# Desenvolvimiento de la Civilizacion Mundial

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> Source: Bahá'í Library Online (bahai-library.com), curated by Jonah Winters. Used by permission of the curator. Original citation: Shoghi Effendi, Desenvolvimiento de la Civilizacion Mundial, bahai-library.com.
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> El Desenvolvimiento de la Civilización Mundial
> 
> A los bienamados de Dios y a las siervas
> del Misericordioso de todo el Occidente
> 
> Amigos y co­herederos de la gracia de Bahá'u'lláh:
> 
> Como copartícipe en la edificación del Nuevo Orden Mundial que fuera concebido por Bahá'u'lláh, y cuyas
> características delineara la pluma de 'Abdu'l­Bahá, su perfecto Arquitecto, me detengo a contemplar con ustedes la
> escena que despliega ante nosotros el transcurso de casi quince años desde su fallecimiento.
> El contraste entre las acumuladas evidencias de firme consolidación que acompañan el surgimiento del Orden
> Administrativo de la Fe de Dios, y las fuerzas de desintegración que baten la estructura de una sociedad acon­
> gojada, es tan claro como impresionante. Tanto dentro como fuera del mundo bahá'í, los signos y señales que, de
> una manera misteriosa, están anunciando el nacimiento de ese Orden Mundial, el establecimiento del cual debe
> señalar la Edad de Oro de la Causa de Dios, están creciendo y multiplicándose día a día. Ningún observador
> imparcial puede ya dejar de distinguidos. No puede ser confundido por la dolorosa lentitud que caracteriza el
> desenvolvimiento de la civilización que los seguidores de Bahá'u'lláh están esforzándose por establecer. Ni puede
> ser llamado a engaño por las efímeras manifestaciones de renaciente prosperidad, las cuales, por momentos,
> parecen ser capaces de detener la influencia destructora de los crónicos males que afligen a las instituciones de una
> edad decadente. Los signos de los tiempos son demasiado numerosos y apremiantes como para que se permita
> equivocar su carácter o disminuir su significación. Él puede, si es imparcial en su juicio, reconocer en la cadena de
> acontecimientos, los cuales, por un lado proclaman la irresistible marcha de las instituciones directamente
> asociadas con la Revelación de Bahá'u'lláh, y presagian por otro, la caída de esos poderes y principados que la han
> ignorado o resistido, él puede reconocer en todos ellos las evidencias de la acción de la omnipresente Voluntad de
> Dios, la formación de su perfectamente ordenado Plan que abarca al mundo.
> "Pronto," las propias palabras de Bahá'u'lláh lo proclaman, "el orden a ctual será enrollado, y uno nuevo será
> desplegado en su lugar. Ciertamente, vuestro Señor habla la verdad y es el Conocedor de cosa s no vistas." "Por Mí
> mismo," declara solemnemente, "el día se aproxima cuando Nos habremos enrollado al mundo y todo lo que en él
> existe, y habremos desplegado un nuevo Orden en su lugar. Él, por cierto, es poderoso por sobre todas las cosa s."
> "El equilibrio del mundo," Él explica, "ha sido tra stornado por la vibrante influencia de este más grande, de este
> nuevo Orden Mundia l. La vida ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por la a cción de este único, de
> este ma ra villoso Sistema, nada semejante al cua l ojos mortales nunca han presenciado." "Los signos de inminentes
> convulsiones y caos” , Él advierte a los pueblos del mundo, 'pueden discernirse ahora , por cuanto el orden
> preva leciente resulta ser deplorablemente defectuoso."
> ¡Queridos amigos! Este Nuevo Orden Mundial, cuya promesa está contenida en la Revelación de Bahá'u'lláh,
> cuyos principios fundamentales han sido enunciados en los escritos del Centro de su Convenio, implica nada menos
> que la completa unificación de la totalidad de la raza humana. Esta unificación habrá de ajustarse a aquellos
> principios que armonicen directamente con el espíritu que anima y las leyes que gobiernan el funcionamiento de las
> instituciones que ya constituyen la base estructural del Orden Administrativo de su Fe.
> Ningún mecanismo que no cumpla la norma inculcada por la Revelación Bahá'í que esté en desacuerdo con el
> sublime. modelo ordenado en sus escritos, que los esfuerzos colectivos de la humanidad pudiesen todavía idear,
> puede tener la esperanza de alcanzar nada más allá que esa “ Paz Menor" a la cual el mismo Autor de nuestra Fe ha
> aludido en sus escritos. "Ya que habéis rechazado la Más Grande Paz," amonestando alas reyes y gobernantes de la
> tierra Él ha escrito, "a ferraos a ésta, la Paz Menor, que quizá podá is mejorar en a lgún grado vuestra propia
> condición y la de vuestros dependientes." Explayándose sobre la Paz Menor, Él se dirige así, en esa misma Tabla,
> a los gobernantes de la tierra: "Estad reconciliados entre vosotros, para que no necesitéis má s armamentos, sa lvo
> en la medida de sa lvaguardar vuestros territorios y dominios... Sed unidos, oh reyes de la tierra, pues con ello la
> tempestad de la discordia será a ca llada entre vosotros, y vuestros pueblos hallarán descanso, si sois de aquellos
> que comprenden. Si a lguno de entre vosotros toma re a rmas contra otro, levantaos todos contra él, pues ello no es
> sino justicia manifiesta ."
> La Más Grande Paz, por otra parte, tal como es concebida por Bahá'u'lláh ­­ una paz que deberá suceder
> 
> EBILA, 2ª edición en Español: 1989
> inevitablemente como consecuencia práctica de la espiritualización del mundo y la fusión de todas sus razas,
> credos, clases y naciones ­­ no puede descansar sobre otras bases y no puede ser preservada a través de otro
> instrumento, que no sean los preceptos divinamente señalados que están implícitos en el Orden Mundial asociado
> con su Santo Nombre. En su Tabla revelada hace casi setenta años, a la reina Victoria1, Bahá'u'lláh, aludiendo a esta
> Más Grande Paz, ha declarado: "Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso
> instrumento para la curación del mundo entero, es la unión de todos sus pueblos en una Causa , universal, en una
> Fe común. Esto no puede lograrse sino por el poder de un hábil, un todopoderoso e inspirado médico. Esto,
> ciertamente, es la verdad, y todo lo demá s no es sino error... Considerad estos días en los que la Antigua Belleza ,
> Quien es el Más Grande Nombre, ha sido enviado a regenera r y unifica r a la humanidad. Contemplad cómo,
> desenva inadas sus espadas, ellos se a lza ron contra Él, y cometieron aquello que hizo estremecedor a l Espíritu
> Fiel. Y cuando Nos les dijimos: 'He aquí, el Reformador del Mundo ha venido,' ellos respondieron: 'Él,
> ciertamente, es uno de los promotores del desorden.' " En otra Tabla Él asevera: "Corresponde a todos los hombres
> en este Día, aferra rse a l Má s Grande Nombre y establecer la unidad de toda la humanidad. No existe sitio a donde
> huir, ni refugio que nadie pueda busca r, excepto Él."
> 
> Madur ez de la Hu manidad
> 
> La Revelación de Bahá'u'lláh, cuya misión suprema no es otra que el logro de esta unidad orgánica y espiritual
> del cuerpo entero de naciones, debería ser considerada, si habremos de ser fieles a sus implicaciones, como la señal
> del advenimiento de la madurez de toda la raza humana. No debería ser tomada como si fuera meramente tan solo
> otro renacimiento espiritual dentro de la siempre cambiante suerte de la humanidad, ni sólo como una etapa más de
> la cadena de Revelaciones progresivas, ni tampoco como la culminación de una serie de recurrentes ciclos
> proféticos, sino como la señal de la última y más elevada etapa en la estupenda evolución de la vida colectiva del
> hombre sobre este planeta. El surgimiento de una comunidad mundial, la conciencia de una ciudadanía mundial, el
> establecimiento de una civilización y una cultura mundiales ­­ todo ello sincronizado con las etapas iniciales del
> desenvolvimiento de la Edad de Oro de la Era Bahá’í ­­ deberían ser considerados, por su propia naturaleza y en lo
> que a esta vida planetaria se refiere, como los límites últimos en la organización de la sociedad humana, aunque el
> hombre, como individuo y, es más, como resultado de tal consumación, deberá continuar indefinidamente su
> progreso y desarrollo.
> Aquel místico, todo penetrante, pero indefinible cambio, el cual nosotros asociamos con la etapa de
> maduración inevitable en la vida del individuo y el desarrollo del fruto, debe, si comprendemos correctamente las
> expresiones de Bahá'u'lláh, tener su contraparte en la evolución de la organización de la sociedad humana. Una
> etapa similar, más tarde o más temprano, debería ser alcanzada en la vida colectiva de la humanidad, produciendo
> un fenómeno aún más sorprendente en las relaciones internacionales, y dotando a toda la raza humana de grandes
> capacidades de bienestar que proporcionarán, en edades sucesivas, el principal estímulo que se requiere para el
> consiguiente cumplimiento de su alto destino. Tal etapa de madurez en el proceso del gobierno humano debe, si es
> que reconocemos fielmente el grandioso anuncio hecho por Bahá'u'lláh, quedar identificada para siempre, con la
> revelación de la cual Él es el Portavoz.
> En uno de los pasajes más característicos que Él mismo ha revelado, declara sin lugar a equívocos la verdad de este
> principio distintivo de la creencia bahá'í: "Ha sido decretado por Nosotros que la Palabra de Dios y toda s sus
> potencialidades, se manifiesten a los hombres en estricta conformidad con ta les condiciones como las
> preordinada s por Aquel Quien es el Omnisciente, el Omnisapiente... Si se le permitiera a la Palabra liberar
> repentinamente todas las energías la tentes en ella , ningún hombre podría soporta r el peso de una Revelación tan
> poderosa... Considera aquello que ha sido enviado a Muhammad, el Apóstol de Dios. La medida de la Revelación
> de la que Él fue el Porta dor había sido claramente preordinada por Aquel Quien es el Todopoderoso, el
> Omnipotente. Aquellos que Le escucharon, sin emba rgo, sólo pudieron comprender su propósito en la medida de
> su propia condición y capacidad espiritua l. Él, de igual manera, descubrió el Rostro de la Sabiduría en proporción
> con, la capa cidad de ellos para soporta r el peso de su Mensaje. Tan pronto como la humanidad alcanzó la etapa de
> la madurez, la Palabra reveló a los ojos de los hombres las energías latentes con la s cuales había sido dotada ,
> energía s que se hicieron manifiestas en la plenitud de su gloria cuando la Antigua Belleza apareció en el año
> sesenta , en la persona de 'Alí Muhammad, el Báb."
> ‘Abdu'l­Bahá, dilucidando esta verdad fundamental, ha escrito: "Todas las cosa s creadas tienen su grado
> 
> 1 Revelada en el período 1868­73 (N. del E.).
> o etapa de madurez. El período de madurez en la vida de un á rbol es el tiempo de su fructificación... El anima l
> a lcanza una etapa de pleno crecimiento y consumación, y en el reino humano el hombre alcanza su madurez
> cuando la luz de su inteligencia llega a su ma yor poder y desarrollo... Del mismo modo, existen períodos y etapa s
> en la vida colectiva de la humanidad. En un momento dado ella pa só por su etapa de niñez; en otro, por un período
> de juventud; pero ahora ha entrado en su la rgamente anunciada fase de madurez, cuyas evidencia s se manifiestan
> por doquier... Lo que fuera aplicable a las necesidades humana s en la temprana historia de la raza no puede
> cumplir ni satisfacer la s demanda s de este día, de este período de innovación y consumación. La humanidad ha
> emergido de su anterior estado de limita ción y de adiestramiento preliminar. El hombre ha de estar ahora
> investido de nuevas virtudes y poderes, de nueva s pautas morales, de nueva s capacidades. Nuevos dones y dádivas
> perfectas le esperan y descienden sobre él. Las gra cias y bendiciones de su juventud, aunque apropiadas y
> suficientes durante la adolescencia de la humanidad, son ahora incapaces de satisfacer los requerimientos de su
> madurez.
> 
> El Pr oceso de Integr ación
> 
> Una crisis tan singular y trascendente en la vida de la humanidad organizada puede, además, ser comparada
> con la etapa culminante de la evolución política de la gran República Norteamericana, la etapa que señaló el
> surgimiento de una comunidad unificada de estados federados. El despertar de una nueva conciencia nacional, y el
> nacimiento de un nuevo tipo de civilización, infinitamente más rica y más noble de lo que cualquiera de sus partes
> componentes hubiera esperado lograr en forma separada, puede decirse que ha proclamado la madurez del pueblo
> norteamericano. Dentro de los límites territoriales de esa nación, esta consumación puede ser considerada como la
> culminación del proceso del gobierno humano. Los elementos diversos y casi desconectados de una comunidad
> dividida fueron atraídos, unificados e incorporados en un sistema coherente. Aunque esta entidad pueda continuar
> aumentando su poder de cohesión, aunque la unidad ya lograda pueda consolidarse aún más, aunque la civilización
> a la cual tan solo esa unidad pudo haber dado origen pueda extenderse y florecer, aun así, la maquinaria básica para
> tal desenvolvimiento puede decirse que, en su estructura esencial, ha sido erigida, y que el impulso requerido para
> guiarla y sostenerla, puede considerarse que ha sido fundamentalmente impartido. Ninguna etapa superior y más
> allá de esta consumación de unidad nacional, dentro de los límites geográficos de esa nación, podrá ser concebida,
> aunque el más alto destino de su pueblo como elemento constitutivo de una entidad aún mayor y que ha de abarcar
> a toda la humanidad, permanezca todavía incumplido. Considerado como una unidad aislada, no obstante, puede
> decirse que este proceso de integración ha alcanzado su más elevada y final consumación.
> Tal es la etapa hacia la cual una humanidad en evolución se está aproximando colectivamente; La Revelación
> confiada a Bahá'u'lláh por el Ordenador Omnipotente, sus seguidores lo creen firmemente, ha sido dotada con las
> potencialidades proporcionadas a la madurez de la raza humana, la coronación y la etapa más trascendente en su
> evolución desde la infancia a la edad adulta.
> Los sucesivos Fundadores de todas las Religiones del pasado, Quienes desde tiempo inmemorial han
> difundido, con creciente intensidad, el esplendor de una común Revelación a las diferentes etapas que han señalado
> el avance de la humanidad hacia la madurez, pueden ser considerados, en cierto sentido, como Manifestaciones
> preliminares, que han anticipado y preparado el camino para el advenimiento de ese Día de Días. cuando la tierra
> entera habrá fructificado y el árbol de la humanidad habrá entregado su fruto predestinado.
> Incontrovertible como esta verdad, su carácter desafiante nunca debería oscurecer el propósito o distorsionar el
> principio, los cuales subyacen en las aseveraciones de Bahá'u'lláh, aseveraciones que han establecido por siempre
> la absoluta unidad de todos los Profetas, inclusive Él mismo, ya sea que pertenezcan al pasado o al futuro. Aunque
> la misión de los Profetas que precedieron a Bahá'u'lláh pueda ser considerada bajo esa luz, aunque la cuantía de
> Revelación Divina confiada a cada uno, como resultado de este proceso de evolución, necesariamente difiera, su
> origen común, su unidad esencial, su identidad de propósito, no debería ser, en ningún momento y por ninguna
> circunstancia, mal interpretados o negados. Que todos los Mensajeros de Dios deberían ser considerados como
> "habitando en el mismo taberná culo, volando en el mismo cielo, sentados en el mismo trono, pronunciando las
> mismas palabras, y proclamando la misma Fe," por mucho que podamos enaltecer la cuantía de Revelación Divina
> concedida a la humanidad en esta etapa culminante de su evolución, permanece como el fundamento inalterable y
> el dogma central de creencia bahá’í, Cualesquiera variaciones en el esplendor que cada una de estas
> Manifestaciones de la luz de Dios ha difundido por el mundo, deberían ser atribuidas, no a una superioridad
> inherente comprendida en el carácter esencial de alguna de ellas, sino más bien a la capacidad progresiva, a la
> creciente receptividad espiritual que la humanidad, en su avance hacia la madurez, invariablemente ha puesto de
> manifiesto.
