was ihnen Herz und Geist frohlocken läßt. Stärke mich so sehr in Deiner Sache, daß mich die Übermacht der Unterdrücker unter Deinen Geschöpfen nicht behindert und der Angriff der Ungläubigen unter den Bewohnern Deines Reiches nicht abhält. Mache mich zu einer Leuchte, die durch Deine Lande strahlt, auf daß alle, in deren Herzen das Licht Deiner Erkenntnis und die Sehnsucht nach Deiner Liebe glimmen, von ihrem Glanze geführt werden.
Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst, und in Deinem Griff hältst Du das Reich der Schöpfung. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Allweisen.
Aṣl-i-Kullu’l-Khayr (Worte der Weisheit)A117
Im Namen Gottes, des Erhabensten, des Höchsten!
Die Quelle alles Guten ist Vertrauen in Gott, Unterwerfung unter Sein Gebot und Zufriedenheit mit Seinem heiligen Willen und Wohlgefallen.
Das Wesen der Weisheit ist die Gottesfurcht, die Angst vor Seiner Rute und Strafe, die rasche Wahrnehmung Seiner Gerechtigkeit und Seines Geheißes.
Das Wesen der Religion ist zu bezeugen, was der Herr offenbarte, und zu befolgen, was Er in Seinem mächtigen Buch verordnete.
Die Quelle allen Ruhmes ist anzunehmen, was der Herr verleiht, und zufrieden zu sein mit dem, was Gott verfügt.
Das Wesen der Liebe ist für den Menschen, sein Herz dem Geliebten zuzukehren, sich von allem außer Ihm zu lösen und nichts anderes als sein Herr zu wünschen.
Wahres Gedenken ist, den Herrn, den Allgepriesenen, zu erwähnen und alles außer Ihm zu vergessen.
Wahre Zuversicht ist für den Diener, seinen beruflichen Pflichten in dieser Welt nachzugehen, sich fest an den Herrn zu halten und nur Seine Gnade zu suchen; denn in Seinen Händen liegen die Geschicke aller Seiner Diener.
Das Wesen der Loslösung ist für den Menschen, das Angesicht dem Hofe des Herrn zuzuwenden, in Seine Gegenwart zu treten, Sein Antlitz zu schauen und als Zeuge vor Ihm zu stehen.
Das Wesen der Vernunft ist, die eigene Armut zu bezeugen und sich in den Willen des Herrn, des unabhängigen Herrschers, des Gnädigen, des Allmachtvollen, zu fügen.
Die Quelle des Mutes und der Macht ist die Verbreitung des Wortes Gottes und die Standhaftigkeit in Seiner Liebe.
Das Wesen der Nächstenliebe ist für den Diener, von den Segnungen seines Herrn zu berichten und Ihm allezeit und in jeder Lage Dank zu sagen.
Das Wesen des Glaubens ist, wenig Worte zu machen und eine Fülle von Taten aufzuweisen. Wisse fürwahr, daß für den, der mehr redet, als er tut, der Tod besser ist als sein Leben.
Das Wesen wahrer Sicherheit ist, Schweigen zu wahren, auf das Ende der Dinge zu sehen und der Welt zu entsagen.
Der Anbeginn der Großmut ist, daß der Mensch seinen Reichtum für sich, seine Familie und die Armen unter seinen Glaubensbrüdern ausgibt.
Das Wesen des Wohlstandes ist die Liebe zu Mir. Wer Mich liebt, besitzt alles, und wer Mich nicht liebt, gehört fürwahr zu den Armen und Bedürftigen. Dies ist, was der Finger der Herrlichkeit und des Glanzes offenbart.
Die Quelle alles Bösen ist für den Menschen, sich von Seinem Herrn abzuwenden und sein Herz an Gottloses zu hängen.
Das am heftigsten brennende Feuer ist, die Zeichen Gottes in Frage zu stellen, was Er offenbarte, eitel in Zweifel zu ziehen, Ihn zu leugnen und sich stolz vor Ihm zu brüsten.
Die Quelle aller Bildung ist die Erkenntnis Gottes, erhaben sei Seine Herrlichkeit! Diese Erkenntnis kann nur durch die Erkenntnis Seiner göttlichen Manifestation erlangt werden.
Das Wesen der Erniedrigung ist, den Schatten des Barmherzigen zu verlassen und seine Zuflucht beim Bösen zu suchen.
Die Quelle des Irrtums ist, nicht an den einen wahren Gott zu glauben, sich auf anderes als Ihn zu verlassen und Sein Gebot zu fliehen.
Wahren Verlust erleidet, wer seine Tage in völliger Unkenntnis über sein wahres Selbst verbringt.
Das Wesen all dessen, was Wir für dich offenbarten, ist die Gerechtigkeit. Sie bedeutet für den Menschen, daß er sich von eitlem Wahn und Nachahmung frei mache, mit dem Auge der Einheit das herrliche Werk Seiner Hände schaue und mit forschendem Blick in alles eindringe.
Also haben Wir dich unterwiesen und dir Worte der Weisheit offenbart, auf daß du dem Herrn, deinem Gott, dankbar seiest und dich damit unter allen Völkern rühmest.
Lawḥ-i-Maqṣúd (Das Sendschreiben an Maqṣúd)
Aus Ehrfurcht pflegten die Bahá’í, statt sich an Bahá’u’lláh unmittelbar zu wenden, an Seinen Sekretär, Mírzá Áqá Ján mit den Beinamen ›Diener Gottes‹ und ›Kammerdiener‹ zu schreiben. Die Antwort hatte dann die Form eines Briefes von Mírzá Áqá Ján mit Zitaten von Bahá’u’lláh. Tatsächlich war sie aber völlig von Bahá’u’lláh diktiert. Somit sind alle Teile des Sendschreibens, selbst die angeblichen Worte des Mírzá Áqá Ján, von Bahá’u’lláh offenbarte Heilige Schrift. Das Sendschreiben an Maqṣúd hat diese Form. Es war gerichtet an Mírzá Maqṣúd, einen frühen Gläubigen, der in Damaskus und Jerusalem lebte.
Er ist Gott, erhaben ist Er, der Herr der Majestät und Allmacht.
Ein Lobpreis, der hoch über jeder Erwähnung oder Beschreibung steht, kommt dem Angebeteten zu, dem Besitzer alles Sichtbaren und alles Unsichtbaren, der den Ersten Punkt befähigt hat, unzählige Bücher und Lehrbriefe zu offenbaren, und der durch die Kraft Seines erhabenen Wortes die ganze Schöpfung, die frühe wie die jüngst geschaffene, ins Dasein rief. Auch sendet Er in jedem Zeitalter und Zyklus nach Seiner alles überragenden Weisheit einen göttlichen Boten, die verzagten, entmutigten Seelen mit dem Lebenswasser Seiner Rede neu zu beleben. Er ist fürwahr der Erklärer, der wahre Ausleger; denn der Mensch ist unfähig zu begreifen, was der Feder der Herrlichkeit entströmt und in Seinen himmlischen Büchern verzeichnet ist. Zu allen Zeiten und in jeder Lebenslage brauchen die Menschen jemanden, der sie ermahnt, führt, lehrt und erzieht. Deshalb sendet Er Seine Boten, Seine Propheten und Erwählten, auf daß sie das Volk mit der göttlichen Absicht vertraut machen, die der Offenbarung von Büchern und der Berufung von Boten zugrundeliegt, und jedermann sich bewußt werde, was in jedweder menschlichen Seele als Treugut Gottes verborgen ruht.
Der Mensch ist der höchste Talisman.
Der Mangel an geeigneter Erziehung hat ihn jedoch dessen beraubt, was er seinem Wesen nach besitzt.
Durch ein Wort, das aus dem Munde Gottes hervorging, wurde er ins Dasein gerufen.
Durch ein weiteres Wort ward er dazu geführt, den Quell seiner Erziehung zu erkennen.
Durch wieder ein anderes Wort wurden seine Stufe und seine Bestimmung sichergestellt.
Das Erhabenste Wesen spricht:
Betrachte den Menschen als ein Bergwerk, reich an Edelsteinen von unschätzbarem Wert.
Nur die Erziehung kann bewirken, daß es seine Schätze enthüllt und die Menschheit daraus Nutzen zu ziehen vermag.
Jeder Mensch, der darüber nachsinnt, was die aus dem Himmel des heiligen Willens Gottes herabgesandten Schriften offenbart haben, wird leicht erkennen, wie es ihr Ziel ist, daß alle Menschen als eine Seele betrachtet werden sollen, damit das Siegel mit den Worten »Das Reich wird Gottes sein«Q18 jedem Herzen aufgeprägt werde, und das Licht göttlicher Großmut, Gnade und Barmherzigkeit die ganze Menschheit umhülle.
Der eine wahre Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – wünscht nichts für sich selbst.
Ihm nützt weder die Untertanentreue der Menschheit noch schadet Ihm ihre Verderbtheit.
Der Vogel aus dem Reiche der Äußerung erhebt unaufhörlich diesen Ruf:
»Alle Dinge habe Ich für dich gewollt, und auch dich um deiner selbst willen.« Wenn die Gelehrten und Weltweisen dieser Zeit der Menschheit gestatteten, den Duft der Verbundenheit und Liebe einzuatmen, würde jedes verständige Herz die Bedeutung wahrer Freiheit begreifen und das Geheimnis ungetrübten Friedens und vollkommener Seelenruhe entdecken.
Würde die Erde diesen Stand der Dinge erreichen und von seinem Lichte erleuchtet, dann könnte man wahrlich von ihr sagen:
»Du wirst auf ihr weder Tiefen noch Höhen sehen.«Q19
Segen und Frieden seien mit IhmA118, durch Dessen Kommen Baṭḥá’A119 lieblich lächelte, der mit dem süßen Duft Seines Gewandes die ganze Menschheit umfing – Er, Der kam, die Menschen zu schützen vor allem, was ihnen in der Welt hienieden schadet. Erhaben, unermeßlich erhaben ist Seine Stufe über die Verherrlichung aller Wesen, geheiligt über den Lobpreis der gesamten Schöpfung. Durch Sein Kommen wurde das Königszelt der Beständigkeit und Ordnung über der ganzen Welt aufgerichtet und das Banner der Erkenntnis inmitten der Völker gehißt. Segnungen ruhen auch auf Seinen Nachkommen und Seinen Gefährten, durch welche die Standarte der Einheit Gottes und Seiner Einzigkeit aufgepflanzt, die Fahnen himmlischen Triumphes entfaltet worden sind.
Dein Brief, aus dem der Duft der Wiedervereinigung zu atmen war, ist eingegangen. Preis sei Gott! Nach dem schweren Schicksalsschlag der Trennung wurde der Windhauch der Nähe und Verbindung bewegt, der Urgrund des Herzens wurde mit den Wassern der Freude und des Frohsinns erfrischt. Wir sagen Gott Dank in allen Lebenslagen und hegen die Hoffnung, daß Er – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – durch Seine gnädige Vorsehung alle Erdenbewohner zu dem führe, was vor Ihm annehmbar und wohlgefällig ist.
Sieh den Aufruhr, der die Welt seit vielen langen Jahren heimsucht, und die Verwirrung, die ihre Völker ergriffen hat.
Entweder ist sie durch Krieg verwüstet oder von plötzlichem, unerwartetem Unheil gepeinigt worden.
Obwohl Not und Elend die Welt umhüllen, hat doch kein Mensch innegehalten und darüber nachgedacht, was der Grund und Ursprung sei.
Wann immer der Wahre Ratgeber ein Mahnwort sprach, siehe, da beschuldigten Ihn alle, Er sei ein Unheilstifter, und wiesen Seinen Anspruch zurück.
Wie bestürzend, wie verwirrend ist ihr Verhalten!
Keine zwei Menschen sind zu finden, von denen man sagen könnte, daß sie äußerlich und innerlich einig seien.
Überall sind die Zeichen des Zwiespaltes und der Bosheit sichtbar, obwohl alle zu Harmonie und Einigkeit erschaffen wurden.
Das Erhabenste Wesen spricht:
O ihr Vielgeliebten!
Das Heiligtum der Einheit ist errichtet; betrachtet einander nicht als Fremde.
Ihr seid die Früchte eines Baumes, die Blätter eines Zweiges.
Wir hegen die Hoffnung, daß das Licht der Gerechtigkeit über die Welt scheine und sie von aller Tyrannei heilige.
Wenn die Herrscher und Könige der Erde, die Sinnbilder der Macht Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – sich erheben und beschließen, sich dem zu weihen, was das höchste Wohl der ganzen Menschheit fördert, dann wird die Herrschaft der Gerechtigkeit sicherlich unter den Menschenkindern errichtet, und ihre Lichtstrahlen werden die ganze Erde umhüllen.
Das Erhabenste Wesen spricht:
Das Bauwerk der Beständigkeit und Ordnung dieser Welt ist auf den beiden Pfeilern von Lohn und Strafe errichtet und wird weiterhin von ihnen getragen werden.
Und in anderem Zusammenhang spricht Er in beredter SpracheA120:
Der Gerechtigkeit steht eine starke Streitmacht zu Gebote.
Sie ist nichts anderes als Lohn und Strafe für der Menschen Taten.
Durch diese Streitmacht ist das Königszelt der Ordnung über der ganzen Welt errichtet; sie läßt die Bösen ihre Triebnatur bezähmen aus Furcht vor Strafe.
An anderer Stelle hat Er geschrieben: Hüte dich, o Schar der Herrscher in der Welt! Es gibt keine Macht auf Erden, die an sieghafter Gewalt der Macht der Gerechtigkeit und Weisheit gleichkäme. Fürwahr, Ich bestätige, daß es nie eine mächtigere Heerschar gab als die Gerechtigkeit und Weisheit. Selig der König, der das Banner der Weisheit vor sich entfaltet und voranschreitet, die Heere der Gerechtigkeit hinter sich scharend. Er ist wahrlich der Schmuck, der die Stirn des Friedens und das Antlitz der Sicherheit ziert. Zweifellos würde das Antlitz der Erde völlig verwandelt, wenn die von den Wolken der Tyrannei verdunkelte Sonne der Gerechtigkeit ihr Licht über die Menschen ergösse.
In dem Wunsche, die Voraussetzungen für Frieden und Ruhe in der Welt und für den Fortschritt ihrer Völker zu offenbaren, hat das Erhabenste Wesen geschrieben: Die Zeit muß kommen, da die gebieterische Notwendigkeit für die Abhaltung einer ausgedehnten, allumfassenden Versammlung der Menschen weltweit erkannt wird. Die Herrscher und Könige der Erde müssen ihr unbedingt beiwohnen, an ihren Beratungen teilnehmen und solche Mittel und Wege erörtern, die den Grund zum Größten Weltfrieden unter den Menschen legen. Ein solcher Friede erfordert es, daß die Großmächte sich um der Ruhe der Völker der Erde willen zu völliger Aussöhnung untereinander entschließen. Sollte ein König die Waffen gegen einen anderen ergreifen, so müssen sich alle vereint erheben und ihn daran hindern. Wenn dies geschieht, werden die Nationen der Welt außer für die Wahrung der Sicherheit ihrer Reiche und die Aufrechterhaltung der inneren Ordnung in ihrem Staatsgebiet keine Waffen mehr brauchen. Dies wird jedem Volk, jeder Regierung und Nation Frieden und Ruhe sichern. Wir möchten gerne hoffen, daß die Könige und Herrscher der Erde, die Spiegel des barmherzigen und allmächtigen Namens Gottes, diese Stufe erreichen und die Menschheit vor dem Angriff der Tyrannei beschirmen werden.
Desgleichen spricht Er: Zu den Mitteln, die Einheit und Eintracht befördern und bewirken, daß die ganze Erde als ein Land betrachtet wird, gehört, daß die Zahl der Sprachen auf eine und die auf der Welt verwandten Schriften auf eine einzige beschränkt werden. Es ist aller Nationen Pflicht, einige sachverständige Gelehrte zu benennen, die eine Versammlung einzuberufen haben. Nach gemeinsamer Beratung sollen sie eine Sprache unter den vorhandenen auswählen oder eine neue Sprache schaffen, die sodann den Kindern in allen Schulen der Welt gelehrt werden muß.
Der Tag naht, da alle Völker der Welt eine universale Sprache und eine einheitliche Schrift annehmen werden. Wenn dies erreicht ist, wird es für jeden Menschen, in welche Stadt er auch reisen mag, sein, als betrete er sein eigenes Heim. All dies ist verbindlich und durchaus wesentlich. Es ist die Pflicht eines jeden Menschen mit Einsicht und Verständnis, danach zu streben, das hier Niedergeschriebene in die Wirklichkeit und die Tat umzusetzen.
Heutzutage ist das Königszelt des Rechts in die Klauen der Tyrannei und der Unterdrückung geraten. Flehet zu dem einen wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, daß Er der Menschheit das Meer wahren Verständnisses nicht vorenthalte; denn wären die Menschen nur achtsam, könnten sie leicht einsehen, daß alles, was aus der Feder der Herrlichkeit strömt und von ihr herniedergesandt wird, für die ganze Welt wie die Sonne ist, und daß Wohlfahrt, Sicherheit und die wahren Belange aller Menschen darin verwahrt sind. Ansonsten wird die Erde tagtäglich von neuem Unheil gequält werden, und Aufruhr ohnegleichen wird ausbrechen. Gebe Gott, daß dem Volk der Welt gnädig geholfen werde, das Licht Seiner liebevollen Ratschläge in der Lampe der Weisheit zu wahren. Wir hegen die Hoffnung, daß jedermann mit dem Gewande wahrer Weisheit, der Grundlage für die Regierung der Welt, geschmückt werde.
Das Erhabenste Wesen spricht: Der Himmel der Staatskunst leuchtet hell und strahlend im Lichterglanz der folgenden seligen Worte, die im Morgenrot des Willens Gottes aufgingen: Jedem Herrscher geziemt, jeden Tag sein ganzes Wesen auf der Waage unparteiischer Gerechtigkeit zu wägen, um sodann zwischen den Menschen zu entscheiden und ihnen zu raten, das zu vollbringen, was ihre Schritte auf den Pfad der Weisheit und Einsicht lenkt. Dies ist der Eckstein der Staatskunst und ihr innerster Kern. Jeder Aufgeklärte und Weise wird diesen Worten leicht entnehmen, was solche Ziele wie Wohlfahrt, Sicherheit und Schutz für die Menschheit sowie die Bewahrung menschlichen Lebens fördert. Wollten einsichtsvolle Menschen sich satt trinken aus dem Meer an inneren Bedeutungen, wie sie in diesen Worten verwahrt sind, und würden sie völlig damit vertraut, so würden sie die Erhabenheit dieser Äußerung bezeugen. Wollte dieser bescheidene Diener darlegen, was er schaut, so würden alle Gottes vollendete Weisheit bezeugen. Das Geheimnis der Staatskunst und das wahre Bedürfnis des Volkes liegen in diesen Worten beschlossen. Dieser demütige Diener fleht aufrichtig zu dem einen wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, die Augen des Volkes der Welt mit dem strahlenden Lichte der Weisheit zu erleuchten, damit alle erkennen, was heutzutage unumgänglich ist.
Der ist wirklich ein Mensch, der sich heute dem Dienst am ganzen Menschengeschlecht hingibt. Das Erhabenste Wesen spricht: Selig und glücklich ist, wer sich erhebt, dem Wohle aller Völker und Geschlechter der Erde zu dienen. An anderer Stelle hat Er verkündet: Es rühme sich nicht, wer sein Vaterland liebt, sondern wer die ganze Welt liebt. Die Erde ist nur ein Land, und alle Menschen sind seine Bürger.
Ermahnungen zu Einheit und Eintracht, wie sie in den Büchern der Propheten von der Feder des Allhöchsten geschrieben stehen, beziehen sich auf bestimmte Angelegenheiten; es geht nicht um Einheit, die zu Uneinigkeit führt, oder um Eintracht, die Zwietracht schafft. Dies ist die Stufe, auf der an alles Maßstäbe angelegt werden, eine Stufe, auf der jede verdienstvolle Seele ihren Teil erhält. Wohl denen, welche die Bedeutung dieser Worte richtig einschätzen und deren Absicht begreifen, und wehe den Achtlosen! Dies bezeugen zur Genüge alle Naturerscheinungen in ihrem wahren Wesensgehalt. Jeder urteilsfähige, weise Mensch ist mit dem hier Gesagten eng vertraut; nicht jedoch solche, die weit vom Lebensquell der Ehrlichkeit abgeirrt sind und wahnsinnig in der Wüste der Unwissenheit und des blinden Fanatismus schweifen.
Das Erhabenste Wesen spricht: O ihr Menschenkinder! Der Hauptzweck, der den Glauben Gottes und Seine Religion beseelt, ist, das Wohl des Menschengeschlechts zu sichern, seine Einheit zu fördern und den Geist der Liebe und Verbundenheit unter den Menschen zu pflegen. Laßt sie nicht zur Quelle der Uneinigkeit und der Zwietracht, des Hasses und der Feindschaft werden. Dies ist der gerade Pfad, die feste, unverrückbare Grundlage. Was immer auf dieser Grundlage errichtet ist, dessen Stärke können Wandel und Wechsel der Welt nie beeinträchtigen, noch wird der Ablauf zahlloser Jahrhunderte seinen Bau untergraben. Unsere Hoffnung ist, daß sich die religiösen Führer der Welt und ihre Herrscher vereint für die Neugestaltung dieses Zeitalters und die Wiederherstellung seiner Wohlfahrt erheben werden. Laßt sie, nachdem sie über seine Nöte nachgedacht haben, zusammen beraten und nach sorgsamer, reiflicher Überlegung einer kranken, schwer leidenden Welt das Heilmittel darreichen, dessen sie bedarf.
Das Erhabenste Wesen spricht: Der Himmel göttlicher Weisheit wird von zwei Leuchten erhellt: Beratung und Erbarmen. Haltet Rat miteinander in allen Angelegenheiten; denn Beratung ist die Lampe der Führung, die den Weg weist, und die Quelle des Verstehens.
Am Anfang jeder Bemühung hat man die Pflicht, auf das Ende zu sehen. Von allen Künsten und Wissenschaften sollten die Kinder diejenigen erlernen, welche dem Menschen Vorteil bringen, seinen Fortschritt sichern und seinen Rang erhöhen. So wird der widerliche Gestank der Gesetzlosigkeit vertrieben, und durch die edlen Bemühungen der Staatsführer werden alle geborgen, sicher und in Frieden leben.
Das Erhabenste Wesen spricht: Die Gebildeten dieser Zeit müssen das Volk anleiten, solches Wissen zu erwerben, das sowohl den Gebildeten selbst als auch der ganzen Menschheit von Nutzen ist. Akademische Studien, die mit Worten anfangen und mit Worten aufhören, waren nie von Wert und werden es niemals sein. Die meisten Gelehrten Persiens wenden ihr ganzes Leben an das Studium einer Philosophie, deren Ertrag letztlich nur Worte sind.
Die an der Macht sind, haben die Pflicht, Mäßigung in allen Dingen zu üben. Was die Grenzen der Mäßigung überschreitet, hört auf, wohltätigen Einfluß auszuüben. Betrachtet zum Beispiel Gegenstände wie Freiheit, Zivilisation und dergleichen. Wie wohlgefällig verständige Menschen sie auch immer betrachten mögen, ins Übermaß gesteigert, werden sie verderblichen Einfluß auf die Menschen haben.
Falls dies näher erläutert werden sollte, wäre eine ausführliche Erklärung vonnöten, die, so ist zu befürchten, ermüden könnte. Es ist die glühende Hoffnung dieses bescheidenen Dieners, daß Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – allen Menschen das Gute gewähre; denn wer damit begnadet ist, besitzt alles. Das Erhabenste Wesen spricht: Die Zunge der Weisheit verkündet: Wer Mich nicht hat, ist aller Dinge verlustig. Wendet euch ab von allem, was auf Erden ist, und suchet nur Mich. Ich bin die Sonne der Weisheit, das Meer der Erkenntnis. Ich ermutige die Schwachen und belebe die Toten. Ich bin das Licht der Führung, das den Weg erhellt. Ich bin der königliche Falke auf dem Arm des Allmächtigen. Ich entfalte die matten Flügel jedes verzagten Vogels und helfe ihm, sich aufzuschwingen.
Und desgleichen spricht Er: Der Himmel wahren Verstehens scheint hell im Lichte zweier Leuchten: Duldsamkeit und Redlichkeit.
O mein Freund! Weite Meere ruhen in diesem kurzen Ausspruch. Selig sind, die seinen Wert erkennen, tief daraus trinken und seine Bedeutung erfassen, aber wehe den Achtlosen. Dieser niedrige Diener bittet das Volk der Welt flehentlich, Gerechtigkeit zu üben, damit das zarte, feine, kostbare Gehör der Menschen, erschaffen, den Worten der Weisheit zu lauschen, befreit werde von Hindernissen und von solchen Anspielungen, eitlem Trug und leerem Wahn, die »weder nähren noch den Hunger stillen«Q20 können, auf daß der wahre Ratgeber gnädiglich geneigt sei darzulegen, was Quell des Segens für die Menschheit und höchstes Gut für alle Völker ist.
Gegenwärtig glimmt das Licht der Versöhnung nur düster in den meisten Ländern; seine Leuchtkraft ist dahin, während das Feuer des Streites und der Unordnung entfacht wurde und wild lodert. Zwei starke Mächte, die sich für die Begründer und Führer der Zivilisation, die Väter geschriebener Verfassungen halten, sind gegen die Anhänger des Glaubens angetreten, der verbunden ist mit Dem, Der mit Gott Zwiesprache hieltA121. Seid gewarnt, o ihr Verständnisvollen! Es steht der Stufe des Menschen schlecht an, Tyrannei zu üben; vielmehr ziemt es ihm, rechtes Augenmaß zu wahren und sich in allen Lebenslagen mit dem Gewande der Gerechtigkeit zu kleiden. Flehet zu dem einen wahren Gott, er möge mit der machtvollen Hand der Gnade und der geistigen Erziehung gewisse Seelen läutern und reinigen vom Schmutz übler Leidenschaften und verderbter Wünsche, so daß sie sich aufmachen und ihre Zunge lösen um Gottes willen, damit die Makel des Unrechts getilgt werden und das Licht der Gerechtigkeit seinen Glanz über die ganze Welt ergießt. Die Menschen sind unwissend und derer bedürftig, welche die Wahrheit erläutern.
