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الإسبانية — Epistola al Hijo del Lobo.txt
Source: Bahá'í Library Online (bahai-library.com), curated by Jonah Winters. Used by permission of the curator. Original citation: Bahá'u'lláh, Epistola al Hijo del Lobo, bahai-library.com.
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Epistola al Hijo del Lobo

Bahá'u'lláh

n.d.
original title

Lawh-i-Ibn-i-Dhib

Título original en inglés:

Epistle to the Son of the Wolf
En el nombre de Dios, el Único, el Incomparable, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnisapiente.

Alabado sea Dios, el Eterno que no perece, el Sempiterno que no declina, el Autosubsistente que no cambia. Él es Aquel que es trascendente en Su soberanía, que Se halla manifiesto por medio de Sus signos y está oculto por Sus misterios. Él es Aquel por cuyo mandato ha sido enarbolado el estandarte de la Más Exaltada Palabra en el mundo de la creación, y la enseña de "Él hace lo que Él desea" fue izada en medio de todos los pueblos. Él es Quien ha revelado Su Causa para guía de Sus criaturas y ha hecho descender Sus versos para demostrar Su Prueba y Su Testimonio, y Quien embelleció el prefacio del Libro del Hombre con el ornamento de la expresión, mediante Su sentencia: "El Dios de Misericordia ha profesado el Corán, ha creado al hombre y le ha enseñado a articular palabra". No existe otro Dios más que Él, el Único, el Incomparable, el Fuerte, el Poderoso, el Benéfico.

La luz que irradia desde el cielo de la generosidad y la bendición que fulgura desde el lugar del amanecer de la voluntad de Dios, el Señor del Reino de los Nombres, descansen sobre Él, Quien es el Supremo Mediador, la Pluma Más Exaltada, Aquel a Quien Dios ha hecho el lugar del amanecer de Sus más excelentes nombres y la aurora de Sus más exaltados atributos. A través de Él, la luz de la unidad ha brillado sobre el horizonte del mundo y la ley de la unicidad ha sido revelada entre las naciones, las cuales, con rostros radiantes, se han vuelto hacia el Horizonte Supremo y han reconocido aquello que la Lengua de Expresión ha hablado en el reino de Su conocimiento: "¡Tierra y cielo, gloria y dominio son de Dios, el Omnipotente, el Todopoderoso, el Señor de abundante gracia!"

Presta atención, oh distinguido teólogo, a la voz de este Agraviado. Él, verdaderamente, te aconseja por amor a Dios y te exhorta a lo que te acercará a Él en todas las circunstancias. Él es, en verdad, el Todoposeedor, el Exaltado. Sabe que el oído del hombre ha sido creado para escuchar la Voz Divina en este Día que ha sido mencionado en todos los Libros, Escrituras y Tablas. Primero purifica tu alma con las aguas del renunciamiento y engalana tu cabeza con la corona del temor de Dios, y tu sien con el ornamento de la confianza en Él. Luego, levántate con tu rostro vuelto hacia la Más Grande Casa, el Lugar en cuyo derredor todos los habitantes de la tierra deben circular como ha sido decretado por el Rey Eterno, y recita:

"¡Oh Dios, mi Dios, mi Deseo, mi Adorado, mi Maestro, mi Apoyo, mi mayor Esperanza y mi suprema Aspiración! Tú me ves volviéndome hacia Ti, asiéndome firmemente a la cuerda de Tu munificencia, adhiriéndome a la orla de Tu generosidad, reconociendo la Santidad de Tu Ser y la pureza de Tu Esencia, y atestiguando Tu unidad y Tu unicidad. Doy testimonio de que Tú eres el Único, el Sin Par, el Incomparable, el Siempre Perdurable. Tú no tomaste socio en Tu dominio ni escogiste a un igual a Ti Mismo sobre la tierra. Todas las cosas creadas han dado testimonio de lo que la Lengua de Tu grandeza ha testificado antes de que fueran creadas. ¡Verdaderamente, Tú eres Dios; no existe otro Dios sino Tú! Desde la eternidad Tú fuiste santificado de la mención de Tus siervos y exaltado por encima de la descripción de Tus criaturas. Tú contemplas, oh Señor, al ignorante tratando de alcanzar el océano de Tu conocimiento; al angustiado sediento, las aguas vivientes de Tu expresión; al humillado, el tabernáculo de Tu gloria; al pobre, el tesoro de Tus riquezas; al suplicante, el punto del amanecer de Tu sabiduría; al débil, la fuente de Tu fortaleza; al desdichado, el cielo de Tu merced; al mudo, el reino de la mención de Ti.

Testifico, oh mi Dios y mi Rey, que Tú me has creado para recordarte, para glorificarte y para ayudar a Tu Causa. Y, sin embargo, he ayudado a Tus enemigos, quienes han violado Tu Convenio, quienes han desechado Tu Libro, no han creído en Ti y han repudiado Tus signos. ¡Ay!, ¡ay!, por mi rebeldía, mi vergüenza, mi depravación y mi maldad, que me han impedido alcanzar las profundidades del océano de Tu unidad y sondear el mar de Tu misericordia. Por tanto, ¡ay!, ¡ay!, y nuevamente ¡ay!, ¡ay!, ¡por mi desdicha y la gravedad de mis transgresiones! Tú me llamaste a la existencia, oh mi Dios, para exaltar Tu Palabra y manifestar Tu Causa. Sin embargo, mi negligencia me ha desalentado y me ha rodeado de una manera tal que me he levantado a borrar Tus signos y a derramar la sangre de Tus amados, y la de los puntos del amanecer de Tus signos, y la de las auroras de Tu revelación, y la de los repositorios de Tus misterios.

¡Oh Señor, mi Señor!, y nuevamente, ¡oh Señor, mi Señor!, y nuevamente aún, ¡oh Señor, mi Señor! Doy testimonio de que, a causa de mi iniquidad, los frutos del árbol de Tu justicia han caído y, mediante el fuego de mi rebeldía, fueron consumidos los corazones de aquellas criaturas Tuyas que han gozado de cercano acceso a Ti y las almas de los sinceros entre Tus siervos se han fundido. ¡Oh, miserable, miserable de mí! ¡Oh, las crueldades, las manifiestas crueldades que he infligido! Desdichado de mí, desdichado de mí por mi lejanía de Ti, por mi depravación, mi ignorancia, mi vileza, mi repudio de Ti y mis protestas contra Ti. ¡Cuántos los días durante los que Tú pediste a Tus siervos y a Tus amados que me protegieran, mientras yo les ordenaba que Te hicieran daño y que hicieran daño a aquellos en quienes Tú habías confiado! ¡Y cuán numerosas las noches en las que Tú bondadosamente me recordabas y me indicabas Tu sendero, mientras yo me alejaba de Ti y de Tus signos! ¡Por Tu gloria! ¡Oh Tú, Quien eres la Esperanza de aquellos que han reconocido Tu unidad y el Deseo de los corazones de quienes se han librado de todo afecto salvo de Ti! No hallo socorredor fuera de Ti, ni rey, ni refugio, ni asilo fuera de Ti Mismo. ¡Ay!, ¡ay! Mi alejamiento de Ti ha abrasado el velo de mi integridad y mi negación de Ti ha rasgado el manto que cubre mi honor. ¡Oh, si pudiera estar en lo más hondo de las profundidades de la tierra, para que mis malas acciones pudieran permanecer desconocidas a Tus siervos! Tú ves al pecador, oh mi Señor, que se ha vuelto hacia el punto del amanecer de Tu perdón y Tu generosidad, y a la montaña de iniquidad que ha buscado el cielo de Tu misericordia e indulgencia. ¡Ay! ¡ay! Mis enormes pecados me han impedido aproximarme a la corte de Tu misericordia y mis monstruosas acciones me han extraviado lejos del santuario de Tu presencia. En verdad, yo soy el que ha faltado en su deber hacia Ti y ha violado Tu Convenio y Tu Testamento, y ha cometido lo que ha hecho que se lamentaran los moradores de las ciudades de Tu justicia y los puntos del amanecer de Tu gracia en Tus dominios. Atestiguo, oh mi Dios, que he repudiado Tus mandamientos y me he adherido a los dictados de mis pasiones, y he desechado los estatutos de Tu Libro y me he aferrado al libro de mi propio deseo. ¡Oh miseria, miseria! A medida que mis iniquidades se hacían más y más grandes, Tu indulgencia hacia mí aumentaba; y a medida que el fuego de mi rebeldía se hacía más violento, Tu perdón y favor trataban, cada vez más, de sofocar su llama. ¡Por el poder de Tu fuerza! ¡Oh Tú que eres el deseo del mundo y el Más Amado de las naciones! Tu longanimidad me ha envanecido y Tu paciencia me ha envalentonado. Tú ves, oh mi Dios, las lágrimas que mi vergüenza ha provocado y los suspiros que mi negligencia me ha inducido a exhalar. ¡Juro por la grandeza de Tu majestad! No puedo encontrar habitación alguna para mí, salvo bajo la sombra de la corte de Tu generosidad, ni refugio alguno sino bajo el dosel de Tu misericordia. Tú me ves en medio de un mar de desesperanza y desaliento, después de que me has hecho oír Tus palabras: '¡No desesperes!' ¡Por Tu poder! Mi enconada injusticia ha cercenado la cuerda de mi esperanza y mi rebeldía ha oscurecido mi rostro ante el trono de Tu justicia. Tú ves, oh mi Dios, a aquel que está postrado como un muerto ante la puerta de Tu favor, avergonzado de buscar, de la mano de Tu amorosa bondad, las vivientes aguas de Tu perdón. Tú me has dado una lengua para recordarte y alabarte y, sin embargo, ella ha expresado lo que ha hecho que se disolvieran las almas de aquellos escogidos Tuyos que se hallan cerca de Ti y que fueran consumidos los corazones de los sinceros entre los moradores de las habitaciones de santidad. Tú me has dado ojos para atestiguar Tus signos y para admirar Tus versos y contemplar las revelaciones de Tu obra; pero yo he rechazado Tu voluntad y he cometido lo que ha causado que los fieles entre Tus criaturas y los desprendidos entre Tus siervos gimieran. Tú me has dado oídos para inclinarlos hacia Tu alabanza y Tu celebración, y hacia aquello que hiciste descender desde el cielo de Tu generosidad y el firmamento de Tu voluntad. Y aun así, ¡ay!, ¡ay!, he renegado de Tu Causa, y he ordenado a Tus siervos que blasfemen contra Tus fieles y Tus amados, y he actuado de tal modo ante el trono de Tu justicia que aquellos que han reconocido Tu unidad y están enteramente dedicados a Ti entre los moradores de Tu reino han llorado con doloroso lamento. Yo no sé, oh mi Dios, cuál de mis actos perversos he de mencionar ante el ondeante océano de Tu favor, ni cuál de mis transgresiones he de declarar cuando me encuentre cara a cara con los esplendores de los soles de Tus excelentes dádivas y generosidades.

Te imploro en este mismo instante, por los misterios de Tu Libro, por las cosas ocultas en Tu conocimiento y por las perlas que yacen escondidas en las conchas del océano de Tu misericordia, que me cuentes entre aquellos que Tú has mencionado en Tu Libro y has descrito en Tus Tablas. ¿Has decretado para mí, oh mi Dios, alguna alegría después de esta tribulación o algún alivio que suceda a esta aflicción o alguna tranquilidad que sobrevenga a esta inquietud? ¡Ay!, ¡ay! Tú has ordenado que cada púlpito sea reservado para Tu mención, para la glorificación de Tu Palabra y la revelación de Tu Causa, pero yo he subido a él para proclamar la violación de Tu Convenio y he dirigido a Tus siervos palabras tales que han hecho que los moradores de los Tabernáculos de Tu majestad y los habitantes de las Ciudades de Tu sabiduría se lamenten. ¡Cuán a menudo has hecho descender el alimento de Tu expresión desde el cielo de Tu generosidad y yo lo he rechazado; y cuán numerosas las ocasiones en las que me has convocado a las suaves y fluyentes aguas de Tu misericordia, de las que preferí alejarme por seguir mi propio anhelo y deseo! ¡Por Tu gloria! No sé por qué pecado rogar Tu clemencia e implorar Tu perdón, ni por cuál de mis iniquidades volverme hacia la Corte de Tu generosidad y el Santuario de Tu favor. Son tales mis pecados y transgresiones que ningún hombre puede enumerarlos ni pluma alguna los puede describir. Yo Te imploro, oh Tú que tornaste la oscuridad en luz y revelaste Tus misterios en el Sinaí de Tu Revelación, que me ayudes en todo momento a depositar mi confianza en Ti y a poner mis asuntos bajo Tu cuidado. Haz, pues, oh mi Dios, que me contente con lo que el dedo de Tu decreto ha trazado y la pluma de Tu mandato ha escrito. Potente eres Tú para hacer lo que Te place, y en Tu puño se hallan las riendas de todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. No existe otro Dios más que Tú, el Omnisciente, el Omnisapiente".

¡Oh Shaykh! Sabe que ni las calumnias que los hombres puedan proferir, ni sus negaciones ni cualesquier argucias que puedan urdir serán capaces de hacerle daño a quien se ha asido de la cuerda de la gracia y se ha aferrado a la orla de la misericordia del Señor de la creación. ¡Por Dios! Él, la Gloria de Dios (Bahá), no ha hablado por mero impulso. Quien Le ha dado la voz es Aquel que ha dado la voz a todas las cosas para que puedan alabarle y glorificarle. No existe otro Dios más que Él, el Único, el Incomparable, el Señor de fortaleza, el Incondicionado.

Aquellos cuya vista es perspicaz, cuyos oídos son retentivos, cuyos corazones están iluminados y cuyos pechos están henchidos, reconocen tanto la verdad como la falsedad y distinguen la una de la otra. Recita esta oración que ha fluido de la lengua de este Agraviado, reflexiona sobre ella con un corazón libre de todo apego y, con oídos puros y consagrados, pon atención a su significado, que quizá puedas inhalar el hálito del desprendimiento y tengas piedad para contigo mismo y para con los demás:

"¡Mi Dios, el Objeto de mi adoración, la Meta de mi deseo, el Todogeneroso, el Más Compasivo! Toda vida es Tuya y todo poder se halla dentro del puño de Tu omnipotencia. A quienquiera Tú hayas exaltado es elevado por encima de los ángeles y alcanza la posición de: '¡Verdaderamente, le hemos elevado a un lugar en lo alto!'; y a quienquiera Tú hayas humillado, es degradado por debajo del polvo, más aún, menos que nada. ¡Oh Divina Providencia! Aunque perversos, pecadores e intemperantes, buscamos aún una 'sede de verdad' en Ti, y anhelamos contemplar el semblante del Rey Omnipotente. Es de Ti ordenar, toda soberanía Te pertenece y el reino de poder se prosterna ante Tu mandato. Todo lo que Tú haces es justicia pura, más aún, la esencia misma de la gracia. Un destello de los esplendores de Tu Nombre, el Todocompasivo, es suficiente para desterrar y borrar todo rasgo de depravación del mundo, y un solo hálito de las brisas del Día de Tu Revelación es suficiente para adornar a toda la humanidad con un nuevo atavío. Concede Tu fortaleza, oh Todopoderoso, a Tus débiles criaturas, y resucita a los que están como muertos, que quizá puedan encontrarte, se dirijan hacia el océano de Tu guía y permanezcan firmes en Tu Causa. Si la fragancia de Tu alabanza fuese difundida en cualquiera de las diversas lenguas del mundo, del Oriente o del Occidente, ella sería, verdaderamente, apreciada y profundamente estimada. No obstante, si dichas lenguas estuviesen desprovistas de tal fragancia, seguramente serían indignas de mención alguna, de palabra o aun de pensamiento. Te rogamos, oh Providencia, que muestres Tu sendero a todos los hombres y que les guíes rectamente. Tú eres, en verdad, el Omnipotente, el Más Poderoso, el Omnisciente, el Todoveedor".

Imploramos a Dios que te ayude a ser justo e imparcial, y te haga saber de las cosas que se hallaban ocultas a los ojos de los hombres. Él es, en verdad, el Poderoso, el Libre. Te pedimos que reflexiones acerca de lo que ha sido revelado y que seas recto y justo en tu habla, que quizá los esplendores del sol de la veracidad y la sinceridad puedan brillar, y puedan librarte de la oscuridad de la ignorancia e iluminar al mundo con la luz del conocimiento. Este Agraviado no ha frecuentado escuela alguna ni ha atendido a las controversias de los eruditos. ¡Por Mi vida! No Me he revelado por Mi propia voluntad, sino que Dios, de Su propia elección, Me ha manifestado. En la Tabla dirigida a Su Majestad el Sháh -quiera Dios, bendito y glorificado sea Él, asistirle- han surgido estas palabras de la lengua de este Agraviado:

"¡Oh rey! Yo no era más que un hombre como los demás; dormía en Mi lecho cuando, he aquí, las brisas del Todoglorioso soplaron sobre Mí y Me enseñaron el conocimiento de todo lo que ha sido. Esto no es de Mí, sino de Uno que es Todopoderoso y Omnisciente. Y Él Me ordenó elevar Mi voz entre la tierra y el cielo, y por eso Me aconteció lo que ha hecho correr las lágrimas de todo hombre de entendimiento. La erudición corriente entre los hombres no la estudié; en sus escuelas Yo no entré. Pregunta en la ciudad donde habitaba, para que puedas estar bien seguro de que Yo no soy de los que hablan con falsedad. Ésta no es sino una hoja que han agitado los vientos de la voluntad de tu Señor, el Todopoderoso, el Todoalabado. ¿Puede estarse quieta cuando soplan los vientos tempestuosos? ¡No, por Aquel que es el Señor de todos los Nombres y Atributos! Ellos la mueven de acuerdo con sus cambios de dirección. Lo efímero es como la nada ante Aquel que es el que Siempre Perdura. Su irresistible llamamiento Me ha alcanzado y Me ha hecho pronunciar Su alabanza entre todos los pueblos. De hecho, yo estaba como muerto cuando se pronunció Su orden. La mano de la voluntad de tu Señor, el Compasivo, el Misericordioso, Me transformó".

Ahora es el momento de purificarte con las aguas del desprendimiento que han fluido de la Pluma Suprema y reflexionar, totalmente por amor a Dios, sobre las cosas que una y otra vez han sido reveladas o manifestadas, y luego esforzarte todo lo que puedas por sofocar, mediante el poder de la sabiduría y la fuerza de tu palabra, el fuego de la enemistad y el odio que está latente en los corazones de los pueblos del mundo. Los Mensajeros Divinos han sido enviados, y sus Libros han sido revelados con el propósito de promover el conocimiento de Dios y fomentar la unidad y camaradería entre los hombres. Mas ahora, observa cómo ellos han hecho de la Ley de Dios una causa y un pretexto para la perversidad y el odio. ¡Cuán penoso, cuán lamentable es que la mayoría de los hombres se aferren y se ocupen de las cosas que poseen, y estén ajenos y apartados, como por un velo, de las cosas que Dios posee!

Di: "¡Oh Dios, mi Dios! Atavía mi cabeza con la corona de la justicia y mi sien con el ornamento de la equidad. Tú, verdaderamente, eres el Poseedor de todas las dádivas y generosidades".

La justicia y la equidad son dos Guardianes gemelos que velan a los hombres. De ellas han sido reveladas tales palabras benditas y perspicuas que son la causa del bienestar del mundo y la protección de las naciones.

Estas palabras han fluido de la pluma de este Agraviado en una de Sus Tablas: "El propósito del Dios único y verdadero, exaltada sea Su gloria, ha sido poner de manifiesto las Gemas Místicas de la mina del hombre, Quienes son los Lugares del Amanecer de Su Causa y los Repositorios de las perlas de Su conocimiento; pues Dios Mismo, glorificado sea Él, es el Invisible, el Único encubierto y oculto a los ojos de los hombres. Considera lo que el Misericordioso ha revelado en el Corán: ¡Ninguna visión lo abarca a Él, pero Él abarca toda visión, y Él es el Sutil, el Todoinformado!"

En este Día, es de la esencia de la Fe de Dios y de Su Religión el que las diferentes comuniones de la tierra y los múltiples sistemas de creencia religiosa nunca debieran permitir que se alimenten los sentimientos de animosidad entre los hombres. Estos principios y leyes, estos sistemas poderosos y firmemente establecidos han procedido de una sola Fuente y son los rayos de una misma Luz. El que difieran unos de otros debe ser atribuido a los variables requerimientos de los tiempos en que fueron promulgados.

¡Oh pueblo de Bahá! Aprestaos en vuestro empeño, para que quizá el tumulto de la discordia y la lucha religiosa que agita a los pueblos de la tierra sea aquietado y todas sus huellas sean completamente borradas. Por el amor de Dios y por aquellos que Le sirven, levantaos para ayudar a esta la más sublime y trascendental Revelación. El fanatismo y el odio religiosos son un fuego que devora al mundo y cuya violencia nadie puede extinguir. Tan sólo la Mano del Poder Divino puede librar a la humanidad de esta aflicción desoladora. Considerad la guerra que ha envuelto a las dos naciones; cómo ambos bandos han renunciado a sus posesiones y a sus vidas. ¡Cuántas las aldeas que han sido completamente destruidas!

La expresión de Dios es una lámpara cuya luz son estas palabras: Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama. Trataos unos a otros con el mayor amor y armonía, con amistad y compañerismo. ¡Aquel que es el Sol de la Verdad es Mi testigo! Tan potente es la luz de la unidad que puede iluminar a la tierra entera. El único Dios verdadero, Quien conoce todas las cosas, atestigua Él Mismo la verdad de estas palabras.

Esforzaos para que podáis alcanzar esta trascendente y muy sublime posición, la posición que puede asegurar la protección y seguridad de toda la humanidad. Esta meta supera a todas las demás metas y esta aspiración es la reina de todas las aspiraciones. Sin embargo, mientras las espesas nubes de la opresión que oscurecen el sol de la justicia no sean disipadas, será difícil que la gloria de esta posición sea develada a los ojos de los hombres. Estas nubes espesas son los exponentes de las ociosas fantasías y las vanas imaginaciones que no son otras que los teólogos de Persia. En un tiempo hablamos en el lenguaje del legislador; en otro, en el del buscador de la verdad y el místico, y aun así Nuestro propósito supremo y Nuestro más elevado anhelo ha sido siempre el de revelar la gloria y sublimidad de esta posición. ¡Dios, verdaderamente, es testigo suficiente!

Asociaos con todos los hombres, oh pueblo de Bahá, en espíritu de amistad y compañerismo. Si estáis enterados de cierta verdad, si poseéis una joya de la que otros están privados, compartidla con ellos en un lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es aceptada, si cumple su propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la rehusara, dejadlo consigo mismo e implorad a Dios que le guíe. Guardaos de tratarle descortésmente. Una lengua amable es el imán de los corazones de los hombres. Es el pan del espíritu, reviste las palabras de significado, es la fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento.

En el pasaje anteriormente citado, por "teólogos" se quiere significar a aquellos hombres que exteriormente se atavían con la vestidura del conocimiento pero que, interiormente, están desprovistos de ella. Referente a esto, citamos en la Tabla dirigida a Su Majestad el Sháh ciertos pasajes de las "Palabras Ocultas" los cuales fueron revelados por la Pluma de Abhá con el nombre de "Libro de Fá¶imih", ¡que las bendiciones de Dios sean con ella!

"¡Oh vosotros que sois necios pero tenéis fama de ser sabios! ¿Por qué os disfrazáis de pastores, cuando interiormente os habéis vuelto lobos al acecho de Mi rebaño? Sois como la estrella que sale antes del alba y que, aunque parece brillante y luminosa, descarría a los viajeros de Mi ciudad hacia los senderos de la perdición."

Asimismo Él dice: "¡Oh vosotros que parecéis bellos pero por dentro sois viles! Sois como agua clara pero amarga, que aparentemente es pura y cristalina pero de la cual, al ser probada por el divino Catador, ni una gota es aceptada. Sí, el rayo de sol cae por igual sobre el polvo y el espejo; sin embargo, difieren en el reflejo, del mismo modo que la estrella de la tierra; más aún, ¡inmensurable es la diferencia!"

Y además Él dice: "¡Oh esencia del deseo! Muchas madrugadas he venido a tu morada desde los reinos del Irrestringido y te he encontrado en el lecho de la comodidad ocupado con otros fuera de Mí. Por eso, como el rayo del espíritu, volví a los reinos de gloria celestial y no lo mencioné a las huestes de santidad en Mis retiros de lo alto."

Y nuevamente Él dice: "¡Oh esclavo cautivo del mundo! Muchos amaneceres la brisa de Mi amorosa bondad sopló sobre ti y te halló profundamente dormido en el lecho de la negligencia. Lamentando entonces tu condición, regresó al lugar de donde venía."

No obstante, aquellos teólogos que están realmente adornados con el ornamento del conocimiento y poseen un buen carácter son, verdaderamente, como la cabeza para el cuerpo del mundo y como ojos para las naciones. En todos los tiempos, la guía de los hombres ha sido y es dependiente de semejantes almas benditas. Imploramos a Dios que les ayude con misericordia a hacer Su voluntad y deseo. En verdad, Él es el Señor de todos los hombres, el Señor de este mundo y del venidero.

¡Oh Shaykh! Nos hemos enterado de que te has apartado de Nosotros y que has protestado de tal forma en contra Nuestra que has ordenado al pueblo que Me maldiga y has decretado que la sangre de los siervos de Dios sea derramada. Que Dios recompense a quien dijo: "¡Con gusto obedeceré al juez que tan extrañamente ha decretado que mi sangre sea derramada en Æill y en Æaram!" En verdad digo: Cualquier cosa que acontezca en el sendero de Dios es lo amado por el alma y el deseo del corazón. El veneno mortal en Su sendero es miel pura, y cada tribulación, un sorbo de agua cristalina. En la Tabla a Su Majestad el Sháh está escrito: "¡Por Aquel que es la Verdad! No temo ninguna tribulación en Su sendero ni aflicción alguna en mi amor por Él. En verdad, Dios ha convertido la adversidad en rocío matinal sobre Su verde prado y en un pábilo para Su lámpara que ilumina tierra y cielo".

Dirige tu corazón hacia Aquel que es la Kaaba de Dios, el que Ayuda en el Peligro, Quien subsiste por Sí Mismo, y eleva tus manos con tan firme convicción que haga que las manos de todas las cosas creadas se eleven hacia el cielo de la gracia de Dios, el Señor de todos los mundos. Vuelve, entonces, tu rostro hacia Él, de tal modo que los rostros de todos los seres se vuelvan en la dirección de Su brillante y luminoso Horizonte, y di: "Tú me ves, oh mi Señor, con el rostro vuelto hacia el cielo de Tu munificencia y el océano de Tu favor, separado de todo excepto de Ti. Te pido, por los resplandores del sol de Tu revelación en el Sinaí y por los fulgores del astro de Tu gracia que brilla desde el horizonte de Tu Nombre, el que Siempre Perdona, que me otorgues Tu perdón y tengas compasión de mí. Decreta entonces para mí, con Tu pluma de gloria, aquello que me exalte por medio de Tu Nombre en el mundo de la creación. Ayúdame, oh mi Señor, a dirigirme hacia Ti y a escuchar la voz de Tus amados, a quienes los poderes de la tierra no han podido debilitar ni el dominio de las naciones ha podido apartar de Ti, los cuales avanzando hacia Ti han dicho: '¡Dios es nuestro Señor, el Señor de todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra!'"

¡Oh Shaykh! En verdad digo, el sello del Vino Escogido ha sido roto en el nombre de Aquel que Subsiste por Sí Mismo; no te prives de él. Este Agraviado habla enteramente por amor a Dios; asimismo, tú también deberías meditar, por amor a Dios, sobre las cosas que han sido enviadas y manifestadas, que quizá puedas tomar, en este bendito Día, tu porción de las generosas efusiones de Aquel que es realmente el Todogeneroso, y no quedar privado de ellas. Esto, en verdad, no sería difícil para Dios. ¡Adán, hecho del polvo por medio de la Palabra de Dios, fue elevado al trono celestial, y un mero pescador fue convertido en repositorio de la sabiduría Divina, y Abú-Dhar, el pastor, llegó a ser un príncipe de naciones!

Este Día, oh Shaykh, no ha sido nunca, ni es ahora, el Día en que las artes y las ciencias creadas por el hombre pueden ser consideradas como normas verdaderas para los hombres, ya que ha sido reconocido que Aquel que era totalmente ignorante en cualquiera de ellas ascendió al trono del oro más puro y ocupó la sede de honor en el consejo del conocimiento, mientras que el reconocido exponente y repositorio de esas artes y ciencias permaneció completamente excluido. Por "artes y ciencias" se quiere significar aquellas que comienzan con palabras y terminan con palabras. Sin embargo, aquellas artes y ciencias que producen buenos resultados, que brindan su fruto y conducen al bienestar y tranquilidad de los hombres, han sido y continuarán siendo aceptables ante Dios. Si prestases atención a mi voz, abandonarías todas tus posesiones y volverías tu rostro hacia el Lugar en que el océano de la sabiduría y expresión se ha agitado, y donde los dulces aromas de la amorosa bondad de tu Señor, el Compasivo, han sido difundidos.

Estimamos aconsejable, en relación con esto, recordar brevemente algunos acontecimientos pasados, que tal vez puedan ser el medio de vindicar la causa de la equidad y la justicia. En la época en que Su Majestad el Sháh, quiera Dios, su Señor, el Más Misericordioso, ayudarle mediante Su gracia fortalecedora, estaba planeando un viaje a IÐfahán, este Agraviado, habiendo obtenido su permiso, visitó los santos y luminosos sepulcros de los imames, ¡que las bendiciones de Dios sean con ellos! A Nuestro regreso, debido al excesivo calor reinante en la capital, viajamos a Lavásán. Después de Nuestra partida, sucedió el atentado contra la vida de Su Majestad, quiera Dios, exaltado y glorificado sea Él, asistirle. Esos días fueron días de conmoción y los fuegos del odio ardieron violentamente. Muchos fueron arrestados, entre ellos este Agraviado. ¡Por la rectitud de Dios! De ninguna forma estábamos vinculados a ese hecho infausto y Nuestra inocencia fue indiscutiblemente establecida por los tribunales. No obstante, Nos aprehendieron y desde Níyávarán, que por ese entonces era la residencia de Su Majestad, Nos condujeron a pie y encadenado, con la cabeza descubierta y descalzo, a la mazmorra de Teherán. Un hombre brutal que Nos acompañaba a caballo Nos arrebató el sombrero, mientras éramos conducido a toda prisa por una tropa de verdugos y oficiales. Fuimos consignados durante cuatro meses a un lugar pestilente más allá de toda comparación. Era preferible un angosto y oscuro foso a la mazmorra en que este Agraviado y otros agraviados en forma similar fueron encerrados. A Nuestra llegada, fuimos conducidos primero a lo largo de un corredor oscuro como la boca de un lobo, desde donde descendimos tres empinados tramos de escalera hasta el lugar de confinamiento que Nos había sido asignado. El calabozo estaba envuelto en profunda oscuridad y el número de Nuestros compañeros de prisión llegaba casi a ciento cincuenta personas: ladrones, asesinos y salteadores de caminos. Atestado como estaba, no tenía otra salida que el pasaje por el que entramos. No hay pluma que pueda describir aquel lugar, ni lengua alguna expresar su repugnante hedor. La mayoría de aquellos hombres no tenía vestimenta ni ropa de cama, ni colchón donde acostarse. ¡Sólo Dios sabe lo que Nos aconteció en aquel hediondo y tenebroso lugar!

Día y noche, mientras estuvimos confinados en aquel calabozo, meditábamos sobre los hechos, la condición y la conducta de los bábís, preguntándonos qué fue lo que indujo a gente tan magnánima, tan noble y tan inteligente, a perpetrar un acto tan audaz y ultrajante contra la persona de Su Majestad. Este Agraviado, por consiguiente, después de ser puesto en libertad decidió levantarse y emprender, con el mayor vigor, la tarea de regenerar a esta gente.

Cierta noche, en un sueño, se escucharon por doquier estas exaltadas palabras: "Verdaderamente, Nosotros Te haremos victorioso por Ti Mismo y por Tu Pluma. No Te aflijas por lo que Te ha acontecido ni temas porque Tú estás a salvo. Dentro de poco, Dios hará surgir los tesoros de la tierra -hombres que Te ayudarán por Ti Mismo y por Tu Nombre, para lo cual Dios ha hecho revivir los corazones de aquellos que Le han reconocido".

Y cuando este Agraviado salió de Su prisión, viajamos a Irak en cumplimiento de la orden de Su Majestad el Sháh -que Dios, exaltado sea Él, le proteja- escoltados por oficiales al servicio de los estimados y honorables gobiernos de Persia y Rusia. Después de Nuestra llegada, con la ayuda de Dios y Su Divina Gracia y misericordia, revelamos Nuestros versículos como lluvia copiosa y los enviamos a diferentes partes del mundo. Exhortamos a todos los hombres, y especialmente a esta gente, mediante Nuestros sabios consejos y amorosas admoniciones, y les prohibimos participar en actos de sedición, altercados, disputas y conflictos. Como consecuencia de ello, y por la gracia de Dios, la rebeldía y el desatino se transformaron en piedad y comprensión, y las armas fueron convertidas en instrumentos de paz.

Durante los días que pasé en la prisión de Teherán, a pesar de que el mortificante peso de las cadenas y la atmósfera hedionda Me permitían sólo un poco de sueño, aun en aquellos infrecuentes momentos de adormecimiento, sentía como si desde la corona de mi cabeza fluyera algo sobre Mi pecho, como un poderoso torrente que se precipitara sobre la tierra desde la cumbre de una gran montaña. A consecuencia de ello, cada miembro de Mi cuerpo se encendía. En esos momentos, Mi lengua recitaba lo que ningún hombre soportaría oír.

Citaremos aquí algunos pasajes de Tablas reveladas específicamente a esta gente, para que todos conozcan con certeza que este Agraviado ha actuado de una manera agradable y aceptable hacia los hombres dotados de perspicacia, y a los que son los exponentes de la justicia y la equidad: "¡Oh vosotros amigos de Dios en Sus ciudades y Sus amados en Sus tierras! Este Agraviado os prescribe piedad y honradez. Bendita la ciudad que brilla por su luz. A través de ellas, el hombre es exaltado y la puerta de la seguridad es abierta ante la faz de toda la creación. Dichoso el hombre que se aferra firmemente a ellas y reconoce su virtud y ¡ay del que ha negado su posición!"

Y en otra ocasión fueron reveladas estas palabras: "Hemos ordenado a los siervos de Dios y a Sus siervas que sean puros y teman a Dios, para que se despierten de la somnolencia de sus deseos corruptos y se vuelvan hacia Dios, el Hacedor de los cielos y de la tierra. Así hemos prescrito a los fieles, cuando el Sol del mundo brilló desde el horizonte de Irak. Mi cautiverio no Me hace ningún daño, ni las tribulaciones que sufro, ni las cosas que Me han acontecido a manos de Mis opresores. Lo que Me hace daño es la conducta de aquellos que, aun llevando Mi nombre, cometen lo que hace que Mi corazón y Mi pluma se lamenten. De aquellos que esparcen desorden por el país y echan mano a la propiedad de otros y entran a una casa sin permiso de su dueño, verdaderamente estamos distanciados de ellos, a menos que se arrepientan y retornen hacia Dios, el Siempre Perdonador, el Más Misericordioso".

Y en otra ocasión: "¡Oh pueblos de la tierra! Apresuraos a realizar el deseo de Dios y luchad valientemente, como os corresponde luchar, por amor a la proclamación de Su irresistible e inamovible Causa. Hemos decretado que en el sendero de Dios la guerra debe hacerse con los ejércitos de la sabiduría y la expresión, y de un carácter amable y acciones dignas de alabanza. Así ha sido decidido por Aquel que es el Todopoderoso, el Omnipotente. No existe gloria para el que comete desorden en la tierra, después que ha sido creada tan buena. Temed a Dios, oh pueblo, y no seáis de los que actúan injustamente".

Y nuevamente, en otra ocasión: "No os injuriéis unos a otros. Nosotros, en verdad, hemos venido para unir y soldar a todos los que moran en la tierra. De ello rinde testimonio lo que el océano de Mi expresión ha revelado entre los hombres, y aun así la mayoría del pueblo se ha descarriado. Si alguien os injuria o las tribulaciones os sobrevienen en el sendero de Dios, sed pacientes y poned vuestra confianza en Él, Quien oye, Quien ve. Él, en verdad, ve y percibe, y hace lo que Le place, mediante el poder de Su soberanía. Él, verdaderamente, es el Señor de fuerza y de poder. En el Libro de Dios, el Poderoso, el Grande, se os ha prohibido ocuparos en contiendas y conflictos. Aferraos a todo lo que os beneficie a vosotros y a los pueblos del mundo. Así os lo ordena el Rey de la Eternidad, Quien está manifiesto en Su Más Grande Nombre. Él, verdaderamente, es el Ordenador, el Omnisapiente".

Y aún de nuevo, en otra ocasión: "Cuidaos de derramar la sangre de nadie. Desenvainad la espada de vuestra lengua de la vaina de la expresión, pues con ella podréis conquistar las ciudadelas de los corazones de los hombres. Nosotros hemos abolido la ley de librar la guerra santa unos contra otros. La misericordia de Dios, verdaderamente, ha abarcado a todas las cosas creadas, si acaso lo entendierais".

Y aún nuevamente, en otra ocasión: "¡Oh pueblo! No diseminéis el desorden en el país y no derraméis la sangre de nadie; no disipéis injustamente los bienes de los demás ni sigáis a cada infausto parloteador".

Y todavía otra vez, en otra ocasión: "El Sol de la Divina Expresión nunca puede ponerse, ni su esplendor puede ser extinguido. Estas sublimes palabras se han oído, en este día, desde el Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso: 'Yo pertenezco a quien Me ama, el que cumple fielmente Mis mandamientos y ha desechado las cosas que le fueron prohibidas en Mi Libro'".

Y todavía nuevamente, en otra ocasión: "Este es el día para hacer mención de Dios, celebrar Su alabanza y servirle; no os privéis de ello. Vosotros sois las letras de las palabras y las palabras del Libro. Vosotros sois los renuevos que la mano de la Amorosa Bondad ha plantado en el suelo de la misericordia y que las lluvias de la generosidad han hecho florecer. Él os ha protegido de los poderosos vientos de la incredulidad y de los tempestuosos vendavales de la impiedad y os ha nutrido con las manos de Su amorosa providencia. Ahora es el tiempo en que debéis echar hojas y producir vuestro fruto. Los frutos del árbol del hombre siempre han sido y son las buenas acciones y un carácter digno de alabanza. No retengáis esos frutos a causa de los negligentes. Si son aceptados, vuestra finalidad es alcanzada, y el propósito de la vida, logrado. De lo contrario, dejadles en su pasatiempo de vanas disputas. Esforzaos, oh pueblo de Dios, que quizá los corazones de las diversas razas de la tierra, mediante las aguas de vuestra indulgencia y amorosa bondad, sean santificados y purificados de la animosidad y el odio, y se conviertan en repositorios merecedores y dignos de los esplendores del Sol de la Verdad".

En el cuarto Ishráq (esplendor) del Ishráqát (Tabla de Esplendores), hemos mencionado: "Toda causa necesita quien la ayude. En esta Revelación las huestes que pueden hacerla victoriosa son la huestes de los hechos loables y de un carácter recto. El líder y comandante de estas huestes ha sido siempre el temor de Dios, un temor que abarca a todas las cosas y reina sobre todas las cosas".

En el tercer Tajallí (efulgencia) del Libro de Tajallíyát (Libro de Efulgencias), hemos mencionado: "Las artes, los oficios y las ciencias elevan al mundo del ser y conducen a su exaltación. El conocimiento es como alas para la vida del hombre y una escalera para su ascenso. Su adquisición incumbe a todos. Sin embargo, debe adquirirse el conocimiento de aquellas ciencias que beneficien a los pueblos de la tierra y no de aquellas que comienzan con palabras y terminan con palabras. Grande es, en verdad, el honor de los científicos y artífices ante los pueblos del mundo. De ello da testimonio el Libro Madre en esta destacada posición".

En verdad, el conocimiento es un verdadero tesoro para el hombre y una fuente de gloria, de generosidad, de gozo, de exaltación, de alegría y de regocijo para él. Dichoso el hombre que se aferra a él y ¡ay de los negligentes!

Te incumbe convocar al pueblo, bajo todas las condiciones, a todo lo que haga de ellos exponentes de características espirituales y buenas acciones, para que sean conscientes de lo que es la causa de la elevación humana y puedan, con el mayor esfuerzo, dirigirse hacia la más sublime Posición y al Pináculo de la Gloria. El temor de Dios ha sido siempre el factor primordial en la educación de Sus criaturas. ¡Bienaventurados quienes lo hayan alcanzado!

La primera palabra que la Pluma de Abhá ha revelado y ha inscrito en la primera hoja del Paraíso es esta: "Verdaderamente digo: el temor a Dios siempre ha sido una defensa segura y una fortaleza inviolable para todos los pueblos del mundo. Es la principal causa de la protección de la humanidad y el instrumento supremo para su preservación. En efecto, existe en el hombre una facultad que lo protege y disuade de todo lo que sea indigno e indecoroso, y es conocida como su sentido de la vergüenza. Esta, sin embargo, está limitada a unos pocos; no todos la han poseído ni todos la poseen. Incumbe a los reyes y los líderes espirituales del mundo asirse firmemente a la religión, puesto que a través de ella el temor de Dios es instilado en todos salvo Él".

La segunda palabra que hemos registrado en la segunda hoja del Paraíso es la siguiente: "La Pluma del Expositor Divino exhorta, en este momento, a las manifestaciones de la autoridad y las fuentes del poder, es decir, a los reyes y los gobernantes de la tierra -quiera Dios asistirles- y les ordena sostener la causa de la religión y adherirse a ella. La religión es, en verdad, el principal instrumento para el establecimiento del orden en el mundo y de la tranquilidad entre sus pueblos. El debilitamiento de los pilares de la religión ha fortalecido a los necios, los ha envalentonado y los ha hecho más arrogantes. Verdaderamente digo: cuanto mayor es la declinación de la religión, tanto más atroz es la depravación del impío. Al final esto no puede conducir a otra cosa que al caos y la confusión. ¡Oídme, oh hombres perspicaces, y estad prevenidos, vosotros que estáis dotados de discernimiento!"

Es Nuestra esperanza que escuches con oído atento las cosas que te hemos mencionado, que quizá puedas apartar a los hombres de las cosas que poseen y dirigirlos hacia las cosas que Dios posee. Imploramos a Dios que libere la luz de la equidad y el sol de la justicia de las densas nubes de la depravación, y les haga brillar sobre los hombres. Ninguna luz puede compararse con la luz de la justicia. El establecimiento del orden en el mundo y la tranquilidad de las naciones dependen de ella.

En el Libro de la Expresión han sido escritas y registradas estas exaltadas palabras: "Di, ¡oh amigos! Esforzaos, que quizá las tribulaciones sufridas en el sendero de Dios por este Agraviado y por vosotros no hayan sido en vano. Asíos a la orla de la virtud y aferraos a la cuerda de la piedad y la honestidad. Ocupaos con las cosas que beneficien a la humanidad y no con vuestros deseos corruptos y egoístas. ¡Oh vosotros, seguidores de este Agraviado! Sois los pastores de la humanidad; liberad a vuestros rebaños de los lobos de las pasiones y deseos perversos, y adornadles con el ornamento del temor de Dios. Este es el mandamiento firme que, en este momento, ha fluido de la Pluma de Aquel que es el Anciano de los días. ¡Por la rectitud de Dios! La espada de una carácter virtuoso y de una conducta recta es más afilada que las hojas de acero. La voz de la verdadera Fe, en este momento, clama en voz alta diciendo: ¡Oh pueblo! Verdaderamente, el Día ha llegado y mi Señor Me ha hecho brillar con una luz cuyo esplendor ha eclipsado a los soles de la expresión. Temed al Misericordioso y no seáis de los descarriados".

La tercera palabra que hemos registrado en la tercera hoja del Paraíso es ésta: "¡Oh hijo del hombre! Si tus ojos están vueltos hacia la misericordia, abandona las cosas que te benefician y aférrate a lo que beneficiará a la humanidad. Y si tus ojos están vueltos hacia la justicia, elige para tu prójimo aquello que elegirías para ti mismo. La humildad exalta al hombre al cielo de la gloria y del poder, mientras que el orgullo lo rebaja a las profundidades de la desdicha y la degradación. ¡Grande es el Día y poderoso el Llamamiento! En una de Nuestras Tablas hemos revelado estas exaltadas palabras: 'Si el mundo del espíritu se convirtiese totalmente en el sentido del oído, podría pretender ser digno de escuchar la Voz que llama desde el Horizonte Supremo; por el contrario, los oídos que están manchados con mentiras nunca han estado, ni están ahora, capacitados para oírla'. Bienaventurados quienes escuchan y ¡ay de los descarriados!"

Imploramos a Dios -exaltada sea Su gloria- y abrigamos la esperanza de que Él asista misericordiosamente a las manifestaciones de riqueza y poder, a las auroras de soberanía y gloria, los reyes de la tierra -que Dios les ayude mediante Su gracia fortalecedora- a establecer la Paz Menor. Este es, en verdad, el medio más grande de asegurar la tranquilidad de las naciones. Incumbe a los Soberanos del mundo -quiera Dios asistirles- aferrarse unánimemente a esta Paz, que es el principal instrumento para la protección de toda la humanidad. Es Nuestra esperanza que ellos se levantarán para alcanzar lo que conducirá al bienestar del hombre. Es su deber convocar una asamblea omnímoda a la que asistan ellos mismos o sus ministros, y poner en vigor cualquier medida requerida para el establecimiento de la unidad y concordia entre los hombres. Deben abandonar las armas de guerra y adoptar los instrumentos de la reconstrucción universal. Si un rey se levantase contra otro, todos los demás reyes deberían levantarse para disuadirle. Entonces, las armas y los instrumentos bélicos no serán necesarios más allá de lo requerido para garantizar la seguridad interna de sus respectivos países. Si logran esta sobresaliente bendición, el pueblo de cada nación se dedicará, con tranquilidad y contento, a sus propias ocupaciones, y los quejidos y lamentaciones de la mayoría de los hombres serán silenciados. Rogamos a Dios que les ayude a hacer Su voluntad y complacencia. Él, verdaderamente, es el Señor del trono de lo alto y de la tierra, y el Señor de este mundo y del mundo por venir. Sería preferible y más adecuado que los honorables reyes asistiesen personalmente a semejante asamblea y proclamasen sus edictos. Cualquier rey que se levante y lleve a cabo esta tarea se convertirá, en verdad, a la vista de Dios, en el centro de adalid de todos los reyes. ¡Dichoso es él y grande es su bienaventuranza!

En este país, cada vez que los hombres son enrolados en el ejército, un gran terror se apodera del pueblo. Cada año, todas las naciones incrementan sus fuerzas, pues sus ministros de guerra son insaciables en su deseo de agregar nuevos reclutas a sus batallones. Nos hemos enterado de que el gobierno de Persia -que Dios les asista- igualmente ha decidido reforzar su ejército. En la opinión de este Agraviado, una fuerza de cien mil hombres completamente equipados y bien disciplinados, sería suficiente. Esperamos que tú harás que la luz de la justicia brille más resplandeciente. ¡Por la rectitud de Dios! La justicia es una fuerza poderosa. Es, por encima de todo, la conquistadora de las ciudadelas de los corazones y las almas de los hombres, la reveladora de los secretos del mundo del ser y la portadora del estandarte del amor y de la generosidad.

En los tesoros del conocimiento de Dios yace oculto un conocimiento que, cuando sea aplicado, eliminará en gran medida, aunque no totalmente, el temor. Sin embargo, este conocimiento debería ser enseñado desde la infancia, ya que será una gran ayuda en su eliminación. Todo lo que disminuye el temor aumenta el coraje. Si la Voluntad de Dios Nos asistiera, fluiría de la Pluma del Divino Expositor una larga explicación de lo que ha sido mencionado y sería revelado, en el campo de las artes y de las ciencias, aquello que renovaría el mundo y las naciones. Del mismo modo, ha sido escrita y registrada por la Pluma del Altísimo, en el Libro Carmesí, una palabra que es capaz de revelar completamente esa fuerza que se halla oculta en el hombre, más aún, es capaz de redoblar su potencia. Imploramos a Dios -exaltado y glorificado sea Él- que bondadosamente asista a Sus siervos a hacer lo que Le sea grato y aceptable a Él.

En estos días, los enemigos Nos han sitiado y el fuego del odio está encendido. ¡Oh pueblos de la tierra! ¡Por Mi vida y por la vuestra! Este Agraviado nunca ha tenido, ni tiene ahora ningún deseo de liderazgo. Mi objetivo siempre ha sido, y continúa siendo, eliminar todo lo que sea causa de contienda entre los pueblos de la tierra y de separación entre las naciones, para que todos los hombres puedan santificarse de todo apego terrenal y sean librados de ocuparse con sus propios intereses. Instamos a Nuestros amados a no manchar la orla de Nuestra vestidura con el polvo de la falsedad, ni tampoco permitir que las referencias a lo que ellos han considerado como milagros y prodigios degrade Nuestro rango y posición, o mancillen la pureza y santidad de Nuestro nombre.

¡Dios bondadoso! Este es el día en que el sabio debiera buscar el consejo de este Agraviado y preguntar a Aquel que es la Verdad, qué cosas conducen a la gloria y la tranquilidad de los hombres. Y, sin embargo, todos se están esforzando fervientemente por apagar esta gloriosa y resplandeciente luz, y están buscando diligentemente, establecer Nuestra culpa, o vociferar sus protestas contra Nosotros. Los asuntos han llegado a un extremo tal que la conducta de este Agraviado ha sido groseramente tergiversada en todo sentido y en una forma que sería indigno mencionar. ¡Uno de Nuestros amigos ha informado que entre los residentes de la Gran Ciudad (Constantinopla) oyó, con suma pena, decir a alguien que cada año se enviaba una suma de cincuenta mil tumanes desde su tierra natal a 'Akká! ¡No quedaba en claro, sin embargo, quién había desembolsado esa suma ni a través de qué manos había pasado!

En resumen, este Agraviado, a pesar de todo lo que Le ha acaecido en sus manos y todo lo que se ha dicho sobre Él, ha tolerado pacientemente y ha guardado silencio, por cuanto Nuestro propósito, mediante la amorosa providencia de Dios -exaltada sea Su gloria- y Su excelsa misericordia, es abolir de la faz de la tierra, por medio de la fuerza de Nuestra expresión, todas las disputas, la guerra y el derramamiento de sangre. A pesar de lo que ellos han dicho hemos tolerado, en todas las condiciones y con decorosa paciencia, y los hemos dejado a Dios. En respuesta a esta acusación en particular, no obstante, hemos dicho que, si lo que él afirmó es verdad, le corresponde estar agradecido a Aquel que es el Señor de toda existencia y el Rey de lo visible e invisible, por haber hecho que se levantara en Persia Alguien que, aunque prisionero y sin nadie que Le ayude o asista, ha logrado establecer Su ascendencia sobre ese país y se ha procurado una renta anual desde él. Semejante proeza debe ser alabada en vez de censurada, si él es de los que juzgan equitativamente. Si alguien buscara informarse de la condición de este Agraviado, decidle que estos cautivos a quienes el mundo ha perseguido y las naciones han injuriado, han estado durante días y noches privados de los más elementales medios de subsistencia. Nos sentimos poco dispuestos a mencionar tales cosas, ni hemos tenido ni tenemos ahora ningún deseo de quejarnos contra Nuestro acusador. ¡Dentro de los muros de esta prisión, un hombre altamente estimado se vio obligado, durante algún tiempo, a picar piedras para poder ganarse la vida, mientras que otros han sentido algunas veces que nutrirse con ese sustento Divino que es el hambre! Imploramos a Dios -exaltado y glorificado sea Él- que ayude a todos los hombres a ser justos e imparciales, y que les asista bondadosamente a arrepentirse y volverse hacia Él. En verdad, Él escucha y está listo para responder.

¡Glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Tú ves lo que Le ha acontecido a este Agraviado a manos de los que no se han asociado conmigo, quienes se han levantado para perjudicarme y humillarme de manera tal que ninguna pluma puede describir, ni lengua alguna relatar, ni Tabla que pueda soportar su peso. Tú oyes el grito de Mi corazón y el gemido de Mi más íntimo ser, y las cosas que les han acontecido a Tus fieles en Tus ciudades y a Tus escogidos en Tu tierra, a manos de los que han violado Tu Convenio y Testamento. Te suplico, oh mi Señor, por los suspiros de Tus amantes en todo el mundo, por sus lamentaciones por su lejanía de la corte de Tu presencia, por la sangre que ha sido derramada por amor a Ti y por los corazones que se han desvanecido en Tu sendero, que protejas a Tus amados de la crueldad de los que han permanecido inconscientes de los misterios de Tu Nombre, el Libre. Asísteles, oh mi Señor, por Tu poder que ha prevalecido sobre todas las cosas, y ayúdales a ser pacientes y resignados. Tú eres el Todopoderoso, el Omnipotente, el Todomunífico. No existe otro Dios sino Tú, el Generoso, el Señor de abundante gracia.

En estos días hay algunos que, lejos de ser justos e imparciales, Me han atacado con la espada del odio y la lanza de la enemistad, olvidándose que corresponde a toda persona justa socorrer a Aquel a Quien el mundo ha desechado y las naciones han abandonado, y adherirse a la piedad y la rectitud. La mayoría de los hombres, hasta ahora, no han logrado descubrir el propósito de este Agraviado, ni han conocido la razón por la que Él ha soportado, voluntariamente, incontables aflicciones. Mientras tanto, la voz de Mi corazón clama estas palabras: "¡Oh, si Mi pueblo supiera!" Este Agraviado, libre de apego a todas las cosas, profiere estas exaltadas palabras:

"Las olas han cercado el Arca de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo. No temas a los vientos tempestuosos, ¡oh Marinero! Aquel que ha hecho que el amanecer aparezca está contigo, verdaderamente, en esta oscuridad que ha aterrorizado los corazones de todos los hombres, a excepción de aquellos a quienes Dios, el Omnipotente, el Libre, ha querido eximir!"

¡Oh Shaykh! ¡Juro por el Sol de la Verdad, que ha surgido y brilla sobre el horizonte de esta Prisión! La mejoría del mundo ha sido el único propósito de este Agraviado. De ello da testimonio todo hombre de juicio, de discernimiento, de perspicacia y entendimiento. Mientras era afligido por la pruebas, Él Se asió firmemente a la cuerda de la paciencia y la fortaleza, estaba satisfecho con las cosas que Le habían acontecido a manos de Sus enemigos y exclamaba: "He renunciado a Mi deseo por Tu deseo, oh mi Dios, y a Mi voluntad por la revelación de Tu Voluntad. ¡Por Tu gloria! No deseo ni Mi propia esencia ni Mi vida, excepto por el propósito de servir a Tu Causa, y no amo Mi ser, salvo para poder sacrificarlo en Tu sendero. Tú ves y conoces, oh mi Señor, que aquellos a quienes hemos pedido que fuesen justos e imparciales, se han levantado cruel e injustamente en Nuestra contra. Públicamente estaban ellos conmigo, pero secretamente ayudaban a Mis adversarios, que se han alzado para deshonrarme. ¡Oh Dios, mi Dios! Atestiguo que Tú has creado a Tus siervos para ayudar a Tu Causa y exaltar Tu Palabra y que, sin embargo, ellos han ayudado a Tus enemigos. Te imploro, por Tu Causa que ha abarcado al mundo de la existencia, y por Tu Nombre, con el cual Tú has sometido lo visible e invisible, que engalanes a los pueblos de la tierra con la luz de Tu justicia e ilumines sus corazones con la brillantez de Tu conocimiento. Yo soy, oh mi Señor, Tu siervo y el hijo de Tu siervo. Soy testigo de Tu unidad y de Tu unicidad, de la santidad de Tu Ser y la pureza de Tu Esencia. Tú ves, oh mi Señor, a Tus fieles a merced de los traidores entre Tus criaturas y los calumniadores entre Tu pueblo. Tú conoces lo que Nos ha acaecido a manos de aquellos a quienes Tú conoces mejor de lo que nosotros les conocemos. Ellos han cometido lo que ha rasgado el velo de aquellas criaturas Tuyas que se hallan cerca de Ti. Te imploro que les ayudes a obtener lo que se les ha escapado en los días del Lugar del Amanecer de Tu Revelación y la Aurora de Tu Inspiración. ¡Potente eres Tú para hacer lo que Te place, y en Tu puño se hallan las riendas de todo lo que existe en el cielo y todo lo que existe en la tierra!" La voz y la lamentación de la verdadera Fe ha sido elevada. Ella clama, diciendo: "¡Oh Pueblo! ¡Por la rectitud de Dios! He llegado hasta Aquel que me ha manifestado y me ha enviado. Este es el Día en que el Sinaí ha sonreído a Aquel que conversó sobre él, y el Carmelo a su Revelador, y el Sadrah a Aquel que lo enseñó. Temed a Dios y no seáis de los que Le han negado. No os privéis a vosotros mismos de lo que ha sido revelado por medio de Su gracia. Apoderaos de las aguas vivientes de la inmortalidad en el nombre de vuestro Señor, el Señor de todos los nombres, y bebed en recuerdo de Aquel que es el Poderoso, el Incomparable".

Hemos ordenado a los hombres, en todo momento, lo que es correcto y hemos prohibido lo incorrecto. Aquel que es el Señor de la Existencia atestigua que este Agraviado ha pedido a Dios, para Sus criaturas, todo lo que conduce a la unidad y la armonía, a la camaradería y la concordia. ¡Por la rectitud de Dios! Este Agraviado no es capaz de disimular. Él, verdaderamente, ha revelado lo que ha deseado; Él es, en verdad, el Señor de fuerza, el Soberano.

Una vez más hacemos referencia a algunas de las sublimes palabras reveladas en la Tabla a Su Majestad el Sháh, para que puedas conocer con certeza que todo lo que ha sido mencionado ha procedido de Dios: "¡Oh Rey! Yo no era más que un hombre como los demás; dormía en Mi lecho cuando, he aquí, las brisas del Todoglorioso soplaron sobre Mí y Me enseñaron el conocimiento de todo lo que ha sido. Esto no es de Mí, sino de Uno que es Todopoderoso y Omnisciente. Y Él Me ordenó elevar Mi voz entre la tierra y el cielo, y por eso Me aconteció lo que ha hecho correr las lágrimas de todo hombre de entendimiento. La erudición corriente entre los hombres no la estudié; en sus escuelas Yo no entré. Pregunta en la ciudad donde habitaba, para que puedas estar bien seguro de que Yo no soy de los que hablan con falsedad. Ésta no es sino una hoja que los vientos de la voluntad de tu Señor, el Todopoderoso, el Todoalabado, han movido. ¿Puede estarse quieta cuando soplan los vientos tempestuosos? ¡No, por Aquel que es el Señor de todos los Nombres y Atributos! Ellos la mueven de acuerdo con sus cambios de dirección. Lo efímero es como la nada ante Aquel que es el que Siempre Perdura. Su todopenetrante llamamiento Me ha alcanzado y Me ha hecho declarar Su alabanza entre todos los pueblos. De hecho, yo estaba como muerto cuando se pronunció Su orden. La mano de la voluntad de tu Señor, el Compasivo, el Misericordioso, Me transformó. ¿Puede alguien decir por su propia voluntad aquello por lo que todos los hombres, tanto elevados como humildes, han de protestar contra él? Nadie, por Aquel que enseñó a la Pluma los misterios eternos, salvo aquel a quien la gracia del Todopoderoso, el Omnipotente, ha fortalecido.

Mira a este Joven, oh rey, con los ojos de la justicia; luego, juzga con verdad respecto a lo que Le ha acontecido. En verdad, Dios te ha hecho Su sombra entre los hombres y el signo de Su poder para todos los que habitan la tierra. Juzga entre Nosotros y aquellos que Nos han agraviado sin prueba y sin un Libro instructivo. Aquellos que te rodean te aman por sus propios intereses, en tanto que este Joven te ama por ti mismo y no ha tenido deseo alguno excepto acercarte a la sede de gracia y volverte hacia la diestra de la justicia. Tu Señor es testigo de lo que afirmo.

¡Oh Rey! Si inclinases tu oído al chirrido de la Pluma de Gloria y al arrullo de la Paloma de la Eternidad que, en las ramas del Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso, profiere alabanzas a Dios, el Hacedor de todos los Nombres y el Creador del cielo y de la tierra, alcanzarías una posición desde la que nada verías en el mundo del ser sino el resplandor del Adorado, considerarías tu soberanía como la más despreciable de tus posesiones, la abandonarías a quienquiera la desease y dirigirías tu rostro hacia el Horizonte encendido con la luz de Su semblante. Tampoco querrías nunca llevar la carga del dominio salvo con el propósito de ayudar a tu Señor, el Exaltado, el Altísimo. Entonces, el Concurso de lo alto te bendeciría. ¡Oh, cuán excelente es esta muy sublime posición, si pudieras ascender a ella mediante el poder de una soberanía reconocida como proveniente del Nombre de Dios!"

O tú o algún otro ha dicho: "Que el Súrih de Tawḥíd sea traducido, para que todos conozcan y estén completamente persuadidos de que el único Dios verdadero ni ha engendrado, ni es engendrado. Además, los bábís creen en su Deidad y Divinidad"(de Bahá'u'lláh).

¡Oh Shaykh! Esta posición es la posición en que uno muere en sí mismo y vive en Dios. Divinidad, siempre que la mencione, indica Mi completa y absoluta evanescencia. Esta es la posición en la que no tengo control sobre mi propio bienestar o infortunio, ni sobre mi vida, ni sobre mi resurrección.

¡Oh Shaykh! ¿Cómo explican los teólogos de este tiempo la efulgente gloria que el Sadrah de la Expresión ha derramado sobre el Hijo de 'Imrán (Moisés), en el Sinaí del conocimiento Divino? Él (Moisés) escuchó la Palabra que la Zarza Ardiente había proferido y la aceptó; y sin embargo, la mayoría de los hombres están privados del poder para comprender esto, por cuanto ellos se han ocupado con sus propios asuntos y son ignorantes de las cosas que pertenecen a Dios. Referente a esto, el Siyyid de Findirisk ha dicho muy bien: "Ninguna mente mortal puede sondear este tema; ni siquiera la de Abú-NaÐr o la de Abú-'Alí Síná (Avicena)". ¿Qué explicación pueden dar sobre lo que el Sello de los Profetas (Muḥammad) -que las almas de todos los demás, salvo la Suya, sean ofrendadas por Él- ha dicho?: "Vosotros, verdaderamente, veréis a vuestro Señor, como veis la luna llena en su decimocuarta noche". El Comandante de los Fieles (el Imám 'Alí) -que la paz sea con él- dice además en el Khu¶biy-i-(r)utujíyyih: "Esperad la Revelación de Aquel que conversó con Moisés desde la Zarza Ardiente del Sinaí". Æusayn, el hijo de 'Alí -que la paz sea con él- dice asimismo: "¿Será otorgada a alguien fuera de Ti una Revelación que no Te ha sido concedida a Ti mismo, una Revelación cuyo Revelador será Aquel que Te reveló a Ti? ¡Cegado sea el ojo que no Te ve!"

Similares dichos de los imames -que las bendiciones de Dios sean con ellos- han sido registrados, son ampliamente conocidos y se hallan incorporados a libros dignos de crédito. Bendito es aquel que percibe y habla la pura verdad. Bienaventurado el que, ayudado por las aguas vivientes de la expresión de Aquel que es el Deseo de todos los hombres, se ha purificado de las ociosas fantasías y las vanas imaginaciones y, en el nombre del Todoposeedor, el Altísimo, ha rasgado los velos de la duda, ha renunciado al mundo y todo lo que en él existe y se ha dirigido hacia la Prisión Más Grande.

¡Oh Shaykh! Ninguna brisa puede compararse con las brisas de la Revelación Divina, en tanto que la Palabra proferida por Dios brilla y fulgura como el sol entre los libros de los hombres. Dichoso el hombre que lo ha descubierto, lo ha reconocido y ha dicho: "¡Alabado seas Tú, Quien eres el Deseo del mundo, y gracias Te sean dadas, oh Amado de los corazones de los que están consagrados a Ti!"

Los hombres no han percibido nuestro propósito en las referencias que hemos hecho a la Deidad y la Divinidad. Si lo comprendieran, se levantarían de sus sitios y exclamarían: "¡Verdaderamente, pedimos perdón a Dios!" El Sello de los Profetas -que las almas de todos los demás, salvo la Suya, sean ofrendadas por Él- dice: "Múltiples son Nuestras relaciones con Dios. En un tiempo, somos Él Mismo y Él es Nosotros mismos. En otro, Él es lo que es y Nosotros somos lo que somos".

Aparte de esto, ¿cómo es que no has hecho mención de esas otras posiciones que la Pluma de Abhá ha revelado? La lengua de este Agraviado, durante muchos días y noches, ha expresado estas sublimes palabras: "¡Oh Dios, mi Dios! Soy testigo de Tu unidad y Tu unicidad, de que Tú eres Dios y que no hay otro Dios sino Tú. Tú has estado eternamente santificado por encima de la mención de cualquiera salvo Tú y de la alabanza de todo lo demás excepto Tú Mismo, y continuarás siempre siendo el mismo que eras desde el principio y como siempre has sido. Yo Te imploro, oh Rey de la Eternidad, por el Más Grande Nombre, por los esplendores del Sol de Tu Revelación sobre el Sinaí de la Expresión y por las olas del Océano de Tu conocimiento entre todas las cosas creadas, que me asistas misericordiosamente en lo que Me haga acercarme a Ti y que Me desprenda de todo excepto de Ti. ¡Por Tu gloria, oh Señor de toda existencia y el Deseo de toda creación! Me gustaría fijar Mi rostro sobre todos los lugares de Tu tierra, que quizás pudiera ser honrado al tocar un lugar ennoblecido por las pisadas de Tus amados!"

¡Por la rectitud de Dios! Las ociosas fantasías han excluido a los hombres del Horizonte de la Certeza y las vanas imaginaciones les han apartado del Selecto Vino Sellado. En verdad digo y por el amor de Dios declaro: ¡Este Siervo, este Agraviado Se avergüenza de reclamar existencia alguna para Sí mismo, cuánto más esos exaltados grados del ser! Todo hombre de discernimiento, al tiempo que camina sobre la tierra, en verdad se siente avergonzado, puesto que sabe perfectamente que aquello que es la fuente de su prosperidad, su riqueza, su fortaleza, su exaltación, su progreso y poder, tal como lo ha ordenado Dios, es la tierra misma que hollan los pies de todos los hombres. No puede caber duda de que quienquiera conozca esta verdad se ha purificado y santificado de todo orgullo, arrogancia y vanagloria. Todo lo que se ha dicho ha provenido de Dios. De esto, ciertamente, Él ha sido y es ahora testigo, y Él es, en verdad, el Omnisciente, el Todoinformado.

Ruega a Dios que otorgue a los hombres oídos atentos, vista aguda, pechos dilatados y corazones receptivos, que quizás Sus siervos puedan alcanzar el Deseo de sus corazones y volver sus rostros hacia su Amado. Tribulaciones, como las que ningún ojo ha contemplado, han alcanzado a este Agraviado. En la proclamación de Su Causa, Él de ningún modo ha vacilado. Dirigiéndose a los reyes y gobernantes de la tierra -quiera Dios, exaltado es Él, asistirles- les impartió lo que es causa del bienestar, la unidad, la armonía y la reconstrucción del mundo, y de la tranquilidad de las naciones. Entre ellos estaba Napoleón III, de quien se informó que había hecho cierta declaración, a consecuencia de la cual le remitimos Nuestra Tabla mientras estábamos en Adrianópolis. A esto, sin embargo, él no respondió. Después de Nuestra llegada a la Prisión Más Grande, Nos llegó una carta de su Ministro, cuya primera parte estaba escrita en persa, y el resto, de su propio puño y letra. En ella, él se mostraba cordial y escribía lo siguiente: "Conforme a su petición, he entregado su carta y hasta el momento no he recibido respuesta. Sin embargo, hemos despachado las recomendaciones necesarias a nuestro Ministro en Constantinopla y a nuestros cónsules en esas regiones. Si hay algo que usted desea que hagamos, infórmenos y lo llevaremos a cabo".

De sus palabras resulta evidente que él entendió que el propósito de este Siervo había sido el de pedir ayuda material. Por tanto, en su nombre (el de Napoleón III) revelamos versículos en el Súratu'l-Haykal, algunos de los cuales citamos ahora para que te des cuenta de que la Causa de este Agraviado ha sido revelada por amor a Dios y ha provenido de Él:

"¡Oh Rey de París! Di a los sacerdotes que no hagan sonar más las campanas. ¡Por Dios, el Verdadero! La Más Poderosa Campana ha aparecido en la forma de Aquel que es el Más Grande Nombre, y los dedos de la Voluntad de tu Señor, el Más Exaltado, el Altísimo, la tañen en Su nombre, el Todoglorioso, en el cielo de la Inmortalidad. Así te han sido enviados nuevamente los poderosos versos de tu Señor, para que puedas levantarte a recordar a Dios, el Creador del cielo y de la tierra, en estos días en que todas las tribus de la tierra se han lamentado, los cimientos de las ciudades han temblado y el polvo de la irreligión ha envuelto a todos los hombres, salvo a aquellos a quienes Dios, el Omnisciente, el Sabio, Le ha placido eximir. Di: Aquel que es el Incondicionado ya ha llegado, en las nubes de la luz, para vivificar todas las cosas creadas con las brisas de Su Nombre, el Más Misericordioso, unificar al mundo y reunir a todos los hombres alrededor de esta Mesa que ha sido enviada desde el cielo. Cuidaos de no rechazar el favor de Dios después de que os ha sido enviado. Esto es mejor para vosotros que todo cuanto poseéis; pues lo que es vuestro perece, mientras que lo que es de Dios perdura. Él, en verdad, ordena lo que Le place. Ciertamente, las brisas del perdón han soplado desde la dirección de vuestro Señor, el Dios de Misericordia; quienquiera se vuelva hacia ellas, será limpiado de sus pecados y de todo dolor y malestar. Dichoso el hombre que se ha vuelto hacia ellas y ay de aquel que se ha apartado.

Si inclinases tu oído interior a todas las cosas creadas, oirías: '¡El Anciano de los Días ha venido en Su gran gloria!' Todo celebra la alabanza de su Señor. Algunos han conocido a Dios y Le recuerdan; otros Le recuerdan, y sin embargo, no Le conocen. Así hemos establecido Nuestro decreto en una Tabla perspicua.

Presta oído, oh Rey, a la Voz que llama desde el Fuego que arde en este Árbol verde, en este Sinaí que ha sido erigido sobre el Lugar santificado y níveo, más allá de la Ciudad Eterna; '¡Verdaderamente, no hay otro Dios sino Yo, el que Siempre Perdona, el Más Misericordioso!' Nosotros, en verdad, hemos enviado a Aquel a Quien ayudamos con el Espíritu Santo (Jesucristo) para que os anuncie esta Luz que ha brillado desde el horizonte de la voluntad de vuestro Señor, el Más Exaltado, el Todoglorioso, y Cuyos signos han sido revelados en Occidente. Volved vuestros rostros hacia Él (Bahá'u'lláh), en este Día que Dios ha exaltado sobre todos los demás días y en el cual el Todomisericordioso ha derramado el esplendor de Su gloria resplandeciente sobre todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra. Levántate a servir a Dios y a ayudar a Su Causa. Él, ciertamente, te auxiliará con las huestes de lo visible y lo invisible, y te hará rey de todo aquello sobre lo que se eleva el sol. Tu Señor, en verdad, es el Todopoderoso, el Omnipotente.

Las brisas del Más Misericordioso han pasado sobre todas las cosas creadas; dichoso el hombre que ha descubierto su fragancia y se ha vuelto hacia ellas con un corazón sano. Atavía tu templo con el ornamento de Mi Nombre; tu lengua, con el recuerdo de Mí, y tu corazón, con el amor hacia Mí, el Todopoderoso, el Altísimo. Nada te hemos deseado excepto aquello que es mejor para ti que lo que posees y todos los tesoros de la tierra. Tu Señor, en verdad, es conocedor y está informado de todo. Levántate, en Mi nombre, entre Mis siervos y di: '¡Oh pueblos de la tierra! Volveos hacia Aquel que se ha vuelto hacia vosotros. Él es, en verdad, el Semblante de Dios entre vosotros, y Su Testimonio y Su Guía para vosotros. Él ha venido a vosotros con signos que nadie puede presentar'. La voz de la Zarza Ardiente se ha elevado en el corazón mismo del mundo y el Espíritu Santo llama en voz alta entre las naciones: '¡He aquí, el Deseado ha llegado con dominio manifiesto!'

¡Oh Rey! Las estrellas del cielo del conocimiento, aquellos que aspiran a establecer la verdad de Mi Causa mediante lo que poseen, y que hacen mención de Dios en Mi Nombre, han caído. Y sin embargo, cuando vine a ellos en Mi gloria, se apartaron. Ellos son, en efecto, de los caídos. Esto es, de hecho, lo que el Espíritu de Dios (Jesucristo) anunció cuando vino a vosotros con la verdad, Aquel con Quien discutieron los doctores judíos, hasta que al fin perpetraron lo que hizo que el Espíritu Santo se lamentase y que brotaran las lágrimas de los que tienen acceso cercano a Dios.

