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Spanish — Unidad de los Profetas.txt
Source: Bahá'í Library Online (bahai-library.com), curated by Jonah Winters. Used by permission of the curator. Original citation: Abdu'l-Bahá, Unidad de los Profetas, bahai-library.com.
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Unidad de los Profetas

Abdu'l-Bahá

published in
La Promulgación de la Paz Universal por 'Abdu'l-Bahá

pp. 197-203

1912/1982

Las Santas Manifestaciones que han sido fuentes fundadoras de los diversos

sistemas religiosos están unidas y de acuerdo en sus propósitos y

enseñanzas. Abraham, Moisés, Zoroastro, Buda, Jesús, Muhammad, el Báb y

Bahá'u'lláh son uno en espíritu y realidad. Además cada Profeta cumplió la

promesa de Aquel que vino antes que Él y, a su vez, cada Uno anunció a

Aquel que habría de seguirle.

Considerad cómo Abraham predijo la venida de Moisés, y Moisés encarnó la

declaración abrahámica. Moisés profetizó el ciclo mesiánico, y Cristo

cumplió la ley de Moisés. Es evidente, por tanto, que las santas

Manifestaciones que fundaron los sistemas religiosos están unidas y de

acuerdo; no hay diferenciación posible en sus misiones y enseñanzas;

todos son espejos que reflejan la realidad, y todos promulgan la religión

de Dios. La religión divina es la realidad y la realidad no es múltiple;

es una. Por tanto, los fundamentos de los sistemas religiosos son uno

debido a que todos provienen de la realidad indivisible; pero los

seguidores de estos sistemas han disentido; discordia, lucha y guerra han

surgido entre ellos, pues abandonaron el fundamento y se adhirieron a lo

que sólo es imitación y apariencia. Puesto que las imitaciones difieren,

el resultado es enemistad y disensión. Por ejemplo, Jesucristo -¡que mi

espíritu sea sacrificado por Él- echó los cimientos de la realidad eterna,

pero después de su partida muchas sectas y divisiones aparecieron en la

cristiandad. ¿Cuál fue la causa de ello? No cabe duda de que se originó en

imitaciones dogmáticas, pues los principios de Cristo eran la realidad

misma, en la cual no existe divergencia. Cuando aparecieron las

imitaciones, se formaron las sectas y grupos disidentes.

Si los cristianos de todos los grupos de disidentes investigaran la

realidad, los principios de Cristo los unirían. No quedaría enemistad u

odio porque todos estarían bajo la guía única de la realidad misma. Del

mismo modo, y en un plano más amplio, si todos los sistemas religiosos

existentes se apartasen de las imitaciones ancestrales e investigaran la

realidad buscando el significado verdadero de los Libros Sagrados, se

unirían y concordarían sobre el mismo fundamento, la realidad misma.

Mientras sigan doctrinas falsas o imitaciones en vez de la realidad,

existirán la discordia y la animosidad, y éstas aumentarán. Dejadme

ilustrar esto. Moisés y los profetas de Israel anunciaron el advenimiento

del Mesías pero lo expresaron en lenguaje simbólico. Cuando Cristo

apareció, los judíos lo rechazaron aunque estaban esperando su

manifestación y en sus templos y sinagogas exclamaban y se lamentaban

diciendo "¡Oh Dios, apura la venida del Mesías!". ¿Por qué lo negaron

cuando se anunció? Porque habían seguido formas e interpretaciones

ancestrales y estaban ciegos a la realidad de Cristo. No habían percibido

los íntimos significados de la santa Biblia. Proclamaron sus objeciones

diciendo: "Estamos esperando a Cristo, pero su venida está condicionada al

cumplimiento de ciertos anuncios proféticos. Entre las señales del

advenimiento hay una que dice que vendrá de un lugar desconocido, en tanto

que ahora este presunto Mesías ha venido de Nazaret. Conocemos su casa y

conocemos a su madre".

"Segundo, una de las señales o condiciones mesiánicas es que su cetro

sería una vara de hierro y este Cristo ni siquiera tiene tallado de

madera. Tercero, Él debía sentarse en el trono de David, mientras que este

rey mesiánico se halla en el más extremo estado de pobreza y ni siquiera

tiene una esterilla. Cuarto, Él debía conquistar el Este y el Oeste. Esta

persona no ha conquistado siquiera una villa. ¿Cómo puede ser el Mesías?

Quinto, Él promulgaría las leyes de la Biblia. Éste no sólo no las ha

promulgado, sino que ha infringido la ley sabática. Sexto, el Mesías

reuniría a todos los judíos dispersos en Palestina y les restauraría el

honor y el prestigio, pero éste en vez de elevarlos los ha degradado.

Séptimo, durante su soberanía incluso los animales disfrutarían de

bendiciones y comodidades, pues de acuerdo a los textos proféticos, Él

establecería la paz con tal alcance universal que el águila y la codorniz

vivirían juntas, el león y el ciervo se alimentarían en la misma pradera,

el lobo y el cordero pacerían juntos. En el reino humano la guerra cesaría

completamente; las lanzas se convertirán en hoces y las espadas en arados.

Ahora vemos en el día de este pretendido Mesías que prevalece tal

injusticia que incluso él mismo es sacrificado. ¿Cómo podría ser el Cristo

prometido?" Y así expresaron palabras infamantes referidas a Él.

Ahora bien, al estar los judíos sumergidos en el mar de las imitaciones

ancestrales no podían comprender el significado de estas profecías. Todas

las palabras de los profetas se cumplieron, pero debido a que los judíos

se aferraron tenazmente a interpretaciones hereditarias, no entendieron

los significados ocultos de la sagrada Biblia; por consiguiente, negaron a

Jesucristo, el Mesías. El propósito de las palabras proféticas no era el

significado externo o literal, sino el significado simbólico oculto. Por

ejemplo, fue anunciado que el Mesías debía venir de un lugar desconocido.