> La Consumación Fina l
> 
> Sólo quienes estén dispuestos a asociar la Revelación proclamada por Bahá'u'lláh con la consumación de una
> tan estupenda evolución cala vida colectiva de toda la raza humana, podrán captar la significación de las palabras
> que Él, al aludir a, las glorias de este Día prometido y la duración de la Era Bahá'í, juzgó conveniente pronunciar:
> "Este es el Rey de los Día s," Él exclama, "el Día que ha presenciado el advenimiento del Bienamado, Aquel Quien,
> a través de toda la eternidad, ha sido proclamado el Anhelo del Mundo."
> Además Él afirma: "Las Escrituras de las Dispensaciones del pasado celebran el gran jubileo que ha de
> saludar a este supremo Día de Dios. Biena venturado quien haya vivido para presencia r este Día y reconocer su
> posición." "Es evidente," Él explica en otro pasaje, "que cada época en la cual una Manifesta ción de Dios ha
> vivido, está divinamente ordenada y, en cierto modo, puede ser ca ra cteriza da como el Día señala do de Dios. Este
> Día, sin embargo, es único, y debe ser distinguido de aquellos que le han precedido. La designación de 'Sello de los
> Profeta s' revela plenamente su elevada posición. El Ciclo Profético, ciertamente, ha terminado. La Eterna Verdad
> ha llegado ahora. Él ha levantado la Insignia de Poder, y está derramando ahora sobre el mundo el límpido
> esplendor de su Revela ción." "En esta poderosísima Revelación," declara Él categóricamente, "han a lcanzado su
> má s elevada y final consumación todas la s Dispensaciones del pasado. Aquello que se ha hecho manifiesto en esta
> preeminente y sublime Revelación, no tiene pa ralelo en los anales del pasado, ni podrán presencia r a lgo semejante
> las edades futuras."
> Los auténticos pronunciamientos de 'Abdu'l­Bahá, debe recordarse, asimismo confirman en forma no menos
> enfática, la incomparable grandeza de la Dispensación Bahá'í. Él afirma en una de sus Tablas: "Siglos, y aun
> innumerables edades habrán de transcurrir antes de que el Sol de la Verdad brille nuevamente con estiva l
> esplendor, o que apa rezca una vez má s en la brillantez de su gloria primaveral... La mera contemplación de la
> Dispensación iniciada por la Bendita Belleza, hubiera ba stado para anonadar a los santos de otra s épocas, santos
> que ansiaban pa rticipa r, por un momento, de su grandiosa gloria." Y en términos aún más definidos, Él afirma:
> "En cuanto a las Manifestaciones que descenderán en el futuro 'en las sombras de las nubes,' haz de saber que, en
> lo que se refiere a su rela ción con la Fuente de su inspiración, ellas están a la sombra de la Antigua Belleza. Mas
> en relación con la época en que aparezcan, cada una de ellas 'hace lo que Él desea.'" Refiriéndose a la Revelación
> de Bahá'u'lláh, Él explica: "Esta sagrada Dispensación es iluminada con la luz del Sol de la Verdad, brillando
> desde su má s sublime posición y en la plenitud de su esplendor, su calor y gloria."
> 
> Dolores de Muerte y Na cimien to
> 
> Queridos amigos: Aunque la Revelación de Bahá'u'lláh ha sido transmitida, el Orden Mundial que tal Reve­
> lación debe necesariamente engendrar aún no ha nacido. Aunque la Edad Heroica de su Fe ha pasado, las energías
> creadoras que tal Edad ha liberado no han cristalizado aún en esa sociedad mundial que, en la plenitud del tiempo,
> habrá de reflejar el esplendor de su gloria. Aunque la estructura de su Orden Administrativo ha sido erigida, y el
> Período Formativo de la Era Bahá'í ha comenzado, el prometido Reino en el cual la simiente de sus instituciones
> habrá de madurar, aún no ha sido inaugurado. Aunque su Voz se ha elevado y las enseñas dc su Fe se han izado en
> no menos de cuarenta países, tanto del Este como del Oeste, la integridad de la raza humana aún no ha sido
> reconocida, ni su unidad ha sido proclamada, ni ha sido enarbolado el estandarte de la Más Grande Paz.
> "La s alturas," Bahá'u'lláh mismo atestigua, "a las cuales, por medio del má s bondadoso fa vor de Dios, puede
> el hombre morta l llega r en este Día, aún no han sido reveladas a sus ojos. El mundo del ser ja más ha poseído, ni
> posee aún, la capa cidad para tal revelación. El día, sin embargo, se aproxima, cuando las potencialidades de esta
> gran gracia , por virtud de su mandato, serán manifestadas a los hombres."
> Para la revelación de esta gracia tan grande, un período de intensa agitación y de un gran sufrimiento general
> parecería ser indispensable. Resplandeciente como ha sido la Era que ha presenciado el comienzo de la Misión que
> ha sido confiada a Bahá'u'lláh, el intervalo que habrá de transcurrir antes de que tal Era entregue sus más selectos
> frutos ­­ resulta cada vez más evidente ­­ será ensombrecido por una tenebrosidad moral y social que habrá de
> preparar a una humanidad impenitente, para la recompensa que está destinada a heredar.
> Hacia un período tal estamos firme e irrevocablemente dirigiéndonos. Entre las sombras que paulatinamente
> nos van cercando, apenas podemos distinguir los destellos de la celestial soberanía de Bahá'u'lláh, apareciendo
> intermitentemente en el horizonte de la historia. A nosotros, la "generación de la penumbra", que vivimos en un
> tiempo que puede ser designado como período de incubación de la Mancomunidad Mundial concebida por
> Bahá'u'lláh, nos ha sido asignada la tarea cuyo elevado privilegio nunca podremos apreciar suficientemente, y cuya
> arduidad escasamente podemos aún reconocer. Bien podemos creer, quienes hemos sido convocados a sufrir la
> acción de las oscuras fuerzas destinadas a desencadenar un torrente agonizantes aflicciones, que la hora más oscura
> que debe preceder a la aurora de la Edad de Oro de nuestra Fe ln no ha sonado. Profunda como es la tenebrosidad le
> ya envuelve al mundo, las aflictivas ordalías que ese mundo habrá de padecer aún están en preparación, su negrura
> todavía no puede ser imaginada. Nos enconamos ante el umbral de una era cuyas convulsiones proclaman por igual
> los dolores de la muerte del viejo Orden y los dolores del nacimiento del nuevo. A través la fecunda influencia de la
> Fe anunciada por Bahá'u'lláh, puede decirse que este Nuevo Orden Mundial ha ido concebido. Nosotros podemos,
> en el momento actual, experimentar su agitación en el seno de una era dolorida, una era que aguarda la hora
> señalada para poder arrojar su carga y producir su más precioso fruto.
> "La tierra toda ," escribe Bahá'u'lláh, "se ha lla hora en estado de preñez. Se aproxima el día cuando habrá
> entregado sus más nobles frutos, cuando en ella habrán crecido los á rboles más elevados, los más encantadores
> capullos, las má s celestia les bendiciones. ¡Inmensamente exa ltada es la brisa que fluye desde las vestiduras de tu
> Señor, el Glorifica do! ¡He a quí que a difundido su fragancia y ha renovado todas las cosa s! Bienaventurados los
> que comprenden." "Los impetuosos vientos de la gracia de Dios," Él, en el Súratu'l­Haykal, proclama, "han pa sado
> sobre todas la s cosas. Cada cria tura ha sido dotada con toda s la potencialidades posibles. ¡Y todavía los pueblos
> del mundo han negado esta gracia! Cada árbol ha sido dotado de los frutos más escogidos, cada océano
> enriquecido con la s má s luminosas gemas, El propio ser humano ha sido investido con los dones del entendimiento
> y el conocimiento. La crea ción entera ha sido convertida en el recipiente de la revela ción del Todo Misericordioso,
> y la tierra en el repositorio de esas cosas inescrutables pa ra todos excepto Dios, la Verdad, el Conocedor de cosas
> no vista s. Se aproxima el tiempo cuando todas la s cosa s creadas habrán arrojado su ca rga. ¡Glorificado sea Dios,
> Quien ha concebido esta gracia que rodea a todas las cosa s, visibles o invisibles!"
> "El llamado de Dios," 'Abdu'l­Bahá ha escrito, "una vez producido, insufló una nueva vida en el cuerpo de la
> humanidad, e infundió un nuevo espíritu en toda la creación. Por esta razón, el mundo se ha conmovido ha sta lo
> má s profundo, y los corazones y la s conciencias de los hombres han revivido. Pronto la s evidencia s de esta
> regeneración serán reveladas, y los dormidos habrán de desperta r."
> 
> La Efer vescencia Univer sal
> 
> Al contemplar el mundo que nos rodea, nos vemos obligados a observar las múltiples evidencias de esa
> efervescencia universal que, en cada continente del globo y en cada compartimiento de la vida humana, ya sea reli­
> gioso,;social, económico o político, está purificando y adaptando a la humanidad en espera del Día, en el cual la
> totalidad de la raza humana habrá de ser reconocida y su integridad establecida. Un doble proceso, no obstante,
> puede ser distinguido, cada uno tendiendo, a su propio modo y con acelerado ímpetu, a conducir hacia un clímax a
> las fuerzas que están transformando la faz de nuestro planeta. El primero es esencialmente un proceso de inte­
> gración, mientras que el segundo es fundamentalmente destructivo. El primero, a medida que evoluciona cons­
> tantemente, revela un Sistema que bien puede servir como modelo de ese orden político hacia el cual un mundo en
> extraña perturbación está continuamente avanzando; mientras que el otro, al ahondar su influencia desintegradora,
> tiende a derribar, con creciente violencia, las anticuadas barreras que intentan bloquear el progreso de la humanidad
> hacia su meta predestinada. El proceso constructivo está asociado con la Fe naciente de Bahá'u'lláh, y es el
> precursor del Nuevo Orden Mundial que esta Fe debe a corto plazo establecer. Las fuerzas destructivas que
> caracterizan al otro proceso, deben ser identificadas con una civilización que ha rehusado responder a la expectativa
> de una nueva era y que, por consiguiente, sucumbe en el caos y la declinación.
> Una titánica, una espiritual contienda, sin paralelo en su magnitud y, además, inefablemente gloriosa en sus
> consecuencias finales, se está librando como resultado de esas tendencias opuestas, en esta era de transición que la
> comunidad organizada de los seguidores de Bahá'u'lláh, y la humanidad como un todo, están atravesando.
> El Espíritu que ha sido personificado en las instituciones de una Fe en crecimiento se ha enfrentado, en el curso
> de su marcha progresiva por la redención del mundo, con fuerzas tales que son, en muchos casos, la negación
> misma de ese Espíritu, y cuya prolongada existencia debe inevitablemente obstaculizar el logro de su propósito.
> Las vacías y agotadas instituciones, las obsoletas doctrinas y creencias, las gastadas y desacreditadas tradiciones
> que estas fuerzas representan, han sido socavadas, en ciertos casos, debe observarse, en virtud de su propia
> senilidad, la pérdida dé su poder de cohesión, y su propia e inherente corrupción. Algunas han sido barridas por las
> poderosas fuerzas que la Fe Bahá'í, a la hora de su nacimiento, ha liberado tan misteriosamente. Otras, como
> consecuencia directa de una vana y débil resistencia a su crecimiento en las etapas iniciales de su. desarrollo, han
> desaparecido y han sido completamente desacreditadas. Aun otras, temerosas de la penetrante influencia de las
> instituciones en las cuales ese mismo Espíritu, en una etapa posterior, ha sido incorporado, han movilizado sus
> fuerzas y lanzado su ataque, destinadas a sufrir, a su tiempo, luego de un triunfo breve e ilusorio, una ignominiosa
> derrota.
> 
> Esta Era de Transición
> 
> No es mi propósito recordar ni mucho menos tratar de hacer un análisis detallado de las luchas espirituales que
> han sucedido, o destacar las victorias que han redundado en la gloria de la Fe de Bahá'u'lláh, desde el día de su
> fundación. Mi principal interés no se refiere a los sucesos que han distinguido a la primera, la Era Apostólica de la
> Dispensación Bahá'í, sino más bien a los acontecimientos sobresalientes que están sucediendo, y las tendencias que
> caracterizan al período formativo de su desarrollo, esta Era de Transición, cuyas tribulaciones son las precursoras
> de esa Edad de suprema felicidad, la cual ha de encarnar el propósito último de Dios para toda la humanidad.
> En una comunicación anterior he aludido sucintamente al catastrófico derrumbe de poderosos reinos e
> imperios, en vísperas del fallecimiento de 'Abdu'l­Bahá, hecho que parece haber impulsado la fase inicial de la Era
> de Transición en la cual estamos ahora viviendo. La disolución del Imperio Germano, la humillante derrota
> infligida a su soberano, el sucesor y descendiente directo del rey y emperador prusiano, a quien Bahá'u'lláh había
> dirigido su solemne e histórica advertencia, conjuntamente con la extinción de la Monarquía Austro­Húngara, los
> restos del otrora grandioso Sacro Imperio Romano, fueron ambas precipitadas por la guerra cuyo estallido señaló la
> apertura de la Era de Frustración, destinada a preceder el establecimiento del Orden Mundial de Bahá'u'lláh. Estos
> dos sucesos trascendentales pueden ser considerados los hechos más tempranas de esa Era turbulenta, en la
> periferia de cuya fase más tenebrosa estamos ahora comenzando a introducimos.
> Al conquistador de Napoleón III, inmediatamente después de su victoria, el Autor de nuestra Fe. en su Libro
> Más Sagrado, ha dirigido esta clara y ominosa advertencia: "¡Oh Rey de Berlín... Ten cuidado, no sea que el orgullo
> te impida reconocer a la Aurora de la Revela ción Divina, no sea que los deseos terrena les te excluyan, como por
> un velo, del Señor del Trono en lo a lto y de aquí en la tierra. Así te aconseja la Pluma del Altísimo. Él, ciertamente,
> es el Más Dadivoso, el Todo Munífico. Recuerda a aquel cuyo poder trascendía tu propio poder (Napoleón III), y
> cuya posición superaba tu posición. ¿Dónde está? ¿Adónde han ido las cosa s que poseía? Estad advertido, y no
> sea s de aquellos que están profundamente dormidos. Él fue quien arrojó tra s de sí la Tabla de Dios, cuando Nos le
> hicimos conocer lo que la s huestes de la tiranía Nos habían hecho sufrir. Por lo cua l, la desgra cia le acosó desde
> todos los lados, y él bajó a l polvo con gran pérdida. Piensa profundamente, oh Rey, a cerca de él, y acerca de
> aquellos quienes, como tú, han conquistado ciudades y gobernado sobre los hombres. El Todo Misericordioso les
> bajó de sus pa la cios a sus tumbas. Sé advertido, sé de aquellos que reflexionan."
> "¡Oh, ribera s del Rin!", Bahá'u'lláh, en otro pasaje de ese mismo Libro, profetiza, "Os hemos visto cubiertas de
> sangre, por cuanto las espada s de la retribución fueron desenvainadas. contra vosotras; y tendréis otra vuelta . Y
> Nos oímos las lamentaciones de Berlín, a unque ella esté hoy en conspicua gloria."