Das Erhabenste Wesen spricht: Der Gelehrte mit umfassendem Wissen und der Weise mit durchdringender Weisheit sind die beiden Augen am Leibe der Menschheit. So Gott will, wird die Erde nie dieser beiden größten Gaben beraubt sein. Was dargelegt wurde und was in der Zukunft offenbart wird, ist nur ein Zeichen für die glühende Sehnsucht dieses Dieners, sich dem Dienst an allen Geschlechtern auf Erden zu weihen.
O mein Freund! In allen Lebenslagen sollte man jedes Mittel ergreifen, das Sicherheit und Ruhe zwischen den Völkern der Welt fördert. Das Erhabenste Wesen spricht: Alles, was euch an diesem herrlichen Tage von Verderbtheit läutert und was euch zu Frieden und Gelassenheit führt, ist fürwahr der Gerade Pfad.
So Gott will, werden die Völker der Welt als Ergebnis der hohen Bestrebungen ihrer Herrscher sowie der Weisen und Gelehrten unter den Menschen dahin geführt werden, ihr wahres Wohl zu erkennen. Wie lange wird die Menschheit in ihrem Eigensinn verharren? Wie lange wird das Unrecht fortbestehen? Wie lange sollen Chaos und Verwirrung unter den Menschen herrschen? Wie lange wird Zwietracht das Antlitz der Gesellschaft zerwühlen?
Dieser demütige Diener wundert sich sehr, daß alle Menschen zwar mit der Fähigkeit des Sehens und Hörens begabt sind, dennoch aber des Vorrechts verlustig gehen, diese Begabungen zu gebrauchen. Die zarte Liebe, die er für dich hegt, hat diesen Diener veranlaßt, die vorliegenden Zeilen zu Papier zu bringen. Ach, die Winde der Verzweiflung wehen aus jeder Richtung, und der Hader, der das Menschengeschlecht spaltet und peinigt, nimmt täglich zu. Die Zeichen drohender Erschütterungen und des Chaos sind jetzt deutlich zu sehen, zumal die bestehende Ordnung erbärmlich mangelhaft erscheint. Ich flehe zu Gott, gepriesen sei Seine Herrlichkeit, Er möge die Völker der Erde gnädig erwecken, möge ihnen gewähren, daß das Ergebnis ihres Verhaltens nutzbringend für sie sei, und ihnen helfen, das zu vollbringen, was ihrer Stufe würdig ist.
Wollte der Mensch nur die Herrlichkeit seiner Stufe und die Erhabenheit seiner Bestimmung würdigen, er würde stets einen edlen Charakter, reine Taten und ein schickliches, rühmliches Verhalten an den Tag legen. Wollten die Gebildeten und die Weisen, die guten Willens sind, dem Volke Führung angedeihen lassen, dann würde die ganze Erde als ein einziges Land betrachtet. Wahrlich, dies ist die unbezweifelbare Wahrheit. Dieser Diener bittet und drängt jede gewissenhafte, wagemutige Seele, sich bis zum äußersten anzustrengen und sich aufzumachen, in allen Bereichen die Lebensverhältnisse wieder in Ordnung zu bringen und die Toten mit den Lebenswassern weiser Rede neu zu beleben, kraft ihrer Liebe zu Gott, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allmächtigen, dem Wohltätigen.
Der Weise kann sein Wissen nur durch Worte zeigen. So erweist sich die Bedeutung des Wortes, wie alle heiligen Schriften aus alter und neuer Zeit bestätigen. Durch die Wirkkraft des Wortes und durch seinen Lebensgeist haben die Menschen auf dieser Welt ihre hohe Stufe erreicht. Wort und Rede sollten eindrucksvoll und eindringlich sein. Beide Eigenschaften erfüllen ein Wort indessen nur dann, wenn es allein um Gottes willen und mit gehöriger Rücksicht auf die Erfordernisse des Anlasses und des Volkes fällt.
Das Erhabenste Wesen spricht: Des Menschen Wort ist eine Wirklichkeit, die Einfluß auszuüben sucht und des rechten Maßes bedarf. Sein Einfluß ist durch seine Feinheit bedingt, die ihrerseits von losgelösten, reinen Herzen abhängt. Sein rechtes Maß muß mit Takt und Weisheit gebildet werden, wie es die heiligen Schriften und Sendschreiben verordnen.A122
Jedes Wort ist mit einem Geist versehen. Deshalb sollte der Redner oder Erklärer seine Worte zur rechten Zeit am rechten Ort äußern; denn der Eindruck, den jedes Wort hinterläßt, liegt klar und spürbar zutage. Das Erhabenste Wesen spricht: Ein bestimmtes Wort mag dem Feuer zu vergleichen sein, ein anderes dem Lichte, und der Einfluß, den beide üben, ist in der Welt offenbar. Darum sollte ein aufgeklärter, weiser Mensch vornehmlich in Worten reden, die sanft wie Milch sind, damit seine Worte die Menschenkinder nähren und erbauen, so daß sie das höchste Ziel menschlichen Daseins erreichen: die Stufe wahren Verstehens und geistigen Adels. Desgleichen spricht Er: Ein bestimmtes Wort ist wie der Frühling, der die zarten Schößlinge im Rosengarten der Erkenntnis grünen und blühen läßt, während ein anderes Wort wie tödliches Gift ist. Ein umsichtiger, weiser Mensch sollte deshalb voll Milde und Geduld reden, damit die Süße seiner Worte einen jeden erlangen läßt, was der Stufe des Menschen angemessen ist.
O mein Freund! Das Wort Gottes ist der König der Worte; sein durchdringender Einfluß ist unermeßlich. Es hat allzeit das Reich des Seins beherrscht und wird es immerdar beherrschen. Das Erhabenste Wesen spricht: Das Wort ist der Hauptschlüssel für die ganze Welt; denn durch seine Gewalt werden die Tore der Menschenherzen, die in Wirklichkeit die Himmelstore sind, erschlossen. Kaum gelangte ein Schimmer seines Strahlenglanzes auf den Spiegel der Liebe, da wurde das selige Wort »Ich bin der Meistgeliebte« darin widergespiegelt. Das Wort ist ein unerschöpflich reiches Meer, das alles umfängt. Alles, was wahrgenommen werden kann, ist nur Ausfluß des Wortes. Hoch, unermeßlich hoch ist diese hehre Stufe, in deren Schatten sich das Wesen strahlender Erhabenheit bewegt, verhüllt in Lobpreis und in Anbetung.
Mich dünkt, der Geschmack der Menschen ist sehr mitgenommen vom Fieber der Achtlosigkeit und der Torheit; denn sie sind der Süße Seiner Rede völlig unbewußt und gehen ihrer verlustig. Wie jämmerlich fürwahr, daß sich der Mensch die Früchte vom Baume der Weisheit versagt, wo doch seine Tage und Stunden so schnell dahinschwinden. So Gott will, möge die Hand göttlicher Macht die ganze Menschheit beschützen und ihre Schritte zum Horizont wahren Verständnisses lenken.
Wahrlich, unser Herr des Erbarmens ist der Helfer, der Wissende, der Weise.
Ich möchte hinzufügen, daß dein zweiter, in Jerusalem abgesandter Brief eingetroffen ist. Was du darin schriebst und darlegtest, wurde in Seiner Gegenwart vorgelesen. Er gebot mir, wie folgt zu schreiben:
O Maqṣúd! Wir hören deine Stimme und vernehmen die Seufzer und Wehklagen, die du in deinem sehnsüchtigen Verlangen ausstießest. Die süßen Düfte der Liebe sind aus jedem Wort zu atmen. So Gott will, wird diese Gnadengabe ewig währen. Der Kammerdiener las die Verse vor, die du gedichtet hast. Oft wird dein Name in der Gegenwart dieses Unterdrückten genannt, und die Lichtstrahlen Unserer Gnade und Unseres Erbarmens sind auf dich gerichtet.
Hoch ist die Stufe des Menschen. Hochgemut muß auch sein Bemühen um den Wiederaufbau der Welt und die Wohlfahrt der Völker sein. Ich flehe zu dem einen wahren Gott, daß Er dich gnädiglich in alledem bestätige, was der Stufe des Menschen würdig ist.
Laß dich in jeder Lage von Weisheit leiten; denn Leute mit bösen Beweggründen waren und sind fleißig im Ränkeschmieden. Gnädiger Gott! Dem unermeßlich erhabenen Wesen, das nur den Geist der Liebe und Freundschaft unter den Menschen zu nähren, die Welt zu erwecken und ihr Leben zu adeln sucht, schleudern sie Anklagen entgegen, die zu beschreiben Zunge und Feder sich weigern.
Wir gedachten dein schon früher und erwähnen dich zur Stunde. Flehentlich bitten Wir Ihn – erhaben ist Seine Herrlichkeit –, dich mit den Händen der Macht und Kraft zu schützen und dich zur Erkenntnis dessen zu befähigen, was deinen Belangen in dieser und der nächsten Welt am besten dient. Er ist der Herr der Menschheit, der Besitzer des Thrones in der Höhe und auf der Welt hienieden. Kein Gott ist außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Machtvollen. Gott gebe, daß dieser Unterdrückte Treue wahre. Er hat deiner nicht vergessen, noch wird er es jemals tun.
Du hast deine Absicht bekundet, bis zum Frühling in Damaskus zu bleiben, um sodann nach Mosul zu reisen, wenn sich die Mittel dafür finden. Dieser demütige Diener fleht zu Gott – erhaben ist Seine Herrlichkeit –, Er möge die geeigneten Mittel bereitstellen und dir helfen. Er ist kraftvoll und mächtig.
Obwohl alle Bewohner dieses Gebiets überaus freundlich behandelt werden, läßt sich kein Zeichen der Freundschaft bei ihnen ausmachen. Du solltest mit viel Feingefühl und Weisheit vorgehen; denn allezeit versuchen sie, an der Sache Gottes zu kritteln und sie zu leugnen. Der eine wahre Gott gebe ihnen das rechte Augenmaß.
Was deine eigenen Angelegenheiten angeht, so wäre es lobenswert, wenn du dich mit allem abfändest, was der Himmel schickt. Einen Beruf auszuüben, ist sehr empfehlenswert; denn wenn man arbeitet, ist man weniger geneigt, sich bei den unangenehmen Seiten des Lebens aufzuhalten. So Gott will, wirst du in jeder Stadt und jedem Land, wo du auch weilst, strahlende Freude, Frohsinn und Frohlocken erfahren. Dieser demütige Diener wird seinen edlen, gütigen Freund nie vergessen. Er hat deiner gedacht und wird es weiterhin tun. Der Ratschluß ist Gottes, des Herrn aller Welten. Von Herzen hoffe ich, daß Er dir göttlichen Beistand gewährt und dich in allem bestätigt, was vor Ihm wohlgefällig und annehmbar ist.
Jedes deiner Dichterworte ist fürwahr wie ein Spiegel, der die Zeichen deiner Ergebenheit und Liebe für Gott und Seine Erwählten wiedergibt. Wohl dir, der du den erlesenen Wein der Rede getrunken hast und des sanften Stromes wahren Wissens teilhaftig wurdest. Glücklich, wer sich satt trinkt und zu Ihm gelangt, aber wehe den Achtlosen! Deine Gedichte zu lesen, war wirklich sehr eindrucksvoll, denn aus ihnen spricht sowohl das Licht der Vereinigung wie das Feuer der Trennung.
Fern sei es uns, jemals den Glauben an die unermeßlichen Gunstbeweise Gottes zu verlieren; denn wenn es Sein Wunsch wäre, könnte Er ein bloßes Atom in eine Sonne und einen einzigen Tropfen in ein Meer verwandeln. Tausend Türen tut Er auf, wo der Mensch außerstande ist, sich auch nur eine vorzustellen.
So achtlos ist dieser Diener, daß er mit Worten wie diesen die Allmacht Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – zu verteidigen sucht. Ich flehe zu Gott, dem Größten, um Verzeihung für diese Behauptungen und bekräftige, daß dieser Diener allezeit seiner schweren Übertretungen und Missetaten eingedenk ist. Er bittet um Vergebung seiner Sünden aus dem Meer der Verzeihung seines Herrn, des Erhabensten, und wünscht für sich, was ihn Gott ganz ergeben macht und ihn befähigt, Seinen Lobpreis zu künden, sich Ihm zuzuwenden und sein ganzes Vertrauen auf Ihn zu setzen. Wahrlich, Er ist der Machtvolle, der Vergebende, der Barmherzige. Preis sei Gott, dem Allmächtigen, dem Allwissenden.
Dieser bescheidene Diener hat die Schilderungen der Zwiegespräche mit einem Reisenden gelesen, die du in deinem Brief an meinen Herrn – möge mein Leben ein Opfer für Ihn sein – aufgezeichnet hast. Die dort gegebenen Erläuterungen erwecken das Volk vom Schlaf der Achtlosigkeit. Fürwahr, die Taten des Menschen bringen teuflische Kraft die Fülle hervor. Wollten die Menschen sich mit den göttlichen Lehren zufriedengeben und sich daran halten, so wäre jede Spur des Bösen vom Antlitz der Erde getilgt. Aber die weitverbreitete Uneinigkeit unter der Menschheit, das Überhandnehmen von Aufruhr, Zank, Streit und dergleichen sind die vorherrschenden Bestimmungsgründe für das Auftreten des satanischen Geistes. Der Heilige Geist hat sich von solchen Dingen immer ferngehalten. Eine Welt, in der nur Kampf, Hader und Verderbnis auszumachen sind, ist auf dem besten Weg, Sitz und Thron, ja die Metropole Satans zu werden.
Wie unermeßlich groß ist die Zahl der Geliebten und Erwählten Gottes, die bei Tag und bei Nacht wehklagen und flehen, ein Dufthauch möge vom Hofe Seines Wohlgefallens her wehen und den widerlichen, faulen Gestank aus der Welt vertreiben. Aber dieses Endziel konnte noch nicht erreicht werden. Die Menschen gehen seiner verlustig wegen ihrer Missetaten, mit denen sie die Strafe Gottes gemäß den Grundsätzen Seiner göttlichen Herrschaft auf sich ziehen. Uns bleibt die Pflicht, in diesen Lebenslagen geduldig zu sein, bis uns Hilfe kommt von Gott, dem Vergebenden, dem Wohltätigen.
Verherrlicht sei Dein Name, o Herr aller Wesen, Du Sehnsucht alles Erschaffenen! Ich bitte Dich flehentlich bei dem Worte, das den Brennenden Busch seine Stimme erheben und den Felsen rufen ließ, woraufhin die Begünstigten zum Hofe Deiner Gegenwart und die Reinen im Herzen zum Morgenlicht Deines Antlitzes eilten, und bei den Seufzern der Dich wahrhaft Liebenden in ihrer Trennung von Deinen Erwählten und bei der Wehklage derer, die vor dem Dämmerglanz des Lichtes Deiner Offenbarung Dein Angesicht zu schauen verlangen, gib Deinen Dienern gnädiglich die Fähigkeit zu erkennen, was Du in Deiner Gnadenfülle für sie verordnet hast. Verschreibe ihnen mit Deiner Feder der Herrlichkeit, was ihre Schritte zum Meere Deiner Großmut lenkt und sie zu den Lebenswassern himmlischer Wiedervereinigung mit Dir führt.
O Herr! Schaue nicht auf das, was sie tun, sondern schau auf die Erhabenheit Deiner himmlischen Gnadengaben, die allem Erschaffenen, sichtbar oder unsichtbar, vorangehen. O Herr! Erleuchte ihre Herzen mit dem strahlenden Lichte Deiner Erkenntnis und erhelle ihre Augen mit dem Glanz der Sonne Deiner Gunstbeweise.
Ich flehe zu Dir, o Herr der Namen und Schöpfer der Himmel, bei dem Blute, das auf Deinem Pfad vergossen ward, und bei den Häuptern, die um Deiner Liebe willen hoch auf Speeren getragen wurden, und bei den Seelen, die in ihrer Trennung von Deinen Geliebten dahinschmolzen, und bei den Herzen, die für die Erhöhung Deines Wortes brachen, gewähre, daß sich die Bewohner Deines Reiches vereinigen in ihrer Lehenstreue zu Deinem unvergleichlichen Wort, so daß sie alle Deine Einheit und Deine Einzigkeit anerkennen. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Erhabensten, dem Wissenden, dem Weisen.
Ich hege die Hoffnung, daß Er, der Allgenügende, der Unzugängliche, der Bitte dieses demütigen Dieners achte, das Volk der Welt mit dem Gewande edler Taten bekleide und es von bösen Neigungen reinige. Er ist der Mächtige, der Machtvolle, der Allweise, der Allschauende. Er hört und sieht; Er ist der Allhörende, der Allsehende.
Súriy-i-Vafá (Das Sendschreiben an Vafá)A123
Er ist der Allwissende.
O Vafá! Danke deinem Herrn, daß Er dir half, dich Seiner Sache zuzuwenden, daß Er dich befähigte, die Manifestation Seines Selbstes anzuerkennen, und dich antrieb, Ihn zu verherrlichen, der das Größte Gedenken ist in dieser herrlichen Verkündigung.
Selig bist du, o Vafá, weil du dem Bunde Gottes und Seinem Testament die Treue wahrst zu einer Zeit, da alle Menschen diesen Bund verletzen und Den leugnen, an den sie geglaubt haben, obwohl Er erschien, mit jedwedem Zeugnis angetan, und am Horizont der Offenbarung aufging, gekleidet in unzweifelhafte Herrschaft.
Es geziemt dir, dich bis zum äußersten zu mühen, um das wahre Wesen der Treue zu erlangen. Das bedeutet, daß du ganz sicher bist in deinem Herzen und mit deiner Zunge bezeugst, was Gott für Sein erhabenes Selbst bezeugt, wenn Er kündet: »Wahrlich, selbstbestehend bin Ich im Reiche der Herrlichkeit.« Wer heutzutage befähigt ist, diese Wahrheit feierlich zu bestätigen, der hat alles Gute erlangt, und der himmlische Geist wird auf ihn niedersteigen am Tage und zur Nachtzeit, ihm gnädiglich zu helfen, den Namen seines Herrn zu verherrlichen. Er wird ihm die Zunge lösen, und mit seinen Worten wird er die Sache seines Herrn, des Erbarmers, des Barmherzigen, stützen. Keiner kann dies erreichen, er hätte denn sein Herz gereinigt von allem, was zwischen Himmel und Erde erschaffen ist, und sich völlig gelöst von allem außer Gott, dem unumschränkten Herrn, dem Allmächtigen, dem Gnädigen.
Erhebe dich, der Sache Gottes zu dienen, und sprich: Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Wahrlich, dies ist der Erste Punkt, gekleidet in Sein neues Gewand und offenbart in Seinem herrlichen Namen. Jetzt schaut Er herab von diesem Horizont und sieht alles. Fürwahr, Er ist erhaben über alles. Unter den Himmlischen Heerscharen ist er bekannt als die Größte Verkündigung, im Reiche der Ewigkeit als die Altehrwürdige Schönheit und vor dem Throne durch diesen NamenA124, der die Einsichtigen straucheln ließ.
Sprich: Ich schwöre bei Gott! Bevor in dieser Offenbarung ein einziger Vers vom Reiche der Heiligkeit und Erhabenheit herniedergesandt ward, war bereits das hehrste Zeugnis Gottes für alle Bewohner des Himmels und der Erde erfüllt; überdies haben Wir so viel offenbart, wie in der Sendung des Bayán herniedergesandt ist. Fürchtet Gott, laßt eure Taten nicht zuschanden werden und zählt nicht zu denen, die in Achtlosigkeit versunken sind. Öffnet die Augen, damit ihr auf dieser hell leuchtenden Stufe die Altehrwürdige Schönheit schauet.
Sprich: Gott ist mein Zeuge! Der Verheißene selbst ist vom Himmel gekommen, sitzend auf der roten Wolke, die Scharen der Offenbarung zu Seiner Rechten, die Engel der Eingebung zu Seiner Linken, und der Ratschluß ist erfüllt auf Geheiß Gottes, des Allmächtigen, des Allmachtvollen. Daraufhin sind alle gestrauchelt, ausgenommen die, welche Gott schützte durch Seine zarte Barmherzigkeit und zu denen zählte, die Ihn durch Sein Selbst erkennen und sich von allem lösen, was der Welt zugehört.
Höre die Worte deines Herrn und reinige dein Herz von allem Trug, damit das Gedenken Deines Herrn mit hellem Licht darauf strahle und dein Herz die Stufe der Gewißheit erlange.
Wisse überdies, daß dein Brief in Unsere Gegenwart gelangte; Wir haben seinen Inhalt vernommen und gelesen. Die Fragen, die du stelltest, haben Wir zur Kenntnis genommen, und gern werden Wir dir antworten. An diesem Tage ziemt es sich für jeden, alles, was er wünscht, Gott zu fragen, und dein Herr wird seiner Bitte achten mit wundersamen, unleugbaren Versen.
Du hast über das Thema der Wiederkehr gefragt. Wisse, daß das Ende dem Anfang gleicht. Sieh das Ende, gleich wie du den Anfang schaust, und gehöre zu den wahrhaft Verständigen. Nein, sieh vielmehr den Anfang als das Ende selbst und umgekehrt, auf daß du eine klare Schau erlangest. Wisse überdies, daß alles Erschaffene beständig hervortritt und wiederkehrt auf Geheiß deines Herrn, des Gottes der Kraft und der Macht.
Was die Wiederkehr angeht, die Gott in Seinen heiligen, erhabenen Sendschreiben meint, mit denen Er diesen Gegenstand Seinen Dienern bekannt gibt, so bedeutet sie die Wiederkehr alles Erschaffenen am Tage der Auferstehung. Dies ist fürwahr das Wesen der Wiederkehr, wie du sie in Gottes eigenen Tagen erlebst; und du zählst wahrlich zu denen, die diese Wahrheit bezeugen.
Wahrlich, Gott hat die Macht, alle Namen in einem einzigen Namen erscheinen zu lassen, und alle Seelen in einer einzigen Seele. Gewiß ist Er kraftvoll und mächtig. Und diese Wiederkehr geschieht auf Sein Geheiß in jedweder Gestalt, die Er will. Fürwahr, Er ist Der, welcher alles tut und bestimmt. Im übrigen solltest du die Erfüllung der Wiederkehr und der Auferstehung nur im Worte deines Herrn, des Allmächtigen, des Allwissenden, wahrnehmen. Griffe Er zum Beispiel eine Handvoll Staub und erklärte, dies sei Derjenige, dem ihr früher gefolgt seid, so wäre dies so recht und so wahr wie Sein wirkliches Selbst. Keinem ist das Recht verliehen, Seine Vollmacht in Frage zu stellen. Er tut, was Er will, und bestimmt, was Ihm gefällt. Nimm dich auf dieser Stufe auch in acht, daß du deinen Blick nicht auf Grenzen und Andeutungen richtest, sondern auf das, wodurch die Offenbarung erfüllt ist, und gehöre zu den Erkennenden. Solches erklären Wir dir in leuchtend klarer Sprache, damit du begreifest, was du bei deinem urewigen Herrn suchtest.
Schau auf den Tag der Auferstehung. Wollte Gott verkünden, das niederste Geschöpf unter den Gläubigen sei der erste, der an den Bayán glaubte, so dürftest du keine Zweifel haben, sondern müßtest zu denen gehören, die wahrhaft glauben. Sieh auf dieser Stufe keine menschlichen Grenzen und Namen, vielmehr schau auf das, was den Rang des ersten Gläubigen rechtfertigt: den Glauben an Gott, die Anerkennung Seines Seins, das Vertrauen in die Erfüllung Seines unwiderstehlichen, Seines bindenden Befehls.
Denke an den Punkt des Bayán – erhaben ist Seine Herrlichkeit – und an Seine Offenbarung. Er verkündete, der ersteA125, der an Ihn glaubte, sei Muḥammad, der Gesandte Gottes. Steht es jemandem zu, mit Ihm zu streiten und zu sagen, jener erste sei aus Persien, dieser aus Arabien, jener heiße Ḥusayn, während dieser den Namen Muḥammad trug? Nein, Ich schwöre es bei Gottes heiligem Wesen, dem Erhabenen, dem Größten. Gewiß wird kein verständiger Mensch hier auf Grenzen und Namen achten, sondern das im Auge haben, womit Muḥammad ausgestattet war, und das war nichts anderes als die Sache Gottes. Ein Mensch mit dieser Einsicht würde sodann Ḥusayn und die Stellung betrachten, die er in der Sache Gottes, des Allmächtigen, des Erhabenen, des Wissenden, des Weisen, bekleidet. Und da der erste, welcher in der Sendung des Bayán an Gott glaubte, mit Befehlsgewalt ausgestattet war, ähnlich derjenigen, die Muḥammad, der Gesandte Gottes, innehatte, erklärte der Báb, Ḥusayn sei Muḥammad, nämlich Dessen Wiederkehr und Auferstehung. Diese Stufe ist geheiligt über alle Grenzen und Namen, und nichts ist darin zu sehen außer Gott, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden.
Wisse ferner: Wollte Er am Tage der Offenbarung verkünden, ein kleines Blatt sei die Manifestation aller Seiner erhabenen Ehrennamen, so wäre keinem das Recht gegeben, nach dem Warum und Wofür zu fragen; und fragte jemand dennoch, so würde er als Ungläubiger betrachtet und zu denen gezählt, die Gottes Wahrheit zurückweisen.
Hüte dich, hüte dich, daß du nicht tust, was das Volk des Bayán getan. Sie haben in der Tat schlimm geirrt, das Volk verführt, den Bund Gottes und Sein Testament verworfen und Ihm, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden, Gefährten beigesellt. Den Punkt des Bayán haben sie wahrlich nicht anerkannt; denn hätten sie Ihn anerkannt, so hätten sie Seine Manifestation in diesem hell strahlenden Wesen nicht verworfen. Da sie aber ihre Augen auf Namen hefteten, wurden sie ihnen trübe, als Er Seinen Namen ›der Erhabenste‹A126 durch Seinen Namen ›der Allherrliche‹A127 ersetzte. So verfehlen sie, Ihn heutzutage anzuerkennen, und so gehören sie zu denen, die zugrunde gehen. Fürwahr, hätten sie Ihn durch Sein eigenes Selbst erkannt oder aber kraft dessen, was Er offenbart, so hätten sie Ihn nicht geleugnet, als Er erschien in diesem herrlichen, diesem unvergleichlichen Namen, den Gott zum Schwerte Seiner Offenbarung zwischen Himmel und Erde bestimmt hat, Wahrheit vom Irrtum zu trennen, von nun an bis zu dem Tage, da die Menschheit vor dem Herrn der Welten stehen wird.