Esto no se refería al lugar del nacimiento del cuerpo físico de Jesús. Se

refería a la realidad de Cristo, es decir, la realidad de Cristo debía

aparecer de un reino invisible, pues la realidad de Cristo es sagrada y

santificada por encima del lugar.

Su espada sería de hierro. Esto significa que el instrumento era su

lengua, la cual debía separar la verdad de lo falso, y mediante esa gran

espada de ataque él conquistaría los reinos de los corazones. Él no

conquistó por el poder físico de una vara de hierro; conquistó el Este y

el Oeste mediante la espada de su prolación.

Estaba sentado en el trono de David, pero su soberanía no era napoleónica

ni el dominio efímero del faraón. El reino de Cristo era sempiterno,

eterno en el cielo de la Voluntad divina.

Al promulgar las leyes de la Biblia, la realidad de la Ley de Moisés era

su propósito. La ley del Sinaí es el fundamento de la realidad de la

cristiandad. Cristo la promulgó y le dio una expresión espiritual más

elevada. Conquistó y subyugó al Este y al Oeste. Su conquista se efectuó a

través de los hálitos del Espíritu Santo, el cual eliminó todas las

fronteras y brilló en todos los horizontes.

En su día, de acuerdo a la profecía, el lobo y el cordero beberían de la

misma fuente. Ello se realizó en Cristo, la fuente a que se hace

referencia es el Evangelio, del cual mana el agua de vida. El lobo y el

cordero son las razas divergentes y opuestas simbolizadas por estos

animales. Su reunión y asociación eran imposibles, pero al convertirse en

creyentes de Jesucristo aquellos que anteriormente eran como lobos y

corderos se unieron mediante las palabras del Evangelio.

La idea es que todos los significados de las profecías se cumplieron, pero

debido a que los judíos eran cautivos de la imitaciones ancestrales y no

percibían la realidad de los significados de estas palabras, negaron a

Cristo. Más aún, fueron tan lejos que lo crucificaron. Considerad cuan

dañina es la imitación. Estas eran interpretaciones transmitidas por

padres y ancestros, y debido a que los judíos se aferraron a ellas fueron

privados del Espíritu Divino.

Es evidente, entonces, que debemos abandonar tales imitaciones y creencias

para que no cometamos este error. Debemos investigar la realidad, dejar de

lado nociones egoístas y desterrar el rumor de nuestras mentes. Los judíos

consideran a Cristo enemigo de Moisés, mientras que Cristo (al contrario)

promovió la Palabra de Moisés. Esparció el nombre de Moisés a través de

Oriente y Occidente. Promulgó las enseñanzas de Moisés. Si no hubiera sido

por Cristo, no habríais oído el nombre de Moisés; y si la manifestación

mesiánica no hubiese aparecido en Cristo, no hubiésemos recibido el

Antiguo Testamento.

La verdad es que Cristo cumplió la ley mosaica y apoyó a Moisés en todas

formas; pero los judíos, cegados por las imitaciones y los prejuicios, lo

consideran enemigo de Moisés.

Entre los grandes sistemas religiosos del mundo está el Islám. Cerca de

trescientos millones de personas lo aceptan. Por más de mil años ha habido

enemistad y lucha entre musulmanes y cristianos, debido a la desavenencia

y la ceguera espiritual. Si los prejuicios y la imitación se abandonasen,

no habría enemistad alguna entre ellos y estos cientos de millones de

religiosos antagónicos adornarían el mundo de la humanidad con su unidad.

Ahora deseo pediros vuestra atención sobre un punto muy importante. Todo

el Islám considera el Qur'án la Palabra de Dios. En este Libro Sagrado hay

textos explícitos que no son tradicionales, declarando que Cristo era la

Palabra de Dios, que Él era el Espíritu de Dios, que Jesucristo vino a

este mundo mediante los hálitos vivificadores del Espíritu Santo y que

María, su madre, era santa y santificada. En el Qur'án hay todo un

capítulo dedicado a la historia de Jesús. Allí se registra que en el

tiempo de su juventud Él adoraba a Dios en el templo de Jerusalén, que el

maná descendía del cielo para su sustento y que hablaba apenas nacido. En

suma, en el Qur'án hay elogios y alabanzas a Cristo que no pueden

encontrarse en el Evangelio. El Evangelio no registra que el niño Jesús

hablaba al momento de nacer o que Dios hizo descender su sustento desde el

cielo, pero en el Qur'án se declara repetidamente que Dios enviaba el maná

día tras día como alimento para Él. Además, es significativo y convincente

el hecho de que cuando Muhammad proclamó su obra y misión, la primera

objeción a sus propios seguidores fue: "¿Por qué no habéis creído en

Jesucristo? ¿Por qué no habéis aceptado el Evangelio? ¿Por qué no habéis

creído en Moisés? ¿Por qué no habéis seguido los preceptos del Antiguo

Testamento? ¿Por qué no habéis entendido a los Profetas de Israel? ¿Por

qué no habéis creído en los discípulos de Cristo? El primer deber

obligatorio para vosotros, oh árabes, es el de aceptarlos y creer en

ellos.

Debéis considerar a Moisés como un Profeta. Debéis aceptar a Jesucristo

como la Palabra de Dios. Debéis saber que el aceptar a Jesucristo como la

Palabra de Dios. Debéis saber que le Antiguo y el Nuevo Testamento son la

Palabra de Dios. Debéis creer en Jesucristo como el producto del Espíritu

Santo". Su pueblo respondió: "¡Oh Muhammad! Seremos creyentes aunque

nuestros padres y ancestros no lo eran, y estamos orgullosos de ello.