"Di: ¡Oh concurso de monjes! No os recluyáis en vuestras iglesias y vuestros claustros. Salid con Mi permiso y ocupaos con aquello que os beneficie a vosotros mismos y a los demás. Así os lo ordena Aquel que es el Señor del Día del Juicio Final. Recluíos en la fortaleza de Mi amor. Éste, ciertamente, es el retiro que os beneficiará, ojalá lo supierais. El que se encierra en su casa es de hecho como un muerto. Le incumbe al hombre mostrar aquello que beneficiará a la humanidad. Aquel que no da fruto es digno del fuego. Así os aconseja vuestro Señor; Él, ciertamente, es el Todopoderoso, el Todogeneroso. Contraed matrimonio, para que después de vosotros otro se levante en vuestro lugar. Verdaderamente, os hemos prohibido la lujuria y no lo que conduce a la fidelidad. ¿Os habéis aferrado a los dictados de vuestra naturaleza y dejáis de lado las leyes de Dios? Temed a Dios y no seáis de los necios. Si no fuese por el hombre, ¿quién haría mención de Mí en Mi tierra, y cómo podrían ser revelados Mis nombres y Mis atributos? Reflexionad, y no seáis de los que se han excluido de Él como por un velo y eran de los que están profundamente dormidos. Aquel que no se desposó (Jesús) no pudo encontrar ningún lugar en que habitar ni sitio alguno donde reclinar Su cabeza, a causa de lo que las manos de los traidores habían forjado. Su santidad no consistía en lo que creéis o imagináis, sino más bien en lo que Nos pertenece. Inquirid, para que quizás podáis comprender Su posición que ha sido exaltada por encima de las imaginaciones de todos los pueblos de la tierra. Bienaventurados los que entienden.

"¡Oh Rey! Oímos las palabras que pronunciaste en respuesta al Zar de Rusia en relación a la decisión que se tomó referente a la guerra (Guerra de Crimea). Tu Señor, en verdad, sabe, está informado de todo. Tú dijiste: 'Yacía dormido en mi lecho, cuando el llanto de los oprimidos que se ahogaban en el Mar Negro me despertó.' Esto es lo que te oímos decir y, verdaderamente, tu Señor es testigo de lo que digo. Atestiguamos que lo que te despertó no fue su llanto, sino la instigación de tus propias pasiones, pues te probamos y te encontramos deficiente. Comprende el significado de Mis palabras y sé de los que disciernen. En consideración a la dignidad que te conferimos en esta vida mortal, no es Nuestro deseo dirigirte palabras condenatorias. Nosotros, ciertamente, hemos escogido la cortesía y hemos hecho de ella el verdadero signo de los que están cerca de Él. La cortesía es, en verdad, un atavío que sienta bien a todos los hombres, sean jóvenes o viejos. Bienaventurado aquel que adorna su templo con ella, y ay de aquel que está privado de este gran don. Si hubieras sido sincero en tus palabras, no habrías echado a un lado el Libro de Dios cuando te fue enviado por Aquel que es el Omnipotente, el Sabio. Mediante él te hemos probado y te hemos encontrado distinto de lo que afirmabas. Levántate y da cumplida satisfacción por lo que se te escapó. Dentro de poco, el mundo y todo lo que posees perecerán, y el reino seguirá siendo de Dios, tu Señor y el Señor de tus padres de antaño. Te incumbe no conducir tus asuntos de acuerdo con los dictados de tus deseos. Teme los suspiros de este Agraviado y protégele de los dardos de los que actúan injustamente.

"Por lo que has hecho, sobre tu reino caerá la confusión y tu imperio pasará de tus manos, como castigo por lo que has cometido. Entonces sabrás cuán evidentemente has errado. Los disturbios envolverán a todo el pueblo de ese país a menos que te levantes para ayudar a esta Causa y sigas a Aquel que es el Espíritu de Dios (Jesucristo) en este Recto Sendero. ¿Acaso tu pompa te ha vuelto orgulloso? ¡Por Mi Vida! No durará; más aún, pasará pronto a menos que te aferres firmemente a esta recia Cuerda. Vemos la humillación apresurándose tras de ti, mientras tú eres de los negligentes. Cuando oigas Su Voz llamando desde la sede de gloria, te incumbe abandonar todo lo que posees y exclamar: 'Aquí estoy, oh Señor de todo lo que hay en el cielo y todo lo que hay en la tierra!'

"¡Oh Rey! Estábamos en Irak cuando llegó la hora de partir. Por orden del Rey del Islám (el Sultán de Turquía) dirigimos Nuestros pasos en su dirección. A Nuestra llegada, Nos aconteció a manos de los malévolos lo que los libros del mundo jamás podrán relatar suficientemente. Entonces, los moradores del Paraíso y los que habitan en los retiros de santidad se lamentaron; ¡y sin embargo, el pueblo está envuelto en un espeso velo!"

Y además hemos dicho: "Nuestra condición se hacía más grave día tras día, más aún, de hora en hora, hasta que Nos sacaron de Nuestra prisión y Nos hicieron entrar, con injusticia manifiesta, en la Más Grande Prisión. Y si alguien les preguntara: '¿por qué crimen han sido encarcelados?', ellos les responderían diciendo: '¡Ellos, en verdad, pretendieron suplantar la Fe con una nueva religión!' ¿Si es lo antiguo lo que preferís, por qué entonces habéis descartado lo que ha sido enviado en la Torá y en el Evangelio? ¡Aclaradlo, oh hombres! ¡Por Mi vida! No existe lugar adonde podáis huir en este día. Si éste es Mi crimen, entonces Muḥammad, el Apóstol de Dios, lo cometió antes de Mí, y antes de Él, Aquel que era el Espíritu de Dios (Jesucristo), y aún antes, Aquel que conversó con Dios (Moisés). ¡Y si Mi pecado es éste, que Yo haya exaltado la Palabra de Dios y haya revelado Su Causa, entonces, en verdad, Yo soy el más grande de los pecadores! Tal pecado no lo cambio por los reinos de la tierra y del cielo".

Y además hemos dicho: "Del mismo modo que se multiplicaban Mis tribulaciones, también aumentaban Mi amor por Dios y por Su Causa, de tal modo que todo lo que Me ha sucedido por culpa de las huestes de los descarriados ha sido impotente para apartarme de Mi propósito. Si ellos Me escondieran en las profundidades de la tierra, aun así Me encontrarían cabalgando en lo alto de las nubes y llamando a Dios, el Señor de fortaleza y poder. Me he ofrendado en el sendero de Dios y anhelo las tribulaciones en Mi amor por Él y en aras de Su complacencia. Esto lo atestiguan los males que Me afligen ahora, cuyo igual ningún otro hombre ha sufrido. Cada uno de los cabellos de Mi cabeza exclama lo que la Zarza Ardiente expresó en el Sinaí y cada vena de Mi cuerpo invoca a Dios diciendo: '¡Ojalá hubiera sido tronchada en Tu sendero, para que el mundo pudiese ser vivificado y unidos todos sus pueblos!' Así ha sido decretado por Aquel que es el Omnisciente, el Todoinformado.

Sabed, en verdad, que vuestros súbditos son el fideicomiso de Dios entre vosotros. Protegedlos, por tanto, como os protegéis a vosotros mismos. Cuidaos de permitir que los lobos lleguen a ser los pastores del rebaño, o que el orgullo y la presunción os impidan volveros hacia los pobres y los desolados. Levántate, en Mi Nombre, sobre el horizonte de la renuncia y entonces, por mandato de tu Señor, el Señor de fortaleza y poder, dirige tu rostro hacia el Reino".

Y además hemos dicho: "Engalana el cuerpo de tu reino con la vestidura de Mi nombre y levántate luego a enseñar Mi Causa. Esto es mejor para ti que todo lo que posees. Por eso, Dios exaltará tu nombre entre todos los reyes. Potente es Él sobre todas las cosas. Camina entre los hombres en el nombre de Dios y por la potencia de Su poder, para que puedas exponer Sus signos entre los pueblos de la tierra".

Y además hemos dicho: "¿Es digno de vosotros relacionaros con Aquel que es el Dios de misericordia y aun así cometer las cosas que ha cometido el Malvado? ¡No, por la Belleza de Aquel que es el Todoglorificado! Si pudierais comprenderlo. Purgad vuestros corazones del amor al mundo, vuestras lenguas de la calumnia y vuestros miembros de cualquier cosa que os impida acercaros a Dios, el Poderoso, el Todoalabado. Di: Por el mundo se quiere significar lo que os aparta de Aquel que es la Aurora de la Revelación y os inclina hacia lo que es infructuoso para vosotros. Verdaderamente, lo que os aleja de Dios en este día es la mundanería en su esencia. Evitadla y aproximaos a la Más Sublime Visión, esta brillante y resplandeciente Sede. No derraméis la sangre de nadie, oh pueblo, ni juzguéis injustamente a nadie. Así os ha sido ordenado por Aquel que sabe, Quien está informado de todo. Aquellos que cometen desórdenes en la tierra, después que ésta ha sido bien ordenada, ciertamente han transgredido los límites que han sido fijados en el Libro. ¡Miserable será la morada de los transgresores!"

Y además hemos dicho: "No procedáis pérfidamente con los bienes de vuestro prójimo. Sed dignos de confianza en la tierra y no privéis a los pobres de las cosas que Dios, a través de Su gracia, os ha concedido. Él, verdaderamente, os otorgará el doble de lo que poseéis. Él es, en verdad, el Todomunífico, el Más Generoso. ¡Oh pueblo de Bahá! Subyugad las ciudadelas de los corazones de los hombres con las espadas de la sabiduría y de la expresión. Aquellos que disputan, impulsados por sus propios deseos, en verdad, están envueltos en un palpable velo. Di: La espada de la sabiduría es más ardiente que el calor del verano y más afilada que las hojas de acero, si lo entendierais. Desenvainadla en Mi nombre y, a través de la potencia de Mi poder, conquistad entonces con ella las ciudadelas de los corazones de los que se han recluido a sí mismos en la fortaleza de sus deseos corruptos. Así os lo ordena la Pluma del Todoglorioso, mientras se halla sentada bajo las espadas de los descarriados. Si os enteráis de un pecado cometido por alguien, ocultadlo, para que Dios oculte vuestros propios pecados. Él es, ciertamente, el Ocultador, el Señor de abundante gracia. ¡Oh vosotros, los ricos de la tierra! Si encontráis a alguien que es pobre, no le tratéis desdeñosamente. Reflexionad sobre aquello de lo que fuisteis creados. Cada uno de vosotros fue creado de un despreciable germen".

Y además hemos dicho: "Considerad al mundo como el cuerpo de un hombre, afligido por múltiples dolencias y cuya recuperación depende de la armonía entre todos los elementos que lo componen. Reuníos alrededor de lo que os hemos prescrito y no caminéis por los senderos de los que crean disensión. Meditad acerca del mundo y el estado de su gente. Aquel por Cuyo amor el mundo fue llamado a la existencia ha sido encarcelado en la más desolada de las ciudades ('Akká), debido a lo que las manos de los descarriados han forjado. Desde el horizonte de Su ciudad-prisión, emplaza a la humanidad a la Aurora de Dios, el Exaltado, el Grande. ¿Te deleitas por los tesoros que posees, sabiendo que han de perecer? ¿Te regocijas porque gobiernas un palmo de tierra, cuando el mundo entero, en opinión del pueblo de Bahá, vale tanto como el negro del ojo de una hormiga muerta? Abandónalo a los que han depositado sus afectos en él y vuélvete hacia Aquel que es el Deseo del mundo. ¿Adónde han ido los orgullosos y sus palacios? Mira dentro de sus tumbas, para que obtengas provecho de este ejemplo, puesto que hicimos de él una lección para todo observador. Si las brisas de la Revelación te atrapasen, huirías del mundo, te volverías hacia el Reino y gastarías todo lo que posees para poder aproximarte a esta sublime Visión".

Pedimos a un cristiano que despachara esta Tabla y él Nos ha informado que ha transmitido tanto el original como su traducción. Dios, el Omnipotente, el Omnisciente, tiene conocimiento de todas las cosas.

Una de las secciones del Súratu'l-Haykal es la Tabla dirigida a su Majestad el Zar de Rusia, quiera Dios -exaltado y glorificado sea Él- asistirle: "¡Oh Zar de Rusia! Presta oído a la voz de Dios, el Rey, el Santo, y vuélvete hacia el Paraíso, el Lugar en que mora Aquel que, entre el Concurso de lo Alto, lleva los más excelentes títulos y Aquel a Quien, en el reino de la creación, se Le llama por el nombre de Dios, el Resplandeciente, el Todoglorioso. Cuida de que nada te impida volver tu rostro hacia tu Señor, el Compasivo, el Más Misericordioso. Nosotros, verdaderamente, hemos escuchado aquello por lo que suplicaste a tu Señor mientras comulgabas con Él en secreto. Por lo cual, la brisa de Mi amorosa bondad sopló, el mar de Mi misericordia se agitó y te respondimos en verdad. Tu Señor, ciertamente, es el Omnisciente, el Sabio. Mientras Yo estaba encadenado y engrillado en la prisión de Teherán, uno de tus ministros Me ofreció su ayuda, por lo cual Dios ha ordenado para ti una posición que no puede comprender el conocimiento de nadie excepto Su conocimiento. Cuídate de no trocar esta sublime posición".

Y además hemos dicho: "Aquel que es el Padre ha venido y el Hijo (Jesús) exclama en el valle santo: '¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor, mi Dios!', mientras el Sinaí gira alrededor de la Casa y la Zarza Ardiente grita: '¡El Todogeneroso ha venido montado sobre las nubes! Bendito aquel que se aproxima a Él y ay de los que están lejos.'

Levántate entre los hombres en nombre de esta omnímoda Causa y luego llama a las naciones hacia Dios, el Poderoso, el Grande. No seas de los que llamaron a Dios por uno de Sus nombres, pero que, cuando apareció Aquel que es el Objeto de todos los nombres, Le negaron y se apartaron de Él, y al fin dictaron sentencia contra Él con manifiesta injusticia. Considera y recuerda los días en que apareció el Espíritu de Dios (Jesús) y Herodes dictó sentencia contra Él. Sin embargo, Dios Le ayudó con las huestes de lo invisible, Le protegió con la verdad y Le envió a otro país, de acuerdo con Su promesa. Él, verdaderamente, ordena lo que Le place. Tu Señor, en verdad, preserva a quien Él desea, esté él en medio de los mares, en las fauces de la serpiente o bajo la espada del opresor".

Y además hemos dicho: "Nuevamente digo: Escucha Mi Voz que llama desde Mi prisión, para que te dé a conocer las cosas que le han acontecido a Mi Belleza a manos de los que son las manifestaciones de Mi Gloria y percibas cuán grande ha sido Mi paciencia, a pesar de Mi poder, y cuán inmensa Mi indulgencia, a pesar de Mi fuerza. ¡Por Mi Vida! Si pudieras conocer las cosas que han descendido por Mi Pluma y descubrir los tesoros de Mi Causa y las perlas de Mis misterios que yacen ocultas en los mares de Mis nombres y en las copas de Mis palabras, en tu anhelo por Su glorioso y sublime Reino, sacrificarías tu vida en el sendero de Dios. Sabe que, aunque Mi cuerpo esté bajo las espadas de Mis enemigos y Mis miembros estén acosados por incalculables aflicciones, no obstante, Mi espíritu está lleno de un gozo con el que todas las alegrías de la tierra nunca se podrán comparar".

Asimismo, mencionaremos algunos versículos de la Tabla de Su Majestad la Reina (Reina Victoria), quiera Dios, exaltado y glorificado es Él, asistirle. Nuestro propósito es que quizá las brisas de la Revelación puedan envolverte y hagan que te levantes completamente por amor a Dios, sirvas a Su Causa y transmitas a los reyes cualquiera de las Tablas que pudieran haber quedado sin entregar. Esta misión es una gran misión y este servicio un gran servicio. En aquellas regiones son numerosos los teólogos distinguidos, entre los cuales se encuentran aquellos siyyids renombrados por su eminencia y distinción. Consulta con ellos y muéstrales lo que ha fluido de la Pluma de Gloria, que quizá sean ayudados misericordiosamente a mejorar la condición del mundo y perfeccionar el carácter de los pueblos de las diferentes naciones, y puedan, a través de las aguas vivientes de los consejos de Dios, apagar el odio y la animosidad que yacen ocultos y latentes en los corazones de los hombres. Rogamos a Dios que seas asistido en ello. Y esto, verdaderamente, no sería difícil para Él.

"¡Oh reina de Londres! Presta oído a la voz de tu Señor, el Señor de toda la humanidad, que llama desde el Divino Árbol del Loto: ¡Verdaderamente, no hay Dios sino Yo, el Todopoderoso, el Sabio! Abandona todo lo que hay en la tierra y atavía la cabeza de tu reino con la corona del recuerdo de tu Señor, el Todoglorioso. Él, en verdad, ha venido al mundo en Su gloria más grande y se ha cumplido todo lo que ha sido mencionado en el Evangelio. La tierra de Siria ha sido honrada por los pasos de su Señor, el Señor de todos los hombres, y el Norte y el Sur están ambos embriagados con el vino de Su presencia. Bendito el hombre que ha inhalado la fragancia del Más Misericordioso y se ha vuelto hacia el Punto del Amanecer de Su Belleza en esta resplandeciente Aurora. La Mezquita de AqÐá vibra con las brisas de su Señor, el Todoglorioso, en tanto que Ba¶ḥá (La Meca) tiembla ante la voz de Dios, el Exaltado, el Altísimo. Todas y cada una de las piedras de ambas celebran la alabanza del Señor mediante este Gran Nombre".

Y además hemos dicho: "Hacemos mención de ti por el amor de Dios y deseamos que tu nombre sea exaltado por medio de tu recuerdo de Dios, el Creador del cielo y de la tierra. Él, ciertamente, es testigo de lo que digo. Hemos sido informados de que has prohibido el comercio de esclavos, tanto de hombres como de mujeres. Esto es, en verdad, lo que Dios ha ordenado en esta maravillosa Revelación. Dios, verdaderamente, ha destinado una recompensa para ti, debido a esto. Él, en verdad, pagará al hacedor del bien, sea hombre o mujer, su debida recompensa, si siguieras lo que te ha sido enviado por Aquel que es el Omnisapiente, el Informado de Todo. En cuanto a aquel que se aparta y se hincha de orgullo, después de que las evidentes señales del Revelador de los signos hayan venido a él, Dios convertirá su labor en nada. Él, en verdad, tiene poder sobre todas las cosas. Las acciones del hombre son aceptables después de que haya reconocido (a la Manifestación). Aquel que se aparta del Verdadero es de hecho la más velada de Sus criaturas. Así ha sido decretado por Aquel que es el Todopoderoso, el Omnipotente.

También hemos oído que has confiado las riendas del consejo en manos de los representantes del pueblo. Tú, por cierto, has hecho bien, pues con ello se reforzarán los cimientos del edificio de tus asuntos y se apaciguarán los corazones de todos los que están bajo tu sombra, sean elevados o humildes. Sin embargo, les incumbe ser dignos de confianza entre Sus siervos y considerarse representantes de todos los que habitan la tierra. Esto es lo que les aconseja en esta Tabla Aquel que es el Gobernante, el Sabio. Y si alguno de ellos se dirige a la Asamblea, que vuelva sus ojos hacia el Horizonte Supremo y diga: '¡Oh mi Dios! Te pido, por Tu más glorioso Nombre, que me asistas en todo aquello que haga prosperar los asuntos de Tus siervos y florecer Tus ciudades. Tú, en verdad, tienes poder sobre todas las cosas!' Bendito aquel que entra en la asamblea por amor a Dios y juzga entre los hombres con justicia pura. Él es, en verdad, de los bienaventurados.

¡Oh vosotros, miembros de la Asamblea en esa tierra y en otros países! Reuníos a deliberar y que vuestro único interés sea lo que beneficie a la humanidad y mejore su condición, si sois de los que examinan con atención. Considerad al mundo como el cuerpo humano que, aunque completo y perfecto en su creación, por causas diversas se ha visto afligido con graves trastornos y enfermedades. Ni un solo día logró alivio; más bien su dolencia se agravó, pues cayó en manos de médicos ignorantes que daban rienda suelta a sus deseos personales y han errado gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un médico hábil, un miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto seguía enfermo como antes. Así os informa el Omnisciente, el Sabio. Lo vemos, en este día, a merced de gobernantes tan embriagados de orgullo que no pueden discernir claramente lo que más les conviene a ellos mismos, cuánto menos aún reconocer una Revelación tan desconcertante y retadora como ésta".

Y además hemos dicho: "Lo que el Señor ha ordenado como el remedio supremo y el más poderoso instrumento para la curación del mundo entero es la unión de todos sus pueblos en una Causa universal, una Fe común. Esto no puede lograrse de ningún modo excepto por el poder de un Médico hábil, todopoderoso e inspirado. ¡Por Mi vida! Esto es la verdad y todo lo demás no es sino error. Cada vez que ese Poderosísimo Instrumento ha venido y esa Luz ha brillado desde la Antigua Aurora, Él ha sido obstaculizado por médicos ignorantes, quienes como las nubes, se interpusieron entre Él y el mundo. Por tanto, este no pudo recuperarse, y su enfermedad ha persistido hasta este día. Ellos, en verdad, han sido impotentes para protegerle o efectuar una cura, mientras que a Aquel que ha sido la Manifestación del Poder entre los hombres se Le impidió alcanzar Su propósito, debido a lo que las manos de los médicos ignorantes han forjado.

Considera estos días, en los cuales Aquel que es la Antigua Belleza ha venido en el Más Grande Nombre, para poder revivir al mundo y unir a sus pueblos. Ellos, sin embargo, se levantaron en su contra con espadas afiladas y cometieron lo que hizo lamentarse al Espíritu Fiel, hasta que al final Le encarcelaron en la más desolada de las ciudades y desprendieron las manos de los fieles de la orla de Su manto. Si alguien les dijera: 'El Reformador del Mundo ha venido', ellos responderían: '¡En verdad, se ha probado que Él es un fomentador de discordia!', y esto a pesar de que ellos jamás se han asociado con Él, y han percibido que él no procuró, ni por un instante, protegerse a Sí mismo. En todo momento Él estuvo a merced de los inicuos. En un tiempo Le arrojaron en la prisión, en otro Le desterraron y aún en otro Le apresuraron para ir de país en país. Así han dictado juicio en contra de Nosotros, y Dios, verdaderamente, es consciente de lo que digo".

Este cargo de fomentar discordia es el mismo que fuera imputado antiguamente por los faraones de Egipto a Aquel que conversó con Dios (Moisés). Leed lo que el Todomisericordioso ha revelado en el Corán. Él -bendito y glorificado sea- dice: "Además, enviamos a Moisés en el pasado, con Nuestros signos y con evidente autoridad, al Faraón, y a Hámán, y a Qárún; y ellos dijeron: '¡Hechicero, impostor!' Y cuando Él llegó ante ellos con la verdad, desde Nuestra presencia, ellos dijeron: 'Dad muerte a los hijos de los que creen lo mismo que Él y dejad con vida a sus mujeres', pero la estratagema de los incrédulos resultó sólo un fracaso. Y el faraón dijo: 'Dejadme solo, para que mate a Moisés; y dejad que él invoque a su Señor. Temo que él cambie vuestra religión, o haga que el desorden se manifieste en el país.' Y Moisés dijo: 'Me amparo en mi Señor y vuestro Señor, de todo arrogante que no cree en el Día del Juicio Final.'"

En todas las épocas, los hombres han considerado a cada Reformador del Mundo como a un promotor de discordia y se han referido a Él en términos que son familiares a todos. Cada vez que el Sol de la Revelación Divina derramó su esplendor desde el horizonte de la Voluntad de Dios, un gran número de hombres Le negó, otros se apartaron de Él y aún otros Le calumniaron, y con ello privaron a los siervos de Dios del río de la amorosa providencia de Aquel que es el Rey de la creación. Del mismo modo, aquellos que en este día no han conocido a este Agraviado, ni se han asociado con Él, han dicho y aún siguen diciendo las cosas que tú has oído y continúas oyendo. Di: "¡Oh pueblo! El Sol de la Expresión brilla en este día sobre el horizonte de la generosidad y el esplendor de la Revelación de Aquel que habló en el Sinaí fulgura y resplandece ante todas las religiones. Purgad y santificad vuestros pechos y vuestros corazones, vuestros oídos y vuestros ojos con las vivientes aguas de la expresión del Todomisericordioso, y volved entonces vuestros rostros hacia Él. ¡Por la rectitud de Dios! Oiréis a todas las cosas proclamar: '¡Verdaderamente, Él, el Verdadero, ha llegado. Benditos quienes juzgan con imparcialidad y benditos quienes se vuelven hacia Él!'"

Entre las cosas que ellos han imputado al Divino Árbol del Loto (Moisés), existen cargos cuya falsedad todo hombre de discernimiento, todo sabio y corazón comprensivo atestiguarán. Sin duda, debes haber leído y meditado los versículos que han sido enviados concernientes a Aquel que conversó con Dios. Él -bendito y glorificado sea- dice: "Él dijo: '¿No te hemos criado entre nosotros cuando eras un niño? ¿No has pasado años de tu vida entre nosotros? Y sin embargo, ¡qué acción es la que has cometido! Tú eres de los ingratos.' Él dijo: 'En efecto, lo he cometido y fui de los que erraron. Y huí de vosotros porque os temía; pero Mi Señor Me ha dado sabiduría y ha hecho de Mí uno de Sus Apóstoles.'" Y en otra parte Él -bendito y exaltado sea- dice: "Y Él entró en una ciudad en el momento en que sus habitantes no podían observarle y encontró en ella a dos hombres peleando; uno era de Su propio pueblo, el otro, de Sus enemigos. Y aquel que era de Su propio pueblo Le pidió ayuda contra aquel que era de Sus enemigos. Y Moisés le golpeó con Su puño y le dio muerte. Dijo Él: 'Esto es obra de Satán; ya que él es un enemigo, un manifiesto embaucador.' Él dijo: '¡Oh mi Señor! He pecado para mi propio perjuicio, perdóname.' Y Dios Le perdonó; puesto que Él es el Perdonador, el Misericordioso. Él dijo: '¡Señor! ya que Tú me has manifestado esta gracia, nunca más ayudaré a los malvados.' Y al mediodía El estaba en la ciudad, lleno de temor, echando miradas furtivas a Su alrededor cuando, he aquí, el hombre al que había ayudado el día anterior, le volvía a pedir ayuda a gritos. Moisés le dijo: 'Tú eres, evidentemente, una persona muy depravada.' Y cuando iba a echar mano, violentamente, a aquel que era su común enemigo, este Le dijo: '¡Oh Moisés! ¿Quieres matarme como ayer mataste a un hombre? Tú sólo ansías ser un tirano en esta tierra y no deseas ser de los pacificadores.'" Tus oídos y tus ojos deben necesariamente purificarse y santificarse ahora, para que puedas juzgar con imparcialidad y justicia. Además, Moisés mismo reconoció Su injusticia y su rebeldía, y atestiguó que el miedo se había apoderado de Él, y que había transgredido y huido. Pidió a Dios -exaltada sea Su gloria- que Le perdonase y fue perdonado.

¡Oh Shaykh! Cada vez que Dios, el Verdadero -exaltada sea Su gloria- Se reveló a Sí Mismo en la persona de Su Manifestación, vino a los hombres con el estandarte de "Él hace lo que Él desea y ordena lo que a Él Le place". Nadie tiene derecho de preguntar por qué o para qué, y aquel que lo hace, en verdad, se ha apartado de Dios, el Señor de Señores. En los días de cada Manifestación estas cosas aparecen y son evidentes. Lo mismo han dicho acerca de este Agraviado, de cuya falsedad han sido y continúan siendo testigos quienes están cerca de Dios y están consagrados a Él. ¡Por la rectitud de Dios! Esta Orla de Su Manto siempre ha estado y permanece estando inmaculada, aunque muchos, en este momento, se han propuesto mancillarla con sus falsas e indecorosas calumnias. Sin embargo, Dios sabe y ellos no saben. Aquel que, mediante la fuerza y el poder de Dios, Se ha levantado ante la faz de todos los pueblos de la tierra y ha convocado a las multitudes al Horizonte Supremo, ha sido repudiado por ellos y, a cambio, ellos se adhirieron a aquellos hombres que invariablemente se ocultaron tras los velos y cortinas, y se ocuparon de su propia protección. Por otra parte, muchos están ahora dedicados a difundir mentiras y calumnias, y no tienen otra intención que no sea la de inspirar desconfianza en los corazones y las almas de los hombres. Tan pronto como alguien deja la Gran Ciudad (Constantinopla) para visitar esta tierra, ellos telegrafían y proclaman que él ha robado dinero y ha huido a 'Akká. Un hombre muy culto, instruido y distinguido, en sus últimos años visitó la Tierra Santa en busca de paz y retiro, y ellos han escrito tales cosas acerca de él que han hecho que se lamentaran los que se hallan consagrados a Dios y están próximos a Él.

Su Excelencia el difunto Mírzá Æusayn Khán, el Mushíru'd-Dawlih -quiera Dios perdonarle-, ha conocido a este Agraviado y no hay duda de que él debe haber dado a las autoridades un relato circunstancial de la llegada de este Agraviado a la Puerta Sublime, y de las cosas que Él dijo e hizo. El día de Nuestra llegada, un funcionario del gobierno, cuyo deber era el de recibir y agasajar a los visitantes oficiales, vino a Nuestro encuentro y Nos escoltó hasta el lugar al que se le había ordenado que Nos condujera. En verdad, el gobierno mostró hacia estos agraviados la mayor amabilidad y consideración. Al día siguiente, el príncipe Shujá'u'd-Dawlih, acompañado de Mírzá «afá, actuando como los representantes del difunto Mushíru'd-Dawlih, el Ministro (acreditado ante la Corte Imperial), vinieron a visitarnos. Otros, entre los que se hallaban varios ministros del Gobierno Imperial, incluyendo al difunto Kamál Páshá, igualmente Nos visitaron. Confiando totalmente en Dios y sin ninguna alusión a necesidad alguna que Él pudiera haber tenido, o a ningún otro asunto, este Agraviado residió en esa ciudad por un período de cuatro meses. Sus actos eran conocidos y manifiestos para todos, y nadie puede negarlos excepto los que Le odian y no hablan la verdad. El que ha reconocido a Dios no reconoce a otro sino a Él. Nunca hemos deseado, ni deseamos, hacer mención de tales cosas.

Cuando quiera que los altos dignatarios de Persia llegaban a esa ciudad (Constantinopla), hacían el mayor esfuerzo por solicitar en cada puerta todas las concesiones y regalos que pudieran obtener. Este Agraviado, no obstante, si no hizo nada que redundara en la gloria de Persia, cuando menos actuó de tal modo que no podía deshonrarla en absoluto. Lo que hizo que su difunta Excelencia (el Mushíru'd-Dawlih) -quiera Dios exaltar su posición- no fuera motivado por su amistad hacia este Agraviado, sino que fue dictado por su propio y sagaz juicio y por su deseo de realizar el servicio que secretamente contemplaba prestar a su gobierno. Atestiguo que él era tan fiel en el servicio a su gobierno que la deshonestidad no tenía cabida en él y por ello era menospreciado en el círculo de sus actividades. Él fue el responsable de la llegada de estos agraviados a la Más Grande Prisión ('Akká). No obstante, como fue fiel en el cumplimiento de su deber, merece Nuestro encomio. Este Agraviado, en todo momento, ha procurado y Se ha esforzado por exaltar y promover los intereses tanto del gobierno como del pueblo y no en elevar Su propia posición. Cierto número de hombres, en este momento, han reunido a otros a su alrededor y se han alzado para deshonrar a este Agraviado. Él, no obstante, implora a Dios -santificado y glorificado sea- que les ayude a volverse hacia Él y les asista para resarcirse de lo que se les ha escapado y arrepentirse ante la puerta de Su generosidad. Él es, en verdad, el Perdonador, el Misericordioso.

¡Oh Shaykh! Mi Pluma, verdaderamente, se lamenta sobre Mi propio Ser y Mi Tabla llora amargamente sobre lo que Me ha acontecido a manos de alguien (Mírzá Yaḥyá) a quien hemos cuidado durante muchos años, y quien día y noche sirvió en Mi presencia hasta que fue inducido a errar por uno de Mis siervos llamado Siyyid Muḥammad. De ello son testigos Mis siervos creyentes que Me acompañaron en Mi exilio desde Bagdad hasta esta la Más Grande Prisión. Y allí, a manos de ambos, Me sobrevino lo que hizo clamar a todo hombre de entendimiento, gemir a gritos a quienes están dotados de perspicacia y correr las lágrimas de los imparciales.

Rogamos a Dios que asista misericordiosamente a los que se han extraviado, para que sean justos e imparciales, y les haga conscientes de aquello que han desconocido. Él es, en verdad, el Todomunífico, el Más Generoso. No excluyas a Tus siervos, oh mi Señor, de la puerta de Tu gracia y no les apartes de la corte de Tu presencia. Ayúdales a disipar la bruma de la ociosa fantasía y a rasgar los velos de las imaginaciones y esperanzas vanas. Tú eres, en verdad, el Todoposeedor, el Altísimo. No existe otro Dios sino Tú, el Omnipotente, el Clemente.

¡Juro por el Sol del Testimonio de Dios que ha brillado desde el horizonte de la certeza! Este Agraviado, durante el día y la noche, Se ha ocupado con aquello que edificará las almas de los hombres, hasta que la luz del conocimiento prevalezca sobre la oscuridad de la ignorancia.

¡Oh Shaykh! Una y otra vez he declarado, y ahora nuevamente afirmo, que durante dos veintenas de años, mediante la gracia de Dios y por Su irresistible y potente voluntad, hemos extendido una ayuda tal a Su Majestad el Sháh -quiera Dios asistirle- que los exponentes de la justicia y equidad la considerarían como incuestionable y absoluta. Nadie puede negarla, a menos que sea un transgresor y un pecador, o alguien que Nos odia o duda de Nuestra verdad. ¡Cuán extraño que hasta ahora los ministros de Estado y los representantes del pueblo por igual hayan permanecido inconscientes de tan conspicuo e innegable servicio y, si estaban informados de ello, por sus propias razones hayan optado por ignorarlo! Antes de estos cuarenta años, las controversias y los conflictos prevalecían continuamente y agitaban a los siervos de Dios. Pero desde entonces, asistidos por las huestes de la sabiduría, de la expresión, de exhortaciones y comprensión, todos ellos han tomado y se han asido de tal modo del firme cordón de la paciencia y de la brillante orla de la fortaleza que estas gentes agraviadas soportaron firmemente todo lo que les aconteció y encomendaron todo a Dios, y ello a pesar de que en Mázindarán y en Rasht muchos habían sido espantosamente atormentados. Entre ellos se hallaba su señoría Æájí NaÐír, quien incuestionablemente fue una brillante luz que fulguró sobre el horizonte de la resignación. Después de haber sufrido el martirio, ellos le arrancaron los ojos y cortaron su nariz, y le infligieron tales indignidades que los extraños lloraron y se lamentaron, y secretamente reunieron fondos para sostener a su esposa e hijos.

¡Oh Shaykh! Mi Pluma se avergüenza al recordar lo que realmente sucedió. En la tierra de «ád (IÐfahán) el fuego de la tiranía ardió con una llama tan abrasadora que toda persona imparcial gimió en voz alta. ¡Por tu vida! Las ciudades del conocimiento y del entendimiento lloraron con tal llanto que las almas de los píos y los temerosos de Dios fueron consumidas. Las brillantes luces gemelas, Æasan y Æusayn (el Rey de los Mártires y el Amado de los Mártires), ofrendaron espontáneamente sus vidas en aquella ciudad. ¡Ni la fortuna, ni la riqueza, ni la gloria pudieron disuadirles! ¡Dios sabe las cosas que les acontecieron y aún así la gente, en su mayoría, está inconsciente!

Antes de ellos alguien llamado Ká1/2im y los que estaban con él, y después de ellos su señoría Ashraf, todos bebieron el trago del martirio con el mayor anhelo y fervor, y se apresuraron hacia el Compañero Supremo. De igual modo, en tiempos del Sardár 'Azíz Khán, aquel hombre piadoso Mírzá Muжafá y sus compañeros de martirio fueron arrestados y despachados hacia el Supremo Amigo en el Horizonte Todoglorioso. En resumen, en cada ciudad las evidencias de una tiranía más allá de todo par o igual fueron inequívocamente claras y manifiestas, y aún así ¡nadie se levantó en defensa propia! Recuerda a su señoría Badí, quien fue el portador de la Tabla a Su Majestad el Sháh, y reflexiona sobre la forma en que entregó su vida. Ese caballero, que espoleó su corcel en el arena de la renuncia, arrojó la preciosa corona de la vida por el amor de Aquel que es el Amigo Incomparable.

¡Oh Shaykh! Si las cosas como éstas han de ser negadas, ¿qué, entonces, deberá considerarse digno de crédito? Haz conocer la verdad por amor a Dios y no seas de los que guardan silencio. Ellos arrestaron a su señoría Najaf-'Alí, quien se apresuró con gran arrobamiento y anhelo al campo del martirio, expresando estas palabras: "¡Hemos conservado tanto a Bahá como al khún-bahá (precio de sangre)!" Con estas palabras ofreció su espíritu. Medita sobre el esplendor y la gloria que la luz de la renuncia, brillando desde la cámara más alta del corazón de Mullá 'Alí-Ján, ha derramado. Él fue tan cautivado por las brisas de la Palabra Más Sublime y por el poder de la Pluma de Gloria que para él, el campo del martirio igualaba, más aún, sobrepasaba a las guaridas de las delicias terrenales. Reflexiona sobre la conducta de 'Abá-Basír y de Siyyid Ashraf-i-Zanjání. Mandaron llamar a la madre de Ashraf para que disuadiera a su hijo de su propósito. Pero ella le alentó hasta que él sufrió el más glorioso martirio.

¡Oh Shaykh! Esta gente ha pasado más allá del reducido estrecho de los nombres y ha levantado sus tiendas sobre las orillas del mar de la renuncia. Gustosamente entregarían miríadas de vidas antes de exhalar la palabra deseada por sus enemigos. Se han aferrado a lo que complace a Dios y están completamente desprendidos y liberados de las cosas que pertenecen a los hombres. Han preferido ser decapitados antes que pronunciar una palabra indigna. Pondera esto en tu corazón. Me parece que han bebido en abundancia del océano de la renuncia. La vida del mundo presente ha sido incapaz de disuadirles de sufrir el martirio en el sendero de Dios.

En Mázindarán, un gran número de los siervos de Dios fueron exterminados. El gobernador, bajo la influencia de los calumniadores, robó la mayor parte de todo cuanto poseían. Entre los cargos que les imputó se hallaba el de que ellos habían estado acumulando armas, mientras que, al realizarse una investigación, se descubrió que no tenían nada, salvo un rifle descargado. ¡Dios Munífico! Esta gente no necesita armas de destrucción, puesto que se han aprestado a reconstruir el mundo. Sus huestes son las huestes de las buenas acciones y sus armas son las armas de una conducta recta y su comandante es el temor de Dios. Bendito sea el que juzgue con imparcialidad. ¡Por la rectitud de Dios! Tal ha sido la paciencia, la calma, la resignación y la complacencia de esta gente que se han convertido en los exponentes de la justicia, y tan grande ha sido su indulgencia que prefirieron morir antes que matar, y esto a pesar de que aquellos a quienes el mundo agravió han soportado tribulaciones cuyo igual la historia del mundo jamás ha registrado, ni los ojos de nación alguna han presenciado. ¿Qué es lo que pudo haberles inducido a resignarse a estas pruebas atroces y rehusar mover un solo dedo para rechazarlas? ¿Qué es lo que pudo haber causado tal resignación y serenidad? La verdadera causa se encontrará en la prohibición que día y noche la Pluma de Gloria ha querido imponer y en Nuestra asunción de las riendas de la autoridad, a través del poder y la fuerza de Aquel que es el Señor de toda la humanidad.

Recuerda al padre de Badí. Ellos arrestaron a ese agraviado y le ordenaron que maldijera e injuriara su Fe. Él, sin embargo, mediante la gracia de Dios y la bondad de su Señor, eligió el martirio y lo alcanzó. Si fuerais a enumerar los mártires en el sendero de Dios, no los podríais contar. Considera a su señoría Siyyid Ismá'íl -sobre él sea la paz de Dios y Su amorosa bondad-, cómo antes de que despuntara el alba, solía quitar el polvo del umbral de Mi casa con su propio turbante y al final, mientras se hallaba en la ribera del río, con sus ojos puestos en esa misma casa, con sus propias manos ofrendó su vida.

Reflexiona sobre la penetrante influencia de la Palabra de Dios. A cada una de estas almas se le ordenó primero blasfemar y renegar de su Fe y, sin embargo, no se encontró a ninguno que prefiriera su propia voluntad a la Voluntad de Dios.

¡Oh Shaykh! En tiempos pasados el que era escogido para morir era una sola persona, mientras que ahora este Agraviado te ha mostrado lo que es causa de asombro para todo hombre equitativo. Juzga imparcialmente, te lo imploro, y levántate a servir a tu Señor. Él, en verdad, te premiará con una recompensa que ni los tesoros de la tierra ni todas las posesiones de los reyes y gobernantes podrán igualar. En todos tus asuntos pon tu confianza en Dios y déjalos a Su cuidado. Él te retribuirá con una recompensa que el Libro ha ordenado ser grande. Ocúpate, durante estos días pasajeros de tu vida, con acciones tales que difundan las fragancias del beneplácito Divino y sean engalanadas con el ornamento de Su aceptación. Las obras de su señoría Balál, el etíope, fueron tan aceptables a la vista de Dios que el "sín" de su lengua tartamuda superaba al "shín" pronunciado por todo el mundo. Este es el día en que todos los pueblos deben irradiar la luz de la unidad y la concordia. En resumen, el orgullo y la vanidad de algunos pueblos de la tierra han hecho estragos en el verdadero entendimiento y han sumido en ruinas el hogar de la justicia y de la equidad.

¡Oh Shaykh! Lo que ha tocado a este Agraviado está más allá de toda comparación o semejanza. Lo hemos soportado todo con la mayor disposición y resignación, para que las almas de los hombres sean edificadas y la Palabra de Dios sea exaltada. Mientras Nos hallábamos confinados en la prisión de la tierra de Mím (Mázindarán), cierto día fuimos entregados en manos de los teólogos. Bien puedes imaginarte lo que Nos aconteció. Si alguna vez visitas la mazmorra de Su Majestad el Sháh, pídele al alcalde y al jefe de carceleros que te muestren esas dos cadenas, una de las cuales es conocida como Qará-Guhar y la otra como Salásil. Juro por el Sol de la Justicia que durante cuatro meses este Agraviado fue atormentado y encadenado por una o por otra. "¡Mi dolor excede todas las calamidades que padeció Jacob, y todas las aflicciones de Job no son más que una parte de Mis tribulaciones!"

Asimismo, reflexiona sobre el martirio de Æájí Muḥammad-Ri¤á en la Ciudad del Amor ('Ishqábád). Los tiranos de la tierra han sometido a ese agraviado a tales pruebas que muchos extranjeros han llorado y se han lamentado, pues, como se ha informado y confirmado, se inflingieron a su bendito cuerpo más de treinta y dos heridas. A pesar de ello, ninguno de los fieles transgredió Mi mandamiento, ni levantó su mano para ofrecer resistencia. Viniera lo que vienese, se negaron a permitir que sus propias inclinaciones suplantaran lo que el Libro ha decretado, aunque un gran número de esta gente ha residido, y aún reside, en aquella ciudad.

Suplicamos a Su Majestad el Sháh -quiera Dios, santificado y glorificado sea Él, asistirle- que él mismo medite sobre estas cosas y juzgue con equidad y justicia. Aunque en los últimos años, en la mayoría de las ciudades de Persia, muchos de los fieles han preferido morir antes que matar, aún así, el odio latente en algunos corazones se ha inflamado con mayor ferocidad que antes. Que las víctimas de la opresión intercedan en favor de sus enemigos es, en opinión de los gobernantes, una acción digna de un príncipe. Algunos, ciertamente, deben haber oído que la gente oprimida de esa ciudad ('Ishqábád) intercedió ante el gobernador en favor de sus asesinos y pidió por la reducción de sus sentencias. ¡Prestad entonces mucha atención, vosotros que sois hombres de entendimiento!

¡Oh Shaykh! Estos perspicuos versículos han sido enviados por la Pluma de Abhá en una de las Tablas: "Escucha, oh siervo, la voz de este Agraviado, Quien ha soportado vejaciones y pruebas crueles en el sendero de Dios, el Señor de todos los Nombres, hasta el momento en que fue arrojado en la prisión de la Tierra de (r)á (Teherán). Él convocó a los hombres al más sublime Paraíso y, sin embargo, Le apresaron y Le pasearon a través de ciudades y países. ¡Cuántas las noches en las que el sueño ha huido de los ojos de Mis amados debido a su amor por Mí; y cuán numerosos los días en que tuve que enfrentarme a los asaltos de la gente en Mi contra! En un tiempo Me hallé en la cima de las montañas; en otro, en la profundidades de la prisión de (r)á (Teherán), encadenado y engrillado. ¡Por la rectitud de Dios! En todo momento Le estuve agradecido, profiriendo Su alabanza, ocupado en el recuerdo de Él, dirigido hacia Él, satisfecho con Su complacencia y humilde y sumiso ante Él. Así transcurrieron Mis días hasta terminar en esta Prisión ('Akká), que ha hecho estremecer a la tierra y suspirar a los cielos. Dichoso aquel que haya desechado sus vanas imaginaciones, cuando Aquel que Se hallaba oculto vino con los estandartes de Sus signos. Nosotros, en verdad, hemos anunciado a los hombres esta Revelación Más Grande y, sin embargo, la gente se halla en un estado de extraño estupor".

Por tanto, se elevó una Voz proveniente de la dirección de Æijáz, clamando en voz alta y diciendo: "Grande es tu bienaventuranza, oh 'Akká, ya que Dios te ha hecho la aurora de Su Más Dulce Voz y el amanecer de Sus poderosísimos signos. Dichosa eres tú, pues el Trono de la Justicia ha sido establecido sobre ti, y el Sol de la amorosa bondad y generosidad de Dios ha brillado sobre tu horizonte. Bienaventurada sea toda persona imparcial que haya juzgado equitativamente a Aquel que es el Más Grande Recuerdo y ay de quien haya errado y dudado".

Después de la muerte de algunos de los mártires, el Lawḥ-i-Burhán (Tabla de la Prueba) descendió del cielo de la Revelación de Aquel que es el Señor de las Religiones:

"¡Él es el Omnipotente, el Omnisciente, el Omnisapiente! Los vientos del odio han envuelto el Arca de Ba¶ḥá (La Meca) por lo que las manos de los opresores han forjado. ¡Oh tú que eres reputado por tu conocimiento! Has dictado sentencia contra aquellos por los que los libros del mundo han llorado y en cuyo favor han atestiguado las escrituras de todas las religiones. Tú, que te has extraviado lejos, en verdad estás envuelto en un espeso velo. ¡Por Dios Mismo! Has pronunciado juicio contra aquellos por medio de los cuales ha sido iluminado el horizonte de la fe. De esto son testigos Aquellos que son las Auroras de la Revelación y las Manifestaciones de la Causa de tu Señor, el Más Misericordioso, Quienes han sacrificado sus almas y todo cuanto poseían en Su recto Sendero. La Fe de Dios ha llorado en todas partes a consecuencia de tu tiranía; no obstante, te ufanas y eres de los que se regocijan. No hay en Mi corazón odio hacia ti ni hacia nadie. Todo hombre de discernimiento te contempla a ti y a los que son como tú, sumidos en manifiesta locura. Si te hubieras dado cuenta de lo que has hecho, te hubieras arrojado al fuego o hubieras abandonado tu hogar y hubieras huido a las montañas, o hubieras gemido hasta regresar al sitio destinado para ti por Aquel que es el Señor de fortaleza y poder. ¡Oh tú que eres como la nada! Rasga los velos de las ociosas fantasías y vanas imaginaciones, para que puedas contemplar el Sol del conocimiento brillando desde este resplandeciente Horizonte. Has despedazado a un remanente del Profeta Mismo y te has imaginando que ayudabas a la Fe de Dios. Así te ha incitado tu alma y, verdaderamente, eres de los negligentes. Tú acción ha consumido los corazones del Concurso de lo alto y los de aquellos que han circulado en derredor de la Causa de Dios, el Señor de los mundos. El alma de la Casta (Fá¶imih) se consumió por tu crueldad y los moradores del Paraíso lloraron amargamente en ese Lugar bendito.

Te imploro por Dios que juzgues con equidad. ¿Qué prueba alegaron los doctores judíos para condenar a Aquel que era el Espíritu de Dios (Jesucristo), cuando vino a ellos con la verdad? ¿Cuál pudo haber sido la evidencia presentada por los fariseos y los sacerdotes idólatras para justificar su negación de Muḥammad, el Apóstol de Dios, cuando vino a ellos con un Libro que juzgaba entre la verdad y la falsedad, con una justicia que convertía en luz la oscuridad de la tierra y extasiaba los corazones de los que Le habían conocido? En verdad, tú has presentado en este día las mismas pruebas que los necios teólogos expusieron en aquella época. De ello es testigo Aquel que es el Rey del reino de gracia en esta gran Prisión. Ciertamente, tú has seguido sus pasos, más aún, los has sobrepasado en su crueldad y has creído estar ayudando a la Fe y defendiendo la Ley de Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente. ¡Por Aquel que es la Verdad! Tu iniquidad ha hecho gemir a Gabriel y ha arrancado lágrimas a la Ley de Dios, por cuyo medio las brisas de la justicia han soplado sobre todos los que están en el cielo y en la tierra. ¿Te has imaginado inocentemente que el juicio que has emitido te ha beneficiado? ¡No, por Aquel que es el Rey de todos los Nombres! De tu pérdida es testigo Aquel con Quien está el conocimiento de todas las cosas, como ha sido registrado en la Tabla preservada.

¡Oh tú que te has extraviado! No Me has visto, ni te has asociado conmigo, ni has sido Mi compañero por la fracción de un instante. ¿Cómo es, entonces, que has ordenado a los hombres que Me maldigan? ¿Has seguido los impulsos de tus propios deseos en esto, o has obedecido a tu Señor? Produce un signo, si eres de los veraces. Atestiguamos que has arrojado a tus espaldas la Ley de Dios y te has sujetado al dictado de tus pasiones. En verdad, nada escapa a Su conocimiento; Él, verdaderamente, es el Incomparable, el Todoinformado. ¡Oh negligente! Escucha lo que el Misericordioso ha revelado en el Corán: "no digáis a todo aquel que os salude al encontraros: 'Tú no eres un creyente'." Así lo ha decretado Aquel en Cuyo puño se encuentran los reinos de la Revelación y de la creación, si fueras de los que escuchan. Has desechado el mandamiento de Dios y te has aferrado a los impulsos de tus propios deseos. ¡Ay de ti, negligente escéptico! ¿Si Me niegas, por medio de qué prueba puedes vindicar la verdad de lo que posees? Adúcela, entonces, oh tú que has unido socios a Dios y te has apartado de Su soberanía que ha abarcado los mundos!

Sabe que es verdaderamente sabio quien ha reconocido Mi Revelación, ha bebido del Océano de Mi conocimiento, se ha elevado en la atmósfera de Mi amor, ha desechado todo lo que no sea Yo y se ha asido firmemente a lo que ha descendido desde el Reino de Mi maravillosa expresión. Él es, en verdad, como un ojo para la humanidad y como el espíritu de vida para el cuerpo de toda la creación. Glorificado sea el Todomisericordioso, Quien le ha iluminado y le ha hecho levantarse y servir a Su grande y poderosa Causa. En verdad, tal hombre es bendecido por el Concurso de lo alto y por aquellos que moran en el Tabernáculo de Grandeza, quienes han bebido de Mi Vino Sellado en Mi Nombre, el Omnipotente, el Todopoderoso. Si eres uno de los que ocupan tan sublime posición, produce entonces un signo de Dios, el Creador de los cielos. Y si reconocieras tu impotencia, refrena tus pasiones y regresa a tu Señor, para que quizás perdone tus pecados que han hecho que se consumieran las hojas del Divino Árbol del Loto, que la Roca clamara y que lloraran los ojos de los hombres de entendimiento. Por tu culpa el Velo de la Divinidad ha sido rasgado, el Arca se ha hundido, la Camella ha sido desjarretada y el Espíritu (Jesús) gimió en Su retiro sublime. ¿Disputas con Aquel que ha venido a ti con los testimonios de Dios y con Sus signos que tú posees y que son patrimonio de los que moran en la tierra? Abre tus ojos para que puedas contemplar a este Agraviado brillando sobre el horizonte de la voluntad de Dios, el Soberano, la Verdad, el Resplandeciente. Abre, entonces, el oído de tu corazón para que puedas escuchar el discurso del Divino Árbol del Loto que ha surgido en verdad por Dios, el Omnipotente, el Benéfico. Verdaderamente, este Árbol, a pesar de las cosas que le acontecieron debido a tu crueldad y a las transgresiones de los que son como tú, llama en voz alta y emplaza a los hombres al Sadratu'l-Muntahá y al Horizonte Supremo. Bendita el alma que ha contemplado el Más Poderoso Signo y el oído que ha escuchado Su dulcísima Voz y ay de quienquiera se haya apartado y haya actuado perversamente.

¡Oh tú que te has apartado de Dios! Si mirases el Divino Árbol del Loto con el ojo de la imparcialidad, percibirías las marcas de tu espada en sus vástagos, en sus ramas y en sus hojas, a pesar de que Dios te ha creado con el propósito de que Le reconozcas y Le sirvas. Reflexiona, que quizá reconozcas tu iniquidad y seas contado entre quienes se han arrepentido. ¿Acaso piensas que tememos tu crueldad? Sabe y ten por seguro que desde el primer día en que la voz de la Más Sublime Pluma se elevó entre tierra y cielo, ofrendamos Nuestras almas, Nuestros cuerpos, Nuestros hijos y Nuestros bienes en el sendero de Dios, el Exaltado, el Grande, y Nos gloriamos de ello ante todas las cosas creadas y el Concurso de lo alto. De ello dan testimonio las cosas que Nos han acontecido en este recto Sendero. ¡Por Dios! Nuestros corazones se consumieron, Nuestros cuerpos fueron crucificados y Nuestra sangre fue derramada, mientras Nuestros ojos estaban fijos en el horizonte de la amorosa bondad de su Señor, el Testigo, el que todo lo ve. Cuanto más dolorosos eran sus infortunios, tanto más aumentaba el amor del pueblo de Bahá. De su sinceridad es testigo lo que el Todomisericordioso ha revelado en el Corán. Él dice: 'Desead entonces, la muerte, si sois sinceros.' ¿Quién ha de ser preferido, aquel que se ha amparado detrás de cortinas, o el que se ha ofrendado en el sendero de Dios? Juzga imparcialmente y no seas de los que vagan turbados por el desierto de la falsedad. Tan transportados estaban por las aguas vivientes del amor del Más Misericordioso que ni las armas del mundo, ni las espadas de las naciones les han impedido volver sus rostros hacia el océano de la munificencia de su Señor, el Donador, el Generoso.

¡Por Dios! Las tribulaciones no han podido desalentarme y el repudio de los teólogos ha sido impotente para debilitarme. He hablado y continúo hablando ante los rostros de los hombres: '¡La puerta de la gracia ha sido abierta y Aquel que es la Aurora de la Justicia ha venido con signos inequívocos y testimonios evidentes de Dios, el Señor de fortaleza y poder!' Preséntate ante Mí para que puedas oír los misterios que fueron oídos por el hijo de 'Imrán (Moisés) sobre el Sinaí de la Sabiduría. Así te lo ordena Quien es el Lugar del Amanecer de la Revelación de tu Señor, el Dios de Misericordia, desde Su gran Prisión".

Por tanto, el grito y el lamento de la verdadera Fe se han elevado nuevamente, diciendo: "Verdaderamente, el Sinaí llama en voz alta y dice: '¡Oh pueblo del Bayán! Temed al Misericordioso. En verdad, he llegado hasta Aquel que conversó sobre mí, y el éxtasis de mi alegría ha embargado a los guijarros de la tierra y al polvo de la misma.' Y la Zarza exclama: '¡Oh pueblo del Bayán! Juzgad con imparcialidad lo que en verdad ha sido manifestado. Verdaderamente, el Fuego que Dios reveló a Aquel que conversó con Él, está ahora manifiesto. De ello es testigo todo hombre perspicaz y de entendimiento.'"

Hemos hecho mención de algunos mártires de esta Revelación y del mismo modo hemos citado algunos de los versículos que fueron enviados concernientes a ellos, desde el reino de Nuestra expresión. Abrigamos la esperanza de que, libre de todo apego al mundo, meditarás sobre las cosas que hemos mencionado.

Te incumbe ahora reflexionar sobre el estado de Mírzá Hádí Dawlat-Ábádí y de «ád-i-IÐfahání («adru'l-'Ulamá), quienes residen en la Tierra de (r)a (Teherán). Tan pronto como el primero escuchó que se le había llamado Bábí, fue tal su perturbación que su dignidad y serenidad le abandonaron. Subió a los púlpitos y expresó palabras indignas de él. Desde tiempo inmemorial, los terrones de arcilla del mundo, enteramente por su amor al liderazgo, han perpetrado acciones tales que han hecho errar a los hombres. Sin embargo, tú no debes imaginar que todos los fieles son como estos dos. Te hemos descrito la constancia, la firmeza, la resolución, la certidumbre, la imperturbabilidad y la dignidad de los mártires de esta Revelación, para que estés bien informado. Mi propósito al citar los pasajes de las Tablas a los reyes y a otros ha sido que puedas conocer con certeza que este Agraviado no ha ocultado la Causa de Dios, sino que en el lengauje más elocuente ha proclamado y ha entregado, ante la faz del mundo, las cosas que se Le encomendó exponer. Ciertos pusilánimes, no obstante, tales como Hádí y otros, se han entrometido en la Causa de Dios y, en su interés por esta vida pasajera, han dicho y hecho lo que hizo llorar al ojo de la justicia y gemir a la Pluma de Gloria, a pesar de su ignorancia de lo esencial de esta Causa; mientras que este Agraviado la ha revelado por amor a Dios.

¡Oh Hádí! Has ido a Mi hermano y le has visto. Dirige ahora tu rostro hacia la corte de este Agraviado, que quizá las brisas de la Revelación y los hálitos de inspiración te asistan y te permitan alcanzar tu meta. Quienquiera que haya contemplado Mis signos, en este día, distinguirá la verdad de la falsedad como el sol de la sombra y será conocedor de la meta. Dios es consciente y es Mi testigo de que todo cuanto ha sido mencionado fue por amor a Dios, para que quizá puedas ser la causa de la guía de los hombres y puedas librar a los pueblos del mundo de las ociosas fantasías y las vanas imaginaciones. ¡Dios Bendito! ¡Hasta ahora los que se han apartado y Me han negado, han fracasado en reconocer a Quien envió lo que fue entregado al Precursor, el Punto Primordial! El conocimiento de esto se halla en Dios, el Señor de los mundos.

Esfuérzate, oh Shaykh, y levántate a servir a esta Causa. En este día, el Vino Sellado está expuesto ante los rostros de los hombres. Tómalo en el nombre de tu Señor y bebe abundantemente en el recuerdo de Aquel que es el Poderoso, el Incomparable. Día y noche, este Agraviado ha estado ocupado en lo que unirá los corazones y edificará las almas de los hombres. Los acontecimientos que han ocurrido en Persia durante los primeros años, verdaderamente han entristecido a los agraciados y a los sinceros. Cada año ha presenciado una nueva masacre, pillaje, saqueo y derramamiento de sangre. En cierta época apareció en Zanján lo que causó la más grande consternación; en otra en Nayríz, aún en otra en (r)abarsí y finalmente ocurrió el episodio de la tierra de (r)á (Teherán). De allí en adelante, este Agraviado, asistido por el Único Dios Verdadero -exaltada sea Su gloria- instruyó a este pueblo oprimido sobre las cosas que mejor le correspondían. Todos se han santificado de las cosas que ellos y otros poseen, y se han adherido y han puesto sus ojos en lo que pertenece a Dios.

Incumbe ahora a Su Majestad el Sháh -quiera Dios, exaltado sea Él, protegerle- tratar a este pueblo con amorosa bondad y misericordia. Este Agraviado Se comprometió, ante la Divina Kaaba a que aparte de la veracidad y confiabilidad, este pueblo no manifestaría nada que pudiese, de manera alguna, estar en conflicto con los modos de ver de Su Majestad, que engalanan al mundo. Toda nación debe tener en alta estima la posición de su soberano, debe serle sumisa, debe cumplir sus decretos y asirse firmemente a su autoridad. Los soberanos de la tierra han sido y son las manifestaciones del poder, la grandeza y la majestad de Dios. Este Agraviado, en ningún momento ha tratado a nadie engañosamente. Todos están bien enterados de esto y son testigos de ello. El respeto al rango de los soberanos está divinamente ordenado, como ha sido claramente atestiguado por las palabras de los Profetas de Dios y la de Sus escogidos. A Aquel que es el Espíritu (Jesús) -que la paz sea con Él- se Le preguntó: "¡Oh Espíritu de Dios! ¿Es lícito o no dar tributo al Cesar?" Y Él respondió: "Sí, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Él no lo prohibió. Estos dos proverbios, en opinión de los hombres perspicaces, son uno y el mismo, puesto que, si lo que pertenecía al Cesar no hubiera venido de Dios, Él lo habría prohibido. Y del mismo modo en el versículo sagrado: "Obedeced a Dios y obedeced al Apóstol y a aquellos de entre vosotros que están investidos de autoridad". Por "aquellos investidos de autoridad" se quiere significar principal y muy especialmente a los Imames, ¡que las bendiciones de Dios sean con ellos! Ellos, verdaderamente, son las manifestaciones del poder de Dios, las fuentes de Su autoridad, los repositorios de Su conocimiento y las auroras de Sus mandamientos. En segundo lugar, estas palabras se refieren a los reyes y gobernantes, aquellos por la brillantez de cuya justicia los horizontes del mundo son resplandecientes y luminosos. Abrigamos la esperanza de que su Majestad el Sháh fulgure con una luz de justicia, cuyo esplendor envuelva a todas las razas de la tierra. Incumbe a todos rogar en su nombre al único Dios verdadero por lo que es digno y decoroso en este día.

¡Oh Dios, mi Dios y mi Maestro y mi Apoyo y mi Deseo y mi Amado! Te pido, por los misterios que se hallaban ocultos en Tu conocimiento, y por los signos que han esparcido la fragancia de Tu amorosa bondad, y por las olas del océano de Tu munificencia, y por el cielo de Tu gracia y generosidad, y por la sangre derramada en Tu sendero, y por los corazones consumidos en su amor por Ti, que asistas a su Majestad el Sháh con Tu poder y Tu soberanía, para que de él se manifieste aquello que perdure por siempre en Tus Libros, Tus Escrituras y Tus Tablas. Sostén su mano, oh mi Señor, con la mano de Tu omnipotencia, ilumínale con la luz de Tu conocimiento y adórnale con el ornamento de Tus virtudes. Potente eres Tú para hacer lo que Te place y en Tu puño se hallan las riendas de todas las cosas creadas. No existe otro Dios sino Tú, el que siempre perdona, el Todogeneroso.

En la Epístola a los Romanos, San Pablo ha escrito: "Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino". Y además: "Pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal". Él dice que el surgimiento de los reyes, su majestad y su poder son de Dios.

Además, en las tradiciones de antaño se han hecho referencias que los teólogos han visto y han oído. Rogamos a Dios -bendito y glorificado sea Él- que te ayude, oh Shaykh, a aferrarte a lo que ha descendido del cielo de la generosidad de Dios, el Señor de los mundos. Los teólogos deben necesariamente unirse a su Majestad el Sháh, y adherirse a lo que afianzará la protección, la seguridad, el bienestar y la prosperidad de los hombres. Un rey justo goza de un acceso más cercano a Dios que cualquier otro. De ello es testigo Aquel que habla en Su Más Grande Prisión. ¡Dios! No hay otro Dios salvo Él, el Único, el Incomparable, el Omnipotente, el Omnisciente, el Omnisapiente.

Si meditases, por amor a Dios, aunque sólo fuese por una hora, sobre las cosas que han ocurrido en tiempos pasados y lo ocurrido últimamente, te apartarías de las cosas que posees y te volverías hacia las cosas que pertenecen a Dios, y te convertirías en un instrumento para la exaltación de Su Palabra. ¿Ha brillado alguna Luz o Revelación, desde la fundación del mundo hasta el presente día, que fulgurando desde la aurora de la voluntad de Dios, hayan aceptado las razas de la tierra y Cuya Causa hayan reconocido? ¿Dónde se encuentra y cuál es su nombre? Desde el Sello de los Profetas (Muḥammad) -que todo lo demás, salvo Él, sea en Su sacrificio- y antes que Él, el Espíritu de Dios (Jesús), y hasta en tiempos de la Primera Manifestación, todos, en el tiempo de Su aparición, han sufrido cruelmente. Algunos fueron tomados por posesos, otros fueron llamados impostores y tratados de una manera que la pluma se avergüenza a describir. ¡Por Dios! ¡Les aconteció lo que hizo suspirar a todas las cosas creadas y, sin embargo, la gente, en su mayor parte, está sumida en manifiesta ignorancia! Rogamos a Dios que les ayude a volverse hacia Él y a arrepentirse ante la puerta de Su misericordia. Potente es Él sobre todas las cosas.

En este momento, la estridente voz de la Más Sublime Pluma se ha elevado y se ha dirigido a Mí, diciendo: "Amonesta al Shaykh tal y como has amonestado a una de Tus Ramas (hijos), que quizá las brisas de Tu expresión puedan atraerlo y acercarlo a Dios, el Señor de los mundos".

"Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad. Sé digno de la confianza de tu prójimo y mírale con rostro resplandeciente y amistoso. Sé un tesoro para el pobre, un amonestador para el rico; sé uno que responde a la llamada del necesitado, un preservador de la santidad de tu promesa. Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra. No seas injusto con nadie y muestra mansedumbre a todos. Sé como una lámpara para quienes andan en las tinieblas, una alegría para los apenados, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un sostenedor y defensor de la víctima de la opresión. Que la integridad y la rectitud distingan todos tus actos. Sé un hogar para el forastero, un bálsamo para el que padece, un baluarte para el fugitivo. Sé como ojos para el ciego y una luz de guía a los pies de los que yerran. Sé un ornamento para el semblante de la verdad, una corona sobre la frente de la fidelidad, un pilar del templo de la rectitud, un hálito de vida para el cuerpo de la humanidad, una insignia de las huestes de la justicia, un lucero sobre el horizonte de la virtud, un rocío para la tierra del corazón humano, un arca en el océano del conocimiento, un sol en el cielo de la generosidad, una gema en la diadema de la sabiduría, una luz refulgente en el firmamento de tu generación, un fruto del árbol de la humildad. Rogamos a Dios que te proteja del calor de los celos y del frío del odio. Él verdaderamente está cerca, preparado para contestar". Así ha hablado Mi lengua a una de Mis Ramas (hijos), y lo hemos mencionado a aquellos de Nuestros amados que han desechado sus ociosas fantasías y se han adherido a lo que les ha sido prescrito en el día en que el Sol de la Certeza ha brillado sobre el horizonte de la voluntad de Dios, el Señor de los mundos. Este es el día en que el Ave de la Expresión ha gorjeado su melodía sobre las ramas, en el nombre de su Señor, el Dios de Misericordia. Bendito es el hombre que, en las alas del anhelo, ha alzado vuelo hacia Dios, el Señor del Día del Juicio.

El único Dios verdadero bien sabe, y toda la compañía de Sus fieles lo testifican, que este Agraviado, en todo momento, se ha enfrentado a peligros horrendos. Si no fuera por las tribulaciones que Me he encontrado en el sendero de Dios, la vida no hubiera tenido dulzura para Mí y Mi existencia no Me hubiera beneficiado en nada. Para los que están dotados de discernimiento y cuyos ojos están puestos en la Sublime Visión, no es un secreto que he estado, la mayoría de los días de Mi vida, como un esclavo, sentado bajo una espada pendiendo de un hilo, sin saber si más tarde o más temprano caería sobre él. Y sin embargo, a pesar de todo esto, damos gracias a Dios, el Señor de los mundos. Mi lengua interior recita, durante el día y por la noche, esta oración: "¡Gloria sea a Ti, oh mi Dios! Si no fuera por las tribulaciones sufridas en Tu sendero, ¿cómo se podría conocer a Tus verdaderos amantes?, y si no fuera por las pruebas sufridas por amor a Ti, ¿cómo podría revelarse la posición de los que Te anhelan? ¡Tu poder me lo atestigua! Los compañeros de todos los que Te adoran son las lágrimas que derraman, y el consuelo de los que Te buscan son los lamentos que profieren, y el alimento de los que se apresuran para encontrarte son los pedazos de sus corazones rotos. ¡Cuán dulce es para mí la muerte sufrida en Tu sendero y cuán preciados para mí los dardos de Tus enemigos, cuando son encontrados por amor a la exaltación de Tu Palabra! Déjame beber en Tu Causa todo lo que Tú has deseado, oh mi Dios y mi Maestro, y envíame, por Tu amor, todo lo que Tú ordenaste. ¡Por Tu gloria! Sólo deseo lo que Tú deseas y anhelo lo que Tú anhelas. En Ti he puesto siempre toda Mi fe y confianza. Tú eres, verdaderamente, el Todoposeedor, el Altísimo. Te imploro, oh mi Dios, que hagas surgir a quienes sean dignos de Tu Nombre y de Tu soberanía, para que ayuden a esta Revelación, Te recuerden entre Tus criaturas e icen los emblemas de Tu victoria en Tu tierra, y engalánalos con Tus virtudes y Tus mandamientos. No hay Dios sino Tú, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por Sí Mismo".

Luego, la voz de la verdadera Fe se elevó llamando en voz alta una y otra vez: "¡Oh concurso de la tierra! ¡Por Dios! Yo soy la verdadera Fe de Dios entre vosotros. Ciudaos, no sea que Me neguéis. Dios Me ha manifestado con una luz que abarca todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra. Juzgad equitativamente, oh pueblo, Mi manifestación y la revelación de Mi gloria, y la brillantez de Mi luz, y no seáis de los que obran injustamente".

¡Oh Shaykh! Este Agraviado ruega a Dios -bendito y glorificado sea Él- que te convierta en uno que abra la puerta de la justicia y revele a través de ti Su Causa entre Sus siervos. Él es, en verdad, el Todopoderoso, el Omnipotente, el Todogeneroso.

¡Oh Shaykh! Implora al único Dios verdadero que santifique los oídos, los ojos y los corazones de la humanidad y los proteja de los deseos de una inclinación corrupta. Pues la malicia es una penosa enfermedad que impide al hombre reconocer al Gran Ser y le priva de los esplendores del sol de la certeza. Oramos y esperamos que, a través de la indulgencia y merced de Dios, elimine este poderoso obstáculo. Él, verdaderamente, es el Potente, el Todosometedor, el Todopoderoso.

En este momento una Voz se ha elevado desde la diestra del Lugar Luminoso: "¡Dios! ¡No existe otro Dios sino Él, el Ordenador, el Omnisapiente! Recítale al Shaykh los pasajes restantes del Lawḥ-i-Burhán (Tabla de la Prueba), para que le acerquen al horizonte de la Revelación de su Señor, el Dios de Misericordia, que quizá se levante para ayudar a Mi Causa con signos perspicuos y exaltados testimonios y exponga entre los hombres lo que la Lengua del Testimonio ha expresado: '¡El Reino es de Dios, el Señor de los mundos!'"

"Estudia el Kitáb-i-Íqán (Libro de la Certeza) y lo que el Todomisericordioso ha enviado al Rey de París (Napoleón III) y a aquellos que son como él, para que estés advertido de las cosas que han sucedido en el pasado y te convenzas de que Nosotros no hemos buscado esparcir desorden en el país, después que éste había sido bien ordenado. Exhortamos a Sus siervos totalmente por amor a Dios. Quienquiera lo desee que se vuelva hacia Él y quienquiera lo desee que se aparte. Nuestro Señor, el Misericordioso, verdaderamente, es el Todosuficiente, el Todoalabado. ¡Oh concurso de razas de la tierra! Este es el día en que nada entre todas las cosas, ni nombre alguno entre todos los nombres puede beneficiaros, excepto este Nombre que Dios ha hecho la Manifestación de Su Causa y la Aurora de Sus Más Excelsos Títulos para todos los que están en el reino de la creación. Bendito es el hombre que ha reconocido la fragancia del Todomisericordioso y ha sido contado entre los firmes. En este día vuestras ciencias no os beneficiarán, ni vuestras artes, ni vuestros tesoros, ni vuestra gloria. Arrojadlos a todos tras de vosotros y fijad vuestros rostros en la Palabra Más Sublime, mediante la cual las Escrituras, los Libros y esta lúcida Tabla han sido claramente expuestos. Arrojad, oh pueblos, las cosas que habéis compuesto con la pluma de vuestras ociosas fantasías y vanas imaginaciones. ¡Por Dios! El Sol del Conocimiento ha brillado sobre el horizonte de la certeza.

¡Oh extraviado! Si tienes alguna duda sobre Nuestra conducta, sabe que atestiguamos lo que Dios Mismo ha atestiguado antes de la creación de los cielos y de la tierra, que no hay otro Dios sino Él, el Omnipotente, el Todogeneroso. Testificamos que Él es Uno en Su Esencia, Uno en Sus Atributos. Él no tiene igual en todo el universo, ni compañero alguno en toda la creación. Él ha enviado a Sus Mensajeros y ha hecho descender Sus Libros, para que anuncien a Sus criaturas el Recto Sendero.