Wisse fernerhin: Am Tage Seiner Manifestation kehrt alles außer Gott wieder, ob hoch oder niedrig, versammelt an einem Ort. Unerforschlich ist die Wiederkehr für alle Menschen, bis daß die göttliche Offenbarung erfüllt ist. Er ist in Wahrheit Der, welcher bestimmt, was Er will. Wenn das Wort Gottes allem Erschaffenen offenbart ist, dann wird jeder, der den Ruf hört und beachtet, zu den edelsten Seelen gezählt, auch wenn er nicht mehr ist als ein Aschenträger. Und wer sich abwendet, zählt zu den niedersten unter Seinen Dienern, übte er auch Herrschaft über die Menschen und besäße er auch alle Bücher in den Himmeln und auf Erden.
Dir ziemt es, mit göttlicher Einsicht auf das zu blicken, was Wir dir offenbart und gesandt haben, nicht auf das Volk und was bei ihm im Schwange ist. Sie gleichen heutzutage einem Blinden, der im Sonnenschein herumtappt und fragt: Wo ist die Sonne? Scheint sie? Er leugnet und bestreitet die Wahrheit, er gehört nicht zu den Wahrnehmenden. Niemals wird er die Sonne schauen oder begreifen, was zwischen ihn und sie getreten ist. Er ist voll des Vorwurfs, schimpft und zählt zu den Aufsässigen. So ist auch der Zustand dieses Volkes. Überlasse sie sich selbst und sprich: Euch werde zuteil, was ihr wünschet, und uns, was wir wünschen. Elend ist fürwahr der Zustand der Gottlosen.
Wisse des weiteren: Die frühere Manifestation bekräftigte, am Tage der Auferstehung werde die Wiederkehr und die Erhebung der Geister eintreten; in Wahrheit gibt es eine Wiederkehr und Auferstehung für alles Erschaffene. Wir möchten jedoch nichts erwähnen, was nicht im Bayán dargelegt ist; sonst erhebt das Volk der Bosheit ein großes Geschrei. O würde doch vertrieben, was zwischen die Menschenkinder und ihren Schöpfer tritt, auf daß sie befähigt seien, Gottes unüberwindliche Herrschaft und Souveränität zu schauen, vom Brunnquell Seiner himmlischen Wasser zu trinken, sich mit den Ausgießungen aus dem Meere wahren Verstehens zu netzen und sich von den Schandflecken der Gottlosen und der Argwöhnischen zu läutern.
Nun zu deiner Frage über die Welten Gottes.
Wisse wahrlich, daß die Welten Gottes zahllos und unendlich weit sind.
Keiner kann sie zählen oder erfassen außer Gott, dem Allwissenden, dem Allweisen.
Denke an deinen Zustand im Schlafe.
Wahrlich, Ich sage, diese Erscheinung ist das geheimnisvollste der Zeichen Gottes unter den Menschen, wollten sie doch im Herzen darüber nachsinnen.
Siehe, wie das, was du im Traume geschaut hast, nach langer Zeit voll verwirklicht wird.
Wäre die Welt, wo du dich im Traum befunden hast, dieselbe wie die Welt, in der du lebst, dann hätte die Begebenheit jenes Traumes im Augenblick ihres Geschehens zwangsläufig in dieser Welt bekannt werden müssen.
Wäre es so, dann wärest du selbst dessen Zeuge.
Da dies jedoch nicht der Fall ist, muß notwendigerweise daraus folgen, daß die Welt, in der du lebst, von jener, die du im Traum erlebt hast, verschieden und gesondert ist.
Diese letztere Welt hat weder Anfang noch Ende.
Es wäre wahr, wenn du behaupten wolltest, daß diese Traumwelt nach dem Ratschluß des allherrlichen und allmächtigen Gottes in deinem eigenen Selbst liegt und ganz in dir aufgeht.
Es wäre ebenso wahr zu sagen, daß dein Geist, wenn er die Grenzen des Schlafes überschritten und sich von allen irdischen Bindungen befreit hat, durch Gottes Ratschluß ein Reich durchwandert, das in der innersten Wirklichkeit dieser Welt verborgen liegt.
Wahrlich, Ich sage, die Schöpfung Gottes umfaßt Welten neben dieser Welt und Geschöpfe außer diesen Geschöpfen.
In jeder dieser Welten hat Er Dinge verordnet, die niemand erforschen kann außer Ihm, dem Allerforschenden, dem Allweisen.
Denke darüber nach, was Wir dir enthüllt haben, damit du die Absicht Gottes, deines Herrn und des Herrn aller Welten, erkennest.
In diesen Worten sind die Geheimnisse göttlicher Weisheit verwahrt.
Wir wollen nicht bei diesem Thema verweilen, weil der Kummer über die Taten derer, die durch Unsere Worte erschaffen worden sind, Uns umgibt, wäret ihr doch unter denen, die auf Unsere Stimme hören.
Wo ist der, der Mir helfen und Mich vor den Schwertern dieser treulosen Seelen beschirmen kann? Wo ist der Einsichtsvolle, der die Worte Gottes mit eigenen Augen sieht und sich von den Völkern der Welt, ihren Meinungen und Vorstellungen frei macht?
O Diener! Warne die Diener Gottes davor, das von sich zu weisen, was sie nicht verstehen. Sprich: Flehet zu Gott, Er möge vor euren Herzen die Tore wahren Verstehens öffnen, auf daß euch kund wird, was keiner kennt. Wahrlich, Er ist der Gebende, der Vergebende, der Mitleidvolle.
Du hast Mich auch über die Gebote Gottes befragt. Wisse fürwahr: Alles, was im Buche vorgeschrieben ist, ist die Wahrheit; es gibt keinen Zweifel daran, und jeder hat die Pflicht zu befolgen, was Er, der Offenbarer, der Allwissende, herniedergesandt hat. Wer die Gebote beiseite schöbe, obwohl er davon Kenntnis hat, mit dem hätte Gott fürwahr nichts zu schaffen, und auch Wir hätten nichts mit ihm zu schaffen; denn Gottes Gebote stellen die Früchte des göttlichen Baumes dar, und nur die Achtlosen und die Eigensinnigen weichen von ihnen ab.
Was das Paradies anbelangt, so ist es eine Wirklichkeit, an der es keinen Zweifel geben kann. Hier und heute in dieser Welt ist es in der Liebe zu Mir und in Meinem Wohlgefallen verwirklicht. Wer das erreicht, dem wird Gott in dieser Welt hienieden helfen, und nach dem Tode wird Er ihn befähigen, Zutritt in das Paradies zu erlangen, das so weit ist wie Himmel und Erde. Dort werden ihm die Jungfrauen der Herrlichkeit und der Heiligkeit aufwarten des Tages und zur Nachtzeit, während die Sonne der unvergänglichen Schönheit seines Herrn allezeit ihren Glanz über ihn ergießt und er so hell erstrahlt, daß keiner seinen Anblick ertragen kann. So fügt es die Vorsehung, und doch ist das Volk ausgeschlossen durch einen schweren Schleier. Begreife gleichermaßen das Wesen des Höllenfeuers und gehöre zu denen, die wahrhaft glauben. Für jede Tat gibt es eine Vergeltung nach dem Urteil Gottes; dafür sind die Gebote und Verbote, wie sie der Allmächtige verschrieben hat, Zeugnis zur Genüge. Denn gewiß würde sich, wenn die Taten nicht belohnt würden und keine Früchte zeitigten, die Sache Gottes – erhaben ist Er – als nichtig erweisen. Unermeßlich erhaben ist Er über solche Gotteslästerungen! Denen jedoch, die frei sind von allen Bindungen, ist eine Tat ihr eigener Lohn. Wollten Wir uns über diesen Gegenstand verbreiten, so müßten zahlreiche Sendschreiben aufgezeichnet werden.
Ich schwöre bei der Gerechtigkeit des einen wahren Gottes! Die Feder ist außerstande, sich zu bewegen, ob alledem, was ihren Herrn befallen hat. Sie weint bitterlich; bitter weine auch Ich, und bitter weint das Auge Dessen, Der das Wesen der Hoheit hinter dem Königszelte der Namen ist, sitzend auf dem Throne Seines ruhmreichen Namens.
Reinige dein Herz, auf daß Wir Springbrunnen der Weisheit und der freien Rede daraus hervorquellen lassen und dich befähigen, deine Stimme inmitten der Menschheit zu erheben. Löse deine Zunge, und um des Gedenkens an deinen barmherzigen Herrn willen verkünde die Wahrheit. Fürchte dich vor niemandem, setze dein ganzes Vertrauen in Gott, den Allmächtigen, den Allwissenden. Sprich: O Volk, erfüllet, was ihr im Persischen Bayán versteht, und was ihr nicht versteht, das fraget Ihn, Sein unfehlbares Gedenken, damit Er euch klar vor Augen führe, was Gott in Seinem Buche beabsichtigt hat; denn fürwahr, Er weiß, was im Bayán verwahrt ist, kraft Seines, des Allmächtigen, des Allmachtvollen, Willens.
Du hast über Unsere Warnung an das Volk zur Zeit Unserer Abreise aus dem ‘Iráq gefragt, wonach dann, wenn die Sonne dem Blick entschwindet, Vögel der Finsternis sich bewegen und die Banner des SámiríA128 aufgepflanzt werden. Ich schwöre bei Gott! Diese Vögel rühren sich heutzutage, und Sámirí erhebt sein Geschrei. Wohl dem, der versteht und zu den Einsichtigen zählt! Wir haben sie auch vor der Erscheinung des Kalbes gewarnt. Gott ist Mein Zeuge! Alle Unsere Vorhersagen sind eingetreten, wie es ihnen bestimmt war, da sie ja von den Fingern der Herrlichkeit und der Macht ausgingen. Flehe zu Gott, Er möge dich vor dem Unheil dieser Menschen schützen und dich läutern von den Anspielungen der Widerspenstigen. Wappne dich für die Verkündigung der Sache Gottes und achte nicht der Worte, die das Volk des Bayán äußert; denn fürwahr, sie sind des Verständnisses bar und haben das Wesen der Sache, wie es in dieser hehren, dieser Größten Verkündigung enthüllt ist, nicht begriffen. Solches geben Wir deinem Geiste ein, und Wir flößen dir ins Herz, was dich unabhängig macht von den Anspielungen der Menschheit.
Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und denen, welche die Worte hören, die du äußerst aus Liebe zu Gott, deinem Herrn, und welche standhaft in Seiner Sache bleiben. Aller Lobpreis sei Gott, dem Herrn der Welten.
Lawḥ-i-Siyyid-i-Mihdíy-i-Dahají (Das Sendschreiben an Siyyid Mihdíy-i-Dahají)
Er ist der Heiligste, der Größte, der Erhabenste, der Höchste
O Mein Name!A129 Lobpreise Gott, daß Er dich gnädig erwählte, ein Regenschauer göttlicher Gaben zu sein für alles, was Wir in den reinen, gesegneten Boden säten, und daß Er dich befähigte, den wundersam hehren Bäumen, die Wir pflanzten, als Frühling sanften Erbarmens zu dienen. Fürwahr, so groß ist diese Gunst, daß unter allem Erschaffenen in der Welt des Seins nichts damit wetteifern kann. Des weiteren haben Wir dir den erlesenen Wein der Rede aus dem Kelche himmlischer Gaben deines barmherzigen Herrn zu trinken gegeben: diese Zunge der Heiligkeit, die, kaum gelöst, alle Schöpfung belebte, alle Wesen in Bewegung brachte und die Nachtigall ihre Weisen schlagen ließ. Dies ist der Springquell lebendigen Wassers für alle, die im Reiche des Seins wohnen.
Oftmals haben Wir auf dich die süßen Düfte des Allerbarmers gehaucht aus diesem Zweig, der sich über dem Sendbrief deines Herrn, des Mächtigen, des Ungezwungenen, bewegt. Bei der Gerechtigkeit des einen wahren Gottes! Wendeten sich alle erschaffenen Dinge, die sichtbaren wie die unsichtbaren, zu Ihm, so sähest du, wie sie sich aufschwängen zum Höchsten Ziel, dem Ort, da der göttliche Lotosbaum ruft und kündet: Wahrlich, kein Gott ist außer Mir, dem Allmächtigen, dem Allgütigen.
Groß ist dein Segen, da du durch die Lande Gottes reistest, verkörperte Freude und Sicherheit für das Volk Bahás – sie, die allem entsagen außer Ihm und ihre Herzen ausrichten auf diesen Königshof, der seinen Strahlenglanz über alle Reiche ergießt und sie netzt mit den wogenden Wassern dieses Meeres, das dich selbst genetzt hat – ein Meer, das alles Erschaffene umschließt.
Du hast fürwahr die Bedeutung der Hilfe für Gott verstanden, du hast dich erhoben, diese Hilfe durch die Macht der Weisheit und der Rede zu leisten. Sprich: Mir helfen heißt Meine Sache lehren. Dies ist ein Gegenstand, der ganze Sendbriefe ausfüllt. Dies ist der unverrückbare Befehl Gottes, ewig in der Vergangenheit, ewig in der Zukunft. Begreifet es, o ihr Einsichtsvollen. Wer die Schranken der Weisheit überschreitet, versteht die im Buche dargelegte Bedeutung der Hilfe für Gott nicht. Sprich: Fürchtet Gott und sät nicht die Saaten der Zwietracht unter die Menschen. Befolget, was euch aufgetragen von eurem Herrn, dem Allmächtigen, dem Allwissenden. Er weiß, was wirklich der Sieg ist, und lehrt es euch mit einer Rede, die kein leerer Wahn derer, welche in der Wildnis des Zweifels schweifen, je verderben kann.
O Mein Name! Gib allem Erschaffenen erneut zu trinken von diesem Kelche, der die Meere aufbranden ließ. Entfache sodann in den Herzen die Feuerlohe, die dieser Rote Baum entzündet hat, damit sich alle erheben, Seinen Namen unter den Anhängern aller Glaubensrichtungen zu preisen und zu verherrlichen.
Zahlreiche Briefe von dir wurden vor Unserem Thron überreicht. Wir haben sie gelesen zum Zeichen der Gnade, und für jeden Namen, den du erwähntest, haben Wir offenbart, was die Menschengeister aufrüttelt und die Seelen sich aufschwingen läßt. Im übrigen haben Wir dich wiederholt befähigt, den Trillern der Himmelsvögel zu lauschen und dein Ohr dem Sang der Nachtigallen zu neigen, wenn sie auf den Zweigen ihre Lieder schlagen. So ward die Feder Gottes zu deinem Gedenken bewegt, auf daß du die Menschen ermahnest durch die Macht dieser Rede, die von Gott bestimmt ist, die Zeichen Seiner Herrlichkeit zu offenbaren.
Selig ist der Ort, da der Hymnus Seines Lobpreises erschallt, und selig das Ohr, welches hört, was vom Himmel der Gnade deines Herrn, des Allerbarmers, herniedergesandt ward.
Ermahne die Diener Gottes zu dem, wozu Wir dich ermahnten, damit sie ablassen von allem, was ihnen in dem Mutterbuche verboten ist. Wer Taten begeht, die Aufruhr schaffen im Volk, der ist fürwahr weit abgeirrt von der Hilfe für Gott und Seine Sache; auf der Tafel, die Gott zum Dämmerort aller Tafeln ausersehen hat, wird er zu den Unheilstiftern gezählt.
Sprich: Wenn es Uns gut dünkt, werden Wir die Sache Gottes durch die Macht eines einzigen Wortes aus Unserer Gegenwart zum Siege führen. Er ist wahrlich der Allmächtige, der Allbezwingende. So es Gottes Absicht ist, wird aus den Wäldern himmlischer Macht der Löwe unüberwindlicher Kraft hervortreten, und sein Gebrüll ist wie des Donners Grollen, das in den Bergen widerhallt. Da Unsere liebevolle Vorsehung jedoch alle Dinge überragt, haben Wir verordnet, daß der Endsieg durch Wort und Rede erreicht werde, damit Unsere Diener auf der ganzen Erde dergestalt zu Empfängern göttlichen Segens werden. Das ist ein Zeichen für die Gottesgaben, die ihnen gewährt sind. Wahrlich, dein Herr ist der Allgenügende, der Erhabenste.
Sprich: Fürchtet Gott und begeht keine Taten, die Meine Geliebten auf Erden wehklagen lassen. So gebietet euch diese Feder, die auf der Kampfbahn der Weisheit und des wahren Verstehens die Feder der Herrlichkeit in Bewegung brachte.
Überbringe Meine Grüße all denen, deren Angesichter den Strahlenglanz Bahás widerspiegeln. Sodann rede zu ihnen mit dieser Rede, welche die Augen der Gerechten erhellt. Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und allen, die sich festhalten an dem Seile Gottes, des Offenbarers der Verse…
Halte die Bewohner dortzulande ab von herausfordernden Handlungen, von Hader, Streit und allem, was sonst Unruhe stiftet. Rühmlich ist heutzutage die Verbreitung der Sache Gottes. Wollten sich zum Beispiel diejenigen Leute, die gewisse Ziele verfolgen, dem Lehren der Sache Gottes hingeben, so wären alle, die dortzulande wohnen, binnen kurzem mit dem Mantel des Glaubens bekleidet.
So jemand die folgende Stelle aus dem zu Ehren des Nabíl von Qá’inA130 offenbarten Sendschreiben mit all ihrer Süße kostet, wird er sogleich die Bedeutung der Hilfe für Gott verstehen: Menschliche Rede will ihrem Wesen nach Einfluß üben und bedarf deshalb der Mäßigung. Ihr Einfluß ist durch Feinheit bedingt, die wiederum von losgelösten, reinen Herzen abhängt. Ihre Mäßigung muß mit Takt und Weisheit gepaart sein, wie es in den Heiligen Büchern und Sendbriefen vorgeschrieben ist.
O Mein Name! Die Rede muß die Kraft der Eindringlichkeit besitzen. Ist sie dieser Eigenschaft beraubt, übt sie keinen Einfluß aus. Und dieser durchdringende Einfluß hängt davon ab, daß der Geist rein und das Herz makellos ist. Desgleichen bedarf die Rede der Mäßigung; ohne sie ist der Hörer außerstande, die Rede zu ertragen, vielmehr bekundet er von Anfang an Widerspruch. Und die Mäßigung wird dadurch erlangt, daß man die Rede mit den Zeichen göttlicher Weisheit mischt, wie sie in den heiligen Büchern und Sendbriefen verzeichnet sind. Wenn eines Menschen Rede dergestalt in ihrer Wesenheit mit diesen beiden Grunderfordernissen ausgestattet ist, wird sie sich als ungemein wirksam erweisen und das beste Mittel für die Wandlung der Menschenseelen sein. Das ist die Stufe höchsten Sieges und himmlischer Herrschaft. Wer sie erreicht, ist mit der Macht belehnt, die Sache Gottes zu lehren und der Menschen Herzen und Gemüter zu besiegen.
O Mein Name! Die Sonne der Rede strahlt hell vom Dämmerort göttlicher Offenbarung. Sie erleuchtet die Schriftrollen und Tafeln in solchem Maße, daß das Reich der Rede und das erhabene Herrschaftsgebiet des Verstehens vor Freude und Frohlocken beben; sie scheinen im Glanz Seines Lichtes, und doch begreift es die Masse der Menschen nicht.
Der Grund, warum das Thema des Beistands und der Hilfe für Gott immer wieder der Feder der Vorsehung entströmte und weiterhin entströmen wird, ist die Warnung an die Freunde Gottes vor Tätigkeiten, die Streit und Aufruhr bewirken könnten. Alle haben sie die Pflicht, sorgfältig zu forschen, wie sie der Sache Gottes in der von Uns dargelegten Weise helfen können. Dies ist nur ein Zeichen Seiner Gnade, die Er Seinen Geliebten besonders gewährt, auf daß jeder von ihnen die Stufe erlange, die durch das Wort gekennzeichnet ist: »Wer eine Seele erweckt, der erweckt fürwahr die ganze Menschheit.«A131
Weltliche Macht stand immer im Schatten dieser Stufe und wird weiterhin dort stehen. Ihre festgesetzte Stunde ist im Buche Gottes vorherbestimmt. Er wahrlich kennt sie, und kraft Seiner Macht wird sie offenbar werden. Wahrlich, Er ist der Machtvolle, der Allunterwerfende, der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise.
Die geheiligten Seelen sollten in ihren Herzen über die Lehrmethoden nachdenken und nachsinnen. Aus den Texten dieser wundersamen, himmlischen Schriften sollten sie Sätze und Abschnitte auswendig lernen, die sich auf verschiedene Gegebenheiten beziehen, damit sie im Verlauf ihrer Ansprachen göttliche Verse wiedergeben können, sooft es die Gelegenheit erfordert, da diese heiligen Verse ja das kraftvollste Elixier, der größte, mächtigste Talisman sind. So machtvoll ist ihr Einfluß, daß dem Hörer kein Grund zum Wankelmut bleibt. Ich schwöre bei Meinem Leben! Dieser Offenbarung ist solche Macht eigen, daß sie als Magnet auf alle Völker und Geschlechter der Erde wirkt. Wer innehält, um mit Bedacht nachzusinnen, wird erkennen, daß es für keinen einen Ort gibt oder geben kann, dahin er fliehen könnte.
Der Kitáb-i-Aqdas wurde so offenbart, daß er alle göttlich bestimmten Sendungen anzieht und umfängt. Selig ist, wer ihn liest, selig, wer ihn begreift, selig, wer darüber nachdenkt, selig, wer seine Bedeutung erwägt. So umfassend ist er, daß er alle Menschen umschließt, ehe sie seiner gewahr sind. Binnen kurzem werden seine unumschränkte Macht, sein durchdringender Einfluß und die Größe seiner Kraft auf Erden offenbar.
O Mein Name! Höre auf Meine Stimme, die aus der Richtung Meines Thrones kommt. Dein Herr will deinen Namen allzeit erwähnen, da du dich standhaft erweisest im Ruhme Seiner Tugenden unter den Menschen. Fürwahr, Er liebt die Treue, die sich im Reiche der Schöpfung findet, und gibt ihr Vorrang vor den meisten Tugenden. Wahrlich, Er ist der Gewaltige, der Machtvolle.
Wisse fernerhin, daß Wir den Lobpreis hörten, den du äußertest in deiner Zwiesprache mit Gott, deinem Herrn, dem Erhabenen, dem Gnädigen. Groß ist fürwahr der Segen, der deiner wartet, da du deine eigenen Belange zugunsten dieser unverletzlichen, dieser mächtigen und erleuchteten Sache eingeschränkt hast. Wir flehen zu Gott, Er möge deinen Ruf zu einem Magneten machen, der die Verkörperungen der Namen in der Welt des Seins anzieht, so daß alle Wesen aus freiem Antrieb seiner achten. Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Erhabenen, dem Überlegenen, dem Ewig-Gesegneten, dem Hehren, dem Allhöchsten, dem Allherrlichen, dem Großmütigsten, dem Allwissenden, dem Allkennenden.
Lawḥ-i-Burhán (Das Sendschreiben vom Beweis)
Dieses Sendschreiben wurde nach dem Opfertod Siyyid Muḥammad-Ḥasans, Sulṭánu’sh-Shuhadá’ ›der König der Märtyrer‹ und Siyyid Muḥammad-Ḥusayns, Maḥbúbu’sh-Shuhadá’ ›der Geliebte der Märtyrer‹ offenbart; vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 356 und an Shaykh Muḥammad-Báqir, den Bahá’u’lláh mit dem Beinamen ›der Wolf‹ brandmarkte, gerichtet. Bahá’u’lláh erwähnt in diesem Sendschreiben Mír Muḥammad-Ḥusayn, den Imám-Jum‘ih von Iṣfahán mit dem Beinamen ›die Schlange‹; er war bei der Verfolgung der Bahá’í der Komplize von Shaykh Muḥammad-Báqir (vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 350, 356, 405). Der Brief an den Sohn des Wolfes ist an Shaykh Muḥammad-Taqí-yi-Najafí, den Sohn von Shaykh Muḥammad-Báqir, gerichtet.
Er ist der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise!
Die Winde des Hasses umfingen die Arche von BaṭḥáA132 wegen der Untaten, die die Hände der Unterdrücker begingen.
O Báqir!
Du hast diejenigen verurteilt, um derentwillen die Bücher der Welt weinten und die Schriften der Religionen Zeugnis ablegten.
Du bist wahrlich weit vom rechten Wege abgeirrt und in einen dichten Schleier gehüllt.
Bei Gott selbst!
Du hast jene verurteilt, durch die der Horizont des Glaubens erleuchtet wurde.
Dies bezeugen sie alle, die die Dämmerorte der Offenbarung und die Manifestationen der Sache deines Herrn, des Barmherzigsten, sind – sie, die ihre Seelen und all ihren Besitz auf Seinem geraden Pfade geopfert haben.
Der Glaube Gottes weint allüberall ob deiner Tyrannei, und doch vergnügst du dich und gehörst zu denen, die frohlocken.
Ich trage keinen Haß gegen dich oder sonst jemanden im Herzen.
Jeder Gebildete sieht dich und deinesgleichen versunken in offenbarer Torheit.
Hättest du begriffen, was du getan, du hättest dich ins Feuer geworfen oder dein Haus verlassen und die Flucht in die Berge ergriffen, oder hättest gestöhnt und gejammert, bis du an den Ort zurückgekehrt wärest, der dir von Ihm, dem Herrn der Kraft und Macht, bestimmt ist.
O du, der du so viel bist wie ein Nichts!
Zerreiße die Schleier eitlen Wahns und leeren Trugs, damit du die Sonne der Erkenntnis von diesem strahlenden Horizonte scheinen siehst.
Du hast einen Sproß des Propheten selbst in Stücke gerissen und dir eingebildet, damit dem Gottesglauben zu helfen.
Solches hat dir deine Seele eingegeben, und du bist wahrlich einer der Achtlosen.
Was du tatest, hat den himmlischen Heerscharen und jenen, die die Sache Gottes, des Herrn der Welten, umkreisen, die Herzen gebrochen.
Die Seele der ReinenA133 schmolz wegen deiner Grausamkeit dahin, und die Bewohner des Paradieses weinten bitterlich an ihrem gesegneten Ort.
Ich beschwöre dich bei Gott, urteile gerecht!
Welchen Beweis brachten die jüdischen Gelehrten vor, um Ihn, den Geist GottesA134, zu verdammen, als Er mit der Wahrheit zu ihnen kam?