Pero, dinos, ¿qué será de nuestros padres?". Muhammad respondió: "Os

declaro que ocupan el más bajo estrato del infierno debido a que no

creyeron en Moisés y en Cristo y no aceptaron la Biblia; y aunque ellos

son mis propios ancestros, aun así se hallan desesperados en el infierno".

Este es un texto explícito del Qur'án; esto no es una narración o

tradición sino el Qur'án mismo, el cual es conocido por la gente. Por

tanto, es evidente que la ignorancia y los malentendidos son los que han

causado tanta guerra y lucha entre los musulmanes y cristianos. Si ambos

hubieran investigado la verdad básica en sus creencias religiosas, el

producto sería la unidad y el acuerdo; la lucha y la amargura hubieran

desaparecido para siempre y el mundo de la humanidad hubiera encontrado la

paz y la serenidad. Considerad que hay doscientos cincuenta millones de

cristianos y trescientos millones de musulmanes. ¡Cuanta sangre se ha

derramado en sus guerras! ¡Cuantas naciones han sido destruidas! ¡Cuantos

niños han quedado huérfanos! ¡Cuántos padres y madres han logrado la

pérdida de sus hijos y seres queridos! Todo esto se ha debido a los

prejuicios, desavenencias e imitaciones de creencias ancestrales, sin una

investigación de la realidad. Si los Libros Sagrados hubiesen sido

correctamente comprendidos, ninguna de estas discordias o aflicciones

hubiesen existido, sino que el amor y el compañerismo habrían prevalecido

en su lugar. Esto también se aplica a todas las demás religiones. Las

condiciones que he nombrado se aplican a todas por igual. El propósito

esencial de la religión de Dios es establecer la unidad entre los hombre.

Las divinas Manifestaciones fueron los fundadores de los instrumentos del

compañerismo y el amor. No vinieron para crear discordia, lucha y odio en

el mundo. La religión de Dios es la causa de amor, pero si se convierte en

fuente de enemistad y derramamiento de sangre, de seguro su ausencia es

preferible a su existencia, pues entonces se vuelve satánica, dañina, un

obstáculo para el mundo humano.

Los diversos pueblos y naciones de Oriente estaban en un estado de

antagonismo y lucha, manifestando la más extrema enemistad y odio los unos

hacia otros. La oscuridad circundaba la mundo de la humanidad. En un

momento como éste apareció Bahá'u'lláh. Eliminó todas las imitaciones y

prejuicios que habían causado la separación y las desavenencias y echó las

bases de la única religión de Dios. Cuando esto se realizó, musulmanes,

cristianos, judíos, zoroastrianos y budistas, todos se unieron con

verdadero amor y camaradería. Las almas de todas las naciones que

siguieron a Bahá'u'lláh se volvieron como una sola familia viviendo en

acuerdo y armonía, deseando sacrificar la vida los unos por los otros. El

musulmán da la vida por el cristiano, el cristiano por el judío y todos

ellos por el zoroastriano. Viven juntos en amor, camaradería y unidad. Han

alcanzado la condición de renacimiento en el Espíritu de Dios. Han sido

resucitados y regenerados mediante los hálitos del Espíritu Santo.

¡Alabado sea Dios! Esta luz ha venido del Este y con el tiempo no habrá

discordia ni enemistad en el Oriente. Mediante el poder de Bahá'u'lláh

todos estará unidos. Él izó este estandarte de la unidad de la humanidad

en la prisión. Cuando se hallaba sometido al destierro por dos reyes,

mientras era un refugiado de los enemigos de todas las naciones, durante

los días de su largo encarcelamiento, escribió a los reyes y gobernantes

del mundo con palabras de maravillosa elocuencia, acusándolos seriamente y

convocándolos al divino estandarte de la unidad y justicia. Los exhortó a

la paz y al acuerdo internacional, haciéndolos responsables del

establecimiento de un cuerpo internacional de arbitraje, de un congreso de

naciones con delegados seleccionados de todos lo s países y gobiernos, que

construiría una corte universal de justicia para solucionar disputas

internacionales. Escribió a la Reina Victoria de Gran Bretaña, al Zar de

Rusia, al Emperador de Alemania, a Napoleón III de Francia y a otros,

invitándolos a la unidad y paz mundiales. Mediante un poder celestial Él

fue capaz de promulgar estos ideales en Oriente, los reyes no podían

resistirse. Se esforzaron por extinguir su luz, pero esto sólo sirvió para

aumentar su intensidad e iluminación. Mientras estaba en prisión, enfrentó

al Sháh de Persia y al Sultán de Turquía y promulgó sus enseñanzas hasta

que estableció firmemente la bandera de la verdad y la unidad de la

humanidad. Yo estuve prisionero con Él durante cuarenta años hasta que los

jóvenes turcos del Comité de Unión y Progreso derrocaron el despotismo de

'Abdu'l-Hamid; lo destronaron y proclamaron la libertad. Este comité me

liberó de la tiranía y la opresión; de otro modo hubiese estado en prisión

hasta los últimos días de mi vida. Mi intención es ésta: que Bahá'u'lláh

en prisión fue capaz de proclamar y establecer los fundamentos de la paz

aunque dos reyes despóticos eran sus enemigos y opresores. El rey de

Persia, Násri'd-Din Sháh, había matado veinte mil bahá'ís, mártires que

con absoluto desprendimiento y completa disposición ofrendaron alegremente

sus vidas por su fe. Estos dos reyes poderosos y tiránicos no pudieron

contrarrestar a un prisionero...

... Este Prisionero mantuvo en alto el estandarte de la humanidad y

condujo al pueblo de Oriente al acuerdo y la unidad. Hoy, en Oriente,

sólo aquellos que no siguieron a Bahá'u'lláh están en oposición y

enemistad. Los pueblos de las naciones que lo han aceptado como estandarte

de guía divina disfrutan una condición de verdadera camaradería y amor. Si

asistierais a una reunión en el Este, no podríais distinguir entre

cristiano y musulmán, no podríais saber quién fue zoroastriano, judío o

budista; han fraternizado tan completamente que sus diferencias religiosas

se han nivelado. Se asocian con el más extremo amor y fragancia

espiritual, como si perteneciesen a una familia, como si fueran un solo

pueblo.