¿Ha sido informado el Sháh y ha preferido cerrar sus ojos ante tus actos? ¿O ha sido presa del temor ante los aullidos de una manada de lobos que ha arrojado tras de sí el Sendero de Dios y ha seguido tu camino sin una prueba clara o un Libro? Hemos oído que las provincias de Persia han sido adornadas con el atavío de la justicia. Sin embargo, cuando las observamos más de cerca, descubrimos que son los puntos de amanecer de la tiranía y las auroras de la injusticia. Vemos a la justicia en las garras de la tiranía. Pedimos a Dios que la libere por medio de la fuerza de Su poder y Su soberanía. Él, verdaderamente, da sombra a todo cuanto se halla en los cielos y en la tierra. A nadie le es dado el derecho de protestar en contra de nadie, referente a lo que ha acontecido a la Causa de Dios. Corresponde a quienquiera haya vuelto su rostro hacia el Horizonte Más Sublime aferrarse tenazmente al cordón de la paciencia y depositar su confianza en Dios, el que Ayuda en el Peligro, el Libre. ¡Oh vosotros amados de Dios! Bebed abundantemente del manantial de la sabiduría, remontaos en la atmósfera de la sabiduría y hablad con sabiduría y elocuencia. Así os lo ordena vuestro Señor, el Todopoderoso, el Omnisciente.

¡Oh negligente! No confíes en tu gloria ni en tu poder. Tú eres como el último rastro de luz solar sobre la cima de la montaña. Pronto se desvanecerá como ha sido decretado por Dios, el Todoposeedor, el Altísimo. Tu gloria y la gloria de los que son como tú ha sido retirada y esto, verdaderamente, es lo que ha sido ordenado por Aquel en Cuyo poder se halla la Tabla Madre. ¿Dónde está el que contendió con Dios, y dónde se ha ido aquel que negó Sus signos y se apartó de Su soberanía? ¿Dónde están los que asesinaron a Sus elegidos y derramaron la sangre de Sus santos? Reflexiona, que quizá puedas percibir los hálitos de tus acciones, ¡oh necio incrédulo! Por vosotros el Apóstol (Muḥammad) Se lamentó y la Casta (Fá¶imih) gimió, los países fueron asolados y la oscuridad cayó sobre todas las regiones. ¡Oh concurso de teólogos! Por vosotros, el pueblo fue humillado, la enseña del Islam arriada y subvertido su poderoso trono. Cada vez que un hombre de discernimiento ha deseado atenerse a lo que habría de exaltar al Islam, alzasteis vuestro clamor y con ello le fue impedido lograr su propósito, mientras que el país permanecía sumido en ruina manifiesta.

¡Oh Mi Pluma Suprema! Acuérdate de la Serpiente Hembra (Imam Jum'ih de IÐfahán) cuya crueldad fue la causa de que todas las cosas creadas gimieran y se estremecieran los miembros de los santos. Así te lo ordena el Señor de todos los nombres, en esta gloriosa posición. ¡La Casta (Fá¶imih) ha clamado a causa de tu iniquidad, y aún así crees pertenecer a la familia del Apóstol de Dios! Así te lo ha instigado tu alma, oh tú que te has apartado de Dios, el Señor de todo lo que ha sido y lo que habrá de ser. ¡Juzga con equidad, oh Serpiente Hembra! ¿Por qué crimen has picado a los hijos del Apóstol de Dios (el Rey de los Mártires y el Amado de los Mártires) y has saqueado sus bienes? ¿Has negado a Quien te ha creado por Su mandato 'sé, y fue'? Has tratado a los hijos del Apóstol de Dios como ni siquiera 'Ád trató a Húd, ni Thamúd a «áliḥ, ni los judíos al Espíritu de Dios (Jesús), el Señor de toda existencia. ¿Niegas los signos de tu Señor, ante los cuales, tan pronto descendieron desde el cielo de Su Causa, se inclinaron reverentes todos los libros del mundo? Medita para que seas consciente de tus actos, ¡oh paria negligente! Pronto los hálitos del castigo se apoderarán de ti, como se apoderaron de otros antes de ti. Aguarda, oh tú que has unido socios a Dios, el Señor de lo visible y lo invisible. Este es el día que Dios ha anunciado a través de la lengua de Su Apóstol. Reflexiona para que puedas comprender lo que el Todomisericordioso ha enviado en el Corán y en esta Tabla dedicada. Este es el día en que Aquel que es la Aurora de la Revelación ha venido con pruebas manifiestas que nadie puede enumerar. Este es el día en que todo hombre dotado de percepción ha descubierto la fragancia de la brisa del Todomisericordioso en el mundo de la creación y todo hombre de discernimiento se ha apresurado hacia las aguas vivientes de la merced de Su Señor, el Rey de Reyes. ¡Oh negligente! El relato del Sacrificio (Ismael) ha sido nuevamente narrado y quien iba a ser ofrendado ha dirigido sus pasos hacia el lugar del sacrificio y no ha regresado debido a lo que tu mano ha forjado, ¡oh perverso odiador! ¿Te has imaginado que el martirio puede humillar a esta Causa? No, por Aquel a Quien Dios ha hecho el Repositorio de Su Revelación, si fueras de los que comprenden. Ay de ti, oh tú que han unido socios a Dios, y ay de los que te han tomado por jefe sin una clara prueba o un perspicuo Libro. ¡Cuán numerosos los opresores anteriores a ti, quienes se alzaron para extinguir la luz de Dios, y cuántos los impíos que asesinaron y saquearon hasta que los corazones y las almas de los hombres gimieron debido a su crueldad! El sol de la justicia se ha oscurecido, por cuanto la personificación de la tiranía ha sido establecida en el trono del odio, y aún así la gente no entiende. ¡Oh necio! Has matado a los hijos del Apóstol y has saqueado sus bienes. Di: En tu opinión, ¿fueron ellos o sus bienes los que negaron a Dios? Juzga imparcialmente, oh ignorante que has sido apartado de Dios como por un velo. Te has aferrado a la tiranía y has desechado la justicia; con lo cual todas las cosas creadas se han lamentado, y todavía te hallas entre los descarriados. Has matado a los ancianos y has despojado a los jóvenes. ¿Piensas que podrás consumir lo que tu iniquidad ha acumulado? ¡No, por Mí Mismo! Así te informa Aquel que es conocedor de todo. ¡Por Dios! Las cosas que posees no te beneficiarán, ni tampoco lo que has atesorado por tu crueldad. De ello es testigo tu Señor, el Omnisciente. Te has levantado para apagar la luz de esta Causa; dentro de poco tu propio fuego se habrá extinguido por Su mandato. Él es, en verdad, el Señor de fuerza y poder. Los cambios y azares de este mundo y los poderes de las naciones no pueden frustrarle. Él hace lo que Le place y ordena lo que Él desea mediante el poder de Su soberanía. Reflexiona sobre la camella. Aunque sólo sea una bestia, sin embargo el Todomisericordioso la ha exaltado a una posición tan elevada que las lenguas de la tierra hacen mención de ella y celebran su alabanza. Él, verdaderamente, da sombra a todo lo que hay en los cielos y en la tierra. No hay otro Dios sino Él, el Omnipotente, el Grande. Así hemos adornado el cielo de Nuestra Tabla con los soles de Nuestras palabras. Bendito el hombre que los ha alcanzado y ha sido iluminado con su luz, y ay de los que se han apartado, Le han negado y se han extraviado lejos de Él. ¡Alabado sea Dios, el Señor de los mundos!"

¡Oh Shaykh! Te hemos permitido escuchar las melodías del Ruiseñor del Paraíso y hemos develado ante tus ojos los signos que Dios, por Su todocompelente mandato, ha enviado en la Más Grande Prisión, para que tu ojo se alegre y tu alma se confirme. Él, verdaderamente, es el Todomunífico, el Generoso. Levántate, mediante el poder de Su testimonio, a servir la Causa de Dios, tu Señor, el Dios de Misericordia. Si tu fe fuese temerosa, toma Mi Tabla y presérvala en el seno de la confianza. Y cuando entres en el lugar de la resurrección y Dios te pregunte por medio de qué prueba has creído en esta Revelación, muestra la Tabla y di: "Por este Libro, el santo, el poderoso, el incomparable". Después todos levantarán sus manos hacia ti, tomarán la Tabla y la presionarán contra sus ojos, e inhalarán de ella la fragancia de la expresión de Dios, el Señor de los mundos. Si Dios fuese a atormentarte por haber creído en Sus signos en esta Revelación, por qué razón podría Él, entonces, atormentar a los que no han creído en Muḥammad, el Apóstol de Dios, y antes de Él en Jesús, el Hijo de María, y antes de Él en Aquel que conversó con Dios (Moisés), y antes de Él en Aquel que es el Amigo de Dios (Abraham), y hasta en tiempos de Aquel que fue la Primera Manifestación, quien fuera creado por la voluntad de tu Señor, el Potente, el Todoabarcador. Así hemos enviado Nuestros versículos a alguien antes que a ti, y te lo recordamos en este día para que puedas entender y seas de los confirmados. ¡Oh tú que te arrogas la voz del conocimiento! Esta Causa es demasiado manifiesta para ser oscurecida y demasiado conspicua para ser ocultada. Brilla como el sol en su gloria meridiana. Nadie puede negarla, a menos que sea un odiador y un incrédulo.

En este momento, corresponde volvernos hacia el Deseado y aferrarnos a estas muy sublimes palabras: "¡Oh Dios, mi Dios! Tú has encendido la lámpara de Tu Causa con el aceite de la sabiduría; protégela de los vientos adversos. Tuya es la lámpara y Tuyo es el cristal, y todas las cosas en los cielos y en la tierra se hallan en el puño de Tu poder. Confiere justicia a los gobernantes e imparcialidad a los teólogos. Tú eres el Todopoderoso, Quien, mediante el movimiento de Tu Pluma has ayudado a Tu irresistible Causa y has guiado rectamente a Tus amados. Tú eres el Poseedor de fuerza y el Rey de poder. No hay Dios salvo Tú, el Fuerte, el Libre". Di también: "¡Oh Dios, mi Dios! Rindo mis gracias a Ti por cuanto Tú me has hecho beber de Tu Vino Sellado de la mano de la generosidad de Tu Nombre, el Autosubsistente. Te suplico por los esplendores de la Aurora de Tu Revelación, por la potencia de Tu Palabra Más Sublime y por el poder de Tu Más Exaltada Pluma, mediante Cuyo movimiento se han extasiado las realidades de todas las cosas creadas, que ayudes a su Majestad el Sháh a hacer victoriosa Tu Causa, a volverse hacia el horizonte de Tu Revelación y fijar su rostro en la dirección de las luces de Tu semblante. Asístele, oh mi Señor, para que se acerque a Ti. Ayúdale, entonces, con las huestes de los cielos y de la tierra. Te imploro, oh Tú que eres el Señor de todos los Nombres y el Hacedor de los cielos, por la luz de Tu Causa y por el fuego del Árbol del Loto de Tu amorosa bondad, que ayudes a su Majestad a revelar Tu Causa entre Tus criaturas. Abre, entonces, ante su faz, las puertas de Tu gracia, misericordia y munificencia. Potente eres Tú para hacer lo que Te place por Tu palabra: 'Sé, y es'".

¡Oh Shaykh! Nosotros habíamos asido las riendas de la autoridad por el poder de Dios y por Su Divina potencia, como sólo Él, Quien es el Poderoso, el Fuerte, las puede asir. Nadie tenía el poder de promover el mal o la sedición. Ahora, sin embargo, como no han logrado apreciar esta amorosa bondad y estas generosidades, han sido y serán afligidos con la retribución que sus acciones deben acarrear. Los funcionarios del Estado, en vista del progreso secreto de la Cuerda Extendida, han incitado y ayudado desde todas direcciones a Mis adversarios. En la Gran Ciudad (Constantinopla) han inducido a un considerable número de personas a oponerse a este Agraviado. Las cosas llegaron a tal punto que los funcionarios de esa ciudad actuaron de una manera que ha causado la vergüenza tanto del gobierno como del pueblo. Un distinguido siyyid, cuyas consabida integridad, conducta aceptable y reputación comercial eran reconocidas por la mayoría de los hombres imparciales, y quien era considerado por todos como un comerciante intachable, en una ocasión visitó Beirut. En vista de su amistad con este Agraviado ellos telegrafiaron al trujamán persa informándole que este siyyid, asistido por su sirviente, había robado una suma de dinero y otras cosas, y que se había ido a 'Akká. Su propósito en este asunto era deshonrar a este Agraviado. Y sin embargo, lejos está de la gente de este país dejarse desviar, por estos indignos embustes, del recto sendero de la verdad y la honradez. En pocas palabras, ellos Me han asaltado desde todos lados y están fortaleciendo a Mis adversarios. Este Agraviado, no obstante, implora al único Dios verdadero que benignamente asista a todos en aquello que sea digno de estos días. Día y noche fijo Mi vista en estas perspicuas palabras y recito: "¡Oh Dios, mi Dios! Te imploro por el sol de Tu gracia, y el mar de Tu conocimiento el cielo de Tu justicia, que ayudes a confesarse a los que Te han negado y a regresar a los que se han apartado de Ti y a ser justos e imparciales a los que Te han calumniado. Ayúdales, oh mi Señor, para que regresen a Ti y se arrepientan ante la puerta de Tu gracia. Poderoso eres Tú para hacer lo que es Tu voluntad, y en tu puño están las riendas de todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra. Alabado sea Dios, el Señor de los mundos".

Se acerca el tiempo en que todo cuanto yace oculto en las almas y los corazones de los hombres será expuesto. Este Día es el Día del que Luqmán habló a su hijo, el Día que el Señor de Gloria anunció y sobre el cual Él informó a Aquel que era Su Amigo (Muḥammad) -exaltado sea Él-, mediante estas palabras Suyas: "¡Oh mi hijo! Verdaderamente, Dios sacará todo a la luz, aunque fuera del peso de un grano de mostaza y se halle oculto en una roca o en los cielos o en la tierra; porque Dios es Sutil, informado de todo". En este Día lo que engaña a los ojos y todo lo que se oculta en los pechos de los hombres será conocido y puesto al descubierto ante el trono de Su Revelación. Nada, sea lo que fuere, puede escapar a Su conocimiento. Él oye y ve, y Él, en verdad, es el que Todo lo Oye, el que Todo lo Ve. ¡Cuán extraño que ellos no disciernan entre el fidedigno y el traicionero!

Ojalá su Majestad el Sháh de Persia -quiera Dios perpetuar su soberanía- inquiera a los Cónsules del honorable Gobierno de Persia que han estado en este país, para que pueda enterarse de las actividades y el comportamiento de este Agraviado. En resumen, ellos han incitado a muchos, tales como Akhtar y otros, y están ocupados en difundir calumnias. Resulta claro y evidente que rodearán con sus espadas de odio y con sus dardos de enemistad al que ellos conocieron como un proscrito entre los hombres y que ha sido exiliado de un país a otro. Esta no es la primera vez que ha sido perpetrada semejante iniquidad, ni es la primera copa que ha sido estrellada contra el suelo, ni el primer velo que ha sido rasgado en dos en el sendero de Dios, el Señor de los mundos. Este Agraviado, no obstante, permaneció en calma y en silencio en la Más Grande Prisión, ocupándose en Sus propios asuntos y completamente desprendido de todo salvo Dios. La iniquidad se agravó tanto que las plumas del mundo son incapaces de registrarla.

Con respecto a esto es necesario mencionar el siguiente suceso, que quizá los hombres se aferren firmemente a la cuerda de la justicia y la veracidad. Æájí Shaykh Muḥammad-'Alí -la gloria de Dios, el Sempiterno, sea con él- era un comerciante de elevada reputación y bien conocido por la mayoría de los habitantes de la Gran Ciudad (Constantinopla). No hace mucho, cuando la Embajada de Persia en Constantinopla estaba empeñada secretamente en fomentar el mal, resultaba notorio que esta alma creyente y sincera se hallaba profundamente angustiada. Finalmente, una noche se arrojó al mar, pero fue rescatado por algunos transeúntes que lo encontraron en ese momento, por casualidad, y le socorrieron. Su acción fue ampliamente comentada e interpretada de diferentes maneras por distintas personas. Después de esto, una noche se fue a una mezquita y, según informó el guardián del lugar, guardó vigilia durante toda la noche y estuvo ocupado hasta la madrugada ofreciendo, ardientemente y con los ojos bañados en lágrimas, sus oraciones y súplicas. Al oír que sus plegarias cesaban de repente, el guardián fue hacia él y descubrió que ya había entregado su alma. A su lado había un frasco vacío, lo que indicaba que se había envenenado. En pocas palabras, el guardián, aunque muy asombrado, transmitió la noticia a la gente. Se encontró que había dejado dos testamentos. En el primero reconocía y declaraba la unidad de Dios, que Su Exaltado Ser no tenía par ni igual y que Su Esencia era enaltecida por encima de toda alabanza, de toda glorificación y descripción. También testificaba la Revelación de los Profetas y los santos, y reconocía lo que había sido escrito en los Libros de Dios, el Señor de todos los hombres. En otra página, en la que había anotado una oración, para finalizar escribió estas palabras: "Este siervo y los amados de Dios están perplejos. Por un lado la Pluma del Altísimo ha prohibido a todos los hombres entregarse a la sedición, contienda o conflicto, y por otro esa misma Pluma ha revelado estas muy sublimes palabras: 'Si alguien, en presencia de la Manifestación, descubriere una intención maligna por parte de algún alma, no deberá oponérsele, sino deberá dejarle a Dios.' Considerando que, por un lado, este mandamiento obligatorio es claro y está firmemente establecido, y que por el otro se han proferido calumnias que exceden lo que la fortaleza humana puede soportar o sobrellevar, este siervo ha optado por cometer este gravísimo pecado. Me vuelvo suplicante hacia el océano de la generosidad de Dios y el cielo de la Divina misericordia, y espero que Él tache las malas acciones de este siervo con la pluma de Su gracia y generosidad. Aunque mis transgresiones son múltiples, e innumerables mis perversas acciones, con todo me adhiero tenazmente al cordón de Su munificencia y me aferro a la orla de Su generosidad. Dios es testigo, y los que se hallan cerca de Su Umbral bien lo saben, de que este siervo no podía soportar oír los embustes relatados por los pérfidos. Yo, por tanto, he cometido este acto. Si Él me castigare, Él es, en verdad, digno de alabanza por lo que hace; y si Él me perdonare, Su mandato será obedecido".

Reflexiona ahora, oh Shaykh, sobre la influencia de la palabra de Dios, que quizá puedas volverte de la siniestra de la ociosa fantasía a la diestra de la certeza. Este Agraviado jamás ha actuado hipócritamente hacia nadie en la Causa de Dios y ha proclamado en voz alta la Palabra de Dios ante la faz de Sus criaturas. Aquel que lo desee que se vuelva hacia ella y aquel que lo desee que se aparte. No obstante, si se niegan estas cosas tan claras, tan manifiestas e indudables, ¿qué otra cosa puede considerarse aceptable y digno de crédito en opinión de los hombres de discernimiento? Imploramos a Dios -bendito y glorificado sea Él- que perdone a la persona anteriormente mencionada (Æájí Shaykh Muḥammad-'Alí) y que cambie sus malas acciones en buenas obras. Él, verdaderamente, es el Todopoderoso, el Omnipotente, el Todogeneroso.

Han aparecido tales cosas en esta Revelación que no existe otro recurso, tanto para los exponentes de la ciencia y el conocimiento como para las manifestaciones de la justicia y la equidad, que reconocerlas. Te incumbe, en este día, levantarte con poder celestial y disipar, con la ayuda del conocimiento, las dudas de los pueblos del mundo, para que todos los hombres puedan santificarse, y dirigir sus pasos hacia el Más Grande Océano y aferrarse a lo que Dios ha propuesto.

Todo el que se ha apartado de Mí se ha adherido a sus propias palabras vanas y con ello ha expresado sus objeciones a Aquel que es la Verdad. ¡Dios Bondadoso! Aquellas referencias que los santos y los escogidos de Dios hicieron a la Deidad y la Divinidad han sido convertidas en causa de negación y repudio. El Imam «ádiq ha dicho: "La servidumbre es una substancia cuya esencia es la Divinidad". El Comandante de los Fieles (Imam 'Alí) respondió lo siguiente a un árabe que le había preguntado acerca del alma: "La tercera es el alma, la cual es divina y celestial. Es una energía divina, una substancia simple y autosubsistente". Y más adelante -que la paz sea con él- dijo: "Por tanto, es la Esencia Más Sublime de Dios, el Árbol de la Bienaventuranza, el Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso, el Jardín de Reposo". El Imam «ádiq ha dicho: "Cuando surja nuestro Qá'im, la tierra brillará con la luz de su Señor". Asimismo, en una larga tradición atribuida a Abí-'Abdi'lláh -que la paz sea con él- se encuentran estas sublimes palabras: "Entonces Aquel que es el Irresistible -exaltado y glorificado sea Él- descenderá con los ángeles desde las nubes". Y en el poderoso Corán: "¿Qué pueden esperar sino que Dios venga a ellos al abrigo de las nubes?" Y en la tradición de Mufa¤¤al se ha dicho: "El Qá'im reclinará su espalda en el Santuario y extenderá Su mano y, he aquí, estará blanca como la nieve pero ilesa. Y Él dirá: '¡Esta es la mano de Dios, la diestra de Dios, que viene de Dios, por mandato de Dios!'" De cualquier forma que iterpreten esas tradiciones, que interpreten también de esa misma forma lo que ha revelado la Más Sublime Pluma. El Comandante de los Fieles (Imam 'Alí) ha dicho: "Yo soy Aquel que no puede ser ni nombrado ni descrito". Asimismo ha dicho: "Exteriormente, soy un Imam; interiormente, soy el Invisible, el Incognoscible". Abú-Ja'far-i-(r)úsí ha dicho: "Dije a Abí-'Abdi'lláh: 'Tú eres el Camino mencionado en el Libro de Dios, tú eres el Tributo y tú eres el Peregrinaje.' Él respondió: '¡Oh hombre! Nosotros somos el Camino mencionado en el Libro de Dios -exaltado y glorificado sea Él- y somos el Tributo, somos el Ayuno, somos el Peregrinaje, somos el Mes Sagrado, somos la Ciudad Sagrada, somos la Kaaba de Dios, somos el Alquibla de Dios y somos el Semblante de Dios.'" Jábir ha dicho que Abú-Ja'far -la paz sea con él- le habló como sigue: "¡Oh Jábir! Presta atención al Bayán (Exposición) y al Ma'ání (Significados)". Él -la paz sea con él- agregó: "En cuanto al Bayán, consiste en tu reconocimiento de Dios -glorificado sea Él- como Aquel que no tiene igual, y en tu adoración de Él, y en tu rechazo de unir socios a Él. En cuanto al Ma'ání, Nosotros somos su significado y su flanco, su mano, su lengua, su causa, su mandamiento, su conocimiento y su derecho. Si deseamos algo, es Dios Quien lo desea, y Él desea lo que Nosotros deseamos". Además, el Comandante de los Fieles (Imam 'Alí) -la paz sea con él- ha dicho: "¿Cómo puedo adorar a un Señor al que no he visto?" Y en otra comunicación él dice: "Nada he percibido, excepto que he percibido a Dios antes de ello, a Dios después de ello, o a Dios con ello".

¡Oh Shaykh! Reflexiona sobre las cosas que han sido mencionadas, que quizá bebas el Vino Sellado mediante el poder del nombre de Aquel que es el Autosubsistente y obtengas lo que nadie es capaz de comprender. Apréstate para el esfuerzo y dirígete hacia el Reino Más Sublime, que quizá puedas percibir los hálitos de la Revelación e inspiración a medida que descienden sobre Mí y logres alcanzarlos. Verdaderamente digo: La Causa de Dios jamás ha tenido, ni tiene ahora, par ni igual. Rasga los velos de las vanas fantasías. Él, en verdad, te fortalecerá y te asistirá, como una muestra de Su gracia. Él, verdaderamente, es el Fuerte, el que Todo lo Subyuga, el Omnipotente. No te permitas ser privado mientras aún haya tiempo y el bendito Árbol del Loto continúe llamando en voz alta entre los hombres. Deposita tu confianza en Dios y encomiéndale tus asuntos y, luego entra en la Más Grande Prisión, para que puedas oír lo que jamás oyó ningún oído y contemplar lo que jamás contempló ningún ojo. ¿Después de semejante exposición, puede quedar algún lugar para la duda? ¡No, por Dios, Quien vela por Su Causa! En verdad digo: En este día, las benditas palabras: "Pero Él es el Apóstol de Dios y el Sello de los Profetas", han encontrado su consumación en el versículo: "El día en que la humanidad estará ante el Señor de los mundos". Rinde tu agradecimiento a Dios por tan grande generosidad.

¡Oh Shaykh! Las brisas de la Revelación jamás pueden ser confundidas con otras brisas. Ahora el Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso, está cargado con innumerables frutos ante tu rostro; no te mancilles con vanas fantasías, como hizo la gente de antaño. Estas expresiones proclaman por sí mismas la verdadera naturaleza de la Fe de Dios. Es Él Quien atestigua todas las cosas. Para demostrar la verdad de Su Revelación, Él no ha dependido ni depende de nadie. Casi un centenar de volúmenes de luminosos versículos y perspicaces palabras ha descendido ya del cielo de la voluntad de Aquel que es el Revelador de los signos y se halla a disposición de todos. Está en ti dirigirte hacia la Meta Final, el Fin Supremo y el Pináculo Más Sublime, para que puedas oír y contemplar lo que ha sido revelado por Dios, el Señor de los mundos.

Reflexiona un momento acerca de los versículos concernientes a la Presencia Divina que han sido enviados en el Corán por Aquel que es el Señor del reino de los nombres, que quizá descubras el Recto Sendero y te conviertas en un instrumento para la guía de Sus criaturas. Alguien como tú debe necesariamente levantarse en este día para servir a esta Causa. La humillación de este Agraviado, al igual que tu gloria, pasarán ambas. Esfuérzate para que quizá puedas realizar una acción cuya fragancia jamás desaparecerá de la tierra. Referente a la Divina Presencia, ha descendido lo que ningún negador ha sido ni es capaz de refutar o repudiar. Él -bendito y exaltado sea- dice: "Es Dios Quien ha erigido los cielos sin pilares que tú puedas contemplar; luego subió a Su trono e impuso leyes sobre el sol y la luna: cada uno viaja hacia su meta señalada. Él ordena todas las cosas. Él manifiesta Sus signos, para que podáis tener fe firme en la Presencia de vuestro Señor". Además Él dice: "Para aquel que espera alcanzar la Presencia de Dios, el tiempo fijado por Dios de seguro llegará. Y Él es el que Oye, el Conocedor". Y además Él -exaltado sea- dice: "En cuanto a los que no creen en los signos de Dios, o que nunca alcanzarán Su Presencia, éstos desesperarán de Mi misericordia y les espera un grave castigo". Y asimismo Él dice: "Y ellos dicen: '¡Qué!, cuando yazcamos ocultos en las entrañas de la tierra, ¿nos convertiremos en una nueva creación?' Sin duda niegan que alcanzarán la Presencia de su Señor". Y asimismo Él dice: "Ellos, en verdad, dudan de la Presencia de su Señor. Él, verdaderamente, da sombra a todas las cosas".Y además Él dice: "Verdaderamente, los que no esperan alcanzar Nuestra Presencia y encuentran su satisfacción en la vida de este mundo y dependen de ella, y los que son negligentes de Nuestros signos, ¡éstos!, ¡su morada es el fuego, en recompensa por sus acciones!" Y asimismo Él dice: "Pero cuando les son recitados Nuestros signos manifiestos, los que no esperan con ilusión alcanzar Nuestra Presencia dicen: 'Trae un Corán diferente a éste o haz algún cambio en él'. Di: No está en Mí cambiarlo según los dictados de Mi alma. Yo sólo sigo lo que Me es revelado: verdaderamente, temo el castigo de un gran día si Me sublevo contra Mi Señor ". Y asimismo Él dice: "Entonces dimos el Libro a Moisés, completo para Aquel que hará lo correcto y una decisión para todos los asuntos, una guía y una merced, para que ellos creyeran en la Presencia de su Señor". Y asimismo Él dice: "Ellos son los que no creen en los signos del Señor, o que jamás alcanzarán Su Presencia. Vanas son, por tanto, sus obras; y ningún peso les concederemos en el Día de la Resurrección. Esta será su recompensa: el Infierno. Porque fueron de los descreídos y trataron a Mis signos y a Mis Apóstoles con desprecio". Y asimismo Él dice: "¿Te ha llegado la historia de Moisés? Cuando vio un fuego y dijo a Su familia: 'Quedaos aquí, pues percibo un fuego; quizá pueda traeros un ascua, o encontrar en el fuego una guía'. Y cuando llegó hasta él, fue llamado: '¡Oh Moisés! Verdaderamente, Yo soy Tu Señor; por tanto, quítate los zapatos, pues estás en el sagrado valle de Towa. Y Te he elegido; escucha, pues, lo que Te será revelado. Verdaderamente, Yo soy Dios y no hay otro Dios fuera de Mí. Por tanto, adórame'". Y asimismo Él dice: "¿No han considerado interiormente que Dios no ha creado los cielos y la tierra y todo lo que se halla entre ambos sino para un fin serio y por un término señalado? Pero, verdaderamente, la mayoría de los hombres no creen que alcanzarán la Presencia de su Señor". Y asimismo Él dice: "¡Qué! ¿No han pensado que serán nuevamente resucitados para el Gran Día, el Día en que la humanidad se hallará ante el Señor de los mundos?" Y asimismo Él dice: "En otros tiempos dimos el Libro a Moisés. No tengáis duda de que Él alcanzó Nuestra Presencia". Y Él dice: "¡Sí! Pero cuando la tierra sea pulverizada grano tras grano y tu Señor venga con los ángeles fila tras fila". Y asimismo Él dice: "¡De buena gana apagarían la lámpara de Dios con sus bocas! Pero Dios perfeccionará Su luz aunque los infieles la odien". Y asimismo Él dice: "Y cuando Moisés hubo cumplido el término y estaba viajando con Su familia, percibió un fuego sobre la ladera de la montaña. Dijo a Su familia: 'Esperad, pues percibo un fuego, quizá pueda traeros nuevas de él o un ascua para calentaros'. Y cuando Se acercó a él, una Voz le gritó desde la Zarza, desde el lado derecho del Valle en el Lugar sagrado: '¡Oh Moisés, en verdad Yo soy Dios, el Señor de los mundos!'"

En todos los Libros Divinos la promesa de la Presencia Divina ha sido explícitamente registrada. Por esta Presencia se quiere significar la Presencia de Aquel que es la Aurora de los signos, el Lugar del Amanecer de las pruebas manifiestas, la Manifestación de los Excelentes Nombres y la Fuente de los atributos del verdadero Dios, exaltada sea Su gloria. Dios, en Su Esencia y en Su propio Ser, ha sido por siempre invisible, inaccesible e incognoscible. Por tanto, por Presencia se quiere significar la Presencia de Aquel que es Su Vicerregente entre los hombres. Además, Él no ha tenido, ni tiene par ni igual. Pues si Él tuviera algún par o igual, ¿cómo podría demostrarse entonces que Su ser es exaltado y Su esencia santificada por sobre toda comparación o semejanza? En resumen, con respecto a la Presencia y la Revelación de Dios, se ha revelado en el Kitáb-i-Íqán (Libro de la Certeza) lo que satisfará a los imparciales. Le imploramos a Él -exaltado sea- que ayude a todos a convertirse en esencia de la veracidad y a acercarse a Él. Verdaderamente, Él es el Señor de fuerza y poder. No existe otro Dios sino Él, el que Todo lo Oye, el Señor de la Expresión, el Omnipotente, el Todoalabado.

¡Oh tú que eres famoso por tu erudición! Ordena a los hombres hacer lo que es digno de alabanza y no seas de los que vacilan. Observa con una vista aguda. El Sol de la Verdad brilla resplandeciente, por mandato del Señor del reino de la expresión y el Rey del cielo del conocimiento, sobre el horizonte de la ciudad-prisión de 'Akká. El repudio no le ha velado y diez mil huestes alineadas contra él han sido impotentes para impedirle que brille. No puedes excusarte por más tiempo. ¡O le reconoces o -Dios no lo permita- levántate y niega a todos los Profetas!

Reflexiona, oh Shaykh, acerca de la secta shí'í. ¡Cuántos los edificios que erigieron con las manos de ociosas fantasías y vanas imaginaciones y cuán numerosas las ciudades que edificaron! A la larga esas vanas imaginaciones se convirtieron en proyectiles y apuntaron hacia Aquel que es el Príncipe del mundo. ¡Ni una sola alma de entre los líderes de esa secta Le reconoció en el Día de Su Revelación! Cada vez que Su bendito nombre era mencionado, todos decían: "¡Quiera Dios apresurar el regocijo que traerá Su advenimiento!" Sin embargo, en el Día de la Revelación de ese Sol de la Verdad todos han exclamado, como se ha observado, diciendo: "¡Quiera Dios apresurar Su castigo!" A Aquel que fuera la Esencia del ser y el Señor de lo visible e invisible, ellos Le suspendieron y cometieron lo que hizo que la Tabla llorara, que la Pluma gimiera, que los sinceros rompieran en lamentos y que fluyeran las lágrimas de los favorecidos.

Medita, oh Shaykh, y sé imparcial en lo que digas. Los seguidores de Shaykh-i-Aḥsá'í (Shaykh Aḥmad), con la ayuda de Dios, han comprendido lo que estaba velado al entendimiento de los demás y del que permanecieron privados. En resumen, en toda edad y siglo han surgido diferencias en los días de la manifestación de las Auroras de Revelación, los Lugares del Amanecer de la inspiración y los Repositorios del conocimiento Divino, diferencias que han sido causadas y provocadas por almas falsas e impías. No está permitido extenderse en esto. Tú estás mejor enterado y más familiarizado con las ociosas fantasías de los supersticiosos y con las vanas imaginaciones de los escépticos.

En este día, este Agraviado requiere de ti y de los otros teólogos que han bebido de la copa del conocimiento de Dios y que están iluminados por las brillantes palabras del Sol de la Justicia, que designéis a alguien, sin informarlo a nadie, le enviéis a estas regiones y le permitáis permanecer un tiempo en la isla de Chipre y que se asocie con Mírzá Yaḥyá, que quizá pueda enterarse de los fundamentos de esta Fe y de la fuente de los mandamientos y leyes Divinas.

Si meditaras por un momento, darías testimonio de la sabiduría, el poder y la soberanía de Dios, exaltada sea Su gloria. Los pocos que no estaban enterados de esta Causa, y que no Nos han conocido, han hablado de tal forma que todas las cosas, y aquellas almas que están confirmadas, jubilosas, y que complacen a Dios, han testificado la impostura de estos negligentes. Si ahora te esforzaras, la verdad de esta Causa se haría manifiesta a toda la humanidad y la gente se libraría de esta dolorosa y opresiva oscuridad. ¿Quién sino Bahá puede hablar abiertamente ante los rostros de los hombres y qué otro sino Él puede tener el poder de pronunciar lo que ha sido ordenado por Dios, el Señor de las Huestes?

Este negligente se ha aferrado ahora a la práctica del Raw¤ih-khání (lamentación tradicional por el Imam Æusayn). Él -juro por Dios- se halla en manifiesto error. Pues es creencia de esta gente que durante la Revelación del Qá'im los Imames -que la paz de Dios sea con ellos- se han levantado de sus sepulcros. Esto, ciertamente, es la verdad y no cabe duda acerca de ello. Imploramos a Dios que derrame sobre los supersticiosos una porción de las aguas vivientes de la certeza que fluyen del manantial de la Más Sublime Pluma, para que todos puedan alcanzar lo que es digno de estos días.

¡Oh Shaykh! Aun hallándose cercado por las tribulaciones, este Agraviado Se ocupa en registrar estas palabras. En todos lados puede percibirse la llama de la opresión y la tiranía. Por una parte, Nos han llegado noticias de que Nuestros amados han sido arrestados en la tierra de (r)á (Teherán) y ello a pesar de que el sol, la luna, la tierra y el mar testifican todos que esta gente está adornada con el ornamento de la fidelidad y que no se han adherido ni se adherirán a nada excepto lo que pueda asegurar la exaltación del gobierno, el mantenimiento del orden dentro de la nación y la tranquilidad de la gente.

¡Oh Shaykh! Hemos afirmado repetidas veces que durante varios años hemos extendido Nuestra ayuda a su Majestad el Sháh. Por años no ha ocurrido ningún fatal incidente en Persia. Las riendas de los agitadores de sedición de las diferentes sectas estaban firmemente mantenidas en el puño del poder. Nadie ha traspasado sus límites. ¡Por Dios! Esta gente no ha estado nunca inclinada a la maldad, ni lo está ahora. Sus corazones están iluminados por la luz del temor de Dios y están adornados con el ornamento de Su amor. Su interés siempre ha sido y es el mejoramiento del mundo. Su propósito es eliminar las diferencias y extinguir la llama del odio y la enemistad, para que la tierra entera llegue a ser considerada como un país.

Por otra parte, los funcionarios de la Embajada de Persia en la Gran Ciudad (Constantinopla) están tratando enérgica y asiduamente de exterminar a estos agraviados. Ellos desean una cosa y Dios desea otra. Considerad ahora lo que ha acontecido en cada país a aquellos en quienes Dios confía. En un tiempo fueron acusados de robo y hurto; en otro, fueron calumniados de forma sin igual en este mundo. Contesta imparcialmente. ¿Cuáles podían ser los resultados y consecuencias, en países extranjeros, de la acusación de robo presentada por la Embajada de Persia en contra de sus propios súbditos? Si este Agraviado Se avergonzó no fue por la humillación que Le causó este siervo, sino más bien por la vergüenza que los embajadores de países extranjeros conocieron cuán incompetentes y faltos de entendimiento son varios funcionarios eminentes de la Embajada de Persia. "¿Arrojas tus calumnias al rostro de Aquellos a Quienes el único Dios verdadero ha hecho Fideicomisarios de los tesoros de Su séptima esfera?" En resumen, en vez de tratar de alcanzar, a través de Aquel que ocupa esta sublime posición, los rangos más exaltados y obtener Su consejo, como deberían hacerlo, se han esforzado y están esforzándose al máximo por apagar Su luz. No obstante, de acuerdo con lo que ha sido informado, su Excelencia el Embajador Mu'ínu'l-Mulk, Mírzá Muḥsin Khán -quiera Dios asistirle- en ese momento se hallaba ausente de Constantinopla. Tales cosas han sucedido debido a que se creía que Su Majestad el Sháh de Persia -quiera el Todomisericordioso asistirle- estaba enfadado con los que han alcanzado el Santuario de Sabiduría y giran a Su alrededor. Dios bien sabe y testifica que este Agraviado, en todo momento, Se ha adherido a todo lo que conduce a la gloria tanto del gobierno como del pueblo. Dios, en verdad, es Testigo suficiente.

Describiendo al pueblo de Bahá, la Más Sublime Pluma ha revelado estas palabras: "Estos, en verdad, son hombres que, si llegaran a ciudades de oro puro, no repararían en ellas y, si se encontraran con la más bella y linda de las mujeres, se apartarían de ella". Así ha sido revelado al pueblo de Bahá por la Más Sublime Pluma, de parte de Aquel que es el Consejero, el Omnisciente. En los pasajes finales de la Tabla a su Majestad, el Emperador de París (Napoleón III), han sido reveladas estas exaltadas palabras: "¿Te deleitas por los tesoros que posees, sabiendo que han de perecer? ¿Te regocijas porque gobiernas un palmo de tierra, cuando el mundo entero, en opinión del pueblo de Bahá, vale tanto como el negro del ojo de una hormiga muerta? Abandónalo a los que han depositado sus afectos en él, y vuélvete hacia Aquel que es el Deseo del mundo ".

Solo Dios -exaltada sea Su gloria- es conocedor de las cosas que han acaecido a este Agraviado. Cada día trae una nueva noticia sobre los embustes que corren en la Embajada de Constantinopla contra Nosotros. ¡Dios bondadoso! La única mira de sus maquinaciones es lograr el exterminio de este siervo. Sin embargo, olvidan el hecho de que la humillación en el sendero de Dios es Mi verdadera gloria. En los periódicos se ha escrito lo siguiente: "Tocante a las transacciones fraudulentas de algunos de los exiliados de 'Akká y los excesos cometidos por ellos en contra de varias personas, etc..." Para quienes son los exponentes de la justicia y las auroras de la equidad, la intención del escritor es evidente y está claro su propósito. En breve, él se alzó para causarme diversas tribulaciones y Me trató con injusticia y crueldad. ¡Por Dios! Este Agraviado no cambiaría este lugar de exilio por la Más Sublime Habitación. En opinión de los hombres de discernimiento, todo lo que aconteciere en el sendero de Dios es gloria manifiesta y un logro supremo. Ya hemos dicho: "¡Gloria sea a Ti, oh mi Dios! Si no fuera por las tribulaciones sufridas en Tu sendero, ¿cómo se podría conocer a Tus verdaderos amantes?, y si no fuera por las pruebas sufridas por amor a Ti, ¿cómo podría revelarse la posición de los que Te anhelan?"

Tal ha sido la humillación infligida, que cada día ellos difunden nuevas calumnias. Este Agraviado, no obstante, Se ha aferrado a una paciencia decorosa. Ojalá su Majestad el Sháh de Persia pidiera un informe de las cosas que Nos han acaecido en Constantinopla, para que pudiera enterarse completamente de los hechos verdaderos. ¡Oh Sháh! Te imploro por tu Señor, el Dios de Misericordia, que examines este asunto con el ojo de la imparcialidad. ¿Es posible encontrar a un hombre justo que juzgue en este día de acuerdo con lo que Dios ha enviado en Su Libro? ¿Dónde está la persona imparcial que considere equitativamente lo que ha sido perpetrado en Nuestra contra sin indicio alguno o prueba evidente?

¡Oh Shaykh! Pondera el comportamiento de los hombres. Los habitantes de las ciudades del conocimiento y sabiduría están dolorosamente perplejos, preguntándose cómo es que la secta shí'í que se consideraba a sí misma como la más erudita, la más recta y la más devota entre todos los pueblos del mundo, se ha apartado en el Día de Su Revelación y ha mostrado una crueldad como nunca antes se había conocido. Te incumbe reflexionar por un momento. Desde los comienzos de esta secta hasta el presente día, cuán grande ha sido el número de teólogos que han aparecido, ninguno de los cuales llegó a conocer la naturaleza de esta Revelación. ¿Cuál puede haber sido la causa de este descarrío? Si Nosotros la mencionáramos, sus miembros se harían pedazos. Es necesario que ellos mediten, que mediten por mil veces mil años, que quizá logren alcanzar una pizca del océano del conocimiento y descubrir las cosas que han ignorado en este día.

Me hallaba caminando en la Tierra de (r)á (Teherán) -la aurora de los signos de tu Señor- cuando, he aquí, oí la lamentación de los púlpitos y la voz de sus súplicas a Dios, bendito y glorificado sea Él. Ellos clamaban diciendo: "¡Oh Dios del mundo y Señor de las naciones! Tú contemplas nuestro estado y las cosas que nos han acaecido como consecuencia de la crueldad de Tus siervos. Tú nos has creado y revelado para Tu glorificación y alabanza. Tú oyes ahora lo que los descarriados proclaman sobre nosotros en Tus días. ¡Por Tu poder! Nuestras almas se han derretido y nuestros miembros están temblando. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ojalá núnca hubieramos sido creados y revelados por Ti!"

Los corazones de los que gozan de acceso cercano a Dios son consumidos por estas palabras, y de ellas se elevan los lamentos de los que están consagrados a Él. Por amor a Dios, una y otra vez hemos amonestado a los distinguidos teólogos y los hemos convocado al Más Sublime Horizonte, para que quizá puedan, en los días de Su Revelación, obtener su parte del océano de la expresión de Aquel que es el Deseo del mundo y no permanezcan totalmente privados de ella.

En la mayoría de Nuestras Tablas ha descendido del cielo de Su misericordia que todo lo abarca, esta importantísima exhortación. Hemos dicho: "¡Oh concurso de gobernantes y teólogos! Inclinad vuestros oídos a la Voz que llama desde el horizonte de 'Akká. Verdaderamente, ella os ayuda a proceder rectamente, os acerca a Él y dirige vuestros pasos hacia la posición que Dios ha hecho la aurora de Su Revelación y el Lugar del Amanecer de Sus esplendores. ¡Oh pueblos del mundo! Aquel que es el Más Grande Nombre ha venido de parte del Antiguo Rey y ha anunciado a los hombres esta Revelación que yacía oculta en Su conocimiento y estaba preservada en el tesoro de Su protección, y fue escrita por la Más Sublime Pluma en los Libros de Dios, el Señor de Señores. ¡Oh pueblo de Shín (Shiraz)! ¿Habéis olvidado Mi amorosa bondad y Mi misericordia que han sobrepasado todas las cosas creadas y que procedieron de Dios, Quien hace bajar la cerviz a los hombres?"

En el Kitáb-i-Aqdas (el Libro Más Sagrado), ha sido revelado lo siguiente: "Di: ¡Oh jefes religiosos! No peséis el Libro de Dios con los criterios y ciencias comunes entre vosotros, ya que el Libro mismo es la Balanza infalible establecida entre los hombres. En ésta, la más perfecta Balanza, debe pesarse todo cuanto poseen los pueblos y linajes de la tierra, en tanto que la medida de su peso deberá ser comprobada según su propia norma, si lo supierais. El ojo de Mi amorosa bondad llora por vosotros amargamente, por cuanto no habéis reconocido a Aquel a Quien habíais estado llamando de día y de noche, por la mañana y al atardecer. Avanza, oh pueblo, con rostros níveos y corazones radiantes, hacia el bendito Punto Carmesí, desde donde el Sadratu'l-Muntahá proclama: '¡Verdaderamente, no hay otro Dios fuera de Mí, el Protector Omnipotente, el que subsiste por Sí mismo!' ¡Oh jefes religiosos de Persia! ¿Quién es el hombre entre vosotros que pueda competir conmigo en visión o perspicacia? ¿Dónde se halla quien se atreva a sostener que es Mi igual en palabra o en sabiduría? ¡No, por Mi Señor, el Más Misericordioso! Todo lo que hay en la tierra dejará de ser; y ésta es la faz de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Bienamado. Hemos decretado, oh pueblo, que el fin más elevado y último de todo saber sea el reconocimiento de Aquel que es el Objeto de todo conocimiento; y, sin embargo, mirad cómo habéis permitido que vuestro saber os aparte, como por un velo, de Aquel que es la Aurora de esta Luz, por Cuya mediación toda cosa oculta ha sido revelada. Di: Éste, verdaderamente, es el cielo donde se atesora el Libro Madre, si pudiérais comprenderlo. Él es Quien ha hecho que grite la Roca y que la Zarza Ardiente eleve su voz sobre el Monte que se alza en la Tierra Santa, proclamando: '¡El Reino es de Dios, el soberano Señor de todo, el Omnipotente, el Amoroso!' Nosotros no hemos asistido a escuela alguna, ni hemos leído ninguna de vuestras disertaciones. Prestad oídos a las palabras de este Iletrado con que os emplaza a Dios, el que Siempre Permanece. Esto es mejor para vosotros que todos los tesoros de la tierra, si pudierais comprenderlo. Quienquiera que interprete lo que se ha hecho descender desde el cielo de la Revelación, alterando su significado evidente, verdaderamente es de aquellos que han pervertido la Sublime Palabra de Dios y es de los perdidos en el Claro Libro".

En seguida oímos el gemido de la verdadera Fe y le dijimos: "¿Por qué, oh verdadera Fe, Te oigo clamar en la noche, gemir durante el día y proferir Tus lamentaciones al amanecer?" Ella replicó: "¡Oh Príncipe del mundo que permaneces revelado en el Más Grande Nombre! Los negligentes han desjarretado Tu Camella blanca, han hundido Tu Arca Carmesí, han deseado apagar Tu Luz y velar la faz de Tu Causa. Por ello se ha levantado la voz de Mi lamento, al igual que la voz del lamento de todas las cosas creadas, y aun así la gente, en su mayoría, no se da cuenta". La verdadera Fe, en este día, se ha asido firmemente a la orla de Nuestra generosidad, y circula alrededor de Nuestra Persona.

¡Oh Shaykh! Entra en Mi presencia, para que puedas contemplar lo que el ojo del universo jamás ha contemplado y oír lo que el oído de la creación entera jamás ha oído, que quizá puedas librarte del lodo de las vagas fantasías y dirigir tu rostro hacia la Posición Más Sublime, desde donde este Agraviado proclama en voz alta: "¡El Reino es de Dios, el Omnipotente, el Todoalabado!" Abrigamos la esperanza de que, mediante tus esfuerzos, las alas de los hombres puedan santificarse del lodo del yo y el deseo, y sean dignas de remontarse en la atmósfera del amor de Dios. Las alas mancilladas con lodo jamás pueden remontarse. Esto lo atestiguan aquellos que son los exponentes de la justicia y la equidad, y aún así la gente se halla en evidente duda.

¡Oh Shaykh! Desde todas partes se han lanzado protestas contra Nosotros; protestas tales, que Nuestra pluma implora perdón por escribirlas. Sin embargo, debido a Nuestra gran misericordia, las hemos contestado de acuerdo con el entendimiento de los hombres, para que quizá puedan librarse del fuego de la negación y el desmentimiento, y lleguen a ser iluminados con la luz de la afirmación y la aceptación. La equidad es rara de encontrar y la justicia ha dejado de existir.

Entre otros, han descendido estos perspicuos versículos del Reino del Divino conocimiento, en respuesta a ciertos individuos: "¡Oh tú que has dirigido tu rostro hacia los esplendores de Mi Semblante! Las vagas fantasías han circundado a los moradores de la tierra y les han impedido volverse hacia el Horizonte de la Certeza, su brillantez, sus manifestaciones y sus luces. Las vanas imaginaciones les han apartado de Aquel que es el Autosubsistente. Hablan incitados por sus propios caprichos y no entienden. Entre ellos están los que han dicho: '¿Han sido enviados los versículos?' Di: '¡Sí, por Aquel que es el Señor de los cielos!' '¿Ha llegado la hora?' '¡No, más aún, ha pasado, por Aquel que es el Revelador de las claras señales! Verdaderamente, lo Inevitable ha llegado y Él, el Verdadero, ha aparecido con prueba y testimonio. Lo Evidente ha sido descubierto, y la humanidad está severamente afligida y temerosa. Se han desatado terremotos y las tribus se han lamentado por temor a Dios, el Señor de Fortaleza, el Irresistible'. Di: '¡El estridente toque de trompeta ha sido estruendosamente elevado y el Día es de Dios, el Único, el Libre!' '¿Ha ocurrido la catástrofe?' Di: '¡Sí, por el Señor de Señores!' '¿Ha llegado la Resurrección?' 'No, más aún, Aquel que es el Autosubsistente ha aparecido con el Reino de Sus signos'. '¿Ves a los hombres postrados?' '¡Sí, por mi Señor, el Exaltado, el Altísimo!' '¿Han sido los tocones arrancados de raíz?' '¡Sí, más aún, las montañas han sido disgregadas en polvo, por Él, el Señor de los atributos!' Ellos dicen: '¿Dónde está el Paraíso y dónde el Infierno?' Di: 'El primero es la reunión conmigo; el otro es tu propio yo, oh tú que atribuyes un socio a Dios y dudas'. Ellos dicen: 'No vemos la Balanza'. Di: '¡Ciertamente, por mi Señor, el Dios de Misericordia! Nadie puede verla, excepto los que están dotados de discernimiento'. '¿Han caído las estrella?' Di: 'Sí, cuando Aquel que es el Autosubsistente moraba en la Tierra del Misterio (Adrianópolis). ¡Prestad atención, vosotros que estáis dotados de perspicacia!' Todos los signos aparecieron cuando alargamos la Mano del Poder desde el seno de majestad y fuerza. En verdad, el Pregonero exclamó cuando el tiempo prometido hubo llegado, y los que han reconocido los esplendores del Sinaí han desfallecido en el desierto de la vacilación, ante la imponente majestad de tu Señor, el Señor de la creación. La trompeta pregunta: '¿Ha sonado el Clarín?' Di: '¡Sí, por el Rey de la Revelación!, cuando Él ascendió al trono de Su Nombre, el Todomisericordioso'. La oscuridad ha sido ahuyentada por la luz del amanecer de la misericordia de tu Señor, la Fuente de toda luz. La brisa del Todomisericordioso se ha difundido y las almas han sido vivificadas en las tumbas de sus cuerpos. Así el decreto ha sido cumplido por Dios, el Poderoso, el Benéfico. Quienes se han extraviado han dicho: '¿Cuándo fueron hendidos los cielos?' Di: 'Mientras vosotros yacíais en los sepulcros de la rebeldía y del error'. Entre los negligentes se halla aquel que frota sus ojos y mira a derecha e izquierda. Di: 'Estás encegado. No tienes refugio adonde huir'. Y entre ellos está el que dice: '¿Han sido reunidos los hombres?' Di: '¡Sí, por Mi Señor!, mientras tú yacías en la cuna de las ociosas fantasías'. Y entre ellos se encuentra quien dice: '¿Ha sido enviado el Libro a través del poder de la verdadera Fe?' Di: 'La misma verdadera Fe está atónita. ¡Temed, oh hombres de corazón comprensivo!' Y entre ellos está quien dice: '¿He sido reunido con otros, ciego?' Di: '¡Sí, por Aquel que cabalga sobre las nubes!' El paraíso está engalanado con rosas místicas y el infierno arde como una hoguera con el fuego de los impíos. Di: '¡La luz ha brillado desde el horizonte de la Revelación, y la tierra entera ha sido iluminada con la llegada de Aquel que es el Señor del Día del Convenio!' Los incrédulos han perecido, en tanto aquel que guiado por la luz de la seguridad se volvió hacia la Aurora de la Certeza, ha prosperado. Bendito eres tú, quien has fijado tu mirada sobre Mí, por esta Tabla que ha sido enviada para ti, una Tabla que es fuente de elevación de las almas de los hombres. Apréndela de memoria y recítala. ¡Por Mi vida! Es una puerta hacia la misericordia de tu Señor. Bienaventurado quien la recita al caer la tarde y al amanecer. Nosotros, verdaderamente, oímos tu alabanza a esta Causa, mediante la cual la montaña del conocimiento fue pulverizada y los pies de los hombres han resbalado. Que Mi gloria sea contigo y con quienquiera se haya vuelto hacia el Omnipotente, el Todogenereso. La Tabla está terminada, pero el tema no está agotado. Sé paciente, pues paciente es tu Señor".

Estos son versículos que Nosotros revelamos anteriormente, poco después de Nuestra llegada a la ciudad-prisión de 'Akká, te los hemos enviado para que estés informado de lo que sus lenguas mentirosas han hablado cuando Nuestra Causa les llegó con poder y soberanía. Los cimientos de las ociosas fantasías se han estremecido y el cielo de las vanas imaginaciones se ha hendido, y aún así la gente está en duda y contiende con Él. Ellos han negado el testimonio de Dios y Su prueba después que Él ha venido desde el cielo del poder con el reino de Sus signos. Han desechado lo que ha sido prescrito y han perpetrado lo que les había sido prohibido en el Libro. Han abandonado a su Dios y se han adherido a sus propios deseos. Ellos, ciertamente se han extraviado y están en el error. Leen los versículos y los niegan. Ven las señales manifiestas y se apartan. En verdad, están perdidos en extraña duda.

Hemos exhortado a Nuestros amados que teman a Dios, un temor que es el manantial de todas las virtudes y las acciones meritorias. Es el comandante de las huestes de la justicia en la ciudad de Bahá. Dichoso el hombre que se ha puesto a la sombra de su estandarte luminoso y se ha aferrado a él. Él, verdaderamente, es de los Compañeros del Arca Carmesí que ha sido mencionado en el Qayyúm-i-Asmá.

Di: ¡Oh pueblo de Dios! Adornad vuestras sienes con el ornamento de la honradez y la piedad. Ayudad entonces a vuestro Señor con las huestes de acciones meritorias y con un carácter digno de alabanza. Os hemos prohibido la disensión y el conflicto en Mis Libros, en Mis Escrituras, en Mis Pergaminos y en Mis Tablas, y con ello no hemos deseado otra cosa que vuestra exaltación y progreso. Esto lo atestiguan los cielos y sus estrellas, el sol y su esplendor, los árboles y sus hojas, los mares y sus olas y la tierra y sus tesoros. Oramos a Dios que asista a Sus amados y les ayude en todo cuanto sea digno de ellos en esta bendita, esta poderosa y maravillosa posición.

Además, en otra Tabla hemos dicho: "¡Oh tú que has fijado tu mirada en Mi semblante! Exhorta a los hombres a temer a Dios. ¡Por Dios! Este temor es el comandante supremo del ejército de tu Señor. Sus huestes son un carácter loable y actos meritorios. Mediante él han sido abiertas las ciudades de los corazones de los hombres a través de las edades y de los siglos, y los estandartes de poder y triunfo han sido enarbolados por sobre todos los demás estandartes".

"Ahora te mencionaremos la Confiabilidad y su posición en la estimación de Dios, tu Señor, el Señor del Trono Poderoso. Cierto día Nos retiramos a Nuestra Verde Isla. A Nuestra llegada contemplamos sus afluyentes arroyos, sus exuberantes árboles y la luz del sol jugando entre ellos. Volviendo Nuestro rostro hacia la derecha contemplamos lo que la pluma es incapaz de describir; ni puede explicar lo que la vista del Señor de la Humanidad presenció en ese, el más santificado, el más sublime, ese bendito y exaltadísimo Lugar. Volviéndonos luego hacia la izquierda vimos a una de las Bellezas del Paraíso Más Sublime, de pie sobre un pilar de luz, llamando en voz alta y diciendo: '¡Oh moradores de la tierra y del cielo! Contemplad Mi belleza y Mi esplendor, Mi revelación y Mi efulgencia. ¡Por Dios, el Verdadero! Yo soy la Confiabilidad y su revelación y su belleza. Recompensaré a quienquiera se adhiera a Mí, reconozca Mi rango y posición y se aferre a Mi orla. Yo soy el más grande ornamento del pueblo de Bahá y la vestidura de gloria para todos los que están en el reino de la creación. Yo soy el instrumento supremo para la prosperidad del mundo y el horizonte de certeza para todos los seres'. Así hemos hecho descender para ti lo que hará acercarse a los hombres al Señor de la creación".

Este Agraviado, en todo momento, ha convocado a los pueblos del mundo a lo que les exaltará y les acercará a Dios. Desde el Más Sublime Horizonte ha brillado lo que a nadie deja lugar para la vacilación, el repudio o la negación. Los descarriados, sin embargo, no han logrado beneficiarse de ello; más aún, esto sólo aumentará su pérdida.

¡Oh Shaykh! Incumbe a los teólogos unirse a su Majestad el Sháh -quiera Dios asistirle- y adherirse día y noche a lo que exaltará la posición tanto del gobierno como de la nación. Esta gente está asiduamente ocupada en la iluminación de las almas de los hombres y en la rehabilitación de su condición. Esto lo atestigua lo que ha descendido de la Más Sublime Pluma en esta lúcida Tabla. ¡Cuán a menudo las cosas han sido simples y fáciles de lograr y, sin embargo, la mayoría de los hombres han sido negligentes y se han ocupado con aquello que desperdicia su tiempo!

Cierto día, mientras estábamos en Constantinopla, Kamál Páshá visitó a este Agraviado. Nuestra conversación versó sobre temas beneficiosos para el hombre. Él dijo que había aprendido varios idiomas. En respuesta, Nosotros hicimos esta observación: "Has desperdiciado tu vida. Os conviene a ti y a los demás funcionarios del Gobierno convocar una asamblea y escojer uno de los diversos idiomas, así como también uno de los sistemas de escritura existentes, o en su defecto, crear un nuevo idioma y una nueva escritura para ser enseñados a los niños en las escuelas de todo el mundo. De este modo, ellos aprenderían sólo dos idiomas, el uno, su propia lengua nativa, y el otro, el lenguaje en que todos los pueblos del mundo conversarían. Si los hombres se asieran firmemente a lo que ha sido mencionado, la tierra entera sería considerada como un solo país y el pueblo se aliviaría y se liberaría de la necesidad de aprender y enseñar diferentes idiomas". En Nuestra presencia él asintió e incluso mostró gran alegría y completa satisfacción. Luego le dijimos que presentara este asunto a los funcionarios y ministros del Gobierno para que pudiera ponerse en práctica en los diferentes países. No obstante, aunque él a menudo volvió a vernos después de esto, nunca más se refirió a este tema a pesar de que lo que se había sugerido es conducente a la concordia y a la unidad de los pueblos del mundo.

Abrigamos la esperanza de que el Gobierno de Persia lo adopte y lo lleve a cabo. En la actualidad, un nuevo idioma y una nueva escritura han sido creados. Si lo deseas te haremos partícipe de ello. Nuestro propósito es que todos los hombres puedan adherirse a lo que ha de reducir el esfuerzo y el trabajo innecesarios para que sus días sean empleados y terminados dignamente. Dios, verdaderamente, es el Auxiliador, el Conocedor, el Ordenador, el Omnisciente.

Dios mediante, Persia alcanzará y se adornará con aquello de lo cual ha estado privada hasta ahora. Di: "¡Oh Sháh! Esfuérzate para que todos los pueblos del mundo puedan ser iluminados con los refulgentes esplendores del sol de tu justicia. Los ojos de este Agraviado no se han vuelto hacia otra cosa que no sea la honradez, la veracidad, la pureza y todo lo que beneficie a los hombres". No Le consideres un traidor. ¡Glorificado eres Tú, oh mi Dios, mi Maestro y mi Apoyo! Ayuda a su Majestad el Sháh a hacer cumplir Tus leyes y Tus mandatos, y a exponer Tu justicia entre Tus siervos. Tú eres, en verdad, el Todogeneroso, el Señor de abundante gracia, el Omnipotente, el Todopoderoso. La Causa de Dios ha venido como una muestra de Su gracia. Dichosos los que actúan; dichosos los que entienden; dichoso el hombre que se ha aferrado a la verdad, desprendido de todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra.

¡Oh Shaykh! Busca la orilla del Más Grande Océano y entra luego en el Arca Carmesí que Dios ha ordenado para el pueblo de Bahá en el Qayyúm-i-Asmá. Verdaderamente, él navega sobre la tierra y el mar. El que entra en él está a salvo y el que se aparta, perece. Si lo alcanzas y entras en él, dirige tu rostro hacia la Kaaba de Dios, el que Ayuda en el Peligro, Quien Subsiste por Sí Mismo y di: "¡Oh mi Dios! Te imploro por Tu más gloriosa luz y todas Tus luces son verdaderamente gloriosas". Acto seguido, las puertas del Reino se abrirán de par en par ante tu rostro y contemplarás lo que los ojos jamás han contemplado y oirás lo que los oídos jamás han oído. Este Agraviado te exhorta, como te ha exhortado antes, y nunca ha tenido otro deseo para ti salvo el de que entres en el océano de la unidad de Dios, el Señor de los mundos. Este es el día en que todas las cosas creadas claman y anuncian esta Revelación a los hombres, mediante la cual ha aparecido lo que estaba oculto y preservado en el conocimiento de Dios, el Poderoso, el Todoalabado.

¡Oh Shaykh! Tú has oído las dulces melodías de las Palomas de la Expresión arrullando sobre las ramas del Árbol del Loto del conocimiento. Escucha ahora las notas de las Aves de la Sabiduría elevándose en el Paraíso Más Sublime. Ellas, en verdad, te informarán de cosas de las que eras completamente ignorante. Presta atención a lo que la Lengua de Fuerza y Poder ha hablado en los Libros de Dios, el Deseo de todo corazón comprensivo. En este momento se ha elevado una voz desde el Árbol del Loto, más allá del cual no hay paso, en el corazón del Paraíso Más Sublime, ordenándome que te relate lo que ha descendido en los Libros y las Tablas y de las cosas expresadas por Mi Precursor, Quien ofrendó Su vida por este Gran Anuncio, este Recto Sendero. Él ha dicho, y Él, verdaderamente, dice la verdad: "He escrito en Mi mención de Él estas preciosas palabras: 'Ninguna alusión Mía puede aludir a Él, ni tampoco nada que haya sido mencionado en el Bayán'". Y además, Él -exaltado y glorificado sea- referente a esta muy poderosa Revelación, dice este Gran Anuncio: "Exaltado y glorificado es Él por sobre el poder de cualquiera para revelarle excepto Él Mismo y está por encima de la descripción de cualquiera de Sus criaturas. Yo Mismo no soy sino el primer siervo en creer en Él y en Sus signos y en participar de los dulces aromas de Sus palabras procedentes de los primeros frutos del Paraíso de Su conocimiento. ¡Ciertamente, por Su gloria! Él es la Verdad. No hay otro Dios salvo Él. Todos han surgido por Su mandato". Tales son las palabras entonadas por la Paloma de la Verdad sobre las ramas del Divino Árbol del Loto. Bienaventurado quien haya prestado atención a su Voz y haya bebido de los océanos de la Divina expresión que yacen ocultos en cada una de estas palabras. En otra ocasión, la Voz del Bayán ha exclamado en voz alta desde las más encumbradas ramas. Él -bendito y glorificado sea- dice: "En el año nono alcanzaréis todo bien". En otra ocasión dice: "En el año nono alcanzaréis la Presencia de Dios". Estas melodías, entonadas por las Aves de las ciudades del Conocimiento, concuerdan con lo que ha sido enviado por el Todomisericordioso en el Corán. Benditos sean los hombres de discernimiento; benditos los que lo alcanzan.

¡Oh Shaykh! ¡Juro por Dios! El Río de la Misericordia fluye, el Océano de la Expresión se agita y el Sol de la Revelación brilla resplandeciente. Con un corazón desprendido, un pecho dilatado y una lengua completamente veraz recita estas sublimes palabras que han sido reveladas por Mi Precursor, el Punto Primordial. Él dice -glorificada sea Su palabra- dirigiéndose a Su señoría 'A1/2ím: "Esto, verdaderamente, es lo que te hemos prometido antes del momento en que hayamos contestado tu llamado. Espera hasta que nueve hayan pasado desde el tiempo del Bayán. Luego exclama: '¡Bendito, por tanto, sea Dios, el más excelente de los Hacedores!' Di: Esto, verdaderamente, es un Anuncio que nadie excepto Dios ha comprendido. Vosotros, sin embargo, estaréis desprevenidos en ese día". En el año nono, esta Más Grande Revelación surgió y brilló resplandeciente sobre el horizonte de la Voluntad de Dios. Nadie puede negarla salvo aquel que es negligente y duda. Rogamos a Dios que ayude a Sus siervos a volverse a Él y suplicamos perdón por las cosas que han cometido en esta vana existencia. Él, verdaderamente, es el Clemente, el Perdonador, el Todomisericordioso. En otra ocasión, Él dice: "Yo soy el primer siervo en creer en Él y en Sus signos". Del mismo modo, en el Bayán Persa, Él dice: "Él, verdaderamente, es Aquel que bajo cualquier circunstancia proclama: '¡Yo, en verdad, soy Dios!'", y así sucesivamente, bendito y glorificado sea Él. Lo que se quiere significar con Divinidad y Deidad ha sido expuesto anteriormente. Nosotros, en verdad, hemos rasgado los velos y hemos puesto al descubierto lo que acercará a los hombres a Dios, Quien hace bajar la cerviz a los hombres. Dichoso el hombre que ha alcanzado la justicia y la equidad en esta Gracia que ha abarcado todo lo que existe en los cielos y todo lo que existe en la tierra como ha sido ordenado por Dios, el Señor de los mundos.

¡Oh Shaykh! Escucha las melodías del Evangelio con el oído de la imparcialidad. Él dice -glorificada sea Su palabra- al profetizar las cosas por venir: "Mas de aquel Día y Hora, ningún hombre sabe, no, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre". Por Padre, en este contexto, se quiere significar a Dios, exaltada sea Su gloria. Él es, ciertamente, el Verdadero Educador y el Maestro Espiritual.

Joel dice: "Porque grande es el Día del Señor y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?" En primer lugar, en la sublime expresión manifestada en el Evangelio, Él dice que nadie está enterado del tiempo de la Revelación, que nadie lo sabe excepto Dios, el Omnisciente, Quien es conocedor de todo. En segundo lugar, Él expresa la grandeza de la Revelación. Asimismo, en el Corán, Él dice: "¿De qué se preguntan el uno al otro? Del Gran Anuncio". Este es el Anuncio, la grandeza del cual ha sido mencionada en la mayoría de los Libros de antaño y de tiempos más recientes. Este es el Anuncio que ha hecho estremecer los miembros de la humanidad salvo los de aquellos a quienes Dios, el Protector, el Auxiliador, el Socorredor, ha querido eximir. Los hombres, en verdad, han visto con sus propios ojos cómo todos los hombres y todas las cosas han sido lanzados a la confusión y están dolorosamente perplejos salvo aquellos a quienes Dios ha querido eximir.

¡Oh Shaykh! ¡Grande es la Causa y grande el Anuncio! Reflexiona serena y pacientemente sobre los resplandecientes signos y las sublimes palabras y todo lo que ha sido revelado en estos días, que quizá puedas sondear los misterios que se hallan ocultos en los Libros y te esfuerces en guiar a Sus siervos. Escucha con tu oído interior la voz de Jeremías, Quien dice: "Oh, grande es ese Día y no tiene igual". Si observaras con el ojo de la equidad, percibirías la grandeza del Día. Presta oído a la Voz de este Omnisapiente Consejero y no te permitas ser privado de la misericordia que ha sobrepasado todas las cosas creadas, visibles e invisibles. Presta oído al canto de David. Él dice: "¿Quién me guiará a la Ciudad Fortificada?" La Ciudad Fortificada es 'Akká, la cual ha sido denominada la Más Grande Prisión y que posee una fortaleza y murallas poderosas.

¡Oh Shaykh! Lee atentamente lo que Isaías ha dicho en Su Libro. Él dice: "Súbete sobre el alto monte, oh Sión, portadora de buenas nuevas; alza con fuerza Tu Voz, oh Jerusalén, portadora de buenas nuevas. Álzala, no temas; di a las ciudades de Judá: '¡Ved aquí a vuestro Dios! Ved aquí al Señor Dios que vendrá con mano fuerte y Su brazo regirá por Él'". En este Día todos los signos han aparecido. Una Gran Ciudad ha descendido desde el cielo y Sión tiembla de alegría y exulta ante la Revelación de Dios, pues ha oído la Voz de Dios en todas partes. En este Día Jerusalén ha logrado un nuevo Evangelio, pues en lugar del sicomoro se yergue el cedro. Jerusalén es el lugar de peregrinación para todos los pueblos del mundo y ha sido llamada la Ciudad Santa. Conjuntamente con Sión y Palestina, todas ellas se hallan dentro de estas regiones. Por ello se ha dicho: "Bendito sea el hombre que haya emigrado a 'Akká".

Amós dice: "El Señor rugirá desde Sión y emitirá Su Voz desde Jerusalén; y se enlutarán las moradas de los pastores y se secará la cumbre del Carmelo". El Carmelo, en el Libro de Dios, ha sido designado como el Monte de Dios y Su Viña. Es aquí donde, por la gracia del Señor de la Revelación, ha sido erigido el Tabernáculo de Gloria. Dichosos quienes logren llegar a él; dichosos quienes vuelvan sus rostros hacia él. Y asimismo Él dice: "Nuestro Dios vendrá y no guardará silencio".

¡Oh Shaykh! Reflexiona sobre estas palabras dirigidas a Amós por Aquel que es el Deseo del mundo. Él dice: "Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel, porque, he aquí, el que forma los montes y crea el viento, el que anuncia al hombre Su pensamiento, el que hace de la mañana tinieblas y pasa sobre los lugares encumbrados de la tierra, el Señor, el Dios de las Huestes es Su nombre". Él dice que Él hace de la mañana tinieblas. Con ello se quiere significar que si en el tiempo de la Manifestación de Aquel que conversó en el Sinaí alguien se considerase a sí mismo como el verdadero amanecer, mediante la fuerza y el poder de Dios, él sería convertido en tinieblas. Verdaderamente, él es el falso amanecer, aunque se crea a sí mismo el verdadero. Desdichado sea, y desdichados los que le siguen sin una señal clara de Dios, el Señor de los mundos.

Isaías dice: "Solamente el Señor será exaltado en ese Día". Referente a la grandeza de la Revelación, Él dice: "Entra en la roca y ocúltate en el polvo por temor al Señor y por la gloria de Su majestad". Y en otra ocasión Él dice: "El yermo y la soledad se alegrarán por ellos; y el desierto se regocijará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente y se regocijará con júbilo, cantando: la gloria del Líbano le será dada, el esplendor del Carmelo y de Sarón, ellos verán la gloria del Señor y el esplendor de nuestro Dios".

Estos pasajes no necesitan comentario. Son brillantes y manifiestos como el sol y, resplandecientes y luminosos como la luz misma. Toda persona imparcial es guiada por la fragancia de estas palabras hacia el jardín del entendimiento y logra aquello que les está velado y vedado a la mayoría de los hombres. Di: Temed a Dios, oh pueblo, y no sigáis las dudas de aquellos que vociferan, quienes han violado el Convenio de Dios y Su Testamento, y han negado Su misericordia que ha precedido a todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra.