Was konnten die Pharisäer und Götzenpriester ins Feld führen, um sich dafür zu rechtfertigen, daß sie Muḥammad, den Gesandten Gottes, verleugneten, als Er zu ihnen kam mit einem Buch, welches zwischen Wahrheit und Falschheit mit solcher Gerechtigkeit schied, daß sich das Dunkel der Erde in Licht verwandelte und die Herzen derer, die Ihn erkannten, in Entzücken gerieten?
Wahrlich, du hast heute dieselben Gründe vorgebracht, deren sich die törichten Gelehrten jener Zeit bedienten.
Er, der König des Reiches der Gnade, bezeugt es in diesem großen Gefängnis.
Du bist wahrlich ihre Wege gewandelt, nein, du hast sie gar noch in ihrer Grausamkeit übertroffen und dir dabei eingebildet, du hülfest dem Glauben und verteidigtest das Gesetz Gottes, des Allwissenden, des Allweisen.
Bei Ihm, der die Wahrheit ist!
Dein Unrecht ließ Gabriel stöhnen und brachte das Gesetz Gottes, von dem der Windhauch der Gerechtigkeit über alle im Himmel und auf Erden weht, zum Weinen.
Wähnst du in deiner Unwissenheit wirklich, das Urteil, das du sprachst, sei dir nütze?
Nein, bei Ihm, dem König aller Namen!
Daß es dir nur schadet, bezeugt Er, der alles weiß, was in dem verwahrten Tablet verzeichnet ist.
Als du dein Urteil niederschriebst, da klagte deine eigene Feder dich an.
Solches bezeugt die Feder Gottes, des Höchsten, auf Seiner unerreichbaren Stufe.
O du, der du in die Irre gingst! Nie hast du Mich gesehen, nie hast du mit Mir verkehrt oder warst auch nur für den Bruchteil eines Augenblicks Mein Gefährte. Wie kommt es dann, daß du den Menschen befiehlst, Mich zu verfluchen? Folgst du darin dem Drang deiner Begierden oder gehorchst du etwa deinem Herrn? Gib ein Zeichen, so du zu denen gehörst, die die Wahrheit lieben! Wir bezeugen, daß du das Gesetz Gottes von dir geworfen und dich dem Drang deiner Leidenschaften gebeugt hast. Wahrlich, nichts entgeht Seinem Wissen; Er ist fürwahr der Unvergleichliche, der Allunterrichtete. O du achtloser Mensch! Beachte, was der Barmherzige im Qur’án offenbarte: »Sage nicht zu jedem, der dir mit einem Gruß begegnet: ›Du bist kein Gläubiger.‹«Q21 Solches hat Er verordnet, in dessen Hand die Reiche der Offenbarung und der Schöpfung liegen – wärest du doch von denen, die hören. Du aber hast das Gebot Gottes beiseite gelegt und dich an den Drang deiner Begierden gehalten. Wehe über dich, o du achtloser Zweifler! Wenn du Mich verleugnest, mit welchem Beweis kannst du dann die Wahrheit dessen verfechten, was du besitzest? Lege ihn vor, o du, der du Gott Gefährten beigesellst und dich abkehrst von Seiner Oberherrschaft, die alle Welten umschließt!
Wisse, du Tor, daß der in Wahrheit ein Gebildeter ist, der Meine Offenbarung annimmt, vom Weltmeer Meines Wissens trinkt und sich in die Lüfte Meiner Liebe aufschwingt, der alles außer Mir von sich wirft und sich mit festem Griff an das hält, was vom Reiche Meines wunderbaren Wortes herabgesandt ist.
Er ist fürwahr wie das Auge für die Menschheit und wie der Geist des Lebens für den Körper der ganzen Schöpfung.
Verherrlicht sei der Allbarmherzige, der ihn erleuchtete und ihn sich aufmachen ließ, dieser großen, mächtigen Sache zu dienen.
Wahrlich, solch ein Mensch ist gesegnet von den Scharen der Höhe und den Bewohnern des Tabernakels der Größe, die Meinen versiegelten Wein trinken in Meinem Namen, der Allmächtige, der Allmachtvolle.
O Báqir!
Wenn du zu denen gehörst, die eine so erhabene Stufe einnehmen, dann erbringe ein Zeichen von Gott, dem Schöpfer der Himmel.
Und wenn du deine Ohnmacht erkennst, zügle deine Leidenschaften und kehre zu deinem Herrn zurück, damit Er dir deine Sünden vergebe, Sünden, die dem Göttlichen Lotosbaum die Blätter versengten, den Felsen aufschreien ließen und die Augen der Einsichtsvollen zum Weinen brachten.
Deinetwegen zerriß der Schleier der Göttlichkeit, scheiterte die Arche, lahmte die Kamelstute und stöhnte der GeistA135 an Seinem erhabenen Orte.
Rechtest du mit Ihm, Der zu dir kam mit den Zeugnissen Gottes und mit Seinen Zeichen, die du und alle auf Erden besitzen?
Öffne die Augen, damit du diesen Unterdrückten vom Horizont des Willens Gottes, des Herrschers, des Wahren, des Strahlenden, leuchten siehst.
Öffne alsdann das Ohr deines Herzens, damit du die Stimme des göttlichen Lotosbaumes vernimmst, der in Wahrheit von Gott, dem Allmächtigen, dem Wohltätigen, gehegt wurde.
Wahrlich, trotz allem, was ihm Leute deinesgleichen voll Grausamkeit und Ungehorsam zufügten, ruft dieser Baum laut und lädt alle Menschen zum Sadratu’l-MuntaháA136 und zum höchsten Horizonte.
Gesegnet die Seele, die auf das mächtigste Zeichen schaut, und das Ohr, das Seine lieblichste Stimme vernimmt, aber wehe dem, der sich abwendet und gottlos handelt.
O du, der du dich von Gott abkehrtest!
Wolltest du mit ehrlichem Auge auf den Göttlichen Lotosbaum blicken, du würdest an seinen Ästen, Zweigen und Blättern die Male wahrnehmen, die dein Schwert ihm schlug, obwohl dich Gott erschaffen hat, diesen Baum zu erkennen und ihm zu dienen.
Denke nach, damit du deinen Frevel einsiehst und zu denen zählst, die in sich gegangen sind.
Meinst du, Wir fürchteten deine Grausamkeit?
Wisse und sei dessen wohl versichert, daß Wir vom ersten Tag an, da die Erhabenste Feder zwischen Erde und Himmel ihre Stimme erhob, Unsere Seelen, Unsere Körper, Unsere Söhne und Unseren Besitz auf dem Pfade Gottes, des Erhabenen, des Großen, aufopferten.
Dies ist Unser Ruhm vor allem Erschaffenen und den Scharen der Höhe, und dafür zeugt, was Uns auf diesem geraden Pfad zustieß.
Bei Gott!
Unsere Herzen brachen, Unsere Leiber wurden gekreuzigt und Unser Blut vergossen, während Unsere Augen am Horizont der Gnade ihres Herrn, des Zeugen, des Allschauenden, hingen.
Je schlimmer seine Leiden, desto flammender wuchs die Liebe des Volkes Bahás.
Seine Aufrichtigkeit bezeugt, was der Allbarmherzige im Qur’án herabsandte, wo Er sagt:
»Wünscht euch den Tod, so ihr aufrichtig seid.«Q22 Wer verdient den Vorzug: einer, der sich hinter Vorhängen verbirgt, oder einer, welcher sich auf dem Pfade Gottes aufopfert?
Urteile gerecht und gehöre nicht zu denen, die verwirrt durch die Wüste der Falschheit schweifen.
So weit wurden jene von den Lebenswassern der Liebe des Barmherzigsten mitgerissen, daß weder die Waffen der Welt noch die Schwerter der Nationen sie davon abhielten, ihr Antlitz auf das Weltmeer der Großmut ihres Herrn, des Gebenden, des Edelmütigen, zu richten.
Bei Gott! Alle Schwierigkeiten konnten Mich nicht entmutigen, und das Verwerfungsurteil der Geistlichen vermochte nicht, Mich zu schwächen. Heute wie ehedem spreche Ich vor dem Angesicht der Menschen: »Das Tor der Gnade ist aufgetan, und Er, der Morgen der Gerechtigkeit, ist gekommen mit deutlichen Zeichen und klaren Beweisen von Gott, dem Herrn der Kraft und der Macht!« Zeige dich vor Mir, damit du die Geheimnisse vernimmst, die der Sohn ‘ImránsA137 auf dem Sinai der Weisheit hörte. Dies befiehlt dir der Aufgangsort der Offenbarung deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, aus Seinem großen Gefängnis.
Hat deine Führerschaft dich stolz gemacht? Lies, was Gott einem Alleinherrscher, dem Sulṭán der Türkei, offenbart hat, ihm, der Mich in dieser Trutzburg einkerkerte. So magst du dich ins Bild setzen über den Zustand dieses Unterdrückten, wie ihn Gott, der Eine, der Einzige, der Allunterrichtete, verfügt hat. Macht es dich glücklich, elende Taugenichtse als deine Anhänger zu sehen? Sie unterstützen dich, wie es die Leute vor ihnen taten, die Anhänger von Hannas, die ohne Zeugnis oder klaren Beweis das Urteil sprachen gegen den GeistA138.
Lies den Kitáb-i-Íqán, lies, was vom Allbarmherzigen dem König in ParisA139 und seinesgleichen gesandt wurde, auf daß dir bewußt werde, was sich in der Vergangenheit ereignete, und du dich überzeugst, daß Wir keineswegs Unordnung im Land verbreiten wollten, nachdem es wohlgeordnet war. Nur um Gottes willen ermahnen Wir Seine Diener. Wer es wünscht, den lasse sich Gott zuwenden, und wer will, möge sich abkehren. Unser Herr, der Barmherzige, ist wahrlich der Allgenügende, der Allgepriesene. O Schar der Geistlichen! Dies ist der Tag, da nichts von allen Dingen und kein Name von allen Namen euch nützen kann, es sei denn durch diesen Namen, den Gott zur Manifestation Seiner Sache und zum Tagesanbruch Seiner erhabensten Benennungen gemacht hat für alle, die im Reich der Schöpfung sind. Selig ist der Mensch, der den Duft des Allbarmherzigen wahrnimmt und zu denen zählt, die standhaft sind. Weder eure Wissenschaften noch eure Künste, eure Schätze oder euer Ruhm werden euch an diesem Tag etwas nützen. Werft sie alle von euch und richtet euer Angesicht auf das Hocherhabene Wort, durch welches die Schriften, die Bücher und diese erleuchtete Tafel unzweideutig kundgemacht wurden. Werft weg, o ihr Geistlichen alle, was ihr mit den Federn eures eitlen Wahns und leeren Trugs zusammengeschrieben habt. Bei Gott! Die Sonne der Erkenntnis strahlt über dem Horizont der Gewißheit.
O Báqir! Lies und rufe dir ins Bewußtsein, was einstmals ein Gläubiger unter deinen Vorfahren sagte: »Wollt ihr einen Mann erschlagen, nur weil er sagt: Mein Herr ist Gott, wo Er doch bereits mit Zeichen von eurem Herrn unter euch ist? Ist er ein Lügner, so wird seine Lüge auf ihn zurückfallen; ist er aber ein Mann der Wahrheit, so wird mindestens ein Teil von dem, was er androht, über euch kommen. Fürwahr, Gott führt nicht den, der maßlos und ein Lügner ist.«Q23
O du, der du in die Irre gingst! Wenn dir irgendein Zweifel an Unserer Lebensführung kommt, so wisse, daß Wir bezeugen, was Gott selbst vor der Erschaffung der Himmel und der Erde bezeugte: Es ist kein anderer Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Allgütigen. Wir bezeugen, daß Er einzig ist in Seinem Wesen, einzig in Seinen Eigenschaften. Er hat nicht Seinesgleichen im ganzen Weltall noch einen Gefährten in der ganzen Schöpfung. Seine Boten und Seine Bücher hat Er herniedergesandt, damit sie Seinen Geschöpfen den Geraden Pfad weisen.
Ist der Sháh über dein Vorgehen unterrichtet worden, und hat er sich entschieden, die Augen davor zu verschließen? Oder hat ihn die Furcht gepackt vor dem Heulen eines Rudels Wölfe, das dem Pfade Gottes den Rücken kehrte und dir auf deinem Wege nachfolgte, ohne klaren Beweis oder ein Buch? Wir hörten, die Provinzen Persiens seien mit der Zier der Gerechtigkeit geschmückt worden. Als Wir aber genau hinschauten, fanden Wir, daß sie Aufgangsorte der Willkür und Tagesanbrüche des Unrechts sind. Wir sehen die Gerechtigkeit in den Klauen der Tyrannei. Gott flehen wir an, sie durch die Kraft Seiner Macht und Seiner höchsten Herrschaft zu befreien. Er, wahrlich, beschirmt alles, was in den Himmeln und auf Erden ist. Keinem ist das Recht gegeben, sich bei irgendeinem darüber zu beschweren, was der Sache Gottes widerfahren ist. Es geziemt jedem, der sein Angesicht auf den Erhabensten Horizont richtet, sich beharrlich an das Seil der Geduld zu halten und sein Vertrauen auf Gott zu setzen, den Helfer in Gefahr, den Unbezwungenen. O ihr Geliebten Gottes! Trinkt aus dem Quell der Weisheit die Fülle, ergeht euch im Garten der Weisheit, schwingt euch auf in die Sphären der Weisheit und sprecht mit Weisheit und Beredsamkeit. Dies gebietet euch euer Herr, der Allmächtige, der Allwissende.
O Báqir! Baue nicht auf deinen Ruhm und deine Macht. Du gleichst der letzten Spur des Sonnenlichts auf der Bergesspitze. Bald wird sie dahinschwinden, wie es Gott, der Allbesitzende, der Höchste, verordnet hat. Weggenommen ist von dir und deinesgleichen aller Ruhm, und dies ist wahrlich, was von Ihm, bei dem das Mutterbuch ist, verfügt wurde. Wo ist der zu finden, der mit Gott rechtete, und wohin ist der entschwunden, der Seinen Zeichen widersprach und sich von Seiner höchsten Herrschaft abwandte? Wo sind sie, die Seine Erwählten erschlugen und das Blut Seiner Heiligen vergossen? Denke nach, auf daß du vielleicht den Geruch deiner Taten wahrnehmest, o du törichter Zweifler! Deinetwegen klagte der GesandteA140, und die ReineA141 schrie laut auf; alle Länder wurden verwüstet, und Dunkel fiel über alle Bereiche. O Schar der Geistlichen! Euretwegen geriet das Volk in Schande, wurde das Banner des Isláms herabgezerrt und sein mächtiger Thron gestürzt. Immer, wenn ein verständiger Mann sich an das zu halten suchte, was den Islám erhöht hätte, stimmtet ihr euer Geschrei an, was ihn hinderte, sein Ziel zu erreichen, während das Land tief im Verfall befangen blieb.
Denke an den Sulṭán der Türkei! Er wollte den Krieg nicht, aber Leute deinesgleichen wollten ihn. Als das Feuer des Krieges entzündet war und hoch seine Flammen loderten, da wurden Regierung und Volk geschwächt. Dies bezeugt jeder gerechte, urteilsfähige Mensch. Das Elend schwoll so an, daß sein Rauch das Land des GeheimnissesA142 und seine Umgebung umwölkte. Was in dem Sendbrief über den Sulṭán offenbart stand, das wurde offenkundig. So ist es im Buche entschieden auf Geheiß Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden.
O Meine Höchste Feder!
Laß ab vom Gedenken an den Wolf und rufe die SchlangeA143 in Erinnerung, deren Grausamkeit alles Erschaffene stöhnen und den Heiligen die Glieder erzittern ließ.
So gebietet dir der Herr aller Namen auf dieser erhabenen Stufe.
Laut schrie die ReineA144 ob deiner Ungerechtigkeit auf, und doch bildest du dir ein, zur Familie des Gesandten Gottes zu zählen!
Solches hat dir deine Seele eingeflüstert, o du, der du dich abgewandt hast von Gott, dem Herrn all dessen, was war und was sein wird.
Urteile gerecht, du Schlange!
Für welches Verbrechen erstachst du die Kinder des Gesandten GottesA145 und plündertest ihre Habe?
Leugnest du Ihn, Der dich erschuf durch Seinen Befehl:
»Sei, und es war«A146?
Du hast die Kinder des Gesandten Gottes behandelt, wie nicht einmal ‘Ád mit Húd verfuhr, noch Thamúd mit Ṣáliḥ, noch die Juden mit dem Geist GottesA147, dem Herrn allen Seins.
Leugnest du die Zeichen deines Herrn, vor denen, kaum daß sie vom Himmel Seiner Sache herabkamen, alle Bücher der Welt sich verneigten?
Gehe in dich, damit du deiner Tat bewußt werdest, o du achtloser Verworfener!
Binnen kurzem werden die Winde der Züchtigung über dich kommen, wie sie über andere vor dir gekommen sind.
Warte nur, du, der du Gott, dem Herrn des Sichtbaren und des Unsichtbaren, Gefährten beigesellt hast.
Dies ist der Tag, den Gott durch die Zunge Seines Gesandten angekündigt hat.
Sinne nach, damit du begreifst, was der Allbarmherzige im Qur’án und auf dieser klaren Tafel herniedersandte.
Dies ist der Tag, da Er, der Morgen der Offenbarung, mit klaren Zeichen, die keiner zählen kann, erschienen ist.
Dies ist der Tag, da jeder Mensch mit Wahrnehmungskraft den Duft der Brise des Allbarmherzigen in der Welt der Schöpfung entdeckt, da jeder Einsichtsvolle dem Lebenswasser der Gnade seines Herrn, des Königs der Könige, entgegeneilt.
O du Achtloser!
Die Geschichte vom OpferA148 hat sich wiederholt, und er, das Opfer, ist zu der Opferstätte geschritten, und er kehrte nicht zurück ob dem, was deine Hand verübte, o du verderbter Hasser!
Wähnst du, jenes Martyrium gereiche dieser Sache zur Schande?
Nein, bei Ihm, den Gott zur Schatzkammer Seiner Offenbarung machte, gehörtest du doch zu denen, die begreifen.
Wehe dir, der du Gott Gefährten beigesellst, und wehe denen, die dich zum Führer nehmen, ohne ein klares Zeichen oder ein eindeutiges Buch!
Wie zahllos waren die Unterdrücker vor dir, die sich aufmachten, das Licht Gottes zu ersticken, und wie viele der Gottlosen, die mordeten und plünderten, bis die Herzen und Seelen der Menschen ob ihrer Grausamkeit stöhnten!
Die Sonne der Gerechtigkeit verfinsterte sich, denn die Verkörperung der Tyrannei wurde auf den Thron des Hasses gesetzt, und doch sind die Menschen ohne Verständnis.
Die Kinder des Gesandten wurden erschlagen, ihre Habe geplündert.
Sprich:
Waren es ihre Besitztümer, die nach deiner Meinung Gott leugneten, oder sie selbst?
Urteile gerecht, o du Unwissender, der du wie durch einen Schleier von Gott getrennt bist.
Du hast dich an die Tyrannei gehalten und die Gerechtigkeit verworfen.
Alles Erschaffene klagt darüber, aber noch immer gehörst du zu den Verstockten.
Du hast die Alten getötet und die Jungen ausgeplündert.
Denkst du, du könntest genießen, was deine Unredlichkeit aufgehäuft hat?
Nein, bei Meinem Selbst!
Also unterrichtet dich Er, der alles weiß.
Bei Gott!
Was du besitzest, was du durch deine Grausamkeit zusammengerafft hast, all dies soll dir nichts nützen.
Dafür zeugt dein Herr, der Allwissende.
Du hast dich erhoben, das Licht dieses Glaubens auszutreten; binnen kurzem wird dein eigenes Feuer auf Seinen Befehl ausgelöscht werden.
Er, wahrlich, ist der Herr der Stärke und der Macht.
Weder Wandel und Wechsel der Welt noch die Macht der Nationen können Seine Pläne durchkreuzen.
Er tut, was Ihm beliebt, und verordnet, was Er will, durch die Macht Seiner höchsten Herrschaft.
Denke an die Kamelstute:
Obwohl nur ein Tier, hat sie der Allbarmherzige auf eine so hohe Stufe erhoben, daß die Zungen der Erde sie erwähnten und priesen.
Wahrlich, Er ist über allem in den Himmeln und auf Erden.
Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Großen.
Also haben Wir den Himmel Unserer Tafel mit den Sonnen Unserer Worte geschmückt.
Gesegnet der Mensch, der dazu gelangt und von ihnen erleuchtet wird, und wehe denen, die sich abwenden, Ihn verleugnen und fern von Ihm in der Irre schweifen.
Preis sei Gott, dem Herrn der Welten!
Kitáb-i-‘Ahd (Das Buch des Bundes)
Wenngleich das Reich der Herrlichkeit über die Nichtigkeiten der Welt erhaben ist, hinterlassen Wir in der Schatzkammer der Treue und der Entsagung Unseren Erben ein vortreffliches, ein kostbares Vermächtnis. Irdische Schätze vererben Wir nicht, noch mehren Wir die Sorgen, die solche Schätze mit sich bringen. Bei Gott! In irdischen Gütern liegt Furcht verborgen und Gefahr versteckt. Denket darüber nach und erinnert euch dessen, was der Allerbarmer im Qur’án offenbart: »Wehe dem lästernden Verleumder, der Reichtum rafft und zählt von Mal zu Mal.«Q24 Flüchtig sind die Güter dieser Welt. Was vergeht und sich verändert, ist seit je nur in festgesetztem Maße der Beachtung wert.
Das Ziel dieses Unterdrückten bei allen Leiden und Trübsalen, die Er ertragen, bei allen Versen, die Er offenbart, und bei den Beweisen, die Er dargebracht hat, war einzig und allein, die Flamme des Hasses und der Feindschaft zu löschen, damit der Horizont der Menschenherzen vom Lichte der Eintracht erleuchtet werde, daß er wahren Frieden und wirkliche Ruhe finde.
Vom Morgen der göttlichen Tafel strahlt hell die Sonne des folgenden Wortes, und es geziemt jedem, darauf den Blick zu heften:
Wir gemahnen euch, o Völker der Welt, alles zu befolgen, was eure Stufe erhöht.
Klammert euch an die Gottesfurcht und haltet euch fest an das Recht.
Wahrlich, Ich sage:
Die Zunge ist dazu da, vom Guten zu sprechen; befleckt sie nicht mit übler Rede.
Gott hat vergeben, was vergangen ist.
Von nun an äußere jeder, was sich schickt; jeder enthalte sich der üblen Nachrede, der Schmähung und all dessen, was andere Menschen traurig macht.
Erhaben ist die Stufe des Menschen!
Vor kurzem strömten diese hehren Worte aus dem Schatzberg Unserer Feder der Herrlichkeit:
Groß und segensreich ist dieser Tag – der Tag, da alles, was im Menschen verborgen war, offengelegt ist und weiter offengelegt wird.
Erhaben ist die Stufe des Menschen, wenn er sich, fest in der Sache Gottes gegründet, an Recht und Wahrheit hält.
Vor dem Antlitz des Allerbarmers ist der wahre Mensch dem Himmelszelte gleich:
Sein Sehen und Hören sind wie Sonne und Mond, hell strahlen seine Tugenden wie die Sterne.
Ihm ist die erhabenste Stufe eigen, und sein Einfluß erzieht die Welt des Seins.
Jede aufnahmefähige Seele, welche an diesem Tage den Duft des göttlichen Gewandes atmet und reinen Herzens den Blick zum allherrlichen Horizont erhebt, wird in dem Roten Buche zum Volke Bahás gezählt. Ergreifet in Meinem Namen den Kelch Meiner Gnade und trinket euch satt zu Meinem allherrlichen, wundersamen Gedenken.
O ihr Erdenbewohner! Die Religion Gottes ist für Liebe und Einheit da; macht sie nicht zum Grund für Streit und Feindschaft. In den Augen der Einsichtigen und derer, welche der höchsten Schau teilhaftig sind, hat die Feder der Herrlichkeit alles enthüllt, was Glück und Wohlfahrt der Menschenkinder wirksam schützt und fördert. Aber die Toren auf Erden, in Lastern und Begierden groß geworden, achten nicht der vollendeten Weisheit Dessen, Der fürwahr der Allweise ist; eitler Wahn und leerer Trug geben ihnen ein, was sie sagen und tun.
O ihr Geliebten und Vertrauten Gottes! Könige sind die Offenbarungen der Macht Gottes, die Morgenröten Seiner Gewalt und Seines Reichtums. Betet für sie. Gott hat ihnen die Herrschaft auf Erden übertragen; nur die Menschenherzen hat Er sich als Seinen eigenen Machtbereich auserwählt.
Kampf und Streit sind ein für allemal verboten in Seinem Buche. So lautet der Ratschluß Gottes in dieser Größten Offenbarung. Er ist von Gott davor bewahrt, jemals aufgehoben zu werden, und ist von Ihm mit dem Glanze Seiner Bestätigung umkränzt worden. Wahrlich, Er ist der Allwissende, der Allweise.
Alle haben die Pflicht, diejenigen Morgenröten der Amtsgewalt und Quellen des Befehls zu unterstützen, die mit der Zier rechten Sinns und rechten Tuns geschmückt sind. Selig sind die Herrschenden und die Gelehrten im Volke Bahás. Sie sind Meine Vertrauten unter Meinen Dienern, die Offenbarungen Meiner Befehle inmitten Meines Volkes. Auf ihnen ruhen Meine Herrlichkeit, Mein Segen und Meine Gnade, welche die Welt des Seins durchdringen. In diesem Zusammenhang sind die im Kitáb-i-Aqdas offenbarten Verse dergestalt, daß vom Horizont ihrer Worte hell das Licht göttlicher Gnade strahlt.
O Meine Äste! Eine mächtige Kraft, eine vollendete Macht liegt in der Welt des Seins verborgen. Heftet euren Blick auf sie und auf ihre einigende Wirkung, nicht auf die Unterschiede, die an ihr erscheinen.