Investigación Independiente de la Verdad

La Fe Bahá'í y las profecías

Página Inicial http://bci.org/venezuela/la_fe_bahai.shtml

De: La Promulgación de la Paz Universal por Abdu'l-Bahá, pág 220-223

LA INVESTIGACIÓN INDEPENDIENTE DE LA VERDAD

En los divinos Libros Sagrados existen inconfundibles profecías que dan

las buenas nuevas de cierto Día en el que el Prometido de todos los Libros

aparecerá...

...una brillante Dispensación será establecida, la bandera de la Más

Grande Paz y de la conciliación será izada y se proclamará la unidad del

mundo de la humanidad. Entre las diversas naciones y pueblos del mundo no

quedará enemista y odio, todos los corazones serán vinculados entre sí.

Estas cosas están registradas en el Torá o Antiguo Testamento, en el

Evangelio, el Qur'án, el Zend-Avesta, los Libros de Buda y el Libro de

Confucio. En resumen, todos los Libros Sagrados contienen estas buenas

nuevas. Anuncian que después de que el mundo haya sido rodeado por la

oscuridad, la luz surgirá. Porque igual que las horas de la noche en que

se vuelve excesivamente oscura preceden a la aurora de un nuevo día,

también cuando la oscuridad de la apatía religiosa se apodera del mundo,

cuando las ideas materialistas ensombrecen la espiritualidad, cuando las

naciones se sumergen en el mundo de la materia y se olvidan de Dios, en un

momento como éste brillará el Sol divino y aparecerá la esplendente

Aurora.

Considerad hasta qué límite extraordinario ha sido sojuzgada por el

materialismo la espiritualidad de la gente, los sentimientos espirituales

parecen haber desaparecido, la civilización divina se vuelve decadente y

la guía y el conocimiento de Dios ya no perduran. Todos están sumergidos

en un mar de materialismo. Aunque algunos asisten a iglesias y templos de

devoción y adoración, ello se realiza de acuerdo a las tradiciones e

imitaciones de sus padres y no para la investigación de la realidad y no

están ocupados en su adoración. Se aferran a ciertas imitaciones que han

llegado a ellos desde sus padres y antepasados. Se han acostumbrado a

pasar cierto período de tiempo de adoración en el templo de acuerdo a

imitaciones y ceremonias. Prueba de ello es que el hijo de todo padre

judío se vuelve judío y no cristiano; el hijo de todo musulmán se vuelve

seguidor del Islám; el hijo de todo cristiano demuestra ser cristiano; el

hijo de todo zoroastriano es zoroastriano, etc. Por tanto, la fe y

creencia religiosa es un remanente de ciegas imitaciones que han

descendido a través de los padres y antepasados. Debido a que el padre de

éste joven era judío, él se considera judío. No es que él haya investigado

la realidad y probado a sí mismo satisfactoriamente que el judaísmo es

correcto. No, más bien, él está consciente de que sus antecesores

siguieron ese curso; por tanto él también se adhiere a ello.

El propósito de esto es explicar que la oscuridad de las imitaciones

circunda el mundo. Todas las naciones se aferran a sus forma religiosas

tradicionales. La luz de la realidad está oscurecida. Si estas diversas

naciones investigaran la realidad, no cabe duda que lo lograrían. Coma la

realidad es una, todas las naciones se volverían entonces una sola. En

tanto ellas se adhieran a diversas imitaciones y estén privadas de la

realidad, continuarán la contienda y la guerra y prevalecerán el rencor y

la sedición. Si investigaran la realidad, no quedaría ni rencor ni

enemistad y lograrían entre ellas la mayor concordia.

Durante los años en que la oscuridad de la negligencia era más intensa en

el Oriente y el pueblo estaba tan sumergido en las imitaciones que las

naciones estaban sedientas de la sangre de las otras, considerándose

mutuamente contaminadas y rehusando asociarse; en un momento como éste,

Bahá'u'lláh apareció. Se levantó en el Oriente desarraigando las bases

mismas de las imitaciones y produjo la aurora de la luz de la realidad. A

través de Él varias naciones se unieron porque todas deseaban la realidad.

Por cuanto investigaron la realidad en la religión, descubrieron que todos

los hombres son siervos de Dios, posteridad de Adán, hijos de una sola

familia, y que los fundamentos de todos los profetas son uno. Dado que las

enseñanzas de los profetas son realidad, sus principios son uno. La

enemistad y contienda de las naciones, por tanto, se deben a las

imitaciones religiosas y no a la realidad que subyace en las enseñanzas de

los profetas. A través de Bahá'u'lláh las naciones y corazones se unieron

y las vidas se amalgamaron. Después de siglos de odio y rencor los

cristianos, judíos, zoroastrianos, musulmanes y budistas se reunieron en

camaradería, todos ellos con el más extremo amor y unidad. Se unieron y

dialogaron mancomunados porque habían percibido la realidad.

Los Profetas divinos están unidos en el perfecto estado del amor. Cada uno

ha dado las buenas nuevas de la venida de su sucesor y cada sucesor ha

confirmado a Aquel que lo precedió. Ello estaban en la más grande unidad,

pero sus seguidores están en lucha...

...Por ejemplo, Moisés dio el mensaje de las buenas nuevas de Cristo y

Cristo confirmó el estado profético de Moisés. Por tanto, entre Moisés y

Jesús no hay variación o conflicto. Están en perfecta unidad, pero existe

el conflicto ente judíos y cristianos. Ahora, por tanto, si los pueblos

judío y cristiano investigaran la realidad que subyace en las enseñanzas

de sus Profetas, se volverían amables en la actitud de los unos hacia los

otros y se asociarían en el mayor amor, pues la realidad es una y no dual

o múltiple....