Y asimismo Él dice: "Di a quienes son de corazón temeroso: sed fuertes, no temáis, mirad a vuestro Dios". Este bendito versículo es una prueba de la grandeza de la Revelación y de la grandeza de la Causa, puesto que el toque de la trompeta debe necesariamente esparcir la confusión por todo el mundo y el temor y el estremecimiento entre todos los hombres. Bienaventurado es aquel que ha sido iluminado con la luz de la confianza y el desprendimiento. Las tribulaciones de ese Día no le estorbarán ni le alarmarán. Así ha hablado la Lengua de la Expresión, como ha sido ordenado por Aquel que es el Todomisericordioso. Él, verdaderamente, es el Fuerte, el Todopoderoso, el Todosubyugador, el Omnipotente. Incumbe ahora a quienes están dotados con oído atento y ojo avizor ponderar estas sublimes palabras, en cada una de las cuales los océanos del significado interno y la explicación están ocultos, que quizá las palabras expresadas por Aquel que es el Señor de la Revelación permitan a Sus siervos alcanzar, con el mayor júbilo y resplandor, la Meta Suprema y el Pináculo Más Sublime, el punto de amanecer de esta Voz.

¡Oh Shaykh! Si tú percibieras los alientos de Mi expresión, aun si fuera en menor medida que el ojo de una aguja, abandonarías el mundo y todo lo que en él existe, y volverías tu rostro hacia las luces del semblante del Deseado. En breve, en los proverbios de Aquel que es el Espíritu (Jesús), se hallan ocultos innumerables significados. Él hizo referencia a muchas cosas, pero como no encontró a nadie que poseyera un oído atento ni ojo avizor, prefirió ocultar la mayoría de estas cosas. Es así que Él dice: "Mas ahora no las podéis sobrellevar". Ese Punto de Amanecer de la Revelación dice que en ese Día, Aquel que es el Prometido revelará las cosas que habrán de venir. En conformidad con esto, en el Kitáb-i-Aqdas, en las Tablas a los Reyes, en el Lawḥ-i-Ra'ís y en el Lawḥ-i-Fu'ád, han sido anunciadas y profetizadas, por la Pluma Más Sublime, la mayoría de las cosas que han sucedido en esta tierra.

En el Kitáb-i-Aqdas ha sido revelado lo siguiente: "No permitas que nada te entristezca, Oh Tierra de (r)á (Teherán), pues Dios te ha escogido para ser la fuente de alborozo de toda la humanidad. Si es Su Voluntad, Él bendecirá tu trono con alguien que habrá de gobernar con justicia, quien reunirá el rebaño de Dios que los lobos han dispersado. Con regocijo y alegría ese gobernante volverá su faz hacia el pueblo de Bahá, y le otorgará sus favores. A los ojos de Dios él es considerado, por cierto, como una joya entre los hombres. Sobre él descansen por siempre la gloria de Dios y la gloria de todos los que moran en el reino de Su revelación". Estos versículos fueron revelados anteriormente. Sin embargo, ahora ha sido enviado el siguiente versículo: "¡Oh Dios, mi Dios! Bahá Te suplica y Te implora, por las luces de Tu semblante, por las olas del océano de Tu Revelación y por los refulgentes esplendores del Sol de Tu expresión, que ayudes al Sháh a ser justo y equitativo. Si es Tu deseo, bendice, a través de él, el trono de autoridad y soberanía. Potente eres Tú para hacer lo que Te place. No hay otro Dios sino Tú, el que oye, Quien está dispuesto a contestar". "Alborózate con gran alborozo, oh Tierra de (r)á (Teherán), porque Dios ha hecho de ti la aurora de Su luz, ya que dentro de ti nació la Manifestación de Su gloria. Alégrate por el nombre que te ha sido conferido, un nombre mediante el cual el Sol de la gracia ha derramado su esplendor y, la tierra y el cielo han sido iluminados. Dentro de poco cambiará tu situación interna y las riendas del poder caerán en manos del pueblo. En verdad, tu Señor es el Omnisciente. Su autoridad abarca todas las cosas. Ten confianza en los bondadosos favores de tu Señor. La mirada de Su amorosa bondad estará siempre dirigida hacia ti. Se acerca el día en que tu agitación habrá mudado en paz y sosiego. Así ha sido decretado en el Libro Maravilloso".

Asimismo, en el Lawḥ-i-Fu'ád, y en la Tabla al Rey de París (Napoleón III), y en otras Tablas, ha sido revelado aquello que llevará a toda persona imparcial a atestiguar el poder, la majestad y la sabiduría de Dios, exaltada sea Su gloria. Si los hombres observaran con el ojo de la justicia, se darían cuenta del secreto de este bendito versículo: "No existe cosa alguna, verde o seca, que no haya sido anotada en un escrito claro", y lo comprenderían. En este día, no obstante, el repudio de los hombres a la verdad les ha impedido comprender lo que en verdad ha sido enviado por Aquel que es el Revelador, el Anciano de los Días. ¡Dios bondadoso! Signos perspicuos han aparecido por todos lados, y sin embargo, los hombres, en su mayor parte, están privados del privilegio de contemplarlos y comprenderlos. Imploramos a Dios que confiera Su ayuda para que todos los hombres puedan reconocer las perlas que yacen ocultas en las ostras del Más Grande Océano y exclamen: "¡Alabado seas Tú, oh Dios del mundo!"

¡Oh concurso de imparciales! Observad y reflexionad sobre las olas del océano de la expresión y el conocimiento de Dios para que podáis testificar con vuestras lenguas interior y exterior, que en Él se haya el conocimiento de todo lo que está en el Libro. Nada escapa a Su conocimiento. Él, verdaderamente, ha manifestado lo que estaba oculto cuando a Su regreso ascendió al trono del Bayán. Todo cuanto ha sido revelado, ha sucedido y sucederá sobre la tierra, palabra por palabra. A nadie le cabe la posibilidad de apartarse o protestar. No obstante, como la imparcialidad se halla deshonrada y oculta, la mayoría de los hombres hablan impulsados por sus propias fantasías ociosas.

¡Oh Dios, mi Dios! No impidas a Tus siervos volver sus rostros hacia la luz de la certeza que ha amanecido sobre el horizonte de Tu voluntad y no dejes que sean privados, oh mi Dios, de los océanos de Tus signos. Ellos, oh mi Señor, son Tus siervos en Tus ciudades y Tus esclavos en Tus tierras. Si Tú no tienes misericordia con ellos, ¿quién, entonces, les mostrará misericordia? Toma, oh mi Dios, las manos de aquellos que se han ahogado en el mar de las ociosas fantasías y libéralos por Tu fuerza y Tu soberanía. Sálvalos, entonces, con los brazos de Tu poder. Potente eres Tú para hacer lo que deseas, y en Tu diestra se hallan las riendas de todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra.

Del mismo modo, el Punto Primordial dice: "Contempladle con Sus propios ojos. Si Le miraseis con los ojos de otro, jamás Le aceptaríais ni Le conoceríais". Esto no se refiere a nada que no sea esta Más Grande Revelación. Bienaventurados los que juzgan imparcialmente. Y asimismo Él dice: "El germen de un año de edad que contiene en sí mismo las potencialidades de la Revelación que ha de venir, está dotado de una potencia superior a las fuerzas combinadas de todo el Bayán". Estas buenas nuevas del Bayán y de los Libros de tiempos pasados han sido repetidamente mencionadas bajo diversos nombre en numerosos libros, para que quizá los hombres juzguen equitativamente aquello que ha surgido y ha brillado sobre el horizonte de la voluntad de Dios, el Señor del Poderoso Trono.

¡Oh Shaykh! Di al pueblo del Bayán: "Ponderad estas benditas palabras. Él dice: 'La totalidad del Bayán es sólo una hoja entre las hojas de Su Paraíso'. Sed justos, oh pueblo, y no seáis de los que son contados entre los perdidos en el Libro de Dios, el Señor de los mundos". El bendito Árbol del Loto se halla, en este día, ante tu rostro, cargado con frutos celestiales, nuevos y maravillosos. Contémplalo desprendido de todo salvo de él. Así ha hablado la Lengua de fuerza y poder en este Lugar que Dios ha adornado con las huellas de Su Más Grande Nombre y Poderoso Anuncio.

Y asimismo Él dice: "Antes que nueve hayan transcurrido desde el comienzo de esta Causa, las realidades de las cosas creadas no se harán manifiestas. Todo lo que has visto hasta ahora, no es sino la etapa que se extiende desde el germen húmedo hasta que le cubrimos con carne. Sé paciente hasta que contemples una nueva creación. Di: 'Por tanto, ¡bendito sea Dios, el más excelso de los Hacedores!'"

Y asimismo Él ha dicho con respecto al poder de esta Revelación: "Es lícito para Aquel a Quien Dios hará manifiesto rechazar a aquel que es más grande en la tierra, puesto que ese no es sino una criatura en Su puño y todas las cosas Le adoran. Después de Æín (68) os será dada una Causa que vosotros conoceréis". Y además Él dice: "Sabe con absoluta certeza y, mediante el decreto irrevocable y más firmemente establecido, que Él, exaltada sea Su gloria, magnificado sea Su poder, beatificada sea Su santidad, glorificada sea Su grandeza y loados sean Sus caminos, hace que cada cosa sea conocida por sí misma; ¿quién, entonces, puede conocerle a través de alguien que no sea Él Mismo?" Y además Él dice, exaltado y glorificado sea Él: "Cuidado, cuidado, no sea que en los días de Su Revelación, el Váḥid del Bayán (las dieciocho Letras del Viviente) te apartes de Él como por un velo, ya que este Váḥid no es sino una criatura ante Su vista. Y cuidado, cuidado, que las palabras reveladas en el Bayán no te aparten de Él como por medio de un velo". Y nuevamente, exaltado sea Él, dice: "No Le miréis con ningún otro ojo que no sea el Suyo propio. Pues quienquiera Le mire con Su ojo, Le reconocerá; de otro modo, estará apartado de Él. Si buscas a Dios y Su Presencia, búscale a Él y mírale fijamente". Y asimismo Él dice: "Mejor es para ti recitar uno solo de los versículos de Aquel a Quien Dios hará manifiesto, que transcribir la totalidad del Bayán, pues en ese Día, ese solo versículo puede salvarte, mientras que el Bayán entero no puede salvarte".

Di: ¡Oh pueblo del Bayán! Sed justos, sed justos; y nuevamente, sed justos, sed justos. No seáis de los que han hecho mención de la Manifestación de la Causa de Dios durante el día y en la noche, y que cuando Él apareció a través de Su gracia y cuando el Horizonte de la Revelación fue iluminado, pronunciaron tal juicio en Su contra, que ha provocado los lamentos de los habitantes del Reino y del Dominio de Gloria y de los que han circulado alrededor de la voluntad de Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente.

Meditad sobre estas sublimes palabras: Él dice: "Yo, verdaderamente, soy un creyente en Él, en Su Fe, en Su Libro, en Sus Testimonios, en Sus modos de obrar y en todo lo que ha procedido de Él referente a ellos. Me glorío en Mi afinidad con Él y Me enorgullezco de Mi creencia en Él". Y asimismo Él dice: "¡Oh congregación del Bayán y de todos los que se hallan en ella! Reconoced los límites impuestos a vosotros, pues aun Aquel que es el Punto del Bayán Mismo ha creído en Aquel a Quien Dios hará manifiesto, antes de que fueran creadas todas las cosas. De ello, verdaderamente, Me glorío ante todos los que están en el reino del cielo y de la tierra". ¡Por Dios! Todos los átomos del universo gimen y se lamentan ante la crueldad perpetrada por los rebeldes entre el pueblo del Bayán. ¿Dónde han ido aquellos que estaban dotados de perspicacia y oído? Imploramos a Dios -bendito y glorificado sea Él- que los emplace y los exhorte a aquello que les beneficiará, y que los aparte de aquello que les dañará. Él es, en verdad, el Fuerte, el Todosubyugador, el Omnipotente.

Y asimismo Él dice: "No os permitáis estar apartados de Dios como por un velo, después de que Él Se ha revelado a Sí Mismo. Pues todo lo que ha sido exaltado en el Bayán no es más que un anillo en Mi mano y Yo Mismo, verdaderamente, no soy sino un anillo en la mano de Aquel a Quien Dios hará manifiesto, ¡glorificada sea Su mención! Él lo hace girar como a Él Le place, por cualquier cosa que a Él Le place y por medio de lo que a Él Le place. Él, verdaderamente, es el que Ayuda en el Peligro, el Altísimo". Y asimismo Él dice: "Si Él hiciera de cada uno en la tierra un Profeta, todos serían, en la más pura verdad, considerados como Profetas ante la vista de Dios". Y asimismo Él dice: "En el día de la revelación de Aquel a Quien Dios hará manifiesto, todos los que moran en la tierra serán iguales en Su apreciación. A quienquiera Él haya ordenado ser un Profeta, él, verdaderamente, ha sido un Profeta desde el principio que no tiene principio y así permanecerá hasta el fin que no tiene fin, por cuanto esto es una obra de Dios. Y a quienquiera Él haya hecho un Vicerregente, será un Vicerregente en todos los mundos, ya que esto es una obra de Dios. Pues la voluntad de Dios no puede ser revelada de manera alguna salvo mediante Su voluntad; ni Su deseo puede ser manifestado, sino es mediante Su deseo. Él, verdaderamente, es el Todoconquistador, el Todopoderoso, el Altísimo".

En breve, en todo momento Él ha enunciado lo que es conducente a la conversión, al progreso, a la exaltación y a la guía de los hombres. Unos cuantos injustos, no obstante, se han convertido en un velo y en una barrera infranqueable, y han impedido a la gente volverse hacia las luces de Su Semblante. Rogamos a Dios que los expulse por Su soberanía y se apodere de ellos con Su apresador poder. Él, verdaderamente, es el Señor de Fortaleza, el Poderoso, el Omnisapiente.

Y asimismo Él dice: "Él -glorificada sea Su mención- Se asemeja al sol. Si se colocasen innumerables espejos frente a él, cada uno, de acuerdo con su capacidad, reflejaría el esplendor de ese sol, y si ningun espejo fuese colocado frente a él, aún así continuaría saliendo y poniéndose, y sólo los espejos estarían privados de su luz. Yo, verdaderamente, no he faltado a Mi deber de amonestar a esa gente e idear medios por los que pudieran volverse hacia Dios, su Señor, y creer en Dios, su Creador. Si en el día de Su Revelación, todos los que están sobre la tierra dan muestras de fidelidad a Él, Mi más íntimo ser se alegrará, puesto que todos habrán alcanzado la cima de su existencia y se habrán encontrado frente a frente con su Bienamado y habrán reconocido hasta el más alto grado alcanzable en el mundo de la existencia, el esplendor de Aquel que es el Deseo de sus corazones. Si no es así, Mi alma, en verdad, se entristecerá. Yo, verdaderamente, he preparado a todas las cosas para este fin. ¿Cómo, entonces, puede alguien estar separado de Él como por un velo? Por ésto he invocado a Dios y continuaré invocándole. Él, verdaderamente, está cerca y está dispuesto a contestar".

Y asimismo Él dice: "Ellos incluso rehusarán darle a ese Árbol, que no es ni del Este ni del Oeste, el nombre de creyente, pues si fuesen a llamarle de ese modo, no lograrían entristecerle". ¿Oh mundo, ha escuchado tu oído en qué desamparo fueron reveladas estas palabras desde la aurora de la voluntad de Aquel que es el Lugar de Amanecer de todos los nombres? Él dice: "He educado a todos los hombres para que puedan reconocer esta Revelación y, sin embargo, el pueblo del Bayán rehúsa incluso conceder el nombre de creyente a ese Árbol bendito que no pertenece al Este ni al Oeste". ¡Ay, ay, por las cosas que Me han acontecido! ¡Por Dios! A manos de aquel que de día y de noche he criado (Mírzá Yaḥyá), me ha acontencido lo que ha hecho lamentarse al Espíritu Santo y a los moradores del Tabernáculo de la Grandeza de Dios, el Señor de este maravilloso Día.

Asimismo, refutando a ciertos incrédulos, Él dice: "Pues nadie conoce el tiempo de la Revelación excepto Dios. Cuando quiera que ésta aparezca, todos deben reconocer al Punto de la Verdad y dar gracias a Dios". Aquellos que se han apartado de Mí han hablado como hablaron los seguidores de Juan (el Bautista). Pues ellos también protestaron contra Aquel que era el Espíritu (Jesús), diciendo: "La dispensación de Juan aún no ha terminado, ¿por qué has venido?" Ahora también, aquellos que Nos han repudiado, aunque nunca Nos han conocido y han sido en todo momento ignorantes de los fundamentos de esta Causa, sin saber de Quién procede ni qué significa, han dicho lo que ha causado que todas las cosas creadas suspiraran y se lamentaran. ¡Por Mi vida! El mudo nunca podrá desafiar a Aquel que encarna en Sí Mismo al reino de la expresión. Temed a Dios, oh pueblo, y examinad, entonces, lo que ha sido enviado con la verdad en el octavo Capítulo del sexto Váḥid del Bayán y no seáis de los que se han apartado. Asimismo Él ha ordenado: "Este Capítulo debe ser leído una vez cada diecinueve días, que quizá ellos no sean velados en el momento de la revelación de Aquel a Quien Dios hará manifiesto, por consideraciones extrañas a los versículos que han sido y continúan siendo la más poderosa de todas las pruebas y testimonios".

kamranJuan, hijo de Zacarías, dijo lo que Mi Precursor ha dicho: "Diciendo, arrepentíos porque el Reino del cielo está cerca. Yo, en verdad, os bautizo con agua para el arrepentimiento, pero el que viene tras de Mí es más poderoso que Yo, Cuyo calzado no soy digno de llevar". Por ello, Mi Precursor, como un signo de sumisión y humildad, dijo: "La totalidad del Bayán es sólo una hoja entre las hojas de Su Paraíso". Y asimismo Él dice: "Yo soy el primero en adorarle y Me enorgullezco de Mi afinidad con Él". Y aún así, oh hombres, el pueblo del Bayán ha obrado de un modo tal, que Dhi'l-Jawshab, e Ibn-i-Anas y AÐbahí han buscado y continúan buscando refugio en Dios contra tales acciones. Este Agraviado, ante la faz de todas las religiones, Se ha ocupado, día y noche, en las cosas que son conducentes a la exaltación de la Causa de Dios, en tanto que esos hombres se han aferrado a lo que es causa de humillación y perjuicio.

Y asimismo Él dice: "Reconocedle por Sus versículos. Cuanto más negligentes seáis en esforzaros por conocerle, más dolorosamente estaréis velados en el fuego". ¡Oh vosotros entre el pueblo del Bayán que os habéis apartado de Mí! Meditad sobre estas más sublimes palabras que han procedido del manantial de la expresión de Aquel que es el Punto del Conocimiento. Escuchad, en este momento, estas palabras. Él dice: "En ese Día, el Sol de la Verdad se dirigirá al pueblo del Bayán y recitará este Súrih del Corán: 'Di: ¡Oh vosotros los incrédulos! Yo no adoro lo que vosotros adoráis, y vosotros no adoráis lo que Yo adoro. Yo nunca adoraré lo que vosotros adoráis, ni vosotros adoraréis lo que Yo adoro. A vosotros sea vuestra religión, y a Mí, Mi religión'". ¡Dios bondadoso! A pesar de estas claras afirmaciones y de estas brillantes y luminosas pruebas, todos están ocupados con sus vanas imaginaciones, ignoran al Deseado y están apartados de Él. ¡Oh extraviados! Despertad del sueño de la negligencia y prestad atención a estas palabras de Mi Precursor. Él dice: "El árbol de la afirmación, al apartarse de Él, es considerado como el árbol de la negación, y el árbol de la negación, al volverse hacia Él, es considerado como el árbol de la afirmación". Y asimismo Él dice: "Si alguien proclamare una Revelación y no adujere prueba alguna, no protestéis, ni Le aflijáis". En breve, este Agraviado ha estado, día y noche, expresando estas palabras: "Di: ¡Oh vosotros los incrédulos!", que quizá este sea el medio de despertar a la gente, y de que puedan adornarse con el ornamento de la equidad.

Y ahora, medita sobre estas palabras que difunden el hálito de la desesperación en Su dolorosa invocación a Dios, el Señor de los mundos. Él dice: "¡Glorificado eres Tú, oh Mi Dios! Atestigua que, mediante este Libro, he realizado un convenio con todas las cosas creadas referente a la Misión de Aquel a Quien Tú harás manifiesto, antes de que el convenio respecto a Mi propia Misión haya sido establecido. Suficiente testigo eres Tú y aquellos que han creído en Tus signos. Tú, verdaderamente, eres suficiente para Mí. En Ti he puesto Mi confianza, y Tú, verdaderamente, llevas cuenta de todas las cosas".

En otra ocasión Él dice: "¡Oh Espejos como Soles! Mirad al Sol de la Verdad. Vosotros, ciertamente, dependéis de él, si lo percibierais. Todos vosotros sois como peces, moviéndoos en las aguas del mar, velándoos a vosotros mismos de él, y sin embargo, preguntandoos de qué dependéis". Y asimismo Él dice: "Me quejo a ti, oh Espejo de Mi generosidad, contra todos los otros Espejos. Todos Me miran a través de sus propios colores". Estas palabras fueron enviadas desde la Fuente de la Revelación del Todogeneroso, e iban dirigidas al Siyyid Javád, conocido como Karbilá'í. Dios atestigua, y el mundo es Mi testigo, que este siyyid apoyó a este Agraviado e incluso escribió una detallada refutación contra los que se apartaron de Mí. Por otra parte, dos comunicaciones en las que él testifica la Revelación del Verdadero y en las que las evidencias de su alejamiento de todo cuanto no sea Él son claras y manifiestas, fueron enviadas por Nosotros a Æaydar-'Alí. El manuscrito del siyyid es inequívoco, y es conocido por todos. Nuestro propósito al hacer esto fue que aquellos que Nos han negado puedan alcanzar las aguas vivientes del reconocimiento, y aquellos que se han apartado, sean iluminados con la luz de la conversión. Dios es Mi testigo de que este Agraviado no ha tenido otro propósito que no fuera el de transmitir la Palabra de Dios. Benditos sean los imparciales, y desdichados los que se han apartado. Aquellos que se han alejado de Mí han conspirado muchas veces, y han obrado engañosamente de diversas maneras. En una ocasión, se procuraron una fotografía de este siyyid y la pegaron en una hoja junto con las de otros, encabezadas por el retrato de Mírzá Yaḥyá. En breve, ellos han apelado a todo tipo de medios para repudiar al Verdadero. Di: "El Verdadero ha venido tan manifiesto como el sol brillante; ¡oh, qué lástima que Él haya venido a la ciudad de los ciegos!" El siyyid anteriormente mencionado amonestó a los negadores y los emplazó ante el Más Sublime Horizonte, pero no logró grabar estas piedras que no pueden ser grabadas. Concerniente a él, ellos han dicho tales cosas en cuya contra él buscó refugio en Dios, exaltada sea Su gloria. Las súplicas que envió a esta Santa Corte se hallan ahora en Nuestra posesión. Dichosos sean los imparciales.

Reflexiona ahora sobre la lamentación del Punto Primordial contra los Espejos, que quizá los hombres puedan despertar, y volverse de la siniestra de las ociosas fantasías e imaginaciones, a la diestra de la fe y la certeza, y puedan ser conocedores de aquello de lo cual están velados. En verdad, es por el propósito de reconocer a esta Causa Más Grande, por la que ellos han surgido del mundo de la no-existencia al mundo del ser. Y asimismo Él dice: "Consagra, oh mi Dios, la totalidad de este Árbol a Él, a fin de que de él puedan ser revelados todos los frutos creados por Dios dentro de él, para Aquel por Cuyo intermedio Dios ha deseado revelar todo lo que a Le place. ¡Por Tu gloria! Yo no he deseado que este Árbol produzca jamás una rama, o una hoja, o un fruto, que no se incline ante Él en el Día de Su Revelación, o que rehúse alabarte a través de Él, como corresponde a la gloria de Su todagloriosa Revelación, y a la sublimidad de Su muy sublime Ocultación. Y si Tú observases en Mí, oh mi Dios, una rama, una hoja o un fruto, que no se haya inclinado ante Él en el día de Su Revelación, córtalo, oh Mi Dios, de ese Árbol, pues no es de Mí, ni retornará a Mí".

¡Oh pueblo del Bayán! ¡Juro por Dios! Este Agraviado no tiene otra intención que no sea manifestar la Causa que Le fue encomendado revelar. Si Le prestarais vuestro oído interior, oiríais en cada extremidad, cada miembro y cada vena, e incluso en cada cabello de este Agraviado, lo que conmovería y extasiaría al Concurso de lo alto y al mundo de la creación.

¡Oh Hádí! El fanatismo ciego de tiempos pasado ha apartado del Recto Sendero a las criaturas desventuradas. Medita sobre la secta shí'í. Durante doce siglos han clamado, "¡oh Qá'im!", hasta que al final todos dictaron la sentencia de Su muerte y Le hicieron sufrir el martirio, a pesar de su creencia y de su aceptación y reconocimiento del Verdadero -exaltada sea Su gloria- y del Sello de los Profetas, y de los Escogidos. Ahora es necesario reflexionar un momento, que quizá aquello que ha surgido entre el Verdadero y Sus criaturas pueda ser descubierto, y los hechos que han sido causa de protesta y negación, lleguen a ser conocidos.

¡Oh Hádí! Hemos escuchado el gemido de los púlpitos, a los que han subido los teólogos contemporáneos a esta Revelación como ha sido atestiguado por todos, y desde donde han maldecido al Verdadero y han sido la causa de que Le sucedieran tales cosas a Aquel que es la Esencia del Ser y a Sus compañeros, que ni el ojo ni el oído del mundo nunca han visto ni oído. Ahora tú has llamado y continúas llamando a la gente, pretendiendo ser Su vice-regente y Suespejo, a pesar de tu ignorancia de esta Causa, como consecuencia de no haber estado en Nuestra compañía.

Cada una de estas personas sabe muy bien que el Siyyid Muḥammad no era más que uno de Nuestros siervos. En los días en que, a petición del Gobierno Imperial Otomano viajamos a su capital, él Nos acompañó. Posteriormente, cometió aquello que -juro por Dios- ha hecho que la Pluma del Altísimo llorara y que Su Tabla gimiera. Nosotros, por consiguiente, le expulsamos; después de lo cual él se unió a Mírzá Yaḥyá, e hizo lo que ningún tirano jamás ha hecho. Nosotros le abandonamos y le dijimos: "¡Vete, oh negligente!" Después de que estas palabras fueran expresadas, él se unió a la orden de los mawlavis, permaneciendo en su compañía hasta el momento en que fuimos llamdos a partir.

¡Oh Hádí! No te permitas convertirte en el instrumento para la diseminación de nuevas supersticiones, y rehúsa formar, una vez más, una secta similar a la de los shí'íes. Reflexiona acerca de cuán grande ha sido la cantidad de sangre derramada. Tú, entre otros, quien has pretendido tener conocimiento, y asimismo los teólogos shí'íes, todos y cada uno de ellos, en el primer año y en los siguientes, han maldecido al Verdadero, y han decretado que Su santísima sangre sea derramada. ¡Teme a Dios, oh Hádí! No desees que los hombres sean nuevamente afligidos con las vanas imaginaciones de los tiempos pasados. Teme a Dios, y no seas de los inicuos. En estos días hemos oído que te estás esforzando en echar mano a cada copia del Bayán, para destruirla. Este Agraviado te pide que, por el amor de Dios, renuncies a esta intención. Tu inteligencia y juicio jamás han superado ni superan la inteligencia y el juicio de Aquel que es el Príncipe del Mundo. Dios testifica y es Mi testigo, de que este Agraviado no ha estudiado el Bayán ni ha sido informado de su contenido. No obstante, es sabido, y resulta claro e indubitable, que Él ha ordenado que el Libro del Bayán sea la base de Sus obras. Teme a Dios, y no te entrometas en asuntos que trascienden mucho más allá de ti. Durante doce siglos, los que se parecen a ti, han afligido a los desventurados shí'íes en el foso de las vanas fantasías y las ociosas imaginaciones. Finalmente, en el Día del Juicio han aparecido cosas, contra las cuales los opresores del pasado han buscado refugio en el Verdadero.

Percibe ahora cómo el grito de Aquel que es el Punto, se eleva por Su expresión. Él suplica a Dios, que si apareciere de este Árbol -el cual es Su bendito Ser- un fruto, una hoja o una rama, que no creyese en Él, que Dios la corte inmediatamente. Y asimismo Él dice: "Si alguien hiciese una declaración y no lograse sostenerla mediante prueba alguna, no le rechacéis". ¡Y aún así, ahora, aunque sostenido por un centenar de libros, tú Le has rechazado y te regocijas de ello!

Nuevamente repito, y te suplico que escudriñes cuidadosamente lo que ha sido revelado. Las brisas de la expresión de esta Revelación no deben ser comparadas con las de épocas anteriores. Este Agraviado ha sido afligido constantemente, y no ha encontrado lugar seguro en el que pudiera estudiar los escritos del Más Exaltado (el Báb), o los de cualquier otro. Alrededor de unos dos meses después de Nuestro llegada a Irak, siguiendo el mandato de su Majestad el Sháh de Persia -quiera Dios asistirle- se Nos unió Mírzá Yaḥyá. Le dijimos: "De acuerdo con la orden Real, hemos sido enviados a este lugar. Es aconsejable para ti permanecer en Persia. Enviaremos a Nuestros hermano, Mírzá Músá, a algún otro lugar. Ya que vuestros nombres no han sido mencionados en el Real decreto, podéis levantaros y prestar algún servicio". Posteriormente, este Agraviado partió de Bagdád, y por dos años, Se retiró del mundo. A Nuestro regreso, encontramos que él no se había marchado, y había aplazado su partida. Este Agraviado Se sintió muy entristecido. Dios testifica y es Nuestro testigo, de que en todo momento hemos estado ocupados en la propagación de esta Causa. Ni las cadenas, ni los lazos, ni los cepos, ni el encarcelamiento, han podido impedirnos revelar Nuestro Ser. En aquella tierra, prohibimos toda maldad y todo acto impío e indecoroso. Día y noche enviamos Nuestras Tablas en todas direcciones. No hemos tenido otro propósito que no fuera el de edificar las almas de los hombres y exaltar la bendita Palabra.

Designamos especialmente a ciertas personas para reunir los escritos del Punto Primordial. Cuando ello fue realizado, convocamos a Mírzá Yaḥyá y a Mírzá Vaháb-i-Khurásání, conocido como Mírzá Javád, a que se reunieran en cierto lugar. En conformidad con Nuestras instrucciones, ellos completaron la tarea de transcribir dos copias de las obras del Punto Primordial. ¡Juro por Dios! Este Agraviado, debido a Su constante asociación con los hombres, no ha observado a esos libros, ni ha contemplado esos escritos con ojos externos. Cuando partimos, estas escrituras estaban en posesión de esas dos personas. Se acordó que Mírzá Yaḥyá las guardaría y viajaría a Persia, y las diseminaría por todo el país. Este Agraviado, a petición de los Ministros del Gobierno Otomano, viajó a la capital. Cuando llegamos a Mosul, encontramos que Mírzá Yaḥyá había partido hacia esa ciudad antes que Nosotros, y Nos aguardaba allí. En breve, los libros y escritos fueron dejados en Bagdád, mientras él mismo viajó a Constantinopla y se reunió con estos siervos. Dios es testigo ahora de las cosas que Le han sobrevenido a este Agraviado, ya que, después de habernos esforzado tan ardorosamente, él (Mírzá Yaḥyá) abandonó los escritos y se unió a los exiliados. Este Agraviado, durante un largo período, estuvo abrumado por infinitas aflicciones, hasta el tiempo en que, en cumplimiento de medidas de las que nadie salvo el único Dios verdadero está enterado, despachamos los escritos a otro lugar en otro país, debido al hecho de que en Irak todos los documentos deben ser cuidadosamente examinados todos los meses, para que no se echen a perder y desaparezcan. Dios, sin embargo, los preservó y los envió a un lugar que previamente había ordenado. Él, verdaderamente, es el Protector, el Socorredor.

Dondequiera que fuera este Agraviado, Mírzá Yaḥyá Le seguía. Tú mismo atestiguas y bien conoces que todo cuanto se ha dicho es la verdad. El Siyyid de IÐfáhán, no obstante, subrepticiamente le embaucó. Ellos cometieron aquello que causó la más grande consternación. Ojalá preguntaras a los funcionarios del gobierno, acerca de la conducta de Mírzá Yaḥyá en aquel país. Aparte de todo esto, te impoloro por Dios, el Único, el Incomparable, el Señor de Fortaleza, el Más Poderoso, que examines cuidadosamente la correspondencia enviada en su nombre al Punto Primordial, que quizá puedas contemplar las evidencias, tan claras como el sol, de Aquel que es la Verdad. Asimismo, de las palabras del Punto del Bayán -que las almas de todos salvo la Suya, sean sacrificadas por amor a Él- ha provenido lo que ningún velo puede oscurecer, lo que ni los velos de gloria ni los velos interpuestos por quienes se han desviado, pueden ocultar. Verdaderamente, los velos han sido rasgados por el dedo de la voluntad de tu Señor, el Fuerte, el Todosubyugador, el Todopoderoso. Ciertamente, desesperante es el estado de los que Me han calumniado y Me han envidiado. No hace mucho, fue manifestado que has atribuido a otros la autoría del Kitáb-i-Íqán y de otras Tablas. ¡Juro por Dios! Esta es una grave injusticia. ¡Los demás son incapaces de comprender su significado, cuanto menos de revelarlo!

HaÐan-i-Mázindarání fue el portador de setenta Tablas. A su muerte, estas no fueron entregadas a aquellos a quienes estaban dirigidas, sino que fueron confiadas a una de las hermanas de este Agraviado, quien, sin razón alguna, se ha apartado de Mí. Dios sabe qué sucedió con Sus Tablas. Esta hermana nunca había vivido con Nosotros. Juro por el Sol de la Verdad, que después que hubieron sucedido estas cosas ella nunca vio a Mírzá Yaḥyá y permaneció ignorante de Nuestra Causa, pues en aquellos días ella estaba alejada de Nosotros. Ella vivía en un barrio, y este Agraviado en otro. Sin embargo, como una muestra de Nuestra bondad, Nuestro afecto y compasión, unos días antes de Nuestra partida la visitamos a ella y a su madre para que quizá pudiera beber de las aguas vivientes de la fe, y alcanzar aquello que la acercaría a Dios en este día. Dios bien sabe y es Mi testigo, y ella misma lo atestigua, que Yo no tenía ningún otro pensamiento salvo éste. Finalmente -alabado sea Dios- ella lo logró a través de Su gracia, y fue adornada con el ornamento del amor. No obstante, después de que habíamos sido exiliados y habíamos partido de Irak a Constantinopla, cesaron de llegarnos sus noticias. Después de Nuestro alejamiento de la Tierra de (r)á (Teherán), dejamos de vernos con Mírzá Ri¤á-Qulí, Nuestro hermano, y no recibimos ninguna noticia especial referente a ella. En los primeros días todos vivíamos en la misma casa, la cual más tarde fue vendida en subasta por una suma insignificante, y los dos hermanos, Farmán-Farmá y Æisámu's-Sal¶anih, la compraron y la dividieron entre ellos. Después de que ocurriera esto, Nos separamos de Nuestro hermano. Él estableció su residencia cerca de la entrada del Masjid-i-Sháh, mientras Nosotros vivimos cerca de el Postigo de Shimírán. Después de esto, sin embargo, esta hermana, sin razón alguna, mostró hacia Nosotros una actitud hostil. Este Agraviado guardó silencio en todas las circunstancias. No obstante, la hija de Nuestro difunto hermano Mírzá-Muḥammad-Æasan -con él sea la gloria de Dios, Su paz y Su misericordia- quien estaba comprometida en matrimonio con la Rama Más Grande ('Abdu'l-Bahá), fue llevada por la hermana de este Agraviado desde Núr hasta su propia casa, y desde allí fue enviada a otro lugar. Algunos de Nuestros compañeros y amigos en varios lugares se quejaron contra esto, ya que representaba una acción muy grave, y fue desaprobada por todos los amados de Dios. ¡Cuán extraño es que Nuestra hermana se la llevara a su propia casa, y luego dispusiera que fuese trasladada a otro lugar! A pesar de esto, este Agraviado permaneció, y permanece aún, sereno y silencioso. No obstante, una palabra fue dicha, para tranquilizar a Nuestros amados. Dios testifica y es Mi testigo, de que todo lo dicho es la verdad y que fue expresado con sinceridad. Ninguno de Nuestros amados, ya sea de estas regiones o de aquel país, pudo creer que Nuestra hermana fuese capaz de un acto tan contrario a la decencia, al afecto y a la amistad. Después que tal cosa sucediera, reconociendo que el camino se encontraba obstruido, se condujeron en una forma bien conocida por ti y por otros. Por tanto, debe ser evidente cuán intenso fue el dolor que esta acción infligió a este Agraviado. Más tarde, ella compartió la suerte de Mírzá Yaḥyá. Ahora Nos están llegando informes contradictorios sobre ella y no está claro lo que ella dice o hace. Imploramos a Dios -bendito y glorificado sea Él- que la haga retornar a Él, y le ayude a arrepentirse ante la puerta de Su gracia. Él, ciertamente, es el Poderoso, el Perdonador y, en verdad, Él es el Omnipotente, el Clemente.

Asimismo en otra ocasión Él dice: "Si Él apareciese en este mismo instante, Yo sería el primero en adorarle y el primero en postrarme ante Él". ¡Sed justos, oh pueblo! El propósito del Más Exaltado (el Báb) fue asegurar que la proximidad de la Revelación no apartaría a los hombres de la Divina y Sempiterna Ley, así como los compañeros de Juan (el Bautista) fueron impedidos de reconocer a Aquel que es el Espíritu (Jesús). Una y otra vez, Él ha dicho: "No permitáis que el Bayán y todo lo que en él ha sido revelado, os aparten de la Esencia del Ser y el Señor de los visible e invisible". Si alguien, teniendo en cuenta este mandamiento obligatorio, se aferrase al Bayán, él ciertamente, se habrá apartado de la sombra del bendito y exaltado Árbol. Sed justos, oh pueblo, y no seáis de los negligentes.

Y asimismo Él dice: "No dejéis que los nombres os separen como por un velo de Aquel que es su Señor, incluso el nombre del Profeta, puesto que tal nombre no es más que una creación de Su expresión". Y asimismo, en el séptimo capítulo del segundo Váḥid, Él dice: "¡Oh pueblo del Bayán! No actuéis como lo ha hecho el pueblo del Corán, pues si lo hacéis, los frutos de vuestra noche se convertirán en nada". Y más adelante, Él -glorificada sea Su mención, dice: "Si alcanzas Su Revelación, y Le obedeces, habrás revelado el fruto del Bayán; de lo contrario, no eres digno de mención ante Dios. Compadécete de ti mismo. Si no ayudas a Aquel que es la Manifestación del Señorío de Dios, no seas, entonces, causa de tristeza para Él". Y más adelante Él dice -magnificada sea Su posición: "Si no has alcanzado la Presencia de Dios, no aflijas, entonces, al Signo de Dios. Vosotros renunciaréis a lo que pueda beneficiar a quienes reconocen el Bayán, si renunciáis a lo que pueda dañarle a Él. Sin embargo, sé que os negaréis a hacerlo".

¡Oh Hádí! Me parece que es en virtud de estas expresiones indudables que tú has determinado hacer desaparecer el Bayán. Presta atención a la voz de este Agraviado, y renuncia a esta opresión que ha hecho temblar los pilares del Bayán. Yo no he estado en Chihríq ni en Máh-Kú. Actualmente han circulado entre tus discípulos, declaraciones idénticas a las hechas por los shí'íes, quienes han dicho en el Corán está inconcluso. Esta gente también afirma que este Bayán no es el original. Existe la copia manuscrita de Siyyid Æusayn, como así también, la copia manuscrita de Mírzá Aḥmad.

¿Consideras tú como un agraviado a quien en este mundo nunca descargó un solo golpe, y estuvo continuamente rodeado por cinco de las doncellas de Dios? ¿E imputas al Verdadero, Quien desde Sus primeros años hasta el presente, ha estado en las manos de Sus enemigos y ha sido atormentado por las peores aflicciones del mundo, tales cargos como los que ni los judíos atribuyeron a Cristo? Escucha la voz de este Agraviado y no seas de los que se hallan completamente perdidos.

Y asimismo Él dice: "¡Cuántos los fuegos que Dios convierte en luz por medio de Aquel a Quien Dios hará manifiesto; y cuán numerosas las luces que se vuelven fuego a través de Él! Contemplo Su aparición como la del sol en medio del cielo, y la desaparición de todo como la de las estrellas de la noche al llegar el día". Tú tienes oídos, oh mundo, para oír la voz del Verdadero y juzgar equitativamente esta Revelación, la Cual, tan pronto apareció, el Sinaí exclamó: "Aquel que platicó sobre Mí ha venido con signos manifiestos y pruebas resplandecientes, a pesar de todo negligente que se ha extraviado lejos, y de todo calumniador mentiroso que ha deseado apagar la luz de Dios con sus calumnias, y borrar los signos de Dios con su malicia. Ellos, ciertamente, son de los que han actuado inicuamente en el Libro de Dios, el Señor de los mundos".

Y asimismo Él dice: "El Bayán es, de principio al fin, el repositorio de todos Sus atributos y el tesoro tanto de Su fuego como de Su luz". ¡Gran Dios! El alma es transportada por la fragancia de esta expresión, puesto que Él declara, con infinita tristeza, aquello que Él percibe. Igualmente, Él dice a la Letra del Viviente, Mullá Báqir -la gloria de Dios y Su amorosa bondad sean con él: "Quizá tú puedas, en ocho años, en el día de Su Revelación, alcanzar Su Presencia".

Sabe, oh Hádí, y sé de los que escuchan. Juzga equitativamente. Los compañeros de Dios y los Testimonios de Aquel que es la Verdad, en Su mayor parte, han sufrido el martirio. Sin embargo, tú aún están vivo. ¿Cómo es que te has librado? ¡Juro por Dios! Es por tu negación, mientras que el martirio de las almas benditas fue debido a su confesión. Toda persona justa e imparcial dará testimonio de ello, por cuanto la causa y el motivo de ambos son claros y evidentes como el sol.

Y asimismo Él Se dirige a Dayyán, quien fue agraviado y sufrió el martirio, diciendo: "Tú reconocerás tu valía a través de las palabras de Aquel a Quien Dios hará manifiesto". Él, asimismo, lo declaró la tercera Letra en creer en Aquel a Quien Dios hará manifiesto, con estas palabras: "¡Oh tú que eres la tercera Letra en creer en Aquel a Quien Dios hará manifiesto!"

Y asimismo Él dice: "No obstante, si Dios quiere, te hará conocer por medio de las palabras de Aquel a Quien Dios hará manifiesto". Dayyán, quien de acuerdo con las palabras de Aquel que es el Punto -que las almas de todos salvo la Suya sean sacrificadas por amor a Él- es el repositorio de la confianza del único Dios verdadero -exaltada sea Su gloria- y el tesoro de las perlas de Su conocimiento, fue obligado a sufrir por ellos un martirio tan cruel, que el Concurso de lo alto lloró y se lamentó. Él (el Báb) le había enseñado el oculto y preservado conocimiento, y se lo había confiado, mediante Sus palabras: "¡Oh tú quien eres llamado Dayyán! Este es un oculto y preservado Conocimiento. Lo hemos confiado a ti, y lo hemos traído a ti, como una señal de honor de parte de Dios, ya que el ojo de tu corazón es puro. Tú apreciarás su valor y estimarás su excelencia. Dios, ciertamente, se ha dignado conferir al Punto del Bayán un oculto y preservado Conocimiento, cuyo igual Dios no ha enviado antes de esta Revelación. Es mucho más valioso que cualquier otro conocimiento en opinión de Dios, ¡glorificado sea Él! Él, ciertamente, ha hecho de él Su testimonio, del mismo modo que ha hecho que los versículos sean Su testimonio". Este oprimido, quien fue el repositorio del conocimiento de Dios, conjuntamente con Mírzá 'Alí-Akbar, uno de los parientes del Punto Primordial -con Él sean la gloria de Dios y Su misericordia- y Abu'l-Qásim-i-Káshí, y varios otros, sufrieron el martirio por el decreto dictado por Mírzá Yaḥyá.

¡Oh Hádí! Este libro al que él titulara "Mustayqiz" se halla en tu posesión. Léelo. Aunque has visto el libro, examínalo de nuevo, que quizá puedas obtener para ti una excelsa sede bajo el dosel de la verdad.

Del mismo modo, Siyyid Ibráhím, acerca de quien, de la Pluma del Punto Primordial, alabada sea Su expresión, han fluido estas palabras: "Oh tú quien eres mencionado como Mi amigos en Mis escritos, y como Mi recuerdo en Mis libros, cercano a Mis escrituras, y como Mi nombre en el Bayán", el cual, conjuntamente con Dayyán, ha sido apodado por él (Mírzá Yaḥyá), Padre de Iniquidades y Padre de Calamidades. Juzga imparcialmente, cuán dolorosa ha sido la condición de estos oprimidos, no obstante el hecho de que uno de ellos estaba ocupado en servirle, en tanto que el otro era su huésped. En breve, juro por Dios, los hechos que él cometió fueron tales, que Nuestra Pluma se avergüenza al referirse a ellos.

Reflexiona un momento sobre la deshonra infligida al Punto Primordial. Considera lo que ha sucedido. Cuando este Agraviado, después de un retiro de dos años, durante los cuales deambuló por los desiertos y las montañas, regresó a Bagdád, como resultado de la intervención de algunos que durante un largo período tiempo Le habían buscado en el yermo, un tal Mírzá Muḥammad-'Alí de Rasht, vino a verle y, ante un gran número de personas reunidas, relató lo que se había hecho en detrimento del honor del Báb, lo cual, en verdad, ha abrumado a todas las tierras con pesar. ¡Gran Dios! ¿Cómo han podido tolerar esta gravísima traición? En breve, imploramos a Dios que ayude al perpetrador de este hecho a arrepentirse y a volverse hacia Él. Él, verdaderamente, es el Auxiliador, el Omnisapiente.

En cuanto a Dayyán -que la gloria de Dios y Su misericordia sean con él- llegó a Nuestra presencia de acuerdo con lo que había sido revelado por la Pluma del Punto Primordial. Rogamos a Dios que ayude a los negligentes a retornar a Él, y a los que se han apartado, a dirigirse a Él, y a aquellos que Le han negado, a reconocer esta Causa que, tan pronto como apareció, todas las cosas creadas proclamaron: "¡Aquel que estaba oculto en el Tesoro del Conocimiento y estaba inscrito por la Pluma del Altísimo en Sus Libros, en Sus Escrituras, en Sus Pergaminos y en Sus Tablas, ha venido!"

En relación con esto, se ha estimado necesario mencionar aquellas tradiciones que han sido registradas con referencia a la bendita y honrada ciudad de 'Akká, que quizá, oh Hádí, busques un sendero hacia la Verdad y un camino conducente a Dios.

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso.

Lo siguiente ha sido registrado con referencia a los méritos de 'Akká, y del mar, y del 'Aynu'l-Baqar (La Fuente de la Vaca), que se halla en 'Akká:

'Abdu'l-'Azíz, hijo de 'Abdu'l-Salám, nos ha relatado que el Profeta -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- ha dicho: "'Akká es una ciudad en Siria a la que Dios ha mostrado especialmente Su misericordia".

Ibn-i-Mas'úd -quiera Dios estar complacido con él- ha declarado: "El Profeta -que las bendiciones y las salutaciones de Dios sean con Él- ha dicho: 'De todos las riberas, la mejor es la ribera de Ascalón, y el mérito de 'Akká sobre el de Ascalón y el de todas las otras riberas, es como el mérito de Muḥammad por encima de todos los otros Profetas. Os traigo nuevas de una ciudad entre dos montañas en Siria, en medio de una pradera que se llama 'Akká. Verdaderamente, a quien entre allí, anhelante y ansioso por visitarla, Dios le perdonará sus pecados, tanto del pasado como del futuro. Y aquel que parte de ella de otro modo que no sea como peregrino, Dios no bendecirá su partida. En ella hay una fuente, llamada la Fuente de la Vaca. Quienquiera beba un sorbo de ella, Dios llenará de luz su corazón y le protegerá del más grande terror en el Día de la Resurrección'".

Anas, hijo de Málik -quiera Dios estar complacido con él- ha dicho: "El Apóstol de Dios -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- ha dicho: 'En la ribera del mar hay una ciudad, suspendida bajo el Trono y llamada 'Akká. Aquel que mora en ella, firme y esperando una recompensa de Dios -exaltado sea Él- Dios pondrá por escrito para él, hasta el Día de la Resurrección, la recompensa de aquellos que han sido pacientes, se han levantado, se han arrodillado y se han postrado ante Él'".

Y Él -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- ha dicho: "Os anuncio una ciudad, sobre las riberas del mar, blanca, cuya blancura place a Dios, ¡exaltado sea Él! Ella es llamada 'Akká. Quien haya sido picado por una de sus pulgas, es mejor, en la estima de Dios, que aquel que ha recibido un severo golpe en el sendero de Dios. Y aquel que allí eleva el llamado a la oración, su voz ascenderá hasta el Paraíso. Y aquel que permanece en ella durante siete días frente al enemigo, Dios le reuniría con Khi¤r -la paz sea con Él- y Dios le protegerá del más grande terror en el Día de la Resurrección". Y Él -que las bendiciones de Dios, exaltado sea Él, y Sus salutaciones, sean con Él- ha dicho: "Hay reyes y príncipes en el Paraíso. Los pobres de 'Akká son los reyes del Paraíso y sus príncipes. Un mes en 'Akká es mejor que un millar de años en cualquier otro lugar".

El Apóstol de Dios -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- se dice que ha dicho: "Bendito el hombre que ha visitado 'Akká, y bendito el que ha visitado al visitante de 'Akká. Bendito aquel que haya bebido de la Fuente de la Vaca y se haya lavado en sus aguas, pues las doncellas de negros ojos beben alcanfor en el Paraíso, el cual ha provenido de la Fuente de la Vaca y de la Fuente del Salván (Siloam), y del Manantial de Zamzam. Bienaventurado el que haya bebido de estas fuentes y se haya lavado en sus aguas, pues Dios ha prohibido al fuego del infierno tocarle a él y a su cuerpo, en el Día de la Resurrección".

El Profeta -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- se afirma que ha dicho: "En 'Akká hay obras de supererogación y actos beneficiosos que Dios ha concedido especialmente a quienquiera Él desea. Y aquel que dice en 'Akká: 'Glorificado sea Dios, y alabado sea Dios, y no existe otro Dios salvo Dios, y Dios es el más grande, y no existe poder ni fortaleza salvo en Dios, el Exaltado, el Poderoso', Dios decretará para él un millar de buenas acciones, borrará de él un millar de malas acciones, le elevará un millar de grados en el Paraíso y le perdonará sus transgresiones. Y quienquiera diga en 'Akká: 'Pido perdón a Dios', Dios perdonará todas sus culpas. Y aquel que recuerde a Dios en 'Akká, por la mañana y al atardecer, en la noche y al amanecer, es mejor a la vista de Dios que aquel que porta espadas, lanzas y armas en el sendero de Dios, ¡exaltado sea Él!"

El Apóstol de Dios -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- también ha dicho: "El que mira el mar al atardecer, y a la puesta del sol dice: '¡Dios es el Más Grande!', Dios perdonará sus pecados, aunque se hayan amontonado como pilas de arena. Y el que cuenta cuarenta olas, mientras repite: 'Dios es el Más Grande' -exaltado sea Él- Dios perdonará sus pecados, tanto del pasado como del futuro".

El Apóstol de Dios -que las bendiciones de Dios y Sus salutaciones sean con Él- ha dicho: "El que mira el mar una noche completa, es mejor que aquel que ha pasado dos meses enteros entre el Rukn y el Maqám. Y el que se ha criado en las riberas del mar es mejor que aquel que se ha criado en otro lugar. Y aquel que yace en la orilla, es como aquel que está de pie en otro lugar".

Verdaderamente, el Apóstol de Dios -que las bendiciones de Dios, exaltado sea Él, y Sus salutaciones sean con Él- ha dicho la verdad.

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Brief an den Sohn des Wolfes á Bahá’u’lláh á Bahá'í Verlag GmbH, Auflage 3.01 (O-2023-02-01)

Brief an den Sohn des Wolfes
Bahá’u’lláh
Im Namen Gottes, des Einen, des Unvergleichlichen, des Allmachtvollen, des Allwissenden, des Allweisen.
Preis sei Gott, dem Ewigen, der nie vergeht, dem Immerwährenden, der niemals schwach wird, dem Selbstbestehenden, der sich niemals wandelt. Er ist es, der alles in Seiner höchsten Herrschaft überragt, der sich durch Seine Zeichen kundgibt und sich durch Seine Geheimnisse verborgen hält. Er ist es, auf dessen Geheiß die Fahne des Erhabensten Wortes in der Welt der Schöpfung aufgerichtet und das Banner des »Er tut, was Er will« inmitten aller Völker aufgepflanzt wurde. Er ist es, der Seinen Glauben zur Führung Seiner Geschöpfe offenbarte und Seine Verse herniedersandte, um Seinen Beweis und Sein Zeugnis darzutun; Er schmückte das Vorwort im Buche des Menschen mit der Zier Seines Ausspruchs: »Der Gott der Barmherzigkeit hat den Qur’án gelehrt; Er hat den Menschen erschaffen und hat ihn die deutliche Sprache gelehrt.« Es ist kein Gott außer Ihm, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Kraftvollen, dem Mächtigen, dem Wohltätigen.
Das Licht, das vom Himmel der Gaben erstrahlt, und der Segen, der vom Dämmerungsort des Willens Gottes, des Herrn im Reiche der Namen, ausgeht, seien auf Ihm, dem Höchsten Mittler, der Erhabensten Feder, auf Ihm, den Gott zum Aufgangsort Seiner vortrefflichsten Namen und zum Tagesanbruch Seiner erhabensten Attribute gemacht hat. Durch Ihn erstrahlt das Licht der Einheit am Horizont der Welt und durch Ihn wurde das Prinzip der Einzigkeit Gottes allen Völkern offenbart, die sich mit leuchtendem Antlitz dem Höchsten Horizonte zuwenden und anerkennen, was die Zunge der Äußerung im Reiche Seiner Erkenntnis gesprochen hat: »Erde und Himmel, Ruhm und Herrschaft sind Gottes, des Allmächtigen, des Allmachtvollen, des Herrn überströmender Gnade.«
Leihe dein Ohr, o du gefeierter Geistlicher, der Stimme dieses Unterdrückten. Wahrlich, Er rät dir um Gottes willen und ermahnt dich zu dem, was dich in allen Lebenslagen Ihm nahe kommen lässt. Er ist fürwahr der Allbesitzende, der Erhabene. Wisse, dass des Menschen Ohr geschaffen wurde, damit es auf die Göttliche Stimme höre an diesem Tage, der in allen Büchern, Schriften und Tablets erwähnt wurde. So reinige denn deine Seele mit den Wassern der Entsagung und schmücke dein Haupt mit der Krone der Gottesfurcht und deinen Tempel mit der Zier des Vertrauens in Ihn. Alsdann erhebe dich und sprich, dein Angesicht dem Größten Hause zugewandt, dem Orte, den auf Befehl des Ewigen Königs alle Erdenbewohner umkreisen müssen:
»O Gott, mein Gott, mein Verlangen, mein Angebeteter, mein Meister, meine Stütze, meine höchste Hoffnung und meine tiefste Sehnsucht! Du siehst, wie ich mich Dir zuwende, wie ich mich fest an das Seil Deiner Güte halte, mich an den Saum Deiner Großmut klammere, die Heiligkeit Deines Selbstes und die Reinheit Deines Wesens bekenne und Deine Einzigkeit und Deine Einheit bekunde. Ich bezeuge, dass Du der Eine, der Einzige, der Unvergleichliche, der Unvergängliche bist. Du hast Dir in Deinem Reiche keinen Genossen beigesellt, noch hast Du Dir einen Gefährten auf Erden erkoren. Alle erschaffenen Dinge bezeugen, was Du mit der Zunge Deiner Größe schon vor ihrer Erschaffung bekundet hast. Wahrlich, Du bist Gott! Es gibt keinen Gott außer Dir! Seit Ewigkeit warst Du geheiligt über das Lob Deiner Diener und erhaben über die Beschreibung Deiner Geschöpfe. Du siehst, o Herr, wie der Unwissende das Meer Deiner Erkenntnis sucht, der Verdurstende das Lebenswasser Deines Wortes, der Gedemütigte das Zelt Deiner Herrlichkeit, der Arme den Schatz Deiner Reichtümer, der Bittende den Dämmerungsort Deiner Weisheit, der Schwache den Quell Deiner Stärke, der Elende den Himmel Deiner Gaben und der Stumme das Reich Deines Ausdrucks.
Ich bezeuge, o mein Gott und mein König, dass Du mich erschaffen hast, Deiner zu gedenken, Dich zu verherrlichen und Deine Sache zu fördern. Dennoch habe ich Deinen Feinden geholfen, die Deinen Bund brachen, Dein Buch verwarfen, die nicht an Dich glaubten und Deine Zeichen leugneten. Wehe mir, wehe mir ob meines Eigensinns und meiner Schande, meiner Sündhaftigkeit und meines Unrechts, die mich davon abhielten, in das Meer Deiner Einheit zu tauchen und die See Deiner Gnade zu ergründen! Darum wehe mir, wehe mir, und nochmals wehe mir, wehe mir ob meiner Erbärmlichkeit und meiner schrecklichen Vergehen! Du riefst mich ins Leben, o mein Gott, damit ich Dein Wort erhöhe und Deine Sache verkünde. Meine Achtlosigkeit aber hat mich abgehalten und in solcher Weise irregeleitet, dass ich mich aufmachte, Deine Zeichen auszutilgen und das Blut Deiner Geliebten zu vergießen, die die Dämmerungsorte Deiner Zeichen sind, die Morgenröten Deiner Offenbarung und die Schatzkammern Deiner Geheimnisse.
O Herr, mein Herr, und wiederum:

O Herr, mein Herr, und noch einmal:

O Herr, mein Herr!

Ich bezeuge, dass die Früchte des Baumes Deiner Gerechtigkeit ob meiner Bosheit abfielen, dass die Herzen derer unter Deinen Geschöpfen, die sich Deiner Nähe erfreuen, verzehrt wurden und die Seelen der Aufrichtigen unter Deinen Dienern durch das Feuer meiner Widerspenstigkeit zerschmolzen.

Nichtswürdiger Wicht, der ich bin!

Welch grausame Verbrechen habe ich schamlos verübt!

Wehe mir, wehe mir ob meines Fernseins von Dir, ob meines Eigensinns, meiner Dummheit, meiner Niedertracht, ob meiner Auflehnung und meines Widerstands gegen Dich!

Wie viele Tage gab es, an denen Du Deinen Dienern und Deinen Geliebten gebotest, mich zu beschützen, während ich ihnen befahl, Dir und Deinen Vertrauten wehe zu tun!

Und wie zahllos waren die Nächte, in denen Du gnädiglich meiner gedachtest und mir Deinen Pfad wiesest, während ich mich von Dir und Deinen Zeichen abwandte!

Bei Deiner Herrlichkeit, o Du Hoffnung derer, die Deine Einheit anerkennen, und die Herzenssehnsucht jener, die sich von allem außer Dir lösten!

Ich finde keinen Helfer außer Dir, keinen Herrscher, keine Zuflucht oder Freistatt als Dich!

Aber ach, meine Abkehr von Dir hat den Schleier meiner Redlichkeit verbrannt, und meine Absage an Dich hat die Hülle zerrissen, die meine Ehre bedeckte.

O wäre ich doch tief unter der Erde, dass meine Übeltaten vor Deinen Dienern verborgen blieben!

Du siehst den Sünder, o mein Herr, der sich dem Dämmerungsort Deiner Vergebung und Deiner Gnade zuwendet, und erkennst den Berg von Schlechtigkeit, der den Himmel Deiner Barmherzigkeit und Deiner Vergebung sucht.

Ach wehe mir!

Meine großen Sünden haben mich gehindert, dem Hofe Deiner Gnade näherzukommen, und meine gräßlichen Untaten ließen mich weit vom Heiligtum Deiner Gegenwart abirren.

Fürwahr, ich versäumte meine Pflichten vor Dir, ich brach Deinen Bund und Deinen Willen und verübte Taten, die die Bewohner der Städte Deiner Gerechtigkeit und die Dämmerungsorte Deiner Gnade in Deinem Reiche zum Weinen brachten.

O mein Gott, ich bezeuge, dass ich Deine Gebote missachtet und meinen Leidenschaften gefrönt, dass ich die Gesetze Deines Buches verworfen und mich an das Buch meiner eigenen Begierden gehalten habe.

O Jammer über Jammer!

Je größer meine Bosheit wurde, desto mehr nahm Deine Nachsicht mit mir zu, und je wilder das Feuer meiner Widerspenstigkeit wütete, desto stärker suchten Deine Vergebung und Deine Gnade die Flammen zu ersticken.

Bei der Kraft Deiner Allmacht, o Du Verlangen der Welt und wahrer Geliebter aller Völker!

Deine Langmut hat mich hoffärtig und Deine Geduld hat mich dreist gemacht!

O mein Gott, Du siehst die Tränen, die ich ob meiner Schande weine, und hörst die Seufzer, die ich ob meiner Achtlosigkeit ausstoße.

Ich schwöre bei Deiner erhabenen Größe!

Keine Wohnstatt kann ich finden, es sei denn im Schatten des Hofes Deiner Gaben, und keine Zuflucht als unter dem Baldachin Deiner Gnade.

Du siehst mich inmitten eines Meeres hoffnungsloser Verzweiflung, seitdem Du mich Deine Worte hören ließest: ›Verzweifle nicht!‹ Bei Deiner Kraft!

Mein schweres Unrecht hat das Seil meiner Hoffnung zerrissen, und meine Auflehnung hat mein Gesicht vor dem Throne Deiner Gerechtigkeit in Schatten gehüllt.

O mein Gott, Du siehst mich wie tot vor dem Tore Deiner Gunst niederfallen; ich schäme mich, um das Lebenswasser Deiner Vergebung aus der Hand Deiner Güte zu bitten.

Du gabst mir eine Zunge, Deiner zu gedenken und Dich zu preisen; sie aber sprach, was die Seelen Deiner Erwählten, die Dir nahe sind, zerschmelzen ließ und die Herzen der aufrechten Bewohner in den Gemächern der Heiligkeit verzehrte.

Du gabst mir Augen, Deine Zeichen zu erkennen, auf Deine Verse zu schauen und die Offenbarungen des Werkes Deiner Hände zu betrachten; ich aber verwarf Deinen Willen und tat, was die Gläubigen unter Deinen Geschöpfen und die Losgelösten unter Deinen Dienern seufzen ließ.

Du gabst mir Ohren, damit ich auf Deinen Lobpreis lausche, auf Deine Verherrlichung und auf das, was Du vom Himmel Deiner Gaben und von den Höhen Deines Willens herniedersandtest.

Doch wehe mir, wehe mir!

Deiner Sache bin ich abtrünnig geworden, und Deinen Dienern habe ich befohlen, Deine Vertrauten und Deine Geliebten zu schmähen.

Vor dem Throne Deiner Gerechtigkeit habe ich mich in solcher Weise vergangen, dass diejenigen unter den Bewohnern Deines Reiches, die Deine Einheit erkannt haben und Dir ganz ergeben sind, schmerzlich klagten und trauerten.

O mein Gott, ich weiß nicht, welche meiner Übeltaten ich vor der wogenden See Deiner Gunst erwähnen soll und welche meiner Sünden ich bekennen soll, wenn ich den strahlenden Sonnen Deiner herrlichen Gnadengaben gegenübertrete.
Nun flehe ich zu Dir bei den Geheimnissen Deines Buches, bei den Dingen, die in Deiner Erkenntnis verborgen liegen, und bei den Perlen, die in den Muscheln des Weltmeers Deiner Gnade ruhen, zähle mich zu denen, die Du in Deinem Buch erwähntest und in Deinen Tablets beschriebst!

O mein Gott, hast Du mir nach dieser Trübsal noch eine Freude bestimmt, oder eine Hilfe nach diesem Jammer, eine Erleichterung nach dieser Not?

O wehe, wehe mir!

Du hast verfügt, dass jede Kanzel Deiner Verkündigung, der Verherrlichung Deines Wortes und der Offenbarung Deiner Sache geweiht sei; ich aber habe sie bestiegen, um den Bruch Deines Bundes zu predigen, und habe zu Deinen Dienern Worte gesprochen, die die Bewohner der Zelte Deiner Erhabenheit und die Bürger der Städte Deines Wissens zum Weinen brachten.

Wie oft hast Du aus dem Himmel Deiner Gaben die Speise Deiner Worte herniedergesandt, und ich verschmähte sie!

Wie oft hast Du mich zu den stillen Wassern Deiner Gnade gerufen, und ich habe mich abgewandt, weil ich meinen eigenen Lüsten und Begierden folgte!

Bei Deiner Herrlichkeit!

Ich weiß nicht, für welche meiner Sünden ich Dich um Verzeihung bitten und um Vergebung anflehen soll.

Ich weiß nicht, ob welcher meiner Untaten ich mich an den Hof Deiner Großmut, zum Heiligtum Deiner Gunst wenden soll.

So groß sind meine Sünden und Vergehen, dass kein Mensch sie zählen und keine Feder sie schildern kann.

Ich flehe Dich an, o Du, der Du Finsternis in Licht verwandelst, der Du Deine Geheimnisse auf dem Sinai Deiner Offenbarung enthüllst!

Stehe mir allezeit bei, dass ich mein Vertrauen auf Dich setze und mein Tun und Lassen Deiner Führung anbefehle.

Sodann, o mein Gott, lass mich zufrieden sein mit dem, was der Finger Deines Rats gewiesen und die Feder Deines Gebots niedergeschrieben hat.

Mächtig bist Du zu tun, was Dir gefällt, und Deine Hand lenkt alles im Himmel und auf Erden.

Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allwissenden, dem Allweisen.«
O Shaykh! Sei gewiss, dass weder die Verleumdungen der Menschen noch ihre Ablehnung und ihre Spitzfindigkeiten den anfechten können, der sich am Seil der Gunst des Herrn aller Schöpfung und am Saume Seiner Gnade festhält. Bei Gott! Er, die Herrlichkeit Gottes (Bahá), spricht nicht aus eigenem Antrieb. Wer Ihm die Stimme verlieh, ist Er, welcher allen Dingen Stimme gab, auf dass sie Ihn preisen und verherrlichen. Es gibt keinen anderen Gott als Ihn, den Einen, den Unvergleichlichen, den Herrn der Kraft, den Unbedingten.
Die, deren Auge klar, deren Ohr offen, deren Herz erleuchtet und deren Brust geweitet ist, erkennen, was wahr und was falsch ist, und unterscheiden das eine vom andern. Sprich das folgende Gebet, das von der Zunge dieses Unterdrückten floss, und denke darüber nach mit einem Herzen, das frei von aller Bindung ist, und mit reinen und geweihten Ohren gib acht auf seine Bedeutung, auf dass du vielleicht den Hauch der Loslösung atmest und Erbarmen mit dir und anderen empfindest:
»Mein Gott, Du mein Angebeteter, Du Ziel meiner Sehnsucht, Du Allgütiger, Allbarmherziger!

Alles Leben kommt von Dir, und alle Kraft liegt in der Hand Deiner Allmacht.

Wen immer Du erhöhst, der ist über die Engel erhöht und erlangt die Stufe des ›Wahrlich, Wir hoben ihn auf eine hohe Stufe empor‹, und wen immer Du erniedrigst, der wird gemeiner als der Staub, nein, weniger als ein Nichts.

O Göttliche Vorsehung!

Böse, sündig und haltlos wie wir sind, suchen wir dennoch bei Dir den ›Sitz der Wahrheit‹ und sehnen uns danach, das Antlitz des Allmächtigen Königs zu schauen.

Dein ist der Befehl, alle Herrschaft liegt bei Dir, und das Reich der Macht beugt sich auf Dein Geheiß.

Alles, was Du tust, ist reine Gerechtigkeit, ist Gnade in ihrer wahren Gestalt.

Ein Schimmer vom Strahlenglanz Deines Namens ›der Allbarmherzige‹ genügt, um jede Spur von Sündhaftigkeit aus der Welt zu bannen und zu tilgen, und ein einziger Hauch von den Lüften des Tages Deiner Offenbarung reicht aus, die ganze Menschheit mit einem neuen Gewand zu schmücken.

O Du Allmächtiger!

Verleihe Deinen schwachen Geschöpfen Deine Stärke, und belebe die, welche den Toten gleichen, auf dass sie Dich finden, zum Weltmeer Deiner Führung gelangen und standhaft in Deiner Sache bleiben.

Wird der Duft Deines Lobpreises in einer der verschiedenen Sprachen der Welt, des Ostens oder des Westens, verbreitet, dann wird diese Sprache wahrlich lieb und wert gehalten.

Wäre eine Sprache aber dieses Duftes beraubt, dann wäre sie keiner Erwähnung wert, sei es in Worten oder auch nur in Gedanken.

O Vorsehung, wir bitten Dich, zeige allen Menschen Deinen Weg und führe sie den geraden Pfad.