> 
> El Colapso del Islám
> 
> El colapso del poder de la jerarquía shí'ih, en una tierra que por centurias había sido el baluarte inexpugnable
> del fanatismo musulmán, fue la consecuencia inevitable de esa oleada de secularización, la cual habría de invadir,
> posteriormente, a algunas de las más poderosas y conservadoras instituciones eclesiásticas de los continentes
> europeo y americano. A pesar de no ser la consecuencia directa de la última guerra, esta repentina conmoción que
> se ha apoderado del hasta entonces inconmovible pilar de la ortodoxia islámica, acentuó los problemas, y
> profundizó el desasosiego con el cual un mundo hastiado de guerras estaba siendo atormentado. El Islám Shí'ih, en
> la tierra natal de Bahá'u'lláh, y como consecuencia directa de la implacable hostilidad hacia su Fe, había perdido
> para siempre su poder combativo, había sido despojado de sus derechos y privilegios, había sido degradado y
> desmoralizado, y estaba siendo condenado a la desesperante oscuridad y a la extinción final. No menos de veinte
> mil mártires, no obstante, hubieron de sacrificar sus vidas hasta que la Causa por la que habían resistido y habían
> sido ultimados, pudiese registrar esta victoria inicial sobre aquellos quienes fueron los primeros en repudiar sus
> derechos y derribar a sus valientes guerreros. "Crueldad y pobreza cayeron sobre ellos, y ellos retornaron de Dios
> con ira."
> "Contempla," escribe Bahá'u'lláh; refiriéndose a la declinación de un pueblo abatido, cómo los dichos y los
> hechos del Islám Shí'ih han ofuscado la a legría y el fervor de sus tempranos días y han empañado la prístina
> brillantez de su luz. En los primeros días, mientras aún se a dherían a los preceptos asociados con el nombre de su
> Profeta , el Señor de la humanidad, su carrera fue seña lada por una cadena ininterrumpida de victoria s y triunfos.
> Ma s a medida en que gradualmente se alejaban del sendero de su Líder y Ma estro ideal, y se apa rtaban de la Luz
> de Dios y corrompan el principio de su unidad divina, y mientras concentraban su a tención cada vez má s sobre
> aquellos quienes sólo eran los reveladores de la potencia de su Palabra , su poder se transformó en debilidad, su
> gloria en vergüenza, y su cora je en temor. Tú ves a qué han llegado."
> La caída de la dinastía Qájár, la reconocida defensora y el servil instrumento de un clero decadente, fue casi
> simultánea con la humillación que han sufrido los líderes eclesiásticos shí'ihs. Desde Muhammad Sháh
> hasta el último y débil monarca de esa dinastía, se le negó a la Fe de Bahá'u'lláh la consideración imparcial, el trato
> limpio y desinteresado que su causa, con justicia, había reclamado. Por el contrario, fue atrozmente hostigada, y
> persistentemente traicionada y perseguida. El martirio del Báb; el destierro de Bahá'u'lláh. la confiscación de sus
> posesiones; su encarcelamiento en Mázindarán; el reinado de terror que Le confinó en la más pestilente de la
> mazmorras; las intrigas, los vituperios y las calumnias que en tres oportunidades extendieron su exilio y Le
> condujeron a su último encarcelamiento en la más desolada de las ciudades; las ignominiosas sentencias dictadas
> contra la persona, los bienes y el honor de sus inocentes seguidores, con la complicidad de las autoridades judiciales
> y eclesiásticas, todos ellos se destacan como los actos más tétricos por los cuales la posteridad hará responsable a
> esta sangrienta dinastía. Otra barrera más que había tratado de obstruir la marcha de la Fe hacia adelante, quedaba
> así eliminada.
> Aunque Bahá'u'lláh había sido desterrado de su tierra natal, la marea de calamidades que había. arrasado tan
> ferozmente tanto a Él como a los seguidores del Báb, no se había detenido aún. Bajo la jurisdicción del Sultán de
> Turquía, el archienemigo de la Causa, se había abierto un nuevo capítulo en la historia de sus repetidos tormentos.
> El derrocamiento del sultanato y el califato, los pilares gemelos del Islám Sunní, no puede ser considerado sino
> como la consecuencia inevitable de la feroz, la sostenida y deliberada persecución que los monarcas de la
> tambaleante Casa de 'Uthmán, los reconocidos sucesores del Profeta Muhammad, habían lanzado contra ella.
> Desde la ciudad de Constantinopla, la sede tradicional del sultanato y el califato, los gobernantes de Turquía, por un
> período de casi tres cuartos de siglo, se esforzaron, con sostenido empeño, por detener el avance de una Fe por ellos
> temida y aborrecida. Desde el momento en que Bahá'u'lláh puso pie en suelo turco y Se convirtió en virtual
> prisionero del más poderoso potentado del Islám, hasta el año de la liberación de Tierra Santa del yugo turco, los
> sucesivos califas, y particularmente los sultanes 'Abdu'l­'Azíz y 'Abdu'l­Hamíd, en pleno ejercicio de las facultades
> espirituales y temporales que su exaltado rango les confería, mortificaron tanto al Fundador de nuestra Fe como al
> Centro de su Convenio, con tales penas y tribulaciones que nadie podría imaginar ni pluma o lengua alguna des­
> cribir. Tan solo Ellos pudieron evaluarlas y soportadas.
> De esos dolorosos tormentos Bahá'u'lláh repetidamente ha testimoniado: "¡Por la rectitud del Todopoderoso!
> Si Yo te hiciera el relato de la s cosas que Me han acontecido, la s alma s y mentes de los hombres sería n incapa ces
> de sostener su peso. Dios mismo es mi testigo." "Veinte a ños han transcurrido," Él, dirigiéndose a los reyes de la
> cristiandad, ha. escrito, "durante, los cua les hemos probado, cada día, la agonía de una nueva tribula ción.
> Ninguno de los que Nos precedieron han soportado lo que Nosotros hemos soportado. ¡Si acaso pudieseis
> comprenderlo! Aquellos que se levanta ron contra nosotros, nos han dado muerte, han derramado nuestra sangre,
> han saqueado nuestros bienes, y violado nuestro honor." "Recuerda mis pesares," Él, en otro pasaje ha revelado,
> "mis preocupa ciones y ansiedades, mis aflicciones y pruebas, la condición de mi cautiverio, las lágrimas que he
> derramado, la ama rgura de mi angustia, y ahora mi enca rcelamiento en esta lejana tierra... Si se te pudiera decir
> lo que Le ha a contecido a la Antigua Belleza , huidas al desierto, y llorarías con gran llanto... Cada mañana, a l
> levanta rme de mi lecho, descubría las huestes de innumerables a flicciones reunida s detrá s de mi puerta; y cada
> noche, al acosta rme, ¡he aquí!, mi corazón era desgarrado por la agonía, debido a lo que había padecido por la
> diabólica crueldad de sus enemigos."
> Las órdenes que estos enemigos impartían, los destierros que decretaban, las indignidades que infligían, los
> planes que trazaban, las investigaciones que conducían, las amenazas que pronunciaban, las atrocidades que
> estaban dispuestos a cometer, las intrigas y vilezas a las cuales ellos, sus ministros, sus gobernadores y sus jefes
> militares, se habían rebajado, constituyen un testimonio del cual resulta muy difícil encontrar un paralelo en la
> historia de alguna otra religión revelada. La simple mención de los aspectos más destacados de este tema siniestro
> bastaría para llenar un volumen. Ellos sabían muy bien que el Centro espiritual y administrativo de la Causa que se
> habían esforzado por erradicar, se había trasladado ahora a sus dominios, que sus líderes eran ciudadanos turcos, y
> que cualesquiera recursos de que ellos dispusieran se hallaban a su merced. Que esta tiranía, durante un período de
> casi setenta años, estando aún en la plenitud de su incuestionada autoridad, fortalecida por las interminables
> maquinaciones de las autoridades civiles y eclesiásticas de una nación vecina, y contando con el apoyo de aquellos
> familiares de Bahá'u'lláh que se habían revelado contra su Causa, y se habían separado de ella, haya finalmente
> fracasado en extirpar a un simple puñado de sus condenados súbditos, debe representar para todo observador
> imparcial, uno de los episodios más significativos y misteriosos de la historia contemporánea.
> La Causa de la cual Bahá'u'lláh era aún manifiestamente su líder, pese a las maquinaciones de un enemigo de
> corta visión, incuestionablemente triunfaba. Ninguna mente imparcial que penetrase las apariencias de las
> condiciones que rodeaban al Prisionero de 'Akká, podría ya confundido o negado. Si bien la tensión se había
> aliviado. aumentó durante un tiempo luego de la ascensión de Bahá'u'lláh, y los peligros de una situación aún
> agitada fueron reavivados, tornándose cada vez más evidente que las insidiosas fuerzas de la desintegración, las
> cuales durante muchos años estuvieron carcomiendo los órganos vitales de una nación enferma, se estaban
> dirigiendo ahora hacia su clímax. Una serie de convulsiones internas, cada una más devastadora que la anterior,
> había sido ya desencadenada, y estaba destinada a provocar uno de los sucesos más catastróficos de los tiempos
> modernos. El asesinato de ese déspota arrogante, en el año 1876; el conflicto ruso­turco que siguió como
> consecuencia; las guerras de liberación que le sucedieron; el surgimiento del movimiento de los Jóvenes Turcos; la
> Revolución Turca de 1909. que precipitó el derrocamiento de 'Abdu'l­Hamíd; las guerras balcánicas, con sus
> calamitosas consecuencias; la liberación de Palestina, albergando en su seno a las ciudades de 'Akká y Haifa, el
> centro mundial de una Fe emancipada; el posterior desmembramiento dispuesto por el Tratado de Versalles; la
> abolición del sultanado y la caída de la Casa de 'Uthmán; la extinción del califato; la separación de la religión del
> Estado; la derogación de la ley Sharí'ah y la promulgación de un Código Civil universal; la supresión de varias
> órdenes, creencias, tradiciones y ceremonias que se consideraban inextricablemente entretejidas con la urdimbre de
> la Fe Musulmana, todo ello sucedió con una naturalidad y una velocidad tales que nadie se hubiera atrevido a
> imaginar. En estos golpes devastadores, asestados por amigos y enemigos por igual, por naciones cristianas y por
> musulmanes devotos, cada seguidor de la perseguida Fe de Bahá'u'lláh reconoció las evidencias de la Mano rectora
> del fallecido Fundador de su religión Quien, desde el Reina invisible, estaba desatando un aluvión de bien
> merecidas calamidades, sobre una religión y una nación rebeldes.
> Comparad las evidencias de castigo divino que les acaeció a los perseguidores de Jesucristo, con estas retri­
> buciones históricas, las cuales, en la última parte de la primera centuria de la Era Bahá'í han arrojado al polvo al
> principal adversario de la religión de Bahá'u'lláh. ¿Acaso el emperador romano, en la segunda mitad de la primera
> centuria de la Era Cristiana, tras el penoso sitio de Jerusalén, no desvastó la Ciudad Santa, no destruyó el Templo,
> no profanó y robó los tesoros del Santo de los Santos, y los transportó a Roma, no erigió una colonia pagana sobre
> el monte Sión, no masacró a los judíos, y exilió y dispersó a los sobrevivientes?
> Comparad, más aún, las palabras que el perseguido Cristo, atestiguadas en el Evangelio, dirigió a Jerusalén,
> con las que Bahá'u'lláh apostrofó a Constantinopla, reveladas mientras yacía en su remota Prisión, y registradas en
> su Libro Más Sagrado: "¡Oh Jerusalén, Jerusalén, tú que mataste a los Profeta s y apedrea ste a quienes te fueron
> enviados, cuán a menudo hube de junta r a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus a las!" Y
> nuevamente, mientras Él lloraba por la ciudad: "¡Si tú hubieras sabido, a lo menos en éste tu día, de las cosa s que
> pertenecen a tu pa z! Mas ahora están ocultas a tus ojos. Porque vendrán los días sobre ti cuando tus enemigos te
> abrirán un foso, y te rodearán con un vallado, y te sitia rán, y te derribarán, y a tus hijos contigo; y no dejarán en ti
> piedra sobre piedra; porque tú no conociste el tiempo de tu visitación."
> "¡Oh luga r que está s situado a orilla s de los dos ma res!", así apostrofa Bahá'u'lláh a la ciudad de Cons­
> tantinopla, "Verdaderamente, el trono de la tira nía se ha asentado en ti, y la lla ma del odio se ha encendido en tu
> seno, de tal manera que se han lamentado el Concurso en lo a lto y quienes circula n alrededor del Exaltado Trono.
> Vemos que en ti los necios gobiernan a los sabios, y la oscuridad se vanagloria ante la luz. De hecho está s lleno de
> manifiesto orgullo. ¿Tu aparente esplendor te ha puesto jactancioso? ¡Por Aquel Quien es el Señor de la
> humanidad! Pronto se acabará, y se lamentarán tus hijas, y tus viudas y todas las familia s que habitan en ti. Así te
> lo ha ce saber el Omnisciente, el Omnisapiente!"
> 
> Al Sultán 'Abdu'l­'Azíz, el monarca que decretó los tres destierros de Bahá'u'lláh, el Fundador de nuestra Fe,
> mientras Se hallaba prisionero en la capital del sultán, le dirigió estas palabras: "Escucha , oh Rey, la palabra de
> Aquel que habla la verdad, Quien no te pide que Le recompenses con la s cosa s que Dios ha escogido conferirte,
> Quien, sin errar, holla el recto Sendero... Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y como si estuvieras en su
> Presencia , pesa en esa Balanza tus acciones cada día , cada momento de tu vida. Ha z un examen de conciencia
> antes de que sea s lla mado a rendir cuenta , en el Día cuando ningún hombre tendrá fuerza para sostenerse por
> temor a Dios, el Día cuando se ha rá estremecer los cora zones de los desatentos."
> A los ministros de Estado de Turquía, Él, en la misma Tabla, les reveló: "Os incumbe, oh ministros de Estado,
> observa r los preceptos de Dios y abandonar vuestra s propias leyes y regla mentaciones, y ser de aquellos que son
> guiados rectamente... Pronto descubriréis las consecuencia s de lo que habéis hecho en esta va na existencia , y se os
> retribuirá por ello... ¡Cuán grande ha sido el número de aquellos quienes, en edades pasadas, han cometido la s
> mismas a cciones que vosotros habéis cometido, y quienes, aunque han tenido un rango superior a l vuestro
> finalmente han retornado a l polvo y han sido relegados a su inevitable perdición!... Seguiréis en su estela y se os
> hará entrar en una habitación donde no encontra réis a nadie que os ampare o a yude... Los días de vuestra vida
> transcurrirán, y todas las cosa s con las cuales está is ocupados y de las cuales os jactáis perecerán, y vosotros, con
> toda seguridad, seréis emplazados por una compañía de sus ángeles a comparecer en el lugar donde los miembros
> de toda la creación tembla rán y la carne de todo opresor se estremecerá ... Éste es el día que llegará
> inevitablemente sobre vosotros, la hora que nadie puede posterga r."
> A los habitantes de Constantinopla, mientras vivía en su medio la vida de un exiliado, Bahá’u’lláh, en esa
> misma Tabla, les dirigió estas palabras: "Temed a Dios, habitantes de la Ciudad, y no sembréis las semillas de la
> disensión entre los hombres... Vuestros día s pasarán, como han pasado los día s de quienes os han precedido. Al
> polvo retornaréis, como vuestros antecesores han retornado." "Encontramos," Él señala además, "a nuestro a rribo
> a la Ciudad, a sus gobernantes y dignatarios, jugando entre ellos, como niños, con barro... Nuestro ojo interior
> lloró ama rgamente por ellos, y por sus transgresiones y su total descuido de aquello para lo que fueron creados...