Dies ist der Letzte Wille des göttlichen Erblassers: Es ist den Aghṣán, den Afnán und Meiner Verwandtschaft zur Pflicht gemacht, daß sie allesamt ihr Antlitz dem Mächtigsten Ast zuwenden. Beachtet, was Wir in Unserem Heiligsten Buche offenbart haben: »Wenn das Meer Meiner Gegenwart verebbt und das Buch Meiner Offenbarung abgeschlossen ist, so wendet euer Angesicht zu Ihm, den Gott bestimmt hat, der aus dieser Urewigen Wurzel kam.«Q25 Mit diesem heiligen Vers ist kein anderer gemeint als der Mächtigste AstA149. So haben Wir euch gnädig Unseren machtvollen Willen offenbart, und wahrlich, Ich bin der Gnadenvolle, der Allmächtige. Wahrlich, Gott hat verordnet, daß die Stufe des Größeren AstesA150 unter derjenigen des Größten AstesA151 ist. Er ist fürwahr der Verordner, der Allweise. Wir haben »den Größeren« nach »dem Größten« erwählt, wie es der Allwissende, der Allkennende befiehlt.
Alle haben die Pflicht, den Aghṣán Liebe zu erweisen, aber Gott hat diesen kein Anrecht auf das Eigentum anderer gewährt.
O Meine Aghṣán, Meine Afnán und Meine Verwandten! Wir ermahnen euch, Gott zu fürchten, edle Taten zu vollbringen und euch so zu verhalten, wie es euch ansteht und zur Erhöhung eurer Stufe beiträgt. Wahrlich, Ich sage: Die Gottesfurcht ist der mächtigste Gebieter, der die Sache Gottes zum Siege führt, und die dieses Gebieters würdige Heeresmacht sind zu allen Zeiten ein aufrechter Charakter und reine, edle Taten.
Sprich: O Diener! Laßt es nicht zu, daß das Mittel der Ordnung zur Quelle der Unordnung gemacht wird, das Werkzeug der Einheit zum Anlaß für Zwietracht. Wir hegen die Hoffnung, daß das Volk Bahás sich von den seligen Worten führen läßt: »Sprich: Alle Dinge sind von Gott.« Dieser erhabene Vers ist wie Wasser, das Feuer des Hasses und der Feindseligkeit zu löschen, welches in der Menschen Herz und Brust schwelt. Durch diesen einen Vers werden streitende Völker und Geschlechter zum Lichte wahrer Einheit gelangen. Wahrlich, Er spricht die Wahrheit und führt den Weg. Er ist der Allmächtige, der Erhabene, der Gnädige.
Alle haben die Pflicht, zu den Aghṣán höflich zu sein und Rücksicht auf sie zu nehmen, damit dergestalt die Sache Gottes verherrlicht und Sein Wort erhöht werde. Dieses Gebot ist immer wieder in den Heiligen Schriften erwähnt und verzeichnet worden. Wohl dem, der zu erlangen vermag, was der Verordner, der Altehrwürdige der Tage, ihm vorschreibt. Des weiteren ist euch geboten, die Angehörigen des Heiligen Haushalts, die Afnán und die Verwandten zu achten. Und schließlich ermahnen Wir euch, allen Völkern zu dienen und euch um die Verbesserung der Welt zu mühen.
Was die Welt neu belebt, was die Völker und Geschlechter der Erde erlöst, ist aus dem Himmel Dessen, Der die Sehnsucht der Welt ist, herniedergesandt worden. Höret auf die Feder der Herrlichkeit und ihren Rat. Dies ist besser für euch als alles auf Erden. Solches bezeugt Mein allherrliches, Mein wundersames Buch.
Lawḥ-i-Arḍ-i-Bá (Das Sendschreiben über das Land Bá)A152
Gepriesen sei Er, der das Land Bá mit der Anwesenheit Dessen ehrte, den alle Namen umkreisen. Sämtliche Atome der Erde haben allem Erschaffenen kundgetan, daß von den Toren der Gefängnisstadt her der Stern der Schönheit des großen, des Mächtigsten Astes Gottes – Sein urewiges, unwandelbares Geheimnis – aufgegangen ist und, über ihrem Horizonte leuchtend, nun in ein anderes Land zieht. Kummer hat diese Gefängnisstadt darum erfüllt, dieweil ein anderes Land jubelt. Erhaben, unermeßlich erhaben ist unser Herr, der Gestalter der Himmel und Schöpfer aller Dinge, Er, durch Dessen höchste Herrschaft die Tore des Gefängnisses sich öffneten und so in Erfüllung gehen ließen, was vorzeiten auf den Tafeln verheißen ward. Er hat wahrlich Gewalt über alles, was Er will, und in Seinem Griff ist die Herrschaft über die ganze Schöpfung. Er ist der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise.
Gesegnet, zweifach gesegnet ist der Boden, den Seine Füße treten, das Auge, das von der Schönheit Seines Antlitzes entzückt ward, das Ohr, welchem die Ehre widerfahren, Seinem Ruf zu lauschen, das Herz, das Seiner Liebe Süße kostet, die Brust, die im Gedenken an Ihn weit wird, die Feder, die Seinen Lobpreis kündet, das Pergament, welches das Zeugnis Seiner Schrift trägt. Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht sei Er – Er möge uns bald mit Seiner Begegnung ehren. Er ist in Wahrheit der Allhörende, der Allmachtvolle, bereit zur Antwort.
Aus anderen Sendschreiben
1
Gott bezeugt, daß es keinen Gott gibt außer Ihm und daß Er, der vom Himmel göttlicher Offenbarung kam, das verborgene Geheimnis ist, das Undurchdringliche Mysterium, dessen Kommen im Buche Gottes verheißen ist und von Seinen Propheten und Boten angekündigt wurde. Durch Ihn sind die Geheimnisse enträtselt, die Schleier zerrissen, die Zeichen und Beweise entdeckt. Siehe! Er ist nun offenbar. Er bringt ans Licht, was Er will, und schreitet hoheitsvoll über die Gipfel der Erde, bekleidet mit überragender Macht und Majestät.
Selig ist der Starke, der die Götzen leeren Trugs zerschmettert mit der Kraft des Namens seines Herrn, der über alle Menschen herrscht.
O Mein Afnán! Gern erwähnen Wir deinen Namen zum Zeichen Unserer Gnade, damit dich die süßen Düfte Meines Gedenkens in Mein Königreich leiten und dich dem Thronzelt Meiner Majestät nahebringen, dem Zelte, das durch die Macht dieses Namens, der alle Grundmauern erzittern ließ, aufgerichtet worden ist.
Sprich: O Völker der Erde! Bei Gottes Gerechtigkeit! Was in den Büchern eures Herrn, des Herrschers am Tage der Wiederkehr, verheißen ward, das ist erschienen und offenbar gemacht. Habet acht, daß euch nicht Wandel und Wechsel der Welt fernhalten von Ihm, Der die Allbeherrschende Wahrheit ist. Über kurze Zeit wird alles Sichtbare vergehen, und nur was Gott, der Herr der Herren, offenbart, das wird bestehen.
Sprich: Dies ist der Tag für Ruhmestaten, wenn ihr es nur wüßtet. Dies ist der Tag, Gott zu verherrlichen und Sein Wort darzulegen, könntet ihr es nur hören und sehen. Gebt auf, was unter den Menschen im Schwange ist, und haltet euch an das, was euch Gott, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende, als Seinen Willen kündet. Schnell naht der Tag, da euch alle Schätze der Welt nichts nützen. Dies bezeugt der Herr der Namen, wenn Er verkündet: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Ihm, der Allbeherrschenden Wahrheit, Ihm, Der um das Ungeschaute weiß.
Wohl dir, o Mein Afnán, daß du mit Meinen heiligen Versen beehrt wurdest, den süßen Duft Meiner Offenbarung einsogst und Meinem Rufe antwortetest zu einer Zeit, da Meine Diener und Meine Geschöpfe das Mutterbuch beiseite werfen, sich an die Träger eitlen Wahns und leeren Trugs und deren Befehle halten und Mich offen anklagen. Solches spricht die Zunge der Größe im Reiche der Rede auf Geheiß Gottes, des Herrn der Schöpfung.
Sei beständig und gewissenhaft im Dienste dieser Sache und wahre kraft des Namens deines Herrn, der Besitzer alles Sichtbaren und Unsichtbaren, den dir verliehenen Rang. Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Würde jemand vertraut gemacht mit dem, was vor der Menschen Augen verschleiert ist, so wäre er derart entzückt, daß er seinen Flug zu Gott, dem Herrn über alles Vergangene und Künftige, nähme.
Seine Herrlichkeit ruhe auf Dir und allen, die Ihm nahe sind und die Bedeutung dessen begreifen, was die erhabene Feder Gottes, des Allmächtigen, des Alliebenden, in diesem Sendbrief verzeichnet hat.
2
Aller Lobpreis sei Dir, o mein Gott, da Du die Welt mit dem Glanze des Morgens schmückest, der auf die Nacht folgt, in welcher Er geboren ward, der die Manifestation Deiner überragenden, allumfassenden Gewalt, den Tagesanbruch Deines göttlichen Seins und die Offenbarung Deiner höchsten Herrschaft ankündete. Ich flehe zu Dir, o Du Schöpfer der Himmel, Du Gestalter der Namen, stehe gnädig denen bei, die sich im schützenden Schatten Deiner reichen Gnade scharen und inmitten aller Völker der Welt die Stimme erheben, Deinen Namen zu verherrlichen.
O mein Gott! Du siehst den Herrn der ganzen Menschheit, wie Er, in Sein Größtes Gefängnis eingekerkert, laut Deinen Namen ruft, auf Dein Antlitz schaut und verkündet, was die Bewohner Deiner Reiche der Offenbarung und der Schöpfung entzückt. O mein Gott! Mein Selbst sehe Ich gefangen in den Händen Deiner Diener, aber strahlend leuchten das Licht Deiner Allgewalt und die Offenbarungen Deiner unüberwindlichen Macht von Seinem Antlitz; so können alle mit Gewißheit erkennen, daß Du Gott bist und daß es außer Dir keinen Gott gibt. Dich kann weder die Macht der Mächtigen behindern noch können die Herrscher mit ihrer Machtfülle gegen Dich bestehen. Du tust, was Du willst, kraft Deiner Allgewalt, die alles Erschaffene umfängt, und gebietest, was Dir gefällt, durch die Macht Deines Geheißes, das die ganze Schöpfung durchdringt.
Ich flehe Dich an, bei der Herrlichkeit Deiner Manifestation und bei der Macht Deiner Herrschaft, Deiner Allgewalt und Deiner Überlegenheit, mache alle siegreich, die Deiner Sache helfen und sich vor dem Glanz Deines strahlenden Antlitzes demütigen. Sodann lasse sie, o mein Gott, triumphieren über Deine Feinde und standhaft bleiben in Deinem Dienste, damit durch sie in allen Deinen Reichen die Zeichen Deiner Herrschaft fest verankert und in Deinen Landen die Beweise Deiner unbezwinglichen Macht offenbar werden. Wahrlich, Du bist mächtig zu tun, was Du willst. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.
Dieser ruhmreiche Sendbrief ist am Jahrestag der GeburtA153 offenbart, damit du ihn im Geiste demütigen Flehens vortragest und deinem Herrn, dem Allwissenden, dem Allkennenden, dankest. Gib dir alle Mühe, Gott dienstbar zu sein, auf daß von dir hervorgehe, was dein Gedächtnis in Seinem erhabenen, allherrlichen Himmel unsterblich macht.
Sprich: Verherrlicht bist Du, o mein Gott! Ich flehe Dich an, bei dem Dämmerorte Deiner Zeichen und bei dem Offenbarer Deiner schlüssigen Beweise, gib, daß ich mich in jeder Lage fest an das Seil Deiner liebenden Vorsehung halte und an den Saum Deiner Großmut klammere. Zähle mich alsdann zu denen, die der Wandel und Wechsel der Welt nicht davon abbringen kann, Dir zu dienen und Dir die Treue zu wahren, und die der Angriff des Volkes nicht zu hindern vermag, Deinen Namen zu verherrlichen und Deinen Lobpreis zu künden. Stehe mir gnädig bei, o Herr, zu tun, was Du liebst und wünschest. Befähige mich sodann zu vollbringen, was Deinen Namen erhöht und das Feuer Deiner Liebe entfacht.
Du bist fürwahr der Vergebende, der Freigebige.
3
O Ḥusayn! Gebe Gott, daß du allezeit leuchtest und strahlst, hell im Sonnenlicht der Wahrheit glänzend, und daß du deine Zunge lösest, den Namen Gottes zu verherrlichen; denn dies ist unter allen Taten die löblichste.
Schau, wieviele Seelen heftigen Hunger und Durst zu leiden schienen; als aber das Meer der Lebenswasser gegen die Welt des Seins brandete, da blieben sie seiner beraubt, weil sie es versäumten, leeren Trug aufzugeben und Ihn, den Gegenstand aller Erkenntnis, bewußt wahrzunehmen. Solches Versäumnis ist die Vergeltung für die Taten, welche ihre Hände zuvor verübt hatten.
Danke dem Geliebten der Welt, daß Er dir gnädig half, in dieser ruhmreichen Sache bestätigt zu werden. Sodann bitte Ihn, Seine Geliebten in dieser Sache zu festigen; denn die Hetzschriften der Unheilstifter sind weit verbreitet, und schrill ertönt das Geschrei der Unglücksboten. Glücklich, wer alles außer Gott von sich wirft und sich fest an das hält, was ihm der Herr der Kraft und Macht gebietet.
Seine Herrlichkeit sei mit dir und allen, welche befähigt wurden, diese machtvolle Sache zu erkennen und anzunehmen.
4
Dies ist eine Tafel, die der Herr allen Seins von Seiner herrlichen Stufe herniedersendet, dem zu Ehren, der an Gott, den Allmächtigen, den Alliebenden, glaubt.
Selig ist der Pilger, der den Ersehnten erkennt, und der Sucher, der Ihn, das höchste Ziel der ganzen Menschheit, rufen hört, und der Gelehrte, der an Gott, den Helfer in Gefahr, den Selbstbestehenden, glaubt.
Wie groß ist die Zahl der Gelehrten, die sich vom Pfade Gottes abkehren, und wie zahlreich sind die Ungebildeten, welche die Wahrheit begreifen und zu Ihm eilen mit den Worten: »Gepriesen seiest Du, o Herr aller Dinge, der sichtbaren wie der unsichtbaren!«
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Hell strahlt der Horizont der Welt im Lichte dieser Größten Sonne, und doch bemerkt es die Masse der Menschen nicht. Wahrlich, Er, die Allbeherrschende Wahrheit, schreitet vor den Augen aller Menschen einher. Solches bezeugt Der, welcher mitten im Herzen der Welt verkündet: »Fürwahr, es gibt keinen Gott außer Mir, allmächtig über alle Dinge, vergangene wie künftige.«
Groß ist der Segen des Gläubigen, der sich Ihm zuwendet und Zutritt in Seine Gegenwart erlangt, aber wehe jedem Ungläubigen, der sich von Gott abkehrt, um den Eigensinnigen und den Abtrünnigen zu folgen.
5
O Freund! Im Bayán befahlen Wir jedermann, innerhalb dieser Größten Offenbarung mit eigenen Augen zu sehen und mit eigenen Ohren zu hören. Als jedoch der Horizont der Welt im hellen Lichte dieser Offenbarung erstrahlte, da vergaßen viele jenen göttlichen Befehl; sie verloren die himmlische Mahnung aus den Augen und versenkten sich in leeren Trug, den ihre Gehirne ersonnen. So verbirgt die Sonne der Gerechtigkeit und Redlichkeit ihr Angesicht hinter den Wolken eitlen Wahns, welche die Toren ausdünsten. So ist es auch nicht verwunderlich, daß die Vögel der Finsternis sich regen und Aufmerksamkeit auf sich ziehen. Kraft des Namens des Meistgeliebten lade du die empfänglichen Seelen an Gottes heiligen Hof, damit sie den himmlischen Springquell voll des Lebenswassers nicht entbehren. Er ist in Wahrheit der Barmherzige, der Vergebende.
Der gnadenvolle Blick Gottes – gepriesen und verherrlicht ist Er – ist allezeit auf Seine geliebten Freunde gerichtet. Wahrlich, Er ist der Kennende, der Gedenkende.
6
O Javád! So groß ist dieser Tag, daß die verheißene Stunde selbst völlig verwirrt ist und alle himmlischen Schriften für seine überwältigende Majestät Zeugnis ablegen. An diesem Tage bekundet das Buch feierlich die Herrlichkeit des Herrn, und die Waage ist bewegt, ihre Stimme zu erheben. Dies ist der Tag, da Ṣiráṭ laut ausruft: »Ich bin der gerade Pfad«A154, und Sinai jubelnd verkündet: »Wahrlich, der Herr der Offenbarung ist gekommen.«A155
Überwältigt von der Trunkenheit seiner verderbten Triebe, verharrt das Erdenvolk in dumpfer Starrheit. So ist es von den wundersamen Zeichen Gottes ausgeschlossen, der Weg zum höchsten Ziel ist ihm verwehrt, und der freigebigen Ausgießungen göttlicher Gnade geht es verlustig.
Dem Volke Gottes geziemt es, nachsichtig zu sein. Die Gläubigen sollten das Wort Gottes nach der jeweiligen Aufnahmebereitschaft und Fassungskraft des Hörers mitteilen, damit die Menschenkinder aus ihrer Achtlosigkeit erweckt werden und ihre Angesichter auf diesen Horizont richten, der unermeßlich erhaben ist über jeden anderen Himmel.
O Javád! Die mannigfachen Segnungen Gottes wurden dir allezeit gewährt und werden dir fürderhin gewährt werden. Preis sei Gott! Vor dem schlimmsten Schrecken bliebest du bewahrt, und du vermochtest dem Größten Segen nahezukommen zu einer Zeit, da die Schleier oberflächlichen Ruhmes, nämlich die Geistlichen unserer Zeit, alle Menschen daran hinderten, den ewigen König zu erkennen. Wahre dieses Zeugnis, das die Allherrliche Feder kündet, so sorgsam, wie du dein Leben wahrst, und mühe dich mit all deiner Kraft, es zu erhalten durch die Macht des Namens Dessen, welcher der ganzen Schöpfung Geliebter ist, auf daß dieses hehre Vorrecht gegen Augen und Hände der Räuber gefeit sei. Wahrlich, dein Herr ist der Erklärer, der Allwissende.
Übermittle die Grüße dieses Unterdrückten allen geliebten Freunden in jenen Landen und rufe ihnen Unser wundersames, Unser erhabenes Gedenken in Erinnerung, damit sie aufgeben, was bei ihnen im Schwange ist, ihre Herzen an das hängen, was Gottes ist, und rein von unziemlichem Tun und Trachten bleiben.
Die Herrlichkeit des Allmächtigen, des Allweisen, sei mit dir und denen, die dir verbunden sind.
7
Wir gedenken dessen, der angezogen ward von Unserem Rufe, als dieser vom Gipfel überragender Herrlichkeit erscholl, und der sein Angesicht auf Gott, den Herrn der Schöpfung, richtete. Er wird zu denen gezählt, die auf die Vorladung ihres Herrn hörten und antworteten zu einer Zeit, da die Völker der Welt in handgreifliche Schleier gehüllt sind. Er bezeugt, was Gott bezeugt, und bekundet seinen Glauben an das, was die Zunge der Größe kündet. Solches bestätigt der Herr der Namen auf dieser wundersamen Tafel.
O Meine erhabene Feder! Bringe ihm in Meinem Namen die frohe Botschaft dessen, was Gott, der Machtvolle, der Allmächtige, für ihn bereitet hat. Die meiste Zeit fürwahr ist er von mannigfachen Leiden umzingelt, und wahrlich, sein barmherziger Herr ist Der, welcher alles sieht und weiß. Frohlocke in höchster Freude, denn dieser Unterdrückte hat dir Sein Antlitz zugewandt. Er hat deinen Namen schon früher erwähnt und erwähnt ihn zu dieser Stunde.
Meinen geliebten Freunden übermittle Grüße in Meinem Namen sowie die Botschaft vom gnadenreichen Segen ihres Herrn, des Gebenden, des Großzügigsten. Von dieser erhabenen Stufe aus senden Wir Unsere Grüße an solche Gläubige, die den Sicheren GriffA156 fest umfassen und den erlesenen Wein der Beständigkeit aus der gnädigen Hand ihres Herrn, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, entgegennehmen und trinken.
Das Gehör ruft an diesem Tage: »Mein ist dieser Tag, da ich auf die wundersame Stimme lausche, die über die Mauern des Gefängnisses meines Herrn, des Deutlichen, des Zuhörenden, dringt.« Und das Sehvermögen kündet laut: »Wahrlich, mein ist dieser Tag; denn ich sehe das Morgenlicht der Herrlichkeit leuchten und strahlen auf Geheiß Dessen, Der der Gesetzgeber, der Allmächtige ist.« Selig ist das Ohr, das den Ruf vernimmt: »Schau, und du wirst Mich sehen«Q27, und glücklich das Auge, welches auf das wundersamste Zeichen blickt, das an diesem lichtvollen Horizont dämmert.
Sprich: O ihr Herrscher und ihr Gebildeten und ihr Weisen alle! Der verheißene Tag ist da, und der Herr der Heerscharen ist erschienen. Frohlocket in großer Freude ob dieses höchsten Glücks! Steht Ihm bei mit der Macht der Weisheit und des Wortes. So gebietet euch Er, der seit Ewigkeit verkündet: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Allweisen.«
Möge Seine Herrlichkeit mit dir und mit denen sein, die bei dir sind, und mit allen, die dich schätzen und auf die Worte hören, die du zur Verherrlichung dieser mächtigen, dieser alles überragenden Offenbarung äußerst.
8
O du, der du Meinen Namen JúdA157 trägst! Mit dir sei Meine Herrlichkeit. Höre, was du schon früher hörtest, da die Sonne des Zeugnisses am Horizont des ‘Iráq leuchtete und strahlte, da Baghdád deinem Herrn, dem Erhabenen, dem Mächtigen, als Thronsitz diente.
Ich bezeuge, daß du das Lied Gottes und Seinen süßen Sang hörest, daß du dein Ohr dem Gurren der Taube göttlicher Offenbarung neigest und den Weisen lauschest, welche auf dem Zweige der Herrlichkeit die Nachtigall der Treue schlägt: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unvergleichlichen, dem Allunterrichteten.
O du, der du Meinen Namen trägst!
Gottes Blick ruhte bisher voll Gnade auf dir und wird weiter auf dich gerichtet bleiben.
Solange du in Seiner Gegenwart weiltest, hörtest du die Stimme des einen wahren Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – und schautest unverschleiert den Strahlenglanz göttlicher Erkenntnis.
Denke eine Weile nach!
Wie licht und fein ist die Rede Dessen, Der die Allbeherrschende Wahrheit ist, und wie verworfen ist der leere Wortstreit des Volkes!
Die Sammler nichtigen Wahns verstopfen den Menschen die Ohren und hindern sie, Gottes Stimme zu hören.
Schleier menschlicher Bildung und falschen Trugs halten ihre Augen davon ab, das strahlende Licht Seines Antlitzes zu schauen.
Mit kraftvollem, mächtigem Arm haben Wir eine Anzahl Seelen ergriffen, aus dem Sumpfe langsamen Verlöschens gerettet und sie befähigt, zum Morgenlicht der Herrlichkeit zu gelangen.
Des weiteren haben Wir die göttlichen Geheimnisse aufgedeckt und in deutlichster Sprache künftige Geschehnisse vorausgesagt, damit die Zweifel der Ungläubigen, der Widerspruch der Eigensinnigen und das Gemunkel der Achtlosen keinen Wahrheitssucher von des einen wahren Gottes Lichtquell fernhalten.
Trotz alledem benehmen sich manche, als hätten sie die Fallsucht; andere sind zuinnerst zerrissen wie hohle Baumstümpfe.
Sie leugnen Gott, den Erhabensten – Ihn, vor Dessen Offenbarung eines einzigen Verses alle Schriften der Vergangenheit und Gegenwart in demütige Bedeutungslosigkeit zurücksinken.
Stattdessen hängen sie ihr Herz an Lügengeschichten und folgen leeren Worten.
Gewißlich hast du aus dem Meere Meiner Rede getrunken und die Sonne Meiner Weisheit in ihrem Strahlenglanz geschaut. Auch hast du gehört, was die Ungläubigen sagen, die weder mit den Grundbegriffen des Glaubens vertraut sind noch diesen erlesenen Wein gekostet haben, dessen Siegel durch die Macht Meines Namens, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende, erbrochen ward. Flehe zu Gott, daß die mit wahrem Verständnis begabten Gläubigen gnädig befähigt werden zu tun, was Ihm gefällt.
Wie seltsam ist es doch: obwohl dieser Ruf laut widerhallt, obwohl diese wundersamste Offenbarung vor aller Augen steht, müssen Wir feststellen, daß die Menschen zum größten Teil ihre Herzen an die Eitelkeiten der Erdenwelt geheftet haben; von weit verbreiteten Zweifeln und bösen Einfällen lassen sie sich ängstigen und quälen. Sprich: Heute ist Gottes eigener Tag; fürchtet Gott und zählt nicht zu den Ungläubigen. Werft die unsinnigen Geschichten von euch und schaut Meine Offenbarung mit Meinen Augen. So wurdet ihr gemahnt in den himmlischen Büchern und Schriften, in den Rollen und auf den Tafeln.
Erhebe dich, der Sache deines Herrn zu dienen; sodann gib den Menschen die frohe Botschaft dieses strahlenden Lichtes, dessen Offenbarung Gott durch Seine Propheten und Boten verheißen hat. Ermahne einen jeden, Klugheit walten zu lassen, wie Er es verordnet hat, und im Namen Gottes rate ihnen mit den Worten: Es obliegt an diesem Tage Gottes jedermann, sich mit äußerster Klugheit und Standhaftigkeit dem Lehren der Sache Gottes zu widmen. Wo er reinen Pflanzgrund entdeckt, da mag er die Saat des Gotteswortes ausstreuen; wo nicht, da ist es besser, Schweigen zu wahren.
Vor kurzem hat die Allherrliche Feder im Roten Buche das folgende höchsterhabene Wort offenbart: »Der Himmel göttlicher Weisheit wird von zwei Sonnen erhellt: Beratung und Erbarmen.«A158 So Gott will, wird ein jeder befähigt, dieses gewichtige, selige Wort zu befolgen.