Wahrlich, Du bist der Allmächtige, der Allmachtvolle, der Allwissende, der Allschauende.«
Wir flehen zu Gott, Er möge dir beistehen, gerecht und aufrichtig zu sein, und dich mit den Dingen vertraut machen, die vor den Augen der Menschen verborgen waren. Er ist in Wahrheit der Mächtige, der Unbezwungene. Wir bitten dich, über das nachzudenken, was geoffenbart wurde, und in deiner Rede ehrlich und gerecht zu sein, auf dass vielleicht das Tagesgestirn der Wahrhaftigkeit und der Aufrichtigkeit in seinem Glanz erstrahle, dich aus dem Dunkel der Unwissenheit befreie und die Welt mit dem Licht der Erkenntnis erleuchte. Dieser Unterdrückte hat weder eine Schule besucht noch an dem Wortstreit der Gelehrten teilgenommen. Bei Meinem Leben! Nicht aus eigenem Antrieb habe Ich von Mir gekündet, sondern Gott hat Mich nach Seinem ureigenen Ratschluss geoffenbart. Im Tablet an Seine Majestät den Sháh – möge Gott, gepriesen und verherrlicht sei Er, ihm beistehen – strömten folgende Worte von der Zunge dieses Unterdrückten:
»O König! Ich war nur ein Mensch wie andere und lag schlafend auf Meinem Lager. Siehe, da wehten die Lüfte des Allherrlichen über Mich hin und lehrten Mich die Erkenntnis all dessen, was war. Dies ist nicht von Mir, sondern von Einem, der allmächtig und allwissend ist. Und Er gebot Mir, Meine Stimme zwischen Erde und Himmel zu erheben, und um dessentwillen befiel Mich, was jedes verständigen Menschen Tränen fließen ließ. Die Gelehrsamkeit der Menschen studierte Ich nicht; ihre Schulen betrat Ich nicht. Frage nach in der Stadt, wo Ich wohnte, und sei dessen wohl versichert, dass Ich nicht zu denen gehörte, die falsch reden. Das hier ist nur ein Blatt, das die Winde des Willens deines Herrn, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, bewegt haben. Kann es ruhen, wenn der Sturmwind weht? Nein bei Ihm, dem Herrn aller Namen und Eigenschaften! Sie bewegen es nach ihrem Belieben. Das unscheinbare Ding ist wie ein Nichts vor Ihm, dem Ewigen. Sein allbezwingender Ruf hat Mich erreicht und ließ Mich Seinen Lobpreis unter allem Volke verkünden. Fürwahr, Ich war wie tot, als Sein Befehl erging. Die Hand des Willens deines Herrn, des Mitleidsvollen, des Barmherzigen, verwandelte Mich.«
Jetzt ist der Augenblick gekommen, dich mit den Wassern der Loslösung, die aus der Erhabensten Feder flossen, zu reinigen, und über das, was immer wieder herniedergesandt und geoffenbart wurde, nachzudenken. Dann strebe danach, soweit es in deinen Kräften steht, das Feuer der Feindschaft und des Hasses, das in den Herzen der Völker dieser Welt schwelt, mit der Macht der Weisheit und der Kraft deiner Worte auszulöschen. Die Göttlichen Boten wurden herabgesandt und Ihre Bücher wurden geoffenbart, damit die Erkenntnis Gottes vertieft und Einheit und Brüderlichkeit unter den Menschen gefördert werden. Aber siehe, wie sie das Gesetz Gottes zum Grund und Vorwand für Verderbtheit und Hass benützten. Wie bedauerlich, wie jämmerlich ist es, dass die meisten Menschen an den Dingen hängen, die sie besitzen, und sich nur mit diesen beschäftigen, während sie dessen, was Gottes ist, nicht gewahr werden und wie durch einen Schleier davon getrennt sind!
Sprich: »O Gott, mein Gott! Schmücke mein Haupt mit der Krone der Gerechtigkeit und meinen Tempel mit der Zier der Redlichkeit. Du bist wahrlich der Besitzer aller Wohltaten und Gaben.«
Gerechtigkeit und Redlichkeit sind die beiden Wächter, die über die Menschen wachen. Von ihnen gehen deutliche, gesegnete Worte aus, die die Grundlage für das Wohl der Welt und den Schutz ihrer Völker bilden.
Die folgenden Worte flossen aus der Feder dieses Unterdrückten in einem Seiner Tablets: »Die Absicht des einen wahren Gottes – erhaben ist Seine Herrlichkeit – ist es, aus der Tiefe des Menschen die geheimnisvollen Edelsteine ans Licht zu fördern – die Aufgangsorte Seiner Sache und die Speicher der Perlen Seiner Erkenntnis; denn Gott selbst ist der Unsichtbare, der Verborgene, vor den Augen der Menschen verhüllt. Denke über das nach, was der Barmherzige im Qur’án offenbarte: ›Keine Schau kann Ihn umfassen, aber Er umfasst alle Schau; Er ist der Scharfblickende, der Allkennende.‹«
Dass es den verschiedenen Gemeinschaften und den mannigfachen Glaubensrichtungen auf der Erde nie gestattet sein sollte, Gefühle der Feindschaft unter den Menschen zu nähren, gehört an diesem Tage zum Wesen des Glaubens Gottes und zu Seiner Religion. Diese Grundsätze und Gesetze, diese festgefügten und mächtigen Glaubenssysteme gingen alle aus einer Quelle hervor und sind die Strahlen eines Lichtes. Wenn sie sich voneinander unterscheiden, so ist dies den wechselnden Erfordernissen der Zeitalter zuzuschreiben, in denen sie verkündet wurden.
Gürte deine Lenden, o Volk Bahás, und bemühe dich, dass sich vielleicht der Lärm religiösen Haders und Streites, der die Völker der Erde beunruhigt, lege und keine Spur davon mehr übrig bleibe. Um der Liebe zu Gott und Seinen Dienern willen erhebt euch, diese erhabene, folgenreiche Offenbarung zu unterstützen. Religiöser Fanatismus und Hass sind ein weltverzehrendes Feuer, dessen Gewalt niemand zu dämpfen vermag. Nur die Hand Göttlicher Macht kann die Menschheit von dieser verheerenden Plage befreien. Denke an den Krieg, der zwischen den beiden Nationen entbrannt ist! Beide Seiten setzen ihre ganze Habe und ihr Leben aufs Spiel. Wieviele Dörfer wurden völlig ausgelöscht!
Die Äußerung Gottes ist eine Lampe, deren Licht die Worte sind: Ihr seid die Früchte eines Baumes und die Blätter eines Zweiges. Verkehrt miteinander in größter Liebe und Eintracht, in Freundschaft und Brüderlichkeit. Er, die Sonne der Wahrheit, ist Mein Zeuge! So mächtig ist das Licht der Einheit, dass es die ganze Erde erleuchten kann. Der eine wahre Gott, der alle Dinge kennt, bezeugt die Wahrheit dieser Worte.
Bemüht euch, diese erlauchte und erhabene Stufe zu erreichen, eine Stufe, die den Schutz und die Sicherheit der ganzen Menschheit verbürgt. Dieses Ziel übertrifft jedes andere Ziel, und dieses Streben ist der Fürst allen Strebens. Aber noch verdunkeln dichte Wolken der Unterdrückung das Morgenlicht der Gerechtigkeit; solange sie nicht zerstreut sind, fällt es schwer, die Herrlichkeit dieser Stufe vor den Augen der Menschen zu entschleiern. Diese dichten Wolken sind der Ausdruck eitler Vorstellungen und leerer Einbildungen, die die Geistlichen Persiens hegen. Einmal sprachen Wir in der Sprache des Gesetzgebers, ein anderes Mal in der des Wahrheitssuchers und des Mystikers; aber immer war es Unsere höchste Absicht und Unser größter Wunsch, die Herrlichkeit und Erhabenheit dieser Stufe zu enthüllen. Wahrlich, Gott ist ein ausreichender Zeuge!
O Volk Bahás! Verkehre mit allen Menschen im Geiste der Freundschaft und Kameradschaft. Wenn du eine Wahrheit erkannt hast und ein Juwel besitzest, das andere nicht besitzen, dann teile es mit ihnen in Worten größter Freundlichkeit und höchsten Wohlwollens. Wird die Wahrheit angenommen und erfüllt sie ihren Zweck, so ist dein Ziel erreicht. Weist jemand sie zurück, so überlasse ihn sich selbst und flehe zu Gott, dass Er ihn führe. Hüte dich, ihn unfreundlich zu behandeln. Freundlicher Zuspruch ist ein Magnet für die Menschenherzen. Er ist das Brot des Geistes, er verleiht den Worten Bedeutung und ist die Quelle des Lichts der Wahrheit und des Verstehens.
Mit »Geistlichkeit« sind an der zuvor angeführten Stelle jene Menschen gemeint, die sich äußerlich das Gewand der Erkenntnis überwerfen, in ihrem Innern aber deren ermangeln. In diesem Zusammenhang führten Wir im Tablet an Seine Majestät den Sháh verschiedene Textstellen aus den Verborgenen Worten an, die die Feder Abhás unter dem Titel Buch der Fáṭimih – Gottes Segen ruhe auf ihr – offenbarte.
»O ihr Toren, die ihr als weise geltet! Warum verkleidet ihr euch als Hirten, da ihr doch innerlich zu Wölfen wurdet, die nach Meiner Herde trachten? Ihr gleicht dem Morgenstern, der vor der Dämmerung strahlend und hell scheint und der doch die Wanderer zu Meiner Stadt in die Irre und auf den Pfad des Verderbens leitet.«
Desgleichen sagt Er:»O ihr scheinbar Vollkommenen, doch innerlich Unvollkommenen! Ihr seid wie reines, doch bitteres Wasser, das äußerlich kristallklar scheint, von dem aber bei der Probe durch den göttlichen Prüfer nicht ein Tropfen angenommen wird. Ja, der Sonnenstrahl fällt gleicherweise auf den Staub wie den Spiegel, doch in ihrem Widerschein unterscheiden sie sich wie der Stern von der Erde – ja mehr noch, der Unterschied ist unermesslich.«
Und weiterhin spricht Er:»O Wesen der Leidenschaft! Manches Mal kam Ich in der Morgendämmerung aus den Reichen des Unendlichen zu deiner Wohnung und fand dich auf dem Lager der Behaglichkeit mit anderem als Mir beschäftigt. Da kehrte Ich dem Blitzstrahl des Geistes gleich zu den Reichen der himmlischen Herrlichkeit zurück, ohne es in Meiner Zufluchtstätte droben die Heerscharen der Heiligkeit wissen zu lassen.«
Und wiederum spricht Er: »O du Sklave dieser Welt! Zu mancher Morgenstunde wehte der Hauch Meiner liebenden Güte über dich hin und fand dich auf dem Lager der Nachlässigkeit tief schlafend. Deinen bejammernswerten Zustand beklagend, kehrte er zurück, woher er gekommen war.«
Jene Geistlichen aber, die wahrhaft mit der Zier der Erkenntnis und mit einem edlen Charakter geschmückt sind, sind wie das Haupt für den Körper der Welt und wie Augen für die Völker. Zu allen Zeiten hing und hängt die Führung der Menschen von solchen gesegneten Seelen ab. Wir flehen zu Gott, Er möge ihnen gnädig beistehen, nach Seinem Willen und Wohlgefallen zu handeln. Er ist wahrlich der Herr aller Menschen, der Herr dieser Welt und der kommenden.
O Shaykh! Wie Wir erfahren haben, hast du dich von Uns abgewandt und dich in solcher Weise gegen Uns gestellt, dass du den Leuten befahlst, Mich zu verfluchen und das Blut der Diener Gottes zu vergießen. Gott belohne den, der da sagte: »Gerne will ich dem Richter gehorchen, der in so ungewöhnlicher Weise verfügte, dass mein Blut im Ḥill wie im Ḥaram vergossen werde.« Wahrlich, Ich sage: Was sich auch immer auf dem Pfade Gottes zuträgt, es ist das Wohlgefallen der Seele und der Wunsch des Herzens. Tödliches Gift ist auf Seinem Pfade reiner Honig und jede Trübsal ein Trunk kristallklaren Wassers. Im Tablet an Seine Majestät den Sháh steht geschrieben: »Bei Ihm, der die Wahrheit ist! Ich fürchte keinen Kummer auf Seinem Pfad noch irgendeine Prüfung in Meiner Liebe zu Ihm. Wahrlich, Gott machte das Leid zum Morgentau auf Seiner grünen Au und zum Docht für Seine Lampe, die Erde und Himmel erleuchtet.«
Wende dein Herz Ihm zu, der die Ka‘bah Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, ist, und erhebe deine Hände zur Gnade Gottes, des Herrn aller Welten, in so festem Glauben, dass sich alle erschaffenen Dinge gleichfalls veranlasst sehen, die Hände zu erheben. Alsdann richte dein Angesicht in solcher Weise auf Ihn, dass alles Leben gleich dir zu Seinem strahlend hellen Horizont aufblickt, und sprich: »Du siehst mich, o mein Herr, wie ich mein Antlitz dem Himmel Deiner Gnade und dem Weltmeer Deiner Gunst zuwende, losgelöst von allem außer Dir. Ich bitte Dich, beim Glanz der Sonne Deines Erscheinens auf dem Berge Sinai und bei den Strahlen des Gestirns Deiner Gnade, das vom Himmelskreis Deines Namens ›der Immervergebende‹ herniederstrahlt, gewähre mir Deine Vergebung und lass Deine Barmherzigkeit über mir walten. Sodann schreibe für mich mit Deiner Feder der Herrlichkeit nieder, was mich durch Deinen Namen in der Welt der Schöpfung erhöht. Hilf mir, o mein Herr, mich Dir zuzuwenden und auf die Stimme Deiner Geliebten zu hören, die alle Macht der Erde nicht schwächen konnte und die die Gewalt der Völker nicht von Dir fernzuhalten vermochte. Dir eilen sie entgegen und sprechen: ›Gott ist unser Herr, der Herr aller im Himmel und auf Erden!‹«
O Shaykh! Wahrlich, Ich sage dir: Das Siegel des Erlesenen Weines ist in Seinem Namen ›der Selbstbestehende‹ erbrochen worden; versage ihn dir nicht! Dieser Unterdrückte spricht nur nach Gottes Willen; um Gottes willen solltest auch du über das nachdenken, was herniedergesandt und geoffenbart wurde, damit vielleicht auch du an diesem gesegneten Tage deinen Anteil an den reichlichen Ausgießungen Dessen erhalten mögest, der wahrlich der Wohltäter aller ist, und du nicht leer ausgehen mögest! Dies würde Gott wahrlich nicht schwerfallen. Durch Gottes Wort wurde Adam, aus Staub geschaffen, auf den himmlischen Thron erhoben, ein einfacher Fischer wurde zur Schatzkammer göttlicher Weisheit, und Abú-Dhar, der Schäfer, wurde ein Fürst der Völker!
Dieser Tag, o Shaykh, war und ist niemals der Tag, an dem menschengemachte Künste und Wissenschaften dem Menschen als wahrer Maßstab gelten können, hat doch anerkanntermaßen Er, der in keiner Kunst oder Wissenschaft bewandert war, den Thron aus reinstem Gold bestiegen und den Ehrensitz im Rat der Erkenntnis eingenommen, während der gefeierte Erklärer und Wahrer dieser Künste und Wissenschaften ausgeschlossen blieb. Mit ›Künsten und Wissenschaften‹ ist hier gemeint, was mit Worten anfängt und mit Worten aufhört. Solche Künste und Wissenschaften jedoch, die gute Ergebnisse zeitigen, die Früchte tragen und dem Wohlergehen und dem Frieden der Menschen dienlich sind, waren vor Gott angenehm und werden es bleiben. Würdest du Meiner Stimme Gehör schenken, du würdest alle deine Habe beiseite werfen und deinen Blick auf den Ort heften, an dem das Weltmeer der Weisheit und des Wortes wogt und die Düfte der Güte deines Herrn, des Mitleidsvollen, wehen.
In diesem Zusammenhang erscheint es Uns ratsam, kurz einige vergangene Geschehnisse anzuführen, die vielleicht der Sache der Gerechtigkeit und Rechtlichkeit zur Rechtfertigung dienen können.

Als Seine Majestät der Sháh – möge ihm Gott, sein Herr, der Allbarmherzige, mit Seiner stärkenden Gnade beistehen – eine Reise nach Iṣfahán plante, besuchte dieser Unterdrückte mit seiner Erlaubnis die heiligen und erlauchten Ruhestätten der Imáme – Gottes Segen ruhe auf ihnen.

Als Wir zurückkehrten, begaben Wir Uns wegen der großen Hitze, die in der Hauptstadt herrschte, nach Lavásán.

Kurz nach Unserer Abreise wurde der Anschlag auf das Leben Seiner Majestät verübt – möge Gott, erhaben und verherrlicht sei Er, ihm beistehen.

Es waren unruhige Tage, und die Flammen des Hasses schlugen hoch.

Viele wurden verhaftet, darunter auch dieser Unterdrückte.

Bei der Gerechtigkeit Gottes!

Wir standen in keinerlei Beziehung zu dieser Missetat, und Unsere Unschuld wurde von den Gerichten einwandfrei festgestellt.

Dennoch ergriff man Uns und führte Uns von Níyávarán, dem damaligen Wohnsitz Seiner Majestät, zu Fuß und in Ketten, barhäuptig und mit bloßen Füßen, in den Kerker von Ṭihrán.

Ein roher Kerl, der neben Uns herritt, riss Uns den Hut vom Haupte, während Wir von einem Trupp Henkersknechte und Amtspersonen dahingetrieben wurden.

Vier Monate lang mussten Wir in einem unbeschreiblich schmutzigen Loch verbringen.

Eine enge, finstere Grube wäre dem Kerker vorzuziehen, in den dieser Unterdrückte und andere ähnlich Misshandelte gesperrt wurden.

Bei Unserer Einlieferung wurden Wir zuerst einen pechschwarzen Gang entlanggeführt, von dort stiegen Wir drei steile Treppen zu dem Verließ hinab, das Uns bestimmt war.

Dieser Kerker war in dichtes Dunkel gehüllt; Unsere Mitgefangenen zählten nahezu einhundertfünfzig Menschen:

Diebe, Mörder und Straßenräuber.

Trotz seiner Überfüllung hatte das Verließ keinen anderen Auslass als den Gang, durch den Wir gekommen waren.

Keine Feder kann diesen Ort beschreiben, keine Zunge seinen widerlichen Gestank schildern.

Die meisten dieser Menschen hatten weder Kleider noch Stroh, darauf zu liegen.

Nur Gott weiß, was Wir in diesem übelriechenden, finsteren Raum zu leiden hatten!
Während Wir in diesem Kerker lagen, dachten Wir Tag und Nacht über die Taten, die Geisteshaltung und die Lebensführung der Bábí nach. Wir fragten Uns, was so hochgesinnte, edle und verständige Leute zu solch einem vermessenen, abscheulichen Anschlag gegen das Leben Seiner Majestät veranlasst haben könnte. Hierauf beschloss dieser Unterdrückte, sich nach Seiner Entlassung aus dem Gefängnis aufzumachen und alle Kraft an die Aufgabe der geistigen Neubelebung dieser Menschen zu wenden.
Eines Nachts im Traum waren von allen Seiten diese erhabenen Worte zu hören: »Wahrlich, Wir werden Dich durch Dich selbst und durch Deine Feder siegreich machen. Sei nicht traurig über das, was Dir widerfahren ist, und fürchte Dich nicht, denn Du bist in Sicherheit. Binnen kurzem wird Gott die Schätze der Erde offenkundig machen – Menschen, die Dir beistehen werden durch Dich selbst und durch Deinen Namen, durch welchen Gott die Herzen derer belebt, die Ihn erkannt haben.«
Und als dieser Unterdrückte Sein Gefängnis verließ, reisten Wir nach dem ‘Iráq, dem Befehl Seiner Majestät des Sháhs folgend – möge Gott, gepriesen sei Er, ihm beistehen –, wobei Wir von Beamten im Dienst der geschätzten und geehrten Regierung von Persien und Russland geleitet wurden. Nach Unserer Ankunft offenbarten Wir mit der Hilfe Gottes und Seiner Gnade und Barmherzigkeit einer Regenflut gleich Unsere Verse und sandten diese in verschiedene Teile der Welt. Alle Menschen, besonders aber dieses Volk, ermahnten Wir mit weisem Rat und liebendem Verweis und verboten ihm, sich in Aufruhr, Zank, Wortstreit oder Kampf einzulassen. Durch Gottes Gnade wandelte sich auf diese Weise törichter Eigensinn in fromme Verständigkeit, und aus Waffen wurden Werkzeuge des Friedens.
In den Tagen, da Ich im Kerker in Ṭihrán lag, vergönnten Mir die schweren Ketten, die Mich wundrieben, und die üble Luft nur wenig Schlaf; dennoch hatte Ich in den seltenen Augenblicken des Schlummers ein Gefühl, wie wenn etwas vom Scheitel Meines Hauptes über Meine Brust strömte, einem mächtigen Sturzbach gleich, der sich vom Gipfel eines hohen Berges zu Tal ergießt. Jedes Glied Meines Körpers wurde so in Flammen gesetzt, und Meine Zunge sprach in solchen Augenblicken Worte, die zu hören kein Mensch hätte ertragen können.
Im folgenden wollen Wir einige Stellen aus Tablets anführen, die besonders für dieses Volk geoffenbart wurden, damit sich jeder überzeuge, dass dieser Unterdrückte in einer Weise gehandelt hat, die vor den Einsichtsvollen und vor jenen, welche Gerechtigkeit und Billigkeit verkörpern, wohl bestehen kann:
»O ihr Freunde Gottes in Seinen Städten, ihr Geliebten Gottes in Seinen Landen! Dieser Unterdrückte verpflichtet euch zu Ehrenhaftigkeit und Frömmigkeit. Gesegnet die Stadt, die durch ihr Licht erleuchtet wird! Durch diese Eigenschaften wird der Mensch erhoben und das Tor der Sicherheit vor aller Schöpfung geöffnet. Glücklich der Mensch, der sich fest an sie hält und ihren Wert erkennt, und wehe dem, der ihre Bedeutung leugnet!«
Und in anderem Zusammenhang wurden diese Worte geoffenbart: »Wir machen es den Dienern und Dienerinnen Gottes zur Pflicht, rein zu sein und Gott zu fürchten, auf dass sie den Schlummer ihrer verderbten Begierden abschütteln und sich Gott, dem Schöpfer der Himmel und der Erde, zuwenden. So haben Wir es den Gläubigen befohlen, als das Tagesgestirn der Welt vom Horizont des ‘Iráq erstrahlte. Meine Gefangenschaft grämt Mich nicht, noch bedrücken Mich die Leiden, die Ich erdulde, oder was Mir die Hände Meiner Bedrücker zugefügt haben. Was Mich härmt, ist das Betragen jener, die Meinen Namen tragen, aber Dinge begehen, die Mein Herz und Meine Feder zum Klagen bringen. Jene, die Unordnung im Lande verbreiten, Hand an das Eigentum anderer legen, ein Haus ohne Erlaubnis seines Besitzers betreten – wahrlich, mit diesen haben Wir nichts zu schaffen, bis sie bereuen und zu Gott, dem Immervergebenden, dem Allbarmherzigen, zurückkehren.«
Und wieder an anderer Stelle: »O Völker der Erde! Eilt, nach dem Wohlgefallen Gottes zu handeln, und kämpft tapfer, wie es euch zu kämpfen geziemt, für die Verkündigung Seiner unwiderstehlichen, unerschütterlichen Sache. Wir haben angeordnet, dass auf dem Pfade Gottes der Krieg mit den Heeren der Weisheit und des Wortes geführt werden soll, mit den Waffen eines guten Charakters und lobenswerter Taten. So wurde es von Ihm, dem Allmächtigen, dem Allmachtvollen, bestimmt. Es gibt keinen Ruhm für denjenigen, der Unordnung auf der Erde schafft, nachdem diese so wohl geordnet wurde. Fürchte Gott, o Volk, und zähle nicht zu denen, die Unrecht tun«.
Und nochmals in anderem Zusammenhang: »Redet nicht schlecht voneinander. Wahrlich, Wir sind gekommen, um alle Erdenbewohner zu vereinen und zusammenzuführen. Dies bezeugt das, was das Meer Meines Wortes unter den Menschen offenbarte, und doch ist die Mehrzahl der Menschen in die Irre gegangen. Wenn euch jemand verleumdet, wenn euch Leid auf dem Pfade Gottes befällt, dann seid geduldig und setzt euer Vertrauen auf Ihn, den Hörenden, den Sehenden. Er, wahrlich, ist Augenzeuge; Er sieht alles und tut kraft Seiner höchsten Herrschaft, was Ihm gefällt. Wahrlich, Er ist der Herr der Stärke und der Macht. Im Buche Gottes, des Mächtigen, des Großen, ist euch verboten, euch in Kampf und Streit einzulassen. Haltet euch fest an das, was euch und den Völkern der Welt nützt. So befiehlt es euch der König der Ewigkeit, der in Seinem Größten Namen offenbar ist. Er, wahrlich, ist der Verordner, der Allweise.«
Und wieder ein andermal: »Hütet euch, irgend jemandes Blut zu vergießen! Zieht das Schwert eurer Zunge aus der Scheide der Äußerung, denn damit könnt ihr die Bollwerke der Menschenherzen erobern. Wir haben das Gebot, den Heiligen Krieg gegeneinander zu führen, aufgehoben. Gottes Barmherzigkeit hat wahrlich alle erschaffenen Dinge umfangen – wolltet ihr es doch begreifen!«
Und wiederum an anderer Stelle: »O Volk! Verbreite keine Unordnung im Lande und vergieße nicht irgend jemandes Blut! Missbrauche nicht das Vermögen anderer und folge nicht jedem fluchwürdigen Schwätzer!«
Und in noch anderem Zusammenhang: »Die Sonne des Göttlichen Wortes kann niemals untergehen, ihre Strahlen können nicht ausgelöscht werden. An diesem Tage wurden die folgenden erhabenen Worte von dem Lotosbaum gehört, über den hinaus keiner gehen kann: ›Ich halte zu dem, der Mich liebt, der getreu Meine Gebote befolgt und alles von sich wirft, was ihm in Meinem Buch verboten wurde.‹«
Und wieder ein anderes Mal: »Dies ist der Tag, von Gott zu sprechen, Sein Lob zu verkünden und Ihm zu dienen; beraubt euch dessen nicht. Ihr seid die Buchstaben der Worte, ihr seid die Worte des Buches. Ihr seid die Triebe, die die Hand der Güte in den Boden der Barmherzigkeit pflanzte und die die Schauer der Großmut zum Blühen brachten. Er hat euch vor den Stürmen des Unglaubens und den Unwettern der Gottlosigkeit behütet, und Er hat euch mit den Händen Seiner liebenden Vorsehung großgezogen. Jetzt ist es für euch an der Zeit, Blätter zu treiben und Früchte zu tragen. Die Früchte am Baume des Menschen sind seit eh und je edle Taten und ein lobenswerter Charakter. Vorenthaltet diese Früchte den Achtlosen nicht! Werden sie angenommen, ist euer Ziel erreicht und der Zweck des Lebens erfüllt. Wo nicht, da überlasst jene ihrem Zeitvertreib, leeren Wortstreit zu führen. Strebe danach, o Volk Gottes, die Herzen der verschiedenen Völker auf Erden mit den Wassern deiner Nachsicht und Güte von Hass und Feindseligkeit zu reinigen und zu läutern, auf dass sie würdig und tauglich werden, die Strahlen der Sonne der Wahrheit aufzunehmen.«
Im vierten Ishráq des Ishráqát (des Tablets von der Pracht) führten Wir aus: »Jede Sache braucht einen Helfer. In dieser Sendung sind die Heerscharen, die sie zum Siege führen, lobenswerte Taten und ein aufrechter Charakter. Der Anführer und Befehlshaber dieser Heerscharen ist seit je die Gottesfurcht, die alle Dinge umfasst und beherrscht.«
Im dritten Tajallí des Buches Tajallíyát (des Buches vom Strahlenglanz) schrieben Wir: »Künste, Gewerbe und Wissenschaften erhöhen die Welt des Seins und tragen zu ihrer Vervollkommnung bei. Wissen gleicht den Flügeln im Leben des Menschen, es ist wie eine Leiter für seinen Aufstieg; es ist jedermanns Pflicht, sich Wissen zu erwerben. Jedoch sollten solche Wissenschaften studiert werden, die den Völkern auf Erden nützen, nicht solche, die mit Worten beginnen und mit Worten enden. Die Völker der Welt verdanken in der Tat viel den Wissenschaftlern und Handwerkern. Dies bezeugt das Mutterbuch an solch hervorragender Stelle.«
In der Tat, Wissen ist ein wahrer Schatz für den Menschen, eine Quelle des Ruhmes, der Großmut, der Freude, der Erhabenheit, des Frohsinns und der Heiterkeit. Glücklich der Mensch, der sich daran hält, und wehe dem Achtlosen!
Es ist deine Pflicht, unter allen Umständen die Menschen zu dem anzuhalten, was sie befähigt, geistige Eigenschaften und edle Taten an den Tag zu legen, auf dass sie gewahr werden, was zur Erhöhung des Menschen führt, und mit ganzer Kraft der höchsten Stufe, dem Gipfel des Ruhmes entgegenstreben. Die Gottesfurcht war stets das Wichtigste in der Erziehung Seiner Geschöpfe. Wohl denen, die sie erlangt haben!
Das erste Wort, das die Feder Abhás offenbarte und auf dem ersten Blatt des Paradieses niederschrieb, lautet: »Wahrlich, Ich sage euch: Die Gottesfurcht war von jeher ein sicherer Schutz und eine feste Burg für alle Völker der Welt. Sie ist das vortrefflichste Mittel zum Schutz der Menschheit und die Hauptursache ihrer Erhaltung. Es gibt etwas im Wesen des Menschen, das ihn beschützt und bewahrt vor dem, was unwürdig und unpassend ist. Dieses Etwas wird ›Sittsamkeit‹ genannt. Aber nur wenigen ist diese Tugend beschieden, denn nicht alle sind mit ihr ausgestattet. Es obliegt den Königen und den geistigen Führern der Welt, sich fest an die Religion zu halten, denn durch sie wird allen außer Ihm selbst Gottesfurcht eingeflößt.«
Das zweite Wort, das Wir auf dem zweiten Blatt des Paradieses verzeichneten, ist das folgende: »In diesem Augenblick wendet sich die Feder des Göttlichen Erklärers an die Offenbarungen der Obrigkeit und die Quellen der Macht, nämlich an die Könige und Regenten der Erde – möge Gott ihnen beistehen – und befiehlt ihnen, stets die Anliegen der Religion zu unterstützen und sich fest an sie zu halten. Religion ist wahrlich das vortrefflichste Mittel zur Errichtung der Ordnung in der Welt und für die Ruhe ihrer Völker. Die Schwäche der Pfeiler der Religion hat die Toren gestärkt und sie dreist und anmaßend gemacht. Wahrlich, Ich sage: Je stärker die Religion verfällt, desto widerspenstiger werden die Gottlosen. Dies kann letztlich nur in Chaos und Gesetzlosigkeit enden. Hört auf Mich, o ihr Einsichtsvollen, und seid gewarnt, o ihr, die ihr Unterscheidungsvermögen besitzt!«
Wir hegen die Hoffnung, dass du mit aufmerksamem Ohr auf das hörst, was Wir dir mitgeteilt haben, damit es dir gelingen möge, die Menschen von dem, was sie besitzen, weg- und zu dem, was Gott besitzt, hinzuführen. Wir flehen zu Gott, er möge das Licht der Redlichkeit und die Sonne der Gerechtigkeit von den dichten Wolken der Widerspenstigkeit befreien und auf die Menschen scheinen lassen. Kein Licht kann sich mit dem der Gerechtigkeit vergleichen. Die Begründung der Ordnung in der Welt und die Ruhe der Völker hängen davon ab.
Im Buch der Äußerung wurden die folgenden erhabenen Worte niedergeschrieben und festgehalten: »Sprecht, o Freunde! Strebt danach, dass die Leiden, die dieser Unterdrückte und ihr auf dem Pfade Gottes erduldetet, sich nicht als vergebens erweisen. Klammert euch an den Saum der Tugend und haltet euch fest am Seil der Vertrauenswürdigkeit und Frömmigkeit. Befasst euch mit den Dingen, die der Menschheit nützen, und nicht mit euren verderbten, selbstischen Begierden. O ihr Anhänger dieses Unterdrückten! Ihr seid die Hirten der Menschheit! Befreit eure Herden von den Wölfen übler Lüste und Leidenschaften und schmückt sie mit der Zier der Gottesfurcht. Also lautet der unumstößliche Befehl, der zu dieser Stunde aus der Feder Dessen fließt, der der Altehrwürdige der Tage ist. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Das Schwert eines tugendhaften Charakters und aufrechten Verhaltens ist schärfer als Klingen aus Stahl. Die Stimme des wahren Glaubens ruft in diesem Augenblick laut und spricht: O Volk! Wahrlich, der Tag ist gekommen, und Mein Herr ließ Mich durch ein Licht erstrahlen, dessen Glanz die Sonnen der Äußerung in den Schatten stellt. Fürchtet den Barmherzigen und gehört nicht zu denen, die in die Irre gehen!«
Das dritte Wort, das Wir auf dem dritten Blatt des Paradieses aufzeichneten, lautet: »O Sohn des Menschen! Wenn du auf Barmherzigkeit siehst, dann gib auf, was dir Nutzen bringt, und halte dich an das, was der Menschheit nützt. Und wenn du auf Gerechtigkeit siehst, dann wähle für deinen Nächsten, was du für dich selbst wählst. Demut erhebt den Menschen zum Himmel des Ruhms und der Macht, Stolz dagegen erniedrigt ihn zu Schmach und Schande. Groß ist dieser Tag und mächtig der Ruf! In einem Unserer Tablets haben Wir diese erhabenen Worte geoffenbart: ›Wenn die Welt des Geistes ganz auf den Gehörsinn übertragen wäre, könnte dieser beanspruchen, würdig zu sein, auf die Stimme, die vom Höchsten Horizonte aus ruft, zu lauschen; denn anders sind diese Ohren, durch Lügen besudelt, niemals aufnahmefähig.‹ Wohl denen, die hören, und wehe den Achtlosen!«
Wir flehen zu Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, und Wir hegen die Hoffnung, dass Er gnädig den Offenbarungen des Reichtums und der Macht, den Dämmerungsorten der Herrschaft und des Ruhmes, den Königen auf Erden, beistehe – möge Gott ihnen durch Seine stärkende Gnade helfen –, den Geringeren Frieden zu errichten.

Dies ist in der Tat das beste Mittel, die Ruhe der Völker zu sichern.

Es ist die Pflicht der Herrscher der Welt – möge ihnen Gott helfen –, sich vereint und standhaft an diesen Frieden zu halten, er ist das wichtigste Werkzeug für den Schutz der ganzen Menschheit.

Wir hoffen, dass sich die Herrscher erheben werden, um das zu vollbringen, was die Wohlfahrt der Menschen verbürgt.

Sie müssen eine allumfassende Versammlung einberufen, an der entweder sie selbst oder ihre Minister teilnehmen, und Maßnahmen durchsetzen, die erforderlich sind, um Einheit und Eintracht unter den Menschen zu schaffen.

Die Waffen des Krieges müssen sie ablegen und sich den Machtmitteln weltweiten Aufbaus zuwenden.

Sollte sich ein König gegen einen anderen erheben, müssen alle anderen Könige aufstehen, um ihn daran zu hindern.

Dann werden sie Waffen und Kriegsgerät nur noch in dem Maß benötigen, wie es für die innere Sicherheit ihrer Länder unumgänglich ist.

Wenn sich die Herrscher zu dieser allumfassenden Segnung entschließen, werden die Völker aller Staaten in Ruhe und Zufriedenheit ihren Geschäften nachgehen, und die Seufzer und Klagen der meisten Menschen werden verstummen.

Wir flehen zu Gott, Er möge ihnen beistehen, nach Seinem Willen und Wohlgefallen zu handeln.

Er, wahrlich, ist der Herr des Thrones in der Höhe und auf Erden hienieden, der Herr dieser und der kommenden Welt.

Es wäre vorzuziehen und weit besser, wenn die hochgeehrten Könige selbst an jener Versammlung teilnähmen und ihre Beschlüsse verkündeten.

Jeder König, der sich erhebt, um diese Aufgabe zu vollbringen, wird wahrlich vor Gottes Augen zum Leitstern aller Könige werden.

Glücklich ist er, und groß ist sein Segen!
Jedesmal, wenn in diesem Land Männer für das Heer ausgehoben werden, erfasst das Volk große Furcht. Jahr für Jahr verstärkt jede Nation ihre Streitkräfte, denn die Regierungen sind unersättlich in dem Verlangen, ihren Truppen immer neue Rekruten zuzuführen. Wie Wir hörten, hat sich die Regierung Persiens – möge Gott ihr beistehen – in gleicher Weise entschlossen, das Heer zu verstärken. Nach Ansicht dieses Unterdrückten würde eine gut ausgerüstete und geschulte Streitmacht von hunderttausend Mann genügen. Wir hoffen, du wirst dem Licht der Gerechtigkeit zu hellerem Schein verhelfen. Bei der Rechtlichkeit Gottes! Gerechtigkeit ist eine starke Macht. Sie ist es vor allem, die die Bollwerke der Herzen und Seelen der Menschen bezwingt, sie offenbart die Geheimnisse der Welt des Seins und ist die Bannerträgerin der Liebe und Großmut.
In den Schätzen der Erkenntnis Gottes liegt ein Wissen verborgen, das – richtig angewandt –, wenn auch nicht ganz, so doch in hohem Maße, die Furcht vertreibt. Dieses Wissen sollte von Kindheit an gelehrt werden, weil es viel dazu beiträgt, die Furcht zu bannen. Was die Furcht vermindert, steigert den Mut. Wenn der Wille Gottes Uns beisteht, wird vielleicht eine längere Abhandlung über diese Frage aus der Feder des Göttlichen Erklärers fließen, in der auch enthüllt wird, was auf den Gebieten der Künste und Wissenschaften zur Erneuerung der Welt und ihrer Nationen führt. Auch wurde von der Feder des Höchsten in dem Roten Buche ein Wort niedergeschrieben und festgehalten, das imstande ist, die in den Menschen verborgene Kraft voll zu enthüllen, ja ihre Wirksamkeit zu verdoppeln. Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht sei Er –, Seinen Dienern gnädig zu helfen, das zu tun, was Ihm wohlgefällig und angenehm ist.
Heutzutage haben Uns Feinde von allen Seiten umringt, und das Feuer des Hasses ist entzündet. O Völker der Erde! Bei Meinem Leben und dem euren! Nie hatte dieser Unterdrückte den Wunsch nach Führerschaft, noch hege Ich ihn heute. Mein Ziel war und ist zu tilgen, was Streit zwischen den Völkern der Welt und Entfremdung zwischen den Nationen verursacht, auf dass alle Menschen von jeder irdischen Bindung geheiligt und frei werden, sich ihrem wahren Besten zu widmen. Wir bitten Unsere Geliebten flehentlich, den Saum Unseres Gewandes nicht mit dem Staub der Falschheit zu beschmutzen noch Hinweise auf das zu dulden, was sie als Zeichen und Wunder ansehen, und dadurch Unseren Rang und Unsere Stufe zu erniedrigen oder der Reinheit und Heiligkeit Unseres Namens zu schaden.
Gütiger Gott! Dies ist der Tag, an dem der Weise den Rat dieses Unterdrückten suchen und Ihn, der die Wahrheit ist, befragen sollte, was zum Ruhm und zur Befriedigung der Menschen führt. Und doch sind alle emsig bemüht, dieses herrliche, dieses strahlende Licht zu löschen, und trachten eifrig danach, Uns eine Schuld nachzuweisen oder sich mit Protesten entschieden gegen Uns zu wenden. Sie gehen so weit, das Verhalten dieses Unterdrückten auf so schlimme Art verdreht und entstellt wiederzugeben, dass es unschicklich wäre, dies näher auszuführen. Einer Unserer Freunde berichtete, er habe unter den Einwohnern der Großen Stadt (Konstantinopel) jemanden mit großem Bedauern erklären hören, dass jedes Jahr eine Summe von fünfzigtausend Túmán von seinem Heimatland nach ‘Akká geschickt würde. Es wurde aber nicht erklärt, wer diese Summe aufbrachte, noch durch wessen Hände sie ging.
Kurz gesagt:

Dieser Unterdrückte ist angesichts all dessen, was Ihm von ihren Händen zugefügt und was über Ihn geredet wurde, geduldig geblieben und hat Seinen Frieden gewahrt.

Ist es doch Unser Ziel, mit Hilfe der liebenden Vorsehung Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – und Seiner alles überbietenden Gnade durch die Kraft Unserer Worte alle Streitigkeiten, allen Krieg und alles Blutvergießen vom Antlitz der Erde zu tilgen.

Ungeachtet dessen, was sie ausgestreut haben, sind Wir immer und überall in geziemender Geduld verblieben und haben sie Gott überlassen.

Auf diese besondere Anschuldigung aber haben Wir erwidert:

Wenn sie der Wahrheit entspräche, geziemte es sich, Ihm, dem Herrn alles Seins und dem König des Sichtbaren wie des Unsichtbaren, dafür dankbar zu sein, dass Er in Persien Einen erweckte, der es als Gefangener und ohne jede Hilfe und Unterstützung vermochte, einen bestimmenden Einfluss auf dieses Land zu gewinnen und eine jährliche Steuereinnahme daraus zu ziehen.

Solch ein Erfolg wäre eher zu loben als zu tadeln, wenn man nur zu denen gehörte, die gerecht in ihrem Urteil sind.

Sollte jemand in die Lebensverhältnisse dieses Unterdrückten Einsicht nehmen wollen, möge er sich sagen lassen, dass diesen Gefangenen hier, von der Welt verfolgt und von ihren Völkern mit Unbill überhäuft, Tag und Nacht selbst die bescheidensten Mittel zum Leben vorenthalten wurden.

Nur ungern sprechen Wir von solchen Dingen, auch hatten Wir niemals den Wunsch, über Unsere Ankläger Beschwerde zu führen.

In den Mauern dieser Gefängnisstadt musste ein hochgeachteter Mann eine zeitlang Steine brechen, um sein Leben zu fristen; andere zehrten zu Zeiten von der himmlischen Speise, die Hunger heißt.

Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht sei Er –, Er möge allen Menschen helfen, gerecht und ehrlich zu sein, und ihnen gnädig beistehen, dass sie bereuen und sich Ihm wieder zuwenden.

Er, wahrlich, hört und ist bereit zu antworten.
Verherrlicht seist Du, o Herr mein Gott! Du siehst, was diesem Unterdrückten von jenen zugefügt wurde, die sich Mir nicht anschlossen, die sich erhoben haben, Mir solches Leid anzutun, Mich so zu erniedrigen, dass keine Feder es schildern, keine Zunge es erzählen, kein Tablet die Schwere dieser Last ertragen kann. Du hörst den Schrei Meines Herzens und den Seufzer Meines innersten Wesens. Du weißt, was Deinen Vertrauten in Deinen Städten und Deinen Erwählten in Deinem Lande von jenen zugefügt wurde, die Deinen Bund und Dein Testament brachen. Ich flehe Dich an, o mein Herr, bei den Seufzern derer, die Dich überall in der Welt lieben, bei ihrer Klage über ihr Fernsein vom Hofe Deiner Gegenwart, bei dem Blute, das aus Liebe zu Dir vergossen wurde, bei den Herzen, die auf Deinem Pfad dahingeschmolzen sind – beschütze Deine Geliebten vor der Grausamkeit derer, die der Geheimnisse Deines Namens ›der Unbezwungene‹ nicht gewahr wurden. Stehe ihnen bei, o mein Herr, mit Deiner Macht, die über alle Dinge herrscht, und hilf ihnen, geduldig und langmütig zu sein. Du bist der Allgewaltige, der Allmächtige, der Allgütige. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Großmütigen, dem Herrn überströmender Gnade.
Heutzutage gibt es Menschen, die, weit davon entfernt, gerecht und redlich zu sein, Mich mit dem Schwert des Hasses und dem Speer der Feindschaft angreifen, wobei sie vergessen, dass es jedem rechtlich Gesinnten zukommt, Ihm, den die Welt verworfen und den die Völker verlassen haben, nach Kräften beizustehen und Frömmigkeit und Gerechtigkeit walten zu lassen. Den meisten Zeitgenossen ist es bis heute nicht gelungen, die wahre Absicht dieses Unterdrückten zu entdecken, noch haben sie erkannt, aus welchem Grunde Er Seine zahllosen Leiden willig auf sich nahm. Unterdessen klagt die Stimme Meines Herzens: »O dass Mein Volk doch erkennte!« Losgelöst von allen Dingen spricht dieser Unterdrückte die erhabenen Worte: »Wogen umbranden die Arche Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden. Fürchte nicht den grimmen Sturm, o Seefahrer! Er, der die Dämmerung erscheinen lässt, ist wahrlich mit Dir in dieser Finsternis, die die Herzen aller Menschen in Schrecken versetzte, ausgenommen jene, die zu verschonen Gott, dem Allmächtigen, dem Unbezwungenen, beliebte.«
O Shaykh!

Ich schwöre bei der Sonne der Wahrheit, die sich erhob und vom Horizont dieses Gefängnisses erstrahlt!

Die Welt zu bessern ist die einzige Absicht dieses Unterdrückten.

Dies bezeugt jeder Mensch mit Urteilskraft, Unterscheidungsvermögen, Einsicht und Verständnis.

Von Prüfungen heimgesucht, hielt Er fest am Seil geduldiger Tapferkeit, fügte sich zufrieden in das, was Ihm Seine Feinde bereiteten, und rief aus:

»Ich habe Meinem Verlangen entsagt um Deines Verlangens willen, o Mein Gott, und habe Meinen Willen aufgegeben, um Deinen Willen zu offenbaren.

Bei Deiner Herrlichkeit!

Ich wünsche nicht, Mein Selbst und Mein Leben zu bewahren, es sei denn, um Deiner Sache zu dienen, und Ich liebe Mein Sein nur, um es auf Deinem Pfade zu opfern.

Du siehst und weißt, o Mein Herr, dass sie, die Wir baten, gerecht und ehrlich zu sein, sich ungerecht und grausam gegen Uns erhoben.

Nach außen hin hielten sie zu Mir, insgeheim aber halfen sie Meinen Feinden, die sich aufmachten, Mich zu entehren.

O Gott, Mein Gott!

Ich bezeuge, dass Du Deine Diener erschaffen hast, Deine Sache zu fördern und Dein Wort zu verherrlichen, und dennoch haben sie Deinen Feinden geholfen.

Ich flehe Dich an, bei Deiner Sache, die die Welt des Seins umschließt, und bei Deinem Namen, durch den Du alles Sichtbare und Unsichtbare unterwarfst, schmücke die Völker der Erde mit dem Lichte Deiner Gerechtigkeit und erleuchte ihre Herzen mit dem Glanz Deiner Erkenntnis.

O Mein Gott, Ich bin Dein Diener und Deines Dieners Sohn.

Ich bezeuge Deine Einheit und Deine Einzigkeit, die Heiligkeit Deines Seins und die Reinheit Deines Wesens.

Du siehst, o Mein Herr, Deine Vertrauten in der Gewalt der Verräter unter Deinen Geschöpfen und der Verleumder unter Deinem Volke.

Du weißt, was Uns angetan wurde von den Händen jener, die Du besser kennst als Wir.

Sie haben begangen, was den Schleier von jenen unter Deinen Geschöpfen, die Dir nahe sind, herabriss.

Ich flehe Dich an:

Hilf ihnen, das zu gewinnen, was ihnen in den Tagen des Dämmerungsortes Deiner Offenbarung und des Anbruchs Deiner Eingebung entgangen ist.

Mächtig bist Du zu tun, was Dir gefällt, und in Deiner Hand liegt die Herrschaft über alles, was im Himmel und auf Erden ist.« Die klagende Stimme des wahren Glaubens wurde laut und ruft:

»O Volk!

Bei der Gerechtigkeit Gottes!

Ich habe Ihn erreicht, der Mich offenbarte und herniedersandte.

Dies ist der Tag, an dem der Sinai Dem zulächelt, der auf ihm Zwiesprache hielt, an dem der Karmel seinem Offenbarer und der Sadrah Ihm, der ihn lehrte, zujubeln.

Fürchtet Gott und gehört nicht zu denen, die Ihn verleugneten!

Haltet euch nicht von dem fern, was durch Seine Gnade verkündet wurde!

Greift nach dem Lebenswasser der Unsterblichkeit im Namen eures Herrn, des Herrn aller Namen, und trinkt im Gedenken an Ihn, den Mächtigen, den Unvergleichlichen!«
Wir haben in allen Lebenslagen den Menschen anbefohlen, was rechtens ist, und ihnen verboten, was falsch ist. Er, der Herr des Seins, ist Zeuge, dass dieser Unterdrückte von Gott für Seine Geschöpfe erflehte, was Einheit und Eintracht, Gemeinsinn und Einklang fördert. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Dieser Unterdrückte ist der Verstellung nicht fähig. Er, wahrlich, offenbarte, was Er wünschte. Er, wahrlich, ist der Herr der Kraft, der Unbezwungene.
Wir führen noch einmal einige der erhabenen Worte an, die im Tablet an Seine Majestät den Sháh geoffenbart wurden, damit du mit Gewissheit innewerdest, dass alles, was darin zur Sprache kam, von Gott ist:»O König!

Ich war nur ein Mensch wie andere und lag schlafend auf Meinem Lager.

Siehe, da wehten die Lüfte des Allherrlichen über Mich hin und lehrten Mich die Kenntnis all dessen, was war.

Dies ist nicht von Mir, sondern von Einem, der allmächtig und allwissend ist.

Und Er gebot Mir, Meine Stimme zwischen Erde und Himmel zu erheben, und um dessentwillen befiel Mich, was jedes verständigen Menschen Tränen fließen ließ.

Die Gelehrsamkeit der Menschen studierte Ich nicht; ihre Schulen betrat Ich nicht.

Frage nach in der Stadt, wo Ich wohnte, und sei dessen wohl versichert, dass Ich nicht zu denen gehöre, die falsch reden.

Das hier ist nur ein Blatt, das die Winde des Willens deines Herrn, des Allmächtigen, des Allgepriesenen, bewegt haben.

Kann es ruhen, wenn der Sturmwind weht?

Nein, bei Ihm, dem Herrn aller Namen und Eigenschaften!

Sie bewegen es nach ihrem Belieben.

Das unscheinbare Ding ist wie ein Nichts vor Ihm, dem Ewigen.

Sein allbezwingender Ruf hat Mich erreicht und ließ Mich Seinen Lobpreis unter allem Volke verkünden.

Fürwahr, Ich war wie tot, als Sein Befehl erging.

Die Hand des Willens deines Herrn, des Mitleidvollen, des Barmherzigen, verwandelte Mich.

Würde irgend jemand aus eigenem Willen etwas aussprechen, weswegen alle Menschen, hoch und niedrig, Einspruch gegen ihn erheben werden?

Nein, bei Ihm, der die Feder die ewigen Geheimnisse lehrte: nur Der, welchen die Gnade des Allmächtigen, des Allgewaltigen, gestärkt hat.
Blicke auf diesen Unterdrückten, o König, mit den Augen der Gerechtigkeit. Urteile sodann aufrichtig über das, was Ihn befallen hat. Wahrlich, Gott hat dich unter den Menschen zu Seinem Schatten und zum Zeichen Seiner Macht für alle, die auf Erden wohnen, gemacht. Urteile du zwischen Uns und denen, die Uns ohne Beweis und ohne ein erleuchtendes Buch Unrecht taten. Die um dich sind, lieben dich um ihres eigenen Vorteils willen, wogegen dieser Jüngling dich um deines Vorteils willen liebt und nie einen anderen Wunsch hatte, als dich dem Sitze der Gnade näherzubringen und dich der rechten Hand der Gerechtigkeit zuzuführen. Dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich erkläre.
O König! Würdest du dein Ohr dem durchdringenden Laut der Feder der Herrlichkeit und dem Gurren der Taube der Ewigkeit neigen, die auf den Zweigen des Lotosbaumes, über den hinaus niemand vordringen kann, den Lobpreis Gottes singt, des Urhebers aller Namen und des Schöpfers der Erde und des Himmels, so würdest du zu einer Stufe gelangen, von der aus du in der Welt des Seins nichts als den Glanz des Angebeteten schautest; du würdest deine Herrschaft als das Verächtlichste unter all deinen Besitztümern ansehen und sie jedem überlassen, der sie gerade begehrt, indem du dein Angesicht dem Horizonte zuwendetest, der im Lichte Seines Antlitzes erglüht. Auch wärest du nicht mehr gewillt, die Bürde der Herrschaft anders zu tragen als in der Absicht, deinem Herrn zu helfen, dem Erhabenen, dem Höchsten. Dann würden die Scharen der Höhe dich segnen. O wie herrlich ist diese höchst erhabene Stufe – könntest du doch dahin aufsteigen durch die Macht einer Herrschaft, die sich anerkanntermaßen vom Namen Gottes herleitet!«
Du oder jemand anderes hat gesagt: »Lasst die Súrih Tawḥíd übersetzen, damit alle ganz klar erkennen, dass der eine wahre Gott weder zeugt noch gezeugt wird. Darüber hinaus glauben die Bábí an Seine (Bahá’u’lláhs) Göttlichkeit und Gottheit.«
O Shaykh! Dies ist die Stufe, auf der das Selbst stirbt und man in Gott lebt. Wo immer Ich von Göttlichkeit spreche, bedeutet dies Meine gänzliche, vollständige Selbstauslöschung. Auf dieser Stufe habe Ich keine Gewalt mehr über Mein eigenes Wohl und Wehe, noch über Mein Leben oder Mein Wiedererwachen.
O Shaykh! Wie erklären sich die Geistlichen dieser Zeit die strahlende Herrlichkeit, die der Sadrah des Wortes über den Sohn ‘Imráns (Moses) auf dem Sinai göttlicher Erkenntnis ausgoss? Er (Moses) hörte auf das Wort, das der Brennende Busch sprach, und folgte ihm; und doch fehlt den meisten Menschen die Kraft, dies zu begreifen, weil sie sich mit ihren eigenen Belangen beschäftigen und der Gott zugehörigen Dinge nicht gewahr werden. Hierüber sagte der Siyyid von Findirisk mit Recht: »Diese Frage kann kein sterblicher Geist ergründen, selbst wenn es ein Abú-Naṣr oder Abú-‘Alí Síná (Avicenna) wäre.« Welche Auslegung können die Geistlichen dem Worte des Siegels der Propheten (Muḥammad) geben – mögen die Seelen aller ein Opfer für Ihn sein: »Ihr werdet wahrlich euren Herrn schauen, wie ihr den Vollmond in seiner vierzehnten Nacht schauet …«? Der Gebieter der Gläubigen (Imám ‘Alí) – Friede sei mit ihm – sagt überdies im Khuṭbiy-i-Tuṭunjíyyah: »Erwartet die Offenbarung Dessen, der aus dem Brennenden Busch mit Moses auf dem Sinai sprach.« Auch Ḥusayn, der Sohn ‘Alís, sprach: »Wird irgend jemandem außer Dir eine Offenbarung gewährt, die Dir nicht gewährt wurde – eine Offenbarung, deren Offenbarer Er sein wird, der Dich offenbarte? Blind sei das Auge, das Dich nicht sieht!«
Von den Imámen – Gottes Segnungen seien mit ihnen – wurden ähnliche Aussprüche berichtet; sie sind weithin bekannt und in glaubwürdigen Büchern festgehalten. Gesegnet ist, wer begreift und die reine Wahrheit spricht. Gut steht es um den, der sich mit der Hilfe des Lebenswassers der Worte Dessen, der das Verlangen aller Menschen ist, von eitlen Vorstellungen und leeren Einbildungen gereinigt hat, und der im Namen des Allbesitzenden, des Allhöchsten, die Schleier des Zweifels von sich warf, der Welt und allem in ihr entsagte und sich dem Größten Gefängnis zuwandte.
O Shaykh! Kein Hauch läßt sich mit dem Odem Göttlicher Offenbarung vergleichen, und das Wort, das von Gott gesprochen wurde, leuchtet und strahlt wie die Sonne inmitten der Bücher der Menschen. Glücklich der Mensch, der es entdeckt und erkennt und spricht: »Gepriesen seist Du, Du Verlangen der Welt, und Dank sei Dir, o Du Vielgeliebter der Herzen derer, die Dir ergeben sind!«
Die Menschen konnten nicht begreifen, was Wir in den Aussprüchen über Göttlichkeit und Gottheit sagen wollten. Könnten sie es erfassen, sie würden sich von ihren Plätzen erheben und ausrufen: »Wahrlich, wir bitten Gott um Vergebung!« Das Siegel der Propheten – mögen die Seelen aller außer Ihm ein Opfer für Ihn sein – spricht: »Mannigfaltig sind Unsere Beziehungen zu Gott. Einmal sind Wir Er selbst, und Er ist Wir selbst. Ein andermal ist Er, der Er ist, und Wir sind, die Wir sind.«
Abgesehen davon, warum erwähntest du nicht jene anderen Stufen, die die Feder Abhás enthüllte? Die Zunge dieses Unterdrückten hat so manchen Tag und manche Nacht diese erhabenen Worte geäußert: »O Gott, mein Gott! Ich bezeuge Deine Einheit und Deine Einzigkeit, dass Du Gott bist und dass es keinen Gott gibt außer Dir. Du bist seit Ewigkeit geheiligt über die Erwähnung durch irgend jemanden außer Dir und über den Lobpreis aller außer Dir selbst, und in alle Ewigkeit wirst Du der bleiben, der Du seit Anbeginn warst und immer bist. Ich flehe Dich an, o König der Ewigkeit, bei dem Größten Namen, bei den Strahlen des Tagesgestirns Deiner Offenbarung auf dem Sinai des Wortes und bei den Wogen des Meeres Deiner Erkenntnis unter allem Erschaffenen – stehe mir gnädig bei in dem, was mich näher zu Dir bringt und mich von allem außer Dir loslöst. Bei Deiner Herrlichkeit, o Du Herr allen Seins, Du Verlangen der ganzen Schöpfung! Ich möchte mein Antlitz auf jeden Fleck Deiner Erde legen, damit es vielleicht der Ehre teilhaftig werde, eine Stelle zu berühren, die vom Fuß Deiner Geliebten geadelt wurde!«
Bei der Gerechtigkeit Gottes! Eitle Einbildungen hielten die Menschen vom Himmel der Gewißheit fern, und leere Vorstellungen versperrten ihren Weg zu dem köstlichen Versiegelten Wein. Wahrlich, Ich sage und erkläre um Gottes willen: Dieser Diener, dieser Unterdrückte, schämt sich, für sich selbst irgendeine Existenz zu beanspruchen, geschweige denn jene erhabenen Stufen des Seins! Jeder Mensch mit Urteilsvermögen, der auf Erden wandelt, fühlt sich in der Tat beschämt, weil er sich voll bewußt ist, dass dasjenige, dem er seinen Wohlstand, seinen Reichtum, seine Macht, seine Erhöhung, seinen Fortschritt und all seine Kraft verdankt, nach dem Willen Gottes die nackte Erde ist, die alle Menschen mit Füßen treten. Zweifellos ist jeder, der sich dieser Wahrheit bewusst ist, von allem Stolz, Dünkel und Hochmut geläutert und geheiligt. Was immer hier gesagt wurde, kam von Gott. Wahrlich, Er hat dies bezeugt und bezeugt es noch, und Er ist wahrlich der Allwissende, der Allunterrichtete.
Bitte Gott, Er möge den Menschen hörende Ohren, scharfen Blick, eine geweitete Brust und ein empfängliches Herz schenken, auf dass sich Seiner Diener Herzenswunsch erfülle und sie ihr Angesicht auf ihren Geliebten richten. Dieser Unterdrückte hat Ungemach erfahren, wie es noch kein Auge geschaut hat. Niemals hat Er auf irgendeine Weise gezögert, Seine Sache zu verkünden. Er wandte sich an die Könige und Herrscher der Welt – möge Gott, gepriesen sei Er, ihnen beistehen – und ließ sie wissen, was zu Wohlfahrt, Einheit, Eintracht und Erneuerung der Welt führt und was die Ruhe der Nationen sichert. Unter ihnen war Napoleon III., von dem es hieß, er habe einen bestimmten Ausspruch getan; darauf schickten Wir ihm Unser Tablet, als Wir in Adrianopel waren. Er gab jedoch keine Antwort. Nach Unserer Ankunft im Größten Gefängnis erreichte Uns ein Brief seines Ministers; der erste Teil war in persischer Sprache, der zweite in seiner eigenen Handschrift. Dieser Brief war herzlich gehalten, und er schrieb: »Ich habe, wie Sie es wünschten, Ihren Brief übergeben und bis jetzt keine Antwort erhalten. Wir haben jedoch die nötigen Empfehlungen an unseren Gesandten in Konstantinopel und unsere Konsuln in jenen Gegenden ergehen lassen. Sollten Sie noch einen Wunsch haben, teilen Sie uns diesen bitte mit, und wir werden ihn erfüllen.«
Aus diesen Worten wurde deutlich, dass er der Meinung war, es sei die Absicht dieses Dieners gewesen, um materielle Hilfe zu bitten. Wir offenbarten deshalb um seinetwillen (wegen Napoleon III.) in der Súratu’l-Haykal Verse, von denen Wir einige nun anführen, damit du erkennst, dass die Sache dieses Unterdrückten im Namen Gottes enthüllt wurde und von Ihm gekommen ist:
»O König in Paris!

Sage den Priestern, sie sollen nicht länger die Glocken läuten.

Bei Gott, dem Wahren!

Die Mächtigste Glocke ist erschienen in der Gestalt Dessen, welcher der Größte Name ist, und die Finger des Willens deines Herrn, des Erhabensten, des Höchsten, läuten sie im Himmel der Unsterblichkeit in Seinem Namen ›der Allherrliche‹.

So sind die mächtigen Verse deines Herrn aufs neue zu dir herabgesandt worden, auf dass du dich erheben mögest, Gottes zu gedenken, des Schöpfers von Erde und Himmel, in diesen Tagen, da alle Geschlechter der Erde trauern, da die Grundmauern der Städte erzittern und der Staub des Unglaubens alle Menschen einhüllt, ausgenommen jene, die dein Herr, der Allwissende, der Allweise, zu verschonen beliebte.

Sprich:

Er, der Unbedingte, ist in den Wolken des Lichts gekommen, um alles Erschaffene mit dem Odem Seines Namens ›der Allbarmherzige‹ zu beleben, um die Welt zu vereinen und alle Menschen an dieser Tafel zu versammeln, die vom Himmel herabgesandt wurde.

Hüte dich, die Gunst Gottes von dir zu weisen, nachdem sie zu dir hernieder kam.

Sie ist besser für dich als alles, was du besitzest; denn was dein ist, vergeht, aber was von Gott ist, besteht fort.

Er verfügt in der Tat, was Ihm gefällt.

Wahrlich, der Odem der Vergebung weht von der Stätte deines Herrn, des Gottes der Gnade.

Wer sich Ihm zukehrt, wird von seinen Sünden, von aller Pein und Krankheit gereinigt.

Glücklich der Mensch, der sich diesem Odem zuwendet, und wehe dem, der sich abkehrt!
Würdest du dein inneres Ohr allem Erschaffenen neigen, dann würdest du hören: ›Der Urewige ist in Seiner großen Herrlichkeit gekommen!‹ Alle Dinge feiern das Lob ihres Herrn. Manche Menschen haben Gott erkannt und gedenken Seiner; andere erwähnen Ihn, aber kennen Ihn nicht. Deshalb haben Wir Unser Geheiß in einem deutlichen Tablet niedergelegt.
O König, lausche der Stimme, die aus dem Feuer ruft, das in diesem grünenden Baume brennt, auf dem Sinai, der sich über dem geheiligten, schneeweißen Ort jenseits der Ewigen Stadt erhob: ›Wahrlich, es gibt keinen anderen Gott außer Mir, dem Ewigvergebenden, dem Barmherzigsten!‹ Wahrlich, Wir haben Ihn gesandt, dem Wir mit dem Heiligen Geiste (Jesus Christus) beistanden, damit Er euch dieses Licht ankünde, das ausstrahlt vom Horizont des Willens eures Herrn, des Erhabensten, des Allherrlichen, Ihn, dessen Zeichen im Westen offenbar sind. Richtet nun euer Angesicht auf Ihn (Bahá’u’lláh) an diesem Tag, den Gott über alle anderen Tage erhöht und an dem der Allbarmherzige den Glanz Seiner strahlenden Herrlichkeit auf alle ergossen hat, die im Himmel und auf Erden sind. Erhebe dich, Gott zu dienen und Seiner Sache beizustehen! Er, wahrlich, wird mit den Heerscharen des Sichtbaren und des Unsichtbaren dir zur Seite sein und dich zum König über alles einsetzen, was die Sonne bescheint. Dein Herr ist wahrlich der Allgewaltige, der Allmächtige.
Die Winde des Allbarmherzigen wehen über alles Erschaffene hin; glücklich der Mensch, der ihren Duft entdeckt und reinen Herzens ihnen entgegeneilt. Schmücke deinen Tempel mit der Zier Meines Namens, deine Zunge mit Meinem Gedenken und dein Herz mit der Liebe zu Mir, dem Allmächtigen, dem Höchsten. Wir wünschen nichts für dich als das, was besser für dich ist als dein Besitz und alle Schätze der Erde. Wahrlich, dein Herr ist allwissend, und Er kennt alles. Erhebe dich in Meinem Namen unter Meinen Dienern und sprich: ›O ihr Völker der Erde! Wendet euch Ihm zu, der sich euch zuwandte. Wahrlich, Er ist das Antlitz Gottes unter euch, Sein Zeugnis und Seine Führung für euch. Er kam zu euch mit Zeichen, wie sie keiner sonst aufweisen kann.‹ Mitten im Herzen der Welt erschallt die Stimme des Brennenden Busches, und laut ruft der Heilige Geist vor den Nationen: ›Seht, der Ersehnte ist mit offenbarer Herrschaft gekommen!
O König! Die Sterne am Himmel des Wissens sind herabgefallen, sie, die die Wahrheit Meiner Sendung durch ihren Besitz begründen wollen und die Gott in Meinem Namen anrufen. Dennoch haben sie sich abgewandt, als Ich in Meiner Herrlichkeit zu ihnen kam. In der Tat, sie zählen zu den Gefallenen. Dies ist wahrlich das, was der Geist Gottes (Jesus Christus) ankündigte, als Er mit der Wahrheit zu euch kam, Er, mit dem sich die jüdischen Gelehrten stritten, bis sie schließlich das taten, was den Heiligen Geist klagen und die Tränen jener, die Gott nahe sind, strömen ließ.
Sprich:

O Schar der Mönche!

Schließt euch nicht in euren Kirchen und Klöstern ein.

Kommt heraus mit Meiner Erlaubnis und befasst euch sodann mit dem, was euch und anderen nützt.

Dies gebietet euch der Herr am Tage der Abrechnung.

Schließt euch ab im Bollwerk Meiner Liebe.

Dies ist wahrlich die Abgeschlossenheit, die euch ansteht – könntet ihr es doch erkennen.

Wer sich in seinem Haus einschließt, gleicht in der Tat einem Toten.

Es geziemt dem Menschen, das zu tun, was der Menschheit nützt.

Wer keine Frucht hervorbringt, taugt nur für das Feuer.

So ermahnt euch euer Herr; Er ist wahrlich der Mächtige, der Gabenreiche.

Tretet in den Ehestand, auf dass sich nach euch ein anderer an eurer Statt erhebe.

Wahrlich, Wir haben euch Unzucht verboten, aber nicht das, was die Treue fördert.

Haltet ihr euch an die Eingebungen eurer Natur und werft die Gesetze Gottes von euch?

Fürchtet Gott und gehört nicht zu den Narren!

Wäre nicht der Mensch, der auf Meiner Erde an Mich denkt, wie könnten Meine Namen und Eigenschaften sonst offenbar werden?

Denkt nach und gehört nicht zu denen, die sich wie durch einen Schleier von Ihm trennten und in tiefem Schlaf lagen.

Er, der nicht heiratete (Jesus Christus), fand wegen der Untaten der Verräter keine Stätte, wo Er hätte wohnen und Sein Haupt zur Ruhe legen können.

Seine Heiligkeit liegt nicht in dem, was ihr glaubt und euch einbildet, sondern in den Dingen, die auch Uns zugehören.

Fragt, damit ihr Seine Stufe erkennt, die über die leeren Vorstellungen aller Völker auf Erden erhaben ist.

Gesegnet sind die Verständigen!
O König!

Wir vernahmen die Worte, die du dem Zaren von Russland bezüglich deines Entschlusses zum Krieg (Krimkrieg) zur Antwort gabst.

Wahrlich, dein Herr ist allwissend und kennt alles.

Du sagtest: ›Ich lag schlafend auf meinem Bette, als der Schrei der Unterdrückten, die in das Schwarze Meer gestürzt wurden, mich weckte.‹ Solches hörten Wir dich sprechen, und wahrlich, dein Herr ist Zeuge dessen, was Ich sage.

Wir bezeugen, dass das, was dich weckte, nicht ihr Schrei war, sondern die Einflüsterungen deiner eigenen Leidenschaften.

Denn Wir prüften dich und fanden dich fehlerhaft.

Erfasse die Bedeutung Meiner Worte und gehöre zu den Einsichtsvollen.

Mit Rücksicht auf die Würde, die Wir dir in diesem sterblichen Dasein verliehen, wünschen Wir keineswegs, dich zu verdammen.

Wahrlich, Wir wählten die Höflichkeit und machten sie zum Kennzeichen für solche, die Ihm nahe sind.

Höflichkeit ist in der Tat ein Gewand, das alle Menschen, jung oder alt, kleidet.

Wohl steht es um den, der seinen Tempel mit ihr schmückt, und wehe denen, die dieser großen Gabe verlustig gehen. – Wärest du aufrichtig in deinen Worten gewesen, so hättest du das Buch Gottes nicht beiseite geworfen, als es dir von Ihm, dem Allmächtigen, dem Allweisen, zugesandt wurde.

Wir haben dich damit geprüft und fanden dich anders, als du vorgibst.

Erhebe dich und suche nachzuholen, was du versäumt hast.

Binnen kurzem werden deine Welt und all dein Besitz untergehen, und das Reich wird Gottes bleiben, deines Herrn und des Herrn deiner Väter.

Es geziemt dir nicht, deine Geschäfte nach den Befehlen deiner Leidenschaften zu führen.