> Se aproxima el día cuando Dios habrá erigido un pueblo que recordará nuestros días, que hará el rela to de
> nuestra s pruebas, que demandará la restitución de nuestros derechos a aquellos quienes, sin un ápice de prueba ,
> Nos han tratado con manifiesta injusticia . Dios, por cierto, domina las vidas de aquellos que Nos han agra viado, y
> está bien enterado de sus acciones. Él, sin duda, les aprehenderá por sus pecados. Él es, en verdad, el má s feroz de
> los vengadores." Y bondadosamente les exhortó: "Por tanto, escuchad mi palabra , y volveos a Dios y arrepentíos,
> para que Él, a través de su gracia, tenga misericordia de vosotros, y la ve vuestros pecados, y perdone vuestra s
> transgresiones. La grandeza de su bondad sobrepasa la furia de su ira, y su gracia a todos los que han sido
> llamados a la existencia, y a ta viados con el manto de la vida, ya sean ellos del pasado o del futuro." Y, finalmente,
> en el Lawh­i­Raís encontramos registradas estas proféticas palabras: "Escucha , oh Jefe... la Voz de Dios, el
> Soberano, la Ayuda en el Peligro, el Autosuficiente... Tú has cometido, oh Jefe, aquel que ha hecho gemir a
> Muhammad, el apóstol de Dios, en el Más Exa ltado Pa ra íso. El mundo te ha hecho soberbio a tal punto que te ha s
> apartado del Rostro por cuyo esplendor el Concurso en lo a lto ha sido iluminado. Pronto te encontrarás en
> evidente pérdida ... El día se aproxima cuando la Tierra del Misterio (Adrianópolis) y lo que está junto a ella será
> cambiado, y se saldrá de las manos del Rey, y la s conmociones aparecerán, y la voz de la lamenta ción se a lzará, y
> las evidencias de la ma licia será n revelada s en toda s partes, y la confusión se esparcerá debido a aquello que ha
> caído sobre estos cautivos, de la s manos de las huestes de la opresión. El curso de la s cosa s será alterado, y las
> condiciones se volverán tan penosas, que hasta la s mismas arenas en los cerros desolados gemirán, y los árboles
> de la montaña llorarán, y mana rá sangre de todas las cosas. Entonces contemplarás a l pueblo en penosa aflic­
> ción."
> Mil trescientos años hubieron de transcurrir desde el fallecimiento del Profeta Muhammad para que la ile­
> gitimidad de la institución del califato, cuyos fundadores habían usurpado la autoridad de los legítimos sucesores
> del Apóstol de Dios, pudiera ser plena y públicamente demostrada. Una institución que en sus orígenes había
> hollado un derecho tan sagrado y desencadenado las fuerzas de un cisma tan penoso, una institución que, en sus
> últimos días había asestado un golpe tan cruel a una Fe cuyo Precursor era Él mismo un descendiente de los propios
> imanes, y cuya autoridad esa institución había repudiado, merecía plenamente el castigo que había sellado su
> destino.
> El texto de ciertas tradiciones mahometanas, cuya autenticidad es reconocida por los propios musulmanes, y
> que ha sido citado extensamente por destacados eruditos y autores bahá'ís orientales, servirá para corroborar el
> argumento e iluminar el tema que he tratado de exponer: "En los últimos día s una angustiosa calamidad
> sobrevendrá a mi pueblo. en manos de su gobernante, una calamidad. que ningún hombre ha visto jamá s superada .
> Tan violenta será que nadie podrá halla r refugio... Dios, entonces, enviará a uno de mis descendientes, alguien
> proveniente de mi familia, Quien colma rá la tierra con equidad y justicia , a sí como había sido colmada con
> injusticia y tiranía." Y nuevamente: “ Un día será presenciado por mi pueblo cuando habrá quedado de Islám tan
> solo el nombre, y del Qur'án tan solo una mera apariencia. Los teólogos de esa época serán lo má s perverso que el
> mundo jamás habrá visto... La malicia surgirá de ellos y a ellos retornará." Y nuevamente: "En esa hora su
> ma ldición descenderá sobre vosotros y vuestra imprecación os pesa rá , y vuestra religión será una pa labra hueca
> en vuestra s lengua s. Y cuando estos signos aparezcan entre vosotros, a gua rdad el día en el cua l el viento a rdiente
> habrá pasado sobre vosotros, o el día en el cual habréis sido desfigurados, o cuando las piedras habrán ca ído
> sobre vosotros."
> "Oh pueblo del Qur'án," afirma significativamente Bahá'u'lláh, dirigiéndose a las fuerzas combinadas del
> Islám Sunní y del Islám Shí'ih, "ciertamente, el Profeta de Dios, Muhammad, derrama lágrima s al contempla r
> vuestra crueldad. Habéis seguido ciertamente vuestros ma lignos y corruptos deseos, y habéis a partado vuestro
> rostro de la luz de guía . Pronto veréis el resultado de vuestra s acciones; pues el Señor, mi Dios, agua rda y vigila
> vuestra conducta... ¡Oh concurso de religiosos musulmanes! Por vuestras a cciones la sublime condición del
> pueblo se ha envilecido, el emblema del lslám ha sido tra stornado y su poderoso trono ha ca ído."
> 
> El Deter ior o de la s Instituciones Cristianas
> 
> Hasta aquí lo referente al Islám y a los mutilantes golpes que han recibido ­­ y los que aún puedan recibir ­­ sus
> líderes e instituciones en éste, el primer siglo de la Era Bahá'í. Si me he detenido demasiado en este tema, si he
> citado, en forma desmedida, los escritos sagrados en apoyo de mi argumento, sólo ha sido por mi firme convicción
> de que estas retributivas calamidades que han caído sobre el mayor opresor de la Fe de Bahá'u'lláh, deberían
> figurado sólo entre los sucesos conmovedores de esta Era de Transición, sino como algunos de los más
> sorprendentes y significativos eventos de la historia contemporánea.
> Tanto el Islám Sunní como el Islám Shí'ih, a través de las convulsiones que se han apoderado de ellos, han
> contribuido a la aceleración del proceso desorganizador al cual me he referido anteriormente, un proceso que por su
> propia naturaleza, ha de preparar el camino esa completa reorganización y unificación que el ido, en todos los
> aspectos de su vida, debe alcanzar ¿Qué decir del cristianismo y de las denominación con las que está identificado?
> ¿Puede decirse que este proceso de deterioro que ha atacado el tejido de la Religión de Muhammad no ha
> logrado extender su perniciosa influencia a las instituciones asociadas con la Fe de Jesucristo? ¿Han experimentado
> ya estas instituciones el impacto de esas fuerzas amenazadoras? ¿Son sus basamentos tan seguros y su vitalidad tan
> grande como para permitirles resistir esta embestida? ¿Caerán, a su vez, presas de su violencia, a medida que la
> confusión de un mundo caótico se extienda y profundice? ¿Se han alzado ya los más ortodoxos de entre ellos y, de
> no ser así, se alzarán para repeler la acometida de una Causa que, habiendo derribado las barreras de la ortodoxia
> musulmana, está ahora avanzando dentro del corazón de la cristiandad, los continentes europeo y americano?
> ¿Sembrarán una resistencia tallas semillas de una mayor disensión y confusión y, por consiguiente, servirá
> indirectamente para precipitar el advenimiento del Día prometido?
> A estos interrogantes sólo podemos responder parcialmente. Únicamente el tiempo podrá revelar la
> naturaleza del papel que las instituciones directamente ciadas con la Fe Cristiana están destinadas a asumir éste, el
> Período Formativo de la Era Bahá'í, esta oscura era de transición que la humanidad entera está atravesando. Los
> sucesos que ya han acontecido son, no obstante, de una naturaleza tal que pueden indicar la dirección hacia la cual
> estas instituciones se están moviendo. Podemos, hasta cierto grado, evaluar el efecto probable que sobre ellas
> ejercerán las fuerzas que operan tanto dentro como fuera de la Fe Bahá'í.
> Que las fuerzas de la irreligión, de filosofía puramente materialista, de un desencubierto paganismo han sido
> desatadas, que están ahora expandiéndose y, ara consolidarse, están comenzando a invadir algún s de las más
> poderosas instituciones cristianas del mundo occidental, es algo que ningún observador imparcial puede dejar de
> admitir. Que estas instituciones están tornándose cada vez más inquietas; que unas cuantas de entre ellas ya se han
> percatado oscuramente de la penetrante influencia de la Causa de Bahá'u'lláh.; que a medida que su fuerza
> intrínseca se deteriora y su disciplina se relaja, contemplarán con profunda desazón el surgimiento de su Nuevo
> Orden Mundial y que gradualmente se decidirán a atacarlo; que dicha oposición a su vez acelerará su decadencia,
> solo algunos, si acaso existen, de entre quienes observan atentamente el progreso de su Fe, podrían sentirse
> proclives a cuestionar.
> "La vitalidad de la creencia de los hombres en Dios: " Bahá'u'lláh ha atestiguado, "se está extinguiendo en
> todos los pa íses... nada que no sea su sa ludable medicina podrá jamá s resta urarla . La corrosión de la impiedad
> está ca rcomiendo la s entrañas de la sociedad humana. ¿Qué otra cosa que no sea el Elixir de su potente
> Revelación puede limpiarla y revivirla? " "El mundo padece," Él continúa, "y su agita ción aumenta día a día . Su faz
> se ha . vuelto hacia el descarrío y la incredulidad. Ta l será su condición que exponerla ahora no sería aceptable ni
> correcto."
> Esta amenaza de secularización que ha atacado al Islám y que está socavando sus restantes instituciones, que
> ha invadido a Persia, que ha penetrado en la India, y que alzó su cabeza triunfante en Turquía, ya se ha manifestado
> tanto en Europa como en América y, en diversos grados y bajo diferentes formas y designaciones, desafía el
> fundamento de todas las religiones establecidas, y en particular a las instituciones y comunidades identificadas con
> la Fe de Jesucristo. No sería una exageración decir que estamos adentrándonos en un período que los futuros
> historiadores considerarán como uno de los más críticos en la historia de la cristiandad.
> Ya unos pocos entre los protagonistas de la Religión Cristiana admiten la gravedad de la situación a la cual se
> enfrentan. Este es el testimonio de sus misioneros, tal como lo expresa el texto de sus informes oficiales: "Una ola
> de materialismo está arrasando al mundo. La tendencia y la, presión del industrialismo moderno, el cual está
> penetrando hasta en las selvas del África Central y en las planicies del Asia Central, hace que los hombres de todas
> partes dependan de las cosas materiales, y se preocupen por ellas. En el orden interno la Iglesia ha hablado, quizá
> con demasiada ligereza, desde el púlpito o el estrado, de la amenaza de la secularización; aunque incluso en
> Inglaterra podemos tener más de un indicio de su significado. Mas para la Iglesia n el exterior, estas cosas son
> tristes realidades, enemigos con los que se debe enfrentar... La Iglesia tiene u nuevo peligro que afrontar en un país
> tras otro: el ataque decidido y hostil. Desde la Rusia Soviética, un comunismo definitivamente antirreligioso está
> avanzando en Europa y en América, por el oeste, y en Persia, India, China y Japón, por el este. Es una teoría
> económica, definidamente asociada a la incredulidad en Dios. Es una irreligión religiosa... Tiene un apasionado
> sentido de misión, y prosigue en su campaña anti­Dios en la base misma de la Iglesia, al tiempo que lanza su
> ofensiva contra su línea de frente en países no cristianos. Tal ataque consciente, manifiesto y organizado contra la
> religión en general y la cristiandad en particular, es algo nuevo en la historia. En algunos países, igualmente
> declarada y decidida en su hostilidad hacia el cristianismo, existe otra forma de fe socio­política: el nacionalismo.
> Pero el ataque nacionalista al cristianismo, a diferencia del comunismo, está a menudo ligado a alguna forma de
> religión nacional ­­ con el islám en Persia y Egipto, con el budismo en Ceilán ­­ mientras que la lucha por los
> derechos comunales en la India está aliada con un resurgimiento tanto del hinduismo como del islám."
> No es necesario hacer, en relación con esto, una exposición detallada acerca del origen y carácter de aquellas teoría
> económicas y filosofías políticas del período de posguerra que, directa e indirectamente, hayan ejercido y que aún
> están ejerciendo su perniciosa influencia sobre las instituciones y las creencias relacionadas con uno de los más
> difundidos y mejor organizados sistemas religiosos del mundo. Mi principal interés está relacionado más con su
> influencia que con su origen. El excesivo crecimiento del industrialismo y los males que lo acompañan, tal como lo
> documenta la cita antes mencionada, las agresivas políticas iniciadas y los persistentes esfuerzos ejercidos por los
> inspiradores y organizadores del movimiento comunista; la intensificación de un nacionalismo militante, asociado
> en ciertos países con un sistematizado trabajo de difamación contra todas las formas de influencia eclesiástica,
> todos han contribuido sin duda a la descristianización de las masas y han sido responsables de una notable
> declinación en la autoridad, el prestigio y poder de la Iglesia. Los hostigadores de la Religión Cristiana han
> proclamado insistentemente: "Toda la concepción de Dios es una concepción derivada de los antiguos despotismos
> orientales. Es una concepción totalmente indigna de los hombres libres." "La religión," ha afirmado uno de sus
> líderes, "es el opio de los pueblos." "La religión," establece el texto de sus publicaciones oficiales, "es una
> brutalización del pueblo. La educación debe dedicarse a borrar de la mente del pueblo esta humillación y esta
> idiotez."
> La filosofía hegeliana, la cual, en otros países y bajo la forma de un intolerante y militante nacionalismo, ha
> insistido en deificar al Estado, ha inculcado el espíritu bélico e incitado a la animosidad racial, ha conducido por
> igual a un marcado debilitamiento de la Iglesia y a una grave disminución de su influencia espiritual. En contraste
> con la temeraria ofensiva que el movimiento declaradamente ateo ha decidido lanzar contra ella, tanto dentro de la
> Unión Soviética como más allá de sus confines, esta filosofía nacionalista, sostenida por dirigentes y gobernantes
> cristianos, es un ataque directo contra la Iglesia, de quienes fueran sus declarados adherentes, una traición a su
> causa de parte de sus propios parientes y amigos. Ella ha sido apuñalada desde afuera por un extraño y militante
> ateísmo, y desde adentro por los predicadores de una doctrina herética. Estas dos fuerzas, cada una operando en su
> propia esfera y empleando sus propias armas y métodos, han sido además extraordinariamente apoyadas y
> alentadas por el espíritu prevaleciente del modernismo, el cual, con su énfasis en una filosofía puramente
> materialista y a medida que se difunde, tiende, en forma creciente, a divorciar a la religión de la vida cotidiana del
> hombre.
> El efecto combinado de estas doctrinas extrañas y corruptas, de estas filosofías peligrosas y traicioneras, ha
> sido, como es natural, severamente sentido por aquellos cuyos dogmas inculcaban un espíritu y un principió
> opuesto y absolutamente irreconciliable. Las consecuencias del choque que inevitablemente sucedió entre estos
> intereses en conflicto fueron, en algunos casos, desastrosas, y el daño que ha causado ha sido irreparable. Su
> separación del Estado y el desmembramiento de la Iglesia Ortodoxa Griega en Rusia, a continuación del golpe
> asestado a la Iglesia de Roma como resultado del colapso de la monarquía Austro­Húngara; la conmoción que a
> continuación se apoderó de la Iglesia Católica y que culminó con su separación del Estado en España; la
> persecución de la misma Iglesia en México; las represiones, los arrestos, la intimidación y el terrorismo de que son
> objeto en el corazón de Europa católicos y luteranos por igual; la agitación en la que ha caído otra rama de la Iglesia
> como resultado de la campaña militar en África; la declinación de las fortunas de las misiones cristianas, tanto
> anglicanas como presbiterianas, en Persia, Turquía y el Lejano Oriente; los signos siniestros que presagian serias
> complicaciones en las equívocas y precarias relaciones ahora existentes entre la Santa Sede y ciertas naciones del
> continente europeo, todos estos se destacan como los rasgos sobresalientes de los reveses que han sufrido en casi
> todas partes del mundo, los miembros y dirigentes de las instituciones eclesiásticas cristianas.