Manche scheinen jeglichen Verständnisses bar zu sein. Sie klammern sich an das Seil eitlen Wahns und versagen sich damit diesen Sicheren GriffA159. Ich schwöre bei Meinem Leben! Dächten sie nur einen Augenblick lang unvoreingenommen darüber nach, was der Allbarmherzige herniedergesandt hat, sie äußerten wie ein Mann die Worte: »Wahrlich, Du bist die Wahrheit, die offenbare Wahrheit.«
Dir geziemt es, in jeder Lage deinen Blick auf den einen wahren Gott zu richten und gewissenhaft Seiner Sache zu dienen. Erinnere dich, wie du in Meiner Gegenwart im Thronzelt der Herrlichkeit weiltest und von Mir hörtest, was Er, der mit Gott Zwiesprache hielt,A160 auf dem Sinai göttlicher Erkenntnis hörte. So halfen Wir dir gnädiglich, befähigten dich, die Wahrheit zu erkennen, und mahnten dich, deinem großmütigen Herrn dankbar zu sein. Diese hehre Stufe solltest du bewahren durch die Kraft Meines Namens, der Allmächtige, der Getreue.
Übermittle in Meinem Namen Meinen Geliebten Grüße und lasse sie Meiner süßen Stimme lauschen. Solches gebietet dir Der, welcher dir in vergangenen Tagen Gebote gab; Ich bin fürwahr der Verordner, der Allunterrichtete. Ruhm sei dir und denen, die auf deine Worte über diese bedeutsame Sache hören und die dich um Gottes, des Herrn der Welten, willen lieben.
9
O Ḥaydar!A161 Dieser Unterdrückte hört deine Stimme, wie du sie im Dienste der Sache Gottes erhebst; Er ist des Glücksgefühls wohl bewußt, das Seine Liebe dir im Herzen erregt, wie auch deiner Seelenpein ob alledem, was über Seine Geliebten gekommen ist. Ich schwöre bei dem Herrn des Erbarmens! Die ganze Welt ist vom Leid überflutet, derweilen die Menschheit von Zweifeln und Zwietracht genarrt wird. So schlimm setzt der Feind dem Volke Gottes, des Herrn der Namen, zu, daß das höchste Paradies wehklagt und laut die Bewohner des hehrsten Himmels stöhnen, im Verein mit denen, welche Tag und Nacht den Thron umkreisen.
O ‘Alí! Leid und Schmerz sind machtlos, Deinen Herrn, den Allbarmherzigen, aufzuhalten. Fürwahr, Er hat sich aufgemacht, für Gottes Sache so zu kämpfen, daß Ihn weder die Übermacht der Welt noch die Gewaltherrschaft ihrer Völker schrecken können. Laut ruft Er zwischen Erde und Himmel: Der verheißene Tag ist gekommen. Der Herr der Schöpfung verkündet: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allmächtigen, dem Gabenreichsten.
O ‘Alí! Mit ihren Mündern möchten die Unreifen das Licht Gottes ausblasen; mit ihren Taten wollen sie die Flamme im Brennenden Busche löschen. Sprich: Elend ist fürwahr eure Lage, o ihr Wahngebilde. Fürchtet Gott und weist die himmlische Gnade nicht zurück, die ihren Glanz auf alle Lande ergießt. Sprich: Er, der Träger verborgener Namen, ist erschienen, wenn ihr es nur wüßtet. Er, Dessen Ankunft in den himmlischen Schriften angekündigt war, ist da, könntet ihr es doch verstehen. Der Horizont der Welt ist erleuchtet vom Glanze dieser Größten Offenbarung. Eilet strahlenden Herzens und gehört nicht zu denen, die jedes Verständnisses bar sind. Die vorherbestimmte Stunde hat geschlagen, und die Menschheit ist zu Boden gestreckt. Solches bezeugen die ehrsamen Diener Gottes.
O Ḥaydar-‘Alí! Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Die Posaune ward geblasen, die Posaune des Bayán, auf Geheiß Gottes, des Barmherzigen, und alle in den Himmeln und auf Erden sind in Ohnmacht gefallen, ausgenommen jene, die sich von der Welt lösen und sich fest an das Seil Gottes, des Herrn der Menschheit, klammern. Heute ist der Tag, da die Erde strahlt im hellen Lichte deines Herrn, aber das Volk ist im Irrtum verloren und wie durch einen Schleier abgesondert. Unser Wunsch ist es, die Welt neu zu beleben, und doch sind sie gewillt, Meinem Leben ein Ende zu setzen. Dazu verleitet sie ihr Herz an diesem Tage – an einem Tag, hell leuchtend im Lichtglanz des Antlitzes seines Herrn, des Allmächtigen, des Allmachtvollen, des Ungezwungenen. Laut erhebt das Mutterbuch seine Stimme, aber das Volk ist des Hörsinns beraubt. Die Verwahrte Tafel ist in Wahrheit enthüllt, aber die Masse der Menschen liest sie nicht. Sie leugnen die Gnadengaben Gottes, nachdem sie zu ihnen herniedergesandt sind, und wenden sich ab von Gott, dem Wissenden um das Ungeschaute. Mit starren Fingern klammern sie sich an den Saum eitlen Wahns, dem verborgenen Namen des Allmächtigen den Rücken kehrend.
Sprich: O Schar der Geistlichen! Seid gerecht in eurem Urteil, ich beschwöre euch bei Gott! Sodann tragt die Beweise und Zeugnisse vor, die ihr besitzet, so ihr zu den Bewohnern dieser ruhmreichen Wohnstatt zu rechnen seid. Richtet euer Herz auf den Morgen göttlicher Offenbarung, damit Wir vor euren Augen enthüllen, was all den Versen, Beweisen, Zeugnissen, Bestätigungen und Zeichen gleichkommt, die ihr wie andere Geschlechter auf Erden besitzet. Fürchtet Gott und gehört nicht zu denen, welche die Züchtigung Gottes, des Herrn der Schöpfung, verdienen.
Heute ist der Tag, da das Meer der Erkenntnis seine Stimme erhebt und seine Perlen an Land spült, wenn ihr es nur wüßtet! Fürwahr, der Himmel des Bayán ward aufgespannt auf Geheiß Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden. Ich schwöre bei Gott! Das Wesen der Erkenntnis kündet laut und spricht: Siehe! Er, das Ziel aller Erkenntnis, ist da, und durch Sein Kommen sind die heiligen Bücher Gottes, des Gnädigen, des Liebenden, geschmückt. Jedwede Offenbarung der Gnade, jedwedes Zeichen edler Gaben geht von Ihm aus und kehrt zu Ihm zurück.
Fürchtet Gott, o Schar der Toren, und bringet nicht Trübsal über die, welche nur wollen, was Gott will. Und wenn ihr auf meinen Ruf achtet, dann laßt ab von euren selbstischen Begierden. Es naht der Tag, da alles verschwunden sein wird, was heute wahrzunehmen ist; dann werdet ihr Tränen vergießen, weil ihr in eurer Pflicht vor Gott versagt habt. Das bezeugt diese unauslöschliche Tafel.
Frohlocke in großer Freude, daß Wir deiner heute wie ehedem gedenken. Der süße Duft dieses Gedenkens wird wahrlich währen und sich nicht wandeln durch alle Ewigkeit, die Gottes Namen als Herr der Menschheit dauern. Deine Andachten, deinen Lobpreis, deine Lehrarbeit und alle Dienste, die du für diese mächtige Verkündigung erbringst, sind gnädig von Uns angenommen. Auch haben Wir gehört, was deine Zunge in den Versammlungen und Zusammenkünften äußerte. Wahrlich, dein Herr hört alles und sieht alles. Wir haben dich in Meinem himmlischen Reiche bekleidet mit dem Gewande Meines Wohlgefallens, und aus dem Göttlichen Lotosbaum, gepflanzt und gewachsen auf der Grenze zum Tale sicheren Friedens, gelegen am leuchtenden Orte jenseits der ruhmreichen Stadt, rufen Wir laut dir zu: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Allweisen. Wir haben dich ins Leben gerufen, damit du Mir dienest, Mein Wort verherrlichest und Meine Sache verkündest. Lenke deine Kräfte ganz auf das, wozu du erschaffen bist durch den Willen des Höchsten Gebieters, des Altehrwürdigen der Tage.
In diesem Augenblick rufen Wir Unsere Geliebten ins Gedächtnis und bringen ihnen die frohe Botschaft der unverbrüchlichen Gnade Gottes sowie all dessen, was ihnen in Meinem leuchtenden Buche bestimmt ist. Um Meiner Liebe willen habt ihr den Tadel der Feinde erduldet, auf Meinem Pfade habt ihr standhaft die grausamen Greuel ertragen, die euch die Gottlosen zufügten. Das bezeuge Ich Selbst, und Ich bin der Allwissende. Wie zahlreich sind die Orte, die euer Blut um Gottes willen adelte. Wie viele sind der Städte, wo ihr die Stimme eurer Wehklage erhobet und den Jammer eurer Pein zum Himmel sandtet. Wie groß ist die Zahl der Kerker, in die euch die Scharen der Tyrannei geworfen. Wisset und seid gewiß, daß Er euch zum Siege führen wird; Er wird euch vor den Völkern der Welt erhöhen und eure hohe Stufe vor den Augen aller Nationen kundtun. Gewiß wird Er es nicht dulden, daß Seine Begünstigten des Lohnes verlustig sind.
Nehmt euch in acht, daß euch die Verkörperungen eitlen Wahns mit ihren Missetaten nicht traurigA162 stimmen oder daß euch die Handlungen unberechenbarer Unterdrücker keinen Schmerz bereiten. Ergreifet den Kelch der Beständigkeit mit der Macht Seines Namens, alsdann trinket daraus kraft der höchsten Herrschaft Gottes, des Machtvollen, des Allmächtigen. So strahlt die Sonne Meines zarten Mitleids und Meiner sanften Gnade am Horizonte dieses Sendbriefes, damit ihr eurem Herrn, dem Allmächtigen, dem Allgütigen, dankbar seid.
Die Herrlichkeit, die sich leuchtend am Himmel Meiner Rede erhoben hat, sei mit dir und denen, die sich dir zuwenden und ihr Ohr den Worten deines Mundes über diese herrliche, diese erhabene Offenbarung neigen.
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Bei der Gerechtigkeit Gottes! Das Mutterbuch ist offenbart und lädt die Menschheit vor Gott, den Herrn der Welten, indes die Meere verkünden: Das Größte Meer ist erschienen, und aus seinen Wogen dringt mit Donnerhall der Ruf: »Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unvergleichlichen, dem Allwissenden.« Und die Bäume erheben ihre Stimme und rufen: O Volk der Welt! Hell erschallt die Stimme des Göttlichen Lotosbaumes, und mit durchdringendem Laut ertönt die Feder der Herrlichkeit: Horchet auf und gehört nicht zu den Achtlosen! Die Sonne tönt: O Schar der Geistlichen! Gespalten ist der Himmel der Religionen, der Mond klafft auseinander, und die Völker der Erde sind versammelt zu erneuter Auferstehung. Fürchtet Gott und folgt nicht dem Drang eurer Leidenschaften, vielmehr folgt Ihm, für Den die Schriften Gottes, des Allwissenden, des Allweisen, Zeugnis ablegen.
Die Geschehnisse am Sinai haben sich in dieser Offenbarung wiederholt, und Er, Der auf dem Berge Zwiesprache hielt, kündet laut: Wahrlich, der Ersehnte ist gekommen, sitzend auf dem Throne der Gewißheit, könntet ihr es doch erkennen. Er gemahnt alle Menschen, das zu befolgen, was die Sache Gottes erhöht und die Menschheit auf Seinen Geraden Pfad führt.
Wie zahlreich sind die Unterdrückten, die der Ruf Gottes mit sich reißt! Wie viele Potentaten erheben sich zu Gewalttaten, welche die Engel des höchsten Paradieses zum Weinen bringen und die Bewohner dieser ruhmreichen Wohnstatt schmerzlich wehklagen lassen! Wie groß ist die Schar der Armen, die den erlesenen Wein göttlicher Offenbarung in großen Zügen trinken, und wie viele sind der Reichen, welche sich abkehren, die Wahrheit verwerfen und ihrem Unglauben an Gott, den Herrn dieses seligen, wundersamen Tages, lebhaften Ausdruck geben!
Sprich: Fürchtet Gott; sodann seid redlich in eurem Urteil über diese Große Verkündigung, vor der, als sie strahlend erschien, jede bedeutsame Verkündigung anbetend niederfiel. Sprich: O Schar der Toren! Wenn ihr Ihn verwerft, mit welchem Zeichen könnt ihr dann eure Treue zu früheren Gesandten Gottes beweisen oder euren Glauben an das vertreten, was Er aus Seinem mächtigen, erhabenen Königreich herniedergesandt hat? Welchen Nutzen verschafft euch euer Besitz? Welchen Schutz gewähren euch eure Schätze? Keinen, Ich schwöre es beim Geiste Gottes, der alles in den Himmeln und auf Erden durchdringt. Werfet weg, was ihr mit den Händen eitlen Wahns und leeren Trugs zusammengetragen habt, und haltet euch fest am Buche Gottes, das euch kraft Seiner allbezwingenden, Seiner unverletzlichen Amtsgewalt herniedergesandt worden ist.
Dein Brief wurde vor diesem Unterdrückten überreicht, und dir zu Ehren haben Wir dieses Sendschreiben offenbart, das duftend die Gunst und Gnade deines Herrn, des Mitleidsvollen, des Gabenreichen, verbreitet. Wir flehen zu Gott, daß Er dich zu einem Banner mache, gehißt in der Stadt Seines Gedenkens, und deine Stufe in dieser Sache erhöhe – einer Sache, in deren Schatten die Gottergebenen sehen werden, wie die Völker und Geschlechter der Erde nach Schutz suchen. Wahrlich, dein Herr weiß alles und gibt davon Kenntnis. Auch bitten Wir Gott, dich zu nähren mit dem Besten aus den Schätzen, die in Seinem Buche verwahrt sind. Er ist fürwahr Der, welcher den Ruf hört und darauf antwortet.
Fahre fort, Seiner Sache beizustehen mit den machtvollen Heerscharen der Weisheit und der Rede. So ist es geboten von Gott, dem Gnädigen, dem Allgepriesenen. Selig ist der Gläubige, der an diesem Tage die Wahrheit annimmt, und selig der fest Entschlossene, den die Scharen der Tyrannei nicht schrecken können.
Die Herrlichkeit, welche vom Horizont der Rede scheint, sei mit dir und allen Gläubigen, die den Kelch mit Seinem versiegelten Wein durch die Macht Seines Namens, der Selbstbestehende, ergreifen und in vollen Zügen daraus trinken, allen Widersachern zum Trotz, welche Den verwarfen, an Den sie früher geglaubt hatten, und welche die Wahrheit dieser Großen Verkündigung bestreiten, obwohl sie Gott selbst bezeugt in Seinem kostbaren, Seinem altehrwürdigen Buche.
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O Muḥammad-Ḥusayn! Sei bereit, die Ausgießungen der Gnade Gottes, des Herrn der Welten, zu empfangen. Der Allerbarmer geruht, dir Perlen der Erkenntnis aus dem Meere der Gunst Gottes, des Allmächtigen, des Erhabensten, zu schenken.
Wo ist der Einsichtige, der die Wahrheit erkennt und wahrnimmt? Wo ist der Hörende zu finden, der Meiner wundersamen Stimme lauscht, wie sie aus dem Reiche der Herrlichkeit ruft? Wo bleibt die Seele, die ihr Angesicht solchermaßen auf den Göttlichen Lotosbaum richtet, daß sie weder die Könige mit ihrer Übermacht noch deren Untertanen mit ihrer aufrührerischen Gewalt daran hindern können, inmitten der ganzen Schöpfung durch die Macht weiser Rede die Stimme zu erheben und zu bezeugen, was Gott bezeugt: daß es keinen Gott gibt außer Ihm, dem Machtvollen, dem Unbesiegbaren, dem Allmächtigen, dem Wissenden, dem Weisen.
O Ḥusayn! Dein Name wurde im Größten Gefängnis vor diesem Unterdrückten erwähnt, und Wir haben für dich offenbart, was in den Büchern der Welt nicht seinesgleichen hat. Dies bezeugt der König der Ewigkeit; aber die Masse der Menschen zählt zu den Achtlosen. Aus dem Morgenlicht des Zeugnisses haben Wir den Ruf an alle gerichtet, die im Reiche der Schöpfung wohnen. Unter den Menschen gibt es solche, die der Duft der Rede ihres Herrn so beflügelt, daß sie alles aufgeben, was den Menschen zugehört, nur um an den Hof der Gegenwart Gottes, des Herrn auf mächtigem Throne, zu gelangen. Auch gibt es solche, die völlig verwirrt sind und schwanken. Andere sputen sich und nehmen ihren Flug zu ihrem Herrn, dem Altehrwürdigen der Tage, um Seinem Ruf zu antworten. Wieder andere kehren sich ab, verwerfen die Wahrheit und leugnen am Ende Gott, den Allmächtigen, den Allgepriesenen. Und schließlich gibt es die, welche über Ihn das Urteil sprechen mit solcher Grausamkeit, daß jeder Weise und Scharfsinnige zum Weinen gerührt ist. Wir haben sie gnädig geladen zu dem Wasserstrom, der in Wahrheit Leben ist, sie aber haben mit offenbarer Ungerechtigkeit beschlossen, Mein Blut zu vergießen. So strahlt die Sonne der Weisheit vom Horizont der Rede deines Herrn, des Allerbarmers. Wenn du in ihr Licht gelangst, geziemt es dir, den Lobpreis deines Herrn zu feiern mit den Worten: Ich sage Dir Dank, o Gott der Welten.
Selig bist du, und selig sind die, welche die Welt mit ihren Nichtigkeiten von diesem strahlenden Horizont nicht abzuhalten vermag.
Überbringe in Meinem Namen Meinen Geliebten Grüße. Wir gemahnen sie, Weisheit walten zu lassen, wie es in Meinem wundersamen Buche verordnet ist.
12
O Meine Dienerin, Mein Blatt! Frohlocke in großer Freude, denn dein Ruf ist zum Göttlichen Lotosbaum aufgestiegen und erfährt Antwort von dem allherrlichen Horizont. Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Unterdrückten, dem Verbannten.
Wir haben Uns den Menschen offenbart, haben die Sache Gottes enthüllt, alle Menschen auf Gottes Geraden Pfad geführt, die Gesetze verkündet und jedem auferlegt, was allen in dieser und der nächsten Welt wahren Nutzen bringt; sie aber haben das Urteil über Mich gefällt, Mein Blut zu vergießen, und darüber weint die Himmlische Maid, Sinai jammert und klagt, und der Geist des Glaubens seufzt vor Schmerz.
Heutzutage schließen sich die Menschen selbst von den Ausgießungen der göttlichen Gunst aus, indem sie jedem in die Irre gegangenen Toren auf dem Fuße folgen. Das Meer göttlicher Erkenntnis lassen sie achtlos hinter sich und heften die Augen auf Narren, die Bildung vorgeben, ohne von Gott, dem Herrn der Menschheit, durch ein Zeichen bestätigt zu sein.
Gut steht es um dich, denn du hast den eitlen Wahn aufgegeben und hältst dich fest an das Seil Gottes, das keiner zertrennen kann. Schau auf die Gunst und Gnade Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit. Wie zahlreich sind die Könige und Königinnen auf Erden, die trotz aller Sehnsucht, Hoffnung und Erwartung von Ihm, dem Verlangen der Welt, ausgeschlossen sind, während du es erreicht hast. So Gott will, wirst du eine Tat vollbringen, deren Wohlgeruch anhält, solange die Namen Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – währen. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Die Anrede ›O Meine Dienerin‹ übertrifft alles, was in der Welt zu sehen ist. Binnen kurzem werden die Augen der Menschheit erleuchtet und dadurch erhellt, daß sie erkennen, was Unsere Feder der Herrlichkeit offenbart hat.
Selig bist du und selig ist die Mutter, die dich nährte. Schätze den Wert dieser Stufe und erhebe dich, der Sache Gottes solchermaßen zu dienen, daß der eitle Wahn und die Anspielungen der Zweifler dich nicht von deinem hehren Vorsatz abhalten. Hell strahlt die Sonne der Gewißheit, aber das Volk der Welt hält sich krampfhaft an leeren Trug. Hoch wogt das Meer göttlicher Erkenntnis, doch die Menschenkinder klammern sich den Narren an den Rocksaum. Kein Gegengift außer der unerschöpflichen Gunst Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – kann je diese chronischen Krankheiten heilen.
Übermittle den Dienerinnen Gottes in jenen Landen Meine Grüße und künde ihnen die frohe Botschaft, daß ihnen Seine Gunst und Gnade gewährt sind. Hoch ist fürwahr die Stufe, die Wir dir bestimmt haben. Dir ziemt es, deinem Herrn, dem Gabenreichen, dem Großzügigsten, Preis und Dank zu sagen. Verherrlicht sei Gott, der Erhabene, der Große.
13
Einstmals war dieses hehre Wort von der Zunge Dessen zu vernehmen, Der der Besitzer allen Seins und der Herr des Thrones in der Höhe und hienieden auf Erden ist – erhaben ist die Herrlichkeit Seiner Rede –: Frömmigkeit und Loslösung sind die beiden größten Leuchten am Himmel des Lehrens. Selig, wer diese höchste Stufe, diese Wohnstatt überragender Heiligkeit und Feinsinnigkeit, erlangt!
14
Dies ist ein Sendbrief, den der Allerbarmer aus dem Reiche der Rede allen Erdenbewohnern zuleitet. Glücklich ist, wer zuhört und achtgibt, aber wehe dem, der irrt und zweifelt. Heute ist der Tag, den das Antlitz Gottes mit strahlendem Lichte erhellt, der Tag, da laut die Zunge der Größe ruft: Das Reich ist Gottes, des Herrn am Tage der Auferstehung!
Dein Name ward in Unserer Gegenwart genannt, und so geruhen Wir, für dich zu offenbaren, was keines Menschen Zunge unter allen Völkern der Welt wiedergeben kann. Frohlocke in größter Freude, daß deiner im Größten Gefängnis gedacht wurde und daß in dieser erhabenen Wohnstatt der Altehrwürdige der Tage Sein Antlitz dir zuwandte.
Fürwahr, Wir haben die Zeichen offenbart, die unwiderleglichen Zeugnisse dargetan und alle Menschen auf den Geraden Pfad gerufen. Unter dem Volk sind solche, die sich abkehren und die Wahrheit verwerfen; andere fällen ohne schlüssigen Beweis ihr Urteil über Uns. Die ersten, die sich von Uns wandten, waren die geistlichen Führer der Welt in diesem Zeitalter, dieselben, welche Uns am Tage und zur Nachtzeit anrufen und Meinen Namen im Munde führen, während sie auf ihren hohen Thronen sitzen. Als Ich Mich jedoch unter den Menschen offenbarte, da erhoben sie sich so gegen Mich, daß selbst die Steine seufzten und bitterlich weinten.
Groß ist dein Segen; denn du hast auf Seine Stimme gehört, hast dein Angesicht auf Ihn gerichtet und den Ruf deines Herrn beachtet, als Er kam, bekleidet mit unüberwindlicher Macht und höchster Herrschaft.
15
O Meine Dienerin, o Mein Blatt! Danke dem Meistgeliebten der Welt, daß du diese grenzenlose Gunst erlangtest zu einer Zeit, da die Gelehrten und die erlauchtesten Männer der Welt dieser Gunst beraubt sind. Wir haben dich zum »Blatt« ernannt, damit du wie das Laub bewegt werdest von dem sanften Wind des Willens Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, wie die Blätter an den Bäumen von den heranbrausenden Winden bewegt werden. Sage deinem Herrn Dank kraft dieser glanzvollen Rede. Nähmest du die Anrede ›O Meine Dienerin‹ in all ihrer Süße wahr, du fändest dich losgelöst von der ganzen Menschheit, Tag und Nacht voll Ergebung in Anspruch genommen von der Zwiesprache mit Ihm, dem einzigen Verlangen der Welt.
In Worten von unvergleichlicher Schönheit haben Wir solche Blätter und Dienerinnen erwähnt, die von den Lebenswassern himmlischer Gnade trinken und ihre Augen auf Gott gerichtet halten. Glücklich und selig sind sie fürwahr. Binnen kurzem wird Gott ihre Stufe offenbaren – eine Stufe, deren Erhabenheit kein Wort zutreffend ausdrücken, keine Beschreibung angemessen schildern kann.
Wir gemahnen dich zu tun, was unter Männern wie Frauen die Belange der Sache Gottes fördern hilft. Er hört den Ruf der Freunde und schaut ihre Taten. Wahrlich, Er ist der Hörende und der Sehende.
Mit dir und mit ihnen sei die Herrlichkeit Gottes, des Machtvollen, des Allwissenden, des Allweisen.
16
O Dienerin Gottes! Höre auf die Stimme des Herrn der Namen, der aus Seinem Gefängnis den Blick auf dich richtet und dich beim Namen nennt.
Er steht jedem Wanderer bei, Er antwortet gnädig jedem Bittsteller, Er gewährt jedem Wahrheitssucher Zutritt. Am heutigen Tag ist der Gerade Pfad offenbart, aufgestellt ist die Waage göttlicher Gerechtigkeit, und hell strahlt das Sonnenlicht Seiner Gabenfülle, aber schwarzen Wolken gleich tritt mit drückendem Dunkel das Volk der Tyrannei dazwischen und errichtet ein gewaltiges Hindernis zwischen der Sonne himmlischer Gnade und dem Volk der Welt. Selig ist, wer die trennenden Schleier zerreißt und vom strahlenden Licht göttlicher Offenbarung erleuchtet wird. Bedenke, wie groß an Zahl diejenigen waren, die sich selbst zu den Weisen und Gebildeten rechneten, am Tage Gottes aber der Ausgießungen himmlischer Gnadengaben beraubt blieben.
O Mein Blatt, Meine Dienerin! Schätze den Wert des Segens und der sanften Barmherzigkeit, die dich umfangen und deine Schritte zum Morgen der Herrlichkeit lenken.
Übermittle im Namen dieses Unterdrückten Grüße an solche Dienerinnen, die Gott anbeten, und ermutige ihre Herzen mit der Versicherung Seiner liebevollen Vorsehung.
17
Richtet euer Augenmerk in allen Angelegenheiten auf die Weisheit; denn sie ist ein unfehlbares Heilmittel. Wie oft schon hat sie einen Ungläubigen in einen Gläubigen, einen Feind in einen Freund verwandelt! Sie zu beachten ist besonders wesentlich, da dieser Gegenstand in zahlreichen Sendbriefen aus dem Himmel des Willens Dessen, Der die Manifestation des Lichtes göttlicher Einheit ist, dargelegt wurde. Wohl denen, welche sich danach verhalten!