...Si esta investigación de la realidad fuese universal, las naciones

divergentes ratificarían a todos los Profetas divinos y confirmarían todos

los Libros Sagrados. No quedaría ni contienda ni rencor, y el mundo se

uniría. Entonces nos asociaríamos en la realidad del amor. Seríamos como

padres e hijos, como hermanos y hermanas viviendo juntos en completa

unidad, amor y felicidad. Porque este siglo es el siglo de la luz. No es

como los siglos anteriores. Los siglos pasados fueron épocas de opresión.

Ahora los intelectos humanos se han desarrollado y la inteligencia humana

ha aumentado. Cada alma está investigando la realidad.

Estamos viviendo un momento en el que deberíamos disfrutar de verdadera

amistad.

El Fundamento Inmutable de la Religión de Dios

La Fe Bahá'í y las profecías

http://bci.org/venezuela/la_fe_bahai.shtml

De: `Abdu'l-Bahá: Promulgación de la Páz Universal, pág 403-410

EL FUNDAMENTO INMUTABLE DE LA RELIGIÓN DE DIOS

"Las religiones divinas encarnan dos clases de ordenanzas.

Primero, existen aquellas que constituyen las enseñanzas esenciales o

espirituales de la Palabra de Dios. Estas son la fe en Dios, la

adquisición de virtudes que caracterizan la perfecta naturaleza humana,

una moral loable, la obtención de dones y bondades que emanan de los

esplendores divinos -en resumen: las ordenanzas concernientes al reino de

la moral y de la ética. Este es el aspecto fundamental de la religión de

Dios, y es de la mayor importancia porque el conocimiento de Dios es un

requisito fundamental del hombre.

El hombre debe comprender la unidad de la Divinidad. Debe llegar a conocer

y reconocer los preceptos de Dios y comprender con certeza que le

desarrollo ético de la humanidad depende de la religión. Debe liberarse de

todos los defectos y buscar imagen y semejanza de Dios. En la Santa Biblia

está registrado que Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y

semejanza". Es axiomático que la imagen y semejanza no está referida a la

forma y semblanza de un ser humano, porque la realidad de la Divinidad no

está limitada a ninguna forma o figura. No, más bien ello se aplica a los

atributos y características de Dios.

Así como decimos que Dios es justo, el hombre de igual forma debe ser

justo. Como Dios es amoroso y bondadoso con todos los hombres, el hombre

de igual forma debe manifestar amorosa bondad con toda la humanidad. Así

como dios es leal y veraz, el hombre debe demostrar los mismos atributos

en el mundo humano. Así como Dios emplea la misericordia hacia todos, el

hombre debe demostrar que es la manifestación de la misericordia. En un a

palabra, la imagen y semejanza de Dios constituyen las virtudes de Dios, y

el hombre está destinado a convertirse en el receptor de los esplendores

de los atributos divinos. Este es el fundamento esencial de todas las

religiones divinas, la realidad misma, común a todas. Abraham lo promulgó;

Moisés lo proclamó; Cristo y todos los profetas sostuvieron este

estandarte y aspecto de la religión divina.

Segundo, hay leyes y ordenanzas que son temporarias y no esenciales. Estas

tienen que ver con las transacciones y relaciones humanas. Son

accidentales y están sujetas a cambio de acuerdo con las exigencias de

tiempo y lugar. Estas ordenanzas no son permanentes ni fundamentales.

Por ejemplo, en el tiempo de Noé era conveniente que el consumo de

pescados y mariscos fuese legal; por tanto Dios ordenó a Noé consumir de

toda vida animal marina. En el tiempo de Moisés esto no estaba de acuerdo

con las exigencias de la existencia de Israel; por tanto, un segundo

mandato fue revelado abrogando parcialmente la ley concerniente a los

alimentos marinos. Durante el tiempo de Abraham -¡la paz sea con Él!- la

leche de camella era un alimento considerado legal y aceptable; lo mismo

que la carne de camello; pero durante el tiempo de Jacob, debido a cierta

promesa que hizo, esto se volvió ilícito. Estas son leyes temporales no

esenciales.

En la Santa Biblia existen ciertos mandamientos que, de acuerdo a esos

tiempos idos, constituyen el verdadero espíritu de la época, la luz propia

de ese período. Por ejemplo, de acuerdo con la ley de la Torá, si un

hombre cometía un robo de cierta cantidad, le cortaban la mano. ¿Es

practicable y razonable en el presente cortar la mano de un hombre por el

robo de un dólar? En la Torá hay diez ordenanzas concernientes al

asesinato. ¿Pueden ellas hacerse efectivas hoy? Incuestionablemente no;

los tiempos han cambiado.

De acuerdo con el texto explícito de la Biblia, si un hombre cambiaba o

infringía la ley del Sabbath, o si tocaba fuego en el Sabbath, debía ser

ejecutado. Hoy tal vez esta ley está abrogada. La Torá declara que si un

hombre profiriera una palabra irrespetuosa a su padre, sufría la pena de

muerte. ¿Es posible poner esto en vigor ahora? No; las condiciones humanas

han sufrido cambios. De igual forma, durante el tiempo de Cristo ciertas

ordenanzas menores acordes a ese período fueron puestas en vigor.

Ha sido demostrado concluyentemente, entonces, que el fundamento de la

religión de Dios la permanente e inmutable. Es este fundamento fijo el que

asegura el progreso y la estabilidad del cuerpo político y la iluminación

de la humanidad. Ello siempre ha sido la causa del amor y la justicia

entre los hombres, trabaja por la verdadera camaradería y unificación de

toda la humanidad, porque jamás cambia y no está sujeto a reemplazo.