> Que la integridad de algunas de estas instituciones ha sido irremediablemente quebrantada, es demasiado
> evidente como para que pueda equivocado o negado un observador inteligente. La fractura entre fundamentalistas y
> liberales en medio de sus adherentes, está continuamente ensanchándose. Sus credos y dogmas se han diluido y, en
> ciertos casos, han sido ignorados y descartados. Su vigencia en la conducta humana está perdiéndose, y el personal
> de sus ministerios disminuye en número y en influencia. La timidez y la falta de sinceridad de sus predicadores han
> quedado en evidencia en diversos casos. Sus bienes han desaparecido en algunos países y ha declinado el vigor de
> su adiestramiento religioso. Sus templos han sido parcialmente abandonadas y destruidos, y el olvido de Dios, de
> sus enseñanzas y de su Propósito los ha debilitado y abrumado de humillación.
> ¿Podría desatar esta tendencia desintegradora, por la que tanto sufrieron el Islám Sunní y el Islám Shí'ih, al
> alcanzar su clímax, aún más calamidades sobre las diferentes denominaciones de la Iglesia Cristiana? De qué
> manera y con cuánta rapidez se ha de desarrollar este proceso, el cual ya se ha iniciado, es algo que sólo el futuro
> podrá revelar. No es posible, por el momento, estimar hasta qué punto los ataques que un clero aún poderoso pueda
> lanzar contra las fortalezas de la Fe de Bahá'u'lláh en Occidente, habrán de acentuar esta declinación y ensanchar el
> alcance de los inevitables desastres.
> Si el cristianismo desea y espera servir al mundo en la presente crisis, deberá, escribe un ministro de la Iglesia
> Presbiteriana de los Estados Unidos, "retornar a Cristo a pesar de la cristiandad, regresar a través de la religión
> milenaria acerca de Jesús, a la religión original de Jesús." De otro modo, él agrega significativamente el espíritu de
> Cristo vivirá en otras instituciones que no serán las nuestras."
> Tan acentuada declinación en la fuerza y la cohesión de M elementos que constituyen la sociedad cristiana ha
> producido, a su vez, como bien podríamos suponer, al surgimiento de un crecido número de oscuros cultos, de
> nuevos y extraños ritos, de ineficaces filosofías, cuyas sofisticadas doctrinas han intensificado la confusión de una
> época atribulada. En sus dogmas y objetivos ellas reflejan y testimonian, puede decirse, la rebelión, el descontento,
> y las confusas aspiraciones de las masas ilusionadas, que han abandonado la causa de las iglesias cristianas y han
> dejado de pertenecer a ellas.
> Un paralelo casi, podría trazarse, entre estos sistemas de pensamiento confusos y que confunden, que son el
> resultado directo del desamparo y la desorientación que aflija a la Fe Cristiana, y la gran variedad de cultos
> populares de filosofías evasivas y de moda que florecieron en los primeros siglos de la Era Cristiana, y que
> intentaron absorber y pervertir a la religión oficial del pueblo mano. Los adoradores paganos, quienes en esa época
> constituían el grueso de la población del Imperio Romo de Occidente, se vieron rodeados, y en ciertos casos
> amenazados por la predominante secta de los neoplatónicos, por los seguidores de religiones primitivas, por los
> filósofos gnósticos, por el filonismo, el mitraísmo, los adeptos al culto Alejandrino, y una multitud de sectas y
> creencias emparentadas, del mismo nodo que los defensores de la Fe Cristian, la religión preponderante del mundo
> occidental, están advirtiendo, en la primera centuria de la Era Bahá'í cómo su influencia está siendo socavada por
> un torrente de credos, de prácticas y tendencias contradictorias, que su misma bancarrota ha ayudado a crear. Fue
> esta misma Religión Cristiana, sin embargo, ahora en tal estado de impotencia, la que finalmente demostró ser
> capaz de barrer con las instituciones del paganismo, y de echar abajo y eliminar a los cultos que habían florecido en
> esa época.
> Tales instituciones, al haberse descarriado tanto del espíritu y las enseñanzas de Jesucristo, al mismo tiempo
> que el embrionario Orden Mundial de Bahá'u'lláh adquiere forma y se desenvuelve, deberán retroceder nece­
> sariamente al olvido, y dar paso al progreso de las instituciones divinamente ordenadas que se encuentran
> inextricablemente entretejidas con sus enseñanzas. El arraigado Espíritu de Dios que, en la Era Apostólica de La
> Iglesia, animó a sus miembros, la prístina pureza de sus enseñanzas, la brillantez primordial de su luz, todos
> indudablemente renacerán y revivirán como consecuencia inevitable de esta, re­definición de sus verdades fun­
> damentales, y la clarificación de su propósito original.
> La Fe de Bahá'u'lláh ­­ si la justipreciamos debidamente ­­ nunca habrá de diferir, en ningún aspecto de sus
> enseñanzas, y mucho menos estar en conflicto, con el propósito que anima a la Fe de Jesucristo ni con la autoridad
> en ella investida. Este vehemente tributo que Bahá'u'lláh mismo se ha sentido inclinado a rendir al autor de la
> Religión Cristiana, es testimonio suficiente de la verdad de este principio central de la creencia bahá'í: "Sabe que
> cuando el Hijo del Hombre exha ló su último suspiro y lo entregó á Dios, la creación entera lloró con gran llanto.
> Sin emba rgo, al sacrificarse a Sí mismo, una nueva capacidad fue infundida en toda s las cosas creadas. Sus
> evidencia s, de las cuales dan testimonio todos los pueblos de la tierra, está n manifiestas ahora ante ti. La má s
> profunda sabiduría que los sabios, hayan manifestado, los más profundos conocimientos que mente alguna ha ya
> descifrado, la s obra s de arte que las manos más diestras hayan producido, la influencia ejercida por el más
> poderoso de los gobernantes, no son sino manifestaciones de la fuerza vivificadora liberada por su trascendente,
> su todo penetrante y resplandeciente Espíritu. Atestiguamos que cuando Él vino a l mundo y derramó el esplendor
> de su gloria sobre todas las cosa s creada s. Por medio de Él el leproso se restableció de la lepra de la perversidad
> y la ignorancia. Por medio de Él el impuro y el desca rriado fueron curados. Por medio de su poder, nacido de Dios
> Todopoderoso, los ojos del ciego fueron abiertos, y el alma del pecador fue santificada ... Él es Quien purificó a l
> mundo. Bendito es el hombre que con el rostro radiante se ha vuelto hacia Él."
> 
> Signos de Decadencia Mor al
> 
> No es necesario, creo, extenderse más acerca de la declinación de las instituciones religiosas, cuya desin­
> tegración constituye un aspecto tan importante del período Formativo de la Era Bahá'í. Tanto como resultado de la
> creciente ola de secularización, como por la consecuencia directa de su declarada y persistente hostilidad hacia la
> Fe de Bahá'u'lláh, el islám ha caído a una profundidad de degradación raramente alcanzada en su historia. El
> cristianismo, de manera similar y debido a causas no enteramente diferentes de las que tuvieron lugar en el caso de
> su Fe hermana, se ha ido constantemente debilitando, y en forma progresiva ha estado contribuyendo con su propio
> aporte al proceso de desintegración general, un proceso que debe necesariamente preceder a la reconstrucción
> fundamental de la sociedad humana.
> Los signos de decadencia moral, considerados independientemente de las evidencias de declinación de las
> instituciones religiosas, parecen ser no menos notables y significativos. La declinación que han sufrido las ins­
> tituciones islámicas y cristianas, puede decirse que ha tenido su contraparte en la vida y la conducta de los
> individuos que las componen. En cualquier dirección hacia la que dirijamos nuestra mirada, y por muy precipitada
> que sea nuestra observación de los dichos y los hechos de la actual generación, no podemos dejar de sentimos
> sacudidos por las evidencias de decadencia moral, que en su vida individual no menos que en su facultad colectiva,
> exhiben los hombres y las mujeres que nos rodean.
> No puede caber duda de que la declinación de la religión como fuerza social, de la cual el deterioro de las
> instituciones religiosas es sólo un fenómeno externo, es la principal responsable de tan grave y conspicuo mal. "La
> religión es," escribe Bahá'u'lláh, "el má s grande de todos los medios para el establecimiento del orden en el mundo,
> y para la pa cifica sa tisfa cción de todos los que en él habitan. El debilitamiento de los pila res de la religión ha
> fortalecido las manos del ignorante y lo ha hecho auda z y a rrogante. En verdad digo: cualquier cosa que ha ya
> rebajado la sublime posición de la religión, ha aumentado el desca rrío del perverso y el resulta do no puede ser
> otro que ana rquía." "La religión," Él asevera en otra Tabla, "es una luz radiante y una forta leza inexpugnable para
> la protección y el bienestar de los pueblos del mundo, porque el temor de Dios impulsa a l hombre a sujeta rse a lo
> que es bueno, y a evitar todo ma l. Si se oscureciera la lámpara de la religión, sobrevendría el caos y la confusión,
> y las luces de la imparcialidad y la justicia , de la tranquilidad y la paz, cesarían de brillar." Y además, en otra
> parte Él escribe: "Sabe que aquellos que son verdaderamente sabios han comparado a l mundo con el templo
> humano. Así como el cuerpo del hombre necesita un ropaje pa ra vestirse, a simismo, el cuerpo de la humanidad
> debe ser necesariamente adornado con la túnica de la justicia y la sabiduría . Su manto es la Revela ción que Dios le
> ha concedido."
> No sorprende, entonces, que cuando la luz de la religión, como resultado de la perversidad humana, se extingue
> en el corazón de los hombres, y el Manto divinamente designado concebido para adornar el templo humano, es
> deliberadamente descartado, comience inmediatamente una deplorable declinación en la suerte de la humanidad,
> trayendo consigo todos los males que un alma descarriada es capaz de revelar. La perversión de la naturaleza
> humana, la degradación de su conducta, la corrupción y la disolución de sus instituciones, revelan en sí mismas, en
> tales circunstancias, sus peores y más repugnantes aspectos. Se envilece el carácter humano, la confianza se
> debilita, los nervios de la disciplina se relajan, la voz de la conciencia humana es acallada, el sentido de la decencia
> y de la vergüenza se oscurece, las concepciones del deber, de la solidaridad, de la reciprocidad y de la lealtad se
> distorsionan, y hasta el mismo sentimiento de paz de alegría y de esperanza, gradualmente se extingue.
> Podemos muy bien admitir que tal es el estado al cual se están aproximando los individuos y las instituciones
> por igual. Al lamentar el infortunio de una humanidad descarriada, Bahá'u'lláh ha escrito: "No se encuentran dos
> hombres de quienes pueda decirse que están exterior e interiormente. unidos. Las seña les de discordia y maldad...
> son evidentes en toda s partes, a pesar de que todos fueron creados pa ra la a rmonía y la unión." En la misma Tabla,
> Él exclama: "¿Hasta cuándo persistirá la humanidad en su descarrío? ¿Ha sta cuándo continuará la injusticia?
> ¿Hasta cuándo el caos y la confusión reinarán entre los hombres? ¿Ha sta cuándo agitará la discordia la faz de la
> sociedad? Los vientos de la desesperación, ¡a y!, están soplando desde toda s direcciones y la contienda que divide
> y a flige a la ra za humana crece día a día ."
> El recrudecimiento de la intolerancia religiosa, de la animosidad racial, y de la arrogancia patriótica; las
> crecientes evidencias de egoísmo, de recelo, de temor y de engaño; la difusión del terrorismo, del desorden, del
> alcoholismo y del crimen; la sed insaciable y la búsqueda febril de vanidades, riquezas y placeres terrenales; el
> debilitamiento de la solidaridad familiar; el relajamiento del control de los padres; la caída en la indulgencia del
> lujo; la actitud irresponsable hacia el matrimonio y la consiguiente ola creciente de divorcios; la depravación del
> arte y de la música, la contaminación de la literatura y la corrupción de la prensa; la extensión de la influencia y de
> las actividades de esos "profetas de la decadencia," quienes abogan por el matrimonio en concubinato, quienes
> predican la filosofía del nudismo, quienes llaman a la modestia una ficción; intelectual, quienes rehúsan considerar
> a la procreación como el propósito sagrado y primario del matrimonio, quienes denuncian a la religión como el opio
> de los pueblos, quienes, si se les diera rienda suelta, harían retroceder a la raza humana a la barbarie, al caos y a la
> extinción final, éstas aparecen como las características sobresalientes de una sociedad decadente, de una sociedad
> que deberá renacer o perecer.
> 
> El Colapso de la Estru ctura Política y Económica
> 
> Políticamente, una similar declinación, una no menos notable evidencia de desintegración y confusión, puede
> ser descubierta en la época en la cual vivimos, la época que un futuro historiador podrá muy bien reconocer que ha
> sido el preámbulo de la Gran Era, cuyos dorados días apenas podemos vislumbrar.
> Los sucesos impetuosos, y violentos, que en los años recientes 2 han forzado casi al punto de colapso total a la
> estructura política y económica de la sociedad, son harto numerosos y complejos como para posibilitamos, dentro
> de las limitaciones de esta reseña general, arribar a una adecuada estimación de su carácter. No parecen estas
> tribulaciones, dolorosas como han sido haber alcanzado su clímax ni desplegado toda la fuerza de su poder
> destructivo. El mundo entero, donde y como quiera que lo observemos, nos ofrece el triste y lastimoso espectáculo
> de un vasto, de un debilitado y moribundo organismo, que está siendo desgarrado políticamente y estrangulado
> económicamente, por fuerzas a las que ha dejado de controlar o comprender. La Gran Depresión, las consecuencias
> de las más severas ordalías que la humanidad ha experimentado, la desintegración del sistema de Versalles, el
> recrudecimiento del militarismo en sus aspectos más amenazantes, el fracaso de vastos experimentos y de recién
> nacidas instituciones para salvaguardar la paz y la tranquilidad de los pueblos, las clases y naciones, todo ello ha
> desilusionado amargamente a la humanidad y ha postrado su espíritu. Sus esperanzas, en su mayor parte, se hacen
> pedazos, su vitalidad decae, su vida se halla en extraño desorden, su unidad severamente comprometida.
> En el continente europeo, los inveterados odios y las crecientes rivalidades, una vez más conducen a sus
> sufridos pueblos y naciones a celebrar alianzas destinadas a precipitar las tribulaciones más horrendas e
> implacables, que la humanidad, a través de toda su larga trayectoria de martirio, ha padecido. En el continente
> norteamericano, la zozobra económica, la desorganización industrial, el muy difundido descontento por los
> fracasados experimentos destinados a reajustar una economía desequilibrada, y la intranquilidad y el temor ins­
> pirados por la posibilidad de enredos políticos tanto en Europa como en Asia, presagian la proximidad de lo que
> muy bien. puede ser una de las fases más críticas en la historia de la República Norteamericana. El Asia, que en
> grado sumo se encuentra pasando por uno de los momentos más severos que ha vivido en su historia reciente, se ve
> amenazada en sus confines orientales por la embestida de fuerzas que tratan de intensificar las luchas que el
> nacionalismo y la industrialización crecientes de sus razas emancipadas, finalmente habrán de engendrar. En el
> corazón de África, arde el fuego de una guerra atroz y sangrienta, una guerra que, cualesquiera que sean sus
> resultados, está destinada a ejercer, a través de su repercusión mundial, una influencia muy perturbadora en las
> razas y naciones de color de la humanidad.