Lenkt eure Aufmerksamkeit ohne Unterlaß auf das, was das Wort Gottes erhöht. In dieser Größten Offenbarung gelten edle Werke und rühmliche Eigenschaften als die Heerscharen Gottes, desgleichen Sein seliges, Sein heiliges Wort. Diese Heerscharen sind ein Magnet für die Menschenherzen, ein Schlüssel für alle Türen. Von allen Rüstungen in der Welt ist dies die wirksamste.
Bitte Gott, Er möge allen Menschen gnädig beistehen, das zu befolgen, was Seine allherrliche Feder in den heiligen Büchern und Sendschreiben verzeichnet hat.
18
Dieser Unterdrückte nennt den beim Namen, der sein Angesicht auf den Unvergleichlichen, den Allwissenden, gerichtet hat und Gottes Einheit solcherart bezeugt, wie sie die Allherrliche Feder auf dem Kampfplatz der Wortgewalt mit rascher Bewegung bezeugt. Selig ist die Seele, die ihren Herrn erkennt, aber wehe dem, der schmählich irrt und zweifelt.
Der Mensch ist wie ein Baum. Wenn ihn Früchte schmücken, war und ist er allezeit des Lobes und des Preises würdig. Ein unfruchtbarer Baum taugt nur für das Feuer. Die Früchte vom menschlichen Baume sind köstlich, hoch erwünscht und heiß begehrt. Dazu gehören ein aufrechtes Wesen, Taten der Tugend und anmutige Rede. Zu den irdischen Bäumen kommt der Frühling einmal im Jahr; der Frühling für menschliche Bäume indessen erscheint am Tage Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit. Würden die Bäume des menschlichen Lebens jetzt in der göttlichen Frühlingszeit mit den bereits erwähnten Früchten geschmückt, so würde das Himmelslicht der Gerechtigkeit ganz gewiß mit seinem Strahlenglanz alle Erdenbewohner erleuchten, und jeder würde ruhig und zufrieden im Schatten Dessen, Der das Ziel der ganzen Menschheit ist, verweilen. Das Wasser für diese Bäume ist das Lebenswasser der heiligen Worte, welche die Geliebten der Welt äußern. Kaum sind solche Bäume gepflanzt, da recken sie bereits unter den Regenschauern göttlicher Gnade ihre Äste hoch in den Himmel. Ein dürrer Baum jedoch war und ist keiner Erwähnung wert.
Glücklich der Gläubige, der sich mit dem Gewand edlen Bemühens kleidet und sich aufmacht, dieser Sache zu dienen! Eine solche Seele hat fürwahr das ersehnte Ziel erreicht und begriffen, zu welchem Zweck sie erschaffen wurde. Aber tausendmal wehe um die Irregegangenen, die wie dürres Laub in den Staub sinken. Bald wird der Sturm des Todes sie forttragen an den Ort, der ihnen bestimmt ist. Unwissend sind sie gekommen, unwissend dämmern sie dahin, unwissend kehren sie zu ihrer Stätte zurück.
Unaufhörlich verkündet die Welt diese Worte: Habt acht, ich bin vergänglich, und vergänglich sind alle meine äußerlichen Erscheinungen und Farben. Hütet euch vor dem Wandel und Wechsel, der in mich hineingelegt ist, und wacht auf aus eurem Schlummer. Und doch gibt es kein scharfes Auge, das sieht, und kein feines Ohr, das lauscht.
Am heutigen Tage ruft das geistige Ohr und spricht: Fürwahr, es steht gut um mich; denn Gottes Stimme kündet laut. Und die wesenhafte Schau ruft aus: Selig bin ich, heute ist mein Tag; denn die Altehrwürdige Schönheit strahlt hell vom erhabensten Horizont.
Dem Volke Bahás steht es an, zum Herrn der Namen zu rufen und Ihn anzuflehen, daß das Volk der Welt an Seinem Tage der Ausgießungen Seiner Gnade nicht beraubt sei.
In der Vergangenheit waren die Geistlichen bestürzt über eine Frage, welche Er, der die Allbeherrschende Wahrheit ist, sie in den frühen Jahren Seines Lebens selbst öfters fragen hörte: »Welches ist das Wort, das der Qá’im aussprechen und damit die Religionsführer in die Flucht schlagen wird?« Sprich: Dieses Wort ist nun offenbart, und ihr seid geflohen, ehe ihr es hörtet, doch seid ihr des nicht gewahr. Und dieses selige, dieses verborgene, gehegte und verwahrte Wort lautet: »›Er‹ ist nun erschienen im Gewande des ›Ich‹. Der vor sterblichen Augen verborgen war, ruft und kündet: Sehet her! Ich bin der Alleroffenbarste.« Dies ist das Wort, das den Ungläubigen die Glieder erbeben ließ. Verherrlicht sei Gott! Alle himmlischen Schriften der Vergangenheit bezeugen die Größe des heutigen Tages, die Größe dieser Manifestation, die Größe Seiner Zeichen, die Größe Seines Wortes, die Größe Seiner Beständigkeit, die Größe Seiner allüberragenden Stufe. Und doch, alledem zum Trotz bleibt das Volk achtlos und wie durch einen Schleier ausgeschlossen. Fürwahr, alle Propheten haben sich gesehnt, diesen Tag zu erleben. David spricht: »Wer bringt mich in die feste Stadt?«Q28 Mit der festen Stadt ist ‘Akká gemeint. ‘Akkás Festungsanlagen sind sehr stark, und dieser Unterdrückte ist in ‘Akkás Mauern eingekerkert. Desgleichen ist im Qur’án offenbart: »Bringe dein Volk heraus aus dem Dunkel in das Licht und gemahne es der Tage Gottes.«Q29
Die Herrlichkeit, die den heutigen Tag umfängt, ist in den meisten himmlischen Büchern und Schriften ausdrücklich erwähnt und klar dargestellt. Dennoch sperren die Geistlichen der Gegenwart die Menschen von dieser überragenden Stufe aus und halten sie zurück vom Gipfel der Herrlichkeit, dem erhabensten Ziel.
Selig bist du, da der leere Trug mit seinem Dunkel dich nicht vom Lichte der Gewißheit abbringen kann und das Volk mit seinen Angriffen dich nicht vom Herrn der Menschheit fernzuhalten vermag. Würdige den Wert dieser hohen Stufe und bitte Gott – erhaben ist Seine Herrlichkeit –, daß Er dich gnädiglich befähige, diese Stufe zu wahren. Unvergängliche Herrschaft liegt nur bei dem einen wahren Gott und Seinen Geliebten, und so wird es allezeit bleiben.
Die Herrlichkeit, die vom Horizonte der Ewigkeit strahlt, ruhe auf dir und allen, welche das Leitseil Gottes, das kein Mensch zertrennen kann, fest in die Hand nehmen.
19
Der zum wahren Siege führt, ist gekommen. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Er ist durchaus fähig, durch die Macht eines einzigen Wortes die Welt umzustürzen. Da Er jedoch allen Menschen auferlegt hat, Weisheit zu üben, hält Er sich selbst an das Seil der Geduld und des Verzichtes.
Die Lehmklumpen dieser Welt haben sich aufgemacht, die geschmückte, die leuchtende, die purpurne Stadt Gottes zu besuchen, und gewisse Abgesandte aus Persien stiften insgeheim Unheil, auch wenn sie sich den Anschein geben, sie seien sanft und fromm. Gütiger Gott! Wann endlich wird sich diese weltverzehrende Verschlagenheit in Aufrichtigkeit verwandeln? Die Ermahnungen Gottes, des Wahren, umspannen die ganze Erde, aber ihr Einfluß ist bis heute noch nicht enthüllt. Unziemliche Taten halten die Menschen davon ab, zu Ihm zu gelangen. Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht ist Er –, daß Er aus den Wolken göttlicher Gnade den strömenden Regen Seiner Gabenfülle auf alle Seine Diener ergieße. Wahrlich, mächtig ist Er über alle Dinge.
O ‘Alí-Ḥaydar! O du, der du dich erhoben hast, Meiner Sache zu dienen, der du unablässig den Lobpreis Gottes, des Herrn auf mächtigem Throne, verherrlichst! Den Wahrzeichen der Gerechtigkeit, den Bannerträgern der Unparteilichkeit, ist unzweifelhaft klar und offenkundig, daß dieser Unterdrückte, gestärkt durch Gottes Reich und Seine überragende Macht, unter den Völkern und Geschlechtern der Erde jedes Anzeichen der Unordnung, der Zwietracht, des Zwistes, des Haders und der Teilung zu tilgen sucht. Aus keinem andern Grund als um dieses großen, dieses unvergleichlich wichtigen Zieles willen ist Er immer wieder ins Gefängnis geworfen, ist Er so manchen Tag und so manche Nacht in Ketten und Bande gelegt worden. Selig ist, wer diese unüberwindliche Sache, diese herrliche Verkündigung unparteiisch und gerecht beurteilt.
20
Dies ist ein Sendbrief, herniedergesandt vom Herrn des Erbarmens, damit das Volk der Welt befähigt sei, dem durch die Kraft Seines hehren Namens wogenden Meere nahezukommen. Unter den Menschen sind solche, die sich von Ihm abkehren und Sein Zeugnis leugnen, indes andere den Wein der Bestätigung trinken in der Herrlichkeit Seines Namens, die alles Erschaffene durchdringt. Schlimmen Verlust leidet fürwahr, wer sein Ohr dem Gekrächz der Raben neigt und sich weigert, dem süßen Schlag der Himmlischen Nachtigall zu lauschen, die auf den Zweigen des Baumes der Ewigkeit singt: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allwissenden, dem Allweisen. Heute ist der Tag, den das strahlende Licht Unseres Antlitzes erleuchtet, der Tag, den alle Tage und Nächte anbetend umkreisen. Selig ist der Einsichtsvolle, welcher schaut, und der Dürstende, der aus diesem leuchtenden Springquell trinkt. Selig der Mensch, der die Wahrheit anerkennt und mit Eifer der Sache seines Herrn, des Machtvollen, des Allmächtigen, zu dienen strebt.
O Diener, der du den Blick auf Mein Antlitz richtest! Höre auf die Stimme deines Herrn, des Allherrlichen, wie sie laut vom Morgen der Majestät und Größe ruft. Wahrlich, Sein Ruf wird dich dem Reiche der Herrlichkeit nahebringen, wird dich Seinen Lobpreis so erheben lassen, daß alles Erschaffene hingerissen wird, und du wirst Seiner Herrlichkeit solcherart lobsingen, daß die ganze Schöpfung den Einfluß spürt. Wahrlich, dein Herr ist der Beschützer, der Gnädige, der Allunterrichtete.
Sammle die Freunde Gottes dortzulande und mache sie vertraut mit Meinem unvergleichlichen Gedenken. Wir haben für sie einen Sendbrief offenbart, von dem der Duft des Allerbarmers über das Reich des Seins dahinweht, auf daß sie frohlocken in höchster Freude und standhaft bleiben in dieser wundersamen Sache.
Als Wir im Gefängnis waren, haben Wir ein Buch offenbart, das Wir ›Das Heiligste Buch‹ benannten. Darin haben Wir Gesetze gegeben und es geschmückt mit den Geboten deines Herrn, der die Amtsgewalt übt über alle in den Himmeln und auf Erden. Sprich: Ergreifet es, o Menschen, und beachtet, was darin herniedergesandt ist aus den wundersamen Geboten eures Herrn, des Vergebenden, des Gabenreichen. Fürwahr, es wird euch in dieser wie der nächsten Welt nützen und wird euch reinigen von allem, was euch übel ansteht. Er ist wahrlich der Verordner, der Ausleger, der Geber, der Großmütige, der Gnädige, der Allgepriesene.
Groß ist dein Segen, denn du bist dem Bunde Gottes und Seinem Zeugnis treu, und du wirst geehrt durch diesen Sendbrief, durch welchen dein Name aufgezeichnet ist auf Meiner verwahrten Tafel. Weihe dich deinem Herrn und dem Dienst an Seiner Sache, hüte Sein Gedenken in deinem Herzen und feiere Seinen Lobpreis so, daß jede irrende, achtlose Seele dadurch aus dem Schlaf erwacht.
So haben Wir dir eine Gunstbezeigung aus Unserer Gegenwart zu verleihen geruht; und Ich bin wahrlich der Vergebende, der Allbarmherzige.
21
Wir wünschen, den zu erwähnen, der sein Angesicht auf Uns richtet, und ihn noch einmal tief aus den Lebenswassern Unserer gnädigen Vorsehung trinken zu lassen, auf daß er befähigt werde, Meinem Horizonte nahezukommen, auf daß er geschmückt sei mit Meinen Wahrzeichen, sich in Meine Lüfte erhebe, sich bestätigt finde in alledem, was Meine Sache in ihrer Heiligkeit unter Meinem Volke offenbar macht, und so Meinen Lobpreis anstimme, daß alle Zauderer sich beeilen, alle reglosen Geschöpfe sich aufschwingen, alle sterblichen Gestalten sich verzehren, alle starren Herzen von neuem Leben durchflutet werden und jeder niedergeschlagene Geist in Lust und Wonne wogt. Solches ziemt sich für den, der sein Angesicht dem Meinen zuwendet, in den Schatten Meiner Gnade tritt und Meine Verse empfängt, welche die ganze Welt durchdringen.
O ‘Alí! Er, der Morgen göttlicher Offenbarung, ruft dich durch diese höchst wundersame Rede. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Stündest du vor Meinem Thron, lauschtest du Meiner Zunge der Macht und Größe, du opfertest deinen Leib, deine Seele, dein ganzes Sein zum Zeichen deiner Liebe zu Gott, dem höchsten Herrscher, dem Beschützer, dem Allwissenden, dem Allweisen. Du wärest so ergriffen vom Zauber Seiner Stimme, daß keine Feder die Macht hätte, deine Stufe zu beschreiben, und der gewandteste Redner zunichte würde bei dem Versuch, sie zu schildern. Denke eine Zeitlang nach über diese Offenbarung und deren unüberwindliche, alles überwindende Herrschaft; sodann unterstütze sie, wie es deinem Herrn, dem Gnädigen, dem Gabenreichsten, angemessen ist. Führe das Volk zum Morgenlicht der Herrlichkeit. Es ist wahrlich Er selbst, Der sich auf Seinem mächtigen Throne niedergelassen hat. Durch Ihn erstrahlt der Himmelssaum dieses Gefängnisses, und Er erleuchtet alle in den Himmeln und auf Erden.
Wir haben deinen Namen in der Vergangenheit und in diesem gnädigen Sendbrief zu erwähnen geruht, damit du noch einmal den süßen Duft des Allerbarmers atmest. Dies ist nur eines der Zeichen Meiner Gunst für dich. Danke deinem Herrn, dem Gabenreichsten, dem Allsehenden.
Gräme dich nicht über der Menschen Unvermögen, die Wahrheit zu begreifen. Binnen kurzem wirst du erleben, wie sie sich Gott, dem Herrn der ganzen Menschheit, zuwenden. Durch die Kraft des Erhabensten Wortes umfangen Wir fürwahr die gesamte Welt, und es naht die Zeit, da Gott die Herzen aller Erdenbewohner unterworfen haben wird. Er ist wahrlich der Allmächtige, der Allmachtvolle.
Wir gedenken hierzulande auch deines Bruders, damit er sich freue, wenn Ich ihn erwähne, und zu denen gehöre, die nachdenken.
O Freund! Der Meistgeliebte ruft dich aus Seinem Größten Gefängnis und ermahnt dich zu befolgen, was Meine Erhabene Feder in Meinem Heiligsten Buche offenbart hat, damit du dich daran haltest mit einer Macht und Entschlossenheit, wie sie aus Mir geboren ist; und Ich bin wahrlich der Verordner, der Allweise.
Groß ist fürwahr dein Segen, denn Seine unfehlbare Gnade ward dir gewährt, und du fandest Beistand bei der Erkenntnis dieser Sache – einer Sache, deren Gewalt die Himmel aufrollt und jeden stolz ragenden Berg, zu Staub zermahlen, in alle Winde verstreut.
Durch Unsere grenzenlose Gnade gedenken Wir fernerhin deiner Mutter, welche das Vorrecht hat, Gott zu erkennen. Wir senden ihr Unsere Grüße von dieser allherrlichen Stufe hernieder. Wir erinnern Uns an euch alle, Männer wie Frauen, und an diesem Orte, der Stätte unvergleichlicher Herrlichkeit, betrachten Wir euch alle als eine Seele; Wir senden euch die frohe Botschaft eines göttlichen Segens, der allem Erschaffenen voranging, und Meines Gedenkens, das alle Menschen, alte wie junge, durchdringt. Die Herrlichkeit Gottes sei mit euch, dem Volk Bahás. Frohlocket in höchster Freude durch Mein Gedenken; denn Er ist fürwahr mit euch zu jeder Zeit.
22
Höre auf das, was der Geist dir vermittelt in den Tagen Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, auf daß Sein Ruf dich hinaufziehe zum Gipfel überragender Herrlichkeit und dich der Stufe nahebringe, wo du dein ganzes Wesen im Feuer der Liebe Gottes dergestalt lodern siehst, daß es weder die Übermacht der Herren noch das Getuschel ihrer Knechte löschen können, und auf daß du dich inmitten der Völker dieser Welt erhebest, den Lobpreis deines Herrn, des Besitzers aller Namen, zu feiern. Das ist es, was dir am heutigen Tage frommt.
Wir wollen dir berichten, was in der Vergangenheit geschah, damit du die Süße dieser Rede kostest und der Ereignisse gewahr werdest, die schon früher bekannt wurden. Wahrlich, dein Herr ist der Ermahner, der Gnädige, der Meistgeliebte.
Rufe dir die Tage vor Augen, da Er, der mit Gott Zwiesprache hielt, in der Wildnis die Schafe Seines Schwiegervaters Jethro hütete. Er hörte die Stimme des Herrn der Menschheit, wie sie aus dem Brennenden Busche kündete: »O Moses! Wahrlich, Ich bin Gott, dein Herr und der Herr deiner Vorfahren Abraham, Isaak und Jakob.« So hingerissen war Er von der Stimme und ihrem bezaubernden Klang, daß Er sich von der Welt löste und sich zu Pharao und seinem Volk aufmachte, bekleidet mit der Macht deines Herrn, der höchste Herrschaft ausübt über alles, was ist und sein wird. Heute hört das Volk der Welt, was damals Moses hörte, aber sie verstehen es nicht.
Sprich: Ich schwöre bei der Gerechtigkeit Gottes! Binnen kurzem werden die Minister mit ihrem Pomp und die Herrscher in ihrer Machtfülle vergehen; die Paläste der Potentaten werden verwüstet, zu Staub verfallen die Prunkschlösser der Kaiser, aber fortbestehen wird, was Wir im Reiche Gottes für euch verordnet haben. Euch ziemt, o Volk, der höchste Eifer, damit eure Namen vor Seinem Thron erwähnt werden und ihr dartut, was euer Gedenken unsterblich machen wird in aller Ewigkeit Gottes, des Herrn allen Seins.
Erinnere dich in Meinem Auftrag der Geliebten dortzulande, übermittle ihnen Meine Grüße und erfreue ihr Herz mit der Botschaft dessen, was dir von dieser herrlichen Stufe her offenbart ward.
Sprich: Habet acht, daß euch die Übermacht der Unterdrücker nicht fürchten macht. Es naht der Tag, da alle Wahrzeichen der Hoffart zunichte werden; dann werdet ihr schauen, wie die unüberwindliche Souveränität eures Herrn alles Sichtbare und alles Unsichtbare lenkt und führt.
Habet acht, daß euch nicht die Schleier abhalten von den Ausgießungen Seiner Gnadengaben am heutigen Tage. Werfet von euch, was euch Gott entfremdet, und bleibet auf diesem weitreichenden Pfade. Wir wünschen euch nur, was euch nützt, wie es auf Seiner verwahrten Tafel verzeichnet ist. Oft gedenken Wir Unserer Geliebten. Nur finden wir, daß ihnen gebricht, was ihnen am Hofe der Gunst ihres Herrn, des Gnädigen, des Vergebenden, ansteht, außer denen, die Gott auszunehmen wünschte. Wahrlich, machtvoll ist Er zu tun, was Er will. Er gibt und Er versagt. Er ist fürwahr die Ewige Wahrheit, der Kenner des Unsichtbaren.
Ergreifet, o ihr Geliebten des Allerbarmers, den Kelch ewigen Lebens, den euch euer Herr, der Besitzer der ganzen Schöpfung, mit der Hand freigebiger Gunst darreicht; sodann trinket tief daraus. Ich schwöre bei Gott, er wird euch so entzücken, daß ihr euch erhebt, Seinen Namen zu verherrlichen und Sein Wort inmitten aller Völker auf Erden zu künden, und daß ihr die Städte der Menschenherzen erobert im Namen eures Herrn, der Allmächtige, der Allgepriesene.
Des weiteren tun Wir jedermann die frohe Botschaft dessen kund, was Wir in Unserem Heiligsten Buch offenbart haben – ein Buch, von dessen Horizont die Sonne Meiner Gebote auf jeden Beobachter und auf jeden Beobachteten herniederscheint. Haltet euch fest daran und vollbringet, was darin offenbart ist. Das ist fürwahr besser für euch als alles, was in der Welt erschaffen ist, wenn ihr es nur wüßtet. Hütet euch, daß euch nicht die Vergänglichkeiten dieses Lebens davon abhalten, euch Gott, dem Wahren, zuzuwenden. Denket in euren Herzen nach über die Welt mit ihrem Hader und ihren Wechselfällen, damit ihr den Wert der Welt und die Stufe derer erkennt, die ihr Herz an sie hängen und verwerfen, was auf Unserer Verwahrten Tafel herniedergesandt ist.
So haben Wir diese heiligen Verse offenbart und dir zugeleitet, damit du dich aufmachest, den Namen Gottes, der Helfer in Gefahr, der Selbstbestehende, zu verherrlichen. Die Herrlichkeit Gottes sei mit dir und allen, die dieses erlesenen, versiegelten Weines teilhaftig sind.
23
Deinen Brief hat dieser Unterdrückte im Größten Gefängnis gelesen, deiner Fragen über die Gebote Gottes zum Gegenstand der Auferstehung und des Lebensunterhaltes ist Er gewahr. Du hast gut daran getan, diese Fragen zu stellen; denn du selbst und andere Diener Gottes werden äußerlich wie innerlich daraus Nutzen ziehen. Wahrlich, dein Herr weiß alles und antwortet bereitwillig auf den Ruf.
Der höchste Grund für die Erschaffung der Welt und aller Dinge in ihr ist, daß der Mensch Gott erkenne. Wer am heutigen Tage, vom Duft aus dem Gewande Seines Erbarmens geleitet, Einlaß in diese lichte Wohnstatt – die Stufe der Erkenntnis des Urquells göttlicher Gebote und des Morgens Seiner Offenbarung – erlangt, der hat auf ewig alles Gute erreicht. Jeder Seele, die diese hehre Stufe erlangt, verbleibt eine zweifache Pflicht. Zum einen muß sie so standhaft in der Sache Gottes sein, daß alle Völker der Welt machtlos wären, wenn sie versuchten, sie von dem Urquell der Offenbarung fernzuhalten. Das zweite ist die Befolgung der göttlichen Gebote, die dem Brunnquell Seiner vom Himmel geführten Feder entströmen. Denn des Menschen Gotteserkenntnis kann sich nur dann voll angemessen entfalten, wenn der Mensch befolgt, was Er verordnet und in Seinem himmlischen Buche dargelegt hat.
Vor einem Jahr ist das Heiligste Buch aus dem freigebigen Himmel des Herrn aller Namen herniedergesandt worden. So Gott will, wirst du gnädig befähigt zu vollbringen, was darin offenbart ist.
Was den Lebensunterhalt angeht, solltest du dein ganzes Vertrauen auf Gott setzen und dich in einem Beruf betätigen. Er wird sicherlich aus dem Himmel Seiner Gunst auf dich herniedersenden, was dir bestimmt ist. Er ist fürwahr der Gott der Macht und Stärke.
Sage Gott Dank, daß dein Brief in die Gegenwart dieses Gefangenen gelangt ist, daß am Sitze göttlicher Amtsgewalt die Antwort offenbart ist und dir zugesandt wird. Dies ist ein unschätzbarer Segen, den dir Gott gewährt. Auch wenn dies gegenwärtig noch nicht offenkundig ist, wird es sich bald herausstellen. Dir geziemt zu sprechen:
Verherrlicht sei Dein Name, o Herr mein Gott! Ich habe Dir mein Angesicht zugekehrt und mein ganzes Vertrauen auf Dich gesetzt. Bei Deinem Namen, durch den das Meer Deiner Rede wogt und die Winde Deiner Erkenntnis wehen, flehe ich zu Dir, gewähre, daß mir gnädig geholfen wird, Deiner Sache zu dienen, und daß ich begeistert werde, Deiner zu gedenken und Dich zu preisen. Sende sodann aus dem Himmel Deiner Großmut auf mich hernieder, was mich vor jedem außer Dir bewahrt und mir in allen Deinen Welten nützt.
Wahrlich, Du bist der Machtvolle, der Unzugängliche, der Höchste, der Wissende, der Weise.
Hinweis zu den von Shoghi Effendi übersetzten Texten
Soweit möglich, wurden für dieses Buch englische Übersetzungen von Shoghi Effendi verwendet. In vielen Fällen wurden seine Fassungen einzelner Sätze eingearbeitet. Diese Stellen sind so zahlreich, daß sie hier nicht aufgeführt werden können. Nachstehend sind zwei Arten von Übersetzungen vom Urtext ins Englische verzeichnet. Das erste sind unmittelbare Übersetzungen des betreffenden Sendschreibens oder Abschnitts. Die zweite Art ist geringfügig mittelbarer: In einigen späteren Schriften pflegte Bahá’u’lláh aus Seinen eigenen Sendschreiben zu zitieren; aber dabei veränderte Er häufig die zitierte Textstelle. Wenn also Shoghi Effendis Übersetzung einer solchen zitierten Textstelle – zum Beispiel aus dem Brief an den Sohn des Wolfes – herangezogen wurde, mußte sie dem hier wiedergegebenen Originaltext Bahá’u’lláhs angepaßt werden. Solche Anpassungen sind geringfügig und wurden nicht besonders vermerkt; wer im Englischen die entsprechenden Stellen dieses Buches mit den von Shoghi Effendi übersetzten Büchern vergleicht, wird sie leicht erkennen.