Fürchte die Seufzer dieses Unterdrückten und schirme Ihn vor den Speeren derer, die Unrecht tun.
Für das, was du getan hast, soll dein Reich in Verwirrung gestürzt werden; deine Herrschaft soll deinen Händen zur Strafe für das, was du verübtest, entgleiten. Dann wirst du erkennen, wie sehr du dich geirrt hast. Aufruhr wird das ganze Volk des Landes ergreifen, es sei denn, du hilfst dieser Sache und folgst Ihm, dem Geist Gottes (Jesus), auf diesem, dem Geraden Pfad. Hat dich dein Pomp stolz gemacht? Bei Meinem Leben! Er soll nicht von Dauer sein, nein, er soll bald dahinschwinden, es sei denn, du hältst dich standhaft an dieses feste Seil. Wir sehen Erniedrigung dich verfolgen, während du zu den Achtlosen gehörst. Es geziemt dir, wenn du Seine Stimme vom Throne der Herrlichkeit rufen hörst, alles wegzuwerfen, was du besitzest, und laut zu antworten: ›Hier bin ich, o Du Herr all dessen, was im Himmel und auf Erden ist!‹
O König! Wir waren im ‘Iráq, als die Stunde des Abschieds kam. Auf Befehl des Königs des Islám (des Sulṭáns der Türkei) lenkten Wir Unseren Fuß in seiner Richtung. Bei Unserer Ankunft fügten Uns die Böswilligen zu, was die Bücher der Welt niemals angemessen wiedergeben können. Die Bewohner des Paradieses und alle, die an den Stätten der Heiligkeit weilen, klagten laut darüber, und doch sind die Menschen in dichte Schleier gehüllt!«
Weiter sagten Wir: »Unsere Lage wurde von Tag zu Tag, ja von Stunde zu Stunde schlimmer, bis man Uns aus Unserem Gefängnis nahm und Uns – ein schreiendes Unrecht – in das Größte Gefängnis brachte. Und wenn jemand fragte: ›Für welches Verbrechen wurden sie eingekerkert?‹, gab man zur Antwort: ›Sie suchten den Glauben durch eine neue Religion zu ersetzen.‹ Wenn ihr das Alte vorzieht, warum habt ihr dann das missachtet, was in der Torah und im Evangelium aufgeschrieben wurde? Erklärt dies, o Menschen! Bei Meinem Leben! Es gibt keinen Ort, zu dem ihr an diesem Tag fliehen könnt. Wenn dies Mein Verbrechen sein soll, dann hat es Muḥammad, der Gesandte Gottes, vor Mir begangen, und vor Ihm Er, der Geist Gottes (Jesus Christus), und in noch früherer Zeit Er, der mit Gott redete (Moses). Und wenn es Meine Sünde sein soll, dass Ich das Wort Gottes pries und Seine Sache verkündete, dann bin Ich in der Tat der größte Sünder! Eine solche Sünde will Ich nicht gegen die Reiche der Erde und des Himmels tauschen.«
Und weiter sagten Wir: »In dem Maß, wie sich Meine Leiden vervielfachten, wuchs Meine Liebe zu Gott und zu Seiner Sache. Alles, was von der Schar der Verstockten über Mich kam, hatte nicht die Macht, Mich von Meinem Ziel abzubringen. Auch wenn sie Mich in den Tiefen der Erde verborgen hielten, würden sie Mich doch hoch auf den Wolken reiten sehen, wie Ich zu Gott, dem Herrn der Kraft und der Macht, rufe. Ich habe Mich auf dem Pfade Gottes aufgeopfert, und in Meiner Liebe zu Ihm und zu Seinem Wohlgefallen sehne Ich Mich nach Leiden. Dafür zeugt das Leid, das Mich jetzt quält, eine Not, wie sie noch nie ein Mensch zu ertragen hatte. Jedes Haar auf Meinem Haupte ruft, was der Brennende Busch auf dem Berge Sinai sprach, und jede Ader Meines Körpers fleht zu Gott und spricht: ›O würde ich doch auf Deinem Pfade getötet, damit die Welt neu belebt und alle ihre Völker vereinigt werden!‹ So wurde es von Ihm, dem Allwissenden, dem Allkennenden, verfügt.
Sei dir bewusst, dass deine Untertanen Gottes Lehen an dich sind. Beschütze sie darum wie dein eigenes Selbst. Sieh dich vor, dass nicht Wölfe zu Hirten der Herde werden oder dass Stolz und Eitelkeit dich hindern, dich der Armen und Verlassenen anzunehmen. Erhebe dich in Meinem Namen am Horizont der Entsagung und richte sodann dein Angesicht auf das Königreich, wie es dein Herr, der Herr der Stärke und Macht, dir befiehlt.«
Und Wir fuhren fort: »Schmücke den Körper deines Reiches mit dem Gewande Meines Namens; alsdann mache dich auf, Meine Sache zu lehren. Dies ist besser für dich als alles, was du besitzest. Gott wird dadurch deinen Namen unter allen Königen erhöhen. Er ist über alle Dinge mächtig. Wandle unter den Menschen im Namen Gottes und in der Kraft Seiner Macht, damit du Seine Zeichen unter den Völkern auf Erden kundtust.«
Und weiter führten Wir aus: »Steht es euch zu, euch auf Ihn, den Gott der Barmherzigkeit, zu berufen, und doch Dinge zu tun, wie sie der Böse tut? Nein, bei der Schönheit Dessen, der der Allherrliche ist! Könntet ihr es nur begreifen! Reinigt euer Herz von der Liebe zur Welt, eure Zunge von Verleumdung, eure Glieder von allem, was euch abhält, näher zu Gott, dem Mächtigen, dem Allgepriesenen, zu gelangen. Sprich: Unter ›Welt‹ ist zu verstehen, was euch von Ihm, dem Dämmerungsort der Offenbarung, abhält und euch zu den Dingen verleitet, die euch Nachteil bringen. Wahrlich, was euch an diesem Tag von Gott fernhält, ist Weltlichkeit ihrem Wesen nach. Meidet sie und nähert euch dem Erhabensten Anblick, diesem leuchtenden und strahlenden Thron. Vergießt nicht das Blut anderer, o Menschen, und urteilt über niemanden ungerecht. Dies befiehlt euch der Wissende, der über alles unterrichtet ist. Wer Unordnung schafft im Lande, nachdem es wohl geordnet ist, überschreitet wahrlich die Grenzen, die im Buche gezogen sind. Elend ist in der Tat die Wohnstatt der Übertreter!«
Und ferner sagten Wir: »Geht nicht verräterisch mit der Habe eures Nächsten um. Seid auf dieser Erde vertrauenswürdig und enthaltet den Armen nicht vor, was Gott euch in Seiner Gnade gegeben hat. Er wird euch wahrlich das Doppelte dessen schenken, was ihr besitzt. Wahrlich, Er ist der Gütigste, der Freigebigste. O Volk Bahás! Bezwingt die Bollwerke der Menschenherzen mit den Schwertern der Weisheit und der Rede. Wer Wortstreit führt, wie es ihm seine Begierden eingeben, ist in der Tat in einen deutlichen Schleier gehüllt. Sprich: Das Schwert der Weisheit schneidet heißer als des Sommers Hitze, es ist schärfer als Klingen von Stahl – könntet ihr es doch verstehen. Zieht es in Meinem Namen und in der Kraft Meiner Macht, alsdann erobert damit die Städte der Herzen jener, welche sich in der Feste ihrer verderbten Lüste verschanzt halten. Dies befiehlt euch die Feder des Allherrlichen, während die Schwerter der Verstockten über ihr drohen. Bemerkt ihr die Sünde eines andern, verschweigt sie, damit Gott eure eigene Sünde verschweige. Wahrlich, Er ist der Verschwiegene, der Herr überströmender Gnade. O ihr Reichen auf Erden! Wenn ihr einem Armen begegnet, behandelt ihn nicht geringschätzig. Denkt daran, woraus ihr erschaffen wurdet. Aus einem winzigen Samen wurde jeder von euch erschaffen.«
Und weiter sagten Wir: »Betrachtet die Welt wie einen menschlichen Körper, der von verschiedenen Leiden befallen wurde und dessen Genesung davon abhängt, dass alle Elemente, aus denen er sich zusammensetzt, aufeinander abgestimmt werden. Haltet euch an das, was Wir für euch verordneten, und wandelt nicht auf den Wegen jener, die Zwietracht stiften. Sinnt nach über die Welt und den Zustand ihrer Völker. Er, um dessentwillen die Welt ins Sein gerufen wurde, ist in der trostlosesten aller Städte wegen der Untaten der Verstockten eingekerkert. Vom Horizont Seiner Gefängnisstadt (‘Akká) lädt Er die Menschheit zum Anbruch des Tages Gottes, des Erhabenen, des Großen. Frohlockst du über die Schätze, die du besitzest, wo du doch weißt, dass sie vergehen werden? Freust du dich darüber, dass du ein Stückchen Erde beherrschst, während die ganze Welt nach der Schätzung des Volkes Bahás soviel wert ist wie das Schwarze im Auge einer toten Ameise? Überlasse dies denen, die ihre Lust dareinsetzten, und wende dich Ihm, der Sehnsucht der Welt, zu. Wohin sind die Stolzen und ihre Paläste gekommen? Blicke in ihre Gräber, damit du an diesem Beispiel lernst, denn Wir machten dies zur Lehre für jeden Betrachter. Würde der Windhauch der Offenbarung dich erfassen, du würdest die Welt fliehen, würdest dich dem Reiche Gottes zuwenden und alles hingeben, was du besitzest, um dieser erhabenen Schau nahezukommen.«
Wir baten einen Christen, dieses Tablet zu befördern, und er teilte Uns mit, dass er das Original und die Übersetzung zugestellt habe. Gott, der Allmächtige, der Allwissende, hat Kenntnis von allen Dingen.
Einer der Abschnitte der Súratu’l-Haykal ist das Tablet, das an Seine Majestät den Zaren von Russland – möge Gott, gepriesen und verherrlicht sei Er, ihm beistehen – gerichtet wurde:
»O Zar von Russland! Neige dein Ohr der Stimme Gottes, des Königs, des Heiligen, und wende dich dem Paradiese zu, der Stätte, wo Er wohnt, der unter den himmlischen Scharen die erhabensten Titel trägt und im Reiche der Schöpfung mit den Namen Gottes ›der Strahlende‹, ›der Allherrliche‹ angerufen wird. Hüte dich, dass nichts dich hindere, dein Angesicht deinem Herrn, dem Mitleidvollen, dem Barmherzigsten, zuzuwenden. Wir haben vernommen, worum du deinen Herrn in heimlicher Zwiesprache angefleht hast. Darum wehten die Winde Meiner Güte und wogte das Meer Meiner Barmherzigkeit, und Wir antworteten dir in Wahrheit. Dein Herr ist wahrlich der Allwissende, der Allweise. Als Ich gefesselt und angekettet im Kerker von Ṭihrán lag, gewährte Mir einer deiner Minister Beistand. Deshalb hat Gott einen Rang für dich verordnet, welchen keine Erkenntnis begreifen kann, ausgenommen Seine Erkenntnis. Hüte dich, diesen erhabenen Rang zu verschachern.«
Und weiter sagten Wir: »Er, der Vater, ist gekommen, und der Sohn (Jesus Christus) im geheiligten Tal ruft aus: ›Hier bin ich, hier bin ich, o Herr, mein Gott!‹, während der Sinai das Haus umkreist und der Brennende Busch laut ausruft: ›Der Allgütige ist, auf den Wolken thronend, gekommen! Glückselig ist, wer sich Ihm nähert, und wehe denen, die weit in der Ferne sind.‹
Erhebe dich inmitten der Menschen im Namen dieser allbezwingenden Sache, und rufe sodann die Nationen zusammen zu Gott, dem Erhabenen, dem Großen. Gehöre nicht zu denen, die Gott bei einem Seiner Namen angerufen haben, die aber, als Er, der Gegenstand aller Namen, erschien, Ihn verleugneten und sich von Ihm abwandten und schließlich das Urteil gegen Ihn mit offenbarer Ungerechtigkeit fällten. Bedenke dies und rufe dir die Tage ins Gedächtnis zurück, da der Geist Gottes (Jesus Christus) erschien und Herodes das Urteil über Ihn sprach. Gott aber half Ihm mit den unsichtbaren Heerscharen, beschützte Ihn mit der Wahrheit und sandte Ihn nach Seiner Verheißung in ein anderes Land. Wahrlich, Er verordnet, was Ihm gefällt. Dein Herr behütet sicher, wen Er will, und sei er auch in der Mitte der Meere oder im Bauch der Schlange oder unter dem Schwerte des Tyrannen.«
Und Wir fuhren fort: »Wiederum sage Ich: Höre auf Meine Stimme, die aus Meinem Gefängnis ruft, dass sie dir künde, was Meiner Schönheit von der Hand derer widerfahren ist, die die Offenbarungen Meiner Herrlichkeit sind, und damit du verstehst, wie groß Meine Geduld, ungeachtet Meiner Macht, gewesen ist, und wie unermesslich Meine Nachsicht, ungeachtet Meiner Gewalt. Bei Meinem Leben! Könntest du die durch Meine Feder herabgesandten Dinge erkennen, die Reichtümer Meiner Sache entdecken und die Perlen Meiner Geheimnisse sehen, welche in den Meeren Meiner Namen und in den Kelchen Meiner Worte verborgen sind, du würdest aus Sehnsucht nach Seinem herrlichen und erhabenen Reich dein Leben auf dem Pfade Gottes hingeben. Wisse, dass, wenn auch Mein Leib unter den Schwertern Meiner Feinde liegt und Meine Glieder von unermesslichen Leiden befallen sind, Mein Geist doch von einer Freude erfüllt ist, mit der alle Freuden der Erde nimmermehr verglichen werden können.«
Weiter führen Wir auch noch einige Verse aus dem Tablet an Ihre Majestät die Königin (Viktoria) an – möge Gott, gepriesen und verherrlicht sei Er, ihr beistehen. Unsere Absicht ist, der Hauch der Offenbarung möge dich umfangen und bewirken, dass du dich, völlig um Gottes Willen, erhebst, Seiner Sache zu dienen und eines der Tablets an die Könige zu bestellen, das bisher noch nicht befördert wurde. Dies ist eine große Aufgabe und ein großer Dienst. In jenen Landstrichen gibt es zahlreiche hervorragende Geistliche, unter ihnen Siyyids, die für ihren hohen Rang und ihre Würde bekannt sind. Besprich dich mit ihnen und zeige ihnen, was aus der Feder der Herrlichkeit geflossen ist, auf dass ihnen gnädig geholfen werde, den Zustand der Welt zu bessern und den Charakter der Menschen verschiedenartiger Nationen zu veredeln; auf dass sie ferner mit den Lebenswassern der Ratschläge Gottes den Hass und die Feindseligkeit ersticken, die in den Herzen der Menschen verborgen schwelen. Wir beten zu Gott, es möge dir dabei geholfen werden, und dies wäre wahrlich nicht schwer für Ihn.
»O Königin in London! Neige dein Ohr der Stimme deines Herrn, des Herrn des ganzen Menschengeschlechts, die vom Göttlichen Lotosbaum ruft: Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem Allmächtigen, dem Allweisen! Wirf alles, was auf Erden ist, hinweg und schmücke das Haupt deines Königreichs mit der Krone des Gedenkens deines Herrn, des Glorreichen. Er, wahrlich, kam in Seiner größten Herrlichkeit in die Welt, und alles, was im Evangelium verkündet wurde, hat sich erfüllt. Das Land Syrien wurde durch die Fußspuren seines Herrn, des Herrn aller Menschen, geehrt, und Nord und Süd sind vom Wein Seiner Gegenwart trunken. Gesegnet ist der Mensch, der den Duft des Barmherzigsten einatmet und sich dem Aufgangsort Seiner Schönheit an diesem strahlenden Morgen zuwendet. Die Moschee von Aqṣá schwingt im Lufthauch ihres Herrn, des Allherrlichen, während Baṭḥá. (Mekka) vor der Stimme Gottes, des Erhabenen, des Höchsten, erzittert. So feiert jeder Stein von ihnen den Lobpreis des Herrn durch diesen Großen Namen.«
Und weiter sagten Wir: »Wir erwähnen dich um Gottes willen und wünschen, dass dein Name durch dein Gedenken an Gott, den Schöpfer von Erde und Himmel, erhöht werde. Er, wahrlich, ist Zeuge dessen, was Ich sage. Wir haben erfahren, dass du den Handel mit Sklaven, Männern sowohl wie Frauen, verboten hast. Wahrlich, dies ist, was Gott in dieser wundervollen Offenbarung zur Pflicht gemacht hat. Gott hat dir dafür eine Belohnung bestimmt. Er wird in der Tat dem, der Gutes tut, ganz gleich ob Mann oder Frau, den schuldigen Lohn zahlen – möchtest du doch dem folgen, was dir durch Ihn, den Allwissenden, den alles Durchschauenden, gesandt wurde. Was aber den betrifft, der sich abwendet und sich vor Stolz bläht, nachdem ihm klare Beweise durch den Offenbarer der Zeichen gegeben wurden, dessen Werk wird Gott zunichte machen. Er, wahrlich, hat Gewalt über alle Dinge. Des Menschen Taten können angenommen werden, nachdem er (die Manifestation) anerkannt hat. Wer sich von dem Einen Wahren abwendet, ist in der Tat unter Seinen Geschöpfen am stärksten in Schleier gehüllt. So ist es durch Ihn, den Allmächtigen, den Gewaltigsten, bestimmt worden.
Wir haben auch gehört, dass du die Zügel der Beratung den Händen der Volksvertreter anvertraut hast. Du hast fürwahr gut getan, denn dadurch werden die Grundmauern des Baus deiner Staatsgeschäfte gekräftigt und die Herzen aller, die unter deinem Schatten sind, ob hoch oder niedrig, beruhigt werden. Es geziemt ihnen, vertrauenswürdig unter Seinen Dienern zu sein und sich als die Vertreter aller Menschen auf Erden zu betrachten. Dies rät ihnen mit diesem Tablet der Herrscher, der Allweise. Und jeder von ihnen möge, wenn er sich in die Ratsversammlung begibt, seine Augen auf den Höchsten Horizont richten und sprechen: ›O mein Gott! Ich bitte Dich bei Deinem herrlichsten Namen, hilf mir in dem, was den Angelegenheiten Deiner Diener gutes Gelingen bringt und Deine Städte blühen lässt. Du hast wahrlich Macht über alle Dinge!‹ Gesegnet ist, wer in eine solche Versammlung um Gottes willen geht und mit lauterer Gerechtigkeit zwischen den Menschen entscheidet. Er gehört fürwahr zu den Glückseligen.
O ihr Mitglieder der Volksvertretungen in jenem Land und in anderen Ländern! Beratet miteinander und befasst euch nur mit dem, was der Menschheit nützt und ihre Lage bessert – gehörtet ihr doch zu denen, die sorgfältig prüfen! Betrachtet die Welt wie einen menschlichen Körper, der – obwohl gesund und vollkommen erschaffen – aus vielerlei Gründen von schweren Störungen und Krankheiten befallen wurde. Kein Tag brachte ihm Erleichterung, nein, immer schlimmer wurde seine Krankheit, weil er unwissenden Ärzten in die Hände fiel, die nur ihren eigenen Interessen folgten und sich tief irrten. Und wenn einmal dank der Fürsorge eines befähigten Arztes ein Glied geheilt wurde, blieben doch die Leiden des übrigen Körpers unverändert. Also belehrt euch der Allwissende, der Allweise. An diesem Tag sehen Wir die Menschheit Herrschern ausgeliefert, die so vor Hochmut trunken sind, dass sie nicht einmal ihren eigenen Vorteil klar erkennen, geschweige denn eine Offenbarung, die so umwälzend und herausfordernd ist wie diese.«
Und weiter führten Wir aus: »Was Gott als das beste Heilmittel und mächtigste Werkzeug für die Heilung der Welt verordnet hat, ist die Vereinigung aller ihrer Völker in einer umfassenden Sache, einem gemeinsamen Glauben. Dies kann auf keine andere Weise erreicht werden als durch die Kraft eines geschickten, allmächtigen und inspirierten Arztes. Bei Meinem Leben! Dies ist die Wahrheit, und alles andere ist barer Irrtum. Jedes Mal, wenn dieses Mächtigste Werkzeug erschien, wenn dieses Licht an dem Altehrwürdigen Aufgangsort erstrahlte, wurde es von unwissenden Ärzten behindert, die sich wie Wolken zwischen Ihn und die Welt schoben. Die Welt konnte daher nicht genesen, und ihre Krankheit dauerte fort bis auf den heutigen Tag. Unfähig waren sie in der Tat, die Welt zu schützen oder eine Heilung zu bewirken, während Er, die Offenbarung der Macht unter den Menschen, durch das Tun dieser unwissenden Ärzte gehindert wurde, Seine Absicht zu verwirklichen.
Bedenke diese Tage, da Er, die Altehrwürdige Schönheit, unter dem Größten Namen kam, um die Welt neu zu beleben und ihre Völker zu vereinen. Sie jedoch erhoben sich mit geschärften Schwertern gegen Ihn und verübten, was den Geist des Glaubens klagen ließ, bis sie Ihn schließlich in der trostlosesten aller Städte einkerkerten und den Gläubigen die Hand vom Saum Seines Gewandes fortrissen. Sagte jemand zu ihnen: ›Der Welterneuerer ist gekommen‹, so antworteten sie: ›Fürwahr, es ist bewiesen, dass Er nur Zwietracht stiftet!‹ – und dies, obwohl sie nie mit Ihm verkehrten und wussten, dass Er sich selbst keinen Augenblick lang zu schützen suchte. Zu jeder Stunde war Er der Gnade der Übeltäter ausgeliefert. Einmal warfen sie Ihn ins Gefängnis, ein andermal verbannten sie Ihn, und schließlich trieben sie Ihn von Land zu Land. So haben sie den Stab über Uns gebrochen, und Gott, wahrlich, weiß, was Ich sage.«
Die Anklage, Zwietracht gestiftet zu haben, legten seinerzeit bereits die Pharaonen Ägyptens Dem zur Last, der mit Gott Zwiesprache hielt (Moses). Lies nach, was der Allbarmherzige im Qur’án offenbarte. Er – gesegnet und verherrlicht sei Er – spricht: »Überdies sandten Wir vor Zeiten Moses mit Unseren Zeichen und mit deutlicher Macht zu Pharao, zu Hamán und Qárún. Und sie riefen: ›Zauberer, Betrüger!‹ Und als Er aus Unserer Gegenwart mit der Wahrheit zu ihnen trat, sagten sie: ›Erschlagt die Söhne derer, die wie Er glauben, und lasst nur ihre Frauen und Töchter am Leben!‹ Doch der Plan der Ungläubigen endete in einem Fehlschlag. Pharao sagte: ›Lasst mich allein, auf dass ich Moses töte; lasst Ihn Seinen Herrn anrufen. Ich fürchte, Er ändert eure Religion oder schafft Unordnung im Lande.‹ Und Moses sagte: ›Ich nehme Zuflucht bei Meinem Herrn und eurem Herrn vor jedem Hochmütigen, der nicht an den Tag der Abrechnung glaubt.‹«
Zu allen Zeiten haben die Menschen jeden Welterneuerer als Zwietrachtstifter angesehen und von Ihm in Ausdrücken gesprochen, die jedermann bekannt sind. So oft die Sonne göttlicher Offenbarung ihren Glanz vom Himmel des Willens Gottes erstrahlen ließ, verleugnete Ihn eine große Zahl von Menschen, andere wandten sich von Ihm ab, wieder andere verleumdeten Ihn und hielten dadurch die Diener Gottes vom Strom der liebenden Vorsehung Dessen zurück, der der König der Schöpfung ist. In gleicher Weise redeten und reden an diesem Tage jene, die mit diesem Unterdrückten weder zusammenkamen noch sich Ihm anschlossen, wie du es gehört hast und immer noch hörst. Sprich: »O Volk! Die Sonne des Wortes strahlt an diesem Tage vom Horizont der Großmut, und der Glanz der Offenbarung Dessen, der auf dem Sinai sprach, leuchtet und strahlt allen Religionen voran. Reinigt und heiligt Brust und Herz, Ohr und Auge mit dem Lebenswasser der Worte des Allbarmherzigen und hebt alsdann euer Angesicht zu Ihm auf. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Ihr werdet alle Dinge verkünden hören: ›Wahrlich, Er, der Eine Wahre, ist gekommen. Gesegnet sind, die redlich urteilen, und gesegnet, die sich Ihm zuwenden!‹«
Unter den Dingen, die man dem Göttlichen Lotosbaum (Moses) zur Last legte, sind Anklagen, die so unwahr sind, dass dies jeder gebildete Mensch mit Urteilsvermögen, jedes weise und verständnisvolle Herz bezeugen kann.

Sicherlich hast du die Verse gelesen und bedacht, die über Ihn, der mit Gott sprach, herniedergesandt wurden.

Er – gesegnet und verherrlicht sei Er – spricht:

»Er sagte: ›Haben wir Dich nicht unter uns aufgezogen, als Du ein Kind warst?

Und hast Du nicht Jahre Deines Lebens unter uns verbracht?

Und doch, was für eine Tat hast Du vollbracht!

Du bist einer der Undankbaren.‹ Er sagte: ›Es war wirklich so, und Ich war Einer von denen, die irrten.

Und Ich floh vor euch, weil Ich euch fürchtete; aber Mein Herr hat Mir Weisheit gegeben und hat Mich zu einem Seiner Sendboten gemacht.‹« Und an anderer Stelle spricht Er – gesegnet und verherrlicht sei Er:

»Und Er betrat eine Stadt zu einer Zeit, da die Einwohner Seiner nicht achteten, und fand darin zwei Männer, die miteinander kämpften; der eine war aus Seinem eigenen Volk, der andere aus dem Seiner Feinde.

Und der, welcher zu Seinem Volke gehörte, bat Ihn um Hilfe gegen den, welcher von Seinen Feinden war.

Und Moses schlug ihn mit Seiner Faust und tötete ihn.

Da sagte Er: ›Dies ist ein Werk des Teufels; denn er ist ein Feind, ein offenbarer Verführer.‹ Da sagte Er: ›O mein Herr!

Ich habe zu meinem eigenen Schaden gesündigt; vergib mir.‹ Und Gott vergab Ihm, denn Er ist der Vergebende, der Barmherzige.

Er sprach: ›Herr!

Da Du mir diese Gnade erwiesen hast, will ich nie wieder den Gottlosen helfen.‹ Und in der Stadt war Er am Mittag voll Furcht und warf verstohlene Blicke um sich.

Und siehe da, der Mann, dem Er tags zuvor geholfen hatte, rief Ihn nochmals um Hilfe an.

Da sagte Moses zu ihm: ›Du bist offensichtlich ein ganz verkommener Mensch.‹ Und als Er gewaltsam Hand an ihn legen wollte, der ihr gemeinsamer Feind war, sagte der zu Ihm: ›O Moses!

Willst Du mich erschlagen, wie Du gestern einen erschlugst?

Du willst nur ein Tyrann in diesem Lande werden, Du hast nicht den Wunsch, Frieden zu schaffen.‹« Deine Ohren und Augen müssen nun gereinigt und geheiligt werden, damit du imstande bist, redlich und gerecht zu urteilen.

Zu allem hin war es Moses selbst, der Sein Unrecht und Seinen Eigensinn bekannte und bezeugte, dass Ihn Furcht befallen und dass Er übel gehandelt hatte und geflohen war.

Er bat Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, Ihm zu vergeben, und es wurde Ihm vergeben.
O Shaykh!

Sooft sich Gott, der Wahre – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – in der Person Seiner Manifestation offenbarte, trat Er unter die Menschen mit dem Banner des »Er tut, was Er will, und Er bestimmt, was Ihm gefällt«.

Niemand hat das Recht, nach dem Warum und Weshalb zu fragen; wer dies tut, hat sich in der Tat von Gott, dem Herrn der Herren, abgewandt.

In den Tagen einer jeden Manifestation treffen diese Dinge ein und sind offenkundig.

Auch über diesen Unterdrückten hat man Dinge gesagt, von denen jene, die Gott nahe und Ihm ergeben sind, heute wie ehedem bezeugen, dass sie falsch sind.

Bei der Gerechtigkeit Gottes!

Der Saum Seines Gewandes ist und bleibt unbefleckt, auch wenn sich heutzutage noch so viele vorgenommen haben, ihn mit ihren lügnerischen und unziemlichen Verleumdungen zu beschmutzen.

Gott aber weiß, und sie wissen nichts.

Er, der sich mit Gottes Macht und Stärke angesichts aller Völker auf Erden erhob und die Massen vor den Erhabensten Horizont lud, wurde von ihnen verworfen; stattdessen haben sie sich an solche Menschen geklammert, die sich ständig hinter Schleiern und Hüllen versteckt hielten und um ihre eigene Sicherheit besorgt waren.

Auch sind jetzt viele emsig dabei, Lügen und Verleumdungen auszustreuen; sie haben keine andere Absicht, als Misstrauen in die Herzen und Seelen der Menschen zu säen.

Sobald jemand die Große Stadt (Konstantinopel) verlässt, um dieses Land zu besuchen, telegraphieren sie schnell und behaupten, er habe Geld gestohlen und sei nach ‘Akká geflohen.

Ein hochgebildeter, gelehrter und vornehmer Mann besuchte an seinem Lebensabend das Heilige Land, um Ruhe und Frieden zu suchen, und über ihn hat man Dinge geschrieben, welche jene, die Gott ergeben und Ihm nahe sind, seufzen ließ.
Seine Exzellenz, der verstorbene Mírzá Ḥusayn Khán, Mushíru’d-Dawlih – möge Gott ihm vergeben –, hatte diesen Unterdrückten gekannt. Zweifelsohne muss er den Behörden einen eingehenden Bericht über die Ankunft dieses Unterdrückten an der Hohen Pforte und von allem, was Er sagte und tat, gegeben haben. Am Tage Unserer Ankunft besuchte Uns der Regierungsbeamte, dessen Amt es war, offizielle Besucher zu empfangen und zu bewirten, und er geleitete Uns an den Ort, an den er Uns befehlsgemäß zu bringen hatte. In der Tat hat die Regierung uns Unterdrückten freundliche Beachtung geschenkt. Am nächsten Tag kam Prinz Shujá‘u’d-Dawlih, um Uns zu besuchen, wobei er von Mírzá Ṣafá begleitet wurde; er kam als Vertreter des verstorbenen Mushíru’d-Dawlih, des (am kaiserlichen Hof akkreditierten) Gesandten. Andere, darunter mehrere Minister der kaiserlichen Regierung und der inzwischen verstorbene Kamál Páshá, sprachen ebenfalls bei Uns vor. Ganz im Vertrauen auf Gott und ohne Hinweis auf irgendein Bedürfnis, das Er hätte haben können, oder auf irgend etwas anderes weilte dieser Unterdrückte vier Monate lang in jener Stadt. Seine Handlungen waren allen bekannt und offenkundig, und niemand kann sie leugnen, ausgenommen jene, die Ihn hassen und nicht die Wahrheit sprechen. Wer Gott anerkannt hat, anerkennt keinen anderen außer Ihm. Wir haben nie gern von solchen Dingen gesprochen und möchten es auch jetzt nicht.
Sooft hohe Würdenträger aus Persien in jene Stadt (Konstantinopel) kamen, bemühten sie sich bis zum äußersten und indem sie an jeder Tür vorsprachen, Gelder und Geschenke zu bekommen, so viele sie nur erhalten konnten.

Selbst wenn dieser Unterdrückte nichts tat, was Persien zum Ruhm gereichte, hat Er doch in einer Weise gehandelt, die Seinem Land keine Schande brachte.

Was die verstorbene Exzellenz (Mushíru’d-Dawlih) tat – möge Gott seine Stufe erhöhen –, entsprang nicht seiner Freundschaft zu diesem Unterdrückten; es hatte seinen Grund vielmehr in seinem eigenen klugen Urteil und in seinem Wunsch, den Dienst zu Ende zu führen, den er insgeheim seiner Regierung zu leisten gedachte.

Ich bezeuge, dass er im Dienst für seine Regierung so gewissenhaft war, dass in seinem Amtsbereich Unehrlichkeit keine Rolle spielte und mit Verachtung gestraft wurde.

Er war für die Ankunft dieser Unterdrückten im Größten Gefängnis (‘Akká) verantwortlich.

Weil er aber in der Erfüllung seiner Pflicht gewissenhaft war, verdient er Unser Lob.

Dieser Unterdrückte war zu allen Zeiten bestrebt und bemüht, die Interessen sowohl der Regierung wie auch des Volkes zu veredeln und zu fördern, nicht aber Seine eigene Stufe zu erhöhen.

Eine Anzahl Menschen hat nunmehr andere um sich geschart, und sie haben sich aufgemacht, diesen Unterdrückten zu entehren.

Dennoch flehe Ich zu Gott – geheiligt und verherrlicht sei Er –, Er möge ihnen helfen, zu Ihm zurückzufinden, und möge ihnen beistehen, das von ihnen Begangene wiedergutzumachen und vor dem Tor Seiner Großmut zu bereuen.

Wahrlich, Er ist der Vergebende, der Barmherzige.
O Shaykh! Wahrlich, Meine Feder klagt um Mein eigenes Selbst, und Mein Tablet weint bitterlich über das, was Mir von den Händen jenes Menschen (Mírzá Yaḥyá) zugefügt wurde, den Wir lange Jahre beschützt haben und der Tag und Nacht in Meiner Gegenwart diente, bis er von einem Meiner Diener namens Siyyid Muḥammad zum Irrtum verführt wurde. Dies bezeugen Meine gläubigen Diener, die Mich auf Meinem Verbannungsweg von Baghdád bis hierher in dieses Größte Gefängnis begleitet haben. Und hier widerfuhr Mir von der Hand dieser beiden, was jeden Verständnisvollen aufschreien, jeden Einsichtsvollen laut jammern und die Tränen der ehrlich Gesinnten fließen ließ.
Wir bitten Gott, Er möge denen gnädig beistehen, die verführt wurden, dass sie gerecht und unparteiisch werden, und möge sie erkennen lassen, worin sie achtlos waren. Wahrlich, Er ist der Allgütige, der Großmütigste. O mein Herr, schließe Deine Diener nicht aus vor dem Tor Deiner Gnade, und vertreibe sie nicht vom Hofe Deiner Gegenwart. Hilf ihnen, die Nebel eitler Wahngebilde zu zerstreuen und die Schleier leerer Einbildungen und Hoffnungen auseinanderzureißen. Du bist wahrlich der Allbesitzende, der Höchste. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Allmächtigen, dem Gnadenvollen.
Ich schwöre bei der Sonne des Zeugnisses Gottes, die vom Horizont der Gewissheit strahlt! Tag und Nacht beschäftigte sich dieser Unterdrückte mit dem, was die Seelen der Menschen bessern kann, bis das Licht der Erkenntnis den Sieg über die Finsternis der Unwissenheit davontrug.
O Shaykh!

Immer wieder habe Ich erklärt und versichere es jetzt erneut, dass Wir vierzig Jahre lang durch die Gnade Gottes und durch Seinen unwiderstehlichen, machtvollen Willen Seiner Majestät dem Sháh – möge Gott ihm beistehen – solche Hilfe angedeihen ließen, dass es alle, die Gerechtigkeit und Billigkeit in sich verkörpern, als unbestreitbare Tatsache ansehen.

Keiner kann dies leugnen, er wäre denn ein Übeltäter und Sünder oder einer, der Uns hasst oder Unsere Wahrheit anzweifelt.

Wie seltsam ist es doch, dass bis heute die Staatsminister und die Volksvertreter gleichermaßen dieses offensichtlichen, unleugbaren Dienstes nicht gewahr wurden; und wenn sie darauf aufmerksam gemacht wurden, haben sie es aus eigennützigen Beweggründen vorgezogen, diesen Dienst zu übersehen.

Vor diesen vierzig Jahren herrschten ständig Streitigkeiten und Auseinandersetzungen, die die Diener Gottes beunruhigten.

Aber seither haben sie sich alle, mit dem Beistand der Heerscharen der Weisheit und des Wortes, der Ermahnungen und des Verständnisses, fest an das starke Seil der Geduld und an den leuchtenden Saum der Seelenstärke gehalten – so sehr, dass diese unterdrückten Menschen standhaft alles ertrugen, was ihnen angetan wurde, und alles Gott anheimstellten, obwohl in Mázindarán und in Rasht eine große Zahl von ihnen auf die grässlichste Weise gequält wurde.

Unter diesen war der ehrenwerte Ḥájí Naṣír, unzweifelhaft ein strahlendes Licht, das am Himmel der Entsagung leuchtete.

Als er den Märtyrertod erlitten hatte, rissen sie ihm die Augen aus, schnitten ihm die Nase ab und fügten ihm solche Schmach zu, dass unbeteiligte Fremde weinten und klagten und im Geheimen Mittel zur Unterstützung seiner Frau und seiner Kinder sammelten.
O Shaykh! Meine Feder schämt sich, das wiederzugeben, was tatsächlich vorgekommen ist. Im Lande Ṣád (Iṣfahán) brannte das Feuer der Tyrannei mit so heißer Flamme, dass jeder redlich Gesinnte laut jammerte. Bei deinem Leben! Die Städte der Erkenntnis und des Verstehens weinten so sehr, dass die Seelen der Frommen und Gottesfürchtigen dahinschmolzen. Die strahlenden Zwillingsleuchten Ḥasan und Ḥusayn (der »König der Märtyrer« und der »Geliebte der Märtyrer«) opferten in jener Stadt aus freien Stücken ihr Leben. Reichtum, Glück und Ruhm konnten sie nicht abhalten. Gott weiß, was ihnen widerfuhr, und doch sind sich dessen die Menschen zum großen Teil nicht bewusst.
Vor ihnen tranken voll Inbrunst und Sehnsucht ein Mann namens Káẓim und seine Gefährten den Kelch des Martyriums, nach ihnen der ehrenwerte Ashraf; sie alle eilten zu ihrem Erhabensten Gefährten. Desgleichen wurden zur Zeit des Sardár ‘Azíz Khán, dieses Gottesfürchtigen, Mírzá Muṣṭafá und jene, die mit ihm gemartert wurden, gefangengesetzt und zu dem Höchsten Freund im Allherrlichen Himmel gesandt. Kurz, in jeder Stadt waren die Beweise einer Tyrannei ohnegleichen unmissverständlich klar und offenbar, und doch griff keiner von ihnen zur Selbstverteidigung. Rufe dir den ehrenwerten Badí‘ ins Gedächtnis, den Überbringer des Tablets an Seine Majestät den Sháh, und denke darüber nach, wie er sein Leben hingab. Dieser Ritter sprengte auf seinem Schlachtross in die Kampfbahn der Entsagung und warf die kostbare Krone des Lebens von sich, Dem zuliebe, der der unvergleichliche Freund ist.
O Shaykh! Wenn Dinge wie diese bestritten werden sollen, was ist dann noch wert, geglaubt zu werden? Gib Gott zuliebe der Wahrheit die Ehre und gehöre nicht zu denen, die schweigen. Man verhaftete den ehrenwerten Najaf-‘Alí, und er eilte mit Entzücken und großer Sehnsucht auf das Feld des Martyriums und sprach: »Wir bewahren uns beides, Bahá und das Khún-Bahá (Blutgeld)!« Mit diesen Worten gab er seinen Geist auf. Denke nach über den herrlichen Glanz, den das Licht der Entsagung aus der Herzenskammer des Mullá ‘Alí-Ján ergoss. Er war vom Hauch des Erhabensten Wortes und von der Macht der Feder der Herrlichkeit so hingerissen, dass für ihn das Feld des Märtyrertodes allen Stätten irdischen Glücks gleichkam, nein, diese bei weitem übertraf. Sinne über das Verhalten von Abá-Baṣír und Siyyid Ashraf-i-Zanjání nach. Man ließ die Mutter Ashrafs holen, damit sie ihn von seinem Vorsatz abbringe. Aber sie spornte ihn noch an, bis er den erhabensten Märtyrertod starb.
O Shaykh! Dieses Volk ließ die Meerenge der Namen hinter sich und schlug seine Zelte an den Ufern der See der Entsagung auf. Eine Myriade Leben hätten sie willig hingegeben, statt das Wort zu sprechen, das ihre Feinde hören wollten. Sie hielten sich fest an das, was Gott gefällt, völlig frei und losgelöst von allem, was den Menschen zugehört. Lieber ließen sie sich das Haupt abschlagen, als dass sie ein unpassendes Wort geäußert hätten. Bewege dies in deinem Herzen. Mich dünkt, sie haben sich aus dem Meer der Entsagung sattgetrunken. Das Leben dieser Welt konnte sie nicht davon abhalten, den Märtyrertod auf dem Pfade Gottes auf sich zu nehmen.
In Mázindarán wurde eine sehr große Zahl von Dienern Gottes umgebracht. Unter dem Einfluss von Verleumdern raubte der Gouverneur einem großen Teil von ihnen alles, was sie besaßen. Unter anderem warf er ihnen vor, sie hätten Waffen angesammelt; aber die Untersuchung ergab, dass sie nur ein ungeladenes Gewehr besaßen. Gnädiger Gott! Dieses Volk braucht keine Vernichtungswaffen, denn es rüstet sich, die Welt neu zu gestalten. Seine Heerscharen sind gute Taten, seine Waffen aufrechtes Betragen, und sein Befehlshaber ist die Gottesfurcht. Gesegnet ist, wer gerecht urteilt. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Geduld, Friedfertigkeit, Ergebenheit und Zufriedenheit dieser Menschen waren so groß, dass sie zu Vorbildern der Gerechtigkeit wurden, und ihre Nachsicht war so umfassend, dass sie sich lieber töten ließen als selbst zu töten, und dies, obwohl sie, von aller Welt unterdrückt, Leiden ertragen mussten, wie sie die Geschichte nicht verzeichnete noch die Augen irgendeines Volkes jemals schauten. Was kann sie dazu geführt haben, sich in so schwere Prüfungen zu finden und es abzulehnen, eine Hand zur Abwehr zu erheben? Was kann solche Ergebenheit und Gelassenheit bewirkt haben? Die wahre Ursache liegt in dem Verbot, das die Feder der Herrlichkeit Tag und Nacht aussprach, und darin, dass Wir die Zügel der Autorität ergriffen, vermöge der Kraft und Macht des Herrn der ganzen Menschheit.
Erinnere dich des Vaters von Badí‘. Man kerkerte diesen Unterdrückten ein und befahl ihm, seinen Glauben zu verfluchen und zu schmähen. Er jedoch wählte durch die Gnade Gottes und die Barmherzigkeit seines Herrn den Märtyrertod und erlangte ihn auch. Wolltest du die Märtyrer auf dem Pfade Gottes zusammenrechnen, du könntest sie nicht zählen. Denke an den ehrenwerten Siyyid Ismá‘íl – mit ihm seien der Friede Gottes und Seine Güte –, wie er vor Tagesanbruch mit seinem eigenen Turban die Schwelle Meines Hauses abzustauben pflegte, bis er schließlich, am Ufer des Flusses stehend und seine Augen auf dieses Haus gerichtet, mit eigener Hand sein Leben opferte.
Sinne nach über den durchdringenden Einfluss des Wortes Gottes. Jeder einzelnen dieser Seelen wurde zuerst befohlen, ihren Glauben zu lästern und zu verfluchen, aber keine fand sich, die ihren eigenen Willen dem Willen Gottes vorgezogen hätte.
O Shaykh! In früheren Zeiten war es nur einer, der dazu ausersehen wurde, erschlagen zu werden, nun aber hat dieser Unterdrückte dir vor Augen geführt, was jeden redlich gesinnten Menschen staunen lässt. Urteile gerecht, Ich beschwöre dich, und mache dich auf, deinem Herrn zu dienen. Er, wahrlich, wird dich mit einem Lohn bedenken, den weder die Schätze der Erde noch alle Besitztümer der Könige und Herrscher aufwiegen können. In allen deinen Angelegenheiten setze dein Vertrauen auf Gott und stelle sie Ihm anheim. Er wird dir großen Lohn gewähren, wie es im Buche verordnet ist. Befasse dich während dieser flüchtigen Tage deines Lebens mit solchen Taten, die den Duft göttlichen Wohlgefallens atmen und den Schmuck tragen, von Ihm angenommen zu sein. Die Handlungen des ehrenwerten Balál, des Äthiopiers, waren so angenehm in den Augen Gottes, dass das ›sín‹ seiner stammelnden Zunge mehr war als das ›shín‹, das die ganze Welt sprach. Dies ist der Tag, an dem alle Völker das Licht der Einheit und Eintracht verbreiten sollten. Aber, kurz gesagt, Stolz und Eitelkeit gewisser Völker auf Erden haben das wahre Verständnis zerstört und das Heim der Gerechtigkeit und Billigkeit verwüstet.
O Shaykh! Was über diesen Unterdrückten kam, übersteigt jedes Bild und jeden Vergleich. Alles haben Wir mit äußerster Willigkeit und Ergebenheit ertragen, damit die Seelen der Menschen erbaut und das Wort Gottes verherrlicht werden. Während Wir im Gefängnis des Landes Mím (Mázindarán) eingekerkert waren, wurden Wir eines Tages den Geistlichen ausgeliefert. Du kannst dir gewiss vorstellen, was Uns zustieß. Falls du einmal das Verlies Seiner Majestät des Sháhs besuchst, bitte den Leiter und ersten Aufseher, dir die beiden Ketten zu zeigen, die Qara-Guhar und Salásil heißen. Bei der Sonne der Gerechtigkeit schwöre Ich, dass dieser Unterdrückte vier Monate lang mit der einen oder anderen dieser beiden Ketten gefoltert und gefesselt wurde. »Mein Leid übertraf alle Leiden, denen Jakob ausgesetzt war, und alle Not Hiobs war nur ein Teil Meines Kummers!«
Denke auch nach über das Martyrium des Ḥájí Muḥammad-Riḍá in der Stadt der Liebe (‘Ishqábád). Die Tyrannen auf Erden haben diesen Gepeinigten solchen Leiden unterworfen, dass viele Fremde darüber weinten und klagten; denn wie berichtet und bezeugt wird, wurden seinem gesegneten Körper nicht weniger als zweiunddreißig Wunden beigebracht. Dennoch übertrat keiner der Gläubigen Mein Gebot und erhob die Hand zum Widerstand. Komme, was wolle, sie wehrten ihrer Neigung, das zu übertreten, was im Buche befohlen ist, obwohl eine beträchtliche Zahl dieses Volkes in jener Stadt wohnte und heute noch dort ist.
Wir bitten Seine Majestät den Sháh dringend – möge Gott, geheiligt und verherrlicht sei Er, ihm beistehen –, selbst über diese Dinge nachzudenken und mit Billigkeit und Gerechtigkeit zu urteilen. Obwohl während der letzten Jahre etliche Gläubige in fast allen Städten Persiens lieber den Tod erduldeten, als selbst zu töten, loderte doch der Hass, der in manchen Herzen schwelte, schlimmer auf als zuvor. Wenn sich die Opfer der Unterdrückung für ihre Feinde ins Mittel legen, ist dies in den Augen der Herrscher eine fürstliche Tat. Vielen ist es sicherlich bekannt, dass sich diese unterdrückten Menschen in jener Stadt (‘Ishqábád) beim Gouverneur für ihre Mörder verwandten und ihn um Milderung seines Urteils baten. Merket deshalb wohl auf, o ihr Einsichtsvollen!
O Shaykh! Diese deutlichen Verse wurden in einem der Tablets von der Feder Abhás herniedergesandt: »Höre, o Diener, auf die Stimme dieses Unterdrückten, der auf dem Pfade Gottes, des Herrn aller Namen, schwere Leiden und Qualen erduldete, bis Er einstens im Lande Ṭá (Ṭihrán) ins Gefängnis geworfen wurde. Er rief die Menschen zum erhabensten Paradiese, und doch ergriffen sie Ihn und schleppten Ihn vor aller Augen durch Städte und Länder. Wieviele der Nächte, in denen der Schlaf die Augen Meiner Geliebten floh ob ihrer Liebe zu Mir, und wie zahllos die Tage, an denen Ich dem Angriff der Menschen gegenüberstand! Einmal fand Ich Mich auf Bergeshöhen, ein andermal tief im Gefängnis von Ṭá in Ketten und Banden. Bei der Gerechtigkeit Gottes! Ich war Ihm allezeit dankbar; Sein Lob auf den Lippen und immer Seiner gedenkend, wandte Ich Mich Ihm zu, zufrieden mit Seinem Wohlgefallen, demütig und untertänig vor Ihm. So vergingen Meine Tage, bis sie in diesem Gefängnis (‘Akká), das die Erde erzittern und die Himmel seufzen ließ, ein Ende fanden. Glücklich, wer seine leeren Einbildungen von sich warf, als Er, der verborgen war, mit den Bannern Seiner Zeichen erschien. Wahrlich, Wir haben den Menschen diese Größte Offenbarung verkündet, und doch befinden sie sich in einem Zustand seltsamer Betäubung.«
Daraufhin erhob sich eine Stimme aus dem Ḥijáz, rief laut und sprach: »Groß ist dein Segen, o ‘Akká, dass Gott dich zum Ausgangspunkt Seiner Lieblichsten Stimme und zum Dämmerungsort Seiner mächtigsten Zeichen gemacht hat. Glückselig bist du, dass der Thron der Gerechtigkeit in dir errichtet wurde und das Tagesgestirn der Güte Gottes und Seiner Großmut an deinem Horizont erstrahlte. Wohl steht es mit jedem redlich gesinnten Menschen, der billig urteilt über Ihn, das Größte Gedenken, und wehe dem, der irrt und zweifelt.«
Nach dem Tod einiger Märtyrer wurde das Lawḥ-i-Burhán (Tablet des Beweises) vom Himmel der Offenbarung des Herrn der Religionen herniedergesandt:
»Er ist der Allmächtige, der Allwissende, der Allweise!

Die Winde des Hasses umschlossen die Arche von Baṭḥá (Mekka) wegen der Untaten, die die Hände der Unterdrücker begingen.

O du, der du für deine Gelehrsamkeit bekannt bist!

Du hast diejenigen verurteilt, um derentwillen die Bücher der Welt weinten und die Schriften der Religionen Zeugnis ablegten.

Du bist in der Tat weit vom rechten Wege abgeirrt und in einen dichten Schleier gehüllt.

Bei Gott selbst!

Du hast jene verurteilt, durch die der Horizont des Glaubens erleuchtet wurde.

Dies bezeugen sie alle, die die Dämmerungsorte der Offenbarung und die Manifestationen der Sache deines Herrn, des Barmherzigsten, sind – sie, die ihre Seelen und all ihren Besitz auf Seinem geraden Pfade geopfert haben.

Der Glaube Gottes weint allüberall ob deiner Tyrannei, und doch vergnügst du dich und gehörst zu denen, die frohlocken.

Ich trage keinen Hass gegen dich oder sonst jemanden im Herzen.

Jeder Mensch mit Urteilsvermögen sieht dich und deinesgleichen versunken in offenbarer Torheit.

Hättest du dir klargemacht, was du getan hast, du hättest dich ins Feuer geworfen oder dein Haus verlassen und wärest in die Berge geflüchtet, oder hättest gestöhnt und gejammert, bis du an den Ort zurückgekehrt wärest, der dir von Ihm, dem Herrn der Kraft und Macht, bestimmt ist.

O du, der du so viel wie ein Nichts bist!

Zerreiße die Schleier eitler Vorstellungen und leerer Einbildungen, damit du das Tagesgestirn der Erkenntnis von diesem strahlenden Horizonte scheinen siehst.

Du hast ein Andenken an den Propheten selbst in Stücke gerissen und dir eingebildet, damit dem Gottesglauben zu helfen.

Solches hat dir deine Seele eingegeben, und du bist wahrlich einer der Achtlosen.

Was du tatest, hat den himmlischen Heerscharen und jenen, die die Sache Gottes, des Herrn der Welten, umkreisen, die Herzen gebrochen.

Die Seele der Reinen (Fáṭimih) schmolz wegen deiner Grausamkeit dahin, und die Bewohner des Paradieses weinten bitterlich an ihrem gesegneten Ort.
Ich beschwöre dich bei Gott, urteile gerecht! Welchen Beweis brachten die jüdischen Gelehrten vor, um Ihn, den Geist Gottes (Jesus Christus), zu verdammen, als Er mit der Wahrheit zu ihnen kam? Was konnte der Beweis sein, den die Pharisäer und Götzenpriester ins Feld führten, um sich dafür zu rechtfertigen, dass sie Muḥammad, den Gesandten Gottes, verleugneten, als Er zu ihnen kam mit einem Buch, welches zwischen Wahrheit und Falschheit mit solcher Gerechtigkeit schied, dass sich das Dunkel der Erde in Licht verwandelte und die Herzen jener, die Ihn erkannt hatten, in Entzücken gerieten? Tatsächlich hast du heute dieselben Gründe vorgebracht, deren sich die Gelehrten jener Zeit bedienten. Er, der König des Reiches der Gnade, bezeugt es in diesem großen Gefängnis. Du bist wahrlich ihre Wege gewandelt, nein, du hast sie gar noch in ihrer Grausamkeit übertroffen und hast dir dabei eingebildet, du hülfest dem Glauben und verteidigtest das Gesetz Gottes, des Allwissenden, des Allweisen. Bei Ihm, der die Wahrheit ist! Dein Unrecht ließ Gabriel stöhnen und brachte das Gesetz Gottes, von dem der Windhauch der Gerechtigkeit über alle im Himmel und auf Erden weht, zum Weinen. Hast du dir in deiner Unwissenheit tatsächlich eingebildet, das Urteil, das du sprachst, nütze dir in irgendeiner Weise? Nein, bei Ihm, dem König aller Namen! Dass es dir nur schadet, bezeugt Er, der alles weiß, was in dem verwahrten Tablet verzeichnet ist.
O du, der du in die Irre gingst! Nie hast du Mich gesehen, nie hast du mit Mir verkehrt oder warst auch nur für den Bruchteil eines Augenblicks Mein Gefährte. Wie kommt es dann, dass du den Menschen befiehlst, Mich zu verfluchen? Folgst du darin dem Drang deiner Begierden oder gehorchst du etwa deinem Herrn? Gib ein Zeichen, wenn du zu denen gehörst, die die Wahrheit lieben! Wir bezeugen, dass du das Gesetz Gottes von dir geworfen und dich den Befehlen deiner Leidenschaften gebeugt hast. Wahrlich, nichts entgeht Seinem Wissen; Er ist fürwahr der Unvergleichliche, der Allunterrichtete. O du achtloser Mensch! Beachte, was der Barmherzige im Qur’án offenbarte: ›Sage nicht zu jedem, der dir mit einem Gruß begegnet: »Du bist kein Gläubiger«.‹ Solches hat Er verordnet, in dessen Hand die Reiche der Offenbarung und der Schöpfung liegen – wärest du doch von denen, die hören. Du aber hast das Gebot Gottes beiseite gelegt und dich an den Drang deiner Begierden gehalten. Wehe über dich, o du achtloser Zweifler! Wenn du Mich verleugnest, mit welchem Beweis kannst du dann die Wahrheit dessen verfechten, was du besitzest? Lege ihn vor, o du, der du Gott Gefährten beigesellst und dich abkehrst von Seiner Oberherrschaft, die alle Welten umschließt!
Wisse, dass der in Wahrheit ein Gebildeter ist, der Meine Offenbarung annimmt, vom Weltmeer Meines Wissens trinkt und sich in die Lüfte Meiner Liebe aufschwingt, der alles außer Mir von sich wirft und sich mit festem Griff an das hält, was vom Reiche Meines wunderbaren Wortes herabgesandt wurde.

Er ist fürwahr wie das Auge für die Menschheit und wie der Geist des Lebens für den Körper der ganzen Schöpfung.

Verherrlicht sei der Allbarmherzige, der ihn erleuchtete und ihn sich aufmachen ließ, dieser großen und mächtigen Sache zu dienen.

Wahrlich, solch ein Mensch ist gesegnet von den Scharen der Höhe und den Bewohnern des Tabernakels der Größe, die Meinen versiegelten Wein trinken in Meinem Namen ›der Allmächtige‹, ›der Allmachtvolle‹.

Wenn du zu denen gehörst, die eine solch erhabene Stufe einnehmen, dann erbringe ein Zeichen von Gott, dem Schöpfer der Himmel.

Und wenn du deine Ohnmacht erkennst, zügle deine Leidenschaften und kehre zu deinem Herrn zurück, damit Er dir vielleicht deine Sünden vergebe, Sünden, die dem Göttlichen Lotosbaum die Blätter versengten, den Felsen aufschreien ließen und die Augen der Einsichtsvollen zum Weinen brachten.

Deinetwegen zerriss der Schleier der Göttlichkeit, scheiterte die Arche, lahmte die Kamelstute und stöhnte der Geist (Jesus) an Seinem erhabenen Orte.

Rechtest du mit Ihm, der zu dir kam mit den Zeugnissen Gottes und mit Seinen Zeichen, die du und alle auf Erden besitzen?

Öffne die Augen, damit du diesen Unterdrückten vom Horizont des Willens Gottes, des Herrschers, des Wahren, des Strahlenden, leuchten siehst.

Öffne alsdann das Ohr deines Herzens, damit du die Stimme des göttlichen Lotosbaumes vernimmst, der in Wahrheit von Gott, dem Allmächtigen, dem Wohltätigen, gehegt wurde.

Wahrlich, trotz allem, was Ihm die Grausamkeit und der Ungehorsam von Leuten wie dir zufügten, ruft dieser Baum laut und lädt alle Menschen zum Sadratu’l-Muntahá und zum höchsten Horizonte.

Gesegnet die Seele, die auf das mächtigste Zeichen schaut, und das Ohr, das Seine lieblichste Stimme vernimmt, aber wehe dem, der sich abwendet und gottlos handelt.
O du, der du dich von Gott abkehrtest!

Wolltest du mit ehrlichem Auge auf den Göttlichen Lotosbaum blicken, du würdest an seinen Ästen, Zweigen und Blättern die Male bemerken, die dein Schwert ihm zufügte, obwohl dich Gott erschaffen hat, diesen Baum zu erkennen und ihm zu dienen.

Denke nach, damit du vielleicht deine Frevelhaftigkeit erkennst und zu denen zählst, die in sich gegangen sind.

Meinst du, Wir fürchteten deine Grausamkeit?

Wisse und sei dessen wohl versichert, dass Wir vom ersten Tag an, da die Erhabenste Feder zwischen Erde und Himmel ihre Stimme erhob, Unsere Seelen, Unsere Körper, Unsere Söhne und Unseren Besitz auf dem Pfade Gottes, des Erhabenen, des Großen, aufopferten.

Dies ist unser Ruhm vor allem Erschaffenen und den Scharen der Höhe, und dafür zeugt, was Uns auf diesem geraden Pfad zustieß.

Bei Gott!

Unsere Herzen brachen, Unsere Körper wurden gekreuzigt und Unser Blut vergossen, während Unsere Augen am Horizont der Güte ihres Herrn, des Zeugen, des Allschauenden, hingen.

Je schlimmer seine Leiden, desto flammender wuchs die Liebe des Volks Bahás.

Seine Aufrichtigkeit bezeugte, was der Allbarmherzige im Qur’án herabsandte, wo Er sagt: ›Wünscht euch den Tod, so ihr aufrichtig seid.‹ Wer verdient den Vorzug: einer, der sich hinter Vorhängen verbirgt, oder einer, welcher sich auf dem Pfade Gottes aufopfert?

Urteile gerecht und gehöre nicht zu denen, die verwirrt durch die Wüste der Falschheit schweifen.

So weit wurden jene von den Lebenswassern der Liebe des Barmherzigsten mitgerissen, dass weder die Waffen der Welt noch die Schwerter der Nationen sie davon abhielten, ihr Antlitz auf das Weltmeer der Großmut ihres Herrn, des Gebenden, des Edelmütigen, zu richten.
Bei Gott! Alle Schwierigkeiten konnten Mich nicht entmutigen, und die Nichtanerkennung der Geistlichen vermochte nicht, Mich zu schwächen. Heute wie ehedem spreche Ich vor dem Angesicht der Menschen: ›Das Tor der Gnade ist aufgetan, und Er, der Morgen der Gerechtigkeit, ist gekommen mit deutlichen Zeichen und klaren Beweisen von Gott, dem Herrn der Kraft und der Macht!‹ Zeige dich vor Mir, damit du die Geheimnisse vernimmst, die der Sohn ‘Imráns (Moses) auf dem Sinai der Weisheit hörte. Dies befiehlt dir aus Seinem großen Gefängnis der Aufgangsort der Offenbarung deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit.«
Erneut erhoben sich hierauf der Schrei und die Klage des Wahren Glaubens mit den Worten: »Wahrlich, Sinai ruft laut und spricht: ›O Volk des Bayán! Fürchte den Barmherzigen. Ich bin in der Tat zu Ihm gelangt, der auf mir Zwiesprache führte, und die Wonnen meiner Freude überkamen die Steine der Erde und ihren Staub.‹ Und der Busch ruft aus: ›O Volk des Bayán! Urteile gerecht über das, was in Wahrheit geoffenbart wurde. Das Feuer, welches Gott Dem vor Augen führte, der mit Ihm sprach, ist jetzt wahrlich offenbar. Dies bezeugt jeder Mensch mit Einsicht und Verständnis.‹«
Wir haben gewisse Märtyrer dieser Offenbarung erwähnt und einige Verse angeführt, die über sie vom Reiche Unseres Wortes herabgesandt wurden. Nun hegen Wir die Hoffnung, dass du, frei von aller Bindung an diese Welt, nachdenkst über das, was Wir äußerten.
Es geziemt dir, nunmehr über die Verfassung des Mírzá Hádíy-i-Dawlat-Ábádí und des Ṣád-i-Iṣfahání (Ṣadru’l-‘Ulamá) nachzusinnen, die im Lande Ṭá (Ṭihrán) wohnen. Kaum hatte der erstere gehört, dass er ein Bábí genannt wurde, da wurde er so verstört, dass er Haltung und Würde verlor. Er bestieg die Kanzel und sprach Worte, die ihm übel anstanden. Seit unvordenklichen Zeiten haben solche weltlichen und törichten Menschen ihrer Herrschsucht zuliebe Taten begangen, welche die Menschen in die Irre leiteten. Du darfst aber nicht denken, alle Gläubigen seien wie diese beiden. Wir haben dir die Festigkeit, Standhaftigkeit, Gewissheit, Gelassenheit und Würde der Märtyrer dieser Offenbarung beschrieben, auf dass du wohl unterrichtet seist. Wenn Ich die Stellen aus den Tablets an die Könige und andere anführte, bezweckte Ich damit, du möchtest mit Gewissheit erkennen, dass dieser Unterdrückte die Sache Gottes nicht verborgen, sondern offen verkündet und in der beredtesten Sprache vor dem Antlitz der Welt dargelegt hat, wie es Seine Aufgabe war. Etliche kleinmütige Seelen jedoch, wie Hádí und andere, haben sich gegen die Sache Gottes gewandt und diesem flüchtigen Leben zuliebe gesagt und getan, was das Auge der Gerechtigkeit weinen und die Feder der Herrlichkeit seufzen ließ, obwohl sie über das Wesen dieser Sache nichts wussten. Dieser Unterdrückte dagegen hat sie nur um Gottes willen geoffenbart.
O Hádí! Du bist zu Meinem Bruder gegangen und hast ihn besucht. Wende nun dein Angesicht zum Hofe dieses Unterdrückten, damit der Hauch der Offenbarung und der Odem der Eingebung dir helfe und dich befähige, dein Ziel zu erreichen. Wer immer an diesem Tage auf Meine Zeichen blickt, wird Wahrheit von Falschheit unterscheiden wie die Sonne vom Schatten, und er wird das Ziel kennenlernen. Gott weiß und bezeugt Mir, dass alles, was erwähnt wurde, um Gottes willen geschah, damit du vielleicht zum Hort der Führung unter den Menschen werdest und die Völker der Welt von eitlen Vorstellungen und leeren Einbildungen befreist. Gütiger Gott! Die sich abwenden und Mich verleugnen, haben bis heute versäumt zu erkennen, wer das herniedersandte, was dem Herold, dem Ersten Punkt, gegeben wurde. Das Wissen darum ist bei Gott, dem Herrn der Welten.
Bemühe dich, o Shaykh, und erhebe dich, dieser Sache zu dienen. Der Versiegelte Wein wurde an diesem Tag vor den Augen der Menschen ans Licht gebracht. Greife zu im Namen deines Herrn und trinke dir Genüge im Gedenken an Ihn, den Mächtigen, den Unvergleichlichen. Tag und Nacht hat dieser Unterdrückte sich mit dem befasst, was die Herzen vereint und die Seelen der Menschen erbaut. Was sich in den ersten Jahren in Persien zutrug, hat die Aufrichtigen und Begünstigten tief betrübt. Jedes Jahr verzeichnete ein neues Gemetzel, Raub, Plünderung und Blutvergießen. Einmal ereignete sich in Zanján, was die größte Bestürzung hervorrief, ein andermal in Nayríz und dann wieder in Ṭabarsí, und schließlich kam es zu dem Geschehnis im Lande Ṭá (Ṭihrán). Seitdem machte dieser Unterdrückte mit der Hilfe des einen wahren Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – dieses bedrängte Volk mit dem vertraut, was ihm anstand. Alle haben sie sich von den Dingen geheiligt, die sie und andere besitzen; sie haben sich an das gehalten und ihre Augen auf das gerichtet, was Gottes ist.
Es obliegt nun Seiner Majestät dem Sháh – möge Gott, gepriesen sei Er, ihn beschützen –, dieses Volk mit Güte und Barmherzigkeit zu behandeln.

Dieser Unterdrückte verbürgt sich vor der göttlichen Ka‘bah, dass dieses Volk nur Wahrhaftigkeit und Treue bezeigen wird, hingegen nichts, was in irgendeiner Weise den weltverbessernden Ideen Seiner Majestät zuwiderliefe.

Jede Nation muss die Stellung ihres Herrschers hoch achten, muss ihm untertan sein, sein Gebot ausführen und seine Befehlsgewalt wahren.

Die Herrscher der Welt waren und sind die Offenbarungen der Macht, Größe und Erhabenheit Gottes.

Dieser Unterdrückte hat niemals hinterlistig gegen irgend jemanden gehandelt.

Jedermann ist dessen gewahr und bezeugt es.

Achtung vor dem Rang der Herrscher ist göttlich verordnet, wie es durch die Worte der Propheten Gottes und Seiner Erwählten klar bekundet wird.

Er, der Geist (Jesus) – möge Friede mit Ihm sein –, wurde gefragt:

»O Geist Gottes!

Ist es rechtens, dem Kaiser Tribut zu zahlen?« Und Er gab zur Antwort:

»Ja, gebt dem Kaiser, was des Kaisers ist, und Gott, was Gottes ist.« Er verbot es nicht.

Diese beiden Aussagen sind in den Augen einsichtsvoller Menschen ein und dasselbe; denn wenn das, was dem Kaiser gehörte, nicht von Gott gekommen wäre, hätte Er es verboten.

Und ebenso der heilige Vers:

»Gehorchet Gott und gehorchet dem Gesandten und denen unter euch, die mit Befehlsgewalt ausgestattet sind.« »Jene, die mit Befehlsgewalt ausgestattet sind,« bezieht sich in erster Linie und in besonderer Hinsicht auf die Imáme – Gottes Segen ruhe auf ihnen!

Sie sind wahrlich die Offenbarungen der Macht Gottes, die Quellen Seiner Befehlsgewalt, die Schatzkammern Seines Wissens und die Aufgangsorte Seiner Gebote.

In zweiter Linie beziehen sich diese Worte auf die Könige und Herrscher – das heißt solche, deren strahlende Gerechtigkeit die Horizonte der Welt mit hellem Glanz erleuchtet.

Wir hegen die Hoffnung, dass Seine Majestät der Sháh im Lichte einer Gerechtigkeit erstrahle, deren Glanz alle Geschlechter auf Erden umfängt.

Es ist jedermanns Pflicht, Gott um des Sháhs willen anzuflehen, Er möge ihm gewähren, was an diesem Tage schicklich und passend ist.
O Gott, mein Gott, Du mein Meister, meine Stütze, meine Sehnsucht und mein Geliebter! Ich bitte Dich bei den Geheimnissen, die in Deiner Erkenntnis verborgen ruhen, bei den Zeichen, die den Duft Deiner Güte verbreiten, bei den Wogen des Weltmeers Deiner Gaben, bei dem Himmel Deiner Gnade und Freigebigkeit, bei dem Blute, das auf Deinem Pfad vergossen wurde, und bei den Herzen, die sich in ihrer Liebe zu Dir verzehrten – stehe Seiner Majestät dem Sháh mit Deiner Macht und höchsten Gewalt bei, auf dass von ihm ausgehe, was ewig in Deinen Büchern, Schriften und Tablets fortbesteht. Halte seine Hand, o mein Herr, mit der Hand Deiner Allmacht, erleuchte ihn mit dem Licht Deiner Erkenntnis und schmücke ihn mit der Zier Deiner Tugenden. Mächtig bist Du zu tun, was Dir gefällt, und in Deiner Hand liegen die Zügel der ganzen Schöpfung. Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Immervergebenden, dem Allgütigen.
In seinem Brief an die Römer hat der heilige Paulus geschrieben: »Jedermann soll sich übergeordneten Gewalten unterwerfen; denn es gibt keine Gewalt, es sei denn von Gott, die bestehenden aber sind von Gott angeordnet. Wer sich darum der Gewalt widersetzt, hat sich wider die Anordnung Gottes aufgelehnt.« Und weiter: »Denn sie ist Gottes Dienerin, eine Rächerin zum Zorn an dem, der Böses betreibt.« Er sagt, dass die Erscheinung der Könige, ihre Majestät und Macht von Gott sind.
Auch in den alten Überlieferungen sind Hinweise, welche die Geistlichen sehen und hören. Wir flehen zu Gott – gesegnet und verherrlicht sei Er –, Er möge dir, o Shaykh, helfen, dich fest an das zu halten, was vom Himmel der Gaben Gottes, des Herrn der Welten, herabgesandt wurde. Die Geistlichen müssen sich unbedingt mit Seiner Majestät dem Sháh verbinden und sich an das halten, was für den Schutz, die Sicherheit, die Wohlfahrt und das Gedeihen der Menschen Gewähr bietet. Ein gerechter König erfreut sich näheren Zugangs zu Gott als sonst ein Mensch. Dies bezeugt Er, der in Seinem Größten Gefängnis spricht. Bei Gott! Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Allmächtigen, dem Allwissenden, dem Allweisen.
Würdest du um Gottes willen, und sei es auch nur für eine Stunde, über das nachdenken, was sich früher und neuerdings ereignet hat, du würdest dich hinwegkehren von allem, was du besitzest, hin zu den Dingen, die Gott zugehören, und du würdest zu einem Werkzeug für die Erhöhung Seines Wortes werden. Ist jemals seit der Erschaffung der Welt bis auf den heutigen Tag eine Ausstrahlung oder eine Offenbarung vom Tagesanbruch des Willens Gottes ausgegangen, die von den Geschlechtern auf Erden angenommen, deren Geheiß von ihnen anerkannt wurde? Wo findet man einen solchen Glauben und wie ist sein Name? Vom Siegel der Propheten (Muḥammad) – mögen alle außer Ihm selbst ein Opfer für Ihn sein – über den Geist Gottes (Jesus) bis zurück auf die Erste Manifestation haben alle zur Zeit Ihres Auftretens schweres Leid erduldet. Die einen hielt man für besessen, die anderen für Betrüger, und Sie wurden auf solche Weise behandelt, dass die Feder sich schämt, es zu schildern. Bei Gott! Es kam über Sie, was alle erschaffenen Dinge seufzen ließ, und doch sind die Menschen zum größten Teil in offenkundige Unwissenheit versunken! Wir beten zu Gott, Er möge ihnen helfen, zu Ihm zurückzukehren und Reue vor dem Tor Seiner Gnade zu üben. Mächtig ist Er über alle Dinge.
In diesem Augenblick erhebt sich laut die Stimme der Erhabensten Feder und spricht zu Mir: »Ermahne den Shaykh, wie Du einen Deiner Äste (Söhne) ermahnt hast, auf dass der Hauch Deiner Worte ihn anziehe und Gott, dem Herrn der Welten, näherbringe.«
»Sei freigebig im Glück und dankbar im Unglück.

Sei des Vertrauens deines Nächsten wert und schaue hellen und freundlichen Auges auf ihn.

Sei ein Schatz dem Armen, ein Mahner dem Reichen, eine Antwort auf den Schrei des Bedrückten und halte dein Versprechen heilig.

Sei gerecht in deinem Urteil und behutsam in deiner Rede.

Sei zu keinem Menschen unbillig, sondern erweise allen Sanftmut.

Sei wie eine Lampe für die, so im Dunkeln gehn, eine Freude den Betrübten, ein Meer für die Dürstenden, ein schützender Port für die Bedrängten, Stütze und Verteidiger für das Opfer der Unterdrückung.

Lass Sauberkeit und Redlichkeit all dein Handeln auszeichnen.

Sei eine Heimat dem Fremdling, ein Balsam dem Leidenden, dem Flüchtling ein starker Turm.

Sei dem Blinden Auge und ein Licht der Rechtleitung für den Fuß des Irrenden.

Sei ein Schmuck für das Antlitz der Wahrheit, eine Krone für die Stirn der Treue, ein Pfeiler für den Tempel der Redlichkeit, der Lebenshauch dem Körper der Menschheit, ein Banner für die Heerscharen der Gerechtigkeit, ein Himmelslicht am Horizont der Tugend, Tau für den Urgrund des Menschenherzens, eine Arche auf dem Meer der Erkenntnis, eine Sonne am Himmel der Gnade, ein Stein im Diadem der Weisheit, ein strahlendes Licht am Firmament deiner Zeitgenossen, eine Frucht am Baume der Demut.

Dich vor der Glut der Eifersucht und vor der Kälte des Hasses zu schützen, darum bitten Wir Gott.

Er, wahrlich, ist nahe, bereit zur Antwort.« Dies hat Meine Zunge zu einem Meiner Äste (Söhne) gesprochen, und Wir tun es denen unter Unseren Geliebten kund, die ihre eitlen Einbildungen von sich geworfen haben und sich fest an das halten, was ihnen vorgeschrieben ist an dem Tage, da der Morgenstern der Gewissheit am Horizont des Willens Gottes, des Herrn der Welten, erschien.

Dies ist der Tag, an dem der Vogel des Wortes im Namen seines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, sein Lied auf den Zweigen singt.

Gesegnet ist der Mensch, der auf den Schwingen der Sehnsucht Gott, dem Herrn am Tag des Gerichts, entgegenschwebt.
Der eine wahre Gott weiß wohl und die ganze Schar Seiner Vertrauten bezeugt, dass dieser Unterdrückte zu allen Zeiten schlimmen Gefahren gegenüberstand.

Aber ohne die Leiden, die Mir auf dem Pfade Gottes zustießen, hätte das Leben für Mich nichts an Süße gehabt, und Mein Dasein wäre Mir nutzlos gewesen.

Wer mit Urteilskraft begabt ist und sein Auge auf den Erhabensten Anblick richtet, für den ist es kein Geheimnis, dass Ich die meisten Tage Meines Lebens wie ein Sklave unter einem Schwert saß, das an einem Faden hing und von dem Ich nicht wusste, ob es nicht früher oder später herabfallen würde.

Dennoch und trotz alledem statten Wir Gott, dem Herrn der Welten, Unseren Dank ab.

Die Zunge Meines Herzens spricht Tag und Nacht dieses Gebet:

»Ruhm sei Dir, o mein Gott!

Wäre es nicht durch die Leiden auf Deinem Pfad, wie könnten die, welche Dich wirklich lieben, erkannt werden?

Und wäre es nicht durch die Prüfungen, die aus Liebe zu Dir erduldet werden, wie anders könnte die Stufe derer, die sich nach Dir sehnen, kundwerden?

Deine Macht ist mein Zeuge!

Tränen sind die Gefährten all derer, die Dich verehren, Seufzer sind der Trost jener, die Dich suchen, und die Teile ihrer gebrochenen Herzen sind die Speise solcher, die zu Dir eilen.

Wie süß schmeckt mir die Bitternis des Todes auf Deinem Pfade, und wie kostbar schätze ich die Pfeile Deiner Feinde, wenn sie bei der Erhöhung Deines Wortes auf mich treffen!

Lass mich in Deiner Sache kosten, o mein Gott und mein Meister, was immer Du wünschst, und sende in Deiner Liebe alles auf mich hernieder, was Du verordnet hast.

Bei Deiner Herrlichkeit!

Ich wünsche nur, was Du wünschst, und schätze nur, was Du schätzest.

In Dich setze ich allezeit mein ganzes Vertrauen und meine Zuversicht.

Du bist wahrlich der Allbesitzende, der Höchste.

Ich flehe Dich an, o mein Gott, lass dieser Offenbarung Helfer erstehen, die Deines Namens und Deiner höchsten Macht würdig sind, auf dass sie Deiner unter Deinen Geschöpfen gedenken; errichte das Banner Deines Sieges in Deinem Land und schmücke alle mit Deinen Tugenden und Deinen Geboten.

Es gibt keinen Gott außer Dir, dem Helfer in Gefahr, dem Selbstbestehenden.«
Hierauf erhob sich die Stimme des wahren Glaubens; wieder und wieder rief sie laut und sprach: »O Scharen der Erde! Bei Gott! Ich bin der wahre Gottesglaube unter euch. Hütet euch, dass ihr Mich nicht verleugnet. Gott hat Mich geoffenbart mit einem Licht, das alle umfängt, die im Himmel und auf Erden sind. Urteilt gerecht, o Menschen, über Meine Offenbarung, die Verkündigung Meiner Herrlichkeit und den Glanz Meines Lichtes, und gehört nicht zu denen, die Unrecht tun.«
O Shaykh! Dieser Unterdrückte fleht zu Gott – gesegnet und verherrlicht sei Er –, Er möge in dir den erwecken, der die Tür zur Gerechtigkeit öffnet, und möge durch dich Seine Sache unter Seinen Dienern verkünden. Er, wahrlich, ist der Allgewaltige, der Allmächtige, der Allgütige.
O Shaykh! Bitte den einen wahren Gott, Ohren, Augen und Herzen der Menschen zu heiligen und sie vor den Begierden einer verderbten Neigung zu schützen. Denn Bosheit ist eine schlimme Krankheit, die den Menschen der Erkenntnis des Großen Seins beraubt und ihn von den Strahlen der Sonne der Gewissheit abhält. Wir beten und hoffen, dass Gott durch Seine Gnade und Barmherzigkeit dieses mächtige Hindernis entferne. Er, wahrlich, ist der Machtvolle, der Allunterwerfende, der Allmächtige.
In diesem Augenblick erhob sich eine Stimme zur Rechten des Strahlenden Ortes: »Gott! Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Verordner, dem Allweisen! Mache den Shaykh mit dem Rest des Lawḥ-i-Burhán (Tablet des Beweises) bekannt, damit es ihn zum Horizont der Offenbarung seines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, hinziehe und er sich vielleicht erhebe, Meiner Sache mit deutlichen Zeichen und erhabenen Beweisen zu helfen, und unter den Menschen verkünde, was die Zunge des Zeugnisses gesprochen hat: ›Das Reich ist Gottes, des Herrn der Welten!‹«
»Lies das Kitáb-i-Íqán (das Buch der Gewissheit) und was vom Allbarmherzigen dem König in Paris (Napoleon III.) und seinesgleichen gesandt wurde, auf dass dir bewusst werde, was sich in der Vergangenheit ereignete, und du dich überzeugst, dass Wir keineswegs Unordnung im Land verbreiten wollten, nachdem es wohlgeordnet war. Nur um Gottes willen ermahnen Wir Seine Diener. Wer es wünscht, den lasse sich Gott zuwenden, und wer will, möge sich abkehren. Unser Herr, der Barmherzige, ist wahrlich der Allgenügende, der Allgepriesene. O Schar der Geschlechter auf Erden! Dies ist der Tag, da nichts unter allen Dingen und kein Name unter allen Namen euch nützen kann, es sei denn durch diesen Namen, den Gott zur Manifestation Seiner Sache und zum Tagesanbruch Seiner erhabensten Benennungen gemacht hat für alle, die im Reich der Schöpfung sind. Selig ist der Mensch, der den Duft des Allbarmherzigen wahrgenommen hat und zu denen zählt, die standhaft sind. Weder eure Wissenschaften noch eure Künste, eure Schätze oder euer Ruhm werden euch an diesem Tag etwas nützen. Werft sie alle von euch und richtet euer Angesicht auf das Hocherhabene Wort, durch welches die Schriften, die Bücher und dieses erleuchtete Tablet unzweideutig kundgemacht wurden. Werft weg, o ihr Menschen, was ihr mit der Feder eurer eitlen Vorstellungen und leeren Einbildungen zusammengeschrieben habt. Bei Gott! Die Sonne der Erkenntnis strahlt über dem Horizont der Gewissheit.
O du, der du in die Irre gingst! Wenn dir irgendein Zweifel an Unserer Lebensführung kommt, so wisse, dass Wir bezeugen, was Gott selbst vor der Erschaffung der Himmel und der Erde bezeugte: Es ist kein anderer Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Allgütigen. Wir bezeugen, dass Er einzig ist in Seinem Wesen, einzig in Seinen Eigenschaften. Er hat nicht Seinesgleichen im ganzen Weltall noch einen Gefährten in der ganzen Schöpfung. Seine Boten und Seine Bücher hat Er herniedergesandt, damit sie Seinen Geschöpfen den Geraden Pfad weisen.
Ist der Sháh über dein Vorgehen unterrichtet worden, und hat er sich entschieden, die Augen davor zu verschließen? Oder hat ihn die Furcht gepackt vor dem Heulen eines Rudels Wölfe, das dem Pfade Gottes den Rücken kehrte und dir auf deinem Wege nachfolgte, ohne klaren Beweis oder ein Buch? Wir hörten, die Provinzen Persiens seien mit der Zier der Gerechtigkeit geschmückt worden. Als Wir aber genau hinschauten, fanden Wir, dass sie Aufgangsorte der Tyrannei und Tagesanbrüche des Unrechts sind. Wir sehen die Gerechtigkeit in den Klauen der Gewaltherrschaft. Wir flehen Gott an, sie durch die Kraft Seiner Macht und Seiner höchsten Herrschaft zu befreien. Er, wahrlich, ist über allem, was in den Himmeln und auf Erden ist. Keinem ist das Recht gegeben, sich irgend jemandem gegenüber zu beschweren über das, was der Sache Gottes zugestoßen ist. Es geziemt jedem, der sein Angesicht auf den Erhabensten Horizont gerichtet hat, sich beharrlich an das Seil der Geduld zu halten und sein Vertrauen auf Gott zu setzen, den Helfer in Gefahr, den Unbezwungenen. O ihr Geliebten Gottes! Trinkt euch satt aus dem Quell der Weisheit, schwingt euch auf in die Sphären der Weisheit und sprecht mit Weisheit und Beredsamkeit. Dies gebietet euch euer Herr, der Allmächtige, der Allwissende.
O du Achtloser! Baue nicht auf deinen Ruhm und deine Macht. Du gleichst der letzten Spur des Sonnenlichts auf der Bergesspitze. Bald wird sie dahinschwinden, wie es Gott, der Allbesitzende, der Höchste, verordnet hat. Weggenommen ist von dir und deinesgleichen aller Ruhm, und dies ist wahrlich, was von Ihm, bei dem das Mutterbuch ist, verfügt wurde. Wo ist der zu finden, der mit Gott rechtete, und wohin ist der entschwunden, der Seinen Zeichen widersprach und sich von Seiner höchsten Herrschaft abwandte? Wo sind sie, die Seine Erwählten erschlugen und das Blut Seiner Heiligen vergossen? Denke nach, auf dass du vielleicht den Geruch deiner Taten wahrnehmest, o du törichter Zweifler! Deinetwegen klagte der Gesandte (Muḥammad), und die Reine (Fáṭimih) schrie laut auf; alle Länder waren verwüstet, und Dunkel fiel über alle Bereiche. O Schar der Geistlichen! Euretwegen gerieten die Menschen in Schande, das Banner des Islám wurde herabgezerrt und sein mächtiger Thron gestürzt. Immer, wenn ein verständiger Mann sich an das zu halten suchte, was den Islám erhöht hätte, stimmtet ihr euer Geschrei an, was ihn hinderte, sein Ziel zu erreichen, während das Land tief im Verfall befangen blieb.
O Meine Erhabene Feder!