Las leyes accidentales, no esenciales, que regulan las transacciones del

cuerpo social y los asuntos cotidianos de la vida son mutables y pueden

ser anuladas.

Permitidme preguntar: ¿cuál es el propósito de la posición de los

profetas? ¿Por qué Dios ha enviado a los profetas? Es axiomático que los

Profetas son los educadores de los hombres y los maestros de la raza

humana. Vienen para conferir educación universal a la humanidad, para

darle instrucción, para sacar a la raza humana del abismo de la

desesperación y la desolación y permitirle al hombre alcanzar el apogeo

del progreso y la gloria. La gente está en la oscuridad; los Profetas los

llevan al reino de la luz. Se hallan en un estado de extrema imperfección;

los Profetas les brindan perfecciones. El Propósito de la misión profética

no es otro que la educación y guía de la gente. Por tanto, debemos

considerar y estar alertas al hombre así calificado, es decir, cualquier

alma que demuestre ser el Educador de la humanidad y el Maestro de la raza

humana indudablemente es el Profeta de su época.

Por ejemplo, repasemos los acontecimientos conectados con la historia de

Moisés -¡la paz sea con Él!-. Vivía en Maidán en el tiempo en que los

hijos de Israel se hallaban cautivos y esclavos en la tierra de Egipto,

sujetos a toda tiranía y severa opresión. Eran analfabetos e ignorantes,

soportaban experiencias y ordalías crueles. Estaban en tal estado de total

desamparo e impotencia a proverbial declarar que un egipcio podía vencer a

diez israelitas. En un momento como ése y bajo condiciones tan represivas,

Moisés apareció y brilló con esplendor celestial. Salvó a Israel de la

esclavitud del faraón y los liberó de su cautiverio. Los guió fuera de la

tierra de Egipto y los condujo a la Tierra Santa. Habían estado dispersos

y desalentados; Él los unificó y los disciplinó, confiriéndoles la

bendición de la sabiduría y el conocimiento. Habían sido esclavos; Él los

hizo príncipes. Eran ignorantes; Él los hizo sabios. Eran imperfectos; Él

los capacitó para alcanzar la perfección. En una palabra, los sacó de su

condición de desamparo y los llevó a la eficiencia en el plano de la

confianza y el valor. Fueron renombrados en el mundo antiguo hasta que

finalmente en el cenit y esplendor de su nueva civilización alcanzó la

gloria de la soberanía de Salomón. Mediante la guía e instrucción de

Moisés, los esclavos y cautivos se convirtieron en un pueblo dominante

entre las naciones. No sólo fueron renombrados por sus superioridad física

y militar, sino que en todos los grados de las artes, las letra y el

refinamiento su fama se difundió.

Incluso los célebres filósofos de Grecia viajaban a Jerusalén para

estudiar con los sabios israelitas y muchas fueron las lecciones de

filosofía y sabiduría que recibieron. Entre estos filósofos se encontraba

el famoso Sócrates. Visitó la Tierra Santa y estudió con los profetas de

Israel, adquiriendo los principios de su enseñanza filosófica y el

conocimiento de sus adelantadas artes y ciencias. Después de su regreso a

Grecia, fundó el sistema conocido como la unidad de Dios. El pueblo griego

se levantó en su contra y al final fue envenenado en presencia del rey.

Hipócrates y muchos otros filósofos griegos se sentaron a los pies de los

eruditos doctores israelitas y absorbieron sus exposiciones de sabiduría y

verdad interna.

Visto que Moisés mediante la influencia de su gran misión contribuyo a la

liberación de los israelitas de su profundo estado de degradación y

humillación, estableciéndolos en una posición de prestigio y

glorificación, disciplinándolos y educándolos, es necesario que nosotros

lleguemos a un juicio imparcial y justo referente a tan maravilloso

maestro. Pues en esta gran empresa estuvo solo y sin ayuda. ¿Podría Él

haber hecho tal cambio y producir tal condición entre esta gente sin la

aprobación y ayuda de un poder celestial? ¿Podría Él haber transformado un

pueblo desde la humillación a la gloria sin apoyo santo y divino? Nada

fuera de un poder divino podría haber logrado esto. Ahí yace la prueba de

la posición profética porque la misión de un profeta es la educación de la

raza humana tal como la realizó este personaje, demostrando que Él era un

poderoso profeta entre los profetas y su libro el propio Libro de Dios.

Esta es una prueba racional, directa y perfecta.

En resumen, Moisés -¡que la paz sea con Él!- fundo la ley de Dios,

purificó la moral del pueblo de Israel y le dio un ímpetu hacia logros más

elevados y nobles. Pero después de la partida de Moisés y siguiendo la

declinación de la gloria de la época de Salomón, durante el reino de

Jeroboam, hubo un gran cambio en esta nación . Las normas elevadas de

ética y las perfecciones espirituales dejaron de existir. Las condiciones

y la moral se corrompieron, la religión fue degradada, y los principios

perfectos de la ley mosaica fueron oscurecidos por la superstición y el

politeísmo. La guerra y la lucha surgió entre las tribus y su unidad fue

destruida. Los seguidores de Jeroboam se declararon con derechos válidos

para la sucesión real, y los partidarios de Roboam hicieron el mismo

reclamo. Finalmente las tribus fueron despedazadas por la hostilidad y el

odio, la gloria de Israel se eclipsó, y tan completa fue la degradación

que en la ciudad de Tiro se erigió el becerro de oro como objeto de

adoración. Por consiguiente Dios envió a Elías, el profeta, quien redimió

al pueblo, renovó la ley de Dios y estableció una era de nueva vida para

Israel.

La historia muestra otro cambio y transformación ulterior cuando la unidad

y solidaridad fueron seguidas por otra dispersión de las tribus.