> Con no menos de diez millones de hombres en armas, ejercitados y adiestrados en el uso de las máquinas de
> destrucción más abominables que la ciencia haya concebido; con el triple de esa cifra de gente inquieta e
> impaciente bajo la autoridad de razas y gobiernos extranjeros; con un ejército igualmente vasto de amargados
> ciudadanos, imposibilitados de procurarse los elementos materiales y los artículos de primera necesidad que otros
> deliberadamente están destruyendo; con una masa aún mayor de seres humanos que gimen bajo el peso de
> 
> Escrito en 1936 (Nota del Editor)
> armamentos en constante aumento, y empobrecidos por el virtual colapso del comercio internacional, con males
> como estos, parecería ser que la humanidad se está internando definitivamente en la periferia de la fase más
> angustiante de su existencia.
> Es sorprendente que durante el curso de una reciente declaración realizada por uno de los más destacados
> ministros de Europa, se haya formulado deliberadamente esta advertencia: "Si se declarase nuevamente una guerra
> en gran escala en Europa, ello traería consigo el colapso de la civilización tal como la conocemos. Según palabras
> del desaparecido Lord Bryce: 'Si no ponéis fin a la guerra, la guerra pondrá fin a vosotros.'" "La pobre Europa se
> encuentra en estado de neurastenia..." es el testimonio de una de las figuras más destacadas entre sus actuales
> dictadores. "Ella ha perdido su poder de recuperación, su fuerza vital de cohesión, de síntesis. Otra guerra nos
> destruiría." Uno de los dignatarios más eminentes y eruditos de la Iglesia Cristiana dice: "Es probable que tenga que
> haber otro gran conflicto en Europa, para que de una vez por todas se establezca definitivamente una autoridad
> internacional. Este conflicto será el más horrendo de todos, y posiblemente a esta generación le toque sacrificar a
> cientos de miles de vidas."
> El desastroso fracaso de las conferencias sobre desarme y economía; los obstáculos con los que se enfrentan las
> negociaciones para la limitación de los armamentos navales; el retiro de dos de las naciones más poderosas y
> fuertemente armadas del mundo, de las actividades y de su condición de miembros de la Liga de la Naciones; la
> ineptitud del sistema parlamentario de gobierno puesta de manifiesto en recientes acontecimientos en Europa y
> América; la incapacidad de los líderes y representantes del movimiento comunista por reivindicar el tan alardeado
> principio de la dictadura del proletariado: los peligros y las privaciones a los cuales los gobernantes de los Estado
> totalitarios han expuesto a sus súbditos durante los últimos años; todo ello demuestra, sin la menor sombra de duda,
> la impotencia de las actuales instituciones por impedir las calamidades que en forma creciente amenazan a la
> sociedad humana. ¿Qué otra cosa queda? ­­ se preguntará una generación perpleja ­­ ¿que pueda reparar la grieta
> que se ensancha constantemente, y que en cualquier momento podría llegar a engolfarla?
> Rodeados por todos lados por acumuladas evidencias de desintegración, de agitación y de bancarrota, los
> hombres y las mujeres responsables de casi todas las clases sociales comienzan a dudar si la sociedad, tal como está
> organizada y a través de los esfuerzos que haga sin ayuda, podrá salir del pantano en el cual está progresivamente
> hundiéndose. Todos los sistemas, a excepción de la unificación de la raza humana, han sido ensayados,
> repetidamente ensayados, y han probado ser deficientes. Guerras y más guerras se han librado, e innumerables
> conferencias se han organizado y llevado a cabo. Los tratados, los pactos y acuerdos han sido cuidadosamente
> negociados, concluidos y revisados. Los sistemas de gobierno han sido pacientemente probados y continuamente
> reformados y reemplazados. Los planes económicos de reconstrucción han sido cuidadosamente concebidos, y
> meticulosamente ejecutados. Y aún así, a una crisis le ha sucedido otra, y la rapidez con la cual un mundo
> peligrosamente inestable está declinando, se ha acelerado consecuentemente. Un ancho golfo amenaza con
> envolver en un común desastre tanto a las naciones satisfechas como a las insatisfechas, a las democracias y a las
> dictaduras, a los capitalistas y los trabajadores, a los europeos y los asiáticos, a los judíos y los gentiles, a la gente
> blanca y de color. El cínico diría que una encolerizada Providencia ha abandonado a su suerte a un desventurado
> planeta, y ha determinado su ruina inexorable. Sufrida y desilusionada, la humanidad sin duda ha perdido su rumbo,
> y parece haber perdido también su fe y su esperanza. Está vacilante, sin guía ni visión, al borde del desastre. Una
> sensación de fatalidad parece invadirla. Una profunda lobreguez se está apoderando de su destino a medida que se
> aleja más y más de la periferia de la zona más oscura de su agitada vida y penetra en el corazón mismo.
> Y pese a que las sombras se están continuamente oscureciendo, ¿no podríamos acaso afirmar que aparecen
> destellos de esperanza, brillando intermitentemente en el horizonte internacional, los que parecen mitigar por
> momentos las tinieblas que envuelven a la humanidad? ¿Sería falso sostener que, en un mundo de fe sacudida y
> pensamientos perturbados, en un mundo de armamentos que se acumulan constantemente, de inextinguibles odios
> y rivalidades, el progreso, aunque dificultoso, de las fuerzas que trabajan en armonía con el espíritu de la época,
> puede ya ser percibido? Aun cuando el gran clamor que originó el nacionalismo de posguerra está haciéndose más
> agudo e insistente cada día, la Liga de las Naciones existe, todavía, en estado embrionario, y las tormentosas nubes
> en formación pueden, por un tiempo, eclipsar por completo sus poderes y destruir su mecanismo; no obstante, la
> dirección en la cual la institución misma está operando, es muy significativa. Las voces que se han alzado desde su
> formación, los esfuerzos que se han realizado y el trabajo que ya ha cumplido, prefiguran los triunfos que esta
> recientemente constituida institución, o cualquier otro cuerpo que haya de sucederle, está destinada a alcanzar.
> 
> El Pr incipio de Segur idad Colectiva de Bahá'u'llá h
> Desde el nacimiento de la Liga, un pacto general de seguridad ha sido el propósito central hacia el cual estos
> esfuerzos han tendido a convergir. El Tratado de Garantía, el cual, en las etapas iniciales de su desarrollo, sus
> miembros habían considerado y discutido; el debate del Protocolo de Ginebra, cuya discusión, en un período
> posterior, despertó una feroz controversia entre las naciones, tanto dentro como fuera de la Liga; la subsiguiente
> propuesta de constituir los Estados Unidos de Europa y de lograr la unificación económica de ese continente; y por
> último, pero no menos importante, la política de sanciones iniciada por sus miembros; todos estos pueden
> considerarse como los hitos más significativos de su inconstante historia. Que no menos de cincuenta naciones del
> mundo, todas integrantes de la Liga de las Naciones, tras madura deliberación, hayan reconocido y hayan
> pronunciado su veredicto contra un acto de agresión que a su juicio fuera deliberadamente cometido por uno de sus
> colegas miembros, una de las principales potencias de Europa; que en su mayoría hayan acordado imponerle
> sanciones colectivas al agresor condenado, y que hayan logrado, en gran medida, llevar a cabo su decisión,
> constituye indudablemente un hecho sin paralelo en la historia humana. Por primera vez en la
> historia de la humanidad el sistema de seguridad colectiva prefigurado por Bahá'u'lláh y dilucidado por
> 'Abdu'l­Bahá, ha sido seriamente considerado, discutido y probado. Por primera vez en la historia se ha reconocido
> oficialmente y se ha declarado públicamente que, para que este sistema de seguridad colectiva sea establecido
> efectivamente, son esenciales tanto la fuerza como la flexibilidad, una fuerza que incluye el empleo de un adecuado
> poder para asegurar la eficacia del sistema propuesto, y una flexibilidad para permitir que la maquinaria que ha sido
> concebida, satisfaga las legítimas necesidades y aspiraciones de sus afligidos defensores. Por primera vez en la
> historia humana las naciones del mundo han realizado esfuerzos tentativos por asumir la responsabilidad colectiva
> y por complementar sus promesas verbales con una efectiva preparación para la acción colectiva. Y, nuevamente,
> por primera vez en la historia, un movimiento de opinión pública ha puesto de manifiesto su apoyo en el veredicto
> que los líderes y representantes de las naciones han pronunciado, y en garantía de una acción colectiva en el
> cumplimiento de tal decisión.
> Cuán claras, cuán proféticas resuenan las palabras pronunciadas por Bahá'u'lláh, a la luz de los recientes
> acontecimientos internacionales: "Sed unidos, oh concurso de soberanos del mundo, pues con ello la tempestad de
> la discordia será a ca llada entre vosotros y vuestros pueblos hallarán descanso. Si alguno de entre vosotros tomare
> a rma s contra otro, levantaos todos contra él, pues esto no es sino justicia manifiesta." "Debe llegar el tiempo," Él
> ha escrito preanunciando los esfuerzos tentativos que se están llevando a cabo, "cuando la imperativa necesidad de
> tener una asamblea vasta y omnímoda de los hombres será universa lmente comprendida. Los gobernantes y reyes
> de la tierra deben necesa riamente concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, deben considera r los
> procedimientos y medios que establezcan los fundamentos de la Gran Paz mundial entre los hombres... Si algún rey
> tomare armas contra otro, todos deberán levantarse unidos e impedírselo."
> "Los soberanos del mundo," desarrollando este tema, 'Abdu'l­Bahá escribe, "deberán pactar un tratado
> obligatorio y establecer un convenio cuyas disposiciones serán firmes, inviolables y definitivas. Deberán procla­
> ma rlo a todo el mundo y obtener para él la sanción de toda la raza humana... Todas las fuerza s de la humanidad
> habrán de movilizarse pa ra a segura r la estabilidad y permanencia de este Má s Grande Convenio... El principio
> fundamenta l que subya ce en este solemne Pacto deberá ser tan firme que si a lgún gobierno viola se alguna de sus
> disposiciones, los demá s gobiernos de la tierra deberán levanta rse para reducirlo a completa sumisión; más aún,
> la raza humana en su totalidad decidirá, con todas las fuerza s a su alcance, abolir ese gobierno."
> No cabe duda que cuanto ya se ha logrado, pese a ser significativo y sin igual en la historia de la humanidad, es
> extraordinariamente insuficiente frente a los requerimientos esenciales del sistema anunciado por esas palabras. La
> Liga de las Naciones, observarán sus opositores, carece aún de universalidad, lo cual es un requisito previo para el
> éxito perdurable en la eficaz resolución de las disputas internacionales. Los Estados Unidos de América, sus
> creadores, la han repudiado y se mantienen alejados, mientras que Alemania y Japón, quienes se contaban entre sus
> más acérrimos sostenedores, han abandonado su causa y dejado de ser miembros. Las decisiones a las que ha
> arribado y la acción hasta aquí adoptada, algunos sostendrán, no deberían ser consideradas más que un gesto
> magnífico, en lugar de una prueba concluyente de solidaridad internacional. Aun otros podrán afirmar que aunque
> tal veredicto haya sido pronunciado y se hayan hecho tales promesas, la acción colectiva por último fallará en su
> propósito final, y que la misma Liga perecerá y quedará sumergida por la ola de tribulaciones que habrá de asolar a
> toda la raza. Sea como fuere, la significación de los pasos ya dados no puede ser ignorada. Cualquiera que sea el
> estado actual de la Liga o el resultado de su histórico veredicto, cualesquiera que sean las penurias y reveses que en
> el futuro inmediato tenga que enfrentar y soportar, debe admitirse que una decisión tan importante señala uno de los
> hitos más distintivos en el largo y arduo camino que la habrá de conducir a su meta, la etapa en la cual la unidad del
> cuerpo entero de naciones habrá de ser el principio rector de la vida internacional.
> Este histórico paso, sin embargo, es sólo una tenue lumbre en las tinieblas que envuelven a una perturbada
> humanidad. Bien puede llegar a ser no más que un mero destello, un fulgor fugaz en medio de una confusión cada
> vez más profunda. El proceso de desintegración debe continuar inexorablemente, y su corrosiva influencia debe
> penetrar más y más profundamente dentro del corazón mismo de una era tambaleante. Mucho sufrimiento se
> requiere todavía para que las naciones, los credos, las clases y las razas contendientes de la humanidad se fundan en
> el crisol de la congoja universal, y sean forjados por los fuegos de una: ordalía feroz, en una mancomunidad
> orgánica, un vasto y unificado sistema funcionando armoniosamente. Adversidades inimaginablemente
> aterradoras, crisis y cataclismos, guerra, hambre y pestes jamás soñadas, todo esto bien podría combinarse para
> grabar en el alma de una negligente generación, aquellas verdades y principios que ha desdeñado reconocer y
> observar. Una parálisis más dolorosa que ninguna otra que haya. experimentado, deberá avanzar y afectar el tejido
> de una sociedad quebrada, hasta que pueda ser reconstruida y regenerada.
> "La civilización," escribe Bahá'u'lláh, "ta n a menudo preconizada por los doctos exponentes de las artes y
> ciencias traerá, si se le permite rebasar los límites de la modera ción, gran daño sobre los hombres... Si es lleva da
> a l exceso, la civilización resulta rá ser una fuente de maldad tan prolífica como lo ha sido de bondad cuando era
> mantenida dentro de las restricciones de la moderación... El día se a proxima cuando su llama devorará la s
> ciudades, cuando la Lengua de Grandeza proclamará: '¡El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado!"
> Además, Él explica: "Desde el momento en que la Súriy­i­Ra ís (Tabla a Ra'ís) fue revelada ha sta el presente día , ni
> el mundo se ha tranquilizado, ni los cora zones de sus pueblos han tenido descanso... Su dolencia se aproxima a l
> estado de tota l desespera ción, por cuanto el verdadero Médico está privado de administrar el remedio, mientras
> que pra ctica ntes incapaces son mirados con aproba ción y se les concede la má s completa liberta d de acción... El
> polvo de la sedición ha nublado los cora zones de los hombres, y ha cegado su vista. Dentro de poco, ellos
> percibirán las consecuencia s de lo que sus manos han forjado en el Día de Dios." "Este es el Día," Él nuevamente
> ha escrito, "en el cual la tierra da rá a conocer sus nuevas. Los forjadores de iniquidad son su carga... El Pregonero
> lanzó su voz, y los hombres fueron desterrados, tan grande ha sido la furia de su ira. La gente de la siniestra
> suspira y se lamenta . La gente de la diestra mora en nobles habitaciones; ellos beben de la s manos del Todo
> Misericordioso el Vino que es en verdad la vida , y son, ciertamente, los biena venturados."
> 
> La Comunidad del Más Grand e Nombre
> 
> ¿Quiénes otros pueden ser los bienaventurados, sino la comunidad del Más Grande Nombre, cuyas
> actividades que abarcan el mundo, en continua consolidación, constituyen el único proceso integrador, en un
> mundo cuyas instituciones, tanto seculares como religiosas, están en su mayor parte en disolución? Ellos son,
> ciertamente, "la gente de la diestra," cuya "noble habita ción" se halla en los fundamentos del Orden Mundial de
> Bahá'u'lláh, el Arca de salvación eterna en este más penoso Día. De todos sus congéneres en la tierra, solo ellos
> pueden reconocer, en medio de la coronación de una era tempestuosa, la Mano del Divino Redentor que traza su
> curso y controla sus destinos. Tan solo ellos tienen conciencia del silencioso crecimiento de aquella ordenada
> política mundial, cuyo tejido ellos mismos están fabricando.