Rufe dir die Schlange (den Imám-Jum‘ih von Iṣfahán) in Erinnerung, deren Grausamkeit alles Erschaffene stöhnen und den Heiligen die Glieder erzittern ließ.

So gebietet dir der Herr aller Namen auf dieser erhabenen Stufe.

Laut schrie die Reine (Fáṭimih) ob deiner Ungerechtigkeit auf, und doch bildest du dir ein, zur Familie des Gesandten Gottes [Muḥammads] zu zählen!

Solches hat dir deine Seele eingeflüstert, o du, der du dich abgewandt hast von Gott, dem Herrn all dessen, was war und was sein wird.

Urteile gerecht, du Schlange!

Für welches Verbrechen erstachst du die Kinder des Gesandten Gottes (den ›König der Märtyrer‹ und den ›Geliebten der Märtyrer‹) und plündertest ihre Habe?

Leugnest du Ihn, der dich erschuf durch Seinen Befehl: ›Sei, und es war‹?

Du hast an den Kindern des Gesandten Gottes gehandelt, wie nicht einmal ‘Ád mit Húd verfuhr, noch Thamúd mit Ṣáliḥ, noch die Juden mit dem Geist Gottes (Jesus), dem Herrn allen Seins.

Leugnest du die Zeichen deines Herrn, vor denen sich, kaum dass sie vom Himmel Seiner Sache herabkamen, alle Bücher der Welt verneigten?

Gehe in dich, damit du deiner Tat bewusst werdest, o du achtloser Verworfener!

Binnen kurzem werden die Winde der Züchtigung über dich kommen, wie sie über andere vor dir gekommen sind.

Warte nur, du, der du Gott, dem Herrn des Sichtbaren und des Unsichtbaren, Gefährten beigesellt hast.

Dies ist der Tag, den Gott durch die Zunge Seines Gesandten angekündigt hat.

Sinne nach, damit du begreifst, was der Allbarmherzige im Qur’án und in diesem klaren Tablet herniedersandte.

Dies ist der Tag, da Er, der Morgen der Offenbarung, mit klaren Zeichen, die keiner zählen kann, erschienen ist.

Dies ist der Tag, da jeder Mensch mit Wahrnehmungskraft den Duft der Brise des Allbarmherzigen in der Welt der Schöpfung entdeckt, da jeder Einsichtsvolle dem Lebenswasser der Gnade seines Herrn, des Königs der Könige, entgegeneilt.

O du Achtloser!

Die Geschichte vom Opfer (Ismá‘íl) hat sich wiederholt, und er, das Opfer, ist zu der Opferstätte geschritten, und er kehrte nicht zurück ob dem, was deine Hand verübte, o du verderbter Hasser!

Hast du dir eingebildet, jenes Martyrium würde dieser Sache Schande bereiten?

Nein, bei Ihm, den Gott zur Schatzkammer Seiner Offenbarung machte, gehörtest du doch zu denen, die begreifen.

Wehe dir, der du Gott Gefährten beigesellt hast, und wehe denen, die dich zum Führer nahmen, ohne ein klares Zeichen oder ein eindeutiges Buch!

Wie zahllos waren die Unterdrücker vor dir, die sich aufmachten, das Licht Gottes zu ersticken, und wie viele der Gottlosen, die mordeten und plünderten, bis die Herzen und Seelen der Menschen über ihre Grausamkeit stöhnten!

Die Sonne der Gerechtigkeit verfinsterte sich, denn die Verkörperung der Tyrannei wurde auf den Thron des Hasses gesetzt, und doch sind die Menschen ohne Verständnis.

O du Narr!

Du hast die Kinder des Gesandten erschlagen und ihre Habe geplündert.

Sprich:

Waren es ihre Besitztümer, die nach deiner Meinung Gott leugneten, oder sie selbst?

Urteile gerecht, o du Unwissender, der du wie durch einen Schleier von Gott getrennt bist.

Du hast dich an die Tyrannei gehalten und die Gerechtigkeit verworfen.

Alles Erschaffene klagt darüber, aber noch immer gehörst du zu den Verstockten.

Du hast die Alten getötet und die Jungen ausgeplündert.

Denkst du, du könntest genießen, was deine Unredlichkeit aufgehäuft hat?

Nein, bei Meinem Selbst!

Also unterrichtet dich Er, der alles weiß.

Bei Gott!

Was du besitzest, soll dir nichts nützen, noch das, was du durch deine Grausamkeit zusammengerafft hast.

Dafür zeugt dein Herr, der Allwissende.

Du hast dich erhoben, das Licht dieses Glaubens auszutreten; binnen kurzem wird dein eigenes Feuer auf Seinen Befehl ausgelöscht werden.

Er, wahrlich, ist der Herr der Stärke und der Macht.

Weder Wandel und Wechsel der Welt noch die Macht der Nationen können Seine Pläne durchkreuzen.

Er tut, was Ihm beliebt, und verordnet, was Er will, durch die Macht Seiner höchsten Herrschaft.

Denke an die Kamelstute:

Obwohl nur ein Tier, hat sie der Allbarmherzige auf eine so hohe Stufe erhoben, dass die Zungen der Erde sie erwähnten und priesen.

Wahrlich, Er ist über allem in den Himmeln und auf Erden.

Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Allmächtigen, dem Großen.

Also haben Wir den Himmel Unseres Tablets mit den Sonnen Unserer Worte geschmückt.

Gesegnet der Mensch, der dazu gelangt und von ihnen erleuchtet wird, und wehe denen, die sich abwenden, Ihn verleugnen und fern von Ihm in der Irre schweifen.

Preis sei Gott, dem Herrn der Welten!«
O Shaykh!

Wir haben es dir ermöglicht, dem Lied der Nachtigall des Paradieses zu lauschen, und deinen Augen haben Wir die Zeichen enthüllt, die Gott durch Sein allbezwingendes Gebot in das Größte Gefängnis herniedersandte; dies taten Wir, damit dein Auge sich erfreue und deine Seele Gewissheit erlange.

Er ist wahrlich der Allgütige, der Freigebige.

Erhebe dich durch die Kraft Seines Zeugnisses, der Sache Gottes, deines Herrn, des Gottes der Barmherzigkeit, zu dienen.

So du furchtsam bist in deinem Glauben, ergreife Mein Tablet und verwahre es am Busen der Zuversicht.

Und wenn du die Stätte der Auferstehung betrittst und Gott dich fragt, durch welchen Beweis du an diese Offenbarung geglaubt hast, dann ziehe das Tablet hervor und sprich:

»Durch dieses heilige, mächtige, unvergleichliche Buch.« Alsdann werden alle ihre Hände zu dir erheben und das Tablet ergreifen; an ihre Augen werden sie es pressen und den Duft der Worte Gottes, des Herrn der Welten, atmen.

Sollte Gott dich peinigen, weil du an Seine Zeichen in dieser Offenbarung glaubst, aus welchem Grund könnte Er dann solche peinigen, die nicht an Muḥammad, den Gesandten Gottes, glaubten, und vor diesem nicht an Jesus, den Sohn Marias, und an Ihn, der mit Gott sprach (Moses), und an Ihn, der der Freund Gottes ist (Abraham), und noch weiter zurück bis zu Jenem, der die Erste Manifestation war, erschaffen durch den Willen deines Herrn, des Machtvollen, des Allumfassenden.

So haben Wir Unsere Verse einem anderen vor dir herniedergesandt; dir rufen Wir sie an diesem Tag ins Gedächtnis, damit du verstehst und zu denen gehörst, die Gewissheit haben.

O du, der du dir die Stimme des Wissens anmaßt!

Diese Sache ist zu deutlich, um verdunkelt, zu offenbar, um verheimlicht zu werden.

Sie strahlt wie die Sonne in der Herrlichkeit des Mittags.

Keiner kann sie leugnen, er sei denn ein Hasser und Zweifler.
Nunmehr geziemt es uns, dass wir uns dem Ersehnten zuwenden und uns an diese erhabensten Worte halten:

»O Gott, mein Gott!

Du hast die Lampe Deiner Sache mit dem Öl der Weisheit entzündet.

Schütze sie vor widrigen Winden.

Die Lampe ist Dein, das Glas ist Dein, und alles in den Himmeln und auf Erden ruht in der Hand Deiner Macht.

Verleihe den Herrschern Gerechtigkeitssinn und den Geistlichen Redlichkeit.

Du bist der Allmächtige, und Du hast durch die Bewegung Deiner Feder Deiner unwiderstehlichen Sache geholfen und Deine Geliebten rechtgeleitet.

Du bist der Herr der Kraft und der König der Macht.

Kein Gott ist außer Dir, dem Starken, dem Unbezwungenen.« Sprich weiter:

»O Gott, mein Gott!

Ich sage Dir Dank, denn Du gabst mir Deinen Versiegelten Wein aus der Hand der Freigebigkeit Deines Namens ›der Selbstbestehende‹ zu trinken.

Ich flehe Dich an, bei den Strahlen des Morgens Deiner Offenbarung, bei der Kraft Deines Erhabensten Wortes und bei der Macht Deiner Hehrsten Feder, deren Bewegung das Wesen alles Erschaffenen in Entzücken versetzte, stehe Seiner Majestät dem Sháh bei, Deine Sache siegreich zu machen, sich dem Horizont Deiner Offenbarung zuzuwenden und sein Angesicht auf das Licht Deines Antlitzes zu richten.

Hilf ihm alsdann, näher zu Dir zu gelangen.

Unterstütze ihn mit den Heerscharen der Himmel und der Erde.

Ich bitte Dich flehentlich, o Du Herr aller Namen und Schöpfer der Himmel, bei dem Licht Deiner Sache und bei dem Feuer des Lotosbaumes Deiner Güte, hilf Seiner Majestät, Deine Sache unter Deinen Geschöpfen kundzumachen.

Öffne sodann vor seinem Angesicht die Tore Deiner Gnade, Deiner Barmherzigkeit und Deiner Gabenfülle.

Durch Dein Wort: ›Sei, und es ist‹ bist Du mächtig zu tun, was Dir gefällt.«
O Shaykh!

Wir haben durch die Kraft Gottes und Seine Macht die Zügel der Herrschaft ergriffen, die nur Er ergreifen kann, der der Mächtige, der Starke ist.

Keiner hatte die Macht, Unheil oder Aufruhr zu stiften.

Nun, da sie aber versäumt haben, diese himmlische Güte, diese Gabenfülle richtig zu schätzen, wurden und werden sie von der Vergeltung, die ihre Taten nach sich ziehen, heimgesucht.

Als die Staatsbeamten sahen, welche geheimen Fortschritte dieses Ausgespannte Seil (der Rechtleitung) machte, haben sie Meine Gegner in jeder Hinsicht angespornt und unterstützt.

In der Großen Stadt ( Konstantinopel) haben sie eine beträchtliche Menschenmenge aufgewiegelt, um diesem Unterdrückten entgegenzutreten.

Es kam so weit, dass die Beamten in jener Stadt Taten verübten, die über die Regierung und das Volk Schande brachten.

Einst kam ein angesehener Siyyid nach Beirut; seine allbekannte Untadeligkeit, seine lobenswerte Lebensführung und sein geschäftlicher Ruf wurden von der Mehrzahl edelgesinnter Menschen hoch geachtet, und er wurde als ein überaus ehrenwerter Kaufmann geschätzt.

In Anbetracht seiner Freundschaft zu diesem Unterdrückten telegraphierte man dem persischen Dolmetscher, der Siyyid habe mit Hilfe seines Dieners eine Summe Geldes und andere Dinge gestohlen und sei nach ‘Akká gegangen.

Man verfolgte dabei die Absicht, diesen Unterdrückten zu entehren.

Und doch liegt es dem Volk dieses Landes ferne, sich durch solche schnöden Schauergeschichten vom geraden Pfad der Rechtschaffenheit und Treue ablenken zu lassen.

Kurz, man greift Mich von allen Seiten an und bestärkt Meine Feinde.

Dieser Unterdrückte jedoch fleht zu dem einen wahren Gott, Er möge jedem gnädig beistehen in dem, was in diesen Tagen schicklich ist.

Tag und Nacht richte Ich Meinen Blick auf diese deutlichen Worte und spreche:

»O Gott, mein Gott!

Ich flehe Dich an, bei der Sonne Deiner Gnade, bei dem Meere Deiner Erkenntnis und bei dem Himmel Deiner Gerechtigkeit, hilf denen, die Dich verleugnen, dass sie bekennen, hilf ihnen, die sich von Dir abwenden, dass sie zurückkehren, und hilf jenen, die Dich lästern, dass sie gerecht und redlich in ihrem Urteil sind.

Stehe ihnen bei, o mein Herr, dass sie zu Dir zurückkehren und vor dem Tore Deiner Gnade Reue üben.

Mächtig bist Du zu tun, was Du willst, und in Deiner Hand liegen die Zügel der Herrschaft über alles, was in den Himmeln und auf Erden ist.

Preis sei Gott, dem Herrn der Welten.«
Die Zeit ist nahe, da alles enthüllt wird, was in den Herzen und Seelen der Menschen verborgen liegt. Heute ist der Tag, von dem Luqmán zu seinem Sohne sprach, der Tag, den der Herr der Herrlichkeit ankündete, den Er Ihm, Seinem Freunde ( Muḥammad), durch die folgenden Worte bekanntgab – verherrlicht sei Er: »O mein Sohn! Wahrlich, Gott bringt alles ans Licht, und wäre es auch nur so schwer wie ein Senfkorn und läge verborgen in einem Felsen oder in den Himmeln oder in der Erde; denn Gott ist sinnreich und kennt alles«. An diesem Tag wird aller Augentrug, alles, was der Menschen Brust verbirgt, kundgemacht und vor dem Throne Seiner Offenbarung bloßgelegt. Nichts, was es auch sei, entgeht Seiner Kenntnis. Er hört und sieht, und Er ist wahrlich der Allhörende, der Allsehende. Wie seltsam ist es doch, dass die Menschen nicht zwischen dem Vertrauenswürdigen und dem Trügerischen unterscheiden!
Wollte doch Seine Majestät der Sháh von Persien – möge Gott seine Herrschaft erhalten – die Konsuln der geehrten persischen Regierung befragen, die in diesem Land waren, damit er über Taten und Wandel dieses Unterdrückten unterrichtet würde. Kurz, man hat viele, wie zum Beispiel den Akhtar, aufgestachelt und befleißigt sich, Verleumdungen auszustreuen. Es ist klar und deutlich, dass man immer mit den Schwertern des Hasses und den Speeren der Feindschaft denjenigen umringt, von welchem man weiß, dass er ein Ausgestoßener unter den Menschen ist und von einem Land ins andere verbannt wurde. Dies ist nicht das erstemal, dass solches Unrecht verübt wurde, nicht der erste Kelch, der zu Boden geschmettert, der erste Schleier, der auf dem Pfade Gottes, des Herrn der Welten, entzweigerissen wurde. Aber dieser Unterdrückte blieb still und ruhig in dem Größten Gefängnis und befasste sich mit Seinen eigenen Angelegenheiten, völlig losgelöst von allem außer Gott. Das Unrecht wurde so schwer, dass die Federn der Welt nicht die Kraft haben, es aufzuzeichnen.
In diesem Zusammenhang ist es notwendig, die folgende Begebenheit zu erwähnen, damit sich die Menschen fest an das Seil der Gerechtigkeit und Wahrhaftigkeit halten mögen. Ḥájí Shaykh Muḥammad-‘Alí – auf ihm sei die Herrlichkeit Gottes, des Immerwährenden – war ein hochangesehener Kaufmann, wohlbekannt bei den meisten Einwohnern der Großen Stadt (Konstantinopel).

Als vor kurzem die persische Botschaft in Konstantinopel insgeheim Unheil stiftete, bemerkte man, dass diese gläubige, aufrichtige Seele große Pein litt.

Schließlich warf er sich eines Nachts ins Meer, wurde jedoch von einigen Vorübergehenden gerettet.

Seine Tat wurde überall beredet, und verschiedene Leute legten sie auf unterschiedliche Weise aus.

Wenig später begab er sich des Abends in eine Moschee, verweilte dort, wie der Wächter jener Stätte berichtete, die ganze Nacht und verrichtete bis zum frühen Morgen, inbrünstig und mit Tränen in den Augen, seine Gebete und Bitten.

Als der Wächter bemerkte, dass er mit seiner Andacht plötzlich aufhörte, ging er zu ihm hin und fand, dass er bereits den Geist aufgegeben hatte.

Eine leere Flasche lag ihm zur Seite und zeigte an, dass er sich vergiftet hatte.

Kurz, der Wächter war sehr erschrocken und überbrachte den Leuten die Nachricht.

Man fand heraus, dass er zwei Testamente hinterlassen hatte.

Im ersten anerkannte und bezeugte er die Einheit Gottes, dass Gottes erhabenes Sein weder Gefährten noch Seinesgleichen habe und dass Sein Wesen hoch über allem Lobpreis, aller Verherrlichung und Beschreibung stehe.

Auch legte er Zeugnis ab für die Offenbarung der Propheten und der Heiligen und anerkannte, was in den Büchern Gottes, des Herrn aller Menschen, niedergelegt ist.

Auf einem anderen Blatt, worauf er ein Gebet aufgezeichnet hatte, schrieb er zum Schluss die Worte:

»Dieser Diener und die Geliebten Gottes sind bestürzt.

Einerseits hat die Feder des Höchsten allen Menschen verboten, sich in Aufruhr, Streit und Kampf einzulassen, und andererseits hat diese selbe Feder die erhabenen Worte herniedergesandt: ›So jemand in der Gegenwart der Manifestation bei einer Seele böse Absicht entdeckt, darf er sich ihr nicht widersetzen, sondern muss sie Gott überlassen.‹ In Anbetracht dessen, dass einesteils jener bindende Befehl klar und fest begründet ist und auf der anderen Seite Verleumdungen geäußert wurden, so schwer, dass es über Menschenkraft geht, sie zu ertragen, hat dieser Diener beschlossen, die schlimmste Sünde zu begehen.

Ich wende mich flehentlich zum Meer der Güte Gottes, zum Himmel Seiner Barmherzigkeit und hoffe, dass Er mit der Feder Seiner Gnade und Gunst die Missetaten dieses Dieners austilgt.

Sind meine Übertretungen auch mannigfach und meine Übeltaten unzählig, so klammere ich mich doch beharrlich an das Seil Seiner Gaben und an den Saum Seiner Großmut.

Gott ist Zeuge, und die Seiner Schwelle nahe sind, wissen es wohl, dass dieser Diener es nicht ertragen konnte, die Schauermärchen anzuhören, die von den Verrätern verbreitet wurden.

Deshalb habe ich diese Tat begangen.

Wenn Er mich züchtigt, gebührt Ihm wahrlich Preis für das, was Er tut, und wenn Er mir vergibt, soll Sein Geheiß befolgt werden.«
Sinne nun nach, o Shaykh, über den Einfluss des Wortes Gottes, auf dass du dich von der linken Hand eitler Einbildungen zur Rechten der Gewissheit wendest. In der Sache Gottes ist dieser Unterdrückte niemals heuchlerisch gegen irgend jemanden vorgegangen; laut habe Ich das Wort Gottes vor dem Angesicht Seiner Geschöpfe verkündet. Wer es wünscht, den lasse sich diesem Wort zuwenden, und wer es wünscht, der möge sich abkehren. Wenn aber dies geleugnet wird, was so klar, so offenbar, so unzweifelhaft ist, was kann dann in den Augen einsichtsvoller Menschen noch annehmbar und glaubenswert erscheinen? Wir flehen zu Gott – gepriesen und verherrlicht sei Er –, dem Vorgenannten (Ḥájí Shaykh Muḥammad-‘Alí) zu vergeben und seine üblen Taten in gute zu verwandeln. Er, wahrlich, ist der Allmächtige, der Allmachtvolle, der Allgütige.
Es sind solche Dinge in dieser Offenbarung erschienen, dass es weder für die Größen der Wissenschaft und Gelehrsamkeit noch für die Offenbarungen der Gerechtigkeit und Billigkeit eine andere Möglichkeit gibt, als sie anzuerkennen. Deine Pflicht ist es an diesem Tage, dich mit himmlischer Macht zu erheben und mit der Kraft des Wissens bei den Völkern der Welt alle Zweifel zu zerstreuen, auf dass alle Menschen geheiligt werden, ihre Schritte zum Größten Meere lenken und sich fest an das halten, was Gottes Absicht ist.
Jeder, der sich von Mir wendet, hält sich an seine eigenen eitlen Worte und erhebt damit Einwände gegen Ihn, der die Wahrheit ist.

Gnädiger Gott!

Die Hinweise, die die Heiligen und Erwählten auf Gottheit und Göttlichkeit machten, sind als Gründe der Leugnung und Verwerfung ins Feld geführt worden.

Der Imám Ṣádiq sagte:

»Dienstbarkeit ist etwas, dessen Wesen Gottesbewusstsein ist.« Der Gebieter der Gläubigen (Imám ‘Alí) antwortete einem Araber, der ihn über die Seele befragte, wie folgt:

»Das dritte ist die Seele, welche göttlich und himmlisch ist.

Sie ist göttliche Wirkkraft, eine Wesenheit, einfach und selbstbestehend.« Und weiter sagt er – Friede sei mit ihm:

»Daher ist sie das erhabenste Wesen Gottes, der Baum der Glückseligkeit, der Lotosbaum, über den hinaus keiner gehen kann, der Garten des Friedens.« Der Imám Ṣádiq sprach:

»Wenn sich unser Qá’im erhebt, wird die Erde im Lichte ihres Herrn erstrahlen.« Auch wird Abí-‘Abdi’lláh – Friede sei mit ihm – eine längere Überlieferung zugeschrieben, in der sich folgende erhabenen Worte finden:

»Darauf wird Er, der Allbezwingende – gepriesen und verherrlicht sei Er – von den Wolken herabsteigen mit den Engeln.« Und im machtvollen Qur’án:

»Was könnten solche Menschen anderes erwarten, als dass Gott herniederkommen werde zu ihnen, überschattet von Wolken?« Und in der Überlieferung des Mufaḍḍal steht:

»Der Qá’im wird sich mit dem Rücken gegen das Allerheiligste lehnen und wird die Hand ausstrecken, und siehe, sie wird schneeweiß, aber unverletzt sein.

Und Er wird sprechen: ›Dies ist die Hand Gottes, die rechte Hand Gottes, die von Gott kommt, auf Befehl Gottes!‹« Wie man diese Überlieferungen auch auslegt, in gleicher Weise möge man auslegen, was die Erhabenste Feder niedergeschrieben hat.

Der Gebieter der Gläubigen ( Imám ‘Alí) sagte:

»Ich bin Er, der weder mit Namen genannt noch beschrieben werden kann.« Und weiter sprach Er:

»Nach außen hin bin Ich ein Imám; inwendig bin Ich der Unerschaute, der Unerkennbare.« Abú-Ja‘far-i-Ṭúsí sprach:

»Ich sagte zu Abí-‘Abdi’lláh: ›Du bist der Weg, der im Buche Gottes erwähnt ist, und du bist die Gottessteuer, und du bist die Pilgerfahrt.‹ Er antwortete: ›O Mensch!

Wir sind der Weg, der im Buche Gottes erwähnt ist, und Wir sind die Gottessteuer, und Wir sind die Fasten, und Wir sind die Pilgerfahrt, und Wir sind der Heilige Monat, und Wir sind die Heilige Stadt, und Wir sind die Ka‘bah Gottes, und Wir sind die Qiblih Gottes, und Wir sind das Angesicht Gottes.‹« Jábir berichtet, dass Abú-Ja‘far – Friede sei mit ihm – folgendes zu ihm gesprochen habe:

»O Jábir!

Gib acht auf den Bayán (Auslegung) und auf die Ma‘ání (Bedeutungen).« Er – Friede sei mit ihm – fügte hinzu:

»Was den Bayán anbelangt, so besteht er darin, dass du Gott – verherrlicht sei Er – anerkennst als den Einen, der nicht Seinesgleichen hat, dass du Ihn anbetest und dich weigerst, Ihm Gefährten beizugesellen.

Was die Ma‘ání angeht, so sind Wir ihr Inhalt, ihre Lende, ihre Hand, ihre Zunge, ihre Ursache, ihr Befehl, ihre Erkenntnis und ihr Recht.

Wenn Wir Uns etwas wünschen, ist es Gott, der es wünscht, und Er begehrt, was Wir begehren.« Auch der Gebieter der Gläubigen ( Imám ‘Alí) – Friede sei mit ihm – sagte:

»Wie kann ich einen Herrn anbeten, den ich nicht gesehen habe?« Und in anderem Zusammenhang sprach er:

»Ich nehme nichts wahr, es sei denn, ich nehme Gott zuvor, Gott hernach oder Gott zusammen damit wahr.«
O Shaykh! Denke nach über die Dinge, die angeführt wurden, auf dass du den versiegelten Wein trinkst durch die Kraft des Namens Dessen, der der Selbstbestehende ist, und du das erlangst, was keiner begreifen kann. Gürte die Lenden des Bemühens und wende dich dem Erhabensten Königreich zu, auf dass du den Hauch der Offenbarung und Eingebung, wie er auf Mich herniederkommt, begreifst und ebenfalls dazu gelangst. Wahrlich, Ich sage: Die Sache Gottes hatte nie, noch hat sie heute, etwas Ebenbürtiges. Zerreiße die Schleier eitler Einbildungen. Er wird dich wahrlich bestärken und unterstützen, als ein Zeichen Seiner Gnade. Er ist in Wahrheit der Starke, der Allbezwingende, der Allmächtige. Dulde nicht, dass du leer ausgehst, solange es noch Zeit ist und der gesegnete Lotosbaum seine Stimme noch laut unter den Menschen hören lässt. Setze dein Vertrauen in Gott, stelle Ihm deine Geschäfte anheim; alsdann betrete dieses Größte Gefängnis, auf dass du hörst, was noch kein Ohr gehört, und schaust, was noch kein Auge je erblickt hat. Gibt es nach einer solchen Darlegung noch Raum für Zweifel? Nein, bei Gott, der über Seiner Sache steht! Wahrlich, Ich sage: An diesem Tage finden die gesegneten Worte »Er aber ist der Gesandte Gottes und das Siegel der Propheten« ihre Erfüllung in dem Vers: »Der Tag, da die Menschheit vor dem Herrn der Welten stehen wird«. Statte Gott für eine solch große Gunst deinen Dank ab.
O Shaykh! Der Hauch der Offenbarung lässt sich mit keinem anderen Odem verwechseln. Jetzt steht der Lotosbaum, über den hinaus keiner gehen kann, vor deinen Augen, beladen mit ungezählten Früchten; besudle dich nicht mit eitlen Einbildungen, wie es die Menschen vergangener Zeiten taten. Diese Worte verkünden das wahre Wesen des Gottesglaubens. Er ist für alle Dinge Zeuge. Um die Wahrheit Seiner Offenbarung darzutun, war und ist Er niemals auf irgend jemanden angewiesen. Wohl an die hundert Bände strahlender Verse und deutlicher Worte sind schon vom Himmel des Willens Dessen herabgesandt worden, der der Offenbarer der Zeichen ist, und sie sind allen zugänglich. Es ist an dir, dich dem Letzten Ziel zuzuwenden, dem Höchsten Ende, dem Hehrsten Gipfel, auf dass du hörst und schaust, was von Gott, dem Herrn der Welten, verkündet wurde.
Sinne eine Weile nach über die Verse von der Göttlichen Gegenwart, die Er, der Herr im Königreich der Namen, im Qur’án herniedersandte, damit du vielleicht den Geraden Pfad erkennst und zum Mittel der Führung für Seine Geschöpfe wirst.

Ein Mann wie du muss sich an diesem Tage erheben, Unserer Sache zu dienen.

Die Erniedrigung dieses Unterdrückten wie auch dein Ruhm werden beide vergehen.

Strebe danach, eine Tat zu vollbringen, deren Duft niemals von der Erde verweht.

Über die Göttliche Gegenwart ist herabgesandt worden, was kein Leugner jemals zu verwerfen oder zu widerlegen imstande war oder ist.

Er – gepriesen und verherrlicht sei Er – spricht:

»Es ist Gott, der die Himmel ohne Pfeiler, die du sehen kannst, errichtet hat; dann bestieg Er Seinen Thron und auferlegte Sonne und Mond Gesetze:

Beide wandern zu ihrem bestimmten Ziel.

Er ordnet alle Dinge.

Er macht Seine Zeichen deutlich, damit du festen Glauben hast an die Gegenwart deines Herrn.« Er spricht auch:

»Zu dem, der in die Gegenwart Gottes zu gelangen hofft, wird die festgesetzte Zeit Gottes sicherlich kommen.

Er ist der Hörende, der Wissende.« Und weiter sagt Er – verherrlicht sei Er:

»Was jene angeht, die nicht an die Zeichen Gottes oder daran glauben, dass sie je in Seine Gegenwart gelangen – sie werden an Meiner Barmherzigkeit verzweifeln, und schlimme Züchtigung harrt ihrer.« Desgleichen spricht Er:

»Und sie sagen: ›Wie denn?

Wenn wir in der Erde verborgen lagen, sollen wir da neu erschaffen werden?‹ Wahrhaftig, sie leugnen, dass sie in die Gegenwart ihres Herrn gelangen werden.« Und weiter sagt Er:

»In der Tat, sie bezweifeln die Gegenwart ihres Herrn.

Er, wahrlich, ist über allen Dingen.« Und weiter spricht Er:

»Wahrlich, die hoffen, nicht in Unsere Gegenwart zu gelangen, die in diesem Erdenleben Genüge finden und dabei bleiben, die Unserer Zeichen nicht achten – ihr Aufenthalt ist das Feuer, zur Vergeltung für ihre Taten!« Und ferner spricht Er:

»Aber wenn ihnen Unsere deutlichen Zeichen kundgetan werden, sagen sie, die nicht erwarten, in Unsere Gegenwart zu gelangen: ›Bringe einen Qur’án, der anders ist als dieser hier, oder ändere ihn ab.‹ Sprich:

Es ist nicht an Mir, ihn zu ändern, wie es Mir Meine eigene Seele eingibt.

Ich befolge nur, was Mir geoffenbart ist.

Wahrlich, Ich fürchte, so Ich Mich gegen Meinen Herrn auflehne, die Strafe eines großen Tages.« Und gleicherweise sagt Er:

»Dann gaben Wir das Buch an Moses – vollständig für Ihn, damit Er recht handle, ein Entscheid für alle Fälle, eine Führung, eine Barmherzigkeit, auf dass sie an die Gegenwart ihres Herrn glauben.« Desgleichen sagt Er:

»Das sind jene, die nicht an die Zeichen des Herrn oder daran glauben, dass sie in Seine Gegenwart gelangen werden.

Eitel sind darum ihre Werke, und kein Gewicht werden Wir ihnen am Tage der Auferstehung zumessen.

Die Hölle wird ihr Lohn sein, denn sie waren Ungläubige und taten Meine Zeichen und Meine Gesandten verächtlich ab.« Fernerhin sagt Er:

»Ist dir die Geschichte von Moses bekannt?

Wie Er ein Feuer sah und zu Seiner Familie sagte: ›Wartet hier, denn Ich sehe ein Feuer; vielleicht kann Ich euch davon bringen, oder Ich treffe bei dem Feuer einen Führer.‹ Und als Er hinkam, wurde Er angerufen: ›O Moses!

Wahrlich, Ich bin Dein Herr; ziehe deshalb Deine Schuhe aus, denn Du bist in dem heiligen Tal von Towa.

Und Ich habe Dich auserwählt; höre denn, was verkündet werden soll.

Wahrlich, Ich bin Gott.

Es gibt keinen Gott außer Mir.

Deshalb bete Mich an.‹« Und weiter sagt Er:

»Haben sie nicht bei sich bedacht, dass Gott die Himmel und die Erde und alles, was dazwischen ist, nur für ein bedeutsames Ziel und eine festgesetzte Frist erschaffen hat?

Aber in Wirklichkeit glauben die meisten Menschen nicht, dass sie in die Gegenwart ihres Herrn gelangen werden.« Desgleichen spricht Er:

»Wie!

Denken sie denn nicht daran, dass sie wieder auferstehen werden zum Großen Tag, dem Tag, da die ganze Menschheit vor dem Herrn der Welten stehen wird?« Ebenso sagt Er:

»Vormals gaben Wir Moses das Buch.

Hege keinen Zweifel, dass Er in Unsere Gegenwart gelangt ist.« Und Er spricht:

»Ja!

Aber wenn die Erde zermalmt wird mit Krachen, Krachen, und dein Herr kommen wird und die Engel, Reihe um Reihe.« Und desgleichen sagt Er:

»Gern würden sie das Licht Gottes mit dem Mund ausblasen!

Aber wenn es auch die Ungläubigen hassen, Gott wird Sein Licht vollenden.« Und weiter spricht Er:

»Und als Moses die Zeit erfüllt hatte und mit Seiner Familie reiste, sah Er ein Feuer am Bergeshang.

Er sagte zu Seiner Familie: ›Wartet, denn Ich sehe ein Feuer.

Vielleicht kann Ich euch von dort Kunde bringen, oder einen Teil davon, euch zu wärmen.‹ Und als Er hinkam, rief Ihn eine Stimme aus dem Busch an, von der rechten Seite des Tales am geheiligten Ort: ›O Moses, Ich bin wahrlich Gott, der Herr der Welten!‹«
In allen Heiligen Büchern ist die Verheißung der Göttlichen Gegenwart deutlich aufgezeichnet. Mit dieser Gegenwart ist die Gegenwart Dessen gemeint, der der Tagesanbruch der Zeichen ist, der Dämmerungsort der klaren Beweise, die Manifestation der Herrlichen Namen, die Quelle der Eigenschaften des wahren Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit. Gott in Seinem Wesen und Seinem Urselbst ist allezeit unsichtbar, unerreichbar und unerforschlich. Unter Gegenwart ist deshalb die Gegenwart Dessen zu verstehen, der Sein Statthalter unter den Menschen ist. Überdies hatte und hat Er niemals Gefährten oder Seinesgleichen. Denn hätte Er sie, wie könnte dann dargetan werden, dass das Sein Gottes erhaben und Sein Wesen geheiligt sind über jeden Vergleich, jede Ähnlichkeit? Kurz gesagt, im Kitáb-i-Íqán (Buch der Gewissheit) ist über die Gegenwart und die Offenbarung Gottes verkündet worden, was dem redlich Gesinnten genügt. Wir flehen zu Ihm – gepriesen sei Er –, einem jeden beizustehen, das Wesen der Wahrhaftigkeit zu verkörpern und Ihm nahezukommen. Er ist wahrlich der Herr der Kraft und Macht. Es gibt keinen Gott außer Ihm, dem Allhörenden, dem Herrn des Wortes, dem Allmächtigen, dem Allgepriesenen.
O du, der du für deine Gelehrsamkeit bekannt bist! Gebiete den Menschen zu tun, was lobenswert ist, und gehöre nicht zu den Zaudernden. Beobachte mit scharfem Auge. Die Sonne der Wahrheit scheint in Strahlenfülle vom Horizont der Gefängnisstadt ‘Akká, auf Geheiß des Herrn im Königreich des Wortes, des Herrn im Himmel der Erkenntnis. Alles Leugnen hat sie nicht verdunkeln können, und zehntausend Heere, in Schlachtreihen gegen sie aufgestellt, waren ohnmächtig, sie am Scheinen zu hindern. Du kannst dich nicht länger entschuldigen. Entweder musst du sie erkennen, oder – Gott bewahre – dich aufmachen und alle Propheten verleugnen!
Sinne nach, o Shaykh, über die Shí‘iten. Wie groß ist die Zahl der Luftschlösser, die sie mit den Händen eitler Vorstellungen und leerer Einbildungen errichteten, und wie zahlreich die Städte, die sie so bauten! Schließlich wurden diese leeren Einbildungen in Kugeln geschmolzen und auf Ihn, den Prinzen der Welt, geschossen. Nicht eine Seele unter den Führern dieser Sekte anerkannte Ihn am Tage Seiner Offenbarung! Sooft von Seinem gesegneten Namen die Rede war, pflegten sie alle zu sagen: »Möge Gott die Freude beschleunigen, die Sein Kommen bringen wird!« Wie man gesehen hat, riefen sie jedoch am Tage der Offenbarung jener Sonne der Wahrheit: »Möge Gott Seine Pein beschleunigen!« Ihn, das Wesen des Seins und den Herrn des Sichtbaren wie des Unsichtbaren, setzten sie ab, und sie begingen, was das Tablet weinen und die Feder stöhnen machte, was den Aufrichtigen Schreie erpresste und die Tränen der Begünstigten strömen ließ.
Überlege gut, o Shaykh, und sei redlich in dem, was du sagst. Die Anhänger des Shaykhs von Aḥsá (Shaykh Aḥmad) haben mit der Hilfe Gottes begriffen, was dem Verständnis anderer verschleiert war und wovon diese ausgeschlossen blieben. Kurz, in jedem Zeitalter, in jedem Jahrhundert haben sich in den Tagen der Manifestation jener Tagesanbrüche der Offenbarung, jener Aufgangsorte der Eingebung, jener Schatzkammern göttlicher Erkenntnis Streitigkeiten erhoben, die von lügenhaften und gottlosen Seelen verursacht wurden. Es ist nicht statthaft, sich hierüber zu verbreiten. Du selbst bist besser bekannt und vertraut mit den eitlen Vorstellungen der Abergläubischen und den leeren Einbildungen der Zweifler.
An diesem Tage fordert dieser Unterdrückte dich auf, dich und die anderen Geistlichen, die vom Kelch der Erkenntnis Gottes getrunken haben und von den strahlenden Worten des Tagesgestirns der Gerechtigkeit erleuchtet sind, eine Person zu bestimmen, ohne dass jemand davon weiß, ihn in diese Gegend zu entsenden und es ihm zu ermöglichen, eine zeitlang auf der Insel Zypern zu weilen und mit Mírzá Yaḥyá zusammenzutreffen; vielleicht wird jene Person dann über die Grundlagen dieses Glaubens und die Quelle der göttlichen Gesetze und Gebote ins Bild gesetzt.
Wolltest du eine Weile nachdenken, du würdest die Weisheit, Macht und höchste Herrschaft Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – bezeugen. Einige wenige, die nichts von dieser Sache wissen und nicht mit Uns zusammengekommen sind, haben sich in solcher Weise geäußert, dass alle Dinge und solche Seelen, die in Gewissheit leben, die Gott wohlgefällig waren und sind, den Betrug jener Achtlosen [Mírzá Yaḥyá und seine Anhänger] bezeugen. Wolltest du dich nunmehr bemühen, dann würde die Wahrheit dieser Sache vor der Menschheit offengelegt, und das Volk wäre von diesem schrecklichen, drückenden Dunkel befreit. Wer außer Bahá kann so vor dem Angesicht der Menschen sprechen, und wer außer Ihm hat die Macht zu verkünden, was Ihm von Gott, dem Herrn der Heerscharen, befohlen ward?
Jener Achtlose hat sich nun gar an den Brauch des Rawḍih-Khání (die traditionelle Wehklage um den Imám Ḥusayn) geklammert. Ich schwöre bei Gott, er ist in deutlichem Irrtum. Denn es ist der Glaube dieses Volkes, dass sich während der Offenbarung des Qá’im die Imáme – möge der Friede Gottes mit ihnen sein – aus ihren Grabmälern erheben. Dies ist die Wahrheit, und es gibt keinen Zweifel darüber. Wir flehen zu Gott, Er möge den Abergläubischen ein wenig von den Lebenswassern der Gewissheit zuteilen, die aus dem Brunnquell der Erhabensten Feder strömen, damit alle erlangen, was ihnen in diesen Tagen geziemt.
O Shaykh! Umgeben von Drangsal, befasst sich dieser Unterdrückte mit der Niederschrift dieser Worte. Auf allen Seiten sind die Flammen der Bedrückung und der Tyrannei zu sehen. Es erreichten Uns einerseits Nachrichten, dass Unsere Geliebten im Lande Ṭá (Ṭihrán) gefangengesetzt wurden, und dies, obwohl Sonne und Mond, Land und Meer bezeugen, dass diese Menschen den Schmuck der Treue tragen, dass sie sich an nichts hielten und halten werden als an das, was die Gewähr für die Erhöhung der Regierung, die Aufrechterhaltung der Ordnung in der Nation und die Ruhe des Volkes bietet.
O Shaykh! Immer wieder haben Wir erklärt, dass Wir eine Reihe von Jahren Seiner Majestät dem Sháh Unsere Hilfe angedeihen ließen. Jahrelang hat sich in Persien kein widriger Zwischenfall ereignet. Die Zügel der Aufruhrstifter in den verschiedenen Sekten blieben fest in der Hand der Macht. Keiner hat seine Schranken überschritten. Bei Gott! Diese Menschen waren nie geneigt, Unheil zu stiften, und sind es auch heute nicht. Ihr Herz ist mit dem Licht der Gottesfurcht erleuchtet und mit dem Schmuck Seiner Liebe geziert. Ihr Bestreben war und ist die Besserung der Welt. Ihre Absicht ist, Streitigkeiten zu beseitigen und die Flamme des Hasses und der Feindschaft zu ersticken, auf dass die ganze Erde schließlich als ein Land betrachtet wird.
Auf der anderen Seite suchen die Beamten der persischen Gesandtschaft in der Großen Stadt (Konstantinopel) mit aller Kraft und unablässig, diese Unterdrückten hier zu vernichten.

Sie wünschen das eine, und Gott wünscht ein anderes.

Betrachte nun, was über die Vertrauten Gottes in jedem Land gekommen ist.

Einmal wurden sie des Raubes und Diebstahls bezichtigt, ein andermal in einer Weise verleumdet, die ohnegleichen in dieser Welt ist.

Gib du redlich Antwort:

Was können die Ergebnisse und Folgen in fremden Ländern sein, wenn die persische Gesandtschaft gegen eigene Untertanen die Anklage des Diebstahls erhebt?

Wenn sich dieser Unterdrückte schämte, war es nicht ob der Erniedrigung, die es diesem Diener einbrachte, sondern ob der Schande, dass die Gesandten anderer Länder erfuhren, wie unfähig und verständnislos verschiedene hohe Beamte der persischen Gesandtschaft sind.

»Schleuderst du deine Verleumdungen in das Angesicht Derer, die der eine wahre Gott zu Hütern der Schätze Seines siebten Himmels gemacht hat?« Kurz, anstatt zu versuchen, durch Ihn, der diese erhabene Stufe einnimmt, den höchsten Rang zu erlangen und Seinen Rat einzuholen, geben sie sich die äußerste Mühe und tun ihr Möglichstes, um Sein Licht auszulöschen.

Allerdings war, wie berichtet wird, Seine Exzellenz, der Gesandte Mu‘ínu’l-Mulk, Mírzá Muḥsin Khán – möge Gott ihm beistehen –, zu jener Zeit von Konstantinopel abwesend.

Solches geschah, weil man glaubte, Seine Majestät der Sháh von Persien – möge der Allbarmherzige ihm helfen – sei erzürnt über jene, die das Heiligtum der Weisheit erreichten und umkreisten.

Gott weiß und bezeugt, dass sich dieser Unterdrückte allezeit fest an das gehalten hat, was der Regierung und dem Volke zum Ruhm gereicht.

Gott, wahrlich, genügt als Zeuge.
Das Volk Bahás beschreibend, hat die Erhabenste Feder folgende Worte herniedergesandt: »Wahrlich, dies sind Menschen, welche, wenn sie in Städte von reinem Gold kommen, derer nicht achten; und wenn sie der schönsten und anmutigsten aller Frauen begegnen, wenden sie sich ab.« Solches wurde durch die Erhabenste Feder für das Volk Bahás von seiten des Ratgebers, des Allwissenden herabgesandt. Und in den letzten Absätzen des Tablets an Seine Majestät den Kaiser von Paris (Napoleon III.) sind diese erhabenen Worte geoffenbart: »Frohlockst du über die Schätze, die du besitzest, wo du doch weißt, dass sie vergehen werden? Freust du dich darüber, dass du eine Spanne Erde beherrschst, während die ganze Welt in den Augen des Volkes Bahás so viel wert ist wie das Schwarze im Auge einer toten Ameise? Überlasse dies denen, die ihre Lust dareingesetzt haben, und wende dich Ihm, der Sehnsucht der Welt, zu.«
Gott allein – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – weiß um die Dinge, die über diesen Unterdrückten gekommen sind. Jeder Tag bringt Uns einen neuen Bericht über Gerüchte, die gegen Uns in der Gesandtschaft in Konstantinopel umlaufen. Gnädiger Gott! Das einzige Ziel ihrer Machenschaften ist, diesen Diener vollends zu vernichten. Sie vergessen jedoch, dass Erniedrigung auf dem Pfade Gottes Mein wahrer Ruhm ist. In den Zeitungen stand: »Was die Betrügereien einiger Verbannter in ‘Akká und ihre Ausschreitungen gegen verschiedene Leute angeht, usw. …« Den Verkörperungen der Gerechtigkeit und den Dämmerungsorten der Redlichkeit sind Meine Absicht und Mein Ziel klar und offenkundig. Kurz, man machte sich auf, Mir mannigfache Drangsal zuzufügen, und behandelte Mich ungerecht und grausam. Bei Gott! Nicht gegen die erhabenste Wohnstatt möchte dieser Unterdrückte dieses Exil eintauschen. In den Augen der Einsichtsvollen ist alles, was dem Menschen auf dem Pfade Gottes widerfährt, offenbarer Ruhm und höchster Gewinn. Früher schon sagten Wir: »Ruhm sei Dir, o mein Gott! Wäre es nicht durch die Leiden auf Deinem Pfad, wie könnten die, welche Dich wirklich lieben, erkannt werden? Und wäre es nicht durch die Prüfungen, die aus Liebe zu Dir erduldet werden, wie anders könnte die Stufe derer, die sich nach Dir sehnen, kund werden?«
Solche Erniedrigung fügte man Uns zu, dass man jeden Tag neue Verleumdungen verbreitete. Dieser Unterdrückte jedoch hält sich an die Ihm geziemende Geduld. Wollte doch Seine Majestät der Sháh einen Bericht darüber anfordern, was Uns in Konstantinopel zustieß, damit er mit dem wirklichen Sachverhalt vertraut werde. O Sháh! Ich beschwöre dich bei deinem Herrn, dem Gott der Barmherzigkeit, prüfe diese Angelegenheit mit unparteiischem Auge. Ist denn kein aufrechter Mensch zu finden, der an diesem Tage nach der Richtschnur dessen, was Gott in Seinem Buch herniedergesandt hat, urteilt? Wo ist der Redliche, der unparteiisch abwägt, was gegen Uns verübt wurde, ohne klares Zeichen oder Beweis?
O Shaykh! Denke über das Verhalten der Menschen nach. In den Städten der Erkenntnis und der Weisheit sind die Bewohner tief bestürzt; sie fragen sich, wie es kommt, dass sich die Shí‘iten, welche sich selbst als die gelehrtesten, redlichsten und frömmsten Menschen auf Erden betrachteten, an diesem Tage von Seiner Offenbarung abwenden und eine nie erlebte Grausamkeit bezeigen. Es ist deine Pflicht, dir dies eine Weile zu überlegen. Wie viele Geistliche sind seit Anbeginn jener Sekte bis auf den heutigen Tag aufgetreten, von denen keiner die wahre Natur dieser Offenbarung erkannt hat. Was kann der Grund für diese Widerspenstigkeit sein? Wollten Wir es sagen, es würde ihnen die Glieder zerreißen. Sie müssen unbedingt darüber nachdenken, tausendmal tausend Jahre lang darüber nachdenken, damit sie vielleicht ein paar Tropfen vom Weltmeer der Erkenntnis erlangen und entdecken, was sie an diesem Tage nicht beachten.
Ich wandelte im Lande Ṭá (Ṭihrán) – dem Aufgangsort der Zeichen deines Herrn; siehe, da hörte Ich das Klagelied der Kanzeln und ihr Bittgebet zu Gott – gepriesen und verherrlicht sei Er. Laut schrien sie und sprachen: »O Gott der Welt und Herr der Völker! Du siehst unseren Zustand und was die Grausamkeit Deiner Diener über uns brachte. Du hast uns erschaffen und geoffenbart zu Deiner Verherrlichung, Deinem Lobpreis. Nun hörst Du, was die Verstockten in Deinen Tagen über uns verkünden. Bei Deiner Macht! Unsere Seelen schmelzen dahin und unsere Glieder erzittern. Wehe, wehe! Hättest Du uns doch nie erschaffen und geoffenbart!«
Diese Worte verzehren die Herzen derer, die sich nahen Zugangs zu Gott erfreuen, und laut erhebt sich die Klage jener, die Ihm ergeben sind. Immer wieder haben Wir um Gottes willen die hochgestellten Geistlichen ermahnt und sie zum Erhabensten Horizont geladen, auf dass sie in den Tagen Seiner Offenbarung vom Meer der Worte Dessen, der die Sehnsucht der Welt ist, ihr Teil erhielten und nicht völlig leer ausgingen.
In den meisten Unserer Tablets wurde diese bedeutsamste Ermahnung vom Himmel Seiner allumfassenden Barmherzigkeit herniedergesandt. Wir sprachen: »O Schar der Herrscher und der Geistlichen! Neigt euer Ohr der Stimme, die vom Horizont ‘Akkás ruft. Wahrlich, sie hilft euch, den rechten Weg zu gehen; sie bringt euch näher zu Ihm und lenkt eure Schritte zu der Stufe, die Gott zum Tagesanbruch Seiner Offenbarung und zum Dämmerungsort Seines Strahlenglanzes gemacht hat. O ihr Völker der Welt! Er, der Größte Name, ist von dem altehrwürdigen König gekommen und hat den Menschen diese Offenbarung verkündet, die in Seiner Erkenntnis, in der Schatzkammer Seines Gewahrsams, verborgen und behütet war und die von der Erhabensten Feder im Buche Gottes, des Herrn der Herren, niedergelegt wurde. O Volk von shín (Shíráz)! Habt ihr Meine Güte und Meine Barmherzigkeit vergessen, die alles Erschaffene überragen und die von Gott, der den Menschen die Nacken beugt, ausgingen?«
Im Kitáb-i-Aqdas (dem Heiligsten Buch) ist folgendes geoffenbart:

»Sprich:

O Führer der Religion!

Wägt nicht das Buch Gottes nach den Maßstäben und Wissenschaften, die bei euch im Schwange sind; denn das Buch selbst ist die untrügliche Waage, die unter den Menschen aufgestellt wurde.

Auf dieser vollkommenen Waage muss alles gewogen werden, was den Völkern und Geschlechtern eigen ist, während die Skala ihres Gewichts nach ihrem eigenen Richtmaß geprüft werden muss – wenn ihr es nur wüsstet.

Bitter weint das Auge Meiner Güte über euch, weil ihr versäumt habt, Ihn zu erkennen, nach dem ihr Tag und Nacht, am Morgen wie am Abend, gerufen habt.

O Volk, schreite mit schneeweißem Gesicht und mit strahlendem Herzen voran zu dem seligen, blutroten Ort, wo der Baum, über den hinaus keiner gehen kann, ruft: ›Wahrlich, es gibt keinen Gott außer Mir, dem allmächtigen Beschützer, dem Selbstbestehenden!‹ O ihr Religionsführer in Persien!

Wer von Euch kommt Mir an geistiger Schau und Scharfblick gleich?

Wer kann es wagen zu behaupten, er sei Meinesgleichen an Wortgewalt und Weisheit?

Nein, bei Meinem Herrn, dem Allbarmherzigen!

Alle auf Erden werden vergehen; und dies ist das Antlitz eures Herrn, des Allmächtigen, des Vielgeliebten.

Wir haben bestimmt, o Menschen, dass das höchste und letzte Ziel aller Bildung die Erkenntnis Dessen ist, der den Gegenstand alles Wissens bildet; und nun seht, wie ihr eurer Gelehrsamkeit gestattet habt, dass sie euch wie durch einen Schleier trennt von Ihm, dem Tagesanbruch dieses Lichtes, durch welchen alles Verborgene offenbar wurde.

Sprich:

Dies ist wahrlich der Himmel, in dem das Mutterbuch verwahrt ist – könntet ihr es doch begreifen.

Er ließ den Felsen rufen und den Brennenden Busch eine Stimme auf dem Berge über dem Heiligen Land erheben und verkünden: ›Das Reich ist Gottes, des unumschränkten Herrn aller, des Allmächtigen, des Liebenden!‹ Wir haben keine Schule besucht noch eine eurer Abhandlungen gelesen.

Neigt euer Ohr den Worten dieses Ungelehrten, mit denen Er euch vor Gott, den Immerbestehenden, ruft.

Besser ist dies für euch als alle Schätze der Erde – könntet ihr es doch begreifen.

Wer auslegt, was vom Himmel der Offenbarung herniedergesandt ward, und dessen klaren Sinn ändert, der gehört wahrlich zu denen, die das erhabene Wort Gottes verdrehen, und zu den Verlorenen im Deutlichen Buche.«
Darauf hörten Wir das Seufzen des wahren Glaubens und sprachen zu ihm: »Warum, o wahrer Glaube, höre Ich dich zur Mitternacht aufschreien und des Tags seufzen und bei Sonnenaufgang klagen?« Er gab zur Antwort: »O Fürst der Welt, der Du im Größten Namen geoffenbart bist! Die Achtlosen haben Deine weiße Kamelstute gelähmt und Deine Rote Arche scheitern lassen. Sie wollten Dein Licht löschen und das Antlitz Deiner Sache verhüllen. Deshalb erhob sich meine Klage und die aller erschaffenen Dinge; und doch ahnen es die Menschen zum größten Teil nicht.« Der wahre Glaube hält sich an diesem Tage fest an den Saum Unserer Großmut und kreist um Unsere Person.
O Shaykh! Tritt in Meine Gegenwart, auf dass du schaust, was das Auge des Weltalls noch niemals schaute, und hörst, was das Ohr der ganzen Schöpfung noch nie vernahm, und du dich vom Kot eitler Einbildungen befreist und dein Angesicht auf die Erhabenste Stufe richtest, von der dieser Unterdrückte mit lauter Stimme ruft: »Das Reich ist Gottes, des Allmächtigen, des Allgepriesenen!« Wir hegen die Hoffnung, dass durch dein Bemühen die Schwingen der Menschen von allem Schmutz der Selbstsucht und Begierde geläutert und würdig werden, sich in die Lüfte der Liebe Gottes zu erheben. Mit Kot beschmutzte Flügel können sich niemals erheben. Dies bezeugen die Vertreter der Gerechtigkeit und Redlichkeit, und doch befinden sich die Menschen in offenbarem Zweifel.
O Shaykh! Widerspruch ist von allen Seiten gegen Uns laut geworden – solcher Widerspruch, dass Unsere Feder um Verzeihung fleht, ihn aufzuzeichnen. Dennoch haben Wir in Unserer großen Barmherzigkeit dem Verständnis der Menschen gemäß darauf geantwortet, auf dass sie vom Feuer des Leugnens und der Verneinung befreit und mit dem Lichte der Bestätigung und der Annahme erleuchtet würden. Redlichkeit ist selten zu finden, und Gerechtigkeit hat aufgehört zu bestehen.
Neben anderen wurden als Antwort an gewisse Personen folgende klare Verse vom Reich der Göttlichen Erkenntnis herniedergesandt:

»O du, der du deine Augen auf die Strahlen Meines Antlitzes gerichtet hast!

Eitle Einbildungen umgeben die Bewohner der Erde und hindern sie, sich dem Horizont der Gewissheit, seiner Klarheit, seinen Offenbarungen und seinem Lichte zuzuwenden.

Leere Vorstellungen halten sie von Ihm, dem Selbstbestehenden, ab.

Sie sprechen, wie es ihnen ihre Launen eingeben, und haben kein Verständnis.

Unter ihnen sind jene, die sagen: ›Sind die Verse geoffenbart worden?‹ Sprich: ›Ja, beim Herrn der Himmel!‹ ›Ist die Stunde gekommen?‹ ›Nein, sie ist sogar schon vorüber, bei Ihm, dem Offenbarer klarer Zeichen!

Wahrlich, die Unvermeidliche ist gekommen, und Er, der Wahre, ist mit Zeugnis und Beweis erschienen.

Das Land liegt offen, und die Menschheit ist in Furcht und Schrecken.

Die Erde bebte, und die Geschlechter wehklagten aus Furcht vor Gott, dem Herrn der Kraft, dem Allbezwingenden.‹ Sprich: ›Betäubend laut erschallte die Posaune, und der Tag ist Gottes, des Einen, des Unbeschränkten.‹ ›Ist die Katastrophe eingetreten?‹ Sprich: ›Ja, bei dem Herrn der Herren!‹ ›Ist die Auferstehung gekommen?‹ ›Nein, mehr noch:

Er, der Selbstbestehende, ist mit dem Königreich Seiner Zeichen erschienen.‹ ›Siehst du die Menschen niedergestürzt?‹ ›Ja, bei meinem Herrn, dem Erhabenen, dem Höchsten!‹ ›Sind die Baumstämme entwurzelt worden?‹ ›Ja, mehr noch:

Selbst die Berge wurden durch Ihn, den Herrn der Eigenschaften, zu Staub zermahlen!‹ Sie sagen: ›Wo ist das Paradies und wo die Hölle?‹ Sprich: ›Das eine ist die Vereinigung mit Mir, das andere dein eigenes Selbst, o du, der du Gott Gefährten zugesellst und zweifelst.‹ Sie sagen: ›Wir sehen die Waage nicht.‹ Sprich: ›Freilich, bei meinem Herrn, dem Gott der Barmherzigkeit.

Keiner kann sie sehen außer den Einsichtsvollen.‹ ›Sind die Sterne vom Himmel gefallen?‹ Sprich: ›Ja, als Er, der Selbstbestehende, im Land des Geheimnisses (Adrianopel) wohnte.

Habt acht, ihr Einsichtigen!‹ Alle Zeichen erschienen, als Wir die Hand der Macht vom Busen der Majestät und Herrschaft hervorzogen.

Wahrlich, der Rufer hat gerufen, als die verheißene Zeit gekommen war, und sie, die den Strahlenglanz des Sinai erkannten, sanken ohnmächtig hin in der Wüste des Zauderns vor der furchtgebietenden Majestät deines Herrn, des Herrn der Schöpfung.

Die Posaune fragt: ›Wurde das Horn geblasen?‹ Sprich: ›Ja, bei dem König der Offenbarung!

Es geschah, als Er den Thron Seines Namens »der Allgütige« bestieg.‹ Die Finsternis wurde vom Morgenlicht der Barmherzigkeit deines Herrn, des Quells allen Lichtes, vertrieben.

Der Odem des Allbarmherzigen wehte, und die Seelen wurden in den Gräbern ihrer Körper erquickt.

So wurde der Ratschluss von Gott, dem Mächtigen, dem Wohltätigen, erfüllt.

Die Irregegangenen fragen: ›Wann wurden die Himmel gespalten?‹ Sprich: ›Während ihr in den Gräbern der Achtlosigkeit und des Irrtums lagt.‹ Einer der Achtlosen reibt sich die Augen und schaut zur Rechten und zur Linken.

Sprich: ›Verblendet bist du.

Keine Zuflucht bleibt dir, wohin du fliehen könntest.‹ Auch ist einer unter ihnen, der sagt: ›Sind die Menschen versammelt worden?‹ Sprich: ›Ja, bei Meinem Herrn, während du in der Wiege eitler Vorstellungen lagst.‹ Und ein anderer unter ihnen sagt: ›Ist das Buch durch die Macht des wahren Glaubens herniedergesandt worden?‹ Sprich: ›Der wahre Glaube selbst ist darüber in Staunen versetzt.

Fürchtet euch, o ihr Menschen mit verstehendem Herzen!‹ Und noch einer von ihnen sagt: ›Bin ich blind mit den anderen versammelt worden?‹ Sprich: ›Ja, bei Ihm, der auf den Wolken reitet!‹ Das Paradies ist mit mystischen Rosen geschmückt, und die Hölle lodert auf durch das Feuer der Gottlosen.

Sprich: ›Das Licht ist am Horizont der Offenbarung erschienen, und die ganze Erde wurde beim Kommen des Herrn am Tage des Bundes erleuchtet.‹ Die Zweifler sind zugrunde gegangen, aber gut bestellt ist es um den, der sich – vom Lichte der Überzeugung geführt – zum Dämmerungsort der Gewissheit wandte.

Gesegnet bist du, der du deinen Blick auf Mich richtest, um dieses Tablets willen, das für dich herniedergesandt wurde – ein Tablet, das den Seelen der Menschen Aufschwung gibt.

Präge es deinem Gedächtnis ein und trage es vor.

Bei Meinem Leben!

Es ist ein Tor zur Gnade deines Herrn.

Wohl dem, der es am Abend und am Morgen liest.

Wahrlich, Wir hörten, wie du diese Sache priesest, durch die der Berg des Wissens zermalmt wurde und die Füße der Menschen strauchelten.

Meine Herrlichkeit sei mit dir und allen, die sich dem Allmächtigen, dem Gabenreichen zugewandt haben.

Das Tablet ist nun beendet, aber das Thema ist noch nicht erschöpft.

Sei geduldig, denn dein Herr ist der Geduldige.«
Dies sind Verse, die Wir früher, kurz nach Unserer Ankunft in der Gefängnisstadt ‘Akká, offenbarten, und Wir senden sie dir, damit du weißt, was die lügnerischen Zungen gewisser Menschen sprachen, als Unsere Sache zu ihnen kam mit Macht und Herrschaft. Die Grundlagen eitler Vorstellungen sind erzittert, und der Himmel leerer Einbildungen wurde gespalten; dennoch sind die Menschen im Zweifel und hadern mit Ihm. Sie leugneten das Zeugnis Gottes und Seinen Beweis, als Er vom Himmel der Macht mit dem Königreich Seiner Zeichen kam. Sie verwarfen, was ihnen im Buche befohlen wurde, und verübten, was ihnen verboten ward. Abgewandt haben sie sich von ihrem Gott und sind ihren Begierden gefolgt. Sie sind wahrlich vom Wege abgekommen und in die Irre gegangen. Sie lesen die Verse und leugnen sie. Sie schauen die klaren Zeichen und kehren sich ab. In der Tat, sie sind in seltsamen Zweifeln verfangen.
Wir ermahnten Unsere Geliebten zur Gottesfurcht, die der Urquell aller guten Taten und Sitten ist. In der Stadt Bahás ist die Gottesfurcht die Führerin der Heerscharen der Gerechtigkeit. Glücklich der Mensch, der unter den Schatten ihres leuchtenden Banners tritt und sich fest daran hält. Er, wahrlich, zählt zu den Gefährten der Roten Arche, von der im Qayyúmu’l-Asmá’ die Rede ist.
Sprich: O Volk Gottes! Schmücke deine Tempel mit der Zier der Vertrauenswürdigkeit und Frömmigkeit. Alsdann hilf deinem Herrn mit den Heerscharen guter Taten und edler Eigenschaften. In Meinen Büchern, Schriften, Sendschreiben und Tablets haben Wir euch Streit und Zwist verboten, und dabei wünschten Wir nichts als eure Erhöhung und euren Fortschritt. Dies bezeugen der Himmel und seine Sterne, die Sonne und ihr Glanz, die Bäume und ihre Blätter, die Meere und ihre Wogen, die Erde und ihre Schätze. Wir bitten Gott, Seinen Geliebten beizustehen und sie in dem zu stärken, was ihrer auf dieser glückseligen, dieser mächtigen und wunderbaren Stufe würdig ist.
Des weiteren sagten Wir in einem anderen Tablet: »O du, der du deinen Blick auf Mein Antlitz richtest! Ermahne die Menschen zur Gottesfurcht. Bei Gott! Die Gottesfurcht ist die Befehlshaberin über die Streitmacht deines Herrn. Ihre Truppen sind edle Charaktereigenschaften und gute Taten. Sie hat durch alle Jahrhunderte und Zeitalter die Städte der Menschenherzen erobert und die Banner der Überlegenheit und des Sieges hoch über allen anderen Bannern gehisst.«
»Wir wollen dich nun an die Vertrauenswürdigkeit und an die Stelle erinnern, die sie vor Gott, deinem Herrn und dem Herrn des Mächtigen Thrones, einnimmt. Eines Tages begaben Wir Uns auf Unsere grüne Insel [Garten Riḍván]. Als Wir sie betraten, sahen Wir fließende Bäche und Bäume in voller Pracht, zwischen deren Blättern die Sonne spielte. Unser Gesicht nach rechts wendend, sahen Wir, was die Feder nicht zu beschreiben vermag; sie kann nicht kundtun, was das Auge des Herrn der Menschheit an diesem Ort wahrnahm, welcher der heiligste, hehrste, gesegnetste und erhabenste Ort ist. Wir wandten Uns darauf zur Linken. Dort sahen Wir eines der herrlichen Wesen des Erhabensten Paradieses auf einer Säule reinen Lichtes stehen und mit lauter Stimme rufen: ›O ihr Bewohner der Erde und des Himmels! Schaut auf Meine Schönheit, Mein Leuchten, Meine Erscheinung, Meinen Glanz! Bei Gott, dem Wahrhaftigen! Ich bin die Vertrauenswürdigkeit, ihre Verkörperung und ihre Schönheit. Ich will jeden belohnen, der sich an Mich hält, Meinen Rang und Meine Stufe erkennt und sich fest an den Saum Meines Gewandes klammert. Ich bin der edelste Schmuck für das Volk Bahás und der Mantel des Ruhmes für alle im Reiche der Schöpfung. Ich bin das erhabenste Werkzeug für die Wohlfahrt der Welt und der Horizont der Sicherheit für alles Leben.‹ Damit sandten Wir dir hernieder, was die Menschen näher zum Herrn der Schöpfung ziehen wird.«
Dieser Unterdrückte hat zu allen Zeiten die Völker der Welt zu dem gerufen, was sie erhöht und Gott näher bringt. Was vom Erhabensten Horizont ausstrahlt, lässt keinem Menschen Raum für Wankelmut, Zurückweisung oder Absage. Die Eigensinnigen aber haben es versäumt, ihren Nutzen daraus zu ziehen; dies wird ihren Verlust nur mehren.
O Shaykh! Die Geistlichen haben die Pflicht, sich mit Seiner Majestät dem Sháh – möge Gott ihm beistehen – zu vereinen und sich an das zu halten, was Regierung und Volk in ihrer Stufe erhöht. Das Volk Bahás ist unablässig bemüht, die Seelen der Menschen zu erleuchten und deren Verfassung wieder zu Ehren zu bringen. Dies bezeugt, was die Erhabenste Feder in diesem leuchtenden Tablet herniedersandte. Wie oft schon waren die Dinge so einfach und leicht zu verwirklichen, und doch waren die meisten achtlos und nur darauf aus, ihre Zeit zu vergeuden.
In Konstantinopel besuchte eines Tages Kamál Páshá diesen Unterdrückten. Unsere Unterredung drehte sich darum, was dem Menschen nützlich wäre. Er sagte, er habe mehrere Sprachen gelernt. Wir erwiderten: »Du hast dein Leben vergeudet. Es geziemt dir und den anderen Beamten der Regierung, eine Versammlung einzuberufen und eine unter den verschiedenen Sprachen sowie eine der bestehenden Schriftarten auszuwählen oder aber eine neue Sprache und eine neue Schrift zu schaffen, die man die Kinder in den Schulen der ganzen Welt lehrt. Auf diese Weise würden sie nur zwei Sprachen lernen, ihre Muttersprache und diejenige, in der sich alle Völker der Welt verständigen. Wenn die Menschen dies fest im Auge behielten, würde die ganze Erde schließlich als ein Land betrachtet werden, und das Volk wäre entlastet und befreit von der Notwendigkeit, verschiedene Sprachen zu lehren und zu lernen.« Solange Kamál Páshá in Unserer Gegenwart weilte, stimmte er zu; er bekundete sogar große Freude und volle Zufriedenheit. Wir sagten ihm, er solle diese Angelegenheit den Beamten und Ministern der Regierung vorlegen, damit sie in all den verschiedenen Ländern bewerkstelligt würde. Aber sooft er Uns später noch besuchte, kam er doch nie mehr auf diesen Gegenstand zu sprechen, obgleich doch das, was Wir vorschlugen, zur Einigkeit und Einheit der Völker dieser Welt beiträgt.
Wir hoffen sehr, dass die persische Regierung diesen Gedanken aufnimmt und ausführt. Vor kurzem sind eine neue Sprache und eine neue Schrift erfunden worden. Wenn du wünschst, werden Wir sie dir mitteilen. Unsere Absicht ist, dass sich alle Menschen an das halten, was unnötige Mühe und Anstrengung vermindert, damit sie ihre Tage in geziemender Weise verbringen und zu Ende führen. Gott ist wahrlich der Helfer, der Unterrichtete, der Verordner, der Allwissende.
So Gott will, wird Persien so weit kommen, dass es sich mit Tugenden schmückt, deren es bisher beraubt war. Sprich: »O Sháh! Bemühe dich, auf dass die Völker der Welt vom Strahlenglanz der Sonne deiner Gerechtigkeit erleuchtet werden. Die Augen dieses Unterdrückten sind nur auf Vertrauenswürdigkeit, Wahrhaftigkeit, Reinheit und alles, was den Menschen nützt, gerichtet.« Sieh Ihn nicht als einen Verräter an. Verherrlicht seist Du, o mein Gott, mein Meister, meine Stütze! Stehe Du Seiner Majestät dem Sháh bei, Deine Gesetze und Deine Gebote auszuführen und Deine Gerechtigkeit unter Deinen Dienern zu vertreten. Du bist wahrlich der Großmütige, der Herr überströmender Gnade, der Allmächtige, der Allgewaltige. Die Sache Gottes ist als ein Zeichen Seiner Gnade erschienen. Glücklich ist, wer danach handelt; glücklich ist, wer versteht; glücklich ist der Mensch, der sich an die Wahrheit hält, losgelöst von allem, was in den Himmeln und auf Erden ist.
O Shaykh! Suche nach der Küste des Größten Meeres und besteige sodann die Rote Arche, die Gott im Qayyúmu’l-Asmá’ für das Volk Bahás verordnet hat. Wahrlich, sie fährt über Land und Meer. Wer sie betritt, ist errettet, und wer sich von ihr wendet, geht zugrunde. Wenn du sie gefunden hast und besteigst, richte dein Angesicht auf die Ka‘bah Gottes, des Helfers in Gefahr, des Selbstbestehenden, und sprich: »O mein Gott! Ich flehe zu Dir bei Deinem herrlichsten Lichte, und alle Deine Lichter sind wahrlich herrlich.« Alsdann werden sich die Tore des Königreichs weit vor deinem Angesicht auftun, und du wirst sehen, was zuvor kein Auge schaute, und hören, was noch kein Ohr vernommen hat. Dieser Unterdrückte ermahnt dich, wie Er dich schon zuvor ermahnte, und Er hatte nie einen anderen Wunsch für dich, als dass du auf dem Meer der Einheit Gottes, des Herrn der Welten, fährst. Dies ist der Tag, an dem alle erschaffenen Dinge laut rufend den Menschen diese Offenbarung verkünden, durch die erschienen ist, was in der Erkenntnis Gottes, des Mächtigen, des Allgepriesenen, bewahrt und verborgen war.
O Shaykh!