1:1–5 Lawḥ-i-Karmil vollständig (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 11:1–5)
2:5 »Wahrlich, Wir sind… in die Irre geht.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 260, S. 162)
2:6 »Öffnet die Tür eures Herzens… schwerer Irrtum.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 260, S. 162)
2:12 »O Schar der Priester… Herrlichkeit gekommen!« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 254, S. 156)
2:12 »Wer die Menschen in Meinem Namen versammelt… auf Erden übersteigt.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 254, S. 156)
2:13 »Laßt den Odem… gezählt wird!« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 254, S. 156)
2:14 »O Schar der Bischöfe… Ziel abhalten.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 253, S. 155)
2:15 »O Schar der Mönche… der Allbarmherzige.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 255, S. 157)
2:17 »Bethlehem ist bewegt… der Bestunterrichtete.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 255, S. 157f)
2:20 »Nie ging Ich… an dir gekreuzigt.« (Shoghi Effendi, Der verheißene Tag ist gekommen 101, S. 74)
3:6 »der Regierung des Landes… wahrhaftig erweisen.« (Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 404, S. 250)
3:23 »O Volk Gottes… Lebensquellen der Welt.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 42, S. 47)
4:12 »Ein guter Charakter… und ihren Glanz.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 39, S. 41)
4:14 »O Sohn des Geistes… vor Augen.« (Bahá’u’lláh, Die verborgenen Worte arab. 2)
4:18 »Wir wollen dir nun… nahebringen wird.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 197, S. 121)
4:24 »der rasch erscheinenden Zeitungen«, »Spiegel der Welt« und »eine erstaunliche, machtvolle Erscheinung« (Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 403, S. 249)
5:13 »Wissen gleicht den Flügeln… Dies bezeugt das Mutterbuch« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 47, S. 38f)
5:13 »In der Tat, Wissen ist… der Heiterkeit.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 48, S. 39)
6:17 »Wahrlich, Ich sage… besitzen es alle.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 50, S. 39)
6:18 »Die Feder des Höchsten… Unterscheidungsvermögen besitzet!« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 51, S. 39f)
6:19–20 »O Sohn des Menschen… wehe den Achtlosen!« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 54, S. 41)
6:25 »Der Menschen Licht… Einheit unter den Menschen.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 42, S. 46)
6:28 »Die Vertrauensleute… der Allwissende.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 2:19, S. 43)
6:35 »Meine Gefangenschaft… zum Klagen bringen.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 39, S. 36)
6:53 »Von allen Ehrungen… gerecht zu werden.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 4:32, 6:9, S. 152)
7:4–5 »O Afnán… Volkes zu zerstreuen.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:1–2)
7:9–12 »Jeder Einsichtige… Gottes heiligem Buch.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:3–6)
7:15–16 »O Volk der Gerechtigkeit… abhängen muß.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:7–8)
7:32–34 »O Volk Gottes… der Höchste.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 43:9–11)
8:35–38 »O du, der du deine Augen… Stufe ihrer würdig ist« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 192–195, S. 117–120)
8:41–42 »Ermahne die Menschen… ziehen wird.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 196–197, S. 120f)
8:54 »In dieser Offenbarung… umfaßt und beherrscht.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 46, S. 38)
8:59 »O Volk Gottes… Lebensquellen der Welt.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 42, S. 47)
9:5 »Laßt euer Auge keusch… euer Herz licht sein.« (Shoghi Effendi, Das Kommen göttlicher Gerechtigkeit 39, S. 42f)
10:1–24 alle Worte der Weisheit, mit Ausnahme von 10:14 und 10:15 (Star of the West Bd. 14, Nr. 4, S. 99)
11:2 »Der Mensch… noch Höhen sehen.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 122:1)
11:5 »Sieh den Aufruhr… von ihnen getragen werden.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 112:1)
11:6 »An anderer Stelle… Weisheit gleichkäme.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 112:1)
11:6 »Selig der König… Menschen ergösse.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 112:1)
11:7 »In dem Wunsche… Tyrannei beschirmen werden.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 117:1)
11:9 »Der Tag naht… Tat umzusetzen.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 117:1)
11:12 »Der ist wirklich… sind seine Bürger.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 117:1)
11:14 »Das Erhabenste Wesen spricht… dessen sie bedarf.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
11:18 »Die an der Macht sind… Menschen haben.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
11:25 »So Gott will… Gesellschaft zerwühlen?« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
11:26 »Ach, die Winde… Stufe würdig ist.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 110:1)
12:19 »Nun zu deiner Frage… Stimme hören.« (Bahá’u’lláh,Ährenlese. Eine Auswahl aus den Schriften Bahá’u’lláhs 79:1)
14:1–2 »Er ist der Allmächtige… Tablet verzeichnet ist.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 131–132, S. 79f)
14:3–6 »O du, der du in die Irre gingst… aus Seinem großen Gefängnis.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 133–136, S. 80–83)
14:8 »Lies den Kitáb-i-Íqán… Horizont der Gewißheit.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 154, S. 92f)
14:10–12 »O du, der du in die Irre gingst… Verfall befangen blieb.« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 155–157, S. 93f)
14:14 »O Meine Höchste Feder… dem Herrn der Welten!« (Bahá’u’lláh, Brief an den Sohn des Wolfes 158, S. 94–96)
15:9 »Es ist den Aghṣán… der Allmächtige.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:77, S. 196)
16:1 »Gepriesen sei Er… ein anderes Land jubelt.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:81, S. 198)
16:2 »Gesegnet, zweifach gesegnet… Seiner Schrift trägt.« (Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:81, S. 198)
Quellenangaben
Q1 vgl. Joh. 16:12 – Anm. d. Hrsg.
Q2 vgl. Verborgene Worte arab. 2 – Anm. d. Hrsg.
Q3 Siehe 8:42 – Anm. d. Hrsg.
Q4 Qur’án 81:6 … 81:10.
Q5 Qur’án 6:91.
Q6 vgl. Qur’án 2:253; 14:27; 22:14; 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q7 Worte des Báb in Bezug auf »Den, den Gott offenbaren wird« – Anm. d. Hrsg.
Q8 Qur’án 34:13.
Q9 vgl. Qur’án 4:130.
Q10 Qur’án 59:9.
Q11 Siehe 3:3, 4:9 – Anm. d. Hrsg.
Q12 vgl. Qur’án 3:40, 14:27, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q13 vgl. Qur’án 21:23.
Q14 vgl. Qur’án 2:253, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
Q15 Qur’án 3:97.
Q16 Qur’án 83:6.
Q17 Qur’án 14:5.
Q18 Qur’án 22:56 – Anm. d. Hrsg.
Q19 Qur’án 20:107.
Q20 Qur’án 88:7 – Anm. d. Hrsg.
Q21 Qur’án 4:94.
Q22 Qur’án 2:94.
Q23 Qur’án 40:28.
Q24 Qur’án 104:1–2.
Q25 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas 1:121 – Anm. d. Hrsg.
Q26 Shoghi Effendi, Die Weltordnung Bahá’u’lláhs 6:81).
Q27 Qur’án 7:143.
Q28 Ps. 108:11.
Q29 Qur’án 14:5.
Anmerkungen
A1 vgl. Qur’án 24:42, u. a. – Anm. d. Hrsg.
A2 Gelegentlich auch Sendbrief an die Christen genannt.
A3 Jesus.
A4 Jesus.
A5 vgl. Gen. 22:1, 22:11, 31:11, 46:2, Ex. 3:4, 1 Kön. 3:4, Jes. 6:8, Báb, in: Eine Auswahl aus Seinen Schriften 7:34:3 – Anm. d. Hrsg.
A6 vgl. Matt 16:26 – Anm. d. Hrsg.
A7 vgl. Matt 24:29 – Anm. d. Hrsg.
A8 siehe auch: 17:9:10 – Anm. d. Hrsg.
A9 vgl. Kitáb-i-Aqdas 2:4.4.1.13, Synopsis and Codification D.1.m, p. 46 – Anm. d. Hrsg.
A10 Jesus.
A11 vgl. Brief an den Sohn des Wolfes 83, S. 55 ff – Anm. d. Hrsg.
A12 vgl. Kitáb-i-Aqdas 4:2:4.4.1.25.9, Synopsis and Codification D.1.y.IX, p. 47 – Anm. d. Hrsg.
A13 vgl. Qur’án 78:2; 38:67 – Anm. d. Hrsg.
A14 vgl. Kitáb-i-Aqdas 4:2:4.4.2.1, Synopsis and Codification D.2.a, p. 48 – Anm. d. Hrsg.
A15 vgl. auch Ährenlese 100:5; Verborgene Worte pers. 80–82 – Anm. d. Hrsg.
A16 Garten Na‘mayn in ‘Akká, von Bahá’u’lláh mit der Benennung Riḍván geehrt, nicht zu verwechseln mit dem Garten Riḍván in Baghdád (vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 338, S. 219) – Anm. d. Hrsg.
A17 Ṭihrán.
A18 vgl. Qur’án 81:18; 74:34 – Anm. d. Hrsg.
A19 vgl. Qur’án 39:69 – Anm. d. Hrsg.
A20 vgl. Qur’án 81:17; 74:33 – Anm. d. Hrsg.
A21 Mírzá Hádí Dawlat-Ábádí, ein Geistlicher aus Iṣfahán, wurde Anhänger des Báb und unterstützte später Mírzá Yaḥyá, der ihn zu seinem Vertreter im Írán und zu seinem Nachfolger ernannte. Als die Bábí verfolgt wurden, widerrief er seinen Glauben. (Siehe auch Kalimát-i-Firdawsíyyih 6:58 – Anm. d. Hrsg.).
A22 Die Insignien eines Mullá.
A23 des Hádí.
A24 auf Zypern.
A25 Mírzá Yaḥyá.
A26 Ustád ‘Alí-Akbar, einer der treuen Gläubigen in Yazd. Er entwarf den Mashriqu’l-Adhkár von ‘Ishqábád; ‘Abdu’l-Bahá hieß seinen Entwurf gut. Ustád ‘Alí-Akbar gab 1903 in Yazd sein Leben als Märtyrer hin.
A27 arabisch.
A28 Moses.
A29 Bayán-i-Fársí 1:1 – Anm. d. Hrsg.
A30 Ḥájí Mírzá Ḥaydar-‘Alí war ein hervorragender persischer Bahá’í-Lehrer und -Schriftsteller. Er verbrachte neun Jahre in Khárṭúm als Gefangener und Verbannter, machte ausgedehnte Reisen durch den Írán und starb 1920 im Heiligen Land. Abendländische Pilger kennen ihn als den Engel vom Berg Karmel. [Seine Autobiographie (Bihjatu’ṣ-Ṣudúr, Bombay 1913) wurde von A. Q. Faizi gekürzt in englischer Sprache herausgegeben unter dem Titel: Stories from the Delight of Hearts, Los Angeles 1980. Die deutsche Übersetzung trägt den Titel Die Freude der Herzen, Hofheim, 2015. – Anm. d. Hrsg.].
A31 Jesus.
A32 vgl. Mt. 7:19–23 – Anm. d. Hrsg.
A33 vgl. Mt. 11:25 – Anm. d. Hrsg.
A34 Ḥájí Mullá Hádí-yi-Sabzivárí, ein bekannter persischer Philosoph und Dichter, Zeitgenosse Bahá’u’lláhs. Er starb 1873.
A35 Mírzá Abu’l-Qásim-i-Faráhání Qá’im-Maqám, ein geachteter Dichter und Gelehrter in der Regierungszeit von Fatḥ-‘Alí Sháh, war ein Freund von Mírzá Buzurg, dem Vater Bahá’u’lláhs. Qá’im-Maqám wurde 1821 persischer Ministerpräsident; aber 1835 ließ ihn Muḥammad Sháh auf Betreiben von Ḥájí Mírzá Áqásí töten.
A36 1852/3 n. Chr – Anm. d. Hrsg.
A37 Muḥammad-Javád-i-Qazvíní, dem Bahá’u’lláh den Ehrennamen Ismu’lláhi’l-Júd (der Name Gottes, Großmut) beilegte, schrieb während Bahá’u’lláhs Amtszeit viele Sendschreiben von Ihm ab, brach aber später das Bündnis (siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 459).
A38 Azal, (Mírzá Yaḥyá, der ungetreue Halbbruder Bahá’u’lláhs.
A39 Ein Dorf bei Iṣfahán.
A40 vgl. Qur’án 2:253, 22:14, 22:18 – Anm. d. Hrsg.
A41 Mírzá Hádí Dawlat-Ábádí, ein Geistlicher aus Iṣfahán, wurde Anhänger des Báb und unterstützte später Mírzá Yaḥyá, der ihn zu seinem Vertreter im Írán und zu seinem Nachfolger ernannte. Als die Bábís verfolgt wurden, widerrief er seinen Glauben. [Siehe auch Ṭarázát 4:31 – Anm. d. Hrsg.].
A42 Mírzá Ashraf, der in der Stadt Iṣfahán den Märtyrertod starb. Siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 357.
A43 Die beiden Hände der Sache Gottes, Ḥájí Mullá ‘Alí-Akbar-i-Shahmírzádí und Ḥájí Abu’l-Ḥasan-i-Ardakání Amín-i-Iláhí (Treuhänder der Ḥuqúqu’lláh) wurden 1891 in Qazvín gefangengesetzt, später in das Gefängnis von Ṭihrán verlegt.
A44 Ṭihrán
A45 Prinz Maḥmúd Mírzá Jalálu’d-Dawlih, Gouverneur von Yazd.
A46 ›verflucht‹.
A47 Bahá’.
A48 Jamáli’d-Dín-i-Afghání. Vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 551.
A49 ›Die sichere Handhabe‹.
A50 der Buchstabe ›B‹, der zweite im Alphabet.
A51 Mathání = ›doppelt‹, die Eröffnungssure des Qur’án, die mit dem Buchstaben ›B‹ beginnt: Bismi’lláhu’r-Raḥmánu’r-Raḥím (Im Namen Gottes, des Erbarmers, des Gnädigen). Diese Súrah wurde zweimal, in Mekka und in Medina, offenbart.
A52 Mathání = ›doppelt‹, die Eröffnungssure des Qur’án, die mit dem Buchstaben ›B‹ beginnt: Bismi’lláhu’r-Raḥmánu’r-Raḥím (Im Namen Gottes, des Erbarmers, des Gnädigen). Diese Súrah wurde zweimal, in Mekka und in Medina, offenbart.
A53 Jesus.
A54 Moses.
A55 Ṭihrán.
A56 Mázindarán.
A57 Das Sendschreiben war gerichtet an Jalíl-i-Khu’í, einen der frühen Gläubigen in Ádhirbáyján. Nach dem Hinscheiden Bahá’u’lláhs brach er Dessen Bündnis.
A58 vgl. Qur’án 14:28.
A59 vgl. Qur’án 83:6 – Anm. d. Hrsg.
A60 vgl. Qur’án 99:4 – Anm. d. Hrsg.
A61 Mekka.
A62 Muḥammad.
A63 Mírzá Yaḥyá.
A64 Muḥammad.
A65 Moses.
A66 Jesus.
A67 Qur’án-Stellen, die auf die ›Stunde‹ verweisen, sind sehr häufig, etwa 30:12, 79:42; vgl. auch Mt. 24:36, 24:44, 24:50; Lk. 12:40; Joh. 5:25, 5:28; Offb. 3:3 – Anm. d. Hrsg.
A68 vgl. Qur’án 69:1–3 – Anm. d. Hrsg.
A69 Sáhirah, vgl. Qur’án 79:14 – Anm. d. Hrsg.
A70 vgl. Qur’án 99 (az-Zilzilah), 22:1 – Anm. d. Hrsg.
A71 vgl. Qur’án 101 (al-Qári‘ah), 79:34 – Anm. d. Hrsg.
A72 vgl. Qur’án 20:111 – Anm. d. Hrsg.
A73 vgl. Qur’án 69:7 – Anm. d. Hrsg.
A74 vgl. Qur’án 54:20, 69:7 – Anm. d. Hrsg.
A75 vgl. Qur’án 20:105, 77:10 – Anm. d. Hrsg.
A76 Adrianopel.
A77 vgl. Qur’án 6:73, 18:99, 20:102, 23:101, 27:87, 36:51, 39:68, 50:20, 69:13, 78:18 – Anm. d. Hrsg.
A78 vgl. Qur’án 27:66 – Anm. d. Hrsg.
A79 vgl. Qur’án 2:203, 3:12, 3:25, 3:158, 4:87, 4:172, 5:109, 6:12, 6:22, 10:28, 10:45, 15:25, 17:97, 18:99, 19:85, 20:102, 25:17, 34:40, 37:22, 42:7, 42:29, 45:26, 64:9, 77:38 – Anm. d. Hrsg.
A80 vgl. Qur’án 20:125 – Anm. d. Hrsg.
A81 Bahá’u’lláh hat den ganzen Abschnitt 8:35 mindestens dreimal offenbart, nämlich hier, dann im Brief an den Sohn des Wolfes 192 (S. 117–119), und – wie aus der nächsten Zeile hervorgeht – früher schon einmal – Anm. d. Hrsg.
A82 Qayyúmu’l-Asmá’, Kap. 57, Selections from the Writings of the Báb 2:27:3, (S. 58); vgl. auch Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 247 – Anm. d. Hrsg.
A83 Garten Na‘mayn in ‘Akká, von Bahá’u’lláh mit der Benennung Riḍván geehrt, nicht zu verwechseln mit dem Garten Riḍván in Baghdád (vgl. Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 338) – Anm. d. Hrsg.
A84 Arabisch.
A85 Persisch.
A86 Siehe auch: 17:7:3, 17:8:8 – Anm. d. Hrsg.
A87 Muḥammad [Qur’án 33:40 – Anm. d. Hrsg.].
A88 die Imáme.
A89 der Báb.
A90 Kitáb-i-Aqdas.
A91 vgl. Qur’án 39:68 – Anm. d. Hrsg.
A92 arab. ›Zier der Gott Nahen‹, einer der frühen Gläubigen, der den Freunden durch seine zuverlässigen Abschriften der Sendschreiben Bahá’u’lláhs vertraut ist (vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Vorbilder der Treue, Kap. 58: »Zaynu’l-Muqarrabín«).
A93 Solche Darlehnen werfen keine Zinsen ab und sie können zurückgezahlt warden, wann immer es dem Schuldner genehm ist.
A94 vgl. dazu Ex2. 22:24, Lev. 25:36–37, Dtn5. 23:20–21, Ps. 15:5, Hes. 18:8, 18:13, 18:17, 22:12, Qur’án 2:275–276, 2:278–279, 3:130, 30:39 – Anm. d. Hrsg.
A95 Nach dem Abjad-System hat der Name ›Muḥammad‹ denselben Zahlenwert wie ›Nabíl‹.
A96 In einem Sendschreiben erklärt Bahá’u’lláh: »Der Heilige Baum [Sadrat] ist in einem bestimmten Sinn die Manifestation des einen wahren Gottes, gepriesen sei Er. Der Gesegnete Baum im Lande Za‘farán bezieht sich auf das blühende, selige, heilige, duftende Land, wo dieser Baum gepflanzt worden ist.«.
A97 Awwalíyyah – Anm. d. Hrsg.
A98 siehe dazu die Erklärung ‘Abdu’l-Bahás in Má’idiy-i-Ásamání, Bd. 2 (Sammlung von Ishráq-Khávarí), p. 140–143, dt. in: Bahá’í-Briefe, 1962, S. 187–189 – Anm. d. Hrsg.
A99 Ḥarárah – Anm. d. Hrsg.
A100 Imtizáj – Anm. d. Hrsg.
A101 Fá‘il – Anm. d. Hrsg.
A102 Munfa’il – Anm. d. Hrsg.
A103 Ṭabí‘ah – Anm. d. Hrsg.
A104 Jawhar – Anm. d. Hrsg.
A105 ‘Anáṣir – Anm. d. Hrsg.
A106 Usṭuqussát – Anm. d. Hrsg.
A107 Amr – Anm. d. Hrsg.
A108 Kawn – Anm. d. Hrsg.
A109 vgl. ‘Abdu’l-Bahá, Bahá’í-Briefe 1962, S. 187–189 – Anm. d. Hrsg.
A110 Imkán – Anm. d. Hrsg.
A111 siehe auch: 11:29, 13:13 – Anm. d. Hrsg.
A112 In vielen der folgenden Abschnitte über die griechischen Philosophen zitiert Bahá’u’lláh wörtlich die Werke von muslimischen Geschichtsschreibern wie Abu’l-Fatḥ-i-Shahristání (1076–1153 n. Chr.) und ‘Imádu’d-Dín Abu’l-Fidá (1273–1331 n.Chr.).
A113 al-Jasad al-Juwwání – Anm. d. Hrsg.
A114 In einem Seiner Sendschreiben erklärt Bahá’u’lláh: »Der erste, der sich der Philosophie widmete, war Idrís. Das war sein Name. Manche nennen ihn auch Hermes. In jeder Sprache hat er einen besonderen Namen. Er hat in jedem Zweig der Philosophie gründliche, überzeugende Feststellungen getroffen. Nach ihm leitete Balínús seine Erkenntnisse und Wissenschaften von den Tafeln des Hermes her; die meisten späteren Philosophen machten ihre philosophischen und wissenschaftlichen Entdeckungen in seinen Worten und Erklärungen…« Im Qur’án 19:56–57 steht: »Und gedenke des Idrís in dem Buche; denn er war ein Mann der Wahrheit, ein Prophet. Und wir hoben ihn zu einem Platz hoch droben empor.«.
A115 In vielen der folgenden Abschnitte über die griechischen Philosophen zitiert Bahá’u’lláh wörtlich die Werke von muslimischen Geschichtsschreibern wie Abu’l-Fatḥ-i-Shahristání (1076–1153 n. Chr.) und ‘Imádu’d-Dín Abu’l-Fidá (1273–1331 n.Chr.).
A116 Siyásí – Anm. d. Hrsg.
A117 Obgleich Nachforschungen inzwischen ergeben haben, daß diese Tafel schon vor dem Kitáb-i-Aqdas offenbart wurde, wird sie bis auf Weiteres in dieser Textsammlung veröffentlicht.
A118 Muḥammad.
A119 Mekka.
A120 Arabisch.
A121 Moses.
A122 Siehe auch: 9:20, 13:13 – Anm. d. Hrsg.
A123 Muḥammad-Ḥusayn, einer der frühen Gläubigen aus Shíráz, dem Bahá’u’lláh den Ehrennamen Vafá (Treue) gab.
A124 der Größte Name.
A125 Mullá Ḥusayn-i-Bushrú’í.
A126 al-A‘lá – Anm. d. Hrsg.
A127 al-Abhá – Anm. d. Hrsg.
A128 der Hersteller des Goldenen Kalbes; vgl. Qur’án 20:85–98.
A129 Siyyid Mihdíy-i-Dahají, an den dieses Sendschreiben gerichtet war, hatte von Bahá’u’lláh den Titel Ismu’lláhu’l-Mihdí (Der Name Gottes Mihdí) erhalten. Er brach später das Bündnis (siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 600). [Siehe auch: Tahezadeh, The Revelation of Bahá’u’lláh, Bd. II, p. 154, p. 329f, p. 349 – Anm. d. Hrsg.].
A130 Nabíl-i-Akbar. Vgl. 9:0, Lawḥ-i-Ḥikmat, einleitende Fußnote.
A131 vgl. Qur’án 5:32 – Anm. d. Hrsg.
A132 Mekka.
A133 Fáṭimah, die Tochter Muḥammads.
A134 Jesus.
A135 Jesus.
A136 Der Heilige Lotosbaum, the Baum über den hinaus niemand gehen kann (siehe Qur’án 53:8–18). Ein Symbol für den Offenbarer Gottes. (Siehe Gott geht vorüber 132).
A137 Moses.
A138 Jesus.
A139 Napoleon III.
A140 Muḥammad.
A141 Fáṭimah, die Tochter Muḥammads.
A142 Adrianopel.
A143 Der Imám-Jum‘ih von Iṣfahán, vgl. 14:0, Lawḥ-i-Burhán, einleitende Fußnote.
A144 Fáṭimah.
A145 Der König der Märtyrer und der Geliebte der Märtyrer.
A146 vgl. Qur’án 3:59 – Anm. d. Hrsg.
A147 Jesus.
A148 Ismael.
A149 ‘Abdu’l-Bahá.
A150 Muḥammad-‘Alí.
A151 ‘Abdu’l-Bahá.
A152 Beirut. Dieses Tablet ist »ein von Bahá’u’lláh diktiertes und durch Seinen Schreiber Mírzá Áqá Ján mit Anschrift versehenes Schreiben an ‘Abdu’l-Bahá, der zu der Zeit auf Besuch in Beirut weilte«Q26
A153 des Báb.
A154 vgl. Qur’án 1:6, 2:113, 3:101, 6:161, 22:54, 81:28, u. a. – Anm. d. Hrsg.
A155 vgl. Qur’án 11:28, 11:63, 32:2, 56:80, u. a. – Anm. d. Hrsg.
A156 Siehe auch: 8:46, 17:8:8 – Anm. d. Hrsg.
A157 Muḥammad-Javád-i-Qazvíní, dem Bahá’u’lláh den Ehrennamen Ismu’lláhi’l-Júd (der Name Gottes, Großmut) beilegte, schrieb während Bahá’u’lláhs Amtszeit viele Sendschreiben von Ihm ab, brach aber später das Bündnis (siehe Shoghi Effendi, Gott geht vorüber 459).
A158 Siehe auch: 8:53, 11:15 – Anm. d. Hrsg.
A159 Siehe auch: 8:46, 17:7:3 – Anm. d. Hrsg.
A160 Mose.
A161 Ḥájí Mírzá Ḥaydar-‘Alí war ein hervorragender persischer Bahá’í-Lehrer und -Schriftsteller. Er verbrachte neun Jahre in Khárṭúm als Gefangener und Verbannter, machte ausgedehnte Reisen durch den Írán und starb 1920 im Heiligen Land. Abendländische Pilger kennen ihn als den Engel vom Berg Karmel. [Seine Autobiographie (Bihjatu’ṣ-Ṣudúr, Bombay 1913) wurde von A. Q. Faizi gekürzt in englischer Sprache herausgegeben unter dem Titel: Stories from the Delight of Hearts, Los Angeles 1980. Die deutsche Übersetzung trägt den Titel Die Freude der Herzen, Hofheim, 2015. – Anm. d. Hrsg.].
A162 Siehe auch: 2:21 – Anm. d. Hrsg.
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