Nabucodonsor, rey de Babilonia, invadió la Tierra Santa y llevó cautivos a

Caldea a setenta mil israelitas, donde grandes reveses, pruebas y

sufrimientos afligieron a este pueblo desafortunado. Luego los profetas de

Dios nuevamente reformaron y establecieron la ley de Dios, y el pueblo en

su humillación nuevamente la siguió. De esto resultó su liberación, y bajo

el edicto de Ciro, e rey de Persia, hubo un regreso a la Ciudad Santa.

Jerusalén y el templo de Salomón fueron reconstruidos y fue restaurada la

gloria de Israel. Esto duró sólo poco tiempo; la moral de la gente declinó

y las condiciones alcanzaron un grado extremos hasta que el general romano

Tito tomó Jerusalén y la arrasó hasta sus cimientos. El saque y la

conquista completaron la desolación; Palestina se convirtió en un termo

desierto, y los judíos huyeron de la Tierra Santa de sus ancestros. La

causa de esta desintegración y dispersión fue el alejamiento de Israel del

fundamento de la ley de Dios revelada por Moisés, es decir, la adquisición

de virtudes divinas, moral, amor, el desarrollo de artes y ciencias y el

espíritu de unidad de la humanidad. Ahora deseo que examinéis ciertos

hechos y declaraciones que son dignas de consideración.

Mi propósito e intención es el de eliminar de los corazones de los hombres

la enemistad religiosa y el odio que los han encadenado y llevar armonía y

unidad a todas las religiones.

Por cuanto este odio y enemistad, este fanatismo e intolerancia son los

resultados de falsos conceptos, la realidad de la unidad religiosa

aparecerá cuando estos falsos conceptos se disipen. Pues el fundamento de

las religiones divinas es uno. Esta es la unidad de la revelación o

enseñanza. Pero ¡ay! nos hemos apartado de este fundamento, aferrándonos

tenazmente a diversas formas dogmáticas y ciegas imitaciones de creencias

ancestrales. Esta es la verdadera causa de la enemistad, el odio y el

derramamiento de sangre en el mundo, la razón del alejamiento y la

separación entre los hombres. Por eso, deseo que seáis muy justos e

imparciales en vuestro juicio de las siguientes declaraciones.

Durante el tiempo en que el pueblo de Israel era sacudido y afligido por

las condiciones que ya he nombrado, Jesucristo apareció entre ellos. Jesús

de Nazaret era judía. Estaba solo y sin ayuda, solitario y único. No tenía

ayudante. Enseguida los judío lo declararon enemigo de Moisés. Dijeron a

un destructor de las leyes y ordenanzas de Moisés. Examinemos los hechos

como son, investiguemos la verdad y realidad para llegar a una opinión y

conclusión verdaderas. Para una opinión completamente imparcial sobre

esta cuestión debemos dejar de lado todos los prejuicios que tenemos e

investigar independientemente.

Este personaje, Jesucristo, declaró que Moisés había sido el profeta de

Dios y dijo que todos los profetas de Israel habían sido enviados por

Dios. Proclamó que la Torá era el propio Libro de Dios, convocó a todos a

ajustarse a sus preceptos y seguir sus enseñanzas. Es un hecho histórico

que durante un período de mil quinientos años los reyes de Israel fueron

incapaces de promulgar ampliamente la religión del judaísmo. En efecto,

durante ese período el nombre y la historia de Moisés estuvieron

confinados dentro de las fronteras de Palestina y la Torá era un libro

conocido sólo en ese país. Pero mediante Cristo, a través de la bendición

del Nuevo Testamento de Jesucristo, el Antiguo Testamento, la Torá, fue

traducido a seiscientos idiomas diferentes y se difundió en todo el mundo.

Fue a través de la cristiandad que la Torá llego a Persia. Antes en ese

país no existía conocimiento de tal libro, pero Cristo hizo que se

difundiera y aceptara.

Por su intermedio el nombre de Cristo hizo que se difundiera y aceptara.

Por su intermedio el nombre de Moisés fue exaltado y reverenciado. Por su

medio los nombres y la grandeza de los profetas israelitas, y se demostró

al mundo que los israelitas constituían el pueblo de Dios. ¿Cuál de los

reyes de Israel podría haber logrados esto? Si no hubiera sido por

Jesucristo, ¿habría llegado la Biblia, la Torá, a esta tierra de América?

¿Se hubiese difundido por el mundo el nombre de Moisés? Referíos a la

historia. Todos saben que cuando la cristiandad se difundió, hubo una

difusión simultánea del conocimiento del judaísmo y la Torá. A lo largo y

ancho de Persia no existía un solo volumen del Antiguo Testamento, hasta

que la religión de Jesucristo hizo que apareciera por todas partes, de

modo que hoy la Santa Biblia es un libro familiar en ese país.

Es evidente, entonces, que Cristo era un amigo de Moisés, que lo amaba y

creía en Él ; de otro modo, no hubiese conmemorado su nombre y su posición

profética. Esto es axiomático. Por tanto, cristianos y judíos deberían

tener el mayor amor los uno por los otros porque los fundadores de estas

dos grandes religiones han estado en perfecta armonía en el Libro y en la

enseñanza. Sus seguidores deberían hacer lo mismo.

Ya hemos expuesto las pruebas válidas de la posición profética.

Encontraremos que las mismas evidencias de la validez de Moisés se

vinieron y duplicaron en Cristo. Cristo fue también un personaje singular

y único nacido del linaje de Israel. Mediante el poder de su palabra fue

capaz de unir a los pueblos de las naciones griega, romana, caldea,

egipcia y asiria. Eran crueles, sedientas de sangre, hostiles, se mataban

, se saqueaban y se tomaban cautivas unas a otras, Él las amalgamó con un

vínculo perfecto de unidad y amor. Hizo que armonizaran y se

reconciliaran.