> Conscientes de su elevada vocación, confiados en el poder de su Fe para edificar una sociedad, avanzan, sin
> acobardarse y sin desmayar, en sus esfuerzos por conformar y perfeccionar los instrumentos necesarios, con los
> cuales el embrionario Orden Mundial de Bahá'u'lláh pueda madurar y desarrollarse. Es este proceso de
> construcción, lento y discreto, al cual está consagrada por entero la vida de la Comunidad Bahá'í de todo el mundo,
> el que constituye la única esperanza de una sociedad agobiada. Pues este proceso es impulsado por la influencia
> generadora del inmutable Propósito de Dios, y está evolucionando dentro del marco del Orden Administrativo de
> su Fe.
> En un mundo en el cual la estructura de sus instituciones políticas y sociales está deteriorada, cuya visión está
> empañada, cuya conciencia está aturdida, cuyos sistemas religiosos se han vuelto anémicos y han perdido su virtud,
> esta Acción curativa, este Poder leudante, esta Fuerza aglutinante, intensamente viva y todo penetrante, ha venido
> plasmándose, está cristalizándose en instituciones, está movilizando sus fuerzas, y se está preparando para la
> conquista espiritual. y la completa redención de la humanidad. Pese a que la sociedad que encarna sus ideales es
> pequeña, y pese a que sus beneficios directos y tangibles son hasta ahora insignificantes, ¡as potencialidades con las
> que ha sido dotada, y mediante las cuales está destinada a regenerar al individuo y reconstruir un mundo
> quebrantado, son incalculables.
> Durante cerca de un siglo, en medio del ruido y el tumulto de una época aturdida, y a pesar de las incesantes
> persecuciones de que fueran objeto sus líderes, instituciones y seguidores, ha logrado conservar su identidad,
> acrecentar su estabilidad y su fortaleza, mantener su unidad orgánica, preservar la integridad de sus leyes y sus
> principios, erigir sus defensas y extender y consolidar sus instituciones. Múltiples y poderosas han sido las fuerzas
> que, tanto de adentro como de afuera, en tierras lejanas y cercanas, han planeado extinguir su luz y abolir su santo
> nombre. Algunos han renegado de sus principios, y han traicionado ignominiosamente a su causa. Otros han
> lanzado contra ella los anatemas más feroces que los amargados líderes de cualquier institución eclesiástica han
> sido capaces de articular. Y otros aun la han colmado de aflicciones y humillaciones que sólo una autoridad
> soberana, en la plenitud de su potestad, puede infligir.
> Lo máximo que sus enemigos declarados y secretos podían tener la esperanza de alcanzar, era retardar su
> crecimiento y confundir momentáneamente su propósito. Lo que en realidad lograron fue limpiar y purificar su
> vida, animarla a alcanzar una mayor profundidad: a galvanizar su alma, a depurar sus instituciones ya consolidar su
> unidad. Un cisma, una división permanente en el vasto cuerpo de sus adherentes, nunca pudieron crear.
> Quienes traicionaron su causa, sus tibios y débiles sostenedores, se marchitaron y se desprendieron cual hojas
> muertas, imposibilitados de obnubilar su brillo o de poner en peligro su estructura. Sus adversarios más
> implacables, quienes la atacaron desde afuera, fueron desalojados del poder, y de la manera más extraordinaria,
> encontraron su ruina. Persia había sido la primera en reprimirla y oponérsele. Sus monarcas habían caído
> miserablemente, SU dinastía se había desplomado, su nombre, execrado, y la jerarquía que había sido su aliada y
> que había apuntalado su Estado en declinación, había quedado completamente desacreditada Turquía, que en tres
> oportunidades había desterrado a su Fundador e infligido sobre Él un cruel encarcelamiento a perpetuidad, a través
> de las más severas ordalías y las más grandes revoluciones que recuerda su historia, habiendo sido uno de los
> imperios más poderosos, ha quedado reducida, hasta transforma en una minúscula república asiática, su sultanato
> extinguido, su dinastía derrocada, su califato, la más poderosa institución del Islám, abolido.
> Entretanto, la Fe que fuera el objeto de traiciones tan monstruosas y el blanco de tan funestos ataques, se hacía
> más y más fuerte, avanzando impávida e indivisa por las injurias que había recibido. En medio de las tribulaciones
> había inspirado a sus leales seguidores con una resolución que ningún obstáculo, por formidable que fuera, podía
> socavar. Había encendido en sus corazones una fe que ningún infortunio, por tétrico que fuera, podía extinguir.
> Había infundido en sus corazones una esperanza que ninguna fuerza, por resuelta que fuera, podía quebrantar.
> 
> Una Religión Mund ia l
> 
> Desistiendo de considerarse a sí misma un movimiento, una asociación y otras designaciones similares,
> designaciones que fueron una grave injusticia para su sistema en constante desarrollo, apartándose de deno­
> minaciones tales como secta bábí, culto asiático, y vástago del Islám Shí'ih, con los cuales los ignorantes y los
> maliciosos solían describirla, rehusando ser tildada como una mera filosofía de vida, o como un código ecléctico de
> conducta ética, o aun como una nueva religión, la Fe de Bahá'u'lláh ya está logrando visiblemente demostrar su
> aspiración y su derecho a ser considerada como una Religión Mundial, destinada a alcanzar, en la plenitud del
> tiempo, la posición de una Mancomunidad que abarca el mundo, a la vez el< instrumento y el guardián de la Más
> Grande Paz anunciada por su Autor. Lejos de estar deseosa de Sumarse a los muchos sistemas religiosos, cuyas
> fidelidades en conflicto han alterado la paz de la humanidad durante tantas generaciones, esta Fe está inculcándoles
> á cada uno de sus adherentes, un nuevo amor por las distintas religiones representadas en su seno, y una genuina
> valoración de su unidad fundamental.
> "Es como un amplio abrazo," es el testimonio de una reina a su aspiración y posición, "uniendo atados aquellos
> que han buscado largamente palabras de esperanza. Acepta a todos los grandes Profetas del pasado, no destruye a
> ningún otro credo, y deja todas las puertas abiertas." "La enseñanza bahá'í," ella además escribe, "trae paz al alma y
> esperanza al corazón. Para quienes buscan seguridad, las palabras del Padre son como una fuente en el desierto
> luego de un largo deambular." "Sus escritos," ella, en otra declaración referente a Bahá'u'lláh y 'Abdu'l­Bahá, ha
> atestiguado, "son un gran llamado por la paz, que traspasa todos los límites de las fronteras y todas las discordias de
> ritos y dogmas... Es un maravilloso mensaje que nos han dado Bahá'u'lláh y su hijo ' Abdu'l­Bahá. No lo han
> presentado en forma agresiva, sabiendo que el germen de eterna verdad que yace en su núcleo no puede menos que
> echar raíces y extenderse." "Si alguna vez el nombre de Bahá'u'lláh o de 'Abdu'l­Bahá," es su alegato final, "llama
> vuestra atención, no hagáis a un lado sus escritos. Buscad sus Libros, y dejad que sus gloriosas palabras y lecciones,
> portadoras de paz y creadoras de amor, penetren en vuestros corazones como lo han hecho en el mío."
> La Fe de Bahá'u'lláh ha asimilado, en virtud de sus creativas, de sus reguladoras y ennoblecedoras energías, a
> las diversas razas, nacionalidades, credos y clases que han buscado su sombra, y que han jurado completa fidelidad
> a su causa. Ha cambiado los corazones de sus adherentes, disipado sus prejuicios, aquietado sus pasiones,
> enaltecido sus concepciones, ennoblecido sus propósitos, coordinado sus esfuerzos y transformado su perspectiva.
> Mientras conservan su patriotismo y salvaguardan sus lealtades menores, los ha convertido en amantes de la
> humanidad y en decididos defensores de sus mejores y más legítimos intereses. A la vez que mantienen intacta su
> creencia en el origen divino de sus respectivas religiones, ella les ha permitido visualizar el propósito fundamental
> de esas religiones, descubrir sus méritos, reconocer su secuencia, su interdependencia, su integridad y unidad, y
> admitir el nexo que las une vitalmente a ella. Este universal, este trascendente amor que los seguidores de la Fe
> Bahá'í sienten por sus semejantes, de cualquier raza, credo, clase o nación, no es misterioso ni puede decirse que
> haya sido estimulado artificialmente. Es al mismo tiempo espontáneo y genuino. Quienes tienen su corazón
> encendido por la energizante influencia del amor creativo de Dios, estiman a sus criaturas por amor a Él, y
> reconocen en cada. rostro humano un signo de su gloria reflejada.
> De tales hombres y mujeres puede decirse con certeza que para ellos "cada país extranjero es una patria, y cada
> patria un país extranjero." Puesto que su ciudadanía, debemos recordar, está en el Reino de Bahá'u'lláh. Aunque
> dispuestos a compartir al máximo los beneficios temporales y las fugaces alegrías que esta vida terrenal puede
> conferir, aunque ansiosos de participar en cualquier actividad que conduzca a la riqueza, a la felicidad y a la paz de
> esta vida, en ningún momento olvidan que ésta no constituye más que una transitoria y muy breve etapa de su
> existencia, que quienes la viven son tan sólo peregrinos y viajeros cuya meta es la Ciudad Celestial y cuyo hogar, el
> País de la felicidad y el esplendor que nunca decaen.
> Pese a ser leales a Sus respectivos gobiernos, pese a estar profundamente interesados en todo lo que afecte a su
> seguridad y bienestar, pese a su anhelo por participar en todo aquello que promueva sus mejores intereses, la Fe con
> la cual los seguidores de Bahá'u'lláh están identificados, ellos creen firmemente que es algo que Dios ha elevado
> por encima de las tempestades, las divisiones y las controversias del campo político. Conciben a su Fe como
> esencialmente apolítica, supranacional en carácter, estrictamente no partidaria, y enteramente disociada de
> ambiciones, fines y propósitos nacionalistas. Esta Fe no conoce división de clase o de partido. Ella subordina, sin
> vacilación ni equívoco, todo interés particular, ya sea éste personal? regional o nacional, a los supremos intereses
> de la: Humanidad, firmemente convencida de que en un mundo de pueblos y naciones interdependientes, la
> conveniencia de la parte se logra mejor por la conveniencia del todo, y que no puede otorgarse beneficio
> permanente alguno a las partes componentes, si se ignoran O niegan los intereses generales de la misma entidad.
> No debe sorprendemos que. la Pluma de Bahá'u'lláh, anticipando el estado actual de la humanidad, haya
> revelado estas fecundas palabras: "No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino más bien quien ama al mundo
> entero. La tierra es un solo pa ís y la humanidad sus Ciudadanos." Y nuevamente: "Es de hecho un hombre quien
> hoy está dedicado al servicio de toda la raza humana ". "A través del poder liberado por estas exaltada s palabra s,"
> Él explica, "Él ha otorgado un nuevo impulso y señalado una nueva dirección a las aves de los corazones humanos,
> y ha borrado toda huella de restricción y limitación del Libro Sagrado de Dios."
> Su Fe, los bahá'ís lo creen firmemente, es además no sectaria, y se halla absolutamente divorciada de todo
> sistema eclesiástico, cualquiera que sea su forma, su origen o sus actividades. No existe organización eclesiástica,
> con sus credos, sus tradiciones, sus limitaciones y su criterio exclusivista, puede decirse (como es también el caso
> de todas las facciones políticas, los partidos, sistemas y programa existentes), que concuerde, en todos sus aspectos,
> con los principios cardinales de la creencia bahá’í. Todo seguidor concienzudo de la Fe de Bahá’u’lláh podrá
> adherirse sin duda a algunos de los principios e ideales que animan a las instituciones políticas y eclesiásticas. Con
> ninguna de estas instituciones, sin embargo, podrá identificarse, ni podrá apoyar sin reservas los credos, los
> principios y programa en los cuales ellas se basan.
> ¿Cómo puede una Fe, debe además tenerse en cuenta, cuyas instituciones divinamente ordenadas han sido
> establecidas dentro de la jurisdicción de no menos de cuarenta países, las políticas e intereses de cuyos gobiernos
> están continuamente chocando y volviéndose más complejos y confusos cada día, cómo podría dicha Fe permitir a
> sus adherentes, ya sea individualmente o a través de sus organizadas instituciones, involucrarse en actividades
> políticas, tener éxito en preservar la integridad de sus enseñanzas y salvaguardar la unidad de sus seguidores?
> ¿Cómo podría asegurar el vigoroso, interrumpido y pacífico desarrollo de sus instituciones en expansión? ¿Cómo
> podría una Fe, cuyas ramificaciones la han puesto en contacto con sistemas, sectas y credos religiosos mutuamente
> incompatibles, estar en posición de demandar lealtad incondicional a quienes trata de incorporar a su sistema
> divinamente ordenado, si permitiese que sus adherentes se suscriban a ceremonias y doctrinas obsoletas? ¿Cómo
> podría evitar la constante fricción, los malentendido y las controversias que la afiliación formal, tan diferente de la
> asociación, debe inevitablemente engendrar?
> Estos principios directivos y reguladores de la creencia bahá’í, los sostenedores de la Causa de
> Bahá’u’lláh, a medida que su Orden Administrativo se expande y consolida, se sienten obligados a defender y
> aplicar atentamente. Las exigencias de una Fe en lenta cristalización les impone un deber que ellos no pueden
> evitar y una responsabilidad que no pueden eludir.
> Tampoco están desatendiendo la imperativa necesidad de defender y ejecutar las leyes ordenadas por
> Bahá’u’lláh, consideradas independientemente de los principios, todos lo cuales constituyen la trama y la urdimbre
> de las instituciones sobre las que habrá de descansar finalmente la estructura de su Orden Mundial. Para demostrar
> su utilidad y eficacia, para proteger su integridad, para captar sus implicaciones, y para facilitar su propagación, las
> comunidades bahá’ís de Oriente, y recientemente de Occidente, están dispuestas, si fuera necesario, a realizar todos
> los sacrificios que se les demanden. Tal vez no esté lejano el día cuando en ciertos países de oriente, en los cuales
> las comunidades religiosas ejercen jurisdicción en cuestiones de índole personal, las Asambleas Bahá’ís puedan ser
> llamadas a asumir los deberes oficialmente que correspondan a cortes bahá’ís oficialmente constituidas. Serán
> competentes en cuestiones tales como matrimonios, divorcios y herencias, para ejecutar y aplicar, en sus
> respectivas jurisdicciones y con la sanción de las autoridades civiles, las leyes y ordenanzas que han sido
> expresamente estipuladas en su Libro Más Sagrado. .
> La Fe de Bahá'u'lláh, además de estas tendencias y actividades que su evolución está ahora revelando, ha
> demostrado, en otras esferas y por doquiera que el esplendor de su luz ha penetrado, la eficacia de su poder de
> cohesión, de su potencia de integración, de su invencible espíritu. En la erección y consagración de su Casa de
> Adoración en el corazón del continente norteamericano; en la construcción y multiplicación de sus centros
> administrativos en su país de origen y en los países vecinos; en la creación de los instrumentos legales concebidos
> para proteger y regular la vida colectiva de sus instituciones; en la acumulación de recursos adecuados, tanto
> materiales como culturales, en todos los continentes del globo; en las dotaciones que ha creado para sí en los
> alrededores inmediatos de sus Santuarios en su centro mundial; en los esfuerzos que se están realizando para la
> recopilación, la verificación y la sistematización de los escritos de sus Fundadores; en las medidas que se están
> adoptando para la adquisición de lugares históricos relacionados con las vidas de su Precursor y su Autor, sus
> héroes y sus mártires; en los basamentos que se están echando para la gradual formación y el establecimiento de sus
> instituciones educacionales, culturales y humanitarias; en los vigorosos esfuerzos que se están realizando por
> salvaguardar el carácter, estimular la iniciativa, y coordinar las actividades mundiales de sus jóvenes; en la
> extraordinaria vitalidad con la cual sus valientes defensores, sus representantes electos, sus maestros viajeros y sus
> pioneros administradores están abogando por su causa, extendiendo sus límites, enriqueciendo su literatura, fortale­
> ciendo las bases de sus conquistas y triunfos espirituales; en el reconocimiento que, en ciertos casos, las autoridades
> civiles se han visto inducidas a otorgar al cuerpo de sus representantes locales y nacionales, permitiéndoles lograr la
> personería jurídica de sus asambleas, establecer sus instituciones subsidiarias, y salvaguardar sus patrimonios; en
> las facilidades que estas mismas autoridades han accedido acordar a sus santuarios, sus edificios consagrados y sus
> instituciones educacionales; en el entusiasmo y determinación con los cuales ciertas comunidades que han sido
> severamente puestas a prueba y perseguidas, están reanudando sus actividades; en los espontáneos tributos
> presentados por reyes, príncipes, estadistas e intelectuales a la sublimidad de su causa y la posición de sus
> Fundadores, en estos, como en muchos otros aspectos, la Fe de Bahá'u'lláh está demostrando, sin lugar a dudas, su
> vigor y capacidad para contrarrestar las influencias desintegradoras de las cuales están siendo objeto los sistemas
> religiosos, los preceptos morales y las instituciones políticas y sociales.