Du hast gehört, welch süße Weisen die Tauben des Wortes auf den Zweigen des Lotosbaumes der Erkenntnis gurren.

Lausche nun auf den Gesang, den die Vögel der Weisheit im Erhabensten Paradies anstimmten.

Sie werden dich wahrlich mit bisher nie erahnten Dingen vertraut machen.

Höre, was die Zunge der Macht und Kraft gesprochen hat in den Büchern Gottes, des Verlangens jedes verstehenden Herzens.

In diesem Augenblick erhebt sich eine Stimme aus dem Lotosbaum im Erhabensten Paradiese, über den hinaus keiner schreiten kann, und gebietet Mir, dir zu sagen, was in den Büchern und Tablets herniedergesandt wurde und was Mein Vorläufer sprach, der Sein Leben für diese Große Verkündung, diesen Geraden Pfad opferte.

Er sagte – und Er spricht die Wahrheit:

»Ich habe zu Seiner Erwähnung diese edelsteingleichen Worte niedergeschrieben: ›Keine Andeutung von Mir kann Ihn andeuten, noch kann dies irgend etwas, was im Bayán steht.‹« Und weiter sagt Er – gepriesen und verherrlicht sei Er – über diese mächtigste Offenbarung, diese Große Verkündung:

»Gepriesen und verherrlicht ist Er über die Macht jedes anderen außer Ihm selbst, Ihn zu offenbaren, und über die Beschreibung durch irgendeines Seiner Geschöpfe.

Ich selbst bin nur der erste Diener, der an Ihn und Seine Zeichen glaubt und am süßen Duft Seiner Worte von den Paradiesfrüchten Seines Wissens teilhat.

Ja, bei Seiner Herrlichkeit!

Er ist die Wahrheit.

Es gibt keinen anderen Gott außer Ihm.

Alle sind auf Seinen Befehl hin auferstanden.« Dies sind die Worte, die die Taube der Wahrheit auf den Zweigen des Göttlichen Lotosbaumes gurrte.

Wohl steht es um den, der ihrer Stimme lauschte und vom Meer göttlicher Äußerung, das in jedem dieser Worte verborgen liegt, trank.

Ein andermal rief die Stimme des Bayán laut von den höchsten Zweigen.

Er sagte – gesegnet und verherrlicht sei Er:

»Im Jahre neun werdet ihr zu allem Guten gelangen.« Und wieder bei anderer Gelegenheit:

»Im Jahre neun werdet ihr in die Gegenwart Gottes gelangen.« Diese Weisen der Vögel in den Städten des Wissens stimmen mit dem überein, was der Allbarmherzige im Qur’án herniedersandte.

Gesegnet sind die Einsichtsvollen, gesegnet die, welche zu diesem Ziel gelangen.
O Shaykh!

Ich schwöre bei Gott!

Der Strom der Barmherzigkeit fließt, das Meer des Wortes wogt und die Sonne der Offenbarung strahlt in ihrem Glanze.

Sprich die erhabenen Worte, die Mein Vorläufer, der Erste Punkt, geoffenbart hat, mit reinem Herzen, geweiteter Brust und wahrheitsliebender Zunge.

Er sagte – verherrlicht sei Seine Rede – zu dem ehrwürdigen ‘Aẓím:

»Dies ist wahrlich, was Wir dir verheißen haben, bevor Wir noch deinen Ruf beantworteten.

Warte, bis von der Zeit des Bayán neun verflossen sind.

Alsdann rufe aus: ›Gesegnet sei Gott hierfür, der erhabenste der Schöpfer!‹ Sprich:

Dies ist wahrlich eine Verkündung, die niemand außer Gott begreift.

Ihr aber werdet an jenem Tage nichts bemerken.« Im Jahre neun erhob sich diese Größte Offenbarung und erstrahlte hell am Horizont des Willens Gottes.

Niemand kann es leugnen außer dem Achtlosen und Zweifelnden.

Wir bitten Gott, Seinen Dienern beizustehen, dass sie zu Ihm zurückkehren und um Vergebung flehen für alles, was sie in diesem nichtigen Leben begangen haben.

Er ist wahrlich der Vergebende, der Verzeihende, der Allbarmherzige.

In anderem Zusammenhang spricht Er:

»Ich bin der erste Diener, der an Ihn und Seine Zeichen glaubt.« Gleicherweise sagt Er im Persischen Bayán:

»Er ist wahrlich Der, welcher unter allen Umständen verkündet: ›Ich bin in Wahrheit Gott!‹« – und so fährt Er fort, gesegnet und verherrlicht sei Er.

Was mit Göttlichkeit und Gottheit gemeint ist, wurde früher erklärt.

Wir haben wahrlich die Schleier zerrissen und enthüllt, was die Menschen Gott, der ihnen den Nacken beugt, nahe bringt.

Glücklich der Mensch, der zu Gerechtigkeit und Redlichkeit gelangte durch diese Gnade, die alles in den Himmeln und auf Erden umspannt, wie es Gott, der Herr der Welten, geboten hat.
O Shaykh! Lausche den Weisen des Evangeliums mit dem Ohr der Unparteilichkeit. Er prophezeit – verherrlicht sei Sein Wort – über die kommenden Dinge: »Von dem Tage aber und von der Stunde weiß niemand, auch die Engel nicht im Himmel, auch nicht der Sohn, sondern allein der Vater.«. Mit »Vater« ist in diesem Zusammenhang Gott gemeint – gepriesen sei Seine Herrlichkeit. Er ist der Wahre Erzieher, der Geistige Lehrer.
Joel sagt: »Denn der Tag des Herrn ist groß und überaus schrecklich, und wer kann ihn bestehen?«. Erstens sagt Er in dem erhabenen Wort, das im Evangelium aufgezeichnet ist, dass niemand der Zeit der Offenbarung gewärtig ist außer Gott, dem Allwissenden, der von allen Dingen Kenntnis hat. Zweitens legt Er die Größe dieser Offenbarung dar. Ebenso spricht Er im Qur’án: »Worüber befragen sie einander? Über die Große Verkündung.« Dies ist die Verkündung, über deren Größe in den meisten Büchern aus alter und neuer Zeit gesprochen wird. Dies ist die Verkündung, die die Glieder der Menschen erzittern ließ, ausgenommen jener, die Gott, der Beschützer, der Helfer, der Beistand, verschonen wollte. Die Menschen haben in der Tat mit eigenen Augen gesehen, wie sie selbst und alle Dinge in Verwirrung gestürzt wurden und in ein schlimmes Durcheinander gerieten, außer jenen, die Gott auszunehmen beliebte.
O Shaykh! Groß ist diese Sendung und groß die Verkündung! Denke geduldig und ruhig nach über die leuchtenden Zeichen, die erhabenen Worte und alles, was in diesen Tagen geoffenbart wurde, damit du die Geheimnisse ergründest, die in den Büchern verborgen sind, und dich bemühst, Seine Diener zu führen. Lausche mit deinem geistigen Ohr auf die Stimme Jeremias, der da sagt: »Groß ist jener Tag, und er hat nicht seinesgleichen.«. Würdest du mit dem Auge der Ehrlichkeit schauen, du würdest die Größe dieses Tages wahrnehmen. Neige dein Ohr der Stimme dieses Allwissenden Ratgebers, und lass dich nicht der Barmherzigkeit verlustig gehen, die alles Erschaffene, das Sichtbare wie das Unsichtbare, übertrifft. Höre auf den Gesang Davids. Er spricht: »Wer will mich führen in eine feste Stadt?«. Die »feste Stadt« ist ‘Akká, das den Namen »Größtes Gefängnis« erhielt und eine Festung und mächtige Wälle besitzt.
O Shaykh! Lies, was Jesaja in seinem Buch gesprochen hat. Er sagt: »Steige auf den hohen Berg, o Zion, dass du gute Kunde bringest; erhebe deine Stimme mit Macht, o Jerusalem, dass du gute Kunde bringest. Erhebe sie und fürchte dich nicht; sage den Städten Judas: ›Sehet euren Gott! Sehet, der Herr, euer Gott, wird kommen mit starker Hand, und Sein Arm wird für Ihn herrschen.‹«. An diesem Tag sind alle Zeichen erschienen. Eine große Stadt ist vom Himmel gekommen, und Zion zittert und jubelt vor Freude über die Offenbarung Gottes, denn er hat Gottes Stimme auf allen Seiten gehört. An diesem Tag ist ein neues Evangelium nach Jerusalem gekommen, denn an der Stelle der Sykomore steht die Zeder. Jerusalem ist das Ziel der Pilgerschaft für alle Völker der Welt und wurde heilig genannt, zusammen mit Zion und Palästina; sie sind alle in diesen Bezirken gelegen. Deshalb ist gesagt: »Gesegnet ist der Mensch, der nach ‘Akká wanderte.«
Amos sagt: »Der Herr wird aus Zion brüllen und Seine Stimme aus Jerusalem hören lassen; und die Wohnstätten der Hirten werden trauern, und der Gipfel des Karmel wird verdorren.«. Karmel wurde im Buche Gottes als der Berg Gottes und als Sein Weinberg bezeichnet. Durch die Gnade des Herrn der Offenbarung wurde auf ihm das Zelt der Herrlichkeit errichtet. Glücklich, wer dorthin gelangt; glücklich, wer sein Angesicht ihm zuwendet. Und desgleichen sagt Er: »Unser Gott kommt und schweigt nicht.«.
O Shaykh! Denke nach über diese Worte, die Er, das Verlangen der Welt, an Amos richtete. Er sagt: »Bereite dich, Israel, deinem Herrn zu begegnen; denn siehe, Er ist’s, der die Berge formt und den Wind schafft und dem Menschen zeigt, was dieser im Sinne hat; Er macht die Finsternis am Morgen; Er schreitet einher auf den Höhen der Erde; der Herr, der Gott der Heerscharen, ist Sein Name.«. Er sagt, Er mache die Finsternis am Morgen. Damit ist gemeint: Wenn sich zur Zeit der Offenbarung Dessen, der auf dem Sinai Zwiesprache hielt, irgend jemand als den wahren Morgen betrachten würde, dann würde er durch Gottes Macht und Kraft in Finsternis verwandelt. Er ist wahrlich die falsche Dämmerung, auch wenn er glaubt, er sei die wahre. Wehe ihm und wehe denen, die ihm folgen, ohne ein klares Zeichen von Gott, dem Herrn der Welten.
Jesaja sagt: »Der Herr allein wird erhöhet werden an jenem Tage.«. Über die Größe der Offenbarung sagt Er: »Gehe in den Felsen und verbirg dich im Staube aus Furcht vor dem Herrn und um Seiner herrlichen Majestät willen.«. In anderem Zusammenhang spricht Er: »Die Wüste und die Einöde werden froh sein, und das dürre Land wird jubeln und blühen wie die Rose. Es wird blühen in üppiger Fülle und frohlocken mit Gesang und Freude; denn die Herrlichkeit des Libanon wird ihm gegeben sein, der Glanz des Karmel und des Saron. Sie werden die Herrlichkeit des Herrn sehen und den Glanz unseres Gottes.«.
Diese Stellen bedürfen keiner Erklärung. Sie sind strahlend und offenbar wie die Sonne und glänzen und leuchten wie das Licht selbst. Jeder Mensch mit redlichem Sinn wird durch den Duft dieser Worte in den Garten des Verstehens geführt und gelangt zu dem, was vor den meisten Menschen verschleiert und verschlossen ist. Sprich: Fürchte Gott, o Volk, und folge nicht den Zweifeln jener lauten Schreier, die den Bund Gottes und Sein Testament gebrochen haben und die Seine Barmherzigkeit leugnen, welche allen vorangeht, die in den Himmeln und auf Erden sind.
Und ferner spricht Er: »Saget den verzagten Herzen: Seid getrost, fürchtet euch nicht.«. Dieser gesegnete Vers ist ein Beweis für die Größe der Offenbarung und die Größe der Sendung; denn der Schall der Posaune muss unweigerlich Verwirrung über die ganze Welt verbreiten, und Furcht und Zittern unter allen Menschen. Gut steht es um den, der vom Licht des Vertrauens und der Loslösung erleuchtet ist. Die Drangsal jenes Tages wird ihn nicht behindern oder beunruhigen. Also spricht die Zunge des Wortes auf Geheiß Dessen, der der Allbarmherzige ist. Er ist wahrlich der Starke, der Allgewaltige, der Allunterwerfende, der Allmächtige. Es obliegt nun all denen, die mit einem hörenden Ohr und einem sehenden Auge ausgestattet sind, über diese erhabenen Worte nachzudenken, in deren jedem die Meere innerer Bedeutung und Erklärung verborgen sind, auf dass die Rede, die Er, der Herr der Offenbarung, äußerte, Seine Diener befähige, strahlend und mit größter Freude zum Höchsten Ziel, dem Erhabensten Gipfel – dem Dämmerungsort dieser Stimme – zu gelangen.
O Shaykh! Könntest du auch nur weniger als durch ein Nadelöhr geht von dem Hauch Meines Wortes begreifen, du würdest die Welt und alles, was darinnen ist, verlassen und deinen Blick auf das Licht des ersehnten Antlitzes richten. Kurz, in den Aussprüchen Dessen, der der Geist ist (Jesus), liegen ungezählte Bedeutungen verborgen. Auf viele Dinge kam Er zu sprechen, aber als Er niemanden fand, der ein hörendes Ohr oder ein sehendes Auge besaß, zog Er es vor, die meisten dieser Dinge zu verhüllen, wie Er ja einmal sagte: »Ihr könnt es jetzt noch nicht tragen.« Dieser Aufgangsort der Offenbarung sagte, an jenem Tag werde Er, der Verheißene, die kommenden Dinge enthüllen. Demgemäß wurde im Kitáb-i-Aqdas, in den Tablets an die Könige, im Lawḥ-i-Ra’ís und im Lawḥ-i-Fu’ád das meiste dessen, was sich auf dieser Erde ereignet hat, von der Erhabensten Feder angekündigt und vorausgesagt.
Im Kitáb-i-Aqdas wurde folgendes geoffenbart:

»O Land von Ṭá (Ṭihrán)!

Lass dich durch nichts betrüben, denn Gott hat dich zum Quell der Freude für die ganze Menschheit erwählt.

Er wird, wenn es Sein Wille ist, deinen Thron mit einem Herrscher segnen, der in Gerechtigkeit regieren und die von den Wölfen zerstreute Herde Gottes sammeln wird.

Voll Glück und Freude wird ein solcher Herrscher sein Angesicht dem Volke Bahás zukehren und diesem seine Gunst erwiesen.

Er wird in der Tat vor dem Auge Gottes als ein Juwel unter den Menschen angesehen.

Auf ihm ruhe allezeit der Ruhm Gottes und der Ruhm aller, die im Reiche Seiner Offenbarung weilen.« Diese Verse wurden schon früher verkündet.

Nun aber ist der folgende Vers herniedergesandt worden:

»O Gott, mein Gott!

Bahá bittet Dich und fleht zu Dir bei dem Lichte Deines Antlitzes, bei den Wogen des Meeres Deiner Offenbarung und bei dem Strahlenglanz der Sonne Deines Wortes, stehe dem Sháh bei, gerecht und ehrlich zu sein.

So es Dein Wille ist, segne durch ihn den Thron der Hoheit und Herrschaft.

Mächtig bist Du zu tun, was Dir gefällt.

Es gibt keinen Gott außer Dir, der Du hörst und zur Antwort bereit bist.« »Frohlocke mit großer Freude, o Land von Ṭá (Ṭihrán), denn Gott hat dich zum Tagesanbruch Seines Lichtes gemacht, da in dir die Manifestation Seiner Herrlichkeit geboren wurde.

Freue dich über diesen Namen, der dir verliehen wurde – einen Namen, durch den der Morgenstern der Gnade seinen Glanz erstrahlen ließ und durch den Erde und Himmel erleuchtet wurden.

Binnen kurzem werden deine Verhältnisse gewandelt werden, und die Zügel der Macht werden in die Hand des Volkes übergehen.

Wahrlich, dein Herr ist der Allwissende.

Seine Gewalt umfasst alle Dinge.

Bleibe der gnädigen Gunst deines Herrn versichert.

Das Auge Seiner Güte wird ewig auf dir ruhen.

Es nähert sich der Tag, da deine Erregung in Frieden und ruhevolle Stille verwandelt sein wird.

So wurde es im Wundersamen Buche bestimmt.«
Ebenso wurde im Lawḥ-i-Fu’ád, im Tablet an den König von Paris (Napoleon III.) und in anderen Tablets geoffenbart, was jeden redlich Gesinnten veranlassen wird, die Macht, Hoheit und Weisheit Gottes – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – zu bezeugen. Wollten die Menschen mit dem Auge der Gerechtigkeit schauen, sie würden des Geheimnisses dieses gesegneten Verses gewahr werden: »Es gibt kein Ding, sei es grün oder dürr, das nicht in deutlicher Schrift aufgezeichnet wäre«, und sie würden diesen Vers begreifen. Da jedoch die Menschen an diesem Tage die Wahrheit verworfen haben, können sie das, was von Ihm, dem Enthüllenden, dem Altehrwürdigen der Tage, herniedergesandt ward, nicht verstehen. Gnädiger Gott! Überall sind deutliche Zeichen erschienen, und dennoch sind die Menschen zum größten Teil des Vorrechts beraubt, diese wahrzunehmen und zu begreifen. Wir flehen zu Gott, Er möge allen Menschen Seine Hilfe angedeihen lassen, damit sie die Perlen erkennen, die in den Muscheln des Größten Meeres verborgen ruhen, und rufen: »Gepriesen seist Du, o Gott der Welt!«
O Schar der redlich Gesinnten! Schaut auf die Wogen des Wortes und der Erkenntnis Gottes und denkt darüber nach, auf dass ihr mit der Zunge eures Geistes und Mundes bezeugt, dass bei Ihm die Kenntnis all dessen ist, was in dem Buche steht. Nichts entgeht Seiner Kenntnis. Er hat wahrlich geoffenbart, was verborgen war, als Er bei Seiner Wiederkehr den Thron des Bayán bestieg. All dies wurde herniedergesandt und wird, Wort für Wort, auf Erden eintreffen. Keinem bleibt die Möglichkeit, sich abzuwenden oder sich dagegen zu verwahren. Da jedoch rechter Sinn in Ungnade fiel und verborgen blieb, reden die meisten Menschen, wie es ihnen ihre eitlen Vorstellungen eingeben.
O Gott, mein Gott! Verhindere Deine Diener nicht, ihr Angesicht dem Lichte der Gewissheit zuzuwenden, das über dem Horizonte Deines Willens angebrochen ist, und lass sie nicht des Meeres Deiner Zeichen verlustig gehen, o mein Gott. O mein Herr, sie sind Deine Diener in Deinen Städten und Deine Knechte in Deinen Landen. Wenn Du kein Erbarmen mit ihnen hast, wer soll ihnen dann Barmherzigkeit erweisen? Nimm jene bei der Hand, o mein Gott, die in der See eitler Vorstellungen versunken sind, und befreie sie durch Deine Kraft und höchste Herrschaft. Schütze sie sodann mit der Wehr Deiner Macht. Du bist mächtig zu tun, was Du willst, und in Deiner Rechten ruhen die Zügel all dessen, was in den Himmeln und auf Erden ist.
In gleicher Weise sagt der Erste Punkt [der Báb]: »Schaut auf Ihn mit Seinen eigenen Augen. Wenn ihr auf Ihn mit den Augen anderer schautet, würdet ihr Ihn niemals finden und erkennen.« Dies bezieht sich auf nichts anderes als diese Größte Offenbarung. Wohl steht es um die, welche redlich urteilen. Und ebenso sagt Er: »Der einjährige Spross, der in sich die Kräfte der kommenden Offenbarung trägt, ist mit einer Macht ausgestattet, die den vereinten Kräften des ganzen Bayán überlegen ist.« Diese frohen Botschaften des Bayán und der Bücher früherer Zeiten sind wiederholt unter verschiedenen Namen in zahlreichen Büchern erwähnt worden, auf dass die Menschen gerecht urteilen mögen über das, was am Horizont des Willens Gottes, des Herrn des Mächtigen Thrones, erschienen ist und von dort herniederstrahlt.
O Shaykh! Sage dem Volk des Bayán: »Denkt über diese gesegneten Worte nach. Er spricht: ›Der ganze Bayán ist nur ein Blatt unter den Blättern Seines Paradieses.‹ Sei redlich, o Volk, und gehöre nicht zu jenen, die zu den Verlorenen gezählt werden im Buche Gottes, des Herrn der Welten.« Der gesegnete Lotosbaum steht an diesem Tage vor deinem Angesicht, beladen mit himmlischen, neuen und wundersamen Früchten. Schaue auf ihn, losgelöst von allem außer ihm. Also spricht die Zunge der Macht und Kraft an diesem Ort, den Gott mit den Fußspuren Seines Größten Namens und Seiner Mächtigen Verkündung schmückte.
Desgleichen sagt Er:

»Ehe nicht neun [Jahre] vom Beginn dieser Sache an vergangen sind, wird das Wesen alles Erschaffenen nicht geoffenbart werden.

Alles, was du bis jetzt gesehen hast, ist das Wachstum des feuchten Samens bis zu der Zeit, da Wir ihn mit Fleisch umkleideten.

Habe Geduld, bis du eine neue Schöpfung schaust.

Sprich: ›Gesegnet sei darum Gott, der erhabenste der Schöpfer!‹« Und weiterhin sagt Er über die Macht dieser Offenbarung:

»Rechtens ist es für Ihn, den Gott offenbaren wird, den Größten auf Erden zu verwerfen, da ein solcher nur ein Geschöpf in Seiner Hand ist und alle Dinge Ihn anbeten.

Nach Ḥín (68 – 1268 d.

H.) wird euch eine Sache gegeben werden, die ihr dann kennenlernen werdet.« Und ferner sagt Er:

»Wisse mit ganzer Sicherheit und durch den fest begründeten, völlig unwiderruflichen Ratschluss, dass Er – gepriesen sei Seine Herrlichkeit, gelobt sei Seine Macht, geheiligt sei Sein hehres Wesen, verherrlicht sei Seine Größe und gerühmt seien Seine Wege – jedes Ding durch dessen eigenes Selbst erkennbar macht; wer könnte da Ihn durch irgendeinen anderen erkennen als durch Ihn selbst?« Und weiter sagt Er – gepriesen und verherrlicht sei Er:

»Hüte dich, hüte dich, dass dich in den Tagen Seiner Offenbarung das Váḥid des Bayán (die achtzehn Buchstaben des Lebendigen) nicht wie ein Schleier von Ihm trennt, da dieses Váḥid in Seinen Augen nur ein Geschöpf ist.

Und hüte dich, hüte dich, dass dich die Worte, die im Bayán herniedergesandt sind, nicht wie ein Schleier von Ihm trennen.« Und ein andermal sagt Er – gepriesen sei Er:

»Schaue auf Ihn nur mit Seinem eigenen Auge.

Denn wer mit Seinem Auge auf Ihn schaut, wird Ihn erkennen; andernfalls wird Er für ihn verhüllt sein.

So du Gott und Seine Gegenwart suchst, suche Ihn und schaue auf Ihn.« Und wiederum sagt Er:

»Besser ist es für dich, auch nur einen der Verse Dessen zu sprechen, den Gott offenbaren wird, als den ganzen Bayán niederzuschreiben; denn an jenem Tag kann dich dieser eine Vers erlösen, während der ganze Bayán dich nicht erlösen kann.«
Sprich: O Volk des Bayán! Sei redlich, redlich, und hinwiederum: Sei redlich, redlich! Gehöre nicht zu denen, die der Manifestation der Sache Gottes Erwähnung taten des tags und des nachts, und die, als Er durch Seine Gnade erschien und der Horizont der Offenbarung erleuchtet war, ein Urteil über Ihn fällten, das die Bewohner des Königreiches und des Reiches der Herrlichkeit und all jene wehklagen ließ, die den Willen Gottes, des Allwissenden, des Allweisen, umkreisen.
Denke tief nach über diese erhabenen Worte. Er sagt: »Wahrlich, Ich glaube an Ihn und an Seinen Glauben und an Sein Buch und an Seine Beweise und an Seine Wege und an alles, was hierüber von Ihm ausgeht. Ich rühme Mich Meiner Verwandtschaft mit Ihm und bin stolz auf Meinen Glauben an Ihn.« Desgleichen sagt Er: »O Gemeinde des Bayán und ihr alle, die ihr dieser angehört! Erkennt die Grenzen, die euch gesetzt sind; denn ein Wesen wie der Punkt des Bayán selbst hat an Ihn, den Gott offenbaren wird, geglaubt, ehe noch alle Dinge erschaffen wurden. Dessen, wahrlich, rühme Ich Mich vor allen im Reiche des Himmels und der Erde.« Bei Gott! Alle Atome des Weltalls stöhnen und jammern ob der Grausamkeit, die von den Eigensinnigen im Volke des Bayán verübt wurde. Wo sind jene, die mit Einsicht und Gehör begabt sind? Wir flehen zu Gott – gesegnet und verherrlicht sei Er –, Er möge sie versammeln und zu dem ermahnen, was ihnen nützt, und sie fernhalten von dem, was ihnen schadet. Er ist in Wahrheit der Starke, der Allunterwerfende, der Allmächtige.
Und weiter sagt Er: »Lasst es nicht zu, dass ihr wie durch einen Schleier von Gott getrennt seid, nachdem Er sich offenbarte. Denn alles, was im Bayán gepriesen wurde, ist nur wie ein Ring an Meiner Hand, und Ich selbst bin wahrlich nur ein Ring an der Hand Dessen, den Gott offenbaren wird – verherrlicht sei Seine Erwähnung! Er wendet ihn, wie es Ihm gefällt, wozu es Ihm gefällt und wodurch es Ihm gefällt. Er, wahrlich, ist der Helfer in Gefahr, der Höchste.« Desgleichen sagt Er: »Wollte Er einen jeden auf Erden zu einem Propheten machen, würden alle – und dies ist die unbedingte Wahrheit – in den Augen Gottes als Propheten angesehen.« Und ein andermal sagt Er: »Am Tage der Offenbarung Dessen, den Gott offenbaren wird, werden alle Erdbewohner in Seiner Wertschätzung gleich sein. Wen immer Er zum Propheten bestimmt, der ist wahrlich vom Anbeginn an, der keinen Anbeginn hat, ein Prophet gewesen und wird ein solcher bleiben bis zum Ende, das kein Ende hat, da dies eine Tat Gottes ist. Und wer immer von Ihm zum Statthalter gemacht wird, wird in allen Welten ein Statthalter sein, da dies eine Tat Gottes ist. Denn der Wille Gottes kann auf keine andere Weise enthüllt werden als durch Seinen Willen, noch kann Gottes Wunsch anders geoffenbart werden als durch Seinen Wunsch. Er ist wahrlich der Allbezwingende, der Allgewaltige, der Allhöchste.«
Kurz, bei jeder Gelegenheit hat Er dargelegt, was der Bekehrung, dem Fortschritt, der Erhöhung und der Führung der Menschen dienlich ist. Etliche unredliche Seelen sind jedoch zu einem Schleier, einer unüberwindlichen Schranke geworden und haben das Volk gehindert, sich dem Lichte Seines Antlitzes zuzuwenden. Wir bitten Gott, sie durch Seine höchste Herrschaft auszustoßen und sich ihrer durch Seine alles erfassende Kraft zu bemächtigen. Er ist wahrlich der Herr der Stärke, der Mächtige, der Allweise.
An anderer Stelle sagt Er: »Er – verherrlicht sei Seine Erwähnung – gleicht der Sonne. Würden ungezählte Spiegel vor ihr aufgestellt, ein jeder würde nach seiner Fähigkeit den Glanz dieser Sonne widerstrahlen, und wäre kein Spiegel vor ihr, würde sie sich weiterhin erheben und senken, und nur die Spiegel wären von ihrem Licht ausgeschlossen. Ich habe wahrlich Meine Pflicht nicht versäumt, dieses Volk zu ermahnen und auf Mittel und Wege zu sinnen, durch die es sich Gott, seinem Herrn, zuwenden und an Gott, seinen Schöpfer, glauben kann. Wenn Ihm am Tage Seiner Offenbarung alle auf Erden Gefolgschaft leisten, wird Mein innerstes Wesen jubeln, weil dann alle den Gipfel ihres Seins erklimmen, weil sie ihrem Geliebten Auge in Auge gegenüberstehen und in dem höchsten Maße, das in der Welt des Seins erreichbar ist, den Strahlenglanz Dessen erkennen, der die Sehnsucht ihrer Herzen ist. Wenn nicht, wird Meine Seele in der Tat traurig sein. Ich habe in Wahrheit alle Dinge auf dieses Ziel vorbereitet. Wie könnte da irgend jemand durch einen Schleier von Ihm getrennt sein? Hierfür habe Ich zu Gott gerufen und werde weiter zu Ihm rufen. Er, wahrlich, ist nahe, bereit zur Antwort.«
Und desgleichen sagt Er: »Sie werden diesem Baume, der weder vom Osten noch vom Westen stammt, selbst den Namen eines Gläubigen versagen; denn würden sie Ihn so nennen, dann könnten sie Ihm nicht wehtun.« Hat dein Ohr, o Welt, vernommen, mit welcher Hilflosigkeit diese Worte enthüllt wurden vom Tagesanbruch des Willens Dessen, der der Aufgangsort aller Namen ist? Er spricht: »Ich habe alle Menschen erzogen, damit sie diese Offenbarung erkennen, und doch weigert sich das Volk des Bayán, jenem gesegneten Baume, der weder dem Osten noch dem Westen angehört, auch nur den Namen eines Gläubigen zuzugestehen.« Wehe, wehe ob dem, was über Mich gekommen ist! Bei Gott! Von der Hand dessen, den Ich aufgezogen habe ( Mírzá Yaḥyá), wurde Mir Tag und Nacht zugefügt, was den Heiligen Geist und die Bewohner des Tabernakels der Erhabenheit Gottes, des Herrn dieses wundersamen Tages, zum Weinen brachte.
Ferner sagt Er in Widerlegung gewisser Ungläubiger: »Denn niemand weiß die Zeit dieser Offenbarung außer Gott. Wann immer sie erscheint, müssen alle den Punkt der Wahrheit anerkennen und Gott danken.« Die sich von Mir abwandten, redeten genauso, wie die Anhänger Johannis (des Täufers) redeten; denn auch diese verwahrten sich gegen Ihn, der der Geist (Jesus) war, und sagten: »Die Sendung Johannis ist noch nicht beendet; weshalb bist du gekommen?« Nun, auch sie, die Uns verleugneten, obwohl sie Uns niemals kennenlernten und stets in Unkenntnis der Grundlagen dieser Sendung blieben, da sie nicht wissen, von Wem diese ausgeht und was sie bedeutet – auch sie haben geredet, was alles Erschaffene seufzen und wehklagen ließ. Bei Meinem Leben! Ein Stummer kann niemals Dem gegenübertreten, der in sich das Königreich des Wortes verkörpert. Fürchte Gott, o Volk, und lies sodann, was mit Wahrheit herniedergesandt wurde im achten Kapitel des sechsten Váḥid des Bayán, und gehöre nicht zu denen, die sich abwenden. Auch Er hat befohlen: »Einmal alle neunzehn Tage sollten sie dieses Kapitel lesen, damit sie in der Zeit der Offenbarung Dessen, den Gott offenbaren wird, durch keine Schleier von Überlegungen, die diesen Versen fremd sind, von Ihm getrennt werden; denn diese Verse waren und sind die gewichtigsten aller Zeugnisse und Beweise.«
Johannes, der Sohn des Zacharias, sagte, was auch Mein Vorläufer gesagt hat: »Ich sage euch, tut Buße; denn das Himmelreich ist nahe. Wahrlich, ich taufe euch mit Wasser zur Buße, aber Er, der nach mir kommt, ist mächtiger als ich; ich bin nicht wert, Seine Schuhe zu tragen.« Und deshalb hat auch Mein Vorläufer zum Zeichen Seiner Unterwürfigkeit und Demut gesagt: »Der ganze Bayán ist nur ein Blatt unter den Blättern Seines Paradieses.« Und weiter sagt Er: »Ich bin der erste, der Ihn anbetet, und rühme Mich Meiner Verwandtschaft mit Ihm.« Und doch, o Menschen, hat das Volk des Bayán derartige Taten verübt, dass selbst Dhi’l-Jawshan, Ibn-i-Anas und Aṣbaḥí Zuflucht bei Gott davor suchten und noch suchen. Dieser Unterdrückte befasst sich Tag und Nacht vor den Augen aller Bekenntnisse mit den Dingen, die zur Erhöhung der Sache Gottes führen, während jene Menschen dem nachhängen, was schmerzliche Erniedrigung mit sich bringt.
Desgleichen sagt Er:

»Erkennt Ihn an Seinen Versen.

Je nachlässiger ihr in eurem Bemühen seid, Ihn kennenzulernen, desto schlimmer werdet ihr vom Feuer verhüllt sein.« O ihr im Volk des Bayán, die ihr euch von Mir abgewandt habt!

Denkt nach über diese erhabensten Worte, die dem Brunnquell der Äußerung Dessen entströmten, welcher der Punkt des Wissens ist.

Hört nunmehr auf diese Worte.

Er sagt:

»An jenem Tag wird sich die Sonne der Wahrheit an das Volk des Bayán wenden und folgende Súrih des Qur’án vortragen: ›Sprich:

O ihr Ungläubigen!

Ich verehre nicht, was ihr verehret, und ihr verehret nicht, was Ich verehre.

Ich werde nie verehren, was ihr verehret, noch werdet ihr je verehren, was Ich verehre.

Euch sei euer Glaube und Mir Mein Glaube.‹«.

Gnädiger Gott!

Trotz dieser erlauchten Erklärungen, trotz dieser glänzenden und strahlenden Zeichen sind sie alle in ihre leeren Einbildungen verrannt, werden des Ersehnten nicht gewahr und sind durch einen Schleier von Ihm getrennt.

O ihr, die ihr in die Irre gingt!

Erwacht aus dem Schlafe der Achtlosigkeit und hört auf diese Worte Meines Vorläufers.

Er sagt:

»Der Baum der Bestätigung gilt als Baum des Verleugnens, wenn er sich von Ihm wendet, und der Baum des Leugnens gilt als Baum der Bestätigung, wenn er sich Ihm zuwendet.« Ebenso sagt Er:

»Wenn jemand den Anspruch auf eine Offenbarung erhebt, aber keinen Beweis erbringen kann, verwahrt euch nicht und betrübt Ihn nicht.« Kurz, dieser Unterdrückte äußerte Tag und Nacht die Worte:

»Sprich:

O ihr Ungläubigen!«, damit dies vielleicht das Mittel werde, das Volk zu erwecken und es mit der Zier der Redlichkeit zu schmücken.
Und nun sinne nach über diese Worte, die den Hauch der Verzweiflung atmen in Seiner kummervollen Anrufung Gottes, des Herrn der Welten. Er spricht: »Verherrlicht bist Du, o mein Gott! Sei Du mein Zeuge, dass ich durch dieses Buch über die Sendung Dessen, den Du offenbaren wirst, mit allen erschaffenen Dingen einen Bund geschlossen habe, ehe noch der Bund über meine eigene Sendung errichtet wurde. Du genügst als Zeuge, und mit Dir jene, die an Deine Zeichen glauben. Du, wahrlich, schenkst mir Genüge. In Dich habe ich mein Vertrauen gesetzt, und Du, wahrlich, führst über alle Dinge Buch.«
In anderem Zusammenhang sagt Er: »O ihr sonnengleichen Spiegel! Schaut auf die Sonne der Wahrheit. Wahrlich, ihr hängt von dieser ab, könntet ihr es doch begreifen. Ihr seid alle wie Fische, die sich in den Wassern des Meeres tummeln; ihr verbergt euch davor, und doch fragt ihr euch, was es ist, von dem ihr abhängt.« Desgleichen sagt Er: »Ich beklage Mich bei dir, o Spiegel Meiner Großmut, über alle anderen Spiegel. Alle schauen sie auf Mich durch ihre eigenen Farben.« Diese Worte wurden von der Quelle der Offenbarung des Allgütigen herniedergesandt und an Siyyid Javád, bekannt unter dem Namen Karbilá’í, gerichtet.
Gott bezeugt und die Welt bestätigt Mir, dass dieser Siyyid auf Meiner, dieses Unterdrückten, Seite stand und sogar eine ausführliche Erwiderung an jene schrieb, die sich von Mir wandten.

Überdies haben Wir an Ḥaydar-‘Alí zwei Mitteilungen gesandt, in denen er für die Offenbarung des Einen Wahren Zeugnis ablegt und in denen die Beweise seiner Abkehr von allem außer Ihm klar und offenkundig sind.

Die Handschrift des Siyyid ist unzweideutig und jedermann bekannt.

Unsere Absicht bei der Weitergabe dieser Schriftstücke war, dass durch sie vielleicht jene, die Uns verleugneten, zu den Lebenswassern der Anerkennung gelangen und die, welche sich abwandten, vom Licht der Bekehrung erleuchtet würden.

Gott ist Mein Zeuge, dass dieser Unterdrückte nie ein anderes Ziel hatte als die Übermittlung des Wortes Gottes.

Gesegnet sind die redlich Gesinnten, und wehe denen, die sich abwenden.

Sie, die sich von Mir abkehrten, haben schon mancherlei Ränke geschmiedet und sind auf mannigfache Weise hinterlistig vorgegangen.

Einmal haben sie sich ein Bild dieses Siyyid verschafft und es mit anderen auf einen Bogen Papier geklebt, obenan das Porträt von Mírzá Yaḥyá.

Kurz, sie haben jedes Mittel ergriffen, um den Einen Wahren zu verwerfen.

Sprich:

»Der Eine Wahre ist gekommen, offenbar wie die strahlende Sonne; welch ein Jammer, dass Er in die Stadt der Blinden gekommen ist!« Der erwähnte Siyyid ermahnte die Leugner und berief sie zum Erhabensten Horizonte, konnte aber auf diese harten Steine keinen Eindruck machen.

Sie haben über ihn Dinge gesagt, gegen die er Zuflucht suchte bei Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit.

Die flehentlichen Bitten, die er an diesen heiligen Hof sandte, sind jetzt in Unserem Besitz.

Glücklich sind die redlich Gesinnten.
Denke nun nach über die Klage des Ersten Punktes gegen die »Spiegel«, damit vielleicht die Menschen erweckt werden und sich von der linken Hand eitler Vorstellungen und Einbildungen hin zu der Rechten des Glaubens und der Gewissheit wenden, und damit sie sich bewusst werden, wovor sie verschleiert sind. Sie sind in der Tat nur darum aus der Welt des Nichtseins in die Welt des Seins getreten, dass sie diese Größte Sendung erkennen. Überdies sagt Er: »Weihe, o mein Gott, diesen ganzen Baum Ihm, auf dass alle Früchte, die Du an ihm wachsen lässt, für Ihn geoffenbart werden, den Gott zum Offenbarer all dessen bestimmte, was Ihm gefällt. Bei Deiner Herrlichkeit! Ich hatte nie den Wunsch, dass dieser Baum je einen Zweig, ein Blatt oder eine Frucht trüge, die es versäumten, sich am Tage Seiner Offenbarung vor Ihm zu beugen, oder die sich weigerten, Dich durch Ihn zu preisen, wie es der Herrlichkeit Seiner allherrlichen Offenbarung und der Erhabenheit Seiner erhabensten Verborgenheit angemessen ist. Und solltest Du, o mein Gott, einen Zweig, ein Blatt oder eine Frucht an mir erblicken, die es versäumen, sich am Tage Seiner Offenbarung vor Ihm zu beugen – schneide sie weg von diesem Baume, o mein Gott, denn sie sind nicht von mir noch sollen sie zu mir zurückkehren.«
O Volk des Bayán! Ich schwöre bei Gott! Dieser Unterdrückte hat keine andere Absicht, als die Sache zu offenbaren, die zu enthüllen Er berufen war. Würdet ihr das Ohr eures Herzens Ihm zuneigen, ihr würdet von jedem Teil und Glied, von jeder Ader, ja von jedem einzelnen Haar dieses Unterdrückten hören, was die Scharen der Höhe und die Welt der Schöpfung bewegt und entzückt.
O Hádí! Der blinde Fanatismus vergangener Zeiten hat die unglücklichen Geschöpfe von dem Geraden Pfade ferngehalten. Denke nach über die Shí‘iten. Zwölfhundert Jahre lang haben sie gerufen: »O Qá’im!«, um schließlich Sein Todesurteil zu fällen und Ihm das Märtyrertum aufzuerlegen, trotzdem sie an den Einen Wahren – gepriesen sei Seine Herrlichkeit –, an das Siegel der Propheten und an die Erwählten glauben und diese alle anerkennen. Es ist nun nötig, eine Weile nachzudenken, damit vielleicht entdeckt werde, was zwischen den Einen Wahren und Seine Geschöpfe getreten ist, und damit die Taten, die zu Einspruch und Verleugnung führten, bekanntwerden.
O Hádí! Wir haben das Wehklagen der Kanzeln gehört, welche die Geistlichen, wie von jedermann bezeugt wird, bestiegen, um den Einen Wahren zu verfluchen und die Dinge zu tun, die Ihm, dem Wesen des Seins, und Seinen Gefährten zugestoßen sind und dergleichen weder Ohr noch Auge der Welt zuvor jemals wahrnahmen. Du rufst das Volk zusammen und tust es noch, wobei du beanspruchst, Sein Statthalter und Spiegel zu sein, trotzdem du nichts über diese Sache weißt, zumal du noch nie in Unserer Gegenwart warst.
Ein jeder aus diesem Volke weiß wohl, dass Siyyid Muḥammad nur einer Unserer Diener war. Er begleitete Uns in den Tagen, da Wir Uns auf Geheiß der kaiserlich-türkischen Regierung in deren Hauptstadt begaben. Später beging er, was die Feder des Höchsten – Ich schwöre es bei Gott – weinen und Sein Tablet stöhnen ließ. Wir stießen ihn deshalb aus; daraufhin verband er sich mit Mírzá Yaḥyá und tat, was noch kein Tyrann je getan hat. Wir gaben ihn auf und sagten zu ihm: »Fort mit dir, du achtloser Mensch!« Nachdem diese Worte gefallen waren, trat er in den Orden der Mawlaví ein und verblieb in deren Gesellschaft bis zu der Zeit, da Wir abreisen mussten.
O Hádí!

Dulde nicht, dass du zu einem Werkzeug für die Verbreitung neuen Aberglaubens werdest, und weigere dich, noch einmal eine ähnliche Sekte zu gründen wie die der Shí‘iten.

Denke darüber nach, welche Unmengen Blutes vergossen wurden.

Du und andere, die Erkenntnis besitzen wollen, wie auch die shí‘itischen Geistlichen, einer wie der andere, haben von Anfang an den Einen Wahren verflucht und verfügt, dass Sein heiligstes Blut fließe.

Fürchte Gott, o Hádí!

Lass es nicht zu, dass die Menschen wieder von den leeren Einbildungen früherer Zeiten befallen werden.

Fürchte Gott und gehöre nicht zu denen, die Unrecht tun.

Dieser Tage haben Wir gehört, du seist bestrebt, jede Ausgabe des Bayán an dich zu bringen, um sie zu vernichten.

Dieser Unterdrückte fordert dich um Gottes willen auf, von diesem Vorhaben abzulassen.

Dein Verstand und deine Urteilskraft werden niemals den Verstand und die Urteilskraft Dessen übertreffen, der der Fürst der Welt ist.

Gott bezeugt Mir, dass dieser Unterdrückte den Bayán nicht gelesen noch sich mit seinem Inhalt vertraut gemacht hat.

So viel ist aber bekannt und unzweifelhaft klar, dass Er das Buch des Bayán zur Grundlage Seiner Werke ausersehen hat.

Fürchte Gott und mische dich nicht in Dinge, die hoch über dich hinausragen.

Zwölfhundert Jahre lang haben Leute, die dir gleichen, die unglücklichen Shí‘iten im Abgrund leerer Vorstellungen und eitler Einbildungen gepeinigt.

Endlich traten dann am Tage des Gerichts Dinge auf, vor denen die Unterdrücker vergangener Zeiten Zuflucht bei dem Einen Wahren suchten.
Begreife nunmehr den Ruf, den Er, der Punkt, in Seinen Worten erhob. Er flehte zu Gott, Er möge, falls an diesem Baum – der Sein gesegnetes Selbst ist – eine Frucht, ein Blatt oder ein Zweig auftrete, der nicht an Ihn glaube, diese unverzüglich abhauen. Desgleichen sagt Er: »Wenn jemand eine Erklärung abgibt und es versäumt, sie durch einen Beweis zu untermauern, dann verwerft ihn nicht.« Und doch hast du Ihn jetzt verworfen und freust dich noch dessen, obwohl Er sich auf hundert Bücher stützt!
Zu wiederholtem Male fordere Ich dich auf:

Prüfe genau, was geoffenbart wurde.

Der Windhauch des Wortes in dieser Offenbarung ist nicht zu vergleichen mit dem vergangener Zeiten.

Dieser Unterdrückte wurde ständig verfolgt und fand nie einen sicheren Ort, an dem Er die Schriften des Erhabensten (des Báb) oder die von einem anderen gründlich hätte lesen können.

Etwa zwei Monate, nachdem Wir – getreu dem Befehl Seiner Majestät des Sháhs von Persien, möge Gott ihm beistehen – im ‘Iráq eintrafen, stieß Mírzá Yaḥyá zu Uns.

Wir sprachen zu ihm:

»Dem königlichen Gebot zufolge sind Wir hierher geschickt worden.

Für dich ist es ratsam, in Persien zu bleiben.

Wir werden auch Unseren Bruder Mírzá Músá an einen anderen Ort senden.

Da eure Namen in dem königlichen Erlass nicht erwähnt sind, könnt ihr euch aufmachen und anderswo Dienst tun.« Später verließ dieser Unterdrückte Baghdád und zog sich für zwei Jahre von der Welt zurück.

Nach Unserer Rückkehr fanden Wir, dass er nicht gegangen war und seine Abreise hinausgeschoben hatte.

Dieser Unterdrückte war hierüber sehr betrübt.

Gott bestätigt und bezeugt Uns, dass Wir Uns allezeit mit der Verbreitung dieser Sendung befassten.

Weder Ketten noch Bande, weder der Block noch der Kerker konnten Uns daran hindern, Uns zu offenbaren.

In jenem Lande verboten Wir jede Zwietracht, alle unschicklichen, ruchlosen Taten.

Tag und Nacht richteten Wir Unsere Tablets überallhin.

Wir hatten keine andere Absicht, als die Seelen der Menschen zu erbauen und das gesegnete Wort zu erhöhen.
Wir beauftragten eigens gewisse Gläubige, die Schriften des Ersten Punktes zu sammeln.

Als dies besorgt war, geboten Wir Mírzá Yaḥyá und Mírzá Vahháb-i-Khurásání, bekannt unter dem Namen Mírzá Javád, an einem bestimmten Ort zusammenzukommen.

Unserer Weisung gemäß vollendeten sie die Aufgabe, zwei Abschriften der Werke des Ersten Punktes zu fertigen.

Ich schwöre bei Gott!

Dieser Unterdrückte hat, da Er ständig mit den Menschen umzugehen hatte, niemals in diese Bücher geschaut noch Sein leibliches Auge auf diese Schriften geworfen.

Als Wir abreisten, waren die besagten Schriften im Besitz jener beiden Personen.

Man war übereingekommen, dass sie Mírzá Yaḥyá anvertraut würden, damit er sie nach Persien bringe und im ganzen Land verbreite.

Dieser Unterdrückte begab sich auf Geheiß der Minister der türkischen Regierung in deren Hauptstadt.

Als Wir in Mossul eintrafen, stellten Wir fest, dass Mírzá Yaḥyá vor Uns in diese Stadt gereist war und Uns dort erwartete.

Kurz, die Bücher und Schriften waren in Baghdád zurückgelassen worden, während er selbst sich nach Konstantinopel aufmachte und sich diesen Dienern anschloss.

Gott ist Zeuge dessen, was über diesen Unterdrückten kam; denn nachdem Wir uns so emsig um jene Schriften bemüht hatten, gab er (Mírzá Yaḥyá) sie preis und ging mit den Verbannten.

Lange Zeit war dieser Unterdrückte von unendlichem Leid überwältigt, bis Wir schließlich, durch eine Reihe von Maßnahmen, deren niemand außer dem einen wahren Gott gewahr ist, jene Schriften an einen anderen Ort in einem anderen Land sandten, angesichts der Tatsache, dass im ‘Iráq alle Dokumente jeden Monat sorgfältig geprüft werden müssen, damit sie nicht vermodern und zugrunde gehen.

Gott aber bewahrte sie und brachte sie an einen Ort, den Er schon früher bestimmt hatte.

Er ist wahrlich der Beschützer, der Helfer.
Wohin dieser Unterdrückte sich auch begab, Mírzá Yaḥyá folgte Ihm. Du selbst bist dessen Zeuge und weißt es wohl, dass alles die Wahrheit ist, was hier gesagt wurde. Der Siyyid von Iṣfahán jedoch täuschte ihn im Geheimen. Zusammen begingen sie, was die größte Bestürzung hervorrief. Frage doch bei den Beamten der Regierung über das Benehmen Mírzá Yaḥyás in jenem Land an! Außerdem beschwöre Ich dich bei Gott, dem Einen, dem Unvergleichlichen, dem Herrn der Kraft, dem Mächtigsten, sorgfältig die Mitteilungen zu prüfen, die in seinem [Mírzá Yaḥyás] Namen an den Ersten Punkt gerichtet wurden, damit du klare Beweise von Ihm, der die Wahrheit ist, schaust. Auch aus den Worten des Punktes des Bayán – mögen alle Seelen außer Ihm um Seinetwillen geopfert werden – ging hervor, was kein Schleier verdunkeln und verbergen kann, weder die Schleier der Herrlichkeit noch die, welche die Irregegangenen zugezogen haben. Wahrlich, die Schleier sind zerrissen durch den Finger des Willens deines Herrn, des Starken, des Allunterwerfenden, des Allmächtigen. Ja, verzweifelt ist die Lage derer, die Mich verleumdet und beneidet haben. Vor kurzem wurde behauptet, du hättest die Urheberschaft am Kitáb-i-Íqán und gewissen Tablets anderen Leuten zugeschrieben. Ich schwöre bei Gott! Dies ist ein großes Unrecht. Andere sind nicht in der Lage, die Bedeutung dieser Bücher zu begreifen, geschweige denn, diese zu offenbaren!
Ḥasan-i-Mázindarání war der Überbringer von siebzig Tablets.

Bei seinem Tode wurden diese Briefe nicht denen ausgehändigt, für die sie bestimmt waren, sondern einer Meiner Schwestern anvertraut, die sich ohne jeden Grund von Mir abgewandt hatte.

Gott weiß, was mit seinen Tablets geschah.

Diese Schwester hat nie bei Uns gelebt.

Ich schwöre bei der Sonne der Wahrheit, dass sie Mírzá Yaḥyá nie mehr sah, nachdem sich dies zutrug, und von Unserer Sendung nichts wusste; denn bereits früher war sie Uns entfremdet worden.

Sie lebte in einem Stadtteil und dieser Unterdrückte in einem anderen.

Zum Zeichen Unserer Güte, Zuneigung und Barmherzigkeit jedoch besuchten Wir sie und ihre Mutter etliche Tage vor Unserer Abreise, damit sie von den Lebenswassern des Glaubens tränken und zu dem gelangten, was sie an diesem Tag Gott näher bringt.

Gott weiß wohl und bezeugt Mir, und sie selbst bestätigt es, dass Ich keinen anderen Gedanken hatte als diesen.

Schließlich kam sie – gepriesen sei Gott – durch Seine Gnade zu diesem Ziel und wurde mit der Zier der Liebe geschmückt.

Nachdem Wir jedoch weiter verbannt worden und vom ‘Iráq nach Konstantinopel abgereist waren, erreichten Uns keinerlei Nachrichten mehr von ihr.

Nach Unserer Trennung im Lande Ṭá (Ṭihrán) kamen Wir nie mehr mit Mírzá Riḍá-Qulí, Unserem Bruder, zusammen und erhielten keine besonderen Mitteilungen über sie.

In früheren Tagen hatten wir alle zusammen in einem Haus gelebt, das später durch Versteigerung gegen eine geringfügige Summe verkauft wurde.

Die beiden Brüder Farmán-Farmá und Ḥisámu’s-Salṭanih kauften es und teilten es unter sich.

Danach trennten Wir Uns von Unserem Bruder.

Er nahm Wohnung in der Nähe des Eingangs zur Masjid-i-Sháh, während Wir beim Shimírán-Tor wohnten.

Seither trug diese Schwester ohne allen Grund eine feindselige Haltung gegen Uns zur Schau.

Dieser Unterdrückte wahrte unter allen Umständen Frieden.

Aber Meine Schwester nahm die dem Größten Ast (‘Abdu’l-Bahá) anverlobte Tochter Unseres verstorbenen Bruders Mírzá Muḥammad-Ḥasan aus Núr – mit ihm seien die Herrlichkeit Gottes, Sein Friede und Seine Barmherzigkeit – zu sich in ihr Haus und schickte sie dann an einen anderen Ort.

Einige Unserer Gefährten und Freunde an verschiedenen Plätzen beklagten sich darüber, denn es war eine kränkende Übeltat, die von allen Geliebten Gottes missbilligt wurde.

Wie seltsam, dass Unsere Schwester jene in ihr Haus nahm, um dann dafür zu sorgen, dass sie anderswohin verbracht wird!

Trotz alledem blieb dieser Unterdrückte still und ruhig und bleibt es noch.

Ein Wort aber fiel, um Unsere Geliebten zu beunruhigen.

Gott bezeugt und bestätigt Mir, dass das Gesagte die Wahrheit und aufrichtig gemeint war.

Keiner Unserer Geliebten, ob in dieser Gegend hier oder in jenem Land, hätte Unsere Schwester einer Handlung für fähig halten können, die dem Anstand, der Zuneigung und der Freundschaft derart zuwiderläuft.

Nachdem es jedoch geschehen war und sie erkannten, dass der Weg versperrt war, verfuhren sie in einer Weise, die dir und anderen wohlbekannt ist.

Es muss daher offenkundig sein, wie tief der Schmerz war, den jene Tat diesem Unterdrückten zufügte.

Später tat sie sich mit Mírzá Yaḥyá zusammen.

Widersprüchliche Berichte über sie kommen zu Uns, und es ist nicht klar, was sie sagt oder tut.

Wir flehen zu Gott – gelobt und verherrlicht sei Er –, Er möge sie zu sich zurückführen und ihr helfen, Reue vor dem Tore Seiner Gnade zu üben.

Er ist wahrlich der Mächtige, der Vergebende, und Er ist in Wahrheit der Allmachtvolle, der Verzeihende.
In einem anderen Zusammenhang sagt Er: »Würde Er in diesem Augenblick erscheinen, Ich wäre der erste, Ihn anzubeten und Mich vor Ihm zu verneigen.« Sei redlich, o Volk! Die Absicht des Erhabensten (des Báb) war, sicherzustellen, dass die unmittelbare Nähe dieser Offenbarung die Menschen nicht von dem ewigen göttlichen Gesetz abhalte, wie die Gefährten Johannis (des Täufers) verhindert waren, Ihn, den Geist (Jesus), anzuerkennen. Immer wieder sagte Er: »Lasst es nicht zu, dass euch der Bayán und alles, was darin geoffenbart wurde, von jenem Wesen des Seins, jenem Herrn des Sichtbaren wie des Unsichtbaren fernhält.« Wenn sich jemand angesichts dieses bindenden Gebotes an den Bayán klammert, hat er wahrlich den Schatten des gesegneten und erhabenen Baumes verlassen. Sei redlich, o Volk, und gehöre nicht zu den Achtlosen.
Desgleichen sagt Er: »Lasst euch nicht durch Namen wie durch einen Schleier trennen von Ihm, dem Herrn aller Namen, nicht einmal durch den Namen Prophet, denn auch dieser ist nur ein Geschöpf Seines Wortes.« Und ferner spricht Er im siebten Kapitel des zweiten Váḥid: »O Volk des Bayán! Handle nicht, wie das Volk des Qur’án gehandelt hat; denn wenn du so handelst, werden die Früchte deiner Nacht zunichte werden.« Weiter sagt Er – verherrlicht sei Seine Erwähnung: »Wenn du zu Seiner Offenbarung findest und Ihm gehorchst, hast du die Frucht des Bayán hervorgebracht; wo nicht, bist du unwürdig, vor Gott erwähnt zu werden. Habe Mitleid mit dir selbst. Wenn du Ihm, der Offenbarung der Herrschaft Gottes, nicht hilfst, sei wenigstens keine Ursache des Kummers für Ihn.« Ein andermal sagt Er – verherrlicht sei Seine Stufe: »Wenn du nicht in die Gegenwart Gottes gelangst, betrübe wenigstens nicht das Zeichen Gottes. Auf den Vorteil, den Ihm die Gläubigen des Bayán bringen könnten, verzichtet Er, wenn ihr auf das verzichtet, was Ihm schaden kann. Ich weiß jedoch, dass ihr euch weigern werdet, so zu tun.«
O Hádí! Mir scheint, du hast dich gerade wegen dieser unzweifelhaften Worte entschlossen, den Bayán auszutilgen. Höre auf die Stimme dieses Unterdrückten und lass ab von der Verfolgung, die die Säulen des Bayán erzittern ließ. Ich bin weder in Chihríq noch in Máh-Kú gewesen. Gegenwärtig gehen unter deinen Anhängern die gleichen Behauptungen um wie bei den Shí‘iten, welche sagen, der Qur’án sei unvollendet. Diese Leute behaupten auch, dieser Bayán sei nicht der ursprüngliche. Die Fassung in der Handschrift des Siyyid Ḥusayn ist noch vorhanden, desgleichen diejenige von der Hand Mírzá Aḥmads.
Siehst du den als einen Unterdrückten an, der in dieser Welt nie einen einzigen Streich empfing und ständig von fünf Mägden Gottes umgeben war? Und legst du dem Einen Wahren, der von frühester Jugend bis auf den heutigen Tag in den Händen Seiner Feinde war und das schlimmste Leid der Welt erduldete, Vorwürfe zur Last, wie sie nicht einmal die Juden Christus nachsagten? Höre auf die Stimme dieses Unterdrückten und zähle nicht zu denen, die alles verlieren.
Und weiterhin sagt Er: »Wieviele der Feuer, die Gott durch Ihn, den Er offenbaren wird, in Licht wandelt, und wie zahlreich die Lichter, die durch Ihn zu Feuer werden! Ich schaue Seine Erscheinung wie die Sonne hoch am Himmel und das Verschwinden aller wie das der nächtlichen Sterne am Tage.« Hast du Ohren, o Welt, auf die Stimme des Einen Wahren zu hören und redlich über diese Offenbarung zu urteilen, bei deren Erscheinen Sinai rief: »Er, der auf mir Zwiesprache hielt, ist mit deutlichen Zeichen und leuchtenden Beweisen gekommen, trotz dem Achtlosen, der fernab in der Irre schweift, und trotz jedem lügenreichen Verleumder, der das Licht Gottes mit seinen üblen Reden ersticken will und die Zeichen Gottes mit seiner Bosheit austilgen möchte. Sie beide gehören wahrlich zu denen, die im Buche Gottes, des Herrn der Welten, Unrecht tun.«
Desgleichen sagt Er: »Der Bayán ist vom Anfang bis zum Ende der Aufbewahrungsort aller Seiner Eigenschaften und die Schatzkammer Seines Feuers wie auch Seines Lichtes.« Großer Gott! Die Seele wird hingerissen vom Duft dieser Worte, denn mit grenzenloser Traurigkeit erklärt Er hier, was Er wahrnimmt. Er sagt weiter zu dem Buchstaben des Lebendigen, Mullá Báqir – mit ihm seien die Herrlichkeit Gottes und Seine Güte –: »Vielleicht kannst du in acht Jahren, am Tage Seiner Offenbarung, in Seine Gegenwart gelangen.«
Wisse dies, o Hádí, und sei unter denen, die hören. Urteile gerecht. Die Gefährten Gottes und die Zeugen Dessen, der die Wahrheit ist, haben zum größten Teil das Märtyrertum erlitten. Du jedoch bist noch am Leben. Wie kommt es, dass du verschont bliebst? Ich schwöre bei Gott! Es geschah, weil du [den Glauben] verleugnet hast, während jene gesegneten Seelen den Märtyrertod starben, weil sie bekannten. Jeder gerechte und redlich gesinnte Mensch wird dies bezeugen; denn Antrieb und Beweggrund beider sind klar und deutlich wie die Sonne.
Und weiter wendet Er sich an Dayyán, der Unrecht litt und das Märtyrertum erduldete, und spricht:

»Du wirst deinen Wert erkennen durch die Worte Dessen, den Gott offenbaren wird.« Er hat Dayyán auch mit den folgenden Worten verkündet, er sei der dritte Buchstabe im Glauben an Ihn, den Gott offenbaren werde:

»O du, der du der dritte Buchstabe bist, welcher an Ihn glaubt, den Gott offenbaren wird!« Ferner sagt Er:

»So aber Gott es will, wird Er dich berühmt machen durch die Worte Dessen, den Gott offenbaren wird.« Dayyán, der nach Seinen, des Punktes, Worten – mögen die Seelen aller außer Ihm um Seinetwillen geopfert werden – der Aufbewahrungsort des Glaubens an den einen wahren Gott – gepriesen sei Seine Herrlichkeit – und die Schatzkammer der Perlen Seiner Erkenntnis ist, musste ein so grausames Märtyrertum von ihnen erleiden, dass die Scharen der Höhe weinten und klagten.

Ihn lehrte Er (der Báb) die verborgene und bewahrte Erkenntnis, indem Er sie ihm mit den Worten anvertraute:

»O du, der du Dayyán genannt wirst!

Dies ist ein verborgenes und bewahrtes Wissen.

Wir haben es dir anvertraut und als Zeichen der Ehre von Gott gebracht, weil das Auge deines Herzens rein ist.

Du wirst seinen Wert zu schätzen wissen und wirst es in seiner Erhabenheit hegen und pflegen.

Gott hat es wahrlich gefallen, dem Punkt des Bayán ein verborgenes und bewahrtes Wissen zu schenken, desgleichen Gott noch niemals vor dieser Offenbarung herniedergesandt hat.

Kostbarer ist es in der Wertschätzung Gottes – verherrlicht sei Er – als irgendein anderes Wissen.

Er hat es wahrlich zu Seinem Zeugnis gemacht, wie Er auch die Verse zu Seinem Zeugnis machte.« Dieser unterdrückte Dayyán, der die Schatzkammer der Erkenntnis Gottes war, erlitt zusammen mit Mírzá ‘Alí-Akbar, einem der Verwandten des Ersten Punktes – die Herrlichkeit Gottes und Seine Barmherzigkeit seien mit Ihm –, Abu’l-Qásim-i-Káshí und mehreren anderen den Märtyrertod auf Anstiften Mírzá Yaḥyás.
O Hádí! Sein Buch, dem er den Titel Mustayqiẓ gab, ist in deinem Besitz. Lies es. Auch wenn du das Buch schon gesehen hast, lies es noch einmal, damit du dir vielleicht einen erhabenen Sitz unter dem Baldachin der Wahrheit verschaffst.
Über Siyyid Ibráhím strömten aus der Feder des Ersten Punktes – verherrlicht sei Seine Äußerung – folgende Worte: »O du, der du in Meinen Schriften Mein Freund und in Meinen Büchern, nächst Meinen Schriften, Mein Gedenken und im Bayán Mein Name genannt bist!« Dieser Siyyid Ibráhím wurde von ihm (Mírzá Yaḥyá), ebenso wie Dayyán, mit den Schimpfnamen ›Vater der Schlechtigkeit‹ und ›Vater des Unheils‹ belegt. Urteile redlich, wie schlimm die Lage dieser Unterdrückten gewesen ist, und dies, obwohl der eine von ihnen damit befasst war, jenem zu dienen, während der andere sein Gast war. Kurz, Ich schwöre bei Gott: Die Taten, die jener beging, waren dergestalt, dass Unsere Feder sich schämt, sie aufzuzählen.
Denke eine Weile nach über die Schande, die dem Ersten Punkt bereitet wurde. Überlege, was geschah. Als dieser Unterdrückte, nachdem Er sich zwei Jahre zurückgezogen hatte und durch Wüsten und Berge gewandert war, auf Betreiben einiger Gläubiger, die Ihn lange in der Wildnis gesucht hatten, nach Baghdád zurückkehrte, suchte Ihn ein gewisser Mírzá Muḥammad-‘Alí aus Rasht auf und berichtete vor einer großen Versammlung, was zum Schaden der Ehre des Báb verübt worden war und in Wahrheit alle Lande von Schmerz überwältigte. Großer Gott! Wie konnte man diesen schlimmen Verrat hingehen lassen? Kurz, Wir flehen zu Gott, diesem Frevler zu helfen, dass er bereut und zu Ihm zurückkehrt. Er, wahrlich, ist der Helfer, der Allweise.
Was Dayyán angeht – mit ihm seien die Herrlichkeit Gottes und Seine Barmherzigkeit –, so gelangte er in Unsere Gegenwart, wie es vom Ersten Punkt geoffenbart worden war. Wir beten zu Gott, Er möge den Achtlosen beistehen, sich Ihm zuzuwenden, und möge denen helfen, die sich abgewandt haben, zu Ihm zurückzukehren, und jenen, die Ihn leugnen, Seine Sache anzuerkennen, bei deren Erscheinen alles Erschaffene verkündete: »Er, der in der Schatzkammer des Wissens verborgen war, der von der Feder des Höchsten in Seinen Büchern, Seinen Schriften, Seinen Briefen und Seinen Tablets verzeichnet ist – Er ist gekommen!«
In diesem Zusammenhang wurde es für nötig erachtet, Überlieferungen zu erwähnen, die über die gesegnete und geehrte Stadt ‘Akká aufgezeichnet sind, auf dass du, o Hádí, eine Straße zur Wahrheit und einen Pfad zu Gott suchen mögest.
Im Namen Gottes, des Allerbarmers, des Allbarmherzigen!
Folgendes ist über die Vortrefflichkeit ‘Akkás, über das Meer und über ‘Aynu’l-Baqár (den Brunnen der Kuh), der in ‘Akká liegt, berichtet:
‘Abdu’l-‘Azíz, der Sohn des ‘Abdu’s-Salám, hat uns erzählt, dass der Prophet – mögen der Segen Gottes und Sein Gruß mit Ihm sein – gesagt hat: »‘Akká ist eine Stadt in Syrien, der Gott Seine besondere Barmherzigkeit erwiesen hat.«
Ibn-i-Mas‘úd – möge Gott Wohlgefallen an ihm haben – erklärte: »Der Prophet – mögen der Segen Gottes und Sein Gruß mit Ihm sein – sagte: ›Aller Küsten beste ist die von Askalon, und ‘Akká ist wahrlich besser als Askalon, und die Vortrefflichkeit ‘Akkás ist über die von Askalon und alle anderen Küsten erhaben, wie die Vortrefflichkeit Muḥammads über die aller anderen Propheten erhaben ist. Ich bringe euch Kunde von einer Stadt zwischen zwei Bergen in Syrien, mitten in einer Aue, ‘Akká mit Namen. Wahrlich, wer sie voll Sehnsucht betritt und voll des Eifers, sie zu besuchen, dem wird Gott seine Sünden vergeben, die vergangenen wie die künftigen. Und wer sie verlässt, dessen Abreise wird Gott nicht segnen, er sei denn ein Pilger. In ihr liegt ein Brunnen, genannt der Brunnen der Kuh. Wer einen Schluck davon trinkt, dem wird Gott das Herz mit Licht füllen und wird ihn beschützen vor dem größten Schrecken am Tage der Auferstehung.‹«
Anas, der Sohn des Málik – möge Gott Wohlgefallen an ihm haben – berichtete: »Der Gesandte Gottes – mögen der Segen Gottes und Sein Gruß mit Ihm sein – sagte: ›An der Küste des Meeres ist eine Stadt, hangend unter dem Throne, mit Namen ‘Akká. Wer darin wohnt, standhaft und in Erwartung einer Belohnung von Gott – gepriesen sei Er –, für den wird Gott bis zum Tage der Auferstehung den Lohn derer verzeichnen, die geduldig waren, die aufstanden und sich hinknieten und sich vor Ihm zu Boden warfen.‹
Und Er selbst – der Segen Gottes und Sein Gruß seien mit Ihm – sagte: »Ich künde euch von einer weißen Stadt am Ufer des Meeres, deren Weiße Gott – gepriesen sei Er – wohlgefällt. Sie heißt ‘Akká. Wer von einem ihrer Flöhe gebissen wird, wird von Gott mehr geschätzt als einer, der auf dem Pfad Gottes einen schweren Schlag erleidet. Und wer darin den Ruf zum Gebet erhebt, dessen Stimme wird bis ins Paradies emporgetragen. Und wer darin sieben Tage verweilt im Angesicht des Feindes, den wird Gott mit Khiḍr – Friede sei mit Ihm – zusammenbringen und wird ihn am Tage der Auferstehung vor dem größten Schrecken bewahren.« Und weiter sagte Er – mögen der Segen Gottes, gepriesen sei Er, und Sein Gruß mit Ihm sein –: »Es gibt Könige und Fürsten im Paradiese. Die Armen von ‘Akká sind die Könige des Paradieses und seine Fürsten. Ein Monat in ‘Akká ist besser als tausend Jahre anderswo.«
Der Gesandte Gottes – mögen Gottes Segen und Sein Gruß mit Ihm sein – soll ferner gesagt haben: »Gesegnet ist der Mensch, der ‘Akká besucht hat, und gesegnet der, der den Besucher von ‘Akká besucht hat. Gesegnet ist, wer aus dem Brunnen der Kuh trinkt und sich mit seinen Wassern wäscht; denn die schwarzäugigen Jungfrauen des Paradieses trinken den Kampfer, der aus dem Brunnen der Kuh, der Quelle von Salván (Siloam) und dem Brunnen Zamzam kommt. Wohl steht es um den, der von diesen Brunnen getrunken und sich in ihren Wassern gewaschen hat; denn Gott hat dem Feuer der Hölle verboten, ihn und seinen Körper am Tage der Auferstehung zu berühren.«
Der Prophet – mögen der Segen Gottes und Sein Gruß mit Ihm sein – soll weiterhin gesagt haben: »In ‘Akká gibt es Werke, die über Gebühr angerechnet werden, und Taten, die Wohltaten sind; sie gewährt Gott eigens demjenigen, der Ihm gefällt. Und wer in ‘Akká spricht: ›Verherrlicht sei Gott, und gepriesen sei Gott, und es gibt keinen anderen Gott außer Gott, und überaus groß ist Gott, und es gibt keine Macht oder Kraft außer in Gott, dem Erhabenen, dem Mächtigen‹, für den wird Gott tausend gute Taten aufschreiben und wird tausend Übeltaten von ihm tilgen, und Er wird ihn im Paradies um tausend Stufen erhöhen, und Er wird ihm seine Vergehen vergeben. Und wer in ‘Akká spricht: ›Ich erbitte von Gott Vergebung‹, dem wird Gott alle seine Fehltritte verzeihen. Und wer in ‘Akká des Morgens und des Abends, des Nachts und in der Dämmerung Gottes gedenkt, ist in den Augen Gottes besser, als wer auf dem Pfade Gottes – verherrlicht sei Er – Schwerter, Speere und Waffen trägt.«
Der Gesandte Gottes – mögen Gottes Segen und Sein Gruß mit Ihm sein – hat ferner gesagt: »Wer auf das Meer zur Abendzeit und bei Sonnenuntergang hinausschaut und spricht: ›Gott ist der Größte!‹, dem wird Gott seine Sünden vergeben, auch wenn sie sich türmen wie Dünen von Sand. Und wer vierzig Wogen zählt und dabei immer wieder spricht: ›Gott ist der Größte!‹ – verherrlicht sei Er –, dem wird Gott seine Sünden vergeben, die vergangenen wie die künftigen.«
Der Gesandte Gottes – mögen Gottes Segen und Sein Gruß mit Ihm sein – sprach weiterhin: »Wer eine ganze Nacht auf das Meer hinausschaut, ist besser, als wer zwei volle Monate zwischen Rukn und Maqám hin und her wandelt. Und wer an den Ufern des Meeres aufgewachsen ist, ist besser daran, als wer anderswo großgezogen wurde. Und wenn jemand am Meeresufer liegt, ist es, wie wenn er anderswo steht.«
Wahrlich, der Gesandte Gottes – mögen Gottes Segen, gepriesen sei Er, und Sein Gruß mit Ihm sein – hat die Wahrheit gesprochen.

Quellenangaben

Anmerkungen