Efectos tan poderosos fueron el resultado de la manifestación de una sola

alma. Esto demuestra concluyentemente que Cristo fue asistido por Dios.

Hoy todos los cristianos admiten y creen que Moisés fue un Profeta de

Dios. Declaran que su libro fue el Libro de Dios, que los profetas de

Israel fueron verdaderos y válidos y que la gente de Israel constituía el

pueblo de Dios. ¿Qué mal ha provenido de ello? ¿Qué mal podría provenir de

una declaración por parte de los judíos de que Jesús también era la

manifestación de la Palabra de Dios?

¿Han sufrido los cristianos por su creencia en Moisés? ¿Han experimentado

ellos alguna pérdida del entusiasmo religioso o han atestiguado alguna

frustración de su creencia religiosa por declara que Moisés fue un profeta

de Dios, que la Torá era un Libro de Dios y que todos lo profetas de

Israel fueron profetas de Dios? Es evidente que de ello no provino ninguna

pérdida. Y ahora es el momento para que los judíos declaren que Cristo fue

la Palabra de Dios, y así esta enemistad entre dos grandes religiones

desaparecerá.

Esta enemistad y prejuicio religioso ha continuado por dos mil años. Se ha

derramado sangre y se han sufrido ordalías. Estas pocas palabras

remediarán la dificultad y unirán dos grandes religiones. ¿Qué mal puede

resultar de lo siguiente: que así como los cristianos glorifican y alaban

el nombre de Moisés, de igual modo los judíos conmemoraran el nombre de

Cristo, declarando que Él es la Palabra de Dios y considerándolo uno de

los Mensajeros elegidos de Dios?

Algunas palabras referentes al Qur'án y a los musulmanes: cuando apareció

Muhammad, hablo de Moisés como del gran Hombre de Dios. En el Qur'án, Él

se refiere a las palabras de Moisés en siete lugares diferentes, proclama

que Él es un Profeta y el poseedor de un Libro, el Fundador de la ley y el

espíritu de Dos. Dijo: "Quienquiera que crea en Él es aceptable en la

estima de Dios, y quienquiera que se aparte de Él o de cualquiera de los

profetas es rechazado por Dios". Por último, incluso se dirigió a sus

parientes diciendo "Por qué os habéis apartado y no habéis creído en

Moisés? ¿Por qué no habéis admitido la Torá? ¿Por qué no habéis creído en

los profetas judíos?". En cierto súrih del Qur'án, Él menciona los nombres

de veintiocho profetas de Israel, alabándolos a todos y a cada uno de

ellos. Hasta el extremo ha ratificado y conmemorado a los profetas y a la

religión de Israel.

El propósito es que Muhammad alabó y glorificó a Moisés y confirmó el

judaísmo. Declaró que quien niegue a Moisés está contaminado, e incluso si

se arrepintiera, su arrepentimiento no sería aceptado. Llamó infieles e

impuros a sus propios parientes porque habían negado a los profetas. Él

dijo: "Porque no habéis creído en Cristo, porque no habéis creído en

Moisés, porque no habéis creído en los Evangelios, sois infieles y estáis

contaminados".

De esta forma Muhammad ha alabado la Torá, a Moisés, a Cristo, y a los

profetas del pasado. Apareció entre los árabes an un pueblo nómada y

analfabeto, bárbaro por naturaleza y sediento de sangre. Los guió e

instruyó hasta que alcanzaron un alto grado de desarrollo. Mediante su

educación y disciplina, ascendieron desde los más bajos niveles de la

ignorancia a las cimas del conocimiento, convirtiéndose en maestros de

erudición y filosofía. Vemos, por tanto, que las pruebas aplicables a un

profeta también son aplicables a otro.

En conclusión, ya que los profetas mismos, los fundadores, han amado,

alabado y dado testimonio unos de otros, ¿por qué debemos nosotros estar

en desacuerdo y separarnos? Dios es uno. Es el pastor de todos. Nosotros

somos sus ovejas, y por tanto deberíamos vivir juntos en amor y unidad.

Deberíamos manifestar el espíritu de justicia y buena voluntad unos hacia

otros. ¿Haremos esto, o vamos a censurar y anatematizar, alabándonos a

nosotros mismos y condenando a todos los demás? ¿Qué de bueno puede

resultar de tal actitud y acción? Por el contrario, nada puede resultar

excepto enemistad y odio, injusticia e inhumanidad. ¿No ha sido ésta la

mayor causa de derramamiento de sangre, enemistad y tribulación en el

pasado?

¡Alabado sea Dios! Vosotros vivís en un país de libertad. Habéis sido

bendecidos con hombres de sabiduría, hombres versados en el estudio

comparativo de las religiones. Sois conscientes de la necesidad de la

unión y sabéis del gran daño que causan los prejuicios y la superstición..

Os pregunto: ¿no son preferibles acaso el compañerismo y la hermandad a la

enemistad y el odio en la sociedad y en la comunidad? La respuesta es

evidente por sí misma. El amor y el compañerismo son absolutamente

necesarios para ganar el beneplácito de Dios, el cual es la meta de todo

logro humano. Debemos estar unidos. Debemos amarnos unos a otros. Siempre

debemos alabarnos unos a otros.

Debemos elogiar a todos, para que así desaparezcan la discordia y el odio

que han sido causa del alejamiento entre los hombres. De otro modo,

alabándonos a nosotros mismos y condenando a otros las condiciones del

pasado continuarán; las guerras religiosas no tendrán fin y el prejuicio

religioso, causa principal de este estrago y tribulación, aumentará. Esto

debe ser abandonado, y el modo de hacerlo es investigando la realidad que

yace en todas las religiones. Esta realidad subyacente es el amor a la

humanidad.

Pues Dios es uno, el hombre es uno, y el único credo de los profetas es el

amor y la unidad."

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