> Desde Islandia a Tasmania, desde Vancouver al Mar de la China, se difunde el esplendor y se extienden
> las ramificaciones de este Sistema que envuelve al mundo, de esta Fraternidad multicolor y de firme entrelazado,
> infundiendo dentro de cada hombre y cada mujer atraídos a su causa, una fe, una esperanza y un vigor que una
> generación descarriada ha perdido hace mucho tiempo y que está imposibilitada de recuperar. Quienes presiden los
> destinos inmediatos de este mundo atribulado, quienes son responsables de su caótica­condición, de sus temores, de
> sus dudas, de sus miserias, harán; muy bien, en su perplejidad, en dirigir su mirada y ponderar en sus corazones,
> acerca de las evidencias de esta gracia salvadora que el Todopoderoso pone a su alcance, una gracia que puede
> aliviados de su carga, resolver sus perplejidades, e iluminar su senda.
> 
> El Castigo Divino
> 
> La humanidad toda está gimiendo, ansiosa de ser conducida a la unidad, y de terminar con su largo martirio. Y,
> sin embargo, se resiste tercamente a abrazar la luz y a reconocer la soberana autoridad del único Poder que es capaz
> de arrancarla de sus complicaciones y conjurar la funesta calamidad que amenaza engolfarla.
> Ominosa es, por cierto, la voz de Bahá'u'lláh que resuena a través de estas proféticas palabras: "¡Oh vosotros,
> pueblos del mundo! Sabed, en verdad, que una ca lamidad imprevista os sigue, y os espera una dolorosa
> retribución. No penséis que la s acciones que habéis cometido han sido ocultas a mi vista ." Y nuevamente:
> "Tenemos un tiempo determinado pa ra vosotros, oh pueblos. Si a la hora seña lada no os volvéis hacia Dios, Él, en
> verdad, os a sirá violentamente, y ha rá que penosa s aflicciones os a cosen desde todas. direcciones. ¡Cuán severo
> es, en verdad, el ca stigo con que entonces vuestro Señor os castigará!"
> ¿Debe la humanidad, atormentada como lo está ahora, ser afligida por tribulaciones aún más severas, hasta que
> su influencia purificadora pueda prepararla para entrar en el Reino celestial destinado a establecerse sobre la tierra?
> La inauguración de tan vasta, tan singular, tan luminosa era en la historia humana, ¿debe ser anunciada por una
> catástrofe tan grande en los asuntos humanos que recuerde, o incluso que sobrepase, al espantoso colapso de la
> civilización romana en las primeras centurias de la Era Cristiana? ¿Debe una serie de profundas convulsiones agitar
> y estremecer a la raza humana, hasta que Bahá'u'lláh pueda ser entronizado en los corazones y las conciencias de las
> masas, hasta que su indiscutida ascendencia sea reconocida universalmente y el noble edificio de su Orden Mundial
> sea erigido y establecido?
> Los largos períodos de infancia y niñez por los cuales la raza humana ha pasado, han quedado atrás. La
> Humanidad está ahora experimentando las conmociones inevitablemente asociadas con la más turbulenta etapa dé
> su evolución; la etapa de la adolescencia, cuando la impetuosidad de la juventud y su vehemencia alcanzan su
> clímax; y deben ser gradualmente reemplazadas por la calma, la sabiduría y la madurez que caracterizan a la edad
> adulta. Entonces, la raza humana alcanzará ese grado de madurez que le permitirá adquirir todos los poderes y
> capacidades de los cuales habrá de depender su completo desarrollo.
> 
> La Unidad Mundial es la M eta
> 
> La unificación de toda la humanidad es el distintivo de la etapa hacia la cual la sociedad se está ahora
> aproximando. La unidad de familia, de tribu, de ciudad estado y de nación han sido sucesivamente intentadas y
> establecidas por completo. La unidad mundial es la meta hacia la cual se está esforzando una humanidad hostigada.
> La erección de naciones ha llegado a su fin. La anarquía inherente a la soberanía del Estado está moviéndose hacia
> su clímax. Un mundo en camino hacia la madurez debe abandonar este fetiche, reconocer la unicidad y la integridad
> de las relaciones humanas, y establecer de una vez por todas el mecanismo que mejor pueda encarnar este principio
> fundamental de su vida.
> "Una nueva vida,” Bahá'u'lláh proclama, "se agita, en esta época , dentro de todos los pueblos de la tierra y,
> sin embargo, nadie ha descubierto su causa ni percibido su motivo." "¡Oh vosotros, hijos de los hombres!", Él se
> dirige así a su generación, "el propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y su Religión es el de proteger los
> intereses y promover la unidad de la ra za humana... Este es el sendero recto, el cimiento fijo e inamovible. Todo lo
> que sea erigido sobre este cimiento, los cambios y azares del mundo no podrán nunca menoscaba r su resistencia ,
> ni el tra nscurso de incontables centuria s podrá socavar su estructura .” "El bienestar de la humanidad," Él declara,
> "su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que, y ha sta que su unidad sea firmemente establecida ." "Tan
> potente es la luz de la unidad," asevera además, "que puede iluminar la tierra entera. El Dios único y verdadero,
> Quien conoce toda s la s cosas, atestigua Él mismo la verdad de esta s pa labras... Esta meta supera a toda s la s
> demá s meta s, y esta aspira ción es la reina de todas las a spira ciones." "Aquel Quien es vuestro Señor, el Todo
> Misericordioso," Él además ha escrito, "acaricia en su corazón el deseo de contempla r a toda la raza humana
> como un a lma y un cuerpo. Apresuraos en obtener vuestra parte de la bondadosa gra cia y misericordia de Dios, en
> este Día que eclipsa a todos los otros día s creados."
> La unidad de la raza humana, tal como es contemplada por Bahá'u'lláh, implica el establecimiento de una
> mancomunidad mundial en la cual todas las naciones, razas, credos y clases están estrecha y permanentemente
> unidos, y en la cual la autonomía de sus Estados miembros y la libertad personal y la iniciativa de los individuos que
> la componen se hallan definitiva y completamente resguardadas. Esta mancomunidad debe, tal como podemos
> visualizarla, estar constituida por una legislatura mundial, cuyos miembros, en calidad de fideicomisarios de toda la
> humanidad controlarán en última instancia, los recursos totales de todas las naciones integrantes, y estatuirán
> aquellas leyes que fueran requeridas para regular la vida; satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de todas
> las razas y pueblos. Un poder ejecutivo mundial, respaldado por una fuerza internacional, llevará a cabo las
> decisiones alas que se haya arribado, y aplicará las leyes dictadas por esta legislatura mundial y protegerá la unidad
> de toda la mancomunidad. Un tribunal mundial aplicará y dictaminará su veredicto obligatorio y final en todas y
> cada una de las disputas que surjan entre los diversos elementos constituyentes de este sistema universal. Un
> mecanismo de intercomunicación mundial será creado, abarcando al planeta entero, libre de las trabas y
> restricciones nacionales, y funcionando con maravillosa rapidez y perfecta regularidad. Una metrópolis mundial
> actuará como el centro nervioso de una civilización mundial, el foco hacia el cual las fuerzas unificadoras de la vida
> habrán de converger, y desde el cual sus energizantes influencias serán irradiadas. Un idioma mundial será
> inventado o escogido de entre los idiomas existentes y enseñado en las escuelas de todas las naciones federadas,
> como auxiliar del idioma materno. Una escritura mundial, una literatura mundial, un sistema monetario y de pesas
> y medidas uniforme y universal, simplificarán y facilitarán el intercambio y el entendimiento entre las naciones y
> razas de la humanidad. En una sociedad mundial tal, la ciencia y la religión, las dos fuerzas más potentes de la vida
> humana, se reconciliarán, cooperarán y se desarrollarán armoniosamente. La prensa, bajo tal sistema, al mismo
> tiempo que dará plena libertad a la expresión de los diversificados puntos de vista y las convicciones de la huma­
> nidad, cesará de ser perversamente manipulada por intereses creados, ya sean privados o públicos, y será liberada
> de la influencia de gobiernos y pueblos contendientes. Los recursos económicos del mundo serán organizados, sus
> fuentes de materias primas serán explotadas y plenamente utilizadas, sus mercados serán coordinados y
> desarrollados, y la distribución de sus productos será equitativamente regulada.
> Las rivalidades, los odios y las intrigas nacionales cesarán, y la animosidad y el prejuicio raciales serán
> reemplazados por la amistad, el entendimiento y la cooperación raciales. Las causas de la contienda religiosa serán
> definitivamente eliminadas, las barreras y restricciones económicas serán completamente abolidas, y la excesiva
> distinción entre clases será suprimida. Pobreza extrema por un lado y exagerada acumulación de bienes por otro,
> desaparecerán. La enorme energía disipada y desperdiciada en la guerra, ya sea económica o política, será
> consagrada a aquellos fines que extiendan el alcance de las invenciones humanas y del desarrollo tecnológico, al
> incremento de la productividad de la humanidad, al exterminio de las enfermedades, a la extensión de la
> investigación científica, a la elevación del nivel de salud física, a la agudización y refinamiento del cerebro
> humano, a la explotación de los inusitados e insospechados recursos del planeta, a la prolongación de la vida
> humana, y al fomento de cualquier otro arbitrio que pueda estimular la vida intelectual, moral y espiritual de la
> totalidad de la raza humana.
> Un sistema federativo mundial, gobernando toda la tierra y ejerciendo irrefutable autoridad sobre sus vastos e
> inimaginables recursos, que combine y encarne los ideales tanto del Este como del Oeste, liberado de la maldición
> de la guerra y sus miserias, y dedicado a la explotación de todas las fuentes disponibles de energía sobre la
> superficie del planeta, un sistema en el cual la Fuerza es transformada en siervo de la Justicia, cuya vida es
> sostenida por el reconocimiento universal del único Dios y por su lealtad a una Revelación común, tal es la meta
> hacia la cual la humanidad, impelida por las fuerzas unificadoras de la vida, está avanzando.
> "Uno de los grandes sucesos," 'Abdu'l­Bahá afirma, "que habrá de ocurrir en el día de la manifestación de esa
> Rama Incomparable, es el izamiento del Estandarte de Dios entre toda s las naciones. Con esto se quiere decir que
> todas las na ciones y razas serán reunidas bajo la sombra de esta Bandera Divina, que no es sino la Rama Señoria l
> misma, y se convertirán en una sola nación. El antagonismo religioso y sectario, la hostilidad entre razas y pueblos
> y las diferencias entre las na ciones, serán eliminados. Todos los hombres se adherirán a una sola religión, tendrán
> una fe común, serán amalgamados en una sola raza, y se transforma rán en un único pueblo. Todos habitarán una
> patria común, la cua l es el planeta mismo.” "Ahora bien, en el mundo de la existencia," Él además ha explicado,
> "la Mano del poder divino ha establecido firmemente los fundamentos de esta sublime gracia y de esta maravillosa
> dádiva. Todo lo que está la tente en lo más recóndito de este santo Ciclo gradualmente apa recerá y será hecho
> manifiesto, pues ahora nos encontramos solo en, el comienzo de su crecimiento, y en la aurora de la revela ción de
> sus signos. Antes del fin de este siglo y de esta era, se hará claro y evidente cuán ma ra villosa fue esa primavera , y
> cuán celestial esa dádiva."
> No menos fascinante es la visión de Isaías, el más grande, de los Profetas hebreos, al predecir, hace tanto como
> dos mil quinientos años, el destino que la humanidad alcanzará en su etapa de madurez: "Y (el Señor) juzgará entre
> las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas enrejas de arado, y sus lanza s en hoces; no
> a lzará espada nación contra nación, ni se a diestrarán más para la guerra... Saldrá una vara del tronco de Isa í y
> un Vá stago retoñará de sus ra íces... Y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará
> a l impío y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. Morará el lobo con el cordero, y
> el leopa rdo con el cabrito se acosta rá ; el becerro y el león y la bestia doméstica anda rán juntos... Y el niño de
> pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No
> harán ma l ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Señor, como las
> agua s cubren el mar."
> El autor del Apocalipsis, prefigurando la gloria milenaria que una redimida, una jubilosa humanidad habría de
> presenciar, ha atestiguado de modo similar: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva ; porque el primer cielo y la
> primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. y yo Juan vi la sa nta ciudad, la nueva Jerusalén, descender del
> cielo, de Dios, dispuesta como una esposa a taviada para su marido. Yoí una gran voz del cielo que decía : 'He aquí
> el taberná culo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con
> ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no 'habrá muerte, ni habrá más llanto, ni
> cla mor, ni dolor; porque las primera s cosa s pasaron.'"
> ¿Quién puede dudar de que tal consumación ­­ el advenimiento de la madurez de la raza humana ­­ habrá de
> señalar, en su momento, la inauguración de una civilización mundial que ningún ojo mortal jamás ha contemplado,
> o mente humana concebido? ¿Quién puede imaginar el excelso rango que tal civilización, a medida que se
> desarrolle, está destinada a alcanzar? ¿Quién puede medir las alturas a las que la inteligencia humana, liberada de
> Sus ataduras, habrá de remontarse? ¿Quién puede vislumbrar los dominios que el espíritu humano, vitalizado por la
> radiante luz de Bahá'u'lláh, brillando en la plenitud de su gloria, llegará a descubrir?
> ¿Qué conclusión más adecuada a este tema que estas palabras de Bahá'u'lláh, escritas como anticipo de la edad
> de oro de su Fe, la edad en que la faz de la tierra, de polo a polo, habrá de reflejar el inefable esplendor del Paraíso
> de Abhá?: "Este es el Día en el cua l nada puede verse fuera de los esplendores de la Luz que brilla en el rostro de
> tu Señor, el Munífico, el Más Generoso. En verdad, Nos hemos hecho expirar a cada a lma en virtud de nuestra
> irresistible soberanía que todo lo sojuzga . Luego, hemos hecho surgir una nueva creación, como una muestra de
> nuestra gracia hacia los hombres. Yo soy, en verdad, el Todo Generoso, el Antiguo de los Día s. Éste es el Día en el
> cua l el mundo invisible proclama: '¡Grande es tu bendición, oh tierra, puesto que has sido hecha el escabel de tu
> Dios y has sido escogida como la sede de su poderoso trono!' El Reino de gloria excla ma: 'Oja lá pudiera .
> sacrificar mi vida por ti, porque Él, Quien es el Bienamado del Todo Misericordioso, ha establecido su soberanía
> sobre ti, mediante la fuerza de su Nombre que ha sido prometido a toda s las cosa s, ya sea n del pasado o del futuro.'
> "
> 
> SHOGHI.
> 
> Haifa, Palestina, 11 de marzo de 1936.
>
> — *Desenvolvimiento de la Civilizacion Mundial (Used by permission of the curator)*

